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                    <text>REVISTA ILUSTRADA
"~

NUM. 1-7.

JULIO 6 DE 1 91 7-

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MÉXICO, D. F.
Apartado 15.

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TOMO I
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Registrado como articulo de segunda. clase el día. 17 de marzo de 1917

MEXICO, D. F., 6 DE JULIO DE 1917
11

NUM. 17

CRÓNICA

LA PICARDIA HONESTA
''LA ARGENTINA"

La palabra «picardía», cuyo significado según los
'léxicos incluye una actuación deshonesta, ha Yenido su.friendo un cambio. Y tal, que ho:v el título de esta crónica constituye sólo una antinomia aparente. De hecho
puede haber picardía sin encanallamiento. Así Rucede
con esta bailarina genial, Antonia ~,lercé, que ha edulcorado, con el encanto hibleo de l:lus baileR, quince o veinie
.noches ciudadanas.
Tres o cuatro veces-y para mi pachorra fogaril es
mucho-he encaminado mis pasos al teatro en donde la
musa desgrana sus inspiraciones. Y tres o cuatro veces,
ante el deleite que invade la sala, como si un bosque
bíblico vertiera sus aromas en ella, he agradecido a la
a.mistad de Ramón López Velarde las palabras animaqoras y descongestionantes que me llevaron por primera vez al dignificado recinto.
Es «La Argentina» una mujer Esbelta, de una estili,-zada simplicidad de líneas poco grata a la burg·uesía.
pero encantadora para la aristocracia del gusto. Tiene.
•engarzados en el óvalb de la cara, una boca sonreidora,
en la que, en apretadas hileras, lucen los dientes sumagia nívea, y dos ojos magníficos, cuyo deleitoso «reojo
plagia».
De un color zarco-como aquellos otros ojos zarcos
-&lt;le Mimí Aguglia, que también supieron un día, sólo un
día en que quiso la ilustre sustraerse al fiero destellar
. de la mirada trágica, hechizamos en las diabluras co&lt;¡uetas de «Santarelina»-, los ojos de Antonia ;\;lercé
: picardean, picardean siempre en alardes de gracia. Pero
1!Sta picardía no es la de la «clásica» bailarina de los tablados hispalenses, en la que el reir de los ojoR, adaptándot1e luego al atrevido movimiento corpóreo, no
siempre estético ni elegante. 110s produce una emoción
apenas dionisiaca, jamás artística. La mirada de lo!l
ojos de esta danzante, correspondiendo a una movili·dad unciosa, llena de Titrno y nervios, de toda la figura,
sugiere una sonrisa e1.t,átiea más que una ardiente y entusiasta eclosión. El decoro no sufre mpngua con e,.;ta
·danza exquisita, y lo,.; sentidos, excirn.«Jos por ella suavemente, van más al arrobo que el impulso.
*
*
No es, por cierto, eRta *danzante
una de esas maravillosas bailarinas que mueven los pies en juego funambulesco; no baila, como la gentil e indiscutiblemente
gran bailarina españ,ola Pastora Imperio. farrucas o
g arrotines· no hace el fiamenquismo de .A.malia Molina;
, eono tiene la'rítmica agilidad sorprendente de ~faria
nesa. Tampoco es la danzante hierática.. de actitudes

rituales que es la norte-amnicana Isadora Duncan, cuyos bailables, bellfRimos y llenos de arte supremo en
ciertos instantes, me pl'Odujeron en otros, sin embargo,
la impresión de lo artificial, de lo inadaptado que tan
bien ha dicho en su crítica Genaro Fernández Mac-Gregor. ~La Argentina» no es ni una ni otra cosa; ni la
danzante de actitudes helénicas, ni la «castiza» bailarina española. Es algo distinto, algo que se ~e antoja
((sui generis». Ni siquiera nos importan. al verla, los
pies, produciéndose, así, otra aparente paradoja, la de
estar ante una bailarina que no baila con los pieR. Su
arte no dei,cansa en ellos; aún-¿por qué no decirlo?en los momentos en que, al concluir algún baile, los
mueve rápidamente, en vivo zapateado, se esfuma el
embeleso .
No. El arte de esta mujer es la armonía, la constante armonía, la euritmia de todos los instantes de su
grácil figura. Ciertos momentos, ciertas «poses»-una
sobre todas, en una danza de Grieg-son unpoemacompleto, un canto a la gracü, merecedor de un mármol.
, . La flexibilidad maravillosa de su cuerpo, el juego
umco de los finos brazos, la deleitable mirada, el fresco
~· amable sonreír, son algo que no debiera pasar tan fugazmente..... .
* **
Un leve reparo. ya que he recordado una danza. de·
Grieg.
Las castañuelas, que esta gran artista ha ennoblecido hasta el grado de ser en sus manos magas un instrumento de arte; las castañuelas que hacen nuestro
encanto al acompañar, al µ,centuar los ritmos de la
danzarina en los bailes víddos de abolengo español. y
que, graciaA al claroscuro, diremos, que les sabe imprimir Antonia Mercé, pueden asimismo adaptarse a otra
música añn. no dan, sin embargo, una nota adecuada
en algnrios bailes. romo el de la citada danza noruega.
Poi' la grii.&lt;.:ia ele la, figura, bella y armónica aquí como P.11 ningún otro baile, llegamos casi al arrobo. En
un recogimit&gt;nto sileneioso. a,bstraídos en su visión exquisita, arribaríamos al éxtasis... Nos lo e~torba, quizás, el golpeteo de las tablillas de ébano, las que·no se
adaptan, a mi vet', aun así delicadamente tañidas, al
genio de una música norteña ...
La danzante exquisita, que nos deleitará tal ves
unas semanas más, ha venido a cumplir una bella misión, la de impartir a nuestras tristezas citadiuas ese
don divino que es la gracia...
..\ LE.J.\Xl&gt;HO Qrr,JAxo
3

�e~:i~~

LA VIDA DEL ARTISTA
POR MANUEL TOUSSAINT
Para el héroe todo es tragedia.
NIETZSCHE,

I

EL NIÑO QUE NACJO GRANDE
El pobre niño tenía la desgracia de' haber nacido grande. Así como hay hombres que al fin · de su vida siguen siendo
niH.os, él, Teodoro, desde que vi6 la luz
del Mundo llevaba sobre sus hombros
ternezuelos la edad de un a~olescente.
El bullicio de sus compañeros, los ruidosos juegos al aire no conmovían su espíritu trist-e. uEste enclenque chiquillo,
acabará por volverse idiota&gt;i, ~xclamaba
rudamente su padre; y a fuerza lo hacía
ir a jugar. Teodoro iba a jugar; pero sin
conocer los juegos, sil\ querer confesar
que no los conocía, con un horrible miedo al ridículo, equivocábase torpemente
y todos se burlaban de él.
.
Cuanto juguete caía en sus manos excitaba su curiosidad; para él, la nave de
vapor que surcaba las aguas de la fu,ente; el c3i'ión que arrojaba perdigones a la
distancia. eran motivo de gusto, no por
la activicÍád desarrollada, sino por el secreto origen de tal actividad. Rompíal~s,
estudiábalos, comprendíalos y todo el interés de los juguetes había concluido al
instante¡ daba los despojos a c\lalquier
chiquillo, o los tiraba la calle. Sus pa ...
&lt;lees se enfurecían, lo llamaban destructor; los regalos iban disminuyendo.

•••
Llegó el tiempo de ir a la. Escuel_a. Te~doro fué a la Escuela. Su aspecto paliducho, enfermizo, sus modales taciturnos atrajeron hacia él la antipatía de
sus 'copdiscípulos y la antipatía del maestro. Nádie sospechó que bajo .aquel cuerpecillo latiese el alma de un hombre y
todos se empeñaban en tratarlo como a
un niño· Teodoro fué abandonado a sí
ocismo· 1~ salvarOn sus propios esfuerzos; ~as concibió un odio feroz por el
estudio.
.
Los únicos compañeros de su infancia
fueron loa libros. Aunque aborreció sus
libros de Escuela, el hábito de leer había
·• arra.igado fuertemente en él; leyó ~ucho,
leyó cuanto tenía ante los ojos; sm que
nadie lo condujese, hizo de su cerebro un
almacén de ideas ajenas: los ~roblem~s
del mundo, del alma, de la soc~edad disputábarnse su energía. Largo tiempo pasó sin que despejase su espíritu de seme•
jantes problemas; con todo, ~lgo había.
de' obtener: su pasión por los hbros.

*••
Muchas contradiccio11:es de la vida se
habían presentado a sus ojos. &lt;Me falta
inteligencia, pensaba Teodoro, para poder comprender cosas que ahora me pa•
r;cen absurdas&gt;. Pasaba el tiempo, sus
4

facultades mentales engrandecían su ex·
periencia y su fuerza; mas Teodoro no
sólo no aclaraba sus dudas, sino que tenía cada vez más dudas. Llegó a creer
que el talento sólÓ era engendrador·de
contradicciones.
,
El golpe más rudo fué cuando aplic~ su
criterio-el talento razonante de un iconoclasta, pero funda.do en el mundo-a
lo que veía en su propia familia. Llo.ró
como un niño al comprobar que un abismo lo separaba de los suyos: éstos lo h~bían dejado formarse libremente, él tenia
un espíritu, y su espíritu renegaba de las
ideas de los suyos. Casi abominó de la
libertad que lo había obligado a alejarse
de su familia, porque la amaba, la a~aba con todo el ímpetu de su sér. «No importa que no esté de acuerdo ~on ellos!
llegó a exclamar, taparé los OJOiS de m1
razón y los oídos de mi conciencia; sólo
quiero tener sentimiento para ello si sólo
cariño, sólo gratitud!»
.
Pero la familia se percataba de las ideas
de Teodoro. y tal vez sin malicia, tal vez
por el mismo cariño celoso que lo :eía
alejarse de ellos, empezaro~ a ~aher1rlo
constantemente. La vida se hizo mtolerable. Para explicar su chifladura, el padre
de Teodoro inventó una malhadada neurastenia; Y todos se empellaron en curarlo, cuando no eran capaces de compren•
derlo.
l"b
Sufrió muchO; quitáronle sus 1 ros,
sostuvo discusiones horribles, e~ que l~s
palabras que no debía pronunciar aguijoneaban su lengua; procuró inútil~ente
·explicar sus ideas. Al fin se convenció ~e
que les había perdido todo cariño; ~ub1era segm"do con ellos ' mas le. pareció ser
una carg'a, un objeto de disgusto con-

diferente, la mayor parte de las veces;
entonces comprendió que los libros eran.
un medio y no un fin, como él imaginaba: debía conocer los espíritus de los demás, no para ser esclavo de ellos, sino
para encontra1·se a sí mismo.
y fúé desechando los libros después de
utilizarlos egoístamente. Tan severo como antes había sido complaciente, dejó
para su biblioteca espiritual escasos volúmenes; sólo conservaba los que resistían una segunda, una tercera lectura.
Con el vigor de sus pasiones, casi deseó
que se suprimiera la libertad de imprimir libros; era para él un crimen que el
autor no pusiese su espíritu en su obra,
que hablase a los ojos, a los oído_s, si~
decir nada al sentimiento y a la mtehcia.
Los libros no le bastaron para hallar
su personalidad. Encontró ·a finidades, pudo conocer diferencias profunda.s entu
·él y los demás; pero no se veía. completo.
Su instinto lo reportó al buen sendero:
entendió que si quería desarrollar S:u1
rasgos personales, era preciso estudiar•
se en el mundo. En un principio renegó de
todos los libros, el hábito le hiz.o reincidir en la lectura: entonces, libre de pre•
juicios, buscando las obras que más le
hacían sentir, leyó con un gusto no sos•
pechado: había aprendido a leer.
No encontrándose en los libros, Teodoro fué a buscarse en el mundo. Y al pri·
roer paso en el mundo, Teodoro, por fue~za tenía que hallar enfrente de su camino' a quien casi llenaba · todo el mundo:
la mujer.
Con la cabeza desbordante de teoría~,
con recelos fabulosos sacados de sus h·
bros Teodoro era fundamentalmente timid~. Su ingenuidad, la brillantez de
sus ideas su pronto conocimiento de las
personas,' diéronle infinitos éxitos con
las mujeres: pero su timidez no supo a.pro•
vecharse de tales éxitos; Teodoro era en.
vidiado por sus rivales que lo ju~~a~an
desdeñoso, sin sospechar ·q ue él con Justa razón los envidiaba a ellos.
.
Al fin, una mujer valiente logró cautivarlo. Teodoro pensó que había encon·
trado su ideal; volvióse éasi loco¡ ella tení-a para él todas las virtudes del mundo¡

tinuo.
T ¡
Entonces abandonó su hogar.
en a
. le «os· la Tierra C\Stentaba su amvem au ·
11 d
plitud: ¡como si se ofreciese a ser ho a a.
por sus plantas!

JI

LA MUJER y LOS LIBROS
Solo en el mundo, sus libros fueron los
, . os amigos. Hizo de ellos sil culto. su
UnlC
·dolatría el objeto de su v1'd a; d.iv1'diÓ su
~cti vidaÓ entre la sórdida batalla por la.
. le cia. parte miserable de sus días, Y
ex1s n ,
·a d puro
~sta otra vida subterránea, ¡1_ a. e
cereb ro, la Sola digna de vivirse, según
sus opiniones.
.
.
Pero los libros, dándole savia y ¡1gor,
también laboraban contra ellos m1~mos.
T d ro sistematizó sus lecturas: hizo un
eo o resum en de cada obra que leía.; el
breve
análisis detallado de las ideas de sus áu•
tores le hizo ve·r que él pensaba de modo

Carecería de importancia~~m~cte~ís==~
No hay catedrales ni monumentos ar
que valgan la pena.,••

go1peábase la frente, renegando de los
ai'ios que había pasado sin conocer ,emeja.nte hermosura., concreción de todas las
perfecciones humanas: Teodoro miraba
en ella la imagen de sus propios suei'ios.
La. realidad era otra.
Fueron días de locura inimaginable:
cuentos de hadas vividos a la luz del eré, pásenlo; olvido completo de la fea realidad humana. Sus cuerpos parecieron adquirir la. sutil U'gereza de los espíritus y
recorrer el Universo y el Paraíso. Entre
este bajo mundo, ellos llevaban la mara•
villa de su mundo, en que eran felices, en
que acababan llorandp de tanta felicidad.
temblando de pavor a la idea de perder
uno, la más Jeve mirada del otro.

•

**

Toda vía tra_nscurrió algún tiempo. Mas
ya no eran tan asíduos¡ lá. rectitud de él
pedía a gritos la separación; el temor de
hacerla sufrir lo contuvo aún. Separáronse, al fin; él era culpable, ella, la víctima., había sacudido a su verdugo ...
El pensamiento de Teodoro la hizo parecer a su vista bajo aspectos horribles.
Cada vez que el recuerdo le traía a la memoria un instante feliz, imaginábala con
perfidia incalculable, con defectos inhumanos. Así se curó.
No pudo pensar en ella serenamen~ sino después de muchos meses¡ esto lo inquietaba: ¿Estaría. perdido para siempre?
Logrólo más tarde: cEs mi primer amor,
dijo; además, debo agradecerle que me
ayudó a buscarme a mí mismo, haciéndome sufrir; y que, siendo sincera, dejándose conocer, me permitió alejarme de ella 1
con quient de vivir más tiempo juntos 1
habría sido muy desgraciado&gt;.
'f, por primera vez desde su ruptura,
vió su retrato, olió sus cabellos, acarició
sus recuerdos, con una voluptuosidad in•
descriptible.

las maravillas de su arte. El mundo &amp;preció el regalo: riéronse del poema; mandaron que ocultase aquella estatua, cuya
obscenidad era peligrosa; y un críticodon Cualquiera-dióle consejos para modificar su cuadro ....

*
••
Había sufrido tanto y su dolor había
pasado de modo tal a sus obras que, insensible al p&amp;recer, sólo sonrió amargamente. Destruyó sus creacciones y con
ellas el secreto de su personalidad, conquistada con tanto traba.jo ... Y se encerró en sí mismo, a solas con sus sueftos,
sin esperanzas, sin odios, sin recuerdos,
con el único sentiniento de haberle hablado al m'undo, a sabiendas de lo que. el
mundo había de responder.
Así esperó el fin de su vida. La gente,
creyéndolo loco, no se atrevía a acercársele. Sus ojos miraban tan fijamente un
sitio cualquiera que' los caminantes, cu.
riosos 1 seguían con la suya la dirección
de su mirada: pero era imposible mirar
lo que miraban los ojos del artista.

Pasó un ai'io. El tedio más profundo
embargaba a Teodoro. No había dejado
de querer a su ídolo, pero sentíase esclaclavo: esa. mujer robaba su actividad
completa, ofrenda que él hizo gustoso al .
principio, pero que ella a.hora parecía
110 agradecer. Intentó una ruptura; ella
no consintió.
Aquella cadena lo 'ataba fuertemente.
III
Pero Teodoro había empezado a razonar
EPILOGO
•
y cuando un amor admite razonamientos,
EL ARTE
está perdido: ha muerto de antemano.
En la cúspide redonda de una colina., a
La vida de Teodoro fué una. lucha por
Teodoro analizó; vió con mirada retrosla luz del incomparable crepúsculo de
hallarse
a sí mismo. Recorrió todos los
otoño, Teodoro espera la muerte. La clapectiva. eff su sér y en el espíritu de ella.
camiqos, hizo cuanto pudo hacer; al fin
ridad del cielo destaca la silueta negra
Wda. la historia; su naturaleza, anhelanllegó al Arte. Y en el Arte casi tuvo el
de bosques lejanos; pero la cima parece
18 de amor, había buscado nuevos paisaconsuelo de todos dolores .. Con mucho de
flotar ea el ambiente.
jes femeninos y con ellos, ahora, compa•
poeta 1 con grandes facultades técnicas,
raba ...
Sentado en una roca, Teodoro ve pasar
habí8' gustado pasiva.mente de la obra
junto a él parejas de ancianos. Van hacia
Ella, sin que fuese una mujer vulgar,
artística; de eso a crear sólo hay breve
la muerte, impacientes para esperarla. y
sintetizaba todos los atributos de su sexo.
distancia: Teodoro la franqueó.
oye con disgusto sus pláticas! estúpida.s
Su orgullo jamás le permitió creer en el
Conoció que el arte le permitía. comcomo las de los chiquillos. &lt;Estos Seres
-earifto de él, a pesar de los sacrificios
prenderse a sí mismo y expresarse a sí
odiosos sí han vivido, piensa Teodoro,
que hacía; el egoísmo de ella lo esclavimismo. Y dedicó al Arte todas sus faculparo ellos fué grata la vida porque no
zaba sin esclavizarse, Los gustos de él
tades. Volvióse asiduo concurrente en
int-entaron salir de la mediocridad; y
que ella no podía. sentir, la exasperaban
Academias y Escuelas; sujetó su e~píritu
van a morir satisfechos de sí mismos, de
y eran objeto de sus burlas. Su ingenio se
a
los caprichos de los d6mines que forjasu vergonzosa vejez que nada de glorioso
aguzaba cuando quería herirlo: sus palaban artistas; pero ellos trataron de ahotiene en mi pasado&gt;. Y recuerda de joven
bras de ser venenosas, lo hubieran magar su espíritu y de trozarle sus alas.
\ado.
su odio profundo por todos los viejos.
Horrorizado, huyó.
En un momento de suprema lucidez, se
Cu&amp;ndo conoció que los deseos de ella
irgtJió Teodoro sobre el filo de su roca.
no :ostentaban el sello de idealidad que
* •
Volvióse hacia la Humanidad, para lanque ennoblece todos lo:1 deseos humanos,
Y fué al verdadero Arte: acudió a los
zarle, en un grito postrero, el último
-casi abrigó odio por sí mismo. cUn amor
grandes altistas. En su mente erigió ·uria
despojo de su espíritu ...
que no tiene algo de sensual en el fondo
gran c&amp;tedra.l en que tuvieron capillas
Pero la muerte se llegaba, con gran al,es monstruoso, pensaba, pero es más
los genios que se armonizaban con él. Su
borozo de cascabeles.
monstruoso el que únicamente es sensuaveneraición entonaba himnos por los granlismo&gt;. Y aborrecía. de todo corazón a
des infelices de la Humanidad, por los
,quienes sólo eran siervos de sus instintos
que habían dejado ea sus obras parte de
.atávicos .
. EN MARTE
su dolor. Sus Héroes .fueron Miguel Angel y Shakespeare, Rembrandt y Beethoven, Verlaine y Wagner, Nietzsche y
Tolstoy...
·
Y fué ascendiendo y una seguridad
inesperada apoderándose de él. Estaba
en la plenitud de su vida; deseó crear algo grande, algo que fuese suyo, que fuese ÉL.
Y escribió el poema de su vida., .y mo. deló la estatua de su desgracia, y pintó
el cuadro de sus amores. Obras únicas,
en .que había puesto su personalidad inconfundible; y la había pues~o de tal manera que para él no quedaba nada; como
si hubiese empleado el sonido de su voz
para sus versos, la carne de su cuerpo para su estatua, la sangre de sus venas para su cuadro ...
Pensó hacer al mundo el regalo magní-Yo creo que ha llegado el mo:nento de
fico de sus tres obras. Y en una exposique los demás planetas abandonemos la neuEl gigante ciego, (DE LIFE}.
ción nunca vista, ofreció a la humanidad
tralidad.

•

5

•

�~
LAWN TENNIS
Toda de blanco,
Finge tu traje
Sobre tu flanco,
Griego ropaje.

En vano ilusa
Fijas el pie ... ;
Que no eres musa
Ni numen, que

SON TUS OJOS
DOS SAETAS A&lt;;,UZADAS·--···

De la Victoria
De Samotra.cia,
Finges la g'loria
Llena de gracia.

Sin que disciernas
Un viento lírico
Sobre tus piernas
Sopla satírico;

Pues aunQue fatua
Te alzes extática,
No eres la estatua
Gloria del Atica ...
Pisan el suelo
Yanke tus J)ies.
¡Y alto es ~l vuelo
De las Nikés!

New York.

Son tus ojos dos saetas aguzadas
Que humedeces en venenos de pasión,
.Y agonizo de pesar si tus miradas
No se elevan en mi herido corazón.
Son tus labios frescas rosas purpurinas
Que destilan suaves mieles de ilusión
Con que embriagan y también tienen espinas.
Que laceran mi dolido corazón.
Cual la hoja desprendida por el viento
Estremece de las aguas el crespón,
De tu nombre el satinado y dulce acento
Turba todo mi dormido corazón.
Yo ' la tierra donde pones tu pie fino
Besaría con ardiente devoción,
Y quizás tú, cuál del polvo del camino
Haces caso de mi pobre corazón.

JOSÉ JUAN TABLADA

EFRÉN .REBOLLEDO

ENSAYOS DE ESTETICA MUSICAL
POR MANUEL M. PONCE

I
LA MUSICA

1

No se disc?~ ya la naturalez~ profun-damente sub1et1va de la música. Entre los
grandes mist,erios de la Vida está el de la
,esencia de este arte dulce y poderoso, evocador Y creador, a un tiempo mismo de
]as más diversas emociones.
'
La estética musical-part.e de la est.ética
.general-pretende analizar y reglamentar
Jo.que a la belleza musical concierne; mas,
1 pesar de los profundos y sutiles estudios llevados a cabo por sabios eminentes, la obscuridad envuelve aún el origen
-de las emociones despertadas en nuestro
sér por la magia de los sonidos combinados.
L&amp; ~úsica descubre en nuestro espíritu
-0.n universo nuevo de emociones como
i&amp; luz ilumina y fija las líneas y lo's colores en la naturaleza.
No comprendemos: sentil1l.os 1 y eso nos
basta.
Creo que Schopenhauer ha dicho que la
rmósica es una verdad superior a toda la
realidad material. Llega esta hada hasta
las puertas del espíritu, y con la varita
mágica de las combinaciones sonoras alivia, enferma, cura o hiere, consuela o
atorme~ta a las almas e!egidas que esperan sedientas el manantial purísimo del
goce estético.
!1::ro la.. ._ superioridad innegable de la
musica sobre las otras artes sus herman~s, radica en su universalidad¡ pues,
mientras éstas-la poesía, la pintura, la
-escultura-hablan especialment,e a los espíritus cultivados, la música extiende su
dominio s?bre !os s_eres inferióres, y aun
so~re l(!s irraciona1es. ¡,Qué fuerza misier1osa impulsa a los animales, algunas
veces al oír música, r.ara dar muestras
de alegrí~ o de dolor/ ¿Qué instinto guía
al sal va Je para fabricar in&amp;trumentos
l En el próximo numero, publicarémos el set_un4&lt;&gt;1 ensayo de estétfoa musica,l trabajo lned!to
.

..Je maest'l'o Ponce.

!Ilusicales? Es que l_a música forma parte
mtegrant,e de la existencia, y acompaña
a la. humanidad desde que nace, con las
canc10nes de cuna, hasta que muere con
las graves armonías de las fúnebres ~archas.
_''Grito de dolor o de alegría-dice el Dr.
R1,el!lann,-inflexión _tierna o alegre, la
mus1ca es la expresión del sentimiento,
del_estado anímico; por este mismo hecho·
no solamente es comprensible1 sino enge~
dradora de sentimientos, de estados de
alma semejantes a los que la inspiraron
p~ra todos los seres organizados de l~
misma manera''.
Por su parte, Herder reconoce que los
movimientos sonoros son una imae-en de
los movimientos de nuestra alma: ''Soni•
dos-dice-que se suceden con lentitud o
con. rapidez, _en un movimiento igu¡l o
desigual 1 so.nidos graves o, ligeros. tímidos, rudos o atenuados, llamados también choques, palpitaciones, suspiros, o
las de emoción o de alegria . ... despiertan
en nuestra alma movimientos análogos.
Nuestro sér pasional se yergue o desma.•
ya, se estremece de gozo o se arrastra Iamentablement,e; tan pronto se impone como retrocede; la emoción le hace unas veces más fuerte y otras más débi1. En una
palabra, cambia su propio movimiento
su actitud, a cada modulación (cambio d~
dinámica), a cada acento que le conmueve, y, aun más, a. cada inodificación del
tono. La música toca en nosotros una especie de clavicordio que forma nuestra
propia naturaleza, en Jo de que más íntimo tiene".
Los sonidos dispersos que se agrupan
y ordenan conforme a la voluntad dominadora del compositor, forman, en la
obra de arte, un mundo ideal, en el cual
las notas adquieren importancia diversa,
como en el mundo real las personas. Una
sinfonía es un fragmento de vida, tan intensa como puede serlo en la rea.Jidad de
la exist,enCia. Las notas.adquieren un valor sonoro más o menos importante según la tonalidad en que se mueven. Hay

SATURNINO HERRÁN

AVATAR
•

Las conozo: son tus manos.
Son tus manos de enjoyadas azucenas;
S0n las penas de una pena ya sentida:
¡Ya he vivido estas escenas
en la vida de otra vida!'
Si el mal del antaño es el mal de ogaño;
si es el mismo mal:
son trasmigraciones de un eterno engaño
bajo el desengaño de un desdén igual.
Es la misma escena, y es la misma pena,
y es el mismo ambiente:
yo ya conocía tu actitud sedente
bajo las penumbras
de esta celosía.
Tras penas y vidas, los mismos instantes;
la tarde es ipglesa;
nublada:
¡cómo antes!
Su avatar reempieza la pobre alma mía,
e insiste en decirme cuanto te quería,
ya en otra tristeza
de otra vida mía.
FRANCISCO GONZALEZ L1&lt;..:0N

ESTE ETERNO SUSPIRAR
La luna que a cielo abierto
bruñe estucos, de tu huerto
sobre el rústico bardal;
y tu casa ya dormida;
y mi alma entrist.ecida
sin saber por qué será.
Y esta banca de cant,era
d8bajo de la espaldera;
y en el alma del jardín,
el alma de una violeta,
y de un grillo la retreta
con sus solos de violín.

Y de mi amor, cómo esquela,
el fulgor que se congela.
de la luna, en tu vitral,
y en el alma tanto fr[o . .

y estas tristezas, Dios mío,
Y ESTE ETERNO

sonidos preponderanies que gobiernanamparados por el ritmo-todo ese conjunto armoD;ios~ qne bulle y se entremezcla
en una vida ideal. En una obra polifónica, las notas simpáticas se buscan y agrupan en to!-'no a los sonidos conductores
41;6 constituyen lá melodía, formando
nucleos que se repelen en las disonancias
se unen en el dulce reposo de las cadencias.
Frecuente~ente se compara a la música
con la arqurt~tura, o más bien dicho, se
emplean térmmos de arquitectura al hablar de uaa obra musical. Y en verdad
la analogía existe, En una obra sinfóni~
ca hay te~a~ fundamentales que son como los c1m1entos y las columnas de la ·
de la composición. Ha.y arabescos que
adornan la construcción sonora: hay notas aguda~ que semejan agujas de cate.
d_ralei gótica~; melodías bellas como bajor1eJeves;, con1untos armoniosos como cúpulas brillantes ....
Pero más. que ~n l_as formas plásticas
con que la 1miw1,na.c1ón pudiera presentar
las ob_ras musicales, el poder de la música i:es1de _en el ca~po de las emociones.
Su 1mper10 es part1cula.rmente espiritual
En efecto, la ~úsiea es, entre todas la~
artes,Ja más _distante de
Naturaleza.
Todos los rmdos, el murmurar de uha
fuente, el. silvido del viento, el estruendoso rugir del trueno, el rumor de las
olas y otros muchos fenómenos sonoros
no s~n en manera alguna, música. El can~
to m~smo de los pájaros no puede darnos
una idea de lo que nosotros entendemos
por "frase musical''. Las tempestades
lo~ rumores del bosque, las cascadas, lo~
rmdos, en fin, de la N atural1:,za, jamás podrán ser reproducidos ni aún en caricatura, en una composición musical Se recurre _a los folletos explicativíls para
s~gest10narnos; pero en el fondo, la múSIC_a sólo puede expresar el terror. la inqme~ud, la desolación, el amor la alegría
la ~r1steza, los sentimientos, ~n fin, má~
i1;1t1mos del alma en sus innumerables variantes.
"Beet~oven d~ía Wilhe1m Gerhard:
, , Decr.ire appartien_t á la peinture. La
peut auss1, ~n cela, s'estimer
41 poSsie
heureuse, en compara1son de la musique·
; ;s(!.n doma!ne n 'est pas aussi limité que 1~
m1en; mB1s, en r~vanche, le mien s'etend
"plus loin da.ns d'autres régions· et l'on
1''ne peut pas atteiodre si facilem~nt man
'empire'' (Roma.in Rolland. Yie de Beethaven). (2) ¿El autor de la Sinfonía Pastoral se propuso "pintar'•' los paisajes
campestres y llevar al pentagrama el estruendo de la tempestad en su magna sinfonía? Evidentemente que no, después de
l~s palabras que acabamos de transcribir. El maestro expresó en armonías divinas los movimientos emocionales de
su alma fre:pte a las fuerzas desencadena,.
das de la fiempestad o ante la serenidad
de los campos .florecidos.
Conmover, elevar el espíritu, emocion_ar nuestro ser_pas~onal; ampliar los hor~zont,es de la vida ideal, dulcificar y suavizar las esperanzas de las almas amargadas por Io_s sufrimientos o la desesperanza. he ah1 la verdadera la nobilísima
misión de la música.
'
¿Cómo esas combinaciones de sonidos
pueden re&amp;lizar tales milagros?
Ese es el misterio.
Dice f:ambtt:rieu que si existiese un sér
c~paz de explicarnos la esencia de la múSICa, no podríamos comprenderlo.
Conformémonos, pues con sentir y gozar.
E°: nues_tro sér exist,e una especie de
clav1cord10, nos ha. dicho Herder.
Y bien, dejemos a la mano intangible
Y divin_a _de la_ música, que arranque de
ese espiritual Instrumento la.s emociones
~ás recónditas y las más dulces vibraCJones .
. ~n eJlo encontra1·émos la suprema fehcida.d.
(Del último número de ((Culturan)

º.

1,

SUSPIRAR .

FRANCISCO GONZALEZ LÉON'

''Coµiadre, cuando me muera .... "

(2) "Describir, corresponde a la Pintura:; la Poesla, en e1:1to. puede considerarse teliz en comparación con la muslca; su dominio no es tan limitado co.
m? el mfo; pero, en cambio, el mio se extiende más
Ie1os en otras regiones y no es posible alcanzar tan
fácilmente ml imperio".

7

�LA ACTUALIDAD POLITICA
LA SIGNIFICACION DE ALGUNAS COSAS INSIGNIFICANTES

Todavía en los momentos de escribir esta nota las
transacciones bursátiles en la ciudad de México son casi imposibles. En la bolsa de valores se entretienen los
espec~ladores de talla con las especulaciones de papel
mfals1ficable. No renace aún el movimiento de acciones.
Apenas se ofrecen quinientas, así sean de la Negociación
/,linera más prestigiada y se provoca la baja del valor de la especie en venta. A durae penas se pueden hacer operaciones mayores de cien hidalgos ein que la espectación babosa de la coyoteria no rodee la mesa en
que se liquidan los que pudieron "encontrarse."
&amp; ofrece la hipoteca, en primer lugar, de una Hacienda lamosa con un interés casi absurdo. La venta deima
casa es más difícil que cazar un elefante en el Desierto de
los leones o secuestrar el U. 53 en el Lago de Nativitas.
Los hombres de negocios duermen el fastidio de la inacción sobre sus carpetas incólumes. Piensan en la imposibilidad de que nuestro México vuelvaal florecimiento y al auje. La desmoralización parece adueñarse de
las columnas más fuertes del remate.
Y todo por la falta de fe en un futuro que indudable.

SITIOS DE MÉXICO
EL CERRO BLANCO*
POR ATANASIO G. SARAVIA
(Especial parn PegMo )

En aquellas tierras en un tiempo
heredad de los nobles señores de
Valdivieso y cabeza y asiento del
eondado de San Pedro del Alamo,
está una sierra, humilde y pobre Pi
se la compara con las sierras hermosísimas que Dios quiso poner en
nuestro Méxfoo; fértil y hermosa
junto alas tristes llanuras deraquitico monte que se extienden a su
laida. Cual si hubiese querido curiosear al paso de los trenes, alza
!rente a la via su mole escueta y alta, pero luego, como si desdeñosa
se apartara de aquel lugar cruzando ¡,or los rieles, se aleja hacia el
poniente internándose en terrenos
agrestes y bra,íos y su cuerpo es
cada vez más alto y sus quebradas
más hondas y más espesos sus gru•
pos de robles añosos y torcidos.
Asi va majestuosa hacia donde el
sol se pone, pero luego comienza
una lucha con otras cordilleras más
pequeñas cubiertas de espinos y de
derrumbes de rocas que le disputan
el paso a su cuerpo colosal; y al encontrarlas parece como si la sierra
enfurecida amontonase sus cerros

* A inmediaciones de 1&amp; Hacienda de
Covadong&amp;, en la Sierr&amp; del Yerbanis,
Estádo de Durango.
8

mente ha de llevar a las "Mosler" de los bolsistas pin_
gües utilidades.
Hoy por hoy, la escasez de numerario ha originado
en el interior del ~aisla parálisis casi total de las operac10nes de cuant1a y en el extranjero, hasta hace muy
poco, no había ni un solo céntimo dispuesto a traspasar
la frontera. El extranjero claro que únicamente a tenderle.
a razones del orden político; y es por estopor laque,con
bastante alegría hemos visto en la prensa diaria un anuncio de una casa deNew Work, ubicada precisameuteen Je.
calle de los sabios de la especulación: en Wall Street.
El tal anuncio dice "HACEMOS PRESTAMOS SOBRE
VALORES MEXICANOS INAC'.l,'lVOS. "
¡Ah, con que entonces en Wall Street hay dinero ye.
para prestar sobre valores mexicanos!
Eso quiere decir que México se consolida y que se
consolida de una manera franca pues es fama bien sabida por el orbe entero que en Wall Street el conocimiento
justo dela marcha política de una nación, es primo hermano de las tablas de logaritmos.

unos sobre otros aumentando sus
fuerzas y su altura, para al fin, fatigada, ir decreciendo hasta que,
confundida ya con aquellas pequeñas cordilleras, torcido aJ :norte su
rumbo, llega a bañar sus últimos
estribos en las aguas del río cuyas
estepa~ cantara, en soneto bien
grande, Manuel José Othón. •
Es una sierra triste, es una sierra
escueta y solitaria; nadie hizo allí
su mansión; nadie la habita, y sólo
cruza por sus breñales ásperos algún
ágil venado o el jabalí salvaje.
Allá en sus medios, donde su altura es más grande, donde sus robles
son más tupidos, donde no se dis•
tinguen senderos ni veredas y donde
reina constante sombra en sus cañadas a las que sólo besa el sol, en
pasajero saludo, a medio día; allí,
como si hubiese brotado de las mismas entrañas de la oierra y en crecimiento formidable la dominara
toda, se levanta extraño y gigantesco peñón. Cual si quisiera lucir
su estructura fortísima de ~re.nito
blanco, no admitió sobre sí ni nn
árbol ni un arbusto y se alza en medio de la sierra su vasalla como
desnudo atleta exhuberantede!uerza y de sol. Allí, solo, sin un peñón
hermano, levanta altísima su frente para mirar a muchas leguas en
contorno y parece imponerse como
:t

Río de N aza.s.

si fuera el alma de aquel país. Ye.
tranquilo y risueño cuando lo dora.
el sol parece la deidad que todo
aquel contorno protegiera; ya ceñudo y adusto cuando las sombras
lo envuelven semeja formidable titan que de su feudo cuidara. A su
pie, esparcidas en mil grupos pintorescos que cubren amplio valle, están las piedras que de sus lados rodaran, y mientras él parece desdeñarlas, éllas, mu.das y sumisas, se
tienden a sus plantas como inmenso castillo agrupado bajo torre dPl
homenaje gigantesco.
Es allí el rey; un rey desdeñoso y
solitario al que rinden tributo aquellas pobres tierras que no tienen ni
su fuerza ni su altura. Un pueblecillo se atrevió a tomar su nombre,
pero cual si temiese que el coloso lo
fuese a castigar por su osadía, tímidamente quedó semiescondido entre arboledas y barrancas; y eso
bien lejos, pues que a su vera no
consintió el gigante vivienda alguna para lo que·sembró su laida d&amp;
ri~cos y de arroyos. Allá, en el fondo del vallecillo donde se juntan dos
riachuelos, los pobres misioneros
franciscanos, fundadores de pueblos
y conveutos, bendijeron las casucas
en el nombre de Dios y llamaron al
poblado, en cristiano bautismo, el
Peño! Bl.anco de San Buenaventura.
Pasa. a la página 15

DEL LIBRO EN PREPARACION
"ENSAYOS y POEMAS" DE JULIO TORRI

DE FUNERALES
Hoy asistí al entierro de un amigo mio. Me divertí
poco, pues.el paneg.irista estuvo muy torpe. Hasta pa.
recia e~oc_10nado. Es inquietante el rumbo que lleva la
or~tor1a fúnebre. Eii nuestros días se adereza un paneglnco con lugares comunes sobre la muerte y ¡cosa infreible Y absurda! con alabanzas para el difunto. El
orador es casi siempre el mejor amigo del muerto es
decir, un sujeto compungido y tembloroso que nos ~ueve a risa con sus expansiones sinceras y sus afectos incomprensibles. Lo menos importante en un funeral es
el pobre diablo que va en el ataud. Y mientras las gente!' no acepten estas ideas continuaremos yendo a los
entierros con tan pocas probabilidades ·de divertirnos
como a un teatro.

plata y oro. ¿Por qué vaciláis? ¿para cuándo son los
~m1gos? Es~oy e~amorado locamente de ella. Apenas sé
s1 no desvar,o. Tiene los ojos llenos de asombro, sus senos palpitantes perderían a cualquier santo. Cuando
me ve se echa a temblar y si no fuera porque la amenazo con matarla si no me espera en la ventana a la
ch··te
no
e s1gmen , jamás la volvería a ver. Al hablarle se me
enronquece la voz, y a ella le entra tanto miedo que no
atina a decirme sino que me vaya y que la d e¡e;
. que no
me ha hecho mal ninguno; que lo haga por Ja Virgen
Santísima....... Sé bien que no me quiere; pero ¿qué importa? ya me irá perdiendo el temor. Tened compasión
de un hombre enamorado, y mañana haced de mí lo
que gustéis. Os obedeceré como un perro. y si algo 08
~asa por ayudarme, la Sierra, Madre no está lejos, y mi
cmturón de cuero se halla repleto de oro.
.

LA VIDA DEL CAMPO

EL ABUELO
El abuelo, -un viejecito de lustrosa y roja tez, ojos
azules y barbas de plata. que quiere a toda costa ser
amigo nuestro, -preside la cena de innumer~bles nieros Y nietas, y amigos y amigas. (Una vieja familia que
tuvo antepasados en Trafalgar.)
Hablamos de Darlo y Lugones y él cita a Don Antonio de Solis y a Moratín; de tennis y de flirt, y él desentierra sus lozanas mocedades de hijo de gobernador, en
no se qué ciudad de provincia, allá por el año detrein
la.
En el comedor resuenan las risas y los gritos alegres.
Todos hablamos en voz alta. Las gentiles primas sonrien llenas de bonevolencia, dicen propósitos agudos, o
amenazan con dengues y melindres al atrevido que respondió certeramente.
Alguien pide un cuento al abuelito. Todos ¡¡,plauden y
prestan atención. Y las caras se encienden por el rubor
ola malicia, porque nuestro olvidadizo abuelo nos relatá plácidamente un cuento picaresco de antaño, en el
que todas las cosas son llamadas por sus nombres, a la
lllllla usanza antigua.

EL RAPTOR
-Amigos míos, ayudadme a robar una novia que tengo en el &amp;al de Pozos. Tendremos que sacarla de su
lllsa a viva fuerza. Por eso os pido ayuda, que si ella
viera voluntad en seguirme ...... Iremos al galope de
uestros caballos por el camino real, en medio de la noe como las almas en pena. Os pagaré con esplendidez.
daré caballos, rifles, sillas de montar labradas con

Est•ce que l'ame des violoncelles est emportée daos le
cri d'unecordequi se brise?
(Villiers de l'lsle Adam. _
VÉRA. )

Va el cortejo fúnebre por la calle abajo, con el muerto
a.la cabeza. La mañana es alegre y el sol ríe con su
buen humor de viejo. Precisamente del sol conversan el
muerto y un pobrete-acaso algún borracho impenitente-que va en el mismo sentido que el entierro.
-Deploro que no te calientes ya a este buen sol, y no
cantes tus más alegres canciones en esta luminosa ma.
ñana.

-¡Bah! La tierra es también alegre, y su alegría un
poco húmeda, es contagiosa.
-Siento lástima po.r tí, que no volverás a ver el sol;
ahora luma plácidamente su pipa como el burgués quP
a la puerta de su tienda ve corretear a sus hijos.
-También amanece en los cementerios, y desde las
musgosas tapias cantan los pinzones.
-¿Y los amigos que abandonas?
-En los camposantos se adquieren buenos camaradas. En la pertinaz llovizna de diciembre charlan agudamente los muertos. El resto del año atisban ·desde
eus derruidas fosas a los nuevos huéspedes.
-Pero ..... .
-Algo poltrones, es verdad. Rara vez abandonan
sus camas que han ablandado la humedad y los conejos.
-Sin embargo ..... .
-La vida del campo tiene también sus atractivos.
9

�su Falstaff interior? Los retratos de 1o1
grandes lógicos de la humanidad ostentan figuras magras, raquíticas, miaerbles:
la lógica mata, ha dicho Shaw, y Ches.
tertoo ha seguido el consejo del mismo
Shaw, que nos propone matar a la. lógica.
La ha. asesina.do muriéndose: la vida en
su plenitud no conspira contra ella misma.
Este nuevo libro del humorista Cockney está fundado en su filosofía y trata
de la guerra. En Inglaterra sólo Bernard
Shaw pudo publicar, antes de la guerra,
un libro con ese título; fuera de ella, solo
Pierre Loti o all{un orador espafi.ol. El
volumen esta dirigido a un profesor aleman que escribía · contra Inglaterra, uno
de esos profesores de los que había eseri~
to an·tes nuestro autor, que han inventado la frase "voluntad de vivir", que quieren vivir y no pueden. Para el pensador
católico los crímenes de su patria son las
aociones que la han alejado del ron14ni,.
m.o 9 de la tradición católica de Europa;
las acciones que han asegurado el poder
de los .pueblos que no viven sentimental•
mente esa tradición; son el haber impedi-do que Europa. acabara con las 11 pira1erías impías" de Federico el Grande; el
.haber permitido que la derrota. de Napo.
león fuera mancha.da con el "f&amp;ngo y la
El Presidente de la República Fran~esa hace u~a visita a Noyon poco después de haber
sido reconqmstada.

HUMORISMO YANQUE

LA LITERATURA y LA GUERRA
UN LIBRO DE ' G . K. CHESTERTON
POR ANTONIO CASTRO LEAL
It we see blstory as a wbole tbere Is no more doubt that
the French peopleis tbe more
mll\tary than the re Is that tbe
German people Is the more

musical. Germany Is a great
and splendld natlon .
G. K .CH

'Con el escanda.loso título de Los crírned,e Inglaterra publicó hace ~lgunos me:
,.,.,
el literato ing\ésG1lbert Chesses un l'bro
1
1
terton. Este humorista Cockney, que_ocu . filosofía
deba.jo de las ideas
ta su propia.
·
más flexibles, ·es uno de lo_s sofistas más
ágiles, porque en él la. tesis y su cont~a.. son 't"u&amp;lea
ca.minos para la síntesis,¡
r10
,...
ue a.dorna. los razonamientos· como e
qges to de un acróbata
encima de . un tra.
ecio o la contorsión de una. serpiente en
pun escu do • Este ideólogo que desdeña. l6
(y
ya ern tiemµ0, oh Nietz~he!} la fuerza gica de las ideas, lo hace .porque. come
~uy bien. Es el literato me101:.u~tr1do de
Europa.. Vosotros los que esta.is informa-dos ~uperticia.lmente de todas las cosas,
vosotros los que conocéis quienes son los
primeros escritores del mu°:do d~ ahor~,
vosotros los que l~is las revistas c,sa.bía.1s
U Chesterton tuviera una filosofía? ¿saqbíais
e
61'
que es un pensador cat ico, ~n ortodoxo? Chesterton tiene su filosofrn, pero nadie la Contradice mas frecuentemen•
te que él mismo. nuno tiene ~ue ser. ortodoxo en muchas cosas,-ha. d1cho- s1 no
10

nunca. habrá thimpo para. pre licar nues•
tra. propia. herejía ' '. ¿Qué l ~ importa ~\
rigor lógico de las ideas a un hombt·e
que abandona. un banquete, d(lode exaltó

Cockney ha escrito brillantes páginas.
La naturaleza del pa.ngermanism0-dicepuede resumirse en esta alegoria; El caballo afirma que toda.s las demás criaturas esta.a obligadas moralmente a sacrificar sus intereses en bien de él, por la
especiosa razón de qne posee todas las
cualidades nobles y necesarias, y porque
es un fin en sí. Se le responde que si se
trata de subir a un árbol el caballo es
meno gracioso que el gato; que rara vez
los enamorados y los poetas le piden al
caballo que haga ruido toda la noche,
como el ruiseflor; que ·es menos feliz que
la merluza cuando permanece la1•go tiempo dentro del agua., y que, caando se le
abre, se encuentran generalmente menos
perlas que en las ostras. Se contenta con
responder (como es un caballo imbécil
responde de esta manera) que un pie de
una sola pieza vale mas que las perlas,
que el océano o que todo lo que se eleva
y todo lo que canta. Reflexiona algunos
ailos sobre los gatos y descubrE, al fin en
el gato "la cualidad característica. de la
cauda equina, o sea la cola" ; de modo
que )os gatos son caballos que balancean
eD la punta de los árboles la cola, que es
pendón equino. Halla que los ruiseflores
tienen patas, lo que explica. su dónde cantar: las merluzas son vertebrados y por
lo ta.oto caballos marinos; y aunque 1a
ostra. presenta en lo exterior diferencias
que parecen separarla del caballo, está
sostenida por la fuerza-natura. que llena
IOdo de la misma energ1a equinomotriz.
Este caballo es intelectua.1mente el caba- .
llo malo. Está en las fuentes intelectuales de una. merluza responder: 11 Si una.
merluza es un caballo ¿por qué he de someterme más a. tí que a mí? ¿Por qué este
caballo cantador llamado vulgarmente
ruiseñor, o este caballo trepador conocido hasta ahora como gato, caerán en adoración delante de ti por tu caballismo1 Si
\odas nuestras facultades na.ti vas son )os
\alentos de un caballo ¡,porqué tu no eres
11

sino un caballo sin talento? ' ' Como respuesra a. estos argumentos el caballo se
tmcabrita, mata. al gato, a.plasta a la ostra, se come a la merluza y persigue al
ruise!l.or, y así comenzó la. guerra".
El libro de Chesterton es rico Ao modos
brillantes de ve1· y de decir las cosas.
¿Quién había dado, antes que él, al epi•
sodio más romántico de la historia universal- la Revolución Francesa-un carácter de antigüedad clásica, como un grupo esculpido en donde las figuras mejores
están desnudas, y cuya fecha no se puede
recordar sin sonrisa, al saber que enton•
ces los paraguas estaba.o de moda y se ensaya.bao los sombreros de copa.? ¿Quién
ha sugerido una suerte más trivialmente
humana para Guillermo II, cervecero,
después de la guerra, cerca de Wiodsor?
La ideología épica, que conoce el lector
de la segunda página del llluslrated Londun News. da una idea de lo que es el libro; pero el libro es menos acrobático,
mas serio,-para que entendáis todos. Ante los acontecimientos de la batalla del
Marne el humorista. se conmueve: el des•
tino de su patria y la. muerte de los jóvenes ingleses despiertan en él una emoción
que enl'onquece su voz y aclara su estilo .
Sobre los muertos no se babia con paradojas: hay hechos que sólo un espiritismo de hechicería. puede discutir: por hoy
acostumbramos llorar sobre los muertos.
Y el libro, después de esa humana y tierna. lameot.a.ción no podía ofrecer una página. más, - y en realidad no hay ya otra.
página.

En otro lugar de esta revista publicamos la copia de un cuadro de Saturnino
Herrán; y en otra revista que se publica
en este lugar, publicaron una falsificación
del mismo cuadro, como para formarle
cuadro al que la hizo

- - iBuenos días, compadre .. !
-¡ ........ !

•

- - - - - -- - - ··-·-" ....
sangre dt, 1as sombras salvajes de BIO·
cher"; el haber sufrido que el rey de Dinamarca fuera despojado a la luz de1 día
11
por un bandido llama.do Bismarck; el
haber dejado que los prusianos 11Janf1rrones" dominaran las provincias frao·
cesas que no podían goberoar; el ha.her
abandonado a estos •'aventureros af1·
mados'' una posición tan importa.ate como Heligolandia: el haber elogiado "la
educación sin alma'' de Prusia.. }i;stos son
los crímenes que Chestertoo comenta en
su libro ¿son los únicos crímenes? ¡,son
Siquiet'a crímeoes'! Esta. nueva interpre·
tación U.e la. historia es tan trivial como
el at·repeutimiento de una viuda que h..,
bla.ra de su p1·imer enlace como de un
crimen. Cuando loglaterra. ha cometido
"sus crímenes" nunca dejó su pellejo ea
ellos, y algunas veces se cobijó con el ~
llejo de los démá.s¡ y supongo que a 11
misma foalaterra. no gustará esta ma·
nera de ve~ su historia. y que preferiría
simplemente que atacaran a Alemania Y
sus prejuicios. Chesterton ta.mbiéo sabe
hacer eso.-tan bien que él será. el repertorio cua.ndo a los escolares ingleses se
les haga. a.prender un chiste contra Pru~ia.
Contra. el pangermanismo el bumor1s\l

~

Nuestro grabado representa el momento en que un camión llt:ga al frt:1.1t: ú. b&lt;&gt;.iall a, llevanod
parque para la artillería. Los soldados se ocupan en descargarlo.

EPILOGOS

DE ACTUALDAD
PORDIOSEROS

Son tantos: La retina no llega. B.
distinguirlos en su abigarra.miento
1111iforme. Como siguiendo la. recóndita. ley del mimetismo, igualan el
tono g~nera) de su cue1710 y de su
vida con el claroscuro del man do.
Son la musgosidad que veµ-eta al
arrimo del hosco vivir de la roca ....
Y, sin embargo, ¿habéis considerado
alguna vez, como estetas o psicólogos, la existencia de los pordiosel'Os?

*'*•
Los grandes genios pictólicos,
T'elásquez, Rembrandt, -lfurillo, supieron ·eternizarla 111iseria,, el género
acaso más grande de la realista Ji.
teratura. espa1iola, la novela pica.
caresca, vivió de la. miseria. Mas los
p1imeros buscaban la. miseria pintornsca, el segundo vivía de la miseria. inteligente. Suestra miseria,
reina en la fealdad, rire de la a.b'.
.vección y del criwen. Por suerte
remota., suelen caer ante los ojos,
como aparecidos de un mundo lejano. pordioseros que parecen haber
limpia.do sn frente del estigma. de la.
maldad y del vicio.
Ellos mueven mi caridad ilógica:
.Y explotan mis aficiones estéticas.
Uno existía que semejaba haber sa:lido de un lienzo de Meissonie1·. Giga.ntesco, con el rostro brocfoeo de/'
bronce escultórico de la raza, rebujaba. su cuerpo en harapos que el
tiempo había teñido de mara vi/loso
color: era una armonía de verdes
tira.ndo a negro y negros reverdecí.
dos, bajo el toque vivo de una cobertura roja. Y la barba g1is de
plata oxidada, como un hálito de
esplendor ............ En su vida crepus.
cular, yo cruzaba sólo ,m instante:
veía/o venir a grandes pasos .v
dába,/e mi moneda con todo rn speto, en la esperanza de que, como
el cuento de Wilde, fuese un mi/Jo.
nal'io que había tenido el capricho
de disfrazarse de mendigo.
También mueven la caridad poi
la aristocracia de su aspee- to. A
veces, la. 111iseria, es e11 vidüible; est;1
viejecita temblorosa,, cuy:i efímera
vida. tiene la fragilidad de un dibujo
ideológico. atra.e más mira.das que
tantos seres rnlgannente felices,
1nie111bi·os de una g1w;,·a burguesía,.
11

�PAGl1'\JA HUMORISTICA DE

"PEGASO"

La señora, que hace un mes no va a
ninguna parte, se pone

1

·nerviosa. '' Se

interrumpe la neutralidad sin neceoidad
de que intervengan los intelectuales. Loeb,
cristalero, es feliz. Nuestro hombre pa
rece haber llegado del frente. Un •·tank''
para él es familiar e inofensivo como un
carro de mano y canta aün.

íll

'·Y yo le doy ''achares"
Haciéndole entender
Que tengo muchos más
A quien poder querer."

(/)

o
rr,

z

Prueba número 2.

)&gt;
(/),

o
rr,

r

)&gt;

G)

::o
)&gt;

Hay por ahl algunos monumentos coloniales que han caldo bajo la férula de
un albañil completamente ajeno a la existencia de Miguel-Angel . - (Véase prueba
No. 1-)
Otro monumento sufre las hábiles intuiciones de la casa Maxim's. (Véase
prueba No. 2.)

Prueba número l.

La semana pasada leimos en la prensa
un cable procedente de la tierra de Hindenburg que dice"Ha quedado prohibido a los artistas
de teatro estrenar trajes en cada obra
nueva que se lleve a la escena. Esta determinación obedece a la escasez de materias textiles."
¡Caray! Si asl siguen las cosas no serla
raro que a Maximiliano Harden lo lleguen
1 nombrar "Dictador de las hojas de

parra.''

Un amigo nuestro .sale del Colón y al
tomar un ··San Rafael vla las Artes" lo
bece imitando los movimientos de An .
tonia Mercé, en la Danza Campesina de
Grieg.
Canta a su señora:

z

'•Chiquilla vente a Triana
Chiquilla vente a Sevila"

G)

GiLERIA DE •PEGASO,

e

(Por qué me teme usted si llevo las dos manos ocupadas?
Porque usted puede pedirme que tome sus cosas y entonces soy yo la que : tie--ne ocupadas las manos.
1
i

La dirección de Monumentoa Artisticoa,
no sufre nade.

111

::o

::o
)&gt;

La sonrisa de la "Gioconda'' vista
por Enrique González Martinez.

Osear Wilde, y Leonardo de Vinci se
encuentran en el Peralso al lado de un
pintor da olla-El pintor de olla les lle.
me frecuentemente compañeros y les in.
terroge si conocieron en la tierra de San
Pedro Tlelquepaque al inconmensurable
Pantaleón Panduro.
Wilde medita, rememora.
Leonardo no parece haber oldo.
El pintor, entonces cambia la interrogación.
'Tampoco saben, compañeros, nada de
el i"Diablo' '7
-¿De el Diablo7 Oh, si, dice Leonardo,
el Diablol
-Yo me refiero a un cronista de teatro,
dice el pintorcillo.
En el Paralso se quema un fusible, como inevitable consecuencia de un corto
circuito.

GALERIA DE «PEGASO•

La sonrisa de Parrita vista por Herrrán.
J3.

�Manuel M. Ponce. - ESCRITOS y
COMPOSICIONES MUSICALES.
-Prólogo de RubénM. Ca.mpos.CULTURA.-lOdeJuliodel917

Gilbert K. Chesterton. -ORTODOXIA.
-Traducción de Alfom:io Reyes.Bil:,lioteca Calleja. -Madrid. 1917.
Primorosamente editado, bajo un aspecto a la vez serio y agradable, acaba
de llegar a nuestra redacción el flamante
volumen. Es de felicitar a los editores españo1es que tantas muestras de actividad
y a.cierto ofrecen en esta época de desolación.
- Los cultos lectores de PEGASO han
saboreado sin duda, el fragmento de este
libro que publicamos en ei número anterior y que basta para revelar la índole
de t~da la obra. Nunca defensa más hábil
se ha hecho del Cristianismo que esta
de Chesterton; tan hábil que piensa uno
-aunque, como recordarán los lectores,
Chesterton se queja amargamente de que
se le juzgue ligero-piensa. uno que el
mismo Cbesterton pudo ha.llar razones
igualmente buenus para atacar lo que

defiende, o para defender otro credo.
Además 1 acaso se nos juzgue demasiado
pedantes o demasiado desdeñosos, más
no creemos preciso aceptar ningún dogma¡ ser ateo no es tan peligroso como figuran los fieles, es, cencillamente1 no
preocuparse, o más bien, no ocuparse en
definir las propia.s ideas religiosas. Quizás Chesterton contaba con más adeptos
antes de haber descubierto que era un
ortodoxo.
La postura del ateo-del ateo que hemos
explicado, sin ademanes, sin discusiones,
sobre todo,-es notabiemente útil para
quien estudia la historia del problema
religioso, como parte del problema ~losófico: éste sabrá estimar la traducción de
la Ortodoxia que hoy nos ofrece nuestro
querido Alfonso Reyes, traducción qu_izás
excesivamente españolada para un hbro
inglés, pero escrupulosa y fiel hasta. donde puede serlo la. mejor.

TEATROS Y CINES

Nuestro querido colaborador y amigo 1
el maestro Manuel M. Ponce firma el último cuaderno de la publicación quincenal CULTURA, en que aparecen reunidos
alguno!! de sus trabajos 'literarios y mu.
sicales. Su conferencia sobre música. po-.
pular importante contribución a nuestro
Folk~lore nacional es el centro de la p&amp;r·
te literaria. Por primera vez se publica
en el folleto de que nos ocupamos el primero d~ una serie de ensayos sobre Estética Mmical y que gustosamente reimprimimos en otra parte de este periódico.
Contamos con la promesa del maestro
para continuar publicando la serie com. pleta que será así del dominio de los lec·
tores de PEGASO.

De venta en la Librería

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Calle de Gante No. 1 - Apartado 5358.
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EN LA RETIRADA HINDENBURG

Mis mejr1res versos-- .
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El Alto de los Boltemiús .
,, 1.80
Las ho1·as que pasan veladas de
Amo'l' . . . . .
. . . . ,, 1 1.80
Luchas, Confidenci~, Prólogo ·de
Vargas Vila.
. ............. , n 1.80
Las Joyas de }fm·garita, Brevim'io
de Am(I')·, La Tela de Penél.ope,
El Milagro clet Vaso de Agua .... ,, 1.80
lntiniidade.~, Flores de Almenél1·0 1
Prólogo de Pompeyo Gener .... ,, 1.80
Los 1ractu'l'1ws del GeneJtalife. Poesías ................... , , , • •·· • • • • 1,
Dofici Ma ría de Padilla, Las Cenas
de los Cardenales . . . . . . . . . . . . . . . . ,, 1.111
En el Destierro. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ,, 0.70
Una Pdrtida ile .Ajed.1·ez. Arreglo
castellano de la comedia de
Giuseppe Gis.cosa..... . ...... .- . ,, O.iO
La Copa de! Rey de Thul,e, La Musa Enferrria con prólogo de Juan
R. Jiménez ........... , • ..... , • • ,, UI
Alcáza1· de las Pe-das .... ......... , " 2.10
Lámparas Votívas ................ ,, 1.111
El Espe;o Encantado.. . . . ........ ,, i10
Judith.... .. .
. ... ·. ·•·•· · · · · · ., 2.10
Doña Maria de Padilla, Ed. Renacimiento . ........... • ••.... • • • • n 2.10
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HOMS.

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M. A. BEOOYA. E! Hijo de! Doctor

4.$

tll

1Volj]'an ............ ....... , • • · • ,,

EDUAKDÜ

-Fíjate qtle Cristo nos mira.
,-NO le hace, está bien sujeto en la cruz.
,.,.

14

nmerte..

Dit et O 't
J.59
. .......... • • · •1

ZAMACOIS.

),,J~s de una_ ~o.che, este insignificante
cronista ha d1r1g1do sus pasos al coliseo
de la calle de Donceles, con el propósito
de concurrir al espectáculo que regentean
la señora Fábregas y el señor Martfnez
Tovar, y después de contemplar por espacio de algunos minutos los carteles de
Saturnino Herrán, q ae se exhiben en el
vestíbulo de dicho teatro, esteinsignifica.ntecronistahavuelto las espaldas y ha preferido buscar refugio cómodo en el teatro
Colón. Los cart,eles de Herrán, en el concepto de este cronista mínimo, hao sido y
serán lo lnejor de la temporada. Fábregas.
Hemos esc'!J.C1?-ado muchos elogios, las palabras cex1m1a&gt;, cnotable&gt;, cdistinguido&gt;
&lt;distinguida&gt;, &lt;talentoso&gt;, &lt;talentosa&gt;'
etc., etc., pero este insignificant,e cronis~
ta no ha podido justificar todavía. tales
elogios. ni t~les palabras y parece que
el público piensa en una fórma similar:
y la prueba es que la compañía que regentean la señora. Fábregas y el señor
Mart~nez Tovar, muy pronto, muy pronto de1a.rá algunos cuantos «rubios• en 1a
taquilla del Mexicano (del F. C.) y procurarán recibir como una justa reciprocidad algunos billetes con derecho a carro dormitorio.
Se nos dirá que «El Cardenal»; que ((El
Eterno Don Juann; que uLa. Cortina Roj&amp;»; que uAben-Humeyan. Está bien. No
negaremos que tales obras han merecido
prolongados a.plausos, pero la temporada en general, :nadie podrá negar:nos que
ha fracasado y más se a.preciará este fracaso si se tiene en cuenta el bombo y la
preparació:n de dicha temporada. Parecía.
que habríamos de sorprendernos con la
selección y la i:nterpretación de las obras;
que en el ambient.e artístico de México la
compa.ftía Fábregas habría de imponer
una huella luminosa y sutil, y a las cuantas semanas nos enco:ntramos en los programas el recurso desolador de las obras
policíacas. La temporada ha sido una
temporada vulgar. Todos los epítetos laudatorios de los cronistas-cumbre, ruedan
con pasmosa facilidad por los mal barridos escenarios, sin que los propios cronistas t'ra.ten de restañar el equívoco, como no sea con su indiferencia glacial o
su silencio penoso.
Presumiendo que me pueda.o considerar
parcial o que tengo mis predilecciones
por la. compañía del Colón, diré sin empacho que en el Colón tampoco hay maravillas, que el cuadro puede ser y es de
hecho deficiente; pero a Ta.boa.da no lo
fué a traer Diógenes a España; ya estaba entre nosotros. La empresa de este coliseo no ha llegado a decir al público ca-·
pita.lino que tiene tras del telón a la uosa.
mayor».
Ta.boa.da. trabaja humildemente, discretamente, a veces con negligencia, pero jamás-que yo Jo recuerde- ha. trata.do df
.colocarse por su propio dicho en sitios
ajenos a su propio valer. Esto ha contribuido indudablemente a que el público y
la crítica, estimando las cualidades del
·oven actor, no lo ataquen, y antes bien
o a.coja.o con ca.riño y le otorguen frases
de estímulo. La actitud nuestra, al decir
estas claridades, provocará la extra.i'i.eza
de,os muchos y la aprobación de los pocos, pero para nosotros siempre ha sido
más va.Jiosa la opinión de los menos y
queremos pensar que el)tre los menos encontraremos al mismo Ta.boa.da.
Actualmente Antonia Mercé, va.liándose de su arte y de su tal;,nto, ha pujado
las entradas en el Colón, h.a originado
que se piense menos en los actores y menos en la comedia y en el drama, pero de
todas maneras buena uarte del público se
interesa. y con justa razón, por la labor de
los principales actores del Colón. Inmediatamente podemos presentar un a prueba.:
«En la boca del lobo», obra escrupulosa.mente llevada alas tablas por la Sra. Castillo y por Taboada y en donde ella. y él
desarrollan facultades dignas del aplauso sincero. En fin, yo, insignificante ero-

¡

LEA UD.

nista, a.pe\O ª.~ fallo de los que sepan de
estas cosas, aun cuando el dictaminador
sea el propio ·uoiablo11, ese Satán que puede serlo en est,e mundo vulgar pero no
en el ~nfierno, pues ni el Dante ~i menos
Beatriz, tolerarían semejante desacato.
Sería el desprestigio de la flama y el
perol.
•
BUFFALMACO

CULTURA
EL PRÓXIMO NÚMERO PUBLICA

LA ARGENTINA
Ya comprendo· al sacrílego ti!3,trarca
que en su eJ.?lbriaguez de sanguinario artista
rompió de sus escrúpulos el arca
y entregó la cabeza del Bautista .
Y admiro al gran emperador ·esteta
que se perdió en el fuego de unos ojos,
porque puede ir al Accio un rey poeta
por un puñado de claveles rojos.
. Yo no sé si la sueño o si la miro
no sé si estoy despierto o si deliro.'
porque es tan suave el ritmo de su danza 1
tan voluptuoso el vuelo de su giro,
que parece, al llegiu, una esperanza
y se aleja después como un suspiro.
México, Junio de 1917.
l. FLORES MACIEL
CAMPEONATO DE FOOT-BALL

El último domingo, en los terrenos de 1 Club
&lt;España&gt;, fueron entregadas las medallas a
los campeones de foot-ball. El grabado repre•
senta a uno de los campeones en el momento
de recibir una de ellas.

EN HONOR DE UN POETA
Un grupo de los más adictos amigos de
Enrique González Martínez, obsequió a
est.e insigne artista, el domingo último,
con una fiesta íntima y cordialísima en
uno de los más bellos rincones del lago
de Xochimilco, para celebrar de tal manera, ~la aparición de El Libro de la Fuerza, de la Bondad y del Ensueño, esta. hermosa cbra que habrá de señalar uno de
los más gloriosos triunfos del arte lírico
de América.
Concurrieron a esta manifestación los
señores Rafael López, Ramón López Velarde, Est,eoan Flores, Genaro Estrada,
Manuel Toussaint, Alberto Garduñ'.o, José D. Frías, Alberto Cafias, ~esús B. González, Tizoc Tovar y Enrique González
Martínez, jr. Después de visitar algunos
monumentos del arte colonial y de! indígena1 los excursionistas fueron a comer
al paraje de Xochimilco Ion.

Hermano y Dorotea
de Goethe.
Prólogo de JULIO TORRI.
SITIOS DE MEXICO
Viene de la página 8

Como homenaje debido a su grandeza, es el primero que recibe lósrayos del soi cuando éste se levanta y es el último en verlo cuando se
pierde tras de los cerros que se alzan junto al ·Nazas. Luego se envuelve entre las sombras y mudo y
majestuoso espera el nuevo día indiferente en su fuerza y en su orgullo a todas nuestras peqúeñas miserias y agitaciones.
A veces, a su falda, cuando ya el
sol se apaga, brillan las luces de las
hogueras que encienden los pastores, y entonces, de cuando en cuando, turban el sueño de aquella sierra los agudos ladridos de los perros que ahuyentan del rebaño a
algún coyote desvelado y rapaz.
Un momento de ruido y luego, nada, como si la naturaleza silenciosa
descansase también entre las som-.
bras.
Vuelve el día; vuelve el sol a dorar los riscos de la cumbre y entonces alza el vuelo perezoso el águila
que anida entre las peñas, mientras
allá, bien abajo, pequeñas columnas de humo señalan el despertar
de los poblados.
Y asi pasa su vida aquel coloso
de granito blanco; extraño y gigantesco sigue alzando su frente lormi··' dable para mirar a muchas leguas
en contorno. Indiferente al tiempo
y a los hombres mira pasarlos añeis
y los siglos y sigue recibiendo_ el
vasallaje que a sus plantas le rmden aquellas pobres tierras que no
tienen ni su fuerza ni su altura1y que
en un tiempo fueran la heredad de
los nobles señores de Valdivielzo Y
cabeza y asiento del condado de
San Pedro del Alamo.
15

l

�DEPORTES

Sección de Ajedrez
A cargo de E. González Martinez jr.
e;;

PROBLEMA NUMERO 12
Por ALFRED DE MUSSET
BLANCAS: C5R, C40R, R80R, T1TR,
(•l -piezas).
NEGRAS: CICD, RlR (2piezas).
Las bla.nca.s juega.o y da.o mate ea 3 j11ga.das.

PARTIDA NUMERO 17
Jugada. en Santa. Flena, (1820).

GAMBITO ESCOCES
NEGRAS

BLANCAS

General X

Na.poleón I
l. P4R
2. C3A R
3. P4D

4.
"ANAHtrA0"-"A. B. O."
El domingo pasado fué el equipo de
foot-ba.ll &lt;A. B. C.&gt;· a. jugar con el
.«Anáhuac», de Pachuca., campeones de la.
liga. local. Se había. preparado una fiesta
· deportiva a beneficio de las víctimas de
El Ralvador. Desgraciada.mente, este festival no pudo llevarse a. cabo y el club
«Anáhuac» decidió jugar con el «A. B. C.•
ese mismo día. a. l¡i.s 2.30 de la. tarde. La.
línea del «A. B. C.• la. formaban los siguientes jugadores: Alfredo Lópezf en el
goal; Anselmo Za.va.la y Flores García.,
de full- backs· Lona; Cuellar y Niéto de
medios; Terréil, Huerta, Vázquez, Martí,nez y Hugo Enríquez de delanteros. ·
La tarde se presentó lluviosa. y el aire,
que 0$ famoso en Pa.chuca, estuvo so plan. do durante toli&lt;:&gt; el juego. Hubo momentos,
como al terminar la primera. mitad, que
la. lluvia caía. a torrentes sobre los, juga. dores. En el primer tiempo el juego estuvo interesante, distinguiéndose st,bretna. nera. el portero del «A. B. C.n, Alfredo
López, que paró magistralmente más de
.quince «shotsn fulminantes de los pachu'.quefl.os que se habían reforza.do con juga•
-dores Ingleses y Españoles, que no forman la. línea del «Anáhuac». Este club
~ostuvo utt encuentro el 10 de Junio con
.- .,el «Mil~tariza.ció01, que se había reforza-

do con Abiga\j Quiroz 1 An&lt;lrade, García.
de León y Enríquez, y resultó derrotado
2 a O. El «A. B. C.1 sólo llevaba. un juga.dor de primera fuerza y tuvo que enfrentarse con el 1Anáhuac1, reforza.do con
siete jugadores de primera., entre ellos
Freed Croa!, centro l!ledio del Pa.chuca,
y uno de los mejores jugadores del país.
Al terminar el primer tiempo el score estaba. O a O.
En el cambio de terreno el aire fué contrario al «A. B. C.•· Durante la. mitad de
este tiempo, la defensa del «A. B. C.• fué
brillante. Desgraciadamente, Anselmo Za.va.la introdujo el desórden cambiando de
lugar e interviniendo con todos los jugadores, hasta el grado de desmora.liza.r al
tea.m por com~~- ,En menos de quince
minu~s el &lt;Anáhuae&gt; M a.notó 5 goals,
entre el mayor desorden y confusión.
"A. B. C."-6~'DEL "ESPAÑ"A"
El próximo domingo jugarán los equipos &lt;A. B. C.&gt; y 611&gt; del &lt;España&gt; en terrenos de e!ite último. El &lt;A. B. C.&gt;, que
se ha. retirado de la liga. de segunda
fuerza que se disputa. la. copa. •Junior»,
jugará con otros equipos de su fuerza. en
distintas partes .del país. Es muy proba.ble qne dentro de una.s semanas haga. un
vía.je a.-Vera.eruz. Ya bendremos a nuestros lectores al tanto.
' l

G

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')

l. P4R
2. C3AD
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5. A4AD
6. D2R
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15. a5cR-,...
16. AX A+
17. D7AR +
18. D8AR mate,

NOTAS
(1) Inútil, 12. .'; TXa o 12-DX PR eran l&amp;I 6111. .
Jugada&amp; buen&amp;S.
f2) Aquf todavía era mejor DX PR.

PARTIDA NUMERO 18
Jugada. eu el Café de la Regencia.

GINOCO Pl-ANO
,Jt[GRAS
BLANCAS
J. J . Rousseau
l. P4R
2: C3AR
3. A4A
4. P3AD
5. o--0
6. P4D
7. i,5cR
8; A4TR
9. CX PC! \1)
10. D5TR+
11. a.X P
12. P4AR
13. P5AR!
14. RlT
15. a.XC!!
16. P6AR!
17. A6TR+
18. AX D+
19. DSR mate.

X
l. P4R

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12. P XPD
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14. PXP '
15. PXT (D)
;16. DXAR
17. D2CR
18. RlC
2.
3.
4.
5.
6.

•

1

NOTAS
Dds Peones y una buena pet'spectlra de ali·
que, bleD valen la pieza .
(2) SI ll- C3AR; 12 D6TR + g1mando el cab&amp;Jlo.
(1)

•

E l superhombre submarino. (DE LIFE).

HOMBRE PREVENIDO VALE POR DOS
Va que la Estación de Lluvias se aproxima,
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LA GIUDBD DE LONDRES

ÉL ARCO DEL TRIUNFO

PRECIO : 20 .CTs.

NUM . 18.
JULI013DE1917

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>p

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El inventor Marconi
en traje de Subteniente de Ingenieros de la
Armada Italiana.

Una de las alegrías de la vida
es poder vestir bien. En nues·
tra casa hay todo lo necesario
para vestir como lo manda la
moda.
• • • • • •

La Ciudad
de Londres
'La Casa de la Moda"

REVISTA ILUSTRADA
NUM

1 6.

PRECIO: 30 CTS.

JUNIO 2B DE 191 7

�PEGASO_R_E_V_IS_T_A
_ _S,_E_M_A_N_A_L
DIRECTOR: JESUS B. GONZALEZ.

GERENTE: JOSE BALLESCA.

R.ED.A.OO:EC&gt;1'T:
Ramón López Velarde.
Enrique G. Martínez.
Rafael Cabrera.
Rafael López.
José D. Frías.
Jenaro Estrada.
Antonio Caso.
Jesús Villalpando.
Enrique Fernández Ledesma.

Efrén Rebolledo.
Jesús Urueta.
Julio Torri.
Mariano Silva.

Alfonso Cravioto.
Manuel Toussaint.
Antonio Castro Leal.
Esteban Flqres.

0C&gt;::C..A.::SC&gt;R..A.O:EC&gt;1'T:

SIEMPRE
PENDIENTES
EN IMPORTAR
LAS ULTIMAS
NOVEDADES

Jesús T. Acevedo (El Paso).
Ricardo Arenales.
Mariano Brull.
María Enriqueta.
Gustavo E. Campa:
Rubén ·M. Campos,
Bartolomé Carvajal y Rosas.
Alberto María Carreño.
Francisco José Castellanos.
Luis Castillo Ledón
Ignacio B. del Castillo.
José María Chacón y Calvo.
Eduardo Colín.
Eduardo Díaz Dufoo, jr.
Arnulfo Domínguez.
Enrique Fernández Granados.
Jenaro García.
Augusto Genio.
Francisco González Guerrero.
Luis González Obregón.
Saturnino Herrán.
Jorge Enciso.
Alberto Garduño.

Carlos González Peña . .
Max. Henríquez Ureña,
Pedro Henríquez Ureña.
Alba Herrera y Ogazón.
Manuel Herrera Lasso.
Mateo Herrera.
Jesús García Gutiérrez.
Juan B. Iguíniz.
Manuel Ituarte.
Carlos Lazo.
J. López Portillo y Rojas.
Federico Mariscal.
Pablo Martínez del Río (Madrid).
Amado Nervo (Madrid).
José de J. Núñez y Domínguez.
Eduardo Pallares.
Emilio Pardo Aspe.
Manuel de la Parra.
Manuel M. Ponce.
Alfonso Pruneda.

Manuel Puga y Acal.
Alejandro Quijano.
Joaquín Ramírez Cabañas.
Adrián Recinos.
·
Manuel G. Revilla.
Alfonso Reyes (Madrid) .
Manuel Romero de Terreros.
Francisco Verdugo Fálquez.
Jenaro Fernández Mac Gregor.
Artemio de Valle Arizpe.
Samuel Ruiz Cabañas.
Enrique Santibáñez.
Nicolás Rangel.
José Juan Tablada.
Alfonso Teja Zabre.
Alfonso Toro.
Luis G. Urbina.
José Vasconcelos (Perú).
Alberto Vásquez del Mercado.
Atanasio G. Saravia.

DI::S"C'J.A.1'TTES:
Leandra. Izaguirre.
Carlos Neve.
Antonio Gómez.
José Tovar.
Francisco de la Torre.
Alfonso Garduño.

Germán Gedovius.
Roberto Montenegro.
Angel Zárraga.
FC&gt;TC&gt;G-R..A.FC&gt;S: Antonio Garduño.-Gustavo F. Silva.-Alfonso Sosa.

P'RiCIOS DE SUBSCRIPCION:

En los Estados, lo' números ....... .. .. $ 3.50
En la Capital, 1:0 números. .. . . . . . . . . . 3.00

En el Extranjero, l0números ........ .. $ 5.00
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OFICINAS: Avenida 5 de Mayo, 32.-ldlflclo de la Bancaria.-Dcpartamcnto, 122.-Apartado P'oatal, 1408.

La correspondencia de~e ser dirigida a la Gerencia.

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Registrado como articulo de segunda clase el día.17 de marzo de 1917

TOMO I
11

MEXICO, D. F., 29 DE JUNIO DE 1917

l

...

NUM. 16

0vmea.
POESIA Y ESTETICA

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3a. de la Palma 34.
Ap. 303.

POR RAMÓN LÓPEZ VELARDE

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''La Argentina''

No sin gozo, registro aquí el florecimiento cordial y
mental a que asistimos. Los picos alfareros de las g¡o- mento, por su vida, el tipo, del literato. Prepara variás
Iondrinas, han trabajado. El barro de los nidos se ha obras y editará próximamente, quizá en tierra yankee,
puesto a cantar por el sur y por el norte, por levante y El Bestiario Piadoso (verso y prosa), un Breviario Erótico (prosa), y un volumen de versos, con asuntos de
por occidente. Escultores de quince años, poetas que Nueva
York.
aún no pican el Arbol de la Vida, pintores catecúmenos
El dia de 1914en queJesús Villalpando me.llevó a Comúsicos Gonzagas ...... todo un bando innúmero que ocu'.
yoacán
a casa de Tablada el poeta nos retuvo, indefinipa líneas limítrofes del arte y de la virginidad. Esta plaudamente
y nos atendió en su mesa como un gentilhomsible abundancia depingüinos-,,ntre los cualesapunbre.
Nos
leyó,
entre el humo de sus pebeteros orientales,
t.an ya cuantiosas promesas-significa, posiblemente,
el
prólogo
y
un
capítulo de su Iroshigué. Nos recitó en
una represalia del espíritu contra la mat,eria. Los misu
jardín,
en
presencia
de los sapos y las otras bestias
llares de aspirantes a la lira vincúlanse, por ley recónpredilectas,
los
poemas
en que los alaba. Nos hizo sendita, con la liquidación de los Bancos.
tarnos
en
el
umbral
de
su
pagoda. Nos mostró las repeYo debo confesar que estaba prevenido contra los
tidas
cartas
autógrafas
de
Lugones, un retrato de !aes.
jóvenes halcones, como los llama Rafael López. Pero
posa
del
Gigante,-con
dedicatoria
para la esposa de Ta.
también he de decir aquí que me han desarmado, conblada,
y
cartas
de
la
señora
de
Lugones.
Pinturas, ídovenciéndome de su aptitud apolínea. Es verdad que sigo
arcones
del
virreinato
......
un bello día.
los,
rosas
votivas,
incrédulo de no pocos mancebos, sin ponderación y sin
Con
una
nube:
un
criado
japonés
avisó
en
japonés la
enmienda; mas en último análisis, me he vuelto partimuerte
de
un·
o
s
pájaros
japoneses,
por
brusquedad
del
dario de esa hábil adolescencia en que militan, entre
.
clima
del
Valle.
Aquel
dolor
antípoda
no
dejó
de ensomotros muchos, José Antonio Muñoz, Martín Gómez Palacio y Carlos Pellicer Cámara. En su compacta legión brecernos. Perofué momentáneo. Tabladaasegurasiempre el bienestar de sus huéspedes con fetiches insólitos
vibra y sobra el ímpetu y ondean las esperanzas ilesas. y preciosos.
Alégrome de poder declarármeles adicto.
La producción del autor del divulgado Onix vaen deY porqu&amp; su vocación es elegante, hoy he querido
rechura
a la estética. Sus disciplinas estéticas son ineluatraer sus ojos sobre una figura en ·que se encierra una
dibles, enérgicas, crueles, inhumanas. Por eso la alcurde las n\áa severas aristocracias de nuestra poesía: José
nia de Tablada es una alcurnia esotérica, de horca y cuJuan Tablada.
chillo. Sus palabras, en verso o en prosa, aguijonean a.
De paso en ésta, ha accedido a obsequiarnos prosas los lectores del leudo, entorpecidos en los mesteres de
y versos, de su cosecha inédita. Si nosenvanecemos con
clerecía y de jug-laría. Clérigos y juglares han rimado,
t.ales dádivas, que serán el deleite del públicodePegaso, y es bien que sigan rimando, para que no falte un pronuestra vanidad se empareja con nuestra gratitud. No picio consonante en la aspereza a'e los caminos, ni en la
sonría, José Juan.
·
puerta de las pmmdas, ni en el altar. Pero que no troveTablada es para mí, por su cultura, por su tempera- el señor Ingenieros, porque ...... no hay para qué.

�EfuwilcZ~ ~~
EL PRIMER BESO
POR FRANCISCO VERDUGO FÁLQUEZ
(DE MCS MEMORIAS)

Poco tiempo hacía que había llegado
de la provincia.
.
Concluídps los estudios preparato_r10_s,
mi' fa mili a se había impuesto el sa~r~fic10
de mi separación, para que yo hiciera,
en la capital, la carrera de leye~, y, . al
f Cto por los días de esta historia, c~r. e e,
·
·
dncia ,
sa. b a y a 1 en la Escuel&amp;. de • Jur1spru e
mi primer año de Derecho.
.
En la hora en que mis estud10s m~ ~ejaban libre, un viejo abogado, antiguo
.
de mi casa 1 me ocupaba en su desamigo
•
d
darme
acho más con el propósito e ayu
!u la ~ida de estrecheces a que la pobrei
za de mis padres me reducía, que ?ºº e
profes10nal,
fin d e serv1·rse de mi práctica
_
. •
.
a
tenía
en
la
carrera
que t'l'
llll•
.que mngun
. ba ni con el objeto siquiera de u J 1-01a
'. hab"tlidades mecanográficas, de
zar m1s
que carecía eo absoluto.
.
Para mí aquella protección del P~?l·
niano contérraneo era doblemente va{º· ,
sa· primero, ya lo.tengo dicho, por b os
~ursos de dinero que, si no co~ a unrde . sí con poco esfuerzo de m1 parte,
anc1a,
.
b . después, por que en
me proporc10na a, Y
•
l
ledad de la capital, en donde m1 caa so
tanto misantrópico, pocas rerácter, un
a uella protección
lacio~es me ?apta::~ 0 0 de calorcito del
como que t:ai:e~:ogar lejanQ por el que
hogar, de q
te padecía agudas nos•
tan frecuentemen

J

talgias.
ésto solo la generosiNo se d~tuvo ent
En la azotea de su
d d mi protec or.
. d
da
e ,
e ueña pieza1 humtl e
casa hab1a una p
para guardar viebuhardilla que ser_v a ellos desperdicios
. t as tos todos aq u
]OS r
'
la calle en la esperanza
que no se bot~n a
fácil repat•ación;
de utilizarlos con _u~a .
hábiles roa•
ando limpiar, Y
.
esa pieza se m
a mi habitación.
nos la arreglaron par ho lo que yo neN e ·a ciertamente mue
d
º. 'b a, Y allí quedé instalado cómo a•
ces1ta

1

;r

ro:~!\ida se deslizaba entonce~, así
'lada en una tranquila plamdez1 s o
carr1
,
.
en tiempo, por
0
interrumpida, de tlelm p d mi madre ! le'
]as amores a ~ epísto as e · · · hasta
·os desc!.e su prrnc1p1 0
nas de conse)
e ehlocionaue de tal manera m
su fin, Y q ,
.
a su recibo, una
ban, qne µomanstempre~is días si bien
t de ·~m&amp;rgu1·a en
'
:no a . '
gura venía envuelta en
-esta misma amar
más que
dulce kisteza, en forma ~ue,
una aque 1 ~~entimiento. parecía una sua_
µena,
ex uisita satisfacción.
.
-veEn
Y _qen la Escuela,
Ja mañana, las clases
,
, i·i~, que yo decrn,1
por la tard-~, mi. prac
J l despacho del letrado, cerraban e
e~ ~o de miquelrncerdiario. En la noche,
.c1c
muy temprano, a casa, pues mi protector.
abril' sus puertas a des
tenía pro h l"b"do
l
horas para nadie.
4

Así era mi vida cuando vinieron los
acontecimientos que en seguida paso a relatar.

•••

~n el grupo de empleados del despacho
del abogado hubo, por e~te tiempo, una
vacante y fué recomendada, segun supe,
para ll~narla, una hábil mecanógrafa,
que un buen día apareció ya instalada en
su puesto.
María X, así se llamaba la nueva empleada, no tenía precisamente las proporciones de una belleza; tampoco era precisamente una fealdad; su tipo cabía, más bien en el molde de ese ejemplar de mucha:has a.graciadas y simpáticás, de que
tantas muestras tenemos en nuestras clases medias.
Puedo hacer su retrato, porque, no obstante los años tr~scurridos, lo te~go muy
. en la memoria,
• . esbelta
preciso
· , sm aleanzar la estatura alta; ligeramente morena y
empalidecida; la cabelle·:a fina y l~vemente ondulada; los ojos obscuro~ y humedos,
no muy grandes, mas sugest1vame~te expresivos; un tanto alargada la nariz: formando, sin emnargo, agradable conJunto
con la boca, de labios delgados Y nnviosos; y como marco, encerrándolo tr:do un rostro oval, subrayado por fil
me,ntón fino y s_u avemente hoyuela.do. Sn
cuerpo no alcanzaba todavía el com~leto desarrollo, denunciando esa edad im. a en que empiezan a perderse las
prec1s 'd e la niña , pero sin adquirtrse
formas
aún las de la mujer • .
No hay ni que decir que la entrada_ de
tal criatura al servicio del_despacho vmo
por traer un cierto desorden. entre los
í
jóvenes escribientes, puesto quelaparec ~'
élla una conquista nueva, en a
con aqu
,
o tra. . monotonía de exped10ntes y c n
v1eJa
t nta y
la muchacha no era o
,
tos. P ero
· · ·
con
o
de
otro
su
]UlCIOSa
do
de un mo
'
l
· .
ducta no tardó en poner raya a os imberbes Tenorios que, presuntuos~mente,
habíanla tomado, de buenas a primeras,
como una fácil doña Inés. .
Yo no figuré entre los desa1rad~s, _sen·n mente porque mi timidez provrnciana
c1
a permt.,.,ó figurar tampoco entre .los
no me
•
retendientes. C?mo un_ ~m ig~
3
,wdace p té y aunqne al princ1pt0 fui
sí me presen •
t la
"b"do
con ciertas reservas, pron o
1
rec1
h'
la
amis·
seriedad de mi conducta IZO qne .
tad que d ase h e cha , sincera y cordial.
. • • r
Todas las tardes, antes d~ prmc1p1,a
.
mis trabaJos,
si. trabajo podia llamatse
te í
hacía en el despacho, sos n a
lo que yo
· d
ecanóamable palique con la agracia a m
f
. fa y fué así como supe que, huér agr
J
desde su más temprana edad1.
naade . paure
veíase precisada a trabajar para ganat
su vida y la de su madre, una señora va-

letudinaria, que no podía ni siquiera dejar el lecho donde yacía, de ya largos
años.
En la atmósfera enemiga que las desai radas pretensiones donjuanescas habíanle formado a la joven, mi obsequiosa y
desinteresada amabilidad debió parecerle
a ella singularmente estimable; y éste fué
el camino por donde la_amistad_ fué a.van.
a ndo hasta convertirse, insensiblemente,
z
'
.
~
en una corriente de verdadera s1mpalll.a.
-Señor Licenciado,-díjome cierta vez
la muchacha, con ese tratamien~. qu.e
siempre me daba, no embargan.te mi. ms1piencia profesional;-seí'Ior hcenc1ado,
¿porqué no vino usted ayer? Créa~eque
lo extraíÍé.
y aquellas breVes palabras, de por sí
tan sencillas, fueron dichas en un tt:&gt;no
que me hizo profunda impresión, ~ hirió
yo no sé qué sensibles fibras de m1 sano
corazón de veinte años.
.
En otra ocasión, a la hora de salir del
trabajo, la joven se me acercó, y dándo•
me la prueba de una gran confianza, díjome suplicatoriamente:
..
-Oiga.me, señor licenciado; qu1s1era
pedirle un favor, que sólo vd. podría hacet·me.-Y me explicó: que todas lastardes a la hora de regreso para su casa,
un 'hombre la perseguía por todo~~º.ª·
mino habiéndose avanzado hasta d1r1gtr·
le audazmente la palabra; causándole a
ella este acto tal temor, que se había
puesto a temblar toda entera, no alcanzándole las fuerzas para rechazar al
atrevido, y me pedía que, para su protección la acompañase a su casa, sólo
por al~unas tardes, por mientras desa~arecía aquel peligro que tan intranqmla
la traía.
• n
-Yo a nadie pediría ésto, señor llce ·
ciado, pero vd. es tan bueno. c?nllligo . . ..
y me miraba con ojos anttc1padamente
agradecidos.
. .
Desde aquella tarde, todas las s1gmen·
tes, fuí su caballero: del despa~ho a su
casa, Y lo significativo fué, que desap&amp;recido el galán que aquella compai'Iía
motivaba, ni uno ni l)tt'o nos acordamos
EL MIEDO DEL MALa ·

de comunicárnoslo, continuando, como
siempre, el para mí agradable servicio.
Salíamos de la oficina al oscurecer, y
a pie, por(lue desde el primer día ella se
negó a aceptar de mi parte cualquier gasto, emprendíamos juntos el camino, recorriendo aceras y cortando calles, tomándola yo frecuentemente del brazo para librarla de coches y tranvías, y cogiéndole con cualquier pretexto, o sin
pretexto alguno, la mano, que ella me
abandonaba sin reparos, y todo sin que
uno ni otro trabáramos de ahondar en la
imprecisión de nuestro mútuo afecto.
Un incidenre vino un día, sin embargo,
a, dar el impulso que se necesitaba.
Ibamos por una de las aceras que invariablemente seguíamos en nuestro camino
diario, y avanzábamos distraídamente a
la calle, cuando un automóvil pasó, disparado, cerca de nosotros y a punto de
arrollarnos. Grande fué el susto de la
pareja y expresivos los comentarios.
-¡Qué barbaridad! ¡que la hubiera gol•
pea.do! expresé yo.
-Y a vd. que iba a lado de donde el
coche venía, agregó ella.
-De mí no importa; qué hubiera yo hecho si hubiera caído vd !
-No, no le hacía tanto de mí: poco se
•perdía; pero de vd. sí; ¡qué hubiera yo
hecho!
Al fin convinimos en que el peligro había sido para ambos, y que1 a) haber
acaecido una desgracia, lo mejor hubiera
sido que la hubiéramos sufrido los dos.
Todo aque1lo tuvo. el carácter de una revelación, de algo para nosotros inconfesado, que inconfesado continuó todavía,
pero que cada uno de nosotros llegó a
sentir como secreto intimo, guardado en
el fondo de nuestros pechos.
Un día ese secreto ·debía mostrarse _a la
luz y no trascurrió para ello mucho
tiempo.

•
••

Era una hermosa tarde aquella, luminosa. y tibia, ~orno tarde de abril.
Como lo teníamos por costumbre, salimos juntos del despacho María y yo, en
.... Y EL REMEDIO

LoR viajeros inquietos:

·
- ¿Qué pasa patron,
se trata de un
submarino?
a en
- No. Es que estoy vie~do la hor
el campanario ele la. iglesia.

La caza a los piratQ.s yista por un hullloriata.
1711 allcionado &amp;l la.zo a bordo de cada
hidroplano y eloa■tigo caerá del cielo...

dirección de.la casa de la muchacha, y
como de costumbre también, hicimos a
pie y pausadamente el trayecto.
Cuando frente a la casa llegamos casi
había anochecido, y un hermoso cuarto
de luna brillaba,· como un joyel, sobre el
purísimo cielo estrellado. La calle aquélla, alejada del centro, era poco concurrida y no bien alumbrada: y ya desde
tempranas horas mantenía.se silenciosa.
¿Fué entonces la soledad? ¿fué aquel silencio? ¿fué el misterio de la semioscuridad que se nos imponía? ¿o fué aquel
ambiente de poesía que nos rodeaba, envolviéndolo todo en el velo blanco de la
luz de la luna, bajo el palio estrellado
del cielo? No podría decirlo; lo cierto fué
que nuestra gárrula conversación de todos los días, en aquella vez decayó¡ que
hubo un momento en que no hallamos qué
decirnos con palabras, mientras nuestras
miradas se lo decían todo; e instintiva.mente, sin pensarlo un insante, repentinamente embriagados por emoción extra~
ña 1 con impulso irresistible nuestro bocas se b~scarony nuestros labios se unieron en un beso .. . .. .
¡Oh, eso no está bien! dijo ella, la primera, volviendo a la realidad. Y despidiéndose brevemente, entróse corriendo,
en su casa.

**•
Yo quedé como anonadado. Había sido
tan rápido, que apenas si podía darme
cuenta de ello. Hasta me parecía estar
.soflando.
Pero no tardó en venir la reacción, y
sentí una ola de algo ardiente que llenaba
mi pecho y encendía mi rostro. Un pen-

sS.miento me trastornó todo entero: ¡era
amado!
De un salto me lancé del lugar en donde había permanecido como enclavado
Y ~mprendí casi a la carrera, el camino ~
m1 casa. Me sentía tan ligero que pare•
cía que podía volar; una fácil agilidad
movía todos mis miembros. Y mientras
caminaba, me puse &amp;- cantar, por lo bajo,
una alegre canción en boga.
Pronto estuve a Ia puerta de mi casa.
Llamé impacientemente dos o tres veces
Y al ver al portero que, mal búmorado m~
franqueaba el paso, con esplendidez jamás antes usada, puse en sus manos un
duro, y yo sin darle tiempo para reponerse, empecé a subir, saltando dos o tres
e~calones a la vez, la escalera que llevaba a mi buhardilla.
Nunc.,a. me había parecido tan alegre
aquella pequei"ía habitación. Al entrar,
sentí como que la veía por la primera vez.
Sin hacer la luz, abrí la ventana de par
en par y me recosté en su antepecho. ¡Qué
hermosa estaba la noche! ¡ El cielo limpísimo, atravesado de parte a parte por la.
faja nebulosa de la vía láctea, y el cuarto
de luna, ya empalidecido, sobre el horizonte iluminado.
Me sentía sumergido en un piélago de
dicha; ¡ella me amaba!
La inmovilidad me cansó luego. Encendí la luz, me senté a mi estudio y abrí un
libro. Empecé a leer las primeras líneas ...
¡ella me amaba! Imposible pensar eu otra.
cosa que en ésto y cerré de golpe el libro.
Una excitación nerviosa me invadió:
sentí la necesidad de hacer algo con mis
Pasa a la página 14

EPILOGOS DE ACTUALIDAD
LA DANZA Y LA MUSICA

Siguiendo la, Íllnumerable armonía de la prodigiosa artista de la
danza que nos hechiza hoy, o el milagro alado del genio de Mozart,
ocúrrese al espfritu relacioúar ambos espectáculos con toda.. su vida.
La Danza, en su síntesis de arte
plástico y rítmico, sugiere se1·enidad al cerebm to1-turado por las
ideBB desgarradoras del tiempo;
¿podria imponerla quizás? La mú_sica implica un momentáneo olvido del exterior, acaso bueno, acaso
maligno, para descorr_er _an~e la
imagi11aeió11 absorta 1nd1ii111bles
perspectivas. A los acordes de LA
FLAUTAENCANTADA,¿quién osa
pmnu11ciar la palabra crimen? El
único signo pos1t1vo de hiena venturanza que tienen los habitantes
del cielo, consiste en que siempre
están escuchando bu e 11 a música.
Los ángeles revelados, en el gran
símbolo que encierra todo el Up~verso, llevan su a.mor por la, mus1.
ca como.un resto de alas que se aferra,fa.:"a su dorso:
- Vamos a ver a Nectario, Nectario tiene secretos para curar de la
tristeza y de la fatiga.
Y sus secretos se I"educía.,11 a 11110:
la Música.
"El viejo apmximó a sus labios la

flauta de madera, tan I"uda quepa.
recía haber sido hecha por el jardi.
nero mismo y preludió con a.Jgunas
frases extrañas. Después desaI"rolló
ricas melodías sobre las que brilla.
han las modulaciones, como sobre
la felpa los diamantes y perlas."

*••
La Danzá y la Música deben,
pues, figurar en la base de nuestra
educación. La agilidad del movi.
miento se trasmitirá al espíritu,
mientras los ojos comprenden la linea y los oídos el ritmo. Fuera · de
id0aciones éticas, el sentido de equilibrio y de armonía se robustecerá en nosotros. Artísticamente,
la ventaja que obtenga quien sepa
estimar estos teso1·0s, será inmen.
sa sobre el que, ciego, quede insensible ante ellos. Ademá.s, no olvidemos elnoble pensamiento de Wa/ter
Pater: l'odoArteaspira constantemente hacia la condición de la Música.
Y quizás lleguemos al prodigio
de que, como en un nuevo n1ito
de Orfeo, se adormezcan dentro
de nosotros, al són inimitable del ca.
ramillo, todas nuestras malas pasiones.
5

�POETAS HISPANO AMERICANOS

ji

GABRIELA MISTRAL
Fleles a nuestro atán de ditundlr el conocimiento de los poetas que florecen en Hispano
América, reproducimos hoy tres magolfl.aos poema.a de Gabriel&amp; Mistral. Las rlmas audaoes y
escabrosas, junto a una sumisión suavemente temenina, producen un erecto asombroso. Esta alta
poetisa chilena era, hasta hoy, desconocida en
México.

LAS MANOS COBARDES
Manos leves como el celaje
e inútiles como las landas
sobre cuyos dorsos sin musgos
los corderos no se solazan¡
decidme, pobrecilla.s trémulas.
qué hicisteis por aquel que a.mabáis.
Manos que el mundo llama puras,
sois peores que las que matan
los lindos infanticos rubios,
a media noche, en la mont&amp;t'ia.
Si no, contad a vuestro Padre
lo que hicisteis por el que a.maba.is.
Manos que en vuestras cuencas rosas
entibáis pa.lomita.s blancas
y sois madrinas de los lirios,
abajo, en la tierra moja.da;
Cristo va a haceros dos menuda.si
largas víboras encarnadas.
¡Oh, labradora que por tu hijo
y por ese que te besara
sobre la. dura. boca. virgen
matarás lobos 1 hombres, águilas!
alárgame tus manos puras
en cambio de estas condena.das,
¡ o las, desprendo de mi cuerpo
como el árbol suelta sus bayas!

MI CORAZÓN
I
SOBRE EL PICACHO

Sobre el picacho erecto veinte buitres
deben tener el nido vertical,
.
.
porque en las tardes con sus gritos quiebran,
como un remanso, el aire de cristal. _
y tal locura préndeles la sangre
que cuando en púrpm·a se muere el sol,
tienden los picos y las garras tensos,
como si fuera entraña., al arrebol.
y tal placer da el rojo a la pupila
que con la res suben al pedernal 1
porque más arda. el sol en 1as e~t,rañas,
por ver la garra vuelta manantla.l • • •
Les tenderé mi coL·azón desnudo,
sobre e: pica.cho, como un recenta.e. - •

TiE
A LA DISCIPULA

Aquel seilor que es dueño de mis días
y cuyas hablas óyense de hinojos,
a mí te entrega porque t,e apa.cieute
muchos vera.nos bajo de sus ojos.
Toda me lleno de tri bulacione~
y en vez de ruego sólo ftuye el llanto;
todo mi pecho quema la vergüenza:
¡ni a.un en la muerte he de angustiarme tanto~
Mis pobres brazos la Verdad busca.ron,
como a su madre, con ardor violento.
Aun no la gozo faz a. faz temblando;
sólo el a.roma. le bebí en el viento.
Por tanto, soy ian pobre como un huérfano
y la sed suele hacérseme alarido,
Yen todo sol y en todo viento llevo
el corazón confuso y arrecido.
Yo rodé más que los torrentes blancos
que se despeña.o como enloquecidos
y ya en el llano, al recoger mis carnes1
no eran más que un• cuenco de:gemidos.
Y si en las all::as por el valle paso
buscando niños de los leñadores,
basta. que en corro gorjeador y vivo
en pos de reí trascienden los alcores,
no es que yo sienta mi bordón divino
ni es que yo sepa a.gavillar candores,
es que ellos van por quiebras y senderos
llenando el viento. de su olor de flores,
y es oh, Dios mio! que amo la. fatiga
dulce que déjanme en el pecho amante,
¡y aun por las noches se me duerme alzada
la mano sobre un invisible infante!
Mas, mi Seilor me rige los tormentos ,
me alza y me rompe el brillo de sus hoces1
y be aquí mi amor, que es una mesa. pobre.
Él me lo arome porque tú lo goces;
Él me renueve como sus fontanas;
me colme como río en prima.vera.;
Él sople encima. de mi pecho trémulo
su hálito inmenso hinchado en las praderas.
Por las monta.ñas y la playa iremos.
Sus ojos hondos con la. luz te sigan;
y no he de hablarte de ellos; las ca.mp1:í.nula.s
azules es mejor que te lo diga.o:
ni he de allegal'te en mis palabras todo
su vel'bO al labio, tal como t:na poma,
lo verás en la temblorosa flecha
con que se aleja un vuelo de palomas.

II
SOBRE EL TORRENTE

Sobre unos riscos 'el torrente quiebra
la crencha. viva en frenesí hervidor,
y mella el risco como cera nueva.,
y avienta troncos cual si fuesen flo_r.
Porque ¡0 rompa entre su trueno vivo,
mi corazón eché sobre el hervor.

•Oh no me mires con los ojos húmedos,
t
1
·11
que yo no soy más que una pobrec1 a.
que al esperar los trigos de febrero,
de rubor llena, espiga de rodillas.

y que delante de las a.guas cándidas
en donde está.o los cielos palpitando,
porque miró las fuentes de su pecho,
los segadores suelen ver llo!"a.ndo.

.: ..
D E LA

1' •

ORTODOXIA

'

DE CHESTERTON

TRADUCCIÓN DE ALFONSO REYES.

A menudo he sofiado en escribir la. hissoria. de un piloto inglés que, habiendo
calculado mal su derrotero, descubrió
nada menos que la. antigua Inglaterra,
bajo la impresión de que era. una ignorada isla. del mar del Sur. Sin embargo,
siempre me sucede que, o tengo demasiadas ocupaciones o demasiada.pereza. para
emprenderla con mi dichoso cuento, y al
tia me he resuelto a deshacerme de él, utilizándolo a guisa. de ilustración para una
doctrina filosófica. Todos pensarán seguramente que el hombre que, armado hasta los dientes y hablando a seilas, desemb&amp;reó para. plantar la bandera inglesa en
aquel templo bárbaro que luego resultó
ser el propio pabellón de Brighton, ca.si
enloquecería. después de despecho. Y no
me empeiiaré aquí en negaros que mi personaje tenga. todo el aire de un loco. Pero si imagináis que el sentimiento de la
locura pudo ser su emoción dominante,
no habéis a.divina.do la. rica. naturaleza
romántica. del héroe de mi ejemplo. Su
equivocación fué, en verdad, la más envidia.ble de las equivocaciones posibles¡
y mi hombre, si era. como yo lo supongo,
no dejaría de reconocerlo así. Porque,
¿puede haber na.da. más delicioso quepasar, en unos cuantos minutos por todos
los grados de la. escala. patética, desde
las fascinaciones y terrores de arrojarse
a lo desconocid(1 hasta la. huma.nísima
&amp;e~rida.d de vol ver a lo familiar y propio? ¿Qué cosa mejor que darse el gusta•
zo de descubrir el Sur de Africa. sin la.
dura necesidad de desembarcar en tan le•
ja.nas regiones? ¿Ni qué pudo ser más
glorioso que animarse al descubrimiento
de la nueva. Gales del Sur para. convencerse a. la. postre, entre lágrimas de regocijo, de que la. tierra descubierta. no era
más que la Antigua. Gales del Sur? Por
lo menos, me parece que éste es el proble•
ma principal de los filósofos, y, en cierto
modo, éste es el problema. principal de
este libro. ¿Qué pudiéramos hacer para
llegar a. sentirnos, a la vez, tan admira.dos
del mundo como a.costumbrados al mundo? ¿De qué modo esta ciudad grotesca
y monstruosa., con sus múltiples moradores de múltiples pies y sus viejas y deformes lámparas, de qué modo todo este
mundo podrá ca.usarnos las fascinaciones de la tierra. desconocida., junto con la
lranquilidad y honor de la. propia tierra?
Demostrar que una. creencia. o una filosofía son ciertas desde cualquier punto de
vista. es empresa más que exagerada.,
hasta para un libro mayor que éste; fuerza. me será limitarme a una. sola senda.
de argumentos, y hé aquí la. que me propongo recorrer: prométome establecer los
&amp;rtfculos de mi fe, cual si tratara de res•
ponder e. esta. doble necesidad del espírilu huma.no: la. necesidad de mezclar lo fa~iliar y lo desconocido; a lo cual, y no sin
razón, ha dado la. cristiandad el nombre
de cromanticismo&gt;. Porque semejante palabra. parece que llevara en si todo el
misterio y plenitud de sentidos de la venera.ble Roma. Por otra. parte, a los comienzos de toda discusión com·iene lijar
lo que ha. de quedar fuera de la disputa;
y quien la. emprende ha. de decir, antes de
lo que se propone probar, lo que no desea probar. Lo que yo no deseo probar,
aquello de que hablaré aquí como de cosa recibida y normal entre el término medio de lectores a. que me dirijo, es la. certeza de nuestra. aspiración a una. vida a.cliva e imaginativa, pintoresca y rica de
Poéticas curiosidades, y tal como siempre y a todo precio parece haberla. procurado el hombre occidental. Si ha.y
quien mantenga. que la extinción es pre-

ferible a la existencia., o la vida opaca
a. 1a variedad y a. la. ventura, a. ése no lo
cuento entre los míos, con ése no hablo.
Al que escoge la nada, la nada. le doy.
Pero estoy seguro de que, en principio al
menos, la mayoría de las gentes con quienes me he encontrado en el seno de esta.
sociedad occidental donde me ha tocado
vivir, convendrá conmigo en que necesitamos de esta existencia de romanticismo
práctico: de esta. sutil combinación entre
Jo indefinible y lo cierto. Que necesitamos, pues, considerar el mundo de tal
suerte que podamos fundir la idea del
asombro con 1~ idea del bienestar; que,
en _suma, necesit_amos ser completamente
fehces en esta tierra de las mara.villas
sin conformarnos con pasarlo mediana:
mente. Y esta. es la. principal excelencia
de_ ~i credo, que aquí me propongo describir.
_
Pero volvamos al descubrimiento de
~u~st~o piloto. Tengo mis razones para
10s1st1r, porque yo mismo soy ese homb!-"9, yo descubrí a Inglaterra.. De una vez
diré que no veo el medio de evitar que
este libro resulte egoísta. y, para confesa.~lo todo, tampoco veo porque he de
evitar que parezca confuso y torpe. A lo
menos, semejant,e defecto me salvará del
cargo que más me desespera: el de ligerereza. Na.da. hay que yo desdeile tan sinceramente como la ligera. sofistería· y
acaso sea un bien para. mí que gene~almente se me achaque defecto tan despreciable. Porque no conozco na.da. más desprecia.ble que una. mera paradoja., una.
mera. defensa ingeniosa de lo que no admite defensa.. Si fuera verdad, como dicen por ahí, que Bernard Sbaw vive de
la paradoja., a estas horas sería uno de
tantos vulgares millonarios, porque hombre de ta.o pasmosa. actividad mental pudiera. inventar un sofisma. ea.da cinco minutos. La cosa es tan fácil como mentir,
por lo mismo que consiste en mentir. Pero lo cierto es que Mr. Sha.w tropieza.
siempre con una. seria. dificultad, y es que
no puede arries,';:"ar la. menor partícula.
de mentira. mientras no está convencido
de que es verdad. Y yo también confieso
ser esclavo de la. misma. intolerable cadena.. Nunca en mi vida he lanzado una
tt

Sobre laa n ubes

i,t_fit•ma~ión ~implemente porque me pareciera divertida; aunque no necesito afia.dir que también he tenido mi hora de va.na.gloria, y que entonces ha podido parecerme que cuanto se me antojara decir resultaría. divertido, simplemente porque yo
lo había. dicho. Una cosa es narrar nuestra últim~ entreyista con una. gorgona o
con un gr1fo-cr1aturas de Ja fantasíaY otra. cosa es descubrir que el rin~
ront.e existie, para complacernos después
en el hecho indiscutible de que tal parece que no existiera. Busca. uno verdades
sí; pero sucede que, instintivamente, sólO
va. uno tras las más extra.ordinarias verdades.-Yo ofrezco este libro, con mis más
cordiales sentimientos. a. todas esas benditas gentes que detestan mis escritos
por considerarlos (y hasta donde alean~ ·
Z?, no. les fa.Ita. _razón) como pobres mixt16cac1ones de Jugla.r, y burlas monótonas e iguales.
Porque si este libro es una. burla, lo es
contra. mí mismo; que yo soy ese hombre
que, armado de todo su valor, descubrió
un día lo que ya estaba. descubierto ha.cía. siglos. Si alguna. sonrisa parece flotar sobre estas páginas, es una sonrisa a
expensas mías; porque este libro es la explicación de cómo, un buen dfa, se me figuró ser ,el primero que desembarcaba en
Brig~ton. Pero la verdad es que yo era.
el último. Este libro canta. mis elefantinas aventuras en la prosecución de lo obvio . Y nadie puede reírse tanto del ca.so
como me he reído yo mismo; q,o habrá,
esta vez no habrá lector que se queje de
que he querido embobarlo; yo me soy el
loco de mi cuento, y no ha'brá revuelta
ni motín que pueda. arrancarme de mi
trono ridículo. Confieso paladinamente
todas aquellas ambiciones estúpidas de
fines del siglo XtX. Como lo suelen hacer
los chicos precoces, yo quise adelantarme a mi tiempo, como ellos; quise adelantarme, aunque fuera. unos diez minutos, hacia la. hora de la. verdad. ¡Y todo
para descubrir, a la postre, que andaba
yo atrasado en unos mil ochocientos
aiios! Y extremé la. voz con penosas exageraciones juveniles para pregonar mis
verdades. Y recibí el castigo más ingenioso, y que era el que más me convenía:
porque, aunque con mis verdades me quedo, ahora caigo en la. cuenta, no de que
sean fa.Isas verdades, sino simplemente
de 1ue no son mías. Cuando yo creía marchar solitario-¡oh contradicción cien
veces ridícula!-toda. la cristiandad me
estaba empujando por la espalda.. Posible es, y el cielo me perdone, que baya.
pretendido ser original: pero la. verdad
es que mi invento no resultó ser más que
una. mala copia de las tradiciones construída.s poi• la. religión civil iza.da. que todos conocen. El piloto de mi ejemplo creyó ser el primer descubridor de Inglat;e.
rra, y yo creí ser el primer dei;;cubridor
de Europa.. Quise ensayar alguna. herejía.
por mi cuenta y, al darle los últimos toques, me encontré con que mi herejía era
la. ortodoxia..
Puede ser que alguien se felicite de este mi dichoso fracaso. Ni faltará amigo
o enemigo a quien le interese saber cómo
fuí aprendiendo paso a. paso, en la.s verdades de aquella. leyenda errabunda, o
en las imposturas de esotra filosofía a la
moda, exacta.mente las mismas cosas que
hubiera :podido aprender en mi catecismo, si es que puedo decir que las be a.prendido. Quizás parezca entretenido 1 o quizá.
no lo parezca., el relato de cómo encontré
en un club anarquista. o en un templo babilónico lo mismo que pude haber encontrado en la. parroquia vecina de mi barrio. Si a alguien le interesa saber cómo
las flores del campo o las palabras leídas en un ómnibus, los accidentes de la.
política, o los tráfagos de la. juventud
confluyeron en mí, bajo una. ley determinada, para producir una convicción de
ortodoxia. cristiana., ése, yo confío, leerá.
con agrado estas páginas. Pero en todo
cabe la división del traba.jo: yo he escrito este libro ¿no es así?; pues bien: no
hay poder huma.no que pueda estrecharme a leerlo.
7

�DE "EL BESTIARIO PIADOSO"
DE JOSE JUAN TABLADA

LA CEBRA

Los Elefantes son santos. Comen
heno
seco y bebe~ aguaclar_a: SoporComo Juana de Ná pales, esposa
tan su cautiverio corno vie¡os Em· 'de un caballo, existió, acaso una tiperadores enclaustrados. Su enorgresa enamorada de un asno? ...
midad prehistórica, su ornmpot~n'ral se diría al ver este rnlípedo
cia
antidiluviana tienen un hábito
1ongileando que parece mestizo del
gris como el asno, rugoso como el
burro humilde y o-ris como la tiesapo.
rra y del felino de Hircania rayado
Su enorme cráneo, esconde un cede oro y de sombra como el crerebro.
donde las lunas de los siglos
púsculo.
rielan
sobre
la nieve del Himalaya
Animal exornado, tal nna fabuloy
el
Sol
de
los
milenios derrite fuesa bestia heráldica, si mi amada te
go
sobre
el
Ganges;
también duercabalgara, toda desnu~a, com?
men
allí
las
albórbolas
del pájaro
Lady Godi va, nadie veria su lum1Chakor
y
tiéndese
la
sombra
de la
no::;;a. carne en flor ...
higuera que amparó los arrobos de
Tanto así captan la mirada sorBudha. Y de la maciza sabiduría de
prendida oh bestia arlequinesca,
su cerebro, el humilde elefante no
las negr~s estrías simétricas de tu
deja pasar más que d~s go~s ~e
piel de oro!
inteligencia, por sus opllos md1sBroux Park, N. Y.
tintos apenas · perceptibles como
dos C\;entas de azabache medio enLOS ELEFANTES,
terradas en un surco ...
Los enormes Elefantes indiferenLos Elefantes son santos. Han retes mueven su cuerpo con rítmico
nunciado a la libertall, a las gregavaivén de ole¡ije y ba:l'. un vasto fl1:- · rias alegrías, a las siestas bajo las
jo de marea en las pizarras palpibaobas a los baños a la luz de la
tantes de su rugosa piel.
.
luna, e~ las ao-uas del r.runna, cuanViejos Elefantes de la Indi3:, que
do tras estria'.ente barriteo, las e~así os movéis durante horasyd1as,,.,
hiestas trompas jugaban a ernp(es acaso vuestro lento oscilar, un
nar hacia la luna ernperlados surtimovimiento de adoración, un baile
dores de cristal.
sagrado que os arroba? ..
Los Elefantes son santos. Han reDe tal modo sugiere aquella dannunciado a la cólera. Pensad en la
za, con que según el poeta Ka,b ir,
rabia posible de esos co!osos adormecidos!.. Esa montaña color de
se mueven los mundos ante la faz
tierra se cambiarla en un terremodeBrahma!

to· la trompa en catapulta, en ariete 'el broquel frontal; los colmillos
en rayos y en martillos ciclopéos,
los cuatro troncos de árbol, los
cuatro pilares de granito de las pa.
tas·poderosas.
Y más estridente que los caraca.
les de guerra y a la vez sordo como
los ruídos subterráneos precursores
del sismo y vasto corno el cóncavo
rodar del truen_o sería su pavoroso
clamor de ira, que rara vez se oye;
pero que hace temblara los coraza,
nes de los hombres como a las hojas de los árboles. . .
_
Y sin embargo es santo. Siendo
sabio poderoso, enorme y vetusto
paree~ tener una alma infantil.
Sus terribles colmillos son candorosos y sus ojillos parpadean tan
mansarnante como dos estrellas ge.
melas y remotas que fueran de fuz
negra...

¡Oh Elefante que llev!'1s sobre tus
fuertes lomos a esa m1ser1a que se
llama hombre, y la soportas y la
sufres con la desdeñosa indiferencia
con que yo sobre mi alma, llevo al
Dolor! ¡Oh Elefante que oscilas durante horas y días en misterioso)'
vasto vaivén de adoración, como
los mundos ante la faz de Brahma!
Yb quisiera consagrarte en un
poema que fuera como t_ú, vasto,
arbóreo terráqueo, humilde, san·
to, pod;roso y crisoelefantino!
Broux Park, N York.

ARTILLERIA FRANCESA VISTA EN PLENA ACCION DURANTE LA ULTIMA OFENSIVA DE LA CHAMPAÑA

'

~

'

· · de la artillería ha dabierto el camino. Se lanzan sobre las posiciones
d ¡ "T ks'' franceses
a los cuales la preparac1on
1
Avance e os
an
enemigas, franqueando todos,,los accidentese•o•,,~:r~:npo;~hibida
su reproducción en fotografías. Ya
, 1a ex 15t
• -e~c,·a de los "tanks b franceses
P •
' ¡eses que a b a b'_1an ¡ ab_ne
· ado
de hace algunos meses ya se conoc1a
talla del Somme
en 1916. Los ing.
_ con
1
~esquela primera máquina de este género apareció ebn eidcª,ífl/º
a decir ''cisterna" a causa de su forma y para desviar es~1as s_1emJ?!e
-se sa e
1 d ¡ na.bao en el taller con el nom re e
an ' es .
,
d de "Crema de menta" que en su 1magmac1 '!1escrupuloso secreto :re~~~n el terreno los "Tommys'' entusiasmados l~.bauhza;,on e~~ns:Jhªfº :edado el nombre de "Tank" aun a las máqut·
~osi~Je\_, C?,~~~~i~~,, o ''estimii.lante''. Despues recibió el norbr~ d~ tb~~1:mp~ña y fuero~ citadas en la Orden del día por el Gral. Nivelle,
s1gmfrancesas.
ca a
E s ta s se han distinguido .particularmente en la o ens1va e a
lilas
B

f~,

LA ACTUALIDAD POLITICA
¿MEXICO EN CAMINO A LA GUERRA?
Por medio de .un periódico diario un respetabilísimo
grupo de intelectuales mexicanos ha externado cual de- se debe indudablemente a la propaganda incensante,
be ser, según su modo de sentir, la actitud de México en eflcáz, costosa que los alemanes hacen por sistema, no
el conflicto mundial y casi por unanimidad, salvo ti- sólo en México sino en todos los países neutrales. Los
moratas excepciones, prevaleée la opinión de que Mé- aliados, triste es decirlo, han descuidado lamentablexico rompa sus relaciones con el Imperio Alemán. La mente un trabajo de resultados tal,l útiles para ellos.
encuesta ha resultado de gran consideración y quién Apenas unas cuantas ern presas extranjerás o naciona- ,
sabe si de consecuencias importantes; ya en la misma les han difundido el conocimiento de los países aliados,
ciudad de New York,-noticias exclusivas del mismo pe- conocimiento que basta por sí sólo a proporcionarles
adeptos, ya que concerlos es amarlos.
riódico por otra parte-los editorialistas de la prensa
México se encuentra en condiciones tan especiales y
yn.nqui dan por un hecho la entrada de México al lado
tan
precarias que el cataclismo mundial llama a su
de los países de la entente, augurando los resultados
puerta,
y clíficil parece que ésta permanezca cerrada; la
favorables que en la política interior de México origine
neutralidad
corre grave peligro. México es como un vi.
inmediatamente su cambio de actitud.
andante
que
se encuentra en un camino donde se cruzan
No tan despejado de brumas aparece el horizonte
potentes
máquinas
en distintos sentidos y no puede
para quienes vemos a diario el movimiento y la tendenpermanecer ecuánime; el vértigo lo arrastra, casi no es
cia de la opinión de nuestro pueblo. En ui:i editorial
dueño de permanecer inmóvil; sólo le queda el recurso
acerca de nuestrás relaciones con el país vecino estudiáatrapar ha bilmen te la máquina que le convenga. A
de
bamos dicha opinión tomando como resultante de ella
México le conviene indiscmiblemente ponerse al lado de
y dándola también como la nuestra propia, ésta conclulos aliados, éstos tienen la razón de su parte, su intelisión: México debe mantener una prudente neutralidad,
gencia y su trabajo ha llegado a hacerlos capaces de
dominando vigorosamente cualquier intento de los
dominar
la situación en poco tiempo. Alemania quiere
beligerantes por mezclarse en la vida del país. La enla paz esto es indudable, la quiere con todos o con alguno
-cuesta a que nos referírnos al principio ha ".Uelto al tade sus adversarios; querer la paz es confesar la derrota,
pete de la actualidad nuestra postura frente al conflicto
¿México iría por bravata, por puro quijotismo a ponermundial, por lo que, sin contradecir nuestro postulado,
se al lado de Alemania, cuando ésta se halla si no vencique todos nuestros lectores estarán de acuerdo en conda por sus adversarios, sí vencida por sus mismas ideas
slderar como el más provechoso, estudiamos en ésta
puesto que ya reniega de la guerra? Hay una verdad
nota, nuevamente, un problema de consecuencias tan
que nos enseña nuestra historia, es una triste verdad,
gravemente trascendentales.
una amarga verdad: México tiene que estar de acuerdo
Los Imperios Centrales cuentan en nuestro país con un
la política de los Estados Unidos, a menos que se
con
número abrumador de adeptos.
resigne a sufrir consecuencu&amp;ncias fatales, incluso la
· ¿Podrían justificar, llegado el momento preciso, la
misma pérdida de la nacionalidad. En estas circunstancausa de dicha adhesión? Seguramente que nó. Sus mocias tremendas el más elemental patriotismo compren-tivos para admirar a los enemigos de la civilización se
de que sería una locura echarle el guante al coloso del
fundan en nociones vagas o prejuicios no combatidos
Norte. No pasará medio año sin que los Estados Unidos
aún bastante: El valor de los alemanes que pelean en
cuenten con un formidable ejército, ¿qué serÍ&amp; de nosoproporción de uno a diez; el afán de las demás natros si lo hubiéramos afrentado, únicamente por simpa·ciones de Europa que tratan de hacer desaparecer a
tías a Alemania a quien nada debemos y de quien nada
Alemania; hasta la simpatía personal por el Kaiser, podemos esperar?
que ha llegado a ser como un ídolo de opereta, a la vez
Llegamos, pues, a esta conclusión evidente: México deque el odio injustificado que los gerrnanófilos han sabibe ser neutral, pero la guerra arrastra a México a la
do encende~ contra Inglaterra, país admirable del que guerra; -si esto sucede, México debe ponerse al lado de
nada o poco se conoce entre nosotros, son, a lo más,
la justicia, de los aliados. E.s indispensable-que la prolas razones que pueden darse del germanofilisrno de
paganda aliada se haga entre nosotros ~on toda intennuestras clases populares.
sidad, que se destruyan los errores que los alemanes
Los aliados cuentan con la simpatía unánime de los
han sabido divulgar para su provecho, que se muestre
intelectuale~; sus esfuerzos de propaganda los conducen a los ojos del pueblu la serie continuada de crímenes
casi siempre al éxito. Las razones de éstos son tan ob- que ningún heroísmo podría ya borrar de la frente de
vias que casi no merecen ser repetidas: Afinidades de los vándalo~.
raza, influencia grandísima en la educación, cultura
El gobierno de México, ante la magnitud Je este
francesa abundantemente repartida, y además de todo, problema debe velar eficazmente por el bien de nuestro
aunque no existieran dichas razones, la única, la funda- país, el bien de nuestro país antes que todo. Si es posimental, la que ha llevado a los Est,ados Unidos a poner- ble
mantener la neutralidad, sea en buena hora; si la
se del lado de la buena causa. la justificación plena que suerte nos lleva a la guerra, sepamos ir a la guerra,
tienen los países aliados en esta guerra y que viene a
vayamos noblemente a la guerra. En todo caso el goconfirmarles cada dia más las atrocidad&lt;,s alemanas.
bierno contará con la ayuda de todo el pueblo, condu_
Tal es el estado de la opinión de México en tan imporcido al recto camino por los que debén ser sus directante asunto; mucha parte de la afición gerrnanófila tores espirituales.
9

�c:~~E~J
CONCURSO DE CARICATURAS
DE "LA ARGENTINA"

Los cronistas de la prensa metropolitana y la empresa del Teatro Colón, con
objeto de estimular a los caricaturistas
residentes en esta capital y aprovechando
la visita que nos hace la genial bailarina.
de fama mundial, Sra. ·Antonia Mercé de
Paz, ·c LA ARGENTINA&gt;, han decidido con-

vocar a un concurso de caricaturas que
constituya, a la vez que un i.mpulso para
nuestros dibujantes humorísticos, un recuerdo para la admirable artista que tan
hondas impresiones estéticas nos deja.

Bases
1.-El objeto de este concurso es el de
premiar las tres mejores caricaturas de
&lt;LA ARGENTINA&gt; en· cualquiera de sus
bailes.
JI.-Cualquiera persona podrá tomar
parte en el concurso enviando una o más
~arica.turas de la referida artista.
111. _ Las caricaturas deberán ser de
un tamaño mínimum de veinte por trein •
ta centímetros,
IV.-Las caricaturas deberán entregarse en la Contaduría del Teatro Colón, dirigidas al Señor Don Alberto Diez, Gerente de la Unión Teatral, S. en P. Dichos
trabajos deberán enviarse firmados con
pseudónimo, y en sobre cerrado, marcacado con el mismo pseudónimo el nombre
del autor, con su dirección, recabándose
en la misma Contaduría el recibo correspondiente a cada trabajo que se envíe.
V.-El concurso quedará abierto desde
la fecha de esta convocatoria y se cerrará
el 30 de Junio a las 6 p. m.
VI.-Las caricaturas que se reciban se-

rán exhibid as en los pasillos interiores
del Teatro Colón.
VIL-Habrá tres premios para las 3
mejores caricaturas, repartidos en la forma siguiel'lte: primer premio, una medalla de oro con inscripción alusiva y cien
pesos oro nacional; segundo premio, una
medalla de plata con inscripción alusiva
y cincuenta pesos oro nacional; tercer
premio, un diploma y veinticinco pesos
oro nacional, cuyos premios son ofrecí•
dos por la Empresa del Teatro Colón.
VIII.-Los trabajos premiados serán
obsequiados 8, 11LA ARGENTINA&gt;) en su fun·
ción de beneficio, y dicha artista, esa mis•
ma noche, entregará en público a los agra·
ciados el premio correspondiente.
IX. -El jurado estará integrado por
tres de los m&amp;.s reputados pintores radicados en México y por un crítico de arte,
cuyos . nombres serán dados a conocer
oportunamente.
X.-Tanto las caricaturas premiadas
como las demás que a juicio del jurado lo
merezcan, serán publicadas en las principales revistas ilustradas de la capital,
previo ruego que se hará en ese sentido
·a los editores de dichas publicaciones.
NOTA.-Además de los premios ofrecidos por la Empresa del Teatro Colón, si
hubiese algunos otros que se ofrecieran
para este concurso, el jurado queda fa.
culta.do para otorgarlos en · la forma que
lo estime conveniente.

CONCIERTO EN EL ARBEU
El lunes de la presente semana en el
Teatro (1Arbeu, tuvo efecto un concierto
a beneficio de la Sra. Elisa Beraldi viuda
de Siene, en el cual se presentó la sopra·
no señorita Yolanda Beraldi.

LAS HORAS EMOCIONANTES DE LA VIDA EN EL FRENTE
DE LOS AEROSTATAS Y LOS OBSERVADORES EN GLOBO

El globo, derribado por un ataque
de un aviador alemán) se incendia
entre las manos de quienes lo manejan en el momento en que el observador acaba de abandoRar la canastilla.

En tanto que el globo acaba de

quemarse, dos hombres se esfuerzan por salvar la válvula, que es la
pieza más preciada del aparato.

MAQUINA PARA CAVAR
TRINCHERAS

PAGINAS DE UN LIBRO INEDITO
ESTEBAN
Esteban, el niño loco que vivía
deseando las estrellas para ofren.
darlaa ~n ramo a su madre muerta,
ha ~orr1do toda la tarde bajo las
car1C1as quemantes del sol.
De~p_ués ha subido a la azotea
del vie¡o convento, y creyó, un ins.
tante, haberlas hallado en las chispas que reflejaban los azulejos de la
torre. Pero no eran estrellas; las Je.
chuzas aaheron de los nichos aban.
donados y el viento heló el cuerpo
del niño.
Descendió al mundo implorando
la protección de los hombres· mas
éstos no. abrieron su pos ti o-o' a la
voz su_phcaute del pequeño ilumina.
do.
·

El empleo de éste aparato permite
economizar el tiempo y la mano de
Obra. Basta ver esta fotografía p&amp;•
ra comprender que no se trata de
trillcheras de primera linea. El uso
de las máquinas sólo es posible fuera de la mira del euemigo 1 par&amp;
hacer trincheras de precáuci~n en
terreno conquistado y para aquellas en que los jóveneB soldados ha•
cen su aprendizaje. El escav&amp;dor
prepara y facilita la tarea de los
zapadorea. La máquina ha sido di·
simulad&amp; con paja, para ocultarla a.
los aviadores enemigos.

CONCIERTO EN LA ESCUELA
NACIONAL PREPARATORIA
El últim·o domingo a las 11 a. ro. en el
Anfiteatro de la Escuela Nacional Prepa•
ratoria tuvo lugar el cuarto concierto del
CÍCJo de Conciertos Clásicos organiza.do
por la Dirección General de las BeJlas.
Artes.
Esta exquisita fiesta de arte fué dedicada Wolfgang-Amadeus Mozart y t:l programa fué el siguiente:
I.-El alma encantada de Mozart. Ru~
bén M. Campos.
II.-Ave Verum.-Coro de señoritas
con acompañamiento de órgano. Orga·
no: Sr. Prof. J. Buitrón.
111.-Serenata de la Opera ((Don Jua111,
Sr. Prof. Francisco P. de Jañiz. ' Piano:
Srita. Prof. Ofelia Euroza.
IV.-Doble Concierto.-Mi b (AllegroAndante-Rondo). 2 Pianos con acompa•
ñamiento de orquesta Sr. Prof. Ca.~•lo_s.
del Castillo y su discÍpula Srita. Cr1st1•
na Garza Leal.
V.-Obertura de la Opera «La FlA.~t&amp;
Encantada&gt;. Orquesta Sinfónica Nac10·
nal.-Director Sr. Prof. Manuel M. Ponce.
Todos los números en general fueron.
del agrado del culto auditorio pere espe·
cialmente el Doble Concierto y la Obertu·
ra de «La Flauta. Encantada&gt;.
El nombra.miento de Director de la Orquesta Sinfónica Nacional expedido en
los últimos días a favor de nuestro querido amigo el inteligente Profesor Ma·
nuel M. Ponce ha sido recibido con P~rticular beneplácito por parte de la sociedad mexicana que entien dede arte. N?so•
tros enviamos al agraciado con dicho
nombramiento nuestra felicitación Y un.
cariñoso apretón de manos.

Y Esteban vagó cubierto de sombras_ hasta caer desfallecido junto
al portico c~urrigueresco de la iglesia; el gemir de su labio hubiera
conmovido a los muertos.
Entre el vaho denso de la tiniebla
las múltiples estatuas del pórtico'.
y los ador'?os de las pilastras, y
hasta los mchos, se movieron en silencio y elevaron hacia ellos el cuer.
po inanimado; los santos de piedra lo besaban v las volutas se extendían para arollarlo.
A otro día, los vecinos vieron con
ason:ibro un nu~".º ángel de piedra,
sonriendo beatificamente en el viejo pórtico churrigueresco del templo.
Estaban, en aquella noche se había encontrado nadando e~tre es- ·
treUas, pero, al querer atraparlas,
smtió que sus dedos eran tan sutiles como los astros: él mismo se ha.
bía convertido en estrella.

EL MENDIGO
A Sarah

Hace mil años, mendigo de la vida y del amor, vine hacia ti, sollozando de frío, a pedirte el reflejo de
tus ojos. Y yo era lo bastante po.
bre para que mi desinterés pudiera
ofrecerte una vida y un infinito a.
mor. Los cielos en el Paraíso entrea-

brieron la sonrisa de un crepúsculo·
p_ero el viento oponía su soplo per'
t1naz, ¿,recuerdas?
Hoy vengo de nuevo a ti, agobia.
do al peso de mis tesoros: tu amor
de diamante, tus ojos de carbunclo
tu cabello de azabache tus mano~
parecidas a crótalos'... Y en mi
frente se clava rutilante corona de
espinas doradas. Nnnca, nunca sn.
lrí tanto como este día!
Y siento deseos de gritarte desde
la cueva de mis dolores: ¿Qué has
hecho de mi alma? qué has hecho
de mi vida? Te di toda la ingenuidad de una. infancia y tú hollaste
cada sentimiento, y diste a cada
palabra_maligno sentido y para ca.
da carmo se levantó escéptica a.
ma:-gura. En este caos se pierde mi
espmtu; ¿Que has hecho de mí? qué
has hecho de mí?
Pero· sólo me respondería el filo
de tu sonrisa.

TRIPTICO
Cuando hallé la mujer más bella
me dije: "He aquí mi tesoro· los
dioses están conmigo''. Pero r:..con.
tedó que su magnífica belleza fué mi
vencedora rival: mi amada sólo vi.
vía para su belleza. Y vime deso-ra.
0
ciado.
Fuí en pos de la mujer más buena.
Cuando la tuve, creí ser feliz. Mas
eran ta_n_t?s su virtyd y su espíritu
de sacrihcio por mi, que accedía a
todos mis caprichos sin contrade.
cirme jamás. Y al verme siempre en
ella como en un fiel espejó sin vicio
o cualidad diversos de Íos míos
maldije en mi corazón sus virtude~
y seguí viviendo en desgracia.
· · Llegóse a mí la más inteligente de
las mujeres. "Esta sabrá compren.
derme, y, comprendiéndome me
hará feliz". Y ella aplicó su ta:lento
a buscar la causa de mi amor: no
creyendo .en sí a fuerdeintelia:ente
ni en la bondad innata de los "'hom'.
bres, no creyó en mi cariño. Y a cada torpeza de mi labio enamorado
dio maligno sentido y la perversi.

dad de su ingenio amaro-ó mis días
J 'los suyos. Sufrimos 1"o indecible
hasta que, cansada, abandonóme
a !!'is propias fuerzas dejándome
un mcurable hastío del amor. Este
hastío fué la mejor obra de su inte.
ligencia.

OSTRACISMO
Yo crucé,-viajero ensimismadoyo crucé conelandartorpe de quien
no es dueño desu voluntad,lascom.
plicaciones de mi ostracismo mental. Era hacia fines del invierno y
~ne! ambiente flotaba como el deJO de un cantar. Pero la luz estrepitosa de mis arterias inundaba las
complicaciones selváticas de mi os.
tracismo mental.
Y la sombra regada por un llanto
('ra el único ideal:
Fuí a los viveros de las pasiones,
de las p_eque~as pasiones inexpresa.
bles e msípidas, y todo lo mezquino de mi sér parecía sollozar. Y to.
~a mi ambición se desgarraba de
impotencia ante la mediocridad· co.
mo el que gime, no pudiendo se; héroe, de no ser un gran criminal.
Y la sombra regadaporun llanto
era el único ideal.
Pequeños incidentes cotidianos
que nos destierran al reino del pesar, del pesar de mirarse uno a sí
mismo en la gran soledad; pesar del
que no halla, por más que busca al
rededor, la inmensidad; desgarra.
miento del que ve acercarse su deseo, y lo deja pasar... y pasa, por
una vez, no más.
Y·la sombra regada por un llanto era el único ideal.
Anhelo de postrarse de rodillas
frente a ELLA; sollozar, para que
los sollozos agoten el veneno del
pensar, y maten las ideas y sólo
dejen el idioma entrecortad¿ y bal.
buciente de quien de tanto amar ha
perdido el cerebro. Amar, amar,
a.mar!
Y la sombra regada por un llan.
to era e! único ideal.

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Enrique González Martinez.-El
Libm de la Fuerza, de la Bondad y
del Ensue,io.-México. -Ediciones
Porrúa. (Imprenta de José Ballesca).-MC.MXVIT.
Al fin se ha publicado. Las diversas poesías de este libro que aparecieron en algunas revistas-'' Pega.
so" se enorgullecede haberdadolas
mejores primieias-olrecian magníficas promesas: pero la_ impresión
de conjunto ha sobrepu¡ado las esperanzas. Hay que verlo\ e1_1 su
opulenta unidad y en su v1tahsmo
ampliamente humano, hay que luchar con el gusto y la s1mpatia para decidir !ntimamente cuál poema
es el más cautivante, renunciando al
fin a lo imposible,hayquellegarante poemas perfectos, p~ra preguntarse sino es éste, encon¡unto, ef mejor libro de versos que se ha escr)tO
en México. Hay poemas hermos1s1mos, estrofassuperhumanas, versos
divinos pero obra de tal homogeneidad.' de tal perfección de conjun·
to, ¿existe acaso?
D¿spués de Los SenderosOcult_os,
diamante sin lasca .en cuyo brillo
interior han abrevado poesia las
nuevas generaciones, v!uo La Muerte del Cisne. Hasta el mismo nombre
era simbólico; se trataba de doblar
la hoja al libro mun~o que a fuerz~
de girar dentro de s1 m1smo, amenazaba da,r en monotonia y en falsedad, porque hablar d~ la vida
desde un sitio preconcebido y con
u!l tono tan personalquequienes_lo
imitaron casi inc\Jrrieron en pl~10,
era todo, menos conocer la y1da.
.Afortunadamente, el talento rige la
inspiración, la obra de art~ quedó
sólo como obra de arte; el hbro, como la mejor muestra de una estética personal. La m!lerte del Cisne
acusa bien las mq?1etud~s de una
evolución, pero _de¡a a~~1rar ya las
nuevas ensoñaciones lírica~. hay
más humanidad, más recog1m1e_nto;
se llega al purísimo canto _de ~m,cera emoción, como en los D1as m_ut1Jes, el maravilloso poema de rnt1dez
olímpica:

r

y mientras reconstruyo todo el pasado y pienso
en los Instantes trlvolos de mi divagación,
se me va despertando como un a.tan Inmenso

de sollozar a solas y de pedir perdón.

Se comprende que nos hallamos

lª frente al gran poeta que ha d~-

¡ado lejos los prejuicios de la estética: todo arte, toda unidad reside en
su propio corazón. Ilay que dejar
al canto volar hacia donde anhele,
hasta cerca de los mismos, ignorados senderos, mas nunca por sistema ni por filosofía:
La vida está cantando atuera.

la vida dice: ''ven acá";
en el )ard.in hay un olor de primavera
himnos de zumbos en el viejo colmenar''.

Tal es la liberación. Ahora, en
este nuevo libro veremos el ensanchamiento de la lírica por todas
las perspectivas del amor y del mundo. Hay, además, signos de madu rez como cierto afán humanis1mo
de preocupal'fle por la trascendencia
futura de su arte. Recordad el mag.
nifico soneto que empieza Mañana,
los poetas, de La Muerte del Uisne,
y ved ahora estas dos estrofas finales:
Tu ca.nto será tnútll, estéril e infecundo
si no halla en otras almas un eco trateraal,
8¡ va de puerta en puert&amp; llamando por el mundo
y, rech&amp;zado huésped, desmaya en el umbral,
QulzAe entre la angustia que colma el universo
por exoepelón atines con una nota ftel
y bagas un verso solo ... Mas sabe que ese verso
prolongad, tu espiritu, y vivirás en él.

Lo htesperado también nos ofrecerá su seducción. La fúneb_re cántiga de las almas muerta:s, ¡unto a
los pequeños cuadrosdel¡ardíu que
sueña y a la amable trascendencia
de la parábola del camino qne parece inspirada en Stevenson. El poeta
ha descendido de sn trono y sepára
sencillamente a hablarle a nna muchacha que no conoce el mar, sm
que se descubra petulencia ni vulgaridad. Acababa de cantarle a la
mañana y esa misma tarde escuchó
con gravedad la bala_da de l~s caminos. La vida es as1. Taro b1~n debe serlo la poesia; pero esto sulo los
grandes poetas pueden comprenderlo.
M.T.

Estos &amp;brigos y los cailones que protegían
IZ

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Mis milJons ve1·sos-- . .....•..... . i! 1.20
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Las Joyas de Margarita., Bret-iario
de Amen·, La 1.'ela de Penélope,
El Milagro del Vaso de Agua ....
Intimidades, Flora de Almendro,
Prólogo de Pompeyo Gener ....
Los Noctu1ws dd Generalife. Poesías. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Doña Maria de Padilla, Las Oenw.;
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En el Destierro. . . . . . . . . . . .. .. .. . . .
Una Partida de Ajedrez. Arreglo
castellano de la. comedia de

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l.i!O
2.10
1.80
2.10
2.10

2.10
2.10
1.20

10.00

1.IIO

2.10

•• IIO

2.10

,, 1.5()

LEA UD.

CULTURA.
El próximo número publica
una selección de - - - MANUEL M. PONCE

Vlovis Lamarre.-Histoire de la Litterature Latine.
París, 1901. Pasta. Francesa . . . . . ............ . ....
Paul Janet.-Historia. de la. Ciencia Política en sus relaciones con la moral. Madrid. 1910. Rústica ...... .
Abbé L. Laberthonniere. -Le Uatholicisme et la. Societé. París. Pasta Tela . ......................... .
Elle Halévy.-Le Radicalisme et la. _Science Phi!oso•
phique. París. 19Q4.. Pasta Tela. .................... .
L. Abréde Broglie. -Le Positi visme et la Science Experimentale. Paris. 1880. Pasta Francesa.. 2 vols ....
L. Picard.-La Trascendence de Jesus-Christ. París.
1905. Pasta Francesa. 2 vols . ............ . .. . ...... .
Lavisse &amp; Ramba.ud. -Histoire Généra.le du !Ve. Si0Cle
a nos Jours. París. 1894.-1901. Pasta Francesa.. 12
vols ........................................ , . , ... .
J. J. Jusserand.-Histoire Litteraire du Peuple Angla.is. París. 1896. Pasta Francesa.. 2 vols ......... .
Julleville.-Histoire de la Langue e, de la. Littérature
Fra.nca.ise. París. 1910. Pasta Francesa.. 8 vols .....
Augusta Comte.-Cours de Philosophie positive. París. 1892. Pasta Holandesa. 6 vols ................... .
Ernesto Guitart.•-Nociones de Economía SoCia.l. Barcelona. 1910. Pasta. Cartoné ....................... .
J. Michelet.-Histoire de Franca. París. Pasta Holandesa. 16 vols , ....................... . .......... , ... .
Pranoi1co Zaroo.-Historia. del Congreso Extraordinario Constituyente. México. 1857, Pasta Hotandesa. 2 vols .................... . ................ . .... .
Ricardo Rodriguez. - El Derecho Penal. México. 1902.
Pasta Ama.teur. . . . . . . . . . . . ....... , . . ... . ...... .
Fernando Vega. -La Nueva. Ley de Amparo de Garantías lndi viduales. México. 1883. Pasta Holandesa ..
lgn&amp;cio L. Vallarta.-El Juicio de Amparo. México.
1881. Pasta Holandesa. . .. . .. . .................... ,
l. L. Valla.rta.-Votos. México, 1894. Pasta Tela. 5 to•
mos ....................... •· •······· •·············
ltontiel y Duarte.-Derecho Público Mexicano. México. 1871. .Pasta Holandesa.. 4 vols ............. . .. . .
Adolphe Prins. -Science Pena.le et Dt·oit Positif. París. 1899. Pasta. Tela. ............ , . . .. . . . ......... .
Ricardo Rodriguez.-El Procedimiento Penal en México. México. 1900. Pasta. Holandesa .............. .
R Garra.ud.-Droit Penal FranQais. París. 1898. 6 vol.
Pasta Holandesa ...... . .......................... .
A. Weiss - Oroit International Privé. París. 1892. 6
vuls. Pasta.Holandesa ...... . .................. ..
Luis Miraglia.-Filosofía del Derecho. Madrid. 2 vol.
Pasta Espailola ....................... . ........... .
Ch. Lyon Caen Renault.-Traité de Droit Commercia1.
Paris. 1898. 8 vol s. Pasta Francesa. ............... .
IC. Thiers. -Discours Parlamentaires. París. 1879. 15
vol s. Pasta Francesa ......................... -- - ..
Anselmo de la Portilla.-México ea 1856 y 1857. Gobierno del General Comonfort. Nueva York. 1858.
Pasta Tela. ................... .......... ..
Manuel Rivera. -Historia Antiguá. y Moderna de Jalapa y de las Revoluciones del Estado de Veracrmi.
México. 1869. 5 vols. Pasta Holandesa ...... '. ..... .
W. H .. Prescott.-Histot·ia de la Gonquista de México.
.México. 181-1. 2 vols. Pasta Holandesa ............ .
Guillermo Prieto.-El Romancero Nacional. México.
1885. Pasta. Holandesa ................. . ..... . .
V, Salado Alvarez. -De Santa Anna a la Reforma.
México. 190!. Pasta. Tela con dorados ...... , ..... .
A. de Humboldt.-EnsayoPoHlícosobee la Nueva España. Pa.rís. 1827. 5 vols. Pasta Española ......... .
V.Salado Alvarez.- La Intervención y el ln:.perio. México. 1908. Pasta Tela. 4 vols .............•...•. • • •
-lantiago Ramirez.-Noticia Histórica de la Riqueza
.Minera de México. México. 1884. Pasta Holandesa.

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Eduardo Ruiz,-Historia de la Guerra de Intervención
en Michoacán. México. 1896. Con retratos. Pasta.
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Manuel Orozco y Berra.-Bistoria Antigua y de la
Conquista de México. México. 1880. 4 vols. Pasta

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Emilio Castelar.-Discursos parlamentarios y polítii.00
cos. En la. Asamblea Constituyente. 3 tomos ...... .
Emilio Castelar.-Discursos parlamentarios y políti8.00
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4,00 Luciano.-Obras completas. Madrid. 1901. 4 vols. Pasta Española ................................. ~ .... .
Bodas de Horacio Fla.co.-Barcelona. 1882. Pasta Te80.00
la. con dora.dos ..... , . . . . .....
Guillermo Shakespeare.-Obra.s dramáticas. ~1a.drid.
10.00
1904. 8 vols. Pasta Tela ..... .... .
Francisco Bulnes.-El Verdadero Juárez y la. Verdad
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sobre la. IntervenCión y el Imperio. París. México.
1904. Pasta Tela ...... . ........................... .
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Historia.. París . .México. Pasta Tela ....•..........
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12,00 Maria. Ma.cleod.-Las Ct'eaciones de Shakespeare.
Barcelona.. 1912. Pasta. Tela .... , ................. .
4,00 A·g ustin Rivera..-La. Reforma y el Segundo lmperio.
México. 1904. Pasta Tela ..................... . .... .
3.00 L~renzo de Za.va.la.-Ensa.yo Histórico de las Revoluciones de México desde 1808 hasta 1830. México.
6.00
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Bernal Diaz del Castillo. -Historia. Verdadera. de la.
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Conquista de la Nueva España. México. 1891. Pasta holandesa. 3 vols. con láminas ................. .
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Samuel Basch.-Recuerdos de México. Memorias del
Médico ordinario del Emperador Ma.Ximiliano.
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J. E. Hernández y Dávalos.-Colección de Documen4.00
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Gobierno Espaíiol hasta la. entl'a&lt;la del Ejército
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/

8 00

10.00
7.00
2.00

14.00

4,00
4.00
2.50

2.50
2.50
2.50

10.00

10.00
3.00

4-0.00
2,00

38.00

•

ó0.00

30 00

30.00

20 00

13

�INFORMACION GRAFICA DE LA FIESTA DEL PASADO DOMINGO
EN EL AERODROMO DE BALBUENA

IDEAL,-Desde hace algún tiempo qu€ te- ~''"
níamos deseos de hablar algo respecto a la
Compañía de Arcos que viene trabajando en
el Ideal, pero por una parte nos lo impedía el
corto espacio de que disponemos en esta revis't a para las crónicas teatrales, y por otra
el entusiasmo y el constante deseo de tratar
sobre el «tópico amable•, como llama el simpatice Florián.
Pues bien, la Compañía de Arcos, es muy
heterogénea. La Tubau es una inteligente
dama joven que desempeña sus papeles en
la comedia con gran acierto, luce, como variedad, una particular gracia, cuando canta
couplets, y en general, su labor anima al
aplauso. Arcos, también ha gozado justamente de las manifestaciones cariñosas del público, de un público especial que gusta de olvidarse de las fluctuaciones del cambio y de
las intemperancias del valor del infalsificable, con la tibieza de una sana risa que inspira la multiforme cara del humorista Arcos.
En cambio un famoso ,Trío España, que
trabaja en el propio teatro es una calamidad.
Toda la gracia que tienen los que lo integran
consiste en darle al tablado ciento cincuenb1
y seis patadas por segundo, plato más, plato
menos. Una demostración incontrovertible
de que los «crosseb o los texcelsior» son de
una resi:;.tencia verdt+niana y nada más. Debían consignarlos a cualquier cine democrático en un plazo no mayor de cuarenta y
.ocho horas.
COLON.-Sigue Antonia Mercé de la
Paz privando de entu'iiasmo a las gentes de
buen gusto. En los últimos días ha bailado
mósicadeGrieg y deMassenet, sobresaliendo
una «Danza Campesinu del primero. Durante esta misma stmana irá presentando algunas ».ovedades hasta llegar a bailar la «Danza
de los Siete Velos». Toda la intelectualidad
de México, toda la gente culta, noche por
noche deja en -la taquilla una cifra moderada y dentro del teatro, deja •p0lvo de manos&gt; de tanto aplaudir a la géntil- danzante.

La empresa del Colón y los cronista! de la
prensa metropolitana han organizado un concurso de caricaturas para premiar las tres mejores que se hagan de •La Argentina» en
cualquiera de sus bailes. En otro lugar publicamos la convocatoria.
"LA LUZ" .-No nos fuf posible decir
algo oportunamente relativo a la cinta im presiotiada por la señorita Emma Padilla y
el señor Agüeros. Esta fiilm nos ha demostrado que en México pueden hacerse buenas
películas, pero siempre que los directores o
empresarios procuren argumentos de buen
gusto y originales. Lo más reprochable de la
cinta es que hayan desarrollado el mismo argumento de •El Fuego» echado a perder por
algún aficionado a leer a Vargas Vila, La señorita Padilla es guapa, tiene condiciones
plásticas muy favorables para el cine y solamente necesita un buen director que la con duzca con acierto y que le sugiera algunas
otras visiones que no sean únicamente las
que nos ha dej¡'l.do ya en la retinR Pina Menichelli. La señorita Padilla debe convencerse, además, que puede tener una personalidad propia y con ella triunfar en el cine.
El señor Agüeros está más atrasado y necesita con mayor urgencia de una buena dirección. Ahora que nosotros creemos que en
México no hay todavía persona competente
para ocupar este puesto, ni menos aón cuando sigan las empresas que se dedican a la fa•
bricación de películas con la idea de poner
asuntos de sociedad de más o menos distin•
ción. Este género es insuperable ya. Las
marcas italianas y francesas son dueñas de
la exclusiva mundial y en cuanto deje de
ser novedad una peliculR mexicana·, por el
hecho de ser-mexicana, no tendrá. absolutamente aceptación. Es preferible q~e se de·
&lt;liquen a los asuntos históricos y de todas
maneras hacer venir de Europa los directo•
res artísticos. Costará más pero se evitará el
fracaso.
BUFFALMACO

EL PRIME:..R BESO
Viene de la pagina 5
nervios en tensión y medí a bailar, a.dar
saltos, a gritar ....
Pero mientras más me agitaba., mis impulsos crecían. Levantando en vilo una.
silla, la lancé sobre la cama, y allá mis•
mo fueron a dar, tras las sillas, todos mis
libros y los objetos todos de mi tocador.
Después, enloquecido, tiré de las ropl\S
del lecho y todo fué sacudido; leva.nté la
mesa de mi esLudio, golpeé · las sillas, removí furiosamente todos los muebles ....
Y reía como embriagado ¡Ella me ama•
ba ¡Ella me amaba .... !
Un golpe rudo dado en la puerta me hi·
zo leVantar la frente de sobre mis brazos.
cruzados sobre la mesa.
-Señor, seílorito, ¿qué se~ha visto m&amp;·
lo? preguntaba de fuera una voz servil.
Volví la vista a mi derredor y me quedé espanta.do del desorden que me circun•
daba. Muebles, ropas, libros, útiles, to·
do revuelto aquí y allá en inextrincabl&amp;
confusión.
-¿Qué había pasado? ¿había estado yo
aquella noche ebrio o loco?
Mi memoria se iluminó, y sonreía-, a. la
felicidad .. .. ¡Ella me amaba!
y un haz de rayos de sol entra.b&amp; pol"
la ventana, ábíerta de par en par, 11enaado con su luz de oro la estancia entera! .. ,

La. fiesta de kviación del domingo pasado El ministro de El
Salvador acompailado de varios Generales

AVENTURAS EN EL TENDEDERO

l. Ayude usted a un desgraciado pájaro.
II. Yo fui empollado en las azoteas de una cárcel.
III. Como usted comprende nadie quiere ayudar a un· pájaro nacido en la. cárcel.

U Sdinero,
T ED puede perder su
sin darse cuenta,

No compre
,:::J

ai no compra a los verdadero■ Agentes de este Despa ..

eho.

Máxico, marzo de 1917.

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Es la marca de los mejores.

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R. A. Day
Es el único y exclusivo Representante para este pais.

EMILIO HOMMEL
Una. escena de la comedia ''Retazo" estrenada en el Ideal
el último sábado.
14

lr:::::::::::::::-====

Un vuelo

'

a personas que no puedan probar ser Agentes de es te Depar·
mento.

La Fábrica
no servirá pedidos que no estén confirmados por el suscrito.

No serán despachadas
las órdenes por la Fábrica si se
hacen por conducto de otra
persona.

Le llegará la mercancía
Pero por conducto de algUn
comisionista de E. u,, y 1ntonces

Usted paga més
por el misÍno articulo.

~- A. DA Y, único y exclusivo ·Representante para la República.
,v. 5 de Mayo 32,

Despachos 310 Y 311.

MEXICO, D. F.
15

�Sección de Ajedrez
Acargo de E. González Martlnez jr.
PROBLEMA NU MERO 11.
Por KOHTZ y KOCKELKORN

Desde el próximo número

BLANCAS: P5CD, C3CD, C2AD, R3AD.
P5D, A5AR (6 piezas).
NEGRAS: R5TD, P3CD (2 piezas).
Las blancas juegan y dan mate en 4 jugadas.

PARTIDA NUMERO 16
GINOCO PIANO

PEGASO
realizará grandes reformas. En
su afan de publicar trabajos de
los intelectuales más distinguidos de la República, no ahorrará trabajo ni esfuerzo por ser la
revista literaria por excelencia.

Busque usted en el :próximo número, poemas inéditos de J ose
Juan Tablada.

Jugada en Berlin, en 1863.

NEGRAS

BLANCAS

B. Von GureyzkyCornitz.
l. P4R
2. C3A D
3. A4A
4. C3A
5. P X P
6. CXP
7. A2R (3)
8. ClCD (4)
9. C3D

G. R. Neumann.

l. P4R
2.
3.
4.
5.

C3A R
A4A
P3A
P4D ·

6. 0-0 (1)

7. P X P (2)

8. P5D
9. TlR
10. A3C

11. C3A
12. P6D!!
13. T X AII ( 6)
14. A5C!
15. C5D
16. D4D
17. D4TI

10. 0-0
11. ClR
12. P X P (5)
13. DX T
14. C3AR
15. DlD
16. C3A
Se rinde (7)

NOTAS

Por E. G. M.
(l) Una tentativa para transtormarel Glnocol'ta,
no en un brillante juego de ataque. En esta s i ~
se juega generalmente P XP en lugar de la ju

,

del
(2)texto.
SI T 1 R, la probable contestac16n de las negl'lt
serla CXP A para llegar a una situación semejante a
la de la famosa partida Hotrmann-Petroff. rada de
(3) E&amp; dlticll Indicar cual es la mejor retl
este Alfil. Lo pretlero A 8 C.
.
fCD
A 8 . C4T seguirla 9. ASD, CSD, 10. p
te~~~ndo ~; negras una situación sumamente comprometida.
CXP en la ul(6) Aparentemente la mejor, pero
ca buena.
(6) Una jugada decisiva Y elega11:, .A. cxc+II
¡7) Porque después de AX C. X ,
mat,.
negras perde rlan la Dama para poder salvar e1

y MEDIO DOBLES
PARA VENTANAS

~IDRIOS PLANOS,
SENCILLOS

David Bloch
1~ CALLE DE SAN TA TERESA NUM. 12.
Antes Escalerillas núm • 14 ·

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.....................

Mexicana 22-13 Neri.

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Va que la Estación de Lluvias se aproxima,
compre con tiempo un BUEN PARAGUAS.

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NUM. 1-7.

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LA CIUDAD DE- LONDRES

El Visitan te: Según la Guía, estos chismes dejaron de usarse a principios del Siglo XX.
CARICATURA DE BAGARIA,
tomada del semanario "España,"

�</text>
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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. Dir.ector Gerente, Jesús B. González.
REDACCION:
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Ramón López Velarde.
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DIBUJANTES:
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Antonio Gómez.
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Francisco de la Torre.
Alfonso Garduño.

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Antonio Castro Leal.
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Precios de subscripción:
En la Capital, 10 números. . . . . . . . .
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OFICINAS: A11enida 5 de Mayo, 32.-Edlfic;lo de la, BanGarla,-Departamento 121 y 12 !.-Apartado postal, 1408
· La correspondencia debe ser dirigida a la Gerencia.

Decir "TARDAN" es decir Moda.

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PEGASO

�EL PALACIO

ot HIERRO I
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REVISTA SEMANAL
Registrado como artículo de segunda clase el día 17 de marzo dC 1917.

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Mt;XIGO, D. f., 21 Dt; JUNIO Dt; 1917.

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EL PALACIO DE HIERRO
1

La Colonia Las Casas
Por ESTEBAN_ FLORES

He visitado la Colonia Las Casas y declaro sinceramente
no hay lugar más pintoresco que este rincón de la Mesa
tral. La civilización, con cuanto tiene de cristiana solicitud, ha
do por él, incorporándolo al vasto y complejo espectáculo
la vida moderna, sin despojarlo de las singularidades del ex-

mundo indígena. La evocación de nuestros ancestros reallí embellecida, poetizada por la risueña realidad presen' y la historia se ilumina de leyenda .. No es, naturalmente,
la resurrección del pasado: la naturaleza era entonces
iado salvaje para que ofreciera a nuestros ojos estos sua-

paisajes de vitalidad regulada y de serenidad profunda; el
bre, como la Naturaleza, crecía con tal exceso de fuerza
caía instintivamente en la violencia, el peligro y la sangre.
así, . ennoblecidos por la mano piadosa de la civilización,
emos presentar a las miradas extrañas, sin los encogimiendel bocborno, a estos pobres abuelos nuestros que han hefecundo el suelo patrio con el agua de su frente: y ellos,
ienles al fin del papel que han desempeñado en la génesis
RePública, sentirán un poco de orgullo al ver en la prolon'6n de su raza, armada definitivamente para sobrevivir, la
ha de su olvidada grandeza.

**•

Lo primero que se ve al descender del tranvía, destacándo-

Paseó una mirada complacida por el Valle, y como si sintiera placer y orgullo en referir los comienzos de la institución,
continuó:
-Al principio tuvimos muchas dificultades. Las familías se
negaban a dejar sus viejas pocilgas y las ·pocas que lo hacían
tardaban en olvidar sus hábitos de abandono y desaseo. La propaganda del baño; la lucha por hacer del jabón artículo de pri•
mera necesidad, el esfuerzo para desacreditar ante ellas mismas
1
su terapéutica bárbara, duraron mucho. Pero poco a poco fueron aceptando el baño, y el jabón, y todo lo que se ha creído
necesario enseñarles para salvarlas de las enfermedades y de la
muerte. Después, o mejor dicho, a la vez, se fué educando a los
indios en el arte de cultivar la tierra. Se le dió un lote a cada familia, un lote en propiedad, con una cómoda casita y los instrumentos de labranza necesarios para empezar .... Hpy, ya lo ve
usted, toda la hortaliza que se consume en la Capital sale de
aquí, es producto del trabajo de aquellos grupos de indios que
trotaban antiguamente por las calles de la metrópoli, como una
lepra ambulante, ante el gesto de asco de propios y extraños.
Hoy, todos saben leer ....
-Los mestizos, -observo, -han pagado al fin su deuda con
estos pobres restos de la raza de que salieron. El bien ha llegado
un l'oco larde, péro ha llegado ... , ·
-No, señor,-replica vivamente el máestro,-los indios no
deben todavía nada a los mestizos. Esta institución fué organizada
hace veinte años por un extranjero. Puede usted ver su retrato
en el salón de la escuela.
- Supongo que el clero mexicano habrá al menos ayudado ....
-El templo es protestante ..... .
Sorprendido por la revelación, me· vuelvo hacia el soI?rio
edificio donde los indios, al través de tres siglos de enseñanu
religiosa, continúan comunicándose con Dios.
Un anciano de ojos azules, cuya fiso11omía sonrosada por el
viento frío de la tarde respiraba bondad, salía en esos momeotos.
-Es el cura,-murmuró el maestro.
Y por sus labios aleteó una sonrisa tan amarga, tan cruel,
que me dejó largo tiempo pensativo.

lll!re la greña obscura y ·tupida de los árboles, es la torrepuntiaguda del templo y cerca del templo el edilicio de la
la, la rumorosa colmena donde los niños comienzan a desla clave del misterio de la vida circundante. Una angosta
ida que tiende su faja rectilínea entre macizos de verdura
uce hasta el corazón del disperso poblado. La chiquillería
de salir de claSe y corretea frerite a la escuela, alegre coIos pájaros que trazan en el aire las líneas efímeras de su
. Las voces castellanas alternan en la infantil algarabía con
oces desconocidas del dialecto indígena .... ,
Desde el lugar se abarca, cubriendo una. inmensa extensión
da como un mar, el conjunto simétrico de la Colonia, los
fios lotes separados por callejuelas y las humildes habitade los indios. Y más allá, casi en el horizonte1 flotando
indecisión del crepúsculo, las torres centenarias de las
' s coloniales, a donde esta raza vencida, primero por las
Y después por la esclavitud, llevaba antes su desventura
'osa, sus andrajos purulentos y sus piojos bravíos.
El maestro de escuela, un indio de 50 a 60 años, limpio y
'
O, se acer.ca.
Ya sé que me.vais a decir que la Colonia Las Casas no exis-Hermoso éspectáculo,-le digo.
te en ninguna parte. En efecto, no existe.
-En efecto,-conlesla sonriendo.-Pudo mucho que haya
Pero suponed que estamos en el año de gracia de mil novela República algo semejante.
cientos ochenta y siete. . . .
.

~EGASO

3

�E~
LA ,.!\. USEN CIA

Por ANTONIO CASTRO LEAL
ESPECIAL PARA ' 'PEGASO":
But he .conquered her. Love is like that.

The Matador o/ the Fz've· To w ns.

I

Jorge nunca había tenido conciencia
de sus deberes; los cumplía só_lo por no
violarlos, siempre con facilidad y a veces
con gusto. No encontraba en ellos la fuerza imperativa que le asignan los moralis•
tas, los ancianos y los infortunados. Entre .dos deberes exclusivos hubiera optado ¡ior el cumplimiento del menos interesante, porque se sentía más obligado
por esos deberes incompletos, laterales,
que por los otros, los categóricos. Por
eso cuando su amigo Leonardo le pidió
que cuidara de sus negocios durante su
ausencia de la metrópoli, Jorge dejó de
asistir a la Universidad con todo gusto,
y no creo que haya abierto entonces otro
libro que el de los cuentos de las Cinco
Ciudades, de Arnold Bennett.
Los negocios del ausente eran de diversas clases y comprendían: un juicio
de divorcio ya tocando a su fin, el cobro
de algunos viejos pagarés, el cuidado de
su familia y además -sobre este punto
había recomendaciones- la atención de
su novia. El cariño de Leonardo encon•
tró mil situaciones difíciles para la experiencia de su novia, de las cuales sólo el
conocimiento y la actividad de Jorge podrían salvarla. ¿Quién le diría cómo se
manda un telegrama, cómo se recoge
una carta rezagada? ¿Cuáles libros podía
leer y cuáles no? ¿Quién podría cambiar•
le a buen precio sus entradas en moneda
extranjera? Y si el caso se presentara
¿cómo sabría dónde se cobra un giro pos•
tal y dónde están las oficinas de contribuciones? ¿Y cómo exigiría al fotógrafo,
sin un rival acompañante, la devolución
de su dinero, cuando en el retrato apareciera con la nariz ligeramente larga?
Est~ último ejemplo era uno de !Rotos
humorismos que Leonardo decía sobre
su novia, siempre que deseaba informar
a su intel'locutor de que también recono•
cía, a pesar de estar enamorado, la tri•
vialidad de ciertas exigencias femeninas.
Las atenciones que Jorge tendría que
pfestar a la novia de su amigo eran la
parte más importante y más difícil de los
encargos del ausente, y quería cumplirla
en la sobriedad que se pone en todos los
deberes y con el interés que despiertan
aquéllos en los que figura una muchacha
de diez y ocho años. Pensó cómo hubie-

ra cumplido este delicado deber su amigo si estuviera en su caso, y después de
aproximadas conclusiones, tomó la deter•
minación de cumplirla con escrupulosa
puntualidad. Así lo hubiera hecho Leonardo.
Leonardo era más llano que él, más
fácil a servir y a ayudar a los demás,
también conversar con los demás. Jorge,
que no gustaba de esas cualidades democráticas que nos hacen corteses con
todos, lo llamaba frecuentemente oficioso; pero ~abía que otros lo calificaban de
amable. La diferencia entre Jorge y su
amigo era simbólicamente ésta: la explicación que el primero hubiera dado al
desconocido de un tranvía en una palabra, le hubiera robado al segundo diez
minutos, Je hubiera creado la obligación
de te'n der la mano y de ofrecer sus se·
· ñas. ¿La amabilidad -como la entendemos comunmente- no es una exageración?
·
Jorge quiso desempeñar sus deberes
con la misma plenitud de Leonardo, con
la misma exageración. Visitaba dos veces diarias el juzgado donde se tramitaba el juicio de divorcio, telefoneaba todos
los días a los. firmantes de los pagarés,
se enteraba con disgustante frecuencia
de la salud de la familia de su amigo, y
a la puerta de la novia temporalmente
abandonada, llamaba a las siete de cada
noche, con la regularidad de un reloj en
su primer mes de uso. Su puntualidad
era enfadosa para los deudores y para la
familia; era cómica para los empleados
del Palacio de Justicia y era indiferente
para Teresa, la novia de Leonardo. Jorge era para ella un simple interlocutor
más, sin otra personalidad que la de conocer íntimamente a su novio.

Cierta ocasión, cuando mostraban un
anillo curioso, Teresa explicó:
- Yo ya conocía esta joya, la ví alguna
vez. ¿Cuándo la ~í. . . ? ¿cuándo ....
-¡Una vez que ibas con · Leonardo!
-interrumpían.
-U na vez que iba con Leonardo. Cie,.
to.
De este modo, en apariencia acciden.
ta], introducía Teresa a su novio en la
conversación; pero empezabaa notar que
era una trilmpa que rechazaban todos
huyendo el giro sentimenfal. Con Jo~
era más abierta, más directa, más fran.
ca; no disfrazaba su propósito de platicar horas .enteras, sin interrupción, del
recuerdo de Leonardo. Por esto la pun- '
tualidad de Jorge en el cumplimiento de
los encargos amistosos, era agradable
para ella. Empezaba, por ejemplo, de e,.
te modo indudable: - Con ese traje luí
CQn Leo a la exposición de pinturas ....
Y luego Leo, como ella lo llamaba, 11•
naba la conversación, agotaba los adjetivos amables, provocaba llantos; risaP,
anécdotas; atraía el álbum .de fotografías,
el necessaire, la memoria de escenas,
frases, enojos. Todo en desorden, nam,
do con la precipitación de un espíritu
preocupado por recuerdos sin fronteras;
sin afán literario; rePitiendo una misma
historia, con la redundancia de una imaginación normal, de un tempei:amento
verídico. Y Jorge atizaba la resurrección
del Ave Fénix ausente con observaciom
biogcráficas, y tenfa que repetir todos Ice
días los elogios de .siempre, en crescendo.
-Es un buen amigo, -decía.
- Lo que se interesa por todÜs!. ...
-Es un excelente amigo, -corregía.
-¡Ojalá que todos fueran como él!
- Es mi mejor amigo, -agregaba.
- Cuando yo veo que se intéresa por
tí. .. .
-Es mi único amigo ...
- Lo creo .... él. ...

I
Teresa no tenía más que un nombre
en sus labios: Leonardo: y toda su conversación, después de cinc,1 minutos, venía a desembocar al crucero inevitable:
Leonardo. Lo sabían ya todos y adquirían
frente a ella la suspicacia del cazador que
adivina el ptóximo lugar en Ja línea del
vuelo de un ave.
- Un sombrero elegantísimo -decía
Teresa-, de un color raro como .... co·
mo .... como la corbatadeLeonardo!
-¡Justo!

PEGASO

✓

#

Excursión poco satisfactoria por los
_campos de batalla.

-¡Es el único amigo posible en la tierra!
III

Ala noche siguiente se platicaba de lo
)orrible que es el •1812• de Tschaikowsty, y Teresa, sin consideración a los nerrioS de su tía, gritó en falsete:
-Jorge, ¿qué piensas que encontré?
-No me imagino .... a~gún autógrafo
Tschaikowsky.
-¡Oh! encontré ti botón que se. desndió del chaleco de fantasía cte Leo,
uella vez que vailamos hasta el infini•
Aquel martes que Leo vino sin bigo¡Qué raro 1se veía! Sin embargo su bi•
te ...
Yde este modo desembocaba siempre
conversación al crucero fatal de todos
pensamientos de .Teresa, y de nuevo
mismas anécdotas, aumentada con ras-

gos imaginarios la escena del baile donde
se conocieron, ejemplares menos perfectos de las mismas fotografías, inevitable
cresce11do en la sinfonía de los elogios.
No necesitó mucha sagacidad Jorge para comprender, al cabo de una semana,
que ponemos a veces exag-erada puntualidad en el cumpJimiento de nuestros deberes menores, y una noche prefirió l~.
lectura de El fin en el Derecho, de Von
Iherinl!, a recordar en compañía de una
muchacha enamorada la historia de un
ausente.
Leonardo volvió poco después, antes
de que su novia se diera cuenta de que
había desertado su último interlocutor, y
antes también de que fueran cubiertos
los viejos pagarés. El juicio de divorcio;
por otra parte, no concluye todavía.
Abril, 1917.

'

IMPRESIONES DE ARTE
La orquesta de Franz Kaltenborn
POR ALVA HERRERA Y ÜGAZÓN

(Especial para Pegaso.)
Es uno de los más vivos recuerdos que
conservado de aquel tórrido verano
yorkino.
Después de las horas de estudio que
hi calores excesivos habían trocado en
abominable tortura, los conciertos
alaire libre eran la onda refrescante en
~ me zambullía ,.;on ansia,- donde cobraba fuerzas mi entusiasmo cuando el
nho sofocante de ese clima enervador
amenazaba ·anonadarlo por completo.
Aquella rotonda del Central Park,
,residida por un enorme BPethoven bron·
cineo que erguía su testa ceñuda y olím.
¡ica bajo el palio movedizo de los olmes
Mhíase vuelto mi paseo predilecto.
leeaba hasta allí una sola ráfaga del espito metropolitano, del aire viciado de
las avenidas, con su tráfico febril, el hor, ear de sus multitudes atareadas, el
trueno incesante de sus ómnibus y tran•
!las. Parecíame estar a mil leguas de la
· osa ciudad a pesar del público nullerosísimo apiñado en las gr~derías, ana con,fusión de claros vestidos estivales que ponían grandes manchas pálidas
la penumbra. Los árboles habían tepantallas de follaje a los focos incandescentes, y la claridad cegadora se atelnaba a través de ese bordado espeso.
!ncambio, el pabellón central, ocupado
rnente por la orquesta, era un núcleo
de cruda iluminación; atriles e Ínstru•
~tos despedían brillos repentinos: la
"'"ta metálica relampagueaba en la diesh del músico de rala melena rubia, que
diridos¡¡fa con gestos desenvueltos y gallar' Esparcíanse las dulces e intensas
lllooridades en el ambiente tibio, como

N¿

sortilegio destinado a hip;otizar todas las
almas ....
Desde su pedestal de granito. Beethoven, con los labios contraídos y las penetrantes pupilas clavadas en el vacío, parecía prestar atención a las terribles excelsitudes de su propia música. La sinfonía poblaba el aire ·de un estremecimiento sombría, de un sobresalto trágico; y
la misteriosa vida que palpitaba en esa
música con violencia invencible, tenía el
don de despertar en mí un verdadero
tumulto de sensaciones e imáieneS. Era
un tropel de indefinidos deseos, una fu•
ga de pensamientos imprecisos y extraños, rodando confusamente en el cerebro¡
Y era, también, una nostalgia inmensa
que brotaba con la adivinación o el presentimiento de un estado de conciencia
·sobrehumano, de una espiritualidad divina e infinita .... ¡Ah! .... y os aseguro
que, cuando cesal;ia de correr aquel torrente de augusta y prodij!iosa música,
el regreso a la realidad dejábame de pésimo humor; nadie encuentra divertida
la ocurrencia de despeñarse de las nubes
en lo ~ás bueno de una excursión por
aquellos radiantes mundos. . . . El hecho
es que me molestaban la proximidad de
la muchedumbre, el bordoneo de las
conversaciones, el prosaico espeCtáculo
de los músicos descansando sus instrumentos y enjugándose frenéticamente la
frente y el cuello. . . . Pero el roto encanto rehacía pronto sus hilillos luminosos·
la ingenua inspiración de Haydn arroja~
ba en los espíritus una fresca bocanada
campestre, la música mozartiana surgía,
fina y frágil, como _milagrosa flor de

PEGASO

cristal. . . . Y después, el exaltado neuroticismo moderno: Wagner, Tschaikowsky, Berlioz, Grieg .... un fastuoso festín
musical .... ¡una ore-ía! ....
Cierta noche escuchamos el Danubio
Azul tocado a la vienesa, pero tocado
con tal perfección, que la obra se enno•
bleció, se idealizó de manera increíble,
- y, a pesar de encontrarse incrustada
en un programa clásico, produjo el más
exquisito efecto. El austriaco Kaltenborn,
cediendo a un impulso imprevisto, arrojó la batuta, echó mano de un violín, y
amorosamente abrazado a él, rompió a
tocar. El vals voluptuoso derramaba las
añoranzas vagas de su ritmo, arrebataba
en sus ligeras y brillantes alas a los mis. mos músicos que lo hacían vivir. La frí•
vola odisea desgranábase como deslumbradora explosión de luces multico~o'res,
y el solista improvisado, con la cabeza
baja y los ojos entornados, parecía aban•
donarse a un vértigo de alegría, arras•
trando a la orquesta a través de sorpi-en·
dentes matices, «rubatos» deliciosos, y
mágicos juegos de luz y sombra; con los
-ojos entornados y el alma suspensa, de·
jaba mecer sus recuerdos, seguramente,
sobre las ondas del río familiar. Y se
desprendía de su ejecución tal potencia
sugeridora que el auditorio sentíase trans~
portado también, a orillas de ese Danubio azul, Danubio de ensueño, donde flotan, como prestigio inmarcesible, los can•
tos épioos de Liszt, y la blanca melancolía de Franz Schuber.t ....
¡Buenas audiciones que desplegab;n
su magnificencia multánime bajo el pa·
trocinio de la huraña efigie beethovia•
na . . . . ¿Vendrían muchos «habitués» Ge
constancia tan ejemplar como la mía? ....
Todavía la víspera de mi partida para
México acrdí puntualmente a escuchar
la suite de Mac Dowell, En Octubre.
Música bella, suave y profunda, que parece revestida del manto de púrpura ·y
oro viejo con que cubre el otoño las
campiñas aletargadas y friolentas. A tra-

CARICATURA EXTRANJERA

,'!_!

J

~_,t¡
'

,-e'

· r

4 ,,

~

--

.....

~ El Tío Sam:
-Dicen que es el primer jugador del
mundo¡ pero no lo creas. Le pegaremos.. . ·.

5

�El General Dubois visitando las posiciones cercanas de Verdún después de los últi~os combates efectucidos en esa región.

vés de esa concepción surca una corrien-

te de serenidad absoluta, de quietud perfecta; es la paz profunda que baña los
bosques cuando se desprenden las hojas
amarillas y crujientes, -es la paz completa que precede al fin, la severa calma
de _toda consumación. La palabra fué
pronunciada, la página está escrita, el
beso estalló y enfriase en los labios, el
verano se ha cumplido. Las palideces
del paisaje toman tintes opalinos, la nie-·
bla empieza a velarlo todo, como el olvido extendiéndose insensiblemente sobre
lo pasado; reposa la tierra en la suave
tristeza que cae del horizonte mezclada
a la lluvia de las hojas quejumbrosas ....
Es la pasión realizáda extinguiéndose por
sí misma, la sociedad dé la vida que se
declara colmada, la canción que termina.. .. ¡Es todo el Otoño! ... :

Y me llevé como última impresión el
éxtasis casi místico de ese adorable poema; tuve el valor de partir al final del
número . ... cuando el programa prometía, aún, la obertur&amp; de Tannhauser.
Pero, antes de marcharme, había con-

templado largamente, largamenté, el anfi_teatro pleno, con su friso de frondas
y globos luminosos,-el kiosko feérico
donde.imperaba aquel austriaco de rala
melena rubia.

había arrojado una mi-

rada de adiós al busto del maestro, siempre defendido por su trémulo palio de
ramajes. . . . Allá, detrás, la orquesta
iniciaba el coro de los peregrinos, y el

himno amplísinlo disolvíase en dolientes
vibraciones bajo un cielo de terciOpelo
sombrío y agujereado por innumerables

estrellas ....

La Actualidad Extranjera

del motor de un avión! Tan Pronto como
imagina que su presencia ha sido descubierta, no piensa sino en partir y, donde quiera que se inStala, quiere la casua-

lidad que caigan los proyectiles enemi•
gos. De A•vricourt, fütel Federico se
traslada a Fretoy-le-Chateaux. Durante
ocho días, camiones y carros de caba11oa

conducen al castillo de Fretoy, propiedad
de M. Dubois, Consejero del Tribunal de
Cuentas, el menaje del Conde Balny
d'Avricourt, porque Eitel pensó que sn
nueva habitación no estaba preparada
con bastante lujo para recibirlo. Pero no
espera a que los muebles estén en su sitio; quiere hallarse seguro desde luegoy
su primera ocupacirin es hacer que algunos prisioneros rusos caven el indispensable abrigo subterráneo.
Transcurre un mes en la más absoluta
calma.
El príncipe descansa; se muestraalos
habitantes del lugar; para revistar y, comolo acostumbraba en Avricourt, rea·
nuda en Fretoy su curación para enfla·
quecer. Vésele todas las mañanas, rojo
y sudoroso, ocupado en azadonar un pe-

Las cam. pañas de Eitel Federico, princi pe prusiano

dazo de tierra en el parque del castill~
pues Eitel es gordo, demasiado gordo l

da no conoceríamos nada de sus talentos
guerreros si no dejara en pos de él, por

vive desolado de serlo. • Las emociones

Sin brillo alguno se ha mantenido la
reputación militar de Eitel Federico,
príncipe prusiano, segundo hijo de Guillermo II, aunque pronto hará tres años
que hace la guerra a los franceses. Con

donde quiera, las lamentables huellas de
sus estadas. La historia de las campañas
del Príncipe Eitel Federico pueden redu-

frecuencia los partes alemanes mencio-

cirse a reseñar sus mudapzas de casas.

nan los méritos del Kronprinz, que también son muy celebrados en las enardecidas .órdenes del Emperador; pero el

A fines de octubre de 1915 Eitel Federico fué a instalarse al castillo de Avric@urt, propieded del Conde Balny d' Avricourt. Del pueblecito y del castillo no

hermano segundogénito continúa siendo

un general oscuro. Comanda la segunda
división de la guardia - es lo menos que
puede hacer un Hohenzollern- y sin du-

existen ahora más que amontonamientos

de ruinas. Pero antes de la empresa de
devastación general llevada a cabo por el

no lo adelgazan. Los médicos han decla·
rada que no hay otro arbitrio queelejer·
ciciu, para lograr que se funda la fasti·
diosa grasa. El príncipe obedece: remo~
ve la tierra con 0bstinación.
Pero he aquí los aviones franceses que
de nuevo turban la tranquilidad de la re-

sidencia del comandante de la se¡¡unda
división de la Guardia. El 27 de julio estallaban bombas en los alrededores
castillo y hacen blanco en la central tel~

d'

fónica de la división.

porque los aviones franceses lo habían

localizado y bombardeado. Además, el
abrigo fortificado que había hecho cavar

t

ral.
El día primero de septiembre, la se¡unda división de la Guardia y su. jefe
sedirigen hacia el Somme, donde la batalla hace destrozos .... iEitel se establece en el castillo de Templeaux-la-Fosse! Apenas tiene allí quince días cuando
descienden sobre· la casa un centenar de

¡ranadas. Todavía recuerdan los. artille-

ros franceses la alegría que les causó esa
andanada en obsequio del príncipe. Era
nna hermosa pieza de marina, larga y fina, la que así saludaba al segundo hijo
del Kaiser; riéndose la servían los inarineros; cerca de ella, el capeUán de la bri¡a.da de fusileros marinos parecía ben-

Eitel, refieren las alarmas y la ruda existencia de éste, del siguiente modo:
-¿El príncipe?-dice una mujer¡Ah, sí, l~ conocimo·s mucho! Cuando es•
. taba aquí era muy duro con nosotros.

querían mucho: ¡como que les procuraba
los mejores alimentos de por aquí! ¡Ah,
dicen también que no es muy bravo!

Era indispensable, absolutamente indis-

Este príncipe terrible con los débiles,
este general inquieto por el ruido de un
avión, ha hecho la más implacable de las

dieran homenaje. Le hablaba a una al

guerras a las habitaciones de los humil-

encontrarla: quería hacer el papel de

des, a los árboles, a los huertos y a la tie•
rra. El sector de su división es un modelo de devastación minuciosa. De las al-

hombre bueno. Siempre que él estabJ
aquí, teníamos diariamente visitas domiciliarias. Un día nos quitaba una cosa¡ al
siguiente, otra': por donde quiera hurga-

deas no ha dejado piedra sobre piedra;
en los campos no hay un árbol en pie.

ban. Los soldados, sondeaban la tierra

Diríase que Eitel ha querido alcanzar el

con arpones; así descubrieron muchas
cosas que habíamos escondido, y se las

renombre de Atila, su padrino.

llevaron. Estaba una condenada a traba-

decir cada descarga; H. G. Wells, el
ilustre escritor inglés, que había ido al
frente del Somme, escuchaba la fuga

jar en toda clase de ocupaciones. El
príncipe en persona picaba ensalada en

musical de los proyectiles; el sol poniente inundaba de magnífica luz la tierr~

queta y removía la tierra con un· azadón.

leonada de la mesa de Flaucourt .... Dos
días después se supo que Eitel había
allandonado a toda prisa y sin pompa el
C!Sllllo de Templaux, para instalarse fuera de~ alcance efe los cañones franceses.
Afines de septiembre, cansado del tu-·
~ulto de las batallas y sin haber perdido

cho hemos padecido con él. Nos maltrataba. Pero los soldados de la Guardia lo

pensable que lo saludaran inclinándose
hasta el suelo y que las mujeres le rin-

el jardín de la granja, Se quitaba la ch11Dicen que era para enflaquecer. El hecho es que tiene un busto femenino. Mu-

En la legión desolada que se extiende
entre Villequier-au-Mont, Flavy-le-Martel y Jussy, no queda ni una construcción, excepto una que edificaron para so-

laz de su amo los soldados de la segunda
di visión de la Guardia. Entre lo que !ué
la villa de Faillouel y las ruinls de Fiavy•
le-Martel, levántase sobre una colina un
edificio rústico: semeja un pabellón campestre o de caza. En derredor, los flancos
de la colina están cubiertos de mánza•

nos destrozados; más allá de donde alcanza la vista se extiende el espectáculo
desolador de la naturaleza asesinada, y
el pabellón que 1 aislado, contempla esos
campos de muerte, causa la impresión

Cien gramos de su obesidad, ·volvía el

príncipe a su cuártel general de Fretoy.
Pero a la sazón el castillo le pareció delllasiado expuesto. No obstante que habían reforzado los muros y que la espeme de escarpa que lo rodea había sido
~bierta de rainajeS'por todas partes, no

del testigo sospechoso de un crimen. Se
asombra el espectador, pr~gunta y se le
señala una inscripción: Eitel Friedrich
Schnz (reducto de Eitel Federic.o). En-

le hallaba

tranquilo allí el Hohenzollern.

trad y os encontraréis en una pieza tapi-

En el castillo sólo permanecía el tiempo
de las comidas, acompañado de sus ofi-

zada de papel azul celeste realzado con
varillas doradas y amueblado con sillones de madera tosca, una mesa y algu-

nos escabeles. Allí iba Eitel Federico de
Prusia a olvidar sus alarmas. Delante de

él estaba )a rica tierra de Francia y tal
vez, sabedora de que un día debía abandonarla, la devastaba sistemáticamente.

unicada por un pasillo subterráneo

un abrigo blindado. Algunos vigías

Pero de nuevo Eitel, el rubio Hohen-

en fin, el miedo se había apoderado de él

~n cons.tantemente. Así es cómo po-

irremisiblemente. ¡Había que partir}
¡Extraña carrera de guerrero la de ese
príncipe, comalldante de una división de

dormir el príncipe, y ahora los habites de Fretoy-le-Cbateaux, que lentalllente salen del receloso aturdimiento en
'l1le los había sumergido la presencia de

zollern, cambió de casa con la retirada
alemana. Ahora su división se bate cerca

no le parecía una protección suficiente y.

6

Toque de retirada, seguido de la orden
de trasladarse a un nuevo cuartel uene•

eiales1 siempre listo para correr a su estondite al primer ruido sospechoso. Palba las noches en un edificio vecino,
- casa de cortijo, propiedad del hos. de San Quintín. Su alcoba estaba

ejército alemán en marzo último, el

Príncipe Eitel Federico había desocupado, desde 1916, el castillo de Avricourt,

Casa improvisada que durante algún
tiempo ocupó el Príncipe Eitel.

ªf

Imponente manifestación en p 1'
t 1
t 't
tiend
s, an e a esª. ua de Lafayette, con motivo de la entrada de los Estados Unidos en la cona europea.-- umaltuosa sesión eo la Duma, pocos dí~s después de la caída de Nicolás II.

la guardia imperial, que tiembla al ruido

PEGASO

Casa abandonada -por el Príncipe Ehel
en su retirada hacia el Este.

El Príncipe Eitel.

PEGASO

de Laon.
¿A qué castillo de Francia ha llevado
el príncipe su obesidad y sus angustias?
7

�~
DE RAMON LOPEZ VELARDE

Retozad. en el césped,
cual las fieras del Baco
de Rubens;
y luego .... la paloma
que baja de las nubes.
Riéndose, solemne;
y quebrándose, indemne.
Que me sea total
y parcial,
periférica y central;
y que al soltar mi rr.ano
la antorcha de la vida,
con la antorcha caída .
prenda luego a mis lacios
cabellos, que han sido antes
ludibrio de las uñas
de las bacantes.
Que me rece con rezos abundantes
y con láerimas pocas;
más negra de su alma
que de sus tocas.

La estrofa que danza ,
·A

Antonia Mercé.

Ya brotas de la escena cual guarismo
tornasol, y desfloras el mutismo
con los toques undívagos de tu planta certera
que fiera se amanera al marcar hechicera
los multánimes giros de una sola quimera.
Ya tus ojos entraron al combate
como dos uvas de un goloso uvate;
bajo tus castañuelas se rinden los destinos,
y se cuelgan de tí los sueños masculinos,
cual de la cuerda endeble de una lira, los trinos.
Ya te adula la orquesta con servil
dejo libidinoso de reptil,
y danzando lacónica, tu reojo me plagia,
y pisas mi entusiasmo con una cruel magia
COl,IlO estrofa danzante que pisa una hemorragia.
Ya vuelas como un rito por los planos
limítrofes de todos los arcanos;
las almas que tu arrullo va limpiando de escoria
quisieran renunciar su futuro y su historia,
por dormirse en la tersa amnistfade tu gloria.
Guarismo, cuerda, y ejemplar figura:
tu rítmica y eurítmica cintura
nos roba &amp;. todos nuestra flama pura;
y tus talones tránsfugas, que se salen del mundo
por la tangente dócil de un celaje profundo,
se llevan mis holgorios al azul pudibundo.
14 de junio. '

Tierra mojada ....
Tierra mojada de las tardes líquidas
en que la lluvia cuchichea
y en que se reblandecen las señoritas, bajo
el redoble del agua en la azotea ..• ,
Tierra mojada de las tardes olfativas
en que un afán misántropo remonta las lascivas
soledades del éter, y en ellas se desposa
con la ulterior paloma de Noé;
mientras se obstina el tableteo
del rayo, por la nube cenagosa. , . .
Tarde mojada, de hálitos labriegos,
en \a cual reconozco estar her.ho de barro,
porque en sus llantos veraniegos,
bajo el auspicio de la media luz,
el alma se licúa sobre los clavos
de su cruz ... .
Tardes en que el teléfono pregunta
por consabidas náyades arteras,
que salen del baño al amor
a volcar en el lecqo las fátuas cabelleras
y a balbucir, con alevosfo y con ventaja,
húmedos y anhelantes monosílabos,
según que la llovizna acosa las vidrieras . .. .
Tardes como una alcoba submarina
con su lecho y su tina;
tardes en que envejece una doncella
ante el brasero exhausto de su casa,
esperando a un galán que le lleve un brasa;
tardes en que descienden
los ángeles, a arar surcos derechos
en edificantes barbechos;
tardes de rogativa y de cirio pascual;
tardes en que el chubasco
me induce a enardecer a cada una
de las doncellas frígidas con la brasa oportuna;
tardes en que, oxidada
la voluntad, me siento
acólito del alcanfor,
un poco pez espada
' y un poco San Isidro Labrador ... .

Dejad que la ala be ....
¿Existirá? ¡Quién sabe!
Mi instinto la presiente;
dejad que yo la alabe
previamente.
Alerta al violín
del querubín
y susceptible al
manzano terrenal,
será, a la vez, risueña
y gemebunda,
como el agua profunda.
Su índice y su pulgar,
con una esbelta cruz,
esbelto persignar.
Diagonal de su busto,
cadena alternativa
de mirtos y de nardos,
mientras viva.
Si en el nardo canónico
o en el mirto me ofusco

Ella adivinará
la flor que busco;
y, convicta e invicta,
esforzará su celo
en serme, llanamente,
barro para mi barro
y azul para mi cielo.
Próvida cual ciruela,
del profano compás
siempre ha de pedir más.
8

PEGASO

José Enrique Rodó entre las tazas de té
Para ANTONIO CASO

Alrededor de la mesa de un café, de
primera clase, toma té (corriente como
el de todos los cafés de México) un pequeño concurso formado por tres personajes, que visten con discreto mal
gusto. Ninguno pasa de los veinticinco
años. Son el Conforme, que tiene la mala costumbre de pensar bien de todas
las cosas; el Irrespetuoso, que ejercita
el peligroso hábito de pensar mal de
todas las cosas, y el Crítico, que posee
la cualidad de pensar, a su vez bien y
mal de todo el universo. La conversa•
ción del cenáculo ha pasado de la diva·
gaci6n al humorismo, y de éste ha entrado a saco en la opinión personal y
ha adquirido la eficiencia de un motor
en marcha.
El Irrespetuoso. -Hay una época en
que los literatos deben morir para no
complicar los cuadros de las historias
literarias. Rudyard Kipling está de sobra
en el mundo; debió de morir, de tristeza,
el mismo día que la Reina Victoria. Ro·

nosotros entusiasmo y esperanza. Fué
uno de los pocos que en medio del posi·
tivismo rastacuero de los hispan&lt;rame•
ricanos levantó su voz para defender la
parte del espíritu.
El Crítico.-Fué su prédica la consideración optimista de que el hombre es
una obra de arte que puede alcanzar la
perfección; fué la enseñanza clásica de
una vida armoniosa que por ascenciones
insensibles, que por cambios inconscien•
tes, nos llevará en .el culto de nuestra
propia vocación, con serenidad y a veces
hasta con heroísmo, a la cumbre excelsa
donde ~onversan de sus propias Iligenias

dó murió a tiempo, y muriendo en Roma
hizo una elegante concesión a su bio2ra·

fía.

•

El Crítico.- El literato cuando es vie-

jo exa¡¡erá sus electos y pierde algunas
de sus facultades, de tal modo que las
obras de la vejez nos descubren, como
un reactivo, las manchas de toda su obra,
así como el rostro envejecido de la madre nos confiesa las inadvertidas imperfecciones de la hija. Todo escritor viejo
se traiciona cuando escribe.
El Conforme.-Rodó sabía reformarse
y estaba abierto a todas las corrientes.
como un renacentista .
El Irrespetuoso.-(rápidamente.) Y
entendió a Grecia tan mal como el último
de los renacentistas, Winckelmann. U na
Grecia infantil, graciosa y sencilla, lle•
na de mármoles y de blancas teorías, una
especie de simétrico invernadero para
Sófocles y para el bello Carmides. ¡Grecia tuvo ladrones y canallas, pleitos y
casas sucias!
El Crltico.-Eso lo sabe Rodó; pero
eustaba más de la Grecia de Sófocles y
de Platón porque ella le regocijaba el espíritu y le revelaba profundamente la
inteligencia de aquel pueblo y una de.las
actividades más brillantes de su vida. Ha·
bló de ella algunas veces con la frialdad
que acostumbran los escritores académi•
COS, pero . ... eso es una simple cuestión
de estilo.
~l Conforme.-Eso no perjudica a su
obra, que llena tan bien su objeto. Fué
un amable y sereno maestro que nos hizo pensar a todos en nuestra posible perfección, que nos predicó obedecer el íns•
tinto de la vida gobernándolo eón la más
Cllidadosa razón, que despertó en todos

Jo~é Enrique Rodó.

los dos ancianos divinos, Sófocles y Goe'
the. No creo por la incapacidad de los
más, en la eficacia popular de tales ense·
ñanzas.
El Con/orme.-Sin embargo Ariel ha
dejado en todos sus lectores un gran entusiasmo por su propia vida y por el porvenir de América. Un estudiante conocí
que no vió a la América como patria es·
piritual hasta después de leer ese folleto.
El Irrespetuoso. - Yo recuerdo que
cuando lo leí me pareció tan vago que no
logró entusiasmarme. El arielismo es,
seguramente, una concepción falsa de la
vida. Mientras todos tengamos que decir
como Calibán, I must eat my dinner (¿y
quién no lo_tiene que decir?) habrá una
parte en nuestra existencia que la consa•
graremos -honradamente o no- a las
labores de Calibán. El noble Calibán es
el hombre rico; el sutil Ariel es el artista
o el apóstol. Como prédica yo hubiera
preferido el calibanismo, porque Calibán, ya sabéis, es el •protector dé las
ciencias, de las letras y de las artes•.
El Critico.-No pretendo afirmar que
Rodó ofrezca la única ni la más perfecta
enseñanza que a la juventud conviene;
pero sus enseñanzas son superiores a la

PEGASO

de aquéllos que quieren fundarse más en
v u I g a r e s consideraciones socio1Cl2'icas
que en los datos de la psicología. Es una
enseñanza Oril!'inal, es la voz del sabio,
en el sentido antiguo de la palabra.
El Irrespetuoso. - Mi amigo, exageras.
Para aprender que «reformarse es vivires más provechoso leer la biografía del
látuo de Goetbe que los Motivos de Proteo. Recomendar que uno se transforme
y que dirija por la más recta voluntad s~
transformación, debe enseñarse con el
ejemplo, no con los principies, que son
tan inútiles como los consejos de los ¡¡.
bros que tratan del •éxito en la vida•.
¿Quieres ganar en el juego de cartas?
Escucha los consejos para el éxito: •En
el juego de cartas es verdaderamente necesario confesar el error de permitir que
el contrario gane. ¡Ten ánimo y haz por
ganar! Vivimos en el tiem_po de la ciencia y del sentido común y,-está probado
definitivamente que en todo juego donde
hay dos, si uno no gana, el otro puede
hacerlo•. No hay nada como guardar la
armonía de la vida, poner voluntad cuando conven23, ofrecer heroísmo cuando
se necesite, cuando lo exig-a la ocasión
dejarse llevar, perO transformarse cori~
tinuamente. ¿Y qué? Necesítamos saber
los casos en los que se ha puesto heroísmo, en los que se ha abandonado todo a
la armonía postestablecida, o no saber nada. ¡Ten entusiasmo! es igual a ¡Ten éxito en los negocios!
El Conforme.-Es raro que desconozcas que las enseñanzas de todos los moralistas son así, tienen que ser así . . . .
son consejos generales, máximas que tú
aplicarás a su tiempo . . , .
El Irrespetuoso.-El consejo antiguo
cuando no estaba fundado y sostenido
por un sólido razonamiento que le comunicaba la fuerza filosófica, ·como en los
discursosdeEpicteto, era reducido, comprendía algunos de los pequeños actos
de nuestra vida diaria. El libro de Marco
Aurelio principia: •Aprendí de mi abuelo
Vero a ser de honestas costumbres y no
enojarme fácilmente•. ¿El libro de tu
maestro enseña algo tan precioso y trivial como no enojarse fácilmente?
El Crltico.-Pero así como el inteligente lector de los fragmentarios moralistas franceses entiende la vida con sutil
escepticismo y con sabia malicia, Rodó
qui~re que el lector de sus libros la vea
con entusiasmo, con esperanza, con deseo de obrar, Es una poderosa voz de
verdad, de ideal, de fe. Yo, por mi parte,
declaro que a los moralistas ténues (de
Séneca a Emerson, y entre los cuales se
cuenta Rodó) prefiero el artista que ve la
vida desde su filosofía, y que despierta
un modo personal y fuerte, un modo de
9

.

�•

sob1·e-ser. No creo que penséis, con Ro~
dó, que el ideal de la vida es la caridad
cristiana en los moldes de la elegancia
griega. Las cosas han cambiado. Cada
hombre encontrará sus propios caminos
si debe encontrarlos alguna vez. ¿Qué
libro de moral podrá enseñar más que
Goethe, que Nietzsche, que Ibsen? .
El Irrespetuoso. -¿Qué Berna r d
Shaw?
El Crítico. - (De buen humor.) ¡Muera
Bernard Shaw!
El Conforme.-A pesar de todo un
modo de ser entusiasta, de comprender
con sil1lpatía nuestra vida latina, de conservar nuestra conciencia hacia los más
puros ideales, eso lo difundió Ariel.
El Irrespetuoso. -(Desdeñosamente y
con el asentimiento del Cr!tico.)¿Crees en
nuestra vida latina? ¿Nuestra conciencia
dirigida hacia los puros ideales? Ariel
fuera libro para profesores de escuela si
no estuviera tan bien escrito.
El Conforme.-(Amable y arrobado.)
¡Qué hábil prosista! Es de suprema elegancia y. corrección, y tiene la fácil pulcritud del escritor culto en Su idioma.
El Critico.-Es la elegancia serena de
los escritores que piensan ....
Él Irrespetuoso.-(Intcrrumpe.) Labor,
tan rara para nosotros ....
El Cr!tico.-Es la prosa noble de la
época de Carlos V, que a veces imita el
desarrollo del diálogo platónico y a veces
el período interminable de los lectores
eSpañoles de Cicerón. Sus libros en ::ierto modo son clásicos porque recuerdan
los libros de moral humana, que pintaban al discreto, al héroe, al amante, y
donde el ingenio sorprendía con el hecho
trivial su causa psicológica, y en la frase
elíptica la escondida exégesis. ,¡Lástima
que no se haya tenido la roa.no para escribir! Escribía demasiado bien par a
·eso .... Y sobre un bergsonismo de la
conducta, que es tan viejo como la humanidad, escribió un libro inmenso.
El Irrespetuoso. -Vago bergsonismo
sin conclusiones.
El Conforme.-¡Oh! a todo se le llama
. ahora bergsonismo!
El Crítico.-De cierta vaguedad"amable se resiente el pe'nsamiento de Rodó,
sin embargo él y Varona son los que en
América piensan las cosas con menos
aparato y las dicen mejor. Rodó es, además, uno de los primeros críticos litera. ríos hispano-americanos. Su prosa carece
de cortante energía, de poder sintético.
Entre los últimos mejores escritores en
castellano Justo Sierra sabía decir con
más dureza y más énfasis. (Con profunda sinceridad.) ¿No habéis notado que al
lado de los mejores ejemplos de la prosa
de Justo Sierra \a prosa de Rodó ·es
muelle?
El Conforme. -(En, un tono que hace
desconfiar de su serenidad.) ¿Vasa acaba&lt; hasta con la prosa de Rodó?
El Critico. -¿Te has dado cuenta ya
de la m1lgnífica prosa de Justo.Sierra?
ID

El Conforme.-Es un poco oratoria.
El Irrespetuoso. -Todo es oratorio en
el mundo, hasta los epitafios, ¡oh dioses!
ElCr!tico.-(AlConforme.) Lo que llamas oratori&lt;:&gt; es precisamente la energía
de su frase, la fuerza de su e;x.presión,
su estilo rotundo, como si las palabras
salieran de los labios del Moisés de Miguel Angel.
El,Irrespetuoso.- (Venal.) El desarrollo sin fin y la melodía infinita de la pro-

CARICII.TURA EXTRANJERA

sa de Rodó tienen más del esfuerzo lila·
quina! del orador.
El Conforme. -(Secamente.) Estáis
iconoclastas esta noche.
El Irrespetuoso.-¡Es que no creemos
en Rodó con la exageración de los periódicos!
El Conforme. - Los 'periódicos hacen
bien.
El Critico.-Los periódicos no saben
lo que es literatura.
El Conforme.-Es que toda propagan.
da de Rodó es un bien para América.
El Irrespetuoso.-(Diabólico.) ¿Y qué
nos importa América?
El Conforme-(Con un gesto del más
profundo disgusto.) Así es imposible entendernos, cqn esas boutades . ...
El Critico sonríe, y el Irrespetuoso
está a punto de decir: •Todo en el mundo son boutades•; cuando se acerca el
mozo.
El Mozo.-(Con sueño.) Perdonen señores que los interrum_pa; pero vamos a
c~rrar el establecimiento.
El lector sabe ya que los calés se cíe•
rran en México en el preciso momento
en que la gente empieza a tener hambre.
ANTONIO CASTRO

Consecuencias de la ofensiva francobritánica,

LEAL.

~ovedad Literaria
"DEL PASADO"
POR GUILLERMO Jn,tÉNEZ,

Una aparición inquietante.

El pueblo alemán y su Küser.

· Cub.a acude en ayuda del Tío Sam.

PEGASO

Ell el prólogo que para este libro escribió
Enrique González Martínez, dice: &lt;Este gé,nero literario de la narración breve, del esbozo ligero, del apunte fugitivo, convida a culli·
Varlo por su facilidad aparente. Cabe con hol·
gul'a en una página, y parece que demanda
poca intensidad de labor, esfuerzo insignifi·
cante y brevísimo tiempo; pero, en cambio, es
un género difícil. Cada nota de esas que pate·
cen escritas a vuela pluma, ha menester oo
suave perfume de gracia, una observación pe·
netrante, o una indiscreta ironía, o una tras·
cendencia oculta, o una emt&gt;ci6n sutil y refinada. Estas,minúsculas grageas literarias deben estimular como una droga excitante, pro·
ducir picor en la lengua, o, cuando menos,
perfumar el aliento. Lo soso está prohibido.
De esta literatura, más que de cualquier otra,
debe desterrarse lo mediocre&gt;. Y más adelan·
te: c•El autor de esta colección es un joven
que ha publicad0 ya otra del mismo carácter
con el sugestivo título de~Almas inquietas.
Ha tomado su labor en serio como conviene
a los escritores bien nácidos, y cuida de su
arte como fin noble y no como vulgar pasatiempo.&gt;
Del Pasado forma un volumen en 16°, im·
preso en muy buen papel y con portada a co·
lores del artista Jorge Enciso. Precio del ejem·
plar, $1.25.
•Edición de la LIBRE RIA DE ANnRts BoTAS 1
HIJO, Bolívar nu~. 9, apartado 941. México

El famoso aviador francés Guynemer inte·rrogando a •n aviador alemán a quien
acaba de vencer y que es enviado
a retaguardia en un automóvil.

La Entente acaba de resolver el enojo-

so problema de Grecia, obligando al rey
Constantino a abdicar la corona en su hijo Alejandro. Para ello lué enviado a la
península helénica el estadista francés
Jonnart, homlare a la Lloyd George, de
resoluciones decisivas, que puso al monarca en la disyuntiva de abandonar el
campo o dejar morir de hambre a su pueblo como consecuencia de la confiscación
de las cosechas de Tesalia, y el riguroso
bloqueo de las costas griegas. El instrumento de las intrigas alemanas que por
tanto tiemp0 contribuyó con su conducta
equívoca a paralizar la acción de los ejércitos de Sarrail, va a salir de Atenas, y
con su salida empezarán a registrarse en
esa sección del inmenso frente de batalla
acontecimientos de un carácter menos
pasivo que los que hasta la lecha se
han registrado. Libre el contingente aliado, de los teinores de ve:se acometido
por su retaguardia en su avance hacia el
Norte, podrá ejercer una presión más
eficaz sobre las líneas austro-húngaras;
Yaunque el terreno, falto de vías de co•
municación y en extremo accidentado,
no se presta para el desarrollo de operaciones de la importancia de las que tienen
lugar en otraS partes, conseguirá al menos distraer en esa región, mayor núme- ·
ro de tropas que las que actualmente tienen allí los Imperios Centrales, y tal vez,
deprimir el ánimo del pueblo búlgaro y
obligarlo a desertar de las lilas alemanas.
La abdicación del rey Constantino ha
causado gran indignación en Berlín (la
reina es-hermana del Kaiser), y el mismo
Guillermo II ha ofrecido castigar el desacato y volver a su afligido cuñado lo que
tan injustamente le quitan. El imperial

El Conde Cadorna, Generalísimo del ejército italiano, que se ha cubierto de gloria
en la actual ofensiva.

guerrero confía para ello en su invencible ejército y en la ayuda del Todopoderoso que sigue viendo con ojos paternales la carnicería1·teutona. Pero mientras
el cielo intervie ne en· la pugna y cambia
el curso de los acontecimientós militares,
la Entente controlará, por medio de Venize:los, la situación de Grecia, y Alemania, -verá alejarse la esperanza de convertir la costa helénica en guarida de su
banda de sumergibles.

Han empezado a llegar a Francia los
primeros contingentes americanos. Como
se hizo con los rusos, estos elementos de
combate ocuparán un puesto especial
en el frente occidental. Con las tropas
han llegado también cien aviadores que
serán empleados en los servicios de exploración, lo mismo que se ha hecho con
los que ya se encontraban en el ejército
francés desde antes de que los Estados
Unidos rompieran sus relaciones con
Alemania.
El mayor general Pershing, designado
por el Presidente Wilson para dirigir la

Aparato empleado porlos aliados para descubrir la presencia de los aeroplanos
enemigos.
·

Fusileros ingleses entrando a una ciudad
francesa que las fuerzas teutonas
acaban de evacuar

campaña en lo que se relaciona con la
ayuda ~orteamericana, salió hace días
de . Pans, donde lué muy agasajado y
se en~uentra.. actualmente en Londres.
P_er~hmg f_u: el jefe de la ridícula exped1c10n pumhva que vino a México. S
carrera ..mi·¡·ltar, por lo menos la not ona,
.u
comenzo
.
.,en las márgenes del Bravo con
1a vio 1acion de nuestro suelo Ho
•
•
Y va a
c?ntmuar en Europa en condiciones muy
diferentes. Tal vez consiga lavar la d _
l uc1'da y tr·iste página de su iniciación ~
en
las aventuras bélicas. Tal vez lo veamos
p~onto desaparecer de la escená, absorbtcl.o por su propia nulidad. La guerra
gasta a los hombres con pasmos;;.. celeridaB. Los mismos que un día de fortuna
asoman entre el humo de los combat
con ta~a ~e gigantes se van después e;~
pequeneciendo, y sus nombres empiezan
a ~onar a gloria vieja, a cosa del pasado,
~tentras ot~os ayer obscuros agitan sus
stlabas metálicas en torno de las banderas sacudidas por el soplo trágico de las
matanzas.

•*•
Los in¡¡leses han loirrado consolidar
.sus pos1c10nes eñ Messines Y en Cottaverne, lugares recientemente quitados a
los alemanes, después de una sangrienta
batalla que costó a los Imperios centralesrSt:_IS mil cuatrocientos prisioneros Y
un,numero mayor de muertos. Para recup_erarlas emprendieron posteriormente
vanos contra-ataques, con fuerzas de refresco; pero a pesar del empuje con que
llev~ron a cabo la embestida, la artillería
britámca y la firmeza delos tomieshicier?n fracasar el intento. Tampoco han temdo suerte en los contra-ataques que
han emprendido en el frente galo para
reconqmstar algo del terreno que han
. evacuado en las últimas "Semanas: los soldados franceses se han sostenido en sus
nuevos atrincheramientos, con un valor
y una tenacidad ejemplares, y los teuto~
Pasa a la página 15

PE:GASO
II

�,

LA POLITICA AGRICOLA
EL CREDITO RURAL

Hemos dicho en un artículo anterior, que la escasez de bra•
zos es uno de los factores más importantes de nuestra penuri:it
agrícola, y que el mal se agrava con la dedicación a otros trabajos de nuestra clase prG!etaria. Seguiremos hablando de las demás causas que dificultan el desarrollo de la agricultura en México, para despÚés apuntar de un modo somero los más urgentes medios de mejorar la situación agrícola.
En un importante estudio que próximamente publicará un
entendido y práctico agricultor, el señor don Ignacio I. Gastélum, trabajo que tiene atinadísimas observaciones sobre la materia, se menciona como una de las causas más graves de dificultad para el desarrollo agrícola la falta de crédito rural. En
realidad, el crédito rural no ha existido nunca entre nosotros, o,
al menos, nunca se ha logrado que llene las necesidades imperiosas del caso. Lo que necesita un agricultor pobre, no es el

Hay otra causa de atraso agrícol~, y es la falta de comunicaciones y la carestía de los transportes. Mientras el agrioultor
pobre que trabaja en lugares distantes de los centros de consumo no halle condiciones favorables para competir en precios con
el que se halla cerca de estos centros consumidores, de nada le
valdrá que sus cosechas sean abundantes, y verá guardadas las
semillas en sus trojes mientras los favorecidos agotan las suyas
en los mercados. Nuestra red ferrocarrilera había adquirido un
desarrollo importante durante la época de paz, pero no era suficiente todavía para las necesidades de la República. Cuando la
tranquilidad de México seá un hecho definitivo, el gobierno deberá cuidar de que en las construcciones de nuevas líneas férreas se tome en consideración más que ninguna otra la conveniencia agrícola.
Dos necesidades urgentes debemos mencionar, y cuya grapréstamo a plazo apremiante, con intereses ruinosos, sino el vedad a nadie podrá escaparse. Son ellas el fraccionamiento de
préstamo generoso que le permita dedicarse con tranquilidad a tierras y el rie•go, y si las mencionamos juntas es porque son, en
sus tareas, y cuyos beneficios no se pierdan con la triste even- realidad, cosas inseparables ya que el fraccionamiento sin agua
tualidad de una mala cosecha. Los largos plazos y el módico in- es de una ineficacia patente.
La subdivisión de la tierra es algo que influye de un modo
terés son cm¡diciones indispensables para que el préstamo sea
fructuoso y para que no se convierta en fuente de ruina para el fundamental en el desarrollo agrícola. Es fuente, a la vez, de
agricultor. De otra manera, éste no ptiede hacer inversiones en riqueza individual y de prosperidad nacional. La frase del n.omejoras, y por lo tanto, no puede desarrollar su finca; y el ca- narca francés que pedía para cada puchero una gallina encuenrácter de las obligaciones contraídas lo obliga a vender mal y de tra con la división .de las tierras y con la creación de los pequeños propietarios una aplicación práctica. Este se independe del
prisa los productos cosechados.
Condiciones semejantes no la soportan ni los grandes capi- amo y deja la condición de asalariado, consiguiendo, a la vez, la
les. ¿Cómo podrían soportarlas las pequeñas fortunas a quienes libertad económica y el progreso moral. Salir de jornalero para
lo perentorio del plazo y la cuantía de los intereses devengados cor~vertirse en propietario es un paso más grande de lo que puelos llevarían al fracaso definitivo? De aquí la urgencia de esta- de suponerse, y la situación de independiente realiza en el indiblecer un Banco de Crédito Agrícola o varias instituciones de viduo una transformación que modificará por completo su vida
este género. Cuando tratemos de exponer nuestras ideas sobre futura. El reparto de tierras encamina al pequeño agricultor
el particular, manifestaremos cómo es forzoso para la creación para tal objeto, pero será inútil si no va acompañado con el inde establecimientos de esta índole la concurrencia del capital ex- dispensable elemento del riego fácil y a buen precio. Este asuntranjero.
to será materia de otro artículo.

La crítica y la retórica
Por ANDRES TERZAGA
Nadie como un buen lector comprensi•
vo, sabe lo desacertado y lo pernicioso de
- eso que vulgarmente se llama crítica.
Los jueces de las letras, a semejanza dé
los de la ley, se lo pasan en expedientes
y consultas para conder¡ar o· dejar en salvo exterioridades, haciendo caso omiso
del hombre. En los tribunales de justicia se vela por el código; en los literarios
por un eunuco: el buen gusto fraseológico. Si en los primeros hay falta de amor
y desconocimiento respecto del prójimo,
en los segundos la misma falta de amor
y desconocimiento respecto de la obra a
juzgarse. Un libro es un hijo, vale decir
una entidad responsable, y por lo tanto
superior ai traje de palabras con el cual
se muestra a nosotros. Son sus intenciones y.la bondad de su sangre lo que debe
ser juzgado. Son el &lt;acto• y el •hecho•
entrañados en el libro, las cosas que toda
crítica debe pone'tse en relieve, sin olvidar las virtudes cristianas del consejo
falto de malevolencias.
La crítica actual, concretada a perita12

jes de sastrería, ha enfermado de retórica al escritor y al público que le lee.
Pero hay algo más grave: el público digiere las monstruosidades más canallas
en honor a la bella retórica. De cien lectores, no· hay dos que sean capaces de
comprender las obras- madres del genio;
ni dos que se interesen po.r el espíritumadre, religioso y filosófico de la antigüedad.
Las pocas, firmes cabezas de estos últimos tiempos, han sido juzgadas por las
palabras que dijeron y no por los amplios
conceptos que meditaron. Es así cómo
los grandes muertos viven cada día menos en la infinidad de los hombres, y los
grandes vivos refugiados en el silencio
de los muertos ....
Lo.s más empedernidos luchadores contra la retórica, concluyen por formarse
una para su uso particular, tan perniciosa, en sus efectos, como la excluída: concluyen por caer y creer en lo mismo que
combaten. 'Es una lucha peligrosa, de la
cual es difícil salir con la •personalidad•

PEGASO

incólume y aun con la personalidad.
Tal ha pasado en nuestra América con
cierto escritor argentino, retórico genial,
gran luz ficticia¡ tal pasa, en la majada
literaria con poetitas «modernos 11 tan va·
cías como vanos. Viven por y para la re·
tórica. Sun retórica ellos mismos, desde
la copa del sombrero hasta la suela de
los zapatos. Retórica en su concepto bistorico, retórica en su musa cocotte que
tiene la desvergüenza - ¡pintarrajeada!de contar entre sus «maestros» el ingénuo y hondo Daría.

JOSE MARIA CHACOII Y CALVO, «Cervantes 7 el Roman•

.., .- Conferencia pronunciada el 10 de diciembre de 1916 en
el •Ateneo• de la Habana.-1917. Hemos recibido este interesante folleto de nuestro colaborador, el culto literato cubano
don José María Chacón y Calvo. Es el del señor Chacón nom•
bre de gran prez para la erudición cubana de la actualidad; sus
trabajos folk-lóricos, o de investigación literaria, servir pueden
de ejemplo para quien quiera iniciarse en est.as penosas y un
tanto ingratas tareas.
Estas conferencías encierran un valor muy más alto del que
parece darle su título, pu!"amente folk-lorista. Es un concienzudo trabajo acerca de las ideas de Cervantes sobre la poesía y ds
la discrepancia que hay entre sus opiniones y su poética práctica. Porque, contra las ideas cultas del Renacimiento, imponíase
por modo irresistible la poesía popular, coexistiendo con las formas cultas: «Es un fenómeno muy interesante, muy peculiar ·en
la historia del Renacimiento en los estados ibéricos: la persistencia de la forma popular al lado de la culta, de la genuina tradición nacional manteniéndose viva, renovándose de contínuo,
junto a las manifestacioríes más puras del ideal clác::ico.»
Es que la poesía popular, desprovista de los afeites que el
Renacimiento había puesto en vaga, encerraba por esto mismo
un mayor grado de vitalidad, un poder de persistencia más
grande, porque eran sentimientos más humanos los que la informaban, eran las pasiones corrientes, no por vuleares despro•
vistas de ardor y de fuerza lírica.
Cervantes y Romancero contribuye a la cultura cervantina
en parte de gran interés, porque ayuda a estudiar el punt&lt;t tan
discutido del valor de la obra poética en el autor del Quijote.

·el noble entusiasmo que pone en todos sus comentarios sobre
las cosas artísticas de México.
El público debe colaborar en esta obra, adquiriéndola para
sufragar los gastos de las siguientes. Será una colaboración para honra de nuestro país.
GUILLERMO JIMEIIEZ: Del Pasado.-México, Librerla de
Andres Botas e hijo, 1917, en 129-Hace muchos años que se

P.ublican en México libros de cuentos. En realidad, siempre se
han publicado muy pocos. Los novelistas de todas clases ocuparon el campo, casi siempre, con sus productos mexicanos. El
.¡:género mexicano» formó escuela y, punto de más y coma de
menos, se llegó a realizar un modelo al cual se sujetaron los
autores.
Es forzoso señalar las excepciones de algunos cuentos que de
cuando en cuando nos ofrecen los diarios y las revistas, y el libro
de Mariano Silva, este ingenioso pegasista, autor de una serie de
«retratos», de «estampas» y de «personajes» a quienes ha insuflado un espíritu encantador. Su Arquilla de Marfil es, verdaderamente, una linda arquilla en donde el conteur guarda pri•
mores de una gracia incomparable.
En PEGASO tenemos un empeño ardoroso en dar al cuento
la alta importancia que le .pertenece, y para el cuento hemos establecido una sección semanal. Además, algunos redact0res de
esta revista preparan libros de cuentos que se publicarán muy
pronto.
Dicho sea lo anterior apropósito de. Del Pasado, pequeño
libro que Guillermo Jiménez acaba de publicar limpiamente impreso. Se trata de un joven que se estrena en el ejercicio de las
letras, en el cual no regatea empeños ni entusiasmos. Ha escriM. T.
to dos libros de cuentos: bien hecho. Su ardiente primavera tie•
PEDRO HEIIRIQUEZ UREÑA: Bibllografla de Sor Juana Inés ne derecho de ensaya~se en buscar caminos y en recorrer sende la Cruz.-En «Revu..e Hispanique», New York;París, iunio, deros; su entusiasmo sonoro hace bien en sembrar lo que el
de 1917.-La bibliografía de Juana Inés de la Cruz, intentada por OtoñQ madurará. Sus cu'e ntos no tienen más presunción que la
Serrano y Sanz en su &lt;Biblioteca de Escritoras Españolas• Y. sincnidad, que es bravo arresto tratándose de recorrer los pre·
no hace mucho por el propio Henríquez Ureña, publícala este dios de las nueve hermanas. Siga trabajando con bríos: el esdistinguido colaborador de nues~ra revista en el último número fuerzo y el estudio pueden llevarlo a la altura de sus aspira·
de la Hispánica, con adiciones y notas de gran estimación para ciones.
la historia literaria de México y para quien emprenda la deseada
y necesaria labor de una edición crítica de las obras de la Décima Musa.
En orden cronológico nos ofrece el excelente crítico domiVIDRIOS PLANOS,
Y MEDIO DOBLES
nicano una lista, la más completa conocida, de las ediciones que
han tenido los libros y opúsculos de la maravillosa gerónima, y
SEN,ILLOS
PARA VENTANAS ;
cada título está seguido de notas con referencias tipográficas y
de tratados de bibliografía mexicana. Sesenta ediciones y algunas reimpresiones fuet:on anotadas en el trabajo que nos ocupa.
!JI
Esta estimable contribución bibliográfica no deben olvidasla1' CALLE DE SANTA TERESA NUM. 12
:
quienes se ocupen en estudiar a Sor Juana Inés.

¡--*=--*-*~*---*
f
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David Bloch

lif

CARICATURA EXTFANJERA

Jugada certera.

IIISPECCIOII GENERAL DE MOIIUMEIITOS ARTISTICOS:
Konografias Me:a:icanas.-La CatedraJ....,....Aféxico, Depttrtamento Editorial de la Dirección General de las Bellas Artes, 1917,
en 129-Con una serie de láminas de ·1a Catedral metropolitana,
la Dirección General de Monumentos Artísticos, inaugura una
serie de monografías mexicanas del mismo aspecto y con idéntico plan a las italianas e inglesas, en donde se detallan los grandes monumentos de la arquitectura y de la pintura. Es una idea
merecedora de entusiasta impulso, la de vulgarizar nuestros tesoros artísticos 1 en fascículos de maenífica presentación tipográfica y de precio accesible. La monografía de la Catedral de México está presentada como cualesquiera de las europeas de su
géner.o.
La introducción a la parte gráfica fué escrita por Manuel
Toussaint, el reputado y erudicto colaborador de PEGASO, con

~

*f

m

Antes EscalerHlas núm. 14

TELEFONOS:

MexiGana 2213 Neri.

l;riGsson 704.

Apartado Postal núm 9.

MEXICO.

li!
lll
lil

*~*~~~~*~~~**~*~::-*:;;;~*~**'

PEGASO

Busque Ud. el próximo número de

PEGASO
que contendrá selecto material.
13

�La Gran Guerra

TEATROS Y CINES
C0L0N. -•LA ARGENTINA•, esa libélu-

Viene de la página n.

Junto a los movimientos rítmicos de cLa
Argentina•, los movimientos de las hojas
de las palmas, aÍ roce de la brisa, resultan torpes y ridículos. ¡Miren ustedes
que poner en ridículo a las palmas!
Dueña del ritmo y del i_nstante preciso:
encárgate de las horas que vuelan sobre
este México y encáuzalas; encárgate de
aligerar a nuestra vista el paso de los
dolores y las vanidádes; encárgate del
movimiento de todas las emociones; encárgate de todo, de todo, para que cuando te alejes quede una estela de precisión, ritmo y encanto en todas las cosas
que nos rodean.
Encárgate, siquiera sea por ocho días,
del tráfico urbano!

la-mujer, esa maja inteligente que ha hecho brotar las estrofas de nuestro poeta
López Velarde, sigue quitando el juicio a
cuantos la miran. Nosotros seguimos
afirmando que hasta hoy se ha visto en
México un baile español verdaderamen•
te artístico y seguimos afirmando también que para tocar las castañuelas, co•
m0 las toca «La Argentina:., se necesita
ser, ¡por vida de la Duncan!, un Lloyd
George y tener un cerebro en cada dedo.

***

Ecos de la última Kermesse.

r

Acabamos de saber que •La Argentina• seguirá actuando algunos días más
en el Colóh y que pondrá bailes aún más
refinados; entre otros los de Goyescas,
que constituyeron un verdadero triunfo
para la citada •Argentina• en Nueva
York, cuando estrenó la obra su malogrado autor.
Es muy justificado creer que cada día
aumenten las entradas en el Colón, pues
cada día también se va enterando la me-

Ecos de la última Kermesse,

trópoli, gracias a.la prensa, riel inmenso
valer de esa artista.
Ya sabemos que andan por ahí algunos que dicen «que lo de «La Argentina,
no es p'a tanto&gt;. ¡Claro, si les hubiera
gustado «La Argentina• a esos tíos ya es•
tuviera la señora poniéndose el corset en
un camerino del Trianon, y preocupándose por repasar aquello de:

cTengo dos lunares ....
tengo dos lunares•.
No, queridos amigos, «La Argentina•
no irá ~l Trianón, ni tiehe lunares.

No~compre
Usted puede perder su

a personas que no puedan probar ser Agentes de este Despacho.

dinero, sin darse cuen-

ta. si no compra a los
vérdaderos Agentes de

***

Empiezan a llegar a Petrogrado los socialistas franceses, belgas e ingleses enviados por sus respectivos gremios para
cambiar ideas sobre la situación de Europa y ver si es posible conciliar los interes en pugna y llegar a la paz. En Inglaterra y er, Francia no sólo no se espera nada de estas conferencias entera-

no servira pedidos que

'•Collingbourne"

no estén oonfirmado&amp;

000000!00000000!0&lt;&gt;00000&lt;&gt;!0&lt;&gt;0&lt;&gt;00
1
.
1
1
.

§

1

8
TEATR.-O COLON 8

8

§
8
8

~

§§

Don,;ngo 24 de Junio
Pee ,a ,aedo

Estreno de la obra en tres actos de

~

8

EMILIO !)AGUERRE

88 "Las· Sombras Vuelven"
8
·
· 8
8

En las &lt;m fondooes &lt;omacá " ' ' '

88 I ~

L

~tab~ ~~r~a~s:!~ A

§

~ 1g

1
1
1
000000,00000000,oooooooo,oooooo

No serán despáchadat

Hilos e Hilazas

las ór:denes por la Fá•
brica, si se haoen por
conducto de otra per-

para coser. tejer y bordar.

''Collingbourne Milis"

sona.

Es el nombre de la Fábrioa.

Le llegará la mercancía

''Western Thread Company"
Es la oasa ooncesionaria para la venta en todo el,mundo.

R.A.Day

Pero por conducto de
algún comisionista de

.,

Es el único y exclusivo
Representante para este;pais.

•

Despachos 310 y 3ll. ·

PARA RECOMENDARLE LA CALIDAD DE NUESTRO
SERVICIO. -- TODO MEXICO SABE LO QUE SOMOS

ANUNCIAMOS
SIMPLEMENTE PARA RECORDARLE

E. U., y entonces

Usted paga más
po~ el mismo articulo.

R. A. DAY, único y _exclusivo Representante para la República
Av. 5 de Mayo, 32.

NOSOTROS NO ANUNCIAMOS

por el su~sorito.

Es la rnaroa de los mejores

MEXICO, D. F.

QUE ESTA EN SAN ANGEL INN. LA
CALMA QUE USTED BUSCA

SOLO EN S-N. ANGEL INN.
. PEGASO

. 14

deben empezar por sacudirse el fardo del
militarismo prusiano si quieren que sus
demandas sean tomadas en cuenta, cosa
difícil, porque la poderosa colectividad
germana se halla penetrada hasta los huesos de la demencia agresiva de los Ho~
henzollern y sólo el aliento de una catástrofe podría sacarla purificada del abismo en que se debate soñando en una hegemonía que no pudo alcanzar ni la Fran•
cia gigántesca de Napoleón.

Lá Fábrica

este Despacho.

'

nes han tenido que retroceder abrumados más que por la metralla por el peso
de su estéril sacrificio. Los críticos militares estiman que a consecuencia de sus
últimos fracasos los ejércitos del Kaiser
abandonarán pronto su actual línea de
resistencia, difícil ya de defender, y se
retirarán a las posiciones preparadas más
al Este para continuar prolongando la
lucha hasta que los submarinos o algún
suceso inesperado vengan a favorecer sus
planes.
Con igual éxito que franceses e ingleses, los italianos siguen resistiendo los
contra-ataques de los austriacos, empeñadas en arrancar a sus enemigos los fuertes perdidos desde que se inició con des- .
esperado brío la ofensiva del general Cadorna. Protegida por su potente artillería
y por las bocas de fuego de la flota aliada, la línea italiana se ha ido extendiendo
a Jo íargo de la costa, y su ala izquierda
se encuentra ya a algunas millas del puerto de Trieste, el sueño de· Italia. Salvo
que una brusca decisión de Rusia permita
a Austria retirar de su frente oriental
el grueso de sus ejércitos, la plaza codiciada caerá irremediablemente en poder
de Víctor Manuel, y la campaña submarina del Mediterráneo tocará a su fin.

mente oficiosas, sino que ha sido vista con disgusto la agitación socialista.
Estos pueblos saben bien que mientras
los cañones alemanes no callen, no será
posible ningún arreglo que pueda garantizar al mundo contra la repetición de la
formidable sangría que ahara sufre la
humanidad. Los mismos socialistas parecen participar de este modo de juz2ar
la situación: entre las opiniones que han
emitido, figura la de que los alemanes

Pi¡GASO

�De venta en la Librería
"ATENEA"

VARIEDADES

Calle de Gante No. i - Apartado 5358

MEDITACIONES

MEXICO. D. F.

Cuando dijo Arquímedes: Dadme un
punto de apoyo y moveré el mundo, se
olvidaba de las mujeres....

FRANCISCO VILLAISPISA.
Mis mejores versos. . .. . . . . . . .. . . . .
El Alto de los Bohemi'os. . . . . . . . . . .
Las horas que pasan veladas de
Amor .....•..••................
Luchas, Confidencias. Prólogo de
Vargas Vila ...................
Las Joyas de Margarita, Brevia~
ri'o de Amor, La Tela de Penélo•
pe, El Milagro del Vaso de Agua
Intimidades, Flores de Almendro,
Prófogo de Pompeyo Gener. . . . . . .
Los Nocturnos del Generalife. Poe•

$

.,

1,20
1.80

,,

1.80

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1.80

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1.80

,.

1.80

s1as .... , ..........•••••.•••.•••• ,

1,80

Doña Maria de Padilla, Las Cenas
de los Cardenales. • • • • . . . . . . . . . .
En el Destierro. . . . .. . . . . . . . .. . . . .
Una Partida de Ajedrez. Arreglo
castellano de la comedia de Giuse·
ppe Giacosa ........ .. .......... .
La Copa del Rey de Tkule, La Mu•
sa Enferma con prólogo de Juan
R. Jiménez. .... .... , ............
Alcáza.r de las,Perlas ... ..... . . ..
Lámparas Votivas .. •. ............
El Espejo Encantado . .......... •.•
Judith .... ..... ...................
Doña Maria de Padilla, Ed. Renací•
miento ............... .•. , .... •
Campanas Pascuales. . . . . . . . . . . . . .
El Reloj de Arena.... • .........

.,
.,

1.80
0.70

,.
., 1.8o
,. 2.10
,, 1 So

.,
,,
.,
.,

***

La mujer ama al hombre que la hace
llorar y le traiciona con el hombre que la
hace reir.

***
La coquetería es una cu~lidad tan ~nnata en la mujer, que constituye un signo femenino. Una mujer que no coquetea es como un hombre que se afeita el
bigote.

***

A una mujer lo que más le gusta que
le digan es que no se parece a ninguna.

2 . JO
2.10

***

I,20

10.00

NOVIDADIS LITERARIAS
E. HoMs. Las Unicas Rosas. Come·
dia en dos act()!,. • . • . . . . . . .. . . . .
RAMÓN R. PÉREZ DE AVALA. Las
Máscaras. Ensayos de crítica tea•
tral ............. . .............
J. v. LÁSTARRIA, La América vo), ~Amérz'ca y Europa vol. II. Y ul!J•
mo: Revoluciones y Guerra.s Ame•
ri'canas .. .....................
M. A. BEDOYA. El Hijo del Doctor
Wolffan.. . .. . .. .. . . . . .. .. .. .. . ..
EDUARDO ZAMACOIS. Duelo a muerte

Las mujeres que cambian de amante
no suelen hacerlo por amor ni por vicio,
sino porque sienten la necesidad impe·
riosa de contarle sus cuitas «a otro•.

2.10
2 . 10

"CIRVANTES"
Revista Mensual Ibero-Americana.
Directores: .Francisco Villaespesa,
Luis G. Urbina y José Ingenieros.
Colec~ión completa .......... 7 vol. ,.

***

,.

I.8o

,,

2 . 10

·
.,

4.80

,.
"

2. 10
1.50

Encontrar una mujer plenamente satisfecha del hambre que le ha tocado en
matrimonio, es tan difícil como hallar un
tenor con sentido común.

***
A un hombre enfurecido, otro hombre .
le defarma y una hora le calma. A una
.mujer que «pierde los estribos•, no hay
fuerza humana que pueda contenerla ni
ejército que consiga privarla .de es¡¡Timir
sus dos armas terribles: la lengua y la
pluma..
No hay mujer que no se jUz!!Ue una
heroína de novela.

00000000000000,oooooooooooooog

El deporte en México

La mujer es el espectáculo más caro
del mundo.
RAMÓN LóPEZ-MONTENEGRO,

***

-Ayer troné con mi primo.
·-Otro vendrá.
-No lo creas; es el último de la familia.

***

El amor sigue al intéres más bien arras.
trado que atraído.

***

-¡Camarero! Este champagne no es
de la viuda de Clicot.
-¡Tal vez¡ Pero quizá sea porque esa
señora se haya vuelto a casar.....

*
**

- Voy a bailar con su hija de usted.
- Es inútil. Mi hija no baila valses.
-¿Y rigódones?
·-Tampoco.
-Entonces diga usted que no sabe
bailar.
-Al contrario. Se pasa la vida bai,
lando.
-¿Cmno?
-Sí, tiene el baile de San Vito.

***

Son pocos los hombres que no aman
sus opiniones con los intereses.

***

La vida debe ser sólo el medio y el fin
del amor.

*
**

Un paseante en corte toma un coche
de punto por horas.
El cochero pone el caballo al galope
y nuestro hombre asoma la cabeza por
la ventanilla y le dice:
- Bien podrías ir más despacio, por•
que con estos trotes en seguida ' habrá
pasado la hora.

•

• * sacaron una fuen•
En una mesa redonda
te de aceitunas sevillanas, y cogiéndolas un
alemán por su cuenta, las echó e.n su plato
sin dejar ni una.
-¡Caballero!- le dijo uno que estaba a
su lado.-¡También a nosotros nos gustan
las aceitunas!
-Sí, lo creo; pero es imposible que les
gusten tanto como a mí.

***

Los teamps "Sonora" e ''ludian".

En un tranvía atestado.ee viajeros iba
Mark Twain de pie en el centro del coche, y para sostenerse en equilibrio se
apoyaba en una de las correas que penden del techo del carruaje.
En una curva, el coche &lt;lió un barquinazo, la correa se rompió y el celebrado
escritor fué a caer sob1~e una señora hermosa y elegante.

-Señora- le dijo Mark Twain a guisa
de disculpa-, ésta es la primera vez que
la .empresa del tl'anvía me ha hecho un
favor.
- Ayer consulté con el boticario de en•
frente y me aconsejó ....
-Algún dispa;ate, ¿verdad?

•
••

El hombre es una mezcla de todas las
bestias.

* **
A Manolita le han dicho que muy pronto le van a traer de París un hermanito.
La niña sale al día siguiente de paseo
con su mamá y al poco rato le dice:
- Volvamos de prisa a casa, porque
puede que nos lleven el niño antes de
que lleguemos nosotros.

--------

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8

***

-Ese bulto que tienes en la cabeza denota un carácter violento y brutal.
-Sí, el carácter de mi mujer.

§8 La f rancia Marítima
8
.8

-Mi señora dice que hubiera dado una
fortuna por oirle a usted la novena sinfonía.
-¡Oh!, señora, es usted muy bondadosa.
-No, loquees, es sorda como una tapia.

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PRECIO: 30 CTS.

JUNIO 2B DE 191 7

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                    <text>N\n~i~TIWA

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"EL PALACIO DE HIE·R·R·O",
S . . A.

�REVISTA SEMANAL .
Registrado como artículo de segunda clase el día 17 de marzo de 1917.

TOMO l.

Mt;XIGO, O. f., 14 01; JlJNIO 01; 1917.

11

11

NUM. 14.

La danza, del oso y los gitanos

r

Por MANUEL DE LA PARRA
Son cuatro osos los que integran la troupe que,

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TEONICO
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ctos y presup
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eléctricas en cual~uier
parte de la RepubliGa.

ya en un barrio, ya en otro, hacen actualmente en

nuestra urbe el encanto de la chiquillería. ·
Yo fuí al campamento de los gitanos a ver a las
bestias fieras: el oso mayor se llama Nicolás. Hay
dos osas: Margarita y Valentina y un osezno que
responde al nombre de Pepe.
La singular vida gitana tiene yo no sé qué encanto. Peregrinos por rutas ignoradas van casi
siempre a pie; los hombres haciendo danzar osos,
las mujeres, de ojos negro,s y bellos, diciendo la
buenaventura.
Plantan sus tiendas en el más humilde ;illorrio
oen los arrabales de populosa ciudad, remendando cazos, desarrapados, melenudos, sucios, pero
con yo no sé qué intenso fulgor en las pupilas, penetrante, incisivo como un puñal. Levantan sus
tiendas sin que nadie sepa su partida. ¿ A dónde
iao? al acaso.

a mi balcón para gozar de la belleza del crepúsculo. A ese tiempo acierta a pasar por allí el gigantesco oso Nicolás. Detúvose frente a mi casa el numeroso grupo que le seguía, y, al son de la pandereta constantemente agitada por astroso gitano, la
bestia fiera desplegó toda la energía de su saber en
ejercicios casi humanos, ejecutando sus grotescas
danzas.
De un vuelo se me fué el espíritu a mi lejano y
herboso pueblo y resucité al encanto de días infantiles, cuando sentaba allí sus reales la errante caravana de gitanos: ¡Todo un mundo de recuerdos!
Y al ver el misterioso aduar de los eternos nómades, antójaseme que ellos vienen de un país tan
lejano, que se pierde en la noche de los siglos y así
continúan su interminable ruta, sin saber a dónde
v,in.
Acaso sean símbolo de nuestro propio corazón.

***

Cía. Ingeniera, Importadora y Contratista, S. A., Sucs.
de o. y o. Braniff y Cía.
-

-

3a. DE LA PALMA 34.

Cuenta un maravilloso cuentista germánico la
historia de Atta Trol!. Atta Trol! era un oso que
moraba en lo más abrupto de las sierras. Un día
bajó de sus montañas y llegó al valle en donde viven los humanos, y en su camino encontróse con
ana mujer de incomparable hermosura.
Era la castellana de esas tierras. Abordóla el
OSo y la raptó conducí~ndola a su caverna.
. ~ubo hijos de aquel extraño maridaje, seres de
Distintos feroces pero que habían heredado la beDeza materna.
. Eso cuenta la leyenda germana y, por asociación de ideas. siempre que miro a los gitanos me
acuerdo de ella.

* **

AP. 303.

Esta tarde, maravillosa tarde de oro, me asom·o
PEGASO_

Los ctauc¡11es&gt; del Ejército americano.

PEGASO

�E~~3
UN REINO LEJANO
Por MARIANO SILVA

Cada semana, durante una
hora, los habitantes de la ciudad,
por barrios, salían a la calle con
sus mejores vestidos pára recibir el saludo del Rey que les había de hacer felices por todo el
año, que para cada uno empezaba desde aquel día solemne en
que recibiera la gracia, Todos
desfilaban ordenadamente frente a la gran puerta del palacio
real donde había una mesa de
bronce en la que uno a uno debía abandonar el mejor objeto
de lujo que poseyera a cambio
del saludo de Su Majestad.
Dos hileras de criados con medias rojas y gruesas pantorrillas,
subían sin cesar la escalinata que
llegaba al trono del Rey, cargados con todos los objetos que la
gran mesa de bronce no podía ya
contener, y los ponían, con una
inclinación de cabeza profundísima, a los pies del Monarca que
se posaban en ellos, cubiertos

con sus holgados borceguíes de
franela blanca y lazos de oro.
En ese preciso momento, desde
una torre de marfil cercana, · un
soldado del Rey, con armadura
de plata, se llevaba a la boca un
agudo clarín y esforzadamente
soplaba para lanzar al aire dos
notas penetrantes.
Después eran llevados los objetos pór dos hi1eras de criados
con medias negras y escasas pan-,
torrillas a la cámara del tesoro
real, en lo más escondido del
palacio, para ser vendidos a los
mercaderes extranjeros.
De esa manera, aquel pueblo
fiel y generoso, desde los tiempos más remotos, había encontrado para sus reyes una leve
pero segura ocupación diaria,
así como también les permitía
mantener con los tributos una
corte espléndida, llena de fiestas
ruidosas que se sucedían tarde
con tarde.

i~upón que el absurdo sea la verdad!
Estamos, en plena sociedad sedentaria,
bajo la impresión' de que una caravana

invisible desfila por nuestras calles sin
que lo sepamos; en que todo un pueblo
,
,
'
un pueblo de nomadas, nos esta abando,
nando constantemente, está huyendo na,
die sabe adónde, no se sabe adónde. Es
el mito del Judío Errante realizado al im,
pulso de una ansiedad genuina y &amp;mna,
na, la del poeta que se decía siempre d~puesto a saltar a un estribo.
Y la naturaleza favorece la fuga. El di,
namismo universal-la filos0fía en que
vivimos-es una manera de la fuga¡ su
símbolo pudiera consistir en una serpien-

te de fuego cuya cola está huyendo siempre de la amenazante cabeza. Para el que
quiera huír, como en el Metzengerstein

de Edgar Allan Poe, los caballos de los
tapices se animan y se hacen de carne,
La fuga no es precisamente una escapa-

toria del peligro: es un desahogo necesa•
ri.o de la actividad: es el miedo a lo inmóvil. La ninfa Siringa, en Jules Laforgu~
no puede oír la palabra «caza» sin ech~rse
a correr, gritando, como una Walkiria,

por los campos.
¡Hoyotoho!
¡Heiaha!
¡Hahei! ¡Heiaho! iHoyohei!
Imaginad, en efecto, que os arrancáis
súbitamente a vuestra ciudad, a vuestn
vida ordinaria, a vuestros amigos y a
vuestra casa. Si conserváis aún vivaslas

energías del ser, las capacidades plásticas de vivir, no podréis menos de experimentar una saludable ansiedad, un in•

quieto regocijo: la alegría mística del
guerrero que siempre está dispuesto a

partir. No lo entendió el fabulista cuando hizo decir a la ardilla: •subo y bajo,

LOS DESAPARECIDOS

Ir

Por ALFONSO REYES
Una:estadística reciente nos hace samuy bien añadir, en el estilo imperatober que del primero de enero al primero
rio de sus proclamas:
de octubre, la policía de Nueva York fué
¡Queremos cantar las emociones de la
requerida para buscar, en total, a mil
Estadística; de la Estadística que desquinientos ochenta y cinco hombres y a
tuerce y analiza- terriblemente-las fisetecientos sesenta y seis mujeres desbras del tejido social: ley de reiteración
aparecidas tle sus casas. No se trata de
por quien la sonrisa se transforma en
mueca1 la gota de agua logra taladrar
desapariciones violentas ni de persecución de criminales, Sino de desaparicio.:;
las rocas, y la humanidad toda aparece
nes voluntarias y de pesquisas privadás
como una grey que tira atropelladamenen cierto modo, hechas a solicitud de fa.
te del carro, cuesta arriba o cuesta abajo!
milia y allegados,
Ignoro si la poesía futurista habrá pen. La Estadística de los neoyorkinos dessado ya en aprovechar las e.mociones de
aparecidos es una manifestación elocuen•
la Estadística. Marinetti debiera conside·
te de eSas fuerzas oscuras e inanimadas
rarle con detenimiento. Juntd al amor a
é¡ue trabajan la entraña de la sociedad;
las máquin3.S-q_ue t~nto aiarmaríari a
es tin caso precioso de la anomalía fre•
Platón y tanto alarmaban a ese deploracuente; ejemplo palmario de ia evoluble Ruskin, como Mai-inétti le llamaba~
ción descendente o ascenden"ie, nadie Ío·
junto al amo.r a 1~ g~er~a 1]~~to ~Í _elogio
sabef por lo menos, de ]a evolución conde la velocidad, Ue la bicicletá, del autó'
traria, del progreso . hacia lo anormal,
móvil, de todo ese mundo agitado, cuyo
hacia el milagro. Es el instante crítico en
amuleto es Billiken, el . futur.istá pY&lt;liera, .. •, que-San Antonio oye · decir· al tentador:
PEGAS'O

no me estoy quieta jamás», y al caballo

objetarle groseramente que si tantas idas
y venidas, vueltas y revueltas, eran de

alguna utilidad.
Desaparecer de Nueva York puede
ser, indudablemente, de alguna utilidad:
para el delincuente que elude la ley, o
para la enamorada romántica que sigue

al sujeto de sus cuidados, o para el pla·
giario que se lleva la presa a cuestas.

Pero tales casos particulares quedan
ahogados en la masa de los que se van a
buscar otra vida, o probar fortuna como
cualquier personaje de novela vieja española, o en pos de constelaciones nuevas como los Conquistadores en Valbu&amp;
na y en Heredia.

Yo no sé si los estadistas se creerán
obligados a desazonarse ante tan desen•
frenado apetito romántico: impulso de
echar la suerte, de quemar las naves, de
pasar el Rubicón. Lo cierto es que en B
se descubre algo de la fuerza misma dt
la humanidad. Mientras haya hombres
Que emi¡tren, habrá aventureros Yconquistadores; es decir, reyes de la tie~!1,

iH&lt;lfa funesta aquélla en que nadie salga
de su casa, ni menos se escape por la

ventana, -y en que •el último ]Jambre dt

Nietzsche se asome todos los días al baleón para conversar con el vecino! De los
que se van nos vienen las mayores vir.

tudes. La ingratitud, el desamor a lo que

nos abriga Ynos ~uarece, o en otra forma, la inadaptación, son cosas necesarias

para que la vida se mueva. Los inadaptados son los motores de la sociedad.
Rasselas, el príncipe de Abisinia-héroe de la novela de Johnson- vivía en
espacioso valle del reino de Amhara, cir•

cundado de montañas, fértil y hermoso,
,norada de todos los placeres. Pero los
bijas de aquel pueblo eran verdaderos
prisioneros del Val.le Feliz, y el más noble de ellos, Rasselas, acabó por sentirse
torturado de felicidad y padecer las necesidades del que nada necesita. Imlac,
un poeta venido de lejanísimas tierras, le

cuenta historias del mundo, le pinta el
cuadro de sus errores y desgracias. Rasselas, al oírlo, decide fugarse y, ayuda-

do por el poeta y por su hermana Neka¡ab, taladra la montaña y consigue escapar. Esta es, más o menos, la historia de
todos los desaparecidos.
En Stevenson, el perfecto y delicado
cuentista, hay, por el contrario, un már•
ür de la inmovilidad que, para colmo de
dolor, vive junto ·a un camino y mira dia•
riamente correr la vida ante sus ojos, sin
decidirse nunca a abandonar el molino
paterno. Se llama Will (Will O'The Mili).
Frente a la puerta de su molino, que es•
taba sobre las laderas de la montaña, una
carretera serpea .Y desaparece; cuesta
abajo pasan todos los días coches y caballos¡ cuesta abajo corre, junto"a la carre.
lera, un río; cuesta abajo sopla siempre
el viento. Es una conjuración de la ,na•
turaleza. Su padre le cuenta que el río
pasa bajo los puentes de una ciudad, de
diez ciudades, · y al fin, desemboca en el

mar.
-El mar-le dice-hijo, es la cosa más
grande que ha hecho Dios.
Los hombres de ciencia, observa el
cuentista, afirman que las aventuras de

los navegantes y las emigraciones de las
lribus borradas al polvo de los tiemposno obedecen rr.ás que a la ley de la oferta Yla demand&amp;, y a cierto amor instinti·
Yo por

los precios baratos. Y no es así:

las tribus que llegaron hormigueando
del Norte y del Oriente, si es cierto que
venían arrojadas por otras, vinieron tam-

bién atraídas por la influencia del Sur y
del Oeste.
Así los desaparecidos de Nueva York.
Yo no quiero entender razones de mate.
rialismo, ni de aventura amorosa, ni de

derecho penal. Yo creo que salieron, uno
1 uno,

a juntarse con la caravana que se

lllcamina haeia la Ciudad Eterna, hacia
la Roma espiritual de las emigraciones.
iTodos mis anhelos se van tras de los
dos mil trescientos cincuenta y un desiparecidos de Nueva York!
. Y ¿puede considerarse esta desapari'.

d6n como un suicidio

relativo? No, porque ella admite la posibilidad de corregir

salir, todas las mañanas-buzo de si proSaturnino Herrán, prestigio y cariño
nuestro, llora hoy un dolor único. En
su orfandad, lo circundamos, con la es..
peranza de mitigar en algo su pena.

pio- , desde el fondo del mar, sin siquie•
ra una alga marina enredada en los con-

fusos cabellos.
Y, en todo caso, ¿quién no es interior-

mente múltiple? A algunos es dable realizar una, dos perso~alidades. P~ro el

resto lo dejan como las estatuas de Rodin, que están ya quebradas antes de hael mundo. Pero al que se quiera suicidar
sin tener suficientes ánimos, puede acon•
sejársele, como ensayo, una desapari•
ción, una fuea. Que se vaya sin despe·
dirse. Que se escape una noche por la
ventana, descoleándose por una cuerda
y con un revólver en la mano. Procure

llevar deshecho el lazo de la corbata y el
sombrero abollado; algún desgarrón en
el traje no estará de más, y tanto mejor
si se cala un antifaz de terciopelo negro.
Trate, en fin, de tener el aire de un malhechor, de uno que va contra la vida, y
escápese así. Si su ansia de suicidio no
fuere más que un mal pasajero- produc•
to de una mala digestión, como el pesi•

ber sido acabadas; cuál sin cabeza y cuál
sin extremidades. Entonces no queda
más refu2'io que el arte inventivo: el teatro y la novela, en que el autor realiza

todas las posibilidades de sér que en la
vida no le ha sido dable desarrollar.
Donde Bergson funda su explicación psicológica del arte. Y en cada hombre hay
varios: uno que afirma, otro que niega,

otro que a ambos los admira, el que de
todos juntos se ríe y otro -¿el último?que a todos los justifica y se echa a dormir después tranquilamente. De modo
que la mejor representación del hombre
es la de un Eneas, que huyera del incen•
dio con un padre, una esposa y un hijo a

producto de una orgía excesiva, como el

cuestas, doblegado al peso del fardo. Y
Eneas hay que se sacude parte del fardo,
y deja morir entre las llamas a la esposa

que puede representar el Eclesiastés tras

y al padre para consagrarse a su hijo, por

de los espasmos de Sulamita; o producto,
tal vez, de una reciente lectura de Los

ejemplo. Y este Eneas, no suficientemente robusto, es algo que se fuga, es el

trabajos del joven Werther-entonces

que renuncia a su totalidad psicológica

pudiera curarse con un cambio de activi·

para consagrarse al hijo, a la parte aún
no conocida de sí mismo: a la novedad, a
la invención.
Siento que mis fábulas se entrecruzan,

mismo de Carlyle juzgado por Nietzche;

dad. Los casos de doble personalidad no
son ya un misterio para' nadie; proceden
-dice la ciencia-de una fatiga. Son una
escapatoria, una fuga; una pequeña juer•
ga psicológica, como las que, en su doble'
yo, se permitía cierto piadoso pastor pro·

!estante de que nos habla James. El impecable doctor Jekyll-para volver a Stevenson- se escapa periódicamente de sí
mismo; busca a media noche el escondite

de Mr. Hyde, y sale de él transfigurado.
Este cuento de Stevenson es lo más profundo que se ha escrito: hondo y teológicamente absoluto, alrededor de él podrían construirse mil filosofías; pero el
maestro ha tenido la bravura, la «J?arra»
de contarlo como un simple hecho, sin
divagaciones ni cosquilleos simbólicos,

. con la desnudez leal de la materia y sin
la brumosa atmósfera de los simbolismos. En cierto modo, pudiera decirse
que ese cuento es una representación de
la hipocresía, y aún de la hipocresía in•
glesa: el señor se entrega en su alcoba a

todos los horrores de la .cocaína y de la
danza ante el espejo, pero eso apenas su
camarero lo sospecha, porque el señor

y el hilo de Ariadna que ha de conducirnos por su laberinto, tiembla entre mis
dedos. Resumamos, pues, nuestras principales conclusiones: el hombre no quiere aceP,tar, lo que quiere es innovar; des•
de innovarse a sí mismo hasta innovar el

ambiente. En medio de nuestras ciudades estables, cruza una invisible carava-

na de los que están yendo a otra ciudad;
de los que se marchan por marcharse. Si
el hombre quiere renovación, 'es porque
no le satisface lo actual; es, porque en el
fondo protesta, sonríe. Su arma de reno·

vación es la libertad. Y la libertád es lo
que no existe, es el otro mundo, de don-

de el hombre quisiera atraer virtudes a
la tierra.
Y he aquí, ciertamente una palabra terrible: libertad. Porque si ella es ilusoria, la inquietud de los hombres es tan

inútil como la de la ardilla de la fábula;
y entonces, casi vale más dormirla bajo
los toneles de Marearita. Casi vale más,
como en Rimbaud, «un sueño de ebrio
sobre una playa desierta».

cumple todos los días sus obligaciones y

Grave cosa es plantearse bajo el crite-

se presenta a sus compromisos con el

rio provisional del sentido común, los
problemas del especia1ista. Pero mien..

traje de exquisito planchado, _pulcro el .
afeite y apenas una ligera sombra en la
ojera, que hasta le da mayor distinción:
el guante, como en un retrato de Veláz•
quez, cuelga de su mano, impecable.
Este modo de entender la vida, más
que hipócrita, me resulta intenso y viril.
Lo ideal es no tener abismos en el alma;
pero, quien los tenga, conviene que sepa
PEGASO

tras el especialista tecalienta sus alquitaras y destila gota a gota el licor precioso,
tenemos necesidad de pertrecharnos con-

tra los ataques de la confusión mental; y
si no hay granadas de mano, las haremos
con latas de conservas a1imenticias. En
la guerra, como en la guerra. Animo,

pues.
5

�LA REVOLUC~ON EN RUSIA

LIRICA EXTRANJERA
Publicamos una página de poemas entresacados del libro 11 LA CASA DEL SILENCIO" d
, e nuestro colaborador, el
Mariano Brull. Paladín del nuevo movimiento poético su canto sug,·
1 ·d
d
•
.
'
ere a 1 ea e una renovac16n
tota e arte cubano. La rotunda oratoria hase tornado en sutil meditación• a las 'an•a •
•
h .
•
,
1;
,, rr1as v1c1or uguescas de ayer
l
ól"
opone un arte más discreto, más recogido, más íntimamente humano con Ja humanidad
p68inas de George Rodenbach.
'
me anc 1ca que rebosan las

Joven
poeta d e eu b a,
1d l

Interíor

noct~rnal1 lentamente, disuelven el reflejo
del d1a, que en la sbmbra se funde y se silencia;
Y en la penumbra ambiente se ensimisma el espejo.

•
I

Soldados custodiando los cadáveres de los revolucionarios que cayeron en las calles baj_o el fuego de las tropas le~les a la monarquía.Solemnes funerales de los muertos por la revolución.-Soldados, estudiantes y obreros traDsportan~o los ataudes al panteón.

Política· Agrícola.
EL PROBLEMA DE LA REPARTICION DE TIERRAS

6

En la bruma del Cielo, que la noche acrecienta
la imagen de la Luna asoma, macilenta,
'
los relieves brillantes de su faz espectral,

Intima angustia pone en entredicho
tu mirada serena. -¿A quién invoca
tu alma en silencio y muda como roca?
¡Mi virgencita de escondido nicho!

A su luz, de repente, despertar apa~ece
la estancia soñolienta. -Una faz resplandece
Y unos ojos me miran del fondo del cristal.

Se alza en mi pecho el Sinaí de un culto
más hondo, más callado y más sepulto
que en las entrañas de la catacumba.

V

Por tí, por tus dolores sin rerriedio,
que no dejaron florecer el tedio
en tu jardín cerrado como tumba.

I
Nuestro amor a la tierra, ese amor que bien orientado y
bien fortalecido podía habernos trasformado en un gran país
productor y opulento, adolece en nosotros de todos los defectos
propios de nuestra raza poco tenaz y poco laboriosa. Amamos
la tierra, pero no para fecundarla pacientemente, no para recibir al cabo de los años el producto seguro y constante de una
labor asidua, sino como la caja de sorpresa que un día de tantos,
como en un cuento de las Mil y una noches, muestre a nuestros
ojos el codiciado tesoro sin más trabajo que una oportuna paletada en el punto preciso en que se oculta el rico filón que ha de
cambiar en esplendor nuestra penuria. La agricultura rara vez
nos da esas sorpresas, y por eso mismo la minería nos atrae. El
azar yue preside en gran parte a los triunfos mineros nos seduce como la ·compra de un billete de lotería. Olvidamos los fracasos para recordar los triunfos, sin tomar en cuenta que éstos
son los menos y los otros constituyen la regla. Quien ha probado el goce del descubrimiento de una veta rica, desdeña verter sobre el suelo el grano que ha de producir a los pocos meses
la cosecha.
·
El menguado progreso agrícola, la producción insuficiente
que hoy nos orilla a los más graves problemas económicos, dependen de este afán de jugar a la lotería con el pródigo suelo
nacion~l que como madre consentidora da a sus hijos el oro de·
sus entrañas y los desvía del trabajo rudo, vigorizante y educador de la labranza. Y nos puede pasar un día lo que al viajero
fatigado y hambriento que halla al alcance de su mano un montón de piedras preciosas y las arroja airado por inútiles, ya que
ellas no han de saciar su hambre, ni calmar su sed, ni aliviar
su fatiga. Estamos ya en los momentos en que las trojes repletas valen más que las trincheras de barras de oro y que las minas diamantes.
El gobierno, no sólo para cumplir sus promesas, sino forzado p0r las necesidades del momento, va a verse obligado a desarrollar una política agrícola que salve al país del espectro amenazador del hambre, y es riecesario que cada cual en la medida
de sus fuerzas contribuya a resolver el problema vital y próximo. Desdichado el país que necesita de la iniciativa oficial para
dedicarse a resolver sus más apremiantes problemas¡ en que la

Esquívase el miraje familiar, como en viejo
retrato ya borroso que opacidad ausencia,
hasta quedar la estancia secreta en el espejo,
Y en los ojos, no más, sombra de su apariencia.

Te espero ansiando el virginal capricho
de tu beso; el 1esoro de tu boca.
Hay algo en tí que la inquietud provoca:
Filtro de amor. Secreto que no has dicho.

iniciativa privada duerme como Lázaro y necesita la voz milagrosa del gobierno para levantarse a andar. Y éste es el caso
entre nosotros.
Si en nuestra idiosincracia étnica existe la •causa primordial
del desastre agrícola de la República, no por eso deja 'de ser
interesante estudiar las causas concretas que han contribuído a
que el cultivo de nuestros campos y la producción de la agricultura hayan permanecido casi estacionarios PO los últimos año~.
Es preciso hablar de estas causas aunque sea someramente para
tratar de buscar el remedio de nuestros males.
Es cosa indiscutible que la poca densidad de nuestra población es factor muy importante en el atraso agrícola de México.
Quince millones de habitantes para dos millones de kilómetros
cuadrados de superficie territorial, son cifras desconsoladoras.
Los gobiernos no han cuidado siquiera de acrecentar la pobla·
ción útil ·por medio de leyes protectoras de la inmi¡;:ración, y el
resultado es que grandes extensiones de tierras potencialmente
productivas se encuentran en el abandono ' más absoluto y no
contribuyen en nada para la riqueza nacional.
Las condicionales excepcionales en que nos hallamos por
razón de los sucesos que hondamente nos conmueven hace siete
años, agrava la situación de un modo alarmante, ya que los
hombres que han tomado parte activa en la lucha revolucionaria son en gran parte hombres de campo que han dejado el ara·
do por el fusil. En la relátiva paz que hoy disfrutamos, no \odos
vuelven a sus viejas ocupaciones, ya porque han encontrado
mayor holgura económica en sus tareas de hoy, ya porque la
tierra que q.n tiempo recogió el fruto de sus sudores se encuen·
Ira todavía sustraída a la acción del gobierno y en manos de les
grupos rebeldes que impiden todo trabajo rural. Hay muchas
' reeiones de la república que, aun en tiempos normales, tropiezan con graves dificultades para encontrar braceros que se dedi·
quen a las labores del campo. ¿Qué pasará en la actualidad en
esos lugares? Los campos abandonados y la ruina amenazante
dan la respuesta.
En próximo artículo examinaremos otras causas importantes de la depresión de nuestra agricultura y trataremos después
de apuntar algunas ideas respecto de los medios de mejorarla-

PEGASO

Me encuentro mudo y solo en la estancia vacía
donde todas las cosas me hablan de su existencia;
parece que su•cuerpo, donde habitar solía
ha dejado una huella de espiritual esencia'.

II
Ha llegado la hora. Y a su conjuro los
espíritus del Véspero invaden nuestra estancia:
ha tiempo que el silencio habló para los dos
Y el vino del ensueñq en comunión se escancia.

La luna del espejo en donde se veía
finge a cada momento refJejar su presencia.
Canta en la jaula el pájaro con más melancolíá
Y la estancia la pueblan sordos ecos de ausencia.

Entra por la ventana una sutil fragancia;
tras un vago recuerdo va mi memoria en pos;
se iluminan las horas lejanas de la infancia
mientras sube en el Angelus la oración hasta Dios.

Con los filos dorados, 1m libro de oraciones
abierto sobre un mueble, dic;e: &lt;1:Las aflicciones
del mundo son pequeñas ... Volved la vista a Dios,.. &gt;

Piadosamente quieta sobre el cojín de raso
ella se transfigura: parece que el ocaso
es lumbre milagrosa para su idealidad.

Los ojos vuelvo. Y pienso melancólicamente:
¡Quién hubiera podido saborear dulcemente
la exquisita tristeza de su po:strer adiós!

Y al fondo, en el espejo, su imagen se dualiza
al tiempo que la Luna se asoma y se desliza
nimbando su cabeza de halo de santidad.

III

La cancíón del Vespero

En torno de nosotros el eco se ha dormido;
el mágico sonido de su palabra, cede,
y se allega el silencio, cual si fuese escondido
tras el són que, lejano, retornar ya no puede.

El ambiente se hace propicio a la oración;
lentamente la noche circunda mi jardín.
¿No sabes, jardinero, qué dice esa canción
esa canción que canta, lejano, un serafín? '

A la paz del ambiente ningún ruido sucede;
más yo siento llegar de alma a alma el latido:
sin turbar el reposo, sin que aleún rumor quede,
en la calma' silente de la estancia sin ruido.

Deja sobre los prados misteriosa impresión,
y del alma tramonta un anhelo sin fin.
¿No sabes, jardinero, por qué tu corazón
quiere volar en la canción del serafín?

De alma a alma una pausa musical nos confunde,
y_en la paz de las cosas, lentamente, difunde
los vestigios unánimes de una misma emoción.

¡Mirar Bajo la noche brilla la mar divina
surgen constelaciones del fondo, y se ilumÍn.a
como un cielo estelado de pasajera luz.

Se ha quedado en acecho el sonido disperso;
y en sonoro silencio se ha convertido el verso
que murió entre los labioS sin llegar a canción.

. Tú vuelas a la Gloria, Serafín. Y la tarde,
vago anhelo de luz, sobre una estrella arde
cual clavada en los brazos de luminosa cruz.

IV
Es noche ya. Los ámbitos llenos de evanescencia

PEGASO

7

�La actualidad· Extranjera
El apoteosis del espionaje
Los recursos más odiosos, sin faltar los complots ni las traiciones, han
puesto en juego los alemanes para
aterrorizar a los países neutrales y
obligarlos a volverse contra los alia·
dos. Nada más característico y más
apasionado desde este punto de vista, que los atentados alemanes en los
Estados Unidos, tal como lo traducimos especialmente para los lectores
de PEGASO, tomaado un artículo de
Gabriel Alphaud, el muy conocido esr.ritor, encargado de una misión diplomática en la vecina república del
Norte, y quien ha compilado los documentos más sensacionales e irrefutables sobre la materia. Una verdadera novela policial es la que se desarrollaráante los ojos de nuestros lectores; una relación de la mayor actualidad e interés
Desde que los Estados Unidos declararon la
guerra a Alemania, todos los días pueden encontrarse en los grandes diarios, entrefilets en
estos o semejantes términos:
&lt;New York, 13 de abril-En Treoton (New
Jersey), la señora Ana Keariog ha enviado a .
los agentes del distrito federal una nota que
encontró en la calle y que estaba concebida :ie
esta minera: Filadelfia, 14 de marzo. Listos
para hacer saltar el Eddystone. Envíen socorros.&gt;
cNew York, 14 de abril.-El jueves en la
madrugada pudo prevenirse una tentativa de
destrucción del puente de la Compañía d1d
Grao Ferrocarril Central, situado al Este de
Deering. El centinela sostuvo un tiroteo con
los malhechores, quienes pudier0n esca·par en
un bote de motor.&gt;

LOS ATENTADOS SE REPITEN
Estos atentados y otros análogos se registran
hace tiempo en los Estados Unidos. Desde
1914, la serie no se interrumpe. El punto culminante de estos complots lo marcó el primer
trimestre de 1910.
Probablemente nuestros lectores han oído
hablar de las intrigas de Dernburg, el enviado
especial del Kaiser a los Estados Unidos. Los
manejos de tal personaje no fueron satisfactorios y entonces el Embajador Conde Bernstoff
se decidió por los procedimientos extremos.
El 3 de julio se efectuó el atentado contra
Mr, Pierpont Margan. Un alemán llamado
Holt penetró en la residencia del magnate y
le disparó un revólver, hasta dejarlo gravemente herido. El mismo día se frustró una
explosión formidable, que habría de volar el
Capitolio de Washington. El mismo Holt resultó culpable. Dos . días después se encontró
su cadáver en el patio de la prisión, al pie de
la ventana de ;u celda, que estaba a veinte
m.etros de altura. Como sucedió en el caso del
espía alemán Kupferels, que salió de América
para ir a espiar a Inglaterra, y que murió mh:¡teriosamente, también de Holt se dijo que había muerto suicidado. Nadie se explica cómo
pudo cortar las barras dP. la celda, ni cómo se
consiguió la dinamita que destinaba a volar el
Capitolio.
·
El 12 de julio, se incendiaron los depósitos
de aceite y de petróleo en Filadelfia y en Boston,

8

El 14 de julio, tomó proporciones alarm;intes la huelga de Bayona, (New Jersey), que
comenzó en los talleres de la Standard Oil.
El 28 de julio el 1austriaco Baly pretendió
provocar nuevamente la huelga entre los obre·
ros de Bayotla.
Agreguemos a la lista anterior los incendios
y las explosiones a bordo de los barcos mercantes y guerra.
Desde entonces los atentados se suceden,
casi siempre en la misma forma, como dispuestos por una !!ola mano.

POR LA HVl!LGA Y POR EL INCENDIO
Las huelgas ocupan el primer lugar en los
complots alemanes. En las registradas a fines
de 1916, los obreros de los talleres de acero de
East-Youngtown, en el Estado de Obio, se
apoderaron de 250 kilogramos de pólvora, volaron barcos, los robaron y destruyeron las habitaciones. Hubo más de 30 muertos y de 50
heridos.
Después de las huelgas vienen los incendios.
El mismo díá, cuatro siniestros destruyeron
cuatru fábri~as de Delaware que trabajaban
para los aliados. Un quinto ·incendio, y éste
sumamente grave, acabó con los talleres número 4 de la Betléem Steel Company, que
suministraba acero al ejército francés. Los
edificios habían sido construidos; recientemente y fueron destruidos completamente, perdiéndose en ellos más de mil máquinas, cuyo
valor pasaba al de quince millones de francos y un material de guerra listo para ser enviado al frente occidental y que comprendía,
entre otras cosas, 800 cañones de grueso calibre, perfectamente acabados. Hubo que de·
plorar la pérdida de gran cantidad de hombres
y mujeres, comprendidos entre los dos mil
obreros que trabajaban en las fábricas.
En Erie, Penosylvania, y en las fábricas de
municiones de Topeka, más de veintitrés incendios se registraron eti i.a misma semana.
Pero los alemanes no se limitaron a usar de
las huelgas y del fuego, sino que emplearon
otros medies de destrucción. En una fábrica

El Príncipe J.evoff Jefe del Gabineteru·
y uno de los miembros más notables del
partido revolucionario queactnalmente dirige la política de aquella inmensa nación.

PEGASO

de pólvora situada cerca de Wilmington, se
produjo una explosión,queocasionó la muerte
de treinta personas; tres obreros de origen alemán, mezclados entre el personal, habían disparado. En la región de San Francisco se su.
cedieron nuevos atentados en los depósitos de
municiones, así como en los almacenes de
provisiones destinadas a los aliados. Poco después cerca de Pittsburg, se descubrieron junto a las vías ferrocarrileras y no lejos de las
fábricas de municiones, explosivos sumamente
poderosos, que apenas hubo tiempo de arrojar
al agua.
Ni aun las personas se han librado de esta
vigilancia y de estos atentados de los espias
alemanes. En septiembre ~e 1915, los comisionados franco-ingleses, encargados de negociar
un empréstito, recibieron cartas tras cartas,en
las que se les amenazaba con el asesinato, con
el envenenamiento y con atentados de todo
•g énero, contra sus perSonas en América y
contra sus familias y bienes en Francia y en
Inglaterra. Los comisionados se vieron preci•
sados a no salir de su hotel, sino en compañía
de amigos de toda confianza y escoltados con
policías suficientemente armados.
En resumen, se cuentan más de mil quinientos atentados desde noviembre de 1914
hasta fines de 1915. Figurao!&gt; la cifra a que se
hubiera llegado si no se toman eficaces precauciones.

VNA NVBI! DE l!SPIAS
Para hacer funcionar su sistema de espiona•
je, los alemanes han echado mano de todo género de &lt;capacidades&gt;. En primer lugar, de
gente de todas clases, de profesores de las
universidades, de periodistas, de diputados,de
grandes industriales, de simples particulares.
Estos últimos no eran los menos ardientes
partid·a,·ios de los intereses alemanes ni los
menos peligrosos para los aliados, como lo
prueba el caso de la señorá Walsb, que in·
trigó activamente contra el empréstito alia·
do. Sin embargo, es necesario convenir que
los agentes más numerosos fueron los ale•
manes y los austriacos. Y sobre todos, colocaremos el trío Dernburg-Bernstoff-Dumba. Bet·
nardo Dernburg, el enviado especial del Kaiser, el antiguo ministro alemán de las colonias.
es un hombre de muy clara inteligencia, de
espírilu muy vivaz; es doctor de todas las
universidades; habla y escribe como su propia
lengua el inglés, el franCés y el ruso; es muy
versado en cuestiones financieras y conoce a
fondo la política inglesa. Había completado
por medio de hábiles ramificaciones y puntos
de vista ingeniosos, todo lo que no le dió so
erudición y su prodigiosa actividad personal.
El Conde Bernstoff, embajador ale~án, se
distinguió por la falta de escrúpulos naciosales e internacionales, cada vez que se trataba
de luchar por la supremacía y la influencia
germánicas. Quería usar a la vez todos los sis-temas, la estratagema diplomática y el terror
estupefaciente, la cautelosa y dulzona efusión
y las intrigas de un maquiavelismo sin precedente. Un solo ejemplo basta para caracterizar
sus procedimientos.
Cuando fueron publicadas las cartas encon-tradas al periodista Archibald, detenido et1
Falmoutb el 30 de agosto de 1915, a bordo del
vapor Rotterdam, en lugar de embarazarse
por dicha publicación, como a cualquiera otro
le hubiera sucedido, el Conde Bernstoff se limitó a declarar que todos los papeles en cuestión los juzgaba sospechosos y que le parecían
fabricados por el espionaje inglés, Para enga·

ftar a los Estados Unidos. En cuanto a Dumba, el Embajador austriaco apareció en esta
ocasión con una impudicia igual a la de su colega.
En 1906, cuando Bernstoff era primer se·
cretario en la Embajada alemana de Londres,
fné sorprendido en ciertas visitas que hacia a
los arsenales británicos, entregado a un grosero espionaje que, después de comentarse acremente en los círculos financieros y periodísti·
cos, llegó a oídos de la Corte. El gobierno inglés lo invitó a abandonar la Gran Bretaña, y
van Bernstoff salía con una lección que después practicó a maravilla: la de tirar la piedra y esconder la mano.

LOS CVATRO HOMBRES DE
Bl!RNSTOFF
Cuatro principales agentes ejecutivos empleó el Embajador alemán: el agregado mililitar von Papeo, el agregado naval, capitán
Boy-Ed, el capitán von Rintzeler y, después
de la expulsión del agregado militar, su antiguo s~cretario, que llegó también a agregado
militar, el teniente Wolf von Igel.
Ya se conocen las circunstancias en que
Boy-Ed y van Papen fueron obligados a aban·
donar el país en donde tenían acreditada representación diplomática. En cuanto al capitán von Rintzeler fué encarcelado desde enero de 1916 en una prisión de Inglaterra y van
Egel fué arrestado en Nueva York el 18 de
abril del mismo año, En vano invocó la inmunidad diplomática. En vano, y en presencia

En las fábricas de municiones de Topeka
se registraron más de veinte atentados en
una semana.
de tres de sus compatriotas, se opuso a las
pesquisas de que fué objeto su domicilio; los
policías americanos io sujetaron fuertemente
y así lo condujeron a la presencia del juez.
Los papeles encontrados en la casa de von
Jgel eran de lo más comprometedor para todos
los altos personajes alemanes radicados en la
Unión norteamericana. En la Casa Blanca se
llegó á. decir que von Bernstoff reclamaría una
parte de la correspondencia decomisada, pero
el diplomático se hizo el sordo y llegó a decir
que tales documentos eran falsos.
Boy-Ed, von Papeo, Rintzeler y voo Igel
emplearon en su servicio un gran número de
alemanes y de austriacos. Para conocer una
cifra aproximada de estos agentes, baste decir
que al declararse la guerra con Alemania,
60.000 fueron detenidos. Entre los alemanes
se encontraban algunos particulares, como poi
ejemplo, la señora Reisinger, cuyo, hotel situado en la Quinta Avenida, el barrio más
&lt;fashionable:&gt; de Nueva York, era el rendez•
vous de los alemanes. Boy-Ed y van Papen
lo frecuentaban asiduamente. Inútil es agregar ·
que allí se encontró una excelente instalación
Ae telegrafía sin hilos. Pero especialmente los
grandes hombres de negocios estaban a las 6r·
denes de los individuos mencionados: Hugo
Schmidt, agente general del Banco Alemán;

Kerensky, Ministro de guerra, hombre
que -por so extraordinaria energía parece el
llamado para encauzar y dirigir las futuras
operaciones del ejército moscovita.
Albert, agente financiero de la Embajada;
Lindhein, abogado de la Embajada; Acbweit- •
ser, químico de la Embajada y Karl Heymann,
antiguo agente general en México de la Compañía Hamburgo-América.
Los agentes de la policía secreta inglesa lograron sustraer a Albert una cartera, cante·
nieodo muy curiosos documentos, y entre éstos algunos extractos de un informe de von
Papen a Berlín, sobre los asuntos más Variados: compra de cloro . líquido y de etiquetas
para aeroplanos, adquisición de fenal para explosivos, y correspondencta con 'la Bridgeport
Projectile Company.
También los cónsules prestaron su_ayuda a
la obra común: En Seattle, gran puerto americano del Estado de Washington, sobre tacos~
ta del Pacífico, frente a la isla inglesa de Van•
couver, el cónsul alemán Wilhe!m Muller y su
secretario Schultz fueron arrestados en abril
de 1915, por inpulpación de haber tratado de
sobornar a un empleado, a quien querían des·
pajar de ciertos documentos secretos. Durante los meses de julio, agosto y septiembre de
19r5, el cónsul general de Austria en Nueva
York, Nuber de Pereked, había recomendado
a todos los cónsules austro-húngaros en los
Estados Unidos, por indicación expresa del
embajador Bernstoff, de no perdonar gasto,
propaganda, persuasión y aun amenazas, para
que los obreros americanos abandonaran los
talleres de municiones. Para este fin se llegó
hasta fundar algunas sociedades secretas.
También fué un cónsul, el cónsul austriaco
Goricar, quien bacía fines de 1915, por intermedio del Provz"dence Jou1-nal, produjo revelaciones s•ensacionales. Sospechoso de simpatías por los eslavos, su gobierno lo relevó de
su puesto al declararse la guerra, y cuando
dec:empeñaba sus funciones en San Francisco.

El doctor Goricar publ.icó prnebas de que los
procedimientos usados por la Embajada austro-húngara en Washington eran los mismos
que los de la alemana. Las mismas intrigas, el
mismo espionaje y los mismos complots. Al·
gunos meses antes de la guerra el capitán Burstyn, agregado militar a la Embajada austriaca
en Washington, había solicitado del doctor
Goricar el apoderamiento de los planos de todas las fortificaciones americanas de la costa
del Pacífico. Goricar se negó. Los oficiales
rivalizan con los cónsules: oficiales de todas
armas llamados a los Estados Unidos por van
Bernstoff. Fueron reclutados especialmente
por la W-illulmtrasse y el famoso &lt;servicio
secreto&gt; del ministerio de la guerra en Berlín,
Estos oficiales, en número de cuatrocientos,
llegaron cada uno por su lado a la Unión norteamericana, bajo nombres supuestos y con
los oficios más inocentes: nego-::iantes, empleados de comercio, mayordomos, camaristas, peluqueros, etc .. ,, Apenas desembarcaron fueron enlistados por la Embajada de Alemania.
¿Cuál ha sido el resultado de tanta intriga?
Sin duda todos estos atentados, todas estas
huelgas han paralizado, en una proporción
mur reducida, la producción que s~ destina a
!os aliados. Pero, sobre todo, ha contribuido
a dar a los americanos la idea más exacta de
lo que son los alemanes y los austriacos, y a
llevar su fortnidable esfuerzo a sumarlo a los
de las naciones de la Entente. Por otra parte,
la gran publicidad que se díó a estos actos criminales, puso en guardia a todos los pueblos

Los almacenes de artículos y municiones
para la Entente han sido objeto de un tenaz espionaje coronado por misteriosos
atentados.
contra sémejantes procedimientos. En Brasil,
prevenidas las autoridades por el ejemplo de
los Estados Unidos, han fracasado los complots de los alemanes.
Nada más elocuente que los hechos apunta·
dos, para creer en el fracaso irremediable de
la ckultura.&gt;

Libros nuevos y de oca.,
s1on, todos
baratos

Porrúa Hnos.
U na bomba estalla en la cala de un va por
que conducía mercancías para los aliados.

PEGASO

2• DEL RELOJ Y DONCELES
9

�Conferencia de generales durante las operaciones en la Champagne.

Puede juzgarse por ella la inagnitud ·
que de continuar la lucha adquirirá dentro de algunos meses en que tan formidable contingente de hombres entre en
el campo en que actualmente se juega la
suerte de la humanidad!

va se adivinaba entonces por una estupenda concentración de fuerzas. El geÍleralísimo distribuía sus grandes masas

Quentin. Esta vez le tocó su turno al
sector de lpres en el vasto y metódico
plan de la armada británica. Como de

de su raza. Douai, Lille, Cambrai -dijo
el corresponsal- se hallan ahora en poder de los alemanes; pero cualquiera
que sea la resistencia que opongan, caerán pronto en manos de los soldados

te la suerte del Czar y la Revolución.'ha
podido continuar su marcha, libre de los

Una vez, en cierto país, en cierto rei-

obstáculos que pudieran oponerle estos

no, vivían dos hermanos; uno era rico y
el otro pobre. Un día, el hermane, pobre
vino al rico y le pidió un caballo para
traer leña del bosque. El rico le prestó
un caballw. Después el pobre le pidió

grupos humanos endurecidos por el es-

Rusia no ha podido todavía resolver el
problema capital que la tiene atada y que
amenaza llevarla a los abismos de la
anarquía. Los grupos de soldados y obre-·
ros obstinados en imponer su voluntad
al gobierno provisional continúan en
Kronstadt con las armas en la mano. La
Duma parece vacilar ante la medida extrema de buscar en los cañones la salud
pública y el período de pláticas entre
unos y otros se prolonga con mengua de
los deberes internacionales que reclaman
en otras partes todo el peso de la energía
moscovita.
A consecuencia de este estado de cosas
provocado por la acción de los agitadores sobre masas sin honor y sin vergüen•

za comienzan a circular rumores pesimi~tas acerca de la conducta futura del pueblo ruso y de la que asumirán los poderes aliados en caso de que falte a sus
compromisos Se habla ya de que el. Japón intervendrá en los asuntos de aquel

pectáculo de la sangre y de la muerte.

la maravilla de su promesa de redención.
La ignoran, y aguardan sin curiosidad las
sorpresas del tiempo, sintiendo quizá n0
ver en el horizonte el relampagueo inter-

MáS todavía: quizá con el tiempo encuen-

mitente de los cañones rayando de fuego
la frente de la noche.
La leyenda pinta al cosaco tan íntimamente ligado a la dinastía que el pensa-

que se agitan en la sombra y que pudie-

miento del Czar evoca instantáneamente

el del cosaco. Por siglos ha permanecido
como una sombra, jinete en su caballo

salvaje, con la gorra peluda sobre la
faz angulosa, erguida al cielo la punta

ción francesa, con su correspondiente
rey sacrificado y su cortejo de crímenes.

El hermano pobre devolvió al rico el
caballo sin cola. Al ver al animal en este

No le faltaría ni la semejanza moral de
las víctimas: por su carácter débil y bonachón, Nicolás recuerda al consorte de

roso. Parecía que la revolución al arrojarse frenética sobre la autocracia iba
a chocar irremediablemente contra la

•
••

país, si las circunstancias lo requieren,

nieta.

¿Quién podría dudar que el pueblo
qorteamericano ha entrado casi con júbi•

lo en el conflicto europeo?
.
La epidemia guerrera ha alcanzado tal
magnitud que el yanqui no podría substraerse a ella y hace tiempo que la juventud transbravinaempezóa darse cuen-

ta de que las espadas brillan más que
los arados en ciertas épocas del mundo.

Sin embargo, llegada la hora de alistarse en las filas, requeridos para cum·

vienen tan escasas noticias de aquella

plir con los terribles deberes que impone
a todos los hombres esa divinidad que
llamamos Patria, parece que un helado
soplo de tardía reflexión ha pasado por
ella y que la cruzada de la Libertad, vis-

parte del mundo, que es imposible formarse una idea relativamente clara del
curso que seguirán los acontecimientos

en ella: sólo se advierte el profundo desconcierto que trajo consigo el cambio
inesperado y violento del régimen político, y con él la inacción de las tropas que
en la fronfera tenían a raya el ímpetu
militar germano. Entre ellas apenas los

ta más cerca, carece de tantos encantos
como contemplada únicamente en Ja nu·

be dorada de una posibilidad.
Afortunadamente para los aliados, en
pueblos educados en el sentimiento del

cosacos elevan su voz agresiva sobre la

IO

el movimiento libertador de Rusia en
una bacanal tan trágica como la Revolu-

ran, si llegaran a predominar, convertir

la Archiduquesa de Austria María Anto-

fidelidad ancestral de las milicias del
Don. Los hechos, sin embargo, han des_

Uno de los botes patrulla inventados por
los americanos para la caza y ataque de
lo:-. submari~os en las costas.

también una collera; a esto se negó el

hermano rico y se puso furioso. Entonces el pobre decidio atar la leña a la cola
del caballo. Y cabalgó hacia el bosque.
Tanta leña cortó, que el caballo apenas
podía arnastrarla. Al llegar a casa abrió
la puerta, pero se olvidó de quitar el través. El caballo saltó por encima; pero se

ducir a la nada los elementos anárquicos

de la lanza, tras el monarca todopode-

de tal manera, que si vuelve la espalda a
los teutones se encontrará tarde o temprano con las bayonetas de los aliados.
Pero es tan compleja la situación rusa, y

espectación general. Raza de presa habituada al tumulto de los combates presta
poca atención a los sucesos que se des•
arrollan en Petrograd bajo la dirección
de los políticos. La gran ilusión de la Re-

tre en ellos la fuerza irresistible y disciplinada que necesite para agarrotar y re-

arrancó la cola.
estado

HO

quiso tomarlo, sino que se fué

con el pobre ante el juez Shemyak. El
pobre fué con su hermano, barruntando
que lo pasaría muy mal, pues la sentencia sería de destierro; el pobre es una

cabeza de turco para todo, ya que nada
puede dar.
Los hermanos llegaron a casa de un
campesino rico y le pidieron alojamiento
por una noche. El1campesino dió al rico

de comer y beber bien, pero nada al pobre. El pobre se acostó junto al hogar,
viendo qué alegremente lo pasaban los
otros dos; pe'ro cayóse y mató al niño

que estaba en la cuna.

El campesino resolvió entonces ir con
los hermanos para presentar una nueva
acusación contra el pobre. Salieron juntos, el campesino y el hermano rico por

delante y el pobre detrás de ellos. Tuvieron que cruzar uñ puente, y al pensar

el pobre que saldría difícilmente con vida del juzgado, saltó desde el puente para suicidarse. Pero debajo del puente un
hijo bañaba a su padre enfermo y el pobre cayó pesadamente sobre el viejo e
hizo que se ahogara. Entonces el hijo se
fué también al juzgado para presentar su
denuncia contra el pobre.

El rico alegó ante el tribunal que su
hermano pobre le había arrancado la cola al caballo. Entretanto, el pobre había
envuelto una piedra en ·un pañuelo y
con ella, detrás de su hermano, amena-

zaba al juez, pensando:

deber, este movimiento de retroceso, ca•
si instintivo, dura poco; y así, pasado el
primer momento, las listas de inscripció~
registraron la enorme suma de trece nu-

cien rublos para probar su inocencia y

llones de hombres.

otra vez le creciera la cola.

-Si el juez va contra mí, le mato.

El juez creyó que el pobre le ofrecía
falló que el rico dejara el caballo en posesión del campesino pobre hasta que
Luego vino el campesino y se quejó

PEGASO

de hombres con la frialdad característica

que tengo el honor de mandar ....

El Juez Shemyak ·

mentido esta socorrida creencia mundial:
el cosaco ha permanecido indiferente an-

pública no ha cantado todavía a sus oídos

precisión verdaderamente matemática.
Un corresponsal visitó hace poco aquel

los ingleses han reanudado su ofensiva
con la misma tenacidad que emplearon
para romper la inexpugnable posició11 de
Vimy y acercar sus líneas a Leos y Saint

rea de abrir el paso a la infantería y las
trincheras alemanas han quedado sepul-

Gral. Micheler.

la amplitud calculada del tiempo con una
frente y pudo cruzar al¡¡unas palabras
con sir Dou¡¡las Haigh. La actual ofensi-

costumbre se confió a los cañones la ta·
Gral: Nivelle. Gral. Anthoine,

en este avance ni vacilaciones ni apresuramientos: se ha ido desenvolviendo en

•••

Después de algunos días de respiro,

Gral. Petain,

!atlas bajo el hierro inglés. No ha habido

de que el pobre había matado a su hijo.
De nuevo levantó el pobre la misma piedra en forma amenazante contra el juez,

a espaldas del campesino Y el juez creyó esta vez con toda seguridad recibir
otros cien rublos por la sentencia. Y ordenó al carnpesinó que entregara su

mujer al pobre hasta que naciese otro
hijo.
-Entonces puedes llevarte la mujer y
el niño.

Llególe el turno. al hijo y alegó que el
pobre había asesinado a su padre. Una
vez más el pobre sacó la• piedra del bolsillo y se la mostró al juez. Entonces el
juez creyQ seguramente que iba a recibir

trescientos rublos en junto por el pleito
y ordenó al hijo que se fuera al puente.
- Y tú, pobre hombre, vete allá, pon-

te bajo el puente y que el hijo salte de
golpe al agua sobre tí y te mate.
El juez Shemyak mandó su criado ·al
pobre para pedirle los trescientos rublos.

No basta a un Impermeable tener el nombre de "lmpermea·
ble" para ser efectivamente

IMPERMEABLE
Ouando nosotros ofrecemos un
Impermeable, el comprador
lleva nuestra garantía, y esto
quiere decir que devolveremos
el dinero si la prenda compra·
da no satisface del todo y que
esta GARANTIA ES EFECTIVA aun
después de varias semanas de
uso.

Entonces el pobre enseñó al criado la

piedra con que había amenazado al juez:
-Si el juez no hubiere fallado en mi

EL MODELO QUE ANUNCIUIOS

favor, le hubiere matado con esta piedra.
Cuando el juez oyó esto, se santiguó

AQUI ES DE RECLAME, YTIENE

piadosamente y dijo:
-Gracias a· Dios que me decidí por la
parte justa.
El hermano pobre se fué al hermano

Nuestra Garantia

rico para recoger el caballo, de acuerdo

con la sentencia del juez, hasta que le
creciese de nuevo la cola. El rico no

quiso darle el caballo y en su lugar le dió

SU PRECIO DE

cinco rublos, tres fanegas de trigo y una
cabra de leche, e hizo con él las paces
para siempre.

$25.00_

Luego el pobre se fué al campesino y,

Permite a todos tener un IMPERMEABLE

de acuerdo con la sentencia, le pidió la
mujer para que se quedara con él hasta
que viniese otro niño. Entonces el campesino hizo un arreglo con el pobre, le
dió cincuenta rublos, una vaca y una ternera, una yegua con un potro, cuatro fanegas de trigo, y zanjó la cuestión con él.
En seguida el pobre se fué al h\jo cuyo

padre había matado y le leyó la sentencia,

según la cual el hijo tenía que saltar so-

Despachamos en el día que se recibe todo pedido foráneo.

RECIBA EL MAXIMO POR SU DINERO

bre él desde el puente para matarle.
Entonces el hijo empezó a pensar:

-Si salto, es posible que le mate y es
posible que no; de todos modos, el muer-

HIGH LIFE

to seré yo.
Así es que hizo un arreglo con el pobre,

L.BLOOK

le dió doscientos rublos, un caballo y
cinco fanegas de trigo, y vivió en paz con

él para siempre.

PEGASO

Esq. Ave. Madero y Gante.
II

/

�La flota mercante de Europa

CARICATURA

EXTRANJERA

Después de dos años de guerra
La Europa soporta casi enteramente el peso de la guerra y los
buques mercantes son constantemente cañoneados o torpedeados en
sus aguas. De agosto de 1914 a agosto de 1916 la flota europea disminuyó en 693 buques de vapor con un total de 2.293,484 toneladas,
que reducen el número de sus naves a 14.250 vapores con un total
de 35. 567. 937 toneladas , es dedir, un 5% en el número de barcos y
un 6½ %en el tonelaje. Cosa curiosa: las flotas que no navegan, las
de Alemania y Austria son las que han sufrido más pérdidas.
Todo el mundo sabe lo que es una expediciPn de mercancías por ferrocarril,
cuando el servicio se halla bien organizado. La operación es sencilla: van las
mercancías a la estación y allí se les acomoda en los carros de carga. Un empleado aplica a los bultos recibidos la tarifa
y señala el precio de transporte mediante una multiplicación. Después, las mercancías marchan a su destino, adonde deben llegar en un plazo estipulado. Si no
sucede así la compañía paga una indemnización por el retardg o la pérdida de los
objetos. No intervienen en la expedición
ni discusión de precios ni cuestiones de

competencia.
No pasa lo mismo cuando se trata de
trasportes por mar. Si algunas veces, en

el caso de líneas de navegación regular,
se hacen las remisiones con una especie
de automatismo, no ocurre lo mismo

siempre. Tratándose de envíos por mar,
se goza de entera libertad: el armador
no depende del Estado y el precio del
flete resulta de los arreglos especiales
que armadores y comerciantes celebran.

La distinción entre los dos medios de
transporte es esencial para darse cuenta
de la organización de la marina mercante europea, cuyos elementos son, en las
manos de los particulares, autónomos,

porcional sino efectivamente; y el segun-

do lugar que ya había conquistado entre
las marinas del mundo le va a ser arrebatado por la marina norteamericana,

que en 1914 contaba con 2.500.000 tonelacias menos.
De 1909 a 1914, la marina alemana ga·
nó en material naval un 33 %. Actual-

evidente que una flota mercante es pro-

El KroO:prinz: - ¿Cuántos mareos son
$7.000.000.000, papá?l

porcionada a las necesidades de un país
cuando trasporta en mercancías el equi-

valente de las que constituyen las importaciones y las exportaciones de él. Sin
embargo, cuando se examinan las diversas marinas se encuentra entre ellas tana manera el comercio marítimo de las
en el momento en que la guerra fué de-

na ascendía a 1.016. 638 toneladas en agosto de 1914 ha perdido el 22% de ella y

mas del material naval de la tierra y la
Inglaterra con sus colonias el 25% de

tiene también numerosos buques inmovilizados en los puertos neutrales. Tur-

ese material.

Las figuras 1 y 2 indican el valor comparativo: 19- De la flota europea con re-

quía, cuya ~arina sumaba 116.445 toneladas no cuenta en la actualidad sino
67.691. Bulgaria, que entró muy tarde a

lación a las flotas americana y asiática;

29-De la flota británica con relación a
las demás flotas europeas en el momento de romperse las hostilidades. En esta

la guerra, aumentó su tonelaje mientras
El precio de la paz exigido por las víctimas de la gu.erra.

comparación entran únicamente los buden a desaparecer y su material tiene en

Consecuencias del CQnfticto mundial:
DOS HERMANOS DE ARMAS.

guientes:

dos a los Imperios centrales han venido

14.143 vapores con 37.861.421 toneladas.
1.708
3.081.510
"
"
936
"
1.691.238
"
"
"
3
2.216
"
"
"
Esta última es tan reducida que no vapeso de la guerra: sobre su territorio se
le la pena tomarla en cuenta en esta
libran los combates¡ en su s aguas son
comparación.
torpedeados o cañoneados los navíos. Las
Actualmente, si nos proponemos exacausas de·pérdidas de buques son variaminar los resultados de las hostilidades
das: las mina.s, les torpedos, los cañones
en las flotas mercantes, hay que estudiar
se encarnizan en ellos y abren enormes
el caso bajo un doble punto de vista y
vacíos en las armadas mercantes. Mienestablecer la situación creada en el muntras en las aguas lejanas se hallan en sedo. La rivalidad entre las flotas europeas
guridad, los barcos que navegan en torno

12

pero las ventajas que pudo alcanzar no
modifican en manera alguna la situación

neladas únicamente, porque los navíos
recientemente constr~ídos y 10s capturaa compensar la mayor parte de sus pérdidas. La armada mercante inglesa acu-

americana .. .
asiática ..... .
africana ...._.

La Europa soporta casi enteramente el

fué espectadora de la enconada lucha;
de la flota germánic·a, cuyas pérdidas pasan ya de l. 700.000 toneladas.
Las flotas mercantes de los aliados están lejos de haber sufrido tales pérdidas,
no obstante la destrucción metódica llevada a ca0o por los subm3.rinos. Su reducción puede calcularse en 300.000 to-

Flota europea . ... .

importancia al primero.

"
"
"
"
"
"
"

la misma situación: Austria, cuya mari-

sola, aproximadamente, las nueve déci-

ques de vapor, porque los de vela tien-

"
"
"
"
"
"
"

sible.
Los aliados de Alemania se hallan en

clarada, la Europa, la más pequeña de
las cinco partes del mundo, poseía ella

la primera figura representa son las si.-

es uno de los puntos; la concurrencia de

pérdidas por este capítulo son en verdad
poco importantes, sino de capturas o ventas obligadas por las circunstancias. Por
estas últimas causas navegan ahora bajo
pabellón extranjero los si¡¡uientes buques alemanes:

126 vapores con 490. 032 toneladas.
33
162. 750
" 19.995
"
japonés ......
8 "
"
"
noruego .. . ...
1.884
3 "
"
"
holandés .....
5.939
3 "
"
" 90.598
"
ruso .........
51
"
"
turco ....... ..
2 "
6.115
" 194.307
"
portugués . . .. 63 "

tenimiento de los navíos inmovilizados
en los puertos neutrales y en los nacionales y que no tienen compensación po-

diferentes naciones. Se puede decir que

cantes, cuyo valor no guarda proporción

las flotas de otros continentes contra las
flotas europeas es otro que no cede en

únicamente de las destrucciones, pues las

americano ....

Al lado de estas pérdidas hay que poner la que importan los gastos de entre-

les diferencias que no explican de ningu-

libres.
Esta libertad ha ayudado singularmente al desarrollo de ciertas marinas mer-

,,
,,
,,

mente apenas cuenta con 1.074 vapores
con 3.527.487 toneladas en vez de los
1.540 con 5.072.993 que poseía en agosto
de 1914. Ha perdido, pues, un 28, 7 % de
su tonelaje total, es decir, casi todo lo
que había ganado antes de la guerra.
Esta considerable merma no proviene

Bajo pabellón inglés ........
mo de los países a que pertenecen. Es

general un destino especial. La flota de
velá mundial disminuyó en el período de
1909 a 1916 en 5.000 naves, más o menos 1.500.000 toneladas, y los dos años
de guerra no le han causado-en realidad
pérdidas extraordinarias. Las cifras que

con la importancia del comercio maríti-

estos países han sido capturados en el
mar y otros detenidos en los puertos porque las flotas de ¡¡uerra de Alemania y
Austria han dejado el campo libre a los
aliados.
Alemania, que con tanto ardor destruye, ha perdido más que los otros, no por-

saba en agosto de 1916 una disn,inución
de 640.000 toneladas, cifra en sí misma

El último esfuerzo, con ·"la ayuda de
Dios."

El retorno del Scimme llena de tristeza el
paternal corazón de Guillerll!-o,

ta del número de los perdidos y de los
que han llegado a reemplazarlos.
Si las destrucciones son frecuentes, nueEn agosto de 1916 la flota europea havos buques reemplazan a los echados a
bía perdido 692 vapores con un tonelaje
pique y no se puede tener una idea exac- de 2.292.484.
de Europa están cercados de enemigos.

PEGASO

Esta disminución podría haber sido soportada proporcionalmente por las marinas de todos los países en guerra; pero
en realidad no ha sucedido así: las arma-

das que han experimentado más fuertes
pérdidas son precisamente las que en la
actualidad no navegan, las que se hallan
eñcerradas en sus puertos, las de los Im-

¡,erios centrales. Numeroso.s navíos de

muy importante, pero que afecta poco la
eficacia de la flota: es un poco más del
3 % del tonelaje total. La armada mercante francesa ha perdido proporcionalmente más. Sus pérdidas pueden estimarse en 29 buques (85.698 toneladas),
que constituyen el 4 % del tonelaje total.
La única nación seriamente afectada es
Bélgica. De los buques que se encontraban en sus puertos durante la violenta
invasión de su terriforio, unos han sido
destruídos, otros confiscados. El reino

belga contaba al principio de la guerra 138
vapqres que sumaban en junto 347.124
toneladás: hoy sólo pose~ 102 con 237.277,
· PEGXSO

"

"

"

es decir, ha sufrido una pérdida de 31 %.
En cambio otros países han aumentado durante la guerra su marina mercan-

te. Italia ha ganado 230.073 tonelad,as;
Rusia, 24.816; Rumania, 5.941; Portugal,
que sólo tenía 80.167 cuenta ahora con
312.819; el Japón ha incorporado a su
marina 136.000.
Lo situación recíproca de los aliados y
los imperios centrales bajo el punto de
vista de su marina mercante no podría

ser definida independientemente de las
flotas comerciales de las potencias europeas neutrales, que han obtenido, sin

disputa, muchas ventajas durante la contienda. El gobierno inglés, urgido por
las exigencias de la guerra, ha dispuesto
de la tercera parte de su flota mercante,
y el francés, de los dos tercios. Debido
a esto los buques neutrales han encontrado muchas facilidades para obtener
fletes a precios muy elevados y sus respectivos países, libres de las contingencias de la guerra, han estado en condicio-

nes de impulsar el desarrollo de sus flotas mercantes. Sin embargo, de los datos que se han podido recoger se desprende que salvo Noruega y Dinamarca
las demás no han sabido aprovechar las
circunstancias favorables que se les han
presentado.
Noruega poseía e11 agosto de 1914,
1.299 vapores con 1.914.029 toneladas;
hoy tiene 1.427 con 2.139.751. Ha ganado, pues, un 12%.
Dinamarca sólo tiene en la actualidad
2 vapores con 14.931 toneladas más que
antes del conflicto.
Las marinas neutrales que han disminuído son las de Holanda, Suecia, Grecia

y . España, q'ue han perdido, respectivamente, los siguientes·buques:

. ·

·Holanda .. 25 vapores con' 66.335 ton.
Suecia .. . . 87
,,
,, ... 96.282 ,,,
Grecia ... 57

,,

,, 137.063 ,,

España .. . 38

,,

,,

8~.734 . ,,

�~----=u[~

La marina mercante
Viene de la página 13.

CAPE Y DULCERIA
Q
ILJI

tJ

~

"EL GLOBO" ij
\j

El grupo de las marinas mercantes
neutrales, teniendo en cuenta las pérdidas y las ganancias, ha disminuído 140.000
toneladas.
Hemos expuesto sumariamente la si·
tuación de la marina de los alemanes, de
la de los aliados y de·1a de los neutrales.

De lo dicho resnlta que la primera se halla en decadencia, que la de los segundos ha aumentado proporcionalmente y
que la de los terceros se encuentra más
o menos estacionaria.

CASOS Y COSAS
-Le recomiendo a usted mucho ejercicio, mucho so], mucho aire, y sobre

todo, nada más que un cigarrito, un solo
cigarrito después de comer.
A los ocho días vuelve el médico y le
pregunta a nuestro enfermo:
-¿Qué tal el plan?
-Voy mejorando..... :todo me sienta
bien menos el cigarro.
-¿Cómo es eso?
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Esqnina Francisco l. Madero y Bolívar.

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I.-Flota europea.
II.-Flota americana,
111.-Flota asiática.

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Apartado núm. 941.

MEXICO, D. F.

FRANCISCO VILLAISPISA.
&lt;La Argentina&gt;, notable bailarina española,
que trabaja actualmente en el Colón.

TEATROS Y CINES
COLON .-«LA ARGENTINA&gt;. Luz que

balta y oro que se rte.

El viernes de la semana pasada debuió
en el teatro Colón una verdadera maravilla que se hace llamar •La Argentina•.
Ya la empresa nos había dado a conocer
algunas opin~ones europeas y suramericanas y supusimos desde luego que •La
Areentina]J levantaría entusiasmos en la
crítica mexicana, pero a fuer de sinceros, diremos que jamás llegamos a pensar que la bailarina en cuestión habría de
hacer violencia sobre nuestra expresión
modesta, para obligarnos a exaltarla. ·
•La Argentina• presenta bailes españoles depurándolos de todo lo canallesco y
vulgar para elevarlos a un nivel estético.
No es una bailadora de jotas y boleros,
es algo más, mucho más, es una artista,
y una artista en un arte raro y prodigiosamente bello. •La Argentina• ha estilizado los bailes españoles y los ha presentado;ante la cultura francesa, belga y americana, consiguiendo de todos los críticos
el premio que se le merece. •La Argentina&gt; tiene conciencia exacta de los valores
estéticos dentro del baile y practica el
culto del ritmo y del m ovimiento, to14

mando un poco de l0s bailes clásicos y
otro poco de los bailes españoles para
hacer algo exóticamente personal. ,La
Argentina• es una mezcla de Salomé y
una maja de Gaya. Esbelta y elegante, ,
·se mueve en la escena con tanto decoro
y gentileza que se confunde a momentos
con la luz del reflector. ¿Y tocando las
castañuelas? Nosotros creímos que las
castañuelas tendrían en el mundo la misión única de entusiasmar cálidamente
Jas escenas de una feria cualquiera; que
estarían destinadas a despertar en los
expatriados iberos y en los mexicanos
hispanófilos el grito bronco y libertino,
pero todo, todo, dentro de una estallante
monotonía. •La ArgentinalD viene revelando que las castañuelas pueden producir
voces diferentes. Las castañuelas en las
manos virtuosas de esta bailarina lloran
y se ríen, semejan un clamor de entu·
siasmo y se adormecen en un secreto
amoroso y dulce. Los empresarios del
Colón están de plácemes y con toda justicia, .ya pueden vanagloriarse de haber
presentado al público un espectáculo exraordinario que agradará a los profanos
y a los cultos.

PEGASO

Mis mejores versos . ... .... • .......
El Alto de los Bohemz·os ...•...... ,
Las horas que jasan veladas de
Amor ..... .. ..... ........ •••....
Luchas, Confidencias. Prólogo de
Var~as Vila. . .. • . . ............
Las Joyas de Margart'ta, Brevz"an·o de Amor, La Tela de PenélojJe, El Mz1agro del Vaso de Agua
Intimidades, Flores de Almendro,
Prólogo de Pompeyo Gener ..... ..
Los Nocturnos del Ge,zeralife. Poesías. . ........ ........ . . ......
Doña María de Padi'lla, Las Cenas
de los Cardenales .. ••• ,. ........
En el Destzºerro .. , .• , ...... .......
Una Partida de Ajedrez. Arreglo
castellano de la comedia de Giuse•
ppe Giacosa..
. .......... .
/,a Copa del Rey de Thule, La Musa Enferma con prólogo de Juan
R. Jiménez ......... , ............
Alcáza.r de las Perlas ..•....• .. , .
Lámparas Votivas . ..... , .... , . . . .
El Espejo li.ncantadp, ..•• • •...... .
judi'tlt .. .. .. . . . ..................
Doña María de Padt'/la, Ed. Renaci•
miento ............... , ... , .•..
Campanas Pascuales, . . . . . . . . . . . . .
El Reloj de Arena.... , ... , . , .• ,

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(

1

dad de labores femeninas. Se
los regalamos. Nosotros so•
mos tos que vendemos

HILOS, HILAlAS YSf □AS
que no encontrará usted
en ninguna otra parte.

Desde una made¡a basta 1000 ca¡as
R.A.DAY
5 de Mayo 32.
PEGASO

Despacho 311.
¡5

�tisfecha el hambre, se acostó a dormitar;
pero de pronto, se incorporó y yendo
hacia el escondite sacó el último que
quedaba.

VARIEDADES
Noticias útiles y curiosas
Experimentos efectuados en Suiza a
una altura de 600 metros sobre el nivel
del mar demuestran que el aire es allí
completamente puro y está libre de toda
bacteria.
El cuerno de un _reinoceronte no está
adherido al hueso de la cabeza, sino que
se desarrolla sobre la piel del animal.
No conviene mezclar leche fría con la
recién ordeñada.
Los árboles que crecen en la parte que
mira al Norte de una montaña o colina
proporcionan madera mejor y más duradera para construcciones que aquellos·
que crecen al Sur.
De una mina bel1?3 de carbón se ha
extraído tierra de la profundidad de cien
metros, y al poco tiempo de estar al aire
germinaron plantas de especie completamente desconocida para los botánicos.
El reflejo de la luz eléctrica en los bu·

ques de guerra es tan poderoso, que muchos ·marinos padecen de prematura pérdida de la vista y algunos lle1?3n a perderla totalmente.

La Colección Leblanc

La inteligencia de un perro
Un médico ruso, el doctor Timofieff,
ha hecho curiosas experiencias sobre la
inteligencia del perro. Si es verdad que
el cálculo es la base de la inteligencia en
el sér humano, los indígenas de Polinesia, qne no pueden aprender a contar
más que hasta diez, están muy abajo del
perro, y he aquí la prueba.
El doctor Timofieff, tenía uri perro de
aguas, que según costumbre de su raza,
una vez que había comido buscaba un
rincón tranquilo para dormir. El médico
regaló un día á su can veintiséis huesos
con sus tendones y él los tomó y los enterró como reserva.
Al día siguiente no dió nada al pe·
rro.
Este, cuando el hambre lo acosó, se
fué al escondite y empezó a desenterrar
uno p©r uno los huesos: primero sacó
diez, después reflexionó un poco y sacó
nueve, y después seis; los limpió y, sa-

Sección de Ajedrez

9- D2R
ro. D4 R
II . CXP(3)
12. D XC
13 o-o ( 4)
14. D51'
15. PXA
16. C2D
17. P4CD
18. R rT (5)
r9. P3T
20. TX D
21. R2T
22. R3C
23. R4C
24 C1A
25. D5D
26 R 5C
27. CXT
28. R4T
29. P3C

Acargo de f. Gonzalez Martínez jr.

PROBLE,\\A NUMERO 10.

Hace poco fué oficialmente inaugura.
da, en París, la maravillosa colección biblio!lráfica e iconográfica de la guerra,
perteneciente a los esposos Leblanc.
Es una verdadera enciclopedia de la
guerra; ¡y qué enciclopedia! Todo está
allí. Tres mil estampas, cinco mil volúmenes franceses. Todos los carteles, todas las proclamas, todos los diarios,
todas las revistas. Hay colecciones de
sellos postales, álbums de papel moneda de todos los países beligerantes. Una
gran sala, la sala alemana, está tapizada
de publicaciones, de estampas, de reproducciones fotográficas, de cromos, provenientes de Alemania.
Toda una casa, cuyo alquiler es de
60.000 francos al áño, está ocupada por
el Museo Leblanc, que cada día enriquece
sus colecciones. Numerosos empleados
se ocupan en clasificar y catalogar. Doce
dactilógrafos trabajan constantemente.
Después de la guerra, el Museo Leblanc,
único en el mundo, será ofrecido al Estado francés y abierto al público.

por L. NOACK
BLANCAS:

A 1C D, P2CD, P3AD, P5AD,
A7AD, C4D, C5D, RI AR,
P 5 CR , (9, pi"za,).

NEGRAS:

P 3TD, P 2D, R4D, A1R, P 6AR,
P 3CR P4T R (7 piezas;.

Las bla ncas j ue·gan y matan en tres j ugadas.

PARTIDA NUMERO 16.
Jugada en el "New York Internationa! Tournament" 1 1889
RUY LOPEZ

BLANCAS

NEGRAS

Max Weiss
{Viena).
1.

2.
345.
6.
7.
8.

W. H. K. Pollock.
(Londres),

P4 R
C3AR
A5C
A4T
P3D ( 1)
A3C
P 3A
PXP

P4R
C3AD
P3TD
C3A
P 4CD
€i. A4A (2)
7. P 4D
8. CX P

r.
/ ~3.
4.
5.

§
8
8

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2r. A8Ct
22. T 6 R t
23. C7R!
24. P3C
25. P4Tt
26. R2C! !
27. P31\ t
28. A7A t
29 A ,( P ma te.

••

( 1) Lo usua l es 5. 0-0.
(2) Ahora se juega con preferencia A2R.
(3) Esta jugada es m uy peligrosa.
(4) Si 13. P X C, AXP"i"; 14. C3A, A X A,
etc.

(5) Si T XA, C X T seguido de D8R f y ganan.
(6) E ! preludio de una de las má~ ingeniosas
y espléndidas combinaciones de ajedrez.-

Steinitz.
Esta partida fué pr emiada como la más brilla nte del T orneo.

'

Atraviesa un joven el Ebro en ocasión
que estn muy crecido, y pregúntale tembloroso al barquero:
- ¿No tiene usted miedo al agua?
-¿Quién yo? ¡Quiá! La conozco ende
que era pequeñito.
- ¿Y alguna vez volcará la barca?
- Algunas, sí, señor.
- ¡Cielos! Pues también algunas veces
habrá perdido a algún pasajero.
- Eso, nunca. Siempre que se me pier• ·
de alguno, se halla el cadáver dos o tres
días d isp ués.
Un abogado a su cliente:
- ¿Le presentó usted el pagaré a su
deudor?
- Sí, señor.
, -¿Y qué le dijo?
- Que me fuera al diablo.... . Por eso
he venido a verle a usted.

La fatiga

Las dificultades

DIARIA EN LAS LABO-

TAN FRECUENTES DE

RES.

LOS PESADOS

EL

CANSANCIO

NATURAL DE SUS OCUPACIONES

DIAS

DE ABRUMADOR TRABAJO

Vaya -acomer con

§Urquijo
§
!g

VEYAN, Ji~AN YCIA. 8
Esq. ·tsabel la Católica y Ja. Capuchinas.

No pierda usted su

- Ar¡uí donde usted me ve, - le decía
u n mocetón a Rossini,- también yo soy
músico.
- ¿Com posito r?
- No, de orquesta.
- ¿Y qué instrumento tocas? ¿De viento o de cuerda?
- De cuerda.
- ¿Y cuál es?
- La campana de misa, porque soy el
sacristán de la parroquia.

NOT AS .

0000000000000000000000

lA FRANCIA MARITIMA

9 o- o
A3R

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Pueden olvidarse
OCURRIENDO AL UNICO SITIO DE PAZ

a SAN ANGEL INN

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                    <text>PEGASO
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Registrado como articulo de segunda clase el dfa 17 de marzo de 1917.

11

Mt;XIGO, O. f., 7 01; JUNIO 01; 1917.

11

1

NUM. 13.

LA ACTUALIDAD POLITICA
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patías, que nuestros intereses, que nuestros mismos ideales de
ha vuelto a tocar en estos días el asunto relativo a nuestras relibertad estarían al lado de los países que luchan contra el más
laciones internacionales con el país del Norte. Se ha visto en
terrible fantasma militar y contra el misticismo dominador más
ciertas medidas tomadas por los Estados Unidos, con motivo de
formidable que la Historia registra en sus anales. Pero entre
111 participación en la Gran Guerra, muestras bien claras de que
la nación norteamericana y la nuestra han surgido en épocas
no todo es amistad franca y buena voluntad sincera hacia nosreciente~ acontecimientos de esos que el tiempo tarda mucho en
otros, y la opinión pública, fácil de llevar por los:caminos sensaborrar, y es difícil ir fraternalmente a la lucha con quien ayer
cionales, ha sentido el consiguiente miedo de que México vaya
nos infirió la herida y nos causó la ofensa. Por ahora, mienacomplicar sus graves asuntos interiores con al2'o internaciotras nuestros votos se elevan por el triunfo de los aliados, el
nal cuya importancia no se escapa a nadie.
papel de nuestra patria debe ser el de la más estricta neuEl l!'Obierno, con tino y prudencia muy dignas de encomio, tralidad.
se ha dado prisa en desvanecer las especies circulantes, y ha
Guardarla es difícil si la guerra se prolonga¡ pero no impodeclarado que nada hay de cierto en los rumores que asegurasible. España nos pone el noble ejemplo de sostener dificulta'-n tirantez de relaciones entre nuestra patria y su poderoso
des sin número para conservarse apartada de la lucha sangrienYecino. Lo más curioso, dentro de la psicología de este país del
ta dejando incólume su dignidad de nación libre. Por fuera y
IIDarillismo agudo, es que el gobierno ha sido creído, y ello
por dentro ha tenido que luchar contra elementos exaltados que
li2nifica que el público le otorga su confianza y que el gobierno
quisieran verla desenvainar la espada en favor de uno u otro de
ha acertado con el procedimiento justo al no dar la callada por
los contendientes¡ pero su gobierno, enérgico y prudente, ha sarespuesta a las interrogaciones que surgen de la voz popular.
bido continuar imperturbable su camino de serenidad y de pruEs un adelanto de procedimientos gubernativos que todos comdencia. El popular monarca español y los hombres de su goprenden y que todo el mundo aplaude. Nadie pone actualmente
bierno habrán dado, si logran salir avantes en su empresa, la
en duda que nuestras relaciones con los Estados Unidos siguen más clara muestra de patriotismo y de cordura nacional.
ton la cordialidad compatible con los sucesos recientes, demaEl gobierno de México, para conseguir el mismo fin, debe
iado graves para que la cortesía de las formas internacionales
usar de los mismos procedimientos. Sabrá reprimir con mano
TBya aparejada con un sincero afecto entre los pueblos.
enérgica las exaltaciones subversivas, las oratorias oropelescas
El peligro inminente desaparece y la tranquilidad vuelve
que juran por Dios y por el Kaiser¡ sabrá volver al camino juspor ahora. Pero ¿significa esto que se descarte la posibilidad de
to a la prensa que intenta hacer comulgar con ruedas de molino
111a complicación con nuestro peligroso vecino? ¿Nos ecbarea los incautos, dándoles a entender que el casco prusiano nos
llOs a dormir seguros de que nada podrá alterar la amisto~a
vendrá bien para hacer el coco al poderío yanqui¡ sabrá hacer
tlitud que guardan ambas repúblicas? Creemos que no, y esta•
entrar en razón a los que pretenden evitar el yugo americano
IIOs sel!'uros de que un exceso de confianza sería tan riesgoso poniéndose al cuello el dogal alemán.
!Onto una nerviosidad fuera de me~ida. Nos bailamos precisaConfiamos en la prudencia del gobierno porque ha dado ya
lente en el instante supremo en que el pueblo y el gobierno
patentes pruebas de qu.e la tiene sobrada, y en su energía pordeben comprometerse a la más serena de las corduras, so pena
que hemos visto de qué modo ha sabido calmar las axaltaciones
4e dar entradá a las complicaciones tremendas de una situación
de germanofilia a2"11da de ciertos grupos que laboran en su pro"8agravarfa hasta hacerlos insolubles, nuestros asuntos intepio sen_o. Si continúa en esa actitud, nuestra neutralidad será
'-es.
un hecho, y saldremos del trance con el honor limpio y con
Si la amistad con los Estados Unidos no se hubiera alterado
nuestros intereses a salvo.

PEGASO
3

�'Pegaso" por tierra.s españolas
U na carta de Alfonso Reyes
Madrid, 23 de abril de 1917.
Señor don
Enrique González Martínez.
México.
Mi querido amigo:
Su carta me ha traído, junto con
el recuerdo de la patria y los amigos au·
sentes, la buena noticia de que han fundado ustedes la revista Pegaso, y la para
mí gratísima de que se me invita a colaborar en sus páginas. Regularmente le
enviaré a usted -si las desigualdades
del correo lo permiten- mis contribuciones.
Buena señal es la aparición de Pegaso
y yo la esperaba de un momento a otro;
porque no he dejado de seguir con ansiosa fe el trabajo literario de México,
que lograba manifestarse por sobre la
tumultuosa vida social; así como tampoco he dejarlo de propagarlo, en la medida de mis fuerzas, entre mis amigos de
España. Mi deseo de colaborar con los
míos era constante; y ya que antes no
pudo ser, diré que la musa de mis recuerdos ha sido esta vez tan tardía como
industriosa, haciendo con su vino lo que
con el suyo hizo la Musa Latina de SainteBeuve:
Cette Muse, moins prompte et plus indus.
[trieuse,
Travailla le nectar dans sa fraude pieuse,
Le scella dans l'amphore, et la, sans plus
[l'ouvrir,
Jusque sous neuf consulslui permit de murir.

Después de nueve cónsules, amigos
míos, vuelvo a vosotros con un vino añejo de memorias y de cariños. ¡Pueda él
agradaros tanto, cuanto a mí, en paciencia y fatigas, me costó el acendrarlo!

***
Trataré de España: es lo que se espera
de mí. Y, puesto a escribir sobre la España que me ha tocado contemplar, me
asalta, desde que comienzo, un escrúpulo
técnico: ¿he de volver sobre los eternos
tópicos del viajero? ¿He cle procurar, al
contrario, sólo decir lo que me parezca
nuevo y personal? Lo primero es tal vez
ocioso; lo segundo, arriesgado. Lo pri•
mero es lo más prudente; lo más atractivo, lo segundo. Se compensa, pues, las
ventajas y las desventajas de las dos técnicas. Sólo que tratar los asuntos con el
estilo que les ha impuesto la reiterada
experiencia del alma humana, resulta anticuado para el ambicioso criterio de los
modernos; en cambio, no cabe duda que
el entregarse a los caprichos del impresionismo es uno de los males de nuestro
tiempo. ¡Hasta se ha olvidado que el es-

cribir es operación racional! Abrase algún libro francés del setecientos, y se
apreciará lo perdido: mas también lo !!ª"
nado; porque si los excesos de la nueva
mente literaria pudieron llevar hasta el
empeño de substituir, en la poesía las
emociones humanas evidentes -las que
en el Paraíso recibieron su nombre- por
todas las manías personales, individualísimas, ya un para los vicios de la educa:
ción familiar, en cambio confesemos que
sólo así hemos descubierto que la razón
no es todo, y sorprendido en el parpadeo
de lo inconsciente, atisbos de luz desconocida. Si esto es pecar ¿quién no ha
pecado? Y convéngase también en que
a veces, el pecado es gust'&gt;SO. Sino que,
arrojados por la pendiente, el impresionismo acabaría por disolver las normas
de nuestro arte, así como ha empezado
ya a desarticular la arquitectura robusta
de la lengua. A imitación de algún maestro, hoy los escritores van perdiendo el
resuello, la respiración honda y adormecedora-que acaso pecó de oriental- de
nuestra frase. Y bien está la frase cortada cua11do evoca el fulminazo del rayo;
pero no cuando se arrastra entre hipos penosos, como un viejo que va tosiendo, y acusa la escasa fisiología del
escritor. No; combinemos los dos criterios. En la norma racional y objetiva
-aunque ella importe repeticiones, inevitables en todo desarrollo- hagamos
campo a Jas palpitaciones de lo individual caprichoso, y aun al inarticulado
grito del «futurista». Verso ·antiguo y
pensamientos nuevos quería Chénier: haya de todo más bien, lo antiguo y lo nuevo. Porque ¿ no es verdad -oh Antonio
Caso- que los hombres vuelven un día
a los dogmas fundamentales, a los misterios inmóviles? ¿No es verdad - oh Julio Torri- que sólo el que se sabe llevar un profundo lastre de dignidad humana debe aventurarse sobre el hilo de
alambre de la sutileza? Y usted mismo,
querido González Martínez, que tan hondo penetra en los silencios del alma, ¿no
sabe usted muy bien que entre aquellas
olas del espíritu se destaca siempre algo
fijo, terrible, como el bulto negro de una
roca? No lo dudemos: esta es una de las
enseñanzas de la inmensa guerra. Y
¿por qué lo qu8'es cierto en psicología
no había de serlo en la doctrina literaria,
que de &amp;quélla procede? En mis artículos
hallará el lector, otra vez, b eterna España de los viajeros y, de vez en cuando,
algún toque personal en el cuadro. Desde los itinerarios de Cádiz, que ya aparecen en los «Vasos Apolinarios» del segundo siglo cristiano, hasta las últimas
divagaciones sociológicas, al modo de las
que publica Monsieur Imbart de Latour,

dando cuenta de sÚ misión española del
año pasado.

***
Trataré de España con amor. Es aquí
una verdadera fortuna oír el consejo de
Renán, y escribir tan sólo sobre las cosas que amamos. No por. eso he de
aplaudir siempre, como no aplaude Unamuno - gran patriota de España - el
espectáculo histórico de su raza. Por lo
demás, he entendido siempre que los
matadores_de mujeres suelen quererlas
más que los que se -pagan simplemente
/
con requebrarlas.
Por último, que se me permita una pequeña jactancia, ya que más redunda en
abono de la hospitalidad española que en
elogio propio: yo no soy pura y sencillamente un extranjero en España. Desde
mi llegada me ha rodeado un ambiente
tan acogedor que, a los dos años transcurridos, me parece que no todo lo veo
desde afuera, y que ya he comenzado a
ver algo por dentro. Así, me valdré de
esta doble vista que mi suerte me ha
querido otorgar; y si algún mérito pueden tener mis apreciaciones y relato!!, se
deberá seguramente a esta combinación
casual y feliz de poseer una voluntad
cismática y sobornada a medias.
Sin aspirar, pues, a las rigideces del
tratado, mis artículos tendrán siempre
uniformidad y podrán seguirse como un
libro contínuo.
Animo, pues. Ustedes cuentan con elementos valiosos, y el país necesita llu,
vias abundantes del cielo. Yo, desde
aquí o desde los mismos infiernos, soy
siempre el mismo para los nuestros, a
quienes confundo en un solo abrazo.
Suyo siempre, .

.

ALFONSO REYES.

LA VIRGEN DE LOS ANGELES
(Al margen de los evangelios)
Traducción especial para "PEGASO•'.

Durante los ocho días que María pasó
en el establo qe Belén, no tuvo que preocuparse para nada. Los pastores le llevaban queso, frutas, pan y leña para encender la lumbre. Sus mujeres y sus hijas
prodigaban toda clase de cuidados a la
madre y al niño. Además, los tres reyes
magos dejaron un montón de tapices,•telas preciosas, joyas y vasos ele oro.
Al cabo de una semana, cuando ya pudo andar, decidió volver a su casa de Nar.aret. Algunos pastores deseaban acompañarla, pero ella les dijo:
-No quiero que por nosotros dejen
ustedes sus campos y sus rebaños. Mi
hijo nos conducirá.
-Pero, -dijo José,- ¿vamos a dejar
aquí los presentes de los Magos?
-Sí, -replicó María.
Y distribuyó a los pastores los presentes de los Magos.
-¿No podríamos llevarnos aunque fuera una parte pequeña? -repuso José.
-¿Para qué la necesitamos? -respondió María. Poseemos un tesoro más valioso.
Hacía mucho sol en el camino, María
llevaba al niño en brazos; José cargaba
una cesta con ropa y algunas modestas
provisiones. A medio día se detuvieron
a sestear, muy fatigados, a la sombra de
un bosque.
En el momento, de detrás de los árbo-.
les, salieron varios angelitos, colorados y
mofletudos, con dos alitas en la espalda
que les servían para revolotear o para
hacer sus pasos fáciles y ligeros. Eran
listos y más vigorosos de lo que podría
suponerse a juzgar por su poca edad y
su cuerpecito.
Ofrecieron a los viajeros un cántaro de
agua fría y una buena provisión d_e frutlls que habían cortado quién sabe dón-

de.

A causa de~ serias dificultades
que hemos tenido para la lm·
presión de nuestra revista, dUI•
cultades que al fin vencimos, los
últimos números ben salido cea
más o menos dias de retraso J coa
defectos de impresl6n verdaderamente lamentables, que nuestro•
lectores, inteligentes y cultos cemo son, no habrán podido meaos
de notar.
Allanadas -dichas dificultades,
desgraciadamente Inevitables ••
esta clase de empresas, PEGASO
aparecerá en lo sucesivo coa to..
regularidad, mejorado notable•
mente en cuanto a su parte tlpegráfica se refiere.
.· ,como de:costumbre, segulri pi•
hlicando trabajos inéditos de l.,
poetas y prosistas mis distlaitl•
dos de México.

,

Cuando la santa familia emprendió de
'lluevo el camino, la siguieron los ángeles. A José le ayudaron con la cesta, pero María no quiso confiarles el niño.
Llegada la noche, los ángeles arreglaron lechos de musgo bajo un gran sicomoro y velaron toda la noche el sueño de

Jesús.

María llegó a su casa de Nazaret, situada en una callejuela populosa; casa blanca, plana de techo, con una terracita cubierta, donde José tenía instalado su taller.
Los ángeles no los habían abandonado
y seguían prestándoles toda clase de servicios. Cuando el niño lloraba, uno lo
mecía suavemente; otros tañían !'us arpas o en caso necesario, le mudaban pañales en un santiarr.én.
Así tan atendida por los ángeles y no
tenienclo nada que hacer María se fastidiaba y oraba más y más siempre reflexionando acerca de esta situación. Una
mañana, al levantarse, vió a los ángeles
ocupados en asear la casa, les quitó la
escoba y los despidió, aparentando enojo. Volvieron después de la comida y
trataron de levantar la mesa, pero lé dió
un capirotazo a uno de ellos y todos se
pusieron en fuga. Volvieron poco después. Cuando la Virgen hacía sus preparativos para hilar, un ángel trató de apoderarse de su huso; ella lo persiguió,
amenazándole hasta el taller de José. Al
cabo de un,a hora, mientras cosía, sentada cerca del niño, notó a los ángeles que
se habían deslizado bajo la cuna y lamovían disimuladamente. Ella se levantó,
los echó fuera y cerró tan prontamente
la puerta que uno de los ángeles quedó
prendido de un ala y lanzó un grito. María le soltó y le dijo: - Bien merecido lo
tienes por andarte metiendo en lo que no
debes. Avisa a todos tus compañeros y
no vuelvan por todo esto.
-Vamos,-dijo José, - ¿por qué echas
fuera a todas estas buenas gentecillas?
Me parece que nos prestan importantes
servicios ..
_ -Precisamente por eso, ...:..respondió
María.
-No te entiendo, -replicó José. Desde el momento que tu hijo es el Mesías, es muy natural que los ángele&amp;le sir·
van y que la madre se aproveche de la
ocasión.
-iOh!-dijo María,-vaya una observación falta de delicadeza. ¿No sabes que el
Mesías viene al mundo para sufrir con
los hombres. y, f,por¡, consiguiente,[para

Caballería canadense dirigiéndose a la línea de fuego momentos antes del asalto
de la posición de Vimy.

PEGASO
4

PEGASO·

soportar todos los males que es·natural
que experimenten los niños? Verdad es
que yo debo suavizar en cuanto esté en
mi mano estas molestias, supuesto que
soy su ma4re; pero no se da cuenta de
que vienen otros a encargarse de mis
asuntos. ¿Acaso las otras madres no cuidan con sus propias manos a sus chiquitines? ¿No sería cobardía de mi parte renunciar a mis labores maternales? Por lo
pronto, te puedo asegurar que a mi hijo
le gusta mas ser cuidado por mí que por
otros monigotes con alas; y sé que me
asocio más a su voluntad redentora aceptando las penas como las otras mujeres
y soportando toda la condición humana. Sí, quiero ser yo sola la que en•
vuelva en sus pañales a mi hijo, yo sola la que le adormezca y arrulle, y yo
sola la que me entienda con la casa y
la que -hile en la rueca y la que vaya al
lavadero ...... Y como todos estos traba· jos insignificantes me caus:1n verdadero
placer, no hay en ello mérito de mi parte; pero sería culpable si tolerara que los
ángeles usurparan mi puesto. . . . ¿Comprendes ahora?
-Me parece que sí, hija mía .... Mas
entonr.es va a ser preciso que yo renuncie también a los ligeros servicios que los
ángeles me prestan de vez en cuando?
-Indudablemente, amigo mío.
-Yo había entendido, sin embargo,
que el ser marido de la madre del Mesías
daba algunos derechos. Pero debes tener
razón, porque eres más inteligente y sabia que yo, a pesar de que tengas quince
años y de que haya yo pasado de los sesenta.
Ahora bien, como a la siguiente noche
el niño Jesús llorara sin poder dormirse
se _oyó de pronto en la calle una melodía
ligera y de extremada dulzura.
Abrió María la puerta, y vió a la luz de
la luna, en fila contra las paredes de la
casa, muchos ángeles que tocaban arpas
diminutas.
-¿Otra vez?-les dijo ella.-Y si a mi
hijo no le da la gana de dormir? ¿Y si se
le antoja seguir aguantando sus dolores
en las encías? .... Sobre todo ¿no estoy yo
aquí que soy su madre? .... Os largáis o
me enfado!
A la mañana siguiente no aparecieron
por todo aquello; pero al otro día, María
les vió en el patio agrupados debajo de
la higuera, tímidos, avergonzados y llorando en silencio.
-Angelitos míos,-díjoles ella,~puedo
pareceros demasiado severa porque estáis muy chiquillos para comprenderme.
Mas oíd: la vieja Séfora que vive enfrente está paralítica. Un poco más lejos está
la buena Raquel que tiene doce hijos y
que pasa la pena negra para criarlos. Y
en Nazaret podréis encontrar a muchas
otras mujeres pobres. Y bien, a ellas debéis ayudarles a arreglar la casa, a lavar
la ropa y a cuidar los niños .... Si queréis
dar gusto al mío, ese es el modo de conseguirlo.
Y viendo que arragaban las naricillas
dando señales de tristeza, añadió.
- Cuando esté más grandecito, pueda
ser que os dé permiso de jugar con él...
Pero, por ahora, haced lo que os mando.
Y ese año, todas las mujeres pobres y
enfermas que había en Nazaret fueron
ayudadas y todos los niños mecidos por
servidores invisibles (porque solamente
José y María veían a los ángeles); y los
bebés no lloraron más, excepción hecha
del niño Jesús que quería sufrir por
ellos.
JULIO LEMAITRE.

5

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La Capilla del Pocito

tos se abrieron el tQ de junio de 1777;
continuándose la construcción a instan.
cias de don Calixto González Avencerraje, y después, del gaditano don Nicolás
Zamorátegui, comerciante de México; a
expensas públicas, pues se hizo de limosnas, por los obreros de México que trabajaban en ella cuatro horas los días festivos, con licencia del Arzobispo don
Alonso Núñez de Haro y Peralta, y ganando ·p or ello 80 días de indul2"encias.
Hasta la piedra para la fábrica fué traída
del Tepeyac por los fieles, lo mismo que
la tierra para terraplenar la calzada. Con
el sobrante de los materiales se hizo una
casa para los sirvientes de la capilla, casa que se conserva aún.
La obra duró 14 años. Y el ornamento
de la capilla fué también hecho de limosnas. En la Gazeta de México del martes
27 de diciembre de 1791 se publicó el
plano de la capilla y un extracto de las
cuentas de construcción. Y por las notas
se sabe cómo, los plateros dieron la lámpara, con peso de 119 marcos, 1 onza y
4 adarmes; los que tenían puestos en el
Baratillo y en el Puente de Palacio dieron los dos altares y tres campanas; el
herrero don Joseph Antonio Zavala dió
las cruces veletas; el talabartero don
Bartolomé Espinosa, el aguamanil; los
carpinteros, principalmente don Marcos
López, hicieron las obras de madera; don
Pablo Milier y otros sastres los orna•
mentos. Y el principal, el autor de la obra, el
que la había delineado-suyo es el dibu•
jo que se publicó en la Gazeta y se reproduce ahora-el que la dirigió durante
los catorce años, «don Francisco Guerrero y Torres, maestro mayor de esta
muy noble y muy leal ciudad, y de otras
fábricas reales», trabajaba también sin
extipendio alguno, mere gratis. Don 12·
nacio Carrillo y Pérez en su Pencil Americano (1793) es quien da esta noticia,
añadiendo quel «tenía que ir· desde esta

Capital a aquel santuario, de donde era
nativo».

Así se edificó esta pequeña obra maes-

tra. Dejemos su historia y estudiémosla
tal como se conserva hoy. St1 planta demuestra una gran habilidad para repartir
el peso de la cúpula, sin hacer contrafuertes al exterior: recurre para ello a cuatro
capillas consagradas a las apariciones.
Los muros sirven de base.a las cúpulas y
esto, que Báxter censura porque según él
resta dignidad a la obra, está disimulado
por una especie de crestería rematad::i. de
estípites de loza, y revestida toda ella por
azulejos i2"uales a los de las. cúpulas.
Dicha crestería !parece una corona erguida sobre la capilla. En la parte que corresponde al gran cuerpo se hicieron los
campaniles, y un barandal completa el
campanario.
El magnífico azul de las cúpulas, brilla~te por el reflejo luminoso, la felpa
ro¡1za que parece revestir la capilla en el
tezontle de sus muros, las originales clarab?yas en forma de estrella, dan a fa
capilla un aspécto peculiar de una gran
armonía en medio de una lujosa brillantez.
Los adornos que rodean a la gran estrella que está sobre la puerta, por la
danza inimitable que tejen los serafines
entre el rico follaje, hacen pensar en un
Luca de la Robia que hubiese ganado en
esplendidez, cuanto había perdido de
puro candor. Las golondrinas que han
anidado al arrimo de las cornisas y cuyos
vuelos concéntricos parecen cobijar a la
capilla, pudieran deciros que nunca viero? relieves de más delicado dibujo, de
~s amorosa complicación, que los que
cmen a esta Virgencita erguida en su
estrella.
Si e~tráis conmigo a la capilla, veréis
que el mterior desmerece mucho de lo
que el exterior parecía prometernos. Las

La Capilla del Pocito
PoR MANUEL TOUSSAINT

r

Cuando recorréis ~l monótono, feo y
sucio poblado que, como ciñendo la idea
que le dió origen, se agrupa en torno de
la colegiata de Guadalupe, venís, por
fuerza, a refugiar vuestros pasos junto
a la capilla del pocito. Es aquí donde la
virgen esperó, bajo la sombra de un árbol, que Juan Diego tornase con su cosecha de rosas; y es aquí donde al contacto
divino se produjo el milagro de la pintura sobre la tilma. Seais o no aparicionistas, convendréis conmigo en que la capilla del pocito bien vale un milagro; yo
os doy, en cambio, la horrible capillita
edificada en frente, para que la hagáis
desaparecer si queréis y no se compare
más, con gran detrimento de nuestra
época, la arquitectura colonial y esta que
ya casi ni el nombre de arquitectura me6

rece, pero que goza de gran privanza en
el día.
La capilla encierra un gran significado en el arte y en la vida de la Colonia.
La capilla es la iglesia hecha y casi administrada por los fieles; es la intervención
directa de la Feligresía para procurarse
un templo suyo, cerca de su hogar; o
con objeto de que se conmemorase algún
hecho notable. Había capillas de barrio
-algunas subsisten aún-; y había capillas de gremios de artesanos, como la de
talabarteros en la plaza mayor; y había
capillas para recordar un hecho notable,
como la de San Hipólito, o un milagro,
como las capillas guadalupanas.
La construcción de la capilla del pocito, nos enseña más acerca de la capilla
que cuanto podamos referir. Los cimien•
PEGASO

Los adornos que rodean la gran estrelll
que está sobre la puerta, hacen pen·
sar en un Luca de la Robia...

El magnífico azul de las cúpulas, brillante por el reflejo laminoso,
dan a la Capilla...

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V«r"/4:,J,iff,n, "1¡il~.
'E~,,,_¡¡,Ñ,

Plano de la Capilla, que se l)ublicó en la Gaz eta de México el martes
27 de diciembre de 1791
'

restauraciones hechas de 1880 a 1882
como lo enseña una placa, ¿habrán destrozado la capilla, según costumbre? Parece que el interfor de la cúpula era dorado; las pinturas que ahora la cubren
son de lastimosa pobreza; los altares que
ocupan las capillas de las apariciones son
modernos, de una vulgaridad desesperante. Las cuatro apariciones están pintadas en sendos lienzos; uno tiene la firma de Cabrera, todos parecen de su misma mano, aunque restaurados. Fué quizá al hacer la reconstrucción de 1880
cuando se recurrió a un medio burdo para salvar la fábrica; con todo, se salvó.
La primera capilla, la que cubre el pocito, la más bella sin duda, comenzó a separarse del _resto del edificio y para evitar su caída, fué asegurada por medio de
unos cinchos de hierro, con deterioro
de los adornos. Tiempo es de iniciar una
reparación hábil.
P:Ji;GASO

E I pocito está clausurado desde much
tiempo hace. Los derrames que existían
al exterior para bañar a los enfermos y
que figuran en el plano de 1791, fueron
cegados en fecha inmemorial. Sólo se
acercan los curiosos a mirar por los pequeños postigos de la gran puerta, que
están abiertos. Miremos. Cierra el brocal del pozo una reja de hierro; lo sombrío del lugar, hace que pensemos, más
que en el agua de la fuente de Juvencio,
en un monstruo desconocido, en un Minotauro que sufre la doble prisión de la
capilla y del pozo.

Busque Ud. el próximo número de

PEGASO
que contendrá selecto material.
7

�POEMAS INEDITOS
DE ENRIQUE GONZALEZ MARTINEZ
De "El libro de la fuerza, de la bondad y del ensueño", en pre~sa
ORACION A LAS ESTRELLAS
A Ramón López Velarde.

Porque sois lejanía,
silencio y luz, mi espíritu os envía
una cordial salutación, hermanas
mudas, resplandecientes y lejanas.
Porque sois como rosas
abiertas a las auras misteriosas
de un gran vergel, el alma se consume
en ansias de aspirar vuestro perfume
hecho de emanaciones luminosas.
¿Qué divino mensaje
desde la excelsitud mandáis de viaje
o qué enigma profundo
al alma de los hombres? ... . Cada nueva
lumbre del sol lo trunca, y lo renueva
la grave noche cuando baja al mundo.
En la sutil fragancia
del nocturno silencio, las remotás
señales enigmáticas son gotas
de un filtro azul que el universo escancia ....
¡Y el sueño se depura en la distancia!
Un lazo nos sujéta
y nos une al través del infinito;
hay un augurio escrito
en vuestros parpadeos, y el poeta
una patria distante
mira en vosotras. . . . ¿Qué pareja amante
en su dulce querella,
no ha concertado cita en una estrella?
Tal vez en el arcano
del hondo cielo, os apag:ó la mano

helada de los siglos; mas perdura
vuestro fulgor. La eternidad se asila
en vuestra luz, y a la visión futura
de otros planetas, surgirá tranquila
en otra edad .... Vuestra vislumbre pura
arderá mientras haya una pupila.
Pues guardáis un tesoro
de purificación en vuestro fuego,
purificad mi sér, caed en lloro
lustral, haced que luego
se limpie mi palabra
para que nada empañe su tersura,
para que salga de mi verso pura
como la g.ota de cristal del abra
visible apenas en la roca dura.
Haced mi pensamiento
sencillo y dócil como el manso viento
que columpia los trigos y las rosas ....
Yo lo daré a los hombres y a 1as cosas
sin frase oculta ni intención extraña,
como da sus aromas la montaña.
Sólo mi afán secreto
guardaré en vuestras luces escondido,
lejos del vano ruido,
del mirar indiscreto
y de las asechanzas del oído.
¡Oh, divinas hermanas
mudas, resplandecientes y lejanas!
Seguid en vuestro imperio
dista!}te, con enigmas de misterio.
Brillad eternamente
dando besos de luz a nuestra frente.
Bajad, gemas floridas,
en lluvia de silencio a nuestras vidas.

DE RAMON LOPEZ VELARDE
Despilfarras el tiempo ..

Y frente al ínclito derroche
de los tesoros que atesora
el yacimiento de las almas, algo,
muy hondo en mí, se escandiza y llora.

Prolóngase tu doncellez
como una vacua intriga de ajedrez.
Torneada como una reina
de cedro, ningún jaque te despeina.
Mis peones tantálicos
al rondarte a deshora,
fracasan en sus ímpetus vandálicos.
La lámpara sonroja tu balcón;
despilfarras el tiempo y la emoción.
Yo despilfarro, en una absurda espera,
fantasía y hoguera.
En la velada incompatible,
frústrase el yacimiento espiritual
y de nuestras arterias el caudal.
Los pródigos al us9
que vengan a nosotros a aprender
cómo se dilapida todo el sér.
Tu destino y el mío, contrapuestos,
vuelcan el apogeo de la vida
febril e insomne que se va, en la ida
de un cofre que rebosa
y se malgasta en una fecha ociosa.
Las monedas excomulgadas
de nuestro adulto corazón
·
caen al vacío, con
lúgubre opacidad, cual si cayera
una irreparable sordera.
8

Noviembre de 1916.

Corno en la Salve- . ...
¡Oh bienaventuranza fértil de los que saben
ir gimiendo y·llorando deprecativamente,
como en la Salve, que es un óleo y una fuente!
Yo también supe antaño de la bondad del cielo
que en mis acerbos pésames llovía,
y compuse mi Salve, con la fe de un cruzado,
bajo los muros de Antioquía.
Mas hoy es un vinagre
mi alma, y mi ecuménico dolor un holocausto
que en el desierto humea.
Mi Cristo, ante la esponja de las hieles, jadea
con la árida agonía de un corazón exhausto.
¡Señor, Tú que colocas
resina en la corteza impenitente
y agua entrañable en las adustas rocas,
hazme casto y humilde para poder llorar
la bienaventuranza de aquel llanto deshecho
que fertiliza y lava el pecho,
y verás cómo mi alma se atavía
y trueca su congoja en alborozo
para escalar los muros de Antioquía!

PEGASO

]

El Gran Duque Miguel, íntimo
Los destinos de Rusia estuvieron a punto de confiarse al Gran Duque Miguel,
hermano del Czar, a quien Nicolás II h ; bía designado como su sucesor, después de
firmar la abdicación a la corona. En estos momentos en que el gobierno revolucionario se im.pone en Rusia, estamos seguro~ de respoader a la curiosidad de nuestros lectores, dándoles a conocer algunos detalles del hombre que pudo hacer sido
el continuador de la dinastía de los Romanoff en el vasto e inquieto país de la Europa oriental.

_____.,
Grande, de estatura atlética, de aspec-

to enérgico, la mirada penetrante, la
frente muy despejada por el tiempo, ralo
el pelo, los bigotes cortos, a la inglesa,

el mentón voluntario, tal es, expuesta a ·
¡randes rasgos, la fisonomía del Gran
Duque Miguel Alexandrovitch, que estuvo a punto de ser el Czar de todas las
. Rusias.
De pronto nos parece un poco frío,·pero de carácter amable, enemigo del fausto, huyendo siempre de la vida cortesana, buscando la compañía de algunos
amigos sinceros y devotos; y así es él,
de modo principal, tanto por la sencillez
de sus maneras como por la franqueza
de sus ideas y el liberalismo de sus tendencias políticas, un tipo de príncipe moderno. Sus simpatías han sido siempre
para Inglaterra y especialmente para
Francia; en ningún tiempo ha ocultado
desdén para Alemania, de cuyo pueblo
dijo un día que de civilizado sólo tenía el

guel transcurrieron en Petrograd, en el
palacio de invierno y el de Tzarcoselo y
en esos períodos magníficos y solemnes
el aburrimiento fué su mejor compañero,·
de tal suerte que siempre resultaba para
él un nuevo deleite la llegada de todas
las vacaciones. Entonces fué la familia
imperial a instalarse a Livadia, dominio
encantado, lleno de sol y de perfumes.
Llegaba después de los soberanos dane-

nombre.
De los tres hijos del Czar Alejandro III,
seguramente es el Gran Duque Miguel
quien, desde el punto de vista físico, se
parece a su padre: la misma gran altura,
las mismas vastas espaldas, igual fuerza
muscular prodigiosa. Pero desde luego
se nota también que no heredó nada de
su padre en cuanto a sus ideas en materia de gobierno: comprendió el carácter
de su tiempo y entró en su espíritu.
EL PERIODO DE JUVENTUD

El Gran Duque M.iguel ha cumplido el
año trigésimo nono. Cuando nació parecía destinado a no subir ·nunca al trono.
Tenía dos hermanos de más edad que él:
el Gran Duque Nicolás, que fué después
el Emperador Nicolás II, y que acaba de
abdicar en circunstancias que son bien
conocidas de los lectores de PEGASO, y
el Gran Duque Jorge que por sufrir una
enfermedad del pecho murió todavía joven. ·La infancia y la adolescencia de Mi-

La Gran Duquesa con sus libros preferidos.

El Gran Duque_Miguel.

ses, de esos reyes a quienes se llamaba
los abuelos de Europa. En efecto, ;!rededor de los dos nobles viejos se agruparon durante algunos días casi todos los
soberanos del viejo continente. Empéradores y reyes, y los hijos de éstos, y con
ellos los primos alemanes formaron, durante algunas sem_anas, la más alegre de
las tertulias. Lejos de toda contrariedad,
fuera de todo protocolo, hacían paseos
inacabables a pie, a caballo o en automó.:vil. Partían en la madrugada y rej?resaban por la noche; se comía y se merendaba sobre la yerba y se mezclaban a la
muchedumbre de los aldeaO&lt;Js y, en las
campiñas tenían el placer de dejarse llamar sencillamente señor o señorita.
De este período en Dinamarca, el Gran
Duque Miguel ha ~ardádo siempre el

PEGASO

mejor recuerdo. No· obstante, al terminar las vacaciones el Gran Duque se empeñaba en regresar a Petrograd a reanudar los estudios momentáneamente interrumpidos. De esos estudios las preferencias del Gran Duque Miguel eran por
las ciencias exactas y también por la filosofía y la sociología, por lo que alguna
vez lo reprendí~ su padre tratándole de
ideólogo. De allí data su educación, orientada esencialmente hacia la carrera de
las armas, por la que se manifestó siempre muy interesado.
Era aún muy joven cuando.murió Alejandro III. Durante los primeros años
del reinado de Nicolás II tuvo una existencia voluntariamente retirada. Vivía
muy cerca de la emperatriz viuda, de
quien fué siempre el niño mimado y se
consagró completamente a sus ocupaciones militares, sin aparecer nunca en las
ceremonias de la Corte.
Sin embargo, llegó un día en que fué
el heredero presunto de la corona. Su
herr:1~no menor, el Gran Duque Jorge,
mur10; su hermano mayor, el Czar no
tenía aún descendencia masculina ... ~ Inmediatamente se formó un partido poderoso al cual pertenecían algunos miembros de la familia imperial. La oportunidad de substituir al Czar por su hermano fué discutida. Presintiéndolo, el Gran
Duque Miguel, con una lealtad que le
hace honor, rehusó a prestarse a tales
maniobras: «Soy únicamente el hermano
del Emperador, respondió, y no quiero
ser otra cosa.» Estas intrigas, a las cuales fué absolutamente extraño, estuvieron a punto de atraerle la enemistad de
la Czarina, quien para impedirle todo derecho a la corona, pretendió que se decretara que en Rusia, como antes, las
mujeres podían tener acceso al trono.
DEL MATRIMONIO AL DESTIERRO
El nacimiento del czarevitch Alexis pareció concluir con toda mala inteligencia
entre el Czar y su hermano; por el contrario, un incidente de familia atrajo una
ruptura completa. Apartándose de todas
las costumbres de la Corte, el Gran Duque Miguel contrajo matrimonio morganático con una joven burguesa, de mediana posición, con una divorciada. A pesar
del veto absoluto del Emperador, hubo
de casarse en 1911 con la señora Natalia
Schernerestky, hija de un buen abogado
de Moscow, cuyas opiniones se acercaban al socialismo. La nueva Gran Du-

La revoluoión en Rusia.-El pueblo reco·
rriendo las calles de Petrograd.
9

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cés ocupado todavía por las leiriones del
Kaiser. Con ello prolongará más tiempo
el soberano teutón el desgaste de sus
fuerzas y con él la acción de su flota submarina ....

,

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.

No basta a un Impermeable tener el nombre de ''Impermea-·
ble" para ser efectivamente

IMPERMEABLE
l.,_

El fin de una dinastía. - La abdicación del Czar Nicolás II.

quesa fué casada con un austriaco, un tal
von Voulfert, que le daba muy mal tratamiento.
,
Al saber que su hermano habia desobedecido su orden, Y a pesar de las súplicas de la Emperatriz madre, el Czar
determinó el dPstierro del Gran Duque;
le retiró los títulos, los cargos Y las dignidades; lo despojó de los derechos a la
corona y puso sus bienes bajo secuestro.
Los jóvenes esposos abandonaron Rusia y fueron a instalarse a Inglaterra para después pasar el invierno en Cannes.
Se les veía circular sin cesar a caballo;
se les encontraba en algunas casas de té
a la moda, en algunas tiendas de anticuario. Fervientes aficionados al golf Y al
tennis, practicabtm con pasión estos dos
deportes y de tiempo en tiempo pasaban
una larga temporada en París, de cuya
atmósfera intelectual se manifestaron apasionados.
.,
En París los sorprendió la declarac10n
de guerra. No necesitó más Y envió al
Emperador este sencillo mensaje: «Corro a poner mi espada al servicio de mi
patria. • E inmediatamente tomó el cami,
no de Petrog-rad.
La entrevista de los dos hermanos fue
emocionante: uno se echó en brazos del
otro y así perma necieron largamente. El
Gran Duque fué restablecido en sus cargos y en sus dignidades; su mujer fué
autorizada a volver a Rusia en donde se
le hizo condesa Frassof.
EL GRAN DUQUE EN EL EJERCITO
Poco tiempo después el Gran Duque
10

ingresaba al ejército. A la cabeza de la
División caucásica combatió en Galitzia
y en los Cárpatos. Su División, que por
su heroísmo fué llamada la «División
salvaje•, se cubrió de gloria en 1915 al
derrotar a tropas escogidas como son los
cazadores tiroleses. El joven jefe fué
promovido al grado de Mayor General,
después al de Teniente General y, por
último, al de Comandante de un Cuerpo
de caballería.
De una bravura a toda prueba, el Gran
Duql.\e quería verlo todo por sí mismo y
se le encontraba siempre en la primera
línea. Sus dragones lo habían premiado
con el bello apodo de «el Gran Duque
bravo de la muerte• y más familiarmente
le llamaban «su Miguel.•
Durante un corto período el Gran Duque volvió a Petrograd, de donde se trasladó al Cuartel General del Czar. El Eroperador quería frecuentemente tenerlo a
su lado y gustaba de consultarlo en las
más graves circunstancias y lo admitía
en los consejos de la corona y se hacía
acompañar por él en el acto solemne del
cuarto período de la Duma.
Ya saben los lectores de PEGASO que
el 16 de marzo, a las tres de la mañana,
el Emperador era obligado a firmar el
acta de abdicación en que, por no separarse de su pequeño hijo, dejaba el trono
a su hermano. Tal es, a grandes rasgos,
la fisonomía de este noble personaje que
a no haber sido por la voluntad de los
revolucionarios rusos, ocuparía en e~t?s
momentos el trono cuyo es el domm10
más vasto de la tierra.

PEGASO

Cuando nosotros ofrecemos un
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lleva nuestra garantía, y esto
quiere decir que devolveremos
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El Ministro Ribot acaba de hacer en la
Cámara de Diputados declaraciones que
definen claramente la conducta que se2uirá el gobierno francés con los elementos socialistas que en momentos de tanto
peligro para la causa nacional pretenden
llevar a las conferencias pacifistas de Estokolmo la voz de la nación. «La paz, dijo el Ministro, no puede ser acordada por
ninguno de los partidos políticos. Es un
asunto que concierne a la Francia entera
y sólo puede ser negociada por el pueblo
francés legalmente representado por su
¡robierno. La paz vendrá únicamente con
la victoria . ... • Tanto en Rusia como en
Francia se mueven hace tiempo los agitadores, inoculando en el organismo de
la defensa común, el virus de la disolución, inconscientes unos, conscientes tal
vez otros, de que al hacerlo trabajan por
la pérdida de los suyos. Las consecuencias de esta agitación se están palpando
en Petrograd, donde masas de obreros y
soldados, exaltados hasta la demencia,
paralizan la acción del gobierno, mientras
sus hermanos, llenos del ensueño de su
naciente república, mueren heroicamente en los campos de batalla, sosteniendo
el honor de su bandera. Ultimamente estos grupos anárquicos han llegado hasta
la franca rebeldía, apoderándose de la
fortaleza de Kronstadt y constituyendo un
poder frente al g-obierno provisional. Por
fortuna parece que su actitud ha sido
condenada por la mayor parte de la naci0n y que tendrán que volver sobre sus
pasos. Si no lo hacen así, la fortaleza desaparecerá junto con ellos bajo el fuego
combinado de los buques y de las tropas
leales. En Francia, la anarquía, corriprida por el buen juicio y el patriotismo galos, no ha dejado de gruñir, de lanzar al
viento algunos gritos; todo inútil: el pueblo no le ha prestado atención y el gobierno .... el gobierno se halla dispuesto
a ponerle una mordaza si es necesario.
En Alemania no se ha visto en realidad
con malos ojos este movimiento de los
socialistas hacia Estokolmo. Es una de
tantas esperanzas de que la paz alboree
en el horizonte ennegrecido por las derrotas. En una conferencia, el grupo socialista alemán llevará, por su disciplina,

la voz cantante; y si del cambio de ideas
no sale la paz, bien pueden salir de allí
¡zérmenes de discordia para los aliados
que contribuyan a mejorar, con la ayuda de Dios, la situación de los siempre
victoriosos, aunque reculadores, ejércitos del Mariscal Hindenburg.
Previendo esto, y aleccionada por lo
que está ocurriendo en Rusia, Francia ha
cortado por lo sano, haciendo saber a los
socialistas, por boca del Ministro Ribot,
que su patria no los autoriza para embarcarse en la aventura alemana de EstokolIl_lO, porque el arreglo de la paz es asunto que ya ha sido encomendado a otros:
a los que están, cerca de la lumbre, en
las trincheras.

***
Los italianos, amenazados en concepto
de los críticos militares por una ofensiva
fulminante, han desarrollado la suya con
un brío estupendo. Nada ha podido contener el avance de los soldados de Cadorna: posiciones que parecían inexpug-nables han sido deshechas por la artillería, divisiones escogidas enviadas a la
línea de fuego han tenido que ceder el
terreno maltrechas y desalentadas; y el
¡zobierno austriaco, angustiado por la tremenda presión ejercida en su frente, se
dispone a abandonar el gran puerto del
Adriático que debería ser el centinela vigilante de los intereses de los Imperios
centrales en el flanco de Italia.
A pesar de que la inactividad de la armada rusa ha dado largas semanas de
respiro a los teutones, éstos no han acudido en auxilio de sus aliados. Acontecimientos tan graves como los de esa reg-ión se registran en otros sectores y no
se hallan en condiciones de distraer las
tropas que defienden sus propias posiciones amenazadas por la ofensiva franco-británica. De la importancia de esta
acometida formidable pueden dar idea las
pérdidas que el ejército inglés sufrió en
el mes de mayo (106.000 hombres) y que
el gobierno de Londres confiesa con su
habitual honradez. No es extraño que la
prensa empiece a hablar, como de un rumor escapado a la censura alemana, de
la próxima evacuación del territorio fran-

Despachamos en el día que Se recibe
todo pedido foráneo.

RlCIBA lL MAXIMO POR SU DINlRO

HIGH LIFE
L. BLOGK

El soldado alemán, además, ha perdido, bajo la inevitable eficacia de los golpes enemigos, su primitivo arranque. Ya
no log-ra, como antes, quebrantar fácilmente la resistencia de sus adversarios;
ya no impone su voluntad bajo la tempestad de hierro de sus cañones; ya no
da lecciones de valor y disciplina: cuan•
tas veces es lanzado al fuego, y va con
frecuencia porque sus jefes son pródigos
de la sangre de los suyos, vuelve castigado a sus posiciones, sintiéndose impotente para afianzar definitivamente los
piés en la codiciada tierra francesa.
El retorno a la patria, el contacto más
íntimo con los de su raza, el sentimiento
instintivo que impele a todos los hombres a defender el patrimonio nacional,
le inyectarían nuevas fuerzas y tal vez
luciría sobre sus banderas, antes de apagarse para siempre, el rojo sol de Charleroi. ...

El pueblo alemán ha celebrado con júbilo el aniversario de la batalla naval de
Jutlandia. Ya que no es posible ale1rrarse por victorias recientes hay que hacerlo por las viejas. Con ello se refresca un
poco el orgullo militar asfixiado en la atmósfera de fuego del presente; y sobre
todo se reanima el espíritu decaído de los
soldados.
Lo malo es que esta victoria naval nadie se la puede atribuir en realidad. Los
alemanes porque si bien echaron a pique
algunos buques mientras lucharon con
una fracción de lá escuadra inglesa, pusieron piés en polvorosa en cuanto el
l?'rueso de la escuadra enemiga apareció;
y los ingleses porque si bien sacrificaron
heroicamente algunos buques para dar
tiempo a que el resto llegara, dejaron escapar a sus adversarios cuando estuvieron en condiciones de aniquilarlos.
Pero si Inglaterra no puede vanagloriarse del choque de Jutlandia, Alemania
mucho menos. Desde que su flota volvió
victoriosa de las aguas de Jutlandia no
ha podido salir de sus agujeros; y esto
puede ser una señal o de que volvió muy
maltratada o de que todavía no se le pasa el susto!

Sitio de

ANGELINN

dis;;;;;}

Lugar único
Paraje delicioso

Joya del valle

Esq. Ave. Madero y Gante.

PEGASO

II

�CARICATURA EXTRANJERA

Una luz inesperada

ña, y estas camas pequeñas-próximamente
medio centenar- han sido fabricadas, con
apresuramiento febril, empleando ramas sin
descortezar, y se asemejan a lo que llamamos,
en nuestros jardines, muebles de estilo rústico. Pero, ¿ por qué existe este calor, casi irres·
pirable, que desprenden las estufas? Nunca es
bastante elevada la temperatura cuando se
trata de pulmones asfixiados. Y esta obscuridad, ¿para qué esta obscuridad que da aspecto
dantesco a este lugar de martirio y que debe
de molestar tanto a las amables y blancas en·
fermeras? Es que los bárbaros están ahí, en
sus agujeros, muy cerca de este pueblo, cuyo
campanario y cuyas casas se han complacido
más de una vez en destrozar, y si, con sus anteojos, siempre en acecho, viesen en este triste
anochecer de noviembre, iluminarse la hilera
de ventanas de una sala grande, inmediatamente olfatearían que era una ambulancia, y
los proyectiles lloverían sobre los humildes lechos: ¡conocida es su predilección por ametra·
llar los hospitales, los convoyes de la Cruz Ro·
ja y las iglesias! ....

la imaginación y para mantener durante más
tiempo el odio indignado y la sed de las s..ntas
represalias!
Porque hay un hombre que nos ha preparado detenidamente toe.lo esto, y ese hombre continúa viviendo; vive, y, como el remordimiento es sin duda desconocido para su alma de
buitre, ni siquiera sufre, a no ser que sufra el
furor de haber errado el golpe .. . .
Nuestros soldados que, con los pulmones
abrasados. jadean en sus reducidos lechos rosticos, muestran expresión de gratitud cuando
alguien, acompañando al médico, se aproxi~a
_a ellos, y, si se les estrecha la mano, fijan en
el visitante una mirada bondadosa. Me detengo ante uno completamente hinchado, imposi•
ble de reconocer, sin duda, para los que le vieron cuando aún no había sufrido esta horrenda
inflamación; basta tocarle, aunque sólo sea¡¡.
gerísimamente las doloridas y dilatadas mejillas, para sentir bajo los dedos la crepitación
de los gases infiltrados entre la piel y la carne.
«Vamos, esto marcha mejor desde la mañana&gt;,
dice el médico militar. Y añade, en voz baja,

Una página histórica
La noche del 2 de abril en
el Capitolio
•••. Sumidas en profundo silencio observaban la grave, pálida figura de
Wilson, al pie del estrado del Presidente de la Cámara, a medida que en
voz baja y resonante iba enunciando
las palabras de un discnrso ·q ne ha de
perdurar como la obra maestra de los
estadistas americanos.

Washington, la ciudad burocrática, la
más tranquila y quizá la más bella de las
ciudades americanas, se convirtió de
pronto, la noche del 2 de abril, en la ciudad imperial, a la que, como a una Meca,
han de llegar de seguro los peregrinos
de todos los países aliados y, acaso, al~n día, de todas las n~ciones del globo.

CARICATURA EXTRANJERA

te. Todos esperaban al Presidente y su
decisión en favor de la guerra.
En el ambiente se respiraba guerra,
guerra en el Capitolio y guerra en la
gran multitud que apenas podía contener
el piquete de caballería apostado en las
cercanías.
Por fin llegó la hora. Tres automóviles atraviesan a toda velocidad la gran
Plaza frente a la larga línea de soldados
de caballería, que esperan con las armas
terciadas; y se detienen de pronto junto
a la escalinata de la Cámara de Diputados.
Es difícil analizar la extraña fascinación de este Presidente que ha tomado
su puesto entre los grandes hombres del
mundo.
Wilson habla bien casi desde que era
un muchacho; y en Princeton, especialmente, se dedicó con celo al estudio de
ese arte. No obstante, Wilson nunca
«hace oratoria&gt;. Es expedito y va directamente al punto. Su figura, alta y escuálida, da la impresión de un activo
hombre de negocios, y al mismo tiempo

Narraciones de PIERRE LOTI
Un lugar de horror, que pudiera creerse
imaginado por Dante. El ambiente es pesado,
sofocante; dos o tres lamparillas, que arden
cual si temiesen alumbrar demasiado, taladran
un poco la obscuridad nebulosa, muy cálida y
como impregnada de sudor y fiebre. Varias
personas, atareadísimas, cuchichean con an·
siedad. Pero predominantemente se oyen es·
tertores de ~genia . . . E sos estertores surgen
de multitud de camas pequeña~. alineadas has·
ta tocar unas con otras, en las cuales se vislumbran formas humanas, pechos que palpitan
con excesiva fuerza, con excesiva rapidez, y
levantan las sábanas cual si hubiese llegado la
hora de exhalar el postrer suspiro . .
Estamos en una de nuestras ambulancias de
la línea de combate, en una ambulancia improvisada del mejor modo posible, al siguiente
día de una de las más abominables maquina·
cienes alemanas; la índole de la lesión recibida
por estos hijos de Francia, que jadean como
agonizantes deshauciados, no permite que sean
trasladados más lejos. F.sta sala espaciosa, cu•
yas paredes se hallan deterioradas, fué basta
ayer una bodega para los toneles de champaCARICATURA EXTRANJERA

Solo de violín, interrumpido
12

El pequeño se resiste... Pero ...
Así, pues, casi no se ve aquí, entre una es•
pecie de bruma desprendida por el agua que
hierve en los hornillos, A cada instante las
enfermeras traen enormes balones negros, y
los enfermos que más sienten el abogo, tien·
den las manos trémulas implorando ese auxilio: es oxígeno, que les permite respirar mejor
y sufrir menos. Muchos de ellos tienen los ba·
Iones negros colocados sobre el pecho jadeante, y, en la boca, sujetan ávidamente el tubo
por donde sale el gas salvador; se les tomaría
por niños grandes tomando el biberón; y er
efecto es de bufonería fúnebre en estos cuadros
de horror, La asfixia, según las constituciones,
actúa de diversos modos que requieren distin·
tas formas de tratamiento. Algunos, casi rlesnudos en el lecho, están cubiertos de ventosas
o embadurnados por completo con tintura de
yodo. Hay otros--por desgracia gravisimostotalmente hinchados, pecho, cara, brazos, y
que se asemejan a muñecos de tripa llenos de
aire . .. Muñecos de tripa, niños con biberón,
aunque tales imágenes sean las únicas exactas,
parece casi un sacrilegio emplearlas cuando
la angustia nos oprime el pecho y cuando se
sienten ganas de llorar de compasión y de llorar de rabia.... Pero jojalá estas comparaciones brutales, precisamente por su misma
inconveniencia, sirvan para grabarse mejor en
1

PEGASO

dirigiéndose a la enfermera: &lt;Empiezo a creer,
señora, que a éste le salvaremos también; pero
es absolutamente preciso no dejarlo ni un mi·
nuto.&gt; ¡Qbl La recomendación es inútil, por·
que la blanca enfermera, cuyos ojos están ro·
deados de un circulo violáceo producid, por
cuarenta y ocho horas de vela sin descanso,
no tiene la menor intención de dejarlo. No,
ninguno será &lt;dejado;&gt; para confiar en ello,
basta con mirar a todos los juveniles médicos
y a todas estas enfermeras, algo rendidas por
el cansancio, es cierto, pero muy vigilantes.
muy animosas y sin perder un momento de
vista a los enfermos.
JY, gracias a Dios, se salvarán casi todos!.
Tan pronto como se encuentren en
ciones de ser transportados, se les llevará le¡os
de este infierno de la línea de combate, don~e
las granadas del Kaiser se ensañan volunta~a·
mente en los moribundos; descansarán me¡or
y en mejores lechos, en ambulancias ~ás tran·
quilas, donde aún sufrirán mucho c1ertameo·
te, durante ocho días, quince o un mes, pero
de donde no tardarán · demasiado en vo!ver,
mejor prevenidos, más prudentes y a031~
de batirse de nuevo. Puede afirmarse que e
gol pe de la asfixia h_a fallado, ~orno falló el
las grandes acometidas salva¡es; no ha d~
de sí lo que la cabeza de Gorgona espera

co~•-

~!

Pasa a la página 17•

Al fin ....

Washington nunca había presenciado
una escena como la que presenció esa
noche.
En la colina del Capitolio, en la Cáma-·
ra de Diputados-una sala demasiado pe•
queña e inadecuada para los tremendos
acontecimientos que van a desarrollarse
en ella-se habían reunido los diputados,
los senadores, hasta el mismo La Follette,
arrogante, obstinado; Stone, el evasivo;
Vardaman, el de las grandes melenas, y
el resto de los doce del pequeño grupo
de «obstinados&gt;, como les llamó el Presidente Wilson. Ahí estaban también,
ocupando curules, en virtud de un tradicional privilegio, los ministros de algunos de los aliados de los Estados Unidos.
Jusserand, de Francia, siempre activo
Y vivaz; el flemático Sir Cecil Spring
Rice, el Ministro de Bélgica, el señor
Calderón, de Bolivia; otros de los Ministros de Sud-América, y, por último, el
~ñor Ignacio Bonillas, el nuevo EmbaJador de México en Washington, quien
entraba a la sala en los momentos en que
se pronunciaba el nombre de su país.
Ahí estaban también los jueces de la Suprema Corte y los miembros del Gabine-

Un catcher poco afortunado

al Senado a deliberar y a redactar la declaración de guerra a Alemania.
La escena de la votación en la Cámara
de Diputados es también emocionante.
Son las dos y media de la tarde, y ya
los gritos de los Diputados y de los curiosos de las e-alerías se confunden: «¡A
votar!» El Presidente de la Cámara,
Champ Clark, ha vuelto a ocupar su
asiento. La última de las enmiendas propuestas ha sido desechada. Cada uno de
los Diputados, y la única Diputada, ocupan ya sus curules. A las tres, a medida
que el Secretario va pasando lista, la
opresión y el suspenso que reina en la ·
sala se hacen casi insoportables. Por fin,
el Secretario grita: «Miss Rankin; Mis
Rankin!» y por tercera vez, «Miss Rankin&gt;!. ... Entonces la mujer se levanta
y con voz palpitante de emoción, dice estas sencillaslfpalabras: - «¡Yo también
quiero servir a mi patria, per0 no puedo
votar por la guerra!»
El Secretario termina de pasar lista, y
a las tres y catorce minutos, se da lectutura a la votación, 373 contra 50.
¡Guerra!

CARICATURA EXTRANJERA

Los gases mortíferos

CARICATURA EXTRANJERA

DONALD WILHELM •.

da la impresión de algo que se remonta,
que se mantiene aparte. Por eso la gran
multitud que le aguardaba vaciló en recibirle con vivas a su llegada, en esa memorable noche; pero al final, en toda
aquella inmensa muchedumbre no había
más que dos personas que no le lanzaran vivas. Eran dos mujeres que estaban
en el palco del Ejecutivo: la esposa del
Presidente de los Estados Unidos y su
hija Margarita. Sumidas en un profundo
silencio, observaban la grave, pálida figura de Wilson, al pie del estrado del Presidente de la Cámara, a medida que en
voz baja y resonante iba enunciando las
palabras de un discurso que ha de perdurar como la obra maestra de los estadistas americanos. Mientras otras muchas mujeres lanzaban vivas entusiastas
que no podían ser acalladas, esas dos mujeres permanecían silenciosas, inmóviles
sin una sonrisa en los labios. Cuando sa:
Iieron de su ensimismamiento, ya el Presidente había salido, con la frente inclinada hacia el suelo y alargando las manos a la multitud que le salía al paso. y
entonces, los senadores- lo mismo los
&lt;obstiaados&gt; que los otros-se dirigieron

PEGASO

CARICATURA EXTRANJERA

Un dulce sueño ....

13

�LTEATROS y CINES!
ARBEU

La semana teatral ha sido poc-o novedosa. En el Arbeu sigue Onofroff haciendo
a los estudiantes de medicina que se quiten los calcetines y que marquen verónicas a una silla sin que en realidad la importancia de los experimentos aumente
como en público se creía. El quinteto baturro, en el mismo coliseo, ha continuado
con bastante éxito, porque en verdad la
Pilarica sigue a esos cinco sus hijos a
quienes puso sal, mantones, alpargatas y
un tantico de «Angel» para jlanarse lo de
la casa de asistencia y al¡¡-o más.
La Compañía de zarzuela de este teatro fué disuelta mediante una areng-a de
García Prieto, bastante tierna. Siguen
ahí Etelvina Rodríguez, Villarreal, Arozamena, Arnaldo y no sabemos qué otra
persona, encargados de poner piezas chicas, para salir del paso sin que la nómina
s_ea un ~f~ ? '-!n viruela de esas de poder
hbertar10 1hmitado, que hoy por hoy tienen al Consejo sin punto de reposo.
El público ha estado asistiendo con
buena voluntad, pero como quiera que la
luneta cuesta$ 4.50 (palabras de un re•
vendedor, el domingo último) pensamos
que la taquilla está expuesta a sufrir un
derrame de bilis.
No, señor García Prieto, por$ 4.50 se
puede conseguir un magnífico Ford que
en el sitio produce algunos hidalgos y
u~a que otra defunción por atropellamiento.
COLON

Por este teatro han sido las novedades:
La Cirés Sánchez debutando con Madrigal, de Martínez Sierra. 0bra que gusta
porque es Tu eres la Paz arreglada a

la escena, y Tu eres la Paz gusta y ~ustará siempre a la mayoría de los publicos. La Castillo en Madrigal está constantemente atinada y ni un solo momento decae en voluntad y entusiasmo.
Próximamente se presentará una bailarina, que creo que baila en serio.
Maurente sale o salió ya para España
y es muy natural esperar algo bueno de
este viaje, porque en todos es conocida
la actividad de este empresario. Díez se
quedó al frente de la Unión Teatral.

De venta en la Librería

"ATENEA"
Calle de Gante No. 1 - Apartado 5358
MEXICO. D. F.

FRANCISCO VILLAESPESA.
Mis mejores versos. . .. . . . . . • .. . . .
El Alto de los B okemi·os.......... .
Las horas que pasan veladas de
Amor .............. . ......... ..
Luchas, Confidencias. Prólogo de
Var~as Vila ...•. , . . . . . . . . . . . . .
Las Joyas de Margarüa, Brevt'a·
rio de Amor, La Tela de Penélo•
pe, El Milagro del Vaso de 'Agua
Intimidades, Flo'l'es de Almendro,
Prólogo de Pompeyo Gener .......
Los Nocturnos del Generalife. Poe·
sías .......... ·······• · • · ~•· · ···
Doña Maria de Padilla, Las Cenas
de los Cardenales ..... .........
En el Destz'erro ...................
Una Partida de Ajedrez. Arreglo
castellano de la comedia de Giuse ·
ppe Giacosa ........ ... . ... .. . .. .

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r.20
1.80

,,

1. 80

..

1 80

.,

1.80

.,

1.80

,,

1,80 •

.,
.,

1.80
0.70

.,

0.70

IDEAL

,

,

En el Ideal veremos a la Compañía de
Rafael Arcos, en la que figura la primera
actriz María Tubau. Según las crónicas
que nos llegan de la Península Yucateca
en donde hizo una brillante temporada¡~
referida Compañía, Arcos es un actor cómico de valer y la Tubau una dama llena
de gracia y gentileza. Hace algún tiempo
que murio en España una notable actriz
que llevó el mismo nombre de María Tubau y alguien se supone por ahí que es la
Tubau famosa, la debutante. No, señores¡ repito que la que llamó mucho la
atención en época pretérica ya figura en
una acta del Registro Civil -acta nel!ra- allende los submarinos.
La Copa del Rey de Tkule, La Musa Enferma con prólogo de Juan
R. Jiménez.... .. .... , .. .. .. . .. . ..
Alcáza.r de las Perlas . . , . . • • . . • . .
Lámparas Voti'vas .. . . ............
El Espejo Encantado., ...••.......
Judith.. .. . . . . . .. . . . . . .. . . . . . .. ..
Doña Maria de Padilla, Ed, Renacimiento ............. , . .........
Campanas Pascuales ... . .... , . . . . .
El Reloj de Arena.... . ....... . .

., 1.8o
, , 2 .10
,, 1 80
., 2.10
., 2. 10
JI

2.ro

,,
.,

2.10
1.20

Revista Mensual Ibero-Americana.
Directores: Francisco Villaespesa,
Luis G. Urbina y José Ingenieros.
Colección completa ......... . 7 vol. ,.

10.00

DEPORTES
Por- A . B. C.

FOOT-BALL
MEJER Y HUERTA - A. B. C.
El pasado domingo a las 10,30 de la mañana
jugaron su primer juego de liga los equipos
A.B. C. y Meyer y Huerta en terrenos del
primero en la Colonia Roma. El •partido fué
poco interesante, resultando empatado: 1 a 1 .
El interés por los juegos de foot-ball de Ja li·
ga de segunda fuerza ha. decaído considerablemente. Quizá lo largo de la temporada
tenga mucho que ver. Les jugadores se han
cansado.

INTERNACIONAL• MILITARIZACION
Ests partido resultó más interesante. El Mi/itarizaci'tfo se ha reforzado considerablemente. En la actualidad tiene, de buenos jugadores, a Aurelio Hernández, quizá el mejor

half-back mexicano, a Pérez Meléndez, que
por más que se ha querido hacerlo pasar como ~e segunda fuerza en el campo, debería
cons1derársele como de primera, a Sandoval
que juega en la primera del Junior, a los hermanos Muñiz, a Félix del Canto, quejugaba
ala derecha del A. B. C. Con todos estos ele·
mentas el Internacional los venció; 2 a I en
campos del Juni'or. El juego fué por la tarde
Y hubo bastante concurrencia.

FIESTA DEPORTIVA EH PACBUCA
Organizada por el Club A11ahuac, se efectuará una fiesta deportiva en la ciudad de Pa·
chuca el próximo domingo. Han sido invitados
los elementos de Mi'lz'tari'zacidn y el sábado
por la tarde, en tren especial, saldrán los equi•
pos de foot-ball, basket·ball y team de pista,

"CERVANTES"

NOVEDADES LITERARIAS
E. HoMs. Las Unicas Rosas. Comedia en dos acto~ ................
RAMÓN R. PÉREZ DE AYALA. Las
Máscaras. Ensayos de crítica teatral ................. .. ...... ..
J. v. LASTARRIA, La. América vol. I.
América y Europá vol. II. Y último: Revoludones y Guerra.s Ame·
rz'canas ................ . ......
M. A. BEDOYA. El Rifo del Doctor
Woljfan . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
EDUARDO ZAMACOIS. Duelo a muerte

Los vencedores.

El equipo de foot-ball va muy bien integrado.
Las señoritas que forman el team basket-bai¡
están muy entusiasmadas y el conjunto puede
cmisiderarse fuerte Para los saltos con garrocha van A. B. Cuéllar, Alfredo Ramos, Becerril, Fernández y Villagómez. El team de1pista
lo forman Bernardo Hernández, en la media
milla, P, Villagómez en el cuarto de milla, A.
B. Cuéllar en las 220 y W. Piana, en ·las 100
Ya tendremos a nuestros lectores al tanto
del resultado de este festival que ofrece ser
interesante, dados los elementos que en ·él to•
marán parte.

JUNIOR • MIXCOAC
,.

1.8o

,,

2.10

El juego entre estos dos equipos resultó interesante. El score o a o. Sentimos no poder
obsequiar a nuestros lectores con fotografías
por no haber concurrido el señor fotógrafo,
como babia prometido.

Las últimas carreras de automóviles. -La partida.
\

.,

4.80

,.
"

2, 10

1.50

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No pierda usted su
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AV. 16 DE SEPTIEMBRE N9 11'

A:tos

ACABAMOS DE RECIBIR
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~~

i U rq·uij o 1
8

GRAN CAJON DE ROPA Y NOVEDADES

Looooooooooooooooo&amp;

PEGASO

Esq. Isabel la Católica y la. Cap,chinas.
IS

�La mujer americana
y la guerra
Una carta de Emma Sherldan Fry

Por impulso propio, muy explicable en
su sexo, o influenciada por el elemento
tudesco que trabaja en Estados Unidos
por apartar al pueblo de la guerra europea, la señora Villard, Directora de la
Federación de la Paz, ha e~tado haciendo
una campaña muy activa en la prensa
con el fin de apagar el naciente entusiasmo bélico de sus compatriotas.
Ultimamente apareció en el New York
Times, firmado por la señora Villard, un
llamamiento en favor de la paz, que causó sensación.
Ocupaba una plana entera del gran
diario neoyorkino y decía en todo su terrible laconismo:
«Madres, hijas y esposas de los hombres. ¿No tenéis corazón? ¿No tenéis
ojos? ¿No tenéis voz? Se nos está arrastrando a la guerra y vosotras no queréis
la guerra.~
·
Las protestas no se hicieron esperar, y
una de ellas merece conocerse por la virilidad con que está escrita y el ejemplo
que entraña en sus duras e inflexibles
líneaa.

Dice así:
«Yo soy una de las mujeres americanas
que protestan contra el llamamiento de
la señora Henry Villard, de la Federación de la Paz. Yo no puedo insertar un
anuncio de una plana entera en los diarios, y llamar sobre mí la atención del
público como ella. Ojalá pudiera, porque
estoy segura de que hay en los · Estados
Unidos muchas «madres, hijas y esposas
de los hombres)) que hablarían por mi
boca.
·
Las vidas que han sido ya sacrificadas, los hogares desolados, los niños que
han quedado en la orfandad y las madres
que lloran, me dicen que hay alj!o peor
para mis «hombres» -que ser pasados a
cuchillo, y algo peor para mí que lamentar su muerte.
Ningún hombre que sea digno de haber sido llevado en el vientre de una mujer ha rehuido jamás una lucha de honor
porque dos brazos femeninos se colga•
rana su cuello para «salvarle». Yo estoy
segura de que nuestros hombres, los de
la señora Villard y los míos, serán hombres, ya sea que les ayudemos o que les
-estorbemos. Y mi deseo más ferviente es
ayudar, no estorbar, a los míos.
Yo no deseo la guerra. Quiero qlie
mi patria sea un lugar de paz y de confraternidad; quiero que mi hogar esté a
salvo, y yo, libre, respetada, sin temo-

res. No deseo la 1?Uerra, pero «si mi voz
pudiera ser oída», habría guerra y la
habría sin demora: guerra contra las
fuerzas del terror que amenazan con subyugarnos y destruirnos. .
Nuestro mayor peligro está en sumetgirnos espiritualmente y en identificarnos con esas fuerzas; levantarnos contra
ellas es nuestra salvación, vivos o muertos.. Si esas fuerzas nos traen la muerte,
¡bendita sea! Menos miedo le tengo a la
muerte, para mí y para los míos, que a
la tranquilidad y a la vergüenza y a la
paz absorbidos bajo su yugo.
Yo soy una de las mujeres americanas
que protestan contra el llamamiento de
la señora Villard.
·
Emma Sherldan Fr1.

Brooklyn, N. Y.&gt;
Un curioso al chaulfer:
-¿Y deja usted subir a su esposa en el
aeroplano?
-¡Ah! Ella se ha empeñado. Yo domino
el viento, pero ¿quién domina una mujer?

***

Durante un estreno.
-Es un éxito.
- No, señor: un fracaso.
-Pues aplauden estrepitosamente.
-Oh .... , es para no dormirse.

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Camilo Flamarion.- Sueños constelados............. ,, 0.30

Sección de Ajedrez

Viene de la página r 2.
se ha intentado este golpe, e ligiendo siempre
los momentos más propicios! Sabido es que los
alemanes, maP.stros en el espionaje y constantemente informados de todo, nunca dejan de
escoger para sus ataques, sea n del género que
sean, los días de «relevo», las horas en las cuales los nuevos recién venidos ante ellos, se hallan aún bajo el influjo d? la coa fusión consiguiente a la llegada, Así, pues, ia noche en
que se realizó esta última fechoría, seiscientos
de nuestros hombres acababan de ocupar sus
puestos en las avanzadas, tra~ una larga y fatigosa marcha; de repente, entre una salva de
bombas que los sorprendió en el primer sueño,
escucharon, acá y allá, débiles y discretos silbidos, como lanzados por taimadas sirenas de
vapor, y era el gas mortífero que deflagraba
en torno de ellos, extendiendo sus densas y
lúgubres nubes grises. Al mismo tiempo y de
modo súbito entre aquella niebla menguó la
luz de las linternas. Enloquecidos entooces,
ahogándose va, pensaron demasiado tarde en
las caretas de que iban provistos y en cuya
eficacia, la verdad sea dicha, casi no creían,
Coa torpeza extraordinaria se cubrieron con
ellas; algunos, por irresistible instinto de conservación, al sentir la quemadura de los bronquios cedieron al deseo de correr, y esos fueron los más terriblemente dañados, a causa
del exceso de cloro inhalado en las grandes
aspiraciones efectuadas durante la carrera.
Los idiomas humanos no habían previsto
estas trascendentales ignominias, ante las cua.
les experimentarían repugnancia los caníbales
más abyectos, y, como no las habían previsto,

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TELEFONOS:

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t3. DXA
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16. TRrD
17. TXA+ !
r8. D7CR+
rg. C5D !
20. C4 &gt;\R+ !! (7)
2r. D6CR+
22. P3CR+
23. T3D +
24, D4R mate.
II.

NOTAS

PARTIDA NUMERO t4.
APERTURA VIENESA
BLANCAS
NEGRAS
!. .....

P4R
2. C3AD
3- P4AR
4. C3AR
5 PXP
6 . . CXP
7- C3AR
1.

( r ) Sacrifican,fo un pe:.n por un desarrollo
rápido.
(2) Se ve que las Blancas hao sido un poco
imprudentes aceptando el sacrificio del Peón;
su desarrollo es tardío y débil. Sin embargo,
g. AsCR parece preferible a la jugada escogi•
da Las Negras tienen ahora la ocasión de penetrar en el juego adversario por un nuevo sacrificio.

A. Goetz.

P4R
A4AD
3, P3D,
4· C3AR (r)
1.
2.

5. P X:P

/3) Casi forzado.

0. o-o
7, C3AD

no tienen palabras para designarlas . . . Para
elevar hasta el paroxismo la sed de venganza
y las indignaciones sagradas, quisiera yo que
todos, sus padres, sus hijos y sus hermanos,
viesen a nuestros infelices asfixiados, jadeantes en sus reducidos lechos; sí, quisiera e,hibirlos y hacer que sus estertores fuesen oídos
por todas partes, focluso por los neutrales, pa·
a sembrar la alarma por doquiera contra la
Gran Barbarie, en erupción sobre Europa.

· (4) Evidentemente má~ fuerte que 12. D X A,
que permitiría a la Dama rllanca entrar en
juego después de: , _¡. "X A

(5) La simple jugada A3D era mucho más
fuerte. Ahora el ataque de l '!s Negras se va a
volver irresistible.
(6) Para evitar el jaque en 5TR. Es di.ticil
encontrar una jugada satisfactoria.
··
(7) Aquí anunciamos las Negras mate en 5
jugadas. _·
( 8) Si "21. PXC, D7D + ;

mate.

Llame al Ericsson 10-27
Mexicana 54 Neri
O AL

Y pida unos primorosos cua.
dernos que contienen infinidad de labores femeninas. Se

~~lé~OIIIBlll~*~~~~~;.~~*~~~f&lt; OfflZ~:lllt.~

8. A5CR

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                  </elementText>
                </elementTextContainer>
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          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>Junio</text>
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                <text>González Martínez, Enrique, 1871-1952, Fundador</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>Urueta, Jesús 1868-1920, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>El gran duque Miguel</name>
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                    <text>;¡

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TOMO l.

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MEXIGO, D. f., 31 Dt MAYO Dt 1917.

11

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EL Z,A.PATISMO DESAPARECE

E

\

NUM. 12.

-------- ·~-----Los rumores de que el zapatismo, exhausto de recursos, l:entes víctimas de sus atentados; y cada vez que la bomba crimermado por la deserción y amenazado por el espectro pavoro- , minal estallaba y arrojaba al abismo y a la muerte mujeres y
., del hambre, ha iniciado arreglos de rendición con el gobierniños, la civilización se estremecía y la sociedad impetraba el
no, es motivo de beneplácito para los que anhelan que la admicasti¡¡'o para los culpables,
nistración actual encuentre libre de obstáculos .el camino, por
Pero bajo la enseña de exterminio viven todavía las necesidonde irá lerita, pero seguramente, a la reconstrucción de la'
dades
invocadas por el zapatismo en sus primeros tiempos, y
República. La desaparición de cualquier grupo enemi¡¡'o del or-

den, fortalece al gobierno, que simplifica con ella sus graves

tras del crimen colectivo .alienta la angustia de los oprimidos.

dificultades interiores; pero la solución pacífica del problema

Por eso la idea de que, vuelto sobre sus pasos, el zapatismo,

zapatista adquiere una capital importancia, ya que entraña .Por

busque el amparo del l!'Obierno, hace concebir esperanzas de
que todo termine bien para todos. La extinción por la fuerza del

SUS oríl!enes y por los caracteres que ha asumido siempre, urí

grupo indómito qué se alzó por un fin justo y a quien el tiempo

SÍfnificado social de que carecen otros grupos rebeldes más numerosos y más temibles en el orden militar.

convirtió en malvado, tiene la tristeza de las esperanzas fallidas;

El zapatismo, prostituído por la mezcla de elementos espú-

mientras que la rendición voluntaria tiene a su lado la nobleza
del perdón y la sublimidad de las redenciones.

reos, corrompido por influencias nocivas de exaltados agitadores,
convertido en el más tremendo de los bandidajes por una larga
actitud de guerra a muerte contra todo orden establecido, tuvo

Hemos hablado solamente de las consecuencias morales del
caso; pero si pasamos a las del orden material y práctico, vere-

en sus orígenes una bandera de justicia, fué el grupo represenlativo de la clase proletaria en lucha por un ideal económico,

mos qué inmensas ventajas traería para el gobierno la desaparición del fantasma zapatista. Piense en el alivio militar que

étnico y social; fué la protesta contra el abuso .de los poderosos;

experimentaría el Ministerio de la Guerra con aprovechar las

lué el reto contra la esclavitud disimulada, la rebeldía contra la fuerzas que en Morelos combaten, en sus otras campañas contra

EN NUESTRO DEPARTAMENTO DE l\lAY OREO
·GRANDES DESCUENTOS

abyección moral impuesta por la plutocracia dominadora. Una

los disidentes; reflexiónese sobre el nuevo campo industrial y

8Dsia de mejoría, un afán de libertad económica, un · deseo de

aj;?rícola que volver:ía a la vida para remediar en mucho la esca-

lacudir el YUl!'O de su postración precipitó las masas proletarias

sez amenazante. Entonces se comprenderá que la rendición de
Zapata es algo que influirá de un .modo serio en la tranquilidad
del país, ya cansado de luchas y sediento de paz.

1 lllla lucha sangrienta contra el capataz opresor y contra la

ía del opulento.

La misma ignorancia del grupo en armas facilitó la obra
évola de los predicadores sin conciencia, y lo que fué grito

A LOS REVENDEDORES

"EL PALACIO DE HIERRO"

libertad y le~a de manumisión, trocose en guerra a muerte
Ira toda cla~e de instituciones sociales. Los que se quejaban
despotismo violaron la propiedad; los que clamaban por su
'dad de hombres perdieron toda noción de resprto a la' vida
·na; los que pedían compasión, no la tuvieron para las Jno-

El ¡¡'obierno que con su prudencia y tino lleve a cabo la
obra de pacificación del Sur, habrá conse¡¡'uido con ello todas
las ventajas enumeradas; pero habrá logrado un triunfo más
¡¡rande todavía: el reconocimiento por el zapatismo que depone
las armas, de que en el ¡¡obierno hay fuerza y justicia. Las hordas rebeldes no abrigarían seguramente confianza .Para poner
sus futuros destinos en manos injustas o débiles.

P.EGA'.SO
3

�La Discreción en la Vida
y en el Arte
Por MANUEL TOUSSAINT

Abomino de la discreción y, si queréis escuchar mis razones, abominaréis
de ella también vosotros. Mas no de lo
que hoy llaman discreción, el arte de
(!Uardar en la memoria, resistiendo a las
tentaciones de la lengua cuantas parlerías
impresionan el oído. Eso es asunto de
educación y de temperamento ·y no cae
bajo el dominio de mis facultades.
Tampoco abomino de la discreción en
el sentido amplio y vigoroso que a esa
palabra daban los clásicos; como Gracián,
que escribió un opúsculo para mostrar
cómo es un Discreto, sino de la discreción que mata las facultades rebeldes y
personales del espíritu, para producir
una conformidad anodina con el medio
ambiente. Esta discreción se asemeja un
poco a la prudencia; sólo que la segunda
es causada por el temor; la primera es
ingénita, es dominadora; la prudencia
huye, la discreción se impone. Un hombre no puede ser discreto e imprudente,
casi ninjlún hombre prudente es discreto.
Os describiré la discreción que odio,
y luego daré mis motivos para odiarla.
Un hombre discreto es el que obra en
todos los momentos de su vida como debe obrar; el que dice siempre lo que debe decir, nada menos y nada más. El
hombre discreto calla cuando debe callar
y habla cuando es imprescindiblemente
forzoso que su voz turbe la serenidad
del ambiente. Sus· palabras tienen la
ponderación de un análisis meticuloso y
sus respuestas son, casi siempre, incoloras. Se diría que el hombre discreto
créese enviado de Dios para mantener el
equilibrio en el mundo, y hacer que se
cumplan las profecías: donde se pone su
espíritu, reina la calma. No temáis que
haya contratiempo alguno en una re·
unión a que asiste!un hombre discreto, es
una especie de agente de seguros contra
incendios, contra reyertas, contr-a discusiones, contra miradas, contra palabras,
contra suspiros, contra toda cosa que
pueda caber bajo el adjetivo indiscreto.
El tiene siempre una lista de respuestas
usuales, que nada dicen, pero que responden sin comprometer; y ese es su
rasgo fundamental; no comprometerse
nunca, ni comprometer a otro, ni permitir que nadie pueda comprometerse ni
aun por su propia voluntad. La única
virtud de los hombres discretos es que
sirven para dar las malas noticias sin
que acontezcan desmayos ni se derrumben ecuanimidades: hacen la necesaria
preparación de artillería para que siga
sin fallar el asalto de las malas nuevas,
4

rápidas como centellas y mortíferas como
enviados de Satán.
Aparte de eso, ¿qué ventajas puede
tener la discreción? Ninguna a cambio
de daños innumerables que fácilmente
pueden conocerse.
En primer punto, el hombre discreto
destruye constantemente el sentido dramático de la vida, porque este sentido
-único que hace la vida digna de ser
soportada- nos viene de lo inesperado
y lo inesperado no sucederá nunca frente a un hombre discreto. Por eso es tan
poco interesante el teatro español contemporáneo: es demasiado discreto, sigue demasiado a la vida vul!!af y si ésta
no nos interesa bien vivida, menos va
a interesarnos mal representada; por eso
es tan sul!estivo el teatro del Norte, que
ha roto toda malla de discreción y habla
al espíritu por labios superhumanos, o el
de Bernard Shaw, cuya agilidad· espiritual rivaliza con su finísimo poder satírico, y en el que realza constantemente
a nuestros ojos Jo que no quieren ni
pueden ver los ojos discretos.
La discreción ha concluído con el interés de toda plática; porque nadie desea
oír lo que debe decirse y todos anhelamos escuchar lo que no debe decirse; las
mujeres sobre todo. Una conversación
en que se presuponen las frases de los
interlocutores es absurda o menos que
absurda, imbécil. El arte de enamorar
es enemigo de la discreción, porque se
funda en decir cosas indebidas, bajo el
disfraz de cosas valientemente sinceras.
En relaci~n con la palabra, el vicio de
ser discreto, no encontrará lugar adecuado sino en las prudentes extremas derechas de los parlamentos y allí será mordaza constante e ineludible.
Pues, si pasamos al terreno del Arte,
¿cuánto no podemos decir contra la discreción? Es la mano férrea que ahoga el
impulso del eenio por arrancar hacia la
esfera y produce, en vez de una obra
brutal, una obra únicamente .discreta.
¡Oh, artistas, destruid vuestras obras
discretas, aunque dejéis una sola en que
viva vuestro espíritu! Lo discreto, en el
Arte, casi se confunde con Jo mediocre,
que es como decir los cuadros Bou(!Uereau o las novelas de Ricardo León.
Recorred las épocas de todo arte. Los
llamados siglos de oro son siglos de indiscreción artística, vuelo libre en los cie- ·
los del arte de todos los l!enios indiscretos. Las decadencias implican un acrecentamiento de la discreción, como la
llamada escuela pseudoclásica de las letras castellanas, punto máximo de honraPEGASO

da discreción, de tediosa discreción, deintolerable discreción.
En literatura, desde luego, toda discre
ción es absurda porque quien quiera ser
discreto debe comenzar por no escribir:
la literatura es una indiscreción. Los que
hacen literatura discreta -y hay quienes la hacen, a pesar de todo- laboran
sobre colinas de viento, edificios de pesa.
dos bloques de fastidio. Los grandes ge.
nios literarios ignoraban del todo la discreción; en tanto que uno de los productos más legítimos de esta cualidad: la regla de las tres unidades, pongo por caso,
ha estado a punto de privar de Teatro a
la Humanidad. Casi este arg'umento bastaría para hacerla odiosa, si no existieran
además, los preceptistas, los nunca bien
detestados Hermosilla y Campillo, Legouvé y Albalat, hijos legítimos y padres
a su vez de la discreción literaria, y
próximos parientes, acaso, de Mr. Emile
Fa(!Uet, rico en esta renombrada virtud.
Dice Osear Wilde que la vida de las
mujeres es menos tediosa que la de los
hombres, porque tiene más prohibiciones
que salvar; puede decirse, también, que
es porque son menos discretas, porque
tienen mejor concepto de la vida. Los
hombres se imag'inan ser seres superiores porque sujetan sus días a un molde
pesadamente intelectual. De grado, se hacen víctimas de su odiosa discreción.

El banquete que 101 poetas
de M6:1lco ofrecieron al
gran poeta español

Villaespesa
fu6 una consagración del
buen gusto y de los platl•
llos nacionales. Y se slrvl6
en

Xochimilco lnn
Libros nuevos y de ocasión, todos
baratos

El Gentilhombre enfermo.
SU ULTIMA VISITA
TR~DUCCION ESPECIAL PARA &lt;PEGASO&gt;.

Nadie supo jamás el verdadero nombre de aquél a quien todos llamaban el
¡rentil hombre enfermo. Sólo queda de él,
después de su desaparición súbita, el recuerdo de su sonrisa inolvidable y un retrato de Sebastián del Piombo, que le representa envuelto en la sombra muelle
de una pelliza, con una mano enguantada que deja caer, flácida, como si estuviera dormido. Los que lo quisieron más
y yo fuí uno de esos raros, se acuerda~
también de su piel singular, de un amarillo pálido, transparente; de la ligereza
casi femenina de sus pasos y de la expresión habitualmente extraviada de sus
ojos. Le gustaba hablar mucho, pero nadie comprendía todo lo que quería decir
y aún hubo al(!unos que no quisiero~
comprenderlo, porque las cosas que decía eran demasiado horribles.
Era, en verdad, un sembrador de espanto.
Su'presencia daba a las cosas más sencillas un color fantástico, los objetos tocados por su mano parecía que entraban
inmediatamente al mundo de los sueños.
Sus ojos no reflejaban las cosas presentes, sino las desconocidas y lejanas que
no veían los que estaban con él. Nunca
le preguntó nadie cuál era su mal y por
qué razón afectaba no curárselo. Incesantemente caminaba sin detenerse jamás ni de día ni de noche. Ninl!Una persona supo dónde estaba su casa ni le co~ió ja?1ás padre ni hermanos. Aparecio un d1a en la ciudad, y después de alEUnos años, otro día, desapareció.
1:1 víspera de su desaparición, muy de
manana, cuando apenas el cielo comenzaba a emblanquecerse, lle(?ó a mi cuarto a despertarme. Sentí sobre mi frente
la_ suave caricia de su guante, y lo ví frente 8 mí, envuelto en su abrigo, con su
eterna sonrisa y los ojos más extraviados
que de costumbre. Por la rubicundez de
sus párpados se conocía que había velado toda la noche y esperaba el alba an2U&amp;liosamente porque sus manos tembla1.in Y todo su cuerpo temblaba de fie-

bre.

Porrúa Hnos.
2=1- DEL RELOJ YDONCELES

.

-¿Qué tiene usted,- le pregunté;-su
lllal lo atormenta más que de ordinario?
- ¡Mi mal,- respondió,- mi mal! ¿De
:nera que ustep cree como todo el mun, que yo tengo un •mal», que existe un
mal, •que es mío?•!.. ¿Por qué no decir de
llDa vez que •yo mismo soy un mal?» Na-

da hay que.ª mí me pertenezca, pero yo
soy de alguien, existe un hombre a quien
yo pertenezco.
Estaba habituado a sus conversaciones
extrañas, de manera que no le respondí
Y prosel!UÍ mirándolo. Mi mirada debió
ser muy dulce, porque se acercó más a
mi lecho Y sentí otra vez sobre mi frente
el blanco contacto de su guante.
- •Usted no tiene ni sombra de excitación,- continuó diciendo,-está perfecta~ente sano Y tranquilo. Puedo, pues, decirle al~o que-~¡ vez lo asombrará; puedo decirle qmen soy. Escúcheme usted
atentamente, por favor, porque quizá no
puedo decir_ dos veces Ja misma cosa, y
tengo necesidad de decirlas cuando menos una vez.
AJ concluir estas palabras se echó sobre un sillón que estaba junto a mi lecho
Y siguió diciendo:
'
-«Yo nosoyun hombre real, no soy un
hombre como los otros engendrado por
hom~res._ Yo no nací como usted y los
demas; nmguna mano meció mi cuna ni
hubo mirada que siguiera mi crecimiento; nó conocí ni la adolescencia ni los dulces lazos de la familia. Soy, y quiero de~ir!o, aunque usted no lo crea, soy •la
imagen de un sueño• y nada más. Una
expresión de William Shakespeare es
para mí literalmente, trágicamente exacta: .•estoy hecho de la tela de que están
he~hos vu:stros sueños•. Existo porque
existe alguien que me sueña. Hay alguien
q~e duerme y sueña y me ve obrar, vivir, moverme, Y que en este momento
su:ña que di(!o todo esto. Cuando ese algu!e~ comenzó a soñarme, yo comencé a
existir: soy una de sus imaginaciones
una de sus creaciones, un huésped de su~
largas fantasmagorías nocturnas. El sueño de ese «alguien• es de tal manera int~nso y persistente que me hago visible
aun para aquellos que velan.
Pero el mundo de los que velan el
m~ndo de ~a realidad concreta, no e~ ~l
m10. ¡Me siento tan a disgusto en medio
d~ ,1ª v~l~r solidez de vuestra existencia. M1 vida verdadera es la que se desarrolla lentamente~en el alma de mi creador dormido ...
. No_c_rea usted que hablo enigmática Y
s1mbohcamente. Lo que digo es la verda,~, toda la sencilla Y terrible verdad.
DeJese usted de abrir tanto los ojos Y no

me vea con ese aire de piedad y de espanto ....
No me atormenta el hecho de ser actor
de un sueño. Los poetas dicen que la vida del hombre es la sombra de un sueño
Y los filósofos han sugerido que la realidad es una alucinación. A mí, al contrario, me persigue otra idea: «¿quién es el
que me sueña?• ¿Quién es ese alg'uien
ese ser desconocido, a quien no pued¿
conocer y cuya propiedad soy? ¿Quién
me ha hecho surgir de repente de las tinieblas de su cerebro fatigado y quien al
despertar me extinguirá súbitamente, como una llama a un soplo imprevisto?
iCuántos días he pensado en ese amo
que duerme, en ese mi creador, absorto
en el curso de mi vida efímera! Verdaderamante debe ser grande y poderoso
el ser para quien nuestros años son minutos, y que puede vivir toda la vida de
un _hombre en una de sus horas y la historia de la humanidad en una de sus noches. Sus sueños deben ser muy vivos
f?ertes y profundos para proyectar exte:
normente las imágenes de manera que
parezcan cosas reales. ¿No será acaso el
mundo el producto perpetuamente variable del entrecruzamiento de sueños de
seres semejantes· a él? Pero no quiero
generalizar demasiado: dejemos la metafísica a los imprudentes: Cuanto a mí
me contento con la pavorosa certeza d;
ser la criatura imaginaria de un gigantesco soñador.
¿Quién es él? He aquí el problema que
me a(!ita hace tiempo, desde que descubrí la materia de que estoy hecho. Usted
comprende la importancia de ese problema para mí. De la solución que le encontra~ dependía todo mi destino. Los per~OnaJes de los sueños gozan de mucha
libertad; de manera que mi vida no estaba toda det~rminada por mi origen, sino
que depend1a en gran parte de mi voluntad. Necesitaba, sin embargo, saber quién
era el que me soñaba, para elegir el estilo de mi vida. Al principio me atormentaba la idea de que podía bastar la menor
co~ para despertarlo, es decir, para aniquilarme. Un grito, un ruido, un soplo
podían de repente sumergirme en la nada. Ten~a entonces ape(!o a la vida y por
esta razon me torturaba en vano por adivinar cuál~s eran sus gustos y las pasiones de _m1 ~oseedor desconocido, para
dar a m1 existencia las actitudes y las
formas que pudieran af;¡'radarle. Temblaba a cada instante a la idea de hacer alg'o
que ~u~iera ofenderlo, asustarlo, y por
consiguiente, despertarlo. Algún tiempo
~e_I~ imaginé ~ manera de una oculta
d1vm1dad e~angel!ca y me esforzaba por
llevar la vida mas virtuosa Y santa del
mu_!ldo. U~ día, al contrario, pensé que
sena un heroe pal!"ano Y me coroné de
hojas de vid, Y canté los himnos de la
embriaguez, Y dancé con las frías ninfas
en los claros de los bosques. En fin, creí
for~ar parte del sueño de algún sabio
subhme Y eterno, que se hubiera Elecidi-

P.eG.JtSO
5

�do a vivir en la• re¡¡iones superiores del
espíritu, y me pasé noches en vela sobre
as cifras · de las estrellas, sobre las dimensiones del mundo y la composición
de los seres vivos.
Finalmente, cansado y humillado, pensando que debía servir de espectáculo a
ese a,I110 desconocido e inco2"noscible,

noté que esta ficción de vida no valía
tanta bajeza y tanta cobardía aduladoras.
Deseé entonces lo que antes me causaba
horror: su despertar.
Me esforzaba por llenar mi vida de
cosas tan horribles que se despertara y
saltara de espanto. Nada hay que no haya
puesto en obra para interrumpir la triste
comedia de mi vida aparente, para destruír esta ridícula larva de vida que me
hace semejante a los hombres ....
Ningún crimen fué extraño a mí, ninguna ignominia desconocida, ningún terror me hizo retroceder. Asesinaba con
torturas refinadas a viejos inocentes; envenenaba el agua de las ciudades; incendiaba en un mismo instante las cabelleras
de muchísimas jóvenes¡ despedazaba con
I1'.lis dientes frenéticos a todos los niños
que encontraba en mi camino. En la n0che, buscaba la compañía de gigantescos
monstrues negros y silbosos que los hombres no conocen; tomaba parte en innumerables aventuras de gnomos, íncubos,
kobolds y fantasmas; me precipitaba de
Jo alto de una montaña a un valle árido,
rodeado de cavernas llenas de osamentas
blanqueadas; y las brujas me enseñaron

sus aullidos largos de fieras hambrientas,
que hacen saltar de noche aun a ]os más
fuertes. Pero me parece que aquél que
me sueña no se asusta de lo que os hace
temblar a vosotros los hombres. O bien
goza con la vista de lo que hay más horrible o no se cuida ni se espanta de nada. Hasta aquel día no he podido despertarlo y yo sigo con esta vida innoble,
servil e imaginaria.
¿Quién me libertará de ese alguien
que me sueña? ¿Cuándo aparecerá el alba
que le llame a su obra? ¿Cuándo sonará
la campana, cuándo cantará el gallo,
cuándo resonará la voz que deberá despertarlo? Mucho tiempo hace que espero
mi liberación. ¡Con cuánta ansiedad espero el fin de este sueño en el que me
ha tocado representar un papel tan monótono!
En este momento estoy haciendo la
última tentativa. Digo a mi •soñador&gt; que
soy un sueño; quiero que sueñe que está
soñando. ¿Verdad que esto pasa también
a los hombres? ¿Y que despiertan cuando están soñando? Por esta razón he venido a visitar a usted y le he dicho todo
esto. Quisiera que el que me ha creado
advirtiese en este momento que no soy
un hombre real, con lo que dejaría de
existir un instante, aun como imágen
irreal. ¿Cree usted que lo conseguiré?
¿Cree usted que a fuerza de gritarlo y repetirlo despertaré sobresaltado a mi invisible sueño?»
Al terminar estas palabras el Gentil-

Página de Andrés Terzaga
Quien lee a Voltaire, asiste a una fiesta de risa y de maldad, dispuesta con
mucho más ingenio que genio, y tiembla
por su flora celeste ante la amenaza de
aquellas manos prontas a segarla. Disciplinas o ideales cimentados en lo metafísico y lo abstracto, sueños realizables en
un plano superior al de la ex;stencia ordinaria, luchas por rasgar el velo que ·
nos oculta el secreto de las causas y
principios, fervorosos anhelos del más
allá .... ¡ay de todo ello cuando cae hajo
el hacha jacobina de su pluma!
Voltaire es un ciego en el palacio del
alma. En vano invoca la presencia de su
dueño: él no se muestra a los astutos,.
ni a los maliciosos, ni a los sordos. No
se penetra en tan sagrado lu¡¡ar •razonando» así sea de un modo admira ble, ni
es la indigente argumentación del sentido común el arma propiCia para conquis•
tar sus tesoros. De allí que el filósofo
que llenara el si¡¡lo XVIII, fuera toda su
vida un deísta a obscuras, amarrado, en
su vejez, al suplicio de la dµda y al rego•
cijo poco noble de la sátira.
El autor del «Cándido• no monta en
Pegaso; teme caerse de las estrellas. Pasea su célebre sonrisa jinete en un mulo
6

sagaz que ha aprendido dialéctica. Recoriozcamos, no obstante., que no es tiempo perdido el empleado en leerle. Trátase de un «sabio» hecho a prueba de
amarguras, con un conocimiento grandísimo del mundo y de los hombres, vale
decir: con un e-randísimo conocimiento
de la ruindad y de la miseria humana,
pero incapaz de compre:nder lo eterno
que alimenta en los Profetas y en los Libros Santos. Espíritu sin intuiciones, alicorto para los altos vuelos sobre la vida,
asaz concreto, frío, exento de tonos y
matices, siempre a flor de asunto, resulta bajamente ~vulgar cuando pretende
burlarse de ciertas cosas ....
Apenas si hay al¡¡o que le apasione de
una manera profunda. Muéstrase cobarde ante el misterio, socarrón y malo para con lo que no entiende. Tiene, sí, dé
vez en cuando un éhispazo divino, mas
se apaga al renglón siguiente. Es una piqueta en lo tambaleante, un demoledor
de ruinas. Jamás lo hubiera sido de murallas enteras, firmes. Desgraciado el
débil a quien cautive la ló¡¡ica volteriana!
La Iglesia estuvo muy puesta en razón
al con¡batirle tan encarnizadamente,

PEGASO

hombre enfermo se movía violenlamentt,
en su asiento, quitábase y poníase el
guante en la mano izquierda y me miraba con unos ojos más extraviados que
nunca. Parece que esperaba de un mo. mento a otro algo extraordinario y pavoroso. De cuando en cuando fijaba sus
ojos en su cuerpo como si esperara verlo
disolverse, y se acariciaba muy nervioso
la.frente con la mano.
-¿Usted cree todo esto, verdad? ¿Usted
tiene la convicción de que no mien\o?
¿Pero por qué no desaparecer? ¿Formo
yo parle de un sueño que no ha de terminar jamás, del sueño de un durmiente eternfJ, de un eterno soñador? Consuéleme siquiera, procurando alejar de
mi esta idea horrible. Sugiérame alguna
estratagema, ale-una intriga, ale-ún procedimiento que me suprima. Se lo supli•
co con toda mi alma. ¿No le inspira compasión este espectro hastiado y desfallecido?
Y como yo sie-uiera silencioso me miró
y se puso de pie. Parecióme mucho más
alto que antes; y me llamó la atención
una vez más la diafanidad de su cutis.
Notábase que sufría inmensamente. Todo su cuerpo estaba agitado. Tenía el aspecto de un animal que quiere libertarse
de las mallas de alguna red. La suave
mano enguantada estrechó a la mía por
última vez ....
Murmurando algo en voz baja, salió de
mi cuarto, y solamente •alguien:• lo ha
visto después.
Glovanl PaplnL

pues Vollaire es un enemigo terrible.
Embaucadores, eseribas, merca9eres y
fariseos, concluyen por dejar en manos
del filósofo la máscara tras la cual ofician,
siendo, por otra parte, de la índole de su
pensamiento, ese su empeño tenaz en
mostrar de los sepulcros blanqueados
sólo la gusanera interior. La farsa monstruosa de los antiguos papas, tan duchos
en crímenes como en teoloefa; las depredaciones de los reyes, tanto más vora•
ces cuanto más insaciables; los privilegios absurdos de los grandes señores,
aliados naturales de toda injusticia; la
vanidad rotosa y mendigante -aunquebien compuesta y soberbia -de poetas
sin estro- y escritores sin letras; la en·
vidia mal humorada y tuberculosa de
zoilos y aristarcos .... recibieron, pe23,·
do y sin asco, el latigazo de Voltaire.

Con todo, Voltaire ha servido a Dios
quizá no dándose cuenta él mismo, como
en nuestros .días lo ha servido Nietzsche,
quien se llama a si mismo -en cierto prólogo profundamente doloroso-cabogado
del diablo•. Más alta que las más altas
montañas, más alta ql\e las estrellat
más alta que aun nuestra espezanza, hay
una línea en la cual cabe Mara! ~l lado
de San Francisco de Asís ....

FCTEMf\5 íf'fE.[7f TU
•

Película retórica

Damasco

•

Esta luz, este sol y este paraje
de jardin comedido,
son de cinematógrdfo:
un lugar bien hallado
para la escena de uua filma .... Sombras
en que la perspectiva se diluye
como a pincel; parterres presuntuosos
a lo Luis XV; claros de boscaje
como manchas de ocre
en las decoraciones de o¡:,ereta.

''El único bien está
dentro de vosotros."
Palabras de La Sábiduría.

Detúveme a la vera del camino.
¿A dónde ir, dónde buscar un rayo
de luz que me guiara bajo estos
sempiternos nublados?
¡Nunca un rayo de sol,
ni el asomo de un astro!
Me acosó el desaliento del vivir.
Paso a paso
proseguí por la ruta abandonada,
tan cansado
que al fin no tuve fuerzas . .
Y la luz de un relámpago
me deslumbró un momento
y me sentí cegado como Saulo. ,
Y una voz se alzó dentro mí misrriO
Y me gritó: «¡adelante!», en el callado
misterio de un atardecer. Yo iba
a ciegas, casi a rastras, sorteando
a tientas los peligros del camino.
Mas la voz interior, bajo el dorado
cielo crepuscular, logró a su influj9 ·
que se abrieran mis párpados,
1
Y tal me dijo aquella voz Íntefna
.
hasta haberme hondamente subyugado,
que en un transporte místico,
sonámbulo,
prosigo desde eri.Íonces lentamente ,.·"'·
por la ruta encantada de.Damasc&lt;:&gt;.

Y un cenador agreste,
y un tronco derribado,
y una fuente lejana,
y un cielo azul, y un aire
ceremonioso, que sacude apenas
los ramajes pomposos y benévolos ....

Y por las avenidas, bajo una
mancha de luz rosada,
departe una pareja
en estilo de amantes ....
(Estoy seguro que Ella piensa: « ¿Cómo
n.o está ante mí la cámara propicia,
s1 soy como una copia
de Susana Grandais: ... ? El fuma y calla.

Recuerda la apostura negligente
de Gustavo Serena,
y piensa en la oportuna
impresión de una cinta ultra-romántica.
(Miradas, y suspiros, y deseos,
y buena fe q';lizás .... Silencio pensativo,
y una mano Indolente
que traza monogramas en la arena
con la fina contera de la .fina sombrilla.)

'

Ella se digna conceder un breve
instante de interés al escenario:
~¡Qué bien está-comenta, este jardín! Parece que la mano
de Abril, húmeda v cauta
ha lavado las florés, y ha bruñido
las hojas ....

,. •

,,..\

-r

'-""~·

MANUEL DE LA PAJtRA.

i:

El la mira sonriente
• y embelesado. Con fervor de nifio
acoge la cumplida sutileza
y se ríe con lástima
de Schopenhauer ....
Pero no recuerda
que ya Regnier ha visto
«por las trémulas hierbas correr los pies desnudos
de Abril .... »

•

...L\lbor · ·

•

Cuando viene la rubia primavera florida
.,
siento en mi sér un vago y hondo estremecimiento
algo como la savia que asciende al árbol siento '
cual si al venir abril retofiara mi vida·
'

, ·. r

cual si en gaseosa espuma subiera la 'escondida
fuerza int7rna de mi alma, para expandir al viento
como el vino su aroma, mi ebriante pens.imiento
que sube efervescente de mi savia exprimida.
Y siento un infinito placer, como si en yemas
reventaran mis ramas al beso del sol flavo
Y. se nevara en flores cada rama de almendro,
Y fues~ cada flor poesía en mis poemas.,
Y cuaJara en un fruto que de una ley esclavo
madurara siti:Jientes con la vida que acendro!

Termina el acto;
los amantes se alejan
con ese andar retorico
y muelle, conque avanzan
hacia -:..na perspectiva luminosa
las parejas de dne.
Y yo pienso en la gracia
de Susana Grandais, y en los hoyuelos
de Pina Menicheli ....
ENRIQUE FERNÁNDEZ L&amp;DESMA.

RuBÉN M. CAMPO$.

PEGASO

.--

7

r

�Del "Gaspar de la N uit"
de Louis Bertrand
Traducción de RAFAEL CABRERA

EL VENDEDOR DE TULIPANIS
El tulifJá n es entre las jlo1·es

lo que el pavo r eal entre las
aves. El 1mo carea d e ;Perfume, el otro no liene v oz: el uno
se enor1rullece de su atavfo y el

El vendedor de tulipanes se inclina res·
petuosamente y en silencio, desconcertado por una inquisitiva mirada del duque
de Alba cuyo retrato, obra maestra de
Holbein, está suspendida del muro.

otro de su cola.

LA BARBA EN PUNTA

asesino condenado a la horca, él, puerco
de Israel, entre dos puercos de Flandes.,
Treinta alabarderos se desprendieron,
con pasos resonantes y pesados, de la
sombra del corredor. -•Fuego de vues.
tras alabardas•,- les dijo con mofa el carnicero Isaac. Y por una ventana se pre.
cipitó al Rhin.
MADAME DE MONTBAZON
Madam, d e Afontbazd,, /14(
una belllsima criatura que, li•
te ,-a lmente, m urid de amor e,r
el pas ado sil[lo, por el calmllero
de la .Rue, que no la amaba t 11
lo absoluto.

JARDÍN DE LAS FLORES RARAS Y CURIOSAS.

Nin¡¡ún ruido, si no es el cru¡¡ir de las
hojas de vitela bajo los dedos del doctor
Huylten, que sólo aparta la vista de su
Biblia cubierta de góticas iluminaciones,
para admirar el oro y la púrpura de dos
peces cautivos en los húmedos flancos de
una vasija de cristal.
Se abre la puerta: es un vendedor de
flores que, cargado con varias macetas
de tulipanes, se excusa de haber interrumpido la lectura de tan sabio perso•
naje.

-Maestro,-dice,-¡he aquí el tesoro
de los tesoros, la maravilla de las mara vi·
Has, una planta como no florece sino una
cada cien años en el serrallo del emperador de Constantinopla!
-¡Un tulipán!-exclama el viejo irritado,-¡un tulipán! ;símbúlodel or¡¡ullo y la
lujuria que enjendraron en la desventurada ciudad de Wittemberg la detestable
herejía de Lutero y Melanchton!•
Maese Huylten cierra el broche de su
Biblia, coloca en el estuche sus anteojos,
y tira· de la cortina de la ventana, que deja ver al sol una flor de la pasión con su
corona de espinas, su esponja, su látigo,
sus clavos y las cinco llagas de Nuestro
Señor.
·

S i no tiene uno la cabeza erluz"da,
E l julo d e la. barba rizado
Y el mosl.aclzo enhiesto ,
S erá menospreciado por las dam a s.
0

POESfaS DE D ASSOUSY.

Ah~ra bien, ,había fiesta én la sinagoga, tenebrosamente constelada de lámparas de plata, y los rabinos, con ropas talares y anteojos, besaban sus !almudes
murmurando, gangueando, escupiendo o
sonándose, unos sentados, otros no.
Y he aquí que de improviso, entre tan~
tas barbas ovaladas, redondas, cuadradas•. vedijosas, que se ensortijaban, Que
olían a ambar y a benjuí, se notó una
barba cortada en punta.
Un doctor llamado Elebotham, tocado
con un gorro de franela cintilado de
pedrería, se levantó y dijo: •iProfanación! ¡aquí hay una barba en punta!•
- ¡Una barba luterana! ¡Una capa corta! Matad al filisteo. Y la multitud pataleó de cólera en los bancos tumuituosacrificador j¡?'ritaba:sos, mientras
«¡Dame, Sansón, tu quijada de asno! •
Pero el caballero Melchor desenrolló
un pergamino legalizado con Ias armas
del imperio: •Orden, leyó, para detener
al carnicero Isaac van Heck, por ser un

e,

Lo que ambiciona Alemania
Por BURTON

I
Por qué está Alemania tan deseosa de
firmada paz en los momentos actuales?
La prensa da como explicaciones naturales que los Imperios Centrales están a
punto de agotar sus recursos en materia•
les y hombres y especialmente expen•
mentan grandes privaciones debido a la
escasez de víveres. La declaración reciente de Herr Zimmermann, el Secretario de Relaciones Exteriores, de que Alemania difícilmente se atrevería a publi•
car sus condiciones de paz, a causa de
que por su extrema liberalidad se interpretasen como muestra palpable de s~
debilidad, indica a las claras la dura situación que prevalece en el interior del
Imperio. ¿Cuáles son estas condiciones
8

J. HENDRICK

tan excesivamente liberales? Lo primero
que viene a las mientes es la idea de la
cesión de Alsacia-Lorena a Francia¡ el
restablecimiento de Bélgica, indemnizándola debidamente; la entrega del Trentino a Italia; f desocupación de todos los
territorios conquistados, quizá indemnizándolos por los daños sufridos. Parece probable que Alemania consentiría en
hacer al2unas de esas concesiones, pero
es casi increíble que hiciese todas ellas.
Que el Kaiser abandonó desde hace mucho tiempo la idea de una victoria aplastante y concentró todas sus esperanzas
en entablar la partida, es la convicción a
que han llegado casi todos , los críticos
sagaces. Sin embargo, ¿cual es exactamente el concepto alemán de una guerra

PEGA'.SO

MIU4 0 RIAS DE SAINT-SIMON,

l

La doncella colocó en la mesa un vaso
con flores y los blandones de cera, cuyo,
reflejos ponían cambiantes rojos y ama,
rillos en las cortinas de seda azul que estaban en la cabecera del lecho de la enferma.
- ¿Crees que vendrá, Marietla?-¡0h!
dormid, dormid un poco, señora!-Sí,
pronto dormiré para soñar con él por toda la eternidad.
Se oyó el ruido de al¡ruien que subía la
escalera.
- ¡Ah! ¡si fuese él! - suspiró la mori•
bunda, sonriendo, con la mariposa de los
sepulcros revoloteando sobre sus labios.
Era un pajecillo que traía de parte de
la Reina, a la señora duquesa, confituras, bizcochos y elíxires, en una bandeja
de plata.
- ¡Ah! no viene,-dijo ella con vozdesfalleciente, - no vendrá! Marietta, dame
una de estas flores para que la aspire y
la bese por el amor de él!
Cerró entonces los ojos Madama de
Montbazón y permaneció inmóvil. Habla
muerto de amor entregando su alma en
el perfume de un jacinto.

tablas? ¿Qué obtendrían con ello las potencias teutónicas? ¿Qué conseguirían
entonces los aliados? ¿Cómo se reharía
el mapa de Europa después de una paz
basada en ese concepto fundamental?
Varios voceros han clamado contra la
teoría de una paz basada sobre el empa·
te de la guerra. Un volumen reciente·
mente impreso en París, titulado La

Trampa Pan-germana Desenmascarada por André Chéradame, del cual s~ba
publicado una versión inglesa con prologo por el Conde Cromer, tiende a prevenir al mundo contra una paz que se fun·
de sobre la idea del empate de la campa·
ña. Simultáneamente apareció un lib~
más notable que versa sobre la obra ti·
tulada Mittel Europa, por Friedrich
Naumann, debido a la pluma del Profesor W. J. Ashley, de la Universidad de
Birmingham-lnglaterra-•con mucho cl
más importante libro que se ha p~b_l'.~
do en Alemania desde que princ1p10

Conducción de heridos después del sangriento asalto de la posición de Vfmy,
tenazmente defendida por el ejército alemán.

conflicto•, el cual confirma muchas de
las conclusiones expuestas por el vehemente autor francés. Estas dos obras,
discuten el mismo tema, una desde el
punto de vista alemán y la otra desde el
francés y tratan ambas de resolver la
cuestión que embarga el pensamiento de
la humanidad: ¿Qué si¡¡nifica para el
mundo una paz basada sobre un sistema
de compensaciones? Más especialmente,
¿qué puede obtener Alemania de una
paz semejante, que la compense verosí•
milmente de las penalidades y privaciones del conflicto actual?
La frase constantemente empleada por
Naumann-que es miembro del Reichsta¡¡ y uno de los escritores alemanes de
más fuste sobre cuestiones políticas y .
económicas- explica toda la guerra y delinea la paz por la cual lucha ahora el
Imperio alemán. La frase Mittel Europa,
es el título del libro Europa Media o
Europa Central. Una rápida ojeada al
mapa, aclara la situación. Herr Naumann
describe la Europa Central de una manera pintoresca y que le es sui generis.
Como la mayor parte de los intelectuales
alemanes, no se hace ilusiones respecto
al futuro de la guerra, ni tiene la menor
idea de que el presente conflicto sea sucedido por una época Wilsonia de paz
milenaria. La esencia de su obra es la
necesidad que expone, de una esmeradísima preparación para la guerra que ha
de seguir a ésta.
Casi naturalmente, por lo tanto, su
descripción de la nueva Europa reviste

un carácter militar. Habiendo demostrado este conflicto la inutilidad de las fortificaciones y de los métodos antiguos de
defensa, es inevitable que las preparaciones futuras se basen sobre la guerra
de trincheras. En vez de levantar fortalezas, la nación construirá un sistema
complicado y perfecto de atrincheramientos fronterizos y los mantendrá constantemente listos para su ocupación militar
inmediata. La Europa futura poseerá •un
sistema de muraUas chinas y romanas
hechas de tierra y alambrado de púas•.
Dos enormes trinc;heras especialmente
se extenderán una del Bajo Rhin a los
Alpes, otra del Báltico, cerca de Riga, al
Mar Negro, incluyendo una parte de Polonia y posiblemente también Rumania,
aunque cualquier intento que tienda a
determinar el curso de esas nuevas defensas es inútil, puesto que las condiciones de paz han de fijarlo. Pero estas
trincheras fronterizas construídas en una
forma que parezca la más inexpugnable
y listas constantemente para su ocupación militar, dividirán claramente la Europa continental en tres partes. Tendremos la Europa Occidental, que consistirá de Francia y España, la Europa Ociental, que se integrará por Rusia, y la sección entre ambas, descrita atinadamente
como Mittel Europa o Europa Central.
Esta última gran subdivisión contendrá
el presente Imperio alemán, con Holanda y Bélgica tal vez, Austria Hungría,
los Estados bálkánicos y Turquía- aunque con toda intención- Herr Naumann

sólo alude como de paso a la inclusión de
éstos últimos países. Ahora bien la cuestión que principalmente atañe al futuro
de Europa es si ha de haber una tercera
frontera que se extienda al Este y Oeste
respectivamente y que siga la Iínea ac•
tual divisoria entre Austria-Hungría y el
Imperio Hlemán. Esto es, si Alemania y
Austria-Hungría han de formar una entidad política y económica o si después
de la guerra han de mantener una existencia separada, quizá rompiendo su
alianza que ha durado por cerca de 30
años y posiblemente abrigando ideales
antagónicos. La cuestión estriba en saber si ha de crearse un nuevo estado
Mittel Europa, con Austria-Hungría y
Alemania como los poderes predominantes y federados, a consecuencia de la
conflagración actual, proceso que Herr
Naumann considera como absolutamente
esencial a la existencia de ambas monarquías centrales. Esto es, la alternativa
que se presenta a Alemania e3 ]a formación de este nuevo estado de Mittel Europa o la desaparición como ~ran potencia mundial. •La guerra» dice, •ha venido
a ser creadora del alma de la Europa
Central•.
¿Por qué es este nuevo Estado tan
esencial a la preservación de la existencia de las naciones teutónicas? Porque
como resultado de la organización industrial y económica, el transporte rápido y
las comunicaciones, los enormes ejérci•
tos y las monstruosas flotas-éstas últimas tanto para fines militares como mercantiles - solamente una super•nación,
puede contarse como elemento en el
mundo del siglo XX. Este concepto no
deja campo alguno para la existencia en
el futuro de las pequeñas nacionalidades
y no tiene en cuenta para nada las organizaciones nacionales, tales como Bélgica, Holanda, los Estados balkánicos, España, ltaJia, y aun quizá Francia. •Estos
Estados más·pequeños•, dice Herr Naumann, •viven solamente por la tolerancia
de los mayores, o arrostrando su precaria existencia a costa de las contiendas
de las nacionalidades poderosas•. La humanidad, como dijo Cecil Rhodes, •piensa ahora en continentes•. Este autor parece prever la inte1,?ración del mundo futuro que se dividirá en cuatro- y seguramente no en más de cinco poderosas
soberanías-soles enormes, que por la

Si usted puede pasarse
un Domingo en

SAN ANGEL
y no lo hace,

INN

lricurre en una falta imperdonable en contra de su propia felicidad,

Le podemos ofrecer lo que nadie puede ofrecerle:

HORAS DE TRANQUILIDAD Y DICHA.
PEGASO
9

�Los Revolucionarios Rusos
Por RAMIRO DE MAEZTU

Por todas partes se ve un lugar de~catástrofe siniestra. uno de esos terrenos nauseabundos. espantosos y de
ingrato terror. como si se hubieran vaciado alll los detritus de la desolación ...

atracción mutua traerá todos los más pequeños Estados satélites dentro de sus
órbitas. Ya tres de esos Estados mónstruos se han determinado de una manera
precisa. Son Gran Bretaña, Rusia, y los
Estados Unidos de América. Hay sólo
tres puntos en el mundo, dice el autor
alemán, «donde el Gobierno se ejerce
realmente», Londres, Nueva York, y
Moskow (o Petrogrado). Inglaterra está
atrayendo dentro de S\l influencia política a Francia y a Italia, y los Estados Unidos indudablemente harán de todo Norte
y Sud América, no exactamente sus dependencias políticas, pero naciones cuya
vida política difícilmente podría conservarse si no es bajo la dirección de supoderoso vecino del Norte. Quizá otro
gran centro de dominio político y económico puede formarse en China y Japón,
aunque sobre este pqnto el autor al parecer abriga sus recelos, pensando evidentemente que es más probable que el
Oriente sea absorbido dentro del sistema planetario de una u otra de las grandes soberanías.
Naumann no enumera, con toda intención, al Imperio alemán como una de
esas grandes potencias, sino que admite
con toda franqueza que no está a la altura de Gran Bretaña, Rusia o los Estados
Unidos de América. El Imperio alemán,
como hoy existe, es demasiado pequeño,
carece en extremo de recursos materiales y de riquezas y como este autor alemán francamente lo expresa, no tic:ne el
genio para gobernar y colonizar que los
tres grupos mundiales existentes han
desplegado. Los alemanes poseen ciertamente una gran habilidad para la organización económica, pero «falta saber si
tenemos o no además de esa organización y de esa técnica, esa cualidad indispensable para la unión mundial,. esa hábil flexibilidad que encontramos en tres
diversa.s formas entre rusos, ingleses, y
americanos .... A fin de ser una nación
descollante, de primer orden y económica, se necesita UH.a especie de aceite internacional, esto es, el arte, el gran arte
de manejar a los hombres, de inspirar
simpatías a otros, de compenetrarse éon
su naturaleza y sus ideales. Prácticamen·te hemos sido en general maestrillos del
estilo antiguo y oficiales sin título con lá-

piz en ristre' y mostachos incipientes».
Sin embargoi los pueblos alemanes
pueden lle¡¡ar a adquirir ese arte bajo la
fuerza de la necesidad. Existe la posil:¡i,
lidad entre estos pueblos en conjunción
con otras razas de la Europa Central, de
formar un cuarto estado . mundial-un
nuevo estado d_e Mittel Europa. ; Alema ·
nia, .con_ Austria-Hungría, formará una
ñueva. organización centrál que. puede
desarrollar una g_ran fuerza _,ecOnómica y
políti\:!a-un nuevo sol que verterá calor
y luz sobre un nuevo sistema planetario.
Herr Naumann de,spliega ,una modestia
casi antialeffiana al estimar ·· esta nueva
fuerza mundial. •Siempre, dice, quedará
una cuarta potencia-nunca tan gr3.nde
como las otras tres: Tal nuevo Estado,
sin embargo, debe ·erigirse o bien Alemania y Austria desaparecerán.» En este

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nuevo Estado mundial e] autor ve la razón última de la guerra actual. «La enes•
tión de saber si un centro separado en la
Europa central puede mantenerse entreRusia e Inglaterra se está hoy resolviendo por medio de las armas con todas las
energías de Europa y con un torrente
incesante de san¡¡re. El grupo humano
que puebla la Europa central está ahora
peleando por el lugar que ha de ocupar
en el mundo. Si perdemos la guerra,
probablemente nos veremos condenados
para siempre a ser una ·nación satélite.
Si somos victoriosos a medias, entonces
tendremos que recurrir más tarde a una
nueva guerra. Si ganamos u'na victoria
decisiva o · perdurable,_ aligeraremos la
tarea que les toca~ nuestros hijos y nio•
tos, porque entonces la Europa central
perdurará al través de los siglos venideros». ;,

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gente clientela, que acabamos de recibir de St. Louis, Mo.
1000 pares de calzado en botas. choclos y zapatillas
para damas, modelos Ingleses y Americanos para caballeré&gt; y formas cómOdas y durables para niños.

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menos costosos.

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No. 10-E

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PEGASO

Lo que ocurrirá en Rusia no puede
predecirse, como tampoco lo que podrá
acaecer en el resto de Europa. Desde la
hora en que se declaró la guerra europea
tuvimos muchos hombres la sensación
de hallarnos embarcados en un buque sin
rumbo conocido. Justo es añadir que no
faltaron estadistas que lo habían visto
antes. Los desesperados esfuerzos realizados por sir Edward Grey para evitár
la guerra se inspiraban en la clara conciencia de esta inmensa incertidumbre.
El despacho que dirigió a Viena el 23 de
julio de 1914 decía:
«Si llegan a ir a la e-uer~ siquiera cuatro e-randes potencias de Europa, se me
figura que se producirá un estado de cosas peor que el de 1848, y que sean cualesquiera los vencedores en la guerra,
muchas cosas podrán desaparecer completainente. »
Pero tan seguros estaban los Imperios
Centrales de que alcanzarían una victoria
rápida y aplastante que no le hicieron
caso. Ahora es ya tarde para todo. La
revolución rusa es un hecho-un hecho
incomparable en la historia del mundo-.
Nadie puede prever sus consecuencias.
Una de ellas puede ser la de que se constituya en Rusia un poder militar a cuyo
lado sean juegos de niños los ejércitos
de Alemania y Austria como lo fueron
también comparados los ejércitos que
prod]!jo la revolución francesa en 1793.
Se habla mucho del genio militar de Napoleón. Pero la figura de Napoleón no es
sino la más afortunada entre las mil que
sureieron en la Francia revolucionaria.
Todo lo q~e llamamos napoleónico, la
leva en masa, la organización de los almacenes militares, los movimientos rápidos de tropa para aplastar en detalle al
enemigo antes de que éste se concentre,
los ataques por columnas profundas había sido ya ejecutado por el Comité de
Salud Pública y sus noveles generales.
Lo que me hace pensar en la posibiiidad de que la Rusia revolucionaria produzca un poder militar tan inmenso como
el de la Francia Revolucionaria es el llamamiento a todos los pueblos del mundo
que acaba de publicar el Consejo de los
Diputados de Obreros y Soldados, de
Petrogrado. Ese Consejo fué la junta
que hizo, en primer término, la revolución. En este manifiesto se dirige un
llamamiento especial al proletariado de
Alemania y Austria, que dice:
&lt;Hemos derrocado nuestro despotismo.
Estamos luchando por nuestra libertad y
la de todo el mundo. Condenamos los
fines agresivos de las clases gobernantes
de todos los países. Apelamos a las democracias de Alemania y Austria para
que si¡¡an nuestro ejemplo. Desde los

primeros días de la guerra se os dijo que
al hacer armas contra la autocrática Rusia defendíais la libertad de Europa contra el despotismo asiático. Muchos de
vosotros creísteis que con ello se justificaba el apoyo que dísteis a la guerra.
Esa justificación ha cesado de existir.
La Rusia democrática no puede ser una
amenaza a la libertad y a la civilización.»
Los revolucionarios rusos tienden sus
brazos al pueblo alemán y al austriaco,
pero ello no quiere decir que la nueva
democracia abandone las armas y ofrezca
la mejilla a los jefes de los Imperios
Centrales. El manifiesto añade:
&lt;Defenderemos resueltamente nuestra
libertad contra todos los ataques reaccio•
narios, tanto de dentro como de fuera.
La revolución rusa no cederá terreno a
las bayonetas de los invasores y no se
dejará aplastar por fuerzas militares externas.»
·El presidente del Consejo de los Diputados de Obreros .es un hombre de la
Georgia llamado Chbeidze. Conviene
aprenderse su nombre porque está !la-

_mado a fi¡¡urar entre los más altos de la
nueva Rusia. Cbheidze hasta ahora era
uno de los revolucionarios rusos máS
hostiles l!, la continuación de la guerra,
:en la que no veía más que ambiciones de
P,ríncipes, generales y capitalistas. -La
posibilidad de que también los pueblos,
las n~cion~s sean ar:,n biciosas, no se le
había bcurrido hasta ahora. Chheidze
pasaba por ser el enemieo inrreconciliable de la guerra, como también lo fueron
Robespierre y Marat antes de ser constituído el Comité de Salud Pública. Pues
ahora Chheidze explica el Manifiesto del
Consejo que preside en estás palabras:
.•Ahora hablamos nosotros, el pueblo,
por encima de lo que puedan decir los
diplomáticos. Al apelar a los alemanes no
lo hacemos dejando caer de nuestras manos los fusiles. Y antes de discutir la
paz proponemos a los alemanes que sigan nuestro ejemplo y derroquen a Guillermo, que· lanzó su pueblo a la guerra,
como nosotros derrocamos nuestra autocracia. Si los alemanes . no escuchan
nuestro llamamiento, lucharemos 'por.
nuestra libertad hasta la última gota de
nuestra sangre. Hacemos nuestra oferta
con las arma~ en la mano. No significa
el llamamiento que estemos cansados y
pidamos la paz.»
En efecto, significa todo lo contrario;
en primer término, porque no es proba-

Región en que actualmente se de.sarrolla la ofensiva franco' británica.

PEGASO

�-------- ------- -

-....-:,

De venta en la Librería
"ATENEA"
Calle de Gante No. i - Apartado 5358
MEXICO. D. F.

FRANCISCO VILLA15PESA.

Rutas ••Cuidas por la armada alemana en su mo\/lmlento de retirada ante la acometida franco-británica.

hle que los alemanes les escuchen. Y si
los escuchan, pues ya estamos del otro
lado de la calle y se acabó la guerra europea, pero también la Europa a que se
refería sir Edward Grey en su despacho
a Viena el 23 de julio de 1914.
Pero como no es probable que las palabras de Chheidze produzcan en Alemania efectos de ley, el nuevo Gobierno
ruso está organizándose militarmente en
proporciones tan gii?antescas, que el entusiasmo del ejército en el frente es sólo
comparable al de los ejércitos franceses
de la revolución.
Un aviador ruso escribe, por ejemplo,
a un periódico de Petroi?rado:
&lt;El entusiasmo es tan grande en las
filas, que si vosotros, los de la retaguardia, no estropeáis las cosas, no tardarán
en caer las barreras que separan lo posible de lo imposible. Ideas que nos hacían
sonreir amargamente, como las de llegar
a Viena y a Berlín, nos parecen ahora
factibles. Pero no os dejéis ganar por la
histeria y por el fanatismo. En nombre
de la gran cosa que ha ocurrido, domináos, derramad agua fría por vuestras
cabezas y concentrad vuestros pensamientos y eneri?ías en nosotros, que ya
sabemo·s en qué dirección volveremos los
nuestros. Aquí no hubo demostraciones
ni vielencias. Los hombres oyeron las
noticias de la revolución como si fueran
una oración maravillosa, preciosa y sagrada. &gt;
Fijáos en una cosa. El nuevo Gobierno ruso no es ya imperialista. Aunque
haya imperialistas en su seno, el pueblo
ruso no es imperialista, y ha cesado de
pedir la conquista de Constantinopla, como si renunciase al sueño secular de sus
Czares, por ser de los Czares. Por ese
lado puede parecer que el nuevo régimen ruso no ofrece tantas resistencias a
la paz como el antiguo.
Pero reparad en lo que piden los revolucionarios rusos para hacer la paz. Fijáos en que ípiden nada menos que el
triunfo de la revolución en Alemania y
Austria. Y ello es harto más difícil de
conceder, por lo menos desde el punto
de vista de los gobernantes de Berlín y
de Viena, que Constantinopla.
12

Destacamento francés conduciendo un cañón de gran alcance ala línea de fuego.

Lector, lector, el mundo ha dado una
gran vuelta. Aún no nos damos cuenta
de ello. Pero debemos prepararnos todos
a abrir nuestras entendederas, porque
las noticias que vamos a recibir en los
próximos meses excederán con mucho a
nuestra capacidad actual para entenderlas.
Ramiro de Maezta.

Los caza-submarinos
.
americanos
Por A. READER

Una de las primeras medidas adoptadas por el Gobierno de los Estados Unidos ante la amenaza del submarino alemán, y como protección eficaz de su marina mercante, ha sido la idea, verdaderamente yanqui, de construir hasta 2,000
embarcaciones del tipo Elco, llamadas
por el humorismo anglo-sajón, esencialmente gráfico, avispas de mar.
Estos barquichuelos, destinados especialmente a la destrucción de submarinos, y acerca de cuya positiva eficiencia

militar podría dar noticias el Almirantaz•
go Británico, que viene utilizándolos en
número de medio millar, aproximadamente, desde el comienzo de la guerra
submarina exasperada a que se entrega•
ron los Imperios Centrales desde febrero
último, son de invención norteamericana.
Los ideó un ingeniero, Henry R. Sutphen,
de la Elco Company, de Nueva Jersey, y
constituyen una verdadera maravilla del
arte naval militar. Su tamaño es reducido: poco más que una de esas gasolineras deportivas, encanto de veraneantes
en nuestros puertos del Norte. Y, en
realidad, el terrible invento, enemigo
formidable del sumergible teutón, nació
del barco de recreo allá en las plácidas
aguas de los grandes lagos norteamericanos. Una contingencia que no prevería
ciertamente, la sagaz mirada de Von
Tirpitz, el azuzador de la guerra naval ~udesca.
Preocupado el ingeniero Sutphen con
el giro que iba adoptando la guerra marítima, y ante la posibilidad de que los
Estados Unidos tuvieran que intervenir
en la contienda, ocurriósele transformar
el pleasure - boat construído durante

EL BANQUETE A VILLAESPESA

1 -?r.1nci'lco Villaespesa.-2, 3, 4, S y 6 -Enrique González Martínez, Efrén Rebo~edo,
·Rafael López Jesús Villalpando y José D. Frías, redactores de PEGASO -7 Y 8,
José deJ. Núñez y Domínguez y Nicolás Rangel, colaboradores de PEGASO.
0

PEGASO

veinte años en sus talleres, para recreo
de millonarios, en nave marcial. Y la
evolución del botecillo pacífico hacia el
arma de aniquilamiento se operó. El
cascarón de metal se convirtió en armadura de madera para dar a la nave mayores condiciones de flotabilidad; el motor
de 60 caballos fué sustituído por otro de
500; se modificaron las líneas del barco,
afinándose la roda hasta adoptar la buída
forma del espolón; se suprimió la cabina
de lujo para hacer de ella torrecilla de
mando, y se emplazó a proa un cañón de
6 centímetros y de tiro rápido. La avispa
de mar, enemizo mortal del submarino,
estaba creada.
Sus ventajas militares son las sieuientes: escasa visibilidad a la mirada del
enemil!O, marcha veloz, para poder. dar
caza cómoda al sumergible (mínimum de
diecinueve nudos por hora); calado insii?nificante, apenas metro y medio, para
hurtar el blanco al torpedo enemigo, cuya marcha se efectúa a profundidades de
cuatro y cinco metros¡ considerable poder ofensivo, en cuanto el cañón de tiro
rápido puede hacer veinte disparos por
minuto, bastando una granada para enviar al fondo a un submarino; cualidades
marineras capaces de resistir los peores
temporales y las mares más duras; gran
radio de acción, puesto que puede este
caza-sumergibles permanecer diez días
sin tomar puerto. Las características hablan de lo reducido del tamaño de la
avispa de mar. Mide, en efecto, 24 metros de eslora total y 3 de m•.m~a, desplazando 30 toneladas escasas.
El rasgo saliente de la novísima nave
de ~erra, es la positiva ventaja representada por su reducido calado. Entablado el combate con el submarino, éste no
puede hacer uso de su principal arma, el
torpedo, por la ya mencionada ausencia
de blanco. Ha de recurrir, por lo tanto,
a su artillería, y como el Cáñón lo lleva
emplazado y oculto en su seno, le es absolutamente necesario salir a la superficie y colocar la pieza en batería. Todo
ello es descubrirse a la puntería del ca7.ador, que en cinco minutos puede arrojar sobre el dol?o tudesco una granizada
de postas explosivas de 12 libras. Hay,
pues, 99 probabilidades contra una, de
que el sumere-ible rehuya el duelo y·pro-

cure ponerse en franquía, si le da tiempo
el formidable fuego del enemigo.
Nos proporciona los anteriores datos
The Sun, de Nueva York, el que afirma
al propio tiempo que el Almirantaze-o ini?lés llevaba adquiridos de los astilleros
Elco, en febrero último, 550 barcos de
ese tipo, todos los cuales están prestando
excelente servicio en el Canal de la Mancha, en el Mar del Norte y en las costas
del Reino Unido. Según dicho diario, la
avispa de mar ha realizado ya admirables proezas que serán conocidas, sin
duda, el día en que la guerra finalice con
el triunfo, a cada hora más cierto, de las
naciones aliadas contra el imperialismo
teutón.

Mis meJores versos . ..... , . . .. . . S 1.20
El Alto de los Bolumios....... ... ., 1 .80
Las lloras que j,asan veladas de
Amor .............. ......... ,, r .80
Lucllas, Confidencias. Prólogo de
Vargas Vila ....... .. ....... .. ·. .. 1 So
Las Joyas de Margarita, Breviario de Amor, La Tela de Penélope, El Milagro del Vaso de Agua ,, 1 .80
InUmidades, Flores de Almendro,
Prólogo de Pompeyo Gener ... .... ,, 1. So
Los Nocturnos del Generalife. Poesías ...............•........... ., 1 So
Doiia Maria de Padi1la, Las Cenas
de los Cardenales • •.•• .. . ...... ., 1 .80
En el Desti'erro • ••. , .. . . . . . . . . . . . . ., o. 70
Una Partida de AJedrez. Arreglo
castellano de la comedia de Giuse
ppe Giacosa........ . ........... .. 0.70
La Copa del .Rey de Thule, La Atusa Enferma con prólogo de Juan
R. Jiménez. ... ..... , ............ ,, 1.80
Alcázar de las Perlas .. ...... . . . ,, 2.10
Ldmparas Votz"vas ... .. ..... .. ... ,. 1 So
El Espejo Encantado. . . . . • . . . . . . . . , , 2 . ro
Judith ... . ..... ............ ....... ., 2 . 10
Doña Maria de Padilla, Ed. .Renaci~
2. ro

mi"e11to .....•....... . . .•.•..•.. ,,

Aben'Humeya. Tragedia Morisca en
cuatro actos y en verso . . . . . . . . . . . .,
Campanas Pascuales . .. .. . . . . . . . ,,
El Reloi de Arena.... • .. ...... .,

2. 40
2 . 10
1.20

"CERVANTES"
Revista Mensual Ibero-Americana.
Directores: Francisco Villaespesa,
Luis G. Urbina y José Ingenieros.
Colección completa. . . ... . . . 7 vol. ,.

10.00

NOVEDADES LITIRARIAS

Servicio de palomas mensajeras establecido
en el frente de batalla.

Tropas inglesas en horas de descanso.

La señora, al ajustar a la criada, le pregunta:
-¿Preferirá usted salir a paseo los domingos o los lunes?
-¡Oh, no, sef'lora; no quiero salir los domingos porque están los paseos llenos de
gente ordinaria. Así es que pueden ustedes
salir los domingos y yo me quedaré a
guardar la casa.

PEGASO

E. HoMs. Las Unicas .Rosas. Comedia en dos acto~. . . .
.. . .. . .. . ., 1. 8o
RAMÓN R. P~RBZ DB AVALA. Las
Mdscaras Ensayos de crítica teatral .... ............ .......... ,. 2.10
J. V. LASTARRIA, La América vol. l.
América y Europa vol. II. Y t1ltimo: Revoluciones y Guerras Ameri,anas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
4. So
M. A. BBDOYA. El Hijo del Docto,;
Woljfan .. .. .. .. .. .. . . .. .. . . .. .. ,. 2, 10
EDUARDO ZAMACOJS. Duelo a muerte ,. 1.50
SALVADOR DfAZ MIRÓN . Lnscas . .. .. .,
1.70

El gran novelista y filósofo ruso, conde
León Tolstoy, que negaba a la sociedad el
derecho de castigar, un ctía, en una calle
de Petrogrado, vió a un vigilante que detenía a un sujeto, y dirigiéndose al agente, le
dijo:
-¿Sabe usted leer?
-Ciertamente.
-¿Ha leído usted la Santa Biblia?
-Sí, señor.
- Entonces, ¿por qué olvida que no se
debe hacer al prójimo lo que uno no querría que le hicieran?
El representante de la autoridad miró al
conde, y después de un instante de reflexión, contestó:
-¿Usted, sef'lor, sabe leer?
-Sí, sé.
-¿Ha leído los reglamentos de policía?
-No.

-Pues bien: vaya a su casa y léalos.
13

�es adversa al medio social que mejor entiende de achaques artís ticos.
POR EL ARBEU
l'IAGALOl'IA!iJAS. l'IAQUETAS. Tales
son los títulos de los volúmenes, en verso, de Francisco.González León, de quien
publicamos en nuestro número pasado
al¡¡unos poemas inéditos. Esta nota biblio¡¡ráfica se desvlll afectuosamente de
los volúmenes mencionados, para consi¡¡nar al¡¡unos de los caracteres de González León y de su obra ¡¡eneral. Escasamente conocido aquí, (apenas si publicó
al¡¡o en la Revista Moderna) González
León vive como un ermitañn en La2"0S,
Jal. Peina los cincuenta, entre¡¡ado a la
farmacia. Su juventud, se¡¡ún he sabido,
fué de zambra y de ilusión. Por su clausu•
ra actual, clausura de celda, han de diva¡¡ar el presumido ¡¡olpe de las tijeras
de sastres difuntos, la risa de más de una
actriz dadivosa y un insistente són de vihuelas. Todo en vano. Un pardo clericalismo es quien manda.
Su obra es moderna, por el alma. Hon•
do y atingente, González León, en mi
sentir, no es inferior al temperamento de
Nervo. Y jÚz¡¡o que el temperamento del
ermitaño de Lagos aventaja al de ciertos
poetas nuestros, de los conceptuados como primates. Su ejecución es desmañada. Ello no me resfría. Más bien me hala¡¡a, como la flora silvestre que abraza
los muros de un templo, lejos del Arzobispo de Guadalajara. Quizá un día pueda yo ocuparme con la extensión debida
en este poeta, a quien estimo consanguíneo y a quien ruego me perdone de haber violado sus retiros, por presentarlo
a la ponzoñosa celebridad.
R. L. V.
GABRIEL D' ANNUIIZIO: LA VIRGEN
URSULA. -Traducción directa del italiano, precedida de un estudio sobre el
autor, por Carlos González Pef!a.-Portada de Saturnino Herrán.-CULTURA.-Abril 30 de 1917.
Toca hoy a D' Annunzio fi¡¡urar entre
los autores que populariza la publicación
Cultura. De la enorme labor dannunziana
escogióse una novela corta, La Virg'en

Ursula, para presentarlo al amplio ¡¡rupo de sus lectores. La traducción de la
obra y el estudio acerca de la personalidad del autor se debe a nuestro infati¡¡able Carlos González Peña.
Ha logrado D' Annunzio, en punto a

novela, el mérito de crear un género
muy suyo. En un estilo extraordinario,
personal y que recurre al abi¡¡arramien•
to de ·un crudo realismo, relata la biografía subjetiva de seres predestinados. Y la
fuerza de la evolución espiritual es tan
vigorosa que, cerrando con todo, nos de·
ja la huella de al¡¡o formidable que ha
cruzado frente a nosotros. Tal es La V ir¡ien U rsula; después de una enfermedad
tremenda, al renacer de su salud extenuada, Ursula, la hija del Señor, siente
despertarse en ella un insólito anhelo de
ternura y de voluptuosidad. Y la potencia del amor sobre un sér que había reconcentrado su deseo en años de abstinencia es !án ¡¡rande, que la lleva a un
punto terrible de excitación sexual. Y perece. Eso es todo. Lo demás es como el
conjunto de nudos que va atando los hilos separados. El carácter místico de la
hermana viene a subrayar los ardores de
Ursula, y el amor de Ursula por Marcelo insignificante resulta como idealiza•
do por la fuerza de la escena brutal.
La re a c c i ó n psicoló¡¡ica despierta en
Ursula encontradas emociones y decide
morir; pero la vida se impone y para vivir recurre a un medio absurdo: a un hechicero de quien ha oído milagros: el
viaje y la i¡¡norancia de la mujer del brujo la matan. El sabor de cuadro popular
que tienen algunos pasajes hace que pensemos en las pinturas de al¡¡ún Teniers
italiano, y el estilo vigorosísimo da a la
obra el relieve de un bronce de Rodín.
Adorna el cuaderno una portada de
Saturnino Herrán y una caricatura de
D'Annunzio, debida a la pluma de Ol~f
Gulbransson, no Gulbranffon como eqm·
vocadamente aparece al pie del dibujo.
M.T.

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Nuestra Ga.rantia

Despachamos en el día que se recibe
todo pedido foráneo.

ñora Fábre¡¡as interpretó con inteligencia el papel de Sabara y el señor Martínez Tovar estudió concienzudamente la
obra cobrando nutridos aplausos. La entrada estuvo floja y esto lo atribuimos al
precio de las entradas ($3.50 luneta), pues
si bien es cierto que el insiene vate granadino goza de simpatías entre nosotros,
también lo es que la situación económica

El sábado subiq a la escena En Flandes
se ha puesto el sol, de Marquina. De la
obra no hay que hablar; se han dicho ya
todos los elogios. La interpretación fué
mediana a causa de la violencia conque
en nuestro México, se acostumbra poner
las piezas. El lunes Parker, el martes
Ibsen, el miércoles Shakespeare, el jueves los Quintero, el viernes Linares Rivas, el sábado Marquina y el domin¡¡o
Muñoz Seca, Berstein y Benavente. ¡Ca

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EL MODELO QUE ANUNCIAMOS
AQUI ES DE RECLAME, YTIENE

Esq. Ave. Madero y Gante.
PEGASO

111 EL FABHGAS
El último sábado se estrenó en este coliseo la obra de Francisco Villaespesa intitulada Aben-Humeya. El éxito artístico
fué bastante lisonjero. El autor fué llamado a la escena repetidas ocasiones.
Nos abstenemos de hacer crónica detallada de la obra porque los diarios ya lo
han hecho y con bastante acierto. La se-

En este coliseo celebró su beneficio
el viernes pasado el primer actor Manuel
Villarreal, con la opereta jLa Criolla.
Manuel Villarreal es muy conocido de
nuestro público y es un actor que siempre trabaja bien y que ha tenido la mala
pata de que ni el público ni la crítica le
hayan dado su verdadero puesto. Villarreal tiene tantas facultades como narices. El catarro que en la Chata Oviedo
puede ser un simple cosquilleo en
Villarreal puede ser un ccaso Ga/oso•;
o, cuando menos, el mentol tendría que
costearlo el Tesoro Americano.
Dicen pos ahí que Villarreal, desde
qu~ empezó la tragedia europea, no ha
de¡ado de oler a sangre. ¡San¡¡rones!
El martes debutó Onofroff en el mismo teatro. Este tío puede su¡¡estionar a
un motorista y hacerlo creer que se ha
bañado recientemente. ¡Qué más!
POR EL COLOII

Representante en México.

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Ericsson, 10-27.

Despacho 311.
Mexicana, 54 Neri.

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PEGASO

15

�ray! Se necesitan actores de sesenta Hf&gt;.,
seis cilindros y magneto Boch.
Taboada, encima de lo de él, tenía un
resfrío. Plasencia se supo el Valdés como yo sé que tengo que pagar la renta
de mi hangar, pero no lo declamó, en mi
concepto, tan fanfarronamente como el
rojo y gualda de la capa y el jubón lo
piden. Sin embargo, Plasencia puede hacer un buen Valdés.
Emilia del Castillo dijo muy bien toda
la obra.
Padilla sacó unas barbas que compró,
con dólares, en tiempo del papel.
El domingo, en la moda, se estrenó
Como Hormigas, comedia en dos actos
del autor de La Garra. En esta obra Linares Rivas no es tan fuerte como en casi todo su teatro. Como Hormigas es de
una factura delicada, de una desbordante humanidad y un constante interés fundado en la gracia sutil y blanca de una
tesis que parece relente espiritual sobre
las horas cálidas y sordas en que transcurrimos.
La obra está muy bien repartida. To•
dos justos y dándose cuenta de la intenc'ión noble y blanca del autor. Plasencia
dice un cuento del segundo acto-cuento encantador- con verdadera agilidad.
Como Hormigas llevará algunos hidalgos a la taquilla, para mayor honra

El banquete a Villaespesa

- No sé en qué consistirá que todas las
moscas se me echan siempre encima.
-Claro, como que tiene usted la desgracia de ser diabético,

*

* * mía: los hombres
-Desengáfiate, hija
prefieren una mujer ignorante a un a mujer
ilustrada.
-¿Pero tú te figuras que todos los hombres son como papá?
***

Cierto día entró un paleto en un local
recien desocupado, y no viendo género alguno en los anaqueles, preguntóle al duefio.
-¿Me hace el favor de decirme qué es lo
que venden aquí?
- Pues aquí vendemos cabezas de burro.
- iRediéz, que venta ha debido ha.:er,
que ya no queda más que la suya!

***

- Papá: ¿me podría yo casar con la abuelita?
-¿Casarte tú con mi madre?
- ¿No se ha casado usted con la mía?

Grupo de paseantes en el Canal.

***

del arte y particular regocijo de «Don
Prudencia».
BUFFALMACO.

- Nifio, no le ensefi es al loro palabras
feas.
-No se las ensefio, mamá. Precisamente
le estoy ensefiando las que no ha de aprender.

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A7AR, P3CR ( 6 piezas).

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P3R, R4R. P3AR, P5CR (4 piezas).

Las blancas j uegan y daa mate eo tres jugadas.

PARTIDA NUMERO 13.
GAMBITO DANES

BLANCAS

*

NEGRAS

Coll ing.

Mieses.

r. P4R

r. P4R

2.

3.
4.
5
6.
7.

8.
910.

rr.
12.
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P3AD
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r3. o- o- o
14. D2A
15. PXC
r6 R 1C.

17. DXPA
18. C5C
19. A4D
20. T8R ! 1

r7. C3C
r8 C5A
19. TrA
Se rioJeo.
Tanto el elegante problema como la muy
bella partida que publicamos hoy, están entresacados de la obra de ajedrez que recien•
temente ha publicado el conocido ajedrecista
jalisc,ence don F. de P. Arancegui. La obra
titulada: Pcíginas selectas de AJerlr&lt;'z que
consta de ~oo páginas, contiene además de im•
p~rtaotes conocimientos teóricos, problemas y
finales muy interesantes, 60 part das que son
otras tantas obras de arte sabiamente recooiladas por el Sr. Arancegu i, c uyo talento co~o
jugador y como teórico supimo~ apreciar durante su breve estancia eo esta ciudad el año
pasado. El buen plan de dicha obra y el juicio
y competencia con que está escr ita nos hac&lt;&gt;
que no dejemos pasar la ocasión de felicitn
calurosamente a su autor eo su noble empeño
de e nriquecer la literatura ajedrecística de
o uestro país.
En el próxi mo número publicaremos, ade·
más de uoa par tida del Campeón mexicano,
A. G. Conde, uo bello problema de algún re•
putado compositor mexicano y la solución de
los p roblemas que ya hemos publicado.

Entre conyuges:
-¿Y aún te atreves a mirarme a la cara?
- ¿Qué quieres . . . . iA todo se acostumbra uno! ....

* **
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. ...

***
-Tenga usted piedad de este desgraciado que se encuentra sin trabajo.
-¡Y todavía se queja usted de no trabajar con este calor! . . ..

* **
Asistía cierto personaje a una comida, y
una señora muy encopetada deseosa de
saber si ella o una prima suya era preferida por aquél le preguntó:
-Vamos a ver: si mi prima y yo cayésemos al río ¿cuál salvaría usted primero?
-¡Ay, señora! Sé muy bien que usted
nada perfectamente.

***
Dos ladrones muertos de hambre, ad•
vierten la presencia de una pareja de la
guardia civil.
-Estamos perdidos, nos van a dar caza
-exclamó uno de ellos-:\1c alegraría muchísimo, porque nos la comeríamos,-contestó su compañero.

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de la que quiera usted sanar pronto? Consulte Ud. al
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>González Martínez, Enrique, 1871-1952, Fundador</text>
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                <text>López Velarde, Ramón, 1888-1921, Fundador</text>
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                <text>Rebolledo, Efrén, 1877-1929, Fundador</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>Urueta, Jesús 1868-1920, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>•

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3a. CALLE DE LA PALMA No. 34.

LA VIDA FEBRIL
Por MANUEL TOUSSAINT

Será por intlueucia de los Estados I..;nidos; serií
JJOrque el mundo ha perdido la razón , sení porque el
lu¡ú1bre desea terminar de una buena 1·ez con sus días,
pero nuestra existencia se ha tornado una da11Za febril.
~jos aquellos tiempos de placidez colonial, ei1 que al
claror de los últimos matices luminosos, se aguarda pacientemente el , toque de vraáó11. La noche parecía
aprisionar todos los malos espíritus ante las largas vibraciones r la campana iba dejando en los huecos de
rada pensativo interior como un d~jo de santidad.
Hoy, los progresos de la industria han permitido
acelerar las comunicacione8 de modo vertiginoso: más
de un buen veciuo conoceréis segura mente c~mo yo, que
Reostumbra sautiguarne y persignarne cliez vecfü antes
de sacar el pie derecho- nunca saca el izquierdo-al
umbral de su puerta. Y lamentaréis coumigo, aunque
malérnlas sean mis suposiciones, no cree1·os autorizado
a usar de tales amuletos contra los adelantos de la Dinámica.
. A ese acrecentamiento de 1oco111oe:ió11 hemos respondido con decuplicar la velocidad de nuestra vida, si no es
que a esto último se debe lo primero; si no es que el
aereuplano se inventó para que el hombre tuviese un
niedio de trasporte digno de sus ideas en el siglo XX:
Margarita de Navarra no hubiera podido escribir su
HepfCl'lneron en aeroplano, corno pudo cscri birlo en su
magnífica litera.
.
Un gran poeta uucstrn, un poeta que puede decirse
llltérprete de la ,·ida, tanto la ha comprendido y exaltado, cantaba no hace mucho tiempo:
A vivir, a vivir, que se escapa la vida!

Y este verso fuera la euse11a de II uest:ros días, si no
hubiese discrepancia de fondo: pül'quo vil'imos la ,·idn

~in vivir; después de treinta aiíos como estos de l\Jlü o
lü 17, ;_quién puede afirmar que ba ,i vido 0 \'i l'ir es
algo muy distinto que devorar días. me&amp;es y aüos. Es
la saturación del espíritu con cada instante vi1·ido; es
ser sol y alumbrar porque la l"ida es luz. Vivir 2s algo doloroso y solemne, algo que pide un ambiente más
sereno, más sobrio. Nada hallo de m,ís gráfica fuerza
para explicarme la vida intensa que m1 símbolo, (como
no fumo, debo advertir que no me parece l'l1lgar): ririr 1's
dark el !JOlpe a la i:ida.
**

Pero el ansia de vivir, vivir como sea, r,ípidamente. vertiginosamente, es el anhelo de nuestro tiempo. Y
¿,quién Ya a poder encauzar a la vida por el· antiguo .Y
ancho sendero'' .Montaría lo mismo querei- reglamentar la ,·elocidad de los rehímpagos o edificar caminos
en la trayectoria de los planetas. La Yida se fuga y en
su fuga, arrastra a nuestro espíritu, a menos que sea
tan pesado que la vida puede pasearse por él.
De continuár así, difícil es prever los términos a
que llegue nuestra existencia. Sólo puedo asegurar que
la única di,·ersión que toleren nuesh·os nietos será el
circo, que goza ya de gran estima. El circo honra a
la humanidad, sólo los pedantes 110 gustan del circo.
Acrobatismo intelectual, circo de barrio en que tras de
la harina que oculta a medias la faz del payaso se columbra la tragedia del hambre, circo en el más innoble
sentido, en el sentido político, todo es homenaje a los
antepasados cuadrumanos del hom 1re. La afición'' al
circo podría ser aducida por Darwiu como una nueYa
prueba de la evolución de las especies y por Haeckel como prueba decisiva de la ascendencia simiesca de los
sabios alemaues.

PEGASO

3

�La literatura sufrirú modificaciones de gran hascendencü,. Los l'ersos en vez de medirse púr sílabas.
se medirán con micrófono. si 110 es que en vez d~ meduse, se pes_an con pesa-cartas. Las nol'elas seran _Telegadas al olvido, o cuando mús, los mM1cos usarnn;as
como ¡n·e,·entil'o, para aquellos enfermos de veloci ad
cuyo cerebro requiera inyecc:ioncs de pesader.. Los llbr~s didácticos, ya se adi1·iua, serán empleados co~uo
lastre en los vehículos aéreos o en los gabrnetes de f;s 1ca, para explicar el peso específi:o de lus cuerpos. , -Y. el
literato se expone a carecer de pubhco, JJ?rque el 1rnbhc~
tiene mucha prisa, como el lite\ato de tiempos ]Jasados
carecía de público porque el publico rebosaba peie':ª·
La humanidad cambia: sale de su pereza como el car~col de su cofre; l,í11zase a dm1zas febriles corno espitu loco; rnelYe al olimpo; el literato siempre sale__ soln·anclo. Poi· eso el buen literato es el que se avergnenza de serlo. ?íietzsche Jo dijo.
,
,
Futurisrno, cubismo, preterismo. ,.Cual sera el
capricho del arte? Quir.ás, en el vértigo del mornrnell-

to, al mayor anhelo de los artistas, se_a, representar el
reposo, el reposo absoluto. «Ayer, duau entonces, el
prodigio del arte, /'homme qu, 1,wrchc, o el San Juan
Bautista de Rodiu, debían su prestig10 rncomparable al
movimiento que parece latir e11 los miembros de_bronc;·
Hoy, el movimiento se produce por i-eglas demasrndo fa.
ciles; busquemos el _reposo _cuy? secreto ba nrnrrt~.» ..
La imaginacwn se fatiga tratando de fiJat P:Ispectivas. Acáso los seres que nielan
prote_pdus
por su rnlocidad como el halo de nn ún~el _Y no ven nada
fuern de sí n\ismos porque el espacio , a s1e11do de,01ado por el golpe de sus alas; acaso cam h'.e t_odo ,; el
mundo se torne incognosc1hle: e11to1wes solo 1estarn la
amplitud de la cúpula celeste, polícroma_ al a_tardece'.
como si fuese el interior de un domo b1zantrno. 1
rompiendo el hieratismo rígido de los 111osa1cos. con
ia armonía de sus curvas. corno una embuaguez de
sei;enidad, será visto únicamente por los OJOs del artista. el eterno, el diviuo, el rnfatigab\e rnelo de los
alciones.

"ªº

taba con la malicia ingénita de los
ojos.
·
En tanto duraba la conte~plación del cura, púsose ella a ¡,estirarse las medias con la mayor natu~lidad de1 gesto, con !a oabez'.'- ba¡a
y levantando las faldas al'nba de
la rodilla.
·
.
-¿ Sahes ?~dijo de_ pronto.-La

LA RAPAZA
Po, ENRIQUE GONZALEZ MART!NEZ

Acababa el cura de Villahonda
de dar las últimas plumadas a aquel
sermón del Hijo Pródi,go que había de valerle, andando los meses,
la suspirada prebenda, los laureles
de la fama y el íl:em más _de una
codiciable capellanía, es decir, miel
sobre hoj üelas. Alto, buen moz;i,
sano y fuerte, llewba co!1 gallaroia
· sus cuarenta a&gt;ios, y hacia diez que
µaseaba su inocente vanidad de
orador, su mediocridad perfecta Y
su gordura incipiente por las tortuosas callejuelas de aque.1 curato
modesto que había de ser firme_ pedestal de su ya segura y glonosa
canonjía.

Aq!Íella noche, ya pasadas las
diez, saboreaba de antemano sus
triunfos oratorios, repantigado en
un sillón de cuero, rod.eado de algunas docenas de libros y las manos .
cruzadas sobre el rollizo abdómen,
cuando sintió que alguien le cogía

con una boca encendida y _unos ojos
tau negros, que iris y puprla se confundfan C'n una so~a mancha negrP
y lustrosa como cuenta de {nabache.
-Buenas noches, Susana. '.Vle
has asustado, hija mía.
. .

Y mientras decía esto y acar1c1a-

ba el rostro de la niña, con,templábala el cura con una extmña éunosidad. No había experimentado el
señor cura ni susito ni srnrp.resa; Susana acostumbrabn entrar así todas

bs noches procurando no ser sentida; pero al santo varón agrad,,bale fingir aspavientos ya que con
ello daba gusto a la mimad" ch,qui-ila.
Era interesante de verdad aquella mujercita, en quien ha'.:Jírcn Ueg-ado ya los encantos ele la Juventud sin borrarse todavía ~?..s gracias infain¡tiles. El seno, de precoces

turgencias; hinchaba ya el corpi-

por el cuel!o, y una vocecilla afl.aut~.:i..da, úspera y penetraute, la grita-

ño · las caderas, un poco ri ngo.stas:
rna~·caban ya sus curvas deleitosas;

ba en las orejas:

bajo las faldas, demasiado cortas
pai~a RU estatura, se dejabam ver
unas piemas admirablemente formadas que eran ya reallidad y no

- i Buenas noches, padrino!

Y antes de obtener contestación,
se le plantó delante una chiquilh de
trec~ años apenas, un tanto esp:.g~_da para su edad, blanca, pelirroja,

4

promesa, y en el rostro, un aire de

ingenuidad y aturdimiento contras-

PEGASO

medalla perdida parrotó al fin.
y mostró una de pl-ruba su¡eta con
una cinta negra que resaltaba en
la blancura de su cuello.
-Es del Carmen-añadió-y regalo de Goyo.
Quedó lueg.o un _insti;nte como
sumida en una me,d1tac1on profunda, con la miraida en ,el suel_o y el
labio inferior entre fos di~tes,
gesto que le era muy pec_u,har, y
luego, con brusquedad, &amp;alw_ de la
habitación tararea.nd!O .un aire de
iglesia oído en el rosano de la tardeEra tri.8\te la historia de aquella
persomta caída em el sombrfo ~~­
rato como un ave exótica de qmen
sabe qué frondas desconoc1das.
Bien presente tenía el cura la no•
che lluvios,a en que llamaron a su
puerta con foertes aJldabonazos
mientras le gritaban desde aba¡o:
-Paidre, una confesión; la "Pa•
1

Joma" se muere . . . .
.
La Paloma, una meretriz casi
vieja, recién llegada a1 pueblo Y conocida ya de todo el mundo por l_o
que tenían de ostl~Uitosos sus vestidos, de exagerado su colorete Y_de
provocativo su porte, había verndo
a Villahonda acompañada de una
chicuela de ocho abriles, en ese .res"'
censo vertigino,so de _las gentes:
su edad y de su ofic10. Le pare
3Jl párroco que era ayer cuando ha-

hía cruzado

por las fangosas calles
de Viilahonda, precedido del sereno
que alumbraba a medias el camino
con la legañosa linterna, iev,tando
eon trabajo los baches de la vía.
Grabado en su imaginación tenía
e] rostro de la que yacía -en el lecho,
J'()Stro que debió 'de haber sido beflo, pero ajado ya poi!' ,el vicio de los
últimos escaños que acaban con la
juvent,ud y la hermosura. Había seguido luego la confes.ión monótona
de la cortesana vulgar, y, por último, el ruego ele la moribunda que
vibraba todavía en •sus oídos: "Padre, encáTguese usted de Susana,"
mientras ésta, en '21 cuarto contig,uo, rodeada de oficiosas vecinas
que la contemµla:bau con lástima,
paseaba ·sus azorados ojos sin una
s&lt;ila lágrima sobre aqu&lt;'lllos rostros
extraños y dotlielJites. Luego, la
muerte de la ramera, sobrevenida
al aman'eoer; los temores del cura
por la responsabilidad de la adopción, y los refunfuños del ama que
no cesaba de murmurar por lo bajo: "i Lo que habrá visto esta hija
del arroyo!" Después, las gracirus y
vivezas de ,la muchacha que habían
desvanecido Ja,s nacientes runtipatías; la primera comunión hecha,
al cumplir diez año's, con una exaltación mística y un fervor religioso
que había,ri rayado en lo anormal
y patológico; la;; crisis histérica•s
presentadas periódicame111te y alternando con arranques impropios
de sus años; tristezas sin motivo,
Dantos sin causa alguna, y, por último, aquella gran crisis sobrevenida un mes antes, a la media noche,
cuando el ama acudió a las vooes de
Susana que rígida y en pie junto a
u blanco lecho de doncella, miraba
eon espanto y sin dal'se de ello
cuenta, algo no esper-ado ni leido
todavía en sus libr,os favoritos .
-Vamos, vamos-había tenido
que decir la vieja-eso, a,l fin y al
eabo, tenía que ,mceder.
Y acompañó ha;s,ta el amanecer
a la chiquilla tranquilizada a medias, pero que no pudo pegar los
OJOS en lo restante de la noche.
Cuando mamaron a primwa misa
1 oyó el ama toser y carraspear al
tura, fué preciso habla·de -del asunto Y referir1e con mil rodeos y cireun.Joquios, que fa crisálida se habla convertid'o en mariposa.
Todo aquello pasaba en fantástica Procesión por las mientes del cual mirar a la niña que se había
urrido tan bonifomenJtle, y como
aquel instante entrara ,el ama
n una palmato•ria en una mano
en otra las pantuflas del buen páo. asaltaron, a éste, de pronto,
Y aotlvidados temores de herenmorbosas y de endiabla,dos
vismos, y cual si fuera cuestión
. trapo más o menos, dijo d.irilldose a la anciana vig~lante:
-Doña Ramoua, es preciso bajar

las faldas a la chica. Ya tiene para
ello edad ...... y pantorrillas.
Cuando Susana aband0n'J la estancia, sa,Iió a un angosto corredor

en cuyo extremo terminaba 'la escalera que condncía a ]as habitaciones altas. A la luz del farol soñoliento que iluminaba el corredorcillo, divisó Susana a Gayo, el sacristán, que en una silla reclinada en
la pared, dormía con la boca abierta y rc-ncando con estrépito. Era
un adolescente Jlacncho y pálido,
de arremangada nariz y labios des-

coloridos, que había crecido trabajosamente a la sombra de los muros &lt;le la parroquia, y a quien con-

denaba al sacerdocio la protección
sub conditione de&lt;J cura de Vi □a­
honda. A los catorce años había visto venir como caída del cielo a Susana, aquella natura1'eza inquieta y
movediza que empezó a alegrar la
casa triste y silenciosa con las notas agudas d,e sus risas y los gorgeos de sus cantos iu:f'amtiles; y una
vehemente inclinación, un deseo
vago, pero irresistible, lo había ligado con aquella criatura mensa-

jera de luz, ele encantos, de alegría,
El la acompañó en sus ju.egos, la
llevó de la mano por los jardines,
admiró sus precocidades inauditas,
y sintió por ella un afecto casi paternal ; pero cuando se trasformó
en una mujercita, aquel sencillo
afecto cambió de forma; las mi,radas maliciosas de Susana turbaban
hondamente al mancebo inexperto
y desmañado que no había visto el
mundo sino a través de los ventani llos del coro; sus nacientes encantos le ponían fuera de sí, y su cortedad inconegible le hacía huír de
la muchacha sin quer,ar confesa,r se
a sí prnpi-o qué clase de sentimiento había germina-do y crecido dentro de su oprimí-do corazón.
Se quedó Susana contemplando
un instante al que dormía, alcanzó
con la mallo un taJlo de hierba de
un tiesto vecino, y con él púscse a
cosquillear las narices del descuidado durmiente. Como éste despertara sobresaltaido y estornudando
con estrépito, la autora del daño subió a grandes zancadas la escalera
de pino que conducía a la alcoba y"
en ella se encerró echando por di2ntro la llave. Encendió la luz, luego
aguzó el oído y creyó percibir el rumo,r de alguien que cautelosamente
subía por la escalera; hasta lt2 pareció oír rechinar suavemente los
peldaños y se figuró escuchar un
leve crujir de coyunturas y el soplo
casi imperceptible de una respiración ahogada. Experimentó la S2JIsación de "que era vista," y sintió
un extraño y voluptuoso calosfrío
que recorrió su cuerpo con el inefable del&lt;iite de una caricia.
No era la vez única que Susana
era objeto de semejante espionaje.
Ella sabía que Gregorio acechaba

PEGASO

la ocasión de sorprenderla; pero la
invencible timidez del muchacho
con observar sin ser visto, cOn sus-

pirar a solas y con amar en silencio. ¿ Por qué esa noche, en un re-

pentino arranque de sensibilidad
generosa, le asaHó la idea de ofrecer a aquellos ojos mendicantes de
amorosas visiones, la regia dádiva
de su cuerpecito desnudo? Se asegu-t·ó con rápida mirada de que la
cerradura daba paso a la luz, y ante el espejo del tocador colocado
junto a la puerta, comenzó su n\lc- .
turno tocaclq. Graciosamente anudó el haz crespo de sus bermejos
cabellos, desabrochó :l a blusa, desató el cinturón, y uno a uno y con

lentitud estudiada, fueron cayeindo
los velos que 'CcuM,aban su hermosura en botón, de líneas indecisas
y turbadoras. Su de&amp;nudez fué coonpleta un instante, el cortísimo que
medió en el cambio de la breve camiúlla de encajes vaporosos por l.a
luenga y cerrada de dormir, un instante en que apareció sin gasas importunas su cuerpo como ampo de
uieYe sonrosada al que la nachmte
y discreta pubertad no macuJaba
todavía, y en cuya blan'cura resaltaba, como nota triunfante, el airón de fuego de los cabellos rojos.
Entre las espumas de las caídas ropas que rodeaban los pies menudos
d:e Susana, parecía renovarse el
mito de Venus naciente y vencedora.
De un soplo la chiquilla apagó la
luz. Aguzó de nuevo el oído y le
pareció escuchar otra vez el crujir
de coyunturas, los pasos furtivos
que se alejaban haciendo rechinar
los paldaños, y adquirió ,,¡ conveucimient10 de que estaba sola. Se
arrodilló a tientas junto al lecho ,,
rezó larga y fervorosamente. Se
echó después en la cama, se a.rreirnjó entre las sábanas; vínole
en,tonoes u¡¡ deseo inmoderado de
reír, de reír a carcajad8!s, y sintió

sacudido su cuerpo como si fuera
presa de convulsiones epiléµticas.
Cuando el acce,!&lt;o de risa se hubo
apaciguado un poco, murmuró &lt;'n
un tono a 1-a vez burlón y cariñoso
-¡ Buena noche t,e vas a llevar,
encanij a:do !
Y volvió a reír hasta que el sueño cerró blandamente sus ojos .... ·
Tenía razón el cura de VillahiO,nda: era preciso alarga.r el vestido
de la rapaza.

PEGASO.--Busque Ud. el
próximo número. Contendrá selecto material literario y artístico.
5

�LOS CABARETS DE NUEVA YORK

POEMAS INEDITOS
Por F&lt;J?,ANCISCO GONZALEZ LEO/\/.

SUICIDIO

casas. como
fué la casa de rni abu,•la
donde andurn mi 11ii1ez.

Crepúsculo lila y oro: l,,udcs de t',rga110
(en el roro
de una ip;lesia con \'Cntual.
.,· algo oculto, que s,• hesa
qur susp1rn ...
·,.A l"uirn reza
por " In ao-onía \'espera I'.
De1·a
. , ~nística oblaciti11'.
deja, lento carrillón
que ,·on sus manos liliales
el crepúsculo me o¡mma
la \'ejez del corazón.
Deja que un filtro sutil
me escancie en su luz la luna.
La luna ... ¡,no ,·es'' la luna
trne un r,íliz de marfil.
¡Yo &lt;'11 la vida ture un duef~o ...
yo en la vida aun lle,·o el sueno
pertinaz de una ilusión ...
Déjame mirar la luna:
si la luna es tm beleño,
,¡uiero en tósigos de ensueüo
suicidRrme el coiazón.

.J([USICA VAGA

º·

ITJallO tempraJWl'O

ljll ('·

('11 1,n
0

lllfl f1a !la

desgranas el ,·,·1wro
dr tu mrlancol ia ...
P(amente
pía un gilguero en mi rent&gt;1na;
r en el alero de enfrente,
;le la casa que ha,1· cerrana,
1111a hilera rocinp;lem
de los ültin11&gt;s aviones
(colegiales con sotana)
&lt;'Omentan las II u blazones
de la mañana.

**:!:

Lontananzas d,• ilusiones.
postrimerías de emociones:
romanres del alma mía .....
Momento arcano en que siento
que es llernda de la mano
mi yaga melancolía,
por la vaga melodía
de 1111 melan06lico piano.

SOLARIEGA
Esas casas amuebladas
que sus dueño, nunca habitan:
Yiejas casas misteriosa_s,
,·iejas casas que donmtan.
Entornadas las Yitrinas,
apenumbran las estancia,; espaciosas;
casi nunca. nunca hay rosas
sobre un huerto displicente,
v es un snefio de hojas secas
~] esp~jo de la fuente. .
Y quien sabe que m1steno de poesía
se difunde en el sahumerio
de la ,·ieja mueblería,
y quien sabe de qtte cosas estén llenas
las garrafas de las cavas
y las grandes alacenas ..
Ne insinúan en los pretiles ,·irreinales
los cantares de torcazas,
r ha,· frescuras com·entuales
~u l;s sombras de esas casas,
Casas de hosco Mayordomo:
de pretérita cancela;
de católica v~jéz:

LLOVIZNANDO
La llovizna, en mi rnntana,
reza tras dr Jas ritrinas,
la Letanía Lauretana:
La llodrn~ es frnncisrana
de las monjas capuchinas.
La serMica ... que en esa
melancólica tristeza
de esta tarde anonadada,
me imprecisa una abadesa
de conciencia c-onttll'bada.
Monotonías rle bre1·iario:
cláusulas a la sordina;
rumor de confesonario,
y en la lluvia cristalina .
los desgranes de un rosarw.
Es la púlida abadesa;
es su queja de fontana;
es su obsesora tristeza.
La llovizna en mi ventana,
reza y llora: llora y re1.a.

fría

mos hecho cargo de todos.
Vamos a Rcctor's al salir del
teatro.
En la parte baja, iluminaPor Genaro Fernández Me. Gregor.
da a giorno, nos quitan la impedimenta, (solamente abrigo y somEsta raza yankee si no conser6 pies pasados de estatura, y con
brero); subimos, con una multitud
1-a la e~tirada corrección de sus
una circunferencia torácica capaz
que
hace lo mismo, por una escaantepasados los ingleses, pues bien
de intund1r respeto á un bú1alu de
lera
tapizada con alfombra de alsabido es que el l\Jlllericano es en
las pr,aderas.
to pelo, y vamos contemplando, al
k,eneral desatento y tosco, guarEl principio y la institución ansubir cada escalón, a todas las dada sí, en todos los actos de su vi1edichas demuestran ¿ qué cosa?
mas que ascienden también. Son
da, el deseo de aparecer respeta-¿ Una candidaz primitiva o un retantas que nos marean, nos ::i.tur-,
ble, sin máculas m·orales de ninguJinamiernto de ultra-civlización?
den, nos asfixian por compresió'l,
na especie.
Los J.atinos optamos por solll'eil'
ya que a veces quedamos empareTal pensaba yo, no en la Igle,ia,
sin profundizar demasiado. Y no
,fados,
(y valga la expresión, aun.
ui en un salón de cO'll:ferencias o en
es que seamos escépticos. Creemos
que mejor fuera decir, encojinaalgún otro lugar serio, sino en 1111
en la honradez femenina, pero ...
dos), entre cuatro hembras elásticabaret neoyorkino, a las dos de la
clasificamos.
cas como paquetes de c.c,1cbo.
madrugada, después de haber hePues bien, de la creencia yan~ep
Las hay bellas y feas. Be:Ias con
cho una gira por diez o más c~nde que hablo se deriva un diluvio
esa clásica helleza que han heredatros recreativos, (empleamos el
de consecuencias: la mujer es sa.
eufemismo), de la misma espegrada; siempre tiene razón; nadie , do las hijas ele Tío Sam, y feas con
cie.
esa obesa J' flácida fealdad de casi
puede dirigírsele por pror,ia inidatodas las americanas cuando doPara comprender bien qué signitiva; no hay luga,r es en que pue.
blan
los tl'einta y cinco.
ficación tiene un cabaret en vanki dan entrar unas mujeres y otras
landia, hagamos una breve excurTodas van bien vestidas, y las
no; todas tienen derecho a salir
sión por el concepto que sus h:1l&gt;ijudías, en número suficiente para
soias a cualquier parte y a cualtantes han establecido, oficialmenalegrar a .Tehová, llevan joyas en
quiera hora del día y de la noche,
te, sobre sus costumbres. Partaprofusión. No tanta, sin embargo,
etc., eic. Consecuencias inmediamos del siguiente axioma: en ,il
que alcance a cubrir la pródiga holtas del régimen de emancipación
leritorio de la Unión, todas las mugura de los escotes.
que nuestros primos han implanjeres son honrada!S.
Si, imprudentemente, desde el
tado, y del cual, nosotros, ret.róY para sostener este asert.o, dig.
escalón en qne estoy parado, alzo
gradamentie ,abominamos.
no de un caballero sacado ele la~
la vista a los escalone~ superiores,
Y esto tiene naturalmente sus
páginas del Amadís, están los po.
veo toda una gama cromáJtica de
aplicaciones a los cabarets.
lieemen, irlandeses los más, con
. .... de ..... cómo decirlo honesCon ,describir uno, ya nos habreta,mente? ¡bueno! de medias se♦
:;.;,. ❖~#❖❖•
· •... ❖+❖❖❖
• ""'• •,· ................·.~·-··=•·❖•:••=•❖•:••i••:••:•-:••:
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PEGASO

111

7

�deñas, dejadas sin trabajo ~l descubierto por las faldas de ultima
moda.
Allá aquello no tiene importancia· la .... la .... media, es un artíc~lo que se exhibe como el pañuelo, y los ojos pecamm?sos pueden deleitarse. ¡ )lo los m10s ! pues
como dice mi buen amigo Carlos
Barajas, eso no es. digno de un
buen padre de fanulrn.
.
Pero, por fin, llegamos al piso
alto. Otra espera para que no~ toque el turno de penetrar en e, salón. El portero, un gentleman encasacado, es inflexible; guarda ~l
orden rigurosamente; el orden, digo, entre las gentes, porque en lo;
Estados Unidos un dolar tiene
precedencia sobre una persona, Y
quién lo lleva pasa como el Yehículo, pasa con su dueño. Por lo
tanto, nosotros ya estamos dentro.
'
Un salón en que domina el ?rillo
de los oros. Es enorme; soshe~en
su techumbre columnas monoht1cas de mármol; tiene en derredor
una especie de palco cercado por
un balaustre dorado; está lleno de
mesillas, arriba y abajo, excepto
en el centro cuyo piso está encerado para el baile. La orqu~sta, de
singanos naturalmente, esta en un
·tablado, en uno de los ángulos.
El ruido es infernal. Todos charlan y ríen, todos snenan unas a
modo de castañuelas, formadas por
un cañuto de madera y dos pelotillas, en forma de cerezas, que lo
golpean.
Hay más de mil personas en
aquél ámbito, en donde hace un
calor veracruzano, no ·obstante que
afuera nieva. Se come y se bebe;
poco vino porque el yankee es más
dado al refresco que a otra cosa;
¿ o será que cunde el ejemplo del
grape-ju ice presidencial?
La multitud femenil es mixta.
)Te Jo insinúa mi cicerone que, según dice, tiene mucha práctica en
estas andanzas. Sí noto que en
ciertas 1nesas reina la más compl~ta cordialidad ... , muy respecta ble, como debe ser. Un prelu?i_o
de orquesta y de una puerta d1s1mulada con una cortina, salen hasta dos docenas de bailarinas, jóvenes bonitas ágiles, porque allá
,

la fealdad no tiene el derecho de
hacerse histrionisa.
Llegan al espacio centml ~ m1ci:rn sus giros y cante..,. Estan lo
,,trictamente cubirrtas p;1rs decir que no están enteramente desnudas. Bullen, ríen, saltan; proyectan sus pies contra las narices
de los espectadores próximos, loo
hacen guiños y carantoñas.
Veo las caras de los hombres,
¡Magníficas! El pintor ibseniano
ele "Cuando resucit€,mos" hubiera tenido curiosos modelos. Las
mujeres ríen plácidamente; algunas muestran en los ojos un estrabismo precursor.
Cuando termina el número, otros
por el estilo le siguen, desempeñados por las nüsmas mu~hachas
con nuevos tra¡es; (¡permitaseme
esta hipérbole!).
Después del "show,'' empieza el
baile general, y aquí es donde el
ca1·ácter yankee serio y moral, pero sociable, puede ser observado a
maravilla.
¡ Toclo el mundo a bailar! El foxtrot, el one-step, las hawaias, todos los endiablados pasos que ahora privan, ..... de muchas menos
cosas que los antiguos.
La orquesta convulsa se disloca.
Los cuerpos se mueven en el mismo lugar, señalando ritmos de negro epiléptico. Una matron'.1 9ue
pudiera alimentar a un reg1m1ento ent€ro de cow-boys, baila con un
efebo imberbe y flexuoso hipnotizado po·r su escote. Un clergyman,
cano y arrugado, lleva en vilo a u_na
miss de carita angélica, de o¡os
límpidos y azules, vestida de traslúcido blanco . .... hasta la corva,
estrictamente. A esta pareja la
han pegado malévolamente por los
carrillos.
La música es un flagelo ígneo;
se oye un jadear universal; apr!étanse más los cuerpos; los OJ os
chispean.
Pero todo va envuelto en respetabilidad. Na-die se atreve a hablar
con su vecino; nadie lanza uno de
esos gritos que nuestros temperamentos latinos no serían capaces
de contener; las danzantes pasan
por entre las manos convulsas sin
detrimento para sus gasas y para
,us encajes. Cualquiera que en-

,

•

••

•

.. rara repent.iname11¡te, vería

Al Sr, .Jonh Hankin, uno de los
má:; finos escritoras ingleses del siglo XX, debemos algunas comedias
y algunos ensayos; su labor no es
extensa, porque murió demasiado
j ·,ven en plena vida londinense. De
sus comedias sobresale, por su sencillez y amenidad, "The Cassilis
Engagement, " verdadero modelo
entre !as producidas por la joven
generación ingle.;a.
La escena es un salón elegante,
en la residencia campestre &lt;le la
familia Cassilis, donde se charla;
se habla con calor-detalle extraño
en salón tan discreto-de algún sucedido ·en fa familia: presumímos
algo grave: la aparición de un nuevo Reine rebeld·e, una quiebra, la
inoportuna muerte de álguien. Pero
la conversación continúa, y "por la
pobre )frs. Cassilis" sabemos que
el compromiso contraído por su hijo Geofrey, el último Cassilis, oon
una desconocida, un muchacha pobre, es la causa de la inquietud. Se
sospecha también que fa dominante
Lady Remenham, muy noble y muy
pobre, no puede tolerar que Geoffrey quede, así, lejos del aJcance
da su hija, la linda Mabel. Mrs. Cassilis, sin embargo, parece contenta
de la aventura, y ha invitado a
Ethel, la pl'ometida de Geoffrey,
así como a su madre, Mrs. Borridge, a pasar unos días en el campo
con ellos. Llegan Mrs. Borridge y
Ethel, y desde luego se advierte
que son imposibles_ Mrs. Cassilis a
solas con su hermana Lady Marchmont, descubre sus fríos planes
que desbaratarán el absurdo enlace: extremar la oposición, el con. traste entre su mundo nefinado y la
terrible \'Ulgaridad de las Borridge.
Todo esto, bajo la apariencia de
completo agrado, de perfecta aprobación a los gustos de su hijo.

concupi~cencias que ruge en aque-

llos pachos.
La fiebre se ha apoderado de 105
violines que rechinan, del bajo que
hipa, de los timbales qu_e truenan,
de los giiiros que semeJan columna:s vertebrales frotadas con un
1frodisiaco. Los ejecutantes no se
contienen y se ponen de pie, moviéndose al tocar como poseídos,
¡Nadie queda en las mesillas; la
muchedumbre se ha dejado arrebatar por aquella ronda de sabat;
· todos bailan!
· Rólo yo me conservo impertérrito, ... ¡ porque no se bailar!

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THE CASSILIS

1

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• • • • ......
'• t..:••!•❖ •!••:-•:--:-•:•❖·•!...:••:••:••!••!• ❖-':·❖ ~!·•!• ...•···•-!••!t•.•-!•-!•••º•'"'"'•'
•• ~•...........
• • • ••.•:••!•.,••!--!
• ..:••!••}W❖❖•"-t.........-:..-.••r:O.:.

8

EL NOVIAZGO DE CA SS/LIS

sala de baile enteramente correcta y .. , ¡ sólo fijándose!
'Al acabar la pieza, todos los bailarines insaciados se detienen y,
sin sentarse, aplauden pidiendo el
bis. Se concede, y ..... continúan
1.o que tenían comenzado.
.
La música marca una cadencia
loca. Las prejas se excitan; se
conoce en los rictus únicos índices, en m2dio de todo aquél eicterior comedido, de la oleada de

t

Acto segundo.-El jardín.

Mrs. Borridge y Ethel, "bien &lt;lOmidas y mejor dormidas,'' recuerdan el pasado, comparan, y afirma
Mrs. Borridge a su hija, menos entusiasmada, que poT fin han entrado en su elemento. La dueña de la
casa se presenta, amable y distinguida; muestra su vulgaridad Mrs.
Borridge, ylse nos antoja indudab1e
que Mrs. Cassilis "pasará por la
Puerta de marfil." Oportunamente
llega Mabel, que es, por su valer eomo contraste, la pieza principal en
el ajedrez de su madrina. En subsecuentes conversaciones, el efecto
buscado es notable. Mrs. Borridge
está encantada, su lengua más y
IIUís suelta; su feeling de hallarse

en continuo contraste, al grndo rle
producir un claroscuro.
Mrs. Cassilis, perfecta en su elegancia, altiYa en su frivolidad, ~jeENGAGEMENT
cuta con rapidez lo que concibe·
fría
en 21 pelirro, mantiénese im"en casa" cada vez más fuerte;
pa-i
,,le
frente al triunfo del con
todo anuncia la derrofa de Ethel.
trincante-la salida airosa de Ethel
Mrs. Cassilis finísima con Mrs. Boc1.ianrlo rompe el compromiso, J&lt;:,
rridge. Mrs. Borridge enamorada
demasiado noble; se considera muy
de Mrs. Cassilis. Mrs, Cassilis no
por encima de Ethel para hacer de
puede enseñar mayor cariño a
esa
lucha asunto de amJ1· pr,,Ethel. Ethel curiosa todavía.
pio: lo único que no qui,,En el tercer acto encontramos a
re es el matrimonio de GeoM
Mrs. Borridge tan demasiado "en
frey. ¿ Qué le importa el triunfo
casa," que tememos ya un desenlaaparente d~ Ethel, si el triunfo .desce. El final de una comida, a la que
barata
el enlace? Alcanza su desee,
asistió la mejor sociedad de esos
la pública d,rrota no la altera. Colugares, es interesante. Ethel co?mo la vemos siempre junto a Mrs.
versa con un solterón, su comun
Borridge,
la aprecia.mas mejor. Se
cdio a la tirantez, al puritanismo,
piensa en la ,mergía desplegctda pales atrae mútuamente, y ella conra no sucumbir a sus impertinenversa con animación; le hace sus
cia~, a sus ft'ases tontas y vacías ~,
confidencias, y acaba proponiéndoa sus entusiasmos plebeyos.
le, al parecer en broma, huír a PaOfrecen las comedias modernas
rís; él asustado, sm comprender la
pocos tipos tan bien comprendidos
burla, le predica,-se despiden: '·E,.
como el de Mrs. Borridge ; repreLondres nos veremos."
senta a maravilla lo desagradable
Mabel canta un "lied," y entori.cfos
y lo molesto, lo que está todavía
Ethel se sienta al piano y entona
muy abajo de lo cursi. Es su me_ic,r
una canción de Leicester Square.
encarnación. Su desconcertante paMurmu'llos. Geoffrey, cortado, relinodia final es perfecta, aunque nos
crimina, aunque con temor, a Etatormente demasiado.
h2L Ella, altiva, propone la ruptuLady Remenham, la de ]03 manra, que él impide sentimentalmendatos imperiosos, viene de la comete.
.
dia y de la novela del siglo Xi'IJI.
Acto cuarto. Mrs. Borridge conLady Catherine de Bourgh, en Pr!fía a Mrs. Cassms que su hija cree
de and Prejudice, de Jane Austen,
decente volver ya a Londres. Mrs.
la reconocería como hija. Wilde
Cassilis convence a la convencida
oultiva el tipo en todas sus cumeMrs. Borridge de que no deben hadias; es algo esencial de sus sal,,cerlo: teme ¡ior el coronamiento de
nes; seguramente lo es de todos los
su obra. Pero Ethel, ya decidida,
altos salones ingleses, donde no
rompe ccn Geoffrey y lo anunciD u
pueden pasarse sin esas damas enla sorprendida Mrs. Cassilis, y a la
copefadas, llenas de palabras J de
más sorprendida Mrs. Borridge,
cuarteles, que dan órdenes siempn\
que hace, entonces, una desagradaen medio de temeroso silenc;o. Coble escena de plebeya despechada,
mo ese ambiente no es el que rnús
Llega Lady Remenham, mientras
pinta Shaw, sólo ,las recuerda su
se despiden, a enterarse de todo y
Lady Britomart Undershaft, de
hace sentir a las intrusas el peso
'\1.ajor Barbarn.
'
0rgulloso de sus blasones. Su fü,_
Ethel es demasiado rl'da, no es
gada es simbólica, la Il'cbleza que
bastante inteligent,e, ni bastante
triunfa, la tradición que se imprJJe.
distinguida para adaptarse
me.
Para gustar de esta comedia dedio, y hacer así obra eg~s~tica. Cabemos olvidar su base falsa: lapopaz de encender pasiones catna1e~,
sibilidad del compromiso entre dos
de ser quizá la rein3 de los barrios
personas de tan opuestos medios
bajos de Londres, no lo ,es de enasociales. Fundada sobre enredos
morar a un maycrazgo inglés y llearn011nsos, comprueba, una vez más,
gar a tirante cast,ellana. Le falta
el aserto de Gilbsrt Murray que haagudeza. chic y di,tinción, y tiene
ce descender la novela y el teatro
el suficiente mal gusto de aprovemodernos de los "scriotores erotichar un vulgar y sentimental epicii," de los novelistas de la decasodio de ómnibus para relacionardencia griega. Manifiesta su origi.-,3 con GeJffrey. Todo ello la hace
nal detalle de 'la vida de sociedad.
antipática; v vuelve, a la vez, derrran facilidad en el diálogo y sutil
n,,siado fácil el desarrollo de la cofuerza descriptiva.
media.
Muestra, en pocos rasgc•s, el or111ahel. aunque cbscura, nos agrag-ullo del noble inglés, que es una
da. Quizá su misma discreta obscutradición continua, y '1a plebe a
ridad, sv aristocrática mediocridad
quien poco deslumbra ya el brillo
sean lo que nos cautive. Geoffrey.
de los blasones. Hankin levallira socomo ella, e, la aoacible juventud
bre estos dos motivos su com2dia,
noble inglesa, aplastada por tradiy mantiene el interés trayén,1ol,os
ciones y formulismo:;; tranqufla y

a•

PEGASO

9

�llena de inegnuidacl. El solterón
Warrington, :observador y egoísta;
el sacerdote, y la fría Mrs. Herris
sirven de marco a los ante.riorer.
personajes.
De todas las individualidades Señaladas y de minucioso estudio de
ambiente en el salón o ,en el jardi!l
se vale Hamkin para reproducir una
atmósfera peculiar, verd11dero monumento del sentido común. Desde
la p·rimera c001vel'sación. a pesar
del chisme que domina, de las incómodas personas, de •su ningún interés por cosas elevadas, se desprende. el tono de lo pulcro y lo educado. Es el salón de Mrs. Cassilis un
salón de lo convencionalmente elegan,te y de los buen¡c:s modales, sin
nada origina-1 ; un sauón como hay
muchos. Ninguno de sus asiduos es
intrfosecamente distinguido; no oímos ningún comentario que delate
al artista, a,l crítico, siqwiera al dilettante. Pero su conversadón
,siempre a medi¡o tono, excepto la
de Lady Remenham, nos atrae; sus
maneras tan finas nos placen, al
grado de no dasear---a.unque en esto influye tambi-én Jo demasiadn
grosero del personaje--el triunfo
de Ethel; un medio, en fin, que no
producirá 1nada elevado; pero que
produce allgo mnue y muy del siglo
XX.
Nada mejor que este ambiente
para las buenas conversaciones. En
un medio tan suave, tan opaco, tan
falto de acción, el discurso tiene
que ser lo atractivo. Ell diálogo no

puede gozar de mejor escenario para hacerse oír; no atraerá por -sus
asuntos, no porque lo adornen palabras valientes, ni ideas nuevas, ni
tampoco porque sugiera algo misterioso o tremendo; es interesante
porque está lleno de buenas palabras, de observac~ones útiles, porque revela a perfección los caTacteres. Esta comedia es un estudio d&lt;ol
"smart set" y de sus charlas; retrata el medio de Wilde, el admirable decidor de frases, el que, según
Hankin mismo, con The Importance of Being Earnest, pudo crear
una especie nueva en el teatro. Fina como las de Shaw, no es tan incisiva; no abunda en brillantes paradojas. El autor, capaz de observa_
ción intensa, no abraza tanto como
pudiera; no hace critica; sólo describe. Pinta un cuadro de género.
Según Stevenson, los ilibros que
releemos más a menudo, no so~
siempre los que admiraml0$ más:
los escogemos, y vdlvemos a leer
por muchas y variadas razones. como escogemos y frecuentamos a
nnestms amigos. De ellos El No·
viazgo de Cassilis, es muestra de
arte menor en la literatura. Porcelaiila elegante o débil acuarela, la
colgamos ceJlo·sos en nuesiúro má3
íntimo rincón, a donde acudimos a
solazar nuestros fatigas, como el
que estudia a CaJlamis cuando descansa volviiendo su mirada a un Prnicaud.
Xavier lcaza.

EL GRITO DE LAS COSAS
Traducción especial para
PEGASO.

Todos los testimonios, aun los
más minu¡;ioeos del dibujo, de la fo
tcgrafía y del cinema, no podrían
dar una idea de la abyecta destrucción llevada a cabo en el Soma, en el curso de su r.etirada vergonzosa por los alemanes. S, lame1,
te la vista, en el terreno mismo y
bajo e•l delo ofendido, de estás
ruin asmalvadas, es capaz de dar
una ncción exacta de ello y fijarla
para siempre en el libro de cuentas
de la memoria.
Todavía bajo la impresión de horror y de disgusto que me ha producido este horrible e:;pectáculo,
no pueda retener una indignación
que quisiera poder comunicar a mis
lectores.
Parece que se ha dicho ya to,do
sobre el carácter sis-temático y especial de esta barbari€. No cabe
duda; pero es preciso vdlver a decirlo. Por otra parte, cuando está
uno en .él lugar de los acdntecimien10

ros y se tiene a la vista la destrucción que cubI'e extensiones, en lo
que pueden abarcar la mirada y el
pensamiento, se tiene la impresión
de que nada de lo que se escribe a
cu,enta, es susceptible de dar idea
de semejante abominación. De estos cuadros de aniquilación surge
una lección perpetua. De estas hogueras apagadas y ya frías suben
llamas que nos circundan y humaredas que nos inspira,n. Estas tierras removjdas y revueltas por In
mano criminal del enemigo, producen lo que deben en ellas y en nosotros. Aun endurecido, es,\e suelo
es una fuente y nosotros bebel".os
allí el filtro amargo y milagroso
qua impid.e olvidar. Todo hombre
que haya podido ver y tocar estos
vestigios. no tiene el derecho de
permanecer
espectador
mudo.
egcLta del silencio, ni 4e guardar
para sí sdlo su indignación y ;:;u
odio; debe sembrarlos, esparcirlos
como una palabra de orden,-y decir
a cada uno :-"que pase la voz.''

Pl:CASO

En veinte aldeas destrozada.,;
Chauny, pequeña ciudad florecien'.
te y rica, ofrece un modelo de destrucción atroz. Cuando después de
haber pasado por kilómetros ente.
ros de residuos de la barbarie, sin
que se Ie escape a uno el detalle,
se llega a la Plava Mayor y se v,
a la dereoha, a J,a izquie11da. adelan.
te, detrás, y alrededor de sí. el Pa.
lacio de Justicia, la Alcaldí:a, el Tea.
tro, todos J.as edilicios, todas las ca
'SRp1:1qumuap 'SllpRJ;O[S\P 'Sll'.¡OJ ~t

o bien en las que subsisten rectas
y atónitas, las fachadas acusadoras, no se puede comprender todo
de una vez. El horror de esta visión
es tan via1ento, tan bruseo y de tal
manera inesperado, que llega a Joinverosímil; y el brillo de la luz, la
dulzura del medio• día, hecho para
bañar y acariciar la v,ida y que no
viene ya a posarse sino sobre espacios de muerte y abandono, añaden todavía ailgo a lo irreal. Se aabe
bien i ay! que no se sueña; pero la
verdaJd del desastre tiene oocesidad
de un mom·eruto para imponérsenos,
lo mismo que para hacerse admitir por nuestros ojos y por nuestra
reflexión. Y -después, a lo lejos en
tedas direcciones, el mismo aspeeto i-nevitable y siniestro se presenta y se reproduce, el mismo estupor
trágico de las mur~llas que han permanecido en pie, la misma postra,.
ción desolada de las que han caído,
la misma acumulación y el mismo
amontonamiento ,de pobres bienea
perdidos, de recuerdos rotos, el
mismo caos de asi-los, de refugios,
el mismo desie1100 de felicidad y de
ternura, el mismo polvo de los hogares, el mismo vacío y la misma
tumba. . . . Es preciso rendil'se a
la evidencia. Entonces aparece todo el detalle del sistema, el oo-den
y el método del trabajo.
Es gigantesca, ciclópea, esta labor de destrucción, y denota
mismo tiempo la regularidad del
esfuerzo puniúual. No resulta de una
crisis de arrebato, ni ,de una epilepsia de furor; no, ha sido concebido
y ejecutado en la calma y la aplicación, como un deber oI'dina,ria y eatidiano, porque ha demandado día.~.
semanas y aun meses. Y eso es la
que indigna, esa perneverancia
tranquila para destruir bien, esa
monotonía del daño, esa continuidad sererua. Sin distimción de tamaño y de ciilidad, cada habitación ha
sido atacaida hasta ceder a !las golpes, y apenas ha caído, se pasaba
a la siguiente sin perdonar una so!a.-"Después del 2 tiraremos el 4,
el 6, el 8 ..... " Y así sucesivamente a lo lavgo de la calle. La degollación de los inocentes. fü1sta en el
cabo de la más insignifica,nte calle_iuela, la última cabaña, aquella después de la cual no hay construcciones y comienza el campo, ha sido
objeto del mismo a,taque disciplina-

do. Jamás estos hon1b1•es que se dicen soldados, han .experimentado
un minuto de crunsancio físico y
moral ni han tenido un reguelda de
disgusto, un hipa de aga1tamienta y
de confusión. ,Jamás los subalterno:;
han encontrado el medio de expresar a sus jefes, por la hentitud de
sus brazos y el l.énguaje mudo de
sus miradas, que ya era bastante,
que no podían ya pulverizar cecinas, destrozar a.lcaba·i y exterminar capillas; y nunca tampoco los
:-:eñores oficiale·s d~mostraron disgusto del trabajo, afán de no poner la mano en la masa, limitándose, inactivas, a vigilar desde lo alta de su arrogancia la acción excecrable; ni se han santido descorazonados por la labor que el alto
mando les imponía. Ninguno de
ellos ha sentido nada ni ha tenido
que ejercer violencia sobre sí mismo; y esto les pone en vergiienza
ante la humanidad civfüzada, y esto da a su conducta por lo pronto
estúpida y tan inútil como ma.Jvada,
un valor de intención pe,rversa y
de voluntad cruel muy particular.
El hecho de tratar lo inanimado
con un rigor y un sa1vajismo ya
culpables contra lo animado, asimila la desih-ucción de las aldeas, tal
como ellos la han practicado, a un
asesinato ideal de los habitantes.
El exceso de crueldad hacia todas
estas humildes moradas, da a cada una de erlas el título de víctima,
y a cada uno de los ejecutores, el
de as,esino; -po,rque han destruido

condenado las ntinas núsmas, estas
ruinas honestas, conmovedoras y
puras, a aparecer deshonradas. Por
su manera de tratarlas, las han envilecido. Han llegado a ser, gracias
a ellos, repugnancia y fealdad. Allí
dc·ncte se ha ejercitado francament,e la brutalidad del obús, la
destrucción guarda siempre, por terrible que sea, una especie de fatalismo grandioso. Pera aquí no hay
nada semejante. Por tedas partes
se ve un lugar d,o &lt;latástrofe siniestra, uno de esos terrenos nauseabundos, espantosos y de ingrato terr1or como si se hubiera venido a vaciar allí los detritus de la desc'1ación. Se diría que son ciudades ent,-ras de restos inmundas volcadas
por un ciclón; el temblor de tierra
de una Messina de inmundicias. Y
Aspecto de una ciudad abandonada todo esto compone una mezcla innoble de desperdicios, de objetos
por las tropas alemanas
degrada,dos, rotos, torcidos les
unos contra los otros, cacerolas y
sombreros de mujer, camas de fiecon espíritu de sangre, no ya corro desa1·ticuladas, vajilla, tejas hemo se mata, sino como se asesina;
chas polvo, sillcnes podridos como
han derribado cobardemente casas
cadáveres, almohadas despanzuviejas como quien maJta a anciarradas como vientres, estercolero
nos; han dado muerte a casas que
de toda, jaulas a,plastrudas, . una
sstaban vacías o sin defensa; anabominable y repugnante feria de
tes o después del criginal, han fufierros viejos que extienden al infisilado al retrato; como el que viernito sus exhibiciones de suciedad Y
te un polvo de muerte en el vaso
~us montones de cenizas.
de una persona, han envenenada
Cuando la importancia y la solila-s pozos y las fueintes; han estrandez de las construccion1es han regu1,ado las iglesias, lapidado las cuclamada la dinamita, los barrios denas y los lechos de los niños y las
molidos presentan sin duda un asmuieres a quienes han cogido como
Sigue a la Págh~aW
esclavos. El resultado es que han

CARICATURA EXTRANJERA

ar

Germanía, agobiada por el militarismo prusiano, co
]umbra en el horizonte el día de su liberación.

PEGASO

Guillermo: ~¡Gran Dios! ..
medad es muy contagiosa ....

Y estaenfer

11

�para los jabones, la glicerina que
piden las fábricas de explosivos,
los abonos que necesitan las tierras . .. .. ¡ quién sabe! . . ... quizá
la margarina que en caJidrud de
mantequilla da sapidez al negro
pan de centeno qtre se elabora en
el hogar de los desheredados de
la suerte!
La noticia del descubrimiento de
esta fábrica siniestra, ha sido la
más sensacional de la semana. Se
sabía qua los alenümes CICntaban
todavía con muchos recursos para
hacer frente a la situación a que
los ha llevado lentamente la guerra; pe-ro nadie podía imaginarse
que -.~n1t,re ellos figurara el de beneficiar a sus muertos!
Infantería inglesa disparando durante ur: encarnizado
combate de vanguardia librado durante la última
ofensiva.

Ametralladoras británicas rechaza~ contra ataq11e efectuado por los alemanes para recuperar una
posición perdida.

1

¿ Qué contingente podrán presha s ido n1uy ventajosa para no star a la Entente los Estados Uniotros: a cambio ele algunos buqu e;
dos?
perdidos, nos ha tmído un ah &lt;.
Como una l'espuesta a esta pretan pocteroso como los Estados Unigunta que está en los labios de
dos. Del&gt;emos fü;]icitarno s por ella ...
todos desde que el President e W u•••
son se negó a seguir desempeñanLos admiradores de la ciencia
do el ridículo papel que le habfr.
alemana deben estar satisfechos.
asignado en la tragedia europea ,e1
Los químicos educados para lle.va•r
emperador Guillermo, acaba de
a todo el mundo la gracia de la
!legar a las costas ingtlesas una
K ultura, después de la matanza preflota de torpederos norteamericameditada en ]1os sihsnciosos gabinenos que ayudarán a las naves brites del E stado Mayor alemán, acatánicas 1em su campaña contra los
submaTinos.
El viaje se hizo sin .nov•fldad alguna, y durante él los sumernil&gt;l·es
teutones cuidaron de no asomar
sobre las aguas el ojo traidor de
su periscopio.
.
El arribo de estos buques ha sido sa.ludado con muestras de júbilo por el pu·eblo inglés, más que
por los centenare., de cañones que
llevaban a borclo, por el caudal de
fuerza moral que aportan a la pug,., '··.·
na. En lo sucesivo no sólo se disputara;en la soledad de los mares llenos de misterio$OR p~ligros, la suer,.~;~
..,;;,.; .
,t'&lt;.'-'
te de la vieja Inglaterra, la de
Francia, la de Italia, cuyas bande~•.
ras han flotado sobre el tumulto
de tantos combates, sino }a de la
.. &lt;" .-'·-:-·"'.'.~
joven República Norteamericana.
Esto significa pllra los aliados la
s·eguridad completa de la victoria y
justifica las palabras die Lloyd
George, qui,en al referirse a la guerra pirática de los sumergibles, dij·o un día 1 con mu€str.as de rego- Submarino americano navegando a
cijo:
toda maquina durante una excur·
-La campaña de los submarinos
sión de patrulla por el Atlántico.

'1:iÍF
..
.....

;'"··.

;,_•

12

PEGASO

ban de dar una muestra de todo
lo q11e, apurados por las circunstancias, pueden hacer.
A causa del bloqueo inglés, implacable a pesa•r &lt;le las excursiones
de los sum2rgibles, Alemania se
ha visto cada día más urgida de
materias primas. Las pocas que se
producen dentro de sus filas, n.
bastan pm,a lle-nar :las necesidades
de sus empresas industriales, y las
que puede agen.cia-rse fuera, se quedan en la gigantesca estacada que
rodea sus fronteras y sus costas.
Necesitaba g ra sa s : grasas para fa.
bricar la glicerina que requieren
sus explosivos, grasa para fabricar
jabones, grasa par fabricaT lubricantes . .... ¡Y no la•s había!
Enton&lt;l2S se acuerda de sus químicos, y sus químicos resuelven el
problema.
¿Grasa?
Por centenares de toneladas la
están propm·ci.onando a la madn
patria los indus.t.riales t,eutones, sin
más trabajo que someber a un tratamiento especial los cadávieres de
lo,s soldados que caen en los cam•
pos de batalla, "por su Dios, por
su patria, etc., etc.
La ciencia alemana ha batido el
reco,r d en la tare•a de sacar eil mayor provecho a la canne de cañón.
Ni Francia, ni el Riaino Unido, ni
la patria de Marconi, pueden ufanarse de haber alcanzado ,t1anto. El
sold·a•do alemán no, sólo está contribuyendo ahora con su innegable
valor y su inteligencia, a sostener
la dinastía Hohenzollern: apenas
cae destrozado por la. metralla enemiga. es ,recogido por diligente,
obreros y llevado a una fábrica,
donde su pobre carne lacerada,
puesta en manos d-e la ciencia, conp
tinúa sirviendo a la desmesurada
nmbición de la e.amarilla militar
de Berlín. De ella salen las grasas

Rusja tii~ne ya nuevo gabinete.
Solucionada la crisis que se registró hace días con la renuncia de
Milukcff y de Gud•chkoff, la situación ha quedado en manos del partido radical encabezado por el príncipe Lvoff. Pero este cambio en el
gobierno no significa, como se ha
dicho, que el pueblo ruso se halle
dispuesto a abandonar a sus aliados p,actando una paz vergonzo-sH
con el imperio aJemán; al con.t.rario,
los directores de la política rusa,
al llegar al poder, han manifestad ~

claramente su propósito de oor.h•·
nuar la guerra hasta que la antocracia vecina caiga hecha pedazo s
y cesa de ser un peligro para la naciente democracia moscovita.
Los soldados, movidos por lac;
maniohras de los agentes alemane.s,

interesadJos en relajar la disciplina
de sus adversarios, se entregan a~tualmente al ensueño de una paz
próxima; el rio de odio que separaba a los combatientes, ha desaparecido; los hombres se cambian pa•
labras de fraternidad; lo•s cañones
y los fusiles descansan; el altc,
mando teutón sonríe . . . . H2tvo- la
llegada al frente del Ministro Kerens1{y acabará con ,es1e peligroso
estado de cosas, recordando a los
descarriados que la República moscovita no debe, no puede surgir a
la vida bañada 611 el lodo de una
def-ección, y que es preciso pelear
para ~lcanzar el puesto que su patria debe ocupa.r en el mundo.
Barrida esta pasajera nube que
se cierne sobr.2. el ejército ruso
amenazando &lt;lisolv3rlo, volve.rá a1
cauce ,t;ágico que le ha abierto el
destino, y la pugna suspendida renace-rá colfl un vigor des.c!c:noddo e:1
aquel frente.

• • •
.!

Escena en las calles de París llenas
actualmente de gloriosos mutilados.
El gendarme:
a los bravos!

~ i Paso

Y mientras el oso formidable re1uiere d.3 ·n uevo la espada, inglese,,
franceses e italianos conitinús.11 gastando, en baballas que se suc~cier.
sin interrupción, 1-a potencia militar de Alemania.
¿ Dónde se hallará Hindemburg,
que n:o da muestras de vida?

+!•❖•"-•:-•:•-:- ♦:•❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖•:-:•❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖•:•❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖•:· ❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖•:•.;..❖❖❖❖❖-!❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖;;
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PEGASO

13

�TEATROS Y CINES

_ _ _ _ _ _ _!

1

El último sábado simultáneamente subió a la escena en el teatro Colón y rn el "Fábregas" el drama
histórico en cuatro actos de Luis N.
Parker, adaptado a la escena española por Manuel Linares Ri vas y
Federico Reparaz titulado ''El Cardenal."
Hablemos de la obra: "El Cardenal" es en nuestro concepto una de
las piezas verdaderamente teatrales, justamente teatrales, sin recurrir a pirotecnias absurdas; transcurre dentrn de un constante interés y siempre tiela lo que la historia
cuenta de los Médici;, esa falai,je
de hombres y mujeres que pasó so ore la humanidad dejando una es tela pcodigiosa de sublime interés.
Alguien ha dicho por allí que es un
molodrama vulgar; que asoma la
arcaica daga y el escalofrío de la
muerte sobre las tablas. Es verdad
que Bartolomé Chigi empapa la escena con su sangre y es verdad
también que el ambiente de tragedia flota con insistencia alrededor
de los personajes, pero ésto en un
drama histórico. que arranca de
años de tremenda inquietud, zozobra constante y que envuelven las
vidas de los hijo, de Lorenzo el
Magnífico. está bien. y no debe la
crítica fátua sonreír malévolamente
y con desprecio. como si se tratara
de una gandulada de Pérez Escrich,
máxime cuando la parte de técnica,
la arquitectun teatral dP- la obra,
es absolutamente perfecta. Parker
ha sabido darle a su .obra un inte-

rés inconmensurable y Linares Rivas- tan experto en teatralidady Reparaz los traductores. la traen
a nuestra len¡rua conservando y cuidando todos los detalles efectistas
con toda limpieza. "'El Cardenal"
ha sido un éxito en Inglaterra, en
Estados Unidos y en España. En
México hay sonrisas malicie sas y
tontas, pero en México, esta conducta está bien. Los que dicen despectivamente de "El Cardenal" no
comprenden tampoco '"Una mujer

Estreno de "El Ca-rdenal"
Una escena emocionante.

sin importancia" de Osear Wilde.
En · "El Cardenal" les parece que
sobra una puñalada y en su fuero
interno, les parece que a "Una Mujer sin importancia" le hace falta
un tiro.
Los que sepan historia y sepan de
las vidas de Julio II, de los Borgia
de los Médicis, aplaudirán esas es'.
cenas en que apenas el ambiente
deja de vibrar por los sacudimientos del crimen para recibir la gema
de los exámetros de Virgilio.
Señores incipientes: la viuda de
Lorenzo el Magnífico no podía cantar "Mari Mari," ni conoció a Tosti, ni a los Quintero. ¡Que le vamos
a hacer!
Las interpretaciones.
En el Colón la interpretación ha
sido hecha con bastan te cariño. Segundas partes que antes titubtaron
Y en otras obras han pasado con deflcienci&amp;, se han percatado de que
estudiando, sabiendo los papeles
pueden poner obras serias y compe'.
tir así con otras empresas que están
toda vía algo lejos de asombrarnos
con su personal.
Julio Taboada ha comprendido
muy bien el personaje de Juan de
Médicis; lo lleva ·decorosamente, lo
dice con la majestad que requiere
y en dos escenas mudas, dos escabrosidades de la pieza, altas, difíciles. sale airoso e impcniendo al
público una vez más la verdad que
este cronista ha dicho muchas veces: Taboada tiene talento. Ahora
que Ta boada tiene un trabajo excesivo. lleva una larga y pesada temporada ,fue ha destruido su voz y
necesita reposo y atenderse para
que no nos prive de su labor rr.cdesta y digna de aplauso en tantas
ocasiones.

1.

La obra en el Colón ha sido montada con toda propiedad, superando
en mucho al foro del "Fábregas."
El sillón del Cardenal es una maravilla arqueológica que se impone
plásticamente y despierta incomparables leyendas en los espíritus delicados. ¡Bien, Sr. Diez! ¡Bien,
Sr. Diez! i Rediéz ..... qué bien!
En el "Fábregas" la interpreta·ción también ha sido bastante buena. Virginia no tiene un papel digno de entusiasmar. En realidad no
se sabe lo que la señora ha conseguido o perdido-si es que ha per
dido-desde el tiempo que no la vemos. La Claricia encarna perfectamente bien e" élla porque hasta
su talla es una talla "de a Médecis." El primer actor Sr. Martínez

Ecos de las últimas carreras.
Salid~ de los auto; en las earreras de 3" Calegoria,

~
PR.\C'rICAS DEPORTH'"AS
POU "IDLI'J\\RIZACJON"

Los miércoles y viernes, de 1 a 8, ha.•.1

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Núm. 10-E.

5 de Mayo
14

PfGASO

Tovar está bien, bastante bien, y
mucho deseamos hacer un juicio
detenido, sincero y franco, de su
labor, pero nos reservamos hasta
darnos mejor cuent'J. de su valer
artístico. Martínez Tovar en días
pasados, hizo algunas decl~raciones
a la prensa diaria y en ellas no
campeaba por cierto la modestia.
Estamos conformes en que la modestia es una virtud que huele un
poco a alcanfor, pero todo tiene sus
límites, y eso de decir que "se está
tocando a las puerta• d" la celebridad" tiene sus bemoles. Los porteros de la celebridad son algo sordos, toca mucha gente a sus puertas y a veces se descompone la campana eléctrica,
BUFFALMACO.

s2guido haciendo sus prácticas de juegos atléticos en 1Ja Condesa, lo:s profeso-

res del Depa1,ta.mento de Militarización,
bajo la dirección de nuestro nuevo cronista de Sport, sellar Alfredo B. Cue•
llar. En !}os últimos juegos olímpicos, el
S de mayo, ptldimos obser.var los progreso!: que

han

alcanzado

los señores

RaOJ Contrera,s en el disco y bala, el
señor Bocerri l con la garrocha, Alfreü.o

Ramos en las carreras cor :as. Wtlfrido
Plana, campeón de 100 metros, y Manuel Díaz en el saJ,to de altura. La mayor part-e de estos jóvenes nunca se
habían dedicado a juegos atfléti'Cos

de

campo. Los profesores que asiste~ a IaE
prActica,s son cuarenta y tres. Todos SBestAn prepa,rando con detenimiento para los próximos juegos deil día 16 de
septiembre.
LUZ Y

Fl.lERZA.-A. B. C.

El domingo !)asado, a las 10.30 de J:-'1.
lllañana, jugaron su primer juego de
liga los equipos "A. B. C." y "Luz y
'Puerza" en terrenos del primero, en Ia
colonia Roma. Los ju.ú.adores de ''Luz

y Fuerza" han mejorado notablemente
y su team, que a1i principio de la lig,1
presentaba pocas probabilidades de ocupar nn buen p ¡1esto ,al final, hoy va })Ol'
huen camino. Al comenzar el partido
fahaha al ''A. Il. C.'' Rugo Enríque::
Simori í, s11 mGdio ize¡ui&lt;'rclo.
Desde un principio se vió que Zava\a,
e} único jugador de primera, fuerza de)
"A. B. C.", se proponia entregar el juego. En la. primera mitad se anotaron
un goal los de negro y verd'e . El punto
pudo ser evita do por Za...-ala: Nieto Je
.!;'ritó que parara él goilpe y Zava.¡a le
conlestó: "Déjalo que lo mpta." Con
esto Jos jugadores de "Luz y F,uerza''
cobraron confi::rnza. En la segunda mitad el "},_ .B. C." hace un goal, tras de
rudo ataque. Durante -..~einte (minli:os
el partido estuvo -empatado.
Zavala
cambió su posición, pasrrn,do a la linea
de ataque s:in hacer más que desorgani.
zar a los jugadores del "A. B. C." Ya
para finalizar, los rle negro y verde :·e
anotaron dos tantos más que afirman
su vic:oria sobre e'l "A. B. C." por 3
a l.
El juego estuvo bastante limpio, aos
jugadores
(le "Luz y :wu.erza"
mt":
ade!antados y los del "A. B. C." des 01:_
g-anizados por el desorden que Znvala
introdujo cambiando de lugar.

PfGASO

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15

�EL GRITO DE LAS COSAS
Viene de la página 11

pecto terrífico más elevado y que
se mantiene arquitectónico, pero
donde se fi.i a siempre como un cartel la villanía del crimen intencional, perpetrado con la mano fríamente y sin riesgo. Ham, Chauny
y otras ciudade3 muestran así vastos y poderosos talleres cuya ex~ losión es titánica. Sobre la" chi ·
meneas semejantes a columnas
Vendome de ladrillos y que yacen
rotas, la montafia de las calderas
yergue sus flancos y sus picos de
d::strczados blindajes. Se creería
ver el formidabb hacinamieP.to de
una colisión de trenes expresos, un
derrumbamiento de la mala u.e laa
Indiaa precipitada en un abi.;mo
desde lo alto de un via,~Hd0 desmoronado, aniquilado.
En fin, han mutilado. derribado.
matado .J.os árboles. ¿ Y qué árboles? Los frutales; lo mismo los de
los modestos jardincitos, que los
de los huertos opulentos.
¡Ah! estos árboles cortados te.
dos a la misma altura (a la altura
de los brazos impíos que b.4 martirizaban), caídos y acost:ido,; todos
en el mismo sentido, con discipli-

na, yo los he visto por millares y
millares durante horas enteras.
No estando ya retenidos a su tronco sino por un colgajo de corteza y
de carne, mostraban su garganta
blanca abierta de donde se admiraba uno de que no salieran, como
de un cuello decapitado, olas de sangre; y con sus ramas desplegadas,
crispadas, abrazaban a la tierra para mant•enerse y asirse a ella todavía si npoder resolverse a renunciar a su intento, como si quisieran
introducir en la misma tierra sus
ramas para tratar de hacerlas prender y que llegaran a ser raíces
nuevas.
Esta abominación de los árbolc;3
es la que hiere más al soldado, y
no la perdonará nunca. Ella ha
puesto en su puño la fuerza del hacha, ella ha puesto en su corazón
los dientes feroces de la sierrn . .Por
que, sobre todo en la gnerrn. y
después de haber hollad!) 1os derechos del hombre, no ataca impunemente a las cosas la brutalirlud bárbara y las maltrata con ip:ncminia.
Entonces las cosas piden ,;ccorl'u y
gritan, y las piedras hace!' o:[r su
religioso clamnr; y este grito que

primero lo arrancan el sufrimi
y la cólem es también el ele la
ganza y la justicia. . . . . Las ciu~
des que se derrumban vugh-en a
caer así sobre las cabez'-1s de los
que las abaten, y el árbo1 cercell&amp;do que gime anuncia los llantos y
el rechinar de dientes de ;os infa.
mes leñadores.
Henri Lavedan.

- Scf\ori to, ¿ es de usted
- Y ele usted.
-Gracias. Lo
mordido.
- Otro día le muerde usted a él, y en
paz.

t:ua señora c&gt;n 1·a en
¡,ara &lt;le\'olver un loro que habta comprado tiempo atrÍis.
-¿ Qué pasa ?-le pregunta el duefío.

--:\'ada, que usted me engañó asegur:índome que el loro repetfa. cua.n1
¡,a]abras oyese, y por mé.s que ie hablo no repite ninguna.
--Señora, yo no engaño a nadie. Le
vuelvo a afirmar que ese animalito le
r epetiré. cuantas palabras oiga. Lo difícil es hacfr~eJas oír, porque el pobreci]J¡¡ es sordo como una tapia.

•••

~

SENORA

de Ajedrez.
Acargo de f . González Martinez jr.

ESTUDIO NUMfRO 1.
Por W. y M. Platoff

BLANCAS:

P2TO, A7CD, AlAD P6R
R7TR (5 piezas)
'
,NEGRAS:
P6TD, R5TD, T5AD, C6D
P3AR, P3TR (6 piezas.) '
Las Blancas juegan y entablan.

PARTIDA NUMERO 12.

APERTURA DEL PEON ;DÉ fA. DAMA
BLANCAS.

NEGR.AS.· •.

J. R. Capablanca
l. P4D
2. C3AR
3. P3R
4. P4AD
5. C3AD &amp; AID
7. 0-0
8. P4R
9. CxP
10. AxC
U. A2AD
12. P3CD
13._ A2CD
14 030

Ch. J affe
l. P4D
2. C3A R
3. P3AD
4 P3R 1

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9. CxC

rn: l~To

~

•••
Papá. es.a tarde he ido a dar un
pru,eo al cemen:,erio y he Jeído los epitafios de las tumbas.
- ¿ Y qué te han parecido?·
-Qne •no !,é dónde entierran a los
malos.

•••
- i.\fira, t!Ste es el capitán Fulé.nez,
que se fué a buscar el Pol.o Norte.
- Pnes no sabfa que le hubiese perdido.

;: : =~

1

·~-~·--~=-=~

,

1

+ Hi• ❖ H I H 1 1 1 t-1 •I• 1 l 1 ! H

[Frente a Motolinia]

•••
-¿ Has comido carne de caballlo alguna vez?
- -Si, en París. Por cieno que me a-en-

tq muy mal. Toda 1a· n oche me estuvo
dando vueltas en eq estómago.
-Es que serfa de caballo de circo.

•••
-No sé qué hacer. Tengo una muchacha pobre, a quien quiero mucho,
Y una viuda rica, que me quiere mucho
a mí. ¿ Qué harías- tú?
-Yo seguiría loa impulsos del corazón.
- Pues entonces, me voy a casar con
la pobre.
-Muy bien. Y ahora dime: ¿dónde
vive esa viuda?

......................•.•.........

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¡

URQUIJO ¡
Av. 16 de Septiembre Número 17.

• * *
-¿ Por qué te has separade de t11
marido?
-Por incompatibilidad de caracteres. Es un hombre de genio insoportable, Y yo, que también tengo un ca'l'á.cter violentísimo.
- Pues en .onces lo tenéis igual. ¡No
veu la incompatibilidad!

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¿Quien no desea comer platillos apetitosos? t_
¿Quian no desea comer como en su casa?
Venga Ud. a comer en la casa de

•••
-¿ Es decir que has dado ca,la.baeal
al príncipe?
-¡Era demasiado viejo!
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&gt;1+1-❖❖-H-❖❖ 1 •I 1 •I •I l •I •H-+❖❖❖❖❖❖❖ +-H-❖-.4❖❖+-H--H-❖-H-+

+

•••
A un inelivNluo ae le &lt;li&amp;pa.r,a, e1 revólver y }a bala pasa rozando la cabeza
de Gedeón, quien e:x:,cla.ma.:
--¡ Qué bé.rbaro! Dé usted gracias a
que no ha hecho mé.s que rozarme. ffi •
me llega usted a matar.. . . . ¡no ea
mala la pailiza que le pego'

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PEGASO

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Altos de "La Mallorquina."

16

-Vamos a Yer: si Je doy ochc, nueces a •u hermanito •Y después le quito
sei~, ¡,qué resultaré.?
-Que mi hermanito se e-chará a llo-

ECZEMA

HILOS
HILAZAS
V SEDAS

R. A. DAY

a A3D
7. 0-0
8. PxPR

1.0. C3AR. -2
11. P3TR.-3
12. P3CD
13. A2CD .
14 . P3CR.-4
15. C4TR.-5
_ 1'x p ! !-7
16. R2C. -6
17
l8. CSR
17. C3AR
18. P4AD.-8
1~ AxPrj¡ ! !
l~ RxA
20. CxP J, . !
Sci rinden.
NOTAS por el Dr. ü. S. Bernstein.
, . (Rigaschen Zeitung.)
1.-I~utilmente las Negras cierran la
diagonal a su AD. MtJ. or es 4
A4AR.
. . . '
2. -Una jugada débil que da la ventaja
a las Blancas. Preferible era 10.
P3TR con la continuación P4AR seguida de P4R. No sería bueno comenzar por 10 ...• P4AR, a causa
de 11.A2AD, P4R; 12.P5AD, seguido
de13.A3CD j. yl4.C5CR. Capablan-

Como sabemos que no ha podido conseguir en los Almacenes
de Ropa sus

Nosotros hicimos un gran pedido y lo tenemos a sus órdenes.

·s: co20

ca aprovecha la debilidad de su adversario brillar, t emen te.
·
3.-Las Negras, sin atender a nada debieron jugar P4AD para librars~ un
poco de su encerramiento.
4. -A causa ,de la amenaza 15. P5D. Si
14 . . . . D2AD para continuar con
P4AD y PiR. las blancas hubieran
respondido 15.P5AD, A2R; 16. P5D
y ganaban.
5.-Jugando muy débilmente· era necesarísi~o. J?2R, aun9ue e; cierto que
en prmc1p10 no es Justo colocar la D
en una columna dominada por la T
enemiga. Esta maniobra era, a pesar da todo, útil, en la circunstancia
para f.ortalecer el punto débil 3R y
al mismo tiempo protegea la ireg~n. da fila.
&amp;.-Si i.6·. . . . , A5AR; 17.TxP, AxA;
TxA, PxT; DxP j, C2CR; 20.C7TRj
. R24.; ~l.C5Rj y ganan.
'
7 :-Sacrificio ·evidentemente correcto.
8. -Hubiera sido relativamente mejor
1~ .. : , • AxC, pero no podía salvar
esta partida que gana Capablanca
merced a una magnífica combinación final.

¡

i-O:--t..:+❖•H❖H-❖❖ ❖❖❖❖#❖❖

�</text>
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Pegaso, Revista Ilustrada, 1917, Tomo 1, No 11, Mayo 24</text>
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                <text>González Martínez, Enrique, 1871-1952, Fundador</text>
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                <text>López Velarde, Ramón, 1888-1921, Fundador</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>Urueta, Jesús 1868-1920, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>Ofrecemos a las damas delicadas
· cuanto creó para ellas la moda para
esta primavera.

La Ciudad
de Londres
1

"La Casa de la moda"

No. 10.
Soldados Escoceses
19 de 1917.

volviendo del combat

�PEGASO

REVISTA SEMANAL

Dirección: Enriq11e Gonzá.lez Marti-nez -Efrén Reholledo.-Ramón López Véla.rde.
REDACCION:

'Jesús Urueta.
Julio Torri.
Mariano Silva.

Rafael Cabrera.
José D. Frias.
Antonio Caso.
Esteban Flores.

, 1

Rafael López
Alfonso Cravioto.
Genaro Estrada.
Manuel Toussaint.
Jesús Villalpando.
Antonio Castro Leal.
Enrique Fernández Ledesma.

COLABORACION:

POR SU FORMA NO HAY OTROS QUE LA IGUALEN
'-

,,\

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~.
,1

1t·· .

n¡.,_.
'1

&gt;&gt;/
_,,..
· y por su clase ningún otro que

siquiera se aproxime alos elegantes
CANOTIERS que acaba de recibir

T ARD.11)[

Jesús T. Acevedo (El Paso.)
:Rican:lo Arenales.
Mariano Brull.
.Maria..Enriqu eta.
Gustavo E. Campa.
Rubén M. Campos.
Bartolomé CarvaJ'a.l y Rosas,
Alberto Maria Carreíio.
Francisco José Castella.u08.
Luis Castillo Ledón.
Ignacio B. del Castillo.
José Maria Chacón y Ca.lw-o,
Eduardo Colín.
Carlos Dia.z Dufoo, ar.
Arnulfo Dominguez.
Enrique Fernández Granados.
Genaro García.
Augusto Genin.
Francisco González Guerrero.
Luis González Obregón.

Carlos González Peña.
Max. Henriquez Ureíia..
Pedro Enriquez Ureíia..
Alba Herrera y Oga.zón.
Manuel Herrera Lasso.
Mateo Herrera.
Jesús García Gutiérrez.
Juan B. lguiniz.
Manuel ltuarte.
Carlos Lazo.
J. López Portillo y Rojas.
Federico Mariscal.
Pablo Martínez del Río (Madrid.)
Amado Nervo (Madrid.)
José de J. N úiiez y Domínguez.
Eduardo Pallares.
Emilio Pardo Aspe.
Manuel de la Parra.
Manuel M. Ponce.
Alfonso Pruneda.

Manuel Puga y Acal.
Alejandro Quijano.
Joaquín Ramirez Cabaíias.
Adrián Recinos (San José de
Guatemala.)
Manuel G. Revilla.
Alfonso Reyes (Madrid.)
Manuel Romero de Terreros.
Francisco Verdugo Fá.lquez.
Genaro Fernández Mac Gregor.
Artemio de Valle Arizpe.
Samuel Ruiz Cabañas.
Enrique Santibá.íiez.
Nicolás Rangel.
José Juan Tabla.da.
Alfonso Teja Za.bre.
Alfonso Toro.
Luis G. Urbina.
José Vasconcelos (Perú.)
Atana.sio G. Saravia.

DIBUJANTES:

Saturnino Herrán.
Jorge Enciso.
Alberto Garduño.

Lea.ndro lzaguirre.
1
Carlos Neve.
Germán Gedovius.
José Tovar.
Roberto Montenegro.
Antonio Gómez. ,
Francisco de la Torre.
Alfonso Garduño.
Angel Zá.rraga.
Fotógrafos: Antonio Garduño.-Gusta.vo F. Silva.-Alfonso Sosa.
Publicistas: Maxim's.
Carente: Jesús B. González.
Grabador: Alva.rez Tosta.do.
PRECIOS DE SUBSCRIPCION: En los Es~ados, 10 ?úmeros ... $ 8.50 En el extranjero, 10 números ...$ 5.00
En la, Capital, 10 numeros ..... 8.00 Números sueltos.. .................... 0.80
OFICIIAS: Avenida 5 de Mayo, 32.-Edlflclo de la Bancarla.-Departamento, 406.-Apartado Postal, 1408.
La correspondencia debe ser dirigida. a la Gerencia.

8stamos ,a sus órdenes

,.,

lA PRIMERA SOMBRERERIA DE LA REPUBLICA

..

Plaza de la Constitución, 5y 7. - México, O. f,

En nuestro edificio de la
3a. de la Palma N~ 34
tenemos nuestras oficinas
y almacenes desde hoy.
Cía. Ingeniera Importadora y
Contratista, S. A. -Sucs. de G. y O.
·1raniff y Cía. - - - ª • • • • • • •

�r-----------------

_____ ~_ - ----

._.,..,,.,...

-

' '

'

,. '

.,.

REVISTA SEMANAL
Regü~tra.do c:omo artículo de segunda Clm;c el día 17 de matzo Je l!Jl7.

VISITE NUESTROS DEPAR-

'l'OMO L

MEXICO, D. F., 17 DE ~!AYO DE 1917.

NUM. 10.

TAMENTOS DE MODAS
LA VESTIREMOS
A UD. TAN BIEN

COMO SI.'

'

ARCAISMOS DE MAYO.
'n ,

.,

.

POR JOSE D. FRIAS.

1

'

A.qnclla noche mí amigo tuvo la mejol' &lt;le sus conw•1·-

'

El CENTRO MERCANTIL
Apartado 472.
·,

IJ

' ~-!~~~~:~~E,R~ ~~~:E;N

.1

México.

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"

SENORA:.

f

FABRICO ROPA BLANC.\

1

GRAN· BBR'l'IDO DE
·'
:MUESTRAS RETIRADAS

PAR.~ SEÑORAS Y NIÑOS
QUE ACREDITA CUALQvIER

QUE LE OFH.ECE:OIOS A PRECIOS'

F~TABLFJGII.ftIENTO.

L.\ SEÑORA QUE USA

BAlUTÍsrnos:
HÁGANOS UN.A VISI1.'A Y SALDH{\

UNA PRENDA
HECHA POR MI,

CO}IPLAGIDO.

•

'NADIE CO:lfü NOSOTROB'l'AB.A ROP,\
DE NIÑ"OS Y SEÑ'ORAS.

ADQUIERE LA cos·rmuJ.lRE DE
SERVIRSE DE LO RIE:N COSIDO.

.j
¡

,

REFOR_M.ll INDUSTRI.IJL.
,,

CARLOS B. FA RFA N,
4,¡, ~ :r,fMIN AS No. 98. , ·

TELÉFON'O ERICSSON, 206.

o 11'

,;

•¡h

Al'ARTADO, 4519.

¡IVWR,CO, ll. E:

• - • • • • - •· ~GAso

1 ¡, • ;

ar la explical·ión (•ristic1,na, del universo. &lt;,Cuál es el 1·ecuer-

clo mejor de nuestrns aclolescenc·ins que nan?-garon en los
nilndonw hizo quC' su palabra fuese un clE'leite extra01·dirnt• lagos místicos (lp- una quietud coT1v0ntual'? i.qué men.Hn·ia,
rio parn n1i pa.('ie1wi&lt;:1, que tiene su ¡n·estigio ma.yor en In es mis cluk:c, en tu pretél'ita infanr·ia, que e:-;ta, zahumctda
con hts mi1THS ,rnaceónicas del mes (lp Maria? H,1go Llll lla.difieil &lt;·o¡,:;tumbre de saber &lt;•sc·uchar.
No hngo otra cos,1, quP transcribir ,·on fidelilh'ul1 üfr('- mamienLo a tu sinceridad y 1n·egunlo nuPv;:ut101itP (,cmU
pNf'nnw ,uie8tcsin tus escepticis.m os mejor &lt;JU(' esta fragantuof.l&lt;t las l)~tlabras de l:'ill discurso.
Mi amigo est,dm infic:iona,do ele oratoria. Sabh1 todos ('i&lt;.t (]ue ,,ivi'ó con h1 efímera exit-ltencia. de tm; lirioR ptimalos l'Íc&gt;l'igos dt&gt;fectuo~OH y tod.a::; las YirLudes fenrn(hts dr ht Ycrnle~, ~, los vétnlos de rosas que figul'nban, al pié del
n•tól'iea. Bn instanl&lt;'s dP ingenuidad rne cl0claró (Jne su Ol'- :tlü1r, Ll mi.lyÚsc·uln que inicia el nombre ele a&lt;1uel\a quC'
~ullo po&lt;lfa yiyi1· dd únic-o elogio que encien,t f'ste YOeablo: c·on &lt;-lukc uo1nü1·c !huno la í.glP8ia Madre dPl Amor l.LeL·8olisbt., .. siern¡u·e que fuera Pntrndido con la nwntc qoP rnoso? , ..
~ 'J.1.tl \"(:'1/. (lic,p:-; COSi.LS (] lle llll' l'E:'Urean.
tal (·11alidad atrihuht n los m,b ,titos pN1sado1·es &lt;k G!'e('iH.
_¿y cómo llO te podían re(•L·enr &lt;'Slas reminiscencias?
Uahló eon PIO(·tH'rn:ia, t:'S decir: pos0yó el arte de llen11:
l~l cwtdro prediled0 n•enea1·11.t en la fantm;in con todos los
In Jl('nrnasiún ,1 su &lt;ILHlit,ol'io, que 1w &lt;•rn plural; .Y (lijo:
-Es rn'ceHario lJllC tC' c·011Y('n:t.ns. Po('ns o(•n.sioncs te 1·(•\icn's que 1-t.rn,u;Le &lt;·Lw,ndo &lt;-·omenza,bas a YiYil': ]a 1mv&lt;'
frngante clel templo ern una unrn sagtn.da para los J)P(]U&lt;'h(' l111hh1do c·o1no ahom: llCl'O (•llo Pk únic·arnl'lÜP el l'&lt;~!:;uJf1os «cnmulns .. de inrienso, que se es('apaban litúrgica.mente
bulo d&lt;' t 11 .-ttición (Jt\C' d&lt;'nign.l a la oratoria, po!'(jUC E:'~ un
n111l 1:tt.ino, 1w1·judi('\;tl ~, heredado do nt1P8tro::, ma_yo1·e:-;. ele "!o&lt;ci itHJuirto8 brase1:os d(' los turíbulo::;. El diminuto
lntentc1rc'· esg1·imil' una argnmental'ió11 sugestint, sin t·eso- ejército ele niños \·cstidos fü:. bbwc·o y diademados de a,:t.ahar
l!PYaba, lrn:&gt; hmzos 1101' alto p¡¡ra ofrecer hares ele flores a. la
nancias el(' tl'ihuna pitra la multiitid ....
( Ha hhí.hamos dPHde lo ,ti to clP una ectp1·ie\im;;1 habit,1eió11 &lt;JU(' es •Ft1('ntP &lt;k Huertos, Po:t.o flp aguas yi,·ns, Río (Jlll'
&lt;fo,·oradn con cxóti,·o:-- Hl'tifkim;, Un husLo &lt;1&lt;' HN·tnes N&lt;l &lt;.·or1·l' &lt;le! l.áhano," según í-ie lee l'l1 ('l Cc.tnti('o ,le los Cánticos.
sohn• PI fondo lh' 11n,1.&lt;:01tina. d0 oro .Y 1wgro blanc-,t nota &lt;lP V ('n tanto &lt;JUE' In inoC'encia elentbn, la oración ele florales
serPnidad. El piano mostl'ah~t en un ,ingulo l,L dcntacl111·a olores, el ó1·gano l'itnal, ol\·iclaotlo la. tempestuo-sa .l engua, qtre
drl mon:--t.n10 c1ue de-speda-,,;ó a Cho¡1i11-scgún afinna.eión de ll' ensellO a usar ,J11.-w Sebastián, se deshacía en leYes acordes~· en meloclfa~: nub npacihles que la trü;te7.a azul del
He1Ter.1 ~- ReisHig. On busto &lt;kl Allig\1it•1·i n1m;traha, sobt·l'
loto peregrimmte po,· un ,u,ro~·o lento. iQnién seria hoy el
un negrn ,\' ,tlto z;óc.-1,lo de rnadera su insonclahlP mirada sin
Ynrón justo que vudient ofreC"el' una clácliva sin mancilla a
Jmpilas qtH' &lt;lf,fataban perenlle medita('ión, aj0n,t a los ruidos de loR ti·enes dtadinos, t)l\C' pas,dmn &lt;I unos ('Ua □ Los nw- HtJllPlla vcuya mirada C'ci como la a,urora, y que es hermosa
trns del haleón encendiendo hts l'Rtl'ellas ilusorias de sus fa.- corno la Luna, ¡mra como el Sol, y tenible c-:mo un ejército Cll onlen de ha.talla~?... Cuando yac-ía mi cándida
nal(&gt;R aYizores.)
Hu~ión en un nwnte de aromas, como el pastor del Cántic·o,
-ffisc:ncho. Respondí sl'lll'illamenh•.
-«Learned conyersat,ion i8 eithC'l' the affretatio11 of tu Ye yo la l'CYela.ción del secreto sentido de ese culto, &lt;JUC
th(.! iguorant 01· tli&lt;' profPssi()n ·of t.he nlC'ntally Ulll'lllJ)lo- de8a}Jat'C('e, ahol'a, rntre las cot1Yn)sas Yoces dí• las nuents
doctrinas. iAh, no et·H úni&lt;·:ulwnte la tradición de una rú·
yecl~ .... dijo '\Vikle, Pn un mom('llto de sinceridad. Y es
p1·ofuudamente 1·eal su di('ho, a pesar de la Yic1a. que ]e jue- briea eclesiástica la &lt;JUP ('OJJgregaba nuestl'as Yoluntades
ga. brnrnat, muy ves..ula8 a la. J'ealidad. Yo, conociendo tus en los templos, dnrnnte p} mes df' nrn,yo! No. Tú sabes que
p1·edilec&lt;'iones te hablo sin afectación, y procm·o oo aparecer el cu]to dr la Vil'gen nació rn las teneUrosaB angustias de
dodo 1101· estas y. , .. p:&gt;r otras razones ('Orno afirmaba la Edad :Media bajo unn, a,,hoca.ción de padecimiento. Lct
NietzsrhP, iSon ya. Llos eitasl 1nais tú sabes (J.ll&lt;., Ja manera ~Iater Dolorosa seíio1·có los sig lo8 &lt;)U&lt;' sucediPl.·on al milenn.de vrnceL· las tentaeionrs l:'s dejarse &lt;1c1·1·otar lJOl' ellas. No l'io. Drspués 1a Vi 1·gen abandonó su gesto de dolor y fué la
orndt·e l)ll&lt;' l)l'C'í:Údf' al éxito &lt;lf' Ju frcundi&lt;lud, ~· por último
voh-eré &lt;l C'itar.
f'n la decadencia de su dc,·o('ÍÓu t 1•:;rnR-fignrosP Pn In. madona
~rl~&lt;' ha!itg.-u·t'• dic•ip1ulo (•11 P.logio de ~layo lo que rne suque, en el Renacimiento, lada al di vino y robusto infa11l&lt;'
gestiu1rn n1ú,s eu la c\'nen.cióu de este \·oc~tUlo, que e8 Ju síntesis 1lc la blancura: nl menos para mí qne sigo ufanRudorne de Belen1. Nosotros siemp1·e hemos recordado en el mes &lt;le

:--,u-itrn('H. Yo no \p había insinuado ('} terna; pcrn él, acliYi-

¡, 1t1;0,)

n,'J v ltüts1H

PEGASO

l

�bía impedido ser feliz; J.tiU corazón )8
brindaría abara la dicha?

•••

LA PRINCESA DURMIENTE
POH MANUEL TOUSSAJ1\'T.
Cuando el cabR.llero llegó a la.s tupidt1s
selvas que rodeaban el castillo de la
Princesa DurmientP, contuvo con recia
mano los ímpetus de su corcel. La selva
parecía un negro dragón que R.rrollasP a

la roca sus formidables miembros para
duarecer su tesoro contra todo humano
geseo.
Mas era preciso que la profeda del ha.da Ae cumpliese. Y el caballero espoleó
su noble bruto, y los filos de su espada
le fueron abriendo ruta. Bajo el casco
acerado u;imieron tristemente las malezas y a los relámpagos Oe la tizona lk•·raron lágrimas de resinu, lo&amp; viejos troncos.
Después de un siglo de sueño, los pájaros y las fieras del bosque habían perdido la noción de la vida al aire libre, y
de sus antiguos instintos. Hubo escP-nas
insólitas en medio de promiscuidA.d paradisíaca; los leones y los chacales empezaron a devorar la yerba con avidez,
en tanto que las calandrias y los jilgueros entablaban sa,ngriento combate para proveerse de carne. í todo a tientas
porque sus ojos a fuerza de no ver se habían atrofiado.

Sin dar importancia a estos incideutes
que el hada no había previsto, el cahallero prosiguió en su tarea. Con la constancia y la seguridad de quien Aabe que
ei3 im1trumento del destino iba en pos de
la princesa. enea.atada, que dormía desde
cien años antes.
Y la princesa lo amaba; seguramente
lo amaba aunque no tuviese más d&amp;,to
para creerlo, sino el que siempre las
princesas encantadas de los cuentos
aman a los caballP.ros que acuden a salvarlas. Sea como fuere: amáralo o no,
tenía que casarse con él, para cumplir
así el designio del hada.
Había, dejado por ella su vida de estudio y de reposo. Después de años larguísimos de meditación y de lectura,
después de agotar la ciencia, llegó a conocer su destino. Y sintió rejuvenP.cido
su espíritu. Vistió una ricA armadura de
Damasco, herencia antiquísima que ornaba su librería y partió, cAballeroen el
mejor corcel que pudo balla,r, ¡Renuncia
gozosa de una vida para conseguir otra
vida! Si su cerebro, en la primera, le ha-

Con gTan trAb1::1jo &lt;'011siguió aAcender
haRta IA puert1-1. dPI c&gt;1stillo. Estaba
a?ierta porque el Rueño lleg-ó de improviso n. la, altanera mansión; así pudo
pe~etrar hAs~a..el sitio en que yacía la
pnncesa. Qmtose su yelmo y su~ rudos
g-uanteletes,de acPro; corrió torios los cortinajeR de la esttt.ncia. y, de rodill1:1.s frente a ella., empezó n IIM mA.rla con temerof:iB. \·oz. La prinrPRa 110 despertaba: enton&lt;'es se atrevió 1:1, tocarla.
Fué desperta.ndo lentA,mente y aco 8 •
tumbrn.ndo RUS ojos u 11-1, periumhra. A.I
fin vió al caballero .v sus l1-1bios httblnron. Pero parecía, que la princesa. no PRtA.btt, contenta; como Ai i... pe~arA AbHurionHr su sueño, un mohín pleo·ttba
sus
0
h'lbios y unH tristf•za os(·uredtt. i,;u mirad A..
E11tmwP,.;, Riempre de hinojos, ro~ó él:
}.Por qué IHA be □ diciC1nes que ofrendo a.l
hada que unió nuestrai;; vidas, se perturban con el recelo que veo velar vuestro
semblante? Reneguf' de la sabiduría Yrie
la tranquilidt1.d p~Htt. vPnir en pu~ de
vuestros ojos, de vuestros ojos, Princesa
Margarita, que bien valen una batalla
ce,mpal; en. ros de vu~stro amor, pero
vos me rec1b1s con la frialdad de quienes
se desposen por gusto ajeno· casi desearía no ser el elegido para sal~aros;y poder así combatir por vos sin la certeza.
del triunfo.
Respondió la princel:'a: l!;J Hada, mi
madrina, al condenarme a dormir cien
años no pensó en hacerme sufrir. Al contrario, viví la vida más intensa que ni
pueden soñar los mortales, sin sentir los
padecimientos humanos. Os conocí supe que seriais mi salvador, y en mi ~ueño si_n mancha OR amé locamente; pude
Aegmr los pasos de vuestra existencia
hasta que os acercasteis a mi cárcel.
Mas veía la fata.lidArl del destino. Al
venir 11 libertarme laborabais por mi
desdicha; me ibais a, volver al mundo a,
las lágrimas, a los sollozos. Y luchA,b~is
también contra nuestro A.mor: la realidad a.boga el ensueño. El amor mata al
amor.
Y ]1:t, princesa pasó levemente su mano
sobre la férrea corAza; y, en medio de su
llanto, vuelta la faz hacia el lecho, bostezó con la displicencia de quien ha dor•
mido cien años.

.,
gtuutos1·es a, la mujel' (Jllf' es una fuente de alegria inocente,
sillfln1icia primiti,·a , de c:a1H.lorosn, embri.1guez entre las ctl;1,1:leol'bs tibias de lo:;; tl'einta oías que C'l n,110 tiende como ..
tl'eint :-;f'ncleros a1·omctclos 1 ,t,\ paso .-1lucina,n t e del pdnC'ipe

Abril
-.~E Yenl,ul.
- E:-;te mes exc·t:•cle a los olt'os en luz .V en colo1· sua,·e,
en ,gozo y en felitidad. Dime: ¿no prefieres al iracundo Dide mln•f' amigo (l e los hi e lo:;; ,,· de lns esll'ellas, al trágil'o
desfallf'&lt;•imiPnto otolinl dí' Odulu·l', :t lit denrn s iarlo l'eal opu]PnPia dP Ago~do, el puC'L'i] ;1lhornzo de• 1\lnyo'? ¿y no son más
;-unableR CJLIP los de ,·:1neos del Yoluhll' Feb1·c•ro y los pl'esentirnientos clel p1'ill1E'l' me~ , .\" las l)l'OllH.'$ls fn11nentales &lt;Ü'
Junio, o los clm·os ,1ugurio:::; dr Abril las J.,01·sns ,·isiones del
mei:; que Jn s almas ingenua:::; lhrnrnn de 1\i[a.ría'?
- iSi yo lo he dielio antes qne tú. Oye:
1•..lfüoc·ue¡wia dp pülp tos , áu1·0~1s festiyid.Ules,
del hlaneo nlC's &lt;10 ~In.yo-digno dC' Salomón:
húcnros tlr las almas glorios;-1s 1 \"Oluni,1tlc-&gt;s
uofl.uimes postradas &lt;LIÜC' la Flor de Sión:
111otetes &lt;JUP atesornn el t1ombl'e dP Ma,r}n,
infantilr~ 11Jeg.-1rias r \'0f'('s ele-' 111ujp1•,
2

órganos CJ u0 :-.on fucntet-, sag1·a&lt;fa8, dP l1arrnon la
en la idilica r brf'\' C' paz del ntan]ece1·" ....

(Hay un siJcneio no muy lal'go. ÍJH no('he mint (Jlle un
rPmot,o t'e lámpngo tiendC', tn1s d0 loi:; monte:;;, una iluHm·ia
lámina &lt;le le\"e ac-ern azul. Ca,llfunos p,w,1 ratificar 11uestm
nmiHLad, confo1·111&lt;:• ni consejo 1k i\I"artP1·linc-k. El &lt;·ontlnn
diciendo es ta:::; últimas p:.tlnhn.1s.)
·
-Celebrn que compartas mi opinión. Bs una fonmt d&lt;'
la diehn e~ta &lt;JllC' 110H permite fuga1.:11os dPI Licn1pJ adual
y ('On seguir ln t0su1Tec•c.;ión de la s qniments &lt;1u0 p.-1 rerían &lt;lefinitinlnH''llie srpultaclas por la:-; muf•hedundH·eH cl0 sahios ~·
por ln s g1·0)·es de ignorantes . EH tn.11 dulee para. mí P8ta aiío·
mnza 01·todoxa de l\•f ayo lJ u e olYido la músic·;-1 de tHJ u0l cum·
plido c]p Rompo n.l hal&gt;lai· 11or primern Yez a :::;u amad..t, en
ht il'ag0dia dP Slrnkespeai:e, )' ('ll)' &lt;l nlC'lodin ,·erbal 11w fos·
eina e-orno un Yino genpi·oso. i-R(' C'Uenla:s? «Si C'On mi mano
he profnn,ulo brn diYino alb.u·- C'ogiP1nlo la mano dP .Julichl.- pe:&gt;rdo11adniC' . .Mi bo&lt;:n ho1Tat·::i l.-1 mntH:lrn , (·ual Jll'l'&lt;'gl'i•
110 1·uliol'OSO, ('011 1111 })('SO. ~
«En }\[a.yo sp realiza pJ pensümiento t\(l RhPIII')·: Mu•
sic-, all(l, 1110011ligtJ1, rtll(l ft~0lling a1·p one."

fl),
Por RUBEN M CAMPOS.
11

8uauhnahuac 11

2 de Jotayo
IJPsde l;1s Tres Marí:1s, ~· Pntre la:- 11ublazo11es
que a mis pi1·s se rles~a1Ta11 cu1110 e:-pn11111s ctP o ;1s,
rnal desde u11;_1 1·untpit'11tr ílürida dt• gladiola.,;
conlemplo el valle azul com'.l un 111ar. Los bridones

¡AIJracadabra! es mi
eun que hendieron los
en el abismo vuélcase,
uua cascada en trueno

descienden por l::i s sierrns cumo constelaciones
de centauros. La s cumbres la trnge 1 ia ·ven s0las:
el juncal de los pu111a s por pl'adera s de violas,
asalta la il'l'UJJCión &lt;le amarillos IL·ones.

un arco de cristal de roca, hora tras horc:1

conjuro aJ ver el abra
cíclopes la montarla sonora;
entre un iri:-- de aurora,
de muer:e. ¡Abracadabra!

Desde la edad del Géuesi:- 1 límpidamenle lahrn
1

y es su mt'1sica horrísona cua11to ensordecedora
la m1'1sica siafó1iica de una danza macabra.

De JJronto u11 r i1i'íunazo las montañas atruena
y e11 un sacudimiento despierta en mí el anhelo

íle b::1jar de hJ.,; cumbres ,elow1enle en un vuelo!

Desciendo ¡oh maravilla! y un agrnste pab;a_je
cifw e11 cíovuto de égloga el formidable abismo
donde un lago Asfaltida es un muerto arcaísmo;

Y renace u11a antigua virtud intacta ) plena:
tni voluntad. Y echá ndonie a andar echo mi suP.1·te
n los ,ienLos del cirio, ¡A la \ida o la muerlc!

y cuando alzo mis ojos a las nubes de viaje,
dos siltiros barb11dos bajo la luz febea
asómaasr, sin ctuda, rastreando a la Galatea.

Segantihi

J'rofanación

Las crPslas se pe rfilan en sm.n e onclulamienlo
ele p:-ii sajes alpestres del divino pintor;
nube:-; verde::; refl ejan el matiz verde-flor
dl' lus cam11us e11 la tran sparrricia del ,-ie11li1.

Mis ojos no han queric:Io contemplar la siniestra
pesadilla que abruma a esta tiena e11cantada·
'
se desvanecerá al " 'm ir la alborada
como la de la ltispaua proíanación ancestra.

Las moutm1a s violáceas ardPn al sul \ iolenli•
y se empurpunrn las estrias del alcor
que rlediHH Pn la s vegas como u11 sueño rh-' arn(lr
en un regazo a111ado: Y rl e pro11to ¡oh porte nto!

La libertad humana en plenitud se muestra
cuando venga el ultraje rle vivir secuestrada,
y surgirá. flamígera de sangre empurpurada
como surgió de tocia titaaica palestra.
1

un hngel de alas blanc:is rle palotna , iajrl'a,
inrntinsas. rutil 111Le PI crepúsculo hiende,
blanquísituo alaba st1·0 l11111ino~o, desciend e,

Por eso ni miseria ni ~angre quiel'en ver
mi:; ojos que tan solo buscau eu la mafiana
la t'éivindicación de la locura humana

las alas JJ!iega y toca con su pi e la pradt'1·a ....
Y a11tc la aparición' que inll1 l'llamente mim,
suspiro: ~eganti11i. Y al viento va el :-;uspil'O!

que no se acordara de su eclipse de ayel' ...
y del est1·ag-o hilrbaro, cruel, de guerra púnica,
no me entriste~e ra ni esta tristeza única!

Eas 13uga111bilias

8l .Adiós

Cabellera~ moradas, s0111•0:-;ada:-;. bf•nt1 eja s
de clriadas a los ojos profanos invisibl es,
las bugambilias tienclcn co11 sns ramas flexibl es.
flol'iclo ;irco triunfo! sobre rnuro!s· y reja s .

Yo rncogí en mis ojo:-; la visió11 ele mis sueños
e l'rantt·s en tus bosques, en tu,; vegas y alcores:
y en el lóbulo nacar que se irisa en albores
del caracol sonoro de mi alma. risnellos

Y e11 la sitsta, a la 1nt'1sica de ciganas ) abej,1:-;,
his ílrhlílas dP ojo:-; \'C:'rdes r t.:3fleras temibles
1lr~n11dasse colnmpian y h1•san intangibles
ron sus dedos de ro:::a lus musgos de las tejas.

com o consoladores y 1nil.gicus beleños,
C/Ul'da1·a11 escondidos los perennes rumores
dr,. tus flon•stas víq:.fe11es 1 los adormecedores
ecos de tns cigarras mecNloras de e11sueños.

De uno a otro itrbol , ini1•n111 a la ciudad lmcólica
las ninfas de l;Js hosqu c:s L'n guirnalda s floridas;
~ los toiso1ws d~ sus t'l'cncha:-; dcscci"iidas

Y cua11do alguua ldo11da calteza adolesce11tc
se incline hacia mi alma, rlel caracol sbuoro
en g-org-eo de pújal'O rlc un,1 garganta de oro

son la nolu ardorosa, n1nrada y 1u elaucúlica
que un fe11w11i11u enja1111irr, IJlonílo) ;11'110i-Psc1-•11t1•,
deja 111irar la11 ¡;o[o dP s11 vida intlolPnlt&gt;.

PEGASO

IJrolar:'1 ('ual 11111r11111rio lejano de 1111a fuf•11ln
In música ig·11orada, la (H.:ulta poesía
qll t~ yo no :-;e, Cnauhn;'11lua(', ::;i rné tu~a O ful:. mia!

PEGASO
/

�\'ir de ejemplo a /1-1 defi11ic·ió11 que dan,
dP valle, lo::i tratt1.do~ Pll-'t11entH]pt-, tle
Ueog-rafía: Ps 1w terl'e110 pfaJJü f!lJcen·a•
do en un cinturón dP, muntañas. Para
1-jalir de él , o µ1--11·1-t, Pntrar, por el lado
11orte,-1wtPl-j de ht. &lt;.:Onstrucción Uel ferrocarril-lrnUfo, que subir j' bajar la
Cue&amp;tu del Platanillo, célebre por 1111
1·otnbate ea que reaecionarios suriauo¡¡
derrotaron y mataron 1-tl general dou
Plutarco González, GobPrnador del Estado de México '18~7). :J ·
Cuando se trató de construir la- vfa
férrea de Ig·nalil, s~ buscó un lugar a
propósito pttra. entrar en el valle, evi1 ando t.:uesttts empinada~. Los ingeniP.ros hallaron lo que bust:A ban: eneontraron un1::1. hendidura.. una ;,truga, del terreno, llamad A, el Cañón rle. la, Mano.
Entre los cerrw~ quP c·iñen P.I vR.lle, hHJ
dos que dt;!jA.n entre i,;i un hueco, 111111
µ;rieta IHr¡.:!;tt, y µrofu11t1í-iimH, f'll eu,yo
lecho cone u,. ano,vo de &lt;·audal PXig·no.
al meno~ durante h1, mHyor pi-u-1-- ,~ dPI
año. Se hiciPron fJbr1-1r; e11rtt111i11ath-1s &gt;1
encauzar la!-! ag·nat-1 PJ1 un h1&lt;lo del Ca·

ñóo, y
ducto.

e11

el otro

t-P

con~truyó el viH-

El Cnñón de la .\11-1,110 e.-1 rnny bello: ¡.¡u
aspel!to Ps gnwdio1m e i111po11e11te. Sf!
cuentfl. que alA,·unaA \·iH.jeratS,-H mí uo
mP &lt;'011~t11 PI hetho-quizá ai1ouadadAK
por la majP:-.lttd drl espectáculo. RP. envuelven la c•1-1 lieza. en su chal o rebozo

AGUSTIN LORENZO

(1)

POR MIGUEL SALINAS.
En todas las poblaciouesde Mureloi:i y
en las de la. parte septentrional de Guerrero. i:ie couser-va por tradicióu el recuerdo de ltts hazli11ai:1-o más bie11 fechorías- de un célebre h:idróu y famoso
saltea,dor llamado Ag1Istín Lol'enzo.
No he podido e11co11trar datosexaetv~
acerca del 1iat·ilnieuto, edful 1 lugar de
origf'u y Re1-1Hs pllrtitulare!:l deestepiµresentaute 1·unispícuo del

banclulerisrno;

pero se µuetle atiegurn.r qne sus hechos
tuvieron gnrn resouP:n cia l:'11 aquella, regióu, y que i,e grabaron hunllamente en
la memoria de los puel.iloi:t, pues la geute
de éstos, que JHHla o muy pnc·o i,;;alJe de

Ayala, r.le :\la.tamnros y de Bravo, sHbe
bien la vida y milagTol- ¡Jp AP,m;tín Lo-

renzo. Seg-úu el decir de un Vt!cinode Tetecala , Agustín fúé coetfln eo de Pedro
Asencio. t)i tHI c:di1·rnHci6 n fuese \·erdHderH, las conerías de 1mestro µerso11aje
podían fijarse en los últimos a11.os de ltt,
guerra del ndepe1H.leu cia.
Durcrnte mucho tiempo, PU H,lgunas
fiestxs de lo.-i poblarlos que i-rntPs 11ombn\ :-e i'l"pre:::;entaron, c1dpmá.-. de retos,
loas y r·oloquios, 1-:1lgu11os µ;;;sos rn que
era ¡.H·ot1-1µ:01)ista el µopular colegfl. de
Diego ( 'orrie11tE&gt;~. En Jt:)_8:) vi nnil., de
esas 1·Ppres.e11tacio11e:;J en un b:H-rio rle la
villa de Tlaltizaµán.
Uu tramo del camino rei-d flf' ).lt'xieo a
Acapuleu~el comprenllidoent,re Cuernav1-1ca e l:i;uala y los muchos caminos
vecin1:d es q1w entron(•alu-111 con él,
fuero11 seg;ununente e! tf 1-1tro de los robos de Agustín Lore11zo . Lrts selectas
merc1-1derías a~ititir:a.-. venidas en la Nno
0

de Chinn., !;:¡,.: 1Jarrns de plata f:li:tradas e11
'l'axco y PI dinPro efectivo quP RPnrnna.ri1uoentP se r11vinhHn A los i11/.(P.nios par1:1 SUR rnyar-, e1·1-rn el blanco &lt;le-los;rndit-

ces at11ques del sa,lteador.

Los golpes de mano dados por P~te,
lrn.n de haber sido numerosos y de 1mµorta!l(.:ia; pues 110 hay cuern., barra.uco
o recoveco del quebradísimo ttgro rno1:ele11sP, en que uo se crea que yacen eseondidos los te1,wroi:; de aquel cPlebre infractor del sE'ptimomandamiento. Y cuando
alguuH, µersoua. tiene H,puros pecuuiarios, o desea capital de importancia para u11a empresA., es mu,r fre cuente oir
frases corno éstas: ¡QuiPn se encontrará
una de las ta,pazontis de .lgustín Lorenzo.' ¡Ah, rnfll haya una de las cuev1;1.s de
.'\gulStín Lo1·enzo! Por supuesto que las

v1wel'I mal ha.y a est5u usadas iucorrel!tamente e11 J;:i, última expresión.
A pesar de haber robado tanto y de
lrn.ber Htei;;orad~1 milloues,-lileg-ún lu,fa.n.
ta~í1-1 µopultt r-11adie ha e11eo11trado una
de ]1-1¡.; tn¡w.zonP.'J del fomoso ladrón. Et-1t() se Pxplic·H. tenie ndo en c·nenta que t·a.dtt vez que Ag-u:-.tíu Lorenzo reunía un
tesoro, lo e:•wondía con arte y maña, y
ma.taha in111ediat1-une11te despu(':;; a los
miembros de su banda, q11P l~ habían
ayudado tt. efectuar la &lt;kt1lt1,irió11.
Aprovedrn.ndo la.s mil &lt;'OIIBt&gt;jHM referentes .-1. nnei,;tru bPrne, 1-1.lg-11110:-i individuos de buen humor pi11t1:1rnn &lt;·on c·i:tl,

sobrP un gr:-111 boquete que da P11tradH
A, una ruev!'l, 1rn enorme letrero que di&lt;'e: ¡AGUSTIX LOREN1/.0! ¡QUINCE

~llLLO~E8 DE PES08! J-fay

(J:UP t:Oll·

fes»r que lograron impresioru-ir a.l público los t·hus«·us HutorPs de l.-1. i11:-icrip&lt;'ió11, pues al escog-er parH, f'sta 1rn lng-Hr
apropiado, realzaron todo lo que el
asunto tiene de fa.bu!oso.
El luga.r A ludido es nno de los reµliegues qnP lrnl'e11 los belln:,,1 y sobPrbioA
acaatilaUoi:; que fnrrnit.11 1-11 l ':Hlón dP /;1.
M;-1,110.

El vRlle d e Jg·nal;:i e¡,.; típi co; puede ser.PF~Gr\SO

miP,11tJ"H.':! el tren 1-1traviesa el Cañó11.
Ha.ce11 muy mal las me&lt;lro¡;¡A-FI ~.,ñorns·
deben Aµroveclrn.r le.oportu11id1-1.d de ¡;nzar de un c1rndro euya ra.r1-1, hermosurn
pocas veces se ofrece a nuest,ros oju&lt;,1,
Al penetrar PI viajero en el Cañó11 1 t'O·
mie11za », recorrer un dilatl'l,do y tortunso callejón que podrá tener cineo kilómetros de lougitud. Eu el foudo. ve a
Ún lado las aguu.s del arroyo, y tt.l otro,
el viadacto por donde ca.mina el tren; a
&lt;lererha e

izquierda, ve dos

e11orme8

a.ca11tila.dos, la1-1 masA.s di-&gt; los cerroi,, que
forman el e1-1llejó11, y que allí están ;i,
µloruo. eual giµ;n.utescos muros, Hit.os.

muy altos. dPmal-,ia&lt;lo altos; y más allá
del borde de los muros, tt.p1:1.rec:e un jiró11
de cielo, de cielo claro, de cielo tiUriano,
de cielo de un purísimo a.z.al cumu el zufiro.
No sP cual es la alt,ur;t máximH, 11t, lo:-4
aeantilados. pero recuerdo que ell der1H.
OCHJó;iú11, vi tres rJ cuatro zopiloter; qnf'
vol~bau tiobre el tren, eomo si lo hubie-

1

En ' The Metropolitan Museum of Art/; de Nueva York

IJ.t malll-lll;l nn1c•1•iúr hal,íam(i,.: Yisto,
df' prisa, (lPtP11i&lt;'·ndo11os &lt;l))Pnas ,u1tr
algunas Jllül'&lt;LYillos,1~ (·or:;;1s , lot-. snlo1H•~

dr• 0sc·ulturn. los histúrieo,.;, los de
lot, dP a1·n1Ht. ...

insLrntrs sólo &lt;1d1nirnmos, Pn In!-. ntst.tK snl11s de,.:tinadnr-. ,ti !Dgipto, las tela:-; pi-imitiYas, r entre &lt;'lhu;: mrn interf's,rnlisima figunt df' muje,·, dPli11Pad,1 _\· c·oloridn, mil..s o menos, al modo de lof-- d0
la ~PrPn1phaPlitc~ Brotlipl'l1ood••: bt8 1·(•&lt;'onstn1c•eioneR de tumbas ~· templos:
In c·uriosísinrn eolPc-c·ión dC' 11101ni.-ts ....
Unos mon1entm; sólo pudimo;,; goz1u· C'l
pn{.'anto de las c·C'rúmiens c·n1i1·iehosns,
suaYes, d1: nnn RU}l.l'&lt;'lllH elp,g;-mc·ia fornuü mudias de 1:llns... A11enus si uno:-;
minutos pudimos Yer, i:&gt;nti-e mil tn1bajos de bronce y hie-l'ro, un1t arn1;1dm·a
de !J11is XIV, el cabezal tlr la del enlmllo de Feli1H~ JI: lanzas, YC'nablos, es·
padas bc)lJas y c•norrnc-&gt;s, tJUe nm; hajernn a la mente, pa1•fl justiliear- a rn1PH·
tro asombro, (JUe Lales pesa.dml1brc-&gt;s
pndiN·on ser ITHtnejaéhts por bni,ws y
nutnos que 110 pe1·t.enec-ieron n ningún
Morg1-rnte, C'I n~1·i-;o .dP Lr Chanson ck•
Roland: "le fe1·, t,eul, fenüt h1 eharge
d'nn nn1let* .... Sólo un lwe\"C' rato pudimos ptti:.n1· la YistH en los salones ele
Pseultura, en 108 c-1rnleR, amén de c·opias &lt;lP hu; obras ungidas, y aun de algunas origina!Ps, existPn lindas ]_)l'O·
chic·c-io110s rnode1·1rns, ('ntre ellas nl1'inR
de esculto!'es ~·ankees, f]Uf' nos hiC'iPron conohor11.1· la rectific·a('ión dC' juido aceren fü•I nioYimiento al'tistico del
gnui pueblo, que habiamos ffrmcmen-

1

la páqina OO.

La D01110 fll,f Cford , t·11rl(frn d&lt;'
Rr,111lJ1·0 ndt.
l(, inic-L¡¡do, 11110~ dh1s ,1111.c,s. frpntc~ 11

11n sol,C'tl,io dt•Hn11clo, ante un irnpc &lt;·ahle mál'rnol &lt;lc&gt; l-:li1·am Powp\l , (:'11 In
1
•Corc-onlll Art C-hdl01•y&gt;,, d€• \Vashingto11 .... Apena-::,; si un minuto bunlJién
J)Hdimos fij,a· la mit\ula, en pasmo, ante• una de h1s muc~trns ·má~ 0xquisit118
tlel Hem1.ci miento, nnte un \'asoclr BPn\·en uto, &lt;1ue :-:;unrn todns l.1:-; gmcias y
todas lns delic-Mlezas del 01-felH·&lt;• ....
0

Y liénos lior, c·on la amplihHl flC' la
1rnula11;1 C'ntera, ('.n el Depnl'tnrnc nto
&lt;lC' Pintnnu;. Mrb ch~ &lt;·w1re1ila :-;alas. A
l)C'tiil.l' el&lt;' lo no roe-o fJ ue luty meclioc:re,
los lienr.os su tiremos - a.un no eu el número, indmlahlemente, de los clf•I «Lnu\TC\ de lot-i del "British 1luseunP, ele
los dP l.-1 «G;t]lerin dPgli Ofizj" red.11narían la q11ieta _\· dcYoi.n .itc-nc-ión ele
1

hrC'a ...

Ya conoei,1mos, c·omo dic-0 nuC'stro
a111ado Don .Justo Sie1T,t en su libro
ele inklj¡:wntPs notas sobre esta t,ien·,t
y;u1 kE"P, a Hem hmll{lt r a los clemá.s
gn111clC's pintot·Ps, leido.~ ... ). agrego yo
que nun f/ra7J(lrlo.&lt;;; pern (•l \·e1·loR a.
eJloR, a elJos mis1110,-; C'll :-;us obr~ts 1 Pn
lo c¡up fué ta P~enc-i&lt;.1 m,ls c·;11·.-1 df' RU
P!';T)Íl'ilH, ('!'H para llOROtl'OK (1(, un ('1101'nw intorós. En e l ~~,1lional :\[useum»,
dí' " ' ,tshington, b1hiamo:-, ~-¡¡ podido
"lW!'clC'r llllH lllllll&lt;UH\" an te SPÍS u OC'ho
J)J"Oducclon('~ &lt;IP p¡.;tm;: u11 Conegio,
nn Perugino, un "atribulflo a Rembrilncltij, un füllC'l'a: pero ru1ui pi e,rn-

\"al'Í&lt;lS mallclll¡_\:,;, __

2. Don Plutarco Gon2ález tal vez no hubiera perecido en Platanillo. oero q1liso sal _ar
pi:&gt;rsonatmente a un oficial de sus tropas 111
timo ami~o suvo. llamado Lauro Cárdenas. Y
encontró la 111uer1e al ej .. cutar aquella ge11e•
1osa acción •·á den~!-'. el oficial salvado. era
tin del autor d • este libro. y tuvo en su v da
1m rasgn muy honroso q11e me permito consi~n11r aquí con satisfacción. Cuanilo los nor•
teamericanos atacaron el Cast,l!o de Chapult eoec. Lauro Cárdenas y Al'l,!él Colina, tio
también del que es.lo e&lt;:cribe formahan parte de un batallón organizade en Toluca para
combatir a los invasores, y mand11do pnr entnnces a Chapulteoec para ayudar a la rlefensa
del Cast•lto Según el part,.. J'"l11tho •1611 ~enl'I•
r-il Ni olés Rravo . "º la noche anterior del
combate. hubo una. deserción numero~a, Y
de· batallón a1u 1ido, só o permanecieron en
su-1 pu~stos, muy peligroso• p;r cierto, Lauro
Cárdenas y Angel Colioa
Apena9 habhn dPr,olado y matado a Gonzllle,. los rPaccionario~, cuando atllca·fos aretilgu~rdia, fueron deshecho, a su vez ~or N~
grete f&lt;'ste levantó el campo y llevó el c11d~ver de don Plutarco a Cuernavaca y despues
a Toh1ca Durante su ei,.tancia ei1 la primera
ciudad. el cadáver e¡:¡;tuvo en el cuarto nümero I del "Me!óón de Salazar," llamado dtspués
"llotel Rohles."
r1

1

1

Ü!lOt-i

t. Del libro inédito · ••Historia y Pais~jesMo-

('-1 &gt;11 111.'1s olir¡¡s &lt;'s1,i. n pn :-.('!lli1rlo Surol!n. ~u luz 1·11idosa, 1·;1hioA
-;,1 n Yf'f'C't-i 1
IH'iilH f'll:dgunos d(• t-illS c·11,1d1·os. MHso1·11r&lt;•11d(•11i.C' de• color b111to c·omo de t&lt;'•c.-niC'it (•] (lp !os "~H(lador('s'', &lt;'n ('! c·ual,
('Jl Llll nrn1· (JU(' t-iP SÍC'lllP ~- (Jtl{' S(' c1s1)i1·a, se• Y&lt;'ll los t·uprpos flC' los n1ueha(·ltos qu&lt;"hl':\11dose, c•11 sus p01·íi.les, ni
C'fPdo d(• la luz &lt;.'1ll1·c• f'! ;-1gw1: y asom•
hrn~o cl&lt;. \"ida, dr colon•s, d0 luz Hohl'C'
todo, ("I f•Dc•t-i]lUl°:-; dt'I hc1(10», en el f]U('
In R.í..hann que• c&gt;xtif'ndC' tm mozo sohrp
los hombro~ de la hariista, lh\ 1•pc·ogúio
t()(L\ ln nrngia clt•I soJ; todo pJ mdioso
hl,111c·o dPI sol de L1 c·oRht lP\"i-rntina ....
No (Jnit&gt;rn clej;u• de c·itnr, Pntl'e los
PL1.-1cl1·os frnnc·PAl'S moclenios-110 c·atalogado at'1n, 1io1· (·i()1to, H eaus,t Ü&lt;' st1
l'ecic~ntC' adtJHisición, que f'ostó v,n·ios
&lt;•ipntos de miks &lt;IP dó!;H&lt;'~ la ~SalonHh dt• Hf•gnault , rs,1 Pf..tupc•ndn oh1·,t
&lt;'n f] ue no sr• s,tlH• q ne'• gu:--;tar eon más
&lt;lt•l(;.&gt;it,e, si ti (•,irn sens11al, Pll la 1Jue el
clei.;frc•nzado 11('10 c·o1·yino C'nerntdra los
hPllo¡.¡ ojos rnalignos dE:.' ht 11riuc·Psa ju.
llía , o la 11c'rf'0&lt;-ción pidól'it.'..i d(' la tela
tJue lllal &lt;·uhre,, €'! !'(-'gio cuC'l'l&gt;O y de!
tapiz .Y la. piel l'!l que SC' hunde el lH'PS·
Ligio de loR c•;u·nosos lliei-: fü~ la he1

Poi· A/(,_j(l11r/ro Q11ijo110.

relenses."

Po-'W

g-1'111 fr1g·J¡', s , S('l"Í1111 ,.n IJ&lt;lC'('S dP pinbll'"·

IMPRESION PROFANA

c•t 1 -r,í.mi&lt;·as,

dt•(·!a1·,111 qui• lr,1.,· ob!'ns suyas 1(qt1c•
11i11gi'111 il;1li,1110, 11i11g1'1n .-dem;i11, ni-11

E11 los H:tlunei:- dPI siglo líltirno .\' dP
los 1ÍHJd('1·no:-;, ptHlimosttye:.•1· n1rios m a gnífi&lt;-cit-. liem:os f1·;1nc·PSP:--;. &lt;h• Cm·ot tollos Hf'l'Pnidnd ,\" c•11s~iel10, t-Jt, l)('lilc·i-oix - todo:-; nwYiniit&gt;uLo y \ ida - , de
~·Je:.•isso11ier, clr (krnme, dt&gt; Bouguc•i'C'nux; Yarios c•i:;plc'·1Hlidos ~\'i.-hist lrt·•i,
l'lllre ]oi-; que~ llll •:Ko&lt;·ttn·no (~n YC'l'dP
.\" 01·0" dN,bl,c·a su p1·cHligiosc1 C'lP¡.rnnC'ic,1:
algunas otnis «c•o:-;asª y1n1k&lt;•0s, dr un
nlicnto uueYo, q11r no por sel'lo dej,1
de SC'I' Ye1·osirnil: ~· s&lt;•is u o('hu tPla:-, rsp.-uiola::.. Zolun~;1, t'l inquirli-1dor Yns&lt;·ongado1 &lt;lP tJUien unos di.-1s anlC's de
uuPst1.·o an·ilio a h1 nl'hC' ttlllC'l'iC'ann s('
liahía c·elehn:1do 1nw exJH)siC'ibn p:ut ic·uh1r f'l) Brooklyn, y fü,] ('llcll ,YH hahí;-1mos Yisto una gnrn tt•la c•n \Y11slii11gto11 , tiene ( 11 PI ~.I\feti-opolit,a,i» sólo un..i
11rne8tn1, la Htevnl l-'ll «Ca l'll\Pll". Ji}J
lienzo, al t.1mario 11,11 urnl, lllUPstnt In
factu1·;1 clel autot Pll todn:-i sus (·a1·;-1,(•Leristic-as dr C'Olorjdo, de dibujo, &lt;le
fondo; esas que lo han hecl10 famoso y
discutido, a.l grado de c.11,te junto a algunos que mny poco le conceden, otros
1

Jamti.., Stuort Duque:de Richmond
iJ Lenox, cuadro de Van Dick.

PEGASO

Felipe IV ele JJ.:spcuia, cnaclro ele
Diego de Velázq·ttez .
5

�Salomé, cuadro de Henri Reg11nu.lt.
dales mayor, mucho mayor. Casi todos los grandes maestros están presentes, y a]gunos en seis u ocho telas.
Desde dos ((escuela de Giotto~-no se
sn.be si los cuadros son, en efecto, del
primitivo que tanto nos ha hecho
amar Ruskin en sus 11 Mañanas de Florencia»-ba.sta un capricho del genial
sordo atagonés Don Fra.ncisco de Goya, las grandes firmas, c-on la falta, eso
sí, de las torl'es del RenacimientoLeonardo, Rafael y Miguel Angel- están en ei;;tas galerías, es1iecialmente
en las que oc-u1rn, 1a 1&lt;Alti;an Co]leC'tion».
La escuela ita.liana-con la falta dicba----tiene copiosas y mu.v importantes muestras, destacándose las de los
tres más ilustres venecianos, los señores del color, los grandes 1(luministasi),
Giorgione, Tiziano, el Veronés, de quienes el :Museo ostenta sendas obras. Lfli
del Tiziano es el retra.to de Fi]ippo
Arcbinto, a quien nos muestra, a.1 tamaño natural, sentado, en elegante
actitud, cubierto con una, capa de terciopelo rojo oscuro, asombrosa de verdad. . . Ante estas obrn.s l1enas de ambiente. con la harmónica gracia inefable de la luz que las rndea, se recuerdan
los elogios de Reinach, que dice que la
pintura veneciana «parece menos preocupada de los objetos que representa,
que de la atmósfera que los baña, de
la luz que los penetra y envuelve)'·
Pero los holandeses y los es11añoles
eran los que iha,n a llamar más nuestra atención.
La escuela holandesa, prodigiosa de
realidad, maestra tanto en la linea como en el color y en el tono, atrae 11or
la prodigiosa verdad, por la fuerza
austera y sobria del gesto y lle la actitud, por la noción de simpatía (] ue
imbuye. El claroscuro, del que fueron
reyes aquellos hombres que parecían
tener en su pak•ta juntas la luz mel'idiana y la más profunda tiniebla, para
corn binarlas sabia y artísticamente, es
uno de los blasones de ese grupo, en
el que, huelga decirlo, esplende, con10
primerísima figura Rembrandt, tenien6

don. Rll IAdo a Frauz Hab, il Ynn QR tnde.
El «relrn.to de un hombre», la wdama
ron un dave1~, dos «auto-retratos», la
~Yieja cortándose las uñas~, son, de los
qnince o Yeinte lien,;os ele Rcrnbranrlt,
los que más atrajel'on nuestra a.dmirarión; y al mirarlos, sentíamos el ansia
cle ,ver las otras famosisimas telas tlel
holandés que se encieran en las galerías eu rnpeas, las cuales son 1 dicPn los
«conaisseurs*, algo estupendo, superior
aun a lo que el «Metropolilan» guarda.
Alberto Dnrnro y Holbein son los
amos entre los Kalemanes», como Rubens y Van Dyck lo son entrP los ~ttaruenros1•. De este último tiene un singular encanto el retrato de J·amPs
Stuart. El rostro, las telas, el em•aje
del cuello, el lebrel que acaricia el
magnate inglés, primo del dC'ca.pitado
Carlos I, son hechos de mano mae8tra.,
precisa, justa, como obrn df' los maduros cuarenta afios del pintor.
Pero-se dice antes-nuestro viejo
.-u11or hacia. Velázquez, en el quf' se
nnia quizás a la admiración aJ artista
el nexo racial, 1108 llevitba acuciados,
dejándolo para lo último, ron el ansia
de llegar, de sentirlo, al través clP la
1·etina, dentro del cerebro. Así fué eómo, por fin, después de ver, con (•ierLa
prisa un poq uitin inespetu osa, n n
11
Greco~ y dos o Lres lienzos del Espaiioleto y de Zurbarán, llegarnos a. él.
Primero en ]as cuatro telas que, amparadas bajo el dictado de flEscueJa de
Velázquev, r dP las cuales tal Yez más
de una sea del propio seYillano, .v luego y principalmente en "las dos indispntablemente suyas quP se ven en la
Colección Altman, pudimos aclrnira.r la
f'aetura del 11intor. .Entre los primeros
eua.tro lienzos, q ne rnvresentan, todos
en busto, a.1 Principe Balta,mr Carlos,
a Olinues, a fa, Reina Mariana y al
propio artista, nuestro mezc1nino conocimiento de las técnicas peculiares
nos hizo creer \'er en la efigie de Ja
mina el rastro d01 maravi11oso pincel
de Velá.zguez. Si no fuera ciertamente
ele él, sus caracterns, su modo están
allí copiadOs a la perfección; )' el cuadro, además, es fidelísimo trasunto,
·en medio cuer:~o, ae1 retrato que se

La esposa de Frans Hal8, cuadro
del ·m ismo.

PEGASO

artista, i:;ohre rl pÍtdo1· ¡:,r'PilÍ::d al Jado
de c·UYH8 olwas, dict' 'reine, borlas [a:-;
de todoR lo8 dernát- pintorc8 pal'ccen
mtwrta~ o aerulérnieai:;, no ha sido conlple~a, 8111 Ptnbaego. Hemos, 8i, Yi8Lo su
estilo, su modo; lle1·0 e8 1 sin duda,
romo s1!&lt;·Pde eon RPrn bmnclt, 1 Pn IH 8
prod11rc·1onpi-. c·on quP ·1as gaJedaR curope~~ 8€-' enriquer·Pn en donciC' su eon&lt;·e11e10n de la ,·ida, y luego 8 u 111;1,ravillo~R faeturn. úniea, lucen con toda. l.-1
pujanza., ton todo 01 vigor (lllO los crilíeos lr 1·,-•eonoc·e11 para sancionarlo como una de las g1'anclr8 f'umhres ele la
humanida.cl ...

•*•

Lady l?ic/1, cuadro de Ela11s
HolbPill.

consern1- en el Prndo. SuR dos obra~
indudables, un retrato de l:!1elipe 1V y
t(Cristo r los peregrinos de Emáus~,
son producto de la juventud del pintor: vero en unn. ). otra se advierten ya
la inimitable sabidnda, la. sobriedad,
el ambiente, la fuerza que ostentan
sus obtas de época posterior. El «Felipe IV», que I'epresenta al rey en sus
n:.únte, aflos, y es de los primeros en
los mucho$ retratos que del momuóa.
ha,bría de haeer su corte.sano, es un
lienzo del tamaño natural, que nos
muestra, la. figm·a en pie, luciendo simplemente, sobre la veste negra, el toisón de oro. Las manos, a mi ver, son
perfectas. Una repo8a sobre el pllüo
de la espada, otra ase una. carta; por
ambas circula la sangre; en ambas-los
músculos gnarcfa,n la tensión precisa.
El rostro del degenerado buen monarca, severo, con esa seYeridacl de los
austrias, mística y cc11uda. en el César
y en Felipe 11, humaniia.da ya un poco
en este Felipe IV, es asimismo ele una
Ycrdn.d incuestionable.
En e! «Cristo y los 11cregrinos de
l!Jmáus 11 , obra también &lt;le la «primera
manera.¡; del artista, la figura del galilf'o es muy be1la 1 pero un tanto fuera
del estilo del n.utot\ siempre realmente
humano, aun en las pocas obras en
que, dejándose llevar de la tradición
pictórica, sobre todo en la época de s'L1
matrimonio, hizo varios lienzos sobre
temas sacros, pero con figuras vivas,
llenas ele sangre y nervio, no extenuadas, no consumidas como las de casi
todos los pintores místicos. La cabeza
&lt;le Cristo es suave, quizá.s un poco duliona, uamurillada», digamos. Los dos
discípulos sí son ~velázquicos» en absoluto. El qne mira al frente parece
ser tomado del mismo modelo que dehió set·virle en otros cuadros un poco
posteriores, uno de los herreros de ~
~fragua de Vn1cano)i, quién sabe si uno
de los famosos c1borracbos~ ....
Nuestni impresión sobre el enorme

C~iando salimos,la, nieve que eubrfa
1~ mudad, a,lheaba a las leves earimas de unsol anémico. El frío era inte~1So; no tanto que justificara el quP
llll coi~pafíero, tn·eviam(;'nte a.temorizaclo, 8111 &lt;luda, por algunos alarmistas
se llev;U'1:l constantPmente fas mano~
il las ot·e,1ai:; pam, conYenc•efSf' df" que
aun estaban en 811 puesto, elándoles
a 11-l vez cariJlosos sobones; pero sí
para &lt;Jue,. en hnscn, de cíllorcillo, grupos df' or10so8 estuviesen estacionad?s, en plPfül Quinta Avenida ,·o]nendo hacia lo alto las caras m~ndas
husca.nrlo al soJeeillo aquel, enfermiz~
Y pálid~, 9UP, lanzab~, una poln-e luz
que enncluu-m a las yue sabios pincel?s habían dejado en algunos de lo~
lienzos (Jue HNthábamos ele ver . .

EL MUNDO EN GUERRA
Cuadro que muestra con expresión de su riqueza, su extensión y el número de
sus habitantes, la actitud dP las d iversR.s naciones en la contienda en que actual
mente se debaten la, ma.y or parte &lt;le los pueblos de la t ierra.

POR LA DEMOCRACIA
HlQUEZAq

lJél¡¡. ica ............................ .

D.000 000.000
Congo ................... ...... .... .
Imperio Británico ........ . ...... . 1 :rn.000.000.000
China ..... ......... .. .
10.000.000
Fri..ncia ................. .
:;o.ooo 000.000
Colonias.
.; 000.000.000
Italia ..... ..... ·- · ..... .
20.000.000.000
Colonias ........ ,. .... ... ...... .
Japón ...... ................. ~ .......... . IG.000.000.000
Colonias ................ ......... .
11on teneg-ro .................... ..... ..
Portug-al ......... .............. ........ .
2.G00.000.000

11.373
noo.ooo
12.743.766
2.1Gg.200
207.054
4.776.0:)2
110.62H
096.000
H7.65o
110.Gll

ººº

:-i.630

:15.+no
8:J2.~67
88.000
8.G±i.6a7
3.741.828
1.000.000
628.000
3.29:2.000
46 000
02.380

Colonias ........ .................. .
Rumania y Serbia .. ,. ............ .,
1.000.000.000
Jtusía ..... ...... •- ••· ..... ... ,. ......... . 10.000.000.000
Esbidos Unidos ........... ....... .. 250.000 000.000
ArabiH, ... ................... .

¡;~~\t ·::::· ::::::.::: :: ::: ::: ::: ::: ::::::

l:; 000.000.000

Cuba..... -............. ··-··· ··· ... ... -..
Panamá ................ .

'l'o"l'Al, ... . _............ :¡; 547.~,oo.ooo.ooo

Mai·m,-1917_

40.123.:;S6

POBr,ACION

7.::i00.000
15.000.000
4:J7.::i00.000
±00.000.000
40.000.000
48.000 000
%.000.000
2.000.000
M.000.000
20.000.000
1i20.000
H.000.000
9.200.000
10.000.000
180.000.000
110.000.000
:J.500.(100

º·ººº-ººº

24.000.000
2.:;00.000
427.000
1.4H.147.00o

CONTRA LA DEMOCRACIA

LA LIBERTAD
(Ven.ion de .Jase d~ Carn)

Ariosto &lt;·t1enta \a,-histor.in rle un hn.&lt;la que, por ley misteriosa de su natul'aleza, estaba roodennda a, avareccr
en ciertas época~ bajo la foL·ma de una
horrible ). venenosa serpiente. J.JOS que
la maltrata,ba~1 duntnte el pceíoclo de
sn metamórfosis &lt;Juecfaban excluí&lt;los
para siemp,·e de los benefic-ios que prndigaha a lo:-.; hom hres. Pero, en cuanto
it ac:iuellos que, ~t vesar de su aspee-to
J'epu]sfro, la tenía,n lá.stima y ht protegían, se revelaba más tarde a sus
ojos bajo su bella y celeste fo1·111a, natural, seguia. sus pasos, satisfacía. todos sus deseos, c·olmaba, sus casas de
riquezas, y los harín afo,·tllnados en
amores y en la guerra. Así es esa diosa que se llama Libertad. A veres toma la forma ele □ n odioso reptil: se
arrastra, silba y p1uerde. Pero iay de
!os que, llevados de aversión, intenten
aplastarla! Y &lt;ll.C'bosos los hombre~
que, habiéndose decidido a. acogerla.
bajo sn forma .úegrac:lada y espantosa,
se vean al fin recom'pensados en los
tiflmpo8 ele s11 helle7,a y es11lendol'!
rfOl\fÁR BA_BTNGTON

:\[ILLAB CUAOS

MAC' A ULAY.

Austria Hungría.····- .... .... .... $ :J5.000.000.000
Alem,mia._ .. _._ .. _.. ..................
SO 000.000.000
Colonias ........ ............. .... .
Bulgaria y 'rurquía ... ......... ...
:J.000.000.000

260.0:H
208.780
1.027.820
l.46tl.H8

±0.000.000
G:;.000.000
14.00u.OOO
3il.000.000

108 000.000.000

:!.il\\0.08:J

lGJ.000.000

190.0.,0
90.~,(j!

20.000.000
1 000.000

!J:JO GOO

20.:;7~.ooo

+ O-k9.899

,n.ooo.oolr

:J7.6H8

U.500.000
:1.000.000
6.000.000
37_000.000
3.000 000
:J.459.000
-,.680.000
:l.700.000
25 641.000

l'OTAt, ......... . ......... !¡;

NEUTRALES
España ....... ............. ·-· ·· .. -···-·$ :; .±00. 000. 000
Colonias .. ,, ............... ...... \
México y América Cent, a,I excluyendo a Panamá ....... .
:;.000.000.000
Sud América,, excluyendo a.
.BraqiJ ........ , ............ ... ,.... . 1.,.000.000.000
fodiAs Occidentales, .B.'aití y
Repllbll(';:i DominicA.111-1. .. .
Di □ amarca .. . ............ ._......... .
1.000 000.000
1
1-'aises Bajos ......... ,,.Q f. ... : ... .,
5.000.000.000
Colonias .......................... .
2.000.000.000
Grecia ................................... .
1.000.000.000
Noruega ............................ .... .
2.000.000.000
Suecia ............. ............ .......... .
2 000.000.000
Suiza ............ ....... ............... .
+.000.000 000
Ot,ros pequeños pueblos ....... .
±:J.±00.000.000

9.710.SG:;

697.900.000.000

5~.824.33:J

TOTAL .... . ............ . $
'l;O'l'AI.. HENER!L .. $

102.06(\
l:J 6-!8
1.04(;.4-!3
46.55:J
124.129
172 876
13.976
2.922.365

173.::ifí:J.OOO

-------

1.731.7110.000

RESUMEN
H queza

Por et). Superficie
en millas

.Por cto.

Pobla"ion

Por eta

1 414147.000
·104 01 o 000

80 7~
9 33
9 95

cuadrada&lt;i

Por la demEJcracia . $ 547 .MO 000.000
Contra la
id.
·108 000 000 000
Neutrales ......
,2 400 0,0.000

TOTAL ........

•

78 4:i
16 48
6 07

-·---r'---U·~HO((OICO

PEGASO

•J(

o.

,o 123 586

2 960 086
9 740.866

62 !24 513

75 9;¡
5 62
18 4:l
100.

1í3 553 Ol O

----1.751 100

too

100·-

7

�noches Pn que \·igihdrn en unn ¡]p
-trincbPrns del frente, loR pe1ToR c·o
nr.aron repcntinanwnh H dílr 11111C'tiile inquietud~- a grn1iir 11111:r PXc-.i. Los soldado conod,rn u :-;~1t-\ per c·onfütbün en PllOR: i11m0diab1te telefonearon l'l los at1·in('hernientos inmf'diatos, pidil"ntlo 1·pfue1·• y Yf'inte y oc·ho minu1os después
11ue llegaron c',stos, los ak--'mane:-;
•aron fu 1·iosiul1C'nb::.e\ puP~to. ¿Co1110
diemn (•uentf1 los J)f'lTOt-i d(' l,t prn~
:dmicla&lt;l del atatJIH'?
En PI Pjé1·tilo !,p]ga , los p01Tos hnn
mplozctdo a loH e-a ha Ilo:-; t•n el t l'ans11P ele !as nmetJ•;-llla&lt;lorn:--, según
gura el &lt;·órrc•~pomm I dPI "Bor-.ton
t.• JJ08 of-icialps afiL·m,1.11 que son
útilf's que• los ta.hci llos y qnc
ncitn loH fusiles de las m,Lnos ele
('Df'Hligos &lt;Wn antes &lt;lP qu&lt;.' &lt;.\:.tos
yan si&lt;lo aniquilados. 1JOS J)PITOR
eden ademas rubl'ir~e ele lns ba-tln8
mig1-1s en las ü·inchern.s, c·osn imible en loR anima,les gl'andes.
En Rnsfrt se ha empleado el los JlP, IJRl'H eonduc•ir municio1ies 1 :r g~·c1. a la rapidez eon (1 llP ejeeutan eRta
bor,c·onfiada. anteR it homln·es q11e

é!\-;lnz;-iban att·astrá·1d·) ,. : f', :::p ah&lt;1ster1-1
r fi cazmente a lot-: ~0lihirlns rlescdr !ns
l'atTOR de parqnc, fJIH' t~stri.n RiemJH'P 11

1

'· rPtagn1u·clia ~· lejos dP In l ÍIH.'H dP fuego,
A1nhos c·ornl1alic11tes em1&gt;Jc,;:rn ¡it&gt;rro_s c_-enti,wlns y perros (1 stnfptas.
M·a1·qui-... un pe1·1·n f1·a11r .~.H,.t·1·H½óu11
eampo hnrl'ido poi' bs g1·an&lt;1tfas ¡hu·a
llcYar un mpnsajr a 1111 grupo de :-.oldn.doR fni.ncesf"t--. llpi·iclo mo1·tal11wntc
poi- Llll 1iroyeC'Lil, llt\.4Ú :1rrast1·ri.ndo1-.P
al punto de :-;u dPstino :-,· (•11mplid,1 :--11
rni:-;;ió11 quedó lllll()J·to. t-;to¡1; dPI 1:)'·'
Ül1f'q10,

,

. ·. ~er.~;¡_,...,'

~¡~ ·f~;,,..;¿

('11/Dleadn en el RPl'ácin .-;anitorio
de lo.e; aliados, pmristo de 11uít;c-r11·&lt;1
LJ(u·o li_h ra 1'8f de los un.&lt;;t'.~ ruJi.1·ia 11tr

P&lt;'ITO

1 .-;.

ARTHUR JAMES BALFOUR
Continúan en tnr110 de Lens los encantizados (/taque.,; emprendidos !toce 1·arws r;emwtas l)QI' el tiército inglés para arrebatar o lo,,:, alemanes esa importcwte posición. Ella dará acceso a /o.c; aliaclo8 a tas llrfl111ra.~e11 que ,'ie enc;u.e-ntran Douai y Oambrai y la resistencia es a causa de esto tan porfiada que ha .sido nece.scu-ia toda la elierqia inglesa para arrancar a los teutones algunos de los fuertes que rodean la. disputarla plaza milita,r. Pero si e'II dirPcció11
de Le11s elai;ance ha sido muy lento, no ha pasado lo mismo en lcu, operacioues q11e a la rez Sf' hr111 estado der;arrollrrndo más al sur, donde los 1wldados de Douglas Haio sB han apoderado con relatirafa&lt;'ilidarl de una uran zona de atricheramientos enemigos, fleJ.'ionando La lín ea olemana,JIJ a1Jro.l'i11uí11do:-,r' por e8e lado hacia . Ca111bra~. Los batallas ,'ie
suceden en e_sa región a las batalla:'&gt;, ~os contra-ata:~ a los _co'.1tra-_ataq11es u la .'i((l/{}1·e ale;11uuw .11 la h1{flesa, c-outinúa corrie11doa torrentes. En los ultimo-s enc-uentros ~ ha d1stwguido uotable111e·1de el cont111oe11te del Canad(I, combatiendo con heroísmo rerdaderamente espcrrtano. A "il se dcbf~ la conquista de las crestas de Vim!J, po.'&gt;ición que Los teutones habían fortifi_cado co,i el m ctyor f'SnBro !J contra la Cual se hdbían estrellado anteriormente las á;J~t:erri.da.r, tropas del General Maud'hu,y.
Nuestro fotograbado representa 1uw de los nwcho:~ episodios que .se lin11 registra.do durante lafi últimas semanas e-u el frente occidental, en la qneartillería juega el p1:incipal pa:_pel.

LOS PERROS EN LA GUERRA.
Los perrns fJlle ahora son &lt;le&lt;licadot-,
a. la guena no son fprocé:-:; : al c-ontratio, en lugar de c-ausar daflo prestan
los más titiles servicios. Estima ntr.
Ellwood Henclrick, corresponsal de
71/ie Cross Nlayazfue, que lo&amp;; diYersoR
ejércitos en campafia están actuahnente utilüiando en los complicadoR seryi·
cios de la Crur. Roja más o menos diez:
mil penos de varias ehlsE's. El más 80licitHdo, porque ha re\·elado mityor aptitud 1rn1·a el caso, es elde mediano tamaiio, fuertf', gris o negro, manso y(!('
buena yistfi. En geneml Rf&gt; vn.. fiei·eu
los f'l'llí'ti:t&lt;loH de bulldogy nrnstín, c·omo
loR perros el(&gt;\ p,istor, 110.ljC'ia; PointerR,
Airedales gnmrleH y otrns.
Pm·a cdncat a estos ~])f&gt;lTOs :::;nnitarios)i, como leB llaman comunrnente

los alemanes, se les eusefia primero u
distinguil' el uniforme de las tropas de
su país del de sus enemigos. Después
el inteligente animal aprende a cono-

8

ccL' la, iinpol'tanc:i,i.,dc un het·úfo, a ]J(--'YaT el so amo no~ias de. loR lPsionaclos que haya. Yisto en eJ rampo dP hatu.lla,, ,1 repri1.11í1· el i11stintivo de:;00 dt:i
ladrar para evitar los disvcuos; c1ue pudieran hacerle. El pe1To llena (•staR
funciones de difé1"entes nianf'tw,;: Si no
encuentrR. heridos tlurnntf' su excursión, regresa y se echa trnnquilamente:
si los encuf'Jlti;a, incita a su a,mo a seguirlo. El c.ómml de los E¡..,tados Unidos Pn Bnrnswick, habla de un método
empleado eon los l)el'l'os adscritos a
il;L lwígada~ saniLal'itlH del cjérc-ito alemán. Los penos lleYan unaR peqnefias
('int:ú;.; pc11dienLc8 df'l e-olla!' y ruirndo
entuentran un lwridopn 1:rnR exploraciones nof•tunias, eogcn los exh-Pmos de
ellaR ro11 el hocico. y !'egresan pa1·a signjficar que banballadounhombronniformado en el campo. Este rnedio tue
adoptado pa.ra evitar que los perros
hicieran lo que es muy común en-

PEGASO

los penos ~le üusra, fLl)otlerarse
~· llenu· ,ti t1unto de partida alguna co:m peüeneeiente al herido (la gorrn,
un guante, un gil'ó.n de vpstido) o algo
1·ec_•ogiclo Pll las innwcliacionC'H, (•omo
una l)iedra o un puüado de.hierba. Esta pni,diea tenfa el Ínf•OnYeniente ile
&lt;1ue los perrns jamás regresaha.n sin
algo y generalmente tomaban lo primero que Yeían. Pl:-'t'L'OR había que regresaban con 1w&lt;lazo8 de ropa.a1·1·ancada a los heridm;; otros que, pni,;eüados
a l.'ecoger únicanwnte b gorra de los
solcladm-;, cuando no la hallahan, los
cogían por los C'abellos.
Los perms sanjtarioR no son adieslnulos para, bufira,;r muel'toi-;: su ta.rea
PS hallar hel'idosi y C'Wt,ndo tropiezan
eon un ruerpo inanirhaclo, pasan de
IHtgo. Cada uno ele elloH \le-ya un 1,aqucte dP ptinw1·a curn r sabe quetoclo
lu., riclo 1merle tomado. Se les ha enseüado tarnbién .:1 l.le,·ai· r·artas de un
ptwsto &lt;t otro y a dist.ü1gi.ür los diyei·sos puestos pol' sus nombres. Sirven
tanbién de ayuda a los centinelas. Un
oficial francés refiere qne una de tan·
Ü'f'

Algunas características de este hombre de Éstado.
Mr. Balfour, Jefe ele la Comisión
!l'itániC'a que aebnalmente se eneuenen I_os Esta.dos Unidos, es nn hereJem11lo ileJ educacionista dedio a la política. Para bien de la meida 1·eputa.ción de la aristocrac.·ia,
'tánic·a, desde los lejanos días de
rd Bac·on, han towaclo parte en los
oc·ioR administrati\-os clel l'eino unimuchos hombres de este tipo. Mr.
our es de origen escocés y se haemparentado con los Cec•jls ingle1 qué han sido condes o ma1·queseR
· e Pl afio df' l(iOJ), El t&lt;--'1·ce1· mar.·· &lt;le Salishury, el gmn Prinwr Mitro qu0 suc·e&lt;lió a Glndl4iOtH', c•1·a. su

Eclucaciün de Es(•ori:1. PosteriOt'lll('nLe fué mjemlJ1·0 del Cur1·po Re,rpnte de
la, Universidad de Lond1·0s, R;etor dP
la UniYersiclad de Glnsgow ,v Cancille,·
~e la UniYersidad de ffidimbul'go. En
l1tet·atura y educ·ación su espef·ialid;--id
es la fi.Josofía. DoH de i-;us lihrns, i(Una
&lt;!ofpnsa de la. Yida filosófieiP y "Los
~untlnmentos de la C1·eenc-ia », gozan de
.1nsto renombre en todo eJ mnnclo rulto qL1e habla, inglés.

M1·. fütlfoul' c·omenzó en edad Lemna :-;u vida polític-a, easo haslantP
ún Pnfrp la ar·istoc1·ac·ia hl'itánk·,1.
. ·ió en lfi-1:H, fué gr&lt;'lduado P.11 Can1ge ~· a loR 2G a.ños-, f'n 1874, tigurn)·a romo miemhL'O del Pa1 lamento.
LJrzó romo Srm·etnrin Partic·ula1·
su_tío l.,onl Sali~hlllT f•mrndo éktP
, dista ocnpaba el puesto dP 8P('J'C'o &lt;le Negorioi-; Rixtranje1·0!-i 0 hi:.-.n
C'füTet·a tan rápida .,- Lan ht'ilht.ntP
e en 1902 e1•fl PYime1· .M.inü-tl'O, 1•pntandoen este C'argo, durnntP h'eR
, al partido consetYadol'. Arloal. te desempefla, el puPsto de Sec:l'Po ilr ~~stado dr Nego('ios j:xtrnnen el G::thinete de- Coa,liC'.ióll que
beY.H ('} Primer M.inistro Llonl
rge,

.

Ah-. Balfom· no lrn dedicado úniNlte sus actividades n, la politif·.n, sjqne ha sido princivalrnente educa. A los 38 años de edad fue Lord
r de la Universidad de San Any Vicepresidente del Consejo de

&gt;. Plont,

dPI

1:f' (l(' Cazadopps

Hlpinos, h,111 llí&gt;Yndo 11 &lt;·abo hn'l.,l flüs
&lt;JLlE' los hnn lw&lt;·lin 1',unosns.
Ha&gt;· infioithd ck ~Lop!-i y Plnnt'I:- (tlW
. prestan gn111clf~~ s(•t·'\·ic:ios C&gt;n In~ filns
.\' · &lt;le · c·uy¡¡s p1·u&lt;'h&lt;1s de intelig(';H·i·n,
lc&gt;altad .,· s¡¡c·1·ifieio sf' hnhla &lt;·.011 ('ntosia:=m10 en fnd~rn l~1s :.-.O1rns de haÚtlla.
Ellas f•ontl'ihuyf•n n qLH" frec·uent('ment.0 t--f' registJ-pn Hc·tos C'Omo el df'
un pn&lt;l1•p dP famili,t CJUe clil'igió ;11 Dc&gt;partanlPnto dr Guc&gt;uH francét. la 8iguientc lacónic·a conrnnic·ar·ión:
•'J1engo 1.1etnalmente trPR hijos ). un
)'('1·110 1.:•n las fihrn. Ahm·n do.Y m L Jl('1To. i\"i,·a In. ·i-r,·anC'ia!•

,úlYie1tP la -earac:tC'1·istioa. genial de loR
Cecils ,1 q ne pertenece pm· las lig.u, d(,
l1L sangre.
Un hucn ejemplo del c:ará&lt;·ter ele esta fomili.--1 se C'nc·uPntra. Pn una lllléc:clota qne l..1or&lt;l Geo1·gp Hami]ton rPñere Pn su cleJicioso \'Olumen titulado
"Reminis(•f'ncias~, que ha visto recie11ternenfe la luz púhlica. Lord Salisbuty.,
tío de l\fr. Balforn:, da,bn una ,·ez una
n10de8La eomida (•ampestre en Ha.tfielct
House, su casa de campo em·ca de J;ondres. Uno ck• sus huéspecle:; era un
campesino vestido il la usanz.-1 antigua,
un hombt·e d(l carárter seüo a quien
Lord Sa.lisbury respeta.ha ,r que no se
hallaba muy aJ tanto en ma,terüt. de
asuntos Htera.rlos. Otro dP los hnéspedeR el'a un joyen de la ariRtoe1·aria &lt;JUC:'
s(&gt; c·omplac·ía lllUc·ho en dis&lt;·ntir ,. en
al'güir c·on &lt;-'l &lt;·a1111iesino. Como hl.('011trnn•1·:..i11 P1Íh-c los doK :,&lt;• avinu·a, c,i
jo,·011 11,unóa su intPrloculor •filisteo".
- iPilisf-eo! (•xc_-1.-tmó PI c-ampc si110 ¿&lt;JU(·
c•s Pso'? En tonc•f'~ Lord Sn l ishu 1·y, (j UP
hahía ~wguido li-1 cliHc11sión (•011 murstmR df' de8ag1·,Hlo, dijo tn111quilnHwnt,,, intP1Tumpié11doloK: - Un Hlistf'o ps
1

un (·aballC&gt;rn ata('a&lt;lo n c·oc·(•s por un

asno.
Inútil rs df•f·ii- que rl ]O\"Pll Lornü in1110diatnnwntP su somlm:•t·o y cl&lt;•]ó &lt;'l
( 'fülljlO.

/

.

.

Balfour C's un miembro 1listinguido
drl fanwso Ulnb Hral de nGoll\ de San
AuntJUC' hl1·. Balfou!' Pt-. 1111 honilu-P
especialmente dNlif·nclo ;-l l.1 pOliti&lt;·c1 ,.
a Ja eduenrión no descuida JJOr esto:s;1
cultm·i-1 fisica: tirne gusto vo1· los 0jp1•cicios atlétieoB, por el aire libl'P, sil"ndo un jugador de 1,golf•, de g1·an rPpu"
ta-eión. Es un r;1.hal101·0 de cai·:ídp1· 1'('posado, sencillo, franco y lleno d&lt;&gt; esn
distinción peculiar de todos los ingleses bien nacidos. En su carácter se

PEGASO

AnclT(•s, !1isc-oc·iH, .,· Crc•c·11&lt;•r1bt tc1rnhi1~11
lllU(•ho C&gt;I &lt;JU&lt;' P.\istc, &lt;~11 Nol'Llt Bc•nyidi.,
ce1·c¡'t d(' la (':tsn (Jllf' posPP en ~u tiel'm
uatnl. C11ando ,·iHitn a No,·Lh Berwil'k
k(' hOtil)P(la rn un mod(•sto hotel l'&lt;ll'ti&lt;·ulm· Y S(' (•1üregil 1101· comple-to nl
flgolf~ &lt;lurnntf' s11¡.; hL'f'\'P:.. \'Hc·ac,ioneR.
Hace algunos c1llofS pnst' Ja mitad del
\'C'ntno en NOL·th Berwi&lt;'k ,, \"Í a menudo a Mr. Balfo11r en los c·umpos dedicado al juego de itgolf~, los más pintorescos sin duda de toda Escocia. Al-

9

�CARICATURA EXTRANJERA

·No lo es eJ h--'ngnaje, 11t1P::;t.o qué St1i•
18 es tri1ingüe, r rn .Rusin, Fispaftri,
Aiemnnia e l11glatPITfl se hahl,1n ,¡¡ riu~
fenguas, anncjl1e no S&lt;' &lt;'f.ct·ihfl más
que una.

No le, es la religión, puC'~to que Pll
A]emania existPn dos por lo 11l('ll0R: Pn
Inglatrn·:i, ,·a.rías docenas: ('11: Pr,:in.
cia, ti-es, amén del ra.cionalismo: y en
tos Estados Unidos, hay tantas ....
No Jo f'S la raza. Inglaterra encie•
rra Jo menos dos: Franc·ia, lo menos
t,e)!,: ER1iaüa, dos: Bélgic-a, clos: Suiza,
lr,s.

No lo es Pl

M.Ü'C'

&lt;le familia, en el ca-

rá,rter, pOl'íJUe nn ea talán es más fran-

rés quC' castella.no, y un rnalagueüo
más m1i11olitnno que C'ntalán. El hl'P·
tón sP pm·et·e más al galés q up al 1)1·0.
renzal, y t?l hombre de Bn~·ona reC'uf&gt;1•da más al dP San Sebastitín (]ue al &lt;k
Lille.
Es, pues menester que haya otro
emento de unión, en el que residah1.
tancia de la nacionalidad, puesto
ee la unidad de lenguaje, ele raza, dé
ligión y de cal'ácter, si bien l'efne,·.
;· ronsel'\'a la unión naciona.1, no es
dispensable pa.l'a (] ue se ,dé. Este
ro elrmento esencial de la nacionadad pue&lt;le derivar de la historia, (l('
geografía, de la comunidad de gJo.
· pasadas, o de enemigos, o ele peros naturales. Lo más seguro es
poner Que todas estas causas influn r se entrelazan a la Yez para fot•
ria y tomarlo como dato de lrt rea•
dad. Hay nacionalidad cua1ulo hay
ionaJidacl: es decir, cuando hay co~•
• DC'ia y voluntad nacionaL
Llegamos) 1n1es, a dos condiciones
rminantcs ele la nación: unidad
grR,fica en el tenitorio, unanimidad
ional en los habitantes. Puede darel caso de una nac·ión prnfnndamenpeaetrnda por uná raza extraña y
·dente. Asi, los judíos en Polonia y
alemanes en Bohemia. E11 este caun plebiscito acnsariaimportanteR
· orías extra.nacionales q ne, si bien
ilitarian en la práctica la naciona•
primitiva, no serían suficientes
destruir su existencia teórica. Pel'o
dentro del territorío nacional la
· oría disidente ocupa una zona ~on
'dad geográficRo suficiente para enar un ser coleetivo distinto, el cano es el mismo. Entonces .nos baos en p~·esencia de una nueva na~
1

-

-32
~3~

=

:.::=::~ ~

.

-----

. . . --~e-;.-';~~
1-iJI coloso de p(l/o ,-;e ba111hoh(I.
CJ11itfcr1110 oc11rle o( pf'lioro.

gunas ,·eC'es el ,·eternno profesional
Ben Sa.yres j11gaha con él, otras en ronc:ontra. BaJfm1r tenfa 1~1 l'eputación ele
ser un jugador d0licioso, lo mismo eomo compai'iern que C'Omo achen-;ario.
Su ecuanimicla&lt;l, so profunrlo c·onoeimiento de lai, fneeR ilPI jnego, su resveto n los usos .Y la Piiquetn del má.8
tra.dieional de lo¡;¡ sport británic-os, su
manifiesto (•cu·Ílio &lt;l la pintorC'sh-l heJleza de North Bcrwick (llamado por
el Prnfeim1· Stuart Blaekie Pi más hermoso lugar del 11u11Hlo) ]p ,ttrajei·on el
afecto {le todos 101:, co11eu1·1·entc•s a los
cam poi:; de 1,golf".
S('da ()1 más euriot,o t's\){.'dáculo

jjJa&lt;l. Pa,·:t ellos, lr1nnda es una e in•
&lt;liYisible, y Ulster es un:i minoria disidente que, con :ureglo al princi11io
de gohiel'nO de Jns denwcnwias, tlebe
son1eterse a, la Yolnnlad de la mayor-fa.
Mas es evident0 (JUeeste prineipio de
gohierno no C'S tal principio, sino una

\'P1·

al PreHi&lt;lente dP los Estados Unidos,
r1ue es tnmhit'n un apnsiornulojugador
de «golf», ~· ni Seeretario ile NegoeiO!:&gt;
de la Gr8n Bl'etaiht, jugar un amistoso
match en CheYr ChRse!

ía. F. A.

LA NACIONALIDAD IRLANDESA
Í_;as última~ íaset- de la. cmistión i t'landesa a.C'us~tn 1111n Ye;,; más Pi antagonismo entre UJster ~· (~I resto de Jrlanda. Pero Irlanda no eR una., sino
¡los: Leioster, Munster y Connaught
Kon tres proYinc-ias de una misma na-

ción irlandesa: UJster es otra na.ción
irlandesa.. Estf' es el nudo de IR í'ues-

tión.
Los nacionalistas niegan esta dua-

El Kro11pri 11.?: Rr' r&lt;'fira, de r;urs pn.&lt;.; ('iones &lt;ll'Onznrlm;.

t'C'gla cmvl1·ic-a que no sati::;face completamente a la justicia. Contra esta
regla. se han alzado en todo tiempo r
]uga.r los hombres dotados de sensibi-

lidad política, resta constante protesta ante un tosco expediente de gobierno ha inspirado los numerosos sistemas de representación pl'oporcional

PEGASO

en estt1dio o Yigentes en distintos paf
srs. En el caso de Jr1andn, el prohle·
mn l'C'Yiste espPcin.J importancia, 1me
110 se trata el&lt;&gt; ,·ota l' sohr&lt;' una medi
cla dP gobiel'n·o l'P\"Oúable, sino so
la constitución nUsrna dP la nac-ion
lidacl Se tntta &lt;le definir la naC'ión.
¿Qué eH una nndón? ~sta l)alah
e,oc-a la idea de un sel' eolectiYO. Oh
~erYemos ante todo &lt;1ue f'Rte sPÍ' tie
c·nerpo: el cuct·JJO de la nación es e~
tC'rdtol'io. Sin 1er1·itorio no hay n11c-ió11. JJo:, ju&lt;líos y los gitanos uo for·
nHLn mtción. Lm; ingleses ~- los ('S~
i'ioles, q ne se esb-tbleeicrnn en nueros
tel'ritorios de Amél'ic-a, c!'ea!'on nue-YHS naciones. Es, pues, inaudal1let¡UP,
Hi bien el territol'lo no es l:i. nacióa,rorno el c-uerpo no es el hombre, no h11f
nación tiin territorio C"0mo no hay ho
bre sin cuerpo.
ExisLe 1 pues, un e1euwoto espirito
&lt;1ne transfonlh1 en nación el territorio. La eondición i.ndis1)ensable P
qne se 1lé este 'elemento es la existen·
cia de una 1mblac:i6n humana. Per~~
territorio habitado no es nna nae10
puede ser Yarias, puede no ser aingu
na. Es menester, además, que los h.

bita,nte,.del territorio se hallen solí,
dRori7,ados por carac-teres y circunst~
c·ia.s c-omnnes en nnn unidad co1ecü
va. Cuanto ma:vor sea el número Y1
f11Prza dP cohesión &lt;le estos carae
res y cÜ'cunstanoias, mayor es la,~ll

daridad. Pero si analizarnos los dislPI
tos elementos que contribuyen a f
mar esta unidad colectiva, verem
que ninguno CTe ellos es ifülispensR-

rionaLidad. l.~HLP efi PI í'il:-;11 dl' la 11:~ &lt;·ión l11:-.1f'l' clPnt ro rlr- !;1 naC"ión 11'·
lanch1.
rl.1oda n,H.·ión (·orn-wií'lllP Hst&gt;ii-a a dispone1· fü, su propio J~starlo: PPrn la
f•lH.-'st ión admih) una gama c·ornvlc•ta
&lt;lP solu('iones 1 dc-, h-1 indl'pencleneia ab¡.;olutn, lrnsbt la indf'l)endenc·iü de un
Estado mf'tropolibtno. Hay casos Pn
los íJUe, poi' ra,rnnes geog1•ú,ficas P hiR•
tól'icas o ec·onómic-ns, la solutibn llHis
coin·eniente PS una autonomía lihe!'nl.
rripicoesel de li-la.nda pal'a con Inglaterra. Irlanda es un;.t unidad gPográíl&lt;•a de segundo· orden dentl'o el&lt;,
otra unid11d de llt'imet· oi-,len: c,,J AL'c-.hipiélago b1·itánieo. ~]Ria N; la opinión de] pai·tido nnc-ionali~ta ingl(•s .,·
el(• la gmu mayof'Ín de los idandesPs.
Atiimismo, lllstrr rs una unid:id gf'ográfic-n. ele tc-n.-er orden dentl'O dc..,ntro
de la isht irlandesa~-, por prnpi1-t ,·o•
!untad, una unidad política de terce1·
orden dentro d&lt;' frlanda. La solul·ión
más lógica vareC'e, por C'onsiguiente,
residir en un sistema ele .-1.utonomfas
en eascad.-1. lnglaterra da la autonomín. a ] dan da íntegr.-t, C' lrlanda da la
~1,utonornín, a Ulste1·. (.Qué Sf' opone a
esta solución?
El h&lt;'cho dP tJU&lt;" entre Ub,tel' P 11·Janda no hay sólo &lt;iheteranirnidHrl11, :sino antagonismo. Antagonismo de i-eli•
gión: Ulste1·, protestante, teme la intolera.ncia de lrlanda, católica, e ilustra, su desconfia..nr,a con ejemt)los tomados ele todos los 1míses oficialnwnte ratólicos del munclQ.
AntagoniRmo económico. Ulr:;teL" eti
industrial y rico. frlanda, agríC'ola y
vobte. Ulster sostendria nna, pa.rte
más que proporcional de los gastos de
la nación irl.tndesa, &gt;. se opone a t)Ue
(]Hien paga más gobietne menos.
Antagonismo de c:al'áctel'. Ulster es
ec·onomista y preYisor. ltlancla es den-ochadora y generosa. Ulster, trahajado1·, Irlanda, perezosa. Ul8tet, práctieo, lrlanda, softador,1.
Y este múltiple antagoni~mo Pxacel'bH, la intransigencia fcrnz-rasgo
común df, nlsterescs e irlandeses~,
de modo (Jllf' esta querelfa, enconada
por !a te1·quedad, parece un indicio del
que, al fin y :i,l cabo 1 Ulster e&gt;. lrlandn
son hermanos ()UE' se detest:in y se
niegan n Yivi1· juntos.
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�EL COSACO
LA palabra cosaco. origin».l dt&gt;

la leng-m-1. tártara, sig-uific;-(.1.wen·i//f•ro df!
f•a,b;i,J/eri;-1. ligera. Grttdualmente se
1·ouv1&gt;1·tido en n11 ténniuo clA oprolno.
('.trnnlH!'l vecPB PI pm-,blo ru¡.;o se ha 1-&gt;cha-

d11 11
gún

h-is n-1.J]pi, pi-1ra
;-i

µrotP!:;itar eontra.

!1a
al-

l11Ji-:o del Gobiel'llo, loR cmrncI R ~o-

lí1111 (·ttlu-dg:lil' ent,e la mud1ed11mhrP,
rt1:.;ta111·a11do PI ürd~11 y &lt;lerriUar1il11 sin
dii:-ti11f'ió11 l1ornbrei,., m11j1.1re~ yui1io~. J'ero la culpa no es ilel c·ostt(•o.
_
El eni-:tt(!O es un ~nldttdo ll-'al,robed1en-

Sitrlos y t-iglus se le h11, cultivado cumu 11111::in:.trumento de dPRtrurTión,alen1:'t11dole "'· robustecer las te11de11cias agreMivas y brutales de su natura.leza. Aun
hoy en día n? se le ~ide na~a n~á~ que
A@to, De aqu1 que, s1 Pn lit, vida. c·1nl· puetP,

I

MYLUJ(Ofi'h'

de i-Ar 1111 JIPligTo, en lrt, vidx. militar es
una garantía,.
Para íl1-1r:..H (:11e11ta de la. importt1nte
Porte del &lt;'le111t11fo olH'&lt;'l'O di1·igido
pf.l,rte que juPgan eu el ej(•rcit? ruRo los
por lo.o:; r1qitadore.-; IJ JJC/l'Í&lt;' del ffr111e11180.000 c&lt;&gt;...ia:o¡,,, f'S necestt,no couoeer
fo militar !ta11 creado nu 1111ero 1wdrr
alµ:o de su hi13toria y trttdiciones. Unade
fre11f&lt;,
fll débil uobierno rerol11C·io11orio
las r»zone¡;¡ por 41m proveen de tHn code Ifo.-;io u tal i11onencia prdt11de11
JJiOsH, rnttSH 1;tl ejh·eito e8 que son el úni. fr11er en /o.&lt;J 11 eool"iox ¡nílJlico.,;¡ r_;11e lo,;
co µnelilo en el imµPrir1 cuyo origen y
frrulr-'N; del 111ori111ir'1do po/íf,co q11e
í'Ot-1t,umbrel'i son, solm-i todo. guerreras.
Si Rusia a.ba,rct-1. hoy desde el mAr Negro
dr rri/J() al Zor XiNJfrís í'mpicz(ln a re]1ast1:1, el ochwo Pncífi!'O. se debe, en
tiran-;(' /J(ll'O t'l11dir lo.s respo11sabilidagnu1•µa.rte, rtl cttrfü:ter hra\'O y tt.VP11tude.c; (•11 NU&gt;O df ,&lt;iohrcre11ir u11 desasfrt',
rero de los cosaco~. De~de el siglo X V al 1)(frner JJ1'Ó.ri1110 e irn·meclh~~le. El
cua.ndo noexistiaaúu la Rusia unifiNt&lt;li:t,,
.M initdro de fa G11crra Guyko.f.f, presino uua inmensa eHtepa con a,ldehnelao,
,r;;e11f() l1acc dío.-; ,;11 re111111cia; iyllal eodespA.rramada!. Hquí y acullíi,expnestas
,&lt;;a Ita /1ec!to el Coma11dcude Afilitar
de continuo a. las incursiones de los tárifr Pdroqrad General Kermil&lt;~f.'f, que
t,aros -, el cosaco es un guerrero µrofeHr'nÍ euriado al fr e1itc de batalfo, !J
sionn.l que, ora defendía laspoblac-ionei:-.
ora invadíA. las conu:1Tcas ve1·irrnR y f&gt;XMi.11l11koff, l'i m(Í.&lt;; risible repre.c;e11fa11tendía lais fro11te1·»R de i:-u µui~. Había
ft&gt; del 01·011 cambio operado en el rm,o-rft.ndPs romu,iida&lt;h"s de eoi;;1-11·0A en la
fo J)lfPhlo de Perlro el Grn11de, es ntaPequeña Rusia, li11d1-1.urlo con Pnlo11ia,
cado c·o11 e1u·o110 JJor /a.e; mruw.-; que anPO el curso bajo del Dnieper, el D011 y PI
te,; lo o&lt;'la111abd11. El cJéreifo, i11.tfuido
Volga, y en el Ural. Actutt.ln:ente hi1.y
por &lt;'Sfe e.&lt;,farlo de co.c;os de la Capital
once comu11idades de cosaco:-:, repreRe11de la repúlJ/iea, en oe:-;fru·ión, contic11tando un total de poblarión de :d.800.000
x:r1 o dar 11111e.-;fras de i1"liscip/i~11a !J
la n1&gt;:1yor parte PII ltt fi·o11ter1-1. Hi,;iátiea
se feme r¡11e Rohrerenga e11 Rmna 1111 1
de R1JHi». Son lo!ó!desce11rlie11te~dl-' loscopcrÍl/Jdo d(' disol//(:ió11 lJ a,~ar(Jufo q11.e
1.acos rlél siglo X V. A ellmi le1-1 debe Rusia
lli, conquiRta del Cáuc1-1Rn, ladelaSiberia
reste n los oliados el r.;011t111q1mte 1111y la del 'l'urquestán. 'l'ólstoi vivió tres
litar g_11e sor;fie1w t&gt;l lJ&lt;!SO rlt&gt; la f/1.H 'rra
8.ñm:1 entrn lnij cosacos delCáucasoydesen la re(JÍÓ11 oric11fa/.
1:ribió su tipo, co~tumbres y ci:irácter en
la maravillosa novela Los; Cosa,r,•os.
La fracci6r1 mfti:- í'n11siilel:1-1 hle rlt&gt; l0R
o-11e1-rer()í-'I í'OS1-1.eos de hoy en día 8011 lo!-!
;:--01-1»cos del Don; pertenecen a l1-1, Gnw
11ml, repúh!i(·l-'t. e1-1trictl't.mente democríit.i·
Ru:-.ia, y Ron miPmbros dr, !H Ig-lPRia or•'».. ron j¡.,fp:-: "rnilitl'lre~ eleµ:idoij por l~ii:i
todoxu.. H,-w dift•rirlo en algún respecto_ liombreR rlP fila.~· 110 reronoc:fa.rt propiedPotroscosat'OS. vadPi-:delo~1-1ig-ln¡;\XVII
darl µriva.&lt;la ni privilPµ;io~ herPrl~do~.
r XVIII. En tar(to lo.~ d+&gt;111{t~ ro~acos
Al conl;nuio dP- los &lt;'OSR-í'O~ del Dnieper,
fueron deRpojados de ,.:.11 independenci,t
que vivía.u cPlihel'l en campament~i:1, lo~
p.Or CatFdlnit n, lós cn~11N)l'l rl+&gt;I Don r~•
ilfll Don vivíRu f¡,1,rnilin.rment,P,ded1cR,dos
tuvieron ~11 g-ohi+'rno locHI, i:-i bien rPcnal 1'ultiv11 dPI ,:Hmp , , a la pesca Y a,\ conocien&lt;lo la sol,ent.nÍl'I, de H.n:,.ia. y. fl,
merd(); pNo los principA,les recursos l_o!.
,·8.mbio de »vurlarl1-1, en hi. i.!'UPrrn,, l'e&lt;'iohtenhrn por PI botín g-ner_rero de SU"-_ 111 •
l;í.tn µ¡.,rm1-1.,;entP co11tl'ibtwiú11 e11 ir.onei'.UrsionPSPll tiPrrasfronter1zA.s. A medida,
que !-IP iba,n P,nri(Jneciendo, P.I fondamenda,, pólvora y hariua. Reprrsentaban

1

1

~■-i•Ño
:

i

i '
•

:

L~d priuciJJio de igualdad f1rn desapufll.
f'iendo ; nacieron discordias y el gobier.
uo ruso las aprovechó para intervenir¡
obtenPr 1111 juramento de sumisión alzar.
{'011 ~~to, Husia. ganó 011 elemento inaprPciable µara el ejérc•ito. l&gt;P:...deentonL'etl
f'I Gobierno ruso nombra, el atawan y
v &lt;1Prnás jerPs de lrn~ &lt;'0sitcos. LH Pomuni.
~li1rl ('osa1:a ,·or1serva RÚII tsU g·obiern,1
l1wfl,I, t.1Xc+-'ptu ¡1H rn. la desig11aeió11 d11\c]~
ro. El 1·1-Hnµesino cosnco goza el privilPg-io &lt;l+-' µod~r poi,e~r más tierras_ quP fll
11rdi11ario comµes1rn1 l'UFIO, perot1er1eq11e
F.Pnir 111fü:1 Rño.-1 Pn PI PjPrrito. CHda, &lt;'Oi:;H,·o es 1,11 solrlado. Sirve Pn Hl'fflfts dn.
nrnti-&gt; veinte añoFi; d,;, ellm; doce PI\ nctivo :-wrvi(·io 1 Pll rP¡..rimiento- ei:-pe&lt;'iales de
cosHcni::.. y Ol'ho en otro:,; rP¡.rimientosal
mando del oticiales lo1·A.IP1-1. b;[ soldRd:,
co~aco se distiugm,, Hd~111á8. &lt;le otroe
f-loldadol-l, en el equipo. El mi1,mo se proporcionn, y esco¡.re :,;u uniforme (el alto
morrión de piPl. pt1paha,; el ka,ftato
gra1i gHIJíLn cou r·i111yró11 :iP color carmesí, azul o \'1-'l'IIP ,-1,,os) ;y Aus eortaa
a.rmas. Cuf'tndo pi,;. dtl cahallería, t-e proporciona. t11niliiP11 su &lt;·n-btt.llo y los ar.

. reos.
Cada. costtc:o es un ,iinete de nacimiento. Antf'R de» 11dar le htt.11 8comodadoen
uuo de esos menudos,recios y raudos CBballo!-1 coi-;ttco~ - verdaderoi:; caballos de
la. estepa. µor consiguiente c:asi cerriles
y f&gt;Xtrn ordinaria.mente intelig~~l tes-La
silla coRaea. Ps levantada y cemda,como
pa.ra estar días y días a _cab_a_llo: Dellde
la infanda PI eosaco Í'!le fam1har1za con
ltts a,rmas de fuego ,v agua.rda con impacie11cia la edad de diez .Y ocho años pBra
entrar en el ser-vicio. Su fidelidad a.l Gobierno es 111coumovible. Su ai.pecto
mantiene con las característica.s pintoresca,s de otros tiempos. Por ~egla gen~
mi es máR corpulento que el ttpo medm
ruso. ~luy tra,bado de hombros y muy
bitrbado; las mejillas, salientes; 101
ojo¡;¡, en extremo E1a.gaces. ave_zados. a.
distingnir el objeto a gran distancia,
ojos de hA.bitante de llanurA, ;_ es fiero.;
excitable indiferente a la fat1ga,, s
aspereza 'y al dolor, propio o ajeno: tal
eR el cosaco.
En tiempo rle guerra los cosacos prft.
porcionR,11 a Rusia 900 -~scua~rones
caball~ríH, y 108compHmasdernfan~rÍlli
con 236 &lt;'Hñones; eRt,o es, unos 180.
solda.do.-. de un valor per~o111-1I y eMt
tPgico irnrnpPrahle.

Introducción de Armando Donoso. sona.1 de Dttrío en Chile, cun:-1 de sus
-Edición ele «Los Diez».-J.mprenLa triunfos y terreno que poi' ve;,; })l'irnera
UniYersitaria.- Santia1,.w~ HJ17 . - La recibió su intlnenc-ia despertitdora y
humildad dPl título ,10 festa seriedad fee-imda. Naturalmente, Chile dPstoa Ju ohm, y las Yeintit.antas pági- noció la ,·oz íJuc le habla.ha de algo
nas de la dis&lt;·rela introducción IIOH
nueyo en poesía, y NI el ÜPrtamen Vainic•ian, itnnq up sen hL'PYementP, en la
l'el.-1 posJmso el nornlJrp del ilustre nipvolución líri&lt;·a de un país cc1si sin
unagiien::H,' al tlP Don rnc1ua1·do de la,
('()nta&lt;-to con PI llU('strn. Como grnYeH
Bana. No hay &lt;JUC&gt; &lt;·ulp,u a Chile JH)1·
lagunas &lt;11 un lihm df' este gé11ern, po- &lt;:&gt;llo. En totla la AmétfrH S(' taparnn
drmoi,; RPfrnh1r la &lt;·a1·en&lt;·in ;\l¡:.,;o]ut,1 (le ht:s orejas con í'stopa Jos ing(-•nios del
datos. hiogni.lieos, ct·it ic·os .Y hihliogt,i\·iejo n1flo por no ofr p] eanto de l,1s
ficos, ~· In h1·e,·ísi11rn l'Pl)re:•sent.1e.·ió11
sire11r1s. La co11sag1·ac-ión Yin o lll u('ho
que a c:ada poet.-1 sf' ha asignado. J)os más tarde, cuando los que oyp1•on sin
poemas no l&gt;astan pal'll sospPeh:-u· ternorc:,; la ent::iellanzR del .ion'n 1.naessiguient el ndpr _dP cada uno de&gt; lo:s tl'o cambi;iron, c·on,·encidos su actitud
1
autores, ,\' not:'.i lrn,(•e gn111 falta una espiritun! r duc-tilizinon st1
téc·nir·a.
ponJI!&lt;' 0n In Ai-g&lt;,ntinc1 liñy un Lugonurno autorizada que □ os g11k• &lt;.. n esta -~I lllOYimiento actual &lt;le Chile Ck connes se c1·pn tJllP lrny a.lhi, rnudios &lt;lPI
amable í-'X('Lll't::iión lí1·ica. lfü aislamient:'.iecuenci,1 un poc-o lejana de aquella.
mismo calib1·e. No a.bundan lo~ .Jaimes
to literario (JUC nos divide a lo:s puerevolución, y los poetas de la 11atria
blos de habla csp,r.üola, &lt;Jl1eda paten- del Sr. Donoso, han sabido, según él, Freire en Bolivia ni los Choen110~ en
tizudo de sobra con la enunwnwión de guard.u· y fo1·tnlcePr ,su per8onahili&lt;la(l el Pet'Ú. Colombia C8 y ha sido siernpre tieri-:-t ele alta poesía: pe1'0 ütmllOCo
los poetas íJUe contribuyen u fotnHu· en todns sus nuents r·orn)uist.as .
a.lhi. se &lt;h uno d&lt;' encontroniuos pn una
('Sta.antología. Apenas Dublé Onutúi..,
En l'eahdad, el lihrn no nos c]pja. im€8(Jt1in,1 con Guilk•1·1nos ValPneia8,
Contreras, l\Iagnllrtnes i\Iout\', P1·ado,
presión bien definidn.. f:!;incontramoH
J_Joudof10:-; o l1uise8 Cnl'ios J_JópPz. En
nos suenan a &lt;·o:sa Yag,i..nwntc&gt; (·onoen lm; moderno:s poelai-i ('hilcnos po&lt;·a
(•onjunto, nuestra prnduc(·iún Jil'ica
rida, tan ntgamente lJUe es difícil () ue realización &lt;le fol'mn y e_-..;iguo ,-igo1· líc-ompite.-,1ui~ás C'Oll Yentaja-con
nuestra memoria, gual'de un verso de
l'iC'o. Esto,,, po,· :-tsegupu· &lt;J uc• no ha.,·
('a(}¡¡ uno de ellos.
n1ahJl1i(•1·a rl&lt;• lm; lJHÍtW8 dP hispanoen toda la coleGC·ión un poc1na &lt;le priHe dicho ya que la introduC'ción es mer orden, y 1';Í n·1t1l'hHs h110lb1s reYC· ª 111&lt;~1-i&lt;'a. Poi· lo JJl'0nto, tal ,·e;,; poi·
pi·opia. nilpa, PI lihrn que clü rnai·gcu a.
muy diset·(•ta. Nos habla ele ~rn desn]adoras de tanteos en buscr1 del pt·o&lt;·&lt;'·
rl'Ollo líric·o lento, do una entrada pedi1niPnto. No hay vr\.gi1¡¡t t]lll' &lt;·011,·idt• f'stas línP118 no:... oblig,t a llfl ])&lt;'ljueflo
nosa en las conirntes nueYas, r nos n 1·Pleerla, .,· Jos poPmas pod da11 ~('t' ,d1ucl&lt;• clt' vanidad.
da, eomo nota saliente, Ja acción pcreseriLOt::i poi' la. mit-nrn nrnno. A('haqut•1

TIENEN EL GUSTO DE PRESENTAR
sus incomparables

SASHA KR0P0TKIN

Hilos, Hilazas y Sedas

·-Pero, s1Hlore:-.: ¿liau , i:-:lo nstedt•s 11
111al andi111 ll s nngocios~

.

Ptt.rn. IOda clRrn de rrejidoEJ, Bord&gt;1doi,1, i:;ifc.

-Pues, la Yf'rda&lt;I en mi casa lw tem

que aument:11· l'I 1wrso11al. 'L111ta es laag
111eraf'io11 de parroquianos.

Si no lar.. PncnPntra usted eo las Sederías. Alrn1-t.e¡.,11i:;i¡,,.yCHjo111P~
d@ H()pR. do11rle t-iPmprt-! ha comprajo, pídalnf. a.

-¡Can1t.'-1le:-! ¡quP rareza!

ti1·ne ustrd'!
-t:,1ja de µn·•~tamo~.

R. A. DAY

. iiA.ioo··usriñ. A. sAÑ. AÑGEL INN !

■ •••••••i ■ 11 ■■ a ■•••■ 1n! ■■ ••a••••••••••• 11

Entonces no conoce el lugar más pintoresco Y mas
hermoso de la Capital.

San Angel lnn, San Angel lnn, San Angel lnn
ES UNICO EN EL MUNDO

.

~1••••••••••••••••c•••••a■■■a••••••••••••••••s•n•■•■■■a••••••a■•~••••1 ■■••••••••••••••u111111••••■■111111111■•■■■1111
12

Pequeña antología dt: poetas chilenos contemporáneos

PEGASO

mas pjarhh:H:tlllenle la impresión borro1';1l qlW nos tleja ht leetm·a, a una s~lecc•jón no nlu~· atinada 'r u. Ju escasey, con
que lo:s poetas están reiwesentados.
Pero el libro deja nn resa.bio de pobreza que des('onciertt1i- .v desanima. Hay
bueuos poemas, los hny Pstima,hles, ~.los lrny también meuo¡.; que medianos.
Si el m1toe de la antologh1 Pscogió y no
&lt;~scogió bien, déjPnos ('l det·ec·ho die'
apunb11· lo ()llf' liemos apunta&lt;lo.
No sabe111os justivre&lt;"i11r eomo se
lllE.'rN·t' la pl'oduc·c·ión !frica mexicana
&lt;le los últirnos a1los. Que la mu0stra
de la suya. fl1l\'i:ula, por oll'o:., países nos
&lt;lbra los ojo:-; soht'{' d 1n1rtil't1!nr. Tres
o (·u1-1fru poema!:! rle Othón, oti·o8 t.antos d&lt;&gt; Gutié1·1•p1, Nílj&lt;'nt y nwdia &lt;loce11a dP 11up:,.ifü&gt; ,le :\[a1111pl de h1 Pa1 ntpongo por caso- yafr•n mús &lt;J llf' todo
1;•J rlt·Pn·o liriC'o ele ht ,1nto]o,gia chilena.
:Nosot1·0:-;, (·011 \o:-; nonilwcs PXJH'Psados,
l1rtlH'inmoD n1_w1rns de~ftOt'ado el te:,;om
Jii:iC"o dt· fa l'Jl«')t•n mod{'1'{1n. Lrn-; que
dP:.:;1n·eeic1n nlle8trn' JH·odueción potque
f'S ele n,e,,i,, liahni.n &lt;le deHe11gaf1c1 i·sr. No

As. 5 de M&gt;1yo 32 -De•µ. 311. l&lt;;ric. 10 27. - Mex. 5± Neri.
Quien tendrá el ~.-n~to rle obseqniq,rJP In~ prPci,);;io~ r111td"'r•
nos di•eñado• por "VIRGINIA SNOW Sl'UDIOS" ""º dtbnj&lt;&gt;s
P

iastrucciorrns inmejorables .

�Conferencia sobre
la filosofia
francesa

A nuestro modo el(• Yer el señ.or C.,
so no pudo haber acertado con trllieJ
brillante idea, limitándose, como hir.o
al estudio del rasgo fundamental deLJPils.tDli{'nto fr,uleés,al rededordelque
Jo demostró hahilmente, gira. en est-0&amp;
JllOmentos tod.1 ht acción (fo Frnneia,
Ruponer por un segundo &lt;Jtte el sel'ior
Caso, el mfts (listinguiclo, por no de&lt;'ir
C'l úni&lt;'o sd10/or de "Filosofía quetenernos, deseono&lt;'e loB nombres que a Sil-•
. .
hiC'nda~ omitió en su per01.·ac·1on, áeu.
1'-/l puerilidad r mala fé.

Ant.t&gt; un púh!i('O :-;elPdo :·,
llllll1('1'08ÍSÍrno

se,' verificó
10

dPJ

el
[Jl'P·

l·t• Acctdcmia ·. Metrotlolil;1na,
.
~
la c·onferenci,t del lji(·. Antorno C,a!-\O
tJllt' hahin sido anuneiac1a . .El tema e1:a
"!Ja Filosofía ]~1·c11wesa Co11tempo1·:1.inL'a"' "PI omdor (lC'sanolló la ill,u1t0me11t.c suH ideas, Hiendo H¡.{as.ljaclo con
nuttidos ,1vlaw,os al li11 ch:• t•füln J)t'riodo.

( " t•11
:-;pll,c

El poeta Villaespesa
llegó a México

puPdrt haeer una hi·cyp síntesis, sü1 cita!' un fá1·t·ago de nornla·Ps Y de teo-

poeta

&lt;'Bpu /lo/ Don Fr(I 11(·isco
Villae&amp;[JN&gt;d, &lt;1 ue aeaba de
ll&lt;'(JOr a eMaC'opita/.

Que lo o!Jro fiel/(' lmc1w:, 0&lt;·1trl'('II·
eÚr,&lt;;, auIu1Iw JJO(•fl,'&gt;.
Que 1u1rI dr1111if({ r·1J11.firlc11tr, &lt;fr Clara,
.w1r·&lt;1 1111{( fnldu &lt;','&gt;filo ti11f11ró11; &lt;'s decir, r¡11c la8 euudil(jm-; J)llfrle11 dar,&lt;;('

llegó a la

Lu f:fra . Cmditlo, 1'aboado .11 P/rP;cnl'ia e11 11110 de /rus mejores
e.s,·e11a.; de "EL ULTIMO IJRA VO."

Q1u, Pla1;e11(·ir1 lJ la Crrntillito JJÍ('II·
.'&gt;(lll l'fJ1t1J)er, JJ&lt;:8(Índo.&lt;,c, lrr /Jrí8c11/a &lt;'11
(_}lle st• peso la 8f.1iora Otazo .
Qne le dieron el campo o Campo.
Y que Diez piensa 1•olrer,&lt;;e reinte

poro eo111pdir

El
}Jeiu/(' OfJU('/{o

o(j_Uef'

publicamos
¡ (' ¡ ..

Por lwher re.&lt;;11 a&lt; eoii
·
.· .· • de 11 11e1:5fro colal)((rndor no. ac
o1tft'rior, rcprvrl11&lt;·i11ws hou esta l1er1110M1 cn11I¡W.&lt;;Icw11

~¡~,~=-o(cct-:--'\;cSC7'"J

Qur, 'l'abo'trla /w('e el Pri1110 11uu·o-

/' i l lo1-1a nu,,1tt,.

(.•011

la

Oo1111H11tír,

Fá.

br&lt;'!fa8.

a JleJO,

d(' ~La Ciudad Ale-

e !J Cm1.fiadaij q11eda111os 1111 tanto
c·rmliado.&lt;; de Do1t Jfü·i-nto, llO por-

Azntel, augel negro Y ta~-i~urno
de ojos letales: Dios -dt' h1R t1rneblas
slo término, Y ele.\ sneiio &lt;111e no acaba
jamás, y rlel oh·ido irrep&lt;tn1ble_:
Azrael de alas fúnebrf's, qul' ~·1yp:,-;
df'I exterminjo Y del salohr~ .1ug&lt;!
&lt;k las lági·ima:;;: P¡:tdre &lt;~el s1_lcne10:
Re,· de l.1s soledades nllstenosas
del· nu'u; allá; Sellar del dc&gt;s_fü11paro:
A;,;racl, á,ngel negl'o, yo te rn_,·oco_ .
de8de lo más profundo de mi esp1r1tu,
en la, pa½ engaJiosa de h~ no{'he_
toda llena de a,ngnstias 1m~1rec1sas
v ck n1gos terrores; yo te lll\'OCO
;ingel negi.·o (]Uf' lle,·as en la frent_e .
una eardena estrella, y Pn 1.0s labios
un implaca,ble g&lt;:&gt;sto; yo te rnvoco:
iArrnva Pn ln tiníebl~ df' t~1_s H,h1H
,, la, elegida &lt;l&lt;~ mi amor! 1Estr11J~a
(•ontn,1 tu seno C'stéril! iQ~1&lt;' no v1nL ..
nHi$ que sus 8lleilos (•án&lt;l1d?s· . . ostruJála,
sé misEricordim-;o, c1ue no nva
.
Hrt1r :-;e lle,·e,
más que sus :•:HIPñOs!. • • ·HJlle a, l !'con su YÜ,ión ingen11a dt&gt; eHte mnnclo,
impoluto su cuno1·, sn fe serena,
y jm·e 11 y robusbi 8ll f'HJ)&lt;'t'&lt;ll1za! · · ·
.
I• Posa tus fabl08
· · ·o'
\ zl'·tel
l,~e e· ¡Pl ll"Ilte
&lt;- 1 .'-\.
• &lt;
exangües, f'll sus htbiot-- (lll(' llll\l"lllUl'H,Ll
sólo mansHs palabras q11C' pareeen.
ren1elo &lt;le p~liorn,\s .... iQue no _ny.-1,! ...
Parn siemp1·e janHí.s c·it&gt;tT~L su~ OJOH,
tl'istes c·omo"'fos cieJos otollales
.
cuando llega ht noc-he ... iqn&lt;'no v1,·,~! ..
Estrújala en tu8 ht·a;,;o¡.;, áng('l llf'~LO)
mite~ (lll(' pruebe el v. u1~10 &lt;:'m11on;i;o1ntd_? .. '
'del clolo1·! . . . iQuC' no YIY&lt;\ . . . que no ':'•L,
ioh Diot-; clPI su~flo q_uc no ac·a~~1 n um·a.)
1
loh Padn• dt&gt;I s1kne10 Y dPI oh ido .... H ,\J'A.1!\L C,\.RUEHA.

· en la Pci(¡ina
ele Poema,c;
itclias e1Tala.&lt;; d e caJa
· ·

e.1·uda (·11r•11tr, de la f/f'O!Jrufíu f',Nrda
rle lo 1•(}fll/a de la damifa.
(J11t la rla111itu r,:,; fo11 torta de (·O·
níetf'I" (·01J10 de falda.

PEGASO envía desde sus colu
la mát-- cordial bienvenida al Yate

!AZRA~L!

111

Co/ú;eo,

1ílti1110

('().',(//,:

12del,

eisc-o Villaesve:sa. El poeta s&lt;' rnuest
Ha,tisfedw de su Yiaje ~, su estancil
entre nosotroH será, de fijo, Ol'tt'8ió
J)tltt'a &lt;JLle suH a.dmll'~ulores IP tribut
homenaje. Daremm; c-ueota en númet·oH próximos lll' Jos festivales que ap:
orgaojzan.

&lt;'11 el lllil:51110

Bruro," de Gar&lt;·ír, A/cuna !/ Mu1lo?.· Sec-u. S/fe::;tro
cnJ11iF;fa to1I(·11rriá ba.io &lt;'/ oplastantc
:s11ulido d(' 1111 e-aforro «Super Si.r·»,
rliu110 rfr 1111 ro,, Hi11de111l)llr!J, // ope110.1; pudo e11teronw rfr /a.&lt;; siu11i('llfC8

trópoli F

Algun.-ls &lt;lit--c·uslonet-l ha n10tinulo C'~ta &lt;'onferenc:ia en c·1thezas c-u~·n c·aJJne1dad t'LHlimenüH"in no c-oneibe CJUC' t-se

11 )0

/.!]/ Sríbado 1:!,
8f' c8fl'e116 "El

1m

1

rías, et 1n c1,Ü•1wiún &lt;lP un públic-o no
prep;lt'ado lJHl'a s~tiol'tnr di&lt;-110_s uombres, 11 ¡ eornpi·c1HlPt' taleo teona::,;.

fr111to &lt;'11 lo c111otiro rnm,i en lo meru
mente e::;tético.
Ji)l de.&lt;wmpe,to de ada obro en el Colón paso sin c11fusú(8J11r11· ni re.&lt;;tar
nfrilJ11tos a lo Oompa1tía de Taboada.

w raler literario, en el fondo,

8(-'

merez,·a, sino porq11r• aborda e:,pelaeio11e .._ de mala ley; ll si !,e de ser
oluta11u•11fe franco, ::;e11ti al,qu11(1
lcstia al co118iderar u11e tendría que
er ('ránica del ,;ltimo estreno del
611, debido a ta pluma de Be11ave111Jlla11tado "El'111a/ (_Jue Iws hace11.ij
a 11ucra obrn 110 tie11f la intención
~cfit:i,'4fo que cluwa e11 ALa Ciudad
!YN' JJ confiada". Á(JIIÍ C,'&gt; 111á~ 1fo.
tim, 111ás iuti1110, wm c11tfll{lo la

a::.pirar a ('Oll8fit11ír 1111
&lt;1.1·iolla psitolóoir·o. "El me;/ qIu· 110:-; hoa11"" 110 se queda en 11osotros;·lo frr111s111iti11ws u los que nos rodean, rle tal
fnú.&lt;; ¡me&lt;lc

11w11cra q1&lt;e 110 lwce11w,&lt;; 1111 drfllo 1111r·1·ri,
si1to H1Ia tram;for111ació11 del 111úw10
que 110:, liicicrou. La o!Jr(I &lt;'-"fá rlesOl'rollad-a 80briamenf(, iJ tII e.&lt;;fi/o ('O·
rredo; pero adofra, r,II I111e.&lt;;fro 0011cepto, de &lt;'8Ce11a3 111u.1¡ fría.&lt;;, pudiendo
aseyuNu- (_JUe 80Üt111t'11fr lo:-; fina/{,,&lt;; d('
(•arla w·to so11 los qur. e11ciC'IT011 la i111port,11u:ia cfr la pi&lt;'Za . De c1w/q11Íf'r
modo ~Et 1110/ que 1103 hacen» es mejor
q11e

•La Ci11dod ale!fl'l' ll

&lt;·011.tiarlo,~

Ale,riw110 S&lt;'

abre el día l.?. La

Co111¡Jo1tía de Virr¡inia F'áhreoas debutoní (•011 «E/ Oarrle11at~, de Parker,

trud11&lt;;ir/o J&gt;Or LiuarN; Riras ll Re.pan1z,

Al

1n·i111f'r actor

D. Luis

1"\tlarti-

1w2· Tocar lo encontró lJ contrató e11

Espaúa, Diór¡enc:;; Frrrand. Veremos
linterna rfr Dióqc-

&lt;111e tal n•,&lt;;ulfa la
11e,&lt;;.

liJ11tre /a,&lt;; do111asjiy11r·r111, wlemris rl,,
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5 de Mayo /0::E
&lt;'11 111/('F;f /'O

PWh\SO

�LA GUERR_A
La guerra tnte11-l la rl:'nuYaeióu df'l
ideal 1itentrio, vero no para expre:-;at'se a, si misma, por lo m(•11os en i:-ón (k
gloria y de soherhin.
I.Jit tm.era Jlo1·qtH ht profundn (·011moeióJJ c:on qut• te1Hh•1·,1 a modilka1·
las formas sol'iales, las instituc-ionP:-;
politicas. las leyes d&lt;.' la sociN1ad intenuwiomd, l'S forZUtiO (jllP tej)l'l'l'lllll
t.•n ln Yida tlel csvíritu. pro,·ocando,
c·on uueYos estados ele eienc·ia, nueYus
c·aract.erPs de cxpresjón. !_ju t1·i-u::•1·ft porque rnHht de tal n1;_111ern extnwl'(linal'io, gigantesc·o y tP1Tihle, puede ¡m.snr
&lt;'11 nino por ln imaginnc:iúll y la s( 11si1Jilida&lt;l (lp \ns liombrPs; pero lo ,·rrll:1dernmentc-' ft•&lt;·u1Hln en l,:1 sugestión de
tn11ta g1·,uu\pz,1, !o ('Hl)HZ d&lt;• mo1·1ler ,~n
1

1

í'll &lt;'I &lt;'('nt 1·0 dl' Jo:-; cornztHlPs, do,Hlt'
l'spei·.-1 01 genio donnido, no Psttu·¡í, en
el 1·espla.ndor de las \·ictorim,, ni en l'I
omh,,,ll" rlc las handen:ls, ni C'll la l\lll'('O·
la de lo:-; héroc•s, sino más bien Pn [;1
JHLYOl'1)s;1 lu,,1·enc·ia, &lt;ll' e11lpa, dP clP:-;nts·
taeió11 ,. dl' mi::-eeict: Pn la al1stc ra nrn.iestacl ¡lel dolor hum,u10, lc&gt;v.-111t.í,111losP
pct· c•ncinrn (lp h1s lkcio,ws d1• la glorin1 y po11iP1Hlo, c-011 dohl(' i n1.1erio, Pl
pem,;amiC'IÜO angustiHdo, l'll lo:-; Pni.~1

nrn:-; de JlLH'strn dpstino, Pn lo:-; que
toda pot':•dn tiene, su raíY..

.José g~ BH,.JCE

l{ODÚ.

Viene ll&lt;-: la 4a. plana
rH11.i_rlo signiendo:, est~.b:-tn a grur~de ele,·ac1011. µnes ¡,;p vern,11 muy pequenos, y,
i;;i11 enihar~!'O. n111tho má:-. arriba de las
ave!-!. did.-:tthH yo lol'.! bordes delosacaut.ilH.duR.

del Caiión con enormes ramilletes, co
dilatados fe~tones, con regias gairnaJ,
da.e y con A.mplios .r Aoberbios cortin
jet,;; y a ta11 rvH.ravillo~o cuadro, ee u
en octubre, lA, nota Azul del quiebra.plato
dPI Manto de la, Virg,-n, e~a liuda ;{)O,
mea. qne df&gt;rrocha sus tesoros eu las fl.n..
resttts de América, clP.~de las llatJUrflfde
'fej,1s baRtH. ltt,S CH,mµii'ías cbiltlnas.
Cuttndo el viaj.,ro va Absorto en h,
c011templación de tan inE-ólito eRp
tácnlo, divil'iH. de rei-,ente una oquedRd
\ft entrada dP. unA rnP.vtt., y Jpp sobr~fll 1
¡a ini;icriprión: ¡AGUSTIN LORENZ,
¡QUINCE MILLONES DE PESOS!

E:-toi,; o\'n•c•1•11 .. n todo tiempo bellísinw 1-:1:i,pet:to. En Pl invierno, c:ua,ndo se
8e1!a. unH p1-nte de la t1e1.retHi·ión que los
tttpiztt, mtrn.... trHn H,mplios t~amos de i,;;nper-fll'i,~ ter.-:a, i·umo B\ estuviera revocarhv e11 otros puntos, In. erosión de las
»g~Ht, ha producido enorrutsdesconchRi:loi,;;; má~ allá se columbran con todacla,•
t'I curt1.-¡_()uA 11omllre se le Ya a ro11e.
rirlad hu~ capas geológicas que forrna.n
l~I pculri110 -'faníler
11quel tt&gt;rreno; f:!U cier.tos lugH.res ha.y
!~l l'lll'l1.-¡Pcro e:-o no es no111h1·e dtq
oqud_lttde:- y rocas salurntt&gt;s; y pnr tlou:,;(ina!
dt-c! qui,-,n, H¡Jt1rece11 man?~as l~úmeda.-1
¡.:¡ w11/riw1 .-¡Con10 que ro! ¡,Será po~
hle que:,(1p11do usled cura no Ita,, ddo1111
tJllP l'tH1i~wr\·¡:¡,11 su vegeta,c.;1011
I:1.ntre las
n1 11omhr;1r a :-,::111. .... land,·r?
plantH1' ¡.wr.-:i:-.tentel'.I, htty miri1:tda.s fil-~
1nflo'IIE-&gt;VP.-: c¡nP H1ll1f&gt;rid11:-. a l;i:-. rocA!-1·, .-:~•
nH:'1·0;110 ttplttl'lrados y uo~ h,u:en creer
-Sef1orilc1. tendría l'd. ningún i11co111
que lo:-1 rnuros rlel Cai'íón PHtán tR.chomt•
1lien te eu que su m~m;'1 fuera mi suegra?
doi. Ue estrellai-.
-Ninguno ... , si yo tu,icrau11a herman
En JoR me¡;:e:-1 de lluvia, en ago13t,o :-'
:-eptiembre, la Hgetación rtcobra su vi•
-LJ11 baturro que e.mue 011 la fonda
o·or y prestH a. la,s dos gigantescas mur, 111peñ.1 e11 lri11~har los rnondadie11tes.
;H,llt~:- Pl flt11vío ele su fres1'.Ul'a., de AU lo-1\o seas brulo,-le flic ➔ SU compañ
ZHHÍtt y de su f'Xtn1,nrdinariH, exubernn-esl1 110 ~e comr: se chupa.
c·ia 1.ol'i hele1•ho~ ~rnndPR ,r los pequei"1ol'l, la menuda hierba, los musgos, laR 1
~nreclarlera::.. los rnaguf&gt;yes y los otutes
-~l;Hnil. i."el'dad que uu íleberiau bau
que en aµreta.cloR haces lanzi:1,n HI aire
rnr a los tiiño.s hasta que fuesen grandes?
~ns e!Pp;antei tallos remR.tados por Jin.
-Y ¡.,or qué'?
dni::t pPn1H.:hnR, toda Mquella va,riedail in*
-Para e,it•1r ,¡ue el rnnesll'O ll'.s ro
fi11ita de plauta~, cuelga los acantilados
d bautismo.

rj=

En la época df&gt; lluvias·
Todo caballPro necesita un

1111

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ei)cras:

ll

- Búsquese
- el Próximo
Núme

Compañía tiene á su servigio unos cuatro mil conductores, y constantemente
está aumentando el número ; pero no
se crea que e.s fácil ocupar uno de estos
puestos. Lo primero que se exige á los
aspirantes, es que demuestren su buena
couducta durante los últimos cin6o años;
VERSIÓN DEL FRANCÉS
Que sepan 6 no guiar un auto, es lo de
La
felicidad
po es un acontecimienmenos; más ftÚu, se prefiere á los _que no
Ji0, es una apti,t ud.
saben. Los mejores conductores son los
que aut~s han sido cocheros ó carreteníS, porque están habituados al moviEl corazón nace aventurero y conmiento de las C'alles. El chauffeur profe.
clnye burgués. i
· sional, en cambio, rara vez sirve para el
caso; tiene que empezar por perder la
monourn.uía de la ,....eloéidad y otras muLiámasQ amigo a un hombre con
chas rnalas costumbres, y eso no siemquien habrá que 1Jelear un dia y enepre ea fácil;
'
migo fil hombre con qnien no se esti
LOs aspirantes admitidos, pasan á todaYÜL ·muy bien.
una escuela de conductores que posee la
la compañía, Pon de se les instruye con
La dda es un hábito que hemos con:
un chassis, y despué~ de algunas lecciotraído muy jóycnes. Sólo por esta ranes, isAlen á practicar en la calle. Nunca
zóp ,nos aferramos tanto n. ella.
practica.u con viajeros, sino en ua ómni~
bus ocupado por otros aspirantes. Junto al coudQ.ctor ea ciernes que malleja el
Los libros hermosos consuelan de
volante, se sienta un instructor, y de
todo,
pero no reemplazan nnda.
vez eu cuaurlo, aquél esrelevadoporuno
de snscompañeroij. El iustructorva dando éxplicacióoes y haciendo pregu11tas ;
La plegaria es un aiTanque sublime
si el auto se pára, ó corre más de lo dehacia Dios, con la üitención de $U.car•
bido, pregunta á los alumnos la causa
le pequcfios 1n-0Ycchos.
de !tL irregularidad, y de vez en cuando
se le oye interrogar al que hace de con-·
duetm· : "¿ A que velocidad vamos?, ó
Los grandes poetas nos d isg.ustan ele
bi.,n : ¿ "Cuánto,s mjnuto$ . fal_ta.o para
la prosa., pero los pequelios poetas nos
l!egar á taló c □ al J.Hi,fn.da ?,, De este modisgustan· de la poesía.
do, ap~·enden los aspirantes a a:p·reciar
la veh1cM~d Y' el tiempo sin neeesidad de
apa:r11!tos, en los que la. -máe p~queña
E1 fln&lt;lol' es unct enestión (lp ~lumaverítL
puede inducirá grandes errores.
1
bl'ado.
Cou ~stft. ens8ña11zf\ práctica alÍ:!&gt;.túa la
teó,rica; :q'1~e''desde hace- poco más de un
año se da por medio del cinematógrafo.
Casi ~icmpre el el'ror es un.-1 verdad
Eu película.e becl~a;; con este fin, SP presen- _ q,:1,e se f'.r1r~iYoc-a de_ fecha,
tan á los futnrosconductorPsescenascall~jflrnS Nt las que figuran ómnibus ; un
éhoqde ó" un vuelco oc4sionad6s por to•
atirás, ú fin de quedar en la posición ramar el lfidó de la calle. que no debe toqueridH. pAra. voh·er :) sAlir !:-in tt'nerque
inarse ó por no saber Qoblar una esqui.
darlH,Vuelta. Esto. dadn. la!-iitu!'.lcióo eA-·
ria, una de~gracia ocurrida por no parar
pec:ial del arco, es m:.ís dHíl·il de lo qu_~
á tiempo, etc.,etc.
pare~e, y mucbrJs principiantes no le,gTan
Generalmente,nu mes de iustrncción
h»cerlo Rin tropPzar co11tra, el arco 6
basta para que un aspirante se convier·
contra las pi:1redea del patio. Ahora bien~
ta. en un buen eonduc:~Or. Eutouces, tiP.torlo aquel que no verifica eBtH opera.:.
lle que ir._ gui.:1.ndo un ómnibuR, á Scotción con 'ft,bsoluta limpieza, sin ·dar el
land Yard, dúnde están las ÜficinaS de
menor tropezón, es descalificado y tienfl
la µolida, para. sufrir lo qne podríamos
que volverá prar:ticar dos semanas. Si
llanrnr el exameu oficial. EA te examen es
á la. segunda vez tampoco aC'ierta-¡ no se
muy l'UrioAo. La entrada. á las ofic:iuas
le permite volver al e.xam.en hasta. pas~de ia policfa. es un bouito arcO, que da
do un mes ¡ á la tercera vez, se 1eexigen,..
pAso á un patio, y el ómnibus conducisi tropieza. otros dos meses de instrucdo por el aspirante debe pasar por él ;
dón, y al cuarto encontrónazo· es deflaipero .deb.e. hacetlo marchando hacia
th~amente incapacitado para el cargo.

Máximas morales e inmorales .

En Londres no hay tranvías; es decir,
Jos hay desde los bal'.'rios eXtremos a los
alrededores, como el que en Madrid va
de los Cuatro Caminos á la Ciudad Lineal, pero en la ciudad propiamente di1!ha no los hay. Esto podrá parecer una
paradoja en una capital de tanto movimiento, mas precisamente por la mucha
circulación de véhículos sería imposible
en las calles londinenses un tranvía, con
su camino obligado, fijo, que haría de
este medio de locomoción un verdadero
estorbo. El servicio que en otras partes
prestan los tranvías, bácenlb allí los giµ:antescos au.tomóviles de la Coml¡)añfo,
General de Omnibus, seria competidora
de los ferrocarriles subterráneos. Estos
últimos Ron, sin duda alguna, mucho
má'3 rápidos, más cómodos y hasta má8
seg·uros que los ómnibus, pero les falta un
encanto que éstos tienen ; eJ encanto del
aire libre. Cuando no llueve ni Jrn,ce demasiado frío, todo él que no tiene mucha
prisa prefiere, a,nt~s que viajar por un
túnel, subirá la imperial de un ómnibus
automóvil para ir viPndo las calles y la
geute i de aquí que los ómnibus, al &lt;.·outrario del "tubo", hagan su ag-osto con
el buen tiempo, Por lo demás, estos vBhículos son muy confort&amp;.bles y 11,ndan
muy depl'isa, porque haC'en muy poras
parn.dus Hparte de le.s obligatorias. El
público. lo misruo señoras que caballeros, están acostumbrados H subir en marcba1 y ni aun las viejas odien tonas v~..-icilan en recogerse las faldas y plantarse
de un brinco en el estribo. Los cobra.do•
res, por su parte, son muy atentos y
van siempre ~,reparados para, Ayudai:a it
subir al que se muestra un poco torpe.
.Estos hombres atienden muy bien los
intereses de la emprf'sa, y apenai, llega
el roc:he á una paradtl- obli~atoria, salta·
11 tierrA.. para. llama'r á la: },rentf' é invitarla á ~uhir. Un voceador rle· barrAcón
de feritt. 1111 zA~ttlt'lt=!'i»'r4in'f"fA, r]el -eervir.io público, dr· esqs ~Jut ~.1! cfi11 de toro~
ó rom~rfa grit.a11 •·¡A la phlZa !,, ó º¡Al
Bautn, al santo!,_. porlrían tt.pn'!11der rnu-·
cho de un eobrador ele ómniblu,•áe LótJ~
dre~. Hay que ver l?l er~tusial'-mo y la
cortesfa con que exclaman ante el tra.nReuntf': ;, ¡ Vamo~, señoras y cAhalleros.
vamos! ¡ _.\. Picea;di.lly por ua pf'niq ue!
j Llegamos en s~uida., por .un peniqtte !
i Prorito, µron to, que no-i vamos! ¡ A
Pieeadill;y ! ¡ Picéadill;r., Piccadilly, J'icCAdilly, PiccadiH¿:,. ... !
Pero, ~i no más pintoresco, mucho
rná.s interesa u te que la dPl eobradorei, 1~.
figura ·del Conductor. Actualmente la

,I!
1

Lo esperamos.

1 (j

n'rentP.

LOS OMNIBUS AUTOMOVILES

¡.

•
S

para obtener el desarrollo y morbi•
dez del busto, no admite el uacaso"
sino su !'Xactitud científica, es la píe., '· dra fundamental y sólida sobre la
tual se basa dicho tratamiento. dandoJ011.. lllái.1/crillante.s re~ultados.

DE ll Al,J,l ,,i\.,!!,1¡Y J?E .3

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Ciz; Correo

2P .

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ami,

M~¡~r-'·

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PORRU.IJ HNOS.

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S

2a. DEL RELOJ YDONCELES

a

fllll,, I I I I I I I I I T H I I I I . J l l l l l l l l l l l l l l l l l ' l l l , l l l l l l l l l l # l l f l l i l l l l ; I J

'0================

PEGAs'i'i
. :•u.,:J•1

o

�Sección ;11 e Aj edrez
PROBLEMA NÚM. 7 POR

J.

PRAT

BLANCAS.- D2TD, CID, T2D,
P3R, P4AR, RóCR, A6TR. (7 piezas.)
NEGRAS.- P4CD, C5CD, P4AD,
P5AD, P3R, P5R, ASAR. (7 piezM')
Juegan las Blancas y dan mate en
dos jugadas.
PARTIDA NUMERO 11.
DEFENSA HOLANDESA O DE STEIN.
Negras
Blancas
Gubanow
1.P4D
2.P4R.
8.C8AD
4.P8 AR (2)
5.CxP
6.A5CR
7 .ABD

Urajew
1.P4AR
2.PXP
8.C8AR (1)
4.PxP (8)
ó.PBR
6.A2R
7.P8CD

8.0-0

8.0-0

9.C5R

9.A2CD
10.AxA

10.AxC (4)
11.AxP j. 1

12.D5TR j.
18.0ICR
14,lJSTR j.
ló.C.;R j,
16.DxP j. 1 1
17.T7AR j.
18.C4iCD j.
19.P4AD j.
20.TDIR mate.

11.RxA

12.RIC
18.TIR
14.R2A
15.R2R
16.AxD
17.RSD
18.R4D

HJ.RiiR

-CulmllPro! Oe:&lt;puP:f de ,~ ins:nfto_s que
nlP' ha rli-ri~hlo, me ,,ou~o a su d1i-po~i•

NOTAS

(1). Si 8 ..•.P4D; 4.D5T8 j. seguido
de DxPD.
(2). Generalmente se juega A5CR
para continuar con la jugada del tel&lt;to.
(8). Lo mejor es jugar P6R.
(4). El comienzo de una sorprendente combinn,ción de sacrificio.
NOTICIAS.

c1c'i11.

NOSOTROS VENOEM OS

,

-PuP~ v;H :1 y tr:\í~:1me 011'4 cajetilla: de ;
cigarrillos de a !11.
;.\le permite usle I qn,· lo acompaii.e, se-,
ñurit.-t?
..
-¡Qué po ·o ori1imd es usted! ¡Lo menos
he .. ucontrado vei11tec¡1llallt"ros que me hao ,

Mas Barato,

El dueiio rte una col ·ccii'm zoológica se ·
au~enta por quos díai- y redba del Pncar•
gado d~ la mis na el s!guiente LP_IP.itra~a:
11.EI chimpancP. .-sta muy triste ~in su
co , paiuffO, ;,Qué hacemos hasta que usted
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Tres matchs importantes se han jugado última.mente. El pt·imero, entre
el Campeón de Francia, D. Janowski
y el Maestro Americano J. W. Showa.lter, terminó con la V"ictoria del pri•
-¿Cuilnto v~le e~a bicicleta?
mero por 7 juegos ganados, 2 perdidos
-l.ieuto veiute pPsus .
-Por esta piola ID ➔ compro una !aca.
y 2 tablas.
-¡Honita figura haria usted encima de
El match entre el Dr. E. Lasker, uoa vaca
-La misma qu.., haría usted ordeii.aodo
Campeón del Mundo yelDr. Tarra.sch,
la
hicicleLa.
fDé una fácil victoria. del primero que
triunfó por 5 gana.dos, por 1 tablas g¡ue
-Seilora,-dieP. l-t 1101triza - suoon~oque
fué lo único que pudo hacer el cono- rle!;&lt;\e f'-~te mes me aumentará usted el sacido teórico alemán.
lario.
-¿"orno es rso?
El match entre el Campeón mexica-Porque dicen que va a suhir el precio
no, A. G. Conde y el Campeón de In- de la leche.
glsterra, H. E. Atkins tetmi.nó ron ei
-Mire usted. citmarPrn: -a mi mP. gu~ta
triunfo completo del primero. Esta úlbie ,. Tome ant-1 t,1df, la propina. Y
tima. not\9ia. causará. sensación en Mé- romer
dig.-tme qué me r.. comienda
xico, pues a.qofno se sabia que contá.-Que vaya usted a oLro restaur,mt, ca•
ballero.
semos con maestro de esa talla.

1librerla de la Vd~. de Ch. Bouret

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Acr11¡¡t/('(;, Gro. S,•i1or1'1; Vitlrilt'.&lt;; l-11·r1110110.&lt;; .
A1·01111&lt;·&lt;111 , V. C'. S&lt;•1/or illio1"'' A. l o/t•.&lt;;ia:., Cri11H'r&lt;·io11f&lt;'.
Ar¡11a.•walir11f,,.._, s,,1tor .]f,.-;,í .._ [1_,'. A/o11,&lt;;o, &lt;·alfr 1Vashi11ufo11, ulf111. ·!J.J.
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/-/('n11nsiflo, S011. 8C1ior H. S11rin,:a-, S11c., /3ofi&lt;"a ,11 /)ro,&lt;¡1t&lt;'rÍo Mr•.ric·,1110 .
Jolo11rr, V('r . Sl'1iOl"l'8 h'111ilio 0011.::dfr.:·, lo. dr· J__,ucio. Ui •

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La Ciud.ad
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,

\
\

· " LA CASA nt.· LA MODA.,.

No. 11

PRECIO 30 CS.

Mayo 24 de 1917

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          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>1

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llllso por h1 .\l;nn,•tla. hh; auton1t),1 il"s t[ue nllí 1nontan la
;;uardin en linea desplegac/;1 me !S11g·ierc11 ])l'opósitos de una
lnHnitud que a \ ' ~•(&gt;:,; se conl'unde c•on In 1•otaeión de ]u tierra
1 en ota!;:iones 1•c1·uc1•d·a el dcsasti•c del carro de Faetón. Fo•
ln.l'ntau en 1ni ánhno una literatura extraña, en fa úual me ha
hlkin&lt;lo nu atniJ:!:O núo que emwcc lejarna.mente. por Faguet,
las (loett•iuas ck los filúsofos; pl'ro que s~ tnrnsro,·ma. enno•
blt•t&lt;' ,y radia &lt;·uando diserta sobre !las cámaras de ail'e. los
asís y los cnrbtu'ttclorcs . ~U amigo me c·og·e fiel brazo y a la
fitud de Gu.Hrdioln lnter1·umpe mi conversasión y (•omien:r.a
d~al'ro11o de Rus ic.!eus sol•r&lt;" los automfr1·ilcs, la'.;;; cuales. nauraJmcnte, ferrninan o !?.(• .-;uRJ)C'ntlen a la altun1 de "El Mo•
,'' salvo &lt;'I &lt;'a.so im¡n·obal11(• d&lt;' · •'fue tomemos 1a a'C'e1·a de enl't-nte p:n·a 1'&lt;'!;:resnr. Tit&gt;ne- &lt;'0noclmiento~ muy sn~Pstivo~. so• la,,.; lla11tas, qtte no 1.';.1mbirnfo par ia resolneión dd problelle! ,'.·Ouoci-.:u!í'ttto; rara e.,t,i:nun· la pint111•a de la~ &lt;'cn•roce:-1, v1q1e,•:t a Uimbaud &lt;"1rnndo estilblf'Ce el c•olol' ele las \'0Ca•
Y os dará u:1 rato de agradable dh·ngacióu si Jo escucháis
bl81' de la importancia de las marcas ;r de fa calidad de los
nes y de los monogramas (le Ja¡;; portezuelas. Como n,o
nlto h·ecuentl'mí'nte la ol:Jt·a del Sr. Ortega y Pél•ez Gao.-df"sqnite ele 1a uohlezn dE" esta mny leal clntlad conQtl('

El Mejor Reloj.

NUM. 9

o·v 1 LES

Por Genaro Estrada.

;Jli&lt;'lllru/'i 1111c d

JOYl:RIA Y RELOJl:RIA

SEMANAL

il-ffl

tra tas omi...:innes del Alma.naque de Gotha- en alguna 0&lt;'a!-,ión me permití establ1•1·í'r una dnd.t a&lt;'erca de la J'ectitud
líneal qnl' .,·xi~tc enti·e ("J hlasón de &lt;'ic.rta [lortczuela y los
1ue 1•,,vi11g'i&lt;1:-; má:-; remotos: J1C'l'o mi \'"il'gilio ncumá1jco discrtóme galanc.1mc·nh• d&lt;' d1.•1·tns
t·mupli&lt;'idadcs entre el azul celeste de h1 .-.:an~Tl.· y ('! Ol't'(' t1.•r1·c11a'I d&lt;' lo:,. talleres &lt;fo rep.u·adon&lt;$ ....
J,os ,rnt omú,·iles lmn ¡u·o,·ot•;ulo. 1.ambU·n. tl'agcdias qu~
110 se 1•efic-1·e11 pn•l.'barnent1.• a atropcUamientoH y descalnbt•a&lt;luras. 11i coim idc•11 &lt;'011 las drl Hipúd1•omo &lt;le la Conde..&lt;:.a. F-'igul'aos el duelo doml·stko. el rcnt'or infinito dP un agente de
bo'lsa. a quien el destino vohlble ctel })RJlel moneda dió posesión de 1111 ('Ochr ele q11inientu:,; dó•Iares .r que ahol'a. remuele
·"l.'t'retamcntr :-;11 1m1H (' l'l.Wl frataso :r :-:t.• dNJde a subil' a un
ómnibus, humill:ttfo a \'iajal' en cmnpaiiías ine6io1i1as, él, que
no &lt;'&lt;mcebíu ir- el(• la Bolsa aJ Ci111..·o de ~,layo. a T"Cnder sus
Tupila~. ¡.;ju J)Olll'l' 1'11 UHHÜll.i('nto ('Ua1ro lfantas, l"0lll])Cl' uu
tm~· &lt;k boch1:.11-; .r 1.!al' 1u,-; órdt•1ws ni c•lmuffcr. en ,·oz alta, de
nuincra &lt;1Ut.' lns nunhistas qne en la.-; acc1•as realizaban pozos
im1,1•oba1Jlcs. se pm·::;atm·1rn de hi Jl!'C'!:ienr-ia tlc aqu(&gt;J f~gaz
m·t·ionista tic la 1•iqne:..,a naeiomtl !

En cambio, 1ne C'onsucla .v tonifica el placer del estudiante rico de CtHlereyta o de la familin acomodada Ue Snha,ticrra. Que 1os domingos, al ir' n tomar el coche, $0()t aseciiacloS por
1ma legi6n ele muchachos que les gritan las mal'Cas de Jos autos, fo:s encaJ'cccu 1a cantidad de los asientos y le cuentan los dos
los cuatro. los seis cilitndros del motor. ¡Pues de seis cilindros,
no fa l~nba más! Y allá van füsparados, expllcándose ,•agamentc
las desventajas de los Poche~ de caballos, sin so'l tal' las nianos
de los somlweros y lli&lt;lieado a &lt;·ada paso i.nfot•maciones al
c&gt;l1:auffer. Qnf' 1woc-m·a m1.mtene1· í'l equflihrio ent,re su grave
di.g-nidad de lllt"'l!'üpolitauo y la ('Ul'ioi::-ifütd preguntona de la
&lt;'ar,2.·a: que
n ll&lt;• Cllapnlt&lt;'pec- al Zócalo, remil'an&lt;lo estatuas y
mmndos. sin :-;os1wehar que e1 g1úa no dirá una solfa, palabra
de la (.'a~u de lo$ C0n&lt;1es de Sant;;ngo ni detendrá su coche de'lanlc de in fachada dt" Lo1·eto.

"ª

No faltará, POI' ot1·a parte, quien sostenga que cambiaré
de OJlinión el día en que- me n~a propieta:l'io de uno de esos
"seis ciliuilros." cuya estu})efacclón atribuyo proYisionalmente a lq. familia de SalYatlerrn,

PEGASO

�EL HEROE RETORNA
POR CARLOS GONZALEZ PEÑA

gírom~s de la niebla habían sido barrl~
dos por el sol, dejando iluminado Y lhn~
pio el ameno paraje de Coa.huila,
se encontraba, Roque Palacios
melanCólicamente a ht imagen de Clotllde, cautivadora en su r eir coqueto, que
surgia en su memoria, con el gracloeo
]mw.rcillo solH'e la mejilla derecha, que
\anto la agraciaba, y el mirar atrevido
ele sus ojos garzos.

JI

s_in fmbat•go, tanta reserva en sqs
abras; eran tan incoherentes sus ra-

vor la augustia, pre$a de
preseutimientos, y sinlienUc•m po, la necesidad fb;ica,
t,estia.l, irnperio1;a U.e comer-pues qnc
m&gt; lo había. hecho en largas horas,--H.oq11e Palacios penetró en un restaurant
lt lu ea.ida. de la tarde.
III

F.special

para P~GAFlO.

Lo que mayormente atormentó a Roque f'alacios, durante ~u campaña de
revolucionario, ful: l a '.;l'.1.,,mcia (le los sen:&gt;:,; querido~. ele los (10.4 únicos que: int~ •
grab n la. f.::imili;t: su madre y su herma-

na. Ni las m archas for-:mdas por las luengas y escuetas llanuras del n orte, bajo
de un sol tór1·ido y er.irc densas nube)'
de

polvo;

ni

l os

c1·m' ic&gt;s

combates rle

mediados de 191:L en riue se luchaba no

s6Jo contra un enemi¡;o aguerrido y superior en número, si.no contra la falta
de mantenimientos y m,.miciones; ni la~
mortales horas que pa~ó a veces, buscando entre matorrale,, presto el fusil.
e l o'ido alerta y el cuerpo inmóvil, en espera de la columna arlvnsaria que hal)[a de pasar; ni los dín.s sin 1)an, ni las

noches sin abrigo, ni lss horas de devo¡ nada deprimía ni torradora sed ...
turaba tanto a Roque Palacios como ei
rP.cuerdo de la pobre viejecita y de h
gentil muchacha. a quienes dej·:tra. :!lH'i.
en México, confiadas a su prop ia suerte,
no bien el destino lo empujó-;':l ,:,J homhre pacfflco como pocos!-haí'ia la mt,.i
!~_:...-tlenda aventura de s,i viU.s.. ...
,,Cómo de buenas a p:•imer;.,,:.; se Yi6
metido en la trifulca? Ni Roque roi~.mo
acurtaba a explicárselo.
Vivían los tres en pobrísima vivienda
de una calleja apartada vor el rumbo de
Loreto. Muerto su padn:;, el licenciado
Palacios, Yióse obligad,.;, Hoque a "destri par" alJanctonando la P•'Pparatoria. Aga.:-róse al presupuesto, rf:•~urso de de~es•·
perados como de dichoi:;os. Gracias al
mezquino sueldo que el t&gt;mpleo de escribiente en un juzga.do de lo penal le proporcionaba, amén de la venta. de tal o
cual baratija de · las QUP, ies restaban dtt
los tiempos felices qu e alentó el jurisconsultto fallecido, la familill.. pudo ir tirando.
. . - Inútil la m-i"lre para desempeñar, aunque quisiera, toda faena productiva, en ra1.ón del asma terrible que
padecía, e incapacitada p:-.ra lo mismo la
hermantt menor, tanto por su edad corno
por los resabios de orgullo burgués que,
a falta de una herencia, quedasen a la
familia, Roque fué el único sostén, el
solo amparo de la casa.
A costa ele mil esfut:rzos, trabajandc,
lo indecible, logró el mozo salir a floU,
de situación tan apurada. Durante el
dia, aprovechando los momentos ryue por
benevolencia de sus s•.1periores,
IJOáia
hurtar n la esclavitud oflcinesca, iatentabn, con buen éxito frecuente, pequello3
negocios. Por la noche hacía traf-1,cciünes Y llevaba una conh1hilidad. ,\11í, ~n
"l tn1nscurso de tres allos, los J&gt;a\1cios
fueron mejorando su condición deBáicli.a&lt;la: pudo cl9fin }3rnna tomar a sueldo

una fámula y desentenderse de los quehaet'l'eS ,1oméslicos que le provocaban ho1-ribles ahogios; entró Clotilde en el C· ,nservatorio, l)Or materno mandato, a hn
U~• seguir los cursos de piano, prúf.esión
rnra. Lt cual, en verdad, carecía de vo~a.••
dún y tlotef-.

Sob1·c•llevando aquella trabajosa, biei.
quC' hasU!. ciert.o punto p~sadera vida es-

t,lban, cuando acaeció el triunfo de la
r:.evoluciún ele 1910. La Providencia, encarnada en la persona de un joven amig-o y compaf1ero de Roque, les sonrió
entonces. Venía el tal convertido en fun~
ciunario prominrnte; adoraba a su viejo
camarada .... ¡y héte alli a Roque, como por obra de milagro, convertido de
la noche a la mañana, en jefe de sección
de un Ministerio!
Tornaron para doña Benita los dora,
düs tiem¡_.üs dt: ;,olvurq cc,1, q_ue 12.. re!{:'l.1;- su r.,nr;ao. Cloti.i'! pcim01·0~,.1n1l,ni:e
Yústidn, Hndíi;irna y risueña, abandonó
el Conservntol'io. No r,arecia sino que
ambas resolvieron vivir de sus rentas. Y
en cuanto a Roque, claro está que se vió
metido &lt;le cabeza en la politica, pues
por hermol:'ia que sea la cara que un ciudadano tengn, no por ella llegará nunca
a. obtener jefaturas oficinescas ..... Figuró en un club; fué elector; miró su
nombre entre los concurrentes a ceremonias y banquetes oficiales. Estaba he€hO un Crispi.
Flor de un día fué aquella felicidad;
tan tl::nue, tan fugitiva como un suspiro.
Volda a ser México el pais clásico de
los pronunciamientos.
Al triunfar
el
cuartelazo de la Ciudadela, Roque Palaeios, el n.ccidental político, vióse despo-jaclo do su puesto, a.casado, perseguido;
)' una noche, entre las angustias y lágrimas de madre y hermana, y tomando un disfraz para escapar de la policta. huyó. Vagamente, pasados algunos
meses, lus abandonadas supieron que el
pobre muchacho peleaba como teniente
en las filas revolucionarias.
¡Má.io; dichosas ellas que alguna noti~
cia tuvieron; pues, por lo g_ue se refiere
a Roque, pocas o ningunas de las ausentes logr6 obtener! Alguien le dijo haberlas encontrado en la calle y saludádolas
de lejos; otro le informó que seguramente no residfan ya en México, por más
que las buscara, interesado en informarle de las ausentes, jamás las encontró.
Una sombra densa, impenetrable, profunda, se habia interpuesto entre ellos.
Recordábalas el teniente con amor J
e;on lágrimas. Por las noches, frecuentemcntP a campo raso, bajo la. dulce claridad ele las estrellas, imaginaba que la
mano bla-oca de su madre descendia hasta su frente para. bendecirlo. Y en una
mafia.na de crista.1, en que los postreros

PtGASO

¡Cu:'.1.1 no seria el gozo de Roque Palacios cuando, al triunfo de la revolución, en junio de 1914, obtuYo licencia
para volver a. México'.
Aceleradamente palpitó su corazón
cuando el tren en que viaja,ba penetró en
el milagroso ya.lle. Avidos contemplaron
sus ojos las cimas de lo~ lejanos volcanes, esplendorosas de nieve Y de sol; y
no dejaron de humedecerse al colu:nbrar las primeras torrPS distantes, las
sórdidas casas de los subul'bios, las vastas y renegridas constrL1ccion&lt;ls de la~
fábricas .... Volvia al -s,~no Je su amada
ciudad. Volvia, conclufd;t la. lucha, sin
11 margura, sin odio, con esa serena meJancoi[n nun aa: 1a expcnencia de gravlsirnos trances; y, en el fondo, muy en el
fondo--vorque era creyente,-c"on
tierno agradecimiento al Sefior que le
1leparabll. la suPrte de haber salido con
bien de la tremenda pesadilla de destrucción y de muerte y hallarse en aptlt·ud de suavizar los postreros ~lfws de su
madre anciana y servir de amistoso guta
en los ar.arosos comienr.os del vivir, a su
hermana única.
Saltó el andén con el brio, con la. vivar. agilidad de un muchacho de quince.
Portaba el recio y desairado uniformq
ele kaki, la pistola al cinto, el aludo H1•
jano echado hach.\. anfls. Como exhal, ·
..:; Jn ,ltr:p•csó la cill é~, 1c1. Xi ~iquic•ru. tuva
,na sonrisa partt h ,:,; &lt;i1\·e1·s.1,s e:,cfll~rios
del pasado que le salii\ ít al paso; viejos
rincones de niñe;r, y juYentud,
vecf's evocados nrnoros1.nnente, en lo m'.n,
.. udo de los combates. Dej6 atrás, sin mi·
nulos casi, lit ecuestre efigie de Carlos
rv· la umbría :Llnrneda; lrt amada.. hwlvidable Avenidr.1 de San l&lt;'rancisco, en
a&lt; 11.1ella s:1.r.6n !icnchioa de alboro o y
i; 1\licio. Quería Ye~· n (:u fa,uii'.l".. a ",;a
cosh1; verla ltiego, Juego; cerrar los ojos
a. todo,' para no abdrl•:s sino hasta el
in$tante solf:rnne Pn qn i, la
materna le acariciase, y le
genHl risa de Clotiolde con
días humoroso y cristalino que borrara
de pronto el horrible paréntesis abierto
en su vivir.
Y no -bien tomó posesión del frlo . del
inhospihllario cuarto dd hotel, TioqUI.'
Palacios echósc en busca ele lo qllC
anfii~ tan viva anheln.ha.
fü ,~c anso. Pacientemente inYPl'&gt;tir:•'..
s:as Y gentes le eran extrai,.as. "!\fo eonCl~lu.
a nadie. A nadre hallahn. e;"!:,~ p•;diera
~•1ministrarle informes . .\!'=Pg-urar!:-1r.-•: Q.Ue
la madre y la herm:;tna del
hian eva-porn.do. Al cabo de mP ;JJf'l:'C-1 1~
1:"!s clos o tres personas •.'.OY)m.:iJa:~ de ,~
r~.rr.Jlia. _c¡ue . Jog-r6 ~ncontr_ar ,itt.&gt;rOllll'. t·~
, :i.sas noticias: al parec&lt;'T" dniüi.. senlbl
Y Clotilde, meses :1.nte:;;, ab:1.n.!01.:i..~•JD 11
r;iurta.d con rumbo dei;~:irioc·id"..
¡J.Ja·

Tn1JA.rase en éste con un compañero
1lc annas por luengos meses no visto: el
c.apltán Trujillo,-tipo de muchacho bullanguero Y charlatán, chaparrillo, tri11:uello, de nrrhlcados mostachos. Y como
TruJlllo acN;tnmbraba usar y aún abusar de los :'Llcoholes, a poco que se enoontrase con un ca.m~~rada.; y mé.s propicio &lt;ti atunlimieutu, 11 ! oh-ido de si mismis graYe cosa, est.11vit~ra el ánimo de
Palacios, resultó que la comida en bebldtl hubo de convertirse, y copas van
copas vienen, u la vuelta de duM horas
llmbos oficiales estaba.u algo más ().\Hl
"pasados de tueste."
Aunque por naturaleza, sobrio, tuvo
1¡ue reconocer Palacios en aquella oca1illn h:1.::1 singulares virtudes del vino. Lus
perspectivas de su vida se tornaban ju•
bilosus Y risuefi.as. Pasado, presente y
futuro se enlaza.han como comienzo, n.edlo Y fin del ca.pitulo culminante de ~hHble historieta. No de negrura. trá.gica, sino envu(•lta tm un tenue, espiritual cla•
ror rosa, a.J&gt;arecfa. el momento. y así
entre sorbo Y sorbo de cognac, trayend;
n. cuento rela.tos: de bélicas hazañas, sonrifmdo a c-ngañosus ilusiones que con el
ru_hio lkor parecían fluir del cristal dE,
la copn,_ él ¡,or lo común silencioso -y
!duS t o Roque Palacios, volvióse ., ~u
ver. chancero Y parlachín como Trujillo.
J'or el fill 1 dn 1~1. media. noche a bandonaron el eestaurant. Avidos de movi~
mi('nto Y embc.-le8ados por la. fragt1.nte ti,
bler.a de h atrnúsfera U.e junio, emprendlNon ª· .\-:l'_;;llitl,u,; loco paseo en autorn6\'II por la ancha. Y eu aquella sazón solitaria calr.:td:L de la Reforma.

---;Natl,~ 1lc penas,

mes las ro¡nls, y un desag-radahle chnnr.dt•tt'O que 1n·oélucía11, a ¡,ueo QlH' diese
un p::tso, las roj;is t·ili11,'l;.1~ qu e
tn.tia
puestas.
-----' ;HpC'nas las tengas, Caditana!- exel;1mü 'I'rujilto, hundiendo familiarmente! sus manus fuert es e11 las mantecas del:l j;1.momt.--Aq11í te tn1i;-o un amigo de
los bue1tos:; lrcs piedras ;r un te11eyalurnlco. como ahora se dice!
Enti·aron vacilantes:. r~n el recinto de
;)Quella casa de infamh1 emJH.'zara a di.-;ipnrne la alégría pasajerfl y burbujeante de Roque Palacios. A
ésto sucedfa
ahora una pesante;r, indecible en movimif'ntos Y palabras; un malestar físico
que se rcsolvfa en el tétrico abatimiento que lentamente se aduefiabfL
de él.
Desplomóse en un asiento. Como a través
Ge sutil velo ele niebla, miraba el ir y
Yen ir acompasaelo de las mujeres ataviadas con batas ligeras; las contorsi ,)nes
bn1tales de las parejas que ba:,.1han ::..1
són de un piano canallesco; el oscilar
conslante de la enorme me]ena del pianista, que se diria acentuaba los movimientos desenfrenados que las
manos
flgilmente arrancaban a las teclas.
En la vasta sala iluminada por los foquillos brillantes, fijos en el artesonado
embellecida al modo tn1h{Ln con enorme~
cromos ele brutales desnudeces encuadradas en flureos marcos; llena de humo, cargada del aroma fuerte de las bebidns: eH aquella S;"L!a que era como escenario ele un exhibición de desenfreno
&lt;1mén de las parejas que bailaban y d~
las mor.a~ r¡ue iban Y ventan, ofreciéndose, columbraron má.s que vieron los ojos
anublados del h(:roc los consabidos grupos de chulos Y daifa¡;, las escenas de
prm;titutas ávidas, que desplumaban a
viejos cal:1vcrunes,-y hast:\. paró mienks eu una inujer que, tendida. cuan larga ei·tt &lt;'n él diYán del rincún, de espaldas a l públi c o Y al aire abandonados los
íl1H'.S tobillos que oprjmla rnf'dia. fina, parccia dormir el suefio de los justos¡.
Xo fueron P~rtc a sacudirlo tle su mn~
dorra lúgubre las mil Y una mafias .o
fil!• ~ p:ilrona Y pupihti5 acudiel·on. El ansi:i d&lt;, Y (' t· a los suyos, de saber de ellos

de ofr!os, dominaba en el caldeado cerebro de l'ala.cios, corno la última obst·}-.ión do!orus;L d e l Yino. Necesario se hizo
lJUC 'L°l'l1jiJ!u, adye1·Lidt1 a. tiem¡,o, acudiese a sucHr a su arnigo del adormecedor
n1arasniu.

Quic1·as qn c no, abra.r.atlo por 'l'rujillo,
Y snguitto de uunieniso c:ortejo femeni-

no, en el que, 1u1.turalmciite-por aquello del no;.;-ocio, --11cscollaba la. patrona,
Roque fué conU.ucido al comedor . IGn torno de la mcsrt le parcci6 que se sentaban
no mta., sino cientos, miles de mujeres.
L:i clarid~nl de la Uunpa1·a., cayendo a
plomo S&lt;1brc del manoseado hule que servf:t a guistt lle mantel, dábale la irnprcsl(m de un cegador d(i luz que acrecent.t~ba. su marco. Prodújose, de improviso, el ef-htllidú del primer taponar.o, y
a. c,ste siguier,.rn otro, y
(Jlros.
El
dw.rnpaüa corría a borbotones. Derramábase de li1s copas que a.g;arraban las manos nerviosas y l'llsortijadas, en la confusión de los desnudos brazos que se tendfan hacia los escanciadores, mozos tri:;udíos, de mandil blanco, con aire de
ufcbos. Chillaban y refo,n las mujeres.
Trujillo tlalia puñetazos, que acentuabf.1,
,:on blaHfcmins:, sobre de la mesa. y a.
la sorda inquietud de Palacios substitufase ahora nuevamente un regocijo
turbio, malsano. Amor fraternal, afecto
mentiroso, necio, tcna:1. por todo y para
todos ah'·ntaba en él. Y si al entrar en
el prostfl)ll]o mostró desv:io hacia
las
n1iUosas hembras que Jo asediaron, ahora se entrega.ha. a las caricias de todas,
a11nriue reservantlr, las suyas propias: pa1·a nnu morenilla flacucha, casi imberbe,
de gr:indes ojos, (J_ue retenía en sus bra;,;ut;.

·-· ; Gatlitana!---bnf6

TrLJjiilo.-Dónr!e

t•slft P..&lt;1:,aura? ¡J~h, nn1jer, dime, ¿ d(rn-

1lü C8tá?
--¡Vara, chico, con lo que Yas saliendo! ;Pues en la sala, hijo, con una borachera de 6rgado! Esa muchacha decidid:1menl e, no 111 e con\•icne. Beh~ de111:isi:.tdo. Pue,;, que, ¡_ 110 l!L viste al entrar, dormtda como un tronco, en el di-

hermano! - decía

TrujHlo &lt;t Pa];'lcios, con el fra.teÍ·na.1 optimi.\-:mo

d:.1s de colorete, 1:áf,;;ttú$úria:s de perfu-

de los ébrios.--Ya

las

encontra-

CARICATURA EXTRANJERA

l'li.~. hombn·, ra las encontrarás; que en

al¡:;ún lugar halJrán de eslar, y, eso, 1nuchlsimo mefor que tú, que has andado
arriesgando el pellejo en la "gloriosa!"
¡Lns 11111Jcr6!s son asf! ¡No las achica ni atu1·t·ulla el dia.blo!... . ¡Yiva Ja
Revolución!
. Vociferaba con brutal estruendo, en
tanto que PU sus lablor-i colgantes, ma.::-•
tentase una Súllrisa estúpiU.a y terca. De
cuanto habht dicho, el pensamiento d e
las mujerE's persistió. Y aquello fué ar~mentar sobre !:"i eran buenas O malas,
ndas O feas, piadosas o crueles; hasta
que paró en proponer a su amigo
fuesen
de '1s1
-· -,a a. una. honorable casaque
,
de
--'ll
·
iaa conoc·nniento,
donde no faltaban mobquitapesares que de mucho a Roque
ha r1an de servir.
lea-Pasen, muchachos, pasen . . . . -di·JO·
.. ~- en el umbral mismo de la puerta a
tWDde mom en t os después llegaron, una
lelora gorda, con las mejillas muy da.~

-

~:-- fa-.,.
_.'ifl,_

~ _.P--?"~

~_q

.

~ l a que está costando trabajo extraer.
PEGASO

..

.

_1,· ---

�ván del rincón? .. ·Trujillo se puso en pie, tan rápidamen~
tu como su estado de beodez se lo permitfa. Afinnü que todas las presentes no

valían

medio comino junto de aquella

chica zandunguera. Y entre la rechifla
y las risotadas del mujerio salió

vaci-

lantf:.

Sonaron poco después

gritos

estri-

rlentes, co1TI.o di:: hembra que forcejeara,
rnezchHlos con las insolencias del capitán 'l'rujillo, empeñado en atraerla.-

.. ; Uosaura!--¡No quiero; te digo que me
dt'jes!-- ¡ Rosaun.l.!-¡ Suéltame, condcnadt, - ¡ Entra, entra, pues no faltaba má.s;
como si yo no pagara mi dinero!"
H.oque Palacios babiase puesto en pie,
desencajado; fué como si un pufietazo le
devolviera de sl'.i.bito su sensibilidad adormecida. Y ::1, través de la bruma que enturbialm sus ojos, vió cómo el capiHi.n,
,tnastrft.ndola casi, hacia entrar en el comedor, UesgrefiaUa, con las ropas en desorden, a una moza en cuyos ojos garzos
f~ilgurabn la cólera, ,Y contrastando en
,iu gracia con é:,,ta, ostentaba un lunar
en la mejilla diestra.
-¡Clotilde! ¡Clotilde!-aullO precipit{lndose sobre de ella.
La mujer, que buscara el apoyo de Ja
puert~1, desasida. ya de las garras de Tru-

terioso ,documen1Jo atribuido a la
raza cuicateca, cuyos restos viven
en la región cálida del Estado de
Oaxaca, lindando can el actual Estado de Pu&amp;bla. Después de grandes desvelos, Jo leí en toda su extensión, encontrando que es un libro que re'lata la Astronomía e
- ¿ Quién me llama por mi nomllre,
Hif1toria del gran Impe,ri'O peninquién ?--preguntó, avanzando en direcsular que desapareció totalmente
ción de Roque, con incierto paso.
algunos años antes de la Era Vul-¡Ah! ¿F,rcs tú? ¿Eres tú?
gar.
-¡Clotildc! ¡Clotilde! .... ¿Pero, t(i
Según las relaciones del Códice,
aquí? ;. Y nrn.má? ¿ y mamá. ?-interrogahabía cuatr-0 poderosos centros de
b,t ralacios, medio despabilado, con llll~
civilización en el Sur. Uno inmedianngustia que, sumada a la embriaguez,
to al Gran Imperio Itzá, que ocu:;acudfa con temblor convulsivo su cuerpaba lo que hoy es Estado de Chiapo. Y clavando sus manos en los hompas ; otros más al orient~, el Impebros de la daifa, en tanto que sus pupirio de los Mijes, cuyo nucleo estalas pennnnecian fijas en las azules de
ba en el Cempoaltépetl, Estada de
eIIa, exclamó: ¡Clotilde! ¡Clotilde!
Oaxaca,
y el más occidental, el im;, Qué has lu~cho? ¿ Dónde está mamá?
perio Mixteco. cuyo centro era
- - ¡Pues, mira lü, qué preguntas!-griAchiutla la ciudad sagrada a cutó con estropajosa voz.-Mamá. . . . ¡ oh,
yos templos recurrieran los granmamá, en el otro mundo! Y yo ... pues,
des reyes de las naciones civilizayo, aqui donde me ves .... sufriendb a
de, entonces.
das
('stos cochinos hombres.... ¡CualquieRabia florecido una gran civilira se muere de hambre, hijo!
zación al ,o.riente de nuestro actual
Y como estaba ebria de remate, se
país mareada desde las desembodesplomó en el suelo, a tiempo que juncad~ras del Panoayan, (Pánuco)
to a ella, sacudido por hondos, desgahasta Centro América. Esta civilirradores sollozos, el héroe se arrodillazación estaba limitada al occidenba.
te por la Sierra Madre orienti&lt;l. El
mayor grado de progreso lo alcanzaron los peninsulares.
El otro gran centro civilizad,¡ lo
integraba la nación Mixteca, desde
donde s,e extendió el sisten1a de iµ
Astronomía, ciencias y artes. hacia el nortJe, es decir, hacia la Mesa
Central.
Los Itzáes reasumieron el ma•
yo.ad.elanto de esas épocas, conciPor A braham Castellanos.
biendo algo de lo más important.e
en la corrección de los tiempos,
bre americano había encontrado al
hasta llegar a hac;er Je que nos•
fin la materia prima para escribia:
otros jóvenes del día de ayer, lla•
sus poemas, sus l,eyendas religiomamos Co1rrección C:.regoriana.
sas, sus asuntos políticos, sus cosLos ltzáes intercalaron un día
tumbres, todo lo que le había espara igualar el movimiento del cietado vedado a la humanidad antilo cada 390 años, a fin de poner de
gua para perpetuar su memoria.
acuerdo su sistema teogónico, por
El hombre americano había enconmedi·o de una cronología bien arretrado el arte de escr1bir su histoglada. Este asunto, dice el Códice,
ria. ¿ Para qué? ¿ Para ser olvidafué el principal motivo para que
do? ¿ Para _que a través de los tiemlos pueblos del poderoso Imperio se
pos sólo veamos degenerados de las
lanzaran a una atrevida guerra, a
antiguas razas, ruinas de los pola conquista del muI'.do conocido, a
derosos imperios que en pasadoo
fin de imponer su ciencia y extentiempos perecieron por la ambición
der su comercio, mH años an!tes illr
del dominio universal? ¿No, aqueCristo.
llos libros, nos dicen muchas verHacía mucho tiempo que era redades del orden histórico y moml, · c9nocido el poder de los Itzáes, pues
que debemos tener en cuenta en la
la corrección la hicieron 4,17~
vida de las nacicmes? ¿ Por qué, enaños antes de la Era Cristiana.
tonces, no acometer la empresa de
La razón nos dioe que fusron
leer los antiguos monumentos donotros motivos, tal vez de orden pode está guardada el alma de los inlítico, los que impulsaron a los 11dios? Hé ahí mi sueño, sueño faczáes a conqui'star el mundo.
tible.
II.-EXTENSION DEL IMPE·
En medio de las dificultades de
RIO.-Aproximadamente, podemos
la vida, hurgando aquí y allá, con
fijar por ahora la extensión del
el mismo pensamiento que me lleG,ra.n Imperio Iitzá, el que actual•
varé a la tumba, tropecé con el "Cóme:nte comprende la penmsula yu
dice Porfirio Díaz,'' cuyo original
caneca propiame:nte dicha, el terri·
se exhibe en el departamento res
torio de la actual Guatemala Y
pectivo en el Museo Nacional. Misparte del terreno de Honduras. Las
Jillo, le miró de hito en hito. Sobre de
sus ojos enrojecidos catan con pesadez
Is pti.rpados. Al desnudo dejaba su pechoo
la bata hecha glrones. Un hipo persis•
tente cortaba su voz, su voz que apenac;
Rccrtaba a pronunciar incoherentes fr&lt;.1.•
ses, sonidos inarticulados.

0::!EF3EE 1:1
EL IMPERIO DE LOS IT7 AES

Especial para "Pegaso."
I.- IMPORTANCIA. - Hace
tiempo qwe sueño con un despertar de México pr.ecolombino. ¿No
es verdad que es un sueño, pero
seguramente un sueño realizable,
hacer hablar a las g,,neraciones
que bajaron a la tumba miles de
años antes que los hispanos pisa
ran el virgen suelo amerrcano? La
senda evolutiva de la escritura americana e~tá marcada en orden progresivo_ Los documentos se suceden con ;el sello propio del encadenamiento lógico. Primero, la ideografía pura, grabada en las rocas,
como si aquellos hombres de las
edades pasadas hubieran pr,evisto
un pmgreso futuro; después, las
relaciones ideológicas y simbólicas
también grabadas en duras rocas,
esos eternos folios del hombre primitivo. Vjenen en seguida las pieJ.es de los animales, que al mismo
tiempo que sirvieran de vestidos,
por una simple inferencia, se aplicrumn a los pl'eciosos libros de los
antiguos indios, donde perpetuaron
su ciencia y su alma. Un progreso
más, lo encontramos en la aplicación de la escritura en las telas de
algodón y fibra de maguey. El hom-

PfGASO
1

s naciones controamericanas
n independientes, con una cición muy inferior. AJ occinte del Imperio Itzá, y hacia las
tas de Camp2che y T:lbasca, vilos res,tos mayas, o mejo.- dio los restos de xicalancas y ulecils, civilización adelantadísima
e desapareció también por queconquistar el mundo, seglFl los
·cos datos que hasta hoy hemos
ncontrado en el "Códico. Dehesa,"

recioso manuscrito original, que
cuenta cómo en t'emotísimcs
·empos, los Xicalancas·y Ulmecas,
{actuales popolocas y tarascJSJ
etendieron conquistar el mundo,
quedando vencidos por los ejércios mixtecas al noroeste de Oaxaca,
y en el sitio llamado Zapotitlán
alchiuhcóatl, hoy conocido por
potitlán Lagunas.
Los restos de los xicalanca-ulécatl, la tribu de los mayas, fuen los que ocuparon la península
cateca, cuando el Imperio Ltzá se
eshizo por su loca ambición de
nquistar el mundo por medio de
fuerza bruta.
III.-TUMBA DE LOS ITZAES.
Anites que emprendieran sus con
istas los itzáe.s, había emigrado
iguienclo las costas del Pacífico,
gran pueblo, el pueblo zapoteco,
ue estableció sus reales en los va. de Oaxaca, entre los Mijes y
s Mixtecos.
El pueblo zapoteca, parece desprendido de la región de Chiapas,
cerca de lo que hoy es Palenque
al vez asediados por lr.s maya .Y
r las tribus itzáes. Esto no se
sabe a punto fijo, por falta de códices indios; pero debe desecharse
la idea de los historiiígrafos,, que
ks zapotecas son los restos de los
toltecas. La leyenda de la civilización tolteca en la antigiiedad, no
nsiste a una crítica seria. Estable,ta

cidos Jo; zapoteca a la retaguardia
IV.-ANHELOS.--Seguir estos
de los mij e, y cuando ya habían leestudios detenidamente hasta sus
vantado los observatorios astronóúltimos detalles con la ay_uda &lt;lll
micos de Monte Albán, (cerca de
hombres desinteresarlos y smceros,
Oaxaca), los pueblos itzáes se deshé ahí uno de mis más grandes
bordaron conquistando lo que hoy
anhelos.
.
es Chiapas y el Itsmo de TehuanPor Jo pronto, he sometido_ a 1a
tep.2c, arremetiendo contra la na- , consideración de la Academia _de
ción mije. Llegaron has,ta el núla Historia por medio de la ?º~iecleo del Cempoaltépetl, según el
dad de Geografía y Estadrnüca,
Códice. Dos veces intentaron la
dos de los pequeños. dessubr1m1enconquista, y dos veces fueron retos del Códice Porfir10 Diaz :_ la exchazado';. Sin embargo, dejaron
plicación simbólica de la_Yiei:11:I~acantonados cuerpos de ejército al
palan, base de los estud10s h1stonoriente de los míje, que a través
cos mexicanos, y los gl!fos de las
de los tiempos, fueron los chontacorporaciones astronómicas.
les.
Con esto me conformo, en tanto
Sucesivamente, se siguieron por
que se despiertan con interés los
e,J sur de Oaxrrca, las invasiones de
estudios serios, exp1orac10nes de
los Ch&gt;itinos, Cuicatecas y Mazalas ruinas, estudios lingiiístic?s,
tecas. Por el norte del Estad0 de
comparación etnográfica y cambios
Oaxaca siguiendo la ruta de Ayofísicos del esqueleto en las razas
tochtepec, (Tuxtepec), entraron
según los medios en que fuer_on
los Chinantecas, así es que el Imadaptándose, todos estos _estud10s
perio de los mije, fué rodeado ::,or
antropológicos en los que Juega un
todas partes, aunque no fué somegran papel la psicología, para conocer científicamente a nuestro
tido.
Hacia el sureste del Imperio mixpueblo actual, y esclarecer la histeca, los chatinos quedaron prisio•
toria de la antigua América.
neros en una extensa faja de lo
Tales son mis esperanzas, que
que hoy es distrito de Juquíla. Los
de realiza,rs,e, oJ)ondremos un hasmixteca, poderoso imperio de la
ta aquí al afrentoso dictado de bárantigiiedad india, rechazó la invabaros que se nos da en el extransión valerosamente. Así -es cómo
jero.
en breves palabras podemos expliPor otra parte, demostraremos
car la destrucción del Imperio de
que también en México nos ocupalos Itzáes. quedando sus cuerpos
mos de saber los orígenes de nuesde ejército presos en las montañas
tra historia, y que no son únicade Oaxaca. La madre patria, presa
mente los alemanes, f,r-anceses,
ele la guerra civil, acabó de desamericanos y otros pueblos, los que
¡ ruirse por sí misma, y las tribus
pTetenden descorrer el velo del pamayas de Tabasco y Campeche,
sado en nuestras razas.
ava,nzaron por la costa posesiona.nVerdaderc.s amigos de México:
o.ose de la parte nort¿ ue la peníncon la pezuña del Pegaso, romped
sula, para asentar sus reak.~ sobre
las rocas de las tumbas para que
!as ruinas de.\ antiguo imperio. El
brote límpida el agua de la Hipoimperio Itzá, puede valorarse por
crene indiana!
la importancia de sus edificios, ChiMéxico, abril 17 de 1917.
chén, Uxmal, Tikal, Peté:1 y Capún.

Calce vd. bien y ahorre dinero

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Estados Unidos ..
Nuestro lema es hacer de cada cliente un amigo.
Esto es fácil vendiéndole mercancía buena a precios razor.abl&lt; s.
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que vd. JlOS tratara si fuéramos nosotros los com-

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Tenomos la seguridad de poder complacerle. Haga vd. la prueba.

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PfGASO

�Por RAFAEL CABRERA.

BALADA DEL INFANTE
-.¿ Quién me llama, qu ié h me busca, madre mía,

que escuc h é como un sollozo junto a mI? .
-Capa, niño .
quizá e l viento nos traía
el rnori6J_ono lati r de la jau r ia ,
o el chirrido in t erm itente dé un nebli .

De la torre del castillo
no se a partan los arque r os,
.levantada _está la nuente
y de agua el foso está llen&lt;;;
d uermé, niño, sin temores,

qlJ.e· m i'en tras d uer mes yo r ezo . _ . _ ..
-Madre m ia , ¿ quién se acerca hasta m i cuna
envo!Yiéndome e n su helada claridad? .
-Calla Y duerme ..
nadie, nillo, tC' impcrtuna.;
será un r ayo m acilen to de la luna

que se _entró po r el abier to ven tan a l! .. .
El q ue buscara la m uC' r te
11 9 la hallar ía tan prest o

com o escala n d o estas pellas
r1ue so n d el castillo asiento;

c1uerme sin temor es n iño
· que TTl ien i r as duer ~es yd rézo .
-¡Madre ! ¡madre'. .. .. ¿quién me besa?

¡·ten go
frío! .... )

-Quizá el viento de la noch e te besó ·
nada temas que yo vel o, nifi o m io.
'
Y calmado por ese óscu l~ sombri~:
f'I inf,1nte p_a r a s iempr e se d u rmi ó .
De la. t orre del castillo

no se apartan los a r que r os,
levantada está la puente
y de agua el foso está lleno
mientras sigue m u rm uran do
ln cast ellana sus r ezos.

La Plaza 1·ojff en ~!Oscou.-Bendici ón de un automóvil de ambulancia.

AVE MARIA
En la gris lejanía
solloza una campana
su adios par a la bWd(&gt;: que se ,·a . .
La grave melodia
sollozará. mallana
su le n to avemarfa,
por otra tarde q¡ie t:::mhiéri ~e il'á.
Llega el aire cargcHio
de »il\•0Rires olores.
Todo se inunda de cristiana paz . .
Se escucha, enti:ecortado,
un canto de pastores .
un mugir de ganado ... .
y luego, en la quietud crepuscular,
desde el campo fecundo
hasta el cielo infinito,
glacial e impenetrable (&gt;ll su c-xténsi6n ,
sube un rumor profundo,
ury. fervoroso grito,
como si todo el m undo
rogara con un solo corar.6n.
Es el a fán ardiente
dE' vivir.
la esperanza
de perdurar bajo ele! cielo azul.
es el hombre impotente
(lne hácia la mu(&gt;rte avanza.
y atm suella en el o r iente
y aguarda el triunfo de la nu('va Jm:.
Siempre .
sit"mpre la aurora
tras la noC'he.
¿Hasta cuándo
cesará l'Sla fatiga ele vivir? .
Pasa la. juventud embriagadora.
pasa el amor .. . . todo nos va dejando.
sólo q ueda la vida . .
Y es la ho r a
de lloHll' dulcemente, y d e m o rir . ...

¡AZRAEL!
Azrael , a ngel n egro y tacitul'n O
de ojos letales; Dios d e las tini e bl as
si ntér mi n o, y d el sue ll o que n o aca ba
jamé.s, y del olvi do irre p a r a bl e ·
Azrael de alas fú n e bres, r¡ue viv ~s
df'l f"Xte r rnin io y d e l salobre ju g o
de las lágr imas; Padre del s ile n cio :
Rey d e las soledades mist er iosas
del más allfi.: Sefior del d esam paro ;
,-\zr ae l, a n gel n egr o, yo te in vo co
desde lo más profundo d e mi espi r i t11,
en la paz engañosa de la noch e
toda liena ele a n gu stias imp r ec isas
angel negro que ll ev as e n la fr ente
una cárdena estr ella, y e n los labi os
un implacable gesto; yo t e in voco :
¡Arropa en la tini ebla d e tu s a las
· a la elegida de m i a m or ! ¡Estrújala
contra tu seno estéril! ¡ Q ue n o v iva
m ás que su s sueños cándidos. .
estrúja la,
sé m ise r icordioso, que no v iva
y d ~ vago s te rrores : yo te invoco
má.s que sus sueños :.
¡qu e a l partir se lleve,
co n su visión i n genu a d e este. mund o
impoluto 8U a mor, s u fe serena
'
Y .inven y robusta su esper a nz¡ ! ...... . .
¡S(l clemente, A zr ae l! Posa tus lab io8
cxan giies, en s u s la bios q u e m u rmura n
sólo mansas p alabras q u e par ec en
revuel o de p a lomas ..
¡ Que n o vive-:. !
Para siemp r e jamás cie rra s us •) j(),;,
t r istes co m o los c ie los otoña l es
cuando llE&gt;ga la. n oche .
; que n o vi n t!.
Est rúj a la en tus brazos, a nge l n egr o ,
a n tes que prueba e l zumo emponzoñad o
del dolor! . . . ... ¡Q ue n o viva . ..... qu e no viva!,
¡oh Dios del s u e ñ o q u e n o acaba nunca '
¡ oh P a dre d e l sil encio y d e l olvido! ... ·.' ...•

RUSIA SE MUERE
El gobiemo imperial de su majestad omnipotente, e,l Zar de todas las Rusias, ha sido derribado
por una revolución da ocho días.
¿Y bien? A despecho de las fiesfos
germánicas y de los múltiples ró·
tulos que dicen "Gott mit uns,"
las noticias del frente oriental de
la guerra continúan como siempre, No que Rusia, después de un
cambio de gobierno-¡ y qué ca,mbio !-se encuentre capaz de hacer
por sí sola el esfuerzo que finalice
la gran tragedia. Lejos de eso,
seguramente. Pero las líneas de
los ejércitos rusos continúan tan
compactas como anltes, lo cual indica a quien quiera que no piense
en alemá,n, que la organización necesaria sigue dando medios bastantes a proseguir la campaña.
La revolución par~e ser de factura británica. Indícalo, aunque no
se supiera por otros conductos, la
rapidez, la facilidad y sencillez con

que fué llevada a cabo. Compárese
esta revolución, casi hecha sin derramar una gota de sangre, con la
roja traged;a de Irlanda, tipo neto
de revolución made in Germany.
En realidad, si Alemania no estuviei-a cegada por la ambición y
por el odio, por el odio sobre todo,
daría gran muestra de sí misma
rogando a Inglaterra que le ayudase a organizarse. Inglaterra,
podría enviar a Sir George Buchanam, quien, con mucha más facilidad que en Rusia, dada la cultura germánica, crearía un nuevo
y admirable país. ·
Rusia ha pasado sin trM1sición
del autocratismo m1,yor del mundo al gobierno más damocrátko,
quizás la República. No está lejano el día quie ,despierte el coloso.
Entonces, ¡ay, del Occidente! Rusia entra a la vida del_siglo XX
con veinte siglos de retraso; pero
tal como va, los franqu,iará en
PfG,\SO

ocho meses. Rusia entra a la vida
de la civilización; y, sin embargo.
Rusia. •se mµeq,e !. Parece que. &lt;;L'
cfestino 'Jiubiese retrasado el nacimiento de este gran país a la vida .
civilizada, pa.-a hacerlo coincidir
con su muer.te. Es indudal:&gt;le; Rusia se muere!
Se mueTe porque es impos~ble
concebi,rla sin el autocratisrrno imperial. Una Rusia libre, independiente sin estudiantJas heróicos,
sin niihistas que conspiran en tinieblas; una Rusia que no .tiene
tras de sí la fatídica sombra «re
Siberill, para ahogar el estertor de ·
sus deportados, será todo lo que
se quiera pero no es nuestra Rusia. Nuestra Rusia es e;l país de. la
opresión y de la tira_n~a-;-seguraniente· es esto un preJmc10, por lo
que gusttámos fortalecerlo a diario con abundante lectura- es el
país de la tiranía clásica, no tira- '
riía por disciplina· militar como la
germánica, sino ti~aní~ pura, qu~
no .halla más explicación que s1
misma y que es por lo tanta una
c]e las cosas más difíciles d,, dest;uir. Ser Zar equivale o -s,ir tirano, no .Porque se tengan sentimientos de hiena, sino porque la
palabra Zar ha llegado a ser sinónimo de timno así como mañana
lo llegará a se; la palabra Kaiser,
si mañana la palabra Kaiser exis- ,
te todavía. Un Zar que no fuera
tirano que no usara el Knout para
sus ~enores asuntos, estaría en
desacuerdo con su principio fundamental y casi merecería el des- ·
precio de sus propios súbditos. ~ '
eso, precisamente, se debe l,a abd1· ,
cación del Zar Nicolás; llegó un ,
momento en que no pudo ser tira•
no en que no pudo imponer sus
inc1i¡:iacio.nes germanófilas--debidas
a intrigas alemanas, de la Zarina
en primer término-y comprendió
que si no podía ser tirano no debía
ser Zar; y abdicó.
El Zar desempeñaba un papel
de gran trascendencia; y lo desempeñaba sin darse cuenta de ello,
como acontece siempre. El Zar era
el factor fundamental de la lite••a.
tura rusa: sin el Zar no podéis
comprender al ochenta por ciento
de los escr]tores rusos: ni a Gogol,
ni a Gorki, ni a Turgueneff, ni
a Tolstoi, ni a Dostoiewski; vamos, ni el Miguel Strogoff de Julio
Verne ! En alguna parte he leído:
"En el orden ideológico, -la revolución rusa es el triunfo de cuarenta años de cultura francesa." Y
yo podría añadir : "y el fracaso de
toda una época de la literatura
más personal y más vigor-osa del
mundo."
Entre los países aliados, Rusia
'-{!S quizás de quien el vulgo menos
se ocupa. Porque es el más hermético de todos y hay que saber
admirar el crimen, y la sangre, Y·
la miseria de un pueblo en opre-

9

�sión, para comprender a Rusia, la
Rusia que muere. Quizás la nueva sea del agrado del v;ulgo.
Escuehad conmigo el calnto de
Gogol, el canto de indefinible pa
vura:
"Rusia ¡Rusia! Desde los lugares extraños donde estoy, a esta
gran distancia atravesada por mu·
chas cadenas de altas montafias,
te miro olararn1ente, 0;h, mi país!
Tu suelo es pobre; no hay en él
nada que regocije ni que anonade
la vista .... todo es plano y descubierto; las ciudades, llan "-S, sin
r~lieve, no se destacan, en la uniformidad -de,! desierto, sino como
puntos, como marcas de polvosos oasis.
"
"¿ Qué

fuerza

misteríosp,

re, hecho p11r la~ b_anda~ denta•
•
Estas estfl.n constituidas por pe411,ias secciones que quedan sobre el
-9\elo_ y que, _sostienen las ruedas
~el,
filh(C'µlO montadas en trues
parecidos
&amp; 10s de los carros de ferrocarril. En

,.

//

1.-E1,g1•an(' d(' la cadena.-2. Vent ana.-:l. i\loto1· ce11t~·al.-4.
Departamento de los caüoues.-5. Ametralladorus.-6. Cadenn.-7. Guías.-8.
"llotor
,Je 2 a 6 dün&lt;lros.-10. Pfrote {le ]a dirección.-U. Eng1·ane de la dil·ccción.
·'_'12 'y 1~:-Tl'tr.cs.-14. 'R&amp;-ortes cte compresión.-tf&gt;. Znpatas.-16. :lfuniciones.
: -l'i. Ohasís.-19. Cañón de :l pulgadas.

Una

familia

de

labriego1,;

l'llSOS.-

10 .

'

Familin

lllOSCOYita

en.

Ullfl

pequeña

fáb1•i&lt;&gt;a de los suburl}ios de l\-foscou.

LOS ··TANQUES" INGLESES
Sabida es la sorpresa que recibieron
las tr0pas. alemanas cuando por primeia
vez entraron en juego los famosos
"tanques" empleados por los i_ngleses
para rompet· sin mucha pérdida de vidas las lineas enemigas. Los
pesados
monstruos de acero avammron por el
campo enemigo barriendo cuanto encol"l.traban a su paso: ametralladoras,
alambrados, trincheras, todo fué inútil para ellos: aplastados o destrozados,
los soldados
gennanos
tuvieron que
abandonar sus p(1 siciones o deponer Ia.s
armas impotentes ante la invulnerable
máquina de combate de los tomies. Algunos regimiento~. espantados ante el
iñ.esperado adversario, tiraron · los fusiles y echaron a correr. E11os, los de la
disciplina férrea, los veteranos de Carleroi. ...
Después. han sido menos empleados a
causa de que la nueva artillería inglesa,
de un alcance mucho mayor que la
alemana, permite preparar los ataques
de la infanter1a con tal eficacia, que
la intervención de los tanques se con~

m
)

oausa.,

pues, es1ta -atracción in~licable?
¿A qué es debe, oh, Rusia!
que siempre mi oído cree percibir
la melodía gemebunda, que parece arrastrarse, angustiosa y poco
variada de la canción que dejas
oír de uno a otro de •tus mares, a
todo lo largo de tus gigantes ·
,!'~os? .... Habla, Rusia; dime,
¿ qué quieres de mí? .... "
· Rusia se muere; pero deja tras
de sí todo el renombre de una g.ran
leyenda; hiza el milagro de ptolonga:r la Edad Med&gt;a hasta nuestros
días y su literatura, desde hoy,
pasa -a ser literatura ,histórica.
Rqsia se muere; pero de sus
cenizas, como otra Ave Fénix, sur-ge una nueva Rusia. Menos heróica, menos personal, menos grandiosa porque no llevará en su frente el estigma del dolor.

por p11\g.1da. cuadrada, es decir, 1~ucho
rnenoJ; que, la que ejercerfa un caballv
rle dó~~icnlas libras de peso o un homlne. El'tH f:'norrne á.rea de sosté:n ~~:xplilia poi· quf: h.s .. tanques" no se hun(!en en los lug:an::~ dondC' se quedarfa

p ezaron a ' llegar, aumentó su

sidera innecesaria: un
bombardeo de
varios día.s obliga generalmente a los
teutones a
retirarse o deja las posiciones en tal estado que el jnfante ejeC'Uta fácilmente sin la
protección del
"_tanque," la tarea de limpiar el frente
de enemigos.
Dnude fuCl'on consll·uídos los

prirnel·os

tam¡ucs

Los primeros ···ranques" fueron
hechos en
una fábrica establecida en
Lincolm, Inglaterra,
observándose ta1
reserva que durante tres mf'ses no se
permitió salir a los me~nicos ocupados en la citada labor, ni para ver a sus
familias.
Concluido el número suficiente, los
"tanqu es•· fueron transportados secretamente a Francia y durante muchos
d!as permanecieron detrás de la línea
de fuego como esperando la llamada.
Entre los soldados se hablaba de un:1
arma militar desconocida y cuando las
t&gt; normes piezas de los monstruos em-

PEGASO

curiosi-

dad.

A.l verlos partir el día de la prueba
suprema, muchos pensaron que no vol·
verí:;tn. Los "tanques·• volvieron sin
embargo. Rabian resistido airosamente
la prueba y conquistado para ellos to~
Ua, la gloria de la jornada, pues no .solo
rompieron la línea alemana, sino que
p ersiguieron a los fugitivos e hicieron
:t·lgunos ci€lntos de prisioneros.
El "tanque" no es en realidad sino el
a rreglo ingenioso del antiguo tipo "oru·
ga·· de tracción campestre, inventado
h a ce. muchos años. por los norteameri•
en.nos Holt y Barvey. La adaptación de
€'Ste tipo permite a los "tanques" P3·
sar por obstliculos que a primera vis
ta pa1·ecen infranqueables.
Encuen·
tran un árbol y lo derriban; tropiezan
con una roca y la salvan: se halla.D
ante pozos, cráteres de obús, alambra.-.
dos Y tríncheras y continúan su terrl•
ble marcha. Blindados con acero Har•,
ve~: son iTlvulnerables a los rifles Y • ·
las ametralladoras y aún los shrapilel
rebotan en sn &lt;lura caparazón.
Lo principal en la construcción de
los "tanques'' es
el
movimiento de·

su parte interior, las bandas está.n provbltlll'l dé riele·s y sobre ellos corren 1as
niedas de, los truCs como pbdrá verse
en él grabado respectivo. La cal,iena
obÍ'a ·bon fuer1.a de tracción y se mueve mediante unos engranes situados en
el extremo posterior del "tanque."
"La razón de que los constructores
hayan dado a los "tanques·• la forma
de -oruga es la disposición especial de
lú bandas, que .es distinta re la usa.da
ea las máquinas de tracción antiguas.
Ea lugar d~ ser bajas y planM están
montadas en chasfs de treinta a cuanenta pies de largo y de diez a. quince
4t ,alto, según el tamaño del "tanque."
islos marcos son acorazados de acel!O Harvey para dar
protección a los
triwla·J,ltes y ad~más .están dQblados en
el frente de manera de
tormar una,
r,ra.n curvatura que
obra coino una
enorme rueda,. como una tremenda palanca.. Unic;mente esa porcl6n de la.
rueda en contacto con la tierra accioQ.a asi, y. es precisamente esa
porción
~ ciue está reproducida en el extremo
d~lantero de la banda.

l"or

qué loé tunq11c!- no se
el lodo

inremediablemente atascado cualquier
·1.utom6vil blindado.
Los tanques usados actualmente son
de varios tamaños y dibujos. Catla uno
de ello~ indica, st~.i;ún la fecha de su
'.'nnstrucción, un
mejoramiento sobre
los que !e ant.;-&lt; ,:•(li('ron. Los primeros
tenían unu velocidad máxima de seis
a. ocho millas por hora. Ocupaban demasiado espacio y los alemanes inven1.aron pronto el rne&lt;lio d1' aniquilarlos.
Antes de qu0 un "tanque" pudiera re~Tesar a su abrigo después de · un raid
\os ólJSeT\,wdores enemigos ·s e hallaban
en aPtil.ud. de .Jocaliza,rlo y la artillerfa ,
b.acfa caer sobre él una lluvia ~e gTauadas.
Los últimos "tanques" son menos pesados que sus
predecesores:
tienen

por hora. _:\ un&lt;¡nt! llin,T sos t.'?n ditnenslones y det.:i\lt&gt;s, todos tienen la caracl1•1lst1ch h,mun üe f'Star
divididos en
tre1, principul!"s
cnmpartinH•ntos
que
van de los cha.sís a l~L banda dentadµ_.
El p1·imer deparrn.1w2:nto es el de observaciún, en el cual el piloto y ~u
ayudante están colocado:,; a una altura
de la ticna, suticienH.' para dirigir los
movimientos de la gran be!:ltia de ac~ro. En C'l centro entií. el depósito de
municion·os, con dos cai10n&lt;'s montados
en torre g latentles.
Los "tanques" usan U.e (los a cuatro
motore~ de gasolina que tienen el eje
posterior engra.naJo con bandas dentadas, qne corren sobre poleas que te~~
miJ:l.an en ta part,e anterior y esUin
sostenidas por
rodi'llos . Sujetos en el
m!smo ·Ju.r;;ar y en c_~t]a l_f'.&lt;lo {le! chasí~.
Este movlmié1~to dJ~/:•a~,&lt;J_b andas dentadas es _exac!ament~~ig_u~' al de los gusnnos ~J0s jardinC's,1:fi.te comban .Y
('Xtit•nden..,' continuamerih. C'l
lomo si,n
preqcuparse de 10.· superficie en que caminan.
Cbmo se guían los tanques
Los tanques se ~uían con un par de
1·uedecitas ~in
importancüt
aparente,
sujetas en la parte posterior y montada.:: en un pivote que se cxtientle hasta
la parte trasera del
chasis. Se usan
lmicamente µara guiar la
máquina •Y
no soportan peso alguno. excepto cuan
do tienen que trepar trincheras anchas
o profundas u hoyancas de otro· género.
También se guian íós tanques moviendo una de la.&lt;; bandas oon mayor rapidez que la otra por medio de ciertos
aceleradores. Su gran desarrólio ha sido
fomentado
por el
Almirantazgo
britútü,c o y la idea de las grandes ban

~.:
.

1 -·

..

··_¡,-¡

_

- .

atascan eu

La gran superficie de las bandas que
en contacto con la tierra p~rmite
t. los "tanques" cruzar
por terrenos
euaves o pantanosos. Con bandas de
treinta pulgadas de ancho por quqince
pies de longitud la. presitm
IM&gt;bre el -suelo es menor de tres libras
~

Tanque¡.; a-v,mzando por nn eampo cnPmlgo ..
motores do gasolina de ml'.ts de quiniento"S caballos de fuerza y caminan a la
notable velocidad de diez y ocho millas

das dentadas de extremos redondos se
debe a E. H. Fennyson D. Enycourt.Director de construcciones navales,

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1

'11

�dar la ofensiva. Mas Rennen.kampt ae
entretiene en escaramucear en torao
de Koenisberg y cuando sabe ttue lla.
sqcum bid o 1:.u colega, se retira tranqu¡~· ·
\amente al Niemen. t:Íindenburg triunfa de un modo completo y
telegraf{a '
orgullosamente al Kaiser que ya ao
existe el e,iérc.i,to de Sassonnoff.
procedió
as!
¿Por
qué
Rennenkampf? ¿ Por tradición meditada? ¿ Por
cierto que pudo salvar a Sassonnoff y
!Cl abandonó de un modo calculado y
(•rueHsimo.
Eso »asaba en Agosto. En ).í oviembre, Rinden burg, realizando planes propuestos por uno de los profesores de
la Escuela Militar ' de BerUn----corone~
si mal no recuerdo-emprende una marcha sobre Varsóvia_. desde Thorn, que.,
riendo. asi vengar la derrota que sufriera en Octubre a orillas del Vistuta,
complicada con un desastre aust.roh6ngran p1íblico mundial, manda la vank.ensen, hasta entonces desconocido del
gran público, mundial, manda la vanguardia, formada ·por 80.000 hombrea
Y. demasiado audaz, se aventura has~
ta Lowicz. Los rusos le rodean casi por
•iompleto. El Gran Duque, maniobrando.
bá.bilmente, separa a :Mackensen de
trenes
:ffindenburg. Son pedidos
Va.rsovia para que transporten prisione-

•

s a ml·1es- Sassonnoff-no e! general,
: ;o el ministro-loco de jíibilo, dice
que la partida está ganada y que na.
d' la invasión de la
da puede 1mpe ir
Solo
tiene
Yackensen. ua ·
Posnania.
1 tr~¡,idamente
portillo para escaparse. n
t
en su camino
se dirige a él. Encuen ra.
el pueblo de Strykoff, y ' afli
alguno•
hacen perder
batallones rusos que 1e
n s batallonet
tiempo. Detrás de aque o
f
con fuerzas
debe estar Rennen k amP
considerables. Strykoff es teatro de una
·
S
defensores muelucha espantosa.
us
.
der
Mas Reµnenkampf no
r-.en sin ce • •
esu~e Y P~ la· brecha' }.'(ackensen
.
s divisiones. Y su artillerta.
Su
eapa con
Pocos dfas más tarde, el Gran Duque,
viendo que ha podido impedir 1a reuevacíta
hi6'n de 'los jefes .a,1eman+J s .

1

EL PROGRESO DE LA DEMOCRACIA DURANTE EL UIJl'JMO
SIGLO.
1 7 7 O -- --181 7
Mapa 1.-Blanco: Estados Unidos, Venecia. Génova. Suiza y Paises Bajos. Neg1·0.-Reglones ocupadas por µ;,) biernos autocráticos.
Mapa 2.-Blanco: parte del globo 1-egidas- por gobiei•no!-- republfo,uio~.Gris cla,•o: Imperio Británico, cuyos ciudaclanos ,,h,en bajo un gol,ienio
tan dernoc-1·ático como el nuestro.-Gr is obscuro: Mona.1•q1úas constitnC'ionules como Suecia. Holrnnda e Ita'.l.ia.-Nrgl'o: ~Ionarqníai:- autocráticas.

UN POCO DE HISTORIA
He dicho en varios periódicos que las
victorias de Hindenburg en el frente
oriental han sido debidas a causas Y
·concausas que no tienen que ver, sino
muy vagamente, con razones de orden
puramente estratégico. MlLs que superioridad de mando y de tropas, ha habido en todas ellas inferioridades iniciales enemigas. Y esas inferioridades
obedecian a traiciones, corrupciones e
inepcias. Decía Figaro que muchos generales ganan batallas porque las pierden sus adversarios. Es verdad. Y en
las campañas orientales, a partir de la
primera de los lagos de Masur (Tan"
nenberg, etc.) ha ocurrido algo de eso.
Veamos .. Sassonnoff con un ejército
y Rennenkampf con otro, avanzan, en
Agosto de 1914 por las regencias de la
Prusia Oriental. Una invasión de Este
a Oeste. La otra, de Sur a Norte. Ren-

12

P.enkampf clispone de las tropas de la
circunscripción de Vilna o ejército del
Niemen. Sassonnoff, de las fuerzas del
Narew. Es ocupada toda la región hasta Allenstein. Los alemanes son derrotados en . Stalluponen y en Gumbirnen.
Las vanguardias cosacas llegan casi al
Vístula.
Surge Hin den burg y se lanza contra
Sassonoff sorprendiéndole en el laberinto de los lagos masurianos. Hindenburg
conoce el terreno maravillosamente. Su
oontrario, no. La batalla. es perdida desde el primer momento por los moscovitas. Sin embargo, si Rennenkampf
hubiera acudido en auxilio de su colega-podía hacerlo-Sassonnoff y
sus
soldados hubiesen podido ganar la front,:,ra en buenas condiciones, reorganizarse al amparo de las fortalezas del
Narew y con nuevos elementos reanu-

PfGASO

Lodz Y se repliega a las lineas del Bzura donde debl'a derrotar a Hindenburg
en' una batalla defensiva y
salvar 1
Varsovia provisionalmente.
Febrero de 1915.-E'l Gran Duque,
libre de Rennenkampf, que ha sido destitul'do, prepara un nuevo ataque a
Prusia. sli. ejército del Ma-sur maniobra por el Norte. Otras fuerzas suben
desde el Narew sobre
Johannesburg.
Mas Myssodaief!, uno de los miembro&amp;
de1 Gran Sstado Mayor; esté. vendido 8
los alemanes. Hndenburg sabe dia por
dia lo que sucede en los
consejos de
guerra que preside el Gran Duque, Y
asl puede tomar sus medidas. Antes de

En un

pueblo

Tri'ncherl1 s francesas en el Marn-e.

de Alsa.cia.

3utol"idncles rusas orde n de µreparar el
rc&gt;p'l iegue a Kiew. Ello prueba que si
los moscovitas cedieron terreno tan lentamente después de los golpes de Mayo,
fué ·porque retirándose
despacio, trataban de evitar el desorden propio Y el
acoso enemigo, y no
porque
fuesen
penosamente vencidos en
todas las
acciones que entonces se libraron ....

cl:1s 1,rientales prusianas. .El momento
,s gravísimo. Dos divisiones son copa
das. H;ndenburg se
precipita por él
ancho boquete que ha logrado abrir en
Jn movcdi:;;a barre1·a enemiga. Mas todavía poseen sus adversarios municiones. En Grodno le detienen. En Prasnysch, Russky le destroza un cuerpo de
ejército. Hecho prudente por estos formidables zarpazos del oso
herido, se
detiene perplejo. El frente se inmoviliza otra vez.

En Petrogrado decidieron la evacuación de todo el saliente polaco. SukhomlinÜff no se apuraba. Negábase a industrializar el pals.

Mayo.-Ha sido

tornado
Przemysl.
Cárpatos. T, t
invasión va a desbordarse por las llanuras hüngaras. En Budapest hay un
pánico espantoso. Mas en Berlin saben
de sobra a qué atenerse .Los rusos no
tienen municiones ni armas de repuesto. Sukhomlinoff, ministro de la guerra, se ha negado a acrecentar la producción y no ha comprado sino poquísimo en Icis Estados 'Cnidos. Los comandantes de batería reciben cuatro
proyecüles de cañón diarios. Sólo queda
un fu.sil para cada tres hombres.
Han sido escalados los

Y Mackensen, con 400,000 soldados y
,·arios miles de cañones, sale de Cracovi_a
-Hindenburg,
desde el
fracaso
de
Prasnysch, no es bien visto en el cuartel
general de Guillermo II-y asalta, Juego de bombardearla terriblemente, la
Unea rusa del Dunajec y del Biala que
defiende, con 80,000 soldados Radko Dmitl'ieff. La artillería rusa apenas
Puede disparar. Tras una defensa heroica, la infanteria se retira al Wislocka. Y el ·Gran Duque, comprendiendo
Que no puede resistir, y que va a ser
de-strufdo porque carece de e lementos
de lucha, ordena la retirada, al San primero y al Bug rnlís tarde.

Tito Floppa, corresponsal de La Raejércitos
austroalemanes que reconquistaron Galitzia, dijo que, según le contaron en
Lemorg, apenas se supo a\lI lo ocurrido en Tarnow y Gorlice, recibi e ron las

:1im. de Buenos Aires, en los

1

Apoyado por la camari'l la germanófila, enviaba al · Gran Duque, por todo
socorro, soldados que habl'an sido instrutdos con fusiles de palo y que por
toda arma llevaban mazas de madera.
Y todo se hundía. Novogeorgiewki, la
má.s formidable
fortaleza rusa, fué
rendida por su gobernador casi sin combate 60.000 hombres y 400 cañones cayeron en manos de Alemania. Los barones g~rmanos de Curlandia se pasaban a Bulow, el jefe de la extrema izquierda alemana entonces. El general
Koslof, encargado de de~ar vacío el
pafs situado entre el Niemen y el Duna, dediclLbase a desmontar
los artefactos de las flLbricas de corsés y no inutilizaba las fundiciones, ni destruía las
vías f érreas, ni vol?,ba los puentes. El
gobernador militar de Kowno, abandonaba su puesto en medio de un asalto.
El Gran Duque
fué
desterrado al
Cáucaso. Pagaba culpas ajenas. El general Alexieff le reemplazaba y el czar
se nombraba a sí mismo generalísimo
d€' los ejércitos de la Santa Rusia. Sukhornlinoff era encarcelado. Polivanoff,
una de las mejores cabezas organizadoras con que cuenta el generalato de
Moscovia, le sucedia y
empezaba la
obra de reorganizaci6n.

Esa obra ha tenido, por consecuencia, la ofensh·a de Brussiloff, de Junio a Septiembre de 1916 . Los batallones, las baterías y los parques que Po-

q~e los refuerzos rusos sa'lidos del Nie•
men llegan a su destinQ, antes de que
el movimiento iniciado por el lado de
Johannesburg
pueda
tener
eficacia,
300.000 alemanes atacan vigorosamente.
El Gran Duque, para que su ala dere•
cha no sufra un nuevo Tannenberg, debe ordenar la evacuación de las regen-

Restos del fuerte de V'~u.x, en Verdun.
livanoff prepan1.n1 durante el lnvier,n o
y Ja Primávera, sin·ieron en el Verano
para romper los frentes austroaleman es de Wolhynia, Galitzia y Bukovina.
Humania., alentada,
decidióse
por el
Cuádruple Acuerdo. Mas de pronto
Chuvaieff,
Polivanoff había caído.
sucesor suyo, era jt1guete de Sturmer.
Y Sturmer querla \í}. paz separada. Sus
omisar.ios celebraban entrevistas en Suiza con el príncipe de Bulow. Sin que
sepa . la causa, los rumanos que debiertm recibir 300.000 hombres, sólo reci"bieron 50.000 que llegaron tarde a la
Dobrudja.
y - Brussiloff permaneció iilmóvil. Y
Alexieff ora alejado del cuartel general. Y faltaron las municiones otra
Vez. Y Falkenhayn, ayudado por la desorganización y la complicidad,
pudo
llegar a las llanuras válacas.

¿ES ESO?
En Rusia nadie ignora que las derrotas sufridas han tenido por antecedente la traición y el cohecho. La burocracia es germanófila y ladrona y rutinaria. Enemiga de la guerra, que pon€
al descubierto su incapacidad y su corrupción, quiere una paz cualquiera,
que la devuelva su predominio. La camarilla de Tzarkhoeselo, hechura suya,
la ayudo siempre. Se desorganizó maliciosamente los transportes. Se sostuvo inteligencias constantes con el enemigo. Se derribó a lo,t mini¡,tros cuando trabajaban seria y honramente. Se
apartó a los generales mlLs prestigiarlos-Russky, Twanoff, el Gran DuqueY los polfücos má.s favorabi.es al mantenimiento de la alianz9.. La retaguardia esterilizaba el esfuerzo del frente ..
¿ Va a acabar eso? Pues los aliados
tendrán, en fin, a su lado, la Rusia que
sollaron iban a tener

Fablán Vidal.

l!.~n un pueblo del Somn1e.-Efectos de

Campo en Alsacia

Entr-ada al fuerte de Douamont.
PfGASO

los últimos combates.

�POR LO QUE PELEA FRANCIA
Señoras y señores:
No he venido aquí solamenj,, pa,
ra agradecer tantas caridades heróicas o conmovedoras que por
tarutas manos invisibles han confortado tantos corazones dolorosos.
Para semejante análisis, fuera poco un libro entero, porque no podría contener todos sus nombres.
Correría de esa manera el riesgo
de desfigurar el alma americana
prestando orígenes d,i versos, aunque todos ellos piadosos y nobles,
actos innumerables en que el corazón y la ,razón tienen su sitio,
Dejadme-y que me perdonen el
Sr. Pasitor Watson y el Sr. IIerman
Harjes, para no mencionar sino a
ellos entre tantos otros, esta evocación demasiado modesta d2 una
;_ hnegación ad1nirahle,- dejadme,
digo, lejos de las indivirlnalidades
respetables y por encima de ellas,
buscar, para conc2derle una alabanza que esté a su altura la explicación verdadera de est; viril
terneza que ha despertado y cona
servará la gratitud de Francia con
el doble fervor con que los corazones dol01'idos dan g,mcias a la mano piadosa que, en días de duelo
ha sabido conmoverlos.
'
No son sólo algunos, no son sólo ciertas partes de América las
ri:ás próximas a nosotros, las' que
tienen derecho a nuestra gratitud:
son los E.stados Unidos en conjunto los que han hallado, para los actos caribtivos que el Comité Francia-América ha sacado a luz de

I

La lilan1t·ú1ii(•a
So--,iedad
"}'1•ancic•
'.m(·l'i&lt;·a.'' iornmcla r-m· c!c-mentos nor•

1

!-.US se1•,·i(jos e:1 In República 1,~nuu:e:-;;).,

tc&lt;1me1•k1mo!S. que 1}1'esta hace

tiempo

&lt;u g·eneral a todas lns
~-u('l'?'ll

e:-;tá

yl(•Uma,; de la

tlc:-:i.t!'l'OHamlo

d

IHIPl,~•)

:,mct·il'ano. ~e dije-ron los nt:'ts eloeuen •
ics y notalr, 1&lt;'--: hl'hHli" . Conl&lt;'sta ndo nuo

de ellos. el Sr. René Vh1ani, .Ministro
de· Justkia df"

Fn11wh1, prm,unció el
quP insel'lamos hoy en '·Peg·nÍ );O" ;r lJue ll·adu_jo c-s,w&lt;'ialhuentc 11ara
('~,t:l R&lt;'Yhin Pl f-:1'. o,·. Eill'iqup GonzÍlln· ::\fartínez.

¡ disem•so

da nunca, ha, brillado en los días
sombríos en que la agresión de la
autooracia corutra la democracia
libre nos ha obligado, con nuestros
Aliados, a en1puñar las armas, y
nos manda no deponerlas hasta
que la reparación no se aplique
a bo,rrar el crimen. De esta amis•
iml no:'; hnn venido, por millares
de efusiones, tantas acciiones deli-

una man,~ra ,tan brillan te, la más

La amistad p◊'lítica que une hace siglo y me.dio a nuestros dos
paÍ3es, s,in e.star inscrita en tratalos

coiazones. Uno de los días más
conmovedores en nuestra historia
común, que cuenta tantos, fué
aquél 27 de abril de 1778 en que
en la Academia de Ciencias se
vió que dos ancianos iban el uno
hacia el otro con los brazos abiertos, en que se vió a Voltaire abrazar a FrankLin. Y aquel día, se
abrazaban dos genios benéficos
que, no se p,r estaron a de3ignio:-!
de muerte y de destrucción, y se
,,brazaban al mismo tiempo la América de Washington, de Franklin,
.ie Lincoln, y la Francia de Juan&amp;
de Arco, de Turena, de Voltaire,
la que debía ser con el tiempo la
Franda de Dantón y de Gambetta, la que debb ser la Francia
del Mame y de Verdun, porque es
así como se llama hoy Francia, ya
que después de las usurpaciond
secular-es en que tanta.:; veces los
hombres
ilustres
simbolizaron
épocas brillantes, toca a,l derecho
del pueblo estar en primera fila y
es a él a quien peitenece la gloria
como a la tierra el sol.
Esta noble amistad, no enturbia-

1

H'"lebró ha(·c- poco una fiesta a la cnal 1
&lt;.on&lt;.'Urricl'on
nun:1erosos rep1·escntante-s de los países ligatlos en la la hor co•
1
m•'m de d('stl•ozm· para sicmJ)l'e el mi•!
litarL~10 prusiano. En dieha
reunión.
.r 1•cflril.'nclosf" a lo:;; humanit.H'fos
ti·ahajos que 1un·n aliviar n los heríc1os y

pl!ra de las inspiraciones.

do:;, h J. Rido s.ancionada por

I

Hc¡¡é Yhfani. )liili.--tro de- Justicia de
Fl'anda. uetna hnentc en l'O.tn11,;10n cerca del A'.Obicl'no ele los Estados Unhlos.

cad•as y sublimes de que guardan
memoria nuestros enfermos, nuestros heridos, nuestros huérfanos,
y cuya dulzura han sentido nuestros mismos muertos al perecer su
corporal envoltura. Es esta amis•
tad, es esta piedad dolorosa pm·
tantos sufrimientos inmerecidos,
p2ro también, dejadme decirlG sin
temor de rebajar vuestros actos
e exaltar los nuestros, es, tengo la
rnguridad p.Jena, el orgullo que
Francia os ha inspir2do, el que ha
levantado vue~,tras almas y conducido vuestras manos.
i Ah, cuántas cosas os han dicho de nuestro país los psicólogos
PEGASO

mediocres que en el seno de los
placeres fáciles que amasa, park
el cosmopolitismo que se encanta
cn ellos, una gran ciudad, no han
sabido comprender " través de un
velo que es sin embargo transparente, a la Francia val,erosa y pro.
ba, la Francia de los talleres y de
los surcos, la Francia de la labor
y del pensamiento. Pero vosotros
no les habéis creído nunca, y esta
terrible guerra rutestigua la se,
guridad de vuestro juicio. Veis
ahora, a diario, esta F,m ncia indomable. Sí, estoy seguro, es esta
admiración que nos enorgullece ia
qne engendra vuest!'a generosidad
No amáis a los que lloran ni a los
que se abandonan a su
suerte.
Amáis la fuerza, pero, como nosc.~
tr:os, no la respetáis .sino cuando
es la sierva y no la dominadora del
derecho. Ella no dominará al derecho, sino que le será sumisa. En
nombre de todos aqueHos que ha
socorrido esta solidaridad y que
ha ennoblecido vu·estra alma, er.
nombre de los héroes cuyas mRnos
incansables guardan una espada
que no romperá la violencia ni
sorprenderá la astucia, en nombr~
de la Francia que quiere ser libt e
y no soporta ningún yugo, doy las
gracias, a través de vosotros, a la
,,ltiva América, y para infundí·
una expresión más alta a mi pe 1~
samiento, al levantar en su honor
mi copa, saludo al pi-imer ciuda·
&lt;lana de vuestro país, al Sr. Presidente Wilson.
Señoras y señores:
Ahora, después de que estas pá,
ginas han caído de mis manos, no
me perdonaríais quedar sordo a
las apelaciones elocuentes que han
salido hace un insbnte del corazón de mi colega de Justicia ,el se·
ñor Cartón de Wiart a ¡:¡uien miro
enfrente y del corazón del señor
Vestnitch que, más cerca de mí,
ocupa un rusiente en es)ta ipesa
Es necesario que al salir de este
recinto no se diga que el repres:entante de esta Francia gloriosa
y noble a la que se han rendido
tantos elogios y homenaj-es, no ha
sabido responder, no ha sabido
hablar. En verdad, estaba muy
lejos de esperarme las pa,labras
que he oído, no pórque me aitreviera a dudar de la sinceridad que
las ha inspirndo, sino por no haEarme al oon·iente de las premeditiaciones oratorias ·que han traído aquí los que me han precedido.
Es preciso, pues, que hable, sin
fingida vergüenza, para glorificar
con los Aliados a nuestro noble Y
gran país.
Habéis dicho que Francia, en
primera fila, se había erguido, como siempre, emancipadora y pacífica; habéis dicho que en los pri,
meros días tenebrosos que se abatieron sobre EuJ"opa y cuando se

obscureció súbitamente eil hori$0Dte, todos juntos y con el mismo
corazón hemos tendido ,l as manos
hácia este procedimienJto de arbitraje del cual esperábamos la
paz. Habéis dicho que un dia nos
hemos forjado el sueño de ver que
a la primer amenaza de guerra,
todas las naciones se inclinarían
ante un tribunal supremo e irían
9 pedir a árbitrot desinteresiados
la paz que debería ser dada, y evitar a~í la guerra.
· Vos, señor Vesnitch, habéis recordado que vuestro país-es justicia confesarlo-ha hecho a la
paz todos los sacrificios que puede
hacer un pueblo libre, excepto
aquél que l'o obligara a borrnrse,
del mapa de las ¡iaciones. Y vos,
señor Cartón de Wiant, no teníaig
necesidac\ de conmover de nuevo
hlfustró's '·',ctJfuz6nes' evocando el
martirio de Bélgíca que ha dadG
la paz del mundo, al honor del
mundo, toda la sangre de sus venas, de este pueblo admirable que
se ha inmolado, que se ha sacrifizado y ha resistido fiel al juramento que otros mancillaron con su
perjurio.
C1'eeis que la historia, imparcial y serena, la que se escriba
muy por encima de los disturbios
y de los wmbates, 112ndirá al noble pueblo que representáis aquí,
peqneño ,p or la geo.grafía y tan
grande por el corazón, t◊'&amp;a la gloria que le es debida. (Aplausos).
Y es,ta Francia admirable que os
recibe, que os ayuda, y en nombre
de la cual tengo a honra inolvidable el hablar, ¿ dónde ha encontrado el ímpetu necesa,rio para resistir? Sí, lo dije hace un instante, lo
he dicho muchas veces, se había
desfigurado su sagrada imagen, y
con pretexto de que, incapaces de
salir de nues•tras viejas rencillas
nos habíamos dividido en grupos,
subgrupos y partidos, con pretexto de que parecíamos 1rreconciliables los unos con los otros, se había dicho que no sabríamos, nosotros los hijos, olvidar nuestras reyertas al llamamiento de la madre, es decir, al llamamiento de la
patria. (Nutridos aplausos.) Se
había dicho que Francia era frívola, que amaba el placer, y porque en las encrucijadas de nuestras grandes ciudades donde no
había sólo gentes nuestras, se ostentaban esos placeres demasiado
fácilmente concedidos, se olvidaban los mihlones y millones de
franceses pacientes y sobrios, valerosos y económicos, que han
, cumplido siempre con su deber,
que cumplen con su obligación cotidiana, y que, durante la guerJ"a,
continúan hacién.dolo. Estos psicólogos mediocres no habían olvidado sino una cosa, la historia de
F'uncia: no habían olvidado sino
una cosa, que no·s hemos dedica-

do que nos hemos consagrado sin
va~ilar a la misión histórica que
forma nuestro honor.
¡Ah! ¿ Por qué, pues, los soldados de Verdun han permanecido
inmóviles bajo la metralla? ¿Por
qué han dado al mt'.ndo el ejemp,!o
de un valor impasible que nadie
hubiera quizás so,spechado en
Francia? Se sabía bien que émmos va)i.entes, intrépidos y animosos; se sabía que éramos capaces
de marchar impetuosamente al
asa1lto, de ir al encuentro de las
bal,a s; pero lo que no se sabía, lo
que no se queria saber, es que tuviéramos es•e valor más difícil de
permanecer fríos e inmóvi,lea, con
la conciencia tranquila, con el cor:izón tranquilo, con los nervios
tranquilos y la frente alta bajo el
h,.m,rán de metralla más terrible
~ue h ·1ya soportado nunca ningún
pueblo. (Nutridos aplauso.s.)
;. P0r qué han quedado allí esos
hombres d, 18, de 20, de 30, de 40
año~, el hijo junto al padre, eí
tío al lado del sobrino?
i. Por qué han permamecido_ allí
es tos obreros, estos campesinos,
estos hombres de profesiones liberales, estos al:,o,gados, est ...s médicos, todos juntos, hombres de tocias las razas, de todos los credos,
ele todas las opiniones, el cura
junto al libre pensador, el proteslnnte al lado del judío, bajo la
misma metralla y bajo la misma
b:ondera '/ ' ;Ah! Es que hay allí un
atavismo glorioso que a hurtadillas del individuo infunde en su
sangre los deberes eternos. Es por
que ellos eran hijos de los soldaclos de Valmy que salvaron a
Francia y con 'ella la liber,tad del
mundo! (Aplausos nutrid=s.) Es
por que ellos eran hijos de los soldados de Vi1'lars, que en Denai n
salvaron una vez más a Francia.
Es porque eran los hijos y los biznietos de los solcro:dos que, con CarMartel en las llanuras de Poitiers.
defendieron la civilización contra
la barbarie, (Nutridos aplausos.)
He aquí lo que no sabían )os alemanes. he aquí lo que no en•señaba su
kultura, he aquí lo que la o,rganización y ,el método no descubren, he
aqúí lo que un psicólogo de segundo orden habría comprendido si
hubiera sabido leer al través del
alma francesa, si hubi•era sabido
descubrir las virtudes secretas y
sagradas que hacen del pueblo
francés el gran pueblo del que he,blásteis hace poco en la fcrma en
que lo habéis hecho.
Nos hemos levantado por la
iusticia y sólo po,r la justicia. Qu·edaremos en pie por la justicia,
quetlaremos en pie para vengar a
nuestros heridos, a nuestros huérfanos, a nuestros enfermos, a
nuestros muertos. Desde· el fondo
de sus sepulcros en que habita, no
obst:mte, una padencia eterna, éstos se sobresaltarfan si Francia
pudiera hacer no sé qué ademán
PfGASO

prematuro que dejara caer a su lado la espada que salió de la vaina
bajo la agresión :tan sólo para defen,der al derecho. (Nutridos aplausos.)
Y nuestros huérfanos con quienes tropezamos en nuestra g.ran
ciudad, y estas mujeres de luto
que llevan con OO'gullo sus crespones a través de los cuales podemos leer sobre su frente el dolor
sincero, pero ta,mbién la grandeza
de alma asociada con el dolor, y
todos . los que han sido heridos, y
todos los que volverán en parte o
apenas, y todos los que llevará?
mañana el fardo de esta calam1,
dad que pesará sobre las generaciones, ~odas ellos nos dirían:
"Qué ¿ era para esto para lo que,
durante treinta meses, bajo el cielo tempestuoso, en las trincheras
húmedas, bajo la metralla, he_mos
hecho frente a nuest,ro destrno?
¿Era para esto? No l.o creíamos.
¡Nos batíamos por otra cosa: Pº':
la generación que se levantar.i
mañana! "Era pa:r,a desembarazar
las cunas que tiemblan bajo la rn)rada de las madres, de la pesadrlla de una nueva guei,m. Si encontráis encarnizados en el combate
lanto a los adolescentes de 1?
años como a los hombres de 48, es
porque, más experimentados qnc
los niños, quieren que no vuel:7a a
caer nunca sobre la humanrdad
semejante catástrofa. Que mueran,
que sangren, que su corazón sufra, está bien ; pero el mañana s_ea
de liberación y que las generac10,
nes se levanten libres bajo el sol,
que puedan amarse, trabajar y
morir en paz. (Bravos y aplauso~.)
He aquí el sueño que nos hemos
forjado, he aquí el sueño que.realizaremos, he aquí el noble rdealismo que Francia representa con
sus Aliados y que se opone al materia1lismo mercantil &lt;en cuyo nomhre se ha desencadenado la guerra.
i Ah, bien sé que si las cosas hubier,an podido preverse, no habría
pasado esto! Sí, París debería haber sido conquistado en tres semarias, Francia en tres meses, Ru·
sia en seis, y en seguida todos los
psíses: después, el gran silencio
sobre Europa; el absolutismo, la
1ibertad desa,p arecida, el aplasta,
miento de los débiles, el Derecho
oprimido, nadie, salvo la Historia
-si se hubiera enconibrado un Michelet-para protestar. Y bien,
no! La Humanidad no ho, permitido que se cometiera el crimen.
Los hombres se han alzado, las
mu.ieres se han alz,i;do, los mnos
se han alzado: del corazón, de la
conciencia, del cerebro, la prot~sta ha partido. Lucharemos hastH
que la reparación necesaria nos
sea concedida. Por mi parte, sólo
conozco una: la que nos traiga en
sus manos la victoria. (Aplausos
estruendosos y prolongados.)

�a un negro que ha perdido la razón

EUSEBIO

DE

LA

CUEVA.-Por

tierras de Quevedo y Cervantes.-Mon!·
t"ney.-Mireles y Estra&lt;la, Editores.1917.-He aquí un libro sin literatu!ra;
por eso se deja leer sin pestaiiear basta (¡ne doblamo:. la última hoja. 1'amliiP11 gusta por su agilidad, por su an(laci::i infinita, por su clf'senfado estu-

pendo. rn autor dice lo qm• quif•re, sin
eufe.mismos, sin perífrasis y, a veces,

tercera mano. Eusebio de la Cuev.i 8'-'1vó el escollo de una mane:r-a airosa. En
realidad, ¿ qué iba a decir sobrn España este mozo 1 N acionalles y extranjeros
lo han dicho todo, desde la alaLanz·1.
hiperbólica hasta la diatriba in-iusta;
desde lo que penetra el ojo del ~en~ador y del artista hasta lo que pi2 □sa

Yestido 1 suavizado, no sería el libro que
es, sino uno de tantos que van al cesto
apenas &lt;les.florados. He dicho que es
uu libro sin literatura. Las alusiones
literarül°s qufe conbene &amp;ln 1 'pou~·
rire ", sin intención de meterse en honduras y van to1las en 1111 rlesgaire ingenuo que no deja .saber si el autor habla
en serio o echa a volal' en ello su retozona aleinía.
El título hace presumir qne es un libTO de via.ies a Ja antigua usanza, y

entender y no entiende el incomprew;;ivo. Por eso el autor, con ing-en~o digno
de loa, prefiere dejar a España :t. un
lado y Imbiar &lt;le sí mismo en gsoañJ..
A pesar del mtento ddibern.clO de ,w
fabricar nn libro &lt;le vulgares impresiones de viaje, el volumen uos sabe a JCspaña, sólo que no a la de los: monurum1•~
tos y de las leyendas, no a la d,, los
museos y !as catedra:les, sino a la España de las T)1tronns exigentes, ,le ;ns
sueldos rnezq11in-os, &lt;le la pobrez::t. iugéuita, qne se trausfonua, llegado el caso,
en la España uolfle, buena, generosa e

que nos top~remos con ei' lugar común,

hidalga.

:,in

'!l';lill&lt;Ític:i.

~¡ !n

!111h1t~lcl

,,,.,,., :1-

1

'•

con la frase sobada y la impresión de

"Veinte días de hambre en Madrid"

Emilia rlel CastütJo, Tabo :uhl. Padilla y PJaSC'encia.

en "El Reino de Dios•· de Martínez Sierra
·son muchos los juicios que tengo catalogados respecto a Martrnez Sierra,
casi todos emitidos por gente de un valer intelectual firme, y casi todos coinciden. Martint&gt;z Sierra es 01 literato más
c11roptsito para la mujer y ésto no
quie1·e significar un desprecio estético,
tüdo Jo contrario. Consigue la predilección entre nuestras
damas con la
f:tmción más franca y más noble que
pueda haber, por parte de la gente entendedora de letras y de arte. En sus
noYelas, además de que marca perfec-

b1m0nte la defensa de la mujer, es de
una suavidad y de una dulzura para
C'lla que lo hacen merecedor de todas
las gráciles y perfumad-as sirnpatias de
h1 femenina juventud. Martfnez Sierra tiene una curul en el Congreso de
lus letras, limpia de chanchullos, vttlida íntegramente y digna del más amvlio respeto, porque lo ampara el sufra.gin unánime de todas las almas femeninas que viven el abril de la vi-da.
Tu, Martínez Sierra, no meditas como Hamlet, ni envuelves las •se~mas
PtGASO

debería ::::c.r el título del Jjhro. Rn allQ.
l&lt;'no-o &lt;'st,'Í en la uoYcla picaresca, y e,
l.ísÍÍma que el linaje de los Lazarillm,
de los Guzmnnús de Alfarache y ele los
Jfarcos &lt;le Obregón se l1aya extinguido.
Alguien piensa que Rubén Darlo en su
autografía quiso resucitar e:i género.
Lo cierto e.'3 que el libro de Eusebio de
la Cue,·a reclama noblemente el pared.
t.esco.
Viva el antor muchos años, y viva
intensamente y refléranos sus andanzas
.
'
.
con s u habitual desenvoltura y su gu..
aardía no aprendidai escriba así, a la
diabla. aunque chinen alllá 1os señores de
la callle Valverde y aqu1 los de San
Ildefonso, mé.s pocos en nítmero, pero no
n~enos puntillosos que sus cofrade.; dr:

Madrid. El señor de la Cueva tiene

lliU-

cho talento, y muchos brfos y una visión
regocijada que 110 abunda entre gentes
!el ofi&lt;: o. S"rb ,1:1.i. lÍtst-ima que se nos

quedara en prtJmes&amp;.
Lector, si piensas que me propaso en
el elogio, lee sin prevención el lilmi
"Por tinras de Quevedo y Cervantes''
irreprochablemente presentado por la
easa de Mireles y f;:-(~!.·a.1n. Yo te Ho
que habrá de gust,a rte.

E. G.114.

en el complicado vaho de tragedia del
noruego Ibsen, pero si abordas a la
mujer en Sus do'lores, franciscana.mente
la tratas, la compadeces y la mimas, Y
s: tu espectador llora eres pronto pa.r&amp;
secar sus leves lágrimas con tu propio pañuelo.
"La Casa de Dios" obra estrenada el
último sttbado en el CO'lón, es inevitablemente una prueba irrefutable para
:1 poyar las palabras del cronista.
El primer acto se desarrolla en un&amp;
casa de caridad que tienen las monjas
y en donde viven los desvalidos. Sor
Gracia (Emilia del Castillo) es constantemente perfume en el parque que
la escena representa. Este acto tiene
además otros tipos que inundan de felicidad a los palcos y lunetas: Dos an•
cianos 1perfectam;ente
bien
Jllevados,
uno de ellos, Trajano, partidario de la
República, que practica el anacronismo
encantador de ensalzar a Robespierre,
bajo el techo del claustro y en su en•
t11siasmo libertario gritar y provocarse
un acceso de asma que cuida Sor Gracia. Las lé.grimas republicanas se mueren de vergiienza en el pafiuelo de Uno de la monja. El Trajano lo hace Talioada y juro que la comprensión de
E:ste papel es absolutamente atinada,
aJ grado que Martfnez Sierra podrfa felicitar al joven actor. Ya lo he dicho
Pn anteriores ocasiones, Taboada es ID·
teligente y cuando hace un papel con
cariño le pone matices que solo pueden
poner los que está.n dotados para justi·
ficar su presencia dilante de la con·
cha. El otro anciano lo interpreta Pactilla y como quiera que el persona.je
t!('ne mejores oportunidades de llevarse
l.&lt;i.s palmas, resulta mejor tratado por
le! público, pero yo, estimo mucho mft.S
lograda la actuación de D. Julio.
En ese mismo acto, pa~a por la et-

.e l papel de médico lo hace un señor
Camp; Siliceo, que anteriormente figuró en los carteles como Celis, y antes
de ser Celis, :foé viajero de una fábrica
de cnlzaclo y estoy por creer-antes no
Jr- conocí-que es mejor como
Celis,
que como Campa, y mejor como viajero
viajero yo
que como Celis. Si; .co mo
creo que está inimitable.
En el último acto, el ünico personaje
que subsiste en escena es Sor Gracia.
Se presenta otro anacronismo perfectamente bien encontrado. Sor Gracia e.s
la encargada de la inclusa y un inclui:,,ero se ha dedicado al arte de Joselito
y Ga'ona. Debuta y obtiene un. éxito colosal. Llega hasta la inclusa entre los
\'flores y las aclamaciones y sintiendo
un gran carillo por Sor Gracia, que lo
crió, le lleva el trofeo conquistado en la
c.rena, el codiciado por los aficionados
y las hembras envueltas en la maravilia de colores de un mantón, pero que
él reserva para "su madre," para Sor
Gracia; le lleva una oreja.
Este último acto tiene algunas escenas largas y un tanto cansadas, . pero
que por ningún motivo restan el mérito a la obra del gentil español, dueño
Ue la curul de marras.

el autor de la ohra es tan suave y

úna nobleza de sentimientos tan paque el tema de la mansa locura
es la nostalgia. "Ya no hay Cuba,··
"'¡a no hay mar," "tengo frío, mucho
(do." En las palabras lloronas del negro hay una poesfa-accesible que el
auditorio, ese auditorio bonachón de
nuestró teatro de comectia-se enternec&amp;, asegurando
con su actitud, a la
empresa, una permanencia prolongada
de Ja obra, en los carteles. Plascencia
iface ~ste papel y aprovecha la o por tnnidad de su nobleza para arrancar
aplausos.
En el segundo acto. Sor Gracia ha
cambiado de casa. Ahora hace la caridad en un asilo de maternidad y se
rn;cuentra el espectador cori diferentes
personajes.
Contamos con poco espacio para ésta crónica por lo que a nuestro pesar
no analizaremos detalladamente. El ac~
lo, sobre todo al principio, es muy gracioso. Al terminar hay una escena entre el doctor del asilo y Sor Gracia, en
qu~_ el primero declara su amor a la
segunda. Aquí es donde el autor puso
poco de inoportuna miel quinteriana a la obra, y para mayor infortunio
~8

Buffalmaco

El poeta a,1•g·c11ti11u U:m )lanuel
Cga.rtc recor1·iendo los salones dt• Ja
Academia de :Bellas _\rtes.

El Ultimo Poerria de Rubén Daría
Escrita para el Album de

la Srita. Regina Alcaide de Zafra.

Corre, Atalar\ta, corre, y tus rosas ql viento
dejen de su perfume embriagadora estela;
corre, Attl.lanta, co :-re, vuela, Atalanta, vuela
veloz como el re ámpago o como el pensamienlo.
Deja atrás las montañas pintorescas,
en donde Dian¡l
y sus nfnfas herm o~a¡.:,
al triunfo de la !frica mai'iana,
fre¡.:ca.
Y cuando hayas de ja&lt;lo el terr('strn ekmento,
YUela. so\JJ·i: la ma 1· como las .;.:-olondt•in:rn,
Y hajo las est~cl!a~ que en su a½ul 1inna1no1to
se con,uun de :·')sas dhtmantinas.
Y en lo azul infinito, detén tu raudo empello
cuan&lt;.10 llcguet: ,1 la isla en donde mora
la princesa que un (lí.l .vió un Simbad del En:-;uefio
que sn guiú por L1 hu&lt;&gt;l!a t101 carro de la Aurora.
¡Atalanta, a.lm ._ mía!
¡Atalanta, alm ~ mía!
¡Alinn. mht, Ai.al:1nta!
Es· alli donde eternamente cnntn
su noche un rui,;, •iío1·, una nlontlra. su día.
Hay un ja.rdin y e n P! ji1rdín hay una
fuente tlónde se abrevan
JlLlYOtTeaks tlel ~ol :r cisnes dC h Luua.
J,imn1H' ros fr,tgflntt:'S sus azahares 11ievau
y re;:;:uht lHS lloras 1rna in vi:;iblc li1·:t.
Y e n un 1i:1lac u (fo oro irurravilloso n1ira

la. bHla .';ciíora
que no:,tálgi.ca 111 r:1:
y dile de mi parte si ha llegado la hora
q11c rni e~pirii.u anhela ..
Y si dice que sí, ven al rnomento.
Con e, Atalanta, eo1T€', vuela alma mía, vuela
yeloz co1no el re lf11:1p:-lgo y como el pensatniento ..
;1

PEGASO

�tirara del campo. El

"referee"

marco

una falta al "Preparatoria", aplicán&lt;lo(e un ; 'penalty 1 ' ' que tiró Abigaíl del
·•Junior · ', pa1'{1ndolo \~iadas, que jt\~a.
ba de '· goal keeper' · pu1µaratoriano;
pero p.areee que el r'referee/) notó que
ui;o de los jug·adores del "Preparato.
ria·' se metió antes de que se patc:ir 1
el ··penalty'· e iba a ordenar qu(' i-.&gt;,
1iraru, de nue\·o e iando el capitán del
'·Junior 1 • no quiso pasar por ello 11•.
tirando a su equipo del teneno.
A'g-uno de los ,jugadores del 1 'Prcpa.
nlto1 ia ·' Se di igió a nosotros para pro.
te·cobr por h suspensión del .iuego, ,li.
riéndonos (Jue se alegaba para sllspentlet o y anularlo, el qne el "Prepa.-:.itoria '' se había presentado refon:arlo ,-011
tres jugado1·es de p1imera fuena, pere&gt;
que ron anticipación había re~:~stra.rlo
sus jugadores y, que, por cons•.;;L:1c1nt1.
no había razón pa.ra que se le recusara,
no estando.._ bampoco cont &gt;•·m~ t.'On IR
decisión del 1 'referee'' en repetir el
''penaJty'', pues que éste había sido
preparado por el portero sin la intervención de ningún otro jugador.
Acudimos a la presidencia de la Liga
eu demanda de inforrnes sobre este asunt,\ y el Presidente. señor don Pnblo
1

FOOT BALL

TIRO DE PICHON
En la mañana del último domingo, so
w'riíkó eu el '~stand'' &lt;le la Soeieda~l
N,lciooal de Tiro, en terrenos de la l~e..:
forma, un '' mateh'' preparatorio de ti1'0 de pid1ón 1 siend~ presenciado
por
llllHl&lt;'l'OSa

('OllC'Ul'l'Cncia .

To los los competidores lograron haeer rn U,\' buenos l iros , 1u cien do su ha.hil ida(l hasta donde lo permitieron lo-~
pichones, pues la ma.vor parte no Yolcibau 1:11 al&gt;rirne :hi ,iaula,1 sinf; quje S('
11r.b \1hu11 pa.nulos casi en la puerta, te-

niernlo qu/e '\ernntarlos. ¡espnutándolos
(·on piedraic;. Sin ernbúgo, en 10·1 pocos
que sdieron buenos, admiramos gran(1es tiros.
Entre los competidores anotamos a
los s2:ñores Algara, de la Fé, Ca vazza,
ZaYatarel!li, Gri~i, Barbern, ~Tíl"I! ·" ai!WllOS más.
~ El próximo día 5 se llernn'i. a efr•c-to 1111 eo!i(•t~rso en que se dis¡.H1Lan1 la

''España'' contra ''Plachuca.' '-Gana ''J;:spaña'' por cuatro ·'goals'' contra cero.
¡i;sµerábamos que este ''match· 1 resultada muy lucido, pero nuestras "Spe1,amrns salieron. J:aíllidas, pue.~ ~lesde
los primeros momeutoi- Oomrno el
rl{' pr"sentarse con sólo nueve jugado"team" ibero. El

"Pachuca,"

V
El próxuno día 5 se verificará en el
IJi piídrorno de ila Condesa, el tan espenulo encuentro de los "teams'' ",Jt1nior'' y "Mixcoa·c", que promete ser
uuo de los más sensacionales de la teP:porada, siendo muy a,enturado µr.~-ieeir gnién de los dos obtendr"a el tl'iun fo.
.!unior y Gern1ania en terrenos t1l'1
España.-Tablas por O a O
El dia pl•imero del uct_ual, por la tflr-

de, se verificó este match, que resultó
reñido e interesante por lo 11ivelado ele
]8 fuerza de ambos teams contendientes.
ninguno de los dos equipos lograra tra.s

1,oner la meta enemiga, lo que aconteció igualmente en el segundo

tiempo,

.sin que tampoco logran·( dominar nin-

la bola

ya en

uno, ya en otro de los campos.
Como en este juego se disputitba In
copa "'l'owcr," se jugaron. cuatro tiempos extras, de diez minutos los cloi; ¡,ri

además

mer os y de cinco los últimos, sin que
tampoco lograran ni el

"Germanía" anotarse

"Junior" ni el

un

solo

tantü,

1·or lo que se sm1pendi6 f'i juego ya c,t.
al
obscurecer, para continuarlo
cua.ndo el Comité de la Liga de m·ime
ra fuerza lo disponga, que sur, orn•m1~:.:
será después del próximo día ;:;.
Menudearon las buenas jugadas por
ri.mbos lados distinguiéndose principalmC'nte los goal keepers,
que pDraruu
si

f•clmiralJlenwntc,

asi corno

uno Oe 1os

clelanleros y las defcn!:::aS Llel "Germanía."

Del ":Junior"

ti Sr. de !a Fuente Pn un buen tiro.

Grupo de (.i¡•adOI'(•;,; ;r ('OUClU'l"ClllL',-(

eop,1 Prima\·m•a. llav ver&lt;ladero entusiasmo poi· este "~atch "J que, lfa,fa
la habilidad ele los tiradores, promete
estar muy reñido.

niors'' :1pretaron y sus contrarios no
aflojru.·on tampoco, terminando el juego
1·1111 uu cle:;;agrudable incidente q1.1¡e dió
por resultado el que el "Juni2r" se re-

PEGASO

sobresalieron

Abigail,

Zavala y Bernanlino. En cambio Casas
ele! niismo

1\le:xanderson, nos manifestó 1:ue dicho
juego había sid~ anulado, quedan do a
f.avor del '' ,J unlor ·' en virtn l d,1 &lt;11:r
el "Preparatoria" había 11.d1•rn!::l!LJ lodos los reg1}_amentos estableoi/tn~ por el
Comité de la. Liga, y tuvo la deferene:ia
de mostrarnos- el informe orl,;i.n::il 1'('11·
dido por el '' referee' 'i qui~"l maui!iesta
Cllle el tantas reces citado '' Prepu.rntG··
ria" se había pr'esentado con varios jugadores de primera fuerza qu~ no J''&gt;dían jug·a.r eu ese· 1 'te.am'' en v1rt11,l tlt
11ne ya tenían dos pases de otros N111ipos, lo c¡ue estaba prohibido pol' ('l ~~nmit&lt;' &lt;le la Lig·a. así como algoúr, otro
ju¡radot que ni siquiera estaba re¡!,'istn1&lt;lo. }Jl .señor .Al-exaruler:::.on nos mn1,ifcstó además que ya se había comunieado ofiri',ilmente v con anteTiciridad :il
&lt;'apitán del "P1~paratoria". que no se
le admitil'ían los mencionados jugador es de primera fuerza, y que de pr e~en·
tarse con ellos v llevarse a efecto el Juego. éste cmeda~ía anulado a fa'1or del
1
' .Junlor.''
Como de coshVJlbre, nos limitamos a
consignar los hechos, absteniéndonos dt
comentarlos.

tidas. Por lo ~;eneral ¡1-:i::;,t ,lf'~f(\JC't'~:!,!.!a
la f'\•01ucjÓJ1 de las tii·a~ 1lo.•. ~¿.fa, -.in que
un ex('eso de curiosidad bag·a que ~· -del \ nlg·o &lt;'Ono&lt;·i&lt;la la intcie'~nnte 1ianc1
e;ión. -i-n asnnto d ispierta interés bajo
lo.-~ asr-e('to~ histórico e ltig·iénico. Es
e;im to (]lle las &lt;lamas se hnl1an tan sólo
atentas en seµ;nir los derroteros qne la
moda impone, esa tirana qne to&lt;lo lo
avasalla.

•• •

El primer tiempo transcurrió sin que

pmo de los dos, estando

res, estuvo jugando con.mucho (le-safü,
¡n,
rlisting-ui(,ndose
úm,·,-unC':-:;fo
el
'·goal kceper'', q_ue hizo todo_lo que pudo por evitar que los contranos se anotaran tantos.
''Junior'' y ''Prepara.torta'', ter! 1enos del ''Junior.''
Bastante animado resultó este juego,
habiendo Jog-rado 10,3 preparntorianos
meter una ~·ez la bola por ln meta enemi.g-a, durante el primer tiempo.
Durante el segun&lt;l.o tiempo eontinuP
el juego muy animado, pues los "Ju-

L,1s li,!.i:as. esils cintas qne sÜ'YPn pnra
eYita.t· la ,·aída de las mdi,i.;. ei:;tú:1 or!._u11osas di-' s:t lii5ct,Fta. Poe::is p.:·t'J1Ü.as
benell el l onor de ,1a.:·,~:;.• :,;:.Jp 1~111 ili:,cu-

lcam dc,;arrolló un

ju(•g,1

bastanto sucio, cargando indobidarnonle Y por detrás a varios jugadu1·1:s 1lc-l
' 'Germania," siendo llamado al
on1en
por el referee.

No en todos los tiempos se han nsado
medias, pero si ligas. g¡ célebrn 11.istoriador romano .Julio Polux, afirma f)IH!
las damas las empleaban para sujetar
una especie de gregiiescos, haliiendo algunas tan ricas (¡ue, como lns &lt;le la emperatriz. Sabina., estaban valuadas en
cin&lt;·o rnlilones de reales. Bs 1lc adYertir
qne se halbban cuajadas &lt;b piedras
preciosas y tenían hermosos camnfeos
por broches.
Desde el momento en qne las ligas sirvieron pnra sn.ietar las nu~&lt;li!ts, ~nl'ricron varia,: tra11sformacio11cs. Durante
el hrgo períoc1o en que eshlvo eD moda
el calzón, no pnrere halle;: predominado
una cosfumhre tletcrminn&lt;la respecto
&lt;le la,s lig·as al descubierto. Agustín :M.of
reto. gnrn escritor dramático &lt;lcl siglú
XVII, nos demues tra que los homhrcs
usab:1 n esta prenda, pnes en nua poesía
tih,!ada ''Descripción del lindo don
Di('g-o". dice:

uy en a.justarse fas üigas
llegó a las ocho de un giro.''
P~ll'C'('C' ser (!He b li!.!'a fncrn. cld enlzón ln lll'•·rilla solam('l~ite la gente dis1.inguich. Lnis XVf 1 según nn rdn1to
de Callf't que figi;n1. en {'J :\lu~Po ih.•l
Prado, 11úmero 2,~JS.
}h,,·nha riqnfa:_
mas li.~·:u;. Bn nada le enYi&lt;.lialn Ln;~,
I. ~cgím d rnlrato de Ho1wsse. nñme1·0
2,181.
Cuando el} calzón esta-ha sobrepuesto
a la media las ligas iban ort1'.'n-: ;; llo
S!:'l' qPJ~ !:nhicra ahertura lat&lt;'rnl 0trn,veces subía la media por encima de la
rodilh )' las ligns se ataban ¡1,..1· 1k1&gt;:lfú.
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lie'lo sexo rlrl,ier.1 colo,·a1fas. Bahía ,fo,;
bandos, o~&lt;la nno de los tudes sustentaba su opinión. Los casnistas eran par
L_idal'ios de qne l:1s liµ:as se pusieran por
debajo de las rodii1af{. El argumento
pa;ra tl{'fender sn teoría consistía en que
dE' E'.-te modo es menos fácil Jn. nonnalidad df' la circnlnción y el desenvol\'imiento de' lus músculos· de la pantorrilla.
Toda nmjer que no cumpliera este
precepto era tenida por mundana. Los
otros censuraban duramente tales mandatos v recomendaban el nso de las Jigas ¡~or encima. de la rodilla, por Cl'eerlo
má.-; bigiénjco y más embellecedor. ]&gt;;t
empleo de ligas que opriman. &lt;~spr(·ialmente las &lt;¡nt se colocan en el primei:
t.ercio do la pierna, es en la mavoría &lt;k
los casos ~a eausa de varices y &lt;le la injnr.~·itación ele tejidos y de los maleolos.
Con~o si esto hnbiera tenido una. lmporta11cia O&lt;tpit(al en cnestio:1es tcológic,is, se dec!;naron enemin·o.,; jrrL•tunrilinbl s publi('ando varios :,;,fo11etos Je lo
lindo, &lt;'Omo casi slemprc que se excitan
Xos ánimos demasiado.
\
1,~er:ciernn los últimos, porque ,('Ollc¡nis!ar,Jn la voluntad femenina, afanosa de rnnseguir el mayor perfeccionatt1iento posible en el clesanolllo dC' l;J
pantorrilla.

• • •
Dos eran los ideales que se iwrsc~ufon: rohustez )' pure7,a de Ií1 C'as.
1

A111lw-:; se l·all aban

Jl"rsoniíi&lt;1ados

en

H éreules y i\.polo respeeti nunente.
! -·e!.wPido fué· el que prcdomin ',
datCtt'.do:se el helio sexo franeo p:u·litlario .
En eR! e ~sunt-o Tesnltnron los enR11i.,h1s ('nonn&lt;'J1-:.c;1t(' dcrroh1do:,. c·ouw no
podía. memos de suceder. ¡, Cómo b

rnn.iE&gt;r POrlín &lt;·M11i11ar YOlll'1h"·i ,,.
'e r.l ~uicicLio de .su hellez;a, y srrucl ~
S,e ilc J)Pdía un sacrificio sn1l -rior n
~11s .t'i1erzas 1
sin rontar eon que era
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ayudante que nJr~ menos qne su
j,,fe y le preguntl t • ' ·

7-ón: peru qu(! iha a hacerle, si no habla
m(J.s.

ll'rrogado.

l'n st·lior riquh;imo comín a diario en

• ..-·
' • ,.,
.

rn ami¡.:o dl'l célebre humorista :\lark
'l'\\'a in le escribió una carta en la que
c1f':,puti8 de decir que estaba Hlll)' 1na!o,

&lt;·l

rnisn10 r('Stn 11rant, sin darle janlá8
un céntimo de proplna al camarero. Un
di.i &lt;'•;;te I&lt;' dijo:

- Seliol', ;. 11ste,1 me 11ermile que lú dé
111 i fntogT:'.l.fia?
• ;. Para qué'! pregunt6 el señor sorPl'l'll•lido.
- l'nra que ,se acuerde usted alguna
n.' ✓,

dPl ea1narcro.

Has escuchad11
cmfdPPPpoz
;,Has hechatlo las cartas al (,orreo?
-Sí, señol', y una d&lt;' ellas antes qu11
las otras.
-¿ Por qué'?
Porque en el sohn•
te."
l'n individuo tien,, 1111 lwnnano
lono 11ue canta pésim:tm&lt;'nle.
L!n an1i.~o suyo l e pn.'gunta:

conclufa:

;.Qué hace tu hermano?
-.Ahora, ul~l B~trhc-ro."

- :.Hay algo peor que tener ÜC&gt;lor &lt;lo

muelas y &lt;le oldos a un tiempo?
.\ lu cual contC'slú l\iurk Twaiu:

'.\lt• alegt·o que" sr- de,1 ic¡ U{;~
C'ÍO.

- Sí. ?·r~,unalh'.tllu y baile cJe San \'H,,.

i::-,,,

1nucha1.:hu 11 n ~:l.'r,·ía }lara el ten,..

tro.

t·n pobre hon,bre al fotógrafo:
- ¿ Cuá.nto me costará hacer &lt;&gt;I retra-

to de mis hijos?
-Diez pesetas la docena.
--Nntonces tendrlt usted que esperar,
p,,rquc no tengo más que once n\iios.

Presidente.~;. Y climo, uesgraciado,
hab&lt;'is arriesgado Yuestro ho11or, vuestra
llh&lt;'rtail, vuestro porvenir, por unos miRerabl&lt;'s cincuenta céntimos que substrajo usted de la caja?
El acusado.--'l'iene usted mucha ra-

Tío San se inco1'pora a las filas alia-

rn caballero qu(, c·s 1., hondad personificada se Ye obligado, contra su ,·ohmtacl, a servir de r,aclrino a un amigo en
una cuestión de honor.
Designado paru dirigir ei lance, coloca a los a&lt;l1·ersarios y les da la señal en
estos tl'rminns:
-;.\delantC', seliores! ¡Y ahora procuren ustedes no hacerse dafio!

clas..

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>López Velarde, Ramón, 1888-1921, Fundador</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>Urueta, Jesús 1868-1920, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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NUM. 8

LAS MEDIAS BLANCAS
POR., ü\'IARIANO SILVA.

Es un tema muy literario por la delicadeza que encierra; pero ya que lo hemos de tratar alguna vez en la vi·
da, que sea en una crónica y no en el tercer capítulo cie
nuestra novela, ni en el último de nuestros poemas. La
crónica está hecha para las opiniones más pr6ximas de
la. vida; los otros géneros son para lucir ideas retocadas
y más cercanas del espíritu.

que sabía latín y estaba llamado al Seminario. La se!lora de Renal, siendo rica, no era lujosa, porque en 1830
la provincia francesa no lo exigía; a menudo su marido
tenía que recordarle en este punto algunas conveniencia~. Pero apenas amó, cuidó de sus adornos: un vestido ligero hecho con urgencia y unas medias caladas.
mandadas traer de París, fué lo que aquel corazón tierno escogi6 para agradar la vista de Sorel bajo el tilo
frondoso del jardín en que cada tarde se hacía un rato de
plática. En el curso de la novela fué tan significativo este paso, que el capítulo todo se llama así &lt;Las medias
caladas&gt;.

La crónica de modas de los periódicos me atrae sin
embargo de una manera irresistible y allí he aprendido
muchas cosas que en las grandes enciclopedias nunca
hubiera encontrado: como por ejemplo, que los encajes
amarillentos se llevan bien con unos ojos claros oque las
telas de seda muy finas apagan la espontaneidad. Sobre
Nosotros los habitantes curiosos dela ciudad, que rualas leyes del escote o de la transparencia hay capítulos
para dejar avergonzado a un casuista. Y esas firmas siem- mos calles libremente, venimos observando, de tiempo
pre frágiles que vienen al final de esas bellas lecturas , acá, una movible nota de color que llama por sí sola a
están allí como un rasgo indispensable. El esfuerzo de nuestros ojos y se parece a una parvada de palomas que
Mallarmé por descubrir a la literatura esa fuente de de· no acabara de abatir su vuelo: son las medias blancas de
licadeza, me parece más interesante que el de Lord By. las mujeres, jugando con los pliegues de las faldas. Sin
pensar en lo que el C6digo de la Moda diga en esta maron por arrebatar a los turcos la colina sagrada.
teria, por temor de encontrar razones desapacibles, ad·
Los que admiramos a esos cronistas más todavía que mi tamos que las mujeres bien saben, como la· virtuosa
a las comisiones de estilo de los cuerpos legislativos, no sellora de Renal, que el lujo de las medias tiene para los
podemos menos que lamentar cierto exceso de descrip- hombres un encanto particular, en el que fundan ellas
ción y una tendencia al abuso de los términos técnicos mil propósitos suyos que, si la vida no realizara tan inesque por otra parte ha servido para mantener esa litera- peradamente, podrían seguir un curso más lento según
tura alejada ctel vulgo y casi en poder de las mujeres de el novelista favorito de cada una.
distinción. Pero convengamos en que éstas mismas, paSi a los aficionados como yo a las crónicas de las mora brillar en la conversación, nunca se quedan- en el dominio puro del código de las modas sino que dan cuerpo das no les place mi meditación y toman como una frivolidad reprehensible perfeccionar sus estudios con la lecasu plática COll los personajes de su nove/a -favorita.
tura de novelas, les diré lo que se cuenta en &lt;La LeyenLa mujer vista en sus adornos es algo que embellece
da Dorada&gt;. Un día ofrecieron en el mercado al evange·
el mundo como la pureza de los espíritus debe embellelista Juan una perdiz vi va y él la tomó en sus manos con
cer el cielo. Pero además de lo que logra como espectá- amor y se puso a acariciarla. En tanto, sé acercaron unos
culo, hay en cada mujer y en cada adorno que ésta lleva
muchachos qne llevaban arcos y flechas para matar páuna intención particular y secreta que es de la que quiejaros
y uno de ellos dijo a los demás, •Mirad a este anro hablar aquí, aunque solo sea valiéndome de lo que puque juega con un pájaro como un ni!lo podrfa haciano
do recoger el espíritu penetrante y milagroso de Stendcerlo&gt;.
Entonces el apóstol, adivinando su intención, se
hal. Os remito a la novela inolvidable, &lt;Le Rouge et le
volvió
y le dijo con dulzura: •Así como el arco de tu fleoir•. La se!lora de Renal, que demostró hasta el fin la
rirtud de su alma, empezaba a sentir que su voluntad cha se debilitaría si Je tuvieras siempre tendido, de la
corría misteriosamente hacia los ojos de J ulián Sorel, misma manera nuestra frágil naturaleza humana se deuel joven de belleza extra!la, preceptor de sus hijos, bilitaría por la contemplación si, persistiendo en su ri·
gor, rehusara ceder muchas veces a su fragilidad&gt;.
PEGASO

�~w_~~•·~
~
~
--~~-

tos de dormir, sin despertar la me·
nor sospecha.
Una vez arriba, detúvose un momento para escuchar, siempre sonriente pero conteniendo el aliento,
~;&gt;;¿&gt;-_;;;¿~
y con ~l pecho palpitante de traviesa
emoción. Sorprendióle un tanto,la
pesar de todo, que no lleg:1-sen !.' ~us
oídos las voces de los criados ,Ill el
sonar de la loza y de los cristales en
POR., JOSE LOPEZ-PORTILLO Y ROJAS
el comedor, siendo así que era tiempoya de que la camarera fuese prede arriba, y blancos por la que toca
Especíai para, "PEGASO".
parando la cena. Tuvo entonces la
al
suelo,
sentíase
inundado
de
saI
glacial impresión de que la casa estisfacción indecible: hasta hubiera
Es un chico excelente Pascual
tuviese desierta.
deseado
saludar
a
los
conocidos
con
Cordero; pero tan bueno, tanto, tan-¿Todos han salido?-se pregunlos
pies
en
vez
de
las
manos.
to, que t&lt;&gt;l vez se pase d_e la raya:
tó con ansiedad. -¿Hasta Mercedes?
ustedes juzgarán. Su mu¡er, MerceReflexionó un instante.
III
des, que es muy bonita, pizpireta e
-No es posible, se contestó a sf
inclinada a jugar con los vocablos,
Salió Pascual aquel día (aquella
mismo, mi esposa debe estar especon el honrado fin de ponderar la
tarde mejor dicho), más temprano
rándome,
.
dulzura y placidez del alma de su
que de costumbre?. de la oficina donY continuó camino adelante, siemesposo, suele cambiar el orden de
de trabajaba, agui¡oneado por el depre con la sonrisa en los labios. De
la colocación de las dos palabras que
seo de comparecer ante su bella
pronto se detuvo, porque escuchó
forman su nombre, y llamar a su
consorte como llovido del cielo; Y
rumor de voces. ¿De dónde ".enia1
marido Cordero Pascual, en lugar
dirigióse aleqre y confiado, y, a maPocos instantes duró su perpl~¡idad._
de Pascual Cordero. Esa inocentísiyor abundamiento, con la sonrisaen
Bien orientado ya, comprendió que
ma broma, da mucho que reír a la
los labios, al nido de sus blancos
venia del aposento de su mujer. ,No
gente.
amores donde se imaginaba iba a - lo había dicho? Era imposible que
iCordero Pascual! iCuánta blancutener l~gar unaescenagraciosísima
Mercedes faltase de la casa a aquella
ra, suavidad y mansedumbre van
de sorpresa, gritos y desbordado alhora suprema. La servidumbre poenvueltas en ese par de voces evanborozo. Todo el toque estaba en lledría andar ausente, µero ella no,
gélicas' Recuerdan la sencillez de
gar hasta el lado de su mujer sin (lUe
porque le esperaba. El rostro de
un modesto menú; porque el cordero
ésta se diese cuenta O.e su prox1m1Cordero se iluminó en la sombra,
pascual es un manjar exquisito p~ra
dad en soltarle allí una sonora Y
y el marido siguió avanzando por el
los judíos. ¿Y quiénes son los Juopo~·tuna carcajada, y en calma~ en
pasadizo,
. ,
Q ,
díos? Es un error pensar que lo sean
seguida sus nervios estremecidos
-iQué sorpresa! se dema, i ue
únicamente los prestamistas Y los
por la emoci6n. Era seguro que ella
bromita tan espiritual! iY cuánta
descendientes de Israel, porque _lo
le dirigiría estas o semeJantes pregresca cari!l.osa después de pasado
son todos los que crucifican a Cnsguntas:
el sustazo!
.
to, y no hay pecador que no le cru •
-¿Cómo has venido?
Se atusó el bigote con la galante•
cifique. Así lo asienta don Alberto
_¿Por qué no he oído tus pasos?
ria de un gato que se lo lame, y una
A todo lo cual podría él dar resLista:
oleada de bienestar inundó su corapuesta satisfactoria con sólo levan¡Muere, gemid, h?m~nos!
zón.
,
d
¡Todos en él pus1ste1s vuestras mano~.1
tar una tras otra ambas plantas del
Pero al llegar a la puerta e 1•
:flamante calzado, para mostrar a la
alcoba, la encontró bien cerrad~.
El presente bosquejo agiográfico,
maravillada compaiiera de su vida,
¡Cosa más extran.a! ¿Por que est~na
lleva por objeto relatar, en compenla blanca, suave y callada materia de
clausurada? No era natural. Algmen
dio brevísimo, la forma en que fue
que estaban hechas. Risas, exclamahabía adentro. Aplicó el oído Y essacrificado cierta vez, (iay! una de
ciones y el idilio acostumbrado, secuchó claro y perceptible el rumor
tantas,) el mu.v recomendable Y
rían consecuencia forzosa de aquella
que confuso había, percibido a distranquilo Pascual Cordero.
mímica persuasiva y de buen gusto.
tancia· era un dialogo discreto Y
Era ua chiquillo el bueno de Pa,sII
bajito,' muy bajito y muy discr~to.
cual· un chiquillo de treinta años, lo
,Quién estaría con Mercedes? ,Al·
Sucedió, pues, que tuvo nuestro
que ~ada tenía de particular, pues
guna amiga? ¿Alguna criada? No,
héroe, hace poco, la idea de comtodo el mundo sabe que hay chiqui¡ voto a sanes!; no era voz de muJer,
prarse unos zapatos de moda, de1·•
llos de más edad que esa, y que los
sino de hombre la que susurraba.
nier cri. Nadie ignora que el calzado
hay hasta calvos, canos y de cutis
Su timbre profundo formaba conque prefieren hoy día los elegantes,
surcado por arrugas, dobleces Y patraste con el dulce, acordado y fino
tiene suelas y tacones de hule. Pentas de gallo.
. .
acento de Mercedes: era un duo ~•
s6 dar con esto Cordero un buen qolLos hados le fueron prop1c10s.
soprano y barítono, o tal vez de ba]O
pe ante la faz de la sociedad, y, ade·
Llevaba en el bolsillo la llave de la
y soprano; no pudo precisarlo con
más, aprovechar las ventajas del
puerta, y esto le permitió abrir la
entera exactitud por la gravedad
caso para deslizarse por dondeqmedel zaguán sin necesidad de acudir
del momento, por más que tuviese
ra sin ser sentido, como un fantasal timbre y poner en movimiento.ª
un e:rnelente oído músico.
ma como una larva, como uno de
la servidumbre. Se coló, pues, bomSin resolver aquel problema acús·
tan'.tos lémures como andan por allí,
ta y sigilosamente hacia adentro,
tico siguió escuchando Cordero.
o, para emplear_ un lenguaje más
sin levantar el más peque!l.o Y leve
call~do, recogido y haciendo todo lo
llano y comprensible, como un caurumor.
posible por no dar se!l.ales de si.
teloso gato, dando muy divertidos
Comenzaba a cerrar la noche, peYlooy6itodo!, iitodo!!, ilitodo!!!.,.
sustos y bromitas a sus relac10nes.
ro no halló encendido el foco elécy guard6 en reserva su propósito
trico del hall, y pudo subir la escaIV
hasta para su misma cara mitad, a
lera perfectamente cobijado por la
fin de comenzar por ella la serie de
Una vez cerciorado de lo que se
amiga sombra . .A.rrimóse a la pared
las inocentes travesurillas que tenia
trataba desanduvo el camino que
cuanto
pudo
para
que
no
rechinase
proyectadas.
. . .
acabab~ de recorrer, siempre con el
la madera y fue su hiendo despacito,
El día en que hizo la adqmsición,
mism0 sigilo y con las mismas predespacito,
y
con
gran
prudenma
Y
no cabía en sí de contento, pero
cauciones,
sali6 a la calle, cerró la
recato.
anduvo cabizbajo para verse incesanpuerta
con
la suavidad, guardós~ la
Tedo
le
fue
favorable:
no
tuvo
el
temente los pies. Figurábasele ser
llave
en
el
bolsillo
y se dirigió al ¡ar
menor
tropiezo,
y
puso
la
planta
en
un mandarín chino, de esos que lledin
más
próximo.
Allí tomó asien~
el
pasadizo
que
conduce
a
los
cuarvan pantuflos, negros por la parte

PASCUAL CORDERO

en un banco solitario, y se di6 8
reflexionar.
-,!Qué haría? ,Qué haría?. se
preguntaba.
El caso era bastante comprometido. intrincado y ¡ieliagudo. Lo pens6
maduramente, y después de pensarlo y meditarlo mejor, apartó de su
ealenWriento y febril cerebro toda
idea ominosa de suicidio, homicidio
naesinato. iNada de crímenes ni de
oad.íveres! Ni siquiera se le ocurrió
ecoar mano del divorcio, porque to-·
do e~cándalo le ponía carne de

gallina.

De pronto, en medio de su estupor, sinti6 que un rayo de luz peraba en su dolorido espíritu, con
recuerdo de aquel conocido proquio que establece este mandato:
la, injurias o bien calladas o bien vengadas! Tenía, pues, que elegir entre
aquellos pavorosos extremos. P&lt;1ra
salvar la situación gallardamente
pr°"entábanse a sus ojos, esos do~
intos caminos. ¿Cual de ellos eser? iEspantoso dilema!
pasó la mano por la frente, sa~ el pa!l.uelo y se enjugó el sudor
lle la angustia; pero al tin tom6 su
11tidocon brava resolución. No se
a.ría, inó!; pero, en cambio, ica ia!, si iicallaría!!; y tanto y tan
en, de uua manera tan absoluta
rfiada y hermética, que no lo
garía. a saber nunca nadie, nadie,
ini siquiera él! i ni siquiera ella!
Una vez adoptada aquella medida
r~ical, no tuvo ya más que hacer,
stno esperar ..... , esperar que co.
rriese el tiempo hasta que fuese llegada la hora de sequridad, que era
la de costumbre, en que pudiese
volver tranquilamen~e a su casa.
Hízolo, pues, así, y para el más firme éxito de sus planes pacifistas
dejó pasar una media horita más'
considerando muy cuerdamente:
que nunca es excesiva la prudencia.
Al llegar a su casa, hizo punto
omiso de la llave, oprimió resuelta

ne'.

y valientemente el botón eléctrico
para anunciarse con mucho ruido
y, cuando le fue abierta la puerta'
subió la escalera por el extremo ex'.
terior de los peldaños para hacer
crujir el maderamen con el mayor
estrépito. Respiró: estaban encendidas ya todas las luces, andaba
atarea.da la servidumbre, y Merced~slozina, ~resca y hermosa, aguardabale apas10nada y sonriente.
-!Qué hacías, Pascualillo?-preguntóle con gracioso entrecejo en
se!l.al de amable reconvenci6n. Has
tardado mucho; me tenías con cuidado.
. -Ha habido trabajo extraordinar10 en la oficina, repuso Cordero
con cara. pascual.
-Pero, icalla! ¿Por qué no hacen
ruido tus pasos? Pareces alma en
pena.
-Es que me he comprado zapatos de moda, tontuela: mira.
~ el esposo levantó un pié despues de otro para que viese la consorte la blanda y elástica materia
de que estaba hecha la planta del
calzado.
-iTacones y suelas de hule!murmuró Mercedes cavilosa y alarmada.
Reflexionó unos momentos, enarcando las preciosas cejas, y luego
contmuó:
-iSabes que no me, gusta esa
moda, Pascual?
-¿Por qué no, monina?
-Porque un dia u otro puedes
darme un susto.
-Tienes razón: ahora mismo he
estado a punto de dártelo . .A. mi
tampoco me agrada; no volveré a
u~ar estos zapatos.
Y agregó:
-:-Se los reg•la ré a alg_u no de mis
amigos,
V
Desde aquél día toma nuestro hé·

roe varias prudentes medidas antes
de llegar al domicilio conyugal.
Retarda la hora de la vuelta a su
hogar todo lo posible.
No hace uso de la llave para abrir
l": puerta en ninguna ocasión y por
nmgún motivo.
Hace sonar varias veces el timbre
antes de entrar, para que se sepa
que es él quien se presenta.
Ha sustituido el silencioso calzado
de hule por otro de sonantes tacones
y suela de rechinido.
Y, finalmente, cada cabo de semana, se anuncia a su esposa desde
lejos, por medio del teléfono con
una anticipación- que nunca b~ja de
de qumce o Teinte minutos.
Merced a tan sabias precauciones
no ha vuelto Cordero a encontrar 1~
casa sola ni a oscuras, ni ha torna·
do.ª escuch:-r duos de barítono (o de
ba¡o) y soprano sotto voce, detrás de
la puerta de la alcoba.
Así todo camina viento en popa
en su tranquila casa, y en el hori ·
zonte de su felicidad no se dibuja ni
la más ligera nubecilla,

VI
Por lo que hace a Mercedes, sigue
con sus mercedes, con perdón de
sus mercedes.

Y USUF- BEN-ISSA,
México, abril 14 de 1917.

Busque Ud. el próximo
número de "Pegaso."
-Como de costumb-re
Pl.lblicará unicamente
artículos inéditos de los
mejores escritores mexicnnos-LeaU d.Ia revista de los intelectuales.

Caricatura Extranjera

Sorpresas de la aventura de la conquista del dominio universal

PEGASO

PEGASO

�LA e.ACTUALIDAD CIENTIFICA

LA UNIFICACION DE LA HORA EN MEXICO
POR JOAQUIN GALLO
Director del Observatorio Astronómico Nacional

LOS POETAS JOVENES DE "PEGASOtt.

Carlos Pellicer C.

.José M. Solis

HOY LA CANCION MAS NUEVA·····

A GUILLERMO DA VILA

1Hoy la canción má.s nueva quiere_ decir mi boca.!

Amigo mío, la vida no. hay que to~~rla. en serio.
Es una vieja broma de Dios; que te d1v1er~a1;1
mis pobres versos jóvenes ya. que en _ello~ IDJerta.n
la Virtud y el Peca.do su pasmoso m1.eter10 ..... • .
Ves? puntos suspensivos; ya no alcan_za. el salterm
para. decir sutilea cosas~·· Y que lo adv_1ertan
tus ojos y tu alma ... Estos puntos desP_tert~n
ciertas curiosidades dignas de tu bem1sfer10
frontal. Amigo mio: nunca. te desesperes;
espera siempre algo de lo que nunca espere~.
(Y no es cábala., conste), Tiene _a vec~s la Vida
ciertos bellos caprichos como d1V11gac1o~es,
que nos hacen cantar con el alma. transida..
de un inmortal deseo de actuar en sus a.cmoneE1.1

Para. ello es necesario romper la antigua flauta

contra mi corazón, que es de cristal de ~oca
y norma sus anhelos en la. futura pau~a ... ·· _
d
No sé quién me la ha. dado¡ pero. m1 eot.rana muer e
la incomparable rima del alba vemdera;
mi dolor es más hondo y mi campo más verde,
porque en mi se prepara la mejOr sementera. _
¡Y mañana, (un mañana gastado en las entranas
de lo inmortal), mis glosas tocarán !º trompeta,
a su grito saldrá fuego de las montanil.8
y un suspiro del hondo silencio del planetA.!. •· •

~fartín Gómez Palacio

ERES EL COLMENAR DE MIS ENSUEÑOS
Eres el colmenar de mis ensueños:
si la vida arrebata
al más ligero, y ante la escarlata

de una boca de besos que se venden
lo lleva;
.
si una. quimera mí&amp; es agitada.
por la. noche, y en loca. fra.nca_?hela.
se aventura asa, mal acompanada, .
sin mé.8 techumbre que el azul que riela
la luna;
si un pensamiento ~io no :eposa
con obsesión &lt;le líquidos cnsta.les,
y mal llevado por sn afán se posa
en el VA.SO de acopios otoñales
.
,
del a.genjo,
todos mis peneam1entos, el que h9:st10
HUpo hallar en loe besos mercenar10s,
el trasnocha.do bajo el hondo frío
de loe luengos rosarios
estelares,
.
el inseguro por lib_a.r manJar:si
van a. tí con idénticos empen~s,
porque dentro de ti son una. r1~a.
de castida.d, y en M todo los mima.,
ya que tú
erea colmenar de mis ensuefios.
4

.Jaime Torres Bodet

A TRAVÉS DE LA HONDA INQUIETUD.···•
A travé1:1 de la honda inquietud de mi alma.
Que la aurora conturba 1 me e_xalta.1:11;1 gr~n deseo
Del bienestar profundo de la 1nmov1hdad,
Un miedo
De todo movimiento;
Una voluntad dulce de sentirme sereno,
De llenar mis mira.das de crepü~cul?s .
Apenas presentidos,_y C';)nfund1r m1 ahento .
Con la brisa. romántica ae las noches de luna,
La. aurora. me fatiga, y me siento extenuado
Antes de haber vivido, con un temo~ eterno
De que la vida rompa. la. magia de m1 fuerza,
De que li1. luz del sol borre en el cielo
La. trémula. ca.ricia de plata. del lucero., .
Con el temor continuo de tener que v1v1r
Una vida en que muere todo ensueño!

y me invade un profundo desaliento,
Un asco para. todo,
.
. .
Un deseo infinito de hmr el mov1m1en~o
y de ir velando todos loe ca.nto, de la. vida
Con el divino canto del Silencio ....
PEGASO

A nadie se le oculta la imUno de nuestros hombres de ciencia de más prestigio, el iAgeniero
Este, del Centro, de la Mon·
portancia que puede tener
Joaquín Gallo., Director del Observatorio Astronómico Nacional, ace.
taña y del Pacífico, difirienpara la República la acepba de didgirse a algun ts agrupaciones, proponiéndoles que apoyen su
do cada uno de ellos, un
tación de una hora fiJa.
iniciativa para que se establezca la hora única en toda la Rt:ttública.
número entero de horas con
, fEI viajero que sale Ae la
"Pegaso'.' ae satisface de: registrar en sus columnesJ.este: importanti.
respecto a la hora de Greenciudad de México y llega a
simo proyecto y e"pera que la loable: inidativa del seño,r Gallo sea
wich;
y asf se cuentan resotra población del país, enatendida con todo el interés que: merece.
pectivamente 5, 6, 7 y 8
cuentra que su reloj marca
horas de diferencia con este
una hora distinta de la que señalan los
Esta institución ha tratado de reprimer meridiano.
relojes de la localidad y aún que tomediar el mal, invitando por medio
La configuración general de la Re·
dos los relojes públicos discrepan ende la prensa a los relojeros y al públipública Mexicana, ancha en el Norte,
tre sí. En resumen, no se sabe cuál
co a que pidan telefónicamente la hora
y estrechándose poco a poco hacia el
es la verdadera hora. El reloj del pade Tacubaya. Los Ferrocarriles y Te·
Sur, en dirección del S. E., quebrando
lacio de gobierno o de otra oficina púlégrafos conectaron sus líneas a una
bruscamente su eje hacia el Oriente,
blica, probablemente marcarán la homagneta dispuesta para ello y que es
para terminar en la Península de Yura con algunos minutos de diferencia,
accionada automáticamente cada 60
catán, hace que la máxima diferencia
porque álguien, que es el relojero ofiminutos por uno de los péndulos de
de longitude:; entre el punto más occicial, la toma de un pequeño cuadrante
tiempo medio, que se toca a diario padental de la Baja California y el Cabo
solar, que por lo general no sabe usar .
ra tenerlo con un error que no exceda
Catoche,
que es de 28°, sea entre los
Es, pues, importante que en una mis•
de 10 segundos.
puntos más al Norte y más al Sur,
ma población se tenga una hora que
La importancia de la unificación
que dista más de 11°enlatitud. Se me
sea la &lt;tipo&gt; y que a ella se ajusten
de la hora se hace más notable en
ocurre, desde luego, hacer dos divitodos los relojes; pero si es posible
los puertos, a donde llegan barcos
siones de r sº cada una, teniendo por
que en una población aislada se adopde lugares lejanos y con los cronóejes a los meridianos de 90º y 105° al
te una hora, al tener relaciones comer•
metros arieglados al primer MeriVV. de Greenwich y en las que se contaciales con otras, al no estar aisladas,
diano del punto de partida. El marirán las 6 y las 7h de diferencia con ese
sino formando parte de una nación,
no debe conocer la marcha de su croprimer meridiano. El meridiano 90°
debe también regirse por una hora
nómetro de la manera más exacta po~
pasa al W. de Mérida, Yucatán, el de
única, pues de otra manera no se comsi ble: una ignorancia de ~lla puede ser
105° por Tepic. A uno y otro lado se
prende cómo podrían regularizarse los
de fatales consecuencias. A este resextenderían
husos de 7°30'. Ahora
servicios de comunicaciones. Un rapecto, me voy a permitir referir lo
bien. ¿ Qué puntos de la República
zonamiento infantil conduce desde lueque presencié cuando llegué a Puerto
serían los límites de estos husos?
go a la aceptación de una sola hora. Si
México, procedente de Glasgow. El
Teóricamente es muy fácil decirlo,
no fuese así, qué trastornos, confusiocapitán indicó que uno de los cronó·
pues
bastaría trazar en una carta los
nes y accidentes ocasionaría el hecho
metros se había parado y que el otro
meridianos respectivos; pero prácticade que el conductor de un tren fuera
no marchaba con regularidad después
mente es muy difícil, porque la falta
ajustando su reloj, en cada estación, al
de haber sufrido fuertes sacudidas en
del conocimiento exacto de nuestra
tiempo local. Y si los ferrocarriles huuna tormenta y que para determinar
Geografía por un lado, y por otro las
bieran adoptado una hora única por
su posición se valía de la latitud, del
divisiones o secciones de los ferrocala que deben regirse y eF1 la localidad
rumbo y del recorrido, estos últimos
rriles y aún los provincialismos de los
se usase otra, los perjuicios que sufribien inciertos en la navegación.
pueblos, son factores que entorpecería el comercio, sobre todo, serían
Arribamos a Puerto México é imparían esa división horaria: prueba de
grandes.
ciente el Capitán, me dijo que esperaesto es la de los Estados Unidos. Los
Vemos, pues, la necesidad de adopría la señal del medio día de Greenlímites horarios no son meridianos,
tar una hora a la que deben sujetarse
wich para comparar su cronómetro;
sino
líneas sinuosas, por ser accidentes
todos los habitantes de cierta región 1
tuve que confesarle, con vergüenza,
geográficos o terminales de división
a la que se sujeten también las tranque en México no se acostumbraba dar
de las vías de comunicación y para no
sacciones y los medios de . comunicaesa señal. Nos dirigimos a las oficicitar sino dos ejemplos, mencionaré:
ción, y esa hora única será la hora
nas de los telégrafos y del ferrocarril,
19, el límite de las 5 con las 6h. Cooficial.
donde nos esperaba una desilusión.
mienza en Port Arthur, sobre el me·
Es, en verdad, algo difícil mientras
El reloj del ferrocarril tenía un retraridiano 89 en donde se debía contar
no haya propiamente hora oficial y
so de 4 minutos con el del telégrafo, á
tar las 6h; sigue l)0r la frontera del
servicio e inspección, que los relojes
pesar de que los empleados asegura- ■ 1Canadá, a través de los grandes lade una misma ciudad marquen la misban que los relojes marcaban la hora
gos, hasta llegar a Bu/falo. El otro
ma hora. Consta a todos que eso pasa
exacta. No hubo más remedio que proejemplo es el límite Sur del huso de
en la ciudad de México: cada relojería
ceder a determinar el tiempo de la me·
6 y el de 7 en el Paso. Esta población
que tiene cronómetro y anuncia como
jor manera posible, y- dar la correcestá sobre el meridiano 107; teóricahora exacta la que marca, se rige por
ción a las oficinas. Si por falta de premente se debía contar allí una hora
el criterio más o menos justificado del
visión se hubiera tomado la hora de
que difiriera siete horas de la de Greenrelojero, y así se ve que a pesar de
una de ellas solamente, se hubiera tewich, y a pesar de eso se cuenta la
anunciarse que los cronómetros marnido un error en la marcha, que podría
hora que difiere en 6 unidades sola•
can la hora exacta, difieren, no segunocasionar perjuicios en el viaje de remente. Es que termina una división
dos, sino hasta minutos los cronóme•
greso del vapor. Con lo dicho, creo
del Ferrocarril Southern. En nuestro
tras entre sí y aun los relojes de Caque ya es suficiente para dar idea cla·
país no se han extendido los ferroca
tedral y del Palacio. En verdad no
ra de la necesidad de adoptar una horriles como en nuestro vecino del
lllienten lo~ relojeros cuando anuncian
ra como oficial 1 a semejanza de lo que
•Norte, y por tanto no sería fácil .nar·
la hora exacta: lo que falta añadir, es
han hecho en todas partes.
car
los límites horarios por las divilabora del Meridiano que tienen y que
En Europa rigen ciertas horas para
siones o secciones términos de ellos,
hería ser precisamente la del Meri·
diversas regiones. En Estados Unidos
pero se podría recurrir a cierto límite
no del Observatorio Nacional de
cuatro sistemas, de una hora cada uno,
natural.
Tacubaya.
se cuentan; se tienen así el tiempo del
Si en la carta se trazan los husos

�A@#

DEL "GASPAR, DE LA NUIT''
DE LOUIS BERTRAND

qgww

Traducción de Rafael Cabrera

c!7lffe @clonil:ib

HARLEM

.

Cw;rndo cante el gallo de orode Amsterda1n.1
Pondtrá la gallina de 01'0 Harlem.

La Catedral de México

LAS CENTURIAS DE NOSTRADAMUS.

POR.., MANUEL TOUSSAINT

Harlem, esta broma admirable
que resume la escuela flamenca,

Harlem, pintada porJ!'an Breughel,
Peeter Neef, David Temers y Pablo
Rembrant;

Oficiµas de la Dirección clel Observatorio .Astronómico Nacional.
horarios tomando como ejes los meri~
dianas de 90° y rb5°, veríamos que el
Territorio de Quintana Roo y los Estados de Yucatán, Chiapas, Tabasco,
Campeche, Oaxaca y parte del Es~ado
de Veracruz, estarían comprendidos

en el de 6h. En todos los otros _Estados se contarían las 7h a ex~epc1ó_n de
una pequeña parte de la ~ªlª Ca_hfornia, que tendrá 8h de d1íerenc1_a de
longitud. Las dificultades menc10nadas solo hacen pensar en tomar como
límite entre 6 y 7h de Itsmo de Tehuantepec. E3te está cruzado por :un
ferrocarril que podría servir de lí~1te
admirablemente; pero para no lastimar
el provincionalismo podrían aceptarse
como límite las fronteras de los Estados de Tabasco y Chiapas con los de
Veracruz y Oaxaca. De esta manera,
un pueblo que está en el Esta~o de
Oaxaca contaría 7h, uno de Chiapas
6h y por lo tanto se propondría que
toda la parte restante de la Repú?l~ca,
incluso la Baja California se ng1era
por la hora que difiriera en 7 de la
Greenwich. Es verdad que la parte

más poblada de la República tendría
una hora adelantada 24 mm u tos y que
las regiones de Chihuahua, Durango,
Tepic, etc., menos densas en población, la tendrían exacta; pero esto no
es una dificultad seria frente al hecho
de haber vivido años enteros rigiéndose por cuadrantes solar~s que .en
ciertas épocas del año dan diferencias
hasta de 16 minutos.
.
La parte más occidental de _la Ba1a
California, y en la que en relidad _:e
debería contar las 8h 1 es muy pequena
para que se tuviera en c1;1e,nta. Los
poblados fronterizos se reg1nan por la

hora de los Estados U nidos en la que
se cuentan las 7h, pudiendo, pues,
establecerse que en aquellas remotas
tierras sin comunicación directa con él
centro del país, queden comprendidas
en el hus-o de las 7h.
En resumen: se podría pedir a las
autoridades respectivas:
19.-Adóptase una hora oficial o legal para la República Mexicana.
29.-Los Estados que forman la
Península Yucateca y que son: Chia·
pas, Tabasco, Campeche, Yucatán,
Territorio de Quintana Roo, adoptarán como oficial la hora que difiera en
6 unidades de la de Greenwich.
39. -Todos los demás Estados y
Territorios contarán uha hora que difiera en 7 de la de Greenwich.
49.-En los puertos se dará de una
manera sensible a la vista o al oído,
la señal de medio día y a la del medio
día de Greenwich.

50.-La red radio-telegráfica de la
República sería la más adecuada para
dar estas señales, de acuerdo con el
observatorio nacional.
6(:&gt;.-Todos los relojes públicos están Obligados a sujetarse a un tiempo
único: el oficial.

y el canal donde tiembla el agua
azul. y la iglesia cuyas vidrieras de
oro flamean, y el stoel (1) donde se
seca al sol la ropa blanca, Y los techos, verdes de lúpulo;
Y las cigüe!las que baten las alas
en torno del reloj de la ciudad, ten•
diendo el cuello, desde lo alto de los
aires y recibiendo en el pico las gotas de lluvia;
y el burgomaestre indiferente que
acaricia con la mano su doble barba y la florista enamorada que se
co.~sume, clavados los ojos en un tu.
lipán;
y la bohemia que desfallece sobre
su mandolina, y el viejo que to~• el
Rommelpot (2), y el ni!lo que mfla
su vejiga;
y los bebedores que fuman en la
obscura taberna, y la criada de la
hostería que cuelga en la ventana un
faisán muerto.

Crónica, por Genaro Estrada;, Cuento
Semanal, por Carlos Gonzalez Pe·
ña; Poemas, por Rafael Cabrera;
Historia Mexicana, por Abraham
Castellanos, y otros varios clel rua•
yor iµterés y de verdadera actualidad.

Roma es 1¿na ciudad en l4

que hay mds ~sbinos &lt;f.'Ue biu•
dadanos, y mas m,. o n; es que
esbiTros.
VIAJE A ITALIA,

Reirá mejor el que ría al último.
PROVERBIO POPULAR.

Padre Pugnaccio, con el cráneo¡¡.
bre de la capucha, ascendía por las·
gradas de la basílica de SanPedro,
entre dos beatas envueltas en mañ·
tillas, y se escuchaba la querella de
los ángeles y las campanas en las
nubes.
U na de .las beatas, -era la tía, recitaba una ave sobre cada cuent_a
de su rosario, y la otra-era la sobn•
na -miraba a hurtadillas con el rabo' del ojo a un apuesto oficial de los
guardias del Papa.
. .,
El monje le susurraba a la v1e¡a:
«Dotad a mi convento&gt;. Y el ofici~l
le deslizaba a la joven un dulce b1·
llete almizclado.
La pecadora se enjugaba algunas
lágrimas; 1a ingenua enroje?ía. d~
placer; el monje calculaba_ mil ~,as
tras al doce por ciento de mteres,
Pl oficial atusaba su mostacho m1·
rándose en un espejo de bolsa.
Y el diablo, a!!'.azapado en la ª!'1
plia manga del Padre Pugna&lt;;Cl~,
sonreía irónicamente como pobcb1•

6

nPla.
(1)

, La cúpula del observatorio.

En estas tardes de insólitos crepúsculos y dt' modorra por la. indecisión de la lluvia, cíérrase la Oaterlral a. las rinco. '!'al mandtt.to nos priva del placer de contemplar el templo m9gno de nuPsLro arte colonial, con.el gusto quequi:úéramos; porque es en la
tarde, a la ca.ida del sol allende los montes, cuando hay qne ver
una Catedral. El ambiente de la.a naves, cuyas bóvedas paree en
haber volado a las estrellas, se condensa, adquiere espesor y ciñe

PADRE PUGNACCJO ..

r

Algunos artículos inédito~ Que
publicará PEGASO en_ su nume,o
próximo:

,,._ ¿

Balcón de piedra.

(2) Instrumento de música.

Puerta mayor de la Catedral
los detalles de un cendal de bruma.. El oro de los retabloe gana el
prestigio que acumula en sus reflejos la última claridad y una
ventana vuelta hacia el ocaso es ·e ntonces iniciación al mundo de
las hadas. Ah! viérais la capilla de los Angeles, con su ven. tana. de marco recubierto de tallados, con sus ángeles, vivos
con la vida de la penumbra,treinando en el color.
,
Comenzada a fines del siglo XVI bajo planos muy semejantes a
los de las catedrales españolas, la obra magna dilató su fábrica por
t~es centurias. Y quiso la suerte acumular sobre sus piedras todos
los riimbolos qu~ representan a la Colonia, a l\-'léxico con sus trif,.
Lezas, con sus orgullos; con su omnipotencia. Porque su origen ee
hafia en la sangre de los indios, como sus cimientos descansan en
la colina que sustentaba el gran Teocalli de Tenoxtitláu. La obra
te1iia que.hacerse! Era forzoso cumplir el maodato, no sólo del
Rey, sino también de Dio~d Y los vencidos, vueltos H. fuerza contra sus dioses, edificaban bajo contad na alarife1:1 españolea, la mo•
rada. del Dios vencedor. Como no i:abian la lengua castellanaU~o de loa más graves errores de la Conqui"ta - babia intérprete.,,
h1apano.s que evitaban a medias la confusión de aquella gran Ba.
bel. Otros españoles tenfan a sn cargo las CHnoas que aportabat1
los materiales necesarios, atrave~audo IH cindad, la antigua ciudad que afia no perdía del todo rn c-:nácter larmtre, por las infhlitas acequias que llegabau hasta hi mitrna plaza mayor.
A principio1:1 del siglo i¿;]guiente, la &lt;'onstrucción se activó en
~•n manf:'ra. El arquitecto de Feli¡,e III, Ju~rn Gérnfz de Mora,
hizo de ma.odato superi(\r una nueva montea que fue remitida a

'

'

~féxico con una real orden para avivar los trabajos y para hacer
Junta de personas entendidas, que adaptasen el nnevo proyecto o
e,iguiesen el primitivo, de Alonrn Pérez de Castañada. ¿Qué resolvier~o en esa jnnta los entendidos varonet-? Ignóraee, y no hay
rnfic1entes motivos para preferir, mientras no se conozca la verdad de modo preciso, ninguna de las dos monte!l.8.
La parte más antigua de catedral está hacia el lado norte de rn
planta: La s:icristfa, los VPst.íbulos que limitan la capilla de Reyes, la sala Capitular. Alll pueden verse rastros de la arquitectura medioeva.l, bóve.1as de crucería-caracter'ísticas del arte góti•
co-adorOadas con iufü1irl;,1rl de entrelaces que simulan aristas y
dan a la techumbre el aspecto de un encaje de piedra, ahuec-ado
1:1ob~e una placidez de interior. Restos, asimismo, de influencia
gótica son la forma y disposición de la planta.1 -por ejemplo, el
lugar d~l co~o, qt:ie antes se bailaba en el presbiterio y por necesidades litúrgicas fue cambiado a fines del siglo XV al sitio que hoy
ocupa, lngar impropio que det.truye la unidad y la grandeza de
b.s catedrales góticas españolaR-; son también despojos de lfl.
edad media gótica, la altura de las naves más apRrente que reai,
Y la disposición de las columnAs en hflces, si bien-it las finísimas
columnitas góticas, verdad oros ha.cesil los de fibras de piedrn, substituyen las gruesas medias muestras dóricas, qne ~iguen toda la
a.rcblvolta basta unirse con la. media muestra paralela.. Disposi(•ión en parte igual presentan algunas catedrales dP.} Renacimiento espflñol, como la de Granada, obra de F:nriqne de Egaa y Die~o de Siloé, y 111 de Jaén.
En el siglo XVII la fábrica pasó por Ia.s más variarlas vicisitudes
Y a la inundación de 1629 que paralizó por completo la obra; ya
la desidia de algunos gobernantes que se desentendian de su caiga, contrastada con el fervor de otros que en lid de entusiasmo
0atólico 1 rivalizaba:1 en aventsjarla y cuyos nombres, por gratitud, deben ser recordados: el l\Iarqués de Vi llena que hizo varias
bóvedas Y te0bó de madera gran parte de la mayor, para subsanar
dificctltades; don Juan de Palafox y Mend()zit, obi~po de Puebla,
que cuando fue Viirey logró aumentar los fondos de la obra; el
duque de Alburquerque que aceleró los trabajos y dedicó solemnemente el templo; el marqués de Mancera, el amigo y proteC'tnr de
Sor Juana, qne dejó terminado el interior1 parte de la focbada
cnn el pórti&lt;'o principal y que hizo la solemne, deseada, (iltima dedicaci6n de Catedral con una fiesta cuyo ei;iplendor aún resuena en
eC'o de los siglos, por milAgro de diligente cronista.
He mencionado la catedral de Granada. y no es una remini!:1cencia puramente incidental. Sabido es que en ella Ele manifiesta por
primera vez en E8paña el estilo llamarlo Renacimiento puro, en
lo que a edificios religiosos toca.. Comenzada a construir BE'gún
planta gótica, fue conclnida,-por decisión del Cabildo en 1525 -e~ el severo estilo del Renacimien.ta·pseudo-clásico, y aun las gracia~ del Plateresco '.fueron condenadas, dice Dieulafoy. Después,
el Escorial absorve toda la arquitectu-ra.. domina el siglo de oro
con ma.no austera,:como el espiritu de Felipe II, y destruye el
arte gracioflísimo y"vivaz llamado pla.teresco: "triate,~seca y maciza regu!aridt1d, dice Menéndez y Pelayo, que poco después vino
~ agostar_t,odss:estasJ flores, a ahuyentar de rns nidos a estos páJaros1 a eumudecer a Pstas sirenas y a interrumpir aquella perpe-

Lado Poniente de la Catedral

PEOA&amp;O

PE OASO

7

�tua fiesta que tal impresión de regocijo y bienestar produce en el
ánimo no µeocupado." Pues bien, en este lilevero estilo tuvo que
ser edificada nunstra catedral y fundamentalmente a dicho estilo
pertenece. Sólo que sus antecedentes góticos y la circunstancia
de haber durado tanto tiempo en su fábrica, la salvaron de la
frialdad monótona que la. amenazaba; y en una de las circunstañcias que la salvó vivia como en germen un grave peligro: el de que
los estilos arquitectónicos, en su vida fugaz, dejasen inipresos en
ella; rasgos disímbolos e incoherentes con los que ya existían.
Pero un espíritu sólo inspiraba la obra. Es indudable que hay
cierta armonía en toda ella: los estilos_, más que aniquilarse o esclavizarse---so pena .de dejar de ser estilos, se conjugan, se armonizan, se funden y rompen con su sello especial toda monotonlft,
sin salirse de t9no. Til..l sucerl.e en catedral con SUij bóvedas g'Jt.icas, sus portadas de estilo barroco e~pañol un poco recarg&gt;Hio,
sus originalea remates de ambas torres. ciertos adornos Lnis XVI
aña.dides por Tolsa, 'Y ha.sta su linternilla, genial, fuera de regla
y medida, inspirada por los dioses del buen gusto.
Durante el siglo,XVIII, la obra. exterior de catedral fué ca.si interrumpida del todo, mientras, en un sueño de oro, pohlábase sn
interior de retablos magníficos. Y a esta. interrupción se debe
quizá. que su fachada no se haya contaminado con el estilo churrigueresco que desbordaba en todas las construccione~. Más grave
peligro de ello·se corrió en un punto: cuando en 1788, se promovió un concurso para concluir la fábrica.. entre los diseños presenta.dos figuraba. uno de Isidoro Vicente de Balbás que se consflrva
P.n la actualidad en la Biblioteca de Bellas Artes. ¿Era este Balbás pariente de Jerónimo de Balbás, autor del retablo del altar de
los Reyes y del ciprés churrigueresco de Catedral? ¿Seria acaso el
grabador del mismo apellido que fi¡;rura a mediados del siglo
XVIII, como lo hace presumir la técnica del dibujo que presentó? Sea de ello lo que fuere, su proyecto, su borrón como él lo llama, es completj:Lmente churrigueresco, como que parece inspirado en la mism'Lsima catedral de SantiHigO de Compostela, norte,
guía y patrón de exúbero estilo. El diseño no es precisa.mente
malo; en cuanto al churrigueresco, habíase adaptado tan bien al
espfritu criollo, modificándose respecto de su antecesor español
basta 1-1er cosa distinta, que puede decirse era el estilo netamente
colonfa.1. Por eso no hu hiera sido remoto, dfl.do el gnsto de la épo-

ca, que el proyecto de Salbá.s huhiese obtenido aprobación y por
eso es más de encomiarse el resultado del concurso. Eliiióse el
diseño de ,José Da.mián Ortiz, nativo de Coatepec, que se armonizaba. con la parte constru'i!da. Ortiz tomó bajo su dirección los
trabajos y la obra se prosiguió activamente; a él pertenecen, fuera de discusióa 1 los Regundos cuerpos y los rem1ttes de las torres,
estudios ambos originitlísimos y hábilmente re~ueltos que 'baetarian a dar fama a cualquier arqnitecto del mundo. Tienen de
original las torres, aparte del mérito constructivo que repre~ntan los muros levantados en el interior del -.,eguado cuerpo de cada una y que le dt1.n un perímetro de ocho lacios para sostener el
remate directamente. aparte del coronamiento en forma de gran.
des campanas, verc'IR.dero balla.zgo, único que ee adapta a maravilla a torres tan anchas; tienen a&lt;lemáR de éSO, la virtnd de permitir
ver a través de sus vanos. deRde cna.lqnier sitio que se las mire,
como si sm; muros de pierira fuPr$1,n r.ahtdos: Réstalet1 ésto peS!l.dez a cambio de espiritualirlad. Ortiz murió sin, ver concluida su
obra que se continuó según su proyecto.
Dios velaba por el hnen fin de sn fábrica: de manos de Ortb,
bá.bile., y seguras, pasó a man0R de 1\Ia.nnel Tolsa. Y Tolsa entendió en la concluC!i6o y ornato exterior del templo coodución nor
los ángeles mismos de la ele~aneJa. Al cimborrio-del siglo XVII,
pesado, bájisimo en relación a 12.s torres, substit11yó con la c6pu1R. más &amp;irO!&lt;R. y de máR elegante gáliba que pueda existir en la
Repóblica. Y en Re.guida, para armonizar las alturas, lanzó la espiritual linternilla como ret.o a la serenidad del ambiente. Esculpió las estR.tuas de la Fé, Esperanza y Caridad, que adornan el
reloj; y discípulos suyos ha.jo su dirección, hicieron lae de las to,
rres; añadió algunos detalles Que completan el adornoexteriordel
ed;ficio con la serie de mRgnificas halaustradas-hechRs qniz'á.srecordando la catedral de Sevil1a.-y basta dibujó los pedestales que
sustentan las cruces P,D los ángulos del atrio.
Nadie mejor Qne Tolsa para. dar fin a esta obra, que era la obra
de una épeca y de un pueblo. Porque si hubo generaciones enterne
que tuvieron a orgullo añadir una sola piedra a. su templo, él, en
el momento más solemne de la catedral, supo sentirse como el
espíritu que bahía animado la construcción a través de los siglos,
para darle el ·soplo final que la dejara unirla, inconfnndible, so•
lemne. mRge!':tno1:1a, pRrR h admiración de los pósteros.

El programa fue variadisimo y los productos de la fiesta se destinarán al auxilio
de los soldados que la guerra ha dejad0
ciegos.

Los alumnos

Concurso de 1Arqullectos de los años suPatrocinada
Interesante conterene;la por la Alianza
FrancesadeMéxicq, nuestro redactor don Antonio Caso
dará una conferencia en los primeros dias
del entrante mayo, sob1e los füósofos franceses nontemporárieos.
La conferencia. se efectuará en la Academia Metropolit~na.

El sábadq 21
&lt;lió llll concierto
de despedida el
pis.nista. don Salvador Ordoñez, quien próximamente saldrá para el extranjero.
Obras de Listz, Cbopin, Saint Saens y Rnbinstein compusieron el programa, y la
audición estnvo sumamente concurrida.

Conclerto Ordóñez

Han dado

Clase de cinematografía principio en el
Conservatorio
de Músicll y Arte Dramático las clases de
Cinematografia, a cargo del profesor MRnuel de la Bandera. Muchos alumnos de
aquel eetablecimiento han concurrido a la
nueva cátedra y se nota entusiasmo por
cursar la materia.

El viernes último fue inaugurado el Cont1ervatorio de Música y Declamación, en
el Circulo de Estudiantes Católicos. La
nueva institución ocupará un departamento del Palacio de Azulejos, en donde
ya se ha comenzado a impartir las cátedras que se encomendaron a algunos profesores conocidos de la localidarl.

EI Conservatorio Libre

En la sala de
Concierto Ogazón
conciertos de la
vecina p,oblación de. San Angel se efectuó el domin•
go uno de los selectos recitales de piano
que frecµeutemente ofrece don Pedro Luis
Ogazón. Se tocó a J)ebussy, Beetboven,
Chopin, Schubert y Saint Saens.

periores de a.rquitectnra, en la Academia Nacional de
Bellas Artes, presentaron algunos proyectos en el concurso de que habla el regla.mento de la escuela. Los temas designa•
dos este afio para el concurso, fueron un
arco de triunfo, un pórtico y un jarrón.
Anoche se
efectuó en el
Teatro 1 dea.l
una conferencia del señor Eugenio Herrán, sobre la mujer española. El acto e11•
tuvo presidido por la señorita hermana
del Ministro de España don Alejandro P11.•
dilla y Bel l.

La Mujer Española

Han conti•
nuado los festede Manuel Ugarte
jos en honor de
del literato argent!no Manuel. Ugarte. Los estudiantes
se han distinguido en las manifestaciones,
y en todos los establecimientos de ense•
ñanza. el poeta y novelista argentir,o ha
sido recibido con el mayor entusiasmo y
cordialidad.
El sábado 21 el Congreso Local Estudiantil del Distrito Federal celebró uua.
solemne sesión en honor de Ugarte, a
quien le fueron presentados los delegados
a la corporación y entregRdas las contestaciones a los mensajes que enviaron a.l
Congreso los estudiantes argentinos y chilenos.
Esta semana principiarán las conferen•
cias de Ugarte, sobre la unión latinoamericana.

La visita

Varios alnm•
nos de la Escue•
la oficial de M6·
sica, acaban de _organizar el Conservatorio
Libre y hao invitado a varios profesor~
para que desde luego procedan a organ 1•
zi1r las clases. Numerosas personas bao
ofrecido apoyar con sns contingentes a. la
naciente institución, y maña.na se efec•
tuará una fiesta en el Teatro Principal,
con objeto de arbitrarse los recursos nece·
sarios para los primeros gastos del Con·
serva.torio.

El Conservatorio Libre

La artista bel·
ga señorita Jo·
lis. Bal, dió la
noche del 24 del corriente un recital de
-piano en la casa número 15 de la ca.lle de
Tacuba.
Hubo también número.a de canto, a.car..
go de la señorita Clara l\Iayer, a quien
acompañó al piano la. señora Paterson,

Audición planísllca

El viernes anteriorse efectuó
en el Teatro Mexicano una función de !{ala organizada por
la colonia iug"ieRa de México, bajo los auspicios de la Sociedad de Mujeres Inglesas
Auxiliares de los Trabajos de la Guerra.

Una fnnclón de gala

PEGASO

Cómo está organízada la Marína
de los Estados Unidos

Almirante W. S. Ben son, Jefe de
las operaciones navales en E. U.
En el número anterior da u-pegaso» pu•
b!ic1!f1DS_ un articulo sobre la organización
del e1érc1to de hs Estados Unidos. Ahora
Dfrece a nuestNs lectores informes del mayor !nterés acerca de ts organiz;tción de 1a
mmna norte-am!!ricana, cuya intervendón
ea el conflicto mundial ew tema de grandes
comentarios.
De a0uerdo con las facultades qu.e le
concede la Ley Naval de 9 de agosto de
1916, el Presidente Wilson acaba de llamar~ 27.000 hombres más pa.ra eleva.r el
efectivo de la mll.rina de los Estados Unidos~ 87,000 individuos, cuyo número se
considera el más adecuado para las actmtles necesidades de la guerra.
La necesidad absulnta de uníl marina
poder?ªª en los tiempos que corren, es reco~oc1da generalmente en Ios Est,arlos
Umdos, porque de sn poder depende la
seguridad de aquel país. Como consecuencia al llamamiento de que bablamo~
el Presidente solicitó autorización par~
invert~r _517 millones de dólares, como suma adrn1onal votada por el Congreso el 3
de marzo último. Esta cantidad agregada
1t la de 885 millones aprobados en 1916
ha dado al Departamento de la M;.1.rina n~
total de. 885 millones de dólares, listos pRra una mversión inmediRta.
~o se escuchan quejas respecto a la
calt~a.d de !a marina norteamericana. Se
considera q ne tanto en material como en
personal está a la altura de cualquiera
0
tr&amp; _del mundo; pero en cantidad, que
t~mb1én debe considerarse circunstancia
vital, es inferior a las de algunas potencias
europea~, y i:e necFJsitan algunos meses y
11.un varios anos para construir los Dreadno~ghts que llevJ1.n l1. ht marina estarlo•
nnidense. al segundo lngar. En cuanto R.l
reclu~a.m1ento liel personal necesario, es
cuestión de dias, y la preparación exige
algunos meses.
Las principales unidades de comhate
están concentradas en tres flotas activsts
c,da una dé la.e cuales tiene a un A.lmi:
raute como comandante en jefe. La flota

rlel Atlántico cubre el servicio del Océano
Atlánticó, Mar Mediterráneo y aguas trihutariaa, y puede 88egurarse que en estR
fl'o~a está concentrada la fuerza naval del
pa1s.
La Flota del Pacifico cubre las costas
occidentales de Norte y Sud América
Hawa.i · y Samoa., y la Flota Asiática s;
encarga del servicio en el Pacifico occidentJ1.I, las Filipinas y el Océano Indico. Ningu?a de estas dos 6ltimas flotas cuenta con
nmdades de combate de primera fuerza.
Los ~uques que han sido destacados para
mamobrar en el Mar Caribe están controlarlos rlirectamente desde Washington.
La Flota del Atlántico tiene cuatro Div..ü1ioneF1 de ~uques de ha.talla de primera
lrnea. Teóricamente, cada división está
formada de cuatro barcos, aunque dos de
ellas cuentan solAmente tres grande.R buques cada una. Tiene, además una flotilla de acorazados, una de de~tructores,
nna muy numeross de submarino¡¡ una
de r_:serva de buques de batalla., nn'a pequen! de exploradoreFI, una de minadores
.v hRnO~ barcos auxiliares para trahRjo de
rf'pRramones y transporte de petró]Po y
útilPs diversos. A lo largo de la coRta y
ooerllndo en combinación con la Gran
Flotit SA encuentra la. flotilla de guardacoi-;bf.l. formada de b11.rcos v~jos.
..El Secretario de la Marina. ~.fr. Daniels,
d1,1n Pn un r@ciente informe: 1(L1t marina.
R.merinana o~rece nna hermosa oportunidad para la JUventnd que quiera triunfar
en ls:t..lucha_por lR. vida; proporciona unA.
l\m 11hs:t. variedad de recursos indn.Rt,riAIPR
Pil.nl Al joven de amhidoneR. Cnn menos
de vein~e añoR &lt;le edRd y uno de servicio,
De at-riba a allajo:
el marinero de gnArra puede sn~tenta.r
Almirante
Albert W. Grant, ComanPxamen parR. sn admisión en la AcRdemia
da.nte de los submarinos de la flota
NR.val. en la nna_l entran annRlmente
veinticinco mnr.hRr&gt;hns pro&lt;'edentes de los
del Atlánli.co.-Almirante Henry F.
harem:. de guP.rra. Si el marinero R.flÍ orfl1\Iayo. Comandante de la flota del
parado es ei;:turlioso y tiene A,mhicinnes a
Atlántico.-A1tllirante Albert G. WinR~ ~P.hido tiAmpo pllede logrst.r IRA t,w ~otpr-halter, Comandante de la flota asiárl1crn.das cuatro estrella.a del almirant.P.
tica.-A.lmirante Albert Gleaves, CoPer~ '.\'.'ª sea. que P,l marinero quede E'ln fll
mandante de los destroyer de la flota
serv1c10. esperand0 una oportunidarl para
del Atlántico.-Almirante Frank F.·
R.]r,st,nzar el °:ái;i 11.l to pin_ácnlo o hien qne
Fletcher, miembro del Departamento
hity&gt;t l'lprenrl1do nn oficio y Bf! retire 11. f!X•
plnt.inln e': la virla civil. hahrá C":OmiPg-nido
de Marina de Washington.-A.lmiranen lR. mR.rlnR un anrendizaje v una nrenA•
te William B. Caperton, Comandante
ración superior a la. que p~1'1ieri:t. Rifqnirir
de la flota del Pacíflco.-Vice-Almie~ ot,r11. parte. y nna e?Cneriencia P.XClP.O·
rante Witt Coffman, segundo en jefe
cionRl v vasta. QllP lo coloca en í'onrliciode la flota del Atlá~tico.-Mayor Genes ~P _llenar debidam,:mte i-;us dPherei;i de
neral George Barnett, Comandante
01;1,tr1ot.1smo y ciudadanfa. Bajo los nnpde los Cuerpos de Marina.
voR re:)!111.mentns. dP. entre los rndut1ufos
hRn sido C'OmiRionR.doR quince homhrPft
como AyudR.nteg de pagador. set1E&gt;ntR. v co 1 Dentistas, Pagadores1 Capellanes,Pru•
CllR,trn. como C":0nta«orPfl v. Pn lo AUC'P!óliV,; fesores de Matemáticas, Constructores
todof! ln.i emplPados de p~g-adurfas@flldrá~ Navales e Ingenieros Civiles.
del servicio. Tamhién óe entrA loi;i reclnComo en el ejército, y según lo ex.plicat,s¡s SE'l eligen loR comisionados pa.rs. pJ roos ~n el nómer~ anterior de (&lt;Pegaso",
Cnnpo de A viacióm,.
tam~1én en la marma pueden diBtinguirse
T,oR Oficfa.les de Ma.rinll comiPionRñm1 las diversas ramas del servicio rango de
pPrt,eneren 11.l Rervicin de L'inPR O a.l DP- los.oficiales _Y grados de las cla~es, por el
))fiRi~o. Lns iefPfl .V ofici,:1lei;i ciP. Lfnea. POn: estilo del umforme, color de la.e franjas
Alm1rant,e de MRrilrn.. one era. el r11nQ"o diyis?s ~el cuello y de la gorra, hombrera;
rlel Almirante Dewey; AlmirRntf~ dP. Flo- e rnsJgmas.
h, rle los cualeft hayt.rp~:Vi"'e Almlr,:intP
Los Oficiales Subalternos de Ma.r una
AlmirantP. C11oitán. ComR,ndant.P. Tenifln: clasificación que solo se encuentra e~ esta.
t.i&gt; C!?'!1ª"d1tntA. SuhtAniP..nte. f-lnhtP-niPnte marina, toman direcLRmente su autoridad
Ra.~11htRdn. S1JhteniPnte GrRrln&lt;irln v Rnh- del Secrerario a.e la Marina. Están bajo el
tern~ntP Ahanrlers:ido. LaEt r.la!óies· v la mando de ofimales comisionAdos y son
ni11.rineria se clasifican también com0 de remeros, artilleros, carpinteros, fabricanLfoea. Los cargos de Depósito son: Médi- te8 de velas, maquinistas y farmacéuticos.
PEGASO

9

�11
11
HOMBRERAS DE LOS OFICIALES
COMISIONADOS Y SUBALTETNOS
DE LA MARINA

1, Almirante; 2,. Vicealmirant~;_,3,_Se
gundo Vicealm1rante: 5, Cap1tan. 5,
Comandante; 6, Teniente Co!ua;11dan~
te~ 7, Teniente, 8, Segun~lo 'Iement~,
9. Abanderado; 10, .Mal'lnern de pn1úera; 11. )Iarinero de "eg~rnda; 12,
Portero en Jefe: H, Carµmtero en
Jefe: Farmacéutico en Jefe; Velern
cu Jefe· 14, A.yrn.'l.ante de Botero, _de
artiller~ y de maquinista; 15, Carpmtero, velero, Farmacéutico Y ayudante de pagaclor.

' ---l)¿spués de los OficiR.ler:d:::lul&gt;a.lternus vienen

los Oficiales Habilitados, que __puedtan
equipantrse a los oficiales no com1s10nado~
dP.I Ejército. Las insignias usadas pitrn
&lt;lesignar ciertos grados de los Ofic1alei&lt;
Habilitados-y de los marinos filiados, pue
den verse en las ilustraciones que aeompañao eatas lineas.
El barco moderno de guerra es probablemente la máquina más completa que
haya producido el hombre, __v los detalle1&lt;
piutorescos que tenia el antiguo bu_qu~ de
guerra, de madera., han sido s~b~t1tmdota
por otros mil veces más e!:lpmtuales e
interesantes a pe;:a.~r de que en el vulgo se
crea lo cont;ario. Esta máquina guerrer~-·
fría y brntal, es a. la ve~ qne el bogar de mil
hombres un mt-e&gt;nni;imo de verdadera
personalidad y lleva, a la vez_ que para su
propia conservación, · para bien df' h co munidad talleres en doude se hacen
trajes y ~limentos y enseñan, emplean Y
divierten a los que viven en ellos. En
verdad, el buque de bata._lla moderm,
ofrece el espectáculo de la vida en comu
nidad, l!e-vada a !:'U máximo grado de
desR.rrollo. Ei! probable, 11demáe-, que no se
encuentre una prueb1t más completa Y
que ponga más rle relieve _el valor de la
disciplina y rle lit cooperación, como una
emhi:i.rcación de combate.
Consideremos por un mom€'nto el per 8,mal de un buque de guerra de los Et'tadoi:,
U nidos. A la cabeza, con todo el mando y

10

toda 111 responsabilidad, se encuentra e
Comandante. En su barco se encuentra
tan cerca. de ser un monarca absoluto co•
mo lo era el Zar que acaba de dimitir.
Viene en seguida el Oficial ª.Y_udante,
sobre quien recae la reaponsa?1l.1dad _de
mantener la organizaci6n admrn1strat1va
y militar del buque. Representa al ~O·
mandante, y a él se somete cualquter
asunto, Bajo sus órdenes directas se en•
cuentran los j€'fet=i de departamento,. los
oficiales y el resto del personal. Le s1~ue
en rango el Primer Teniente, a qmen
están delegados el cuidado y la policia de
la embarcación . Es, en una palabra, el
guardián de la casa. De día y de noche un
oficial debe tener cuidado de todo lo que
atañe a la cubierta, mientras que el Cuar~
te\ General se encuentra instalad:o en t&gt;l
pueute. A este oficial se le llama «de Cubiertan. A la cabezl\: de los departamentos
del buque, están los rn(&gt;dicos y los _pagrtdores, el oficial que tiene el mando directo
de la marineri)l, el Ingeniero en Jde-,
euca,rgado de la n111qniuaria_ y de las p!a_ntas de luz y calefacción, ti piloto, el oficrnl
de órdenes, el flrtillero en jefe, etc. El
Coma.1H.laute come f-6!11. Las otras mee:as,
IIAmadas t1rn1hién nfanllll~s&gt;i son lae- q_u_e
forman los oficiales de línf'a y los b;,1.b1l1tt1doe-. En otros dep,nt;i1~1elltc.s se encuentra.u loi; oficiales inferiores y babilítadcs.
Lm1 botPros y los grnnieteta, bajo las órdenes del Oficial Ejecutivo, están encargados
&lt;le h1s cubiertas, »nc\as, cables, etc. La
tripulación ee- llamada a sus d~beres por
medio de silbatos, y lns oficiales están
obligados a conocer y Pjecu_tar, en CflSO
necesario, todas )ae- npn1_1,c10nes de_ !os
simples marineros. Los demás serv1c1os
tienen una organización auáloga a la des•
crita.
Cuando lleD'"a el momento de entrar en
combate la t;ipulación se divide en dos
g-r1rndes divisionf?S: una. mandada por el
Comandante de la artilleria y otra por el
i1we11iero en jefe. En esos momentos, lf1s
m:rineros que tra.hajan E'n depa.rtamentoR
A.dministrativos, comedores, etc., se co~•
vierten en servidores de las piezas de arti
Heria o de otros departamentos de gu_erra,
mientras que lofló del servicio i;1dus.tr1a.l i:e
dirigen a sus pne¡¡;tos en el mtenor del
buque. El Conrn. nd1rnte se encuentr~ en
la cámara ele combate, con su ~nteoJo Y
las carta.a de• nrnrear; está pend1e,nte de!
h:irr-o in11,igni11.del AlminrntP ...... De pwn-

CARICATURA EXTRANJERA

1

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1

El Tío Sam se pone la camisa de once
varas
PEGASO

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lNSIGNIAS DE LOS FILIADOS
EN LA MARINA DE LOS ES1'A·
DOS UNIDOS.

1 Comisario; 2, Maestro de Armas;
3 '. Directores de banda y músicos;
4 Enfermeros y aprenclices de hosp~tal; 5, Maquinistas ayud.antes;
bomberos, mecánicos, aceiteros,
. etc.: 6, Electricistas; 7, Pañoleros;
8, Jefe de Pañoleros; 9, Grumetes
de artillería; 10, Capitanes de Torre;
14, Carpintero, Ayudantes, Pint(lres; Plomeros, etc.; 12, Impresores;
13, Veleros y sus ayudantes; 14,
Herreros: 15, Cuartelmaestre; 16,
Capitán de artillería; 17, artilleros
de primera clase; 18, Artilleros de
segunda clase; 19, Boteros; 20, Torpecleros; 21, Artil1eros de mar; 22,
Trompeta; 23. llaclio o-perador: 24,
Aprendiz; 25, Cocineros y panaderos.

to, una señ~l radiotelegráfica, un~ orden
comunicada con la telegrafia óptica, ea
recibida. En el tope del palo may?r re•
vuela el pabellón de guerra; los a rtilleros
reciben órdenes urgentes por los tuboa
acústicos; nn torpedo riza las a.guas Y
marca una larguísima. estela ..... El comba•
te ha principiado!

Muelle de barcas sobre el Tigris en la plaza de Bagdad, ocupada recientemente por
las fuerzas inglesas del General Maude.

Parece que los ejércitos aliados,
&amp;nte la concentración de fuerzas en
lnsb ruck, y la presencia del General Falkenhyan en esa región, que
hacía temer una brusca y violenta
ofensiva sobre el frente italiano,
abrigan el propósito de romper definiti vamente las líneas alemanas
establecidas en Francia, para evitar
que el mariscal Hindenburg pueda
lievar sus actividades a otros luga res del vasto cinturón de hierro en
que actualmente tienen ce!iida a
Alemania.
Desde hace muchos días se viene
combatiendo encarnizadamente en
el sector inglés y en la Charo pal'l.a,
sin que hasta la fecha los aliados
hayan logrado su propósito de abrir
lmplia brecha en las defensas ene·
[bigas, no obstante la impetuosidad
rmidable de su acometida. Milla·

res de cafl.ones han estado vomitan.
do metralla en un frente de cientos
de millas; posiciones que parecían
inexpugnables han sido pulverizadas; divisiones enteras han quedado
regadas en el campo escarbado por
el contínuo revent~r de los obuses;
pero ni las pérdidas en hombres, ni
la inutilidad de sus contra ataques,
ni el abandono forzoso de sus bocas
de fuego, han podido hacer flaquear
el valor fanático de los soldados de
Prusia. Dando la cara a sus adversarios, y con una lentitud que prueba una vez más su maciza organiza·
ción militar, van abandonando las
fortificaciones desechas por los ho·
witzer para ocupar las que ya se
encuentran listas a retaguardia y
continuar la defensa.
Los aliados han calculado el costo
PEGASO

de esta ofensiva: sobre todo elco~to
en sangre.
Un corresponsal espal'l.ol que es·
tuvo hace poco en Francia-semanas
antes de que se iniciara el terrible
avance de los aliados-asegura que
el gobierno francés envió al Sur a
todos los heridos que se curaban en
los hospitales cercanos a la línea de
fuego a fin de dejar expeditos los
establecimientos para recibir el trágico y glorioso reflujo de los próxi·
mos combates. Merced a esta precaución y al arreglo de otros puestos de socorro, quedaron disponjbles a lo largo del frente de batalla
un millón de camas, calculándose
entonces por esta enorme cifra la
importancia de las operaclones que
el ejército francés se disponía a emprender.
Poco, relativamente, ha consegui·
do hasta ahora; pero la ofensiva, a
juzgar por los preparativos que se
hicieron, apenas comienza.
Es posible que esta batalla, sin
precedente en la Historia por el nú
mero de hombres que en ella toman
parte-y quizá por sus resultadosparalice definitivamente la acción
alemana en Rusia y en Italia, ya que
los imperios centrales se verán obligados a concentrar en su frente
occidental lo más escogido de sus
divisiones para evitar un probable
desastre, comprometienQose así en
una pugna que podría ser !afina!
Es digno de notarse que el famoso genio militar de Hindenburg no
ha brillado todavía rn las operaciones que se están desarrollando en
~uelo francés. Es cierto que gracia~
a una oportuna retirada impidió que
los ingleses sacaran a sus soldados
de las cuevas de Baupame y Peronne; pero, voluntario o forzoso, el
retroceso c~ontinúa .. . .
Y es que, corno han dicho algunos
críticos militares, no es lo mismo ha.
tir ejércitos como el ruso o el ruma.
no, faltos de artillería y municiones,
que ejércitos como el francés y el inglés, armados para dar la muerte en
la misma forma que la reciben, y animados de un orgullo de raza tan gran·
de como el alemán.
Quizá por eso el férreo Mariscal,
cu.ros verdes laureles comjenzan a
secarse en la abrasada atmósfera del
Somme, vuelve inquieto sus ojos de
animal de presa hacia las fértiles llanuras de Italia, donde floreció la gloria de ~apole6n; hacia las cúpulas df'
Petrograd, donde titubea un pueblr,
cegado por la repentina visión de 1n
Libertad; hacia las escuetas montRñas
de Albania, donde hormigue~ inncti·
vo el heterogéneo ejército de Sa rrni l...
a todas partes, menos al cnmpo C'n
que la diestra armada de la Entente
parece retarlo a un duelo mortal.

* *.,
El general Mande acaba de obte ner un nuevo triunfo sobre los turcos,
quitándoles gran cantidad de elementos de guerra y ::i.rrojando lrncia el
~orte los restos despedazados de la
armada vencida.
11

�A•nque para al ro•ult_ado aa la coatienda no tenga gran s1gmficac16n_el
avance británico en la Mesopotarrua,
si la tiene -y capital- para el pres·
tigio inglés en Asia. La toma de Kut·
Amara primero y de Bagdad -sobre
todo de esta última- después, son
hechos de tal resonancia en aq~ella
región que contribuirán a consolidar
para siempre la influencia de Ingla~erra, minada por la labor tenaz de ~os

CAB.ICAT-URA EXTB.ANJl:B.A.

comerciantes alemanes, que hace ~n&lt;;&gt;s

trabajan para adquirir el dom1mo
económico de esa parte del_ mun~o,
siguiendo el vasto plan d:l _1mper10,
de llegar hasta el Gol!o _Pers1co a tra·
vés de la zona Balkan1ca y de Turquía.

** *

La comisión francesa presidida por
el Mariscal J off re llegó a tierra norteamericana felizmente Y. }?ron~~ sabremos algo sobre la part1c1pac10n de
los Estados Unidos en la guerra, que
entrará, con este enorm~ ~~ntmgen·
te, en su faz última y defimtiva.

¡Ha.cia la viotoni: ......

..

EL COLMO DEL DELIRIO
iQué extratla y qué ingenua la
mentalidad germánica! Todo lo ha
previsto, menos la posibilidad _de
equivocarse. Esta nueva aphcac16n
&lt;ilimitada&gt; de los submarinos estaba también prevista desde la hora
en que el Canciller alemán, am_enazado con la ruptura de- rel_ac10nes diplomáticas por el pr~s1dente Wilson, suspendió temporalmente el uso de sus submarinos en la
destrucción de barcos mercantes.
Lo ha declarado el 31 de enero en el
Reichstag: &lt;Suspendimos ese em ·
pleo de los submarinos porque no

T,os prhnero~ b eneticios ele la invasi6 u
de Fran cia.

_E ¡ ne rvi o d E la ofensiva anglo-Úancesa..

12

PEGÍA ■ O

tentamos entonces bastantH s11.b.
marinos; ahora que los tenemos, loa
emplearemos sin limi~cio~es&gt;.
La historia no se olvidara de estas
palabras. &lt;Bendita sea la mano que
trazó esas líneas&gt;, dijo el profesor
Hans Del brück respecto de la falsificación de aquel famoso telegrama
de Elms qne precipitó la guerra
franco-prusiana del 70. Y otro historiador alemán, Lybe1 1 ha comenta·
do en estas palabras el segun~o reparto de Polonia por Federico il
grande: «¿Que fué un pecado? Lo
concedo: fué una violación en el sen·
tido más literal de la palabra; pero,
después de todo, así se au~entó
considerablemente el terntor10 de ·,;
.
,,,.
Prusia&gt;
.
Pero quizá no sean tan signfficativas las palabras del Canciller como
estas otras del doctor Stresemann,
uno de los magn¡,,tes industrial_es
que dirigen el partido de los nacio·
nales-liberales. Las pronunció en
septiembre últirr;io ante_ un neutral,
el periodista norteamericano Mr. D.
Thomas Curtin:
&lt;Esta guerra va durando demasiado. La mayor falta del Kaiseres
querer pelear contra la Gran Bretatta con un pie en la tumba de la caballería andante . . .. No hay más
camino para ganar esta guerra que
reproducir y llevar a efecto el decre·
to de 4 de febrero .de 1615 pre_v1niendo a los neutrales que se ale¡en
de la zona submarina:?&gt;.
Cuando se le observaba al doctor
Stresemann que ello ocasionarfa
una ruptura con los Estados Umdos, según la nota Wilson sobre el
torpedeamiento del 811sse.c, el doctor
Stresemann repuso:

pero, la causa de que Alemania tea·
ga tantos odios consiste en que no

haya conservad o las dos piernas en
el suelo sagrado del espíritu caballeresco. Lo que es una tumba para
el doctor Stresemann, el espíritu
de la caballería andante, es una realidad eterna e indestructible para la
humanidad civilizada. No digo que
todos los hombres seamos caballeros
andantes; pero sí afirmo qne todos
sentimos, en nuestros momentos de
clarividencia moral, que debiéramos
serlo.

La ofensiva que eJ Estado Mayor alemán preparaba para it:imper el frente~taliano
y atacar a Francia por la frontera meridional.-Gener~les Mac-kenzen, Hindem •
burg y Falkenhyan

&lt;Ello no puede contenernos. In·
glaterra es la piedra fundamental
de nuestros enemigos. Si ella cae,
caen los otros. Tenemos que atacarla en donde es vulnerable. Tenemos que reducirla por hambre. Poco podemos temer de América. Aun·
que rompa las relaciones diplomáticas, no irá a la guerra si tenemos
cuidado de no hundir sus barcos. Y
como los barcos americanos constituyen una peq uetta parte de los
que entran en Inglaterra, podemos
permitirnos el lujo de no torpedear·
los, aunque, está claro, no lo diremos en voz alta&gt;.
Obsérvese que, en efecto, en estos
meses últimos de guerra submarina
los alemanes no han torpedeado ningún barco norteamericano. Pero
recuérdese también que, en estos
meses, los norteamericanos no han
cesado de ·construir barcos mercantes, al punto de que cada semana es
mayor el tanto por ciento de los
barcos norteamericanos que vienen
a Inglaterra. ¿Habrá influído esta
circunstancia en la nueva decisión
de Alemania? Pero dejemos la palabra al doctor Stresemann:
&lt;En segundo término, aunque
América nos declare la guerra ello
importará poco. La guerra habrá.
terminado mucho antes de que pueda organizarse al modo de la Gran
Breta!la. Herr Helfferich influyó
mucho cuan~o la cuestión del 81tssex
para evitar la guerra con América, ·
diciéndonos que con ello estaríamos
en mejores condiciones pá.ra celebrar tratados de comercio al firmarse la paz. Pero nuestro deber hacia
con nosotros es ganar la guerra. Si
acabamos por hambre con Inglate·
rra ganamos, sean nuestros enemiw
gos los que fueren. Si somos vencidos, la intervención de los Estados
Unidos no hará mayor nuestra derrota. Estamos justificados, porque
nos jugamos l&amp; vida&gt;.

Recordad las palabras últimas del
Canciller: &lt;Nos lo jugamos todo&gt;.
Al leer las palabras del doctor
Stresemann respecto de los Estados
Unidos, ¿no recordáis que lo mismo
se había dicho en Alemania en 1914
respecto de Inglaterra? &lt;Inglaterra
no irá a la guerra&gt; &lt;Y si va a la guerra importará mny poco, porque
Inglaterra no podrá organizarse antes de que la guerra acabe.• Pero
Inglaterra fue a la guerra, y se ha
organizado, y la guerra continúa. ·
Lo mismo se dijo después respecto de Italia. Y téngase en cuenta
que Italia se basta ahora para neutralizar por Jo menos las dos terceras partes de las fuerzas de Austria-Hungría. Y Jo mismo se dijo al
entrar en combate Rumanía. Y a
pesar de los reveses rumanos, ¿cómo
negar qne la campana rumana ha
costado a Alemania no sólo cientos
de miles de preciosas vidas, sinolo qu·e es más grave-el alargamiento definitivo de su frente oriental en otros cuatrocientos kilómetros?
Si los Estados Unidos entran en la
guerra.:...y ello parece ahora inevita- ·
ble-, ¿cómo podrá impedir Alema·
nia que se organicen a la inglesa y
creen ejércitos superiores a los germánicos? De ninguna manera. Aparte de que la i.ntervención de los Estados Unidos daría a la guerra un
carácter mundial que aún po tiene.
Una vez los Estados Unidos en la
guerra, los aliados podrían arrastrar a elle, con su voluntad o contra
su voluntad, a todos los demás pueblos de la tierra. No necesitarían
entonces los aliados más que regatear facilidades comerciales a las
naciones que no secundasen su- po•
lítica.
El doctor Stresemann se quejaba,
de que mantuviera el Kaiser una de sus piernas &lt;en la tumba de la caballería andante&gt;. En realidad, em-

PEGAao

¿Y qué decir de los dos argumentos centrales del doctor Strese·
mann? El primero, el moral, dice
que es deber de los alemanes hacia
sí mismos el ganar la guerra. lDe
dónde ha sacado este deber el doc·
tor Stresemann? No será de los
Evangelios, ciertamente. Nadie tiene el deber de ganar. La victoria no
es un deber. Hay el deber de guerrear por una causa justa y grave
cuando no hay otro medio de mantenerla que la guerra. iPero nna
guerra de dominación! iUna guerra
agresiva! ¿No decían las espadas
antiguas: &lt;No me saques sin ra~

zón&gt;?

El otro argumento es el de la necesidad. &lt;Nos jugamos la vida&gt;, dice el doctor Stresemann. Pero no es
cierto. Hace dos a!los o atto y medio, cuando el pueblo inglés no se
había aiín dado cuenta de la gravedad de esta guerra, yo solfa decir a
todos los ingleses que encontraba:
&lt;Los alemanes están peleando por
el imperio como si estuvieran peleando por la vida; vosotros estáis
peleando por la vida, como si estuviéseis peleando por el imperio.&gt;
El lector habrá comprendido mi
pensamiento. La vida es esencial;
el imperio, en cambio, es mera anadidura. Cuando se pelea en efecto,
por la vida, es hasta cierto punto
permisible pelear con safüt, siempre
que uno se ajuste al derecho de gentes. Cuando se pelea por el imperio, no es ya disculpable la sañ" ni el
encono.
Los alemanes no pelean por la vida. En las condiciones de paz con
que los aliados contestaron al presiae.nte Wilson se les garantiza no
sólo la vida, sino la unidad, la independencia y un puesto honroso entre las naciones del mundo. ¿Por
qué no las aceptan? No las aceptan
porque el demonio de la ambición
les hace preferir el imperio a la vida .... Ya lo he dicho. Por el imperio están arriesgando la vida. • Y ya
no hablo solamente de la vida de los
soldados que est"án en el frente, sino de la vida total de su raza. ¿No
ven los alemanes que su sistema
les conduce fatalmente a su exter·
minio total? ¿C6mo no ven esto que
ya es patente a todo el mundo?
RAMIRO DE MAEZTU.

Lea usted PEGASO
13

�LEOPOLDO LUGONES: PVE'3iAS. E1tuJ,io de A1ito,iio Ottslro.
Mé:cieo, (}11,ltu,ra, tomo III, número 4, 1917. -A Lugones, como a
la m,1.yor parte de los puetas sudamerica.nos-Ruben Da.rio es la
excepjiócl-lpeuas se le conoce en México: Sa sabe de él un poco
por las revidtad y mucho menos por los libros. Oiga bien esto el
t1eñor López Méudez, único proveedor conocido entre nosotros de
lo.::1 libcog de la. Aménct1. Latina. Y aquí c11.be anotar este acierto
de la revista antológica que divulga en México una selección del
gran voeta arge □ Li □ o.
El tHtudlo que precede a lós poemas esde Antonio Castro; unas
a.pJ:Jliill!Ls que ven y explican con rigurosa exactitud la obra poétLca de Lugoaes, y que pua quieu no ha. recorrido é.::1ta 1:1ino
ligerameute·o con insuficientes datos, pueden servir como iuiciacióu eu la ex:égesis espiritual, profunda, complicada, extraña e
inquietante del sutil lunático a quien tanto comenta y de quien
tan desacertadamente se burla en voz baja la mayoria letrada pero
inc..:&gt;mpra11:1iva, por esa exactitud ideológlca y visual, que no alcanza, y que el poelia pone en todos sus giros insólitos y en sus haHa1;goj desacostumbrados. El breve estudio de Castro era neceaa•
rio y es Batuda.ble para, la difosión de la personalidad de Lugones.
P.Jr uuos dfas y coa motivo .Je la aparición de este fasciculo, se
ha vuelto a. insistir en la estéticll de Lugones, como tema de las
coa ver13aciónes literarias, especialmente frecuentado desde que
c?n la muerte de DMío el cetro rle la poesía americana anda en
vll suba.iJta y en regocijada rebatiña. Cuando por primera vez se
publicó en México tt.!go de los Crepúsculos del Jardín y del Lunario
p!l..reció surgir un acuerdo tácito en claaiticar a Lugones comu
versificador raro o e:xtravagante, o a lo más, personal. Todavía no
~e caill en la cuent,t de sus parentescos espirituales, y se leía muy
i' puco a Laforgue. La. critica hubiera llegado a señalarle una cédubt con número clas1ficador. Ahora ya es llegado el tiempo en que
h1, gente comienza a explicarde lo&amp; gatos a la valeriana, por ·qué es
nutena poetiza.ble el gendarme c,con su paso de pendular mesura.11
Y como encierran sggestionea exactas los ilusorios charcos d,e
mercurio, la rentista que desborda en un balcón la esférica arroba
de gelatina y el hubo con ojos de caldo. Aunque todavia bi¡y quien
cree qne la tersura verbal y la emoción estética sólo pueden reali•
za.r.:ie µrolouga.ndo hasta nuestrde días el aoordado sóu de las
octaus reales o la urgente solicitud rimada con que desde el siglo XIX algunas personas vienen pidiendo la lira, desde Heredia.
hasta nuestros días, ¡,asando por Zorrilla de San l\fartiu, que
qui~o la más pesada y negra.
No, ya no hay princesa qué cantar; pe,ro aunque la hubiera, aunque Oiga y Tatiana eiguierno en Tzarcoezelo, la maeetria de Lugones para aprehender la emoción que le sugieren todas "la8 cosas
qne ve, seria. nuestro refugio para librarnos de tantas incursiones
rimadas por los sitios que muchos se siguen forjando para nuestro
tormento y engaño. ¿Habéis oido en nuestra lengua sones más pa•
tétices, alueiouea más sugestivas y palabra.a más adecuada~ con
tema.a más familiares, intuiciones más simples y voces más conocidas? Y, sin embargo, a pesar de que sabe ver mejor que los
otros, como explicaba. Maeterlinck del autor de Las Moralidades
Legendmia.s, entre loa que leen pitra oir los versos y los miran sin
ca..er en la cuenta-¡oh, escoceaes!-Lugones solamente nos dice
asuntos tri vis.les en frases corrientes pero enrevesadas. Es que loa
asuntos sencillos suelen mezclarse y confundirse con los vulgares,
Y que loa vulgares suelen desdeñarse y desperdiciarse como materia inutiliza.ble. Recordad a Shelley: ((La potsia deacorre-e1 velo de
familiaridad que empaña el mundo ~ensible, y de esta suerte nos
hace ver objetos familiares como si no fueran familiaresn.
Lugones es dueño de la visión directa, y esta facultad en él genialmente desarrollada, la aplica a sus temas ((interiores)) y a sus
temas ({exteriores)). Su paisaje tiene una fuerza evocadora y una
sugestión incomparables; carecen muchas veces de la vaguedad,
pero nunca de la fuerza precisa, que corresponde y coincide con
lo que se vé, y se resuelve en maestria de expresión . .Nada más
verdadero que el verso

JUSTO SIERRA: PROS!.S. Selección, y Prólogo de Agustín Loera
y CMvez. «Oull·ura)), Tomo III, Núm,. 5. abril 15 de 1917.-El

Colón.-&lt;Venclda&gt;.

grau escritor, cuyo nombre llena el espacio de toda una época de
nuestras letras, Justo Sierra, maestro en el más alto sentido dela
palabra, aparece con una selección de sus escritos en prosa en e¡
último número de 11Cultura». El señor Loera y Chávez es autor
del prólogo que encabeza el cuaderno y firma, asimismo, la selección delos edcrLtos que se publican; en la introducción, el señor
L'Jera hace un acertado estudio de la personalidad del maestro,
englobándola hasta donde es posible; diferir;aos del sentir del señor Loera en alguua3 de sus opiniones, como podrá verse por laa
líneas de esta nota.
Ei indiscutiblemente don Justo el prosista más notable de la
litera.tura mexicana, y todos, los hombrea de letras, sus discipulos, dUs admiradores, todos clamamos por el homenaje más ne•
c;;:sario que urge tributarle: la publicación de sus obras completa,.'
t,ólo asi podrá ser apreciado como merece en su labor proteiforme, abundantisima, admirable.
PJrque era un verdadero prócer intelectual, como aquellos que
sólo el Rend.cimiento pudo permitir entre los pliegues de su manto dorado¡ sus conocimientos vastisimoa y variadisimos sin que
adquiriera. en ninguno la autoridad que produce la especialiiacióu; su fueru pvética, que más que figurar en sus versos, reeue•
na por toda su obra aun en la parte más abstrusa¡ la magnanimi•
da.d y bonhomie que rebosaba todo él, como indicio del gran espi•
ritu, del grande y verdadero Maestro que era; el prestigio de su
oratoria, ímborrable del recuerdo de quienes le escucharon, todo
contribuye a darle ese carácter de que hablo, humanista., a.m•
pliamente humanista1 con cierta indeterminación de sus credos y
sistemas.
Asi, don Justo no podrá ser referido a ninguna tendencia filosófica. de modo absoluto: era un escéptico cua~do pensaba-todos
·10~ que piensan lo son-y era un creyente c'u_andosebtia, o, mejor
dicho, tomn.ba de la religión la poesía tporque éata era su única
creencia. Las afirmaciones, categóricas respecto a su credo, se estrel!ll.n en su escepticismo, a menos de empequeñecer al maestro,
haciéndolo anterior a Descartes.
Ea historia, encontró medio de producir una intensa impresión
por el relato vibrante, apasionado, febril a veces, de los hechos o
de las características de una época o de nn pueblo; y ba.j.o esta
magnifica vestidura, ocultaba las informa.ciones más prec1 sas f.
los datos más recientes de la erudición europea.
Su prosa tuvo la virtud de plasmarse ceñidamente sobre sus
ideas y de fluir de sus labios-se hizo ,para ser escuchada, no pare.
ser vi,sta-con la sonoridad de broncea épicos. Y así conducia en
alas del viento, hacia los puntos más dista.otea, el espiritu del

El sábado último en el teatro ((Colón))
•bió a. la escena una obra mexicana:
1Veocidal)1 de la señora Eugenia Torres de
Meléodez.
La. señora Torrea, como la llama cariñoe&amp;mente_ el grupo de sus amigos, es antigua. a.miga nuestra. La señora Torres es
una. mujer excepcional en nuestro medio. Tiene un talento muy ágil y su con-

Maestro.

M. T.
}

LUIS O. URSINA: ANTOLOGÍA Rorir.~NTICA., .Araluce, Barcelona,

1917, en 8~-E:1 una selección de poesias de nuestro ilustre poeta
Urbina. 1 escritas desde hace treínta años hasta 1914. El autor es•
cogió las que, en su concepto, determinan mejor su tendeneia romántica.
CARLOS PEREYRA: Hu&gt;!BOLDT EN Máxrco, Madrid, Editorial
América, 1917, en &amp;?-Próximamente nos ocuparemos en este li•
bro del conocido escritor mexicano.
CARLOS PER.EYRA: EL CRIMEN DE WOODROW WIL~ON, Prólo·
go de Rufino Blanco Fombona, Madrid, Imprenta de Juan Pueyo,
1917, en 8?

y si las palabras son el pensamiento y la emoción, con:io pensaba
Pater, nunca un episodio de la naturaleza fue revelado tfm justamente como en estos dos versos:
el cerro azul estaba fragante de romero
y en los profundos campos silbaba la perdiz.

Estt·eno de ''V enciela. ''-Una de las escenas culminantes
versac;ón es un torrente de impresiones de
t-Odos géneros.. Siente el entusiasmo de Ja
li&amp;eratura; habla de nnestrus mejores poetas con gun calor. Recuerda entusiasma•
da-el entusiasmo es ulla de sus más fuertea característicaa,-((La vida de las abejas))
de Maeterlinck, conoce a Verlaine entristece su alegría con la tristeza de' Brujas, de Rodembach y vibra con un verso
fuerte de Machado, de Llovet. Vive la
vida literaria moderna, habla de la Htécnica. ouevRu Y tiene admiración por nuestro
poeta López Velarde, a la hora en que
L6pez Velarde todavía no llega a conmo-

muje: de muy bue.ios sentimíeutos y como v1ve en un medio dífícil•-y tan dificil•supone enemigos a Jos que no sou eiuo
unidades comunes y corrientes de ese
medio.
De todo intento hemos bosquejado la
flionomia moral de _Ia seño:-a Torres, por
que ésto completará mevitablemente nuestro juicio sobre su obra.
uVencida, &gt;1 entre las obras teatrales me•
xicanas, es de lo mejor. El argumento
puede no ser muy novedoso, pero la verdad
es que no ee~~ ~al llevado. Loa diálogos
-cosa tau d1ftc1l-tranacurren con agili-

El IMnes pr;óx:imo pasado asistimos a la
representación de 11Lsi Man u.na de Oron
en el Arbeu.
'
El papel de Cbironi lo desempeña un
actor español que debutó recientemente:
Manolo Casas.
Manolo Casas es el Maciate de la tanda
Tiene más bíceps que facnlt.adeg e~céni:
cas, sin que sea tampoco una banca de la
alameda., o una cariátide. Canta y se le
oye, _asi es que tiene con esto fl.lgunas
venta,1as para el género de zarzuela. antigua. Su mimica es rle gimnasta. y n11t,uralmente poco cómica. Empieza a d&gt;tr
vuelo a los brazos y mientras que la mano
Sig 1ui én la página 1T ele avisos

•
PIANOS AUTOMATICOS
V VERTICALES

EN ABONOS

'PIANOS WURLITZER'

Td.l el poeta. que, como obBerva Ci1.stro en su estudio, res.liza en
el v-Jcablo más de3abrido, un resumen de intuiciones inagotables.
Ahora se le díecmte apasionadamente; pero se le. discute como a
gran poeta, sit1 precedente en América.

14

POR EL ARBEU
Manolo Casas.-"La Manzana de Oro''

COMPARE USTED LOS PRECIOS DE
ESTOS PIANOS,
CON LOS DE OTRAS CASAS
.................,............

con un dedo pueril raya.ndo el agua,

G. E.

ver a las mujeres de nuestro medio. E 'la.
se siente, a ratos, triunfadora, llena dl'
f~erza para arrostrar las calamidades de h1.
v1~a. Todo le parece accesible y rie ..... .
M1_nutos después encuentra la vida pen• ,_
sís1ma! a todos sus amigos muy lejos dP.
ella: vive sola, desamparada y llora ........ .
Positivamente ha sufrido y positivameot~
ha sido feliz. Con ella no se llevan los tér
~inoa medios. Además, la señora Torre~,
tiene una alma grande y pródiga. Es nnH.

dad y si no fuera porque hace mucho
gasto de frases literariamente echadas a.
perder como crepúsculo de mi vida y algun8.E! otras, si fueran más sobrias, a.cumu•
la.rían mayor mérito al conjunto.
~l segunJo acto, en nuestro concepto,
es J ustn en cuanto a técnica téatral. Todos
los personajes se mueven:con!oportunidad
y hay escenas de indiscutible acierto. El
tercero es el que literariamente cuidó más,
pero en cambio es el menos teatral. Loi•
personajes en este a.eta hahla.n mucho y
dicen muy poca.a cosas. Además, Re suceden lita casmtlidadea, como en el teatro
equívoco de EchPgaray. Se habla de álguien y en seguidit ese álguien se preseuta
en escena, con toda la. premerlitació!~
v11lgu de la arquitectnra teatral antigua.
M:.1:-1 todas estas cosas se deben a que li\
Reñnrn Torres escribió sn obra en nueve o
diez dias, y ¡claro está!, con Lope de Vega
P,n horas veinticuatro pasaban d;, la.,; musas
·
al teatro, pero eso ya no es posible.
La señora Torres debió pre8entar eu obra
después de haberla pulido cuidadosamente, haciendo uso de su excelente criterio
artiatico, pero, nos decía, no era ya posible;
tenia viva urgencia de presentarla al público y marcharse. La primera copia la única copia existente, fue la que lleg'ó a manos de Julio Taboa.da.
. Sin embarg-o, la autora no debe desmR•
yar, tiene suficiente talento y buen BfHltido literario. Si cuida sus obras encontrará
además rle la aceptación del público-la
obrl\ fue muy aplandida-el elogio de ll\
critica, sincero y abierto.
En esta ocasión y precisamente porque •
es nuestra amiga y porque la estimamos
no hemos querido omitir nuestra manera
de pensar para que por ahí no se diga que
obramos parcialmente.

5 DE MAYO NUM. 32
Sube la marea

PEGA90

PEGAOS

15

�jogadores del etMixcoac11 1 para ma.uifestarDO! que en la crónica que de su primer
encuentro con «(La Internacional11 publica
cMéxico Deportivon, se hace notar qne el
tt/tree que actuó en dicho juego no se apegó para nada a la justicia y encareciendo
,.¡ ,!tlixcoa.c» que tu\'iera más atención en
el nombramiento de J 1:1eces, asi como llamando la atención a los mismos jugadores sobre su manera de jugar y diciendo
-que de no poner más cuidado pudiera ha~
ber alguna persona que se interesara en
410 disgregación.

El referido Presidente del 1(Mixcoac1)1

1·

~~

J

1:Tres esce.nas del Tenis jugado el domingo último

"México" contra ''Etpaña B." Gana■ 111
"lndlgenas" por 3 Goal, contra 17.
Por la tarde, ante numeroso púb!i_co,
en terrenos del Club «España», se verificó

este emocionante encuentro, con el re-

Los lnvenLibles derrotados.
• ":Ahtcoac" contra ·'Internacional''' terrenos
del ••Junior". -Ganan los ''lnternaclo.
nales" por 3 contra cero.
1

El último domingo a las diez y me~ia
se verificó este match con el resultado mdicado.
,r·
•
Nunca habíamos visto al (1i\'.11xcoac,) Jugar de manera. tan desastrosa como. el
domingo, pues parece que llevaba hi m-

"6 de deroostrt1nios que tambien tieten01 o
.
.
•
nen una enorme dosis de apat1a y qne s1
tienen combinaciones efectivas de .que ecbar mano cuando quieren, taf!1b1én 88.•
hen andar de cabeza com? en el Juego q~1e
-•mo, Loe 1·nternamonales paremeresen
•
d l
1 f
ron preocuparse muy poco de. a ama.. e
((Mixcoa.cn y no dejaron pasar madvert1do
lo .p •t·1008 y rlesconcertados que eataban
t1.
•
d"ó por resultasus contrmcantes, lo qude l ~
se desado que la mayor parte e Jtt~go
rrollara sobre la meta del «l\I1xcoacn.

-

· · uie
Por parte de loe Vt:ucidos SP d1t1trng
.
ron ...... por lo malo, el Goal Keeper Ar~~~~
dejando pasar entre las manos dos Sh onque eran perfectamente parables, y c
templando impávido como pasó el_ terc~:
Goal por entre las barras. Montano q
se ha distinguido siempre por lo certero y
eficaz de sus golpes, estuvo fallando co~stantemente; Vilchis, que en una. ocas1 n
logró llevar él solo la bola bast~ frente a
la meta Internacional, y no te~nendo na•
die que le estorbara. shuteo m~t1endo la bola bola ..... en un prado del Jard'in de en·

.

puso de mauifiesto que el referee oficial no se babia presentado y q_ue el que
D08

sultado que anotamos.
.
Durante la mayor par~e del pnmer
tiempo, los paisanos estuvieron constantemente sobre ni goal Ibe~o, a0;otá.ndese
P rimer tanto antes. de diez mrnutos de
ha.her principia.do el JUeg.o.
.
Dura.nte el segundo tiempo se amma•
ron un poco los del KEspañan l~grando_lle
gar varias veces a la meta mex1ca.oa, a1en•
do rechazados casi siempre por esa monumenta.l defensa que se llama Arturo Or•
tíz, y por Miranda, siempre ?portuoo y
sa.lvando del peligro á su eqmpo, . con la
eflC"a.cia y limpieza ~e cQstumbre. Duran•
te ei3te tiempo los iberos lograi:on puar
nnl\ vez la. bola por la meta mexicana, eata.ndo o.ff tide, el jugador q~e anotó el tan•
to; el Re[P-ree marcó el o¡rside, pr.otestan•
do el capitán del i(E8panau y el l1.n~1 ma.•
del mismo equipo. Después de. d1scut1r
algún tiempo parece que'1 se. pusieron de
acuerdo, accediendo el Capitán del (1Méxicoi, 11, q11e se contara el tanto.
.
Por parte del uEspañan, con excepc16a
del Capitán y otroR dos jugadores cuyoa
nombres sentimos no recordar, el resto no
rlt1jó de mmitrarse apátic~ y desanimado
viéorlose obligado su Capitán ~ mandar
retirar del campo a uno de sus Jugadores.
Del México todos sus jugadores esto•
vieron oportunos y trabajando con entu•
1:1i&gt;tsmo, sobresaliendo Miranda,
Ort1zfo,
en
d
J¡¡, ñefensa. y ª!a!llR.nta.n o tres_ carga8
midahle~ Stüder tmmrlo magistralmente
nn corn;r que fué rematad? admirablemente; Garza pss11.ndo y corriendo la ~la
solo por torlo el campoi con mucba hm•
do ,upieza.; Enbart,, el porttro, paran
rj
riormente tres formirla.hles shoots. que 8
tinuon seguidos y sobre corto.
.1 •.
Se han dirigirlo a nnsotrn ... por conul.v1
to de su Presidente Sr. ,Yingaert, vartOI

,.

hiJO sus veces, es persona honorable por
todos conceptos, y que además no fné el
.. l[ixcoa.c11 el que lo nombró 1 sino que su
8lección fué hecha de común acuerdo por
lOI capitanes del citado «"l:lixcoac,, y de
,_La Ioternaciona!,,, diciéndonos además
en lo que respecta a losjuga.dores, que todos e11os se preocupan por la limpieza de
ao juego, y que ni aun en rnatches en que
eus contrarios han desarrollado un juego
,ocio por todos conceptos, ellos se han
apartado voluntariamente de las reglas esU.blecidas. Que por lo demás no se explica las razones que pueda haber para que
baya quien se interese por el desmembramiento de su club, pero que, sin embar¡:-o,
agradece a uMéxico Deportivon su aviso.
Cumplimos con nuP,stro ofrecimiento de
publicar lo qne nos manifestó el Presidena del ,Mixcoac», absteniéndonos por
nuestra parte de hacer comentarios.
1\fmuEt O'HoRÁ.N.

TEATROS Y CINES
Sigue de la página 15.
diestra-anda sobre la cabeza del ciudadano
que ocupa la lunetR. 328, la otra ei:-1tropea
los muros del telón de fondo. Creo que
ésto es baAtante elocuente para que yo
termine mi calificación sobre su metier o de
lo contrario corro un rie@gfl más grave del
que llevo corrido, que no ea poco, pues nn
empujón de mi héroe, un poquillo nnervioijon, me puede colocar a una altura que
afrentaría al propio Pegaso.
Au11que la verdad es que Manolo Casas
es simpático, y éilto no quiere decir qne
desconociendo en mi facultades físicas de
aviador, trate de aseg_urar la estftLilidad
terrenu.l.
Lolita R,osell me va comprando y no se
en que consiste con tioda precisión su lenta fuerza conquistadora. Tiene algo dinámico quizá, que se lleva muy bien con mi
gusto. Ea cambio habla con mucha precipitación. Si le pusieran un ncontador»
ufonético -económico» gasta.ria al rededor
de$ 1,600.00 por minuto.

NOTA GERMANOFILA
En el Principal, en el segundo cuadro
de «La Reina del Carnaval», se presenta
ua escuadrón de vícetiples ataviadas con
ca.seos y coraza presumiendo de ubocbesH.
La marcha automática arranca los aplausos de los germanófilos y me hace afirmar.
me en la creencia de que los germanófilos
adoran lo tea.tu.! al grado que entre las
susodicha.8 vicetiples y los Hohenzollern
lo mismo les dá.

El duelo final.

Un ingléd fue a consultar con un famoso médico homeópata. Este le ausculta, le
pasa un frasquito por las narices y le
dice:
-Respire usted.
El ingléi! respira con fuerza y el médicC'I
nplica:
-Está usted curado.
Disimulando su asombro, el inglés le
pregunta:
-¿Q 1é le debo a usted?
-l\111 francos.
El inglés saca un billete de esta cantidad, se lo pas~ por la punta de la nariz y
le dice:
-Respire usted._
Y i;.in dar tiempo a la respuesta., excl&amp;•
ma flemá.tica.mente:
'
-¡ Ei3tá Ui3ted pagado!

freute. D~ lv1:1 dt'.má1:1,
de
) ,exce_p~·ión
o hecba
que ver
Miranda y Arturo t rt1z, umc s
·
daderamente trabajaron, Y a los que se
debió que el número de tantos anotados
por la «Internscic,naln no llegara a un número mncbo mayor.
.
d ¡
r t ac1onaln
todos
Por parte e a (' n ern
trabajadores y aprovecb~ndose muy eficazmente de las deficiencias de los contra¡· d
¡ Portero Lecanda
rios, sobreda ~en O e
.• '
'
parando limpiamente el ÚDh;O Shoot que
convertirse en Goal.
...-!
amenazara
........................................._,,..........""'"' ..................................

.... ....................................,.................................................................................................................................

§

g~~::.º•

I,,',,,

-

~

J0YERIA Y RELOJERIA
Sólo én San Angel lnn
Unicamente en
San Angel lnn,

-

~.........,........,,,".............. _"""....... ...,...,.......,...,.,,.................,....,.................,,.............-... ....,, ..,..,,,,......,,,.,,..,,,,,,,,,,,... ,.....,...,....,,,,.,,,.....,...,,,,......,,.,,. ,,......." .............
16

PIEGABO

''LA ESMERALDA''

e.Apartado 69.

�VII
más grande que se conoce, el Culliman
que pesa 3 024 quilates y pertem.ce actualmente al teroso inglés.
¿Qué hizo el general Rotha?
Para despistar a los ladrones, un alto
funcionario del Transvaal, escoltado por
cuatro detectives, se puso en viaje llevando una valija que era custodiada dis y
noche, y qne a pesar ~e todo foe robada;
pero el verdadero Culhman lleitó a su destino Londres, en una pequeña caja de
madera que se babia enviado como encomienda postal, sin ~inguna indicación especial.
Los ladronee, que con arte robaron la
valija, se llevaron un chasco y fueron despistados.

*

¡Al tln! ....

1

VARIEUAllES

1

-A veces objetos de gran valor van más
seguros mandados por el correo como
muestra sin valor, que confiados aun a
detectives que despiertan la astucia de loe
ladronee y corren el rieFgo de perderse.
Si va como muestra sin valor, no despierta ni la atención ni la codicia de nadie.
Este procedimiento lo usó en 1915 e1
general Botha para enviar a Eduardo VII,
como regalo ~d,il Transvaal, el diamante

* y feo, pero rico,
r Dos sujetos, uno *viejo
y otro joven y guapo,. pero sin una peseta,
pretenctian a una niña de diez y ocho
abriles. Llegó el momento decisivo, y la
niña eligió por esposo al viejo. Este, al
salir de la iglesia, loco de alegria, dijo a
su esposa:
-Angel adorado, cha tita mis, ¿por qué
me has elegido a mi? ¿Es que te gusto más
que mi rival?
-No, pero es que yo creo en los vaticinios.
-1.Y qué?
.
-Una gitana me ha dicho que be de
ser casada dos veces, Y elijo al otro para
despué~.
lTn caballero
una taberna:

* **
ve entrar

a su criado en

-.luan-le dice,-me sorprende m11.
cho verte entrar en semejante sitio.
-iAtI, señorito! pues mucho más sorprendido se quedaría usted si me Yienr
salir.

***

Dos gastrónomos, sentados el uno delante del otro, acaban de comer.
-Parecemos dos amantes que han reñido.
-¿Por qué?
-Porque todo ha concluido entre noaotros.
,k
*'*
- Y la seiíora de usted, demuestra algún io'terés en el presente conllicto europeo?
-Por eup:~e~to que &amp;I; siempre está hablando de la guerra.
-Y, ¿qué le dice la señora?
- Pues, dice: ¡Qué iástima. que t6
puedas ir!

** *
-¡,{¿ué recorta usted

de ese periódico?
-Un artículo que trata de un hombre
de California, quien obtuvo el divorcio
porque sn mujer tenía la costumbre dt
registrarle 1011 bolsillos.
-Y, ¿qué piensa. usted. hacer con 61P
- Puea, ponérmelo en los bolsillos.

*

· -Ese dolor que* *
usted siente procedi
del dia.fragma.
-Dispense usted, doctor, pero yo
que procede del dia ..... de mi cumpl"'
ños. en que me rlí un hartazgo de coneidera.ción.

º*

-¿En qué se parece el arco iris a los
guarduu,?
-En que aparecen d~spués de .la torJDenta.
En el estudio de un pintor.
Una señora que se está retratando mira
el retrato en un momento de descanso
:,exclama:
'
-¡Qué encarnada tengo la cara! ¿Dónde compra usted sus colores?
-En la misma tienda en que los compra usted.
-¡Mozo! ¡Mozo!
-¿Qu6 quiere usted, señorito?
- ¿Sabe usted dónde están mis pauta,

Iones?
El criado busca e_n todas partea, y no
encontrándolos le d1cela\ parroquiano:
-Pero; ¿está usted seguro de que al enkar los llevaba puestos?
J Jsé H, encontrándose en Milán asis~6 a 1~ representación de una ópe;a que
111 reahzaba ~n uno de loe principales tea.koll ~e esa mu~a~. Al die. siguiente de la
Canción fue a visitar al primer actor que
bal,h desempeñado con toda corre'cción
el rol de emperador, siendo calnrosament.e apl~udido por todos los espectadoree.
~ artista !ª presentó al rey veetido en traJ8 de manana, quedando confundido al
reconocer a é~te; entonces el emperador
para calmarlo, le dijo: 11No importa. En'.
ke noso~ros,, los emperadores, no existen
ceremomaE».

9 D4 O
10A5 •· R

Problema número seis
POR

O. Wurzburg
Blancas:
R 1 D, C 2 R, C 3 A R, D 6 A R, (4
piezas).
Negras:
A 1 CD, P ti CD, A 3 A O¡ R 8 T R.
(4 piem).
Las bla.noaa juegan y matan en tres jugadas.

!IC'3\R
10 C 3 &lt;'

11 C020
12 T 1 R j
13 A 3 l)
14 Ax C (6 C)
15 C 5 R !
16 c x P Cj.
17TxAj.
18 D 3 D j.
l9P4TR!
20 P 5 T !
21 D 5 A !!
22 'f XC j. !
23 D 6 A mate.

11
3T R
12 RIA
13 A 2 R
14 PT x A
15 P x A
16 R 2 A
11 R x c
18 R 3 T
19 P 5 c
20CxPT
21 P 3 C R
22 Px T

Solucl6n del proble■a n~■ero dos
POR

Partida'número diez

R, Callluson

(Congreso de Ostende, 1905)

1 D 7 T D, R x C (5 C), 2. D 7 C R j.
R x c (3 C), 2. D 1 c R j.
R x !,-,
2. D 8 R !

Gruoco Pu NO
BLANCAS
l'tiARSHAl,l,

NEGRAS
BllRN

1 P 4R
2 C3 AR
3 A 4A
4 P3 A
5 P4 D
6 p X p
7 R 1 A
8 P 5'D

L'\ resolvieron los señores Raf~el Carrillo G. Luis Sotomarina., de esta capital;
Y el sen:&gt;r J Jsé Ordoñez de Q 1erétaro,

r

l P 4R
~C:1AD
3 A 4 A
4 &lt;' 3 A
/í p X p
6 A 5 C j.

7CxPR
8 C2R

Noticia.-Ell la ciudad de Culiacán
E lo. de Sine.loa, acaba de fundarse u~
C!ub de Ajedrez, ?uyo presidPnte ·e s el Sr.
Lic. R •sauro RoJo, fuerte aficionado de
aquella ciudad.
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>"BERTINI"
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DIRECCIÓN: Enrique González Martínez._Efrén Rebolledo.-Ramón López Velarde.
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Mariano Silva.

Rafael Cabrera.
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Antoruo Caso.
Esteban Flores.

Jesús T. Acevedo (El Paso.)
Ricardo Arenales.
Mariano Brull.
María Enríqueta.
Gustavo E. Campa.
Rubén M. Campos.
Bartolomé Carbajal y Rosas.
Alberto María Carreño.
Francisco José Castellanos.
Luis Castillo Ledón.
Ignacio B. del Castillo.
José M.a Chacón y Calvo.
Eduardo Colín.
Carlos Díaz Dufoo, jr.
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Francisco González Guerrero.
Luis Gon7..ález Obregón.

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porque es la únic1
casa que puede darles gusto ..

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Saturnino Herrán.
Jorge Enciso.
Alberto Garduño.

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REDACCIÓN
Rafael López.
Genaro Estrada.
Jesús Villalpando.

COLABORACIÓN:
Carlos González Peña.
Max. Henríquez Ureña.
Pedro Henríquez Ureña.
Alba Herrera y Ogazón.
Manuel Herrera Lasso.
Mateo Herrera.
Jesús García Gutiésrez.
Juan B. Igulniz.
:Manuel Ituarte.
Carlos Lazo.
J. L6pez Portillo y Rojas.
Federico Mariscal.
Pablo )fartinez del Río (Madrid).
Amarlo Nervo (Madrid.)
.José de J. Xúñez y Dom!.nguez
Eduardo Pallare&amp;.
Emilio Pardo Aspe.
Manuel de la Parra.
Manuel M. Ponce.
Alfonso Pruneda.
DIBUJANTES
Leandro Izaguirre.
Carlos Neve.
Anton·'&gt; Gómez.
José Tovar.
Francisco de la Torre.
Alfonso Gardtúio.

/

Alfonso Cravioto.
Manuel Toussaint.
Antonio CMtro Leal.
Enrique Fernández Ledesma
Manuel Puga y Acal.
Alejandro Quijano.
Joaquín Ramírez Cabaña8,
Adri~n Recinos (San Jolé de
Guatemala.)
Manuel G. Revilla.
Alfonso Reyes (Madrid).
Manuel Romero de Terreros
Francisco Verdugo Fálquez.
Genaro Fernández Mae Gregor.
Artemio del Valle Orizpe.
Samuel Ruiz Cabaña.a.
Enrique Santibáñez.
Nicolás Rangel.
José Juan Tablada.
Alfonso Teja Zabre.
Alfonso Toro.
Luis G. Urbina.
José Vaseoncelos (Perú.)
Atanasio G. Saravia.
Germán Gedovius.
Roberto )fontenegro.
Angel Zárraga.

FOTÓORAFOS Antonio Garrluño.-Gustavo F. Silva.-AJfonso Sosa.
PUBLICISTAS: )faxim 's.

l

OERENTE: Jesús B. González.

ORABADOR: Alvarez Tostado.

· j En la. Capital, 10 nún:eros....... .... $_3.~0
E1;1 el ~xtra.njero, 10 números......... $5.00
1 En los Estados. 10 numeros... ..... 3.o0
Nume10s sueltos............................ 0.11()
OFICINAS: Avenida 5 de Mayo, 32,-Ediflcio de la Bancaria. Departamento, 406,-Apartado Postal, 1408,
La. correspondencia, debe ser dirigida a la Gerencia.
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cambiaremos nuestro local.

�I\EVISTA SEMANAL
Registndo ~omo articulo de segunda clase el día 17 de marzo de 1911.

T0.1\O J.

.CONTRA LOS RIGORES DE LA LLUVIA

MEXICO, D. F., 19 DE ABRIL DE

~ .. -~~~

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POR., ESTEBAN FLORES
Hace tiempo que la montaña rusa descansa. Ya no hormiguea allí la muchedumbre desocupada, contemplando
con curiosidad boba el volar de los carritos cargados de
paseantes. Triste, desolado, se yergue el imponente arma·
zón frente al basto césar hispano que domina con su ademán conquistador la rumorosa plazoleta. Ampulosas niñeras pasan con ojos melancólicos por el antiguo lugar predilecto; mocetones impenitentes rememoran triviales avetlturas iluminadas de risas y aspavientos; viejos reumático.:;
filosofan ante el enorme esqueleto que semeja una encina
deshojada. Y niñeras, y mocetones, y viejos se alejan por
las avenidas, bajo el cielo tranquilo, donde las nubes, desplegado el velamen, avanzan lentamente, empujadas por
el hálito perezoso del viento .....
No os desesperéis, oh, amantes de las emociones fuertes:
:todavía hay patria!
Tengo un amigo que gusta extraordinariamente de México. Vivía ha&lt;::e algunos.- ::tños -en provincia: novelas de Carlota Braemé, amores apacibles, tertulias familiares, gobernador réelecto ciiico veces .... Y la monotonía de la vida,

tl UNTRO MtRCANTIL
Apartado postal 472

México, D. í.

EN PARAGUAS
TENEMOS UN SURTIDO COMPLETO

NUM, 7

'.r=:~25-~&lt;~~

EN EL C~MPO

MANGAS IMPERMEABLES

1917

el ~ielo q1•is, el hm·izonte eterno,
lo arrhjaron, como ei madero de un naufragio, a las playas
de la Capital, que lo recibió ebria de júbilo. En efecto, ese
día memorable, la gran urbe se bamboleó sacudida por un
teml¡lor.
Desde entonces el 'aburrido provinciano constituye una
molécula de .Ja,metr6poli divina. y pecadora. La gusta con
el deleite supremo del bebedor que tras largos meses de
abstinencia lleva a sus labios una copa; la paladea con infinita voluptuosidad; la aspir~ como un perfume; la traga
(ata por gota; noble y vil, antigua y moderna, sabia e igno·
rante., limpia· y sucia, refinada y palurd~, tal como la ha
forjado en cuatro siglos el aliento creador de los años.
Y la adora, precisamente porque elÍa le tonifica el sistenervioso con emociones jamás Soñadas en las ya lejanas
horas del olvidado pueblo.
.
Le ha robado el reloj diez veces al .subir a los tranvías.
Se ha visto otras tantas entre las ruedas de los automóviles que desfilan por las calles con velocidad de ob(1s.
Vi6 el cuartelazo.
Conoció a Zapata.
Departió con Rueda.
Asistió a los ju egos florales ....
Uitimamente no salía de la Cámara. Desde temprano rontiada por los alrededores del Palacio Legislativo, con el
fOttro iluminado por la sonrisa de los grandes días; y cuan-

•a.

do el público empezab8. a entrar, era de los primeros que
subían a saltos gimnásticos la escalera que lleva a la galería, donde se instalaba cómodamente, decidido a no perder
palabra de lo que iba a decirse.
Allí lo encontraba, agitándose nervioso en el asiento, es·
perando el instante de la &lt;emoción&gt; ..
-¿Sabes? Hoy discuten la credencial de equis .. .. Se dirán cosas gordas ....
Y mientras llegaban las &lt;cosas gordas&gt;, se entretenía,
para no darse cuenta del fluir desesperante de los minutos,
en extraños ejercicios mentales. Un día se puso a formar la
estadística de las calvas que' respla.ndecían en el fondo lleno
de luz dela Cámara, clasificándolas geográficamente: calvasoceanos, calvas-bahías, calvas-ensenadas, calvas• lagos,
calvas ]f\.gunas, con una falta absoluta de respeto a los padres de la patria y a la gravedad so}emne del recinto~ Otra
vez se empeñó en descubrir la ley universal que rige el vue·
lo parabólico de las moscas.

Me diréis, incrédulos, que seguramente se trata de un
&lt;chiflado&gt;; pero, ¿se conducen acaso de otra manera los
&lt;cuerdos&gt;?
En algunas partes del globos.e va a las Cámaras a seguir
el curso de una aspiración nacional que pugna por conver-.
tirse en ley, a ver el espectáculo de una nebulosa que tiende a fundirse en la chispa de una estrella. En México ....
andamos siempre, como mi provinciano, tras la montaña
rusa.
Y, como mi provinciano, la encontramos frente al césar
español capturado para la eternidad por la eficacia implacable del bronce; en las calles barridas por el resoplido de los
autos sonámbulos; en las carreras salpicadas de sangre; en
la Cámara, donde el verbo, para ser grato, debe hacer chi·
rriar, como un hierro encendido, la carne de los hombres
públicos ....
¿ Qué importa que la montaña rusa descanse?
México todo es una montaña rusa. Los paseantes que vagan aburridos, lo mismo por los barrios aristocráticos que
por las plazas donde el hambre se arremolina en torno de
los puestos de &lt;tacos&gt;, esperan su carrito. Estalla una riña,
se registra un atropello, suena un tiro; y sus ojos brillan y
su corazón palpita:_ ya encontraron asiento y van, con ~os
nervios vibrantes, pendiente abajo.
Y un día de tantos, inesperadamente, la Muerte sale de
las sombras y les brinda, en la frialdad polar de su seno,
la última emoción.
i La más fuerte j

PEGASO

�Episodios de la vida ~ael Marqués de la
Villa del Villar del Aguila
Los escribió para "PEGASO" José D. Frias
DERROTA SENTIMENTAL
Este es un episodio de la vida del
Marqués, cuya sabia juventud, m,is.

tica y aventurera, rué asombro de
mi mocedad.
J. D, F.

Veia el marqués en la angustia de aquel
único crepúsculo amargo, las tórfesfrÓnte- .
ras de una residencia capricbosameute
construida a la usanza colonial. Y en un
intimo dolor sumaba la decrepitud de las
frondas, enfermas de Invierno, con el trá.gico desaliento de su corazón.
Le aconteció lo que nunca hubiera creitlo capaz de anonadar el firme torreón de
su fecunda energía: se aflojaba la cuerda
de la voluntad en el siempre tendido a:rco
de su juventud ...... ·y con pávidos ojos
buscaba en el occidente, ma.rav~llosamente ilumina.do, al morir el Sol, la epifanía
de la estrella en donde tantas veces r.ontemplara un fulgor hermano de su esperanza..
Inó.tilmente.
Porque sus veinticinco años se habian
coronado con la. zarza de un sufrimiento
novísimo, y en su ánimo comenzaba a.
despertarse aquella larva, de que habla el
maestro don Ramón del Valle Inclán, y
roia, ya, con una fiereza de gusano hambriento que se harta en el festín subterráneo de un cadáver presa de la putrefacción.
¡Ah, las inefables congojas de mirar en
uno mismo qne son vanaB todas las filosOfías cuando el espiritu naufraga por un
decreto inexorable en e'l torbio motín de
las ondas amargas y negras, po~que visten
de luto el optimismo que da vida a todos
los entusiasmos!
El observaba, fiel a su costumbre de
examinar la conciencia, todas las modificaciones que le imponía aquel instante de
desfallecimien,t o. Y compr:endia que los
hombres dueñQs ele si mismos merecen la
eternidad de la estatua, como los héroes
que señorean y descubren países ignorados y orbes nu8vos.
Su orgullo padecía porque palpaba que
era mentira lo que él juzgaba :verdad. Y
se retorcía. en •la par.rilla de su decepción
como el .varón que santifica el martirologio cristiano. ·Un recóndito afán le indica.ha que no existía. su más cara ilusión, y
qne estaba. aun distante del lago a:rmonioso de la SerE;inida.d.
Por su rostro no habian señalado, desde
la adolescencia, su invisible camino las
~alobres lágrimas. Pero en aquella tarde,
2,

cuando tuvo el convencimiento del desaa•
tre, midió la inconmensurable mengua de
su humillación, palideció como en el preliminar de una contienda de muerte, volvió al cielo la cara, y nunca aupo si fue
una viajera nube, o un impetu de llanto
lo que fugazmente le ocultara la estrella
de su contemplación.
w

* *

Don Luis de Urrutiay Arana, demasiado
indulgente con un capricho insólito, amó
a una mujer. Fue la (mica que pudo cercar súbitamente el corazón del marqués,
y rendirlo.
El puso toda la agresiva. ternura de su
ansia de amar en la débil fortaleza de
Magdalena Iris-nombre postizo como todos los que gustan de llevar los miembros
de la farándula-cuyo elogio ba.bia escrito
p_ulcramente en la última hoja del ilustre
pergamino donde campeaban les prestigios
de sus arcaicos blasones.
La vió en un teatro mezquino, danzando con imperfección, entrelaneciaalgazára de los concurrentes sórdidos. Y admiró
en ella lo que adoraba en las magníficas
estampas de su predilecto Boticel!L Vió
el azul ambiguo de unos ojos cuya luz hacia olvidar los arcos de triunfo de las cejas endrinas¡ la exigiiidad del talle, "la leve
curva de las ancas como de adolescente, y
las piernas cual modeladas en cera, lar•
gas, finas, de lineas suavísimas qué blandamente morian en la breve perfección de
los pies indescriptibles.
Vestía. la frágil elegancia de su cuerpo
con la indumentaria. de un paje, y tenia. la
gracia fascinante de aquellos trovadores
de ley_e nda que vencían a. los :fijosdalgo:
arrancando su imagen de la memoria de
las infantas caprichosas.
Fuese al ruin lugar en que la artista se
ataviaba, y con el tono de voz cálida y
persuasiva que exhumaba en las raras huras de pá.Síón, larga.mente dijo:
14Sé que voy a. perder la. belleza. de un
deseo al querer realizarlo, sugiriéndole que
la amo¡ pero esto no la dañará, Vengo
porque necesito alcanzar su simpatia., y
por ella, tal vez, su voluntad. Si logro verla siempre como la admiré desde la huta. ca, ~abré conseguido lo que pretendo. No
soy desconocido porque las mujeres cono•
cen siempre a quienes las enamoran. Me
examinará su .benevolencia, esta noche,
mientra.e cenamos, y sabré si puedo triunfar hoy, como cuando pulimenté las ca.-

torce:fa.cetas, en el diamante sentimental
~ n :mneto q\le narra su hermosura;,.
Ella, instintivamente, no exhibió sorpresa alguna.. Con discreta. f11.mi1iaridad tomó
el brazo de don Luis para llegarse al coche que esperaba¡ y entre los esptjos del
café ruidosamente inoportuno, consiguió
no destruir la fantasía. de i,u acompañante.
El marqués recordó a una novia de provincia ante el excesivo recato de Magdalena. Y en la amortiguada. luz de aquella
noche que vivió con ella., creyó poseer loa
hechizos de alguna de las doncellas inmortales que subsisten en las Tres Gracias del
divino Sandro.

'·;LOS UL!IMOS POEMAS DE e.AMADO NERVO
En él anterior número de PEO ASO
•

•

·

(:,igUf e,tlá pág; J5;f

'

t

d

il
·
Y nos amos el gusto de cos h
ervo, acaba de publicar
e I ustre vate, de cuyo libro hablamos en la sec:icó ar, para nue~tros lectores, algunos de los po.emas
n correspondiente.

HARMONIA

¡A qué mirar constelaciones
en el profundo á.zul turquí!
¡a qué excrutar las extensiones'
~Qué noa diréis, astros distante;
rnmensos orbes rutilantes?
'
¡El gran misterio no está. alli!

d 1si .com_o muestra aólo una faz la luna
e a propia manera no vemos más ue ~na
rla faz de las cosas, como pensó el ioeta.
a otra está en la sombra
y
.·
la visión, ve asperezas en ·d~~d gor ser rncompleta
•y la noch
¡
e ay armonía
e en e nubh.1.do que disimula el día.'

..... En el silencio de mi pieza
en tantas noches de tristeza
en que la copa. del vivir
hay que apurar hasta las heces
¡oh cuántas veces, cuántas vec~s
cerré los ojos sin dormir!

San Agust'
d"
visto al revé:~ e~~~m~oDquoe ebl mdundol es un dechado
Jt" l
'
• 1 s or a; a otro lad
:1u ..1cto ores hebras, con su red caprichosa
o
espis
an
nuestros
juicios
Oh
b
'
I
del bordado d. · .
........ , a or misteriosa
· r ivmo&gt; ya todos te veremos
cuan d o en nuestra a
·6
•
'
al 'vértice del ángulo s~enr 'dn nulenaria lleguemos
'-'
ua' e cuyo punto
b
l
s~ a arfa a su~_lime plenitud del conjunto.

* *•

El vástago del Señor de la Villa del Vi•
lla.r del Aguila estaba de vuelta en su morada, después del horrible desengaño de
aquella. expedición cuyos preparativos se
leen en el primero·de los episodios.
Tenia consigo una perenne tempestad
de recuerdos humillantes para su nobleza.
Lo asediaban infatigablemente las memorias de sus penosos dias de campaña; y la
tortura de un pasado despreciable se unia
a. los pensamientos de un presente enojo•
so. Lo habia perdido todo en aquella siniestra aventura, sin obtener provecho algnno, y sufría la desesperación de soportar
el revés, con la. resignada actitud de un
' de una
mendigo que agradece el insulto
limosna miserable.
La meaa a la. que se aentab~, en otro
tiempo babia te~ido como comensal paupérrimo a quien la. abastecía cua.Ildo don
Luis regresó a.batido y derrotado.
Vivió, sin esfuerzo alguno, en la. austera
acritud· de su aislamiento agradable, sin
mostrar pena a los que 'se creia.n sus amigQs. Y sólo él, en las meditacione'B que se~
guían al cansancio de uDa larga lectura,
sabia cuánta era la pesadumbre de Una
vida resignada quP&lt; no quiso toma;r 11
muerte, a pesar de que ia desafi¡iron juveniles ardimientos.
Los escalofríos que viáitaban su cuerpo
en· la silenciosa protesta de su .acttv-idad
vencida por la suerte, eran compañerol'W
un rictus de torvo disgu&amp;to en sus labios,
hostiles para toda palabra. que no iftér&amp;
una. invectiva. Con su indignación ~ dida y arrogante azotaba a. )-., taiW6
triunfadores envanecidos, que . igno!r6an
el desprecio porque no babia.o subido non•
ca hasta las iras del marqués.
Su existencia. soportaba, ade,roás1 al
tormento de sus mayores altaneros , c¡ue
blasfemaban -cuando como él se halla.hin
vacios de dineros-al rubricar e] folio•
que constaba la cesión de alguno de sllt
feudos.
Y en ese tormentoso trauce volvió s. ver
don Luis que el relámpago azul del mirar
de Magda.lena, iba a él, como en el soplo
fatal de una tragedia de Esquilo.
La volvió a amar.
Pero efiímeramente. Ya no podia., 001110
1:1.ntaño: enjoyar d1:1.ra.nte largo~ ni~ IOI
brazos de su amada con ajorcas nu~valj

.

111 libro de v.ersos, con el título de "Ef:::::~~~soque nudestro compatriota, el exquisito poeta Amado N

y vi sin ver, luces tan puras
tánto fulgor, arquitecturas
'
de una tan vasta. concepción
enigma tal, tales honduras '
¡que ya. no miro las alturas
Y está cerrado mi balcón!

, Entr~ tanto, poeta, no murmures. Tu v

•Qea. unc1oso, cual salmo de amor al univer!~ªº
u1en trazó el plan del e
·
naciente de los bqmh ,odsmos, no pu?de ~ la razón

res, . ar una. exphcactón .
..q~e convenza: su lógica, no es la tuya de hormiga.

N? jt°zgu~s,

¡Descansa ~n paz, anteojo mio,
en tu gran CaJa. de nogal'
i Ya no te asomes al va.oí~
con tu pupila de cristal!
;Descansa en paz, anteojo mio
en tu gran caja de nogal!
'

pues, adónde y deja que prosiga

~us- m_ e~tos arcanos, su labor portentosa
Que rice en espirales de lllz la nebulosa .
que prenda sus traslúcidas caudas a los' cometas·

~~:

~!:~;ed:J!:ed1~fn:aª:~:o~~;~~á:s!~faf;:~eta~¡
que empme las montañas y que ahonde los mares
'
..... .

YA NO TENGO IMPACIENCIA ....
NO TODOS ....

Ya no tengo impaci
•
Ven Fortuna, 0 no ve:n:;a:, porque no 9:guardo nada ..... .
llegue al toque del alb/ u'e que tu máquma alada.
con el brote abrileño ca' 1 gube _al toque de queda;
y a no t engo impaciencia
•
'
n ª OJa. que rueda
·, porque no aguardo·········
nada •.•••....

TfO _t~dos los muertos contemplan a Dios
¿ p10nsa~•qu~ basta morir para ver
.
et11e gran m1!:Jter10 del que vas en pos?
~QJ ue el velo de Iilis habrás de romp¿rr
¡ luso creer!
i No todos los muertos contemplan a Dios!
en'· En
vid

~~:!ª:~f!'

de ~[~~1~~~!
del balc?n anchuroso
yo contemplo el pa~a·e '/ºn un hbro en la mano,
Y. mi espíritu plácido~ c~n1~mpre autt~ro y hermoso,
tiende amante las ala's de ervor re 1g1oso,
oro en pos del Arcano.

ca

m_b'IO,b 1as almas austeras y grandes
a-s1 sa en ((subir))-le verán'
como ven el alba florecer los .Andes ,'
cuando aó.n los llanos en la noche eistán!

~f

~~rtu~ba. las aguas de este lago dormido
de
No hay aÍán eq~~t~:1º de_ caudal puro .Y terso.
· Y del cáliz de mi alm:quie!e¡ nada qmero ni pido,
brota cándido O • ' cua a~oma elegido,
' ocioso Y apacible mi verso!

LA HONDURA INTERIOR
Des?e_ qµe i:,é lu cosas bellas,
108 m,il 10cógnitos veneros
de luz, las fuerzas misteriosas
que el hombre lleva en su interior
i)'.'ª no me importan las estrellas '
n~ I, 1s cometas agoreros
Ill la.E:! arcana,:¡: nebulosas
con su fosfóreo resplandor¡

,,

EL PUENTE
-Dime, ¿has estado en é t · l
uno de esos instantes en X ars a guna vez? ¿Sentiste
porque-lo d.. W d
que e p~nsar no existe·
IJO
or sworth-«expi 6
¡
'
En que mueren las dudas n
r en. a a 1eg-rian?
la excelencia del astro la'· e q~e _se exphca todo:
y el
d
' 1gnom1ma del lodO
mun o es como un siro bolo de sutil poe;ia?

Ya ~o me importa del Planeta
la claridad prestada y quieta¡
ya no contemplo al taciturno
Y melancólico Saturno
con ~us anillos y el cortejo
de diez .satélites, errar
. po_r la extensión como un dios triste
baJo la pompa que lo viste
Ya no me encanta.el oro
de nuestra luna familiar .

Ti~~~!

~!~~sdyuras entonces nos ofrece el camino'
cosas un aentido divino _
·
amoldá n dose a una · t ·
•
•
El dolor
.
mis er1osa Justicia.
y se aneg~~~a~eml pre nos parece proscrito
a mas en un mar ¡'nfi 't
d e suprema delicia.
DI o

i;j¿·····

¡Qué_ vale en suma todó eso!
(matenas cósmicas, exceso
de vano gas en combustión
)
¡qu~ ~ale en suma ante el ~bi¿~¿
vert1g10oso de uno mismo
que noa espanta la razón!'

Ptira tales momentos fue creado el
es él solo que puede tradu . l
poeta:
concordancia del hombre i~~ s: s;~ret•a_
Es e_l mágico puente de fulgor d l ios siempre ignoto.
arroJado en el piélago de I
bu ce y tenue,
como el trémulo rayo d a noc e perenne
- e un remoto lucero

P ·EGASO

:,

·········

PEGA.SO

3

�les, a.unque fueran picadas, e~que.tu&amp;ticai
y provisorias, pero las más pn~attva!, ea,
trictas, de su alma. y de su e~1~tenc1a en
((una expansión de caridad_ espiritual». (aaí
dice admirablemente Ca.m1lle ~8:ucla1r) y
luego irse. Para Laforgue escr.1bir no era
uuna habilidad ni un ~o!lor» smo só!o un
Para J. V.
Por Eduardo Colín
obvio y ardiente rendu:~nento, una v10lenSu forma: el argot, giros ultr?-llanos,
ta y muda transparencia.
.
Entre la lenta y dificultosa ~aduración
y gracias a esa laxa Y_ fundamental sinmuchas veces falta total de sintaxis; no la
de las sociedadeshispano-amer~canas; ~nceridad tiene introspecciones de co.~ ~lex;ideología literaria, clásica y regular, aqu.e
tre estados todavia de barbarie Y la msimos estados líricos, de nuestra d1arta dinos tienen acostumbrados to~os los esc_rifluencia yanki en lo qne tiene de zurda
námica psicológica, que solo se en?uentrao
tores, sino modos de pensalll:1entos floJ.oS
causa opositora del Ensue~o, la rama de
en su poesía; y alli tendrá la hteratura
y arbitrarios, tomados más bien de la cirpoetas españoles de Amér1ca-como una
ue ir a tomarlos para futuros desarrollos,
cunvolución cerebral de un analfabeto, o
refutación contundente a los cuadros del
no quiere permanecer. falHI\ y c?nvende las mujeres, o de los niños, de los locos
áeterminismo tainiano-piens&amp; con gusto
cional. Por ejemplo, sugiere esas i!lstano los iluminados. Una manera mate Y
florentino y hace versos ul~ra.- modern_os.
tes en que no sab~m.os qué predomn~a en
cruda. Tenia más confianza en esos meEsta tropa lírica, aunque sm la cohes16n
nosotros si el sentimiento, el pensamiento
dios en esos fondos originales de nuestra
ni el prestigio de una sola y gra.'!1-de naexp;esión, que en todo el arduo .prob!ema
0 la sensación, cuyoensamblsge, que. otroa
cionalidad, nómade y cosmopohta muse ponen a desunir, él lo aprehende mtac•
del estilo considerado en su sentido bizanchas veces, es uno de l?s grupos actuales
to i O esos otros momentos de~ alma e~ que
tino e int,electualista.
.
más capacitados para mtentar las reforSu hermano en la aventura rnsensata de
no pensamos por series ló~1caa ~e 1de_as
mas y modos más audaces de la poesia.
-como quiere la preoct1;pac16n ~s10olog1suerer decir las cosas en sí (para emple~r
Su intuición y su sensibilidad h~n mostraterminología de la metafísica) de decir
ta de nuestro tiempo-smo por imágenes,
do tocar registros intensos y radicales. Por
y éstae cambiantes y en fuga rápida¡ o
las cosas integralmente, el gran sacer~¡t~
eso puede hablarse con esas alma,s de Jubifm esos en que pensa.m~s por palabra.s,
de uLa Siesta de un Faunon, en rea1l a
lio Laforgue. Para ellas va mi artículo.
pero sin que formen d1cc101;1~s perfectas,
seguía los procedimientos comunes co1:1saYa queda insinuado que se trata de al•
sino fragmentos de frases, g1rones de oragrados por la literatura, o sea la reflex1óu,
go completamente opuesto a lo co°:1ún;
ción O nada más términos ai~lado! de. los
no sólo de uno de los avanzados des~ tiem•
que setienden parábolas de idea?1ón .1m•
po, sino de un caso que produce la imprepronunciable, inmen.sa. Y también tiene
CARICATURA EXTRANJERA
sión de estar colocado en el punto extretoques sobre percepc101;1es afina~as, nuemo de lo que se ha hecho e~ letras. Y esvas, riquísimas, que ~utzá no ob~1ene otro
ta índole excepcional de Juho _Lafo~gue se
,7
escritor con tal exactitud complicada, esconoce desde luego en la antmomia qu.e
tremecida y picante, y' sobr~ to~o, re•
lleva sobre si: o ha despertado una admimontadas a esos repliegues m1ster10sos~de
raqión en que entra todo. el fo:1~º d~l ser
nuestro individuo en que, por. extranu
que lo venera o con_d~nación e mrnt~hgen~
hiperestesias, la sensación ya aborda catecia cerradas, categoncas. ¡Esa frágil figu
gorías menta.le!!.
ra suave, corriente y cortés no sospechaba
Todos esos hallazgos fueron .el premio
las cosas divinas o tremendamente censuúnicamente de tu base de humildad e1p1•
rables que hizo.
ritual ¡Oh Laforgue! Es el_ caso de recorVivió en tiempo que Sully•Pr.udho1:1·
dar la bienaventuranza. ¡Bienaventurad~
me no podia leer los versos de los simbolislos humildes porque ellos serán hartos:
ta.e porque 111e faltaba el aliento para ell?•1 ,
Tú te confie.ste a todo, sin . orgullo de .essegún confesión propia; y en que Brunete•
teta, y la solicitación múltiple de la y1d1
re cuando se puso a enterarse de Mal arse torna a ti y bulle en tus verso~. M_uatmé no lo entendió, porque así le convete nítidamente hacia tus potenma~ intenía'. La crítica oficial no tuv? ~n cuentaª
riores y eres el latido má~ .auténtico tia1
Laforgue; lo invalidó, lo om1t16,. lo tachó
-vez que baya habido en el lirismo. ';'e.desde las reseñas serias sobre la Literatura.
O"arraste el cerebro y tu admirable cimsmo
Los críticos formalistas, la .masa de profilosófico dice verdadas tremendas que
fesores y profesionales lo tienen teda.vía.
suenan a Spinoza y al Eclesiastés. Huiste
por algo así como un precito, como un
de la vanidad de las palabras y tus pala-mísero y criminal merodeador de sus huerbras se animaron con virt~des para ex~r&lt;:·
tos pulcros y cuidados, del que se compasar cosas únicas de comphcac1ón, de 1_ut1•
decen y que creen necesario ahuy~nta!. ~l
_ ¡Qué error, papá!
mirlad, de entrañabilidad, de subconsm~o•
es mi última
es «El Infimou 1 mixto de superlatw~ 11:1ti1¡
_ ¡No importa!.
cia y de infinitud, como la de la mústOI
gente y de capital pecador, Y qu~ ª.
maniobra ..... •
•Oh Schumann de los vocablos!
1
en una vaga región sospech? 8 ª ~e irracioTu quintesenciadorefinamiento se re50~
na.lidad, de faltas graves, de rnstmto beato
vió en el primitivismo más puro, como 81
el pulimento, el aistem~, únicamente que
y suelto.
.
t
todos los círculos de la civilización, empullevado a su grado mas com_pacto. Esta
Pa,ra localizarlo bien debe situarse e~ re
jados por una ley fatal .de re.to~no ~ternOs
otra criatura abrupta y purisima, .mezcla
los antipodas del concepto de olímprn~;
volvieran a la inocencia pr1m1gen1a q
de místico y de animal, no bacía smo dees lo contrario 1 pero con una ~ontraposies indeficiente. Tú fuiste el gozne, el ~e~
jar brotar en bruto1 directa!:l, todas las
ción aguda, de eso selecto, brillante, sode esa vuelta que hace perenne el_ vivir:
corrientes comunicativas de su. ser, con l_a
lemne y ducho a la vez, más o menos arMallarmé fué t(el penúltimon, tú fu~ste
relajación, distensión e ingenmdad máxitificioso que es un escritor, un le_trado, ya
últimon y por eso mismo ...... el pr1m~
mas
irreductibles.
llámese Cb.ateaubriand o el propio Gust aTu labor supone cumpli.d~s ya por la Lt
S~ obra es la práctica del mayor excep0
vo Flaubert. Laforgue es un pil!uelo
ratura evoluciones vert1gmmas, Y ~na
ticismo que haya existido sobre eso que es
una colegiala mínimamente sentimental
novación total de su punto de part1da.
C(el arte de escribir))¡ compren~ia Laforgue
-álguien dijo que tenía una alma de laTu estilo está muy lejos del de Teó6
que la preparación de ma~e_nales, e~ mévandeu-o a ocasiones un dandy, 0 un
Gautier o del de Anatolio France, co
todo, el arreglo, la compos1c1ón, el ritmo,
señor común, civil.
.
tu alma de las suyas. No t~ entie1:de?
la euritmia ¡cuántas veces ma~an nuestro
11un pálido, pobre y de~echado su1eto,
el magistrado, ni el snob, m ~la senori
sueño substancial! que lol!I dioses. no .se
que sólo en sus ratos perdidos cree en S!l
y así está bien. Si te entendieran bab
aparecen entre la _pompa y el ramonahsyon. La particularidad humana. yn amiperecido. Tu victoria está sólo en ~• .
mo de los ritos1 smo en e~ polvo de Dago concreto cuotidiano, confidencial basta
que comprende de algunas almas mcli
masco, en el azoramiento sim~le ~e.lasallo increíble: que se vierte entero.~º nosdas sobre tu libro. No se te demuestra
ma.s. Creemos poner la esencia d1vma en
otros, desigual, incoherente, prohJo o vael vaso apolíneo y derrámase, huye por
se te proclama. Tu tr.iunf~ será de P
go, caprichoso, bufón, petulante, amai:fundas embatidas de s1lenc10 1 como est
los bordes armoniosos, por el co~torneado
gado, extasiado, torpe, o elocuente Y linluchando en el seno de la tierra )'. de
galbo soberbio y muchas ocasi?nes sólo
eo, una noche, durante algún largo Pª!eo
mares los continentes del porvemr.
queda-con el ideal de p~rfec016n de la
en que en el cielo hay estrellas¡ o bien
solo haya en tu loor 11el gesto que ~omp
obra-como sucede espemalmente en el
como un hermano mayor que ~cabara de
dtl), y que zumben todas las U.citas
seudoclasicismo y en el Parnaso, nada más
morir, al que hubiéramo~ que:1do mucho
la abigarrada jactancia., el roto y eterno
espirituales.
y cuyo recuerdo nos d?m~n9: v1scetalmenamaneramiento huma.no.
te. Sólo la contingencia untada, tembloGuatemala, 1917.
y él quei'.ía u:b 8 Jsue, bHtr l11f Híi11rol!la. y nada más.
éR!TJCA LITE?AJdA

J-ULIO LAFORGUE

i1

[a

ª

PEGASO

El Consejo de Defensa. Nacional reunido en la ciudad de Wáshingtou

La e.Actualidad Extranjera

Cómo está organizado el Ejército de los
Estados Unidos
l ~ . i B ~ .!
fn estos momentos en que los Estados Unidos desnudan la espade y se
lanzan a la guerra contra los imperios
centrales de Europa, es muy intereunte conocer la organización del ejército del vecino país. Este es uno de
los tópicos al día, y PEGASO quiere
recistrarlo en sus columnas. Son tambiéA curiosas los datos que publicamos sobre la indumentaria militar

En todos los ejércitos del mundo el sol•
dado a pie o infante forma el mayor número de fuerza comba.tiente, y todas las
demás ramas del servicio está.o organiza.

CARICATURA EXTRANJERA

aorteamerican■•

~~,

El soldado raso de los Es~ados Unidos
debe subir nueve grados es el escalafón
para llegar al cargo supremo de General.
Como en el ejército mexicano, la primera
promoción es a la clase de Cabo y la si•
guiente a Sargento. Los comandantes de
loa regimientos son los encargados de
promover y ejecutar estos ascensos. Des•
pués de Sargento, existe en el ejército
una comisión con el título de 11Presidente•, y antaño era de dificil acceso; pero,
gracias a la apremiante necesidad de oficia.les para el ejército, ha terminado la
dificultad, y es cosa frecuente que loe
Sargentos sean promovidos a oficia.les.
Después vienen los empleos de segundo
Teniente, de Teniente, la Capitania y el
ascenso a Mayor. Siguen los cargos de
Teniente Coronel, de Coronel y, en la
c6apide, se obtiene la estrella de General.
Los ascensos, si en realidad eion tardíos·,
no son dificiles: basta un poco de apego
al estudio y a los deberes militares para
obtenerlos. En tiempo de guerra, las oportunidades de subir son mucho mayores.
llecordemos que en el ejército inglés, al
parecer muy cerrado para los ascensos rápidos, hay un General en jefe que hizo su
carrera desde soldado raso. Toda. la teoría
de la organización del ejército americano
~como sucede en la mavor parte de los
ejércitos-está basada e·n la subordinación y responsabilidad individuales, a
punto de que nunca dos hombres que es'4.n en servicio, pueden juntarse sin que
uno de ellos sea responsl.l.ble del mando.

Al trágico reloj del.Káiser se le acaba la

arena.
da.e en relación con aquella. La infantería
tiene una divisióu análoga a la de otros
ejércitos. La primera unidad es la ,,escuadun, formada por ocho hombres al mando de un cabo (en México son diez hom•
bree). Un pelotón está compuesto de cinco
escuadras, y comprende de 40 a 50 hombres, al mando de un sargento; una compañía está integrada, desde dos hasta cuatro pelotones, y la manda un capitán. La
compañia tiene de ochenta a doscientos
hombres. Cuatro compañías forman un
batallón, mandado por un Mayor, y tres
batallones completan un regimiento, que
debe estar a las órdenes de un Coronel.
Tres regimiento1:1 hacen una Brigada, ouyo mando toma un Brigadier y tres Brigadas completan una División. Si tres rli•
visiones que representen varias ramas del
P"EGA&amp;O

serv1cw, se agrupa.u, representarán a un
Cuerpo o Ejército de Campo. La División
está mandada por un Mayor General, lo
mismo que un Ejército de Campo. El
Ejército 0ompletamente constitnído consta de tantos Cuerpos de Campo corno el
país es capaz de sostener.
La caballería, salvo pequeñas diferencias, está organizada como la. infanterfa.
La Artillería presenta varias subdivisiones. Lit Artillería de Costa la fonpan cañones fijos, repartidos en baterias de dos
o tres piezas1 con fortificaciones apropiadas, desde las cuales pueden presentar un
obstáculo efectivo a los ataques navales.
La Artillería de Fortificaciones es de un
carácter semejante a la anterior. Los cañones de la Artillería. de Sitio son de un
calibre o potencia tan grandes, como los
de las fortificaciones, pero están montados
de tal manera, que se puede moverlos por
fuerza motriz o transladarlos por otros
medios expeditos.
La unidad menor en la que pueden operar simultáneamente dos armas es la Brigada de Caballería, en la cnal es frecuente
encontrar piezas de artillería. ligera. La
Brigada puede llamarse la unidad m~yor
((00 mezcladaii, mientras que la umdad
más pequeña 1&lt;mixta)), es la División, porque en ella hay infantería,. caballeria. y
artillerfa. En los Estados Umdos, como en
casi todos los países, un Clrnrpo de Ejérc;to fluctúa entre 30,000 y 40,000 hombres. El Cuerpo de Ejército o Ejército de
Campo, debe tener de todas las ar~a~ !
de todos los servicios, y estar en pos1b1hdad de accionar como una nnidad completa e independiente.
Virtualmente cualquiera actividad de la
vida civil, estárepresentadaen el ejército,
ya sea en su aspecto técnico o e1:1 el administrativo. Por esto, es necesario que la
organización del ejército sea tan perfe~ta,
que· cualquier elemento de la P?b}ación
civil pueda ser utilizado en su act1v1da~ .º
dotes parti&lt;mlares, Rplicadas a fines m1htares. Los Estados Unidos, en compara•
ción con los paises de Europa, están atrasados en su organización militar y en la
utilización do los elementos civiles para
fines bélicos; pero las orga~.i izaciones de
voluntarios han tomado última.mente tal
incremento, que es de esperarse que con
ellas se obtengan rápidos y favorables resultados, ahora especialmente en que es
posible que se :rorme un ejército expedicionario que marchará a Europa a la gue.
5

�L/\ ACTUALIDAD MEXICANA

LA VISITA DE MANUEL UGARTE
HOMBRERAS DE LOS MILITARES COMISIONADOS

•

·í

De izquierda a derecha: General,· Teniente General,

M~~

or General, General Brigadier, Co1onel, Tenifn1e Co10:4:l
p .
Teniente Segundo Teniente, Capellán.

(bordade, en plata);l_Mayori(bordada en oro); C1i.p1can,

rimer

,

El reglamento de uniformes prevíE'ne
que las insignias de infant,:,rfa c1PheránAer
de color azul claro¡ amarílla-s las de caballeria· las de artilleria, rojas¡ lae del departa~ento médico, marrón; las de ,estafeta, negras; las de ingenieros, rojas pu nteadas de blanco; las de Depar•ame!lto d8
Ordenanza negras punteadas de roJo¡ 1a 8
de Señales: salmón con orilla blanca, y 1

rra contra. los imperios centrales. Lo que
hace mucho que el Gobierno debió hacer,
ahora lo realizan los particulares ..To~o
artesano, mecánico, labrador, profes10D1B·
ta, artista, hombre de negoci\i'&gt;s, etc., puede ser utilizado de tal manera, que su
carrera o Vocación se traduzca en prácticR utilidad en el ejército.
!:: Las compafiías de mecánicos de la arti-

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INSIGNIAS PARA MILITARES
COMISIONADOS
1 al5.-Estas imig-nias se llevan en el C'I.W·
Uo d,e la guerrera, y están hechas en metal

gris mate.
Heria son consideradas como un au~iliar
suma.mente importante en la campana, Y
a. menos que sean completamente p~e6tos
fuera de acción, una trinchera e9.mpada
con a.rtilleria servida por mecámcos expertos, es formidable.
El cuerpo de ingenieros está formado
por individuos que e? la guerra proyectan
y preparan fortificac10nes, lineas de marcha, p:.:entes, obras de zapa, etc., etc.
El Cuerpo de Seña.les
los E~tados
Unidos es uno de los meJor orgat~1z~dos
del mundo. Tienen a.su. cargo la av1ac1ón,
el telégrafo 1 el telégrafo sin hilos, los teléfon~s. y los mé~odoa ordinarios de señales.

?e

6

.

Manuel U(larte, el
popular ª''(lentino
que tan gallardamente ha emprendido una
campaña en pro del
acercamiento. espiri.
tual de los pueblos latinos de .América, ha
recibido en México y
recibe en estos momen•
tos un homenaje de

los hume-rosos gremios
y p&amp;sonas que simpa-

tizan con la cruzada

de este raro y desinte-

rezado apóstol del
panamericanl,smo.
No es la Prime,•a
vez que Manuel U(larte visita Mé;cico. En
19192 inició su fervo1·0,a propa(lwnda en
esta Capital y años
antes hahia venido a
conoc'er·a sus camaradas de la pluma. En
esta ocasión escribió
un articulo en donde

Manuel Ugarte

NOTAS SOBRE UGARTE
-,

to

La característica de Manuel Ugarte ea
la poliformidad. Vario y multánime en su
fecunda. vida. literaria, todo lo ha sido y
con éxito. Confinarse en un sólo género
de labor-escribe-ea vivir parcialmente.
El ser huma.no debe tener el espirita siempre despierto¡ interesarse por todó¡ opinar
aobre Jo que le circanda¡ sentir, ver, comprender¡ amar la naturaleza entera y expresar su pena.a miento, su sensibilidad o
su pasión, en las formas que· le parezca.o
pertinentes. Fiel a su doctrina, Ugarte es
,gran distribuirlor de belleza, de razón de
el:ltusiasmo y dejusticta.,i, Cuentista y ~ro•
n1quer, critico y erudito, pensador y sociól_ogo, tribu~o, lirico y apóstol 1pero poeta siempre y siempre artista1 dotado de rar&amp; probidad y formidable potencia de tra-

11

INSIGNIAS DE LOS "NO COMISIONADOS,"
1 cadetes; 2, enfermeros; 3, sarg~ntos mayores de regimiento; ~•

sargentos abastecedores de regimiento; 5, sargentos mayores de

batallón y escuadrón; 6, .sargen~os
de caboi¡ 7, sargentos primeros, 8,
sargentos; 9, sargentos abli..stecedores; 10, sargentos de establo; 11,
sargentos segundos; 12, cabos.
Tiene a su cargo también el servicio de
exploración por m_ed!o de aeroplanos, que
ha venido a sustituir al quti prestaba la
caballería.
. • •d
El Departamento ~édico está d1v1d1 o
en dos grandes secc10nes: el Cue~po de
Hospital y el Servicio de Am bulanc1a.
El Departame~t? de Orde~anza tiene a
su cargo la prov1s10n de canones pequeños, fuailes, '. parque_y. loa 101 artículos clasificados como mumc1one~. Controla también todos los arsenales del Gobierno.
El Cuerpo Cuartel maestre es el almacenista dP.l ejército. Este Departamento
pUF~de proporcionar desde un tre~ de servicio a un Gennal hasta un punado de
limpiadientes a un soldado. Se encarga
también de laa cuentas del ejérci.to.
Hace algunos años era relativamente
fácil reconocer por el uniforme la .r~ma
del servicio a que pertenecia un ~1h~ar;
pero ahora ea tan compleja la orga.mzac1ón
del ejército que ann_ l.a gente más
tumbrada a cosas m1htar~a, suele eq_mvocarse. Sin embargo, un hgero estud!o de
los estilos del uniforme, plac~~• _CJntas,
gorr~a, di visas, etc.~pnede f~m1l_1anzarnos
con )a indumentaria del eJérc1to norteamericano;

ª?ºª.

PEGASO

Por e.Alfonso Cravioto

bajo.

;

:'

------ ...._._. -·
.

' - - - - - - - . ½..

-'

:'
'

INSIGNIAS PARA MILITARES
COMISIONADO'S
16 a SO.-Solo por estas insignias P.ueden
reconoserse los oji.Gialee norteamerica1nOI,
pues no llevan en el uniforme galones que los
distingan.

por último, las del Cuartel General, ante.
Los 06.ciales comisionados pueden recono·
cen~e por las nombreras, divisas, insig~iaa
del cuello y cor&lt;lones del sor~b_rero, mten;
tras que los oficiales no comH~!onado_s llevan vivos en las mangas. Los h.oi:nbr~•
ocupados en ofic!os anexos a! serv1mo IDI·
litar como cocmeroa, mariscales, ta la
bart~ros, etc., llevan en las bocamangas
las insignias correspon~i~~tes, con ero ble~
mas apropiados. Las m1hcias reg~~r~a d
los Estados Unidos llevan las. m_icu1,I~~
E. U. en el euello del cbaquetin, y loa
luntari0s )as iniciales U. S. V.

ver

En la segunda juventud apenas, vibran~
te,aún de es_peranza y fuerte voluntad, su
nombre esya prestigio de la América la.ti~&amp;, g~o.ria~o en España., reconocido en Italia y sanciona.do en Paria. Es que el joven
Dlaeatro bonaerense, entre los múltiples
as~ectoa d.e su eapiritu poliédrico, ha definido robusta personalidad.
Sus cuentos de la Pampa marcan una
época y trazan un camino. Intensos sal•
Tajea, terribles y fogosos 1 está en elios el
alma de una raza, exteriorizada en dra•
b'.118 pintorescos que alcanzan a veces la
grandiosid&amp;d de la tragedia y realizan el
eaperado advenimiento de un arte continental, genuino, sano, vig-oroso, henchido
de savia y porvenir. Gloria ea ésta de
~g&amp;rte poderosa a salvarlo del olvido y
1 eonsagrarlo maestro.
La originalidad que hay en él lo escapó
del contagio simbolista en hora de América en que todos juraban por Ma.llarmé y
Verlaine, Su estética representa reacción
llOntra lo que se llamó decadentismo. Ha
l&gt;erdurado en e1Ja. y con ella. se ha imP'ttesto, practicando y teorizando un arte
que tiende a la democracia, a la. natura-

daba a conocer al
qru,po literario entonoes ~rnás influyente entre nosotros: el
r,rupo que fo1•maban
los poetas y los escritores de &lt;La Revista
Moderna&gt;. Es cu,·io·
so, al corrm• de los
años, 'l'eproduei'J,
aquel cuadro y ve,· lo
que de él orinaba un
literato extranjoro.
Pá(linas olvidadas
son esas, pero ahm·a
de verdadera actualidad. Junto con ellas
publicamos dos opiniones sobre la labor
de Manuel U(larte:
una de nuestro redae•
tor .Alfonso Oravioto,
actual Director Generalde las Bellas A,··
tes y un fra(lmento
de RubénIJarío sobre
el escritor argentino
que en estos instantes
es huésped de México.

diato: quiere la hegemonia. latina, y al
tremendo avanzar de los sajones opone la
•gran razajoven de Hispano América, que
ya en conciencia de su vitalidad, siente
hincharde sus músculos y crecer su espe·ranza.
Como escritor es dut:ño de estilo flexible, harmonioso y amplio, que tiene a la~
veces aciertos magistrales. ' Ugarte es sobre todo ejemplar, evocando un medio
sucintamente y haciendo vivir un perso•
naje eu cuatro rasgos de pincel. Blasco
Ibáñez y J aurés le deben retratos prodigiosos de exactitud y penetración.
Como critico, ha logrado superponerse
a las propias tendencias1 exaltando la belleza. donde la encuentra, sin fijitrse_ en escuelas ni sectarismos. El estudio qu~
abre su Antología de poetas latino-ameri•
canos es definitivo de perspicacia y acierto. Na.die ha escrito en América mejor
capitulo de historia literaria.
Hoy se baila entre nosotros, honrando á
México por la atención que le consagra y
el interés que toma por su vida. Lo hemos visto y los quilates del hombre son
los miamos quilates de la obra. Viril, sin•
cero, generoso, lleno de bondad y pensamiento, sólo extranjero en convención de
geografía., pero muy nuestro en la lucha
iniciada y en el ideal glorioso. Crueles
han sido con él fogosidades intransigentes
de periodistas jóvenes; y el poeta laa,explica y las perdona. ¡Es tan bueno!

ú'\1ANUEL UGARTE
Por R..,ubén Daría

El Señor Manuel Ugarte es ventajosa
lidad y a la sinceridad, en odio por la. rey profundamente conocido en la prensa
tórica y loa arti.ficialismos. Arte de ideas
bispano-&amp;mericaua1 en España; en el eley de simplicidad \que el mismo poeta. defimento socialista de Francia; que ha sido
ne como triunfo Je la razón sobre la íma•
un ferviente adorador de las musas y de
ginación, de lo positivo sobre lo· probable 1
las gracia.$¡ que recientísimamente ha
y que abandona el reino peligroso de la
publicado un libro de gran resonancia, que
quimera para volver a entrar en lo humaha tenido comentadores hasta en el lejano
no y someterse a la vida. La Literatura,
Japón, El Porvenir de- la America Latina.
dice1 tiende a confundirse más y más á la
Recorre hoy los paises de nuestro conti•
vida civica. Si el arte consiste en traducir
nente e islas castellanas, dando en confey encarnar en personajes el sentimiento
rencias voces de alarma. Los merecimiencontemporáneo, claro está que habiendo
tos de Manuel Ugarte harán, deede luego,
sido heroico en Grecia y mistico en el sique en todos los paises que visite sea acoglo XV, tiene qlle ser hoy democrático.
gido con fraternal cordialidad. Supongo
Y a medida. que más unificamos y cenque las prédicas del_nuevo cruza.do expontralizamos las tendencias de nuestro espi•
drán y desarrollarári el espíritu de su liritu, de más en má.s se confunden a nuesbro, que él llaml:l. sencillo, pero que no lo
tros ojos los horizontes del arte con loa de
es tanto como su modestia lo declara.
la politica. Admitiendo que pueda llaEl volumen de Manuel Ugarte es trabamarse upolítica&gt;1 a esos sentimientos hujo de estudio, con observaciones felices,
manitarios que son una resurrección
erudici0n, método, y, aunque el autor no
práctica de antiguas creencias.
lo quiera, literatura. Y, sobre todo, ha siLa intelectualidad sudamericana1 enrido
un volumen 1,sensacionah,. Todo ello es
quecida por aluviones que le trajeron limo
hermoso, plausible y meritorio.
y oro, comienza a dirigir la proa hacia
Por !JJ que toca al autor y or!ll propa .
horizontes más definidos. Busca el arte
gandista., no es secundario lo que se siga
eochtl, la literatura de ideas. Trata de
de él. Y yo digo qué, aunque el porvenir
substituir a lus «poemas de color)) los poede la América Latina sea el previsto fatalmas bu~anos. · Se siente sacudida por un
mente, Manuel Uguarte con sus esfuerzos
estremecimiento de sinceridad que la po•
en
el libro, en la Sorbona y en el viaje, hane en contacto con los problemas del siglo.
brá ganado el mejor laurel para su cabeza.
Y todo indica que sobre las ruinas del arte, comienza a nacer en América no el arte docente, que es una diminución, sino
NOTAS DE ú'l1EXICO
el arte por la verdad 1 que es la vida.
LOS ESCRITORES
Tales convicciones del poeta, cristalizaPor c.?Hanuel Ugarte
das ya en obras de belleza perdura.ble y
sólido pensamiento, al proyectarse y reParia,
28
de feb ~ero de lfJ00.-Durante
fractarse en las sinuosidades de la realidad
una
excursión
a México-un mes de fi~s•
viviente, ampliando su ideal de arte hasta
ta-que me proporcionó el placer de rela concepción de una humanidad supe•
patriarme casi, porque hay grandes &amp;Jarior, muy más piadasa y equitativa, han
logías
entre los dos países, tuve ocasión de
hecho de Ugarte profeta de la Ciudad Fuconocer y tratar a los que en aquella tietura y apóstol de instituciones del porverra lejana cultivan la literatura y se apanir que regirán a la gran patria de mañasionan como nosotros por lo bello. Desna1 feliz en la justicia social y en la igualpués de cuatro meses de residencia en
dad fraterna. Ugarte 1 como Anatolio FranNuevR York y Cbicago, ensordecido por el
ce, et1 socialista.
fragor, de las fábricas y anemiado por el
Hoy predica también ideal más inmeegoísmo brutal de un pueblo de mercadePEGASO

7

�rea, tuve la humorada de penetrar en México para tornar a respirar ese aire puro
lleno de generosidades y desprendimiensos, que ea la atmósfera moral de los pueblos latino-americanos. Y entré como en
un ja.rdin de sonrisas e ingenuidades. To•
da.vía me parece sentir la sensación de
frescura. que me sobrecogió a.si que pasa.da.
la frontera, me interné en una de ese.a coma.reas privilegia.das que llegan desde Za.ca.tecas hasta México y descienden desde
México basta Vera.cruz, en una aposteósis
de maravilla.e virginales.
Mientra.a el tren corria por esca.lonea de
monta.ñas, bordeando precipicios cubiertos
de maleza salva.je, pensaba. en la.s diversa.a
concepciones de la vida. que empujan a
unos pueblos a devorar savia en u:1a actividad inmotivada y ambiciosa y reserva
para otros el secreto de la existencia tranqtiila, bajo un clima. incomparable, donde
la· naturaleza ofrece todos sus frutos sin
que nadie la violente, cerno una bacante
que se entrega..
En lasi ciudades no era ya el salir tumultuoso de loa emplea.dos de oficina, ni
el estrépito de loa ferrocarriles que pasan
silbando a la altura. de la.a casas, sino la
muelle y lujuriosa vida española. con todo
su encanto, su placidez y 8UB vicios. Largos paseos por la.a calles bañadas de sol,
conver,mciones bajo el techo verde de los
á.rboles, en las plazas florida.s, y excursiones a. las montañas más próximas por caminos irregulares y tortuosos donde todo
era bello, porque la. naturaleza. ha.Ma. sido
respetada por el hombre. Y a la hora del
crepúsculo, cuando las casas se incendiaban de luz y los carruajes volvian de
Reforma por las calles estrechas de la vie•
ja ciudad española., reflorecfa la. misterio'.
aa voluptuosidad del aperitivo, absorvido
a pequeños sorbos, en el café ahogado de
sombra, desde el cual se veia pasar el lujo de los pobres de espiritu. Era una. resurrección para el alma.
A esa hora, en una taberna. a.lema.na qu~
tenia todo el encanto de un subsuelo de
Munich, conocí a José Jna.n Tablada, el
supremo l)Oeta que rea.liza el imposible de
ser parisiense sin haber salido de México.
Tenia el aspecto de un escritor rlel barrio
latino, que quisiera. conciliarse la buena
voluntad de Bourget, conservando ciertas
elegancias. Habla como un habitué del
café Procope, con grandes saltos de exotismo y términos de endiabla.do o,rgot que le
harían pasar por niontmartrois en el seno
mismo de Montma.rtre. Y es un gran sincero, a pesar de sus bruscas impetuosidades y de sus oscilaciones de anasiona.do.
Al verle, me ims.ginaba un Ba.nville de
los primeros tiempos; al oírle, reconstituía. el Mendésjuvenil y locuaz que coetáneos, hoy viejos, nos describen, y sus ojos
htímedos de sentimental, sus ojos qne miran fijamente como si pidieran consejo,
me traían a la memoria la angustiada.son•
risa interior d~ Jean de Tinan, ese colosal
escritor de veinticuatro años, que la muerte acaba de llevarse en una gran racha de
injusticia. El mejor elogio ea decir fa verdad: el libro que Tabla.da acaba de entre•
gR.r a la. indiferencia burguesa -0.P- México,
bajo el titulo de Florilegio, debió publicarse en francés y en Paria, en -mia edición
del Mer&lt;YU,re o de la Plmne. En lA- enorme
ciudad no habri&amp; pasado inadvertido.
Al rededor de la mesa de mármol, eo,tre
el humo de los cigarrillos, se perfilan siluetas afablee é inteligentes. Allf estreché
por primera vez la. mano de Jesús E. Va.
lenzuela. Es el bohemio genial, lleno de
sinceridades y de confianza·s, que se deja
llevar por la existencia, sin inquietudes,
con la placidez de un niño en una barca
que arrastra. la corriente. Le he visto en
dias de ex,pansión y en noches de fiesta.
B

librado a los abandonos de la amistad, y
nunca he sorprenndido en él esa. contradicción casi inevitable entre el escritor y
el hombre. Valenzuela es tan poeta en su
vida privada como en sus versos. Ea un
manojo de impetus, de generosidades y de
cóleras. Diputado, hombre público y director de la primera revista literaria. de
México, euua.nta p~r su llaneza. comunica•
tiva,. Se diría que no quiere acordarse de
lo que es, para que lo tratemos como si
fuera lo que somos. Como escritor, como
creador de venos, como crítico mordaz y
catador de aptitudes, es la continuación
de sí mismo; desigual, franco, apasiona•
do, consuma. su obra como eoasurne sn vida, sin cá!cnlo, librándose de las inspira•
ciones del momento, con sublimes arran•
quea de sinceridad y probidad litenria.,
porque Valenzuela. no es sólo un poeta, es
también un carácter.
La taberna alemana, ahogada en som•
bra, en el adiós de los crepúsculos, es un
asilo tibio donde los grupos se reunen co•
mo en casa propia, bajo la mirada vacía
de un Fa.lstaff que preside desde el fondo,
empujando al camarero con un gruñido.
Ha.y algo de arte en la ironía de esa mi .. e
en scene de la cerveza. Desde las paredes
sonrien los retra.tos del propietario, con
sus cara.a henchidas y rollizas. Leandro
lza.guirre y Julio Ruelas, dos pintores
que va.leo, tuvieron en un dia. de buen
hnmor la fantasía de trazar las curvas ro•
sadas de la fisonomía del huésped. De abi
que los muros de la taberna recuerden los
de loa cabarets de Montmartre, rlonde cada
artista ha dejado un recuerdo. Y en el rodar de las conversaciones, mientras lasco•
paa se llenan de licor amarillo, desfilan
la.s ·caras y las almas, en oleadas de esperanza, con palabras y con versos, que acaban siempre en un apretón de manos.

Son uno, dos, tres ........ cien caballero,
del ensueño.
·
Ruben Campos, de palabra lenta y armoniosa, de tez morena y ojos vivos, con
un pequeño bigote de azabache a ca.bailo
sobre loa labios, es el campeón de la frase
perezosa, el que ve correr la vida con desdén, de codos sobre las mesas de marmol,
sonriendo a grupos de mujeres virginales,
que pasan muy lejos entre el humo. El
galope de los versos de Rubén nos arrebata en un vértigo monstruoso, donde se
confunden las tiaras, los cetros y los son1breros puntiagudos de los papas, loa reyes
y las damas de honor de esa brumosa.
Edad Media donde se refugia. su espíritu.
Rubén Gampoa tienepa.ramí eleucanto
de ia espontaneidad.
Su alma está. en consonancia con StltCOr·
bata La.va.liére, con -sus crenchas larga!! y
con su cabello de artista.. Y en el fondo de
sus palabras, cuando elogia o cuando critica, no asoma nunca esa «ma.ldad del oficíou que casi todos eegrimen 1 con mayoró
menor fuerza, parn mengua de su talento.
Ciro Ceb11.llos es un escritor forjado para
la lucha. Robusto de cuerpo y de espiritu,
es un Zolá de prosas acrea, cuyas críticas
mordaces hasta la inverosimilitud, se sobrellev1tn con trabajo. Su cara, redonda. y
afeitada, iluminada por dos ojos irónicos, se ha inmovilizado en una expresión
impasible, bajo la cual burbujean las ri•
saa. Eo los párrafos anchos y exuberantes
se refleja como en un espejo impecable,
esa personalidad enérgica., bien inclinada.
y llena de incredulidades, que ba. hecho
de él uno de los prosistas más simpáticos
de México. No es posible concebirle sin su
ombrero de copa, su bastón nudoso y su
ancha corbata negra, anuda.da con descuido en formad~ mariposa. Es Ciro Ceba•

L'n transporte provisto de a1·tille1·ia vara 1·epelei· los ataques
de los submarinos.

Jlos.

NUESTRA HISTORIA

En un subterráneo de Oouaumont
La nuevá táctica de la guerra

Por ~ariano Silvá
Los periódicos diarios han dado
cuenta de dos festividades, a corta distancia una de otra, con que se celebraron dos acontecimientos históricos
muy atrasados en la historia de Méxi•
co, y en ambos casos, cuando los organizadores de esas fiestas, que tuvie•
ron que ser especialistas, habían arreglado los programas respectivos ·y los
oradores y los poetas no se ocupaban
ya sino en las [rases los unos y en las
sílabas los otros, se levantó la voz
ron-::a -de un historiador, aun más laborioso todavía, de esos que no pueden trabajar s1n una poderosa lente
sobre los espacios blancos de una página, y dijo: &lt;El descubrimiento que
celebráis, no se hizo en Martes, sino
en Miércoles&gt;; &lt;la batalla que conmemoráis, no fue en la mañana, sino en
la tarde.&gt; El descubrimiento era nada
menos que el de México, en el año de
r5r7, y la batalla, la inolvidable de
Champotón en la misma fecha, que por
haberla ganado los indios de Campeche sobre los españoles y ser la pri·
mera que se libraba, tuvo la virtud de
haber detenido la conquista de los
blancos veinticuatro horas. Parece que
los historiadores de primer orden tenían razón (iy cómo podria dudarse!)
lo que no impidió que los de segundo
orden se salieran con la suya y las
fiestas se verificaran. Naturalmente
que la mayor parte del público y la
gente culta, pero que no extrema a
PEGA.SO

tánto su conocimiento de la Historia
Mexicana, no asistieron a esas :fiestas
y muy lejanamente entendieron la im·
portancia de las réplicas y dúplicas so·
bre tan curiosos asuntos. A los que
nos imaginamos lo que puede ser el
deleite intelectual, nos da una grande
envidia pensar lo que habrá gozado
un historiador mexicano profesional,
cuando a primera vista leyó los recortes de los periódicos.
En México, como en otros países de
la América, la Historia Nacional es
lo único que se trabaja intensamente
en materia de letras. Cuando acabemos
de escribir nuestra Historia documen·
tada, el mundo nos dirá como en el
cuento de France:
-No podr~ saber quién fuiste si no
reduces tu obra; mi vida es j{a muy
corta.
Y entonces nuestros historiadores
tendrán que dejar, para escribir. su
poderosa lente. Pero el mundo, como
en el cuento, dirá otra vez:
-Es inlltil, me acabaré sin conocerte si no simplificas ffiás.
Nuestros sabios, a pesar de su gran
voluntad, habrán perdido la costum·
bre de simplificar, y no quedará sino
algún bibliotecario, de ojos tristes,
que se resuelva por fin en el instante
supremo y grite hacia el mundo: &lt;Se·
ñor, México fue el único país de la
tierra que pudo conocer toda su histo·
ria íntegramente&gt;.

Desde el 16 de febrero de 1916 hasno hace mucho, los alemanes perdieron cerca de 600,000 hombres frente a Verdún. Las bajas de los franceses alcanzaron probablemente a ....
400,000. La mayor parte de este mi116n de hombres fueron perdidos en
una línea constituida por las tres mi·
Has de colinas que se extienden por
Thiaumont, Douaumont y Vau&gt;:.
Nunca se vi6 una batalla que durase
un año y que costase un millón de
hombres. El momento más notable
de esta batalla de un ano ocurrió en
el mediodía del 24de0ctubre de 1916
en que los franceses ocuparon nueva·
mente aDouaumont, capturado ante~

Brigadiir General Olarence E. Edwards

teriormente por los alemanes. Aquellos Jo tomaron por una nueva manio.
bra guerrera en la cual la carga se
hace avanzando sin bayonetas.
Al lado del fuerte de Douaumont
&lt;J~e el Kaiser llamó la llave de Ver'.
aun, existe en medio de-1 terreno desgarrado por los obuses un hueco lla•
mado e~ Refugio Adalberto. Es un
subterraneo bien protegido contra las
bombas, que los franceses construye•
ron en los primeros días de la o-u erra
Y al cual le .dieron los alem:nes el
nombre de uno de los hijos del Kaiser, el Príncipe Adalberto. Cuando
los franceses volvieron a ocupar a
nouaumont .V los demás fuertes que

&lt;
lhtyo;· General Leonard Woocl
PEGASO

do~inan ·a Verd ún por el Este, a los
poilu8 les pareció divertido conser·
varle el nombre y dormir sin temor
en el refugio bautizado con el nombre del hermano del Príncipe Heredero. El hecho de que lo hubiesen
vuelto a ocupar en un solo ataque el
~,¡ de octubre ha podido ser bastante
para que el ingenio se aguzara en lo
que respecta al obscuro subterráneo·
pero más bien creo que lo que le &lt;lió
~ la ocu~rencia ese sabor de ironía
francesa fué el completo fracaso de
las aspiraciones del Príncipe Heredero y de los planes imperiales.
Antes de dos semanas de haber si·
do ocupado poi· los franceses, esto es,
a las dos de la mañana de uno de los
primeros dí~s .de noviembre, penetré
en el Refug10 Adalberto por los cráteres formados por los obuses. En·
tonces se encontraba aquel tal como
lo capturaron, pues los alemanes hacían todo lo posible para tornar in·
sostenible el terreno conquistado y
la mayor parte de las fuerzas atacan~es ~e mantenían inmóvi}ps en los refug10s ocupados. Necesitáronse cinco .horas de penosa subida para llegar
al ~~fugw en cuestión; pero esta ope·
racwn no fué tan costosa como la que
~ué menester para sostener las tropas
~ra1;1cesas en el terreno, co·mo podía
md1carlo el fuego de la artillería
gruesa.
Sentado en el Refugio Adalberto
que tiene capacidad para setenta ,:
cinc? o más hombres, desde la ocuÍtuc10n de la luna basta el amanecer
oí referir a testigos presenciales la
manera como los franceses recupe•
raron la Froide Terre y Douaumont.
El relato encierra una importante
lección militar que como les costó mucho, los alemanes no han dejado de
aprender. La operación revela un
nuevo período de la guerra el períod~ que sucederá al de la guerra de
trrn~~eras: No deja deser una consecu~nma evidente de esa guerra y reqm_ere mayor suma de conocimientos
de mgeniería militar, a la vez que
mayor heroísmo. Al mismo tiempo
indica el objeto para que dehen prepararse todos los ejércitos. El ejérci
to fra~cés ha tomado la delantera y
sus éx,t?s señalan el camino que ha
de segmrse.
El General Mangin comenzó con su
fuP:~~ preliminar de artillería que no
rle.10 inmune una sola pulgañn de te-

Jluyor General J. Ji' ,-,wh"lin llf Ll

9

1

1

�rreno en toda la loma. Se sir:vi6 _úniCamente de su·s grandes piezas, disparando bombas de contacto. Fué
necesarío gastar más de dos millones
de proyectiles; pero la destrucción
fué completa. Desde entonces ha sido bombardeada por los alemanes
con una perfección casi igual, pero
no les ha quedado más camino que
mantenerse alejados.
Terminada que fué esta operación,
comenzó el ataque. Según se pensó
este debía ser efectuado en un momento y asi se realizó. El terreno que
se bailaba frente a las tropas france·
sas no mostraba un solo pedazo de
alambre de púas ni una trinchera.
Sus defensores se hallaban acurru·
cados en los cráteres formados por
las bombas u ocultos en los subterráneos. Sobre ellos caía una lluvia de
proyectiles más pequeños, que lanza·
ban los cañones de tiro rápido de 75
y de 105 milímetros. Esta cortina de
fuego caía sobre los infantes y sobre
las compañías que en los cráter.es servían las ametralladoras y estaba
acompañada por el fuego de la pri:
mera ola de infantería francesa, cu•
Caricatura Extranjera

1
1
1

Guillemo:-iSaca la cabeza ...... !

yos hombres estaban únicamente armados de rifles de repetición, de lanzadores de bombas, y de bombas de
trinchera. Cada Infante tenía dos
asistentes que le cargaban sus fusiles con nuevas cápsulas.
La primera línea de rifleros y bomberos franceses no era muy cerrada;
pero se encontraba protegida por la
cortina de fuego de los cañones. Para que esta última fuese más eficaz y
desapareciese la primera línea ale·
mana, era necesario que se corriese
el riesgo de sacrificar a los franceses
con su propia artillería. Era un sa·
crificio realizado en bien de los mu·
chas que venían detrás.
Inmediatamente después de esta
heróica primera línea venían los •limpiadores de trincheras&gt;. Este nombre
evoca sed de sangre, pero la Ja;bor
que se les asigna a los hombres asi
llamados no es necesariamente sangrienta. Su primer deber consiste en
impedir que la primera línea sea fusilada por la espalda por los hombres
que salgan de los subterráneos y en
segundo lugar, hacer prisioneros. En
la ocasión de que se babia, ..esos hoin:
bres estaban principalmente armados
de cuchillos para las luchas cuerpo
10

Michael Rodzian'ko, pres~dente de la Duma

a cuerpo y de bombas que debían
arrojar en los lugares de refugio, no
habiéndose salvado ninguno de los
que existían en Froide Terre. De una
ú otra manera, los franceses acabaron con la primera línea alemana y
siguieron avanzando para hacer lo
mismo con las líneas sucesivas que se
encontraban en la loma.
Detrás de &lt;los limpiadores de trincheras&gt; venia el grueso de la infantería, llevando los soldados el rifle ordinario y estando apoyados por ametralladoras. Relativa mente, este cuerpo avanzaba protegido si es que
aun remotamente puede estarse a
salvo bajo la barrera de fuego del
enemigo.
El ataque de la loma estaba señalado para cierto minuto, llegado el
cual la cortina de fuego cayó precisamente delante de la primera línea
francesa. Cada minuto avanzaba ésta
veinticuatro metros. Los que mandaban la artillería, situados a dos y
tres millas a retaguardia y los que
mandaban la primera, segunda y
tercera líneas de infantería procedían con reloj en mano. De minuto
en minuto, la línea adelantaba veinticuatro metros. No debía haber ninguna p_arada, ninguna (dilación.:Al
..___.,.,:,:;:icaricatura~ Extranjera

La Kultura ihl-minamlo ai
PEGASO

mundo:

caer la cortina de fuego, la primera
línea avanzaba, teniendo que seguir.
la al mismo paso las que venían por
detrás, Quizás los alemanes pudieron
traer refuerzos con qu0 hacerle frente a la primera línea francesa que
marchaba bajo la cortina de fuego e
impedir desde el principio que los
franceses avanzaran su tercera línea
por medio de una barrera de fuego
tan intensa que no les diera a los soldados esperanza de escapar; mas pue•
de ser que no tuvieran fuerzas disponibles o A,Ue no quisieran exponer.
las a ser destruidas por la cortina de
fuego francesa. Los que atacaban
encontraron resistencia, los alemanes
trajeron algún refuerzo; pero no -en
número suficiente para detener el
avance constante de veinte y cuatro
metros por minuto.
SamejanteUvelocidad puede no parecer grande, mas se realizó bajando
y subiendo cráteres, teniendo los
hombres armados de rifle de repetición que marchaban' adelante que
llevar constantemente'.la pesada arma
al hombro. Pues es de recordar que,
después de todo, un rifle de repetici6n

. 4. Ametralladoras más pesadas que
apoyen las anteriores.
5. Granadas de mano; aparatos
para !onza r bombas, etc.
. Pitra que un avance tan rápido,
e¡ecutado en un frente tan amplio y
eontra un enem.igo atrincherado pueda efectuarse bien, es necesario que
se le observe detenidamente desde el
aire. Los aeroplanos deben volar
precediendo las tropas que avanzan
para dar cuenta de los resultados al
jefe de la artillería que se halla a retaguardia. También deben volar suficientemente bajo para ver en detalle
lo que va ejecutándose. Esto significa
que _deben correr el riesgo de ser
derr1_bados_ por los proyectiles de su
propia artillería, cosa que también
oourrió en Verdún. Para proteger
estos guías de las batallas de las naves
aéreas enemigas, sobre ellos vuela
una segunda línea de aeroplanos de
eombate pa_ra embestir a los aeroplanos contrar10s que tratan de derribar
a los oficiales del estado mayor que
vuelan sobre el campo de batalla.
ARNo DoscH FLEUROT

Tropas indias al servicio de Inglater·r a, ;emontando el 1'tgris

Caricatura Extranjera

Vida Artística y Literaria
Un lucido aniversario

En el anfit.ea•

. tro de la Escue-

la Preparatoria
.
fue celebrado el Jueves último eJ primer
can_tenario del triunfo de Cb,ampotón, obtenida por los naturales contra los conquistadores europeos, el año de 1517.
Durante fa' velada se leyeron · discursos
Y poesia~ y se ejecutaron números musi•
cales.
La 1lltima
conferencia de
españolas
la serie españo.
la organizada
por el señor don Francisco· J. Gamoneda,
etituvo a cargo del señor don Juan José
Blinda y se refirió a la introdución del libro de ciencia española ·e n México. La
conferencia de esta noche versará sobre el
notable médico español José LetR.mendi y
eerá. sustentada por el señor Dr. Francisco
G. B•liina.

Las conferencias

La ambición alemana.

no es sino una pequeña ametrallado·
ra. Yo subí esa misma luma a razón
de una milla cada dos horas.
Es de advertir que el rifle ordinario
desempeñó un papel pequeño, insig·
nifican te, en este ataque. En efecto,
no recuerdo haber visto a nadie que
llevase un rifle en la Froide Terre
aun después de haber terminado el
ataque intenso. El infante moderno
se convierte más y más cada dia en
conductor de rifle de repetición y en
lanzador de bombas.
Los rasgos característicos de esta
novísima forma de ataque fueron los
siguientes:
l. Abundancia de artillería gruesa
con provisión de millones de proyectiles.
2. U na abundancia igual de cañones
ligeros de tiro rápido, de los cuales es
el mejor tipo el francés de 75 milime·
tros y el de modelo semejante de 105
milímetros.
3 . .A.metral)adoras ligeras que pue·
dan ser transportadas por un hom~
con ayudantes que lleven las municiones.

El escritor ar•
gentinodonManuel Ugarte,
. . .
que vino a México Invitado por la Universidad Nacional
ha ~ido muy _agasajado por diversas agru:
pac1ones o~c1ales )'.' ·_literarias. El popular
P.ro1:1agand1ata ha v1s1tado di versos estable•
~1entos de educación, en donde fue re~b1do con calurosas manifestaciones de
"eo·mp~~ia por pro~eso:es y estudiantes. La
mmón Estud1ant1l le dió una velada
en la Escuela Praparataria, con un varia~ programa literario y musical. Frente al
ote~ Ieabel se le di6 un 1&lt;gallo" por los
:tud1antes, y seguirán verificánáo~e en su
onor otras fiestas que están siendo orga-

Fiestas en honor
de Ugarte

llizadas.

La noche del
Fiesta en la Sala
del sábado anterior dió un ,&lt;ReAlemana
cital de Priman el s_e ñor Fernando RomA.no en la
~.lema na. de Mújica. El señor Romarecitó una selección de poemas, y los

dem~s fueron encomendados a conocidos
mút11cos y cantantes de la capital.

El domingo
Tercer Concierto Clásico pasado ,e veri.
ficó en laEscnela Preparatoria el tercer Concierto Clásico
e~ el cual se ejecutó exclusivamente mó.:
sica de Haydn. El Bf'ñor Dr. Alfonso Pruneda, Rector de la Universidad Popular
sustentó u~a conferencia sobre la vida Y
la ohra del Ilustre músico.
A esta fiesta concurrió como invitado
de ho!1or el señor Manuel Ugarte; invitado
esp_ec1al_mente por los estudiantes &lt;le la
Umvers1dad.

cha de la Corporación. Se nombró un
nuevo comité directivo, que resultó compue~to de los señorea· MHriano D. Boullosa,
presidente; Raf~el E. Ruf.z, secretario, y
Humberto Shenda.n, proaecretario. El
Circulo se propone laborar amplia.mente
p~r la difusión de la. cultura en la Repú.
bhca.

En la Libreria Biblos el
·.
jo ven Manuel
Horta leyó ~l eá.bado último aJgunrt1:.1·páginas de. su hbro en preparación uVitrales
de Cap1lia,,
Lectura de un libro

1, 1

Anoche cele-

Aniversario de la So. bró el 84~ aniciedad de Geografla verssrio de , u
.
fundación la Sociedad _Mexicana de Geografia. Con es•
te motivo fue organizada. una sesión sole~ne en la ?ual se presentaron los siguientes trabaJos: uEI criterio geográfico a
través de la. historia. y de_los tiempos modernos», por el Ing. José L. O.mrio Mon•
dragón; poesía ccA Africa11, por el Lic.
Ram6? Mena y uDe Kioto a. Fusánn, conferencia por el ~ng. Norberto Dominguez.
Al ac~o conc.urr1eron delegados de las cor•
porac10nes Científicas de Ja capital.
Los maestros

eonciertos

históricos Luis G. Saloma
de Violln
y Car! os del

.
Castillo han org~mz~do una .serje de cinco conciertos
h1stóncos de v10lín. El primer recital se
verificó el viernes último en la. Casa Alemana de Música, y antes de la ejecución
de los n_úmeros m?sicales, el señor Hugo
Conzatt1 sustentó una conferencia sobre
las obras del programa. Esta semana se
efectuará el segundo concierto.
E I domingo
pasado celebró
cistas Independientes una junta el
.
.
Circulo de Conferenc1~tas Inependientes, con el fin de
tomar Importantes acuerdos sobre la mar-

el rcu Io de Conferen.

PEGASO

11

PIA'NOS
SONORIDAD Y CALIDAD
INCOMPARABLES

EN ABONOS.
PIANOS

'WURLITZER'
'
Avenida 5 de Mayo, 32

"
11

�AMADO NERVO.-Eu;YACIÓK.PoE1tfAS).-Ma,lrid, 1'ipogra•
fía Artística. Cervantes, 1917, en 8vo.
-No sería Nervo alma selecta y alto
espíritu ai no experimentara en sus
años de madurez e.:ia codici11 de limµieza espiritual, de serenidad pru•
dente, de quietud noble y reposada.
EL que ha recorrido la.:1 sendas de la
vida y del arte en pos de lo humano
que suele ser pecaminoso, es rílro
que no sienta. a su tiempo un impetu fecundo de purificación, un
ansil\ noble de fundir y resolver en unR. sola actiturl decisiva i:.u
ideal estético y su problema moral. Limpiar el espiritu y limpiar
la pi,.labra.- Romper coa el ritmo que a nada conduce; det1tronar
la riml:\ que nada enseña; abominar de ht retórica qne es engafío
y de la técnica que es vanída.&lt;l. D1tr a quien tiene sed de idfüll, no
el licor de p!&gt;irfumes ponzoñosoe elaborado en la alquimia del p_ecado, s.ino el agua. limpia que calme la sed de una vez y po.ra siempre. Hacer de la poesía no deleite 1 sino enseñanza, no &lt;levanto
frivolo, siuo contemplación provechosa.
Como iniciación de dhJciplina espiritnal no encuentro ohjeción
justificada contra ese ~ovimiento del alma, pero como realización
estética, 11:1e corre con seguirlo un grave riesgo: el afán de pulimento que quita asperezas, que borra manchas y destruye imperfeccíone's, puede dejar la obra-limpia de todo, hasta de poesla. Esa
labor de saneamiento, como ciertos desinfectantes poderosos, mata
los gérm0nes dañinos y a veces también al enfermo.
A mi no me ha desconcertado, como a muchos, el último libro
de Amado Nervo. Libros anteriores prepararon este volumen cuyo~ gérmenes se bailan en varios poemas de Serenidad. Tal vez en
Mbtico11 se encuentran los orígenes lejA.nos; sólo que de eRte libro
juvenil se halla ausente la realización sincera, y todo él se resuelve en un artificio que casi siempre encanta, pero nunca convence. Estas filosofías categóricameI)te aftrmativas, hecbss en
verso-por más libre de tutelas retóricas y e11:1téticas qne se le suponga-son poco poéticas. Nuestra intuición nos da con frecuencia
formas concretas; pero el arte exige, para hacerlas materia poetiza .
ble. que se revistan con los ropajes vaporosos de una imprecisión
infinita.
Murieron los quién sabe,
CallMon los quizá
(NlrEV0:3

dice el gra.n poeta de Elevación, y eso equivale a decretar la mnerte del misterio. Ahora bien, la. Esfinge, sin enigma, es un monstruo
absurd~.

Las págiuas Je Elevación etitáu impreg1rn,das en un deísmo con.
creto, cri':!t1ano, católico más Uien. Q.uizás la ortodoxia tenga reparos que poner, y es difícil que Ull e~crupuloso del dogma pudiera suscribir tal cual estrofa:
Siendo quien es el PADRE: Fuerza y Gracia infinita;
Siendo quien es el PADRE: toda eficacia y
potencia, tu alma libre su volunt\td limita;
¡Dios necesita
de ti!
Pero haciendo a. un lado estas cosas, queda la dificultad casi
insuperable de realizar belleza con esos elementos de fe, de e.spe•
ranza, de caridad en forma de insinuación Hrnable, de consejo
piadoso, de amoros~ doctrina. Son flamas de amor vivo y no preceptos las estrofas de S&gt;1.n J uz1n de la Cruz; son lágrimas de sangre
y uo consej os, las contriciones de Verla,ine.
Y he aquí que a pesa,r de todo, sorteando escollos, s~lvanrlo
riesgos y esquiva.nrlo obstáculos, Amado Nervo nos da en Elevación
un libro bello, y es que el poeta de verdad tiene un talismán para
todo. Este grao couocedor del 1netier, quiere arrojarlo a un rincón
como un trasto viejo; este versificador armonioso, quiere forjar
estr0fas balbucientes; este poseedor de un alto sentido musical,
quiere poner mordaza a la melodía; este adorador del ritmo sutil
y mila.groso , intenta derribar los altares de su culto y es natural
qlle ni el nietier desaparezca, ni el verso vacile, ni la melodía calle,
11i el ritmo desfallezca. Un alto sentido estético sintetiza y simplifica, y de los cuadros sin contornos de Carriere o de lolil bocetos de
Rodiu surge triunfadora la belleza.
No comparemos este libro de Nervo con otros anteriores. La
personalidad es la misma; pero el momento es otro. Es difícil repetir estados emocionales. A menos que la vida se transforme en
una po.~e eterna, la obra surge de la hora que pasa. Por eso nada
es definitivo. Por eso r:.o podremos secundar al poeta cuando dice:
Mnrieron los quién ,abe.,
Callaron los quizá.
Nueatra incertidumbre no acaba ni es bien que acabe nunca..
En un remanso de su vida, el poeta del E.todo y las Flores del
Camino, ha experimentado una calma que él juzga duradera y que
nos vierte en poemas de fe, de amor y de esperanza. La felicidad
tiende a S"r contagiosa y el poeta se comunica con nosotros. He
a.qui las frases qu~ terminan el volumen: Lector: Este libro sin
retórica, sin procedimiento, sin técnica, sin literatura, sólo quiso
una cosa: elevar tu espíritu. ¡Dichoso yo si lo he conseguido!
Y nosotros, cogidos un instante por la magia del admira.ble
poeta, agradecemos el presente y tornamos, al cerrar el libro, a
nuestras viejas inquietudes.

trando su inutilidad heroica a la contemplación de sus conciudadanos.
¿Estos homhres heridos, mutilados. desangrJtdos, con gérmenes de depauperación fisiológica, am11.rán, crearán bogares,
tendrán hijos ...... ? En realidad, la PM.tria
Los Qlle vienP.n de allá. de cualquiera
que los ha sacrifica.do, no tiene el dered'3 las lejanías donde la gunra cRstiga la
cho de priv11.rles de liis delicias, del orden,
soberbia humana, &lt;'On 81HI rigores, y hade la paz de la familia y, sin emhargo,
blan sinceramente y cuentan la verdad,
espanta pensar que la mll.ldición biblica
nos dicen que Fr&amp;ncia y Alema.nia y Ausque lle\•a la ira de Jehová hasta la cuarta
tria, y hasta Inglaterq:t ya, se van poblangeneración, no ha de ser una. vana figura
cio de los homhres mutilarioR que la ciende retórica oriental.
da -noderna arra.nci-l. a la. muerte en los
En vano se qnerrá cerrar los ojos ante
hospitales.
esta trem Pnda realidad. La cienC'ia qniere
comba.tiria extrema.orto las sutilez11s del
Pero los homhre,3 qne se salva.o en Jos
ingfrnio en la mecánica. y en la ortopedia.
híl;:1pitl\les, gr1tcia.s a la asepsia y al bistuEn Alemania se itlif'.ió la tarf'a de reednri, vuelven a sns hoga.rei;; mutih1.dof.l, ané•
ciir a los solnados inválicios, de acomodar
micof.l, con el g-ermen de la. tnberculosis
sn nrn.nquedA.d o su cojera a nuevos.ofi en 111. sangre. Son diez generaciones que la
cios y a nnevos trabajos, para que su rnu1rnerra ha devorR.d"O-como un Moloch tr~tilidad cesara., para que pudieran ganarse
g-ico, el más espantable que la Humanidad
la \"ida. Los mág extraños mecanismos
hl'lva. poclido concebir. Hac~ más de dos
han sido inventados para substituir los
Años ya qne en los hospitales de Francia,
bNzos y las piernas que se llevó la metra·
rle Alemania, de Austril'I, de Rusia, de
H.itlia, de Turquía. y de Bulgaria los mé - ' lla. LQS hay ya con aparato de rel~jerfa,
que permite el movimiento automático de
dicm1 ampntAn todos los dis.s braws mal
estas piernas y de estos brazos. Para !os
heridos y piernas destrozadas. Son centeqne no han sido victimas de amputacIO•
nnes, son millares de hombres de todas
nes, y si sólo de heridas, hay nuevos l:lpíl.
las naciona.liciades los que quedarán como
ratos que permiten ir apreciando dia por
trofeos gloriosos de la gran guerra, moS•

LOS INV ALIDOS
DE LA GUERRA

12

PEGA80

E. G. M.
dia la fortaleza que van ganando los órganos que }a pérdida de sangre y de tejidos
debilitó. Todos los procedimientos exter•
nos e internos se están empleando para
borrar las huellas de la guerra, para. que
los mutilados no echen de menos los
miembros que perdieron, para que 101
m6sculos padecidos se fortalezcan nuevamente con el masaje y la gimnasia; para
que aprendan trabajos apropiados a sua
nuev¡¡s fuerzas ..... .
Pero, el saber de los fisiólogos no llega
aun a poder destruir los secretos enemigos
de la. humanidad que se esconden en la
sangre hnm&gt;l.nff. y la envenenan, trasmi·
tiéndase de padres a hijos en una feros
ansia de exterminio. Para las amarguras
padecidas e~ las trincheras, para el terror
producido por el tremendo espectáculo,
pua el empobrecimiento de la sangre,
para el envejecimiento prematuro de todo
el orga.nismo sometido a una presión iu•
calr:ulable no hay medicinas todavía en
ninguna farmacopea y esa debilida.d, ese
agptamiento, esa depauperación de todo
el organismo, que da voces a la muerte
es lo que estos gloriosos inválidos de l_s
guerra transmitirán a i!US hijos y a los b1•
jos de sus hijos y a los nietos de sus hijOII•
DJONISIO PÉREZ,

COLON. &lt;La Falena.&gt;
r· El último sábado subió a la escena
del Colón, &lt;La Falena&gt;, de · Henri
Bataille, traducida por el señor ,José
Dfaz Conti.
I· La obra de Bataille es fuerte y tiene bastante bien pronunciado el ambiente del teatro francés. La protagonista es una mujer que a las puertas del matrimonio y llená de entusiasmos por el arte, se entera de que
la tuberculosis la ha apresado y resuelve vivir el resto de su vida desenfrenadamente, locamente. Como
escultora necesitaría de cinco a seis
años para llegar al triunfo y no puede
vivirlos. Es preferí ble despedir al
modelo y tirar los bocetos por la ventana. Su prometido es un príncipe y
aunque la quiere con un cariño positivo, tal vez llegaría a sentir, avanzada la enfermedad, desilusión, asco,
miedo.. . . Considera preferible renunciar al marido quedándose con el
amante. La Falena vivirá la vida que
le resta cerca, muy cerca de la luz,
revoloteando entre sus rayos hasta
quemarse las alas.
Emilia del Castillo hace este papel
y debemos confesar que lo hace bastante bien. No suponíamos que tuviera facultades para desarrollar un género tan opuesto al temperamento
que le suponemos. iBien distinto es
el estilo en que la Castillo ha desarrollado sus anhelos artísticos!
Parece que en cuanto p:;isó por ]a
vicaría tomó otra nueva máscara: la
de trágica, pero trágica no a lo siciliano, no a lo Guimerá, sino a lo Ba
taille. Trágica que vive la vida del
alto mundo parisiense y que lleva el
porte distinguido b&amp;sta los caba1·ets
y muere poniéndose serenamente una
inyección hipodérmica.
Claro que en tal género no se encuentra íntegra, no es maravilla, pero
lo repetimos, está bastante bien.
En cambio, Taboada-el príncipehace la obra sin cariño: se dedica a
fumar y concede a su papel mucho
menos importancia de la que tiene.
Ignoramos por qué Taboada, que en
otras obras hace al público la impresión de ser el mejor actor que existe ·
en México, se hunde entre la vulgaridad de sus galanes jóvenes, que dicho
sea de paso tienen lo segundo, pero

no lo primero. Al menos eso dellamar «ustés&gt; a la Falena-como alguno lo hizo-es imperdonable. Entre
el Guadalquivir y el Sena median al gunos kilómetros.
El primero, el segundo y el cuarto
actos transcu-rren fácilmente para la
burguesía de las lunetas. El acto ter·
cero es un fracaso. Se hace a Zorrilla y no a Bataille. Hasta la decoración siente la nostalgia de Doña Inés

en obras teatrales~la marcada insuficiencia del traductor. El espíritu de
la obra generalmente es trastornado
y los pequeños detalles que constitu
yen el mérito de una pieza, no sólo
desaparecen sino que aparecen con
un sentido contrario. Así vemos que
pensamientos que se repiten y que
dan un sello de agilidad y delicadeza
en el idioma original, cansan y aparecen de pésimo gusto en la traducción. Indudablemente queéuando un
literato de fuste es tnaducido por un
literato, más lector que escritor, resultan cosas como ésta:
-•Le rogamos a usted que no sea
un testigo•.
-&lt;Oh, no: yo so_y simplemente un
amigo que quisiera ayudarlos; sinó
que eomo.f

Ahora bien, Benavente ha hecho
una buena traducción de Hervieu.
¿Cómo? Es muy sencillo: Benavente
es amigo de verdad, de Paul Hervieu.

UNA NOVEDAD POR EL ARBEU

L olitu RoseU en «l,a Fiesta de San Antón»

y por momentos _parece insinuarse la
presencia del Comendador.
La propia señora Fábregas, que
ocupaba un intercolumnio, debe h~ber tenido un lío con Morfeo.
Debiéramos hacer un estudio detenido de la traducción pero salvaremos el caso particular para determinar algunas generalidades. Los traductores caen en un. 95 por ciento
dentro del refrán italiano que dice:
«Traduttore, traditore&gt;. Pero en nues•
tro México la proporción . es todavía
mucho más desoladora. Casi siempre
tenemos que lamentar-y sobre todo

El Arbeu presentó el sábado pasado, con &lt;LaFiesta de San Antón&gt; .v
&lt;Casta Susana•, ala tiple Lola Rose 11,
una hembra que revela conocer bien
el género y que indudablemente odia,
al calendario, no obstante que no pue·
de quejarse mucho de él.
La Rosell ha hecho un impresión.
en el público tandófilo, mediana. No
se puede asegurar que pasa inadver•
tida ni tampoco que alguno de luneta
se deJe hacer la autopsia sin anestesia.
o que concurra al Hipódromo de la
Condesa, a las pr6ximas carreras, en
calidad de pista, por causa de ,ella.

PRINCIPAL
La nota saliente en el Principal es
•La Reina del Carnaval&gt;, una obra
bien montada, y nada más que bien
montada.
BUJtFALMAC0.

EUSQUE USTED "PEGASO"

.......,........... ,, ..... ,., •• ,,,.,.,,.,.,,,..,,.,,,,,,, •• ,.,.,,,,,,,,,,,o•••••HHo•••"•••••H•l"'''''""' 1••••••0IOlfH&gt;lllll&gt;IOllllllt"•"•••"'"'"""••IOIHIIIIH•IIIIIIOOltl ..1HIOK'1HIHIHl"tlHO..................... R .. IIHHIIIII ..... , ................... , .. ,

Bienestar,
Alegría,
Horas deliciosas,
Sólo én San Angel lnn
Unicamente en
San Angel lnrt.

i..................................... _...................................................................................................................................................................................................................,-.......................
Pl::GA•SO

13

�fpisodios de la vida del Marqués
Sigue de la página núm. 2.

Club dmérica,

Un momento del ;'uego

DEPORTES

,

baya&gt; habiendo resultado tablas por

cero a cero.
Ambos teams jugaron con entusiasmo y tuvimos oportunidad de
ver jugadas y combinaciones mwy
bonitas por ambos lados.
Tanto el &lt;Juárez• como el &lt;Tacubaya&gt; jugaron con limpieza, lo que
contribuyó en mucho al mayor lucimiento del juego, habiendo únicamente que lamentar el desgraciado
accidente sufrido por un jugador
del &lt;Tacubaya&gt;, que recibió de uno
de los jugadores contrarios, una pe.ta.da en la sien. La bola venía por lo
alto más o menos a la altura de la
cabeza y desgraciadamente, en el
preciso momento en que uno de los
jugadores del «Juárez&gt; levantó la
pierna para patear la bola. se atra.·
vesó el jugador del &lt;Tacubaya&gt;, re·
cibiendo como ya dijimos, la patada
en la sien, siendo retirado del campo, por el se!l.or don Pablo Alexanderson , presidente de la Liga.

ºMhccoac" contra ''La lnternaclonal."Ganá el "Mlxcoac" por dos
goals contra cero
El último domingo se verificó el
match anunciado, con el éxito citado, resultando el juego no tan interesante como se eAperaba, pues
el &lt;Mixcoac&gt; tuvo casi siempre a sus
jugadores en el teneno enemigo.
Sin embargo, admiramos buenas
jugadas por ambos lados, defendiéndose los de &lt;La Internacional&gt; con
brío y bastante eficacia, jugando
limpiamente y con entusiasmo.
Por parte del •Mixcoac&gt; todos sus
jugadores se portaron tan bien co·
mo de costumbre, pues soh cada
día' más notables los adelantos de
este equipo, así como la unión de
sus jugadores, que_ló han llevado a
ocupar el segundo Jugar en la liga,
por lo que hay verdadero entusiasmo por el encuentro entre este tea.m
y el &lt;Junior&gt;, que ocupa el primero. Dicho encuentro se , verificará el
próximo díit 5 de mayo. Dada la
fuerza de ambos teams, este match
promete ser el ,más sensacional de
la presente temporada..

* **

Admiramos también el último do·
mingo el interesamte partido jugado
entre los equipos &lt;Blancos&gt; y •Negros&gt; del Club &lt;Espa!la&gt;, resultando
un juego como hacia tiempo no
ha;bíamos presenciado.
Menudearon por ambos lados las
buenas jugadas y las combinaciones
sugestivas, distinguiéndose como
de costumbre, por su precisió11,
Antonio Arechedera, Ibarrechi ' y
Gavalda, el formidable portero del
&lt;Espa!l.a&gt;.

* **

Muy animado resultó el juego entre los equipos •Juárez&gt; y &lt;Tacu-

PENALTY K:!CK.

ni podía, como en otrora, perfumar el
torrente de seda de sus rizos, con esencias
e1ó~icas¡ no podia, reducido a villana es•
keCbez, beber en la misma copa, hasta.
embriagarse, los borgoñas de fechas venerables ......
Sació su sed y su hambre en un memorable diS1. decimoséptimo de diciembre, y
después, sin que lo traicionara el tnenor
mósculo del rostro, la piesen t6 a Pedro
del Llano.

•
••

Del Llano contaba diez años más de experiencia que el marqués. Fué su prote·
gido, y disfrutó largamente de las prodigalidades principescas de este singular
varón, cuya prosapia refiere la arquería.
de un acueducto magnifico, en la ((muy
noble y muy leal ciudad de Santiago de
Querétaro».
Como él intentó la misma aventura.,
pero embarcándose en un bajel que siguió
contraria y triunfal ruta. Se sabia estima•
do de don Luis, mas de una manera compasiva1 que se aromaba con un dejo de
caridad evangélica. Y quizá. le disgustaba
eate Bnaje de protección apenas encubier
to, y se vengó tomando a Magdalena. que
fue con él aparentemente a travéd de la
anuencia de don Luis, mas, en el fondo

llevada pc,r la fuerza del destino que vertió
toda su saña sobre un hombre indefenso.
Fueron los días precedentes a la. partida
de Magdalena con Pedro del Llano, aquel tos días t1emendos que cavaron el surco
más profundo en la frente de don Lu~ de
Urrutia y Arana, y dejaron en esa honda
huella el rencor, y el despecho, y ehiiar•
tirio de quien sintió la coincidencia' de¡
fracaso exterior con la derrota oculta. y
sentimental.
·
Fueron aquellos dias los testigos impa•
si bles que guardaron el secreto de una infinita desolación, en la que se fundían la
tristeza. del esfuerzo estéril, el dolor de la
conquista no realizada, la memoria. de un
pasado de ignominia y el suplicio de un
presente de conformidad.
El marqués conoció basta entonces la
tentación estoica del suicidio¡ bendijo el
pagano gozo de la venganza¡ y fue un valor negativo para su conciencia la atroci•
dad del crimen. Si su voluntad no hubiera
concurrido para el viaje de Magdalena,
podrianse comentar las páginaij que dije·
ran cómo babia muerto Del Llano entre
los odios de su amigo.
Nada funesto aconteció.
En la madrugada de uno de loe dias de
diciembre del año del Señor de MDCCCXCV
una pareja subió al convoy que se dirigia.
hacia el interior de México. Mancha que
esclarecia a interval?s disimiles la lumbre

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Se hizo condncir hasta el sitio en que
habitualmente aseguraba que · lo ungian
sus esclavos-los mozos del balneariopasó la mañana en el campo, por la tar.
de conversó regocijadamente de politica.,
y la media noche lo sorprendió en su es•
tudio concluyendo unas rimas en el margen de un adagio de Beethoven.
México, MCMXV.

En una tertulia pregunta una señora a.
un viejo verde:
-¿Cuál es el hecho militar qne más
admira usted?
-El rapto de las Sabinas, contesta. el
viejo con tmtusiasmo.
-He leido en un periódico que se ha
publicado un ((Diccionario de la mujer».
¿Crees que será distinto de los demás Dic.
cionarios?
-Sí¡ indudablemente tendrá más pa•
labras.
-¡Mozo: acabo de encontrar un cabello
en la sopa!
-Pues ponga un aviso en los diarios a
ver si aparece el dueño.

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de. un cigarrillo dejaba adivinar, pE&gt;nosa.
mente, los raPgos de la fisonomía del
acompañante de quienes parecian a.lE&gt;jarse
en un ·paseo nupcial; y sólo cuando llamó
al auriga, con un acento imperioso, po·
&lt;lían muy pocos haber reconocido la voz
de don Luis.

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14

PEGASO

Madero:24
PEG~SÍÍÓ

15

�A PARTITURA V LA CABRA
El famoso compositor alemán Jaime
Meyerbeer, que, realmente, no se llamaba
mas que Jaime Beer, porque el Meyer lo
heredó, con una enorme fortnna, de un
admirador de su talento, que impuso como 6nica condición la fusión de los dos
itpellidos ... El famoso Meyerbeer prcc_uró
siempre que en todas sus óperas hubiese
grandes efectos escénicos.
Cuando Ba.rbier y Garré le llevaron el
libre.to de Le pardon de Ploermel, más conocido por el titulo de Dinorah, Meyerbeer
·exigió que aquéllos «intercalarani, en el argumento de la nueva ópera una cabra y
un torrente.
-¡ La cabra, sobre todo!-decia el gran
mú~ico 1tl despedirse de los libretistas.
Barbier y Carré hicieru1 la refo~ma,
i\Ieyerbeer compuso una de BUS meJores
pR-rtituras y Le pardon de Ploermel se estrenó cou éxito brillantiBimo en el teatro
ele la Opera Cómipa, de Paria, el di.a 4 de
abril de 1859.
-¿Ve usted ... ?-decian los libretistas a
su colaborador.-La ópern gusta. La partitura, ella sola, es la que produce el entusiasmo de los espectadores.
Meyerbeer, sonriendo · escépticamente,
-respondía:
-Esta noche ... quizá. Pero ¿y mañana ... ? ¿Y luego ... ? Yo soy más práctico
que ustedes. Pa.ra que lleguen a oir la ópera todos los inteligentes, es necesario que
vengan a verla los demás. Esto as_egura
un mayor número de representaciones.
Desde mañana, con más tranquilidad, salgan ustedes todas las noches a un palco
proscenio r observen atentamente a los
Caricatura extranjera

UN RINCON DEL AMOR
Los afortunados del mundo ciue a p€re•

Sfoolús:
~ l'a no me qneda mús q1.te nn cami,no: salir de Rusia.

espec~adores. La minoría escuchará embelesa.da nuestro trabajo; la mayoría no se
emocionará mas que cuando salga la cabra
a. escena, detrás de Dinorah, con la ca.beza
erguida, dispuesta a repre~entar su papel
11como una consumada art1stau. Tengo la
seguridad de que si álg-uien lo iniciara, la
llamarían a escena al final del acto.
'l'erminó la representación de la ópera
nueva. Los autores salieron a la calle y
reanudaron.su amistosa ditlcusión.
-No le den ustedes más vueltas-insistió Meyerbeer.-La pasión no me ha cegado nunca. La. cabra contribuirá a la fama de la ópera tanto como la mejor escena tanto como el número más inspirado
de' la partitnra.
Uri amigo de los autores, persona ?e
alta reprP.eentación social y que había asistid,:; al estreno, se acercó al grupo ...
_ -Queridos, les felicíto muy sincera•
mente. lid sido un verdadero acierto.
¡¡Qué monada de cabra!!
'F1n,TPE PÉREZ CAPO.

Guillermo espdntndv-cl regreso
de la pal01na de la. paz

V

LJ.\ (ARICA'tUIV\ eXTRANJERA

DP,)lpaés de unas cuantas horas de detención, ponen en la calle a un ~orrac~o.
-¡ Vaya usted con Díos !-le dice el comisario. -Espero no volverle a ver a usted
por aquí.
-¿Qué le van a dejar a usted cesante?

LOCURAS DEL VIENTO
Ama a la mujer, diviértela; pero nunca
le des nada de ti mismo. Porque si le das
algo de ti mismo, ella, que es insaciable,
querrá devorarte todo. Si te devora1 te
arrojará después como un bagazo; si Jo.
gras resistirle, ella despreciará. Lu orgullo.

*

* *parecer:
El secreto del buen
Simula cuando estás entremucho mun•
do, que crees ser el único habitant~ de
una isla desierta.
Cuando estés solo, piensa. y obra como
si ante ti hubiese maree de gente.
Así, ocupándote de ellos, creerán que
sólo te ocupas de ti mismo.

grinaciones sentimentales podéis cansa.
grar vuestros días ociosos¡ los que estnvf.8&amp;eis ya en Varona y en Teruel, exquisitos
lug-ares de amoroso tormento en los que
,óu queda el perfume de la. pasión ínmorwl, id a Sevilla, recorred su·s calles cuya
placii:l:ez turbó el Re)'.' d~l amor y deÍ odio,
D. Pedro, el D. Juan coronado. Un guia
complaciente os enseñará el encant:tdor
jardín donde el Rey Cruel adoró á la menuda y graciosa Padilla, el baño donde la
{c,rmosa due~a surrrergia su cuerpo nitido
ante los pasmados pab.ciegos .... Pero estas
eoo historias harto vulgares. Aba □ donlld
el guia, echaos a-vagar por las calles eevilla~as pobladas de sorpresas, y eu las que
lo inesperado se os presenta siempre risueño. atractivo, misterioso.
Andando, andando, llegaréis a una callecita, veréis en una pa'Íed~' blanca, con
negras letras de az~lejo, esc_rito un nombre
que osparar4 medit&amp;bundoS: i(Doña Maria
Coronek
Si de veras sois sentimentales amantes
del amor, una imagen bella v 'torturada
9?08aparecerá_: muy luego, abrfréie un postigo y os veréis en uno de esos patizr;eloe
rientes que abren paso a los conventos de
Sevila; en uno de esos patios donde la.e
~llcetas crian ~ores rojas que parecen labios, flores pálidas que pi.recen mejillas;
Dores violáceas que parecen párpados cal!nturientos. La fronda amable de la aca.
ciase mezcla con la adolescente fronda del
naranjo. ~l aroma es tan intenso, que se
o_e fignra rnJigotable; nn olor de siglos y
81glo1.1, qne llUDN1. se extingnP, &lt;'orno loe
amores fa ta 1es.

¿No conocéis la historia del convento de
Santa Inés? Las sevillana~ la repiten con
s1iitve devota entonación. Oidsela contar a
cualquiera de esas viejecitas que en palabreo 1'3ilbante es insinúan los grandes secretos que ellas aprendieron cuando mozas.
Ea aquel mismo sitio se enterró en vida,
por su voluntR.d acernda, por su honor
implJi-cable, DoñB. Maria Coronel, IR. esposa fidelísima de D. Juan de la Cerda. El
Rey Justiciero la amaba con locura: llamas,, rayos albergaba en su corazón, que
al pensar en Doña Maria trocábase en calor dulce, en reflejos acariciadores de-crepúsculo sevillano.
-Doña Maria-os dice la vejezuela-no
quería ar Rey, que babia matao a zu marido, y ¿zabuté lo que hizo? Pú, ná, ze enterró mimamente aquí...- y os señala un
lugar caprichoso.-Vinieron a buhcarla,
¡y que zi quierehl Pero notaron que aquí
mi mito fartaba yervay floreh, de que tó er
zitio etaba cubierto. Era el cuerpo e Oña
María. Aluego icen que hechó floreh también ...
Pero otra vieja os dice que lo cierto no
fue lo de la sepultura en vida, sino que
Doña María, como dicen las historias, fe
quemó la c::tra para desfigurarse y que no
la quisiera el Rey libertino.
De todas maueras, por allí ha pasado
un amor a la española, cruel, arrebatado,
tormentoso, y de los que se truecan, con
el tiempo, en arrobo místico; y un historiador os contará que Doña María murió
siendo abadesa de Santa Inés y que en su
cuerpo incorrupto aún se ven las sefíales
del terrible sacrificio, y os dirá. que muer•
ta Doña Maria, la sucedió en el priorazgo,
¿quién? otra enamorad{t que no tuvo el valor de sRcrificar BU hermosnra: la hell:t

*

* *un amigo de espíritu
.
Llegué a encontrar
tan semejante a mi espíritu, que érarn~
como dos frutos del mismo ramo. Mas mi
amigo no supo defenderse de mi, _n_i yo de
él y nuestra amistad fué un martmo parJI
ambos, porque al gozo incomparab_le de
comprenderse, seguia el te.dio de mua.rae.
siein pre en un espejo vivo y el recelo de
qne la maldad de cada uno, conocida del
otro, se irguiese contra. el amigo.
Afortunadamente el Destino nos separd
a tiempo,: habíamos llegado a convencer•
nos de que uno de loe dos sobraba en el
Mundo.
En realidad sobrábamos los dos.
MR. KOBALDO.

SEGURO

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Filósofos y Doctrinas Morales._.
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2~

16

PEGASO

RELOX Y DONCELES

JOYERIA Y RELOJERIA

''LA ESMERALDA''

Aldonza, su hermana. Esta fue una pecadora. Esta vivjó en la Torre del Oro, adorada por D. Pedro, recibiendo por las ter•
des los cálidos mimos del sol poniente,
que a América se marcha, y los frescos
halagos del Guadalquivir, q_ue va en busca.
del Océano.
Menos valerosa que su hermana, Doña
Aldonza, después de haber gozado los dias
del amor, tuvo la: pena -ae ver llegar los
del hastío. Don Pedro la olvidó, lto1. despreció, y Doña Aldonza se retiró al convento,
como su hermana, pagó la debilidad ct n
el desengaño.
Ahí, en Santa lllés, yacen los restos de
la amada sin ventura y de la despreciada
querida. Y al R.bandonar el convento,
pensáis qué se dirán aquellos huesos venerables que la pasión estremeció.
En el patio, las flores rien, lloran febriles, exhalando su perfume eterno.

F.

NAVARRO Y LEDESMA.

¿Desde que eres aprendiz has comido
n111cbos dulces?
-N'i uno.
-¿Cómo es eso?
-El amo los cuenta todos y no hago
más que lamerlos.
~ Agonizaba un beodo y sufrió un des-

mayo.
El médico pidió éter o vinagre.
-No hay más que aguardiente.
El médico a.plica la botella a la nariz
del enferm0 y este le dice, ha.ciendo nn
esfuerzo:
¡Ahi, no; más abajo, E"eñor doctor,
más »hl-ljo!

�VI

AJEDREZ
Prtble■a 16■1ro

c

12
5 1&gt;
13 C 7 R j.

12 P 3 C R

claco

13 A3 C
14 R 1 T

POR

E. Palkoska
Blancas:
p 2 T D, A 3 T D, P 2 A D, C 7 A D,
R 8 A D, P 4 D, C 5 D, (7 piezlle).
Negras:
R 2 T D, P 4 T D, P 5 T D, P 2 C D,
p 5 C D, (5 pieZllll},

15
16
11
18

14
15
16
17
18

T 1C
C 7A

ex o

T x A

Solucl6n del

proble■a ■i■ero 110
POR

E , Westbury

Las blancas matan en tres jugadaP.

NEGRAS

BLANCAS

Partida

aú■ero ■ueve

G11:oco PIANO

BLANCAS
GENERAi,

M... .

1 P4 R
2CR3A
3 A4 A
4 P3 D
s c5e

6C7A

700
8CxT
\lARxP
10 DI R

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NEGRAS
S.

DuBOIS

1 P 4R

2CD3A
3 A 4A
4 P4A R
5 P5A

6 D 5T
7 CR 3 A
8P4D
9 A D5 C

10P6A¡
11 D x A

A 6T R
C4T ¡
C(4T)5A¡¡¡
A70j.
P x T mate.

1 T 5T
2 D 6 R m11te
2 J) XC mate
2 D 8 C mate
2 T 5 C mate
2 'l' 4 D mate
2 T 4 D mate
2 D x A mate
2 T x P mate
2 C 6 A mate
2 D 6 R mate

1
1

cxT

ex A

1C4A
1C5A
l C5T
1 D5A
1 A XC j.

1 D 7D
,1 T 6 D

lClR

Lo resoh-ieron los Sres. Rafael Carrillo
G.• Fr11ncisco Durá.n, Francisco. Andrade
y Lui, S.:itomarina, de esta C1tp1tal. _Edte
último mandó sn solución sin e~pec1tlcar

li\8 variantes.

Ella. -Muchas gracias, por ha?9r
tido a la reunión en honor de m1 prim
vestido largo.
.
.r,
Elloa.-No hay por qué, 1eñor1ta, J ••~i
ae cuando se vista de corto, que, con 1111(-:
cho gusto, volveremos a verla.

VIDRIOS PLANOS,
SENCILLOS

Y MEDIO DOBLES
PARA VENTANAS.

LIBROS

Entre aoldados.-Chico. ¿Tú hicia61
muchas proezas en la gaerra?
Yo no hice ninguna. ¿Y tu?
•
- Yo ai; yo le corté a un enemigo l•
manos.
-Oye; ¿por qué no le cortaste la oabest,f
-¡Toma! Porque la tenia ya cortada,
-¿Puede dar algo a eate pobre hom.
bre? .....
1 ••
-Absolutamente n&amp;da .... Ayer me ...
timé el pie contra un cobrador.
-¿Cuál ea el nombre más corto?
-0.
-¿No hay otro mú corto?
-Casi•o.
-¿Y no hay otro mb cort&lt;i?
-Ni-caai•o.
Visitante.-Su nueva criada, aeii01St
parece muy cuidadosa.
La eeñora-¡Ohl, si, muy cuidadoaa! na
siquiera remueve el polvo del cuarto qu
está limpiando.
E11tre marido y mujer:
-¿Me quieres ~ucho, Enrique?
-Como a mi mismo.
-¿Soy para ti lo más caro que hay
el mundo?
.
-Sí, hija mia, después del alqm 1Hr
casa.

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                    <text>..

REVISTA

ILUSTRADA

''Hesperia' '
r-¡,; . ·t15
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Modelo nuestro que

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por su comodidad, ele'·,_.

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gancia y buen gusto
se hará popular entre
las damas que sepan _
vestir.

la Ciudad
de Londres.
"La Casa de la Moda"

WILSON, EL HOMBRE DEL DIA

NUMERO 6.

MEXICO, 12 DE ABRIL DE 1917.

Precio: 30 centavos

�III
..n....,.................._..,..__•..- u • m • - -.......,.............,,..,....,"'".."•....,._ _ _ _ _ _ _......,..,..,..,,.,.,,.,..,.,.,,...,..,,...,,,." '''''''"'"'''""'""'"'\

Ir a ·1a .casa TARDÁN

PEGASO
DIRECCIÓN:
Jesús Urueta.
Julio Torri.
Mariano Silva.

es ir a la Ca~a

\

Enrique González Martínez. -Efrén Rebolledo. -Ramón López Velarde.

Rafael Cabrera.
José D. Frías.
Antonio Caso.
1
Esteban Flores.

Jesús T. Acevedo (El Paso. )
Ricardo Arenales.
Mariano Brull.
María Enriqueta.
Gustavo E. Campa.
Rubén M. Campos.
Bartolomé Carbajal y Rosas.
Alberto María Carreño.
Francisco José Castellanos.
Luis Castillo Ledón.
Ignacio B. del Castillo.
José M.a Chacón y Calvo.
Ednardo Colín.
Carlos Díaz Dufoo, jr.
Arnulfo Domínguez.
Enrique Fernández Granados
Genaro García.
Augusto Genio.
Francisco González Guerrero.
Luis González Obregón.

de usted.

REVISTA SEMANAL

Saturnino Herrán.
Jorge Enciso.
Alberto Garduño.

RPDACCIÓN
Rafael López.
Genaro E:stratla.
Jesús Yillalpando.

COLABORACIÓN:
Carlos González Peña.
Max. Henríquez Ureña.
Pedro Henríquez Ureña.
Alba Herrera y Ogazón.
::\1anuel Herrera Lasso.
Mateo Herrera.
Jesús García Gutiésrez.
Juan B. Iguíniz.
::\fanuel Ituarte.
Carlos Lazo.
,J. L6pez Portillo y Rojas.
Federico Mariscal.
P a blo Ma rtí nez de1 Rí o (Ma dr1"d) .
Amado Nervo (Madrid. )
,José de J. Núñez y Domínguez
Eduardo Pallares.
Emilio Pardo Aspe.
Manuel de la Parra.
Manuel M. Ponce.
Alfonso Pruneda.
DIBUJANTES
Leandro Izaguirre.
Carlos Neve.
Antonio Gómez.
José Tovar.
Francisco de la Torre.
Alfonso Gard11ño.

Alfonso Cravioto.
Manuel Toussaint.
Antonio Castro Leal.
Enrique Fernández Ledesma

1

::\Ianuel Puga y Acal.
Alejandro Quijano.
,Joaquín Rs.mírez Cabañas.
Adrián Recinos (San José de
Guatemala.)
Manuel G. Revilla.
Alfonso Reyes (Madrid).
Manuel Romero de Terreros
Francisco Verdugo Fálquez.
Genaro Femández Mac Gregor.
Artemio del Valle Orizpe.
Samuel Ruiz Cabañas.
Enrique
Santibáñez.
,T· , Ra
.,1co1as
nge.
1
José ,Juan Tablada.
Alfonso Teja Zabre.
Alfonso Toro.
Luis G. Urbina.
José Vasconcelos (Perú.)
Atanasia G. Saravia.

:

¡;_

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•
i:_·

¡
Germán Gedovius.
!
Roberto Montenegro.
5
Angel Z á r r a g a . ."¡l

FOTÓGRAFOS Antonio Gardufio.-Gustavo F. Silva,-Alfonso Sosa.
PUBLICISTAS: Maxim 's.

1

"'

GERENTE: Jesús B. González.

GRABADOR: Alvarez Tostado.

j En la Capital, 10 números........... $3.00
En el extranjero, 10 números......... $5.0()
l En los Estados, 10 números........ 3.50
Números sueltos............................ O.So
Avenida 5 de Mayo, 32.-Edifi~io de la Bancaria-Departamento, 406.-Apartado Postal, 1408.
La correspondencia debe ser di rígida a la Gerencia.

PRECIOS D ., SUBSCRIPCION

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OFICINAS:

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MIIIUN••············· ...........,. - - - - -....----·-•--n••····••n•n•-··-··---··---'----------·...- ..,-----·--·····························.,

Ultima NoVedad en
.__,.

Canoti-er

RffORMA INDUSTRIAL
CARLOS B. FJ\RF/\N

Estilo 1917.
Plaza Constitución 5 y

�~EVISTA SEMANAL
Regiatrado eomo artículo de segunda el&amp;H el di&amp; 17 de mar.r:o de 1917.

TOMO l.

MEXICO, D. F., 12 DE ABRIL DE 1917

NUM. 6

PARA LA EPOC!I
DE LLUVIAS OíRECEMOS

TEDIO, SEMANA MAYOR Y PASCUA

A UD.

POR ~ANUEL TOUSSAINT

Mac.rarland de casimir Impermeable, sin mangas,
con uclavlna corrida desmontable y capucha desmontable.

$25.00
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n mangas esclavina
Capote de casimir lm?ermea b e, co
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corrida y capucha, ambas desmontables.

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Los dos modelos nn tan prácticos como eleantes y sirven lo mismo para calle
ue para montar.

g

[l [tíll~~ [~[ílnTil
RP. POSTAL 472. •

•

No son, seguramente, inactuales algunas consideracio-

nes acerca del tedio. Y si lo son, tanto mejor motivo para
hacerlas, auque sólo fuese homenaje al genio de las Consideraciones lnaatuales.
Pero no. El tedio es una de las bases de la vida contemporánea, una de sus características innegables. Y conforme avanza el Mundo en cultura, avanza también en tedio.
Wilde dice que el descontento de un pueblo delata un pro·
rreso; pues bien, el tedio de un pueblo acentúa su progreso
en razón directa~ por algo el spleen británico goza sin dis·
cusión del campeonato; porque pertenece al primer pueblo
del Mundo.

Payos. payos, payos. Lns ~entes que no lo son, casi procuran ser pa_yos en Semana Santa; y las que lo son se asemejan tanto unas a otras como espejos circulares que vierten distintas coloraciones, todas explosivss. Los payosse
parecen tanto unos a otros que para distinguir a uno de
San Luis, de uno de Jerez o de Aguascalientes, el periscopio necesitaría lentes más poderosos que los bifocales
con que mi amigo, el doctor Mayorga, ocasionó el Fiat!u.v de Salvador Rueda. Ah! y además de los payos, mujeres
enlutadas. A las mujeres en Semana Santa sólo se las en·
tiende por reducción al absurdo: llevan el frío de la muerte
en los pliegues de su túnica, y el fuego de una vida de
amor en la negrura de sus ojos.

Porlo demás, nada tan chie como el tedio. Tan chic, que
De la Semana Santa estimo sobre todo el Sábado de Glo·
quienes le gozan, reniegan constantemente de él, como las
ria.
Ese! dlaen que hasta las más inofensivas criaturas
mujeres de los años que forcejean por interponerse entre
son
sinceras
consigo mismas: en el formidable estallido
ellas y la juventud, y los hombres de las virtudes imaginadel
,Tud,,,.
estallido
de reivindicaciones forzosas, quisieria.s que en apariencia les impiden vivir su vida como elks
ran ver morir cuanto las molesta. Se despierta su instinto
desean.
rencoroso .V asesinan virtualmente. Mi tedio llega a deEl tedio de los p()etas, decía Xietzscbe, es un tedio dosear que cada judas volado en potencia, hubiese volado en
rado; no les compadezcáis mucho. El tedio es una magla realidad, para satisfacer los odios, estos odios inocentes
nifica.flor del 111al-Beaudelaire no lo cantó porque bubie•
que son, al fin .r al cabo, algo que tiene derecho a la satis·
ra caído en redundancia de pétalos color de ace1·0 y bello·
facción.
sidades selváticas color de o¡.,io. Es mortífera como las
adelfas .V enfermiza como las mimosas. Flor femenina,
flor de neurastenia, flor de a b~intio.
Afortunadamente la Semana 11ayor ha pasado y con ella
Desconfío profundamente de dos categorfas humanas:
de quienes no tienen tristeza r de quienes no tienen tedio. los pretextos de sacrílega saña. Inician las Jluvias sus pre·
Los primeros, cu rentes de toda distinción, pertenecen a ludios .Y la resequedad del suelo absorbe las primicias con
JIJ. familia chorlitos; a, los segundos los explico en el único avidez. Huele a tierra mojada, a este olor de égloga que
aforismo que he hecho en mi vid.a y que pongo aquí con aspiran los pulmonescitadinos, resecos como vejigas abanla urgencia de quien teme se le hayan anticipado alguno donadas .Y poi vosas; las plantas y las flores parecen haberde los mil!/ un moralistas que ha habido: •Cuando una se cristal izíldo.
Pote no se fastidia, es que sin duda fastidia a las demás•.
El tedio yace en el olvido, en la posición poco convin·
El tedio ~utoriza todo. Hasta comer carne los días de vi cente de un judas quemado a medias. Yo os digo, desde
gilia y comer de vigilia los días de carne. A propósito de el pequeño rincón de mi alegría fugitiva, a vosotros, los
la Semana Santa, el tedio es como la envoltura de un su- hombres de hierro que conducís a la vida y no permitís ni
lllergible que nos rodea completamente. Y sólo miramos un momento que ella os conduzca; yo os digo, a vosotros,
el mundo por el estrecho campo del periscopio; quien qui e pobres seres, débiles bojas llevadas del furor de la ventisca de marzo; yo os digo:
la ver bien la vida, que sólo la vea por periscopio.
Y en Semana Santa ¿qué puede verse por un periscopio?
iFelices pascuas!
PEGASO

�-Eso no es posible, repuso ella con te-

[:P~
EL OBST ACULO
POR, ANTONIO CASTRO
On a day, alack thl!, day.'
Love, 11•hose month is ever Moy ...

Act. IV. Se. III.

abrigar dudas de!!agradables que por un
acontecimiento demostrativo.
Asi iban lás cosas. El joven la acompañaba. a la mesa noche a noche, se buscaban de compañeros en el bridge y después
ale.rgaban la conversación en un téte-a-téte
hasta después de las doce. La charlai cada
vez más intima, adquiria un tono familiar.
-Nunca me ima.giné esto ••. ... ¡Eras tan
serio comigo !

mor.
-Bah! y tan posible!
Y ya en su casa, se sacu~ió los upa.toa
con la toalla, se limpió la cara con un pañuelo empapado en agua de colonia., Y después de encender uns. pipa inmensa, dijo
con voz de marino y con seguridad de ti•
rano:
-Vamos, ordena una cena para mi, y
dame un beso.
La estrujó en sus brazos y con bruta.li-

PEGASO

POR, cJl,1ANUEL DE LA PARRA

dad la. besó en los labios.

LA BARCA

• ••

De la preciosa edición de una comedia
Salió ella. de la pieza, llena de callada
antigua que tenia en sus manos -Love' s
indignación, de secreto furor, de rencoro•
Labour's Lost-leve.ntó los ojos y perma•
sa rabia; pero impotente aún en sus m &amp;•
neció indecisa como si tratara de enconyores arranques para desobedecer a aquel
tra.r un pretexto para suspender su lectura.
hombre, dió la orden a la sirvienta.. Allí
¿Era verdad, pues, como lo babia dic~o
estaba el obstáculo de su vida, aparecía.
- Y tú pared.as no aceptar otra converun amigo suyo de Paria, que Baudela1re
cada cuatro o cinco años con la oportunisación que sobre modas, literatura Y poliestabs. más cerca de sus preferencias que
dad de una esquela de defunción en u na
Shakespeare? Le hubiese gustado que fuefiesta de be:idaa. Se acercó al t eléfono. Por
tica!
-Una vez hablamos más de una hora
se falsa la observación, se habria. sacrifiun momento le ocurrió llamar a. la Oficina
sobre D' Annunzio. Sbame on you !
ca.do para ello; pero esta vez el sacrificio
de Policia y deeir que allí babia un cri- Asi eramos de absurdos el mes pade contin~ar la lectura, porque era un samina.\. . . Era absurdo. Incapaz de usar
sado.
crificio para su imagina.ción ocupada. por
su voluntad en contra de su viejo amante,
Y hoy a. las siete de la noche, sola en su
otras ideas, era superior a.sus débiles fuerllama. al teléfono:
pieza, sentia durar en sus labios el beso
zas. Resuelta a no leer más, cerró el volu-Carlos, Carlos! Perdóname, hoy no
men con gran delicadeza como si preten•
de la. despedida de ayer, y en su cuerpo el
puedo esperarte; estoy casi enferma ...
cansancio que deja una emoción intensa,
diese no interrumpir la corr.i.ente de su
pensamiento. Ofrecía.o un aspecto jovial
un sueño incompleto; el mundo ofrecía la
-Nó, nó. Gracias. Necesito reposo, me
y fresco sus pensamientos este invierno;
irrealidad de las cosas cuyos contornos se
sienta
mejor el sueño. Adiós.
borran a los ojos fatigados¡ sentía en el
el curso de la vida era tranquilo y sus
Casi
se desprendió el audifono de su m,..
aire el aleteo de un pájaro enorme, y, sin
arrugas más reciente~ se habian borrado.
no
....
No
podía resistir más .. .. De nu evo
Ha.bia \·ivido siempre sola como un solcausa, aumentaba el palpitar de su coraaquel
hombre
interrumpía· su vida; m ar•
zón. En la discreta soledad de la alcoba
tero; pero no perdió nunca ese borrar fechitaba. esta primavera de su invierno,
menino por lo feo y lo doloroso . Acostumvelada, el universo le parecía inmóvH pa.•
acaso su 6ltima. primavera.
ra que ella gozara su emoción. ¡Hace
braba. decir que cuando una mujer se quiebra. una uña y no llora, ha perdido sus
cuánto tiempo su vida no le ofrecía un
Un mes después ella se hallaba en Nue•
momento igual! ¿Era posible que tuviera
mejores sentimientos, y ella los conservaba
va York. Se aburria. Era verano: el tiem•
florecientes, como en un invernadero. A
treinta y cuatro años? ¿Era. sólo un sueño?
po en que los teatros no representan mú
Como respuesta. a esta pregunta una.
los ojos de sus amigos superficiales era
que piezas ligeras y comedias de \'.\,,.ilde.
extra.vagante (¿hasta qué punto es extra•
mano llamó fuertemente a la puerta. iEl!
va.gante la. afición a los corsarios?); en rea¿Seria él? Llamaba. siempre muy quedo,
lidad era distinguida. ¿Era fea .. .. .. a los
apenas perceptible para el oido atento.
ojos de sus amigos superficiales? Su bellePero son tan autócratas los hombres cuan•
LA GALAXTERIA DEL KAIS ER
za. era rara, un poco oriental, y justificaba.
do se les ha besado una Vez, pensó ella.
las opiniones más contrarias. Tenía treinLlamaban a la puerta de su mismo cuarta y cuatro afias. ¿Treinta y cuatro años?
to · se levantó con lasitud a volver la llave
Treinta y cuatro años: la edad en que los
e; la cerra.dura. Esperaba. la figura elegante de él, y en cuanto tornó la llave una
fl,irls son excepcionales.
y ahora cerró sL1 fina edición de la comano brutal aventó la puerta y un hom·
media de Sbakesp~are para. continuar el
bre alto, recio, cubierto de polvo, con una
pensamiento que la ocupa hace días: a los
petaca en una. mano se arrojó_ bast~ el
treinta, y cuatro sfios la experiencia no ha.
centro de la pieza con grosera 1mpac1enresuelto todo . ¡Y él era tan joven para
cia.
creerle! Aquella noche él no dijo nada,
Por un momento la equivocación fué pa•
casi nada, porque ella no lo permitió, pero
ra ellR. enfadosa, molesta, después terrifueron los labios de él los que tocaron su
ble. ¡Aquél hombre ali!! Del l•go de los
boca.. Ella sabia lo que él iba a decir, tosucesos agradR.bles y delicados caia. su bardo&amp; sabemos lo que en eeos momentos se
ca a un mar de tormentas y de mon~truos.
puede decir, pero sn disgusto por lo vul-¿,Cómo te va, mucbacba?
gar la obligaba a ahorrar las escenas sen-'Bien, respondió elht secamente destimentales de siempre. pe un temperapués de un silencio.
.
mento más fria y analítico que la señora
El examinó el cuarto, ttró la petaca al
Ra.nsom -aquella.sensitiva mujer del mesuelo, y dijo:
jor cuento de Edith \Vharton- º.º podia
-Me alegro que estés bien porque q~i~¡l)esMnl'mtl ele la oliv:i {1~ Guillermo!
aceptar en un principio que un Joven se
ro una compañera feliz. Vengo a v1vu
(Del T.ife.)
mostrara enamorado de ella. Después locontigo ¿sabes?
gró conveuceree, más por el deseo de no
2

Del próximo libro "Momentos Musicales"

A Genaro Estrada.
La mar es inmensa,
pequeña es mi. barca;
pero es mia., muy mia. Remando
la llevo por sirtes calladas.
Se desliza lenta,
lenta sobre el agua,
bajo los crepúsculos
inundados de oro y de nácar.
¡Pobre navecilla
que sin rumbo marcha!
Rudas tempestades
a veces la asaltan,
pero qué más da ...
Sigue la borrasca
y mí espíritu, rema que rema,
orienta la barca,
cáscara de nuez
que entre sirtes pasa.
Atraviesa escollos,
a veces encalla
y en obscuro y hostil arrecife
se enclava,
esperando que una onda propicia
la empu~e en su alas.
Y prosigue ~u éxodo amargo,
toda solitaria,
sin brújula, sin
un astro que acaso su ruta indicara
al místico puerto,
visión encantada
donde sueña el bajel errabundo
arrojar el ancla.
La mar es inmensa,
pequeña es mi barca.

LA SOÑADA

PEREGRINOS DE LA TARDE

Para Manue l Toussaínt.

Dormido o despierto,
me encanta soñar.
Es a veces amable pucela
la que miro en mis sueños pasar.

Su alma es como un río
y bebiendo en sus aguas encantadas
nunca jamás se sacia mi deseo.

Como siempre vamos
por largos caminos,
ella pasa, adorable, cantando,
el ensueño de los peregrinos.

Sé de sus mudos y SQlemnes éxtasis,
cuando en horas de ensueño y de poesía,
su cuerpo virginal se transfigura

A veces se escapa
como mariposa
y la forma divina y alada
es como el deshojar de una rosa.

y se espiritualiza de tal modo,
que todos los sentidos y potencias
se hunden en el más hondo nirvana.
Pasan las horas silenciosas, muertas,
ante el encanto de sus misteriosos
ojos como dos lámparas vo.tivas.

Y de la cantora
la vaga silueta
se disl uye en la pálida aom bra
del crepúculo gris y violeta.

En actitud hiératica,
su mano que se eleva hacia los cielos
traza no sé qué santas bendiciones
Por las celestes vías,
cual reguero de estrellas. se columbra
de su sandalia el paso luminoso.

Yo, en la caravana,
oigo la adormida
voz del eco encitntado que pasa,
ambulante, por toda la -vida..
Y los peregrinos
la miran pasar
alegrando su triste camino
con un místico y tenue cantar.

Acaso la ví en sueños,
acaso la haya visto viva,
sin sospechar su mística presencia.

Y yo sé que sigue
por la misma vía.
Ella es la que canta y sonrie
con su hermana la MelancoHa.
la. Melancolia ....

Y su!ro en mis soñares,
al pensar que ya nunca, nunca., nunca,
traspasará el dintel de mi morada,

PEGASO

3

�politicos y pensadores, es innegable qne la tendencia alemana a\
orden implica un movimiento, no muy 1mgaz, contra la migaja. de
bienestar de los humanos. Inténtase sustituir una desgracia varia
con una- del!gracia. monótona. Constituir para los intereses mora.
les, intelectuales y materiales una. Compañía. de Seguros en q11e
la. Fé misma, que traslada los montes e incendia. e! caos, se rt&gt;par
Habla el poeta Ramón López Velarde
ta en acciones al portador. Si muchos no quieren ser accionii,tatt,
es porque les guata vivir sti. vida. No nE&gt;ga.mos las ventsjas de orMr. \Vilson, acosado por la necedad de su destino, entró tl. la ganizar el eacerdocio en Superintendencias, pero ello se nos l!nlo,
guerra el Viernes Santo ...... Como si se hubiera casado el 01a de
ja. damasiadn viá. férrea,
San Luis Gonzaga ..... . Por si no bastara ser personaje de mal gus•
Pocas horas atrás, un senador electo quedó p;entiulo cerca de mi
to, la fatalidad contribaye con sus escarnios al desprestigio estéti• en el Teatro. La primera. actriz lucia los brnzo11 desnurlos. '1'.,I
co de señalados magnates ...... Y, en suma, a nadie se le puede desnudez interesó vivamente al senador electo, que rlavó ~us ge.
imputar que fallezca en Na.,·ida.d o que nazca el 81 de diciembre. melas en la actriz y los m2-1.ntuvo c\M•ados hasta (ltte cByó .-1 lt••
1
El Kaiser, que tampoco es favorito de ninguna gra.9iosa estrelh , Ión ...... ¡Ciocuenta. minutos! ¡Ob feliz y estulto ('R1Hlor! Duitrh
cuenta. ya con un adversario digno de él. El protestantismo car• de la filosofü1. alemana ¿cómo l!e juzga.ria al Aenador electc? A mi,
na.valesco del Kaiser en pugna con el pazguato y pedestremente me colmó de dicha la obstinacióu de sus gemelos. Y estos rni~e-.
pedagógico de Wilson.
ros y deleznables motivos de dicha, los 6nicos a que racionalmeuEu los ángulos escolares, la esfera terrestre y la. celeste son en·
te podemos aspirar, se borra.rían con el triunfo de las muy seriu
biertas con fundas, extrañas a la cosmografía, para que Orión oo
y muy traecendentales y muy tiesas armas de Guillermo II.
se empolve y para que las moscas oo empañen los reverberos de
Por fortuna., éste, con todo y @\18 frenos para la. ética, no ee
Africa. Hac~ veinticinco años, una angustia ' latenLe me poseia,
aproxima a. Luis XL Y más aún, los artilleros de Verdun han ina.nte las fundas del&amp; Tierra y del Cielo. Mis maestru y mis maessinuado al Kronprinz b. duda de que el pla.neta sublunar valga
tros ignoraban que al defender de la intemperie las nebulosas hela pena de ser reforma.do. Los artilleros de Verdun, escasamente
misféricas y el hemisférico mar, ioflingíanme un&amp; desazón como
universitario!:', nos ha.o librado del tedio de la. cerveza. salmista.
una derrota, una desazón comparable sólo a la que habría expeLos hombres, amasados con lodo y con sangre, no se resignan a
rimentado si roe hubiera tocado asistir al momento en que Tartuperder su instinto multánime, en obsequio 1\ los deicidas que tiefo ta.p6 el pecho de l&gt;orina.
nen un pie en la opereta y el otro en los infiern os. De la rnngre y
El Kaiser-se ha dicho-pelea por librar de moscas y de polvo
del lodo nos consolamos con el ánima multánime, con la dispari•
los hemisferios de la moral. Contra las culturas que se califican de
dad, con el chasco, con el azar. Si con un freno o con una fund,
decadentes, el Kaiser lleva el secreto de Dios para la modestia y
nos quitaran el numen divergente, la inspirada alternativR, noa
la salud de la Creación. El Kaiser, en su impe.dimenta, guarda la
apagarian la chispa de j6bilo que nos distrae. ¿HRsta dónde al•
funda para la Tierra y para el Cielo. La obra de los siete dias ga
canza.ria. la desolación del planeta ei 1~ carne humana fuese ración
nará el aspecto de un globo cautivo, con funda de lona. No más
en vez de individualidad? Quienes sueñan toda vis. en convertir la
barbarie moscovita., no más venalidad de Inglaterra, no más antiTierra y el Cielo en esferas inmunes, relativa11'lente perfectas y reclericalismo francés. Regularidad mecánica, sensatez en la tribulativamente hieráticas, de seguro no han sentido batir sobre 110
na y en el lecho, disciplina en la conciencia y en el cinematógrafrente las ala1:1 salva.doras de lo fortuito, de lo libérrimo, de lo per·
fo. ¡Ah! Dorio a, pretenden cubrirte el pecho •..... para enamorar
sonal.
R,D{ÓN LóPJo;Z VELARDE.
a tu ama!
Mas suponiendo sincero al padre del Kronprinz, con todos sus

La

LA ACTUALIDAD

Encuesta de ttPegaso"
sobre la Guerra

-

..................................................................................................................................................................................................................................................................................
l'....................... ,,.,, ... ,.... ,..................... _ .........-·-"•-";

LOS DOS COMEDIANTES

! Hermogenigramas 1
j
de Pegaso
¡
i

:

1

t .. ,,,,,..,.,,..,., .. ,,,..,,,, •.,.,.., ... ,,..,,,,, ... _,.,.,..,,.,,,,.,,,.,.,,,,,,,,,.r

t,: ~~·:

~

están tronados!

*

•

¡.....,;;;;_¡.."\_·;:

La gu,en·a tJ.U?'Opea ejerce sui11jlt1en·
cía aún en el lenguaje c01nún y co· ·
,•ri,ente. Antaño ae decía: •La noticia
cayó como ,ina bomba• y ogaño es
frecuente leet en los periódicos: •La
bomba cayó com..o una noticia&gt;.

•

•

*

el

*

La ,•evolución de Rusia ha p1·ovocad-O transtornos de consideración.
¡ J,fi·re Ud que estropea,· la &lt;piel de
Rusia• que tiene tántas a,plicaciones

r

-.,._

r

•"'A,.,,,~'""'Guillermo y Cha.plii;i

*

E'n Alemania no cesan de hacer en·
sayos de campaña subma1·ina, con el
fin d e cont,·a,·,·eRtar el pode,·ío naval
de los aliados. Poi· eso la política ger•
1na,na nada entl'l' dos agua.&lt;i. y cada
discw·so del Káiser . ... i nadrt ent?-e
dos platos!

•

_/

,,¡ .

y la compran tan cm·a los encuader-

nadores!

*

*

*

Pareee que ha habido lamentabhs
errores de transmisión en las 1wti·
cias de revoluciones intestinas en Ale -

,nrwia .. .. Lo que hay por allá esunn
rfvolución de intestinos qne amenaza
dur al t1·aste con Guilhnno en cierto.~

establecimientos de líestfalia.

*

*

*

Son perfectamente infundados los
PEQA ■ O

•

•

•

i Mal año para los ,·eyes de l!iu,·opa! i Los que no están &amp;atronados,

*

tcmo,·es de que con motivo de la g u,
,·,•a esc,uéen los víve,·es en los Estado,
Unidos, porque 1nientras haya periO'
dicos no faltarán las papas y los b~
11•egos.

Parece inC'reíbh-, pero es cie:rto, q
la declamcwn de (J ue,·1•(, de los .Esta
dos Unido• a Ios teutones, ha influía
en &lt;nuestros mn·cadm~&gt;. Para con
vencei-se, basta i,· a la 1lfrrcetl, a Sa
Juan y a la Laqunilla. y (Je aprecia
lr&lt; dife1·encia de ralo,·&lt;' que han su
fi·ido los g itomates y los hnauzontl

•

•

•

Ya no es posible dudar de la not"
cía. i El Conde de Zep pelín . ...
ppeló!

•

•

•

Es cu1·,-oso el .fenámt'nO que se
ser'l}ll tn la pro181, de /o.'( aw~tro-hi'
ga,,·o (!ermar,o-t1l1'Co,e;: Todos haU
d1ISUS &lt;derecho8&gt; !J narlh hacf3 ·,nenci'
de s1ts &lt;1•tJt'esos&gt;.

*

*

*

De Lond,·es comunican que se 11
inusitado 1novi1nl'.ento en la cá1
de los comunes.; Hal,rán estallado a
rn.ovi1nic.ntos &lt;intestinos&gt;?

UNA VISITA A LA CASA BLANCA
Cómo viven los Presidentes de los Estados Unidos

Heva_r, habitualmente, la. prenda a que en
México llamamos saco y, a.si, puede vérsele ?~nstantemente de saco. ·sóln cuando
lo v1a1tan loa embajadores u otros altos
pe~sonajes oficiales, se le puede ver con
traJe más ceremonioso, y en las recepcione_s nocturnas, en que viste de frac. Las
m,~mas cost_umbres se observan en los
traJe_s femenmos, y tanto la ei;¡posa del
Pres1den~e como sus hijas visten los trajee
más se~c1llos, aun en las recepciones de la
alta soc1e~ad. ~a reforma de "Washington,
e~ .~a.ter1a de rnrlumentaria, paree,-¡ estar
dmg-1?a contra cierta gente advenediza. de
la Qmnta Avenida..

El humorl1A10 de

qu!~:;~:

Mr. Wllson

Jessie Wllson, la Hnda. miss
ele quien los americanos admiran el perfil griego, la
gracia secluctora y dotes artísticos.
En el retrato del centro:
Eleonor Wilson

l\frs. Wih1on
Arriba. el PL·esidente Wilson

se presta a una fotografía.
jnoto con su efiposa y sus
trl'~ hijas en uno de los
departamentos ele la Casa
Blanca.

¡'"'"·""""'"'''"'""'"'......_,,,,., .........................................

ad

j

La entrada de los fstados Unidos
¡ co■fJcto europeo, hecho tlel más alto in-~
i terésen los momentos en que escribimos!
ata _líneas, d 1n e la amena relación que~
i publicamos en Pegaso una oportunidad~
,alpitante, pues ella nos refiere, por bre· ª
j ves ?'omentos, cómo vive el poderosoª
1 f■■ctonario que acaba declarar la gue- ~
rta a les im1terios centrales, Y cuán sen-ª
dl!■mente se muestra en su vida privada~
!!1Quten parece
que . va a decidir de la pro-;ª
.
j ,ngaaón o el fm de la horrenda luchJ I
! Que conmueve el mundo.
i
5-.......... ,,, .. ,,,,, .. ,.... ,, ... ,,... ,, ...... ,.,,,,.,,,,,,,,,.,,.. ,,,.,.,,, ..

i
i

1

,,J

Va.mas a la residencia del Presidente

de loa Estados Unidos de América vamos
1

~nocer la Casa Blanca. Del C;pitolio
llieuto_ de a:ibasC4ma.ras, a la Casa Blan~
ca, residencia _presidencial, la agradable
~ nd a ~ue segmmos está bordeada de un
Jarclin rnglés, cerca del cual corre mansa~nte el ri? Potomac. El aire de esta. mae a. de primavera. e_s muy puro; el prado
Dlana una. frescura. rncompa.rable.
nePero he a.qui qne nuestro auto se detieque sobre_ el fondo verde de la prak, . ' l-:1ªª am pha construcción con pórti•
~mco d_e una _pureza inmaculada, se
B ca de improviso. Estamos en Ja. Ca11 la.nea.

4e'rf.

En la entra•
da, ni la sombra
de un conserje.
Toma.moa una
gran a.venida y llegamos fácilm,ente a. la
puerta de la derecha, que está ahie t
Aqu_i encotramos lacayos bencillame~:~
~est1dos de negro, que se enteran del oh •
Jeto d_e nuestra visita.. Ya hemos sido
anunmados, pero es necesario esperar un
rat,o. En un banco, venerables ancianos
hacen antesala. Nos dicen que son algu•
nos veteranos
de la guerra. de Secea1.6n,
.
qu~ vienen a prestar sus respetos M
W1lson.
r.

Cuestiones
de '.protocolo

Poco después nos informamos con un
amable secretario de los usos y costum•
bree _de la casa. El protocolo es de los más
senmllos:
· ·
- . . en Estados Unidos ea un v1eJo
prmcip10 que )a residencia del Presidente
debe ser también la de todos los ciad d
nos de la U_nión. Y a pesar de eªat~,
Woodrow W1lson ha querido simpli 6car
a_un m~s el protocolo. Demócrata, ha que
r1do diferenciarse de sus antecesoree
Roosevelt ers. apasionado por el bombo j
daba algunas fiestas, y en cuanto a Taft
se preocupaba por presentar una buen~
mesa y por recibir invitados elegantes El
Pres~dente Wilson quiere conservarla ~isma_ hbe:ta.d de acción de que gozaba en la
Universidad de Princeton O en el gobituno
de New Jersey. Por nada renunciará. a
PIEGAao

P~~:

gnntart1iescierd
f
to que el agqa
8 1a. uente es la 6oica bebida qne ofre~e
en la mesa y en las recepciones de la Casa Blanca. ¡E10 es 1'1.na fábula!, rne dice
el amable secretar!º· Con11ecuente cr,n sus
pa_labras, el Presidente no abrig-a. l:!entim1entos extremosos, y no desdffil\. contar
uno de es?~ cuentos de borracho-1 qne hacen la dehcia_de los pueblos anglo-:,111jones.
He _aqui el dtscureo que pronunrió en la
Sociedad Meridional de Nueva York en
la. cual se le festejaba. por su elecr.ió;1 al
alto puesto que ocupa:
.No me arrojéis a la cabf'za semf'jantes
titules. S~ continu'-is ft.BÍ, haréis qne pierda ?1 sentido de 1&amp; identidad. y nada. mh
peligroso. Escuchad est-st historia de ¡0
que paso el otro día a un estimab!f' CH.httller?- Habí~ org9:nizaclo en compañía. de
va.nos de ~n1s_am1goa. una partirla de pt&gt;S·
ca. en terntor:i? ca!1adien~e. El calor Apretaba y comet10 la imprndencia. de querer
rer:escarse con ese whiskey qne le llaman
wbtskey del Descnartizarlor. Ya sabéis
que el que lo ha 1,ehirlo le E'!ntran gan11s
de echar abajo un arhol. Mi amigo, qne

El Presidente Wilson juega al golf.
6

�Wilson odia el protocolo: casi siempre
viste de saco.
habia digerido una gran cantidad del peligroso whiskey Descuartizador, al llegar
a la estación, en lugar de tomar el tren
del Sur toma el del Norte. Sus compañeros se enteraron de la equivocacióu hasta
que ésta estuvo consumada y telegrafiaroa inmediatamente al jefe del tren del
Norte, lo siguiente: nRegresad prontamen1e hacia el Sur a uno de los viajeros, un
hombrecito llamado Johnson. Señas particulares: está un poco borracho,). Poco
después recibían la siguiente respuesta:
uSe nec'3sitan detalles complementarios.
Van en el tren del Norte trece viajeros
que no conocen su nombre ni BU destinan.
Ahora,; yo creo que vuestras palabras
a.lhagadoras no ejercerán en mi la influencia del whiskey del Descuartiza.dar. V u estro Presidente cree saber cuál es mi destino y estoy segurq, al menos, de que no
he olvidado mi nombre)1.
Nos translada•
La familia del
moa a un gran
salón de espera.,
Presidente.
adornado con los'
retratos de la mayor parte de los Presidentes de los Estados Unidos. Por la ventana,,
admiramos el bello parque en donde ~e
encuentran plantas de todos las países y
&amp;un de los trópicos. Y he aquí que .ep el
patio se ha instalado un juego de tennis.
6

Son las hijas del Presidente que se apres ..
tan a jugar su partida cotidiana, en com•
pañia de algunas amigas. Lg,s tres señoritas Wilson :r,ienen el mismo temperamento de artistas. Margarita, la mayor, hace
las delicias de los salones ó.e Nueva York,
con su voz de soprano. La más joven, Leonor, estudió pintura en la Academia de
Filadelfia. Jessie es la belleza de lafamilia:
tiene un admirable perfil griego y hermosos ojos llenos de lumbre. Sns aspiraciones
son las de llevar al extranjero, eu calidad
de misionera, la evángelica palabra de la.
Asociación Cristiana de Mujeres Jóvenes'.,
Pero ha renunciado a su proyecto: ama
demasiado a su pais para desterrarse, y le
gusta mucho el baile, para ser misi onera.
. Las tres señoritas practican casi todos los
deportes: el tenois, el golf, las caminatas,
la natación, la equitación ...... se interesan
apasionadamente por las luchas politicas
y han conr.ribui.do, con su grano de arena,
a la elección de su padre. Aun se asegura
que Leonor es una ardiente sufragista.
Más he aqni
que
somos introMano a mano con
ducidos al de~paMr. Wllson.
che del Presiden~
te. Nos da la bienvenida y se excusa de
que el trabajo que lo absorve nos haya hecho esperarle un poco. Mr. Woodrow Witson P,S de una ta.lla mediana, no tiene el
aspecto de luchador de Roosevelt o de Taft,
pero no carece de solidez y energia. Iamediatamente nos produce !a impresión de
un hombre perfectamente equilibrado, un
intelectual en el que el cerebro no le pide
ayuda al cuerpo, un hombre de acción
que nunca se olvida de reflexionar. El color es rojizo, un poco rudo, lo que nos indica una ascendencia americana &lt;lema•
siada antigua. Como es sabido, una ley
etnológica quiere que en los yankees rea.
parezcan, en un plazo no muy b1rga, los
trazad caracteristicos del piel roja. Una
frente alta, un sólido mentón escocés, una
boca de dibujo firme, una mirada a la vez
dulce y penetrante completan su fisonomía. Si a primera vista el hombre parece
un poco tieso y amanerado, más es por
cierto espíritu 'de timidez que poi- afectación.
Mr. Wilson pertenece a la élite de su
país. Me basta para creerlo haber contemplado un momento Bu frente sobre la
-cual se refleja una inteligencia clara, la
poderosa voluntad que denuncia eé:ta barba cuadrada y el orden perfecto, meticu-

loso, qile reina en este escritorio, par&amp;
comprender cómo este hombre se ha en.
cumbrado fácilmente al primer puest,o de
su país. Hemos visto intranquilos y agitados, en otras ocasiones, a Taft y &amp;
Roosevelt: pero Wilson nos parece, más
que ningún otro, the rightrnan inthe righl
place.

Wilson es de una vasta y bien fundamentada cultura. Sus poetas habituales soo
Sbakespeare y Wordsworth y admira apa.
sionadamente a :Montesquieu. Frecuentemente lee a Bergson a quien considera
como uno de los grandes filósofos idealistas.
Claramente nos dimos cuenta de que la
personalidad del Presidente Wilson es su.
mamante popular en los Estados Uoidos.
No es la suya una de esas popularidades
exterioros como la de Mr. Roosevelt. por
ejemplo. El demócrata Wilson no es un
demagogo. Los americano8 le llaman el
"Presidente literario," porque, como se
sabe, el autiguo profesor de Princeton ha
escrito una decena de obras de historia y
de economía política. "Intelectualmente
es un gigante, ',1 se dice de él en algnnos
magazines. ''No tanto-nos decía una en•
cantadora rniss- no tanto: pero si. creo
que nosotros también tenemos nuestro
Poincaré"
Tal es, en rápida visión, el hombre que
ac:aba de lanzar a la más grande de las gue•
rras, uno de los más poderosos pueblos de
la tierra. Sobre este personaje, que juega
al golf, que se deleita en contar a. sus
amigos cuentos chistosos y que odia el
protocolo, pesan en estos momentos las
más graves responsabilidades históricas,
Pero se ha puesto del lado de la buena. causa y no está,lejano el di.a en que , restaña•
das las heridas de su pueblo, vuelva tran·
quilamente a su labores habituales de la
Casa Blanca, desde una de cuyas ventanas
vimos a Margarita, a Leonor v a Jessie
lanzar la ligera pelota del Lawn Tennis.

.,
- =-""l":.'t'

Damas arnel'icana s ejcrcitáudose pal·a tamal' parte activa en la pl'óxima campaña.

Los Estados Unidos se disponen a pe
lear Mn Alemania. Cuba, Panamá y San.
to Domingo siguen el ejemplo del Coloso
del Norte. Tales o cuales consideraciones
obligarán pronto a otros países a deseo vainar la espada. En esta gigantesca guerra
ª? qu~ dos civilizaciones se disputan la
d1recc1ón del mundo, es angustioso el papel de los neutrales: parece que tarde o
temprano la combustión alcanzará. hasta
a los más indiferentes si puede haber quien
contemple con indiferencia el inmenso
crisol en que el siglo XX está fundiendo
una humanidad nueva.

Los meJores escritores
de México colaboran en

"PEGASO"
En cada número, artículos inéditos

El Presidente Wilson en su clespacho de la Casa Blanca.

·.'.9' ·. 'e

...-.

Sólt1ado de infautería de los E.

u.

S_ospechada ya, ladecieión del Presidente Wilson ha eausad_o sorpresa; porque el
modesto Profesor de Princeton no es hom~
bre 9ue deja ad~vinar .fáci11!3ente su pensanu~nto y nadie, qmzá m su Ministro
La~sm~, tan .lleno de su espíritu, podria
decir, s•~ pehgro de equivocarse, el acto
que ~egmrá a una de esas horas en que el
Presidente norteamericano, preocupado
por alguna de las graves cuestiones qua se
le van presentando, medita en el fondo de
su gabinete de ,trabajo.
Son, a este respecte,, exactas las aiguien.
tes apreciaciones qae acerca del prócer
yanqui publica un colega de París:
11Cuando la: Historia juzgue a Mr. Wils?~ recordará que este indeciso mostró dec1s1ón cuando se trató de expulsar a un
e11;1~ajador de Austria y a dos attachés
~1htares alemanes y que de igual energia
d1ó pruebas al expulsar poco después al
mismo embajador de Alemania.
Esta decisión fué tomada instantáneamente al recibirse en Washington la nota
alemana. Para ello no pidió el Presidente
ningún consejo. La responsabilidad y el
honor de aquel acto histórico le corresponden únicamente a él.
Igual cosa pasó después con la ruptura..
El día 2 de febrero a las 5 de la ta.rde
t&gt;l Presidente Wilson salió bruscament;
d~ la. Casa Blanca y se dirigió a pie al Cap1toho, a la oficina en que da audiencia a
senadores y diputados. Quedaban todavia
a aquella hora algunos senad01es en el
edificio y les mandó decir que deseaba hablar con ellos. ~s senadores acudieron y
hallaron al Presidente, grM•e y taciturno.
-Deseo, les dijo, que cada uno de ustedes me dé su opinión y me indique qué
s9lución le parece mejor.
La expresión de este deseo era únicamente una manifestación de la concienc-ia del Presidente. La constitución conc-ede a.l Senado americano poderes bastante grandes en materia de política exterior
y convenía, antes de tomar un camino que
podría llevarle a la guerra, convencerse
rl~ que el Senado !o aprobaria y seguiría.
Nrnguna palabra se escapó de sus 1abios
q~e pudiera indicar lo que pensaba. No
h1.z? nmguna objeción, ninguna sugestión.
V1s1blemente atento, escuchó las súplicas
vehemen~es de los senadores del Este que
le aconsejaban romper con Alemania· las
frases de los senadores del Sur que r~comendaban la paciencia, y las quejas de los
del Oeste, que viviendo en las costaa del

Pt.GA::,O

PEGASO

Pacífico·, .consideraban la pérdida de buques americanos en el Atlántico como el
~ás bala~i de los hechos. S6pl~cas, .conseJos, que1as: todo lo oyó sin que un solo
músculo de su rostro se moviera y cuando
la reunión concluyó, regresó ' a la Casa
Blanca a reeler el mensaje de ruptui-l\ que
babi.a redactado veinticuatro horas antes
sin consultar a nadie, y al cual no le cam:
1
•
bió dos palabras.
Al dia siguiente leyó en el Congreso est~ mensaie en que cada frase erala expresión exacta de su pensamiento en que cada decisión era el resultado de ~u voluntad
y en qu.e hasta los caracteres habían sido
IT?presos por sus propios dedos en sU propia máquina de escribir.
Una aclamación entusiasta1 continua
-la aclamación de un pueblo de cien mi:
llones d~. hombres librea- le respondi6
cuando d1Jo, en aquella sesión solemne:

Soldado de infant ería de marina
de los E. U.
7

�l
Josephus Dauiels, Secretado de Marina

He dado 6rdene al Secretario de Estado
para que declare a su Excelencia. rl]i}m,bojador de Alemania que toda8 lns relaciones di·
plomáticas entre los Estados Unidos y Alemania han quedado rotas ..... .
El Presidente \Vilson ohra, efectivamente, con una independencia rletrnsada en
los conductores de democracias. Se ad
vierte en él la seguridad que dan la a.pre·
ciación clar11 de los sucesos y el conocimiento profundo de su pueblo. Tiene la
certeza. de que !e seguhán. Los pequeñoR·
obstáculos que encuf'ntra. en 'i'll camino
0

Robert La.nsing, Secretario de Estado de E. U.
:Min isterio de la Guerra, de poner sobre
hu~ it.rmas a cuatro miJ.lones de hombres.
Y no sólo los varones se alistan para la
vida. militar: siguiendo el ejemplo de las
beroicas mujeres francesas e inglesas, que
en Europa comparten con lós hombres el
peso de la guerra, trabajando en las fábri·
cae y en los campos, mientras aquéllos
rechazan en combates homéricos la inva.sión, las damas nort-eamericanas acuden
a milhnes a recibir instrucción para a.yu
&lt;lar eficazmente al ejército cmmdo las necesidades de la camp0ña lo requierat.J.

Los franceses se divierten en las trincheras modelando en madera
las cabezas de los reyes.
86lo sirven para bacer resaltar más el vi•
gor de su volición.

***

Aunque los Estados Unidos no estén
preparados materialmente para entr.... r en
una contienda de tanta gravedl\d, llevarán
a ella un contingente de fuerzas capaz de
apresurar favorablemente para los aliados
de la Entente el término del conflicto.
Hace tiempo que el espíritu bélico que
improvisó los gigantescos ejércitos de Grant
y Lee sopla en la República Norteamerioa, despertando el dormido instinto gue•
rrero, y dispuesta así la nación, entrará
rápida y fácilmente en la vía de los grao•
des esfuerzos militareij. Se hablaba al prin•
cipio de aumentar el ejército a medía mi•
llón de plazas y más tarde se hizo aseen·
der este número a un millón doscientas
mil: hoy se trata, según los planes del
8

En los campamentos que para el caso se
han establecido-donde las mujeres se ha•
llan sometidas a un régimen estrictamente militar cualquiera que sea la clase social
a que pertenezcan-se les hace conocer la
telegrafía sin hilos, se les enseñan los diversos sbtemas de señales empleados en
la guerra, a vendar a los heridos, a prepa•
rar alimentos para los enfermos; alternando e:ita educación, esencialmente práctica,
con conferencias en que se les inculca el
amor a la patria y la necesidad de sacrifi•
c·arlo todo por ella.

Newton D. Baker, Secretario de- Guerra.
dído basta la fecha desalojar de ella a loa
alemanes, aferrados tenazmente a la po•
sición.
Los germanos han intentado en otros
lugares de la línea francesa algunos golpes
de mano; pero hao sido duramente escarmentados. PMa vengarse bao bombardea·
do nuevamente a Reims. Es todavía, con
sus edificios destrozados, con su catedral
lacrada por la metralla, la pesadilla de la
barbarie.
El acontecimiento más resonante de la
semana ha sido el triunfo aplastante que
los aliados han conseguido entre Arras y
Leos. En un tremendo esfuerzo, en que
se distinguió principalmente el elemento
canadense que existe en la linea de bat,a•
lla, ingleses y franceses sacaron a sus adversarios de los atrincheramientos que
ocupaban eu una extensión de quince kilón.l.etros No fue esto una retirada est,atégica: los alemanes dejaron en poder del
enemigo muctios cañones, muchas ame·
tralladoras y más de quince mil prisio•
neros.
El movimiento ofensivo continúa con
igual vigor y pronto se extenderá a otras
partes del frente.
Tal parece indicarlo la llegada del gene•
ral Foch a la Champafia, región que según
los peritos militares se presta más que las
otr~s para el desarrollo de una ofensiva ea
gran escala.
Foch es tenido en Francia como el eol•
·rla.do más apto para dirigir un vasto mo•
vimiento de carácter ofensivo y su presencia en la Champaña hace creer que se
preparan allí grandes sucesos.

mariscal Hoetzendorff fue separado de su
cargo de Jefe del Estado Mayor austriaco
ae ha hablado de una probable ofensiva
en Italia, semejante a la que se llevó a ca:
bo hace tiempo y que fracasó en Posina
Astago y Arsiero. Hoetzendorff e s u ~
italófobo furibundo y conoce palmo a palmo una de las regiones más vulnerables
de la frontera italiana. Cuando fue sepa·
rado se le significó que pronto se le coafiaria una misión importante, y esto v lH.
11,parición de Falkenabyn en Innsbr~Ck y
las ralabras atribuid1ts al héroe alemán:
a la destrucci6n de Rumcmia seguirá la de
llalia-parecen confirmar la especie.
Salvo la concentración de· foerzas bávaru en Innsbruck, n1tda. se ha hecho sin
P:rnbargo que indiq11e la adopción de se•
mejan~e pl~n po: el alto mando germano.
La. mv8:s16? v10lenta de Italia y la dest-rucc1ón stqmera _sea parcial de los ejérci·
r, 1s de Ca.dorna, eJercería sobre los alia.dos
110 efecbo moral capaz
de tentar a los
l.'eocedores d~ Ruma.nia; pero la em¡&gt;resa ofrece d16c11lta&lt;lea muy serias parit
qne Alemania no las pese mucho :l ntes
de emprenderla. Los italianos no estnfan
ya 1mlos en el momento aflictivo en que
Austria y Alema.niit a.Troj aran sobre ella to·
do el pese. de sus reservas; gracias a los conti_ngentes inglesf's que ocupan ya en Fran·
c,a una linea de doscientos kilómetros loifranceses pueden di~poner de gran par&amp;e
de las tropas veteranas que antes e@tahan
en el frente y a la aparición de las mat-1&gt;1.s
enemigas en la península italiirnR. segoirfa
l&gt;1. de un ejército francés por el flanco.

(Del

11

Mercu1·io" de ).'rueva rork)

de.?atrozivlos y de~figuratlos por lil. metralla
dt&gt; los shrapnelis.
Pienso también en las pobres madres
q11e e!:!.perarán en vano el regreso de ellos
y que ya no los verán más que en atroc~s
pesa.dillas.
Y por repentino arrebato llevado, hu•
yendo de estos ca{npos de carnicJ:&gt;.ría., mi
pensamiento va a la bella capital, donde
1,,,i hombres que han asumido la pesada'
1·,ng-1\. de salvar 11. la patria dictan en este
111nmento sns órdenes, sin tener en cuenta
,.¡ lil.s tropas están o nó en estado de ejee ttarlas; esas órdenes en las cuales se uos

c...A propósito de la retirada alemana.
'L'radncción pa1·a Peqaso
por Fra-ncisco Verdugo }'álqnez.
Tuda la. tarde hemos estado en contacto
con el eoemigo. T1tnto de una parte co•
mo de la. otra, nos sentimos agotad~s y
hacia las ocho de la. noche se me ord~na
establecer la vigilancia del norte de la ciudad, ~n una quinta., a ochocientos metros
iiel vivac. sobre el camino, en un lugar
Jlamado (,La Fontaine)).
Por costum~r~ establecida, el Mayor nos
guia a los com1s10na.dos de guardia bRcia.
u_n punt~ que nadie conoce, porqne, alba.t~rse el PJército en retirada, se ha IIPgado
siempre al término siempre de noche. En
un momP1lto dado el jefe se detiene, y h0.

•*•

•

PEGASO

A cada cual la suya ..

De relatos de la guerra por el Gral.
Bruneau-1870.-71.

Los criticas militares siguen haciendo
pronósticos sobre los futuros planes del
mariscal von Hindenburg. Desde que el

iA~rieta con la neutralidad!
(Del "A. B. O." de Madrid)

*

*
establecí mis *reservas
en la quinta
misma. y me cubrí por una linea de do.
bifS centinelas que logré poner en relación
con los de la compañía vecin~.
La noche era en extremo clara a tal
punto, que yo podi11. percibir a. poco~ cientos de metros, la. línea de los centinelas
prusianos y podía distinguir cla.ramente a
mi colega alemán, el herr hauptmann, Qllt:l
ha.cía su deber de aquel lado como yo ha•
cía P.l mfo, de éste.
'
¡Y, cosa singular! Jamás, en isemejantf's
circun·t1rncir1s, hemos rlisp:i:rado los unos
sr)bre los otros. Se veía, siu embargo tan
hien como en pleno dia, pero cada s~lda&lt;lo debía hacerRe in petto este juicim10 razonamiento: Hemos marchado todo el día
y nos hemos ba.tido como bravos, por lo
qne ahora tenemos derecho a un poco de
de@canso. Si nosotros disparamos sobre el
enemigo, éste, de seguro que nos contestará., y el combate será reauudado en detrimento de unestras horas de sue'no, que
n_os son tan indispensables para poder con•
tm11ar con nuestro oficio m~fü•na
Terminada mi inspec~ión, vnei"vo 11. la
quinta, donde me encuentro a un snhte•
niente en conversación"'con un pobre dia•
'!fo

LA REVANCHA

* *

Miéntras la sangre continúS. corriendo
en Francia.
Se han trabado algunos combates de relativa importancia en torno de Saint Quentin, cuya plaza asedian cada día más estrechamente el ejército inglés por el Norte,
y el francés por el Sur, sin que hayan po-

ciendo un.gesto vago, se reduce a decirnos:
Vigilaréis por ahi.
En segnida se va con las otras compañías y no se le ve más.

Lo que hay que hacer ....
(Del Lije)

Los trnno:c. trepidan.
(Del

blo ~e · corncero. ¿Qué significaba la pre·
senma de aquel hombre en aquella hora?
Lo_ pregunto y obtengo la respuesta: es un
primo suyo. Sabiendo que él era 1-mbte•
niente en el primero de zuavos en marcha, se ha informado y se le h~ unido en
la avanzada. El pobre hombre se muere
de hambre, y como nosotro@ hemos encontrado algunae provü1ioues en la quinta, le im·ito a participar de nuestra cena,
que de!oramos de prisa, pues he preveui.
do a m1 camarada que yo ·velaré la primera mitad de la noche y él me re"em plaza.rá a las tres de la mañana.
En esta inteligencia, ellos do.e se extienden. sobre un montón de paja., y un ins•
tai;ite después están profundamente dar•
midas.
Yo velo, y p&amp;ra no sucumbir al smño
me decido a dar algunos pasos frente a 1~
granja, donde, echada sobre el heno desC&lt;'l.llSíl. también mi reserva. El frío ~e in.
tenso y necesito caminar constantemente
para no ceder ai entorpecimiento.
Mela~cólica.mente pienso en mi capitán
y en mis pobres soldado!! que allí abajo
más allá de la linea sombría de los gran:
des árboles, hacen ellos también su última
guardia .. Loii veo extendidos, rígidos en
su. suda.no _de ~ieve, - los grandes ojos
abiertos al cielo 1mP.lacable, y c•freciendo
en holocausto al DioR irritado que hiere
tan cruelmente a la Francia, sus cuerpos
PEGASO

''Lije'')

reprocha de huir buscando al heroico
Oucrot para reuoírnosle ((a través de un
océitno rie enemigos», y no conociendo el
espíritu del ejército, se le hafüa un extra•
fi.,1 lengnaje, levantando el patriotismo de
ei:itas poblaciones que se burlan de nuestra.
miseria.

Y entonces yo evoco, en oposición la
\•isión &lt;le los grandei,; abuelos, de los rePre•
sentantes del pueblo en los ejércitos, que
acompañando a las tropas, las inflamaban
c\,n sus arengas, proveí ...n a todas sus
necesidades, y ceñida la escarapela trico•
lor, el scimbrero de plumas a la altura de
Lt punta de su espada, marchaban a la
C&gt;t.beza de las columnRs y tomaban por
a.iólll,lto la-, trincheras.
Después, a.rrancándome a este sueño,
paseo mis miradas al rededor. La miste.
riosft cl.aridad de la luna presta a los objetos fl,leJados formas fantásticas, y bajo la
espesa capa de escarcha, desde los troncos
hs.stst las ramas, aparecen los árboles CO·
mo f{',ntasmas viBtiendo su sudario.
En la vasta llanura, envuelta toda en
n_na luz azulada, reina un silencio impres1on11.nte, turbado sólo, a intervalos regulares, por e} grito de algón ave nocturna
que parece.llorar a los muerto~.
De tiempo ell tiempo, una escala de
tnses c·orrl}_ 4e _µn extremo al otro de la
línea de mis centinelas, y de repente co•
mo un eco, oigo a. mis espaldas a mi' des9

�eorno por las composiciones literaria.a lef.
das. Don Julio Zárate leyó el iniorme del
Director Don José María Vigil, quien no
pudo hacerlo por hallarse enfermo a cau.
sa de la fatigosa tarea que se impuso para
poder presentar arreglada la Bibloteca el
dfa de su inauguración.
Estns datos los tomo de la obra. de Don
Luis Gonz,Uez Obregón, editada en Mé1ico en 1910. Dice el ilustre et1critor: «El
edificio, &amp;quel dia. inaugurado, pre~entaba
un aspecto hermoso e imponente». Afia.
de una descripción muy amplia del hPrmoso recinto en el que dPsC'ribe detallndamente toda la partP onrnmental del Pata.
blecimiento. Las e~tatuas colorf!da@ en el
amplio fltrio, eon hustm¡ qufl rfprPsf'nt.an
a los más altos escritorPs que ha habido
entre nosotros. Tanto éstas como las del
interior del recinto son de dudoso gusto
artfatico. Ultimamente, luce Js. efi~de de
mármol, del ilustre barón de Hu:nboldt,
obsequio de la colonia alemana, ·con motivo de las fiestas del centenario de la lnde.
pendencia.
Sigo copiando del Sr. Don José Maria

graciado ayudante 1 cuyo pecho resuena,
ronco, eomo un tambor.

•*•

Como a las dos de la mañana me decido
a hacer una ronda, a fin de asegurarme
de qu~ ningunJ de los centinelas duerme.
Camino lentamente, deteniéndome de
cuando en cuando para dar la palabra y
oboervlt.r al enemigo, donde la punta brillante de sus pickelhauben parece enredarde por instantes en un hilo tle luna. Repentina.mente llama mi atencióo uu grupo
de dos zua.vos, uno de los cuales a.p&gt;1reí'e
recostlldo coutrH. un árbol, mientra!:I qne
u con1p11ñero enr-ué11tra.t-e extendido
11
sus pié1:1. SurpreuJidu de no uir el
¡quién viv~!, me aproximo primero al
que duerme, Slt.~udiéndole fuertemente,
y qui6n, al rec0uocnme, se incorpora,
aterrado, implorando mi pndón. Después
mitrcbo sohre el otro que continúa. mudo,
y tomáudolo por el brazo, le digo a media
voz con irritado tono.
-¿Por qué no me habéis marcado el
alto?
Ninguna respuesta.
-Dormit! vos también!-Y al mismo
tiempo lo sacudo vigorosamente.
Como un madero colocado en equilibrio
contra el mnro y que acaba por caer, as'í
aquel hombre, a mi contacto, se desploma
de nna sola pieza, con ruido sordo
Y o retrocedo espantado: la ·
muP.rte ha hecho su obra!
Me dirijo a la caseta central
para hacer el correspondiente reemplazo, y al llegar, veo a un
z11avo que había ido a la població11 por agua para hacer su café,
y quien, todo trastornado, me
da la noticia de que el lugar ha
&amp;ido evacuado.
Los fuegos del vivac divísanse
todavía encendidos, y el regiEl
miento, sin embargo, ha partido,
sin que se hubiera pensado en
prevenirmelo. Mando entonces verificar
si a mi derecha la compañía de la guardia
vecina continúa en su puesto, y me cercioro de que ya no hay alli nadie. Más
afortunados que yo, ellos habían sido oportunamente advertidos; y yo he quedado
solo, enfrente de toda la.linea de las avanzadas alemanas, que, rendidas ellas también por la fatiga, no se han apercibido de
nada.
¡ Adiós las horas de sueño reparador que
me había prometido!
Era necesario despejar lo más pronto
posible. Despierto a mi camarada y lo·pongo rápidamente al corriente de la situación, mientras que mi sargento va a prevenir, sucesivameDte y con la mayor precaución, a todos los centinelas, despué~
de haber dado la voz de alerta a la reserva.
A una señal convenida toda la linea
c:onverge sobre la quinta y algunos minutos después tomamos el camino.
El movimiento ejecutado sobre el euelo
cubierto de nieve, se opera en el mayor

Vigil:

jefe t1e las

milicias en los Yosgos.

i:.ilencio, y no es sino basta apuntar el dia
que los alemanes ee percatan de que han
perdido una bella ocasión de capturar una
compañía entera.
Marcho todo el resto de· la noche, y como a las siete de la mañana, me siento
feliz al unirme con la retaguardia de mi
regimiento cuya cabeza entraba en ese
momento a Orleans.
En el sño de
gracia de 1884,
el 2 de abril,
aniversario de
la. towade Puebla por el Sr. General Don Porfirio Díaz,
el General Don Manuel González, entonces
Presidente de la Repóblica,, inauguró solemnemente la hoy célebre Biblioteca Nacional de México.
El programa a que se sujetó la ceremonia de inauguración fué variado y ameno
tanto por las piezas musicales ejecutadas,
El aniversario e inauguración de la Biblioteca Nacional

Submarino americano vigilando la costa de Nueva. York.
PEGASO

11Una primorosa reja de fierro-diceda entradR. al hermoso vestibulo, enlosado de mármol de colores y cerrado por la
bóveda del antiguo coro, que sostienen de
nno y otro lado die~ elegantes columnas.
Frente a la. reja se abre una puerta de cedro y caoba, artísticamente labrada, que
conduce al salón principal, extensa nave
de unos cincuenta y un metros de longitud por trece de Jatitud y treinta y cínco
de altura. Doce elevadas columnas distribuidas de uno y otro lado sostienen los arcos &lt;le las bóvedas ligándose aquellu por
un doble friso de piedra, que completa el
adorno arquitectónico. En los intercolumnios Je la altura de siete metros y medio,
se abren loa arcos de las antiguas capiUu
que formaban dos naves laterales y que
hoy 1 comunicadas ente si por la parte interior, constituyen otras tantas ga.leriu,
compuestas de ocho pequeños departamentos de techos más bajos y que terminan en los cruceros11.
Continúa el señor Vigil explayándose
en la descripción de la parte que pudiéra•
mos lla01ar material del establecimiento,
Lo hace con unción, con veneración, con
recogimiento; pero todas estas cosas aumentan de punto cuando se trata de lo que
pudiéramoc1 llamar Alma de la Biblioteca.
A ella consagró el señor Vigil toda su
Yida con una tenacidad y una inteligencia admirables. Cuenta el st:ñor González
Obregón que la exploración detenida. y
minu~iosa, en que demostró el señor Vi•
gil IM paciente cualidad del bibliotecario
;1siduo y ordenado, es labor digna de la
mayor alabanza, pues a la vez que fué ta•
reR rnda y material, le acarreó dos o tres
enfermedades que le pusieron al borde del
sepulcro.
En la rebusca de volúmenes, a fin de
completar ohras, en la' clasificación general qne se hizo al principio, numerando el
asunto, cada uno de los tornos que se iban
desempacando y colocando sobre mesas
improvisada~ con bancos y tablas, y en la
distribución pooterior con objeto de agru•
parios libros de una misma materia en loa
respectivos lugares que se les babia destinado para insta]S1.rlo1:1, ~ecnndó con toda
l'l,Ctividad e inteli¡rencia al señor Vigil, el
Sr. Don fosé Maria de Agreda y Sánchez,
d!stingnidisimo bibliQfilo mexicano y sub•
director de la Biblioteca Nacional».
Actualmente el establecimiento ha sufrido por varias vicisitudes a causa natural•
mente del estado anómalo por que atrave•
samos.
MANUEL DE LA PARRA,.

MANUEL o. MORENTE: LA FILOSOFiA DE liENRI BERG•
sos.-Piibtictteione/$ de la Residencia de Estudiantes.-Madrid 1
1917.-Acaba de publicar el señor Morente un estudio sobre la
filosofía del conocido pensador
francés Henri Bergson. Son tres
conferencias, acompañadas del
discurso que pronunció el filósofo
en la sala de la Reeidencia, el año
pasado en su viaje a Madrid. El
discurso ea tan elegante como
cualquier página suya, y tan
amable como cualqnier discurso
francés. La exposición del señor
Morente, afquien ya:conocíamos
por una correcta traducción de la
Oritica del ju1cío, es clara y bien
arrt&gt;glada. Berg1:1on es de los :filóHENnY GEAG!::ON
sofoe que pierden mucho en resúmene1:1; pertenece a la casta &lt;le loti fi!ó1:1cfo1:1 literarios, en quienes
es un cbmún denominador para tudos los argumentos la fuerza del
estilo, el modo de decir las co~as. En Bargson la exposición no es
inmediata y repentina, como en ciertos filósofos matemáticos: en
él se dice una proposición, se desarrolla y se repite, y el proceeo
del convencimiento es como el repasar de un lapiz sobre la miema
linea hasta dejarla negra. Hay en el argumento bergsoniano un
poco de sugestión, imita la corriente del propio espíritu cuando
vuelve sobre si mismo, y por descubrimientos minúsculos y progresivos, alcanza el juicio que en un principio, totalmente, babia rechaza.do. Pero el señor Moren te ha logrado algo de esto en· su
libro. ¿Tengo que decir que a pesar de todo en el caso de Bergson
es más dificil pasarla sin sus libros que en el caso de 0tros filósofos? Por experiencia lo sabemos. En el momento de leer el estudio
del señor Morente. no conociamos Materia y memoria; lo hemos
leido después. Es inútil decir que este común denominador de los
argumentos bergsonianos-su estilo-es indispensable en ciertas
partes, sobre todo en aquellas donde es el único argumento.
El libro no juzga la obra del filósofo francés, y no ciilifica 1!'11
pensamiento sino con adjetivos accidentales: nuevo y valiente.
Bergson es, en Francia misma, un pensador discutible; en su pa•
tria se le ha llamado Hegel con mezclas de Plotino, y en su patria
también se ha escrito: uEmile Boutronx, el primer filósofo francés
de ahora . ..... n Taylor, Carr, Stewart, en Inglaterra, discuten sut:i
mejores argumentos; acaso en Alemania los libros que en defen~a
I del determinismo fueron publicados después de los Datos Inmediatos
de la Concie.nci,a, tan citado sin embargo por Rudolf Eucken. le
den menos Importancia de la que tiene. La. originalidad del filósofo ha sufrido serios ataques; principalmente la Risa, en donde
hay rastros de Schopenbauer, de Richter y aun de Bernard Shaw.
¿No es rebelde la filosofía de Bergson a una exposición discursiva? ¿No al transladarla de vaso en vaso se pierde esta gota pre•
ciosa y rara que es la intuición de la conciencia? Si nosotros que
vemos la rosa destruimos su esencia inefable nombrándola. (recordad las últimas páginas del Ensayo) ¿quien no la ve, puede siquiera
nombrarla? La exposición del señor Moren te es reprochable en un
punto: ha cambiado algunos ejemplos (en la página 80, por ejemplo). La originalidad de un Ejemplo es banal, y luego los nuevos
1cjemplos no ofrecen ventajas sobre los primitivos; y aunque un
ejemplo es siempre una cosa fútil, a veces un modo de no explicar nuestro pensamiento 1 valía más no haberlos tocado.
,.f.-.,;
' ,;.4 &lt; ~ ,~r.,
A. C.
("vv
,V
FERNANDO OONZALEZ ROA: Tmo MEXIOAN PEOPLE AND

DETRACTORS, New York City, (sin pie de imprenta ni fecha),
m 4?, 92 páginas.

THEIR

MANUEL A. CHA VEZ: Á:SÁBUAC. POEMA ÉPICO CANTO
Gristianía, Det Mdllingske Zogtrykkery, 1917, en s?,

DO,

SEGUN-

se

pá-

ginas.

LEOPOLOO LUOONES.-PoEM:As Escoamos.-Selecci6n y estu.dio de Antonio Castro Leal.-Gultura. /JJéxico. Tomo III. No. ,5.
1917.-Nos ocuparemos en el próximo nómero, en examinar la
interesante colección arreglada por el Sr. Castro Leal, redactor de
esta revista.

MANUEL UOARTE

Cttando apwrezca la pre·
sente edición de Pegaso,
.Manuel Ugarte hab,·á llegr,do o esta,·á po,• ltegm· a
la Capital de la República. después de haber pasado
al(! «nos días en el Estado
de Veracr«z. Viene a .MéXÍDo 'invitado po1' la Unive,·sidarl Nacional, a da1·
alJúnas co1~fe1'encias .!obre
el pana1ne1·icanismo. Que
sea bienvenido y que su
no\le labor obtenga la ,·e·
compensa rle uma pródiga

cosPcha.
Pocos lwmbres, quizas

11Ínguno, han sido más
.fer1Jientes )Jropagandistas
de llegar a México el último libro de poeslas del ilustre poeta,
de la unión latino-america·
mexicano Amado Nervo, que hace varios años reside en Europa.
11 a que .Manuel Ugarte.
P6[Ja,o publicará un estudio sobre la obra de su prestigiado colaHace varios años que se ha
AMADO NERVO,-ELEVACION. Madrid, 1917, en Svo.-Acaha

borador, en una de las próximas ediciones de este periódico.

echado " c11tBtas el apos-

talado. con gran desean
tento dealgnnos pm·s01wJe,
de los Estados Dnidos, qu ,
creen ver en el eM}1'ito1·
argentino -u n peli(J'l'O cadu
1,,iez más conm'eto y má~ n
menos ce,•cano. Reco,·dad
le, vi:sita que en 19HJ hizo
a .México .Manuel Uga,•te.
Desde entonces fué un
conqi!/istador de sim,patía.5
entre todas las personw,
que C'reen en la 'realización
de un aciterdo entre lo,
países latinos de América.
Llegue Uga,•te en buenrt
ltora: las instituciones oficiales lo esperan; los homb,·es de letras lo estiman; la
iuvent11,d lo sig11e. Vengu
en ln.tena hora, que ya tiene
en su favm· 'una triple

eo'nq t.1,ista.
1

�insuperable. Tiene un clarisimo juicio de]
ambiente.
Hasta aqui el maestro Vi'ves. En México se puso ' 1Ma.ruxa" con precipitacio.
nes, como es de costumbre y rigor en
nuestros cuadros teatrales.

Amadeo Vives, el autor de 11 Maruxa"
Amadeo Vives, el celebrado autor de
"Maruxa", qne se estrenó en México el
sabado último, es uno de los mfüiicos que
mayor renombre y popularidad han adqui rido en España. Todos recuerdan en la
península el éxito de la ópera "Artúsn y
de las zarzuelas ''Entre bobos anda el juego" y "Don Lucas".
Es curioso recorrer, siquiera sea a la ligera, la vida de este artista. apenas conocido en Méx:ico. Amadeo Vives nació en
Collbató y es el menor de diez y seis hermanos. Desde muy pequeño fué nn ardiente aficionado de la múaica, y a la edad J}e
ocbo años, se transladó a Barcelona y all1
comenzó su educación con el maestro don
José Ribera~ como cantor de capilla en la
Iglesia de Santa Ana.
Cuatro años duró el aprendizaje, a.1 cabo
de los cuales entró a la Universidad como
oyente de las clases que más le agradaban
Alli hizo conocimiento con varios hombres ahora muy distinguidos: Cambó, Prat
de la Riba y Corominas. A los quince
RÚOS babia terminado sns estudios y füé a
Málaga a organizar y dirigir una banda.
Vuelto a Barcf':lona, contrajo matrimonio
y &lt;lióse a gana.r la vida truhajosamente,
tocando en cafés y teatruchol:', por pueblos y villorrios. Entonces fué cuando
compuso la música para la ópera "Artús"
y cuando el dueño del café de las Novedades organizó una temporada de ópera y
lo nombró maestro de coros. La ópera de
Vives se montó trabajosamente y a ella se
opusieron innumerables dificultades, pero
el éxito fué excelente, tánto 1 que algunos
ll.migos la compraron al autor en cinco
mil pesetas. Con este dinero el maestro
Vives ae transladó a Madrid, en donde es•
cribió la música de "Entre bobos anda el
juego", cuyo libreto es de Fernández
Shaw. Puco después escribió con Luceño
el "Don Lucas 1 ' , que se estrenó ¿,n Price.
El famoso músico español tiene en preparación varias ohra'3. De una de ellas habla como de una nueva concepción del
drama lirico, y qLliere ponerle música a
''Don .T uan Tenorio''. Sus partitura.a son
muy solicitadas en toda España, y basta
el nombre del maestro para que el é:cito
sea magnífico. Cerca de un millón de pe•
setas lleva ganadas en el, teatro, úoicamen-

te por los derechos de autor. Y no está
por demás decir que Ama.deo Vives, de
cuando en cnando, suele meterse a los te•
rrenos de la literatura, en donde se le tiene como un mediano ironista.
No hace mucho dió a conocer su opinión sobre la música e¡;cpañola. Helaaqui:
Respecto de la música española-manifestó - opino que nuestra situación
es más dificil que la de los · músicos de
todo el mundo. En arquitectura, por

Guisado de liebre ..... sin liebre
Cróoica de teatros Restas horas. Cuando
los teatros no presentan novedades ningunas. Cuando los carteles de pascua están
muriéndose de tedio. Cuando la esquina
que ostenta cartel es exactamente igual a
b esquiJa que dice ((Se Prohibe Anunciar»
Cuaodo es más grato pedir .socorro violen tamente a los bomberos que pedir a una
empresa que violentamen_te contrate a
Socorro. Nosotros pensamos que ésto de
los e111pectáco los debe moverse.
Asi no puede continuar. O Poncho Castillo corre el riomingo, en motocicleta, en
P-1 Hipódromo de la Condesa y Amaury
i\luñoz canta la ((Niña de los Besosn en el
Principal o pongo a Welton a que haga la
crónica y me dedico yo al indecoroso ofi.
cio de amaestrar 1&lt;lüiles11.

Se cierra el Mexicano
La Compañía del Mexicano abandonó
P-1 coliseo, tomó no sé cuantos boletos parl\
Pit.chuca y depositó el equipRje en la
taquilla.
A Dora Vila le ataron un listón azul eu
el cuello y la soltaron. A las tres horas
1lebe haber llegado a la torre del reloj. A
Galé, el buen Galé, le pusieron en la petaca 328 parches porosos. Pachuca es frio.
La l\fonjardío, va muy bien: e:1 vinRgre.
Mutio debe ir r(ldando en sus propias
ruedas.

La fábre gas
Una escena de "Marnxa" en fiArbeul
Pjemplo, dentro de cadll e,-,tilo los artistas
HO tienen q¡1e cuidar más que el de_t:-1,lle
para destacar su perwnalidad. Ea música
ocurre lo mismo. Francii1, lti'llia. y Alemania tienen una tradición musical qué continua.r. Por e30 hay menos diferencia de
lo que parece entre Dehussy y Massenet o
Gounod, entre Strauss y \Vagner o Bee•
thoven ...... Cada escuela. conserva su tradición distinta, A.!!i, Stnmss tacha a Debussy de incoloro y los franceses desprecian a Ricardo Strause por loco. Nosotros
no tenemos tradióón. Hemos de crel\.r la
escuela. Yo, para e,;to, procuro seguir una
regla que me parece la mejor: no apartarme del canto popular. De músicos me parece muy notable, el más notable, Enrique
Granitdos:. Son muy interesantes Morera,
Del Campo, Pa.hissa, Falla ...... Falh es

Dicen por ahí que til teatro Mexicano se
abrirá para el mes de mayo con una com·
pañia que está arreglando Virginia Fábre gas. Al efecto espera que de España lleguen algunos elementos, pues nos infor·
m~.n que desde hace mucho viene ella
hacieodo sus cálculos.
La citada actriz hace poco que '!3alió
para Tehna.cán. No es dificil que haya ido
con el ohjeto de terminar los cálculo8.

Por el Coló•
Indudablemente que el Colón es el tea.tro eu donde ha.y más aspectos artísticos
Anuncian para muy pronto i&lt;La Falenany
otra obra obra: (( Vencidall, de la señora
Eugenia Torres de Meléndez. Esta obra
fue leida hace pocos dias en la librería
«Biblosii ante un grupo selecto, y agradó.
Creemos, por lo tanto, que será bien recibida por el público.

................,............,,,,,...,,,.................................................................................,............ ,,,, ..,,.,,,,,,..........,...,,,,,,,,,,,,.,,....,........,....,. ,,. ,................,.....,.........,,,,,,,,,.,,,,,.. ,,,,,. ,.....,. ,,,.. ,......
Bienestar,
Alegría,
Horas deliciosas,

¡

Sólo én San Angel lnn
Unicamente en
San Angel Inn.

•-.,• .,,.,, .................... ,,.....,.,, ..............,. ...... ,,,.,,,..,,.,,,.,,,,.,,..,,,,,.,.., ...,._,n,111 .. ,,.,.,m••101t11,1111111,1010111111•"'"'"'j"''''"'''''•"'''"'''''''"''"''"''"''"''''"''"'' ..•..m••m...... ,.,,,, _ _ _ __

Sr. ]francisco Obregón, vencedor
en la carrera de 21} categoría.

Sr. AmaUl·y Muñoz, vencedor
en la carrera ele 3¡¡. categoría_.

Sr. Adolfo Moutiel, vencedor
en la carrera del;} categoría.

DEPORTES
Las últimas carreras en el Hipódromo de la Condesa terminaron
en un ambiente da tragedia

número de personas se bailaban presenciando las carreras, tendidas en el suelo, matando a nueve é hiriendo a algunas más,
Continuando su desenfrenada carrera hasta.chocar contra el alam•
brado, saliendo despedidos de sus asientos porlo violento del choqn~, el piloto y su ayudante, que fueron a caer a gran rlistancia, afortunadamente casi ilesos.
Salió vencedor, en primer lugar, el Hudson número 1, del Se ..
fior Aspe Suinaga, tripulado por el intrépido Amaury Muñoz, Hel
Juan Sih·eti de la gasolina," como acertadamente lo llamara "Volante" en la crónica anterior, y que demostró una vez más su intrepidez y_ pericia para manejar. En uq. principio se dijo que iba a
l'ler descahficado este coche por atravesarse y cerrar el paso a los
demás coches, pero en la junta celebrada el lunes se acordó otorgarle definitivamente el primer premio, consistente en la copa
1
'Madrid,'' cedida por el Excelentísimo Señor Ministro de España,
nara el propietario, y $500. 00 para el piloto. Hizo el recorrido en
51 minutos, 17 segundos.
El segundo premio fué otorgado al Fiat número 9, del General
Juan Lechuga, piloteado por el Coronel Ordóñe~. Tiempo: 54 minutos' 2ft segundos; y el tercero, al Hispano Suiza, del General
Juan Mérigo. Tiempo: 55 minutos 21 segundos.

Con mucha anímación y ante mayor concurrencia que las ante ..
riores, se verificaron las terceras del circuito 11Coode!:!~)1 el últimu
del domingo.
Las tribunas estaban completamente llenas de espectadores, eutre los que anotamos a Vflrios miembros del H. Cuerpo Diplomá•
tico y prominentes personalidades políticas. También los toldos y
sillería se vieron pletóricos de concurrentes, y un gran número de
personas inundó ambos laJos de la pista, siendo impotentPs lapolicia, tropa y miembros de la Cruz Roja y de la Empresa Explont•
dora de Deportes, para contener a la muched11mb1e y evitar que
se atravesara.u en la pista, lo qtie contribuyó a dar mayores proporciones a la nota .i!angrienta que coovirtió en tragedia lo que debió ser una brillante nota deportiva.
Los vencedores en estas pruebas fueron los siguientes;
Primera Categoria, 15 vueltas a la pista.
Primer premio al Woods Mobilete nftmero 7 de los Sefíores Pincheti Hermanos, piloteado por el Señor Adolfo Montiel, con un
record de 32 minutos 58 segundos. Segundo premio Ford núine•
ro 4, del Señor Javier Velázquez, piloto el mismo dueño, que emfoot Ball
pleó 38 minutos 17 segundos, y tercero, ~tudebaker número 1, del
Señor Fernando Gaisman, que hizo 39 minutos 9 segundos y
El domingo volvieron a medir ims fuerzas los equipos del uAmi medio.
cale Francaise de Mé.x:icon y el uJunior,n volviendo a obtener la
Segunda categoría, 20 vueltas a la pista.
victoria el ((Juniorn a pesar de la brillante defensa que principalPrimer premio, Fiat número 2 del Señor Francisco Obregón,
mente en el segundo tiempo hicieron los del nF. A. M.11, apuntá,npiloteado por él mi8mo. Tiempo: 41 minutos 45 segundos. Se- do~e los vencedores 3 goals contra cero.
gundo premio, Gobron, del Señor Félix Martino, piloteado por
El i(Mixcoac,) tuvo un juego de práctica con el ((México,)) debido
el Señor Rafael Caso. Tiempo: 42 minutos 33 segundos. No a que el uNormaln, con quien estaba concertado el juego de liga1
huho tercer lugar.
no se presentó, probablemente por no desmentir su informalidad,
Tercera categoria, 30 vueltas a la pista.
que ya se va haciendo casi proverbial.
La carrera de la
El domingo próxi ·
Muerte.-En esta camo, y si el dios N eptu ·
rrera qu~ promP.tía ser
no lo permite, se juga·
sensacional, dados los
rán los partidos si·
elementos que tomagnientes:
ronparte, tuvo lugar el
En la mañana., a las
desgraciado accidente,
10.30,
que la convirtió de·
uNorma]n y c&lt;Prepasensacional en sanratoria,)&gt; en terrenos
grienta. E1Hudson núJe! «Nnrmi'I\.,,
ru.ero 3, propiedad del
u.\... B. C.n e «I11geSeñor Encargado de
í
11ieros,i1 en terre11u1:1
NegociosdeCuba 1 Docdel ((A. B, C ii
tor José Santa María,
&lt;tL!:1. [nternacionaln y
se salió de la pista al
«l\fixcoa.c,11 en terrnno:!
dar su segunda vuelta,
1
del &lt;&lt;Mixcoac.&gt;&gt;
en la curva oriente, deEu la . tarde, a lHs
bido a que se atravesa3.30,
"
ron dos personas en la.
uLnz y Fuerzan e,/Inpista. El piloto Señor
genieros B,&gt;) en terreVicente Rodriguez viuos de u Luz y Fuerza.))
ró violentamente para
uJ uniorn y uMedicievitar el atropellamienna,» en terrenos del
to, rompiéndosele una
Junior)).
de las llantas delanteuJnárezn y ((Tacuharas; y el coche, desobeyr:i,n en terrt&gt;nos del
deciendo los frenos, se
&lt;•JL1á.rez.u ,1Militariza.
precipitó sobre el púcÍÓllll y 11Willi11ms,)&gt; en
blico, precisamente en
terrenosdel&lt;&lt;MilitA.rizaDn lugar donde cierto
Las víctimas de las últimas carreras.
ción.n.

!
l

l

PEGASO

13

�VARIEDADES
Los mandamientos del tuberculoso
El profesor Letulle, miembro de la. Academia de Medicina. de
Francia y secretario general del Comité central de asisteºncia a los
militares tuberculosos, ha compuesto el ({Decálogo antitobercu~
loso)&gt; que copiamos a continuación:
l? Nunca escupirás en el suelo, sino en una escupidera que se
pueda. desinfectar.
.
2? ;En el campo, en la montafia, en el mar, en todas partes
buscarás el aire puro.
3? Temerás el polvo de las ciudades y el humo de las fábricas
y el temible aliento humano.
4? Para curar tu pulmón seguramente tendrá.a abiertas dia y
noche las ventanas de tu habitación.
5'." DQrmirás sólo en la cama, para dormir cómodamente.
6? Comerás sin exceso, alimentos sanos que masticarás con~
ciem;udamente.
7? Te abstendrás de drogas y tabaco, pero sobre todo renunciarás en absoluto al alcohol.
8° No cometerás ningún exceso y economizarás prudentemente tus fuerzas.
9? Lav~rás tu cuerpo mañana y tarde, y las manos y la boca
a cada. comida.
10. Observarás estas reglas de higiene, para vivir largamente.

El "Record" de los diamantes
Los periodos de gran prosperidad determi!:~an un aumento en
los gastos innecesarios, en la comprarle objetos de lujo. Esto, que
sucede siempre y en todas partes, es lo que ocurre ahora en los
Estados Unidos, que en estos momentos gozan de la mayor prosperidad que se ha conocido nunca.
En el año que acaba de_transcurrir, los norteamericanos han
est8.blecido {\"alga la palabra) el record de la compra de diamantes.
La importación de diamantes en los Estados Unidos en 1916 ha
sido por valor de 51.482,262 dólares, o sea 266.676,000 francos.
El precio de los diamantes en el mes de Enero próximo pasado
ha subido al 5 por 100, lo que es natural, dada la extraordinaria
demanda, ma,yor que la producción anual de las célebres minas
del dur de Africa.

Vanderbilt se presentó al afio siguiente en casa del banquero y
éste le recibió con·amab!e sonrisa, preguntándole:
-¿Consume usted tabaco?
-¿Qué marino puede pasar sin sn pipa?
-Usted, amigo mio, baga la prueba un año y venga a verme en
e@te mismo día.
•rranscurri6 un año y el banquero no recóió la visita del pescador. Mister Balker llamó a uno de sus dependientes y lo despachó ~n busca de Vanderbilt. Al llegar el pescador, le dijo el han.
quero:
-Ayer estuve todo el dia esperando su visita.
-Era inútil venir,-le contestó el pescador,-porque con tres
años que llevo trabajando sin que níngún vicio me arrastre al derroche, be prosperado en mis negocios, de tal manera que hoy no
necesito ya de la ayuda de nadie para marchar viento en popa.

El número 13
El origen de la mala suerte que la superstición atribuye a este
número se ignora a ciencia cierta1 aunque se supone que empezó en la última cena de Jesucristo con sus apóstoles. El traidor
Judas, que hacía. el número 13 entre los priviligiados comensales
que presenciaron la institución de la Eucarest'ia, se levantó de 1&amp;
meEa para ir a del&amp;tar a su Maestro.
La superstición de este número está muy arraigada en todo el
mundo, y todos hemos presenciado más de una vez como perso•
nas que se tienen por sensatas se niegan a sentarse en una mesa
para hacer el número 13 entre los convidados.
En muchos pueblos de Francia se suprime el 13 en la numeración de las casas, y en Inglaterra, muchas compañias armadoras
y trasatlánticas lo suprimen también de las puertas de los camarotes, guardando la correlaci6n númerica con esta marca: 12-A.
Sin embargo en otras partes el 13 indica buen agüero, y hoy
mismo la nota caprichosa lo impone y lo divulga en dijes y amu.letos que In.ceo las da.mas colgados al cuello.
Cuéntase del papa Gregario Magno que socorrfa diariamente &amp;
12 pobres sentá.ndolos a una mesa. bien provisb. Cierto dia. vió
con sorpresa que los humildes comensales eran 13, y que el que
hacia este número semejábase a Je~ucristo. Desde entonces, el
número 13 era el favorito del Pontífice.

.El agua de Colonia
Según cuenta un periódico inglés, algunas señoras de la arista·
cacia londinense se han aficionado a beber agua de Colonia como
uno de tantos licores espirituosos. Para satisfacer su manía, -sin
que nadie las vea, se valen de ingeniosos procedimientos. En '"~·
vano, emplean frasquitos provistos de tetines como los biberones,
y en invierno usan manguitos de doble forro dé goma en el que
pueden llevar hasta medio litro de sn licor predilecto, Las que
contraen tan deplorable hábito se aferran a él con la. misma tenacidad que las morfinómanas y sus efectos son igualmente nocivos,
pues el agua de Colonia contiene alcohol de noventa grados y con
semejante concentración no perdona. una mucosa. De aqui, que
sus consecuencias, como puede comprenderse, sean todavia má
desa.strosas que las del ajenjo.

14

•••
Cuando la novia-esa nube--se disipa, llega, alucinante, proteiforme, la mujer. Quisiéramos, tambiP.n, hacerla nube, vestirla de novia. Pero ...... ¡ ya es tarde!

SOMOS PROVEEDORES DE LA SOCIEDAD INTELIGENTE Y
DISCRETA.

La noche está muy fría y el señor le encarga al criado
que le tenga la cama bien calientita para cuando vuelva.
·Regresa el señor cerca de media noche, llama ·a la
puerta, la abre el criado, soñoliento, y antes de ciue su
amo le dirija la palabra, exclama:
-El señorito encontrará la cama caliente, porque me
acosté adrede en ella para quitar el frío de las sábanas.

FABRICA: NO EL :IIAS BARATO.
TENEMOS MODELOS LINDISIMOS EN BOTAS Y ZAPATILLAS
PARA PRIMAVERA.

PEGASO

VENGA USTED A VISITARNOS HOY MISMO

5 DE MAYO

-¿Por cuá.nto me alquilará. un caballo?
-Por dos duros.
-¿Lo dejamos en treinta reales?
-Corriente.
-Pero que sea larguico que tenemos que ir tres personfls.

---- ~ ·l~·--- - -

TENEMOS FAMA DE VENDER EL MEJOR CALZADO OUE SE

NUMERO 1O-E.

Los perros heroico.
En el Continental Mail, míster Th. J\farples hace una detallada.
relación de los mtíltiples e importantes servicios que los perrm1
han prestado y siguen prestando en la guerra..
Pero no se limita a exponer la segluid~d y el éxito con qne los
perros adiestrados para.el servicio militar hRn sidu empleados co•
mo exploradores, mensajeroFI y centinelafl, o como animales de tiro para el arrastre de pequeños cañones de c,:impafia o de carritoi;1
para la conducción de herido~; también reclama pina. el amign
del hombre el puesto que le corrf'sponde c;omo combatiente, ya que
((en muchas ocasiones ha tomado pa.rte en la lucha y ha ocupado
la posición de una verdadera unidad milita.r.
Y cita varios casos en que los perros militares se han portado
como verdadP.ros héroes.
Los perros de guerra ingleses Pell, Podge 1 North, Bac y Rvj¡;
popula.rísimos en el Ejército, prestaron eficaz y utilísima ayuda
en u;no de los combates de Iprés.
Marquis, el famoso perro que murió en la. batalla. de Sartebourg,
en la frontera belga, fué mencionado en la orden del dia., y los
Roldados lo 9'oterraron y erigieron un.monumento sobre su tumba.
He a.qui la hazaña que mereció esos honores:
Marquis fue enviado con un mensa.je en un momento en que no
era. posible manda.r un mensajero humano por la intensidad del
fuego que hacían los alemanes.
En el camino, Marquis recibió un ha.lazo que le hizo caer mal
herido; pero el noble perro, haciendo un esfuerzo, arra@trá.ndose
moribundo, volvió con el mensaje en la boca, y cuando llegó al
lado de su amo lo soltó a sus pies, lleno de sangre, y cayó muerto.

El payaso volatinero
En un papel de barba., que no sea. muy grueso., !le dibuja y re·
corta un payaso de unos cinco ceutimetrm1 de alto, y que tenga
loa brRzos unidos en lo alto con un Rg-ujerito en el centro muy
redondo y limpio, por el qne se paRa. una. hebra. de ahrodón. cuyos
ei:tremos se ª'ªº a doR sillas. Entonces se toma una varilla de
vidrio y, después de frotarla bien con una frane!a., se acer&lt;'.a el payaso, que empezará a hacer vola.tineB en el hilo, como si fuese un
acróbata de veras.

•••

Anécdota de Vanderbllt
Cuéntase que cuando el millonario Vsnderbiit ejercia el humilde oficio de pescador, se acercó un dia a Mr. Jacob Balker, cajero del Famer Banck de Nueva York, solicitando una protección
del B&gt;1.nco para ensanchar sus reducidos negocios.
-¿.Toma usted licor?-le preguntó el banquero.
•
--Muy poco-contestó Vanderbilt-una que otra copa de ((gin».
-Bien-le dijo Mr Balker;-estamos a dos de enero; si para
d1:mtro de un ario no ha tom&gt;1.do usted ni una sola copa de &lt;1gin11 o
de otro licor cualquiera, venga a verme en est1t misma fecha.
Transcurrió un a.ño. Vanderbilt volvió a ver el banquero y éstA
le prr&gt;gunt6:
-¡.Acostumbra usted aventurar algunas sumas al juego?
-PocRs veces y tan sólo en ]a lotería.
..:..._Perfectamente; tiene usted un afio para probar si puede de·
jar la costumbre del juego y vuelva a verme el año entrante.

•••
Vives monologando y resignado a monologar. Las respuestas de tus semejantes no son sino los ecos de tus
propias palabras. En vano conversas, en vano lees, en
vano meditas. Ni el amigo, ni el libro, ni las insinuaciones de tu cerebro te ensenan nada. Eres una pobre boca parlante en presenda de las miles de bocas mudas de
I• naturaleza ambiente que no se dignan contestarte.
Te ves solitario y desnudo, portador de una carga impo·
sible, superior a tus fuerzas. Te oigo clamar allá en el
fondo de la noche, que es densa en el Génesis y que no
concluye en el Apocalipsis.

* * .,
Un caballero corre hacia su casa con un sombrero de señora en la mano.
-¡ Adónde vas 1-le pregunta un amigo.
-Voy a casa a regalarle este sombrero a mi mujer.
-¡ Y por qué tanta prisa 1
-Porque quiero llegar antes que el sombrero se pase
de moda.

Proyectiles humanitarios
Uu ;ngeniero norte-americano ha presentado a la Oficina de patentes de Washington el proyecto de un nuevo proyectil, qne si
tiene el éxito prometido por su autor, mitigará notablemente los
estragos de las guerras. La cualidad característica de este proyec•
til consiste en que en sn interior contiene un liquido narcótico
que insensibiliza al soldado y lo deja fuera de combate, sin que la
herida ofrezca grM•edad, pues la bala tiene escasa fuerza de penetración.

Tocar una cosa o poseerla es violarla. Pierdedesdeese
1D01Dento su virtud íntima para caer bajo el dominio de
naestra sensualidad. Debiera bastarnos el ojo para hacernos dueflos y señores de mil formas y objetos. El espirito de contemplación-aun en sus planos subalternos
-os lo único que nos lleva a las posesiones puras. Los
goces del tacto son propios de lujuFiosos y ladrones.

Para sacar lustre a.! calzado.

~l calzado que se limpia con crema y que por lo tanto ne""1ta el empleo de una bayeta para lustrarlo, ofrece dificultades para sacar el brillo, cuando 'tiene 4Ue sacarlo el portador de las botas o de los zapatos.
El cepillo que .representa nuestro grabado sirve preciaamente para ob,~ar esa dificultad, porque se maneja perfectamente.
Para construirlo hacen falta cuatro tablas. La princi)lal de ellas, es decir, la que forma el lomo del cepillo, debe
tener un grueso regular a fin de que se conserve rígida v
linos veinticinco centímetros de largo por -◊cho o nueve' d~
ancho. El asa, que se hace con otra tabla cortada en la forque se ve en el dibujo, se atornilla en la tabla anterior.
a lleva en sus extremos unas tablitas o listones con el
rde inferior redondeado, a los. cuales se clava con taelas nna tira de bayeta doble bien tirante, con la cual
saca el lustre.

La Isla de Monte.Cristo
Desde Roma anuncian la venta de la isla de Monte Cristo.
. Según se dice, ha sido comprada por una Compañia de filmrt
c.m.ematográfi?os, que la utilizará como escenario para la compos1c1óa de sus cintas, empezando probablemente por una adaptación
de la famosa. novela de Alejandro Dumas.
Dumas conoció el islote, qne deRpués había de hacer tan célebre, estando en Florencia, en 1840, como huésped de Jerónimo
Napoleón. Haciendo un úrUcero con el Rey por aquellos parajes
el yate real pa&lt;ió junto a la isla, cuyo aspecto bravio y e.alvsje sedujo al novelista insigne, que preguntó cómo se lhimaba. El extraño nombre de Monte CriRto le impresionó vivamfmte, y ........ .
poco después epa.recia El conde dp, Monte-Cristo, la fantái-tira novela que han devorado doa o treR generacinneR.

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Apartado núm. 941. ---· - México, D. F.
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Hoyos y Vinent .................. ................. . $ O 60
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QUIEN F'trERA T u. Novela. Obra póstuma de J. Dicenta. LA NOVELA CORTA ....................... . $ O 30
LA l\IA.TA DE GovA, drama en treij actos de F.
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8áncbiz .............................................. .
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Gr..os.ARlO DE LA VIDA VULGAR, por Luis G. Urbina.. (Versoti) ........................... .
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E S'J' UDIOS J URÍDICOS, por Antonio Maurtt ............ .
1 :?,j
JAHIF. Er, CONQ.UJST. \DOR, l\f. Bueno .................... . $ nin
EL

s

Revistas ilustradas extranjeras

Suscripciones y números sueltos

la. BOLIV AR, 9.

MEXICO

�&lt;:.AJEDREZ
Problema número cuatro
por !&lt;;. G. M. jr.
(-ledicíl&lt;lo a.l Dr. R.1.fa.el Carrillo).
Rla,nc11fl:

R l C D. P 3 O D. D 8 O D, P.¡ .-\ ll,
P 2 D, O 6 D, T 6 AR, O 6 T lt, A 8 T R ,
(9 riez 1~).
Negn~:
T 2 T D, O 4 T D. P.¡ .1 D. P ~ ll R 5
D, P 6 D, P 4 lt A .¡ \ R. T ,1 O R, (~
pieza~).
L'l.i; Bl.;1.ncas ju~gun y ll\Atan en dv.:i jn
ga.dllt:1.

Dos brillantes de Don Mariano Egulluz
Los que coruo yo presenciaron las Ju
chas, a11te el tablero de Dn. Mariano Egui
luz y Dn. Andrés Clemente Vázquez, recuerdan que siendo el Lic. Vázquez un
profundo teórico 1 venciaen losmatchesque
jugaron, al genial Eguiluz, por la superionda.d del estudio; pero en las partidas
sueltas, cuando se abandonaba el tecnibismo de los libros y solo se dejaba E&gt;jercer
iofluencia a. la fantasfa, entonces era. Do.
Mariano Eguiluz el vencedor,· sacándole
una gran ventaja. a. su antagonista. Vayan
como prueba de lo anteriormente &amp;6ent.a&lt;lo una partida y nn film,]: este último
publicado com" 00table bajo el uúmero
43 en el ccA,, B. C. des EcLeCSll 1 de J. Preti primera. edición.

Partida número ocho
G Al'ilBlTO ML"UO
BfANOAS

:\l.

EGGlI,UZ

NEGRAS
A. C. V,\ZQUEZ

DE TERZAGA
La noche es la escala de la muerte.
Pizarrón de cifras milagrosas ante
nuestra insaciable y legítima curiosidad, en ella empezamos por tantear,
y concluímos por aprender, el a, b, e,
del gran misteri9. Aparecen en ella,
di vinos e intangibles, colmando su ambiente, los &lt;profesores&gt; del porvenir.
mientras la maga blanca llega con su
paso que no hace ruido. Jamás hubo
para tí, en la tierra tales leccio~es
de esperanza, tales promesas de vida
inmortal. Jamás maestro alguno de·
jará de oír su voz en escenario parecido, Con la sabiduría, que da poderes, vas recibiendo el consuelo, que
ayuda a bien morir.
J2R1T
12P4D
J3D5T
13D3D
J40xP!
14PxC
15 Ax P D
15 O O
10 T x e
16 o x T
17 DxA
17 RlT
18 T 1 R
18 D 1 D
19 A 3 A j.
19 P 3 A
20T8R!!
20DxT
21 D x P A j. ! !
se rinde.
Nota de M. Márquez Sterling:
Est!I. partida pone al Sr, Eguiluz a la
¡\]tura &lt;le los Morphy y los An_cierssen.
Vázy_uez ee rinde porque si T x D, Ax T,
ma.te.

final de partida número dos
(del «A. B. C. dei:1 Echece11)

Tiende la vida y aprecia el consuelo: la maravilla estelar, recién sur.
gida; el azul, esencia .Y síntesis de
t.urquesas; la amp1itud, seno y regazo superiores a los de tu madre; la
hondura hacia arriba, escalera por
donde suben los dioses; la vaguedad
ideal de las nebulosas, lej•nas como
tu ensueño; el rumor pitagórico, apenas perceptible ....
Baja a tí mismo y aprecia, ahora
el consuelo: sientes forjado de seda
el pozo negro de tu almll; álguien, no
sabes quien, teha despojado delcuerµo; tus deseos son aladas espir.a.lesen
la sombra; se te aclaran las ideas; tienes la intuici6n-aun la certeza-de
que te ven y te oyen. Convertido en
un ser de cristal, filtras una luz extraña, siéndote imposible ocultar
nada.
Ya recibida la lección 1 insinuada
fácilmente en tí por la ayuda del
consuelo, te duermes sabiendo y creyendo, bajo la piedad vigilante de tu
invisible maestro.
La naturaleza no babia sino con
quienes la entienden. En vano el
hombre común aguzará el oído y se
estrujará el cerebro en el afán de in,
quirirla. Será por siempre un) niño
temblando en las tinieblas. El diálogo sagrado y secreto, grave y sencillo, lo entabla la Esfinge con los hijos
del silencio, -sus hijos; y en presencia de invisibles muchedumbres,sus mucbedumbres.

Bl:111~11,.:

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P 3 D. A 5 D. T 1 R, P 2 0 R, P 2 T R,
R l 1' R. D 6 T R. (11 piezas).

N ... (J'r,.._ .
T ¡ 'I-D:. P 2 T D, C 1 O D, P 2 O D,
A 1 A D D 1 D, T 1 A R, P 2 A R,
R 1 T R,' P 2 T R, P 5 A. R, (11 piezas).
El Sr. Eguiluz que llevaba las BlanciJ,s,
anunció mate eu 6 movimientos ¿cuáles
sou ellos?
La soluciones próximamente.

Simplezas, y más simplezas y más
simplezas: desde las paradojas del genio hasta las razones del labriego.
Las primeras son simplezas hondas.
Las segundas, simplezas pandas. En
un mundo donde nadie tiene la segu·
ridad de nada, todas las cuestiones se
reducen a metro más o metro menos ....

¡A.L A.GUA., PATOS!

V

Poemas en prosa
Versión de G. E ., especial para
PEGASO.

Traducción del chino al francés por
Judith Oautier.

Y las ligeras mariposas se mezclan a su alegría.
Pero una mañana de invierno miro lamontafía: los abetos, vestidos todos de blanco, están allá, graves y soñadores,
Y busqué en la falda de la montaña; pere ya no ví las
florecillas alegres.

PENSAMIENTO SOBRE LA ESCARCHA
L• escarcha cubre completamente los arbustos, queparecen empolvados rostros de mujeres.
Los diviso desde mi ventana y pienso que el hombre,
sin la mujer, es como una flor despojada de las hojas,
Y para ahuyentar la amarga tristeza que me invade,
escribo mi pensamiento, con un suspiroi sobre 1a blanca
escarcha.

TEZA DEL LABRADOR
La nieve ha caído lentamente sobre la tierra, como un
nubarrón de mariposas.
El labrador abandona su azada y siente que hilos invisibles aprietan su corazón.
Está triste porque la tierra era su amiga, y cuando se
inclinaba a ella, para confiarle el grano lleno de esperanza,
él le daba también sus pensamientos recónditos,
Más tarde, cuando el grano había germinado, encontra·
ha sus pensamientos convertidos en flor.
Ahora, la tierra se oculta bajo un velo de nieve.

LAS FLORECILLAS SE BURLAN DE LOS GRAV!:S ABETOS
En lo alto de la montaña los abetos están serios y eriza·
dos; en las faldas del monte las flores ostentosas se destacan
sobre la hierba.
Y comparandci sus frescas vestiduras con el sombrí'o ropaje de los abetos, las florecillns se ponen a reír.

El primer pararrayo
No es, como se dice, a Francklin, sino a Jacobo de Ronás a
quien debemos el pararrayos.
Jacobo de Ronás, que se babia hecho ya conocer en la Acade,mia de Burdeo1:1 por sus trabajos cienLificos de una originalidad
suma, lanzó el 7 de Junio cie 1753 el primer pararrayos.
La experiencia tuvo lugar en el valle de la Jfaise. El aparato
era una especie de barrilete de papel aceitado, de 18 pies cuadrados de superficie; y estaba atado a una cuerda de cáfiamo rodeada de un h'lo de cobre continuo.
Es lo que el inventor llamaba ((barrilete eléctricmi. Lanzado en
Jps aires mientras una tempestad gemía, el aparato se elevó rápi
&lt;lamente a 180 metros de altura, poco más o menos.
.Ronás fijó la cuerda, atando un cordoncito de seda, en que In
otra extremidad estaba retenida por una piedra colocada bajo ;rl
cobertizo de una casa.
Del hilo de cobre estaba suspendido un cilindro de hierro blanco. Si el aparato era realmente conductor de electricidad, se debían producir chispas cuando se tocara ese cilindro con otro del
mismo metal dentro de un tubo de cristal que aislara el fluido.
Las explosiones tuvieron lugar en efecto, acompañadas de llamas de fuego bastante largas. Hasta la caída del barrilete no se
percibieron más relámpagos y el estrnendo de los truenos era menos violento. Cuando el aparato fue recogido, la tempestad recobro su intensidad. El principio del pararrayos babia sidc encont.rndn.

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•~:.•~\''"&gt;e~:,~-•
. -- ~··•-&lt;-(D6l "Lif6" )
PEGASO

5:

tA,partado 69.

ú'l'!EXICO.

La última marcha de las monarquias

16

''LA ESMERALDA''

HAUZER ZIVY Y CIA.

Ullllllllllll lllll lll ll ll lllllll lll lll ll ll l!l lll ll llllll llll lll lll HI 1111111111111111111111111 i11111 lllt 1111111111111111111111111111111111111111111111111111j1111111111 1111 ~

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II))~vñ~ IBil@clhi

''.E L JONUCO''

1i CALLE Om SANrl'A TICRESA NOl\f". 12
A'ITES ESCALERILLAS NUM. 14

Revista Ilustrada de Literatura
y Actualidades.

T•ufonos·
&lt;elt
•

m, Nert.

E11cssu. 704.
IIEXIClU,

La alegría de los niños la tenemos en
nuestra casa.

1

APAITADI POSTAL NIII. 1
MEXICO.

16deSe.»tiembre 68.-ffRN\NDO KOSOSKY

~ª5~~~~~~§j§§:J

VflNTf PAGINAS Df MATfRIAl S(l(CTO TODOS LOS JU(VfS.

ECZEMA IIHi 1

.,&lt;al!IWIIIUIIIIIIUlllllllnlWIIIIIIIIUIWIUIIUllllUUIUDIIIJIUUUallllUIIIJlll_,""._"~"'"'"IIW
#T
_ _.......,,._ WIIIUJIIUIWI'

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c_Ar tículos y poemas inéditos de los meJ ores

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                    <text>fWA

Cada mujer tiene "su" perfume; Nosotros
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PEGASO

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REVJSTA SEMANAL

ª

DIRECCIÓN: Enrique González Martínez.-Efrén Rebolledo. -Ramón López Velarde.
Jesús Urueta.
Julio Torri.
Mariano Silva.

Rafael Cabrera.
José D. Frías.
Antonio Caso.
Esteban Flores.

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Jesús T. Acevedo (El Paso.)
Ricardo Arenales.
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Bartolomé Carbajal, y RnsaP.
Alberto María Carreño.
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Carlos Díaz Dufoo, jr.
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Genaro Garcín.
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EN LAS CARRERAS
DE AUTOMOVILES
LA NOTA CULMI~
NANTE FUE

Rt::DACCIÓN·
Rafael López.
Genaro Estrada.
Jesús Villalpando.

Saturnino Herrán.
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Alberto Garduño.

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Alfonso Cravioto.
Manuel Toussaint.
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COLABORACIÓN:
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Alba Herrera y Ogazón.
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Pablo Martínez del Río (Madrid).
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DIBUJANTES.
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Antonio Gómez.
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Francisco de la Torre.
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FOTÓGRAFOS
PUBLICISTAS: Maxim 's.
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Adrián Recinos (San José de
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Manuel G. Revilla.
Alfonso Reyes (Madrid).
Manuel Romero de Terreros
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Artemio del Valle Orizpe.
Samuel Ruiz Cabañas.
Enrique Santibáñez.
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Registrado como utíc1.1lo de segnnda clase el día 9 de marzo ,de 1917.

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TOMO 1,
MEXICO, D. F., 5 DE ABRIL DE 1917
NUM. 5
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Por Ramón López Velarde

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Una de estas noches tomaba yo en un café la colación
que se usa entre gentes de buena conciencia. Era ya la
hora solapada en que se nace, se muere y se ama. Con
todo, Méjico fingía una necrópolis. Yo, sin ser la Capi·
tal, sentíame como otra necrópolis. Con la diferencia de
que en mí no se recataban alumbramientos,. ni agonías,
ni el vértigo equidistante de la cuna y la fosa. Me limita.
ha a estar un poco triste, según corresponde a un coetáneo de la filosofía médica y de los histólogos que pa.
decen de literatura. Carmelita, mesera 5-con un 5 dorado, en un redondel de luto-evolucionaba a mi alrede·
dor, zalamera y ladina. Carmelita, mesera 5, va a ser
suprimida por la moral del Gobierno del Distrito. ¿Qué
habría opinado sobre esto Monsieur Bergeret? iPobres
sacerdotisas del café con leche! No pude ponerr¡ie a tono
Con Carmelita, mesera 5, porque su problema económi ·
co, agravado con la virginidad del Palacio Municipal,
nublábame de conmiseraciones baladíes. Y como si no
fuera bastante la carga melancólica de la fecha, he aquí
que, en el tablado de la dudosa orquesta, descubro, de
violín, a mi antiguo conocido el sacristán de Tercera Orden, en San Luis Potosí. Los que no sois clericales (ioh ·
hazail.a!) no estáis capacitados para sentir la tragedia de
un sacristán convertido en violinista. Yo interrumpí mi
colacion para ir a preguntar al sacristán qué pieza acababan de tocar. Con el rubor consiguiente a su metamorfosis, me mostró su papel pautado: B eatifú l
8p,·ing. iCristo me valga! ¿Querrán Alfonso Cravioto,
Juan Le6n o José Romano Muil.oz hacer algo por la edu•
cación de mi sonoro sacristán? Si se negasen a ello, en
atención a que se trata de un violín reaccionario .. ..
Yo, en realidad, me considero un sacristán fallido. En
mi quiebra, matizo la Semana Mayor con mi violín jor·
nalero. Y recuerdo los Jueves Santos en que Matilde, que
era alta como una buena intención, glacial como los éteres, blanca como un celaje de plenilunio, y fértil como
un naranjo, lucía por la breve ciudad su mantilla y su
cintura afable. Matilde visitaba los Monumentos. La patricia negrura de su traje frecuentab¡t los templos en el
día eucarístico. Mi punible promiscuidad asocia siempre a Matilde con las palabras de la Cena: ''He deseado
ardientemente comer esta Pascua con vosotros." (iNo poder
citar en latín, para que no me juzguen pedante!) Porque
la ciudad era espléndidamente solar y porque las seil.o·
ritas de rango que poblaban sus calles, vestían de tiniebla ritual, aquellos Jueves Santos sugerfanme una espa.

ciosa moneda de plata manchada de tinta. Matilde, gota
de tinta, celaje, éter, naranjo, buena intención:yo sé que
hoy penas, desterrada y alcanzada de dinero, y que, sin
temor a convertirte en estatua de sal, vuelves la cabeza
al predio vernáculo. En la Semana Mayor de tu destie·
rro, para consolarte, yo te ofrecería, en la palma de la
mano, una reducción de la moneda de plata manchada
de tinta. Como las aldeas microscópicas que, edificada.s
en un cartoncillo, halagan el instinto de posesión de los
nifios.
Los Viernes Santos, en torno de la Cruz viuda, con sá•
bana o sin ella en los brazos, según la exegésis de los
capellanes, apretábanse, compungidas, las gotas de tinta, sin que la compunción les estorbase soslayar a los
novios. Por las vertientes del Calvario ascendían las al·
mas de la .Agua florida, de la.Agua de colonia, de las Flo•
res de amor .... toda la perfumería bonachona que duerme un ail.o para desperezarse en la ceremonia del Pésame. i Ceremonia patibularia, contrita, perfumada y
amatoria!
Matilde se casó. Si antes la califiqué de glacial, es
porque me helaba su talle fugitivo, como los éteres al
evaporarse. Pero pocas personitas he conocido tan efusivas como ella. Su ternura brindaba el apasionado buen
gusto de una madreselva que hablase. Matilde, al casar·
se, me produjo una pena de las hondas. Con mi escasa
afición a la lógica, yo la había sonado fértil y estéril.
Una noche, al filo de las diez, la ví andar en la Plaza de
Armas, con precavida lentitud. Supe luego que cumplía
con una indicación facultativa. La madreselva justificaba
su nombre, su cruento nombre.
Matilde, celaje, gota de tinta, naranjo, éter, buena intención y madreselva: en los atardeceres desamparados
en que la ventisca de marzo sacude las frondas de mi ansiedad, y en que la u!ía ilustre de la luna disemina ca·
losfríos vesánicos~ me encamino a tu calle para asomar.
me a tus vidrieras y aliviarme con tu figura, todavíaado·
rabie. Estiro el cuello, atisbando tu sala improvisad&amp;.
Tus hijos juegan, y su juego que es prenda. de la eterni·
dad del dolor, me amarga los sueil.os retrógrados que te
forjaban fértil y estéril. Tus hijos juegan. Tú, tienes en
el regazo una bola de hilaza, o consultas tu portamoneda
o te miras en un espejo, superviviente de tu ruina. Y en
la Semana Mayor de tu mayor duelo, yo te ofrecería, en
la palma de la mano, para consolarte, una reducción de
la moneda de plata con gotas de tinta.

PEGASO

1

�RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO
LA CEREMONIA DE "LA SEÑA"

~~ NUESTRA PAGINA DE POEMAS

-,~1

Por Jesús García Gutierrez
Hace algunos anos que, al acercarse los días solemnes de la Sema·
na Santa, los habitantes de las
cabeceras de los diversos obispados
del país no dejaban de acudir presurosos a sus Catedrales, en los
días de antemano senalados por el
calendario, para ver desfilar a los
canónigos en lenta y majestuosa procesión y presenciar con la atónita
curiosidad del que no entiende, las
simbólicas ceremonias de nLa Seña/' tan llenas de majestad e.uanto
de misteriosas significaciones.
En el día de hoy apenas si a los habitantes de la capital de la república nos es dado presenciar en nuestra vieja catedral esas ceremonias,
y esto no precisamente porque muchas catedrales estén cerradas y
sus cabildos dispersos, sino porque
tenemos entendido que liace algunos anos qne la Santa Sede manifestó a los Prelados de la Iglesia Mejicana que veda con gusto que dejaran
de practicar esas ceremonias, exóticas en la liturgia romana, y todos
obedecieron prontos, como era natural; pero el de México pidi6 y obtuvo la gracia de que en su catedral se
siguiera practicando «la sefia&gt;, como, en efecto, se renueva todos ]os
anos por estos días en que se acercan los solemnes de la Semana Santa.
Y a fe que es de aplaudir que los
canónigos de nuestra vieja catedral
conserven todavía estas arcaicas ceremonias, porque con ellas nos conservan algunos girones de un pasado ya remoto, y cada afio remozan
los esplendores de los ya lejanos
tiempos de la colonia.
En efecto, en 1534 firmaba en Toledo el Ilmo. Sr. Zumárraga el instrumento de erección del Obispado
de Méjico, y en el párrafo 32 de dicho
instrumento decía textualmente:
&lt;El oficio divino, así el diurno como
el nocturno, así en las misas como
en las Horas, hágase siempre y dígase según la costumbre de la iglesia de Sevilla, hasta que se celebre
el Sínodo.&gt;
Y en 1858 se celebró, bajo la presidencia del Ilmo. Sr. Moya y Contreras, el celebérrimo Concilio III
Mejicano, y en él se hicieron los es-

tatutos por los cuales se rige todavía nuestra Catedral, y en el capítulo XIV de esos estatutos se mandó
que todos los miembros del cabildo
usaran el traje que entonces se acostumbraba &lt;en las iglesias catedrales
de España, por santas constituciones&gt;. Y de entonces datan las sobrepellices abiertas por los costados
y de larguísimas mangas rasgadas
que todavía se usau es la Catedral
y que llevan los canónigos volteadas
sobre los hombros; de entonces las
capas negras con capuz que usan en
el tiempo de invierno; de entonces
hts capas negras de larguísima cauda que lucen en la ceremonia de &lt;la
seíla&gt;, y de entonces, por último,
las majestuosas y simbólicas ceremonias de «la seña&gt;, porque todo
eso era lo que en el siglo XVI se
acostumbr~ba en las catedrales de
la madre Espana, y principalmente
en la de Toledo, primada de las espaílola81 respetabilísima por su antigüedad y oor su historia, y en la
de Sevilla. de donde en lo eclesiástico dependía la Iglesia mejicana.
Andando el tiempo se fueron desgajando del tronco ramos ya frondosos que formaron después otros
tantos árboles, y cada nueva Iglesia
que era erigida en la nacíón mejicana, llevaba de aquí los estatutos, los
usos y costumbres, y, por ende, las
capas de larguísimas caudas y las
vistosas y lucidas ceremonias ·de «la
sefl.a&gt;.
Pero más tarde, ora por una ra•
zón, ora por otra, los cabildos de las
diversas catedrales comenzaron a
pedir y obtener de la Santa Sede
que se les cambiara el severo y arcaico traje coral que habían llevado
de la catedral de Méjico por otro
más vistoso y lucido, y comenzaron
a verse en las catetrales los preciosos trajes prelaticios que usan en el
día de hoy muchos canónigos, y si
comenzaron a renunciar voluntariamente muchas de las costumbres
que de Rquíhabían llevado, no había
por qué conservaran la de &lt;la sei'ía&gt;,
que hasta incómoda resulta en las
catedrales que no tienep_ el coro en
el centro, según se estila todavía en
las espaf!olas.
Empero, los canónigos de nuestra

DE ANDRES TERZAGA
Crecemos como el árbol: hacia abajo y hacia arriba.
Como el árbol, nos perpetuamos en dos sentidos. Qui
sieran tus ángeles-ioh hermano mío!-que seas un árbol creciendo siempre hacia arriba, desprondido en absoluto de la noche de tus raíces, de las gredas sin luz
donde se clava tu instinto. Un árbol maravilloso que,
safándose del suelo, suba; suba llevando en la copa, cada vez más frondosa, el coro inocente de sus pái&amp;ro§, _ ..

Catedral han querido conservar, y
a través de los siglos han conserva·
do con amor, los usos y costumbres
que heredaron de sus mayores; se
rigen todavía por los estatutos for•
mados en 1585 y por las constituciones que ailos antes escribió para
ellos el Ilmo. Sr. Montúfar; no han
querido cambiar el traje co.ral que
usaron los primeros canónigos que
formaron, en pleno siglo XVI, el primer cabildo de la entonces naciente
catedral; y paralos que amamos las
antiguallas de nuestra tierra, es una
verdadera delicia ver cómo todavía
en nuestra catedral se observan
usos y costumbres de las iglesias
espanolas del siglo XVI, que ya en
muchas partes desaparecieron hace
tiempo.
Por eso no podemos menos de
aplaudir que todavía conserve·n con
amor }a ceremonia de &lt;la seña&gt;,
y cuando en estos día's, los vemos
desfilar en procesión lenta y solemne por la severa crujia, a través de
las naves siempre sombrías. de la
catedral. más ensombrecidas en la
Semana Santa por los velos morados
que cubren el oro de sus altares
churriguerescos, cubierta la cabeza
con el capuz y arrastrando por la
alfombra larguísima cauda, -por un
momento nos sentimos transporta.
dos a los tiempos ya lejanos de la colonia, y nos parece que vamos a ver
reaparecer en toi"no nuestro las pelucas em oolvadas, las casacas galo•
neadas los espadines, bastones y
demás ~tenda-s de los virreyes, oidores y próceres de la Nueva Espana.
Porque, aunque a los ojos delvul·
go, las ceremonias de «l_a sen.a&gt; no
ofrezcan más que el cunoso espectáculo, -del cual no entienden jotade los canónigos desfilando del coro
al altar mayor, y la bandera negra
con su cruz roja, desplegándose ora
en un sentido, ora en otro, al compás de las estrofas del Panqe linqu_a,
a los,ojos del amante de nuestra historia de nuestras tradiciones Y cos·
tumbres, es un girón de los tiempos
que pasaron, es un recuerdo de_ los
siglos anteriores, es unremozamrnnto de anejas costumbres, es algo que
nos trae gratisimos recuerdos de
pasadas grandezas.

Al margen de &lt;Ligeia•, de Edgard Poe:
...... La vida no se detiene. Brilla &lt;extranamente&gt; en
otros rostros y otras horas y otros días que no sabemos;
solivia las losas de las tumbas; llena los ámbitos y espacios por sobre nuestras cabezas. Sólo las formas cam·
blan. La «voluntad&gt; de vivir es eterna! gritan ensilencio los ojos de Sigeia, luciendo en la cara espectral de
Rowna. Y,· en silencio, gritan su terral":
-La muerte tampoco se detiene!. ..

DE FRANCIS JAMMES
EL ASNO DEL DOMINGO DE RAMOS
(1'raducción de Enrique Gonzcilez Martinez)

Pacía con mi madre la hierba azul del prado,
de un sabor como nunca acre y azucarado.
Sobre el cielo sin mancha, en trazos incisivos,
se. alzaba el verdinzgro Monte de los Olivos.
Pastábamos desde antes de que rayara el día;
el globo de Ja luna lentamente perdía
·
su luz, del sol naciente a las tintas bermejas.
Todo estaba tranquilo. Se oían las abejas,
el canto del arroyo chocando en los ribazos,
Y nuestro ramoneo como tijeretazos.
Mi mafue estaba atada, yo libre en la pradera.
Ella, en pie, meditaba bajo de una palmera.

Bien pronto, los discípulos vinieron hacia el prado
Y a mi madre desatan; vi que flla los seguia
tranquila y dócilmente, como que ya sabía
el asna de pupilas como la noche bellas
que aquel deber estaba escrito en las e;trellas.
En cuanto a mi, inocente, tienden una mantilla
sobre mi :flaco lomo revolcado de arcilla,
Y contento, adm\l'ado y distraído, eché
a andar.
Así llegamos, al :fin, a. Bethphagé.
En la pequeña plaza, multitud bullanguera
contaba con los dedos en debate animado.
Un muchacho tocaba un pito de madera.
Alguien dijo: ~al Maestro anunciad que han llegado~.
Un joven, de un tabuco se asoma en el umbral.
Creí tener en frente una luz celestial
que hizo cerrar mis ojos y me turbó el sentido.

Por el azul cruzaron dos palomas en vuelo.
Las vi, sentí la vida con íntimo alborozo,
Y·- las patas al aire -me revolqué en el suelo.
- - - .De pronto, oi a mi madre que lanzaba un sollozo.
No era el cotidiano rebuzno, era un gemido
que desgarraba el cielo, hondo, desconocido .
Mi alegria trocóse en dolor de repente.
Y la vida seguia su curso dulcemente:
Brincaban saltamontes en la hierba aromática;
un gato, frente a un perro, en actitud extática
vigilábalo inmóvil, con el pelo erizado.
'

Se acercó recogiendo la orla del vestido.
Murmuró entre sonrisas: •dejad al inocente
animal que, sin cuerda, se vaya libremente
al campo en que pacía~. Asi dijo el Maestro
hablando de mi madre que aun guardaba el cabestro.
Sentí sobre mi frente un gran soplo l}asar
Y tan sólo fui dueño de gemir y temblar.
¿Qué cosa iba a pasarme? Yo nada comprendí.
Hubo un silencio. Luego, Dios monto sobre mi.

DE ENRIQUE GONZALEZ MARTINEZ
LA PARABOLA DEL CAMINO

de toda adoración, se encuentra mudo.
El otro peregrino
recnerda cada voz, cada celaje,
y guarda los encantos del paisaje.
Y los hombres lo cercan porque vino
a traer una nueva en su lenguaje,
y hay en su acento up hálito divino ..... .
Es como Ulises: hizo un bello viaje
y lo cuenta al final de su destino . . ..

La vida es un camino .....
Sobre rápido tren, va un peregrino
salvando montes. Otro va despacio
y a pie; siente la hierba, ve el espacio ..... .
Y ambos siguen idéntico destino.
A 10s frívolos ojos del primero
pasa. el destile raudo de las cosas
que se velan y esfuman. El viajero
segundo bebe el alma de las rosas
y escucha las palabras del sendero.

Porque la vida humana es un camino.

LA PIEDAD QUE PASA

De noche, el uno duerme en inconsciente
e infecundo sopor. El tren resbala
fácil sobre el talud tle la pendiente,
y el viajero no siente
que en la campiña próvida se exha.la
un concierto de aromas ....

Cayó sobre la arena un pétalo de rosa ....
Para que no lo estrujen los pies del peregrino,
mi mano suavemente lo apartó del camino
y le cavó en el musgo la tumba silenciosa.
Bajo rosal materno el pétalo reposa ......
Sobre el rincón que guarda su sueño y su destino,
de la cercana fuente el chorro cristalino
hará crecer la hierba y ocultará la fosa.

El prudente
que marcha a pie, reposa bajo el ala
de un gran ensueí'ío, y trepa por la escala
excelsa de Jacob. Cuando el oriente
clarea, se echa a andar, pero señala
el sitio aquel en que posó la frente.

Los pájaros del huerto han detenido el ala ..... .
La vesperal penumbra en el jardín instala
su indecisión de tintes cual funeraria ofrenda.

Ambos llegan al término postrero;
mas no sabe el primero
qué vió, qué oyó; su espíritu 1 desnudo

C~ando caigan los velos de la noche oportuna,
la piedad, revestida con ropaje de luna
Y un dedo sobre ~l labio, cruzará por la senda.
PEGASO

�EL JUICIO

DE JESUS

DE QUEIROZ
BRILLANTE PAGINA DE ECA
,
En un espacio con pavimento de mosaico, frente al solio donde
se alzaba el asiento curul del Pretor, estaba Jesús de pie, con las
manos en cruz y débilmente atadas por una cuerda de esparto que
colgaba hasta el suelo. Un largo albornoz de lona gruesa, orlado ,
de azul, le cubría basta los pies, calzados con sanda,lias ya gasta•
das por los caminos del desierto y atadas con correas. No le ensangrentaba la cabeza esa corona inhumana de espinas, como
yo había leído en los 'Evangelios: ten-ía un turbante blanco hecho
de una larga tira de lino¡ un.cord~l lo atAha por debAjO de la barEN EGIPTO

loaba su prudencia; celebraba a su padre Herodes el Grande, restaurador del templo. Su hijo Antipas, era generoso y fuerte . . , .
Pero, reconociendo su sabiduria, Sareas extrañaba que el Tetrar.
ca se negase a confirmar la sentencia del Sanhedrín que condenaba a Jesús . . .. ¡.No estaba aqnella sentencia fundada en las le.
yes q~e diera el Señór? El justo Hannán había interrogado al Rabi y el Rabi habíase E'incerrado en un silencio ultrajante. ¡,Era
aquella la manera de responder al puro, al sa.hio, al piadoso Han.
nán? Por eso un celoso, sin contenerse, abofeteara el rostro del
Rabí. ... ¿Dónde está el respeto de los antiguos tiempos y la Vijneración al pontificado?
Su voz grave y hueca resonaba bajo las arcadas. Yo, aburri~o.
bosteza.ha. Sareas después proclamó los derechos del Templo. ¿Y
aquel Templo cómo lo respetaba el Rabi? Amenazando destruirlo .... ¡ Y la blasfemia, arrojada al Santuario, subía basta el seno
de Dios!
Bajo el toldo los Fariseos, los Escribs.s, los Netbenims dél Templo, esclavos sórdidos, susurri:iban como arbustos silvestres queuu
viento comienza a agitar. Y Jesús permanecia inmóvil, abstraídamente indiferente, con los ojos cerrados como para abismarse mejor en un sueño continuo y hermoso. Se levantó el Asesor roma,
no: dejó en el escabel su abanico de hojas, recogió con arte el
rnn.nto forense y saludó tres veces al Pretor: su mano delicada co,
menzó a ondular en el· aire, haciendo brillar una joya.
-¿Qué dice?
-Cosas muy hábiles-murmuró Topsius.-Es un pedante, p
tiene razón. Dice que el Pretor no eR judio; que nada l:!Rhe de
Jehová; que no le importan los prClfetas que se alznn contra Jehová,
EN EL MONTE DE LOS OLIVOS

Y como leña seo~ que una chispa inflama, el furor de los Fariseos y de los servidores del Templo rompi'ó en clamores im acientes: ·
p
-¡Crucifícale, crucifícale·r
Pomposamente el intérprete decfa en griego al Pretor los grito
tumultuosos. lanzado~ en la le.ngua siria que habla el pueblo d!
Judea. Ponc1ó g?lpeo con el pie sobre el mármol. Los lictores Jevao~aron en e~ aire ~as varas que terminaban en una figura de
águiht.: el escriba ~r1tó en nombre de Cayo Tiberio: los brazos
amenazadoreli se. ba.Jaron y fué como un viento de terror que so.
pJ!l,8e ante la maJestad del Pueblo romano.
De nuevo habló Poncio, lento y distraído:
-¿Dic~s que eres rey? ?~.qué es lo que haces a.qui?
Jes6.8 d1ó otro paso hacia el Pretor. Su stl.ndalia pisó fuertemen
te sobre las losas, como si tomase posesión suprema de la tierra·
LM palab~as que sali~ron de .t1us labios secos me pareció que ful:
guraLan vivas en el atre, como el resplandor que salió de sus ojos

jud.fos enir6, porqu~ ~isár en día. pascual un suelo pagttno era dc'.1sa impura ante el Senor. Sareas anunció altivamente al tribuno
que algunos de la nación de Israel, ante la puerta del Palacio de
s~s p~dres, estaban ~aperando al Pretor. Luego, pasó un largo
8
~~enc10 ll~no de ansiedad. Después, dos lictores avanzaron : tras
eb os, cammando a pas~s largos, con la amplia tcga recogida 80 •
re e1 pecho apareció Pilatos.
Todos l_os turban:es se inclinaron, saludando al Procurador de
Judea. PI13:t?s habiase detemdo al pie de la estatua de Augusto;
Y como repitiendo el gesto de la noble figura de mármol
extendió
1 a mano:
'
~Que la paz sea con vosotros y con vuestras pal&amp;bras .. Hablad.
Sa.re~s adelantóse y declaró que sus corazones venía.n en \•erdad
11 enos e Pª~······ pero habiendo el Pretor dejado el Pretorio sin
confirmar m analar la sentencia del Sanheridrin, ellos se hallaban
CON LA CRUZ

negral'!.

-He venido a ~ate m~ndo para predicar la verdad. Quien dese~ la verdad, quien qmera pertenecer a la verdad tendrá que oír
MI VOZ.

Pilatos le miró un momento pensativo: después encogióse de
homhros.
-¡La verdad!. ..... ¿Y qué es la verdad?
Jesós de Nazareth enmudeció,
En el Pri:i~rio reinó_ un sil~ncio profundo, como si todos los corazones hubiesen sentido la mcertidumbre. Pilatos descendió los
r~1Rtro escal?nes de bronc~, recogiéndose la amplia toga; y prece.
1!tdo de los hctores y seguido del Asesor, penetró en Palacio, por
e.ntre el ru?1or de Rrmas de los legionarios que lo saludaban batiendo el. hierro de las lanzas y el bronce de los escudos.
Inmediatamente se. al~ó ~or todo el patio un áspero y ardiente
susurro, como de abeJas irritadas, Sareas peroraba blandiendo el
há.cu lo entre. los fariseos que jllntaba.n las manos c~n terror.
·
Otros, alPJados, murmuraban sordamente. Un viejo~ dejRndo
ANTE PILÁTOS

Un angel se le apareció ,i José y le il'ijo: ~f,1J,vántate y hi¿yen

Le obligaron a Uevar sn ()J·nz y Jesúa cayó tres veces ..... .

ba encara.colada y Aguda. Los cabellos secos, pasados por detrás
de las orejas, le caían en rizos por la espalda; y en el rostro flaco,
requemado, bajo las cejas densas, unidas, negreaba con una profundidad infinita el resplandor de sus ojos. No se movia, fuerte y
sereno, delante del Pretor. Tan sólo algún estremecimiento de las
manos atadas, delataba el tumulto de su corazón¡ y a veces respiraba. largamente, como si su pecho, acostumbrado a los libres y
claros aires de los montes y de los lagos de Galilea, se sofocase ba•
_io el palio romano y la estrechez formalista de la Ley. A un lado,
Sa.reas, miembro del Sanhedrin, que babia dejado en el suelo su
manto y su báculo dorado, iba desenrollando y leyendo, con adormecedora canturía, una tira oscura de pergamino. Sentado en un
eilcabel, el Preter romano, sofocado por el calor ya áspero del mes
,i_e Nizam, refrescaba con un abanico de bojas secas de hiedra la
foz rasurada y blanca; un escriba vi€'jo, en una mesa de piedra

C?mo el hombre que ve la uva en la viña suspendida sin secar
madurar.
. l;'oncio pareció penetrado de equidad y de clemencia.
----:Interrogué a vuestro preso y oo hallé en él culpa que deba
castigar el Procurador de Judea ...... Antipas Herodes que es prudent~ Y fuerte y practica vuestra Ley y ora en vue~tro templo
tamb1?n le inte_rrogó y ninguna culpa halló en él.. .... Ese hombr¿
sólo dice cosas rnpoherentes como los que hablan en sueños.
. Entonces, con un sombrío murmullo, todos retrocedieron deJando al Rabi Robam solo en el umbral de la sala romana. Lentame?:te, sereno, como si explicase· la ley, el Rabi alzó la mano
y d1¡0:
-; Delegadú de C_é~ar, Poncio, muy justo y muy sabio! El hombre que tú llamas v1l"1onario, hace años que ofende nuestras leyes
Y blasfema de nuestro Dios. Pero ¿cuándo le hemos prendido nos~
lll

LOS OlSCIPULOS

LA CRUCIFIXION
Se prosterna, ora 'Y diGe: GPadre, hágaae tu voiwntad» ... .. .

Jesús busea s1is disdpnlos entre los artesa,no1s y los pescado·l'es ..

llena de tabularios, afilaba minuciosamente sus cálamos¡ entre ambos, el intérprete, infeliz e imberbe, sonreia con las manos en la
cintura., arqueando el pecho, donde llevaba pintado un papagayo
hermejo. En redor del toldo. volaban constantemente palomas.
Fué asi como yo he visto a Jesús de Gd.lilea., preso delante del
Pretor de Roma.
En tanto, Sareas, que babia terminado la lectura de un pergamino, saludó a Pilatos y comenzó en griego una a.renga verbosa y
aduladora. Hablaba del Tetrarca. de Galilea, del noble Antipas:

v que la espada de César no venga a Dioses que no protegen•
César.
Terminó el Asesor, Ylánguidamente, dejóse caer en su escabel
De nuevo habló Sareas. Ahora, más retumbante, acusaba a Jesiu,
no de su revuelta contra Jehová y el Templo, sino de sus preten·
is iones como principe de la casa de David. Toda la gente en Jern·
¡;,,a\em babia.le visto llegar por la puerta de Oro, en falso triun
rodeA.do de palmas verdes, en medio d_e una multitud de galil
t1ne gritaban: -u¡Hossa·na al Hijo de David! ¡Hossana al Rey de
I ;raelb1
-¡ Es el hijo de David que viene para hacernos mejores!-gri
a In lpios la voz de Gad, llena de persuasión y de amor.
El Pretor se dispuso a interrogar al Rabi. Yo, temblando,
dmo nn legionario empujaba a Jesús, que alzó la faz. Incliná
dnse levemente hacia el Rabi, con las manos ahiertas que pa
dan soltar, dejar caer todo el interés por aqael pleito ritual
tiectarios arguciosos, Poncio murmuró aburrido e incierto:
-¿Eres tú acaso el Rey de los Judfos? .... Los de tu nación
traP,n ante mi. ... ¿Qué has hecho? .... ¿Dónde tienes ese reiD
El intérprete, infatuado, de pie, junto al solio de mármol,
pitió muy alto las palabras del Pretor en la antigua. lengua b
hraica de lo8 Libros Santos: como el Rabi permanecia silencioso,
la.i gritó en el dialecto caldeo que se usa en Galile!l.. Entonces Jes
dio un paso. Oi su voz. Era clara, segura, dominadora y seren
-Mi reino no es de este mundo. Si por voluotad de roi Pad
fuese yo Rey de Israel, no esta~·ía ante tl con efita cuerda en
m1mos .... ¡Pero mi reino no es de este mundo!
Un gritó partió der¡;esperante:
-¡Entonces que lo saquen de este mundo!

Entonces Pilatos s~ ZCllVa ias mam
, os y Zes d•ce.·
·
•
«y
_ o soy 1,nocente
de la sangre de este justo».

suelto .su man_to que volaba, corria por entre los vendedores de pa
nea ácimos gritando:
-¡Israel está perdido!
Gt\d surgió ant? nosotros alzando los brazos tfiunfantes:
-El Pretor es Justo y liberta al Rl'lbí.
Con la f,1,z resplandeciente, nos revelaba la dulzura de su esper~a~a, El _Ra.bí, apenM fuese suelto, dejaría JesusaJem donde Jas
pie ras eran m~nos duras que los corazones. En Betbania le esper~ban sus amigos armados: al romper la luna partirian para el
. ctd·i . .1:1..
A(( í estaban aquellos que le 'amaban. ¡,No era
Jn,1e1s de E nga
~ 6s b~rmano de los esenios? Como ellos 1 el Rabi predicaba. el
1
l ª?!eCio de loa bienes terrenos, la ternura por los que son pobres
Y R incomparable belleza del Reino de Dios.
Yo, crédulo, me regocijaba, cuando un tumulto invadió la ga1
Era el bando negro de los fariseos. Dirigióse hacia el lugar
011
e el Rabí Robam conversaba con Manasés, envolviendo dulr.emente en los dedos los cabellos del niño, más dorados que los
.ntaües. Sareas, con la firmeza de quien intima empezó a decir:
-Rabi Robam, es nec~sario que ·bablP-s
Pretor y salves
noesLra Ley.
Y luego de todos lados fué un suplicar ansioso.
-Rabi, habla al Pretor. Rabi, salva a Israel.
el E!_Rabi se alzó majestuoso como un gran Moü,és. Después con
~no de la mano, se puso a caminar en silencio: tras él la iurba
ucía_un rumor de sandalias en las losas de mármol. Nos de•
,mosJ~nto ..a la puert~ de ~e~ro: Los pesados goznes rechina•
100
ton·
un tribuno del palac10 ncud1ó. Nos detuvimos todos, amonados en el umbral. En el centro de la sala fria y mal iluminada
ergufase pálidamente una estatua de Augusto. ' Ninguno de Jos

ti~

ai'

&amp;i,¡

••••. •Y Jes-ús fue crncijicado.

otros, _cuándo le hemo~ traído ante tí? Solamente cuando le be.
mos visto entrar en trmnfo por l_a Puerta de Oro aclamado como
rey de Jud?8:· Porque Judea no tiene otro rey sino Tiberio. Apenas _un sed 1cioao se proclama contra el César, le apresamos y le
casttg~mos. Eso hacemos nosotros que no gobernamos por el Cé
sar, DI cobramos de su erario.
La fa_z de Pilatos ~e obscureció con uns nube de cólera. Aquella
tortuosidad l de los
abo
"d Judioa-que
·
' execrando a R oma, pregona ban
ra un ce o rm oso por el César para poder, en nombre de la

PEGASO
P,EGASO

5

�autoridad, saciar un odio sacerdotal, sublevó la rectitud del
romano.
-Callad. Los procuradores de César no vienen a aprender, en
una colonia bárbara del Asia, sus deberes para con César.
Mana.ses que estaba a. mi lado, y se tiraba impaciente de la
barba, alejóse con indignación. Pero el Rabi prosiguió tan indiferente a la ira de Poucio como a los balidos de un cordero que con•
dujese a las aras.
-Tn amo te da a guardar una viña y tu dejaa que entren en
ella y que la vendimien. ¿Para que estás en Judea? ¿para qué es
tá la sexta legión en la torre Antonia?
Poncio, ten presente qae nuestra voz es lo bastante clara y lo
bastante alta para que el CéBar la oiga.
Poncio dió un paso lento hacia la puerta; y dijo con los ojos
clavados en aquellos judios que lentamente le iban enlazando en
la trampa sutil de sus rencores religiosos:
-No temo vuestras intrigas. Elio Lamma es mi amigo .. ... . ¡Y
César me conoce bien!
El .Rabi Robam repuso, sereno y apacible como si conversase a
la sombra de un verjel.
-Tú ves lo que no está en nuestros corazones, Poncio; pero
nosotros vemos lo que está en el tuyo. Tú qaieres la destrucción

de Judá.
Un estremecimiento de cólera devota pasó entre los fariseos. El
Rabi Robam continuaba denunciando al Pretor con serenidad y
lentitud.
.
-Tú quieres dejar impune al hombre que pregonó la insurrec•

haber desacuerdos. ¡Siempre os hice concesiones! Más que ningdu
procurador deBde Coponio he respetado vuestras leyes ..... .
Dudó un momento; después, frotándose lentamente las m&amp;n01
y sacudiéndolas como mojadas en un agua impura, continuó;
-¿Queréis la vida de ese visionario? ¿Qué me importa? Tomad.
la ...... ¿No os basta la flagelación? ¿Queréis la cruz? ¡Crucificadlo!
¡Pero no soy yo quien derrama esa sangre!
Un levita macilento clamó con pasión:
-Somos nosotros y que esa sangre caiga sobre nuestras cabezaa,
Algunos se estremecieron: creian que todas las palabras tienen
un poder sobrenatural y hacen reales las coeas pasadas.

•*•

Entre un brillo de armas, surgieron nuevamente las vart1.s de lot
lictores. l;'oncio, pálido y pesado, volvió a e.copar el asiento Cu.
rul. Reinó silencio tan profundo, que se oyeron las bocinas que
toca.han a lo lejos en la torre Mariana. Poncio Pilatos, con Un&amp;
dignidad indolente, alzando levemente' el brazo desnudo, confirm6
en nombre de César la sentencia del Sanbedrín que juzgaba en Je,
rusalem ... ..... .
Los fariseos triunfaban. Junto a nosotros, dos muy viej01
se besaban en silencio las barbas blancas¡ otros agitaban en el aire
los bastones, o b.nzaban sarcásticamente la. e.xclamaoión forenee
de los romanos: t&lt;Bene et belle. Non potest meliu8h)
Pero de pronto el intérprete apareció encimR de no escabel, oa,
tentando sobre el pecho su papagayo flamante. La turba enmudeció sorprendida. El fenicio, después de haber consultado coo
el escriba, sonrió y gritó en caldeo alzando los l;lrazos cargadoe de
pulseras de coral:
-¡Escuchad!. En esta. vuestra fiesta de Pas~ua, el Pretor de Je,
rusalem acostumbra, desde que Valerio Grato así lo determinó,
con el beneplácito de César, perdonar a un criminal.. ... El Pretor
os propone el perdón del Rabi. ..... ¡Escuchad todavía! Vosotrai
tenéis también el derecho de escoger entre los condenados. Et
Pretor tiene en su poder, eu los calabozos de Herodes, otro sentenciado a muerte.........
Dudó y de nuevo consnltó con el escriba. Luego, volviéndose 1
la multitud, gritó con la faz :i¡isueña:
-Uno de los condenados es el Riibi Jescboua que aquí tenéiey
que se dice hijo de David ...... Ese es el que propone el Pretor ..... .
El otro, endurecido en el mal, fué preso por haber dado muerte
traidoramente a un legionario en una riña cerca dt&gt;. Xistus. Sn
nombre es Bar-Abbás. ¡Escoged!
Un grito brusco y enronquecido partió de entre los fariseos:
-¡Bar-:Abbás!
Y después por el atrio, confusamente, fué :resonando el nombre
de Bar-Abbas, y un esclavo del templo, de sa.yal amarillo, llegando basta las gradas del solio, rompió a grits.r enfrente de Poncio:
-¡Bar-Abbás! ¡Oye bien! ¡Oye bien! ¡Bar-Abbás! ¡El pueblo
sólo quiere a Bar-Abbás!
El cuento de una lanza le hizo rodar por las losas. Pero ya toda la gente gritaba:
-¡B:u-Abbás! ¡Bar-Abbás!
Casi nadie conocíaalli a Bar-Abbás. Muchos, ciertamente, tam•
poco odiaban al Rabí; sin embargo, engrosaban el tumulto porque
sentían, en aquella reclamación dei preso que atacara a los legionarios, un ultraje al Pretor romano, togado y augusto en su tribu•
na!. Poncio, entre tanto, indiferente al vocerfo de aquella turba,
escribía en una gran hoja de pergamino posada sobre sus rodi1la&amp;
En torno los clamores ya disciplinados resonaban en cadencia e&amp;
mo mazos en una era:
-¡Bar-Abbásl ¡Bar Abbás!
Entonces Jesús lentamente volvióse Ílacia aquel populacho du•
ro y revoltoso que le condenaba: en sus ojos refulgentes y ht'imt
dos, en el fugitivo temblor de eus labios, sólo apareció en aquel
momento una tristeza misericordiosa por la inconsciencia d
aquellos que a.si empujaban hacia la muerte al amigo de los bom·
breit ......... Con las manos atadas limpióse una gota de sudor: d
pués quedó ante el Pretor, . mudo e inmóvil, corno si ya no pe
neciese a este mundo.
El escriba, batiendo con una regla de hierro en la. mesa de piedra, impuso silencio tres veces en nombre de César. El tumulto
ardiente agonizaba. Poncio se levantó: sereno, sin demostrar im·
paciencia ni cólera, elevó la mano pronunciando el mand~
final:
-¡Id, y crucificadlo!
4

1J1ater dolorosa

ción declarándose rey en una provincia de üéBar, para tentar, con
tal impunidad, otras ambiciones más fuertes y hacer que un nue•
vo Judas de Gamala ataque las guarnicioues de Samaría. Así
preparan un pretexto para descargar sobre nosotros la espada imperial, y extinguir completamente la vida nacional de JudeR.. Tú
quieres una i:-evolución para ahogarla en sangre, y presentarte ante César como soldado victorios_o y administrador sabio, digno de
un proconsulado o de un gobierno de Italia. Nosotros estiimos en
paz con César y cumpliremos nuestro deber, condenando al homª
bre que se levantó contra César ...... ¿Tú no quieres confirmar e¡
tuyo confirmando esta condena? ¡Bien! l\fandaremos emisarios a
Roma para que lle,;en nuestra sentencia y tu negativa. Salvando
ante el César nuestra responsablidad 1 moatraremos a César como
procede en Judea aquél que representa la ley del Imperio ...... Y
ahora, Pretor, puedes volver al Pretorio.
Poncio frunció las cejas e mclinó la frente. César, de~confiado
y siempre inquieto, tal vez sospecharía un pacto entre él y aquel
rey de los judíos ¡Tal vez su justicia y su orgullo en mantenerla. le
costasen el proconsulado de Judea! Llegó lentamente hasta el
umbral de la puerta, y abriendo los brazos, conmovido por un
impulso magnánimo de conciliación, comenzó a decir:
-Hace siete años que .gobierno Judea. ¿Cuándo me habéis en·
contra.do injusto o infiel a las promesas juradas? ...... Ciertamente
que vuestras amenazas no me conmueYon ...... César me conoce
bien ...... Pero, entre nosotros, para provecho de César no debe

;........................................ ,.. ,, ...,,.,,,,,.,,,,,,.,,,,,.,

ES UNA DE LAS MAS HERMOSAS TEMPORADAS EN QUE SE GOZA DEL DESCANSO CON
TODAS LAS COMODIDADES.

...................... ,,..,..,,, ... ,..,......., ...... ,,.... n)11111111m1•1•11111••111111N•oo•-•••••"•"""''•"""'"'"''• .. •m• ....... .,..,.,..,.,,,,, •• ,,,1111111,11u•u•1110111111111m1n•1•111, ............. ,..,,,,111111m•----.,JI,

6

SANCTORUJVr::
Como a dos kilómetros de Tacuba se recata en un ángulo del camino un pequetlo cementerio coronado
por vetustísima iglesia. Es Sanctorum. El templb, en ruinas, debe de
ostentar vestigios arquitectónicos
dignos de ser admirados o, por lo
menos, qonocidos. Vamos a Sancto·
rum! &lt;Seguid la ruta que conduce
al panteón espallol y luego otra llat··
,deada por magueyales que.se aparta de la primera por el lado izquierdo&gt;. Eso es cuanto nos servirá de
, guía. Y partimos, dejándonos con.
, ducir, más que poi~la breve indicación, por nuestro sentido de_lo colo' n_ial que podría, como otro hilo de
Ariadna, desintrincarnos el dédalo
d~ las modernas vulgarid ade s, y
descubrirmos el celado tesoro .
En el ancho camino, a la húmeda
claridad de este domingo de Sept1em bre, no son ideas a legres, ; hi-

de_z de colorido en las plantaciones,
1n1cia una mueca doliente. Pasan

tre~ hompres enlutados. Luego dos
muJeres y una chiquilla. A lo lejos
se presiente la negra peregrinación
de otros seres enlutados. Y todos
ellos, caminantes de la tristeza ha·
c_en el fúnebre blasón-levement~ sentimental, un poco severo del amplio
cuadro d~ atonal incipiencia.....
Pero en el fondo, a la izquierda
?a surgido una pequeña iglesia ro~
Ja, de contorno elegante. Sin duda
es Sanctorurn. Y con la obsesión de
Ed1po, en su anhelo de leer los enig
mas a fuerza de mirar los ojos a la
Esfinge, olvidamos todo el secreto de
l~- nuestra, más callada, más miste ·
riosa, no menos sufriente.
Mas ella retrocede tras el espesor
de la bruma, queriendo anadir el
obstáculo de la distancia. Al cabo
va d~jándose cefiir por nuestras mi-

...,,,,..,,,,...........................,..............................,,.,,.,........,,,.,,.,,,,...,,,,,,,. ,,,,,...................,,,,,.,,....,..........,...,,...,,,,. ,,. ,,.,....,.,,,,,,,,...............

LA SEMANA SANTA
EN SAN ANGEL INN

-

ARTE COLONIAL

PIEGAao

jas gozosas de la vida, quienes tejen
el sartal de sus danzas. Los perfiles del horizonte, esfumándose bajo
el nublado, dan al paisaje la melan·
colía de lo indeterminable y la cru•

radas y, vencida, extiende su forma
que es como un desgarramiento.
Pedemos apreciar un ábside almenado que se distingue del cuerpo de
la iglesia por ser más angosto. El
PEGASO

campanario, cuyo perfil se destaca
sobre el plúmbago celeste, parece
afiadido posteriormente al templo;

es de dos .cuerpos, muy semejante
a los campanarios del siglo XVII
que abundan en la ciudad de México.
Llegados al cementerio, hay que
bordear su tapia de blancura deslumbradora para alcanzar el interior. Más que la morada de la muerte, semeja el jardín de la melancolía; pero_ jardín salvaje en que la exuberancia de su vegetación quisiera ocultar las tumbas infamantes
La iglesia se levanta en el fondo:
Sus muros poderosos sostenidos
por contrafuertes enormes, eL cor•
te de su fachada principal, las hue·
llas que restan del envigado la con·
centración del ornato en la portada·
son todos indicios de que la cons'.
trucción del templo data acaso del
siglo XVI. Pero, lo que ~obre todo
hace presumirlo, es el carácter de
los ornatos. Los ele la fachada ostentan, a la par que un medíoevalismo visible, como los ángeles que a
ambos )•dos de la puerta exhalan
su dibu¡o anguloso, cierta tendencia
del _Renacimiento que pretendía sugerir en cada pórtico el orgullo de
un escudo de armas.
·
. El interior nos ensena la disposición de una basílica rudimentaria
el tipo de las primeras iglesias qu~
~e construyeron en la nueva Espana. Componíanse de una sencilla
n_ave, alargada con techo plano de
vigas, Y un ábside en el fondo
o_puesbo a la puerta. Dentro del es'.
ti.lo que los _ar9~itectos llaman franciscano primitivo, hay muchas pe·" :
qu~ll~s variantes, sobre todo en los .
edific10s rurales, una de ellas es ésta. No de las más elementales pues
presenta el ábside separado' de la
nave por un arco, el antiguo arco
7

�San Angel y ei del Desierto de los
Leones, ha sido transformado actualmente en Hospital Militar.
Dejémosle que guarde sus habitantes, los hijos del dolor y de la
sangre, y sigamos nuestro paseo
dominical. Otra vez admiraremos
sus ruinas, su estanque hermosísimo de colorida arquitectura, en medio de un parque magestuoso, sus
prolíficos rosales, de flores como
bocas de fuego.

triunfal de las verdaderas basílicas, y arcos de descarga a lo largo
de los muros. Los ornatos que cubren el arco triunfal son de lo más
rico que pueda imaginarse, é interesantísimos como muestra de los
relieves en estuco que se hacían en
México. En sus dibujos se ven mez·
clarse los elementos europeos del
Renacimiento con los motivos indígenas de ornato a la par que los tra·
zados geométricos recuerdan \os
adornos mudéjares que recubren
muchos edificios de Espa!ia. Es asimi'smo de marca netamente prehispánica el carácter del relieve muy
poco profundo, como el de los monolitos donde grabaron las hazanas
de sus héroes y los arcanos de su
ciencia aquellos hombiesde hierro.
Sanctorum es una ruina. Y no la
acompaña ni un peque!io ademán
preservativo; la yerba, invadiéndola,
simboliza el afán de la naturaleza
por arrebatar la al dominio del hombre. De sns múltiples escudos-que
indican, seguramente, la intervención directa de algún noble de la
Colonia en la vida de Sanctorumel más hermoso ha sido llevado a la
Academia de San Carlos. Allí espera su suerte, como símbolo mudo
de inconformidad, tan hermético en
sus signos que parece haber perdido la expresi6n frente á los asombros de Miguel· Angel.
A dos pasos de Sanctorum se halla otra reliquia colonial: San Joaquín. Quizás monasterio, pues tiene
el mismo carácter que los conventos
campesinos de los alrededores de
México, como los de Churubusco,

El cielo continúa como adormeci•
do bajo la hopalanda de la bruma.
La melancolía del ambiente absorve
los rayos solares, dejando la tierra
entregada al ensuefio de su propio
calor. Y recito mentalmente aquellos versos de Rodenbach, hechos,
al parecer, a este propósito:
.... Dimanche, c'était le jour des lentes pro(menades
par des qnais endormis, devastes esplana•
(des,
au long d'un mur d'hospice, au long d'un
(canal mort
ou le brouillard, a peine une heure, se dis·
sipe ....

.... Le diman che est l~ jour ou Pentend
les cloches!
Le dimancbe est le jour ou l'on pense a la
mort!
MANUEL

VIDA ARTISTICA Y LITERARIA
Un grupo de
simpatizadores
de los Aliados,
ha organizado
unos Juegos Florales que tienen por objeto demostrar el sentimiento latino, por
medio de sus poetas y hombres de letras.
L":i Juegos estarán bajo el patronato de la.
Alia,nza Francesa, y tendrán verificativo
1:m uno de los principales coliseos de la capital, bajo un selecto programa q~e se está formando, y que en su oportumdad daremos a conocer.
Su Majestad la Reina de los Juegos Florales y su Corte de Amor, estará- formada
por señoritas de las principal~s f~milias_de
las colonias francesa, belga, 1tahana e mglesa.
El Honorable Cuerpo Diplomático será
invitado para presidir la fiesta, acompañando a su Majestad la Reina. y su Corte
de Amor, en calidad de Chambelanes.
He a.qui la convocatoria:
TEMAS

1.-Canto a la batalla del Marne, en
verso castellano, poesia. épica. Primer premio, consistente en una flor natural, derecho a elegir la Reina de los Juegos Flora.les y un mil pesos en oro nacional. 21?
Primio, un objeto de arte.
2. -Tema. Consecuencias del triunfo de
los Aliados en el desarrollo intelectual,
moral y económico de la Humanidad. Pro8

LA GRAN GUERRA

El camino, al regreso, es más triste porque no hay un afán de curiosidad que nos guíe, incitándonos en
la ruta. Escúchanse a lo lejos, len·
tas y cansadas, las voces del campanario; se presiente un entierro:

TOUSSAINT.

.....................................................................................................................................,. ,.................................................................... ,...........................................................................

Juegos florales
de la Alianza Francesa

Campamento del ejército francés en el Marne

sa. Pri~er Premio, objeto de arte. 2? Premio cien pesos, oro nacional.
s.'-Teroa. Canto a la mujer aliada. En
verso de rima perfecto. Primer Premio,
objeto de arte. 2° Premio, colección de li·
broa de lit~ratura francesa.
BASES

1.-El Certamen queda abierto desde
esta fecha hasta el di.a 18 del entrante mes
de abril.
2.-Todos los trabajos que envien los
concursantes deberán ser inéditos y envia•
dos en sobres cerrados y certificados, al

Apdo. Postal número 1705.
3.-Los concursantes enviarán sus trabajos en dos sobres, en nao irá la composición amparada por un lema, y en el segundo, el nomhre y do~ici_lio del ~utor.
4.-No se devolverá nrngun trabaJo. El
Jurado Calificador será integrado por persona perita, siendo Presidente de dicho
Jurado el notable j1,uisconsulto Jean Dnpuy 1 abogado de la Legación francesa.
5. -El Jura.do Calificador rendirá su die~
taro.en precisamente el día 20 de abril, sobre las composiciones premiadas, anunciándóse por medio de la prensa sus lemas,
para que sus autores se J:&gt;resenten a recibir
las recompensas el día de la fiesta que se
celebrará el 30 de abril.
La extensión de los trabajos se deja a
voluntad de los concursantes.
Las obras premiadas serán leidas por
PEGASO

•

sus autores o por la persona que designen,
quedando al arbitrio del Jurado Califica•
dar la elección de las composiciones en
prosa que deban leerse, atendiendo para
ello a su extensión.
El mantenedor de los Juegos Florales
será uno de los abogados de más renom·
bre en el foro mexicano.
El producto integro de la fiesta será en•
treg-ado al ExcelentisimO señor Ministro
de Fr.-tncia.
Próximamente daremos a conocer el
nombre de las casas que han donado pre•
mios, los cuales se exhihirán en sus a.pa•
radores basta un día antes de la fiesta.
Se suplica a las principales casas comer•
ciales, se sirvan colocar esta convocatori11,
en lugar visible, así como a la Prensa partidaria de los Aliados, la reproducción de
ella.
Todo asunto relacionado con los Ju egos
Florales, puede dirigirse al Apdo. Postal

1705.
EL COMITÉ ORGANIZADOR DE LOS JUEGO!!
FLORALES.

El señor" in·
geniero D. Nor•
de introducción
berto Domin·
- ·
gnez fné recibido como socio activo de la Sociedad de
Geografía y Estadistica en la sesión que
este instituto celebró el jueves pasado. El
señor Dominguez presentó un estudio ti·
tulado c1Los Estados Unidos y el dominio
del Océano Pacifico.,i
Estudio

iLos bárbaros, cara Lutecia! ....
Cuando Rubén Daría escribió este
verso célebre tuvo una visión profétíca. Su gran alma sensitiva, flotan·
do sobre el océano de luz y de alegria
de París, adivin6 la tempestad que
fermentaba tras la cinta poética y
azul del Rhin; y lanzó, estremecido
ante el porvenir, ese grito de alerta
que precedió algunos años al ronco
tronar delos cañones con que la invasión llamó a las puertas de Francia.
Los bárbaros, cara Lutecia ....
Porque llenos de entorchados, con
sus cascos puntiagudos rematando sus
redondas cabezas rubias, los alemanes de hogaño solo difieren de los de
antaño por la indumentaria y la perfección suprema de sus medios de
destrucción. Bajo el paño flamante de
los uniformes, respira el mismo bárbaro musculoso que hace siglos dejó
las obscuras selvas germanas y arra
só como un huracán el mundo romano. Solo que en aqsellos tiempos la
masa invasora iba demoliendo todo
con la inconsciencia de una fuerza ciega y la actual ejecuta una labor calculada, discutida y aprobada en el silencio de los gabinetes después de
veinte centuria.s de civilización cristiana.
Roto el dique, el mismo empuje, la
misma ferocidad primitiva han hecho
correr por la médula de la humani
dad un calosfrío de espanto.
&lt;Debéis infligir a los habitantes de
las ciudades invadidas el máximum
de sufrimiento .... Debéis dejar en
las ciudades que atraveséis únicamen ·
te ojos que lloren,~ decía Bismarck
en 1870. •No nos impoºr ta que In catedral de Reims haya sido o no demolida y con ella pierda el arte uno de
~us más grandes monumentos: lo que
importa es saber si nuestras fuerzas
han entra.do nuevamente victoriosas
a Reims•, escribe con diab6lico des·

enfado otro prócer alemán. Destruir,
demoler, aterrorizar: he ahí la concepción prusiana de la guerra, practica•
da ya en la antigüedad por los otros.
En su deseo de vencer nada ha podido detenerlos: han herido sin piedad en 10 que estimaban más sensible:
en la población, en las creencias, en
los intereses, soñando falsificar a la

~'
~
' . i"'s. ..;.,

,

.. ,

ron la. misma suerte y ciudades an·
tes floreciente.s son hoy montículos de
escombros.
París escapó.
Estaba condenado también a la destrucción y hu bíera Volado si el heroísmo francés, gigante en su desesperación, no golpea la nuca de la bestia
en las llanuras de la Marne.
iLos bárbaros! ....
Los bárbaros van ya en retirada.
Mostrando las zarpas, \iefendiéndose, ganan lentamente el camino de
su patria, dejando en cada una de sus
etH.pas giroaes ensangrentados de su
desmesurado sueño.
Tras ellos parece que el mundo renace.

..

*,

-L.

~

.l[onseñor Jlercier,
Cardenal Primado de Belgica

Naturaleza en sus sacudimientos fur·
mida bles.
Por eso los cañones alemanes se han
cebado en el estupendo prodigio de
piedra de la catedral de Reims. Por
eso la catedral de Senlis, la de Soisons,
la de Amiens, la de Laon, la de Noyon, la iglesia de Saint-Etienne, la de
Nuestra Señora de Brebiéres, conservan en sus torres y en sus naves
la huella de los obuses. Pqr eso las
iglesias de Loo, Oostkerke, vVulveringenx, Dinant, cien más, corrie
PEGASO

La labor de los sacerdotes en las
día~ de prueba fué extraordinaria.
Bien sea quedándose en las poblaciones invadidas para defender a las fa.
milias inermes; bien sea acompañando a los soldados en las líneas de fuego
para proporcionarles los consuelos
de la reliá,!ión cuando c~ían heridos de
muerte, han cumplido sus deberes
con abnegación ejemplar. Muchos de
ellos pagaron con la vida su celo cristiano; otros han pasado largos m~ses
en los hospitales curándose las lesiones recibidas en el frente de batalla.
Los germanos no solo no los respetan:
los odian. Son, al fin y al cabo, los
que sostienen la fe en los cat61icos y
les inspiran confianza en el porvenir.
Sin ellos, quizá los creyentes, sintiéndose abandonados por su Dios, hu.hieran flaqrreado. Tienen en esta
pugna de rn.zas su parte de gloria por
haber sabido sostener, cuando todo
parecía vacilar, la fuerza espiritual
de los suyos. haciéndoles dulce el sacrificio e infundiéndoles la necesidad
de vencer.
Es curioso el siguiente relato que
hace uno de ellos refiriéndose al rena9

�cimiento de la fe en el soldado francés:
&lt;La gran guerra nos ha reservado
sorpresas consoladoras. Fértil en no
bles ejemplos, ba visto resucitar la fé
y florecer el culto. Nuestras tropas
del frente oran lo mismo que se baten: con fervor. Cada día que pasa
nos trae nuevos testimonios de este
renacimiento religioso en la armada.
He aquí una emocionante manifestación de este milagroso espectáculo.
•Sobre la misma línea de fuego, en
las trincheras avanzadas, a cien metros de las posiciones alemanas, ha
sido levantado un altar a la gloria de
María.
·
Uno de los últimos días de Abril.
dos soldados del 219 territorial va-

sombreaban y la cera ardía en los
candeleros de piedra.
El capitán y el ayudante de la compañía llegaron los primeros a dar pia-

manera ausente. Guardaban en
lidad la fe de su infancia, recitab
todavía algunas oraciones y áun as
tian algunas veces a la misa. La gu

gaban entre las ruinas de nn Jugare

jo desecho por las bombas, buscando
en los jardines abandonados algunas
rosas para adornar la entrada de sus
casamatas.
De pronto les asaltó el mismo pen
samiento:
-Dentro de dos días esta remos a 19
de mayo ¿por qué no celebramos el
mes de María en la trinchera?
De retorno en su guarida sometieron la idea a la aprobación de sus
compañeros de armas, quienes la acogieron con vivos transportes de alegría; y pocas horas después, durante
la guardia nocturna, uno de la imagi naria modelaba a la luz de la luna la
estatua de' la Virgen, mientras las manos piadosas de un ayudante le preparaban la arcilla. Los dos trabajaban
indiferentes al estallido de las bombas, cuyos fragmentos parecían a par·
tarse del taller improvisado de la M adona.
Al día siguiente, a las primeras
horas, toda la escuadra puso manos
en la obra y el altar quedó en breve
levantado.
Detrás de la Virgen de arcilla, una

Rwinas de la, iglesia dei Paubourg Pave

en Verd,un

cruz blanca, toscamente tallada, abría
sus brazos entre dos almenas que ciejaban ver a lo lejos las prime ras defensas enemigas. Cascadas de flores la
10

Por la fortaleza con que ha hecho
frente a la situación desesperada de
su pueblo, descuella sobre todos el
Cardenal Mercier. Solo, en medio
del desastre, ha sido el amparo constante de las dispersas familias belgas
Su voz, vibrante de justicja, resonó
la primera entre el clamor angustiado de las ciudades aniquiladas. Y sigue resonando todavía ....
En vano los delegados del Kaiser
han tratado de cerrar esas labios que
claman con tan tremendas palabras
contra la iniquidad. Su acento, escapándose de entre los e,;combros humeantes, se eleva cada vez más alto,
comunicando a la humanidad su temblor de indignación.

* **

Arril,a: [nterim· de la iglesia de 8a'/'Cy. - Igl~sia -~ cem_ente1·i? de Douy-l_a }!-avWe. ~En ei cent
Interior!/ torre de la iglcs·i a de Connu:y. AbaJo: fü¡;¡,nas en la 1eg1,ón dei Marne.

doso ejemplo y se arrodillaron ante
el improvisado santuario 1 que tenía
esta invocación:
NUESTRA SEÑORA DE LAS TRINCHE·
RAS, ORAD POR :NOSOTROS.

Después el Capellán avanza, ben·
dice el altar y reza el rosario. Oficiales, Suboficiales y soldados, de rodillns, responden a las orac10nes que se
elevan hacia la Virgen.
El servicio de las trincheras de primera línea es sumamente penoso y
oblig11. a relevos frecuentes. Antes de
abamdonar sus casamatas, · los solda dos o-ra.baron en un escudo de madera h~siguiente inscripción:
&lt;6'ste altar, elevado bajo el nombre·
de Nuestra Señora delasTrincberas.
fué bendecido por el Capellán el 19
de ma \"O de 1915. La 9~ escuadra de
la 6• · Compañía del 21º territorial
que la ha erigido, recomienda a los
· que le sucedan su conservación» .
Este renacimiento de la fe y de las
prácticas religiosas-dice otro sacerdote-es un Q'ran consuelo para DO·
sotros. Guardémonos, sin embargo,
ele creer en la conversión en masa,
en las conquistas definitivas. En ~a
mayor parte de los casos se ,.tr~ta mas
bien de un retorno a las practrnas religiosas que de un retorno a la fe. La
pruebtt que sufren los ha _hecho reflexionar y encontrar su antigua fe un
poco ado~mecida pero de ninguna
PEGASO

rrit y la presencia del sacerdote 1
ha hecho salir de su apatía y de- su 1
diferencia. Es mucho lo alcanzad
pero a eso se concretan los resul
dos obtenidos hasta la fecha.
Otros éxitos más importantes qui
zá se preparan. Quiero hablar de
simpatía que los sacerdotes se h
creado entre los no creyentes.
principio encontré en mi batall
mucho de frialdad y suspicacia.
gu nos me dispensaron una acogi
muy penosa. Frecuentemente ofa,
abandonar los grupos 1 malvadas b
mas. Gracias a Dios esto. ha. pnssd
La. constante visita a 1as trinche
las ocupaciones de mi ministerio,
actividad desplegada, han acabe
por hacer comprender a todos que
sacerdote es un hombre de deber q
sabe al mismo tiempo mostrarse bu
camarada. Obreros, comisarios, i
tructores sostienen con el sacerdo
las más cordiales relaciones y se si
te rodeado de una atmósfera de
nevolencia que le hace accesibles
dos losgrupos.--Nocreemos 1 oigo.
cir algunas vec·es, pero _al menos
ne buenos sentimientos.
El sacerdote reanima así en lss
mada la fe en el alma de los crey
tes v cuando no convierte a los ot
hac~ al menos obra de tolerancia,
paz, de concordia social. Es la ª?
ra de la nueva Francia que empl
a asomar&gt; . . .. . .

El cable acaba de comunicar la noticia de que los Estados Unidos se
unirán probablemente a los aliados y
tomarán parte en la contienda europea.
El Presidente Wilson ha salido al
fin de su actitud expectante y ha de- ·
finido claramente en el Congreso de
la Unión la conducta, la única conducta, que en las actuales circunstancias podría seguir el pueblo americano: ir también a la guerra 1 arrojar en
la balanza del destino el peso de sus
gigantescos recursos para apresurar
el término del conflicto.
La decisión del Profesor de Prínceton ha ca.usado inmensa sensación
.Y todavía a la hora en que escribimos
estas líneas, se jgnora si las Cámaras
la aprobarán, concediendo al Ejecutivo de la Unión la autorización ne•
cesa.ria para declarar la gue.rra a Alemonia y hacer uso de las fuerzas de
msr y de tierra. Hay en· el seno de
ellas demasiados intereses encontrados para que una petición de tal natu raleza pase sin graves y acaloradas
discusiones.
·
Pero es tal la efervescencia que en
la República han despertado los últi-

El l'io Sam:-iY bfen 1 Guilkrmu? ......

(De 11.The lndependenh, d.e Nueva rorh').

mos atentados germanos, que a nadie
sorprendería que las voces que todavía se levantan para condenar toda
empresa de carácter bélico sean ahogadas por las que exigen el pronto
castigo_de la nación que ha hecho imposible con sus actos de piratería
submarina 1~ vida pacífica en toda la
tierra.
Con la República del Norte serán
ya quince las naciones en guerra:
Alemania, Austria Hungría, Bulgaria .Y Tt1rquí'n. por una parte; Inglaterra, Frnncia, Italia, Rusia,, Japón,
China. Rumanía. Servia.. Montenegro, Portugal y Estados U nidos, por
la otra. ¿Concluirá aquí el incendio• Brasil, ligado a Portugal por
estrechos vínculos de sangre. se agita bajo el potente soplo bélico que
pasa por el mundo. Quizá tras el coloso del Norte seguirán otros pueblos
que todavía contemplan sosegados el
rojo horizonte.

G-iiillermo:

-Aqui están Bélgica y la, Ley internacional iqué valiente quiere a-uudar
a estas seño1·as?
(Dei •Life9, de Nueva Yo 1·Jc).
PEGASO

Busque Ud. el próximo número de 11 PEUW
11

1

�LIBROS Y REVISTAS
G. DESDEVISES OU DEZERT: L' Ec1.1se: E:,PAGauu: DES

lNDES A I,A
en lle.une. Hii,punique, nú,nero 45 1 febrero de
1917, pp. 112·29$.-Uua vez más el Archivo de Iadíai, de Sevilla,
vasta mina inagota~le de documentos relacionados con la domina•
t:ióu espa ño!a t::n América, nos ofrece la fecunda liberalidad de sus
tesoros-que sin duda guarda.u aún muchas sorpresas-en la admi•
ri-1ble i:,Íntesis que Desdevise8 du Dezert acaba de publicar sobre
11:1. iglei:;ia espafiola en las Indias Occidentales, tema de por sí vario,
dificil y de alto interés, y en el cual el autor ba querido penetrar
únicamente en la parte que se refiere al siglo décimo octavo. El
est~dio en que nos ocupamos ofrece mucha importancia para la
historia mexicana, porque las noticia.a de este país son muy abuntfa.ntes eu el trabajo de Desdevises. Están recientes las excelentes
inve~tigaciones que sobre México efectuaron en Sevilla el señor
Francisco del Paso y Troncoso y el P. Cuevas, y ahora el insondable archivo nos manda una nueva partida de lo mucho con que
todavia sorprende a los historiadores.
El autor revisó la. enorme correspondencia CQ.mbiada entre los
representantes de la autoridad civil y los de la eclesiástica; las
memorias que los obispos y los superiores de los monasterios enviaban, a veces, al Consejo de Indias y en ocasiones a los monarcas, con queja!:'!, solicitudes de gracias y mercedes, informes administrativos y graves secretos de estado¡ los informes de los visitadores de iglesias y de conventos y los memoriales de los prelados,
relativos a sus diócesis; los procesos en que interven'.ía el clero y
una. multitud más de piezas, cuya sola revisión basta a amedrentar al más decidido aficionado a esta clase de trabajos.
No se estrecha Desdevises a presentar metódic1tmente sus investigaciones, para provecho y comentario de los historiadores,
sino que, mostrándose profundo conocedor en la materia-que lo
eij quien abarca y dii;cture sensatamente por la historia de los numerosos pueblos.de América-revela estar penetrado del ambiente de la época y poseer la erudición necesaria. que debe tener no
sólo quien se dedica a estudios de aquelcaráctn, sino todo el que
desée cosechar provecbosam.ente materiales para las obras de
aliento; porque es frecuente el caso de que compiladore!:! de admirable laboriosidad, hubieran lograrlo realizar obra excelente si,
aparte de sus cualidades de paciencia, se hubieran dado a estudiar previamente la materia qne coleccionan.
Desdevises presenta en su estudio observaciones perceptiblemente personales. Pala él, todo el sistema colonizador español en
América radica en la idea d,e explotación y de evangelización a
ultranza, sostenida y fomentada por la avidez de los conquistadores y el fanatismo de los colonos primitivos; y piensa que el verdadero origen de los actnales paises de América, como unidades
independientes, a pesar de sus analogías de origen y costumbres,
viene de la división y aislamiento, desde el siglo -. XVI perfec~a.mente ma.rcados, de las provincias eclesiásticas y civiles de América, división que no pudieron modificar los concilios 1 algunos de
los cuales, el de 1869, ordenado por Carlos III, bnsc11ba el acercamiento de los diversos pueblos ocCidentales sometidos a la corona. de España.
El archivo sevillano ha arrrja&lt;lo en el trabajo que nos ocupa,
curiosos datos sobre la riqueza de las primenH1 ciióce~is america~
nas y sobre la distribución irreguiar y frecuentt&gt;mente odiosa de
los recursos eclesiásticos, como lo revela, entre otros, el caso del
ohispo de Michoacán y lo comprueban también los de otrns provincias, en donde, mientras que los prelados gozaban de in_gresos
exhorbitantes, los eclesiásticos de inferior dignidad 9penas logra.h11.n el snstento, y menos si eran originarios del país, pues para
!OFI altos cargos y prebendas se preferia a los nacidos en España.
Refiriéndose a los templos,. el autor crée que la magnificencia
de muchos de ellos se debe a la emulación que para construirlnFI
y dotarloA se &lt;lespertó entre los colonos. La catedral de México
-afirmsi:, du Dazert-puede ser admirada en runlqnierii g-ra,n riudad de Europa; y se lamenta de que el ma.yor núrnero de lo3 tern

FIN nu xvm. 811&lt;:cu:.

SANATORIO

p!o3 hay,¡,n i:!ido construídos en los Siglos XVII y XVIII, en que
los arquitecto~ emplearon «una lameutable aridez en las línea::i y
una vulgar oruamentaciónn. E1:1ta frase nos recuerda la general iuCQrnpremiióu con que ven los europeos la arquitectura colonial me
xicaua, y el calificativo de 1irquilect1ira bárbara, que leimos hace
poco en el Polybiblibn, en una nota en donde se bablab1:1. sobre Ja¡,¡
construcciones de e1:1tilo churrigueresco refo~mado en nue:ltro pais,
y al cual justamente llama Churrig1.:1era Mexi0ano el arquitecto
l\Iariscal. No obstante, admite Desdevises que en México el arte
arquitectónico presenta, ua.lgunas veces, una nota brillante y muy
original en la construcción de iglesias monásticas y parroquia.leen.
Queremos creer que el autor no tieue noticias de las casas señonales y de enseñanza construídas en México durante los tres primeros siglo3 de la dominación española.
La bi!itoria eclesiástica mexicana se enriquece, en el trabajo
que comentamos, con informes y relaciones unas veces de profundo inLerés para el estudio del espiritu de la época, otras 'reveladores de costumbres, caracteres y, en general, de la vida consuet □ dinaria de los eclesiásticos en el Siglo XVIII. Pasan por estas
págin~s la noble figura del memorable Ruiz de Cabañas, obispo
de Guadal'ajara, benefactor insigne, propagandista desinteresado
y ardoroso de todo lo grande; pasan las sombras graves y edifican•
tes de los que en el segundo tercio del siglo décimo oct11vo componian el Capitulo de la Puebla de los Angeles, con sus misticos,
sus cientificos, sus teólogos, sus predicadores, sus canonistas, to•
dos de brillante reputación; el extraño y eminente doctor Mier y
el extravaga.nte Borunda; pasan las frecuentes rencillas de los prelados, los cabildos y las órdenes monásticas; la organización d(&gt;
universidades, colegios y seminarios y el funcionamiento de l:u,
misiones, y todo en un cuadro claramente reproducido, en donde
se ven las inarmónicas agrupaciones de la. época, en donde jnnto
a personajes sin relieve se encuentran hombres cabalmente 1lus•
tres.y armoniosos en su tiempo y en donde un abigarra.miento de
riquezas y miserias se destaca en un fc.ndo de lucha y egc.i1m10.
Para. quien consulte el Teatro Eclesiástico, de González Dávila,
la Historia Ecle8iá8tica Indiana, de Mendieta y el Teatro Americano, de VillasEñor, la obra de Desdevie.es dn Dezert es un complemento indispensable.
G. E .
LUIS CASTILLO LEDÓN.~EL ÜHOCOLATE. 1-41Jéxico, DPpm-fomento ,Editoriat de la Dirección General de las Bellas A"Ties, 1817, fn
121:'-El folleto de Luis Castillo Ledón es el primero &lt;le las «Monografia,,; Nacionalista.En que publica la. Dirección de Bellas Artes.
Paree-e uno de esos artículos que Alfred Franklin publicó en su
ml'lguífica colección de La Vie Pvivée d' AutrPjois.
~¡ estudio se refiere exclusivamente a México, patria del cho•
colate 1 según los testimonios de los más autorizados cronista~ de
nue,1tras cosas: Pedro Mártir, Oviedo, Berna!, Clavijero y el DoC':•
tor Juan de Cárdenas en sus Problemas y secretos maravillosos de las
Indias, reeditados recientemente por el Museo. Se habla en la
Monografía de los primeros cultivadores del cacao, en Tabasco y
la América Centn1l; de la grnnde afición que pcr el chocolate tenia el suntuoso Moctezuma II; de la introducción de la. bebida a
Europa por el conquistador Hernán Cortés; de las propiedades te
rn.péuticas que se le atribuian en tiempos de la Colonia; de las curiosas costumbres que su uso originó en la sociedad rlel virreinato
y de los utensilios que entonces se emplearon para fabricar y to
ma.r cómodamente el sabroso chocolate. Duélese el autor de que
t,n:i.tánJ.ose de una bebida genuinamente mexicana, su origen se
at,ribuya a Europa, y de que oea solicitada mtis C(lmunmente F:0·
l!ÚO las fórmulas española y frfl11cesA, q11e s.egún }g, na.cionAl, que
le es más propia y cara.cterísticA..
A la monografía de El Chocolate seguirán (,tras de ::isnntos (&gt;X·
clusivamente me-;:icanos.

F.l Coronel Gonzd,lez, v1;ncedor de la 1i.t categoría, en el auto gJ!rotos• número 5

Cuando abandonamos el domingo
pasado el Hipódromo de la Condesa
creímos qne el entusiasmo por las
carreras aumen~aría cada domingo
y que el triunfo se lo disputa.rían
entre mayor número de autos y pilotos, pero desgraciadamente no fue
así. Para las efectuadas el día 1? de
abril hubo muy pocas inscripciones
y corrieron algunos coches que ya
habían medido sus fuerzas en la ant,erior.
En la primera categoría corrieron
un Ford núm. 2 de 15 H. P., de A.
Martínez. piloteado por Alvaro Ba.sail; un Delahaye, de 12 H. P., núm.
3, de J . Fría, piloteado por Jiménez
Y un Protos núm. 5, del coronel Re'.
gino González, piloteado por él mismo. Primer lugar: Protos. Segundo:
Delahaye, Tercero: Ford.
Poca importancia, como es muy
natural, sena.la una carrera en que
se presentan tres corredores. Si siguen las cosas as.í se disputaran el
campeonato una rueda delantera y
una tracera de un mismo coche 1 y

para eso nos quedamos en ca5a, porque Gedeón se encargaría de avisar-

El cfenómeno~ Amam·u 1lhiñoz, vencedor de la

12

de

Bucareli

Df LA PfÑA GIL HrnMANOS.

MORENO

PEGASO

Núm.

c~tegoria, al terminar ia carrera

Antiguamente la cuestión era comprar
un buen piano. Ahora. la cuestión es
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nos por el teléfono que &lt;la copa correspondió a la delantera&gt;.
La segunda categoría resultó un
poco más interesante: fue la disputa
entre seis marcas: American, Packard, Benz, Hunbert, Chalmers y
Gobron. Todos estuvieron empe!losos por salir bien, pero Casaux, que
manejaba el American, se acordó de·
sí mismo y corrió más que ninguno.
Oasaux, me decía un compafiero, al
fin y al cabo, es Casaux.
La tercera categoría pudo haber
tenido interés. Corrían un Fiat, piloteado por el coronel J. Ordó!lez, el
Hµdson de Aspe Suinaga, piloteádo
por ese &lt;fenómeno&gt; casi &lt;Zepelín&gt;
que se llama Amaury Mn!loz; el
American del General Salinas, llevado por él mismo 1 otro American
ele Napoleón Pena, riloteado por
Luis Arévalo, y un ........ Pope To·
ledo.
El Pope susodicho, en cuanto le
echan agua .... pope, se resfría.
El American del General Salinas
caminaba muy bien, pero en la vuelta doce se quedó a consecuencia del

Casa especialista en Pianos Automátiros

21.
PEGAsro

rn

�calzado. El otro American salió como pudo, pero salió.
El Fiat, en mi concepto, debió
haber competido con el Hudson, pe·
ro desde un principio empezó a fa.
llar de nua manera alarmante y éste
último se lo llevó con ocho vueltas.
Claro que el Fiat es bueno, pero
Amaury es mucho mejor. El Hudson corre, corre, corre, pero Ama u·
ry Munoz es el Juan Silveti de la
gente que huele a gasolina.
La cosa acabó a tiros. Los solda·
dos guardadores de la pista empezaron a disparar sus armas ,para
asustar a la gente que. invadió el terreno de peligro cuando el Fiat y el
Packard todavía no terminaban el
recorrido. Amaury Munoz salió con
bien. pero un charro que atravesó
la pista fue alcanzado primero por
el Fiat y después por la Cruz Roja.
Naturalmente y mientras el pueblo
siga en la creencia de que cada domingo habrá •Auto embolado•, en la
casa de Guardiola tendrán que hacer más caldo de pollo.
Sería de recomendar a Jos organizadores que para las próximas carreras lleven más autos a la pista y
dejen más bobos fuera de ella.
VOLANTE.

FOOT-BALL
&lt;Amicale Francais de Me.xique&gt;
contra &lt;Junior&gt;. Gana el &lt;Junior&gt;
por cinco a cero.
A las 3. 30 de la tarde del último
domingo, y en el terreno del •Junior&gt; se verific6 el~ncuentro entl'e
los teams •A. F. 'M. &gt; y •Junior&gt;
con el resultado expresado.
Desde los primeros momentos
comenzó a dominar el &lt;Junior&gt;, estando durante casi todo el juego so·
bre el goal contrario, no logrando,
sin embargo, durante el primer me•
dio tiempo, anotarse más de un tanto, debido a que el &lt;A. F. M.• se
defendió enérgicamente de los fuer•
tes ataques de sus contrarios, consiguiendo en alguna .ocasión llegar
a 111 meta del &lt;Junior&gt;, aunque sin
anotarse ningún tanto por la opor-

Beneficio de Dora Vlla

uCasaux, , vencedor de la 2f!, categoria, con el ~Arnérica11 ».

tunidad y eficacia de las defensas
contrarias, especia.lmente Abigail 1
que siempre se distingue en este
puesto.
Durante el ~P~undo tiempo los
francese~ estuvieron dominados por
completo por Pl «:J unior1&gt; y los vimos
jugar desalentados y apáticos, lo
que agregado a que la mayor parte
de sus jagadorPs Ron noveles o están fuera\ de práctica, y que no procuraron combinar nada en sus ataques. dió por resultado que los del
&lt;Junior&gt;, para los que no pasaron
inadvertidos estos detalles, se anotaran durante el segundo tiempo
cuatro goals más.
De los vence~ores se distinguieron: Abigail en la defensa, Alexanderson en el ataque y Díaz Rubín
en el ala, centrando magistralmente
en dos ocasiones y tirando un magnífico corner, que no fue r&lt;!matado
debido a la oportuna intervención
de Nicolau y Rica del &lt;A. F. M.&gt;
De los vencidos 1 Rica por lo trabajador y oportuno. y además parando el corner de Díaz Rubín ya
mencionado: Nicolau, atacando con
deci~i6n y a.yudando eficazmente a

Un aspecto interesante de las carreras

14

Rica al parar el corner precitado y
parando con la cabeza muy oportunamente un slwot frente al goal.
También debemos hacer mención
del 0oal-keepei· que tuvo algunas paradas magistrales que le fueron. jus•
tamente aplaudidas por propios y
extrafios. annque también tuvo un
error que le cost6 un tanto a su
equipo, por dejar pasar la b.ola materialmente entre las manos. En general su juego fue muy bueno.
_ El •Amieale&gt; no debe desalentarse por esta derrota, pues además de
que fue vencido por el equipo más
fuerte de la presente liga, algunos
de sus jugadores están fuera de
práctica. Ojalá y que en próximos
juegos veamos en el campo a algunos
de sus antiguos jugadores. El domingo estaban de espectadores.

El último sábado, en el Mexicano,
celebró su función de béneficio Do·
ra Vila.
Nosotros celebramos mucho la
delicadeza de Dora. Cada día, físicamente, es más sutil Dora; quizá andando el tiempo, llegue a ser una
ave con calzado Luis XV, una calandria con falda ancba ...... la esposa
de un mirlo.
Dora, en ese sentido, ha llegado,
ha triunfado; está a un paso de comprometer con su presencia a las
alondras.
Dora, actriz, es inenos, según mi
entender, que Dora ave.
iAve, Dora!
La pieza escogida: La Zagala de
los Quintero.
Mutio, como siempre, empenoso;
quizá más que otras veces ...... pero
Mutio.
Por el Arbeu
Beneficio de las segundas tiples.
En el programa Clara Elena Sán.
chez, Josefina Llaca, Mimí Derba,

Adalberto López Gontiz y Eduardo
Lejarazo. No asistimos. ¿Pero qué

Colón.--Como las hojas

Este coliseo presenta de cuando e11
cuando obras de .verdadero valer.
La comedia de Giacosa •Como las
hojas&gt; es fina, muy fina y bien valía
la pena de que la hubieran presentado con más estudio. Es meritorio
que nuestras empresas lleven a la
escena esta clase de obras, pero sería mucho mejor qua las distinguieran de las otras. Una cosa es el
&lt;Roble de la Jarosa&gt; y otra &lt;Como
las hojas&gt; •iVamos, que estas no son
hojas del mismo roble!-Por lo demás, Taboada es un actor que tiene
bastante talento.

"'

·X·'*

D01·a Vila,

entre flores y palomas, la noche
de su, beneficio

ganarían nuestros lectores si hu biésemos asistido?

Ahora viené el silencio de la Se·
mana Santa. iBendito sea el silencio'
iQué buena falta hace un año santo!
Un ano de tregua a estas tempo·
radas teatrales anémicas y faltas de
emoci6n, un ano de cine: haga Maciste todo lo que quiera de sus ex·
tranos bíceps: que se desbarate las
narices Kri-Kri; que siga Pina Menichelli en su danza sentimental.

SOMBREROS

* **
También se jugó en terrenos del
•Deportivo• un Matcli entre el primer equipo del &lt;Roma&gt; y el tercero
del &lt;Deportivo•, saliendo vencedor
el &lt;Roma&gt; por dos goals contra cero.
Durante el primer tiempo estuvieron dominando los del &lt;Roma&gt;
que lograron anotarse sus dos tantos, correspondiendo el segundo a
Rafael Suárez que tiró superior·
mente un penalty aplicado al &lt;Deportivo&gt;.
Durante el segundo tiempo los del
&lt;Deportivo&gt; se defendieron mejor
que en el primero y procuraron hacer más efectivo su ataque, logrando
pasar una vez la bola por la meta
de 1 &lt;Roma•.
Del Roma se distinguieron: Enri·
que y Cristóbal García. Quijano,
Pascual López Velarde y JorgeFernández.
Por parte del •Deportivo&gt; sus jugadores estuvieron trabajadores y
entusiastas, sobresaliendo las de·
fensas, que estuvieron oportunas y
efectivas y a las que se debió en
gran parte que el «Roma&gt;no se anotara más tantos.
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>Urueta, Jesús 1868-1920, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>"BfRTINI''

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NUM. 4

MÉXICO, 29 DE MARZO DE 1917,

Precio: 30 centavos.

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Alba Herrera y Ogazó12.
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GERENTE: Jesús B. González.

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Regi1tu,do como artículo de segunda clase el dí&amp; 9 de marso ,de 1917,

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TOMO I,

Por un Canotier estilo 1917 para

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en las vacaciones

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TARDAN

LA MODA

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AL . DIA

MEX!CO, D. F.,

29 DE MARZO DE 1917

NUM. 4
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...,....,...,,,,,

Dice en alguna parte Fonteuelle, que perdería uno
energía si no estuviese sostenido por ideas falsas. Por que no tiene una leyenda, es porque carece en lo absolu
lo que es de suponer que el uso continuo de la verdad to de distinción. Y no hay que olvidar que el artista gepuede llegar a debifüarnos basta el punto de convertir• nuino debe necesaria y fatalmente ser un &lt;gentleman&gt;
nos en sabios. Cosa en extremo peligrosa, en primer lu · en el porte y en la mentalidad.
Osear Wilde, dijo: si no puedes crear obras de arte,
gar para nosotros, y luego, para el resto de los hombres
haz que tu vida sea una obra de arte. Y una bella leyenque tendrían que soportar bajo la forma
da es una obra de ardelibros minuciosos,
te por excelencia.
de memorias y de
Recordemos a By·
conferenciasilos fru·
ron bello como un
tos pesados y opu ·
serafín y sombrío colentos de nuestra samo Satá,n; a Larra,
POR RAFAEL CABRERA
biduría.
que iluminó la noche
Afortunadamente
de su vida con el fola verdad sólo habita
.
gonazo de su pistola;
en laboratorios y gabinetes de estudio, y allí debían apriá Quincey, adormesionar1a para siempre lo$ hombres de ciencia, conser- cido por el opio su ti! y poderoso; a Baudelaire, el padre
vándola en un frasco de alcohol, como un caso rarO, inú- de la mistificación, que le encontraba un sabor de nuez
tierna a los sesos de nifio; a Rimbaud, negrero y mozo
til y teratológico.
,
Pero las ideas falsas que abrigamos acerca de todo, de circo en Noruega; a Sbelley, que se durmió para siemno sólo nos sostienen y confortan. Si lográsemos difun- pre en las ondas azules del mar; y a José Asunsión Sildir algunas, con habilidad y sin escrúpulo, acerca de va, víctima de un extrano amor; y a Barbey el -rdandy&gt;
nosotros, acaso nos sirvieran de base para edificar sobre elegantísimo, y a .tantos y tantos grandes séfiores de las
con leyendas más o menos interesantes .r seducellas una sólida repqtación, que el escándalo, un piadoso letras
toras.
interés o un sano regocijo, se encargarían de transmitir,
Si no podemos vivir una vida de leyenda) inventemos
como antorchas encendidas, a las generaciones futuras.
De este modo Jograríai;nos perdurar, y hasta serviría- una leyenda para nuestra vida. Si como a las mujeres
mos de pretexto para que críticos pacientes y escrupu- . honestas y a la~ naciones venturosas, no nos ha sucedilosos dijeran cosas equivocada.!! y peregrinas.
do nada, hagamos creer que nos ha pasado algo; nuestra
Creo, por lo tanto, que todo artista que se respetes que leyenda justificará el que hayamos producido tal o
aspire con seriedad a la gloria, tiene la obligación de cual obra. Y que no nos detenga ningúu escrúpulo. El
forjar en torno de su vida una leyenda; de cubrir con mundo está lleno de prejuicios Que hay que destruir vael manto irisado de la mentira la burda trama de su exis- lientemente. Ni siquiera debe amilanarnos el hacer la
tencia real, y de poner un fermento de locura en su vi- apología de nuestros vicios imaginarios, con tal de que
no cotidiano; tiene la obligación de presentarse a los ojos estos sean elegantes y de que los refiramos en un estilo
de los demás como un ser extrafio, raro, exquisito y aun irreprochable. Al fin y al cabo todo vicio lleva en sf una
monstruoso, ba.jo pena de no ser conocido ni comentado virtud inicial. El vicio no es una cosa distinta de la
sino en una de esas pesadas antologías que se forman virtud, sino una prolongaclón y una amf)lificación de
casi siempre para inspirarnos un saludable horror a la ella.
literatura.
Por otra parte, sería de gran elegancia tener una leSi no hubiera otras 1·azones que apoyaran lo que afir- yenda. Nada más bárbaramente refinado que poder re·
mo, bastaría la suprema razón de que toda leyenda, por ferir con voz pausada y discreta, en una reunión de se·
el simple hecho de serlo, es bella. La leyenda es la poe- fioritas, una historia emocionante que principiara así:
sía que ennoblece la .-ida, qne retoca sus imperfeccio- Mi amigo el rey de Madagascar y yo .... O esta otra,
nes y deficiencias, que cubre con manto suntuoso sus Cuando impulsado por la necesidad devoré a mi hermano
llagas y esfuma con zarcos velos la cruda luz de la ver- en el desierto de Sabara ....
dad. La leyenda es madre del misterio, y como no pre•
Pero si no tuvieran fuerza bastante para convenceros
lende explicarnos todo con nimios detalles, deja abierta de la necesidad de tener una leyenda, las razones de bela entrada para que la fantasía desplegue sus alas de oro, lleza, de elegancia, y hasta de provecho personal que he
f permite que interpretemos a nuestro sabor lo que no expuesto, hay una última mucho más sugestiva, Una ]e!&gt;Odemos explicarnos. Ese halo de misterio y vaguedad yenJa bien explotada, pu,ede transformarnos de simples
que rodea a todas las leyendas, es lo q ne más nos atrae mortales llenos de flaquezas y miserias, en mitos teogóde ellas; como nos atrae irresistjblemente más que una nico~, ea seres fabulosos, en personajes vagos y simcanción de amor que oímos a plena· luz, la voz velada de bólicos ....
una mujer que pasa. a nuestro lado en la noche murmup
¿Hay algo más interesaúte que pasar a través de las
randa palabras insignificantes, y que se pierde en la som- edades casi como uua fuet·za viva de la naturaleza, insbra; como nos atrae con más fuerza «La Dama del Armi- pirando poemas épicos a rápsodas sin fortuna, siendo
60&gt; que pintara el Greco hace treinta a!los, y a la que adorados como dioses, y sirviendo de tema para una.
habríamos amado hasta el crímen, que la dulce amiga., nueva religión? .. _.
llena de cristianas virtudes y de indiscutible hermosu•
El único inconveniente ligero que encuentro, es que
ra, que comparte eon nosotros el pan y la sal. .....
podríamos presenciar nuestra apoteoshs ni eL triunfo
Todo artista, y con especialidad todo hombre de letras no
de nuestra leyenda ....

Df LA NfCfSIDAD Df TfNfR UNA LfYfNDA

'

1

1

de Set'l'lana Santa.

Gran Sombrerería Tardán
PLAZA DE LA CONSTITUCION 5 Y 7.

MEXICO, D. F.

1

PEGASO

1

�f-♦-

CUENTO SEMANAL /~

HISTORIA MEXICANA
UN AUTOR DRAMATICO DEL SIGLO XVI

EL DESEO

POR, LUIS GONZALEZ OBREGON
POR

MANUEL

Era un Rey tan poderoso y tan afortunado que obtenía la satisfacción instantánea de sus más absurdos ca·
prichos. Tesoros, salud, belleza, paz, todo estaba sujeto
a su dominio y todo contribuía a glorificarlo.
Pero el Rey no era feliz. El saciar constantemente sus
antojos habíale dejado el tedio más horrible, una perpé·
tua inquietud por algo desconocido. El Rey creyóse enfermo. Los médicos más notables del Reino fueron convocados a su palacio, mas ninguno halló otra cosa que
una salud perfecta en el cuerpo del Soberano. Y el Rey
siguió no siendo feliz.
&lt;Tu enfermedad es del espíritu-díjole cierta ocasión
el hechicero loco a quien había buscado recatadamen
te-; observa que, satisfecho un deseo, el placer ae la
satisfacción pasa; no es pues ésta la que constituye la
dicha, sino el estado receloso y anhelante en que nos
agitamos ~uando sentimos un deseo. Así pues, tu remedio consiste en el deseo; busca deseos, que aunque no
los satisfagas ellos te darán la felicidad&gt;.

TOUSSAINT

el Poeta insistió tanto en sus ideas que, imaginando se
burlaba de él, el soberano mand6 ahorcarlo.

*•*

Pasó algún tiempo. Cierta vez, un buhonero llamó a
la puerta de palacio; pretendía tener la cualidad requerida po,ra el cargo de primer Ministro. La guardia le
impidió la entrada, él usando de m&amp;licia, logró hacerse
abrir todas las puertas.
El buhonero vendía tapices de Oriente y joyas falsas:
amuletos para los paganos y reliquias para los devoto,
de Cristo. El frecuente comercio con mercaderes y judíos habíale dado la astucia de la zorra y la movilidad de
la ardilla. El Rey se impresionó agradablemente con la
charla incansable del hombrecillo, salpicada de cuentos.
Los deseos que proponía el traficante eran más humanos que los del poeta. Eran pequen.os deseos relacionados con los apetitos corporales: azuzaba éstos por medios exóticos, aprendidos en Oriente, para satisfacer!
después con la extravagancia más refinada. El buhon
ro fué pronto el primer Ministro. Como el Rey se dedi
•••
caba a los placeres, él tenía en sus manos el gobiern
Así vivió el Rey unos meses. imaginando deseos y de- del Pl!,ís y las Finanzas y el Ejército.
seos, hasta que la fatiga y el disgusto le impidieron imaginar más. Entonces recurrió a sus Ministros; pero los
* *•
funcionarios, hábiles en política, eran muy viejos. De
La salud del Monarca decrecía notablemente. El hubo
sus cansados cerebros, ni aun recordando las locuras de nero era en realidad el rey. Organizáronse conspiraci
su juventud, pudo brotar un solo deseo. El Gabinete di- nes para libertar al que había sido un excelente gobe
mitió y hubo una tremenda crisis ministerial. Conocida nante. Mas el primer Ministro, duel'l.o de todo el pode
la causa de la dimisión, nadie quiso formar nuevo Gabi- las descubri6 en seguida y castig6 con la muerte a l
nete. El Rey proclamó por bando que sería primer Mi- culpables. Por fín desterró al Soberano, desposeído d
nistro quien pudiese proporcionar más deseos.
todo bien, a una isla desierta, diciéndole: &lt;Puesto qu
Presentáronse muchos candidatos que no fueron ad- tu felicidad radica en los deseos, ve donde todo será d
mitidos; al fin recibióse al poeta, a fuerza de instancias seo para ti: hambre sin alimento, sed sin bebidá, fr!
y de promesas. El poeta habló al Rey de países fabulo
sin abrigo, noche sin luz&gt;.
sos, donde el oro y el diamante figuraban en todos los
Así acabó su reinado, víctima de su propio deseo,
objetos, donde viv!an seres de maravillosa hermosura, Monarca que, pudieudo ser muy dichoso, hízose infeli
donde tenían alma las estrellas y cuerpo las más finas
sensaciones. El Rey lo creyó loco en un principio, mas a sí mismo.

EL ESPRIT DE ENRIQUE BEGQUE
Versión espeoiai para PEGASO.

El hombre y la mujer van jirntos por la vida como la
cadena y la bala en los forzados.

***

Las piezas de tesis son generalmente malas piezas y
malas tesis.

***

La decisión es a menudo el arte de ser cruel a tiempo.

***

El defecto de la igualdad es que no la queremos sino
con nuestros superiores.

***
La libertad y la salud se parecen en que no se conoce

que conserva preciosamente el clisé, mientras las
tes de talento se reparten las pruebas.

•

**

iEs tan poca cosa un marido en un matrimonio! V
sale. se ausenta; tiene oc~paciones, citas; no se le
nunca.

***

-iMe parece que soy joven todavía!

-Todos los hombres lo creenhastalossesentaano•-·

***

El amor pasa, el hogar queda.

***

Sois demócrata .... Es ahora una moda que no colll
promete a nada. Se es demócrata en todos los par.tid

su precio hasta que nos faltan.

**•

***
Si la. patria no fuera más que

la taberna en que se la
canta, sería preciso amarla todavía.

***
Las mujeres son como las fotografías: hay un imbécil
2

En el teatro de Dumas hijo ha:Y muchas doncellas q
llegan a ser madres; pero muchas más madres que U
gan a ser doncellas.

***

Las obras de los autores dramáticos de México en el siglo XVI
tenian po--:C~ demR.nda, p'ues auuque ya en esa centuria babia Gas~
de. Cornedias1 ponia.nse ea escena aquí las de los más afamados escritores de l~ entonces madre común a hispanos de allá y acá Ja.
madre Espana.
'
A fines. del siglo mencionado y princii,ios del eiguiente, floreció
en la capital de la Nueva España el bachiller Arias de Villa.lobo!!'
natural de Jerez de los Caballeros, de E:x:tremadura, presbitero se:
colar del Arzobispado de México, adonde vino a radicarse hacia
158~. c~ando tení~ vei.ntiúu años de edad, pues según las invest1ga?iones d~ m1 amigo y colega el lir.enciado don Gens.ro García, Anas de Y:ll~lobos debe haber nacido por el año de 1568.
(Documentos ineditos o muy raros para la historia de México
tomo XII, Advertencia.)
'
U':1ª vez qu~ se hubo establecido aquí, Arias de Villaloboe, a
mediados .de ln89, fue contratado por el ayuntamiento para hacer
la~ c~medias que era costumbre representar en los días de Corpus
C.nsti, en la octava de esta fiesta; y más tarde se le contrató tam_bié? para. la. que se representaba el 18 de agosto, día de San Hipóhto, patr~n de México, por haberse ganado en eee dia del año
de 1521 la ciudad poi los españolee.
El precio estipulado _por el ayuntamiento con Villa.lobos, para
las dwbas re.presentaciones, fue el de mil quinientos cincuenta
pesos, de los cuales se le mandó entregar a buena cnenta la. mitad•
p~ro como músic«:pagada hace malsón, Arias de Villalobos no cum:
pitó su comprom2so, ~ el ayuntamiento, después de haber esperado ~~ vano un ~no,_ d1sgustose mucho con el iufoTmal poeta y resolv10 el 9 de Jumo de 1590, pasar el negocio al procurador
mayor.
Cómo .se arregló en la demanda Arias d8 Villalobos y si quedó
o ~o sa.~1sfecbo el ayu~tamiento,_ es cosa que no pudo averiguar
mi erudito colega. y amigo suprad1cho; y lo ciertg es que, el 29 de
agosto de 1594, presentó Arias de Villalobos un memorial solicitando se le nombrase autor asalariado y renombrado ((par~ com•
poner Y hacer las .º&lt;?medias de los mencionados dias del Corpus,
octava. d~ esta festividad y de San Hipólito, con un imeldo anual
de dos mil p~sos; comprometiéndose el autor, además, R. pagar los
R.Ctores, vestidos ?e ~eda de la China o de Castilla, y erogar todos
los gastos de nart1fimos y oroatm),.
Aceptó el ayuntami~n~ lo solicitado en el Jfemorial; pero como
le cona.ta.ha por experten&lt;:ia.que el poeta no se di,:;tinguia. por su
f1~rmahdad en el _cump~im1ento de sus compromisos, le exigió
fianza que fue debidamentfl otorgad&amp; a la ciudad.
Ya e~ bachiller Arias de Villalohos preparábMe a repreeentar sus
comedt,s, c~ando el 2 .de marzo de 1595, un Gonzalo de Riancho,
aut?r también dramá~ico, ~resentó un ocurso al ayuntamiento
haciéndole competenma a y111alobos; pnes por mil quinientos pes~s ~e oro común, en at~nmón nque era su propio oficio y entrete-.
mm1e~to», Y.ª estar recientemente llegado de la Ha.ha.na, adonde
había ido qmz~ por una compañía de actores, ofrecia poner en
escena ucomediA.s y coloquios divinos compuestos en Españan por
los más. famos?s autor~s; cada uno de. ellos mejor que los de su
compet1d?r Arias de V1llalobos; y escribir obra propia. para Ja. representación del día de San Hipólito. El ayuntamiento pasó el
ocurso al regidor Gaspar cie Valdés, con el fin de que éste consultase _el caso a Su Señoría Ilustrísima.
R1ancho, a quien sin ·duda le urgia. salir vencedor uo le acosaba.
el hambre&gt;1-como dice un erudito-presentó nuevo Memorial con
fecha. 9 de marzo, donde ofrecía poner las obras y comedia.a para
la fie~ta. del ~orpus cten novecientos y noventa. pesosll.
Arias de V1llalobofl, que con tal competencia. parecía. que había.
quedado derrotado, presentó un tercer Memorial, que no lleva
f~cba, pero que sobre el acuerdo que sobre él recB-yó, debe haber
sido presen~do en el mismo mes y año que se han citado. Por
no haberse_ impreso basta ahora, lo reproduzco integro. Dice as1:
uEl bachiller Arias de Villalobos, presbítero, digo que yo tengo
compuestas muchas comedias divinas y de historia, examinadas y
&amp;proba.das por _el Santo Oficio de la Inquisición y por el Ordinario de
esta Metrópo~, con las ~na.les pretendo mostrar ingenio y ayudar
al entretemm1ento púbhco de esta ciudad.
.&lt;(A Vuefla Señoria. suplico mande darme licencia para qae púbhca1:1ente se representen, con las condiciones que se siguen:
nPrimeramente: que-por cuanto desde antes del tiempo de don
:A~artin Enriquez basta el fin del gobierno del Arzobispo de esta
ºmdad no se llevó a cada persona.más que a tomín por la entrada a
ver representar las fe.raas públicas y ordina.rias, y esto corre en uti-

lidad de común y en bien de todo la República; Vuesa Señoría
mande 9-ue, los que las representen y loe deruás que esto tuvieren
~or oficio, no puedan llevar ni pedir mé.s que a real por la elltrada.
e ~a.da persona; ~ue yo pongo desde luego y bajo las dichas entra a.a, s1 este_prec10, con cargo de que como es uso y costumbre
en toda Espana, se ponga_ en los carteles de la comedia que se repdresenta., (9ue es) el precio que se lleva ordinariamente 80 peo&amp;
e suspensión de la. dicha licencia.
'
Itern: que el pueblo es engaña.do con las comedias vif'jas que l!e
le representan, por mudar en los carteles el nombre·1 y convidando
a. ellas. con_ otroe muy_ diferentes de los que tienen por donde son
conocidas, Vnesa. Senoria. mande que el mismo nombre que Je,¡

pusit::run en el primer cartel, é,:;te mismo guarden todos los demás
que .para las mt~mas ob~a.s pusieren, y que la comedia que se prometiere, esa misma se represente, y no otra porque la ciudad
vaya a verla sin engaño.
'
~(y con ~stas condiciones pido y suplico a V uesa Señoria, pues
ir.mio al bien común, mande darme la dicha. licencia., y que a ninguna otra. persona o personas que la. pid,rn, se la. de en diferente
forma, con que en los unos y los otroe corra. con las mismas calidades¡ que yo me ofrezco a poner en público las más aventajadas
ohra~ que en toda. España se ha.ya.o visto, con la utilidad común
Y umversal_qu~ of:ezco, y en ell? recibiré merced con justicia. que
a Vuesa Senorta p1do.-;-El ba_chiller Villalobos. (Rúbrica).n
El ~o~ume~to anterior, canoso por su contenido y revelador de
h1s m1st1ficaciones a que acudíaa los empresarios en los ca.rteles
rl~ hacer pasar corno. nuevas. comedias 'Viejas, con sólo el cam:
b1arles el titulo¡e~ curioso, ~demás, porqaedióorigen al siguiente
a cuerdo del arzobispo, a qmen sin duda fue dirigido:
nEn XX de marzo de 1595.
ccSe le da (permiso) parl\. lo que pide con las condiciones que
ofrec~: con (que) no entren mujeres, so pena cie treinta. pesos por
la pnmera (vez), .~esenta pesos por la segunda. y noventa por la
tercera. Y_suspensión de la. obra: y con (que) sea. por la. voluntad
de_Su Senor~a.: y en cuanto al precio de 11:1. entrada, que haga. la
baJa que qms1ere en el cartel, con (tal) que no suba más de dos
r~ales la po~tura)).-(Archivo general de la Naci6n.-Ramo: Diversiones públicas).

Todas las ideas son justas, todas las bocas son fa!•

PEGASO

PlltGASO

a

�Tan peregrino acuerdo-de que ~ólo p11ra hombres se hicieren
las representaciones-hace pensar de que aquellas comedias, a pesar de estar escritas por uu presbitero, no andaban muy derechas
en punto a moralidad; no embargante a que se ponían en Pscena
en festividades cristianas como las de los dias y octavas de Corpus
y en otros solemnes actos religiosos. Aparte de la poca moralidad,
la sátira clavaba sus dientes aun en las person11s ele más rango por
eu autoridad o política, y esto desde muchos 11ños antes de que
aquí floreciera Villa.lobos, como podrá verse por las lineas que copio aqní, de la Carta de don lJ[artín En.ríqttez de Almanza, virrey
de la Nueva España, al prl'sidente del Consejo de Indias, fechada en
México a 9 de diciembre de 1574:
"Muy ilustre señor:
« ...... Esta carta me dieron mit'·rcolf:!s de maiiana, y el mesmo
día pasó otra cosa muy buena para la traza y orden que yo he
llevado y llevo de que ningún genero de ruido haga este negocio
de alcabalas. Y fué que continuando el arzobispo las farsas de su
consagración, mandó hacer otra cuando tomó el palio, y bien in-

digna del lugar, pues era en el tablado que estaba pegado al altar
mayor, y en presencia de los obispoe de Tlaxcala, Yucatán y
Chiapa, y Jalisco, y el Audiencia y todo lo principal del pueblo.
Y entre otros entremeSl's repreeent11n uu cogedor de alcabalas que
va a casa de un pobre hombre a cobralla11, y trns estar tratando
muchas cosas sobre qué cosa es alcabala, y haciéndose de cosa
nueva y de que no entendía qué era, lleg1m a las manos sobre saúalle la prencla, y sale la mujer a ayudar al marido, y tres o cuatro
mochachos de cinco o seis ali.os, en carniza, descalzos, que salen
de la cama llorando. L11. grita y la plática que sobre esto hubo no
se acaban tan presto. 'fodos los demás entremeses le perdonara,
mas éste no me hizo buen estómago, annque ninguno aprobará
que no es farsa una consa_qración y tomar el pa.lio . .. »-(P. Mllriaoo
Cuevas, S. J.: Doctonentos inf,ditos del siglo .Y VI para lo hi8toria de
México, pág. 308.)
En cuanto a la muerte rle .\.rías de Villalobos, no i.e podido indagar cuándo moriria, y sólo me consta que vivia en 1623, año
en que publicó sn hoy rarísimo libro !!Obre la Jura de Felipe IV.

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DE JOSE D.
LA

El mediodía acababa de paLa calma de la naturaleza
sar.
parecía en espera de algo
Un sol de fuego regaba su
grande y solemne.
lumbre sobre el campo reseDe repente leván tan se grancado.
des oleadas de viento, impregVaho de hornaza subía de la
POR
nadas del olor de la tierra hutierra y temblaba en los bajos
medecida.
horizontes.
F. VERDUGO FALQUEZ
Gruesas gotas aisladas golDoblaban los árboles sus
pean rudamente sobre los teramas, como desmayados al
jados.
calor.
Ciega la luz intensa de un
Bajo la escasa fronda, los len.adores sudor9sos, dor- relámpago y, en el mismo momento,
estalla el grito enmitaban.
sordecedor d~l rayo.
A la vera de vieja barda, manso buey rumiaba, espanE, instantáneamente, surge la imponente sinfonía: el
tándose de cuando en cuando, rabiosamente, con la ca- viento que airadamente brama; la lluvia que locamente
beza y con el rabo, los insectos que lo hostigaban.
golpea; y el trueno que furiosamente desgarra y brutalEn la sombra de la enramada, ecbábanse, acalorados, mente fulmina.
los perros caseros, mostrando fuera de sus fauces, las
La conciencia de un casi aniquilamiento pasa sobre
lenguas sedientas.
los hombres y sobre las cosas.
Al frente del bohío extendfase la llanura incendiada.
Es la tempestad.
Y más allá, tras la cerca de espinos que la limitaba, corría la blanca carretera, seca y polvosa.
* **
De allí, de aquel lado, alzábanse obscuros torbellinos
La lluvia había cesado.
que nublaban por algunos momentos el cielo, y perdiénUn grato olor de humedad subía de la tierra ennegredose en seguida, volviendo sobre sí mismos, a carrera. cida.
loca, en el horizonte.
Las árboles sonreían en el verde de sus frondas.
Un gran silencio reinaba en la pereza de la hora. SóFresco céfiro pasaba, besando todo, sobre el calor
lo interrumpíanlo el cú-u-cú de las torcazas que en las del día
altas ramas vecinas se arrullaban, y el grito estridente
En el cielo nubes desgarradas dejaban ver retazos del
y espasmódico del gallo, repetido en todos los gallineros azul más puro.
de la vecindad.
El horizonte se despejaba, y un dorado rayo de sol alPesado bochorno caía, como manto de plomo, sobre canzaba todavía a besar la llanura.
los hombres y sobre las cosas.
Pocos mome11tos después la luz empezaba a palidecer
Era la siesta.
y el día a morir.
A lo lejos, guiando el rebano, sonaba la esquila del
·lf**
pastor.
Sobre la lejana cordillera leve nubecilla aparecía.
Las aves aleteaban en sus nidos en donde oíase piar
Viento ardiente soplaba de aquel lado.
de polluelos.
El cielo, de un azul límpido, parecía echado sobre la
Mugían los ganados en las dehesas.
tierra, como para cubrirla bajo un domo de cristal.
Las sombras empezaban a agazaparse entre los árLa pequen.a nube crecía oon rapidez, trepando, al mis- boles.
mo tiempo hacia el cenit. Pronto manchaba todo el ho·
Llegaba de la lejanía el monótono canturrear de las
rizonte sobre las empinadas cimas.
ranas.
Lejano trueno principiaba a dejar oir los bajos de su
Arriba se había abierto la primera estrella, y luego
sordina.
se abría otra, y otra más, a millares, hasta llenar el
Apresurábanse los pastores a recoger el disperso re- cie~.
bano.
Abajo la obscuridad lo invadía todo.
Poco a poco el cielo se ennegrecía.
En el patio escuchábase el recio golpeteo de los duEl sol iba palideciendo bajo los frecuentes nublados. ros testuces de dos toros enemigos.
.
Las aves pasaban rápidas, cortando el aire, como saeCerraba los horizontes la silueta esfumada de las montas disparadas.
tanas lejanas.
Bajaban los ganados al establo, en donde lastimeraBajo la enramada encendíese una raja de ocote perfu·
mente balaban las crías.
mado.
La sombra se espesaba.
Alumbrados por ella, los sencillos campesinos contaUn airecillo fresco oreaba la tierra.
ban, agrupados, historias de a parecidos.
El relámpago, todavía lejano, zizaguiaba en los vien·
Una paz, una dulce paz envolvía a los hombres y a las
tres negros de las nubes, y el trueno paseaba prolonga- cosas.
damente en la a)tur¡¡, su ronco gruríido.
Era de noche.

DE TIERRA CALIENTE

1

FE,IAS

MARIMBA
EXODO
Xucl'am&lt;&gt;ntc.• los hrazos de la ,\fadrc .\n:-11t11ra
sp nie tendi,•ron, ,·omo para ,1.,~in11c: ,·en.

!'na hostil ,•l&lt;'g-an,·ía mis p1110,•io11,•~ 11i11,ha,
a pt&gt;sar &lt;le• los air&lt;&gt;s po¡,ular('s y tC'1·sos
üll &lt;JUt', nrnsiealnwntt-. ,·a dic·i.-i'1tlo sus \"tirsos
la Y07.. ,•11tc&gt;rnc&gt;,·itla de&gt; rn:11'. &lt;l&lt;' la marimlm.

Y eeh(· a anclar, Rin zoiohra~, por la ~Pn,~a Spg1na.
,·011 In fí• ,lt&gt; 1111 rmzado híu·ia ,l&lt;&gt;rusaJ,in.

II

Yo

110 s(, si ('S instinto, si !'S razón, O lO&lt;'lll'n
Jo &lt;JU&lt;' 111111'1·,, mis pasos.•\firmo mi sost{•n.
miran,lo aquella ,•strdl:t que, 110\'iú sn h&lt;'rmosm·a
a trnl'Í's el!'! elrsiNto, ,·amino ,¡,, Bcl{•n.

Y suhstrap al i11ll11jo ,¡p los 11i:11'ios ,·011fli1·tos

nn {•xtasis ,l(l ritmos, ge1111inan1Pntp puros,
narc'gan todos los instintos S('g&gt;uros
Sl't·ularrn&lt;'Uf(' 1111i11iinws, y df•I t1'it111fo · 1·on,·i1•tos.
Ht1t.·t'd◄ 1 :i Jos a,·c·(•so . . dí' 111m i11t.rí't11i:1 ,,ft,111C"1u·in
PI c•ouvpr~ar dt• lahios si111pi&lt; lllf'HtP t•nr,lialt'!'-,
t'H (fllf'

1

Y fpstino el nanf•:tgio •!&lt;1 to,la ,·rrti,Jnn1hrl',
c&gt;.,tiugo los f11igo1·(•s ti!' to,la :intigna Jnmhrr.
para al1•auzar t'I g-t11•P dti una nuflva t.'IH01·itn1.

sus opímos fulgon•s •·&lt;'11italPs
l:1s c'sh·tilla~ d,• 1111 ,.i(,lo cfp :1z11I c·on\':il+1s:·P11ria.

." iltH'\'t'II

III
:\'imho .¡., ,·hn:t l1111ii,r,•, hi.io ,1., l·'my .\11~{·li1·0,
nnrc•ola inc11•¡,11tp .fp g-1•11til aiiomnzn,
; p1111dr:'1s &lt;•11 ,,¡ t's1·1 !'to pNfil .fp mi Ps¡wrn11za
impulso i1H•,ti11g-11il,J1•. f,•,·t111datlor ,v , •·li,·o ! •..
:'11,•xi,·n, 14 ,}p

BAILES

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CUADROS aREVES

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y tras ,¡,, la :1111rnaza ,Ir, nna lar¡ra ,lis1a11,·ia
surgil':'t PI mundo &lt;":'111diilo .... ( '01110 frl'nt,, a ('ol,ín.

1!117.

ELLA

PROVINCIA

DANZA.
Para ).f. T. P.

I
En &lt;'Stos hniil'S ,}p prol'it11•ia hn,,,•o
Jp 1•11101·i,í11 ¡,rimitil'a, tlnle·1'1t1&lt;'11tl'
despNta,lorn ,ipf halag-n i,rus,•o
'fil&lt;' e·auti, e\ mi jm·pnf11d 11:1&lt;"i,•11tp;
allí1 ... en mi 1111&lt;'hlo alti,·o ." ta,·itur110
•tll&lt;' t11\'0 ,·c&gt;l&lt;'idades d,• J&gt;l'r·atlo,
muy 1&lt;',·es, en a1g-írn gozo noc·tnrno
c¡ne nnn,·a mi ( 'indad ha pc&gt;r,Jn11111lo.

J
¡Qn[. 1·i,Ja t:tn l&lt;'.ian:1. HalonH\ rrsn,·ita&gt;&lt;l
. .•• . ¡ En qnt' n,·n.t:ir did110 g'0znn1os tu &lt;'S]&gt;l(•11¡}·ll' l
¡ 1)('~ iP •iut• i1wxplor:1d:1s st\w.;:u·ionc•..; Jtíl'-i ~ritn-.;
&lt;·on ¡,nlalira.- 11&lt;• 1111 di:'lingo ,¡.,¡ ,\ lapst1·0 l'lnto,, !
llay 1111a inomina,ia ,•1110,·i{,11 t'n tns pasos:
ti&lt;'nC's el ritmo griego-que Na amhil'i,111 y par. y sou t1~s ~ugc•stioní's ,·nal 1111 ,·oro ,ip msos
&lt;in&lt;' &lt;·nnta ra en &lt;&gt;l 1rinnfo
la l•'!'li,·itlad.

,¡"

II

1T
Las parl.'jas os,•ila11 en 1111 1·il'jo
mo,lo para ,la11,.ar; ,·í111tli,la fl'(•ntC'
Sll('ii:t 'fil&lt;' ('S .luan '1',•norio Sil !'Ol'tl'jO.
.\' sonríe &lt;lPI mal fnrtin\111p11t&lt;'.
¡ Oh, el i11g-enuo ful;.(or di' las miradas
,le los mozos ,•on ain•s ti&lt;' 1'011,¡ui~ta,
y el íutimo pln,·cr ,¡&lt;' las amadas
que &lt;&gt;nroj&lt;',·&lt;'n. 1•01110 1111 spminnrista.

III
Y la orquesta de ritmos inflexibles
&lt;'S una fir111e alfombra parn el paso
de quienes hallan giros inrrei!Ms.
hasta CD 1•1 ,·a is: qnc&gt; es sngc&gt;st ión de&gt; ra,o.
(Eu1pi()zn a 110 ~er jo\"1•11 y sorprPn,to
los pormenon•s poc·o disting-ui,los:
nna l'irgini,lad ha ido nmril'nrlo
"" In depur:1eión ,le n,is spnti,los.)
In&lt;'xperi!'llt'ia ,]¡, l'Í\·ir. did1m
inc•o11sc-i¡,1wia ele to,lo, fá,·il llanto
de la noda p1wril. ¡1•1,1110 aln,·i11a
c11 bailC's 1h• )ll'C1l'i11ria n1e,tro &lt;'ll&lt;·a11to' ...

Es un snefio, un &lt;'ns1wfio. 1111 c&gt;st:'iti&lt;'O süt-,11.
&lt;'I Cjll&lt;' ,·in, ,•n rl 1·it.1110 ,¡., tn danza sutil.
( Tu ,·upfas mi,s 11111• c&gt;l ágil ,·upJo ,¡,, ('l:l\·il&lt;.'fio. ¡
Er&lt;'s la grnc·ia 111(,yjf ,Je \111:t prrelnrn lis.
F.strdlas. 1111lw•s. a,·¡&gt;s, \'Pillo, ,·11a11t10 tú &lt;lanzas.
Halh rios ignorados, rnúsi,·as ,1,, laú,1,
lmn,as &lt;111&lt;' han11011iza1·011 las tlnl&lt;-es :u·ct'l,anms
,]el Paraíso, oímos mientras qn&lt;' hailas Tú.
Y hay 1111 ho11,fo SP,·reto que di&lt;·e su frsoro
tle ritmos, &lt;·Dando an111zas len•mcntc&gt; triuufal,
porque canta e11 tu &lt;'ll&lt;'l'J'0 las g-ra&lt;'ia ,l(, un ,le.:oro
que da a tus 11101·imiento~ fos,•i11ante ansiedad.
1

III
Ard,• la a11tig11a l111nhre ,IC' los ritos Pgr&lt;'gios
,,n ,,¡ fá,·il ¡,rndigfo ,le ,·atla "'·ohlt'i,\u,

y exhumas la,s ,irtudps dr aqnplJos ~ortilegios
,¡ne haeían a la danza m;'1s ful'rte &lt;¡ne t'I Amor.
¡ .\h, tus 011d11la,·io11es c¡ne miro ,·on los regios
1111111~1110, d,• 1111 ason1hro ,lig-110 ,le Halom,\11 J _- •••••

�UN "P0ILU" EN MEXICO
"Pegaso" encuentra a un soldado
que acaba de salir de las trincheras francesas
Un poiVU, un auténtico peludo del ejército francés está
en México y PEGASO lo ha encontrado y aquí lo presenta,
para regocijo, sorpresa y divertimiento de sus.lectores. Si
en tiempos de paz es difícil ver soldados extranjeros que se
codean por esas calles metropolitanas con nuestros tipos
característicos, nadie se imaginaría, en época de guerra,
encontrarse en México, en la confusión de charros y de re·
bozos nacionales, nada menos que un soldado que se habatido en las trincheras del Somme y que trae prendida al pecho la ilustre Cruz de Guerra. Imaginaos que al pasar por
el Portal de Mercaderes, tras de revisar los camotes de Puebla y las cajetas de Celaya, topáis de manos a boca con un
militar de uniforme gris, de casco plano y con las insignias
del ejército de Francia.
~
Nuestro hombre, el señor D .... , es un joven francés nacido en la ciudad de México, de padres franceses. Cuando
estalló la guerra, en rgr4, él y cuatro hermanos fueron movilizados al frente. Poco después el sexto hermano, un ado·
lescente, voluntariamente se embarcaba en Veracruz para
ir a prestar el servicio de sangre a su patria. Uno fué a la
infantería, otro se encuentra en la caballería, otro está en
el cuerpo de ingenieros constructores, otro más, que prestaba sus servicios en la telegrafía, murió en Verdun y el
poilu que nos visita corresponde a la batería de uno de los
sectores del frente del Somme, en calidad de enfermero.
El señor D .... nos ha suplicado el incógnito, por exigír·
selo las leyes militares-ha venido a México con 2 r días de
licencia a ver a sus familiares. Cuando lo encontramos lucía en l~ americana la cinta verde y gualda de la Oroim de
Guerre. Embarqué en la Coruña-nos dijo-y los pasajeros
creímos que los submarinos nos darían un mal rato, porque
los espías alemanes abundan y transmiten con toda eficacia
noticias sobre la salida de los barcos. Sin embargo, nada
ocurrió en el trayecto, pues el barco francés en que viajábamos estaba armado con dos cañones .... y los submarinos
no se las entienden con los barcos armados.
El señor D .... se muestra muy
La vi.la en las lrlnsatisfecho del éxito de las operaciocheras
nes en Francia; pero su empleo militar le impide entrar en detalles Y
sólo nos proporciona aquellos que no perjudiquen el servicio de la guerra. Nos habla calurosamente de la vida en las
trincheras y de su batería de 75.
-Tenemos allá habitaciones confortables-nos diceconstruídas en el largo curso de la guerra. A mi batería co·
rresponden varios abrigos. Allí la vida es muy activa Y en
los ratos de descanso la animación se generaliza y los sol·

.alll la vida es activa ...... Nos llegan con toda regularidad
cwrtas y periódico8

dados salen a charlar y a cambiar impresiones sobre la guerra. Nos llegan con toda regularidad, cartas y periódicos,
y hay revistas como Je 8ai8 tout y Lectures pour tou,s, que
cada semana reparten en las trincheras una gran cantidad
de ejemplares, que se pasan de mano en mano. Uno de mis
6

Uno de mis hermanos prestaba
domina uh sentimiento getmanófilo y yo sieihpre procuré
sus serviciios en la telegrafía de
disuadirlos de esa idea, haciéndoles \i'er cuánta simpatía tie·
campaña. Cuando los alemanes ata- nen los franceses en este país, especialmente entre las cla·
caban el fuerte de Vaux, mi hermases cultas.
no trasmitía las órdenes al Comandante de la fortaleza. En_¿ Cree usted que en este año tertonces, los ataques de una y otra parte fueron terriblemenEl fin de la guerra
minará la guerra?
te encarnizados. Un diluvio de hierro se desataba sobre las
-Es aventurado fijar una fecha;
líneas de batalla. La situación del fuerte era muy compropero creo que la guerra terminará
metida y sus ocupantPs se defendían con valor heroico. Los muy pronto, con el triunfo de los aliados. Los prisioneros
hilos te I e que hacemos
gráficos ha·
en
el frente
bían sido
se muestran
destruidos y
sumamente
no se podían
i
abatidos y
alzar antetodos están
nas para
conformes
comunica·
en que la
ción inalám·
terminaci 6n
b rica. Mi
de las hoshermano fué
tilidades se
herido gra·
acerca, tanvementey el
to por la falfuerte esta·
ta de homba por caer
bres y matede un morial
es en
mentoaotro.
... . en los ratos de descanso la animación se qeCon !iyuda de las palas que siempre llevamos y
Alemania
1
y
los
soldados
salen
a
charlwr
y
a
ca1n11eraliza
Poco antes
alumbrados por 1ima bujia, abrimos traba.josacomo por la
bia1· itnpresiones sobre la guerra.
mente una brecha . ...
de que esto
alimentasucediera se
ción
que en
recibió del Gran Cuartel General la orden d~ trasmitir al Co- aquel imperio se ha limitado basta lo increíble.
mandante del fuerte la noticia de que había sido promovido a
Permanecerá en México hasta
Oficial de la Legión de Honor y los soldados premiados
El peludo
completar los días &lt;le .su licencia y
con la Cruz de Guerra. Mi hermano trasmitió la noticia,
esperará en Vera.cruz la llegada de
sirviéndose de la telegrafía óptica y poco después era conun vapor que lo devuelva a las re·
ducido al hospital, en donde ·murió.
giones en donde verá el triunfo definitivo de la heroica
-¿ Sabe usted si hay mexicanos
Francia o encontrará la muerte en defensa de su patria.
Hay mexicanos en el
en el frente?, pregutitamos al se·
Ante:; de despedirnos del peludo de México quisimos tofrente
ñor D ..... .
mar una fotografía que nuestros lectores encontrarán inte-sí los hay. En la Legión Ex resante y sensacional: el soldado vi:,te su uniforme de trintranjera se han alistado muchos mi~lares de hombres. Hay cheras, lleva la Cruz de Guerra y está parado cerca de un
muchos norteamericanos, y entre los latinos de América maguey, genuinamente mexicano, un maguey de pulque,
abundan los peruanos. Sé de al~unos mexicanos que com- que da al cuadro un aspecto extraño, exótico y cubaten en la Legión. Mis compañeros creen que en México rioso ....

Cemo murió Un francés
de México

momentos más agradables es cuando recibo noticias de México, en donde nací y en donde viven los míos.
-¿No llegan a faltar las provisiones en las trincheras?
-Nuestra alimentación es suficiente. Nunca nos ha faltado nada, ni los tres cuartos de vino que nos dan diaria-

'¡
'

VIDA ARTISTICA Y LITERARIA
... ... el soldado viste 8•11, 1inijorme de t?-incheras, lleva la Cruz de
Guerra y estápMado cerca de un maguey genuinarnente mexfcano ....

mente a cada soldado. En las líneas alemanas no solamente
hay caren~ia de alimentos, sino hambre. Es de ver el gozo
con que los prisioneros reciben sus raciones y cómo decla ·
ran que hace muchos días que no habían comido. iAquí se
come! dicen en un tono gozoso cuando se les reparten los
alimentos.
U na vez- continúa D .... - lps alemanes empezaron a
bombardear furiosamente nuestra batería. Ocultamos nuestras piezas y algunos soldados fuimos a resguardarnos a
una caseta subterránea de dos compartimentos. Llovía
la metralla, rebdtaban por todas partes los skrapnells.
Teníamos la seguridad de que una marmita que cayera
encima de nuestro abrigo acabaría con nosotros y decidimos pasar a la segunda habitación, que estaba mejor
re!=;guardada. Hacía u_n momento que nos había1:1os tran~ladado, cuando la marmita esperada cayó en el pnmer abn·
go y lo destrozó absolutamente, junto con los equipos que
allí dejamos. Una segunda marmita vino a estallar encima
de la caseta que ocupábamos y revolviendo terriblemente
la tierra, obstruyó la entrada de la habitación. Tres horas
permanecimos enterrados. Apenas ,podíamos respirar. Como un eco sordo, lejano y confuso oíamos el t-ronar de los
cañones, afuera. Con ayuda de las palas que siempre llevamos y alumbrados por una bujía, abrimos trabajosamente
una brecha y pudimos salir a incorporarnos con nuestros
compañeros. Pocos momentos después nuestros &lt;75&gt;, disimulados entre las ramas, contestaban bravamente la provocación alemana.

PEGABO

Eatre las nuevas manifestaciones que
En honor del poeta
se han hecho al poeta español Salvarl.or
Rueda
Rueda, huésped de México, debemos
.
anotar la función de gala que se efectuó
el viernes pasado en el Teatro Colón, organizarla por la Unión Esp11ñola que preside el íofatigable doctor Perrin. Se representaron
1E,i la boca del lobon, de Pedro Mata, (1La ri1na eternwi, de los Alva.rez Quinte.ro, y fueron leidas algunas composiciones en homenaje al poeta.
En la Redacción de «El Demócrata11 también le fue ofrecida una
agradable fiesta, que estuvo sumamente concurrida.
Salvador Rueda eali6 el sábado último para España.
1

La semana anterior se efectuó en la
Velada en honor de un sala de actos de la Dirección de Estusabio
djos Biológicos, una solemne velada en
honor del célebre naturalista Ernesto
Haeckel. Los pfofesores del referido insLituto, señores doctores
Mauuel Pérez Amador y Fernando Ocaranza sustentaron sendas
conferencias sobre los resultados terapéuticos obtenidos en los coloides orgánicos y sobre la vida y obra de Haeckel.
l:Joo de los números principales de ls:a. solemnidad fue la colocación del retrato del notable naturalista en una galería del edifició.
El 86.bado último se verificó en el
Concierto en el Museo Museo N aciana! un concierto en honor
Nacional
del Sr. José Romano Muñoz, riirector
de lz1. Escuela de Música y Arte Teatral.
Los n1Ímeros fneron desempeñados por los profesores de la referida Escuela, señoritas Ma.rfa Luisa Roas, El vira González Peña.
YAlva Herrera y Ogazón, y señores Luis G. Saloma, Adelaido Castañeda, Horacio Avila, José Pomar, José Rocabruna, José Pierson
Ylos miembros del Orfeón Pop11lar.

El jurado calificador de las obras presentadas al concurso de Bibliografía
abierto por la Dirección de bellas Artes, acaba de dictaminar, concediendo
el segundo y tercer premios al Señor Académico don Ignacio B.
del Castillo, por sus bibliografías de la Revolución y de la I~preuta del Congreso y al señor Académico don Juan B. Iguinis por su
bibliografía de historiadore8 de Jalisco.
El primer premio fué declarado deserto.

El Concurso
de Bibliografía

El Cónsul de México en la ciudad de
Kobe, Japón anuncia que aca.ba de ser
implantado como líbro de texto en las
escuelas oficiales el libro ((Mé,xico y sus
productos naturales)), tr~ducido al japonés con el titulo de uMekishito to somo Tensann.

Libro mexicano en el
Japón

Próximamente se efectuarán en los
Institutos de Biología y Geologia, conferencías científicas populares, a fin de
divulgar conocimientos de varia índole,
aprovechando las valiosas colecciones y materiales con que cuentan ambos establecimientos.
Conferencias en
institutos científicos

Las últimas conferencias de la serie
española @rganizada por la Librería Bihloe, relativa al Teatro Catalán, fué
sustentada por el señor Alberto Berella, ante numerosa concurrencia que llenaba las localidades del
Cine Palacio.
La conferencia de hoy, á cargo del periodista don Luis Albisu,
se referirá a don J3enito Pérez Galdós.
Las conferencias
españolas

PEGASO

7

�MEDITACION SOBRE UN BAU'TISMO

LA GRAN GUERRA

Por Francis Jammes
'1.'rad.uceíón de Em•ique Gonzá.lez 1Ja1·tinez .

Dedicatoria del Salmo a una flor y a una Maripost
A IA flOR
El Sf!c1·eto de l1~ corazón era y es veMirie según Dios iohff.or! iOh nieca que ha.s llegado

a sér tn propio vesticlo de Bodas y tu 7n-opia indú:idualiclad! Ahora tn forma está r('aliZacla, y a1111 reducida a cenizas, la nada no po,frú contm, t,¡, Po,·que vencl1·ía el ángel, que-

asiendo con sns dedos cada atomo de esta ceniza. ns11citaría io q1te es esenc-ial

irre

clucible.

A IA MARIPOSA
Cn bofrínico viejo, de esos que c1·ecn en Dios !J t.ienen nna 1,oclaclera y una ros({. en la
alearia sola1· deljardin, me habla didw: «Solamente la mariposa-aurora, al comienzo de

Francis Jammes
(J/,fxvam de Viilloton.)

la primavera, visita. al mastuerzo~. Rs 1111a_f(or.
1· yo había creído esto de burna voluntad, JJero com,o u,na fábula. 1' 1·epetía: ~solamente la mariposa-aurora, al comienzo ele la primavm-a, visita al mastuerzo•.
Pero, sobre la r-ibe·r a, en el silencio fresco y m,ister-ioso, he visto a l~ mariJ)Osa-r1,u..rnra
ir ele mastuerzo en mastuerzo. ¡Oh, terq~iedad divina! iXnda, oh, mariposa, nacla ha.bría
vodirlo cles1;iar ln v1ielo liumilcle !J aplicado! No hay que eqnivocane de co1·ola. Dios no lo
quiere.
1· habia en lo fra11q1bila siesta, &lt;'Omo nna tcrnnra sin nomb1·e, lejos clP Zo8 hombres, fa,l.
vez en otra parte.

Salmo
Campa.nas, sonad par a el b&amp;utismo:
Campana vestida. de sayal como una hermana de los pobres, y
que interceptas el hol'izonte visto al través del armazón de la
Iglesia.
Campaña del ltlbohol, cuyo badajo es una ab3ja, y que eres
tan delicada, que un vaho te aturde y aja, y tan blanca que te llaman puño ele la Virgen.
Campana ele la campánula y campana ele la genciana, teñidas de
azul sonot·o.
Campana ele la calabaza, amarilla como el so~, ~n que 1·e"bota el
ruido salpicado de chispas de la fragua clel mefüodla.
Campana del lirio, fabricada en pol'celana celeste .... Soµ~~ .
Las campanas escandit'im mi salmo, el salmo que arreglaré para el bautismo, en tanto
que los gorriones piarán en la jusbarba de la
nave, y los gansos que silban gangueando,
remarán con sus alas en el pórtico donde se
venden pastelillos de anís.
Afuera ha pasado la sombra de una golondrina, y ha hecho sonreír a la vidriera en
que el santo tiene una gl'uesa túnica azul y
roja .
El agua corre sobre la frente del niño.

El ángel de la sombra cambia de lugar como una ala aguda. Estaba sobre la capilla de
la Virgen, y, ahora está sobre el piso.
La lana arde todavía en el presbiterio.

El agua que ha caído en lluvia sobre el helecho de los bosques.
El agua que ha formado burbujas en el río tempestuoso, eu cuyo
tondo se remueve la anguila.
El agua que caía a torrentes en la noche, mientras que la tristeza
me roía el alma.
El agua que ha acrecentado la fuente de La Fontaine y el arroyo
que baña los juncos y las patas de las becadas.
El agua que ha estado en el mar que recubre las eras de erizos
azules, son.rosados y purpúreos, y las plantas verde-grisáceas o herrumbrosas,
El agua que se ha remontado a las nubes y ha vuelto a baj&amp;r a
las selvas y a los pozos.
El agua que sacó la criada presbiteral y colocó en el cántaro poroso, a cuyo contacto siente fria la palma de la mano,
El cirio amarillea en la 1uz ensordecedora.
Y, en el bautisterio, el fuego rosa de la lana . ...
El fuego que rompió el cielo como un vidrio, hirió el arbol y lo
desgajó.
El fuego, que parece sangre, en la_tiena que lo vomita sohl'e la
peq1,1eña. Criolla qne al mediodía, baJo la veranda, abre ostras de
paletuvios.
El f1,1ego que es hermano del agua. __
. .
. .
El fuego que purifica, que es la buJ1a que cliv1sa el Vl&amp;Jero extraviado , al comenzar la noche, en la casa de los bosques del otoño
helado.
El fuec10 qne es la linterna que allít lejos desaparece y reaparece,
según q;e ~¡ carruaje es ocultado o no por las cuestas y los follajes.
8

El fuego. que es el faro que alternativamente "rojo y blanco, voltejea.
El fuego, que es la brasa preciosa que a media noche proteje el
sueño del gato, la brasa en la negrura del borno, cuando en la amplia cocina campestre no se oye sino el silencio en el perfume del
pan y del ajo y en el calosfrío de la pobreza de Dios.
El fuego,_ que es la lamparilla en los momentos en que los niños
escuchan s1 el enfermo no ha acabado de respi.rar, y la lamparilla
que, a las siete, en la catedral resonante, apacigua la angustia pros ternada y hace brillar el facistol.
El fuego, que es el punto rojo de la pipa del piloto, cuando el
hueco ruido de la mar se adelgaza como un labio sobre el labio de
la arena.
El !llego, que es la Iá,mpara que alumbra el papel en que el nego•
ciante comprueba su ruina.

La lana que las ovejas habr{lll dejado a la aurora sobre las espinas sonr@sadas.
La lana que es la nieve del Señor.
La lana que remata el cetro de caña de las hilanderas decrépitas
cuando el anochecer hace más claras las puntas de los techos apretados de villas.
La lana que el poeta coloca en el pico de los gorriones, a fln de
que en el nido, sus hijos agrupados como las pepitas en una manzana, tengan calol'.
La lana que trabajan bajo la lámpara las amigas de las buenas
obras.
_

Y el sacerdote coloca la sal sobre los labios
del niño.
La sal, símbolo de la sabiduría.
La. sal, que yace invisible en el fondo del océano.
La sal, testigo de las aguas universales, que ha visto a Dios en
la nube espesa como carbón, separar el día de la noche y la tierra
del mar.
La sal que ha tenido contacto con bestias extraordinarias que
pasan. como mantos de luz en la superficie ele las olas, o que, en vibración en medio de ellas, tienen cabezas ele caballos de ajedrez y
vientres de Buda.
La sal que, cuando el Arca se hubo posado largo tiempo sobre el
monte Ararat, la vistió de una costra deslumbrante como la armadura de un al'cángel.
La sal que el misionero de puntiaguda barba busca bajo la tierra
como una gema 1·ara en los paises ardientes que catequiza.
La !¡al dada al corderillo que quiero coronar de laurel bendito.

A.~i, pues, es para U., oh ?iirto, para q1úen, co-mo vüJo nwrino que
talla c011 cuchillo 1111a esfera rle boj, lJios ha esculpido el nrnndo t:n
el vacio.

PEOASO

La gloria tudesca tiene en :Thléxico a lguuos aclmi l'a- mucho dnrante la oct1pac1011 alcutalla por la falta de prodores. Es una devoción nacida al calor ele los cables que Yisiones y el trato brutal de la soldade,sca .. Yaganclo por
llegan destilando sangre y que adqnierc en las conver- los campos, tumbados eu Jos escombros, se han encontrasaciones una agresividad selvática. Para muchas gentes, do niños agotados por el hambre, ell un estado de enflaqueel Kaiser es uu soberbio ejemplar ele conductor de pue- cimiento espantoso.
blos, y la raza alemana la más Yalerosa e inteligente de
Al retroceder, las huestes germanas obligaban a los
cuantas respiran sobre las miserias del mundo.
campesinos a trabajar eu las obrrts de f:Ortificación qne
¿ Por qué esta simpatía?
iban constrnyentlo a retaguardia, obras ligeras, pl'ovisinSi los esclavos remotos de la Prusia militar se hicieran · nales, hechas nnicamente para resistir algunas horas, paesta. misma pregunta en uno de esos momentos en que la ra cobtar alie11to, mientras se llegaba a la línea en que
razón flota sobre los nublados ele las pasiones, probable- esperan contener la marcha victoriosa del enemigo. Por
mente se quedarían perplejos para contestarla.
('\los se han sabido que las nuevas posiciones están aconAlemania es todavía para. nosotros, como para muchos dicionadas para una seria de:felisa y que pai·a desalojar
países, su comerciante; algunas veces,
de allí a los alemanes tendl'án que lipocas, su industrial.
b1·arse encarujzac.las batallas.
Ambos arriban a nuestras playas con
A los obstaeú.los que hay que vencer
la cultura de su especialidad y forpara transportar y emplaza,· la artilleman colonias que viven casi aisladas y
ría pesada para equilibrar 1n pasajera
se conservan a través de los años proventaja que ahora tienen las tropas
fundamente extranjeras.
de los imperios centrales, se han snmaDe los múltiples aspectos de la vida
do u1tirnarnente las :fue1--tes nevadc:is que
nacional solo les interesa el económihan caído en el campo en disputa, y fas
co y ffil él ensayan su vasta capacidad
operaciones de los aliados han sufrido
comercial.
una momentánea paralir,ación en la Sl'CAlemanes hasta la médula, observan
ción confiada al valor inglés.
con impasibilidad de seres superiores
El ejército francés libró hace días
la marcha de nuestras vicisitudes poun sangdento combate cerca ele La Felíticas, lo mismo que las manifestacio re y avanr.,a hacia esta plaza siguiennes de nuestra cultura. El francés, el
do las margenes del Ailette ele donde los
e-spnñol, el inglés suelen conmoverse
alemanes se han ido replegando. Cerca
con nuestras desventuras de pueblo joele i\largival al snr de Laon st&gt; Pm¡wven y su sangre ha corrido a veces con
ña casi al mismo tiempo otra batala. nuestra en las pugnas por li liberlla cuyo resultado quedó indeciso.
tad. El alemán jamás ha clavado en
Post&lt;t,_riormento }as fuerzas de 1íl
nuestro ca mino, lleno de tormentas, la
Repl1bliea se apodcraTon de algunos
flámula ele un heroísmo. Su actividad,
fueries ele la línea de defensa ele J,a
ha girado basta la fecha en el estre·FerC, colocando así a esta cirnlad en
cho círculo de sus libros de contabiliel centro de 1111 scmicírcnlo de hirno
dad.
que va. estrechá1Jdose le-J1tarnente.
Desgraciadamente, no hay argumenEt genaal inglés ,Uand, ·vencedor
to capaz de minar la simpatía que insde los t11,rcos en _;lfesopota1nia
pira a ciertas almas la fuerza bruta
Aprovechando el explicable estado de
y Alemania continuará siendo la priclesorganfaación en que actuahuento
mera para ellas, mientras sn potencia de destrucción man- se encuentra Rusia los imperios centrales lrnn iniciado un
tenga en pie su bien conquistádo prestigio.
poderoso Dlovimicn'to ofensivo en el frente oriental. Este
Las fuer.zas alemanas han hecho un alto en su retira- movimiento comenzó e-ntre los ríos Silcha y C11vanich, de
da y se han establecido en una línea que se extiende des- donde los rusos tuvieron que replegarse después de sede Arras hasta Laon 1 comprendiendo entre estas plazas rios ataques efectnados por el enemigo; y parece que conlas de Uambrai, Saint Quentin y La Fere.
tinuará en el sector de Riga a Dvánsk, a. juzgar por los
En este vasto moYim.iento 'de 1·etroceso han ido destru- grandes contingentes que el Estado :Mayor alemán ha act~yendo sistemáticamente cuanto pudiera ser utilizado por mulado en esa zona. Desde que el l\larical Hindenburg amlos ejérc.itos aliados. Pueblos, granjas, pÜentes, lo poco quüó al ejército ruso en los lagos massurianos se sabe
que quedaba después de tantos meses de combates, ha si- que este militar, considerado como el más genial de los
do demolido, despedazado, y franceses e ingleses han te- que desempeña los principales paJ)e·les en la gran tragenido que hacer esfuerzos sobrehumanos para. conservar dia europea, abJiga la idea de que la derrota defi.nitiv_a
en su frente la dotación de artillería necesaria para sos- del imperio moscovita determiirnrá el inmediato adven1tener eficazmente el ava1lce de sus infantes.
miento de la paz. La C?ícla del Zar, el desconcierto que
La población civil de la. región recuperada ha sufrido lógicamente debe sobrevenir después de un acontecimien1

Entl'e combate !J comba,te Sf' jnega
a, las cartas
PEGASO

1

El Pres'idente Poinca.ré visita la.frontera,

9

�to de tan gran trascen&lt;lencia, facilitan el camino para el
desarrollo de una campaña enérgica y es probable que
pronto se registre en el :frente ruso una batalla de resonancia mundial.

•••

Caza snmergibles en cwción

Buqul' e.iplorador ·reciúiendo
comb11,sti/Jle

Hiclroplano sa.lúmdo a explorar
los mares

El gobierno provisional establecido en Petrograd ha
sido ya reconocido por la Entente y continúa sus trabajos de reorganización de los servicios públicos.
Se habla de cambiar a Moscow la capital del imperio
para substraer al gobierno de la acción del experto y disciplinado espionaje teutón. Petrograd está lleno de espías; pupulan en todas las clases sociales y cuanto se hace
en las altas esferas gubernamentales es inmediatamente
divulgado.
El gran duque :\'icolás. nombrado hace días Generalísimo de los ejércitos rusos, acaba de ser destituído de
su elevado puesto. El alto jefe eliminado gozaba de mucho prestigio entre los soldados y su separación ha causado sorpresa. El general Alexieff lo substituirá en
el momento quizá más delicado de la guerra, en que Alemania, urgida por las circunstancias, se dispone a asestar golpes de carácter decisivo a sus adversarios.

Cañones de que están dotados los
caza submar'i,nos

Caza su,bma1·inos listos pd1·a salfr
cam,paii.tt,

Rotas sus relaciones diplomáticas con los Estados Unidos y en peligro de entrar en guerra con ellos, Alemru_;tia
se ha creído relevada de la obligación de prestar
garantías a los norteamericanos que se consagran en Bélgica a la hmanitaria tarea de aliviar hasta donde es posible la deploi;ab\c situación en que se encuentran los belgas. Y, como si no fuera bastante esto, los sumergibles que ¡
mer 1dP.an por las costas inglesas han echado a pique al-t
gunos baTcos fletados especialmente para transportar artículos de primera necesidad destinados al infortunado Talleres donde se constru,llen las
lamchas caza submarinos
reino.
Con till motivo el ministro norteamericano Whitlock sa
lió ele Bruselas y con él la comisión de socorros, que tan
nobles trabajos venía desempeñando para dulcificar
la angustia de fa vencida Bélgica. Innumerables familias se quedarán sin pan ; pero ¿ qué iinporta Y Es justo
que los belgas purguen con hambre, y sed, y hierro, y
fuego el pecado de haberse foterpuesto al paso de los elegidos por Dios para ·esparcir pmr el mundo las buenas
cervezas y las sabrosas salchichas y con °llas las luces de
~a verdadera cultura, de la que Alemania, por dón espe&lt;'ial del cielo, es la única depositaria.

•••
Se cree imposible evitar la guerra entre los Estados
Unidos y Alemania. Enardecido por su prolongada lucha, este país no se cuida &lt;le tener un enemigo más y sigue apurando con audaz desenfado la paciencia norteA bordo de un torpedero
americana.
Empujado por los acontecimientos, el Presidente Wilson
no se hace al parecer ilusiones sobre el porvenir y prepara a su patria para hacer frente a la tempestad que se
le viene encima. El ejército de tierra aunque será el último que mezcle en el conflicto. si este llega a estallar,
va a ser aumentado considerablemente, y la marina dotada de todo lo necesario para una acción eficaz.
Como es natural, el elemento alemán que exis.t~ en
la Unión no permanec_e inactivo: intriga dentro y fuera
ele la ad1ninistración, y uno de los primeros cuidados del
1-lidroplamo explorando los ma1·cs gobierno será el de reducirlo a la impotencia. Se dice ya
que al sobrevenir la guerra s~rán internados los alemanes que pertenecen a las reservas del ejército de su país
y aprehendidos los inmnerables espías qne vagan por las
principales ciudades de la Unión.
La precaución no es por demás : para justificarla, basta el reciente descubrimiento de un complot para apodararse de la ciudad de Bu:ffalo, en que se hayan innúscuidos más de trinsta mil alemanes, quienes. se proponían,
después de ocupar la plaza, mediante un golpe de mano,
volar los edificios públicos y destruir las fábricas de muBuqne patrulla haciéndose a
niciones que se encuentran en ella.
la ma1·
10

PICGAJ&amp;O

Globo ca·u tivo usado por las naves
de guerra .

Globo dirigible usado por los
aliados

1

Nuevo 11iodelo ele hidroplanos caza
submarinos

Tratándose de una guerra marítima, y a esta clase de
lucha se concretará probablemente el choque entre alemanes y norteamericanos, no están seguramente desprevenidos nuestros vecinos. Poco después ele la batalla de Jutlanclia se comprendió la necesidad de a.u.mentar las unidades navales de la Unión y se comellzó a desarrollar un
programa digno de un pueblo que cuenta con tan gigantescos recursos. Solamente para el fomento de la marina
de guer"ta se asignaron mil quinientos setenta y cinco - millones de dólares á,nuales y mil trescientos veinticinco para la reorganización del ejército.
Cuando se votó esta formidable asignación para la de- En el frente, despues de 1in encuentro
fensa nacional no se pensaba todavía en la proximidad de
Arlill6ria pesada, en marcha para el
un conflicto. Creíase que la República, a salvo entonces
frente
de preocupaciones bélicas, bien podría darse un plazo de
cinco años para poner su ejército y su marina a la altura
deseada. Después .fue preciso activarlo todo y se han
ofrecido primas extraordinarias a los astilleros que entreguen primero las naves en construcción.
De conformidad con los proyectos que se están realizando, la República del Norte dispondrá en breve de una
arm~da naval de cuarenta y nueve "dreaclnoughts," die:-~
y ~e1s cruceros d&lt;: batalla, ciento sei::t torpederos, ciento
treinta y cuatro submarinos y veinticuatro cañoneros, ade~
má:8 de los transportes, buques hospitales, etc., que requieren todas las escuacl ras. Seis acorazados que están actualmente en construcción costarán setenta y cinco milloArtillería pesac;a en murvha
nes de francos cada uno y posteriormente se harán otros
cuyo costo se calcula en cien millones.
.2 _ ~ii\'. •~ u.t!i . , ,,.
..,... ~ •.
Rn niarc.ha hacia el frente

•••
Publicamos hoy en esta sección algunos grabados que
1·epresentan las pequeñas lanchas empleadas por Inglaterra para la caza de ~nmel'gibles. Son naves ligeras,
de rapidísimo arldar y de tan poco calado que pueden
escapar casi siempre de la acción de los torpedos. Su
costo es reducido y su construcción tan violenta que alLas fatigas de la emigmción
gunos astilleros consiguen armar tres por día.
Se comprende que a medida que pase el tiempo, la
tarea de acabar con la marina mercante de los aliados
se va haciendo más difícil y que los abnegados tripulantes de los sumergibles van a tener más motivos para despedirse de la vida cuando abandonan con heroiCambiando de posiciones en la linea co automatismo sns escondites para lanzarse en las tede batalla
rribles aventuras submarinas qu.e les impone el Káiser.
Es la disciplina, la feroz disciplina que los reyes de
Prusia han metido en la carne &lt;:le su pueblo desde
q ne Federico el Grande heredó de su padre el bastón
con que les medía las costillas a sus fieles súbditos en
las calles de Berlín.
Convoy que v·uelve del frente
Por que esta gran cualidad, característica de la co~
leotividad germana, )ia entrado en ella así: a golpe".
El gran Federico, maestro en domar hombres y en
dar batallas, dijo alguna vez, hablando de sus soldados:
"Ved esos l10mbres; cada uno de ePos $eparado de
los demás, no puede 1nenos de odiarme. Pe·ro en filas,
cuando saben que detrás de ellos se encuentra un cabo
con una vara en la diestra, tiemblan ant~ mi y me d~fenderían contra una banda de asesinos.
"Pero lo que es más grande; no tengo más que n,m1Enma1c'1a liacia el frente
dar y obedecerán en seguida, darán su vida por mi sin
reflexionar, porque ignoran hasta el objeto de la guerra ; no tienen más que una fe ciega en mi ·y en mjs ofi1'rinthern ale-11,0,im ,c;m ,cla pvr lJ.~
ciales cuando les decimos que de•ben morir por mí. &amp; C6ai.iados
mo he llegado a este resultado? Pues sobre todo con la
ayuda ele mi bastón.''
La receta del famoso monarca no fue echada al olvido. Era una re-ceta real y fue recogida y aplicada por
sus sucesores. Merced a ella los hábitos de obediencia y
. disciplina entraron en el ejército prusiano y fnerpn po.
co a poco penetrando también en el espíritu ele la nación. Y hoy todavía, cuando algún tudesco siente que le
anda por adentro el demonio de- a rebe1 día, no falta superior gerárquico que le haga comprender que no hay
que pecar contra la tradición y que los reyes, desme•
unza.dos en sus sarcófagos gloriosos, siguen a veces man- Bateria alema,na aúandonadq, después
Cuidados que se tienen con los caballos dando.
de un uombate
PEGASO

11

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TEATROS
Y CINES
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ALMA FU E RTE. -APOSTRO.b'E. - Biblioteca Renovación. Cn.sa Edi•

torial Falcó y Borrasé: San José, Costa Rica. -Es un poema de
cólera. que parece arranca.do a las páginas de ((Los Castigosn. El
gran poeta sudamericano azota, hiere sin piedad a quien juzga
antor del enorme crimen de la guerra actual: Guillermo II. A vec~s brota de los versos la invectiva y basta el insulto, y la iracund~a. se sobrep~ne a la estética; otras un soplo vigoroso y tremendo
~óra en el ritmo extraño y poderoso. El poeta acusa, maldice;
impetra para el culpable la condenación de la humanidad, el estigma de la historia; pide ((llanto eterno, fuego eterno11 para la infamia sin nombre. Un día, no lejano, ha de saberse si el prócer
que ((Almafuerten señala con el dedo implacable es el crimioal
único, y si en el monumento de ignominia que la humanidad elebe levanta.r a quien abrió la caja de Pandora d.9 la barbarie sobre
la civilización confiada, se han de inscribir con letras de fuego las
más terribles estrofas del «Apóstrofen. Publicamos en seguida al~
gunos fragmentos:
Dictador de un pueblo manso,
que a virtud de un cientifismo más brutal que los azotes
le has hundido en el 1tbyecto
'
gran trajín de los insectos laboriosos¡
en aquella disciplina de colmena
que persigue 1rn fin extraño a las abejas.

·······••·••············· ...................................... .

Cm·ruptor de la conciencia de los hombres;
musa roja de filósofos y sabios,
de politices y estetas:
llíefistófeles.
Seductor de la gran Virgen,
de la hija cerebral del padre Zeus,
de la hermética Minerva;
cnyo pecho saturaste de pas~ones inferiores,
de satánicos instintos;
cuyos senos inefables,
armoniosos, fulgurantes como astros,
sometiste a pensamientos tenebrosos,
disolventee, agresivos:
al pensar de.las raposa s, si pensasen;
y al ardor del alacrán.
Animal apocaHptico; precursor de l!ls tinieblas;
enem!go del derecho y la justicia;
enemigo de los hombres:
Anticristo.

.....................................................................

......... No hay el ámbito geográfico bastante,ni alargándole su diámetro
basta dar con el volumen de cien soles;
no habrá nunca
ni metales, ni carbones. ni bastantes calorías
ni energías suficientes, ni apropiada.a resiste~cias,
para el horno, pa.ra el cráter,
para e.l círculo dantesco,
para el bára~ro sin fondo y sin orillas,
para todos los abiemos inflamados
que te deben supliciar.
No; la tierra es tan fugaz, tan reducida
como un campo de gitanos:
para tí la eternidad .........

································ · ·········· ........................ ..

Los azotes de la historia no castigan:
crean dioses;
crean tipos fabulosos, mitológicos,
a.rra.strados al dolor por el destino,
condenados al delito de las hor11s,
sometidos al horror de la tragedia

del incesto al parricidio,por las fuerza.a del ambiente;porque así lo dispusieron las costumbres
las pasiones imperantes,
'
los impulsos del momento,
las herencias y atavismos; lo fatal.
No; la historia es un momento, una mísera palabra,
una mísera palabra que resuena altisonante ........ .
Para ti, para la serie
larga y negra de tus crímenes horrendos,
cien millones; mil millones de centurias
son un soplo.
Te reclaman los archivos de lo eterno·
vid~ eterna, fuego eterno, llanto eterno'
sin Plntarcos,
·
'
sin siquiera la sonrisa de Caín el fratricida;
dolor pleno, dolor sumo, dolor puro
por los siglos de los siglos;
y en aquella angustia eterna,
tú y Satán.

publicarse esta obra que fue en un principio capitulo del libro
México en la. Vid:I-, en la Ciencia y en el Arte, y viene a suplir la fa}.
ta de. una. historiad.e nuestra música. La señorita Herrera y Oga•
zón, rntehgente y discreta autora del libro, ha llevado a buen tér•
mino la tarea de dar sintéticamente una ojead&amp; al arte mueice.l
desde los remotos tiempos precortesianos, hasta la hora que corre:
Tudas las épocas.presentan grandes dificultades, y aun creemoa:
que es en l!l. colonial donde flaquea, un poco, el elevado mérito
de la obra, al no mencionar, por ejemplo, a Sor Juana Inés de la
Cruz, mujer notabilísima que a sus gr,andes dotes literarias y bu•
manísticas unía el conocimiento de las artes pictóriaas y mui:,ica•
les, y aun llegó a escribir algo de música como ella misma no,
dice. No hay que admirarse, empero, de tan pequeña flaqueza:
son los siglos coloniales como tumba cerrada para el conocimien•
to dela vida cultural de que, por fuerza, gozaron, Poco a poco, a.
gasto de paciencia y de labor en archivos y bibliotecas, llegaremos
a extender con el tiempo nuestras noticias.
La época contemporánea, si no presenta esta dificultad tiene
a cambio, otras tal vez más graves: la cercanía de la época, el be:
c~o de que!ª mayor parte.de los artistas juzgados vive aún y la
C1rcunstanc1a de que, en cierto modo, la autora pertenece al mis•
mo grupo de artistas cuyo mérito aprecia.. Y aquí- es donde pue•
de verse el tacto y la rectitud de la señorita Herrera. y OO'azón.
Conducida por la discreción misma, perfectam~nte docum:utada
y con el c?nocimiento intimo de cada artista, sortea toda clase de
escollos, srn temor al vituperio ni a escatimar elogios. Suponien•
do que no todas sus apreciaciones fuesen exactas-ninga(la obra
es perfecta-queda el mérito grandísimo de permitir la revisión de
los valores artísticos sobre una base sólida y de dar a nuestro criterio la flexibilidad de una elaboración discutida.

M. T.
LUIS G. UR:BINA.-LA LITERATURA MEXICANA DURANTE LA GUERRA DE T,A INDEPENDENCIA, Madrid, 1917, Imprenta de M. Garcia

u?a reimpr~sión del «Estudio Preliminar» que el ilustre poeta {n.,.
x~cano publicó. en la Antología del Centenario¡ y como dicho estudw es ya suficientemente conocido del público culto 1 tal circuus·
tanc)a.. nos releva de c~mentarios hacia aquel trabajo, de agradable
anáhs1s y muy buena rnformación literaria.

QUIRU~RGICO

DONATO MORENO
Operaciones de Cirugía y Ginecología-Maternidad
de

liculasviejas, de &lt;(mise en srCoe)) defectuosa, en compañía de actores medianos y con argumentos sin importancifl,. Sin embargo•
Asta Nielsen nos ha grabfldO sus gestos en el alma con un sello de
arte puro, hondo y sincero. ,
Del grupo italiano que es el que logra cautivar más al público
de Mexico, yo doy mi preferencia a France~ca Bertini. Es la más
sobria y la más comprensiva. Tiene una belleza intelectual simbo•

Bucarell

Núm.

21.

Gabriela Robinne

Francisca Bertini

en el teatro se consigue sólo a fuerza de un concurso cpmplicado
de situaciones y circunstancias. Tiene sus limitaciones como el
teatro las suyas; llegará, como su rival, a la perfección soñada, y
vivirá., en su propia esfera, ante sus apasionados y mudos espec•
tadores. Tendrá sus intérpretes como el teatro los suyos, y no se•
rá raro, antes bien moneda corriente, que unos y otros fracasen
al cambiar de terreno tras de haberse hecho aplaudir en el que le"s
corresponde. Ya hemos visto que las eminencias de cine que hoy
maravillan a los habituales concurrentes al mudo espectáculo. no
eran, por regla general, sino mediocridades en los teatros de Eu•
ropa, y a. diario contemplamos, muy por debajo de ellos mismos, a
actores Hm1tres que bao llenado con su fama los escenarios del
mundo.
Como antaño las actrices dramátfoas, las de cine despiertan ri•
valida.des entre los aficionados, y la Duse y Sara Bernardt han sido
aubatituidas por la Bertini y por la Ro bine. Negar que hay no•
bles R.rtistas entre los intérpretes de cinematógrafo, seria cerrar
loe ojos a la verdad. Sobre la pantalla, como antes en los tablados
del foro, y ante el mar o en pleno bosque, como antes entre los
baatidores y bajo las bambalinas, el arte se nos ostenta en la pantalla. maravillm1a con una realidad y un buen gusto que nos
anbyuga.n. Y nos vamos familiarizando con las actitudes de las
actrices que pa.sa.n en sucesión de friso animado por la pantalla
cinematográfica.
De esas estrellas rondas, juzgo a Asta Nielsen la má.s completa
en arte y facultades. De una delgade-z inverosími1, con un c.uerpo
que parece el de un adolescente, sin curvas 1 sin morbideces, que
le permite aparecer casi desnuda sin impudor ninguno, es la
6:nica. artista que no vence con su plasticidad, ni domina con su
belleza., ni sorprende con su elegancia. No hay sobre aquel cuerpecillo endeble sino dos ojos enormes que ella agranda todavía
con ojeras pintadas, profundos, .expresivos, que lloran, que ríen,
qne guardan como ningunos el enigma de lo poético y el secreto
de la. tragedia. Es la artista más ágil, más cambiante, más amplia
en recursos, más natural en sus actitudes. La hemos visto en pe-

1

¡

a::·:·;·. . ~·;:·~. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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D~:~:::ela: f:~:as
0

l !,

PEGASO

Susana Grandais

}izada en su frente que de seguro guarda alguna cosa. Es elegante
y fina en la comedia, y a cada paso nos sorprende c.on momentns
de una gran intensidad dramática. Es el suyo un arte de aristocrs.cia y un arte consciente.
Pina Menichelli es la más discutida. Hay moti vos para ello.
De una espléndida belleza, admirablemente formada y sabedora
de que vencerá con sus gracias personales, es la actriz de la uposen,
a veces del efectismo de brocha gorda, sin el sentido de la proporción, sin la noción definida del buen gusto. Pero hay que convenir
en que hay instantes en que nos sobrecoge con su arte sensual y
perverso y en que posee el filtro mágico de la seducción pecaminosa. Viste irreprochablemente, y, sobrE! todo ¡es tan bella!
Lyda Borrelli, nuestra amiga de hace pocos años, es otra de las
mimadas del público. Como la Menicbelli, es inclinada a las acti•
tudes de nposen fotográfica y tiene estereotipado cierto gesto y usa
de ciertos ademanes que dan a su trabajo una monotonía desesperante. Yo lo achaco a. que no sabe todavía moverse -a sus an•
cb•as dentro de la mi mica purR.. Ya lo aprenderá, porque es actriz
de talento y tiene una sugestiva hermosnra. Por momentos nos
enea.uta v nos convence.
No m0 gusta Hesperia. Tiene una belleza. sin finura, viste con
elegancia de maniquí y es de una incomprensión constante. En
sus mejores escenas no pasa de discreta. No obstante, tiene su
grnno de admiradores. Ellos sabrán por qué.
Vera Vergani ha sido una revelación m'uy reciente. No tiene
la helleza de sus rivales italianas; pero es interesante. Conoce la
escena. Estoy seguro de que se ha impuesto en las únicas dos pe•
lícula.s que le hemos visto en México.
Los partidarios del p1tsiooalismo italia.no que rompe con fre.
cuencia toda mesura, tiene por frío el arte cineniatográfico fran•
cés. Tal vez no entiendan mucho de matices :1os que tal piensan.
Para mí Gabriela. Robine es una actriz de supremo buen gusto y
ae talento indisnutible. Ninguna de las estrellas de cine le aventaja en belleza. Viste con elegante distinción y es de una sobrie•
(Sigue en la pá,qina 15).

Vivir

unas

¡

SOLO tN SAN ANGtl INN.

horas

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12

CINE

xz.co. Departamento Editorial de la Direcci6n de las Bellas Artes. 1917,
en 8'!
E~ un pequefio vulumen de elegantísima presentación acaba de

DR.
la.

El cine ha entrado en .el arte con derechos indiscutibles desde
que no es tan sólo el drama menguado por el silencio sino una
manifestación estética que ise aparece en terreno propi~ y con sus
característica.iJ esper.iales bien definidas; desde que el verismo del
paisaje se sobrepone a. los convencionalismos del palco escénico¡
desde que la fotografía nos asombra con sue ilusiones admirables·
desdequerealza el gesto y sintetiza en un adem.án sin tacha lo qn;

DE

ALBA HERRERA y OOAZÓN.-EL ARTE MusrcALEN Mtxroo.
~n~ecedentes. -El Co~ser?atorio. -Compositores e intérpretes.-Mé

y Galo Sáenz, en 8? -El libro cuyo nombre encabeza esta nota es

SANATORIO

ESTRELLAS

,

13

�El domingo por la mañana y ante
una muchedumbre que ioundóporcom•
pleto no solamente las tribunas, toldos
y pista del hipódromo de la Condesa
sino que se agolpaba compacta al alam:
bre que lo rodea, se verificaron las
anunciadas carreras de automóviles
primeras de la serie d~ cinco que se se:
guirán verificando cada domingo. Parece que el hermoso deporte del automovilismo empieza a despertar del
prolonga.do letargo en i::¡ue ha estado
Rumido desde hace ·mucho ~iempo no
faltando por desgr~cia la nota trágica
de la que ya se ha ocupado ampliamente la prensa diaria, originada por un
alcance que le dió un coche "Packard" de la tercera categoria a un
npeerless" de la misma en una de las
Cll~V'l.lól ,

En la primera carrera recmltó vence-

dor el coche "Humber," marcado con
el Núm . 2 y piloteado por su propietael Sr. Luis Ibáñez.
La segunda fué ganada por el auto
N6n . 2. "Pa&lt;'kard," de la propiedad
del General J. A. Acosta, piloteado por
J. Borneo.
En la tercera carrera salió vencedor
el Núm. 6, marca "Lancia," piloteado
por su propietario el Sr. Juan Cabazza.
Hay gran animación por asistir a
las próximas carreras en que competirán coches de gran potencia y que promete ser sensacional.

tener el triunfo y comenzó el juego
muy animado, habiendo tenido ocasión
de aplaudir hermosas jugad1s por ambos lados, creciendo a cada momento
la animación entre jugadores y espec
taciores.
Durante todo el primer tiempo estuvo dominando Mixcoac, que se mantuvo constantemente en el campo enemigo y tiró repetidas veces al qor,,l parand~ muy 1;&gt;ien el porte!º de Tacubaya.
El primer tiempo termmó sin que ninguno de 101:1 equipos se anotara ~ingún
tanto,
Al reanudarse el juego, varió de aspecto por completo, pues sin que hayamo~ comprendido la causa, el «Mixcoaci,
,ifloJÓ notablemente en su ataque jugan&lt;lo_ con inc~eíble apatia, lo qu~ no
pll.Só tnadverttdo para los contrario1:1
que los tuvieron dominados. Sigue~
apáticos y flojos, se adelantan dema
':liarlo sus medios, hacen lo propio las
defensas, les toman la bola los de uTa&lt;'nb¡¡ya, 1:1e les adela.ntan y Fin que na-

*

* * y ante nume~
El mismo día también
ros&amp; concurrencia., se verificó el anun·
ciado encuentro entre lqá do(! Teams
1tMixcoac&gt;1 y nTacubayan, cuyo resultado se verá más adelante.
A rnhn~ eqni¡10&lt;1 ih:rn clf'&lt;'i&lt;lirfof. R, oh•

die se los impidiera la llevan hasta
goal anotándose su primer tanto.
Los del 11Mixcoacn no escarmien
sino que continúa~ con sn mismo j
go floJo, y se repite, con pocadifer
cia, el mismo caso, anotándose los
cubayenses su segundo goal. Se al
que en uno de los tantos hubo n n
side no marcado por el referee, pero
nuestro concepto el ,,Tacuba.yan se
tó BU!í dos tantos en buen terreno
ajustados a las reglas. Ya para ter
nar el segundo tiempo, el uMixeo
parece que despierta y comienza
juego formidable, combinando admi
blemente y pasando por todos los o
táculos; y en cinco minutos meten
.bola al goal rebotando la bola fuera
rechazándola entnnces el portero

Mayo 10-E

5 de

~

, VARIEDADES

~

::
~

~/llllllllllllllllHIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIUIIIIIIIHIIIII\~
- ¡ CaDlarero ! Estas ostras son infames.
--Son fresquísimas, señorito, y además, yo no estoy dentro.

-Lo eual me prueba que no está usted en su sitio.

•••

-,Has salido bien del examen,
--Si, papá. Me han dado sobresaliente.
- ¡ Y qué te han preguntado !
-----Si era hijo de usted.

•••

- ¡ De dónde vienes ,
-De casa del sastre. He tenido que suUar la gota gorda para

hacerlo tomar el (linero.
- ¿Cómo es esoi
-El condenado quería más.

•••

Ge(león, al saludar a · una soiíorita a quien tom.a por casada:

¡ Cómo sigue su esposo 1
-Yo no tengo marido, caballero.
Y Gedeón, esforzando su galantería, rcpli&lt;-a:
-¡Cuánto debe sentirlo, el infeliz!

•••

- ¿Dime: si estu\·icra lejos de ti, ¿seguirías amándome?
-¡Vaya una pregunta! .J&lt;~stoy co11\"encido de que cuanto · rnás lejos estés de mi, más te he de querer.

uT,tcubaya)1, previo un hands.
bablerr..ente el referee no se dió cuen
de que la bola antes de rebotar bah
pasado la línea de goal y probablem
te a esto se debió que no co
tara el goal, pero si marc
el hands al ((Tacubayaii, ap\"
cándole un penalty, del q
resulta un tanto para el uMi1
coacn. Se arma con este m
tivo una tremolina entra
público, que es calmade
los jugadores. Continúa. elju
go, estando los del ((Mixco
hechos unos colosos, y a.n
de cinco minutos de! pri m
tan to se me ten al área pe
contraria, y tiran un °hoot for
mida.ble, que es parado m ·
tralmente por el portero
bayense; sin embargo no pu
despedir la bola con fuerza

CABALLERO:
No olvide Ud. que nuestros clientes se distinguen en sociedad y en la
calle por su buen cal zado.
1
Lo mismo lo pasará a
Ud. si nosotros le calzamos.

SEÑORITA:
Acabamos de recibir
nuestro calzado para primavera. Tenemos modelos lindísimos.
Venga Ud. hoy a escoger el suyo.

~\I IIIIII IIIIIIIUHIIIIIIIIIIII II III 111111111!1 IIIIHIII IIIIIIIHII 111111111~

ficiente para mandarla fuera de su área. Caen como tromba los
del c~Mixcoac11 sobre la meta y meten el segundo goal, quedando
el partido empatado, terminando pocos minutos después este
animado juego.
Con verdadero gusto hacemos constar que el uTacubaya)i, a.
quien censuramos pnr l!!U juego anterior, en esta ocasión estuvo
jugando con entero apego a las reglas y con toda corrección, no
habiendo notatado más falta que ~l hands que castigó elrreferre con
el penalty ya mencionado arriba.
Esperamos ta-ubién que el "M:ixcoac" se corrija de esa apatfa
que le censnramos en esta crónica, pues estando a su alcance
jugadas como hi.s que hemos aplaudido en otras ocasiones, es

imperdonable que sus jugadores jueguen como lo hicieron al
principio del segundo tiempo de este juego.
ºJunior" y "A. B. C.," en terrenos del segundo. Gana el
"Junior" por un goal contra cero.
Por la tarde midieron sus fuerzas por seg:nnda. vez estos dos
teams, saliendo vencido nuevam~nte el "A. B. C." que se presentó al campo incompleto y a esto probablemente- ae debe cierto
desaliento que nobmos ayer en a1guncs de sus iugadores.
Por parte del "Junior," admiramos varias , combinaciones y
.il!gadas realmente magistrales, sobresaliendo rnbre todos Abigail
en la defensa que jugó con la soltura y efectividad que le son
peculiares.

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TEATROS y CINES •:~~

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(Sigue de la página JS.)

dad incomparable. Huye del efectismo burdo, y en las escenas
culminantes de sus creaciones, tiene siempre a mano el freno
que evita la exageración de lo caricaturesco. Su fuerte es la alta
coinedia y el drama moderno. Su distinción corre parejas con su
hermosura.
Dejo para lo último a Susana Grandais. La hemos olvidado un
poco y con notoria injusticia. Ella personifica la gracia ingenua y
el encanto natural y sencillo. Nunca una upose1), nunca teatralismos de dudosa. procedencia, tal ve~ nunca una manifestación
su perior de arte excelso, y váyase lo uno por lo otro. Es la actriz
de la simpa.tia..
Asi va el cine, camino del triunfo, venciendo preocupaciones y
all anando obstáculos. Vosotros, partidarios del teatro, no· temáis.
No lleguéis a pensar nunca que la pantalla muda rompa los ídolos
del arte escénico. No creáis que {testo matará a aquellon, antes lo
perpetuará. por los siglos de los siglos. Este espectáculo moderno
y admirable no podrá nada contra Hámld, Peer Gynt o El Mágico
Prodigioso.

________________

EL CABALLERO AGUILA.

_.,,

-Hermano, ayúdame.
-Con mucho gusto te ayudaría; pero a mi ¿quién me
tiene los pantalones?
-He servido al Estado durante veintidós años.
-¡Y ha cobrado usted dmante todo ese tiempo?
--Sí, señor.
-Pues entonces es el Estado el que le ha servido a usted.

•••

-En todo soy metódico,-decía un guasón
oficina.- Siempre llevo en el bolsillo ci.neo
de los amigolil.
-Casualmente· los necesito. Haz el favor de
-¡Imposible! Si te los prestara, ya no los
llo a disposición de los amigos.

a un compañero do
duros a disposición
-prestármelos.
llevaría en el bolsi-

-

..........._.................. .......,-......................,,...........,,. ,.....,,,,,,. ,,,...,,,,,,,,,,,,. ,. ,,...,. ,,,.,........................

Comerciantes:
Acabo de recibir zapatillas, choclos y botas para señora. Ultima moda.
Ventas al mayoreo:
GUILLERMO VERDUZCO,
Edificio Banco de Londres y México.
Ventas al menudeo: GANTE 10.

14

P~GASO
PEGA.SO

15

�Nueva escafandra

V

ta con el procedimiento que indica nuestro grabado, y que
de,ia perfectamente limpios los frascos.
El limpiador de botellas se hace con una cadena no
muy gruesa, :fija al corcho con una al'gollita. La c3dt11a

La dama que luce en sus dedos o sobre la albura de
la garganta la maravilla de las perlas, rara vez se acuerda de dónde vienen y del peligro que cuesta extraerlas
del fondo del mar. Tal vez mu chas lo ignoran; tal vez
otras, pensando en los riesgos que el hombre arrostra
para. embellecer más a la mujer, sientan pasar por sus
nerv10s extra.i'ia voluptuosidad ....
Antiguamente, cuando la ciencia no había venido to·
da vía en auxilio de las débiles fuerzas humanas, la pesca
de perlas era muy penosa. A costa de prolongados aprendizajes,
ios buzos con~egufan
contener el a I i en to,
treinta, cuarenta se·
gundos, a veces más,
y en tau breve espacio
de tiempo exploraban
los bancos perlíferos y debe tener de 1trecho en trecho unos nudos de bramante.
arrancaban algunas os- Al .emplear el 'aparato" se echa un poco de agua calientras, para volver, aho- te en la botella, se pone un corcl10 con la cadena y se agigándose, a la superfi- ta bien.
cie. El producto era sumamente exiguo y el
pescador solía pagarlo
01\.RlCATURA EXTRANJERA
con su sangre en terri bles luchas con los tiburones que nadan cerca de los criaderos. La
historia de la indnstria
perlífera está llena de
esta clase de lances, en
queel hombre ha tenido
que disputar a las bes•tias marinas el escondi.
do tesoro de las aguas .
El in vento de las escafandras amenguó el riesgo y permitió la exploración de los f0ndos del mar en más vasta
escitla.
Últimamente se han hecho aparatos perfe~cionados
para este género de trabajos, que, conservando la forma
de las escafandras en uso 1 permiten a los buzos moverse con toda libertad dentro del agua, sin necesidad de
que les den aire desde la superficie, merced a un depósito que va renovando el aire que respiran.
La nueva escafandra ha sido experimentada con éxito.

NOTAS

AJEDREZ
PROBLEMA NUMERO CUATRO
POR

Gonzalo Basurto, (Dedicad.o a D. Goyzueta).
D 5 A D, A 2 R, A 4 AR, R 4 'l' R. Blaue,•.
A 7 A D, A 4 R, P 5 R, R 4 A R. Negra•.
l\fate en tre.s jugad¡¡s.

1

(a} Mala jugada¡ O O es lo mejor.
(b) Peor todavía, C 3 A era lo justo.
.
(b) Aquí lo mejor era J) 3 C p11ra camhrnr de D!im~s.
(d) El golpe decisivo. l\Iar.:,hall jueg¡-1, todit la pan.ida ~on una
sencillez y elegancia poco comunes. El blanco ya no tiene re1
medio.
(e) Está claro que si P x T¡ T 7 C j. segnidn._de •r x A .1- y ganan; pero 1\Ún era más concluyente T x A seguido de T 3 R.
.
(f) No bay manera de pimn el jttque de las nrgrns, pues_ SI
A 2 A, 1~ x A y gana. Una partida cort,a tan e!egaute Cúmo lmda por parte de Marshall.

Partida número siete

Por' el Club "Mariano Egulluz"

DEFENSA PETROFF

BLANCAS

NEGRAS

S-AUVHISKl

1\JAR~/1.-\LL

1 P 4 B.

10 D 2 A (&lt;')

P 4R
C R3 A
P 3D
Ü X p
P 4. D
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0-0
8 A 5 C j.
9 D x P
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11C3A?

11

2CR3A
3 CX p
4 CR 3A
5 P4 D
6
7
8
9

A 3 D
P 4 AD (a)

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p (t•)

R 1 A

12 p XC
13 Px A
l4 A 2 C
15 A x P j.
16 P x D
17 R l C
18 Ax c
19 'l' l AD
20 A 3 A
21 A 4 C /
22 Al D
Abandonan.

1
2
3
4
5
6
7

Nos ha sido participado que el club 11Ma.ria110 Eguilll'l», bsjó sn
cuota de $2.00 a $1.00 y qne está abriendo un torneo entren ñoade 10 a 14 años de edad, que promete estar muy lucido pues ya.
hay varios niños inscritos.

NOTAS SOBRE LAS APERTURAS
Para los estudiantes jóvenes por William Cook. Autor de "The
Synopsis of the Chess Openings" y "The Chess Player.s
Compendium .''

'

ex c

12 D x C !! (d)
13 C 3 A
14CxPC!'
15 R 1 'l'
16 A 6 T j. ·
17 c x n
18 'l' 7 R !
19 'l' D 1 R
20 'l' D 6 ,R !! (e)
21 'l' D x P
22 'l' 3 A (f)

LA APERTURA DEL CABALLO DE LA DAMA
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NEGRAS

1 P 4 R
1P4R
2 C 3 AD
Una bermoi::H. apertura, popular en la. última mitad de la paE:a~
da centuria. Hoy dfa no 8e juega mucho.
Las negras tienen tres réplicae:

Apert~ra Vienesa
2 C 3 AR (buena).•
Apertura Viimesa.
2 A 4 AD (r111::du1na).
Aperturit Vienesa
2 C 3 A D (la mejor).
Originadas de la tercera defensa de las negras re1mltan tres va-

riantes:

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J\UTOMJ\TICOS,

Pianos

Cometas con gomas.
Una cosa tan sencilla como unas gomas colocadas en las
cuerdas de una cometa, según se ve en el grabado, constituyen un excelente sistema pata que ]a cometa conserve

ELECTRICOS,
o
(X)

o93b

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-Desde que nos dedicamos al sport no necesitamos el médico. ¡Y fue el tonto quien nos lo aconsejó! . . . .

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Pianos /s cola
bien el equilibrio en los aires, porque las gomas regulan
perfectamente la tensión.
Las gomas pueden ser de las que se emplean para los
tiradores, y de mayor o menoT grueso, según las dimensiones de la cometa.

Para limpiar frascos.
Para limpiar botellas se emplea corrientemente ur. pl'ocedimiento qur consiste en echarlas un poco de arena o
unos cuantos clavos y agua y agitar todo; pero a veces
encsta trabajo s~cm· la arena o ]os clavos, cosa que se evi16

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(Continuará.)

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Pegaso, Revista Ilustrada, 1917, Tomo 1, No 4, Marzo 29</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>Urueta, Jesús 1868-1920, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>"Susana."
Modelo, creación
nuestra, que será
este año la última
palabra del buen
gusto y la comodi•
dad.

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de Londres.

NUM. 3

MÉXICO, 22 DE MARZO DE 19 17.

..

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PEGASO

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REDACCIÓN:

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Saturnino Herrán.
L1'arnlro Izainirrc.

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GERENTE:

GRABADOR:

•Jesús B. González.

Ah-arez Tostado.

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Alfonso l'runeda.
Carlos González Peña.
Genaro Garda.
Amado Nerrn.
Carlos Laso.
Ignaeio B. del Castillo.
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Carlos Díaz Dufoo, jr.
.José )l.ll Chacón v Calvo.
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Enrique Fernández Grnnn,los ,Juan H. I1;"1tíniz. •
Arnulfo Domíngnez.
E,luardo Pallares.
.T. LcípPz Portillo y Rojas.
Alberto \'ázquez clel ;\[ercado Enrique Santibáñez.
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Alba Herrera y Ogazón.
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206

�IV

PEGASO

LA CASA TARDAN

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1

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MEXICO, D. F.

Registrado como articulo de segunda clase el día 9 de marzo de 1917.

. .. . . .

. . . . . . . . ..........................,. ,,. ,,,,. ,. ,. ,. ,,,,,,,.,,,......

... .

.,..,__.,,.., , _, ,, ,,,,,,,,,,,,,, ,, , ,, ,, ,,.,, ,,,,,,,,,,.,,,,,,, ,,,,, ,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,, ,,,,., ,,,,,,, ,,.,, ,, ,,,, ,,.,, , ,,

MEXICO, D. F., 22 DE MARZO DE
,, ,,.,
,...... ,, ,, , ,.,, ,,,,.,,,, ,,,,,.,,,, .-.,

.. . . ...................

,,,,,,,.,, ,

... . ... ..

....

1917

. ................................

NUM. 3

,,,,,,,,,,

. ,,,,,,,,,,,.,,. ,,,,,,,,,,,,,,,,,,. ,,. ,,. ,...........

l!JSl~
...J•li!Jellil@lelelelele!l~~-Je!li!le!!

-1-~@__,~~~~~!!~~~,-C A
UNA SEÑORA QUE HIZO VERSOS.~--POR, ENRIQUE GONZALEZ MARTINEZ
Una de estas tardes de viento y de polvo, mientras pa•
seaba sin rumbo por las calles de la ciudad, tropecé de ma•
nos a boca con un recuerdo. Un amigo a quien quise de un
modo entrañable, solía tropezar con las miradas. Era fre•
cuente que una de ellas lo apartara de mi lado, mientras
discurríamos de prisa enredados en animada conversación,
y cuando yo volvía el rostro para buscar a mi acompañan·
te, lo divisaba a tre!:'. metros de distancia, absorto en una
contemplación extraña. Su disculpa era siempre la misma:
&lt;perdóname, tropecé con una mirada&gt;. U~a vez, ya hace
años, sufrió el choque supremo con los ojo,s fascinadores
de la Pálida, y se quedó clavado para siempre ... . He de
hablar algún día de este amigo, casi 'g enial I que nada hizo
ni escribió nada que merezca la pena de recordarse, y que
tuvo y conserva el maraviJloso encanto d.e las almas iné•
ditas.
Los recuerdos con que suelo tropezar, me vienen por una
rara y misteriosa asociación de ideas · disímiles y, tal vez,
antitéticas. Así sucede que el paso de una · murga callejera
me trae a la mente el recuerdo de una novia, y la vista de
un señor gordo que balancea su insignific'ancia ostentOsa -.
en un coche de bandera azul, · me hace recordar una ·estrofa
juvenil olvidada. La vida está llena de sorpresas extravagantes, y por eso la amamos y la vivimos. Esta tarde de mi
cuento, no sé si un rapaz de diez años que se acercó a pe•
dirme la lumbre de mi cigarrillo, o el estrépito de una manifestación electoral, me hizo recordar a una señora que fue
mi .amiga y que hizo versos en su juventud
Aquella amistad no la enturbia la más leve sombra de
pecado, y acudimos ambos al terreno de las más íntimas
confidencias, sin' sortear el peligro de una pasión «abogada
en la Cuna&gt; o sacrificar nuestros ímpetus en aras del &lt;:sagrado deber&gt;. No tuvimos para qué esconder nuestros ha•
bituales paliques de la mirada celosa o suspicaz del marido,
un campesino bestia, bonachón, rico y casi guapo que la
quería a su modo y cumplía como Dios manda con los elementales deberes de su cargo. Cuando él entraba, ~in pre
vio anuncio, en la salita que era testigo de nuestra charla, ·
nunca se vió forzada mi amiga a retirar con presteza el pie
y esconderlo debajo de las faldas, como tampoco tuvo que
abrochar con discteción y disimiilo los botones de su blusa
almidonada y albeante. Fuimos sencillamente amigos, y
seguiríamos siéndolo s.i el tiempo, la distancia y mi pereza
epistolar no hubieran sido obstác1,1lo para nuestras relacio•
~es. Ahora mismo que me traslado en espíritu a aquellos
lugares, siento qué mi corazón no ha cambiado. Tampoco
vaya a suponerse q.ue mi amiga era fea o vieja. sino de muy
buen ver 1y apenas c~rcanfl a los treinta años. Yo tenía en- tonces veinticuatro, y ya se sabe que cinco o seis años d.e
diferencik en favor de la mujer, son un incentivo para las
grandes ligas amorosas. La mujer siente el indiscutible

prestigio de su sabiduría pasional que la transforma de
poseída en poseedora, y el hombre saborea el orgullo de
tener en las. manos, no la prenda hurtada a la inexperien·
cia, sino la dádiva consciente de la plenitud responsable.
Pero nosotros fuimos sólo amigos, y puedo hablar del caso
sin guiños de ojo ni reticencias equívocas.
La familiaridad del ambiente provinciano puso tn contacto nuestras almas, y fuí de sorpresa ~n sorpresa descu•
briendo en el espíritu de mi amiga, delicadezas nada comunes, modos personales de ver las cosas y una percepción
sutil de lo que· no se halla como muestra en los escaparates
de la vida. Su romanticismo espontáneo y natura} se ate·
nuaba con un buen gusto iñstintivo, sin perder la caracte•
rística de su sexo y sin que un delicioso ambiepte de ferni·
nilidad dejara de flotar en sus divagaciones. Nuestras plá·
ticas se iban cada día por te!'re.nos m~n,os frecuentados en
conversaciones con mujeres, y se fue formando entre nos·
otros una neéesidad de comunicacióri espiritual que estre•
chaba más y más la estimación mutua. Per,o mi descubri•
miento vino más tarde. · · · · ·
Un libro de versos que puse en sus manos para. ratos per•
didos, provocó la confidencia. Ella, mi •amiga, había hecho
también versos en su juventud. Confieso que experimenté
un estremecimiento d€sagradable con la noticia, y abrigué
temores fundados de que nuestro idilio amistoso terminara
con la más repugnante cursilería sentimental. No sé si ella
leyó t'-l miedo en mis ojos, pues se dió prisa en protestar
que no incurriría de nuevo en aquellos desvaríos juveniles.
Mis tranquilo con la protesta, me atreví a rogarle que ·me
mostrara sus poemas, y ella lo hizo con la sencillez de quien
está libre de presunciones literarias y casi con la naturalidad de quien muestra ohra ajena. El caso es que puso en
mis manos un cuaderno en que había borron€ado sus poe•
mas, y noté en la ·sonrisa que acompañó la entresa una ingenuidad encantadora, He dicho que mi amiga ejercía sobre
mí indiscutible influencia, y a eso se debe que la lectura de
sus poemas haya sido a mis ojos más impresionante que lo
que la obra mereciera. Versos como los que leí habrían pa.
sadO inadvertidos si los hubiera hallado en las páginas de
cualquier revista.literar:ia; pero confieso que 'en aquella ocasión dejaron en mi espíritu una r·esonancia qu'e sól~ el tiempo lqgró hacerme olvidar.
Ya dije'que mi amiga tenía el alma romántica, y los v€r&gt;:
sos que entregó a mi lectura delataban su actitud espiritual
sin tapujos ni componendas. Eran versos tristes, llorosoS, ·
en los que la idea de la muerte era como tema central y en
que el desencanto de la Yida engañosa surgía de la emoción
despertada por los objetos familiares. Porque la autora de
esas rimas sacaba sus inspiraciones de las cosas que tenía
al alcance de los ojos, ignorante de que toda sensación ha.y

PEGASO

1

�,

Se fue la noche, y al llegar la aucora
para. decir a mi dolo1· •ya. es hora-,
abrió los ojos del forzado dueño:

que tamizarla en el espíritu para transformarla en belleza.
Recuerdo de una estrofa del poema en que hablaba de un
ciprés que se erguía sobre las tapias de su casa:

................................. -

¡~

y lo miré alejarse distraído,
sin sospechar siquiera qt:re ha dormido
toda la noche, entre los dos, mi sueño.

Este ciprés vetusto donde zumba
un viento de agonía, me parece
que es un amigo pósttr.mo que crece
al borde de mi vida y de mi tumba.

Y esta otra en que habla de seguro de sus íntimas triste•
zas conyugales:
Mi alma el oído a la ilusión entrega:
siente una. voz que suena en lontananza
y se dice: ya vienes, esperanza ....
Mas cuando sale a abrir .... es él quien Hega.

Sólo guardo íntegro un soneto que copio:
Acurruqué mi sueño en la almohada,
maté las luces y entorné la puerta;
a.si ningún ruido lo despierta
ni puede sorprenderlo una mirada.
Aguardé entre las sombras la llegada,
-con alma libre y corazón alerta de quien me oprime entre sus brazos muerta
a 1nerza. de tenerme encadenada.

i

Eran, por todo, unos veintel!}oemas, algunos mejores que
los trascritos, y que siento no recordar. La retórica, bien
se ve, es pasada de moda, la versificación deja mucho que
desear y la obra adolece de un conceptismo de dudoso gus•
to aun para su tiempo. Ya entonces se empezaba a usar
&lt;añoranza&gt; y &lt;tramonto&gt; por algunos poetas y estas palabras habrían prestado verdaderos servicios a la rudimental
técnica de mi amiga.
Tuve el acierto delicado de no rogarle que insistiera en
versificar, y la dejé guardar noblemente el fugitivo sueño
de poesía que habían provocado sus propios dolores.
No cometeré la indiscreción de dar a la estampa su nombre,
hoy que debe ya de ser vieja y andará buscando una buena
coyuntura matrimonial para sus hijas casaderas. Guardaré
el incógnito y la dejaré tranquila en la paz provinciana que
ha'brá dado conformidad a su espíritu inquieto. Así ennoble•
ceré la memoria con que el acaso me hizo tropezar una de
estas tardes de viento y de polvo.

....................................... ,., .•,.,,.11.,,.,.,, •• ,..,.,, •.,.,,., •• ,.• ,•• ,.......,..1•,1• .. ,,, ...............,,.,,,, .• ,.,, .......... ,•• ,.,,., •.,...........,.,,.,,., .. ,••,., ..............,.,, ............... ,,., .....,.,,•.,.,,.,, .... ,•• ,.......,••,••,..• ,........ ,.,,.,,....,,., •. ,•. ,_

LA FLU.:M:ADE GANSO
F'OR

MARIANO

SILVA

Nil a.dm;rari.
TIORACíO, EP. I, Yl,

En todas las 'regiones del golfo de México estaban esperando el fin del mundo. Los grandes peces y las sirenas se con.solaban mutuamente antes de que sobrevi~
nie.ra la tremenda catástrofe. En las salientes más agu•das de los granados bancos de coral se prendían lánguidamente las algas marinas, llamando a los caracoles y a
las ostras para templar so gran miedo. U □ a ballena joven, aconsejada por mil peces de luz, trepó de súbito a la
cresta más alta de u □ a ola; desde allí maldijo de N·e ptuno, y luego se hun&lt;lió estrepitosamentP, dejando una
mancha de espuma. Esa locura suspendió tudas las convers1tciones y los ojos redondos de los pulpos se abrieron desmesuradamente ....... Fuera del mar, el mundo
pare'.!ía sonreír como siempre, satisfecho de su exii::.ten~
cia. Las aladas gaviotas y el albatros se mecían alegremente jugando con el movimiento de las olas.
Un delfín malhumorado por sus innumerables años
fue el autor de la noticia. Vais a saber cómo.
Se despertó un día preocupado por saber el paradero
de su prestigio ornamental en el arte de los hombres,
y se atrevió a dejar su cavidad submarina que durante
siglos habitaba. Así salió a la superficie tomando toda
clase de preca.uciones para no traicionar la prudencia de
sus ojos y todo un día anduvo recatado muchas leguas,
procurando saber algo. Su dorso brillante sintió varias
veces la caricia viva del sol y otras tantas las aguas se
juntaron encima. Ninguna información pudo tener dentro del mar que le dejara satisfecho. Todos los habitan·
tes del Golfo le daban con mucha cortesía las respuestas más vagas.
Ya empezaba a sentirse victima de una idea senil y a
agitar nerviosamente su cola rosada, cuando llegó muy
cerca de una isla fértil, en donde vió, a la orilla del agua,
un grupo de gansos que discutían con grande animación. El delfín se acercó resuelto a interrogara aquellas
aves por haber leído en sus modales una gran familiari·
dad con los hombres, desconocida en el mar.
U no de los gansos, inclinando el cuello hacia los demás
y alzando ligeramente las alas, les llamaba su atención
sobre una gran ploma blanca, ennegrecida en su extremidad más gruesa, que tenía en el pico otro ganso solem11e, con aires de secretario, y les dec/a en tono equivalente al que pudo tener Cicerón en su primera catilinaria.:
2

1.

&lt;No apartéis los ojos de allí y la seguridad de nuestra
existencia será cierta. No puede tolerarse que los hom·
bres usen de nuestras plumas para escribir, en vez de
adorna.rse con el1as. Con esa pluma que os he traído se
han cometido actos repugnantes, tales como firmar tra·
tados de amistad dos pueblos que se odian y escribir
versos bucólicos en honor de un general. La negra tinta
como veis, ha roído sn extremidad más gruesa y cubierto
con inmundicia las luces nacaradas con que nació. Esa
pluma, aunque apareciera inmóvil entre los finos dedos
de un retrato, por nadie será apreciada ya en si misma,
sino se la convertirá torpemente en símbolo de la sabiduría, con lo que perderá todo el porvenir que la esper~ba, sirvienuo para embellecer el tocado de los boro·
bt·es. Y, cuando además de este error fundamental, en
un país como yo he visto ahora, se observa que todos los
habitantes escriben y publican, podemos afirmar, con
seguridad, que la especie humana acelera trágicamente el fin del mundo. Juremos, pues, en nombre de
la raza, defender nuestras plumas y esperemos con orgullo los ultrajes que vengan&gt;.
. .
El orador habló tan bien, que todos los gansos h1me•
ron sonar sus picos en seflal de aprobación, y el viejo
delfín, creyendo que el tiempo le faltaba, no pensó
más en lo que sería de su prestigio-ornamental en el ar·
te de los hombres, y se lanzó vertiginosamente a_r~correr
el mar, pregonando con toda su fuerza esas noticias.
... , .. ,, . . , .......................... ,,,,,,,,,,,,,,,,, .. ,, ... ,,,, ... , ... ,, .. ,,, .. n11Ht,IIC:&amp;11nn, ......... -

...- · - " " \

~

Ofrecimos pubffcar en este número las declaraclottes del
señor licenciado Urueta, 11bre la ~ran Guerra. El notable
orador nos las proJaell6 hace quiaca dlas y e1perába1R01
cumplir hoy nuestro propósito. Desgraciadamente, ocupaclones de carácter ltfge.11•, •~rltuu• &amp;U campaia alee•
toral, han Impedido al señor llceac:1-,. Urueta dedicar su
tiempo a ute aaUAto, y noa vemos akllta4os a .a¡plazar par.a
más tarde, la p•bllcaclón de tlln lat,r..ante flfllH.

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Historia Mexicana

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1¡

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i.

UNA VIRRSINA EN LA INQUlSICION
POR., ALFONSO TORO

Al finaliza,· el siglo :X\' [II, uo era yn In 'Santa Inqni8ición1 el temido tribunal r1ue el pueblo cm.:aeterizara en
el viejo )r conocido proloq~io de: con el Rey y la lnqu.isició11, chitón. El indiferentismo francés iba extencliénclose
por Espaíia 1 colándose a la 1nás importante lle sus coloniai;\ y los despreocupados de la N"11e\'a España, perdido
el respeto al Tribunal de la Fe, lo clescribfo,n ,en estos versitos1 que- no dejaban nada bien par'1clos a los s~ñ01:es in-

de ellos (1); y así se había observado en México; pero en
aquellos dfos se enconfu'uba vaeía la easa principal de la
Inquisición, pol' muerte ael inquisid"1' don Nicolás Galante y Saa:vedra, y como su excelencia la ,•irreyna tuviera que concnrri:r al balcón principal del edificio, para
ver la procesión de los 'l'eos penitenciados, -se procedió a
decorar y amueblar la oas~ "con rica$ colgach:rras, pantallas de plata y muebles exquisitos," y se preparó 1lll l!uquisidol'es:
c,1lento almuerzo para la ~~rreyna y su acompllllmniento.
Un Santo ('riüo,
Llegado el día de la visita, que fue el 2 de junio •dél
dos -cmtdelero&amp;
Tefericlo año, se presentó su excelencia en ,!J J)altio de la
Inquisición a las nueve y mecfia de la mall~na, acóm-paña'!J tres mrUar1eros.
da &lt;le su sobrina doña Ana Fernández de 'Posada, esposa
Corría el afio del Sefior de 1783 y acababa de cncargm·•
del fisca1 de lo Civil, de 11n gentil hombre, clos pajes, dos
se del gobierno del -virreynato el exalabarderos de custodia y so gnat·dia
celentísimo se-ñor don ]latías ele Gálordina1~a. Bajaron a reeibn· a tan lucives, que hahía llegallo a :l)1éxico acomda comitiva, hasta el pie ele 'la escalepafiatlo de su 1:'SpO"ia doña Ana ele Sa.
ra, los señores inqnisic101·es 1 acompayas y Ramos.
ñados de los ministros lhil Tribunal
de la Fe, en traje de gala con venera,
La Pi1·cunstf111cia de ser el nuevo vilos oidores don Francisco Jawier Gn:mlTt'Y hermano del ministro de Indias
boa 'Y don Baltasar Lail:rón de •Guey 'marqués de Sonora don José de
vara, consultores del mismo tribunal,
Gálves, que tan gran privanza disfr1.,1el alcalde de corte y el ijscal del er.itaba CCYll el l"f')' Carlos JII, hizo que
men.
todos los petsonajes, tribunales y corporaciones, se. excedieran e.n festejar
Reunidas ambas oorn.iti-vas, pasaron
n los recién llegados, no siendo d.e ]os
a la sala preparaila al efecto, donde
últimos en 1·endirles sus homenajf)-S
departieron amigablemente con -todo
el Tribunal del Santo Oficio.
el grave y cortesano ceremonial de la
Se preparó, al efecto, 1a celebración
época, basta qmi se dió aviso ae la sade un auto particular de fe en el Imlida de los reos. 'Dirigióse ent&lt;111ces la
pe-rial Convento de Santo 'Domingo,
señora virreyna til corredO'r a c:onacer~
para el clía primero de junio ele dilos, pasando luego a1 balcón a ver ·el
cho año i y según la costumbre admipaseo qne ,preceáía a la eje&lt;lllciém ele
tida y el cel'emonial ele la época, pas6
las sentencias dictadas el ifía anterio1·
el sccr&lt;'lario ele! Santo Oficio, don
en el auto de 'fe celebrado en Sattio
Juan :-Jicolás Abad. a invitar a los viDomingo. Ji'igtl'l'a'ba:n ·en la 'J)rocesión
rreyes a que dieTan, con su presencia,
trece reos, ae los cuales siete :i,01· bilucimiento al act.o; _pero como el seg-amos, dos por haberse fingido sMerñor ele Gál ves se encontrara f'-nfe1•mo
dotes, nno por haberse fngado de prede gota, se excusaron de hacerlo; aun•
sifüo. uno por b.aberse extraído 'la Hos,¡ue la virreyna 1 ([ne f:legún las crónitia de 1a boca, 'Ulla por prop¡,siciones
cas de la época, era bondadosa y sen"heréticas 'Y uno, a quien se 'había mno1cilla de trato en (.•xtremo, manifestó
clazado, por blasfemo. 'l'ban los &gt;minisESCUELA N, DE MEDICINA
vivos deseos ele conocer la Tnquisicióu.
tros del San:to Oficio. c¡ue no i!ran
EdUicio que en la época colonial ocupó
No eclrnron en saco roto el capricho
eclesiá~icos, en tr~je de ·gala 'Y a -cala Inquisición
_de mi señora doña Ana los inquisidolrn 110 esco'ltando ·a los reos qrre 1ttaréhares, y nl Uía siguiente, so pretexto a~
ban custodiados par veinticinco dravisitar a su excelencia el virrey, que aún se hallaba en cagones al mando ele un cabo, y s~guiaos por el ·v-erUugo, -prema por e1 ataque de gota 1 se presentaron en Palacio los
goneros, ñsicos :v Cll'ujanos --y gran cantidad de pueblo,
inquisidores don Juan Mier y \'illa1· y don Antonio Berque esperaba ansioso el espectáculo, de ver azotar ·a ms
gosa y Jordán, pasando a conversar con doña Ana, quien
condenados; pues todos ellos lo habían sido a doscienvolvió a manifestar el deseo Ue vrr la inquisición, ditos azotes y a vario8 afios de ·prisión.
ciendo gustaría ir el lunes siguiente a ver salir a los reos,
Luego que hnbo desfilado aquella procesión, pasó .la sosentenciados en el auto de fe, a la vergüenza pública.
fí.ora virrcyna con todo su acompaij.amientQ, .a visitar las
Deshiciéronse los visitante§_en cumplidos y cortesías, agrasalas del 'l'ribunal de la Fe, y estando en la principal de
deciendo A sn excelencia el deseo de co11cu1Tir a la Inellas, sacaton los señores inguisidor.es las llaves del , sequisición, y procedieron desde luego a .preparar todo lo 1creto del Santo Oficio y abrieron las puertas .del Cllncel,
conducente a la recepción ele tan distinguida huésped.
(1) Instrueeio:n.es _para la fundaci6n ae la Inquisición lnl- M"kico,
Conforn1e a los reglamentos Lle! San.to Oficio, en las caen el tomo "V de '' Documentos para la "Historia il.e Mb.rico '' ae Qe.
sas a él destinadas. debía haber un departamento para
h11bihtci6n de Jos inqTiiRltlon):-;: cuando mf'nos para uno

naro García.

PEGASO

P6:Gíiso

3

�declarando el inquisidor decano que suspendía la exco- que se emplearon en las sangrías. ¡ Beber es para treinta
munión en que incurríán los profanos que entraran en personas!
Sirviéronse: jamones, galantinas, fricandó de ternera,
aquel lugar, a fin de que pudiera visitarlo su excelencia.
pechugas
de pollo, seis caldos todos distintos, dos pasteles
Entraron luego en las salas del secreto, cuatro pasos sola-grandes, cuatro medianos. innumerables pastelillos de
mente, la virreyna y los inquisidores, quedando :fuera Pl
dulce, dos grandes quesos de Flanresto de los acompañantes, y salido
des, cinco tern1tes de aceitunas sevique hubieron, se continuó la visita de
llanas, uno de alcapart'as; platos de
las cárceles, casas de los inquisi9-obobo, bacalao, pescado blanco. alcares y demás dependencias del edifichofas. postre y arroba y cuarta de
cio de la Inquisición.
dnlces.
Vueltos luego a las habitaciones
Es t r banquC'tt'i ve1·dadera111ente
del decano, se sirvió en ellas un alga,rgantuesco, qur nos hace• 1·t&gt;lainC'rmuerzo de treinta cubiertos. Curionos los 1a bios y l1acer agna la boca
sas son las cneutas de lo que costó
:t su sola lectura, uo costó más_ tlL!''
ese banqnete, que se conservan entre
trescientos nueve peRos tn•s n'nleR.
los papeles del Santo Oficio, en la Biblioteca del Museo N amoual; tanto
i Dichosa edad aquc•lla en qnc a 1an
poca costa po¡:l.ían nuestros abwc.los
porque nos dan una perfecta idea
d.e lo que era un banquete en aquedarse el gusto de un indigestión!
Concluida la comida ~- clp¡;;pués de
llos tiempos, como · también porque
reposar en el estrado aquel ga ndea•
sirven para entablar comparaciones
;n,us. la señora virreyna, casi al mesobre el valor de los víveres y caldos,
en aquel entonces y en la actualidad.
dio día, se despidió ele los anfitrioEl aspecto de la mesa era verdanes, tomando su coche en el mismo
deramente suntuoso, por la gran canpatio de la Inqnisición , adonde batidad de piezas de plata que figurajaron a despedirhl los señores inquiban en el servicio, el enorme ramisidores, cornmltores y ministros del
llete de flores artificiales que ocupaba el centro y las muchas esparcidas El Exmo. Sr. D. Matias de úálvez y Gallardo Tribunal ,le la Fe.
,Así crlt•bró éste, la visita de mi wen otros sitios.
fiora
excelentísima
,
doña
Ana de Sayas y Ra111os: quedanConsumiéronse dnrante el almuerzo: diez v ocho bot3llas de vinos generosos seis de Burdeos, didz ~..- ocho de do de eUa tan satisfecha ]a yirreyua, ltUr- r¡.o h1vo empaCa;lón, doce de _Jerez ;. dos docenas de .f rasqlútos ele r é- cho en decir en Palacio: qur en ninguno ele los públicos
solis (2). Esto srn contar con tres botellas más de Carlón agasajos, qlle le habfan hecho las corpora?io1ws. de l~ ciudad de "Thléxico, había estado tan complacida, 111 habrn co·
mielo tan gusto.
(2) Resolis o rosoli. bebida hecha &lt;'0}1 ;;i,g11arrliente. ar.(war. 1•ime·
México, &lt;1iciernhre de 1916.
la y otras especias1 y teñida casi siempn&gt; &lt;le &lt;•olor &lt;le 1·osa.

DE ANDRES TERZAGA
Leo de nuevo "El Quijote," _y se despiertan en mí.
para redimirme de las ruinas diarias1 la buena risa
la piedad, la ternura,, el fervor, el respeto, m1 in~
menso respeto. iie colma no sé que loco orgullo dP raza; me visto de no sé qué loca dignidad: reparto perdones y bienes y castigo injusticias; me m-mo caba1le11:,
bajo los milagrosos cielos de florecidos ~ilenrios; lflealizo mi dama hasta la levedad del suspiro y mP sif'nto Célpaz de orar y bendecir; me parece 1'f'Rcatado1·a la bru•
talidad irreflexiva de mi lanza; me creo con la boca an·
ciana de consejos; hago de mis sueños 11anura.c;· manchegas, y de cada pensamiento una temeraria aventnra 1 ~de cada sombra un gigante a quien matar: me empurpuro de entusiasmo _,. me solemnizo de tristeza: alargo
mi mano, lirio de seda, para acarieiar la cabeza de Sancho, ese mal filósofo de buena entraña ; lo doy todo: birnes y corazón. Y ya conclnída mi aventura, qm• fne honor y justicia, y mi deber, que fue resignación :,.· hw
amor, me voy lejos, muy lejos, a mi patriall a descansar. Me voy convertido en un par de alas, en un trasunto de nube, en un cuerpecito de pluma, en una columnita de éter 1 en nn te-mhlor dP. Tezo.
Tenemos maestros--¡ tantos !-que se pasan la vida Pnseñándonos a ignorar, y tenemos ignorancias qn _i·- JJO!i
confortan como• maestros.
He aquí una verdad muy común y muy· saludable:
Pasamos la mita,d de nuestra vlfl:.1 aprendiendo muchas cosas 1 y 1a oha mitad tl'atando enJ: vano de comprender lo que aprendimos. La .muerte ·nos somrendr
convertidos en niños de prll:Q.erai:; letras, encorvados so•,
bre la 11rimera ca ,·tilla : a, b, e. , ..... .

No hay enfermedad más te~ible que la fiebre de confesión. DevoTa como el -fuego, nos entrega maniatados
a. las pedradas· públicas, ·y hace que saquemos a la puerta. el cajón de la basura. ·....
Toda la mujer, incluyendo el sexo, reside en sus
ojos. Mejor dicho: en la mirada 1 en a(luella luz dulce o
terrible, pálida o ardiente 1 1bienhechora i.o m~n1.al, que
la poseedora parece aumentar o dismjnuir a: voluntad
de un juego niisterioso; en aquella mirada que la inunda de pies a cabeza cnvo~viéndola en un v_elo sutilísimo.
~adie sabe la postergación o el ascenso que allí le espe•
ra, el alba o la noche que perpetuarán sn ángel o su
bestia.
En presencia de una mujer hermosa nos invade a me•
nudo algo como un vago temor. És un sentimiento indefinible el que se posesiona de _;. .nosotros &lt;'11 s11 presencia: repulsión instintiva, poniéndonos en guardia ante
lo desconocido que hay en ella~ atracción animal, · casi
preguntando los deleites de un posible ayuntamiento; admiración de artista por el arco inefalJle de las cejas, o
pQr la noble recta de la nariz, o por la \\állardía. del busto, o por lo diminuto &lt;le! pie. . . . . .
·
Recuerdo muchas lecturas, muchos autores, muchas sugestiones. Recuerdo nnos ojos inmensos y asesinos, negros
tle toda negrura, por los cuales me sentí hombre. Pienso en el pobre Maupassant: "la mujer con los brazos
t.endirlos y la boca entreabierta. es un cepo donde se preeipita e-1 hombl'e." Pienso 1.:'ll Schopenhauer-tan calurn·
niado como mal comprendido-y en Reine y en Nietzsche
y en una conversación de Alma-Fuerte. Pienso sobre to_ do, en los Padres de la Iglesia, que son, a mi juicio, los
1¡ue supie,·on -ver mejor a la mujer ..... ,

PEG-ASO

~ UEMf\5 íllE.UíTD
DE ENRIQUE .FERNANDEZ LEDESMA
A LA QUE HA DE VENIR.....

ERAS COMO UN PERFUME •..••

¡Dónde estará. la que en mi üJa inquieta
r~gará su perfmue7 1,En qué lejana
~m?a?, en qué país, en qué secreta
mtmudaU alentara su cspfritu i ·
¡Bajo qué soJ descansará. su sombra
men?cla y g1·ácil?. ¡Bajo qué ,cntana,
-1ruentras su labio nombra
un romá11tico anhelo-harán labor sus manos?
¡En cuáles horizontes y en qué cielo.
y eu c_uál inexplorada lejanía.
se perderán sus ojos-? ¡ En qué vago
malestar de inquietud
se incendiará, con f11~go deleito,;o
su cándida y paciente jm·entnd !
¡ Qué gesto bondadoso,
qué sencillez tranquila. qué eficacia
providente tendrá parn las rosas
humildes? ¡ Qué perfume
de candor y de gracia
envoh-erá el recato de sus horas'l
¡, Cómo será? ¿, Qné pensará, ¡,Qué \'Oces
seel'etas y sonoras
ag:itarán las ,·oces de su júbi1o
en un ril:meño y diú fano poema 't

Yo c:1cud1abu. tu risa.
la tarde vac.ía y oncaJrna&lt;la
Je aquel domingo de provincia. Siempi·e
reias, aunque hablaras
de solemnes protestas
o &lt;le 1a. lluvia .... Ibau tus palabras
en nn vaivén confuso
Je temas incoherentes
o .de efusivas pláticas,
nuentras tu personilla
se engreía, confiada
a mis hipérboles admirativas.
011

Así, bajo la palma
Je ramajes exót1cos
y de frescura pródiga; me ,Jabas
fa. sensación inquietadora de esos
novísimos perfumes : una ráfaga
de emanaciones desvaídas; una
ambigüedad desconcertante; rara
fusión de vahos singulares; pérfidos
efluvios irritantes
de un dulce capitoso,
de un ácido incisivo y crüel, (hasta -·
para un olfato irónico .. -.. )
Tenía
ese agridulce equívoco
tu juvenil fragancia.
Así eras tú: desconcertante, ilógica,
enerYante y voraz, maligna y casta;
inquieta y débil, acuciosa y tibia,
tormentosa y pueril; a veces diáfana:
una cómplice mezcla de dulzura
v de acidez picante .... Así me dabas
la impresión de un perfume
de lúbridas tibiezas desmayadas;
así, radiosa o gris, fúlgida o tenue,
dulce bajo tu frente, circundada
por la corona fértil y salvaje
de una pomposa mata
de pelo negro y cruel ..
Horas leja.nas,
horas en que aspiré todo el aroma
üe toda tú .
i Qué queda de la ráfaga
enervante y eqnlvoc.a
de tu alma .... o

Señor : si acaso existe
para mi vida la bondad suprema
Je su Yida; si en una transparencia
de lealtad me ofrece el dón precioso
(le su feminidad; si el generoso
fulgor de su presencia
es reservado para mí, que espero
con fe el alto minuto de mi ,·irla.
ampara esa existencia
Señor, esa existencia que ya quiero.
y a cambio de su dádivR &lt;le a.mm\
deja, en mi escepticismo
un süaw y recóndito temblor
de bondad, una sombra de frescura
y un eco de candor
que se diluyan en su ,·ida pura.
Y a través de la lírica distancia
en que mi heroico anhelo se consume
encuentro mi inquietud · su resonanc&gt;ia'
en la Amada lejana,
y en cambio de ese· d.ndido perfume
ofrezca yo mi resto de fragancia ....

TODA LLENA DE GR.\CIA
A Jes·ús L6pez Velarde.
Bendice a la que uu día
ha de amarme; bendice su alegría,
bendice su dolor·;
hazla como el poeta lo decía:
1
'
toda llena de gracia, c&gt;omo el Ave :Marín. · ·
toda llena de amor;
con el alma templada para la melodía
de su mundo interior,
·
y explorando, animosa, la senda de la vida
por donde al fín habremos ele encontrarnos los dos?
PEGASO

�EL ZAR NICOLAS

11 INTIMO

eepeionee oficiales. Se ha ensellado al niñ.o a be11decir, después rle

UN RELATO DE PALPITANTE ACTUALIDAD

.....,.............,,,,.,,...,,.,,.,,,,.,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,........,,,................,. ,,......,...,......,........ .....,.,,,,.,............,......,.........

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1

La rá~ida revolución que a.caba de reghtrarse en Potr~grad y en ~lgu.
nos otru puntos del vasto Imperio ruso, dan palpllanle , actualidad al
brillante relato que hoy ofrecemos a los lectores de PEGASO, acerca de
la Vida privada.de la· familia Imperial de los Romanoff, alrededor de la
culll se ha !armado una leyenda que eiertamente eslá muy lejana de la
realidad. En los curiosos datos que publicamos, encontrará el público

,

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;

::.~:::~::::::::7~:.:;:~:;:_:~:::::.::::t•:::::

¡¡,,,,,,,,.. ,,,,,,,,,, .. ,.. ,,,, .... ,,,.,, ...... ,•• ,.......... ,,, .. ,~.. ,... ,.,,,,,.,,,,,,,, .. ,,,,,, .. ,, •• ,,,.,,,,,,,, .. ,.,,,, ............. ,..... ,,,,,,,,,,,.,,.

El día de trabajp del Z_ar comienza muy
temprano.. .;:\.. las ocho, y algunas veces
antes, la vida del palacio llega al máximo. A las nuern, el Emperador concluye su primera comida, muy
frhgal, y se dirige directamente a s.u gabinete d~ trabajo, para leer
los diarios de la mañana y la , corresnonclencia. Sobre su escritorio
e.1,mentra el programa del día, en donde se resume todo lo que debe ocupar su atención, escrito en un can\at-ealan,dario, que siempre
está colocado al alcance de su mano.
Hasta las diez y media el Emperador recibe los informes de sus
más allegados y conversa con diversos. dignatarios. Sólo después de
esa hora puede dar por el parque un priJner · y corto paseo. La mayor parte de las veee,.&lt;+ se pasea, solo, algunas- ,;,eoos en compañia.
del Tsarévitch, pero invariaillemente seguido . de sus perros fa,·oritos 1
de los 'i collies'' escoseses, fielmente unidos a su- amo.
Ordinariamente,, el Emne.1-a:dol' vuelve.. al palacio a las once, y a
menudo acompañado de su hijo, se - detiene. para nrobar el J'Rncho
de la infantería de la Guardia o de.. su escolta ¡lersmial. Los platos
le son presentados por el sargento maY.or o el mariscal del ('.na.rtt&gt;l
en vasijas espeeiaJes. En seguida principian los informes de los ministros, que dttran hasta la una, momento fijado pa:r::t. el altm•erzo.
Esta comida se efectúa en familia y algunas veces son invitados
los oficiales de servicio. El almuerzo es abundante -pero sencillo. Al
dejar la mesa siguen varias recepc-il:m.es. El tiempo restante, hasta
las cinco, se dedica al segundo . paseo. Estos p~oos Yarían mucho:
a veces Nicolás II los hace a i- pie., . a· veceg,. a caballo; en verano,
en Peterhof, situado a orillo.s-, del Gqlfo de Finlandia, sube a bordo de una esp®if} de c.halupa llama.da... "bai'darJrn," Fl'etuente-

Cómo trabaja el Zar
Nicolás

El Zai- y su Éstado Mayor
mente lleva consigo al príncipe heredero y a veces a sus hijas las
grandes duquesas. Es notable la perfección con que rem:t el 7,ar.
De cinco a seis el Emperador toma el té en familia, y no pocas
veces aprovecha este momento para tener a la Emperatriz al corriente de los negocios de Estado y para leer en alta voz, distracción
que prefiere sobre todas, porque lée admirablemente.
Desde las seis hasta la hora del refrigerio-ocho de la noche-el
Za.r trabaja de nuevo. Cuando el soberano no ha recibido más
ministros, lo qlle es raro, vuelve solo a su gabinete y allí revisa informes y anota dfrersos negocios. Dedica solamente hora y media
para comer en familia y para la charla íntima. A las , nueve y me•
dia de la noche Ynelve a sn oficina. A las doec o doce. y media de
6

·1a noche y a ,·ec~es más tarde, se retira a sus departamento priYados.
Cuando por casualiclad su trabajo nocturno tormina a bnena hoi·a,
el Emperador
a husca. a _l~ Nmperat~iz, Entonc?s le lée y
comunica sns impresiones del dia; toman Juntos el te y el traba,¡o
del día concluye corno eomenzó, es clecúr, con las 01·adones.
Cada noche, antes ele aeostarse, el Zar anata en su diario las impresiones cotidianas, por medio ele mms e.nantas palabras, .Y .esto en
cualquier lugar en donde se encnentrc, en sti casa , d(' naJe o en
el extranjero.
'l'al ('111plco del tiemJJO de.ja m11v poro
,·agar al sohel'ano. Sus conversacione8 con
El Zar y su familia
los snvos sólo se efectúan en los raro,;
momentos que tiene libres. Cua¿&lt;lo la familia impe1·ial se lcnrnta
más temprano que el Empera(lor, Sil:1mpre baja a darle los buenos días: l)Hf'.~
/
mientras sus departame.n.toi; estan si!
tuados en el segundo piso, los de sus
~ajestades se encuentrau en el. primero. Habitualmente, a la hora del almuerzo, se efectúa el prime1· . encuentro
y siern_pre, por la noche, saludan a . su
padre, quien los abraz.a y · los bendice.
El té de las cinco reune., una vez
más a los miembros- tle 1a familia. No
hay' cena. Las horas que se dedicarían
a ésta, se destinan al cle~canso. El Zar
ríe y conYrrsa ro11 los suyos. Bu O&lt;'asiones bromea, dice chistes y, en
general, hace que
@tre sus familia•
res reine nna franca alegría.
Es un · pla..cer pa•
ra los hijos dal
Zar encontrarse -con
su padre. Cuando
están enfermos_¡ la
llegada- del Emperador seca s_us. lágrimas y disipa su
aburrimiento: l e·s
Jle,·a u.n regalo sin
iillportancia, p ero
que los llena ele
gozo. Durante la
última enfermedad
d e I Tsarévi tch, el
niño se ponía feliz
El Tsar~vitch
&lt;&gt;uando su padre le
llevaba, después de
la,., caza, los . c-a::;gnUlos Yrt&lt;&gt;ÍO!- de lofl c&gt;artuchos qnf' había 1lispalado.
Có~n~ e~ _natural, rl En)peradoi· se inter('~a especialmentE.' vo1· el
Ts.arevitch: fr~cn~n~emeute lo c~ndure ~1.1 sus paseos a_.~ie o en
coche; a los eJercic10s y_ las renstas militares, y durante · sus \·aca,cio»es, el príncipe pasa tres o cuatro horas al día en unión de
su augm.to padre.. Éste no perdona ni11gún ejercicio ni trabajo manual que 1rneda favorecer a su hijo. Juntos construyen fortaleza-s_ de tierra~ o de niev~,. abren canales, cortan madera y rompen
la,:. meve; e-n estío se- divierten en rnma1·. El gran duque Alexís
sigue. con atención. lo.s trabajos de carpintería a los cuales el Empera&lt;lor es muy aficionado. A~üite tmnbién algunas ,·ece!! ?, las re•

"ª

estos Yiajer:. ejeeuta·n colectione1:1 enterati de clisés, perfectamente
acabados.
Las relaciones del Emperador con todas las per!!onas que se ].e.
nataeión; juega al 1 'tennis,' ' y es un tirador de fusil, de primer
acercan, tienen siempre el sello de una completa bondad~ La bonorden.
&lt;l.ad distingue al Zar y a su familia; faltas e irregularidades o.b·
Comunmente, en la vida cotidiaJ1a, el Ernperado1· manifiesta nn
tienen de ellos una i.n(lulgencia exquisita. Mezclados a la vid111 ingusto pronUJ1ciado por todo lo ruso; le eucan.tan los platillos natima de todos los que los rodeau1 los soberanos y sus hijos comcionales, como el ''bot:stch'' (sopa de betabeles), el lechón, los
parten con ellos sus gozos y sus penas. l!ll ·Za.r y la, Zarina están
14
archas" (harina do ·alforfón..), y los "blinisí' (chunos en manpendientes- de las fiestas familiares de cada uno de los tripulantes,
tequilla). Le gusta el ' 1 kvass1 ' ' llamado de conYento, hecho con
los felicitan, y les hace)l rega.los de acuerdo con sus grados y gusjugo de sidras y cuya receta fue recogida por los sobei-ano.s1 du·
tos personales. La imparcialidad del Emperador, su rectitud, su
rante un viaje, en el convento de Sarow. La champaña que ~ siroportunidad para señalar un error, todo lo que hace para satisfave en la corte es exclusivamente rusa. En general, la mesa imcer la su~cept.ibfüd.ad de cada uno, son proverbiales en la, &lt;tOl'te.
perial es sana y abundante, pero desprovista de todo lujo.
Esta defere~cm augusta ha creado un tipo especial de sil'vientes,
Las vacaciones de la eorte son numerosas; una de las Jistra(•de una .fid(&gt;hdad a toda prueba, presta a todos los saerificios. Tal
ciones faxoritas del Emperador es el paseo en
es, por ejemplo1 Kondrati, o el marinero Dérécalesa con !a Emperatdz y sus hijos; por los alvenko, agregado a la persona del Tsaréviteh; o
rededores Je Tsarkoe o de Peterhof ..
la nodriza María _lYano,Ya Wischniakowa, u otros
La estancia. en Crimea. o en Livacha. es ocamuchos individuos. Los •criados que por cuaJ.quiet'
sión de largas marchas a. pie seguidas de baños
motivo han dejado el palacio; tienen el derecho
de mar. En otras exclll"siones el Emperador se
de volver a visitar a la familia imperial, y esdedica a la caza. Todo el mundo recuerda los fapecialmente a los hijos del Zar.
mosos paseos en las cercanías ele Livadia y ele
La Navidad y las Pascuas son siempre, en la
Yalta, en donde el Zar se pres~nta ,·estido de
corte, ocasión de gmndes fiestas eii lá:s cuales
soldado, a pie, con el largo abrigo de ordenanza
se manifiestan la generosidad y la ternura de
y con el fusil al hombro. El jefe supremo de las
la familia imperial: Poco antes de Noel se pretropas rusas quiere experimentar, por sí mismo,
paran los árboles tradicionales, que Jian sido
el peso que soporta, el soldado,. tal como Jo hacía
ado,rnados en el Paiacio por la· familiat del Emsu célebre abuelo el Zar Pedr.o, quien durante toperador, sus empleados, los oñaiales .ilil ]a Guardo un mes, se alimentó de pan y de agua, para
dia de Corps y los de la escolta del Zar, las fasaber qué ración podría ser necesaria para un
milias de éstos y, por último, los criados y los
solilado.
soldados. La ceremon.ia se efectúa en el picadeEsas excursi011es no libran al Zar de su traro. El Zar, la Zarina y sus hijos toman una parbajó diario. Los negocios 01·dinarios continúan en
ticipación muy activa en escoger los regalos y
abundancia, el Emperador lée todos los informes
en adornar el árbol. Una vez arreglado éste, el
y, de esta manera, las comunicaciones entre LiTs"lré,,itch y sns hermanas ayu&lt;lan a colocar los
vadia y Petrograd no se interrumpen. Además,
regalos, y se divierten en subirlos muy alto paen determinadas fechas, los ministros llegan de
ra desesperación. de los que los desean.
la ctipital para acordar con el soberano.
En la Pascua, después de la comida de meTambién la familia imperial hace largas camidia noche, se efectúa la cena tradicional ( Raznatas a pie y en automóvil de Livadia a Ya.Ita,
govénié) 1 para la servidumbre y otra para el
en donde se ocupa en las compras de vituallas
personal de la casa y los soldados. El Emperay especialmente de los productos de los ''kousdor abra_¡,a tres veces a cada uno de los asi!!taris '' ( objetos varios, elaborados con un arte
especial por los campesinos.)
tentes y la Emperatriz, de acuerdo con la costumbre, les da a besar la mano. En esta ocaOtras veces el soberano y su famfüa se va.u a
sión, el Zar da el beso de Pascua a más ele tres
Darmstadt, a pasar algunas horas en el castillo
mil persona.s, y cada uno recibe tm lrne,•ecillo
del Gran Duque ele Hesse, hermano de la Empe•
de metal precioso, o piedra füira del Onral, cinratriz, o se dedican a excursionar por los fiords
de Finlandia.
&lt;'elaclo artísticamente.
El Tsaréviteh Alexis
El proyecto de estos viajes llenan de aleg.ría
Nicolaiévitch ~omenzó
Los hijos del Zar
a la Emperatriz y a sus hijos. únicamente los
sus estudios ;regulares
más cercanos a la casa imperial tienen autorizaen octubre de 1911, bajo la inmediata dirección
ción de viajar con aquéllos en el yatch de fris
de la Emperatriz, quien consagra a sn hljo todo
zares. Cuando baJa a tierra, la familia del Z¡:u·
el tiempo de que puede disponer. Entre los prose pasea, recoge hongos en las radas abruptas, '&gt;e
fesOJ:es de las jóvenes princesas, tres fueron nomentretiene con juegos rústicos, se mece en balanLa Emperatriz
brados para apUcar a sus Altezas el plan eclucines improvisados y visita las casitas de
cativo pJ·oyectado por la Emperah'iz 1 y son, palos campesihos, en donde acepta pan negro y lecho que éstos le
ra las lecciones religiosas, el archiprcste Alejandro Vasiliew, capeofrecen.
llán de las hermanas de la Elevación de la Cruz; para la len. A bordo &lt;lel yacht Etendard se- baila y se patina. El Tsa.révitch
gua rusa, el antiguo profesor del cuerpo de pajes, el consejer_o
inspecciona det~ladam~nte la ~ripulación, se interesa en las ocupaciq_
privado Petroff y para el idioma francés el ~-eñor Gillard1 3¡n\1nes y en la vida de los marmeros y acompaña a su padre cuanguo profesor del duque, Sergio &lt;le Leuchtenberg. En cuanto l:l- las
do éste va probar el rancho.
lecciones de inglés, la Emper.atriz se encarga de ellas y algunas
La familia imperial se ajusta escrupulosamente al programa de
veces de las de alemán1 pues no hay qné olvidar su origen teutóla vida de a bordo. Asiste a la ceremonia de la bandera, a las nuenico que, ~ parecer, es una · ele las causas determinantes de la rev~ de la mañana y por la tarde, al ponerse el sol.. Lar víspera y el
Yolución que acaba de conmover al i.n,perio. Todos estos profesores
m1Smo día de las fiestas, toda la familia oye misa, que celebra el
acompañan a sus alumnos en los viajes que se efectúan en la priPadre Dobrovolsky.
mavera y en el otoño. Las Yacaciones del TsaréTitch comprenden
El comandante y los oficiales del yatch (que son diez y siete); vi
los meses de junio y julio.
ven la misma vi&lt;la del soberano, y muestran 1m señalado placer
Para el pequeño príncipe el trabajo comienza, ordinariameri.te,
en divertirse con los marineros.
a las nueve de la maña.na. Si el tiempo es favorable, el heredero
Cada miembro de la familia tiene un aparato fotográfico v en
del trono da un paseo matinal y en ese caso las lecciones-que no

su padre, los estandartes y los regimientos que salen de se'rvicio.
El Emperador e.s aficionaJo a varios deportes, especialmente a la

!e

Las Grandes duquesas Oiga, María y Tatiana, hijas del Zar
PEGASO

7

�son más (le tres diarias- se efectúan de~pués del desayuno . .El Em•
perador en persoua dirige Jos cjcrc·ieios al n.irc libre dp sus hijos.
La saJud del 'l'saJ"évitch está escrupulosamente atendida por los rné·
dicos de la Corte, B . S. Botkine y S . A. Ostrogor:=:.ky.
El Gran D11q11e Alexis es de uo temperamento muy Yivo y bullicioso; se ocupa asiduamente en la montería y recibe üistrucción
militar preparatoria, _tal como se enscfia en los nne,·os regimientos
infan:tiles, Uamados · ? ' potééhTiié. ' 1 D11rnnte Ja tcmporaCla en Crimea,
tres veces por semana hace el recorrido de Li,·ada,·ia a Massandn1,
en donde, incorporado , a 1 una eRcna&lt;lra. de jbwues 1 'potédmi6, ·'
ap_1·eni.te· a 1llauejar .das armas de f.nego· y bace gimnasia y ejercicios
militares. Por•-su taIJe, el 'J1sarédteh tiene el primer Jugar en l:1
segunda semiescuadra. .
'l'odo su tiempp libre lo iledica , a Jos juegos el prínci_[le Álexi~.
En verano se divierte·con el ciclismo, los baiios al ail"e l.íbre y las
excursiones para buscar 1 hongos en las playas. Durnute el inderno
sus j,uegos· consií'&gt;ten en coustruir n¡ontaiías üe .hielo, bolas de nieve, muñecos y fortalezas _de nieve1 eh-. Cna11üo el ti(':1i1po uo es bue
no para permauecer fuera 1le las lmbitacio1ies, la. anima('i(rn más
grande reina cu la sala (\e. juegos, sobre todo en los días festivos,

en qne las lwrmttna::i mayores y alg11t10s primos Yan a reuni~e con
el 'l'saréYitch.
Dos personas agregadas al augusto niño no lo aba_ndonan nunca:
su aya, M. I. Wischuiak0\\·a 1 y el antiguo marinero D~~évenko, q,ue
le sirve de guardia de corps. Por Jo que toca a las JO\'e11es prrn·
cesas, reciben una educación al mismo tiempo familiar ·y severa;
no se les ,;,e nunca sin trna labor en las manos; no se les dan menos
de treinta il'&lt;'cio11es por sPmana, y traba.jau (lesrle las !'tueve de la
mañana. lrnsta . la 1111a de la tal"lle. y, desp11é!'. del a!murrzo, desde
las cuatro ele la tarde hasta las orho 1le la noche.
Tal es la existencia de&gt; la :famüia imperial, de r11ya :merte nos
fla el eflble tan f'ontrallietorias 11otirias. Loi'. cui(lailo~ &lt;"otidianos ~ie
ratla. ' ni10 de s11$ 1!wimbros no son menos fatigosos que los nuestros, y sin titula_ qnc nnestro!'\ hijos trabajan menos que aqnellas
· pri1wC'sitas estudiosas y earitatirns, ele (',uya suerte hasta l1oy no se
tienen (leta1les exactos, ¡mes mientras que nnos informes hacen ercer
en el fin de la monarquía rnsa, 0tros nscgnran que 1a f•Orona de
todas las J{usias va a cefill' la frente del peqneiío príuc:ipe qne
juega co11 los mnñecos Je hielo y las bolas ile nieve.

Se han registrado en el imperio moscovita acontecimien+
tos de tal importancia rprn la atención del mundo, fija
durante las últimas semanas en el CUl'SO que seguían la
C'ampaiía submarina y el avance victorioso de las armas
inglesas en el frente del Somme y en Mesopotamia, se ha-

La Caricatura Extranjera

El Zar llegó a Petrogratlad y (lespu6s de celebrar un
consejo con los miembrns de su familia abdicó .. rl'odavía
no ha llegado el Zar. Se ignor? cloncl(;' se e!1euenüa. B1
Gran Dnqne :Miguel aceptó la co1·ona. Kazan, Kharkov,
Odessa y Uronstadt se han unido al movimiento. El gabi+
nete revolucionario quedó constituido como sigue: Presi+
dellte, Elvoff; Relaciones l\11lnkoff i Instrucción, Manuiloff; Guerra, Gnclikof.f; Hacit~rn.la, rrereschteuko; Agricultura, ·Yehingareki Justicia, i\(•eensky; Connullcaciones, Nekrasoff. Revolucionarios quemaron todos los archi+
vos. Protopopoff no fue asesinado: se halla p1:eso. El Zar
ha. publicado un manifiesto al pnrblo ruso. Es esperado
el Zar: lo escoltan varios regimie_ntos y h:aé mucha arti+
l lel'Ía. Se ignora ia · suerte q ne haya corrillo el Zar. . . La
(-'scuadra _del :Mar Báltico reconoció al gobif'rno provisio+
nal. El Gran Duque Kicolás, nombrado generalísimo del
ejército, puso en libertad a los reos políticos. El Zar tra+
tó de suicidarse. El Príncipe Alexis murió .. rrodavía ~e
ignora el paradero del ·Zar ...
Pasarán muchos días antes de. que se llegue a saber la
verdad de lo que ha pasado y sigue. pasai1rlo en Rusia.
Examinado las pocas noticias que nos ha traído el ca+
ble se ve claro que aunc.lue el impulso inicial del movimiento que acalla de modificar el estado de cosas del gran
imperio moscoYita, partió de lo más hondo de las eutra+
fias del pueblo, el éxito de él no se debió a las masas exas+
peraclas por la opresión política y el hambre, sino al brazo armado de la guarnición de PetTograd, que en el mo+
mento crítico volvió las espaldas al gobierno imP.erial y
tomó el puesto ele más peligro en las fllas populares. ,La
Duma no ha recibido el poder de las manos del pueblo:

u,
(_.,-.Luce. f\·
o'

.a: 1.r. \"").More
~-lh~

~1A. ...,. ..

Región donde se desarrolla actualmente
la ofensiva británica

.
La Civilización y Guillermo II
Del ºLife", de Nueva York.
8

PEGASO

tamiento, se dirigió a rrzarcoselo, adonde llegó sin nove•
dad. El tren en que viajaba el Zar fue detenido por los
revolucionarios. }Jl Zm· no ha abdieado todavía. El Za,r
abdicó en su nombre y en r-1 de su hijo el Zarévicht. El
Gran Du4ue Uigucl ha sido nombrado Zar. El Gran Duque abdicó la corona ....

lla actualmente absorbida por el conflicto ruso. Es este,
en efecto, de tal naturaleza, que en los primeros room.en+
tos se creyó que podría cambiar radicalmente la marcha
del formidable problema europeo.
Las noticias que hasta la fecha se han recibido, son tan
contradictorias, que no es posible ver claro en ellas.
Hélas aquí en extracto :
La revolución ha estallado en Petrograd. El pueblo 1
hostigado por el hambre, reconió las calles pidiendo pan
Las autoridades llamaron 1u1 batallón para disolver a lo'"3
m:,rnifesta11tes. Los soldados se negaron a hacer f-nego
contra ]a,&lt;.; masas inermes. Conflictos entre las policía y la.e.;
tropaR. ]\iluertos, heridos; la rebelión crece, nueYos bata~
Uones se unen a los primeros J' se adneiían de la sitm1+
ción. RI p1·íncipe de Galitzia preso; Protopopoff clf'tenido
Y arrastrado por la nieve de las avenidas. El 7.ar se lrnlla
eu el frente. Se ignora dón&lt;le se encuentra el Zar. L3
familia imperial reclnida en Palacio .....

Petrograd.-La Catedral de San Isaac

La Dnma se ha hecho cargo del gobierno y la cit1dad
empieza a recobrar la tranquilidad. El Zar abdicó la corona y se nombrará regente del imperio a,l Gran Duque
Miguel. El Zarévitch se halla gravemente enfermo de escarlatina. El Zar, en cuanto recibió la nueva del levan+

nna pa1·te del ejército, comprái1dolo con sn sangre en las
calles de la gran nrbe nevada, se Jo ha entregado; y su
suerte, velada por este vicio de origen, continuará sujeta al capricho móvil y tenible de las milicias.
¡ Li bcrtad ! ....

PEGASO

9

�La libertad 110 puede sutgir de un .1110\'imiento que tiene las características de un cuartelazo; no la adquieren
los pueblos, desgraciadamente, a tan poco precio.
A Nicolás II, monarca débil y bien intencionado,

Gouiemo eonstituído uajo el resplandor de los sables,
el futuro gobierno ruso teudrá que seguir eL camino d:e
la guerra. No se concibe que la clase militar haya c\en,i,.
bado a su jefe sin miis objeto que buscar una brecha para
eludir cobal'demente las exigencias del deber, que la re-clan1a en 1a frontera, donde ('l águila prusiana, con las
garras crispadas sobre los monstruosos Krup, Clava sus
ojos coléricos fü las heladas llanuras de la Santa Rt,sia.

"º"

ba-n. en. los topes,
toda&amp; sus barl'Us y toda.s sas eske·
llas, la bandera de la Unión, de la misma que cuando se
estremece
. . . . hay un hondo .temblor
que pasa por las vértebras enormes de los .&amp;ndes.

• * *

Pa lacio imperial en Petr.ograd

que no se atrevió a romper la Íél'J'ea estructura política
de su imperio, batida constantemente por la expansión
formi,lable de las ansias de la gleba, sucederá el Grai, Duque l\iiguel, o el Gran Duque Nicolás, o el Gran Duque . . . . Cual quiera que por sus cualidades ele conductor de hombres cuente con más votos en el ejército, que
seguirá teniendo, como bajo el gobierno de Nicolás II, la
suerte del imperio suspendida ele la punta de sus bayonetas.
La Duma gobierna hoy en Petrograd, apoyada por la
guarnición. Se mueve, dispone, trata de controlar la situación . Detrás de ella hay prestos treinta mil fusiles.
¡ Se consolidará!
En las fronteras, dando la cara al enemigo, existen cinco millones de hombres, la masa combatiente de la nación, que no han dicho nada todavía .....
En Alemania se han recibido con regocijo las nuevas
de los transtornos interiores de Rusia. Caído el Zar, que
herido en pleno rostro por el brutal mensaje de Guillermo II, inició la guerra continental, se abrigaba la esperanza de apartar a Rusia del ·gigantesco bloc de la Entente; pero los acontecimientos han tomado un sesgo muy
distinto del que se presumía: en Petrograd no solo no se
piensa en la paz, sino que el sentimiento que dom~na en➔
tre los di.rectores de la rebelión es enteramente antigermano, y el gobierno que se establezca, cualquiera que sea, se
verá en el caso de continuru.· la guerra, tal vez con mayor ímpetu que el mostrado hasta la fecha.
De todas las naciones mezcladas en el drama europeo,
la más castigada ha sido Rusia; sus derrotas han asumido proporciones colosales; SR sangre ha corrido a torrentes desde las planicies de Riga hasta los montes de Armenia; y annque su prestigio miJitar se ha lavado en Ga-

Cosacos resistiendo en el frente

litzia el fango que recogió al pasar en fuga por los lagos massurianos, no luce todavía con la viva fulguración
que despiden en el h01~zonte el heroico ejército francés y
la impetuosa armada británica.
10

Poco tiempo resistieron los alemanes en Baupame. La
plaia había siclo acondicionada para un largo asedio. Se
reunieron allí no solo los diversos batallones que se han
ido retirando drl frrnte ante la presión inglesa, sino algunos sacados de las reservas; la población civil reeibió
orden de salil' ,v salió;· las casas fueron convertidas en re,.
duetos. . . . Pel'o los cañones ingleses arrojaron sobre- ,i
lugar tal cantidad de bombas, que Ja posición empezó a arder poi.' todas partes y las fuerzas germanas, asfixiadas eu aquel infierno de hierro y fuego, tuvieron que
1·ecoger sus banderas y co1~~ii:mar la retirada.
.
A B-aupame, han seguido .\fesle y Peronne, considerada tambi€:n como inexpugnable; y sesenta puntos de menos
importancia situados en una zona que tiene sesenta millas de largo por diez de profundidad y que ha caído totalmente en poder de Donglas IIajg, como resultado ole las
últimas opetaciones.
Los franceses han conquistado también mueho terreno

Lo grave es que la. enemistad del mercader que respira más allá del Bravo no es cosa de juego, y que Alemania podría arrepentirse un día de haber bromeado con \a
seriedad de semejante sujeto. Tiene en sus cajas la mitad
del oro del mundo y en· sus venas sangre del pueblo que
e-n menos de dos años ha creado el ejército ante el cual
van recuhlndo, desalentadas, las antes victoriosas hnesteB
de Prusia.
Y aunque por ahora car:ezca de .fuerzas terrestres organizadas para nna seria campaüa, no hay que olvidar que
su escuadra ocupa el tercer lngar en el m11ndo y que apurado por las- cfrcunstancias puede encontrar en- su genio
inventivo recursos apenas sospechados. Es explicable que
permanezca pensativo y te·meroso, ante la pe.rs,pe.ctiva de
que se convierta en 'lluvia de sangre la llu~ia,. de oro que
caía, que aúni cae, sobre sus vastas colmenas~ }?ero una yez
forzadb a tirar de la e-spada1 seguramente ira muy leJos.
Un destacament o
de las fuerzas fran1.
cesas que operan en
los Vosgos, deseen ..
diendo por una pen diente.

comprenswn del deber y de la vida, y ese, amor a la tierra, tan íntimo, tan hondo, que pone un hierro en sus
manos cuando el viento le trae del Rh in 'el rumor de los
pasos del enemigo ancestral.

Sir Oouglas Haig, General en Jefe de las fuerzas ing_lsas
que operan en el Somme

en el Sur y continúan avanzando. Una extensa Línea de
fortificaciones en que los alemanes resistieron más de dos
años el fuego de las fuerzas de la República, cayó hace
días en su poder. Ro ye y Koyon han visto ondear sobre
sus edificios destrozados por la metralla la bandera tricolor.

llfienti-as los sokfados se baten, el Gabinete ]l)Jresi&lt;liiol.o
poi· Briand presenta, en París su dimi~ión. En el Parla-.
mento se había estado haciendo ·viva Campaña contra el
]\[inistro de la Guerra, Lyautey, por.que, este milit~ no había querido dar ciertos inform!CS sohre las OJi)erae10nes que
se llevan a cabo en el frente. Encolerizado po, sns adve:,-sarios, que llegaron éll .su ceguedad hasta la inj.ntfo, ilimitió manifestando que prefería hacerlo antes que filirvulg¡r cosas que eu su concepto podria,n perjudiear a su
patáa. '!'ras. la renuncia del Ministro llegó la de BrÍM!d,
quien encontró senas res1stenc1as pa,ra remtegrar el Gabinete v el Pi-esidente Poincaré, después· de e:x:plorar el
ánimo' del Presidente de la Cámara; Deschanel, que declinó la honra de. formar uno ·nue-vo, se dirigii,, al ~
tro Ribot . . . .
Estas diferencias se fundirán pronto al calor del patl'iotismo. París es i:i&lt;\rv'.ioso y ·exaltado, y su c.abeza, q11.ie tangrandes cesas crea, . arde a veces hasta la demencia. Pero
París no es Francia. Francia es ahora la, provincia. La
provinciil. con sus brazos muscnlosos, su sencilla y clara

PEGASO

Al Presidente Wilson no le sonríe la suerte. Ha eludido cuanto le ha sido posible una pendencia con Alemenia y la pendencia viene a su encuentro con aires de desafío . H'izo uso del expediente. de las notas diplomáticas hasta que sus• notas empezaron a.. haner sonrefr al mundo;
fru nció después ligermnente- el oeñn,; cortó en seguida1 sus
relacioi;ies; acalló por amenazar- coni dotar de. artillt3ría a
los- barcos mer.cantes de la Unión .. Ni" e1: severo entrecejo,
ni la rota amistad, ni las naves armadas han logrado conjurai· el lívido- fantasma· de la guerra qrn,-turba el áureo
sueño norteamericano, El KáJHer für visto, lia oído, ha tomado nota y 1 en contestaciOll, los sumergibles alemanes
acaban de echar a pique tres barcos indefensos qtre lleva-

El Oran Duque Nicolás
nombrado por el go\)ierno revol ucionario General en Jefe
de los ejércitos de Rusia

De sus arsenales empiezan a salir buques Construídos
especialmente para la caza de smnergibles, y si el conflicto sobreviene, la guerra submarina entrará en una faz muy
interesante para los hombres ele guerra.

•••

Combate.entre..bar.cos. mercantes.armados y un sumergible.

La República ohina se ha puesto del lado de la Entente.
l\Iuehos deben preguntarse, al saberlo, qué clase de ayuda podrá prestar a los aliados después de lo ~ne han hecho los japoneses.
Y, en efecto, t,.,qué podrían hacer?
Generabnente se cree. que el ex-Imperio Celeste carece
de ejército. Es un error: la raza china ha sacado provecho de las duras lecciones que le han dadb sus vecinos y
se ha alistado con una rapidez que en la actualidad le
permite mandar a lbs campos de batalla un ejército ele
.trescientos mil hombres, armados y equipados a la europea;
]
Guillermo II tuvo en un tiempo la obsesión del peligro
amarillo. Vió al Dragón asiático devorando al mundo y
hasta ocupó su lápiz imperial en dibujar su sueño.
Pobre DraglÍD ....
¡ Para conjurar el peligro, el Káiser le madrugó!

P&amp;G:/111110

11

�Libros

Revistas

y

ÉNIILÉ BOUTROUX: El Co,1c,pto de Ley N atnral en la Ciencia
.1/ la Pilosofia contemporánea.~.Primera 1:c1:si6n castellana lle·vada 11
,·11lJ0 con la venia del autor Jf prrceclida de una introducción p91· .dnto11io Caso. México. Librería -le Ponúa Hermanos, MCMXVII, 0n 8.oEl año de 1879 presentaLJa en la
Rorbona 1\f. Émile Bo11troux1 romo
tesis de tloctora&lt;lo, un estudio sobre
'' la contingeneia rle las leyes ele 1:-i
11atnraleza," bien pronto pnblicado
!'on ese título, y tl'ece aiios después,
&lt;laba ahí mismo sns célebres Ieee-iones "sobre PI (•onrepto ele ley natural,' que fue1·on la materia del libro

!

.México el renacimiento de la filosofia, que 1·etiucida a escolástica
sólo alentó durante largos años en la quietud de los seminarios.
Iloy presta Caso a nnestra incipiente cultura filosófica el inapreciable sen'icio de una nueva labor. Ella resulta tanto más valiosa
cuanto era de difícil hallazgo para nosotros el libro de Boutroux,
del cual casi no hay en México ejemplares franceses.
M.H.L.

Prosa y verso. Selección y Prólogo de
GUILLERMO PRIETO

Luis González Obregón. Cultura T_ III
N. 3 México 15 de mayo 1917. La anto-

1,ogí~ periódica que, bajo la dirección de los señores Agustin Leora y Chávez y Julio Torri, ha emprendid,) la noble tarea de divulgar la buena literatura, dedica el último número al autor de la
Musa Callejera.
l'U)'a vi·irnera versión tastr-llana lta \levado a huen tél'mino, reeieuE~ Guillermo Prieto de aquellos autores nuestros cuya. fama,
tf'meute, Antonio Caso.
grandísima en su época, no ha bastado a crearles uua reputación
Son esos libros dos monic11to8 eu la ddu J.e una tesis: -las misimperecedera. Puede afirmarse que hoy nadie lee a Guillermo
mas ideas fllnclameutales _&lt;'irculan libremente por las páginas c~e uno
Prieto, a lo menos con un interés puramente literario porque el
y de otro, el pensamiento que los preside, que no se rt;ipite sino
Folk-Lore nq cuenta en la gloria de ningún poeta del mundo Y
,¡ue se desarrolla, logrn por ('f-tc doblC' esfnerzo mn.nifC'starse en toda
es, sin embargo, de gran interés conocer la obra de este cantor de
su plenitud.
·
Así, por ejemplo, a.un el magistral t·apítulo Jmli&lt;·ado al anáUsi:s tipos populares, de 0;ste sincero que supo apasionar en su p0esia
del valor de las leyes sociológieas en el último libro, sobre las cua- y en su prosa -la prosa torpe y desaliñada de quien se rie de los
prejuicios de estilo y a veces de los prejuicios gramati~ales- las
les nada &lt;liee el anterior, ya se hallaba en germen en aquellos generosos co1H•eptos &lt;le u La Contingencia 1 ' que pudieran sen·irle de vislum~res fuga:ces de esce.nas y de personas desaparemdas y que
C'pígrafe: "La societla&lt;l es el ROstéu ,·isible Je la libertad lmma- nadie recordará ya sin estos conservadorea de la vida que huyP.,
Jla,' • 1' ei,; 11ua jerarquía mon1l r poRee a ese título 1111a nni1lad sil- " ;_'p}ieto, Facundo Micrós. Por eso resulta muy 1Jtil para el públi1
perior.''
: co, más útil quizá para los mismos autores,. cuyas obra1t completas
De estirpt,&gt; kantiana, ambos libros estudian el problc-ma del 1·0a.terr0rarian a quienquiera, presentar una selección atinada ,en
uoeimiento y res11eh·en por él, 1·011 genia.! originalidad, el del libr&lt;"
que se sintetiza la tarea de cada escritor.
albedrío: descubren la 1.:011tingencia en el Uni\'erso y, pm1all(lo del
La selección de Prieto es de las más difíciles que pueda. haber.
signo a la reafühul signifi('füln, enc·uent,ran la libertad en el fonLamultiplicidad de escritos de Fidel, su valor rar~~ ve~es unifordo mismo ele las c:osas. Su 110:,:;ibilidarl, pol' lo menos, la dejan esme basta la dificultad de reunir tanta compos1c1ón impresa en
tablecida de moflo irrecnsahle y abierto el rnmino al análisis bergso•
per'iódicos, hace la tarea verdaderamente penosa. D_on Luis Gon11iauo que habría de afinuar la -renlirlail del acto libre sobre "los
1.ález Obregón ha intentado dar en extracto, un retrato literario ·de
datos inmediatos ele la toncie11cia. '·
Guillermo Prieto, y la reminiscencia que preside el !olleto es, ele
Ri C'l primero de ellos realiza sn tarea est\l(liando en abstracto las
('ategorías de la. exiSte1lC'ia (la neresidad desde luego, el ser, los gran interés por los datos personales que da el re·c opilador, ob~egéneros: "formas susceptibles de ser concebidas pero no sentidas;''
nidos de sus conversaciones con Prieto a quien conoció y trató inde::;pné;. la. materia, los (•uerpos, lol-l seres Yivjentes: ' 1 formas sentima mente.
sibles -(too se sobreponeu a las anteriores¡'' y por encima de todas.
M. T.
('] hombre, en enya conciencia 1 ' c! mundo es sentido, conocido y
ilomina(lo' '), el segundo se ocupa, ya concretamente, de las leyes
mismas ' 1tal como las ciencias nos Jas presenbrn, repartidas en gn1ENRIQUE DÍAZ LOZANO: Diatomeas Fósiles Me;:cicanas, Méxivos distiutos; '' pero ambos emplean el mismo -procedimit'nto-sns- co, Oficina Tipográfica de la Secretaria de Fomento, 1917, en 49-El
tituir al análisis (le la reafülad \'isfo por fnera el efltudio íntimo estudio cuyo título encabeza esta 'nota, se encuentra en l~s ~nales
de eil:i ;-obtienen condnsiones se!Uejai1tei,;: '' el punto (le Yista tlel
del Instituto Geológico, que acaban de aparecer en sust1tnc1ón de
entendimiento no es definitivo en el conoeimicnto de las rosas,'' '' lo los Parergones que antes publicaba dicho ~epartamen_to.
.
En este estudio se ban :reunido los trabaJ0S sobre diatomeas fós1que llamamos leyes de la. 1rnt11raleza es el conjunto di" métodos hallados para asimilar las cosas a 11uestra inteligencia y someterlas les, cuyos extractos fueron leídos en la Sociedad Geológica Me¡xial designio rle nuestra voluntfül '' ( nótaréis que cito indistintamencana.
Las diatomeas-según la descripción del señor Diaz Lozano-son
te el&lt;&gt; una y ele otra) ;-y, en de.finitiva, persiguen idéntico propósito---' 1 averiguar si dado el esta&lt;lo aC'tttal ele las denrias nos es plantas unicelulares 'de extraordinaria. pequeñez; _afectan _un:9. gran
variedad de formas y estructuras, con dec~rac1ón muy_ v1~tosa,
permithlo todavía considerarnos como &lt;'aparitados (le obrar libre·
complicada y elegante; las hay redondas, c1rcnlares,, el1pt1~as Y
mente.''
triangulares, alargadas en forma de ba1:ras; alg~nas estan provistas
Nada más conforme al punto tle ,·ista motlerno de 1a. filosofía
qlle este \·igoroso ensayo &lt;le 1 ' totalización ,le la experiencia 1 ' ' en el de salientes en forma de alas o de espmas, y vistas 1,ateralmente,
cnal visiblemente todas las ciencias, como qniere Nietzsche, prepa- ap~recen recta?gulares o lenticulares.
ran la tarea del filósofo. '' Hemos visto en las leyes, dice :Boutroux, los datos que proporcionan las ciencias a la filosofía. así coCULTURA:. Salvador Rueda. Poesías Escogidas. selección de J •
mo 1a ciencia ve en lo"s hechos los dato,; qne le proporciona la na- Torri México tomo III número 2, 1917. --Con dos artfoulos prelituraleza. ''
mina;es: uno de Julio Torri y otro de Grego-rio Martinez Sierra.
'' La Contingen·c e'' encontró e11 Diego Ruiz quien la vertiera al
Trne, además, el bello tPórticon, escrito por Rubén Dario para el
11
castellano.en lo que de más sólido" tiene a juicio del traductor. libro «En Tropeh, de Salvador Rueda.
)Ierced a esta mutilaciá11 imperdmiable, Jos lectores de habla española desconocen el capítulo tle ''conclusión:'· admirables páginas
en las que se recoge el frnto de to,la la obra y se renue\·a la Est~tira, haciendo de los seres ' 1 un itleal que se realiza y que conl'liste en aproximarse a Dios.'• '' L 'Llée de loi 11aturelle,'' más a.fortnnado que i:;u predeeeRor, ha pasado al castellano, sin merma del original, cuidadosamente traducido por Antonio Caso.
F.n México se escriben muchos libros .... ron ideas ajenas (hasta e:J l!ortor Parra1 cuando se ocupa del silogismo numéricamente
tleteJ"miuatlo, okitla citar a ).Iorgan, cuyas idea!:i repite); pero falBusque: ust d d pródmo nllme:ro.
tan eH absoluto traductores, y es que nos parece el de traducir, menguado €&gt;111peño, indigno de ocuparnos. No piensa así el autor de
SELECTOS ARTÍCULOS.
· 'P.1·oblema~ Filos6ficos 11 y d~ 1 ' Filósofos y Doctrinas )!orales1 ' ·
qn&lt;&gt; ha1·e li"l,t'Os 1•on esfuerzo propio y hadnce i:;in embargo a BouHÉRMOSOS POEMAS.
troux-: raro ejempJo, de11tro de lll1estro medio fotelectual, de ver- _
t,lade1:a poudera&lt;"'illu en la ¡•ultnra. ·
TODO INÉDITO.
La iutrodut•rión de qne viene precedida la traducción es un ca•
pítulo máR de laya rnsta obm tle exposición y ele rritica, llena de
Pora subscripcione:s cfirfjose al apartado_
¡a más intensa pasión filosófica y realizada en el libro, en la cánllme:ro I ao4,
tedra y en la conferencia, por la cual es Antonio Caso, a pesar de
su juventud, el maestro de esta generación y , quien ha suscitado en

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PEGASO

■1-----------■

12

PEGASO

A iniciativa d, 1
señor don Franós •
co J. de Gamoueda, gerentt:1 de la
Librería Biblos, un
numeroso grupo de escritores mexicaomól va.
a trabajar eu lá redacción de una obra sobre
laNueva Espafia, en sus aspectos geográfico, Politico, administrativo, ,i.rti1H,ico, científico, etc.
Los estudios con que hasta ahora se cuenta para el n11evo libro
Ron los siguientes: El Teatro, por Nicolás Rangel; Instituciones
Polit.icas y Socia.les, por Alfonso Toro; La Arquitectura Colonial,
por Federico Mariscal; Ideas y aspiraciones políticas en los últimos tiempos de la. Nneva España, por Joaquin Ramirez Cabañas;
la Inquisición, ¡.,or Luis González Obregón; la Hacienda en la
Nueva Et1paña, p&lt;&gt;r Antonio Ramos Pedrueza; Ciudades Coloniales, por Ignacio B. del Ciu1tillo; las Artes del Dibujo en la épo(·a
colonial, por Mateo Herrera; lofl Colegios de la Nueva Españ:1,
por Gen aro Estrada; Fundación y desarrollo de los Obispados t-n
la Nueva E1,1paña, por Jesús Gl\rda Gutiérrez; la Literat1,1ra en lit
Nueva España, por Alfonso Rey( s; Descripción geográfica, descubrimientos, etc., por Enrique Sautibáñez; las Bibliotecas Públicas y Privadas de la Nueva España, por Juan B. Iguiniz; la Conquista¡ la Imprenta en la .Nueva España, por Jesús Galiodo y
Villa; la Raza Indígena durante la Dominación Española, por
Manuel Gamio; la Cerámi&lt;'H- en la N~eva España, por Ramón
Mena; la Real y Pontificia Universidad; el Comercio en la Nueva
España, por Alberto Maria Carreña, la Obra civilizadora de las
órdenes religiosas ell la Nueva España, por Atanasio G. Sarabia;
Artes industrialeM coloniales, por el Marqués de San Francis00;
la Enseñanza y Ejercicio de la Medicina en México durante la
época colonial; Fundición de tipos de Imprenta e Imprentas de
pal€1, por Nicolás León. Se cuenta, además, con la colaboración
de los señores Fernll.ndo Iglesias Calderón, \Dr. Manuel Flore1,1,
José de J. Núñez y Dominguez, Carlos Diaz Duffóo, Luis Castillo
Ledón, Alfonso Teja Za.bre y Andrés Molina. Enriquez, quiene"
próximamente señalarán sus temas.
UNA OBRA NUEVA
SOBRE LA
NUEVA ESPAÑA

Llegan noticias de Nueva York, sobre
el magnifico éxito alcanzado en aqmfüa
ciudad por el maestro Miguel Lerdo de
Tejada, quien con los artistas nacionales que lo acompaña.n ii.ió un concierto
de m1Jsica mexicana en la Carnegie Chamber Mnsic Hall. Cono
cidos artistas de nuestra patria tuvieron a su cargo canciones del
país, bailes t.ipicos y números de orquesta.
MÚSICA MEXICANA
EN LOS
ESTADOS UNIDOS

En el Teatro Ideal se efectuó el examen final, de práctica, del señor don
PR:ACTICA
Agustín Sáncbez, alumno de la Escueli1
de Arte Teatral. El sustentante representó uno de los papeles del drama 1&lt;Mar y cielo», de Ange1 Guimerá, con éxito muy estimable. El jurado estuvo compuesto por
los señores profesores don Enrique Tovar y Avalos y don Feman. do Orozco y Berra,
EXAMEN DE

En la Escuela Nacional de Música y
DOS CLASES
Arte Dramático, se ha inaugurado la
clase de Preparación y Práctica CineDE ARTE
matográfica, y se han abierto ya las inscripciones correspondifmtes.
En la Academia de Bellas acaba de establecerse la carrera de
pintor escenógrafo, y se ha nombrado el personal necesario para
atender la nueva asignatura.
El joven pianista mexicano, don José
F. Velázquez, dió la semaaaanterior s:1
segundo recita.l de piano en la Sala
Wagner. Aunque hace pocos dias Velázquez se presenta. en las salas de música, su labor artística era
ya estimada por el público, porque el pianista ya babia ejecutado
números musicales, repetidas veces; en v.a.rias festividades públicas.
LOS CONCIERTOS
VELÁZQUEZ

El primer domingo del entrante mes
de abril 1 se efectuará en ela.nfiteatrode
la Escuela Nacional Preparatoria, el
tercer concierto-conferencia. de la serie, organizado por la Dirección General de la-s Bellas Artes.

El poeta español
don Salvador Rueda, que como saben los lectores de
PEGASO, visita la
República y eti llg1H:1l'jado con numerosas manifostacioues, estuvu algunos días en!&amp; ciu•
d,tJ de Puebla, en donde recibió el sa.ludo y los festejos de diversas
corporaciones de aquella ciudad.
Eu su honor se efectuará mañana vi8I'nes una fuución de gala
en el Teatro Colón, organizada. por la Colonia E-i!pílñola de Méxi•~o. Se representará el drama c(La Rima Eternan, de los señore1:1
Alvarez Quintero, y recitará el doctor don Tomás 'G. Perrin una
t1e las poesías del bardo malacitano.
OTRAS FIESTAS
EN
HONOR DE RUEDA

El señor don Dario Rubio, conocido
UN ESTUDIO SOBRE crítico teatral y escritor muy versado en
Jolk lore mexicano, leyó e-1 !!ábado últiMEXICANISNIOS

mo, en la redacción de c(Rtivista de Re•
vit1Las)), un excelente estndio sobre mexicanismos que el último
diccionario de la Rel\l Academia Española, publica ·con datol:l
t:'rróneos. A la lectura del sfñor Rubi'o concurrieron numerosos
escritores.
En la Librerín. uBibloén leyó el martes
último, la señora doña Eugenia Turres
de Me!énciez, la comedia uVencida_n, de
que es autora. La señora de Meléndez,
cuya labor es muy conocida como profesora de declamación y
a.rtista teatral, recibió nutridos aplausos p0r esta. nueva muestra
de su ingenio.
La redacción de PEGASO, a quien fue dedicada la lectura, agradece profundamente tan exquisita cortesía.
LECTURA DE UNA
CONIEDIA

Se anuncia qne el conferenci,ta colombiano, Gustavo A. Ortega, vendrá. a
México, en compañia del literato argentino Mannel Ugatte, a ba.cer obra de
propaganda pan aiu.ericana.
,
El Sr. Ortega estuvo cerca de un año en el frente de guerra
francés, y ba recorrido las rep1Jblfoas de Venezuela., Pedí, Bolivia:, Ecuador y Panamá.
VENDRÁ
UN CONFERENCISTA

La noche de boy, a las 7.30, se efectuará en la sala de actos del Museo Nacional de Arqueología, la segunda conferencia de la serie, organizada. por la
Socíeda.d Italiana ((Dante Alighieriu.
La conferencia será sustentada por el señor Attilio de Vecchi,
acerca de los origenes remotos de la guerra actual.
Estas veladas h.au sido organizadas con gran empeño por la señorita profesora Maria Appendi, propagandista en México de la
lengua italiana.
CONFERENCIA
ITALIANA

En la Secretaria de Comunicaciones
se ha declarado que hay grandes posibilidades de qne en breve · se reanuden
las obras del hermoso Teatro Nacional,
proyectado por el arquitecto Boari. En
caso de que continúe la construcción, mil obreros serán emple_ados en las obras, a fin de dar cima en el menor tiempo posible
a esta magna fábrica., en la cual ya se han invertido quince millones de pesos.
LA TERNIINACION
DEL
TEATRO NACIONAL

En la última junta celebrada por el
Congreso Local de Estudiantes, se acor•
dó nombrar una comisión que, en nom•
bre de aquel gremio. recibirá al escritor
argentino Manuel Uga.rte, próximo a
llegar a esta capitfl.l. El señor Mariano Nagore, llevando la voz de
los estudiantes, irá a Veracrnz a saludar al prestigiado literato.
Otras varias personas y corporaciones se preparan también :-1,
orgHnizar manifestaciones en bomensije a UgartP.
CON\ISION PARA RECIBIR A
NIANUEL UGARTE

RECITAL HAYDN

La audición estará dedicada a Haydn, de quier¡ se ejecutarán
obr&amp;a selectas, por la. Orquesta Sinfónica y los coros de la Escuela
de México.

PEGASO

PEGASO

Pa11a subsc11ipciones diríjase
al apa11tado 1408. rn

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TEATROS Y CINES
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EN DONDE SE CONOCERA LA

Guillermo Shakespeare, ahora da .revistas y .vaudevilles, dosifica

OPINION DE UN AMIGO DEL

la tragedia en marcospour rire, y nadie hal1ariaun soplo de Anti·
gona en la S11'iá Pat11_.o de «La Sue:rte .Penan, ni a Ofeli&amp; en la he-

CINEMATOORAFO • · • · • • • • •

El cinematógrafo-dijo ..mi a.migo Pánfilo, mientras que en la.
cándida. pantalla erigfa an triunfante bellezary su arte eminente
Vera Vergani-...:el cinema:tógrafo ha. derrotarlo a los foros, y el fracaso de Is.a bambalinas y los bastidores es una. cue@tión que ie Ji_
quidatá muy pronto; la película se acerca a los limites de lo per·
fo.oto y su triunfo, ahora debat-ido por los empresarios Ylos amigos
de loe empresarios, está próximo a ser indiscutible.
-¿Cree usted-repuse-que el arte teatral se acercit. a su 61timo
capit,n lo Y qne dentro de poco tiempo se le harán funeri:1les y ee
le c0loca-rá una lápida conmemorativa!
-No; el tea.tro no va a morir, lejos
va a renovarse;
poco a po.co se
hará menos ficticio y sus escenarios, cuya
utilería es una
lamentable y
estrecha imitación de la verdad, se traslada1 áo a los sitios que preci
samente deben
corresponder a.
cada acción y
a determinados
Actrices y tiples que fungieron de reinas
en la novillada que a beneficio de la
per&amp;onajes,y ya
Cruz Roja se verificó la semana pasada
no nos veremos
en la Plaza del Toreo.
torturados &amp;
mantene:rnos
en esa odiosa simulación con que finjimo·s aceptar las tiradas de nn prólogo de 'Beuavente, los frecuentes &lt;&lt;aparte·s» de ·cierto¡;:¡ auto.res, los mares extátioos que nunca mueven sus olae de
brocha. gorda, los bosques c~ya.s b~ju eitás pa.ralizadas, lAs montañas que se asientan en un piso de tAbla.s macbihPmbradas, la
impertinenre «c1.mcb1rn de don.de se escapa. la desapa.sible vuz de los
ap.untadores y los reflectores que arrojan Juoes de anilina en lss
escenas patéticas y en las poses de las primeras ti.ples. Ut1&amp;ed cree
que el cine es un articulo mercantil y que el test.ro es una mani•
festación de indiscutible carácter estético. Nada más discutible:
el cine, que comenzó por divertir a los cbicoa y a la.a niñeras, con
E)l .Dia.blo en el Convento y La Serpentina de Loie FiUler, -que pasó
después a la pastorela y al folletín, ha acabado por acoger a los
artistas mis eminentes de la escena y a loe mis ilustres hombres
de la. pluma; el .teatro, que tiene el ilustr.e abolengo de los si.glos,
que mantiene imbouablee l'a:s sombras inmortales de "Esquilo y de

rirlo de una. roan era g.eneral a todo el mundo y I aP-1, coneide!larlo
como u.n arte cuyas manifestaciones son evidentemente supnio.rea a h,e del cine, y mucho más perdurables.
-E ➔ verdad . .Ah.o ra mel'e'lier.o a México; aquí, las circunstan•
cias hicieron decaer al teatro, y-si éi:ftas no cambiaran muy pronto, el público acabará por pon.e rse aeI lado de loe ci1;1es, q~.~ :i;:ios
traen ,una visión deJos .gr..a.ndes .a.r.:t,istas y nos acercan a eHos, .con
más facilidad que la que brindan las empre~as't¡t:1edan espeatáculos inferiores y a precios inaccesibles. Provisional mente y con permiso de lo que qpinen los .empresanios, sigo creyendo que el cine
domina .e n México, {811 loa .bolsillos y en los espíritus.
Yo asentí a lo que me .decl&amp; mi amlgo Pánfilo.
L_¡.;óN Jil.El!REO.

-Me parece que tn mujer se pinta demasiado.
-¡ Que si se pinta 1 En tres aiíos que llevo de casado,
no le he podido ver la ,cara.

__.. ... . . .............. ... . .............. ...........................................
,.,, , ,,, ,,

, ,.,, ,

"

·I\ 40 MINUTOS SE ENCUENTRI\ LI\ FELIC10AO
ES MUY SENCILLO TENERLA

ANGEL

l

INN

...,......,",........._,,.......................,,......,,,,,...,,,. ,,,,,,,,,,.,,,.,..,,,. ,,,,,,,,,. ,.,,,,..,,,.,,,,,,,,...,.,,,,,,,. ,,. ,,,,,,.,.,,.. ,,,,,,,,.. . ,,,...,...,...,,,_,
,

14

Equipo del "Junior"

parte de los vencidos, su capitán Alfredo B. Cuél\ar, en el centro,
atacando siempre con oportunidad y decisión; Félix del Canto en
el a.la. derecha., centrando siempre bien y tirando magistralmente
pn corner y el goal keeper, parando muy bien un penalty aplicado
al «A. B. C.n
Dtil ((Junior)) sobresalió Abigail, en la defensa, jugando con la
oportunidad que le cuacterha, parando admirablemente un corner del «A. B. C » y evita.ndo en más de una. ocasión que los con·
trarios llegaran a la meta de su eqnip0; Alexanderson y Ferreiro,
a quienes también anota.moa muy buenas juga.das, y en general
todos los jugadores, estuvieron oportunos, combinando con acierto
y JMV&gt;idc&gt;-,7, y contrarresta.nrlo con eue,rgía los vigorosos ataques del
((A, B. C.n que varia.a veced los pusieron en aprietos.

notarnos carga.a fuera del lugar y dadas por detrás, off s-ides quepa.
saron inadvertidos etc. etc.
Además, nos llamó la atención el que el Sr. García de León, del
uTacubaya,,, pateara alto cuando la bola venía a ras del suelo, lo
qne o,iginó que MontBñ o, del &lt;{Mixcoacn, recibiera una patada en el
estómago que le impidió continuar jugando. Estos golpes son explica.bles cuando la. bola viene por alto, y ae encuentran dos contrarios para recibirla, pero son inexplicables, al menos para nosotros, cuando la bol~ viene rodando, como aco!lteció eJ el caso.que
nos ocupa, Nos abstenemos rle hacer comentarios, limitándonos
a relatar simplemente los hechos, reservándonos para el próximo
domingo, que volverán a jugar estos dos equipos, el dar nuestra
opinión, put::s siendo la imparcialidad nuestra norma, queremos

___

PEGASO

.Momentos interesantes en el juego
Durante el segundo tiempo hubo una ligera interrupción debida
a.la discusión del .penalty aplicado al uA. B. C.n, la que terminó
con la int»rvenoi{&gt;n del capitán del uA.. B. C.n Sr. Ouéllar, ordenando a eu equ.ipo acatar sin discusión las decisiones del referee.
Felicitamos al Sr. Cuéllar por su actitud, pues las decisiones del
referee deben ser inapa~ables cualesquiera que sean.
Ilustramos estas lineas con las fotografías de ambos equipos,

.,,._.,

.........,..,.,,,,,,,_.., ............,,,,,,,,,,,,,...

esperar aqueel próximo juego nos baga confirmar o modificar la
opinión que tenemos formada.
El próximo domingo están anunciados los siguientes juegos:
En la mañana. s. las 10.30.
c(Mb:coac)) y uT:HmbRya)), eu terrenos del uMixcoac))_
nlngenieroe), y «Williame)1 1 en terrenos del ((Willia.msn.
uMedicinan y uLa Internscionaln, en terrenos del uPreparatoria),.

-■No■1 ................. ,■1U11••"11•1m•111m••11111•"1"11•1111 .. 1m1H•m11•••"•""""'''"''"'''' .......... ,,.,,1•11tfl101•11•1••0111•••1•111•"11tt1•1111•11m• 11•••11u••Ht&lt;■111111•••••••••••••••••••11•0111t110"1••111•••1ttl11••m11110,••1■ m••• ..•• ....•••

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SOLAMENTE SAN ANGEL INN

l,,_

Equipo del "A. B. C."

Actores y periodistas que tomaron parte
.e n la fiesta

-

SAN

proponiéndonos publicar sucesivamente las de los demás equipos
de la liga actual.
uTacubaya)I contra ciMixcoacn, tablas -por cero a cero. El «Tacubayan pone cátedra ......... de jugadas sucias.
Muy deslucido resultó este juego debido a las. m6ltiples faltas
del ((Tacubayau, que durante todo el juego estuvo infringiendo las
reglas siendo llRmados al orden por el referee, pues varias veces

roína lacrimosa de «El Puñao dt, Rosa.a»,
1
¿Cree usted que en México, Sin el cinematógrafo, reconoceriamos ni lejana.mente uno de los g.est.os de Mounet Snlly en los que
noe ofrece todas las moches el recomendable ePñ11r Mntio? ¿PrPfie•
re usted oir La Mujer de Loth. por un peso, l!Jl Hombre del Pueblo,
también por un pesa; la 11farandola11 ¡Ry! de Los Molinos Cantan
y sufrir la literatura consiguiente, a ver a Franceses. Bertini o a
Asta Nielsen, por veinte oen.tavos, con buenos argumentos y con
arre~los escénicos excelentes?
-Usted, amigo Páofil:o, tiene una. opinión unilateral sobre el
c'boque del arte teatral y el del cinematográfico; sus ideas refié·
rense únicamente al as.pecto contemporáneo y mexicano de la
cuestión; pf'ro al tefltrn no.bRy qneju2garlo a,t es necesario refe-

........."-''".........................,-.................,......,,__ .,...,.......................,....,,....... ...........,.......,........_....
1.,,,,,,

EJ ,Junior,, venoe•a1:uA.!B. C.n por;dos ,goals contra cero.
Ante numeroso p6blico se celebró el domingo pasado, en terrenos del ((Juníorn, el match:entre los teams ((Juniorn y uA. B. C.i)
qae Jorman una de las combinaciones más a.trayentes de la liga
actual.
Por demás ·r eñido e interesante resultó este juego, pues ambos
c1dba estuvieron animosos y trabajadores, distinj?'uiéndoPe por

1

LA

CORSETERIA

FRANCESA

EMILIO MANUEL Y
AVENIDA

CIA.

16 DE SEPTIEMBRE

NUM.

65.

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PEGASO

�~1111111111111111 IIII Ulll lll llllll llll lll lll llll llffllll Hll III IIUI 1111111111/~\l 11111111111 IIIUllllll lll 111111111111111111 H1111111111111111 III III III III IIII/~

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: . AJf DRf Z
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Pianos

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~/111 IU llll llll ll ll lll llll lll ll lllll lll llll 111111111111111111111111111111111111\~ ~/JIIIIIII 11111111111111 11111lll lllill lll lll 1111111111111111 HIIUHll 111111111 I\~

JUAN DUFRESNE -Uno de loa autores alemanes más fecundos _ y de los autores mis fuertes (Juan Dufresne,) murió en
Berlin el l8 de abril del año próximo pasado a los 84 años. Contemporáneo de Anderasen, con el que jugó un gran número de
partidas, no tomaba parte desde hace mucho tiempo, en las luchas intarnacionales, contentándose con ser historiador de ellas.
El número Qe obras de ajedrez que publicó fue considerable: teoría, colecciones de partidas, pequeños manuales, trl\tados completos, problemas, todas las fases del jnt&gt;go las·expuso y trató con
ciencia extremada, mereciendo algunas de sus obras los honores
de varias ediciones.
Al morir, Dufresne erll. redactor de la columna de ajedrez del
diR-rio ((Deber La.ad 11nd l\feeni.
Como una muestra. de sn juego brlllante y hermoso, repi;oduci
mos el final de una partida que jugó hará próximamente 50 :1ño"'
contra el célebre maestro D. Harrwitz y que ganó de una manen1
magistral, mediante una magnifica combinación.

AUTOMATICOS,

El cine en México
Ha quedado definiLivamente establecida en e&amp;ta capital la com•
pafiía que para tomar películas cinematográfic'as estaba organizando hace tiempo Mimí Derba.
El grabado que pnblicAmos . hoy 1 representa. un momento en

Pianos
ELECTRICOS,

Pianos
REPRODUCTORES,
1

Pianos /s cola
AUTOMATICOS

FINAL DE PARTIDA
Blancas: -J. Dufresne. Negras: D. Harrwitz.

Los últimos modelos.

Posición despllés de la jugada 21 de lat1 negras.
Bl~ncse.-P 2 T D. T 1 T D. A 2 CD, D 2 A D C 5 D. I' 5 R,
P 2 AR, R 1 C R. P 2 C R. T 3 C R, P 2 T R (11 pi"'-"')·
Negrit.s. ~ '1"1 'J''J), P 21' O, P 2 CD, A 3 CD. P :~ A D, 'l' l AR

P 2 AR, R 1 C R, P 2 C R, b 3 C R, D 5 T R. (11 p,ezas).
BLANCAS

El mejor mecanismo.

NEGRAS

22 C 6 AR j.
23 T x C j . ~
24DxPj.
25 p X p
26 D x T
27 R l T
28 T 1 C R
29 D 8 R
30 P 7 A

22
23
24
25
26
27

Px C
P x T
R 1 T
T 2 AR
T 1 CR
O4CR
28 Ax P
29 R 2 T
Las nPgras a.handonan.
SENECTU:,

Partida número cinco
CONTRA GAMBl1'O u¡.; FAl.l,KRE~;H..

BLANCAS

NEGRAS

f1A RDrFJ'

BRíSTOT,

-----

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-- l P·4- R
P 4R
2 Pi D
P 4 AR
P x P D
3 P5R
4 P3A
A 5 C j.
f) 1:' :&lt; p
5PxP
6 ]) i\])
o A. 4 T
7 P 4 A
7 D 3 D
8 A 5 C
8 C2R
9 D6 D
9 0-0
10 T 1 R
10 A 4A j.
11 D 6 A j. !
11 R 1 A?
12 P x D
12 A 6 T maLe.
¡U aa miniatura brillante, jugada por correspondencia entre dos
C':lnh!ól rl.e primera. fnerza !

1
2
3
4

((Meyer y Huerta)) e (1lngenieros B.)) en terrenos de 1,Meyer y
Huerta11.
Por la. t1nde a l~s 3 30.
((Luz y Fuerzan y c(Palacio de Hierron, en terrenos de «Luz y
Fuerzan.
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((Prepara.torian y (1J uárezn, en terrenos del 11Preparatoria)1.
(()filitarización)) y ccNorrnaln, en terrenos del ((Militarización)),
11PEN.ALTY KICK&gt;i.

16

que el operador, bajo la dirección del señor Joaquín Cos81 imprA•
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PEGASO

2.25

3. 75

2.20

4.00
2.20

3. 25
1.90
2.20
2.20

1 60
2 20
2.20
2.20

~:ftt~);1.,.• .

_._¡_·:.:•·.-·-··•·r·····!,',

[~íª?iifA

plano inclinado en la for·
...,·, ma que indica el dibujo.
.••• ·1
Estesistemaofrecetam•
· ··' bién la ventaja db impedir
,
que se levante polvo, y a•
demás, no deja que el carbó11 obstruya las portezuelas impidiendo cerrarlas.

La ~ntorcha que reproduce nuestro dibujo es
muy ut1l para el campo. Para hacerla se necesita un trozo de ca!lería de unos cuantos centíme.
tros de diámetro por quince de ancho, con rosca
en los extremos.
En uno de estos se atornilla una tapa y en el
otro una reducción de cuatro centímetros por dos
para aJustar un tubo de este último diámetro.En
este tubo peque!lo se pone la mecha, que puede
ser de algodón torcido. El · aceite o la grasa se
echan ene! tubo ancho. El mejor coBJbustible es
la grasa o el aceite común.

El tiempo y los grandes hombres.
·schiller ha dicho : "La misma eternidad. no podría recobrar los minutos ya pasados.''
Dante: "el perder. tiempo a quien lo tiene da más espacio.''
'
Shakespeare: "El tiempo camina con diverso andar y
según las personas. Con algunas va al paso, con otras' al
t~ote, con otras al galope, y finalmente, con muchas se
para."
Lord Chesterfield: '' Por todos los instantes perdidos,
hay otras tantas cuahclades y Yentajas perdidas, mientras
cada IDOll)ento bien empleado 1 significa el tiempo sabiamente colocado, y a un interés enorme. 1 '
Goethe: ''¿Habla uno seriamente? Pues entonces afé.
rrat~ a ·este minuto, y lo que tú pienses o vayas a hacer,
com1énzalo sin pérdida de tiempo.''
.
Thackeray : '• El corazón humano es corno la máquina
de un molino: si le metéis trigo, pronto lo reducirá a har1na; pero si nada le lleváis, continuará girando en el
,·acío y reduciéndose a polvo a sí mismo. n

Una pa,pelera sencilla.
La fabr~ca~ión de una papelera como la que se ve en el
grabado s1gmente, es cosa sencillísima.

e

En un trozo de cartulina o de cartón delgado se traza
y se recorta, ampliado a las dimensiones que convenga ,'!l

patrón que reproduce el dibujo.

'

�VII
.:,

VI

LOS SANATORIOS MODERNOS

MUY PRONTO
SE PONDRA
A LA VENTA

Una nueva manifestación de la actual cultura.- PEGASO hace una visita informativa
al Sanatorio Quirúrgico del doctor Moreno.
La civilizaci6n moderna, transformando todas las roo· traen a la imaginación, no la idea de enfermedad, sino la
dalidades de la actividad humana, tiende a crear constan- de la salud y bienestar.
Las salas de curaciones y de operaciones con sus autotemente nuevas y nuevas manifestaciones de su evolución
claves,
sus mesas de operaciones, sus servicios modernísique adaptan las necesidades del hombre a las tendencias
agua y calefacción, su grande arsenal de instrumos
de
que produce el ascenso de la humanidad hacia su mejora·
mentos quirúrgicos que se vislumbran ante la transparencia
miento social.
Ninguna manifestaci6n más importanse en este sentido de los cristales de las vitrinas, dan el aspecto de un laboraque las transformaciones radicales que han sufrido los torio científico.
El tocador elegante y lujosamente amueblado más pare·
establecicimientos curativos.
cía
el Boudoir de un palacio aristócrata que el sitio donLa actividad moderna no permite el reposo, no permite
el estancamiento; la lucha por la existencia es intensa. Si de se asean los enfermos de un hospital: ante un soberbio
antiguamente un in- tocador de mármol de Carrara blanco encontramos todos
di vid uo enfermaba, los elegantes bibelots y chucherias necesarias para la toilet~
dada la escasa inten- te de una dama o de un caballero com'il faut. Un elegante
sidad de la actividad Parloi1· de severo mueblaje donde los enfermos pueden
de la época, le era recibir sus visitas, trae a la imaginaci6n las cultas conver·
permitido retirarse saciones y el finísimo trato de los aristócratas modernos.
temporalmente de la Visitamos también la Capilla, aun no terminada, en donde
vida activa y privll• el Redentor del Mundo surge en medio de un altar de des•
damente, en su ho- lumbrante blancura; el recinto inspira recogimiento, paz
gar, era atendido por e ideal, que tan necesario es para todos los que sufren.
Entrevistamos al Dr. Moreno en los momentos quepasus familiares. Ahora todo hacambiado. saba visita a sus enfermos y que bondadosamente contest6
Un hombre enfermo a todas nuestras preguntas: ¿Qué cualidades debe llenar,
es un atrasado, uno le preguntamos, un Sanatorio moderno?-Las condiciones
que detiene su movi- que he procurado llenar aquí, nos contestó: se debe ahumiento, es una rémo- yentar de los enfermos, por todos los medios posibles, las
ra, un obstáculo para ideas lúgubres y tristes que despiertan en ellos sus sufrisus familiares que a. mientos, por eso he procurado que abunden aquí las flores.
su vez tienen que sus· la luz y los colores claros: la experiencia me ha ensefiado
pender sus activida· que no hay peor enemigo de un enfermo que el desaliento
des para atenderlo. que le producen las caras tristes y los paisajes sombríos.
De esto ha tenido que Además se debe atender preferentemente al servicio cuisurgir necesariamen- dadoso de los asilados; aquí tengo especial atención con las
te una nueva mani- alimentos que todos son sabrosos y nutritivos a la par que
festaci6n de la mora- sanos, lo mismo que con el personal de médicos y enferme·
lidad social: &lt;El Sa- ras que vigila constantemente a los enfermos. ¿Qué ope-.
raciones de importancia ha efectuaao Ud. en este Sanatonatorio&gt;
El enfermo moderno no se atiende en su hogar. Los 'ho- rio?tornamos a preguntar.-Muchas, nos contestó,-pasen
gares actuales tienen también el sello de la época, la mar- Uds. Y conduciéndonos nos llevó a la Sala de curaciones
ca. de la actividad, en los hogares modernos no se vive, se donde nos mostró, sacándolo de un frasco, un metro de intransita, como en una estaci6n en que los viajeros descien- testino que había resecado tíltimamente ~- un grueso to·
den momentáneamente para volver a tomar el tren que mor que había extraído
pasa a toda máquina; no está acondicionado para la enfer- de la axila y que lucía
medad. ni para la calma. El enfermo tiene que buscar le· su monstruosa deformidad conservado en alcojos de él el reposo que necesita para :volver a la lucha.
Por otra parte la ciencia haciendo cada vez más nuevos hol.
No queriendo molesdescubrimientos que necPsitan diferentes objetos e insta·
la.ciones de que hay que rodear a un enfermo, y que no tar· más nos despedimos
pueden de ninguna mánera existir en los hogares. Sólo en y salimos del SanatoestablPcimientos especiales se pueden reunir todas las con- rio, llevando una im·
presión que no esperádiciones.
PEGASO, queriendo hacer un artículo informativo de bamosencontrar. y penlo que en este ramo se ha hecho en México, ha visitado samos ya ante nuestrit
varios establecimientos de esta clase, deteniéndose espe- mesa. de trabajo: iQué
cialmente en uno que a su juicio reunirá dentro de poco tendencia tan marcada
tiempo. cual ningún otro las condiciones que exige la ac- la de la humanidad de
tual cultura.. ~os referimos al que ha establecido el Dr. ir hacia la dicha, hacia
el placer, de ocultar to·
Donato Moreno. en la 1\J. calle de Bucareli.
iQué diferencia entre un Sanatorio moderno y los anti- do lo que sea triste, toguos hospitales de que hablan las le.rendas, y que para do lo que sea repugnan·
ludibrio de la época aun existen entre nosotros! En ellos te. Así como el homtodo era triste, todo era lúgubre: desde el olor que al en- bre civilizado oculta rns perversidades y sus muecas d
trar se respiraba de drogas infectas y gente aglomerada, dolor bajo la sonrisa de exquisita finura que se acostum·
h11.sta la f1dta de luz; el decorado lúgubre y serio que era bra en el trato social, así los médicos modernos nos oculel adorno obligil.do de los establecimientos de esta clase. tan nuestras podredumbrE&gt;s y nuestras enfermedades ba."
Aquí todo es luz y alegría. Los departamentos de los en- las gasas y cortinajes de una sala de enfermos lujosamen
fermos elega.ntemente amueblados, con colores alegres, 11.mueblada. lo mismo que la llaga hedionda bajo la desalbeando de limpios, relucientes los mueble~, recuerdan, lumbrante blancura de un lenguaje estéril.

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Pegaso, Revista Ilustrada, 1917, Tomo 1, No 3, Marzo 22</text>
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                <text>González Martínez, Enrique, 1871-1952, Fundador</text>
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                <text>López Velarde, Ramón, 1888-1921, Fundador</text>
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                <text>Rebolledo, Efrén, 1877-1929, Fundador</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>Urueta, Jesús 1868-1920, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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COLABORACIÓN:
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los drcires gallardos y con los i11111m111 ptus felict&gt;s d&lt;· la
compañía. Era mi hora pr&lt;'fP1·ida. Las fra~ws embt·iagaban tanto co1110 los vinos y &lt;&gt;1 rPmoto 1.ot'oastro 111e conquistaba a su culto, frente a aqt1Pl sol llanwantc&gt; el&lt;&gt; mis ,·!'inticinco a_ños, que ponía esmaltPs de pit&gt;dras p1·ecio,¡¡,; en
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la ciudad ~orno una Cleopat ra d&lt;,sdeñosa. pero pal l'Íl,,n.
te, y pedía a mi destino 1111a fórrn11la mágiea para '"•wlavizarla, para amarrarla aunque furra b1·ev&lt;~111entP. a los
potros salvajes de mi desPo. :,:,í. Ent mi horn pn•ft•ricla.
L a ora en que bajo los cabellos negros, Sl' sienten latir
todas las posibilidades. La hora sacra de] Sol Pll guninis

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_v &lt;'1 alma &lt;'11 primavPra. La hora litúrgica &lt;'11 qn&lt;' los leo1ws Yan a lJPber.
Ahora nw trabaja la disprpsia. ::\fi médico, C?nfalrnla110 con mi mnjPt', me l'l'&lt;'Ollliencla la tt&gt;lll!H'rm1c1a ~· !J~ll'
llll' alinwnte a mis horas. Los años madu1·os dict&gt;ll lo mismo. l Qué hacer? A fortuna da 111Pnte, la cinclac1 tiene . cousu&lt;&gt;los para las &lt;'11Prgías quP clandican y sabe. encammarml&gt;. al atardecer, l•Qmo una Antígona familiar, a los_pan!Pones, únicas col&lt;•ctividaclcs qu&lt;• se 1&gt;scaparo11 de' la votación el último domingo. Allí \'11elvo a cncontl'ar la paz
,. &lt;•1 sile11C'io qm• antt&gt;s ;ran enemigos de mi mocedad, con
la ventaja el&lt;' la eompañía (le los mármoles, c~1ra S!.'rena
lwlleza S&lt;' acu&lt;&gt;rda admil'ablementP con &lt;'1 clPclmar éle un
profrsor de liten1t11rn &lt;'11 receso. La substancia grata a
los dioses Y a los h{•ro&lt;'s S&lt;' llC'na de• prestigio:-; en la ho1·a
c1·r¡rnscuh1;._ cnarnlo el Sol se oculta tras la torva cortina del A,iw,eo, eomo nJJ ITuitzilopoxtli cub_ierto de san. g-re. La luz qn&lt;' S&lt;' aleja poro a poco de la tierra rn estas
ya peraminosas tar&lt;1es marcinas, apo~·ámlosC' en los h·one•os de los árbolrs, deteni(&gt;11close 1'll &lt;'1 1·rco&lt;lo de cada sen&lt;l!'l'o. aeo1·tan&lt;lo p} paso c•omo nna cou ,·aleciente, a lo largo &lt;le las wrNlas 1lornl1' sl' prolonga la silueta elegantt•
1le los cipt·est&gt;s. pat·&lt;'CP ,1t·m·icia:· eon sus ma.nos dC' eer_tt
las figuras que p1·t•si&lt;le11 con actitud&lt;'S compasiv~s Y s1~phcHtorias, el largo sul'ño 1lt• los quP fnrrpn. ~,a piedra_ 1lust1·&lt;• pane&lt;' tonrn1· una Yirla J)l'Opia con PI naufragio dl'
la lnz. Robn' l!1 s111wrfiriP pulida &lt;lPl rnill'lnOL que se redornl&lt;&gt;a ha 1·1110niosam&lt;'nk Pn los hombros &lt;le las rstátnas
y &lt;'11 los fnstC's dP las columnas, ambnla un supremo resj1landor s11gp1·ente ele la 111atP paliclC'z de los lirios exangiiPs, ~- (lp las ca t'll&lt;'R glo1·io'las poi· blancas. Y &lt;'11 las ma~as YPr1li1wgl'as (11• los ál'holP'i, la mirada se pn&gt;nclr largalll&lt;'llÍ&lt;' a psa ¡w1·sisknfr hlancun1 donclP S&lt;' ex.t&lt;'nÚan los
crrpnsc-11 los .,· S&lt;' d tt&lt;'l'llH' la luz ele 1H tanle. La ho!·,~ el&lt;•
los 111fÍ1·111olPs PS ahora ltli ¡wpf_p1·ic1A. para tra11q1nl!da1l
dP mi disp1•psia. Y si h&lt;' lkrndo a mis leeton'S a la silf&gt;n1•iosa C"i11dad d1• los m1w1·tos. enlpl'll a ht Repnhlica, qu&lt;'
ha siclo hÜ'n parea hasta ahora para prodigar !'l ¡wntélieo c•n otras pa1·t&lt;•s. Apeuas 1111estro ,Jnánz de mármol platll'ª su glo1·ia sohrl' la fronda ele la Alameda . ~· _Hm1~holdt &lt;'ll los j,mlinPs &lt;l&lt;' la Biblioteca, fr1111ce s1gmfiea~1, illlll'lltP PI l'llll'('('(',ÍO. "\o ha~- manera. ('11 COl\S!'('lleDCla,
· dP apreciar to&lt;1os los prodigios qu&lt;' &lt;&gt;l Sol azteca siembra en
la pieclm g!oi·iosa. \'ivamQs !'.011 la C'Spe1·anza de verla floJ't•e&lt;•t· COJ)ÍOSéllllPllÜ' ~n llll('St1·os jardinPS ,\' paseos, purificando el ail'e co11 la sol&lt;&gt;11111ida&lt;l &lt;lP sns lí1was. A sn s0111h1·a nobh• pod n•mos ohida r las vi&lt;•,ias cicatrices. La hora
dl' los múrmoles l'S piadosa como un opio sutil. Oculta misp1•icon!iosamc11tl' los arnl t·ajos ¡]p púrpura dt&gt; la .iuven1llll &lt;lestrouada.

PE.GASO

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Cuento Semanal de "Pegaso"

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=11,111111nuu1n1u11111111nu1!

EL RETRATO

EL IDEALISMO MORAL DE FRANCIA
POR, cANTONIO CASO

Por MANUBL TOUSSAINT.
Eep,,cial para PEGASO.

se efectuaban, donde el discreteo y amenidad en el trato
competían con el lujo de colores y de perfumes delicados, creí que la vida era bella; y lamentábame de representar a un sér humano y no haber vivido nunca. Dios
oy6 mis quejas por mi desgracia, pues me permitió
abandonar mi cárcel. Dejé mi mano, dejé el paisaje que
jamás había visto por estar a mis espaldas, y me lancé
an lA. corriente del mundo&gt;.
&lt;Y en el mundo conocí todas las amarguras de la vida;
vi al padre renegar de su hijo y al hijo blasfemar contra
su padre; vi la traición premiando los afectos más puros, y al amor ofrecido en gratitud al escarnio; vi que
los hombres se afanan en no comprender a sus herma·
nos y que si los comprenden es para herirlos mejor. Oí
por doquiera lamentos, y noté con sorpresa que la muerte era el más frecuente de los deseos&gt;.
&lt;Horrorizada. abominé de la vida que era antes mi
ambición y torné presurosa en busca de la tranquilidad.
Mas el cuadro había desaparecido. Por más que inquirí,
nadie supo informarme de él; sin duda, el paisaje pintado de memoria que me servía de fondo no era de bastante
interés. Quizás lo destruyeron, quizás lo enaj6maron&gt;.
&lt;Desde entonces ando errante por la Tierra. Soy inmortal y desgraciada; mi perpetuo anhelo es encontrar
el apacible refugio de donde nunca debí haber deseado
salir&gt;.

Siempre que veía la ridícula ·figura de la anciana., dábanme deseos de reír; con todo, gustaba charlar con ella
oorq ue su aspecto era una viva reminiscencia de tiempos
lejanos, como un cuadro de Holbein o de Franz Ha.Is.
La extravagancia de su rostro correspondía exactamente a la inquietud de su espíritu. ·
De los pocos seres conque hablaba la vieja criatura, yo
era, al parecer, quien más confianza había logrado inspirarle. Recelosa con todos, empleaba su análisis minucioso en desmenuzar pacientemente cuanto se le decía,
y ella, a su vez, derrochaba gran tiempo y cuidado en
escoger sus palabras. Un día halléla más triste que de
costumbre. Su respiración era fatigosa como si hubiera
recorrido grandes distancias. Cuando me vió tendi6me
displicente su huesuda mano y después escuchó distraí·
da mi charla, como si algún pensamiento la atormentase sin cesar. Al fin, interrumpiéndome, comenzó a ha·
blar con su voz lenta, de cadencias superhumanas:
&lt;Habéis sido bueno conmigo y yo quiero recompensaros con lo único que poseo: con la singular historia de
mi vida. Para vos es muy poco quizás, pero ninguno la
ha escuchado ni la escuch11rá de mis labios&gt;.
&lt;Sabed que no soy un sér huma.no, mortal y variable
como todos los que nos rodean. Mi origen es muy extrano; mi naturaleza es un misterio. Yo soy un retrato pintado al óleo, y adornaba el sal6n de uno de mis descen***
dientes. El pintor que me hizo-y no puedo pensar en
Poco tiempo después, la anciana se despidi6 de mí paél sin resentimiento, pues por su afán de imitar servilmente a la naturaleza dióme tan poca hermosura como ra continuar su interminable vagancia.
Dios a la dama que represento-nunca pensó que su . Y me quedé pensando en que hay muchos seres-yo
obra adquiriese tal vida que fuese semejante a los mor- conozco muchos-tan fuera de su centro, tan desacor·
des con el medio que los rodea y a la vez tan inquietos,
tales&gt;.
&lt;Aconteci6 que desde el interior de mi marco, sin más que parecen andar buscando constantemente el cuadro
informes que las brillantes tertulias que a mi alrededor de donde surgieron a la vida.

la visita de Salvador Rueda

nes hubo juegos deportivos en el HipódromodelaCondesa,
organizados por el
gremio estudiantil,
El popular poeta
y por la noche los esespaf!.ol Don Salvatudiantes dieron un
dor Rueda, que es
rumboso gallo frente
huésped de la ciudad
al .Hotel Gillow, reside México, ha recibidencia del poeta. El
do numerosas manimartes, 111. Sociedad
festaciones de µart ·
Ariel le dedicó una.
de diversos grupos
fiesta, en la Acadeoficiales y privados.
mia de Bellas Artes
El último domingo
y durante la ce remo·
se le dedicó una ma
nia leyeron compotinée en el anfiteatro
siciones literarias
de la Escuela Prepalos jóvenes don Arratoria y en ese acto
turo Martfnez y don
leyeron trabajos lite·
Carlos Pellicer.
rarios los sen.ores a·
La tarde de hoy
Salvador Rueda, al salir de la matinée en la Preparatoria
cadémicos don Maserá invitado a una
nuel G:Revillay don
sesión de la SocieEnrique Fernández Granados y hubo números música- dad Mexicana de Geografía y Estadística, como una deles a cargo de la Orquesta Sinfónica. El mismo día, el ferencia de esa agrupación hacia la intelectualidad esCasino Es paf!.ol obsequió con un banquete al sef!.or Rue- paf!.ola. El poeta permanecerá todavía algunos días en la
.
da, en cuyo honor se dijeron entusiastas brindis. El lu- ciudad de México.
2

IDEAS

PEGASO

Las palabras, alados y pequeños seres simbólicos d~ naturaleza eminentemente social, mudan con frecuencia de
significado al pulirse y mezclarse entre sí como los guijas
de los ríos en el cauce. Así las palabras se transforman
ideológicamente e implican su nu~va sig_nifica~ión_, dentro
de la corriente impetuosa de la vida social, e mv1erten, a
veces, con resuelto y firme movimiento, su antiguo sig~o.
Lo s1¿bjetivo rra, por ejemplo, para los doctores med10evales, se,·áficos, sutiles o a ngélicos-nombrémosles P?r _sus
rscolásticos epítetos,-el sujeto o rnateria del co?ocmnento. Lo subjetivo es, para los modernos, el espíritu ~ sur.
formas, el mundo interior. lógico y racional o efectivo o
fantástico. La inversión clel significado ha sido, en esta
vez, absoluta.
Cosa semejante acaeció con este ilustre vocablo idealismo, que, para el com11n de las inteligencias, si~nifiea
la tendencia ingénita hacia lo inmater¡al de la vida, el
rsfuerzo para plegar las cosas a nuestros designios, el movimiento de disgusto por la realidad imperfecta y condenable por más de una razón. En suma, un anhelo sistemático ele reforma ( nueva forma ) ; una preferencia otorgada siempre a la idea sobre la materia. Pero, para los
modernos filósofos germánicos. lo ideal es idéntico a lo
real. Hegel fue el autor de la tremenda transmutación de
los valores de la palabra, al formular su célebre apotegma
nreña&lt;lo de peligrosos corolarios metafísicos y morales:
todo lo real es racional; todo lo racional es real.
Ya se concibe, entonces, fácilmente, cuál será la actitud
de un pueblo que se convence de que el ideal está inmanente en las cosas del mundo. Creerá que la historia, por
sí misma, va realizando el triunfo paulatino del bien. Que
lo que sucede cúmplese en servicio de Dios, necesaria, fa.
talmente, como se eslabonan por su intrínseca necesidad
lógica las premisas de 1m silogismo. Crímenes y virtudes,
males y bienes, errores y verdades, todo es, en el fondo,
virtud o preparación para la virtud. bien o preparación
nara el bien, verdad o elemento de la verdad. Un hegeliano dirá, como Schellin¡?, maestro ele Hegel, todo es 1¿no
y lo mismo. Un alemán dirá: Alemania sobre todo; porque Alemania es fuerte y Bélgica no. Alemania sobre todos, porque la fuerza es la razón y la razón es la fuerza, porque el ideal es lo real que toma conciencia de su
realidad y se proyecta sobre el futuro. He aquí la forma
más espeluznante de la transmutación de los valores intelectuales y morales, la fórmula del idealismo alemán.
Francia profesa otro idealismo menos dialéctico, menos inhumano; pero más verdadero, sobre todo, y más moral: mueho más. ¡ Cuánto difiere la causa de la Revolución Francesa de la causa del Imperialismo Germánico!
¡ C'uán diversos y contrarios los propósitos morales de los
místico.~ de la f1wrza y los teóricos de la reivindicación
burguesa! Estos quisieron hacer marchar las cosas del
mundo sobre las prescripcionrs imperativas de la razón;
constituir a las naciones sobre la base del derecho; imponer a sangre ~: fuego la fórmula ideal del Contrato definido por el célebre ciudadano ¡?inebrino; inculcar a cañonazos y marsellesas delirantes 1ft Df'cla1·arió11 de los Derec/10s del Hombre en los súbditos de los reyes europeos.
Xapoleón fue el heraldo de los desiderata franceses del
siglo XVIII, que C'ran los desiderata del mundo. Su meteórico destino, deslumbramiento de la historia, tenía un
fondo de justicia, una nobleza de ideal obscurecida, es
verdad, por la ambición y el crimen. ¡ Aquellas guerras
fueron la interpn•tación brutal de algo divino. Éstas, en
cambio, más formidables ? mortíferas, son simplemente
la apotcósis de Leviathán.

Hoy se lucha por hambre, por deseo inmoderado de dominio, por hegemonía militar, por preponderancia de razas, por la consecución de mercados, por la primacía de
la violencia sobre la libertad. Entonces se luchó µor arrancar a los privilegiados sus privilegios; para derrocar a
los tiranos, para impone1·, acaso to1·pemente, pero siempre
con hidalguía. ideales humanos, ampliamente humanos,
ele esos que si entonces no se hubieran cumplido, al fin
triunfarían, a pesar de todas las causas negativas, a despecho de todas las condiciones contrariantes. Como que
eran ideales necesarios. capaces de vencer todas las contingencias de la historia µor el solo transcurso del tiempo v en razón de su nropia y enérgica virtud.
Francia se sacrificó &lt;'n aras de un designio moral. 'N"apoleón fue el soldado del mundo al deshacer monarquías
medioevales claudicantes. Guillermo II. tirano como él, sin
~enio riuizás. lucha nor la avidez de sus mercaderes. por
el instinto de su nneblo invasor. por el ansia injustificable
ele dominio. ¡ Qué diferencia!
Bonaparte luchó por al~o eterno. Guillermo II lucha poi·
nor algo efímero, tan efímero como su propia existencia.
El poder. el éxito, el triunfo, son cosas que cada instante
eleva y abate cada instante también. Toda heg-emonía que
se afianza empieza a sucumbir. Si Francia hubiera desaparecido en la odisea napoleónica. las águilas de César, alirrotas y maltrechas, habrían eaído sobre el desastre imperial. proclamando la nureza de su inteneión. Las águilas
de Prusia volarían sobre su imposible victoria, sin tener
para sí ·más que la. vergüenza del exterminio y la miseria del poder.
Francia es creadora de grandes movimientos morales
concebidos para imponer a la materia humana, a la historia. el molde incoercible de la idea. Francia tiene fe
en el libre albedrío metafísico, en la colaboración efectiva, social, cristiana. del hombre con Dios. El mundo no
es, para ella, idealismo inmanente, sino objeto sumiso de
la voluntad que realiza el ideal. En los si¡?los medios, fue
Francia el Soldado de Dios. Un pueblo de cruzados heroicos. En el siglo XVIII creó la Revolución. En el XX
impuso al germanismo invasor-podemos ya hablar en
pretérito sin temor de equivocarnos ni posibilidad de que
se juzgue que alardeamos de profetas,-sus límites naturales, levantando sobre el asombro de la tierra el prestigio &lt;le la ciudadela homérica de Verdun. El viejo río codiciado, el Río de la L eyenda, repasa en estos momentos
su gramática francesa, que tenía olvidada desde 1870, como diría Reine.
Concepción por concepción, fuerza por fuerza, virtud
por virtud .... , y que la conciencia humana decida en el
conflicto histórico del idealismo heroico de Pedro el Hermitaño, Juana de Arco y R&lt;msseau, y el idealismo dialéctico de Hegel, Bismarck y Guillermo II.
México, a 11 de marzo de 1917.

Los hijos son para una mujer la mitad de la vida. Ama
a sus padres en la primera; ama a sus hijos en la segunda.. iQué vale todo lo demás!

_¿Por qué lloras, querida mía?
-¿Acaso lo sabe una? Hay un poco de todo en las lágrimas de la mujer.

PEGASO

¡¡

�Libros

y

Revistas

~~Ji!!@.@fü!J@ffi!Jiil.Jc!Jñl~i!!ffi!ffi!fi!!ffi!fü!í@Ji!!ffi!i
ADOLFO BONILLA Y SAN MAR- cía de las fuentes litenn·ias, o esperar que el azar lo resuelrn, o
TIN. Cervantes y su obra.-.1!,rancis:·~:;nuciar a resoh·crlo 1 ;,Xo es Ja crítica más seria la que se va
co Beltrán. Madrid, 1916.-El cuaaeercauclo cada vez más a la solución, ya que ésta no se acerca,
dro que ofrece ahora la erudición es- afirmando que es posible que Cernmtes sea el autor de esa nornpañola es brillante; los ~studios so- la y que por otra parte es muy tliffo~l aun_ sugei·ir el nomb1:e
bre literaturn y artes hispánicas son de ningún otro contemporáneo que . hnb1e1:a sido c~paz ele. escnnumerosos. Por. mucho tiempo 110 birla (Fizmanrice-Ke!Jy) porque, ,·orno dice el senor 8omlla a l
hubo sensación más desconsolaclor:1
mismo propósito (p. :l20), los 1101·clistas anteriores a J 609 pucdC'H
que la que ofrecía la erudición y la ,·ontarse con los dedos?
·
crítica en España; después, las figuEl señor Bonilla es uno de los crnditos espaiioles más serios,
ras de )[i]á y ~,ontanals y l\Ienéndcz ,'arC'&lt;"e ,lel saber profundo en un campo rle la literatma c:omo _fl
y Pelayo formaron y presidieron un señor )le11Í'ndez Pi&lt;la), &lt;'arece también ele su estilo llano, sobr10,
moYimiento serio, interesante y fruc- ,lisei-eto. Si Jpéis a )Jc,néndez Pida] en una traducción francesa,
tuoso. Don Adolfo Bonilla y San Jo que habrá suredido si conocéis L'Epopée (!astil/(11te. no n~~ifartín es discíp11!0 del último, de
rPis qu&lt;' es un espaflol quien es.cribe. En Bomlla Jo 1·e&lt;'onoc:_ena1s
quien ha heredado el afán poi· saber inmediatamente: 11s11 giros n1lgares, frases hechas, plebeyismos.
todas las cosas, que aprovecha con
~le Jhunó la atentión ,¡ne 111111 persona ele tan amplia cultura &lt;'01110
tan diverso éxito, como todos sabe- í•l haga nn uso impropio de ciertas ideas: dice que al autor del
mos. Representa junto a su maestro, fal.,o Q11i,iote "inspiró más el espíritu dionisí~co. que el apolíneo''.
en cierto modo, el papel de Joseph
(¡,. 62) . .Ehitemos las lisonjas: Jas c,osas tienen su nombre. \
Béclier al lado de Gaston Paris, sin
Juego quiere amenizar un estudio filológico con los uom_bres de
los atrevimientos inteligentes, sin las audaeias de! critico moderno. Lupin, Raffles y Sherlock Holmes (p. 69). Don Marcehno )feEl libro del señor Bonílla está formado de artículos y tienP nén,le. y Pelayo nun,·a lo hubiera hecho.
los defectos de todos los libros de artículos. Es interesante para
~in emhargo, el libro es interesante ~- útil: un libro de Boniestudiar el estado en que se halla la crítica cervantina, que sulla 110 podía ,·arerer ni de int¡,1•(,~ ni rk 11tili1la1l.
frió por largo tiempo · del afán de explicar el munilo, su 1·oluntad
A.. C. L.
y su representación por el Q11ijote. Defecto que heredamos los mexicanos, que hacemos remontar el origen de todas nuestras maniENRIQUE SANTIBÁÑEZ: Follefestaciones idóneas basta el Rey X etzabualcoyotl. Cervantes !f .sn
tos Populares de Educación Politica,
obra contiene comentarios filosóficos, · estéticos, Jingiüsticos. histó::U:éxico, Libreria •Biblos•, 1917, en49
ricos sobre la obra ele aquel ingenio. Abrls el libro y os agratb
-Este es el primero de una serie de
la crítica de las ,iejas interpretaciones cervantinas (generalmenfolletos que su autor •se propone este en crticar a los comentadores de CerYautes se ha perdido mucribir para divulgar la comprensión
cho tiempo en España), pero luego, sobre las premisas qne puedl'
de nuestras leyes constitucionales.
aceptar un juicio razonable. hay derivaciones qnc caen dentro del
Enrique Santibáñez representa enespíritu de la vieja trítica: se busca rnetáfísica en el Q1ti_1ote y
tre los actuales cultivadores de la
con el fárrago de mil autores espafioles-sin excluir a Séneca, ni
historia, en México, el espíritu ana Maimónides, ni a Avicebrón, ni a Averroc&amp;'-Se quiere justificar
helante de hacer prácticas las expe•
nna filosofía española en él, y una ascemleneia filos6fica en los
1·iencias de la vida politica nacional
pícaros que remonta hasta Zenón. ¡ Oh. impertinente sabiduría'
de los últimos tiempos, y su análisis
¡ Todo11 los á1·boles genealógicos tienen sns raíces en la tierra'
en esta materia quiel'e solamente
El libro se resiente de su sabidnría. ·"No entellflemos nosotros
encontrar precep.tos de comprensión
qne Don Quijote represente dos naturalezas distintas (Alonso Quiaccesible y consejos de pública y fájano el espiritualismo místico, y Sancho Panza el sensualismo macil utilidad.
Está noblementeempefíado en dar
terialista ... ) La naturaleza psíquica ele Cervantes, como la ,le
lecciones de experiencia social. La
cn&amp;lquiera otro hombre, no podía truncarse ni desdoblarse hasta
historia especulativa no le preocupa,
el extremo ele producir efectos de esencias opuestas" (p. 27).
ni busca a Hegel para interpretar el
Se quiere dar a ententle1· que hay en el Quijote la expresión de
una filosofía, porque la observación ele! señor Bonilla no es exac- espíritu de la época; y así, atiende exclusivamente a la resolución
ta si se quiere referir a la dh-ersidad i!e los caracteres en las de cuestiones de nuestro tiempo, relacionadas con sucesos cuyo
arranque más antiguo es de los tiempos de la Independencia. S~ es3reaciones estéticas: revísense los personajes de Shakespeare :1· &lt;k
tá lejano de Xenopol, el insigne rumano maestro de las sintes1s y
Goetbe.
de los preceptos históricos, busca evidentemente la aproximación
i Por qué no se hace de los mejores libros españoleR una interde ciertos escritores franceses muy en boga, como el popular docpretación humana, dramática, ,le los &lt;·aracteres y de las situaciotor Le Bon. El reciente libro de Santibáñez JiJl Ejecutivo y s1¿ Labor
nes como lo hace John ;\lasefield de las obras ele Shakespeare?
Política es testimonio de nuestra observación.
Algo dejó en ese estilo Razlitt el huraño y algo hace ahora el
El foll~to que acaba de aparecer expone! en forma _dialogada, los
amable Azorín. No busquemos filosofía en todo porgue hay el
deberes y derechos del ciudadan.o en México y también algunos tó•religro de encontrarla. Os propongo un libro rompuesto de las
picos relacionados con esa cuestión; el autor dice senc~lamente sus
pinturas de los cararteres menores riel Qui.iote.
ideas sobre la materia, refiere causas, apunta resoluciones y lleva
En cuanto a La Tía Fi11gidr1-la parte más consistente del lia sus escritos \rn simpático espíritu de reposo, de discreción y de
bro--es un examen pesimista &lt;le potler de la crítica uo fumla- sensatez.
ila en datos evidentes ,le archivos. Para el crítico hay datos que
G.E.
si sabe interpretar le ayu,larán mucho, y sobre los cuales tendrá
oue decidir cuando falten los rlemás v ,•uando otros 110 lP contradigan. El estn&lt;lio sobre La. Tía Fi1tgida rletienc c-0.11 su escepDR. CARLOS BARAJAS: ;Pmmticismo sobre la solución del problema, un mo...-imi_ento rle críticia!, México, 1917, en 89-Es una con, ca clescarriada e imagina.ria que se había formado alrededor ele
ferencia leida recientemente en el
él. ¡Lástima que se haga eo11 saña y burlas lo qup sólo exigía seCírculo Francés. El Dr. Baraj as, aniveri,lacl ! Sin embargo, vara quie11 sepa Yer, la ~ituaciún riel ~emoso y constante paladín de la causa.
ñor BoniJla no es imparcial. "Rahienclo ,le ,Jeter111i11arn1c si11 PXde las naciones aliadas, comenta en
cusa entre afirmar que la Tía es &lt;le Cerl'antes, o negarlo sin rorleos
este folleto, en cálidos .y briosos pá•
ni callejnelas, yo confieso que optaría por lo primero" (p. 190).
rrafos de incontenible amor P&lt;!l' la
i Qué falta para que de grado se ,lec-i,liera por lo primero/ T'na
heroica Francia, el brillante papel
JiT"eba evidente, irrefutabk. La opinión estéptira ,le! señor Boque corresponde a este país en la conilla con respecto a la crítita interpretativa nos parel'e eu este ralosal contienda, y ati¡.ca los procediso necesaria, útil: había que atarar sus exagemciones. Pero ella
mientos que usa Alemania para aninacla más puede resol,·er eiertos problemas ,·11ando el o.io ,·a limquilar a sus enemigos y para defenpio de prejuicios. Hay un ,,aso típico: b atribm•ión ilel prin¡er
der su interpretación del Derecho Interuacional.
acto lle J'a Comed·i.a dr Ca/i,•to r· Jfrlil! ea ni Bac-hiller l''&lt;'rnan,lo
de Rojas, a pesai· rle su &lt;leclara,·ií)J) eu &lt;'ontra. fundada nada má~
El homenaje del Dr. Barajas es un
nuevo testimonio de la fervorosa
rine en semejanzas ,J&lt;, estilo :,· crPac-i611 artística. La Tia Finr,irla
simpatía de las clases cultas de Mése halla en uu mam:,crito ,le la épo&lt;•a. 1·011 R;111'011rte y Cortadixico por las naciones aliadas.
llo v con El Celoso Extremmio: &lt;10s n·rsioueR tan dil'ersas &lt;¡U&lt;' es
imposible corregir la una por la otra. ofrecen Reme.ianzas &lt;·ou I08
textos c1el Rinc·o11Ple: ni11g-ún ,lato siqnie1·a· a&lt;"eptabl&lt;.' la atribuye
a alguien: no hay niug-nn~ impogihiliclacl ni rle tiempo ni de esJOSÉ ANTONIO RIVERA G.: l~n defensa de la integridad de
pacio para atJ-ibuirla a C'en·antrs. ¡ qué fnnclamentos 1rne&lt;le aduChi(tpas, México, Imprenta de Manuel León Sánchez, 1917, en 9&lt;;&gt;_
cir la eriti&lt;-a ,;i110 el estudio de las semejanzas clel estilo, del poA.taca el señor Rivera una reciente iniciativa de agregar al Estado
der artístico clr las obras ac Ccrrnntl'S .v ilP la Tío, la concnrren- de Taba.seo una fracción del de yhíapas.
PEGASO

FCTEMf\5 fllE.[7íTD
DEL PROXIMO LIBRO "ZOZOBRA,"
De Ramón López Velarde

MI CORI\ZO,~ Sf AMERITA .....

Y Lllll!pu~~, a E¡vocar Ja sandia tropa .
de pavos, y su susto manifiesto
cuando b_ajaban por aquel recuesto ....

A Rafael López.

¡ Oh siestas _regalonas;
meJincl~·e ante la jícara que humea;
soponcio ante la recua intempestiva
que tumba .las macetas de las pardas casona!;
lotería de nueces;
y Tenorio que flecha el historiado
postigo de las rejas antañonas !

Mi corazón, leal, ije amerita en Ja sombra.
Yo lo sacara al día, como lengua ele fuego
que se saca de un ínfimo purgatorio a la luz;
y al ofrlo batir su cárcel, yo me anego
y me hundo en la ternura remordida de un padre
que siente, entre sus brazos, latir un hijo ciego.
Mi cornzón, leal, se amel'ita en la sombra.
Placer, amor, dol01·. . . . todo le es ultraje
y estimula su cruel carrera lpgarítm1ca,
sus ávidas mareas y su eterno oleaje.

Paso junto a las lentas fugitivas: no saben
en S\l desgarbo airoso y en su activo quietismo,
la derretida y pura
compe11sación que logTa su ostracjsmo
sobre mi pecho, para ellas holgadamente
hospitalario, aprensivo y. munificente.

Mi corazón, leal, se amerita en la sombra.
Es la mitra y la válvula .... Yo me lo arrantinía
para, llevarlo en triunfo a conocer el día,
Ja estola de violetas en los hombros del Alba,
el cíngulo morado de los atardeceres,
los astros, y el perímetro jovial de las mujeres.

Yo os aconsejo, anónimas y lentas desterrarlas
como si a mí viniese
la lúcida familia de las hadas,
porque oléis al opíparo destino
y al exaltado fuero
de los calabazates que sazona
el resol del adviento, en la cornisa
recoleta y poltrona.

Mi corazón, leal, se amerita en la sombra.
Desde una cumbre enhiesta yo lo he de lanzar
como sangriento disco a la hoguera solar.
Así extirparé el cáncer de mi fatiga dura,
seré impasible por el este y el oeste,
asistiré con una sourjga depravada
a las ineptitudes de la inepta cultura,
y habrá en mi corazón la llama que le preste
el incendio sinfónico de la esfera celeste.

TUS DIENTES
'fus dientes son el pulcro y nimio litoral
por clonde acompasa.das navegan las sonrisas,
graduánclo~e en los tumbos de un parco festival.

LAS DESTERRADAS
A Rafael Pimentel.

Ya la Provincia toda
reconcentra a sus sanas bijas en las caducas
avenidas, y Rut y Rebeca proclaman
la novedad campestre de sus nucas.

Sonríes gradualmente, como sonríe el agua
del mar, en la rizada fila de la marea.
y totalmente, como la tentativa de uu
Ffat lua· para la noche del mortal que te l'ea.
Tus dientes son así la más cara presea.
Cuídalos con esmero, porque en ese cuidado
hay una trascendencia igual a la de un Papa
que retoca su encíclica y pule su cayado.

Las pobrns dt¡Sterradas
de Morelia y Toluca, de Durango y San Luia,
aroman la Metrópoli como granos de anís.

Cuida tus dientes, cónclave de granizos, cortejo
de espumas, sempiterna bonanza de ulna mina,
senado de &lt;:nmplida~ minucias astronómicas,
y maná con que sacia su hambre y su retina
la clorena de Tribus que en tu voz se fascina.

La panada maltrech¡¡.
ele alondras, cae aquí con el esfuerzo
fragante de las gotas de un arbusto
batido por el cierzo.

Tus dientes lograrían, en una rebelión,
servir de proyectiles zodiacales al déspota
y hacer de l os discordes gritos, un orfeón,
del motín y la ira, inofensivos juegos,
y de los :sublevados, una turba de ciegos.

Improvisan su tienda
para medil-, cuadrantes pesarosos,
la ruina de su paz y de su hacienda.
Ellas, las que sofiabau
perdidas en los vastos aposentos,
duermen en hospedajes avarientos.

Bajo las· sigilosas arcadas ele tu encía,
como en un acueduc:to infinitesimal,
pudiera dignamente el más digno mortal
apacentar sus crespas ansias. . . hasta que truene
Ja trompeta del Angel en el ,Juicio Final.

PropietariaH ele huertos y de huertas copiosae,
regatean las frutas y las rosas.

Porque la tierra traza todo pulcro amuleto

Con sus modas pasadas,
y sus luengos zarcillos,
y su mirar somero,
inmútanse a los brillos
de los escaparates de un joyero.

y tus dientes i!e ídolo han 1le quedarse mondos
en la mueca erizada del hostil esqueleto,
yo los recojo aqu!, por su dibujo neto
y su numen patricio, para el pasmo y la gloria
de la humanidad giratoria.
PEGASO

5

�1

LA HORA QUE PASA

ID

i

ESTAN EN MEXICO LOS RESTOS DE HERNAN CORTES
UNA VISITA A

LA IGLESIA DE JESUS

rela con un artesonado riquísimo; una cajonería de sán- gadas más abajo del antiguo sepulcro del fundador irredal~ un viejo retrato de la Purísima, con marco de talla cusable de nuestra nacionalidad, encontramos el de uno
estofada, un Hernán. Cortés en oraciói~, t~na vieja 1~e~ que de sus descendientes, niño heredero de títulos y de hoes un primor de estilo, un gran crumfiJo y un s1llon colonial, obra primorosa de algún artista anónimo del siglo XVII.
-Aqní no hay nada-díjonos terminantemente el :,acristán.
Y aunque había mucho bello, nada, en efecto, hay por
allí que denuncie a los res,,#t ,;--;- ' &lt;i-..-,..
~
tos del gran capitán español.

¿ Están en México los restos de Hernán Cortés? ¿ Se

&lt;¡uedaro_n hace muchos años en la capilla de los Duques
de l\I~dma Sidonia, en la tierra a que &lt;lió gloria con sus
con&lt;¡msta~ esforzadas? ¿Han ido a parar a Tta1ia, bajo
la cus!odia fie_l de ~os Duques de Terranova? ¿ Yientos
ele olvido, ele mgrabtud o de desastrn los han diseminado y hecho desaparecer para siempre 1
i No! ¡ Están en )léxico!, nos grita la tradición; ¡ es-

roso de nuestra indiscreción v de un regaño del capellán. Pero volvemos a la carg~:
-&amp; Ya está usted dispuesto a decirnos en dónde presume que se guardan los restos de IIernán Cortés 1-le
decimos.
-1\Ie han dicho &lt;Jne se los llevaron los srñores Duques; pero aquí ya no se encuentran-masculla el sacrist~? con una sonrisa forzada y escaso aeopio de ertulic1on en el tema que se le propone.
-No-agregamos-los duques de 'ferranova sólo se
llevaron la lápida del sepulcro y el busto que coronaba
el monumento; los restos estuvieron aquí hasta los tiempos de Alamán, quien los escondió temeroso de que fueran profanados por el populacho, el año ele 1823, en que
se trasladaron a la Catedral los restos de los insurgentes;
pero los huesos quedaron en la iglesia ele Jesús.
-Quizás el señor Orvañanos Qnintauilla apoderado de
los señores Duques. . . .
'
-El anterior apoderado, el licenciado Azcné nos dijo que_ él sacaría los restos, que ya era tiempo cÍe ponerlos b~JO un ~nonumento decoroso; ignoramos si el señor
Orvananos piensa lo mismo.
El sacristán calló. El asunto lo iill¡uietaba, evidentemente. Sonreía. Sonreía con malicia mientras daba escobazos y nos miraba al sesgo.
:N'osotroS¡ husmeábamos, Husmeábamos por los rincones. Releíamos las lápidas que hemós visto tántas veces•
,
vo1viamo_s
n~estros pasos por los numerosos sepulcros de'
a9-~ella 1gles1a en donde hay más cadáveres que santos;
visitamos de nuevo los sepulcros de los Alamán el del
Padre Nájera; hasta levantamos algunas alfombras, ,,,;_
perando encontrar la argolla de una puertecilla secreta, la losa de algún agujero imprevisto. Nad~ en las ca-

Subimos a la capilla del
hospital, una capilla destartalada, pobre, en donde mia hermana de la caridad arregiaba los manteles del altar, y el hermoso retrato de Hernán
Cortés esperaba, en ·un caballete, la llegada de un
pintor que lo reproduce
Pn una tela cercana. La
hús,¡ueda en la capilla no
fue más eficaz que las anteriores.
-Los huesos de Cortés
-dijimos terminantemente al sacristán, cada vez
más alarmado con nues...... colocóse frente a un nmro inexpresivo
tras investigaciones, estay serla lando unas losas de cantera, desnudas
... . y un sillón colonial, obra pri- ban enterrados en el pavie irregulares, se1ialó resueltamente y dijomorosa de algún artista anónimo mento del altar mayor de
nos: iaqui!
del siglo XVII.
la Iglesia de Jesús Nazareno al lado del Evangelio. nores. Y embargados por una irresistible curiosidad, leíEl sacristán calló. Sonreía. . . . Daba escobazos a los rin- mos:
'.iffl
A.q1ií yace don Antonio Migtiel Ramírez de A.rellano,
cones ... .
-Vámos allá-agregamos terminantemente ; y después, Sesma y Escudero, que miu-ió el 18 de mayo de 1799, de
cuando habíamos llegado: 1, quiere usted fijarnos el sitio edad de 6 meses 15 días. Ili,io Legítimo de los Señores
Marq1ieses de Sierra Nevada, Caballero de la Orden de
exacto en donde estaban los· restos?
El sacristán vaciló un momento, y después, subiendo Carlos Tercero Gobernador Jtisticia Mayor de los Estapausadamente los escalones del altar mayor y hecha la dos del Exmo. Se1'íor Duque de Termnova y Monteleón,
reverencia. ritual frente al ara, colocóse frente a un mu- Marqués del Valle de Oaxaca.
¡,México, como los países de la América del Sur, hará
ro inexpresivo y señalando unas losas de cantera desnudas
obra de serena reparación, dando al fundador de su rae irregulares, señaló resueltamente y díjonos: ¡aquí!
Allí, allí en efecto estuvieron los huesos del Marqués za el supulcro que le corresponde1
Queda abierto el debate. 'füdo hace creer que están en
lfdel Valle, del gran conquistador español. Las piedras
permanecen todavía con huellas de remoción y unas pul- l\íéxico los restos de Hernán Cortés.

'

')i!

)

F11i1nos a la sacri8tia, wna encantadora sacristía
d-e acuareia ....

tán en México!, nos dicen las viejas relaciones; ¡ están
en México!, nos repiten los documentos. . . . . Y mientras recordábamos tradiciones, relatos y documentos; y
en tanto que por asociación de ideas pensábamos en la
recientísima entusiasta celebración del cuarto centenario del descubrimiento de México, gue ha renovado, como pocos hechos, nuestras ligas y nuestro amor por la
vieja y grande patria, encaminábamos nuestros pasos hacia la iglesia de Jesús ~azareno, la iglesia del antiguo
IIospital de Jesús, que fundara el mismísimo Conquistador de México.
·
Fué favorable la hora; nuestra llegada no interrumpió les plegarias de los fieles, ni puso ninguna nota de
irreverente curiosidad en la casa del Señor: sólo una anciana miserable arrodillada ante un pequeño retablo
de Nuestra Señora del Carmen, mascullaba algunas preces y volvía las hojas de una novena forrada con mugrienta cretona de colores chillantes. El sacristán, un sujeto cazurro, apretado de carnes y desconfiado de espíritu, nos veía al sesgo, de cuando en cuando, mientras
&lt;¡ue levantando manteles, doblando casullas y afirmando
candelabros, iba de acá para allá con la escoba impropicia al polvo que se acumula diariamente por altares
y nichos.
Somos viejos conocidos del sacristán. En repetidas ocasiones hemos pretendido informarnos con él acerca del
paradero exacto de los huesos de Hernán Cortés. Apostaríamos que ahora, al vernos, &lt;1niere escabullirse, teme6

VIDA ARTISTICA Y LITERARIA
Eduardo Zamacois, popular novelista español, autor de crónicas de arte, de reZAMACO IS
vistas de viaje, ensayista de múltiples
actividades dentro de la. literatura, está por llegar a México, según
anuncia la prensa antillana..
El estimable artista español es muy conocido en México entre los
lectores adictos &amp; la novela contemporánea que sale frecuentemen•
te de las fecundas prensas ibéricas, y aqui han corrido con buen
éxito, durante largo tiempo, el 'l'ik-Nay, Punto Negro, El Otro y un&amp;
docena más de títulos.
Zamacois viene a dar coBlerencias, con proyecciones cinema.to•
gráficas, sobre intimidades ele los principales escritores de España.;
tema sobradamente a.meno, que seguramente resultará muy agr&amp;·
da.ble para el público metropolitano.
La. Sociedad Mexicana de Geogralia. ha
CONCURSO PARA
abierto un concurso para premiar la. meEL EMBELLECIEntre los juracios que conocieron de los
U
NA
OBRA
·
b ra que se l e present e sob re• H'ist oGEOGRÁFICA
Joro
MIENTO DE LA PLA- _proyectospresent_ado~paraembellecerla
ria de la Geografía Politica de la.e tierras
ZA MAYOR
Plaza de la Constitución y los autores de
dichos proyectos,se han celebrado varias que comprendió l&amp; Nueva España•. El plazo para la presentación
juntas para ver ele llegar a. un arreglo sobre l&amp; manera de realizar de los originales se cerrará el 31 de octubre venidero y el fallo del
el asunto de que se trata. Es posible que nuevo jurado revise el dic- jurado se conocerá en la primera. quincena. de diciembre.
tamen del primero y considere las opiniones de los autores de los diAplaudimos que se va.ya a trabajar en un tema. tan poco socorrido
versos proyectos; pero de todos modos el fallo definitivo se conocerá como necesario y que va a prestar legítimos servicios para el conomuy pronto, y en seguida principiarán las obras artistic&amp;s de la. cimiento exacto de muchos puntos de la historia mexicana. El tema.
gran plaza.
de las antiguas provincias y de las intendencias presenta aspectos
CONFERENCIAS
La. Sociedad •Dante Alighieri&gt;, que tiene de dilícil conocimiento y d&amp; lugar a frecuentes confusiones. Las juITALIANAS
por obj_eto_ la. difusión e~ México de ~&amp; risdicciones de l&amp; Nueva. Vizcaya y de la Nueva. G~licia, por ejem•
lengua itahana, h&amp; orgamza.do un&amp; serie plo, no siempre aparecen claras en crónicas y monografias, y esto
de conferencias que se efectuarán en el salón principal del Museo ocasiona errores lamentables a.un en escritores muy sensatos y erude Historia, par&amp; desarrollar temas que se refieren &amp; asuntos it&amp;Ji&amp;- ditos. Hace pocos años el señor del Pa.so y Troncoso, nueatl'O ilusnos de actualidad. El jueves último la. señorita. Mari&amp; Appendiní tre arqueólogo, publicó un magnifico pero incompleto ensayo de bis•
disertó sobre la. continuidad en el ideal itálico y los alumnos de la. toria. de la geografía política de la Nueva Espa'.iia.. Es lo mejor que
So~ieda.a cantaron el coro de •Los Lombardos•, de Verdi.
sobre la. m&amp;teriaseha escrito hasta ahora .

Por conducto de nuestros representantes
diplomáticos va a propagarse en los países de la América del Sur el conocimiento de la música mexicana, y p&amp;r&amp; tal objeto ya se ha principiado
&amp; la remisión de algunos de los aires nacionales más hermosos y
característicos. Las obras musicales mexicanas se distribuirán entre las bandas de los países del Sur, para que se ejecuten en &amp;1\diciones públicas.
E,__ AMBIENTE AR - El sábido_ último, el pro~esor Fernando
TISTICO DE MEXICO Romano dló una. conferencia en l&amp; sala de
actos del Museo, sobre el ambiente artístico de México y el porvenir de los artistas nacionales, en honor
clel señor Director General de las Bellas Artes. El programa se completó con recitaciones y números musicales.
MÚSICA MEXICANA
EN SU DAME RICA

Subimos a la capilla del hospital, 1ma capilla
destartalada,, pobre .....

pillas laterales; nada en los retablos; ningún indicio en
el patinillo que dá vista a la calle de San Felipe Neri.
Fuírnos a la sacristía, una encantadora sacristía ele acua-

PEGASO

VENDRÁ EDUARDO

P EGASO

7

�LA HORA QUE PASA
~

1

1:

-1-,

La pacífica Alemania

SALVADOR, :RU-EDA.'
Por un redactor de PEGASO.

El pot&gt;ta so1nk sorn·íe 1;011 la placidez qne n•bosa de
su rostro rubicundo y de s11 minida apaciblr: Robrr sn prqn eño cnerpo yacrn Jl('1·fectamentr ocultos, hajo el aspecto de su robustez, acaso ngañosa, sesenta años de actividad y de poesía, po1•qne Rueda ha consagrado a ella
su vida entera eou mC'noscabo dr su misma salud.
"Mi familia, dice, mi única familia, por quien he eufennado y sufrido C'S la poesía. Con ella me he desposado,
a. ella nw he C'nt1·cgado y con tal cll'do1·oso entusiasmo qiu•
bastaba a devorarme. ·,
La voz del porta se dpsliza como el agua (le una corriente que deja entre\'(•t· las guijas del fondo, ajenas de
toda complicación, de to&lt;lo rebusco, de todo afrite.
DelantP del abiganamiento oriental, ('11 un mel'cado
al aire libi·e, a la cálidas emanaciones de frutos fecmrdos.:
"T.cnris aquí r·ic¡uezas incalculables &lt;lC' colo1·ido y &lt;le
rxpre~ión. Decidme. ¡qnr harrn vuestros portas?.¡,Xo
cantan esta saturación &lt;k Yida, esta prolífica abundancia
&lt;le la ti(•tTa? Es maravilloso; seis años de combate no
han; empañarlo -rl hrillo -d e vurstra opulenta naturalf'za. ''
Ante los edificios eolouiales. Rueda tiene la sf'nsación
&lt;le algo nuevo par-a él; sí, descienden de España, pero
han adquirido un sello peculiar que. los hace nuestros;
y deplora que las construceio1ws mo&lt;lernas busquen .,1
.intolerable estilo amerirano:
''¿.Por r¡ué no edificm· imitmJClo C'l estilo colonial que
es netamente mrxicano. o tornando elementos indígenas,
anuqne sólo sr;1 como recm·Ro ornamental?''
Para Rueda, &lt;'Orno pal'a todo extranjero. el &lt;'nigma de
más sugestión radica ('ll el al'te, misterioso y laberíntico
dr los pueblos J)J'ehispauos. Se &lt;'xtasi:.ir·ú frentr a la mara villa cosmogónira de aquellas razas, g-ra bada en los relieves ele nuesh'os monolitos. Por rso &lt;lic&lt;• a mrnudo:
1 'Xo me cuido de la cazolet.1 t\p la espada rle Hi&gt;rnán
&lt;'ortés para adelantC'."
Y por .eso sentirá profunda admiración_ por el más
g.r.anéje de los g.nerreros aztecas, por Cuauhtémoc. Cuauhtémoc. el águila que- cae, la fütima an~orcha qrn' antes

1

8

de rasgar el abismo intental'á incendiar &lt;&gt;l infinito. Al
rodear la estatua erigida a este caudhllo, Rueda confunde en su admiración entusista la persona del guerrero con la bt&gt;lleza dr la obra. Jmego, mirando los r elieves
que l'epresentan la prisión y el tormento del héroe, los
señala ~- dice:
'' Es lo único que quitaría. Que se guardas~u en mr
museo para admiración. tle los artistas; pero lejos del
pueblo y de los niños, dondP no inculcaran el odio delJ
ias razas y ('l recuerdo &lt;lP los crímenes del tiempo. Hay
(!lle olvidar .... ''
En seguida, fr(•nt&lt;&gt; a nuestro silencio:
"Pt&gt;rdonad. soy como el pájaro: lo que salta en !a
mente, aparece luego en el canto drl pico. Expreso mi
pensamiento con la sencillez de un niño que está segu1·0 de no causar daño." '
Es el rasgo fm1damental de su carácter, la sencillez.
Los que macerásteis vuestro rspíritu en el beleño de las
flores absurdas. )' gaardáis como néctar preferido el licor de la adelfas. sutiles y perversas, no podríais nivela1: vuestra romp1•pnsión con esta sencillez paradisíaca;
los vuestros, son afros 1111rn&lt;los; rl rstigm¡¡ ile vnrstras
icleas os aleja &lt;le aquí.
El conjunto de la ciudad ele l\Iéxico da a Rueda la impresión de grandeza, de opulencia, unida al rancio abolengo de los siglos y a un gusto especial que, según él,
la hace mur agradable. Las l'iquezas de las galerías de
San Carlos le arrancarán calnros~s rxclamaciones y pa1·a todo hallará una palabra de estimació11. Pondera
nuestra Catedral corno la mejor de las Indias y la juzga digna de cualquier sitio llel mundo: halla mi l parecidos entrP cosas y edificios lfo España y edificios y cos&amp;;; rlP l\Iéxico: busca la brllrza en los menores detalles
o t-n los personajC's oscuros. C'll indígenas del mercado
o en vendedores ambulantes. Así aprecia su espíritu, su
PxcelPnte :v diáfano espíritn.
.A esa beneYolencia, fuera de opiniones literarias que
para nada influyen en la cortesía, al representante d el
país hermano que sabe rrcibir y agasajar a nuestros
poetas y escritores, se ofrec&lt;' nuestra hospitalid ad, ampliamente acojedora.

PEGASO

-, I

Alemania es 111111 11acw11 pacífica. laboriosa, que en 1 a
actual contiC'nda SP clefit&gt;nclt&gt; únicamentl' contra la envidin confah11lada para pPrclerla: la Pll\·i&lt;lia (lp Inglaterra,
la &lt;•nvidia de Francia, la e1widia dP Rusia, qne en las
artes de la pai no han podido contrarrestar la activi(lad
intPligente del pueblo alt&gt;mún. ~u Pllucación, de5cle h~1
&lt;'P un siglo, ha sido Ol'i1,ntada haeia la &lt;'Oncorclia nnivrrsal ....
Fitche, rn sns ·' Discnrsos a la Xación Alemana'' hablaba de ... '·ele\·ar· a la nación alemana induciéndola
a adquirir concicnC'ia &lt;lP sí mis111a, Ni deci1·, de su pura
esrncia germana, a fin dr l't'alizar esta esencia en rl exterior. cuan&lt;lo fnrra posihl&lt;&gt;. y lrlw&lt;•rla reinar en rl mundo.''
l◄J I mismo filósofo, qne tan Yastn i11flnrncia ejerció en
sn patria, añadía:
"Xo solamente Alemania PS la elrgicla poi' la . P1·ovidencia, sino qne rs la única elegida."
'l'reit schkr, mús f ar ele, ,·el'tía estr pensamiento, que parece. por s11 profn11da clnlímra, P'l(•apado &lt;1&lt;• los labios de
Ran Francisco dp Asís:
" Dios cuidará &lt;1(' que la gnena sr rrpita siempr·e, como un drástico mrdicamrnto para la raza humana.''
Por el mismo ramino 111al'chaha Hisrnarrk. A prsai·
del 70 Y de su dnro t&lt;&gt;m¡wranwnto del tiempo de Barbarroja,· el Can cillPr vivía en u11 (•nsneño casi evangélico.
A él pertc,necen estas palabras &lt;•dificantes:
"La verdadera rivilizaci(m PS 111111 ed11C'aeión viril que
aspira a la fuerza ~- rmplea la f1wrza. 1·11a civilización
que con rl prrtexto de la eol'tesía ~· ln humanidad. enerYa y afemina al horn hl'e. sólo convirnr a 111 ujPrf'S r rscl avos.. '
Hernhardi ha ido más lejos: ha wedicaclo la paz con
un ardor clr fanático. Rus eo111pat1·iotas le deben este puñado &lt;le ideas. qnr pre&lt;l isponen &lt;•l ;'mimo a la vi&lt;la fecunda y tranquila :
"La gnena es el factor más g-n111cle en el" avance de la
cultura y rl poder."
"Los esfuerzos Pn favor dr la pnz son extraordinariamente pe1'11ieiosos tan pronto como inflt1)'e11 en la política."
"La consrn·ación dr la paz no pnedr srr nunra la meta de una política."
" Los esfnerzos por la paz, si consiguieran su objeto,
con ducirían a una &lt;legeneración general. eomo ocurre
dondequiera én la Xaturaleza cuando desaparece la lucha por la existencia ..
"Las naciones Mbiles .no tienen el mismo derecho a
·vivir que una nación potrnte ~- vigorosa.''
Y este pueblo pacífico, tan bien encaminado por sus
publ icistas, se duele hoy de sn suerte, clamando contra
l a iniquidad humana e invocando el auxilio divino. Y
D ios, ¡ oh ironía!, lr contesta con las bocas dP los 75 . ...

En el Ancre
El aYancP británico ('11 &lt;'l fl'fmt&lt;• occi&lt;lental prosigue
lenta pero implacablt&gt;mentr. Todo el esfuerzo y la ciencia
militar del ejército tentón no han Jograllo contenrr el

ímpetu de los bisoños soldados de Dou glas Haig. E n menos de seis meses ha tenido que abandonar casi toda La
r·egión situada al Este üe la línea l3aupame-Peron ne.
OYi!lers, La Boisselle, Fricourt, l\fametz, H ardecou rt,
Longueval, Guillermont, l\Iau repas y otros puntos de melJ0S importancia, cayel'on d u rante la ofensiva del l.0 de
julio al 9 de septiembre; P ozieres. Gin chy, Fores.t ·y
Clery sucumbieron algunos días después; les siguieron
(.'ambles, Thiepval. Courcelette. [Jesbeufs y l\forval, y P]
JO de octubre, las tropas inl!lesas, mermadas pe1:o victoriosas, empl azaban sus grall(h•s cañones en las cercanías
&lt;lt• Baupame y Peronne, miPntras los franceses S&lt;' esta-

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Probables líneas de resistencia del ejército alemán
en s u ret irada, s egún a lg unos técnicos militares.

blecían fren te a la línra alemana &lt;le Pero1m&lt;&gt; a Oh au lmes.
A fines de febrero ~ tras un largo período de relativa
calma, intcrrmupida gloriosa mente en el sector d e V er dun por la proeza de los generales Nivelle y Man gin, las
fuerzas aliadas reanudaron la ofensiva, obligando al enemigo a Pvacuar los lugares fortificados qne conser vaban
&lt;'ll las inmediaciones de Bapanmc, a cuya pla¡,;a se replegó violentamentr, favorecido por el mal tiempo que r einó en rsos díai- ~- quP impidió a los ingleses desarrollar
una per·secución más rápida y eficaz.
'' En todá la región-dict&gt;n las noticias rPci bi&lt;las del
campo de batalla-se encontd, una cantidad espantabl t&gt;
de muertos. "
Posterior mente las tropas br itánicas asaltaron las t1·ineheras alemanas situadas al Norte de Guedecourt, ocup ando una gran parte de ellas y mejorand o así sus posiciones

PE G A SO

�eu ese frente. Al Sur de Petit l\Iiraumout y al Sureste
de Souchez fueron también asaltadas las fortificaciones
alemanas y tomadas después de encarnizado combate en
que tanto unos como otros tuvieron que hacer uso de sus
bayone~as._ Estos pequeños ayances forman· parte del vasto movimiento que se está desarrollando en dirección. de

perdieron en diciembre último. Una de ellas es el bosque
de Caurieres situado entre Douaumont y Ornes, ha(!ia
el Occidente de Bezonvaux. Los franceses .se han establecido allí sólidamente para impedir la irrupción teutona
en Douaumont y han rechazado con éx:ito las acometidas
del enemigo. En la margen occidental del Meuse ha halQ#j

h

mundo, es aquí perpetua. Llena los barrancos, prende
mantos de armiño a las montañas, cuelga sus algodones
delicuescentes en las ramas de los árboles y obliga a los
animales-el hombre entre ellos-a refugiarse en sus madrigueras. Los cañones bostezan entonces a la intemperie; los fusiles chispean cerca de las ocultas fogatas, y
la Muerte descansa en algún cementerio hinchado de cadáveres ....

que basta la rnús pe&lt;¡ueña sobrecarga para que se hunda.
Por este motivo, sus comandantes, en cuanto se encuentran con una nave armada, generalmente huyen o se su-

La campaña submarina

Una visita al frente de batalla

Baupame, lugar fortificado donde el ejército teutón se
dispone a resistir y a contener la invasora marea: británica.
.
Las fuerzas inglesas cubren actualmente un frente que
:,e extiende desde Yprés en el Norte basta Roye en el Sur,
( ciento treinta millas más o menos) ; y a medida que vayan llegando los nuevos contingentes, prolongarán más su

bido también alguna actividad militar, principalmente en
la zona inmediata a Malancourt, donde las fuerzas del
Krónprinz ocupan todavía algunas de las fajas de terreno que los franceses evacuaron en las primeras semanas
del asedio de la plaza, bajo la presión de la artillería
pesada que los invasores pusieron en juego. Eran aquéllos, tiempos de prueba para la guarnición del campo
atrincherado de Verdun. Los que al principio se burlaban de la predilección alemana por los grandes cañones,
confiados en el rápido y móvil 75, sufrían las consecuencias de su imprevisión, haciéndose matar en el frente
con un heroísmo de que hay pocos ejemplos en la Historia. Fueron diezmados, despedazados, arrojados de los
bosques, cuyos árboles, como los hombres, caían desgajados por los obuses, hasta que las fábricas acudieron en
su auxilio, llevando a Verdun los monstruosos cañones
que restablecieron el equilibrio entre los combatientes.
Hoy la situación es diferente: la artillería francesa es tan
poderosa como la alemana y cuenta con más municiones.
Ha pasado la época en que el general Petain, doliéndose
de la escasez de obuses, decía que por cada uno que econoinizara bien podía perder veinte soldados ....
Detenidas frente a Douaurnont al Este del "Mense y frente a Le Mort Homme al Oeste, las fuerzas germanas -no
han intentado ningún moviiniento hacia el Sur. Tal ·vez
la actitud amenazante que guardan frente a Verdun -no
tiene en la actualidad más objeto ·que inmovilizar allí un
grueso número de soldados enemigos·. para facilitar las
operaciones .en el resto de lá línea ·de batalla.

La campaña submarina destinada a reducir por hambre a los aliados,. continúa con vigor.
En realidad puede decirse que se- ha exagerado mucho el efecto de ella y que los sumergibles no dirán la
última palabra en el tremendo conflicto europeo. Se sabe ya que centenares de buques entran y salen de los·
puertos ingleses y franceses a pesar de la vigilancia enemiga y de los torpedos, y que el bloqueo- submarino no
impedirá que tanto Frencia como Inglaterra se aprovisionen de lo que necesitan para subsistir en esta larga y
penosa guerra de desgaste, cuyo peso se trata de que
gravite princip~lpiente sobre la· población que no combate.
La medida de armar a las naves mercantes, que se dispone a tomar también la República norteamericana, reducirá poco a poco el número de siniestros. Está probado que algunos cañones servidos por artilleros ejercitados y serenos bastan para calmar la rabia destructora de
los submarinos. Cuando terminó en Corfú la reorg;inización del ejército servio y fue necesario llevarlo a Salónica para que tomara parte en la campaña que concluyó con la caída de Monastir, los transportes franceses
efectuaron noventa y tres viajes sin accidente alguno.
Los mares, lo mismo que ahora, estaban infestados de
submarinos alemanes y austriacos ; pero ninguno de ellos
CARICATURA BXTRANJERA

El acorazado francés ·"Mirabeau" disparando sobre Atenas.

mergen. Saben bien que sobra un obús para despachar,
los al fondo del mar.
. Desde que se inició la campaña submarimi los aliados
e~ercen en los mares una vigilancia sin precedente. Quin~entos buques franceses y mil quinientos ingleses, divididos en pequeñas patrullas, recorren constantemente la
zona peligrosa, secundados por hidroplanos que volando al ras del agua pueden ver lo que pasa a cinco o seis
me!ros ~e p:rof~didad. En cuanto aparece afuera un
peris_cop1?, los pllo~os lo participan a los buques y éstos
se d1sem":1an, cubriendo_ una vasta extensión, hasta que
el sub;ffiarmo, falto de aire o fuerza motriz, sube a la superficie y ofrece blanco a los cañones.
I:a caza de los barcos mercantéS no se hace, pues, sin
peligros, Y cuando todos naveguen armados, sólo servirá
para probar lo que es capaz de intentar la audacia alemana, exasperada por la derrota.
Para el Káiser, que tantas esperanzas cifraba en la
campaña su~m~rina, debe ser desconsolador saber que
durante las ultunas semanas, y no obstante los sumergibles cargados de torpedos que merodean por las costas
de Inglaterra, han entrado a los puertos ingleses 2 528
buques y salido 2,477.
'

En los Vosgos .~

Una misa en un pueblo inmediato al frente inglés

línea, con el fin de que los ejércitos franceses puedan desarrollar en la próxima ofensiva una acción más intensa.

Frente a Verdun
Se han registrado algunos combates iniciados por los
ltlemanes, que desean recuperar algunas posiciones que
10

Ha habido igualmente algunos combates de poca importancia. Las tropas enc~gadas. de la defensa de esa
parte de la frontera se concretan, lo . mismo qi1e sus adversarios, a conservar sus posiciones, sin emprender movimientos de carácter decü¡tvo. Los destacamentos que
ocupan- los puestos más avanzados, suelen, sin embargo,
entablar ·escaramuzas más .o menos -encarnizadas, que terininan con la conquista- o la pérdida de tal o cual lugar
insignificante. La naturaleza ~l terreno y el clima impiden, por otra par~e, las ,operaciones en mayor escala·, y
los soldados se resignan al papel pasivo que se les ha
señalado, mientras sus compañeros del Norte deciden en
furiosas batallas la suerte de la República y con la de
la República, la de sus aliados.
'
La nieve, que en otras zonas cae de cuando en cuando, ·
como para calmar la fiebre d-e matanza que domina en el

PEGA&amp;O

El conde Zeppelin

EL KAISER:-¡Deténgansel .. . . ; ¡deténganse! ....
Insensatos, se van a descarrilar . ...

osó correr el riesgo de ponerse al alcance de los cañones
de los transportes.
, S_e explica esta prudencia teniendo en cuenta que el
hmite de flotabilidad de un sumergible es tan reducido

El .viejo conde Zeppelin murió hace días en Berlín:
Fue uno de los que más activamente fomentaron en Alemania la navegación aérea, y a su talento inventivo se
deben los famosos dirigibles que llevan su nombre. El
fracaso d~ estas naves, como elementos de combate velaron últimamen!e el _br~llo de su fama. Se esperaba' mucho de _ellas y solo sirvieron para dejar en la frente de
Alemama _algunos coágulos de sangre inocente.
El _De~tmo, tan pródigo ahora de gloria guerrera, no
deshoJara sobre la tumba de este hombre sus rosas fulgurantes.
Una prosaica disentería se lo llevó.

PEGASO

11

�"""""Hntuu,nnun,1un1u11tn•u...................,1,u,---•HH11..............11,1111111u111u1u11111u11n1on1n1111uu11111111111111uon11111u1,,u11u1n1n111,111111,11u1nu111111111111111u1111111111111111u111111111111111unu1•Hntl

La vida en las trinchéras
Para matar el tiempo, para disipar el aburrimiento que
se apodera de los soldados entre combate y combate, algunos se ClCupan en hacer periódicos, hojas improvisadas
01\RICA.TURA

EXTRANJERA

mierP LigilP'' .... y reproduce aigo del material que apa-

rece rn estas ¡mhlicaciones efímeras, que salen de cuando
en cuamlo como ráf~gas del cráter del volcán. Prosas, versos, chistes, ci11·icaturas, noticias: todo lo· que puede ser de
interés para el público de las trincheras.
He aquí una nota humorística tomarla de "L'Echo des
'J'ranchées:"
El vientre de Rigadin.-Rigadin, gravemente herido durante los combates de la Champaña, fue hecho prisionero
de guerra.
_
Los médicos boéhes lo curaron cuidadosamente. Pero
una vez que acabaron de recoser el vientre abierto de Regadin, uno de ellos exclamó:
·
- ¡ Tarteifle ! .... ¡ Mis lentes] ...
Se habían quedado en los intestinos del francés. Era
necesario descoserlo ...
Apenas habían acabado de cerrar por segunda vez el
vientre ,del herido, cuando otro de los médicos se dió cuenta de ·qut&gt; había olvidado su pañuelo en el mismo lugar.
í, Qué hacer 1 Descos~r de nuevo.
· r
Extraído el pañuelo y cosido el abdomen, otro de los
galenos, tratando de encender un cigarro, advierte que
sus cerillas hau clesapareci&lt;lo. Sr habían quedado, indudablemente, en el vientre de Rigadin, y se -dispuso a deshacer por tercera vez lqs puntos de sutura.
Rigadin, con voz dulce, propone entonces humildemente:
-¿ No le parece a usted, doctor, más ventajoso ponerme unos botones~''
En otro periódicQ, "L'Echo drs Guitounes," se encuentra una parodia clrl célebre soneto dr Arvers, que empieza con la siguiente cuarteta :

L. . . . . :.!. . . . . . . . . . .~.~~:.~.:.~.~~. . .~. . ~.~.~. ~:~. . . . . .,. . .! . . -.. . . . . .

1

LA

PSICOLOGlA DE MAClSTE

EL ENCANTO DE LA OPERETA
LA REAPARlCION DE LA OPERA

Yo, pecador, confieso que me he convertido al cine y que me ha
convertido con sus inofensivas tentaciones esa discreta pecadora
que es la opereta,
Estoy asombrado de mí: una transformación tot~l de mis sentido'! me reconcilia. con gustos que reprobaba y manJares de que no
quería gustar; porque la fatua sugestión de refinamientos artificiales de estética familiar, tanto a mi pobre persona como a otros de
la camada, nos había colocado en un orgulloso Olimpo de intransigencias. La opereta ...... el vaudeville ......... el cine ......... Puah!
No señor, hay que ver y oír (desde México) la Tetralogía de Wagner
en ia temporada de Bayreuth; es de imperiosa necesidad asist~r (desde México) a. las temporadas del ,llannhatan y del illet1·opol!itan en

Pues bien: además he llegado a convenir que la opereta tiene g~a•
cia especial y encanto. La opereta no es sino una dama de la. a.r1stocracia que una noche de carnaval se disfraza de co~otte par1s1ense. Mas conviene fijarse en que no se debe confund1r a la dama que
se disfraza de cocotte, con la cocotte que se disfraza de dama. Pónganse por caso los teatros Principal y Arbeu, y aunqu~ malas son
comparaciones, cualquiera aprecia en éste un refinamiento d~ es•
fuet·zo al mostrar las obras con decorosa propiedad, como educando
el gusto cansado del público con algo que no es canalleria, ni tipos
ele plazuela mexicana, o golferia madrileña, i-ino sonrisas de Ia ima•
ginación y esbozos bien logrados de un arte popular.

'' Hay en mi alma nu secreto, en mi üda un rui!terto.
Un plan para esconderme, perf~c·tamente urdido.
Yo el militar oficio nunca he tomado en serio,
y queriendo esquivarlo, hice lo que he podido.''
EL TIO SAM DE VIAJE

Traje que según las exigencias de Alemania
deberá llevar para atravesar por la zona
peligrosa
,•11 las cuevas que les sirvrn de abrigo contra la metralla
alemana, hechas a mano, con pasta clr hectógrafo, como
las circunstancias ele! momento lo permiten. El '' Je Sais
Tont" publica una lista de los principales: "Les Poilus
de la 9.e," "_Notrr Rire," "L'Echo des Cuisines," "Le
:'.\Iarcheur du 88.e," ''L'Echo eles Tranchées," "Le. Mouchoir," "Le Poilu Déchainé, ' ·' "Rigolboche," "La Pre-

entendido en a1·queología, •se da eita la aJ'istocracia•,- sitio de capricho y de pasajera popularidad-el cine es un maravilloso instru:
mento para fijar la vida que se nos escapa como el agua entre las
manos, los modos de una época, las tendencias de una much~du~bre, o lo es también para dejar esos ligeros toques de luz del divertimiento que son como retoques compasivos ele arrugas en un retrato.
Y así no extrañé a mi huraña intransigencia que Maciste boldado
haya divertido y alegrado mi juvenil tristeza, como si hubiera es•
cuchado la primera vez una página de Robinsón o un capítulo de
un libro de aventm·as. Maciste era ya mi amigo cuando triunfaba en
la pantalla Oabii"ia - una. gloria pelicular y efectiva que ya deseara
el huésped Ruecla.-Le admiraba yle quiero como a héroe o con ese
sentimiento instintivo que se descubre ante imponderables hazañas, magníficos triunfos o alardes de fuerza.. - ¡Oh Moro de Ven_ecia!
-Maciste hasta cuando es cruel tiene algo de ese encanto fr1volo
del gato contra el rntón.
Es curioso también, al prevaricai· con mi asistencia al cine, lo que
me dice una de las señoritas de la familia a quien acompaño:• •No
crea usted no soy tan boba., el cañón ese que levanta en vilo y so•
brelleva M~ciste, es ele cartón ...... No soy tan guaje, . ... Y la escena
del árbol, no la. produce sino una combinación de lentes con el fin
de sugerir que Maciste es suficientemente robusto pa1·a derribar un
árbol corpulento con todo y su enemigo• ....

No siempre el humo1· está ·para chistes e ironías. En estas páginas forjadas a la diabla se hallan él- veces líneas
que dejan escapai· un aliento heroico.
Frecuentemente se leen notas como la que sigue:
'' La redacción de nuestro querido ,diario ha sido muy
experimentada el 20 y el 22 de julio último. La mayor parte de nuestros redactores y de nuestros colaboradores han
sido mnertos o heridos ...· Que nuestl'os abonados tengan
a bien cxcnsa1·nos por el retardo que hemos sufrido. Para
publicar éste número ha sido necesario vencer más dificultades qne para publicar los otros."
Esteban FLORES.

Nueva York; sólo se puede adm.itfr en un círculo de cultos a quien
concurra todos los años (desde México!) a los conciertos Lamoureux
y ha.ble de la estética de la música de Debussy en los ballets rusos.
La. opereta. es una burla del verdadero arte; el vandeville es un atente.do contra la moral y el cine e&amp; un arfie imperfecto. Ese era hasta
ha.ce pocos días el piso de estética en donde se hallaba mi modesta
habitación.
Ahora he buscado otro plano para observar y he descubierto que
muchas cosas las miro ele otro modo.
·
El cine-suelo discurrir con una migajita de filosofía, después ele
haber sumergido,. dura~te ~na hora, mi cuerpo en las sombras, pongo por _caso, del flll~ Ol!imP_ia, lugar de moda¡ cual un tiempo Jo fuera el eme Palacio, rmconc11lo en donde, segun un amigo mio muy

Claro que mal hace quien en este arte trata. de halla.~ las emocio•
nes ele un arte superior y aplique, para juzgarlo, los mismos proce·dimientos que a la sinfonía o la ópera.
Afortunadamente para nue;,tra discutible cultura, el gusto por es·
ta clase de espectáculos se propaga y afina, y asi acontece que, por
ejemplo, al regresar a la capital un grupo ele artistas como los que
integran la Compañía Impulsora de Opera y plantar su tienda en el
u·adicional Hidalgo, tal hecho se considere como un suceso de le.
época; porque el público -este público niño de la Metrópoli- muestra una gratitud perdura.ble a quien ha contribuido a su educación
y le lleva de la mano por caminos agradables. Y crece tal gra~itud
y se convierte en devoción cuando lo hecho se conserva y meJora.
La Compañía Impulsora ha sido combatida por fuertes vientos de
malevolencia, de ingratitud y de fracaso, y los ha resistido. Su estrategia es sabia e incontrastable, porque ha sabido preparar una.
fuerte base de resistencia. Para. cada malevolencii,, para toda in•
gratitud, para cualquier asomo de fracaso, ha tenido en la punta de
su florete una respuesta vigorosa: la representación de una nueva
ópera, la presentación de un nuevo artista. ll'Ias tan hábil estrategia suele usarla también en medio del éxito. Aun no sacuden los artistas de la Impulsora el polvo del camino, después de la temporada
triunfal de Guadalajara, cuando abren la puerta dominical de la temporada con la presentación de un nuevo compañero en Favo1·ita, un
tenor ligero, Julio Rolón, que pronto por facultades, educación, emotividad artistica y figura, hará olvidar la evanescente silueta ele! fugitivo Mejía.
El domingo último de su presentación, el público vespertino, exigente y culto, hizo eomo si Je hubiera dado la mano y le dijera: •Es
usted de los nuestros. Está usted en su casa. Somos sus afectísimos
y seguros servidores.• Y Rolón comp1·endió que era sincero lo que le
clecian y sin alardes de juglar ni de burgués en día de fiesta, que echa
la casa por la ventana, comenzó a mostrar algunas alhajas de su joyel: brillantes deagúas claras engarzados en oro y destacados en sedosos terciopelos; perlas de fino oriente en sartas vistosas, y todo
ello denunciando la marca ele un gran orfebre.
· Y Favorita traerá a Rigoleto y éste a Bohe1nia y todo ello una
buena temporada para nuestro monótono hastío.
JESÍ•S VILLALPAND0.

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Las últimas plumas del águila prusiana
(Caricatura de Neve)

12

PEGASO

Pídanos una muestra, que le será enviads enteramente gratis.
;...,....llt-l!INIIIIHIIIN-..tftlHllll,_IHHl•mm.................,uu,o••••.. u1u.. u•ouu ...........,..............,..,........,..................,.,.......................,..,..................,•• , .....,.,,,uoo..1111uuo.. 111mnoooooooooo,looo,,,..

PEGASIO

13

�11
11
En honor del poeta hispano Salvador Rueda y con asistencia tain'bién clel señor ministro de Esp,aña, se verificó el domingo último,
en terrenos del ''España,'' un animado juego entre los equipos
'' España 11 y ''México,'' reRultanclo vencerlores los segundos po,·
dos goals contra cero.
Reinaba inusitado entusiasmo por este juego, viéndose, tanto toldos como sillería, pletóricos de concurrentes.
Poco después de las 4 p. m. dió principio el juego, tocánclole en
suerte sacar al ''España,'' perdiernlo la bola en los delanteros. Tó-

ba de la meta. Vueh·C' a la carga el "España," defendiéndose aclmirablemente el "México." El juez le marca un hands al "España," concediendo una free kicl. (patada libre) al "México." Patea Miranda desde largo, centrando magistralmente y rematando
Cerón: pára Gavalclá barriéndose, quedando la bola a la entrada
de la meta; carga Cerón sobre el goal y anota el segundo tanto a
su equipo.
El "México" ha vencido al "Espafia." ¡,Por qué~ Porque el "España'' no estuvo a la altura de costumbre, pues además de que

[ Sección de Ajedrez
Ji

LAS APERTURAS

A cargo de Enrique Oonzález Martinez, Jr.

8 P5R

El conocimiento de la clasificación de las. apertur~s de Ajedrez
es un importante elemento en la cultura. aJedrecist1ca, .que pro•
porciona al estudiante la maner11. de .elegir entre los v_ar1os mé~dos de abrir el juego y buscar en los hbros de referencia los mov1•
mientos que quiera. conocer .más de ce~ca.
.
Una clasificación de poca 1mportanc1a P?dria ser ~xphcada ~es•
de luego. Todos los juegos son llamados :&lt;Juegos abiertos• º. •&lt;JU8·
gos cerrados•. Cuando de los dos lados se Juega P 4 R, es un Juego
abierto• cnaodo las blancas abren con P 4 R y las negras contestan p s· R O p 4 A D, enton?es. es un juego cerr~d~: y si. l~s .blaocRs cambifln ~n primer mov1m1ento por el mov1';111ento 1mc1al de
p 4 D O p 4 A D, por ejemplo, también.ª~ l.lama Jnego cerrado.
Ahora llegamos a las grandes sub•dtv1s1one~ de las aperturas
usadas principalmente en los tratados que explican esto extensamente. Son las siguientes:
•
1. p 4 R, p 4 R; 2. C 3 A R-A.p. rlel CabRIIO del Rey.
1 p 4 R p 4 R· 2. C 3 A D-Ap. del C&gt;thallo de la Dama.
1· p 4 R' p 4 R'. 2. A 4 A D-Ap. del Alfil del Rey.
1· p 4 R• p 4 R'. 2. P 4 D-Gambitos del Centro.
p 4
P 4
2. P 4 AR-Gambitos de l Rey.
Si ll\s blancas juegRn l P 4 R y las negras replican con otro !11º·
vimieoto que no sea P 4 R, se llama a esto una apertura semt re-

9 OS O

~~

Problema número dos
POR R. COLLISOX
i8 16 Dll814R1Clj6Arj6Cli2P5181
La_s Blancas mi1,tan eu tres jugadas.

Partida número cuatro
PONZIANI
BLANCAS
TCHIGORJN

NEGRAS
Goss1P

1 P4 R
2CSA.R
3 P3A

1 P4R
2 C S AD
3 P 4D

4 D 4T

4 PSA
5 C2R

5 A 5 C
6 p .:'C p
7
O
8 P4 1,D
9CR2l)
10 A. 4.A

o.

1:

6 D x P
7 A 2 D'

10 D4TD

s·c:
11 P 4 A
12 A 7 A j11qne
12 R2 R
13 C 4 A !!
13 n S T
14 A 5 C j . !
14 R x A
15 C 6 D matP.
Un hermoso juego. Tchigorin yWeids dividieron el 1° y ~pre•
mio del torneo en que se jugó dsta partida.
11 D

NOTAS SOBRE LAS APERTURAS

Salvador Rueda, el director de Bellas Artes y el ministro de España
presidiendo el Juego
mala el ''México,'' que la lleva }¡asta las defensas hispanas, que
la paran y mandan a sus alas, llegando con ella hasta la meta (]el
"México," salvándose éste de un tanto por la oportuna intervención de Miranda. Sale la bola por encima de la meta mexicana y
el ''España'' tira un magnífico comer que no remata, gracias a
Miranda, que vuelve a salvar a sn equipo, mandando la bola a los
medios, que la llevan mediante una hermosa combinación de ala,
a la meta hispana. anotando los paisanos su primer goal. Ataca el
España'' como sabe hacerlo, y compromete al ''México,'' salvándolo sus defensas, y continúa -muy reñido el partido poi· ambos
lados, llegando otra Yez el ''México'' al goal contrario, no anotán•
dose el tanto por un foul de los mexicanos. Con hermosas jugadas
ele una y otra parte termiua el primer tiempo.
Comienza el segundo tiempo, sacando el "México" y perdiendo
la bola en los primeros pases, tomándola el ''España,'' que desde
esos momentos estuvo dominando casi la totalidad del segundo
tiempo. El "México" carga indebidamente a un jugador del "España,'' priYándolo de couo&lt;·imiento por breve tiempo, lo que le vale
que el juez le marque foul y otorgue al ''España'' un penalty
kick (patada de castigo). Tírala Ibarrechi y vuela la bola pór arri-

fallaron en momentos verdaderamente críticos, cometieron graves
errores, de los que se aprovecharon los contrarios, cometiendo
los principales Ibarrechi, pegando clavado y de puntera el penalty aplicado al ''México,'' lo que originó que la bola se lev1.1n•
tara y pasara muy por arriba rle 111, meta; Lanza, que estuvo en
varias ocasiones fuera de su sitio, y Bonet llegando fuera de tiempo; y si a esto se agrega lo bien combinados de los ataques del
"Méxicoí' en todo el primer tiempo, -auotamos una combinación de
centro y ala y otra ele medio y ala muy bonitas,-la oportunidad
de Miranda, y, en general, la eficacia y energía de todos los juga·
dores, tendremos lo que, en nuestro concepto de imparciales, fu,3.
ron las causas de la derrota del ' ' España.''
"Junior" y "Juárez. "-Tablas por uno a uno. El "Junior"
vuelve por sus fueros.-Con mucho menos público que el domingo
pasado, debido a que la combinación "España"-"México" se llevó a la mayoría del público deportivo, se verificó el segundo encuen·
tro entre éstos teams con el resultado ya anotado. El primer goal
de la tarde lo anotó Ferroiro al "Junior," trayéndose él solo la
bola por todo el campo, pasando admirablemente a todos los con·
trarios, hasta meterla al goal.

SPAULDIN·G
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SPORT. La casa Spaulding es la única en la República que tiene sietttpre un
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Para los estudiantes jóvenes por William Cook. Autor de "The
Synopsis of the Chess Openings" y "The Chess Players
Compendlum."

El ' ' J uárez' ' anotó su goal por un buen shoot de Hammon.d,
distinguiéndose también &lt;lel "Juárez" el Goal Keeper, que jugó
magistralmente.
De parte del " Junior," todos, en general, trabajaron con decisión y eficacia, volviéndonos a entusiasmar con aquellas hermosas
jugadas que siempre le hemos admirado a este equipo.
El '' Mixeoac'' tuvo, en la mañana, un juego de práctica debido
a que el juego ele liga contra el "Williarus" no se llevó a efecto
por no haberse presentado éstos al campo.
"Tacubaya'' contra "Preparatoria.' '-Gana "Tacubaya'' por
dos puntos contra cero.
Entre jugadas más malas que buenas por ambos lados, se jugó
este juego, resultando monótono e insípido, sin haber ocurrido na•
da digno de mencionarse por lo apáticos y flojos que se portaron
los dos equipos contendientes, habiendo únicamente notado que se
accidentaron varios jugadores del "Tacubaya," sin que hayamos
comprendido la causa.
Tampoco se jugó el partido anunciado entre "Meyer y Huerta" y "Palacio ele Hierro," por no haber acudido al terreno los
segundos.
Y hasta el próximo domingo, que medirán sus fuerzas, en la ma·
ñana, a las 10.30:
"Tacubaya" y ")fLxcoac," en terrenos del ")lixcoac."
'' Williams '' e ''Ingenieros,'' e11 terrenos del '' Williams.''
''Internacional'' y ''Medicina,'' en terrenos elel '' A. B. C.''
'' Palacio de Hieno'' y '' Luz y Fuerza.'' en terrenos del '' Palacio."
En la tarde, a las /l.30:
"Junior" y '' A. B. C.," en terrenos clel "Junior."
"Juárez" y " PrQparatoria, " en terrenos del " Preparatoria."
"Ingenieros" y "Meyer y Huerta," en terrenos de "Meyer y
Huerta.''
"N'ormal" y "Militarización,'' en terrenos del "Normal."

14

PEGASO

.

LA APERTURA DEL CABALLO DEL REY
BLANCAS

NEGRAS

1 P4R
1 P 4R
2 C3 AR
El más usual camino para preparar un &amp;taque. Las negras tie•
nen que escoger entre las cinco réplicas siguientes:
Contra Gambito de Greco
2. P 4 AR (débil).
Contra Gambito del Peon de la Dama
2. P 4 D (débil).
Defensa de Petroff
2. C 3 A R (buena).
Defensa Philidor
2. P S D (débil).
DefensR Italiana
2. C S A D (lo mejor).
De la D efensa Italiana se originan varias aperturas. Las Blancas puPden jugar:
3. P 4 D
Gambito Escocés
(hueno).
S. A 5 C
Ruy López
(muy fuerte).
3. P 3 A D Ponziani
(poco jugado).
8. A 4 AD (buena).
Si las negras contestan a 3. A 4 AD:
3. C 3 A R (mediana).
Defensa de los Dos Caballos
Giuoco Piano
3. A 4 AD (buena).
Las Blancas pueden también jugar 4. C 3 AD
(buena).
Si las negras replican:
Juego de los Cuatrn Caballos
3. C S AR (buena).
Si 3 ......... , A 4 A o 3 ....••.•. , P 3 C R.
(mediano).
Juego de los Tres Caballos

PEGAISO

/

R:

Cuando 1· p 4 D. p 4 D; 2. P4 AD, es llamado Gambito de la
Dama; y todos los demás movimiento de los c~ales no hemos he•
cho mención son clasificados como aperturas irregulares.
Estas disti~ciones son necesarias pero no esenciales. Lo que es
de esencial importancia es l'li. serie de movimientos que dan nombre a una apertura. Esta clasificsci?n implic9: la. nomenclatur~ y
el estudiante debe saber de mema.na los mov1m1entos que la mte~ran,
d
. .
Quiero hader notar que algunas veces uno e los mov1m1entos
del blanco da nombre a la apertura Y que otras, ésta es contituida
por un mvvimiento de las nee;ras.
V amos a proceder ahora al examen de las primeras variantes
de cada apertura, y presentar unas cuantas. observacio1;1es que
prop0rcionarán al novicio salvar algunas serias desventaJas concernientes a la salida, ya sea que lleve el ataque o la defensa.

Fenalty KICK.

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R:

EL NUMERO 3 DE "PEGASO" PUBLICARA 16 PAGINAS
DE MATERIAL INEDITO SUSCRITO POR LAS MAS PRES·
TIGIADAS FIRMAS DE MEXICO :-:
15

�V

Varie·dades
',: ====,=====================================J.;::,
La marcha sobre el agua

1

La palabra marchar evoca inevitablemente en el espíritu la idea de llll suelo resistente o al menos de una
superficie consistente y finne Robre la cual pueden apoyarse los pies.
· La idea de anclar sob1·e d ag1w i:'8 muy antigua. Leonardo de Vinci, el inmortal artista, que fue también genial
innovador trató de realir.al'ia, creando llll barquillo para
los pies, /¡ne consistía f'n dos odres llenos de aire. Para
asegurar el eqnilibrio d&lt;' su n1&lt;limentario aparato se servía &lt;le un bnl,meín sern(,jant(' al empleado por los acró-

Aparato alemáu para andar
sobre el ¡:¡gua.

,

bata.s que caminan sobre cuerdas. Inútil es decir que su
invención no satisfizo a nadie y que pronto fue relegada
al olvido.
Lá idea ha ocupado posteriormente el ingenio de algunos hombres y se han ideado aparatos de diversas formas que han corrido la suerte del for,iado por el g;an
artista .
Bajo el reinado &lt;lr Luis XV se hizo un ensayo en el
Sena, que no tuvo é.:\-ito, ." mucho tiempo después.
en 1913, durante tma fiesta nántica que se celebró eü
Nogent-sur-Marnc, se hicieron experiencias con otros ' 1 hidropiés" de diversos 111.o&lt;lelos.
En Ja prinrnYera ele 1914, a algunos kilómetros de Berlín, se hizo nn nu~Yo ensayo con otro aparato: toda una
sección de infantl0 1·ía, pe1·fechunente equipacla 1 fue provista dL• ftotado1'es que dl~bíau pl:'rmitir Pjecutar espléndidas maniobras .v c1·uza1· combatiendo las corrientes de
Jos ríos. La prueba .tuvo un resnlfado fatal, pues paree.e
que los infantes uo supieron srrvirse de sus aparatos y
que dos rle ellos zozobraron y s,~ Hhogaron für Gott, für
. Koning nnrl 'V a terland ....
Expf'rie11cias más recie11tes han tenido lugar en Pa-

gramos y se com µone lle dos flotadores de Hierro, w1idos entre si por doR atra VPf:mfios. Upa tira de acero articulada adelante p0rmite 1nodificar convrnicntemente la
separación de los flotadores y asegurar el equilibrio. El
pasajero, calzándose los flotadores corno si fueran raquetas, hace- girar las pale.tas propulsor;;is mediante un ligero movimiento ~le vaivén impreso con los piéS, y puede
dirigirse fácilmente a dondequiera. El aparato es, eu
SlJma, unu afortuuarla combinación drl simple flotador
y de . la TUeda de paletas, y sólo ('Xigl' del que lo monta
un poco ele atn~vimiento, de golpe dl~ vista, ele sangre fría
y de agilidad.
Es curioso lrncel' uotar qm•, c1 despl~cho Oc las apariencias, el éxito de las ex 1wrirocü1s hrchas en el Bosque- de
Boloña con rl élpnrnfo th• JI. Russo, ~, el fracaso de las
r¡ue se hicieron pn Ale11umia, pa1·ecP11 consagrar de una
maneJ'a definitiw1 lo que podríamos llamar "la imposibilidad Qe la marcl1a Mhre el agmL '' fot idea de dotar
1:1 cada pie dr un flotador ." dl' aYanzar por una suprrfi.
cie líquida corno lo hada un patinador sobre eJ hielo, poi·
medio de deslizamientos sucesivos, C'S quizá falsa powrm'
no tiene en cnenta suficientemente las leyes pní.cticas del
equi1ibrio. La mrnor separación, 1a más pequeña inclinación laternl, bastan para provocar la caída. Esto se
explica fácilmentr si se considera 1a instabilidad ele la base que sirve clP sostén al pasajero.
El aparato de :H. Russo es en rPaliclad un pequeño
barquillo formado por dos largos flotadores y las pale-tas que le sirYen de propulsores son puestas en movimiento por snnves Jwrsiones de los pies &lt;lel t1·ípulantc. El pe(Sig1u ~n ln página Vi.)

~==============~
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Ingeniosa. combiuación para
andar ~sobre el a~ua., última
:: mente experimentada en
Francia.

1

que vende más barato.

rís, en un lago del Bosque de Boloña, con un ingenioso
aparato inventado por el súbdito italiano M. Russo. En
preseneic1 de los representantes oficiales, del ministro· de
la Guena, del ministro de Marina y de miembl'os de los
I~stados ~Ja,vores de las naciones aliadas, multitud de muchachos y lle muchachas h4n efectuado con la máquina
d.e :u. Russo ('voluciones graciosas a una velocidad de 5 a
10 kilómetros por hora y con una facilidad verdaderamente inesperada.
El apm·ato· experimentado pesa únicamente ocho kilol6

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�VI

VARIEDADES
(Sigue de la página 16.)

ligro, por lo tanto, de las inclinaciones laterales que pudieran provocar la ruptura de equilibrio y las caídas no
son de temerse aun para los más inexpertos.

VII

la roca, se hicieron trescientos barrenos en una de las vertientes de la montaña.., algunos de ellos de ocho metros de
profundidad, y se cargaron con diez o doce libras 'de dinamita cada uno.
Antes de encender la mecha para pegar los barrenos fue
desalojado el· pueblo, llevándose cada vecino todo cuanto
pudo.
La explosión destruyó por completo el pico, sin que sufrieran daño alguno las casas.

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pipas; M. Flullard, estufas; el conde de Kergolay, vina. greras; M. de Ecluse, funcl~s de coches; M. Lipinann, sonajeros; Mr. Megnin, planchas; monsieur Rollot, cuadrantes de reloj, y, finalmente, la baronesa de Henard, rosarios.

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el pico de una montañ,a que se alza junto a Thonnery, pueblo próximo a Aix-les-Bains, en Francia.
La base de la roca se estaba desmoronando constantemente y llevaba mucho tiempo amenazando sepultar '.ll
pueblo. Durante los últimos veinte años, los vecinos de
Thormery han vivido con el alma en un hilo, porque las
lluvias corroían la base de la amenazadora montaña, y
creían firmemente que cualquier día rodaría al fondo del
valle y pulverizaría la población.
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adjetivo después de la palabra gato. Hay que empezar primero por la letra A, hasta apurar todos los adjetivos que
con ella comiencen; por ejemplo : '' gato astuto,'' '' gato
ágil, " "gato amable," etc. El &lt;tue diga un adjetivo que
ya se ha:va dicho, pierde prenda. Cuando se haya agotado
la lt&gt;tra A, se sigue por la B: "gato bonito," "gato bueno." etc. Ya tienn1 ustedes un nuevo pasatiempo para entretener las veladas.

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Pegaso, Revista Ilustrada, 1917, Tomo 1, No 2, Marzo 15</text>
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                <text>Rebolledo, Efrén, 1877-1929, Fundador</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>Urueta, Jesús 1868-1920, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>El idealismo moral de Francia</name>
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                    <text>���1

BIBLIOTECA

CENTRAL

U.A.N.L

Portada ele Saturni1io H e1•rán.

tv1ARZO 8

PREC I O : 30 CENTAVOS.

DE 1917

�II

Venga· Ud. a SalÚd~r a la Primavera

--- - - -- - -

III

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cambiaremos nuestro local.

�P-EGASO
REVISTA SEMANAL

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______..._......................._.....................................................................................................................................................................................

..................." ... .... ...,..
TOMO l .

•

M.EXICO, D. 1-'., 8 DE /\1ARZO DE 1917

.........................................................................................................................._____,._.......................................

-._..........................................................................................
NU/\1. I

,

CRONICA
/

Al leer el

PEGASO,

jijef&gt;e usted a qué distanci,a de sus ojos puede

ver con facilidad y claras la.e; letras. Al mismo tiempo piense usted sobre las cosas de la vida: ¿Qué es lo más indispensable para el trabajo y la felicidad? ¿Qué haría sin ojos o
con, la vista desperjecta? ¿Sabe u.c;ted a punto fijo si requieren lentes sus ojos? ¿Lle·varía usted a su hijita a cm·arse a
un doctor descotwcido, para ahorrar un poco de tiempo o
dinero? ¿Pondría usted sus ojos en manos de un óptico cualquiera?
La gente culta de esta Capital conoce desde hace más de cincuenta
años a la Casa Calpini como "digna" de llevar la responsabilidad del cuidado de sus ojos. Es, en México, la casa Óptica más antigua y la más moderna.

Como siempre, en la A venida Francisco I. Madero nú~ero 37 ~y
3 a. de Motolinúi,) , donde se ve la atnarilla cabecita de leon
asomándose por la esquina.
· adas co,mrr_ci
Tene'nWS areh'1,V
r-v de las recetas de todos nuestros clientes
desde hace varios años. Suplicamos aviso oportuno de cam-

bio de dirección.

LA AVENIDA

MADERO

Plateros .... San Francisco .... Madero .... Nombres
Avenida era el vicio amblllante. Ko flota en ella, cierta·
,·arios para el caudal único, para el pulso único de la ciu
dad. No hay una de las veinticuatro horas en que la mente, olor de santidad; pero tampoco esca:--ean los ho
nestos vehículos. Acuden matrimonios en que t'I y dln
Avenida no conozca mi pisada. Le soy adicto, a sabien
das de su carácter utilitario, porque racionalmente no son ruinas fisiológica¡,, mas sin ninguna ~ospecha c:iYil
podemos separarla de las enganosas cortesanas qu e la ni canónica. Acuden familias de riqueza intempestiva
fatigan en carretela, abatiendo, con los tobWos cruzados. y de indumentaria chillante, mas Fin portillo moral.
la virtud de los comerciantes del Bajío, accidentalmente Acuden los vestigios de nuestra llamada aristocracia,
en ésta por exigencias de El .Fiel Contrrutt:, La Fanta- fieramente colonial y erizada de ayunos y de abstinensía o El ~1ncla de Oro. Loemos la eficacia dE&gt; estas carre- cias. AcudE&gt;s ta, dE' por tarde. vara de nardos. tú, lucero
telas que, evocadas por el nostálgico
de la Avenida, duE&gt;!'la de landa u, de patronímic&lt; s rantraficante de tabacos, rebozos o pi·
cios y de tedio crónico. Acudes a la
loncillo, son un bálsamo para las
angostura del paseo a demandar incontribuciones subidas, los pagarés
útilmente de los cordones de lechuy los saqueos. No quiero hablar del
guinos un estímulo vital. Te sabes
caso en que los tobillos arrogantes,
de memoria todos los tramos (Ganadmirados de buena fe por el Jocte Bolfrar .... ~Iotolinía- rsabel la
key Club, La Esmeralda o i\rercaCatólica .... ) sin que te consuele la
&lt;leres, hayan menoscabado la salud
mímica de l•'radiávolo :r sin que te
de Celaya o de León. El triste senor
rejuvenezca la fio!'lez de l&lt;'ifí.
Aranda o Anaya o Almanza comEstas muchachitas, que para atraP rende ría entonces, al regresar con
vesar de una a otra acera se cogen
sus carros de mercancías, la justide la mano y construyen así la tícia en que abundaba Platón al decir
mida cadena (n la 1m", r, las dos. a
que el primero de los bienes es la
los t,•1,;s), temen a los automóviles
felicidad corporal.
fundadamente. Manuel Othón juzTratándose de entusiasmos cívigaba que los automóviles andan en
cos, cuando vine a Méjico a radicarcalcetines. Además. estas muchame, yo tenía ya la ropa tendida a se- chitas que ensayan a la 1111,,. rr In.~
car. Por ello he sido un observador
dos. a la.~ t,•es, apretiindo en el puf!o
suficiente de las congestiones políla medalla de María Auxili,1dora,
ticas, menos cuando en la banq uecarPcen del sentidode la&lt;'irculación
ta del Cine Palacio, al consumars" porque sus pies y sus ojos conser·
el Cuartelazo, me robaron mi reloj
van la beatitud de las celebracio
unos energúmenos que vitoreaban
nes caseras en el terrnl'lo. cuando
a la Ciudadela. Mis sentimientos an
las &lt;·uitadas, en un fol'od&lt;•ÍPznahlr,
timilita.ristas alcanzaron la forma
eran las heroínas del cuadro plástidel rencor de bolsillo con aquella
co, y encarnaban a las Siete Virtusustracción, que no he podido repa
des, con estrellas de latón &lt;&gt;n la
rar, no ya con un reloj de pulsera,
frente, ~· corona~ de lentc•jut&gt;las pade geometría arbitraria, de los que
téticas, _y túnicas de éti-r. mientras
a.ma Rebolledo, pero ni con un inesque la precaria escena to1·nál:&gt;ase
table Ingersoll.
multicolora por la profusi6n de BenEn un café situado frente a San
galas inverosímiles. A mí no me es
Felipe conocí al autor de La8ca1S. Al soberano citareda
lícito reírme de las doncellitas que
que, como observaba Rafael López días atrá~, versifica- se precaven del tráfico. porque allá. en tiempos. s11spiré
ba. gloriosamente cuando aún regía la canalla. Estuvo a hurtadillas por alguna Humildad s mojé la almohada
magnífico, grandilocuente e insolente. Nos recitó, ent1·e en vasallaje a Marfa de Lourd&lt;&gt;s Valclés. quino decil'. a
otras obras suyas, un romance a Cleopatra, de tal cali- la Paciencia. Ahora, iDios mío!, &lt;ya no hay princesa que
dad que parecía desprenderse de la boca misma de A po- esperar&gt; ...
En cambio, existe derecho, E&gt;xiste obligación de di\'erlo. Nadie me ha deslumbrado, en su trato personal, como aquel hombre.
tirse con los cocheros a quienes ge les disp:ira la librPa.
Recuerdo la tempestad que se alzó en la Cámara de Automedontes trogloditas que nuestros hombres de pro
Diputados con la declaración de un orador de que la exhiben, para lustre del dudoso blaFón, con sombrero
hereditario, escarapela incoherente. ea~:iC'n ele&gt; l'ann y
PEGASO

�calz6n celeste. Si el sitio de Troya se repitiese,· probablemente no vendría
Aqui 1es a buscar entre nosotros auriga, de pelo de alambre.
He comprendido a las sociedades protectoras de animales al a~i!"tira la tragedia
de los caballos que, en las
fecba" lluviosas, azotan contra el barro.
Desde la es-quina del·Sal6n
Rojo be sentido renacer una
salvaje piedad en favor de
las exolotadas bestias que
pugnan por incorporarse. y
más aún, en favor de los
caídos y decaíclos corceles •·---..;.._que hacen el muerto y, sin ~ ·
,
·
brizna de amor propio, abandónanse al látigo de la negra
.
fortuna. Exactamente como un padre pobre que se ha

reproducido dieciocho veces. Conocí a un demente
que me despertaba a c'les- ·
hora para repetirme: &lt;Plateros fue una calle, lu.ego
u n a rue, y h o y e s u n a

stree,t&gt;.
' No creo lo último.
Pero me inquieta el porvenir al pensar en los letrero¡;:; en ing 1é¡;:; de la Avenida y en el tPmplo protesta Pte que la fl.anq uea.
P~:GASO vuela sobre la
Avenida.
Sobre el hormiguero, sobre el esl)Pji~mo de lujo. sobre los li!enes del placer,
sobre el azoro forastero,
méce"' e PEGASO.
Mlls, i-:i no lo ayudáis un
poco, - azotará. alicaído, como cualquier caballejo de coche de sitio.
'

(Fotogra,fias especiales para PEGASO).

\

RAMÓN LÓPEZ VELARDE.

r 1

'

EL

PARAÍ'so·
... even supposing that ltistoi-y were,

Traducción de M. T., especial para "PEGASO"

El poeta miró a sus amigos, a sus parientes, al sacerdote, al d octor, al perrito, a todos los que estaban en la
pii&gt;zt y m uri6.
. .
En un pedazo de papel escr1b1ernn su nombre y su
ed,id: tenía diez .Y ocho anos.
..
Al besarlo en la frente, sus amigos y sus far~nhares
not·1ron que estaba frío; pero él no sentía sus lab10s _porque estaba en el ciel_o- Y_nose pregu~tó, como lo habrí~
h...,chu en ta tierra. s1 el cielo era oe este o de otro modo,
puPsto que estaba en é l, nada le faltaba . .,
Su madre y ~u padre, que había11-s1 o n_o:;- rn_uerto
a'ltPs q ue él, vinieron a su encuentro. Y Ill et DI ellos
llorn •&gt;an, purgue j"tmás se habían separado.
Su madre le dijo:
-Pon el vino a enfriar; ya vamos a comer con el buen
Dio,, bajo •~I e mpa.rrado del jardín del Pa,raÍ$O.
Su ¡nd,·e le dij,&gt;:
- Irás a, co1·tar frutm,; ninguno es venenoso. Lo¡;; árb •&gt;l 1s te los tenderán por sí mismo-., sin que sufran sus
h ,,jas ni sus ramas porque ,-on inag ,tables.
El poet:i desbordaba de gozo al conocer obedecería ~
sus padres. Cuando rPgresó del vergPl yhub~ ~umerg1·
do en el agua las gurafas del vino, vio as~ v1eJa, perra'.
muerta antes que él. acudirdulcemPnte ag1t11ndo la cola,
le lamió la~ manos y él la acarició. C re~ de ella estab_an
todos los animales amados por él en la tierra: un p~rrito
rojizo, dos gatitos grises, dos gatitas blancas, un pmzón,
dos peces rojos.
y vio servida)a mesa donde estaba~ sentado~ el buen
Dios. su padre y su madre, una bPllaJov~n a qu1_en había
amado en la tierra, y que lo había seguido al cielo, aun
sin haber muerto to11avía.
Comprendió que el jardín del Paraíso no e;a otro que
el de su casa natal, que sobre la tierra esta en los Al·
tos Pirineos, lleno de lirios vulgares, de granados Y de
coles.
El buen Dios había dejado en el suelo su bastón Y su
sombrero. Estaba. vestido cnmo les pobres de los grandes caminos, aquPJlos que tienen un pedazo de pan en
una alforja, y a quienes la m¡¡g1stra_t~ra hace detener
en la puerta de las ciudades y apris10nar porque no
saben escribil· su nombre. Su barba y sus cabellos eran
blancos como la luz del día; sus ojo&lt;;, profundos Y negros
como la noche. Dijo-su voz era dulce:
-Que vengan los ángeles y nos sirvan, puesto que su
ielicictad es servirnos.
·
·
PE,G,ASO

1

Entonces de todos los recodos del celeste vergel acudieron legi~nes. Las formaban los fiel~s. sirvientes, amados Pn la tierra por el poeta y su familia. Allí estaba el
viejn Juan, que se había ahogado por salvar a _un mu~hachi to; la vieja Mal'fa, que había muert? de m--olac1ón;
allí e--taba Pedrn el cujo, Juana y todav1a otra Juana.
Y entonces el poeta se levantó para haL:erles honor Y
les dijo:
-Sentáos Pn mi lugar, debéis estar cerca de Dios.
Y Dios sonrió, porqué sabía de antemano su res·
puesta.
- N uPstra feli&lt;:idad es servir; así estamos cerca de
Dio,. Tú wi-..mo, ¿no sirves a tu padre Y a tu madre?
Ellos. ¿no :sirvpn a Aquel que nos sirve?
Y, de repPnte, vió que la mesa SP h 'lbía engrandecido
y que nuevo-. h11éspe IPs sentában~e a ella. Rran el pad_re
. y la madre dP su madre y de su padre, y las generdCJO·
nes que los habían precedido.
• C,iía la tard ·. Los de más edad cabeceaban.
.
El poeta. y su amigll. se amaron .. Pero Dio~, a quien
habían hosp.•dado, volvió a su camrno, s.-meJantP a los
pub re~ de la,s !{randes ruta!", itquellos qu&lt;&gt;. t1Pn~n un ped¡¡zo de pan en una alforja y a quienes la. mag1s~r~tura
hace detener en la puérta de la,s ciudades -y apns10nar
porque no saben escribir :-u nombre.
Francls JAMMES

_ _ _ _ _ _, .,nunnunn1111n11nnnntu................11n1111nn........nn11wnt1 HMffMMIHHHI ~

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ARTÍCULO DE. ANTONIO CASO,
CUENTOS DE MARIANO SILVA, MANUEL
TOUSSAINT.
UN~!Á:¡:t~~l~:z~!i:!~!~os
•MEDITACIÓN
SOBRE UN BAUTISMO•, DE
FRANCIS JAMMES, TRADUCCIÓ~
~DE ENRIQUE GONZÁLEZ MARTINEZ..
'
ARTÍCULO HISTÓRICO, POR LUIS GONZALEZ
OBREGÓN.
.
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS, POR MANUEL

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HERRERA LASSO, GEN,aRO ESTRADA Y
·MANUEL TOUSSAINT.
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u111nnn1nnn1"n,uun1111nMt1

ouce in a way, no liar, coulcl it be
tha.t ....

Rspecial pa1·a PEGASO.
KENNETH

GRAH.U,iE.

Era un país pobn•, como tantos otros de que guarda
siempre confuso recuerdo el viajero impenitente. La ex- a sospechar que los libros de versos y embustes poseyeran
portación se reducía a pieles de camello, utensilios de tan útiles virtudes! En fin, la ciencia económica abunda
barro, estampas devotas y diccionarios de bolsillo. Ya adi- en ironías y paradojas. Había c,ue aprovechar desde luevinaréis que se vivía por completo de géneros y efec- go esta nueva fuente de riquezas. .,,
Se dictó una ley que puso a la literatura y demás artos traídos de otras naciones.
A pesai· de la escasa producción de riquezas sobrevino tes bajo la jurisdicción del ministro de las Finanzas.
un período de florecimiento artístico. Si sois profesores Los salones (bien provistos por cierto de impertinencia
femenina), las academias, los cenáculos, todo fue reglade literatura, os explicaréis el hecho fácilmente.
Aparecieron muchos poetas. de los cuales uno era idí- mentado, inspeccionado y a&lt;'hniuistrado.
Los hombres graves, los hombres serios protegían sin
lico, lleno de ternura y sentido de la naturaleza y tam- ·
bién muy pose}do de la solemne misión social de los bar- rubor a las artes. En la Bol~a se hablaba corrientemente
dos, y otro, sátanico-verdadera '' bete noire'' de cier- &lt;le realismo e idealismo, de problemas dé expresión, de
ta crítica mo,jigata-a quien todas las señoras deseaban lns l\Iemorias de Goetlie v de los Reisebilder de Heine.
El ministro de las F{nanzas presentaba por Navidad
conocer, y &lt;me en lo Personal era un pobre y desmedrado sujeto. Hubo también incontables historiadores: uno al Parlamento un presupuesto· de la probable producde ellos, medioevalista omnisciente, aunaba del investi- ción literaria del año signiente: tantas novelas, tantos
gador impecable y del sintetizador amenísimo; otros eran poemas. . . . se restablece el equilibrio en favor de los géconcienzudos y prolijos o elegantes y de doctrina cada neros en prosa con cien libros de historia. Las mayorías
gubernamentales estaban por los géneros en prosa, mienvez más sospechosa.
La .critica literaria prosperaba con lozanía. Además tras que las izquierdas dt&gt; las oposición exigían siempre
mayor copia de versos.
de los tres o cuatro inevitables retrasados, q~e censuraLas acciones ? géneros subían siempre en las cotizacioban por sistema cuanto paraba en sus manos y que sin
nes
ele las Bolsas. La moned_a valía ya más que la libra
frnto nredicabim el retorno a una época remota de mediocridad académica, había escritores eruditos e inteli- esterlina, a pesar de oue años antes se codeaba con el
gentes oue justificaban, ante una opinión cada vez más reís de Portugal en las listas de los mercados. A cada nueinteresada, los caprichos y rarezas de los hombres de vo libro correspondía un alza, y aun a cada buena frase
gusto.
.Y a cada verso noble. Si había una cita equivocada en esLa novela, el teatro. el ensayo adquirían inusitado vi- te tratado o en aquel prólogo, los valores bajaban algunos puntos.
gor.
El costo de la vida humana había descendido al límiDespués de los dioses mayores venía la innumerable
caterva de los que esci-iben alguna vez. ·de los literatos sin te de lo posible. Todas las despensas estaban bien abasteletras, de los poetas que cu·entan más como lectores, y cidas. Humeaban los pucheros de los a1deanos y el vino
cuyos nombres se confunden ( en la memoria de cualquie- tiE)rno henchía ale¡?remente las cubas. Las señoras ya no
ra de nosotros, harto recargada de cosas inútiles), eon hablaban de carestía, sino de sus alacenas · bien repletas
de holandas y brocados, de sus tarros de confituras y conlos que vemos a diario en los rótulos de la calle.
Los extranjeros comen7aron a interesarse por este re- servas, de sus arquillas que guardaban lucientes cintillos
nacimiento de las artes, del que tuvieron noticia por in- _v oedrerías deslumbradoras.
Pero un día ocurrió una catástrofe. Bruscamente descenC?ntables trnducciones, algunas infelicísimas aunque a predió
la moneda muchos puntos en las cotizaciones. Pasacios verdaderamente reducidos. Entonces se notó _por primera vez un curioso. fenómeno, mu·y citado en adelan- ron semanas y el descenso continuó: no se trataba, pues,
te por los . tra_ta!f~stsa de Economía Política: el apogeo li- de un golne de Bolsa.
¿ Qué había sucedido? Todos se lo preguntaban en vaterario producía· un alza de valores eri los-mercados extranjeros.
··
no. Las señoras atribuían el desastre a la mala educación
de las clases inferiores y al escote excesivo que impuso la
j Qné s01·pi-esa pai·a los homb!'('S ele negocios! 1Quién iba
moda aquel invierno.

2
3

J?.IE.G.4.SO

�,

VIDA ARTISTICA Y

LITERARIA

l ! ! J ~ ~ ~i!ffi!l~iii!ffilfü!@li!!lifilfilfifili!!li~ffi!ffifü!li!!r1!!ffi!ifilffilli~i~ii\!li!!ic1rl!!f"l!!f"l!!fü!

FUEMf\5 [flE.[7[TCT
\ :•~·

EL POETA NORTEAMERICANO MARKHAM VENDRA A MEXICO
La &lt;Revista Universal&gt; de Nueva York publica la noticia de que el gran poeta norteamericano Edwin Markbam proyecta venir a México en el presente ano.
Markham es una de las figuras principales en la lite·
ratur11, americana de hoy; su arte palpita con las profundiclades místicas del espíritu y con el dolor de los des·
graciados del mundo. Como Bernard Shaw en Inglaterra, es uno de los grandes sostenes del socialismo en su
patria, y, como el gran escritor inglés, modela su obra so•
bre sus ideas y convicciones.
Estamos seguros de que, si se cumple la noticia que
damos, Markham recibirá de nosotros el homenaje que
merece.

ti(Jita !J .Modema de Jalapa, en cinco volúmenes. Sus
obras, aunque poco metódicas, desordenadas a veces y
no siempre con cabal sentido crítico de la Historia, son
muy provechosas por su nutrida informaci6n, y en su
parte iconográfica presentan documentos muy intere·
santas y raros. Hace algunos años que Rivera Cambas
había abandonado los trabajos históricos. La Academia
le dedicará un folleto con artículos biográfico, bibliográfico y de iconografía.
LAS CONFERENCIAS ESPAÑOLAS

Han estado muy concurridas las conferencias que sobre asuntos espaiíoles dan en el Cine Palacio miembros
de la colonia española. El organizador de estas interesantes veladas, el señor don Francisco J. de Gamoneda,
EXPOSICION DE ARTE EN PUEBLA
debe sentirse satisfecho por el éxito de las conferencias
y, en general, de la incansable actividad por él desplegaCon motivo del fin de ano escolar, los profesores de la
Acaaemia de Bellas Artes de Puebla organizaron una da en la organización de diversas y simpáticas manifes·
de cultura. Debemos recordar, en efecto, el loaexposici6n de sus trabajos y de los de sus alumnos. La taciones
ble interés manifestado por Gamoneda en propagar·todo
Exposición se clausur6 con una brillante velada el día esfuerzo
artístico de autores mexicanos. A su iniciativa
· primero de febrero retropr6ximo.
El concurso resultó interesante, más que por los fines débense muchas conferencias que conocidos literatos
dieron en la librería Biblos; é l trabaja, en países extran·
obtenidos, por la potencialidad de esfuerzo que repre- jeros,
difusión del libro mexieano y edita obras de
senta; desde luego se comprende que era imposible ob- autoreslanacionales;
sus esca¡iarates están siempre distener uniformidad, siquiera aparente, en una primera puestos a lucir sus ymejores
adornos para exponer pinexposició11, dentro de un medio casi hostil y con escasos turas y libros.
recursos. Pero tiempos vendrán en que los que pudieron
Seguiremos ocupándonos con interés de las confehacer éstar hagan otras exposiciones en que el éxito so- rencias espafiolas.
brepuje a sus deseos; y así será sin duda, ya que no les
falta entusiasmo y dedicación, como a los pintores FuenEXPOSICION DE BELLAS ARTES EN EL SALON BACH
tes y Castillo, bellas esperanzas que, de cultivarse, serán
un día realizaciones.
·
En el discreto saloncito de Bacb, sin más inadecuaci6n
que la índole del establecimiento, mas con la excusa de
mil razones insuperables, se ofrece a los aficionados una
· VACANTE EN LA ACADEMIA DE LA HISTORIA
cuarentena de obras de arte.
No es sino una muestra del trabajo cotidiano de artisLa muerte del senor Manuel Rivera Cambas ha ocasionado una vacante en la Academia Mexicana de la His- tas jóvenes, acompafiada por la prei;encia de artistas matoria, que cuenta con veinttcinco sillones de académicos duros, como símbolo de fraternidad en horas de prueba.
de número. La sustitución se efectuará muy en breve y · Naturalmente, nadie va a exigir obras maestras; y hay
para ella se senalan, como los candidatos más orobables, ya, sin embargo, algo más que una promesa en los cuaa los sefiores Nicolás Le6n, Jesús Ga!indo y Villa y Fer- dros de las hermanas Leal, en los modelados de Matilde
nando Iglesias Calder6n. La persona que resulte electa Poulaty en un delicioso paisaje de Lolita Velázquez, un
será recibida en sesión solemne, en la cual leerá un dis- atardecer amarillento sobre la silueta espiritual de unos
curso de introducción, que será contestado por uno de árboles.
Felicitamos a los jóvenes artistas por el éxito de su
los académicos numerarios, según lo establecido por el
reglamento del instituto.
•
loable esfuerzo.
El senor Rivera Cambas deja una copiosa producción
LA MEDALLA DEL IV CENTENARIO
hist6rica. Sus principales obras son el .México Pint07esco, Artístico y .Monumental, en tres volúmenes; los GoEn el concurso abierto para una medalla conmemobernantes de .México, en dos volúmenes, y la Historia An- rativa del IV Centenario del Descubrimiento de México, fué premiado el proyecto que presentó el escultor
don José Tovar.
La causa sin duda había de ser literaria, puesto que liLa hermosa maqueta fué expuesta en la Librería Biterario era el origen ele la abundancia pasada. Los cenácu- blos, y con justicia ha provocado ~e~erales aplausos,
los, ateneos y todo el complicado mec_anismo l~terari?- por estar realizada con cabal conocimiento de 1~ belleza
burocrático seguía funcionando a maraVllla. Nadie habia de este género de trabajos. Tovar ha comprendido perfectamente y expuesto en una obra sencilla y sugestisalido de su línea.
Ordenóse una minuciosa investigación; los mejores va, el peni;,amiento de la conmemeración del centenario
críticos fueron encargados de llevarla a buen fin. En reali- del descubrimiento de México.
dad, nunca se llegó a saber la razón de aquella catástroLECTURA DE VERSOS INEOITOS
fe financiera.
La noche del sábado próximo pasado se verificó en la
El dictamen de los críticos señalaba a algunos escritores ele pensamiento tan torturado, de invenciones tan conocida librería «Biblos», una lectura de poemas de
complicadas y de psicología tan aguda y monstruosa, que nuestro director, don Enrique González Martfoez.
Las poesías, inéditas, forman parte de la obra de pu·
sus libros volvían más desgraciados a los lectores, les enueg·i·ecían en ex.tremo sus opiniones y les hacían, por ú;- blicación próxima: «El Libro de la Fuerza, de la Bondad
timo, renunciar a descubrir en la literatura la fuente mi- y del Ensuefio&gt;, que acrecentará el caudal poético de
González Martínez.
lagrosa adonde purificar el espíritu de sus cuidados.
Los lectores de PEGASO podrán gus-tar en este núCiertameiate las artes no pueden ser el único sostén del
mero de algunas de dichas poesías inéditas.
bienestar de un pueblo.
El autor fué calurosamente felicitado por la distinJulio TORRI.
guida
concurrencia.
(Illlsti-ació1i ele Gardmio).
P -EGASO

DE "EL LIBRO DE LA FUERZA, DE LA BONDAD Y DEL ENSUEÑO"
Por Enrique González Martín.., z

LAS ALMAS MUf RTAS
Bajo la bruma gris, frente a un ocaso
de fatídica luz, por las siniestras
rutas del mal, en un crujir de ramas
y un volar de hojas secas,
silencioso, fantástico,
cruza el desfile de las almas muertas.
Apagaron su lámpara
como vírgenes necias;
no se abrieron sus ojos al anuncio
de la hora suprema;
y el beso del esposo
las encontró dormidas en la senda
sin una bienvenida entre los labio¿
sin un soplo de amor en la concien~ia ..... .
Asi cruzan-parvada silenciosaen la desolación de las praderas.
Ni un ímpetu fecundo,
ni un ansia noble de pasión revuela
en torno de esa grey; un aire frío
sobre el desfile de las almas nieva,
y sonámbulas huyen
por la penumbra incierta,
sin un himno en los labios,
sin una voz interna,
sin un rayo de luz en lontananza,
sordas, mudas y ciegas ..... .
En vano amor en la distante cumbre
encenderá su hoguera;
en vano el ideal sobre la cima
prenderá el vaticinio de una estrella·
en vano las angustias de los hombre~
y las desesperanzas de la tierra
piden piedad; l,a turba sigue el viaje ..... .
La misma voz que murmuró •despierta•
en la tumba de Lázaro, seria
inútil voz ante la calma eterna
y el mutismo implacable
que en lo más hondo de esas almas reina ....
.A.si va la parvada silenciosa
en la desolación de las praderas.
Alma mía, alma mía,
alma vibrante y trémula
que difundes tus himnos de esperanza
por la faz de la tierra;
que a flor de labio tienes la sonri!,a
para el concierto de las cosas buenas·
que cara al sol y con la mano en alto'
agitas tu bandera,
y frente al desencanto de lo$ hombres
amas,. vives y sueñas;
alma m!a, alma mía,
alma vibrante y trémula,
tú conservaste el óleo de tu lámpara
y la noche de amor ue halló cles-pierta.
Sabes llorar con el dolor humano,
acreces el tesoro de tu fuerza,
y a cada rumbo tu pupila insomne
escudri.ñ¡¡, y espera.
Hay una. anunciación en tu esperanza;
apercibida al bien, oras y velas,
y eres como una aurora
prendida, en el umbral de la tiniebla.
Allá, frente al ocaso
de fatídica luz, por las siniestras
rutas del mal, en un crujir de ramas

y un volar de hojas secas,
en una paz de tumba,
cruzan las almas muertas,
sin un himno en los labios,
sin una voz interna,
sin un rayo de luz en lontananza,
sordas, mudas y ciegas .....
¡Parvada silenciosa
en la desolación de las praderas! ..... .

EL HIJO DfL REY
En un claro del bosque, el hijo del rey sueña ....
Pasan corceles raudos, aúlla la jaur!a;
al tropel huye el ciervo, tiembla la serrania,
y el eco de las trompas salta de peña en peña.
La enardecida turba los árboles desgreña
como un alud que pasa .... Cuando el astro del dia
va apagando sus fuegos, cesa la caceria ....
De retorno al castillo, el hijo del rey sueña.
Sobre el puente que salva los abismos del foso,
cruzan rey y monteros en reir jubiloso
comentando sus lances de valor y fortuna.
Vino .... Cena .... Descanso . ...
En la enhiesta ventana,
ante el hosco misterio de la vega lejana,
sólo el principe sueña a la luz de la luna.

VIRTUS
Esta rosa de otoño que en las tardes asume
de una noble hermosura los discretos matices,
en.un lloro de fuego sumergió su s rafees
y con gotas de sangre destiló su perfume.
Cuando van sus efluvios en la fuga de un canto
y se mecen sus gracias en la brisa serena,
sólo el céfiro sabe que columpia una pe:na,
sólo el pájaro ha oído confidencias de llanto.
Arropó en los armiños de la enhiesta corola
su dolo!' y sus quéjas: enigmática y sola,
cubre olvidos y orgullos bajo el manto sedeño ....

y se piensa en la vida que apartó los escombros
de catástrofes viejas, y levanta en sus hombro~,
cual simbólico fardo, la virtud de su sueño.

LA flERA
En el fondo del alma se adormece la fiera
que esclaviza mi influjo, que somete mi encanto;
y las zarpas ocultan sus furores ...... En tanto,
mi canción vá a los aires melodiosa y ligera.
Cuando salga del sueño la manchada pantera,
hará oír en la jaula sus aullidos de espanto,
y tendrá nuevas iras, mientras vuelve mi canto
y a sus notas se 1"inde la brutal prisione1·a.
Le daré de mis versos las divinas ternuras;
pasaré por la seda de sus manchas obscuras
suavizantes halagos y caricias piadosas;
y han de verme los hombres transitar por la vida
con la bestia de Hircania domeñada y vencida
que mis manos conducen con cadenas de rosas.

4

PEGASO

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!ii!Jii!Jli!ffi!ffi1J~mlij!ii!!Jifilñl.J~ffi!Jel.fi~@.le!Ji!lffi!fü!ffi!fifilii!fü!ffi!i~J~

HISTORIA MEXICANA

·~ ~ l ! ! f f i ! J i F l ! ! f f i ! @.i@filJ~!!!l~fü!ffi!fü!Jl!!J!!!l§.i~...Ji!!ffi!lii!l!!ffilf'l!!ffilffilifil~
I!:.

UN DI_PLOMÁTICO MEXICANO DE 1811
lispecialpara PEUASU.
Dun fosé Bernardo, ante este acontf'cimiento ine&gt;'pe·
_Tiénense por la.., prim e ras misiones diplomáticas me . ~ado, srn ha be 1: obtenido nombramiento esci-ito de lo que
x1cc1.nas las encargadas en los Estados Unidos allá µur el llama EmbaJadOl' de la Nación en los Es tacto:,, Ui iuos
el a!lu d~ 18:!8, a duo J o:sé Manuel Zozaya y ¡l coronel de Norte América, huyó para el ¡.rnh v~cino, pen,1·gu1do
Anastas10Tonens, y fueron, en efecto, las primeras que por las tropas que desde Ciudad•Vic:to·1ia de:,tl-lcó ·tc1 gerepresen.taruu en el extranjerc, a gobiernos nacionales neral Arredondo; pero antes de salir de :,,upa.tria Teunió
c0nst1tu1dos: pero algunos afl.os antes los jefes de la re· catorce hombres, a quienes refirió la comh.ión que le
voluc_tón d¿, 11:1uepeudencia ~abían intentado enviar agen- confiara Hidalgo. Gutiéri ez de Lara estaba dec,aido a
t~s Li1plo.nat1cos y uno de e,tos logró cumplir su encar- llevar adelante su emprei,;a, y así' no se amedrentó por
~o, aunque sin resultados favorables.
las dificultades que se le presentab»n, y se puso en marLos det·i lles ele eslí-.i. misión for•man un curioso capítu- cha. Ea aquella época los Estados Umdos aun no se orlo ~e n?v~la de avent_u ra~; cpmo de novela parece también ganizaban df'tiniti,·amente; k&gt;s camines eran pocos y de
el mtre Jtdo personaJ_e que realizó aquella comisión. llena malas condiciones: esca·s os los coche.s y _el Vm·on PaciJ.e pel1grus, de ~az:1ñas .Y &lt;:1e coritrariedad~s. Su vida, por fic Y demás sistemas de ferrocarrilés estaban t( da vía
ave_nt.µrera,. activa e rnqmeta. tiene, a veces, notable se· muy lPjos de la concepció.n, Había que atravesar las vasineJ tn7.a con la de aquel ilustre infatigable patriota Ser- tas tierras de T,..xas, de Arkansas, de Ten1;1esseE;&gt;, de
vancto Teresa de .M1er, y, como éste, nuestro hombre de
Kentuck.v y de Virginia, es·calar montanas. pasar ríos y
JÓ ua-i curiosa auto biografía con todos los caracteres
pantanos y tras de mi-1 dificu11ades fü,gina Washirgton.
ap1-,ionados y pintorescos que solían poner en sus es- Nuestrn agente se enfrent6 con cuaritos inconvenif'ntes
critos los políticos clé la épo&lt;.:a.
'
se prPsentaron y rei,-.olvió todo ton un gesto muy audllz.
E, sumamente ~aro el folleto public11do en 1827, en muy mexicano, f!lUY chafro: Gutiérrezde Lar-a, a:I fren.
~ ,mterre.v, p or la imprenta de Pédro GonzáJez. con el te de sus catorce hombrt&gt;s;tomó el ·c amino de Wash·
tltuln de B,·eoe Ápolo(Jía. que el Coronel Don José Be1·na1·
ington ;a:caballol ·1p ~:rote délas' bestiés,aquPlla épica y
do (!utiér,·ez de Lrn•a hace de lrls i111p11gnacio11es que se le extrafia exµed.ición entróse. pot: tierra1-;. ~e~conocioas; re,,rtwnlan enwli .fotltJtO intitlt/ado: ,i,.Le,vantamie11to de u11 sistió dos ntaques de.los r~alistas; an9uvo por crueles
(Jeneral en· lrts T&lt;.tmrwlípas contra, le: R epú,blic'r.1. o muerto d~siertos, por intri.ncadas v.e reda,s;· ati;¡¡ve~ó regiones
'{lte sq le _aparece al . Gobierno en oqw;l -.E1trulo; &gt; pero por barbaras, en donde a cada pa~b a{·echaJ\an indios fero~or_tuna don José Lorenzo Cossío lo des.empolv(, y reeditó ces: ,;ufrió lps to1·me.nióR dPl hambre y ·-de la Sfd.... . .. ·
ult1mamente, 'coB inte11esantes notas y poco conocidos Sin conocer el terreno, :lus viajeros iban a fa bUf'na de
apuntes hiográticos .. de los~cuales aparece evidente 111 in- D'i.us y des,pués de re.c orrer más de mil cuatrodÉcnt11s letervrnción:muy directa de Gutiérrez de Lara en PI fu~i- gua,;i, a los cuatro· meses y i:netlio logra.rnn encontrar
lam ento de Iturbide. ·
·
Washington, adonde lleg'a ron molido!'-: pe°ro orgullosos de
En 1810, al inicrar's e ta· guérra de 'inde'pPudenci;· doí1 haber· rematado su. .hazana.. Tao,.fabulosii camin11ta no
José Bernardo Gutiérrez de Lara, con sus hnmano~ don iba a ser premiada con el trrnnfo; pue" don Bernardo Gu,\.ntun io y don En riquP, eran vecinos de 111 pPq uefl.a villa tiérrez de Larn· entrevistó a Monroe sin el menor resulrle San Ig11acio de Ló.,,o1a Revilla. Don Jo~é Bernardo tado, porque fuera de no e,.;t~i-r~con()cido. como agente
fue de lo-; qu e se atiliaron pJ·imero a iii· revo ,uc1ón: ~us rliplomátiw; no llev11ba, documento alguno que autoriza·
herman,os. temie)1do la pPr:--éc-ución de los rP.ah,:ta:a, m~ r - ra su combdón.
charort a ocult~r~e ::i di,:tinto,; puelilot" y uno rle IN, priCorrido'pero no deceocionadn, el infatíg!able in:aurgen
lOP,ros actos dé·aquél foe el de entrevi::-tfrr ·a Hidalí!'o- te abandonó Wá:-;hington, tomó pasaje en un barco del
el 11 d&lt;&gt; mar.zo-de l.811-en .fa baciPnda de San1a María, Missisl'ippí y por el r.ío bajó a Nueva Orleans, f'n donde
1
,e Coahuil~; darle c1ientade ,;u,; trll bajo:- y sim.p a tfas po1· dióse con su aco«tumbrada actividad.' a- reanud!lr :aus
la cau,;a de-los in,;ur,gPn te,;_y ó:f r eC'el'!e sus ~ervicio:- per- ge--tionf's, entonces sin pretender da1 áttf&gt;r diplornáti&lt;'O,
sona le~. Marchaba entonces el' ejérc-ito insurrecto pin-a para obtener ayuda y formar ambien~e en favor de la
la ciuc.larl dP Béjar y fuéles a los caudillos tan gr., to y sa - guerra de independencia. LóQ-ró reunir 450 soldados
t1--f,1ctorio el ofl eéi rnien to en aquel lns circun,; tnn ci;, :- se· norteamericanos y al frente de f-lloR mflrchó sobre la
gún lá ·Pxnresión de l'a B1·e1·e .Apoibgia, que inmed/ata- villa rle NPcogdoches, que tomó sin re':5istencia y, l'egún
mente Gutiérrez de Lar a fue agracia do con f'I título t" e te· lo declflr¡¡ él mismo-en su apol'ogfa, o,btuvo &lt;la sati~fac
nienteco11onel y: ~i hemo!li de creer a dicho per:-on::ije, ción de disfrutar UPa ·admÍración y -pre:-tigio de toda
también con el de genernl en jefe de la ~ación m los Es- la nación angloamericana y un·a propensión univ..,nal
tado.., de l Norte, &lt;reconocido como tal después .Y confir- .v generosa de fomentar y protegei· eón caudales y gente armada todos (su~) designio;.&gt;.
.
marlo por el CongrPso Nacional de Apatzingán .&gt;
Don .José B&lt;&gt;rnardo, durante.su e!'-:tancifl en Nuevll OrPc1.rece que Hidalgo había comi:-fonado al Licenciado
Aldama pa,ra ir a los E,;tados Unido!ll a conseg-uir dine- leans, envió a M. Alexandre Petion. Presidente dP Haití.
ro. para atender a urgentes necesidades de la guerra y al ::tgP-nte dir&gt;lomático Pedro Girard. a qúien invi~ti6 dé
que el agente revoluciona no había sirio descubierto en dichiis funcione.::, en su calidc1d de general en jefe de la
Béja.r y capturado por los realistas, por lo cual se pensó Provinci::t de Béjar. Es curio:aa la !'-:ÍguientP carta con
en sustituí rlo con Gutiérrez de La ra, a q uiPn por lo u r- que el PresidP.ntP de Haití contpstó11 la 11ue le pre:--entó
gido de la" operaciones y la proxi mídad del enemigo. no el agente de Gutiérrez de Lara: &lt;Recibí, Sefíor Gener11l,
se extendió el nomhramientoen Santa María. con el áni- la cartit. que me trajo &lt;le parte vue,-tra, Don Pedro Gimo de hacerlo rlPspué~ en Río Grande. Por aquellos días rard, vuP.stro agente. la cual está' fechada en Nueva Orlgnacio Elizondo perseguía encarnizadamente a los siro- leans el 22 de junio último y que tiene·por objeto pedirp itiz id0res ie la indeoendencia; su incansable actividad me socorros para -recohrRr la Provinciii de Béjiir, en
nombre del Gobierno de México. La República que tenTill p:!rdona.ba medio de C')mbatir torlo intento de rebel•
dí·t y, a poco. mediante la traición dé Baján, lograba .Q'O el honor de presidir se considera en paz con tnd:is
apr.-1hender a los j':;!fes del movimiento y hacerlos sacri- las naciones, y habiendo, en consecuencia, adoptado un

PEGASO

La

Ciudad

Especial para PEGASO.

EL EMBAJADOR DE LOi l,~,U~GE~fES E~ WASHINGTON

ticar.

VISION DE QUERETARO

Para quien llega con los ojos ensom brec:idos por la ari ·
dez de la ruta, Querétaro aparece como una leve esca~a
de todas las entonaciorrn-, del ·rosa. Es acaso el matiz
especial de la piedra de su-, edificios, vívido bajo el ~ol
de la tarde, lu que le da este asp'Ct'l; luego, la pupila
saturada de coloración difunde armonía a su ~lrededor
con algo de fuerza mágica.
.
Sus an(J'ostas y torcidas callejas vieron rodar la vida
sobre susºtosco" empedrados sin ambición de seguirla;
quizás comprendían que seguir a la v!da P:ª llegar a la
mediocridad presuntuosa de cualquier villa moderna;

Rosada

g &lt;1 r. por.su fácil tratamiento, la piedra tenía que ser el
elemen ro primordial de toda con,;trucción. La puerta
de ·u Llquier casa antigua ostenta, cuando no es to&lt;la
ella un ti 10 (,1brado de cantera. por lo m""ºº" una cb1ve
en q,rn el L:incd apPnas parece haber halli1do resistencia. P&lt;.!ro Jonde más se ve la docilidad de lapiedraes en
lo, ar-.;os de los µatios de infinidad de casas: han perdido la fvrma. a fuerza de atormentar su archivolta, como
si la mistna. pie ira incitara al obrero a crear en ella su
lor:a fantasía. Al exterior, al tacto, la piedra ec;; tan suave y de un to no tan discretamente rosado, que parece
escu I pida por labios de mujer.

Casa del Marqués del Villar, en Querétaro.

Otra co:aa distintiva de Querétaro :aon sus grandes
balcones. No tienen la confortable majestad de los b¡jlcones noblanos, casi creados como pequeñas casas adicionales, protPgidos del sol y de la lluvia, pero presentan
todos una :--erie de µequefías ménsulas o modillones labrados en piPdra, unos con adorno,- de flores indígenas,
otros en forma de perros, tigres o leonPs, que recuerdan levemente a las esculturas asirias. Los baraod:-d.-i,-.
de hierro forjado. casi todos son variantf'S de un mi~mo
dibujo, o con la sólida sencillez de los que aú11 abundan
en México, complt&gt;tan el adorno del balc6n.
·
Hay Pn la plaza de la IndependPnc1::1. una de las ph1za:,;
de :-abor más arcaico que haya en Mé 1co, tPrca de ];1
mansión de la Corregidora -cuyo re&lt;.:uerdo cont1·ibuye

era morir a todo un abolengo de arquitPctura, de placi
dez y de hábito. Y prefirió s •r un incomprendido despojo de gloria muerta, y no la flamante vulgaridad de
muchit.s capitales de provincia.
Entre las ciudades coloniales de la República, Queré
taro es hondamente individual; más que por caracteres
arquitectóni&lt;'os, por la sensación de conjunto que de
ella se desprende. ,Si a Puebla se une de modo vísible
la idea de un orientalismo, patente en sus interiores encnlados y en lit ¡.JOlicrornía de sus azulejo&gt;'; si México P'.3-·
rala majesta&lt;l de sus palacio,.; y de sus templos re~olv16
grande;¡ problema." con--tructivo.:: y ornamentales recurriendo al tezontle, Querétaro reclama la :-u¡.&gt;erioridad
en sus labrados de piedra. Por su abundancia en el lu-

Pasa a la página 10.

7
6

PEGASO

�LA LITERATURA Y LA GUERRA: EL LIBRO Df PAUL LINTIER.
•
Hapel'ial para Pl-:UASU.
¿Llegará 1111 nú&gt;111e11to &lt;'11 qm• nos interese más el homh1·e político (Jll&lt;' el gm•JTl'ro '! ¿ La histol'ia diplomática que
la 1UHTac•ió11 b(-liea? ¡ La activa sereniclad de sir Edward
(he,v y los múltipli·s 1·ee11rsos dt&gt; sii· Davi&lt;l Lloycl Oeorge
que todos los ho1cilzrr y todos los t1rnks.&gt; Por lo menos la
&lt;·nseíiamm 111ejo1· de la a&lt;:tnal gnen·a ha sido ¡wincipalmentt&gt; sus 11egot·iat·iones diplomúticas y su gran parte de
a('tiviclad ci,·il. Los illnk.~ son &lt;&gt;i dPsanollo icleológi&lt;:o de
1111a mú,,nirrn dp gnel'l'a de la Edud Media; los hoiiJiiztr
son un 111st 1·u111C•11to :111tig-110. ::'\o ll0S vamos a envanecer
clP lo 'IIIP hornos IH•eho ton las ,n:s-~s.
La g111•r1·a p1·r-Lloyd Gt•o1•gp 110 era más ,¡ue el choque de dos u11itlad&lt;•s fol'llrndas, rc;tables, irnnóviles; las
energías })Prdidas 110 St' 1·1•cuperaba11 ya y triunfaba &lt;¡uien
hubiese ahorrado 111ás poder, quiell había aenmulado más
fuerza. La sang1·p no se• restañaba, la bala disparada no
se voh·ía a fundir. La gnena post-Lloyd Gt:orge es una
lucha donde las t•nergías no S&lt;&gt; ¡,irrdt&gt;n; en la cual h18
unidades son &lt;lirnímiC'as, c•11 v1•z dP drstJ-11i1·sr se transforman incesantementP; 110 1·s la oposiciún de do8 fnc•1·zas mecánicas dr st-nticlo eo11trario: 8011 míis hirn dos
fuerzas paralelas qn1· &lt;:01·1·&lt;·11 PII una misma &lt;lirPceicí11 ...
El soldado herido Y11eln• a 811 pues,o di' ciud11rla110. y
éste. cuando deja las fithl'ietts, rn a las tJ-inc·lwn1s. La
gnrrra se hac1' corno lo 1·e,p1i1•1·1•11 las c·il'(•nnsta11cais, sin
tl'orfas tácticas, modificando au11 los pri11eipios gt&gt;111•1·alP,;.
l\Irt0rrJ1 hombres. rs elal'o; pero tamui~11 hay un J)l'i1H·ipio dl' 1•&lt;:011omía ,\' de di8posieiún social q11P resucita n
los 11nw1·to,;, &lt;¡111' 1'&lt;',j11,·p11&lt;•&lt;·P a los viejos, que alista a los

mnc)1achos. Y (•so pasa en todas partes, sill exduir a Ale~1rnma. Por esto al principiar la guerra de&lt;:laraban dos
rngleses, uno con su profunda sabidm·ía ele la humanidad, .:\fr. Ililair-e Belloc; el. otro eon su ag11clo st•ntido
dPl hombre, 11fr. Bernard Hhaw 1¡ue nadú· triunfarh
Xo lo sabemos; en realidad, 1&gt;arcc~ &lt;¡u~ íle ha inwntado Í~
guena perpetua.
.
Entretanto la figura del solclado sólo dt&gt; cuando en
cuando 110s hace volver el rostro: liay hazañas que todavía no c~ntamos &lt;'lltl-t&gt; las cosas indiferente8. ( BJ. pob,·e
s?ldad_o 1mnmw ('U un asalto singular dicP tson gra?1
smcer1dad, amH¡uc• sin intención de corregi1· a D111it1•:
'' Xo conozc:o nada par·eeido. Si hay llll infierno 8e bati ri1
uno _allí tbdo t&gt;l ti&lt;&gt;mpo a la bayoneta.'• Y sin t&gt;tnharg('
los libros ch• los soldados-¡ sení un a ('án pu1·a1ne11t1• J'

sup1·cmos, pt&gt;ro 110 los &lt;·011s1•n·amos Íl1!Pgros. les arrancamos pedazos J)Ol'&lt;Jlll' sns autorrs no qnisierou al'l'ancá.rselos ni huho a&lt;•ontP('i111it&gt;11tos ffll&lt;' lo,; ohligaran a rllo. ¡ )Iagnífieos lihros S&lt;' 1·scrihP11 &lt;'11 la gllf•na, sin mús citas &lt;1ue
las c¡ue llevamos en la nwmoria, sin commltas en bibliotecas, sin co11c1&gt;sion&lt;&gt;s a cenáculos litPrarios. sin deseos &lt;le
perfecció11 ! H e aquí t•xplit•ado por qn{, 11111chos g-ran&lt;les
libros fuHon l'011eeb1clos &lt;'11 la dPsgrac·ia, &lt;'11 1·1 &lt;lPsii&lt;&gt;tTO
o en el presidio.
El libro de Li 11t i1•1· Ps t'I diario &lt;lP su Yida d1• ca111paña desde p] primrro di' agosto &lt;1&lt;' 1!114 hasta los últimos
del mes de sPptiPmhn•, t·tw11do hPrido dPjt', r/ fr111lP. La
pr imer a par tP, la 11101•ili::.a&lt;'irí11. estii lle1111 dt•l ausia bisoña
del soldado pl'i111e•1·izo que lauwnta el mús J&gt;PfllH'IJO rppo80. "Domingo 2 &lt;le agosto. Apenas nos in411iPt a saber qi
la guer ra ha sido d1•clan1da: algunas frases d" díplomúticos prouu11ciadas o por pro1rn11cüu·. J;a gu&lt;'l'l'cl es ,nt
una rN1lidad: S&lt;' la sic•iitc. ¿ &lt;'nándo partiremos?·· Y la
espera bajo el sol c]p a~osto es febril, ll&lt;'l'viosa; S&lt;' gastan
las fuerzas en cont&lt;'ne1· los bríos; los más apasionados
quier1.m llegar a Bnlí11, los mús juiriosos quieren Pn t ra,·
a combate. N u ev1• días dura la movilizaciúu. Poi· fü1 ,,¡
ferrocarril llrva ha&lt;"ia el Oric•utp a nuestro artillero con
8U pieza de 7f&gt;, la p1·inw1 a &lt;le la 11.3 batt:ría. '' La ¡n11•1'ta
del vagón es grande, a bir1·ta sob1·e la llan nra asoleada.
füüms, el canal, rl pne1to Plltr·evi8to, clespués grandes extensiones luminosas cuhiPrtas ,le frigos maduros.'' El 1•11t usiasmo cntr0tanto i.e n1rl\'e razonable, toma consistencia. En el camino uoct nrno cada homhrr pai·ece da1·se
cuenta &lt;le lo &lt;¡ue dP él sr t&gt;spera. '· Mai·chamos hacia el
J&lt;:Jste, y cpmo el camino pP1wt1·a en la masa obscura ch•
un a elevada colina, nos upan•ee la 11111a cortaudo sobrP
el horizonte grandes sihH'tas d&lt;' a hrtos. Pronto la batería
se interna en los mo11tPs somhi·íoi,;, dond1• los eon&lt;luctores
adivin an mal la r uta. Xadit· habla. La luna, por un claro de los árboles, alumbra brusc:amente un hombre a caballo. Se diría que esta luz Pmpolrn. El hombrt&gt; pasa;
despu és otros. L a somh1·a l'('C•o1·tada sohr&lt;• Pl camino parecr formar cuerpo c•ou la silueta ch•l caball&lt;&gt;ro y aumentar 'a. L uego no SP \'&lt;' nada dP la eol1111111a perdida en la
no&lt;:ht&gt; del bosqtw. '· E11 PStt' &lt;·trncl 1·0. . 110 t&gt;l único n i si•¡uiera pl mejor &lt;lt·I librn. hay la t'XJ)l'Psi(m de &lt;'SP 111om1•11to 1•u q ue rl paisaj1• llD&lt;'t111·110 scílo dP,ia Pn 11osot1·os la sugf'stióu d t• una Pxistp11e·ia uwjor, di,1ti11ta, como en los
&lt;·11adros llrnos (lp pOPSÍa di' !,os ('osams, de Tolstói.
Ya entoncN, la PSJH•1·a Ps 1111a tP11si611 tlolol'osa. "eomo
tiuauclo c ubic•rto &lt;·l cido cl1• tor11wnta !-1&lt;' h11sca t•l st•guudo
L'll que
a estalla1· " ~o ha hahülo ningún Pneup11t1·0.
JlPl'O ya sp Pstá 1•n Q'llPl'l'a. La 1•01Hl11c·ta h11mana &lt;'S rnái,

"ª

como tantJs otros a cernir sobre Querétaro un C'P11tl:d
de anoranzas históril:as-una casa de sobria J' elegante
construcción. Sobre sus tres balcones se o,tentan 11clor
nos magníficos de niedra y :,.cm maravilla sus ba1andales de hierro forjado que trazan en coruplicaclos dibujos
las armas de los dueITos c]p 111 c~sa y á,rnilas de dos cabezas. Perola joya es la ventana de la izr¡uie r da: cubierta con un 1'tpostero de piedra, como los que se ~olocaban
sobre los escudos ele armas, pnf'ce haber l'-ido un blasón, convertido en ventana por infortunio de los tiempos.
Los demás edificios de la plaza, la fuente del centro, no
son de gran belleza arquitectónica; mas dan al lugar la
armonía de su conjunto, la hospitalidad de sus amplios
soportales, Ja uniforme discreción de su espíritu.
En esta plaza, al soplo de un creplÍsculo verdoso, f'nemigo inofensivo de la coloración de Ja ciudad, coloración
que realza en vez de herir, discurrP silenciosa la fatiga.
al atardecer de un día febril; pero ella impone la coy un
da de su calma. La ciudad se despereza con t&gt;I parpadeo
de sus luces; y es tan fuerte para cualquier espíritu u11
poco d&amp;cil la unidad de estos efluvios rosado!", el orgu
llo legítimo de este rubor de piedra, qu&lt;' lle¡ra uno á
creerse bajo el influjo de otros tiempos, ante la m isma
fuga s6rdida de la vida que pasa por su mismo cauce,
nunca gastado, nunca dispuesto a e~cuchar las insinuaeiones malévolas del siglo.
Manuel TOUSSA I NT.

----

r&gt;E:C:-AS~

1·ecatacla. 111ús retrnída. '· Las 1•p]ac·io111•s el&lt;' hombre a homhn&gt; se tornan más 1'l1das. La 111•e1•sidacl dt• hact•rse respe1ar ocupa el pri11H•r plano &lt;lP las Jll'&lt;'0eu paeionPs." " El
sentido de la auto1°iLlad se transforma:. la q111• Pl j&lt;&gt;fe goza por su grado disminuy&lt;' ell tanto &lt;¡lit' la que debe a
sn earú&lt;:ter Cl'&lt;'C&lt;' en proporción.'' Se valúa l'll el amigo
su fuerza, su valor, su pod1•1· d1• a11xilío. En Torgn,r, una
aldra lwlga, tie1w l11ga1· el d10,¡m•. Bl primer combate.
Cuando los artillPros clispo111•n sus pieza8, los sor prende
una cx plo8ión. '' Sie11to n:,,c&lt;'r 1ma ansiedad en mí como
,;i el m0Yimi&lt;&gt;11to de mi sangn• disminu~·era. Xo tengo
111iedo; ad1•más. 11i11g-ú11 wligl'o innwcliato Bos amenaza.
Solamente tengo la intuici(m d t' que• rmpipza u na gran
batalla, que hay qm• aprestarsp a u11 rudo esfuerzo. La
inqnietucl vu elYe los rostl'os grav1•s. Xo se C?nfesar ía esta inquietud. (•iertamrnfr; ¡wro las couwrsaciones desmayan. St&gt; espera no sí• q11{&gt;: la t·aída de uu obús o la llegada d1! noticias.'' '· C_uando &lt;&gt;i obús vierw so?r&lt;' n osotros
&lt;'S algo indrcible: l'I ain• &amp;• torna sonoro y nbra t odo! y
las vibraciones se connrnican a las carn1•s, a 108 nervios,
hasta las mrdulas. Ne• espei·a la explosión. P n o, dos, t r es
s&lt;'gundos: horas. 'l'icndo la espalda; tiemblo. Sien to trepidar 1•11 mi la instintiva m•cpsidad di' huir. La bestia se
('ncahrita delantt&gt; d1• la m11e1·t &lt;' . • . ¡ La pólvora! En el
ail'e la metralla pasa con nn nüdo furioso de viento. "
Empiezan a 111ori1· los compañ&lt;•ros y los caballos. El _soldado razona; si rs la hora d&lt;'l sac-rificio ofrect' su vida,
consientr en morir. " ::\li 111up1•te aquí (•stá." ¡,Pero así
s1· lllU&lt;'I'&lt;'? '· IIuhiPra c1·Pído q11e Pra un poeo más difír·i l. .... "
Todos los trabajos del a1·tillt•ro n o han sido pagados
con ninguna sorpresa, con 11ingún acont1•cimir11to trat,·_al.
H a rstaclo cerca de su 75 1111 día, do8 días en un "mfierno Fonoro ele fit&gt;1To, dP flamas y d&lt;• h11mo." En el h orizonte las cosas no cambian; en sn batería tampoco.
¡, E sto es u na guerra? Cuan do t•mpreuden la reti~ada, en
los últimos días de agosto, an te la Pl&lt;&gt;mt&gt;Htal senCillez del
fracaso, escribe Lintier: '' C011 una poca dc&gt; admiración
me d igo qu e acabo d1• a~istir 1~ una clt•n·o~a." E l ean~ ncio aumenta; los soldados qm1•re11 dorm i r &lt;·u cu alquie r
Parte pero dormfr. ):o hay descanso. {'u domingo, al oír
las campanas
'
ele nna aldPa, Pxclaman pxframHlos
: "II
¡ ay
dom ingos toda vía!·· Onl&lt;&gt;n i11mediata de ('111 bridar. Adelanh• e n la retir11da. Q11isit:ra11 1·1·cibir 1írdPnes de dete11er al &lt;&gt; nemigo II toda eosta y a Y(•ces refnn fntian porqu e
perst&gt;gnidos por la c•spalda marchan tan dc•spacio. E l peligro dt• m11ert1• ha wnido a Sl'I' para l'llos un elt•111en to
cotidiano de su (•xistPncia, pero sabPn qm• (•sa vida &lt;·S
tPr rible. '' ~i lt• \'l'0 PI fin a c•sta g111•1Ta, sabl't' d&lt;'t1•ner

Un Cam ión ingl és destrui do por u n oh:is del ene migo .

•

tc•1·,11·io !-1•stit11 ll&lt;·11os d&lt;'I 1&lt;•dio d&lt;' la i1wt'!i,·idud, d1·l ansia dp •wr hPrO&lt;•s, dt• la g-a11a dt• 1110,·ii· h1·illa11tt·me11te.
t ·11 - lib1·0 &lt;'1Jt1·e todos cld&gt;{-i,. lt•1•1·: J/11 l'i/u . .11·1t· uuc
batlr·1·i1 dt 7.í. Soun 11irs d'11,1 t1111111111i11·.
Es un lihl'O s1•1·&lt;·no, ama hit•, 111•110 d&lt;' disti11('icí11; no en&lt;'Ont 1·al'éis 011 {-1 las l'JJ f'adosas co11sid1•racio11&lt;•S SOC'iológiNlS, tampoco la d&lt;&gt;sag1·adabl&lt;', &lt;'Íllida exalt,wióu patrióti&lt;·a: sólo ha~- allí un dPlicado !wntimi,•uto d&lt;• hrn11a11idacl.
Xi &lt;'11 sus pl'im1•1·as páginas 8e p1•l'fp11d&lt;' inquiJ-i1· &lt;'l 01·igPn tic• la gnPna, 11i &lt;'11 11ing1111a de c·llas SP 111aldícp el
d&lt;'stino. A Yl'C('S ocurre pensai· qu&lt;• SP'I 1111 libro sin excesos, 1.ra11giir. por· halwr sido •·scr·ito PJI c·a1npaña, con el
1•psto clt• fur1·zas que quPdahan 1•n &lt;'I a1·til lt&gt;ro clc•spués de
1111 día de combatt', &lt;lP 1urn ,iornada de ca111iuo, d&lt;' u uc1
nocht' sin st1&lt;•tio: t'S&lt;' r¡•sto hasta para &lt;&gt;sc1·ibir un libro.
l~n rl catálogo dl' la litt•r·atnra 1tniyc•1·sal hay libr·os de
l'xtrao1·dinaria opulPncia, d&lt;' desordenada vitalidad, feraces, redundantt•s, at létiC'os; S&lt;' pc•1·cibr eu sus páginas el
jadrnr del t r11 haj11dor , r l n•soplirlo clr 1111 rsfnrl'ZO. Son

Un General de l a República f elicita a los aviadores ing leses y fra nceses que despej aron
el campo de aviones enemigos.

i:¡

9

PEOASO

�.

.,

,

¿CUANDO· TERMINARA LA GUERRA? ,
Especial para PEGASO.

Una revista en el frente.

todos los instantes de mi vida y sentirlos pasar como un
agua deliciosa y fresca que corre por los dedos.''
Las batallas han desilusionado a algunos artilleros: no
ver a quien se mata es enfadoso, y cada uno-influencia
de los compendios de historia, de las epopeyas y de los
cables de la prensa-lleva dentro el ideal &lt;le una batalla
sintética, simétrica, decisiva como un duelo, visíble como
sobre un plano. Paul Lintier sabe, como Stendhal ( descripción de Waterloo en La Carfoja de Parma) y como
Tolstói (Recuerdos de Sebastopol) que de una batalla
los datos más ciertos son los más fragmentarios, que la
visión más exacta es la más reducida.
Después el avance del Marne al Aisne. Batallas ganadas; persecución del ejército alemán hasta Lassigny, a
fines de septiembre. Entonces deja Paul Lintier el frente, herido en una mano que perderá; poco después moría el capitán Bernard de Brisoult, a quien está dedicado el libro, que es uno de los más leídos, de los más
sinceros y de los más elegantes de la literatura de esta
guerra. En la noia de color y de luz se descubre al contemplador de cuadros y al crítico de pintura (Paul Lintier había publicado antes de 1914 una monografía sobre
Adrien Bas): "Una hermosa luz de agosto chorre¡i,, ilumina el polvo, el verde, anima los rostros de las mujeres.'' Tiene el sentido del ambiente en las perspectivas:
'' un vaho sube de la tierra y hace vacilar la lontananza.''
Reduce lo indefinible del matiz al color elemental : '' en la
noche la ruta aparece amarilla en medio de las praderas azules.'' La luz está vista con la misma atención espectacular de quien contempla un cuadro : '' la noche llega; se diría que la tierr?, y el bosque absorben lo que
queda de luz"-" el día se levanta detrás de las colinas,
invade el cielo." En la pintura del soldado muerto (" los
párpados violetas, los labi9s pálidos, su barba de azafrán
en su larga cara huesosa le daban una máscara de crucificado") no es difícil ver el recuerdo de los 1·ostros de
Cristo como se ven en las telas. El lector podrá encontrar más ejemplos y mejores también.
Hay en el libro un fino sentido de los caracteres. Ni
siquiera en la guerra. todos los hombres son iguales. llH:,entre ellos el reservista que quisiera volver pronto a su
casa, a su trabajo; el bretón Tuvach_e que ve en cualquiera derrota la traición de los jefes vendidos; Alfonso el
farceur; la viejecita belga que habla sin rabia, solamente con una gran tristeza y un temblor en la voz.
Otro libro de Paul Lintier estaba anunciado : Le Tube 1233; acaso no lo veremos nunca. Su autor nació
Mayenne el 13 de mayo de 1893, estudió derecho en Lyón,
donde fundó una. revista literaria. Murió en el campo de
honor el 15 de marzo de 1916, cuando corregía las pruebas de Ma. Piece; el obús que le dió muerte destruyó su
fiel 75. Ha regalado a los pintores esta máxima, general
a t~das las artes : perseguir la técnica hasta la ,virtuosidad y saber temer esta misma virtuosidad.

en

.,

UN DIPLOMATICO ,MEXICANO DE 1811
Sigue de la página 6.

sistema de perfecta oeutralidad, no puedo hacer niogún
arma.mento ni expediciont s alguna~, i-ino pa1 a la seguriuad interior de su territori ... Vuestra solicitud no
puede, de tal manera, ser atendida por mí. Haré suministrar a Don G1rard, c"mo lu :,olicitáis, los alimentos
de que haya. necesidad para su regreso. Tengo el ho-·
nor Je saluJaros.-Petiur,&gt;.
Para alguno-- de los principales actos de su virla ~intióse Gu11érrpz de La.ra con d1,-po,-.icio11es de diplowático. Todavía en 1813 . lo ent.:ontramos en la tana. de
a.traer a Ignacio Eltzoodo a la,- ti las revoluciona ria~.
La. c1dección de ducuuientus de Hernlndf'Z y Dával, -s,
contiene do, muy importa11tes que con aquf'I motivo i,,e
C:¼Wbiat•nn f'Dtre el in,rnrgentt&gt; _y Pl realista. Laca1ta
de GutiérrE&gt;z dt:&gt; L'i ra es in ., inuantP, muy expt e:,.i\'A y
P.Xtrernttda.ment,- cuncdiacl&lt; •ra. La C&lt; nte,-.tlH.:ión , e Eliznnd, , es unH uJUestra perfE&gt;cta, d,· un carát.;tpr vulgar e
insolPntP. pero de 11na lite1atur&gt;&lt; muy c1nacte1bticll Pn
tre los exalt. dos dP la époc:». &lt;Con t:&gt;1 m:iy11r dP:-¡,rPcio
--dicP- h.,. visto tu ca Ita :-Piluctiva de 8 del pres, nte,
que me remitiste con B ,.rtol,, Pén,•z; no mPredan otra
cuntP.-;ta,('ión tus disparata dos proyect,,,.. que transportar mi grueso ejército y l evflrte a fuela[o y sangrP; pc•n•
para tu rnHyor c:onfn,-.ión IP rP-pnndo, que tú c"n tus
pt'Otest,intes .v be•·Pjes dPtien&lt;les la cau:--a del DPmonio,
y yo. con mi Pjé1·cito clP. c·H ólicn-, la del Dios de los
ejé ,·cito--: tú e-;tá~ de,comulg::1clo con t,&lt;&gt;do, los tu_yos por
lit SH1ta lnqui:-ición y por el S• ilor Obispo i!P Pst» Diócesis. y yo so.v un defensflt' &lt;le\:,¡ R " ligión; tú. hom1cidfl y traidor rl ... tu patria y yn un rP~li~t11 y p~triota rle•
cirlido, .. . . Tieoes a l Dio,- di' lo, •·jé,·c-it, 8 e11 tn contra
y sólo te am ,ara Lucifer, qnP é,tP Ps un perro que flta rlo con unac,r:lenalotienela Divi 1 aPl'Ovi leoci11 . . ... E~toy re,-uelto ::1 que si Pn los infiernos te metes, que será
tu último refui.{io, sacarte de las grefias. quemar tu
cuerpo y desparramar tus inmur.d11s cenizai;:, y si t::1 n
hombre eres, cobarde, sal con tu ejército de bandidos
al camoo de batalht y sabrás si cortan las espadas de
Coahuil, y Chihuahua; y si tu &lt;'Obardfa no te dejare sa·
lir, yo te sacaré y Rabrá, al hombre que hiis ofendido
con tu carta embustera .v ,-eductiv¡¡; no obstante, por lo
que tPngo de cató1icn, me compadezco dt&gt; tu triste si·
tuación y te de-eo la s~lvflción y que el S " nor de los
ejércitos te libre del infierno que tienes merecido, por
tus criminales excesos&gt;.
,
A don Jo~é Bernardo no intimidaron las bravat11s
d, E izondo. y lt:&gt;jM· cle eso. a poco tiem pn despaebab
a l otro munuo, spgÚn él mismo lo confiesa, 1 al primer
emperador de Méxtco:
Genaro ESTRADA,

Antonio CASTRO.
PEGAS~

10

Es tan completa la organización militar de los imperios
centrales, que sus tropas se conducen en la guerra de posiciones con la misma habilidad y el mismo conocimiento
del oficio qne mostraron en la guerra de maniobras. Los
infantes -,abfan ya prácticamente cómo se construían los

El escritor 'ruso Jeau ele Blocb publicó en 1898 un iibro titulado: ·'La Guerra l~ntura, '' en que se hace la misma pregunta -y la contesta con flSOÍn-brosi' cfarivideñcia.
"La guerra futura-dice-será una liúfüa que se librnrá detrás dC' postciones fo1·tificadas )' qne, por esto misl
1t
mo, sera larga.
\
Alemania empezará por ·ensayar un golpe, con todas sm
fuerzas, contra alguno' de sus adversarios, para-llevar pol'
las vías fer1&gt;eas; ffespués de&gt; quebrantar su resisteneia, ••k
grueso de sus ejércitos al can¡po de batalla ocupado 'por \
el otro. El transporte de Este a Oeste o viceversa, puede
hacerse rápidamente, y es difícil creer que Alemania se
conduzca de otra manera. Concretándose a la defensiva
en los dos frentes, perdería la ventaja que le da su posición central, es decir, la facultad de operar sobre sus líneas interiores.''
Y más adelante:
"La armada que penetre en el territorio de su adversario encontrará, esperándolo, terribles medios de defensa.
Las probabilidades ele un éxito de resultados definitivos
serían pocas. Lo proba ble es que la victoria oscile y la
guerra se reducirá entonces a una serie de combate!' por
la conquista o la defensa ele posiciones fortificadas que
Efectos de un obús al caer sobre una de las fortificaciosurgirán de la tierra en todos los puntos favorables para
nes subterráneas establecidas en el Somme.
la resistencia. Y mientras mil1ones ele hombres se baten
frente a frente, en c&gt;l s~no ele los paísc&gt;s comprometidos en atrincheramientos, e improvisaron en pocas semanas la
cade:q.a de vastas fortificaciones que desde las playas del
mar del Norte hasta los Vosgos ha contenido, haciéndolo
fulgurar, el heroísmo francés.
Se necesitarían muchas páginas para dar idea de la naturaleza de estas defensas, levantadas a veces a la vista
del enemigo. Son de formas variadas, según las necesidades de las tropas y la configuración del terreno, y sólo por
algunos detalles comunes se adivina que obedecen a una
regla general. Las galerías subterráneas están protegidas
-5.oo .....
por techos de resistencia formados por capas de rodillos
y de sacos de tierra ; en algunas se emplean vigas de hierro, cemento armado. . . . A veces un obús enemigo cae
sobre estos refugios y estalla fonnando un cráter. La tie• .I..So ,_
rra, sacudida por la explosión, se agrieta; el subterráneo
se llena de polvo y humo. . . . A veces el obús cae en la
Cro1uis de fortificaciones subterráneas en el Somme.
boca de la mina y el derrumbe cierra la entrada y sepulta
el conflicto se desarro1lará una lucha no menos enconada a los habitantes de aquella morada de trogloditas ... . . .
por falta de pan. ¿ Cuál de dichos países se en~ontr11rá Hay que cambiar la disposición de algunas; que modifien mejores condiciones para soportar esta per1 urbación car los ::letalles de otras .....
La construcción de los campos atrincherados se va así
en su vida económica?"
perfeccionando
: las galerí~s son ahora más grandes y tieJ ean de Bloch suponía que la guerra se entablaría entre Alemania y Austria (se acababa entonces de pactar la nen dos, tres salidas ; el arreglo especial de los túneles a teDúplice), y Rusia y Francia; y si hubiera obrevenido e1i mí a cuando el caso llega la tremenda expansión de los ga-.
tal forma, es posible que el formidable drama europe;&gt; sc&gt;s; periscopios convenientemente instalados permiten obhubiera conclu!do en el primer acto. Aplastada Francia, servar sin peligro lo que pasa en el eampo; el arte de dilos imperios centrales hubieran vencido fácilmente a Ru- simular la localización de los cañones y las ametralla;doras
es perfecto ..... .
. sia y dictado la paz.
Este [lprendizaje. naturalmente, no se hace sin sensiAfortunadamente para la profecía intervinieron otros
factores inesperados y el curso de los acontecimientos siguiá' el camino indicado por el profundo escritor moscovita.
.
Se advierte; examinando los hechos, que Alemania trató de esquivar el peligro de una guerra de posiciones y
ele asegurar el éxito del primer golpe. La invasión de Francia por la zona fortificada hubiera dado, desde los primeros días, ese sesgo a la campaña y privado a Alemania de
('~.;.h;e ¿,
la tentadora probabilidad de alcanzar una victoria fulmiquettcur
nante. Era inclispensable atacar por el flanco desguarne1
él-.kt
pcm,opo..
cido y para e lo sólo había un obstáculo: Bélgica; y Bélgica fue desecha. Pero tras los escombros del heroico reino belga, apareció Inglaterra con la espada desnuda; y
--U~
aunque la avalancha teutona llegó hasta las puertas de PaCroquis de fortificaciones subterráneas en el Somme.
rís-¡ tal era su fuerza de impulsión !-tuvo que retroceder y aceptar la fata1idad ele mna forma de guerra tan en bles pérdidas; pero los que sobreviven muestran más apdesacuerdo con las ideas de los que han profesado siempre titud y más serenidad en los subsecuentes lances. "La guela doctrina del ataque y dicho con sus primeros escritores rra enseña la guer.ra," decía Napo'eón.
militares que "las posiciones atrincheradas son la tumba
Pero si los alemanes no han perdido el tiempo durante
el e la ofensiva y, en consecuencia. de la victoria'' ....
la contienda, los franceses y los ingleses han hecho más:
11

PEGASO

�~t!!lñlS~~~_ffillR~~~

lsooblwn_ imp1·ovismlo iodo: Y cw111tlo la guerra

tic posiciones·

• . .
t, revmo, . pregonando e1 f racaso d el primitivo
plan t
on, y tuvieron a sn vez que atrinchrnu·sc,

i,;('

han most~-~:

!?nlar
·
~
·Y tc11d1·:1'' 1·01·zo"a
- ., mcu t e, que ser thlatada
La armada
,teuto1~a retroced~; pero retrocede lentamente. Se adhiere
a la tierra conqmstada, con todas sus fuerzas,. Y para des-

Resultados de la Campaña Submarina

i

Libros
EL

ULTIMO

--

------

"

~ ..

2j ~ ~ '
La vida se cambia: la ciudad de "Pique"
'

do. Jl?I' &lt;:~ &lt;'Spíritu previ!lor c1ue domina t·n i,; 11 s obt·as d&lt;'
fol'tif1cacrn11, a la altm·a de sus adversarios.
l,n ·g"l!f'l'l
{'Jl (•Stas C'OlHlicioUC'",',
., 1'"\.;",'tt•
,- ,., llll carúd1•1· sin-

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~~~l.lN!

de pez.

Carirrrt11m de Srve.

alojarla
,· 1.emovcr Y desmt•m1za r el subsuelo
. . es ncccs•t, no
tl
emendos
huracanes
&lt;lt&gt; mc&gt;tralla
con
y t
.( .
vi· to que pasa en F1:ancia, pasará &lt;'ll Rusia y en Serra~~e~.onde los soldados mvai,orps pan•&lt;'&lt;' !Jlll' ha'n echado
~~~'O lo~ aliados cuentan con ('l til'mpo c;omo con w1
auxiliar eficaz. Saben que la guerra dt• po8icioncs scrr1 tard_e o temprano, el agotamiento v la denota de
nos centrales . .Al~mania lo sabe· también, y pol' e~~
lanzado con f?rnudable furia en su llamada campaña de
:e.rror. E~ lógico: ~ólo los sumergibles, aislando a In laten a, podnan ca~1biar la marcha implacable ele los s ~
PC'ro · • • • . ¡, la aislarán~
u esos.

i '.'

~:1~

Esteban FLORES.

PEGASO

Lo.s ni~os de París jueg-an a la guerra.
Artilleros y aviadores en acción.

no publica la colaboración que no solicite expresamente. No sostendremos correspondencia sobre
artículos que no sean de la Redacción o de ]oscolaboradores de planta.

RESTAURANT
CHAPULTEPEC
TODOS LOS DOMINGOS
~ ~CONCIERTOS
PEGAc;o

PRIMAVERALES DE 6. P. M. HASTA LAS 10 P. M. ,&lt;+======-¡/
12

l!!1.

LIBRO

LUIS G. URBINA: El (,'/o.wt·

-,--------

Revistas

y
~l

DE

URBINA

subido mérito. Prefiero, entre otros, El Poema d1:l 2da1·iel, ya conocido de los lectores mexicanos, hecho a J.Dodo del Poerna del Lago del mismo autor, en que el poeta.
duefl.o del paiseje, lo utiliza para su propia emoción; La
Elegía del Retorno, en tercetos monorrímicos, de

rio de la Vi'rl,1 V,,!gor. ~ladrid, Librería de la Viuda
de Pueyo, 19Hi, en 89 -Con
la obligada y piadosa dedi- una nostalgia amarga, llena de evocaciones dolo1'Mas:
catoria al noble espíritu de el soneto N-uestras vidas son los rfos, honda meditlición
don Justo Sierra y con un sobre el ideal malogrado. En el tono casi uniformenwnfraternal soneto de envío al te tristP. de la colección, surgen de tarde en tarde, como
poeta Amado Nervo, que ha- en la vida, una nota de alegría franca, una salida humoce gallardamente los bono rística o risuef!.a que flota a la manera de un ave bh1nca
res de su casa madrilefl.a en sobre el tinte mortecino de un crepúsculo agoniziinte.
una carta carifl.osa, justi Hay momentos en que las lágrimas se enjugan para mi
ciera y cordial, llega este li- rar con ojos malignos a
bro de Luis G. Urbina. No
la mamá de la diva, tle volumen grotesco,
ha cambiado el poeta: viene
monumental abclomcn y perfll de tonel,
con su melancolía resigna
da, con su llanto suave, en y en que el espíritu divaga sobre un cuadro de género:
Luis G. Urbina.
su mansedumbre dolorosa.
tres monjas apacibleR, dos frailes franciscanos,
Mojó su pluma, es verdad, en las lágrimas del destieuna. maja de Goya y un torero andaluz.
rro, y brota de las páginas del libro un perfume de nostálgica au,-encia. Es la nota desusada con que enrique- Toda alma verdaderamente grande, conserva, enclausció su tesoro lírico el µoeta de Ingenuas, PuestasdeSoly trada en su rincón oculto, la divina alegría.
Lámpm·as en Agonía- E,;as peregrinaciones que la vida
Una breve nota bibliográfica no puede dar idea de la
cruel e_ implacable constrifl.e a emprender en pleno gris importancia del libro de Urbina. El poema que va
de otoi'io, cuando las hojas vuelan empujadas por la ven· reproducido al final de estas líneas será el más justo
tisca a nublae el espíritu, que se siente cada vez más homenaje para el ausente.
fuera de lo suyo, más de:.eoso de contemplar el paisaje
Vientos de tempestad implacable han lanzado, a modo
familiar, más aferrado a los afectos cotidianos, a los ros- de embajadores forzosos en el extranjero, a varios de
tros amigos, a la vida usual, apacible y monótona. iOh
nuestros grandes poetas. Aquel de la mélena brava, del
viajes de juventud; excursiones de primavera que brin'. verso poderoso y del aire ciranet-co, oculta su gloria, nedáts a cada paso una visión inesperada, un perfume nue- ciamente olvidada, y sus laureles, injustamente marchivo y un goce no sentido! Os parecéis bien poco al éxodo tos, en no sé qué rincón de Cuba donde creará, tal vez,
otof!.al en que 1a mano va apoyada en el bordón del pe- la nueva obra que tenemos uerecho de exigirle. Aquel
regrino, en que los ojos se clavan en la tierra y en que otro que en sus aflos mozos se ufanó de poseer el perfil
el alma, a pesar suyo, se siente lejos, muy lejos cada aristocrático de Edmundo de Gbncourt y lo emuló en el
vez más lejos de lo que se rememora, de lo que se d'eseay arte precioso y refioiido, husmea en tierra yanqui quién
de lo que se ama.
sabe qué exotismos que nos brindará más tarde en forDe todo lo que sus ojos vieron y de lo que tocaron sus ma rara y perfecta. A las pJ¡¡yas hospitalarias en que
manos, &lt;instrumentos de un dolido corazón&gt; Urbina ba hace muchos aí'ios vive el poeta que sabe decir como naido sacando versos empapados en lágrimas. En realidad, die y &lt;en voz baja:i&gt; co-,as tJuintesenciadas y sutieste &lt;glosario de las vulgaridades de la vida&gt; empezó ha· les, llega, embajador melancólico, el d·e las m~ nos femece muchos anos en el poeta. De las miserias de la hora ninas, el de la frente vasta. coronada C'e rizos que la
que pasa, él ha formado cantos perdurables y melodías ironía piados!l. de la existencia ba conservadp negros y
que sabemos de memoria. Hoy continúa su J,?:losa frente lustrosos. Allí puede se~uir rimando sus cuitas el gran
a paisajes desconocidos, junto a seres extraños frente a poeta, el hermano doliente, seguro de que hallará quien
n?ev':'-s inqui_e tudes: pero en la obra marginal a'e su pro- lo comprend-a, quien lo admire y quien lo ame. Es el rep1a vida, el libro de hoy no es sino el más reciente capí- presentante más idóneo del dolor del momento,de la
tulo. El galleguito con quien rima a dúo la afl.oriinza angustia infinita de la hora;.
de la tierra distante, sus amigos los pescadores del MaE. G. M .
riel a quienes hace partícipes de sus penas la chicuela
de los barrios bajos que frente a la puerta de Toledo
despierta en el alma del poeta visiones de dolor infinito
no h_acen s~no cambi_ar la decoración. Ante personaje~
NUESTRAS VIDAS SON LOS _t, 105....
ex6t1cos, sigue Urbrna cantando sus tristezas como
A Eduardo Sánchez de Fuentes
cuando se sentó a llorarlas
. ..... Yo tenía una sola ilusión: era un manso
pensamiento: el del río que ve próximo al mar
y quisiera un instante convertirse en remanso
y dormit- a la sombl'a ele algún viejo palmar.

a la sombra ele un árbol del camino.

Ciertos ideales ar.tísticos que exigen que el dolor del
poeta salga. de lo concreto, del cuadro exiguo del hecho
menudo, y que laemoción personal pierda sus contornos
precisos, sus líneas fuertes y duras para adquirir esa
vaguedad misteriosa que hace dudar si el dolor cantado
es el del poeta, es el nuestro o es el de todos, va recen ignorar que la pena profunda 08 indómita y que hay mo
mentos en que a la vista del mundo la herida sangra y
el rostro se contrae en las convulsiones del sufrimiento.
Al fin. y al cabo, por esa comunicación milagrosa que
entablan los hombres con las almas selectas, nos dolerá
la herida y nos contagiará el llanto.
Hay enel &lt;Glosario de la Vida Vulgar:i&gt; poemas de muy

Y decía mi alma: turbia vo~ y me canso
de corret· las llanuras y !OH diques saltar;
ya pasó la tormenta: necesito descanso,
ser azul como antes y, en voz baja, cantar.
Y tenía una sola ilnsiún, tan serena
que curaba mis males y alegraba mi pena
con el claro reflejo de uha lumbre de hogar.
Y la vida me dijo: ¡Alma. vé tm·bia ~ sola,
sin un lirio en la margen ni una estrella en la ola,
a correr las llanuras y a perderte en el mar!
Luis ü. URBINA.

13

PEGASO

�Q5 y~~

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~~&lt;~ ~-:dlrJi~~
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Co, sMeraclones ac, rra de la vira

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P.E.Q-Á..S.O
14

Jesús VfLLA LPANDO.

Sección a cargo del señor Miguel O 'Horán

1

Descoufiad como de 1111 mal h b
.
om re, de esos mcondicioartificial en el t~blirlo Yen el cine. nales admiradores de todo l
a través de los que vercl·1dp1?a1~~ur oyen r todo lo que ven,
la salida dr la prmiitr &lt;d , l _e1;te 0JJl'lt. Y 1·, 11, quienes a
Las pobres gentes de la i d
mado:
e Ar.~ , o1ondrinns os diga paspesadas horas de traba. c u acl_ que arrastran ruedas de
general. ni emoción per.Jsºo' qlue viven episodios sin interés
- ' ';Divino! ·divi , . .
·
·
1
na cuando s
Jar en a rueca. van al teatr'
. e cansan de traba- música, amigo;' e~o es ~~ii ,' arclu_mQon_ume,ntal ! .. ·.. Eso es
eu1 ... , ne agner, m qué ocho
otras vidas. a fin de ol 'd 1º Y al eme para admirar las cuartos! ... Pero . ha , 10
11st ~cl 1 i Que muchacho ése qué
y d
_
VI ar as suyas.
Es~\.
geniazo!··
1
e pocos anos atrás .
.
.
.
,
d so1o cntien(!p el tango 1 l ~r '
la ordinaria de los días ' sea por el aumento de pena a g0, Y sus conocimientos ,1 t•na
,
e e .u orron· &lt; P . , s l'St an a la altura de emocionarse ant, l ·
lucha, &lt;¡uizás por ·las . ~·a por el intenso esfuerzo de la "'
.
e
a
intc•1·p1·(•tac1011
por
la
_,
·d d
crecientes com ¡· •
compama del teatro
.,fex1cano'' de 1 a lJ 11 • •
VI a ·' ha aumentado esa
. .
-~ icaciones de la acti. Oh
., . .1&lt;, t1r 1,oth . de Eugenio Sellés
lmagmaciones infantiles pei egnnacion de almas bobas de
,
encanto de las :\'och •s 1 B
fi .
.
santuarios de la in enua que e~ t~_rdes Y _noches hacia' los th·idad de su públic¿ ~.
&lt;_ e e
ene cio e infantil emo1
cuchar las pasiones ge
ensonac10n camman a ver Y es
cribiré algún día un libr e e_ s~1s actores! Con &lt;¡uP amor es
¡ne cantan , 111 h bl
.
·
co? este nombre: "Noches
mas no con el són conocid
.'
e a an, que accionan; de Beneficio • • • •,,, .1 Ta n tºo lhél!O
av ba
¡ , 1
conve1:i:;aciones familiares ~i ni en el. ton_o ~1esurado de las la astuta perspicacia del b .fi .
e tltn o! Hablaría de
c,ue viven en las calles ,
el mshnhvo gesto de los atraerá a su público &lt; u e¡ie cia, o _al escoger la obra que
lai:; otras son como s Y en as casas: c¡ue almas Y cosas gloria rntre t&gt;I palpitar'
e df1·a simulacros efímeros de
·
• nspensas y bi
•
•
en encasilladas entre lo naje artific:oso de la . fl l'SCPnr c•nte del confetti, el homesob;enatural y la vida.
r
s ores que caen
¡
e ianas y los aplausos de 1.' l
en ~ . proscenio, las
. e modo que esos nere1:?1·inos .
,
s1 se ahren las p~1ertas de la ·, c1 ~puscul~res d~ la ciudad, mento solemne&gt; cuando s ' .ª aqne; descr1b1ría aquel .mollenan la sala aun,¡tlº
on~1c1. por Pstas irrumpen Y tar~e Y deefr las primen~s i~11c1~:rn.mpe la esce°:a al presen·,
·
' se anuncie .la miJ'esuna
·
c10n &lt;le El Trovndo1· o d T ,
representa- dehclad trasladaría c·sos ¡liáloo- b1
el benefimado; con fi.
e
,uria
·
s1
u
·¡
t
con me!enas aucfacia Y ".Í l' .' . n i ns re desconocido de galería .V palco segundo ~-º\ e e bu~ac~s Y delanteros
Iones proclamándose . , o n~. munoa la ciudad de carte' espectador qur sigue, todo t ·. ~· /s~a fiJaria. ;l gesto del
i cmu o e sensac1on Y anhelo
no )o crean. Y comrifl~i~oge~10 mundial, _le creen, annqu; el desarrollo ele la obra
naciones. y así tamb'' s escuchan las mmortales desafi- Sellés, qu,e eligio' el acto'· que• c~1al La Jlujcr de Loth, d~
· •
1· mexicano l\1 f
u 10 para su benebrar la innocu~ inm;,::úJ~ ªrtadas fil~s acuden a cele- ficio, a fuerza de abundar , .
&lt;me transplantl'da a l\I' ,·
Je vaudev1lle-flor exótica, alegorías, en frases hiperbo,;i1i1:;?ordarse ,en_ morrocotuqas
lencia de emnresarios ,~~t1cod, ,a degenerado por malevo- en metáforas ultranománti , .' ica~, en _srnules de similor,
llesc"
., · ,
• ra1 nctores
· cana- te trágicas. en monóloo-o ca:-;, ~n s1tu3:.ciones ridículamen.
n oP mternretes
en
. •v por· ma1·1c1a
P ~nta mmunc'la ;-:V se bañan ncs. etc.. . . . . i·esulta.., a~g: cuatrnl~non~logos) ' exclamaciocon fruición en llis a. u~
Sí di ·t·d'
lllUY ( ivcrtido.
xi cano). v desfallecP:
peshl~;ites del ,qénerd chico ( me'
ve1 I o
·1 un&lt; l
• 1 d
de un dr~ma espan-ol Y s e1;oc1?n con los ~olpes teatrales &lt;¡ne suspira v gi~~-.' a~m I ie ª nu ª 0 haya una señora
,
l
·
·
e
uerr1ten
e
¡
'b
ria a escuchar a los Q·uint .
b n a m1 ar de cursile- blico, en el sensacio;,al i~~~: l~s dos terceras partes del púlas del cine con un g-ran cl::;¿//u re~ la~ _numerosas sa- cencia de Ascensio'11 la11c·e o ,e. en hqlue se descubre la ino,
·
·
llll ·
la sombra. noche a noch
e a_d1;1irac1on que sale de sos, solo
comparable
con otro
' . 1 1. ' ' segm· d o de aplantos de la Menicheli o la =~s:nt: _los ~d1culos amaneramien- en un coso, después de un ii~en~(Jante Y otros aplausos,
_g o . e capa_ de Gaona; aungente. suele también escucha e isna e Chaplin. . . . y esta que la labor de l\fotio
comnrendido la doliente h r a T?debuss.v Y afirmar que ha " fo?ográfica, sino sico'1i:!~1~. un apologista suyo, no sea
nas" de Usand.izaga.
umam ad de "Las Golon d r1. dedicarse al cine.
"'
· · · · en cuyo caso debería
Pues precisamente &gt;1 t 0
·
·
_!'orque, en verdad fa b . . .
l\Iexico del g'orioso ,·o'
~tia, i ec1entemente- conocida en ~edia eso "fonográficb ~ ,e~. '.111 ~ / ~ e~ ~rª??ª Y en la co. venc1 o vasco c¡u
. e se f ne prematura- mzarsc, quien de ac uéllo ·. ,eso )1colog1co deben armo.
mente de este mundo d • 1
.,
, e1anr10 1a misma t , •
1;&gt;uedc anclar por carac10n que sn inmo1·tal 1·
G
ragica desespe- minos trillados de i:1onotoca,1 ece,
"Las Govescas' '-no es iermano ranad os--l a g1oria
. de 11!-e escenar io de la cinem~~~ ~a~1a ugrnrse, en el _mult~for·
para Ia "ºm
·,
•
· Aqm la vida sigue
cuantos &lt;¡ue han src,uido
.
p~ension smo de unos s1endo tan deformada O , • g
por deber el mo :- º . t ' por v1ytuos1clad, por cultura o suprimirse la palabra tie~:s que en el tablado, ya que al
t' .
'
'nnien o PVOlutivo de l ·a
ctp1ca .V Je. la técni&lt;·a musical en los ' lt' a i ~' de la es- r~curs_os de expresióu eu el n ;~ue i·~c~ncent~·arse todos los
c1onahsmo del episoclio
~ . to paia realizar el convenor los coment,, jos d, 1
• ~ nnos tiempos.
'11 ha 11 eslc1•nico. .Has esta deformación
ción de algunos a11\11·s'·1·s ~ a g~1bnla crítica, por la divulga- festa cxarrL•ra&lt;.:iu
,..
,
P"a&lt; o a spr
t
'
.
e;
•
aSC&lt;¡Ul es po'
.
1 l·ª vaga literatura
t¡e a lguna crónica &lt;me no co¡npromete
·'
erv~r histérico de muclias seño1·it n_
1o~s i;uosa- y pese al
l
t
ta representación 11gttnos·
· ª a tercera o cuar- ueg~afica- eu la ::\Icnicheli . &gt;01· .~s e a penumbra ci·
ac1ores que no van pura- gesticulación y ondu 'antes' a~1d _e;1,rmplo,. cuya bufonesca
mente al teatro a' 'pasar
l espec
f
cada ~elleza en la 0a;ició1~ atI:?º'_.suelen encontrar deli- vera Y precisa estética de la B att~s. contiastan con la '&gt;el) b h b
.
· er im.
a sentir el escalofrío medular d ~, im,~~ra y basta llegan
. e e a er relatividades aun dentro de l
'
la Pantomima.
e os timos compases de na l1smos.
os convencio-

°~&lt;

E.PoRTE.5
"Mixcoac" y "Williams."-Terrenos del " Mixcoac."
-Gana ''Mixcoac.''
El domingo pasado y en presen,cia de numeroso públic~
se jugó el partido antes mencionado. A las 10.30 dió la señal el refere e, señor Vargas, tocándole salir al "Mixcoac,"
que desde luego llevó la bola hasta la meta enemiga, pero
ahí les faltó un obstáculo eme vencer: Genaro Casas, que
quita la bola al "Mixcoac," y de una patada la manda a
las defensas enemigas, y éstas, a su vez, a sus delanteros.
Tómala por su cuenta l\Iontaño, la pasá a Vilchis, éste a
W yngaer t, quien la corre por el ala. Le da un pase al medio izquierdo, otro a la defensa G. Casas, y patea al goal,
anotando el primer tanto a su equipo.
Sacan los del " W illiams," pero pierden la bola los delanteros, tomándola el "Mixcoac," viéndose el " W illiams"
en grave peligro a no ser por la eficaz intervención de Casas, qu e salva a su equipo de un nuevo tanto. Vuelve a atacar el "Mixcoac " y mediante pases bu enos y oportunos,
ejecutados con limpieza y rapidez, W yngeart vuelve a anotar otro tan to a su equipo. E ntre jugadas buenas y malas
acaba el primer tiempo.
Comienza el segundo tiempo y todos muy flojos. Apriet a el "Mixcoac" y desde luego los del "Williams" estuvieron completamente dominados; pero debido a la op ortunidad de Casas, que jugó de defensa admirablemente,
se salvar on varias veces de nuevos tantos. Vuelve el "Mixcoac" a la carga, y con a 1 gunos buenos pases, Liborio Jiménez anota el tercer tanto al '"Mixcoac." E ste equ ipo
adelanta más cada día, siendo ya notables la seguridad
de la mayor parte de sus golpes, así como la oportunidad
y limpieza de algunos pases.
El mismo día. por la tarde, a las 3.30, y en terrenos del
"Junior," midió éste sus fuerzas con el "Juárez ,, saliendo vencedor este último por nn goal contra ce;o. Desde
los primeros momentos comenzó a dominar el '' J uárez,' '
est ando la mayor parte del juego sobre el goal contrario
y teniendo siempre en jaque a l as defensas del "Junior "
siendo muy ovacion ado el " Juárez" por la limpieza d e ; u
juego, y por lo bien ejecutados y combinados que estuvier on todos sus nasPs. distinguiPndose entre sus jui:i:adores
Meraz, p or la rapidez y precisión de sus pases y principalmente u1;1 joven cito qu e cubría el ala derecha y cuyo nombre sent up.os verdaderamente no recor dar. Estuvo admirable por su oportunidad y precisión , así como también el
ala izquierda, que centró notablemente du rante toda la
t arde. D e parte del " J unior," debemos hacer mención de

Abigail en la clefensa, que jngó admirablemente, y a quien
se debió que el '' Juárcz'' no anotara sus {lemás puntos. Todos sus demás jugadores estuvieron fallando y perdiendo la
bola continuamente, faltando por completo las magistrales jugadas c¡ue estamos acostumbrados a aplaudirle .11
" Junior. "
También se jugaron algunos otros partidos en diversos
terrenos, sien1lo los principales los siguientes:
"1\Ieyer .v Huerta" contra "Palacio de Hierro," ganando los primeros por 1 a 4.
"A. B. C. " contra el "Normal, " venciendo "A. B. C."
"Tacubaya" contra "Preparatoria," saliendo vencedor
el "Tacubaya."
''Internacional'' contra ' ' Luz y Fuerza,'' ganando el
primero.
Sentimos que la falta de tiempo .v espacio nos impidan
ocuparnos detalladamente de estos ju egos.
Queremos también hacer mención del partido mixto
que. organi7ado poi· la benéfica asociación de la Cruz Roja
y con asisfrnria del excelentísimo señor ministro de Esmiña ~-" , · có el primrro de los corrient es en el H ipódromo de l·• Condesa, jugando: Ataque del ":i\Iéxico" y
Defen.a.s del "España'' contra Ataque del "Deportivo" y Defensas del "Junior," resultando el juego muy
animado y aplaudifodosc magníficas jugadas por ambos
lados. El iuego quedó tablas por cero a cero.
Antes ele retirarse, el señor Ministro hizo entrega de
algunos s01wc11irs deportivos a los canitanes de los temn.~
contendientes. siendo objeto de cariñosas manifestaciones
por parte del público.
Penalty Kick.
•• Hu11 ........... n

11u11111111u1111u u1 u1111111n n n1111n11111111111111•11111n ............ unn1 11 1u11111 ■ u•.. • .........- •

PEGASO
ABRJRA DESDE EL PROXIMO NUMERO

UN\ íNCUfSTA SOBqf LA GUERRA fUROPtA
ENTRE LOS PRINCIPALES REPRESENTANTES DE LA INTELECTUALIDAD MEXI CANA.
BUSQUESE EN EL NUMERO 2
LO QUE OPINA SOBRE LA GRAN GUERRA
EL I L USTRE ORADOR
Y OT~ O~ ~ ~~AJ~ S~ I ~~ :~IDOS

!

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1

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P IEOA.SO

�[seccióh de Ajedrez

V

Cuando

r.
~H!ffi!ffi!ffi!fül!liilmffi!ffill~iillifilt1!ffi1Ji~!!ffi!fii~!mffi!fü!l~~...Je!ffi!f~,
A cargo de Enrique González Martinez, jr.

Partida número dos
R;¡-y LóPJ•:z

PROBLEMA NÚMERO l.

PoRE. E. Vl'ESTBURY.

BLANCAS
J.

Primer premio del 159 torneo de composición
del lréstern .Daily .Me1·cury.

I

DR.

-1-P --4R
•

2 CD3A.

3 P3T D

4 A-! T
5 O O
6 A 3C

403A

5 P4 0 D
6 P3D? (1)

, 05 e
SPxP
11 C 3 A
12 P 4 D

12 P 3 A

13 T 1 R
14 (; X Ü
15 T x P (3)

13 R 3 D
14 0xC
15 A 3 R
]li Ü X A. (4)
17 Ax A
18 R x T
l!l R 5 A
20 R 5 O.

HiA4AR

17 D x e
18T5Dj.!!(,1)
Hl D 5 Rj.
20 P T x Aj.

•

lll~tl'.

BLANCAS

NOSOTROS

7 P 5 R
SCxP
9 Rxe
10 R3 R
11 C (3 A)~ R

9 ex P A (2)
10 D 3 Aj.

21 D 1 R

esté en México,

Cuando Ud. no pue~a venir a México,

HENNEBERG

-1 --P 4R

3 A /5 C

NEGRAS

Cuando Ud.
NEGRAS

PÉ&amp;Ez MENDOZA

2CR3A

Ud. venga a México,

le amueblaremos, desde el cuarto de soltero,
hasta el más hermoso hogar que haya soñado para su prometida.
Nuestros precios son los únicos que se adaptarán a las circunstancias de Ud.

,,
j

NOTAS
(1)
(2)
(3)
(4)
(5)

Dan mate en dos jugadas.

A 2 R es la jugada correl'ta.
La posición vif&gt;ne a quedar convertida. en un Fegatello.
1\-It&gt;jor qne P x P j.
8i 16 ........ , R 2 D; 17. T x A, R x T; 18. T 1 R y ganan.
.Jugada. ded:-iv&gt;1..

N\ueblería Bias Pahissa

Partid;¡ número uno

BLANCA$
GUNSBEHG

----1 P4 R
2P4AR

es A o

7DxO
8A4AR

8D3A
9 P 3' D

10 e 2 n
11 Ax P A! (6)
12 j) X p
13 O 4 AD!
14 Ü X p
15TD1D!
16 Ax A
17 T x P
18 T 1 R !! (8)

11 P 3 A
12 P x A·

13 T 1 C
14 D 2 A ('Z).

D3 C
Ax e
T2C
T 2D
Se rinde. (9)

1 P4R
2 p J( p
3P4C .R
4 P5 C
5 ' p XC
6 D3 A

7 P !i R
-8P3 D
\l 0 3 A (1)

&lt;J A 5 C }.

10 R ·l D (5)

NEGRAS

,J. R. C11Y4S

1 P4R
2P4AR
3 CR3A
4 A4 A
5 O O
6 D:sc P

3 P 5 R (1)
4 C 3 AR (3)
5 A 3 D
6 0-0 ! (4)

6CxP
7 ex ej.

15
16
17
18
19

BLANCAS
A O \',\z&lt;ll:J::Z

2 P4D

4 D 2 R (2)
5

~WRAS
Il_ARDEI.EBE:-1

-l P-4 -R

3 PRx· P

2a. factor Esquina Donceles

Partida número tres
G ,uIJHTO Muzro

CONTRA GüJBl{JTO DK FALLKBEER

DX p
8 A3'r

'1

9. C 2 R

10 A 2 D

10P3AD
l1D4Aj.
12 P4 D
13 Ax A ·
14 P x l \ (3)
15 1)·3• O·

l l TDlR
12 R 1 T
13 A D x P (2)
14 D x A

15 C 4 R '.
16 C 6 D j.
17 D6A ! (4)

16 R2 D

17D1,D__
18 D 1 A
l!JRIR

1s ex r A

19 D 6 D j.
20 D 8 D mate.

NOTAS
NOTAS

(1) Esta jugada constituye el contra Gambito de Fallkbeer.
(2) Es posible que P 3 D sea preferible a la jugada del texto.
(3) Mejor que A 4 AR y que P 4 A R.
(4) Buena jugada que permite un fuerte y veloz ataque.
(5) Si 10. P 3 A, Ax P; 11. P x A, D x P j. y ganan una torre.
(6) Desde este momento el juego blanco entra en una era de tales
dificaltades que casi forzosamente le llevarán a la derrota.
(7) Esta jugada no es buena, pP-ro si se ensayan otras se verá que
no hay ninguna qne salve el juego.
(8) Aristocrática terminación de una elegante partida.
(9) Porqne contra A 7 Aj. no hay defensa buena.

( 1) Es más usual .i ngar en esta posición A 2 D.
(2) Una jugada aventurada. y que no reaomendamos a los aficio•
nados. La. jugada clásica corrf&gt;cr,R f&gt;S D 5 T.
(3) L·is negras debi eron jugar A 3 R.
(4) Esta jugada es excelente.
NOTlCJAS
0

Ha terminado hace ya tiempo, el torneo de campeonato anual
en el club de n•i edrez «Mariano Eg1liluz,, de esta capital. Fu:e vencedor el Sr. Dr. Dn. José Antonio Asiái-n, muy conocido en loa
circulos ajedrecísticos de México. Quedaron en segundo y tercer
lugar respectivamente los Sres. Francisco Luzuriaga y Dr. J. Guadalupe Jiménez.

La siguiente partida fue jugada a bordo de un trasatlántico,
entre el Sr. Joeé Pérez Mendoza, presidente del club argentino
de ajedrez, y el Dr. Henneberg.
PEGASO

16

�VI

■=================1■ ,

VII

'

r~oeuix J~~uranfe .TH( o!~~1ºj~~Rl!1~~0~~. !!~!~Rn 1
tom~auf · Mmite~. 0 ~º 0

0

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0

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J0HN Al.RO , GERENTE GENERAL.

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El notable orador Jesús Urueta, que en el próximo número de ••Pegaso"
dará su opinión sobre la Gran Guerra.

V

:

.

NUM. 2

MÉXICO, 15 DE MARZO DE 1917

Precio: :30 centavos•

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Pegaso, Revista Ilustrada, 1917, Tomo 1, No 1, Marzo 8</text>
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                <text>González Martínez, Enrique, 1871-1952, Fundador</text>
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                <text>López Velarde, Ramón, 1888-1921, Fundador</text>
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                <text>Rebolledo, Efrén, 1877-1929, Fundador</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>Urueta, Jesús 1868-1920, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Coronel Anastasio Torrens</name>
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        <name>Crónica sobre Avenida Madero</name>
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        <name>Don jose Manuel Zozaya</name>
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        <name>Vida artistica y literaria</name>
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\

DXBECTO!k .JOSÉ DII

· ../ 4'

J.OMINJ8TRACIÓH:

'

y

LA NOVELA CORTA

e\,..

MAQRIO,-CALVO

A5ENSJO,

3. -

VJIQCl'LI.'

'.'M ~rid

Julio 1

,.. ...

TeLÍPON() j-4194,-APA;:;:!)

"'4

LA IOIHENIA
NOVELA INÉlllT l.

Ramón Gómez de la Serna

1

*•iBI.IOTECA CENTRAL

¡______:U;:•:.;A.:.=.;N,;:,;•~·L.:;__ _ __
I

Ruben se había dicho aquella mañana al despertar: "¿ Qué pasa que parece
que hay más l112i en el día?"
Se podría decir que en su espíritu, en todo el fondo de su ser había una
especie de aurora boreal sobre una placa que se revelaba. poco a poco.
Se quedó deslumbrado como ciego de .aquella particular emoción que no
había sentido nunca. ¿ Qué le pasaba?
Se sentía un poco borracho, no como un borracho, sino como un bizcocho
-borracho, por como el bizcocho borracho está saturado de borrachera y el vino
Í
no es esa cosa que hiede en los borrachos, sino perfume ajerezado 1 perfume natural.
Parecía. que en sueños le habian dado a beber esas copitas que dan a los
niños los días de santo. "¿ Quizás-pensó él-habrá sido mi santo en sueñ9s 1
o habré ido en sueños a una casa en que se celebraba un bautizo o desde cuyos
balcones se veía la procesión? ¿Habré tomado parte en alguno de esos guateques? ... " '
Se acordaba de aquel" día en que se celebró una boda en la vecindad de su
casa y vió, al pasar por delante de la puerta del Piso en que se celebraba, la
mesa del comedor llena de cristalería, rubia por los licores del lunch.
Otros recuerdos confusos, incongruentes, atropellados, surgían en él.
Se
acordaba de aquel día en que vió subirse la liga escocesa a la doncella
comedi i en cuatro actos, originhl de
Adela.
Se acordaba de aquel día de merienda en la Moncloa, junto al sitio por donde pasa el tren y~ue proteje una valla requemada. En la luz clara y atardecida del día de primavera se veían fuera de las falda., las piernas de algunas de
las mujeres que estaban merendando.
Se acordaba de que en la plazuela de Oriente su amiJo Manolo, de los maEl sumario de la NOVELA. TEA. TRAL. formado por las aplaudidas comedí
yores, perseguía a una chica llamada Asunción y que no la dejaba ni un momen1
delos autores más P~ch,ncido!&gt; e\idencia rn.:estro espec,·e1 e
as
lección de ob
·bl. d
·
;:!mero en Ia se• , to, aunque ella daba unas rápidas 1/Ú.eltas para escapar.

LA CASA DE
LA TROYA
LBNARES RIVAS
PEREZ LUGIN

ras pi_

EL

1.::1- S:i .• C on.!tellnites en eEite propósito, publicaremos ~

PROXIMO DOMINGO

la célebre comedí~ en cua:ro actos, titulada, LA CASA.DE LA

TROIM..•

uno de los éx tos más grandes que registra nuestra es

l

·

¡

L ■• novelas dnéditas• qlle publlca esta Revista, son pagadas como lftÉDITAS
y cons.lderada• como tales baJo la hclusiva respon•abllldad de su• autores·

��deees de nalga en sus redondeadas aristas, había algo así como la presencia dP
una maja desnuda.
¡
·
Las celindas estaban abiertas y eran como un frasco de per ume aceitoso
abierto en las narices del transeunte. Parecía, por causa del perfume de esas
flores, que todo el jardín se había echado perfumada brillantina en el pelo.
¡Oh, mareaba la espesa cabellera oleada!
_
El riego les sorprendió, porque se levantaba.de sus arroyos un sabor a hierba.
tan vivo, tan agudo, tan evocador, _que~. acordaba de to~ las veces que había pasado en este mismo tiempo po.r Bitios _en que la hierba acababa. de_ ser
regada. No había encontrado nunca runguna imagen que, como_ aquella, hubiese
hecho coincidir en un solo tiempo todos los momentos parecidos del pasado.
Se acordaba de la Casa de Campo, de la Moncloa, de los jardínes de su pueblo.
Exaltado Ruben por aquella confusión de aromas y escondido de la vergüenza por los grandes árboles altos y tupidos, llevó la conversación hacia el
tema que quería exploraf una. vez más, con .más ansiosas preguntas que nunca.
Le hlzo que le repitiese la primera versión de arcángel de la "enunciación",
porque entonces todo le resultó obscuro. Hoy estaba preparado de otra manera. Después le preguntó:
-¿ Tienen muchos lunares las mujeres?
-Según-contestó Manuel-, unas los tienen y otras no.
-¿ Y en su ombligo no tienen nada de particular? ...
-Nada ... Es un ombligo como el del hombre, quizá un poco mayor, como
]a• eutrada de un hormiguero, por ejemplo-dijo Manuel por decir algo, por
echárselas de entendido, por no dar tanta sencillez a la verdad.
Una niña saltaba a la comba en una de las avenidas. La alegría debía de rebosarla en el cuerpo cuando a aquella hora se dedicaba ya a un sport de la
tarde. Era la niña de medias blancas, que la hacen una cachorrilla juguetona
incitante y tonta.
Se veía que era la niña que ha salido bella, demasiado bella, y tiene que
derrochar desde II\.UY temprano su belleza.
Era quizás la niña que aquel mismo día había tenido la pubertad, como
Ruben, encendido por ese mismo primer día del despertar definitivo, como
en la última. dentición, peligrosa sobremanera cuando coincide coii la primavera. como en él, como quizás en ella.
Los dos jóvenes se sentaron en el banco de enfrente. Dos hermanillas menores y más zarrapastrosas que ella daban a la comba con afán. De vez en
cuando la cuerda cogía las faldas y las levantaba con malicia, como si estuviese hecha con el lar¡o rabo del diablo.
Ya estaba acertada la mañana al encontrar ·esa bailarina. saltarina en el
:?\lusic-Hall del jardín. Había momentos en que la visión era tan aéreaJ que
era como si la. niña saltase en un rayo de sol. Hubo un momento en que saltó
"tocino", el salto voraginosoJ y·desapareció un poco en la velocidad.
Ella. ya tenía el or¡u.Yo defensivoJ el cuidadoso no mirar a los hombres que
tiene la mujer; pero sus dos hermanillas entablaron conversación con los dos
amigos, y ellos insistieron y aceptaron las tonterías con malicias de perrito de
portal de las dos niñitas, por hacerse oir de la impasible saltadora.
1
- ' ¡ Tocino l II u¡ Tocino! "--decían los dos amigos, como quienes piden el
frenesí que muestra más desvelada y más arrebatadora a la joven que salta, que

-Cuando salta "tocino"-dijo R_uben-, se la ca.e el pelo sobre la cara Y
está encantadora ...
-Sí ¿eh? ...-contestó ella con desnfío--:-J y sin perder "tocino"~,~ot~;on sus
dos hermanitas que lo quería saltar, y dieron con fuer:a
p;;c1p1t:1_c1on ª. la
cuerda, hasta que quedó dentro del fonal de cuerda ~el tocm_o la ~ tupida
que cumplía probablemente aquella mañana, o lo habm cumplido hnc1..'L poco, el
primer cuI1,1pleaños de la mujer.
Roto el "tocino", que es como una ascensión de la que lo salta, como si
partiese con la hélice encendida. en vueltas, la. niña. se quedó exhausta, acabada, con el pecho lleno de latidos, como después de una carrera loca, y sin poder más se sentó en el banco de los dos amigos, que se quedaron turbados
como si 1a hubiesen recibido en los brazos.
Parecía desmayada, accidentada, próxima a morir, pero sonreía para disimular esa descomposición de la belleza que hay en el cansancio.
-¿La pasa a usted a1go?-la preguntó Ruben, levantándose para asomarse a los ojos de la niña, que, con la cabezn. echada. hacia atrás, respiraba del
cielo.
-Nada, muchas gracias--contestó ella.
-¿ Quiere usted un vaso de agua. ?-volvió a preguntar Ruben, c9mo si estuviese en el comedor de su casa y pudiese alcanzar un vaso de la bandeja lléna
de vasos.
-¿Pero dónde tienes el vaso?-le preguntó Manolo, riendo y queriendo
dejar en ridículo a su amigo, para vencerle en la contienda empezada.
Las niñas reían y preguntaban a su vez: "Sí, ¿dónde tiene el vaso? Que
diga dónde lo tiene."
Ruben, realmente, se encontró sin el vaso que había prometido y sintió un
fenómeno así como si se hubiese caído y se le hubiese roto algo.
-Hubiera ido por él a ]a fuente del Prado, donde hay una, aguadora con
un vaso de cristal-dijo Ruben con cierto romanticismo de cabaUero que hubiera sido capaz de ir muy lejos por lo que necesitaba para salvarse la dama.
de sus suspiros.
Ya tranquilizada, ordenado de nuevo el corazón, la bella saltarina pidió a
sus hermanitas la comba y la recogió como la que trenza una cabellera, como h
que teje la. trenza de _una hermanita ...
Los dos jóvenes, que sabían lo que tiene de hacer la maleta para la partida, el liar la comba, tuvieron arrebatadas miradas para la que peinaba su comba para atravesar las calJes camino de su casa.
J
-Y se irá usted sin decirnos su nombre ...-dijo Manolo.
-¿ Y parn. qué quiere saberlo usted ?-dijo la joven, mirando por primera
vez de frente a uno de los dos, a 1fanuel.
-Para no olvidarlo-dijo Manolo, más experto en la galantería y sintiéndose el elegido.
Ruben estaba ofuscado. Se le ocurrían cosas apasionadas, pero en voz baja.,
sum.urmujo. Le parecía que todos los perfumes del jardín salían de la niña.
Para él se llamaba celinda, era Celinda, la Celinda.
Ruben, arrebatado como en un día de verano, olía, no los perfumes, sino
las red,:indeces, los hombros, los codos, los hermosos capullos de las rodillas.
Acariciaba a una de las dos hermanitas, como si esa pudiese ser una rogativa
para merecer la. benevolencia de la niña mayor. ¡Pero qué estéril ex voto es
eee en la aspiración de las hermanas mayores 1

r

���mo, el de querer sa1va~, a. morir en vano, a perecer bajo el rayo, sin haber satintos. recién.despiertos rezongó algo en tono muy bajo, como si se refocil~se con
bido cómo es lo sospechado.
1a, caricia y se dispusiese a ser mejor. Pero n~, el po~re padre tendría que
El cruzó los brazos sobre el balcón, y una de sus manos, por bajo de su axiaguantar la descarada cría del cerdo, q~e .es la º1:1ª d~l hi30.
la, fué a buscar a Elvira. No se atrevía, sin embargo, a tocarla; ¿cómo hacerla.
El pobre padre paseó entonces un rato en silencio po~ el comedor. Vera. el
una caricia ambigua? ...
defecto del mundo por el que nunca queda claro su sentidol pues al volver a
La unidad era como el imperio submarino de la tormenta. En los relojes
. brotar la fuerza d~ la Naturaleza en cada ser, ~cede qu~ de nuevo s.a:-gaga.
de la_s torres de la electricidad debía estar señalado el máximum eléctrico las
todo, se obscurece toda máxima . de buen sentido 1 se pierde la eqw
, se
doce del día del tormentazo.
'
eclipsa lo torpe campea con tenac1dad.
. .
Bajo la tormenta, los tranvías que pasaban por la calle transversal estaban
u¡Qué amarga es la ~da!-pensaba el padre-. ¡Que 1!º pueda yo suprlllll~
nerviosos, fuera de sí. Sus troleys estaban excitadísimos, incontinentes.
n mi hijo las equivocamones! ¡Que vuelva a ser el ser irrespetuoso, de des
Parecía. ya que no iba a poder durar ni un momento más aquella. obscu~
deneS solitarios y reconcomidos que fuí yo! ¡ Que sea, por lo menos, normal Y
ridad.
corta la adolescencia 1"
Bajo el miedo de la tormenta, ella se amparaba de él, que parecía el marino
Llegó la hora de acostarse y todos se fueron a ~s cuartos.
.
de la. tormenta, el capitán de barco.
· .
Ruben estaba desencantado por no haber cometido la locura a que le rm-Ya va a estallar... Vámonos dentro-dijo Elvira.
ulsaba la tormenta, aunque a la vez se sentía defraudado de que se le hu-No ... No descarga ... Mira por ahí ... Ya se ven las estrellas ... Ya han
biese ido la tormenta sin arrojarle las rosa_s que !leva en sus carrozas, todos los
descorrido el toldo ... Nos ha engañado ... y después de decir esto _Ruben con
manojos de rosas de más de cien hojas que ~a ido c~rtando ~e los rosales les1;1 mano ~erviosa, ansiosa, que _esperaba. en ~ rincón el mome~to proPicio,
janos; de las rosaledas de las islas de e ~ cordial, de clima ~e vrno ~u1ce.
dio un pellizco en el brazo a Elv1ra y Elv1ra dio un grito ...
La. noche fué vasta, inmensai de snna profun~a, de .P~~o de caree!.
Del tercer balcón, que era el de la madre salía ésta alarmada dejando caer
Dos o tres veces salió por los pasillos para oir resp1rac1o~es y para ~uscar
las tijeras en ~l suelo del balcón...
'
'
por el balcón que daba a la. calle el .olor de las acaci_asi ~ no solo el olor, smo la
-¿ Qué ha pasado ?-gritó.
acacia que las -acamas prodigan como con b1beron.
-Nada-gritó Elvira-, que me tiene muy nerviosa la tormenta...
lJ."- leche"Eldemundo
va lento y quiere que yo espere---se decía ~uben-; pero yo no
-Pues ven aquí a ayudarme-le dijo su tía.
·f11 puedo
esperar, no puedo ... Y ahora ~ o llamaría con un aldabón al cuarto
Elvira,. sin más explicaciones y aomo huyendo del hombre cruel, eclró a
de ella, exigiéndola un beso antes de moru."
.
correr hac~~ la puerta del fondo. Al llegar al dintel, y con la puerta en la
- La angustia de muerte que entraña esa entrada en la. 3:d5&gt;lescenc1a. pose~
mano, le d110 a Ruben:
•
_ ,.a_ Ruben . Como todos los que están en su cnso, creía que monna en segwda, .sm
~Me voy porque ya no hay tormenta Sl. vuelven los relámpagos, yo
poder conocer la vida, y por eso su arrebato era mucho IW;YOr. El ahogo vital
vere . ..
que le subía al cuello y le levantaba los hombros,, le parecia ahogo mortal. .
Ruben se quedó quieto, con aír~ de gran .na.turaliclad, subido al balcón como
Hubiera pedido socorro en la noche en que babia acabad,p de tener la dentiun hombre que ve correr a una mña que se ha convertido en cómplice suya
ción varonil.
cuando temía que le acusase de haberla tocado.
'
Se agarraba a las estr~as como un d~sespe:ad.0 1 como el que se 1agarra a un
La 1:1-oche amanecía medio despejada, medio cubierta, siempre con su tipo
clavo ardiendo. Miraba al cielo, como s1 ahogandose en el mar mas pr~cel.oso
de media tormenta, como un papel de medio luto, con un esquinazo profun~
pidiese un salvavídas a los que se asomaban a la bar.da del gran transatlanfaco,
&lt;lamente negro.
allá arriba, junto a Dios.
. .
.
,
.
Era algo así como la noche de la vendimia de las aoaci~1 y el era el vendimiador al que su padre. no le abría. la -puerta para que saliese a hacer su acoIV
pio, pa~a que se hartase del "pan y quesillo", que hacia ese &lt;;ía de Mayo se ~a
la mejor cosecha. Pensó bajar po~ el balcón a la calle colgandose de una saRuben estuvo preocupado durante la cena1 haciendo como si estuviese afin
bana.
enf~dado con su padre, aunque su disgusto era el vil disgusto de la especie
Por última vez en la última retirada hacia su cuarto,. estuvo un rato :peg~~o
el di5,=,oUSto sensual.
'
a la puerta de la alcoba en que dormía su madre con ~lvira; pero la resp1rac1on
. Elvira es~aba en frente de él, al otro lado de la mesa, y sin tocarla con los
de su madre, fuerte, con cierto ronquido un poco senil, ocultaba. la suave not_a
pies los sen.tia enredados eón los de ella.
del aliento de Elvira. En la insanía de esa ceguera que produce la fuerte enSu pen5a:1;1iento .de vist;i, baj~-el pensamiento de esa edad es así-iba con
sipela de la pubertad, se Uegó a. quejar de su madre ~ hu_~iera tapado su boca 1
una obc;ecamon ternble, q~e deb1a de ha~er cazadores que abatiesen de un tiro
dificultándola la respiración, con tal de oir la otra respuacmn.
de escop~ta de bala, e~ linea_ recta y drsparada hacia Elvira1 la indefensa, la
Por fin en la cama se durmió como muriéndose, como el que se ha a~ostado
que cae_n~, porque ?~die pod1a sospechar que en su despertar no respetase lo
con todas las flores d~tro de la alcoba. ¡No pudo sacar a los balcones aquel
mas proXIID.o y famihar.
intenso oJor de la vida que se había despertado para él aquel día!
. El padre, después de .acabar la cena, acarició el cogote del rebelde que~
nencio amansar aquella disparatada. psicología de mastu~rzo. El jabalí de ins1

1

:c;¡..

1

��-No llueve esta tarde-dijo el padre, y se fueron a hacer algunas ,;si
que terúan que hacer.
El ci~lo desmentía al barómetro. Se nublaban un poco los ojos que mira
la tormenta.
Parecía que todos iban bajo un paraguas, y, sin embargo, de ese para ·
es del que caería la lluvia cuando llegase la hora.
•
Ruben vió a salir a sus padres y después entró para dentro buscando a
vira. Como salió del balcón de estampido y con ese nublado que p';ne la to
menta en los ojos, no vió que Elvira estaba de pie en el centro de la babi
ción y _tro~e.zó con ella_ como si 13: hubiese abrazado. Pareció caer un rayo

bre ehnquilmo de abaJo como chispazo, efecto de aquel tropezón.
Las manos de Ruben encontraron en seguida la mano de Elvira para
nerla.

-~li_ra--dijo Elvira, con esa falsa lást~a de sí misma de la que quiere
car partido de una crueldad y de una h~nda-, mira ... Me he tenido que
ner esta ,otra. b!mm, porque n~ se me Vlese el cardenal que me hiciste ayer.•
¿ Por que me distes aquel pelhzco?
-Perdóname ... No creí que iba a hacerte un ronchón tan grande y tan
gro ... Fué cosa de la tormenta ... Fué la tormenta ...
. La. torm~nta movilizaba 1~ decoración ~e mar picado, y, como en el teat
~rl;illero oscilaban y eran oblicuos los bastidores, y después se ajustaban en
s1t10.
Todo olía a nueva construcción. Parecían estar en la casa húmeda de I
primeros inquilinos.
El gran pienso de la tormenta. ya estaba servido para todos.
De los bordnles, de esas espigas muy secas y agostadas en 1\-layo que ere
e~ los solar~s, y de !as que_ estab~ lleno el solar de enfrente, salía un olor
010 1 como s1 se hubiese baJado cien veces los pantalones Sancho en cien
quinas de los solares con rastrojeras precoces.
La tormenta i~nente había puesto un velo gris a todas las casas.
Ruben se sen;-ia. en el an~ep~l,co de la tormenta. Una cortina venía a gua
cerles en pleno día en la _hab_1!ac1on en qu~ estaban. Eso daba un aire peca.mio
so y reservado a 1~ hab1tac1on y se sentia.n como en cierta clandestinidad q
les preparaba la Illlsm&amp; Naturaleza.
-Ya tiene que ~er .. _. Ya no pu~de oler más... Ya huele toda la tierra.
Ya huelen todos los ¡ardines del Uruverso--&lt;iijo Ruben.
-Tengo núedo-le dijo ella.
-Ven al s_ofá con~igo- le ~ndicó Rub~n-. Veremos desde ahí la tormen
y como estaras muy Junto a rm, no tendras miedo ...
S;ntados fi:ente al, balcón, en el fondo de la S'lla, parecían asistir a un
pectac~o de ,cmematografo .. . a la verdadera película titulada "La tor,menta
Se sent1an mas en el fondo de su casa que nunca.
-Yo ~uel,o todos los aromas de El Pardo y de las Rozas, y hasta de 1
Navas-di¡o el.
Parecía. que la _tormenta, la lluvia, aguantaba con verdadera delicade
para que todos pudiesen llegar a su casa. antes de que comenzase su chaparr
C~mo un buche de agua ~ontenido en la boca, como un estornudo difícil
ev:ita.r, In. to_rmenta contema. las grandes bolsas de agua que hinchaban los
rrillos del ?1elo. f\.lgunos ~~1stales de los balcones brillaban como nácares1
otros se ve1a su rmperfecc1on de color de pescado.

-Vamos a asomarnos un rato ... Todavía no estalla-dijo Ruben, y codola por la cintura, sacó a Elvira al balcón.
Los automóviles amarillos pasaban muy tristes. ¡Los caballos blancos resuln muy bhncos y desnu&lt;los bajo la. tormenta!
Los simones estaban contentos, porque ellos tienen tritones flacos para
lt. tormenta.
Las pieft.ras de la calle, los morrillos con cabeza roma, abrían la boca como

os.
Se despertaban todos los apetitos y todas las ansias ... Las aceras estaban seestallantes, como labios secos. Era el momento álgido en que hasta crece

el brocal de los pozos en un deseo de acuciarse en el seno de la tormenta, y es
el momento en que los árboles crecen más.

Deslucía el concentrado olor de las acacias el que surgía entremedias de él,

el desolado u ¡ay! de las alcantarillas.
A lo lejos, por los campos de los descampados que se veían desde el balcón de la casa, las tierras tom.1ban 1 antes de que se derramase la tormenta,
11

un tinte de campo mojado. Es que las investía el recuerdo de pasa.das lluYias,

y antes de que les llegase el agua les llegaba el recuerdo.
Había. un piar de pájaros llenos de ternura baio la tormenta. En los ale-

ros, en sus altos portales/ se ponían tiernos como las personas y no podían más.
Cuando ya estaban bajo el alero es que la tormenta iba a estallar por fin. Los
pájaros son los únicos que saben cuándo pueden cruzar aun por el cielo y cru1&amp;r de tejado a tejado buscando el soportal de una teja.
Parecía que la inquietud del campo se había calmado. Ya estaba seguro.
En el horizonte, las nubes se desmadejaban en fantásticos flecos de un fantástico mantón.
Las que están sobre la calle se contienen aun un último minuto y miran
:e lo que van a caer. En el centro de su negrura, en lo más alto hay un clal'Or que es como In. linterna de la tormenta.
'
Es todo como un:i niña que va a llorar.
Y los lagrimones de la tormenta comienzan a caer en un preámbulo de silencio. Toda la calle se llena de perras gordas, como si las tirase a porradas el
)l&amp;drino de un bautizo.
-Ya chispea ... Vámonos dentro-dijo Elvira..
-¡Qué va a chispear!. .. Viene el diluvio-dijo Ruben.
Ha sonado el primer trueno, que es como la entrada. en agujas del tren de
la tormenta, el paso sobre la primera plataforma móvil.
Y suena el segundo trueno, que si no tuviésemos otra prueba de que el
eielo está deshabitado, sólo con oir su fracaso nos podríamos convencer.
-Suena el trueno a cielos deshabitados, a espacios sin nadie.
¡Por fin!. ..
Ruben y Elvira se metieron dentro y se.. acurrucaron sobre el sofá abrazados con arrebato. La habitación estaba. obscurísima, con una obscuridad mate
~ fin de mundo. Se sabía más que nunca, bajo esa. obscuridad, que eran de la
eiudad en que se muere. Todo estaba dentro del gran borrón de la tormenta.
Las nubes, amonto~adas, forma~an una espesa. y sucia claraboya, de esas sobre
las que toda la vecmdad ha verbdo el pal vo y las telarañas.
-Nadi~ nos ve-susurró él a:l oído de Elvira, mientras la besaba en la boca.
Les pellizcaba, les excitaba la electricidad, les acab:iba de lanzar.
To_do estaba entenebrecido y parecía que el mundo se había derrumbado
en un rincón de las ruinas del mundo.

Y,•

�1

ou·1or de cabe"Q

Ruben estaba desesperado, cotno si en la tierra que se hundía, que se
gaba, y de la que salían grandes tufaradM de perfume, se fuese ª ir sin
neuralgias y jaqueras des.apArecen-en cinco mibar el fruto apetecido. En su despertar, en el día álgido de esa dentición
LU, nulos con la HEMICRANINA del Dr. Calma, que es la entrada en la adol~scencia, se encontraba so~o con ~ m:'J----------~--;;d:;:e;:l•;;o:;_..;3;:,.:P~E,;;;S~E;;,,T:,A::,;;;S:;,-..:;P;:íd~•:;:s:,:e:.,:e;:":.,:f;:•_:,rm:::;:a:;_ci:_:a~•·
pequeña1 juvenil, un poco infantil, pero femenina co11;10 la pnmera mu]er. ¿
ese AE\',Ítc
• ·o'dolho,od•!
edad tenclria Eva en el día inicial? Esto no lo especiiican los sagraAos
'18ftCl0ft-.S;i los vasos capilares no funcionan
res, pero debía tener muy temprana edad, y la serpiente, que tenía una :i
- 01en, el cabello se seca y se despren•
,
b
d
~e, produciéndose rápidamente la calvicie. Esto se evita es-ciencia antigua, no esperó al segundo día de su pu erta •··
t1mulando el funcionamiento de dichos vfsos, bulbos y glán-

mluaetats

#"

•..• • .. . . . . .. . • ... • . .• • . . . . • . .. . . . • .. . . • ....... , . . .. . . .. . . • ... . . . . . . . •

ELIXIR DENTIFRJCO
Perfuma el aliento.

.... e¿;¡ 'ei filti~~- t~~~-¿ Y.~~~ h. ~z -~íibi~ ·d; d~Pué~. cie· ¡~· io~~nt;~. ~ ..~1-A_

At

-•

dula!ól sebáceas, lo que se logra aplicando el agua La Florde Oro, sin rival para la conservación del cabello.-Se ven-

•_r_a_..._c_a_nn_•_n_,_._º_;;..d_•_·_•_1_ª_'_""_ri_u_m_..._,._._,_d_,_,"_"_e_,_,._•._________

0_
1•_0_•_
1

pertaron sobre ]a vida los dos jóvenes.
Ruben se repuso y dió el ejemplo de presencia de ánimo yendo ha.ci.ai
balcón.
Era, pavoroso el trecho claro. que quedaba en el cielo. Parecía que iba a
recer por allí Dios y a reconvenirles.
.
Aun estaba la tierra embadurnada de tormenta, pero la. obscuridad de a
veía ya el cielo., un cielo como un espejo, un cielo en el que la luz estaba
nada.
El telón iba subiendo de nuevo.
La tormenta había sido como un jardinero que sólo necesita media hora
regar los jardines1 y que además es tau rica que parece que va a salir un j i
dín en todas las calles.
Ruben1 despejado por la duch.a de la, torm~nta, tan despej~do como
la tierra por la ducha que devuelve la razon, _veia en su proporc1_6n lo que
baba de hacer. Estaba, oblig•do y arrepentido de haberse obligado. ¡ Oh,
arrebato de la tormenta.!
Miraba las piedras de la calle dibujadas por la· tinta china de la torro
Por la acera1 algunos pobres a los que ha bañado la tormenta., pasaban
tipo de perros que han sido bañados en el estanque.
Había en los charcos burbujas del agua de seltz de la tormenta.
Ruben no quería volver la cabeza, pero sentía a Elvira llorar.
Puesto que lo ha querido, los padres le darán todas las facilidades que ;' ·
gan para su bien a los hijos, y será el que se casó muy joven y tiene mu
hijos y no enseña nunca a su mujer.
·
Lo que sea ya lo será de un modo mediocre y será un fracasado de por vi

MIS
.:", t,1EJQRES1· QUENTOÍS ,
&lt;NOVELAS BREVES&gt;
·:Jt:rteresantfsima serie compuesta de catorce volúmenes,. en Jos cuales están coleccionadas - previa una
escl'tlj}tllósá $elécéióif - las mejores novelas breves
de nuestros más· ilustres escritores contemporaneos:

ZAMAC:OIS

Precio del tomo: 3,50 r,t_s.

Est~s volúmenes están avalorados por un prólogo,
en el cual, los autores arriba mencionados,
declaran que las novelas breves que en el libro se publican, están señaladas oor él-previa una escrupulosa
selección-como las más notables de todas sus obras.
autografo,

PRENSA POPULAR.- Calvo Asensio, 3.- M&lt;i-drid.-Apartado 498

l'fanuel linares Rivas. Condesa de PilldO Ba•
zan. • znmacois. • Emmo
Carrere. • b)pcz de Ha•
ro. • Joaquln Belda. • Or•
testa l'tnnilla. • Colombi•
ne. • Cristóbal de castro. • fraliCiSCO VillaeS•
pesa. • VaréilS VIJa. • RtPide. ,.. t.arcla Sanclliz.

�Treinta y un aAos de éxito crecienJe.

HIPOFOSFITOS SALUD
Rogamos a nuestro, corresponsales
y suscriptores que nos remitan la correspondencia en IB siguiente forma:

~

A----

Pll&amp;NSA POPULAR
llAllllll&gt;

BIINlfil E_MIB;;NW
ffeno'ltad vuestro mé.todo de elección cuando tratéis de"adquirir' un específico

que combata vuestros trastorno• digestivos. Uecidid antts si queréis hallar
un medicamento que ca me all:!,unas de vuestrasmole...t.ias o ansiáis curar rnt•
grament• vuestra enfermedad de un modo rápido y perm;,inente, par,:1. así hbra-

ros dt los horribles pelif,?"NS a que os expone la cronicidad de vuestro mal. SI
trat•ts sólo de calmar vuei,tra dolencia, podéis hacer uso indistintamente de los
-elixires. digestivos tónicos, pastiJ!-;¡s, comprimidos, polvos, bicarbonatos, mAgnesias, etc., y seréis eternos esclavos de sus nocivos us.,s y de vuestra enfermedad. SI con m•Jor criterio Queréis vencer prontamente y para siempre
vuestros males deestc,mago, hlgado, l1ttestlno-s, como son hlperclorhl.
drla, pirosis (acedias), v6rnltos, estreililrnlento, diarreas, úlcera y dof e r de est6mago, dispepsias, etc. vuestr.t elección ha de ser forzosamente el

l
1

NEUIRAt:111 ESPANll
que es completamente dístínto de todo:, los demás prod11ctos de análoga aplica·
ción y el único lnof•n!llvo qúe n 1 contiene bismutos, bicarbonatos, magnesia ■, purgante•• Morfina, cocalna. beuadona ni calmaRt• alguno, y
del qui:' un frasco de 10.pesetas (OC() gr1:1mos), frecuentemente, o dos frascos, cat:.i
siempre, determinan una m,mwillosa curación. aun en los casos anti'(uos y desesperados, con efectos permanentemente curativos, comprobados por
eminentes médicos Que ral1fican al NEUTflACIDO ESPA O ... de triunfo in~
comparáble de la ciencia nacional.
Concesionario exc:lusiv -; JOSE MARIN GALAN.-Arlona 4. Sevilla.

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                  <text>La Novela Corta, fundada por José de Urquía y cuyo primer número apareció en 1916, terminaría por convertirse, al menos en la opinión de Labrador Ben y Sánchez Álvarez-Insúa, en la más importante1 de las diversas colecciones literarias que proliferaron en España en las primeras décadas del siglo XX. Cesó en 1925.</text>
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                <text>La Novela Corta, fundada por José de Urquía y cuyo primer número apareció en 1916, terminaría por convertirse, al menos en la opinión de Labrador Ben y Sánchez Álvarez-Insúa, en la más importante1 de las diversas colecciones literarias que proliferaron en España en las primeras décadas del siglo XX. Cesó en 1925.</text>
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                <text>Gómez de la Serna, Ramón, 1888-1963, Colaborador</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>La casa de troya</name>
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                    <text>�Une grande intelligence inappliquée : tel m'apparaît
d'abord Paul Valéry. Et nulle intention n'est en moi de le
diminuer par cette définition. Car aussitôt j'ajoute que si
cette intelligence eût trouvé à quoi s'attacher, nous perdions un des poètes les plus rares, les plus inattendus de
notre littérature.
Il a fallu que les idées, dans un cerveau, par miracle, se
maintinssent pures de tout objet pour que devînt enfin possible ce monstre: un poète idéologue, un chantre de l'entendement:
Quoi 1 c'est vous, mal déridées!
Que files-vous, cefle nuit,
Maîtresses de l'âme, Idées
Courtisanes par en1111i ?
- Toujours sages, disent-el/es,
Nos présences immortelles
Jamais n'ont trahi !011 toit!
Nous étions non éloignées,
Mais secrètes araignées
Da11s les ténèbres de toi!•

Tout le monde aujourd'hui est d'accord pour admettre
qu'une vérité, c'est-à-dire une idée en contact avec les
choses et les reproduisant, est inexprimable en poésie, ou
r. Le recueil complet des poèmes écrits par Paul Valéry depuis la
feune Parque vient de paraître aux éditions de la Nouvelle Revue Française sous le titre de Charmes.
2. Aurore, dans Charmes, pp. 7 et 8.

�258

LA l-:OOV_ELLE REVUE FRANÇAISE
•

•
n'y peût pass!r qu'en l'infectant de prosaïsme.
•

•

La poésie
tend de plus en rius ,"1 se différencier du jugement, et
même de la perception (à cause de ce qui y est impliqué
de jugement); elle s'ouvre de plus en plus sur cet abîme
que nous portons en nous, différent à la fois du cœur, des
sens et de l'esprit, et elle se dévoue, avec une docilité
croissante, à en recueillir les incertains murmures. Ainsi
semble-t-il qu'elle exclue de plus en plus sévèrement Je
son sein le lyrisme intellectuel.
Oui, mais Valéry s'est rencontré, doué d'anormales
antennes pour tout ce qui est intelligence en formation, et
conscient de son esprit comme d'autres peuvent l'être de
leurs sentiments, qu'ils voient naître sans savoir encore à
quoi ils s'attacheront. Un œil antérieur lui a été donné
pour ce travail secret des idées quand à peine encore elles
se dégagent des images et s'étirent (&lt; mal déridées ». Il sent
dans toutes ses circonvolutions le grouillement de ces
(( secrètes araignées ».
Et sans attendre qu'elles se soient fait jour, il les
exprime, il trouve les mots qui conviennent à leur informité
spécifique.
Ne seras-lrt pas de joie
Ivre! nvoir de l'ombre isms
Cent mille solei.ls de soie
Sur les é11igmes lrssus ?
R~garde ce que 11011s Jimes
Nous avom sur te.s abîmes
Tendtt 110s fils primitifs
Et pris la nature nue
Dans une trame ténue
De tre111bla11is préporalifs ' .•.
Et en effet c'est toujours à l'état latent et comme embryonnair que le sens habite chacun des poèmes de Valéry;
il e
résent en chaque \·ers; et sans doute, en chaque vers,
le même ; mais justement en aucun plus clair ni plus déve1.

Aurore, p. 8.

59

~ k

u

.......

-~

) 9 :z_ ~.

A-

sommes le siège plutôt que les auteurs.
1.

Eba11rbe d'w1 serptnl, p. 66.

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le,
er
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et
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~e
IS

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lt
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�258

PAUL VALÉRY, POÈTE

n'y t,eù
tend d,
même
de ju
que
sen
cr

2

59

loppé que dans le précédent. Rien de plus curieux que
de suivre, tout le long du Cimetière marin par exemple,
l'espèce d'effort constant que fait l'idée pour soulever
sa dalle et apparaître au lecteur, et l'art souverain avec
lequel le poète la maintient dans ses bandelettes et
jusqu'au bout larvaire. Elle est, cette idée, d'aspiration tout
au moins, extrêmement abstraite et générale; on la sent
d'essence quasi-mathématique; c'est sans doute une pensée
sur !'Eternité et sur son contraste avec le Devenir; mais
jusqu'au bout elle refuse la clarté et la vérité auxquelles
elle semble vouée pour émettre des effluves strictement
poétiques et toute cette série d'images denses et radieuses
qui font dans notre esprit comme:

SI

Cent mille soleils de soie.
En décrivant ainsi !'Intelligence sous son -aspect purement virtuel, Valéry évite le danger d'ébranler en nous la
réflexion, de nous donner à penser et de dissiper par là
notre attention sensible, qui est toute celle dont a besoin
la poésie. Il conserve à celle-ci son caractère de création
pure, de traduction de l'immédiat, d'inexplication. Il se
donne le luxe d'être le poète des Idées et de ne pourtant
jamais nous caresser qu'awc de ]'ineffable :

Tétais présent comme une odeur,
Comme l'anime d'une idée,
Dont , c puisse être ilucidic
L'insidieme profondeur.•
J.;~

De trenio,..,_
Et en effet c'est toujours à l'état lat~
ryonnair que le sens habite chacun des poeii,.._
aléry ;
il e
résent en chaque vers; et sans doute, en chaque vers,
le même; mais justement en aucun plus dair ni plus déve-

Valéry traite l'intelligence comme d•autres autour de lui
l'Inconscienr ; il y voit avant tout une source qu'il faut
regarder bouillonner; elle ne lui apparaît que comme un
cas particulier de cette obscure fomentation dont nous
sommes le siège plutôt que les auteurs.

r. Aurore, p. 8.
1.

Ebauche d'un serpent, p. 66.

�260

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ce n'est pas sans raison que les Dadas l'ont un insta1Jt
considéré comme un de leurs maîtres, ni que lui-même
s'est senti pris d'une si vive curiosité pour leurs efforts.
Valéry est profondément de notre temps et participe de
cet &lt;c esprit nouveau» qu'André Breton est si anxieux de
voir enfin défini, par son respect du hasard, de la chance
verbale, mais surtout de la chance intellectuelle. Tout son
travail (lui-même ne cache pas combien il peine sur sa
page) ne tend qu'à la provoquer. C'est en définitive d'un
spasme de son esprit, longuement à l'avance chatouillé,
qu'il attend le succès, qu'il attend même simplement la suite
de ce qu'il vient de dire.
L'inspiration pour lui n'est pas ce long souffle logique
par quoi les anciens poètes se laissaient interminablement
enchanter. Sa méditation est explosive. De sa contention il
ne sait absolument pas ce qui va naître; il ne veut pas le
savoir, pour mieux le dire :
Elle s'écoute qui tremble
Et parfois 111a levre semble
Son frémissement saisir 1 •
Aux dadaïstes, tenants de la plus rapide sténographie,
Valéry s'apparente, d'une manière paradoxale, par sa patience, qui est, en effet, d'abord, elle aussi, un hommage
à !'Inconscient. (Et ainsi il nous aide à reconnaître la
filiation, à première vue un peu cachée, du dadaïsme à
Mallarmé.)
L'attente de ce qui viendra existe chez Valéry comme
chez les Dadas : elle est seulement plus longue. Elle
s'accompagne peut-être aussi d'une foi moins aveugle dans
l'immanquable qualité de ces présents du hasard.

*

* *
Et même d'une certaine révolte.
1.

Aurore, p. 9.

PAUL VALÉRY, POÈTE

261

Nous touchons ici à ce qui fait la véritable originalité de
Valéry; après l'avoir vu plongé dans son temps, nous
découvrons par où il s'y oppose, ou tâche tout au moins
d'en éluder la coutume ; ainsi gagne-t-il ce peu d'exil
parmi les siens, qui est le signe de la vraie grandeur.
(Et ce ne peut pas être non plus sans rais6ns qu'après
l'avoir révéré, les Dadas se sont légèrement détournés de
lui.)
Je ne puis m'empêcher de voir dans la Py1hie une véritable confession personnelle :
Oh! maudite ! ... quels maux je souffre I
Toute ma 11alttre est ,m gouffre I
Hélas I Entr'ouverte aux esprits,
I'ai perdu mon propre mystère / ...
Une Intelligence adultère
Exerce 1m corps qu'elle a compris. 1
-

Il y aurait quelque puérilité à se représenter Yaléry
comme à la lettre « exercé » par un démon vraiment
étranger à lui-même, vraiment &lt;c adultère », et comme
désespéré par cette &lt;c possession ». Pourtant cette bouche
intérieure dont souffre la Pythie et qu'il s'applique lui
aussi à lajsser parler au fond de son esprit, pas plus que
la Pythie il n'en accepte avec une entière soumission les
oracles. Elle n'est en lui qu'
Une boucbe qui veut se mordre
Et se reprendre ses aveux. 2
Un besoin d'ordre, d'harmonie, de composition le travaille qui l'empêche de se complaire dans une indistincte
et fortuite vaticination.
Un besoin de personnalité surtout. Il sent bien le dilemne terrible qui se pose de plus en plus impérativement
1. I.A. Pythie, p. 38. L'expression u entr'ouverte aux esprits » se
retrouve dans Ebauche d'u11 serpe11t, p. 65, ligne 5.
:. I.A. Pythie, p. 39.

�262

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

PAUL VALERY, POÉTE

au po te moderne: ou se faire la voie par où viendront à

Que Ioule /empile parente

la lumière, intacts, prédominams, les monstres de l'Inconscient et perdre ainsi toute forme et toute réalité personnelles, ou s'attacher à sa propre différence, à son moi,
et risquer la pauvreté, la maigreur, l'éloquence, tout ce
dont la poésie ne veut plus. Tout en luttant contre ce
second péril, Valéry, comme la Pytbie, pourtant répugne
à voir « toute sa nature » devenir &lt;c un gouffre ». An
moment même où il &lt;&lt; s'eutr'ouvre au.x esprits » et où
il provoque à s'exprimer cette « Intelligence adultère i&gt;
dont il est habité, il craint de « perdre son propre mystère ». Comme la Pythie de son beau corps uni et constant, une nostalgie le prend de son intégrité spirituelle r.
Avec la Pythie, volontiers, il se lamenterait sur l'invasion
qu'il subit :
·

D'une confuse profo11deur ! '

Le temple se change dans l'autre

Et l'ouragan des songes e11Lre
Au même ciel qui fut si beau. •

Il résiste, il cherche à se reconstruire. Avec la Pythie encore, il prie la cc Puissance créatrice » :
Suis clémente, sois sans oracles /
Et de les merveilleusa mains,
Change en caresses les miracles,
Retie11S les présents surhumains I
C'est e,i vain q11e tu com1111111iq11es
A 110s faibles liges, d'uniques
Com111olio11s de lti splendrnr !
L'eau tranquille est plus lra11sparl!llle
1. Ailleurs il se voit comme les grenades éclatées sous la pression
de leurs grains :
Cette liu11illeuse rupture
Fait rc"ver une dme que / eus
Da s,1 s~crète arcbitecture.
(us Grmades, pp. 24-25 .)
2. La Pytbie, p. 42.

Reste à savoir comment il reprendra sa « tranquillité »
et sa « transparence », comment il corrigera en lui les
soubresauts de !'Esprit. Il lui faut à tout prix trouver
un instrument de régulation, une cadence extérieure à
lui-même, à quoi il puisse conformer ses délires.
C'est le langage qui va la lui fournir :

Honneur des hommes, SAINT LANGAGE,
Discours prophétique èt paré,
Belles chaines en q11i s'engage
Le dieu dans la chair égaré,
Illumination, largesse 1
Voici parler une Sagesse 2 ...
Avec un peu de mysticisme, Valéry considère le langage
comme doué de propriétés intrinsèques et qui peuvent
aussi bien agir sur celui qui l'emploie; il lui reconnaît
une valeur magique.
Et le sens profond de sa poésie nous apparaît enfin ;
elle est, avant tout, pour lui, un moyen de se guérir de
ses hasards.
Tous disions tout à 1 heure qu'elle tâchait de les exprimer, et même qu'elle les attendait pour naître. Oui,
mais c'est avec l'intention de ·les réduire, de les apprivoiser.
On sent en elle quelque chose d'incantatoire :

- Calme, calme, reste calme/
Connais le poids d'un~ palme
Portant sa profusion I i
Valéry, par ses chants, s'invite lui-même à l'oràre et à
I.

2.

La Pytbie, pp. 43-44.
Ibid., p. 47.

3. Palme, p. 76.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'harmonie. Il sait que les mots ont entre eux, dans l'absolu, des affinités secrètes ; non de sens, de forme plutôt,
ou même simplement de démarche :

Salut encore endormies
A vos sourires jtmteaux,
Similitudes amies
Qui brillezparmi les mols I •
Ce sont des ressemblances si subtiles et si injustifiables
que le poète seul est capable de les remarquer ; le sens plus
souvent les voile qu'il ne les révèle.
C'est sur elles pourtant qu'il compte pour s'arracher à
l'arbitraire; il sent bien qu'elles seules, justement, ont avec
le hasard assez de complicité pour pouvoir le séduire et le
ramener enchaîné.

PAUL VALÉRY, POÈTE

chons instinctivement. Le cc temple&gt;&gt; se reconstruit - de
sa personnalité et de la nôtre. Un rythme nous reprend
avec toutes les obligations qu'il comporte. Le « saint langage » nous régénère et nous sauve.
•

cc Charmes » ! Pour bien lire les poèmes de Valéry, il
faut y chercher avant tout des entraves sensibles à la trop
grande liberté de l'esprit; ils ne révèlent toute leur force
que si l'on se décide à se laisser « charmer » par eux dans
ses incertitudes; à qui leur confie sa pensée en dérive ils
apportent les digues les plus suaves qui se puissent rêver :

Patience, patience
Patience dans l'azur I
Chaque atome de silence
Est la chance d'1111 {mit mûr !
Viendra l'heureuse surprise :
Une colombe, la brise,
L'ibranlemmt le plus doux,
Une femme qui s'appuie,
Fero11t tomber celle pluie
Où /'011 se jetle à genoux I '

Il va donc les toucher, il les frappe comme de pacifiantes
cymbales.
Tout le problème pour lui consiste, aidé par la mécanique du vers, à rallier secrètement les mots épars, à
réYéler leur latente parenté, à les engager dans une sorte
de conspiration harmonique et à rétablir ainsi dans son
intelligence un substitut de l'onlre et de la nécessité dont
sa vacance la prive. Les cc belles chaînes» des mots viennent remplacer l'enchaînement du réel ; elles empêchent
les idées de se débander; les vers courent après elles et,
comme avec de confuses mains, les appréhendent, les
retiennent, les apparient.
Brandissant son poème, Valéry veut:

Que celle plus pâle des lampes
Saisisse de marbre la nuit•.

Et en effet, au sein de la nuit mentale, de pures cc colonnes » s'élèvent peu à peu et « chantent »; une régularité se déclare, à laquelle, avec le poète, nous nous attaI. Aurore, p.
2. lA Pythie,

7.
p. 40.

**

Qui ne se sentirait réduit et déterminé dans sa plus
secrète contingence intellectuelle par une si parfaite, par
une si liante strophe ?
Le grand mystère d'une telle poésie est qu'elle parle
à peine aux yeux, caresse sans doute l'ouïe, mais cherche
surtout l'intelligence comme un sens à émouvoir, et l'atteint; c'est sur l'intelligence que portent presque sans
aucun intermédiaire ses attouchements; elle agit sur elle à
la façon d'un magnétiseur.
Valéry retrouve, sans les imiter le moins du monde
systématiquement, le secret qu'avaient les classiques de
1.

Palme, p. 79.

.

.

�266

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

forcer au parfum les mots abstraits; rien que pat la façon
dont il, le.s amène.~ans le vers et comme s'il fléchissait pour
nous la branche _qui ies porte.
Par moments nous nous sentons vraiment comme la
Jeune Parque :

PAUL VALÉll.Y, POETE

portés tous à la fois dans notre esprit ; un paralléljsme les
gagne, une sorte de symétrie; nous ne passons plus des uns
aux autres? ils ne se joignent que par la racine e~ elle est
ailleurs qu'en nous.
Voici mes vignes ombreuses,
LM berceaux de mes hasards ! 1

... la narine jointe au vent de l'oranger.

Le délice est si fort que toute autre exigence en nous se
tait pour un instant ..
Et pour exprimer encore d'une autre façon le charme
comme physique qije peuvent exer&lt;:er certaips de ~es vers,
ils sont, dirai-je, par leur allure p,rudente et divine, par les
« pas admirables p, qu'ils font en nous, par leur' pureté, par
leur grâce, par le~r silence, comme de belles nymphes qu'il
faut faire appel à toute sa sagesse pour ne pas poursuivre
et enlacer.
Pourtant une impression côtoie, si j'ose dire, notre
enivrement: l'impression que nous ne sommes ici que des
invitès. Nous participons aux voluptés, à la tranqµillisation
que s'offre le poète, mais nous n'y baignons p;:is; elles n'ont
pas été préparées pour nous et par instants peut- être nous
en apercevons-nous à une hésitation de notre plaisir.
Dans tout usage curatif, c'est-à-dire égoïste, que fait un
écrivain du langage ou de la poésie, il y a un danger. Les
mots ne peuvent être à 1a fois tournés ve.rs celui qui les
suscite et vers celui qui les reçoit, vers le poète et vers le
lecteur ; s'ils servent a~ premier déjà à se guérir, ils serviront un peu moins à .•ravir le second. S'ils font au premier
une galerie d'images modérauic,es et l'environnent de douces
remontrances, ils induirçmt moins facilement le second en
extase .
. Peut-être Valéry, comme M. Teste, se pa.rle-t-il, p.arfois, •
un peu trop uniquement à lui-même. On le sent, à
certai~s , mo19ents, qui s'adresse ses v~rs 11our son exclusif
apaisement ; il ne -s'ensuit pas d'obscurité véritable ; mais
ce quelque éhose cesse entre eux par quoi ils seraient

L'art - inégalable d'ailleurs - de Valéry est de réserver
des empl~cements, de créer pour la pens~e qu.i. va .naître des
berceaux où elle se trouvera abritée, encadrée. Mais comme
il ne la connaît pas à l'avance, ni ses dimensions, ni même
sa forme exacte, il est obligé de lui laisser un certain jeu.
De là, par moments, ces mots abstr.aits qui viennent· se
placer les uns auprès des · autres, sans se préciser mutuellement et comme si chacun voulait garder l'entière et vague
provision de tous ses sens pour faire face à des évenrualîtés
imprévues.
Etre 1. . . Universelle oreille !
Tçute l' â,me.s'appareille
A l'extrême dij défir 2 -~ •
De là aussi ces vocatifs continuels, si souvent délicieux,
r_nais qui ne sont qu'un appel que l'esprit lance à.son ,Propre
futur encore indeviné.
En d'autres termes, le hasard, chez· Valéry, ne me paraît
pas toujours assez exactement conjuré. La dépense inouïe
que fait le poète, d'intuition verbale, la finesse incomparable
avec laquelle il palpe, ausculte et choisit les mots selon
leurs vertus les plus secrètes, n'arrivent pas toujours à
remplacer cette élection naturelle qui se ferait entre eux
s'il les employait à traduire quelque sentiment. Pour
• mieux débrouiller certaines équivalences, il aurait besoin
parfois d'être affecté plus fortement. Les « ébranlements i&gt;
qu'il ,subit sont souvennrop cc doux )&gt;, trop indistincts.
1.

2.

A urore, p. 9.
Ibid, p. 9.

�268

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Heureusement la sensualité veille en lui, sèche, nette,
ardente et qui sait, elle, à merveille, ce qu'elle veut. Ah !
sitôt qu'on la sent s'émouvoir en lui, quelle joie ! Comme
immédiatement les mots se groupent, s'ajustent, s'entr'aident ! Comme ils vont vite et légèrement au but !
Comme leur sens revit et s'aiguise ! Comme leur dard
reparaît !

/ai grand be.soin d'un prompt to_urment:
Un mal vif et bien terminé
Vaut mieux qu'un supplice dormant!

269

PAUL VALÉRY, POÈTE

Mais à peine abattu. sur le sépulcbre bas,
Dont la close étendue aux cendres me convie,
Cette morte apparente en qui revient la vie,
Frémit, rouvre les yeux, -m'illtm-iine et me mord,
Et m'arrache toujours une nouvelle mort
Plus précieuse que la vie.
JACQUES RIYIÈRE

-

Soit donc mon sens illuminé
Par cette infime alerte d'or
Sans qui l'Amour meurt Oil s'endort! '

Toute l'âme, en effet, du poète s'anime à la suite de cette
piqûre physique ; elle s'ordonne, sans aucun secours extérieur cette fois ; elle ne se demande plus où aller; elle
devient urgente comme le corps lui-même qui l'entraîne.
Et du même coup on voit se dessiner dans le poème un
mouvement continu ; le désir lui communique sa douce
perpétuité : et nous retrouvons cette sensation de progrès
et d'instance, sans laquelle il n'est peut-être pas de véritable poésie.
Comment m'empêcherais-je de recopier ici, à titre d'exemple et en guise de conclusion, cette délicieuse Fausse Morte, 2
qui me paraît bien être, en définitive, le chef-d'œuvre du
recueil:
Humblement, tendrement, sur le tombeau charmant,
Sur l'insensible monument,
Que d'ombres, d'abandons, et d'amour prodiguée,
Forme ta grâce fatiguée,
Je meurs, je meurs mr toi, je tombe et je m'abats,
I.

2.

L'Abeille, p.
p. 24.

2.

,

�271

JPHIGÊNIE

**•

IPHIGENIE

Ce jeune Yankee décoratir qui regarde le Texas avec
des yeux de relativisme, vois, Einstein, comme il est
mince, et fragile, sur une route, en Amérique. Il a sur
le front une couronne de véritable pâleur, . et il porte
dans ses mains des lis inutiles à ce récit. Son étroite
moustache blonde correspond à ses sentiments . Son
veston sort de la maison Meldrun et Hill, d'Austin. Il a des
yeux d'élégie, et d'adorables joues roses destinées à quelque
collection. Vraiment, il est beau comme Iphigénie.
Parfois, il mord une tige de roseau coupée dans les pages
de quelque pastorale. Er parfois il se ronge les ongles
comme un petit garçon sale. Puis, il ôte son lorgnon
cerclé d'or, le casse, et le jette dans la prairie de pissenlits. Maintenant, il tire de son gousset en drap austral une
grosse montre civilisée, avec deux aiguilles polaires dont
l'une avance et dont l'autre recule, à cause du détraquement de son cœur.
Des hommes glabres, tous les cent ans, l'amènent là,
au carrefour des rites. C'est la coutume prescrite par les
vieillards. Les Cavaliers Rouges viendront en prendre livraison, et le conduiront au Pays Rouge. Justement les voici.
lis sont quatre, montés sur des chevaux nus. Ils arrivent
directement des quatre points cardinaux. Je crois que ce
serait le moment de les peindre, malgré le crépuscule. Mais
je n'ai pas de pinceau sous la main. Et puis je m'inquiète
plutôt du jeune Yankee. Il ne bouge pas. Ah! je comprends : il est enchaîné, par ses bottines vernies, à la Pierre
des sacrifices.

Les Cavaliers Rouges mettent pied à terre avec un
ensemble cinématographique. Le plus jeune se découvre le
sein, d'où coule un lait noir, et allaite un enfant qui vient
de naître sous ma plume. Serait-ce donc un symbole? Je ne
crois pas. Les critiques avisés affirment professionnellement
que 1e symbolisme est mort. A vous, Henri de Régnier !
Au food, c'est le Grand Barbu qui a le meilleur rôle. Il
s'approche d'Iphigénie, le baise sur la couture du pantalon,
et délace ses jolies bottines. Bravo ! Iphigénie est libre 1
Puis il l'emporte dans ses bras, et le couche en traYers de
sa selle. Les quatre Cavaliers remontent à cheval. Ils galopent toute la nuit, à travers la Prairie. Parfois, un loup
passe dans le sentier maléfique, maigre, et les oreiUes
pleines d'étoiles. Ou bien, dans quelque hacienda, un coq
poitrinaire chante la mort. Au loin flambe quelque grand
feu de pâtres, d'ailleurs dépourvus de la moindre astronomie. - Et Iphigénie ? Iphigénie dort. Je vous parlerai
de lui tout à l'heure. Pour l'instant, les Cavaliers Rouges
traversent une ville; ce doit être San-Antonio. Je ne l'ai
jamais vue ; mais je vais la décrire tout de même. Elle est
blanche et grasse comme une misstress. Elle a ôté son
square en forme de bague, et l'a posé sur un guéridon; elle
a remisé la Colonne de !'Indépendance dans un étui de
laque fourré de soie; elle a ouvert sa Grancfe Avenue
comme une. Bible, fait sa toilette près du Temple, souffié
dix mille bougies, et s'est endormie sur l'épaule du Palais
de !'Exposition. Rien ne saurait l'éveiller, ni le grincement
de ma plume, ni le passage de quatre Cavaliers Rouges.
Ils galopent maintenant sur la route du Mexique. Ne me
demande pas, ami lecteur, où ils vont. J'en serais réduit
à te tirer les oreilles, ou à interroger Iphigénie. Il dort
toujours. Ce jeune Yankee a certainement lu les œuvres
complètes de l'abbé Delille. Soudain, le Grand Barbu
regarde l'heure à la montre australe, et me tend une tran-

�272

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sition. Iphigénie laisse pendre ses jambes nues dans l'atmosphère. Il rêYe à la Grande Ourse et au général Washington ..
Pendant ce temps, le Grand Barbu lui déboutonne le pantalon, l'enlève, et le jette dans le firmanent. Il lui ôte le
veston, et en affuble le torse d'un singe malade surgi à point
au bout de ma phrase. li défait le faux-col immaculé, la
cravate à pois, et met le tout dans sa poche. Il ne reste
plus qu'à délacer la chemise. Et voici Iphigénie tout nu.
J'ai beau me voiler la face, le Grand Barbu pousse un cri
d'amour, les chevaux hennissent, le soleil se lève, les
Peaux-Rouges surgissent de toutes parts, et la cavalcade
s'arrête sur les bords du Rio Grande del Norte ...

*

**
Nous voici, me dis-tu, en pleine imagination. Non point!
Mon imagination à moi est un escargot gras qui adhère à
la réalité avec son mol ventre. Il se balade sur le monde ,
sur les oreilles des femmes, et sur les tableaux de maîtres,
et tâte la substance des choses aYec ses deux cornes flasques.
Critique, ô crétin, qui considères un Rembrandt ou un
Maurice Denis du haut de deux grosses lunettes, à la distance réglementaire de huit pas, sache que nul ne saurait
comprendre un tableau, s'il n'a passé sept fois sa langue
sur la peinture sèche et âcre, s'il n'a sept fois écouté, l'oreille
contre la toile, le bruit tricentenaire de la brosse. Tu dis ,
homme à 'une dimension, que le soleil brille. Mais l'imagination de mon escargot sait que, à neuf heures, sur un
talus du Texas, il a le goût ferme d'une de ces prunes
violettes mûries par vent du Nord; que, à quinze heures,
sur Chandernagor, il parfume d'œillet pourri l'âme avariée
des congaïs; et que, à minuit, par la ligue des Antipodes,
il me communique à travers le globe son essence souterraine d'orchidée. - Mon imagination est encore une
douairière japonaise à monocle shelleyen ... Mon imagination est aussi un grattoir de rengaines et de parchemins ...
etc ... etc ... Nous l'avons laissée sur les bords du Rio Grande

2 73

IPHIGENIE

del Norte. Elle y est encore, en compagnie des PeauxRouges. Un Peau-Rouge est un personnage ovale,
superflu et éloquent, au teint bistré, aux mœurs cossues,
avec de grosses épingles dans la cravate et des plumes sur
la cervelle, et muni selon les longitudes d'accessoires
aquatiques, de poil, et d'un cheval. On peut citer parmi
les Peaux-Rouges : les Andalous, les Cubains et les Iroquois. Mes Peaux-Rouges, par hasard, sont rouges! Tant
mieux ! Le paysage même est rouge : de ces grosses montagnes artificielles enveloppées dans du papier mâché. Le
Rio est plutôt un torrent; et Chateaubriand ne l'a jamais
vu. - Et Iphigénie? Iphigénie se tient debout, regardant
une vieille peau-rouge qui lit Pétrone dans le texte. Il est
nu, et il tâche de cacher sa nudité avec ses cheveux, qui lui
descendent jusques aux tempes. Je ne vois pas ses mains; et
il me paraît sensiblement moins décoratif qu'au premier
acte. Voici qu'un vieillard à face noire lui passe un manuscrit peau-rouge. Mais Iphigénie ne connaît que l'anglais.
Alors, un autre vieillard, vêtu de laine blanche, s'approche,
et l'interpelle : « Tu es beau, jeune Yankee! Ta chair est
rose comme celle des pastèques, et ton nombril est aussi
blanc qu'une manchette de celluloïd. Je prie le Dieu PeauRouge qu'il t'agrée avec ta poitrine, tes joues, et tes jambes.
Et je te sacrifie selon les rites pour l'aocomplissement des
destins! »
Ayant prononcé ces gra~des et fortes paroles, le vieillard
se tait. Un personnage inédit apporte, sur un plateau de
cuir, la vieille hache à quatre tranchants. Des torches de
caoutchouc s'allument çà et là. Une fumée liturgique
monte dans le ciel peau-rouge. Deux jeunes vierges couchent Iphigénie sur la grande Pierre Plate, enduite de cire
et de graisse de porc. Et un enfant impubère, saisissant la
hache dans ses mains potelées, fait d'un seul coup tomber
la tête d'Iphigénie.
Priez pour lui !
JOSEPH DELTEIL

18

�TERRE

2 75

Terre, tit n'es qu'une aventure conjugale;
Courbe, tu chéris trop tes faciles rondeurs,
Ton vieux cadran qui rabdche les vingt-quatre heures,
Et tes géographies affichées au collège,
Des bosses-de Î' Afrique aux criqim de Norvège,

:-J'ERRE

Tes continents à qz# tu infliges desformes
Et qui doivent dompter leurs inclinations,
-

Pauvres ailes des mers, écumeux goê'lands,

Qui veulent vaine111,ent pr,olonger le riva,.g".
Sphère loutde ou cdnspire 1i"n croissanf ëîinetib-e,
Triste de fous les dieux frigides qu'on déterre.
Le net brisé, sous le soleil-d'or incassable,

'Pourras-tu lotz.guement

te

-hisser à la tablé

Des planétes avec tes villes amarrées,
·Tes fieuve5, ta vapeu· 'de, lii,né, tes maries,
Ta. ceinture en, plei'nvol de n11es'et colibrù,
, D'mnbres peinant ,1/ers les con-eaves, par-adis,

Vieill'e: bâle voilant' à moitié ton visage
Parmi la nuit, pour profiter- de l'éclairage,

Attendrons-nous longtemps sous ,le tJUJbile ciel
' Un sort que nous savons terreux et solennel ?

Serons-nous tes courtois cadavres }Ufqu'à l'os,
Eunl!ljµes des cin.q sens ~t des qt1,afre .saisons?
Ah ! prends -garde a'l'humeur ri.es bommes élastiques,
Aux comploJs retaraés de ces futr}eurs de pipes,

Las de tap.es@tewr, de Jts obje,ctio.n_s,
A notre envol un long jour de migration

Et laissant au vent vif qui cherche une patrie,

Vers l' Oct.an. dtt ciel aux claires colorfies,
Pour refaire let toit 1de ms rm,élaneolies

Une odeu,r de ftttigue et de èoquétteriè ?

Avec la paille fraîche des constellatio_ns-!

1

Aurons-nous du tonnerre encore dans rnflle ans
Sous un ciel qui feindra tou,jours l'étonnemèn.t,
Ila foiwire, les écîairs, réala1ne lu,mz'nextse,
Et lti petite neige antique et gracieuse
Qui fait toujours les mêmes mines en tombant
Depuis bien avant Homère, depuis ,Satan,
La pluie et, les beaux fours, l'aube primordiale ?

JUL_ES SUPERVIELLE

�FRAGMENTS

FRAGMENTS D'UN JOURNAL
DE GUERRE

FRITZ VON UNRUH
Les lignes que l'on va lire sont extraites du journal de guerre,
encore inédit de Fritz von Unrub. L'on s'accorde généralement,
en Allemagn;, pour voir dans cet écrivain un des plus importants que la guerre ait révélés.
é à Coblence en 1885, il entra très jeune dans l'armée, et
fit la campagne dans l'entourage immédiat d~ Kronprinz . La
guerre aura été un événement capital _dans la vie d_e_ Unruh, un
de ces instants qui marquent et onentent défimt1vement un
caractère ou une activité. Il a su trouverles accents convenables
pour en parler dignement, et q~oiqu_e se~ _ou".rages soient au~si
peu que possible imprégnés de 1~spnt m1htanste, on a pu dire
de lui à juste titre qu'il est le géme même de la guerre.
Cet officier de carrière sait ce qu'est une armée, ses manœuvres et ses mouvements pesants; il connaît, pour y avoir goûté,
l'exaltation de la victoire et la contagion de la défaite ; il sait
apprécier l'état d'esprit d'une troupe au combat et juger, d'un
seul coup d'œil, le retentissement profond, en chacun des combattants des ordres reçus ou transmis. Mais cette guerre dont
il parle ~n homme de métier et en poète, ( et c'est ce qu_i ren~
son témoignage doublement précieux et émouvant), il sait
dès les premiers jours qu'il ne l'approuve pas: La révol_te
s'enfle portée sur les ailes du plus sombre désespoir, et grandit,
s'élev:nt contre cet état de choses cruel et tyrannique qui le
force à mener une vie si véritablement inhumaine. Les ordres
même qu'on lui donne, il ne peut s'empêcher de songer à leur
incompréhensible inanité, et toute sa conscience se débat aux

n'm,

JOURNAL DE GUERRE

277

prises avec cette époque qui ne sait que se renier et se déchirer
elle-même. Mais ce combat contre la guerre qu'il mène jusqu'au
cœur même de la bataille, ne le conduit jamais à la polémique;
il ne verse pas dans la littérature politique. C'est un poète qui
parle, et c'est avec le lyrisme le plus vigoureux et le plus dépouillé qu'il flétrit les horreurs dont il est, malgré lui, le témoin.
Opferga11g ', son œuvre la plus importante jusqu'à présent,
(avec sa trilogie dramatique Une Race, où passent, par moments, des souilles véritablement Eschyliens) fut interdite par
la censure impériale, et ne put paraître qu'en 1919. Ce roman
avait été écrit dans les tranchées devant Verdun.
Le lyrisme de Unruh, contrairement aux tendances habituelles de la littérature allemande, est simple et nerveux. Les
images naissent, fortement cernées par les mots, et s'expriment
sans défaillance. L'usage d'une phrase souvent extrêmement
elliptique et d'un schématisme voulu, lui permet une violence
et une netteté prodigieuses. C'est que son esprit nourri des
grands classiques, de Shakespeare, et des tragiques grecs,
connaît également les exigences des champs de bataille, où
tout est réduit à l'essentiel, où chaque détail prend toute sa valeur et où chaque instant se révèle riche d'éternité.
Unrub se veut une pensée nettement occidentale. Il ne prêche
pas un -vain pessimisme. TI sait qu' « au détour, déjà le but
commence » et que l'homme est tout entier entre les mains des
dieu .
Son style, qui évoque par certaines tournures la manière
sobre et virile de Tacite ou de César, il ne le met pas au
service des vaines philosophies prophétiques, actuellement en
vogue dans les pays d'Outre-Rhin. Sa sensibilité ne se complaît pas dans les molles séductions d'un irvana agréable et
réconfortant. Il ne fuit pas devant la Vie, mais l'accepte tout
entière, telle quelle, sans honte comme sans vain orgueil,
parce qu'il est un homme, et que c'est à lui d'en justifier les
dons les plus magnifiques ; et devant le carnage et la destruction
universels, il se sent gonflé soudain de la présence consolante
et inexplicable de« deux ou trois choses divines ».

J.
1.

BENOIST-MÉCHIN

Titre malaisément traduisible, et dont le sens approximatif est

« la Marche au Sacrifice ».

�LA NOUVEl.L~ REVUE FRANÇAISE

8 septembre 1914.

Un sous-officier me réveille en me secouant. Je sors,
effaré d'un sommeil pesant. Les naseaux reniflants. de
mon cheval me frôkot le visage.
Qu'y a--t-ü ?
- Patrouille vers Parigny.
Je regarde vers l'aube. Le clau de l'i.me s1 éœnd sur la
dévastation dm Jerni:er jmu d'ass;iut. Doux, laiteux, son
éclat baigne le visage grimaçant de fa mrit. Dans t'air :
plaintes et gémissements de blessés-. L'à:tmosphère tinte
comme du verre cassant. Le vent chasse tontes choses
devant lui~ vers leur dissolution. Devant moi, le ciel
rougit. La main de la guerre s'abat comme fa foudre et
saisit un village dont elle consume les maisons; il n'en
reste bientôt plus que des tisons charbonneux. les Uhlans
de ma patrouille sont en selle. Le froid monte vers moi
du fond des prairies de la Marne. Lointaines et calmes
scintillent les étoiles,. Dieu qu'ai-je à faire avec cette existence qui me chasse touj-0urs plus loin de mon cœur ou
bien ... ou bien ...
Le sous-officier rit : Nons sommes à la veille d'une
grande décision. Nous partons. Les arbres, les charnps sur
notre route, sont blancs de la poussière du jour accablant.
La lune argentée pâlit. Le matin s'avance frissonnant.
Pareille à l'heure qui p.récède le lever du soleil, sur les
sables des déserts d'Egypte, voici s'étendre de toutes parts
la lumière naissante. La lumière, comme la transfiguration
du sang répandu. Un vent lugubre passe dans les crinières
des chevaux. Une truie, dam. un champ de pommes de
terre, grogne et senfuit. Ses oreilles brillent, touchées
par le soleil levant, comme des rubis dans la luzerne. Des
villages. en flammes P"luent l'horizon d.e leurs feux pointus
et métalliques. Hors des décombres· des anciennes ha-bi-

FRAGJ\,i,ENTS o'uN JOURNAL DE GUERRE

2Î9

tations s'élèvent des cheminées. Crayeuses, sans vie, e~ilée~, elles témoignent .des foyers où Jes hommes ve,nai_ep.t
jadis apporter leur pain. Nous parcourons au trot de,s
villes mortes. Voici un petit soulie,r d'enfant, sur un ta~
de boureilles d'eau-de-vie cassées._ D~s nuages déchiqueté.')
passent comme des oiseaul- de nuit devant le disque rouge
et fumeux du soleil. A gauche, dans le petit bois q_ue
nous traversons, siffient des shrapnells, comme QU triom....
phe de démons.
Un soldat, avec un bras blessé,, qu'il tient attaché aP,:dessus de sa têtej nous croise, le. regar/i égaré. Derrière
lui trotte lourde.ment un veau. Des vagues nous appor~
tent par bouffées l'odeur de la décomposition. Nous subis,
sons les choses comme dans un cauchemar. Les façaqes
des maisons s'effondrent autour de. nous comme des fan.
tômes. Des hauts murs s'anéantissent sans laisser de trace_s.
Le feu lèche toutes les pierres. Le feu brûle la ch.arpente
des toits. Le feu brûle dans les ca.v.es. Pourquoi une seule
fl:unme, Dieu Tout-Puiss.a1;1t, _ ne brûle-t-elle pas toute
cette folie qui tient ta terre aux entrailles ? Ou ceci est:.il
déjà le commencement de ton jugement ? Un troupeau
de chèvres se presse et se bouscule à notre approche. Les
bêtes noires, dans les nuages de fumée épa,isse, ressemblent
à des diables. Un poste nous arrêt~, le cheinin est barré.
Nous sauto~s-à terre. et poursuivons notre route à pied.
DeYant moi galope un cheval sans maître, dessellé. Sur
sa robe blanche se mélangent les reflets du ciel bleu, et la
lueu_r des im:endies. Il dresse les oreilles. Je le saisis par
le licol. Une grenade éclate et il se sauYe au galop1
comme un Pégase errant. Les étincelles dansent, volent
autour de lui.
_L'artillerie ~ommence son tjr de préparation. Un pom~me~ resplendit chargé de fruits, intacJ au milieu d'uq
Jardm dévasté. Ses branches s'étendent jusqu'à une église
dont le transept est brûlé, Nous devons enjamber un
cheval bouffi et éventré. Une patte pend, rabattue comme

�280

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un jouet de paRier maché. La tête saigne dans un champ
- de betteraves. De l'autre côté de la rue, une table Louis XV
nünaude lugubrement au milieu de cadavres et d'ustensiles de bivouac éparpillés. Sur elle scintille, de tous ses
feux, un verre à liqueur, comme un diamant. Les rafales
d'artillerie s'enflent et gagnent tout le front. Nous passons
un à un le canal de la Marne sur un pont. Les grenades
le criblent de leurs éclats. Les Français défendent le canal
avec acharnement. Nous entrons dans les ruines fumarttes
de Purigny. Je m'oriente près de· la gare. Mes semelles
deviennent humides. Je regarde à mes pieds et m'aperçois
que je suis dans une mare de sang, auquel· se mélange le
vin rouge qui s'écoule de bouteilles renversées à l'alentour.
Les guichets et les salles de bagages sont détruits. Sur la
\'oie gisent des cadavres. Un d'entre eu:it a la bouche entr'ouverte, d'au s'échappe un filet de sang noir.
Derrière des maisons, des compagnies accroupies s'abritent. Nous nous frayons un chemin à travers des décombres.
Hors d'un tas de fumier, un vieillard me regarde fixement.
A côté de lui la pièce est déchiquetée par les grenades.
Une od(mr d'eau croupie s'exhale du plancher. Une femme
morte gît sur un large lit. Deux petits enfants vivants sur
sa poitrine. Tout à côté, dans un fauteuil roulant, une très
vjeille femme. Le souffie me manque. Mort, mort ; tout
est mort. Deux uhlans arrachent les enfants à la mère déjà
froide et les emmènent. Je les remets au passage à une
ambulance. La vie passe comme l'éclair. A présent j'ai fini
avec la terre et avec le ciel. Les mâchoires grincent contractées. L'artillerie, avec toutes ses munitions de renfort,
n'a pu réduire la batterie française au silence. L'infanterie, ·
la baïonnette au canon, s'élance par vagues et monte à l'assaut. Hourra-hourra-hourra ... et puis, des pelotons sanglants qui crient, houleux.
Un officier s'approche de mo:. : En avant, en avant,
excitez les soldats comme la flamme ou César! C'est maintenant qu'il nou.s faut des hommes qui connaissent la

FRAGMENTS D'UN JOURNAL DE GUERRE

2.Sr

mort et la vie. Qui puissent mourir. - Et nos âmes?
Aujourd'hui, aujourd'hui c'est la décision, c'est le jour
aujomd'hui ! Puis il fuit en avant. Des grenades éclatent.
Des gémissements s'élèvent de chaque motte de terre.
Vous tous des villas et des banlieues, spectateurs, a-vec
délices, de ce théâtre sanglant, la tragédie de Macbeth ne
rassasie~t-elle plus votre soif d'horreurs, dont vou savouriez
les angoisses au fond de vos loges sombres, que vous nous
contraigniez maintenant à ce festin a~ominable ? C'est
vous-même, c'est vous qui ·le payez, et y calculez encore
votre profit. Les grenades éclatent parmi l'Alphabet ! Ce
qui auparavant, avait de la valeur pour vous, nous Ie rejetterons avec dégoût. Les larves doivent parvenir à la lumière
de notre âme. Le jour de la connaissance approche! Oui&gt;
nos ailes couvrent encore la vapeur du sang, que vous ne
l'entendiez pas, que vous ne Ia voyiez pas, - mais les
années viendront où nous ne viderons plus le calice
jusqu'à la lie. Oui; oui... elles viendront sur voùs tous.
Un verrat, devant moi, couvre une truie. Sur son dos
volète un canari échappé. A côté, sur un lit, gît un capitaine français. Pâli, des bas de soie rouge éclairent ses
jambes jusqu'au genou. Un membre, atteint cà et là
.
'
pend à son tronc, noir, décomposé. Mon œil le regarde sans
pourrir. 0 cette image se creuse, s'enfonce en moi. Voici
le chemin du symbole ! Oui! la sainte vie, le bien le plus
précieux de la création, vous avez osé y porter la main !
Dois-je, m'emparant du destin à la manière des Grecs,
dévoiler le sens des augures et prononcer une prophétie ?
Mais à quoi bon ? chaque chose a son temps, et bientôt
s~r ce èham,p de carnage, s'élèvera le hurlement des Erynmes.
Sur un mu.r, à côté d'une jumelle de campagne, détruite,
la tête en plâtre de la Vénus de Milo. Derrière elle les
nuag:es épais des grenades et des shrapnells. J'arrive à l'EtatMajor. Partout une agitation angoissée. Trois cents hommes
de réserve passent. Les esprits devie,nnent nerveux. L'artil-

�LA NOUVELLE . REVUE FRANÇAISE

lerie lourde française se fait plus prbche. Un commandant
se précipite yers le général. cc Le vent tourne. l!a fortune
nous est contraire. &gt;&gt; Les rapports s'entre-croisent. cc Le
.. .e régiment bat en retraite. &gt;&gt;, Le Géaéral: cc Impossible, les
commandants du régiment m'ont juré de tenir le canal
jusqu'au demie:r. » Des officiers sont envoyés aux bagages.
Les grenades françaises nous survolent. Crac, crac. Un
capitaine d'Etat-Major devient pâle, m1b1ie, se trompe}
interroge, se renseigne. Une armoire déchiquetée tombe
du grenier dans la cour. Un pantalon encore au crochet la
suit en voltigeant. Le général avec ses officiers descend
l'escalier, courbé. Les cmridors sont bondés. Un avion
francais. Nos fiowitzers le mitraillent. Des nuages devant
et d~rrière lui. Boum !' c'était dans la , fabrique. Boum !
ceUe-ci dans la cour.
·
Voix : (c Ils, tirent bien les ca&lt;;:hons. Il faut le leur aœorder. L'école dé Napoléon. l&gt;
Le Com:mandant du qùartier-gébéral de l'armée arrive
en auto. Il cbudiote,avec le général.
Voix : c&lt; Les mortiers en avant., - En temps de paix
il faudra· faire plus de grenades que de shrapnells. Les grenades ont un effet plus démoI,alisant. &gt;&gt; , Boum !
Une fumée du diable, et Péglise de Parigny s'effondre
d'elle-même, Tous cherchent un abri. Je marche sur un
zouave tué. M~choire inférieure et gorge sont complètement
arrachées·, de sorte. que, je puis voir l'intérieur- de son crâne.
Devant un mm, intacte entre deux cierges, une vierge tend,
comme d'habitude, ses marns bénissantes. 1'.a ligne de la
Marne est enfoncée.
1r

Septembre.

« Jour funeste et~malheur(m'x t ii Un officier entre brusquement avec ces mots. c&lt; Qu'y a-t-il.? &gt;) Des lampes de
poehe et des voix s'éveillent. c, Les bagages- et les ambulances doivent reculer encore de r 5 kilomètres. ~ Reculer ?
Vous êtes fou !I - Avant toute lum1ère, »

FRAGMENTS D'UN JOURNAL DE GUERRE

283

Je saute, je me précipite vers la rue. Bes crbevaux. passent
au galop. Des voitures grincent. {&lt; A 6 h. 30 tout en ordre
&lt;le marche. - No11s reculons. » Un commandano d'EtntMaj0r rit nerveusement et s'étend du .miel sur du paim
D'autres se tienn:ent autour des cmsines roulantes et avalent
rapidement du thé· chaud. r.1, Les Français vont en faire une
-figure. Je-voudrais être là pour les voir qu~nd ils découvriront que nous sommes tontàcoup partis. Ils le prendront
naturellement comme une grande victoire. Pourvu seuJe..
ment que les a.vions ne· sortent pas, trop tôt l Mais, Dieu
merc1, le ciel se rouvre complètement. Aujeurd'bui leurs
batteries tirent en champ libre ! ii Rire général. c&lt; On doit
avoir entrepris un changement de front. - Est-ce qu'il
faut touj0urs placer les mortiers en al&lt;lant ? - Non, ce
n'est plus nécessaire. Mais neus- voulons aller chercher nos howitzens. &gt;&gt; Le vent du matini vraver.se la plaine
en sifil11nt. Je titube. Les régiments reviennent par groupes
isolés de trente hommes. ci Reculer? ,, Ce mot s'élève dans
l'espace comme un point d'interrogation sombre. « Recu~
1er. » Le général regarde par la fenêtre et &lt;d'emande à U'.B
homme : &lt;c Où étiez-v01.1.s ? - Près- de la ... e Division.
- Et ... ? » J,l se penche h0rs du cad,re. &lt;c Les soldats veulent
savoir pourquoi nous reculons. On crie, on grogne :
d;abord on nous précipite en avam, maintena:nt en a,rriêre.
Il faut simpfe-ment abandcimner les positions acquises. &gt;&gt; Le
général met la main dans sai poche. «' &lt;!:'est dégoûmn,u, il
va pleuv0ir. &gt;&gt; Ses cheveux blancs se soulèvent dans le
vent. « Affreux. i&gt; 11 se caresse la moustache. cc Nous changeons de front, ou plut6t, Dieu sait ce que nous faisoas.
Moi non plus-, je ne suis pas. orienté. ii Il nous regarde tous
tristement. cc Tout alfait bien là-bas cependant ? Il semble
que l'armée formant aile droite ne nous ait pas suivis !
C'est peut-êttte pour cel« qu'on nous ramène en arrière. &gt;&gt;
On a,pp0rte la nouvelle , d~ fortes pertes. Le général la
regarde, soulè~e un appareil photographique qui est suirt le
:rebord de la fenêtre, le repose soigneusement'. Il met s~m

�284

LA NOOYELLE REVUE FRANÇAISE

képi et referme la fenètre. Un chef de batterie passe au
galop. « Comment ramener nos pièces ? - Les rendre
inutilisables. - Mais comment ? - Enlevez les culasses. - Ils ont des pièces de rechange. Alors
faites sauter. Les canons sont encore solides. Alors amenez-les. - Ce serait mieux. - Nom de
Dieu, le mieux serait encore que nous ne reculions pas. »
Un major s'avance. « Quoi, quoi ! nous reculons ?
Qu'est-ce que cela veut dire, reculer ? - Reculer, parbleu, que l'on abatte sur le champ celu~ qui emploie, ce mot
autrement que suivant son sens habituel ! - C est très
bien, que cette stupide course en avant s'arrête. ~ Il
semble que de la cavalerie française et des troupes anglaises
se soient glissées entre la première et la deuxième armée.
- Concessions à l'ensemble de la situation. - Encore
une fois c'est parfait que ce tohu-bohu délirant de victoire
ait cessé et que nous puissions connaître enfin la dureté des
temps. - C'est bien comme· ça, ce n'est plus un~ pro:
menade vers Paris. - 11 semble que nous le devions a
une armée qui croyait tout pouvoir faire à elle seule. &gt;&gt;
Quelques soldats abattent des pommes dans les_ arbres. Les
nuages, bas, rasent la plaine . « Comment_ réd1geons•n~us
les ordres ? D'abord attaquer pms nous retirer
encore? Drôle de commandement, diront ceux de la troupe.
- Doit-on demander son avis à chaque soldat séparément ? - Les officiers seuls doivent savoir ce dont il
s'agit. - On murmure, on serait devenu nerveu~ en
Orient. - Le plan de campagne du général von Schheffen
ne sera pas tenu. D'abord Paris, puis les Russes . On a l'~ir
de vouloir le retourner : d'abord les Russes et ensuite
Paris . - Avez-vous confiance en Moltke?» - On secoue
la tête.
ous partons à cheval. Les phrases que je viens d'entendre tournent dans ma tête, mélangées à mes songes.
Une petite pluie fine tombe sur toutes choses. Je reste
ayec quelques uhlans. Pour attendre les ordres. On emmène

FRAGMENTS D'UN JOURNAL DE GUERRE

285

les blessés légèrement atteints. Les grands blessés sont
laissés sur place. Des imprécations terribles sortent des
ambulances. Des voix appellent, crient, gémissent. Des
jofirmiers, des infirmières, des caporaux restent auprès
d'eux avec une grandeur calme et tranquille .
Maintenant seulement, ce recul prend corps en moi.
Maintenant seulement, car une honte brûlante monte à
mes tempes. La honte que nous soyons forcés d'abandonner à leur destin ces frères humains et mutilés. Oh : c'est
comme si un remords implacable nous chassait de ce
délire, hors duquel nos camarades sanglants nous regardent d'un œil fixe et dilaté. Des colchiques se balancent,
douces, mauves, répandues dans les prairies. Des troncs de
bouleaux s'élèvent lentement, comme des fantômes dans le
matin. Derrière un officier court un pinchernoir. Il saute
devant chaque cavalier. Devant le plus faible bruit, il rabat
sa queue entre ses pattes. Chaque fois qu'il saute vers un
soldat on le rejette brutalement au milieu de la rue.
« Arrière. »
Du food des jardins, monte la lueur pâle des dahlias et
des soleils. Vous voici. 0 fleurs dans la guerre, étoiles
solitaires dans les ténèbres de ce délire. Les feuilles automnales jonchent le sol, ou descendent vers la terre en gémissant. La nostalgie me tient, de mon pays lointain et
abandonné. Nostalgie ! Nostalgie ! Les nerfs tendus à
l'excès se relâchent. Oh, je voudrais m'écouler dans
l'Amour, dans la Joie! M'abandonner à de nouvelles vies !
Toutes ces vies dont la révélation peuple ma poitrine de
leurs soupirs gémissants. Je ne suis plus un homme. Mes
mains se replient inconsciemment. Le monde s'effondre,
s'effondre autour de moi. Je suis saisi de vertige. Qui m'a
forgé les chaînes de cette existence barbare ? Pardonnezmoi, Dieu Tout-Puissant, mais une malédiction, une malédiction terrible sur mes ancêtres et mes pères, m'étreint la
gorge. Vous m'avez poussé à ce métier, et voici que l'âme
du soldat me fait soudain défaut ! Ne pas penser, ne pas

�286

LA NOUVELLE ,REVUE FRANÇAISE

penser ! Sans q.uoi la nuit tombe sur tout ,entendeme~t.
·
· · dans un vilhoe
A peme
aTrrve
·-o; , de nouveau . partir.
.
«.Plus, plus Join, en arrière. » Voix: « Ces F~ança1s avanent, il •faut reculer encore ! füt-il v.r,a1 que nous
:bandonnons toutes nos positions ? Aussi l'rArgonne ?
Aussi Reims ?-Quelle folie ! - Hautes ·mesures straté.
Et combien de temps encore voulez-vous
~J:s~~cher la vérité ? ,i - Les communications téléphoniques sont coupées. Je :vais .•. ije vais ... je vais ...
.La route est boueuse. Autour de chaque ar:bœ un trou
s'est .creusé, plein •dieau. Le vent · froid si~e·à travers des
espa.c.es incultes. ,L.es sabots de mo~,cheval gh~~ent 1et patauoent dans le sol humide. cc En arnere, en arnere ! oi
B Sur la chaussée des autos font hurler leurs .sirènes, tout
ie long des fomg0TIS,à bagages. « Dégagez la voie, dégagez
la·voie. »•Gest-le signal éternellement renouvelé. U~ troueau de moutons hêle égaré parmi nous. Les arbres s1ffient,
:cheveiés, sous ' ies rafales de vent intermittentes .e t brusques. Des masses épaisses de nuages noirs passent, cha:;ées, au-dessus de (ma tête. Comme un déluge elles ,se déhvr:ent de l'horizon. Elles viennent de Bance ! Elles
viennent, noires !
..
. , .
VemHu nous,saisir? Veux-tu,nous sa1s1r ? QUI'. devo1lera
le sens de ce retour? Qui, qui, qui ? Oh! que je sois frappé
d'oubli! Que ceci au moins soit épargné ~ mes songes ...
FRlTZ VON UNR UH

Traduction de

JACQUES BENŒST-Mlkttrn.

V
Aiguesbelles m'offrait, chaque été, un spectacle identique,
méthodiquement réglé. On eût dit qu'une ordonnance
supérieure eût assigné à tous les habitants du mas une
tâche exacte devant laquelle ils ne viendraient à faiblir
qu'au moment de la mort.
· Mon grand-père s'occupait de son domaine avec un
soin invariable. Tous les jours, avant le coucher du soleil,
quel que fût le temps.) il allait inspecter ses vignes en
voiture, suivant des chemins tracés exprès dans la terre
labourée-et par lesquels lui seul passait. On apercevait au
loin son buste qui restait rigide en dépit des cahots et se
dressait au-dessus de l'horizon.
Ma grand'mère était sans cesse en mouvement malgré
son âge. Elle allait, du matin au soir, de 1a ferme à la
magnanerie, son beau visage aux pommettes traîches
abrité sous un grand chapeau de paysanne. Préoccupée
perpétuellement par l'amélioration du mas, elle décidait des
changements ,qui s'effectuaient aussitôt, non sans qu'ellemême, qui bouillait d'activité, y eût mis la main. Lorsque par hasard nous la surprenions à ne. rien faire, elle
se sentait si honteuse qu'elle se troublait et di?paraissait
après nous avoir dit:
- Il faut que je vous laisse, mes enfants, j'ai tant de
besogne!. ..
r. ·voir&gt; la Nouvelle,Revue Ftatifaise du

1er août 19,22.

�SILBERMANN
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

La tâche de ma mère, entre ces deux êtres, é_tait de les
servir avec un amour parfait. Je me demande s1 sa conscience scrupuleuse ne lui reprochait ~as comme_ u?e trahison envers ses parents l'amour quelle. portait a_ mon
père, et si chaque année elle ne re~ena1t pas à _Aiguesbelles avec le cœur d'un enfant qm veut se faire pardonner.
Sous cette tradition austère, si bien revêtue de douceur,
le devoir se présentait avec une saveur exquise. Je me
plaisais à me fixer gravement de petites tâches ~e~rètes qu~
je m'évertuais à mener à bien. Au crépuscule, a ~.he~e ou
les travaux des hommes cessaient dans le mas, Jallais me
recueillir dans ma chambre.
,
.
1a chambre était située à l'étage le plus élevé de 1 habitation. Les murs étaient blanchis à la chaux et le plancher
recouvert de carreaux rouges. 11 y avait, accrochée au mur,
une image que je regardais souvent. C'était une gra~de
photographie représentant un de m~s ~ncl:s,_ un ~rère arné
de ma mère qui était mort et que Je o avais 1ama1s connu,
mais dont Îa figure farouche et la destinée énigmatique
hantaient mes pensées.
.
Ma mère m'avait fait sur lui bien des récits. Elle m'avait
décrit à travers la confusion de ses impressions d'enfance,
les scènes auxquelles elle avait assisté lorsque ce frère, à l'âge
de dix-huit ans, obéissant à_ un, singulier v~u- de re~oncement plutôt qu'à un désir d aventure, s était_ ~nfu1 . de
la maison cc afin d'accomplir ma mission », avait-il écnt ;
il ne savait laquelle. Elle m'avait raconté comment, revenu
après plusieurs mois, le révo:té était re~té s?_u rdern~nt
obstiné à sa mystér"ieuse vocauon, allant _1usqu a m~~d1~e
ses parents qui s'efforçaien~ d~
~e~emr. Enfin J avais
appris qu'à vingt-deux ans 11 s était 1omt à un gr~upe de
missionnaires qui se rendaient à Madagascar et était mort

1:

en mer.
.
De ma fenêtre, je découvrais presque tout le domame.
J'aimais à m'y tenir au déclin du jour. J'~ntendais le piéti-

nement du troupeau qui rentrait à la bergerie. D'un côté,
je contemplais, à l'infini, les lignes parallèles des vignes;
de l'autre, le clos des mftriers, le bois d'oliviers. Et à considérer cette graisse de la terre dont je me trouvais pourvu,
j'étais exalté par un sentiment de reconnaissance. Je murmurats :
- Faire le bien ... faire le bien ...
Je me demandais :
- Qui puis-je sauver ? A qui me dévouer ?
J'ailais interroger l'image de mon oncle, et j'étais dans
une telle fièvre que je croyais voir dans la pénombre les
lèvres du jeune missionnaire me dicter une tâche.
Pendant les vacances, Silbermann, qui avait peut-être
senti le refroidissement de nos relations et s'en inquiétait,
ne. me laissa point l'oublier et correspondit fréquemment
avec moi.
Il faisait en compagnie de son père un voyage en automobile à travers la France. Ses lettres, fort détaillées, me décrivaient les régions qu'il visitait . Il portait, sur le pays et les
gens, des jugements critiques bien rares à notre âge et qui me
paraissaient le signe d'un cerveau supérieur. Grâce à sa
mémoire qui était extraordinaire, grâce aussi, sans doute à
l'aisance d'un esprit libre de toute attache, il assimil~it
promptement tout ce qui passait sous ses yeux et composait
de vastes tableaux qui débordaient mes vues étroites. Ces
lettres rappelaient une foule de faits historiques et abondaient en citations littéraires. Celle qu'il m'écrivit d' Amboise
me fit une peiot~re de 1~ cou~ des Valois; peinture chargée
de sang et de poison, bien faite pour justifier le sentiment
d'aversion que m'inspirait la dynastie de la Saint- Barthélémy. Il se plaisait aussi à imiter le style d'u n écrivain
célèbre. Il ré~ssi~s~it cet exercice à merveille, trop bien
même, selon 1opmioo de notre professeur, ainsi que je \'ai
rapporté. Passant à Chi~on, !l m'é~rivit plusieurs pages
dans la langue de Rabelais, qui me divertirent fort.
19

�290

LA NOÙVELLE REVUE FRANÇAISE

Il m'entretenait des monuments et des objets d'art avec
une richesse de connaissances qui s'expliquait par la profession de son père. L'intérêt que celui-ci portait aux
édifices religieux me frappa. J'appris qu'il faisait .de longs
détours afin de visiter de petites églises de campagne.
J'attribuai cette particularité à ses goûts artistiques, d'autant que, dans ses lettres, Silbem1ann accordait des développements enthousiastes à l'architecture n!ligie~se .
Pour ma part, j'étais toujours resté insensible à la beau~é
de cet art. Une cathédrale, si gran&lt;liose fût-elle, me faisait le même effet, sous la carapace · de ses sculptures,
qu'une espèce de monstre préhistorique, unicorne ou
dragon, qui e-C1t été conservé à travers les âges. Je n'y
trouvais rien d'explicable et la considérais seulement avec
une vague curiosité.
Une des lettres de Silbermann fut pour moi une révélation à ce sujet. S'étant arrêté quelques jours dans une
ville célèbre pour les sculptures de sa cathédrale, il me les
décrivit entièrement. Il me démontra que cette multitude
de scè11es et d'ornements, qui étaient si embrouillés à mes
yeux, reproduisaient toutes les connaissances spirituell~s
et matérielles des artisans au Moyen-âge. Il me rendit
intelligible tout ce qui était inscrit sur les pierres. Interprétant un à un le sujet des scènes religieuses, commentant le geste de chaque statue et le rapportant à la légende
du modèle, il me donna d'abord un tableau merveilleux
de la pensée mystique à cette époque. Puis, passant aux
parties qui relataient la vie de l'homme, il me montra les
bas-reliefs où était représenté le cycle des travaux rustiques:
labour, semailles, moisson, vendange ... Il ne nègligea pas
la plus petite pierre. Il alla jusqu'à me décrire les guirlandes de feuillage, composées uniquement, disait..,J,l, de
plantes poussant dans la province ; et il rapprocha de cette
décoration humble et bornée la foi naïve exprimée dans
les motifs religieux.
.
J'eus, en lisant cette lettre, une impression analogue à

SILBERMANN

celle que j'avais reçue le jour que j'avais entendu Silbermann réciter en classe les vers d'Iphigénie. Il me sembla
qu'un trait de lumière était jeté sur tous ces ~onummts
que j'avais si mal distingués jusqu'ici. Je revis leurs sveltes
ogives, leurs rosaces parfaites, leurs fines galeries brodées
sur la nue, et cet art m'apparut soudain adorable. De
grises figures de pierre que j'avais contemplées avec froideur saillirent dans ma mémoire, nouvellement parées
d'une grâce ou d'une détresse ravissantes. Et devant ces
visions, je restai un instant confondu, comme, par un
beau soir succédant à des nuits brumeuses, devant un ciel
constellé.
Après av~ir reçu cette lettre, je songeai aux paroles que
Silbermann m'avait dites un jour : (&lt; Ces choses, ne
puis-je les comprendre aussi bien que Montclar ou Robin ?
Est-ce que je ne les admire pas plus qu'ils ne les admirent ? &gt;&gt;
Quoi ! c'était lui, qui lisait comme à livre ouvert dans
la tradition de la France, qu'on traitait d'étr.anger t Lui, qui
pénétrait jusqu'aux qualités les plus profondes de notre
terroir, qu'on voulait chasser de ce pays ! Ah ! ces sentiments insensés soulevèrent mon indignation . Je les comparai à ceux qui avaient provoqué jadis la révocation de
l'édit de Nantes et fait perdre finalement à la France - je
l'avais maintes fois entendu - la partie la plus diane et la
plus travailleuse de sa population.
b
Ce rapprochement fortifia grandement dans mon esprit
la cause de Silbermann. Et avant de quitter Aiguesbelles
regardant droit aux yeux le portrait de mon oncle, je jur~
de ne point faillir à ma mission.
J'avais espéré qu'une nouvelle année scolaire, avec tous
les changements qu'elle apporterait à nos habitudes, modifierait la situation de Silbermann au lycée. Mais il n'en fut
rien. La composition de la classe fut à peu près la même.
Le jour de la rentrée, Philippe Robin passa à côté de moi

�LA NOUVELLE REVUE fRANÇAlSK

sans m'adresser un regard. Les haines, la rancune, persistèrent; la quarantaine continua.
Notre nouveau professeur était un vieil homme qui ne
se souciait plus guère de l'enseignement qu'il donnait.
li se plaisait surtout à observer chez ses élèves les trayers
des natures et à voir jouer les petites passions. Nous
étions pour lui des marionnettes auxquelles il distribuait
malicieusement de temps à autre des coups de bâton.
La figure et les gestes de Silbermann, le petit drame qu'il
devina autour de lui l'alléchèrent aussitôt. Il vit là un acteur
bon à lui donner un spectacle divertissant et il le mit en
vedette.
La même intimité reprit entre Silbermann et moi.
J'évitais, par crainte de mes parents, de le recevoir souvent à la maison, mais je me rendis presque tous les jours.
chez lui.
J'assistai de là, une fois, à une scène dont le souvenir
m'est resté.
C'était à l'époque où de nouvelles lois concernant" l'exercice des cultes devaient être appliquées. A. cette occasion,
le propriétaire du château de la Muette invita les évêques
de France ainsi que de nombreuses personnalités du monde
catholique à se réunir chez lui afin de conférer sur la
situation faite au. clergé. Nous vîmes, par les fenêtres, les
ecclésiastiques passer et repasser lentement dans le parc.
On distinguait les gants violets et le liseré des soutanes.
Quelques graves personnages, tête nue, les escortaient.
L'attitude de tous était empreinte de mesure et de résignation. Ce spectacle faisait sur moi une impression très forte.
Je ne disais mot. Silbermann était posté au carreau voisin i
ses yeux dardés et son nez écrasé contre la vitre donnaient
à sa figure un type sauvage. Tout à coup, prenant ~1011 bras
et le serrant avec force, il s'écria :.
- Retiens cette date ... A partir de ce jour, le règne de
la papauté cesse sur la France, et bientôt sans doute il va
décliner dans le monde entier. Retiens cette date. Il se

SlLBERMANN

2 93

peut qu'elle soit conservée dans l'histoire comme celJes
qu'on nous fait apprendre aujourd'hui et dont on a marqué
la chute des régimes.
Il avait quitté la fenêtre et était au milieu de la pièce,
en proie à une agitation frénétique. Il prononça encore
quelques paroles ; mais je ne les entendis pas, tant sa
Yolubilité fut grande, comme s'il eût rnulu précipiter la
destruction qu'il prophétisait. Puis, il revint vers la fenêtre,
et, désignant l'assemblée des prélats, il dit :
- Le dernier concile.
Ces mots détournèrent sa pensée. Et tandis qu'une singulière expression sensuelle apparaissait sur son visage, il
laissa échapper :
- Ab ! comme Chateaubriand eût dépeint cette scène!. ..
Hein ! Vois-tu sa phrase?
Et après une seconde de réflexion il déclama :
- Spoliés de leurs augustes palais, les princes du catholicisme étaient réunis en plein air, comme les premiers
serviteurs du Christ .. .
Mon esprit se trouvait à ce moment fort éloigné de la
littérature. Il me semblait voir des adversaires abattus,
mais des adversaires si proches que leur ruine m'atteignait.
Je m'écartai de la fenêtre et entraînai Silbermann.
Maintenant de tels éclats étaient fréquents chez Silbermann. Sa nature s'altérait. Il dénonçait constamment., avec
une ironie amère, les injustices et les ridicules qu'il apercevait; et même il allait jusqu'à considérer avec une horrible complaisance les malheurs des autres.
Comment ne pas l'excuser lorsqu'on songe à l'alarme
profonde ou vivait sa pensée ? Je m'avisai de cela un jour :
nous causions tranquillement ensemble ; je fis, par hasard,
un geste de la main ; il crut que j'allais le frapper et protégea vivement son visage.
Puis, je m'aperçus à certains de ses propos combien il
avait le sentiment que son ambition échouerait, combien
il se savait rejeté_'par nous. C'est ainsi qu'il disait fréquem-

�LA NOUVELLE REVUE PRANÇAISB
294
ment de telles phrases : « Les Français agissent de la
sorte ... Les Français ignorent cette qualité ... n comme si,
de lui-même, il se fût retranché de notre nation.
Je faisais de mon mieux pour détruire cette impres~ion.
Ainsi, je lui parlais souvent des belles théories sociales
qu'il m'avait exposées. Elles avaient germé dans ma tête
et je rêvais à leur réalisation.
- C'est toi, lui disais-je, qui par tes livres, par ton
éloquence, feras s'accomplir ces choses en France.
Mais il n'avait plus la même foi dans son idéal et me
répondait par un geste sceptique. Quant au grand rôle
que je lui assurais plus tard, il me disait avec une grimace
amère:
. - Tu oublies que je suis Juif.
- Mais ce qui se passe actuellement n'a pas d'importance, répliquais-je. Hors du lycée cette hostilité ne durera
pas.
- Elle durera - reprenait-il d'une voix singulièrement
profonde, tandis que ses joues se chargeaient d'un rouge
sombre - elle dure pour moi aussi haut que je remonte
dans mes impressions d'enfance. Ah! tu ne peux savoir
ce qu'est de sentir, d'avoir toujours se.nti, le monde entier
dressé contre soi. Oui, le monde entier. Ch_ez tous, même
chez ceux qui n'ont point de haine nous devinons à leurs
regards, à un certain air, une arrière-pensée qui nous
blesse. Mais, tier1s ! ne serait-ce que la manière dont on
prononce le mot cc Juif» ... Ah ! tu n'as jamais remarqué? ...
Les lèvres avancent en une moue méprisante pour accentuer la première syllabe, puis, faisant g\isser la seconde,
reviennent vite en arrière, comme afin d'expulser le mot
sans se souiller. Ce mouvement, j'ai appris à le reconnaître et à le déchiffrer, à force de le voir répété sur les
lèvres de tous ceux qui me regardent : cc C'est un Ja-ij...
il est" Ja-if ».
Que répliqüer à ·œla ? Quand j'entendais ces confidences poig~antes, je frissonnai~ comme si ayant passé la

STLBERMANN

2

95

tête dans un cachot affreux j'avais aperçu un homme y
vivant.
Et en même temps, p.ar une sorte de bravade ou bien
peut-être afin d'amortir sa disgrâce personnelle, il avait
pris la manie dé me conter des histoires où ceux de sa
race étaient tournés en dérision. Il les développait avec
art, imitant l'accent des Juifs et empruntant leurs noms
les plus communs. Dans son cas ces bouffonneries avaient
quelque chose de sinistre. Loin de me faire rire, elles me
glaçaient, comme lorsqu'on entend plaisanter sur son
mal quelqu'un qui se sait mortellement frappé.
Mon zèle pour lui redoublait. Nulle expression ne
définit mieux le sentiment qui m'animait. Il n'entrait dans
ce sentiment rien de ce qui couve d'ordinaire à cet âge
sous une amitié ardente, les tendres pensées, le désir de
caresses, la jalousie, et la fait ressentir comme la première
invasion de l'amour. Mais le soin exclusif~ l'abnégation, la
constante sollicitude de l'esprit, les .soucis déraisonnables,
donnaient à cet attachement tous les mouvements de la
passion. J'étais tourmenté sans cesse par la crainte de
mal accomplir ma mission. Je m'accusais de relâchements
imaginaires. La nuit, cette angoisse me hantait et se transformait en cauchemar. J'avais la vision de Silbermann se
noya_nt ou se débattant au fond d'un précipice ; alors je
me jetais à l'eau ou m'élançais dans l'espace afin de le
sauver. Et le matin, je m'éveillais dans un tel trouble que,
pareil à l'ami de la fable, je courais l'attendre à la porte de
sa demeure.
Cette visible agitation inquiéta ma mère. Elle m'interrogea. Je répondis de façon confuse, mêlant à mes explications le nom de Silbermann, er je vis qu'elle fronçait
les sourcils. Elle avait appris que je m'étais brouillé avec
Philippe Robin à ce sujet et m'en avait vivement blâmé.
Bientôt, l'exigence de Silbermann, qui me retenait
auprès de lui sans souci de mes devoirs de faniille, apporta
quelque irrégularité dans mes habitudes et me valut les

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

remontrances de moµ père. Souvent je me sentais observé
par lui comme si une grave accusation pesât sur moi. Mais,
si je continuais à les chérir tous deux, ni ma mère, , par ses
bons enseignements, ni mon père, par ses justes sentences,
n'avaient plus de pouvoir sur ma conduite. Lorsque le soir,
ayant passé la journée avec Silbermann, l'ayant suivi, veillé,
servi, je me retrouvais devant eux, c'était avec le détachement des âmes mystiques en présence de leurs terrestres
amours. Entendant agiter des questions telles que l'avancement de mon père ou les occupations charitables de ma mère,
j'éprouvais- l'insensibilité mêlée d'indulgence que ces âmes
témoignent aux propos des mondains. Quelquefois, peutêtre, mes parents voyaient un sourire rayonner vaguement sur mon visage, C'est que, rêvant au sort de Silbermann, j'imaginais un subit revirement éclatant sur terre
en faveur des Juifs, la fin de son tourment, bref un dénouement imité de celui d'Esther. Mais le plus souvent, au
contraire, mon imagination, sans doute afin de multiplier
les amorces incomparables du sacrifice, se plaisait à une peinture très rude de l'avenir et me faisait tirer de toutes
choses des pressentiments funestes.
Ainsi, un jour, au lycée, je vis Robin dire quelques
mots à Montclar. Puis celui-ci s'approcha de Silbermann
et lui cria en ricanant :
&lt;&lt; Eh bien ! Juif, il paraît qu'on a pris ton père la
main dans le sac ? »
Silbermann blêmit et ne répondit rien.
Aussitôt, d'après cette scène, je conjecturai tout un complot ourdi par les ennemis de Silbermann, je vis un
désastre inouï fondant sur lui. ..
Hélas! cette fois-ci le pressentiment était juste. Quelques jours plus tard, Montclar, Robin et les autres élèves
de Saint-Xavier, arrivant au lycée le matin, annoncèrent,
montrant un journal, qu'une plainte était déposée contre
le père de Silbermann.

297

SILBERMANN

VI
Dès que cela me fut possible, j'allai vers Silbermann et
lui posai ùes questions. Il me répondit avec un mouvement d'insouciance mais cependant sur un ton précipité
qui trahissait son trouble :
- Il arrive à mon père ce qui arrive très fréquemment
dans son métier. Il a vendu comme authentiquement
anciens des objets qui ne le sont pas ou qui avaient été
restaurés. Il les reprendra, indemnisera l'acheteur, et
l'affaire n'aura pas de suite.
Il se trompait. Le lendemain, de nouveaux détails apprirent que la vente s'était faite à l'aide de faux papiers et
que l'acheteur lésé maintenait sa plainte. Ces explications
étaient produites par le journ?l qui avait le premier ébruité
l'affaire, La Tradition française, et qui appartenait à la
ligue des Français de France. On ajoutait que _d'autres faits
plus graves encore pourraient être reprochés à l'antiquaire
Silbermann.
·
Deux jours passèrent. L'anxiété de Silbermann grandissait visiblement. Etant avec moi, il tomba à plusieurs
reprises dans de lourds silences d'où il sortait par une
animation factice s'il se voyait observé, comme font ceux
qui veulent détourner de leur personne un soupçon.
Ce soin était nécessaire, car l'affaire Silbermann était
devenue au lycée le sujet de toutes les conve~sations. Dans
la cour, on chuchotait sur son passage, on le montrait du
doigt; et me rappelant ce qu'il m'avait confié sur sa sensibilité, sur son œil toujours en éveil, je pouvais imaginer
quelles étaient ses souffrances.
'
Un matin, La Tradition {fançaise annonça qu'une nouvelle plainte était déposée. Il s'agissait cette fois d'achat et
de recel d'objets volés. J'étais ;issez au courant des choses
juridiques pour savoir les conséquences possibles de ces

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

actes. Le soir, je m'empreGsai d'acheter un journal; je
l'ouvris fiévreusement. Je lus que le parquet avait retenu
la plainte et je vis, recevant un choc, que mon père était
le juge d'instruction désigné.
Le hasard fit que ma famille ne resta pas à la maison ce
soir-là et que je pus ainsi abriter mon trouble dans la solitude. Mais dans la solitude mon imagination grossit les
choses. Je comparai la situation où je me trouvais à l'ùn
de ces conflits, amenés par une horrible fatalité, qui forment le sujet des tragédies. Déchiré par les scènes que je
présageais, je restai éveillé toute la nuit.
Le lendemain matin, co1:nrne je partais pour le lycée, je
vis, m'attendant au coin de la rue, Silbermann.
« Eh bien ! tu sais ce qui se passe ? dit-il av,ec vivacité. Mon père est victime d'une machination abominable.
Je vais tout te raconter. Mais, d'abord, qu'est-ce que ton
père t'a dit ? »
Je répondis que nous n'avions pas parlé de l'événement.
« Ecoute-moi, reprit Silbermann . IL faut que tu saches
la vérité. Les Français de Ftm;ce, soit pour une vengeance
personnelle dont nous ignorons le môtif, soit par simp1e
antisémitisme, se sont mis en campa.gne contre mon père.
Chaque jour~ dans La Tradition française. il est insulté
copieusement et accusé de délits imaginait:es. Or, pour le
perdre, on n'a rien trouvé de mîeux que de lui tendre un piège.
Cet été, au cours de notre voyage en province~ mon père
a acheté beaucoup d'objets cl'art provenant des églises et
que les bons curés se hàtaient de soustraire aux inventaires
du gouvernement. Oui, il faut croi're que ces richesses
tutélaires ont moins de prix pour eux que les espèces sonnantes ... Le plus souvent, ces achats se faisaient indirectement. Aujourd'hui, on accuse mon père d'avoir, à plusieurs occasions, acheté des objets volés. Il ne peut s'adresser
aux vendeurs qui agissaient très probablement à l'instigation de ses enne1;nis et qui ont disparu. D'autre part, s'étant
déjà défait de quelques objeis, il e~t dans l'incapacité de

SILBERMANN

2 99

les restituer. Voilà les faits. Voilà sur quoi on ouvre une
instruction contre lui. &gt;i
Il s'était exprimé avec vigueur et -clarté. Visiblement il
se servait de tout son.art pour me persuader. Mais il en
avait à peine besoin, tant sa parole me trouvait crédule.
Puis, je me ressouven.i.is des propos tenus un jour chez.
Philippe Robin par l'oncle de celui-ci, et ils concordaient
avec les dessous que Silbermann me révélait.
Silberrnann souffla un instant ; ensuite il reprit sur un
ton plus bas, grave, pathéti.que :
« Telle est la vérité. Il importe que ton père la connaisse. Rapporte-lui tout ce que je viens de·te dire, je t'en
conjure. Fais-lui admettre ces chosês. Arrahge-toi pour
· qu'il conclue tout de suite à un non-lieu. Il ne faut pas
que mon père soit inculpé. S'il était poursuivi, songe à
mon avenir. Qu'adviendrait-il de ces beaux projets que tu
es seul à connaître, mon ambition d'écrire des livres, d'être
un grand Français ?. :. Peut-être serais-je obligé de quitter
le lycée ?... Que deviendrais-je? Sauve-moi de ce désastre ...
sauve-moi ... Une fois, tu te mppelles, tu as juré que tu
ferais pour moi tout ce qui serait en ton pouvoir ... Eh
bien ! je te le dis, mon sort dépend de toi.»
A ces paroles, je l'interrompis. L'émotion serrait ma
gorge. Mais je trouvais cette émotion si délicieuse que, de
gratitude, je pressais les mains et les bras de Silbermann.
Je lui promis de parler le soir même à mon père. Et tant
de naïveté entrait dans mes sentiments éperdus que je ne
doutais pas que mon père, entendant ce récit, ne ressentît
la même émotion que moi. Il me parut que ce serait
comme un beau présent que j'apporterais et que je partagerais avec lui.
Le soir, sans hésiter, le dbigt tremblant toutefois, je
fr_appai à la porte du cabinet de mon père. Sa voix juste
et sans nuances cria d'entrer.
Dans la pièce étroite, tendue, d'étoffe vert sombre, mon
père était au travail devant son lourd bureau de chêne

�300

LA NOUVELLE REVUE FRAN;ÇAISE

noirci. Derrière lui, dans une bibliothèque de même bois,
s'alignaient sous une monotone reliure de grosse toile,
noire également, les livres juridiques. Sur ce fond sévère
se détachait sa figure aux traits droits, privée , d'éléganc~
mais non d'un air de noblesse tant mon père y arborait
de raideur.
Je lui dis bonsoir d'une voix imperceptible, car, à peine
entré, il m'était apparu qu~ ma démarche était in~ensée: Et,
tout de suite, je lui annonçai que j'avais des renseignements
à lui donner au sujet de l'affaire Silbermann. Je me mis à débiter d'une haleine tout ce que j'avais entendu le matin, les
raisons politiques et les manœuvres suspectes de l'accusation,
l'impossibilité ou le père de mon ami était de prouver sa
bonne foi, la nécessité d'un prompt nof1-lieu afin d'arrêter les
.attaqu'es, enfin la version même dictée par Silbermann. .
Ou prenais-je l'audace et l'habileté nécessaires à ce plaidoyer, moi sî timide d'ordinaire et silencieux à l'excès? Je
l'ignore. Il rne semblait avoir devant la ~ue une _fl.an:~e
que rien de terrestre ne -pouvait obscurcir et ~m. fa1sa1t
rayonner dans mon esprit une chaleur extraordmaire. Ma
mission, répétais-je en moi-même, ma mission ! . .
Mon père m'avait écouté sans m'interrompre. Pms 11 me
fit signe d'approcher.
« As-tu vu récemment cet homme, M. Silbermann ?
Je répondis que non.
- Alors, c'est par ton camarade que tu es informé de
tout cela? ... C'est lui qui t'a sollicité d'intervenir, peut-être?
- C'est lui qui m'a rapporté la vérité, mais c'est ma
conscience, père, ma conscience qui m'a conduit vers toi.
- Tu emploies les mots sans discernement, mon enfant:
Ta conscience aurait dû au contraire t'interdire un acte qm·
risque de dévier la justice. Je n'ai pas encore pris _connaissance
&lt;les faits qui sont reprochés au père de ton ami. Je ne veu.x
rien retenir de ce que tu viens de m'en dire, et je ne saurais
préjuger la décision que je prendrai. i&gt;
• •
A ces mots, je compris que j'échouais dans ma rr11ss1on.

SILBERMANN

301

Mais comme si j'avais eu aux oreilles le « sauve-moi iJ ~e Silbermann, je voulus tenter un dernier effort. P?ur ap1t~y~r
mon père, je lui représentai la malédiction qm po~rsu~v1:t
Silbermann, son martyre secret, les transes où il v1v~1t
actuellement. Je lui avouai combien cet état me touchait;
je lui livrai, espérant l'attendrir, des preuves de ma folle
amitié et de mon tourment. C'était la première fois que
j'analysais mon cœur,. et, grisé par les paroles, je me déno~çais avec une ardeur candide. Dans mon emportement, Je
poussai ce cri ingénu :
« Ah ! je• ne savais pas qu'on pouvait éprouver un tel
sentiment pour d'autres que ses parents ! ii
Et dans un geste suprême, je tendis vers mon père des
mains suppliantes.
Mon père s'était levé. Ces mains que je tendais, il les
avait prises dans les siennes; il ne les serrait pas fortement
mais 1es retenait aux poignets avec la fausse douceur d'un
médecin. J'avais levé le visage vers lui. Son regard plongeait dans mes yeux.
cc Ce sentiment n'est pas normal envers un camarade.
D'où provient cet attachement entre vous? i&gt;
II avait dit ces mots avec une force qui trahissait une
arrière-pensée. Je ne pouvais répondre clairement à sa question. Il m'aurait fallu bien connaître les régions les plus
délicates et les plus mystiques de mon âme. J'esquissai un
geste d'embarras... Et tout d'un coup, dans ses yeux
sombres qui étaieut restés .fixés sur moi, j'entrevis, comme
une salissante ténèbre m'enveloppant, la basse conjecture
où il s'égarait.
Le soulèvement de mon être fut tel que, après avoir laissé
échapper un cri de révolte, je ne songeai pas à me disculper mais à fuir. Honteux de mon père, je détournai le visage
et tentai de défaire son étreinte.- Mais, maintenant, mon
père serrait les doigts.
cc Avoue ... avoue, proférait-il. &gt;J
-Je relevai la tête. Ce n'était plus mon père. Sa figure,

�302

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

constamment- rigide et rarement émue, était devenue
méconnaissable tant le soupçon et l'inquisition y imprimaient d'excitation et de vie. Elle s'était rapprochée de la
mienne, et, les prunelles brillantes, le souffie pressant, elle
m'interrogeait dans un langage muet, adroit et presque
complice, que je comprenais aussi mal qu'un innocent
l'argot des criminels.
Puis, cette expression disparut. Mon père réfléchit un
moment. Enfin il me libéra lentement, et, levant l'index
vers le ciel, il prononça ces mots : et Je me garderai de te condamner sans preuves. Mais
écoute-moi bien, mon enfant. Une amitié excessive telle que
celle qui te lie à ce garçon, est toujours à éviter. Dans ce
cas particulier, vu la situation présente de son père et la
mienne, elle ne saurait subsister. Je te prie donc de ne
plus le considérer comme un de tes camarades.»
Il avait repris sa pbysionomie habituelle. Et tandis que
je me retirais à reculons de son cabinet, ayant devant les
yeux son front empreint de justice et d'austérité, je m'avisai
avec stupeur combien ces vertus irréprochables favorisaient
les décisions inhumaines et les pensées indignes.
Le lendemain matin, je trouvai de nouveau Silbermann
posté au coin de la rue. H me demanda anxieusement le
résultat de ma démarche. Je ne lui racontai pas la scèn~ qui
avait eu lieu. Je lui dis seulement que mon père ignorait
encore l'affaire et qu'il ne m'avait rien promis.
cc Mais qui pourrait agir sur lui ? dit Silbermann avec
impatience ... Uo de ses collègues ? Une personnalité politique? ... Mon père en connaît plusieurs. »
Je hamsai les épaules et le détrompai. Etait-il raisonnable
de croire que celui qui avait accueilli si rudement la prière
de son fils pùt se laisser fléchir par un étranger ?
Silbermann reprit d'un ton accablé :
« Ce matin encore, il y a dans La Tradition Française un
.article terrible contre mon père. Maintenant que son cas

SlLBERMANN

est soumis à la justice, est-te .que ses ennemis ne devraient
pas l'épargner? i&gt;
Nous fùmes dépassés à ce moment par un groupe d'élèves
de St-Xavier qui se rendaient au lycée et qui, à la vue de
Silbermann, se retournèrent à plusieurs reprises, en ricanant
et en sifflant. Aussitôt Silbermann se redressa et prit mon
bras avec une feinte désinvolture, tout en me disant sour-&lt;lement ,
c&lt; Hein ! Regarde-les... Quelle cruauté !... Ah l je la
sens bien, la. charité chtétienne ! &gt;J
Puis il continua avec une figure farouche:
« Mais ils ne triompheront pas de moi. Ils veulent me
chasser d'ici. Je résisterai. Je leur prouverai que moi, je les
ai, les qualités que l'on prête à ma race. Après tout, je ne
suis pas le premier Juif que l'on persécute. - »
Et je sentis ses doigts qui s'agrippaient profondément .à
mon bras.
Mais s!il n'était pas le premier, on eût dit que sa chétive
personne fîlt chargée de la réprobation universelle et
légendaire j~tée sur Israël. Car, au lycée, depuis que Silberma.nn p~ssa1t pourle fils d'un voleur, ceux qui le taquinaient
p~r si~:ple !eu et non parce qu'il était Juif, changeaient de
dispos1t10n a son égard. Il semblait que cette disgrâce eô.t
o~v~rt leurs. yeux; ils découvraient maintenant le type
sem1te de Silbermann, de même que l'on remarque le
pouce monstrueux et les oreilles décoilées de l'homme
pl~cé entre deq~ gend~rmes. Mêlés aux autres, ils accept:u~nt de le flétnr par l mYective commode de cc sale juif i&gt;.
Et a présent, chacun, sans exception, accablait Silbermann
sous l'opprobre de sa race. De même chacun sans distinct_ion d'opi~ion, lisait le journal royaliste où to~s les jours
l~, p~re de Silb~rmann était traité de voleur, de pilleur
d eghses, et déptmt sous des traits comiques et odieux. Silbermann en trouvait des exemplaires partout, jetés à sa
place en classe ou glissés dans sa serviette.
Les attaques avaient repris et devenaient chaque iour

,.

�304

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

plus violentes. On guettait l'arrivée de Silbermann dans la
cour, et dès qu'il était aperçu, les huées s'élevaient. Alors
je volais vers lui et lui frayais son chemin. Nous ~va~cions
ensemble au milieu de la poussée générale. Les ra11lenes et
les injures s'entrecroisaient sur notre passage.
« Voleur ... En prison ... ,, lui criait-on.
Craignant par-dessus tout, ainsi qu'il m'en avait fait part,
que le retentissement donné à l'aventure de son père ne
l'obligeât à quitter le lycée, Silbermann s'efforçait de ne pas
grossir ces scènes et ne ripostait pl_us comme nag~ère.
Endurant les insultes et les coups, baissant le front, 11 se
dirigeait vers la classe avec une adroite ténacité, comme si
atteindre son banc eût été la seule pensée dans sa tête.
Et moi, tandis que j'allais ainsi côte à côte avec lui et
confondu dans la même ignominie, je savourais un sentiment délicieux. « Je lui offre tout, disais-je intérieurement, l'affection de mes amis, la volonté de mes parents
et mon honneur même. » Et en me représentant ces
sacrifices, un grand souffie gonflait ma poitrine, tel que si
j'avais été transporté sur une cime. . .
.
, .
Nos professeurs eux-mêmes ne d1ss1mula1ent pas a Sîlbermann leur improbation. L'un l'avait relégué au fond de
la classe, comme s'il l'eût jugé indigne d'y prendre place,
et ne l'interrogeait que du bout des lèvres. L'autre tolérait
sur Je tableau noir les inscriptions insultant Silbermann
qu'on y traçait fréquemment, et même se plaisait à les lire
du coin de l'œil. Ces procédés n'échappaient pas à Silbermann, mais il ne le montrait point. Là encore, pour les
mêmes raisons prudentes, il maîtrisait sa fierté et son
caractère prompt. Je reconnaissais à peine sa figure; sauf
une grimace amère de la bouche, comme s'il eût vrairn~nt
bu l'affront, elle prenait à ces moments une expression
humble et insensible. On eût dit que maintenant, pour
arriver à ses fins , il déguisât sa jeune et superbe nature
sous un vieil habillement légué par ses pères, habillement
servile et honteux mais d'une trame à toute épreuve .

SILBERMANN

Le tapage autour de Silbermann grandit au point que le
proviseur fut obligé de prendre certaines mesures. On
redoubla de surveillance dans notre cour. Un répétiteur fut
chargé de se tenir à la porte du lycée et de l'escorter jusqu'à
sa classe. Alors on n'entendit plus cette rumeur qui annonçait sa venue, mais tous les élèves, formant la haie en
silence, allaient le voir passer. Silbermann avançait. Son
visage était affreusement pâle. J'apercevais entre ses paupières, fixement abaissées, un regard• court et aigu tel une
dague perçant sa gaîne. Il se glissait le long du préau, suivi
d'un homme en noir à la physionomie sévère et ennuyée.
Et cette sorte de cérémonie donnait à ses malheurs comme
une confirmation officielle qui les aggravait.
Mais si douloureuse que fût sa situation, il l'acceptait.
&lt;&lt; Tout m'est indifférent, me disait-il, pourvu que Je
reste au lycée. »
Hélas ! Il ne se doutait pas que ce serait à cause de
celui-là même auquel il se confiait qu'il n'y resterait
pas.
Un jour, comme nous venions de sortir du lycée où il
avait dû subir quelque pénible avanie - et c'était peutêtre aussi un jour que son père était interrogé - il se laissa
aller au découragement.
« Je suis à bout, soupira+il. Toute cette haine autour
de moi!. . . Ce que j'ai rêvé ne se réalisera jamais, je le vois
bien ... A quoi bien persister ?... Je devrais partir. &gt;)
Je voulus le réconforter et, pour qu'il sentît mon affection, je lui dis :
c, Et moi ? Que deviendrais-je si tu me quittais ?
- Toi? répondit-il avec une certaine rudesse, tu ne
tarderais pas à m'oublier, tu irais retrouver Robin .
Je protestai, indigné :
- Jamais. ,&gt;
Je saisis sa main et la gardai dans la mienne. Mais il continua à se lamenter ; et son accent était si désespéré, si fatal,
20

�306

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

annoncait avec tant de force le dénouement inévitable que,
machi~alement, comme cédant à l'injonction du destin, je
lâchai r,a main. Et à cet instant précis, je vis, à quelques
pas, sort-ant de l'ombre où sans dout~ elle guettait mon
passage, ma mère. Elle avança vers-m01.
.
_ C'est ainsi que tu obéis à ton pè-re, me dit-elle d'une
voix haute et sévère.
•
Silbermann, ayant ôté son chapeau, s'était approché d'elle,
la main tendue.
Se tournant à peine vers lui, elle· lui jeta sans pitié :
- Vous devriez comprendre, Monsieur, que les circonstances ont rendu impossibles toutes relations entre
vous et mon fils. »
Cet affront amena instantanément sur te visage de Silbermann une expression de haine qui, se mélangeant à
l'intention courtoise, lui composa un masque bizarre et
équivoque. Arrêté net dans son sal~t mais encore co~~bé,
son corps parut prêt à bondir. Sa mam, revenue en arnere,
se dissimula par un geste contourné. Et je se~tais au de.dan~
de cet être, longtemps opprimé, un bomllonnement s1
violent que, sa face un peu asiatique et son attitude double
se rapprochant dans ma mémoire de je nê s-:.ïs quelle image
romanesque, j'eus la pensée que fallais voir reparaîrre cette
main, brandissant féroce1nent sur ma mère une lôngne
lame courbe.
Il resta hésitant un moment, grimaça vers moi un sourire qui découvrit des mâchoires serrées, et nous t0urna le
dos.
Mais déj à ma mère m'entraînait à grands pas.
Son air n'eût pas été plus grave si elle m'eût surpris
en train d'incendier n:otre maison.
« Malheureux r tu ne songes sans doute pas aux conséquences de tes actes, dit-elle . d'une voix _frémissante.
Ne comprends-tu pas que tu nsques de ;mner la c~rrière de ton père ?... Il suffirait que quelqu un de rnalmtentionné ébruitât tes relations avec ce garçon pour que

SILBERMANN

ton père fût blâmé, changé de poste, destitué peut-être !...
Et comment ne vois~tu pas qu'en même temps c'est ton
propre avenir que tu es en train de compromettre ? Ce
Silbermann, ce Juif beau parleur, qui te mène co.mme il
veut et que tu soutiens contre tous, que te donne+il en
échange?... Il te fait perdre tous tes amis; il t'éloigne
des milieux qui pourraient t'être utiles pius tard. Bientôt,
il te faudra choisir une carrière, prendre ta course ... qui
te mettra le pied à l'étrier ? Un marchand d'antiquités
plus ou moins véreux.? ... Bonne recommandation ! Vois
comme elle agit aujourd'hui : son fils et toi vo'l!ls êtes
dans la cour du lycée ainsi que deux parias.,. oui, je s:l!.is
cela. Je sais aussi que tu passes des journées entières dans
la maison de ce garçon ... Mon enfant,. comment as-tu pu
en arriver là ?... Toi si délicat, si sensible à la tradition de
notre famille ... toi qui naguère n'admirais rien qui s'éloignât de notre foyer. .. qui répétais, quand tu étais petit,
en te redressant : « Je veux ressembler à père et à grandpère »... comment te plais-tù à présent a-vec ces ge.ns qui
n'ont ni feu ni lieu.? »
En ra:ppelant à ma conscience ces engagements puérils,
ma mère espérait me regagner. Mais elle ne réussissait
pas. Au contraire : frappé déjà par la manière brutale dont
elle ~vair attaqué Silbermann, j'éprouvais à mesure qu'elle
~arl~1t un~ surprise qui m'éloignait d'elle. Cette voix que
lavais touiours entendue vanter le bien et la bo!llté trouvait
des accents plus forts pour exalter l'intérêt et me pousser
aux ac:es calculés. Etait-ce possible? Je n'en revenais pas.
Lo~s~u elle m~ demanda quels avantages je retirais de mon
am~tié avec S1lberrnann, je crus_ une seconde, dans l'obsc~nté tombée, qu'une autre femme, une inconnue, avait
pns sa p~ace ~t me questionnait. Je la regardai, étonné.
Elle portait ce Jour-là une :rmp,le mante de couleur sombre
gu~elle revêtait lorsque l'œuvre de bienfaisance dont ell;
était la secrétaire la chargeait de quelque enquête dans une
famille· d'.m d.igents. A'ms1· enveloppée, ses mouvements

�SILBERMANN
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

restaient cachés. Et je me demandais si les pensées véritables de ma mère ne s'étaient pas toujours dissimulées de
la sorte sous des plis austères.
Son agitation ne s'apaisait pas. Elle attendait de moi
une parole de soumission, une promesse. Mais je m'obstinai dans le silence. Nous arrivâmes à la maison. En me
laissant, elle me dit :
- Puisque tu ne veux pas entendre raison, je saurai
bien te soustraire à cette influence.. &gt;&gt;
Le lendemain, qui était jour· de congé, je ne vis pas
Silbermann. Le jour suivant, il ne parut point à la classe
du matin. Et bientôt on apprit que le proviseur avait
envoyé une lettre à ses parents, leur donnant le çonseil,
vu le désordre dont il était la cause, de retirer leur fils du
lycée.

VII
Comme je veux, aujourd'hui, retracer mes sentiments
lorsque j'appris cette nouvelle, il me semble que mes
souvenirs sont les lambeaux d'un rêve, et d'un rêve
affreux. Je me retrouve au lycée ayant presque perdu
la notion de ce qui m'entoure, remarquant à peine les
figures railleuses de mes compagnons et restant indifférent
à leurs sarcasmes. Dans ma tête, des questions s'élancent
avec un bourdonnement infini : &lt;&lt; Est-ce ma mère qui l'a
fait renvoyer ?... Que devient-il ?... Où le voir ?... Comment le sauver? &gt;&gt;
Je lui écris successivement deux lettres ; elles restent
sans réponse. Et comme je n'ose me présenter chez lui
où je sais que maintenant mon nom est haï, je vais rôder
autour de son habitation dans l'espoir de le rencontrer.
· Une fois, je m'enhardis à interroger quelqu'un de sa maison et, sur l'information vague qu'il est sorti, je décide
d'attendre son retour. Il y a devant sa demeure un jardin
dont la grille est entrebâillée. Je me glisse là et, posté dans

l'obscurité, je surveille les allées et venues · dans la rue.
Tenant des mains les barreaux de fer dont le froid me
glace, je jure de ne desserrer les doigts que quand Silbermann apparaîtra et pour me précipiter vers lui. Chaque
ombre, chaque voiture qui passe, me font tressaillir. Les
heures_ s'écoulent .. La nu~t est tout à fait tombée. Enfin,
les rnams engourdies, épuisé de fatigue, je rentre chez moi,
me reprochant rudement ce manque de fermeté. Mes
parents, après ~•avoir attendu longtemps, se sont mis à
tabl: et achèvent de dîner. Est-ce réellement moi pour qui
la regle du ~oyer fut toujours un évangile, qui rentre de
la sorte,
. . le .visage hagard et sans un mot d'e x cuse ;i. Est-ce
m01,
.
· · dsi épns
1 des ,traits. , sereins de ma mère , qu1· les 1aisse
amsi éso és par 1anxieté et la peine ;i· Est- ce m01,. s1. respectueux envers mon père et si soumis, qui repousse sa
d~mande d'explications avec un tel accent que mon père,
decontenancé, bat en retraite ?
Oui, ces scènes
furent réelles ,. mai·s elle s avaient
.
.
co~1me 1,a tei~te . du rêve ou plutôt il me semblait
quelles
·s encharnaient
. , hors de ma volonté • Et tout se
Pré sentait,
ce soir~la, sous une apparence si nébuleuse
que,
regardant
droit devant un miro;,.
•
r
.u et apercevant un
visage rarouche et des yeux enfiévrés 1· e c
dans ma chambre d'A.
'
rus. me trouver
1~u~sbelles, en face du portrait de
m
,
r o~lloncle, 1 étrange m1ss10nnaire en révolte contre sa
rami e.
•
Dix jours passèrent pendant lesquels 1·e n'
nouvelle de Silb
,
eus aucune
sur l' rr .
d ermann . J avais peu de renseignements
arraire e son père '. 1e
. savais
. . seulement par les
.
J~urnaux~ que l'instruction se poursufrait et 'ue mon
pere avait convoqué plusieurs témoins E fi q
b
de ce t
·
· n n, au out
emps, Je reçus une lettre de lui Il m'o· ff .
rendez
fi •
·
rait un
-vous, me xa1t la date et il aJ·outait . J
l
lendemain. »
'
· « e pars e
Le lieu qu'il m'ava1't 1D
· d'iqué était près de sa maison.

�310

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Je m'y trouvai avant Jui. Je le vis venir de loin ; et,
œmme je l'aperçus, je me ressouvins de notre première
rencontre. 11 avançait avec Ja même dé:marche, tout
agité, Je front inquiet ; mais, cette fois-ci, -ce n'était
point une apparence qui le faisait imaginer entouré d'ennemis.
Je courus vers lui. L'émotion, la gêne, me firent balbutier
je ne sais quoi. Il m'interrompit :
« Je n'ai pas répondu à tes lettres, ne voulant pas être
cause d'un désagrément entre tes parents et toi.
Son ton était trèscalme,mais je sentais qu'il se contenait.
Il reprit:
- Tu sais que ce sont !!Ux qui ont demandé mon renvoi du lycée ?
Je fis un geste navré.
- Oh ! Cela vaut peut-être mieux. Ma situation était
devenue .impossible ... Alors - continua-t-il d'une voix
moins assurée - ie pars ... je pars demain. .. pour l'Amérique.
- Tu vas en Amérique? m'écriai-je. Mais pour combien
de temps? Quand reviendras-tu ?
- Jamais, répondit-'il d'un ton résolu. Je m'établis chez
un de mes oncles.
]'.étais consterné.
- Pourquoi prendre une telle décision ? murmurai-je
faiblement en saisissant ses mains.
- Pourquoi? ... Parce que l'on m'a chassé de ce pays,
déclara-t-il en se dégageant par une saccade.
Un passant remarqua ce geste et se mit à nous observer.
- Prends garde~ dit ironiqu1ement Silbermann. Ne restons pas ici. 11 ne :faut pas que tu sois "VU en aussi indigne
compagnie. »
Il m'entraînt vers le Bois .de Boulogne. Nous prîmes
un petit chemin qui serpentait sur les fortifications et où
personne ne se montrait. Je marchais silendensement à _son

SILBERMANN

311

côté. Mes bras, écartés par lui, étaient retombés et me semblaient tirés par des poids.
« Oui dit-il, étouffant avec peine sa colère - je
pars, j'abandonne mes études, je renonce à tous mes projets.
Le frère de mon père, mon oncle Joshua, qui est courtier de pierres précieuses à New-York, me prend dans ses
affaires.
Ils triomphent, les Français de France / Songe donc :
un Juif de moins auprès d'eux !... On va se ·réjouir à
Saint-Xavier lorsqu'on apprendra cette nouvelle !. .. Ah !
les imbéciles ! Croient-ils, parce qu'ils ne me verront plus
ici, qu'ils auront un ennemi de moins ? Ne savent-ils pas
que c'est pour avoir été rejetée toujours et par tous que
notre race s'est fortifiée au cours des siècles ? )&gt;
Sa voix sifilait. Les muscles de son cou, raides et
gonflés, faisaient penser à une nichée de serpents redressés.
Puis, éclatant tout à coup et lançant les mots avec feu
comme s'ils jaillissaient d'un brasier secret:
« Pourquoi cette explosion d'antisémitisme en France?
Pourquoi l'organisation de cette guerre contre nous ? Estce un mouvement religieu:1{ ? Est-ce le vieux désir de vengeance qui se ranime ?. . . Allons donc ! Votre foi n'est
plus ~.i vive ! Non, ce n'est pas si haut qu'il faut chercher
les _raisons de
attaques. Je vais te dire quels sont les
vémables mobiles qui vous font agir : c'est un bas égoïsme
'
l' . 1
,
c est envie a plus vile. Depuis quelques années, il est
venu dans votre pays des gens plus subtils, plus hardis,
plus tenaces, qui réussissent mieux dans toutes leurs entreprises; et au lieu de rivaliser avec eux pour le meilleur
résultat commun, vous vous liguez contre eux et cherchez
à :ous en débarras_ser. Votre haine, c'est le sentiment qui
fa1t q~e quelquef~1s dans une équipe d'ouvriers, celui qni
travaille plus habilement ou plus vite reçoit des autres un
coup de couteau. Cela es_t si vrai que la classe la plus
acharnée contre nous est la bourgeoisie, la haute bour-

:os

�312

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

geoisie, parce qu'elle voit apparaître des concurrents dans
des carrières qui jusqu'ici étaient son apanage. Regarde la
fureur avec laquelle ton ami Robin, dont la nature est
pourtant bien innocente, défend la charge de son père, le
notaire, celle de son oncle, l'agent de change. C'est autour
de lui, bien plus que dans l'aristocratie, laquelle en raison
de son oisiveté a besoin de notre richesse, bien plus que
dans le peuple, qui ignore tout de cette prétendue guerre
traditionnelle, que l'on crie le plus fort&lt;&lt; Mort aux Juifs ».
Il y a, il est vrai, le cas d'un Montclar, mais de tels
cas sont l'exception. Ils se produisent lorsque l'hérédité
d'un lointain ancêtre noble - chef de bandes qui vivait
d'aventures - se réveille tout à coup et veut s'exercer dans
un temps qui n'est plus celui des croisades et des grandes
rapines. Nés violents et durs, méprisant la pensée, répugnant à tout métier, ceux-là se jettent dans toutes les querelles, si déloyales, si funestes qu'elles soient, et finalement,
désœuvrés dans notre civilisation, ils vont se faire tuer en
Afrique.
Comment justifiez-vous votre aversion pour le Juif?
Par les traits affreux que la légende lui attribue ?... Ils
sont tous absurdes. Sa ladrerie, par exemple ?... Tiens,
regarde plutôt par ici, considère ces maisons.. . &gt;J
Il me désignait le riche quartier nouvellement fondé à
la Muette, en bor&lt;lure du Bois. Toutes les habitations,
par leur architecture, éveillaient l'idée de luxe et de prodigalité.
&lt;&lt; Là est l'hôtel que Henri de Rothsdorf fait construire
pour ses collections. Derrière, se trouve celui de Raphaël
Léon, qui a fait copier un pavillon Louis XVI. Ce toit
élevé, c'est la maison qui appartient à Gustave Nathan, le
plus bel immeuble de Paris, dit-on. A côté est celle où
j'habite, ainsi que les Sacher et les Blumenfeld. Et ainsi
de suite ... Je pourrais te citer toutes les constructions
voisines. C'est une vraie juiverie que ce quartier. Mais
elle n'est pas mal, hein? Nous faisons bien les choses !. ..

SILBERMANN

Quoi donc encore ? Les Juifs sont sales? ... Vraiment?
Où crois-tu que l'on trouve plus de salles de bains dans.
'
ces maisons-là ou dans les hôtels du Faubourg ?... Ils
sont rapaces aussi ?... Est-ce que tout homme qui travaille ne cherche pas à gagner de l'argent ?..• Ils sont
voleurs ?.. . Ah ! mon ami, si tu connaissais les louches
brocantages que les plus beaux noms de France viennent
proposer à mon père, tu conviendrais que noti:e façon de
nous enrichir dans les affaires est bien honnête ? Si tu
avais entendu, comme moi, Ja scène qui a eu lieu un
jour, ~hez nous, entre le duc de Norrois et mon père,
tu serais éclairé. Norrois, dans je ne sais quel marché avait
volé mon père, mais là, volé, ce qui s'appelle voler. Mon
pè~e 1:a~ait découvert. De la pièce voisine je l'entendais
qm cna1t: « Comment! Vous avez fait cela? &gt;J Ah! il ne
lui d~nnait plus du Monsieur le duc !. .. Et l'autre, la voix
~uppliante : « Du calme, mon bon Silbermann, du calme ...
Je réparerai tout ... vous serez indemnisé ... je vous en
donne ma parole. &gt;J Le lendemain, la duchesse de Norrois
envoyait des fleurs à ma mère. Mon père n'a jamais été
ren:iboursé de ce qu'il avait perdu. Il n'a jamais porté
plamte.
« Je sais, je sais ... vous n'alléguez pas seulement contre
nous les tares individuelles. Vous soulevez des questions
plus graves. Il y a, paraît-il, l'inconvénient social : nous
form~~s un état dans l'état; notre race ne s'assimile pas
au milieu ; elle ne se fond jamais dans le caractère d'un
pays .. . Comment en jugez-vous ? Est-ce possible autrement ? Durant des siècles nous avons vécu parqués
comme des troupeaux, sans alliances concevables avec le
dehors. Il n'y a pas cent ans que, en certains pays nous
avons cessé de voir des chaînes autour de notre résidence.
Veut-on que nos .liens héréditaires se dénouent du jour
a_u_ lende~ain ? Et ne comprenez-vous pas que vos dispos1t1ons hameuses ne font que les resserrer ? Et puis, est-ce
que chacun, dans une même nation et malgré un sang

�LA NOUVELLE REVUE FllANÇAlSB

collectif, n est pas soumis aux courants variés de son hérédité, hérédité de classe, hérédité de religion ? Si, moi, je
suis Juif, es-tu assez protestant, toi, avec ta conscience
scrupuleuse, tes pactes solennels, ton prosélytisme sournois, ta sentimentalité retenue sous un air austère ? Ab !
tu es resté bien fidèle à tes ancêtres calvinistes. Et entre
un Montclar, issu d'une caste de chefs, rebelles même à
leur prince ; un La Béchellière, fils de médiocres hobereaux qui n'ont jamais vu plus loin que l'étendue de leurs
terres ; un Robin dont la famille n'a pris rang que depuis .
la Révolution ; et toi, d'une humble lignée huguenote .. .
il y a autant de différence qu'entre des types de race
distincte; il y a chez vous autant d'éléments prêts à se
corn battre.
cc Mais ce n'est pas tout. Votre grand grief, c'est l'esprit juif, le fameux esprit juif, ce dangereux instinct de
jouissance immédiate qui corrompt tout génie, empêche
d·e rien créer qui soit éternel, avilit la pensée 1... Or, ne
crois-tu pas qu'un peu de cette semence pratique ferait du
bien à votre sol ? Si dans ce pays partagé entre les visionnaires du passé et ceux de l'avenir, quelques hommes
venaient qui vous enseignaient à tirer plus de profit du
temps que vous passez sur terre, n'apporteraient-ils pas
précisément ce dont vous avez besoin ? Et si, une fois
mêlées au vôtre, quelques gouttes de ce sang nouveau,
riche en sensualité, redoublaient chez vous la faculté de
sentir, vous ne seriez pas transformés, comme certains
le craignent, en bêtes flairant. les choses. L'intelligence
d'Israël a assez brillé à travers les âges pour que vous
soyez rassurés.
« Etre Juif et Français, que cette alliance pourrait être
féconde! Quel espoir j'en tirais! Je ne voulais rien ignorer
de ce que vous avez pensé et écrit. Quelle n'était pas mou
émotion lorsque je prenais connaissance d'une belle œuvre
née de votre génie ! Tu le sais, toi, tu m'as vu à ces
moments. Il m'arrivait ·alors de rester silencieux ; tu me
1

SILBERMANN

questionnais en vain... C'est que j'écoutais cette beauté
s'unir sourdement à mon esprit, oui, à mon vil esprit
juif!
« Je me souviens du jour où j'ai ouvert pour la première
fois les Mérrwires d'Outre-tombe. Je ne connaissais que le
Génie du Christianisme ; je jugeais mal Chateaubriand; je
n'aimais pas ces tableaux pompeux et froids. Et tout à
coup, je contemple Combourg; ie découvre le .passage sur
l'Amérique, sur l'émigration; je suis entraîné dans le
tumulte prodigieux de ce cerveau.. . Quelle fièvre m'a
saisi ! En moins d'une semaine, j'ai achevé les huit
volumes. Je lisais une partie de la nuit et, lorsque j'avais
éteint la lumière et fermé les yeux, certaines phrases restaient dans ma tête comme des feux éblouissants qui me
tenaient é•eillé.
« Je me sou viens aussi des heures passées à former et
reformer mes projets d'avenir : d'abord le plan de mes
études au sortir du lycée, puis le sujet de mès premiers
essais. Je n'avais point d'impatience, car je ne voulais pas
être marqué de la bâte et de l'avidité que l'on reproche à
ceux de ma race. Pourtant, je rêvais du jour oû je lirais
mon nom imprimé.,. Eh! bien ce souhait a été réalisé.
Une fois mon nom a été imprimé ; et il était même suivi
d:une description. C'était dans La Tradition Française:
Silbermann fils, un hideux avorton juif... Ainsi vous
m'a~•ez accablé de coups, moi qui ne songeais qu'à vous
servir. »

Sa voix était étranglée. Il s'arrêta et baissa la tête. Des
larmes coulèrent sur ses joues.
Ce discours singulier., ce mélange de plaintes et de malédictions, avait provoqué en moi autant de compassion que
d'embarras. Je voulus placer un mot.

- Mais je n'ai pas agi ainsi, prot'estai-je. Je t'ai tout
donné. Je t'aurais sacrifié tout. Maintes fois je te l'ai
prouvé.
Alors, relevant 1a tête et redressant brusquement le ton. :

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

_ Crois-tu donc que je ne le méritais pas ? N'en
déplaise à ta mère, cette bonne protestante qui a si b~e.n
pratiqué à mon égard la charité évangélique,_ mon amitié
valaic mieux pour toi qu'aucuµe autre, s01s-e? :s:ur~.
Rappelle-toi nos entretiens, songe à tout ce que Je t a1 fait
connaître et comprendre. Trouvais-tu un profit analogue
auprès de tes camarades ordinaires et même au?r~s ~e:
gens de ton entourage ?.. . Allons, ré~onds !: ·. ~1a15, J~ n :~
qu'à revoir ta figure lorsque tu m écoutais, Je n a1 qua
répéter tes propres paroles .. Une foi~ t~- m'as d~t que dans
une conversation avec moi tu avais 11mpress1on que les
idées te venaient plus vites, plus nombreuses, et que tu
pouvais les développer plus intelligemment... E~ ! c'est
un mérite estimable que d'exercer une telle action sur
l'esprit de quelqu'un. Cette capacit1 d'a?ime_r un cervea~
n'est pas départie, que je sache, aux etres mféne~rs ... Ou'., ,
voilà le fait qui domine tout : nous sommes mieux doues
que les autres, uous vous sommes supérieurs. Si tu n'en
es pas convaincu, compte-nous à trav~rs le m~nde =. sept
millions ... en France quatre-vingt mille... pms vois les
places que nous occupons. Ecoute bien çe q~e je _vais te
dire : le peuple d'élection, ce n'est pas ~ne ~1vagauon ~e
prophète mais une donnée ethnologtque a laquelle Je
crois de toutes mes forces. &gt;&gt;
Il s'interrompit et humecta ses lèvres comme ~ltéré~s
par cette ·proclamation ardente. Tout en_ parlant, il ét~1t
allé se placer à quelques pas deva~t ~01 sur_ u~e, peute
élévation que formait le terrain et ~ où il domma1t 1 espace
environnant. A travers les larmes une expression superbe
avait paru sur sa face ; ses lèvres,. devenues ver~eilles,
étaient épanouies. C'était Sion renaissant de ses_ ruines ..
Le ciel, ce jour-là, présentait un aspect qm frappait.
D'un côté, le disque orange du soleil, se rappro_c~ant de
l'horizon, faisait imaginer de chaudes terres ménd10nale~.
Et à l'opposé, plus haut, frileusement cachée ~n parti_e
dans un azur neigeux, une lune pâle transportait 1espnt

SILBERMANN

31 7

sous un climat boréal. Sur ce fond qui contenait l'univers, la silhouette de Silbermann se dressait telle une
vision allégorique. L'air tremblait sous ses paroles, était
fouetté par ses bras. Il semblait le maître du monde.
- Comprends-tu à présent combien j'ai été outragé ?
reprit-il. Et me demandes-tu encore pourquoi je quitte
la France sans intention de retour ?... Oh ! je sais, j'aurais
pu supporter ces débuts difficiles, m'habituer ou patienter,
comme bien d'autres de ma race. Non, ceux-là je vous les
laisse. Vois-tu, chaque pays a les Juifs qu'il mérite ... ce
n'est pas de moi, c'est de Metternich.
« Maintenant, je suis sorti de mes rêves. En Amérique,
je vais Jaire de l'argent. Avec le nom que je porte, j'y étais
prédestiné, hein !. . . David Silbermann, cela fair mieux
sur la plaque d'un marchand de diamants que sur la couverture d'un livre! Je ne me suis guère préparé jusqu'ici à
cette profession, mais mon avenir ne m'inquiète pas; je
saurai me débrouiller. Là-bas je me marierai suivant la
pure tradition de mes pères. De quelle nationalité seront
mes enfants? Je n'en sais rien et ne ·m'en soucie pas.
Pour nous, ces patries-là ne comptent guère. Où que nous
soyons fixés à travers le monde, n'est-ce pas toujours en
terre étrangère ? Mais ce dont je suis sûr, c'est qu'ils seront
Juifs; et même j'en ferai de bons Juifs, à qui j'enseignerai
la grandeur d-e notre race et le respect de nos croyances.
Alors, s'ils sont hideux coml)'le moi, s'ils ont une âme
aussi tourmentée que la mienne, s'ils souffrent autant que
j'ai souffert, n'importe! ils sauront se défendre, ils sauront
surmonter leurs épreuves. Ils seront soutenus par ces secrets
invincibles que nous nous transmettons de génération
en génération, par cette espérance tenace qui nous fait répéter
solennellement depuis des siècles : cc L'an prochain à Jérusalem. » Non, je ne suis pas en peine de ce qu'ils deviendront. Si c'est la puissance de l'argent qui prime toutes les
autres, ils suivront la même voie que leurs pères. Si cette
souveraineté est ébranlée, si un principe nouveau vient

�318

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

bouleverser l'ancit.!n ordre, alors ils changeront de profes_
sion, de nom, et ils exploiteront les idées régnantes,
tandis que vous autres, pauvres niais, vous vous y o pposerez ou vous les subirez, mais vous ne les utiliserez pas.
« Voilà. J'ai fini. Je désirais faire entendre toutes ces
choses à quelqu'un. Maintenant nous n'avons plus rien à
nous dire. Adieu. »
Il toucha mon épaule d'un geste définitif, descendit du
glacis en trois bonds et en un moment il disparut, com11:1e
un propliète cesse d'être visible aux yeux des humains
qu'il est venu avertir.
Je le laissai aller sans un mot, sans un geste. J'étais
comme stupéfait. Après quelques instants, tandis que les
paroles que je- venais d'entendre retentissaient encore en
mo~ je regardai alentour. Les fortifications m'offraient
une perspective désertée. Assez loin, au pied d'un bastion,
un groupe de soldats s'exerçaient au clairon. Ils m'apparurent minuscules et pareils à des jouets.

VIII
Ce fut ma dernière entrevue avec Silbermann. Notre
séparation me fut moins douloureuse à la suite de ces
étranges adieux. Toutefois lorsqu'il eut cessé définiùvement
d'être mêlé à ma vie, je tombai dans une profonde désolation. Sa personne même ni la fin de notre amitié n'en
étaient cause. Je souffrais de ne plus recevoir, chaque
matin, à mon réveil, en même temps que la première
flèche du jour, l'inspiration de cette tâche glorieuse. Habitué
aux rudes efforts et aux sacrifices qu'elle m'imposait, je
me résionais mal à des acteS indifférents et sans nobles
visées. L'existence avait perdu tout prix et m'apparaissait
aflreusement morne.
Cette impression provenait aussi de ce que Silbermann,
en m'apportant une multitude de notions nouvelles, avait

SILBERMANN

319

détruit la plupart de celles que je possédais. Et maintenant
que 50n esprit mobile n'était plus là pour entraîner Te
mien, je m'apercevais de ces ruines.
Elles se trouvaient partout.
Enclin à contredire, prompt à exercer son sens critique
Silbermann m'avait rendu habile à discerner le défaut d~
c~oses. Ainsi, en matière de littérature, il avait l'habitude
d appuyer toute admiration par quelque dénigrement · et
~omme son g~ût changeait sou,ent, il était fréquent' de
l entendre dépnser par un raisonnement subtil une œuvre
que peu auparavant il avait placée au-dessus de toute autre
Je _l'avais t~op écouté. Par ces rabaissements successifs iÎ
avait .,abo~tl à me _démontrer l'imperfection de tout ce
que J_ avais Ju. Mamtenant, quand je relisais uu lfrre
que _J'avais a_iml: naguère, je ne retrouvais plus jamais
le m_eme sentLID~nt absol~. La notion obscure que toute
qualité _est relative empo1Sonnait les jouissances que me
procur~1t la. lecture et arrêtait mes curiosités nouvelles.
~nfin, mst~1.11t par Silbermann avec légèreté et confusion,
Je ~e voya~s plus, dans tout ce que les hommes ont écrit,
qn un sténle
remuement
de pensées et d''images qui. se
.
.
perpétuai: depu1S des siècles. Et devant ma bibliothèque,
comme ~1 la trop avide intelligence du jeune Juif m'eût
con:1mun1qué la satiété fameuse d'un de ses rois, je songeais aux paroles de !'Ecclésiaste ~ « Quel avantage r .
à l'h
.
ev1ent11 . omme de la peme qu'il se donne? ... Tout n'est que
vanné et poursuite du vent. »
Mais c'était _dans notre foyer que les ruines causées par
le passage de Stlbermann
étaient le plus sensibles . Là , tous
.
di
é
mes
eux
ta1ent
renversés.
Les idées en honneur, nos pemes
.
J • d
•
OIS ome~uques, n?tre conception du beau, tout avait perdu
s~n ~resuge. Et l autorité de mes parents de\·ait subir
b1eotot une déchéance pareille.
Déjà,_ depuis quelque temps, je n'avais plus la même
Yéné_rauon aveugle envers eux. J'avais eu le soupçon à d
repnses que certaines de leurs pensées m'avaient toujoe:;:

�320

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

échappé. Je n'avais pas oublié l'étrange figure de mon père
s'acharnant à m'imputer des actions infâmes, ni l'attitude
de ma mère cherchant à me détacher de Silbermann par
les moins nobles arguments.
Un soir, comme j'allais pénétrer dans la salle à manger
où ils se trouvaient, j'entendis prononcer le nom de Silbermann. Je m'arrêtai sur le seuil. J'étais caché par une
portière.
- Sa culpabilité ne fait point de doute, disait mon
père. Mais en somme on peut dire que les charges relevées
contre lui ne sont point précises.
- S'il en est ainsi, mon ami, considère combien
l'appui d'un député influent peut te servir. En faisant ce
que Magnot te demande, tu acquiers tous les droits à sa
reconnaissance.
Je soulevai la portière et entrai.
Ma mère s'interrompit. Son visage et celui de mon père
prirent aussitôt cette contenance grave et recueillie que je
leur voyais toujours au moment que nous nous installions à la table du repas. Oui, c'était devant moi, sous la
lumière du globe suspendu, le tableau quotidien, lacérémonie habituelle. Cependant, le changement de leur physionomie n'avait pas été si prompt que je n'eusse surpris
dans les traits de ma mère une expression mélangée de
-cupidité et d'insistance, et dans le regard de mon père une
sorte de vacillement. Alors, brusquement, la question que
Silbermann m'avait posée un jour me revint en mémoire:
« Qui pourrait agir sur ton père ?... une personnalité politique? ... Mon père en connaît plusieurs. » Je compris
que l'on avait fait certaines démarches en faveur du père
de Silbermann ; je compris que ma mère, mise au courant
des faits, était en train d'évaluer avec une âpre connaissance le profit à tirer de la situation, et que le juge, mon
père, qui avait toujours présenté à mes actes l'exemple
d'une droiture inflexible, hésitait et même penchait vers la
fraude.

32r

SILBERMANN

Je pris place entre eux. Mes pensées étaient vagues. Il
me semblait que le sol sur lequel j'avais posé mes pas
jusqu'ici perdait soudain toute fermeté. Mes parents se
d~utaient-ils que j'avais surpris leur conversation ? Je ne
sais ; toutefois j'ai le souvenir d'une certaine gêne chez
eux. Ils m'observaient à la dérobée. Le repas commença
en silence.
Je songeais au sermon sur l'intégrité de la justice que
mon père .m'avait fait entendre dans son cabinet , à son
accent maiestueux et quasi divin lorsqu'il prononçait le
mot conscieu:e. Je songeais aux blâmes sévères que ma
mère portait s1 souvent sur les actions des autres. Ils
n'agissent point comme ils me le donnent à croire disaisje intérieurement, ils me trompent, ils m'ont ;oujours
trompé.
Cette pensée réfléchissait sa lumière sur le passé. j'avais
souvent comparé la conduite de mes parents et le système
de le~rs actes ~ ces tapisseries au canevas que ma mère
bro~a1t avec patience et régularité durant nos veillées. Et
ma":tenant, _il me semblait découvrir l'envers de l'ouvrage;
~ernère les lignes symétriques et les beaux ornements aux
tons francs, j'apercevais les fils -embrouillés, les nœuds, les
mauvais points.
Mes pa:ents m'adressèrent quelques paroles engageantes.
Je répon~s par °:ono_syllabes. Le regard fixe, je revoyais,
comme_ s1 la tap1ssene se fût déroulée devant moi, leurs
gestes simples, leurs préceptes stricts, leurs actions nobles .
e_t chacune de ces belles images s'ajustait à une trame hor~
nble. Ah! que m'importait que ce qu'ils ourdissaient maintenant, eût pour conséquence de sauver le père de Silbermann. Dans
le soudain
bouleversement de mes notions
.
.
.
morales Je ne pensa1s plus à cet événement.
Bien mieux, au lendemain de cette scène, espérant de
toute mon âm~ q_u e mon père ne céderait pas aux pressions
exercées _sur lm, Je souhaitai que la preuve m'en fût donnée
par la ause en accusation de l'antiquaire. « Sa culpabilité
21

�LA NOUVELLE REVUE_fRANGAISE

322

ne fait point d-.e · dnute », 3:-vait ajErmé mon père. Et je
tremblais qu'il ne se prononçât contrairement à cette, con,
viction.
.
Que~qµ.~ _iOl!fS, p~us tard~ ma mère.,, me tirenan;t ~ part
~_vec · une, min:e mJstérieuse eL complice~ me· ~il q,u,e pui.sqµe1j~ m'intéressais aU, père de · mon_:anci~ ca-mar;ide, je
pouvais être rassuré sur son sort: les conclusioqs-_de L'instruction lui éraient favorables et seraien v certainement
approu;zées; par le garqµet.
1~. ,.
Ainsi, fa çonsc.ience. de mon pèr~,., qui ét:,*1.restéj! fermée
à tout sentiment de pitié, avaitJléc_hi. de:vant la consid,ér~
tion d'un avantage 2ersonnel.
'
J'écoutais les paroles de ma mère a:vec un- air si méprisant qu'elle, rougit et détourna la tête. _
Peu après, en effet, une ordonnance de non-lieu.fut ren,
du.e en faveur du père de Silbem1ann. Et Pët; un singulier
revirement, cette. décision que. nous avi9ll5r tous Q.!lfilt S:i
impatiemment attendue naguère toucha peut-être à peine
Silbenriann dans sa nouvelle patrie ;.et moi,, à qui eIJe. confirmait l1indignité. de mon père, je l'a1,cueillis avec des
larmes de honte.
.
Aloi:s, aw~s ce dénouement~_ un sentiment cle rév@lte
éclata en moi contre mes parents. Je pens~s, avec c.olère
aux ôgides _prioci,pes de ntorale -qu'ils m'avaient inculqués
sans les observer eux,--mêmes; te pem;ais à la vl}ie étroite
et diffi.·cile que Le m~étais wujoui:s 4vettl,\é à suivre? Vers
quel but? Et de quelle utilité celte du.r.e, servJtude ?, Q11el..
quefois, dans la rue pat-- le. goût de iµ'obli_g er à de petit,s
devoirs, j,e m'appliquais à marcher sur la; hg1w marquant- la
bordure du trottoir. N'était-œ pas d'une manière analGgu.e
que ie me conduisais dans la- vie, ·regardant -~ peine les
choses, l'esprit obsédé par une règle rigomeuse et absurde ?
Je.comptais toutes les privations que je. m'étais, infligées;
je songeais à,la réduction- que je faisais- constammtmt subiJi
à mou être, lorsque, avec autant de soin et autant de joie
que mon grand-père tandis- qu'il rognait sa vigne, je
•

-

1

SlLB.ERM:AINN

3'23'

retram:hais mes sen.timents.ttop ~ifset.réprlmai&amp; mès beam~
désirs.
11 me·parut.. qu'.on. avait .abusé de m:t'd'édulite d'imfant~,
et awec une sourde violence, jit me tlcessai:. contre. aeu:x;
dont j"a,,v.ais. été la dupe~_J'émt;ü: autant qne. je pus la co.m:
pagnie: de ·mtts parents. Ee.ru à..peu j'e•cessiliir même. de le:iir
adressé.da pacoLL
Jet, ne sais-ce, glD.la pensaient de ma: coatlnite, car j'atfec,.
tais dlignoreo leur présence et ce. lev:a:is pLu,-s jamais. le.s
yen sur eux, Néanmoins il~m'arniv,ait, p.arfoi:s de les é.pie1,
ob-li.quement dans un miroir au,d:ans; um..&lt;numace polie,. et
j'apercevais alors le regard de ma mère désespérément attlar
dIBi à ma! petSQlllWL
Quelque t.etli'lÇsi passa. Je· m9ais, ~hms im affreux cmn.ui;
rûàyan:t plus, fn~ ml.a: vertu et n!ay-am:. point. de· goût poun
le· maL
Urr soir, comme.je rentraisra: la marron, je vjs-· ma. m:èr.e
venue à ma nencontre· dans l'aMichambre. Elle tenait à. lm
main un. journal. et. me ·dit&gt; asr.ec un&lt;i'ém0tii.0.m jny.aus.e ::
_, Tcm~père: est · nommé cense:iller à la; &lt;IOJiri b ll0Uf
velle est annoncée officiellement ce soir.
·A ' ce.s. mots~ en'. dép.it. de.. mes, efforts, pour rester insensible, jè:ne pus r.éprim.err un signe. d:intérêt-. C'.est que cet
avaoGement ét'ti.t attendu dans mai :fatn.ill.e depuis , cl~1
ann:é.es. Maintes. et maintes fois f en avais entendn, parlet
Je:. sa1cais qu'il· marquait une. étaµe considérahle dans la,
carrière. d-e mon p:èœ~ J:ti~n'ignarais p.as l:a-ctivàtlt déplo:yéti;
par ma mère pour le hâter. « Passer à la cour .»..... s'ex.da~ma:it-elle, .snuvent ei1. joignant les mairrs... Toutes- ces
pensées n:re.remuaient malgté m.@i._.
Ma mère discernai sans dout-e. œtroJ:Ible.,EHe di.t g:mve-.,
ment ces simples..mots.:
·
- Mon.entant,,ntt te foindras-tn. pas à, 1mus,eru ce ·jour de
bonheur?
Je-. leya,î les yt:tUX· v.ers,@n- v.isage.. Dep.uis, longtemps-. je

�32-4

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE'

m'en étais obstinément détourné. Et comme si retrouver ce
visage me l'eût fait voir mieux, j'y découvris certains.
signes que je n'avais pas remarqués encore: quelque chose
d' épuisé dans les orbites et un certain amincissement aux
tempes. Il me parut pour la premièrefois que cette figure
n'était point formée, ainsi que les enfants le croient de kurs
parents, d'une chair inaltérable et comme idéale, mais, au
contraire, périssable et qui déjà était usée. Je ne sais quel
fut le sentiment qui se fit jour d,ns mes yeux ; mais je
vis ma mère qui abaissait la tête et faisait un geste acca...
blé. Alors, fondant en larmes, je me jetai tout d'un coup
vers elle.
Je ne pleurais pas seulement par attendrissement ou par
repentir ; je pleurais surtout sur la misère qui se révélait
à moi. Car j'avais compris, en reconnaissant la fragile
matière de ce pur visage, qu'il n'est point d'âme, toute vertueuse et toute tendue à la sainteté qu'elle soit, qui puisse
s'élever hors de l'imperfection humaine. J'avais compris
que l'application d'une haute morale est impossible . à
aucun d'entre nous. Et je pensais tristei.:nent qu'il me
fallait renoncer aux belles missions que j'avais rêv.é ·d'accomplir.
Sans doute ma mère distingua-t-elle la vraie raison de
1nes larmes. Une expression de douleur et d'humiliation
parut sur ses traits. Peut-être allait-elle me confier corn-bien elle avait souffert, au cours de sa vie, de ses luttes
mora!es et de ses défaillances. Mais je voulus lui épargner
tout aveu et appuyai doucement mon front sur ses lèvres
frémissantes.
Entraînant avec légèreté son fardeau, elle poussa la porte
du cabinet de mon père. Mon père sourit à notre vue et,.
laissant son travail, il vint vers nous. Il me baisa au front.
Nous restâmes tous les trois unis un moment. La servante·
entra et annonça le dîner. Alors, à ces mots, mon père,
récitant le verset avec une pointe d'enjouement:
- Mangeons et réjouissons-nous, car mon fils que voici.

:SILBERMANN

était mort et il est revenu à la vie ; il était perdu et il est
retrouvé.
Et ma mère, avec des mouvements ravissants, fit le geste
de me vêtir d'une belle robe et de me passer au doigt un
anneau, ainsi qu'il est écrit au retour de l'enfant prodigue.
Au lycée, après le départ de Silbennann, je m'étais replié
dans l'isolement auquel m'avait coqdamné mon amitié pour lui. Par une rancune tenace je restais parmi mes compagnons aussi fermé et aussi farouche qu'en face de mes
parents. Et puis, est-ce qu'aucun d'eux était capable dé
remplacer Silbermann? En v~yais-je un seul, même entre
œux qui goûtaient le plus les choses de l'esprit, qui fût
animé d'une passion intellectuelle semblable à celle du
jeune Israëlite ? Quand je pensais à la curiosité qui agitait
perpétuellement celui-ci, quand, rappelant nos entretiens, je
me remémorais cette qualité brûlante et capiteuse qu'il savait
transmettre aux idées abstraites, il n'y avait point d'intelligence autour de moi qui ne me parût dénuée et sans force.
Cependant, j'aurais pu renouer facilem,ent quelques
~maraderies, car le conflit qui m'avait fait mettre à l'écart
était oublié peu à peu. Au dehors, l'activité des partis politiques s'était amortie et la ligue des Français de France avait
P,erd~ ~eaucoup de_son im_portance. A l'intérieur du lycée,
1excitation anusémtte avait cessé pour plusieurs taisons.
D'abord, les Juifs étaient chaque jour en plus grand nombre
et, de ce fait, moins remarqués. Puis, à la suite d'une
grave incorrection envers un professeur, Montclar avait été
renvoyé. Privés de leur chef, ses compagnons s'étaient calmés; La Béchellière avait repris ses manières froides et
~ourmées, et Robin était retourné à d'inoffensifs plaisirs.
Je ne pensais plus guère à Robin et ne cherchais pas à me
rapprocher de lui.
- Un jour, environ le _printemps, comme nous étions en
classe, ie le vis qui rêvait a\'ec une gravité inaccoutumée

�LA NOUVELLE REVUE BRANÇAlSE

1V-ern la oroiséi;. On aiperGe'7a:it :Lw.ave11s tla :i.iitre, .détach'és
sur le ciel bleu, le-s premiers rameaux verdoyan;t!s. rPui:s,
:s@UÔ.a,rn, lson i:regaFd se rclitîgea.tle mon -cité etise posa Lente1melft sur 1.tnoi. M~is•me rt:cueUhui.'t ancu,n -consememeat,
auoûnè &gt;œpo0iSe, ie ~re15a.r-0 ,irepui;iiit. La surpri.se passée, ue
signe de concorde ainsi hasardé m'émut profondément. Je
--songeai, ,s1irn 'hien•savoir ,pom,ei_nGi, -au pre:mi'er -emup -d\iile
de 1la wlombe Qpvèt Jes-S(;ml.otè'SlJtiurs·du :déluge ;•et,j'eus ,le
-présage d'un itp'âisemènt tl:éfüritif de toutes .th0ses. Mais.
•soit fierté, soit ii'aihleSBe, fioÙs n!os~mes :ri@ Pun it'tm.,.en;
llaun:e; et,plusieurs ;,;emaines •pa~sèfent -sans -nou~elle tentar
1 =tiv-e,
Le Jprintem.ps .rppGr-ta, Gette :mn'ée, une ,izhaleur prém:.ç.
.1mrée. -Les p.luies fotent~r.a11es, ,ed:'air, --sous le,·del anient~
:fut :étioufünt.
,D~s da ,solitude ,0n ·1e&gt;me 1tioova.is, J~tais rpartituliè'rement sensible 'à ,aètte ariait'é ; j~éprnu:v.ai's 00mme ·une
atlté~attion ,de '1iont ,m®. 'êure -et rêvais itune s01:m::e ,nouv:eU-e
· qui,,rafraîc11irait 1ma.vie.
Un soir, sur Je ,cihemin •de la maison, je passai dewnt
:Uécole S!..-:Xavler. ,C'.!êtait i'.heure de la ·som:ie. -Li,.'t!emp~éti:rmre
·était tiède. J.e1so.le1Lse c:ou~hait, d.er.rière-,qut1lques ,nuées. 'Et
souda'in, sans un ,c0up de ·tooriene,. dans· ·l'.air 'entièrement
.calme, .delgrosses .gouttes,rcl:e. pluie·c0mmenaèram1t ~ &lt;tomber1J'alla.is m'abriter contr{;! un mur, ·sous urr-émafaudage, ,qui
'était en ,saillie. ,ü;s :blères de:8!.-.1.Xa~1ir,s'épiupi'llènmt ,&amp;.ns
·la 1rue ..Quelque&amp;-uns, tles -p}us ·jeunes, ,qui portaient en;c0.l'&lt;t
·l'.un.i®&gt;rme ,de llécole, -1la .tourte ivesre ,bJ.eu-e ,et lia casquette
01:i-1ée ,d'un ,ruba.n de velours, seimit:ent à Ct::@trrir .eti~r'fl:H1,
.levant les brirs, .c11iant .et :r.iant -sous l'ond~ê ;füenfais-anre,
·adressèirertt •ties rlouanges iau ciel.
Je les regardai, à l'étroit dans mon coin, et haussai les
:épaules. Par Mtrure ,olil,en mJSon ,(tune ~rlucatimm. :un ·peu
puritaine, j'avais toujours tenu la libre,.expansi(l)n de 1!a
gaieté, .la réjouissance :twp lé"Gla'ta~te, pour .une tnaini'festation , clh0q-t1ante .et mi.aise. '.Jl it ,cependant, il y .avait :ta.m

SfLBERMANN

d1h1gênuité et de gentillesse dans les ;mouvements et les
niines de ces-garçons, ils me parurent avet · -µne telle évidence plus heureux-que ·je-ne Tétais, que Pen vie me vint
ae me mêler à eux et de recevoir le même baptême délidenJ'i. ...
A ce moment, quelqu'un, ·qui tête baissée "Se protçgeait
contre la pluie, se réfugia à côté de moi. Sous l'abri, la tête
se·releva; et je reconnus Philippe Robin. En me voyant, il
1arrêta, rougit et esquissa un sourire. Sans
. rien dire
.
,
je m'écartai un peu pour lui faite -place. Et ·comme je faisais ce mouvement je découvris derrière nous u·n fressin
sur le mµr. C'était une cari_cature au fusain représe~tant
gtossièrement Siibermann. Les'traits avaient 'pâli, mais ils
avaient entaillé '.la pierre et étaient encore bien visibles. On
reconnaissait, surplombant le cou -maigre"' te profil anguleux, le nez ·recourbé, ht 1lèvre pendante. Au-dessous on
lisait une inscription·: 'Mort aux Juifs.
_Le' regard d~ Rub!11 s'était porté en même temps que le
mien vers le rrrnt. 'li rougit pius 'fott, hési'ta: un instant,
puis, d'une voix humble et tare-ssante, i.l murmura:
- Veux-tu que nous oublions tout cela et que nous
redevenions -atri:is ?
Oublier ?... Etait-ce possible ?. A fa vue du dessin ·et de
l'inscription, une ardeur comme mystique s&gt;était rallumée
en moi. Je p~nsais à ce que j'avais appelé ma mission, je
me remémorais ma promesse initiale, la longue lutte souten~e, mes _efforts pour sauvel\Silbermann; j'avais le souven_1r du fnssonnement extraordinaire qui s'emparait de
~01 lors~ue, à ses côtés, honni et frappé autant que lui.,.
Je répétais: « Je lui sacrifie tout -,,.,, Non, ces choses ne
~ouvaient point s'effacer. La moindre parole de réconciliation m_e pa~t un reniement. J'eus l'impression qu'elle ne
pourrait sortir de ma gorge; et raidi, les dents serrées, jedemeurai dans un silence farouche.
. Mais comme je repassais mentalement par ces épreu-res
J'aperçus la voie où j'étais engagé; voie difficile, abrupte, oü

�J28

LA NOUVELLE REVUE F.RANÇAISE

l'on gravit sans repos, où l'on se heurte à _mille obstacles, ou le moindre trébuche.ment amène une. chute. J'eus la
vision d'une vie pénible et dangere_use au cours de laquelle on
s'écorche chaque jour davantage. Et vers quel but? Ne
savais-je point maintenant que sur les cimes où j'avais rêvé
d'atteindre nul humain ne vivait?
•
Philippe Robin, attendant une .réponse, ne disait plus
rien, mais il m'observait du coi.n de l'œil. Son visage était
gai et serein. Il semblait se tenir sur une route bien plus
facile, où étaient ménAAés des biais commodes, des sauvegardes propices, et qui côtoyait les abimes sans s'y perdre
jamais.
J'eus le sentiment que j'étais placé devant c~s deux chemins et que mon bonheur futur était suspendu au choix
que j'allais faire. J'hésitais ... Mais tout d'un coup le paysage du côté de Philippe me parut si attrayant que mon
être se détendit; et, faiblement, je laissai échapper un sourire. Philippe, devinant mon acquiescement, mit la main
sur mon épaule. La pluie _avait cessé. Il m'entraîna.
.,
Et comme je faisais le premier pas avec lui_~ je me
retournai vers Ja caricature de Silbermann et, après un:
effort, je dis sur un petit
moque~r dont_le natur~l
parfait me confondit intérieurement:
- C'est très ressemblant. f ~

ton

FIN
JACQUES DE LACRETELLE

'
( Copyright by Librairie Gallimard.)

REFLEXIONS SUR
LA LITTERATURE
LE GERMANISME ET LA FRANCE
L'attitude énergiquement anti-germanique qu'a prise au moment de la guerre et que garde encore en grande p·artie l'i:ntelligence française était un fait naturel et nécessaire, qui correspondait à des attitudes analogues chez tous les peuples en
guerre. Nécessaire au point de vue logique, et nécessaire aussi
au point de vue du but à atteindre, qui était la victoire. Tout ce
qui tendait et soutenait les forces belliqueuses, tout ce qui mettait le spirituel et le temporel de la France en état de défense
contre l'étranger pouvait être considéré comme bon. L'esprit
n'avait qu'à faire la gymnastique nécessaire pour conserver, en
même temps que sa liberté, les conditions de cette liberté, à
savoir une patrie.
Aussi la liberté spirituelle était-elle beaucoup plus facile à
maintenir pour un combattant, qui vivait à même le matériel de
ces conditions, qu.e pour un civil, qui ne pouvait faire, comme
Diogêne, qlle rouler son tonneau, en essayant de lui communiquer, sur le pavé de la cité, un brui't de canon, et que mobiliser un spirituel beaucoup plus difficile à démobifiser que le
temporel du poilu. C'est à ces moments que l'on sent à quel
point il est utile d'avoir appris de Montaigne, de Descartes et de
Pascal la distinction des ordres, la pluralité des tableaux sur
lesquels se joue une existence humaine, et que comporte bien
plus encore une existence nationale.
Le manque de souplessei les retards que paraît aujourd'hui com~orter notre démobilisation spirituelle s'expliquent en bonne partie par des considérations très sérieuses, et par une situation maté-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

33°

rieHe encore plus sérieuse. Je ne blâme personne, mais il ne
faudrait pas que ces conséquences naturelles d'une position difficile vinssent encore ajouter, par elles-mêmes et de surcroît, aux
difficultés de cette position. Que nos colères contre le germanisme ( considéré dans son bloc. depuis le douanier jusqu'au
philosophe) aient ralenti par ex~mple, jusqu~à le supprimer
presque, le courant des échanges mtellecfuels, condamné
l'un et l'autre penple,tà se voir 1.angtemps encore à travers les
déformations soupçonneuses de la passion, c'estauss'Î inévitable
que des gelées au printemps ou de la chaleur à la canicule. La
même saison ne dure pas toujours. Ce qui serait dangereux, ce
serait que cette crise aiguë et locale, cette réaction n.écessaire de
l'organisme après la guerre ( car une maladie peut fonctionner
wmme réaction utile) passât à l'état chronique et généralisé.
Ce serait enfin, pounip:peler les JGhoses par leurnom,.qu'il slétablit en France, pot1r une œrtai:ne période., un ro.mant xénophobe.
J'y sungeais enlisant le livre de M. L Reynaw:h,ur l'1nfl:uenu
allemaudeenlrara;e au X!l.X..e;ü,âe •. M. Reynaud n'est évidemffi&lt;!lll: panm xénophobe,de goüt -et de profession, mais bien
plntot le contraire. Il el'.I.Seigne à l'Uni;versité de •Clermont ùa
langue et la littérature allemande. Il s'est consacré depuis long~
temps :t t'émcre des rapports ïnt,ille1:iti:rels entre la rmnoe .et
l'Allemagne :~btoutes •les .époques deleur histoire. Son ouvrage
encore inachevé sur les Origines de l'influence fr(Jfffaise en Aiie~
magru marque, en général avec te parti pris d'une thèse, mais
souvent avec des p:reuves convaincantes, à quel point l'infürenoe
française .a agi ,au moyen ~.e sur. Ja civili~tiou allemaude, l'a
créée en bonne partie. Son Histoi.r~ génirale tk l'influe11ce française.en Allemag1U nous donne un très bon manuel sur cette
questio11. le livre qu'il publie &gt;aujourd'hui est écrit avec "Une
netteté, une intelligeo,:e remarquables. Adniirn.blement informé,
il. apprend lieaucoup. 11 n'est pas éloquent, mais, ce qui vaut
mieux, ironique et incisif.
Bie11 qulii présente., par ~a rforme, un genre d'intérêt diamétralement opposé, on pourrait Je mettre à côté .du Stupide
XiK• 1sikk de M. Oautlet et du Roman/.isme franftm .de M. LasI.

Haobette, 19'22.

..,

l

UFLEX10NS SUI. LA LITIÊRATURE

331

serre, Mettons que le livre de M. Daudet est crié fortement sur
une estrade de réunion publique, oelui de M. Lasserre p1aidé
dus les plis d'unê robe d'avocat, relui de M. Reynaud parlé
élégamment dans une salle de conférences .à des étudiants instruits. Tous trois dénoncent le xrxe siècle comme une période
d'occupation étrangère en Franee. Le chartreu:x: qui prése0.tait le cdne de Jean sans Peur à François 1°" lui indiquait, en
partie ou €ntièretnent, la trace du coup de hache de Tanneguy .
Duchâtel comme te trou par lequel les Anglais é~ient entrés
en Francé: le trou qui a amené cette ocC11pation étrangère c'est
la fameu~e -échancrure de Genève et de Coppet. Genève, dit
M. Lasserre. Ah! ce Jean-Jacq\ies ! - Coppet, dit M. Reynaud.
Ah l cette Germaine! (si bien nommée l)
Ce n'est pas seuletllent l'influence allem,ande-que M. Rey:nauJ
dénonce comme un mal, c'est l'influence ét,r angère en général.
Depuis plus d'un an, l'hostilité entre la France -et l'Allemagne
tend à se doubler d'une hostilité entre la France-et •ses anciens
alliés, c'est-à-dire 9.ue nous sommes rnena:oés par u.ne crise de
:xénopbobie totale. Il serait possible ( et jele ferais si je m'adr~sais à des étrangers) de plaider en sa faveur des circonstances
atténuantes, mais, commé j'écris ici pour des Français, je crois
plus utile de Ja déplorer et de nous mettre en garde contre elle.
Or l'eiremple de M. Reynaud n~us montre comment.cette xénophobie, d'abord diri~é contre un seul people, s'étend facilement à d'antres. L'influence allemande, pour lui, est oolidaire de
l'influence anglaise (p. 7). Voici en quels termes s'ont eJ:"posées
les influences allemandes d'après r848, snr Taine et Renan
principalement: o: Cene nouvelle offensive .se produisit après
l 8 54. C'est à partir de ce moment en otfet qile Hegel, efileu-ré
seulement par la génération précédente, devient l'objet d~nd.es
et d'efforts de ·vulgarisàtion qui se prolongèrent pendan.t tome
la période impériale. Gô:!the et Heine secondent son influence.
L'A~gleterre, qu~ ne manque jamais au rendez-vous lorsqu'il est
bes.om de sonterur la pénétration allemande, envoie- fort à propos son Darwin, dont Jes théories semblent merveilleusement
s'accorder a-vec le panthéisme, p.uis son Spencer... » Mais n:aitnent_., emprunter a:insi des images au militaire et à l'économi~
q~e, n'est - ce pas employer son encre à J;ayer tout ce qui
fait les caractères propres et distinctifs de l'intelligence ? Que

�332

LA NOOVELÎ;-ë REVUE FRANÇATS.E

cherche un pays par son effort militaire ? La force. Que cherche-t-il par son effort économique ? Le profit. Une force qui
vient gêner notre force oblige celle-ci à l'arrêter par des forts et
des trapchées. Une production q1,.1i vient gêner notre production et diminuer notr~ profit est contrôlée. et filtrée par nos
douanes. Mais en quoi la lecture de la Logique de Hegel par un
philosophe français peut-elle être assimilée à une « offensive» ?
En quoi l'étude et l'examen des théories de la sélection naturelle par un naturaliste français peut-elle être comparée à un
« envoi » de cotonnades anglaises, que le public français devra
bien acheter si elles lui coûtent moins cher que celles de Rouen ?
Une marchandis.e étrangère est utile .ou nuisible. li appartient
au gouvernement de juger si ce qui est apparemment utile à tels
vendeurs ou à tels acheteurs français n'est pas en réalité nuisible
à l'ensemble des acheteurs ou des vendeurs français, et d'entretenir dans l'intérêt général un système de douanes et de tarifs .
Mais une théorie anglaise est vraie, ou probable~ ou _fausse,
exactement de la même manière et pour les mêmes rai~ons
qu'une théorie formulée par un naturaliste auvergnat ou par un
philologue catalan. Un tarif douanier ne taxe pas une fourrure
parce qu'elle est ou n'est pas élégante ou pratique, mais parce
q:u'elle n'est pas de fabrication française: l'intelligence, la pensée
(à moins de consentir à leur déchéance) font tout autre chose.
Elles vivent sur cette idée, incootestablement justifiée par
l'histoire, que jusqu'ici les vérités scientifiques et les grandes
doctrines philosophiques ont été trouvées par des hommes de
nations très différentes, et qu'il en sera probablement de même
demain. L'influence de Hegel et de Darwin n'a pas été particulière à la France. Elle s'est exercée sur tous les peuples civilisés;
et dans la proportion où ils l'étaient. En Angleterre et eu Italie,
où Hegel a eu de l'influence, Comte et Bergson, qui sont Français, en ont eu leur tour. Mais en Turquie où l'on n'a jamais
entendu parler de Hegel (les femmes turques ne lisent Kant et
Schopenhauer que dans les Dese.nchantées) on n'entendra pas
davantage parler de Comte et de Bergson.
Je sais bien qu'on s'est livré depuis 1914 à un emploi immodéré de la métaphore militaire. Pendant la guerre on a épuisé
toutes: les ressources de l'article et de l'affiche pour faire entendre aux populations que souscrire ~aux emprunts c'était ( en

REFLEXIONS SUR LA LITTF:RA TURE

333

même temps que toucher un revenu « intéressant ➔,) tenir la
tranchée, se ruer sur l'ennemi, charger à la baïonnette, vomir
les· grenades. Le journaliste en pyjama, qui faisait son article à
côté de son chocolat, il ne faisait pas son article, il était sur la
brèche, comme au temps de Vauban, ou, plus moderne, il opérait des tirs de barrage, il repérait 1'adversaire, il veillait au c-réneau. Laissons à la littérature sa pâture de ces métaphores.
Mais ne serait-ce pas une tâche possible, modeste, honorable, ·
que d'en défaire ce champ réduit qui s'appelle la critique littéraire ? Le problème des influences est le plus délicat, le plus
compliqué! le plus dangereux qui_ sôit. La littérature comparée,
dont M. Reynaud me paraît un des exceHents ouvriers, a déjà
assez de peine à s'y débrouiller, pour que nous n~ajoutions pas à
son embarras en lui laissant sur la tête le .:asque Adrian de ces
images guerrières. Même si certaines branches de la ·science
doivent rester au service, celle-là mérite un tour de faveur -pour
être démobilisée la première.
Ne nous étonnons donc pas si le livre enco-re mobilisé de
M. Reynaud comporte, dans sa · riche information de détail
quelque déformation d'ensemble. La principale me paraît celle-'
ci. France et A!Jemagne, dans tôute la période qui précède
1870, sont prises par lui comme des réalités politiques, analologues à l'Allemagne unifiée et hostile d'après 1871. Il a dès
lors beau jeu à reprocher leur germanisme et leur aveuglement
à tous les Français qui ont été curieux. de choses allemandes· et
perméables à l'influence allemande. La Revue des Deux Mondes
ayant tenu, jusqu'en I 870, son public au courant des choses
d'Allemagne, M. Reynaud nous apprend que Buloz lui donna
le caractère d'un « organe du staélisme dans la politique et les
lettres. Ce programme comportait essentïellem~nt la diffusion
du -germanisi:ne: La R~vue des Deux Mondes négligea si peu ce
côté de sa m1ss10n qu elle fut, au x1x• siècle, le véhicule par
excellence de l'influence allemande en France. » Ne croirait-on
pas entendre parler de la- Gazette iles Ardennes ou du Bonn.et
Rouge? Buloz faisait son métier d'înformateur, et de directeur
d'une_ publication qui essayait alors de tenir les promesses de
son titre en mettant ses lecteurs au courant de ce qui se passait
dans les « deux mondes ». On ne pouvait raisonnablement
demander aux gens de 1850 de se placer au point de vue du

�3H

LA NOUVEI.;LE _.JlEVUE FRANÇAIS:S

bismarckis.~~, de la dépêcl\€,ifEms. et.de ~a~. -Ce U:es.t pas
faute d',avoir été averti~! Quig.et, qui_. était poui:t_?-Ot le CODt+/iire
d'un ge~nophoge, a.vait,prédit le rôle c;ie la Prllls~e. - :,l?E,Uliquoi l'événement q1ü s'est pwdu.i,t aurait-il été, a:v.an~ de se produire, plus psobable que celui qui n,e s'est pa~. produit ? Mais
enfin la politique est une ch~se, l'intelligeoceL,la., l_ittérature, la
philosophie en sont d'autres.. Certes les homm-es. P?l:itiques
denruet\t an~JJ,ser, plus q~ils. ne- l'ont f:µt, la pQ&amp;Sib~lit.é et
surtnut les possibilit,és. d'ut1e Allemagne, unifiée, et nous âVOW\
expié leur erreur. ~fais l'Allemagne qui a, exercé sur ~ous une
influence. intellectuelle vivante,_ par ses artistes. et ses penseurs,
n'était pas encore cette Allemag11e unifiée. Ç'éta.\t 1'€-xpression
géograpbiq,ue qui. désignait alO!iS les hoqi-me&amp; parlant et écrivant
l'al,lem~nd. M. Reynaud_y comprend les Rbéruins et- la Suisse
alémanique. U regarde Gessner et Haller comme dès. Allemand~.
Depuis le x.vur• siècle tout se ramène pou~ lui à un due1 véritable
entre la culture allemande et la culture fog1ça:ise, et il cortsidère
comme ayeugJés-les Français qui n'on,t p~ ,eu c(!nsci.emce de ce
du,el. Il ne ;;eut aucun bien aux. ~âtis~urs ~i po.n:ts, à ce~x; qn,i
ont fait entre l~ lhance et- l'AJ}emagne office d~gents deliaison.
n n'emplœe pas le mot boche, mais il l~ remfilace par le terme
teutan. &lt;( Grimm n'a pas encoce éliminé son virus teuton. » 11
ne- paralt pa{! admettre qu'll;ll étran~I pui§Se apporter qHelque
p.rnfü à 11-- cultµr~ françaj-se. Traitaoe les .,Suisses alémauiques
œmme des. Allemands, il waite les GénevQis comme des Suisses
alémaniques., etde peuple en peuple. l!I.0\:lS, ·V:O)lOlls dans son livie
la i.énopho,bie faire tâche d'huile.
Il appe;lle,ga.Hophobe Rousseau, qui pourtant a toajours protesté de son amour pou{ la France. Il estime q,u.e « le sel}timenf
national n'existe pas. chez Mme de Staël, par i:apport. à notre
pays ». Et il lui reproche de &lt;t s'afficher à Vienne _ave4:. des ennemis de wn _pays ». Reproche singµJier. Petite-fille d'un Bi:_andebourgeois née d'un père génevois et d'une m.ère, suisse,, suédoise par son. piem ier mariage et &amp;trisse par son &amp;econd, Mme de
Sta~l n'eut jjamais la nationalité française. M. R~ynaud l'appelle
d'ailleurs fré4:uemment la Génevois.e. Si elle a souhaité, pa,.r la
Ci'.hute de Napoléon et la dissolution du Grl!nd Empire la libération de. son. pays·,, nous h voyons tout· de même écrire e.n
1814 à un Russe~ et Je ne souhaite point q_ue lP.s. alliés ru.Uent à

llÉELE.XIONS SUR LA LITTERATURE

335

Paris; la conquête de la France me fait mal, et je souffre des
malheurs du pays où je suis née et
mon père a été sept ans- le
premier ministre.» Je sars. bien qu'Alfreq de Musset l'a -ap~lée
un Blücher femelle, et que cefte boutade a été r~prise pa~ notre
littérature nationaliste. Pour moi~ le rayonn.e;m,e!)t 4,e. cette âme
chaude et puissante reste lié au rayonnement même de la
civilisation frangijse dans tout ce qu'elle eut, de débordant, de
?énére~x,._ de fécond. Je ne vois. pas ce q.ue n.ous pouvon-s'gagner
a rétrécu Jalousement notre peau de chagri_p. (( Rien. de profond
en _Mme. de Staël n'est français :r; s'écrie 'M. R~naud. C:e que je
vois de profond et de français en elle c'est le génie de la société
et de la- conversation, élargi en libéralisme, poussé. vers, les
grand1r sujets et répandu dans les grands cour.wts.
·
Mm• de Staël c'est de la France; qui se fait, en une pédode de
transformation et d'.expansion; c'est une demi-étr.ip.gè"re à qu 1la
Franc~ apprend à tenir le salon de FEurope, en un temps ou des
Geoffrin et des Du Deffand paraitraient bien grêles a bien
dépaysées. M. Reynaud cite ces mots d"une de ses Ietti:es -~« NaîU'e ~ranç;iise, avec un carutère étrangtr, avec le- gol1t et les
babnudes françaises et les idées et les sentiments du Nard. c'est
un contraste qui abîme la vie. » Cela peut abîmer un:, vie
l'a~lme m~e généralement, mais ces dissonances d'une géné~
ratt0n deviennent accord et richesse dans 13 génération suivante-. Dans les vers magnifiques que Lamartine écrivait sur la
mort de la duchesse de Broglie, fille de Mm• de Staël,. substituez cette génération spirituelle à la filiation matérielle:

ou

Elle était née un jour de largesse et defè.te.,
D 'une femme immort.elk au verbe de prophète.•
Le génie et l'amour la conçurent d'wi vœu, I '
On sentait, à l'élan que ,·etenait la règle,
Que sa mère l'avait couvée au nid de l'aigre,
Sous une poitrine de fou.
ùs pa1pi'tations de l'ame maternelle
Au-delà du tombeau se ressentaient en elfe .
Elle aimait les hauts lieux èt le libre hori-;m ;
U11, élan ,i.atu"el l'emportait ve1's les cimes
Où la c-réati.on dontze aux dmes sublinl8S
Les vertiges de la ranon.

�336

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Symbole involontaire de l'idéal du x1x• siècle : imposer une
discipline classique à une âme romantique, - idéal jamais
• atteint : les deux facteurs restent malgré tout séparés, le plus
souvent hostiles ; mais l'effort qu'ils ont fait pour se rejoindre, , ·
les .forces de répuls-ion qui les écartent, tout i::ela forme un
drame vivant entre l'élan et la règle, drame vivant avec lequel
sympathise tout ce qu'il y a en nous-mêmes de vivant!
M. Reynaud estime que l'Allemagm de Mm•,de S'.aël a donné
sa figure permanente à l'idée qùe le X:rx• siècle françaîs s'est
faite de l'Allemagne. -Idée évidemment inexacte, dit-il. Soit.
Mais ce dont-le xix• siècle français avait besoin, c'était ici d'un
ébranlement po,u r .faire du nouveau. Et c'est -un fait qu'en matière littéraire tous les novateurs éprouvent le besoin de s'appuyer sur un exemple, de sfautori-ser d'une tradition. Dans le
temps et dans l'espace. Dans le temps, le classicisme s'est appuyé
sur les anciens, le romantisme sur Shakespeare. Dans· l'espace,
la Pléiade a d.emandé une impulsion à l'Italie, le XVII" siècle à
l'Espagne, lé xvm••siècle à FAngleterre, le xrx• siècle à l' Allemagne. Le liv·re de-Mme Staël s'est trouvé là pour faire fonction
de Lettres Anglaises. Mais toutes ces intluences n'ont servi en
somme que des causes occasionnelles. Quand le génie d'un pays
est sain et vigoureux - et ce fut notre cas dans nos quatre siècles - eUes le font·(pour parler en platonicien) ressouvenir
de ce qu'il savait sans savoir qu'il Le savait, elles mettent ûne
étiquette étrangère et un décor éclatant sur ses fruits autocb-.
tones. M. Reynaud montre Lui-même que la littérature romantique ne doit à peu près rien à la littérature allemande, mais
que celle-ci a contribué à ébranler et à allumer le lyrisme français. Il n'en est pas tout à fait de même en histoire et en philosophie, et là il faudrait varier un peu les termes de la formule ;
mais d'une façon gé.nérale l'action du génie étranger sur le génie
français a toujours provoqué en celui-ci l'invention plutôt que
;- déclenché une imitation.
Ce que reproche M. Reynaud à l'Allemagne c'est peut-être
moins d'avoir exerçé une grande influence que de nous avoir
fait croire qu'ell€ én exerçait une. Comme lè soulier de !'Auvergnat, elle a tenu de la place .• Mais M. Reynaud n'exagère-t-il
pas lui-même le volume de-ce soulier? Le fait de réunir toutes
les marques de l'influence allemande en un livre ne l'a-t-il pas

REFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

337

porté à en -!g~av~r le poids ? La masse n'est imposante que
concentrée artificiellement. L'œil soupçonneux et chagrin d
l'a.uteur voit de la germanophilie partout. « En 1840 , la Marseil~
lai:e de la Paix, nous dit-il, correspondit mieux à l'opinion et produisit u?e impression plus forte que le Rhin Jransais (p. r 74 ).. » ·
Je ne sais sur ~uels textes il appuie son affirmation, mais nous
~n av_ons ~récisfm~nt un de Lamartine, qui écrit:« Ces vers, que
Je r~~is au1ourd.?~1 avec plus de ~atisfaction qu'aµcun des vers
polmques que J aie écrits, pâlirent complètement devant le petit
verre et le p~tit _vin blanc des strophes de Musset. Je fus déclaré
un rêveur et lm un poète national. » Ce qui était bien n~turel.
«. De ce l~ng p~ème d'amour et de reconnaissance que notre
d1x-neuvieme siècle a chanté à la nation voisine 1·1 n'y a
b
bl
,
'
• pro ae?1ent p.as d autre _exemple_dans l'histoire», dit M. Reynaud.
Mais ce. poème son mformat10n érudite ne l'a-t-elle pas un peu
créé'. avec des élé~ents bien dispersés, qui restaient assez inoffensifs et même utile~ dans leur dispersion ?
M. Reynaud le sait et le
t Il
. Tout
1· cela d'aille'lrs
.
sen . y a un
smgu 1er contraste entre le parti pris du gro~ de l'
·1·
.
~
ouvrage et 1e
è
caract re équi ibré, raisonnable de la conclusion ple' d .
tes se, de bon sens et de vérité et à laquelle pou'
llle e JUs· ·
'
,
r mon compte
J·e souscnra1
sans réserve. Si i· e i· oins à ce bé éfi 1 . ,
· f:
•
n ce a nche
m ormanon que me procure l'ensemble d 1·
.
.d
.
u ivre Je puis
cons1 érer le livre de M. Reynaud comme
é . '
L'. fi
un pr cieux campa
gnon. In uence allemande comporte comme to t . fi
bl
d
•
'
u e m uence
un ta eau es gains et un tableau des pertes et t .
'.
doit être de l'acœpter et de l'utiliser non de la' subn_o re s~.uc1
.
1r passivement. L1sez
ce passao-e
si 1·uste . cr 51. l'' ·
O
d
•
on veut se rendre
e ce que représente pour l'intelligence francaise cet
~olt~pte
ment on '
"
·
ennc 11sse' • n a qua_ comparer par ex.emple la méthode criti ue
de Lemaitre, espnt tout français au sens trad1't1·0
1d
q
.
ffi é
nne u mot à
pe1n~ e eur par la science et la philosophie al]
d
'
celle d'un Taine par exemple. D'un côté du o-a:~an e!, av~c
de la finesse de style, mais peu ou point d
o hi' de_ 1espnt,
vision des ensembles de divination . d l'e sens s_tonque, de
d' é
'
, e autre moins d'a t
agr ment sans doute, mais un point de vue 'l
r et
compréhensif. Faguet était aussi u d
pus _large, plus
fl.
n e ces espnts
l"
uence anglaise ou allemande avait peu touch, s t ·1 q~e Intestable 'il in
à
e , e 1 est mconqu
anque ses analyses individuelles . . ..
, s1 a1gues, un
22

�LA- NOUVELLE RIWUE FRANÇAISE

lfl

hiq·ue ' il n~n esquisse

arrière-fond liisforique !!t ' p 1.,0s~p.
1.1' ., , Ohtimi,. Maîs
l'
"'les nhis rnd1sp1:rnsa"' es. » r
mf:me ras leS' 1.gnes
'rM À&gt;-m tle S:taët d'avoiF rend:u un
..,0 urq,uôi alors reptod,&lt;'lr a
a...-fl {l •
'T · è n'emlflêebe
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·
t dans atr f)QY'5- oû un ·am
r,
Taine p95s-1bk1 su!~ i 1
Jil, e,):..:idre de&lt;Bretagne n ernpas. plus UJl Le~:u"tre&gt; ql!J.e. a po ;, m ieA au èontro.ipe•, la réaction_
pêche le ciitronm~r ,fo. :Pro;1mce-. B
t'&gt;Ur le génie,:foança;s, teo
oont.re_ Taine e:st u~ e:-~ :1::::::;:~:e le gepmanisme ( encore"
prodmrn des tema1tr '
. b" ,:c. de- M . Regnaw\} -une;
rténù,a'nt€1 au et~,:,,uCe
•
une dreoristance, a:
.
et d'es rit de finesse. 11 y a p@u11
èxcellent€&lt;-s°'.'-1rce de ~î1!ates~. dea: moyens• d'agiiI- : provo, pom une 1m,~uenc«, .
. •
,
une œnvre,
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-"A "tion · lm-1,tltl~ et ·rnac~
. . it·
provoquer
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qu~r-une urnt~ ton,
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1 ueltes la.- ôurée: din-110
ti:on forme.nt kt chaine et la ~ram~ par . esq
,:"'t"~at;,n;e entrec:roislll ·s~ tap1ssene, va~fée,.
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A-LBBR'f. THIBAUDBT

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.,

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C:HR €)N 1·~lùifr _fil1~1\MA 'îl1QU,E

NtiarGNY- :' Pëehé dè1jêunesse, c0rrré\'liecnoaw.iHi 1en-r a'ates~ de:
M~Mm-cel 'Gerbidèm:
.,
- THitA-TRÈ EoeUARO· '\CID':- lfne petite· mai:n, qtvi Si/ plliett, eomécli~ ,
en· 3 à'ctes-et' un'-épilbgwe, dè·NH Sacha- Guitry\
c-A· ÜnMBRE; :· Clsaire,- pièce-en z acte6, de M · Jean ' Stlîli.l111il:lerger. La farce dé -Popa -&lt;J!hêbrghé, piè·ce· ~ ~ tableaux,; de
1W. Ado1piie·Orna: ·
·•
eo'MÉom,.FR'ANÇA'ISE :· Vautriit, pièce en 4 ·ac~s, ; d;iprès
Jés personnages des- roniarnnfe- B'alzac; par- M. E'drnondt Guiraufil

EES·EscHOu·i Rs. I!eRegardn1:11f{ pièc:e'en~'aetes, tléM'. &lt;hibriel

Nl:arcei.

, '

GYMNASE~: - Barbe· blf'ltd'e-, èomédie· en· 3 a-ct'âS', de, M?vl!. Jël.fan
Bouveiet et·EdgartPBrtcl.Piy.

· Nous parleronS&lt;ùe théâtre, aujourd'bur:
0h a·i,oué' a~ Théâtre l-1ar1gny, pendànt -~etques _sHiiêes~
une com-é'die en trois 'actes·dè-1«:. N1àrcef·Gêrlffifon: Jfécht , de
jeunesse: €6mme ·cadte,- le· grand h&amp;teP d'une,, ✓iltè- de' jèux--.
&lt;:omme--sujet, un- jou_eurdéi:avé Je~peu' scmpulem•, au COU'rant
d¾.i.ne ·sonrme que dbit toucfiCl"' cbez'-scm notaire un , br-ave pr.o+
vinciâl'de--passage dans-cet em:li-oit Il réussit• ¼&lt;faire subtiliser
'd-ans lapoche·du P.rovincfal, ·P.ar· une· camarade de---noee, le reçu
fuut préparé, et+ olft-el):r' d'brrjeundiomme· 4:ui -a b'esoin-d'argent · pou·r · s'offrïr lei,· faveurs d'une aventurîëre, 1qu'-ilb aijlè
encaisser la somme ·en-question, tous· les-deux·· devant' p-:(rta~r/
La chose se fait, mais la somme est en titres, dangerettX'~')aég-0•
ci-er, et ·le· jeune homme-·tcimbe-soudain-amour:eu-x~dHa fille:du
provincial. Résultat· . irépouse, restitue l"-:ugent,' re~te-honnêl:el

�340

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

le joueur décavé en est pour son t~ur et la mora_le est sauve.
M. Marcel Gerbidon intitule sa pièce : comédie nouvelle.
Mettons : comédie, tout court.
Le fait le plus remarquable de ces représentat~ons, a~, ~oins
le soir que j'étais à Marigny, a été ceci. Il parait que J a1 une
figure qui surprend certaines gens. ~our~uoi ? Je ~'ig?ore. J'ai
beau me regarder : je ne me trouve nen d extraord10a1re. Parce
qu'on ne ressemble pas au pre~i~r commis de_ n~uv;autés
venu, devient-on un objet de cunos1té et de surpnse . C est en
tout cas un fait que je ne suis pas indifférent à la plupart d:s
gribouilles au milieu desquels il me faut me trouver quand Je
vais au théâtre. Je me promenais donc, à Marigny, pendant un
entr'acte, dans un couloir, allant et revenant, sans m'occupe~ de
P ersonne attendant simplement que l'acte suivant commençât,
. é
quand je 'remarquai qu'une dame, assise sur un _c~na? é'a cot
d'une autre, quand je passais devant elles se mettait a r~re en me
montrant à sa voisine. On voit si je suis dénué de fatmté ou de
vanité, je ne sais trop quel mot des deux convien~, pou~ra~onter ces choses le plus bonnement du monde. Je sms fort md1fférent à ce qu'on peut penser de moi, mais la bêtise m'agace,
j'en conviens. Je crus tout d'abord m'être trompé, et revenant
sur ll!es pas, je passai de nouveau devant ces femmes. De nouveau, rire et coup de coude. Je continuai jusqu'au bout du co~loir, je revins ensuite dans le sens opposé, et arrivé au canapé Je
m'arrêtai face à la dame que je faisais si bien rire, et me penchant vers elle, le visage tout près du sien, du ton le plus
aimable, je lui dis : « Vous êtes bien plus drôle que moi,Madame ! » Interloquée, déconcertée, faisant l'hypocrite, elle
cherchait ses mots, se défendait, voulait me faire croire que je
m'étais trompé. « Je vous répète, Madame, que yous êtes bien
plus drôle que moi » lui dis-je encore s(lns lui laisser le temps d_e
parler. Je la laissai là-dessus, faisant une figure ! Elle ?e sa:a1t
plus où se mettre . Sans être bien jolie, ni de ~a prem1~r.e J~Unesse, cette femme n'était pas absolument laide. Je l a1 bien
regretté. Ma réplique elÎt alors été toute autre. « Je suis encha~té
d'amuser une aussi jolie femme » lui aurais-je dit. J'espère bien
la placer une autre fois.
Une nouvelle pièce de M. Sacha Guitry est toujours un grand
plaisir. Ce diable d'homme va de succès en succès. C'est à cba-

CHRONIQUE DRAMATIQUE

341

que fois une nouvelle merveille d'ingéniosité, de trouvailles, de
riens qui prennent sous sa plume la fantaisie la plus plaisante, une cocasserie qui paraît inventée et qui apparait tout de
suite prise dans la vie même, une drôlerie, une clownerie étincelantes, et tout cela dit et présenté avec un naturel, une simplicité, une brièveté sans pareils, et de temps en temps une
émotion qui se cache, s'exprime à peine, charmante, rap~de et
vive. On ne peut raconter le sujet d'Une petite main qt1i se place.
Chaque scène est une petite pièce et toutes réunies font un
ensemble qu'on écoute avec un plaisir dans lequel l'intelligence
a sa part, tant c'est un spectacle curieux que celui d'un écrivain doué d'une telle verve jointe à de pareilles qualités d'observation et d'invention. Qu'il est dommage, grand dommage,
que M. Sacha Guitry se laisse aller à employer quelques expressions un peu bassement vulgaires, qu'il met sans doute, çà et là,
pour plaire à son _public de gens du boulevard, lesquels certainement ne voient et n'apprécient que cela dans ses pièces etnoo
toute_s ~es qualités de :finesse, de moquerie et de très particulière
fant~1s1e dont elles sont pleines ! Une petite main qui se place en
c?~ttent au moins une que j'ai trouvée vraiment regrettable, et
d ailleurs un peu forcée dans la circonstance. Au reste, peu de
chos~. Affaire de goiît personnel, peut-être ? Rien de plus.
Jamais _on ne célébrera assez M. Sacha Guitry comme auteur
dramatique. Il a tous les dons : la facilité la langue le naturel
l'invention, la vérité, le renouvellement,' la fertilité la clart/
la sensibllité, l'o~servation, l'émotion, et l'esprit, i•esprit pa;
dessus tout, l'esprit sans lequel l'intelligence n'est qu'une chose
pédante, lente et monotorie. Il a aussi ce mérite, et cette
sagesse ! de ne jamais sacrifier à l'actualité, de ne jamais s'occuper de la chose publique, ni de ces questions soi-disant sérieuses
d~nt on nous rebat les oreilles, de ne jamais viser ni au moraliste
01 au pédago~e. M. René Benjamin a eu bien raison de dire qu'il
e_st ~otre Molière. Il y a longtemps que je voulais le dire. J'hés1ta1s. ~st-~e b~te ? Je s~vais pourtant bien que je dirais juste.
Ben1am1n na pas hésité. Il l'a dit. Il a dit juste. Si le théâtre,
mis à part le théâtre lyrique, lequel n'est pas forcément le théâtre·
en. vers, a po~r objet d'intéresser en amusant, de faire rire en
p_ei?nant la vie, de faire réfléchir en montrant les travers et les
ndicules, cela sans discours, sans tirades, sans pathos, sans

M:

�LA NOUViEbL~ iREV.UE nR,Abl&amp;Al&amp;E

thè.se_, ,par Je -.si-m ple rteu,des ,~pli!gues .e.t Je :ca1:actère ,des .pars.on.nages. 4;vec claJW e:t ,v~rité, -et le vrai tb.éâue ,e&amp;t cela:sans.cian•teste;.M. Saah11,Guitrw,esJle pr;eimier.a.uteur 4ih;amati.g.ue .d'.al!jour.d'buL 1Viom w~n,ez cel-e. q.uand,ilsno:wHdennerarenfin l;Ull! ,gmnde
.aom&amp;lie. ,11 fau&lt;lmbien -qu!il ~:y.,léci.de ,un jout.. Àjj~ut&amp;ai')j,e.~u~il
;est, awisi p.our .mei une d.es ima-gey,de l'h0.mme ,irat1ra1)~. Ilarn1V.1ille,ooauc.cnUJp, ,i.l--àe.mble ,bien ,qufüdo.ive ,tr.aNailler ,dans le,.plai.sii:,,et,toutece,qu'il 'Prn.duit,trou-:MeJe saac:ès, Oui,.il,est bien JlOur
moi untb0mmf!,bellliewr . .Quan't-au~ grawes,-aut~urstde:ipièces préteJil t~n~s, ·qu.j ,le .regardent sn&amp;1~~ute a.vcc ,d,édain,et ,l,e ,ciansi,
dèrenx .comme-un simple an1useur., 1~ leur ,difai ae ,tJ_ue;: ij'ai déjà
.dit bien fl0U"Ment : ,il ,ei,t nu.tre.ment ili-ffi.oile rlitne fl'!n!ple, ~ituel -.et ,amusmt,qµe ~~tre grol\le., dis.couraur ,et ~nnuye.u.x. Je
.n 1ai., ,p.ollr rrha 1pant., ,qu~une ,~n(}lliétudie.,_ ,M. ;Sa1.:ha Gnitrrf .e&amp;t
enc~r'-e jeul!'e.. J.e CI1i&gt;ÏS ·q1fil ,a ,déijà prnd:u,it 1p9.5 -loin rd'nne •oin.quantaine ,d.e ipièoes.. J'ru. rl~jâ di-t ·hien des •fois tout J~J,ien.que
;e rpense de lui.. Je ,me rlemari-de •œ'1.')llie ·j~ 1p0l111rai ·bien dire .dal;lf,
-la .s.uite..
Les Compag;nrui-s ,tle -1la \Chimère,, ,umte, n.0U\le1Le tentr~rise
~dramatiqut;, ,0nt ,donné, ifi ,je ne me .rom.pt:, il-e.ux.spe.ctacles ..::fe
-n'ai pu a-ssis.ter qu'.:w rpremier. Je· t~ns M. Jean Sohlumbetger
pnur un ewellent·éotiivrurn. Je111'a:i ,e.11core rien ouhlié ·d'un M(vï'e
,de lui que jta,i,Iu,, il •Y a ,b.ien qn.ine,e ans , Uar+r.uJX qui ,comme
Ulytse .. .., 1d.e,venu !dans .la ,swte.rL';lnquiete-:paternit-i. rC'est up J.i-wc
.atltmré ;par ,beauaolllp et q.ui le ,ménite. JI 1f ) là un ,àEt ,d!une
:sli)hniété ,extrême, ,noe ém.ori.0n :prot"üd.ément hui;naü1e, ,et ipar
la façon dont ,certa:ines ohoses ne -Bant .ditl:}s ,qu'à dem~, un
motif .de r~verie qll~on uouv.e :rarement. -Césairec, la ipièae .qn'Jl
..a fait !jouer.à la Ohimèr.~, a ·son iinlér:êt, ell.e aussi. M. Jeau
S.c.hlumbe11ger .met en ;s.cè.o.t: .deu_« marin5o :t&lt;1U1~ les roeux ,épris•
.de da .m.ê~ ifemùle, ,!}'l:le !',an.., êtr.e 1simple ,et .l,:ru;né,. ~ eue Œéel"l'eme.n.t, ,ex que l'auue, p.!ein idfunag~na,ti:on 1ma.is ,peu 1sé.chi.isant
.physiquement;, tn~ p.0ss~dée -que da!ns Bes rêwes. Ce dernier
dé.Grit si.J;,ien ,ce.Ue f.emmt;, _pai,le si hi.en du plaisâr qu't0n ,goûte
a.vex: .eYe, :d écrit fii bien de llOkn netiré .,0.i)r elle ~e J.iis.se !limer"
,qu 1i'l ar,rive-à r,enc;llidfrocement .ja1oux ;le • P,etIB'e,Ssenr .r.,éel, ,GI,Ui
sait pourtant bi&lt;en qu'il n'r ,a qu'.i~&lt;Vention dans tous ,ses pw,pos..
Cett-e jalousie ;pousse même ,le .v&amp;itâib.l.e amttat à i1iuei; s0n i;clmpagnon, plus encore ,pour ne t11lus,en.teadre ,les Féoits .,u'.icl fait
0

CHR.ONIQUE DRAMATIQUE

$4j

de ses amours et qui paraissent par moments.; tant il y met d'accent, être des récits vr:iis, Mlis même, f!U moment] de mouri~,
celui-d ne renonce pa.s à sa fable. Comœe l'aùtre, penché sur
lui, J'adjure ~e dire enfin qu'il n'a jamais eu, vraiment., la
femme en guestion, il prononce au c-0ntmire son nom -avec la
même douceur que s'il .la tenait encore dan's ses bras, empoi,.
sonnaot .iinsi pour toujours l'amour &lt;lu véritable amani. Il
,emble 1ijUC M,Jean Schlumberger àit -mulu nous montrer Jà la
supériorité, la puissance de l'imaginntion etdu rêve sur la.réalité.
C'es-t en effet un fort beau sujet littér'!ire et psychok,gique et il
en a tiré parti de façon très attachante. On est toutefois tenté de
trouver que ses personnages parlent un trep beau: langage et
sont bien ,subtils pour leur condition.
·
La far-ce de Papa Gbéorgé., de M. Adolphe Or.aii., qui se rattache au théâtr-e populaire, est.simplement a1nusante. La curiosité était surtout dans le jeu des acteurs~ trali!~f.ormés en marionnettes de guignel et imitant leurs attitudes. Cette fantaisie étàit
d'ailleurs fort bien jouée.
Je fiuirai par croire que la mauvaise influeni;e du cinéma
s'étend jusqu'à certains auteurs dramatiques. Ils n'ont i,,lus en
vue que la rapi&lt;lité de l'action, le détail éclatant. le raccourci
brusque, au détriment du développement logique des situations
e~ des caractères. M. Edmond Guiraud s'.est mis en tête de
prendre quel&lt;jues personnages des romans ·tle Balzac -..€t d'en
composer une pièce i.ntitulée Veutrin, du nom d'un des héros
1~ plus marquants de 1â Gemédit kumaine, sans en être. toutefo!S le phis intéressant. Cette pièce ressemble à du Ba!zac et le
rappelle par le no~ des personnages. Mais elle n'y ressemble et
ne 1~ rap~e1le en nen par sa ct;Jruposition, son ton, son allure,
Ses SitUationi.• .M. Edm.onà Guiraud a mêlé les situations pour
en composer un s~énari~ à saguise. li a mêlé de-même les personnages. Il en faH paraître certains dans des circ-onstances auxquelles ils n'ont aucune part dans l'œuv.re du r-omande-r. II ruet
sans se gên,er ~cien de Rubempré à la place de R.1stignac, dans
le rô~c de 1 étudiant pauvre de .J.a pension Vauquer. C'est un
tr:ivail fkheux, ~ui témoig.ne d'une ptésompti-on et-d'un sans~
gene remarquables. On V()it qu'il n'a pensé qu'à cmnposer des
tableaux à ~et. Sa pièce est _bien faite de tous points comme
une adaptation pour le cinéma. Q.uant à.la mise en scène) il n'y

�344

LA NOUVELLE REVUE FRANÇA[SE

a guère que le premier tableau, la pension Vauquer, qui soit à
peu près réussi, encore que cela ressemble peu â l'intérieur de la
pension de famille décrite par Balzac. Un autre tableau représente le bal de !'Opéra. C'est puéril d'exiguïté et de manque de
personnel. Il aurait fallu la foule la plus bariolée. Il y a au plus
vingt acteurs en scène, dont des figurants, et on sait que ces
derniers ne sont nulle part plus gauches, plus lourds et plus
vulgaires qu'à la Comédie française. L'interprétation n'est pas
brillante. M. de Féraudy, dans le r~le de V.autrin, se dépense
beaucoup et fait de son mieux. Mais là encore Balzac manque
et l'allure et lé ton vrais du personnage. C'est uniquement M. de
Féraudy que nous voyons. Il faut voir surtout Mademoiselle
Ventura dans le rôle d'Esther Gobseck. Il faut la voir danser,
faire l'amoureuse et la courtisane. Je vois jouer cette actrice
depuis ses débuts. Elle joue toµjours comme une élève du Conservatoire. Elle n'a jamais eu et n'aura jamais aucun autre
talent.
Je croyais bien que les Escholiers étaient morts. Je n'en
avais pas entendu parler depuis longtemps. Ils ont donné cet
t:té trois représentations d'une pièce fort intéressante de
M. Gabriel Marcel : Le regard neuf. Le sujet est celui-ci : un
jeune homme, la guerre terminée, revient dans sa famille. La
vie qu'il a menée pendant quelques années, lui a donné de la
réflexion, l'a transformé. Il était parti encore un grand enfant.
Il revient un jeune homme müri, observateur, portant sur
toutes choses un regard neuf. Il exerce ce regard sur le ménage
de ses parents et découvre qu'il n'est pas parfait. Son père n'est
pas l'homme heureux qu'il croyait, ni sa mère, par le caractère,
l'épouse et la femme modèle qu'il s'imaginait. Il se met en tête
de redresser tout cela. En même temps qu'il éprouve plus de
tendresse pvur son père, il prend un peu d'éloignement pour
sa mère. Une amie de la maison aime son père sans le dire. Il
découvre cet amour et l'encourage. Le père se dérobe. Il hésite
à changer sa vie à l'âge qu'il a, sans fortune personnelle, et
habitué à l'aisance que lui a procurée son mariage. Il fait l'aveu
de cette faiblesse à son fils. Ces choses mettent un singulier
pathétique dans toute la pièce, qui a de plus le mérite de finir
d'une manière vraie, je veux dire nullement théâtre. Le troisième acte est malheureusement chargé de phrases livresques.

CHRONIQUE DRAMATIQUE

345

L'intérêt qu'on prenait à l'action diminue. M. André Calmettes.
a joué à la perfection le rôle du père.
II est bien dommage que le Gymnase ait joué si tardivement dans la saison la comédie de MM. Jehan Bouvelet et
Edg~rd Bradby : Barbe blonde. Cette pièce, pleine d'originalité,
aurait peut-être eu le succès qlt'elle méritait d'avoir. Elle
n'est pas seulement amusante par son comique. Elle intéresse
par son sujet, son action, le caractère de· plusieurs de ses
personnages. Oément (Barbe blonde) est un brave h~mme
de _notair~ qui est affreusement marié depuis longtemps et
qut a fim par se réi,igner. Sa femme, avec des allures de
créature lango~reuse et sentimentale, est acariâtre, tatillonne,
quelque peu bigote, assez superstitieuse, se croit persécutée
s'occ_upe ?e spiritisme, en même temps qu'elle voudrait bie~
se faire faire la cour par un cousin à elle, cela sans succès
ce cousin étant épris de la petite bonne de la maison. EU;
~ mê~e un. autre travers, au dire des aute~rs, sur lequel
Je rev1endra1 tout à l'heure. La pièce vient à peine de com-me~cer, qu'une scène éclate entre les époux, amenée à propos
~e n~n ?ar la femme. Elle est probablement plus exaltée qu'à
1ordma1re,. car, soudain, elle menace de se jeter par la
fenêtre. Lui, par plaisanterie, approche une chaise. Elle monte
de~~us, de là s'assied sur la barre d'appui, répète à son mari
qu t1 prenne garde, bien garde, qu'elle va faire un malheur
qu'elle va se j~ter pour de bon, et, en effet, par un mouve~
~ent ~aladro1t, perdant l'équilibre, passe par dessus la barre
d appui et '_'a choir sur le pavé, avant que le malheureux
Clément~. qui ne s'était pas ému autrement, habitué à ces.
scènes, ~it eu le ~~~ps. de faire le moindre mouvement pour
la retenu. Jusqu 1c1, nen de bien remarquable. Un accident
de m~nage, pas autre chose. Tout mari, tout amant est ex. pos~ a cette aventure. Au moins au début de cette aventure
car 11 est rare qu'elle soit poussée jusqu'au bout 'comme d '
Barbe blonde. J'ai eu autrefois une mai'tresse qui ressembta~:
asse~ à Ja femme de cet excellent notaire. Même caractère
trépidant, même extravagance. Cela la rendait même sauve t
mal~de et l'ob~igeait à se coucher. Un jour qu'elle était ain:i
ht'. comme 1e venais _d'entrer dans sa chambre, une crise
a pnt. Tout comme la femme de Barbe blonde, elle me

:°

�LA NOU'l{:ELLE REVUE FRANÇAfSE

menaçe:~ s; 1e ne sort(!.iS pas~ de ié Jeter par la fenêt1"e.:L:
lit était tout près de la fenêtre,. J'ouvris aitn:ah1ewent :eelk-Ci
1out-e grande. « A ton ais~, lui ,di~je. T~ vois.: je f~uvre
,nême .lA fenêtre · pour que tu ailles plus vite. » Je sottrs J.adessus, Nàturellement, elle resta traoq_uilleme~t couchée et
j.e n'eus poi'nt à me soucier du pr-oblème moral &lt;l.ont -on voit
Barbe blond_e se tor1tw-er. En effet, après la chut-e de sa femmel
dw~ suivi-e &lt;le mort~ on enquête. Y a-t-il eu .suicide r Y .a-t~H
eu ctime_? Simplement aocident? C1ément co!npar.aît ,eev~nt
le juge d'instruction. Naturellement s-on innocence est vite
reconnue. La chute de sa femme vient uniquement du faux
mouvement q.u'elle a fait-. On n'a pas idée ,d'aller s'asseoir
sur la, bar.re ,d'appui d'une feaêtr!! et de se mettre li à gesü..
culer. C'èst u_n ~t-cident. Clément peut rentrer chez lu] et vivre
tr:m&lt;juilLe. Eh ! bien, non. Certains propos q.u cousin de sa
femme le tracassent. Absous par le îuge, il se met lui-même
l'i instruire !'.affaire. 11 l'étudie de très près . .Il reconstitue
Ja. scène, recompose ses gestes et ses paro~, les gestes et
les paroles de· sa femme, s'interr-0ge.. s_'~ili:amine, :&amp;e retour.ne
en tous sens. Sa femme mena,çait de se Jeter par -la fenêtre.
C'est e.ntendu. Sans doute~ il a approché la chaise. Ma.i-s c'est
elle qui e-st ·montée dessus, qui est allée .s'.assooir sur la barre
d'appui. Ce !l'est pas lui qui J'y a placée. C'est l'évidence
même. Là elle a répété ¼ plusieurs reprises qu'elle allait se
jeter... L~i, il n'avait rien dit. ll ,él:ait là •. ; P~ur lui, c'était
une scène com.me tant d'autres. Pourtant, n éta1t..ce pas son
silence, justement, qui l'avai:t excitée, son scepticisme, la rési..
gnation qu'il montrait ? Elle avait peut-êtr~ vu li c_omt~e u~
--défi? Sans doute, s'il s'était mis it son diapason, il n.a1mut
pu qu'augmenter la démence &lt;le la malhe_ureuse~ et ~'est alors
qu'on pourrait le trouver coupable. li ava1t au contr.air{! mon;ré
beaucoup de sagesse en se taisant. On ne po~va1t que l en
approuver. Oui, mais, tout de même, la première hypothèse
restait troublante. Sa femme ser.1lt peut-être descendue de Ill
fenêtr~ s'il avait patlé ? Elle se sera1t calmée. Tandis que
son silence, la s&amp;éniti qu'il avaitga,rdée devant sa menace ...
Cela l'avait exaspérée, et alors, lui ! .. . Quel remords l Le
malheureux passe ainsi, comiquemebt, de la quiétude à l'inquiétude, de là certitude qu'il est innocent à la crainte d',être

CHRONIQUE DRAMATIQUE

-"347

coupable. 11 prend pour arbitres le cousin de sa femme, et
l'ancien notaire qui lui a vendu son étude. C'est un véritable
interrogatoire. Le cousin veut absolument qu'il soit coupable.
L'ancien notaire le déclare surabondamment innocent. Fina1emen.t, Clément est tiré d'affaire par le temps, et surtout par
la petite bonne, une petite Eersonne· mystérieuse qui n'a pas
voulu suivre le cousin à son idépart .de la ville. Il s'aperçoit
que cette enfant est jolie. Un soir, elle lui fait un bon dîner.
Il lui fait prendre place à table à son c6té. La gaieti vient.
Il sent ses chimères le quitter. La petite bonne l'aimait en
secret. Elle le Jai51,e voir. Ils 'Seront ilieureu,x ensemble. Il
mangue à ce compte.. rendu _!e~ nuances, qui comptent pour
be-at1toup ·dans leas ·qua-1i~s de c-e'tte pièce. Les artist'e's du
Gymnase l'ont fort bien jouée.
,
J'ai dit que je rey.iendrais sur un ,dé.ta.il &lt;!iu cara.c.tère de ·1a
lemme de Barbe hlo,uk. Les aute:ru:s Jui .donnf\Dt ,aµssi, ,c0,mme
li~ ~v.eCB, Je ,fai.t .d!avoir ll'ecueilli huit chats ,per-d1u. J',eu
.aJ ,tou1.o.ur~ ~to~r de moi une hMne trentaine de même iPIOv.enanœ. Et Je .du; du hi.en de leur p,i.èz:e ~ Jls ~ont êti;e ,bien
.att:r.a.p.és..
MAORI.GE ,BOISSA-B,J;&gt;

�NOTES

NOTES

LITTÉRATURE GÉNÉRALE

LA MENTALITÉ PRIMITIVE, par L. Lévy-Bruhl
(F. Alcan).
Les Fonctions mentales dans les sociétés inférieures, parues voilà
douze ans, trouvent dans le présent travail du même auteur une
confirmation et un complément. La corroboration mutuelle de
ces deux ouvrages n'est pas seulement la consécration d'une
grande œuvre : elle implique l'avènement à la positivité d'un
ordre de recherches relativement récent, dont l'exploration
pourra s'étendre à l'infini, mais dont la méthode, jusqu'ici
incertaine, s'affirme désormais précise et süre.
Dans son ouvrage antérieur, M. Lévy-Bruhl s'était proposé
« la détermination êles lois les plus générales des représentations
collectives (y compris leurs éléments affectifs et moteurs) dans
les sociétés les plus basses qui nous soient connues ». Il avait
constaté que les cc sauvages &gt;&gt;, peu sensibles à la contradiction,
pensent beaucoup moins selon le principe d'identité que suivant
une loi toute mystique de participation, caractéristique d'un
stade « prélogique » de la mentalité humaine. De nouvelles
illustrations de cette thèse générale nous sont aujourd'hui fournies en abondance ; mais la curiosité de l'investigateur se porte
avec prédilection sur la notion que se font de la causalité les
peuples inférieurs, notion non moins mystique. Aux yeux de
ceux que: l'on a supposés naguère plus près de la nature, rien
n'arrive par des causes naturelles : tout événement résulte du
caprice d'une force occulte, sur laquelle le magicien a d'autant
mieux prise, qu'elle ne s'agrège pas à l'ordre objectif d'un déterminisme universel. Aucune mort, aucune naissance n'est natu-

349

relie : une maladie, comme une blessure, procède d'un malénce ; l'apparente procréation suppose la réincarnation d'un
ancêtre. Un accident qui nous paraîtrait fortuit est tenu pour la
preuve qu'un tabou a été violé. L'efficace des puissances mystérieuses donne tout leur prix aux rêves, plus véridiques que la
veille, tout leur intérêt aux présages, véritables causes et non
simples symptômes. La conception d'un ordre fixe fait à ce
point défaut, que le phénomène de mauvais augure s'interprète
moins comme un signe ou un indice défavorable que comme
un o: porte malheur » susceptible d'être esquivé, voire converti
en principe propice : on va jusqu'à provoquer des rêves, jusqu'à
mettre en œuvre des pratiques divinatoires, non seulement
pour s'inf?rmer sur les intentions de l'ambiance suspecte, mais
pour susciter des événements conformes aux désirs humains.
En_ ce mon~~ où rien ne semble accidentel, tout paraît arbit~~ire ;_ le vis~ble s~ révèle pénétré d'invisible, de sorte qu'on
~ i~ag1ne pomt qu ~n événement se produise toujcurs par
l action des ~êmes circonstances eoncrètes. Seule la question
du p_ourquo1, non celle du comment, se pose au sujet de la prod~c~10n des choses; car on ne s'intéresse qu'aux causes premières,. non aux ~u.ses secondes, et l'on ne soupçonne pas la
régulanté de~ conditions caus~les. On ne conçoit pas davantage
le ~emps ~t l esp~ce comme des cadres universels et nécessaires,
puisque l essentiel de la réalité, - les influences occultes transc~nde l'.~n et l'autre. Et si le milieu dans lequel vit le :auvage diffère s1 complètement de ce monde aux lois fixes, s'exerçant dans des cadres géométriques et arithmétiques, qui est
~our n~us autres l'objectivité, c'est parce que les peuples inféneurs, msoucieux de raisonner, négligeant d'induire bornent
le~r réflexion à ~'intuition immédiate, obsédée par la h~ntise des
puissan~es mystiques. Après avoir découvert dans leur caractère
?on ~ogique le propre des fonctions mentales dans les sociétés
i~féneur~s, M. Lévy-Bruhl reconnait dans les singularités de
1 «_expérience » de ces peuples, l'effet de leur indifférence à la
logique.
Nous reg~et~o~s de ne pouvoir ici montrer avec quelque détail
commen_t ams1 s étayenJ l'un l'autre les deux livres qui forment
désormais 1~ base de notre connaissance des primitifs. Des sujets
presque entièrement neufs, tels que l'étude des rêves provoqués,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇMSB

des pratiques- divi.1tmtoiresi "des- ~4'1.riis se -trwvent"-&gt;àl~la fo,i:s;
dhfritlffl' Œt: i,nt,ég,r,s à l'lne- in~r,pr~arioa g-émrnJè qùi'1:t1'sso~;.tk,
la cooficmitta'l1i.0n1 dk!s. fü~s; ,a~c -ûn t=eer@ui:s. mmfürum· .l J~3/'P'@!thèse, E0 ':i.~téUT pea~ mai-Rtel'Îaht 5(t di&gt;spir:fllWl' 6'ec râmpre,.dies.
lan€es- twt~e- les postulats s~mpli:Stt&amp; die,T,ylar: Oll' ct!mim-fd':tmmi-6-l.lle de Fra-i-er;• il-a·mi:etU et fafo:e en..J.aisS'àÀt p.it&lt;ler -les: d'.oht:..:
rnwts. H corfseiw czel'tes:lai'ron~€tli:-en ~e .J;,r ·pe~éè pri:mittv~
présen.e ·un, Ca&lt;I~t'ere rnUectif, ma~i,:~.s:abstiehvJ.e tG1.'llte- ~:r.,no..
ttOO' qui a,t-t~terait 1~a&lt;lbesi1m. à nn dogme- :de lf.f role seiei0logi,.
·qu,e. Une :.o~e de c:;(.mtre~préuv-é d~Péiml!!ats- ~àcquis s."t~l!itientl
pqi' }l"eumen-ale'hda4on dent les sattv,ageSlréagi~sen. eh Îi&lt;!tttles&gt;
ormt's : cesi 'â'em.i:er-s •e/\itr 1 f~t l.'effèt de s0ruiers ;:,lëu1,s &gt;armœ à.
fe,l'J, .. pa6ilOOê pour-tuèr nôn• pa,r lrënv:m d'mr'ptojeGtil"e', 'uia&amp;s-pGrlir&lt;se.a îè diétüm1,til0n ;•lems-:liv.reMont p11rs,r p&lt;iure: iÎRstn:llfn~ts · d~
àivia-atioh ; r€™'s sô-ing médkau.x, ténias p&lt;niv une êp"Ienv·e indis.crête elel'Œ pa-tience•-~1.1 màla~le, épreu'V'e"qtü méÎ11e· plutôt' un.
dédommagement que de la rectJ:ilnà.is&gt;satNe. I:'in.coril.pr~.tiertsî.t1m
de la men-t-afüépF-imiti-'ve écht~plus encore, sipossi~te, c:~z.temédecin, imbu ~idées p-0-si,1,ves, que chez re· m.issi0h □.ftiite;.cl,o.r1t
l"ap-0stol.«t• -offense lgs,. ciuyance&amp; des i_nfügè1qes; mai:s-qui. p,avti-,
cipe du B.rooms, lui aussi, à 1m i.evta?n, mystléisi,wt.. •Cës a:d.ministtatieurs è,oloo.i:.a'ux-,
S€ péhétr,a.ni: .. di,l~eà'S'{:ig.ilemè:J.t '}~~
lew d-oiine M. ~·uvy-Btuht, ~viterarent brèu.. d'es4t1éêbmpres. et:
devteNd.faièn~'rnoh'i •inc~pa-bles,d~adapter· fü jus~ic~(t.is bla11es. à
celte des antres-r~ces. Lit scie.ace' ~me y trouverait p:Potl.i, -~ ·
t'iïufo-rm1rti'00 qûe 0erlait:ts-- 'd!'entre- ewir notis 1Eomnissen11. sii;. p:rter-euseme*t sur, eks mœut-s ou a~ :itties eu 'Vtii't, ta·- dh]5ariti~
d'altérati'on, po!.ifrait se re~ueî llif pli:rs i,mpaitiate r moin&amp;
gâtée· de préjugés européens, ·tils "ptiisœient daoo.. t'&lt;Îs , d~JC
ouvr-àges une-p-Jus daire ·i'ntelligè1i:ce .des. p€1:1ples înif&amp;idrs.
tir Menfülitë P'ritnifmt!, coni·pMta!'lt le-8"· Ftm.ctions mmt~lBs,
marq,nera ·une pchase' cfédsive ·aans l'histoire -de l'humanisme,.
Un p-as infJWrÉanr semtile réalis&amp; élans l'apürnde crois-sanve d:e
Fhommei à se eefli1aîtrei fui-même. è -autem sait s sdu:straire à1
la tentation, si spécieuse pour tant d'autres, d'expliquer pl'~~-·
mrém.ent les dvrl:tsës' ipa-1' lêS' sitnvages:, apâ!s que li'© ;e.ut si
longeemps- ex)'&gt;fiqué lès gau,vages par tes i::ivfüsés: P'enmn
meil'l·s qt!è h:ti né ·se fait ~il1'ns.i'oas sur le concept de· ·œ p~inii~
tifil ~ ~pré:!5'Î6n «-l'rien'împn,pre·~, mais impt,sêe pi.ar l'.uspge·!'
0

en

ou·

n~il pas pro~ èofi'ke l'impruden•t e assimil-a:tioo cJ;u sa-a-

vage vivaot d'e no~ jours au v.é-iitalrle primitif, c0ntr.é'J:a..n01Jforf.
d'une évoluti:on uniHnéa,ire=• ·&lt;te l'humanité, coimeo' le&gt; pos,.,
tufat speucér.itm ~ Fra.z~, sel0Il' lequel « l'e plus simple esti le
premiel' clftns hHe.mps-'&gt;) ?l Petsvirne m0î1is q-ue Itii ·'ne mébro.naît Ie earac.tèr.e- provii;ofu:e &lt;l'es résultat-s dès•à présent obtenus-.
Sans aacun doute- 'l'aveniir · montrera la nécessité de- fai're- desUma.rcatioas, l~,nsrituer dies grou{l'ements parmi ces ..peupfes·
d':Afu,q,ué, d'Amérique, d'Océanie encore consi-à&amp;é's. en bfoc,
pour ce seul motif qu'ils sont les ·plus éloignés de notre civilisation. On découvrira sans doute dans ridée de non. civilisé le
pendant de cette chimëre, !e -priinitîf; car to~-t~ existence en
&amp;Oc~té, imposant nn~ «t'tùim,ali"1:é D:r rrnpose•aussH.ine- «-Ctvi'lisatfol'J. &gt;). Les anhthêses• rhétaphysi:'ques- de l'lrcnnhtt" et de laoa-ture, de-la:-natU•re et 'del-a' c·ivi1isation, se· trouvJnt' m-éthod'i--'
quem~nt sapées au prafit'J'une- science ca1nP,ata1t'fvè· •des rypeshumams-, seience qui Fejètte&lt;-a·a-terme d utr-process1.fr indéfini fa
d.é~rm~nati€).IJ de,l"œ lli:oüime'-» a-hstwt, mais qu:ïl tHnnnuera~de;
siicle lHI• srede notr~ ig□-0ra□ee-mr ce.ne fonnidaMe'rncomrue :··
Ro~m~IOOS. La ]:frétencJiue nétessité d'eppcrser encare·c'fvil?sé'set n~.n.civïIJisés lti,ene srmplerrient, croY6'ns~nou~, aITfa:i't que ces'
d:er~1e!'s:s0nr des peuples sans hrst0ire, non qu'i·fa n'a,ientpoint
T-anê -~:a.n-s le t.er:nps-, ae "l'.U'Î; se1air rne?rrcevab1ê', ~mais parce,qtte
nmis l~Or~n"s, tout de leur passé. fHaut dotrél e'spét!e_r d,'urr ,pr&lt;l~Pès ht~~9'&amp;': k renverseménl' de fa cferni'éreJid'oPe l:ilétaplly~
S~&lt;J.ùe qur SU0SIM;e•en rioqe soe_io1&amp;gîe. · Mais:cette-'ct; histo ·,a-non r, prngressivede-n:etre-notion des·peupfes•inféf-ieurs résultera
surt&amp;ut des documents que peuvent ·fou riir ur.ces' p-eupfos ' fe's'
peuples•doués d'upe histcrFre. Céb.tdiè critiqtre· cPes-vcivi'lis~iomr
aatres Ç~@ nO'tl'e cul'ture, oceièfentate jeirter&amp; 'JII'et~lîe" jour un
PQnt entJJ&lt;e.&lt;notiî,e caàrraissance àe. F'l'romme cc bfanc ); ou cc euroJ)€~n »•et ROtFe in•te&amp;?igation {le Thumanité &lt;r primitive ». Déjà'
l"i:ns~oire- &lt;!les , ei&lt;vilisatfohs a-siatfq:rres fourmille â'e matériaux
relaufs :rux œ SŒ1îVages
alix-« bàroares )) intèrptrsé's enttf ces
~ran~s foye~s de Cl!Ù&lt;rure ;- Or· P''Asre-n'a é'té sans htpp'èrts of avec
l Afrique,? av.ec lt(kéanie-. L'histofre d'e FEgypte nûus ré'vélera
peut-êmksl!\!ret, 0U·1'ùndessecr-ets~ dtrn:iy ère africairr. Inde!..
pendamment&lt; ie'squestions de,fa~t, et si!''@n Yise I~"déterminatiorr
des &lt;l structures mentales )) à travers les diversites-dirt'empir etitfe

»,

�352

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

que . la connaissance
des civilisés
l' espace, 1·1 est vraisemblable
·
•
.
•·1
simplement autres que nous, mais non_ pas inférieurs, - ,s 1 s
ont poursuivi une évolution synchromque. et parallèle a _la
nôtre,_ doit nous préparer à la compréhension des catég~nes
spéculatives ou des techniques propres aux races les plus ~ifférentes de nous. Mais de semblables progrès vers une véritable
critique de l'esprit humain, par application de l'histoire c011~parative, c'est une œuvre telle que celle de M. Lévy-Bruhl qui les
·
gu rés .
P . MASSON-OURSEL
aura 10au

LA NEF, par Elémir Bourges (Stock) .
Le sujet q_u'Elémir Bourges a entrepris de traiter embr~s~e,
en dépassant chacun d'eux, le Faust de Gcethe, la D1vme
Comédie et Je De Nalura rerum. Sa Nef vise à être, comme
Faust Je poème de l'inquiétude humaine, de la recherche de
la n;rme et du bonheur et, comme la Dhiit1e Comw~, le
poème des causes premières et de la destinée de l'umvers.
Mais le domaine des expériences offert à l'homme est beaucoup plus vaste que celui de Faust t:t ce n'es~ pas !a. se~le
th éodicée la seule cosmoaonie catholique qui est 1c1 mise
'
b
en œuvre,
c'est une &lt;l somme
» de lOutcs les théo d'1cé ~s et
de toutes les cosmogonies du monde occidental, depuis la
mythologie grecque primitive jusqu'au matérialisme contemporain, qu'on trouve dans la Nej. Et l'on ~ trouve en outre
les théories de la connaissance et la métaphysique de la morale .
C'est un abrégé d'histoire de la philosophie, une synthèse de
tous les grands systèmes, un compendium des idées d~ l'human 'té depuis sept mille ans qu'il y a des hommes et qui pensent.
C'est en méme temps le résumé des aspirations humaines,
de ses efforts incessants et toujours déçus vers un nouvel âge
d'or le livre de sa révolte et de son messianisme, traversé
de ;ésignations et d'adorations. Bref c'est toutes les for'.11es
de la pensée, de la sensibilité et de la volonté bumarnes
qu'Elémir Bourges a dressées dans cette œuvre m~yenâgeu_se
par ses dimensions et par son contenu encyclopédique. Déjà,
dans la dernière partie de ùs Oiseaux s'envolent et les fleurs
tombent, Elémir Bourges aYait donné une ébauche
très
réduite - de la Nef.

NOTES

353

Mettre tout l'homme dans un livre, l'homme en soi, dépouillé de tout ce qui dans sa vie est accidentel, r~duit à
son essence, face à face avec les plus hauts problèmes, c'est
la plus vaste entreprise littéraire qui soit . Disons-le net : il
y faut du génie, et non pas un génie spontané et inconscient,
mais un génie nourri de science et d'orgueil. C'est qu'il ne
s'agit pas ici de transposer de la vie sur le plan de l'art et
de la philosophie, il s'agit de transposer de la philosophie
et de l'art sur le plan de la vie. La matière brute qu'Elémir
Bourges travaille est purement livresque; iJ faut qu'il réussisse
à l'animer. Le symbole eüt été trop court, l'allégorie trop
plate, l'épopée trop artificielle et trop froide ; Elémir Bourges.
l'a bien compris : il a suscité des mythes et il les a présentés.
sous la forme dialoguée du drame grec. Pour y couler la pensée
de tous les siècles, c'est de la, conception poétique d'Aristote
qu'Elémir Bourges s'est inspiré et c'est le moule eschylien
qu'il a choisi. U est allé emprunter sa forme aux sources
mêmes de la civilisation gréco-latine. Le résultat est qu'on
pense d'abord invinciblement aux traductions du grec de
Leconte de Lisle en lisant la Nef. Le format, les caractères
typographiques, la transcription des noms grecs (bien qu'Elémir Bourges écrive Prométhée au lieu de Prometheus) ajoutent
encore à l'illusion. Illusion qui disparaît très vite, mais qui
date peut-être la conception par Elémir Bourges de son œuvre.
Sans qu'il y ait entre eux aucune ressemblance précise, Prométhée par son ton, par ses attitudes et son orgueil rappelle
souvent Qaïn. Elémir Bourges est bien de la génération
qu'on pourrait appeler « cosmique ~, qui dans des sens différents a donné le dernier Hugo (Hugo que Leconte de Lisle a si
fortement influencé par un curieux retour d'influence), l' Eve
fuJure de Villiers, les Réverits d'11n paieu myslifJue de Louis
Ménard.
. Mais l'élaboration de la Nef a été si lente ( on parle de ce
hvre depuis trente ans) que les influences primitives se sont
en grande partie effacées et atténuées et qu'on peut y distingu~r toutes sortes d'apports nouveaux dus au symbolisme,
qui, par certains côtés, a été, lui aussi cosmique et mythique.
Effet du hasard ou volonté de l'auteur, la Nef compte trente23

�354

LA NOUVELLE REVUE FRA}J:Ç1.1SB

.1n,is ~ènes, .comme chicua rdes « captiques » de Dan:e a
trente-1.-rois chants. Dans chaqqpscène,. Prométhée~hérosllmque
du dr.ame, est, aux prises .aw.ec des ,personn~e:!. différents.
L' a~tion sauf-dans le prologu~, ~st commenté~ par un chœur
an~qu~.~_le. Çbœur des Argonautes, accru pa:fois dJJ chœur
iles fommesCap.tives .sur la nef ,tfr.,gô, de celui des Hommes~
,des Tit~;, -(les Bêtes, -des Çentaures. Le titre auniit pu être
ceiui-d : Prométhée ~ihi-rl. .
Prométhée, de T~&amp;-,fili, de la Tecre, l'ami des homm~.
-est :dél.ïv:ré par Hér:ikJès., venu, jusqu'au rocher où il •~té ,en-chaîné •sur ]a nef Ar.gô. ,Le rè_gne de lieus s,ur Ja terre •p rend
fin 4 le tab.l~u &lt;le so11 rk_gne tetJ~tre qu_e t;riœ à. l'avance
Prométhée r@sem,ble étrang.ement à la pr6dlction d'Isaïe : « la
l~g_ue J:7icle qu lion fèc)lera 1~ fllPP. 1:1ui tette, _la lia~ timicle
-s'endorrrµr.a squs_ l'ombre des ailes du yautour. 11. Héi:aklèsj
q_ui li~re les humai~s d"e l.ll cuinte des -dieux) ,est le mythe
de la joie de vî,vre, victorieuse &lt;lecS terreurs et d-es tfoèores ;
les Argonautes, ce sont lei hommes à la reçh~che et ~ns
l'attente du bonbeur-'foison,d'Or ~ Pl ométhee, .c est la Raison
hum~ne en lutte contre lè mystèr!: et le mal. ToUles les
J~mière/ d'~rigine_divine ~'ét~igneii,t d_e vaot la vict0,ire du
Ti\an. 4 leu,r place~ .sept itoiles_ jailHssent du -fui~t de Pr?m~tbée, sept J9:JUi~;res nouvelles, d'essence huin;uue. M~1~
a~ant d'é.ilaii;er l'u-Q.Îv!'!rs à nouveau, •il ..iJnporte .d~ le guénr
de ses souffrances . .ProJnéthée échoue d;irs:· rcetrte premiè.t:e
entreprise : il est impuis5ant à supprimer le mal. Il doit
d'abord vaincre Zeus., maître du ciel et de la foudre. Pour
Je réduire, il foro-e
les ailes qui lui ouvriront le ciel. Mais
à
6
~
~ette ascension, les Eri,nnyes \S'opposent. LC11 sept lunu'='r-es
humaines qui permettraient .cette victoire .et q.ui sont : Intelligence, Verbe, Amour, Joie, Désir, Sagesse 1 Har11:1onie, sont
contredites et perpétuellement menacées par Matière, Mort,
Haine, D9uleur, Boi:ne, Ignorance, Disc'O'.rde.
• Devaut ce~ ,échec, Prométhée renoncera-t-il et restaurerat-il l'antique alliance de la terre et des cieul, des 'hommes
et &lt;les divinités,? Il s'y refuse. Les Dieux. de rOlym_pe s'éYa.nouissent. Seul -en face de sa propre 'Pensée, l'homme s'interroge . ·Le monde est-il régi par l'épée (le libre arbitre, la
nison) ou la r9ue (la destinée aveugle, le déterminisme) ?

BOTES

355

L'homme peut-il ôter de lui le tourment de la cause première;
le besoin d!expliquer · forigine et l'essence de l'univers et de
l'homme? Non, cela est impossible. Dès tors qui sera Dieu ?
Suacessivement Prométhée refuse un Dieu personnel- transcendant; la conception i)anthéiste de l'Btre-Dieu ; la con.c eption matérialiste; la conception hégélienne de l'idéalisffie absolu
de l'identité de la Pensée.et-' de ,l'Etre.
'
Prométhée, pour échapper a,ux catégbries où se meuverrt
les -hommes, va créer· à nouvéa-u l'humanité. Tl pétrît d'arc ile,
.
è
.
0
'
mais sa m re Gaia ~st im•p uissànt à ranimer, à lui donner,
en même temps que la vie,' l'"mmort.ilité et-le bonheur dont
rêve le Titan. C'est le démon de la Mort qui animera cette
argile et lui confér.era la vie mortellè, cirr c?est la mort qui
en.gen-0re la vie, la -quantité d'énergiè.··est invariable &lt;lans
l'univers. Prométhée s'empare dés- deux •feux. que lui -offre le
démon de la Mort : le feu rouge et le feu blanc, 11 voudrait
se limiter à insuffler le feu bl;mc -de l'inteHigence â la créature
oou~elle. Mais .i;an·s le feu r~l¾~e -euriesité, d-ési'r, aspimfion~
lnqUlétude - la créature n'aurait •pas d'eiistence véritable
ne , seràit -qu1immobiUte. -L'enfant naît de " !-'argile :- il es~
av~ugle, C~st la vengeaoc~ de l a füvinïté. La dé du mystère
um-.ersel n est pa'S sur terre. Ghargeau't son enfant sur son
épaule, Prométhée quitte
-ferré,. à la re.cherche du seeret
qui_ rendra la vue · à la- créature. Les -hommes, cependant,
ré-signés à ~eù~ ignorance, agirnnt 'èn --aaorant les dieux qui
peut-être n existent pas. Le grand combat s'est donc achevé
par la défaite de la -rai-son, l'apolùgie de la foi et de, l'action.

1a

Même réduite à une anal3/sé• aussi ,somma-ire et déformante
que celle-.ci, l'affabulation gènéralé J de la Nef montre -son
ampleur, -Sa noblesse, son originalité et •sa puissan&lt;:e. Cette
gran~eur et cetteirichesse se r-etrnuvent dans le détail de. chaque
cbap1tre, Il, y a .là un entas~ement de systè:1nes, de pet1iée,
une force d1alectJ.que, une aisance à se mou-voir dans l'abstrait e~ à le matériàlis r· &lt;JUÎ rapp'èlle- certains graacls tièbats
~cofa_st1ques en allégori~s, mai_s c:p.i'i se double de la grande
mquiétu~e moderne -èt, -osons 1e mot, ro~antique.
, '
Ce ~u1 poumHt Sùrpreadre, t'est que l'Evancile chrétien
n'a point de place dans ces tbéoaicéé_s ët que 1~ Bible eHe-

7

�LA NOUVELLE REVUE FltANÇAISE

même est presque totale~ent absente de cette œuvre. Mais
il faut voir là, san!ï doute, un dessein prémédité. Bible et
Evangile sont des produits de l'âme orientale. La Nef est
une image de la pensée d'Occident : les mythes et les dieux
qui y figurent sont uniquement helléniques comme la forn1e est
empruntée aux tragiques grecs.
La gageure était forte de préte.n dre émouvoir dans cet ordre
métaphysique en négligeant l.;i. philosophie chrétienne dont les
vingt derniers siècles d'Occident ont vécu et en prétendant
retrouver dans la mythologie et_le rationalisme helléniques des .
sources profondes d'émotion. C'était un beau _risque à courir.
Elémir Bourges l'a couru et il a mis de son côté le maximum
de chances en retrouvant les secrets du grand style tragique
et en condensant ~on émotion avec u,ne force et une lucidité
qui placent sa Nef bien au-dessus des œuvres courantes de la
littérature conteroporajne.
Est-ce- à dire qu'il a triomphé ? Une œuvre comme la Nej
ne triomphe que si elle dure et si elle est nourricière et féconde.
Il est malaisé de préjuger de l'opinion de la postérité. Ce qui
semble certain., c'est que la N-ef est une œuvre morte, une
morte splendide, mais une morte. Aucun échange d'âme n'en
possible entre elle et nous. Si nous savons encore ce que fut
Prométhée, nous ignorons profondément les géants Arimaspes,
les dieux Kabires, les telchines . Ces divinités mettent sans
cesse une barrière entre µous et le livre. Qui est le fils de
Iapétos ? Qui tst le Pandoride ?
A recouYrir des idées modemes et des abstractions (le Titan Dieu Ouranos figure le panthéisme ; le serpent de Gaia figure
le matérialisme), ces mythes oubliés n'ajoutent pas à l'émotion
métaphysique. Tout au contraire. Ces lourds ornements classiques déconcertent et détournent de cette émotion. Le ve~ige
métaphysique, c'est une page bien nue de Spinoza ou crHe.nri
Poincaré qui nous le procurera. La Nef y èst impuissante.
On serait tenté de dire d'Elémir Bour_ges qu'il est «secondaire»
et qu'il est resté sous le coup de ce défilé_ kaléidoscopique de
doctrines auquel il assista en classe de philosophie. Certaines
pages de lui ne sont que du Boirac lyrique.
La fa meuse « magie du style,-» ne répare rien. Ce style
d'Elémir Bourges, dur, tendu, somptueux., ne vit pas. Pour

NOTES

357

éclairer son œuvre sévère, Dante trouve de o-randes itnag
f: 'Jii
o
es
aou o:::res et .neuves qui vivifient le raisonnement Je pus
J
b
a scons et qui sont ~areilles à de fraîches oasis.- où il reprend
soufile avant de repartir vers les hauteurs. Rien de semblable
dans la Nef: toutes les images sont reprises des classiques
~recs _et so~t tellement usées et rebattues qu'elles fatiguent
1 espnt au heu de le rasséréner.
~ien ne ra~hète Ja monotonie de cette succession _de scènes
tou1ours pareilles, où Prométhée discute avec quelque d" · · é
il' d
IV lm t '
au m 1eu es lamentations des Argonautes et des clameurs de
la ~oudr~. Cette grande œuvre qui mérite le respect et l'admiration n esrpas seulement une œuvre difficile, c'est une œuvre
ennuyeus~ et _qui ne récompense d'aucun enrichissement profond celui qui a surmonté l'ennui de la lire.
·
Le chef-d'œuvre d'Elémir Bourges reste Les Oiseaux s'envolent

el les Fleurs tombent.

BENJAMIN CRËMLEUX

*

* *

LE STUPIDE DIX-NEUVIÈME SIÈ.CLE, par Lécm Daudet (Nouvelle Librairie Nationale).
.
. Com~e tous le: livres de M. Daudet, le Stupide dfr,-neuvième
nêcl~, ammé par 1 esprit de la parole et par le mouvement de la
passion, se lit joyeusemenc et d'une traite. On y trouve fréquemment d'excellentes remarques et de pénétrants aperçus .
~e le~te~r Y trouve moins une thèse à discuter qu"un état
!,esp~t a ~nstater, à classer, peut-être même à utiliser: l'état
esprit qui crée des mythes. Le bloc du XIX" siècle considéré
comme Ie mal intégral, comme une bête de J'Àpocalypse
analogue ~ ce que sont Rome pour l~s protestants, la franc~
maçonnene pour les catholiques, prend figure de mythe, que
no~s ne ferons aucune difficulté- de qualifier de mythe utile
puisqu'il pennet les feux d'artifice, la verve truculente et gron:
dante de M. Dau.det. Ce mythe vient d'ailleurs en son temps. Il
se rattache -à nos mythes de guerre (il n'y a pas de graride
guderre sans mythe). L'Allemagne ayant représenté pour nous
ans l' espac
']'
.
.
,
.
e, un tota tsme du mal, il était assez naturel qu'un
tota!1sme analogue s'étabHr et fonctionnât dans le temps La
réalité
é 'd
•
est v1 emmeat plus complexe et plus nuancée. Mais Jes
amateurs de complexité et de nuances n'ont qu'à passer à un

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rayon différent de celui que tient M. Daudet. Lui-même, dans
ses Souvenir.s, à l'ocèasion d'une fê'te chez Mirpeau, s'est campé
bien pittoresqueroeat dans le rayon qui lui est propre et où il
réussit. En lisant le Stupide XJXe. sièale, je pensais à ce massacre
de chapeaùX; et de pelisses, et je m'amusais ferme : d'autant
plus que, pour mon compte, je porte des,mous, qui supportent
tous les coups de poing.
Entre les nombreu.x points de détail qu'on pourrait discuter
dans le livre de M. Daudet, j'en choisis un au hasard. M. Daudet entoure de soins le chapeau. de M. le docteur Pierre Marie~
comme s'il s'agissait de la couronne royale. Une ère nouvelle,
nous dit-il, a été ouverte par un numéro récent du Progrès
Médical, où le docteur Marie exposait sommairement le résultat
de ses études sur les prétendues localisations cérébrales du langage. Outre ()Ue les travaux de Pierre Marie font l'objet de
comptes-rendus depuis au moins une douzaine d'années,
M. Daudet sait-il, ou oublie-t-il, qu'une part importante d'honneur revient ici à un philosophe sur le- chapeau de qui i1 a coutume d'exercer les pires sévices, M. Henri Bergson? M. Bergson, dans des pages de Matière et Mémoire qui restent un modèle
de discussion serrée et probante, a ramené dès t 894 les localisations cérébrales apparentes à des phénomènes moteurs, etles tra- .
vaux de Pierre Marie, physiologiste et médecin, ont confirmé par
le travail du laboratoire le travail du philosophe dans son cabinet. Le rôle de M. Bergson a été.ici pareil à:,celui de Le Verrier
découvrant Neptune au boutde sa plume, e(celui de_ M. Pierre
Marie à celui d'Adams, apercevant quelques mois plus tard. la
planète nouvelle dans son télescope. Le docteur Marie est le
premier à le re.conruiitre. Le jour ou M. Daudet ferait, pont le
constater lui aussi~ un effort de justice distribµtiv-e, c'est qu'il
aurait mis de l'eau dans son vin,. Mai{, qui souhaite que le vin
de M. Daudet soit baptisé? Pas moi •..
&amp;LBERT THIBAUDET

• **

SUR LA GLÈBE,

par/.

de Pesquidottx (Plon).

Le goftt même des choses agricoles que n.ous communique
J. de Pesquidoux fait souhaiter qu'il nous rende ces choses
plus proches encore. Car si s:r langue,. technique lorsque le

HOTES

359

sujet rexi~e mais enrichie de mots paysans lui p~tant poids etverdeor, dit fortement ce qu'elle veut dire, elle le dit d'un peu
hant, à la Buffon.
Cependant il faut avant tout rendre grâces à M. de Pesquidoux. Dans les manuels on reproche à nos vieux pères de
n'avoir pas eu le sellS de l'histoire. Serons-nous sans reproche
sous l'œil de nos neveux? A lire Connaissance de l'Est, ne comprenons-nous pas qu'un certain sens de u l'étrang~r)) nous
manque, nous manquait encore? Or, sur un autre plan, Chez
Nous et Sur la Glèbe donnent à l'endroit du monde rustique un
sentiment analogue.

J.

de Pesquidoux nous introduit-à toute une vre secrète celle

des espèces, des semences, des sèves. Les plantés ~ven~.
Chaque espèce, ' - de bl€, ·de vigne, - a ses- vertus et ses
hnme~rs, comme seS' défauts 'et ses-manques . Des êtres vivants,
en vérité, dont les croisements ont des résultats -im'prévisibles.
Les hybrides n'apparaissent-ils pas avec leur individualité on
peut même écrire : leur esprit propre? Une science nouv~lle,
peut-être, la génétique, justifie _pres_q ue le vieil animisme
paysan. Aura-t-on des surprises en ces doma:ines ?...
. L'intérêt des études sur l'Homm.e, le Foyer, semble d'une qualité _aut_re : il s'agirait ici moins d'une pénétration 4..ue d'une
stylisat10n:. comme. on dit... Mais c'est surtout en ses jardins
secrets qu il faut suivre J. de Pesquidoux. Le fort, le rare de
ses ouvrages est là., en ce qu.'i1s font plus rich.e pour nous le
monde rustique. Et plutôt qu'à un jardin on voudrait comparer
c~s géorgiques gonflées de suc à quelque prairie profonde,
dune odeur nourrie, verte et fraîche.
HENRr POURRAT

LA POÉSIE

CHANSONS: LIBERTÉ,
téraire de France).

par Henri Pourraf (Société

.

lit-

.

L'~eureuse fortune de Gaspard des montaunes n'a point
6
surpns ceux qui· tenaient
·
M . Henri Pourrat pour
un des rares
poètes de la guene capable de conduire un récit épique .
. Auprès de quelques longueurs, les Montagnards offraient pluSJeurs passages remarquables par la -vivacité l'aisance et la
noble rudesse du langage poétique. M. Pou,rrat entreprend,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

·.:avec un nouveau et très dense recueil de vers, une sorte d'épopée de l'Auvergne, sous la troisième République: Le pre~ier
"terme de la devise républicaine sert de titre à ce hvre, qm est_
divisé en sept parties. En voici l'énoncé non moins savoureux
-qu'expressif :

Délices de l' Auverrrne-Basse ou les heureux moments du bon ména_ger. - Le royaum: du vert, précéclé des dits et contredits ,du spo~t
.touristique. - Les pastorales spirituelles de la solitude. - L apologie
pour l'Auvergnat, étrennes aux citoyens français - le Triomphe de
l'âme ou les rêveries du .fils de la vallée, dédié attx hommes purs. ·
Chez cette belle et forte race on observe quelquefois une certaine préciosité pudique, qui vient adoucir une carrure trop
rustique. II arrive même que M. H~nri Pou~rat_ use, de to~rnures paysannes d'une naïveté matoise et qui fnse 1affétene.
Cela peut co.nvenir dans de petites pièces d'un tour léger et
satirique, mais non au cours d'un poème d'un lyrisme plus
-soutenu. Aussi bien M. Pourrat réussit-il mieux les longues
laisses d'alexandrins ou de vers libres à l'imitation de la Fontaine, que les stances régulières mo~ns favorables aux mouvements d'un récit familier.
Lorsque le Jean Marie a d'une genetière
Toute de verts balais, d'églantitts et de pitrres,
Sans y plaindre sa peine et son huile de bras,
Façonné d la bêche un guéret Jort et gras ....
Il pren:I de meilleur camr au matin du dimanche
Ses soulie1·s chevillés et sa chemise blanche ...
... Après ve.pres, le frais venu, il sortira,
Et tout plan-plan, tenant en mains sa queue de rat
Pour offrir une prise d rnpnsieur le notaire
S'il le trouve en chemin, il ira voir ses terres,
Puis rentrera souper d'une soupe aux noveaux.
Les froidur-es, les pluies, l'dge ni les travaux
Ne l'ont tant affaibli qtt'il n'aille bien enrore .
Dès la pique au b:ouilla,·d dans ses ..;lmmps de la Dore
Où ce vieux voit des siens jusques à l'dge tier-s
Labourer sous sa main par brai forts et entiers.

Tel est feu Marie Chevagnat que M. Pourrat nous dépeint
· longuement et qui

NOTES

en son p1·ivé
Se privant de jouir, jouit de se priver.

On croit entendre, en lisant ce beau poème, un écho des
strophes célèbres de Racan et aussi les anciens flutiaux et
musettes de Claude Gauchet. Le Royaume du vert célébré par le
poète auvergnat a le flatteur éclat des tapisseries ourdies par
l'auteur du Plaisir des Champs, et dont trois siècles n'ont pas
effacé les riches couleurs. Il y règne un doux bruit d'abeilles
sauvages, de meuglements lointains fondus dans un remugle de
'miel que rafraîchit le vent descendu des cimes neigeuses.
Le plaisir que nous donne cette poésie drue et fraîche ne
doit pas nous empêcher de sentir tout ce qu'elle perd à se disperser. A ce beau et sain chèvrefeuille qui pousse de toute part
ses antennes parfumées il faudrait le tronc d'un grand sujet. On
peut attendre de M. Pourrat qu'il tente l'épreuve où échoua
l'honnête Brü:eux, où triompha Mistral.
ROGER' ALLARD

*

_L'ALBUM ITALIEN, par]ean-Louis Vattdoyer(Librairie·
&lt;le France).
M. Jean-Louis Vaudoyer s'est essayé au jeu divertissant, mais
périlleux, de ces transpositions d'art dont Baudelaire, avec les
Phares, a donnéle modèle. Il s'en est tiré souvent avec bonheur
. .
'
1m1tant le tour léger des petites descriptions en vers dont La
Fontaine allant en Limousin illustrait les lettres qu'il adressait à
sa femme.
.
Dans le vallon oti; la caresse
Du soleil est len~e d finir
Une nymphe, po11r s'en vêtir,
Défait sa lourde et large tresse.
Un berge,· que l'he1tre rend triste
Et que son troupeau ne mit plus
Offre d la nymphe un chant confus
Dont la riche langueur persiste.
. .. la musique, le mystè,-e
La volupté, ses tendres jeux
Font de ce vallon, pour les yeux, ·
Le portrait menteur de la terre.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ce berger que dorentau soleil couchant les lumières ambrées
du Giorgione, semble avoir pris des leçons de flûte chez Théophile et chez Tristan l'Hermit,e.

LA -LUMIÈRE N/{f.ALE; par Uon Deubel' CMercureJd-e.
France}

1

•

-

· .,

7

.&gt;

ROGER ALLARD

LE CHIRURGIEN' DES ROSES, poèmes en prose, par
Marr:el Sauvage («Ça Ira&gt;&gt;, An.vers).
".:.\ .

puleuse;llient définies danii la préface du Cornet à, Dés ne souff-re
guète l'imp!::rfectiO'n, Un p0èn1e en pro.se s'i,l n'est indispensable
est par trop inutile. N'empêche que le petit livre de M. Marcel
Sauvag~ cOt1tient quelqu~s-Jaits-djyers charmants, de,s symboles
ingénieux, de jolies images. Mais le Petit Poucet, pour jalonner
sa route, fera bien d'y semer plus de cailloux blancs- que de
pétales éphémères.
PAUL Fl!;RE.NS
* * "'1

,

_Les amis de Léon b~ubel_se· réjouiront de voir ., r.ééditer, ce.
oeau fiv re trop p'eu conn~ où brillent tant d'images. fortes J~~ ·
chatoyantes. Le poeme du vent~ la !-in d'un jour méritent de
prendre p)ace dans 1 1 anthRfogles. Deubel, '?etlain\en rerent~,
sinon désabusé, était au fond un poète pat:naJSII!. ; 11 fait
souvent sqng.er à Leconte. de' Lisle par l'édat de .son c.oloris , mais son r\1thme
af plu? qe. souplesse et son jeu est
J.
plus nuancé. Il n'était pas ie- c.eU!. à qui•; le .m~!heur iqsmre
leurs chants. &lt;f les plus désespérés » et les plus beaux. Né pour
chanter la joie, la lumière, la force, l'épanouissement de l'être,
l'aridité de son existence le contraignit à chercher tout cela _en
s:0i-même et à recréer.la nature en imagination, au prix d~un
erfort qui communique souvent à ses vers une tensi.Qn un" peu
factice. Comme il est fort .bien qi.t, dans la &lt;&lt; préface. des fi~iteurs ·» do~t on a fait JlÎéc~de,; ·cette ié.édition, il y a R~!Is d~
profondé,~ "' et pl~;)'~*t dan_s i~ œu:res q '[ 0.01 s~vi la
Lumièr.e natale, mais çe livœ est celui des 1ours. e.u;x:eux, ~e s.eul
,o ù 1'01; s·ente une certaine ·légèreté cf âme que •.~e uo¾le et.mal~
heureux Deubel ne devait plus retrouver avant la mo~.
iJ

NOTES

LE PbÈME ROYJ\'L, par Albert Erla!lde (Librairie de
France).
Je ne sais plus quel po~te se plaignait l'autre jour qu'on louât
la sonorité de ses vers ► comme d\1ne injure qu'on lui eüt faite.
Tel assurémept n.'est poin~ le- souci M•. Alb~r.~ Erlande;. Ses
alexandrins romantiques ont toate )'al.llp-litude et la vibration
~ ROGER AI,Li\RD

que l'on peut souhaiter.

GUIDE CHAMPÊTRE, ~ar_Gabriel Joseph Gros ( éd. du
Damier).

'

1

Agréable recueil de vers- qui ne ment ·pas à sop titre ingénieusement modeste.
Lé voyageur qui i 1a de LlJÙ{Ù d Sairlt)'ér6me
Suit Ntroitevallle où se'i'péntWT:ait• :bleu: •
,. 1

•

',t

Une espèce de journal de classe, où, chaque soir, le poète
annote un sujet de rédaction. Bien_ q_lle M. Marcel Sauvage &amp;oit
un excellent élève, iL se per!}let~ s'il. n'a. point de sentence à
transcrire, un dessin dans la marg_e. Il invente alors des titres
- Nocturne, Croquis, Chroniq;ue. .:_ p{us prÙis, plus naturels
que celui de son recp.eij.. ç:ar, chirurgien des roses, il ne l'est
sans doute pas assez ; le geare. do.nt, les e!.igences furent si scru-

.,:

· -,

Diro~s-n.ousr avec faute.u,, qu~ &lt;i la sohtudes pre.od d'ineffables visages? » Qu pl1:1s ~pl~ment, gu'ui;i.e. grâce hocagère y
règne facilement .~ur,_des paysages .aux tons légers ei: frais., .tels
ceux qui font lé charme de certaines aquarelles d'amateu;s -i
, D~s vignelt~s grav~es sur, bgLs. de _fil par -~ - Gimond,' dans
I ancienne manièr&lt;; di; M. D~fy~'.ti&lt;_&gt;Utent à. ce petit li:vr.et t\n
~pect sé:quü,ant de rust;icL;é pon ~ectée.
ROGER ALLARD

t/i. ROMAN

LA MAISON'

DE CLAUDINE, par

Colëtte (ferep~z~}

Lasse e1rfin de Montmartre,, e~ des. m1,1sic$-halls, des co~)jti-·
sanes flêti;ies et, des gigolos trop· a;,_;ides, Colette vieJJJ, de se
replonger dans sa jeune;sse ver,te eJ: pure. Une enfant a surgi .,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

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preste, vigoureuse, tourmentée, paysanne, Minet-c?ér~ ou_ BelGazou, une Claudine sans vice et sans garçons, mstmcttve et_
frissonnante, charmante et ignorant les raisons de son· charme,
la vraie Colette, que nous avions devinée, que nous attendions .
.
Elle naî.t en pleine vallée bourguignonne, dans une mai~on
silencieuse et vaste, une maison à grenier, où l'air circule, pleme
d'âme cependant, tiède, profondément vivante. Deuxf:ères hardis, aventureux, mais passionnés de solitude et de mutisme, un_e
grande sœur aux trop longs cheveux, penchant ses tres~e~ sur
les livres, absorbée dans le merveilleux ; des bêtes famihères,
~bats et chiens, bien repus, ignorant le joug, mar:igeant, dormant, suivant l'heure du jour, s'appelant, se reproduisant selo_n
le cours des mois, entourant l'enfant dernière-venue de leur vie
-simple et ingénue; un jardin clos où s'étalent les plantes d~mestiques, autres êtres tranquilles et libres ; au-delà, un village
c:rrossier robuste buveur et cancanant, et, tout autour, pesant
0
'
•
•
du flanc' des collines,
la forêt _vigoureuse
et ncbe,
pu11u1ante
d'animaux fauves, fraîche de mousse et de fleurs, exhalant des
odeurs violentes.
Dans la maison, parmi les trois enfants muets, deux ~t:es
remuants, .ceux de qui la petite est sortie : le père, un ménd10nal ardent ancien officier de zouaves, mutilé, devenu percepteur,
vif, gogu;nard, plein d'imaginaüo.ns, amoureux passionné,_traînant sa-béquille, oiseau blessé ; la mère, ~entre de_ chaleur_ et de
lumière, petite et blonde, bavarde, étourdie: travaille~se, 1gno_rant religion, mystère, au-delà, règle sociale, devoir, bonne
comme la nature où elle plonge, Cybèle campagnarde, rayonnante de joie et de vie.
.•
,
Cette petite Bel-Gazou n'es.t qu~ sens. Elle est ouverte a to~s
les souffies. D'autres vibrent aux émanations de la terre. Mais,
pour vibrer, il faut une matiêre q'ui r~siste. En Be:-Gazo~ les
brises passent comme en un carrefour de gr~nds bois. Il n ~ a
pas vibration. L'être n'est pas troublé .. C est une ~ensatio~
saine, _complète et qui, entrant du premier coup, s évanouit
presque aussitôt.
·
·
.
Là est le trait principal de cette Bel-Gazou. Elle est ~ens'.ble
-aux choses plus qu'aucune petite fille avant elle. Sensible _1usq~'à de brusques syncopes et à la jouissance de sensations

NOTES

étranges, mais ces seasatioos la laissent pure et simple, parce·
qu'elles sont brèves. Elle ignore les longs moments de désir,
d'attente, où l'être appelle la sensation ; elle ignore les complaisances qui s'attardent sur l'instant, les rêveries volontaires
sur un souvenir_. Ces sensations, par leùr force même, lui interdisent de rappeler . le moment passé. Chaque instant pour elle
est très fort ; l'instant suivant, plus fort encore, _le supprime.
Aussi, comme elle ressemble peti à ses sœurs, les extasiées r
e)le n'a pas le temps de dés.irer ; elle ne peut donc s'enivrer.
Elle ignore aussi ces grandes. mélancolies douloureuses qui
suivent le plaisir. Le plaisir n'est pas infini: il déçoit les ferveurs trop fortes. Pour Bel-Gazou, il vient à l'improviste,
sans ferveur. Elle le gotîte comme un don gratuit. Il ne peut
pas la dé.cevoir.
Elle est toujours joyeuse. La tristesse n'est qu'un regret :
regret d'un passé trop beau, regret d•un rêve qui ne s'est pas
réalisé. Or, pour elle, hier s'efface, demain n'existe pas.
On la dit raisonnable. C'est qu'elle ne peut pas sortir du réel.
Le réel l'emplit. Manquer de raison c'est suivre un rève. C'est
être Don Quichotte. Elle est Sancho, un Sancho qui aurait des
sens délicieux, une Mme de Sévigné peut-être, et encore, une
Mm• de Sévigné sans folie maternelle.
Guettez, surveillez-la. Jamais un désir fou . Jamais un mot
sur l'au-delà, sur le ciel, sur Jésus, dans ces années où elle fut
communiante, jamais le gotît des pays lointains et merveilleux
jamais le goût de l'aventure. Êlle refuse de lire les Trois Mous:
quetaires; les romans d'amour ne la troublent pas. Jamais surtout le désir de l'héroïsme, le désir de se transformer, de changer d'âme . Ce n'est pas une C.himène ! Jamais non plus le désir
de souffrir et d'aimèr, le désir de st:ntir par le cœur. Ce n'est ni
une folle Henp.ione, ni une Bérénice pleurante. Existent-elles
d'ailleurs, les Chimène et les Bérénice? Ce sont des homme;
qui les ont inventées.
Le cœur ne _peut g,randir g_ue dans les chambres. Bel-Gazou
c~t un sauvageon de plein vent. Elle possède des trésors infints: tout ce qui touche ses yeux-, ses oreilles, sa peau. Elle possèd~ les ch_o~es jusqu'en le_u r essence jusqu'en leur profondeur.
Mais aussi elle leur appartient. Dès que le cœur de "Bel-Gazou
frémit, dès que sa pensée veut s'élever, veut devenir humaine,

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

les branches des forêts, l'appel des chats, ~ l'émouvante humidité des fleurs», l'assaillent, l'envahissent et Bel-Gazou cbancelle. Le sentimentse disperse, la pensée s'éteint, De ses frères
de race, ne pourra-t-elle percevoir jamajs que la fraîche beauté
animale?
Si belles si dorées que soient les sensations, on se lasse peut' que leur proie, de n'être qu'un passage. C est
être de n'être
magnifique d'avoir la sensation_ de 1~ terr_e. Mais ~'autres ont e~
le sentiment de la nature. C'éta1t moms nche, morns neuf, mais
peut-être plus nuancé. Bel-Gazon a renouvelé les sens_ des
hommes. li n'est pas s~r qu'à certi.ines heures ce beau destm ne
lui ait paru limité. Certaines étrangetés de sa carrière, certains
vagabondages ne sont-ils pas d'un être trop sen_shi;.~ sensuel
serait trop recueilli, sensible trop moral - qui s irrLte de ne
pouvoir trouver l'humain? Bel-Garou est saisie par les ch~ses:
Et si fortement prise qu'il n'est pàS une chose au monde qui Jm
paraisse neutre, inanimée. Le~ bêtes, deva~t elle, grandi~sent,
prennent une âme égale à la sienne. Les pierres même vivent,
les cordes serpentent, la rue bouscule l'escalier, J.es maisons
-sourient.
Les humains échappent à BeJ-Gazou, sauf dans leurs mouvements instinctifs qu'elle perçoit avec une acuité de chatte. Elle
veut les retenir. Elle leur jette ses sensations. Elle veut leur
plaire. Quel styliste eut jamais tant &lt;le grâces et tant de ruses,
qui disposa mieux ses premières phrases en énigmes? Mais dans
ces pao-es si expertes, composées de la main rcrnée d'une étalagiste, ~uelles merveilles pures venues des champs et jaillies de
l'instinct ! Etrangère à la pensée, aux dissections de l'analyse,
elle exprime la sensation d'un seul mot, comme elle la reçoit
d'un seul choc, dans toute sa diversité. Et c'est là son génie.
C'est son génie de trouver comme aucun poète, ce que
j'appelle, faute de mieux, des rapports d'impression, de ne pas
comparer une chose ronde à une chose ronde, ce qui n'éclaire
rien, mais un objet éveillant une sensation indéfinissable à un
objet portant le même mystère imprécis. Cest son génie de
trouver le terme neuf et pur, de dire d'un grand nocturne qui
s'envole sans bruit: o: il s'appuya sur l'air et fondit .dans la nuit. »
C'est son génie de sentir en même temps que la beauté robuste
de la terre, 111 beauté profonde de 1'air. Cest son génie de sentir

NOTES

le réel tïi fortement qu'une image irréelle surgit, qui ne distrait
pas du réel, qui l'accentue. Elle écrit de sa mère qui appelle les
enfants : o: Elle renversait la tête vers les n•ées comme si elle
etit attendu qu'un v.oJ d'enfants ailés s'abattît.»
C'est son .génie enfin de dire l'animalité d'une âme de petite
fille, et de percevoir dans un cœur de femme et de mère des
retours--de sentiments qu'aucun analyste mâle n'aurait su découvrir.
~che_sses jeté_es par petites touches, mélange d'instinct et de
maligne_ brodenc, fuyant la raison, coquettement prenantes,
barmome. .
PAUL 'RIVAL

,.

.

,.

FIANÇAillES, Ea.r ~obert de Traz. (Albin Michel).
~•i~chro.nism-e des oscillations du pendule, - -de cette propn~té il est r.tœ qae_ dans un livré on re·n contre l'équivalent;
1
ma_is lorsque cet équivalent existe, lorsqu'à travers- les manifestanons on est remonté au principe, on a-l'impression d'assister,
non pas du tout à la démonstration, mais au fonctionnement
même d\ine loi d~ la n~ture. Tel, du point de vue technique,
me ~araît dan~ Fiançailles Je centre de distinction. Ce n'est pas
que 1aut~u_r soit détaché, - même au sens où je définissais
narière ~c1 le détachement d'un Lytton Stracbey; - en tant
~u être vivant, il est absent; en tant que cause instrumentale
il n~ fait qu'un avec les battements mêmes du balancier. ~
.Puntaine et rAmour ( I 919) nous avait appris à estimer en
~obert_ de Traz un romancier qui n'est pas dupe et ne
5
en sait aucun gré, qui ne tient pas le moins du monde -à
montrer qu'il ne l'est pas. Mais ici la connaissance du dessous
~es _carte,s renfo_rce enc~re une tranquillité qu'à présent chez
l_amste_l on ~evme foncière, - si foncière qu'il semble que le
hvr~ soit écnt, ·non de très haut, mais d',;ssez loin, et comme de
derrière une longue vue. Pris dans le mouvement pendulaire,
tout défil_e à son heure, mais au même titre, - et jusqu'à ces
~statations, prestes piqflres d'une aiguille wvement retirée.
D ou un équilibre dégagé, mais qui est tour de métier · parfaitement approprié à la nature du sujet, mais qui n'empê~he que
Je tréfonds de Fia11çaitlts ne laisse un arrière-goftt de cendres qui
longtemps assèche le palais.

�NOTES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Qui n'a suivi d'un regard à la fois~terne et retenu la graduelle
usure d'un tapis - non d'un de ce_:; Caucases dont l'appâlissement subtilise encore le cha,rme, - mais d'une modeste
carpette dont on se dit qu'elle a &lt;t fait son temps » ? Pareille
usure des sentiments, voilà kthènie sous-jacent de Fiançailles.
Elevés ensemQle, Je~n-Pier-re Rosset et Denise Langin ne possèdent pour ainsi dire pas de souvenirs qui ne leur soient
communs; à Jean-Pierre cc garçon grandi trop vite et sans aucune
précocité », il faut les confide1:1_ces, d'un camarade qu'il admi:_e
et s'est proposé comme modèle pour q_u'il prenne· cc au sérieux
des sentiments jusqu'~ors incompréhensibles,&gt;; Denise au contraire, précoce, curieu,se, - · que nous verrons sans cesse entretenir des « désirs sournois », et chez qui le goût du secret
forme une des pièces maîtresses- d'une nature exigeante et
limitée, - est on ne peut mieux prête à écouter et à comprendre ; et dès qu'un igcident minime les pousse l'un vers
l'autre, l'instinct a beau jeu à leur faire confondre besoin et
choix. Leurs fiançailles secrètes s'accompagnent des habituels
serments, et seule la pressioa des circ_onstances les amène à en
aviser les deux sœurs âtofos ·de Denise avec ksquelles ils vivent.
(Les portraits des deux sçe11rs non mariées, Anna et Gabrielle,
tenus qans les proportions réduites que commandait l'écon'Omie de. l'œuvre, en ce livre d;une justesse si égale constituent
une réussite mineure accomplie; il n'est rien d'essentiel qu'à
leur sujet nous ne sachions). Les fiancés sont pauvres et
devront attendre bien des années avant de pouvoir se marier.
Le travail retient Jean-Pierre loin de Denise pour qui rien
cependant n'existe que ce qui est présent.
Quand il était là, Jean-Pierre lui' inspirait un tel plaisir de vivre,
- contentement de la châir et de l'âme, désir borné à l'immédiat, au
tangible. U·la prenait dan~ ses bras, _el!e_, riait d'être si vite exaucée,
si facilement. L'approche, le e:ontact de·Jeap.-Pierre faisait courir son
'jeune sang. En appuyant ses lè\_'res .sur les siennes, li lui faîs,ait comprendre qu'elle aussi était ré~ne: Mais il f?llait qu'il fût là.
Elle se dét;iche de Jean-Pierre qu'elle n'a plus sous la main
et s'éprend du nouveau locatair~ de,la maison, le professeur
Abel Prudon, parce que celui-ci offre l'avantage d:être là, et
cet autre avantage, pour elle plus séduisant encore, qui réside
dans « le mystère d'un passé qu'eJle ne connaît pas"· Chez

Jean-Pierre, de son côté, l'amour devient de plus en plus théorique, se vide peu à peu de tout son contenu : les fiançailles
prolongées le condamnent à une altitude pour laquelle, par la
modicité de s~s ressoµrces intérieures, il n'est évidemment pas
fait; une aventure sans lendemain aveç une jeu~e personne
facile, cc fraîché com~e un bouquet de roses ordinaires 1&gt;, par le
remor,ds auquel elle donne lieu, semble, mais un instant seulement, ranimer un sentiment en réalité déjà presque éteint. Et
lorsqu'à la fin du livre Denise se voit repoussée par le professeur dès que celui-ci apprend que sa femme est à la veille de le
rendre père, - dignité qui à ses propres yeux lui confère un
lustre nouveau; lo'rsque Jean-Pierre découvre la dette de gratitude et d'honneur que lés _affaires d'~rgent de son ·père lui
ont fait naguère contracter à l'égard des sœurs de sa fiancée ;
-dans le mo!I)-ent même où _intérieurement ils sontle plus loin
l'u,o,.rlP l'autre, toutes les circonstances extérieures, conspirerit à
les rapprocher, à les contraindre à un .~ariage qui ' n'est pl!ls
&lt;J_u'une formalité.
.L'intérêt spécial qui s'attache à l'histoire de Jean-Pierre et de
Denise vient de ce que tous deux. appartiennent à la même
catégorie humaine : celle des êtres par définition moyens' et
voués à le demeurer ; mais que dans cette catégorie chacun
des deux occupe une position qui est aux antipodes de celle
&lt;le l'autre. « Il ne~\'.Oulait pas être exceptionnel. Depuis que sa
vie avait pris un tour ~gité il se sentait mal assuré sur luimême ))' nous est-il dit de Jean-Pierre. Jea.n-Pierre est l'être
moyen qui a besoin de se seI!tir teJ, qui se-carre çlans la norme
et qui, ce faisant, a toujours l'ai-r de prendre les devants· coutre
une dépréciation possible. , A tous ses sentiments et à l'amour
en particulier il dem;mde de lui donper bonne opinion de soi ;
en fixant son avenir, de lui c,réer· des devoirs ; de le transformer
en un personnage avec lequel \1 faut compter. Ecout;z-le au
terme de l'examen de eonsciénce qui suit son unique ééart :Ro_mpre ses fiançailles," ce serait désavouer son i::nodèie~ quitter·}?voie qu'il suivait, depui~ de§ anné'es, derrière lui. Que deviendrâit:il
s'il cessait d'imiter l'ami ·dont
'1e bonheur tui apparaissait comme_Lla
,,
promesse même 'du sien 7 Alofs; après de grands remous d'angoisse k.t
de remords, à l'instant où, désespéré, navré de la décision qu'îl prenaï't:
il allait partir pour Neuchâtel, il pen;a tout à èotfpJ : &lt;&lt; Si~je ne
24

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS-E

37°

disais rien à p«;rooone ? » Et instantanément il retrouva l'!1;irmonie
avec le monde et les siens.
là il èst bien rare q·u~âdepte de la règle,
A _cette harmom:~itpas·prédestîné. Denlse, ellè;est moy~nne
'

V

I'homme moyen ne
. 1
à tout ce qui n"est pas sensation,
a~une tout aufre façon . c ose
f
le réalisme le' phis
elle apporte toujours dans
sensa ion et ne o'ô.te .a mais
abso1u ; elle cherche son pla1s1r, l le
y 'peu'tg supè~pos~t
~ieux les jeux de l'amour que orsq
d~ux visages.

,1~

p:~:I~~

~ la cbeveJure du jeune homm~, l'ébo urif. dans
Elie passa sa wam
ctu:ieuse aussi de voir s'allumei: (U))S
&amp;nt pour changer 600. appar~n:,.,..,~ ait différent. Il 1a saisit aux poises yeux cl;ùrs une caler~ . qu ' . ·s pas ~ » Dans les yeux clairs, la
D'
Et s1 1e oe t a1ma1
·
.
gi:e~ : « is ... .
t uis en tristésse : l'étreinte du pot-

colère se changea en etonnemen ' R
.; • une hbmme un
D .
• ,ait [es mouvemepts au 1e
' .
gnet se desserra. en1se sui, .
,._ ..,. d havoutârt le plaisir pénl• d'
s·1stef avec sang-rr01 , e
.
peu surprise Y as .
•
Ensorre pour se redonner fa sensation
t
!eux de remettre sa queS ton.
'
. -Et t-0i p » Elle vit
• glacée ' elle murmura
-«
brûlante après la sensatton
,
• .,,...,,.
,. se refermer sur
.
les grands bras s ouvnr ..-le teint roug1nm peu,
ux . ur sentir cette bouçhe qu!eJlé
elle, li s_e redress_a : -~ile !~;mau~~:t: un~houche inconnue, s'approcher
ne voyait plus, et qm ét pe .
. sans bruit et pour le réi;omde la sienne. Alors elle se mit à ;1{.e
, 1 '
,
penser eofin, eJle murmura : « )e } an11e- » '.&gt;" ,~
•

fo' le professeur A,bel Prad-0-'li &gt;tl.e..,ge tromp:ut perrtPour ul n~ is ·, 1 fut « frappé de la. ressemblance de h petite
être pas e 1011r ou 1
~
· b
r ·ue .du
.
1 hatte qu,-elle tenait Jaans ses ras Il. ~ usq
.
~;:e~~noî::e~eau:e connait surtout ,c~. brusques ,al\J'.er,ses qui
courbent ies êtres à la fois pauvres el avides..
.
.
Denise' retomba dan's sa soJitudè. ~fais elle
. Jean-Pierre _repartit_ et
.
. re même zè1e a•espé'rance q-d•avant
be ut retrouver la meme tension,
l'ex;men d'octobre. De téls effe!s ne se-'répètent pas.
-1
p·uvnça illes on est
f . d' une Jocture atten!i:ve ~e
. ~tenté.
A
-u sor irà ce petit membre
·.
d e p h rase une portée
de donne~
. . autrement
d é .
'1 d
le contexte Le stigmate e 'St nétendue ~ue celle .9u l a a?:est bien qù~ chez ellës cc de tels
1i,t é des imes moyennes, c
. d'un être se détermine, non
èffets ne se répètent pas)), _Le r~~g
h
donné' mais d'après
d'après sa réqctiog immédiate a un c oc . lu's ces. coratresa fa.cuhé d'en tprouver d~s contre-co~ps . .iP

NOTES

37.r
coups sont nombreux, plus ils le modèlent en profondeur, plus
les réactions seconcks recouvrent de. leur:s complexes richeS'ses
la réaction or1gine-l1e et fa rendent presque insignifu.nte. Or,
&lt;te réaetions secondes, Jean-Piene, et Denise sont incapables;
d'où leur médiocrité, - m,tis, i&lt;nstrui.tive. Leur cas, n-0us'. rappeUe que sans cette réverbération dans. la conscience les- sentiments ne se di•s tinguent en rien des autres phénomènes nati1rels ; soumis comme eux au.x, rythmes des -saisons, ils re:vétent
alors ce frappant craractèr{l de, périodicité - qui .s~accorde si
bien îd avee,le tarent de Robert-.d.e-Traz - j maii duquel néanmoins, et- par delà la-séré.nité--qu'a_pporte à i:lé,ttertaines heures
la contemplation des îois de la nafure, se dégage un découragement sui generis; car, pour un regard véritablement humain,
nn sent-imedt demeurer-a to'ufours, autre· ~hose et plus qu1un
objet, - et si, déjà . sur un objet la poussière dés:ohlige, la
peussière q-uii ·s'est formée- su_p des sentiments so.tï.fèw une· tr-is~
tesse de la• i:tus neutre atrocité.
CHAlfLE&amp; DU!' BOS

EE'FTRES É'FRANG-ÈRES

LECTURES- ALLEMANDES.
Le FiCHTE ET SON T".EMPS •que Xavier Léon-publie chez Annand
Colin-comprendn tr-ois -volumes, Le tBme î 1 'Elabli's'sement et
j&gt;rédietion dt 'la dbqtrine de la. Hberffl('1762-1799) la:i56e .cfé}à, deviner l'imporMince d-'une étude- q1ü fafr·honnenr à, la science fran,.
çaise. N'ulle trace--âes p-assiom, -qni en Allemagne ou en France
ont déformé&gt; Pimage cte Fiba:tê : le phitowphe illemand app:vraît ici pour la première foi,s., sous Je, visage d''lln; libérateur
inspiré par la Révolution fran9aisei, ·d'un Ullalist-l! :.oiwrant des
sources amrquelles~l1AllemagneLa-lté~ poorraiti puiser encore,
et-a-utre chose que ce qu'eHe -en a--jusqu'ici; t'iré ,
1a thêse,d'A. Jolivet: W a HELM-HEINSE (Hachettè) est parfaiternent•objective: tlne-scn1puleuse&gt;éru&lt;le r des- sour:ces cfArding1Jellô permet au lecreur,, dè, retrouvep i-ês1 él~1nent',s.du SuiJJ111JU11tl.
Drang, et~n- particulier de se •reprisenter, aettement œr que fut
l'individualisme germanique d'alors, sous la dollble, in:fhte-nced"e-Reusseau, qui ramenait•les Allemand~-- à•la nature, et de I'Italie-_qui ex.dtait-en•eulf•la sernrualîté~artiste: au,total un irnmora...

�37 2

LA NOUVELLE REVUE FRAN ÇA ISE

lisme et un eudémonisme qui devaient trouver chez Gœthe leur
plus haute ex.pression. Le cas psychologique de Wilhelm Heinse
se doit rapprocher de celui de nombre d'Allemand~ contemporains. Ce rapprochement aiderait à préciser ~ne notion de lapersonne morale différente de la nôtre, et curieuse.
Dans sa collection des PROS,\TEURS ÉTRANGERS MODERNES ~ue
dirige Léo,i Bazalgette, l'éditeur Rieder a publié une traduction
des SEPT LÉGENDES de Gottfried Keller, avec avant-propos de
Fernand Baldensperger, dont on se rappelle la jolie t~èse su_r le
romancier zürichois. Reste à traduire les œuvres qui mettraient
en lumière l'évolution actuelle de l'Allemagne ; nous ne doutons pas qu'elles ne trouvent place dans cette collection pleine
de promesses.
·
.
A côté du NIETZSCHE de Charles .A.ndler, dont le quatnème
volume est impatiemment attendu, signalons le NIETZSCHE d_e
Bertram (Georg Bondi); ce n'est qu'un es~ai ; l?nté_rêt en serait
menu après l'étude définitive du savan~ français, s,~ Ber,tram. n_e
posait des problèmes qui dépassent Nietzsche, sil n étud1a1t
avec une intelligence déliée . des questions comme celle, du
« devenir » et ne fouillait de vives lumières la pénombre ou se
plaît l'âme allemande.
· .
Le GERVINUS de Max Rycbner (Verlag Seldwyla, ierne) est lm
aussi conçu sous forme d'c:ssai. L'érudition qui a tendance à
s'alléger, se montre ici aimable, alerte; les.résultats ~euls en
sont présentés, et dans une langue qui témoigne que 1 auteur a
.du tempérament, de la vivacité, de la grâce. La r~vu~ W1ssE~
UND LEBEN dont Max Rychner vient de prendre la d1rect1on, ~01t
comme la REVUE DE GENÈVE devenir UJl de ces observat~ues
d'où l'on dominera mieux le jeu de deux civilisations qm ne
cessent de réagir l'une sur l'autre.
A son beau livre sur MARCELi. E DESBORDES-VAl.MORE (Insel)
et aux trois études sur BALZAC, DrcKENS, DosT0JEWSKI (Insel)
( celle sur Dostoiewski, après Suarès, après Gide, est pleine
d'aperçus ingénieux) Stefan Zweig vient d'ajouter un VERLAINE
en deux volumes, où se trouvent réunies la plupart des bonnes
traductions. On regrette seulement de n'y point trouver celles de
S.tefan Georg.

Fr 4n.i .Blei, MENSCHUCHE BETRACHTIJNGEN ZUR PouTIK (Georg
Müller), Paul Ern.st 1 ERDACHTE GESPRABCHE (Georg Müller),

~OTES

Otto Flake, DINGE DER Z1m (Roland-Verlag) et DAS

KI.EINE

373
LoG-

BUCH (S. Fischer), quatre volumes d'essais qui portent sur des
questions actuelles - littérature, philosophie et politique
mêlé~s. L'Allemand d'aujourd'hui renonce volontiers à la spéculation pure. Il répugne à s'enfermer dans un système. Sous.
l'influence de la France il se plaît à analyser ; sous celle des.
circonstances, il s'attache à l'actualité politique. C'est à propos
de celle-ci surtout que Blei, Paul Ernst &amp; Flake se sont mis à
philosopher. Courtes et variées, leurs études aident à comprend~e l'état d'esprit des intellectuels allemands en qui la
guerre a développé le goôt de l'examen. Reprise de soi, volonté
de comprendre, de décomposer, et de coopérer à la« reconstruction » intellectuelle, tels sont leurs traits communs. Le beau
talent de Flake est un peu gâté par la théorie dans le roman DIE
STADT DES HIRN$ (S. Fischer). Mais son activité intellectuelle
n'est pas de médiocre importance pour la formation d'un esprit
public et républicain en Allemagne; nous aurons à y revenir.
Eveil de l'esprit politique, tel était le caractère dominant au
lendemain de la guerre. Des manifestes collectifs DIE ERHE.BUNG (S. Fis.cher), U~sE~ W~G (Cassirer), DASZIEL (Kurt Wolff)
- ont per!Ills aux écnvarns dune génération ardente de se compter, de s'unir en groupes qui scrutaient l'horizon. Depuis, quelques-uns se sont lassés. Ceux-là écoutent la voix de Thomas
Mann. Ses BETRACHI'UNGEN BINES UNPOLITISCHEN, et le premier·
tome de ses œuvres complètes - REDE UND ANTWORT (S. Fischer) - ont donné le signal d'une réaction de l'esthétique
contre la politique. Mais Thomas Mann, dont l'attitude mérite
de retenir l'attention, est moins apolitique qu'il ne le dit. Encore
que d'un artiste, sa négation est d'un homme d'action aussi et
toute frémissante de passion. Elle est la réponse tou1· our: à
l' fli
.
. .
'
'
a nnat10n de_Heznrich Mann, qui de son côté a pris position
pour la République allemande, la démocratie, la« civilisation »
à la française. L'esprit révolutionnaire do.nt ce dernier est
animé dans MACHT UND MENSCH souffle aussi sur Carl Sternhei":; s~n tract: BERLIN, est la plus juste et incisive critique du
régime intellectuel auquel la Prusse avait mis l'Allemagne.
Du même courant, qui renouvelle aussi le théâtre, relèvent
les drames de Heinrich Mann ; MADAME LEGROS (Paul Cassirer)DER WEG ZUR MACHT (Kurt Wolff), de Walter Hasenclever: DER:

�;74

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

S
(K urt Wol+n de Fril{ von Unru/J : EIN GESCHLECHT
OHN
"/1
,
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à1 r ·
et PLA.TZ. L'éclatant succès de ,,on Unruhs exp igue a101s par
l'ardeur de son idéalisme, pat le mordant de ses attaques et par
un tempérament littéraire assez original pour se dégager un
jour des formules qui l'embarrassent encore.
GRJSEUDIS, de Ludwig Berger, le remarquable successeur_ de
Rein.hart, et BocKGESA.NG, de Fran'{ Werfel, sont deux tentatives
faite,, l'une pour créer un drame qui s'adresse aux ma~ses,
l'autre pour introduire dans le drame ces masses mêmes, agitée
par le soubresaut des crises acwelles. Le théâtre appelle la ru~,
et les mouvements de la rue se prolongent au théâtre, à Berlin
comme dans l'ancienne monarchie danubienne.
C'est encore, bien qu'affaibH, l'écho d'une vie publique troublée, et où la question juive surexcite les esprits, que l'on trouve
dans MEIN WEGALS DEUTSCHER,UND]uoE, de]al;où Wasserman11,
ainsi que dans son roman: ÜBERUNS ~R~I STOF6N (S. Fi~cber).
Et les nouvelles d'une vingtaine d'écnvams tels que Sch1ck~le,
Werfel, Edschmid, Daubler, Heinrich Mann, Sternheim, qm se
trouvent réunies dans DIE faITFALTUNG (Ernst Rowohlt), sont
elles aussi inspirées de l'actualité, et destinées à agir _d_:uis le
plan politique autant que dans le plan esthétique. Les ~üfi.cultés
d'édition font d'ailleurs que de plus en plus les écnva1~s se
présentent au public non plus seuls et avec une œuvre,_ m:us en _
groupe et avec des fragments. Ainsi est rendue posss1bl~ une
présentation de hue comme celle de OU! D1cHTUNG (K1epenheuer), anthologie d'avant-garde d'où il faut détacher les noms
de Martin GumpMt, Htrma,m Ko.sac} et Oskar Loerke.
HtBUJSCHB BALL.-\DBN et DlE KuPPl!L d'EJ.re Laslter-Scbriler
(Paul Cassirer) font songer pour le tempéra1:11eot ~yr!que à
Madam de N0a.1lles, une Madame de 1oailles qul aurait l accent
du psalmiste. FRAUEN de Kasimir Edscbmid e~t aussi _trêp~ant et
maniéré que son Tn.1.UR (Cassirer?, Edschm1d, qu,, est Je~ne,
trouvera autre chose que les e1plos1ons calculées de 1expies 1onnisme. Ses feuill etons de la Franltfa,ltr Zeitt1ng le montrent
plus sage qu'il ne ~muait le laisser croire.
« Last not least » : la correspondance de Richard Debmd
(AusGEWi'EHLTE fürnFE,S. ~i c~er? do~t la pr~mièr~ moitié, no~s
est donnée par la veuve de 1écnvam; il serait dés1table d avoir
,ans choix, sans coupures, ces lettres où revit intensément le

OTES

37S

monde des lettres depuü 1890, et où il est curieux, à travers .
l'épistolier, de retrouver Liliencron, Max Klinger, Johannes
Schlaf, Alfred Mom~rt, Thomas Mann, Harry Graf Kcsslèr
et cinquante autres.
PlÏUX BERTAUX

.

CINQ OS, traduits par Noël Plri (Bossard) ; THE 0
PLAYS OF JAPAN, traduits par Art}mr Waley (G. Allen
&amp; Unwin); LE THÉATRE CHINOIS, texte de Tc/JouKia-Kien, dessins d'Alexandre Jacovl.ejf (Ed. de Brunoff).
Les Cinq Nôs traduits par M. oêl Péri ont paru peu de temps
après Thel o Plays of Japan de M. Arthur Waley . Ces ou rages
se complètenr; on peut l!llême dire qu'à aucun ég:ud il ne font
double emploi. M. Waley traduit uae vingtaine de pièces;
M. Péri se borne à cinq, mais qui constituent la pentalogîe
complète dont se compose un spectacle japonais réglé selon la
tradition. Par bonheur, quelques pièces figurent dan les deux
volumes et décèlent les méthodes des deux traducteurs. La version française est plus littérale, accompagnée de plus d'e ·plications · mais, hérissée de mots japonais, elle garde quelque chose
-iie maigre et de scolaire. Plus libre, plus sonore, la version
anglaise est plus préoccupée de nous faire lJartager l'émotion de
chacune de ces petites pièces ; en un mot elle a plus de beauté.
Mais il est douteux que, réduit aux textes de M. Wale et amc.
très courtes notices qui les précèdent, un lecteur puisr.e comprendre le détail des allusions, des jeux de mot dont le dialogue est farci et des pàntomimes qui le complètent. Les préfaces elles-m mes ne se répètent pas. M. P6ri nous donne de
précieux renseignements sur la scène, les co turnes, la diction,
le jeu, ainsi que sur la composition et la métrique de ce petits
drames. M. Waley insiste avant tout sur leur signification
esthétique, sur l'état d'èsprit auquel ils répondent chez l'auteur
et le spectateur japonais, sur le raffinement de la sensibilité
qu'ils mettent en jeu; il nous aide à comprendre que nous ne
sommes pas en présence d'une sitnple curiosité archéologiqti.e,
mais d'un art qui nous intéresse très directement et qui peut
mème avoir une répercussion aur le nôtre.
Déjà la pr~face des Truis Mystères Tbibetains traduits par

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAirn

M. Jacques Bacot nous avait fait pressentir. à quel poi~t certaines tendances du drame asiatique ( en faisant abstraction d.e
l'Inde) répondaient à nos préoccupatî6ns)es plus récentes. ~h01sissant une scène précise, celle où les brahmanes mendiants
enlèvent les~nfants que le prince exilé leur abandonne dans un
suprême esprit de sacrifice, M. Bacot décrit les évolutions :xactement stylisées par lesquelles les acteurs savent do~ne: a cet
épisode la sauvagerie la plus émouvante. Nous souha1ter10ns un
grand nombre d'autres exemples, car on ~ent bien que ce théâtre
va~t par ses traditions scéniques au moins autant que par . ses
textes . malheureusement c'est le seul que nous fournisse
'M. Ba;ot. Grâce à MM. Waley et P~ri, nous voici renseignés
bien plus complètement sur les Nôs. Et comme il s'agit d'un art
infiniment plus raffiné, poussé à ses extrêmes limites, il ne
tiendra qu'à nous d'en tirer un riche enseignement.
Mais qu'on ne s'y méprenne . pas : )es Nôs sont fun abo~à
ingrat. Même au Japon, ils ne s'a,dres~ent ?lus qua un pub~1c
Jettré. Leur brièveté les condamne a ne 1amais former une unité
dramatique comprenant toutes les explications nécessaires à
nntelligence du sujet. Les thèmes, empruntés aux cba~sons de
geste ou à l'histoire, sont supposés connus ; une allusion suffit
à évoquer le passé des personnages. Les textes sont égal~ment
trop cou.rts pour comporter de véritables débats dramatiques:
des conflits exposés et résolus par les paroles mêmes, car le No
ne co1t1prend à proprement parler que deux scènes ( séparées par
un intermède comique) et ne mette11:t en présence que deux
personnages, entourés de comparses peu nombreux et d'un
chœur chargé d'expliquer leurs acti_ons. " L'auteur est do~c
réduit à quelques raccourcis pathétiques, ~ quelques gestes soigneusement m,is en valeur, Ajoutons à cela qu'il . est arrêté par
toute sorte de traditions qui brident sa liberté; le personnnage
principal doit toujours être placé à tel endroit, il do_it regarder
dans telle direction, s'exprimer en vers de tant de syllabes. Enfin
à toutes les o-êoes que ces conventions opposent à nos habitudes d'espri; s'ajoutent les élégances verbales de l'original, dont
la traduction est incapable de nou.s faire deviner l'agrément mais
où elle reste fâcheusement empêtrée : par exemple ces « mots
pivots » for t goütés des Japonais, calembours formés par_ le dernier mot d'une phrase qui sert en même temps de- premier mot

NOTES

377
à la phrase suivante. Il arrive que ces ornements soient amenés

d'assez loin et causent, comme nos rimes et leurs chevilles des
.
'
embardées à droite et à gauche, tout à fait incompréhensibles
dans une langue étrangère. C'est dire qu'il faut écarter de ter~
ribles ronces av:int d'atteindre le centre humain du Nô. On est
cependant récompensé.
_
Le théâtre japonais est instructif-à deux points de vue: par la
manière dont il pose un sujet, c'est-à-dire par sa stylisation
lyrique, puis la manière dont il le met en œuvre, c'est-à-dire par
la stylisation du jeu. Prenons un cas concret. Dans la lutte à
mort de deux clans, le jeune prince Atsumori a voulu se mesurer contre le guerrier Kumagai. Il a été terrassé. Kumagai lui
arrache sa visière, s'aperçoit qu'il n'a vaincu qu'un enfant et qui
ressemble à son propre fils'. Emu, il hésite un instant, mais
l'esprit militaire l'emporte et, en versant des larmes le vieux
.
'
guerrier coupe la tête d'Atsumori. Sur le cadavre il trouve,
« dans un fourreau de brocart délicatement parfumé et pass·é e
dans les attachés de l'armute, une flûte de bambou de Chine, de
coloration gracieuse))' dont le prince avait coutume de jouer,
Il la recueille, en fait présent ~ son fils· puis la guerre terminée
11 se fait moine et consacre, le reste de ' ses jours à prier pour'
l'âme de sa jeune victime. (Lisez dans le volume de M. Péri ce
magnifique fragment d'épopée.) Comment Séami, l'auteur des
plus. célèbres Nôs, va-t-il mettre en œuvre cette donnée? Dans
la première scène, Kumagai sur la fin de ses jours, caché sous
sa robe de moine, se rend à sa.prière quotidienne, quand il rencontre deux jeunes faucheurs . L'un d'eux joue merveilleusement
de la fl-0.te: ce ne peut être que le fantôme d'Atsumori. Dans
fintermède comique, Kumagai demande à un paysan de lui
ra~onter ce qu'il sait de la guerre passée, et l'homme des champs
fait un récit où l'amour-propre du vieux brave est assez plaisamment piqué. Puis, au cours de la deuxième scène, Kumagai
et ~e prince se retrouvent dans le teµ1ple. Le chœur chante les.
épisodes du duel. L'âme ·d'Atsumori, soulevée par la frénésie du
souvenir, mime le combat dans une danse héroïque. Il lève le
sabre sur Kumagai, mais soudain s'arrête et le chœur chante :
«,Ensemble ils renaîtront sur Îe même lotus. Non, le moine
n est pas son ennemi. Ab, daignez en.core prier pour ma déli-vrance ! »

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Citons un autre exemple, l'histoire-de Komachi qui fut une
des femmes Jes plus brillantes de la .cour ·et qui, dans son
orgueil, se joua d'un homme qJi l'aimait. EUe lui promit d'écouter ce qu'il avait à lui dire si, pendant cenl nuits, il veillait dans
son jardin, sur un escabeau de bois. P.endant quatre-vingt-dixneuf nuits il fut fidèle au rendez-vous, traçant une encoche.dans
le bois ; mais la centième ni.rit la mort son père l'empêcha de
venir. Alors Komachi lui adressa un·e strophe ironique et le
congédia désespéré. Le drame nous montre, au premier acte,
Komachi dans son extrême vieillesse, réduite à mendier et
racontant à des moines qui l'interrogent les gloires de .sa brillante jeunesse. En répliques qui alternent avec celles du cbœur
et qui, pour l 'émotion et la beauté, tiennent le milieu entre les
regrets de la belle Heaumière et ce poème de Swinburne où les
reines de l'antiquité viennent rappeler leur splendeur passée,
Komachi évoque sa royauté voluptueuse et son affreuse déchéance. Au deuxième acte nous la voyonssuh4' son châtimect;
hantée par l'esprit de l'amant bafoué, elle est forcée de reproduire dans une danse farouche Jes llllits d'attente, les recherces,
les supplications du .malheureux.
Si sommaires que soient ces résumés, ils indiquent assez à
quel ordre d'émotions ces drames lyriques font-appel. Il est fort
probable que nous pourrions y trouver un point ·d e départ pour
une rénovation du ballet dans un sens héroïque et même tragique. Quant au degré de perfection artistique _auquel ils sont
poussés, nous sommes réduits à l'inférer des renseignements
fournis par les traducteurs et par les Japonais eux-lllêmes. Le
gr_a.nd auteur du quatorzième siècle, Séami, qui tout enfant, à la
mort de la favorite, avait pris sa place dans les bonnes grâces de
l'empereur, nous a laissé des notes fort détaillées, destinées à
l'instruction des hommes de.tbéitre. Il précise tous les gestes
que l'acteur aevra exécuter:
Dans Ja p1èce Sano -no Funabaslfi, sur les paroles : « 1es saules -verts,
les fleurs pourpres», le frappementdu pied-doit avoir lieu sundleurs&gt;1,
et l'acteur devra marquer deux pas. Mais s'il en ajoute un sur K vert i.,
l'effet est agréable.
Il montre comment 1'acteur devra modifieJ son jeu scion que
les spectateurs seront déjà ou non dans un état d'esprit exalté,
selon le lieu de la représentation, selon l'heure du jour:

379

En toute chose le succes repose sur une1·uste harmonie d ·"é
nnci1ifs et é
.
es""
.--n gau·r:s. L'espnt. du JOurest
positif c'est
• r.rnents
,.
acteur (s'il joue dans l'après-midi) chercher '.
drpourquo1 1 habile
sil
·
a a ren e son N6 aussi
e~~1eux que possible, afin de balancer par un jeu négatif l'a b'
poslllve dans laquelle il baigoe.
m iance
Ses p~incipes géoér-.l;-Ux rejoignent ce qui a jamais été écr"t
1
,
.
us pur _par ceux g_u1 ont disserté de
art..

de. plus JUSte et de .pl
l'

Dans toute imitation, il doit y avoir one pom· te d'" é 1
· · ·
rrr e ' car uoe
mu~tJon p~sée trop loin empiète sur la réalité et cesse de d
~ne unpressi~n de ~essem~lance, Qu'on aspire seulement à la bea:O::
la fleur » (1 émotion artistique) apparaitra sûrement En .
l
rôle d'un v[eillard, l'acteur s' efforcera dans sa d
,d
Jouant. e
seulement J' ffi
,.
anse e reprodwre
. , a nement de I age et son caractère vénérable S'il se
tente d'uruter tes
·· ·
con1
décrénitud
. ge~ax- et e dos cassés, il donnera l'apparence de la
• rc, mais ce sera atL't dépens de la fleur.
et :
re;enants so~t te~ants, ils -cessent à,.étre 'beaux, car la terreur
eaut sont aussi éloignées que le blanc et le noir
Devant les rôles d'enfants ê b" .
, . ·
.
' ru me ien Joués, l.auditoire risque tOaJ·ours de s'é cner
avec dégoût, Ne ha cel
_
manière l
,
r ez pas nos sent1ments de cette

:;s

u~-quelques ~rincipes c~eillis parmi les abondantes citations
dram . Wal:yfait ~e Séa011, suffisent à montrer la lucidité du
, . atdurge Japonais. Quand un auteur s'élève à un accent si
vo1s1n e celui de Gœth 1'l é ,
-Oe
e, m nte que nous nous ap-prochions
œuvr~ avec une curiosité .avide et que nous lui fassions
crédit pour en débroussailler l'accès. .

as,:;~

L
' JEAN 'SCHLUMBERGER
B \;'lum: toosacré au Théâtrtihin.ois que publie l'éditeur de
M contient de fort beaux dessins de costumes et de masques

du~:

R·

ten
de la

·1 . Alexandre Jacovldf, Quant au texte deM Tchou-Kia
est naff et sembl t ·1 d'
,
.
.
' ,
_e- -1, une mfonnation peu strre. C'est
pacotille d exportatmo pour barbares européens.
1

*

J. s.

* "

TROIS MYSTÈRES TIBÉTAINS

duction
.
.
d'a , , notes et rndex de

,

t

d

. -

ra uct10n,

intrQ-

]acq1tes Baaot. Bois gravés
pres des dessins de L. Gokmhe:w (Bossard).

le théàtre tibé ·

tam esnm parent pauvre du théâtre japonais.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Le Bouddhisme, introduit par voie soit indienne, soit chinoise,
le défraie entièrement ; mais un Bouddhisme monacal, hiératique, plus éloigné de la nature et de la vie populaire que celui
des Ashikaga. Pourtant de même que le nô s'accompagne de
farces satiriques, les kyôgw, des pitreries se mêlent aux représentations données dans les camps de nomades tibétains. Une
douzaine de mystères constituent tout ce théâtre, qui ne date
guère que du xvn• s. Quoique né en une contrée limitrophe de
celle qui donna le jour _à Kâlidâsa ( début du V' s.), le drame tibétain ne ressemble pas plus que le japonais au drame indien littéraire et profane. Cest pourtant de l'art des premiers dramaturges
bouddhistes, d'un Asvaghosa par exemple, que procèdent à travers l'art des siècles Tchrinekundan ou Nansal, comme Oimatsu
et Sotoba-Komacbi; un même esprit bouddhique vit ici et là, et
la simplicité du renoncement, chez un bodhisattva ou chez une
femme, trouve en Haute-Asie, malgré l'allure compassée du récit
édifiant, malgré la monotone succession des homélies, mais
dans la froide pureté des cimes himalayennes, des accents de
mansuétude t:t de désintéressement plus grandioses encore qu'à
la cour des shôguns de Kyôtô.

P. MASSON-OURSEL,

•*•
LE COURRIER DES MUSES.
Le pays latin, le pays des Muses - mon département était en fête, l'autre soir. On donnait à Bullier le dernier grarid
bal de la. saison. Un groupe d'artistes, russes pour la plupart,
l'avaient organisé et il faut les en féliciter puisque le bal fut à
peu près réussi. Mille habits noirs et mille masques se pressaient dans la grande salle tandis que des couples trop tendres
se perdaient dans les jardins, plus éclairés qu'ils n'eussent
voulu. On reconnaissait des gens du monde et des autres mondes, surtout de ceux-ci. Un homme-orchestre conduisait la
danse quand le jazz-baod était fatigué. Ce fut charmant jusqu'à
une heure et demie environ. Puis le comité d'organisation eut
la malencontreuse idée de procéder à une vente de tableaux qui
ennuya si fort l'assistance qu'au bout d'un quart d'heure on
réclamait, sur l'air des Lampions, bien entendu, la musique, la
musique I De plus, les boissons avaient été mises à un prix

381

NOTES

trop élevé et l'on ne pouvait guère se griser à moins d'une centaine de francs par personne, ce qui e-St excessif à Montparnasse.
Aussi la fête ne put-elle prendre une allure d'orgie.
~es .farandoles tournoyaient autour des danseurs. Les visages
p-lhssa1ent sous le fard, les costumes se fanaient. Des prix
furent déc~r~és _a~ meilleurs, présentés par M. de Fouquières
que des cns mv1ta1ent à se· dévêtir. Il s'y refusa, faut-il le dire ?
Une certaine « Yvonne » se mit nue, sur les instances réitérées de quelques personnes de la société. Elle n'était pas très

belle.
Le~ couples dansaient toujours mais plus las ou plus lascifs.
Céta1t la ?n du ba.l. Dans un coin, une dame déguisée eu
poème cubiste causait avec un diable à lunettes. Un moine se
.fit re.marquer par sa pieuse attitude. Des pierrots complètement
lunaues se tenaient mal. D'ailleurs on aurait pu reconnaître
sous la farine, les habitués de quelques bars où l'on encens~
l'Eternel Masculin. Le jour vint enfin. Que l'air était frais et
pur et « q~e salub,re ~tait le vent » sur le boulevard Montparnasse, mais tout n était pas fini pour tout le monde et des bonnes fortunes _diver~es cond.uisirent à des lits de hasard ceux qui
pourta~t avaient bien ménté de dormir tranquilles.
Je sms rentré chez moi à neuf heures du matin, en smoking
et en foulard rouge.
*

• •
. Mada~e H~ra Mirtel a vingt ans de travaux forcés, c'est-àdITe de reclus1on. Que va-t-elle faire pendant cette retraite la
pau~1re captive ? Broder des chaussons pour un mari fut:U ?
Ecnre « ses prisons "l&gt; ? Sans doute, et pleurer sur sa vie brisée.
Ce Jury de la Seine a été bien sévère. Ne pouvait-il admettre
cett.e humoristique opinion de Madame Héra Mirtel qu' « il n'y
avait pas de coupable » et que, par conséquent, ce mauvais plais~nt de Bessarabo s'était suidM, puis fourré dans une malle,
s~mplement pour se moquer de la justice? Madame Héra Mirtel
na pas eu de chance, d'ailleurs Me de Moro-Giafferi a déjà
perdu la t~te _d~ Land'."11. Mademoiselle Paule Jacques qui
durant_ sa capt1v1té à Samt-Lazare publiait dans Comœdia de si
ma_uvais ve~s (je n~ sais s'ils sont d'elle, mais sinon que celui
qui les a faits reçoive le compliment), Mademoiselle Paule Jac-

�382

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ques a été acquittée, grâc.é à l'habileté de son .avoc~t. Il· ~st v~at
qu'elle est bien jol~. C'est un beau procès littéraire qui fimt.
Madame Berthe de Nyse a affirmé avoir entendu le nom de
fasi;assin dans un jardin.de P'assy-Cela a créé unepetite atmosphère dè mystère et,., pour moi, la mêm: qui ~·en:ouraÎ't
autrefois, quand je lisaiuur les murs de Pans cette Hiqmé~nte
lége.mde d~uneaffiche. de Gus Bofa,.. si je m'en souvie·ns b1~:
[.entends des pas dans le percolateur ... Madame Aurel a été témoin..
Qiton me sache gré d'éviter tous les jeu.,x de mots qu'on ,peut
faire et qu'on a faits sur son nom. J'ai décidé dorénavant ' de
laisser le monopoie d~ jeux de mots et des calembours à
M. Faul Souday qui,- KlJO.UI ég;JJer 1a matière », dit-il, regrette
que la plaque. appliquée rue Hautefeuille, pous coinmém_o.ret'
B.audelaiœ, ne soit pa~ a-muqueuse». Quelle élégante allus10n l
C'est vraiment là à.e. l'es:priLet rlu plus fin ! J'espère que Le
directeur ,d e La· Cigale songera à M. PanI Souday, pour sa pr&amp;.
chaine revue.
'

Au Ciné-Opé,ra où l'on ne joue. spé.c}alemen.t que des oc sum::;
mum » (de l'art a,1?glais,. de l'art muet~ etc.) passe actuellement
Le Rail, film aliema:nd, sans .sous.- titre. Les éclair.ages sont
excellents, réglés avec un extrême souci du d.étaJl, les. ii,cteurs.
sont remarquables (je veux dire qu'ils jouent bien). C'est l'his-.
toire de la fille d'un garde-voie qui est violée par un inspecteur,
d'une mère 9._lli\ me.urt de chagrin au pi.ed d'un crucifix, s:ous l.a
neicre et que son mari .mène.au. cimet1~re, Jans un petit tra1i:;, ~
1
d
.
.
nea1:1,, d'un jns,pecteur éq.l1;lg;lér par e même ,.gar e-vo1e. quL
déclare au chef de train,: ~ Je. suis ~ -a~sassin ». La. pan,car}e
pro.p1et un réalisme ino)lï. Il est~ce.rtain que _le film a Il~~ sorte
de be1rnté so~hre t}t, p{en~o.t~i piais il ne donne pas cett:: 1mp_res,~
s1Qn moi:bide. produ~~ .11ar presque toµ.tes les reuvres. d art allemand ropderoe.
y, ,_v~it, .moins , 9u'aille~rs. l'Amour ~t 1~
Mort danser leur dru;:ise 'Bfahre, Ce fil~ n,e vaut. pas ~aligan,.
q-i les éto~n~ptsQ!Ultre_,P.iabJes,~~d1t~ ,lannée gerp ~èr~ p,;u.
la Dans~-Film C?,Ù. \!)" genrr de l'érotisoi,e funèbi:e atteigmt un
record qui
pas encore ~té baJtu.
,

·au.

n'.a

GEORGES GA_BORY

I.ES REVUES

LES REVUES
L:ÉON-13lOY
Dans les MARGES d~ _15 juillet, Ardengo Soffici raëonte avec
~erv~ une vis!.t~ qu'il fit •ja~is à Léon Bloy. · Conduit par une
_mqu:é:°de s?1~tueile dont-il esp~rait trouver l'apaisement auprès
du VIe1l écnva1n, ayant tra\'.aiflé à l'avance le catéchisme et
préparé sfig;neusement l'exposé dés doutes dont il voulait se
débarrasser, 11 vint sonner à la 1pone du maître·:
.

.

"

La fellll!Je ~ui m•~~ait ouv-er:t .et coP,4.uit.dans ,cette pièce me l.ùssa
en sa présence. Léon. Bloy quj était assis à un~ _petite table à l'écart s.e
leva dès q~'il me vir_arriy~r et me reçu.t avec $1elques paroles aimables
auxquell~s Je répondis ~de même ton, tout en examinant sa personne ;
et ce!le--c1 correspond::ut -enco1:e moiwque _la mai~n à l'image -imprimée. C'était le mê1:1e. perso~na?e trapu et corpulept, mais tandis que
dans la photographie il pm-aiss.ut plein rde dignité, vêtu d'une j~uette velours, le vi~e Jl&lt;:&gt;1:ant l~s . .signes d~ la méditation, empreint
dune noble énergie, vo1c1 que Je le vc;,yais devant moi, son large thorax couvert 1i'ùn ~ros:-rricot de-1:rine grise cie èycl-iste, les mains sales,
les cheveux -ébouriffés, le's moustaches blanches ·tombantes, bremssailleuses et humides; une tête commune,. vulgair.e, de marchand de vin
de faubourg ou d'agent de police colérique et rancunier.

d;

, P~is les d~ceptions se_ succèdent. Soffici ayant longuement
e~hgué la difficulté qu'il éprouve à concilier l'e.xistence du
Diable avec celle de,. Di.eu et ayant posé l'ét~rnel « problème du
mal»:

.Je regardai Léon Bloy? poursuit-jl, .attendant réponse à mon problem: théologique - qui n'avait rien de rare, du reste -:- je lui vis les
SOUrcds-froncés., le front .coupé verticalement par_ un profond sillon
e~tr~ les deux sourcils, le regard dans .le vide. Il .demenra un instant
ainsi, puis :
- .En effet, dit,il lente.meut, il y a là ~ne difficulté.
~fais la conversation tout · de suite dévie vers des. sujets
moins t~~nscendants. Soffici ayani eu -Fitnpmdeoce cle aemander
à Bloy s 11 était allé à Rome :
- Moi ? s'éaia-t-il d'une voix rauque .et .avec une véhémence
dra~atique. Moi, aller dans eette ville maudite où l'on voit des
cardmaux qui s'appellezn .pri:nces de l'Eglise --et ..qui s'en vont dans des
carrosses dorés ; oû le .Pape, étant •prisonnier, habite .dans un palais

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

,84

d · ? Qµaod pour
d' 0 monarque moo atn · · ·
'
splendide avec la pompe_ u 1 . s'exaltant de plus eo plus, les yeux
sauver le monde - conunua-t-1 en un geste terrible de la main sur la
tout à coup remplis de flamme, avedc ·1 ffirait d'uo véritable pauvre,
er le mon e t su
é
table - quand pour sauv
. • t dans les rues rebutant, affam '
·ruect
qui se tram«
'
· é I Oh
di
1
d'un men ant
. d c de la Foi et de la Charit ·
'
. le cœur plem u ieu
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misérab e, mais
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il • ndra ce Pauvre ce c:J.erm
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mais il v1eo , soy
.
1 et alors ce sera le 1our e a esD ieu ce Ver ardent du Se1gn~ur d T m 1'e
'
· éédificauoo u e P •··
truction et de la vraie r
.
1 . dans son gros tricot gris ; les
li était devenu pourpre et il hal eta1dt ses yeux gonflés. Et moi je le
.
bl . t près de cou cr e
larmes sem a1en
lus savoir que penser de lui. 0 o ne
Tegardais, tout bouleversé, _sansé p ·s a1ors comment concilier toutes les
• d
de sa sincént · mai
.
·
pouvalt outer
.
.'
d s ce milieu ambigu, parmi ces
.
•
que J'avais eues, 11n
d'
autres imprcss1ons
nversation et cette fureur an'
affi ches . sa pauvre co
femmes et ces
' ,
larmes ? Ce mystère et une
1
.
hè brulé par I amour et es
tique prop te,
. d 1 • me sub·1uguaient. J'éprouvais
· émona1t e w
1•
d
sorte de gran eur qui
d
de m'humilier devant ut
dé . d lu· demander par on,
comme un sir e t
à
foudroyer de ses yeux exaltés.
qui continuait à trembler et me
.
.

' hève par un entrenen moms

La soirée heur~usem;~tB~:c commande deux. mominettes,

tragique chez le b1s~ro,
bilfard et met Soffici au courant de
.caresse la servante, 1oue au
ses aventures galantes.

.•

L' AMO!JR

DEL' ART (juin):

,.
MEMENTO

Piaz.z.etta, par Robert Rey ; Mo11tiu lli, par

Louis Vauxcelles.
-c,mtaisies srtr des thèmes con,ms, par Henry
L'ANE n'Oa Guio): r,
Cabrillac.
L CARŒR.S

,

. Hommave
à Octave Mirbeau,
,.

o'AUJOURD H.Ul •

Par

Tristan Bernard, Valery Larbaud...
.
iarguer1te Audoux,
. ill ) .
public ;1ouwau. par Tristan
TIŒATRE (10 1u et .
' .
CHOSES DE
é ïl le Moulin-Rouge par Henn Hertz.
d En revardanl se r ~•e1 er
'
Elie
Be
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;
,.
G
ill
LE DISQUI! VERT
u et) .. La littérature rnsse en 19aa, par
ES

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Ehrenbourg.

. . 11 t) .
LES FmnLl.ES LIBR~ (jum-1u1
e .
•
Dr'eu
la
Rochelle.
1
do;.ix · Oasis, par
'
INTENTIONS

Gell&amp;IIÜ'Vt

Guillet• aoùt) '. Disque, par Valery

Prat, par Jean GirauLarbaud

.

HENRI DUVERNOIS

Henri Duvernois est un écrivain pour qui Je public
existe. Il n'a jamais écrit qu'en songeant à ses lecteurs et
pour leur plaire. Plaire ne lui suffit pas, il entend les
divertir. A vingt ans, il s'est voulu amuseur comme d'autres se veulent géniaux. II a mis à forcer les portes de la Vie
Parisimne, du Journal et de Femitza la même ardeur que
d'autres à forcer celles de la Revue Blanche ou du premier
Mercure. Il s'est exercé dans tous les genres qui réclament
du comique, de l'aisance et de la verve : chroniques, cluoniquetres, têtes d'échos, gaudrioles, filets satiriques, dialogues et contes.
· C'était une moquerie douce et nonchalante qui faisait
surtout le charme des premiers récits de Duvernois, remplis selon l'usage de coquebins, de gérontes, de bobêmes
et de « petites femmes». Tous les moyens comiques, du
plus gros au plus fin, du plus chaste au plus croustilleux, y
étaient utilisés un peu au hasard et pêle-mêle. On saluait
au passage les procédés et les héros chers à Capus, à Tristan Bernard, à Courteline. On pensait aussi aux petits conteurs de la Monarchie de Juillet et du Second Empire :
Eugène Chavette, Belot, Droz. Parfois une notation de
mœurs rappelait Henri Monnier, une notation sentimentale
Murger.

LE GÉRANT : GASTON GA.LU~.
ABBEViLIJl. -

IM.PRIMER.lE E. PAll.LAU.

Mais tout ce flou ne tardait pas à se préciser, cette diversité à s'unifier. Duvernois éliminait bientôt ce qu'il ne
25

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pouvait assimiler et mettait sa marque propre sur chacun
de ses personnages et chacune de ses anecdotes. Ses jeunes hommes rangés ne sont plus ceux de Tristan Bernard,
ses ratés ceux de Ca pus, ni ses «cruches» et ses « Margots »
celles de Courteline. Il existe désormais tout un petit
monde de marionnettes bourgeoises, bien délimité, avec
son code et ses coutumes, sur lequel règnë en souverain
absolu et débonnaire, en bon roi Pausole d'Yvetôt, indulgent et jovial, Henri Duvernois.
C'est le peuple des honnêtes commerçants de la rue du
Sentier ou du Faubourg Poissonnière, les uns prospères et
:irrogants, les autres malchanceux et humbles, tous également timorés et mesquins. Leurs fils, taillés tantôt sur le
même patron qu'eux et tantôt rêvant à vide de gloire littéraire et de succès mondains. Leurs êpouses, tantôt dociles
victimes et t;mtôt matrones acariâtres. Leurs filles, idylliques oies blanches ou déjà bourgeoises pratiques et pot-au.
feu. Leurs maîtresses, Montmartroises futées, délurées et
pourtant sèntimentales. Voici encore les cerdeux empressés
et nuls, f~tards et ·bons garçons et leurs femmes fox•trottèuses intrépides, snobinettes insupportables'" avec toutefois
une petite fleur bleue en quelque coin du cœur. Voici !.es
grisettes promues à la haute galanterie, les acteuses èt les
demoiselles de ballet ou de café-concert. Voici enfin toute
la bourgeoisie maniaque et persécutée' des courtiers, placiers, comptables, ronds-de-cuir, chefs de rayons, ménages
courbés sous le joug du respect humain e.t du qu'en dirat-oh, usés par la réalité quotidienne et la question
d'argent.
On chercherait en vain un paysan - dans les vingt livres
déjà publiés par Henri Duvernois. S'il s'y glisse un ouvrier
ou un provincial, ce n'est jamais qu'au second plan. Tous
les cc héros &gt;) de Duvemois sont Parisiens, tous bourgeois,
tous médiocres, tous par quelque côté ridicules, màis
il n1en est pas un qui soit antipathique.
Aucun de leurs tics, de leurs vanités, de leurs ·petitesses,

BF'.!l!RI DUVBkNOJS

,

387

n est passé sous silence. Duvernois
d
, .
chacun d'eux Il- a
r
nous onne a nre avec
.
une iacon toute p
Il
chaque lecteur son compÎice. Sa o-ai er;o?ne _e de_ faire de
lente . il parle à n11· .
~ et n est Jamais trucu'
•voix, en accompa •
d'un clin d'œil itr-ésistible
t..
gnant _ses phrases
· on utrmour n'est J
• •
toyable, ni même cruel L'h
. _é
•
. ama1s 1mpini basse ni v1·c1·euse . ·1· . -umlamt qu'i-1 représente n'est
'
, 1 pemt a méd.
·é
nerie humaines.
tOCnt et la me~qui-

s· .

Les·héros de Tristan Bernard ou de C
.
mesquins eux aussi éta'
apus, médiocre et
.
'
rem en même tem d'
lene
qui les entraînait 10.
- . . ps une venm sur 1a voie de la
lh
d
ou e la perdition 1·usqu'à l'
.
ma onnête~é
'I
.
,
escroquerie au v l
,
.
assassinat. Mais il n'
,
o et men:1e à
Y
a
peut-être
pas
d'
dans tout Duvernois q .
.
IX personnages
bité.
UI ne soient d'une scrupuleuse pro-

1~ risque que cour~ ainsi Duver. . ,
. •. la fo1s artificiel et superficiel. Et c'en~~, ~ e~t de paraitre· à
gra~e critique qu'on puisse adresse/; len-la e~ eifet la plrts
Mais le reproche n'est pres
I
ses prem1ers romans.
ses contes. La race des B~ue pus valable quand il s'agit de
1rone:1u des pè es G .
'urs compagnes est encore loin d;être
_r . onot, et de
sen assurer de feuîlleter cha ue
. éteinte. Il suffit pour
pondances des journaux d q d ~emame les petites cotresà Ault-Onival ôu au Trée m\t ou de villégiaturer un é1é
Duvernois un gros cont' port. dy a sans aucun d.o ute chez
b
mgent e souve . 1"
« onnes histoires )) louis- hili
d mr~ .1vresques, de
ception de la bourgeoisie !archpa~ es o~ Jmves, une concorrigée d'un sourire
, an e héntée de Balzat et
nier, mais il y a· au:1:1prunté ~ Gavarni et à Henri Mondirecte.
1 une tres forte part d'observation

le

Au~si trouve-t-on dans chacun d
« métler » et une part d
e ses contes une part de
t
e spontanéité Il d"
•
eur cc selon la formule &gt;&gt;
•
• •
ivenit son lecàes secrets de
' mais aussi « sefon la vie &gt;) Un
son art est dans sa façon d d
. .
g'am.er fun et l'autre élément.
e oser et d'amal-

�HE~RI DUVERNOIS
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSB

.. * *

Duvernois sait que le conte, comme le théâtre, obéit à un
certain nombre de lois strictes qu'on n'enfreint pas impunément. Il sait notamment qu'une« tranche de vie», qui
peut fournir une nouvelle ou un roman, ne peut en aucun
cas fournir un conte. Voilà pourquoi les purs naturalistes,
excellents dans la nouve11e, ont été de médiocres conteurs.
Maupassant lui-même n'est pas complètement à l'aise quand
il ne dispose que de cent cinquante lignes. li lui faut vingtcinq, quarante, quatre-vingts pages, la dimension de Mam'selle Fifi, de La Maison Tellier, ou de Bo11le-de-S11if, le loisir de décrire un milieu de développer un caractère, de
tirer d'une situation tout ce qû'elle contient. Le conte n'en
exige pas tant, ou du moins exige d'abord autre chose :
l'éclair de magnésium qui illumine la fin de la Parure ou la
fin des Cerises de Daudet, mais qui, chez Maupassant
comme chez Daudet (Daudet qui est plus poète en prose
que conteur), est une exception.
La condition préalable et nécessairt;, parfois suffisante
d'un conte, c'est précisément cet éclair de magnésium. Il y
en a toujours au moins un dans un conte de Duvernois,
souvent deux, quelquefois trois. La virtuosité à provoquer
ce coup de théâtre, à faire jaillir cet éclair imprévu, c'est
le premier don du conteur.
Mais il est d'autres dons qui sont le propre des conteursnés et qu'une bonne fée a tous rois dans le berceau d'Henri
Duvernois : l'imagination d'abord, du moins cette forme
d'imagination où la part d'arbitraire est la plus grande ~t
qui fait surgir un conflit tout gratuit et tout armé (l'imagination du romancier consistant au contraire à découvrir un
ou plusieurs germes de complications, de situations et d'émotions qui se développent peu à peu, selon la logique intérieure des personnages, en dehors de la volonté du créateur, parfois même contre sa volonté). Encore faut-il que

389

cette_ idée a~bi:rair~ ne heurte point de front la réalité et
par~1enne a s y rnsérer moyennant un coup de pouce,
m:us un coup de pouce aussi _léger que possible. Il n'y a
p.1s_ plus de bon conte sans suiet exceptionnel, sans arbitraire, d?nc sans coup de pouce, qu'il n'y a de bon conte
sa~~ trait final. Un~ « tranche de vie&gt;&gt;, une description de
m1heu, des souve01rs autobiographiques pourront fournir
une ~ongue nouvell~, u~ poème en prose, un passionnant
chapitre de roman, 1ama1s un véritable conte.
~uvernois possède encore l'art de créer l'atmosphère,
qu1 suppose tantôt le sens du pittoresque cboisi tantôt la
faculté de s_'é:nouvoir et de communiquer son é:Uotion.
Il .a a_uss1 1art de dialoguer, et non pas à la façon vériste
- en aiustant bout à. bout des bribes de conversations
notées sur le calepin en tramway, sur un banc de square
dans un mu~ée ou dans un bar, - mais à la façon du dra~
maturge qw condense dans une phrase le food d'un caractère et campe un héros en trois répliques
et Enfin il a le ~on du mouve?1ent et du ryt.bme. Mouvement
rythme r~pides, - que nen ne doit ralentir et qu'il faut
pourtant éviter de trop accélérer - qui impliquent un sens
d_e la mesure et un instinct de la composition d'ordre clas·
s1q~e: On peut d'ailleurs se demander si le classicisme du
xx siècle n~ trouvera pas d'abord sa forme dans le conte
comm~ celui du xvn• siècle l'a trouvée d'abord au théâtre
et c~lm du x.rx• dans la poésie lyrique.
d'aC e5t avec une aisance presque infaillible, une souplesse
cro?ate et une nonchalance de prodigue qu'Henri Duvern01s met en œuvre, et dans ses mauvais
• Jours
•
gaspille
: : ense~~le unique de dons. Son instinct lui a fait retrou~
et utiliser avec un égal bonheur toutes les structures
toutes les coupes, tous 1es procédés du conte, des plus anti-'
ques aux plus récents.
• 1ï fiera appel au quiproquo traditionnel : le détectiveTa n~ot
pnvé ch?rgé de surveiller une femme et pris par elle
pour un « smveur » amoureux ; une lettre de femme trou-

�390

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

vée dans un sous-main de ·café par un célibataire sentimental et qui n'est qu'un brouillon oublié là par un feuilletoniste. Tantôt il démasqu.era brusquement la véritabl-e
personnalité des personnages : ce brutal n'était qu'un tendre ; ce brillant cavalier n'éta.it qu'un pauvre hère sans le
sou ; çe riche négociant est au bord de la faillite ; ce chien
battu préfère les coups de son premier maitre aux caresses
du second, etc ... Tantôt il reprendra le procédé de la
monomanie guérie par un moyen imprévu, celui-là même
qui devrait la porter à son comble : l'histoire de la femme
qui imagine sans raison tragédie sur tragédie, trahison sur
trahison et qui ne se calme que le rour où son mari la
trompe véritablement, ou l'histoire de cette autre femme
dont le wari ne peut exercer aucun métier sans qu'elle y
trouve prétexte à le tromper - s'il est libraire à cause des
roroa.ns qu'elle lit, professeur d'éducation physique à cause
de la beauté masculine qu'elle découvre, etc-... - et qui ne
cesse d'être romanesque èt infidèle que le jour où son mari
se décide à devenir tenancier de maison c!ose. Tant:.ôt il
aura recours aux plus vieux thèmes, celui de l'oncle berné
par le neveu, celui de l'amourëux. qui a mangé de l'ail, ou
-celui du parapluie oublié.par la dame chez son amant et
qu'on rapporte au mari, mais il les enchâsse d-ans des montures si ingénieuses qu'ils reprennent l'aspect de la nouveauté. Tantôt enfin, et c'est peut-être le procédé le plus
fréquent chez lui, il combinera la rencontre cocasse de deux
thèmes aussi éloignés que possible l'un de l'autre et qu'il
reioint au milieu do récit. Si chaque soir un mendiant
reçoit d'w1e fenêtre de rez-de-chaus.sée les. reliefs du goûter de deux amints, un soit' le mari informé vi-éndra surpl'.endre sa femme, frapperà au volet et recevra à 1~ fois un
morceau de tarte et un.e .magistrale volée du mendiant aux
aguets qui n'admet pas la concurrence, Si lin débiteur au_x
abois décide d'envoyor :ies deux enfants réclamer un sursis
à son riche créancier, Ies deux. petits émîssaires !orriberont
dans un bal d'enfants' d'où ils rapporteront le sursis sou-

HENRI DUVERNOIS

391
haité et une indigestion de gâteaux. On transformerait
aisément certains autres oontes de Du.vernois en fabliaux
ou en contes de Bocc~ce. Avec la couleur locale né&lt;:essafre
Otwre l'œil dans Fifinoiseau trouverait place dans les Mill;
et

une Nuits.

Ainsi sch_é~atisés, les contes de Duvernois peuvent
paraîtr~ aussi ~ides dè contenu humain que des épures de
v~udeville. Mais son grand mérite c'est qu'.après avoir établi _la ~01:11uJe d'un conte dans l'abstrait et combiné la périJ&gt;é:ie md1spe_nsa~le, il. réu~it presque toujours à y introduire un gram d émot10n simple et humaine:
Il trouve chaque fois dans sa galerie bourgeoise les
act~urs dont il a besoin, quitte, s'il le faut, à c&lt; embourgeoiser_» son sujet pour le ramener à l'étiage des médiocres
parten~1res dont il dispose. Son plan stratégique une fois
a_rrêté, il n'a de cesse qu'il n'en ait assuré l'exécution tactique avec le personnel humain qu'il a sous ses ordres.
Rien n'empêche, il est vrai, de concevoir en sens inverse
la genèse de tous ses contes et d'imaginer au point de départ
~ne aventure ou des héros vraisemblables ( sinon authen~iques) et typiquement boui;-geois qu'il transpose et corse
Jusqu'au degré d'imprévu nécessaire. ·
Quelle que soit la méthode d'Henri Duvernois, il atteint
à ce double résultat de divertir son lecteur et, non pas le
plus _souvent de l'émouvoir, mais de l'attendrir. Le mot qui
qualifie sans doute le mieux Duvernois est celui~ci ; un
te?dre. Tout lui est prétexte à s'attendrir, et s'il ne tempérait
·
. me
· 110at1on
· ·
. . presq ue t ou1ours
cette
par quelque ironie
ilnsq, uera1't parfi01s
. - notamment lorsqu'il parle. de bêtes,
ou d enfants - de tomber dans la sensiblerie.
.

Chibidère, Namineau, · Mtclozure, Aguilanneuf, Garbotte, Oluseur, Beauversin; Coi:-dif, Cosécante, Pilastreaux,
Lobemuche, Gobinet, Girarduc, Legortux, Dondurond,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

392
Canepin, tel est le genre de noms dont Henri Duvernois
s'amuse à affubler ses héros et ses héroïnes.
Avec des noms pareils, comment être amoureux ou ~oète
sans ridicule ? Et cependant il y a dans chaque récit de
Duvernois un amoureux et un poète en lutte avec so?
nom aussi prosaïque que la réalité. Rien n'est à la,. fois
aussi comique et aussi touchant que les efforts vers l idéal
d'un Monsieur Chibidère ou d'une Madame Dondurond.
La chose devient plus grotesque et plus pitoyable tout
ensemble si Monsieur Chibidère a pour femme. une
Madame Chibidère épaisse, vulgaire, toute à ses soucis de
cuisine et de nettoyage, si Madame Dondurond a pour
mari un Monsieur Dondurond épais, vulgaire, tout à ses
soucis d'argent et de commerce. Les« incompris » abondent
chez Duvernois.
A mettre en scène de tels personnages, le rire de
Duvernois fuse chaque fois qu'il y a disproportion par trop
énorme entre les aspirations et les possibilités de ses héros;
mais il se mêle d'attendrissement et se nuance de regret
quand c'est la vie, le hasard d'un mariage ou d'une rencontre qui rogue les ailes d'un rêve. _
.
Presque tous les couples qu'il peint sont mal ass_ort1s.
Tantôt un homme doux et tendre a pour femme une virago,
tantôt une brute est unie à un ange. Toutes les variétés
des mauvais ménages bourgeois sont répertoriés dans les
contes de Duvernois. Le mot résigné est un des plus fréquents qu'on y rencontre, appliqué tantôt au mari, tant~t à
la femme. Cette incompréhension déborde le couple; peres
et fils, patrons et employés sont impuissants à se comprendre.
. .
Et pourtant, chez le bourgeois le plus enduro, 11 Y a
toujours, professe Duvernois, un coin de _rêve, chez le
plus avare et le plus âpre un coin d~ gé~éros1té.
Les plus à plaindre, ce sont les meilleurs, les_ plus ard_ents,
les plus idéalistes ; la réalité impitoya~e vient t?uiours
empêcher l'essor de leur rêve. « Etre en viande», c est un

HENRI DUVERNOIS

393
des regrets exprimés le plus fréquemment par les hér9s les
plus sympathiques de Duvernois.
Pour tout dire d'un mot, les bourgeois de Duvernois
sont les derniers des romantiques. Ce n'est donc pas seulement_ pour se mettre un masque impénétrable, ni parce que
depms 1830 le bourgeois, cc l'épicier» est le modèle favori
des humoristes que Duvernois s'est cantonné dans la peinture de la bourgeoisie, c'est encore et surtout parce qu'il
trouve_ dans la médiocrité bourgeoise l'image même de
l'humanité suspendue entre son désir géant et son impuissance foncière.
Médiocre pour Duvernois veut bien dire médiocre et non
pas vil. et Ni ange, ni bête &gt;i, mais tour à tour ange et bête.
C'est par pudeur, par dédain des grands gestes et des éclats
de voix, par crainte du ridicule qu'il a déformé, caricaturé
un peu cette désolation romantique, en la raillant et en la
confinant dans l'âme des Messieurs Chibidère et des Mesdames Dondurond. Il y a telle analyse de timidité telles
.
'
notations mi-gouailleuses, mi-mélancoliques dans ses contes
qui ont une saveur autobiographique.
!l. y a, surtout Edgar et les longues nouvelles qui ont
smv1. C est seulement après s'être rendu maître de son art
de conteur et après avoir conquis le succès qu'Henri Duvernois a osé sortir de sa réserve et se confesser tout entier
sans réticence. Romantique, mais aussi Parisien averti
longtemps la crainte de paraître dupe l'avait retenu. Si se~
dernières œuvres paraissent plus amples, plus nourries,
plus humaines, elles sont pourtant faites de la même étoffe
que les préçédentes. Duvernois ne s'est pas renouvelé (on
ne se renouvelle pas), il s'est approfondi, il a osé se livrer,
se débarrasser des héros ridicules dont il se servait comme
d'une cuirasse et d'un masque.
Sous un voile léger d'humour et de fantaisie, c'est le
gr~nd conflit du corps et de l'âme, du réel et de l'idfal
~u évoque Duvernois dans ses dernières œuvres, les plus
nches et les mieux réussies : Edgar, Gisèle, la Guitare et

�394

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

le. Jaz..z..-Band, la Brebis galeuse, Morte la ~te, La Fu?ue.
Edcrar c'est le poète inégal à son désrr de créauon,
l'amo~r:ux malingre inégal à son désir d'amour. Gisele,
c'est la lutte de deux enfants pour préserver leur rêve des
bassesses de l'amour physique_, la défaite du petit mâle, la
déchirante victoire de la jeune fille. Morte la Bête, c'est le
triomphe de la pitié sur la vengeance, de l'amo~r pur s~r
le désir corporel. La Guitare et le ]az..z..-Band, c est la vie
facile et superficielle soudain humiliée par l'ombre d'un
tragique _amour. La Fugue, c'est une tentativ~ de_ dévoQe•
ment sublime que la faiblesse humaine rend mut~e.
.
Mais tandis que, dans tous ses contes, le .reve était"
régulièrement vaincu par le réel,, ~ans les. der~ères nouvelles de Duvernois, la lutte devient moins mégale. L_e
peintre Malandre et le peintre Ma.ssonnea~ d~ns la JJ_rebi s
galeiise réussissent à conformer leur vie a leur idéal
d'artistes.
Le romantisme désormais apparent d'Henri Duvernois a
cette originalité de se teinter d'optimisme. Son passé
d'humoriste l'ironie indulgente qu'il êontinue à répandre à
foison dans ~es contes du Matin laissent espérer qu'il ne
glissera jamais à un optimisme béat._ ~n _art de_ constr_uire
et de mener une intrigue et sa fertilité inventive qui se
retrouvent dans tous les récits de sa dernière manière lui
éviteront la monotonie.
La matutitéd'Henri Duvemois,richede réalisations, appa•
rait donc plus riche encore de promesses, pour.vu qu:il ne
cherche pas à dépasser ses possibilités. Il a une exqwse et
riche sensibilité, il a une maîtrise dans l'art de faire progresser et de présenter un récit,_ une, sûreté _dans le raccourci une vivacité et une vénté dans le d1alogue, une
mesur~ dans le style ( un peu trop cursif et négligé cependant) qu'aucun - autre conteur français d'aujourd'hui n'a
au même degré.
.
Mais il n'a pas la force et l'ampleur nécessaire pour
çonstruire de grands romans. Il est fait pour peindre des

JIE RI DUVERNOJS

395

tab~eaux ~e chevalet et non pas des fresques. Edgar, son
meilleur livre, n'est pas un roman, c'est une suite de fantaisies. Sans parler des romans de sa première manière qui
sont faibles et -parfois fades (Popote par exemple), la Brebis
taleuse, avec des morceaux excellents, reste un livre mal
composé, recueil de contes cousus ensemble plutôt que
~oman. Faubüurg-Montmartre lui-même manque d'une forte
unité et d'un centre.
Autant Duvernois est à l'aise dans le conteet la nouvelle
a_utant il l'est peu dès qu'il veut hausser le ton. Son admira:
tton pour Balzac, qu'il est essentiel de noter si l'on veut
comprendre la personnalité et l'idéal littéraire de Duvernois
desse~t et l'écrase. Il reprend les procédés et le ton balza~
ci:n qu'il ne peut soutenir. Citons un exemple entre cent,
pns dans ~a ~rebis_galeuse (p. I 7 3) : « Il se trouva par miracle
que ce Silv10 était sérieux et honnête. Il examina l'affaire
s'y intéressa, y intéressa des commanditaires et se débarrass;
des premiers représentants en leur versant une indemnité
etc,:. La prospérité a ses vices comme la misère ... »
'
L art du conteur et l'art du romancier sont distincts. Conteur français excellent, typique, original, le meilleur de ce
temps avec Pierre Mille, Henri Duvernois semble moins
do.~é pour le roman. Mais il est un genre où il s'est essayé
d~Ja avec bonh eur et où il semble devoir réussir: la comédie légère. Son art du dialogue et des « coups de théâtre »
Y peut trouver un emploi nouveau.
. La carrière de Duvernois suit une courbe rare de nos
Jour~, où la quarantaine trouve la plupart des auteurs taris
ou bien co~da?més à se répéter. Crapotte, malgré son agrément, ne la1ssa1t pas prévoir l'opulente et jaillissante fantaisie
d'Edgar, ni les contes du Journal de I 9 r 4 l'émotion humaine
de _Gisèle ou de Morte la Bête. Ce passage gradué du journalisme à la littérature pure ( qui est aussi le cas de Mac
Orlan) est un signe des temps, qui eût beaucoup étonné
Mailar?"1 é, mats. que nous comprenons sans doute mieux
que lut, ayant vu, à l'Odéon d'Antoine, Molière interprété

1:

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIŒ

par Dranem et Vibert et nous étant convaincus que l'art est
un et qu'il n'existe pas de hiérarchie des genres.
Oui, Duvernois fait penser à ces artistes de café-concert
qui, le jour où ils se cj.écident à jouer du classique, émerveillent par la maîtrise avec laquelle ils fondent dans leur ·
jeu le cc style » et le naturel, le cc truc» et le spontané, par
la variété des moyens dont ils disposent, par l'art qu'ils
apportent à transposer le vrai, à le déformer, à l'amplifier,
à l'idéaliser à leur gré sans jamais le trahir.

POESIES POUR DAMES SEULES

BENJAMIN CREMIEUX

I
OMBRE

0 ma Sœur, je 'Suis l'ombre
A ton corps attachée /
Ame toujours cachée
Sous des for-mes sans nombre ...
Faut-il encore attendre
Une ,tardive aurore
Et puis rouler encore
Mon cœur de pierré tendre ?
Ne peux-tu donc éteindre
'
Léthé, ce {et4rebelle ?
Hélas ! elle est si belle
Qii'ôn' ne saurait la peindre.

�POÉSIES POUR DAMES SEULES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

399

Envolez-vous bel oiseau b-leu I
Une flamme incertaine rôde

II

Dessous,,la cendre encore chaude
0 mer ! image de ma vie,

IJ un cœur qui b,:aJe à petit fetJ.

Emporte l'ombre que j'aimais
Et que partout j'ai poursuivie,
Sans pou'vcir l'altd~tejamai,s ;

IV

Celui qui meurt pour- tes beaux yeux

Nous nous aimerons jusqu'au jour ;

Ton amant, Muse aux sombres voile:
Danse avec les pendus joyeux
'

Selon le ·vol de la colombe
Toujours propi.ce à notre amour,
La mer s'entrouvre et le soir tombe ...
Petits bateaux ! mes sentiments
A la dérive ô feu de joie !
Le plus beau souvenir senoie
Dans la mé~ire des a_mq,nts.

III
L'amour moqueur et triomphant,
Le battre avec ses propres armes ...
Te souvient-il, ô m® enfant,
De nos sourires, de nos larmes ?
Ennui, ta mènaçante épée
Pour la fleurir j'ai su choisir
La plus belle ràse coupée
Au tendre jardin du plai'sir ;

l.

Qui tirent la langue aux étoiles.

•

Le diable a.mar_qué mon épaule
Du sceau douloureux de l'orgueil ...
Que l'on me creuse un beau cercueil
Dans le corp! pantelant du .saule /

Tombé du cjel dans la mansarde,
Au che:vet de mon lit étroit

'

Le nez. rouge et tremblant de froid,
La. nuit, un ange me regarde.

V

0 nuit tendrement étoilée J
Déjà f aurore entre sans bruit
Dans tous les restaurants de nuit ...
La colombe s'est envolée.

�400

LA NOUVELLE REVUE F'RANÇAISB

Un anges'arrache les plttmes,
La Mttse a lassé son amant,
L'amour écrit son testament
Et nous' gentils amants posthumes,

CLODOMIR L'ASSASSIN
Quittons Cythère et la banlieue,
De l'enfer, suivons le chemin,
Mignonne, et que ta blanche main
Tire fe diable par la qtuue.

VI
Poète ennuyi par l'étude,
Parto11t el toujours en exil,
De Ion amour que reste-t-il ?
La pattvreté, la solitude :

•

Des manitscrits sentant la pipe,
Des livres, des bouquets fanés ...
Le sphinx ne veut pas, pauvre Œdipe,
Qu'on lui tire les vers dtt nez_!
Muse, 6 ma mémoire infidèle I
N'est-ce pas que, le soir vemt,
Lorsque je m'asseyais près d'elle,
Ma main caressait son sein nu?
GEORGES GABORY

Sous les yeux du Seigneur, le presbytère est bien gardé.
En face du presbytère habite un assassin. L'assassin est le
plus bel homme de la contrée, le plus sain, le plus fort.
Monsieur le Curé le salue. L'assassin a beaucoup de respect
pour Monsieur le Curé. Monsieur le Curé a beaucoup de
respect pour l'assassin. S'il a tué, il a tué par amour
l'amant de sa femme. C'est une dignité, une seconde
puissance. Il a célébré lui aussi son sacrifice flamboyant.
Depuis qu'il était petit dans le pré de son père le tripier
il s'était penché sur le ruisseau de sang que distillait l'égout
des abattoirs de 1a ville. C'était une prédestination. Monsieur le Curé comprend très bien ce crime, s'il ne l'eût pas
pour plusieurs raisons commis lui-même.
Clodomir a le port de tête d'un roi, la diction d'un comédien et il en impose auxenfantsdu quartier, qui ont entendu
crier sa victime, bien plus qu'un Roi de Théâtre.
Quand la nuit tragique, attendue des mois par toute une
ville engourdie, s'ouvrit sous le couteau luisant de l'Archange
des vengeances, tout le monde se mit à la fenêtre pour Yoir
commettre un crime, depuis Monsieur le Curé, blotti derrière une persienne, jusqu'à M. le Capitaine Cornicbet,
pâle derrière sa vitre, sans excepter M11• Dalby la couturière
qui triompha quelques minutes sur son balcon.
Tout le monde savait que Sidonie avait un amant, que
Clodomir le savait, qu'il les tuerait bientôt l'un et l'autre.
Cet amant avait le tort d'être sous-officier, race de chien
pour Clodomir. Clodomir, dans l'esprit de tout le monde,
26

�402

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

aurait peut-être pardonné à n'importe_ quel hom~e et à un
chien d'être l'amant de sa femme : 11 ne pouvait pas pardonner à l'amant de sa femme d'être sous-officier. . .
Une première fois, il était revenu voir le pays du lomtam
où le retenait dans une automobile quelque guerre. Il en
avait profité pour donner la comé~ié à se~ v_oisins : « En
l'honneur de qui Sidonie a-t-elle mis des ndeaux de dentelle blanche à sa fenêtre ? En l'honneur de qui a-t-elle
acheté deux draps à jours ? Qui lui a ~on~é l'or d'~!1:
montre d'un bracelet: et des pendants d oreill~s que J a1
trouvés'dans la paillasse de mon lit r. n C'était un pr~lude.
Il le pleurait chez ses amis et puis 1~ criait d'une voix de
stentor devant la ville · assemblée sur la Place. Les battents du cœur de Clodomir pour Sidoriîeàllaient remuant
: monde entier. · On le voyait apparaitre guerrier bleu
p~le enveloppé. de rideaux de dentell_es blanches, un drap
brodé et ajouré _sur son épaule, les ma111s chargées des bracelets et des bagues de sa femme.
répandait â chaque
phrase la montre, les _pendants d'or~ille, de~ fioles de parfums, témoins patents etmuetsparm1 les_ asst~ttes honnête~,
auprès de la soupe fumante du, co~~onmen~ en face, pms
devant les livres de compte de lépic1er du corn..
.
Toute une nuit, à huis clos il rétablissait fa toiture, pour
interroger effi.cacement deux petites filles, l'un~ de douzé,
l'autre de dix ans, ses filles, sur l'amant de leur mère.
Quand il revint la seconde. fois, Clodo~ir alla c~ercher
deux de ses amis. Sidonie s'était accroupie le matm dans
la lessiveuse et ses filler avaientrefenrié sur:elle le couvercle
de tôle, mais il avait bien fallu se découvrir le soir. Elle
était assise maintenant toute frémi'ssante au fond de sa
chambre sur une chaise de paille et la. lampe biûlait près
d'elle au-dessus de la cheminée. Trois hommes entrèrent.
Deux d'entre eux virent avec. stupeur Clodomir fermer à
clé la porte et s'agenouiller le visage tourné vers Sidoni:·
Quand il se futapproché d'elle sur ses genoux, Clodomir
appuya tendrement ses lèvres a.n ventre an.onyme de la

n

CLODO.MIR L'ASSASSIN

4o3

Femme qu'il baisa à travers le tablier de cuisine. De vraies
larmes sourdaient de ses yeux. Il la , dépouillait de ses vêtements. Noualet le dentiste qui avait étè l'amant de Sidonie
était moins. curieux- que Tourteau .le charcutier. Tous les
deux pensèrent qu'if allait la. tuer devant eux-, mais ils
n'osèrent pas même faire semblant .d~ l'en empêcher; ils se
contentaient de trembler de chaque côté de la lampe
comme d~:antle Tout-Puissant. Sidonie voyait son &lt;c- jugement,dernter » entre Noualet le dentiste et Tourteau le
charcutier. De temp-s1 en. temps, le bon ·Ange Tourteau sur
la prière irrésistible des, yeux d'une femme en chemise
ba_lbutiait: -,- &lt;&lt;- Je ne voudrais pas te déranger, Oodo~
mtr. •. » Enfin, Clodomir ful'ieux vociféra : - « Etes-vous
mes amis ou ses amants ? » Et il se fit un grand silence.
La chemise de linon venait de se déchirer du h;nt en bas :
- « Qutlle fantaisie le prend ? se disait Noualet. Saurait-il
quelque chose ? vetmil me confronter avec ·sidonie dans
l'appareil d'Adam :ét ·d'Eve et nous.tuer devant Tourteau ? »
Il commen~it m~inaiement à dénouer sa cravate, peutêtre pour éviter à Clodomrr fa peine brutale de le déshabiller, peut-être paÎce qu'il avâit eu· l'habitude .autrefois de
commencer à se dév~tir, quand Sidonie était nue. Mais
déjà passaient dans un ouragan terrible deux ·cuisses connues suivies.de deux bottes fertées.Touneau était préoccupé par qneJqnes gouttes de,saing perdues dans la chevelure d'une ~emme ,que le Diable emporta:it. Sidonie, parmi
la macabre danse, était, r6'tonfortée à-la pensée d'être heureusement propre ce jour-là et si belle, avant de mourir
sous les yeux de trois hommes fous.
Q~and elle fut à - bout ·de,souffie, Clodomir la .retourna
du pied dans la lumière. Voilà qu'il se penchait une fois
encore avec douceur sur le ventre de Sidonie_ Comme si
« quelque chose 1) 'en elle ~ût mérité des-excuses, tomme si
le sexe en elle avait gémi de ses adultères, il lui murmurait
de tendres paroles, ille plaignait; ii le plaignait d'être sous
ce cœur et à la "merci de la tête: Il lui disait : - « Je n'ai

�404

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
CLODOMIR L'ASSASSL •

reçu de toi que douceur et qui a pu te satisfaire après Clodomir ? » Durant cette bonace, on entendait pleurer_ les
deux filles de Sidonie derrière la porte. Enfin, Clodomu se
tourna avec la plus extrême politesse vers '!'ourtea_u le
charcutier et Noualet le dentiste, pour leur faire aussi des
excuses. Il ajoutait: u Je vous ai choisis tous les deux pour
être les témoins d'un serment ... Devant Tourteau c~arcutier et oualet le dentiste, Sidonie, tu entends ? Je Jure
de tuer ... » Les deux hommes sortirent de la chambre d:
Sidonie comme de l'autre monde, devant Clodomir qt11
les éclai~ait. Ils rencontrèrent sur le seuil deux petites filles
qui vinrent consoler une mère toute nue. Rentrés chez eux,
ils éprouvèrent le besoin de toucher les murs, les meuble~
familiers, pour s'assurer qu'ils n'étaient pas des morts qw
revenaient se promener sur la terre dans leur propre
maison.
.
Le sous-officier connaissait Clodomir. Il en avait peur
plus que tout le monde, mais il préférait être tué par une
main prévue sur un bon lit pour une femme que p~ur_ u~e
idée dans un buisson par un inconnu &lt;&lt; innocent, d1sa1t-il,
comme moi-même». Il avait fini par s'accoutumer à cette
fin. Hla méditait. Il s'amusait même les matins de~ima~che
à en étudier les moindres circonstauces, quanJ S1do01~ l_e
laissait seul, tout éveillé sur le lit, dans la cbambr~ ou 11
devait mourir. Certain soir cependant, un pressenum:nt
terrible l'avait saisi. Il ne voulait revenir que le lendem~m.
Sidonie l'envoya chercher par l'aînée de s s filles. Il vmt,
comme un condamné à mort, après avoir fait sa toilette et
son testament. Leur nuit fut plus passionnée à :ause ~e I_a
sueur froide exceptionnelle qui les enveloppait. M10u1t
sonna. Le sous-officier passa un doigt sur les yeux de
Sidonie. Elle dormait. Il se réveilla sur les trois heure~,
comme la première porte de l'escalier s'ouvrait._ Il entendit
celui qui venait vers lui pour le tuer. Au premier bond du
cœur, de songer à se précipiter par la fenêtre dans le che:
min, mais il se souvint qu'il avait prévu cette heure qui

1:

était venue, qu'il avait choisi, durant ses moments de
calme, de mourir confortablement dans ce lit. Il avait chaud.
IJ se refroidirait pour aller mourir aussi bien dans la rue,
comme un chien, sous les yeux de t-Oute la ville qui se
réveillerait d'un seul coup dans une seconde, quand il
allait lui déplaire de crier. La deuxième porte s'ouvrait. A
la lueur de la veilleuse, il aperçut la tête pâle, sublime, de
son assassin. Il éprouva aussitôt la démangeaison de saisir
sous l'édredon son revolver, pour tuer quelqu'un ou pour
dissiper un cauchemar, en faisant du bruit. Mais peut-être
était-il trop tard ? Les deux petites déjà pleuraient dans la
chambre voisine. Alors en un geste court, interminable,
fatigant, d'un siècle entier, il joignit ses mains qui s'étaient
éloignées l'une de l'autre sous le drap et qui se résignaient
les premières à ne pas le défendre ; il détendit ensuite lentement le muscle de sa nuque, pour abandonner sur l'oreiller sa tête qui avait le tort de vouloir encore se raidir, s'obstiner dans l'inutile inquiétude. •
L'assassin espérait toujours, quand le sous-officier venait
d'achever son acte d'abandon. Résolu à tuer, Clodomir
était plus malheureux que le sous-officier résigné à mourir.
Il espérait toujours que Sidonie serait seule. Il avait voyagé
dans un train de marchandises pour arriver à l'improviste.
le bruit avait couru devant lui, comme un pressentiment,
qu'on l'avait aperçu la veille dans la brousse. II y avait
passé vingt-quatre heures. Il se croyait toujours dans
l'herbe qui lui piquait les paupières, quand il se pencha
sur Je lit de sa femme. Sidonie venait de se réveiller. Elle
avait tout compris en un clin d'œil: elle jeta Je plus grand
cri de sa vie qui déchira le silence du monde et jeta
debout toute Ja ville. De 1a gorge crevée de son amant le
sang coulait. Clodomir avec douceur lui disait: - « Aimele bien ainsi. Caresse-le, mais caresse-Je donc. Moi, je vais
en prison; c'est meilleur que dans tes bras. &gt;&gt; Elle poussait de longues plaintes aiguës qui suivaient monotones,
comme un troupeau d'hyènes, le gémissement sourd du

�406

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

moribond. Et par instant, le cri de deux petites filles enfermées dans la chambre voisine perçait.
Clodomir fit le tour de la ville sous mille yeux braqués.
Les chemises de nuit de tout le monde pavoisaient de
blanc les fenêtres sur son passage, tel le drap interminable
des fêtes-Dieu.
Un -quart d'heure plus tard, il rentra po~ co~te°;-pl~r
son œuvre. L'homme vivait toujours. S1dome s étatt
traînée jusqu'à la cuisine, pour chercher de l'eau. ~Ile lui
lavait les tempes. Une odeur de violette 'embaumait tous
les gestes qu'elle faisàit. Clodomir, quand: il surprit, autour
du front d'un mourant, cette marque suprême d'amour,
adora Sidonie. Mais il s'avança vers l'homme pour lui
fermer les. yeux d'un nouveau coup de poignard. Comme
il était jaloux de la màrt qu'il donnait dans ce parfu~ de
violette, il prit les bras admirables de sa femme, il les
tordit. Peut-être un instant désira-t-.il de s'y enfermer pour
toujours, de la tuer, de se tuer, comme on oublie ou bien
de la posséder encore une fois tet;riblement sm ce ~davre
dans l'ivresse royale de sa victoire. Les,gendar1:1es v1~r~nt
le préserver de cette équipée. Il les _en remeroa explicitement et les suivit comme -ses domestiques.
Dès que Sidonie eut constaté la mort du sous-officier,
elle trouva qu'un cadavre est un embarras. Alors, elle se
mit à faire son lit pour se donner une contenance et pour
plus décemment recevoir aussi.la Police qui allait descendre
dans l'alc6ve.
Un corbillard avant le jour émporta le cadavre. Seule
cette fois, elle appela ses filles qui l'aideraient à réparer le
désordre que cause toujours un assassinat.
Sidonie préférait la propreté aux bijoux. Quan~ l'a~o~e
parut, elle était déjà plus sensible à la tad1e qu il la1ssa1t
sur le plancher de sa chambre qu'à la mort du sousofficier. Elle se souvint par hasard du soulèvement-de cœur
particulier que lui avait oct:asion~é -Clodo~r 1~ ~oir de
leurs noces, pour une grosse araignée qu il avait écrasée

CLODOMIR

r.' Ass,\SSIN

407

sur sa ~obe blanche. Vopportunité de ce rapprochement la
~t sounre et fit perdre au sous-officier le reste de son pre&amp;t1ge. Elle se tnit immédiatement à laver la tache de sang
avec ses filles.
Une paysanne, jgnorante ile tout, qui arrivait &lt;le 1a
ca~pagne pour vendre ses légumtt~ _verts sur le marché,
lui demanda _ce qu'.elle faisait de si bonne heure :
- cc Mon nettoyage», répondit-elle simplement.
Le lendemain elle envoya les filles de Clodomir porter
des fleurs sur 1a victime de leur père et elle fut fidèle à en
parer sa fosse tous les dimanches : ·
.-:- « C'est bien le moins que nous puissions faire pour
lui.&gt;)

La mère du sous-officier voulut la voir. 'Elles pleurèrent
ensemble. Sidonie se plaignit de ,5on mari. Mais quand la
'.11ère du sous-officier voulut se permettre de s'en plaindre
\ son tour, Sidonie lui déclara qu'elle avait le malheur
dêtre,la ~mme de O?do~ir? -qu'elle n'.avait pas cependant
~ gout d ,entendre dire du mal de lui, qu'elle aurait tou.
J0 u:s peur 1'être tuée par lui sur la terre, sans avoir le
droit ~ désirer s_a mort ni aussi bien de ne plus l'aimer.
A~œs quelqaes mois, l'acquittement prononcé, C10d.oID1r est revenu dans s.a maison, dans sa chambre v.eillir
ent~é ses deux filles, auprès de sa femme. Ils forment une
famille mo~èle, - où l'on s'aime plus qu'ailleurs, dans un
ordr~ parfait, une propreté irréprochable et un peu de
musique.

La chambre d~.m our .est la chambre du meurtre.
~ne terreur panique enveloppe le front désormais inaccessible de Sidonie.
Le lit de Clodomir est un échafaud.
n' La main de l'assassin glace des pieds à. la tête ceux qui
Ont pas le courage de lui refuser de la prendre.
Un (Ü.adème et .un manteau rouge .éternellement le
revêtent, aux yeuxi des petits enfants qui l'ont -entendu
tuer.

�408

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

' Ses deux filles et sa femme tremblent sous lui qu'elles
servent avec respect, comme un Roi, le Roi de la Peur
qu'il crée autour de lui, partout ou il habite avec elles.
Il a poussé si loin l'amour qu'il impressionne surtout
celles qui sont aimées et ceux qui aiment. Les lâches
pâlissent quand ils l'approchent, parce que son audace les
blâme. Les aud,icieux rougissent devant_ lui d'être en
retard encore sur sa violence.
, Monsieur le Maire prétend que dans l'antiquité, chez les
païens, on lui eût interdit le séjour de la Communt.
Il est un des rois de l'Enfer ou les damnés sont assis,
chacun sur un trône de feu, dans sa constance éternelle.
Monsieur le Curé le salue.
Tout le monde a peur.
Tout le monde est mort avec le sous-officier pour Clodomir.
Il est seul.
Il ne voit pas le curé le saluer. Il ne regarde pas ses
filles le servir. Il ne sent pas les mains des hommes se
glacer dans sa main.
Il est l' Assa~in, isolé dans le royaume de son courage
entre une femme et le cadavre du monde qu'il s'est aliéné,
dont il s'est une nuit d'un seul coup de couteau volontairement séparé.
Qui avait le droit d'aimer Sidonie que lui ? Il ne
l'aime plus. Il s'aime lui-même. Il adore sa main droite
sous laquelle toute une province se courbe. Il n'y a que
s'il lui arrivait de rencontrer sur les lèvres de quelque
pygmée « le nom )&gt; qu'il s'est donné éternellement dans la
mémoire douloureuse de Dieu qu'il se réveillerait un
instant pour être · en colère à foi:-ce de ne pas savoir s'il
devrait rire ou pleurer:
Il ne voit pas Monsieur le Curé ni les hommes; il les a
tués. Il a beau demander à l'une de ses filles de chanter à
sa droite et à l'autre de jouer du violon à sa.gauche le soir :
il n'entend pas leur concert. La forêt qu'il a fait casser à

CLODOMIR L'ASSASSIN

.

4~

petlt,s morceaux et des.cendre dans sa cave ne parviendra
~as a le réch~uffer. Il n est pas sensible non plus à la multitude des 01seaux qui sont enfermés dans des cages d'or
autour de. sa porte Ill· aux fi eurs qui. tapissent
.
les fenêtres
d
e sa maison.
Il est loin. Il est seul.
Il connaît la mesure du
d
,
démesuré.
mon e pour s être lui-même
~e monde est ~n sous-officier pour loi, un sous-officier
qu il .a tué, afin d_ etre, durant les siècles des siècles, absolument seul avec Sidonie.
MARCEL JOUHANDEAU

�CHAN~

Mais si ton nourrisson, ô mère,
Fut toujours fidék à ta loi,
Si la peine la plus amère
L'a toujours vu tourné vers toi,

CHANTS

1NVOCATION
Si ce cœur que ton so14fie enseign~
ODéesse, a jamais penché
Vers les autels pompeux où règne
Un culte de fraude entaché;
S'il a, capable d'inconstance,
Convoité d'un vœu déloyal
Le laurier souillé que dispense
Un peuple frivole et brutal;
Si quelqu'intértt de mes veilles
Autre que le tien fut l'objet,
Si le son du métal abject
A jamais séduit mon oreille,
Alors détourne, ô Piéride,
De moi ton visage irrité.
Que ma veine demeure aride
Dans rnon sein par toi déserté,
Que sous les coups d'un plectre impie
Mon luth reste silencieux,
Que les ondes de Castalie
N'aient pour moi que des flots bourbeux•

Fai's alors qu'une docte fievre
En mes chants. verse sa chaleur
Et que ta force et ta douceur,
0 Muse, coulent d~ ma levre.

Comme un jeune rameur lutte contre l'orage
D'un bras constant et généreux,
Sans te lasser jamais subis, c1 mJJn' CbUrage,
L'assaut d1.t. .sort injurieux:
l

•

Comme un arc bien construit, la flèche étant lancée)
Ne s'altère pas d'un degré,
Sache malgré I'effort garder, ô ma pensée,
Un tqur égal e,t mesur~.
· '
Comme d'un luth frappé par l'archet implacable
S'élève un son pur- et charmant, .
0 mon cœur, sous le coup redoublé qui t'accable.,
Résonne harmonieusement.
Comme l'aigle blessé s'élance au ciel de flamme
Malgré le trait qui U nuurtrit,
.
D'un vol toujours plus prompt dirige:toi, mon ame,
Vers le but que tu t'es préscrit.
.
Mars

19 12.

�412

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

CHANTS

Mais qui plaindrait les fleurs d'avril lorsqu'il engrange

Les moissons de l'été, de ses soins le loyer,
Ou que le suc vermeil d'une belle vendange
Parfume son cellier?

A VINCENT MUSJ;:LLI

Vincent, le temps n'est plus des jeux n;i ~e la danse.
Notre tempe grisonne. Entends déjà le pas
De la vieillesse amère et qui vers nous s'avance
Avant-courrière du trépas.
Bientôt sa froide main viendra glacer nos veines,
Fera notre œil moins vif et moins souple nos reins
Et nos membres perclus chargera de ces chaines
Qu'elle forge d'un triple airain.
Le sang dans nos vai"sseaux circulera pluJ rare.
Lors, pesants et transis, nous n'honorerom plu~
Que de rares présents et que d'un culte avare
Les autels de Vénus.
A d'autres désormais le stade et la palestre,
L'aviron que l'assaut des flots ne lasfe pas
Et le coursier fougueux qtre retient ou que presse
Un juvénile bras,
Les longues nuits cfardeur, folles ou studieuses,
L'ivresse des matins et l'extase des soirs,
Et cette adhésion qui des 11ierges .rtveuses
Eclaire les yeux noirs.

Donc, laissons quelque sot agiter l'espérance
De retarder le Temps par son absurde vœu
Et recevons les dons que le Ciel nous dispense
En leur temps, en leur Heu.

La vieillesse - souvent elle l'a fait paraître Pour le sage, Vincent, n'a pas que des rigueurs
Et qui sait la chaleur que ses neiges font naître
Dans un valeurmx cœur 1
Mais quel que soit le lot qu'avec elle elle apporte,
Ne lui réservons pas un accueil mutiné,
Et quand la Mort enfin heurtera notre porte
De son poing décharné
Ouvrons-lui sans chagrin, faisons-lui bon visage
Comme à l'hôte attendu sourit l'hôte pieux
Ou comme au batelier qui vers l'autre rivage
Và porter n.os pas curieux.
Car son approche~ ami, ne cause aucune, transe
Au mortel éloigné du désordre pervers
Et qui sut accorder son âme à la cadence
Qui ;égle le vaste .Univers.
]nin

1921.

MAURICE CHEVRIER

Ainsi le veut des Dieux le décret équitable
Selon lequel Ph(btts en ses doüz.e maisons ,
Fait le séjour prescrit et dans l'ordre immuable
Ratftène les saisons.

�ROJECTIONS OU APRÈS-MINUIT A GENÈVE

Enfin ses- yeux s'apaisent. Voici qu'avance en pardessus
cintré son secrétaire athlétique d'une pâleur admirable,
souriant de sa bouche grenadine.

PROJECTIONS

ou
APRÈS-MINUIT A GENÈVE

L Phares violent ë.e froides colères la salle hurlant
es
· pousse .
. mensément
contre la porte que Je
.
imL'arc hestre soufile sur les danseurs qui boulent,
• hés
_ par
mille serpentins.

L fi lle de ~on jardinier est deveç.ue putain, et sur sa
a face de vmgt
.
vieille
ans s'ac hè ve la noblesse de la vie
no~eu~~- , 1 raie· de côté discute, montrant avec ~erté les
au me a a
ElL
ue la cendre et nt au nez
agil_e~ rubis d~- sa langueElle ~::~ la fumée vers la bouche
mo1s1 du cocamomane.
.
• 'é ·
charme mécamque.
·
qm s tl:e en
b . p line me dit la fin puante de ses
L'eau 1aune que oit au
.
amours.
avec
Une paupière trop large et tro~ molle se1· relèvefixent
x de vase où glisse une imace
effort. Des yeu
d'
é La poche flétrie et transelffr~ra::~: l:npr~~:~n ;r:::tretombe sur les pommettes
uc1
h
1 fard
où deux larmes vont, séc ées par e
. d dents trop
Ce pauvre vieux torture sa canne entre es
régulières.

*
**

Transpirant et langourant avec conscience, le premier
violon me cligne uo. sourire complice.
Mais mon .préféré c'est Prospero, celui qui fait les bruits.
Il porte le costume de cow-boy que je lui ai payé.
Il tape sept coups nets sur une planchette. Je pense aux
noisettes que je mangeais avec Pauline. Elle avait douze
ans, deux tresses de miel, du soleil dans le grand chapeau
de paille et des cerises à.ses oreilles.
*

**
Prospero presse la trompe et relève sa mèche de blond
tuberculeux.
·
Le garçon me dit que Prospero est tendre avec les
hommes, mais c'est une calomnie. Prospero ne mange
pas de ce pain-là.
D'un œil sévère et satisfait, il suit sa petite femme qui
danse avec un Japonais.
·
*
**

L'isolé accompagne le violon à voix aiguë honteuse, pour
être de la commune joie.
Monsieur le Directeur du CABARIS avec son habit noir et
le crayon autocrate à l'oreille, passe, les mains derrière le
dos. Il s'incline rêveusement devant moi.
Député communiste, il se récite l'intetpellation de

samed1.
.
'
Le premier violon s'arrête devant ma table, finit mon
verre, s'excite et me chante fraternellement.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

PROJECTroNS OU APRÈS-MINUIT A GENÈVE

.,

417

cc Je lui dirai son fait, tout Altovsky qu'il est. S'il croit

*
**

qu'on peut faire quelque chose de propre avec trois millions
de marks par mois ; et au cours de trente-cinq centimes,
encdre 1 »
*

Des boxeurs poudrés montrent leurs jeunes dents à qui
veut en louer la coûteuse morsure.
Un mignon rit a,·ec sa sœur. Il a l'insolence de la
be·auté qui se sait convoit_ée. Il entrebâille sa chemise et
joue avec un collier grelottant d'émeraudes.
*

**

,·

* *

Ayant reconduit et remercié la femme de Monsieur le
Ministre des Revendications, le Camarade consulte ·la
montre qu'un fil d'or incruste au poignet. Il regagne la
table de Webbs, le Joint Manager de la Russo-AsIATIC CoRPO~TION. L'Américafo à trrple nuque mâstique· un cigare
étemt; et par politesse.,caresse Rachel tout en striant de bleu
des feuilles dactylographiées,
:,
_Al~_ovs~y explique avec cette féminité de l'homme'fort qui
sait s mclmer. Webbs le carru, crachant méthodiquement
un· jus noir, marque des croix sur uné carte de l'Oural.

".)

Les violons prostituent leurs ·supplications au claquement des petites verges, à l'enrouement du banjo qui s'ennuie et crachote des dents de nègr\':.
*

**

*
* *

Impassible le trombone gardien des. grâces d'ancien
régime regrette courbement ses valses sentimentales. Ayant
fini , il essuie la salive et croise ses mains courtes.
V

*

**

r

Prospero tressaute mille fois sur son siège· aux moments
de folie redoublée où l'enfer ouvre les portes. Les ressorts
cymbales le projettent diable anémiq~e hors du tabo~ret,
et il frappe en jaloux sur la grosse caisse des coups qui me
trouent le ventre et me donnent envie d'aboyer à mort,
babines retroussées.

Monsieur le Député compte avec sévérité les · raies du
parquet verglacé.
La serviette blanche sous le bras, il contemple le Camarade Secrétaire Altovsky, de la Section Propagande Ouest,
dansant en smoking exact avec la fille de Lord B.

,

Le Camarade va vers Knecht. Der grosse Josef, de
Nuremberg qui gagna des millions ·en 1915, avec ses boî- ,
tiers Joffre et Kitchener qu'on passait .en contrebande par la
Hollande.
.,
~
Dîssimulant la setingue dans la paume, Knecht se piqùe
à travers le pantalon.' .
·
Altovsky parle debout et "Vite :
_« Voici les instructions_reçues par sans-fil) il y a vingt
mmutes. Ils reprennent tOut le passif, sauf les traites de
complaisance bien1 entendu. Vous Leur envoyéz la moitié
du matériel franco Reval; et ce qui reste de votre boîte
marchera sous le contrôle de Leur délégué. Comme je vous
l'ai dit ce matin, Ils vous laissent jusqu'à minuit pour
accepter; sinon Ils s'adie5seront en Italie. Dino Varchielli
ne fera pas autant d'histoires que vous. Mettez-vous bien
dans la tête que l'affaire n'est pas très intéressante pour Eux.
Au revoir! »

�LA NOUVEi.LB REVUE FRANÇAISB

rp

PROJECTIONS OU APRÈS-MINUIT A GENÈVE

*

J

• •

L'isolé commande un deuxième sirop-. Qu'importe la
dépense.
« Ce soir, nous faisons la noce », se dit-il.
Quànd il dit nous, ça lui tient chaud ; il n'est plus
stul.
...!
** *
· Lè-.. président japonais ,de la- Confédération Européenne

danse hiératiquement avec la chérie de Prospero, laurée de
serpentins. Il évolue avec des précautions, collant s~igneusement SJl rotule puis son fémur ·acéré contre la ClllSSe .de
Théiou flattée. 1.
Il r~YI!, ·m.éprise; Et, profitant de ..sa chair ,facile, obser..ve
l'Europe qui mûrit.
*
* *
~.,:.fn":

;1~1·

....

.;'.s ..

. Cet~ Italien,ne trop J1ourrië tomne·~ers moi la honillé
bien., taill '1e se$.. yieuXi;;puis tire-un .vokt.;pudique. Excitée
par ces danses, elle fait la sentimentale avec son mari;- El~e
l'~e.JfüeJu.dne ,legms &lt;lo_ig~, ©uge ·Nelu .de bleu. Mais
elle a le sale désir poétique vers un aû.tre; rêveusement
vers tout ce qui est autre.. Je:·hais sur ses lèvres, ce sourire
errant cben;heur, ~~nelleme;i,nt·s.œut-Ann.e.:
: /
,., tes·seules sérieus~·sont lesJactives·&lt;:ourtisanes, ztzayàntes butineuses de mala.die e \i'or;ipann· les •fiel!I's des taha-:,
gies. 1v .; .
r. :..··

: )f • ... i:

f
-

'l
'

•

•

Prospero raronte .:
« J'ai assez connu son ami., en quatorze et quinze. On
l'appelait le Mousquetaire ; ou encore le Diable. On ne
l'aimait guère, ce Trotsky; paraît qµ'il hypnotisait. Il faut
vous dire qu'avant les jazz, je faisais les déménagements des
étudiants russes. C'était un bon client. Les étudiants russes
.:'est très changeant; par fierté, ils ont souvent des raisons
avec .Jeurs 1ogeuses. Si j'ai bonne mémoire, le dernier traY.ail que j'ai fait ·p ow l'asticot en question., c'était de la rue
des Pitons à :la rue de Carouge. Karoujka, comme il disait.
C'était au . 145. ~Il y eu aviit des rousski là-dedans! J'ai Sll
&lt;iepuis par W1 co.p~ d~ 1a Secrète. {qui est ami au patron
\'.OUS cotnprenez) &lt;}"Ue Lo:una, celui qui logeait Trotsky, est
ministre de l'instruction là:bas .. Le gros Louna, comme on
l'appelait ! Po.ur .de.J'.instt11cti0n ils en avaient ces gens !
Ça causait boche, Jr.~u~_çais des h.e_ures &lt;le file ep siffian-t -,:les
vcrœs de thé, qu'ils tenaient comme _ça, entre leurs
paumes. Je vous dirai que je-fa\Sais -des nçt,toyages des b,rjcoles chez eux. Pour en revenir à mon mouton, haha, il
avait une valise de carton avec un trou comme le bras. Un
bout de chemise pas propre en sortait ; ou bien des petits
.papiers -~crits ,en étra:I\gër ; OJ.! bien- ~~e pantoufle ! Vous
me croirez o.u,1non, ce citciyen-1-à me .do"t encore les trois
Iwics:s.ept;iote ·de l;i d,ernière ç,qurse, D~ quqi faire le re~yier
.d11,_n_s s.on, payJi ! ,» · ~ r ,.
"
r r. 1 ,
.
conclut Prospero, calant entre sês cuisses .le ,grand t:i,m:
bourin qu'il nomme Thézo~:

•

· La· porte va s ouvnr et Je verrai entrer à pas pre,ssés le
petit ventru, césar au~ .yeux chinois que l'orchestre
célèbre.
~ 1
..N 1 u/

r-

,.

- ~J

.l ••,

~Le -petit brun ,qu'on _ap?fll~ l'Algér,î.enne ~mponne ses
lèvres av~ ùn, {IlOuchoir brodé, Sa m~n fait ses cheveux
plus vaporeux. D'un doigt mignard, il gratte longuemeyt
un grain de poussière au bas du gilet.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

.

420

Son œil ·e n phare indifférent croise l'~il d~ :ieux fardé.
L' Algérienne sourit alors à son p~ttt m1~01r avec ~es
mystères ; renouvelle ses lèvres _de salive, ?ms les· ramene
en pùdique rond voilant un sounre très antique. . . .
•
L'Algérienne abaisse aux cils une mèche épaisse et dot
lourdement la paupière.

*
* *
Le banjo se lève. Il -prend un entonnoir et fait _un~ voix
de bœuf nostalgiquè. Pour• nous, chefs européens, . c est le
de la grande nouvt?Ue. Le-banjo a la tête Beatty
porteur
.
,.
. T'
fièrement en arrière tandis qu t1...m~g1t tppe:ary.
J e se à mes enthousiasmes défunts et a cette Corné.
e p ndu Mary Hall qui chantait' hampe
obscènement
d1enne
·
brandie les hymnes des patries.
· ·
, Com~e l'Europe était jeune et naïve et cro.)'."ante.
Cette nuit, l'Europe désabusée pleure, J pu_1s secoue s~s
ch eveux coupés • Et, découvrant ses nobles Jambes ama1gries, danse un furlèbte shi°:1tny.
'

,..,

Carmen camarde tend l'assiette où la serviette
ne
l b
. r
, Soyez-'gén'éreux, Monsieur e a:nqmer . »
rec èl e. &lt;&lt;
•
1 ·cette vo1u pté' aux pommettes hongroises- me• souht'd ar
gement. Cette langue qui pointe, ces yeu: qm r se n ent

U

I

,

'I,

me font peur.

•

.*
* *

•

•

421

*

* *
Une Argentine de treize ans suit sa maman, êuirassé
digne fendant la masse· de sa proue présomptueuse. La fillette, penchant la tête, continue la musique de sa voix
d'airelle. Ses jambes poétisées ·de soie esguissent le foxtrott.
La mère parle aYeç le vieux maquillé :
« C'est un bijou ; dactylographe de primier cartel. Elle a
de la virtuosité dans les doigts, comme dit son professeur,
un monsieur très sérieux. J'accepterais pour elle une place
con\'enable et sérieuse de petite secrétaire. »
*

* *
Derrière moi deux Allemands contemplent, mornes,
leurs escarpins torpédos. Ils parlent à voix basse, avec ce
défaut des riches qui appliquent la langue contre le~ incisives d'en haut.
Leurs mains se tordent au blanc lustré de la douce chemise.

Leurs jeunes mains se possèdent tragiquement, cherchant
en vain l'union complète. Silencieux et pleurants, ils se
baisent, joue violette contre joue glissante.
Ce sont des adieux, je suppose.
r_
Le plus grand porte le ruban des vertus militaires.
Héroïque et pure E~rope.

'u

1

*

* *

Le Japonais ferme les yeux. Il vérifie gravement,_ avec une
olitesse qui présage des pratiques raffi~ées et odieuses, la
P
d Thézou qui sourit avec touiours beaucoup de
croupe e
h · é·
d
.
Tout
en- dansant, il .tâte la poe e mt ncmre e son
é
po s1e.
veston.

PROJECTIONS OU APRÈS-~JNUIT A GENÈVE

•

J

La _femme du ministre a cette façon capitaliste de serrer

les lèvres ,et, ·les yeux perdus, d'ignorer le monde et sa
propre danse.
Mais j'ai le regret de constater, Madame, que votre danseur de quatorze ans rougit beaucoup trop. Profiteriezvous innocemment de son front, chère Madame ?

�L~ NOUVELLE REVUE FRANÇAlSB

PllOJECTIONS OU APRBS-MINUIT A GENÈVE

• ••
L'Isolé accompagne la musique en tapant sur la soucoupe.
Ainsi, il particip_e, i~ dan~rl
en fronçant les sourcils,
Après des hésitations 1 anœ, .
un serpentin qui retombe à se~ pieds.
l'envahit . il
Enfin il atteint Thézou. Mais une terreur
'
'
·gnorant
.
son
cœur
bat
trente
coups
baisse les yeux en 1
'
précipités.
•

••
'évente bruyamment avec la crécelle mégère
Prospero s
• l D · s
qu'il replace vite pour titiller aussitôt le mang e. es nre

de muqueuses folles accompagnent.

. .è
Manhattan
C'est mon deuxième Flips et mon tro1S1 me
•
Je fais l'homme ivre.
Le trombone dit sa vie ratée en quelques croupes graves
où \'Isolé reconnait ses malheurs.
• **

.
le spasme
une
L'orchestre stoppe, mterrompant
. comme
.
è
.
.
e
Thézou
me
dit
:
«
Je
suis
tou1ours
tr
s
amante capnc1eus •
heureuse de danser avec vous ! »
.
1.
Elle prononce tiàujours avec des alanguissements :rng ais

qui augmentent sa valeur d'achat. .

elle mord à
Elle court vers Prospero que, Jalouse,
l'oreille avec des rires désireux.
« Fous-nous la paix, faiseuse. ».
.
s Miguel
Et Prospero se retourne en mâle séneux vd~ ù 'est
•
ui continue: « M01,. ;,&gt; aime
m1·eux les same 1S
. o .c
~on tour de faire tourner les grosses. ça me fait tou1ours
dix francs de supplément. &gt;&gt;

L'orchestre a repris ses hystéries européennes.
Grelots des traîneaux qui vont à la noce, claksons des
Rolls-Royce de ma maîtresse, cloches des vaches léchant
leur veau à large conp de truelle, tambours des guerres
zambéziennes, marteaux et scies des usines militaires pleurant dans les rues nocturnes crevées de fournaises et de

sangs.

Les flancs de Pauline ondoient, ignorant le toucher avide
masculin.

."'.

Obscurité. Un rossignol violone dans Je silence.
Mais des yeux de ciel s'entr'ouvrent; et les couples, que
la pénombre emplit de sentiments distingués, repartent
lentement sur les belles bleues rivières du rêve.
Un pied touche mon épaule.
• C'est on nouveau truc au patron, souffie Prospero,
c'est ça qui achalandera la fabrique I Avec ces ampoules
bleues, ils peuvent manigancer ce qu'ils veulent pendant
cinq minutes. Pas de danger qu'on les voie l »

Tonnerre de Jéhovah tout à coup à l'orchestre. Cèdres
fracassés monts fendus nations dispersées danses folles sur
les décombres.
Les croupes hoquettent et se heurtent.
Et 300 projecteurs brusquent leur offensive crépitante.
Ces cyclopes ont des yeux méchants. Ces stries de sel
lumineux ces poudres diamantées se livrent des combats
polaires et se fendent droitement. Il n'y a plus de douces
ombres, d'ovales bontés. Ah les langueurs dans les heures
profondes, et la mousseépaisse des sou~bois.

�424

PROJECTIONS OU APRÈS-MINUIT A GENÈVE

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Je suis orphelin dans un monde inhumain tr&lt;?P éclairé.
Les phares lancent 3.ooo trains contradictoires gauchissant leurs glaces enflammées vers les grands miroirs des
murs les cristaux des loges et du dôme qui réexpédient ces
illuminantes fureurs sur cle rapides rails givrés
miaulent
.3 0.000 express inversés porteur~ télégraphiques d~ ~~nnelures ivres. Derrière les vitres füessées, .des syph1httques
retombées en enfance partagent gentiment le goûter de
quatre heures. Conouits par des mécanicie_ns :idéalis:es, ces
rapides font les signes des méchantes soCiétés. Mais, perçantes stalactites volantes, des sous 0 marins éclairés en
rasoir s'élancent de l'orchestre vers mon septième \fette •qui
se carre. [es trains emportent leurs cargaisons de condam~
nées, faisant place aux évidences crissantes de ces bistou~is
bleutés qui filent blanchement leur arête, avec .des glapissements citronnés vers mon œil droit qu'ils convoitaient,
les salauds !
*
* *

_

« Ah, si ce n~~tait _Pas ~our lui et pour ses frères, il y a
longtemp~ que J aurais quitté cet établissement I Je suis
pour la vie convenable, voyez-vous. »

où

·Rasséréné par un café bien chaud, je pleure sur le sort

d.u troisième violon.
l.éon porte les vieilles guêtres du .premier violon.
Comme ses manchettes sont noires ! Je pense aux hôtels à
deux francs, aux salles d'attente mouillées, et àux chaussettes
que Léon lave lui-même le soir dans la cuvette. Il lie conversation avec l'Isolé et parle de ses gosses. Léon est de ces
ingénus qui ne savent -pas les-.trucs pour :éviter les enfants.
11 dit :
cc , Mais mon cadet est encore plus étonnant,. il vous. fait
de ces problèmes d'arithmétique ! Ses. professeurs en sont
stupéfaits. Et notez qu'il·n'a que huit ans! Ce sera quelqu'un, évidemment.
·.
'
« Il ira sans do.ute à l'Ecole Polytechnique plus tard. On
m'a beaucoup recommandé aussi l'Ecole Centrale. Qu'en
pensez-vous ? Enfin, c'est lui qui·.,,choîsira. Et il sait ce
qu'il veut, je vous -prie -de. le croire 1
., ,

42 5

*
* *
L'isolé dit :
« Moi, j'a~me v~nir ici ; c'est une sorte de distraction. Je
r~arde la v1~ qu1 danse. Et comme j'ai , payé ma place, ]a
vie ne 1_ne brusque pas. J'aime encore mieux ça que de
rôder autour des kiosques à journaux à la recherche de
quelqu-'~n avec q~i cau~er p_oli~que~ La poI-itique me plaît
assez. C est de la vie,, mats lomtame et qui se· donne à tous
dans les j~urnaux, même aux hommes un peu solitûres
comme 0101.
&lt;c

_Il est vr~i qu'ici les garçons ne m'aiment guère ; parce

1!1:

que Je
la~sse mal servir et que je leur parle avec polit:s~e. J ai bien _essayé, une fois ou deux, de les interpeller
v1~ilement. Mais ça ne prend pas. Vous ,comprenez, ils
voient mon genre. Et tout ce que j'en.ai retiré c'est leur
haine et leur ironie. C'est ainsi ; c'est une fatalit/ Un autre
leur parlerait catégoriquement, ça ne leur ferait rien . au
contraire, ils l'aimeraient.
'
« Qu'importe, je me venge, Monsieur ! Je me crée un
petit ~onde bien à moi, où mes persécuteurs passent de
mauvais quarts d'heure ! C'est de la philosophie. De la
méta~hysique, pour être plus exact. Ou plutôt une sotte
de relig10rr. Tout cela est assez compliqué ; et je ne peux
pas, en quelques minutes, vous exposer mon système.
« Du reste je reconnais que ces garçons ont raison à un
certain point de vue. Ils n'aiment pas servir un b~mme
pauvre, un égal eQ somme. Oui, c'est ça. Oui. Parfaite-

mmt

.

cc Excusez-moi, je n'y étais plus. Je vis dans le tremblement dè _me tromper., de penser mal. Des sctupules intellectuels, en quelque sorte.
• ri

�426

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSB

« Françoîs par exemple a l'habitude de tne dire : Ah non

pardon, baron, cette plllce est prise !
&lt;&lt; C'est curieux, je me répète ces insolences avec un certain plaisir.
&lt;&lt; Oui, je sais. Je sais qu'il suffirait de regarder le garço~
d'une certaine façon. Je sais que c'est facile. Après tout 11
s'agit de lancer un simple coup d'œi_l, .de ~ire, quelques
mots. Mais il y a quelque chose en m01 qui m en, empêche. Alors, la mort dans le cœur, je fais mon. petit sounre.
Ou bien, dans mes moments-de courage, je dis quelque
pau1&lt;revirilité ~ Toujours-plaisant, Monsieur François !
« Oui, ce sourire c'est ma lèpre. Dès qu'on me regard~
en face mon cœur bat vite et 'je souris je souris, pour
m'excuser, pour plaire, pom qu'on ne me renvoie pas;.
pour qu'on m'aime. »
*

* *
Léon soupire ; puis sourit à l'avenir. Ses doigts gercés
accordent l'instrmnent.
Servilement, il sollicite à minuscules coups ede premier
violon ampiµïe avec superbe.

*
* *
Le premier violon a. des coups de tête vainqueurs aux
moments martiaux où il relève sa mèche. Puis il s'essuie
ave.c: un mouchoir de soie,_ cadeau de la courtière en.
diamants Madame Joseph.

Un chambellan du tsar s'appuie à mon épaule.
« En vérité, i'habite le même · hôtel que vous. Mais
moi, ha ha, je lave la vaisselle t Qµ'importe, 'Puisque mon
cœur est pur, cher.
. ,
,

PROJECTIONS OU APRÈS-MINUIT A GENÈVE

427
Ne salissez pas mon smoking, c'est tout ce qui me
reste de là-bas.
« Ici, la noce c'est triste, triste.
« Chez nous c'était poétique, frère.
« Quelquef?is, nol!s mettions uri pèu le feu au cabaret:
Alors, nous fourrions mille ·roubles entre les dents du
vieux et nous le jetions dans la Néva pour qu'il ne brûle
pas tout à fait ; le cocher plaçait la boutefüe au chaud contre son ventr~, se signait, fouettait ; et nous glissions,
hourra, sur la sainte neige russe !
« Nous usions des belles filles sous les fourrures du
traîneau. Puis nous les jetions nues sur la neige pucelle.
Ach, ce whisky, frère, c'est de la vodka sans cœur ! »
Il chantonne : Vodka vodka, ma vodka.
&lt;&lt; Vodka cela veut dire petite eau. Tu comprends, ami,
de l'eau mignonne, innocente. C'est urr mot qu'ont inventé
nos admirables paysans, je pense. Une manière d'excuse
pour Macha qui vous reçoit mal au retour du marché. »
«

*

* *
J'explique à mon nouvel ami :
« Né d'un Espagnol et d'une Anglaise, j'ai Fâme foncièrement russe. Je voudrais vivre avec des forçats. Assis
sur un poêle de porcelaine, je leur lirais le livre de bonté
et de renonçement. Ensuite, je me tairais inexprimablement
et raccommoderais leurs vestes. »
Tendre et sanguinaire, je tonitrue l'Internationale.
Mon nez mon cher nez mon pauvre nez se lamente au
fond du verre où se reconstituent quelques topazes de
Fockink.
*
* *

L'orchestre entreprend Cest une gamine charmante. On
attend la belle Thézou. Les cœurs battent religieusement.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

PROJECTIONS OU APRES-MINUIT A GENÈVE

429

Elle a profité de 1'.isolement pour lire le billet tendre
d'Altovsky, le bolchévik aux frisons bleus.

*
* *
Thézou bédouine danse. Reine impassible, ellellsouri_t au
.
hare dardé. Elle pro1ette
son _ven t re nu qu'e e . re1ette
'
~nsuite p~ur faire des !onds irrités avec sa croupe qui s exa~
ère de plus en plus.
· ·
1
p Abandonnant 1es nu ages qui embrument . es sems.,
déchirant les frises d'or incrustées aux hanches qui tanguent,
Thézou s'éperd, bouche ravie. .
et de faux
Elle s'échevelle, et sa gorge rmsselle de sue~r
diamants.
h
Elle s'évertue jambes vo lant V irement, et ses c eveux
-filent sous le vent.
Exténuée elle ouvre les bras, et son menton approuve
furieusement le rayon qui la perce.

*

* *

Altovsky tapote l'épaule du chambellan :
« La place vous plaît-elle, cher comte ? Je suis vraiment
content d'avoir pu vous rendre œ petit service. Le gérant
m'a promis pour vous le premier :poste vacant de portier.
Le métier de plongeur n'est pas fait ·pour un homme &amp;
votre mérite. Cher a,mï.
&lt;&lt; Comme j'étais huqible le 3 février 1913, à cinq heures
de l'après-midi ! Vous souvenez-vous, Excellence? Mais ne
vous défendez pas, j'aime tellement penser à ces choses
maintenant ! En somme, ça n'a aucune importance. Vous
n'avez pas voulu vous servir de moi. Je me suis servi tout
seul. Je me suis assez bien servi, Dieu merci ! &gt;&gt;

Pauline q_ui a vaincu sa honte me dit : « Bonsoir, Monsieur. Comment va Monsieur? i&gt;
•
ets
Nous nous rejoindrons à la sortie. Je me prdom
d'étranges joies avec Pau rme. J e 1ui demande de ,gar
k er ce
Elle
n'aura
qu'à
mettre
son
astra
an par
d
d
costume an y.
.
.
.
dessus.
·
, · ·
Madémoi« Je tiens autant à la fourrure- qµ au-veston,
selle ! »
é · d' Uer à la
Elle me refusait un baiser lorsque, press e a 1
.
messe, elle .m'apportait fraîchette et bien vêtue es trois
serviettes du dimanche.
.
J'emmènerai Thézou aussi.

-,

-.,

,

*

* *
La femme du ministre sort, ongle rose poétiquemen:
dressé, des water-closets, évacuée rougie et poudrée .a~
neuf.

Les gens raisonnables pârtent; l'orchestre se Jasse. Léon
ouvre un portefeuille verdi par les sueurs. L'ongle s'efforce
sur les bords co1lés. Léon regarde ses trésors. Il contemplele témoignage dè satisfaction que les autorités scolaires.
(comme il dit) ont accordé à son aîné. Il bâille, se frotte les.
mains et calcule les crevasses des bottines.
*

L'isolé dit :

* *

« Vous vous ennuyez, n'est-ce pas Monsieur? Voulezvous que nous sortions ensemble, tout à l'heure ? On va
bientôt fermer: je pense. Je vous remercie infiniment. Vous.
aurez peut-être la bonté de me parler de vos enfants. Nous
ferons la route ensemble, puisque vous habitez du même
côté que moi. Je vous accompagnerai jusqu'à la porte de
votre maison. C'est si triste, les retours du soir. Il n'y a

�430

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

-personne, personne. Rien que le bruit de mes pas dans la
rue _élargie.
« Quelquefois je marche derrière un chat, le long des
rigoles. Ainsi, je ne suis pas tout à fait seul. Mon malheur
n'ose plus me regarder.
« Et, vous ne me croirez pas, si le chat file vite, ça me
fait p1aisir. Je me dis: Voilà un petit monsieur qui a peur
de nous!
a Vous comprenez, c'est tout de même quelqu'un qui
fait attention à moi ; un être pour qui j'existe.
« Je vous raconterai un peu ma vie, vou1ez-vous, Monsieur ? Je tâcherai de vous dire la vérité. j'ai le défaut de
mentir. C'est pour plaire, vous comprenez.
« Oh je me connais bien, allez ! Je rumine mon cas
toute la journée. Parfois je t11'apei:çois que je le rumine à
haute voix, parce que les gens sourient. En somme, je crois
que ce qui me caractérise, c'est le manque de ruse. D'une
certaine ruse instinctive qu'ont tous les hommes, même les
plus honnêtes. C'est peut-être parce que je n'ai pas fréquenté la société, les femmes. Tout a été solitaire dans ma
vie, douleur et plaisir.
« Mais je vous ennuie. Vous comprenez, parfois j'.ci des
envies terribles de parler de parler. Je suis si -privé. En rentrant chez moi le soiT, je me raconte.des histoires pour:o'.être
pa.S- reul avec mon malheur. Je me dis: Voilà mon vieux1ce
serait un pays inconnu; tu arriverais et on te ferait roi. T11
épouserais une jolie jeune fille. Tu inYiterais des gens chez
toi ; ils viendraient, ils causeraient pour de bon avec toi.
&lt;&lt; On dit tant de sottises, n'est-ce pas, quand on est wu;ours seul ; quand on ne C01,1nait personne, personner
« Vous moqueriez...vous de moi si je ons disais qu'une
fois je me suis envoyé:moi-même une lettre d'amour ?
« Mon courrier consiste ~n catalognes. Dui, et parfois
m!me très luxueux. Des -prix-eourants de parfumerie,
est-ce que je sais. Les- en~ q.ui me les envoient doivent
croire que je suis un grand personn~e. t

PROJECTIONS 00 APRÈS-MINUIT A GENÈ

H
VE
431
" é hé, grand personnage
· · •.
plus qu'on ne croit ~ Q . '. qw sait s1 Je ne le suis pas
· ut sait. Je ne
plus. Peut-être un jour consentirai . . veux. pas en dire
des humains, et à Me révéler
-Je _a .dessiller les yeux
encore; l'heure n'a pas so é
_Mats Je ne puis le faire
« Evidemment i·e d1·s ndn . L} ! a1 tant d'ennemis !
.
,
es vcttses J · b'
pour rue, vous comprenez Vo
,·Il e sais ien. C'était
.
· us n a ez pas
·
.
pense vraiment ces cho
N
,
croire que Je
beaucoup, Monsieur Mses .. on, n est-ce pas ? Dites ? Merci
.
• erc1. »

e;fi~.

• ••
Un couple danse encore
Attentif à la pointe de se~ soulrers !
des épaulement6.
' e Serbe tourne avec

It ne tient pas la main de la f◄
l:Otnme s'il disait élégam
. ~~me. Il a le bras écané,
ment . VOICI
De sa
· où circule un tatoua
·
matn,
. . .
trembler la grasse raille de ' . . ge -patriotique, il fait
Mad
.a 00\Uttère en di
ame Joseph touche d'u
.
amants.
du cavalier.
n seul mdex délicat l'épaule
J •

i.l

Rachel et Thézou fi .
le cham
.J
maqu1·11é. Leurs prestes mssent
.
pagne -uu ieux
me
mams, leurs lèvres
.
uvent excessivement.
assassmes se
« C'est un Viennoîs mais as ·.
chez moi, on s'amuser~ ! e v p yite. Il ?1'a dit : Venez
de colliers de ch1'en s· J ê ous montrerai ma collection
• 11 vous t~ g
repentirez pas.
entt•n e, vous ne Y0us en

J

« Tu parles si je l'ai envo é d'
Elles goôtent ~vec d
mguer, le monsieur l »
mélange spécial .
. es
aroucbements les restes du
a·
b
· p01vrons hachés ,·au
d•
igre, outargue et bénéd' .
'
nes -œufs, crème
« Q
1et10e.
oelle horreur r Faut u'îl .
quées, ce vieux cadav. r q t aimè tes combines complire. »

�PROJECTIONS OU APRÈS-Ml. UIT A GENÈVE

LA. NOUVELLE REVUE FRA.NÇA[SE

432
f.J

n

, Ta bôuc~e est admirablement blessée, Racb~l, ô_ jacas"t Tu es belle fleur sanguine, rose désireuse,
santc u lam1 e.
,
ah mille lèvres ouvertes.

s

Une ·1eune Victoire en peplum transparent s'assd_i~d _à lat
.
• b
ues que 1v101sen
table voisine. Elle cr01se ses 1am es n
d . te
des sandales d'argent tressé. Sa main baguée de cè re aius
les cheveux rouges coupés court.
Le Député me dit à voix basse :
.
"
C' t la Brahmina Apollonia Grete Damlowa, ~x~ es du Feu Une femme très bien. Députée soaalpretresse
.
.
.r
. . . de Constance Privat-docent de sciences re 1ma1onta1re
·
·
·
d Pl ·
. . Directrice de l'Institut Psychanalytique e astique
g1euses.
E b'
d~autres choses encore !
Eurythmique à Lucerne. , t ie~
. .
. . l'ai vue
C' t la première fois quelle vient 1c1, ma1~ Je
D
es
é . . ons de la vieille lnternauonale. ans
souvent aux r u?1
.
c la Kollontaï. Elle a fait un
le temps elle était très liée ave
l délégué
buste de' Renaudet tout à fait épatant. Excusez, e
·
' pelle »
syr~:nr:i:~ pa;le à so,n compagnon avec un accent tantôt
roumain tantôt anglais.
,.
&lt;( Ce lieu me déplaît et m intéresse. »
Elle dit au garçon:
.
ée
c&lt; Apportez-moi, Monsieur, un~ bo1sso~ noln f~nnen;~
d
ez un citron. Un sirop e citron
Ou plutôt non, onn . x as d'assiette. Je déteste ces
jaune sans tache. Je ne ve: P fi •ue de ce palmier et
coupes fabriquées I Arrac ez une em
me l'apportez en_guise de plat.))
Elle se retourne.
J
1
c&lt; Vous visiterez mon Institut, cher professeur. e veu
.
l d ...,;s 1·e dire Vous y trouverez un accue1
Mon temp e, ev ..... .

·Ï

433

fraternel. Suivie du groupe Jean-Christophe, je viendrai à
l'entrée du parc vous dire la bienvenue. Ce sera très. émouvant. Ce sera beau. Vêtues de cache-sexe tissés par ellesmêmes, Annie de Weckenried, Sarah de Portalis et Myriam
Vigeborg danseront pour vous des chorals de Bach et de
Waï-Haï-Fou.
« Oui, il n'y a dans mon école que des jeunes filles de la
bonne société. De v.raies Eu.rythmiciennes. Je dois l'avouer,
elles seules ont un sens moral assez affiné, une vie intérieure assez intense, une (comment dites-vous) ,veltanschauung assez spiritualiste pour pouvoir montrer à un
homme, dans un esprit de parfaite pureté, sans émoi
sensuel, aœc une joie esthétique et quelque peu surhumaine, leurs seins muscats leurs jambes ioniennes leurs
ventres leurs bas-ventres leurs reins leurs croupes. Leurs
croupes, •ah leurs solides et chastes croupes germaniques! &gt;&gt;
Elle mord à même le citron. Ses belles dents écrasent
zeste et chair avec une énergie impressionnante.
« Le banquet d'initiation aura lieu dans la prairie, face au
Righi. Nos dents arracheront à l'arbre même, joyeusement,
figues noix poires pommes. Et si vous en êtes digne,
nous vous offrirons les nourritures sacrées : herbe écorce
et mousse.
« Un désir de franchise et de beauté nous violera soudain, abîmées dans la Divinité Illimitée ! Pures enfin, nous
arracherons la triangulaire soie. Vêtues de nos seuls cils
baissés, chantant sur le mode dorique, nous vous dénuderons,
cher Recteur. Nul vêtement alors ne souillera la noble fête 1
Arrivées au plus haut de notre joie, nous la dirons par des
bégaiements passionnés et par des cris; non par le langage
aniculé, produit vicieux de la vie en société.
&lt;&lt; Ah, nos corps seront nus nus nus comme de jeunes
arbres candides! Sans hypocrites oripeaux, artistes et demidéesses, nous danserons d'ascétiques bacchanales. Nos corps
libres et vrais, formes enfin sans mensonge de notre âme,
nos corps diront les plaisirs éternels et les douleurs. Et
28

�LA NOUVELLE REYOE FllA).Ç,l.lSE
434
nues nu s nues, de oos grand:; yeux honnêtes nous regarderons le père soleîl en face !
« Ocb, dans un endroit impur ne parlons pas de choses
etisentielle.s et rédemptrices. fai hâte, ,·éritablement, de
quitter ces lieux civilisés. »
Elle observe Uon. Et sa face d'ivoire se creuse de

fureurs.
« Ce petit homme vêtu a des postures particulièrem~nt
humbles et laides, Je méprise. Je déteste. Ah combien
j'aime Sahib, mon étalon noir de Kattiawar ! »
D'une main royale elle écarte le péplum . Elle desserre le
bracelet dt! cuir qui fut contre la cuisse un Waterman
d'ivoire. Sondaot les danseurs de ses paupières rapprochées,
elle sabre des esquisses cubistes.
Elle sort et sa ruarche la révèle déesse.
Je crois que je suis amouœuJC de cette femme. Je ~leure
sur mon cœur mon p.auvre cœur, mon cœur trop intelligent.

PROJECTIONS 00 APRÈ~MINOlT A GENÈVE

4 3)

- Raconte encore &lt;:hérie, soupire Thézou aux yeux
palmés lâchement de bleu.
- Oui, mon père me disait qu'à ce temps, il n'y avait
pas d'Anglais, de Boches et toute la boîte. Il y avait nous
qu'on causait tous comme à 1a synagogue, et puis nn tas
de pays qui sont morts.
Mon pauvre papa m'a dit avant de passer : « Que tu
vives, ma Rachel, que tu aies un bon mari, et que tu voies
notre prince ! »
Tu comprends, c'est un chef des temps anciens qui censément reviendrait. Alors il n'y aurait soi-disant plus
d'embêtements, de police, de maladies. Tout le monde
serait content, bon., gentil quoi. On chanterait dans les
jardms, il y aurait .des fteurs qui remueraient et des enfants
qui riraient.
- Des petits enfants ? Dis-moi encore, Rachel, .dis~moi,
répètent les jeunes lèvres fanées.

• ••

Rachel croise les jambes et conte à Thézou que ride la
Bétr.issure israélite :
_ Bien sûr, chérie, le fils à David c'était Salomon . Il y
avait un vrai pays juif dans ce temps, tu sais. Maman me
racontait que le roi Salomon ava~t un palais rien de pl~s
beau ; les portes étaient en or, dta~ants et t~ut. On é~t
un graod pays. Chaque jour, les prmces venaient des iles
et des endroits du monde; ils apportaient des cadeaux, des
parfums pour le roi et pour les reines. Ils arrivaient sur des
bêtes de ce temps-là, des chameaux, des éléphants et toutes
sortes · comme au cinéma, tu sais bien.
Et y avait des types à la hauteur,. ils étaie_nt tellement
pour la justice que1out le mon?e avait pe~r, Je ne bl~gue
pis, tu sais. Jérémie, Moïse qu'ils s'a~pel:uent. Ils parl:uent
et tous obéissaient, même le6 petites noceuses comme
nous!

Prospero s' extébùe sur la grosse caisse et s'essuie avec un
mouchoir rougi de sang. Le trombone volute tristement
des airs de ménageries..
Je prophétise. L'Europe crève, cher Ivan.
J'ai envie de prendre la Bible de mes pères et d'écraser ces impurs. Je serai le gueuleur que Dieu saisit aux
épaules. Mes lèvres abruties hurleront carnages et abattoirs.
Ridicule, je courrai sur les places et je lancerai les torches
sur les têtes des riches.

il

Par mesure d'économie, · fonsieur Je Directeur a éteint
cent phares. Je les ai cotnptés.
Un camion roule dans la rue.
Est-ce un tank, grouillant de Moscovites et de poux?

�.
délices des cœurs

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.- Terrains dévastés, ombres désolées,
saignant d'amour .

Mais non, c'est un chœur devant la porte d'entrée :
Soldat! quand ton âme ést lassée,
Quitte fauteuils et canapés!
Prends le journal de ton Armée,
Et va visiter les cafés!
Les cafés ! Les cafés !
Les cafés!
Une salutiste, la corbeille romantique sur ses cheveux
suédois, ,me regarde avec une spiritualité qui me gêne.
Elle me tend le Cri de Guerre et s'éloigne avec un sourire
meurtri.
Ah , mon bonheur fuit. Je. crie.: Ma sœur,
ma sœur !
.
Elle revient, indifférente aux moqueries.
Comme nous serions heureux, entourés de nos babys
dans un cottage Herré, parfumé d'ordre et de sainte obéissance. Et moi, en somme, je. pourrais devenir colonel
ou général de l' Armée du S&lt;\lut, . .
, .
cc C'était seulement pour vous dne: ma sœur I Jaime
être votre cher frère. C'est beau,, vous avez des yeux sans
mensonge. »
Avec elle, les jours auraien1 tQujoui:s l_a douceur de la
minute où l'aimée ouvre la portière et saute.
,, Oh non, je ne suis pas sauvé! Je suis un capitaliste
de bonne volonté; la pire espèce, ma sœur. Mais vous ne
pouvez pas me comprendre, pauvre petite:
cc Non, je n'aime pas que vous prononciez ce Nom dans
ce lieu.»
Elle me dit qu'il_est mort pour moi, pour moi spécialement. Et qu'Il m'appel~e Lµi-même, ce soir même; elle
me pointe de son doigt. L'ongle est chastement coupé,
propre et terne. Je pleure.

PROJECTIONS OU APRÈS-MINUIT A GENÈVE

437
cc Oui, je me laverai dans le sang de !'Agneau ! Oui,
entourez-moi de vos bras innocents ! Vous croyez vraiment
que les anges chanteront en voyant mon repentir, dis-je en
me mouchant. Vous ne croyez pas qu'ils se foutent de moi,
ies anges ? Ils sont beaux n'est-ce pas, les anges? Dites, ils
ont des ailes couleur d'anisette mélangée d'eau, les anges,
dites, ma sœur ? &gt;&gt;
Le patron pousse ma sœur avec politesse. Et moi je laisse
faire avec une sombre joie. Pourtant elle est bien gentille.
Enfin, assez 1
_
Je me susurre sur l'air du banjo le cantique perdu _de
,mon enfance. Ruth Bonnard, la gouvernante lausannoise,
me le faisait chanter le soir en cachette. Pénombre sous
l'œil de la veilleuse en porcelaine, ah douceur chrétienne.

Oh! que ta main paternelle
Me bénisse à mon coucher,
Et que ce soit ·sous ton aile
_ Que je- dorme, ô bon Berg.er !
*

* *
Ma tête s'abaisse en -stupéfactions cotonneuses .. Paix donc
aux hommes de bonne volonté.
L'orchestre reprend le collier, et avec des rages de Zoulou
brusque la Madelon.
Me reniant, j'acquiesce à la beauté rustaude. Je serre la
main au trombone et je barris un discours :
« Vive la Pologne·! Vive le Pape ! A bas les Juifs ! »

J

** *

, La musique s'emballe et je suis toujours plus un messie.
L'œil du Japonais çircule, lent mercure, sur ma face
dégénérée.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

J..

PROJECTIONS OU APRES-MINUIT A GENÈVE

*

JÎ.

*
* *

439

* *

-t.;re, Altovsky se confie ètrange~,..
e nt à Thézou de M~i,
r. J
lange:
« J'ai faim de tout, ma Rébecca. f ai des âésirs cfe gares voc~férantes, de sifflements, de préparatifs, de contr~~ordres: iai
d'esdésirs de pourboires lancés q~i stupé.fiént, de wagonsrestaurants filant cinématographîque'm ent toutes . n_a pp~
~clatantes fleurs ·numinées dos noirs courbés. fai des
désirs de femmes qui se donnent dans les sleepings, de
't:î~t'res Hongroises q~i e n~r'ouvrent léur porte à minuit da'ns
1~s ?rinds h6tels. Et d~ns le -noir qui soupire on voit ùne
1
·s~î:e i-16uge, Rél:i~cca.
·
'
(&lt; Ah mais je veux aussi hurler; élevé au-dessus des moutonnements, et les ouvdeTS me,;suivent, et les flammes
caressent les églises, les palaces, les casernes et les mauvais
lieux I Et la balle de cette mitraîlleuse q_ue les policiers de
l'ancien régime ont hissée sur le toit de l'hôtel m'abattra,
bouche écumeuse et bras en croix. Et ma belle foule qui
gueule et pleure aura un jeune dieu aux cheveux noirs! &gt;&gt;
12hétzou aux antiques yeux qQ.i savent, sentencie:
&lt;( Mon Jacob, à quoi bon tout ça? Cest pas pruJent, tu
J

sais. ))

Trois heures du matin. Les foues ·se cendrent les scléro.
' .
'
uques s assaisonnent de paprika. La salle amplifie les
bâillements de l'orchestre.
P~uline, tu ét~is pure et je eaimais. Nous nagions dans
le fom, nous luttions; et les parois de la grange répétaient
notre bonheur qui chantait.
*

·* *
Pauli~e dévêtue, les flancs espacés, arrête une maille près
de la. cmsse mousseuse. Elle tient l'aiguille en ménagère;
ses cils se rapprochent, ,et ses narines s'écartent sincèrement.
« Quelle sale engeance, çes bas de soie l »

*

* "'

. Mon. corps est de rnastié ; n1es bras faciles, expliquen"
impréc1sément avec des rondeurs. J'e~hone à l'honnêteté
le Député qui s'est assis près de moi. Il est à l'infini. Seuls
mes bras agiles et très ~uissaots peuvent l'atteindre pour
l'étreinte universelle.
au

1 )

li

Je îne regarde •avec affection.Jans la grande ;glace, affalé
tel un vicomte de Monsieur Charles Mérouvel.
Ma voix s'embrume avec Jout à coup des acuités puis de
veloutées indulgences grand-ducales pour le garçon que je
.réclame, paumes comr.ptaisamment~battantes. •-· !'.liw•r1 •'
.•, Je souris en surhomme.et,pétit ina1i:.re ·,n'l pattonJ&lt;fuirme
refuse un dernier Claymore.
.
1•
J.).~

;.

.

.

_Je vais partir, Messieurs de l'Qrchestre !
Je Jnar{he droit, mais ie ne peux m'empêcher de constater la perfidie de ces tapis. Je suspecte lems remous de
serpents. Je n'aime pas qu'on me persécute petitement. ' ·
Ces murs s'évanouissent, pauvres ivrognes .
Les tables et les chaises m'élisent dieu centre ; elles carrouselleot autour de moi. en douceur:
Mais eette ronde prend une vitesse menaçante. Il n'y a
plus de chaises, il n'y a plus de tables. Il n'y a que des
J~

J

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇA[SE

stries courbes et grises qui filent infiniment, vertigineusement immobiles.
La porte ne veut pas venir. Je lui fais de l'œil et de
l'épaule.
Les parois tout à l'heure affaissées s'allongent, guimauves ramollies, et fuient vers l'horizon.
*

* *
Au vestiair~, le métropolite dëmande son pardessus. Il a
gardé le grand feutre pour dissimuler son chignon.
*

t'

* *
Je m'appuie sur le chasseur :
cc Ne riez pas si je ferme les yeux de temps en temps,
c'est pour me concentrer. Je suis profondément sérieux,
ou plutôt je suis digne. Et chag:iné par ~?t.re con~uite. Je
suis lucide, et malgré les mauvais alcools Ja1 su voir beaucoup de choses cette nuit. Vous méconnaisse~ m,a v_~leur,
mon ·cher Paul. Je scrute votre âme, assez ms1gmfiante
d'ailleurs. Je sais que vous attendéz un pourboire. C'e~t
pourquoi vous caèhez un sourire dans vos. y~ux. Ma~s
sachez qu'en ce momen~ précis, dans ce~te po:tnne qu; J_e
ne crains pas de frapper avec une certaine ·v1g11eur, s agitent de généreuses passions ! Ne vous retirez pas, mon
jeune ami, lorsque je condescends à taper a~icale1:1e_nt
mais dignement votre épaule. De nobles pass_1ons, _dis-Je,
et des résolutions que je ne tien_drai pas, car Je sms une
canaille, mon cher Jean. Je le disais, il y a quelques ihsta:1ts,
à une adorable créature. i)
"
*

* *

l!i

J'ai de l'émotion à marcheLsi droit .. Je désire que les.
nations reconnaissent. la beauté de ~ce~ effort.
· '·

PROJECTIONS OU APRÈS-MINUIT A GENEVE

44 1

*

* *
Lippe basse, je m'enfonce dans l'auto.
Pourquoi l'obéissance de ces gens ?
Pourquoi ce chauffeur courut-il vers la manivelle avec
une célérité affectueuse et courbée ?
Pourquoi, ouvrant une bouche charmée d'avance, attendit-il l'adresse de mon hôtel ?
Pourquoi, lorsque je répondis: Beau Rivage, m'approuvat-il comme pour s'exéuser d'avoir demandé; d'avoir supposé
une résidence moins luxueuse.
*

* *
L'auto m'enlève sur ses seins bleus et s'essouffie en pulsations feutrées. Ses pneus flatt~urs m'évitent toute peine
et me font faire la dodelinante prière.
Prévenante automobile, tu obéis à ceux qui ont des images dans les portefeuilles de cuisse grise.
J'ai beaucoup de · ces images. Mon grand-père savait
acheter la vie et la joie de beaucoup d'hommes pour quatre
francs par jour.
En face les rives de Savoie clignotent. Voici l'hôtel.

*

* *

Je voudrais m'agenouiller et baiser le portier qui vient à
pas endormis.
C'est un de ceux qui vendent leur vie pour quatre
francs.
Les yeux presque fermés, ivre de fatigue et non d'Old
Scotch, le saint homme cesse ses reniflements pour s'incliner devant moi :
..,

�44-2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

*

* *
Sa tête honnête, baissée depuis cinquante ans, m'indique l'ascenseur où je pénètre avec ,ma hqnte.
Il s'accroche aux cÜivres des deux portes pour un peu de
sommeil encore, le temps que durera la montée huilée du
coffre de cristal enflammé.
Premier étage. Le salon est noir où Je vis, en descendant, danser sous des lumières tamisées Mesdames les
Dactylographes de la Soci~té des Nati~ns.
Deuxième étage. Une soie furtive file. C'est l'heure où
l'adultère reviem au lit souillé.

*
* *
L'appartement d'Altovsky est éclairé.
Je veux voir ce qui se passe chez un bolchévik. Cet ennemi m'attire.
J'entre sans frapper, en ivrogne que je suis.
J*

* *'

,.

Dans une baignoire· de v~rre Altovsky délasse sa nudité
-violette.
Il jette l'Action Française et me sourit affectueusement
de ses yeux méchants. Oµ dirait qu'}l m'aime bien.
cc C'est très reposant, bâille+il ; j'ai un gros travail à
.expédier avant huit heures du matin, pendant que vous,
Monsieur le Millionnaire, dormirez paisiblement. C'est
pourquoi, cher Monsieur~ je ne vo:iis prie pas de vous
asseoir. J'attends des amis que certains de vos amis voudraient bien -connaître. &gt;&gt;
!

,p

,.1.; :, :)

li

*

* *
Mania la chatte 'blanche de 'Nicolas A?uto'crate des Rus,.
sies lape l'eau de la baignoire à peti~s · ,o:ips discrets.
Altovsky aspire une bouffée et, me visant au front, lance

PROJECTIONS OU APRÈS-MlNlJIT A GENÈVE

443

sa cigarette. J'aime son rire de jeune roi et ses dents tranchantes qui luisent. Ses vives mains spirituelles _caressent
Mania qui s'offense.
Cette coquine a assisté aux mystères des Croyantes
Nues ! A propos il faut qu·e je vous montre le fouet liturgique ~e Grigori le_ma1tre aimé de notre Impératrice. »
Marna saute sur le lit. ·Elle joue avec les cordons d'un
gros dossier. J'épelle ces mots gravés sur le carton noir :
cc

Pétroles. Sassoon. Fayçal.
***

Sur le Stei~way il y a· les portrait~ dédicacés du grand
rabbin de Cracovie de Lloyd George et ae Charlie Chaplin.
Dan~ un cadre d'or massif ornéJ dé cabochons byzantins
sount la Grande-Duchesse T ... , admirable blonde en costume de cour.
cc Une femme d'élite, soupire le bolchevik, et quel puissant coup de reins ! Dites-moi, · voulez-vous arrêter Moscou qui bavarde ? »

U ni'i~dique un récepteur Marconi-Matley 'déroulant son
ruban Ïmprimé sur un fautetiil américain creusé de nombrils.Ji dit : "
_ &lt;~ 1:c~itché °:'embête. T~us m'embêtent, tous bavardent.
Qu est-ce que Je fiche avec cette bande ? »

Il regarde s~s belles mains crisRées de violoniste.
' ·
&lt;ç Je suis si intelligent. Si intelligent. Si fatigué. Et mon
âme _est ti;-iste, triste cette nuit. Ah l je ne sais plus rien.
Tout est sottise, tout est folie et poursuite du vent.
,
&lt;c Ce télégraphe m'ennuie. Tourne la clef de cuivre mon
.
'
,
petit. »
J'obéis et les mignons hoquets s'arrêtent.

La voix d'Altovsky. se fait dure :

_
« Allez vous coucher maintenant. Vous êtes de la race

�444

LA NOUVELLE REYOE FRANÇAISF
PROJECTIONS OU APRÈS-Ml "UIT A GEXÈVE

qui dort la nuit. Ne soyez pas trop communicatif avec v s
amis, demain. »

•••

Mon frère est dans ma chambre ; il vomit sur les serviettes glacées. Accolades sans précision. J è sonne pour
qu'on nettoie le lac de caviar sur le tapis.

•••
Réflexe du bouton pressé la femme de chambre entre
avec un sourire prolétaire. Mon frère la prie gentiment.
Les doigts pourris de sommeil défont ~e co~don de la
jupe. Quand ce sera fini, la jument des nches ira tourner
autour de la mcuJe sans fin.
Europe aux tendres yeux civilisés.

•••
Après tout je m'en fous.
, .
,.
•
Les garçons se lèvent. J'entends l as~irate?.r qu ils trainent. Ils le détachent avec peine du tapis qu 11 suce. Leurs
chants murmurent les départs pour les hauts pâturages, et
les fiancées plaquées de rouge 5ain qui suspende?t les
fleurs aux feutres des jeunes hommes. Dans le coulOU' que
parfume Guerlain, l'écho répète le torrent qui gambade
dos courbé.
Après tout ces domestiques n'ont qu'à être riches.
., .
Enfin je ne peux pas réformer le monde parce. que J_ at
quelques millions ! D'ailleurs la livre a encore baissé hier
matin.
Et puis quoi ?

•••

Mes oreilles sonnent et je m'en vais sous les draps vierges dans l'ailleurs. Ma tête résonne de paroles absurdes,

44 5

d'actes impossibles, de sorts et de beaux po mes suicidés.
Ma tête barcole, je ferme les yeux et j'entre au milieu de
feunier tu dors et j'ai un peu envie de vomir, Maman .
Je balance, je frissonne, le navire tangue.
Les étoiles dansent dans le hublot, montent, descendent,
mouches qui zigzaguent immobiles. Garçon, un soda. Pauline tu es loin. La T. S. F. pleure là-haut. j'ai chaud à la
figure. Pendant que l'orchestre fera danser et jouir discrètement les filles soyeuses des consuls, j'irai me rafraîchir
sur le pont où tourniquent les Anglais qui posent calmement leurs triples semelles de caoutchouc, en possesseurs
des mers. Je regarderai le mât hésitant qui cherche et
pointe son étoile.

Malgré la tempête, l'héroïque stewardess apporte le cacao
marinai.
Beurre en coques distinguées ; six confitures dans les
cristaux nets; croissants qui font la résistance feuilletée
puis livrent le tiède mastic beurré de leur chair. Courrier de
mes banquiers qui me prient de croire à leur profond
respect. Illustrations anglaises : portraits de mes amies qui
se fiancent.
Jouissance des pardons que la société accorde à ses
élus.
Bain avec la caresse de la douche sous-marine. Un Bernois travaille la pâte hébétée de mon corps et parle des
Landsgemeinde. La joüe orvégienne aux cuisses d'acier
me frictionne honnêtement. Le ténor me rase avec des
prévenances, des craintes, des surcroîts et des raffinements;
sa troisième lame est une aile de mouche qui stride avec
beauaoup de dévouement. Nous arrivons ce soir à Jérusalem, crie-t-il de très loin.
Je sors, laissant un souvenir de lavande.
Le « Sphinx&gt;&gt; s'égare dans les brumes du lac de Genève,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

. .
~
mal ré les efforts d'Altebbs et de Webbsky,cap1tames_ apr .
Die!. Léon, jeté par-dessus bord, s'accroche à la croix qui
flotte. L'Isolé criant Papa! avale une gorgée.
Une barque lente emporte un Sauveur aux yéux crevés.
Moi je vais au Crédit Suisse prendre un nouv_eau ~arnet.
.
. un ch'eque a, Pordre
du Bureau de
Je signerai
r •
. .Bienfa1s.mce.
d
Je me déclarerai. homme bon et je ressenttra1 une gran e

446

paix intérieure.
•
ille
Le chèque sera de cinq cents francs, ou de cmq m
francs ou de cinquante mille francs.
. . .
.
. Ça m'amuse de ~ien ré_ussir le~ .zéros, Jolis ronds qm
réjouissent l'œil et qU:on fait sans difficulté.
ALBERT COHEN

REFLEXIONS SUR
LA LITTERATURE
RENOUVEAUX QUAND MÊME
Il est inutile de dire une fois de plus que la figure actuelle de
la France n'est pas tout à fait ce qu'en attendaient ceux qui sont
habitués à lui voir occuper unè place éminente dans le paysage
universel des idées et des formes. D'autant plus inutile que je
ne suis pas de ceux qui s'affectent et se lamentent, à ce propos,
outre-mesure. II y a mieux à faire. D'un côté nous avons avantage et intérêt à repérer les points saillants de cette figure, à
l'obtenir, comme une réalité géométrique, en l'engendrant par
la pensée. D'un autre côté, nous avons lieu de la considérer
comme une sorte d'écorce, de carapace un peu dure et un
peu lourde, imposée par un certain élan vital de défense, et à
l'intérieur de laquelle s'opère l'évolution qui, si elle trouve des
circonstances un peu favorabfes, donnera demain une figure
plus souple, reportera en charpente intérieure le calcaire qui
durcit aujourd'hui à la périphérie son mur défensif. Il est
ambitieux et d'une facilité dangereuse de penser et de parler par
générations, et de prétendre dessiner, ce qui est une des grandes
tentations de la critique, un crayon de la génération qui
vient. Tout ce qu'on peut faire c'est d'y reconnaître, plus ou
moins fragilement, certaines éq-uipes, gui impliquent ou impliqueront des équipes adverses, et de pressentir la nature, le
terrain, l'enjeu, le public des grandes parties.
Pour le critiqne qui s'efforce à penser ainsi par équipes contemporaines, par déroulement régulier et naturel de la durée
sociale, un hiatus, un gros trou apparaît aujourd'hui, et plus
expressément cette année 1922: c'est l'absence de la génération

�LA ~OU\'ELLE REVUE FRANÇAISE

4~

·

t

.
roche de la trentaine, et qut ser
capitale, de celle qui app h à I machine sociale, constitue
généralement d'arbre de co;c e
\ effectif et du renouvelle-

r;!:

proprement ~~;;~m;a:ché:
;rès radicalemen~ n'en a
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affl.i é souvent de tares physiqu~s ou
laissé qu un moignon,
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d
1 L · u es filles qm v1enn n
mora es. es 1e n
de maris (ni mtroe e
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euvent pas trouver
année, et qui ne p
r orrespondant normalement a,
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•
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erçoivent encore m1
leur age, _sen ap. d "t à cette génération est occupée tant
place qm appartlen rai d é .
qui ont gardé une soubien que mal par des quaèra_g na1resens d'une maturité excep"t ou par de tr s 1eunes g
d'
plesse espn
,
. le exige
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mais dans des conditions
'l 'accomplit tout e m me,
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1.
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d'
. 1 ce faite à la nature des âges.
anormales et au prix une v10 enù ette amputation des jeunes
ue l'Allemagne, o c
bl b .
sem e ien
q au moms
. auss1. corn piète que chez nous, . en
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c asses a .
défaite et le chaos intérieur
ffr ausst gravement, et, 1a
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s'ajoutant,
éprouve des dïncultés
i '
.. encore plus form1 a es que
nous à reprendre son profil d éqmhbre.

•'

1 'à cette exigence des choses, à cette
li est donc nature qu
.
ens soient amenés à
lacune de durée sociale,_éde trècsep1et_1unon~e1Te Les jeunes filles
une matunt ex
· ·
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d
répo~ re par '
as fra ées et déplorent l'ins1go1fiance
intelligentes n en sont p
ppnt eut-être tort, et en tout cas
de leurs petits danseurs. EllesCo 1uiqui épie avec sollicitude les
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est plus heureuse. e
.
.
la critique
. d. t rs de renouve 11 ement français ' celm qui se
signes m ica eu
. d F
de Pompeï pour entendre
fait le doigt levé et l'or;~:e :oc~~l:e couler, celui-là trou-çera
l'herbe pousser et la d
1· es publiés à peu près ensemble
d'" térêt aux eux ivr
.
beaucoup ID
Alfred Fabre-Luce: sous son nom la Cnse
cette année
par
et M.sous 1e pseu do nyme de Jacques Sindral, la
All .
des
tances,
'
' . Ce
'est pas que l' un e t l'autre soi ent par euxVille Epbemere.
n
. .
. ue ·e me propose de
êmes d'une originalité saisissante, ~l q
l R. b d Ses
m
.
b -Luce un Galois ou un im au .
découvrir en M. Fa rel
d s une équipe. Mais l'auteur a
deux livres prennent p ace an

IBPLEXlONS SUR LA LJTTÉRATORE

449

dépassé, parait-il, d'assez peu la vingtième année, et la conjonction de deux ouvrages si différents nous apporte peut-être
quelques lueurs sur la tranche de génération qu'il pourrait
représenter.
La Crise des Alliances est, en un très gro volume, un « essai
sur les relations franco-britanniques depuis la signature de la
paix ». Il est publié, sous deux couvenures différentes, à la fois
dans deux collections, dont il importe ici de marquer le caractère. D'abord il fait partie de la Bibliotbeque de la Société d'Etudes
tl d'111/ormations économiques, que connaissent bien ceux qui
s'occupent de questions actuelles. Cette société se rattache au
puissant et riche Comité qui a fait les élections du Bloc National
et qui contrôle une bonne partie de la presse politique, le Comité
des Forge . Elle en constitue à peu près le bureau d'informations. Le livre de M. Fabre-LuCf' parait, en second lieu, dans la
collection Politeia, bibliothèque de pensée et d'action politique,
publiée sous la direction de M. René Gillouin, et qui se propose de « fournir à l'esprit public français, sur les grandes
questions d'intérêt national, européen ou mondial, une documentation sûre et de fermes orientations ». La Crise des
Allianw a semblé, du point de vue de nos dirigeants industriels
et financiers (le groupe Stinnes français) et du point de vue du
Corpus de raison politique actuelle que cherche à composer
M. Gillouin, constituer un exposé raisonnable et utile de nos
relations avec l'Angleterre depuis la paix~ Versailles.
C'est là un sympt6me à noter. L'esprit libre dont témoigne
le livre de M. Fabre-Luce prend une valeur, et une valeur
nationale, sur Je marché. Les métallurgistes et les financiers
commencent probablement à voir à quel point les manches
tournoyantes des avocats peuvent obscurcir l'horizon d'un pays.
Qu'il y ait quelque part, et de bureaux à bureaux, des procédures ~crites, des dossiers, des plaidoiries, que tout cela s'accompagne d'éloquence, c'est fort bien : il n'y a aucune raison de
blâmer ceux qui font consciencieusement ce métier nécessaire,
et il y a des raisons de les approuver quand ils servent bien les
intérêts matériels du pays. Mais un pays où la serviette de
l'avocat s'élargit jusqu'aux étoiles, prétend à un pouvoir spirituel, et où la presse finit par y tenir presque toute, ne tarde pas
à prendre la figure d'un homme fort mal nourri. La Conférence

29

�LA 'NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tle Washington, qui nous a fait per.dre kt _face _en Amér!q_ue,
nous aura rendu au moins -OR grand serv1oe s1 nous faisons
dater &lt;l.'elle, pour une période un peu longue, le krach spirituel
de l'avocat. &lt;&lt; Cest une expérience assez attristante, dit M. Fabr.e-Loce, que de relire de vieilles coU~tions_ de joum:ux français
et britanniques. Les deux nations se sont ignorées a t_ra~ers ie
temps, chacune se persuadatit d~vantage de ses è0nv1~t1011s et
-s~sourdissaot de ses pr-0préS daml:l\tts., 'fDa presse smt fidèlement l'opinion, qui elle-mém-e :re/lete la·p_r~se. Deux miroirs,
'Se réfléchissant fun l'autre, ae'.montren1 .qüe le n~nt. »
Cest de ce néant qu'il faut-sortii:. ,Ce mois .d'août 1922, l'-édîtorial &lt;l'un des plus grands jourt\.allX français appelait M. Keyne~
le chef du défaitisme européen. Celui qui réfléchit .à cette
-expression éprouve la iensation assez nette -&lt;le Ge que peut
-être l'essence même .du néant, du néant .d'opinion et du néant
,de 'presse. Un homme intelligent ·,qu_i _li.t, pense, voyage) et
q\li profo$serait sur M. K-eynestme -0p1n1on.de ce ~enre, ne se
Tencontre plus. Le livre de M-. F;abre-Luce 'llOUS- fatt ~ucher du
-doigt l'évolution qui s'est at_complie en Fra~oe tlepms les G_&lt;msë,quenœs Ecvnemiques de la Paix. et--que•trms étapes ncrns aide-

raient à jalonner.

.
.
L~ pre-mière rfaction fran~aise•a- co'~~ér~ prendre le irvre de
"M: Key{les pour un pfai_d~t! ·-« d~~~tiste )&gt; et_ à le réfuter .du
-poi.nt,d-evue .de -l:a victo1re.ftes 1mheux ôfficiel~ engagèrent
immédiatement M. R~phaël-Get&gt;Pges ,~
rà, écnre une Juste
.p04 .que préfaça M. Poi:nèar.é, et qui s'e.t enfonté_e bien vite
·dans 1' ob&amp;eurité. De son ot:Jtf M. Tard~, dans son livre .a.pol~
gétique •sur la Pai~, préfa.cé~par M: Giem~nce~n, plaida, oontre
M. Keynes, qu'&lt;il avai..t tr-0uvé corom.e.adversaue dans tes tom-missions de 1919, la caùs!t de 1'mfaifübiUté versafüaise.
Les réalistes sientireat .que·ices, pfai.dt&gt;y.et.s., s1. vite dégonftês,...
"Re signifiaient rien, que M. ~eynes- ét~it w fort h~nête
homme, qui -&lt;lisait ce qu'il-pei.fsait, .du iJ(llht_de vue ~n~hm, et
-qn•u devait nous ex.citer à p.odu.kè,. non wntre lui, mais_ci s?n
-image, le point &lt;le vue français, com~a~é ?3-r notre lust_o1re
et notre ,géographie. Point de vue p_6 hnque comme cehu de
l'Angleterre est économique : .de là le livr~ _si remarquab~e de
M. Ja-cques Bainville sur les Censéquenoes po~~UJIWS àe la Pai:, au
sujet duq-ueî j'essayais i1 y a deux -ans, 1c1 même, de faue le

*,

fflLEXIONS SUR LA. LITTÉRATU.J.E

451

point. Plus t~rd c'est sur :le terra.in même de M. Keynes, et en
.acœptant plemement les termes anglais en lesquels se pos.ait le
p-roblème de la reconstruction
économi.que -Lle J'r
s'
,
-1:,1Jrop.e, q11,on
est préoccupé -d apporter à .cc problème une solution française.
Le C
Celtu_6
· pl'i:;S
1.
. .de la Fnwœ à Gin.es !l:om:bait 'de plu.sou ·mOin§
au omit~ des Forges. On co_mpt'&lt;lit ni,r fi'!lfluence à l'étrange,
cet ouvrage, dont la pà.rt1e.-critiq11è. était fort r:emarq~b1
On a été. ~u._ ~'ailleurs. ces1)600don.ymes,ou.t MD _asp&lt;!~t
,re.s~oH
-hmttée; de &amp;Ociété .ancrn'1:M,.
,,.:..~ ~op..,..
· 41=
. . ~ ab1hté
. ,
J·~ , de 1,.,.,,,,n
-qt11 ,i.ac:ite-a_- ~a méfiante et ne .c onvient guère au fair play du
combat -poht1que.
Le livre de M. Fabre-Lu.ce et ,d:antres nw:iifestati-onJ; -a~lo~ues marq.ueraient"1.me troisième pértode t après Ja niéthode èe
n_poste e~ la méthode_de thèse la méthode.du dialogue. j'allais
~m: du d1al(bgue &amp;Gcrat1que. La ~~trµ.ction ioteJleçttU!lle de
l E\uope ~.e ferà, ~1:ne &amp;li cecons.tructipn économique, p,ar la
c-01labora~ou. Mais sa ce~e i$telligooce noullldle i,w.pJûp.it $Ille
~~Bab~ration, ,)a .coUabora.twn elle:.même doit commencer par
1mtefüg'€nce :-cer-cle-Boo' videut.t1,1ais fürorul, Ceu.x qui, pendam 4uatre ans,- se sont résignés de grand -eœur ,à ne pas cper-cher -li. e-0mprendre, d-ans la. vie militaire ,où eléJ;ait le mot
d'ordre, ont pu tr--0uv.er, et-tr.ouvenLencore~ dam; Li vie dtile
leur plus gram! p1ahür ~ comprendre. Mai.sp0ur J~s m011omane:
.du bleu hofizon, du khaki, 011-.du. feldgr.au, cb.~rçh~r à com.-p~ncite c'est-déj,à donner à S,l])Il es.pr±t:ua clinamen « d.éfaitiste »,
Rten _de ~~us instRlcti~oe. f.amtc~oisme &lt;le l'édit-Qria} doit j.e
pàda1s. Lage d.eM .-fa:bte-LaœMpermet-a.'l,l. 111_p;ns)d€ -négliger
1e mot ~ le r~r-O'Che: ide d~!sme !:-OmtRe n~s négl~eon$
ceux de iansém$m~ ,de·péhg1ani.sme..et .de,mtciisp1e. « Le liv.re
-que nous vetwns .d!éciiœ -dit-il., •5!adn;$1ie iaJJx. .fJ"ançai~ ef aux
étr_angets. Pour avoir .cp:iel.qtœ iiiftnen_.ce l&gt;ill' ~~ux 1 ci il ,i 0 ;,d' b
'
• i:i ..,..
ord -entrer da~s leur p.oint ~ 1rne, :Far uu ~fo.n de eS)"!l;Bp~~
1lue. Poot" être ut1ie J• .ceuir-ià, :d dt&gt;it s ' ~ d- dfoon..cer $1$!$
eneur,s françaises .; Les ~ritiquirs"fln, pJt&amp;û .som defr s~c-e:stions
pour l':rven-ir. J)
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.,.

œ

t

!

Sympathie avec l'inferiocitntur, criti4ue d~ JiM pri&gt;prei
erreurs, séntiinent d'un p:rofit ~11d de boD.1)).ef@son~ no~s
oa-~ ameué à modifier notre point d.e vue, ,cp!l~afoa ~ 6 J,i
'recherche du 'Vrai, toute :iette .dialectique · so~~tiq.ue fiµit p.af

�45 2

•"

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nous apporter, bien souvent, cela même que nous n'avions pas
expressément cherché, une conversion de l'adversaire, ou, du
moins, une modification de ses idées parallèle à la nôtre. L'histoire politique, intellectuelle et morale de la France, c'est, en
même temps qu'une lutte, un dialogue franco-anglais, francoallemand, un dialogue que nous devons chercher à élargir. Et je
sais bien que cela a ses limites, et que la planète, en 1922, n'est
pas un jardin d' Academus. Cest une multiplicité de carrefours
où nous sommes toujours entre la guerre et la paix, et ou « ~e
pas chercher à comprendre » marque toujours la direction de la
guerre. Comprendre les choses, mais aussi comprendre les
hommes, comprendre les nations. Thucydide était une admirable lecture de guerre ; Platon ferait une de nos meilleurs lectures d'après-guerre.
La Crise des Alliances, appuyée sur une documentation que la
Sociité d'Etudes économiques mettait à pied d'œuvre pour l'auteur
(forme de la division du travail qui deviendra de plus en plus
indispensable à l'histoire contemporaine) nous fait suivre,
d'une manière d'ailleurs un peu distante et froide, en nous invitant à y mettre de la vie plus qu'à en trouver, le dialogue
franco-anglais pendant ces trois ans. Un dialogue où on ne
parle pas, des deux. côtés, la même langue, ce qui nous fait
saisir l'utilité de ce que M. Fabre-Luce appelle un lexique politique. Le rôle utile de M. Cammerlynck le tente : Socrate se
vantait d'ailleurs d'être un bon entremetteur. C'est ainsi, dit
M. Fabre-Luce, que « les mesures de contrainte militaire contre
l'Allemagne, que nous appelons sanctions, sont couramBJent
caractérisées dans la presse britannique par un terme de guerre:
invasion ; les Anglais refusent l'expression jwidique, parce
qu'ils nient la réalité du contrat. De même, l'idée de la compensation des dettes internationales se rattache dans leur esprit
à l'idée de l'égalité morale des combattants... La géographie
suffirait à expliquer la différence de ces conceptions. Mais elles
expriment aussi un désaccord philosophique. » Dialogue, définition et analyse des termes, mises à nu des ressorts psychologiques de l'interlocuteur, tout cela me paraît la bonne méthode,
qui a besoin de temps pour donner ses fruits : le temps
dénouera ce qu'il a, par la nécessité de l'apprentissage et des
erreurs, contribué embrouiller. Mais il va de soi que tout cela

RÊFLEXJO . 'S c;uR LA LITTERATURE.

-H3

n'a qu'une fonction préparatoire et que le rôle de l'action
commence là où celui du dialogue et de l'examen finit.

Presque en même temps que son livre historique M F b
bl"
. a reuc~ p.u Je, .~us 1e nom de Jacques SindraJ, un livre, la Ville
!Phmtere, qu tl nomme un roman, et je ne vois nul inconvénient
a ce mot : on appelle en effet roman au1·ourd'hu1· no
J' é ·
• ·
'
,
Il pas Un
g~nre it~ ~aire, ~ais .~n niveau de base de tous les genres littéraires, ou il s~fiit qu il y ait de la durée et des noms propres. li
ne s~ p~sse nen dans ce livre, sinon qu'un jeune diplomate
anglais aime une femme, une belle poétesse, la quitte pour une
autr?, la reprend, peut encore la quitter, etc. ..
~ un s6jour à l'ambassade de Rome, le jeune attaché ne
retient que la sensation amêre de la vie éphémère, de la ville
éphémère. Attaché anglais mais l'auteur de la C . d
AU,
.
nse es
(m tt rons-nous sur
J'é ,anus
· b n aurait
. pas écrit ce livre distin!!Ué
1:&gt;
p1t ète le pomt d'ironie ?) si sa nature et son éduc·uion n
co~portaien~ ce bil~i~e franco-anglais, ce lexique se~timent~
qui manque a la polthque, et qui trouve aujourd'hui dans tout
un cercle, de M. Maurois à M. forand, sa formul; littéraire
~on seul:ment bilingue franco-anglais, mais bilingue français :
. n ne s étonnera pas que ce livre de jeunesse décèle des
mflu~nces marquées : rien de plus curieux que d'y voir celle de
M. Gide recoupée par celle M. Giraudoux.
_Comme M. Marcel Proust a renouvelé dans l'expression littéraire le monde des sentiments, M. Giraudoux a renom·elé le
monde des images. Depuis trois ans son action sur le style et
:ur ce .qui, derrière le style, atteint aux profondeurs vinn;es,
ppara1t
~1 . Ja1oux
br . partout. Même des aînés y viennen•.. J.V
P~ iait ~écemment dans la Revue de Geuève un « roman »
giraudou1sant fort agréable : l'Ami des jeutus Filles. M. de Mio:andre es~ aussi touché. Et quand on songe encore à M . .Morand,
n pourrait presque parler d'une école de la rue François-Ier
(d_ont quelque Pierrefeu nous écrira peut-être le G Q G) La
Vill E l
· · · ·
. e P~émère a dû être écrite sur du papier à en-tl!te
diplomatique.

L

Le « romàn » est dessiné par un cercle fragile et étroit . Mais

�LA NOUVELL\! REVVE FRANÇ."llSE

dans l'intfaieur de ce cer'1e il é late d'une perfection qui
ciiarme, qui étonne, qui inquiète. Je songe devant cette préco~
cité à Un Homme Libre et au Vo)'age d'Urien. Ce jeune diplomate, cet élève des Sciences Politiques, devait achever déjà, à
seize ans, comme Suret-Lefort, toutes ses phrases. Achevées à
la française, d'un trait net, coupant, non avec cette mollesse de
peupliers frais et de praiti mouillée qui nous plaît d2.ns les
phrases de M. Girau.dou."t. Le tyle e t peut-être un homme,
peur qui la valeur est faite de limites. Archie « ramenait la
conduite de la vie à une pclitique et à une !!$thétique : &lt;lem,
domaines radi4:alement hétét0gènes - l'un où tout était Po sibilité, contingence, où l'on vivait de compromis, où la réussite
justifiait l'ac.tion, - l'autre où tout était obligation, vigueur,
conventions sévères imposées à l'homme par lui-même, qui
moulaient son génie, lui résistaient et le forçaient à combattre.
Ce royaume ie l'esthétique, c'était la part sacrée de la vie, qu'il
fallait enclore et protéger, et qu'il fallait mériter parle travail.
li y avait ainsi deùx hommes en lui : l'un tra aillait avec ses
frères humains pour assurer l'organisation matérielle de l'existence; l'autre, récompense du premier, était anti-social, rebellé
contre les conventions, isolé dans le commerce des idées,
mais pareil à un Dieu qui pose ses lois et leur obéit, et qui se
meut dans l'absolu &gt;.
Evidemment les lois littéraires auxquelles obéit M. Jacques
Sindral ne sont pas toutn posées p-.i.r lui, et nous de vinons les
lectures d' Archie. Mais nous trouvons aussi une expérience
étonnamment riche et aiguë, qui se ramasse en formules sèches
et brillan es, et derrière laquelle on eent, comme chez les
grands juifs allemands, Marx, Rathenau, une habitud héréditaire de papiers de banque, de fortune sous le plus mince
volume. Et avec cela cette netteté et cette clairvoyance de
moraliste français, qu'on reconnaît si fot1 chez Marcel Proust.
Lisez le portrait de l'ambas adeur, et celui de la poétesse sUl' son
trépied delphique : un peu ironique et sec, celui-ci, entouré
d'un trait qui parait l'informer et qui, aussi, le déforme, pcrspic;icité agile qui trouve ses limites dans nne déficienc.e sentimentale, dans un refus de ce qui n'est pas le politique et l'e,thétique.
Les deux livres sont bjeo du même aut ur. La. Crise des

RÉFLEXJONS SUR LA LITrÉRA TORE

455

Alli~11ces, excellente partout où M. Fabre-Luce nous débrouille
le dialogue _de~ deux pe~ples, et ~resse le lexique de leurs deux
langues'. fa1bht dès qu 11 se croit obligé de dire ce qu'il aurait
fallu f~tre et de nous donner une conclusion positive. Rien de
plus util_e que ce_tte pensée pour rendre possible, quelque part,
uo_e action écl~trée,. m~~ la division du travail oblige d'ordinaire u~e dest10ée md1V1dueUe à choisir entre cette clarté et
cette ac~on, et, pour M. Fabre-Luce, le choix me paraît fait.
Le Co~ité des Forges n'a pas encore trouvé son Rathenau, et si
le~ éc:1.ts de ~- Jacques Sindral vaudront mieux que ceux de
Disraeli, Archie me paraît exactement tourner le dos aux héros
de :oman en qu! ~ord Beaconsfield a figuré sa destinée. Au
moms, dans le spmtuel et l'esthétique de la France une place
comme celle de M. Maurice Barrès est-elle peut-êtr; à prendre
~t ces deu~ livres, écrits avec tant de talent à l'âge environ d;
l !fomme Libre et de la campagne électorale naocéenne nous
aident
·
·
'
, _un peu •à.. 1magmer
-ce genre de successions imprévues.
Il
est d ailleurs bien rare que nous imaginions ce qui arrive.
Al.BERT THIBAUD.ET

�CHRONIQUE DRAMATIQUE

CHRONIQUE DRAMATIQU E

THÉATRE DES ARTS : Natchalo, pièce en 4 actes, de MM. André
Salmon et René Saunier.
On a joué, la saison dernière, au Théâtre des Arts , u ne pièce
de MM. André Salmon et René Saunier, ayant pou r titre :
Natchalo. A-t-elle eu du succès? Je n'en suis pas très sûr . C' est
pourtant une pièce intéressante. Elle a pour sujet les •débuts de
la révolution russe. Natcbalo, dans la langue russe, cela veut
dire : le commencement. C'est le commencement, ce sont les
premiers faits précurseurs de la révolution que nous montrent ces
quatre actes. Ces diables de Russes sont des personnages si bizarres que la pièce en prend un certain pittoresque. Il semble bien
aussi que les personn ages principaux soient à la ressemblance
de personnages réels: 1° le jeune officier, dévoué en secret à la
cause de la rév6lution et qui continue à jouer son rôle de courtisan auprès d'un grand duc aveugle sur les événements qui 1 e
préparent ; 2° le peintre officiel Arcade Dim itrievitch, apôtre
froid, rigoureux et cruel de la grande cause; 3° son élève, la
jeune et belle•Daïcha, qui se fait, dans l'intérêt de la révolution,
la compagne de débauche du même grand duc, employant à la
propagande l'argent tiré de lui ; 4° le commissaire du peuple
Tchérébérébine, qui parle toujours de s'inspirer de la grande
révolution française ; 5° enfin le Français Delann.oy, être généreux, enthousiasmé par lès idées nouvelles et qui voit dans la
révolution le réveil et le salut d'un peuple longtemps opprimé.
Les auteurs sont deux écrivains de talent. On peut penser qu'ils
n'ont rien faussé ni exagéré dans un intérêt dramatique. Nous
avons donc là un petit tableau de la révolution russe, au moins
à ses débuts.
C'est un grand sujet la révolution russe. lntéresse-t-il encore

457

beaucoup? Encore une chose dont je ne suis pas très st'lr. C'est
si loin, la Russie ! On est si mal renseigné ! Il y a si longtemps
q~•o~ -par!e de cet événement ! Nous n'aimons pas beaucoup les
h1sto1res a longs développements. Si nous sommes curieux,
nous nous lassons également très vite. Il nous faut sans cesse"de
nouvelles histoires pour nous intéresser et chaque histoire
nouvelle efface celle de la veille. Je crois bien aussi que nous
avons acquis une certaine méfiance pour tout . ce qu'on nous
raconte qui se passe là-bas. Naturellement, il y a toujours les
grï_houilles, ou les gens passionnés, ou les bonshommes qui ne
voient au monde que la politique comme s~ils y avaient part et
pouvaient faire quelque chose. Ceux-là vous ont -des airs de
savoir vraiment ce qui se passe là-bas. Le matin, ils se précipitent sur les "journaux. Ils prennent pour paroles d'évangile ce
qu'ils lisent là. Quand on apprend tous les jours que tantôt tels
journaux, tantôt tels autres, ont touché à certaines caisses, lors
de tel ou tel événement politique, pour fabriquer da_ns l'esprit de
leurs lecteurs telle ou telle opinion nécessaire, le spectacle de
çes dupes bénévoles ne manque pas de comique, non plus que
leur assurance à parler de la révolution russe comme si elle se
passait à Juvisy et qu'ils soient allés, entre leur déjeuner et leur
dîner, se rendre compte de ce qu'elle est dans tous ses détails.
Le lecteur voudra bien m'excuser. Je n'ai ni cette passion ni
cette jobardise. Il y a des gens que cela occupe de savoir ce qui
se passe eu Russie, en Pologne, én Tchécoslovaquie, en Grèce,
en Turquie, chez les Hottentots, au Pérou, à Pékin ou chez les
Lapons ? Grand bien leur fasse. Moi, je m'en moque parfaitement. N'y pouvant rien changer, je m'en désintéresse au-delà
de toute mesure, et n'ayant pas la passion politique pourle pays
~ans lequel je vis-, je ne vais pas l'avoir pour des pays où je n'ai
Jamais été et où je n'irai jamais. Mon indifférence n'est pas absolue, néanmoins. Si je n'ai pas d'opinions, j'ai des préférences.
J'ai cela de mon fauteuil, comme un homme qui n'a jamais
voyagé et qui probablement, maintenant, ne voyagera jamais.
J'ai de la sympathie pour les Anglais et pour les Allemands. Les
Espagnols me sont odieux pour leurs courses de taureaux. Je ne
crois pas que les Suisses m'enchanteraient. Je n'ai pas d'opinion
sur _les !taliens. Les peuples du Nord m'attirent peu par leur
puntan1sme et leur rigueur morale. Je n'ai pas du tout envie

�458

LA KOUVEllE &amp;EVUE FRANÇAISE

d'aller en .Amérique pour voir des maisons à trente-six_ étag~Les Russes sont pour moi des gens d'un autre â_ge· J~ n~ P,larns
pas du tout les no-bles russe~qui se- trouvent aurourd hot depossédés de leur fortune et plllil ou moins, exiiés. Ils ont ét~Jes
premiers à soubaiter la guerre et à s'en réjouir. Q11and on JO~e
une partie, il y a le risque de la perdre. Tous les .gens clai_rvoyants savaient que tout.e guerre _qu'entreprendrait la, Russie
fournirait une occasion à la ré.volutton. Pour nu part, c_e~t un~
chose que je sais depuis quinze ans. Tant pis -pour l:s n1a1s ~u1
ne s'en doutaient pas, étant les premiers intéressés a le savo~r- .
SQ!ume toute, comme on le voi:t, je suis assez dénué de n.anonalisme. Je m'intéresse à la fois à tous les peuples et à aucun,
y compris celui dont je fais partie. Il y a pourtant deux: peuples qui me sont can:émenrai1tipa.tbiques. ~e sont !.es Grecs et
les Polonai.s, les premiers pour leur fourbene mégal_om~ne, _les
seconds pour leur nationalisme bystêrique. Elle éta1t tres bi~,
la Pologne, comme elle était- avant 1~ guerre . Elle _mettait
son hystérie dans son art. Cela _donmnt de~ choses mtéressantes. On s'es-t mis en tête de llll donner ta liberté. Belle op:·
r-ation ! On a créé là un joli danger. Pas un pays au monde o a
toujours plus mal usé de la liberté. Ce n'est pas une découverte
que je fais. La remarque n'est p~s neuve. C? □ la :ro~\fe déjà dans
Les LeUrts persanes. Ce que nous voyons au1ourd ~u1 de la Pol~gne redevenue libre ne la dément p-as. Ces gens-la, les P~lona1~
et les Grecs, mettraient le feu à l'Europe toutes les semai~es, si
on les laissait faire. Ils devraient être tenus en garde séneuse-ment comme des enfants qui ont la rage de jouer avec des
allu~ettes. Cette partie de ma chrnnique est écrite depui~ un
mois. Je pique une phrase ou deux au sujet des su~cès qu~ v1~nent de remporter les Grecs. Une fois d:e plus, ils ont appns
qu'on se brûle quelquefois les doigts en ,vo~lant m~ttre le feu.
Quelle galopade, Seigneur, du côté de l_a mère l C est la première fois de ma vie que je m'intéresse à une guerre et que le
vaincu me fait rire. Je peu,x rire ... J'ai- assez de choses qui me
défrisent dans la vie d'aujourd'ht.Û, politiquement parlant. Une
entre antres, c'est de voir ce qu'est devenu Paris depuis laguerre
et surtout depuis la révolÙtion russe. On va 111'.accuser peut-!tre
d'une certaine étroitesse d'esprit en cette matière. Cela se peut
bien, quoique ce soit plutôt une question de godt un peu

CRW 'IO.tJE DRAMATIQUE

459

difficile. Je ne. suis pas 11.Cin plus aveugle sur mes contradictions.,
Di.en sait si fe me moque d'être Français plutôt que n'importe;
quoi d'autre. Je me le dis souvent ; je suis né ici, j'aurais pu
naître aitleurs. L'un ou l'autre,. je ne vms pas ~u'il y ait de quoi
en être. spécialement 6.er~ Cest L'homme 9ui compte~ non pas le
citoyen. Je campreuds qu'on soit.fier~ à la rigueur, de, ce qu'on
a choisi,. ·rnulu. Mais ai.-je choisi d'être FWJ.çais, l'ai-je voulu ?
Alms ?... Autant être :fier d'être brun. plutôt q;utrbJ.ond, ou blond
phi.tôt que brun. Il y a; peut-être quelque part des sauvages qui
me plairaient beau.c.:oup, avec fesquels- je m'enicnrlrais fort bien,.
et te rw.contre à chaque imitant de.s Fraai;ai, qui me font borreur. N'empêche que j'ai ungoftt médiocEe pour les étrangers.
J'aime bien chacun che.z soi, tout comme j'a.ime bien, dans ma
vie b.lbitueUe, rester chez moi sans aller chez personne et que
les autrés restent -également cbez ..eux sans-venir chez moi. Quevcntlez-vous? Je suis né rue Molière, à Paris. Je n'ai jamais,
q'lli.itté Patis.Je suis habitué à son paysage, à son langage, à sesmœurs, à ses habitudes. Cela m'agace dé~ d'ent.endre de!! Franç:lis du midi avec leur accent, Ci&gt;U des gens du nord avec le leur r
Il m'estan:ivé une fois de me trou"er en conversation avec un
poète, M. Touny Lérys, qui est d'uu pays dl!l côté de Gaillac"
dans le Taro. C'est pourtant en France. Eh ! bien, ce monsieur
p:vte avec un tel accènt, il prcmonGe les mots de façon si bizarre,
que je me tronvat obligé de lui demander quelle langue c'était
qu"il p-arlaitlà:. Je ne comprenais pa:tun traître mot. Le plus drôle,
c' (:St qu'il m'avoua, de son côté, son ~onnement qu'on p-ô't padt;r
le français comme je le parle. Céta,it pour lui également incompréhensible. Il me parlait du Camp d-es Romains. Je lui disais:
(( Ou diable avez-vous pris le besom de prononcer le Cainp-des
Romaingnes ? » c&lt; Mais pas du tout, me répliqua-t-il. C'est vous.
qui parlez mal. Jep~rle Je vrai français. ; Pour lui, Roma-i11s,
cela ne voulait rien dirè-. Romaingnes, à. la bonne heure! Moi,
j'av9ue que l'idée de prononcer.Romains Romaingnes et tout le
reste à l'avenaot, tne fait l'effet d'une la-ngu~ de sauvage. Je préférai1 ce-jour-là, quitter la co11versation. Je dis à M. Touny
Léryi. : « Je vous demanâe millep-ardons. ]'ai peu de capacités
pour les la-ngu~ étrangères. Jl me faudrait un lexique ou un
i.nte.rprète. Comme je n'ai ni l'un. ni l'autre, j'aime mieux ne
pas, continu~c. » C'est pmir dire- q.ue s.i ce.r tains accents de pro-

�LA NOUVELLE REVUE FRA:NÇAISE

vince me sont Mtà peu agréables, à plus forte raison certains
idiomes de certains autres pays. Or, depuis quatre ans, Paris
est envahi par une multitude de g~ns bizarres, à. facies peu
séduisants, qui vous font des grâces dont on sent qu'il faut se
méfier et qui disposent pour s'exprimer d'un baragoin impossible qui donne envie de se sauver dès les premiers mots qu'ils
pronopcent. Qu'est-ce que tout ce monde-là ? D'où vient-il au
juste ? A-t-il été mis à la porte de chez lui pour venir ainsi nous
combler de sa présence? La France est hospitalière, je le sais,
je le sais, du moins cela se dit. Tout le monde a le droit de
vivre, je le sais également et d'ailleurs je ne demande la mort
de personne. Mais je le répète, et j'admets que ce puisse être un
défaut, je n'aime pas les sociétés mêlées. J'aime vivre avec les
gens de mon milieu. Quand je n'ai pas de goût pour certains
patois provinciaux, èe n'est pas pour me plaire au barngoin de
tous ces Ostrogoths. Le jour que je voudrai voir qe ces personnages, il y a les chemins de fer, je prendrai un billet. Si encore ils
se contentaient d'être dans les rues, ou de tenir certains commerces comme ceux ,de tailleurs, marchands- de chaussures,
fourreurs, qu'ils paraissent affectionner particulièrement, au
point qu'on ne voit plus que leurs boutiques dans certains quartiers de Paris. Mais c'est qu'ils ont aussi leurs « intellectuels ))
comme on dit. Ceux-là sont chargés de négocier d'autres
affaires. On les voit dans les journaux, dans les revues. Ils
arrivent là, débarqués de la veille, chargés de dossiers, pleins
de courbettes, l'air de sortir d'officines louches. Jusqu'à des
femmes qui s'en mêlent, arrivant aussi leur rouleau de papier
sous le bras ! Tous apportent, - qu'ils disent ! - des révélations sensationnelles sur ce qui se passe en Russie, en Pologne,
ou dans quelqu'autre de ces pays que la guerre a fait éclore
comme par enc4ante.ment et dont on n'avait jamais entendu
parler auparavant, Le merveilleux, c'est de voir l'accueil confiant, empressé, heureux, fait à ces messagers de la bonne parole
politique, la crédulité sans bornequ'ils rencontrent. Notez -qu'ils
connaissent à peine le français. S'ils parlent, c'est à ne pas comprendre un mot. On jug-e déjà par là de la déformation qu'ils
doivent apporter aux faits qu'ils rapportent. Il est bien probable,
de plus, qu'i:ls .sont tous plus ou moins les agents de partis
étrangers, chargés de nous présenter les choses de leur pays

CHRONIQUE DRAMATIQUE

sous un jour utile à leurs intérêts. Nous sommes donc bien
r~nseignés .. C:~u~ j'en dis làn'estpas parpassion. Je memoque
bien trop, Je l a1 dit, de toutes ces questions. C'est seulement la
jobardise de certaines gens, les dupes qu'ils sont si docilement
qui m'amusent. Nous avions déj.à les gens qui continuent la
guerre avec leur porte-plume. Nous avons maintenant ces courtiers de publicité politique. Plus rien ne nous manque.
Je reviens à la révolution russe. Elle ile me tourmente donc
pas . De plus, je me méfie fort de tout ce qu'on peut raconter à
son _sujet. Je n'ai d'opinion que sur ce que je connais. Elle me
serait même complètement iridiffërente sans les souffrances
qu'elle cause. Sur ce point, je ne puis me dire : Qu'importe t
~st-ce bête? F_erais-je pas mieux de m'en ficher? Je n'y puis
nen ; P~urqu?1 me tqurrnen:er? Mais non ! Il n'y a pas moyen.
li m arnve d y penser et c est pour moi un malaise de me
r:présente: tant de gens souffrant de la faim et des pires privat10ns. Qui me rendra l'indifférence que j'avais dans ma jeunesse! Je suis devenu, avec les années, sensible à l'extrême.
On se fait de moi une idée fausse, peut-être, parce que je parle
souvent des bêtes, parce que je suis plein de pitié pour les souffrances de ces êtres muets, sans défense, dans notre eutière
dépendance. Il n'y a pas que les bêtes. La cruauté, la violence
en quelque d.:&gt;maine qu'elles se produisent, quels que soien;
les êtres qu'elles atteignent, me plol'lgent dans le dégoût, le
découragement. J'ai honte dans ma raison, mal dans mon être
ph!si~ue. Je me sau_verais, si je m'écoutais, pour ne plus rien
voir m ~nte1:dre. 11 y a quelques semaines, je suis resté pendan_t trois s01rs sans pouvoir penser à autre chose pour avoir lu
le lrvre de Madame Odette Keuhn sur certaines choses de la
Russie actuelle. Je me suis bien juré de ne plus rien lire de
cette sorte. J'étais furieux contre moi. Je me traitais de femme .
Le fait est que j'aurais fait un mauvais général. Au moment de
la bataille, j'aurais rassemblé mes troupes et celles d'en face.« II
est bien bête de nous casser la figure, leur aurais-je dit. Si vous
voulez, nous allons jouer la victoire à pile ou face. Cela vaut Ja
valeu~ militaire, nous nous serons évité un vilain spectacle et
es lois de la guerre sero·nt satisfaites, puisqu'il faut un vainqueur et un vaincu. » Notez que je ne vois jamais si sensibles
les gens qui s'intéressent si fort à la révolution russe. Ils sou-

�LA NOUVELLE REVUE .F.RA.NÇAISB

tiennent au œntrafre -01u'i1 faut bien se garder de remédier à la
famine, pour ne pa.s consolider le gowernement ac.tuel.1:ntre
fa polritique et 1'hemanité, pas de .confusion, La premièr:,
-0'abm·d. La seconde? Peuh ! Us :me nppellent les gens que Je
voyais, pendant hi guerre, faire ~s stratèges e~ chambre~ plantant ée petits ;drapeaux. sur des cartes, e't qw, lorsque Je leur
parlais des malheur~ux qui1ombaient, ouvraie~ des ~eu'! tou,t
rond'S : ih n'y .pensaien~ pas. :Savez.:vug.s ce qu .elle doit ê~r-e, a
mon avis, la Tév-.oiution russe ? Tout rc omme notre admirable
révolution fraru;,aise: un .assez be.au ·spectacle d'atirocit6, .de
cruautés. et d'imb6cillités- Ne répétez pas trop ce qu~ je vous
&lt;lis là. [1 parnît .que c'est un sacrilège national. C'est être unauvais Français .que de faire ce rapprochement. Soyons -d.0nc
mauv:1is Français! Si:têtre bon Er.ançai-s c'est être un 1mbtkile?
Asse~ d'autres seront bans à notre place. On eu a vu 1m eKemple
à une séance récente .de la Chambre. Do député s'était mêlé de
trouv.er tles ress:ernbia:nces eru:re 16 deux révoluti-ons. O ser
ce1a ! Un autre d.ép:uté .se Leva, i\lli 1,erait·plus propre à jouer le
mélodrame à I:' Ambigu, et lui ;-eta ces mots : « Vi)us insultez fa
réwl.ution française. » Voilà. un .bon _F.rançais dao$ le sens
indiqué plus ha.ut. ·Notez qu'on ne -sait pas très ~ie.i1 ce {]Ue
si-o-nme ce qu'a dit .œ mo.nsieur. Comment peut,on insulter lln
ê\~rneot, un fait de l'histoire? Encore un ex-empk du style à
effet. Les nigauds, s~ébahissent, béent.d'admiration.. Quand .on
cherche le sens, a significwion;•:on..tr.ou.v .e zéro, J'ai toujoµts
eu idée que -Gambetta., leur grand homme, émit un aigle du
même g,enre, un .aigle CD1D1ne 1'était .également Jaurès et
c@mme le sont bien lfa.utres au.joni:d'bui. Eu réalité, tous œs
auQ"Ures n'y changeroot rien. Révolution russe, ré:volutinn fraa~
çaise, comme toute révolution, -~.est absolument la -~•êure
histoire. li doit y avoir là-tas .ce que nous avons .eu 1&gt;C1: le
meurtre, la spoliation~ la iustiœ ~ommai1e, fa &lt;lfoonciaüon, la
haine..de bas en hiaU't, :.1-viec beaucoup l&lt;iie discours pour couvrir
ktout. On dit même q1i'i.b o.nt Ja-4,as Jeurs fêtes d'art. Des
fêtes d'art à de malheureux moujicks ! Nous avions au-ssi notre
mysticisme. Nous ~vions nos fêtes de l'Etre suprême. Il faut
bien un &lt;lieu d'un 15eore . ou .d.'nn autre l Nous avions nos fêtes
de -la Déesse R~ison. C'était même une fille publique qui l.a
personnifiait. On voulait sans doute faire ,mire que la raison

CHRONIQUE DRAMAl'IQUE

46 3

cmut les rnes . La.ressembiaDCe se c.ontinnemême à l'extérieur,
en que~ue sorte. La Russie, qui. es.t aujourd'hui, le -pays de la
ré.voln?on, est exactement ce qu'étmt Ja France .de l793 devant
les Afüés. C'est nous qui sommes maintenant les Alliés vo.i!à
tout. N' est-ce pas un beau spectacle? Le pays qui a fait la' révolution française faisant la petite bouche devant la révolution
russe. Les Français trouvant abominables là-bas les mêmes
choses qu'ils glorifrent quand elles se sont passées chez eux. Et
on voudrait n~u_s empêcher de rire ? Les gens qui se passionnent
pour la politique manquent décidément trop du sens du
comique.
On ne s'étonnera donc pas que les personnages de Natchalo
ressemblent, de leur côté, à nos grands hommes de la révolution française. C'est qu'il n'y a pas trente-six manières de faire
une révolution. C'est aussi que les hommes sont partout les
mêmes. Changez le cadre, la langue. Vous avez les mêmes
~iscou_rs, sur les mêmes motifs. C'est un art qui varie depuis
1 o,u:7ner b~au parleur qui étonne ses camarades jusqu'au
ministre qui exalte les foules avec des discours vides mais
sonores. Les personnages de Natchalo s·ont exactement des
hé.ros du même genr~ que les hommes de 89. Pas plus antipathiq~es, pa~ pl~s od1eux par leur rigueur, leur cruauté, leur
étroitesse
d espnt, leur soumission aveugle et fanatique a' 1eurs
. .
pnn;1pes. ~fais pas moins non plus. Sortes de gens qui tiennent
d_e, l imbécile ~ar. l~ur _mysticisme et de la brute par leur férocite. A:cade Dimitnev1tch, cet illuminé cruel, véritable Marat
russe, immolerait le monde entier à l'idole révolution. Son
élève, la jeune et belle Daïcha, est encore mieux. Elle ~ aimé
un~ fois, ce Français Delannoy mêlé aux milieux révolutionnaires.' Cet homme lui a révélé, avec l'amour, la vie vraie et
humame, la. seule que devrait connaître une femme. Del annoy,
l
tout révo ut10nnaire qu'il est, a le défaut de garder d
T
d
ans ce
~1 1eu e ~ystiqu~s sanguinaires, la faculté de raisonner, de
discer_ner, d être pitoyable. Oo le juge dangereux. IJ doit être
suppnmé. Daïcha est la prem ière à réclamer, à imposer sa
mort.
que nous avons offert des modèles à ces hé ros d u
. . Avouez
.
c1v1sme bien entendu.

N

Naturellement, tout ce qui précède ne veut rien d'
,
.
.
'
ire contre

atchalo. C est une pièce mtéressante, je le répète. Il me

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

464
.
d s les . ournaux que le Thé'atre de s Arts
semble bien avoir lu an
,1 1 . t ée Elle sera sans doute
. d 1 prendre a a ren r .
.
se proposait e a re
uu Harry Baur Carpentier,
· b'
· uée avec m.,n.
'
encore aussi ien JO
F
• C'est un spectacle à
Henry Roger, Da r tois et Mil• Eve rancis.
voir.
MAURICE BOISSARD

NOTES

LITTÉRATURE GÉNÉRALE

LA VIE EN FLEUR, par Anatole France, (Calmann-

Lévy).

Une campagne de dénigrement, moins littéraire que politique, se poursuit depuis quelques années contre Anatole Fr;mce.
Mais dénigrement à part, il est indéniable que son œuvre traverse une période de défaveur.
C'est un sort commun à tous ceux que la renommée comble
dès leur jeune temps: la longévité, recours des méconnus, leur
est funeste. On est fatigué du « bon maître », comme les
citoyens d'Athènes s'étaient lassés d'entendre appeler Aristide~
le juste. Les nombreux imitateurs cJ-1Anatole France lui ont fait
aussi le plus grand tort ; un reflet de leur vulgarité a brouillé les
tons purs du maître. Ses trouvailles ont été banalisées -en
poncifs. Lui-même n'a pas craint de se répéter.
Mais ces motifs d'ordre personnel ont eu moins de poids dans
la désaffection des lettrés que le courant général anti-rationaliste, pragmatique ou mystique d'aujourd'hui et •aussi le renouvellement des méthodes d'analyse. L'instrument de connaissance
psychologique et d'expression artistique, dont a usé France dans
la perfection, paraît désormais i.tisuffisant, le domaine qu'il a
exploité trop borné, et ses vues pour pénétrantes qu'elles soient
trop générales pour des utilisations individuelles. Sa crîtique
purement négatrice semble aussi de peu de prix et sans saveut,
sans portée profonde pour t&lt;:&gt;ut dire : le goû.t ( et le besoin) du
jour est d'affirmer et de construire, Mt-ce en admettant certains
postulats illusoires.

,,

Pour une part, la réaction actuelle provient d'un élargissement
et d'un approfondissement de la représentation p&amp;ychologique
30

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

466
G' udoux), d'une accélération de
( chez un Proust, chez un ir;
tlime du siècle du cinécadence tendant à mettre le st~ e au ryb·1sme etc ) enfin d'un
'
... '
.
1 T S F ( ost-futunsme, eu
ma et. de a é· · d · Pouveaux myt h es an'imateurs (unanimisme,
besom de cr er e n .
t' odes des régions de cons) T d nces qm sont aux an ip
etc... . ~n a ,.
ble sérénité et de logique où se meut
cience claire, d im~ua .
t "autre chose &gt;&gt; que du France et
Anatole France, mais qm son
non pas son contraire.
t la réaction présente contre
Mais pour une autre pard, ' une l1'bération plus corn! · de ten re a
.
Anatole France., mn
i
à une exploration plus fomllée
plète de la pensée et de la or~ed,
nom d'une ou de plu. n vise à restrem re, au
" 1·
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'
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.·
éprouvées m !VI
sieurs tra 1t1ons
d? . é ction avant tout morale qm
et de tout ire, r a
de tout penser
. ma'1tres et souvent (non pas
i les mauvais
classe France pa~m,
olitique de dénigrement dont /
toujours) s'associe a la campagne p
il était question d'abord.
. ' dessein Lorsqu'on
.
. écèdent sont grossis a
.
Les traits qm pr
d défaveur encore faut-il s'en'
de France e
'
parle, a propo~
b bl ' nt autant que jamais, et en France
tendre. On le ht P:o a e~efl
décroît on ne l'imite plus
,
Mais son m uence
,
,
et à 1 étranger.
à vingt-cinq ou a trente
C, à · nze ans et non P1us
guère. est qm . d I . Il ne semble plus à personne
,
fti 1 désormais e m.
1
qu on ra o e l sao-esse humame.
.
On le lit toui· ours ; on e.
résumeT toute a ., .
t
redevenir une bannière, s1
.
•
Il pourrait cer es
.
.
relit moms.
. 1 .
bon sens français ; mais
l'anti-rationalisme menaçait e vieux

il n'en est plus ~ne.
d lui mutatis mutandis, comme de
Et cependant il en est e
' 'éprouve pas le besoin de rouHugo. O_n médit ~e Fran~,;v;:t:re on ait l'occasion d'en rouvr~r ses livres, mus qu~ même séduction qu'autrefois. Le mal
vnr un, on y retrouve a
comme celui qu'on pense
qu'on peut pe~se: d'dAènatol~ :r;:;:ble avec eux. On ne leur
de Hugo, se d1ss1pe s quo
résiste pas·plus de dix pages.
f . de plus cette remarque.
La Vie en- fleur confirme u~~ ois un sentiment de déconAucun lecteur ne fermer:,~en ~:;t s~r l'autre. On aimerait convenue. Le charme opère
d
. ont dressé à propos
'11
· 0 s e ceux qm
,
naitre dans le déta1 es rais do énilité et le comparent, pour
de cet ouvrage, un constat e s

NOTES

l'abaisser, au Livre de- m01t ami. On peut à la rigueur juger un
peu faciles certains couplets de la Vie en fleur (sur l'inutilité des
récompenses dans les écoles, sur la gratuité de l'enseignement,
etc ... ). On peut dire aussi qu'après le Livre de mon ami, PierYe
Noz.ière, le Petit Pierre, la matière manque un peu de nouveauté.
-Mais la Vie- e:n fleur est le dernier tome d'un ensemble de Souvenirs d'enfance, qu'elle prolonge en Souvenirs d'adolescence. Le ton
devait donc demeurer le même ici que dan·s les précédents
volumes eten vérité, si tous les morceaux de la Vie en fleur ne
se valent pas, il y avait bien quelque inégalité aussi entre le1i
chapitres du Liv1·e de tnon. ami; et les meilleures pages de la Viè
en fleur (la méditation sur la VIe églogue ; Marie Bagration ;
Comment je devins académicien) ne le cèdent en rien aux meilleures des livres précédents.
Peut-être même leur sont-elles supérieures. On devine bien
pourquoi elles ont pu décevoir et déconcerter certains : moins
amères, moins corrosives que leurs aînées, elles décèlent l'apaisement de la vieillesse. Apaisement, et non pas relâchement, ni
abdication. Ce que perd la Vie en fleur en virulence, elle le
regagne en humanité et la grâce de France se pare ici d'une
indulgente et souveraine coquetterie, dont on ne saurait dire
que l'accent est nouveau, mais qui jamais ne s'était étalée avec
autant de continuité. Ce n'est plus l'ironie et le sarcasme d'autrefois que le vieillard France oppose à la perversité de la nature
humaine et de la société, ce n'est pas davantage « le froid
silence ll d'un Vigny, c'est une morale d'altruisme, de modération, de beauté d'une noblesse antique.
Les morceaux les plus réussis de la Vie en fleur sont les
morceaux consacrés à l'expression de grandes considérations
morales. A-t-on dit déjà que rien n'existe pour Anatole France,
comme pour les classiques dont il • est le continuateur,
en dehors de l'humain, qu'il est incapable par exemple de pei-ndre ou d'évoquer la nature (voir l'échec des pages I 53 et I 54),
alors qu'il excelle à parler d'un tableau la représentant ?
C'est encore par son art d'émailler un récit de réflexions
piquantes ou paradoxales sans jamais l'interrompre ni le ralentir
et par celui de frapper en médailles des vérités morales
qu'Anatole France reste inimitable. Cette familiarité et cette
grandeur, qui lui viennent &lt;Pune intelligence intime de l'anti-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

quité, on n'a pu les copier. On a imité en revanche les côtés
les plus extérieurs de son interprétation des Grecs et des Romains:
les faciles anachronismes, tout le côté Belle-Belène et tout lé côté
chartiste, qu'il avait porté à un degré de finesse tel qu'on en
oubliait tout l'artifice.
Il faudra bien un jour qu'on se décide à étudier d'un peu près
le style d' Anatole F,rance. Peut-être s'aperceyra-t-on alors de deux
choses, d'abord qu'il est nouveau, et en second lieu qu'il se rattache aussi peu à la gr;mde tradition de la prose français:e que
celui des Gq_ncourt·par exemple. Même la phrase courte de Voltaire, dont on parle volontiers à son sujet, n'a rien à voir avec la
phrase courte d' Anatole France. A plus forte raison, la phrase de
Bossuet, de Molière:, de Pascal '?u de Montesquieu. On verra peutêtre que la prose française traditionnelle est toujours solidement
charpentée, que la phrase fran.çaise est conjonctive et relative,
fortement a.rticulée et que la prose d' Anatole France èst volontairement désos§ée ( dan_s le sens fayoraù1e qu'a ce mot en boucherie), qu'elle évite les qui et les que avec une ingéniosité qui
tient du protlige ( comptez comhien il y a de relatifs dans une
page &lt;l_e la Vie en fleur : quatre, deµ_x, parfois zéro), qu'elle élude
balance1uents et oppositions, les mais, les donc, qu'elle juxtapose et he lie' point. Et l'on verra aussi avec quel art Anatole
France a su évit~r la monotonie que pouvait provoquer un style
aussi morcelé, avec quelle vigil~nce méticuleuse il multiplie et
diversifie les sujets des propositions successives, acvec quel
soin il varie les temps des verbes et dose les participes présents. Et peut-être conduera-t-on en voyant en lui unesortede
Debussy littéraire; le parallèle sera aisé : dévotion à Ra_meau ;
dévotion à Voltaire ; -lutte contre la période, la phrase trop
« architecturée &gt;) ; haine de la déclamation et de la rhétnrique;
amour de la brièveté et par une apparente contradiction amour
de la fioriture.
Ce n' est là évidemment q))' un des côtés du style composite
d' An atole France,; il faudra aussi étudier l'influence du style
de Renan et celle des orateurs d~ la Révolution ; et f~ire un
chapitre à part sur la période chez France, car la périoèe
longue se rencontre aussi chez lui. Sous 1'-app.arente homogénéité du style, il y a une étonnante diversité, une diversité
qui n'est ni chez Barrès, ni chez Loti, ni chez les Goncourt

NOTES

469
et qui montre l'étendue et la variété ae l'esprit de p

Et l'

•
.fi
rance.
on ~n v.1~nt en n de compte à se demander si la défaveur dont il patit en ce moment, c'est bien lui qui en pâtit si
ce .n'est pas plutôt l'idée-type qu'on se fait de son œuvre, :a.us
qu elle corresponde à la réalité tellement plus complexe et
nuancée: Non seulement la courbe qui' est au plus bas remontera, mais elle remontera très haut. On prédit assez volontiers à
A:ato~e France à,cheval sur le xrx• etlexx•siècle une place ana1\,ue a celle qu occupe Dicferot au xvm• ou encore mais un
degré au-dessous, à celle de La Bruyère au xvne.
,

*

BENJAMIN CRÉMIEUX

* *
L'A VENIR DE L'INTElLIGENCE et TROIS IDÉES
POLITIQL!ES,_ _pa~ Charles Maur.ras (Nouvelle édition.
Nouvelle L1bra1ne Nationale).
Dans c.ette réédition, fort élég.amment présentée des œuvres
de M. Maurras, .l'Avtnir de !'Intelligence est précédé d'une préface nou li
'1
f
·
.
ve e qu 1 nous am signaler comme une des pao-es littéraires les plus fortes, les plus pleines, les plus.savoure:Ses que
~on ~uteur ait écrites. Ces charges contre le romantisme' ces
-u1atnbe
·
é
'
. . s passwnn es contre Rousseau, sont aujourd'hui si
~1en J~corporées à nos habitudes de lecteurs à notre paysage
Ittéra1re du xx• siècle ( qui passera stupide à, son tour de bête)
que nous pouvons les regarder du dehors historiquement
esthétique
'
'
men t, comme une fi gure de ce temps
- et que nous
en épous?ns la passion avec la même facilité libérée 9.ue celle
des T:agi.ques de d'Aubigné, des Provinciales de Pascal, ou des
:,ver_tissements aux Protestants de Bossuet. Nous sommes aujour_h_u1 tellement sevrés de belle littérature oratoire dans la
v1e1l!e t d · · f
·
'
.
_ra ltlon rança1se, que, lorsque j'en trouve un si pur et
81
parfait échantillon, je ne puis que l'admirer avec la même
révér_ence que ces g;andes çhoses du passé. Je n'ose dire qu'un
~erta1n éloignement dans l'espace" celui du Midi ferait fonc,.
t1on comm
I B .
d
.
. '
'
e pour e a;azet S Racme, d'éloignement dans le
t emps· 0
,
•
·
•
• P_ m accuserait encore de donner un coup de coude
iml perceptible au Midi pour le pousser hors de l'unité française
a ors nu'
· ·
•
'
h J1. au contraire Je 1u1 tend~ la main pour l'attirer dans un
-c œur, sous une lumière plus ordonnatrice et plus pittoresque.

�LA NOUVELLE REVUE FltANÇAlSE.

Souhaitons que l'Académie fasse des gestes à peu près de même
figure, établisse avec l'art et la pensée du Midi les rapports normaux: qu'on attendrait volontiers d'elle. Jean Aicard_était de
l'affreux Ersatz, et il serait temps d'en venir aux bons produits~
à l'huile d'oHve et au vin dè raisin. Après Alphonse Daudet et
Mistral, laissera-t-elle échapper M. Maurras ?
ALBERT HllBA:UDET

* **
LES PLAISIRS ET LES JEUX, par Georg.es Duhamel'

(Mercure de France).
M. Duhamel a écrit avec sa bonne foi, son enthousiasme, sa
force ordinaire de sympathie, le livre de ses enfants. Rien n'est
plus facile ni plus agréable que de se faire, p!)ur le tire,
l'homme du dedans, j'entends le dedans d'une famj lle, et, en
prenant 1e mot dans le sens de M. Barrès, d'une amitié. Si
nous restons au dehors, M. Duhamel nous· classe dans 1a peau
d'un nommé fü:rnabé, qui reçoit, entre plusieurs visages, celui
du critique grincheux. N'ayo.ns rien de commun -avec Barnabé.
Cela m'entraînerait beaucoup trop loin de faire profession de
foi au sujet des enfants, mais je puis ,au moins faire profession
de foi au suiet âes livres rur les enfants. Il serait à souhaiter
qu'on en écrivît davantage 1 autant qu'en Angleterre. Ils oi).t ce
privilège qu'on ne les fait pas de chic, comme un roma.n sur
l'amour, ou -à titre d'allbi, et qu'ils déroutent tourours une
expérience pleine et précise. Evidemment il y a dès dangers :
les gens qui colportet?t ttrbi et orbi les mots de leurs enfants, et
qui leur crêent une gloire littéraire précoce, ~nt vite. un peu
ridicules et rendent aux enfants un mauvais service. M. Duhamel ~e le fai{ qu'avec mesure, et on peut espérer que le Çuib
et le Tio;up ne traîneront pas d-ans la vie le drapeau d'éteint et
importun de leur gloire enfantine. Mais le lecteur qui n'e'St ni
parent, ni· enfant, ni Barnabé - qui n'est; èomrne -c'est le cas
dnns cette page, qu'un ~ave homme de critique all~nt à son
plaisir, - remercie M. Duhamel de foi en avoir tout de même
apporté de si savoureux. Le Fulgence Tapir de l'fle des Pii1gtmins n'a jamais regardé un tableau, mais iJ. a mis en fiches
toute l'hÏ'stoire de l'art. J'imagine un vieux_célibataire qui mettrait sur fiches tous les moJs d~enfant~ : la belle contribution à
une Logique !
ALBERT Till13AUDET

NOTES

471
JEAN DE LA FONTAINE, par André Haliays

(Perrin).

au!:nli;:~t de M. Hallays n'apporte à la figure de La Fontaine
n 1
d proF.rement nouveau, mais nuJle trouvaille érudite
d'~c~~r~ ox_e d lllfrte~prétation ne vaut, pour rendre- à un visag;
am vie et aicheur une rt .
.
tendre de prendre conta,; avec ce ame mamère perspicace et
mort de La Fontaine M
. son ~uvre. En apprenant la
« C'était l'âme l
, .aucrou écnt dans ses mémoires :
.
.
.
a plus smcère et la plus candide qu ., •
1am~1s connue-· jamais de dé .
.
e J ate
men.ri de sa ~ie. » M H lgula is~ent ; Je ne sais s,'il a jamais
· a ys aionte • « Il
,
•
.
permis que des artifices de pure litté~atu.
ne s es: 1atna1s
se-s maîtresses de noms et de
,
re, comme d affubler
ce nu'1'l
d' d
.
costumes mythologiques. Tout
-i
a lt e sa vie de ses
.I
vérité même
~ '• ,
mœurs, ue ses ouvrages est la
.
' - que quefo1s cum grano salir pour rendre le
p:opos plus agréa~le, mais qu'il faudrait avoir le goût grossier
P
ne pas sentir la
M urHall
. saveur du ,Tal. .' » C'est ce qui permet à
..
ays, sans nen forcer, sans- apologie comme s
cymsme de n
d
ans
La Font;ine. ous onner en quelque sorte les confessions de
bo!:o:Utes ses faiblesses, jusqu'en celle d~ la conversion le
me nous permet de lire
l · ,
'
extraordinaire L
en ur avec une candeur
r
. .. e Nouveau Testament ·lui paraît« un fort bo
ivre- :i,, mm·s il Y a un article sur 1J cl ·i
n
celui-de l'éternité des eines· . e&lt;lu . r refuse de se rendre t
avec -la bonté de D"
qui ne lm semble pas s'accorder
avalanco.e d
ieu-. orsq-ue l'abbé ~uget Fétourdit sous une
e preuves, le malade-commence à fléchir , à
d
peur: Une- lettre de Maucroix l'avoue
..
, pren re
cher mour· ,
.
.
muvement : c( 0 mon
&gt;
. 1r n est rren ; mais songes-tu
ue . . .
ra-ître devant Dieu i' T
.
., . q Je vais compade sa v·
.
usais comme J a1 vécu ... » Le seuracte

i

;on

doute ::t;;:~7u::i~:nt~~~ à
sentiment sincère, c'est sans
et où il dé 1 . .
lp . 'J:1 que son confesseur lui imposa
c arait · « I est dune notoriété
· •
publiq~e, que j'ai eu le malheur de compq:;e: eusnt ql~e trodp
contes il).fâm
,
ivre e
O
que c'est
et'.. nb m ~ sur cela ou.vert'.fos yeux et j.e conviens
. . un ivre a 0m1oable.'. » ll ·avait,fallu r ans et
:;~~~:e aiguë pour faire tout à coup abdiquer ce libre !!t sine::
JEAN SCBLUMBERGER

* *

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
,•47 2
APPROXIMATIONS, par Charles Du Bos (Plon).

Nous retrouYons dans le livre de M. Du Bos des pages sur
Bàudelaire et sur Amiel qui avaient été naguère très remarquées
dans des revues, et qui nous font connaître -une conscience
critique sincère et origipale. Les amateurs de contrastes opposeront par exemple sa méthode et son tempérament à ceux de
M. Lasserre, dont les Cinquante ans d&amp; pensée française paraissent
. pre~queen même temps dans la même coUectio?. M. Lass_erre
cherche à juger et à classer. M. D~ Bos cherche a sympathiser.
Il ne paraît guère concevoir la critique que comrp.e le plais~r de
pénétrer plus profondé~llt, la plume à la main, _l'âme p~us
,encore que le livre d_es é_crivains,. qu'il ,aime. Ce qm veut dire
qu'il ne prepd de la qitique que le meilleur : l'art et non ~e.
métier. Il se place à un intérieur pour creuser. De là parfois
une tension et une obscm;ité qui sont son élément même et
,q_~on ne saurait séparer de son suj~t, lorsqu'il parle de Val~ry,
de Proust ou d'Amiel. Il y a en critique deux sortes de mmes
{ ceile de M. Du Bos est de la première): celles qui comportent des
galeries, et celles qui, comme à Commentry, s'exploitent à ciel
ouvert. Et peut-être la métaphore s'applique-t-elle plus encore
.aux œuvres dont parle la critique qu'à la critique elle-même.
D'écrivains à ciel ouvert il n'en est qu'un qui figure dans la
g.alerie d'Appro~mations : c'es~t M. Paul Bourget, dont j'estime
hautement l'œuvre critique, mais ddnt je trouve exagéré de
&lt;Ùre gue les Essais de psycbologje contemporaine sont le « chef'1' œuvre de la critiq_ue française depuis Port-Royal ». Je con.çois d'ailleurs que la critique tendue, morale, un peu anglaise
.de M. Du Bos reconnaisse comme un de ses chefs de file l'auteur des Essais de psycbologie. · On aimerait le voir appl.iquer,
.avec cette méthode, qui a ses détours et qui n'est pas pressée,
.ses éminentes facult~s à 1'étude attentive et exhaustive d'un
,écrivain dont il ferait son domaine.
ALBERT THIBAUDET

*
* *

LES TROIS IMPOSTURES, almanach, par P.-]. Toulet
(Editions du Divan et chez Em1.le Paul).
Voici donc ce livre au sujet duquel Martineau, qui voulait la
:Présentation parfaite, dut souvent trouver que ses amis le har-

NOTES

473

celaient ~~ peu trop. « La critique - y est-il dit, _ c'est les
os _du g1b1er » ; et nous guettidns en effet les morceaux que
mamtes revues nous livraient (ici même l'on en exposa), mais
pour les savourer, non pour les dépecer.
Du_ Car~et de Monsieur Du Paur (1898), point de départ du
recu~1l, v~ngt-deux ans séparent la mort de Toulet ( 19 20); elle
le pnt qui se penchait encore sur la monture de certaines
pierres. Dans l'œuvre ef la v.ie même de Toulet les .Contrerimes
~t le~ Troi; Impostures figurent les mé'dailliers 'avec lesquels il
JOUa 1usqu à la fin: retirant, introduisant tour à tour, -procédant
à u?e fra~pe nouvelle, modifiant tel dispositif. Que de pièces
&lt;~.v~ngt ~01s sur l~ métier » rëmises avant que ne sortent, ne
s msent a la lumière, ces coupes infrangibles où s'accusent des
form~s toujours si élégantes, - et parfois, feinte dernière, je
ne sais quel « jeté » qui provoque.
De Toul;t e~ général, des Trois Impostures en particulier,
personne na mieux parlé - et dès ~9r 4 -que Jacques Boulenger : « • •• Les accords· que rend une sensibilité touchée
disait-il dans le numéro spë'cial du Divan... Les vérités qu'ij
énonce, on croirait qu'elles ont jailli comme des idées de
poèmes baudelairiens.
11 les a pincées par les ailes l lon21.1e.
b
ment et soigneusement parées, et piquées dans sa vitrine.
Sous leur forme rare et merveilleuse, elles paraissent moins
les fleurs de la pensée pure, que de l'émotion et de l'art. »
Les. peser dans le,s balances applicables à la pensée pure
serait corpmettre a leur endroit une manière de contresens.
Une pensee
' d'a1'li eurs ne comporte pas nécessairement un
tour : songez aux lacs profonds, limpides, de Goethe, de Schopenhauer, de Joubert ; une maxime au contraire, et la plus
d~cantée, ~t !ilt:elle de La Rôchefoucauld, - si loin qu'elle
aille _ne sa~ra1t sen passer. Ce poli de l'ébène que donne aux
Maximes 1 emploi des « termes les plus généraux » est à lui
seul un tour, et qui à leur date en constituait la modernité :
so!e~ certains que chez Madame de Sablé on le tenait, et le
pnsa1t, pour tel. Parlant de la langue de son ami Louis de la
Sa~le, Toulet écrivait: « Encore que pleine de cette modernité
qui est la condition de la vie, elle est restée dans la tradition
de Voltaire. Ajoutez-y enfin un go-Ot sûr, et cet art de tout dire comme 011 patine, de tout pénétrer sans se salir : gloire

�474

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'Athènes qu'a héritée Paris.. » Par où îoulet définit et sa
langue et son art propres. On sait assez l'adJesse imperturbable,
narquoise, avec laquelle s'insèrent dans la trame de sa phrase
ces fils aux tons acides ; comment il stylise tous les. argots ; les
effets, qu'il obtient, d'une âpre bizarrei;ie, par ces rayures en
zig-zag d.9nt à dessein il offense le champ, d'un antique ~Jason.
Le composite, mais d'uDI bon aloi. telle est sa modermté. Le
tour est essen\iel chez lui: l'espace me manque pour en dénombrer et en suivre les variétés : travail auss~ b.ien superflu après
la minutieuse et sagace analyse à laquelle Pierre Ltèvre l'a
soumis (Divan, mai-juin 19zo). L'important, c'est de ne pas
perd1 e de we que le tour id ne re4au~e pas seulement la
maxi.me: qu'il la suscite, qu'il l'i.nstitue. La place des mots, jamais peut-être semblable prépotence ne lui avait été dévol~e :
c'est leur arabesque qui dessine, et ue livre qu'en ·s on extrémité,
le sens ipéci;ll, implexe, qui à chaque fois est visé . Une ~yntax.e sur la'luelle tout a été dit, la plus expert~ et la plus hb:e, ,
qui ioue po,ur elle-même, comme ces drapenes dao~, certa.i~s
dessins de n;1aitres qui semblent soulevées par une bi;rse matinale; des suspensions, &lt;les reprises, des, changements de t-0n;
un usage infiniment subtrl de tQus- les signes de porictuation~
- et par delà les signes mêmes il n'est rien dans la phrase qw
ne soit int.érieu.reroent ponctuê.
" 1.es femmes le savent bien que les nommes ne sont pas si bêtes
qu'on croit - qu'ils le sont davant~e. 'Il,
« L'homme cherche des cooseils le plus loin, les femmes le plus
près posi;ible. Et la métaphysicienne est- encore à découvrir. »
&lt;&lt; ~ dirait q_ue la doulew: donne à ce~aines âmes une espèce de
conscience. C'est comme aux b.ultres le citron. )&gt;
« On souffre un peu, puis on se console, fût-ce d'une bonne action.
La femme d'un ami, u~ .jour aussi viendra qu'élle sera laide.
&gt;)

Bien plus cependant que dans les ma:i.imes?' c:'est dans la.
réduction à l'unité d'impressions venues des quatre points de
l'horizon, . mais perçues et stnties simultanément,., et comme
avec instantanéité, surle seul plan de l'imagination, 4ue Toulet
est incomparable. Sa défense des épicuriens, que_ cite en son
li.vre Martineau, est fort suggestive à cet égard : a. Quoi donc,.

NOTES

475

est-ce bassesse que de se plaire à la musique : « cette douce
musique, dit Shakespeare, qu'on ne peut entendre et rester
gai »,~bassesse de goûter la saveur d'un fruit rouge ; ou le
beau mouvement balancé d'une femme ; et l'ombre fraiche
coupée d'un courant, le pli d'une plaine toute blanche de
soleil ? N'est-ce rien de coordonner ces choses ... &gt;i Ce membre de
phrase, si je le détache en italiques (et combien Toulet les
eût haïes !), c'est que mieux qu'aucun .autre il nous i)lace au
point d'intersection de l'imaginaire et du réel où Toulet vécut
et écrivit: toujours atteint par les choses dans l'instant qu'elles
confluent, et atteint alors d'un seul coup, - leurs concordances mystérieuses. sont lès « nymphes &gt;&gt; que son art « veut
~er~étuer i&gt; ; pour délicate, particulière qu'elle apparaisse,
1al_bance entre _la vie et !'art est ici une des plus étroites qui se
puisse concevoir, et le heu en est la fantaisie. « La fantaisie est
une ellipse. On saute par dessus le raisonnement· ou bien on
fait le tour, pour aller plus vite, et l'o!l contin~e de courir
jusqu'à ce ,que l'on meure - que l'on meure to1.1t seul, comme
on a vécu '. )) Cett-e réduction à l'unité comporte toujours chez
Toulet exactement la longueur variable ,qu'il faut pour que l'un
après l'autre les éléments miroitent un momen.t à la surface et
les seules inflexions de la cadence insinuent la part prise ~ar
chacun d'eux dan~ l'émotion. Beaux chatoiements fugaces vus,
semble+il, à la fois au fil du courant et sous l'eau. On songe à
Boudroulboudour :
« Plus blanche en s0 11 pâ11talon noir
Que 11acre sous l'écaille ? »
« L'insuccès nous vaut d'être seul, et qu'à l'envi du genêt sur la
lande on ne soit ores connu que de l'aurore ou de l'orage. &gt;)
« Floryse, dame créole, don-ri! semble toujours que la plie le désir
ou la lassitude - sous -son vêtement qu'on entend brnire du même
s~n _que ;es sables de l~ mer, après tant de tis~u où la main s'égare,
s 1rnte, s arrête : soudam, de rencontrer ~a chair, c'est comme sous les
herbes uue source à nu. Sur l'escalier de pierre qu'elle gravissait vers
son ami, la volute d'un or tissé dans l'écarlate enveloppait sa marche
d'un murmure écumeux et nourri. Vous parûtes Floryse et sur Ie
'
s~m·1 . demeura, un instant, susp~ndu le grimoire de' votre visage
où se
dech1ffre tout à tour le vke, la· tendresse - et cette angoisse d'un
remords qui ne sera pas absous. ,» ·

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
« Les sources égouttées dans le silence de l'aurore et le réveil de _la

rainette égaient Je pélerin, majs plus encore au foyer de l'auberg~ as~1s,
d'entendre dans la nuit craquer la neige sur les cèdres et la lointaine
voix au loin de ces oiseaux mystérieux qu'enfante le courroux de la
mer.»

•

* *
« _ Oui, dit Médée, j'ai le cœut dur ; mais c'est aux pierres que

dort le feu.

&gt;&gt;

La voix baisse chez Toulet dans l'instant que chargée, jamais plus émouvante que 1orsque sonne le .couvre-feux. De
quel prix n'est pas un cœur dur bien placé? Et ceux-là, ce t'est.
guère qu'en France qu'on le:, trouve sans défa!lt.

.

NOTES

477

vu un_ journal, soucieux de moralité, demander à quelques
comédiennes et femmes de lettres leur sentiment sur ce fanfaron
de luxure, et ces dames prendre le parti des mères de famille
~ans. le style des cuisinières. Enfin, un académicien prétend
1avoir rencontré, non sous la forme du serpent de mer, mais
sous le travesti de l'autre sexe. 11 nous a conté sa découverte
qui ne rappelle en rien, hélas ! les Lunettes de La Fontaine ni
les Mémoires de l'abbé de Choisy.
Ce grand caractère littéraire, que l'on a vu tant de fois dans
le roman et sur la s.cène, est-il à ce point difficile à définir que
les psychologues et les critiques contemporains soient si loin
de s'en former une idée juste ? ou bien, ne pouvant se réincarner dans une société d'automates, n'est-il plus qu'un mythe
en décadence, où sont confondus tous les types de séducteurs
où le plus vulgaire usurpe le titre de héros? C'est moins à
mauvaise foi d'écrivains victimes du Minotaure, comme le pense
Marcel Barrière, qu'à l'insuffisance de la culture générale qu'est
due une telle incompréhension. J1 faut ajouter qu'un caractère à transformations successives, véritable Protée, échappe
aux classements hâtifs dont nous avons aujourd'hui l'habitude.
Pourtant M. Gendarme de Bévotte, dans un .ouvrage plein de
savoir et d'intelligence, La Légende de Don Juan, dont la
seconde édition est de 19n, a étudié l'évolution du héros dans
la littérature, depuis les origines jusqu'au romantisme. Un tel
livre devrait êtrë connu et tant soit peu médité par les drama-turges (terme trop fastueux !), les romanciers, les courriéristes
et les bas-bleus qui répondent aux. enquêtes. Par lui, l'on comprend que Don Juan, tel que se Je transmirent les écrivains
~'autrefois, est _f~ncièrement un philosophe libéré de Dieu par
1Amour_; un aristocrate en marge des lois, toujours jeté dans
les partis extrêmes, vers qui les femmes sont naturellement
attirées comme par le mâle aventureux et dominateur · et
' de'
enfin, pour le rajeunir à la moderne, l'incarnation même
Zarathoustra, vivant dangereusement, et cultivant l'égotisme
dans son sens absolu. C'est ce que ne lui pardonnent point les
esprits médiocres, et pourquoi ils l'ont représenté sous les
trait~ d'un fantoche ou d'un coquin. De plus artificieux, pour
corr.1ger le mauvais exemple et montrer la faillite de telles prétent10ns, ennemies de Dieu et des hommes, l'ont ramené à la

1:

* *
« Ils deviennent des almanachs de l'autre aimée. » La Bruyère
le disait : « des livres faits par des gens de parti et de cabale ».

Les Trois Impostures portent en sous-titre : almanach; qu'elles
sont exemptes de ce péril! « L'avenir qui n'est pas un juge nécessairement lucide et équitable», écrivait un jour Valéry; en
tout cas un avenir qui ne retiendrait pas l'œuvre de Toulet
serait un avenir bien peu français : certaines des plus indéfinissables qualités françaises - natives, jamais pr~cla~ée~ -:- s'y
distillent et tout ensemble s'y rétractent. Mais n anticipons
pas ; ce serait contrevenir à l'adage des Trois Impostures :
(( C'est le temps qui donne aux chefs-d'œuvre, comme aux
grands vins, la lumière, la saveur, la gloire. »
CHARLES DU BOS

** *

ESSAI SUR LE DONJUANISME CONTEMPORAIN,
par Maurice Barrière (Monde Nouveau).
Une nouvelle édition des Mémoires de Casanova, appelée à
quelque retentissement, va de nouveau inquiéter l'opinion par
l'énigmatique figure de Don Juan. Le séducte~r n'a pas ~u
bonne presse ces temps derniers, devant le public de cour~iéristes et de bonnetiers pour lequel les sieurs Rostand et Bataille
commettaient d'cmph;i.tiques niaiseries et soumettaient la
grammaire à des supplices chinois. Dans le même temps, on a

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Religion ou au repentir civique. Cependant, ce Don Juan
falsifié, que n'entraine plus la statue du ~mmandeur, a be~ucoup contribué à la confusion, et c'est le Don Ju~n que 1 on
nous ressert aujourd'hui. Comme le Don Juan vivant cacha
toujours sa vraie personnaiité amoureuse sous le masque du
séducteur à la mo-de, tantôt Lovelace ou Saint-Preux, tantôt
Valmont ou vVerther~ etc .. le Don Juan contemporain, s'il
existe aurait-il consenti à revêtir les piteuses apparences que
'
.
lui prêtent le théâtre et le roman ? Marcel Barrière, qui vient
d'étudier Don Juan dans la vie, si Gendarme de ..Bévotte l'a
surtout rencontré dans les lines, Marcel Barrière répond négativement, et esquisse à son tour la figure du Séducteur, én tous
points conforme à celle que dégagea son devancier. Il y a donc
des chances pour que ce portrait psychologique, obtenu par
des investigations difiéTentes, soit conforme à la vérité, et pour
que, désormais, l'on considère le · Donjuanisme contemporain
comme le corollaire de la Légende de Don Juan.
Marcel Barrière commence par résumer les origines du héros,
que l'antiquité n'a point connu, et qui est un produit des temps
modernes, soit de l'hypocrisie des passions, à hiquelle nous
obligent des mœurs 11olies et raffinées. Sans doute, en combattant les passions de l'amour, le Christianisme a-t-il attaché
plus de prix à la chose défendue; mais ce que l'essayiste néglige,
et quî paraît être le point de _départ de sentiments profonds,
fortifiés par une réserve réciproque, est l'égalité des sexes que
nous devons en partie à saint Jér6me. C'est pour la « prudefemme &gt;&gt; que l'homme ornera son langage des« fleurs du biendire », qu'il paradera dans les tournois et chevauchera comme
le chevalier Aïol, ((_ lance levée, par les grands desrubans et
les vallées ». Si ce n'est pas tout à fait Don Juan, ce n'est plus
Achille renversant la captive sur des peaux de bête; c'est le
grand dupeur · d'Héloïse, et, bientôt, ce seront les véritables
cc enfances » du héros, avec le Petit Jehan de Saintré, l'exquis
prototype de Chérubin. L'emprise entière sur l'esprit de la
femme; Dieu refoulé comme un v.aincu dans un coin du cœur,
et entouré des Remords impuissants, voilà la volupté intellectuelle qui se fait jour et sans laquelle le futur Don Juan
dédaignerait la possession physique comme un vil plaisir de
ribauds.

NOTES

47.9

o,n a~rait aiiné que _Marcel Barrière, après un rapide aperçu
de l!tahe de la Remussance, des cours. de Fr.ançois fer et de
Louis XIV, &lt;le la Régence et ·ae la Révolution, eût dit quelque~ mots des ~éformations de l'amour, « déformations professmnnelles », si l'on peut .dire, qui conduisent Valmont •.à la
re&lt;:hercbe de fa torture et précipitent ses successeurs dans Je
stup~e du sadisme. Et que n'a-t-il repris un passage de I'Art du
Passions, où sont étudiées les incarnations de. Don Juan au
couts des âges ainsi ,que les nombreuses déviations du donju~n~sme ?... Mais !'_a uteur avait beaucoup à dire sur le Donjuanisme Conumporam., ou, du moins, sur le -séducteur étudié
d'.a~rès nature. Il rabcirde presque immédiatement, et, pour
d1ss1per la confusio11 qu'il sait être néfaste à son héros, il commence par distinguer du vrai Don Juan 1l'homme-à~femmes et
les multiple,:; subdivisions au Séducteur. Le premier, impénétra~le, est pour les femmes une éternelle énigme, et la consti~non même de sa. nature est de ne pas subir d'ascendant. II
1gnor.e la jalo_usie co~m,e le grand homme de guerre ignore la
p~, contrairement a 1 homme-.à-femmes, il s'applique à ne
point paraitre ce qu'il est. L'ûn s'impose et l'autre n'a que des
o~ligations. Le fréquent parallèle de Marcel Barrièr.e est ingémeu_x et dé;1ote de ~'expérience ; m&amp;is le suivra-t-on quand il
soutient qu au ph.ys19ue Don Juan doit être d'une anatomie
irréprochable ? On convient, quant au visage, et qu'il est audessus ou au-dessous du joli-garçon»~ qu'il lui suffit d'avoir de la
« phy~ionomie j) et des « yeux magnétiques ». Les yeux du
portrait de Marana, à la Caridad de Séville, et ceux du portrait
de Cas:~ova par son :rère. _Quant à la perlection corporelle, il
suffit d invoquer la d1fform1té du Prince de Conti, la maigreur
et le•délabr~ment du Duc de Richelieu, lequel, en outre, était
grêlé ; le p1ed
de ~ord Byron, ou encore la .gibbosité de
Maye~x, cette mcarnatJ.on populaire de Don Juan sous 1a RestauratI~n. Il est vrai que ce dernier est un produit imaginaire
de 1~ littérature de colportage, et qu'il est plut6t un bouffon
lubnq.ue. On fera les m_êmes rem.arques sur le chapitre IV de la
~aute des Femmes, où 11 est parlé de l'âge, de la cambrure du
pied et de la forme du sein. L'on ne devra guère le prendre que
co_mme un hor_s-d'œuvre _de dilettante. D'ailleurs, le critique
hu-même conVJent en mamt passage de son livre que ni le rang

?ot

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ni la beauté, l'âge ni la laideur n'importent à celui qui place en
prééminence la possession d'un caractère ou d'un cœur. Le
reste appartient à la transposition dramatique. Le chapitre des
Courtisanes n'est pas non plus indispensable ou devrait être
plus développé sur la question d'actualité des Don Juanes, que
le critique résout par la négative, tout en laissant planer l'hypothèse.
Marcel Barrière · croit donc à l'existence du Don Juan
moderne, tant est grand le pouvoir d'adaptation du Séducteur,
et d'ailleurs, sans pittoresque et sans faste, il est sans doute aussi
fréquent qu'autrefois. Cependant, l'on ne voit pas bien en quoi
le donjuanisme moderne diffère tellement de I celui du
xvm 0 siècle. Même dans la conclusion du dernier chapitre sur
les Passions au point de tme social et la Morale nouvelle, où l'on
croit entrevoir le Don Juan promis, nous retrouvons exactement Louvet et Restif, qui, des premiers, ont contribué à faire
admettre le divorce et ont défendu les droits de l'individu dans
la sujétion du mariage. Là, cet anarchiste a de grands desseins ...
mais c'est un anarcbiste modéré. Il déclare qu'il faut maintenir
Je mariage, nécessaire à l'équilibre des sociétés, mais le mariage
sans la cohabitation obligatoire si défavorable à l'amour. Cela
peut paraître le parler de Maître Renard ; néanmoins, on sait
que Don Juan est toujours désintéressé, qu'il méprise les conquêtes faciles, et qu'enfin nul n'est plus qualifié pour parler des
choses de l'amour. Donc, « mettre Je mariage en harmonie
avec les mœurs nouvelles, d'accord avec la réalité des passions;
interdire la dot et la dépendance des femmes en ce qui concerne
le domicile et l'administration des biens. Et, conclut Marcel
Barrière, rien que par les coups qu'il porte au mariage, le
donjuanisme contribue d'une manière détournée à ébranler tout
ce que le pharisaïsme contemporain représente de traditions,
de légalité, d'ordre, et même de vertus ostentatoires, car la
séduction est, socialement parlant, une des justes revanches de
la nature contre les coutumes qui tendent à la domestiquer. J1
Il s'élève, enfin, contre l'hypothèse de la polygamie, qu'il considère comme un élément de dissolution des mœurs, et un
retour à J'esclavage; car, « le donjuanisme, qui fut la Chevalerie
au moyen âge, et qui est dans les temps modernes l'essence de
la galanterie, a pour effet social d'imprégner les mœurs amou-

NOTES

reuses d'un haut caractère de politesse ... C'est toute la morale
qui suffit aux passions. JI
Ce livre, d'une lecture attrayante, bien pensé et bien ~crit,
notamment dans le chapitre de la Séductio11, se termine par
cette belle phrase : « Satan ne sera plus considéré comme le
génie du mal et l'ennemi du genre humain: le démon n'est
autre chose que la seconde face de Dieu lui-même, c'est-à-dire
la Nature. » Une allégorie voisine, celle du Satyre de Victor
Hugo, répondrait plus exactement à Don Juan, en réYolte
contre le Ciel.
FERNA. o FLEURET
,.
* ,.

LA CONQUÊTE DE LA JOIE, par Raymond Sclrwab
(Cahiers Verts, Grasset).
Quiconque aime Suarès aimera sans doute aussi la prose
lyrique de Raymond Schwab. Edifier une règle de vie
héroïque, noble sur un fondement d'égotisme ; exalter chaque
minute ; prendre une conscience exacte et ardente de la valeur
de chaque acte quotidien et le rattacher à un grand système
passionné, autant d'e1'.ercices excellents pour des époques plates,
trop heureuses, et de ce fait un peu mornes, comme l'étaient
l'an 1900, ou même l'an 1913.
Mais, en 1922, où tout autour de nous tourneboule et
chavire, où les Empires s'écroulent, où l'héroïque et le tragique sont partout, on peut préférer à un art semblable, un
art plus simple et tout d'allusion. Dire la vie d'aujourd'hui,
l'énumérer sans commentaire, c'est peut-être créer plus d'émotion que d'expliquer, fût-ce aYec l'art.de M. Schwab, la mécanique sentimentale de Louis XIII ou de içolas E.ollin, chan.celier du duc de Bourgogne.

,.

BENJAM J.

CRÉMIEUX

* *

LITTÉRATURE

ET ORIE T, par Hmri Tlmile

(Messein).
Lieu géométrique où l'Europe, l'Afrique et l'Asie se rencontrent, lisière de 1:orient et de l'Occident, suspendue entre tes
1eux immensités de- la mer et du désert : l'Egypte. C'est son
Jmage antique et nouvelle qui donne son unit à ce recueil d'ar31

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tkles critiques et de proses lyriques d'un Français né - et établi
là-bas. Henri Ttl:tuile prend sa place parmi les meilleurs écrtva-~ns
de la renaissance égyptienne; Marinetti, .Ungarettî, Alb-ert Ad.ès,
Albert Cohen, Héli-Georges Cattani. Son,apport dans. ce renouveau, èest un mélange de culture gréco-litine, française, musul:.
mane 'et bouddhi4ue. Ses·- pages critiques 'sur la,,littérature française d'aujourd'.htti sont souv.ent contestables, parfois un peu
naï:ves ou bien trop sommaires. Ce qui fait le prix1de ce livre, ce
sont cinquante ou soixante pages d'anthologie, où la fluidité helMni-que, la chaleur orientale et la saveur du Mek;oub islamique se
trouvent curieusement unies. Il faudrait citer : « Voici la côte
~échiquetée de la Marmarique doucement ap.puyé&amp;aux .genoux
de lâ mer. .. Lii, seute moissôn de ·ces ciel~ est ce1te de la
lumière. Elle monte immensément de toutes ·parts' Jcomhie une
acclamation .. :· Adieu Europe t Je ne reverrai pas 'les t0lts de
tuiles. )) cr Quand .vienâra le mon1ent du suprême dépai;t. et
qu'it faudra larguer ies boùlines du vent, amenanttdstemé"nt le
dernier de nos l'ê,•eS-, ah ! Pargas, que ce soit le- pavilloB d'un
jour heureux ! » Et ces counes de chevaux ,:m C:aire qu'eût
aimée~ Henry Levet : c&lt; La fanfare d'ilœ régiment anglais lançait
à toute volée des bouffées de Carmen {!US naseaux du vainqueur. ))
-BENJAMIN CRÉMIEUX

ll'OTES

LA POÉSIE

, l

L]; COFFR,E'f DE SANTAL, par Gharles Cros (Stock).
On a rouvert ce coffret de bois 1parfumé et' l'odeur légère qui
s'en êéhappe encore est plus douce à respirer que l'âcre odêur
de la poésie à la mode. _Les lacs du Souvenir sont plus\ bleus
que les lacs de pétrole et -les vers .de Charles Cros n'ont pas
tant vieilli que certains . de ceux· qu'on écrivait il y a -trois ou
quatre ans. Les thèmes poétiques cher&amp; à Verlaine et à tous ces
jeunes gens qui c:herchaient fortuné autour du Chat-Noir de
Rodolphe Salis, Charles Cros les emploie,. non pas avec la
sfireté du cc Pauvre Lélian », mais a:vec_ une gaucherie charmante et ridicule.Je ne sais si les jeunes -gens de ma génération
gofitent encore cette roman-ce- qu1on chante si bien· entre les
quatre murs du Lapin-Agile où les araignées du _soir annoncent
un éternel espoir aux jeunes femmes qui)aissent cr:oire qu'elles
prennent de« la neige » (lisez ~ cocaïne)·, à leurs amants qui
feignent d'écrire -:
Soif$ un roi .tJ'Alle711agne 11,ncien,
Est mort Gottlieb le tmtsiciw.
011 l'a cloué sow Zesplqncbes.

*

* *

LES BALS DE .PARIS, par And.ré Warn_qd (Ed.

G. Cr~).
Va-t-on comp0ser une bibliothèqu~ technique des "Plaisirs
d'aujourd'hui? Pour l'amour et la cuisine, les ouvrages de fon-cl°s
ne manquent pas. - Il .y a de bons manuèls ·de - poker. Enfin,
voici l'ouvrage de M. André Wamo_d SUI' les bals de Paris.
Bals, cafés et cabarets, du même auteur, faisait déjà autorité
avant la guerre, surtout à l'étranger. C'est grâce à des livres
moins bien faits que la France a rayonné jadis. d'un inégalable
éclat. Ces spectacles populaires n'ont~iis pas - e'fe,rcé sur
l'impressionnisme, l'idéalisme et J.es formes d'art nouveftes une
influence comparable, à celle de la Cour sur l'art français du
xvrre ? La java, telle qu'on-la danse ifu baf Ùotdb-res -lorsque la
salle s'éclaire en f&gt;leu, vllut tous les voyages. Le livre de
M. Warnod y con'duit
PAP'L MORAND

Toute 1a salle reprend en chœÙr :
1

Hou ! H01i ! Hou !
Et le chanteur achève :
Le vent soufjle dans. les b;anches.
Charles Cros fréquentait chez Nina de Villard où se réunissaient
des poètes, vers- 1890, Germain Nouvea)l, Jean Richepin c&lt; qui
a mal tourné ,)), et_d;autres que je ne nommerai pas pour m'abstenir d'une éruditîon trop facile. Il est l'auteur du Hareng-Saur,
monologue bien connu dans les. cours de didion où les adolescents imp-a!:ie.nts d'être des bommes jouent les héros &lt;lu répertoire, sous les yeux rieurs des jeunes filles .qui rêvent d'entrer
au Conservatoire. Chatles 'Cros est Cauteur aussi de di-zàins
réalistes. On y lit parfois des .vers presque semblables au distique. cé.lèbre. de Coppée :

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pour interroger les morts du.« paysage impla"able », pour célébrer le sacrifice de ceux q.ui tombèrént sans foi et sans espé-

Depuis quelque vingt a11s, le nom~ui Marc Lefort
Est mécanicien sur ta ligne 'Ju Nord.

ivµîs ce qui sauve l'auteur du Coffret de Sà~tal, c'est d'être,
malgré ses fa_iblesses ~t ses imperfections_, ~un pgète vraiment
~ensible. Un autre n'aurait pas écrit_&lt;:es y~rs -délic;,ieux et puérils
sur

Un Miroir :
Toutes les fois; miroir, que lu lui setvïras
A se mettre du -noir aux yeux ou sur sa joue
La poudre-pm/umée;:cu bien dans uninnoue
Charmante, SQlf:çarmin-mix lèvres, tu dircis : · •

r.
l.

«Je dommis 1·efiétanl les ·vers, que stJ.r l'ivoit-t
Il écridt ... Pourquoi de vos yeu:,çde t•elom's,
De votre chair, .de"uôs~1èvres p&amp;r éeNitours,
Rendre plus -1clatante mcore la. victtJfre ? »

.

..,..; .,. . t:T' ..

.

ou pour tresser en l'honneur de son ami Paul Drouot les guirlandes funéraires de l'amitié.

(Editions de l'Eq-qerr~., Bruxelles).

•. '
l!

GEORGES GABORY

*

f' aime les frais matins peuplés de tourtei·elles,
Les ciels purs et lav4s ccmme des j quarelles,
L'azur, tant_fe qu~ cha1_7-te et tout ce iui sQur~t,
L'humble lila.i,{j /fi s'ouyre) t doucemetJ/ flf-v,rit,
L'oiseau ccmmè t,n désit- posé de bra~1!be e;,, branche, Et, .dans uii'jardin c7àir, avêcsa. robe bJAnche . .. '

-.

Et n'ayant que la gloire et l'hoimeur pour tous dieux,

tA FOI DU DOUTE, poèmes, par Pierre Bourgeoi;

Charles Cros a chanté l'amour, ses plaisirs et ses peines et il
est très doux de lire ses vers d'une voix discrète, émue et qu'on
voudrait soutenue par un clavecin mélapcolique, dans un boudoir rose et fané, à quelque jeune femme sensible dont on est
aimé sans le savoir et qui ne s~ura jamais qu'on Taime.

* *
AQUARELLES, par Emile Henriot (Emile-Paul).

rance

ROGER ALL4RD•

I

Alors, si tu S!frpr_e~·,Jl quelque regarà pe~•en,
Si de l'amour présent elle est distraite oit fasse,
Brise-t&amp;i; mais ne lt:ii sers pas, petite glace,
À s'orner pour un a.utre, en riant de mes vers.

NOTES

Ces poèmes ne sont p,oint médio:cres, ils .sont mauvais . D1où
-vient qu'on puisstdes lire ayec sympathie ? Il y a d'ans le « cas·n
de M. Pierrè Bourgeois,,quelque· chose de tragique et l'on voudrait vqler au secours du poète·noyi dans ses phrases. Tant de
vase et tant d'algues- brisent l'élan ·du nageur.
Sans doute l'auteur ne conçoit-il rien dairement, mais _à la
qualité de certaines -imâges on _reconnaît !!.artiste à naître. La
preuve que ses strophes ne sont pas indifférentes,. c'est qu'on
aimerait les refaire e11 supprimant les neuf dixièmes des adverbes,
épithètes et substantifs abstraits. Je me suis ,amusé à leur appliquer une « grille » comme aux. textes brQuillés. Les. r:ésultats.
sont concluantS: : je les tiens à la disp·osition de M. Pierre
Bourgeois.
PAUL FIEREN.S.

*

* *
..l

32· DÉCEMBR~ suivi de quelques mirlitons antérieurs,.

b
t

J\près une telle_ profession de foi•, on n'attendra pa.s de
M. Emile Henriot des.sentiments rares ou des images imprévnè5:
U aime à poursuiyre , S,QUS les, saules la muse, .habitante cks
coteaux modérés . .Elégiaque avec di scrétion, matérialiste. et
panthéïste sans trop de rigueur, il rencontrt\ de fermes aeçent(

par Jean-Victor Pellerin (La Sirène).
Si d'aigres sonorités nous émeuvent, c'est à la faveur d'uœ.
complot sentimental où la musique elle-même n'a qu'une
influence réduite. Le piston de village élargit" ainsi les soirs dejuin_; l'orchestrion coagule l'éparse tristesse des champs de
foire. Qn n'a pas envie de reprocher à M. Jean-Victor Pellerin
son amour du mirliton, mais ses-chansons et calembours de caféconcert risquent fort de trouver peu d'écho. Question d'atmosphère sans doute ? Précisément, l'impuissance du poète à créer
par ses fausses notes l'état d'indulgtnte sympathie qui les ferait
entendre sans déplaisir, se manifeste à chaque page dans la moi.-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tié versifiée du tecueil:· On pouuait'mieux employer cette vir..
tuosité fa&lt;:ile qui, ,surveillée, deviéndrait un charme.
•cl
Quant à la méditation qui préface le volume, elle exprime
gracieusement plusieurs banalités. lei,encore il pourrait être fait
meilleur usage du mirliton. Je suis à recommencer », s'écrie
M, J .-V. Pellerin. ,Qui eût osé le lui dire si crûment ?

«

PAUL FIERJ!NS

LE ROMAN

MYRRHINE COURTISANE ET MA_RTYRE, par Pierre
Mille (Ferenczi).
.1
M. Pierre Mille vient d'étfüe un,rom·:m antique. On~'y attendait pe11,. Pierre Mille est une intellïgence, un observâteui, un
moralisfe.-·C-e n'est pas un anitµateur; jusqu'ici, il a pa:ru avant
-tout raisonnable. Or, pour, ècrire un roman historique, il faut
.s'halluciner soi-même. Cela·peut paraitre étrange, c'est ainsi.
Nous nous intéressons peu.à !'Histoire, et beaucoup à l'auteur.
Les. Martyrs, Notré-1Jame de Pa-ris, Saùunmbô, ne valent querpar
l'imagination. Et aussi peut-.être l'Histoir:e ·de Mîchelet, les 'Ori.gines de Renan. , '
·
r,
,.
Piel'te Mille :rune forme de' l'imagination : l'humour,' la fantaisie. Sur ùti trait de• mœurs obsei:vé, il sait bâtir une histoire
caricaturale qui, e!xagér~nt le tra:it,de mœurs, lé"fait sentir et le
ridiculise. IU saieaussi· répro-duire la réalité en l'analysant,~en la
disséquant!. Si Barnavaux est sous ses yeux, il ne le dessine pas
en deux coups instinctifs, il le décrit ·par petites touches. Il est
do~c le, fOntraire d'un fa\seur d'épopée~:
Ce n'est' pas ùne épopée qli'il .a voulu_ écri_re, bien qu',11 ait
repris le sujet des Martyrs: demiè e grande pêrséëhtï°Jn ''dés
chrétiens. Epoque trouble, toute jaillissante d'enth~usiasme et
defolies . .Pierre Mille s'efforce dé nous tncmtter que cette
épque fut l&gt;anale, que les martyrS' furent 'des hommes mdinaird.
C'est;me idée divertissànte à soutenir, un paradoxit, le · suret
d'un conte.:..Je ne ,sais pourquoi. Pierre Mille a pris run to-d si
grave, a -&amp;rit plus" de 200 pagés, pohrqu-0i 'a 'bour-ré';scHl li&gt;Jre
de notes prises à· l'An'.thêilogie., aux Actes des Marryrs ou au~
.ouvrages des spécialistes. Ç'est beaucoup d'eml:&gt;artas pour un~
fdée si frêle, si peu jt!stili'ée-. ·I l y .â' bien plus ·de vérité dltt1s
P-0lyeucte que,dans tQus'1es hêr.os~de' Myrr'him. 1 Le1 patfüms les

1a

ir

HOTES

plus délicats du scepticisme ne nous feront pas croire qu'on se
fuit supplicier par vice ou sans savoir pourquoi.
.
Pierre Mille, n'ayant pas vécu à Corinthe sous Galère, n'y a
pas ttouvé ·un narnavaux à observer.' Les types qu'il a inventés
restent p-âles .. Et l'in·évitable festin philosophique de ce rornan
grec n'apporte aucune· nouvelle 1ueur. Il me semble que, dans
l'œuvre toujours honorable, souvent amusante, -parfois brillante
de Pie:rre Mille, cette-Myrrhi1tt reste un frvre inntile.
Et -par quelle fantaisie Pierre Mille appelle-t-il frène la pauvre
servante qui ·fat la mère de Constantin ! Tant d'érudition
déployée J&gt;OUr arriver .à ce lapsus? Pierre Mille n'aime suère
l'histoire.
PA'UL RIVAL

*

* *

L'AMOUR ET LA MORT DE JEAN PRADEAU, par
Chartes Silvestre (Plon),
Le paysan en littérature a un sort singulier. Il semble qu'~n
ne puisse le 'p eindre au naturel et que sur tout roman de la vie
aux champs il y ait un frottis ou de bitume -ou d'azur. Est-ce
une fatalité ile la matière, et l'une des mélancolies du genre ?
te romancier qui a très vif le goût des choses vertes prête peutêtre à ses paysans, malgi:é qu'il en ait, quelque air de bucolique;
et celui qui ne l'a pas en fait des brutes que mène l'instinct seul.
Pu1s les effets sont si faciles à marquerici qu'on est porté à donner le coup de pouce. Âu mo.yen ~ge déjà, d'un côté des farces
vî.llageois-és, de l'autre dès bergeries d'amour tendre et d'eau
fraîche.
Et l'on est encore à discuter du véritable rustique! Sera-t-il
aux couleurs de Sand ou aux couleurs de Zola? Le bon, le vrar,
le seul, dit l'un, c'est la bête humaine puant le bouc et le -fumier.
L'autre jure que ce cul-terreux à la naturaliste est outré et -faux,
et qu'à bien voir la bonne dame de Nohant est plus proche . du
réel, Pour peu qu'on ait pratiqué les campagnard~, on peut a1s~ment s'autoriser d'exemples. Pour ou contre.
Si l'on renonçait à ce bavardage et qu'on voie en ces conceptions contraires d'eux vérités (( répugnantes » selon le mot -de
Pascal, mais vraies _toutes deux?.({. D'ordinaire il arrive que ne
pouvant concê-roir le rapport de deux vérités opposées et
croyant que l'aveu de l'une enferme l'exclusion de l'autre, ils

�LA NOUV.ELLE REVUE FRANÇAISE

/

(les hérétiques) s'attachent à l'une, ils excluent l'autre, e.t pense.nt gue nom;, au contraire.)&gt; Pour être dans le vrai, le.romancier
doit voir dans le paysan un homme cap_able de bien et de mal,
- parbleu ! - et de plus de bien e't de plus.de mal peut-être.que
ceux q·ui sont moins proches des éhose's .naturelles. Le rapport à
concevoir ici entre les deux vérités, l'optimiste et la pessimiste,
ne peut être donné que par un fort .sentiment de la vie rustique.
Non le sentiment de la nature, à la Jean-Jacques, gui compoi:te
un certain éloignement des hommes-, mais de.s amitiés terriennes,
comme Barrès dit: des amitiés françaises. Ces amitiés seules
font ll.'.omprendre comme,nt les bassesses .et les grandeurs du
paysan, ce qu'il a parfois de bestial, parfois d/bibliqu~ et d'idyllique, tiennent à ses mœurs et conditions, c'est-à-dire à sa terre.
Charles Silvestre a ce sens du Limousin qu'il lui fallait avoir
pour écrire un roman complet -sur ses paysans. Sympathique~ et
antipathiques, jeunes et vieux, hommes et femmes, it a dessiné
une dizaine de personnages, variés et bien suivis, qui sont · en
somme des types, les types essentiels d'une galerie camp..agnarde. Ces gens-là, suffisamment individualisés, soot vrais
et présents: les ruraux de chez nous dans· la guerre, en un
moment 01.1 tout passion:pa.it la vie, les uns sê dépas.sant pour
s'égaler aux circonstances, les autres lâchant la brid·e aux désirs,
âux convoitises,
Si Charles Silvestre a forcé légèrement certains contours, c'est
en restant dans !-aligne. Pas de ces traits de mœurs que Zola
estimait sans doute champêtres et significatifs, tels que celui de
l'idiot violant sa grand'mère racornie. Mais son père Breuil,
répugnant bonhomme, ladre et lubrique, . e~t poussé assez au
noir, tandis que son Jean Pradeau pourra paraître idéalisé, _bien
qu'il ubus le montre d'organisation nerveuse et affiné par la
mala&lt;lie. Le portrait de la vieille mère, si bonne femme, toute
de cœur, semble .eir.cellent de stîreté et de relief.
Dira-t-on que la probité de l'ouvrage etît exigé un peu plus
de sobriété? Si peu que rien. Un mot de, trop. parfois, dans le
dialogue. Celui d'ailleurs qui parlera le plus au gros du public.
Mais tant de paroles d'u.n naturel et d'une bonhomie qui sont la
vie même! Et cela va loin. En usant des mots les plus ordinaires,
ces gens ont parfois des phrases, de véritables cris humains, qui
leur prêtent de singulières proportions.

NOTES

·· La cueillette des pommes .où ne, s'échangent que de menus
propos, presque des clichés, reste une idyUe d'un ton.fort j:uste.
Les pages sur l'agonie de Jean Pradeau, sa mort, la peine de la
vieille mère, sont émouvantes, d'une émotion prenante et non
sans grandeur. La saveur tragique du parler populaire, aipsi
qu'une langue pleine de sève ·et de montant font &amp;eaucoup
pour ce livre. Mais il a une vertu de belle humeur, de tendresse,
et surtout d'émotion, on -ne sait comment venue.
Ces dons même font qu'on peut en vouloir à Charles Silvestre
de ne pas employer toujours au mieux son talent. M. d.e Balzac
parlant d'un poète de son époque disait : « Il lui prenait parfois
des enthousiasmes assez agréables. » Ce compliment -vaudraitil, fait à un romancierr '? Une apostrophe au J:..imousia tient un
peu du morceau de bravour.e. Des pays~ges trop brillants,
avec des agréments de style, font retrouver- l'auteur, alors qu'on
était devant ses campagnards. Charles Silvest!e c'est .le Limousin même: il n'·e tît ri'en dtî souffrir en son P.radtdu qui ne ftît
de veine agreste.
Voilà bien ,des reproches? Non, touiours le même. n· ne
manque rien à ce li,vre si ce n'est quelques suppressions.
Il se pourrait qu'-On ftît en droit d'adresser à l'auteur d'autres
critiques. Mais au bout du compte un ramander qui montre
un tel sentiment de la vie rustique, et qui a de l'âme en même
temps qu'un goût vif pour le réalisme, est un homme sauvé.
HENRI POURRAT

LE CABINET NOIR~ par Max Jacob (Bibliothèque des
Marges).
Devant nous, Max Jacob o,uvre des lettres qui ne lui sont
pas adressées. Comme poète, · n'a-t-il pas sur tout droit de
regard, au même titr.e que le Ministère de l'Jnténieur ? En se
jouant des difficultés, l'auteur réhabilite le haut commerce
parisien et restitue à la petite bourgeoisie provinciale tout ce
qui lui est dû. On se rend compte après l'avoir lu que les plus
puissantes firmes ne sont pas à l'abri des embarras de l'amour
et qu'en. banlieue les gémissements ont leur saveur secrète. Dans cette chambre noire, un monde inoubliable, pris au
plus petit diaphragme, vient jeter son image renversée, comme

�490

LA NOUVELLE REVUE FRA.NÇA.ISB

dans les sources. Panni ces lettres, celle de

Mlle.

Bernard

Ma tante, vieille chipie, je vous avertis d'avoir à vo11s taire ... l))
et celle d'une jeune ouvrière au fils de son patron ( « Je sentais
bien que vous n'étiez pliJr comme avant, du temps de l'avenue Pbilippe-Augurte ... l)), iront au ciel,
Faut-il répéter que Max J.acob est un de nos maîtres, et qu'il
(«

embellit notre époque?

,.

PAUL 1'.0RAND

*
* *

LA FIANCÉE MORTE, par ].
marion).

N.

liOTES

ravages exercés par l' opium sur Je bon gollt de ceux qui en
usent dans leurs livres, sont bien gunds.
L'ouvrage qui nous ocaiJ&gt;e échappe à tbut reproche de cette
sorte. L'auteur décrit des scènes et des sentiments nécessair&amp;
ment flottants avec un remarquable souci de la nuance juste.et
un parlait sens de la mesure. Aucune exaltation de mauvais
ton ; rien qui sonne creux dans sa fumerie. Et certains pass:ages,
plus aérés, laissent voir. que ces qualités -peuvent s'appliquer
aussi bien à l'observation de la nature et du réel.
JACQUES DB LACRETELLE

Faure-Biguet (Flam,

Selon une antique légende slave, lorsque, jadis, une fille
mourait vierge, la coutume était de Ja fiancer à un jeune
homme, mort lui aussi sans avoir pris d'épouse . « Pour ces
deux .fiancés d'outre-tombe on dressait des contrats, comme
s'ils eussent été vivants. Et le jour de leurs tristes noces, on
brôlait les parchemins et les présents qu'on leur avait offerts.
Ainsi, sur l'aile légère du feu montait vers eux, jusqu'au monde
qui est au-dessus de la terre, la nouvelle de leurs fêtes nup.tiaJ.es. _..
Tel est le thème très poétique pu lequel M. Faure-Biguet cherche
à expliquer l'anxiété sans c:mse et les désirs mystérieux del a jeune
danseuse russe dont il nous conte la vie. Isis - c' est le nom
que lui ont donné ses amis-croit que l'âme d'une de ces lointaines fiancées mortes s'est incarnée en elle ; et elle épuise sa vie
terrestre à retrouver l'autre âme. L'action est voilée tout du long
par les légères fumées de l'opium .
Le défaut d'un tel sujet est qu'il réunit trop d'éléments artificiels : l'énigme d'une vie antérieure, l'extase de 1a danse, les
rêves de l'opium, etc. •De ce fait, les personnages, si vrais et
si finement exprimés que soient leurs sentiments, ont une
fignre quelque peu :fi.ctive. 'L'artificiel, dans la littérature, prend
.des formes successives qui varient comme des modes. On dirait
que chaque génération d'écrivains a. sa névrose particulière.
Voilà vingt-cinq ans, c'était le culte des lys et la mode de la
r~be « Sixtine li. Aujourd'hui c'est la vogue des ·danseuses nupieds et la passion .de l'opium. Les romans où fon assiste au
« dér?ulement des voiles » et où l'on entend « le grésillement
des p1pes ll ne se comptènt plus. Et .généralement, hélas ! Les

* **

,
!.:'ENLISEMENT, par ]ea11 Monique (Rieder).
Il s'agit de l'enlisement progressif du« pion» dans le répétitorat. Nulle déclamation·, nul didactisrne, une-série de notations
justes et sensibles. ~ull. très beaux chapitres : celui où le pion
« chahuté » réussit à remonter le courant et à o: mater »· son
étude de« mo1ens .,, et celui où il s'abandonne à la boisson.
Le reste du Jiwe inspire une vive sympathie pour la sincérité
-et le talent de l'auteur, mais ne va pas sans monotonie. Lesimpressions s'égrènent un peu au hasard, sans avoir le éharme du tontveoant impressionniste. Elles ne · oous sont pas livrées d'une
façon assez directe, elles sorit trop transposées, sans former
cependant un ensemble construit.
Les matérianx-0e la bâtisse sont rassemblés, la maison n'est
pas construite. Cest dommage, les matériaux étant (pour dire
vite) d'une qualité analogue à ceux de Charles-Louis Philippe
et ce livre étant de ceux qu'on n'écrit pas pour s'amuser, mais
avec tout le sang de son cœur.
B. CRÉMIEUX

** *

L'OPHÉLIA, histoire d'un naufrage, par Marius-Ary
Leblond (La Sirène).
Certainement le livre est réussi, car il est pathétique, prenant, et tenace . L'imagination de-meure occupée de cet ilot,
mince et triste, au ras d'une mer étincelante où les coraux,
comme de grands pièges à navires, bl'ttknt en couron nes de
hlmière sous Jei e{!UX tropicales ...

�49 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il y a profit, même pour un romancier, à 11voir vu ce qu'il
entend faire voir. Madus et Acy Leblond sont de grands voyageurs, et l'on gagerait que ce naufrage eut lieu, en effet, ou que
ce fut tout comme, dans le canal de Mozambique. Bénéfice
énorme. Je suppose qu'avec du goût et le sens de la fiction, un
littérateur peut trouver « ce quelque chose qui embaume une
page», c'est-à-dire le détail, efficace comme une odeur, qui à lui
seul fait atmosphère. Mais quel talent ne lui faut-il pas pour que
son ouvrage ne sente point le concerté, la facture, un certain
échauffement de fantaisie. Les plus grands n'arrivent pas toujours à composer cc philtre de l' « ailleur,s », philtre où l'inattendu, l'agrément, la surprise, et une ingénuité, une facilité, je
ne sais quoi qui fait accepter sans étonnement cela même qui
vient Je nous surprendre, entre.nt peut•êtœ à parts égales.
La sincérité de la vision a d'autres avantages : elle permet
une meilleure économie de l'intelligence et laisse disponible et
fraîche l'imagination que sans cela l'invention viendrait peutêtre suppléer. Ainsi, dans l'Ophélia, ce qui se fût dépensé en
fiction, approfondit la vision, la fait hallucinante. Le livre,
d'une saveur toute moderne et plein d'ailleurs de traits originaux, communique un sentiment singulier des races, des
faunes, de ces peuples d'oiseaux. aux mœurs particulières qui
hantent les iles australes, de la mer et de ses formations madréP,Oriques. Vie et mystère de l'être, vie du groupe, vie de
l'animal, vie des éléments. C'est ici que l'on retrouve vraiment
le got'\t frais du voyage. D'où il suit qu'un tel roman d'aventures, - si l'on veut, - a plus qu'un autre valeur humaine . Les
trois hommes de mer qui s'affrontent sur l'île aux oiseaux sont
des vivants, avec leur vie à eux, leurs particularités physiques,
leur odeur animale. L'histoire, en son étrangeté même, prend
du poids, devient riche de sens, passe en somme dans la région
du symbole.
L'Ophé/ia, histoire d'un naufrage ... Naufrage d'un bateau,
naufrage d'un individu, naufrage encore du bonheur édifié par
deux êtres enthousiastes ...
Marius et Ary Leblond sont les romanciers, - laissant au
mot « roman » tout ce qu'il enferme d'épique et de lyrique, de l'effort français à travers les races et les pays ; ou plutôt d'un
certain enthousiasme à la française fait d'intelligence, de zèle,

NOTES

493

de vaillance, de noblesse de cœur. Les poètes de notre génie
en action dans le monde. Leur trait propre, c'est ce caractère à
la fois de lyrisme en fleur et de sérieux intellectuel, Sans être
nourri de réflexions comme En France, ou même comme
le Miracle de la Race, ce roman ·est macqué de la double griffe.
La force qu'il garde d'être quasiment un document, ces
impressions cutieuses, ce. goftt de vécu, et d'autre part la péripétie vive, la concentration du récit, son chiffre elliptique, lui
donnent un reli_ef singulier. - Faut-il dire qu'un certain abus
&lt;les mots et des phrases soulignés désoblige un peu, comme
un manque de confiance envers le lecteur? - Que le livre soit
riche en couleurs, cela se voit d'abord: ce qui importe davantage, c'e.st qu'il est aussi riche en nature.
HENRI POURRAT

LETTRES ÉTRANGÈRES
L'ANNÉE LITTÉRAIRE EN lT ALIE.
Les douze - ou plus exactement les dix-huit mois - qui
s'achèvent ont été marqués dans les lettres italiennes par la
mort de Giovanni Verga et de 'Renato Fucini, Je premier plus
qu'octogénaire et le second proche de l'être, par la publication
du Notturno de Gabriele d'Annunzio, de la Storia di Cristo de
Papini, du Rubè de G. A. Borgese, par la représentation de
Sei personaggi in cerca d'autore de Luigi Pirandello, par la parution sous les auspices du groupe de la Ronda du Testament
littéraire de Giacomo Leopardi et enfin par la création d'un certain
nombre de nouvelles revues littéraires (Lo Spettatorc, Trifa/co,
l'faatne, Primo Tempo etc ... )
Depuis quarante ans, Giovanni Verga ne produisait plus et
Renato Fucioi depuis vîngt . Ils étaiept de stature inégale :
Verga est un grand romancier, Fucini un aimable conteur
toscan. On continue à lire et à aimer Fucini en _Italie comme
chez nous les Lettres de mon moulin, ~is aucun des cooteurs
toscans d':\ujourd'bui, nj Arden.go Soffici~ P..i Bruno Cicognani
ne le contiJ)uent en ligne directe.
La littérature toscanisante a pour -elle foute la saveur du parler
de Florence, de Pistoie ou de Sjenne, _une vivacité, une grâce, un
primesaµt auqui;l on ne résist~ pas; c'est _un sourire perpétuel,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

495

même s'il lui arrive, ce.-qui est rare, de larmoyer. Mais ce n'est
qu'un plat local, qui.a kragoüt du.4ialecte (avec, simplemeot,
la cham::e de pouvoir ~tre absorbe par tous d'un bout à l'autre de
la péninsule, le patois .to·scan-fotma:nt les huit dïxièmes de la
langue-it:iliennei,.et au-quelles grands sujets, 1esgrandesé'motions
-sont interdits. JI faut .reconnaître .avec les détractè4rs du toscan
-quefa.bus de cette littérature risquerait, si l'on peut •dire,, (&lt; d'empatoiser » l'italien, de Jui enlever toute valeur universelle, ou
seulement 11ationale::: Cette ·- querelle ·au toscan et de Y-italien
n'est toutefois...pas , près. de cèsser~ La publiaation des inédits de
Fucini a contdbué-à:Ia ranimer. ·
I
Il y a.y.ait eu en Jtalie .depu1s ,l 'armistice un vif me&gt;u'l!etnennle
sympathie de la part des jeunes et err particulier :des néo-classiques dans la direction de Verga. Sous le vérisme du romancier
des Malavoglia, on avait aisément découvert, le jour où l'on
s'était mêlé d'y regarder de près, une sàbriété-, une force con•
densée, un ramassé dans l'expressiçn et en même tep:ip~ un
lyrisme sous-jacent qui le·iirent aussitôt 'qualifier de «-grand classique ». Cè fub:::é-dassicisme qui fut cél-ébré l'ors- de son quatrevingtième anniversaire . .Depuis lors, ïl est peu ae prosateûrs -qui
ne se.réclament de lui ; les définitions les plus contradictoires
de son clas-sicisme so-ntfournies ohaque- jour, les conséquences
les plus diverses tirées d:e son œuvre. Il n'existe pourtant pas une
doctrine littérair.e solide·issne de Verga ..Et, croyons-nous, il ne
saurait en existér. Ses romans, que leur rythme 'intérieur fera
durer, obéissent extérieurement à une concef&gt;tion périmée, celle
de Zola. Or le rythme 'intérieur propre à Verga ne peut s1eriseigner, ni s'imiter. Ses nouvellës, du· moins certaines d'entre
elles : ~avalleria Rusticana, La Lupa, Malal'ia, qui f:iignent la
brièveté saccadée de Mérimée au « charme 11 de Balzac., pour•
raiènt, sémble-t,il,.offrir -des modèles-&lt;l:e récit, ,mais .personne ne
semble jusqu'rci s'. en .êtr.e.. aperçu. On a beaucoupsdisserté sur
l'art de Verga depuis. 19·19, nul ti'a encore 'Cl'un·e façon
évidente et per,sonnelle tiré'parti de son grand enseignement.
La lutte des andens et- qes, modernes continue, toujours
imposée par les tenants de la tradition, le groupe· combatif et
1mpitpyable de la Rond.a. Par malheur, aucufie œuvre .originale
n'a été produite par les· compagnons de 'la Ronda, et les trois
lîvres marquants de l'anné~ échappent tot'ilement à, leur

influence. Il a déjà-été rendu -coinpte foi: de l'Histoin -du Christ.,
œuvre ~un gr.and styliste, màis. un pen en marge de. la littérature·, nktée.·pàr '.une concepti-Oa mystko-romantique et quasi
prophétique de l'histoire.
Le' Notturnv de d:Annunzio qui, s'il n'est pas destiné à
dem:eürer dans l'œu\rre dtu poète des La11di une_ parenthèse,
marque un. renou.veliement partiel: .de ·s.on art et anno.nce une
troisième jeunesse aussi exubérante que -les deux: premières,
n'est pas plus q.ue ·1e livre de Papini·touphé par le n-éo.--:t raditionalisme. de Ja Ronda. Le. Notturno s-erait hi.en plutôt un.e
stylisati:on ·de~J?impr'essionnisme~et de ce qu'il y eut de meilleUI
dan.s le .futui:ismè italien de 19 I 2-19,15, Cettè esthétique: .,que
ses plus clrauds partisans. d'alors (Papini;, Soflici) estiment
périmée, ~est-d'elle que ·d'Annun2io sérrble a-voir voulu s'inspirer. Emilio ::Cecchi, . l'esprit le 'Plus libéral: au· g·r oupe -deJa
Ro1tda, a montré, avec des exemples à l:'appûi, ·que ce g.enre
d'impressionnisme s:e rencontrait aussi da11s les meilleurs
modèles du Cirrquecento. Mais Emile. Deschanel a pu, sous lê
second Empire, éaire un livre sur le romantisme des,classiques.
La vérité, c'est que d' Annqnzio â délibérément -choisi pour son
Nolturno la technique des impressionnistes., sür &lt;le la marquer
de sa griffe pufasante et d'écraser pat comparaison ses cadets
devenus ses modèles. Il a,toujoursfallu à d':A.nuunzia:des modèles,
presque;: toujours il les a dépassés . .Le-modèle technique de la
Figlia di Jorio par exemple, dest à n'en pas dofiter La Lépreuse
d'Henri Bataille. De combien l'emporte ,en lyrisme, en pittoresqùe et en beauté; formelle la Fig'l-iadi~Jorio stir la Lépreuse J
Cette technique impressionniste : brefs fragments, phrases
courtes juxtaposées et rion pas coordonnêes, 'fréquente absence
du verbe, eté ... convenait à merveille,'îl faut ~le re&lt;tannaîtr et
au sujet traité et à la situation matérielttf ciù se rrouvait l'artiste~
Victime d'un décollement de la reétitie lors d'un brusque atterrissage d'avion, .d'Annuru:io a· écrit son Nocturne. étendu sur.
son lit, la tête handée, dans l'obscurité. Çd~tr le titre), ·sur de
minces bandes de papier·que recueillait au fur et à mes·u re si
fille R~nata, la (( Sirenettà ' ¾-. Sur ces. bandes de papier,
d' Annunzio a écrit tout· ce qüi -défilait 'devant son esprit :·
sa douleur physique d'abord, se-s souvenirs de guerre et surt_o ur
s-es souvenirs d'av-iateur, sès.s0-uvènirs d'enfance, &lt;i'adolescence,

494

0

�496

.,

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISR

à'âue mûr, puis, comme pour se venger d'être privé de la vue,
tou~es sortes d'évocations visuelles d'une ptécision -et d'une
richesse admirables, et-aussi des évocations a,uditives, tactiles,
olfactives, ie livre de la sensualité et' ·de la: doul.eur. Dans
l'affaissement provoqué par la mala~ie.' l'éclat toujour,s m~ p_eu
cherché, l'orgueilleuse bravura., qul! gatent ·un peu d ordmau:e
sa prose rutilante, s'effacent ou s' a;nortissent . ,U trouve une
sincérité, une simplicité tout;•-humaines, et n:on plus du to_ut
« surhumaines », ·qui provoquent .l'émotion.- Sa dureté s!est
amollie. Les pages sur sa mère, sur ses chevaux, sur la bataille ~e la
Marne sont peut-'être les plus belles, e~ tout cas les plu~ directement belles·qui soient sort-ies de sa plume-fée i Le c!mquant
et la grandiloquence se font jour parfois, trop ,souvent mê~e,
si la Qllerre entre en· j.e u, mais lorsqu'. il sé borne à « dire
une chose· », il la suggère dans sa totalité vivante mieux qu'aucun autre écrivain d'aujour_d'hui .·•
Le premier roman de G. A. Borgese, Rube, est ·d'une auti:e
façon, mais autant que le Notturno, en dehors du courant néotradi-tionàliste. Pour dire les choses grossièrement, c'est un
livre qui fait tantôt 'Penser à la technique des :'romans de Stendhal, tantôt à celle des romans d.e Dostoïevski. L'avocat Rubè,
à.la fois ambitieux et ·ahoulique, intensénJ.eut intelligent mais
incapable de conclure, s_ans forfe vie morale, se lançant
dans la guerre par -besoia d'a~tion et de _c_ei:;titudes~, courageux
par réaction contre sa peur, .jeté. à la misère ,pacla démobi! isi~
tion, trayersant.les pires cl'ises_ ·et niourant dans une marufestatlon bolcheviste à laquelle il s_e tro.uve pa'I' hasard mêlé, tel
est le héros tourmenté de ce lit re bouilto·onant et ·üiégal. Rubè
n~est pas un symbole, c'est un être vivant, .et pourtant c'estçonstamme □ t la figure de l'.Italie de la guerre qu:oo croit voir
transparaître sous la sienn~.
On a vi,(emenf' reproché ~on style _et .,surtout sa langue à
M. Borgese. Que l'un soit souvent hàtif et l'autre insuffisamment châtiée et pure, c'est possible, !)lais cela~ n'enlève rien à
la _signification et à la- puissance de c;e livre q-ui maTque le piemier grand effor t du roman itafien d'.:ip"ès-guerre pour sortir du.
r,égi;palisme et de l'h)lw.otisme et_pa;ur i,'insérer dans le vaste
mouyem_e nt du-J"orpan &lt;:lonte_mpo·raid.
Luigi .l'irapdello-, deven\l_auteµr -0-ramatique•à· cinquante ans

NOTES

497

pass-és, après avoir écrit plusieurs romans et d'innombrables
nouvelles où il prodiguait les dons de la plus féconde imagination, a réalisé, après des tâtonnements, une œuvre qui synthé~
tise toutes ses recherches et t-raduit intégralement sa Weltanschauung: Six personnages en quête d'au-teur. Pour Pirandello,
tous les sujets se ramènent à un seul : la dissociation ·dei la personnalité. Tant6t il étudie le cas d'un personn~e pris pour un
autre, ou jugé autre qu'il n'est, ou contraint d'agfr autrement
qu'i~ ne voudrait, tantôt il place ses personnages les uns vis-àvis des autres dans.les sit_uations les plus anti-naturelles. Dans
ses Six personnages... , il a_poussé ;m paroxysme son système, en
portant à la scène six personnages imaginés par un auteur dramatique qui n'a point écrit la pièce qu'il projetait de faire avec eux.
et qui veulent vivr'e leur drame et tentent en vain, quand ils l'ont
défini, de le transfuser aux acteurs chargés de le représenter.
Schéma dramatique plutôt que véritable pièce de théâtre, mais
d'une ingéniosité rare dans l'invention, parfois -poignante et eu
tout cas essai complètement réussi de théâtre d'humour, dans
le sens complet du mot (c humour».
De Pirandello est issu le pirandellisme:, mais il semble difficile
sinon impossible, qu'un -art si original, si étroitement lié à la
structure mentale très particulière de son créateur, puisse fâire
école. On peut en tout cas se demander, ême en accordant à
Pirandello -toute Fadmiration qu'il mérite, si ce serait souhaitable pour le théâtre italien.
Il n'y a en somme pas lieu de s'étonner que toutes ces œuvres
dues à de _vieux routiers des lettres aient 'é chappé à l'emprise de
la Ronda. C'est sur la génération nouvelle que Ja Ronda doit
normalement exercer son influence. Or cette influence est indéniable, même chez les « jeunes &gt;&gt; qui fout profession de lui être
hostile. On note depuis deux ans un peu partout un effort sensible vers cette forme solide et probe, massive et froide qui est
précisément celle de la_Ronda. La publication par cette revue
d'extraits choisis et groupés du Zibaldone de Leopardi, qui forment vraiment le Testament Littéraire du poète tle la Ginestra et
sur lequel nous reviendrons, a achevé de préciser les tendances
du groupe néo-traditionaliste et anti-romantique.
Il n'y a plus qu'à attendre les œuvres qu'on veut bien nous
annoncer de Vincenzo Cardarelli, d'Emilio Cecchi et d'Alberto
3-2

�LA NOUVELLE RE\'OE FRANÇAISE

Savinio. Mais même si elles étaient inégales à l'attente, la cure
de grammaire, d'archaïsme et de " beau style », de discipline
classique pour tout dire d'un mot,. imposée par la Ronda auxletterati italiens n'aurait pa-s été inutile.
Faute de place, je ne puis que signaler Mio Figlio Ftmwiere
d'Ugo Ojetti et Il libro dûla noia de Renzo Jesurum.
BENJAMIN Cll.ËMIBUX

*

* *

LA POÉSIE DE SWINBURNE, par Paul de Rml. LA LÉGENDE SOCRATIQUE ET LES SOURCES DE.
PLATON, par Charles Dupréel (Collection universitaire
de Belgique. Editions Robert Sand. Bruxelles).
Les Editions Robert Sand inaugurent par deux œuvres élégamment présentées une collection, consacrée aux écrit~ _des
universitaires belges. Le lm,e de M. de Reul sur la Poes-i.e dt
Swinburne passe déjà Pour le plus complet et le ~eilleur qui ~~t
é_té consacré au grand poète anglais. Je ne sa1s trop ce qu il
apprendra aux Anglais, mais iL se(a certainement pour l~s _lec•
teurs français de la j&gt;lus grande utilité. 11 contribuera à dJSSl~er
la léoende tenace qui enferme chez nous la renommée de Swm·
bur:e dans quelques p~èces - toujours les mêmes et dont cha:
cun cite les mêmes passag.es - des Poèmes et BallatÙ.s, et qm
restreint le génie.du poète à un, dom.aine de sensualité âcre et
perverse. M. de Reul montre fort bien que ce n'est là qu'un
moment exceptionnel dans !:ensemble abondant et touffu de
J'œuvre de Swinburne: un ensemble qu'on ne saurait comparer
qu'à I:œuvre de Victor Hugo. Il attire l'attention sur ses dr~mes énormes et souvent puissant~. Il nous donne un portrait
vivant de l'homme. A quand une monographie française de ce
.genre sur les Browning ?
Le livre de M. Dupréel sur la légende de Socrate part
évidemment d'une idée juste, celle qui consiste à voir dans
l'histoire et la renommée de Socr11,te beaucoup d'éléments dus à
l'imagination des philosophes- et aux lois mêmes du genre floris·
sant qui s'i:st constitué_ au dé~ut du ive ~iècle : ,le dialo~e_socra•
tique. Il fait, dans les idées d1:e.s, socrat1g:1es, ~ la _s~ph1~t1que la
grande part qu'on s'accorde d ailleurs au1ourd hw a lm reconnaitre. Mais ce que son livre cqntieut de juste est souvent com·

NOTES

499

promis par le manque de mesure, par l'extension toute logique
et arbitraire donnée à une thèse qui devient bien vite un plaidoyer contre l'existence même d'un Socrate autre que celui
d'Aristophane. Rien de plus fragile que son argumentation touchant le factum de Polycrate, - Je caractère légendaire de la
mort de Socrate, qui aurait été modelée sur celle d'Antiphon,
- la place exagérée faite à Hippias, si éloigné d'être 1e plus
sérieux des sophistes. M. Dupréel cherche à dissiper en le
niant simplement le mystère qui entoure la figure de Socr.ate :
procédé un peu sommaire et négation dont les preuves demeurent insuffisantes. Le livre n'en est pas moins d'une lecture
agréable, et on le mettra volontiers à la suite des suggestifs et
aussi aventureux. Varia Socratica de Taylor.
ALBERT THlBAUDET

*

* *

LA DÉDAIGNEUSE, suivie de ÉCOLE DE DRESSAGE
et de MONSIEUR THOMAS, par Bea_umont et Fletcher,
traduits de l'anglais par Pierre Mélèse (La Renaissance du
Livre).
M. Pierre Mélèse nous offre la traduction de trois comédies
de Beaumont et Fletcher, éditées par la Renaissance du Livre
dans la collection de Littérature ancienne qu'elle publie sous Ja
direction de Pierre Mac Orlan. Beaumont et Fletcher, contemporains de Shakespeare, sont à peu près totalement inconnus
en France. Je pense que seuls les spécialistes et les érudits ont
feuilleté
l'œuvre immense de ces deux amis intimes , morts
.
Jeunes (l'un à 46, l'autre à 32 ans) qui ont pourtant laissé plus
de cinquante pièces de thé~~re et dont la gloire balança longtemps celle de Shakespeare-. Ce n'est pas à dire que Beaumont
et Fletcher aient rien eu de comparable a\l., génie de Shakespeare. C'étaient bonnement deus hommes de talent. Mais la
postérité seule décide des classements littéraires, et si les
théâtres, au temps d'Elisabeth et de Jacques I•r, jouaient Beaum~~t et F~etcher deux. (ois plus som·ent que Shakespeare, c'est
qu ils avaient leurs ra1sons pour cela, qui étaient de faire des
affaires. On sait de reste que ceci n'a rien à voir avec l'art et la
linérature. Sachons gré à M, Mélèse des soins qu'il a pris. Nous

�500

11

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISR

avons en France une très belle bibliothèque de critique littéraire
étrangère, particulièrement riche pour la littérature anglaise,
mais il nous manque toujours des traducteurs. Nous n'avons pas
une assez grande provision d'œuvres traduites et bien traduites, qui permettraient au public cultivé de connattre l'étranger autrement que par ses poètes universels et officiels. L'~p_oquë shakespearienne, notamment, offre un trésor de pla1S1rs
intellectuels et artistiques foépuisable, et, malgré son désordre,
ses folies, ses naïveté's, ses grossièretés, un champ d'e:(ploration
psychologique et poétique que le seul XVII" siècle. français -a
égalé en richesse. Des hommes comme Marlowe ( qm .ado?ta le
vers blanc au lieu de la rime, bouleversant et affranchissant
ainsi tout l'art drama.tiqu·e anglais), Ben Jonson , Kyd, Webster,
Massinger, Ford, Sidney, Th. Heywood, peuvent figurer à côté
de Shakespeare et de Milton auxquels i.ls sont, par certains
endroits, à peine inférieurs. Ce qui leur manque, c'est la composition, le développement oratoire; l'habileté de conduite dans
l'intrigue. Ils ne sont pas asse_z dépouillés ; l'abondance de leur
sève les contraint de fleurir dans le désordre et l'exubérance)
comme ces vignes sans tuteurs, qui jettent en tous sens des
ramilles aventureuses. N'empêche que le Docteur Faustus, de
Marlowe, exprime de manière puissante (bien que toute différente de celle du classique Gœthe), l'enthousiasme et le~
révoltes de l'homme de la Renaissance. « Tous les corps
célestes ne sont-ils qu'un globe, comme cette terre? s'écrie-t-il.
Non, plutôt une chose qui rassasie la faim de mon cœur. » Et
l'on retrouve en lui, à. cent ans de distance, cette même faim,
ce vorace appétit-intellectuel de Rabelais, à côté des remords et
des douleurs de Villon :
Plus qu'une pauvre heure à vivre ... le démon va venir, Faust sera

damné. Oh I je veux sauter jusqu'à mon Dieu I Qui est-ce qui me tire
en arrière ? Regardez, regardez là-haut, le sang du Christ coule à .flots
sur le firmament I Une seule goutte sauverait mon âme, une dernigoutte. O mon Christ !.. Ne me déchire pas le cœur pour avoir
nommé mon Christ 1

Et Webster, autre ami du sombre, s'écrie : « J'ai pris
l'habitude du désespoir, comme un galérien tanné celle de
son aviron. » Quant à Ben Jonson, humaniste parfait, peintre
minutieux et profond,, dissociateur d'idées d'une habileté

501

surprenante et logicien à la française, il est le premier classique
le La Bruyère, ou plutôt le Th.éophra.st-e anglais, et même souvent Je Molière. « Vous qui avez honoré des monstres dit-il
peut-etre aimerez-vous des hommes », et, bien que moraliste
nprès avoir écrit tant de· comédfos, il invente encore les masques:
ces ballets poétiques et allégoriques auxquels prenait part toute
l'aristocratie anglaise un demi-siècle avant que Molière n'écrivît, pour Louis XIV et sa cour, les Plaisirs de l'lte e.ncbanlée. Il
passait pour le plus grand écrivain de son temps. Certaines c!e
ses pièces, pour ce qu'elles contienuent d'observation et de pensée, autant que par leur composition et leur style, sont exquises.
Cependant, ni Every man in bis humour, ni la Foire de la SaintBartbélemy (où, sous la iigure de M. Busy, nous avons un Tart~ffe puritain ci~qu~nte ans.avant le Tartuffe jésuite de Molière),
ni La Femme silencieµse, nj l'Alchimiste, ni le Renard, ni La F.éte
chez Cynthia n'ont été - je crois - traduits ou joués en français. Pas plus que le Juif de Malte, de Marlowe ( où Shakespeare
a pris soa Shylock), ni son Edouard II.
On sent peut-être que, si j'évoque ici ces grands noms et ces
œuvres essentielles, c'est parce que je regrette de leur voir préférer Beaumont et Fletcher, aristocrates égarés parmi les lettrés
et les génies, et qui, en dépit de leur renommée, n'ont rien à
nous offrir de véritable importance. « Mon charpentier a bâti
dans un nuage, )&gt; dit un de leurs personnages ; etil semble bien
que ces deux charpentiers-ci aient bâti dans les nuages aussi.
Leur œuvre ne nous apporte guère que quelques scènes isolées
qui vaillent d'être conservées ; encore faudrait-il les tirer d'un
énor'.11e fatras_ et laisser le reste enseveli sous le plus juste oubli.
Je fais except10n pour leur langue, souvent d'une poésie admirable, et pour leur esprit, assez rare, mais qu'ils auraient applîqué avec fruit à se juger eux-mêmes. Ce n'était point qu'ils
manquassent de fantaisie ; ils n'en avaient que trop ; et malheusement il faut le leur reprocher. Emportés par un talent facile
le dé ~1r
. d'ébl 001r,
· d' étourdir,
· de divertir (à quoi ils réussissaient'
parf~1tem_ent), leurs pièces ne sont construites que pour amener
des ~1tu~nons bizarres, expliquer des travestis risqués et dénouer
:~s int~18:"1es ~'une abaso~rdissante bêtise. Mais tout cela porait, faisait nre et rougir, amusait un public qui ressemblait
probablement beaucoup à celui de- nos boulevards d'aujour
A

•

)

j

�502

LA NOUVELLE lœ.VUE FRANÇAISB

d'hui. 11 faut ajouter pourtant que le sanguinaire l'y di put.lit
souvent à l'indécence, piment auquel on ne songe plus assei. Il
est sans doute qu'il reparaîtra.
Les trois comédies que M. Mélèse a pris la peine de traduire
s'intitulent : The Scornftû Lady (La Dédaigneuse), Rule a wife
and bave a wife (Ecole de dressage) et Monsieur Thomas. Elles
sont fon différentes les unes des autres et vont, si je puis dire,
crescendo, en s'améliorant ; heureusement, car personne
n'affronterait deux Dédaigneuses, Un amoureux évincé par une
dame ve~atile, part, revient sous un déguisement, et après avoir
chassé de chez soi un frère qui, le croyant mort, dilapidait ses
biens avec de joyeux drilles, conquiert enfin l'amour &lt;le sa maîtresse quand il a compris qu'il suffit, pour triompher, d'être dur,
grossier, brutal et moqueur. C'est en quelque sorte une Mégère
apprivoisée très « après la lettre », celle-ci ayant été écrite Yers
1596 déjà, c'est-à-dire quinze ou vingt ans auparavant. De plus)
il en faut retirer tout l'art du modèle. li n'y a pas, dans la Dédaigne1m, un seul caractère fortement dessiné, un personnage vrai,
une situation probable. L'art n'y est qu'artifice, le comique que
vulgarité, et la curiosité première se change bientôt en na martelant ennui. L'écho m ~me lointain du rire de Falstaff nous
emp~cbera de jamais rien entendre aux platitudes de Loveless
jeune.

Avec l'Ecole de dressage, on change de siècle et de climat.
Voici L'Espagne du xvrr•, un Don Juan, une 1argarita, un Pérez
et quelques scènes de bonne comédie encartées dans une histoire absurde et sans intérêt. On voit ici au naturel la manière
de Beaumont et Fletcher, qui est typique de celle des auteurs
du tToisième ordre : une scène a faire s'impose à leur esprit; ils
l'écrivent- souvent avec brio - puis l'obligent, de gré ou de
forœ, à entrer dans un scénario où eUe n'a que fuire. Mais le
public s'y amuse, et voilà qui suffit. Quant aux personaages de
la pièce, ils sont tTop falots pour retenir l'attention et l'on n'attend d'eux que quelques calembours, des disputes, des quiproquos, un certain nombre de mots obscènes. Toutes choses, au
reste, lArgement prodiguées.
La meilleure des trois pièces du retueil est Momitur Thomas.
L'on croirait presque entrer d os un conte de Dickens, et la surprise est agréable de rencontrer enfin un jeune homme et unt

NOTES

503

jeune fille qui ont quelque délicatesse de cœur, un vieillard original, un &lt; amoureux universel » d'une véritable saveur comique, trois médecins et un apothicaire tout à fait cousins de
ce_ux de Moli~re. Ce qui ne signifie pas que J'intrigue y soit
mieux condmte que dans les pièces précédentes • ici encore Je
travesti ~t le quiproquo sévissent : un père ne rec~nnaît pas son
fils déguisé en femme, ni l:i jeune fille son amant, et l'amoureu_x _universel_ empo1rté par son tempérament trouve un gotît
délicieux - b1eo qu un peu rude - aux baisers qu'il reçoit de
~on camarade. Mais enfin il y a là un peu de vraie vie; une Siltire
inattendue ~e fa manie b~itannique du voyage, un vieux père
t~ué, dessrné avec hardiesse et bonheur. Furieux de voir revenu ~on fil~ d'un voyage en France où il semble s'étre assagi et
avo1rappns les manières polies :
Perdu, s'écrie+il, perdu sacs remède I Il mange avec des
fourchettes I Complètement corrompu, l'esprit tourné J Comment ai-je
donc péché pour que cette affliction puisse peser si péniblement sur moi?
Je n'ai plus de fils, celui-ci n'est plus mon fils ; pas le moindre côté de
sa nature ne me Je fait reconnaitre pour mien maintenant · le voila
apprivoisé I Que ma plus grande malèdiction acc:ible ce qui Î•a transformé ainsi : le voyage l C'est mon cheval que j'enverrai en voyage
désormais, Monsieur 1

Et plus loin :
P~di, vous l'avez instruit comme un fripon fieffé, d'abord à lire
parfaitement, œ dont, Dieu me bénisse, je l'avais détourné • car je
savais_que, s'il lisait uo jour, c'était un homme perdu. Secondement,
Monsieur Lancelot (c'est son domestique), Monsieur le pouilleux Lancelot, \"Ous ~ve:,; souffert, contre mes ordres, contre mes préceptes qu'il
reste
eo co mJl'lgrue
· de cette sorte de gens tout en minauderies,' que
,
3
~ou_ fpelle des gens honnftes. Rema~qutt-vous cela, Monsieur? .•.
èmement eufi~ - et po,ur cela, si la loi le permettait, je te penais comm~ ua gredm - tu I as amené à oublier complètement ce que
c'_est _que _faire une bêtise, uoe jolie bêtise, comme 1u savais que je les
~ais b1eo. Mes seniteurs sont tous parfaits maintenant, mon vin
_st'.lm, pas un cheval n'est mis en gage, pas la moindre petite pene au
(~u ;. on voyage avec son argent sans faire de mauvaises rencontres •
J étais maudit quand je t'ai envoyé avec lui I Tu as toujours été porté
la paresse et à perdre l'esprit ...

c1/?1s1

à

Voilà de bon humour britannique, bien sec, et qui peint à

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

merveille quelque gentilhomme rougeaud, rageur et rustique,
attablé devant son pot de bière, tel qu'on en voit dans les
tableaux de Hogarth. Malheureusement ce Sébastien n'est pas
un personnage essentiel de la pièce, et nous le perdons trop
souvent au p,rofit de l'imignifiant M. Thomas, son fils; du douceâtre Valentin, du décevant Lancelot ( sur lequel on compte
tout Je temps, 1 ais en pure perte), de la fade Dorothée. Et l'~ntrigue, bien qu'u,n peu mieux soutenue que dans les comédies
précédentes, est encore trop faible pour n'être pas avant tout
ennuyeuse.
·
M. Mélèse a traduit tout cela avec probité et nuance. Un peu
plus d'aisance, de liberté, aurait peut-être donné plus d'élégance
à son consciencieux travail. Il faut savoir s'affranchir du mot-àmot si l'on veut éviter les tournures de phrases lourdes et certains défauts de langue. Mais ce sont là peccadilles. Louons
M. Mélèse de son effort et songeons à la somme de travail et
d'abnégation qu'il représente. Dans le prochain volume ( qu'il
nous annonce) souhaitons surtout de rencontrer quelques cœurs
d'hommes et de femmes.
Après avoir lu ces trois comédies de Beaumont et Fletcher,
je me suis souvenu de l'exclamat.ion de Gœtbe feuilletant un
aloum d'estampes anglaises qui représentaient les scènes principales de toutes les pièces de Shakespeare : « On est effrayé,
s'écria-t-il, quand on voit toutes ces images, de l'infinie richesse
et grandeur de cet homme-là ! »

GUY DE POURTALÈS

*

* *

LA VIE ET L'HABITUDE, par Sanwel Butler ; trad.
française de Valery Larbaud (Editions de la Nouvelle
Revue française).
« La Vie et /'Habitude est, de tous les livres de Butler, celui qui
laisse l'impression la plus durable chez le lecteur. Les dramaturges et les romanciers de langue anglaise y ont puisé à pleines
mains, depuis une quinzaine d'années_ qu'ils ~onnaissent _ce
livre, et en lisant un auteur contetnporam on v01t tout de suite
s'il a lu La Vie et l' Habitude. C'est un point de départ; un ferment intellectuel et poétique ; un de ces livres que seuls l~s
lettrés ont lus, dont on parle peu, qu'on cite encore moins, mais

NOTES

qui font date dans les esprits qu'intéressent les grands problèmes
de la philosophie et de la morale, et où les vulgarisateurs viennent, tôt ou tard, chercher des idées, des Sl!.jets, des situations,
des mots d'espr~t. » Voilà ce que nous disait l'an dernier, un
lettré anglais. Un livie dont on peut dire cela est une force, une
puissance avec laquelle il faut compter, et a'est une aventure
agréable et intéressante que de le lancer dans la circulation intellectuelle d'un nouveau pays et de voir le chemin qu'il y fera.
Nous en attendons avec confiance, mais sans impatience, le
succès; nous savons que ce succès sera lent à se dessiner,
comme il l'a été en Angleterre; mais il est bien peu probable
que l'influence de Butler, jus.qu'à présent limitée aux seuls pays
de langue anglaise ( car Erewbon seul a été traduit, - avant
de Fêtre en français, - en allemand et en hollandais, et c'est la
première version, la version incomplète, gui a été traduite dans
ces langues), il est peu probable que cette influence, maintenant
aidée par le rayonnement des lettres françaises, ne s'étende pas
à tous les pays du Continent et ne joue pas, dans l'histoire de la
littérature européenne, un rôle important. La Vie et l' Habitude,
notamment, peut et doit la répandre : les lecteurs de L'Evolution
créatrice y trouveront avec surprise des vues qu•i out devancé et
qui parfois même dépassent, mais surtout complètent, les vues
exposées dans ce livre· fameux. Peut-être se trouvera-t-il quelque
critique -pour opposer à Henri Bergson, cc romantique )) , Samuel
Butler, cc classique ». Ce qu'il y a de certain, c'est que pour
tous les néo-lamarckiens ce livre, longtemps méconnu, et cité,
dans toute la littérature évolutionniste français.e, deux fois seulement (une fois par Vianna de Lima et une fois par Yves Delage),
sera une heureuse surprise.
VALERY LARBAUD

** *

UN ROMANESQUE, par May Sinclair, traduit de l'anglais par Marc Logé (Plon ).
Idylle dans le foin, reflet de deux visages dans l'abreuvoir,
bonne odeJu de ferme dans les sentiments et l'aveu d'une première faute : nous avions déjà suivi Tess d' Urberville dans ces
sentiers. Mais cet aveu est très bien reçu par John Conway, le
héros, un platonique. Puis des paysages de guerre où Conway

�LA NOUVELLE REVUE FRA.tiÇAISE

506

se rend, non pour sauver son pays, mais pour tenter de se sauver
-lui-même. Il fuit son terrible secret: l'impuisssance. Dans
ArmMice nous avons vu un impuissant français -qui ne peut se
retenir ,de faire le galant ; ici, nous trouvons un éas de frigidité
britannique ( avec mensonge, cruauté, H.cheté, peur-des femmes),
pathologiquement bien plus vrai. Il est traité par l' héroïsme et les
bombardements, considérés comme aphrodisiaques. Cesremèdes ont l'insuccès de tous les autres. C'est Charlotte, emmenée
d~ns la formation sanitaire, qui sera brave, active, endurante,
avec toute la viri1ité qui manque à 1ohn, lequel reste et mourra
couard, perfide ethystérique.
.
.
C'est là une très inté ressante étude de déformatrnn psyd11que
masculine et qui surpreJ1dra moins qu'on ne pourrait le croire
des lecteurs français habitué'S, depuis 17 50, -à voir, à côté de
!'Anglais rouge et &lt;le l' Anglais rose, l' Anglais pâle et qui verse
&lt;les pleurs, ancêtre de ce jeune dégénéré.
PAOL MORAND

,

*

* ..

LE ROMAN DE LA -VOIE LACTÉE, par Lafcadio
Hearn, traduit par Marc Logé (Mercure de France).
C'est forcé &lt;le trouver avec Toulêt 1( bien sympathique - le
bon Loufocadio », et d'aimer 1de cœur le Japon où il nous intro•
duit. Voici des légendes toutàfait gr-acieuses sur les étoiles, les
esprits des animaux, des plantes. On y notera en passant des
traits propres à faire voir u-ne fois de plus que tous les folk~lores
ont des parties communes. (C'est ainsi -q ue chez nous et chez
les Jap,s on berne les esprits pu: des pwcédés semblables. Chez
eux, on colle des charmes à côté des fenêtres : l'esprit s'approche, compte : &lt;( Combien de feuilles.Y a-t-i~? " ~es mots,_
par un calembour, se trouvent être une 1nvocat1011 pieuse qui
paralyse le visiteur. Chez nous, à la fenêtre, c'est un ta1:1is qu'on
suspend. Le lutin compte les trous: « Un, deu~, trois ... » Et,
trois étant un chiffre saint, figure cle la Trinité, il ne peut pas•
ser outre.)
L'intérêt de ce livre est surtout dans ses Poésies-tantômes, ou
Kyoka, -&lt;( divagations ». La forme est ceHe de la tanka dassique
(31 syllabes, 5, 7, 5, 7, 7). Mais ici on joue avec un sujet lugubre : le terrifiant, parune volte soudaine, tourne au burlesque.

NOTES

Cela fait songer à certains masques de traits fortement marqués,
dont le rictus semble sourire ironiquement de sa propre horreur. Voir par exemple les kyoka du crapaud-fantôme et de la
pieuvre-fantôme. En général le poète fait allusion à des croyances légendaires, rapproche une- appellation populaire d'un dicton pour aboutir à quelque calembour ou à une interrogation
narquoise. Ou bien, si l'on rattache tel mot à ceux qui précèdent, le poème a une allure et un sens tragiques; si c'est à ceux
qui sui vent, grotesques. Or cette jonglerie, qui e:xige à la fois
du tour, du détour et du contour, semble vraiment poésie, mais
d'un art si serré qu'il doit être le propre de gens habiles dans
les lettres. Toulet eût goûté sans doute ces minuscules chefsd'œuvre, gais, et terribles.
Et le traducteur qui parvient à nous en faire sentir tout le
prix à travers déjà la traduction de Lafcadio Bearn, son mérite
n'est pas mince.
HENRI POURRAT
* *

L'ESPAGNE ET Œ ROMANTISME FRANÇAIS,
par Ernest Martinenche (Hachette).
Devons-nous, pour nout représenter ce que fut 1~ ~ Espagne »
des Romantiques français, nous adresser à des -écrivains obscurs, reconstituer, à travers dès œuvres oubliées, à travers des
Revues ou des journaux p,atiemment classés, une histoire anonyme? -Devons-nous, au èontraire,-tout en ne négligeant rien
de ce que nous pourrait apporter la foule, choisir sans hésiter
les œuvres maitresses ? M. Martinenche s'est posé la question et
se décide nettement pour la seconde méthode. La première a
certes sa valeur. L'ingrat labeur qu'elle exigerait nous amènerait-il à des conclusions comparables à celles qu'obtient M. Martinenche ? Ce serait une confrontation fort intéressante à tenter
et que seules des recherches minutieuses pourraient préparer.
Dans l'une comme dans l'autre des deux enquêtes, il importerait de voir l'Espagne avec les Romantiques eux-mêmes, et
sans nous aider de ce qu'y ont pu apercevoir depuis iors d'autres regards. M. Martinencbe se soumet à cette règle stricte et
n'y a point failli.
Ce n'est pas encore tout le- romanfisme français dans ses
rapports avec l'Espagne qu'étudie M. Martinencbe, Il se réserve,

�508

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nous dit-il, d'examiner à cet égard, dans Ùn ouvrage ultérieur,
« les romans, les contes en vers et ~n prose, les nouvelles et les
mémoires &gt;&gt;. Le livre qu'il nous offre aujourd'hui pose dès
maintenant des problèmes délicats et les résout avec finesse.
Une lecture superficielle discernerait ici avant tout un sûr
exposé de la fortune des c&lt; Romanc~s ,, espagn_ols en Franc~,
avant Victor Hugo et chez Hugo lm-même, puis un très précis
résumé de l'influence de la Cgmedia. Mais c'est d'une plus
haute question qu'il s'agit. Que fut l'Espagne pour quelquesuns de nos grands écrivains de l'époque romantique ?·Est-il certain qu'ils n'en aient deviné que très superficiellement les c~ra:tères ? M. Martinenche s'est avant tout demandé ce que s1go1fiait un tel problème en ce qui concerne Victor Hugo. C'est ici
que son livre est le plus neuf. Et ce n'est pas en ~aire un 1~édiocre éloge que de dire que l'on comprend mieux certams
traits de Hugo lorsqu'on a, non seulement lu avec le plus grand
soin l'exposé de M. Martinenche, mais relu à cette occasion les
textes qui sont en cause.
Un premier point est établi. Hugo, qui n'a pas su techni~uement l'espagnol, et dont il est trop facile de relever ~-ertames
fautes grossières, ne nous trompe pourtant pas lorsqu il nous
rapporte, dans ses notes de voyage sur le pays basque espagnol
et avec une minutie qu'il n'a pas artificiellement constituée, ses
entretiens avec les pêcheurs du village de Pasajes. M. Martinenche met fin, avec élégance, à une querelle qui _n'est pas sans
portée. Hugo n'a pas seulement aimé, de la langue espagnole,
la sonorité de quelques vocables. Il s'est plu à étudier en poète
les habitants et le sol des quelques pays traversés. Il a certainement examiné à sa manière, dans le texte original, « plus d'une
cornedia &gt;&gt;. Il a aimé sincèrement les Romances, et ce ne sont pas
les erreurs qu'il commet sur leur nature qui nous doivent faire
méconnaitre les signes d'une lecture directe. Il est curieux de
noter par exemple que Hugo, qui prend pour un type métrique
primitif ce qui n'est qu'une modification moderne, s'ada,pte
en tout cas à l'octosyllabe des Romances espagnols et en retrouve
le rythme grâce au vers fr__ançais de sept syllabes (Romance mauresque, Le Romancero du Cid). Une Espagne intérieure a vécue~
lui, et qui ne fut pas seulement celle de ~es drames. M. Ma~t1nenche, qui a minutieusement étudié les sources d'Hernam et

NOTES

de Ruy Blas et a réussi à nous montrer qu'elles ne furent pas
toutes empruntées à des œuvres de vulgarisation, nous convainc mieux encore lorsqu'il interroge, en Victor Hugo, le
poète lyrique. C'est au poète lyrique qu'il consacre les pages
qui sans doute lui sont le plus chères, celles aussi qui sont"
esthétiquement le plus fécGndes. De la Préface des Orientales et
des Orientale,s elles-mêmes à la Légende nous assistons, grâce à
une subtile analyse, à l'intime élaboration d'un paysage. « Victor Hugo)&gt;, écrit 'M. Martinenche à propos du Petit Roi de
Galice, « n'a parcouru ni les Asturies, ni la Galice, mais ilafait
un tel choix dans les éléments basques qu'il avait à sa disposition que son pa,,y sage plus général ne laisse pas cependant d'être
évocateur des sites mêmes qu'il n'a pas connus». Il faudrait
suivre également M. Martinenc!+e lorsqu'il nous parle de Mérimée, de Gautier et de son recueil Espa,ïa, lorsqu'il marque
aussi, à propos du mélodrame de Dumas, de F. Mallefille, de
J. Bouchardy, comment ce qui était pénétration et vision chez
un Hugo et un Gautier devient placage brutal. Ce qui nous
demeure encore précieux dans le paysage espagnol que les plus
hauts Romantiques ont esquissé, est moins ce qu'ils ont voulu
voir - car ici leurs ignorances nous heurtent - .que ce qu'ils
ont deviné, loin _de to.ute « Espagne ,, préconçue.
JEAN BARUZI

*
* *

LES REVUES
r

VfCTOR HUGO, SPIRITE
M. Paul Berret, qui a donné, dans la collection des Grands
Ecrivains, une édition savante de la Légende des Siecles dont la
Nouvelle Revue Française a rendu compte en son temps, publie
dans la REVUE DES DEUX-MONDES du 1er août une curieuse
étude sur Victor Hugo spirite :
L'empreinte du spiritisme sur l'œuvre de Victor Hugo, écrit-il, est
est un phénomène qui ne s'est jamais reproduit au même degré dans
notre histoire littéraire : jamais écrivain n'a été à ce point influencé,
dans la pensée philosophique et dans l'expression poétique, par la
croyance à l'intervention des forces occultes de la nature.
On sait comment, à Jersey, il interrogeait les tables tour-

'

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

sro

nantes. Mais on n'a pas assez admiré la candeur avec laquelle
il recevait leurs réponses. Qu'elles fussent rédigées dans son
propre style, il ne trouvait 1-à aucùne raison d'étonnement ni
de doute, et c'est a:vec un sincère frémissement qu'il éèoutait
par exemple Eschyle, questionné sur la fatalité, répondre :
Fatalité, lio1t dont l' dm:e est dih!orée,
f ai vou/.1, te dompter d'un bras e-yclcpéen,
f ai voulu sur mon dos porter ta peau tigrée,
Il me plaisait qu'on dit : Escbyle Néméen, etc.

Même les opinions du fantôme de « la Critique » sur les contemporains ne lui causaient, par leur étrange coïncidence
avec les sie11nes propres, aucune espèce de surprise :
« Mérimée I King-Charlès de vieille femme, »
« Dumas ! valseur littéraire. Augier l munito chauve usé par le

_çoiffeur. ,,

M. Paul Berret assure que :
Bien au contraire, ces ricanements d'outre-tombe, ces turlupinades
à la Maglia~ affermissaient sa croyance et prolongeaient son admiration
épouvantée pour des entités qui lui apparaissaient fraternelles. Il se sentait terrifié dans ses sens et dans son âme et cependant enhardi dans
son intellectualité. N'était-ce pas un réconfort, singulièrement flatteur
pour son amour-propre, qu'il e;.-i.stàt dans le monde des purs esprits,
une métaphysique, sœur de sa doctrine, et que toutes les nuances de
la pensée, depuis la méditation la plus grave jusqu'à l'ironie la plus
légére, y fussent identiques à s;i propre manière. Quelle consécration
de son génie marqué par là du sceau divin l

Et M. Btrret étudfe l'influence de ces voix mystérieuses sur
la production de Hugo dans ses dernières années, autant dire
l'influence sur Hugo créateur, de Hugo gobeur.

ANNA ET LE PRIITTEMPS
Robert Honnert~ qui a donné à ÂRIANE de cruµ-niantes notes,
écrit pour l'ŒuF DUR toute .une Vie d'Anna, dont voici le der•
nier épisode :
Marcel, après avoir présenté ses hommages à MJll• Walter, monta
retrouver Anna en haut du jardin. li marchait tra,nquillement, en vrai

5II

LES REVUES

tour~ng;tu, et_ prenait garde de ne pas poser dans les flaques ses souliers
~errns. ~en_a1t à la main son feutre et ses gants de peau. ses cheveux
lissés relwsa1ent
au soleil · Anna , en le voyant s,excusa' et dem d
.
e~écore cmq minutes, car Flip désirait poursuivre sa p~rtie Maarnceal
s carta ·' un coup d e vent secoua
·
·
un poirier voisin et l'inonda
de
gouttes et de pétates. Anna, essoufilée, s'approcha de lui. Fli fourrait
entre eux sa tête velue. - « Vous savez, dit Anna, je vJus ai fait
attendre exprès. ». ~rcel la regarda, sans_répondre, les yeux tristes. ~ ~:ouez, poutMsmv1t Anna, que lorsque Flip s'amuse ce serait cruel de
ranger.
. b'1en les animaux,
.
déclara
An » arcel fit signe que oui : _ « J'aime
, êé
na, et vous ? » - " Cer:tamement, répopdit Marcel i&gt; Ils
sh arr t rent. - Flip se c~ucha:_ u.evant
.,
eux et mangea de l'herbe. •Anna
1
aussa es épaules e.t tendit en riant sa main à Marcel.

•*•
reprit la conversation ·. &lt;c - Comme 1es cuoses
:t.
so Marcel,
t
· encouragé,
da
n se;emes ns la lumière du printemps. i&gt; - « La sérénité du printemps • ii murmura Anna. _ &lt;c '--l.uao
r.. d vo udr ez-vous, poursuivit
.. douce:ent ;arec!, fixer la date de notre mariage ? n Anna lui prit le bras et
::on it avec ardeur : « Vous vous dites que vous m'aimez et ~ela
us suff_ït M; vous ;ous représentez notre noce et vous êtes heureux
Po
ur moi, ., arcel.' 1e ne pe~"'{
~ pas. Tout ce qui arrivera est trop simple·
pour
que l en reve. Je sms sûre de vous aimer aussi mal!!l"é
finess_es et me~ gaucheries, mais l'idée de tout cela me f~tigue
me~
tant
. .1e ne puis m' en dé\"ivrer l' esprit. Depuis longtemps M ,1 pour
.
dis
. de ce qu'il' faut
arcepenser
' 1e ne
J rien. de r,ce qu'il faut dire , J.e n e pense nen
. e cr~1s qu il y a quelque chose de bon à penser . mais i' 'iano
. .
Je sms malheu
. Il
,
., re q uo1 et
.
reuse auss1. Y a quelque chose de bon à di
,
certamement
.
.
re et ce n est
mur
pas ce que Je dis. ,i c&lt; Vous cherchez trop Anna
s" ~ura Marcel, laissez-vous aller comme tout le monde à
plai,
LrS.
omme tout le monde. ii - « Mais répondit Ann
'
•
ment ce que ·
'
a, c est 1uste.
Je ne veui. pas. &gt;i - cc Vous avez tort di't M
1
« Je le sai b"
• A
,
arce . &gt;&gt; me
s ien, cna nna, seulement vous ne m'apprenez pas ce qui
~auq_ue pour que j'aie raison ... n - Marcel répliqua sans se tto bler « S1 soye
..
u1
•.
'
z naive.
» - EIle n'osa pas Je contredir
·
conseil ne fut pas neuf.
e, quoique e

~

:os

Flip fourrait son museau dans 1a terre et grognait en flairant une
musaraigne.

•• •

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISR

512

LE PRIX BLUME THAL
Les bourses de la fondation américaine pour la pensée et l'art
français (fondation Blumenthal) ont été attribuées, c~tte _année,
à M. Maurice Genevoix et à notre collaborateur Sen1am10 Cré-

I

mieux .

MEMENTO
LA fü:rAU.LE urrËRAIB.E (juillet-août) : Pohtie, par Serge Essenine.
Marcel Proust, par Hermann Grégoire.
FLORÉAL (septembre) : Documents sur Jules Guesde.
LA GRANDE REVUE (aoOt) : L'afJairc Ubu, par Charles Chassé.
MERCURE DE FRANCE (1er sept.): Freud tl SOfl. proddé sophisliq11e, par
Georges Dubujadoux ; La mort de Cbarles-Lou.is Philippe, par Paul

LA REGARDER DORMIR

-

Léautaud.

REvuE DE L'AMÉRIQUE LATINE (1er sept.) : Hommage au Brésil :
L'îlot de Paqmta, par Paul Fort.
.
.
LA R.EvuE BLEUE (2 sept.) : Le Paysan russe, par Ma=e Gorki.
LA fu:.vua DE FRANCE (1er sept.) : De ra,igoisse dans ramour, par
Jean Rostand; - William et Hmry Janies, par Régis Michaud._
LA REVUE DES DEUX-MONDES (1er sept.) : Jmnes rorna11ciers, par

André Beaunier.
LA REVUE HEBDOMADAIRE : Dos/oievsky amumdate11r du bolchwisme,
par E. Halpêrice Kaminski ; - Fragments inédits du Journal d'un

üri-i;ain de Dostoievsky.
LA REYUE DB PARIS (1er sept.) : La Vie d'un graml pkbeur (de
Dostoievsky), par Halpérine-Kaminski.
,
LA REVUE UNIVERSELLE (re_r sept.): Sta,ues dété, par J. L. Vaudoyer ; - Suite de Sylla tl sou destin, par Léon Daudet.

LE GÉRANT : GASTON GALLIMARD.
ABBEVJLLE. -

IllfPRUd.Ulll P. PAILl.ART.

Même si je n'étais resté qu'un instant hors de ma chambre, en y rentrant, je trouvais Gisèle endormie et ne la
réveillais pas. Etendue de la tête aux pieds sur mon lit,
dans une attitude d'un naturel impossible à inventer, elle
avait l'air d'une longue tige en fleur qu'on aurait disposée
là, ,et c'était ainsi en effet. Le pouvoir de rêver que je
n'avais qu'en son absence, je le retrouvais en ces instants
passés auprès d'elle comme si en dormant elle était devenue
un être analogue à un végétal. Par là son somme.il réalisait
dans une certaine mesure la possibilité de l'amour; seul, je
pouvais penser à elle, mais elle me manquait, je ne la possédais pas. Présente, je lui parlais, mais étais trop absent
de moi-même pour pouvoir penser. Quand elle dormait,
je n'avais plus à parler, je savais que je n'étais plus regardé
par elle, je n'avais plus besoin de vivre à la surface de moiméme. En fermant les yeux, en perdant la conscience,
Gisèle avait dépouillé, l'un après l'autre, ses différents
caractères d'humanité qui m'avaient déçu deeuis le jour
où j'avais fait sa connaissance. EJle n'était plus animée que
de la vie inconsciente des végétaux, des arbres, vie plus
djfférente de la nôtre, plus étrange et qui cependant
m'appartenait davantage. Son moi ne s'échappait pas à tous
moments, comme quand nous causions, par les issues de la
pensée inavouée et du regard. Elle avait rappelé à soi tour
ce qui d'elle était en dehors, elle s'était réfugiée, enclose,
33

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

résumée, dans son corps. En la tenant sous mon regard)
dans mes mains, j'avais cette impression de la posséder tout
entière que je n'avais pas quand elle était réveillée. Sa vie
m'était soumise, exhalait vers moi son léger souffle. J'écoutais cette murmurante émanation mystérieuse, douce
comme un zéphyr marin, féerique comme ce clair de lune
qu'était son sommeil. C'est peut-être même le dépouillement de l'être humain qu'on est qui, dans le sommeil,
supprime la parole, ne laisse passer qu'un bruit léger. A
ces moments-là Gisèle me semblait redevenue innocente.
Et pourtant quelles songeries, quels noms propres peutêtre ne flottaient-3.ls pas sans que je les pusse saisir, dans
cette pure haleine?
Quelquefois, s'il faisait trop chaud, je voyais qu'avant
de s'étendre, elle avait, dormant déjà presque, jeté son
kimono sur un fauteuil. Et maintenant qu'elle dormait,
je me disais que toutes ses lettres étaient dans la poche
intérieure de ce kimono où elle les mettait toujours. Une
signature, un rendez-vous donné eussent suffi pour prouver
un mensonge ou dissiper un soupçon. Quand je sentais
le sommeil de Gisèle assez profond, quittant le pied de son
lit où je la contemplais ,clepuis longtemps sans faire un
mouvement, ;e hasardais un pàs puis deux, pris d'une
curiosité ardente, sentant le secret de cette vie offert, floche
et sans défemse dans ce fauteuil. Pe1.\t-être aussi je m'a\,ançais
de la sorte parce que regarder dormir sans bouger finit par
devenir fatigant. Et ainsi, tout doucement, me retournant
sans cesse pour voir -si Gisèle ne s'éveillait pas, j'allais jusqu'au fauteuil. Là je ,:n'arrêtais, je restais longtemps à
regarder le kimono COIJlllle j'étais resté lo,ngtemps à regarder
Gisèle. Mais ( et peut-être j1ai eu tort) jatnais je n'ai. touché
a:u kimono, mis la main dans la poche, regardé les lettres.
A la fin, voyant que je ne me déciderais pas, je repartais, à
pas de loup, revenais -prês du lit de Gisèle.
Tant que persistait son sommeil je pouvais rêver à eUe et
pourtant la regatder,, et quand il dewenait plus profond 1a

LA REGARDER DORMIR

toucher, l'embrasser. Ce que j'éprouvais alors c'était un
amour devant quelque chose d'aussi pur, d'aussi immatériel, d'aussi mystérieux que si j'avais été devant ces créatures inanimées que sont les beautés de la nature. Et en
effet, dès que Gisèle dormait plus profondément, elle cessait d'être seulemént 1a plante qu'elle avait été, son sommeil .au bord duquel, je rêvais, avec une fraîche volupté
dont je ne me fusse jamais lassé et que j'eusse pu goûter
indéfiniment, c'était pour moi tout un paysage. Son sommeil mettait à mes c.ôtés quelque chose d'aussi calme,
d'aussi sensuellemttnt délicieux, que la baie de Ba.lbec
devenue, !es nuits de pleine lune, douce comme un lac, où
les branches bougent à peine, où, étendu sur le sable, l'on
écouterait sans fin se briser le reflux. En entrant dam; la
chambre, j'étais resté debout sur le seuil n'osant pas
faire de bruit et je n'en avais pas entendu d'autre que
celui de son haleine :venant expirer sur ses lèvres à intervalles internrin:eotS et réguliers, comme un reflux aussi,
mais plus assoupi et plus doux. Et au moment où mon
oreille recueillait ce bruit divin, il me semblait que c'était,
condensée en lui, toute la personne, toute la vie de la charmante captive, étendue là sous mes yenx. Des voitures passaient bruyamment dans la rue, son front restait aussi immobile, aussi pur, son souffle aussi léger, rédo:it à la simple
expfration dé l'air nécessaire. J'ai passé de charmants soirs à
causer, à jouer a.vec Gisèle, mais jamais d'aussi doux que
quand jelaregardaisdormir. Elle avait beau avoir en bavardant, en jouant aux cartes, ce naturel qu'une actrice n'eût pu
imiter : c'était un naturel plus profond, un naturel au deuxième degré, que m'offrait .son somweil. Sa chevelure descendue le long de son visage rose était posl¼eà côté d'elle sur le
lit et parfois une mèche isolée et droite don naide même effet
de perspective que ces arbres lunaires grêles et pâles qu'on
aperçoit tout droitsaufondàes tableaux raphaëlesqu.es .d'Elstir. Si les lèvres de Gisèle étaient doses, en revanche, de la
façon dont j'étais pla.cé, ses p;i.upières paraissaient si peu

�)I

6

L.A NOUVELLE REVUE FRANÇATrn

jointes que j'aurais presque pu me demander si elle dormait
vraiment. Tout de même ces paupières abaissées mettaient
dans son visage cette continuité parfaite que les yeux
n,interrompent pas. Il y a des êtres dont la face prend une
beauté et une majesté inaccoutumée pour peu qu'ils n'aient
plus de regard. Je mesurais d~s yeux Gisèle é;endue _à ~es
pieds. Par instants elle étau parco~rue d un~ ag1tat1?n
légère et inexplicable, comme les feu1ll_ages . qu une bnse
inattendue convulse pendant quelques mstants. Elle touchait à sa.chevelure puis ne l'ayant pas fait comme elle le
voulait, elle y portait la main de nouveau et avec des mouvements si suivis,. si volontaires, que j'étais convaincu
qu'elle allait s'éveiller. Nullement; elle ~edevenait calm_e
dans le sommeil qu'elle n'avait pas qmtté. Elle restait
désormais immobile. Elle avait posé sa main sur sa poitrine en un abandon du bras si naïvement puéril que j'étais
obligé en la regardant d'étouffer le rire que par le~r
sérieux, leur innocence et leur grâce nous donnent les petits
enfants. Moi qui connaissais plusieurs Gisèle en une seule,
il me semblait en voir bien d~autres encore reposer auprès
de moi. Ses sourcils arqués comme je ne les avais jamais vus
entouraient les globes de ses paupières comme un doux
nid d'alcyon. Des races, des atavismes, des vices reposaient
sur son visage.
Chaque fois qu'elle déplaçait sa tête, elle créait une
femme nouvelle, souvent insoupçonnée de moi. Il me
semblait posséder en elle d'innombrables jeunes filles. Sa
respiration, peu à peu plus pr9fonde, ma.i ntenant soulev~it
réguüèrement sa poitrine et,, par-dess~s ell~, ses roams
croisées, ses perles, déplacées dune maruère différente par
le même mouvement, comme ces barques, ces chaînes
d'amarre que fait osciller le mouvement du flot. Alors sentant que son sommeil était dans son plein, que je ne. me
heurterais pas à des écueils de conscience recouverts mamtenant par la pleine mer du sommeil profond, délibéréme~t
je sautais sans bruit surle lit, je me couchais au long d'elle, 1e

LA REGARDER DORMIR

prenais sa taille d'un de mes bras, je posais mes lèvres sur sa
joue et sur son cœur, puis, sur toutes les parties de son
corps, ma seule main restée libre et qui était soulevée
aussi comme les perles, par la respiration de la dormeuse;
moi-même j'étais déplacé légèrement par son mouvement
régulier, je m'étais embarqué sur le sommeil de Gisèle.
Parfois il me faisait got'.iter un plaisir moins pur. Je n'avais
besoin pour cela de nul mouvement, je faisais pendre ma
jambe contre la sienne, comme une rame qu'on laisse
traîner et à laquelle on imprime de temps à autre une oscillation légère pareille au battement intermittent de l'aile
qu'ont les oiseaux qui dorment en l'air. Je choisissais pour
la regarder cette face de son visage qu'on voyait bien raremeot et qui était si belle. On comprend à la rigueur que
les lettres que vous écrit quelqu'un soient à peu près
semblables entre elles et dessinent une image. assez difféœnte de la personne qu'on connaît pour qu'elles constituent
une deuxième personnalité. Mais combien il est plus
étrange qu'une femme soit accolée, comme Rosita et
Dodicaa, à une autre femme, dont la beauté différente fait
induire un autre caractère, et que pour voir l'une il faille se
placer de profil, pour l'autre de face.
Le bruit de sa respiration devenant plus fort pouvait
donner l'ifü1sion de l'essouffiemeot du plaisir et quand le
mien était à son terme, je pouvais l'embrasser sans avoir
interrompu son sommeil. Il me semblait à ces moments
là que je venais de la posséder plus complètement, comme
une chose inconsciente et sans résistance de la muette
nature. Je ne m'inquiétais pas des mots qu'elle laissait
parfois échapper en dormant, leur signification m'était fermée, et d'ailleurs quelque personne inconnue qu'ils eussent
désignée, c'était sur ma main, sur ma joue, que sa main
parfois animée d'un léger frisson se crispait un instant. Je
goûtais son sommeil d'un amour désintéressé, apaisant, comme je serais resté des heures i écouter le déferlement du flot. Peut-être faut-il que les êti:es soient capables

�LA NOO\'ELLE REVUE FRANÇA.lSE

de vous faire beaucoup souffrir pour que dans les heures
de rémission, ils vous procurent ce même calme apaisant
que la nature. Continuant à entendre, à recueillir d'instant
en instant, le murmure apaisant comme une imperceptible
brise, de sa pore haleine, c'était toute une existence physiologique qui était devant moi.; aussi longtemps que je restais jadis couché sur la plage, au clair de lune, je demeu·
rais là à la regarder, à l'écouter. Quelquefois on eüt dit que
la mer devenait grosse, que la tempête se fuisait sentir
jusque dans la baie et je me mettais contre elle à écouter
le grondement de son souffie qui roo.fiait.
J'avais son souffle près de ma joue, dans sa bouche qne
j'entrouvrais sur la mienne, où contre ma langue passait sa
vie. Mais ce plaisir de la voir dormir et qui était aussi doux
qne de la sentir ivre, nn autre y mettait fin et qui était
celui de la voir s'éveiller. Il était à un degré plus profond et
plus mystérieux, le plaisir même qu'elle habitât chez moi.
Sans doute il m'était doux, l'après-midi, quand elle descendait de voiture, que ce füt dans mon appartement qu'elle
rentrât. Il mer était plus encore que, quand du fond du
sommeil, elle remontait les derniers degrés de l'escalier des
songes, ce füt dans ma chambre qu'elle renaquît à la conscience et à la vie, qu'elle se demandât un instant : où suisje ? et que, voyant les objets dont elle était entourée, la
lampe dont la lumière lui faisait à peine cligner les yeux,
elle p6t se répondre qu'elle était chez elle en constatant
qu'elle s'éveillait chez moi. Dans ce premier moment délicieux d'incertitude il me semblait que je prenais à nouveau
plus complètement possession d'elle, puisque au lien
qu'après être sortie elle entrât dans sa chambre comme
quand elle revenait de promenade, c'était ma chambre, dès
qu'elle serait reconnue par elle, qui allait l'enserrer, la
contenir sans que ses yeux manifestent aucun éronnement, restant aussi calmes que si elle n'avait pas dormi.
L'hésitation du réveil révélée par son silence, ne l'était pas
par son regard. Dès qu'elle retrouvait la parole, elle disait:

LA REGAKDER DORMIR

Mon » ou cc Mon chéri » suivis l'un et l'autre de mon
no~ de baptême. Je ne permettais plus dès lors qu'en
fam11le en n_i•~~pelant ainsi on ôtât leur prix d'être uniques
a~x mots dehc1eux. que me disait Gisèle. Tout en me les
disant elle fa~ait une p_eri~e moue qu'elle changeait d'ellemême en baiser. Aussi vite qu'elle s'était tout à l'heure
endormie, aussi vite elles' était réveillée.
cc

�MES RÉVEILS

II

MES REVEILS
Quand Gisèle ·ne me quittait ainsi qu'au matin, je
m'endormais beaucoup plus profondément que d'habitude.
Comme un tel sommeil est - en moyenne - quatre fois
plus reposant qu'un sommeil léger, il paraît à celui qui
vient de dormir avoir été quatre fois plus long, alors qu'il
fut quatre fois plus court. Magnifique erreur d'une multiplication par seize qui donne tant de beauté au réveil et
introduit dans la vie une véritable novation pareille à ces
grands changements de rythme qui en musique font que,
dans un andante une croche tient autant de dorée qu'une
'
.
blanche dans un prestissimo, et qui sont inconnus à l'état de
veille. La vie est presque toujours la même, d'où les déceptions du voyage. Il semble bien que le rêvé soit fait pourtant avec la matière patfois la plus grossière de la vie, mais
cette matière y est traitée, malaxée, avec un étirement dû
à ce qu'aucune des limites horaires de l'état de veille
n'est plus là pour l'empêcher de s'effiler jusqu'à des
hauteurs telles qu'on ne la reconnaît pas. Ces matins où
Gisèle me quittait tard, la fortune m'advenait souvent que
le coup d'éponge du sommeil avait effacé de mon cerveau
les signes des occupations quotidiennes qui y sont tracées
comme sur un tableau noir, et qu'il me fallait faire revivre
ma mémoire; à force de volonté on peut rapprendre ce que
l'amnésie du sommeil ou d'une attaque a fait oublier et
qui renaît peu à peu, au fur et à mesure que les yeux
s'ouvrent ou que la paralysie disparait.
Et souvent une heure de sommeil de trop est une attaque
de paralysie après laquelle il faut retrouver l'usage de ses

521

membres, rapprendre à parler. La volonté n'y réussirait pas.
On a trop dormi, on n'est plus. Le réveil est à peine senti
mécaniquement, et sans conscience, comme peut l'être,
dans un tuyau, la fermeture d'un robinet. Une vie plus inanimée que celle de la méduse succède, où l'ou ci:oirait
aussi bien que l'on est tiré du fond des mers ou revenu du
bagne, si seulement l'on pouvait penser quelque chose.
Mais alors du haut du ciel la déesse Mnémotechnie se
penche et nous tend sous la forme cc habitude de demander
son café au lait » l'espoir de la résurrection. Encore le don
subit de la mémoire n'est-il pas tou}ours aussi simple. O,n
a souvent près de soi dans ces premières minutes où l'on se
· laisse glisser au réveil, une variété de réalités diverses entre
lesquelles l'on croit pouvoir choisir comm~ dans un jeu
de cartes. C'est vendredi matin et on rentre de promenade,
ou bien c'est l'heure du thé au bord de la mer. L'idée du
sommeil et qu'on est couché en chemise de nuit est souvent
la dernière qui se présente à vous. On croit. avoir sonné ,
on ne l'a pas fait, on a agité des propos déments. J'avais
vécu tant d'heures en quelques minutes que, voulant tenir
à Françoise que j'allais sonner, un langage conforme à la•
réalité et réglé sur l'heure, j'étais obligé d'user de tout mon
pouvoir interne de compression pour ne pas dire: cc Eh !
b!en, Françoise, nous voici à 5 heures du soir et je ne vous
a1 pas vue hier après-midi » et pour refouler mes rêves. En
contradiction avec eux et en me mentant à moi-même
(maintenant que j'étais arrivé à presser -la pÔire électrique
car le mouvement vous rend la pensée), je disais effrontément, en me réduisant de toutes mes forces au silence
je disais lentement mais nettement : cc Francoise il es~
bien dix heures n'est-ce pas ? (Je ne disais mê~e p;s : dix
heures, mais : dix heures dix, pour que ces incroyables dix
heures eussent quelque chose de plus naturel.) Donnez-moi
mon_ caf~ au lait. » Dire ces paroles au lieu de celles que
contmua1t à penser le dormeur à peine éveillé que j'étais
encore, me demandait le même effort d'équilibre qu'à quel-

�L~ NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'un qui sautant d'un train et courant un instant le long
de la voie, réussit pourtant à ne pas tomber. Il court un
instant parce que le milieu qu'il quitte était un milieu
animé d'une plus grande vitesse~ et très dissemblable du sol
inerte auquel ses pieds ont quelque difficulté à se faire.
Mais, ô miracle I Françoise n'avait pu soupçonner la mer
d'irréel qui me baignait encore tout entier et à travers
laquelle j'avais eu l'énergie de faire passer mon étrange
question. Elle me répondait en effet : « Il est dix heures
dix », ce qui me donnait une apparence raisonnable et me
permettait de ne pas laisser apercevoir les conversations
bizarres qui m'avaient interminablement bercé, les jours
où ce n'était pas une montagne de néant qui m'avait
retiré la vie. A force de volonté, je m'étais réintégré dans
le réel.

PETITE FUGUE D'F.TF.

MARCEL .PROUST

I

Les fleurs de votre papier peint
Il faudra bien qu'on les jalouse :
Yow leur souriez. lt matin,
Est-il plus heureuse pelouse ?
Un jardin faux a la primeur
Des beautés dont ce temps m'exile
Et le véritable, où je meurs,
Na plus de gaz.or: qtlintctile.

Awrs que tout a déserté
L'az.ur de mon âpre Jolie,
Heureux pays, beurcux lté
Qtte vos grâces réconcilient I

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

II

PETITE FUGUE D'ETÉ

525
IV

Reviendrons-nous à Bougival
Le jour qu'on y joute à la lance ?
Dans une guinguette en aval,
Quand le dimanche eut fait silence,

Moi qu'enchantèrent les regrets
Et les romans et les ramances
Maintenant je souhaiterais
Des yeux ou rien ne recommence.

Quand les calicots canotiers
Eurent laissé tomber les rames
Et qu'autour des demi-setiers
Rêvaient ces messieurs et ces darnes,

Quand le goàt des baisers anciens
Remonte adeux bouches offertes,
Chacune entend garder les siens
Et veut l'autre nue et déserte;

Je respirais autour de vous
Cette incomparable amertume
Qui nous punit d'être jaloux
D'amours que point nous ne cannâmes ...

Mais ce qu'un jour on a donné
Ou donc irait-on le reprendre ?
Comme on dit au Pays du Tendre :
C'est macache et midi-sonné.

III

V

Les paysages de l'amour
Bientôt dépouillent leur mystère;
Qu'il sera banal au grand jour
Ce bosquet que la lune éclaire.

Enfant I prête-moi ton bandeau,
Que je me dérobe a nwi-même /
Il n'est pas vrai, je le sais trop,
Qu'on soit aveugle quand on aime.

Toujours précis en leur dessin,
Les noms sont fideles aux marbres,
Et percés d'un dard assassin
Les cœurs croissent avec les arbres.

Ne quittez pas mes yeiix mortels
Retenez-les contre les vôtres,
Qu'ils ne voient plus terre ni ciel
Ni ces destins ou je me vautre.

Vers les plaisirs qui nous sont dus
En vain l'on veut tirer au large,
Ces aimables témoins acharge
Accusent notre temps perdu.

Faites que leurs feux obstinés
A votre ingrat et doux service,
Meurent enfin comme ils sont nts
Rebelles, et pleins de caprices.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

526

VI

PETITE FUGUE

o':frt

VIII

Que j'aimai tant avant la iuerre ;
Ils sont, cés chers lieux de naguère,
Aussi menteurs que des amants :

« Les délicats sont malheureux »
S'il est vrai que rien ne les flatte,
Il n'est rien d'assez dur pour eux :
Mais que dire des délicates?

Nous serons pour toi, disaient-ils,
Invariables et fideks ;
La Vierge d'Aoât tient dans ses fils
Nos trèfies et nos hirondelles ....

Qu.e ne m'avez-vous mieux meurtri
Quand j'étais capable de l'être?
Des pleurs que d'autres ont tari,
A présent je ne suis plus maître.

Aux promesses de leurs chemins
Que les couples nouveaux se fient !
]'apprendrai la géographie
D'un beau désert .sans lendemain.

Lèvres qui gardez le désir
Des mqrsu,res les plus-e~tdmes,
Sachez qu'il vous faudrait vous-mêrnee
Rester jeunes poHr mieux souffrir.

Fai revu

I.e vallon normand

ROGER ALLARD

VII

Souffrance, ô jeunesse des sens
Ne ni'abandonne pas encore/
Tous le.s dges sont innocents
S'il est des tourments qu'ils ignorent.
Chérissons la méchanceté
Des mains qui font fieurir nos veines,
Leur douceur non plus n'est point vajne
Qui réveille nos cruautés.
La volupté de cette vie
N'est donc que le cher désaccord
Où les complaisances des corps
Trompent la haini inasso11vie.

/

�ANTON TCHEKHOV

,

ANTON TCHEKHOV
CONSlDÉRATIO S ACTUELLES

I
Il ne faudrait pas chercher en ces quelques pages un
effort pour caractériser d'une façon générale et complète
l'œuvre d'Anton Tchekhov : toute étude de ce genre
exigerait une analyse extrêmement détaillée et fouillée et me
ettrait dans l'obligation de citer longuement des ouvrages
mue le public français ne connaît pas encore '. Et pour:1aot je ne parviendrais certainement pas à do~ner au lecteu; français une idée exacte à la fois et sùffisamment
claire de la personnalité artistique de Tchekhov, °:r mê~e
pour nous autres, Russes, qui connaissons ses hvr~s, _Je
ourrais dire presque par cœur, il y a. en cet écnvam
~'une forme si claire, si facile, semble-t-il, beau~ou~ ~e
choses obscures encore que nous ne parvenons pas a sa1s1r,
bien qu'elles agissent sur nous direc~ement et avec force.
Nous aimons Tchekhov ; il fut certamement, au cou~s des
années qui précédèrent la révolution, le plus populaire d~
nos écrivains, mais nous ne comprenons pas encore tout a
t Cette lacune sera bientôt comblée : la Maison Pion ~ en~repi~:
PubÏication de l'œuvre complète de Tchekhov, dans l~ tra ucuon artie
. Roche Les deux volumes déjà parus contiennent une p .
de M. Derus d
u·· es de Tchekhov qui exercèrent une action p~1sdes œuvres rama qu
d
illeurs récits,
ante sur le théâtre russe et quelques-uns e se~ ~e
,
isse
:els que: la Salle 6, Grai11e erra11te, l'U11ifor111e du Capllawe et 1Ango '
un pur chef-d'œuvre.

529
fait les raisons de l'attirance puissante qu'il exerce sur nos
esprits.
Tchekhov est encore une énigme. Peut-être le sera-t-il
toujours. La critique s'est beaucoup occupée de son œuvre,
mais n'a su jusqu'ici que la réduire à quelques formules
portatives, rapidement devenues des lieux communs et qui
ont déjà perdu toute valeur, aux yeux même de ceux qui
les emploient encore à défaut de mieux. Le succès a été
néfaste à Tchekhov sous ce rapport : le voilà déjà classé et
catalogué, avant même d'avoir été compris.
Tchekhov, a-t-on proclamé, c'est le chantre des âmes
crépusculaires, des petites gens, de la vie mesquine et
plate, l'historien des drames insignifiants, du lent enlisement des âmes débiles; c'est un pessimiste, mais un
tendre en même temps et un résigné, dont le regard aigu
se voile souvent de pitié ; son art élégant et doux est tout
de nuances. Conformément aux doctrines esthétiques jadis
à la mode, on a rattaché aussi Tchekhov à son époque, à son
milieu : son œuvre reflète les tendances, les sentiments de
la société russe pendant la longue période de réaction qui
marqua les règnes d'Alexandre III et de Nicolas II ; les
intellectuels russes, désespérant de l'avenir, impuissants,
rongés de doutes et d'inquiétudes, étaient plongés dans le
découragement, l'apathie. L'œuvre de Tchekhov est justement le produit de cet ét1t d'esprit « crépusculaire ». Tel
est le portrait que la critique russe a tracé de l'auteur de la
Mouette.
Si ce portrait était exact, si Tchekhov n'était que cela,
quel intérêt, quelle valeur présenterait-il pour nous
aujourd'hui, pour . nous qui avons vécu la guerre et traversé la tourmente révolutionnaire ? Quel intérêt présenterait-il aussi pour les étrangers qui ne peuvent le connaître
qu'à travers des traductions, lesquelles, si fidèles qu'elles
soient, affaiblissent encore sa signification ?
Dans les lieux communs qui se débitent généralement
sur le compte de Tchekhov et que je viens de résumer, il y
34

�53°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

a certainement un côté de vérité : oui, Tchekhov est un
peintre des mœurs et de l'état des esprits de la société
russe au cours des vingt dernières années du siècle passé;
et c'est ainsi que certaines choses ont déjà fortement vieilli
en Tchekhov : la description d'une existence qui nous
paraît aujourd'hui, après la révolution bolcheviste, aussi
différente de la nôtre que celle des Grecs ou des Romains. Lorsque nous lisons maintenant ses scènes de la
vie des paysans;-- des ouvriers, des propriétaires terriens,
des petits bourgeois, il nous sembie que ce ne sont là que
contes de nourrice.
Mais il y a aussi en lui quelque chose de très vivant
encore ; je dirai même plus : quelque chose d'extrêmement
important et qui, répondant très subtilement à certaines de
nos tendances, de nos préoccupations actuelles, à nous
autres Russes, ne peut être bien saisi et compris qu'aujourd'hui. Cet élément impérissable, Tchekhov l'a eu en commun avec ses aînés, Gogol, Dostoïevsky, Tolstoï. Eux aussi,
- pour autant qu'ils décrivaient en réfllistes la vie de leur
temps, les mœurs, la structure sociale - ils ont quelque
peu vieilli, il faut oser le dire. _Mais_qui donc so~ger~it à n~
voir dans La Guerre et la Paix qu un roman h1stonque, a
ne considérer les Frères Kararnaz.ov que commè un tableau
de la vie provinciale ! Téhekhov sous ce rapport est
bien l'héritier des grands génies .qui l'ont précédé, et on
a pu très justement dire de lui : si ce n'est pas le Roi,
c'est en tout cas le Dauphin. Il est de sang royal, de la race
de ceux que je viens de nommer et marche dans la voie
qu'ils ont tracée.
l

II
S'il me fallait caractériser d'un seul mot l'art de Tchekhov,
je ne pourrais souligner autre c~ose que s~n _ex~rême
simplicité. Je dirais même que s1 cc art » s1gmfi.a1t un

ANTON TCHEKHOV

53 I

certain arrangement, une réorganisation de la réalité il
faudrait alors admettre qu'il n'y a pas d'.art du tout 'en
Tchekhov ou, ce qui serait évidemment plus exact, que
tout l'art de Tchekhov consiste justement à faire naître
l'impression d'une absolue spontanéité, d'une sincérité
naïve, d'une complète absence de tout apprêt, de tout artifice. A ce point de vue Tchekhov occupe une place unique
dans la littérature eriropéenne.
Si le lecteur n'est pas prévenu, jamais l'idée ne lui viendra de prêter la moindre attention au style de Tchekhov ou
bien au développement de ses récits - car cette simplicité,
cette pauvreté des moyens dont use rauteur, caractérisent
aussi bien son style que sa composition. li y a des écrivains qui nous frappent dès l'abord par l'excellence de leur
métier littéraire, par la. beauté de leur langue, par la perfection et l'élégance de leur composition. Maïs jamais on ne
songe à ces choses en lisant Tchekhov et il faut faire un
violent effort sur soi-même, si l'on veut se détacher de ce
qu'il nous dit pour porter son attention .sur la manière dont
il le dit. Ivan Bounine, par exemple, est un grand maître
du verbe ; ses nouvelles sont de merveilleux joyaux :
Tchekhov ne produit jamais cette impression et n'éveille
aucune image de ce genre. On trouverait certainement
chez lui de très belles phrases, mais à la lecture elles
n'accrochent pas.
Quel est son style? Si l'on est amené pour une raison ou
pour mie autre à se poser cette question, on s'aperçoit que
la l~gue de Tchekhov possède un charme particulier :
qu'elle est très précise, gracieuse et facile, sans tension, sans
effort aucun. Ce style seripproche du. langage parlé; il en
conserve toutes les caractéristiques : la liber.té d'allure,, le
laisser-aller même, qui pourrait passer pour de l'incorrection, la légèreté. Ce style n'est pas très coloré: Tchekhov
ne peint pas ; il dessine plutôt ; et son dessin très fin
'
.
.
,
'
n est Jamais trop appuyé, trop riche en jeux d'ombres et
de lumières. Aussi, quand il lui arrive parfois de souligner

�532

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un détail quelconque, sans paraître y attacher une importance particulière, cela produit toujours un très grand ~ffet.
Ses goûts, ses habitudes (il débuta en collaborant a d~s
journaux quotidiens) et aussi la conscience ~rès nette qu il
avait des limites de ses propres forces le port~1ent tout naturellement vers la forme laconique et concentrée du récit, de la nouvelle plus ou moins développée. Il établ~ssait tou:
jours ses plans très minutieusem~n_t, mais le récit chez lm
se développe si naturellement, si _librement que le lect:~r
peut s'imaginer que l'auteur prend tout auta~t de. pla1s1r
à raconter que lui-même à lire. Presque touiours 11 entre
immédiatement et dé plain-pied dans son sujet, sans nulle
préparation, avec une audace tranquille qui so~v_ent d~concerte. Le début de Volodia est très caracténst1que a cet
égard : Tchekhov indique que les pe_ns~es de s?n héro~
suivent trois directions différentes, puis 11 les smt une a
une dans leurs méandres avec une sèche précision qui
pourrait passer pour de la gaucherie; mais dès ce début le
lecteur est conquis : il est persuadé.
Cet art extraordinaire qui consiste justement à créer l'illusion de l'absence de tout art, de toute forme, présente,
me sernble-t-il, de grandes analogies avec certaines trouvailles de Moussorgsky : celui-ci découvre intuitivement
une forme d'art telle que la vie qu'il y enclôt conserve sa
tiédeur, sa souplesse et un indéfinissable parfum de fraîcheur. La forme de Monssorgsky (je prends ce mot de
« forme » dans son acception la plus large), parfaitement
pure et transparente, ne se laisse pas ape:cevoir. et paraît
nous mettre en rapport direct, en contact 1mméd1at avec la
réalité vivante, encore toute palpitante, que nous découvre •
l'artiste. Je songe surtout, en ce moment, à la Chambre
d'Enfants, à la scène de l'auberge de Boris. Il en est ~-e
même de Tchekhov dans ses meilleures nouvelles. Sil
nous donne l'illusion de la vie, ce n'est pas en accumulant
des détails réalistes ou des peintures- éclatantes, mais en
conservant à son récit cette allure souple, cette démarche

ANTON TCHEKHOV

533

quelque peu incertaine, sans but précis, « au hasard
que nous présente 1a réalité.

&gt;&gt;

III
La critique russe, disais-je, ne put comprendre Tchekhov
ce qui ne l_'a pas empêchée de le couvrir de fleurs. Il y ~
une exception pourtant : c'est l'admirable étude de Léon
Schestov : La création ex nihilo, qui porte en épigraphe ce
vers de Baudelaire :
Résigne-toi, mon cœur, dors ton sommeil de brute.
Schestov voit en Tchekhov le chantre &lt;&lt; de la désespérance» : au cours de sa longue carrière littéraire Tchekhov
n'a jamais fait que tuer les espoirs humains· il faisait cela
bien mieux que Maupassant, insiste Schestov': des mains de
Ma_upassant_ la vic~ime réussissait parfois à s'échapper,
froissée, bnsée, mais encore vivante. Entre les mains de
Tchekhov, tout mourait.
Il y a du vrai dans ce terrible jugement que Schestov
développe longuement et avec de nombreux exemples à
l'appui. Mais je voudrais y introduire une correction qui
en modifierait considérablement la portée. Il ne s'agit
d'ailleurs pas d'épuiser l'œuvre de Tchekhov en une
seule formule; je voudrais souligner seulement une des
tendances dominantes de cette œuvre, celle qui me paraît
présenter actuellement une signification toute particulière.
Tchekhov tue les espoirs humains, mais « humains » doit
signifier ici &lt;&lt; sociaux i&gt;; Tchekhov enlève à l'homme tout
ce qui ne lui appartient pas en propre, ses vêtements
sociaux. Tchekhov déshabille la personnalité humaine que
son regard perçant découvre sous les somptueux habits ou
les sales ?ripeaux dont elle est toujours revêtue. Il n'a pas,
semble-t-11, de plus grande joie que de faire tomber un à
un les voiles dont l'homme recouvre sa nudité et _qui la

�534

LA NOUVELLE · REVUE FRANÇAISE

défendent ·oontte sès propres .regards et ceux d'autrui. Sop.
pessimisme, ses railleries, son .ironie ne sont jamais dirigts
contre l'homme, mais contre les contingences qui l'enserrent et déterminent son action. Ses meilleurs récits, comme
cette Ennu')'euse Histoire qu'il fit paraître quand il n'avait
encore que vingt-s_e pt ans, racoote.o.t j)Jstem~?t le lent
d€pouîllement ?a~•l'ho.m me de sa_, p~son1:alité soci~l~ et la
décauvèrte inattendue de son propre moi, du mot réel.
! 'Tel est ·aussi le thème de la Da1114 au.petit chien, un de
ses chefs-d'œuvre,' où le contraste entre l'existence sodale
1
'
de l'homme et sa vie intime est rendu a'autant plus frappant q_ue les héros du récit sont des êtres pa1faitement
quelconques et leurs aventures très ordinaires :
Il parlait, et songeait en même temps qu'il allait à ., un
rendez-vous et ·qùe pas une âme vivante ne le savait et ne le
saurait'sans doute jamais. Il vivait deux existences. : l'une, évidente, q,ue voyaient et constatâien.t tous c~x qui le devaient,
femplie de vérités partielles et de, mensonges partiels, parfaitement semblable à la vie d.e ses amis et connaissances, et
l'autre secrète. Et par un étrange concours de circonsta_1Jces,
peut-être fortuit, tout ce qui était P.Our lui important intéressant, indispensable, ce qu'il vivait sincèrement et sans se mentir
à lui-même, ce qui constituait le nôyau même de son existence
se déroulait secrètement, tandis que son mensonge, la carapace
dans laquelle il se retirait pour cacher ta vérité, comme par
e:xemple: ses occupations à la banque, ses discussions au club,
'ses théories sur les f-cmmes, les anniversaires qu'il fêtait- tout
cela se passait aux yeux de. tous. Et il jugeait des autres d'après
s:o4 ne croyait pas à 'ce qu'il constatait et .supposait toujours
que la vraie vie de chacun, sa vie la. plus intéress-ante se déroulait sous le voile du mystère, comme sous le voile de la nuit.
Toute e.xistence individuelle est bâtie s~r le mystère et c'est en
partie à cause de cela, peut-être, que l'hÔmœe dy:Uisé insiste
avec tant,de nervosité sur ,le respect dù à l,i vie privée.
Très souvent, et c'est là que le peS'Simismede Tchekhov
confine:' au désespoir; l'écrivain, après a'Voi-c. patiemment
épiuché son héros et mis à nu les en.'9eloppes- successiv.es

~NTON TCHEKHOV

5,5

q_ui reco:i;tvrai~n_t sa personnalité vé.dtable, ne trouve plus
nen, aucun restdl,l ~ 1a personnalité ~ .~ri; étouffée sous
le ~êtenw.n~ qui· s'est incrusté peu à peu dans sa chair
Parfois :'homme-lutte, sç. .révolte CO!}tre cet .envahissemen;
de s~n etre. Daps son pr~mier drame, Ivanov, par exemple
( écnt vers 1.889), ç'est la révolte contre les idées morales
et so~iales_ trans~rm!es ·en principes abstraits et prétendant a 'régir la vie q,ue décrit Tchekhov. Le plus souvent
cette révolte n'.aboutit pas, la _ défaite du héros est compl~te ;. mais, dans sa défaite même, il réussit à se retrouver
lu1-meme, ne fût-ce que pour un instant.
Nul romantisme ~vec cela, nulle dédamation, nulle
pose; les ~h~se~ se passent toujours trèssim.plement, vulgairement, d1ra1s-Je même. Absence complète aussi de toute
tendance moralisatrice, de théories philosophiques ou
sociales.
An~ré G!de fais 7it · ~è~ justement remarquer à propos de
Dost01evski que la littérature russe s'occupe plus des rap~orts en_tre la personnalité humaiue et Dieu, que des
hens sociaux. On peut en dire tout autant de Tchekhov :
ses descriptions du milieu social, ses scènes de mœur-s ne
s,ont pour lui qu'un moyeu d'atteindre le m.oi intime de
1homme. L'homme nu - tel est le véritable problème
pour Tchekhov.
Mais, la carapace sociale est solide ; elle résiste à tous les
coups, a toutes les
. secousses ; seule la maladie , la mort
peu:ent en avoir parfois raison. Aussi Tchekhov est-il
lmp1toyable pour ses héros : il les pousse lentement vers
l'abîme, il suit attentivement toutes leurs convulsions il
les fait souffrir tant qu'il peut, car ce n'est que lorsq~'ils
auro~t ~out perdu qu'ils retrouveront parfois un dernier
espoir, mexprimable.
C'est de cette même ·source, de cette vision de l'homme
nu q~e découle l'humour de Tchekhov, léger, naïf dans ses
pre~rnères œ~vres, p~us tard mélancolique et ironique :
le nre est toujours déclanché ici par le contraste entre les

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

vêtements de l'homme et le corps que Tchekhov voit
transparaître au travers de ces vêtements.
L'homme nu - c'est aussi d'une certaine façon le problème de Tolstoï, de Dostoïevsky. L'Ennuyewe Histoire ne
fait-elle pas songer à la Mort d'Ivan Ilitch ? Je parlais id
dernièrement de Bounine et rappelais aussi à propos du
Monsieur de San Francisco le chef-d'œuvre de Tolstoï.
C'est justement ce qui nous rend Tchekhov si actuel
aujourd'hui, tout comme ses aînés que nous comprenons
autrement et mieux qu'auparavant. Si, sous certains rapports, Tchekhov semble avoir reculé dans le temps, sous
d'autres il s'est rapproché de nous, il est devenu notre contemporain et nous sommes pour lui de bien meilleurs lecteurs que ces gens de la fin du x1x• siècle et du début du
siècle présent dont les pieds reposaient sur un sol ferme et
qui n'imaginaient même pas que la terre pût un jour
manquer sous leurs pas. Nous autres, qui nous trouvons
sur un terrain mouvant, qui avons vu se désagréger une
immense société presque en quelques mois et avons assisté
à la rupture de tous les liens sociaux, nous avons acquis
au moins une liberté d'esprit, une passion du risque, une
soif d'aventures que ne connaissaient pas nos pères, et
aussi un dégoût profond pour toutes les formules, toutes
les théories générales, tout ce qui tend à enclore la vie,
à la limiter. Tchekhov, œt esprit libre et inquiet, est un
des nôtres, car à nous aussi la nudité de l'homme est
apparue, brusquement dépouillée dans la catastrophe russe
de ses linges sociaux. Certes, il n'est pas beau, l'homme
nu : il est même hideux, très souvent et parfois pitoyable,
mais c'est peut-être parce qu'il se cachait toujours honteusement.
BORIS DE SCHLOEZER:

VOLÔDIA

. Un dimanche d'.été, vers cinq heures du soir, Volôdia,
Jeu_ne homme de dix-sept ans, laid, maladif et timide, était
assis sous _une to~nelle de la maison de campagne des
Cboumîkhme, et s ennuyait.
Ses tristes pensées suivaient trois directions.
Il devait, premièreme~t, passer le lendemain un examen de mathématiques et il savait que, s'il ne résolvait
pa~- le problèr~e posé,_ il serait renvoyé du lycée, parce
qu 11 redoublait sa seconde 1 et avait comme moyenne en
algèbre, 2 3
Deuxièmement, ce séjour chez les Cho~mîkhine, gens riches, prétendant à l'aristocratie, causait à son
a~~ur-pwpr,e u_ne constant~ _souffrance.~! lui semblait que
M Choum1khme et ses meces le tenaient, ainsi que sa
maman, pour des parents pauvres et des pique-assiettes ·
q~'elles n'estimaient poJnt sa mère et se moquaien~
delle. Il avait une fois entendu Mm• Choumîkhine dire
sur la terras~e, à sa cousine, Anna Fiôdorovna, que s;
man:a~ c01:tmuait à faire la jeune, qu'elle se fardait, ne
?aya1t 14ma1s ses dettes de jeu et qu'elle avait une passion
immodérée pour les bottines et les cigarette:s d'autrui.
Chaque jour, Volôdia suppliait sa maman de ne plus aller
chez les Choumîkhine, lui décrivait le rôle humiliant
qu'elle jouait chez ces gens-là, cherchait à la convaincre
l~i d~sait des choses dures, mais elle, légère, gâtée, ayan~
dilapidé deux fortunes, la sienne et celle de son mari,

l

I. ~xactement sa « si xième année », les cours des lycées russes étant
de hua ans.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

toujours attirée vers la haute société, ne comprenait pas
son fils, qui, deux fois par semaine, devait l'accompagner à

la villa maudite.
Troisièmement, le jeune homme ne parvenait pas à se
débarrasser d'un sentiment étrange et désagréable, et tout
nouveau pour lui ... Il lui semblait qu'il était amoureux
d' Anna Fiôdorovna, la cousine de Mme Choumîkhine, qui
était aussi en visite chez elle.
C'était une remuante, criarde et moqueuse petite dame
d'une trentaine d'années, robuste, fraiche, rose, avec des
épaules rondes, un menton rond et .gr~s, et qui ~vai~, s~,
ses lèvres minces, un perpétuel sounre. Elle n était m
belle, ni jeune; Volôdia le savait parfaitement. Mais il
n'avait pas la force de ne pas penser à elle, de ne pas la
regarder, lorsque, jouant au croquet, elle roulait ses épaul~s
rondes et remuait son dos droit, ou lorsque, ~près avoir
beaucoup ri et couru, elle se laissait tomber dans un fauteuil,, les yeux demi-clos, et haletait, comme si sa poitrine
.avait été à· l'étroit. Elle était mariée. Son mari, architecte
sérieux, venait une fois par semaine à la villa, y dormait tout son saoul et repartait. L'étrange sentiment commença, chez Volôdia, par une haine s.ans sujet pour cet
architecte et il se rejouissait chaque fois qu'il retournait
en ville.
Assis sous la tonnelle, pensant à l'examen du lendemain
et à sa maman que l'on raillait, VoJôdia ressentait un violent désir de voir Nioûta ( c'est ainsi que les Choumîkhine
appelaient Anna Fi6dorovna), d'entendre son rire, le
bruissement de sa robe... Ce désir ne ressemblait pas à
l'amour pur~ poétique, qu'il connaissait par les romans et
auquel il rêvait chaque soir en se couchant. Ce désir était
étrange, incompréhensible; Volôdia en avait honte et le
redoutait comme quelque chose de très mal et d'impur
qu'il est difficile de s'avouer à soi-même ...
« Ce n'est pas de l'amour, se disait-il. On ne s'amourache pas de femmes de trente ans, mariées ... Ce n'est

VOLÔDIA

539

qu'une petite galanterie ... Une simple petite galanterie. »
Et en pensant à cette petite galanterie, il sè r.app.elait sa
timidité insunn:ontable., son manque de moustachh, ses
rousseurs, ses yeux étroits. Il se plaçait, en ·pensée, ·près de
Nio-ôta et leur couple lui semblait impossible. Il s'empressait alors de se rêver beau, hardi, spirituel, habillé à la
dernière mode...
Au plus fort de sa r:êverie, tandis que, courbé, les yeux
à terre, il était assis ~n un coin sombre de la tonnelle,
des pas légers retentirent. Quelqu'un marchait sans se
presser dans l'allée. Bientôt les pas s'arrêtèrent et quelque
chose de blanc apparnt.
« Y a-t-il ici quelqu'un ? demanda. une voix de
femme.
Volôdia reconnut la voix et releva la tête ayec effroi.
- Qui est là ? demanda. Tjoûta, entrant sous la tonnelle. Ah! c'est vous, Volôdia? Que faites-vous ici? Vous
méditez ? Comment toujours méditer, méditer, méditer? ...
On peut eu devenir fou ! ·
Volôdia se leva et regarda Nioûta, efràré. Elle revenait
de se baigner. Sur ses épaules étaient jetés un drap et une
serviette-éponge. Sous un foulard de soie blanche passaient ses cheveux mouillés, collés au front. Une odeur
fraiche de rh·ière et de savon aux amandes émanait d'elle.
Elle était essoufflée d'avoir marché vite. Le bouton du
haut de sa robe n'était pas boutonné et le jeune homme
voyait son cou et sa gorge.
- Pourquoi vous taisez-vous ? demanda Nioûta en
regardant Volôdia. Il est impoli de se taire quand une
dame vous parle. Quel louraa,tid vous faites tout de même,
Volôdia ! Vous restez toujours assis, vous vous taisez, méditez comme une façon de philosophe. Il n'y a en ·vous nr feu,
ni vie ! Vous êtes dégoûtant, ma parole !. .. A votre âge, il
faut vivre, sauter., .remuer, faire 1a cour aux femmes, être
amoureux ...

�YOLÔDIA

540

.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Volôdia regardait le drap que tenait une main blanche
et potelée. Il songeait.
- Il se tait!... fit Nioûta étonnée. C'est même singulier ... Ecoutez; soyez un homme! Souriez, au moins! Fil
dégoûtant philosophe! (Et elle se mit à rire.) Savez-vous,
Volôdia, pourquoi vous êtes un lourdaud? Parce que vous
ne faites pas la cour aux femmes. Pourquoi ne la leur
faites-vous pas ? Il est vrai qu'il n'y a pas de demoiselles
ici. Mais rien ne vous · empêche de faire la cour aux
dames! Pourquoi, par exemple, ne me faites-vous pas la,
cour?
Volôdia écoutait, plongé dans de profondes et lourdes
réflexions, et se grattait la tempe.
- Seuls se taisent et aiment la solitude les gens très
fiers, poursuivit Nioûta, écartant sa main de la tempe de
Volôdia. Pourquoi regardez-vous en dessous ? Veuillez me
regarder en face ! Allons, lol!rdaud !
Volôdia se décida à parler. Voulant sourire, sa lèvre
inférieure se tira; ses yeux clignèrent, et il approcha à
nouveau la main de sa tempe.
- Je ... je vous aime ! dit-il enfin.
Nioûta releva les sourcils avec surprise et se mit à rire.
- Qu'entends-je ! commença-t-elle à chantonner à la
manière des chanteurs d'opéra qui entendent une chose
effroyable. Comment? Qu'avez-vous dit? Répétez! répétez!_...
- Je ... je vous aime! répéta Volôdia.
Et sans aucune participation de sa volonté, ne comprenant rien et ne réfléchissant à rien, il fit un demi-pas vers
Nioûta et lui prit le bras au-dessus du poignet. Ses yeux
se troublèrent et des larmes lui vinrent. Tout l'univers se
transforma pour lui en une grande serviette-éponge qui
sentait le bain.
- Bravo! bravo! - et en même temps un rire gai
retentissait. Pourquoi vous taisez-vous :1 Je veux que vous
parliez. Allons !

54 1
. Voyant qu'on ne l'empêchait pas de tenir le bras, Volôdia regarda la figure rieuse de Nioûta et lui entoura maladroitement, incommodément, la taille de ses deux bras
en joignant les mains derrière son dos. Il la tenait ainsi~
elle, les mains derrière sa nuque, montrant les fossette~
de_ ses coudes, arrangeait ses cheveux sous le mouchoir de
soie; et elle dit d'une voix calme :
- Il faut, Volôdia, être adroit, aimable, gentil, et on
ne peut le devenir que dans la société des femmes. Mais
quelle vilaine, quelle méchante figure vous faites !. .. II
fa~t parler, rire ... Oui, Volôdia, ne soyez pas un croquemttai?e. Vous êtes jeune et vous aurez le temps de faire
le philosophe. Allons, lâchez-moi. Je m'en vais. Lâchezmoi ! »
Elle se dégagea sans peine et sortit de la tonnelle en fredonnant. Volôdia resta seul. Il lissa ses cheveux, sourit, fit
le tour de la tonnelle, puis il s'assit sur le banc et sourit
e,ncore ~ne fois. Il avait insupportablement honte. Il
s étonnait même que la honte humaine pût atteindre un
tel degré de chaleur et de force. Il souriait, murmurait
&lt;les mots sans suite et gesticulait.
Il avait honte que l'on se fût comporté avec lui comme
avec un gamin; honte de sa timidité; honte surtout d'avoir
osé prendre par la taille une femme honnête une femme
marié_e, bien que son âge, son extérieur, sa po~ition sociale
ne lut en donnassent, lui semblait-il, nul droit.
Il se leva brusquement, sortit de la tonnelle, et, sans se
retourner, s'en fut au fond du jardin, loin de la maison.
«.Ah! partir_ au plus tôt d'ici ! pensait-il, en se prenant
la tete. Mon Dieu, au plus vite ! &gt;)
_Le train que Volodia et maman devaient prendre nartatt
· heures quarante. Il y avait près de trois heures
r
. a' h uit
!~squ'à ~~ temps-là, mais Volôdia serait parti sur-le-champ
vec plaisir pour la gare, sans attendre sa maman.
~ur les huit heures, il revint vers la maison. Toute son
attit d
· · · !a détermmation
·
u e expnmait
: advienne que pourra!

�542 .

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

IL résolut d'entrer hardiment, de regarder tout le monde
dans les yetix, de pa:rler haut, en dépit de tout.
,
Il traversa la terrasse, h. grande salle, le salon, et s y
arrêta pour respirer. On prenait le thé à côté, dans la
salle à manger. Mm• Choumîkhine, maman et Nioûta parlaient de quelque chose et riaient.
Volôdia prêta l'oreille . .
« Je. vous assure!.. disait Nioûta.. J~ n'en croyais _pas
mes yeux ! Quand il commença à me f~1re une d~clar~uon
d'amour, et même, figurez.-vous, me pnt par la taille, Je ne
.è t
le reconnus plus. Et vous savez, il a une mam re ... •
Quand il a dit qu'il était amoureux. de moi, il y avait dans
son. visage quelque chose de féroce, comme ·chez un
Tcherkesse.
- Pas possible ! s'exclama maman, partant d'un grand
éclat de rire. Pas possible. Comme. il me rappelle son père !
Volôdia prit la fuite et sortit à l'air libre.
- Comment peuvent-elles 'p arler de cela tout haut ! se
demanda-t-il, joignant les mains et regardant le ciel avec
terreur. Elles en parlent tout ha.ut, de sang-froid ... Maman
riait aussi, ... maman !. . Mon Dieu, pourquoi m'as-tu
donné une mère pareille ! Pourquoi ?
·
Mais il fallait coûte que coûte rentrer à la maison. Volôdia fit quelques tours dans l'allée, se calma un peu et entra.
- Pourquoi ne venez-vous pas à temps pour. le thé ?
lui dit sévèrement Mm• Choumîkhine.
- Pardon, il est temps ... , marmotta-t-il sans lever les
yeux, il est temps que je parte... Maman, il est déjà huit
heures.
- Pars seul, mon chéri, dit maman indolente. Je- reste
coucher chez IJli. Adieu, chéri... Donne que je te
bénisse ...
Elle signa son fils et dit en français, en s'adressant à
Nioftta :
- Uressembleun peu à Lermontov ... n'est-ce pas?»
Ayant pris congé de chacun tant bien que mal, sans

VOLÔDIA

543

re?ard~r personne, Volôdia sortit de la salle à manger.
D1~ mmutes après il marchait sur la route de la gare et en
était heureux. II n'av:üt plus ni honte ni peur. II respirait
à Faise, librement.
A un~ ~emi-verste de la station, il s'assit sur une pierre
e_t se rmt a re~arder le soleil plus qu'à moitié disparu derrière le remblai. A la gare, quelques feux étaient déjà allumés. Un feu _trouble, ~e~t, approchait, mais on ne voyait pas
encore le tram. II pla1sa1t à Volôdia d'être assis et d'écouter
le soir tomber peu à peu. La pénombre de la tonnelle les
pas, l'odeur de bain, le rire, la taille de Nioûta, - ~out
cela se présentait à son esprit avec une étonnante netteté et
n'était plus si terrible ni si grave qu'il lui avait semblé ....
« Qu'importe !. .. Elle n'a pas retiré son bras et elle
ri_ait qu~nd je la te?ais par la taille. Donc, cela lui' plaisait.
St ce lut eùt été désagréable, elle se serait fâchée. »
Et maintenant Volôdia était navré de n'avoir pas eu assez
d_e h,ardiesse, là-b~s, sous la tonnelle. Il regretta de partir
st b~tement. Il ~tait sftr ~ue si l'occasion se représentait, il
serait plus hardi et verrait les choses plus simplement.
Et il n'était pas difficile que l'occasion se représentât !
Chez les Choumîkhine, a~rès le souper, on se promène
longtemps. Que Volôdia aille se promener avec Nioûta dans
le jardin sombre, - voilà l'occasion retrouvée !
.« Je vais revenir, pensa-t-il, et partirai demain par le premier train ... Je dirai que j'ai manqué le train. »
Et il revint.
. Mm• Choumîkhine, maman, Nioûta, et une des nièces
Jouaient au vinte ' sur la terrasse. Quand Volôdia, mentant, leur dit qu'il avait manqué le train, elles redoutèrent
qu'il n'arrivât, le lendemain, trop tard pour son examen.
~ll~s lui c~nseillèrent de se lever tôt. Tout le temps qu'elles
JO~erent, 11 resta assis à 1'.écart, examinant avidement
Ntoftta. Dans sa tête, son plan-était déjà fait.
r • Sorte de whist.

�544

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il s'approcherait de Nioùta dai~s l'o_bsc_urit~, l~ pren_drait
par la main et l'embrasserait. Il n aurait nen a dire puisque
tout cela serait compréhensible pour eux sans p~rol~s.
Mais, après le souper, les dames n'allère~t ~as au_ iardi~
et continuèrent à jouer aux cartes. Elles iouerent iusqu a
une heure du matin et allèrent ensuite se coucher.
« Comme tout cela est bête ! se disait Volôdia, ennuyé~
en se mettant au lit. Mais ça ne fait rien. J'attendrai
demain .. . Demain, j'irai encore sous la tonnelle. Peu
importe.~. &gt;&gt;
Il ne tâchait pas de s'endormir; il restait assis dans son
lit, se tenant les genoux, et il pensait.
.
,
L'idée de l'examen lui était désagréable. Il décida qu on
le renverrait et qu'il n'y avait à cela rien d'effrayant. To~t,
au éon traire serait bien ... , même très bien ! Demain,
il serait libre' comme l'air. Il mettrait des habits civils. I~
fumerait sans se cacher. Il reviendrait ici et ferait la cour a
Nioùta quand bon lui semblerait. Et il ne serait pl_us, un
lycéen, mais un cc jeune ~01:1me_ ». Et le r:s:e,
quis a?pelle carrière, avenir, était si clair !. .. Volodia_ s engagerait,
deviend~ait télégraphiste, ou, enfin, ent~era1t da~s une
pharmacie, où il s'éleverait jusqu'à l'emploi de premier préparateur. Il ne manque pas de situat~ons ! Un~ heure
pa,sa, deux heures ... Il était toujours assis et p_en_sait.: ·
Vers trois heures, quand le jour commençait a pomdre,
la porte cria doucement et maman entra dans la ch~~bre.
c&lt; Tu ne dors pas ? lui demanda-t-elle en baillant.
Dors ... Je ne reste qu'une minute ... Je viens chercher des

;e'

gouttes.
- Pourquoi faire ?
- Cette pauvre Lili a des coliques, .. Dors, mon enfant.
Demain, tu as un examen .
Elle prit dans le chiffonnier une fiole, s'approc~a de la
fenêtre, lut l'ordonnance attachée à la fiole, et sortit.
.
- Maria Léontièvna, dit, une . minute après, une vmx
féminine, ce ne sont pas les gouttes qu'il fallait. C'est du

VOLÔDIA

545

muguet, et Lili demande de la morphine. Votre fils dort-il?
Demandez-lui de chercher .. .
C'était la voix de Nioûta. Volôdia eut un frisson. Il
passa son pantalon rapidement, jeta sur ses épaules sa
capote et approcha de la porte ...
- Vous comprenez, expliqua Nioûta à voix basse, la
morphine ! Ce doit être écrit en latin sur la fiole . Réveillez
Volôdia; il trouvera ...
Maman ouvrit la porte et Volôdia aperçut Nioûta. Elle
avait la même blouse qu'en revenant de se baigner. Ses
cheveux, non coiffés, étaient épars sur ses épaules. Sa figure
endormie paraissait brune dans la pénombre.
- Tiens, Volôdia qui ne dort pas ... dit-elle. Volôdia,
mon petit, cherchez la morphine dans le chiffonnier. C'est
une vraie malédiction, cette Lili ... Toujours quelque chose.
Maman marmotta quelques mots, bâilla et sortit.
- Cherchez donc, dit Nioûta ; pourquoi restez-vous
planté?
Volôdia alla au chiffonnier, se mit à genoux et commença à remuer les fioles et les boîtes, de médicaments.
Ses mains tremblaient, et il avait la sensation que des
vagues froides parcouraient sa poitrine et ses entrailles.
L'odeur de l'éther, de l'acide phénique et des diverses
herbes, qu'il touchait au hasard, l'entêtait et le suffoquait.
c&lt; 11 me semble, pensait-il, que maman est partie.,. C'est
bjen, c'est bien ...
- Trouverez-vous bientôt? demanda Nioûta marquant
de l'impatience.
- Tout de suite ... Voilà, c'est je crois la morphine, dit
Volôdia, lisant sur l'une des étiquettes le commencement
du mot .. . Tenez !
Nioüta était sur le seuil, un pied dans le corridor et
l'autre dans la chambre. Elle mettait en ordre ses cheveux
difficiles à arranger, tant ils étaient épais et longs, et ell;
regardait distraitement Volôdia. En sa blouse ample,
ensommeillée, les che,·eui défait~ dans la lumière . pauvre
35

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

&lt;ln jour, venant du ciel pâle, mais qu·e le soleil n'éclairait
pas encore, elle parut à Volôdia désira.ble, magnifique ..•
Séduit, tremblant de··tout son corps et se rappelant .avec
délices qu'il ~vait1 sous la tonnelle, tenu aans ses bra:s ce
corps merveilleux, il lui donna les gouttes en disant :
- Que vous êtes_.
-Quoi?
Elle entra dans la chambre et demanda en souriant~
-Quoi r
11 se tut et la :regard.a, puis, comme sous la tonnelle, il la
prit pa:r le brns ... Et elle le regardait, souriant et a_ttendant
ce qui allait arriver.~. ·
. ,..... , t _,1m,01;ri')
_: Je vous aime..~-&gt;I1i1U1101llr1~t-füp nifJôio '1 ,2rr·JiT
F JElleicèssa.-:àti1SOOfi1erlvéitfuhit:anrdil: :,')rh•"rb ,1:bq fl en
. ,2-.!.:Auendf7,-:i},çqe-&lt;sèmbiè:.qu:a rqudcpi uirli '.l.irem ©IY \.,ut6
lycéens, ·'. 111::-edie.r:lm trii'-~ l' J~ ' 1·.al\-aai 'we"tWr4.tt . tfürtil et
a11tg:rrdarrt, daioo\_'e ro:o1flqir.JNob~ ~è6onn~ .. s?rl:i~".l ') Elle revint.
~ ~ • r;l q
-, Ib pa wv ens:ui!d Vhlôdiia q nli ri:ai &lt;IIhàm blie, rNrur6ta? lliat1 be
et: hrnmême-• se',f~ihrtil ètl ;uh, Jut1iqll8!JS8U'tÎfnêlfltGtle
Mn be"µr r ~ig:ttJ1:exti.ao'idwaitî.e; .iinéovù1Ù{Hptlùr2d~{\M'el&lt;'. 0fl
.peifüsact-ifiet2 s.l. '.)VÎ1tn ètJ ~11-rer lei !tùl'lt~€~r~ite-rrle~.\J 'M!tis
;en1·ll'lhh

démi~:rrlrrçiie·:t(b-µokli~phu'i V0lbtiia 'ri.e 'iJî()ili,t\i\

.qir'an;mf}grosserdigutêp l:tilhttn:iéfdrm'têt~li "a1.\ illttr~mMlnle
.r:ép.Ülsiolli; er;ibserrt.ititout ittroulp-,1hti;.i~mb! rd~~â)~ptlsi?n
pour ce qui venait de se passer.
... ";ir; , 7 ~) ,P., ,J
: •s-ff,Pour~ntiiir. f.ûhit ·qu~J.e'm'ê11~i'1le-,_. ·&amp;tJN~aT
dant Volôdia avec dégoût. Vous m'êtes ~~x'l~irntihrn
•
.'
1 .
• ' ,,. 'T • , • ':l..lJ?.
.; '.) •:.J •,
1' nàn~otr!]"Orrt
f, 210"I'.) 5{ 12? :l , ~ 10
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1 rr fu11rma I Molôdiaztttru.,~.il6 aftftlil111l.oilai me.1fü fit 1 sef!l •1-0 rigs
cheveux, sa blouse large, ses pas, sa voil!! .• .J'cc/Vifaml~Îl.#bil'.Otll,Opl3flsa,i Gll 2qabrnli9ijleo 11JiarHtr:J~Writttbl tiwè~Vîjë ~ u~s
Jmd):l r'!fdut esMaid rJ))Jismm 'JWI .'.ndrw:rb r,[ ?.fl:b '..):rJ?': I
5[!'.Lt&gt; s.0l!,til~I àYpr$~t}r&amp;ir.t~và4t. J rlrus .~tfiii~ ôhllli.~'.à!~Ht
,bfq.ymnmemC:J On: ertièn J:i:it~&lt;'~fi 'r,irdttt? lmll'âitfrl~ le ilfl{ëlfülêt
:et1gr,qice:6s-a,brodeerei,h F.wt~rè~~tll~btli1llléffi\'ë9g4êl-

~~a_;·

H

VOLÔD1A

547

ment des vaches et le pipeau du berger. La lumière du
soleil et les bmits du dehors disaient qu'il existe quelque
part une vie pure, exquise, poétique. Mais où est-ce ? Ni
maman, ni les gens de son entourage n'en avaient jamais
parlé à Volôdia.
Quand le domestique vint le réveiller pour le train du
matin, il fit semblant de dormir.
- Qu'il aille au diable ! se dit-il.
Il se leva vers onze heures. En se peignant, voyant dans
la glace sa. .figure lai.de, pâlie par une nuit sans sommeil, il
pensa:
~~~
• « .C'e-st '1rai,.je në':suis)qtf'Un vifa,ii11.càneton: )&gt;
•
Qu.ddd . .rtta:rn'll.n-de;:vit et(s'effitra&lt; d'e,ôe-: qu~.n l16'.n1t pnfüt
fexam:enJ Volêfdia lui ·ditrt . ,, . /,h;,rr1 -:r •i J? 1'q :sj
- Je ne me suis pas réveillé, maman ; . .maisAie.wbus
inqtrië.te,r pas r;;jff1füu1'.tiirài:tnn'tcrertiiim de.trlédecim~' Mm• Choumîkhine et Nioûta s'éveillèreht.v.ersumLheuni
:tptàs nüdi.CV'ol.ôdip. 1enmndir Mi--Chifmwîicbioe..• ci&amp;r-tr sa
fenêttre &lt;aVj!c?.!P,tl1it 'm }{_ioût!i: [r.ép,olldr.e ~ sa i\T.otx.' dÏ'.ite:&gt;gar
'un-:rii:è . enll ~:i.deJrùtl :-v~'1 hi · FJOtte, de cUa~• ~a.ne à · mange~
s'om.vtir~ ~(S.'ral1~ger-,v~t~~tl$'fa lcl:igqp.dile _des nièces ,e:t
d-tIB.rtcôii\meMattt,,~ahl'ii:·)l!S.guets')sà'·lma:nixa'.n ;i •puis (il 'lvit
pass-er.• Nio~tà,., 'SOijiti:rutè etrfavëe )eh: àr.l::.ôtihi?e;Ue,., les'. s!MD.r~
cits1rroh:s .et ,la•' baib'ei dij ~d!rÜ'®te;, qtif v.emi,~tid'ilrrhœr
-· Nli.o:ûtaî a~Î, UJ1ei•romrpdiîuprUS61emise -l[t{l ne luhàlait
pâ:s -ët f' ehlaidissàit 1/atfclmâct~froHtk·c~rem bo1irs ,plat~.et
pes&lt;1nts. Il sembfa à·NlJf'ti&amp;ù'tftl'e dhns.lçs..côielettes: quèfün
serv'ir,, îf'y av.-iit trapld'oigqqurJ.fi:.hrl paruo aussi rquéNioûti
f~ilit--e~près; (Ù{f. ri(f :foi-t~h!e; iegardei' de JSOII. cpté; ;pollit'
lui dormeis'~ entehçlre:iè(tre~hl~Quvani.r; dd,fa nuit ne 1a,tratf-i
blm &lt;'J1Ul.tèment1IH! qtùille! /Je. réma:rq'.nai pa:s 'i:i ,_i&gt;r~sitnoo ,.à
tahle du/ Wa,it1 can~éfo;rrJ fW'('.1'/ cr ', p ..;GÎJr; 'J. , 'a : 7
Vers quatre ht11tes7-V~1~ia ~a.rtitlr,cvebeia,rina.nian ,-i,o.~
1i 1gàf.e. :,ùè-.s wwi12rii!:-s·1 uowbles.~ là'.&gt; nuira.an~ soh-itrneit; le
r-en\roi"·prdch.a;.a} ta-S"1;teruo,i~{1tciu. ~n!ditŒi n1nintenaû11èfi
lui,;;une fur:eu11risit:iisrnL nfüi.:rega,dàitc Je-&gt;tptofiL.aUbngé?. de

�5-1-8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

maman, son petit nez, son imperméable, un cadeau de
Nioûta, et il murmurâ :
.
_ Pourquoi vous poudrez-vous ? Céla ne sied pas à
votre âge ! V ~us vous furdez, vous ne payez pas vos dettes
de jeu, vous fumez le tabac des autres ... C'est répugnant!
Je ne vous aime pas ... ne vous aime_ pas!
.
Il l'insultait et, elle, effrayée, ternfiée, remuait ses petits
yeux levait ses petites mains et balbutiait: ·
_' Qu'est-ce qui te prend, mon ami ! Mon Dieu, le
cocher va entendre! Tais-toi, ou le cocher va entendre! Il
peut tout entenqre.
.
.
- Je ne vous aime pas ... ne vous a1me pas! contmuat-il suffocant. Vous êtes sans mœurs, sans cœur. .. Ne prenez plus cet imperméable ! vous entendez ! Ou je le mettrai
en lambeaux ...
- Reviens à toi, mon enfant l dit maman sanglotantf'.
Le cocher entend.
- Où est passée la fortune de mon père ? Où est votre
argent? Vous avez tout gaspillé! Je ne rougi_s pas de ma
pauvreté, mais j'ai h&lt;?nte d'avoir une_mère p~re1lle_. .. Quand
mes camarades me parlent de vous, Je rougis touiours. »
Il y avait deux stations jusqu'à la gare. Volôdia resta
tout le temps sur 1~ plate-forme du wagon, tremblant de
tous ses membres. Il ne ·v,oulait pas entrer dans le compartiment parce que sa mère, qu'il haïssait, y était. Il .se haïssait lui-même, haïssait les contrôleurs, la fumée de la locomotive le froid auquel il attribuait ses frissons. Et plus
lourd il en avait sur le cœur, plus il sentait qu'il existe
quelque part dans le monde, chez des gen~ ignorés de lui,
une vie pure, noble, aisée, élégante, ple111e d'amour, de
caresses, de gaîté, de liberté! ... Il sentait cela et en éprouvait tant de peine qu'un voyageur, l'ayant regardé fixement lui demanda s'il avait mal aux dents.
En' ville, maman et Volôdia habitaient chez Maria
Pétrôvna, dame noble, qui avait un grand appartement et
en sous-louait une partie. Maman louait deux chambres.
\

VOLÔDIA

549

Elle occupait l'une, qui avait des fenêtres, où elle avait son
lit, et où il y avait aux murs deux tableaux dans des cadres
dorés; Volôdia habitait l'autre, contiguë, petite et obscure.
Il y avait un canapé sur lequel il dormait, et sauf ce
canapé, nul autre meuble. La chambre était encombrée de
corbeilles en osier remplies de robes, de cartons à chapeaux, et de toutes sortes de vieilleries que maman gardait,
on ne sait pourquoi; Volôdia faisait ses devoirs dans la
cbambre de maman ou dans la salle commune, - c'es;
ainsi qu'on appelait la grande salle où tous les pensionnaires
se réunissaient au moment des repas et le soir.
Revenu à la maison, il se coucha sur son canapé et se
couvrit d'une couverture pour faire tomber sa fièvre. Les
cartons à chapeaux, les corbeilles, les hardes lui rappelèrent
qu'il n'avait pas de chambre à lui, pas d'abri ou il pût se
garder de maman, de ceux gui venaient la voir et des voix
que l'on entendait maintenant dans la &lt;&lt; salle commune i&gt;.
Son sac d'écolier, les livres répandus dans tous les coins, lui
rappelèrent l'examen auquelil n'était pas allé ... Sans raison
aucune, il se ressouvint de Menton ou il avait vécu avec
son père, quand il avait sept ans. Il se ressouvint de Biarritz et de deux fillettes anglaises avec lesquelles il courait
SlJ.r le sable ... Il voulut se rappeler la couleur du ciel et de
l'océan, la hauteur des vagues et son humeur d'alors, mais
il n'y parvint pas. Les fillettes anglaises passèrent vivantes
devant ses yeux. Tout le reste s'emmêla, se brouilla, ùffaça.
« Non, se dit-il, il fait froid ici. ))
Il se leva, prit sa capote et entra dans la salle commune.
On y buvait le thé. Autour du samovar se trouvaient
trois personnes : maman, une maîtresse de musique, vieille
&lt;lame à lorgnon d'écaille, et Augustin Mikhaïlovitch, vieux
Français très gros, employé dans une fabrique de parfumerie.
- Je n'ai pas dîné, disait maman ; il faudrait envoyer 1a
femme de chambre prendre du pain.
- Douniâcha l cria le Français.

�55°

LA NOUVfilLE REVUE FRANÇAISE

La propriétaire avait justement envoyé Douniâcha faire
une course.
- Oh l ça ne fa,it absolument rien, dit le Français avec un
large sourire. Je vais tout de suite chercher du pain moimême.
Il posa son cigare âcre et puant en une place a.p_paxente,
mit son chapeau et sortit. Après son départ, maman
raconta à la maîtresse de· musique comme elle avait passé
agtéahlement son ten.1ps chez les Choumîkhine et y avait
été bien a'Ccueillie.
- Lili Choumîkhine est ma parente, disait-elle. Feu son
mari, le général Choumîkhine, était cousin du mien. Elle
est née baronne Kolb ...
- Maman, ce n'est pas vrai ! dit Volôdia nerveusement;
pourquoi mentir ?
Il savait parfaitement que ma,.man disait vrai. Dans ce
qu'elle disait du général Choumîkine et de sa femme, .née
baronne Kolbe, il n'y avait pas un mot de faux. Mais il
sentait que, malgré tout, elle nl.entait. Le meus.ange se sentait dans sa façon &lt;l'.e parler, dans l'e; pression de sôn visage,
dans son regard, dans tout..
- Vous mentez ! répéta Volôdia, et il donna sur la
table un coup de poing si violent que toute la vaisselle
trembla et que le thé de maman se répandit. Que parlezvous de généraux. et de baronnes? Tout est faux l
La JTi aîtresse de musique, c.onfuse, toussa dans son
mouchoir, faisant mine d'avoir avalé de travers, et maman se
mit à pleurer.
- Où aller? pensa Volôdia.
Il était déjà allé dans la rue;, aller chez ses camarades, la
honte l'en empêchait. Il se rappela de nouveau, sans sujet,
les deux fillettes anglaises ... Il marcha de long en large dans
la salle commune, puis en.tra dans la chambre d'Augustin
Mikhaïlovitch. Il y traînait une forte odeur d'huiles aromatiques et de savon à la glyc;érine. Sur la table, sur le rebord
des fenêtres, et même sur les chaises, se trouvait unemultitude

VOLÔDIA

551

de :fioles et de tubes à e~sai avec des liquides multicolores.
Volôdia prit sur la table un journal, le déplia et lut le
titre: Le Figaro. Le journal répandait une odeur agréable
et forte. Puis Volôdia prit, surla table, un revolver.
- Bah ! n'y faites pas attention, disait dans la pièce
voisine la maîtresse de musique, consolant mama,n. Il est
encore si jeune ! A_ cet âge, les ieunes gens se permette'ut
tant de choses! Il faut en prendre son parti.
- Non, Evguénia Andréievna, il est trop perverti I dit
maman d'une voix traînante. Il n'a personne d'âg~ auprès
de lui; et je suis faible&gt; et - ne puis. rien. Oh! je suis malheureuse!
Volooig mit le canon du revol'\ter (\ails sa bouche, tâta
quelque chose, la gâchette ou le cl:iie_n.,, et pre~a avec le
doigt .... Puis il tâta encare' qi.ielq.ue ch-ose de saillant,. et
pres~a encore un~ fois ... Ayantreûr~ le canon de-sa bouche,,
il l'essuya avec le pan de sa capote et contempla. la pla-tine.
Jamais auparavant il n'avait eu une arme en main ...
« Il me. semble qu:'i1 fa:n.t relever ça.,. ~e dit-iL Ou.i, if me
semble ... ,,
Augustin Mikhaïlovitch rentra da.ns hr salle commune et
se. mit à raconter (lUelqn:e. chose en riant très fort ...
Volôdia. remit le canon dans sa botrc:h~, le serra entre ses
dents et pressa quelque chose avec le doigt. Une détonation
retentit...
Quelque chose frappa Volôdia. à la nuque-avec une force
effroyable etil tomba. sur la. table, .la frgure droit sur les
verres et les· fioles. Puis il vit son père, en chapeau baut-defurme a~ec un large crêpe, tel qu'il portait, .à ~enton, Ie.
deuil d'une dame inconnue,. le saisir taut à coup dans. ses
dem bras; et ils tombèrerit tous deux dans un abîme· très
s.ombre et très profond.
Puis tout se. brouilla et disparut .•.
/iNT ON Tç:HEKHO.V

Traduit du

1'U5se

par I5ENIS ROCHE
(Seule traduction autorisée. paY I'auteur.)

�FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

FINALE
DE

SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN
Un jour je trouvai affichée à la porte du Casino une nou velle qui nous chassa de la Baltique.
- Révolution Munich. Comte Docteur Artiste Peintre
von Zelten a pris pouvoir.
Car il faut, en Allemagne, la moitié au moins du télégramme pour indiquer les titres bourgeois du révolutionnaire.
L'aube se levait, quand l'automobile que nous avions
frétée à Berlin et qui avaiL l'autorisation de traverser les
lignes révolutionnaires, le citoyen Siegfried von Kleist
étant invité à faire partie du nouveau Sénat, nous déposa
dans Munich. Des agents vêtus de l'ancien uniforme nous
poursuivirent dès notre entrée et nous donnèrent une
alerte, mais ils en voulaient à nos phares encore allumés et
il fallut leur payer contre reçu vingt-quatre marks, le premier impôt certainement qu'ait perçu le dictateur Zelten.
Ils ne nous demandèrent pas nos papiers, l'ancienne police
n'assurant plus la surveillance que des objets inanimés :
voitures, automobiles ou pots de fleurs, et devant remettre
à la nouvelle celle des êtres humains. On entendait de temps
à autre un coup de feu, timide, car_ guerre et révolte
demeurent :filles de la chasse, défendue en tous pays avant
le lever du soleil. Un dernier arrêt, provoqué par des
agents qui me signalèrent une déchirure à mon manteau,
- toujours l'ancienne police, - et je fus à la maison. Si

553

;'avais pu concevoir un doute sur la révolution, le moindre regard jeté vers la cour intérieure et la cage en verre de
mes israélites russes l'eût levé. Ils étaient déjà tous habillés,
groupés - je ne pouvais pas le préciser encore - à la manière du gibier ou des chasseurs, et les téléphones, les appareils de T. S. F. avaient surgi dans les réduits où le facteur
hier ne pouvait pénétrer que sa carte de facteur à la main.
Les femmes, que j'avais toujours vues étendues sur des grabats et recouvertes de haillons, étaient debout, demi-nues,
&lt;lécolletées pour la fête, et les bijoux avaient apparu à leur
gorge, leur cou, leur front et jusqu'à leurs chevilles comme
les tatouages qu'on repique de frais chez les Papous au jour
du Grand-Jour. Le murmure des harmonicas, des boîtes à
musique et les fredons, seule particularité empruntée à
l'Allemagne par la tribu, avait cessé. Eux qui ne ten:iient
jusqu'ici leurs renseignements sur le monde que par des
colloques, des lettres chiffrées, des pressions de pouce,
s'arrachèrent les journaux, et l'on sentait que le journal, en
effet, apportait aujourd'hui imprimés tous ces mots cabalistiques que leur transmettait hier la tradition orale. Des
mélanges que je n'aurais jamais soupçonnés et qui n'avaient
dû avoir lieu que de nuit s'opéraient au grand jour; la
blonde à dartres du quatrième circulait dans le premier à
gauche ; le casquettier, dans la cellule opposée à la sienne,
recevait pour la première fois les flots du soleil levant,
desquels il s'écartait avec dégoût, comme si c'était vraiment
-de l'eau. Les femmes tendaient des rideaux, hissaient des
stores, ainsi que dans les fiacres avant de complètes et
rapides unions. Les fenêtres, chose incroyable, s'ouvraient,
et l'air de la révolution recevait le droit d'aérer. Parfois une
nouvelle sensationnelle, comme un coup heureux au jeu
de l'oie, faisait avancer tout le monde de plusieurs chambres. Des enfants qui avaient l'ordre jusqu'ici de ne pas se
connaître, reprenaient dans la cour et en évidence le jeu
qu'ils avaient péniblement poursuivi toute l'année dans un
placard. Derrière leurs vitres, les quatre espions montraient

�554

LA NOUV"ELLE REVUE FRANÇAISE

les visages ahuris de savants qui ont étudié vingt ans au
microscope les mœu:rs des m~crobes et qui les voient soudain autour d1en:x. se marier et s'ébattre grosseur buma.ioe.
Pour la première fois des parfums, violents à la fois et
fades, et tels qu'en doit exhaler le corps des saints morts
en odeur de sainteté. L'agitation de la maison avait d'ailIeurs.m1e orientation ; c'était vers ma voisine de chambre
que venaient toutes les femmès en vêtements drapés teints
de ces couleurs que l'on projette sur les femmes nues. dans
les cafés-concerts. avec le pavillon de leur nation. Le drapeau de cette maison était rouge vif, jaune vif, or vif, en un
mot arc-en-ciel vif, sur teint d'ocre, de pourpre et de mort.
Puis on entendit un aéroplane passer. Toutes disparurent.
Il ne demeura de visible que Je casquettier et quelques
hommes qui insultaient de lem fenêtre l'avion gouvernemental comme des coqs la buse. Us lui criaient en hébreu
que le ciel est à Jehovah et en allemand qu'il n'est pas à
Wirth ni à Ebert ... On voyait distinctemeu.t à bord un
observateur écrire sur une carte.
- Marque-moi t criait le casquettier. Je suis Lie.viné
Lieven. J'ai à moi seul les deux plus beaux noms de la dernière révolution !
A neuf heures,. Ida m'apporta les nouvelles. C'était bien
le iour anniversaire de sa naissance que ZeJten avait proclamé sa dictatuxe. On n'était pas très bien. fixé encore sur
l'esprit du mouvement, car dans Schwabîng on avait arrêté
tous les juifs, e.t dans Haidb-ausen trois réunions de sémin.1ristes qui fêtaient la nomination d'un nouveau nonce. La
seconde république bavarœse avait d'ailleurs déjà. un débat
avec le Vatican, et pour la même raison. que la première,
ses agents ayant réquisitionné !'automobile de la nonciature,
à cause de sa couleur rouge. Zelten, d.'ajl[ès ces renseignements, me semblait déjà transiger avec_ ses goûts et ses
haines, car ce qu'il détestait le plus c'ét::ùt les ingénieurs
électriques et les peintres de plein air, et l'on nè signalait
point qu'aucun encore eütété pendu. Le 1•r juin,J'adjointdc

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

555

Zelten, capitaine Kessler, séduisant le gardien de la Bavaria,
cette statue de bronzé dont on apprend par cœur dans les
éco!es les dimensions géantes c~mme dans les hôpitaux celles,
momdres, de la belle Eva avait logé cent révolutionnaires
a,rmés de grenades dans la poitrine de 15 mètres 21 et les
jambes de 8 mètres 30. Ils avaient bouilli tout le jour, car
le thermomètre marquait trente-deux et la statue était surchauffée, mais à huit heures, comme les Grecs sortant de
leur cheval, ils s'étaient rués sur les casernes et avaient pris
le Rathaus. Il y avait eu un mort, et comme il arrive toujours le sort avait mal choisi: car c'était un malbeureuxsoldat qui allait être libéré Je soir, qui devait se baptiser le
lendemain matin, se marie1: ldendemain soir, et avoir un
enfant dans la sem:,t ine. Ida m'apportait un revolver, etme
pria de l'essayer, car il sentait la rouille. Je n'avais qu'à
tirer au plafond. Tous ces bruits dans la ville ce n'était ni
lutte ni fusillade, mais les bourgeois qui s'exerçaient au
pistolet dans leurs jardins.
Dans le ciel de Js:hovah passa un autre avion, cette fois
du gouvernement Zelten. Il jetait des proclamations vers
lesquelles la maisonnée tendait les bras comme vers la
manne et qui disparurent - celles de la dernière révolution valaient déjà trois dollars - ·,am.me des pièces de
collection. Ida l'a.,ait lue. Il y était question de la stupidité avec laquelle--!' Allemagne, après avoir imité toutes les
autres nations, s'était forgée l'idée d'une Allemagne gigan·
tesque à l'imtrieur de laquelle elle menait la vie hypocrite
d'un crabe dans un coquillage, et du trésor des forces électriques bavaroises. fo révolution avait pour but ùe déloger
le crabe et de répartir également les hectowatts sur chaque
tête de Bavarois.
D~ns b chambre de ma voisine, la voix de lieviné
Lieven faisait assaut avec une voix d'enfant.
- Ce gu'il faut, criait Lleven, c'est que la calomnie
cesse, c'est que l'honneurd'Eisuer soit lavé l Que lui reprochent-ils, Lerchenfeld et Brentano ? D'avoir dépensé

�) 56

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

LA NOUVELLE REVÙE FRANÇAISE

5.ooo marks dans son voyage en Suisse? J'ai fait et refaitle
~alcul, avec les ta'blei; de change ; j'ai compté comme lJOur
moi-même ; pas de bain ; les places en seconde, avec l'aller
et retour jusqu'i Landau, et la carte-tarif suisse. Je compte
les trois dîners offerts à Albert Thomas et à Ambroise Got
à 7 francs suisses chacun; je compt~ ro francs les deux
ressemelages; et j'arrive à 5.2 30 marks. Cest 2 30 marks que
legou vernement bavarois doit encore à ses pauvres héritiers ...
- Tais-toi, tais-toi, dit la voix d'enfant. Que fait
Zelten ?
- Que veux-tu qu'il fasse ! Il attend Kleist, il attend
Thomas Mann, il attend sa letfre de Gorki~ sa lettre d'Anatole France ! Les dictateurs coUectionnent les autographes
et disparaissent. En tout cas, il a trouvé au courrier la
mienne où je réclame les 230 marks. Au fond, tu le connais, ce n'est qu'un Allemand, ce qu'il attend, c'est Gœthe,
G'est le vrai Kleist. Mais la France est le seul pays où les
morts règnent et arrivent au commandement. Il ne veut
que des Bavarois en Bavière ! C'est comme s'il 1;1e voulait
que des Allemands en Allemagne et à qui est l'Allemagne,
sinon à nous? Cette belle bourgade de Berlin, à qui estelle ? A qui est le village de Francfort ? A qui est le district
de Leipzig ? Que Zelten me trouve un bateau, un théâtre,
unê barque oû nous ne soyo1Js les maîtres ? Chez Rhe\nhardt, l'autre soir, au Marchand de Venise, il n'y avait pas
un seul chrétien dans les quarante-trois acteurs qui insultaient Shylock ! Que Zelten me cite un seul beau livre ou
me montre un seul beau tableau fait depuis trente ans par
d'autres que par nous ! Qui est Schnitzler ? Qui est
Cassirer ? Qui est Rathenau ? Qui est Liebermann ? Le
bec de l'aigle allemand c'est notre nez.
- Tais-toi. Tu es. banal comme un national-libéral! On
nous écoute.
- Qui nous écoute, ma reine? Le Canadien ? Je me
moque du Canada. Je me moque de l'Amérique. Le billet
coûte trois cents dollars. Laisse les Allemands s'y précipiter,

557

y cirer_ des bottes, vendre du sirop et y tendre le dos à:
l'Amencan, Legion. D'ici, avec dix pfennig, je vais an.
cœur de 1Allemagne. Le petit Kieterfeld est allé au
Canada, on !ni a volé une dent en or qu'il aYait dans son
porte-:11i?.e. L'Allemagne est un pain sans levain qui me
nournt 1 ame. Regarde notre maison, ma reine ! Vois ces.
possédés! Tout fonctionne en nous déjà de cette vie nouv_elle que nous ne partageons pas encore. Que Zelten nous.
tl~nne à l'écart, s'il veut tenir la rate à l'écart de la course !
T1_ens.' rega_r~e ton Kleist qui s'en va au conseil... Je vais
lm cner qm Je suis !
·
Kleist en effet partait, fermait sa porte à clef, portant
sur ~e ~ras u?e couverture, allant au pouvoir suprême
aussi tnste qu on va en loge aux Beaux-Arts, pour tirer des
flots Vénus ou. des sillons l' Agriculture. Il se retourna vers
celui qui lui criait Lieviné-Lieven, fit signe que ce n'était
pas son no~1, _et partit. Il avait une musette et de quoi
manger trois Jours, comme le soir où il était parti pour le
front français.
- Excusez-moi, dit soudain la voix d'enfant derrière·
moi, je ne vous croyais pas chez vous. Vous y êtes d'ailleurs, à ce qu'il me semble, aussi peu que possible?
Surla reine de Lieviné Lieven, sur une chair ensoleilléer
n:es yeux posaient la petite tâche grise de Kleist, qui fondit
bie?tôt dans tant d'éclat. La reine avait vingt ans, et elle
é;alt _vêtue comme une parisienne à huit heures du soir.
J a~a1s devant moi le contraire d'Eva. Au lieu de chaque
chiffr_e accroché à chaque membre et à chàque trait de la_
parfaite Allemande, il y avait indiqué sur chacun de ceux-là
sa _valeur .dans le bien et dans le mal. Ces bras savaient:
mieux étreindre que les bras de Lisette Friedlander ellemême. Cette _bouche yenait seconde pour embrasser après.
celle de la reme de Sabba. Ce cerveau premier pour le
dévouement et le badinage dans le drame depuis la petite
S~yl~ck. Pas l'ombre d'une veine, d'une artère, n'apparaissait sur sa peau, - la peau la plus reconnaissante après.

�558

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

celle de Jacqueline May, - et il semblait évident que du
cœur artères et veines allaient tout droit en rayonnant à
travers la chair, comme en Judith. Elle était nu-tête. Ses cheveux ondulés avec la raie large d'un petit doigt étaient les
plus confiants qu'on ait vus depuis Mary Garden. Jamais un
corps n'avait été à ce point le désaveu du mesquin et du
mensonge et provoqué sur lui le doux écartellement des
chants de Salomon. Mais tout cela pouvait ne point
exclure d'ailleurs, chez le même être, les manies et les
nienson.ges de i'i.me..
· r, , •
, 1
Elle regardait avec dégoût les objets en, peiin,4.e dljh·aiid.
•.:_Le vieui sei;p~nt, clin.ngela1o1~~rdlhttl de-· pe.tt:èi,l&amp; e
dit-elle_ Â-U'4'&gt;:.IDÎl!î l.:r 1n.. Ls: • r·, m j
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1 :, ' "
TeU:e .étailO·LUi:1D:wù:l,.i8.rw:ur-e
rctt?tr.eofoii.r gue j'Gdote,
et qui ·appanien tl/ aurlJin! dit,.1.'.lè Î-tlé&gt;lliev.eii, ran Déinofi. .e.t
nonà W:.i.rth. Ses .pruiielles OÜ-s~.mêl~ieut et s&gt;em·m,êliient
ticom i l:es personnages :tles dessinsl de 1Re;mb.tirtdr&gt; avt't !~
pétl.te, lampe de là s.yriagogue eule précise1 sés mains irnlé~
pendantes de femme qui a l'habitude de pdec).uihi~s.
disjointes,. sci'ni.sourfre Utll piurLtant dèjpoUttpre (\:,rSa p.ensée,
tdut .indiquajr, '--' c~est toujou.rs, "ltin!ii tj'ailleuirs'le:tjgi:ir\~iù
l'on a'i besoin de •,q-iœrgu'nu~pour CO:u'dre vos ,boumas1~
faire ·vbrre v.allie -ttr une cré&gt;.itùre -pour ·qui ].Il 'tmdk . ét.iit
le moindre 1:hiatiaient. et la 6éatitud,er. J:r pnm~èr-er petite
réco1n.peose. P,àrrs ,:un: ·amre temps, )T~tl'Jids acoep~é de
m'accr:ooher quelques semaines· au bafuncier ~fùii bnttdë .ki
vie:à, .l'éter1aité,' 1avec arrêt,au-dëssos de Fa JérMaJ m céfost-€,.
mais' c.'était joµr 'de frévoiuiÛilnJ j'état5'- pressM~»~ 011t11lds
ét!:l:œnt rouge :, vrif, ' lDi~è.\:rlis, .et iP '){ JUVa.it, Üois. h~~s.
per.ciés ·xlaes· cha-que .lobe . ., ~eumb hma&amp;lais , cromt11ent tm
a-~1i ptliraifuê.ted le1Jsaiig,·&gt;f.dnrqciœ:.ijou!l!Pde tlfoi·ag6... • Sés
jain~.es· ét2ierlttles pros;oii..ressantès.et, les' plus fidèlé6,. ~p:&amp;s
ce1les, d(! l1.1jJmtri(!. , J"/1';..,
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Vdus .~ FllllQÇn!i6,'.l~ii:t•eUeJ je.!vrens \r'OU!i''demanàèh
seryipéa , .111.c Jrt. h
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.. . : ,,, , 1?
2-~B·yile rnaïveté.qui. uni~ dè rnro~ ,, fran.~i 1&gt;&gt;' et, les 'ffio~

de

FINALE DE SIEGFRIED E'f LE LIMOUSIN

559

« demander service » ! Lili David me rappelait ce monsieur
à moustache bleue qui du fond du salon vide de l'OrientExpress s'avança vers ma table et me dit: - Voulez-vous
jouer aux cartes avec moi, je suis Grec? On voyait que
Lili ne connaissait pas mon oncle millionnaire, qui me
laissa ne faire qu'un repas par jour pendant deux .ans,
faute de trente~cinq francs par mois; ni Sainte-Beuve, qui
donnait aux étrennes dix sous à sa concierge; ni le directeur de Polytechnique, qui roulait dans un papier la
somme sans pourboire qu'il glissait au taxi, et disparaissait
avant que le cocher ait pu dérouler~et compieru tJn , soù:,
p~ màlheor pmir iui,')1! hvai: pris ii:me JJnau~adsé clef.
- Je vais être arrêtée, continua Lrli.Da:vid. Nous avions
préparé un mouvement que celui de votre ami Zelten
annule. Les Zelteniens, à moins que ce ne soit les Kleistims, à moint quexe ne "Soitl~ réactionm1ires qui s'emb:usqud.t ~à i d.èrri:èœl:Daohaw~nt11{ne prend.te. Je. .ser~
relâ.chèe, ·ofuis ou petd'dans es pri:soni; bien des oh os.es et
tous ses p ~ Aidez-moi à sai.rver ïes, seir\~ .:aux.qµel-s je
tienneJ i:ei, 1ro1s'ileroies,. qui ont évlLècri-tcs &gt;pao'Heiqv-iab
Heine::i. moo itciâre;.grand'mère. Vous pehse-z:qneLl!is"femii
d'elles,la nouvi,au. Séidl ou le n(:}\Wel Egeihofen Mo11 !W!eùx
Ll6iiné Llev&lt;!n •d'aut1lei 'p:rrt lès JJerirdr,aiq ire ~ulœp,o.1wl
Je pris les 1Jetttes. Jusqu~u .dèje~ner i'M:llèurs .lili
m&gt;;m va , de.5- ~.r.éreNtes à reverriK ; eU~ avak ub hlié en,. une
fois ée que les&gt; 'fe:tt1me&amp;' -0,ulitiena·in;:ùne-t anbéè c1~e,l;l1deui
ami, .S&lt;Jtl mo'tichoir1' son face-cà-ma~ run;,:&gt;etit' rçornet
ac~tiqu~Me§ i ls rpbw1.1:son,,camr,,1~ .r füp ét:ait }Ja$ fin dt'l
ses&lt;:'lienS' qôir 1 e fû.t: ti:op 'tenµu' où 1trdp liché; èt 'qw 11d
fédamâr ·a 1ia11te 1bèûre
exditllllt .ou!.imi freip. JEHe ::tffoctait r.d~rld 'p:M fttlsilr &amp; des .m'.ii.i~es~ieq m~ ~fi:ente_:-;1mè
l.tishitt,l~illl!~on q®j;ë rhtetrais w 1!1He. .a'lJ ,même .rythme
et.ses, yeu_~ ~ ~s :,Poumo·ns\ ét les- tmtles sonores. .. Pn'.is,,
q\liloo f.t:oUJCGtti , rdrou tléj"tlUe 'i-re,i Î.tft rp1!11.!L11 1n1b rco tri blln1hl.~
dons} que awi je .trlâi:ai$' §wguère oobliur-cnaa1elld, d1nne
rmiUc de: VO age enJlaqu~gr«vé~,lde.(;'Mnda-licws en.cire toUSI

uq

�560

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ustensiles éminemment pratiques, et qu'une révolution
risquait en effet de ne respecter qu'en partie. Puis ma
mission de coffret remplie, elle revint pour détruire les
objets en peau de lézard.
- Il faut du moi us que la révolution serve à cela ! dit-elle.
Je les arrachai avec peine de ses mains. Je dus ouvrir ses
mains pour les reprendre. Combien la peau du lézard est
moins douce que celle de Lili David !
Par malheur, c'est moi qu'on arrêta le soir à minuit, et
qu'on conduisit au café Luitpold. Mon agent devait être un
agent de l'ancienne police, car il bousculait mon bagage
mais il me parlait tendrement.
*
* *
On s'est demandé pourquoi le dictateur Zelren put durer
quatre jours alors que tous les cbefs de partis bavarois
réprouYèrent unanimement son programme, dont le premier paragraphe était l'alliance avec la France, et que les
troupes de Lerchenfeld étaient réunies dès le 3 juin à leur
immuable citadelle, Dachau, ville de peintres, d'où il
s'échappait maintenant sur Munich presque autant de
sang que jadis de peinture. Cest que toutes les sociétés
secrètes dont il me parlait à Paris et dont il était membre,
paralysèrent chacune quelques heures la machine, c'es_t que
le sous-chef du ravitaillement gouvernemental était de
ceux qui se reconnaissent au regard, le troisième ingénieur
postal de ceux qui se reconnaissent au mot ALRAUNE, et
le 4• chef de bataillon de la garde de ceux qui se découvrent frères par l'index. Au Luitpold, où le vestiaire fonctionnait pour les prisonniers, et où l'on m'obligea à
remettre mon pardessus et mon chapeau contre un ticket,
je fus lkhé dans le compartiment des révolutionnaires de
la dernière révolution qui, d'Autriche, de Suisse, d'Italie,
s'étaient abattus aux environs de Munich en auto, en avion,
ou en canot automobile. Il y avait là Axelrod, qui récla-

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

mait l'immunité diplomatique, le docteur Lipp le fou, qui
maître des transports une heure en 1918 en avait profité
pour déclarer à la Suisse et au Wurtemberg une guerre
qu'il croyait toujours sévissante et qu'il avait hâte de conclure. Il s'était échappé de l'asile, à la faveur de cette
confusion qui fait douter quelques minutes le directeur de
maison de fous, à l'annonce d'une guerre ou d'une
émeute, que les règles du bon sens vont rester les mêmes,
avec un camarade de cellule, un gros brasseur à folie
douce, qu'il essayait d'exciter en lui contant tous les
m6faits de cette Allemagne, qui avait laissé massacrer les
Roumains de Temesvar par les Hongrois, les Bulgares
russes par les Bulgares bulgares, les Arméniens par les
Turcs, qui avait ruiné la France et ne la payait pas. Les
gardes, désignés aux suffrages de leurs collègues comme les
plus doux, - pour éviter ks massacres de r9r8, apportaient des foulards à ceux qui toussaient et conduisaient le Dr Lipp fumer sa cigarette aux lavabos, après avoir
vérifié sa manchette comme au concours général. Le bruit
du canon seul donnait à réfléchir, car il n'était guère possible de l'expliquer, comme Ida les coups de fusils, par
l'exercice des bourgeois sur leurs terrasses ou contre leurs
plafonds. J'étais là depuis une heure dans la tabagie, et
commençai à regretter le compartiment pour révolutionnaires non fumeurs, quand une garde, de la part d'une
détenue, m'apporta le billet suivant :
- Cher Heinrich, je suis près de toi, au fond à droite.
Ecris-moi trois lettres. Qu'est-ce que la culture et qu•est-ce
que la civilisation? N'as-tu point passé jadis l'examen
du port de Hambourg? Sais-tu si je t'aime? Ta Fanny.
Je crus que le gardien s'était trompé. Mais, m'étant
levé, j'aperçus dans le fond à droite Lili David, qui
m'envoyait des baisers avec une ferveur dont je fus
surpris jusqu'au moment où je compris sa ruse. Elle voulait ses trois lettres ou leur copie. Les surveillants qui
eussent confisqué les manuscrits, nous laisseraient peut36

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

être correspondre. Je recopiai donc la première lettre :
cc Mon ange, ma lumière.
Tu t'en es laissé accroire par le petit Spontini. Chacune
de ses journées est consacrée à des mensonges qui préparent
une journée de mensonges plus ample. S'il ·t'a dit qu'il était
né au numéro 9 de la rue des Petits-Champs, c'est qu'il va
te dire aujourd'hui qu'il est le fils de Mademoiselle George,
qui habitait cette maison., et demain que Napoléon était
son père.
Mon ange; je réponds à tes demandes comme à un
enfant. La culture, la civilisation? On me posa cette question le jour où, devant les principaux magistrats des quais,
des entrepôts et des phares, j'aspirai aux fonc.tions de sur·
veillant du port de Hambourg. J'obtins la note o, mais je
crois cependant devoir te faire la même réponse. La culmre
est la superstition de la culture. Les pays de culture sont
aux autres ce que sont aux vrais les champignons de culture. Au lieu de suivte les leçons et les instincts que leur
donne le sol, qui leur fournit les oranges ou les pommes de
terre, ils se forgent un modèle, et croient dur comme fer à
la didactique (cette dernière phrase m'a fermé les entrepôts,
l'entreposeur étant ancien professeur de gymnase). Ils
imitent tour à tour chacune des rares nations auxquelles la
chance, les dons, la persévérance ou la sagesse ont permis
de donner une nouvelle forme à la dignité humaine, Grèce,
France, ou Angleterre, - ce qui assemble sur leur tête
des vérités opposées, qu'ils invoquent selon les occasions,
ce qui les rend, non pas menteurs, non_ pas hypocrites,
mais convaincus successivement et même à la fois de la
primauté du droit, de la force, de 1a fa;iblesse, des bienfaits
de la surpopulation ou de la stérilité. (Ici me fut fermée
la Chambre de Commerce, dont le président n'avait pas
d'enfant.) De là vient qu'ils sont cruels, sentimentaux,
qu'ils invoquent sans cesse les traités, et qu'ils les violent.
(Ce dernier mot, je ne sais pourquoi, me fit perdre la
dernière faveur du grand éclusier de !'Elbe.) Enfin, dans le

FI~ALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

563

dern,~er ~tade, ayant îmité tout le monde, ils entreprennent
de s 1m1ter eux-mêmes, on plutôt l'image de leur nation
que leur a forgée un peuple de pédants et de princes gendannes. Tyr, Rome, ont été des pays de culture mais
l' All~agne les d~pas~ra de ,cent ~oudées, dès qu:elle se
sera faite une galene d idoles a sa taille, se sera constituée
~ar l'emprunt une mythologie, et que le fils Meyer se sera
hé personn~llem~nt avec un Siegfried ou un Hagen ... (Ici.
me furent mterdtts les bateaux eux-mêmes, le directeur du
personnel naviguant s'appelant Meyer.) Pour la civilisation
c'est le résultat de l'enteme cordiale entre un · climat, u~
peuple, et ces courants de richesses morales et matérielles
gui disparaissent et apparaissent a:u cours des sièdes dans
les environs des mers tièdes. C'est un état de modestie qui
pousse l'homme civilisé à vivre parallèlement à la nature
~ ce ~ui lui év~te d'.ailleurs de rencontrer cette personn;
1~p1toyabl~), a attnbuer par une juste évaluation du pouvoir humam, dont les cathédrales et les Pyramides lui
marquent le plus grand volume, le moins de prix possible
à la vie, à garder vis-à-vis de son contraire la mort une
certaine déférence et à fa. saluer, - et d'autre pan, en raison
de ce doux mépris pour elle., à ne pas la compliquer sur
ter~e par d'a~tres e:&amp;igences que les humaines, à exercer,
ma_1s sa~s mure aux autres et par gymnastique, les qualités
qru seraient nécessaires si la vie était juste, agréable et éternelle, telles que le courage, l'activité, quelque parcimonie
et la bonté. (Ici, j'espère bien que l'embouchure de la Seine
me fu_t . ~uverte.) La France est actuellement le pays le
plus c1V11isé. Le Français a refusé ces missions fausses sur
lesqne~les l'Allemagne se précipite parce qu'elles comportent
un umforme, d'être dieu, d'être mondial, d'être démon et
quand il lui arrive un de ces reflets semi~divins dont n~us
sommes gratifiés tous les deux cents ans, il ne s'en sert
que pour éclairer le visage ou l'esprit humain. Sa langue
et _son raisonnement ne permettent que des vérités humames. (Ici je pense qu'on me leva le pont de Rouen.)

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Î)e ce scepticisme s'expliquent tous ces contraires, que le
Français est le seul qui sache faire la cuisine et qu'il est
sobre, qu'il est acharné dans le combat et sans rancune~
qu'il déteste les étrangers et qu'il est au_mond: seul_ ami
des nègres, des races débiles, des panas. (Io s ouvrit de
droit pour moi le pont de Grenelle.) Telle est la France,
paisible, et elle exterminera ceux qui viendront troubler
ses couturiers, ses philosophes et ses cuisines ...
Si je sais que tu m'aimes ? Je t'écris d'un café du boulevard Saint-Michel, mon ange. Les garçons servent ma
rêverie avec de grandes burettes de grenadine et de kirsch.
Je n'aurais qu'à m'étendre, à arracher une lame du parquet
pour trouver une source qui a don_né s~n no_m a~ café et
qui rnisselle jusqu'au fleuve sans 1ama1s voir le Jour. Je
n'aurai qu'à me lever, à monter sur la banquette, a trouer
la tente pour voir l'étoile polaire veiller sur l'établissement.
Il fait noir, on ne soupçonne pas les maisons; seules apparaissent, soulevées au-dessus de la ville, les chambres
illuminées de ceux qui aiment à Paris. Des remords
me viennent du mal que j'ai dit à to;.t dans ma vie : j'ai dit
que les vêtements des civils sont d'affreuse couleur; je
pense ce soir qu'avec un évêque en gala, avec ces hommes
de Biarritz qui ont des pantalons rouges, avec quelques-uns
de ces vignerons bleus qui sulfatent les vignes ... &gt;J
Ici s'interrompait la lettre ... et je dus m'interrompre.
j'ajoutai tout juste une phrase où je ne retirais rien _du
mal dit par moi des lézards et de leur peau. Mon gard1e~
parcourut la copie, la porta au contrôleur Hofmann, ~ut
me regarda, regarda Lili David m'e~voy~r un. dernier
baiser et laissa passer, non sans av01r fait copier mon
manuscrit par la petite Kramer, l'ancienne dactylo du cruel
Egelhofer. Lili) par retour du courrier, pour amorcer la
seconde lettre, m'écrivit :
_ Cher petit Heinrich, crois-tu à l'été? Que penses-tu
des Musset ? Que font tes cousins Schombach ?
Je répondis;

1:

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

« Mon ange, ma lumière, crois à l'été. Rends-moi
cette justice que je n'ai pas encore évité une seule fois,
si fugitive qu'elle fût, l'occasion de pader du printemps
et de l'été. Le jour n'e5t pas loin d'ailleurs où je ne résisterai plus qu'à l'hiver. Mais que le bel été de l'an dernier
me paraît morne auprès de notre été pluvieux:! J'étais pourtant dans une auberge qui n'était autre que celle du PetitMorin et de l'Œuf dur. Ce doux vent, que les Français
appellent le faux mistral et les Allemands la vraie tramontane, retroussait pourtant les lilas débarrassés déjà
pour l'année de toute fleur et de toute ambition, po~r le
reste de l'année purs comme l'herbe. C'était pourtant l'été
habituel : au moindre signe de sécheresse l'angoisse envahissait le visage des maraîchers, au moindre signe de
pluie, celui des cultivateurs. Dans les ajoncs, les peintres
s'installaien; dos au soleil et tournaient avec lui, comme
s'ils s'exerçaient au daguerréotype. Aux abbés en victoria
Dieu parlait par la voix des petits torrents, par le silence
des lacs, et par les coucous volants ... On se retournait en
riant quand une femme justement était parfumée au lilas ...
Moi je sortais de la rivière le matin, pour vivre nu jusqu'à midi sur le rivage, pour mettre ma pélerine l'aprèsmidi, et le soir · j'allais en- frac aux petits chevaux de
Saint-Germain, - histoire de tout homme sans amour
en vacances, histoire du vêtement à travers les âges,
histoire de l'humanité. Mais je ne te connaissais pas,
mon amie. Mes sens étaient pourtant plus aiguisés que
jamais. Je voyais la fumée que font les pivoines en éclatant. Je voyais l_e clapet inférieur du bec des oiseaux quand
ils chantent.... Mais je ne te connaissais pas... C'était
pour un autre que les ormes sonnaient sept fois sous le bec
des picverts, que onze fois ce que les Français appellent
l'oie sauvage et les Allemands le cygne domestique claironnait au-dessus cle la diligence ... Je ne te connaissais
pas ... Le soir venait ... Les jasmins, qui par leurs efforts
de tout le jour étaient parvenus vers le crépuscule à se

�) 66

LA NOUVELLE REVUE .FRANÇAISE

cramponner à ma fenêtre, deY-ai-ent céder quand je l'ouvrais, et m'inondaient de parfum, de pollen, d'é.tamh1es ...
Mais je ne te connaissais pas .. , }a.mais dans îl~ du Pacifique
pollen n'était tombé sur un rocher plus sec ... J'étais enfin
libéré du chat sans queue de l'hôtesse, qu'il me fallait
caresser à mon tour de table, d.u chevreuil à trois pattes
du gérant, que je devais nourrir de .cigarettes ; la nuit
m'expédiait des oiseaux sauvages intacts, qui ne dépelldaient point de l'hôtel, des insectes au complet et vernis,
et faisait hululer pour moi un grand-duc bien portant ,i,u
fond de la forêt... Mais je ne te connaissais pas ... J'écrivais
en automate j,e ne sais quell.e œuvre qui continuait à
pousser comme les ongles d'un mort, puis j'éteignais et
m'accoudais à tllil. fenê tre... Chaque ét~ng, chaque bassin
semblait épuisé, et se reposer d'avoir porté pendant le
jour une flotte innombrable ; à chacun une lune déjà
vieiUie distribuait un portrait jeu.ne d'elle. Jamais créature
de I m. 65 à 2 mètres n'avait moins demandé à la nature
et à l&lt;l, nuit, et jamais nature et nuit n'avaient offert davantage ... Elles ne savaient pas que pour moi, depuis ce jour
de plein juillet où j'avais senti qQe tu viva_is et que je ne
te con-naissais pas, l'image de la désolation ne m'était plus
donnée par des arbres dénudés, par un ciel ravagé de vent
et de verglas, mais en bas par les floraisons et eu haut
par les astres ... Je ne voyais de ma fenêtre que le spectacle
de forêts plus touffues, de collines plus rondes, .d'oiseaux
de nuit tout gras, celui de la désola!iop des désolations ...
D'un regard plus lent. mais plus dur que le leur, ~e regardais
fixement les étoiles ... Je ne te connaissais pas... Pas une
q~i n'ait cligné avant moi. .. Adieu, mon ange.
P.-S. - Les deux. Musset sont deux poètes et les deux.
Schombach deux idiots. )&gt;
Le temps pour la petite Kramer de recopier à six _exemplaires, et j'eus la réponse de Lili .• .
~ Petit Heinrich, d'où vient que tu casses les verres s1

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

facilement? Dis-moi si mes baisers te plaisent ? Tu ne me
parles pas non plus de mes jambes.
Je répondis :
« Fanny, ma main tremble. Ce n'est pas seulement
parce que je t'écris, ou par ce frémissemeut de l'aimant
qui veut attirer hors du papier quelques trésors. Parfois,
dans ce corps qui: t'appartient, surgissent des gestes qui
sont à mes aïeux et qui me possèdent quelques minutes,
Tu sais combien ma main est sûre, tu m'as vu jongler
avec un couteau, mais une ou deux fois par mois je me
sens tout à coup les doigts gourds, j'hésite devant le verre
que je voulais saisir, je me fais violence, je le casse, - et je
suis pris, non de remords, mais de tendresse pour mon
père, que j'ai vu si souvent, possédé du même frisson
infernal, répandre le vin rouge sur la nappe et la bière
sur les robes. Parfois aussi je bégaye vingt secondes, chaque année au moins une fois. C'est tout ce qui me reste du
bégayement d'un ancêtre. Je m'occupe, pour mes petitsneveu,x, de composer le répertoire de ces refl.exes qui sont
notre blason et nos coutumes, et s'ils se grattent soudain
l'annulaire de l'ongle de leur pouce, si toutes les fois
qu'on p.wnonce devant eux le mot français : Chat, leur
pensée, d'un penchant invincible, y ajoute le suffixe lu~
meau ou rançon ; s'ils aiment à se p1.ncer les doigts' a;vec
des épingles à tendre le linge, ils sauront que c'est leur vieil
oncle Heinrich Heine qui revient une minute en eux .
Voilà ma main solide, Fanny, voilà ma lèvre trem
blante. Quelle sorte de planète bizarre tu habites. Tu
n'apparais jamais à ma pensée comme un navire nous
apparaît, sur ce globe tout rond, par ton mât et tes voiles.
Ton pied nu d'abord m'apparaît, puis ta ,cheville ... Voici
ton visage enfin, Fanny. Mais déjà il est disparu .. . &gt;&gt;
Comme il n'était nulle part question de baisers) je
fus forcé d'ajouter un post-scriptum de mon cru. Mon
imagination me servit mal. -- Vous ne vous êtes rien
cassé, me dit plus tard Lili.

��LA NOUVELLE REVUE FRANÇ!ISR

dernier verste, je criais plus fort que si l'on m'égorgeait ...
Cest ainsi qu'un matin je fus réveillé, une main dans
les mains de Lili, u ne autre comprimée dans les mains de
Lieviné Lieven, par un vacarme. Protégés par le bruit de
la machine à écrire? quelques prisonniers avaient comploté.
Ils venaient de désarmer les gardes, et cherchaient maintenant à sortir par le.vestiaire.. . L'escouade de secours les
avait refoulés en tirant en l'air. Il ne restait plus, barricadé derrière l'estrade . de l'ouvreuse qu e le bon fou du
Docteur Lipp, déchainé, et qui tirait à vraies balles sur
1es hideux personnages dont le Docteur luîavait révélé les
méfaits.
- Ah l petits égoïstes., criait-il écumant, vous faites tuer
les Arméniens !
' Il rechargea son fusil.
- Ah! petits méchants! vous avez fait massacrer les
Roumains de·Temesvar l
Il tira, puis monta debout sur la. barricade.
.
- Ah l gr.an:ds paresseux! vous ne payez pas les Français l
lei il tomba en avant, et îe ne vis plus rien .
* **

A n·euf heures, un officier pommadé vint chercher
Lieven, qui affectai~ de croire, sans doute pour obtenir mon
adresse à Paris, que je lui avais sauvé la vie, et qui nous
quitta en cherchant par quoi il pourrait bien dégoûter son
garde. A dix heures ce fut mon, tour. Les nouvelles, d'après
mon surveillant, n'étaient pas bonnes . On disait que Zelten
était tué . La véritè était que les armuriers téléphonaient
à fa._ police dès qu'un étudiant leur avait acheté un revolver. Mais le.revolvet• n'est pas le signe caractéristique des
assassins d'hommes d'État ; c'est le p,etit pain et la barre
de chocolat que l'on trouve toujours dans leur poche ; et
les indications des boulangers sont plus' précieuses, en
révolution, que ceiles des armuriers. Zelten était sain et

FINALE DE SIEGFRIED .ET LE LIMOUSlN

57 I

sauf. Il avait lu mon nom dans la liste des prisonniers et
c'était lui qui m'appelait.
Il s'était logé à la Résidence. Pour l'atteindre, il fallait
accomplir un chemin terrestre comparable à la route d'eau
que je suivais avec Elsa pour le rejoindre jadis aux bains.
U ugerer : par une série de couloirs _à vitraux, p.at la grotte
des moules, la salle des singes et l'escalier en papier mâché.
Puis, après les quatrè salons des 60 panneaux des Niebelungen, peints par Schnorr von Carolsfeld, la cour de la
Pharmacie, la salle d'Hercule et Je salon blanc, j'arrivai
enfin à la salle d'Or, salle du trône, où je trouvai Zelten
tout seul, le col de son veston relevé, car il n'avait pas
dormi et il avait froid. Où était l'heureux temps où, après
l'enfilade des cavernes., je le retrouvais tout nu, mais au
soleil ! Il avait accroché la photographie de sa mère sur le
dossier du trône. Deux jeunes filles travesties en pages
noirs - tout ce qu'il avait pu travestir de ses six millions
de Bavarois - apportaient des télégrammes pour lesquels
le facteur exigeait un reçu. Les maillots de ce.s dames
ajnutaient encore à la ressemblance avec l'établissement de
bain. Puis l'homme du train apporta lui- même un paquet
recommandé. Puis Zelten fut appelé au téléphone, il y
avait erreur, on demandait le café Stefanie. Tout cela
tenait de la royauté et de la loge de concierge. Quand le
tlouveau roi m'aperçut, il vint me prendre les mains .
- L'opération est réussie, dit- il, mais le malade va
mourir. J'aurai à choisir dans quelques heures un des
quatre souterrains qui partent de cette salle même, car jen1eefuse absolument à revoir les Schnorr \'On Carolsfeld. Le
premier m'amènera dans un orme creux de l'Englicber
Garten, qu'on a eu d'ailleurs toutes les peines du monde _à
garder creux, car M. Grane, le journaliste américain, profite
de la révolution pour faire plombcr au ciment tous les beaux
arbres qui sonnent vide. Le second est relativement m oderne ; il aboutit -dans la gare de Ceinture à une des fosses
de nettoyage des ..machines. A la machine est attelé u n

�FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

572

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

wagon spécial. Le troisième au lac de Starnb~r?. Le quatrième est inutilisable, il donne dans une prame dont les
foins sont coupés depuis hier. Que diraient les paysans de
voir émerger la tête du dictateur, tiré au~ pi~~s par u~
garde? Je crois que je prendrai surtout le cmqu~e_me, celm
qui débouche par la gueule du Métro au m1heu· de la
Rotonde.
Je lui dis qu'il avait bonne mine, je lui demandai s'il
avait mangé. Ces questions eussent mieux conve_n~ po~r
un opéré de l'appendicite que pour un tyran, mais 11 était
aussi heureux de trouver à qui confier ses démêlés avec la
royauté qu'une maîtresse de maison en villégiature qui
aperçoit enfin, de la plage, émergeant des flots, l'âme sœur
capable de comprendre ses démêlés avec sa bonne.
- Cher Jean, dit-il, tu arrives pour le plus beau table~u,
pour l'abdication. Toute abdication, . fû:-ce d'un méue~
infime, prête à celui qui abdique une d1gmté con_ipara~le a
celle du sacre. Songe à un maître d'école qui abdique, a un
boulanger qui abdique! Veux-tu que j'abdique en t~,f~veur?
Cela fera bien dans les cafés. Le malheur est que J ai avec
moi la nation et que je l'abandonne. Ne crois pas que les
opiomanes, les cocaïnomanes et les morphinomanes _aient
été les seuls agents actifs de mon soulèveme~:· Mais . les
grands peuples, à part peut-être la France, n aiment e:re
gouvernés et régis que par ceux qui ne partagent ~omt
leurs soucis. Dès que le dieu de la poésie et du romantisme
agite soixante millions d'hommes, comme l'Allemagne en
ce moment, ils se donnent corps et âme à des t~afiquants en
pétrole. Dès qu'un peuple est sauvagement pratique, comme
l'américain, il élit pour guider ses pas les plus fameux et
ignorants idéologues que l'univers ait jamais connus. Chez
vous du moins la sagesse est entretenue par le corps même
des fonctionnaires. Du cantonnier au Président de la République, du plus infime traitement au plus élevé, quatre 1:1Hlions de Francais sont élevés ainsi à l'école de la modérat10n,
de la liberté,· et le percepteur et le receveur de l'enregistre-

573
.

ment sont des prêtres de la sagesse. Avec quatre millions
de brahmanes un pays est tranquille. Tous les excès sont
commis en dehors de ce corps officiel, qui est en Allemagne
le seul inintelligent et le seul dominateur ...
On apportait une liasse de télégrammes.
- Lis-les toi-même, dit-il, cela t'amusera.
Je lus donc :
- Paris Rotonde. Offrons à nouveau tyran vœux ·les
meilleurs. Retire couronne que Madeleine et Claire embrasent front royal. - Bombay. Tagore refuse questure honoraire nouveau Sénat bavarois. - Moscou. Ordonnons.
Zelten relâcher Docteur Lipp avec camarade. Cas refus,
orûlerons chaque heure un dessin original de Poussin que
Zelten passe pour aimer. - Berlin. Forces gouYernement
sont à deux kilomètres Munich. Une seule bourgade, Mittenwald, ville des luthiers, a pris parti Zelten. - NewYork. Tailleur Thomasini rappelle respectueusement petite
dette Excellence Zelten.
On an nonça le Docteur Krumper, sénateur de l'opposition.
- Où l'avez-vous mis ? dit Zelten.
- Il est dans la Cour des Grottes, auprès du Puits de
Persée.
-Quand jesonnerai, amenez-le parlasalleSaint-George,.
la salle d'Hercule, la Caverne de Nacre et la salle Blanche ...
Tu ne peux t'imaginer, cher Jean, ce que j'ai dû pâlir sur
le plan de la Résidence. Tous les dédales qu'un roi doit
connaître à rintérieur de sa royauté, je n'ai pu arriver à les
connaître qu'à l'intérieur même du château. Aucun de ces.
politiciens ne veut être vu des autres, et tous veulent
m'atteindre. Je suis une châtelaine obligée de recevoir à la
fois tous ses amis brouillés entre eux.
On annonça Siegfried von Kleist.
- Il s'est déclaré contre moi, dit Zelten. Il se sent humilié, paraît-il, que la tragédie du pouvoir absolu se débatte
dans une âme aussi enfantine que la mienne ... Je ne voudrais pas qu'il rencontrât Mueller, qui est dans la chambre

�LA NOUVELLE R.EVUE FRANÇAISE

papale .. . Faites passer l'Ambassadeu:r Mueller dans la
T roisième Chambre de Charlotte,, par la galerie des Petits
Saints. Que le Docteur Krumper recule jusqu'aux Niebelungen parla Salle Verte et !'Escalier Dodu.
Mais les visiteurs se multipliaient, sinistre présage. On
annonça M. von Salem, chef du parti tyrolien. Zelten dût
consutter son plan et se fàcha :
- Fourrez-le dans le Trésor l dit-iL Tous ces gens-là
viennent le .revolver au poing. D'ailleurs, qu'ils ·entrent
tous!... A part cependant le capucin Stobben, que vous
évacuerez sur le jardin parïa Trappe des Blasons . .. Toi,
Jean, reste .. .
Salem arriva le premier, car, familier du palais, il avait
trouvé une traverse du xv1c siècle pour aller du Trésor à la
salle Barberousse. Mueiler, Krumper et Kleist entrèrent
ensemble, avec le capiidn qu'on avait dû mal aiguiller à
quelque carrefour et; de peur de glisser sur ces parquets
luisants, ils marchaient sur la pointe des pieds, comme les
magistrats et le prêtre qui viennent réveiller un condamné.
Kleist voulut parler, mais M. von Salem le· pria de lui
.céder son tour.
- C'est cela, dit Kleist, que M. von Salem parle en notre
nom.
~ Pas du tout, dit -von. Salem. Je tiens à parler d'abord
pour moi-même. Je tiens à protester contre l'attente qu'on
m'a imposée dans les salles du Trésor, réservées ::1ux ministres émmgers. Depuis r 341, les Salem ont entrée directe
auprès des Wittelsbach. Si je dev;tis attendre, ce ne pouvait
être que dans la salle Grenat. Mais j'ai peur que le comte
von Zelten ne connaisse pas plus, les chemins de la Résioence que les avenues àu cœur allemand.
Zelten était allé prendre an dossier du Trône le portrait
de sa mère, et avait remis dans sa poche.
- Et puis ? dit-il.
Il n'y avait ammne chaise Olt fauteuil dans la pièce, et
l',im ne pouvaît guère li accouder . à la cheminée qui avait

r

FJN ALE DE SlEGFRIED ET l.E LIMOUSIN

57.5

huit pieds de haut... J'ét-ais sur le point de tomber dè
fatigue ... Kl-eist _s'avança :
-De la part du Sénat et de la Chambre, dont je suis le
mandataire, je demande à Zelten combien de minutes
encore H entend prolouger cette plaisanterie-...
- Le mandataire de qui?- demanda Zelten.
- D'un pays que vous vous retirez le droit de dire vôtre,
l'Allemagne.
·
- Messieurs, dit Zelten, dans une heure j'aurai quitté
le palais. Ce n'est pas vous qui m'en chassez, ni l' Allemagne. Je persiste à .croire que les vrais Allemands sont
avec la paix, l'amour des arts et la fraternité . Ce qui m'en
expulse, ce sont deux télégrammes pour Bertin que voitt--interceptés : le premier vient d'Amérique, et est adressé à,
Wfrth. Je vous le lis : Si Zelten se maintient Munich,
annulons contrat pétrole. Le deuxième vient de Londres et
est adressé à Stinnes : Si Zelten se maintient Munich, a111rnloos contrat Volga et provoquons hausse mark. Par contre,
je n'ai intercepté aucun télégramme disant ; Si Zelten
est roi, musiciens allemands refusent eomposer et jm1er.
- Si Zel:ten est président, philosophes allemands incapables penser et décorateurs feront grè:ve. - Si Zelten est
Premier Consul, jeunes filles allemandes renieront jeunesse
allemande, printempsallemand refu5€ra produir~ my11illes
et narci:sses. Mais je n'insiste pas. Que le pétrole et la
Volga pénètrent donc à fl0ts par les puits de Persée et la
fontaine Vittelsbach. J'ai traversé le pouvoirabsolu comme
aux enfers on traver-se une ombre. Je ne l'ai exercé en
somme que sur moi-même. Pendant quatre jours je me
suis dévoué comme un esclave à ces deux petites qualités
que je me connaissais, le désintétessement, la franchise,
et qui étaient devenues soudain une franchise et un
désintéressement royaux... Je pars, sans avoir dormi id,
sans savoir ce qu'est le sommeil royal. Mais je veux
vous conseiller, Messieurs, pour les. auttes exécutions,
quand vous choisirez un mandataire à l'Allemagne, de le

�576

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

choisir Allemand. Monsieur Kleist n'est pas Allemand ...
Kleist pâlissait. La transfusion de sang était commencée.
- Monsieur de Kleist est étranger. Un ancien soldat a
demandé hier à me parler. Il a vu apporter Kleist blessé dans
sa chambre d'hôpital} et l'a entendu se plaindre. Il ne se plaignait pas en allemand. Sa plaque d'identité, qui fut à dessein
égarée, portait un chiffre qui ne correspond à aucune formation allemande. A la suite de quelle amnésie Rathenau,
Harden et Scheidemann se sont introduits en Allemagne,
ce n'est pas à moi de vous le dire, ni les plaintes yeddish
qu'ils ont poussées tout petits ... Adieu, messieurs.
Je voulus courir à Kleist, que les autres emmenaient,
mais je devais a voir dans ce palais antique, en plus de ma
faùgue, le mal des musées. J'eus un étourdissement, je
tombai sur Zelten. Il me prit dans ses bras, chercha où
m'étendre, et me hissa par l'estrade sur le trône.
- Repose-toi une minute, cher Jean, fit-il...
Quand je m'éveillai, Zelten avait disparu. Les portes
étaient fermées et sans serrure visible. Quelque radicalsocialiste, mon futur concurrent aux élections, m'avait
enfermé seul avec un trône, comme les épouses prévoyantes
enferment sans qu'il s'en aperçoive, pour divorcer ensuite
à leur jour, l'époux avec une négresse. Le téléphone, le
microphone, le réflecteur avaient disparu. La vieille saUe
dorée avait supprimé ou réabsorbé ses sens nouveaux, et
il ne restait plus, sous un portrait de Benedicta, femme de
Louis le Sévère, qu'un tableau d'appel dont je pressai deux
boutons, celui du Chambellan de la Porte, pour qu'on
m'ouvrit, et celui de la Chambellane Tercéenne, pour en
voir une dans ma vie. Mais il ne vint qu'un des deux pages,
son maillot noir à la main, et qui se hâtait d'accrocher les
boutons à pression d'une robe verte, jaune et rouge. Le bain
de tyrannie et de bon goût était terminé. Par des passages
obscurs et des escaliers de service, mais qui longeaient les
salons à couleurs et à noms féeriques où nous pouvions

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

577

plonger grâce aux hublots dissimulés, par la piste de la
valetaille que la tradition des chambrières et des laquais
avait aussi baptisée, par le couloir de l'Araignée, la cour
aux Chats et le palier du Nombril de Charles, nous forâmes
dans le Palais, aux parties non protégées par la nacre,
l'onyx, et l'encaustique des préraphaélites munichois, un
terrier sans honneur. Les hublots nous laissaient .parfois
aperceyoir dans le Salon du Grand Casi~ir, dans la Cour
Papale, des groupes bavarois à la recherche de Zelten, que
la famille Wittelsbach, vieille Atalante, déroutait ou ralentissait par des parquets trop glissants ou par des mosaïques.
Pas de rencontre, à part celle du concierge à casquette
galonnée, casquette qu'il souleva, sachant par expérience
que tout ce qui sortait depuis quelques années par l'escalier de service avait infiniment plus de chance d'être princier que ce qui entrait par l'escalier d'honneur.
Je passai la journée à chercher Kleist qui n'avait pas
reparu à Nymphenbourg. Ida croyait qu'Eva de Schwanhofer l'avait conduit à Oberammergau, à sa villa. Il
paraissait impossible d'aller ailleurs, tous les moyens de
transport étant réquisitionnés ou par les Contrerévolutionnaires, ou par le Service de la Passion. Le lendemain,
vers deux heures, je fus déposé à Oberammergau.
La représentation commençait et j'eus de la peine à l'éviter. Les archers de Dieu rabattaient vers les guichets du
Calvaire. Mais ma curiosité ne les aidait point, car j'étais
déjà venu ici en I 9 r 5, pour cette répétition générale qui
précède de cinq ans la représentation ... La Passion d'ailleurs doit être la seule œuvre dramatique qui supporte cet
intervalle ... Arrivé par la montagne, avec des bandes de
tyroliens abhorrés des cantonniers car leurs bâtons ferrés
crevaient les routes, j'avais eu la chance d'être le voisin du
nonce, qui avait donné le signal des applaudissements au
châtiment de Judas, et de Mrs Barfield, de Birmingham,
qui devait acheter l'ânon chevauché par Jésus dans l'entrée
à Jérusalem, l'emmener à Birmingham, et pour guérir sa
37

�LA. NOUVELù'E REVUE FRANÇAISE

nostalgie, pauvre sioniste, l'y ,fa;fr..e périr .de candies et ,de
vrais ~ha,t:d.Ol'lS .é,cossa:i:;. l;a cenversation, ing:r~te 'llc'o/ec le
nonce, qui :miindiquait pll!r len-r nom bihlique ·les •héros du
lever du rideau, G:aii, Arcl~'i!wphei, et Achanaas, le fot
m@ins av-ec Mrs Barfield, quj habitait le .v,i.Uage de-puis twis
m(i)is, ,et ne savait au contti:aiire de Jésus, ~e V:é"ronique o:n
des:apêtr-es que 'leurs Mms de paysa:ns. Je !pl!!~ grâce à elte
e0nst.1.t"er que Str0ssmayer ·EG~ta-i't PonGe !Pilate) se• .la v-ait
vrà.Fment let mains dms une bouteille d'•eau-du Jourdain
offerre par Mrs Bairfi.éld, lij_Ue -le -père Wolf ~étail piqué à la
cour©nne tl'éprnes en ln portant •et qu'il i:tignait ; que
Zwartg tenait mal ses trente de-nier-s et aUaü sùrement ,les
pe1dr.e; et j"obtins -p0ur touiours rnn .traduction allemande
de la Bible, .quand, ,cèlni qu:etle appelait Anton Lang
ay&gt;ànt soupiré •sut la tl'Otx ,et -'l!e·nmin le-dernier -soupir, celte
qu'elle appelait Marîa Lang, sa ,mère, justement s'étant
étroulêe d·e mttfüeu:r, 'Meléhior Breitimmer~ le disciple -aux
cheveux 'dtor -soutenant Ji&gt;-anla Rendl, célle·qui devait aborder -un jom aux Saintes-Maries avec B~rtha V:eit et Llesl
G&gt;hlmüller, s01:1drri11, au milieu des cris et des tempêtes,
qutlnd Meyer, le simple Meyer, du haut 1de ses cieu,x,
appela son .fils Mll1er à sa-üt0ite, s'entOllra de ses séraphins
Zwick, Mayr, Zwinok.-et -de la mam Garessant Sll barbe b]an,che, de l'œil faisant un signe d'i:rneliigence -!m nonce, fouckoya, car ils wmmençaient à ·s'agiter bruyamment ave-c
leur cent trente démons, Julius -Fteysin.g et Kurt iEberlein.
La tribu sa'inte d'Oberammergau n'était pas-s011:ie intacte
de la guerre . Les mobilisé~ av:üen.'t dü, malg&amp;é ies •démarches t!lu bour,gme-stfe, fais:ser aouper pQur ta -premièi:e :fois
de 1eur •vi-e leurs chevélures ; sur ,les bras nus .demeuraient
les marq-1:1 es,du. -vacGiu -a.tlti typhique, an ticholérique, .antitétanique, 'et il apparaissiüt que les Amalécites avaicent sévi
sur la région. Al'!x porte,.~ du bomg, des gaillards armés
d'arcs et tle ja:vdots montaient l:a garde, .car ·tes mineurs
voisins de P-ei:sse-nberg menai;aienvd'interrornpre par la force

FINALE DE SIEG.FRIED' ET LE LIMOUSJN

579

des :;pectacles si pFéjudiciables aux -prix des denrées, et un
Américain ,devait&gt; malgré les défenses, cinématog:raphier la
sdne d~u:ne fenêtre. Dès qu.e le soleil éclatait :snT une vitre,
tous les arcs se ban·daient .ccrntre elle. Ils .parlaient le langage du nonce, et j'appris d'eux qu~ les Schwanhof.er habitaient en dehor-s de la ville entre les ma:isons de Sadok et
de Saint Pierre. Pour y acrii;,er, j'eus :à pa~ser sur le tronc
d'un chêneJes canau'i: il'eau .courante, à écart(!r les ·au~
pines, à 101e1cher tous les végétaux qui av.aient fourni aux
Jeux la couronne, la croix ou les :fl.-eurs. Un aigle planait au-dessus de quelque agneau dédaigné pour Je -rôle
d'.agneau pascal. Le printemps et la mo111agne, affolés par
tant de v,isîteµis, ,offraient à 'Profusion ·de qu01 finir pour
ton jours la Passi011 et la Lutte du Bien et ,du Mal, des cbnœs d'eau par .milliards de volts pour &amp;ctrntuter définitivetllent Judas, .des lacs profonds de _mille pieds pour noyer
l'enfer, et, pour donner un jeu éteriieJ .mx séraphins et
au~ archanges, un chamois apprivoisé qui m'escorta.
Forestie,r était assis sur la terqsse, et un jeune homme
près· de Jmi :feuillerait.les jonmauoc. Il .avait soulevé sa tête,
de .ses maiti.S, .ctl'-Offrait.a.u sole.i1 comme on offre une part
de soi amc i:a.r0ns X. A t0ut bruit, à. tout .murmure de
cascade, il tend#tl'oreille avec la d.emi-grimace de cerne'
qui croient avoir entendu crier leur nom. Son lecteur lisait
les dernières nouvelles ùe chaque nation, qu'il écoutait religieusement, comme si l'espoir lµi restait de deviner son
pays au nombre des ouvriers chômeurs, des .incendies ou
des duels entre parlementaires, et il se promenait sur l'Europe comme un sourcier ... Que peu de nationalités d'ailleurs paraissaient .enviables !
&lt;c Et en Jtalie ? demandait-il.
~ Le brave Gasparri a conclu un .trnité avec. les bolcheviki. Les-fascistes marchent sur Rome etles réc0ltes sont
mauvaises. D'Annunzio 'S'est fra'Cassé la tête, et un.e maladie appelée carico s.évit dans les lronilles,
·
- Et en Hongrie ?

�580

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Les fonctionnaires des provinces cédées, qui logent
dans des trains, ont obtenu des wagons de seconde. C'est la
seule information de bonheur. La récolte est mauvaise. Une
maladie appelée charnin sévit près du Balaton.
- Et de Russie ?
- On a découvert à la fonte des neiges quinze mille
cadavres dans un coude de collines, là où les prospecteurs
espéraient trouver du pétrole. Deux Américains de la
Croix-Rouge rapportent les photographies de petits
enfants qui ont mangé leur père.
- Et des pays baltes ?
Il semblait ne pouvoir se résoudre à questionner le lecteur sur l'Angleterre, l'Amérique, la France. J'y pressentais
une appréhension, c'est-à-dire une préférence, et je n'en
étais pas fâché ; le journal ne donnait _ce matin sur la
France qu'un renseignement ridicule : deux éléphants d'un
cirque en voyage avaient évité une collision en gare de
Tulle, car on les avait attelés, en l'absence de machines, à
une rame mal placée ... Je me décidai à avancer, résolu à
parler aujourd'hui même et à guérir le seul être qui souffrît dans ce bourg dédié officiellement à la souffrance . Du
moins je le croyais ... Mais il se précipita vers moi _ave~
l'élan de celui qui donne une nouvelle et non de celm qui
la ,reçoit :
_ Mon pauvre ami, me dit-il, Geneviève se meurt! Il
a fallu l'opérer ce matin, on désespère ... Eva est près
d'elle ... Venez.
*
* *

Geneviève ne mourait pas commodément. Elle avait un
lit un peu court pour elle et ses regards aussi étaient gênés
par la montagne, qui tombait devant elle à pic. Elle préférait attendre la mort les genoux pliés et les yeux ferm és.
Jamais humiliée, mais toujours repentante d'être fille natu_relle, pleine d'admiration pour ce qui est l'ordre ou la ~OJ,
elle essayait seulement de donner à sa vie une conclus10n

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

58 I

plus _régulière que son commencement. - Est-ce que cela
se fait, me demandait-elle, quand je voulais lui mettre trois
oreillers au lieu de deux, ou lui lire quelque livre nouveau_? L'i~ée d'une mort conforme aux usages établis l'effra~an moms. !ous ces personnages licites et légitimes qui
allaient et venaient autour de son lit, non insoumis non
polygames, à métiers clairs et définis, la flattaient da~s son
m~l. Le cur~ d'Oberammergau vint la voir, puis le pasteur,
puis le rabbm. Elle déplorait d'avoir à d10isir une religion
au moment où trois s'offraient si aimablement comme on
déplore une triple invitation pour le même soir et décidait
'
d,.etre enterrée selon le rite qui permettait l'assistance
et la
présence des deux autres. Au fond, elle eût voulu être en
règle aussi avec la religion musulmane, la religion hindoue. Elle me demandait sur Bouddah les renseignements
qu'elle eût demandés sur un employé d'état-civil s'il était
impitoyable, s'il était beau. Elle était tourmentée s~ulement
de la tristesse et de l'incertitude de Forestier. De sorte
qu'un soir je fus amené à lui dire qui il était. Elle en fut
toute heureuse. Non point qu'elle eût éprouvé moins de
sy°:1p:thie pour l~i s'il était né dans une ville étrangère,
mais etre Hongrois, ou Bulgare, ou Lithuanien ne lui
semblait pas une situation en aussi parfaite conformité
avec la vie régulière et avec le code qu'être Français.
_« Tâchez qu'il s'inscrive à Belleville, me dit-elle. Tout
lUI sera aisé. Le jour de mon mariage le maire de Belleville
n'a lu tout haut ni mon acte de naissance, ni mon âge.
Il fut convenu que Kleist, dès qu'elle pourrait rentrer en
Franc~, nous accompagnerait. Elle le lui fit promettre.
Depms Iâ. révélation de Zelten, je n'avais reçu aucune lettre de la Consul, aucune visite de Schmeck et Eva s'était
résignée.
'
- Mon cher Kleist, disait Geneviève, ce n'est vraiment
pas de ~bance de voir mourir ainsi sans raison la première
Française que l'on rencontre. Si vous raisonniez comme
l'A ng1ais
. qui· vit
· 1a femme rousse de Boulogne vous nous

�582

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

feriez une belle réputation ... Vous le voyez, Jean. J'avais
raison. Tout ce qui n'est pas en bois me porte malheur.
Mais allez réclamer une table d'opération en bois, des pinces et des bistouris en bois ! Les opérations sont comme
les voyages en Algérie, on $'.imagine qu'on va pouvoir choisir son bateau, sa place, sa semaine et l'on est jeté sans précaution dans un des tubes même du déterminisme.. Je n'ai
vraiment jamais pu être comme les. autres, je .reviens faire
mes enfants en France et te vais mourir en_ Allemagne ...
Pour reparler des Françaises, Kleist, je vous assure qu'elles
sont très solides, et que les veuves en France sont autrement nombreuses que les veufs.
- Ne parlez donc pas toujours de mott, Gen:eviève.
- Cela ne se fait pas. Pourquoi?
Au lieu de revoir sa vie en une ~econde, comme d'antres
mourants-, elle- la revit minutieusement, mordant même
un peu sur la vie de sa mère du temps oit elle-même
n'existait pas encore. - J'en étais:-à ma naissance. J'en étais
à. l'élection de Félix Faure ..... J'en étais à l'exposition de
1900,. disait-elle quand on entrait, car _ses.souvenirs n~ se
cristallisaient qu'autour de dates _officielles. Elle parlart à
peinedeson métier, mais ses.mains -s'agitant, caressant ou
creusant, on sentait que sa mémoire de sculpteur cotnplétait et illustrait l'autre. C'était des mains qui avaient beaucoup touché l'univers et son argile, un peu usées, étroites,
et qui entraient dans tontes les mains amies ou ennemies
comme dans un fourreau, avec de hien inu~es petites rides
pour le sang. Elle avait peu. de fièvre ; le mal l'attaquait
par assauts qui dérouta:ient les docteurs, enflant subitement
un de ses bras, entourant son front d'un band.eau.. On eill
dit qu'il essayait sm elle de. nouvelles façons de tuer. Le
matin où elle en était au passage à. Paris du roi d'Espagne,
elle sentit ses jambes froides, et le froid monter. M~is
c'était trop peu pour nne pauvre créature abîmée par la. v1:,
les excès et l'insouciance. Une p.éritonite se .déclara, puis
pneumo.nie double, puis te ne sais plus qM encore et

une

0

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

583

par ses armes les plus vulgaires la maJadie parvint à: tr.inmpher de cette. enfant.
·
- Ne padez pas tant l disions-nous.
- C'est gue je n'ai jamais tant pensé,. mes amis... Quelle
drôle d'histoire est la vie ! Peut-être· personne dans lilfle
sen:,aine ne pou1:ra plus parler à la première personne de
1:101, demon corps, de Llil..esyeux, et cependant je neren0nce
a au~uu de mes goûts ; je préfrhe toujours le ja1.me au-x
autres _couleurs ; je sens le bleu, le- rouge intriguer autQur
de moi., essayer de m'attendrir, profiter de rua faiblesse
ri~n à faire ; Je continue à détester jusqu'à la dero-iir;
mmute les ~aux secs, le crêp.e de Chine, les aigrettes.~.
Pour l~s a~11maux er les hommes, au contraire, je n'ai plus
~e parti pns, plus auctm. Dieu sait s.i j'ai pu détester. les
s~~es, les. animaux à; ktngue visqueuse comme le fcrur-011lier, les rats ;.. je les verrais sans ennui entrer maintexi.an.t
par centaiia.es dans ma chambre;.. et aussi d'ailleurs ce pauvre Bougu:.ereau, et aussi cet hypocrite de Kessler, et Laut;lme, et un grand blond dont je mll! souviens, mais ce.La
c est une aut11e histoire ..

La porte s'ottvra.i.t. Ce n'était ni l~s fuuumiliers ni les
a~s, ni le co~1ège des humains dont la prétentio~ t'agaçait, des actrices aux députés, ce n'était pas non plus,
hélas! les Bernardo de Rotscbild. C'était le docteur avec
sa morphine. Il essayait de la faire taire.
-:- Je me tais. Mais ce grand blond, malgré t©ut j'y
reviens. Une brute, qui croyait tous les autres. êtres des
~rutes, ne les aimant que pour ce~ et disparai-ssa:nt le
Jour où il doutait de leur brutalité. Que n'ai-j·e pas c.ornmis
pour retarder ce jour-là! Sous ses yeux, je touchais en
~rut~ à mes oiseaux,. aux verres, à moi-même. Dès que
JétaJ.S seule,. j'essayais de réparer en embrassant et caressant conu:n~ je le pouvais. ces pauvres objets et cette pauvre
fem_me. Mais cela ne vous in.t_éresse po.int, Kleist. J'ai des
projets sur ~ous. Voulez-vous que nous fassions l'aveugle
et le paralyuque? Je, n'ai plus rien devant moi, mais j'ai un

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

petit passé. On n'arrive jamais à la mort sans dot. Je voudrais vous léguer ce qui peut subsister de ces trente-six ans,
et deux ou trois commissions. Je tiens à ce que vous
habitiez parfois ma mais.o n de Solignac. Vous hériterez de
moi, de moi-même ; j'ai écrit dans ce papier deux ou
trois de mes manies que je voudrais ne pas voir périr, car
je n'ai pas de petits neveux auxquels elles reviendraient
naturellement, comme disait Heine dans sa lettre. Je
tiens à ce que vous soyez à Paris pour l'Exposition coloniale de 1924. Celle des Arts appliqués je m'en moque.
(Arts appliqués est d'ailleurs une faute de français.) Je
tiens à ce que toutes les fois que vous entendrez le mot
Prémisses...
.
Elle passa ainsi le soir à séparer ce qui devait périr avec
elle et ce qu'elle devait planter dans le nouveau passé de
Kleist. Puis quand ·le chromo officiel de sa vie fat épuisé,
quand les troupes alliées eurent défilé sous l' Arc ~e
Triomphe, et quand il ne resta plus en elle que ses défaillances, ses erreurs, ses mauvaises habitudes, elle se tut,
gémit toute une nuit, ressembla soudain à la mort, ressembla pour la première fois à son fiancé futur et non
passé, et mourut ...
*
* *

Il était minuit. Tous les Français dormaient. Y compris
le million de mères que la guerre a privées de fils. , Y
compris, dans les dortoirs de la Légion d'honneur, groupées pour la surveillance autour de la répétitrice qui ronfle
sous sa tonnelle de mousseline, les quatre élèves roman·
tiques. La lune, pour une aussi belle nuit, s'était arrangée
à la paraffine des traits normaux. A peine un futur clairon
s'exerçait-il dans les jardins lumineux sur un clairon d'argent.
Tout dormait eritre Rhin, Atlantique et Pyrénées, y compris, car c'était le lendemain d'un dimanche d'élections et de
sports, les nouveaux conseillers généraux et les nouveaux

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSI~

585

champions de longue-paume. Y compris Monet, Bergson,
Foch... Dans une proportion défavorable aux pyjamas et
favorable aux chemises de madapolam, les huit cent
mille fonctionnaires dormaient, gloire et douceur de
l'état. L'égalité de la nuit pénétrait par des millions de
volets hermétiquement clos et par cinq ou six fenêtres
· ouvertes le peuple le plus amoureux de l'égalité et le plus
ennemi de l'air. A peine une cloche mal rattachée.tintaitelle parfois en reprenant son équilibre. Au douanier et au
poète qui veillaient encore, par respect de la République
ou ~~ firmament, .et qui recevaient debout les coups
homicides de la nmt, la nature hypocrite affectait de se
donner elle aussi pour mortelle, mais ne consacrait à cette
politesse que l'effort minimum, une brindille cassée, un
craquement dans un silo, ce peu qui satisfait, paraît-il, les
douaniers et les poètes que consume à minuit l'idée d'une
nature immortelle ... Tout dormait. Y compris les acteurs
et les actrices encore maquillés dans le dernier train de
Bo~s-Colombes. Les trois cent mille concierges dormaient,
mais avec des sursauts, consciences des maisons. Y compris le Loing dont on avait clos les écluses. Y compris,
dans· de grands cimetières inclinés à la lune, Pasteur,
Debussy, Rodin ... Tout dormait ...
Hormis moi, qui regardais Forestier endormi, dans le
wagon gui nous menait au Limousin. Devant la première
pente du Massif Central la locomotive soufflait. j'avais
fermé le gaz, tiré les rideaux. Je maintenais l'ombre sur
mon ami jusqu'au moment où je pourrais à la fois lui
apprendre son nom et lui révéler son département HauteVienne étincelant, car.J'avais décidé de tout dire aujourd'hui. Il dormait, comme tous les Français. Je l'entendais
pa_rfois rêve: dans sa langue étrangère, je me penchais, je
lm répondais dans la mienne, je ramenais le francais sur
lui comme une couverture. Ce qui restait encor; en lui
de Siegfried aspirait à longue haleine cet air nouveau de la
montagne. Ce qui restait en lui de Kleist maintenait sur

�LA NOUVELLE REVUE FRAl',fÇAISB

ses yeux que la· mort de Geueviève avait adoucis des paupières- encore rudes. Puis l'an cria- le nom de la première
gare limousine,. et, soudain, ce département que j'avais
quitté à. deux ans et que je croyais ignorer me reçut
c(i)mme son enfant. Mon père l'avait habité toute sa:. jeunesse,.. tom; l~s noms propres que l'on prononçait cliez
moi avec amour et respect étaient pris dans les almanachs&gt;
les annuaires, les. journaux de ce pays, et aucuns noms
n'avaient contenu pour moi plus. de nostalgie et d'aventure
que ceux qu'appelaient maintenant à toute voix les
employés, ou que je voyais collés au flanc des gares comme
des colis précieux laissés pour moi en consigne, entre des
arbres et cl.es troupeaux don.t mon cœur aussi reconnaissait
la. race, par mon père adolescent. Car, comme si l'on
criait tout à coup dans le silence, aux arrêts de votre train,
les noms de celles que vous avez aimées ou désirées, on
criait Argenton, Saint-Sébastien, Azérables ! Dès le sud de
Châteauroux, tous les bourgs dont je conwiss:tls seulement par morr père les dates de foire et de frairies sor-tirent pour une si belle rencont.l.ïi! de leur réserve fixée par
le préfet, et Eygurande, de sou premier jeudi- mensuet,
Saint-Sébastien de son troisième rnardi, La Souterraine, de
son deuxième vendredi et de son 28 février des ann~es
bissextiles, vinrent me saluer jusqu'au quai. Gargilesse,
Crozant, pas un seul de ces bourgs dont je ne connuss.e
exactement à. quel jour et à quelle saison se produisait vers
lui la migration des génisses, des &lt;lin.dons et des poulains.
A Sagnat, j'aperçus d,ans l'étang la plus grande quantité
&lt;feau que mon. père ait jamais vue, ca-r il ne connaissait
pas la mer. A Razé, où mon père vit Monsieur Grévy,
une gare obscure, mystérieuse, accrochait pour la première
fois dans mon esprit au train_ présidentiel le wag&lt;.n de la
solitude-. Toute.s les sonnettes des gares sonnaient sans
arrêt ; en lisant ou en prononçant leur- nom, j'avais pressé
sur un boutorr électriqué que je ne savais plus apaiser et
qui appelait pour moi de la bourg-Gde et d.e la. co1ll0,lun-e

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

tous les personnages liés à elles dans trnr mémoire: à Morterolles, le père- Arouet de Saint~Sauveur, l'athée,_ qui faisait
ses enfants en janvier pour qu'ils naquissent en septembre&gt;
mais dont Ia femme n'avait que des grossesses raccourcies
ou prolongées; à Bessines, le cantonnier, le père Bén.oche,
qui avait sauvé un colonel eu Crbnée, un général au
Mexique, et dont la vie était ratée, disait-il, car il. lui
restait à sauver un Maréchal; au Breuilh-au-fa 011 l'on prend
au filet les saumons,- Monsieur Claretie qui avait emmené
à la pêch~mon père, le jour où il eut juste un mètre,. et
qui l'étendait près des poissons pour les mesurer. A
Droux,
des renards qui mangeaient les baies sous des
genévriers effrayèrent .mon pète. quand il regagnait le
collège, après les arrières-petits-neveux: de ces reaards,
peut-être, des chiens aboyaient. A Ambazac,.. ou le loup
suivit son cheval, je vis en me penchant deux disques vert
et rouge, un loup vairon. J'entrais dans le pays le pl.us
légendaire et le plus irréel pour moi ap1-ès celui de Gu11iver, mais où les hommes avaient ma taille et où le. train
passait. Tout ce qn:i a permis de prouver que l'itinéraire de
Chateaubriand en Amérique était faux, prouvait que la jeuness.e de mon père était vraie!. U y avait juste la place entre
Fnrsa.c et Blond pour la chasse à courre. des Lee.ointe. Je
devinais le nom d'arbres et de. plantes presque.inconnus pour
moi, sarrasin, merisiers, genévriers, tant chacun sem bla.it
_placé ou semé à la place exacte que lui assignait la parole
de mon père; et, bien que chaqu.e village offrît à mon regard
un tassement nomieau, ce n'était pas sur une contrée nouvelle. que j'éparpillais ces noms pour moi usés. Chacun
fécondait son district d'une humanité et d'une faune distinctes. Le Breuil, où_ les Lacôte, nouveaux venus du
Bourbonnais, s'étaient brouillés avec les Si-Hac, qui avaient
servi le poulet avec le foie et la tête,. et ou chez mon cousin
Petit vivait un lynx apprivoisé. Rançon, où était empaillé
à la mairie un oiseau porte-lyre et où le député auquel
mon père donnason premier vote affecta toujours de croire

ou

l

1

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'il avait voté pour l'adversaire. Rancon, premier synonyme pour moi de la beauté et de l'injustice. Fromental,
avec sa tortue, où les nouveaux riches appelés Frommenthal s'empressent d'acheter des maisons de famille, et où il
vit un saltimbanque tomber de la corde raide et se tuer, premier synonyme pour moi de la mo.rr. Pas un de ces bourgs
ensoleillés pour lui et lunaires pour moi dont le nom ne
s'accolât ainsi à l'un des espoirs et l'une des déceptions de
la yÎe tels que je les avais imaginés pour la première fois à
huit ans. Quelquefois des stations, Larsac, Le Raynou,
dont je ne lui avais jamais entendu parler, et l'air, le sol
m'étaient dans cette z.one sans saveur; mais arrivait soudain Saint-Sulpice-Laurière, enbranchement vers les trois
villes d'Universités, où il dormait sur un banc dans ses
voyages d'examens, et où justement je voyais ce matin
affalés une dizaine de collégiens à l'intersection de Bourges,
de Clermont et de Poitiers, vers lesquelles chacun à l'aube
s'orienterait suivant sa force en mathématiqùes ou sa faiblesse en latin, qu'un répétiteur empêchait de dormir_ les
, uns sur les autres par habitude de les empêcher de copier.
Plus encore que par ce bruit, aux arrêts, d'eaux vives perpétuellys, ces odeurs nouvelles d'essence, cet accent de ma
terre, j'étais atteint par l'accent limousin des hommes
dans la nuit noire, cet accent du Midi que mon père reprenait dans ses surprises ou ses émotions, que je retrouvais ce
matin dans la voix des chefs de gare, des hommes d'équipe,
du répétiteur, et qui me donnait Pimpression de circuler
dans une province surprise et émue ... Sur mon cœur ~a
pesée s'accentuait de l'air ancestral ; j'étais tout à ce se~ttment de modestie vis-à-vis des éléments et des humains
que l'on ne peut éprouver que dans le pays de ses ~ères,
où ni les monuments ni les familles ne semblent avoir été
créés spécialement pour votre passage, comme Chambord
ou les Luynes, et, moins que le décor de notre vie, en
figurent une base inébranlable et quelque peu humiliante,
avec ses églises romanes où l'eau bénite n'a pas été changée

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

589

depuis votre baptême, ses chênes qui en toute votre vie
ont pris 30 cercles de 2 millimètres, et la dynastie des
Chausson-Bouillat. Cette force à vivre dix siècles, que l'on
se sent en Touraine,. entre Cléry et Montbazon, ce n'était
plus guère ici que l'espoir d'une vieillesse robuste; cette
immortalité garantie que donne la Provence, ce n'était
plus? entre Montagnac et Morterolles, que la certitude d'une
belle mort; et peut-être, à mesure que j'allais m'approcher
plus près de la ville de ma naissance et y reprendre mon
rang de simple pion dans le jeu qu'y jouent contre la mort
les neuf familles principales, cet intervalle avec l'éternité et
la liberté allait-il encore se restreindre. Que ma petite
dignité d'homme me paraissait claire aujourd'hui, à michemin de Magnac-Laval où sommeillait la lignée inconnue de mes petits cousins, et du Dorat, .ivec mes bellessœurs de belles-sœurs. Pour la première fois j'étais réduit
à la taille où la page de ma vie cadrait avec le transparent,
avec la grille et l'apparition infaillible de chaque nom
attendu, - Tiens, voilà Droux, Pierre Buffière n'est pas loin,
- près de cet être qui n'avait plus ni la jeunesse de son père
ni la sienne, - Tiens, Folles et Bersac ont disparu, non les
voilà ! - me donnait plus encore que l'indication d'une
expérience réussie, la seule vraie estimation que j'aie trouvée, - justement voilà Bellac! - de la condition humaine.
Soudain, le train fut secoué d1un de ces légers heurts
qui passent au corps du voyageur la surprise du mécanicien à la vue d'un mouton sur la voie ou la mort d'un
bicycliste dans un passage à niveau. A notre gauche le soleil
se levait et d'un rayon horizontal transperçait le corn partiment. Aux stations, on entendaitle début ou la fin du chant
d'un coq, et, quand l'arrêt était habile, le chant entier.
Du pardessus de Forestier, de ces vêtements qui allaient lui
sembler dans une heure la dépouille d'une autre, une
lettre avait glissé. C'était la dernière lettre de Kleist au
prince de Saxe Altdorf.
- Mon ami, disait-elle, adieu. Ce n'est pas que vous

�59°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

m'ayez peiné en préférant Hoffmann à Tieck. Ce n'est pas
que je doute dn récit de votre voyage en Sicile, et de ce
rosier dont les racines enserraient le cœur de Platen. Ce
n'est pas que j'en veuille à votre neveu Ernest d'avoir
reproché à la France ses idées claires, et .s on ar'.11ée ~s
poésie. Ni que je songe amère~en~ a n?s t~bles disputes~ et que je m'écarte de celui qm crœt la vre née ~e
l'ordre et non du d1aos, qui estime le sanscrit plus utlle
aux historiens que le grec~ et l'effort au lieu de .l'iut:a:ition
la seule preuve de rexistence. C'est que ie ne suis plus
Allem:md...
11 est six .heures ,du matin et je vous écris d'Oberammergau, à cette fenêtre des Schwanltofer vers laquelle
eécho renvoie six fois les paroles et douze fois les pensées.
Je vois tous les animaux sortis de la nnit grands et purs~
les bœufs endormis debout se redonner à la vi:e de hœuf
en ouvrant .simplemen.t les yeux, couverts de rosée comme
des plantes ; les chats tout lisses guener les musaraignes
toutes peignées. J'ai vu par contre le voisin Sadoçk lav~
son visage sali paT le sommeil, .étendre ses bras .alourdts
par le repos, et rap.pel.er ses esprits déchaînés par les
rêves en lisant sa Gaz.ett.e de Munich. La banque Mlleller
a sa,uté. Le ténor Knote va mieux. La bière baisse de
2 pfennig. Ces trois nouvelles vont .amorcer le passage
d'Oberammerga.u du songe au réel. La vie peut y reprendre.
La Passion continuer ...
C'est .que je disparais. C'est que ce soir., .à six heures~
mon train passera une fro.n:tièr.e et que Siegfried Kleist
aura vécu. Je vous rends ces deux noms intacts, de même
que j'-ai dû ,r endre, élève, à la fin de l'.année, 11 l'économe
du gymnase, mes livres de latin et de .grec sans taches
nouvelles. Tous mes papiers, permis de circulation pendant les .émeutes, cartes de séjour pendant les révolutions,
médailles d'identité pour la ration des denrées indigènes,
entrée gratuite aux Pinacothèq~es et à tous les ~sée_s
germaniques, abonnements spéciaux au gaz e:t à l é1ectn·

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LTMOUSIN

591

cité, j'en débarrasse tout à l'heure mon portefeuille. Désormais je paierai double pour voir les Cranach et les
Dürer, triple pour me chauffer à Munich, et quadruple pour
acheter l~s œuvres de Schiller ... J'ai perdu l'Allemagne ...
Le Rhm, le Danube, l'Elbe et 1~oder, tous ces fleuves
que j'ai appris si r-écemment dans l'ordre comme un enfant, je les ai perd~s. Il y en a que je n'aurai même pas
eu le temps de voir pendant qu'ils étaient mes fleuve&amp;
nourriciers. Soixante millions d'êtres et leurs ancêtres se
sont envolés de m?i l'autre jour, et m'ont laissé seul,
&lt;!omme le renard glissé dans l'assemblée des oiseaux qui°
apparaît dès que les oiseaux s'élèvent. Le gros aigle de
!"Empire s'est envolé. Me voici abandonné aussi par l'oi-•
seau Wagner, l'oiseau Nietzsche, l'oiseau Gœthe. Zelten
me :etire un second passé dont le souvenir peut m'être
:rus~ cru:l que le néant de l'autre. Je sens d'ailleurs qu'il
a dit vrai. Je sens que j'ai été un élément étranaer en
Allemagne ; je me rends compte aujourd'hui seulement
des malaises, des douleurs provoqués par elle en moi et
qui '.~'in?ique~ont peut-être mon vrai peuple : cette p~ine
que J avais touiours à rouler le verbe à la fin, cette manie
de Be pas croire les journaux, ce besoin d'avoir les cheveux
non rasés, d'exiger une preuve à toute affirmation et un
.
'
statut précis aux relations des états avec l'Empire et du
cœ~r ~vec les sens. Vous rappelez-vous comme je reprochais a. vot:re dynastie de n'avoir pas réglé depuis 1 n:3
la quest10n des biens du dergé avec la Saxe ? Vous auriez
dû .deviner ce jour-là que j'étais né hors de l'Allemagne.
Je ?1e rends compte mieux encore depuis l'autre jour du
dél1re sacré de votre patrie, que j'ai dansé chorégraphiquement, de sa r-ésonnance -terrible, dont j'ai usé pour lire
de petits discours composés, de son détermrnisme épouvantable, que j'avais cru quelque phénomène politique et
passager comme la course à la mer ou au Rhin, en somme
de tout ce que je croyais une conséquence .de la guerre
al ors que 1es causes -seules en apparaissent encore en Alle-'

�LA NOUVELLE REVUE FitANÇAISE

59.2
magne comme les muscles après l'écorchement. Pauvre
grande nation, qui n'est plus que chair, que poum~ns et
digestion à jour, et sans douce peau ... Tout ce que Je d:mande aujourd'hui c'est que l'on me redonne pour patne
un pays que je puisse caresser'.
J'ai prévenu les autorités. Il n'y aura pas de scandale.
On va me porter noyé au Starnberg. Mueller et Sa~em
m'ont vu couler devant eux. Ils m'ont tendu une dernière
fois les ~ains, avec une force d'ailleurs qui aurait retiré
vingt noyés. Krumper m'a regardé partir avec cet air à la
'fois dédaigneux et jaloux du soldat qui voit le soldat
blessé quitter le front. Toutes les recherches et ies sondages dans le lac n'ont donné aucun résultat. Dès que
je reparaîtrai, dans l'Adriatique, dans le lac d'Annecy, ou
le Balaton, vous serez prévenu par Eva ... Adieu ... Deux
vrais oiseaux viennent de s'élever près de moi, de la terrasse même... Les râles de genêts et les faisans bavarojs
m'abandonnent. ..
*

* *

Tous étaient maintenant éveillés en France. Le soleil
rayonnait sur le pays à idées claires. Un chasseur à cheval
de l'armée sans poésie avait capturé un renardeau et le
montr;J.it d'une barrière aux parents voyageurs qui n'hésitaient plus, pour un si beau spectacle, à réveiller leurs
enfants dans les filets. Ces mille sidecars roux hérités de
l'armée américaine couraient déjà les routes comme des
parasites. Tous étaient éveillés, à Valençay, à Buz::i,nçais,
et dans les pays des fromages, Roquefort et Levroux,
déjà on les mangeait tout jeunes en buvant du vin blanc.
Tous ouvraient les yeux, y compris les six cent rr:ill_e
.candidats aux Palmes académiques) à la Médaille des Ep1•démies. Y compris les tireurs à l'arc de l'Oise, devant
l'épouse en papilkmes et sans prétendant, qui bandent
l'arc d'acajou. Y compris les Indifférents de Pont-sury onne, tous déjà penchés sur l'Y on.ne avec leurs lignes et

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

593

q~i arrachent à .l'eau dorée des gardons comme des gangl10ns. Y compns Monet, Bergson, Foch. C'est l'heure
les peintres et les chasseurs de Crozant rentrent de conserve
à l'auberge Lépiuat, dégoûtants de sang et de couleur. On
cire au vernicire les sabots des chevaux de Robinson. A
Louang-Prabang, à Cayenne, à Brazzaville, les administrateurs jeunes et vieux se disent qu'il doit faire rudement
beau aujourd'hui à Bayeux, à Périgueux, et à Gap. Déjà
ceux des Français qui croient le plus en Djeu sortaient des
cathédrales après la seconde messe, tout heureux de la fin
do prêche, et les pies assaillaient les chouettes hasardées
dan~ ce beau dimanche. C'était le premier dimanche du
m?1s ; et tous acceptaient avec reconnaissance ce jour de
~a1x pro~onde au milieu des sept jours de paix problématique. Rien ne menace aujourd'hui les maisons et les
familles, c'est sans raison, et pour s'exercer seulement que
les pompiers se groupent autour de leur pompe e't les
filles Durand autour de leur mère. Les souvenirs des
batailles s'éveillent pour les visiteurs. Tout le monde est
éveillé: y compris ce_ux que l'on attendait le moins, y
compns Pasteur, Rodm, Debussy ... Les écluses lâchent
leurs eaux sur les canots du loueur de Nogent qui les
baptise et rebaptise d'après le nom de notre plus fidèle
allié, et les noms n'en sont jamais secs. Les ~réveils que
mon père avait placés pour moi dans chaque gare se sont
tus inutiles. Personne ne dort plus en France.
Hormis Forestier, près de moi. Mais il est temps. Pas
un: :allée, pas une colline depuis une heure qu'il n'y ait
eu Joie à caresser. Je vais le frapper à l'épaule de ma main
gantée comme celle d'un contrôleur, et, pendant qu'il
cherchera son billet, je lui tendrai, billet pour trente ans,
sa photographie d'enfant avec le nom imprimé du photographe, et, quoique à l'encre simplement, son nom ...

où

JEAN GIRAUDOUX

Copyright by Librairie Gallimard.

�R!Fl..IDf.IQ~S SUR LA LITTÊRATURE
:ri

REFLEXLONS SUR
LA LITTERATURE
r, -•

LA COMPOSITION DXNS LE .ROMAN
Des Nouvelles Pages de Critique et · de Doctrine, de M. Paul
Bourget, j'avoue que je n'ai pas.Ju les pag.es de doctrine. La
doctrine de M. Pa1,1l Bourget est connue depuis longtemps. Il est
probable qu'elle ne changera pas. Et il est certain que tout a
changé autour d'ell~ d'une telle façon q:ue ce -qui est aujourd'hui
le moins pris au sérieux: chez M. Bourget, c'est assurément le
doctrinaire. Il n'en va pas de même du romancier, ni surtout
du critique. J'ai donc lu ses pages de critique, et particulièrei:nent ·celles sur l'art du roman; avec toute l'attention qu'elles
méritent et qu'élfes récompensent.
.
On souhaiterait même, en tette matière, trouver, au lieu de
pages, un livre. Je ne sais combien dè romans M. Bourget
écrira encore jusqu'à la fin de sa carrlè're ; mais sans doute y en
aura-t-il plusieurs de médiocres. Ilesrvrai que le romancier, en
entamânt un roman, ne sait jàmais si ce1a donnera du bon, du
moyen ou du mauvais : le vin une fois tiré, on le boit, et ou
voit ou on sent comment il a passé. En tout cas ce que nous
savons bien, - c'est qu'un livre sur l'Art du Roman, écrit par
M. Bourget, présenterait -le plus vif intérêt, tiendrait dans son
œuvre une place élégante ~t utile. On -peut en pêcher déjà
quelques bribes dans ses anciennes et_ses nouvelles P~ges.
.
Les deux: ·volumes des premièrés Pages ont paru 11 y a duc.
ans, et je retrouve dans la Nouve'lle Revue Française d'aoüt !912
des Rtflexions sur le Roman, que j'écrivais à cette occasion. J'y
relevais et discutais ce que disait M. -Bourget au sujet d'une
qualité du ro~an &lt;1 sans laquelle il n'est pas de chef-d'œuvr_e
accompli. Cette qualité, la rhétorique classique la nommait
d'un terme pieu modeste : la composition. &gt;; Lui-même revient,

595

dans ~ses Ntmvellef Pagts, sur cafté quastion, et son point de Vüë
n'a pas cnangé, Il te n-ouve1 par ün exéeptiMMl nasard, qu'il
en est dé même du mien, Et cômmèon p~ur Vôir là une que§tion capfütle' de &lt;&lt; rhétorique &gt;&gt;, cômffl.è c\i~t rnênie la q-uestiôn
centrale de la rhétotiqi:re; comme il faùt bieil de témps é-o
temps se rettempu dahs l:t rllétoriqué,• je voudrais reprendra,
après ·dix ans, ~ mêtne problème Je n'ài, en œà ma-tières 1 ni
l'autorité de M. Bourget,, ni nOfi phis ceue con!fciem:e de ' sol}
autorité; (J_u'est sôn dogmàtisl:he ,- J'entte dans tint quastlptt
ouverte que je ne. prértnds pas fentief, qîte je tiehs au tontrair'é
à laisser ouvetre. tJn Att
Ronia-n véti~ablé serait u-ne sotte de
dialogue, issu d'Eta-ts -Gênéraux dû roman, aY~lt--ees trois ordres,
les rotnarîtlers, ]~ Cfi-tiqticl, le public, - le premier qui fhi!lte,
le second qui faif Maison, le troisièmè qui paie. Je s-ais bieü q-ue
nos oremùs paraissent aux deux autres- or.d res, d·e la fürtiée
subtile et·vaine; et que le tiets-érat, en nïatiète de tomàtt, tend
à ~tte tout. C'estg-râce à lui que rious aUi'bfls plutôt une ·aufre
Ecuyère qu'un Art du Roman. Rais011 de pJüs à notre dergé,
tant qu'il est èhcote t~léî'é; pour rê'vet sur °Ctt Art,. àvet des
fumées; tantôt épaisses, tantôt .bleues.
« Il y a, dit M. Bourget, outre l'élément de vérité, un élément
de beauté dans ·tet art si coü)ple~e du r'Mnan. Cet élément de
beauté, c'est, à illôfl s0ns, la èo111pôsitiôfi, Si nous voulons que
le roman fra-nçais garde un r.ang à pitcrt~ t'est la. .qüa-Ut&amp; que hOUS
devons maifltellit dan&amp; nos œuvtes. Une Eugé-nié Grandet, une
Colomba, une Mâdamè Bovary; un Gêfmir1al, un François le
Champi, un Nabab, pour ctiter au hasard quelques livres de type
nès dHférertt; sôm retnàrquabl~s par cetfé nettété da11s le
dessin, que vous ne tfOUvuez ni daûs Wilbelm Meistet, ni dans
les Purif1tit1.s d'Ecosse -ou Rob Roy, tri dlins David Coppstfiûd ou le
Moulin sur la- Floss, tü dans Anwa lforthint ou Crime et Châtimeiit. Je cite' de nouveà-a, au hasard de ma mémoire, d'autres
lin es dé toùt prertJ.iër ordre êgale:mént. 'Nws -ûe uoùvons pas.
davant-age ~ette beauté de co111posi1ion da'ns D&lt;nt Quichotte ni
dans Rô/Jinson. Pou-rqu:ôÏ ne pas tecôhnaitte que l'insuffisance de
ces puîssll.nts réêits est j-ustement Mt1s ce défaut d'ordonnance ?
Nous l'admirons, cette daire ordonnance, dans tous nos classiques.,. C'esr ,me ve1tu nationale, à ne jamais- sacrifier.
Quand on ex-amin~ les récits des romanciers nouveaux., on

du

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

voit qu'ils se laissent volontiers tenter par l'impressionnisme. rr
- Le roman français est un roman bien composé. Les Français seuls savent composer. Un romancier qui veut être éminemment français doit savoir composer. Un impressionnistequi ne compose pas n'est pas un écrivain très français.y ne.
suffit pas d'écrire en français, il faut composer en français. Tout cela, M. Bourget, bon traditionaliste, le redit après ses
maîtres de rhétorique, après les nôtres, après Brunetière, après
Fa~et. Ici tout notre passé littéraire fa~t. bloc. Nos ~remiers
exercices d'écriture s'appelaient compos1t10ns françaises. Le
« Ce n'est pas composé » est tombé incessamment et _tombe
encore des chaires universitaires, tantôt sur un écolier de
troisième, tantôt sur une thès·e d'histoire, tantôt sur MM. de
Goncourt. Et tout cela, d'un certain point de vue, est utile, est
légitime. Ce sont idées anciennes, idées cons_id~rables. Mais.
nous pouvons, nous devons toujours, comme d1sa1t ~ourmont,
les dissocier. Dissocier des idées n'est pas nécessairement les
ruiner. C'est voir d'abord comment elles se sont associées.
En 1912 j'écrivais que, dès qu'on sort des généralités, et decette composition sommaire qui consiste à avoir un commencement, un milieu et µne fin, composition qui existe à peu près
dans toute œuvre d'art, on s'aperçoit que le sens du mot est
très différent dans chacun des arts, en sculpture, en peinture,
en littérature, en musique. Remarque trop évidente, et par ellemême de peu de portée. Mais, pour nous borner à la littérature,,
voyons dans quelles conditions et autour de quels genres la
rhétorique a cristallisé son idée de composition.
,
A des époques précises et autour de deux genres seulement, a
savoir le discours et le poème dramatique.
Pas de discours sans composition. L'eipérience apprend en
effet que si on veut faire entrer des raisons dans la tête _d'un
tribunal, d'une assemblée, d'une foule, il faut que ces raisons
fassent masse, ou plutôt boule de neige, qu'elles s'appuient_Jes
unes les autres en une progression qui prenne le plus possible
les caractères d'une proo-ression
géométrique, qui accroisse
0
•
incessamment la conviction, et qui utilise avec le maximum
d'~ffi.cacité un espace de temps restreint : restreint mécaniquement chez les Grecs, par la clepsydre, restreint organiquement: partout, par la capacité d'attention d'un auditoire. De là~

RÉFLEXIONS SUR LA LIITÉRATURE

597

&lt;:omme dans le vaisseau phénicien de l'Economique, la nécessité
d'un ordre, à la fois artificiel et vivant, dont les rhéteurs siciliens firent un art. Cet art sicilien de la rhétorique, dont les
logographes et les orateurs athéniens donnèrent ensuite des
modèles, dont Aristote, Cicéron, Quintilien étendirent les lois
et les observations en une véritable Institution Oratoii-e, il est
demeuré jusqu'à nos jours l'arsenal de la rhétorique et la maisonmère de la « composition ». Composition et discours sont
presque synonymes. Composition latine ou française, en langue
scolaire, équivaut à discours latin et discours français. Les chaires
de prose latine ou française, dans nos universités, s'appelaient
naguère ou s'appellent encore chaires d'éloquence latine, d'éloquence française. L'Académie française décerne alternativement
un prix de poésie et un prix d'éloquence . li est vrai que l'éloquence qui nous gouverne n'est plus celle de Corax et Tisias
et du plaidoyer, mais celle de Bossuet et du sermon, c'est-à-dire
des trois points. Tout sujet peut et doit se traiter en trois
points, et s'il ne vous paraît en comporter que deux, c'est que
vous ne savez pas « composer». Faute d'un point, vous perdrez
le prix d'éloquence.
En matière dramatique la composition est aussi nécessaire
qu'en matière oratoire. Une pièce mal faite est une mauvaise
pièce, j'entends une mauvaise pièce pour le spectateur. La
Poétique d'Aristote porte sur la composition dramatique, comme
la Rhétorique porte sur la composition oratoire. La floraison du
théâtre en France s'est accompagnée d'une feuillaison de Poétiques ou de Dramatiques, depuis l'abbé d' Aubignac jusqu'à
Sarcey, où la question capitale était celle des règles de la composition : il y avait ici le songe comme il y avait là la prosopopée, ici la scène à faire comme là la péroraison, ici l'exposition comme là l'exorde, etc ...
Voyez au contraire les deux autres grands genres, à savoir
l'épopée et la poésie lyrique. Les prétendues règles de la compos1t1on épique, telles que les reproduit Horace, sont des
f~usses fenêtres, tentées par les critiques ; elle_s ont été vite
discréditées. La vérité est qu'aucune des trois grandes épopées
antiques, l'Iliade, l'Odyssée, l'Enéide, ne comporte une véritable
composition. On ne peut pas ôter une scène à Œdipe Roi, on
peut retrancher, sans les rendre ni moins épiques ni moins

�LA NOUVELLE REVUE FR,A.NÇAJSE

chûres, la moitié de l'Iliade, du No,tos, de la Mnesieropbonio ou
de l'Enéide. Elles ~ont belles avec vingt,quatte gU t\quzi:: çhants,
Elles &amp;eraient pell~s avec quarante-huit ou six, L., corupositioo
n'est pas une partie ii~sentielle de leur etre poétique. Il n'en va
p;is de même cle&amp; p~1tie~ : l'épi&amp;&lt;;&gt;de d'Uly&amp;se chez Polyphème,
de Priam dans la. tente d'Achille, sont des chefs-d'Q!uvre de
composition (qont hl leçon ne sera pas perdue pour le dramç
satyrique et la tragMie). NptoQs cette différence, Elle pous
!iervira tout à l'het1re.
Enfi,n, quapd jl s'agit de l?, poé~ie lyrique, ce µ'est plus la
coinpositiqn qui est érigée et) maxime, c'est l'absence ~e com_ppsiîioq, Il n'e~t pcmhêtre pas de théorie à _laqw:He }301le~u a1i
plt1~ tenu que ce\le du b~:;i..~ dé~9rdreen matuhedehaurlynsme,
Il insiste fortement sm elle ~f-ns ~es œuvres critiques çn ·pr,ose,
et, ce qui est plus gt;ive, il prétepd la mettre ep pr!ltiqus, daµ~
son Ode sur la prise de Namur. Je sais b.ien qiJe B\w1etièr~ et
Faguet ont cru voii: que les grapdes 9des de I,,amartine et qe
Huoo ét;iieot admirablement composées. Je ne crois pas cepen,
d;m~ que le mot c0Qvi1mne. La composition, la clilltributioo c\es
matières, le plan, sont, pour un discours ou pour un c\rame, un
travail préparatoire indispensa.l,)le. Mais pendant qu'u,o poète
lyrique procéderait à cett~ préparatiç&gt;n, l'ü1~piration l_'ahand~.nnerait ; elle reviendrai.\ ens1,1i\e sa h~urter aµx barqGres. du~
Cf\c;lre artificiel qui o,e serait plu$ f1tit poiH elle. Elle coqstru1t
:m coi;itraire son pl;m aq fur et à mesu~e qu'eHe se fait, comm_e
l'çtre vivant constn1it e,n gr\!,nçHssaot le squelette sur leque,l 1J
s~;tppuie. Il y a évidernrnent un qrdry dans les Révolutions, A i:-elle
qui est restée eu France ou lç R~~our de l'Ev,pereur, un, ordre pliltM
qu'un beau dé&amp;Qrdre; in~is Qr,c\rt1 ne signifie pas ici plan : c'e~t
un ordre spontané dé.Dosé par nospira,tiOJ;l1 penda!}t: q\le.stççrivait le poème. Et ce serait évidemment abt1ser des mots qye ~e
le cmnparer à l'orgr'\ d'un ~ermon c\e)3os&amp;uer ou d'une tragédie
de Racin11
Faguet, 4çrival)t sJ.Jr l'&lt;;lrrne du_ Mq,il (article rectleilU. dao~
les Propos- Littfrair~s), dit ql}e 111 livre « ~ i;es ?~faut&amp;,. qm ~o~t
u,n maqque tro,p ab&amp;oh,1, çnhu,e pour une fün\a1S1e, ç.e compos1tlon ». L'é\ern(lHç note, ~ l'e.ocre rougtl, qui foisonne sur les
copies l Bi nhc;ure\\ m~t\que cje composttiqn, qui ,now1_permel
d'qtJvrir l'Orme à n'iniµprte quelle page,, comme Mon,ta1gne ou

RÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

599

La Bruyère! On lit les livres qui sont composés, mais on relit
ceux qui ne le sont pas. Or, un ou deux ans après, parlant du
Mannequin d'Osier, voilà Faguet qui s'avise que c'est une merveille de composition parce qu'il est « en progression bien
ménagée et mesurée. M. Bergeret, mécontent, sans fureur, du
reste, d'avoir été vulcanisé, chasse sa femme; mais, comme il
est de caractère faible, il la chasse en trois fois. Il s'y reprend.
Un pas, puis un autre plus accusé, puis :un autre, définitif. Il la
chasse, d'abord, en la personne du mannequin d'osier sur lequel
elle essayait ses robes, et qu'il jette par la fenêtre. Il la chasse
ensuite en la personne · de la servante dévouée qui prenait les
intérêts de sa maitresse. Il la chasse enfin elle-même, et voilà
qui est d'une composition. admirable. » Très juste. Mais qu'estce que c'est que cette composition? Une composition de
roman? Non. Bien plutôt une composition de théâtre. Certes
personne n'est plus incapable de penser théâtre que M. Bergeret, si ce n'est M. France. Mais voilà que, mis en face de la
situation la pius comique qui soit dans les Gaules, le cocuage,
ils réagissent comiquement, ils font de la comédie, du théâtre.
« Un pas, puis un autre, puis un autre», c'e.st cela même le
mouvement dramatique. Relisez le Mannequin. On a eu l'idée
absurde de mettre le Lys Rouge au théâtre et même au cinéma.
Je suis loin de posséder le' répertoire du théâtre contemporain ;
mais je ne crois pas qu'un industrie} de l'adaptation ait songé à
scénifi.er le Mamiequin, qu'il n'y a pourtant qu'à jeter en l'air
pour le voir retomber sur la scène, y marcher,, y comporter ses
trois actes, y fair ses trois pas. Il y.a le Cocu imaginaire.. Il y a
le Cocu magnifique, il y a Dardamelle ou le cocu glorieux, le
Tartarin de la corporation. Il y aurait, ,en M. Bergeret, le .Cocu
malin r ]'Ulysse de la grande. armée. Et voilà pourquoi le livre
peut recevoir en marge, dè la main de Faguet, l'apostille : « Bien
composé »-Notez que plusieurs des romans de M. Bourget ont
été ainsi, et pour les mêmes raisons, portés d'eux-mêmes au
théâtre, où, ils résistaient mieux que les tableau~ épisodiques
adaptés des romans des Goncourt, de Daudet, de Zola,
Si l'on s'en tient-aux anciens genres, on, trouve donc que la
composition au sens plein du terme, c'est-à-dire la composition
préconçue, est issue des nécessités de deu genres déterminés,
florissants en notre âge classique, le développement oratoire et

�600

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'œuvre de théâtre. Que dirons-nous du genre qui tend aujourd'hui à absorber les autres, - le roman?
Notons d'abord que lorsque M. Bourget exhorfo les romanciers à vénérer surtout l'arche sainte qu'est la composition, il
semble bien qu'il prêche pour son saint. Aucun romancier ne
compose d'une manière aussi habile, aussi nette, aussi apparente que lui; la qualité qu'on· peut le moins lui refuser c'est la
solidité de la construction : il y a dans sa soupe bien des
légumes venus des jardins de Taine, de Balzac, de Walter
Scott, mais ces légumes, associés à un pain bis, font une assiettée
épaisse, substantielle, nourrissante, je dirai même auvergnate :
soupe qui n'est évidemment pas signée Montagné, mais qui
tient debout la cuiller, qui tient solide dans l'estomac, et que
j'avoue manger de bon appétit presque chaque fois que M. Bourget publie un roman nouveau. Dans presque tous les livres
de M. Bourget, on reconnaît un homme qui a expliqué le Conciones, qui a pensé avec Taine et Brunetière, et un des rares
écrivains d'aujourd'hui qui ait fait visiblement et loyalement sa
rhétorique, Quico11que a le goût et le sentiment de la tradition
française, dans son fonds ancien et son étoffe solide, lui en sait
gré. Un roman de M. Bourget est composé comme un discours
de Tite-Live ou une tragédie classique. Mais qu'est-ce à dire
sinon précisément qu'un roman de M. Bourget nous apparaît
peut-être moins comme un roman pur que comme un recoupement romanesque des deux genres à composition, l'oratoire et
le dramatique ? M. Bourget a un style oratoire et même un but
oratoire, comme Taine et comme Brunetière. In narratione
orator. Il écrit des romans à thèse pour prouver et pour convaincre, ce qui est besogne d'orateur. Le récit prend spontanément chez lui la forme du discours, d'un fl.o t qui roule, d'un
ensemble en marche, marche ordonnée méthodiquement,
j'allais dire militairement. Mais l'oratoire à lui seul ne donnerait
rien, si M. Bourget n'y joignait précisément un don dramatique
des sîtuations, des crises: le talent de l'exposition, l'art des préparations sont chez lui visibles, peut--':tre trop visibles ; la
scène à faire, en général une grande scène d'explication,
est amenée aussi immanquablement et à une place aussi
déterminée que chez Sardou et Henry Bataille. Les marronniers de Figaro ne manquent pas davantage, où tous les per-

RÉFLEXIONS SUR LA LI'ITÉRATURE

6or

sonnages sont conduits et s'entrecroisent, soit par hasard, soit
par le mouvement même et la logiqùe de l'œuvre. Dire que
M. Bourget sait admirablement composer, c'est donc dire
qu'avec lui le roman verse à la fois dans l'oratoire et dans le
dramatique. Ce cas qui lui est particulier, ce cas Bourget,
n'est-ce pas par un mirage tout naturel et par une projection de
sa propre nature, que M. Bourget, lorsqu'il disserte sur son art
l'érige en règle et en nécessité du·roman?
· '
Il cite comme des exemples de « composition » : Eugénie

Gratukt, Colomba, Ma.dame Bovary, Germinal, François Je
Champi, le Nabab. C'est vrai pour Colomba etFra11çois le Champi,
un peu moins pour Eugénie Gra11det, fort peu pour Madame
Bovary, Germinal, le Nabab. Ces trois derniers romans sont au
contraire formés d'épisodes, tous intéressants, mais tels qu'on
pourrait en supprimer plusieurs ou en ajouter plusieurs sans
que l'ouvrage perdit sa signification. Il en est de même des
romans que M. Bourget déclare mal composés : Wilhelm
Meister, les Pc"itains, David Copperfield, le Moulin sur la Floss,
À11na Karénine, Crime et Cbâtiment. Je crois que "tout esprit non
prévenu reconnaîtra que le rythme, la disposition de Madame
Bovary se rapprochent beaucoup plus de ceux d'Anna Karénine
q~e de ceux de Colomba et de n'importe lequel des romans, si
b~en composés, de M. Bourget. Tolstoï nous dit qu'Anna Karémne lui étant payée à la page, il fit, pendant qu'il l'écrivait, de
grandes pertes au jeu, et dut, pour cela, allonger beaucoup son
roman. Donc, Tolstoî, s'il et\t amené plus souvent le roi à
!'écarté, Ânna Karénine eût été plus courte. Eût-elle été meilleure ou moins bonne? Nous n'en savons absolument rien. En
tout cas elle elÎt été encore At111a Karénine. C'est un fait que
l'imm~nse majorité des grands romans européens, de ceux qui
font partie de notre vie comme notre histoire même, individuelle ou nationale, ne sont pas des « compositions » oratoires
ou dramatiques, màis de la vie qui se crée elle-même à travers
une succession d'épisodes.
« Nous l'admirons, cette claire ordonnance, s'écrie M. Bourget, dans tous nos classiques, dans Corneille comme dans
Racine, et dans Molière comme dans La Fontaine, dans la Princesse dt Clèves, comme dans Candide et Manon Les.caut. C'est une
vertu nationale, à ne jamais sacrifier. )) 0 le dangereux natio-

�602

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nalisn;ie ! C'est avec ce raisonnement que l'Académie Française,
gardienne de la o: vertu nationale » et de la tradition française,
a exclu, depuis Balzac, presque tous les grands romanciers
français, parce que Madame Bovary n'est pas « composée ,,
comm~ un djscours du duc de Broglie ou une étude de Brunetière, parce que Numa Roumestan n'a pas la bâtisse de Theodora
ou de Célimare le Bien-Aimé. Le romancier n'a pas à composer
comme l'orateur, mais à disposer comme la yie, avec laquelle
il collapore et qu'il inùte. Que nous dte ici M. Bourget~ Corneille; Racine et Molière, qui sont des hommes de théâtre, La
Fontaine qui est un conteur, la Princesse de Clèves et Manon
Lescaut qui sont des nouveUes, Candide qui est une simple succession de scènes et de propos destinés à prouver q~elque
chose. Où est donc le roman? Le roman, genre nouveau, veut
des vertus, nationales ou autres, sur ses propres mesures, non
des vertus· qui aient déjà servi.
On l'a dit bien souvent. Que le roman descende plus ou
moins de l'épopée, il tient chez nous la place du poème épique
dans d'autres civilisations. Or, nous l'avons vu, le poème
épique n'exige nullement la composition oratoire ou dramatique. L'Odyssie a vingt-quatre chants. Elle aurait pu, comme
Anna Karénine, être plus longue ou plus coùrte, à la fantaisie
de celui qui les a réunis. C'était toujours l'Odyssée, l'histoinf du 7tOÀlYtpoitoç, la vie . industrieuse du roseau pensant
et actif, plus fort que la nature et la fortune. Mais allez donc
enlever la confirmation du Pro Milane ou un acte de Polyeucte 1
L'épopée ne demande pas de composition. Seulement les
épisodes, dont elle est formée, en exigent une. Ils sont faits de
disçours et de courts récits. Or le discqurs est composé, le
court récit est composé. Et précisément on verra, quand
paraitra l'Odyssée de Victor Bérard, à quel point l'épisode
homérique est lié à ces deui genres parlés et composés : le
disçours cher aux Grecs et la représentation dramatique.
Comme l'épopée le roman est formé d'épisodes, tous _destinés à
faire connaître les mêmes personnages, et donnant autant de
coupes sur le même flux dé vie. Et ·ces épisodes, eux, exigent
une composition, à laquelle ne manque aucun grand ronian..
cier. Il n'. y a rien au-~essus de la composition du Comice
Agricole dat1s Madame Bovary. Le~ épisodes de Dîckens et

REFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

d'Eliot, de Tolstoï et de Dostoïewsky se détachent, ou plutôt
s'auiicbent, pareillement.
Mais il y a un genre où l'épisode est seul, vit pour luir.même,
et où par conséquent la composition est tout : c'est la nouvelle.
Qui le dit, et fort bien? M. Bourget lui-même. La matière de
la nouvelle, écrit-il, « est un épisode, celle du roman une
suite d'épisodes. Cet épisode, que la nouvelle se propose de
peindre, elle le détache, elle l'isole. Ces épis.odes don.t la sùite
fait l'objet du roman, il le~ agglutine, il les relie. Il procède
par dév~loppement, la nouvelle par concentration. Les. épisodes
du roman peuvel)t être tout menu$', insignifiants presque. C'est
le cas dans Madame Eovary et dans l'Ed11cation Sentimentale. L'épisode traité par la nouvelle doit être intensétnent significatif. »
C'est juste. M;i.is pourq.1;1oi, &amp;Otl ~ cette étiquette de « composition 'l'J empruntée à la, rhétori.que classique, M. Bourget
réunit-H les deux opérations contraires_, celle de la nouvelle qui
concentre, celle du roman q\li étend et disperse. Le roman,
dit-il, « agglutine 1;t relie » des épisodes. Soit. Mais le romancier i1e çomp0s1; pas u,_n roman comme il compose ses épisodes,
tout au moins un rotnai.ciet plJrement romancier, non or.a,teur
ni dratnaturge. Un romancier, ayant conçu l'embryon de ses
personnages, vit avec ces personnages, se la.isse conduire par
leur&amp; eiigences de 'lie, se garde de vivre leur durée a.vant
qu'eul(-mêmes l'aient vécue. Les critiques à principes condamnetH la fin de Julien Sorel qui tue par vengeance alors que son
« caractère » e~t l'ambitioQ., celle d'Emma Bovary qui se tue
pour des affaires d'argent alor:i que son « ca.rac.tère » la classe
dans les afü;1(r~~ d'.amour ; ih reprochent tout simplement îci
à Stendhal et là à Flaubert, d'avoir laissé fa. vie se ,former,
déposer et s'achever comme elle fajt dans la réalité et dans un
tact de rom3-ncier qui crée, au lieu de l'avoir fait conclure
comme concltJt l'esprit d'un discours qui prouve. L'expérience
nous montre q1;1'un certain idéal de « composition 11 classique, portant &amp;_Ur les c.ar-actère__s- et sur l'œuvre,. doit être
considéré comme uu danger et un ennemi du roman : lisez
un roman écrit par un. schala;r comme l' Etienne Mayran de
Taine! Compo~er, dit M. Bourget, est « le è.onseil qu'une
critiq1te bienfaisante donnerait à c.es jeunes écrivains » trop,
purement impres$ionnistes, Je crois qu'il faudrait mettre

�LÀ NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

les plus gtandes précautions à pratiquer cette bienfaisance.
Sainte-Beuve, dans l'article qu'il écrivit à la mort de Balzac,
dit : « Il y a trois choses à considérer dans un roman : les caractères, l'action, le style. » Il n'emploie pas, dans cette table des
valeurs justes, le mot composition. Mais trois pages plus loin il
écrit :. (( M. Eugène Sue est peut-être l'égal de M. de Balzac en
invention, en fécondité, en composition. ii La composition a
pris place dans les trois qualités, plutôt inférieures, en lesquelles
un Eugène Sue peut dépasser un Balzac.
En réalité, il y a deux grandes di visions de l'art littéraire :
l'art à qui le.temps est mesuré et l'art qui dispose librement du
temps. Le discours, la conférence, le théâtre, la nouvelle sont
des genres très différents, mais ils présentent ce caractère commun d'être contraints à utiliser un minimuii.1 de temps pour un
maximum d'effet. De là la nécessité et les lois de la composition.
Le l,yrisme, l'épopée, le roman, disposent au contraire du temps
à la façon de la nature elle-même. Un même sentiment, l'amour
d'une femme, la mélancolie de la mort, peut être exprimé en
un sonnet, mais aussi en un long poème lyrique, en un recueil
lyrique, en une douzaine de recueils lyriques. Un Pindare ou
un Stesichore ne pouvaient chanter ou faire chanter trop longtemps devant leurs auditeurs, mais un Shelley ou un Hugo
peuvent chanter indéfiniment les mêmes choses pour leurs
lecteurs. L'épopée peut s~ répandre en liberté, et le roman
aussi. Voyez la faveur avec laquelle le public accueille les longs
romans, les romans-somme qui donnent non une sensation d'ordonnance et de composition, mais de long fleuve vivant : les
Misérables, les grands romans russes, jean-Christophe, demain,
peut-être, les Thibault. Le genre s1:1prême du roman est probablement là. Une « critique bienfaisante » ne saurait faire naître
ces œuvres cycliques. Elle peut du moins leur sourire et les
saluer, leur conseiller de ne pas s'inquiéter devant le vieux « Ce
n'est pas composé 1 » C'est notre plaisir. Mais c'est aussi un
devoir de savoir gré à M. Bourget de cette critique technique
que loue si justement en lui M. Charles Du Bos à la fin de ses
Approximations : critique technique, critique des genres, que
M. Bourget tient en p&lt;lcrtie de Brunetière, que chaque génération
est appelée à modifier, à rectifier, et dont il importe de ne pas
laisser perdre la tradition et le goût.
ALBERT THIBAUD'ET

CHRONIQUE DRAMATIQUE

THÉATRE DE L'ŒuvRE: L'Enfant truqué, pièce en 3 actes, de
M. Jacques Natanson.
ÛDÉON: La Dent rouge, pièce en 4 actes et 6 tableaux, de
M. Henri Lenormand.
GYMNASE : Judith, drame en 4 actes et 7 tableaux, de
M. Henry Bernstein.
Vous c.onnaissez Marivaux. C'est l'analyste des choses du
cœur, raffinant sur le sentiment et la passion avec élégance et
préciosité, célébrant les femmes et leur donnant la première
place, entièrement soumis à leur pouvoir. Il est agréable à
entendre. Il est pénétrant et vrai sous son maniérisme. Pourtant, il est bien quelquefois un peu fade et impatientant. Nous.
avons mis plus de rapidité en toutes choses, même dans
l'amour, moins de grâce aussi, peut-être? plus de franchise
moins d'esprit de sacrifice - et de soumi.ssion. Nous somme~
moins portés à recouvrir et masquer de jolies phrases ce qui
n'est au fond qu'une question physique, que pur attrait sensuel.
Chamfort entendait blâmer l'amour tel qu'il le voyait de son.
temps quand il a dit : « L'amour n'est q_ùe l'échange de deux:;
fantaisies et le contact de deux épidermes. &gt;i L'amour n'est pourtant que cela, ce qui n'empêche nullement la passion et les
gran?s déchirements. On commence par le goût, par le simpleattrait du plaisir. Le li.en se forme ensuite, souvent profond et
~urable, né de ce même plaisir. L'amour sans le physique ?·
l amour idéal ? l'amour platonique ? C'est une rêverie de
malad~, c'est pure hypocrisie, ce sont des phrases pour romans
pour Jeunes filles. Le véritable amour et le plus fort c'est'
l'
'
,
amo~r physique. Je demande qu'on me montre l'homme qui
aura aimé pendant toute sa vie une femme sans l'avoir jamais.

�606

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

eue. Il me fera bien rire. Mais je m'aperçois que je commence
déjà à déborder de mon sujet. Je veux seulement dire que nous
avons un nouveau Marivaux. Non pas tel que nous connaissons
le premier. Mais un Marivaux ~niquement cérébral, jugeant
l'amour et le peignant uniquement en philosophe cynique,
férocement misogyne par-èlessus le marché et mtilttant à exprimer cette misogynie le plus mordant esprit, plein des traits les
plus vrais. Je vous le présente en la personne de M. Jacques
Natanson, un auteur dramatique de vingt et un ans. Son premier ouvrage, L' Age heureux, également représenté à l'Œuvre
Ia saison dernière, avait déjà rensefgné sur les tendances de son
esprit. Avec sa nouvelle pièce, L'Enfant truqué, il n'y a plus à
douter de ces tendances, nî surtout de son grand talent d'auteur
dramatique. Assez d'autres nous montrent sur là scène les
femmes comme des idoles devant lesquelles tous les hommes
plient et auxquelles ils sacrifient tout. M. Jacques Natanson
paraît vouloir nous dire quelques vérités sur leur compte et
nous démontrer 9.u'e-lles sont un peu moins fortes quand on se
mêle d'user. avec elles de leurs propres moyens.
Un homme a beaucoup souffert par les femmes penda,nt toute
sa vie. Il résu1ne ainsi son histoire sentimentale, arrivé à cinquante ans : il a toujours donné sans jamais recevoir; il s'est
toujours attaché et il a tourours été quitté, il a tolifou:rs cru que
la nouvelle aventure alhiit 1e consuler de· toutes leS' autres et el]é!
n'a toujours été qu'une déception de plus. Ce rôle désavantageux en amour a a:treint pour lui les proportions d'une véri-table
vocation. Comme,il n'est pas un niais, qu'il a a'u com raire le
don de l'ob-servatioA et le sens· de l'ironie, il à beaucoup réfléchi
sur tout cela et il a fait de -son ·t::xpé rience comme une sorte de
code de combat passionnel con,tre le:s femmes.
Il a un fils, qui a atteint l'âge de vi ngt ans et qui est fort jolt
gar(l:On. Il l'a élevé tout spécialement pour mettre ce wde en
p:ratique , pour être, lui qui aura été averti, renseigné et prémurri sur le compte des femmes, le vengeur de tous les hommes
dupés pa-r elle·s . Il a même trouvé un moyen assez remarquable
pour rerrforcer son enseignement. :Il a donné à son fils, comme
une sdrte de précepteur1 un autre joli garçon, son aîné de
quelques anné,es, qui tire toute sa subsistance et'tout l'.1rgent de
ses plaisirs des femmes dont il e;st aimé. Il semble hién, en

CHRONIQUE DRAMATIQUE

effe~ qu'il n'y ait pas de meilleur moyen, pour rnettte un tout
jeune homme en garde contre l'empite des fetilmes, que de lui
donnerpour mentor un homme qui joue auprès d'elles le rôle
même qu'elles jbuent généralement auprès de nous~ et de ltti
montrer par là qu'entre les deux m:tnières il n'y a que la distance d'un préjugé et que tout l'avantage des femmes ne tient
qu'à c,e prèjugé. Ce personnage, que je ne trouve nullement
blâmable'" je me dépêche de le dire pour rass~rer mes lecteurs,
explique de façon délicieuse autant que naturelle le mééanisme
de son agréable carrière. « Cela a débuté presque sans que je
m'en aperçoive. Elles (les-femmes) ont commencé par me vré•
ter de l'argent que je ne leur ai pas rendu. Je n'aurais pu le leur
rendre, d'ailleurs, n'en ayant que par elles. Cela a éontinué.
C'est devenu maintenant chose toute simple. Je suis beau, elles
m'aiment, ·e t c'est une partie de leur amour, et peut-être la
meilleure, de subvenir ainsi à tous mes besoins. » Le pète a de
la jubilation à voir un botnme qui sait si bien utiliser les femmes.
Quelle différepce avec lui, quelle supétiorité sur lui, qui a toujours été bafoué par elleS', qui a passé sa vie 1 souff:rir par eJles 1
Il voit dans. la vie et les actions de ce garçon tous les éléments,
tous les principes d'une morale amoureuse autrement supérieure
à. la morale habituelle. Il ne doute pas que son fils, sons l'égide
d'un compagnon qui sait tirer de si beaux profits cfe l'amour, ne
soit de tons points le vengeut' qu'il a souhaité,
L'enseignement qu'il lui a donné · personnellement peut se
résumer en ceci, sur la conduite à tenir à l'égard des femmes :
faire exactement avec elles·-ce qu'elles font a.vec ncrni~ savoir
toujours dire à temps, avant ellesi les paroles qu'ellés nous
disent, en un mot être, en toutes circonstances, encore plus
femme qu'è)les. Engager le jeu, mais ·savoir se retenir à temps,
4 uelq,ue fièv re qu'on se sente déjà~ quelque àrdeur d'al~er plus
loin qu'on éprouve. Paraître s'à:bandonner 1 avoir Yatr d'être
pressé de se donner, mettre l'eau à la bouche à sa. partenaire,
et se reprendre aussitôt, sans qu'ü y paraisse, détaché, i.ndiff~
rent ou capricieux. Toujours dire, comme elle,s , des non qui
signifient oui, et des oui qui signifient non.. Il hü rappelle sonvent comment il l'a dressé, tout enfant1 à cette gymnastique
sentimentale, par un exercic~ physique qui consistait à 1e fa~re
courir à peFdre hàleine dans nn patc, et quand il était .épuisé à

�608

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

lui tendre un verre d'eau fraiche dans laquelle il lui permettait
de tremper seulement le bout des doigts. C'est là, en raccourci,
tout }'essentiel de son enseignement. Pousser les choses très
avant en gardant son sang-froid, et laisser l'adversaire en plan.
&gt;
Lr•
A
;c
Le jeune homme objecte que les femmes souunront peut-dre .
« Il faut qu' lies souffrent, répond le père. Songe à t~n père qui
a souffert. Songe à tes frères qui ont souffert, qui souffrent
encore, à ceux qui souffriront». li lui permet cependa~t q~elques concessions, quelques adoucissements: « A~ beso1~, s1
y tiens, caresse-les un peu, et jette-les d~hor~ ausstt~t. l&gt; J a_urat~
mieux aimé, pour ma part : « Au bcsom, s1 tu y tiens, fa1s-to1
caresser un peu, et jette-les dehors aussitôt. » Ce père ne compte
plus les ar!!Uments que ses expériences lui ont fournis pour prouver l'inég:iité du jeu dans les choses de l'amour. Il dit_ notamment à son fils i &lt;t Explique-moi, par exemple, pourquoi le mot
maîtresse n'a pas, en amour, son équivalent masculin ? Quelle
meilleure preuve de notre duperie'. de notre ~sclavage l Ne
sens-tu pas qu'il est temps de nous libérer ? » Le 1eune hom:ne
semble douter que les femmes ne voient pas clair da~s son 1eu
et s'y laissent prendre . Le père le rassure sur ce ~OJnt p~r un
aphorisme que je cite entre cent autres que ~o~ttent la pièce&gt;
tout aussi spirituels dans leur forme que v~nd1ques. dans leur
fond. « e t'inquiète pas de cela. Elles te croiront tou1ours. _Les
femmes ont une crédulité sans borne parce qu'elles se crment
être seules à savoir bien mentir. »
Ce père ne s'est pas borné à cet enseignement donné à son
fils et qui nous est expliqué par les propos des personn~es
pendant le premier acte. Il lui a encore meublé une garçonmère
destinée à ses rendez-vous. Il met à sa di position tout l'argent
dont il peut avoir besoin. Enfin, lui-même, il lui choisit et lui
procure des femmes. Nous voyons le jeun: homme dans s~
première expérience. Il s'agit d'une toute 1e~e femme ~~ 1
l'aime vraiment, sincère dans son amour, pleme de la ~ens1b1lité et de la tendress les plus charmantes. Il se conduit assez
proprement avec elle. Après l'avoir aimée_ ou f~in~ d~ l'aimer et
s'être laissé aimer pendant quinze jours, 11 lui s1g01fie presque
brutalement son congé et la laisse partir malgré ses larmes et
malgré son propre attendrissement qu'il maîtrise et rcfoul~.
C'est une première victime. Son père est assez content de lut.

t?

CHRONIQUE DRAMATIQUE

Le maquereau trouve aussi que les choses vont assez bien. On
passe à une autre expérience.
li s'agit cette fois d'une femme mariée, sorte de coquette et
de vicieuse, que le père a fait se rencontrer dans un salon avec
son fils et à laquelle a plu le joli visage du jeune homme, et,
sans doute, a-t-elle pensé eo elle-même, sa jeunesse à instruire.
Elle vient le voir dans sa garçonnière. Le père l'a prévenu, lui
a renouvelé tous ses préceptes. Ce sera le jeu classique. Elle
n':i.ura que cinq minutes à lui donner. Pas même le temps d'ôter
sou chapeau. Qu'il n'insiste pas. Qu'il prenne pour vrai tout ce
qu'elle lui dira. Au bout des cinq minutes, ce n'est pas seulement son chapeau qu'elle aura ôté, mais encore ses fourrures,
pour commencer. Qu'il n'oublie pas non plus d'avoir bien soin
de la prtvenir pour toutes les choses qu'elles disent toutes en
pareille circonstance, et qu'il soit bien le premier à le lui dire,
a,,1nt qu'elle les lui dise elle-même. C'est extrêmement important. Tout se passe ainsi, et la scène est merveilleuse et jouée à
merveille par les deux interprètes. Le jeune homme joue absolument le rôle de la femme, et celle-ci, décontenancée, surprise, tous ses effets supprimés ne sait plus que faire ni que
penser eo entendant dans la bouche du jeune homme tous les
propos qu'elle avait préparés. Les cinq minutes annoncées sont
à peine écoulées que devant la tranquillité du jeune homme et
sa façon de trouver tout naturel qu'elle n'ait pas plus de temps
à lui donner, elle a noo seulement ôté son chapeau, mais encore
quitté ses fourrures et s'est étendue sur un divan en montrant
quelque peu ses jambes. On parle de l'amour et le jeune homme
joue son rôle : son âme est une énigme, il n'est pas comme les
autres hommes, il ne faut pas le juger d'après eux, beaucoup de
femmes très bien ont voulu l'aimer mais il a résisté, il s'est
réservé pour le véritable amour, pour un :i.mour digne de lui.
L'a-t-il enfin rencontré ? Il voudrait bien le croire. Ce serait un
grand bonheur. Qui sait, pourtant? Les femmes sont si trompeuses ... En un mot, ce sont, dans sa bouche, tous les propos
que tient une femme quand un homme lui fait la cour et qu'elle
n'a l'air de résister que pour mieux céder. La femme, qui n'a
cessé de le regarder en l'écoutant, dans un étonnement grandissant qui frise le dépit et l:i. méfiance, finit par lui demander
s'il est sincère ou s'il s'amuse. Il est sincère, parbleu I et il le
39

�610

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

proclami!. Elle se trouve alors réduite, ,lui jouant si bien. le r6le
de la femme, à jouer, elle, le rôle de 1homme. Elle arn ve aux.
propos équivoques, aux. allusions libertines, aux gestes inviteurs.
Elle garde l'espoir qu'il va bien finir par l'entraîner dans la
chambre à coucher. Il se tient au contraire très loin de l'entrée
de cette pièce, comme quelqu'un qu~ n'esi: pas pr~ss_é, qui n'y
pensë même pas, qui rougirait même d'y penser. St bien que les
rôles se renversent complètement. C'est elle qui, le prenant par
la main, l'entraîne presque de force vers le lit, comme font
habituellement les hommes avec les femmes, et c'est lui qui,
minaudant, résistant, f.ait des manières, joue la vertu et a des
airs de pudeur effarouchée, comme en font et comme en ont
les femmes en pareil cas.
Après l'amour, il s'agit de rompre, de laisser en plan la par•
tenaire, de la faire souffrir, de faire d'elle, selon l'enseignement
du père, une nouvelle victime expiatoire.,. C'est la matièr_e du
dernier acte. Le père demande à son fils sil est sür de lm. Le
jeune homme est plein d'assurance. C'est l'affaire d'un quart
d'heure. Son père sera content de lui. Le père s'en va, étant
entendu qu'il téléphonera dans un quart d'heure pour savoir le
résultat. La femme arrive, le jeune homme joue l'homme froid,
piéoccupé, indifférent. Elle s'étonne, s'inquiète et questionne.
Il déclare tout net qu'il ne l'aime plus et qu'il veut rompre.
C'est alors à la femme, dont la finesse naturelle et l'intuition
d'amante se sont éveillées, de jouer sa partie et de défendre son
amour. Tour à tour ardente, suppliante, dédaigneuse, moqueuse, dure, tendre, elle arrive à ébranler le jeune homme, à
le faire faiblir dans son jeu, presque à le confesser. Le père
téléphone pour savoir de son fils si la rupture est chose faite.
Le jeune homme ne peut que lui répondre d'une voix ~al
assurée : non, pas encore, tout à l'heure. La scène se poursmt.
La femme se fait de plus en plus éloquente. Le jeune homme
perd de plus en plus de t:rrain, ~bandon~~ de plus en ~lus son
jeu, ou ne le joue plus qu à demi. Le plaisir a créé le lien. Les
souvenirs, les rappels du plaisir agissent. Il n'a pas non plus
vino-t ans pour rien. Sa tendresse et son besoin de tendresse sont
plu: forts que la dureté et la sécheresse qu'il affecte. Autant il
faiblit, autant la femme gagne. Il est là, enfoncé dans un fauteuil, cachant son visage dans ses mains, ne se défendant plus

CHRONIQUE DRAMATIQUE

6rr

~ère qu_e par des gestes. Elle est debout à deux pas de lui et
dune voix émue, et peut-être avec sincérité, elle lui débite, romanesquement, toutes les niaiseries élégiaques dont on dit
qu'elles ~ont l'amour, toutes ces faiblesses qu'on célèbre comme
des motifs de bonheur. Elle lui jette même cette vérité p ît'l
1. .
' ara
1, que ce UJ qui ne veut pas être esclave n'a 1
·amais aimé c
.
'
è
'
1'h
qm ~ e~t gu re a onneur de l'amour. Finalement, comme' ile
fallait s _Y attendre, , le jeune homme, se défendant de · plus en
plus
faiblement, s abandonne à ses sentiments , et fi m·t par
,
s élancer dans les bras de la femme, éperdu d'amour. Juste à cc
momen~,
pè'.e survient. Le manque de nouvelles par le téléphone 1 a mqu1été. Il est accompagné du joli garçon si bien
entretenu par ses maîtresses. 11 voit son fils et la femme enlacés, juge du travail et de l'écroulement de son œuvre. 11 injurie
la femme et la chasse. Il cherche ensuite à réconforter son fils
à le remettre à flot, à le tirer de sa défaite. Mais l'autre n'es;
plus qu'un amoureux ordinaire. Il aime sa souffrance comme
o~ dit. Il ne veut rien entendre. Il ne croit plus rien de ce que
dit son. père. Il défend la femme contre lui, et gémissant,
a_rd~nt, 11_ ne_cesse de répéter avec délices ce mot qu'on voulait
si bien lm fa.1re détester : ma maîtresse ! ma maîtresse! Le père
appelle alo_rs à la_ re_sc?usse c~ntre son fils le maquereau luimême. ~fats celm-ci s attendnt, prend le parti du jeune homme
et conseille au père de le laisser suivre son amour. Il se révèle
.ainsi, lui qui est pourtant payé pour savoir ce que valent les
femmes, soumis lui-même à leur pouvoir. Cette attitude n'a
d'ailleurs rien pour surprendre. Ce personnage, au premier
acte, en même temps qu'il explique la nature de ses relations
avec les femmes, laisse voir quelques doutes sur la beauté de
sa conduite et la met, en s'en blâmant, sur le compte de sa
paresse. La valeur _m orale de son r6le lui échappe. Aucune
envergure. Ce n'est qu'un petit maquereau comme on en voit
~nt. De;ant tant de défaillance, le père abandonne la partie, en
Jetant à l adresse de son fils, de son mentor inutile et de tous
leurs pareils en esclavage ces mots justes dans leur comique :
« Moules ! moules ! moules 1 »
On comprend, je pense, le sens du titre de la pièce : L'enfa1it
truqué? Au fond, dans la pensée de l'auteur, le personnage vrai
dans so n natu re1, c' est cel ut· que nous voyons au dernier acte. '

1:

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

612
Une dame m'a dit, après avoir entendu la pièce, et parlant de
l'auteur : &lt;t Il a probablement eu certaines aventures désagréables, pour s'exprimer ainsi sur le compte des ,fe~mes. '.)
Voilà qui n'est pas du tout un argument. Don J~an n avait p~sa
se plaindre des femmes et pourtant il ne regardait pas à les fane
• souffrir et on peut penser qu'il ne les estimait guère. Aimer les
femmes physiquement et ne pas les aimer moralement, cela va
très bien ensemble, cela ne se contredit pas du tout. C'est tout
de même curieux qu'on ne puisse pas voir clair en un sujet, sans
être soupconné de se payer de certains mécomptes. Exemple :
un écrivai~ qui, faisant de la critique, dit tout ce .qu'il pense et
trouve partout, comme il en est forcément, plutôt des défauts
que des perfections, plutôt de la bêtise gue de l'esprit et plutôt
du ridicule que de la grandeur. Ou veut à toute force qu'il juge
ainsi par rancune, jalousie, déception, vengeanc~.' manque d~
réussite, caractère aigri, carrière ratée, alors qu il est, tout a
l'opposé, le meilleur exemple d'un écrivain, ~u~, ay~nt ~rès peu
produit et sans rien demander à personne.' na 1ama~s nen produit dans l'indiflérence et s'est au contraire conqms quelques
lecteurs si bien qu'il est fort loin d'avoir à se plaindre de qui ou
quoi qu~ ce soit. C'est de moi-mê~e qu_e je parle ici, je tiens à
le dire pour le cas où on ne le devmera1t pas.
On peut avoir été aimé par les femmes et leur garder rancune
pour les travers de leur caractère qui gâtent si souvent les
·plaisirs de l'amour. M. Jacques Natanson a fait du pèn:: de son
héros un homme qui n'a eu que des déconvenues avec les
femmes. Il aurait pu, il aurait dû en faire, au contraire, un
homme à bonnes fortunes ayant toujours gardé la faculté de
juger ses partenaires. Sa pièce y efl.t gagné et ces dames
n'auraient pu dire, tant de l'auteur que de son personnage,
qu'ils ue parlent ainsi des femmes que pour se venger de leurs
mauvaises aventures avec elles.
M. Jacques Natanson a vingt et un ans, dit-on. Peut-on, à cet
âge avoir eu tant d'-aventures, heureuses ou malheureuses, et
les ~yant eues, peut-on être capable d'y voir si bi~~ clair? Mon
avis est plutôt celui-ci : M. Jacques Nat~uson est 1mf. li a le don
intellectuel des juifs : une grande capacité de t~ut anal?er, de
tout dissocier, de tout décomposer, de découvnr de qu01 toutes
choses sont faites et comment. Il a dû s'amuser à regarder de

CHRONIQUE DRAMATIQUE

613

très près le phénomène nommé amour, qui n'est pas au fond
très compliqué, ni très relevé, et au lieu de le prendre du point
de vue du sentiment, qui fausse tout, il l'a pris du point de vue
de l'intelligence, bien que ce mot et ce qu'il signifie n'aient
guère affaire avec l'amour. Quoi qu'il en soit, sa pièce est
remarquable. Le premier acte, avec le jeu soutenu de ses répli•
ques toutes mordantes et spirituelles, sans aucune d'inutile et de
forcée, n'était pas un ouvrage facile. On en entend rarement
d'aussi pleins en même temps qu'aussi amusants. De même,
comme je l'ai dit, la scène de séduction entre le jeune homme
et la coquette, traitée et conduite de façon .étonnante. De même,
l'acte final, avec son caractère de satire douloureuse.
La même dame dont j'ai parlé plus haut m'a dit aussi, en
parlant de la pièce : « C'est fait par un tout jeune homme.
C'est sans importance. )J Je livre cette opinion aux réflexions des
femmes, s'il en est qui me lisent. Que signifie-t-elle, tout au
fond? Que l'auteur, malgré tous ses sarcasmes et toute sa pénétration, en passera par où passent tous les autres ? Ce doit être
cela.
Je crois que c'est au deuxième acte. Le père expliquait à ~on
fils, avant son entrevue avec la coquette, comment il devait s'y
prendre avec les femmes, étant donné ce qu'elles sont. Il venait,
je crois bien, d'énoncer entre autres aphorismes véridiques
celui que j'ai reproduit plus haut : « Les femmes ont une crédulité sans borne parce qu'elles se croient être sêules à savoir
bien mentir. ,, Une jeune femme, et jolie, placée derrière moi,
se mit à dire : « Qu'est-ce que nous prl!nons ! ,, « Et mérité ! ,,
dis-je de mon côté. Il m'a semblé que s'élevait alors, autour de
moi, chez les spectatrices, un murmure peu favorable.
La pièce est fort bien jouée par M. Harry Krimerdansle rôle
du jeune homme, M. Dartois dans celui de !'Alphonse sentimental, et Mesdames Suzy Prim et Corciade dans celui de la
première jeune femme et celui de la coquette victorieuse. C'est
M. Lugné Poe, le directeur de l'Œuvre, qui joue le rôle du
père. Il y a longtemps que j'en ai jugé et c'est souvent que je
l'ai dit que M. Lugné Poe est un comédien extraordinaire. Je
n'ai vu chez aucun acteur un tel manque de souci de l'effet,
une pareille soumission au rôle, une pareille manière de jouer
pleine de dessous, toutes les nuances d'un rôle interprétées et

�614

")

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rendues fi.dèlementi en un mot un acteur dédaignant à ce point
les ficelles de l'art du comédien. Il a eu raison, pour lui et pour
n.o tre plaisir, de jouer le rôle dii père dans l'Etijant trnq11é. Le
caractère sarcastique, amer, blessé et orgueilleux du personnage va à merveille à son physique comme à sa voix et à sou
débit.
La nouvelle pièce de M. Henri Lenormaod m'a fait joliment
plaisir. Je ne connaîs pas toutes les œuvrès de Get auteur. Je
n'ai vu de lui, au Thé¼tre des Arts, que Le temps est un songe.
C'est une pièce dans laquelle l'étrangeté tient lieu d'idées,
L'nallucination d'intérêt et des procédés imités d'Ibsen d'origi-.
nalité. On l'écoute à peu près comme on regard~rait eFJ passant
un épileptique se tordre dans une crise. C'est absolument du
même domaine. Il paraît cependant que c'est là un art dramatique s,upérieur et que nous devons attendre beaucoup de
M. Henri Lenormand. Je lis à chaque instant sur son
compte, dans les journaux, de petits articles extrêmement
élogieux. On Je tient pour un rénovateur du théâtre, pour
un écrivain hardi, pour un penseur et pour un poète. On
le place en tête des quelques auteurs nouveaux qui vont relever
le niveau de notre théâtre et dont').er au public le goût des belles
œuvres. Enfin, quelqu'un et.d'un grand format. Ce que je viens
de dire du Temps est ,m souge (pièce wu vent citée), étant la vérité
même, on pense si tout cet encens m'amuse. Je finissais par me
demander si tous ces thuriféraires sont de bonne foi ou si ce
n'est pas là tout simplement une bonne farce qu'oti nous
monte. Notez que la première suppos~tion était fort possible. Il
y a des gens qui ont des notions spéciales sur l'art littéraire et
dramatique. Le pathos et l'artificiel font tout de suite figure
pour eux de pensée et de beauté. Je suis renseigné aujourd'hui :
c'est une bonne farce. Il n'y a pas à en douter quand on a entendu La Dent rouge. C'est une pièce dans laquelle il est sans
cesse question d'esprits, sans qu'on voie jamais celui de l'auteur. Tous les procédés du mélodrame du plus ancien modèle.
M. Henri Lenormand l'a seulement ornée d'un amphigouri qu'il
trouve probablement très beau. Ses admirateurs ont raison de
trouver en lui un écrivain hardi. Il fallait du courage pour écrire
une pareille chose.
La Dent rouge est une certaine montagne, à la cime difficile-

CHRONIQUE DRAMATIQUE

ment accessible, dans les Alpes. C'est une émulation chez les
paysans de L'endroit, d'atteindre à son sommet, et c'est aussi
une superstition bien établie chez eux que nul n'y parvient sans
y trouver la mo.rt, dévoré par certains esprits qui habitent les
ravins d'alentour. On se ·rappelle l'admirable Solness, élevant
sa tour toujours plus haut, et précipité dans le vide au moment
même d'atteindre à la lumière et à la vérité. C'est d'une autre
envergure et d'une autre pensée. M. Henri Lenormand doit
avoi r beaucoup lu Ibsen. n croit sans doute le rappeler. Il s'illusionne. On ne rappelle pas un écrivain comme Ibsen. Cette
affaire de montagne et de superstition se complique d'une
histoi re d'amour. Un homme du pays est parti faire fortune au
Mexique. Il revient ave.c sa fille. Celle-ci. s'éprend, malgré la
volonté de son père, d'un jeune montagn'.lrd ,e t devient sa
maitresse . Elle obtient de lui qu'il renonce à l'ambition d'atteindre au sommet de la Denrrouge. Elle doit pourtant lui rendre
bien.tôt sa parole; le jeune bomme dépérissant de regret. Il part
sur-le-champ pour son escalade, parvient à la cime, et, comme
le veut la légende, choit aussitôt dans le vide. Tout Je village
s'ameute contre la jeune fille~ voyant. en elle une sorcière complice des esprits de la montagne, et ces brutes la tueraient si le
curé du lieu ne prena-it sa -défense. La jeune fille fait alors son
examen de conscience. Elle pense que les paysans ont peut-être
raiso11 et qu'elle a peut-être en elle quelque sorcellerie. N'est-ce
pas par sa permission que son amant est parti et qu'il a trouvé
la Ulort ? EUe avait le pressentiment de cette mort et pourtant
elle ne l'a pas retenu ? Le curé trouve qu'elle exagère. Elle lui
dit alors : « Et vous, Monsieur le Curé, vous croyez bien à des
choses aussi mystérieuses ? » Il est bien obligé d'en. convenir.
Vous voyez si tout cela est passionnant? Quatre actes, six tableaux, des phrases, des cris, du bruit, trois heures de bavar,dage et d'ennui, une pareille niaiserie avec les pires trucs et
ficelles dramatiques, pour arriver à dix mots qui signifient un
peu quelque chose, et par-dessus le marché la prétention à l'art
et à Ja pensée? M. Henri Leoormand est décidément un grand
auteur et l'Odéon sera brillant sous M. Gémier si c'est là, avec
le Motiere que nous avons eu récemment,~le genre de cbefs-d'œu,.
vre qu'il doit nous révéler.
Je ne suis pas revenu enchanté_complètement de la nouvelle

;/

�LA NOUVELLE llEVUE FRANÇAlSE

œuvre de M. Henry Bernstein. Une pièce sur Judith écrite par
lui, jouée par Madame Simone, - je ne sais si on comprend,
sans que j'insiste, tout ce que signifie le rapprochement de ces
deux noms, - cela pouvait être une belle chose, une chose
curieuse et att.ichante. Je ne vois pas au reste pourquoi je ne
dirais pas toute ma pensée. Je n'ai en vue, ici, qu'une question
d'art et de littérature. M. Henry Bernstein est juif et cela a souvent marqué, plus même qu'il ne l'aurait voulu, les héroïnes
de son théâtre. Madame Simone est juive, et le tempérament et
le caractère de sa race ont passé dans tous les rôles qu'elle a
joués. 11 y avait là pour tous les deux, avec le personnage de
Judith, l'héroine et le rôle rêvés. Eh ! bien, malgré tout cela,
- on n'a pas la sensation de la réussite jusqu'au bout. Je le dis
avec regrets, avec scrupules aussi. Il s'en faut de bien peu, mais
ce p·eu compte, puisque l'impression qu'on emporte de l'œuvre
dépend de lui. Ce peu tient uniquement dans les deux derniers
tableaux. A mon avis, ils sont parfaitement inutiles. Ils détonnent dans l'ensemble de la pièce. lis font l'effet d'un réalisme
cru, de deui, tableaux du Musée Grévin succédant à un débat
presque purement philosophique. Si bien commencer est important dans une œuvre littéraire, bien finir ne l'est pas moins,
surtout finir en harmonie avec l'ensemble.
Le sujet imaginé par M. Henry Bernstein avec le personnage de Judith est très beau. Judith, bien qu'ayant été
mariée, demeure ignorante de l'amour, en esprit et physiquement. Il y a là un domaine de choses auxquelles on
sent qu'elle rêve parfois avec curiosité. Elle surprend une
•
de ses servantes accouplée avec un homme, malgré le nsque de mort qu'entraîne pour elle une telle action. Elle veut
tout d'abord donner à cette femme le châtiment qu'elle s'est
attiré, puis elle se ravise, et lui promet la vie sauve, à condition
qu'elle lui raconte, dans les détails les p.lus intimes, les plaisirs
et les voluptés qu'elle éprouve à aimer et être aimée. Ils doivent être bien forts, pour qu'elle ait risqué pour eux jusqu'à sa
vie? La servante obéit, ne cache rien. Judith écoute avidement,
veut toujours savoir plus, et rêve plus que jamais à ces choses
qui restent un mystère pour elle. Mais une autre rêverie l'occupe davantage, un autre désir. C'est le désir de la gloire, celui
d'accomplir une grande action qui fera vivre son nom à travers

CHRONIQUE DRAMATIQUE

1

les siècles. Béthulie est assiégée par l'armée de Nabuchodonosor, commandée par Holopherne. C'est la reddition forcée à
brève échéance et tous les habitants massacrés par les vainqueurs. Judith veut sortir de la ville, se faire faire prisonnière,
pénétrer auprès d'Holopherne, le tuer, quitte à périr elle-même,
et privant ainsi l'année ennemie de son chef, sauver sa patrie et
assurer sa gloire à elle.
Nous la retrouvons dans la tente J'Holopherne, suivie de sa
servante, toutes deux prisonnières et les mains liées. L~ conquérant est tout de suite séduit par sa beauté, en même temps
qu'intrigué par l'intelligence qu'il devine en elle et le mystère
qui se dégage de toute sa persoooe. Il ordonne qu'on délie ses
mains, qu'on l'emmène, qu'on la pare, qu'on la parfume et qu'on
la. lui ramène. Le débat qui suit alors entre les deux personnages est d'un extrême intérêt. Holopherne, conquérant féroce
et débauché, semble garder dans un coin de son être comme
une aspiration à l'amour. Il cherche à séduire Judith, à lui
plaire. Celle-ci, de son côté, vaguement troublée, sans refuser
ni consentir, s'efforce surtout de ne rien laisser voir de son
dessein. Mais Holopherne, l'esprit aiguisé par la résistance de
Judith autant que par le souci constant qu'il a de sa sécurité,
pénètre ce dessein. Il montre à Judith qu'il sait qu'elle n'est
venue que pour le tuer et la condamne à la torture. D'abord
écroulée d'angoisse et de terreur, Judith se reprend, se relève
et jette tout son mépris et son dégoût à la face d'Holopherne.
Le conquérant, subjugué par tant de courage et d'orgueil,
déclare alors à Judith qu'elle est lib.r:e et qu'elle peut retourner
sans crainte à Béthulie. A son tour, séduite, intéressée malgré
elle par cette magnanimité dans laquelle elle devine l'amour,
Judith déclare qu'elle reste.
Le tableau suivant nous montre Judith dans sa tente, le jour
d'une sorte de fête du rut, en usage chez les guerriers d'Holopherne. Le conquérant vient la retrouver. Ardent, sensuel, fou
d'amour, désespéré d'impatience et d'incertitude, la pressant de
questions et de supplications, il l'entend lui dire qu'elle ne
l'aime pas et ne peut l'aimer, tout en eux se heurtant et les
éloignant, chez lui son réalisme, son désir trop sensuel et brutal, chez elle cette poursuite inquiète et indécise d'un bonheur
qu'elle sait à peine se définir. En vain, il essaie de la hausser

�LA NOUVELLE REVUE 1'.a.àNÇAISR

jusqu'à l'amour. 11 lui montre Je néant de la glotte. Il a conquis
le monde, détruit des villes; anéa:nti des peuples, semé partout
le désert et la mort. Que lui en reste-t-il? Tandis que deux êtres
qui s_e s011t aimés ont tenu l'univers entre fours bras. Judith
reste insensible, du moins incertaine. Il se rend compte que
l'idée de la gloire est la plus forte en eUe et que seul cet amour
l'occupe. Or, quoi peut lui procurer cette gloire? -~a mort à lui;
Holopherne, tué par elle, Judith r Cette action remplira la
mémo.ire des hommes ,au plus lointain des siècles. Puisqu'elle
ne peut l'aimer, il est prêt à lui donner cette preuve d'amo&amp;r. Il
s'étend sur son lit, place s0n cimeterre dans la main de Judith,
lui indique, .sur son cou, la place où l'enfoncer, et déjà lui dit
adieu. On voit Judith bien près de profiter de l'occasion, bien
tentée. Le cœm et l'esprit combattent en elle. Mais une fois
encore l'aspiration à l'amour t'emp011e. Elle laisse le cimeterre,
Elle se jette sur Holopherne, l'étreint et se donne à lui, dans le:s
c.r;is les plus passionnés.
Au tableau suivant, Holopherne, étendu sur le lit, de&gt;rt profondément. Judith, debout à quelques pas, songe. ·Les étreintes
qu'elle vient de subir, le don "qu'elle a fait de son cJ:Jrps à cet
homme, ne lui ont laissé que déception et tristesse. C'est donc
cda ces voluptés tant célébrées, ces élans qui font battre les
cœurs, ce bonheur pour lequel les êtres s'exaltent ou se désespèrent ?C'est donc cela l'amour ? Elle n'en garde que déception
et tristesse . (( Je déteste famour ! » repète-t-elle, presque surprise de la découverte. On sent qu'elle se représente jusqu'au
phénomè.ne physique et qu'elle n'en éprouve que dégoüt,
comme une créature fermée à laréciproqJ.le. Ellerevientprès&lt;l.u
lit d'Holopherne et regarde l'homme auquel elle s'"Cst donnée. IJ
rêve à voix haute. Elle écoute. En songe, il prononre ce mot:
l'ennemi ... Judith se trouve soudain ramenée au mobile qui l'a
fait quitter Béthulie. L'esprit, - et l'ambition ! - reprennent
le dessus. Dans une résolution presque farouche, heureuse,
comme se raccrochant à une _actiou qui, celle-là, au moins, ne
la décevra pas, et pourtant froidement, elle saisit le cimeterre
resté au côté d'Holopberne et le tue. Sa servante, qui survient,
coupe Ja tête du cadavre et toutes deux s'enfuient vers Béthulie;
C'est à Béthulie que nousreti::ouvens Judith. La mort d'Holopherne a mis la débandade et la dérour.e dans son armée. Béthu-

CHRONIQUE DRAMA,TIQUE

lie est s.auvée. La ville est en fête. Le peuple acclame Judith.
Mais une-âme comme la. sienne ne peut trouver le repos. Cest
l'éternelle insatisfaite, irrésolue et changeante, déçue aussitôt
que comblée, toujours· .ardente! pressée,. et chaque foi: désenchantée et le c,œur vide. Judith a mamtenant la gloire, et la
gloire la laisse sans contentement. fndi.fférente aux acclamations, elle se tourne de nouveau vers l'amour et n'a que désespoir d'avoir tué . Holopherne,. d'avoir gla~é cette ·~ou_che
qui l_a couvrait de baisers,_ éteint ces yeux qm seremphssaient
de sa beauté, séché ces btas qui l'étreignaient. 11 faut qu'elle
bouge encore. Elle était partie un jour,. poussé:e par l'ambition,
pour tuer Holopherne. 11 faut qu' elle parte maiutenant p~ur
revoir encore une fois le visage de son amwt, au haut du gibet
sur lequel on a cloué. sa tête. Arrivée là, elle lui parle, elle la
supplie, l'adore, cherche à voir, dans la nuit, à la. faveur d'un
éclair, &lt;a:e v-isag..e aimé. La vision qui lui est offerte n'est plus
que celle d'une tête exsangue, 1es yeux déjà dévorés par_ les
corbeaux, et Judith s'écroule au pied du gibet.
Ce sont ces deux derniers tableaux qui font tache, à mon
avis , dans l'ensemble, sans rien ajouter à la pièce, et Lui nuisent par l'impression qu'ils laissent. Le beau cl.rame psychologique que M. Henry Bernstein a imaginé avait s.a fin ~a:turelle
dans la scène dans laquelle Judith, déçue par la gloire et se
retournant vers l'amour, se désespère d'avoir tué Holopherne.
L'exhibition mélc,qramatique du gibet no\ls fait retomber dans
un simple-théâtre d'effets, dans la déclamation la plus inutile. 1~
est surprenant qu'un auteur _dramatique ~omme M. lien~
Bernstein ne se soit pas rendu compte d un contraste aussi
fâcheux.
Enfin, je crois bien aussi que pour une œuvrt de ce caractère,
le style :nanque un peu.
D'autres scènes fort intéressantes se placent au .oours du débat
entre Judith et Holopherne. Par exemple, au deuxième tableau,
la dispute entre les généraux cupides, débauchés et jaloux: les
uns des autres, sous les yeux indifférents et méprisants d'Holopherne, songeur sur son siège de chef. Egalement la s~ène,
dans l'un des derniers tableaux:, entre Judith et le ieune
Saaf qui l'aime depuis longtemps. Il remarque le tourment
et l'indécision de Judith au milieu de son trîomphe. Il la

�620

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

presse, maintenant que la ville est délivrée, de répondre à son
amour. Judith lui fait cette question: « Dis-moi, crois-tu qu'on
p~isse tuer ce qu'on aime ? )&gt; Il comprend alors que Judith a
aimé Holopherne, et de désespoir il se poignarde sous ses yeux.
Nous voyons là que des ètres comme Judith, pourtant supérieurs, font le malheur des autres en même temps que le
leur.
Madame Simone a, comme toujours, des moments de grand
talent. Il faut malheureusement, quelque rôlt! qu'elle joue, qu'à
un moment donné elle crie et gesticule, comme une mauvaise
comédienne. Aux deux derniers tableaux, elle est aussi exagérée
que déplaisante et ajoute à la fâcheuse impression qu'ils laissent.
~- Grétillat est superbe, dans Holopherne, d'attitudes, d'expressions de physionomie et de chaleur verbale. La pièce comporte
e~ outre un rôle d'eunuque servile et sarcastique que joue fort
bien M. Alcover. A mon avis, la pièce, surtout pour les rôles
&lt;le Judith et d'Holopherne, est jouée un peu trop extérieurement. C'est une œuvre d'analyse. Elle gagnerait à être jouée
avec plus de dessous. C'est un jeu qu'on obtient difficilement
des comédiens et comédiennes.
On s'est extasié sur les décors, les costumes. Je ne suis pas
fou de toutes ces beautés. Judith est une œuvre toute cérébrale.
Elle a son intérêt en elle-même et pourrait se passer de tout ce
luxe. Les déploiements de mise en scène ne servent vraiment
que les mauvaises pièces.
.
A propos de M. Alcover, que je viens de nommer, on a
récemment raconté sur lui une anecdote. Il entre un jour dans
un débit de tabac et demande à la buraliste: « Vous avez des
timbres?- Oui, Monsieur. - Veuillez m'en montrer, je vous
prie. » La buraliste sort toute une feuille et la lui place sous les
yeux. M. Alcover se penche, examine, puis désignant un timbre
au milieu de la feuille : « Donnez-moi celui-ci », dit-il.Je ne sais
si cette anecdote est vraie. En tout cas, elle est amusante.
MA URI CE BOISSARD

NOTES

LITT~RATURE GÉNÉRALE
MAURICE BARRÈS ET LA CRITIQUE CATHOLIQUE.
Rien de plus délicat pour nous que de nous immiscer dans le
débat qui vient de s'om·rir, à propos du Jardin mr l'Oro,ite,
entre.Barrès et les principaux représentants de la critique catholique•. Il est clair, en effet, que notre neutralité en matière
religieuse nous retire le droit de décider si, oui ou non, le livre
de Barrès est offensant pour des lecteurs chrétiens et peut troubler leur vertu. C'est même, nous semble-t-il. le faible de la
position adoptée par l'accusé, que de réclamer l'assentiment de
juges dont il ne partage pas les principes. Aussi longtemps
qu'il ne se déclare pas formellement catholique, on voit mal et
l'on cherche pourquoi il attache tant de prix à l'approbation de
l'Eglise.
J'en distingue pourtant une raison : il est des consciences,
vraiment et profondément émancipées, pour qui le catholicisme
1. Les principales pièces du procès sont : trois articles d~ M. José
Vincent dans la Croix du 9-ro juillet, du 3-4 septembre et du I"-2 octobre ; - un article de Maurice Barrès dans l'Ecbo de Paris du
16 aoiit ; - un article de M. Jeao de Pierrefeu dans le Journal des
Dibats; - une lettre ouverte à Barrès de M. Robert Vallery-Radot
dans la Revue Hebdomadaire du 23 septembre; - une réponse de
Barrès dans la même revue (numéro du 7 octobre); - une chronique
de M. Henri Massis dans la Reuue Universelle do 1er octobre ; - un
article de M. Ga2tan Bernoville dans les Lettres du 1er octobre ; - un
article de M. Paul Souday dans le Tmips du 2 octobre ; - un article
de M. Victor Poucel dans les Etudes du 5 octobre ;
un article
d'Edmond Renard dans !'Eclair de l'Est du 8 octobre .

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

représente une si considérable et si magnifique autorité que Je
jugement de ses mandataires ne peut les laisser indifférentes.
Person.nellement je comprends assez bien: la gêne de .Barrès
devant l'espèce d'excommunication dont son livre est l'objet .
Je comprends surtout sa révolte contre les personnes qui. la
,décrètent. Il est vexant, au lieu des ~randes voix de l'Eo-Lise
b
, de
n'entendre s'élever contre soi que celles des nouveaux convertis. Ils forment aujourd'hui une phalange redoutablement
organisée et montent, autour âe l'orthodoxie~ une garde_féroce,
et - ce qu'il y a de plus t'lrôle - dont personne ne semble les
.avoir chargés.
C:u lisez en regard tles articles de José Vincent et de R. Vallery-Radot, llartide dont la conclu'sion sans doute n'est guère
moins sévère, mais où se marque tant de réserve, de tolérance,
et même d!hésitation, que M. Victor Poucel a publié dans les,
Etudes. Là, .s 'exprime, je crois, le sentiment de la véritable
Eglise catholique vis-à-vis de l'art :
~

•

'

1

Aüx yeux d'un chrétien, l'art 11-'est pas dans une situation nmrale
da!re. La .figure d'Eve, éternellement doutèuse, adresse: a.u monde son
sourire amJ:,igu : à cette vue l'artiste, s'il est chrétien,.sei:it son admiration se trembler. Ces formes où son intelligence vi~nt de sai0r U-D signe
lumiheux d'ordre viva.ut et de rectitude morale, ces mêmes formes, il
les voit s'assembler comme un alphabet magique dont la lecture
nourrit sa perversité. Comment donc conciÙer tout l'art et toute la
morale ? Un chrétien peut logiquement ne pas,y prétendre. Après} out
ce n'est pas pour œ monde qu'il att;end de sa foi des lumières de ce
genre-. Pour le moment, contradiction, guerre. Son christianisme n.'a•
t.:H pas dépose dans son Ame, avec l'essentielle paix, de nouveauit ferments d',inquiétqde, de tristesse, d'obscurité même, qtù cuveront toute
sa vie et ne s'apaiseront en douceurs qu'aµ festin des noces de
l'Agneau.
Et plus loin :
En cette maüêre, les règles pratiques sont troubles. Tous fes chrétiens, tant s'en faut, ne choisissent pas le parti cl'Au~anel ( de chanter
la Beauté paienne).. La plupart, rencontrant au passage )'e marbre
éblouissant de la déesse ferment les yeux. et se taisent. Certains, enfin,
ne savent pas et ne sauront jamais ce qu'ils doivent faire. Et moi, je ne
suis ni asse~ fin ni_ assez sot pour le leur appre11dre.
Jésuitisme, direz-vous. -

Non, sensibilité et bon sens, deux

NOTES

qualités que le catholicisme n'a jamais obligé ses fidèles à
dépouiller.
Mais ce ne sont là que iles àvertissemen1s à la prudence qu'il
est intéressant d'entendre un bon catholique, et plus ancien
dans sa foi, adresser à ses jeunes coreligionnaires. Il me semble
que Barrès pourrait invoquer pour sa défense certains arguments positifs dont on ne trouve dans son ar1=icle d'apologie
que l'embryon :
Etudier et remuer les passiom, écrit-ïl, est-ce un mal en soi et
une action sans efficacité? Descartes, si j'ai bien compris son Traité des
Passions, croit dur comme fer que les passions sont des forces avec
lesquelles on peut produire de granâes bienfaisances.. Allons-nous les
ignmer, les redouter av~c · haine et refuser de faire leur éducation ?
Pour moi le gsand artiste tend à. améliorer ce que la nature nous suggère de pire mêlé avec de t'ellicellcnt, et les belles lettres .accomplissent,
pour une grande part, l'œuvre de la civilisation celle-ci étant dénoie
dans les termes qu'a proposés admirablement Baudelaire : ,, La
civilisation, dit-il, n'est pas dans le gaz, ni dans la vapeur, nï dans les
tables tournantes. Elle est dans la diminution des traces du pécl1é
originel. »
Eh l oui, va-t-on laisser dire que le catholicisme ignore les
passious, ou ne les connaît que pour les condamner? Va-t-on
laisser transformer une doctrine d'amour, bien mieux : la seule
grande théorie de l'.amour qui ait j~mais existé, en un morne
-système de prohibitions ?
li me semble à moi, profane, que si le christianisme a une
originalité, c'est bien celle d',avoir osé réquisitionner les passions de l'homme. Quelle doctrine philosophique, ou même
r eligieuse (je pense aux doctrines orientales) à jamais osé
absorber une aussi grande quantité des forces instinctives qui
s'agitent en nous:?
Sans doute, ,en inventant l'amour de Dieu, il a dépouillé
l'amour humain de son exclusive rçyauté, il l'a frappé de servitude 1 • Mais on pomrait aussi bien se demander s'il ne l'a pas,
par là même, créé, s'il ne lui a pas en tous cas communiqué une
sublimité dont on n'avait jamais eu l'idée jusque là de le parer.
r. La seule objection valable, du point de vue catholique, contre
le Jardin su1" l'Oronte, c'.est que ·le pûncipe de cette servitude y est un
peu ·trop méconnu.

�LA NOUVELLE 'REVUE FRANÇAISE

Oui, l'amour humain, en tant qu'il se distingue du désir, ou
en tant qu'il le dépasse, peut bien être considéré comme
une création par contre-coup, du christianisme. La remarque
est d'ailleurs, je crois bien, des plus anciennes et des plus
banales.
Mais il y a plus encore : le désir lui-même, - voyons les
choses en face - le christianisme, et spécialement le catholicisme, ne l'a-t-il pas d'une certaine manière intégré ? Le problème est obscur, et de ceux auxquels on doit, avec M. Poucel,
réclamer le droit de ne pas donner de solution précise. Pourtant qu'est-tee que le dogm!'! du p~hé originel sinon un effort
pom faire entrer les choses de la chair dans un système spirituel?
La réprobation qui d'après ce dogme pèse sur elles doit être
soigneusement distingu'éè d'une exclusÎ-OH. L'exclusion, c'est le
stoïcisme qui s'en chargera. Le christianisme crée le péché,
mais crée du même coup le lien de la chair avec l'esprit et toutes les circulations qui pourront s'établir de l'un à l'autre, c'està-dire sans doute d'abord le renforcement de la volupté par la
réflexion, sa haute dignité de crime, mais aussi l'enrichissement
de la spéculation et de la vertu même par l'afflux secret du désir.
Si le christianisme conserve sur des esprits .qui s'en sont éloignés un pouvoir auquel ils ne se sentent pas sûrs de résister
jusqu'au bout, c'est avant tout par cette utilisation totale qu'ils
le voient seul savoir faire de l'hom me. Du jour où il leur faudrait reconnaître que certains élans en eux dont ils ne peuvent
douter qu'ils soient force et richesse, ne doivent y espérer
aucun emploi, ils perdraient toute envie d'accéder j_amais à la
vie catholique.
Ce qui vexe dans les attaques dont Barrès est l'objet, c'est
qu'on sent bien, en général, -je ne fais pas de personnalités, qu'elles émanent de gens qui s'annexent le catholicisme uniquement parce qu'il représente pour eux la simplification dont ils
ont toujours eu besoin, mais par manque de complexité, l'excuse à leurs insuffi.sances. Tous ces défenseurs de la pureté
chrétienne, s'ils sont si vigilants et si hargneux, c'est parce
qu'elle leur va comme un g,ant ; s'ils avaient eu plus de difficulté
à l'épouser, ils n'oublieraient pas si facilement les charmes qui
peuvent la compromettre, ou du moins ne les réprouveraient
pas sans ce mot de regret, de nostalgie et de tendresse, que je

NOTES

61.5

ne vois naître sous la plume d'aucun d'eux, que M. Pouce! est
seul, en tous cas,1 à laisser échapper.
Barrès rapporte dans la Revue Hebdomadaire un ~m,ot bien
charmant, d'un prêtre, dit-il : &lt;c Soyez tranquille, votre œuvre
est belle ; ne vous laissez pas troubler par certains néo-catholiques. Ce sont des suisses à rebours. Ils se tiennent aux portes
du temple pour le mieux fermer. » Je suis ici pour apporter une
confirmation à cette parole ; car je suis bien sùr de ne jamàis
entrer ou rentrer dans le temple, si je dois, sous le porche, :i,u
préalable,! remettre à M. José Vincent, pour qu'il le brùle, mon
exemplaire du Jardin sur l'Oronte, bréviaire, pour moi, de haute
extase.
JACQUES RlVIÈRE
*
* *

DURÉE ET SIMULTANÉITÉ, par Henri Bergson

(Alcan).
Il est bien diffi.cile de parler des théories d'Einstein en
renonçant au secours des formules algébriques et des calculs, - bien difficile aussi de résumer en quelques lignes
l'argumentation sur la durée et la simultanéité d'un esprit
aussi souple, nuancé, subtil, que M. Bergson. On peut regretter, il est vrai, qu'un philosophe de sa valeur s,e soit un
peu trop attaché à la lettre des vulgarisateurs, êt ait négligé
l'un des côtés les phfs ésotériques, mais les plus intéressants
et les plus philosophiques, d'Einstein : celui par lequel le
grand physico-mathématicien allemand se rattache aux logisticiens contemporains, à l'école axiomatique de David Hilbert
et à ces physiciens phénoménologistes (Maxwel, Hertz, Lorentz) qui calculent les phénomènes sans s'en faire aucune
image. Einstein n'a rien. d'un intuitionniste .
.M. Bergson proclame cependant son admiration pour le
théoricien de la relativité. Il désirait très évidemment que
la philosophie de la durée n'apparût pas en désaccord flagrant
avec les vues d'Einstein. On pouvait très facilement prévoir
qu'il déclarerait : « J'ai saisi, dans une. intuition, cet absolu :
la durée pure. Mathématiciens et physiciens ne peuvent se
mouvoir que dans le dom~ine relatif des comparaisons spatiales,
des mesures. Nos domaines sont différents. »
Mais M. Bergson va beaucoup plus loin. En premier lieu,
40

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la durée pure immédiatement perçue par les consciences
humaines implique, à son sens, la réalité d'un Temps nratériel
un et universel. « Ce n'est qu'une hypofüèse, dit..J.l, mais elle
-est fondée sur un raisonnement par analogie. » Suit ce raisonnement par analogie qu'on trouvera a-nx pages 58 et 59
de Durée et Simultanéité. - Je ne crois pas qt1e les einsteinie~s
lui accordent plus d'attenti'on qu'à la« conscience universelle»,
la « conscience monstre » de M. Edouard Guillaume, qui eut
-si peu de sutcès au Collège tie Ftante. - Eo second lieu,
M. Bergson estime que les temps relatifs et multiples d'Einstein prouvent l'existence d'un temps absolu et unique. Et -il
don.ne de c.ette assertion d'allure paradoxale une démonstration
extrêmement fine et élégante que l'on pourrait croire inspirée
par M. Painlevé. Au Collège de Franoo, M. Painlevé insista
· sur la réciprocité qui doit exister logiquement, au point de
vue de la mesure de l'espace et du temps, entre deux systèmes
en mouvement relatif l'un par rappott à l'autre. ~- Bergson
insiste à son tour sur cette . réciprocité. Si un observateur A
·voit les mètres et les horloges que porte un observateur B
raccourcis et ralentis par la vitesse, de même 'observateur B
verra les mètres et les horloges de A raccourcis et ralentis dans
les mêmes proportions. Si B parait à A vieillir moins rapidement, c'est l'inyerse qui se ,produit pour R Toutes choses
sont égales et réciproques. A ne viéillit pas plus que B et B pas
plus que A. Il n'y a donc pour les 'deux qu'un seul et même
temps.
Les einsteiniens répondront que, seuls, les systèmes en
mouvement uniforme de la relativité restreinte ionissent d'une
réciprocité, mais il n'en est pas de même des systèmes -en
mouvement accéléré de la relativité généralisée. Le fair pour
un système matérrel d'être en accélération on en rotation,
ou d'être ·soumis à la gravitation, ·exerce sur les instruments
de mesure une influence telle que, seules, des mesures loaales
sont possibles et qu'elles ne sont point comparables d'un lien
à l'autre. Comme le dit M. Borel, l'anraction newtonienne
ou une aocélératron rapide entràlnent un ralentissement des
horloges. « Le ralentissement de toutes les horloges doit entrainer également le ralentissement de tous les phfoomènes,
car tout phénomène est une horloge ·plus où moins ·grossière,

NOTES

\
r

en particulier le ralentissement des phénomènes vitaux, et,
pa:r suite, la modification de ce que l'on peut appeler le
temps .psychologique, la noti-0n intime que nous avons de la
durée, notion évidemment liée aux phénomènes intérieurs à
.notieipropre oorps. »
Il est vrai que, ·pour M. ..Bergson, la durée .est purement
spirituelle et n1a rien d'un système matériel. Mais je ne crois
pas qu'on · puisse confontlte durte et esprit et, en dépit- de tous
les prodiges d'ingéniosité .dialectique que Fon peut toujours
-espérer de M. Bergson, H ne.me semble pas que la durée berg. ..somenne soit une donnée à.la fois a.caeptaole et compatible avec
les--v.ues d'Einstcin.
Pour étayer cette double opinion, je négü~rai malgré son
intérêt (mai-s la place me :manque) Le problème logique du
temps, pour ne cornidérer que le problème psychologique et
kpiobl'èmepbysique. Le proh1:ème ps.ychologique est celui-ci:
y...a-t-il · une intuition ou une perception de la durée pure?
On ne convaincra j:amais un mystique que son intuition
est iUusoire et, d'.ltlltre part, nombreux sont les disciples (j'ai
été momentanément de ceux~tà) dont o: ,me certaine intensité
d'effort philosophique coutre nature », comme le dit Jacques
Mari.tain, «- a été capable de fixer l'esprit &lt;laps une vision ou
.dans une hallucination » de la durée bergsonienne. C'est, en
tout cas, un admirateur de Bergson, c'est l'inventeur du
« stream ofthougt », WilJiam James, qui a déclaré que, tout
11u moins, la perception d'une " suite de durées pures que l'on
sent poindre, se gonfler ,et s'épanouir comme des bourgeons
_s.ous un regard embrumé » est trompeuse. La conscience n'est
-pas alors a vidée de tous ses états multiformes "· Mais, de
même que, les yeux fermés, nous voy@ns encore « un champ
visuel sombre où .passent des tranches de luminosité pâle ,,
de même « le ténébreux royaume de la durée recèle encore
.tle la vie : battements de cœur, respiration, pulsations de
l'attention, fragments de mots ou de phrases qui traversent
notre imagination, etc ... » (le signale dans Proust - A l'Otnbre
des Jeunes Fitles -en Fleurs - une admirable notation sur
l'évaluation du temps d'aprèS' le sentiment de no-s fortes
refaites pendant le sommeil.) On peut se demander si ce n'est
pas toujours une réalité à quatre dimensions, une réalité à

�NOTES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSE

la fois spatiale et chronologique, que saisit notre conscie.nee
.(par tranches de deux millièmes de seconde à douze secondes
dans la quatt.ième dimension, dimension temporelle.) Cela
pourrait être vrai de la perception intérieure, aussi bien que
de la perception extéri.eure, car, une émotion est toujours
accompagnée de réflexes, un sentiment d'un état du tonus musculaire et, plus généralement, un phénomène psychologique
de phé_nomènes physiologiques, c'est-à~dire spatiaux, Mais
M. Bergson dissocie, ne retient que l'élément subjectif (la
conscience) et l'élément temporel , puis refait une union indissoluble des deux, les confond même, et déclare que cette
union, cette confusion, est une donnée immédiate appréhendée
dans une intuition.
La solution du •problème psychologique du temps, que je
me suis borné à esquisser ou. à suggérer, s'accorderait avec la
solution eiusteinienne du problème physique. Toute la physique d'Eio-1tein tend à prouver que, dans Ja réalité physique,
le temps et l'espace ne sont pas dissociables. Le monde physique est un mixte insécable de l'un et de l'autre. li y a un
continu spatio-temporel, l'Univers de Minkowski. Bien plus,
non seulement le temps et l'espace sont interdépendants,
mais encore ils sont indissolublement liés à de la iµatière et
à de l'énergie. (Je serais presque tenté d'ajouter : et à de
l'esprit, en tenant compte de tous les degrés possibles de
subconscience et d'inconscience). Les propriétés métriques
du continu spatio-temporel sont différentes ·dans l'entourage
de chaque point spatio-temporel et conditionnées par la matière qui se trouve en. dehors de la région considérée. L'espace
et le temps, comme le dit Minkowski, ne sont que des c&lt; fantômes » des cc ombres vaines· ». il y a une union choses espace -temps (Dingraurwzei#) dont nous constatons les ctrUariances. L'unique réalité, la seule donnée, objective, imp.ersonnelle et invariante, est l'int~rval]e (le rayon de courbure).
Même, à l'ettrême rigueur, c'est peut-être beaucoup que ·de
parler d'espace, de temps, de choses. Car toute description
physique einsteinienne se résout en un certain nombre de
propositions exprimant la concordance de quatre nombres,
x1 , i.z, X3, n, n'ayant aucune signification. On voit, s-ans
que j'aie besoiµ d'insister, que (plus encore que, tout à l'heure,

dans le domaine psychologique) nous sommes ici dans ce
domaine logique, vidé de toute intuition, de tout élément
irrationnel ou étràngec à l'esprit, bien loin de cette durée
pure. ou concrete-} sur laquelle est fondée la philosophie,
d'ailleurs si ingénieuse et si originale, géniale même, de
M. Bergson.
CAMILLE VElTARD

*

* *

L'AMOUR, LES MUSES ET LA CHASSE, Mémoires
par Francis Jammes (Plan-Nourrir) .
Ce deuxième tome des mémoires de Francis Jammes situe,
explique et commente De l'Angelus de l'aube ... , Le Deuil des Primevères et le Tri.ompbe de la Vie, c'est-à-dire les trois œuvres qui
suffiraient, à elles seules, à faire durer son nom et qui ont ou vert
à la poésie française ( et aussi à la poésie allemande, russe, italienne, espagnole) des voies nouvelles. Son influence s'est souvent confondue avec celle de Laforgue, chez la plupart de ceux
qui l'ont subie, parfois avec celle de la comtesse de Noailles.
Elle a été en tov.t cas celle d'un maitre nouveau qui a découvert
u.ne « harmonie ,:, . Ses œuvres suivantes, après sa conversion,
ont complété, nuancé sa figure littéraire : mais le poète catholique n'a pas eu Yinfluence littéraire que l'élégiaque, le bucolique, le provincial fils de créole avait exercé. Sans doute s'en
console-t-il ai.s émenten songeant à la salutaire influence morale
de ses derniers ouvrages.
On imagine volontiers une édition de ses premières œuvres
où un admirateur pieux ferait suivre cbaque poème d'un &lt;&lt; commentaire » à la façon de Lamartine, puisé dans l'Amour, les
Muses et la Chasse. Après !'Elégie deuxième on imprimerait :
« Il est dans une rue dont je tairai le nom ... Ma première Muse
était née » ; après la septième : « Une nouvelle Muse m'attisait
de son souffie, le plus doux et le plus violent que j'aie connu ... » ; après la course de vaches d'Exi.stences: « Je n'ai vu,
ni ne reverrai a.u grand jamais rien qui puisse donner une
impression de stupidité plu.s grande que 1a course de vaches ... »
Ce qui nous rend ce livre cher entre tous ceux qu'a publiés
Jammes depuis quelques années, c'est que nous y retrouvons
tous les thèmes d'autrefois, repris dans un autre mode ( en
mai·eur , cette fois ' et non plus en mineur), tous
. les thèmes d'ado-

�6Jo

1

1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

lescence qui firent le délice de la notr.e• repris auj..ourd'hui
à: voix d'homme. De «. patriarche 'li_,, dirait Jamlll.l:ls,
Mais ce serait peu si ces mé.moir.es devaient tout leur charme
à cette évocation du passé. Us ont unautremé.dti, tout,_ présent
et intrinsèque : ils mettent en lumière un côté de -Er.ancïs
Jammes.jusqu'ici inconnu, ou connu seulement de eem qui_
avaient entendu sa conversation primesautière, anecdotique,
ponctuée d'un léger accent béarnais. La prose de Clara d' J;lléoeuse ou de Pomme d' Anis, aérienne et cristalline, rend un antre
son que celle des mémoires : elle fuyait l'in,dicati'on -générale
économi_quemem .f.ow:n.ie par l'abstrait, etlui-substituait&gt; un s.eul
déta.il choisi quL éclairait pat allusie.n tous le&amp; a.utœs dltmls'."
nécessaires àJ'ensemble du tabl.eau, p.1ëésenrant ailisLsai briè.veté
et son lyrj,sme. La p:rose des mémoires. n'ép~-rgn.e aucua détail,
elle procMe. classiquement, sans silences. IJaµ.ecdate naîtr_et
monte à son apogée, saas· hâte-~ moulée sur le, r~ en.apparence, en réalité d:éfot.mé:e dans. l'exacte mesure où:- ·I/art le
réclame.
Le · rappr.ochement •que voici ne plai.ra:.peu.t:être beau.coup. ni
à l'un, ni à l'autre ~ Jammes mémorialiste fait .souvent penser à
Léautaud~Boissard. Et dans les pmtraits pl.us encuœ peut-être
que dans l'a-ne.-cdote : cm~parez par. exemple les. portraits de- la
cbilmne Flore (pp. 1:06, 150 et passim) avecles pages de Léautaud, sur ses- chiens et chats, c.eLui de Loti:(p.. 166) à celui.dl!.
Philippe par Boissard. Un Jammes caractérist11, comme clis!!nt
les Italiens, voilà du nouveau et..quLréjouitc.
Parfois le texte s'ouate d'onction, s'humecte d'eau bénite.
Jammes moralise, rend grâces au Seigneur ou exorcise le diable.
l:.e mécréant d'abord sourit, mais pas longtemps. Que Jamme&amp;
si sensible à tous les ridic.ules aille risquer celui~là pour son
propre compte, c'est la preuve cfune sincéd.téi entière, d'un,
mépris du respect humain qui commande le respect tout court.
On comprend mieux Jammes. poète, apr.~s avoirlu ses s.ouve.-,
nirs. Qu'on en. compare. la sérénité évangélique au tumulte fac~
tic.e et vain qui s'agite dans le journal des· Goncour.t ou dans Les
'Vivants et. les Morts de Léon Daudet, qu'on compare cette 'l.ie de
poète _à ces vies d'hommes de lettres ; il y a là un parallèle à
instituer, une leçon à dégager dont le contemplatif ne se tirera
peut-être pas· à son désavantage, en tou.t cas_ de qu.oLlongue-

SOT.ES

ment rêyer su1 l'existen&lt;;e, sur Paris, sur la province.,. sur soimême. C'est be:wc.:oup.
BEl{JA~HN CRÉMIEUX

LA POÉSIE
LE SECRET PROFESSIONNEL, par Jean Cocteau
(Stock}.
Rien dans son œuvre, mîeux que ce petit livre ·de théorie
ne sau:~lÎt démontrer que M. Cocteau est poète. Sitôt qu'on
l'a fermé, si l'on veut s'en souvenir, ·ce n'est plus qu~un défilé,
dans la mémoire, de~ plus subtiles métaphores, une espèce
de cavalcade où les idées sont si bie·n costumées qu'on ne les
reconnaît plus. L'auteur lui-même, sentant que le lecte~r Y
aurait quelque peine, a •tâcbé de résumer dans les dermères
pages l'a~port doctrinal de son tivre, ~ais au~sit~t c'est, pou~
chaque article une nouvelle comparaison qm lm est venu_e a
'
' Il e a
l'esprit, et si séduisante,
si ravissante au sens propre que
entraîné, draîné, presqu(;! effacé la thèse.
Pourtant on ne peut pas dire qu'une telle façon, purement
sensible, de réfléchir, soit vaine. Les chemins par où Cocteau
nous fait passer qot beau n'être q_ue d'air, co·m me ceu~ qu_e
suivent ses chers acrobates : il reste quetque chose à I espnr
de les avbir parc_o urus. Je rie sais pas dire quoi. Mais écoutez :
Selon toujours ce luxe qui consiste à user sans .comm:ntaires _de
certains termes évidemment interprétés par le lecteur d une toute
autre sorte que par nous, les poètes parlent so~vent ~es ao~es. Sel~n
eux et selon nous l'ange se place juste entre I Immam et 1mhumam.
C'est un jeune animal éclatant, charmant, vig?ure~x, qui passe- du.
visible à- l'invisible a&gt;1ec les puissants raccourcis' d un ploogeur, le
tonnerre &amp;'ailes de mme pigeons sauvages. La vitesse du mouvement
·
~ he âe Je vorr.
• s1· ce mouvement
radieux
qw· le compose empc:c
.
. ralea-'
tissaït, sans doute apparaîtrait-il. C'est alors que Jacob,_ un vnu luttem:~
lui saute dessus. Beau specimen de monstre spornf, la mort! lm
demeure incompréhensible. Il étouffe les vivants, et leur arrache
l'âme sans- s'émouvoir. J'imagine' qu1H doit tenir du boxeur, du bateau
¼. voiles.
Bien que la pensée soit id emportée au gr_é des_ im~ges et
qu'on ne sache pas bien si c'est à l'ange ou a celm qw le te~rasse que Je poète est comparé, l'ensemble du morceau fi.rut

�632

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE'

par former une définition point si mauvaise de la créatiocr
poétique, telle gue l'entendent les modernes. Uoe attitude
nouvelle est décrite avec tout le relief et toute l'imprécision
nécessaires : Jacob aux. aguets de l'invisible et lui sautant
dessus sitôt qu'il se trame dans l'air, et ce débat, et cette lutte
avec!on ne sait qui sinon qu'il est quelqu'un qu'il faut saisir
et qui se défend, c'est bien le symbole de la poésie telle quel'ont conçue Rimbaud, Mallarmé, et même Baudelaire déjà.
Et si le poète est l'ange en même temps qu'il est son agresseur (souvenons-nous que dans tout sym.bolisme le principe
d'identité cesse, d'après Freud, de jouer strictement), cela
n'est pas, à. certains égards, sans exactitude et sert assez bien
à figurer l'espèce de constant problème où est le poète moderne
de savoir s'il est J;eul, d'où lui vient cette matière qu'i l tâche
d'informer et si ce n'est pas seulement à se construire une
personnalité seconde, comme un double incompréhensible
et vivant, qu'il travaille à. tâtons. La relativité de tout effort
créateur, la subjectivité foncière de l'opération poétique, sont
indiquées, de la seule façon dont on puisse le faire encore, diins
ce mythe gracieusement ambigu.
.
Oui, Cocteau nous aide ici à comprendre en quoi «: nos
po~tes », ceux qui ont refondu notre sensibilité et lui ont
donné ses nouvelles manies, se distinguent des grands poètes
historiens : Homère, Dante, et Ronsard même, et Chénier, et
Hugo. Il faut lui en savoir gré.
Il faut aimer aussi la façon, un peu trop suivie et appuyée
peut-être, mais subtile et profonde, dont il analyse les rapports de la poésie avec 1a mort :
La poésie dans son état brut fait vivre celui qui la ressent avec une
nausée. Cette nausée morale vient de la mort. La mort est l'envers
de la vie. Cela est cause que nous ne pouvons l'envisager, mais le
sentiment qu'elle forme la trame de notre tissu nous obsède toujours.
li nous arrrive de sentir nos morts contre nous et, cependant, d'une
sorte qui empêche toute correspondance. Imaginez un texte dont nous
ne pourrions savoir la suitt:, parce qu'il e-st imprimé à l'envers d'une
page que nous ne pouvons lire qu'à l'endroit. Or l'envers et l'endroit.
utiles pour s'exprimer à la mode btuna1ne, n'ayant sans doute aucun
sens dans le surhumain, ce verso, vague, creuse autour de nos actes,
de nos paroles, de nos moindres gestes un vide qui tourne l'âme
comme certains parapets tournent le cœur.

NOTES

La poésie active ce malaise, le.melange aux paysages, à l'amour, aUsommeil, à nos plaisirs.

De tels passages, qui témoignent d'un sentiment vrai de la
poésie et qui semblent impliquer chez l'auteur un certain
détachement des contingences littéraires, foot qu'on s'étonne de
le trouver au contraire, en d'autres endroits, préoccupé
des plus petites histoires et soucieux à l'excès de sa situation, au
sens propre, comme écrivain. Le besoin le tourmente de rester
à l'avant-garde; s'il est dépassé, le. voici qui s'épuise à démontrer que ce ne peut être qu'en apparence. Plus grand que l'inquiétude de la perfection semble être en lui par moments le
goût de créer, ou de lancer des modes artistiques .
On est gêné aussi de le voir faire avec tant d'insistance l'histoire de ses œuvres. Qu'il attende que la curio"Sité s'en éveille
en nous ! Il sera toujours temps, pour lui, de répondre aux
questions que nous lui poserons.
Et si nous n'avons pas deviné toutes les intentions qu'il a
mises dans Parade, dans le Potomak ou dans les Mariés de ta
Tour Eiffel, c'est notre faute, je n'en doute pas, mais qu'il nous
la laisse d'abord expier tranquilles l
Le public a tous les droits, et d'abord celui de se tromper.
Cocteau a de quoi conquérir sa faveur, et il l'aurait déjà conquise plus solidement, s'il ne voulait toujours lui faire la leçon
et ne contestait en toute occasion sa souveraineté.

,. ,.

JACQUES RIVIÈRE.

POÈMES DE LA VIE MORDUE, par Henri Dalby
(Images de Paris).
Un poète -se met en r011te, sachant

à peu près où il veut
alJer. Mais voici qu'il se laisse distraire, fait trop de détours,
arrache des épis verts et des fleurs fanées, oublie parfois le but
de sa promenade. J'espère p1ourtant qu'il arrivera.
Tributaire de l'unanimisme, partkulièrement attentif aux
,expériences techniques de quelques maîtres, M. Henri Dalby
compte ses pas, les écoute sonner sur le pavé. Il ne peut se
défendre, le rythme suscitant l'émotion, de servir du même
coup l'idéal de force et de viril amour qu'un Jules Romains, un
Charles Vildrac ont impérieusement défini. J'ai cru comprendre

�634

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSB

que, bien au fond du cœur, le disciple gardait le regret de certaines tendresses d'élégie et même de préciosités sentimentales
qui se traduisent en images littéraires. li en résulte un déséquilib1ie111omentané. Quand M. Henri Dalby sera maître de son
cfulnt, il .,n'auta- plus à se défier de son inspiration . Mais avant
qu'il s'abandonne davantage, on peut souhaiter que davantage
iL se contraign.e. Il est digne de recevoir un tel avis.
PAUL F!ElŒNS

LE ROMAN

KO'l'ES

humains, accusations contre les profiteurs, anathème contre le
tango, appels féministes, un peu de morale, deux lignes mystiques pour finir. D'autre part M. Vietor Matgueritte a des
grâces de style. Lui seul pe11t dire d'un homme qui va se
marier : « Il chaussait la perspective de cette stabilité comme
une tiédeur de pantoufles. »
La Garçonne est le grand succès de l'année . .A c6té les Don
Jaanes pâlissent, les Doti fuanes qui, aujourd'hui, hélas! me
semblent une source fraîche.
l'-AUL RIVAL

*

LA GARÇONNE, roman, par Victor Margueritte (Flammarion).
Le. plan de ce livre est naïf, Vous rappelez-vous les ficelles
ingénue(! de. Fénelon promen,ant son charmant mannequin
Télémaque à travers le monde ancien ? Vous souvenez-vous
des deux petits Lorrains du Tour de France errant de yj}]e cm
ville à la recherche d'u.n oncle introuvable et s'instruisant au
passage des mœurs, des industries et des grands hommes ?
M. Victor Margueritte conduit une irréelle jeUDe fille à travers
les plaisirs défendus. Joies très simples ou très compliquées,
in,ersions, chatoui)lemei1t, opium, l'auteur s'applique et
n'oublie rien. Il aura.it dù intitule, son livre : P~tït abrdgé des,

distractions confsmparaiues.
Cette matière a ~évolté beaucoup de gens. Eourquoi.? Les
plaisirs de la chair, c'est un très grand sujet. Imaginez un poète
ardent, robuste, s'enivrant du contact des corps_, quel bymne
de soleil pouvait naitre ! Ou bien pensez à un être concentré,
las du phtisir banal, cherchant la lueur inconnue, aiguisant son
esprit et ses sens, fouillant le noir jusqu'au frisson étrange.
Pcmsez, à Baudelaire!
M. Victor Margueritte n'a ni la flamme claire, niJe sombre
feu.. C'est un col!ectionneUI tou.t sec d'égarements i il les décrit
avec patience. il énumère les petits tours d~ gymnastique
sexuelle, Son line est un recueil, une.« règle des jeux».
A qu-~ ce manuel peut-il servir? A des vieillards doat le sang
s'engourdit, à de très jeunes gens_, que sans doute il rendrait
ch.-astes ?
Ces ternes priapées s'entremê lent de quelques trémolos, :
écqos de la gµerre,. tirades généreuses sui; les misères des

CES PETITS MESSIEURS (Emile-Paul) ; LE JEU DE
L'AMOUR ET DE LA DANSE (Œuvres Libres, n° 16),

par Francis-de Miomandre.
Peu ou prou fos héros de Francis -de Miomandre.s'appa:rcntent
tous au délicieux Pr-errot cle la pantomime marseillaise, tel que
l1adorent les habitués du Palais. de Crisflll. IL semblait que Ja
guerre (l'après-guerre plutôt) eüt chassé de la réalité l'insouciant
et nonchalant héros fantaisiste d'Ecr:-it sur de. l'eau., de Le Ve,it et
la Pmwière, des Dialogues att bon solei:l. Mais non, ce persoanage
est immortel, ou du moins· Mi-omandre, qui le cbédt comme
un frère, est parvenu à Je ressusciter. La vie comme à tout le
monde Jui est devenue difticile ; taper les amis d'un Jours de fois
à autre ne suffit plus pour manger et fumer (car pour ce qui est
de se vêtir, il n'a jamais été question dans un livre de Francis
de Miomandrede régler les factures de son tailleur). Il a pris
des allures iaquiéta11tes, comme dan.s Ces- Petîfs ' Messieurs, 011
bien Miornandre a fuit pleuvoir du ciel sur lut quelques rentes
comme dan&amp; le Jeu de Z:Amottr atde la Da11se. Mais c'est toujours
le rythme preste, les gestes et les- pirouettes de la pantomrme
italienne qui cadencent le rtût. Et comment ne pas ~abandonner à cet humour si ~aer, mélange de plaisa.nteries faciles;
de badinage exquis etd'iro0ielyrique, qui coufo de source ...
Dans sa peinture des hommes-femmes comme dans celle des
dancings, Miomandre a gliss_é rrne discrète étude de mœurs. U
aurait pu s'en dispenser : nous aurions eu tout de même ces
deux· couples inoubliables, le couple des champions de tango et
celui de l'héritier du trône d'Albanie et de la richissime Brésilienne.
BENJAMIN CRÉMIEUX

�I

LA NOU\'ELLE REVUE fRANÇAISB
NOTES

BAS -BASSINA-BOULOU, par Franz. Hellens (Rieder).
D'un côté il y avait des Anglais en tenue kaki cernés par un
parti Zoulou. Equipements, cartouches, baïonnettes et fusils
européens s'avéraient inutiles dans la mêlée. Les noirs, empanachés de plumes de guerre, abattaient et décapitaient les blancs,
en riant, tellement cela leur était facile sans doute. De l'autre
côté, sous un ciel bien bleu, à la corne d'un bois plein de fraîcheur, des Français en flottard et la canne à la main admiraient
un groupe de fétiches dahoméens deux fois hauts comme eux,
rouges, verts et jaunes plantés là awc leurs mamelles en obus,
Jeurs verges horizontales et leur rire sanglant, d'une oreille à
l'autre, plutôt idiot que cruel. C'était, il y a bien trente ans, une
illustration populaire sur quoi je me souviens avoir passl- des
heures entières, fasciné par cette barbarie et cette grossièreté.
Franz Hellens vient de me rendre toutes neuves ces vieilles
sensations enfantines. Sous le fer rouge qui lui grave des yeux
et une bouche, son Bass-Bassina-Boulou prend vie tout à coup.
Et les sorcelleries, les massacres, la tornade et la famine que
cette caricature de bois, quelque part en Afrique équatoriale.
préside et contemple en croyant les provoquer ou les arrêter,
ne m'effrayent pas trop, pas plus que le carnage zoulou de la
vieille image, pas plus que Bass-Bassina Boulou lui-même dont
le plus grand effort est de trouver tout cela « bien et nécessaire», puisque tout cela est.
Après tant de curieux livres et surtout cette Mélusine qui semblait bien marquer une étape dans son talent, Franz Hellens ne
pouvait re\'enir - brusquement du moins - à l'étude tendue
et émouvante des hommes si étroitement compliqués de ce
côté-ci du soleil. On n'escalade pas impunément, a\'ec Merlin,
la belle cathédrale inconnue. Il en faut redescendre, et comme
elle s'élevait en plein désert, c'est en plein désert que l'on remet
le pied tout d'abord, avec au plus près une ou deux tribus noires
où les femmes font encore l'amour sans s'en douter avant d'être
égorgées pour nourrir les mâles quand le ravitaillement fait
défaut.
Animer un fétiche nègre pour suivre aux cercles concentriques de sa cervelle de bois les courts tirets d'idées que l'uni•
vers y inscrit était une gymnastique tentante et nouvelle, et

637

fort périlleuse. Car il y fallait redécounir cet univers et le
re-conoaitre avec - et malgré - cette immobilité de bûche
taillée, ce cerveau embryonnaire d'anthropophage et cette ignorance de nouveau-né que l'auteur a su consen·cr à son fétiche.
Cest, au ralenti et par images simples, adroitement rapprochées, complétées et surchargées, la suggestion d'un monde
que nous ne connaissons déjà que vaguement et où nous pénétrons ainsi, avec les yeux, le nez et les oreilles d'un bout de
pieu à peine promu à l'animalité. Ainsi un boutiquier de Londres découvrait la vie martienne par petites surfaces, petits
fragments dépareillés, en se cassant le cou d~une certaine façon,
à une certaine heure, sous une certaine lumière, au-dessus de
son merveilleux œuf de cristal. C'est, au vrai, assez fatigant et
l'on est étonné de la force, de la patience de !'écrivain que ce
jeu, loin de rebuter, a conduit aux minuties les plus crupuleuses. Son talent de l'image primitive permettait seul de soutenir aussi longtemps cette exploration à petits pas. Rieo n'est
suggestif comme B-B-B jetant devant lui les cercles de ses yeux.
Ainsi il accroche et cerne précisément chaque objet- de bleu,
de jaune et de rouge - et le conduit en couleur et en forme à
son cerveau obstiné. Et ainsi du reste. Mais le vocabulaire
réduit dont il dispose pour ses conversations avec les animaux
qui seuls l'entendent et lui répondent (magie du règne inférieur) limite par influence les ressources du conteur. Certes, la
connaissance et le jugement de B-B-B sont curieux à découvrir,
mais d'autres choses qui lui échappent partiellement ou tout à
fait nous attireraient volontiers plus au large. La réceptivité de
cefétiche, tout extraordinaire qu'on nous la livre, nous devient
vite un loup étroit, aux yeux mal en place, sous lequel nous
étouffons. L'envie vient souvent, le désir prend de n'être qu'un
sorcier ou qu'un simple nègre même, plutôt que ce v maitre de
l'univers » toujours immobile que tant de choses simples
étonnent encore ou ne touchent même pas du tout. Sortir de
cette branche taillée et polie serait bon ; tourner la tête, seulement, ou la lever serait reposant. Mais sans doute est-ce là le
vrai dessein de Franz Hellens. Après la fantaisie et l'ubiquité
dont il nous a grisés dans Milusine, a-t-il voulu nous ankyloser
dans ce Quasimodo noir pour nous révéler le tourment des
pierres qui vivent elles aussi comme le prétendait Mouata-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Yamvo? Mais c.e n'est point ce tourment-ci qui abolira cette
griserie-là.
RENÉ-MàRIE HE'R,\IANT

LETT)ŒS bTRANGÈRES

LE DÉJEUNER CHEZ (E MARÉCHAL DE L,A.
NOBLESSE; UN MOIS A LA CAMPAGNE, par Iva~
Tourguéniev, traduction de Denis Roche (Bossard).
La coofüsion que nous ressentons à l'égard de Tchekhov
pour avoir si longtemps méconnu son œuvre, ne nous por:têt-elle pas, par une réaction. naturelle, à sutfaire uu peu son
.théâtre. - du moins à lui attribuer ¼e mérite exclusif de qualités
qu'il n'est pas seul à posséder dans SOll. pays? Rien de curieux
.à cet égard comme les ci.eux pièces de Tourguéniev que. vient-de
traduire M. Denis Roche, surtout la seconde, U,i Mois à la.
Ca,mpag11e . Une voix autorisée déclarait i « Le 1ht'iâ1re de Tourguéniev nous a aidés à comprendre le théâtre de l'chékhov, de
même que, par 1:1ne lumière rétrospechve1 Je théâtJe de Tchékhov nous a fait comptendrie celui de Tourguéuie-v. »
On trouve déjà :dans Un Mois à la Campagne, écrit en 1850,
cette st~ation de la provin-ce russe, cette impression d'ennui
dont plus tard Tcliékhov saura tirer un effet si saisissant.
Même atmosphère,., mêrue pesée du destin ; et, chez l'auteur,
même discrétion dans la conduite de l'action, mais avec un
dessin plus serré des , caractères, .u ne sorte de clarté frànçaisequi met dans toute l'œuvre plus de lignes et d!àrticulations. La
pièce est construite autour d'un grand rôle fémioiu, celui
d'une honnête femme qui s'ennuie entre son mari qu'elle
estime et un voisin qu'elle 11'-aime pas assez pou~ commettre
une folie, quand elle s'éprend soudain d'un jeune précepteur.
La '.llaissance de cette passion, le passage du sentiment confus à
1
la conscience, le. trouble jeté dans l'immooile existence de
ces barines, tout cela est décrit minutieusement, amplement,
~ans hâte. 11 y a quelque chose de racinien dans la délicatesse
.de l'analyse, dans les pro.cédés ..par lesquels sont amenés les
revirements, dans la lutte de l'ins.tinct et de fa pudeur et jusque
dans les monologues maladroitement taillés ur le modèle de
.ceux de Phèdre. La pièce est mieux que curieuse, elle est
-émouvante et, malgré ·quelques .fâcheux artifices qui datent,

NOT.ES

0 39

.elle est beaucoup moins fanée -que presque tonte"ll nos œuvres
dramatiques de la même époque. M. Denis Roche tnbus dit
qu'en la montant Stanislavski a obtenu un de ses plus brillants
succès.
Est-ce la difficulté de satisfaire aux exigences de la censure
russe et par conséquent de faire représenter ses pièces, est-ce
l'influence de ses amis parisiens qui a porté Tourgi.:éniev à se
désintéresser quelque .peu de ~on théâtre et à n'y voir que des
essais de jeunesse ? Il serait curieux que ce soit dans ses pr.emières œuvres qu'il .apparaisse J~ plus spédfiquement, le plus
,prophétiquement de son pays .
JEAN SCHLUMB~~

LE DOMAINE, par ]olm Ga!&amp;worthy, traduction du
prince Bibesco ( Calmann-Lévy).
Galsworthy occupe aujourd'hui uue des toutes premières
places du roman, non seulement pour l'opinion anglaise, mais
pour l'opinion européenne. II paraît avoir en Suède, pour le
prix Nobel, plus de partisans que Thomas Hardy, et il s4:ra probab1eme.nt, cette annêe, le favori. Jusqu'ici il a été acéueillï en
France avec tiédeûr, malgréTa'rticle enthousiaste et éclaifé que
lui a consacré M. André Chevrillon dans ses Trois Etuifes de
Littérature Anglaise (Plon). On a accusé ses traducteurs, dont
la tâche, avec un écrivain si délicat et si subtil, est extraordinairement difficile. La traduction du prince Bibesco parait
attentive et soignée, et elle fait passer en français une œuvre de
premier ordre. Le Domaine (Co1mtry Hottse) se rattache au cycle
des cinq premiers romans de Galsworthy, qui va d'Islartd Pharisees à Tbe Patrician, et où l'auteur a peint cinq milieux de
la haute société anglaise. Le Domaine présente au plus haut
degré les qualités ordin.aires de Gals worthy. Une extraordinaire
délicatesse de touche, une vie très intense obtenue par les
moyens les plus économiques, par les signes les plus discrets de
la vie la plus intérieure, une ironie où il n'y a pas un grain de
méchanceté, et qui se confond, d'un point de vue final, avec la
plus juste clairvoyance. Certains romans de M. Boylesve,
]'Enfant à la Balustrade par exemple, corrèspondraient peut-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

être, chez nous, à ce genre exquis d'art, d'observation et de
philosophie.
ALBERT THIBAUDET
* *

LES REVUES
L'AM'oUR

MEMENTO

(Sept.): Manet, par Tristan Klingsor.
NOUVEAUX (Sept.) : Certains chants d'innocence, par

MARCEL PROUST

DE L'ART

LES ÉcRITS

William Blake.
-

LA GRANOJl REVUE

(Sept.) : Hugo Stinnes, par Félix Bertaux.
Oct.) : Léo11 Chestov, par Boris de

Mli.RCURE DE FRANCE (1er

Schlœzer.
L'OPINION

(29 Sept.): Paul Valéry, par A. Thérive:
Sept.) : Henri Ghéon el le peuple fidèle, par

LA REvuE DES JEuNBS (25

R. Salomé.
LA REVUE DE
1'ar E. Seillière.

GENÈVE

LA REvoE RHENANE

(Août-Sept.): L'évolttlion morale d-e Taine,

(Oct.): Cbas Laborde, par Pierre Mac Orlan.

.

'*

La troupe de l'Atelier que dirige M. Charles Dullin vient de
s'installer au Théâtre Montmartre. Elle y joue La vie esl un
.songe, de Calderon . Nous reparlerons prochainement de son
.effort.

J

.,
LE. GERANT : GASTON GALUMARD
AIIBEVlLLE (FRANCE). -

IMPRIMERIE F. PAll.LART.

Un malheur affreux vient de nous frapper, frappe
les lettres françaises : Marcel Proust est mort. Malgré
la vie cloîtrée qu'il menait depuis plu~ieurs années
déjà, rien dans sa santé ne semblait irréparablement
atteint; il avait même un fonds de résistance qui
étonnait ses amis et les empêchait d'imaginer que la
maladie pût jamais le vaincre. Une petite grippe qu'il
n'a pas su ni voulu soigner, a traitreusement déjoué
ses défenses et nous l'a pris.
Sur cette tombe, il faut avant tout éviter l'emphase.
Il faut que notre douleur se maintienne intérieure
et sage, comme lui-même fut appliqué et profopd.
Et pourtant c'est un ami de la plus rare bonté et
d'un charme délicieux que nous perdons. Et pourtant c'est un des plus grands écrivains français qui
s'en va. Et pourtant c'est la lumière la plus éclatante
que la France ait projetée sur le monde, dans le
moment même où on pouvait la croire épuisée par
la guerre, qui s'éteint.
On ne sait pas encore, on ne peut pas savoir encore,
mais on verra peu à peu combien Proust est grand .
Les découvertes qu'il a faites dans l'esprit et dans le
cœur humains seront considérées un 1our comme
41

.,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

aussi capitales et du même ordre que celles de Képler
en astronomie, de Claude Bernard en physiologie ou
d'Auguste Comte dans l'interprétation des sciences.
Il a droit encore pendant longtemps à l'indifférence
de ceux qui parlent au lieu de penser. Mais il faut
que l'entourent et 1assiègent avec instance et fi.délité, dès maintenant, la curiosité, la t~ndresse, la
reconnaissance de tous ceux pour qui se comprendre
et comprendre l'homme sont les seules occupations
qui aient un sens dans cette vie.
La ·Nouvelle Rçuuc Française, qui a eu l'honneur et
la joie de révéler Proust au grand public, tient à
montrer tout de suite l'importance qu'elle lui attribue
en lui consacrant un numéro spéciaJ. C'est l'homme
d'a ord que ses amis personnels tâcheront par des
souYenirs, de faire revivre ; c'est l'écrivain ensuite
que les critiques qui ont su, les premiers, le reconnaitre, s'attacheront à définir et à situer. Un fragment
inédit du volume que Proust venait de nous remettre
pour l'impression, et - nous l'espérons aussi- certains témoignages étrangers, complèteront cet hommage.
Que notre deuil du moins tâche d'l1rc fécond, s'il
est impossible à consoler !
JACQUES RfVIÊRE

ALAIN-FOURNIER

Comment rattraper sur la route terrible où elle nous a
fuis, au delà du spécieux tournant de la mort, cette âme qui
ne fut jamais tout entière avec nous, qui nous a passé entre
les mains comme une ombre rêveuse et téméraire ?
es Je ne suis peut-être pas tout à fait un être réel. » Cette
confidence de Benjamin Constant, le jour où il la découvrit,
Alain-Fournier fut profondément bouleversé; tout de suite
il s'appliqua la phrase à lui-même et il nous recommanda
solennellement, je me rappelle, de ne jamais l'oublier,
quand nous aurions, en son absence, à nous expliquer
quelque chose de lui.
Je vois bien ce qui était dans sa pensée : « Il manque
quelque chose à tout ce que je fais, pour être sérieux,
é~ident, indiscutable. Mais aussi le plan sur lequel je
circule n'est pas tout à fait 1 même que le vôtre; il me
permet peut-être de passer là où vous voyez un abîme: il
n'y a peut-être pas pour moi la même discontinuité que
pour vous entre ce monde et l'autre. »
Ses plus grands enthousiasmes littéraires allèrent toujours aux œuvres qui lui faisaient sentir l'idéalité de l'univers et de la vie elle-même.
Il faut savoir aussi combien il était sobre: matériellement
d'abord (jamais il ne sembla prendre à la nourriture le
moindr plaisir, il ne lui demandait qué de l'entretenir en
vie); mais surtout au spirituel: j'ai souvent admiré combien légèrement il goûtait à la réalité et c'était une surprise
pour moi, à chaque fois, de voir de quelle impondérable

�ALAIN-FOURNIER
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

mousse s'emplissait seulement la coupe qu'il y plongeait.
Il n'y avait pas là l'effet d'une constitution physique
fragile, hi aucune intolérance par débilité. Au contraire
Fournier fut toute sa vie robuste et bien portant. C'était
son esprit tout seul dont l'aspiration était ainsi prudente et
réservée, - comme s'il eût eu ailleurs d'autres sources où
puiser, et une alimentation invisible.
Quand je la compare à la sienne, toute ma vie, qui pourtant fut occupée par beaucoup des mêmes événernents,
m'apparaît affreusement positive. J'ai à peu près réussi là où
il échoua sans cesse; et pourtant c'est lui qui volait, moi qui
reste ...
Il serait vain de vouloir faire la part du merveilleux spon. tané, dans son histoire, et de celui qu'il y ajouta luimême par la simple tournure de son imagination. Elle
reste, en tous cas, « à peine réelle &gt;&gt;, tissée des aventures
les moins analysables; des femmes y sont mêlées dont, du
fait que son regard seulement les effieura, il devient impossible de savoir qui elles furent d'autre que les anges ou les
démons qu'il vit.
Une biographie d'Alain-Fournier ? Ecrite du dehors,
puisée ailleurs que dans ses co:ites et dans le Grand Meaulnes,
ne sera-t-elle pas un continuel mensonge, le récit des faits
qu'il n'a pas vécus? Et comment oser, en particulier, reconstituer sa dernière rencontre? Comment savoir le visage
qu'eut pour lui, brusquement dévoilé dans la solitude, cette
maîtresse terrible qu'il avait toujours attendue: la guerre ?

I
Pourtant je suis le seul à l'avoir vraiment connu. Nous
nous étions liés au lycée Lakanal, où nous étions entrés
tous les deux en octobre 1903 pour préparer l'Ecole Normale Supérieure. Nous avions le même âge: dix-sept ans.
Notre amitié ne fut d'~illeurs pas immédiate, ni ne se

noua sans péripéties; nos différences de caractère se firent
jour avant nos ressemblances. Fournier, animé de l'esprit
d'indépendance qu'il devait attribuer plus tard à Meaulnes,
avait entrepris d'ébranler la vénérable et stupide institution
de la Cagne, c'est-à-dire la constitution hiérarchique qui
réglait les rapports des élèves de rhétorique supérieure et
l'ensemble de rites et d'obligations humiliantes que les
anciens imposaient aux « bizuths &gt;&gt;. il avait pris la tête
d'une coterie de révoltés, avec laquelle je sympathisais
secrètement, mais que ma timidité et mon .désir d'éviter
les distractions m'empêchèrent de rallier tout de suite.
J'observai longtemps une neutralité rigoureuse dans la
bataille qui opposait mes camarades. La figure de Fournier
m'intéressait pourtant déjà vivement. Parmi ces jeunes gens,
dont plusieurs étaient comme lui fils d'instituteurs, mais
que leurs dispositions universitaires rendaient déjà légèrement compassés, il surgissait libre, joueur, ivre de jeunesse.
Ce que l'atmosphère où nous étions plongés avait d'un peu
pédant et artificiel, il le faisait par instants drôlement fuser
au dehors et nous restituait le caprice dont nous avions
besoin pour respirer.
Je le regardais combiner ses offensives contre le
«Bureau», je lisais les pétitions révolutionnaires qu'il
faisait circuler pendant l'étude. Je me sentais un peu scandalisé, un peu effrayé, fort séduit malgré tout par son personnage.
Je ne pensais pourtant pas à me rapprocher de lui. C'est
lui qui me fit le premier des avances, d'ailleurs mêlées de
taquineries et de moqueries, qui me furent, je l'avoue, très
insupportables. De toute évidence je l'agaçais un peu, si je
l'attirais aussi; ma nature appliquée, scrupuleuse, méticuleuse lui donnait des impatiences. Il me jouait des tours
que je ne prenais pas toujours très bien. Que de fois, en
rentrant de récréation, je trouvai mon pupitre bouleversé,
mes livres en désordre: Fournier avait passé par là. Je lui
en voulais de tout mon cœur !

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Mais il tenait à moi et peu à peu la sincérité de son attachemënt m'apparut, me convainquit, apaisa mes résistances.
C'est aussi qu'à côté de son indiscipline, tout un autre aspect
de son caractère se révélait ;\. moi, lentement, que je ne
pouvais qu'aimer. Sous ses dehors indomptés, je le dtcouvrais tendre, naïf, tout gor.gé d'une douce sève rêveuse,
infiniment plus mal armé encore que moi, ce qui n'était
pas peu dire, devant la vie.
Le parc de Lakanal, qui fut celui de la Duches~ du
Maine et de la Conr de Sceaux, est un endroit merveilleux;
il dévale lentement vers Bourg-la-Reine. La. grande allée
vient aboutir à une grille qui donne sur un chemin peu
fréquenté; u11 banc la termine, ou, parmi toute cette banlieue, on peut .avoir l'illusi.on d'un peu de solitude. C'est
sur ce banc que chaque jour, pendant l'heure de récréation
qui suivait le déjeuner, je venais m'asseoir avec Fourn1er.
Nous avions de grandes conversations. Il me parlait de
son pays avec une sorte de passion. Il était né I àLa Chapelled' Angillon, un petit chef-lien de canton d~ Cher, à une
trentaine de kilomètres au nord de Bourges, sur les confins
de la Soloone
et du Sancerrois, en plein centre de la France.
0
•
Mais c'est surtout d'Epineuil-le-Fleuriel, un plus petit
village encore, situé à l'autre extrémité du département,
entre Saint-Amand et Montluçon, où ses parents avaient
été longtemps instituteurs et où il avait passé toute sa
première enfance, qu'il me faisait des descriptions enthousiastes et presque amoureuses. Je reconstituais sa vie de petit
paysan dans cette campagne sans pittoresque, lente, pure
et copieuse et dont les aspects s'étaient comme incorporés à
son âme : je me rendais compte de ce qu'a.vait été cette
enfance alimentée par la précieuse ignorance de tout autre
paysage au monde que celui qu'on pouvait découvrir des
fenêtres de l'école. Quelle estacade que cette solitude pour
les voyages de l'imagination!
1.

Le 3 octobre 1886.

ALATh!-FOURNTER

1147

En effet, entraîné aussi, il faut le dire, par la lecture effrénée
des livres de prix que recevaient ses parents chaque année
vers le début de juillet et dont, s'enfermant au grenier avec
sa sœur, il consommait l'entière provision avant qu'ils ne
fussent distribués, Fournier s'était mis très tôt à imaginer
l'inconnu et à le chercher. Comme il était naturel, dans
ce plein milieu des terres, devant son horizon immobile,
il s'était particulièrement épris de l'océan. Au point qu'il
avait décidé Yers treize ans de se faire officier de marine.
Après un séjour à Paris, au lycée Voltaire, il avait été à
Brest pour préparer l'examen du Borda. Mais les mathématiques l'avaient rebuté et, au bout d'un an, laissant, le cœur
gros, échapper, comme un infidèle oiseau, son premier rêve
d'aventure, il était rentré dans son pays.
Il s'était tourné alors vers les lettres et était venu à Lakanal en faire l'apprentissage.
Il ne les choisissait donc à ce moment que comme nn
pis-aller. C'est qu'au fond il ne les avait pas encore, non
plus que moi d'ailleurs, découvertes. Je date des environs
de Noël 1903 la révélation qui nous en fut faite en même
temps à'i'un et à l'autre. Pour nous remercier du compliment traditionnel que nous lui avions adressé avant le
départ en vacances, notre excellent professeur, M. Francisque Vial, à qui mon éternelle reconnaissance soit ici
exprimée, nous -fit une lecture du Tel qu'en songe d'Henri
de Régnier:
f ai crtt voir ma Tristesse - dit-il - et je l'ai vue
- Dit-il plus bas Elle était nue,
Assise dans la grolle la plus silencieuse
De mes plus intérieures pensées, ... etc .

Puis :
En allant vers la ville où l'on cbanfe a,ix terrasses
Sous les arbres en fleurs comme cies bonq11ets de fia11,ks ...

�.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Les grands vents venus d'autre-mer
Pas.sent par la Ville, l'hiver,
Comme des étrangers amers ...

Et ces deux vers enfin qui tombèrent en nous comme
une lente pierre dans une eau troublée :
Pauvre âme,
Ombre de la tour morne aux murs d' obsidiane !
Nous nous étions déjà penchés sur .des textes admirables ; nous y avions senti par instants palpiter quelque
chose de tendre et d'exquis ; mais la gangue scolaire qui
les entourait, emprisonnait aussi leur sortilège.
Et puis ni Racine, ni Rousseau, ni Chateaubriand, ni
même Flaubert ne s'adressaient à nous, jeunes gens de
r 903 ; ils parlaient à l'humanité universelle; ils n'avaient
pas cette voix comme à Favance dirigée vers notre
cœur, que tout à coup Henri de Régnier nous fit entendre.
Nous tombions, sans avoir même su qu'il en existât
de tels, sur des mots choisis exprès pour nous et qui
non seulement caressaient nommément notre sensibilité,
mais encore nous révélaient à nous-mêmes. Quelque chose
d'inconnu, en effet, était atteint dans nos âmes ; une harpe
que nous ne soupçonnions pas en nous s'éveillait, répondait ; ses vibrations nous emplissaient. Nous n'écoutions
plus le sens des phrases ; nous retentissions seulement,
devenus tout entiers harmoniques .
. Je regardais Fournier sur son banc; il écoutait profondément ; plusieurs fois nous échangeâmes dés regards
brillants d'émotion. A la fin de la classe, nous nous précipitâmes l'un vers l'autre. Les forts en thème ricanaient
autour de nous, parlaient avec dédain de « loufoqueries ».
Mais nous, nous étions dans l'enchantement et bouleversés d'up enthousiasme si pareil que notre amltié en fut
brusquement portée à son comble.

ALAIN-FOURNIER

Dès la rentrée de janvier, délaissant les occupations dites
sérieuses et la préparation de l' « Ecole &gt;&gt;, nous achetâmes
les œuvr_es de Henri de Régnier, de Maeterlinck, de ViéléGriffin et nous les dévorâmes.
Je ne sais s'il est possible de faire comprendre ce qu'a
été le Symbolisme pour ceux qui l'ont vécu. Un climat
spirituel, un lieu ravissant d'exil, 0u de rapatriement
plutôt, un paradis. Toutes ces images et ces allégories,
qui pendent aujourd'hui, pour la plupart, fiasques et
défraîchies, elles nous parlaient, nous entouraient; nous
assistaient ineffablement. Les &lt;c terrasses », nous nous y
promenions, les cc vasques», nous y plongions nos main~
et l'automne perpétuel de cette poésie venait jaunir délicieusement les frondaisons mêmes de notre pensée.
Où le Griffon a-t-il enterré le Saphir ?

Nous y eussions condui~ sans hésiter le premier de ces
chevaliers masqués, surgis aux lisières ou près des sources
apparus, qui nous eût demandé le chemin.
Nous ne connaissions encore ni Mallarmé, ni Verlaine,
ni Rimbaud, ni Baudelaire. C'était dans le monde plus
vague et plus artificiel construit par leurs disciples, que
nous nous mouvions, sans soupçonner qu'il n'était qu'un
décor qui nous cachait la vraie poésie.
'
***

Pourtant des différences non pas tant de goùt que de
prédilection ne tardèrent pas à apparaître entre Fournier
et moi. Tandis que je mettais au premier plan Maeterlinck, pour la profondeur philosophique que je lui attribuais libéralement, et plus tard Barrès, dont l'idéologie me
ravissait, Fournier élisait avec une affection farouche
Jules Laforgue d'abord, ensuite Francis Jammes. Ces
deux admirations qui le prirent vers 1905, valent la peine
d'être analysées, car elles sont révélatriœs de certaines
tendances très profondes de son esprit.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Que n,ai-je pas dit et surtout écri.t à Fournier contre
Laforgue ? Il m'agaçait; je le trournis pleurard et pédant;
je ne comprenais rien à ses souffrances ; je ne m'en expliquais pas la cause. Fournier le défendait avec acharnement et je vois bien maintenant tout ce qu'il découvrait
de lui-même dans le pauvre blessé des Complaintes.
&lt;&lt; Blessé, mais amoureux, me répondait-il justement
lui-même dans une des nombreuses apologies qu'il me
fit de son héros 1 , blessé mais orgueilleux. Blessé, mais
d'une si grande douceur de cœur. Blessé, parce que tout
cela ; et ironique parce que blessé et seulement pour
cela. Il n'a jamais été que le jeune homme timide (à ne pas
pouvoir passer devant une &lt;&lt; dame &gt;Ï sans tomber), et qui
a répété toute sa vie :

Ob! qu'u11e, d'elle-même, wt beall soir, srit venir,
Ne voyant qlle boire à mes lèvres et mouri"i-. &gt;&gt;
Fournier était tout à fait exempt de cette timidité extérieure et physique qu'if attribue ici à Laforgue, mais il en
avait une plus secrète, à base de tendresse et d'orgueil,
qui ne le paralysait pas moins. Comme Laforgue, il avait
un immense besoin de la Femme, mais aYant tout comme
d'un calmant pour sa susceptibilité frémissante ; il ne
supportait pas l'idée d'être à découvert devant elle, en
butte à ses flèches, déconcerté, malmené ; une pureté et
une innocence parfaites en elle étaient indispensables à la
formation de son amour.
Il lui fallait l'union des àmes avant celle des corps et
un certain absolu d'affection où se plonger. Toutes les
exigences de Laforgue, il les reconnaissait pour siennes.
Et aussi les déceptions, car il n'était pas sans se rendre
compte confusément de ce que son rêve avait d'.irréalisable. Il en éprouvait d'avance cette même irritation
désolée qu'il voyait chez Laforgue se tourner en ironie.
« Ironique parce que blessé et seulement pour cela. i&gt;
1.

Lettre du

22

janvier 1906.

ALAIN-FOURNIER

Laforgue devait lui servir comme d'une vengeance anticipée contre cette étrange nation des femmes à laquelle il
avait la plus étrange idée encore d'aller demander du
bonheur. Il avait à ce moment-là des relations, tout à
fait pures d'ailleurs, avec une petite étudiante, qu'il accompagnait chaque dimanche et tâchait de former suivant son
idéal. Il ne chercluüt pas trop à la transfigurer à mes yeux ;
mais je sentais quelque chose en lui, dès ce moment, se
débattre contre les bornes par trop précises qu'elle infligeait à son imagination ; il la lui fallait déjà plus sincère,
plus candide surtout qu'elle ne pouvait être. Et de ses
petitesses, de ses coquetteries il souffrait comme d'autant
d'injustices qu'elle eût commises envers lui.
Pourtant il ne faudrait pas se représenter Fournier
comme dominé par le scepticisme moral ou le dépit,
ni comme dépourvu de tout réalisme ; à ses chanceuses
aspirations le goût des choses concrètes formait dès ce
moment contrepoids.
Déjà chez Laforgue il n'admirait pas seulement l'exilé en
ce monde ni l'amant tyrannique et craintif. Voulant me le
faire comprendre et aimer, c'est toute une série d'impressions de nature, choisies au hasard des pages, qu'il recopiait
pour moi dans une de ses lettres :
«0

cloîtres blancs perdus, ..

. - Soleils soufrés croulant dans Ier bois dépoi,itlés ...
... Paris I ses vieux dimanches
dans les quartiers tannés o,i regardent des brancbes
par-dessus les murs des puzsi01mats, etc. , ,,

Dès ce moment il· demandait à la poésie une certaine
traduction en langage clair et insaisissable, de la phis
humble réalité. C'est pourquoi Jammes, que nous avions
découvert dans !'Angélus de l'aube ... , l'avait du premier
coup enchanté.
1.

Lettre du zz janvie: 1906.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Toute la campagne, non pas celle qu'on visite, mais
celle où Fournier était né et dont il sentait l'imprégnation,
revivait dans ces lignes un peu tremblantes, privées de
toute architecture interne que Jammes traçait, les unes
au-dessous des autres, d'une main paisible et maladroite
exprès. La façon dont les mots y venaient, à leur place
physique plutôt que significative, et dont ils incarnaient les
animaux, les arbres, les métairies, en suggérant simplement l'odeur, la couleur ou la forme; la peintur~ de
chaque heure du jour, avec son soleil propre et l'exacte
déclivité des ombres ; ces vers si tangibles que certains
pouvaient être tenus entre les mains comme une gaule,
d'autres froissés dans les doigts comme une feuille de
menthe, - toute cette poésie matérielle et pure l'enchantait.

Nous ne séparerons pas la vie d'avec l'art.
Fournier s'empara tout de suite de ce vers faux,
ou mal cadencé, et le fit marcher longtemps, à clochepied, en avant-garde de son œuvre, comme un chemineau
et comme un guide.
Ce fut appuyé sur Jammes qu'il commença à se révolter
contre l'intelligence, c'est-à-dire, dans son esprit, contre la
culture des idées, contre l'effort pour définir, contre le
jugement qui exclut. Barrès, en qui je me complaisais
à ce moment et qu'il fit effort pour aimer avec moi, dans
le fond l'exaspérait : cc Je t'ai dit une fois pour toutes
que je trouvais parfaitement vain ce travail de mise en
formules... Je préférerai, moi, toujours m'arrêter pour
parler de la « mer méridionale éperdument bleue i&gt; - ou
de la batteuse que j'entends ronfler dans les champs derrière moi comme pour me dire que c'est encore l'été encore un peu de tout cet été que je n'ai pas vécu '. ii
Et plus tard : « Je me dégoûte d'écrire ainsi tant de petites
1. Lettre du 23 septembre 1905.

ALAIN-FOURNIER

théories, de petits jugements, de longues phrases qui ne
riment à rien. Alors que lentement, longuement, silencieusement je devrais chercher en moi des mots brefs et
légers qui disent le passé ou la vie '. »
Il avait commencé d'ailleurs, depuis assez longtemps
déjà, à les chercher, cc ces mots brefs _et légers i&gt;, dont it
devait plus tard trouver une si délicieuse et expressive
foison. Peu de temps après notre · découverte du Symbolisme, il s'était mis à écrire des vers. Rien de plus curieux
que ces premiers essais d'Alain-Fournier. Je dois avouer
à ma honte que je ne sus pas y reconnaitre sa vocation.
C'est aussi qu'ils révélaient tout autre chose que le
poète qu'on était porté naturellement à y chercher. Aucune image vraiment neuve, aucune transformation vraiment chimique du monde par les mots ; les objets n'y
devenaient jamais autres et saisissants ; un doux courant
les entraînait comme des fleurs intactes, - un courant
facile et faible comme la rêverie 2 • •
Je recopie ici, à titre d'exemple, non pas le meilleur mais
le plus important - je dirai en quoi tout à l'heure - deces poèmes :
A TRAVERS LES - ETÊS •••.•

(A une jeune fille.)

Attendue
A travers les étés qui s'ennuient dans les cours
en silence
et qui pleurent d'ennui,
Sous le soleil ancien de mes apres-midi
I.

Lettre du

2.

« Les premiers vers que j'ai faits, m'écrivait Fournier lui-mên,e-

22

jan ver r 906.

dans une lettre du 22 août 1906, étaient surtout la découverte extasiée
de deux ou trois mots auxquels je ne pensais plus et de tout ce que
leur son réveillait en moi : &lt;&lt; Angélus... aubépine... après-midi .•
civière ... ou voiture à chien. &gt;&gt;

•

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

lourds de silence
solitaires et rêveurs d'amour
d'amours sous des glycines, à l'ombt:-e~ dans la cour
de quelques tnfi,Ùons calmes et-perdues sous les branches,
A travers nies lointains, ines enfantins étés,
ceux qui rêvaient d'amour
et qui pleuraient d'enfance,
-V:Ous étes 1Jentte,
une après-midi chaude dans les àvetmes,
sous une ornbrelle blanche,
avec un air étonné, sérieux,
un peu
penché oomme mon enjance,
Vous êtes vmue sous une ombrelle blanehe.
Avec toute la surprise
inespérée d'être venue et d'être bknde,
de vous être soudain
mise

sur mon chemin,
et soudain, d'apporter la fr.aîcbeur de v.os mains
avec, dà11s vos cheveux, tous tes étés du Monde.

*

Vous êtes venue :
Tout mon rêve au soleil
N'aurait jamais ose vous espérer si belle,
Et pourtant, tout de suite, je vous ai reconnue.
Tout de suite, près de v.ous, fière et très demoiselle,
et une vieille dame gaie à votre bras,
il rn'a semblé que vous m! conduisiez, à pas
lents, un peu, n'est-ce pas, un peu sous vbtre ombrelle,
à la maison d'Eté, a mon rêve d'enfant,

li quelq11e maison calme, avec des nids aux toit-s,
.tt l'ombre des glyti.nes, dans là cour, sur le pas
de la porte - quelque maison à deux tourelles
avec, peut-être, un nom comme les livres de prix
qu'on lisait en Juillet, quand on était petit.

ALAIN-FOURNIER

Dites, vous m'emmeniez passer l'après-midi
Oh ! qui sait où? - à la « Maison des Tdurtereltes ».
*
Vous entriez, là-bas,
dans tout le piail1ement des moineaux sur le toit,
dans l'ombre de la grille qui se ferme. - Cela
fait s'ejfeuiller, du mur et des rosiers grimpants,
les pétales légers, embaumés et brûlants,
couleur de neige et couleur d'or, coµ,leur de feu,
sur les fleurs des parterres et sur le vert des bancs
d dans l'allée comme un chemin de Fête-Dieu.
Je vais entrer, nous allons suivre, tous les deux,
avec la vieille dame, l'allée où, doucement,
votre robe, ce soir, en la reconduisant,
balaiera des parfums cou.leur de vos cheveux.
Puis recevoir, tous deux,
dans l'ombre du .salon,
des visites où nous dirons
de jolis rienr cérémonieux.
Ou bien lire avec vous, auprès dn pigeonnier,
sur un banc de jardin, et toute la soirée,
aux roucoulements longs des colombes J»Ureuses
ef.c{J.{,hées qui s'ejf.arent de la page t.ournée,
lire;, avec vous, a l'ombrt, sous le rnarr-onnùw,
un romand'autrefo.is, ou « Clara &lt;f Ellébeuse.. n.
Et rester là, jusqu'au diner, jusqu'à la nuit,
à l'heure où l'on entend tirer de l'eau au puits
et jouer les enfants rieurs dans les sentes fraîchies.

C'est Là ... qu'auprès de-vous, oh ma lointaine,
je m'en allais,
et vous n'alliez,
avec mon rêve sur vos pas,
qu'a mori rêue, là-bas,
ir. ce château dont vous étiet, douce et hautaine,
la châ-telaine.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE -

C'est Là - que nous allions, tous les deux, n'est-ce pas,
ce Dimanche, aParis, dans l'a11enue lointaine,
qui s'était faite alors, pour plaire à notre rêve,
plus silenciwse, et plus lointaine, et solitaire ...
Puis, sur les quais déserts des berges de la Seine ...
Et puis après, plus près de vous, sur le bateau,
qui faisait un bruit calme de machine et d'eau ...
*

* *

I

Evidemment j'aurais dû comprendre ; j'aurais dû dém~ler ce que Fournier lui-même d'ailleurs n'apercevait pas
encore à ce moment: que c'était là l'exercice d'un conteur,
et non -d'un poète.
Le vers libre y était adopté par Fournier sous l'influence
sans doute des Symbolistes, mais surtout comme un moyen
de suivre exactement les phases d'un récit. Il me semble
qu'on le sent ici s'entraîner à conter. Il ne s'est pas encore
arraché à ses impressions; il cherche encore à nous les
imposer telles quelles (et avouons franchement qu'il n'y
réussit guère); mais déjà, malgré lui peut-être, elles s'analysent, elles perdent la densité poétique et prennent la
forme d'une énumération. Des faits, des événements
percent sans cesse au travers des spectacles; un dynamisme
se fait sentir sous l'enveloppe émotive; des moments sont
distingués; le présent, le futur viennent tout naturellement
remplacer le passé :
Je vais entrer, nous allons suivre tous les deux
avec la vieille dame, l'allée, où doucement,
votre robe, ce soir, en la reconduisant,
balaiera des parfums couleur de vos cheveux.
D'ailleurs le thème du morceau n'est-il pas une &lt;c aventure &gt;i déjà? Et cette aventure, ne la reconnaissons-nous
pas ? N'est-ce pas, avant la lettre, la rencontre de Meaulnes
et d'Yvonne de Galais ? Plusieurs détails du récit définitif

ALAIN-FOURNIER

figurent déjà dans le poème : la vieille dame dont la jeune
fille est accompagnée, l'ombrelle de celle-ci) sa démarche
le titre de châtelaine qui lui est donné en passant· même'
1e dermer
· vers se retrouvera textuellement dans le ' chapitre'
de la Promenade sur l'étang.
I:ne seule différence importante : au lieu de se passer
entièrement dans un « domaine mystérîeux », la scène est
d'abord située à Paris. Ce n'est que par l'imagination que
le poète la transporte par instants à la campagne.
Ce point s(;rait sans intérêt s'il ne nous permettait de
~e~o~ter plus haut que le poè121e ici analysé, jusqu'à
1ongme dans la réalité de l'aventure qui en fait les frais
ju~qu'à l'événement de la vie d'Alain-Fournier qui a donné
naissance au Grand Meaulnes .
Il est si délicat, si fragile que j'ose à peine le toucher
avec des mots ; je crains de le briser en le racontant.
Pourtant ses répercussions sur toute la vie sentimentale
et même intellectuelle de Fournier furent infinies.
J'ai dit combien il était exigeant, en pensée, à l'égard
des femmes et quelle perfection il leur réclamait comme
son dû. Il avait été bientôt las des trop pauvres satisfactions
que pouvaient lui offrir celles qui étaient à sa portée.
~t-ce une exaspération de son attente qui la lui fit
croire tout à coup comblée ? Ou bien alla-t-il instinctive.ment ~hercher un objet inaccessible qui ne pourrait le
dé~evo1r? Ou bien la vie vint-elle réellement, comme il
arnve, au-devant de son imagination et lui présenta-t-elle son
rêve authentiquement incarné ?
~e fait est simplement qu'il rencontra un jour, dans
Pans, au Cours la Reine, une jeune fille merveilleusement
belle qu'il suivit, dont il obtint par mille ruses le nom et
l'adresse, qu'il retrouva et, bien qu'elle eût l'air extrêmement réservée, aborda. Le miracle est qu'il obtint d'elle
quelques mots de réponse qui purent lui donner à croire
~u'il n'était pas dédaigné. Et il sentit que l'étrange apparit10
· 1a1re
r •
n devalt
un effort sur elle-même pour briser
42

�6 58

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'entretien et lui dire : « Quittons-nous ! Nous avons fait
une folie. »
Des années passèrent sur cette rencontre sans effa~er
l'impression que Fournier en avait reçue; au contra1re
elle alla en s'approfondissant.
La jeune fille avait quitté Paris; Four?1er eut _beaucoup
de peine à retrouver sa trace ; et quand t1 y parv1~t, longtemps plus tard, ce fut pour apprendre, avec un immense
désespoir, qu'elle était mariée.
.
Ayant suivi Alain-Fournier depuis son adol~sc:nce JUSqu•à sa mort, )e puis dire ~ue cet évé_ne;°~nt s1 d1:cret ;ut
l'aventure capitale de sa vre et ce qu1 1 alimenta 1usqu au
bout de ferve-ur, de tristesse et d'extase. Ses autres amours
n'effacèrent jamais celui-là, ni même, je crois, n'i~téressèrent jamais les mêmes parties de son âme. ~ vo!a1t tou:
jours· la parfaite jeune fille_ pen~hée s~r lm ; 11 ne. lm
demandait pas de se caracténser 01 de lm révéler ses différences• if n'avait aucun besoin, dans le fond, de la connaître ~u sens complexe et dangereux du mot ; il lui
suffisait qu'elle fût impossible comme la vie; elle non
plus, n'était&lt;, peut-être pas tout à fait un être réel~ : c'est_ par
quoi, en le comblant d'amertume, elle le consolait aussi.

II
J'avais quitté LakanaJ au mois de _juillet I 90~, aya~t
obtenu une bourse de licence en provmce. Fournier étatt
alîé passer ses vacances en Angleterre, puis· était rentré au
lycée pour une troisième année de &lt;r cagne ». Nous resümes séparés pendant deux ans.
Mais de cette séparation naquit une énorme correspondance qui me permet aujourd'hui de suivre rétrospectivem~nt le développement de mon ami pendant cette
période. ·
Ce fut, à coup sûr, une de celles où sa pensée fut le plus

ALAIN-FOURNIER

active, celle où son talent se nourrit, se forma. Tout le
poids dont l'accablait la « préparation de l'Ecole », pour
laquelle il n'était abso-lument pas doué, et qui était pour
l~i un véritable €auchemar, ne l'empêcha pas de lire,
m de pomper autour de lui tous les sucs dont il avait
ôesoin.
Il s'assimila Claudel, Gide, Rimlxmd, Ibsen, acheva de
digérer Laforgpe et Jammes. En Angleterre, il s'était épris
des Préraphaëlites. La peiamre l'intéressait, mais par les
-côtés, il faut bien le dire, où elle touchait à la littérature.
A Paris, il se mit à visiter les salons: Maurice Denis et
Laprade lui donnèrent de grandes émotions. IJ croyait
découvrir dans leurs toiles les paysages purs et dés spérés
qu'habitait naturellement son âme&gt; qu'il voulait à son tour
évoquer.
En toutes ses admürations de œtte époque, d'ailleurs,. et
même de t~:mjours, on sent un fort coefficient subjectif: il
se cherche au travers de ce qui l'enthousiasme; il poulisuit
surtout des exemples, des permissions.
Un moment il plie et s'effondre presque sous Oaudel ;
mais on le voit d'une lettre à l'autre se démener sous
1'ênorme avalanch·e, se rassembler,, se saisir : c&lt; Claude1,
sécrie-t-il, apprends-moi à penser et à écrire selon moi, à
moi qui sem.s selon moi 1 ». Et dans la lettre suivante iJ
note la leçorr et l'encou_ragement qu'il croit avoir reçu 'du
poète de Tête d:Or : « Il m'a renforcé ... dans cime conviction qne j'ai toujours eue ... que je ne serai pas moi tant
que j'aurai dans: la tête une phrase de livre, - ou, plus
exactement, qtt€· tout cela, littératlMi'e classique ou mo derne,
n'a rien àl voir avec ce que je suis et que j'ai été. Tout
tffort pour plier ma pensée à cela est vicieux. Peut-être
faudra+il longtemps etde rudes effotrts pour que, profondément, sous les voiles littéraires, ou philosophiques q:ue je
lui ai mis, je retrouve ma pensée à moi, et pour qu'alors à
I.

Lettre du 7 mars 1906.

�L.-. NOUVELLE REVUE FR,ANÇAJSE

660

genoux, 1e me penche sur elle et je transcrive mot à
mot 1. »
Il est difficile, tant elles sont nombreuses et riches, de
mettre en ordre toutes les découvertes que Fournier fit sur
lui- même, ou plutôt sur son talent et sur les conditions
de sa création, pendant ces deux ou trois années.
Les plus générales d'abord : il comprend, lui qui vient
de s'épanouir, au milieu et par le moyen de la littérature
la plus ésotérique, la plus aristocratique peut-être qui ait
jamais été, - il comprend que ses sources d'inspiration
sont d'ordre populaire, qu'il doit obéissance à son hérédité
paysanne et que c'est du milieu dont il sort que monteront
à son esprit les vrais thèmes de son œuvre future. Toutes ses
lettres sont pleines de descriptions de son pays, de grands
récits de promenades, de conversations avec des paysans qu'il
me rapporte méticuleusement : « Il me répondait, dit-il de
l'un d'eux, avec une grossièreté, et une lenteur, et une
prudence qui me prenaient le cœur 2 • » Et plus loin : « Je
voudrais dire avec le même amour les injures de celui qui
veut qu'on ferme les barrières de ses prés, et qui n'est que
haine déchaînée - et les paroles du braconnier que, revenant en retard, nous avons rencontré, poussé, le long de
la baie, par l'orage menaçant et le vent rouge, vers la nuit
d'août t0mbée, etc. i » Et dans la même lettre encore :
« Je voudrais m'adresser à la campagne, comme les Goncourt à Paris : « 0 Paris ... , tu possèdes ... » Je veux au
moins dire que si j'ai connu moins que les autres ces
inquiétudes de jeunesse, ces angoisses sur mon moi, ce
désarroi du déracinement, c'est que j'ai toujours été sôr de
me retrouver avec ma jeunesse et ma vie, à la barrière au coin d'un champ où l'on attelle deux chevaux à une
herse.. . Et jamais plus que cette année de douloureuse
sécheresse, je ne l'ai trouvée aussi compatissante, sympa1.

Lettre du

2.

Lettre du 3 septembre 19()6.

3. 1/xd.

21

mars

1&lt;)06.

ALAIN-FOUJU IER

661

thisame ... avec ses pardons pour ma fièvre, ses airs de
connaître mon mal comme la lavande connaît les plaies
d'être accoutumée à moi comme je suis terrestremen;
accoutumé à sa compagnie 1 • &gt;&gt;
Cette parenté avec les champs, que j'avais tout de suite
sentie en lui, dont Jammes plus tard l'avait aidé à mieux
prendre conscience, il commence à l'éprouver comme une
incitation à créer. Elle prend un sens positif, actif; elle
veut se développer et se dire.
Aussi comme il est hostile à tout ce qui pourrait le séparer de sa terre et plus généralement du monde vivant, des
êtres paniculiers, de l'immense règne du concret! J'ai déjà
noté plus haut sa répugnance, sa résistance à tout effort
critique et l'espèce de mauvaise humeur avec laquelle il
repoussait mes tentatives pour emprisonner le réel dans des
formules. Elles vont croissant.
Contre un ami à qui il s'était confié et qui avait cru lui
faire p~aisir en reconnaissant et en étiquetant chaque trait
de lui-même qu'il lui révélait, Fournier se ré,·olte :
« C'est moi-même qu'il veut à toute force comprendre et
même réfuter. Je suis loin, moi, d'avoir la même ambition
à son égard 1 . »
Et en effet s'il écrit : « Le principal est évidemment
mon horreur, ma frayeur d'être classé, JJ, c'est vrai qu'il
n_e cherche jamais non plus à cerner, à classer, ni même à
situer dans le plan intelligible, ni les autres, ni aucun
aspect du monde: « J'ai le mef',·eilleux pouvoir de sentir.
Toutes choses ne m'ont été connues que par l'impres-

1. Lettre du 3 septembre 19()6. La dernière phrase est une allusion
à un passage des Muses de Claudel.
2 . Lettre du 17-19 février 1900.
3- Même lettre. Et ailleurs: « Tous ceux qui ont voulu s'occuper de
m~ vie m'on_t froissé. » (Lettre du 9 novembre 19()6). « Surtout il faut
fu1_r ceux qm se prétendent vos amis, c'est-à-dire prétenJent vous conn~ttre et vous explorent brutalement. » (Mème lettre). « Qu'on me
l:usse ma cervelle à moi 1 » (Lettre du 29 janvier 1900).

�662

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sion qu'elles laissaient sur mon cœur. Aussi ne les ai-je pas
dîstinguées •. &gt;J
Fournier aperçoit un inconvénient grnve pour lui dans
toute opération de discernement ou même d'abstraction ;
eile isole, elle brise un contact, pense-t-il. Et c'est de
contact avec les choses, avec les gens qu'il a d'abord
besoin : « Puisque l'ignorance qui accepte est à mon avis
plus près de la vérité que n'importe quoi, et puisque,
selon toi, l'ignorance est la source des émotions infinies
(je n~avais pu formuler que par erreur une telle opinion
que toute ma nature démentait), je te demancie : Pourquoi ne pas se laisser aller tout de suite à cette ignorancelà ~ ? &gt;&gt; Et dans la même lettre : (&lt; Ne rien - même au
fond - mépriser. S'y fondre, s'y confondre, s'y mêler.
Y conformer sa pensée. Et la perdre ailleurs, le lendemain.
Il n'y a d'atroce dans la vie que notre, nos façons de la
voir - quand nous y tenons. »
Au fond, c'est sa vocation de romancier qui se révèle à
Fournier, déjà, au travers de son go{1t pour l'ignorance.
S'il se -dérobe à toute per:ception et à toute énonciation du
général, c'est parce qu'il entend s'établir sur le plan même
de la vie et dans une soi:te de commun niveau avec les
êtres particuliers.
et Il n'y a d~art et de vérité que du particulier 1 », écritil. Et déjà, bien plus tôt : « Je ne crois qu'à la recherche
l~ngue des mots qui redonnent l'impression première et
complète. )) cc f ai toujours désiré quelque chose qui
touche (dans le sens de toucher à fépaule), qui arrête et
qui évoque 4. » Et ailleurs encore: &lt;&lt; Je puis, des années,
avoir conçu les idées les plus claires, elles ne me sont rien
t;mt que je ne les ai pas senti passer de mon intellect à

r. Lettre du 9 novembre I9{)6.
Lettre ·du r9 février 1,00.
3. Lettre du 23 septembre 1905.
4. Lettre du I'5 août r 906.

ALAIN-FOURNIER

cette partie de moi où les choses sont plus obscures et
impossibles à exprimer sinon par l'énoncé difficile, ému,
surhumain de tout leur détail '. &gt;&gt;
Il réclame le droit d'aller trouver chaque être, à sa place,
sans aucune intention ni .ambition préalables, et simplement pour l'y vivifier de son amour et de son imagination ;
« Je crois que toute vie v~ut la peine d'être vécue. On
les évalue, on méprise les unes, 011 glorifie les autres,
parce que peut-être on en fait arbitrairement les parties
dtun tout, d'une société, d'un monde idéal, q_ui 11'a
pas plus de raison d'être sous le soleil que tel ou tel
autre 2 • &gt;&gt;
Déjà l'on a vu comment il fait sortir et pour ainsi dire
engendre au courant de la plume des personnages à la fois
précis et n:ystérieux, que sa lettre m'apporte fragilement,
comme enrobés encore de sa prédilectfon. Il y aurait de
longs passages exquis-à citer.
Toute rencontre l'émeut, toute vie entr'aperçue; il la
reconstruit aussitôt, dans son paysage, sous sa lumière,
avec sa vibration; il s'attendrit sur elle, il épanche sur elle
le flot de son admiration, pour mon goût un 1Jeu tro_p
compati,ssante et aveugle. Je lui reproche de temps en
temps son excès de sensibilité, que j'-appelle sans ménagement de la sensiblerie. Il se gendarme, comme si je voulais tarir une .source en lui.
C'est vra.i, pourtant, à cette époque, qu'il a l'émotion un
peu facile devant tout ce qui se présente avec humilité ou
insignifiance; les profondeurs qu'il veut y-voir, je n'y comprends rien. Je suis froissé par sa tendance à tout transfigurer ; je ne sais _pas y reconnaître ~e don protiigie.ux qui
est en train de lui venir, de rendre à chaque objet sa dose
latente de merveilleux.
Lui~ pourtant (c'est 1a seconde des dècouvertes qu'il fait

2.

1.

2.

Lettre &lt;lu ·21 avril 1906.
Lettre du 23 septembre 1.905.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sur son talent), le sent déjà se former en lui et devine tout
le parti qu'il pourra en tirer.
Ou plutôt il aperçoit, il sait que s'il lui faut rester en
communion avec la vie particulière, ce n'est pas seulement
pour la bien observer et la bien décrire ; Je naturalisme
n'est pas son fait ; l'entbousiasme que lui a donné un
moment Germiuie Laccrteux, est sans lendemain'.
Autant qu'à l'abstraction, il répugne à la reconstruction
littérale et intégrale de ses modèles. En fin de compte ce
n'est pas du tout l'épaisseur des objets, ni le volume des
âmes qu'il va tâcher d'exprimer. 11 n'en prendra que la plus
mince pellicule, et tout de suite leur fournira une autre
chair, comme immatérielle.
L'opération est si particulière et si étrange qu'il faut
alléguer le plus de te.1ttes possible pour la faire bien comprendre : cc Ce pouvoir de ne sentir « des choses que la
fleur » était devenu maladif, cette fin d'été doulou1eux, à
force de subtilité. j'ai revu en rentrant ici le portrait idéal
de la Beata Beatrix par Rossetti et l'impression idéalement exquise m'a immédiatement, inconsciemment et
invinciblement suggéré les bords du Cher, que je n'ai
pas vus depuis dix aus, avec leurs déserts de saules
et de vase. Comment dire cela? C'est venigineusement
particulier. Cette odeur sauvage et unique et brutalement
réelle et le regard idéal de Beatrix c'était, c'est encore tout
un pour moi, pour je ne sais quelle fibre de mon cœur. Arriver à reconstruire ce monde particulier de mon cœur
qui ne sera compréhensible que quand il sera complet r. &lt;c Ces jours-ci j'ai été amené à méditer sur le Réalil;me. Je vois
que c'est encore une formule à travers laquelle on examine le monde.
Un peu de science et le plus possible de « vérités &gt;J médiocres et courantes : on bâtit le monde làadessus et le tour est joué. Le principe du
réalisme, c'est ceci : se faire l'âme de tout le monde pour voir ce que
voit tout le monde ; car ce que voit tout le monde est la seule réalité.
Je me demande comment nous avons pu tous nous laisser prendre à
une théorie aussi grossière. 11 est vrai que c'était un échelon. » (Lettre
du 2. avril 1907).

ALAIN-FOURNIER

où toutes les réalités, à cause du cœur oô elles sont passées,
seront pures comme des idées '. )&gt;
Donc lien, par suite de perception simultanée, du particulier et de l'idéal, autrement dit : sublimation immédiate, sans le secours de l'intelligence, de l'objet concret.
Le résultat sera une transpositi011 comme automatique de
tout le spectacle abordé par l'espr.it du romancier dans un
monde quasi-surnaturel :
cc Pour le moment je voudrais plutôt [que de Dickens ou
des Goncourt] procéder de Laforgue) mais en écrivant
ttn roman. C'est contradictoire; ça ne le serait plus si on
ne faisait, de la vie avec ses personnages, que des rêves
qui se rencontrent. J'emploie ce mot rêve parce qu'il est
commode quoique agaçant et usé. J'entends par rêve :
vision du passé, espoirs, une rêverie d'autrefois revenue qui
rencontre une vision qui s'en va, un souvenir d'aprèsmidi qui rencontre la blancheur d'une ombrelle et la fraî•
cheur d'une autre pensée. - Il y a des erreurs de rêve, de
fausses pistes, des changements de direction, et c'est tout
ça qui vit, qui s'agite, s'accroche, se lâche, se renverse. Le
reste du personnage est plus ou moins de la mécanique sociale ou animale - et n'est pas intéressant.
Ce que je te dis là semble l'énoncé de vérités séculaires
et banales sous une forme tant soit peu différente.
Mon idéal c'est justement d'arriver à rendre cette fomw,
cette façon d'énoncer la vie tangible dans des romans,
d'arriver à ce que ce trésor incommensurablement riche de
vies accumulées qu'est ma simple vie, si jeune soit-eJle,
arrive à se produire au grand jour sous cette forme de
« rêves .» qui se promènent 2 • »
Aussi Fournier admire-t-il dans Tess d' Urberville « ces
trois filles de ferme amoureuses, si simplement irréelles
malgré les mille délicieux détails précis , ... &gt;)
t. Lettre du 9 novembre 1906.

Lettre du q août 1905.
3. Lettre du 24 janvier 1906.
2.

�6-66

LA NOUVELLE REVUE .FRANÇAISE

Ailleurs: ci Mon credo en art: l'enfance. Arriver à la
rendre sans aucune puérilité (cf. J. A. Rimbau&lt;l), avec sa
profondeur qui touche les mystères. Mon livre futur sera
peut-être un perpétuel va-et-vient insensible du rêve à la
réalité: «Rêve&gt;&gt;, ,e ntendu comme l'immense et imprécise
v:ie enfantine planant au-des.sus de l'autre et sans cesse mise
en rumeur par les échos de l'autre 1 • Il
Fournier instinctivement se solidarise avec ses perceptions Jes plus inintellectueUe~ mais en même temps les
plus constructives ; il veut conserver comme principal
moyen de connaissance - et de création - ce regard de
l'enfant qui prélève les plus impondérables éléri.lents du
monde et aussitôt les réagenc;e, les combine merveilleusement, jusqu'à pouvoir loger dans le château qu'il en forme
tout ce que l'âme petite et pesante, par derrière, et souffre
et désire.
Son irréalisme est foncier; il en ferait presque un
système déjà; mais non; c'est vraiment sa a.atnre qni
s'éveille et se trom•e d'emblée tout occupée à l'illusion :
« Je trouve que ce qui est difficile, c'est beaucoup plus de
se donner partoutl'illnsion complète de la beauté, ou plus
généralement l'illusion•. »
IJ Je trouve « difficile », mais au sens de « méritoire »
seulement; car au contraire c'est dans ce sens que fonctionne immédiatement, spontanément, couramment $On

esprit.
L'exposé que nous avait fait notre professeur M. Mélinand de la théorie idéaliste du monde extérieur avait profondément frappé Fournier; mais non pas ~ornme une révélation faite à son intelligence, comme une permission plutôt
donnée à tout son être d'aper,cevoir le monde transpai:ent, et
modifiable par nos facultés.
Lettre du 22 août 1906.
Lettre du 22 janvieu9o6. Cf.: « Je n'aurai derrière moi qu'un peu
de rêve très doux et três lointain, bien à moi, que je façonnerai comme
je voudrai. &gt;1 Lettre du 13 août 1905.
I.
2.

ALAIN-FOURNIER

Lui qui tout à l'heure marquait tant de respect pour les
choses et semblait vouloir prosterner devant elles sa pensée,
ou l'y laisser se perd.re, c'est dans un mouvement plus sincère
encore qu'il s'écrie tout à coup : « Je me jouais du monde
avec la moindre de mes pensées', 11 et qu'après l'avoir
sireligieusement adorée, il parle cc d'une certaine âme de ces
campagnes ... que j'invent~ tous .les jours llll peu plus 2 • »
On sait l'importance qu'a le mot &lt;c changer ,1 chez Rimbaud, et ce clin d'œil, qui: a fait fortune, par lequel il communique à tout spectacle un aspect second. Il y a chez
Fournierune disposition analogue, non pas tout à fait des
sens, mais de l'âme, si j'ose dire. Encore une fois il n'est
pas directement poète, sa visi.on n'est pas assez subversive;
el1e ne brouille pas assez les choses ; il n'entre pas assez de
sens dessus dessous dans ce qu'il a regardé . .!Vfais il a une façon
propre d'ébranler les paysages et les êtres selon une certaine
pulsation comme amoureuse de son cœur et de les mettre
tranquillement en chemin, par ce seul moteur, sur toutes
les pentes du rêve.
Avec Rimbaud Ge ne fais pas ici de comparaison de
valeur), on a la sensation que toute l'étrangeté du spectacle
dépend d'un éclairage venant du dehors, fouru:i par le regard
du poète. Fournier invente une manière de désorientation
plus complète, plus sournoise, par la sympathie. Ce n'est
pas en \l'ain qu'il insiste, dans un des passages que j'ai cités&gt;
sur le rôle du « cœur )l dans la transformation des choses
en «idées». Ce n'est pas par hasard qu'il débute par cet
attendrissement devant toutes choses, à la Charles Louis Philippe, qui me donna un peu sur les ~erfs. ci Ce qui m'importe, c'est mon émotion, &gt;1 écrit-il,. Parce qu'il y distingue un moyen créateur et presque métaphysique, une
source de déplacement des objets et comme l'origine de la
procession qui les transfigurera.
Lettre du 9 décembre 1905.
Lettre du 4 octobre 1905.
3. Le 22 janvier 1906.

I.

2.

�668

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Se plaignant, un peu plus tard, d'une fausse interprétation .d'un
, . de ses poèmes en prose, « il est vrai, dira-t-il,
que J aime assez cette façon de se tromper sur moi et
de comprendre fantastique là où j'ai voulu faire émouvant'.&gt;&gt;
~ui, le fantastique, - mais qui n'est pour lui qu'une
r~ahté plus grande, plus essentielle du monde perçu, - est
bien la fin suprême, et le résultat dernier, de toute sa
dévotion sentimentale. C'est à produire un certain détachement sur fond inconnu de la vie tout entière que tendent
ses admirations et ses apitoiements.
Aux personnages de Solness le Constructeur il reproche
une allure trop allégorique:« Je voudrais que la vie simple
des personnages et celle des symboles fût plus mêlée. Je
voudrais que leur vie fût un symbole et non pas eux... Je
v?udrais que la vie s'éclairât sans qu'on y pënse, rien qu'à
vivre avec eux 2 • »
Le don qu'il se découvre est ici défini dans sa simplicité
même, sous la forme où il défie l'analyse. C'est le don
d'illumination, au sens actif du mot, le don d'allumer au
sein des êtres et des choses, sans en rien prendre de plus
que « ce premier coup d'œil qui dit tout», une sorte
d'absence d'eux-mêmes et de vacance sur l'infini, - une
clarté timide faite de leur subite aliénation. Tout dérive,
tout s'en va sous son regard, tout se donne, en silence et
sans drame, à l'abîme. cc La vie s'éclaire sans qu'on y
pense. » Sa ténuité laisse entrevoir de pâles foyers ravissants. Le monde est « joué &gt;l avec « une seule pensée. »
JACQUES RIVIÈRE
1.

2.

Lettre du 31 décembre 1908.
Lettre du 17 février 1906.

COLOMBE BLANCHET
(FRAGMENT-)

Aussitôt après avoir achevé le Grand Meaulnes, Alain-Fournier avait conçu le plan d'un autre roman, Colombe Blanchet,
auquel il travailla activement pendant les années 1913 et 1914.
Le scénario, qu'il rédigea tout entier, par parties et par chapitres, en est extrêmement compliqué. Ce devait être fhistoire
des amours d'un jeune instituteur ; une petite ville de province,
presque un village, déchirée par des rivalités politiques, devait
servir de fond au récit.
Seuls les cinq premiers chapitres ont été esquissés par Fournier ; la forme ne peut en être en aucune façon considérée
comme définitive, car les brouillons contiennent de très nombreuses variantes et, pour certains chapitres, plusieurs états. Nous
publions pourtant ici une des versions qui nous paraît le plus
avancée du chapitre IV, intitulé le Pari.
Jean-Gilles Autissier est le héros du livre. Voyle et Bonnin
sont deux instituteurs, ses collègues. Josepha est la seule femme
officiellement légère de la ville; les trois jeunes gens ont passé
la soirée de la veille avec elle ; l'incident de la cave Bravard,
auquel Voyle fait allusion, est un épisode de la lutte pour les
élections qui met aux prises le parti du vieux. radical Blanchet
et celui des frères Fougerolles. La jeune fille qui apparatt à la
fenêtre de la Maison des sœurs est Colombe Blanchet ellemême.
J. R.

Plusieurs particularités ignorées de son enfance avaient
contribué à faire de Jean-Gilles ce jeune homme roma•
nesque que nous avons vu tout occupé d'une attente sin-

�670

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

gulière : à dix ans il avait perdu sa mère, une toute jeune
femme anglaise pleine de charme et de fantaisie qui passait
des après-midi entières avec d'autres jeunes dames de B. ..
en riant aux éclats, à lui essayer de ravissants costumes
qu'elles composaient elles-mêmes. Son père qui était un
juge suppléant au tribunal de B. .. s'était par la suite fort
peu occupé de lui. Il avait commencé à se distraire de la
mort de sa femme d'une façon peu convenable. On le
voyait partout en voiture pour des parties -de plaisir, avec
des compagnons de tête et des femmes, tandis que l'enfant
restait enfermé durant de longues après-midis d'ennui
derrière la grille de la cour à attendre leur retour. Son
éducation avait été négligée et lorsque son père était mort
. à peu près ruiné, il était en retard de deux classes sur les
garçons de son âge. Courageusement, sous la conduire de
son tuteur, qui était le plus pauvre de ses oncles, il avait
renoncé à toute situation brillante, il avait préparé l'école
normale d'instituteurs, et la vie jusqu'au delà de ,·ingt ans
jusqu'après son service militaire, Jui était apparue comm;
une longue suite de travaux, de devoirs et d'efforts. Par
instants seulement il songeait à ce que serait son existence
lorsqu'enfin les examens seraient finis, lorsqu'il ne serait
pl~s à la c?arge de p_ersonne et inconsciemment il imaginait une existence qw res.5em blait au tendre paradis perdu de
:sa première enfa1:ce. Là aussi il y aurait une jeune femme,
venue on ne savait comment, mais certainement d'une facon
étrange, charmante et inattendue.
uvent, durant ,;ne
longue période où il avait travaillé pour elle, il avait imaginé cette arrivée singulière. lorsqu'il était arrivé à Villeneuve, dans un milieu, avec des collègues et pour un
travail auxquels il eût dû se sentir très supérieur, il ne
s'était dit qu'une chose : voici la ville où elle ne peut
manquer d'être. Et Villeneuve était devenu pour lui un
pays plein de charme et de mystère.
Même la soirée de la veille avec Josepha, si pauvre que
hlt pour les autres cette aventure, avait eu pour Jui ce

COLOMBE BLANCHET

même charme mystérieux. Pour la première fois quelqu'un
était ,·enu du dehors, qui lui parlait de son attente comme
d'une chose humaine et possible et qui n'était pas sans
espoir. Ainsi d'un jeune homme qui n'a jamais parlé de
sa vie à une jeune fille qu'il aime, mais qui ne déteste pas
qu'on le plaisante à ce sujet, comme si c'était une réalité.
A l'hôtel Didier, le ndemain soir, après le dîner, lorsque les deux plus anciens ~ous-maîtres se furent enfin
décidés à partir, Voyle, Bonnin et Autissier se concertèrent un instant du regard, puis tacitement décidèrent de
rester encore à causer autour de la table en désordre. Voyle
le premier raconta en I arrangeant un peu sa lamentable
fin de soirée, dans la c.lve de Bravard .
- Et pendant qn'jls sont là à nous abîmer et à: préparer
tout ce qu'il faut pour mettre l'école sens dessus dessous,
nous passons nos soirées avec une vi ille Josepha.
- U n'y avait rien à répondre, dit à la fin Bonnin. Il
vaut toujours mi ux se taire. Et tu aurais mieux fait aussi
de ne pas aller chez Bravard.
- Tout ce qui nous est permis, dit Voyle amèrement,
c'est de nous taire. Et, si nous voulons nous distrai.re, c'est
de passer nos soirées avec Josepha, le rebut de la ville, le
rebut de tous ces gens-là, de l'emmener promener, de lui
offrir de la limonade. Une Josepha que I année dernière
Jonquières et les autres ne trouvaient plus bonne qu'à
mettre en chemise dans un drap de lit et à faire saut r à la
couvert . Ce telle que oous emmenons. oilà notre distraction er voilà nos amours.
Ici Bonnin se tut et parut gêné. Quant à Auùssier, il
rougit légèrement. Il lui éta_ir pénible d'entendre parler
aussi brutalement de la soirée de la veille et de Josepha.
Et H rougissût que ce lui fùt pénible. Etait-il doL1c si sot
que d'imaginer toujours les femmes autrement quelles
n'étaient. Et il-se rnppelair les manières correctes de Josepha
et la façon dont elle tentait de donner le change, et il
rougissait pour elle, qui avait mérité qu'on la traitât ainsi.

�672

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Etais-je vraiment assez stupide [se disait-il] pour croire, sur
sa simple assurance, qu'elle avait la moindre tenue. Je
m'attache à la première femme à qui je plais, qui me
regarde et m'admire. Je ne demande qu'à croire tout ce
qu'elle dit. Il en rougissait maintenant jusqu'aux oreilles.
- Josepha en vaut une autre, dit Bonnin, l'année dernière ...
Mais Voyle l'arrêta :
- Je te vois venir, mon garçon, dit-il.
- Que veux-tu faire ici ? dit Bonnin. Tu sais bien toimême qu'il n'y a rien à faire. Il n'y a pas une femme.
Est-ce que tu espères encore des aventures, hein ?
Et il se mit à rire; puis il se leva de table, agacé.
Les deux autres le suivirent. Dans la grand'rue devant
l'église, la vieille Mademoiselle Périnaud, péniblement,
baissait la devanture en tôle de sa boutique poussiéreuse.
A l'intérieur, une seule bougie éclairait le triste étalage de
bocaux et de pièces d'étoffes:
- C'est la seule· femme que j'aie jamais vu ici, dit
Bonnin.
- Je finis par croire qu'on nous les cache, dit le grand
Voyle avec découragement.
Ils arri,èrent sur la place carrée. Là il y avait quelques
lumières et fa. légère animation des premiers soirs de chaleur. La musique tournante et enrouée d'un phonographe
dans un café. Des gens, assis devant leur porte, causaient
en regardant les étoiles. Quelques jeunes gens tournaient
en fumant. Au premier étage du café glacier la salle où se
réunissaient d'ordinaire les instituteurs était éclairée et l'on
voyait passer les ombres des joueurs de billard.
Allait-on monter les rejoindre, tandis que la belle nuit
de campagne était là toute proche. Du côté des abreuvoirs
on entendait vaguement les crapauds flûter. La lune brillait
sur le gravier entre les arbres des Grandes Allées. On imaginait des promenades, des rencontres, mais cette fois les

COLOMBE BLANCHET

jeunes gens s'étaient interdit, par leurs paroles mêmes,
l'aventure trop facile d'une rencontre avec Josepha. D'un
côté il y avait c·e café, cette place, cette vie de fonctionnaires, de l'autre la nuit insidieuse et romanesque. Et
Auti.ssier se sentait comme ces enfants qu'on envoie se
coucher les soirs d'été à l'heure où commence le plus beau
moment de la soirée.
&lt;&lt; Si nous faisions un tour encore, proposa-t-il.
- Les vieux là-haut, le directeur avec de Moly et Leboucher vont trouver qu'on les abandonne, dit Bonnin.
- Ils devraient trouver tout naturel, dit Voyle hargneux, que les jeunes aient leurs soirées prises. Et si nous
faisions ce que nous devrions faire, nous aqrions nos soirées
prises.
- Vous nous indiquerez où les passer», dit seulement
Bonnin, mais il suivit tout de même les deux autres.
Ils marchaient maintenant le long de la grand'rue que
de larges accotements plats séparaient des deux files de
maisons aux larges portes à marteaux qui presque toutes
s'ouvraient au ras de terre sans une marche de seuil.
Toute la petite ville était là, inconnue, endormie déjà.
Derrière ces façades si fermées, si ennuyées, il y avait des
jardins obscurs et des cours sous de grands arbres. Passeraije le temps de mon séjour ici, se disait Jean-Gilles, sans
qu'un rendez-vous me soit donné quelque nuit dans un
de ces jardins; sans qu'une porte finisse par s'ouvrir secrètement de l'autre côté des jardins là-bas dans un de ces longs
murs qui ferment leurs propriétés du côté du ruisseau?
11 Il n'y a qu'une chose à faire ici, dit Bonnin, et tu
sais bien laquelle. Je ne vois pas ce que tu as contre
Josepha. Moi j'ai fini la soirée hier avec elle.
Autissier à ce moment se sentit irrité et piqué, comme
d'une vague jalousie. Et cela lui parut un sentiment si sot,
il en ressentit contre lui-même une telle indignation, qu'il
en fut précipité dans un- tout autre sens et qu'il se sentit
assez d'autoriJé pour dire :
43

�6
LA NOUVELLE R'.E'VUE FRANÇ'A'ISE
7-l
.
_._ Eh bien •! je 1e •t'egrette pour vous. Vous valez mieux
que~eb..
, . . . .
......... Je vous tépète qu~il •ri'y a rien 11 fa1-r~ 1c1~ ~tt ento~e
13onnin, à 1li. fois piqué ~t flatté de ce qu Auosster vena"ft
ae ·dite.

.

,......... 'Rien à faire, ce -n'ellt pas prou'1é, dit Autiss1er~ à:~-ec

l'excitation et la légère émotion de voir ~ue ses :prorres
préoccupatiohs et ce1les {k' tes ,garçons_ qm se trouva~ent
être •ses camm-àdes pou.;aient se rrad-'Ufte dans le ~e1:1e
langàge -assez vulg~ire et viril : il y a on il •n'y a pas a faire
datts ce .pays.
,
.
Un 'instant il eut sur les deux autres 1ttutonté que peut
avoir en ces ·m~tières -un joli ·garçon, qui devait s~ .uonnaître et qui pouvait remporter une victoire là ott les

1

•

:fürres av11ient ·échtmé.
.
.
_ Si l'on s'y menait sérieusement, dit Voyle, si -au
li~ de nous enfermer au c1tfé et de r~noncer de gaîté de
cœnr à toutes nos sbitées, nous essay-10ns de frayer avec
les ·gens du pays, de faire ,aes conn~is~nces. ,
. .
.
_ Mais c'est wi-111ême 'llvirnt 1arrivée dAut1ssier qm
-ne ~oulais -pas sottir, tu ne te plais~is q?'ro c~fé, tu -ne_ me
lâchais ·pas d'un cmn pour the fa~Fe J?u~r : la mltmlle.
~ Ne t'inquiète -pas de ue -qae 1e fu1sa-1s _-1,a~tte ~nnée.
1.a:isse-'mbi dire... Si nous faisions -ce que 1e dis sér!eusettieht, avant un·tnois, nqu-s trois, rrous _au_rioFJside q-ei:oi ·~ous
·rt:mquer de Jonquières, •et _nous ne _se~ion~ pa~ ,e~osés à
a1ler dans sa cave le voir lutmer la pente 1nst1rut:nce pe11dant
•n"'-us somtnes là à tirer la hngue ,cortnne des IV'eaux.
que u
.
,.1·
B
·
_ Eh biep. nous verrons d'ahs 'Un mois, uit onnm

-sceptique.

,

.

r, •

_ Naturellement, dit Voyle, nou!&gt; n nnrons rt~ _-1a1t.
Farce que nous y penserons d~u~ jourste:.-que le,tromèm~
nous irons bôire des ·bocls. Mai:s il fauâra1-t ~atrtmger ..quel
que éhose. J\l fa:nd:rait se fix~r •un ?él:ai. .
. .
.
_ Oui, pourquoi pas, ,dit Autiss!er, tnté-ressé. Il faudr:nt
qu'il y eût à nous trois une espèae d1entehte.

COLOMBE BLANCHET

- Mais oomment cela ? Comment y aurait-il une
alliance de cette sorte? » questionnait à moitié badinant à
moitié sérieux Bonnin. Et c'.est ainsi que de question ~n
répo~se et t~ut :11 ba~inant ils en vinrent à parier à qui le
premier aurait fait vemr dans sa chambre une jeune fille de
Villeneuve. A celui-là les deux. autres offriraient un dîner
s~m~tueux à l'hôtel Didier-avec du champagne. On y conv1er::u secr-ètement la jeune fille si l'heureux gagnant avait
su mettre la main sur une personne suffisamment émancipée. Puis comme il importait surtout que le pari f-ût
gagné - peu importe par qui - on convint aussi que
chacun des trois, dès qu'il aurait jeté son dévolu sur une
femme, aurait droit à l'aide et au -dévouement absolu des
deux autres.

11 eût fallu voir la figure des tr-0is jeunes gens devant
cette entente : animés au jeu et sérieux comme des corsaires -qui organisent une carnpa,gne, J.a nuit, dans une
auberge mal famée. Bonnin, méprisant les femmes, mais un
pe~ gêné quand i.l s'agi~sait -des jeunes filles. Voyle cynique
et tngénu. Le moms séneux pa.i' avance était Autissier. En
plaisantant un peu rudement., à la façon ordinaire de ses
compagnons, il tâchait de donner le change sur l'intérêt
profond et particulier qu'avait soulevé en lui cette affaire.
Et pourtant vous n'eussiez pas dit à les voir trois aventuriers. Il y avait dans leur tenue je ne sais quoi de correct
et de démodé qui les eût fait prendre pour timides: des-eols
bas et droits un peu trop larges, qui laissaient voir leurs
pommes d'Adam; des cravates de cérémonie, étroites
comme des lacets, sur des plastr-o.ns de chemise empesés. Le
grand Voyle avait un veston de pêcheur aux larges poches
et un pantalon de toile ; Bonnin une jaquette fatiguée et
~n large pantalon à carreaux, qui .cachait ses courtes
Jambes arquées. Qua.nt à Autissier, on lui voyait toujours
une redingote noire un peu étriquée, qui d-evait -être son
uniforme d'école normale où l'on avait décousu les palmes
d'argent.

�COLOMBE BLANCHET

676

LA. NOUYELLE REVUE FRANÇAISE

. ~e fut Bonnin qui demanda sur le pari les dernières préc1s10ns :
« C'est bien arrangé comme cela, avait dit le grand Veyle:
aura gagné le pari, celui qui le premier aura reçu une
jeune fille dans sa chambre .
- Reçu ? demanda Bonnin. Rien de plus? Il n'y a rien
de plus dans le pari ?
- Rien de plus, répondit Voyle après avoir regardé
Autissier, et tous les trois ils se mirent à" rire.
- Une jeune fille ou une femme ? demanda encore
B'onnin, placidement.
- Une jeune fille, une jeune fille, répéta Autissier en
insistant, comme si cela ne pouvait pas faire question.
Et tout étant réglé, ils se reprirent à marcher. Et au bout
de ~uatre pa~ recommençant à parler de la même question,
mais plus librement, comme des gens qui viennent de
rédiger et signer chez le notaire un contrat difficile :
&lt;&lt; Moi, dit Veyle d'un air pensif, je crois qu'il faudrait
plutôt voir du côté de la campagne. Et il se donna l'air
pensif et fermé de quelqu'un qui combine un plan.
- Chacun son goM, approuva Autissier . Après tout, il
y a de jolies paysannes.
- La grande Blanchet, par exemple, fit Bonnin. Et il
se mit à rire de son rire de crécelle. Autissier demanda des
explications.
- C'est, lui dit-on, la fille aînée dù maire. Elle est plus
avare encore que son père. C'est elle qui conduit les tombereaux de pierre et de fumier pour éviter le prix des rouliers. Elle a des muscles comme un homme, elle est tannée
comme une peau-rouge, et elle porte des chemises en toile
de sac.
- Vous n'êtes pas sérieux, dit Autissier, et il fit mine
de rester en arrière. Mais les autres ralentirent le pas pour
rester causer avec lui, tous les trois s'arrêtèrent. C'était
décid ément avec le nouveau venu que se plaisaient les
deux autres. Du fait au'il venait de loin, qu'il avait vécu à

677

la ville, il devait être, leur semblait-il, plus renseigné qu'eux,
plus audacieux qu'eux, bien que plus jeune. Et son prestige, grâce à cette ignorance de ce qu'il était vraiment, durait.
- Je vous entends sans cesse répéter qu'il n'y a pas de
femmes ici, dit-il. Et pourtant vous vous plaignez que les
gens de la ville aient des maîtresses. Qu'est-ce que cette
petite institutrice dont vous parliez tout à l'heure.
- Ce n'est pas une institutrice, répondit Bonnin ...
A ce moment la lune se montra et les jeunes gens arrêtés
~evant l'étroite façade d'une maison à un étage dont le
linteau de la porte soutenait une niche avec un SaintJoseph, se trouvèrent dans une nappe de lumière. Tant ce
dé:cor, passé onze heures, paraissait irréel, tant ces maisons
de petite ville paraissaient closes et in habitées, que les jeunes
gens ne songeaient même pas à s'éloigner ou que leurs voix
pussent troubler le sommeil de qui que ce· fût dans le
voisinage. Jean-Gilles était debout sur la route, le visage
tourné dans le sens de la rue, et les deux autres bientôt
s'étaient assis de chaque côté de la marche &lt;lu seuil, avec si
peu de gêne que Voyle machinalement tambourinait même
légèrement de son poing sur la porte de bois. Et il parlait
avec ce goôt, cette minutie, et cette application des gens qui
ont passé l'heure raisonnable de dormir et qui veulent faire
durer le plus longtemps possible le plaisir.
- Ce n'est pas une institutrice, dit Bonnin. Et je
n'affirme pas qu'elle ait jamais été la maîtresse de personne.
Nous l'appelons la petite institutrice, mais c'est en réalité la
sœur de Marie, l'adjointe de l'école des filles. Quant à sa vie
privée, on prétend qu'ellê fait la noce à T .. . Moi je n'en
crois rien. Ce sont des racontars de Voyle. Moi je l'ai
toujours vue bien se tenir.
- Demande-le donc aux officiers de T ... et à Jonquières.
- Pourquoi pas, j'ai un parent à T ... à qui je le ferai
demander.
- Nous verrons, poursuivit Voyle. Ici, naturellement,
elle fait la farouche à cause de sa sœur.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Enfia, dit Autissier, vous ne pouvez rien dire de
prééis sUF el1e ?
~ C'est eocore vrai, dit Voyle. Mais c'est parce que je
de me suis jamais bien ocrnpé de la question. Je me
rappelle seutement qu'une fois ...
- Moi je ne crois pas, dit Bonnin qui ne songeait déjà
plus à faire fâcher Voyle, qù'elle ait jamais rien fait pour
de l'argent. Mais elle- a bien J'a,ir tout de même d'une per·smme qui a eu des aventures. Et elle a dû s'y prendre
jeune. Je-me souviens maintenant que le procureur racontait des abomînations sur elle quand elle avait seize ans et
des nattes dans le dos. c~est une personne que les aventures
ont tentée de bonne heuœ.
- E-st-ce qu'elle a un joli v.rsage? demanda Autissi.er.
A ce moment it y eut an premier étage de I'étroke
maison des sœurs un mouvement imperceptilrle que personne ne vit : un rideau se souleva légèrement, i peine
effleuré par l'e bord du clair de lune. On eût pu voir' daas
·1a c-ollereue relevée d'une chemise- de nuit, une paisible
~re de très jeune fil.le, avec une flammèche de cheveux
couleur vieil or. Elle regarda posément les trois jeunes
gens qui parla-ient -r-0ut près d'elle, et ses regards s'arrêtèrent su-r Autissier qui restart de pro.6.I, immobile et
pensif, attendant leur 1éponse, et qui prêsentai-t lur-même
à la m:rison des sœurs un fort joli visage, un profil candide et jeune avec ses cheveux rabattus par une raie de côté,
nn- prool de joueur de flûte et de chevrier biblique. Mais· à
ce motina:ttendu et trop e:hoisi dei visage. les deux autres en
se regatrdant se prirent ,a sourire de- ce garçon trop- distingué, puis à rire aux éclats. Autissier interdit se· reprir à
marcher tandis que les deux autres en le suxva-nt répétaient
avec amusement c:e mot de visage. La: hme de nouveau fut
cachée. Le rideau, à la fenêtre du premier étage, retomba.
Tout s'éteignit, pour- ce soir-là ~ et pour longtemps.
!LAIN-FOURNIER

L'AURORE EN PLUIE

LA NUIT
OU LES CHEVEUX D'ÈVE

La n~ige et l:i: feuille de vigne
Dissimulaient mal ta vertu
Froid de loup que j'ai combattu
En éc.riv.a.n t ces q,uelques lignes 1

Remplis d'onc ma 60U})8', nuit pim:,
Et que je puisse refermer
Les mains. sur. la pditrine d-ure
Que je n'ai pas le goat d'aimer.
Serrées devant le fiot amer
Les rO-Stf,. les. mt1,Î4ons étroit~
Ecoutent l.e bruit de. la mn
Qu'imite-nt des lbvm: adroites.

�6So

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

681

L'AURORE EN PLUIE

Nuit rose ! vois su,-ta fournaise
Les grandes eaux comme à Saint-Cloud .•.
-Pour te bien narguer, froid de loup,

MENSONGE

Mes mains éparpillaient la braise.
La nei1;e tiédit sous tes pas

Par le blanc décembre mordue
L'eau pure et la neige fondue
Vengent l'amour que tu trompas

L'ÉTOILE EXTRA-DRY

Des haies d'étoiles t'ont meurtrie
Pour qu'infidêle à tes dépens
Tu connusses tes mains flétries

Vent marin caresse les voiles
Le port peut ferrner son vantail
Sur elle rEtoile Extra-Dry
Poursuit une Elonde océane

Mais jolies comme queue de paon
Tu vois les lumieres descendre
Sur le visagf;,_ des amants
Et la ville dort sous la cendre
Toi seule n'oublies le moment

Dame de cœur, dame de proue
Neptune passé au bleu

Ni de quel sang l'œillet coup,!

Vous guette un œil au hublot

Tache tnes doigts inoccupés.

La tour Eiffel, la grande Roue

VOIE DES ROSES
Apparaitron( demai1!
Les belles
De deux doigts de nuit maquillées

Les chemises sont sur la haie
Et les étoiles dans les vitres

Riront devant l'ancre mouillée

Au bar italien le pisan

Au matin, frais place Pigalle.

Choque les fiasques, choque les

�LA NOUVELLE' RE.VUE"' FRANÇAISE

L'AURORE EN PLUIE

Filles Adieu, Adieu Voie des Roses
Et sept de trefie qu,and se lèvent
Le soleil et le vitrier.

RITOURNELLE
L'orgue de barbarie

COURONNE

Pour le départ de Jeanne
Egrenait d'aigres sons
Àrnour citrons amers

Feu de· roses,. 1Joici.la vill&amp;

De la vergue à l'eau sombre

Que fr t'assigne•. Ses cyp.,'ès

Glissait la fille-anguille

Fredonnent les, chansotts récentes.
Apprim sans le faire expres
L'eau pure àevant l'eau rougie

Amour fuseaux légers

Sur la darse ou ma.cérent
Des zestes de soleil

Méprise ou com/Jat la pudeur.
Comme d'une main sur la bouche

Un colporteur traçait

L'orage a soufflé la bougie

De son bâüm de coudre
Deux cœurs entrelacés

L'aurore sur les colonies

Pour conjurer le sort ...

Charme les hommes de couleur
C'est à peine si l'ombre touche
Le clair visage de Sylvie-

FEU DE PAILLE

Et les mains. brâlles du pla18teu:r

Feu de paille, au bruit du tambour

Couronne, image du bonheur
Faite de roses et de pitJ,J,tres,

Pttratt le printemps des romances.
Tu voudrais donc que recommence

Si jolie au front dtt mulâl.re.

L'arc-en-ciel d'un candide amour?

�LA NOUVELLE REVUE FRA:NÇAISE

Elle passe et brale ses doigts
Au tendre incendie de Marseille,
Songeant encore au jeu étroit

Qu'u~ mauvais génie lui constille.

LE FLEUVE DE FEU

*

Eto-ile, une douce créole'

« Tout ce qui est au monde est
concupiscence de la chair, ou concupiscence des yeux, ou orgueil de la
vie.))
SLJEAN (Ire épître, 2, 16).

Sort des eaux où vous reposiez.
Et dan:s la corbeille d'osier
Cache le cœur de Rocambole ...

« Malheureuse la terre. de malédiction que ces trois fleuves de feu embrasent plutôt qu'ils n'arrosent 1 »

Sous la- paille des closeries
Le feu du ciel couve en secret,

PASCAL.

Destin que je marque a la craie

« O Dieu... qui oserait parler de
cette profonde et honteuse plaie de la
nature, de œtte concupiscence qui lie
l' il.me au corps par des liens si tendres
et si violents ? »

Sur l'ardoise des bergeries I

BOSSUET.

Caprices dénoués demain,
Quand l'aurore nous abandonne

Si tu doutes qu'une jeune fille bien, née et parfais dé:vote
puisse descendre jusqu'où tu vois GISELE DE PLAILLY,
songe a ton dme. éprise de Dieu, mais qiii toujours aima plus
ardemment ses souillures.

Qui peut dénoncer la maldonne,
Et par quelles coupables mains ?

Feu de paille, je te protege
Et la comete tombe à l'eau

I

Un soir devant Monte-Carlo :
Ainsi se compose la neige ...
PASCAL PfA

De sa fenêtre, Daniel Trasis vit que l'herbe dévorait les
allées. Aucun autre voyageut que lui dans cet hôtel de
second· ordre. Les flancs viv.ants de la montagne épandaient
l'animale odeur des châtaigneraies quand elles fleurissent.
Un troupeau pressé arracha à. la route une poussière qui

�686

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sentait le suint. Daniel entendit l'omnibus de l'hôtel, dans
un vacarme de vitres secouées, cle freins et de grelots, roulant vers la gare : &lt;c S'il revient vide, je reste; s'il ramène
des voyageurs, je rentre à Paris. » Ainsi le jeune homme
voulait se persuader que la solitude ne l'effrayait pas. Une
lou:de pluie inattendue, traversée de soleil, cingla les
feuilles, puis son crépitement cessa. Les pépiements se
firent plus aigus. Daniel Trasis n'avait jamais été si seul.
Il ferma les yeux, retrouva en lui-même la couleur, le par~m de cette. après-midi finissante à Paris : ces pluies du
Jeune éte avivent les feuilles de !'Avenue Henrî-Martin
enduisent les troncs et le macadam d'un noir luisant. Il s;
souvïnt
qu'à cette époque, l'année dernièreJ le passé de sa
A
ma1tresse, !hérèse Herlaut, le tourmentait au point que
pour le délivrer de fübsession, il fallait que Raymond
Co_urrège _l'emmenât chaque jour dans son Hispano. La
nmt, pareils à des bandits masqués, les deux amis traversaien~ en trombe les rues viaes. Sous l'Hispano, Paris désert
et fra1s se rétréà,sait. Ils volaîent à travers ce domaine restreint. Que la Concorde est proche du Point-du-Jour ! Ils
s.,.arrêtaient à des bars, mangeaient aux Halles la soupe de
l'aube-Aujourd'hui, cette Thérèse Herlarit, il la fuit jusqu'au f~n~ d'une vallée des Pyrénées - non plus jaloux,
certes, .mais, excédé, et il ne redoute tien antant que la
poursmte dune femme acharnée et vieille. Sous d1ahsurdes
prétextes, Thérèse Jaissait à Blois svn marit ses enfants ,
débarqu~it sans ~rier gare, ne sonnait pas, sachant,que po11r
eJle Dame! n'était jamais là; mais, derrière un arbre de
l'Avenue,'.le guettait. « Tu es un faible, - disait Raymond
Courrège - une bonne raclée : avec moi , ça ne traînerait
,
pas ... &gt;&gt; Daniel avait mieux aimé fuir.
«

11 faut .tenirqurnze1onrs -

quinze jours ,e ncore » se

dn..JL Rien .ne l'humiliait comme de ne pas accomplir à la
lettre -ses desseins; et il ,avait résolu de demeurer un
mois &lt;ians cette petite station morte. Mais sa force était

LE FLEUVE DE FEU

à bout. Que n~-avait-il fui Thérèse ,daru; la ville même ? Un
criminel t,raqué reste à !Paris. Il Fêva de oe divw. crevé
dans l'antiahambre de Raymond Courrège. Il y avait .-goûté
de belles ouits où, sans tain ière, .i11uou1,1able, ,ioaœessible,
anonyme, il ,était .délivré des hommes. Da-us la chambre

proche, !Ray~1ond ;aunait, l'ôSsait,son,amie, jusqu'à ,ce que
le s0mmeil confondît lew:s souilles, et .ce •ni!tait plus s@udafrn que la respiration.. calme., l'innocence nocturne d'une
cbambxe d" enfants. Etendu, Daniel regardait luire, sons la
porte, la iumière de !':escalier, lorsque rentrait nn locataire
tardif. Au-·dessns de .sa tête? nne étagère était chai;gke de
cartons 11 ,cb:rpeam, ,de vieux s011lier-s, de valises ; quelqu¾.m i:entua:it uo trousseau ,de defs, fermait une ,porte :
Fesc.alier :rede"\œnair absnu. Les hauts murs d'un jardin
étroit répercutaient Jes1roulade.s des merles à l:a.uhe. Du fond
d'11n sommeil lrienhew:.eu:x, Daniel ootendait le choc léger
d'une .bouteille de la:it :posée sur le palier et le gli5sement
sous•Ûa .p.o:rtem.1 jouro&gt;nl .et des lettres.
•&lt;c Si l'omnibus ne~eat v-i.d.e, je --i:este ... ) &gt; Le train devait
avoir du ret:ur8. Daniel, d.ésœuvré, regarda fi. son chevet la
seule ph@rog.ra:p.hrie qui ne le quittât jamais ,et qui n'était
poi:nt celle de ses parents défunts, mai-s ,de son grand oncle
Louprat de la Sesque dont -il a11ait illl.-érité et à qui il étai:t
redevable d'une indépendance modeste. A Bourideys, dans
la cbambr;e dn N,ord,Ouest, le .pè:Fe de Daniel s'était suicidé - ponr ..ne pas surviv:re à sa. femme, disaiient le-s
bonnes .l:mes. Ma.i.s d'antres rappdaient ,ijUe sa vigne ayRit
étégrêlèe cette année-là; edes:anci.errs se solll.venaient que
le grand.:.pème maternel de M . .:I'i:asis., &lt;c le Viiei.ix de la Sesque », qui habitat!: en pa.ys:m de .chtrteau de la Sesq1:1e ,au
delà dé Sauterne:s,,itr.epn .dqJlll:mnhes re.t,de lièvne-s saignants,
de bëcasses, ,de :poulets emgmi:ssés ,à · la ·millad.e, ,se pendit
an fond du cellier, entre les rasiers ifermé-s d'µn .cadenas
oii., dans les .bouteilles ténébreuses, survivaient les étés du
siècle cnmmen:çant. Daniel adolescent avait aimé s'émou-

�688

LA NOUVELLb: REVUE FRANÇAIS!!

voir, se faire peur, sangloter dans la chambre du NordOuest, devant la cheminée, à l'endroit où il savait qu'un
jour le plancher avait retenti du choc d'un corps pesant.
Plus tard, ayant lu dans son manuel de philosophie que
souvent le suicide est un penchant héréditaire, cette idée
fixe l'a vair, torturé au point que, même guéri, il n'avait
jamais pardonné à son père et nourrissait contre sa mémoire
une rancune dont toute la famille eut sa part : la branche
qui habitait Bazas, comme celle de Captieux, la tante de
Sore, les cousins de Landirats. Mais pour le grand-onde
Louprat de la Sesque, son tuteur, Daniel toujours s'était
senti une sorte de goût. Il rendait encore un culte, sur la
carte-album, à ce visage de ruse du vieux finaud haut cravaté, les pouces au gilet et qui, entre Langon et Bordeaux,
dans les premiers chemins de fer, avait lu tous les romans
de Paul de Kock. Il dut vendre après 1870 son château de
la Sesque qu'il s'était ruiné à embellir, persuadé par son
ami Jérôme David que !'Empereur et !'Impératrice y
relaieraient pendant le voyage de la Cour à Biarritz. Il finit
ses jours dans l'une des maisons qui bordent la place
assombrie de platanes du gros bourg dont dépend Bouri·deys. Il croyait en Dieu et haïssait les prêtres. En octobre
1915, un entresol secret de la rue des Remparts, à Bordeaux, reçut son dernier soupir.
Daniel vit, sur l'omnibus, une malle et un sac. Il soupira de joie : c&lt; Je partirai donc ! )) Préc~dés du domestique, les Pédebidou, maîtres de cet hôtel, se précipitèrent.
Daniel aperçut, au soleil couchant, le crâne de M. Pédebidou, les frisons de Madame, ses bras courts que la pres·sion du corset soulevait comme des élytres ; il vit encore
Made.m.oiselle Pédebidou, osseuse, pauvre de cheveux. Il
-fallait la venue d'un voyageur pour que œtte famille fût
visible autrement qu'à travers la vitre dépolie du bureau.
Une dame descendit, jeune et la toque voilée. Daniel
-Tépéta : « Je partirai demain. &gt;&gt; Il entendit des voix con-

LE FLEUVE DE FEU

fuses et soudain cet:te exclamation de la voyageuse :
- Comment ? Madame de Villeron n'est pa; ici ?
Elle insistait : une dame, avec sa petite fille ... Et comme
les Pédebidou se rendaient témoignage l'un à l'autre de ce
qu'ils n'avaient reçu aucune lettre, l'étrangère se lamenta :
-C'est incroyable ! Je n'y comprends rien ! Mon amie
m'avait donné rendez-vqus id ce soir.
Elle était surtout étonnée qu'il n'y eût pas de télégramme à son adresse. Mais Madame Pédebidou, comme si
elle en avait reçu l'avis mystérieux, promit à sa cliente
qu'elle aurait une dépêche le lendemain : (&lt; A la première
heure, bien certainement, Madame. &gt;&gt;
Les voix se perdirent dans le vestibule puis de nouveau
retentirent dans l'escalier. Une porte voisine grinça; Daniel
Trasi:s avait décroché son smoking ; il se rasa de près, descendit au deuxième coup de cloche et, traversant l vestibule, alla droit à « 1-a liste des étrangers &gt;&gt; ot'.i, jusqu'à ce
jour, il avait figuré seul. Déjà le nom de la voyageuse était
calligraphié au-dessous du sien. Il lut : Mademoiselle de
Plailly. Une jeune fille, à l'hôtel? Il comprenait pourquoi
l'absence de son amie l'avait émue; car il ne doutait point
que ce fût ttne très jeune fille. Il présumait qu'au restaurant, pour les commodités du service, leurs tables seraient
rapprochées; aussi fut-il déçu de dîner solitaire encore,
dans la salle où craquaient les bottines neuves de la grande
haridelle qui, mitrée d'une haute coiffe, servait. Elle apprit
à Daniel que la demoiselle mangeait dans sa chambre, sans
appétit : cc Elle se fait du mauvais sang, la pauvre. » Daniel
demanda une demi-bouteille de Oiquot ; il ne s'ennuyait
plus. Souvent il s'était comparé à ces rongeurs dont les
dents ne doivent pas une seconde rester inactives . .Il alla
sur la. route pour attendre la nuit moins attentif aux
bruissements, aux odeurs qui lui rappelaient d'autres soirs
&lt;le Juin dans son enfance et sous un ciel familier, qu'à ce
qui appartenait en propre à cette vallée pyrénéenne : ces
hauts pays encore touch és de soleil, ces hauteurs où tin44

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

taie11t des cloches rauq:ues d-e troupeaux et de chapelles
qu'on ne: voyait pas. Des brumes -flottaient, se défaisaient
au ras des prairies sereines. Il écouta surrou:t cé ruissellen1ent des gavés, ce bruit indéfini d1-eaux vives qui prête à
toute vallée des Pyrénées, le soir, une douceur sutnaturelle,
un repos d'éternité - comme si l'âme, selon la promesse
liturgique, y goûtait à la fois le Rafraichissement et la
Paix.
Mademoiselle de Plailly, une jeune fille ... Quel homme
ne nourrit un goût secret ? Daniel Trasis souffrait d'une
étrange soif de limpidité.~Ce débauché était humilié de se
sentir la proie du vertige devant tout être intact. Il ne l'eùt
avoué à aucun ami. Raymond Courrège lui répétait vainemeut que, depuis l!t. guerre, la dause élargit le terrain de
chasse des hommes. Daniel, parce qu'il avait eu à Vauquois le pied gauche blessé, fuyait les dancing : &lt;&lt; Tu as
tort, disait Raymond, les jeunes filles mettent plus de temps
à se décider; et souvent, après la .première entrevue, vous
quittent avec horreur. Mais élles reviennent toujours, surtout les plus dégoûtées ... &gt;l Son plaisir était de les dresser,
de les plier à ses manies. Daniel feignait de craindre de
telles intrigues, leurs conséquences; mais Raymond assurait
que les jeunes filles savent aujourd'ht1i n'être jamaisn1ères.
L'autre secouait la tête sans répondre et gardait pour lui
seul le secret de ce goût, de cette soif. Raymond s~ gaussait
de la rag.e jalouse qui portait Daniel à scruter le. passé de
chaque maîtresse (ainsi le martyrisa plusi!!urs semaines une
confidence de Thérèse Herlant touchant un jeune homme
qu'elle avait connu, jeune fille, à Cabourg et dont elle
avoua que le bain l'émouvait). Ce que les femmes aimaient
en Dâniel: qu'il eût, avec une si douce figure brune, et
tant de songe sous les paupières, des façons de brute,
venait peut-être de sa rage : cc Parce que, disait-il, elles ont
déjà servi, elles ont des traces de doi:gts. n

69I

LE FLEUVE DE FEU

Mademoiselle de Plailly ... A son propos, ce soir, sur la
route où les vaches revenant de boire l'obligeaient à se
tapir cohtre un p~rapet, Daniel évoqua _le souven~ de c_elle
qui sans doute la pr'el'nière suscita en lu1 cette s01f de lm~pidité. Le bourg du Bazadais, où _l'onc~e ~oupra_t recev~Lt
autrefois pendant les vacances, n offrait rien qm put séduire
beaucoup le c0llégien. Il comprenait mal qu'habitant toujours la campagne, son oncle souffrît que ses fenêtres donnassent directement sur la place enténébrée de platanes
énormes ; et qu'il n'y eût derriêre la maison qu'une cour
qu'assomdissaient les gétnissements de la scierie proche. Il
suffisait à l'oncle Louprat' de savoir qu'il posséd.iit beaucoup
de cc pins sur pied )l. Tel était son orgueil qu'il aimait
mieux les laisser pourrir que les couper. Et puis il craigna.it,
d·epuis la vente ùe la Sesque où l'Empereur n'était pas
venu, qu'on pût crnire qu'il av~it besoin d'argent. A l'affût, dans un bureau du rez-de-chaussée aux boiseries couleur chocolat,- il guettait les allées et venues sur la-place
des voisins, du curé surtout, faisait le compte des visites de
l'ecclésiastique aux demoiselles de la poste, - visites qui
inspiraient au bonhomme mille gaillardises. Ainsi se vengeait-il d'un mot du curé aux enfants de Marie: cc Une
bonne qui se place chez Louprat est perdue. J) Une armoire
de ce bureau contenait, outre une bottteille de fine séculaire, des estampes japonaises d'une laborieuse obscénité.
Casanova, Restif de la Bretonne, le Marquis de Sade aidaient
à ses délectations. Dans le coin des philosophes, l'oncle Louprat avait réuni les Facéties de Voltaire, le Testament du
Curé Meslier, l'Alcuran des Cordeliers, les Jésilites criminels,
l'Hisw-ire des Flagellants. Daniel Trasis ne découvrit qu'à la
mort clandestine de l'octogénaire cettè réserve cachée où le
bonhomme, dans le secret, attisait son feu. Mais durant
ces vacances de son adolescence, le jeune garçon n'avait
aucun autre plaisir que de parcourir a bicyclette les deux
lieues qui le séparaient de Bourideys où s'était tué son
père, - village si perdù que la route n'allait pas au dclà.

1:

�692

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Les gardiens Ransinangue et leur fille Marie ouvraient au
soleil d'août la maison abandonnée sans qu'elle perdît son
odeur de moisi. Quatre rangs de chêne; énormes et bas
mêlaient leurs branches; puis s'étendait un grand champ de
pauvre millade. Cet espace de terre et de ciel, ourlé de
pins sombres, était le cirque où Daniel adolescent et la
petite Marie Ransinangue prêtaient aux nuages des formes
d'animaux, de chars et de dieux.
Cette Marie Ransinangue avait passé avant l'âge son
certificat d'études. La sœur Lodoïs, directrice à l'école
libre, disait qu'elle était un sujet remarquable. ·L'enfant
faisait chnque jour seize kilomètres pour apprendre. c&lt; C'est
une tête, disait la sœur, tout y entre. » Elle vantait à
l'enfant l'enchantement du noviciat. A quinze ans, devant
cette fille, dont le sarrau se gonflait durement, Daniel
Trasis avait été pénétré de ces délices douloureuses qui,
après tant d'années où il avait connu Paris, la guerre,
toutes les débauches, ce soir l'inondaient encore au seul
nom d'une jeune fille inconnue : Mademoiselle de Plailly.
La route était libre. Les gaves ruisselaient. Les pas .de
Daniel interrompirent un rossignol : cc Marie Ransinangue, dit-il, Marie Ransinangue ... &gt;) Elle lui avait tant
plu par sa candeur que, bien qu'il ne fût déjà plus pur dès
cette époque, il s'était défendu de la corrompre. Elle était
pieuse, certes, mais rieuse et rien ne manifestait qu'elle fût
touchée par les invites de sœur Lodoïs. A treize ans, elle
aimait poursuivre Daniel dans la maison vide, se dégruser
avec la friperie du grenier, lire à haute voix sur le talus, au
bord du champ, des romans de Maryan, de Raoul de
Navery, de Zénaïde Fleuriot, où sœur Lodoïs s'était
initiée à la connaissance du monde et des passions et dont
elle jugeait que sa protégée pouvait, sans risques graves, se
divertir. Jamais avec _Daniel que le verbiage ordinaire de
deux enfants interrompu par la femme Ransinangue pour
que Marie s'occupe des poules et du cochon. Aucune

LE FLEUVE DE FEU

rêverie chez cette belle fille; parfois seulement son regard
fixait Daniel qui lui disait de ne pas « prendre des yeux
de vache )&gt;. Un jour de 15 août, revenant des vêpres dans
sa robe ridicule, elle lui dit : &lt;&lt; Ce matin, j'ai communié
pour vous. » Il pouffa ; elle le regardait, les sourcils rapprochés. Il inspectait ce corps empaqueté de baleines et de
mousseline, ce corps transpirant, et dit enfin, l'œil trouble:
cc Tu as eu chaud, Marie. » Elle sourit niaisement, rejoignit, en courant, sa mère. Dès lors, et sans qu'il y ait eu
entre eux d'autres paroles, elle l'évita. Il chercha ailleurs
son plaisir, mais sut que Marie faisait réciter leur catéchisme aux drôles de Bourideys, coiffait les mariées et les
communiantes après avoir tué leurs poux, veillait les
morts. Il oublia Marie Ransinangue et n'en ouït plus
parler jusqu'à ce soir de sa première permission, pendant
la guerre, où l'oncle Louprat l'entretint rageusement de la
folie mystique dont tout le bourg, depuis la mobilisation,
était, disait-il, possédé. Un petit berger entendait des voix.
Une métayère avait des visions, prétendait savoir que tel
disparu était vivant.
- Quant à Marie Ransinangue, crois-tu que pour
prouver son dévouement à notre famille, la garce a fait
vœu d'entrer en religion, si tu reviens sain et sauf?
Daniel avait souri, haussé les épaules. Pourtant, lors des
obsèques de M. Louprat de la Sesque ( obsèques solennelles, selon ce que le bonhomme avait toujours promis
au curé : « Vous ne m'aurez pas vivant, mais vous
m'aurez mort. ») Daniel avait, au défi.lé de l'offrande, senti
sur lui les yeux insistants de Marie. Elle le fixa sans vergogne, sachant qu'elle ne le reverrait plus, soit qu'il fût
tué ou que, s'il revenait, elle s'ensevelît vivante. Ainsi la
jeune fille disparut aux derniers jours de r918. On sut
qu'elle était entrée au Carmel de Toulouse. Quand
Daniel, démobilisé, vint à Bourideys lors du règlement des
gemmes, il connut à la rancune muette des Ransinangue
qu'il était te1m pour responsable de leur malheur. Mais,

I

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tout à la joie -&lt;l'être dans la vie, de trafiq11er avec Raymond Courrège d'autos, de motocyclettes, d'ampoules
électriques, de toile d'avion, d'uniformes amérlc:iins,, de
conserves et enfin perdu de débauche, Daniel ne donna
nulle attention à cette entrée au cloître, - du moins
crut-il n'en donner aucune. Mais il arriva que sur le
divan dans l'antichambre de Raymond, au dancit'lg, dans
l'Hispano lorsqu'ils roulaient le dimanche vers un hôtel
de banlreue_; avec une cargaison de filles, le garçon avait,
le temps d'un éclair, la vision d\me petite paysanneJ prostrée. Il voyait des carreaux. rouges, 1:1ne terrine pleine
d'eau, un crucifix sur là çhaux du mur,
Ce soir, il pensait à Marie Rq.nsinangue ~ur la route
obscurcie que barra un instant une cJ1aîne vivante et chantante de drôles et de filles. Une seule fenêtre de l'hôtel
était éclairée. En traversant le vestibule, il déchiffra d'un
coup d'œil furtif ce beau nom : Mademoiselle de Plailly_,
décida de rester deux jours encore.
Le lendemain matin, devant le bureau, il la , yit . . Un
simple chapeau de paille cachait ses d1eveux; mai ils
devaient être roux, car ses, joues encore puériles paraissa.i ent
tavelées et lactées. Daniel observa le cou solide, la courte
vague de cheveux arrêtée net sur la' nuque, un peu trop
laroe
comme il les aimait. Il la voyait de profil ; elle parb '
lait vivement à Mm• Péde:bidou qui, honteuse de ses
bigoudis et de son peignoir, eutr.ebâ.illait sa porte. Jeune
fille, certes - ·mais à cette. seconde d'épanouissement où
l'amant futur mesure avec terreur le temps ·de se faire
aimer: demain le beatt fruit sera touché déjà. Daniel, dans
l'ombrè, couvait dé l'œil ce.t te proie intacte encore. Elle
tenait un télégramme ouvert, donnait des instructions
d'une voix hardie :
_ M111• de Villeron arrive ce soir ... La petite était un
peu souffrante... Vous préparerez la_· charn bre à côté
de la mienne... - Oui, celle qui c:om1mmique. -

LE FLEUVE DE FEU

Elle est moins bien exposée que l'autre ? - Cela ne fait
rien, Mme de Villeron aimera mieux celle qui communique ... N'oubliez pas le fü d'enfant ... - Non, pàs un
berceau. Il s'agit d'une petite fille de quatre ans, très gr11nde
pour son âge.
Elle sortit, Des nuées, masquées par la moutagne jusqu'à la ·dernière seconde, soudain ternirent l'.i.zur. Le soleil
s'éteignit et les papillons lourds le cherchaient dans l'herbe.
Daniel fila sur la route, emportant sa proie. 11 allait joyeux,
furieux, avec sa provende de douleur et de plaisir qu'il ne
démêlait pas encore. Le rongeur avait de quoi désormais
s'user les dents. Tout de suite ·il souffrit à cause de cc la
Villeron &gt;), comme déjà il la nommait haineusement. Qui
était cette amie tant désirée ? Il se réjouissait qu'elle füt
mère. Mais pourquoi ce rendez-vous à sept cents kilomètres de · Paris ? Que ce jour sans soleil était accablant !
La terre exténuée poussait le cri des insectes sans nombre.
Daniel, par un chemin de montagne, atteignit un village
croulant et vide, qu'il eût pu croi:re abandonné sans l'église
où il entra et où veillait la lampe. Son front, ses paupières,
ses mains reçurent la fraîcheur. La vo-ûte était peinte de
fleurs et d'oiseaux. Prisonniers depuis !a veille, les lis de
Pautel violemment saturaient cette ombre où Daniel peu à
peu reconnut l'humble défroque du culte, le brancard
pour les obsèques, l'antiphonaire sur un pupitre souilJé de
cire. Il se souvint du collège où il emponait à la chapelle
des livres profanes déguisés en livres d'heures. Les facéties
de l'oncle Louprat, d'après la Bible comique de Léo Taxil
et les chansons de Bérenger, t011chant les curés et leurs
servantes, -l'avaient détourné de la religion moins sans
doute que sa stupeur, au jour de sa première communion,
de n'avoir éprouvé rien que le vertige du jeftne. Mais en
rhétorique, il avait subi un temps la direction du plus
chétif de ses camarades, Jean Péloueyre, celui qu'on
appelait le « landousquet », dont il pressentait l'amitié
refoulée, contenue et de qui il prit le goût des vers iodé-

�LE FLEUVE DE FEU

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

aurait voulu qu'elle ne le regardât plus ! Elle fit, pour
gagner la porte, un crochet de perdrix atteinte. Lui, erra
tout le jour, sans s'éloigner de l'hôtel et se répétant : &lt;c La
Villeron -sera là ce soir. Attendons de savoir qui est cette
Villeron. &gt;&gt;

finiment répétés. Evitons-nous jamais de subir l'empreinte
d'un être qui nous aime avec-quelque ardeut ? Plus fortement que ceux que nous aimâmes, ceux q)li nous ont aimés
nous marquent. Eh ce temps-là, garçon grandi trop vite,
hérissé, brutal, Daniel lut, outre tous les poères, Epictète
et l'Evangile, méprisa l'oncle Louprat, le haït même lorsqu'aux fins des déjeuners, en août, il le voya-it défaire son
col et se verser du. Gruau-Larose d'une main si agitée qu'il
en souillait la nappe. (« Voilà soixante ans qu'il boit son
frontignan de vin rouge à chaque repas! )&gt; répétait Ransinangue avec vénération.) Parfois 1~ vieux souhaitait les
confidencès de Daniel&gt; posait des questions queJ'adolescent éludait. Il l'amenait à Bordeau:t, au Grand Théâtre,
lui pinçait le bras pendant le ballet : c&lt; Regarde Lovati, la
dernière à gauche. Tiens : prends les jumelles. »
Ainsi Daniel s'attardait-il à rêver dans cette chapelle
perdue. Il oublia l'heure, revint en hâte et, sans prendre
le temps de se laver les mains, affamé, courut au restaurant.
Comme il ouvrait la porte, Mademoiselle d&lt;t Plailly tourna
brièvement la tête , Il regretta une seconde, puis ne regretta
plus d'être ainsi cramoisi, décoiffé. Raymond Courrège
souvent lui disait: ci Toi, elles t'aime,nt à l'état sauvage ... &gt;)
Il s'étonnait qu'elle ne se retournât ·pas e~ s?inquiétait,
lorsqu'il s'aperçut qu'un jeu de glaces permettait à la jeun,è
fille de le couver des yeux. Il aima ce subt erfuge et déjà il
en souffrait. Jusqu'à ce qu'elle eût fini de "manger ses
fraises, l'inconnue affecta de ne pas le voir ; mais Daniel
connaissait cette ruse ----du regard, toujours ailleurs qu'au
seul visage qui l'attire. lui la voyait mal, éta nt un peu
myope, mais il n'eût pour rien au monde abîmé d.e
lunettes son visage, ni voulu
qu'un monocle l'abêtit. Les
I
cheveux de 'la voyageuse, dans un rais de soleil brûlaient,
non pas tout à fait roux comme il avait cru : il n'aurait su
dire leur couleur _de flamme sombre. Il l'excusait, se
disant : cc EHe ne voit pas que je la vois. » Mais qu'il

I

Quand ce fut l'heure ·du train, la jeune fille traversa le
vestibule, volant vers son 'amie. Elle entr'ouvrit la porte du
bureau et adjura un Pédebidou invisible de placer dans la
chambre de M~e de Villeron deux vases qui pussent
cônterur des fleurs à longue tige. Ces signes d'une_amitié
&lt;lélicate irritèrent Daniel. li s'établit dans le vestibule pour
guetter l'ennemie inconnue. Le train devait avoir du
retard. Survint l'employé de la poste qui remit à: Mm• Pédebido.u un télégra'mme. Lorsque Daniel entendit le nom
de Mademoiselle de Plailly, sa joie Foblig€a-de se lever, de
marcher : il était sûr que l'a Villeron se récusait encore et
déjà mesurait sa puissance sur une proie soli taire. Il se
tapit.
Mademoiselle de Pl::(illy descendit seule en effet de
l'omni:bus et sa figure désolée exaspéra Daniel. Cependant
elle déchiffrait la dépêche, se lameotait : &lt;c Voilà que la
petite a unec angine maintenant ! Il y a écrit : Angine. sans
gravité. Voyage remis. Lettre suit ... ii Mm• Pédebidou la
rassurait : du momç,nt que c'était sans gravité... Son amie
serait là dans une huitaine ... La jeune fille s'arrêta au
milieu du vestibule, sans voir Daniel et murmurant : « Je
ne sais pas ce qu'il faut que je fasse. » Elle alla s'asseoir sur
un banc devant. la porte. Daniel s'approcha et, à travers la
vitre, comme sous une loupe, put observer à loisir ces
épaules, cette nuque. Comment eût-il négligé une telle
oecasion? Il s'avança donc vers la pleureuse qui leva la
tête. Le vent compliçe emporta le télégramme qu'elle
avait posé sur ses genoux. Daniel le ramassa, le lui remi.t,
osa parler : il savait par les Pédebidou qu'elle avait reçu de
mauvaises nouvelles; si elle avait besoin à'aide, il se mettait

�698

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE FLEUVE DE FEU

:à sa disposition. Elle ne s'offusqua pas, mais lui répondit
comme dans une gare la voyageuse qui s'est trompée de
train à Femployé qui offre ses services, et dans son désir
&lt;l'être secourue, comblait de renseignements sans prix ce
garçon avide : Fallait-il qu'elle revînt chez elle ? Les
voyages sont si coûteux aujourd'hui ! Son père habitait les
environs de Paris et ne consentirait pas à de nouvêlles
dépenses poùr qu'elle p(1t rej&lt;iindre son amie à Dut'J'kerque.
L'occasion .serait perdue... Fallait-il attendre seule ici, une
semaine, peut-être plus ? Et puis il y avait les frais
&lt;l'hôtel. .. C'est vrai que sou amie sren chargeait.
- Elle se charge des -frais t
- Oh! Elle esttellement plus riche que moL ..
Elle s'interrompit, les joues en feu, honteuse de s'être
livrée. Il n'nsa la regarder, sut même feindre l'indiff.érence
lorsqu'il -lui conseilla d'attendre la lettre de son amie
avant de rien décider. Elle se leva,- avec un rtibt d'excuse et
d'adieu.

petite Marie Ransinangue, gardée dans un cloître, défendue
des regards. Jalousie ? Il savait que cette passion en lui
dépassait toute Jalousie, car lorsque avec une imagination
prompte et patiente, il tentait de la posséder en pensée, de
la dénuder, il souffrait autant de cette débauche que si elle
s'y fût livrée avec. un autre.
Au re-pas du soir, elle l'acc1,1eillit d'un salut court et ne
le regarda pas une seu-le fois, mème à la dérobée. Il ne
s'inquiéta pas de cette reprise : il la laisserait courir, lui
donperait l'illusion de la liberté~ sachant que d'un bond
il pourrait l'atteindre, se servir d'elle. Non, il n'était pas
pressé et, dur-.mt ce repas,~déplora même que l'ennemie
inco.nnue ne fût ,pj!s là, cette Villeron qu'il aurait aimé
combattre à visage découvert. Que la jeune fille semblait
triste de son absence ! Elle'ne se surveillait pas__, mangeait le
coude sur la table, l'œil vague. Elle avait gardé sa jupe
ppussiéreuse et sa blouse de l'après-midi.

Daniel marcha à pa~ pressés sur la route comme si
quelqu'un l'attendait. Ainsi courait-il lorsqu'en·lui des sentiments contraires s'enchevêtraient et qu'il s'efforçait de
&lt;lémêler son désir de sa crainte, sa peine de -sa joie. Il
savait déjà· qu'il ne partirait pas, mais ignorait œ qui dominait en lui ; le regret de ne pas connaître encore cette
Villeron - l'espoir que toujours donne l'approche d'une
enfant mal défendue, déjà atteinte - la joie d''être seul à
mener cette i-ntrigue, sans témoin, loin de Raymond Courrège surtout. S'il avait été 1à, ce dur maître d'équipage,
Daniel n'aurait-il, par mauvaise honte, forcé ce doux
gibier qui ne songeait pas à. fuir ? Pour la première fois
sans doute, il suivrait sa loi intérieure. Rien ne lui était
plus évident que son désir de ravir ce corps, - rien,
sinon sa terreur qu'il ne fût pas intact. Que n'eût-il donné
ce soir pour obtenir cette -assurance qu'elle ignorait toute
caresse? Il aur.ait.voulu qu'elle eût été jusqu'à ce jour une

Après le diner, Daniel, dans le jardin crissant où, sous
les marronniers, la c,haleur du jour demeurait stagnante,
répondait à une pensée intérieure : &lt;c Pourquoi la salir ?... »
Plus tard il alluma une cigarette et ne sut pas que de la
terrasse, la jeune fille regardait luire brièvement _ses
deux mains enserrant l'allumette. A cet instant, il se répétait : &lt;c Pourquqi l..'l s~Iir ? Que vais-je imaginer ? Si
Raymond m'entendait, il se tordrait. Il dirait : Qu'est-ce
que ça veut _dire s;de ? Il n'y a que des gèstes. Un geste
en vaut un autre... Cette petite, que désiré-je en elle· ?
Après des heures de plaisir, son corps serait-il autre que ce
qu'il est, vierge ? Je chéris en elle un mirage. Qu'est-ce
que la pureté ? &gt;&gt;
Les feuilles épaisses au-dessus de lui se froissèrent ; la
campagne ruisselait d'eaux vives sous un ciel sans lune,
fourmillant et traversé d'une piste lactée, d'un gave blême
d'astres, et ce ruissell,ement indé6ni sm: la terre et dans

�700

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

les cieux donnait l'idée d'un effacement de toute tache,
d'une rénovation par l'eau.
Après minuit, l'éveilla un instant le soupir nocturne
de la pluie, et le matin elle chuchotait encc5re sur les
feuilles et sur les oiseaux éveillés. On ne voyait pas la
montagne. Ce filet de la pluie aux mailles innombrables
rabattit dans l'hôtel Daniel et Mademoiselle de Plailly.
Mais comme au restaurant, il lui demandait si elle avait
reçu de meilleures nouvelles, la jeune fille l'avertit, d'un
ton bref, que son amie arriverait à la fin de la semaine
suivante et laissa entendre qu'elle ne souhaitait pas prolonger cet entretien. Il s'inclina et cependant la bénissait
d'être en défense. Il aimait qu'elle se méfiât. De la terrasse, à travers la porte vitrée du sàlon, il vit qu'elle
écrivait une lettre interminable : sa réponse à la Villeron,
sans doute. Il souffrit de ce qu'elle couvrait tant de pages.
Pour rien au monde il n'aurait quitté la place avant
qu'elle eût achevé cette lettre et, cherchant une contenance, relut celle qu'il avait reçu le matin de Raymond
Courrège. Elle portait le timbre d'un bar des ChampsElysées et la seconde feuille était roussie par le feu d'une
cigarette. Raymond ne se plaignait pas des affaires : il
avait gagné cinq mille balles sur une Voisin achetée et
revendue en quarante-huit heures. Il ne pouvait plus se
servir de l'Hispano, en ayant bourré la carrosserie avec
des coupons de soie : un coup merveilleux qu'il avait fait !
Au moment d'obtenir son règlement transactionnel, un
type lui avait vendu le lot en vrac, à vil prix. Il espérait
ratisser la fort~ somme. C'était urgent d'ailleurs au prix où est
le champagne à El Garone et Aux Acacias. Il avait plaquéMarcelle mais levé une petite argentine de dix-huit ans
qui allait au lycée - pas grue du tout. Dès sa première
visite il lui avait fait boire de son fameux vin chaud à la
'
cannelle.
Daniel déchira le papier et cependant, à travers la

LE FLEUVE DE FEU

7or

vitre, regardait Mademoiselle de Plailly qui écrivait,
écrivait. .. De la feuille roussie par la cigarette de Raymond
et vainement déchirée, émanait une force qu'iJ subissait
bassement. Cette fille, derrière la vitre, ne lui était plus
que ce qu'elle eût été pour un ravageur comme Courrège : Ah l forcer la porte, arracher ces papiers où elle
livrait ses secrets, et puis la prendre, se la soumettre.
A I:instant où, debout, elle fermait l'enveloppe, Daniel
entra et, du seuil, il la dévisageait. Comme le temps
pluvieux assombrissait le salon, elle ne put voir l'expression atroce de ses traits, d'ailleurs à contre-jour, mais
sans doute en pressentit-elle la menace, car elle se retira
en hâte par la porte du vestibule. Daniel examina les
ouvrages au crochet sur les fauteuils de palissandre, une
tête d'isard au-dessus de la porte, puis la table où tout
à l'heure la jeune fille écrivait. Un buvard était là dont
il se saisit avidement pour le placer devant la glace. Ainsi
déchiffra-t-il quelques mots insignifiants : tendresses ...
embrasse ... pluie... et la signature : Gisèle de Plailly.
Il emporta ce petit nom, le répéta, le savoura, s'en pénétra ; il en fut comme adouci, apaisé. A la fenêtre de sa
chambre, fumant et rêvassant devant la pluie, ayant sa
part de la joie végétale, il détachait chaque syllabe de ce
nom et de ce prénom : Gisèle, Gisèle de Plailly comme s'ils eussent dû lui ouvrir il ne savait quelles
portes.
Aux Pyrénées, la pluie dure : trois jours passèrent
sans interrompre le déluge qui, ensevelissant les montagnes, rétrécissait le monde autour de l'hôtel désert. Cette
complicité de la plùie livrerait à Daniel la jeune fille
abandonnée. Non qu'il fût si fat que de croire qu'il ne
pouvait déplaire. Mais son instinct d'abord l'avertissait si
la voie était libre, s'il pouvait aller de l'avant\ Sa force
était de se voir sans indulgence, tel que le reflétait la
fem{De élue, comme si malgré lui il eût dû se conformer

�LE FLEUVE DE FEU
702

7o3

LA NOUYELLE REVUE FRANÇATS1'

à l'image que de lui se fai ait l'adversaire. Il avait suffi
d'un mot, d'un regard pour qu'il se sentît parfois vulgaire, bellâtre même. En revanche sa chair éprouvait le
moindre trouble éveillé chez une autre. Il était averti de
la plus secrète complicité d'un corps. Ainsi se sentait-il
sôr de forcer Gisèle, la bénissait 'ti'ê re défiante et, pareil
au chasseur que divertissent les ruses du gibier d'avance
vaincu, ne la pourchassait pas. Plus tard, il devait se
rappeler, comme les seules sereines de son amour, ces
heures dans I hôtel ,·ide, pressées de pluie, des pas furtifs
sur la terrasse quand il feuilletait au salon un vieux recueil
du Monde Illflstri, - surtout ce visage soudain inexpressif de la jfüne fille lorsque, au restaurant, il jetait un
brusque regard vers la glace où il savait que les yeux
aimés l'épiaient. Mais il 'tait de ceux qu'nne femme, dès
les premières paroles, blesse.
Dans un hôtel, des nouveaux venus créent entre les
anciens une complicité. Ce jour.:là, au restaurant, une
famille fit son entrée : d'abord une vieille dame réduite
dont le corset saillant barra.it le dos ; puis un immense
fils d'une maigreur d'affamé et qui agitait, sur un long
cou où la pomme d'Adam semblait une maladie, son
osseuse figure masquée de boutons; enfin le père, gallinacé majestueux, portant haut sa tête chauve et rouge
de coq &lt;l1ode dont on eùt dit que Jébordait Ju col roide
la membrane charnue et IDQmelonnée. Daniel et Gisèle
se regardèrent, sourirent. Ce fut elle qui, au salon, avant
qu'il ait rien demandé, l'a,•ertit que « la petite trainait un
peu ». Mais son amie espérait être là dans une huitaine.
Elle ajouta :
- Savez-vous quelle est la maladie de ce grand
escogriffe, d'après Madame Pédebidou ? Il a le cœur trop
petit pour son corps. Alors le sang n'arrive pas aux.
extrémités.
Il devait avoir les pieds et les mains violets de froid.

Ils riren~ encore, s'étonnèrent de se sentir camarade
'?mn:e s1 ces quelques jours où, sans une parole, ils
nava1ent cessé de penser l'un i l'autre, plus sûrement
que .de longues confidences les avaient rapprochés. Ils
adrntr rent le travail déji fait. Elle montra qu'elle avait
des lettres eu citant une phrase de Maeterlinck touchant
les âmes qu~ se connaissent sa.os l'intermédiaire des corps.
II_ osa réparur que les corps, et non les âmes, réagissent à
distance, se ~airent, s'approuvent... Elle éclata d'un rire
affre~x. - grrouette ou crécelle qu'elle arrêta net.
~mel détesta d'abord ce rire qui ne ressemblait pas à ce
vis~ge P1;:· . Il _souffrit encore, l'observant de près, parce
q~ elle. n e~rut pe_ut-êrre pas aussi jeune que sa myopie le
lut a~att fait r tee. Ardemment, il contemplait ce visage
roussi, et comme flammé - ce beau grès vivant. Mais
autour
de la bouche, des yeux ' au cou même , dé'·
·
·
ia para1ssa1ent des_ signes d'~s~re. Jeune certes, mais d'une jeun~sse déch~:iote qui 1embrasait et la blessait comme de
8.eches honz~ntales. Grossier, il lui demanda son âge.
Elle regarda, mterdite, cet homme - plus rien du joli
garçon flatteur et doux -cet homme impérieux.
Croy z-vous que je dise mon âge au premier
venu?
Le. ton eoj?ué adoucissait un peu l injure ; mais qu'importait à Damd ? Il retenait seulement cela qu'elle avait
hont de son âge. Rien, rien ne pouvait faire qu'il l'ait
connue dans sa pnme
·
·
sai.son.
Il la suivit sur la t rrasse. Les branches s'égouttaient dans les ténèbres pleines
de_ c?assements. Comme il a.llumait une cigarette elle

~~:

'

- Je reconnais à l'odeur une abduUa. Donnez-m'en
une.
Il répondit sèchement :
- J'ai horreur que les jeunes filles fument.
t ~ rire qu'il détestait grinça, s'interrompit. Il lui
en t alors, sans la regarder,, un étui d'écaille; comme

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•

LA NOUVELLE REVUE PRANÇAISB

elle ne répondait pas à ce geste, il leva les yeux:, ne vit
dans l'ombre aucun de ses traits mais seulement, bien
qu,elle fût debout, la masse d'un corps affaissé soudain,
les deux mains au dossier d'une chaise. La lumière venue
du salon n'éclairait que ces deux mains crispées. Sans plus
rien dire, elle s'éloigna. N'aurait-il pu suivre sa trace au
sang qu'elle perdait? Il ne doutait pas qu'il eût touché en
elle l'endroit d'une blessure.
Il se demanda, pendant la nuit, s'il pleuvait ou si c'était
le vent qui sous le couvert faisait s'égoutter les feuilles
basses. Il savait qu'il allait souffrir, que plus il avancerait
dans la connaissance du cœur, du corps désirés, s'en
épaissirait le mystère, - surtout s' il était aimé : « Elle
se déformera, elle se recomposera pour me séduire ... »
Il haïssait d'a\·ance les fausses images, les épreuves retouchées. Pourtant il n'avait jamais rien exigé de la vie
que cette recherche épuisante dans les ténèbres d'autrui.
11 n'avait osé confier qu'à Raymond Courr~ge que
l'hiver de 1916 où iJ grelottait sous une tente, dans des
landes inondées - et même l'année 1917 où il traversa
l'enfer de Vauquois, laissait en lui un souvenir dominant :
celui de Thérèse qu'il connut alors. La guerre, ,,était
pour lui Thérèse Herlant.
Le lendemain, pendant le déjeuner, il ne vit pas Mademoiselle de Plailly, séparé d'elle par des pèlerins de
Lourdes. Il maudit cette tablée de voyageurs fervents et
noirs, les accusa de ne s'être pas déshabillés depuis deux
jours. Il mit les bouchées doubles, s'assit au fond du jardin
sur un banc humide encore : il ferait beau, ce nuage immobile, là-bas, était un carré de neige.
- J'ai vingt-six ans. Que voulez-vous savoir encore ?
Interrogez.
ll tressaillit, se leva. Elle était venue à pas de louve.
Ses dents luisaient. es bras étaient nus, abimés d'anciens
coups de soleil - un peu trop forts. A travers la robe

LE FLEU\'E DE FEU

de piqu~, il croyait entendre vivre ce corps, comme à
travers les feuilles on entend l'eau vive sourdre. Son visaae
éclatait d'une jeunesse telle que Daniel n'en put soute;r
plus d'une seconde l'aspect. Il avait souvent regardé en
face le soleil et la mort - mais jamais un ,·isage bienaimé. Les yeux de l'amour sont fuyants. Ceux qui regardent en face n'aim nt pas. Les beaux bras se relevèrent
pour qu'elle pût rattacher sur la nuque une mèche,
comme si elle éteignait une flamme courte, - ses deux
bras se rele,,èrent, et le garçon, à cause de ce qu'il vit,
ferma les yeu.,:. Elle disait :
- Il y a une sortie sur la campagne. Voulez-vous que
nous fassions quelques pas ensemble ? Nous ne rencontrerons personne.
Il souffrirait plus tard qu'elle ait proposé cette promenade furtive. Mais rien ne lui était, à cette heure, que de
marcher près d'elle sur une route. Bien qu'elle ne dît rien
que d'innocent, pourquoi lui trouvait-il l'aspect d'une
prévenue qui brouille les pistes, veut donner le change ?
Il l'écoutait mal d'ailleurs, moins sensible à une parole
qu'à cette main qui, par mégarde, touchait la sienne, qu'à
cette épaule qu'il s'accoutumait à regarder de tout près,
qu'à ce nuage d'odeur autour de ce corps. Cependant elle
disait que chez elle ce n'était pas la même lumière qu'ici.
Bien qu'elle habitât à trente kilomètres de Paris J on ne
pouvait imaginer un pays aussi perdu : une heure de
voiture ;usqu'à la gare, sur des routes défoncées, dès l'autonrne, par les charrois de betteraves... Les gars des
Pyrénées chantent à tue-tête. N'avaient-ils pas empêch~
Daniel de dormir, hier soir ? Mais chez les Plailly, les
garçons abrutis par l'eau-de-vie ne chantent pas. C'est
un village sans curé et le dimanche, les femmes ne s'y
habillent pas, faute de grand'messe. Gisèle n'aimait guère
quitter le jardin, parce qu'elle avait peur des corps
d'hommes au revers des fossés, terrassés près d'un litre
vide. Son père racontait qu'un soir d'hiver, il avait tré4,

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LA NOUVELLE REVUE FRA."IÇAISB

bucbé sur la route conrre un cbarretier ivre-mort dont les
rats avaient commencé de ronger la figure. Daniel profita de ce que la bavar&lt;le reprenait haleine pour lui demander si l'hiver elle habitait Paris. Il demandait cela
distraitement, se disant: « Il faudra que je me souvi~nne
de la couleur de sa chair à l'eadroit du coude. » Sa gorge
dev.ait être un peu lourde déjà•.. Cependant Gisèle s'exclamait : Ah ! on voyait bien qu'il ne connaissait pas
M. de Plailly l « Un veuf, n'est-ce pas, prend souvent les
manies d'un vieux garçon. » Economiser .était son idée
fixe. A la campagne, séparé du monde, il n'était pas forcé
de faire figur~. Depuis la guerre, il avait suppri_mé _l'a~~jardinier, binait, sarclait lui-même : « Il a. tout a fan 1air
d'un paysan maintenant ... &gt;&gt; On ne pouvait garder aucune
bonne parce qu'il exigeait qn' elle soignât_ le :ocho~ •
Longtemps la jeune fille accumula _les gnefs. d un air
faussement léger, comme par plaisantene, et parfois en effet
résonnait la crécelle de son rire. Daniel aurait haï chez
toute autre ces commérages, cette facilité à se livrer. Mais
en dépit d'un ton de badinage, si âpre était ;e réq:3-isi~oire
de Gisèle contre son père que le garçon s effarait dune
telle aigreur, de cette rancune démesurée. Comme ils
longeaient une prairie, elle dit :
- Si nous souffiîons un peu ?
Côte à côte ils s'·é tendirent. Us étaient à la hauteur de
l'herbe · leurs cheveux remuaient dans le sillage des granùnées. Il~ écoutaient le vent qui n'est pas le bruit de,s feuilles
froissées mais une voix mouillée et tiède contre l'oreille. A
intervalles irréguliers, -sonnait un seul grillon. Les nn~ges
modelaient la montagne, y creusaient des tranchées noires:
La lumière gli:ssai.t sur des pentes de jade qui soudain aussi
s'assombrissaient. Ils se demandaient l'un à l'autre si cette
tache était une forêt parmi les prairies, ou l'ombre des
nues ou un r.o.c noir. Il ne la regardait pas, mais se brû- 1ait •feu de ce corps épandu. Elle.parlait, parlait. Plus tard
il serait assez tôt pour se rappeler telle parole sur le

:u

LE FLEUVE DE FEU

mariage, sur les jeunes gens, pour s'y écorcher. Oserait-il
un gest-e ? Il avait peur et envie qu'elle ne se défendît pas.
Enfin, s'étant soulevé d'abord sur les coudes, il baissa son
visage vers le sien, comme pour s'abreuver. Mais elle élargit brusquement la place entre leurs corps gisants et tira
chastement jusqu'à ses chevilles sa robe. Daniel connaissait
bien cette joie d'être dé.çu. Il murmura:
Et quelle sombre soif de la li rn pi-ditè ...

-

Que dites-vous ?
Rien ... un vèrs ...

Le ciel se ternit. Une brume couvrit les-Crêtes et Daniel
imaginait des transfigurations sur ces sommets ensevelis.
Ils revinrent. La jeune fille se taisait et il redoutait plus ce
silence qu'aucune parole. Elle traînait les pieds dans la
poussière. Il se souvint de la forme prostrée qu'il avait vue
la veille au soir. Etait-elle lasse ? Hostile peut-être à cause
de cette caresse tentée ? Non; non : ce n,était pas cela.
L'ombre étendue sur Gisèle de Plailly venait d'un ciel
inconnu. Devant une croix de mission, tandis qu'elle se
signait, tout son corps épanoui se contracta soudain, se
reforma. Et Daniel, si peu religieux, aima cette rétraction,
respira cette fille dévote, ce jasmin d'Espagne, puis ne put
supporter son silence, l'interrogea au hasard :
- Vous ne quittez jamais votre village?
- Oh ! je vais à Paris quelquefois ...
- Seule?
Bien qu'il ait jeté ce dernier mot sur le même ton impérieux que lorsque la veille il lui avait demandé son âge,
elle ne parut point froissée, mais anxieuse. Elle parla vite,
un peu b.aletante :
1 on ... Oui ... Enfin souvent seule ... Qui m'accompagnerait? J'ai p.e.rdu ma mère, je ne l'ai pas connue ... Depuis
la guerre, nom n'avons même plus de· cheval, croyez-vous ?
Il faut pour aller à la gare prendre la patache à six heures

�708

LA NOUVELLE REVUE FRAlfÇAISE

du matin ... Et la bonne a assez à faire avec le poulailler,
les lessives .. . Je suis obligée de prendre pour le retour te
dernier train du soir, le seul qui corresponde avec la
patache. Gest long ces journées dans Paris. On ne sait
où se poser; il n'y a que les grands magasins ...
Elle s'interrompit, comme si elle eût compiis que ce
n'était pas cela qu'il aurait fallu dire. Ah ! Dieu ! Dieu !
Elle errait donc des jours entiers dans cette jungle. C'était
un hasard qu'il ne l'eût pas un jour flairée, levée ... Comme
ils approchaient de l'hôtel, la jeune füle lui dit qu' il valait
mieux ne pas entrer ensemble, à cause des Pédebidou. Il
protesta qu'il était tout naturel qu'ils aient lié connaissance
et que personne n'y pouvait rien trouver à dire. Mais elle
secouait la tête et, butée, le suppliait de passer par le fond
du jardin. Il résistait :
- Les Pédebidoq penseront ce qu'ils voudront.
- Oui ! Et quand mon amie sera ici, ils lui raconteront de:; histoires.
- Quelles histoires ? Elle verra bien que je vous connais, votre amie ...
La jeune fille balbutia :
- Vous serez encore là ?
Sans doute, eût-elle voulu reprendre cette parole. Mais
sous le regard haineux du garçon, elle perdit contenance, et
elle demeurait immobile avec une humilité, une soumission douce. Qu'il souffrait ! Il lui sembla que plus jamais_
il n'oserait plonger dans ce cœur donnant, dans c:ette eau
traîtresse. Raymond Courrège, lui, aurait meurtri ces bras
abandonnés, saisi à deux mains cette tête, ployé la fille
tout entière cœnme une branche, jusqu'à la rompre. Il la
quitta sans un mot, chercha l'entrée secrète du jardin et,
comme il se retournait, la vit debout à la m~me place.
Seul maintenant sur l'allée herbeuse, il s'effrayaitdda boue
remuée en lui et dont il salissait la jeune fille. Mm• de Villeron ... Il la, voyait cette inconnue, se la représentait avec
minutie : ramassée, noiraude, l'œil dur et jauni de bile, il

LE FLEUVE DE FEU

connaissait jusqu'à sa toilette, comptait les boutons du
« tailleur ». Une confidence échappée à Gisèle, cette aprèsmidi, lui revenait soudain : A l'Abbaye-aux-Bois~ quand
Lucile était une grande, elle avait ch0isi Gisèle pour sa
petite fille : cc Vous savez l'usage des couvents ? Chaque
grande est une petite maman ... l&gt;

A table, elle quêta le rega.r:d de Daniel sans vergogne.
Qu'elle était imprudente l Qu'elle calculait peu ! Lui,
buvait sec, pou r mieux sentir sa passion; alms une subite
idée le frappa : si Gisèle était une vraie jeune fille, pourquoi ses gestes ni ses propos ne tendaient-ils au mariage ?
Elle ne lui avait pùsé a~cune insidieuse question sur sa
famille, sur son métier, sur ses revenus, comme elles font
presque toutes quand elles jettent le filet. cc Voyons, voyons,
voyons, 1&gt; marmonnait-il, cherchant dans le long bavardage
de la journée ce qu'elle avait pu dire touchant le mariage.
Il se rappela que, lorsqu'au tournant de la route il lui avait
demandé pourquoi sa chère amie Villeron ne s'était pas
inquiétée de son avenir, pareil à un chirurgien qui découvre
sous ses doigts qu'au delà de ce qu'il avait cru, le cancer se
rai;nifie, il l'avajt vu blémir. Mademoiselle de Plailly, verbeuse, s'était alors ietée dans une autre diatribe : à l'entendre, son père ne voulait faire aucune concession. Même
avant la guerre, il ne se füt jamais résolu à doter sa fille. 11
avait sur ce sujet des idées d'ancien régime, disait-elle, et lui
citait l'exemple des jeunes filles nobles d'autrefois ; il ne lui
faisait grâce d'aucun divorce connu de lui ni de leurs pires
motifs. Elle était cc ferrée à glace » ( ce fut son expression)
sur les plus scabreux cas de cassation reçus en cour de
Rome.
Daniel tournait maintenant dans les allées noires, se
cognait aux bancs, frottait l'une contre l'autre les paumes
de ses mains.
Après le dîner, à cause de la brume presque froide,
M;idemoiselle de Plailly s'établit au salon avec un livre.

�710

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE FLEUVE DE FEU

L'entré~ de Daniel ne lui fit pas lever la tête. II s'assit
assez loin d'elle dont soudain le rire éclata et elle lui
montrait, collé contre la vitre d'une porte-fenêtre,. le nez
aplati et blanc du jeune homme masqué de boutons. La
face exsangue alors s'effaça de la vitre et ils entendirent errer
l'escogriffe sur la véranda, sentinelle mélancolique.
- Il y en a qui ont cette figure, et d'autres ...
Et elle regardait hardiment Daniel qui répondit :
- Les jeunes filles répètent souvent q'tlun homme rt'a
pas besoin d'être beau.
Elle éclata encore de son rire, et du ton le plus vul-

Il ferma les y€ux, vit le métro comme un égout humain
qui la roulait. Il se rapprocha, les _dents serrées. EHe se
leva, passa sur la terrasse où le garçon an cœur trop petit
n'était plus. Comme un mufle mouillé et tiède, ils sentirent sur leurs joues et sur leurs yeux le jardin noir. Une
ampoule s'alluma au-dessus d'eux. Eblouis, ils ne virent
pas d'abord Mme Pédebidoù en camisole, le front a-rmé de
deux bigoudis. Mais ils l'entendirent, mielleuse :
- Pardon,_ M'sieur et Dame : j_e venais vo1r si on
pouvait fermer,

gaire :
- Oui, toujours assez beau pourvu qu'il épouse.
Daniel, comme s'il redoutait la réponse, insinua que
sans doute elle. ne l'entendait pas ainsi e_t qu'il devait falloir
être beau pour lui plaire. Ce fut alors que cette parole
étrange échappa à Gisèle de Plailly :
- Oh! Moi! Tous les visages me blessent.
- Ceux qui sont laids ?
- Moins que les autres.
Elle parlait avec une hardiesse d.ésolé:e, une sorte de bravade triste ; et Daniel n'osait soutenir son regard. li .
essaya, par lâcheté, de tourner en plaisanterie cet a::,eu : ce
qu'elle avait dû souvent être amoureuse! Un sourire, un
haussement d'épaul es signifièrent: bien plus souven.t que
vous ne sauriez croire. Alors le garçon, d'un ton fauss~
ment doux :
- Il y en a. tout cle même que vous avez dû préférer à

Avant que vint le sommeil, pendant des heures, il s'efforça de se rappeler toutes les jeunes filles qu'il avait connues pour tes comparer à Gisèle. Sauf Marie Ransinangue,
mystérieusement perdue à cause de lui dans des ténèbres
qu'il ne pouvait imaginer, il n'avait eu d'intimité avec
aucune. Il les revoyait toutes: celles qu'il fit danser, le seul
hiver où il alla au bal ; et d'autres, rencontrées pendant la
guerre au hasard des cantonnements et des ambuJances. ;
elles avaient ce trait commun de se garder, mais sans qu'il
pût démêler si elles étaient chastes ou seulement soucieuses de ne se pas déprécier. La· plupart sans doute con.fondaient-elles le goût de la pureté avec l'instinct de
conservation. L'énigme des jeunes filles,_ songeait Daniel,
naît de cette confusion de leur intérêt avec la plus stricte
vertu. Elles-mêmes ne sauraiem dite si leur cor ps leur est
un capital qu'il importe de réserver, ou si d 'abord elles
révèrent en leur chair intacte un mystère ... cc Gisèle de
Plailly ne me paraît différente q_ue parce qu'elle ne pense
plus au mariage. Oui, c'est c.ela ... Aussi chaste qu'aucune
autre, mais moins circonspecte, et ne ménageant plus rien.
Oui, mais ... »
Il se leva, alla pieds nus à la fenêtre qu'il ouv(it, et il
but à la nuit brumeuse et saturée comme une gorgée
d'eau. &lt;&lt; Même .ttec un père pareil à ce Plailly, quelle jeune
fille renonce au rna;iage ? A moi" par exemple, que n'es-

tous les autres ...
- Rassurez-vous : je les aime tous.
Et comme il se taisait, elle ajouta:
_ N'êtes-vous pas comme moi? En tramway, en train,
en métro, il suffit d'une paupière, d'une bouche, d'une
rriain posée sur des genoux, d'une main nue, pour que la
vie misérable me paraisse moins misérable~.. Vous ne
trouvez pas ? Non ?

�7 [2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

saie-t-elle de jeter l'hameçon ? Je lui plais... Est-elle sans
coquetterie, sans ruse? dégoûtée par d'autres expériences ?
A-t-elle flairé, avec cet instinct qu'elles ont, que je ne suis
pas de l'espèce des mnris? Elle ne ressemble à aucune
autre peut-être parce qu'elle est une jeune füle sans mère.
Elle a dit, elle a osé dire : tous les visages me blessent ... ,&gt;
Il souffrait et jouissait de cette parole insensée, imagina
ce qu'il pourrait faire avec Gisèle, voulut mener sa pensée
au gré de son désir, mais le .sommeil le prit tout d'un coup.
Un dormeur, derrière la cloison, avec des mots incohérents, le réveilla. Peu à peu l'hôtel se peuplait. Daniel
avait vu, la veille, de jeunes silhouettes blanches entre les
grillages du tennis. Il aurait dû apporter sa raquette ...
Pourquoi ne ferait-il pas quelques ascensions ? Les vraies
montagnes étaient trop loin. D'ailleurs il ne pratiquait le
sport qu'aux jours ou peu de passion l'occupait. Alors il y
détendait un corps joyeux et vacant. Mais toujours, quand
le feu intérieur le consumait, iJ en préférait la brûlure à
tout divertissement et n'aimait que la marche qui ne
détourne pas la pensée, qui l'aide au contraire à se concentrer. Ainsi différait-il de Courrège, dans ses crises
s'éreintant sur le ring ou à la rame, en candt. Pour Daniel,
le plaisir d'être le plus leste et le plus fort, en ces instants
ne comptait guère. La jeune foule animale l'assommait à
qui rien ne plaît mieux que se dépenser, exceller. Pourtant
il avait connu, dans les bars, quelques jeunes gens de
lettres qui affectaient de préférer à tout la boxe ou le
rugby qu'ils célébraient en prose et en vers. Mais chez
l'un, ce n'était que religion secrète, exaltée, douloureuse,
du corps humain, - chez l'autre, consumé de débauche,
recherche inquiète d'une discipline, d'un ascétisme ... Peuton aimer son corps dans chaque muscle et le sevrer
de sa joie? Alors Daniel pensa à l'autre excès, imagina
ceue petite pa.Ysanne, Ma.rie Ransinangue, exténuée de
jeûne, amaigrie, les genoux blessés contre des carreaux ...
Et Gisèle ? Il faudrait qu'il pensât à lui demander si elle

LE FLEUVE DE FEU

7r3

jouait au tennis : on trouverait bien deux raquettes. Le jeu
allume les jeunes corps comme des torches ... et il l'imagina brûlante sur le court, se Leva, emplit d'eau son verre à
dents, avala un comprimé d'aspirine, attendit Je ·sommeil.
Le lendemain, la place de Mademoiselle de Plailly, au
restaurant, demeura vide. Daniel sut par la grande hari~elle de service ~ue la jeune fille était à Lourdes pour la
Journée. Il se réjouit de ce répit comme d'une halte dans
une descente indéfinie. Il n'était plus i"inpatient de toucher
le fond. C'était assez d'en respirer le relent. Désormais,
comme le coup de grâce, il attendait de voir la Villeron.
Le seul aspect de cette femme l'éclairerait mieux qu'aucune
enquête. Après cette épreuve, tout serait consommé.
Alors il ne négligerait plus de cueillir ce fruit véreux
~~sèle ! Il ne quitterait l hôtel qu'il ne l'ait mordu pui;
reieté. Après la matinée brumeuse, un jour de feu l'étourdissait, l'accablait dans l'herbe drue et juteuse entre la
route de Saint-Savin et le gave. Cette intrigue dénouée, il
s'efforçait d'imaginer son retour à Paris, les affaires et les
amours que lui proposerait·Courrège. Mais ce rongeur ne
se pouvait détacher de la passion où il usait ses dents. Il
n'avait jamais su interrompre une histoire. De même
qu'enfant, il dévorait les livres, en secret rallumait sa
bougie, Ja p.uit, ne s'accordait de repos qu'il n'eût épuisé
le dernier chapitre, aujourd'hui il humait tout amour
jusqu'à la lie. Daniel appliquait en amour la règle cartésienne d'être le plus ferme et le plus résolu en ses actions
qu'il pouvait. Jamais il ne revenait sur ses pas.
Le jour où, par un colloque des Pédebidôu, il apprit que
Mme de Villeron arriverait le lendemain, Daniel alla vers le
gave. Comme un cœur malade, l'appel aux vêpres .battait
dans ce dimanche accablant. Les traînées jaunes des renoncules décelaient de seaètes eaux à travers les prairies crépitantes. Sur l'herbe, au bord du gave, le jeune homme vit
des taches rouges, bleues et blanches qui étaient le linge,

�714

LA NOUVELLE REVUE FlANÇAISE

les habits des garçons dont il entendait, derrière les aulnes,
les cris et les ébrouements. 11 se coucha à l'ombre étroite
d'une haie. Parfois, à travers les branches, étincelait de
soleil et d'eau un corps fuyant. Il semblait que la torpeur
d'un jour torride eùt éveillé les Œgipaos endormis et que
le grand Pan gonflât soudain sa poitrine feuillue. Daniel,
comme dans le désert un assoiffé suce un caillou, répétait:
Gisèle ... Gisèle ...
Pour rentrer à l'hôtel, il gagna un chemin creux, et
soudain il la vit. Elle venait du gave. La verdure avait
souillé de sève sa robe de piqué, elle tenait son chapeau à
la main. Il pensa d'abord à ceci qu'elle venait du gave
plein d'éclaboussures et de cris. Elle lui dit précipitamment,
comme pour se défendre :
- Je vous cherchais ... Elle arrive demain ...
Il répondit sans la regarder :
- Que voulez-vous que ça me fasse ?
II marchait si vite qu'elle était obligée de courir pour le
suivre. Elle lui demanda:
- Vous restez encore ?
- Si ça me plaît.
Perdant le souffie, elle lui dit :
- Je voudrais ... Je voudrais que vous ne vous occupiez
plus de moi. Maintenant, ce n'est plus la peine ... Laissezm01 ...
Il ne répondit pas. Elle avait renoncé à le suivre, sans
doute pour éviter qu'ils entrassent ensemble à l'hôtel. Il se
retourna et la vit immobile au milieu de la route sans
ombre, - la même épave, la même qu'avait roulée l'égout
vivant des Boulevards; corps noyé dans la cohue du
Printemps; petite vague battant les comptoirs des Galeries
Lzfayette; voyageuse errante à l'heure du train sous le hall
fumant de la Gare du Nord 1 •

(A suivre).
1.

Copyright by Librairie Gallimatd,

FRANÇOIS MAURIAC
19-22.

REFLEXIONS SUR
LA LI~T°ERATURE
LES TROIS CRITIQUES
11 y a bien longtemps qu'une question toute littéraire n'avait
fait autant de bruit que l'affaire des manuels ( et de Manuel)
soulevée par M. Vandérem. Notre confrère est devenu une
manière de vicomte de Foucault, q11i n'a d'ailleurs pas cette
fois, les mains auvergnates.
'
On_a trouvé étonnant que cette petite somme de remarques
peu discutables et dont on a généralement reconnu le bien fondé
n'aient été produites à la lumière qu'à un moment si tardif. Mais.
l'étonnement ne doit être en généra] qu'un commencement, qui
~ous _mène à cet, état où l'on ne s'étonne plus, parce gu'on
s explique et que l on comprend. Ces articles nous fourniront
une bonne occasion de pénétrer dans la vie intérieure de la
c_ritiq~e française et de voir comment les jugements étroits
s1~nales par M. Vandérem, et Ja polémique de M. Vandérem
lm-même, ont été déposés le long d'un courant ancien et
naturel.

*
On sait que Brunetière, étant parti pour l'exécution d'un
grand ouvrage en quatre volumes sur !'Evolution des genres, s'est
arrêté net après le premier, qui porte sur l'évolution de la
critique. Brunetière jugea-t-il que la critique présentait le
tableau le plus démonstratif de cette fameuse évolution ? En
tout cas, et sans méconnaitre l'importance d'une question
générale engagée à faux, mais qui portait bien sur un problème
réel et central et qui devra être reprise un jour, sans méjuger

�7I 6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

non plus les morceaux solides du livre, on le voit, pour sa pl~s
grande partie, crouler de deux côtés. Tout d'abord des_ 101s
d'évolution de la critique, f évolution d'un genre, sont tirées
par Bruneti'ère de considérations qui portent unique~ent sur la
critique française. Or presque toutes les autres. littératures
modernes ont comporté leur critique, et il suffit de lire la.grande
History of criticism de M. Saintsbury pour voir à que_l point le
genre, si genre il y a, a évolué diversement dan_s _les divers ~ays:
En second lieu, dans l'espace même de cette crit~que française a
laquelle Brunetière restreint son étude,. ~n est frap?é d'une
lacune ou d'un parti-pris analogues : la cntique français~, pour
lui, est si.irtout une suite de professeurs en acte ou en pmssance,
qui va de La Harpe à Brunetière lu~-même, et où par exemple
Villemain est investi d'une grande importance. Prenez cela en
gros . Madame de Staël, à laquelle Brunetière fait avec raison
une place considérable, n'a évidemment rien d'un professeu~,
et Sainte-Beuve ne le fut qu'accidentellement. Au surplus il
est tout naturel que l'enseignement soit_ le second e; _même le
premier métier d'un critique profess~o~nel. J~ n a1 aucune
raison de dénigrer la critique universnaue. Mais, coru.11:e_ tout
ce qui existe, elle a ses limites. Elle n'est pas la seul~ _cnt1que:
Elle est bornée de deux côtés. ~l y a deux autres cnnques qm
commencent sinon là où elle finit, t-0ut• au moins là où elle
faiblit où elle devient gauche et dépaysée, et qui au surplus
sont 5~ 6 aî nées. J'appellerais l'une la critique parlée et l'a~tre la
critique d'artiste. En se bornant à la critique franç~1se d~
xixe siècle on écrirait sur chacune d'elles un livre aussi considérable et' aussi intéressant que celui que B~netière a con~acré
à un seul des trois secteurs, qui lui paraît la critique ~,~t1èr~.
Prenons un peu d'esprit géographique. La gé~graphrc, dit
Voltaire, permet d'opposer l'univers_ à la rue_ Samt-Jacques e~
de ne pas croire que les orgues de Samt-Séverm donnent le to
au reste du monde . Ils ne le donnent pas mê~1e au r_este de
Paris . M. Vandérem a €crit autrefois, pour expnmer pittoresquement le rythme binaire de l'intelligence parisienne, so,n
roman des Deux Rives. Admettons qu'avec la Cité et les autr~s
iles cela en fasse trois, et tâchons de voir notre pay sage entique de c~ point de vue des trois rives.

RÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

71 7

J'entends par critique p.:irlé'e ce qu'on pourrait appeler aussi
la. critique spontanée, la critique faite par le public lui-même.
C'est évidemment l'aînée des trois critiques. Du jour où un
poète a chanté devant des hommes, les hommes ont manifesté
leur opinion sur lui. Plus ils ont appris à sentir et à ex-primer
leurs sentiments, ptus cette critique parlée s'est perfectionnée.
Elle s'est développée en fonction de la vie de société, et comme
la vie de société et de .conversa tien n'a nulle part étê plus brillante et plus fine que dans la France des xvne, xvm• et
x1x• s.iècle, il est naturel que la critique spontanée y ait pat'riculièremeat brillé. _cc La vraie critique de Paris, écrivait SainteBr:mve dans un M ses tout premiers Lundis, se fait en causant ;
c'est en allant au scrutin de toutes les opinions, et en dépouillant ce scrutin avec intelligence, que le critique composerait
son résultat le plus complet el: le plus juste. » Il "S'agit, bien
entendu, des conversations du public éclairé. Mais cette critique
verbale n'a guère pour nous qu'une existence théorique. Elfe
ne commence à vivre littérairement que, lorsque certains
détours Jui permettent de passer dans l'écriture sans y perdre sa
sincérité et sa fraîcheur. Ces détours sont heureusement nom-breux .
D'abor&lt;l ces conversations laissent des traces. On en a noté
de brillantes, comme l'éblouissant feu d'artifice criti_que tiré par
Rivarol devant Chênedollé. ll y ,a, dans les mémoires, les correspondances, les journaux, les nouvelles de la littérature
française, une sorte de Journal des Goncourt presque ininterrompu, qui dure depuis trois siècles. Et puis la critique spontanée 11e consiste pas seulement dans les conversations~ dans la
parole auditive, mais dans ces succédanés de la parole que sont les
lettres., les notes persormelles. Les lettres de madame de Sévigné
ou de Doudan, les pensées de Joubert, le joumal d'Amiel, toutes
les fois qu'ils s'expriment sur des matières littéraires, on peut dire
qu'ils font de la critique parlée, parlée ici à madame de Grignan
et là au trou d''où naissent les roseaux qui racontent les oreilles
de M1das. Enfin il existe des critiques, de vrais critiques, qui
peuvent être tentés par ce tôle en apparence ;mbalterue ;

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

exprimer moins son propre sentiment que le sentiment du
public, ou plutôt éprouver son sentiment comme un accord
.avec celui du public. « Le critique, dit encore Sainte-Beuve, en
des termes qu'il ne faudrait tout de même pas trop prendre à
la lettre, n'est que le secrét.aire du public, mais un secrétaire
qui n'attend pas qu'on lui dicte, et qui devine, qui démêle et
rédige chaque matin la pensée de tout le monde.
Il y aun moment où triomphe cette critique spont.anée~ cette
critique parlée. C'est lorsqu'il s'agit des arts mêmes de la p~~ole,
:à savoir l'éloquence et surtout le théâ:tre. Certes la cnt1que
_ dramatique professionnel1e, depuis Geoffroy . jusqu'à _Jules
Lemaltre, a connu au xrx.e siècle une belle carrière. Mais on
sait que, même lorsqu'elle était rédigée par Gautier, Lemaître
ou Brunetière, elle n'exerçait presque pas d'influence sur le
public, et que la feuille de location restait à peu près indépendante des « mouvements divers » du feuilleton. Une seule
exception, et qui confirmait bien la règ1~ _: Sarcer U~e ~ritique
parlée, j'allais dire gesticulée; et une cnt1que qm. réahsa1t ex~ctement la définition de Sainte-Beuve, un secrétanat du public,
qui démêlait et rédigeait chaque dimanche non la pensée de
tout le monde individuellement, mais la pensée de tout le
monde groupé en tranches de quinze cents personnes, pendant
trois heures, sous un lustre.
Cette critique spontanée, c'est pour elle qu'écrivent. en
général les auteurs. Son assentiment ne fait nullement lagloll'e,
mais il fait le succès. Tandis que les deux autres, celle de~
artistes et celle des professionnels, sont rédigées par des gensqm
écrivent, celle-ci est rédigée par des gens qui causent, qui lisent,
qui vont au théâtre, et qui ne se s_erve~t de réc~iture , qu'accidentellement, pour fixer la mémoire d un entretien, d une lecture, d'un spectacle. « li y a, dit Voltaire, beaucoup de gens de
lettres qui ne sont point auteurs, et ce sont probablement _les
plus heureux. lis sont à l'abri du dégoût que la yro_fess10~
d'auteur entraîne quelquefois, des querelles que la nv~1t~ f~t
naître des animosités de parti et des faux jugements ; ils JOUIS·
sent ;lus de la société ; ils sont juges, et les autres sont jug~s. 11
Et il est vrai que, dès qu'un critique écrit, il cesse un peu d être
critique pour devenir auteur. Un pur critique n'écrirait pas. Audessus de Sainte-Beuve il y a M. Teste. Mais M. Teste, n0n
J)

REFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

seulement il n'écrit pas ; pas davantage il ne lit. La critique
idéale c'est la chemise de l'homme heureux, - et l'homme
heureux n'a pas de chemise .
Dans la critique parlée, l'opération la plus accidentelle et la
plus secondaire c'est l'écriture. Mais parler est encore secondaire si on le compare à cette condition primordiale qui s'appelle lire. L'assiette de la littérature est établie, presque autant
que sur des auteurs, sur de bons et probes et patients lecteur~.
Cette année, Jérôme Tharaud le disait excellemment, en commémorant en tête d'un Cahier Vert un de nos camarades qui
n'avait presque rien écrit, mais qui appartenait à cette élite des
vrais lecteurs, Henri Genet. Or un des grands dangers de la
critique parlée, c'est qu'elle arrive vite à tromper, et à tromper
faute de lecture. D'abord on ne lit pas les anciens. Aujourd'hu
un salon où l'on se plairait à parler des classiques serait réputé
bas-bleu et pédant. La critique parlée s'applique aux livres du
jour. Mais ces livres du jour eux-mêmes, il arrive qu'on n'a pas
le temps de les lire. On ne se dispense pas pour cela d'en
parler : c'est en en parlant avec ceux qui les ont lus qu'on trouvera moyen d'en parler sans les avoir lus. Les choses ont-elles
beaucoup changé depuis le temps de Sainte-Beuve, qui écrivait
il y a soix.ante-dix ans : « Sachons bien que la plupart des
hommes de ce temps, qui sont lancés dans le monde et dans les
affaires, ne lisent pas, c'est-à-dire qu'ils ne lisent que ce qui leur
est indispensable et nécessaire, mais pas autre chose. Quand ces
hommes ont de l'esprit, du goût et une certaine prétention à
passer pour littéraires, ils ont une ressource très simple : ils tont
semblant d'avoir lu. Ils parlent des choses et des livres comme
les connaissant. lls devinent, ils écoutent, ils choisissent et ils
s'orientent à travers ce qu'ils entendent dire dans la conversation. Ils donnent leur avis, et finissent par en avoir un. »
Ce sont là des pentes où glisse facilement la critique parlée.
Et pourtant, si elle comporte une limite et des dangers, elle
exerce aussi une fonction. Elle représente en dernière analyse
le goût du public, qui se trompe évidemment, tout comme les
critiques, mais après tout pas plus souvent que les criti.ques.
Entre la critique spontanée du public et la critique réfléchie des
professionnels, c'est un dialogue continuel où l'une et l'autre ont
alternativement raison. Quand la critique du public fait un

�720

LA NOUYELLE REVUE FRANÇAISE

succès aux romans de Georges Ob net, un critique officiel, un
professeur de rhétorique comme Jules Lemaitre intervient et
lu_i expose qu'elle a tort. Quand la critique ~a~en~ée boy~otte
Flaubert et Baudelaire comme elle a boycotte pd1s le Cul', et
que le public finit par les lui imposer, elle se résigne, mais de
mam·aise grâce.

Malgré les Sévigné, les Grimm, les Rivarol e~ les Joubert,
ce que nous possédons de la critiq~e parlée du pa~sé ne
représente qu'une part infime de scnpt~ man-imt à c~té de
tout Je verba. vola.ni. Aussi bien cela n'a-t-il pas grande importance étant donné que, pour les œuvres anciemies, la critique
parlé; a passé dans la critique écrite, didactique, et que ce
qui nous intéresse aujourd'hui en elle, c'est ce ~ue ne p~ut
guère remplacer la critique aux doi~ts d'encre,. J~ veux d1r_e
l'impression fraiche et sincère de la littérature qu1 vient de naitre le vin bourru au sortir du pressoir. 11 n'en est pas de même
de 11a critique des artistes, c'est-à-dire de celle qui est faite par
les écrivains eux-mêmes. Celle-là comprend, surtout ~n ~rance~
d'abondantes manifestations. 11 es't'peu de grands écnva1ns qu~
n'aient exposé leurs vues sur leur genre et sur leur art, qut
n'aient défendu leur façon d'écrire et attaqué celle des autres.
C'est là une tradition cbssique que les romantiques se sont gardés de laisser perdre.
.
La critique professionnelle, ou criti~ue de . professeur, qu.,
u'est que l'une des trois critiques, et qui tend naturellement a
faire croire qu'elle est la seule, à jeter le discrédit sur le~ &lt;leu~
concurrentes (qui le lui rendent) est. tout de _mêm~ ar~1vée a
obscurcir ce mérite des grands romantiques, qui est d avoir f~ndé
et enraciné vioourcusemcnt la tradition d'une critique d'artiste.
Chateaubriand, Hugo, Lamartine, Gautier, Baudelaire, , :aul
de Saint-Victor, Barbey d'Aurevilly, voilà une chaîne cnn_que
qu'on peut fort bien cô~pare~ à la chaine ~a Ha~pe-~ille~
main-Saint. Mar.: Girardm -Sa111te-Beuve-Tame-Biunct1ère
Faguet : l'une et l'autre offrant des qualit~s _et _des défauts
opposés l'une et l'autre se méconnaissant et s miunant comme
'
· remon ter à
il est naturel.
Cette critique, qu ,on peut faire
Diderot, a été baptisée par Chateaubriand d'un nom assez

~FLEXIONS SUR LA LI'ITÉRATORE

72r

juste. Il l'appelle la critique des beautés. Plus précisément
nous dirons que l'honneur des grands romantiques, à la suite
de Diderot, a été de faire entrer dans la critique ces deux puissances royales, que les écoles en bannissaient soupçonneusement : l'enthousiasme et les images.
Faguet remarque que « la critique des défauts a été inventée
par Jes critiques et la critique des beautés par les auteurs .o. S'il
en était vraiment ainsi, la part de ce que Faguet appelle les critiques, c'est-à-dire des seuls professionnels et des professeurs,
serait bien misérable. Ils ont apporté heureusement autre chose.
Mais les auteurs, c'est-à-dire la critique des grands artistes,
laissant les professionnels travailler pendant Les six jours ouvrables, nous ont vrai ment donné, le septième jour, nos vêtements de fête devant la beauté, les orgues et les chants, les corbeilles pleines de fleurs avec lesquelles nous célébrons son
culte. Le génie n'a pas touché à la critique sans y avoir laissé
ses traces d'or, sans lui avoir formé son épaule d'ivoire. Les lecteurs de Chateaubriand savent quelles lueurs divinatrices les
phrases et des images du Gbûe du Christianinn.e jettent sur les
grands écrivains du passé. Sans demander à William, Sbakespeare des services critiques qu'il ne saurait rendre, nous voyons
les traces de gloire ineffaçable qu'a laissées en passant dans le
champ de la critique ce grand oiseau de musique et d'or. Tous
ceux qui écriront sur Mistral seront tributaires des deux articles
de Lamartine, et ne pourront qu·e monnayer cette médaille
d'images souvernines.
La critique, par un certain côté, c'est l'art des comparaisons.
Mais les comparaisons, quand elles de,·iennent œuvres d'art,
s'appellent des images, et les romantiques out eu ce mérite de
tremper la critique dans un bain d'images. Evidemment il peut
y avoir de l'eitcès . Quand je lis Saint-Victor, disait Lamartine,
je mets des lunettes bleues. Mais le besoin heureux. de belles
images est aujourd'hui incorporé à la critique, où elles ne servent pas seulement à illuminer, mais à éclairer.
Je sais bien qu'on ne saurait nier les Ji mites et les lacunes dela critique d'artiste. Elle est presque toujours partiale et partielle. En général un grand poète voit dans les autres grands
poètes des reflets de lui-même, salue en eux les formes du
génie qui l'habite. Victor Hugo, dans William Shakespeare, se

46

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.,.V.
pla:ce entre deux glaces,. aperçoit une douzaine de Hiugos, les
appelle Eschyle-, Lucrèce, Rabelais, Shakespeare, etc ..• Dans ce
qu.'i1 écrit là-dessus d'admirable, il nous suffit de fa.ire la par\ de
ce poiiint de vue piutôt spé:cial.
.
.
La critique d'artiste porte sur les artistes et les éclaire . Elle
porte: aussi sur Ja nature de l'art, du géni.e, qu'elle nom, rend
sensible par l'exemple même. Mais elle portera. rarement sur
des suites, dftS' &lt;:.haines, sw des arts, des littératures, vues synthétiquement, comme des ensembles et. comme des êtres. Saint~Beuve, parlant de la fonction que lui-même chercha à remphr
en 18:;o, écrit: « Lamartine, Victor Hugo, de Vigny, sans le
désapprouver et en. le regardant faire avec indulgence, ne sont
jamais beaucoup entrés dan~ toutes ces c?,ns!dératio_ns ~e ra~ports, de filiations et de ressemblances qu d s efforçatt d éta,bltr
autour d'eux..» Ce devait être en effet, pour ces poètes, de 1 hébreu.
Enfin n'oublions pas que la critique d'artiste est aussi, ou
devient facilement, une critique d'atelier, ou de chapell~, a~ec
toutes les camaraderies, les jalousies, les haines, les hist01rc~
d'Institut, de journaux, &lt;falcôves, tous les champignons qm
pou&amp;aent sous la table et sur la plume de l'ho~~ de lettres . Les
Goncourt ont donJ1é dans l'Art au XVIIIe stecle un des chefsd'œuvre de la critiqu.e d'artiste (au contraire des Maîtres d'1utrefois, autre chef-d'œuvre où FJomentin, malgré son métier,
est beaucovp plus. professem que peintre). Et le Journal dis
Goncourt même dans sa mutilation actuelle► est évidemment la
plus fois~.nnante collecti0tt de œpeaux, de ragots e: d'humeu~s
d'atelier t}Ui existent en. littératuJe, le plus eom:i-cpe témoignage, aussi, (mettez en face le pugnacé BrunetJère, son~~z
aussi à Nisud et Victor Hugo) de l'antagonisme entre la cntlque des. artistes et la critique des pr~fes~eurs'. de la lutt_e entr~
les chantres et leg, c:hanoines du Lutnn httéraire. Je cueille ceo
dans le P"emier volume du Journal : « Î.:n érei~tem~nt_ du
nommé Baudrillart, dans les Débats. Le parti des uruvers1ta1res~
des académiques; des faiseurs d'éloges des morts, des critiques,
des. ncm-producteurs; d'idées, cks non-imaginatifs, choyé, fe&amp;toyé, gobergé, pensiooné,. logé, ehama1ré, galonné, crach~té et
truffé, et empiffré par le règne de. Louis.-~hilip~e, et tou}ours
faisant
chmlin par l'éreintement des mtelligences c.ontem-

mu

RÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

72 3

poraines, n'a donné, Dieu merci, à la France ni un homme ni
un livre, ni même un dévouement. » Dieu merci vaut son pe:ant
d'or.

** *
Il est naturel que nous n'anivions qu'en dernier. lieu à la cri1ique professionnelle, car, si elle n'est pas la moins considérable
des trois, si elle en constitne même le Tiers-Etat, qui cherche
à être tout, à la grande fureur de MM. de Goncourt, on ne
saurait nier qu'elle soit venue la dernière. Elle correspond à
l'âge des professeurs. Elle a été créée par des professeurs. En
France le Discours sur l'histoire. universelle et l'Essai sur les Mœurs
n'avaient été accompagnés, au xvu• et au XVIII• siècle, d'aucun
« discours » sur l'histoire littéraire. La première œuvre de ce
~genre, celle qui a presque fondé la- critique professionnelle~ cc
fut le cours professé par La Harpe et publié sous. le nom de
Lycée. L'œuvre de La Harpe a été continuée sous la Restauration par les cours éloquents de Villemain, dont on ne saurait
séparer les deux autres cours non moins éloquents de Guizot et
de Cousin. Et, depuis, la critique professionnelle est restée à peu
près réservée aux professeurs . Sainte-Beuve est à peine une
ex:ception. Son Port-Royal, son Chateaubriand, son Virgile, sont
sortis de cours publics, et quand il entra tardivement au ColJege de France, le seul scandale était qu'il n'y figurât pas
depuis longtemps.
Cette critique professionnelle demeure une des parties les
plus solides et les: plus respectables de notre littérature au
)uxe siècle. Elle a ret0urné et labouré en tous sens le champ de
nos XVI•, xvu• et xvn1• siècles. La critique spontanée représente
le c6té de ceux qui par:lent et qui jugent; la critique dl artiste le
camp de ceux qui créent et qui rayonnent ; la critique des professeurs est une critique faite par des. hommes qui lisent, qui
.savent et qui ordonnent : ce n'est pas tout, mais c'est
beaucoup.
Des hommes qui lisent. Le poète parle de ce. qu'il a senti, le
voyageur de ce qu'il a vu, le professeur parle généralement de
ce qu'il a lu. Le monde des lectures devient vite pour lui le
monde réel, ce qui ne va pas toujours sans une certaine naïveté
.à la don Quichotte, mai&amp; ce qui fournit au moi:11s à la critiq~

�LA NOUV:ELLB REVUE FRANÇA.l.SE

une base solide, et de. la nourriture à mâcher. Seulement le
profes.seur aussi est menacé de rouler sur une pente glissante.
La critique des salons se fait volontiers une opinion en écoutant
parler ceux qui ont lu le livre du jour, beaucoup plus qu'~n le
lisant. li arrive de même que les· critiques professionnels lisent,
de préfêrence aUX: auteurs, les leçteurs q!li ont lu lt:s .auteurs et
qui en pnt écrit. De là des tradition~ d!idées. toutes faites: Un
paysan .apporta, un jour de rnarché, un lièvre au .l1.0gp .de
Konia, et le hodja l'invita à dîner, Au marché su1v;mt, des
gens vinrent le voire~ lui dir~nt : Nous so~1mes ~es _parents de
l'homme qui t'a apporté un bèvre. Le bodp les mv1ta encore.
La semaine suivante, nouvelle visite : Nous &amp;mnmes les parents
des parents de l'homme qui t'a apporté un lièvre... Finalement
le hodja convia ses visiteurs ,à un repas où l'on ne-servit que des
bols d'e.auchaude. - Qu'est-ce que c'est que c.ela ? ......- C'.est -la
sauae de la sauce dela sauce du lièvre ... M. Vandérem a trouvé
que certains manuels ressemblaient t~?P à cet;e ~a~ce-là, t~ut
au moins en ce:qui concerne le Jl.-rx• s1ecle. Et 1 opm10n ne lm a
pas donné tort. Mais ce qui me paraît intéres!iant c'est de voir
comment de ce lièvre à la royale qu'e;5t par exemple Je PortRoyal, de Sainte-Beuve, la critique passe ~ l~ sauce de la :si,u~e
deh sauce qu'est tel manuel. Comment,s est formé dans l Université le Corpus .de jugements qu'on répète et qu'on délaye?.C'est peut-être la rançon d!une_ quJi,lité et le revers d't1ne
médaille.
.
Les professionnels de la critique_ universitatre sqnt des gen~
instruits- dans la connaissance des httér,.atures passées. Pourquoilés historiens ne font-Us {]Ue de médiocres politiques ? La
mémoire pourtant a pou,r rôle d'éclairèr l'action présente. Oui,,
mais à condition qu'elle t~nde à l'action présente~ qu~el_le nesoit pas cultivée et aimée pour elle-même_, qu'elle s'incorpore
àu sens du prése-n t qui fait l'homme d'.action et .non al] se,is gu,
passé qui fait l'historien. La di:7ision ~u.travail_ q_ui cr_é~ ~'étoffe
et le ressort de la société humame dmt 1ouer 1c1. D1v1S1o_n du.
travail qu'on retrouve en,,critique. ,l\.ucune période critiqu_e ~•a
été plus brillante que Je xrx• siècle français. Tous l~s écfiva_msqui ont rn.i.rqué dans.la critique profess~onµ~lle depu~s· La Harr.e
jusqu'à Lemaître et Faguet (pou~ ne ,nen dire des v1;v;t~ts), o,nt
dÎl, par une nécessité sans doute 1_nhérente au genre lui-même,.

RÉFLEXJONS SUR LA LITTERATURE

demeurer en retatd d'au moins une génération. Ils ont dll
vivre en état de lutte contre ce qu'il y avait de nouveau et de
vraiment pr:ogressif dans la littérature de leur temps. L'exemple
de Sainte-B.euve est caractéri-stique, nous permet d'ap'pliquer la
.méthode des v-ariations concomitantes. Lui, le mieux doué et
le plus grand de tous, il n'a pu porter le poids des deux tàches,
éc:lairer à la fois le présent et~le pas.sé. Le Sainte-Beuve inter- ,
prète de la litt~ràture contemporaine et le Sainte-Beuve interprête de la littérature classique n'ont pu coexister. lls se sont
succédé, le second pour fleurir dut à peu près supprimer
l'autre, et le critique en est arrivé à couper à peu près les ponts
qui le réunissaient à la littérature de soh temps. Jusqu'en 1870
la critique pr,ofessionn.elle a vécu contre le romantisme, elle -a
vécu ensuite_contre le naturalisme. Le romantisme à Villemain
et à Taine ( celui-ci pourtant si romantique t), le naturalisme à
Brunetière, le symbolisme à Lemaître, ne paraissent que des
maladies, et ils respirent leur flacon de sels en passant dans ces
zones dangereuses. Cer.es Lemaître a écrit son principal
ouvrage de critique sut les_ContenpordÙ1s, mais notez que ces
contempomins sont généralement ses aînés, ceux de la génération précédente; comme les personnages des Essais de psychologie contemporaine de M, Bourget. La vraie critique des contemporains n'est pas faite par les critiques professionnels, mais par
ceui qui gravitent dans l'o.rbe de la critique parlée. Dé là les
malentendus, les injures, les premiers appelant les seconds
ignorants et snobs, les seconds traitant tes premiers de cuistres,.
ou, comme disent les Goncourt, de cc faiseurs d'éloges de morts»,
de déserteurs de leurdevofr, qui est de cornaquer les vivant~.
Celle des tâches de la critique professîonnelle où «Ile réussit
le mieux, ou seule elle est capable de réussir, c'est la fonction
d'enchaîner, d'ordonner, de présenter une-li.trérature&gt; ·un genre,
une époque à l'état de suite, de tableau, d'être organique et
vivant. P.osséder son xv1•, son xvn•, son xvm•, bientôt son
x,1.x• siède, à la fois comme un historien possède le temps et an
romancier les personr.ages qu'il fait vivre, mettre de la logique
et du cc diseours )) dans le hasard littéraire, voilà la carrière et
l'honneur dela critique profession"nelle, telle qu'elle a progressé
pendant tout le xrx• siècle français. Jules Lemaître écrivait de
Brunetière : &lt;c M. Brunetière est incapable, ce semble: de con-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

sidérer une œuvre, quelle qu'elle soit, gra11&lt;le ou petite, sinon
dans ses .rapports -avec un groupe d'al!tres œuvres, dont la relation avec d'autres -gr-oupes. à travers. le œmps et J'espace lui
appara1t immédiatement, et ainsi de sui.te ... Tan.dis qu'il li.t un
livre, il pense, pourrait-on dire, à tous les · H:vr-es qui ont été
écrits depuis le commencement du monde. 11 .ne touche rien
qu'il ne le classe, et pour l'éterni.té. » C'.est là, indiquée sur 111n
ton un peu îr.onique, l'hyperbole d'une qualité inhérente à toute
aitique professionn.eUe, -c'est-à-dire -à la criti-que q·t).i vit dans .le
passé, qui s'assimile une histoire - qui sait. Même Lemaitre,
Icvendiquaut · contre _çette crüique les droits de 1a critique
impressionniste qui ne cherche qu'à jouir, est obligé d'écrire :
o: Lire un livre pour en jouir, ce n'est pas le lire pour oublier
le .reste, mais c'est lcatsser ce -reste s'ordonner librement en
nous, a1.1 hasard charmant de · la mémoire ; ce n'est pas couper
une œuvre de ses -rapports avec le demeurant de J.a production
h.umaine, mais c'est accueillir avec bienveillance tous ces rapports ». lei détendue et là-bas tendue, .i1 s'agit bien, en somme,
dela même critique, celle qui voit les œuvres sous l'aspect de
luociété qu'elles fonne,ot avec d'autres œuvres : la seule ditférea.c.e est que pour l'un .cette société s'appelle Athènes, et pour
l'autre Laçédéroone.
Tout en .estimant que le moment est venu d'i.nçorpore-r avec
moins de préjugéi; anciem; le x1x• sièple et même le xx• d.ans nos
manuels d'histoire littéraire et ,d'aé,rer un peu ces recueils de
jugements, gardons- nous d'abor.d d'attacher une importance
eugérée à des manuels, et ensuite de leur -demander des 1ualités qui ne sont pas c-ompatibles avec une -certaine divisioa de
travail. Les trois critiques oom!}Ortent des registres différents, et
le.goût, en passant de l'une à l'autre, cb~nge sinon de nati.ue,
du moins de for:me. L'.échaoge de polémiques, VGire d'injures.,
entr-e leurs r,eprésentants n'est peut-être, bien souvent, qu'une
preuve de leur salilté à toutes trois.
'
ALBERT THiaillDET

NOTE·S

LITTÉRATURE GÉNÉRALE

FERNAND VANDÉREM ET LES MANUELS D'HISTOIRE LITTÉRAIRE.
Comme une parenthèse dans la .série des chroniques qtl'H
donne régulièrement à la R~ de France et qui forment la substance de ses -volumes intitulés Le Miroir des Lettres (.déjà
signalés .aux lecteurs de la N. R. F.), Fernand Yandérem a
publié une série d'articles dans lesqueis il fait avec beaucoup
.d'esprit le procès des manuels &lt;l'histoire littéraire actudlement
rtpandus dans ie commerce et mis entre les mains des élèves de
nos Enseignements primaire, secondaire et supérieur. il leur
reproche, avec raison, de faire le silence sur un grand nombre
d'écrivains importants du xrxc siècle et des dix premières
années du :XX", et de donner de beaucoup .d'autres une idée
incomplète ou erronée. Il conclut en disant que tous ces
manuels (sauf un seul, le moins connu de tous et le moins
répandu) sont périmés, inutiles et même nuisibles, et qu'its
doivent être, ou bien entièrement rcfon&lt;lus ou bien retirés de
1a circulation. A la suite de ces articles, ~ui ont eu le retentissement qu'ils méritaient, une pétition a.dressée aux membres du
Conseil Supérieur de l' [nstruction Publique a été organisée p,ar
le journal l'IntransigWJit.
L'argumentation :du réquisitoire :de F. V.andérem est très
intéressante et d.oit retenir notre attention. Il a découvert et il
démontre que ces mauvais manuels procèdent tous de ceux de
F.agu.et et de Brunetièr,e, qu'ils ne font guère qne reproduire :
passant sous silence les écrivains que ces .deux auteurs ont
négligés, et donnant une i&lt;lée insuffisant-e ou fau55e des écriv.ains qu'ils ont o: condanmés » soit au nom de leurs pTincipea

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

esthétiques, soit au nom de leur goüt personnel. Dans l'un et
l'autre cas, ces omissions arbitraires et ces erreurs grossières
fournissent à F. Vandérem une riche matière comique dant il a
su très bien tirer parti pour l'amusement de8 lecteurs : à la fin
de chacun de ses paragraphes on rit ou on applaudit.
En même temps, dans un autre département de la même
revue, j'abordais, à propos des Lettres Anglaises, un sujet
voisin de celui que traitait F. Va.ndérem: l'érudition et l'histoire littéraire. Je tâchais de bien souligner la différence qu'il y
a entre }'Histoire Littéraire, qui esfune -Science, une branche
de la Science Histerique, et 1~ Critique Littéraire~ qui exige
d'autres dons, et comporte une part de création poétique, en
sorte que c'est à la Littérature,, à l'.1ht, qu'elle se rattache. Je
disais que, pour l',historien de la Littérature, il ne -doit pas y
avoir de ,« beaux -» livres, mais seulement des livres importants,
et que la méthode historique s'opposait à ce qu'on pût écrire
l'histoire des événements littéraires contemporains ou très rapproçhés de nous, pour la raison évidente qu'ils ne sont pas
encore entrés dans l'Histo'ire, et que leur importance ( qui est
faite surtout, ou presque uniquement, de l'influence qu'ils ont
eue) n'e-st pas déteJmi:nal:Jle. Par conséquent, l'homme qui traite
de Ia· littérature contemporaine doit abandonner la méthode
historique, 1a Scienêe, et. faire de la Critique, c'est-à-dire de la
Littérature. C'était là ,que ma ,digression rejoignait l'étùde de
F. Vandére,m sur les manuels d'histoire littéraire.
Eh bien, je vpis surtout, en Faguet et&lt; en Brunetière; deux
_h ommes qui ont confondu la méthode bistodque et la critique,
la Science et la Littérature. Raguet l'a fait sans préméditation.
La elassifi.cation par genres, et par écoles a paru suffisamment
méthodi.que à son esprit qui n'était pas scientifique ; et, d'àutre
pa,rt., comme il était, - il faut le diœ, (j'ai ,suivi ses cours
de la Sorbonne autrefois et je dois cet- hommage .sincère à sa
mémoire)' - un grand lettré, un homme pourvu d'une vaste
culture classique, e.t qu'il avait assez de gollt pour aèmer les
dassiques fran_çais qu'il avait longuement pratiqués, il a cru
que ce,la suffisait à faire de lui un critique, comme d'autre~ se
croient poètes ► comme _lui-même, très secrètement, en cachette
et sous son pupitre., . ,se croyait poète. Qu'on ajoute à cette
aai:éable
illusion la confiance en soi, l'assurance, et le ton d&lt;i&gt;go

NOTES

matique que donne à la longue, et si on n'y prend garde, l'habitude d'enseigner, - et voilà Eaguet et le manuel de Faguet.
Le cas de Brunetière est un peu différent, et surtout plus
con_iplexe. Mais il a été si bien décrit par Benêdetto Croce que
je ne résiste pas au- désir de cit"&lt;!r et de résumer ici ce que dit de
1ui l'illustre- philosophe napolitaip., disciple de Francesco De
Sanctis:
. . . La distinction des genres se promène encore d'ans les livres
d'Enseig□ement littéraire, écrits par des phjlologues et des lettrés,

dans les ouvrages scolaires d'It.ilie, de France, d'Allemagne; et des
psychologues et &lt;les philosophes continuent à écrire sur l'esthétique
du tragique, du comique, e,tc . .. L'objectivité des genres littéraires a été
franchement sout'enue par Ferd.Î11and Brqnetière, qui considère l'Histoire Littéraire comme l'évolution des genres, et, donne une forme
aiguë à ua préjugé ,qui, pas toujours exposé avec une telle franchise ni
applîqué :1vec autant de rjgueur, infecte les histoires littér;iires d'aujour•
d'lmi. ..

Croce, continuant, voit dans l'Honoré de BaJtac de F. Brunetière un exemple typique de cette erreur. Il y est sans cesse
question du« Roman &gt;&gt; comme d'un« genre-)J ayant des «lois».
Tantôt le Roman est un personnage auquel il arrive des aventures, tantôt c'est u:n jardin qu'on cultive, ou un fruit qui atteint
sa maturité, ou encore un instrument qu'-0n « porte à son point
de perfection )&gt;. Il a une méthode; des lois. On •ne comprend
pas toujours ce que Brunetière veut dire par ce mot : tantôt il
paraît penser que ce sont le.s lois àu dé;veloppement, ou de ce
qu'il appelle l'évolu.tion, du &lt;&lt; genre Roman », tantôt on dirait
qu'il donne des lois selo11 lesquelles « le Roman » doit être
écrit. (Plusieurs fois on lit : « Le Roman doit ... ~) De cette
erreur initi~le découle toute la fausseté du livre. Il n'y est pas
question de Balzac, homme ou œuvre. Ce ,sont de vaines et
vagues dissertations sur des aspects el!.térieurs de guelques
groupes des romans de Balzac. Il n'y pénètre jamais. Las de
cette promenade en rond autour du monument, il se met à disserter, à propos de Balzac, sur la valeur morale du Roman,
etc. Il se félicite d'éviter les comparaisons av,e c les contemporains ( comme on les trouve chez Sainte-Beuve et à sa .suite),
mais il y retombe à son' insu en faisant ses comparaisons dans
le temps ; avant Balzac, après Balzac. Le Roman, chauve avant

�73°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la découverte de la Lotion Balzac, est devenu très chevelu
après: t,;,s'est enrichi». Le cas &lt;le F. Brupetière n'est pas sans
ressemblance avec celui d'Emile Zola. Ge que Zola fut romme
romancier, Brunetière l'a été comme critique. Tous deux se
sont crus,scientifiques et modernes ,de la même ma1üère. Il Ya
chez Brunetière la même pauvre ruse -que chez Zola : le placage
d'une grossière doctrine scientifique sur de vieux préjugés de
collège. Mais, d'autre part, il y a chez Brunetière_ u~e grande
bonne volonté, une application honnête de ses principes faux.,.
de la naïveté et de l'entêtement. Zola a quelquefois réussi à
exprimer, Brunetière n'a jamais réussi à critiquer. Ou, &lt;:~ez
Brunetière la sottise devient, sous la naïveté, palpable, c est
quand il s; demande si Don Quichotte est un roman. (Cela aussi
est &lt;lans Honoré de Balzac, qui est d'après 1900). Il a pu entrevoir çà et là des lueurs de vérité. Mais la fausseté de sa doctrine
dom'ine to~te son œuvre, l'écrase, l'anéantit, la nullifie. Il
serait intéressant d'en sauver le bon : quelques heureuses rencontres qui ont é&lt;:happé à la vigilance de son dogmatism: . .
Voilà quel jugement le plus illustre représentant d: l Esthétique mod~rne porte sur F. Brunetière, et on peut vmr, dans le
r-équisitoire de f. Vandérem, le dé_veloppement de , toutes les
conséquences de l'erreur initiale de l'auteur de Honore de Balr.,ac.
Le passage de Benedetto Croce que je viens de résumer et
l'étude de Vandérem sur les Manuels mettent la situation dans
tout son 1
·our et il n'y a rien à ajoute,r au jugement porté par
.
le philosophe ' italien et le critique franç,aîs. Il n'y a ~u"a s~n h aiter la disparition rapide des mauvais manuels ~m, au lieu de
faciliter aux étu&lt;li.ants la connaissance de notre littérature, leur
en ferment les avenues .
,
Mais je suis sûr que tous les hommes qui, comme m:?i, ont
souffert, autrefois, de cette incompréhension syst_éroat1que et
dogmatique des manuels et de leurs auteurs-; qui ont vu, ne
serait-ce que pend.a.nt une courte période, quelques-u~s de
leurs plus chers .amis, élèves de « cagne,, ou de la rue d Ulm,
subir !'.ascendant de ces maitres ignorants, et déclarer nettement, par ex.eruple, que Rimbaud ou Laforgue étaient des
a: gosses » sans importance, ou prononcer le ~ameux « No~s
n'écrivons pas,,, ,d'un ton qui signifüiit que la L1tté:ature avait
fait son temps ( comme la Religion) et qu'un pareil désordre

HOTES

73(

de l'~prit n'était plus toi.érable ni mtme possible .en un âge
aussi éclairé que le nôtre ; tous ceux qui, malgré un haussement d'épaules et cc Ils ne savent pas ce que c'est que la Littérature ))' n'arrivaient pas à se débarrasser de cet incube qui,
prenant la voix de Laforgue, leur soufflait ; &lt;&lt; Pauvre, as-tu fini
tes écritures?» (nous étions si jeunes et on nous décourageait.
tant) - tous ceux-là seront r.econnaissants à F. Vandérem du
coup de balai qu'il a donné, et.d'une main si ferme.
Il n'y a qu'un point de l'.argum_entation .de Vandérem sur
lequel je ne suis pas .de son 11vi6, mais cela n'a rien à voir avec
la question des manuels . C'est lorsque, indigné de voir ses
pédants do11ner dix pages à Mm• d·e Staël pour une qu'ils
accordent à Stendhal, il rabaisse indûment le mérite de Mm• de
Staël, Oh, je ne suis pas un grand admirateur de Mm• de Staël !
Pas même son lecteur cons.ciencieux: j'ai, autrefois, très vaguement feuilleté Delphine et De l'Allemagne, et il n'y a pas plus de
six ans que je m.e suis décidé à lire (c'est si long!) Corinne.
Mais quand je Yai lu, j'ai été surpris de lui voir tant de qualités.
Une foule de remarques très fines sur ce qu'on appelait alorSo: le cœur humain l); un grand talent À peindre des coins de
paysage (une gondole attendant, immobile, dans la nuît) et à
saisir des traits d'époque ; et puis ces cc portraits si plaisamment
caractéristiques des différentes nations l&gt; (les contrastes entre
ses Anglais, ses Français et ses Italiens, si vrais encore aujourd'hui), et puis aus.si une .admirable et dramatique histoire
insérée dans la grande histoire, - un peu lente et molle, - &lt;lu
livre. Replaçant tout ça dans son temps, c'est-à-dire avant Stendhal, on y voit le génie moraliste des grands Français du xvn°
et du xvm• siècle sortant des frontières nationales, regardant en
dehors, projetant son rayon pour la première fois sur des
étramgers ( oh, si La Bruyère ! ... ) et mettant toute l'Europe
dans son champ d'observation, - une autre conquête, et moins.
éphémère, que celles de Napoléon! Avouons que tout cel1.
vaut bien au moins quatre pages de manuel, si Stendhal doit en
avoir douze.
VALERY LARBAUD* **

�732

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LETTRES DU LIEUTENANT DE VAISSEAU
DUPOUEY. Préface d'André Gide. (Éditions de la
Nouvelle Revue Française).
« Fallait-il donc la guerre pour me le présenter tel qu'il
était vraiment ? Fallait-il la guerre pour le révéler à lui•même,
pour réveiller en lui les plus belles vertus sommeillantes ? lJ
était mon ami depuis quinze ans et je ne le connaissais point ... »
Ainsi parle André Gide du lieutenant de vaisseau Dupouey
dans son émouvante préface. A dire vrai, ce n'est pas 1:i guerre
qui illumina Dupouey et son retour à Dieu coïncida avec son
mariage. Mais la guerre exalta ce qui était acquis ; elle plaça
sur son vrai terrain, dans les conditions les plus favorables, cet
homme à l'âme ardente, fière, active, qui avait été curieux de
tout, en qui s'était approfondi « ce vide espace, que seule, nous
dit André Gide, la Présence eucharistique. pourra remplir ll.
Sur le terrain de l'absolu, dans l'acceptation du dernier sacrifice, aux portes de la mort, Dupouey est vraiment Dupouey,
j'entends délivré de lui-même, selon l'admirable mot de
Claudel. 11 réalise, par cette délivrance, par sa confor mite à
Notre Seigneur Jésus-Christ, sôn ancien rêve d'individualiste.
Ce n'est pas là un paradoxe. (&lt; Qui veut sauver son âme ( ou sa
vie) la perdra. » Qui veut sauver, pour lui faire un sort, la
petite singularité qui semble particulière à son individu, ne
saurait réussir qu'à anéantir tout le reste, c'est-à-dire tout l'individu. Sur c.ette phrase de l'Evangile on bâtirait non pas seulement une éthique, mais une esthétique - et cette esthétique
chrétienne coïnciderait exactement avec l'esthétique classique.
Dupouey sait, étant chrétien, que si le mal égalise, banalise,
confond l'homme avec le troupeau, le bien, conforme à Dieu,
répand sur la créature, au contraire, cette harmonieuse diversité
qui est la marque de la création. -On ne résume pas ce volume
de Lettres. Elles sont tendres et violentes ; elles respirent cette
sérénité miséricordieuse et implacable, qui refuse de composer
avec l'erreur, avec le mal mais qui propose à tous les hommes le
trésor gratuit de la charité de Dieu . Leçon d'abandon à la Providence, leçon d'obéissance et de fidélité. La mort, demain
peut-être, frappera le foyer de paix où la femme et le jeune
enfant attende.n t le retour du père. Ce ne sera qu'une apparence.

NOTES

733

Par la vertu du sacrement ce foyer est indestructible. Chaque
lettre évoque l'éternelle douceur de la « villa Clémence » 011
.B._otte l'étendard_ bénéd~cti~. On s'y aime eu Dieu ; on s'y
a!me_ra P?Ur J_a vie. Celui qui a reçu la grâce et qui l'a bien reçue,
na nen a craindre des artisans d'iniquité. (( La vie de bien des
hommes, écrit le lieutenant de vaisseau Dupouey, n'est le plus
souvent qu'une l?"~e- et labqrieuse victoire contre la grâce,
sous préte.~te de d1;trnct1on, de culture, de sens artistique, de
largeur d idées, d esprit de famille, de respect de l'opinion
publique et autres idoles, sauterelles aux cheveux de femme
comme celles de l'Apocalypse, qui ont bientôt fait de tondre
ras l'humble gazon de notre foi. » Il les a une fois pour toutes
exorcisées, i_l a « laissé ses bottes dans le marécage esthétique»
et marche pieds nus au combat. La veille de sa mort il ne voit
en lui et autour de lui « que des motifs de joie» et en cela, pas
trace de fausse ex11ltation ; il peut mourir, il a atteint l'état de
suprême équilibre. - Ce beau livre de guerre etd'amour con juaal
que je ne pourrai jamais louer autant que la gratitude I'exi;e,
donne la clef de la mystérieuse aventure que j'ai contée naguère
dans le Tém.oignage d'1111 converti'· C'est avant tout un livre de
spiritualité. Il est digne d'être placé à côté de la Vie du Père de
Foucault et celle-ci est un chef-d'œuvre. Notons là un signe des
temps. On ignore peut-être, même chez les fidèles, le mouvemente de vie surnaturelle qui travaille en son fqnd l'Eglise,
peuple et renouvelle les cloîtres, gagne les laïcs. Il est analogue
sur plus d'un point à celui qui donna au xvne siècle cette phalange de saints et de docteurs qui demeurent l'honneur de
l'Eglise de France - et quelques-uns de la littérature française.
HENRl GHÊON

** •

ROMAIN ROLLAND, parfeanBonnerot. -LAURENT
TAILHADE, par Fernand Kolney. - PAUL FORT, par
Georges-Armand Masson. - HENRY BATAILLE, par
Paul Blanchart. - L'INCROYABLE EINSTEIN, par
F. Jean-Destbùux (Editions du Carnet Critique).
Le Carnet Critique a entrepris de publier une série de monor . Éditions de la Nouvelle Revue Française, r vol.

�•
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

gnphies des « Célébrités d'aujourd'hui » et des « Cêlébrités
d'hier &gt;1.
Ecrites d'0rdina-ire par des amis ou des admirateurs de t'a-rtiste étudié, documentées par lui, ces monograp-hies pourront
~tre certainement d'uu grand secours à l'historien littéraire de
l'avenir. Leur valeur c:ritique risque naturetlement d'être beaucoup plus sujette à caution. Mais la critique fût-elte de premier ordre, ces monographies relèvent d'un genre hybride dont
Valery Larbaud, dans un articte de la Revue .de Fran.ce ( 1 5 septembre) a justement montré les dangers-. L'histoire littéraire est
une chose, la critique en est une autre. L'histoire fütéraire
apporte « à pied d'œuvre » au critique « lei. matériaux dont il a
besoin » et fait mieux connaître au.x lecteurs « l'histoire des
livres » qu'ils· aiment. 11 ne faut p-as que l'historien fütéraire
smte de son «doma~ne scientifique» pourfaire « des incursions
dans le domaine littéraire et plus précisément dans le domaine
de la critique littérai re ».
Ces dangers si justement signalés par Larbaud pourraient
cependant être évités si: ces monographies comp-renaient une
part d'histoire littéraire, qu'il n'y a pas d'inconvénient à appeler
biographie, à condition qu'elle soit une histoire non seulement
-de la vie, mais encore de chaqne œuvre et, nettement séparée
-de la première, une part de critique non plus historique et
scientifique, mais esthétique. C'est là to\lt te -eiue peut raisonnablement espérer la monbgraphie d'un contemporain. EUe ne
peut songer, faute de recu1, à situer son- homme, C'est l-'affaire
. de la postérité.
Des monographies que•j'ai sous les yeux (i1 en-e:xiste d'autres
. dans la même collection: Barbusse, Saint-Georges d~ Bouhélier
et la comtesse de Noailles), la seule qui réponde au programme
qui vient d'être tracé est celle de Laurent Tailh.ade, par son beaufrère Fernand Kolney. La partie historique semble complète et
à peu près définitive; elfe s~appuie sur une vive sympathie pour
·Tailhade et une longue-intimité avec lui. La partie critique,
strrcteet dégagéede t-Oute sympathie personne.Ile, est aussi judicieuse que possible. Tou'S les.1ettrés'se raltieront· à ses conclu. sions. C~te monographie est le modèle à suivre.
Le Romain Rolland de Jean Bonnerot est un document d'bisoire littéraire de tout .premier ordre: Cest- une biographie de

NOTES

735

l'homme et de 1'œuvre conduite d'un seul tenant, exposant les
conditions dans lesquelles chaque livre est né, l'analysant, indiquant )'accueil qu'il reçut. Cette biographie au sens le plus
large n'est suivie d'aucune « étude générale» et bien que cette
étude Hit annoncée, on ne serait pas tenté de la regretter, si
M. Bonnerot n'avait introduit dans sa biographie des considérations qui, riy sont pas à leur.place (invasion du domaine scientifique par la littérature) et qui auraient fort bien pris place
dans une étude critique générale-.
Quant au Paul Fort de G.-A. Masson et à l' Henry Bataille- de
Paul Blanchart, ils ne contiennent qu'une « étude générale».
La biographie manque (et c'est surtout regrettable pour Paul
Fort, directeur du Théâtre d'Art, puis de Vers et Prose). Ce sont
deu1f très. longs articles de :revue, ce ne sont pas des monographies.•. ll y a des pages charmantes et .spirituelles dans le Paul
Fvrt, plus de gaucherie et d'inexp-érience dans l'Hmry Batail/,e.
U faut souhaiter que les pJOchains volumes de }a collectton
du Carnet Critique $oient auss.ii excellents que le Tailhade ou
tout au moins aussi substantiels que le Romain Rolland.
Dans le même format et sous même couverture, M. Jean
Des.thieux publie une étude sur l'incroyable Einstein hi.en sommaire ; c'est de la vulgarisation. de seconde main. Quelques
pages plus personneUes sur le relativisme de Leibniz et quelques Gonjectures sur l'attitude de Bergson, que la publication
de Durée el Simultanéité a. démenties.
BENJAMIN CRÉMIEUX

*

* *
UN BOURGEOIS DILETTANTE A L'ÉPOQUE
ROMANTIQUE : EMILE DESCHAMPS, par Henri
Girard (Champion).
Le livre extrêmement copieux, et d'une information vraiment ex.baustive, que M. Henri Girard consacre à un poète ~
pen pi:ès oublié, n'ést pas un essai de réha.bilit~on, qui torn1. Mêm~ remar,que pou, les. monographies de Mistral, Bourget,
comtesse de 'Noailles reçues de~uis la rédaction de cette note. L'étude
sur Bourget se limite mê'me à l'examen de troi's livres représentatifs,
dit-on, de tonte l'œu-vre P

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

berait assez mal. C'est tlne contribution, fort intérèssante et
fort utile, à fhistoire du romantisme français , li serait à souhaiter que le mouvement romantique devînt de moin.s en
moins un sujet de dispute et de plus en plus· un sujet d'histoire. Cela· accorderait ses amis et ses ennemis, ses amis parce
que ce serait une manière de le mieux co.nnattre, ses ennemis
parce que cela serait une façon de le classer, de l'enterrer, de
le ramener à une matière d'érudition objective. _Des caractères
un peu effacés, dociles, passifs, comme celui. de Deschamps,
nous mettent dans le courant d'une époque,, permettent d'en
décrire sinon la région éthérée, du moins l'atmosphère inférieure. Emile Deschamps fut un employé de ministère qui
vécut quatre-vingts ans, eut une vie fort simple~ fit ce qu' on
pouvait attendre en son temps d'un homme qui produisait
honorablement de la littérature, se créa une petite spécialité en
mettant en vers français de pâles traductions en prose d'auteurs étrangers. On en conclut un reu ambitieusement qu'il
nous avait fait connaître lês po'ètes de l'Espagne, .de l' Angleterre, der Allemagne. Ma.is hü-même ne conclut rien de td,
car c'était un homme fort h\cide, intelligeoJ, de peaucoup
d'esprit et de goùt. Et M. Henri Girard le conclut en,core
moins. Il nous montre fort bien cè qu'oh entendait vers 18Jo
par les influences étrangère~, la faibJe rpesme dans laquelle
elles se sont m6iées au ei,urant indigè:qe du romantisme frauçais. Son livre est le second qui parais$e élans la Bibliothèque
de littérature comparée, dirigée par MM. Baldensperger et
Ha~ard, et c'est bien à un problème de littérature comparée
(je serais presque tenté d'employer le mot d'inter-littérature)
qu'il apporte une co~tribntion.
A~BERT THIBAUDET

*

**
BIE_N MANGER POQR BIEN VIVRE, essai de gastrono1:_1ie pratique, par Ed01lard de Pomùme (A[bin -Michel).
Ce n'est pas un hasard si le mo_t de goüt est commun aux
jugements que provoquent l'art de la littérature et l'art de la
cuisine. Les Goncourt corp.parent Taine à un chien de chasse
qui pratique admirablement son roètier, m~is qui n'a pas de nez.
C'est évidemment injuste. Mais les livres et les choses \'te la

NOTES

737

cuisine nous font sinon comprendre, sinon goilter, du moins
flairer avec plus de subtilité certains recoins du plaisir littéraire
ou artistique. Un essai de gastronomie théorique comme celui
de M. Pomiane donne la main à d'autres théories, en fait mieux
saisir les racines vivantes. Au temps où Valéry examrnait les
Métbodes au Mercure de France, j'imagine qu'il eüt wnsacré un
article à ce livre si bien écrit et si bien pensé ; je le rêve écrivant un dialogue dans ses· marges. œautres feront sur lui, à
loisir, des rêvessplus matériels, et aussi _plus.réalisables .. .
ALBERT THIBAUDET

LE ROMAN

LE CAMARADE INFIDÈLE, par Jean Schlumberger
(Editions de la Nouvelle Revue Française).
Parler d'un roman à l'endroit Ot1 d'abord il parut dispense
d'e.o. résumer « l'histoire », - entrt:prise non moins vaine pour
être si malaisée et qui, conduite à terme 1 me laisse toujours
déçu. Succédant à Un Homme Heureux - récit qui a rallié
bien des cœurs et pris tr.anciuillement sa·place - , Le Camarade
lnfidele montre la maîtrise de Schlumberger. en un genre tout
différent et que l'on a Le droit d'appeler nouveau dans Ja mesure
où la faculté de mise au point de l'auteur o6tient ici la conjonction.d'éléments f0rt disparates. J'ai employé au début le mot de
roman, - pour simplifier; mais ce n'est pas qu'en l'occurrence
il me satfsfass.e : mot si large, si lâche qu'il entraîne '.iO □veut
ambiguïté, et déjà je voi-s poindre le moment où, som:ieux de
distinguer, le critique dans cert~ins cas refusera de s'en couvrir.
Henry James revient à plusieurs reprises dans ses préfaces sur
l'alternative qui s'ouvre devant l'artiste lorsqu'il s'engage à
représenter les êtres et les choses: il nous le dépeint oscillant
sans cesse entre le «tableau)) et Je (&lt; drame», sans cesse à la
recherche d'un compromis entre les deux termes, conscient
q~e pour chaque sujet U n'eociste qu'un seul compromïs·viable ;
et plus Benry James avançâit dans la connaissance et dans la
pratique de son art, plus il se ré_pétait à lui-même~ « dramatisons, drall!atisons ! ,, Or. la. forme du Camarade 111,jùlèle est une
formé où le cc drame •&gt; domine, et où la part'faite au «tableau •»
stf ramêne presque à tes indicatîons scéniques telles que les trans47

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISli

forma Berrun:d Shaw, te lles ans&amp;i que now les retrouvons dans
Jean .&amp;rois. Mais l'art di:. Scblumberger justement a su établir
la lieisou, ménager partout les passages. Dans le Jea,1 Barois de
Mm1ù:m du. Gard ceS; iindicarir,ns trahissent encore la gaucherie
d'une probité trop juvénile, et je ne serais pas surpris qu'elles
constituassent une êhs raisons en vertu desquelles le flair soupçonneux de Martin du Gard s'est détourné de cette voie pour
reg:i.gner avec les Thibault la grande route du roman dont ïe
parlais ici naguère à propos de !'Epithalame. Dans Le CamanUI6
I,iful.èle le «: chant &gt;i est confié à la « partie haute » - que représente le dialogue ; la basse ne sert que d'accompagnement, et La
réussite technique du li,•re n'est pas sans analogie avec l'exécution impeccable Ge reconnais qu'elles sont rares) d'une partition jouée à quatre mains au piano. Le dialogue est ici l'agent
dramatique essentiel, et puisque nous ne sommes point&gt; au
théâtre, le constater 'est pas qu'un truisme. Constructeur à tout
moment des ca.ractères, le dia{oguese substitue à l'analyse mais
pouT fiiire son travail;: - et en même temps il rend sans cesse
une sonorité de réplique. Au danger inliérent à la réplique
Schlumberger a su parer en: al-Uant à je ne sais quelle dignité
touchée de hauteur dans l'accent une rudess.e, des à-cnups, et
comme une brusquerie. da11s Je- vocabulaire.. Les mots sortent
boudeurs, ainsi: qu' il ad ieut chez cel:ll qui ont à la fois envie
et pas- envie de parler . Il y a•un.e stylisation certaine. des propos,
mais si adroitement compensée par la dépréciatiQer àu langage
que toutesles répliques portent, blessent juste a;u point visé
sans· que.jamais cependa.on le·cliquetis des a.rn;:ies - péril majeur
de. la réplique - aonfisque l'attention: il n'est perçu qu.'autant
qu'il faut pour dénoncer le choc des sensibilités. D' oùce.tte atmosphère si spéciale - tendue, âcre, salubre, - comme d'une
ttagédie continO.ment en révolte contre son tragique même: un
c@rnélianisme d'abotd wulu; puis à moitié accepté, à moitié
robi; et qui finit par mettre son courage à se-dé.priser..
One démobilisation sentimentale, - &lt;ionnexe de cette démobilisation intellitctuelie dont nous eotreteoaiit, Thibaudet, mais
pour certains combien plus malai ée encru:e à obtenir de soi, td est le vrai1sujet du Ca.nuvade Infidèle: il semble qu'à travers
un dédale de « boyam » nou.s a5:.i.stiona à 1a marçh.e laborieuse
des personnages pour, du cornélianisme, rtj~dre la sincérité

.NOTES

739
sans plus_ des sentiments ; et une des beautés du livre réside dans
le ~ns aigu chez les personnages euxamêmes des abandons. des
renie rnents, 'd«s ill~~des que ce rctou r coœ porte' et aux~els
cependant c est la smcénti même qui nous invite Voilà 1
.des
d''
.
es
s-ous r~portance e_t devaleur si générales _ qui font du
Camarade bpdele un des ltvres les pJus directement issus de la
guerre, et d autant plus directement peut-être que le rôle de la
~err~_s'y ~éduitàcelui d'une ombre portée. Partout y est sen~
s1ble 1_mévnable déchirement du combattantenface de l'attitude
~e lw commande l'après-guerre. Après comme avant, la sincénté s3affirme l'intacte e-t exigeante déesse; mais l'honneur de
Schlumh_erger c'est de ne jamais fermer les yeux sur ce que l'on
peut av01r à perdre e11 remettant le cornélianisme au fourreau.
~ulle,pa~ la coupure si choquante qui' se produisit' dè:. l'armistice na mieux été marquée qu'en ce passage:
• . .. Cette torsion, qu'?n s'est fait_ subir, an ne la détord pas d'un
jOUr à autre. On na f.nt don de SOJ qu'au prix d'une extrême violence:
on ne se repren~ pas au premier commandement; et ce qu'on a eu
tant de mal à s'imposer- comme inviolable, on ne peur-pas le considérer
tout à coup comme insignifiant.

r

~:mois s'aperçoit qu,'il fuit de l'éloquence, mlris, contraiTement à ce
gu_eut été ,son mot1\IJ':ment habituel. il ne songe pas à s'en excuser. Suc
~ ioue_qu elle aperçoit de profil, Clymène remarque uo. pli qui tai;itôt
n y était pas.

•

- fai vu, dit-elle, l'incompréhension de l'arrière pour les angoisses
~u- fro.a~ éveiller des sentiments très amers chez quelques blessés dont
l ai su1v1 la convalescence ; à tel point que la colère et Ia rancune les
aidaient à vaincre la crainte d'un nouveau dëpart.
. J:imais Vernois n'a connu le plaisir de sentir une autre pensée veoir
St Vlvement au-devanr de 1a sienne; il en oublie sa taciturnité.
~ Déjà-pendanr nos pennissions, dit-il, nous flairions le maleaten~u ; mais on avaiic tant d'imérêt â ne pas nous décourager qu'on
~ t de qu~!que pru~ce. C'est seulement llll.e fois tout danger passé
qu[Qll a cyniquement J~ê les masques,. On pouvait eofin tout dire et
tout f~e,_ et rire_ de ces lieux com011Jns, bjea ripés, bien usag.és dont
on avait tiré un s1 beau rendement. Dieu sait si, le retour nous srutlevait
~'ivr-esse, et pourtant ces premiers mois de liberté restent dans notre
souv~nir parmi les plus sombres, ceux où nous nous sommes posé les
q,uest1ons les plus découragées.
Entte un tel sujet et les moyens de Scblumberger il semble

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'il existât une prédestination. Esprit d'une sincérité des plus
strictes - mais d'une sincérité toute en redressements plutôt
qu'en sinuosités,-son originalité foncière je la vois dans le cons•
tant refus qu'il oppose - ferme, délibéré, allant jusqu'à l'entêtement - à toutes les formes de l'oubli. 11 ne s'agit point
seulement ici de l'incapacité d'oubli qui est, elle, un don, susceptible certes de culturé, et qui se mue parfois en une inappréciable vertu esthétique, mais qui n'en a pas moins ses origines
en deçà de la \folonté: à l'inçapacité d'oubli se superpose chez
Schlumberger une volonté de ne pas oublier qu'il ne cesse de
nourrir et qui frappe par son caractère tout positif. L'aspect le
plus particulier que cette volonté assume en ses écrits, c'est qu'il
semble qu'elle ne se limite pas aux sentiments et aux idées-,
qu'elle s'étende à tous les visages qui furent une fois regardés
bien en face. Le regard parait créer ici une obligation quasi
morale, - l'obligation du souvenir, et d'un souvenir qui tend
toujours à réduire au minimum la part jouée par les éléments
de hasard ; et c'est sans doute le fait que l'auteur sache à quoi
chaque regard l'engage qui rend compte de cette impression d'une
certaine absence d'ouverture, d'accueil, comme d'uneanti-hospitalité, que laisse presque partout son .œuvre. Ecrivant ailleurs
sur Un Homme. Heureux, je disais que Schlumberger excellait
à peindre cc un màlaise sourd, toujours présent, que le moindre
contact exacerbe, rend rétif et crispé» ; aujourd'hui je me
demandesi ce refus opposé à l'oubli ne nous en fournit pas l'explication véritable. Aux choses et- aux êtres les personnages de
Schlumberger ne disent jamais oui qu'à la dernière limite, parce que sur ce oui, une fois prononcé, il n'est pas dans. leur
nature de pouvoir revenir. Agiraient-ils autrement qu'ils seraient
aussit6t subm,ergés, ce à quoi leur apparente froideur~ quL.est
toujours à base de violence- ne saurait aucunement consentir.
Leur primat demeure la possession de soi : aussi ne s'éprouvent•
ils en sûreté que dans les sentiments bien différenciés, aussi
sont-ils pleins de méfiance envers l'amour dont ils reculent
autant qu'ils le peuvent l'échéance. « Eh bien, dit Vernois, je
pen~e qu'il existe deux: sentiments honnêtes, nettement définis,
et qui n'essaient pas de se donner pour cé qu'ils n~ sont point,
dont l'un est le désir, l'autre l'amitié'. Le premier est compris
partout, mais l'hypocrisie veut qu'on le déclare "'grossjer. Le

NOTES

74 1

second jouit de la considération universelle, mais presque personne ne s'y intéresse. Toute l'attention, tout le bavardage,
toute la littérature, toute l'éducation sont tournés vers le mélange
des deux: qui, comme tant de métis, a de la séduction et les vices
supt.rposés de ses deux parents. » Sans doute cette sortie est
commandée par les caractères et par la situation ; mais, une fois
posé le primat de Ia poss~ssion de soi, la vue qu'elle défend
se justifie parfaitement; seulement serait-il très logique ou très
fructueux de condamner en fonction de la possession de soi un
sentiment dont la grandeur - ainsi que pour certaines formes
du génie - gît dans la dépossession de soi qu'il entraîne? En
tout cas l'originalité de la vie intérieure des personnages de
Schlumberger, c'est d'être faite d'un petit nombre d'éléments,
mais qui sont tous comme fichés dans la mémoire, qui ne
s'épuisent que très lentement et pour ainsi dire à la place même
ou ils furent primitivement introduits.

Lorsque dans la scène finale Vernois avoue à Madame Heuland quel fut le tout premier mobile de son intervention, cet
aveu - sagement tenu en réserve parce que son rôle est de
nous apprendre que la démobilisation sentimentale est désormais un fait accompli - en même temps qu'il ferme le cercle,
touche un point d'une singulière subtilité.

Je dois vous avouer d'abord un abus de confiance. Avec les effets
de votre mari, vous avt"z reçu toutes celles de vos lettres qui se trouvaient dans son bagage, toutes, sauf une que voilà.
· Au botit de ses doigts, l'enveloppe blanche vacille uo peu.
- Il fallait savoir à qui rltourner ces lettres : c'est mon excuse pour
avoir ouvert celle que je tiens. Je n'en ai guère pour l'avoir lue jusqu'au
bout; j'en ai moins encore pç,ur l'avojr gardée. Et quand je dis que
l'intérêt d'Heuland a êté le premier mobile de mon intervention, cela
n'est pas tout à fait vrai ; le tout premier, c'est cette lettre.
_ - Je oe comprends pas.
- Une femme dont ui. tendresse trouvait pour s'exprimer des mots
si simples, si touchants, la savoir menacée d'une révélation brutale et
s'en tourmenter : c'était peut-être romanesque. Votre prénom l'est bien
un peu, et je me souvenais d'une photographie où l'on ne. distingue
que votre profil. .. Assurément je ne songeais pas tous les jours à cette

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
petite -armoire où. ,votre ,mari cachajt sa oorrespqndance, Qr ,quel ,~poir
avais-je-de ~e .montrer utile? Mais je ne l'oubliais pas; etlorsque, cet été,
j'ai pu prendre ioopinémel).t quinze jotll'S •de i:epos, cette i,dée m'a conduît sur votre plage~. Il faut vous .figurer l'ignorance où presque tous
les hommes sont d'une femme véritable. Cette lettre de vous, que j'avais
surprise, reprèsentait pour moi ce que l'amour peut avoir de plus fidèle
ef de plus charmant.

Peut-être ( allant plus loin que le cas strict de Vernois ne le
comportè) pourrait-on déceler ici l'embryon d'un phénomène
assez général et enregistrer un détour nouveau de l'amourpropre: nous sommes si mrturcllemeot égocentristes, ·il nous
paraitesi an:0nnal (quoique nous n'en convenions pas) que. les
aut!respuissen.t. ·éprIDuver .et phrs en.core insprrer des sentiments,
qne lorsque nous en: in!ercep,to.rrs l'expression adressée à autrui,
nous sommes suffisamment surpris ~pour qu'une cufio:sité en
naisse, - qui peut à l'occasion devenir irrésistible. Nul dessein
arrêté; simplement une pente que l'on suit et au sujet de laquelle,
ainsi qu'il advient dans le Camarade Infidèle, on se donne dès le
départ les motifs les plus spécieux. Combien, et qui ignorent
jusqu'au nom de Schopenh.auer, n'en vivent pas .1hoi,ns toute
leur 'lie ,en .fouation ,de s©n a-x.iome liminaire : Je monde est ma
représentation.
Une 1ésenve p:ourJinir, et ,quirJ.vise Je rôle prépondérant teil:
pas a~sez,diffécenàié ,que l'.autem accùi'de a.u petit• Antoine. li
me semble qu'avec le gmît , des difficultés qui le caractérise
Schlull}berger aurait dû se do[!.nt,rune difficuli:é de plus .en obligeant ,son dénou.e ment à ne surgir que des deux protagonistes~
Que si l'on me répond .q ue la nature de :Ver&lt;0ois avait besoin· de
ce prétexte poUI se décou'Vrir tout à. fait, je le veux bien ; mais
alms il faudrait cpae l'enfant apparût nettemént, .~inon ' comme
un simple prétexte, du moins coa:m1e· ,un mobile de sewnd
p'lan ; '0T le sentiment que V.emàts'éprouve-pour le ·petit Antoine
nous est ·montrl: comme plus-important que cela ;- et je ne dis
pas qu'il ne soit pas concevable q-ue Vernois épouse Clym~ène
en partie à cause de lui, mais en ce cas· le proolème dévie un
peu, perd quelque chose de '!a plénitude et de
rondeur, : la
bi:;iucle est moins complètement bouclée.

sa

CHA~LES DU BOS

NOTES

743

SILBERMANN, par Jacques de Lacretelle (Editions
de la Nouvelle Revue Française).
M. Jacques de Lacretelle, en chargeant ,son Silbermann de
tous les vices et de toutes les vertus d'Israël, s'expo:srit à
pein.dre le Juif, et IJ.1011 un juif, et il faut admirer d'abord .que
&lt;:e chétif Silbermann à la fois téméraire et craintif, rampant et
dominateur, propre aux idées comme au négoce, athée et fana- tique, fin ét sans tact, passionné de culture française et détaché
d.e la France, nous paraisse aussi vivant que tel petit israélite
al\Tec qui, au jardin public, nous hésitions à jouer. Il existe
désormais autant que l'adolescent huguenot qu'il a circonvenu.
Celui-d, M. de Lacretelle ,a bien vn qu'aucune tendresse ne
devait l'attacb.er à Silbermann : il subit d'abord Ja domination
d'un camarade qui lui om.,re le morrde des idées ; le lev.ain juif
travaille ce jeune esprit latin. Mais, à cet ~ge, finœlligence seule
ne saùrait fonder une amitié. Il fullait que &amp;ilbermann fût persécuté pour que le petit protestant goûtât :en sa compagnie le
plaisir d'être Jbéroïque. Rien de si fréquent à cet âge .que l'attrait
tlu martyre, qui est d'abol'd le besoin .d.e se séparer du commun.
Ce jeune chrétien accoutumé à l'examen de conscience., soucieux de perfection intérieure, nous acceptons donc qu'il se
donne tout entier à la d.éfense du juif honni et lapidé.
L'auteur nous montre-t-il son héros 'chrétien assez souffrant
de ia perte .d'amitiés qui lui étaient ch.hes? De œ c6té~là., il
nous semblait que dût se prol&lt;)n-ger le dtam.e-; mais c'est dam la
famille du collégien que M. d.e Lacretelle a mieux. aimé en
suivre le retentissement .. Ne le lni reprochons pas : quand le
critique &lt;écrit lui aussi ,des romans, il incline à juger une œuvre
,d'après le livr.e qu'instantan.ément il compose sur les données ,,
~ue lui fournit l'auteur. Sans doute, dès .que nous apprenons
-que le lycéen p.irotestant est Le fils •d 'un juge ~'instruction, nous
nous doutons bien que I-e louche père ·de S1lbermann tombera
sous la coupe ,de ce magistrat, C'était la sittmrion un peu trop
facile .à tmuver .(.a.na.leg:ue 3.l1 p:uisgue :mon père "tst l'off.enré et
l'offenseur ie pere de Chimène). Mais M._ de La:crete~le a s~
idoute eu raison de ne point chercher ailleurs: 1a vie est .fiute
,de œs .cofücidenœ:s et _celle.:-ci Jni a permis d'amorcer rantre
or.a.me d.e .son récit, qui est cette découverte dont nous ffrmes

�r

744

LA NOUYELU: REVUE FRANÇAISE

tous accablés à un instant de notre vie, lorsqu'il nous apparaît
que nos parents ne sont pas des demi-dieux . Nous nous rappelons notre étonnement parce que notre mère se confessait :
quels péchés pouvait-elle commettre? La grâce du père voleur
de Silbermann que l'enfant huguenot ne peut obtenir de son
père, elle est accordée le jour qu'un député influent se mêle de
l'exiger.
Nous avons loué M. Jacques de Lacretelle d'avoir su peindre
un juif et non le Juif: et c'est pourquoi nous regrettons cette
dernière vision de Silbermann, ce sermon sur les fortifications,
où cet effrayant Eliacin prophétise, s'enfle, et s'enlève presque
dans un ciel de Gustave Doré. Si l'auteur n'avait su d'abord
nous le peindre si vivant, il risquait ici de le muer en une
entité. on, ce Silbermann n'est pas tous les juifs. Il ne rappelle rien, ou presque rien du merveilleux Henri Franck qu'à
vingt ans nous avons vu danser devant l'Arche, rien non plus
de ces nobles israélites portugais dont la tribu était absente de
Jérusalem quand le Christ y mourut et qui, à Bordeaux, dans
d'admirables demeures construites par Gabriel et par Louis,
nous font admirer les portraits de leurs ancêtres, contemporains
de Samuel Bernard.
Et de même les jeunes bourgeois catholiques de l'école
Saint-François-Xavier que M. de Lacretelle nous montre si brutaux, si peu intelligents, nous ne nierons pas qu'il en existe
beaucoup de cette sorte ; mais dans ce tryptique où un juif persécuté souffre entre un huguenot compatissant et des catholiques injurieux, il ne faudrait pas non plus élever ceux-ci à la
dignité de «type» . L'un d'eux eût aussi bien pu éprouver que
son camarade protestant, de la ferveur, et la question juive,
alors, même en ces années proches de l' Affaire, se fût offerte à
lui moins simplement. Il faut relire, après Silbermann, la Releve
du matin où M. de Montherlant médite sur ce qu'il appelle « le
grand mystère collégien ». Parmi tant de «François-Xavier»
forcenés et cruels, il nous aurait plu de discerner l'une au
moins de ces figures inquiètes, scrupuleuses, d'enfants dont
nous nous souvenons.
Ce court récit d'un art si simple, si pur, d'un style parfois un
peu lâche, restitue à l'être humain tout ce dont le dépouillent
quelques-uns de nos camarades en leurs ouvrages d'ailleur1,

NOTES

745

délicieux : conscience, inquiétude, goût de la perfection, sens
du péché. Nous voici loin, avec Silbermami, de cette rutilante
littérature où, parmi la faune des palaces, des sleepings, des
bars de nuit et des hammams, l'instinct sexuel mène les êtres
comme des chenilles aveugles. Ce n'est point que M. de Lacretelle ne sache «voir», lui aussi. Regardez Silbermano :
Attentif à tout ce que disait lt: professeur, il ne le quittait pas du
regard ; il resta immobile, le menton en pointe, la lèvre pendante, la
physionomie tendue curieusement; seule, la pomme a'Adam, saillant
du cou maigre, bougeait par roomcntS. Comme ce profil un peu animal
ètait éclair&lt;! bizarrement par un rayon de soleil, il me fit penser aux
lèzards qui, sur la terrasse d' Aiguesbelles, à l'heure chaude, sortent
d'une fente et, la tête allong~e, avec un petit gonflement intem1ittcnt
de la gorge, surveillent la race des humai os .. .

Silbermami est composé soianeusement, selon la méthode
ancienne que M. Thibaudet reproche à M. Bourget de prêcher
aux jeunes écrivains .
FRANÇOIS MAURIAC

DOUZE CENT MILLE, par Luc Durtain (Editions de la
Nouvelle Revue Française).
L'année 1922 restera, entre toutes ces années où s'élabore la
grande littérature de demain, celle où l'imagination aura enfin
repris tous ses droits méconnus. Le roman dit d'aventure qui
comportait avant tout l'évasion d'un monde en ruine et l'invitation au \"Oyage post-baudelairieooe (le roman historique à la
Benoît est une survivance et non pas un point de départ), le .
roman d'aventure, dont Mac Orlan a fixé le type en France sans
parvenir à le réaliser complètement, tend à déboucher dans le
roman d'imagination qui lui donnera l'ampleur, la solidité et le
réalisme qui lui manquaient. Roman d'imagination qui pourra
osciller de la fantaisie de Giraudoux à la légende sociale de
Pierre Hamp ou rustique d'Henri Pourrat, qui les mélangera le
plus souvent selon des dosages individuels et dont les péripéties ( comme celles de Siegfried et le Limousin) pourront se
nuancer de satire. Avec une charge sentimentale infiniment plus
complexe grâce au symbolisme un sens de la construction, de
la progression plus perfectionnées grâce aux exemples anglais et

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

russes, ce roman à péripéties pourra se relier à la tradition picaresque de Gil Blas ou de certains contes de Voltaire. Il remettra
de la joie, de l'élan, du feu, grâce au èinéma une rapidité
jusqu'ici inconnne, grâce à l'exemple de Marcel Proust la précision et l'approfondissement psychologiques dans le roman
amaigri, bassement historique et terre à terre que nous a légué
le naturalisme.
Dans cette œuvre de création ou de renaissance du romanfresque, du roman-épopée par opposition au roman d'analyse
genre Adolphe, au roman d'étude à la Madame Bu1.1ary ou à la
Germinie Lacerleux, le D(Jlrze Cmt Mille de Luc Durtain tiendra
une place non négligeable. Les ébauches de grandes épopées
modernes que nous a"Vions rencontrées en 1921 dans des livres
comme Les Nocturnes de Georges Imann ou le Rafael Gnlottna de
Maurice Larrouy se sont chez Luc Durtain muées en une épopée
véritable. La synthèse de ces trois nécessités sine qua mm d'un
renouveau du roman : des caractères, des péripéties, une signification sociale, qui déjà se trouve réalisée dans une œuvre
unilinéaire comme le Silbermann de Jacques de Lacretelle,
prend ici toute son ampleur. Le grand roman de l'amour
moderne conçu selon cette formule, avec des modalités strictement personnelles, existe déjà et on ne pourra plus de longtemps que le démarquer : c'est l'œuvre de Marcel Proust. Mais
précisément À la Rechercbe dit Temps perdu déblaie et éclaire la
route aux romanciers de demain. Leur principale originalité
sera d'émouvoir, de captiver, d'entraîner le lecteur avec autr.e
chose que des amours heureuses ou contrariées. Le précurseur
ici est Balzac, ou, si l'on veut, une interprétation de Balzac à
la mesure du moderne. Une époque atone ou trop enfoncée
dans le bien-être ne comprend pas Balzac, ou plutôt ne saisit
pas tout le côté « reconstruction d'un monde » qui est son plus
grand côté. Les ruines de la Révolution et de l'Empire relevées
par la Restauration, la mise au point du nouveau régime
d'après 89, l'étape franchie par la bourgeoisie Louis-Philip-parde, la légende des cinquante premières années du xix• siècle,
voilà ce qu'offre Balzac en exemple au romancier qui sort de la
guerre et vn dans le monde bouleversé de l'après-guerre.
En dépit de toutes les différences possibles, c'est au Balzac
-d'A combien l'amour revient aux vieillards et de la Dernière lncar-

l,lQT.liS

747

natio11. de ,Vautrin que Luc Durtain oblio-e
à penser en défutlti ve.
D
"b
. urtam ,s est ~o~i avidement de toute son époque. Le futunsme, 1 unanimisme ont trouvé en lui un terrain tout préparé
déjà ensemencé. Tout cela a été absorbé, transformé et l'arbr;
.d'aujourd'hui est un des plus vigoureux qui soient chez nous.
Beaucou~ des afféteries, des tics, des contorsions qui gâtaient
les pretn1ères œuvres de Durtain ont disparu. 11 en reste encore
trop. Une nature aussi généreuse, aussi riche gagnerait à s'imposer encore plus de discipline, à viser à une sorte de sécheresse
qu'elle n'atteindrait jamais, à se \'Ouloir simple.
Mais cela dit quelle étonnante légende que Douze C611t Mille.
La légende de l'argent moderne, rien de moins. Sujet conçu
av:ot la guer~e, réalisé après. ( mieux eût valu le situer après
qu ava~t, mais ~eut-êtr~ le hvre qui s'achève le 3 août 1914
aura-t-il une suite) qw pose tous les pions de cc vaste écbi.quie~: le capita~iste, ~ e d'or à exploiter, personnifié par un
ouvner de province q m a gagné douze cent mille francs et toute
1a .série des exploiteurs flanqués de leurs femmes, le banquier
et ses rabatteurs : l'homme du monde, le général, le courtier
marron sans oublier l'autre indispensable victime : l'inventeur.
~t voilà ~our l'affaire industrielle qui dévorera les premiers
srx cent mille francs. Le reste sera englouti par la terre et les
requins de 1a propriété foncière apparaissent : le notaire de
-s ous-préfecture, !'_homme de conliance à pots-de-vin, l'Jiostilité
paysanne.
Mais pour animer tout cela, pour permettre les mille et un
· rebondissements du récit, il faHait trouTer le moteur. Luc
.Durtain l'a trouvé : c'est s011 héros, Bongrand, d'Artagnan
prolétaire, que son argent jamais ne possède, -4ui dénoue les
situations d'un seul geste .de résjgnation ou &lt;le joyeux sacrifice
et qui peu à peu _en vient à haïr « J'excrément du démon ».
Lorsque miné, red~enu .simple artisan, il apprend qu'il possède
encore près de quarante mille irancs, il les r.efuse et - trouvaille
admirable -Jes donne à l'homme qui l'a le plns ignominieusement dépouillé, comme au seul capable de tripoter cette boue.
Ce vivant simple et puissant - autre trouvaille de Luc
Durtain - attire et .retient les femmes. Les plus viles, les
plus tarées sont intimidées, conquises. Leur intuition, leur
.instinct maternel leur fait épargner c.et homme que leurs

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAfSE

maris ou leurs amants accablent. Mm• d'Aiguesein, Paulette,
Olga, figures un peu trop directement balzaciennes peut-être,
ne s'oublient pas.
Une autre caractéristique de Luc Durtain, avec son imagination et son don de synthèse, c'est l'art qu'il possède de construire tous ses personnages, jusqu'aux plus épisodiques, à
trois dimensions. Tourguenieff établissait les biographies complètes de tous les personnages qu'il introduisait dans ses
romans. Luc Durtain ne se contente pas de les établir pour luimême dans ses préparations, il les livre au public en raccourcis
et en coups de sonde qui ne sont qu'à lui. Une certaine façon
de rattacher le moindre geste à sa signification sociale n'appartient également qu'à Durtain.
On éprouve en fermant ce livre une sensation de plénitude et
d'achèvement que l'abus des images (images parfois inutiles et
trop souvent médicales) et le tarabiscotage souvent agaça_nt,
toutes les scories de la forme ne parviennent pas à entamer. Il
faut enfin signaler que Luc Durtain a retrouvé le ton de la
grande familiarité épique qui lui permet d'interpeller les Muses
ou son lecteur sans jamais déchoir.
Le ciment secret de ce beau roman, c'est son souffle lyrique,
son idéalisme social. Le roman de pure analyse est mort ou
doit mourir, sa veine est tarie ; mais il ne meurt que pour
mieux renaître dans le roman de synthèse de demain où l'analyse jouera, avec toutes ses nuances et tous ses scalps, le r6le
épisodique qui doit en toute justice lui échoir pour compléter
la mise à nu des caractères en action.
Ce qui manque à ce très beau roman, pour approcher du
chef-d'œuvre, c'est un style vraiment d'aujourd'hui, ce style qui
est dans les œuvres les plus diverses, dans Proust, Giraudoux,
Larbaud, Morand, Paulhan, Aragon, Romains. Ici, malgré les
nouveautés très personnelles, nous en sommes encore au style
Paul Adam, Huysmans, Zola, République d'avant-guerre. Douze
cent mille démontre qu'il peut encore donner de beaux fruits.

•••

BENJAMIN CRtMIEUX

AU LION TRANQUILLE, par Marmouset (Librairie
de France).
Ce roman est un bon petit livre bien digne de vivre sans sa

749

NOTES

légende, ou par-dessus sa légende, si j'ose dire. Il serait peu
moral que ce roman bien fait, d'un romanesque fondé sur la
réalité sans le réalisme, ne connùt la fortune qu'à cause du
bruit fait autour de sa naissance irrégulière. Au Lio11 tra11q11i/le
est un enfant naturel de la littérature. Mais c'est la mère qui
fait des façons pour le reconnaitre. Quant au père, que n'a-t-il
pas pour attirer des protecteurss à ce fils costaud et coquet : un
digne ouvrier, ancien apache, écrivant une histoire d'apaches!
Après le nègre de 1921. qui «continuerait» mieux que le voyou
devenu typographe rangé ?
Mais Marmouset a vraiment plus pour réussir. Et d'abord,
il n'y a pas d'apaches ! Combien je vous remercie, Marmouset,
de me prouver que j'avais vu droit, en faisant dire à votre
Jacquot devenu bistrot en 1922, quelque chose d'égal à ce
propos de mon bistrot de 1912 : cc Il n'y a pas d'apaches, il n'y
a que des jeunes gens mal élevés qui s'amusent. » Marmouset
picaresque n'est pas responsable de la légende du repenti bon
salarié. (Cf. Comédies et Proverbes, de Mm• de Ségur). Jamais on
n'avait si justement employé l'argot. M. Boyer, le savant directeur de l'Ecole des Langues Orientales, argotisant éminent,
rangera ce bouquin auprès du trop méprisé Journal de Nénesse,
de Nonce Casanova. Souhaitons que M. Jean Variot écriYe un
second article généreux pour engager à lire de tels ouvrages les
magistrats si ignorants de la psychologie du faubourg. Les
magistrats eux-mêmes auraient de l'indulgence pour Marmouset.
Pourquoi? Marmouset reste dans&lt;&lt; son mitan ». Il ne commet
pas la faute d'indiquer par où ce « mitan » peut « grouper » les
autres oc mitans », le corridor secret par où les catégories d'individus (ignorons les classes) se pénètrent, se fondent, s'altèrent,
s'allient ... ça, c'est le secret de plus d'un succès limité. Marmouset peut tirer à cent mille sans inquiéter personne. Déjà ...
Avec quelle joie certain reporter II littéraire » le jette dans les
jambes de Carco, son camarade de promotion.
ANDRÉ SALMON

•*•
GÉRARD ET SON TÉMOIN, par Paul Brach (Editions
de la Nouvelle Revue Française).
M. Paul Brach expose dans son livre le cas d'un raté. Gérard

�750

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE.

est un jeune bourgeois riclie qui, tout: en ayaat fesprit et le
goût assez fins pour mépriser le milieu où il vit, est privé des
fortes facultés qui lui permettraient de s'élever hors de ce
milieu. C'est un type que l'on rencontre souvent en ce tempsci 1 car la guerre, si elle a élargi l'horizoa de quelques hommes,
ne leur a pas en même temps donné des ailes. C'est ce désaccord, ce manque d'équilibre, que rameur a étudié. ll nous
montre son personnage d'abord attiré par les lettres et, bientôt,
y renonçant faute d'application. sans doute ; puis, occupé, en
compagnie de camarades oisifs, à des passe-temps insignifiants
qui ne le contenteat point et durant lesquels il soupire : « Cette
existence ne peut durer. » Enfin - cela compose l'intrigue
romanesque du livre - Gérard essaie de donner du prix à sa
vie par une sorte de raffinement sentimental. Devenu amoureux,
le voici qui cristallise, qui analyse ses sentiments, s'embarrasse
de pudeurs et de petites défiances, exerce sur l'objet aimé un
esprit critique stendhalien, bref, transforme en un pur jeu c&amp;ébral des aventures assez terre à terre. Or, si ces subtilités
d'esprit procurent anx. grands amants leurs plus belles jouissances et activent leurs pa-ssions, on conçoit que chez les
natures médiocres elles dressent plutôt des obstacles et provoquent des déceptions. C'est le sort de Gé_rard, d'~~t _qu'il
s'adresse à des marionnettes aimables, ma.is tout a fait mcapable-s de se prêter à son ambition ~e, délicatess~ ~n~mental~
Sa carrière d'amant intellectuel, st 1 on peut ams1. dl.I'e, ne lm
apporte que des mécomptes. Il a la sagesse d'y renonc~, et, à
la, fin du récit, laissant cc à d'autres les débats de conscience et
les nuances sentimentales», il reprend sa. place parmi ses camarades ordinaires.
Ce personnage, qui a forcément les traits un peu pâles d'un
mondain, est bien présenté par l'auteur. Il a. quelqne chose
d'honnête et de touchant. Il fait penser à un personnage réel en
présence de qui l'crn se trouve souvent dans un salon. Nous
savons ce que deviendra Gérard. Ce sera cet homme du monde
« qui a eu des dispositions :o et qui témoigne aux artist~s ou
aux littérateurs une sympathie timide et comme mélancolique.
Quelquefois cet amateur nous paraît ridicule. Mais il est assurément supérieur à bien des gens de son mHieu, par exemple_à
celui.qui réponilllity comme on. lai vantait- les mérites d'Utl écn-

NOTES

vain désireux d'entrer dans un cercle qui est l'apanage d'une
coterie aristocratique : « Dieu merci ! Nous sommes encore
quelques-uns pour qui ces choses-là ne comptent pas. »
M. Brach écrit dans un style agréablement coulant et fort
soigné tout à la fois. Il a le do n de l'ironie et ses caricatures
sont réussies. Peut-être, chez lui, le psychologue cède-t-il trop
volontiers la place au poète. Il arrive que dans son récit le
développement psychologique disparaisse derrière une image
généralement jolie , et originale mais quelque peu gratuite. Cela
donne à l'ensemble du livre un tour élégant mais lui fait
perdre, par endroits, de la profondeur.
JACQUES· DE LACRETELLE

LETTRES iTRANGÈRES
LETTRE D'ANGLETERRE : LE STYLE DANS LA
PROSE ANGLAISE CONTEMPORAINE.
On dit souvent qu'il n'existe pas en anglais une prooe étalon.
A l'analyse on découvre que cette critique pourrait se formuler
plus exactement ainsi: la prose anglaise, si on la compare à la
française, à l'italienne et à l'espagnole, s'est développée tard.
Les formes- premières qu'elle assuma visaient &lt;l"es emplois spéciaux et limités ; et lorsqu'on arrive à l'époque de Hobbes, la
sensibilité et la pensée anglaise avaient déjà trouvé leur expression dans le vers : comparer le vus du temps de Shakespeare à
la: prose correspondante équivaut à comparer un esprit adulte et
indépendant avec un esprit qui n'a encore atteint ni maturité ni
indépendance. Aucune prose n'est jamais parvenue à rendre
l'esprit anglais au degré où-l'on peut dire que le style de Montaigne traduit l'esprit français: à des périodes diverses de notre
histoire littéraire on retrouve le contraste de styles qui ont trè.s
peu de choses en commun. D'où la difficulté à n'importe quel
moment d'assigner un style à une période donnée. Si nous
lisons tout ce que la prose anglaise a produit de meilleur, nous
p-0uvons arriver à savoir comment cette prose s'est développée;
mais nous nous apercevrons qu'il est très difficile de faire des
généralisations à son sujet.
Néanmoins il demeure possible de suivre à travers le
x1x• siècle jusqu'à notre génération ug ou deux courants et d'en

�752

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

marquer la disparition. Il est assez curieux de constater que les
talents les plus originaux qui aient fait leur apparition dans notre
littérature pendant la majeure partie du xrx0 siècle furent des
prosateurs. Ni Tennyson, ni même Browning - et je n'avance
ceci qu'après mûre délibération - ne peuvent pr~tendre à
occuper une place de l'importance de celles de Ruskm, Newman Arnold ou Dickens. C'est le style de Carlyle qui constitn; la grande nouveauté. Jusque-là la prose habituellement
en usage se rattachait à la tradition de Gibbon et de Johnson:
le style de Macaulay est un style du xvm• siècle avili par une
exubérance de journaliste et une émotion théâtrale; le style de
Landor est un style du xvm• siècle atteint de bizarrerie. Cependant le style de Landor est un beau style ; celui de Macaulay
représente les résidus d'un beau style aux mai~s d'~n démagogue littéraire. Carlyle - un int~llectuel san~ 1_n:elhge~ce, et
un érudit sans culture - possédait une sens1b1hté umque et
précieuse, qu'il exploita mais_ sans la, discipliner; ~outefoi~, si
une licence avouée vaut 1meux qu une dépravation qui se
cache, son style est plus sain que celui de Macaulay. Les effets
de telles oro-ies ne s'en laissent pas moins voir non seulement
dans l'œu;re des descendants authentiques de Carlyle
comme George Meredith - mais même dans l'œuvre de ceux
qui paraissent appartenir à un type_ d'e~prit to~t diff~re~t. La
prose de tradition classique, plerne a la fois de d1gmté e,t
&lt;l'aisance dont le défaut résidait surtout dans la pompe et ou
l'antitùès~ constituait le procédé le plus fréquent, disparut.
Thackeray est souvent diffus ; Ruskin souvent exagéré et
vexatoire· le cardinal Newman lui-même, à qui nous devons la
plus belle' prose qui ait été écrite au. xrx• siècle, est li1~ité_ aux
couleurs automnales de son émotion propre, particulière.
Disons pour simplifier que même dans les cas o~ Ca_r'.yle n'est
pas directement à l'origine de ce:te rupture d éq,u'.hbre de la
prose anglaise, il sert encore de po10t de repère à laide duquel
la mesurer.
A partir de ce moment i,l y a pr~sque toujours dan~ la
prose anglaise, même lorsqu elle parait l~ plus opp~sé~ a_ la
prose de Carlyle, une certaine exa~ératlon, une _hm1tat1on
spéciale due à la prédominance de 1élément émouf, et pour
~i-nsi dire une température légèrement fiévreuse. D'aucun

NOTES

753

écrivain ceci n'est plus vrai que de Walter Pater, de qui la prose
forme le principal modèle qui eut cours dans les dix dernières
années du x1x• siècle et dans la première décade du xx•.
L'influence de Walter Pater a eu pour résultat une limitation
de la prose très différente de celle que l'on rencontre au
xvue siècle. Les styles de Clarendon, Sir Thomas Browne,
Jeremy Taylor et Hobbes sont tous des styles qui ont leurs
limites et qui sont tr~s différents les uns des autres; mais
chacun d'eux à l'intérieur des limites qui lui sont propres est
un stye équilibré et normal. Les thèmes de Walter Pater
dénotent une sphère d'intérêts beaucoup plus étendue mais en
dépit de cette extension, sa prose trouve ses limites dans les
bornes mêmes que lui assigne une valeur toute émotionnelle.
Walter Pater était un descendant littéraire de Ruskin et de
Matthew Arnold ; et même dans le tour d'esprit sévère,
raisonné d' Arnold se laisse discerner parfois quelque éclat
:fiévreux. Une analyse de l'œuvre de Pater nous entraînerait
trop Join ; je ne puis ici qu'affirmer combien fut grande son
influence. On la retrouve dans l'œuvre d'écrivains aussi différents que MM. F.-H. Bradley, Oscar Wilde et William Butler
Yeats. Les livres de M. Bradley, en particulier Apparence et
Réalité et Les Principes de Logique, méritent d'être salués comme
des classiques qui prennent rang dans la grande tradition des
écrits philosophiques anglais; mais même dans la magnifique
austérité de la prose sèche et osseuse de M. Bradley on décèle
par endroits cette rougeur de la fièvre qui est totalement étrangère à la tradition de Hobbes, Berkeley et Locke. L'ornementation étudiée d'Oscar Wilde et la simplicité étudiée de M. Yeats
diffèrent également des écrits de M. Bradley, mais reflètent non
moins également l'épicuréisme ascétique de Walter Pater. (Les
mémoires de M. Yeats qui ont paru récemment dans le Ne:w
York Dial constituent un document d'un très grand intérêt en
ce qui concerne la génération d'Oscar Wilde; et M. Yeats
témoigne explicitement en faveur de l'influence exercée par
Pater sur sa génération.)
L'influence de Pater, combinée avec celle de Renan, se
retrouve entière dans un volume d'essais admirablement écrits
mais déjà quelque peu anciens, dû à un écrivain de notre génération, Frédérick Manning, et intitulé : Seimes et Portraits. Cet:e

48

�754

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSR

influence de Pâter culmine et disparait à moo sens dans l'œuvre
de James Joyce. Ce que j'avance ici est sujet à discussion ; je
ne suis pas du tout sûr que M. Joyce souscrirait à cette analyse
de ses origines, mais pour ma part je vois dans Un Portrait de
l' Artiste comtm jeune homme l'œuvre d'un disciple de Walter
Pater aussi bien que d'un disciple du cardinal Newman. Dans
Ulysse ce courant disparait. Dans Ulysse, cette influence, comme l'influence d'lbsen et toutes les autres influences auxquelles M. Joyce s'est soumis, - est réduite à zéro. Mon
opinion est qu'Ulysse n'est pas tant une œuvre qui ouvre une
époque nouvelle que le gigantesque aboutissement d'une
époque révolue. Avec ce livre Joyce atteint à un résultat singulier, singulièrement distingué, et peut-être unique en littérature : cette distinction consiste à ne pas a·rnir de style du tout,
- et à 11e pas en avoir, non pas au sens négatlf, mais bien au
contraire dans un sens très positîf. Je veux dire que l'œuvre de
M. Joyce n'est pas un pastiche, mais que néanmoins elle ne
possède aucun des signes qui permettent de diagnostiquer la
présence d'un style.
L'œuvre. de M. Joyce met fin à la tradition de Walter Pater
comme elle met fin à un grand nombre d'autres choses, et elle
accentue par là la nécessité où se trouvent les écrivains de cette
génération de prendre un nouveau départ, soit en se soumettant à une influence étrangère, soit en développant quelque
tradition anglûse plus ancienne.
Il y a eu des écrivains très distingués qui sont demeurés
étrangers à la généalogie que je viens de tracer,; à n'importe
quelle époque des étrangers de ce genre peuyent toujours surgir
dans les lettres anglaises. Henry J:unes, Joseph Conrad et
Charles Doughty sont des éèrivains q1.ü possèdent des styles très
personnels et incommunicables; des styles que l'on peut imiter,
comme on peut imiter celui de M. Proust, mais dont il est pen
probable qu'ils servent de point de départ à une tradition.
Doughty est le moins connu de ces écrivains, en partie parce
que son graod ouvrage Voyages dam l'Arabie déserte est difficile
à se procurer et fort coûteux. Un bon essai sur la prose de
M. Doughty - et qui renferme des cita.tians - se trouve dans
le livre récent de M. Middleton Murry, Régions de l'Esprit.
L'œuvre de M. Doughty est étrangement isolée. Elle constitue

NOTES

755

u.n.e exception singulière au x1xe siècle ; s.a prose est presque
une prnse du xvue siècle; et ses limites sont les limites du
xvn• siècle, et tout à fait différentes de celles de l'école de
Walter Pater.
En présence d'un écrivain dont l'œuvre est encore en processus de formation, il est difficile de dire s'il constituera un cas
isolé comme M. Doughty ou s'il deviendra l'ancêtre d'une
époque comme Walter_Pater. Les écrits de M. Wyndham Lewis
s'offrent à uous aujourd'hui dans cet intéressant état d'ambiguïté. Je ne vois pas d'écrits contemporains au sujet desquels
on puisse établir une comparaison avec ceux de M. Lewis; j'ai
vu cependant certains livres, surtout américains, dont le
mérite - s'ils en possédaient un véritable - se rapprocherait
du genre de mérite que l'on rencontre chez M. L-ewis.
La prose de Wyndham Lewis se trouve ressembler à la prose
d'une époque encore antérieure à celle qui est sympathique à
M. Doughty. Ce dont eUe se rapproche le plus, ce sont les prosateurs, non du xvu• siècle, mais de la .fin du xv1•, tels que
Thomas Nashe, certains traducteurs du temps, et les auteurs
des Martin Marprelate tracts. Cette prose a une abondance, une
vigueur, une vitalité pleine de signification, une force vitupérative dont je ne vois pas ailleurs les équivalents. L'usage que
M. Lewis fait des mots r.ippelk la façon dont ceux-ci a:fHuent à
un Fa\staff. J'ai dit tout à l'heure « se trouve ressembler, parce
que je suis sfu- que M. Lewis n'a jamais particulièrement étudié
les écrivains en question. Dans son premier roman, Tarr,
l'influence de Dostoïevsky est visible -et l)ré-pondérante. Mais
la" partie Dostoïevsky » du livre, bien qu'exécutée- briUammeut
et avec OTiginalitt, n'est pas vraiment représentative de
M. Lewis ; l'autre élément présent dans l'ouvrage, et qui ne se
raccorde nullement au précédent, relève de cet humour anglais,
si sérieux et sauvage, auquel Baudelaire consacra naguère une
brève étude. Lewis est très en sympathie avec Hogartb, Rowlandson et Cruikshank ; comme il est avant tout un peintre,
son imagination est avant tout visuelle. Il possède quelque
chose de cet humour que l'on rencontre cbez Dickens (lui
aussi un écrivain visuel) lorsque Dickens est humoristique et
non délibérément comique. Mais un répertoire d'analogies ne
saurait en rien fournir une formule pour le style de M. Lewis,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

lequel, encore imparfait et pas tout à fait au point, se laisse
voir au mieux dans l'essai sur l'art et l'architecture contemporains, intitulé « le Dessin du Calife ii.
Si l'on examine ce qui se produit de meilleur dans le roman
anglais contemporain, on trouve une tendance vers un autre
style très différent de celui de M. Lewis, un style d'une nudité
et d'une simplicité presque excessives. Ceci est particulièrement
visible chez les écrivains que travaille un souci authentique du
vocabulaire et de la syntaxe. Un très intéressant exemple nous
en est offert dans La Vie et la Mort de Harri.etFrean de Miss May
Sinclair. Miss Sinclair a. fait grand usage, le maximum d'usage
possible, des résultats de la psychanalyse. Dans ce livre elle
réduit le roman au strict essentiel ; elle a soin qu'aucune description, conversation ou monologue superflu ne vienne
détourner l'attention du lecteur du tracé de h1 croissance et de
la décadence de l'héroïne. Un autre écrivain qui tend toujours
davantage à dépouiller son style de tout ornement surajouté est
M. Stephen Hudson dans son livre Eleanor Colhouse. Il y a des
moments où le récit de M. Hudson va jusqu'à vous faire oublier
que le livre soit « écrit ii, dans n'importe quel sens du mot: il
semble que l'on repasse simplement en esprit la morne chronique d'existences humaines. Cependant quoique cette méthode
- qu'elle ait pour objet la documentation psychologique ou la
chronique sans plus - soit visible chez d'autres écrivains, je
ne saurais être sûr qu'elle représente une direction véritable, ni
même que les écrivains cités ne puissent être amenés à y
renoncer; et lorsque je me rappelle certains écrivains intéressants comme Virginia Weolf et D.-H. Lawrence que je juge
impossibles à classer, j'ai envie de retirer toute espèce de. gé~éralisation. Dans l'œuvre de D.-H. Lawrence, en particulier
dàns son dernier livre La Verge d'Aaron, se trouvent alliés la
plus profonde explor'ation de la nature humaine et le style le
plus inégal que j'aie rencontrés chez aucun écrivain de notre
génération.
T.-s. ELIOT

LES ARTS

LES ARTISTES INCONNUS A LA
SIMON ET LE SALON D'AUTOMNE.

GALERIE

Il est peu d'expositions qui comportent une morale ; celle

NOTES

757

qu'organisa le spirituel directeur de la Galerie Simon avait le
rare privilège d'être captivante et de faire réfléchir sur les problèmes compliqués de la création artistique. Elle était constituée exclusivement par ces toiles et ces bois sculptés que des
poètes et des peintres, séduits par leur vertu émotive, achètent
pour quelques sous au bric-à-brac. Au sortir du Salon d'Automne où, peu à peu, une espèce de sommeil moral s'abat sur
vous, provenant de l'impression de déjà vu qui émane de
presque toutes les toiles - même des bonnes - cette exposition offrait une véritable oasis de fraîcheur et de douceur.
Natures m_ortes groupant des bibelots lourds de souvenirs ;
paysages pauvres ou redoutablement pittoresques ; scènes de
famille attendrissantes; batailles, chasses, scènes historiques
reconstituées grâce au supplément du Petit Parisien ; scènes de
cirque ; portraits comme figés par l'effet de l'application réciproque du modèle et du peintre, tremblants tous deux de se
sentir les artisans d'une opération magique ; inévitables anecdotes plaisantes ou sentimentales ; toute la gamme des états
d'âme que la peinture peut extérioriser étaient représentés en
cette exposition inattendue.
L'auteur de ces peintures est ce curieux personnage anonyme,
qui, je crois, ne naît qu'en France ; qui tient le milieu entre le
poète et le pêcheur à la ligne ; qui peint les soirs d'été en rentrant du bureau, et le dimanche toute la journée. L'amour, la
patience et la propreté sont ses vertus coutumières ; l'estime de
sa famille et la considération de ses pairs sont la récompense
qui lui est accordée et qu'il peut savourer tranquillement, derrière le rempart d'un emploi honorable, d'une rente régulière,
ou d'une pension méritée. - Tant d'humilité, si naïvement
consentie, ne peut qu'arracher un sourire de pitié aux terribles
hommes que sont les artistes modernes - et cependant on
pouvait voir beaucoup d'entre eux s'attendrir, céder à un mouvement de curiosité presque inquiète devant les œuvres de leurs
parents pauvres.
Pour moi, j'ai souvent été torturé par le mystère de certaines
réalisations picturales, dues à ces anges en jaquette qui, non
gênés par des considérations techniques, se meuvent de plainpied dans le domaine du sublime quotidien. Quelques-unes
des peintures exposées à la Galerie Simon, c'est incontestable,

�75-8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

réalisaient un tel accord entre le sentiment et l'expression
qu'elles touchaient au chef--&lt;l'œuvre. - Et cependant? Une
telle affirmation est inadmissible ; elle contredit tontes nos
conceptions ; elle révolte notre bon sens. La candeur, la pureté,
la sainteté même, nous savons qu'elles sont impuissantes à réaliser une œuvre d'art. L'amour de la ature- ne suffit pas pour
produire un travail admirable. li n'est pas de beauté sans style ;
il n'est pas de style sans métier rationne.!. Ces toiles naïves possèdent souvent un dessin, une mise en page extraordinairement
expressifs ; une couleur sobre et riche, nne matière cristalline,
tout, peut-être, sauf un je ne sais quoi d'essentiel, qui nous
pr-ouverait que ces merveilles sont l'aboutissement d'une intention déterminée. L' œuvre d'art est le résultat d'une série d'éliminations, c'est un lieu commun. Mais il est deux façons
d'arriver à ce dépouillement nécessaire, deux façons dont une
seule compte : celle qui consiste dans un cboix conscient et
délibéré. L'autre qui peut quelquefois procurer des résultats
presque équivalents, n'est due qu'à l'insouciance et à l'ignorance;
il n'y a plus, dans ce cas, dépouillement par choix, ruais par oubli.
(A ce propos il n'est peut-être pas indifférent de dire un mot
du douanier Rousseau. - Est-il, oui ou non, un peintre,_ou
seulement un. amateur à peine supérieur aux exposants malgré
eux de la Galerie Simon ? M. Maurice Raynal, qui écrivit pour
cette exposition deux pages fort jolies, juge qu'on à . eu tort de
comparer l'art du douanier à celui des maitres. - Ont tort
évidemment ceux qui osent le comparer à Fouquet et à
Memling, mais l'ont à un égal degré ceux qui le rabaissent au
niveau des « Inconnus )) . Il y a justement dans son art cette
cm1stance dans les moyens employés qui montre dans son effort
une part de lucidité et &lt;le volonté iodfoiable.)
Il serait certes fort imprudent, et sot, de nier la puissance de
l'instinct, et le qractère poignant et mystérieui de son apport
dans l'œuvre d'art. C'est souvent à cause des choses mêmes,
que l'artiste n'a pas voulu introduire dans son tableau, que
celui.-ci est émouvant. On peut aller jusqu'à dire que c'est la
part d'irresp,msabilifé qui se glisse dans une œuvre qui la m3ccrnifie, lui donne un poids caché, une vertU secrète. Un artiste qui
réaliserait exactement ce qu'il a:vait dessein d'exécuter serait non
seulement un monstre, mais littéralement un« fruit sec». Gest

NOTES

759

une certaine façon qu'il a de rater s011 but, c'est une certaine
faillite de ses intentions qui constituent la poés.ie de son travail.
Mais justement cette faillite n'est possible que, sr au début de
son effort, le pein,tre ne se propose rien d'autre que de réussir à
expliciter ses intentions avec netteté, s'il force en quelque sorte
son subconscient à se réveiller, à s'insurger contre la pression
d'un système tyrannique adopté avec une résolution trop vive.
C'est pourquoi, quelque attrait que puissent avoir ces délassements extasiés des peintres du dimanche, il faut à regret leur
dire adieu, et bien se garder de tomber dans le travers de ces
artistes du Nord, qui s'intitulent « naîvistes », et qui ne se proposent rien moins que d'oublier leur connaissance de la
technique moderne et de ressusciter en eux leur enfance et
leur naïveté évanouies J
Quand nous entrons au Salon d'Automne, nous nous sentons
bien loin du « naïvisme :o. Sauf chez quelques attardés, il n'y
est plus question de singer les primitifs ; ce faux hiératisme de
Musée, qui faisait fureur il y a quelques annéès, a presque
entièrement disparu. Ces mêmes incorrigibles plagiaires, qui
sont les grotesques de l'art, suivent une autre piste. Le grand
Ingres est, hélas l à la mode : vite, il faut « en faire».
Quant aux véritables courants qui se partagent l'activité des
artistes, on ne les voit plus guère se dessiner qu'à leur source.
Si les placeurs de l'automne, cette année plus avisés que ceux
des Indépendants, avaie.at, comme ceux-ci l'année dernière,
mélangé les tableaux sans se préoccuper des préférences théoriques de leurs auteurs, il serait difficile de distinguer qui, de
Pierre ou de Paul, se relie au Cubisme ou au « Naturalisme
organisé 1&gt;. Les jeunes peintres qui par un savant decrescendo
se placent entre les. salles extrêmes où brillent d'un éclat inaccoutumé Braque et Léger côté cuhisme, Segonzac et Vlamir.ck,.
côté naturalisme, cultivent la formule dite œ Constructive ». Il
s'agit, on le sait, d'un art qui repose sur la consolidati&lt;m des
formes naturelles à l'aide d'éléments géométriques adoucis et
d'un mortier pictural plus ou moins épais. Nous voici aux antipodes de l'état d'esprit des primitifs de la Ga.lerit: Simon ! Au
Salon d'Automne, - qui, ~e tiens à le déclarer, fut rarement
aussi riche en bonnes œuvres - une recherche strictement
iechnique motive la presque totalité des toiles exposées. On l'a

�LA NOUV.ELLE lŒVOE FRANÇAISE

dit, fcrit, chanté : il s'agit de faire c&lt; de là peinture » et rien de
plus . La poésie aux poètes, la musique auit musiciens. oc Construire ! » Il y avait, pour uu esprit indépendant, des joies
grandés, et en quelque sorte sportives, à goûter, en visitant successivement le Grand Palais et la Galerie Simon. D'un côté,
constructions, digues, remparts, contreforts, pour mieux emprisonner la pesante matière terrestre; de l'autre, efforts ingénus et
pleins de tendres subterfuges pour représenter les choses les
plus nuancées, les plus légères, les plus poétiques que nous
propose l'Univers. D'un côté, des constàtatio,,s, souvent sérieuses,
quelquefois moroses, presque toujours empreintes de talent ;
de l'autre, une description amoureuse, extasiée, procédant d'une
tendre allégresse, sinon d'une technique disciplinée.
- li ne faut rien exagérer, ni le danger que court' la peinture
moderne, où la technique tiènt une place excessive, aux dépens
du sujet qui la doit justifier, ni le secours moral que peuvent
prêter aux praticiens leurs innocents rivaux. - Toutefois, il n'y
aurait rien d'étonnant à ce que certains professionnels du Salon
d' Automne, rêvant devant ces humbles toiles où les plus profondes aspirations des hommes essaient maladroitement de se
déployer, aient tout à coup la xévélation du pouvoir inspirateur
que peuvent posséder certains spectacles de la Nature, lorsqu'on
les découvre d'un œil sagement enivré, et débarrassé du souci ·
des cuisines d'atelier.
Al'fDRÉ LHOT-E

*
* *

LES REVUES
DE L'EXISTE 1CE DE L'EUROPE
Les Eutretiens de Pontigny ont repris cette année, sous Ja
direction de Paul Desjardins, discret et enflammé. L'on y a
entendu, successivement, Gide, Duhamel, Tbibaudet, Forster
et Curtius, Wiliam Martin, Hymans, Prezzolini. 11 était question de l'bonneur, de l'éducation. de la Société des Nations. Au
surplus, ni dissertations, ni discours - mais de longues causeries, un échange actif cfe réflexions, et, pour wus, un enrichissement à la fois du goût de la différence et du désir de.construire.
La REVUE DE GE.NÉVE, à son tour, prolongeant l'œuvre des
Eu/retiens, convie plusieurs écrivains européens it une conversa-

LES REVUES

76r

tion internatiouale : Y a-t-il une Europe ? Que vaut la Société
des Nations? Keyserliog, Middleton Murry, Vilfreclo Pareto,
Unamuno, Gicle, Merejkowski ont répondu, ou répondront.
Robert de Traz, qui pose les questions, et par avance tâche
d'appeler, d'entourer les réponses, écrit :
En contestant la possibilité de refaire l'Europe aujourd'hui, nous
discréditerions celle.d'autrefois dont nous sommes les héritiers. Dire que
les natiooalitës sont irréductibles et hostiles, c'est dire que Saint Louis
n'est que Français, Dante n'est qu'ltalien, Gœthe n'est qu'Allemand ~
c'est dépouiller notre esprit, c'est détruire notre patrimoine. Les siècles
donr nous sommes nés ont élaboré certaines notions morales où nous
nous reconnaissons tous : l'honneur du gentilhomme ou du gentleman, la liberté individuelle, l'idée du droit, bien d'autres t:ncore : allonsnous, par méfiance réciproque, renoncer à ce langage commun? Tandis
qu'être Européen, c'est perfectionner une entreprise que nous ont
léguée nos prédécesseurs et dont les bienfaits nous nourrissent encore.
La Suisse est le lieu naturel d'une conversation internationale:
L'Eur-0pe actuelle est multiforme; démocratique et nationaliste, c'està-dire sentimentale, elle se complait dans ses variétés. Rebelle à toute
influence Mucatrice et autoritaire, il faut la comparer à une famille ou
il y avait naguère quelques ainés et beaucoup de cadets et ou tous les
enfants sont devenus majeurs et ne veulent plus écouter persnune... Oo
nous excusem de citer ici, à titre de renseignement pratique, le cas de
la Suisse qui rassemble en une même harmonie vingt-deux peuples
divers. Cette cohabitation est rendue possible, grâce à un consentement
général à l'hétérogène ... Voila un premier point ; souffrir comme une
chose naturelle que mon voisin ne concorde pas exactement avec moimême. Et en voici un second : mon voisin et moi, quoique différents,
nous voulons vivre ensemble. Au-x Fatalités centrifuges qui nous opposeraient, nous opposons notre résolution humaine de demeurer unis.
Cela ne nous empêche pas de nous plaindre l'un de l'autre, de nous
disputer: mais toujours, sous nos récriminations, se maintient la croyance
latente qu'il est boa, qu'il est nécessaire que la Suisse demeure. Et l'on
voit cette croyance éclater tout à coup lors des grandes fêtes populaires
par exemple, en véritables actes de foi collectifs. Ces deux conditions
sentirµenrales de la paix helvétique peuvent-elles se réaliser sur u.n
beaucoup plus large ihéâtre. Pourquoi pas ?

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

I

TABLE DES MATIÈRES
MEMENTO

LEs CAHDRS D'AUJOURD'HUI (Novembre) publient une serie de Po,·Jraits plaisants : entre autres, ceux de Valery Larbaud par Marcel Ray,
&lt;le Marie Laurencin par H. P. Roché. Luc Durtain parle de Vildrac,
Salmon de Colette et de Léautaud, Mac Orlan· de Salmon.
LE CRI'rERlON est une jeune revue, que vient de fonder à Londres
notre collaborateur T. S. Eliot . Son premier numéro, fort intéressant,
réunit les noms de Dostoievsky, Valery Larbaud, George Saintsbury,
May Sinclair.
Les sains et drus ÉcRITS ou No-RD, que dirigent Franz Hellens et
Paul Vanderborght, succèdent à la fois à la LANTERNE SOURDE qui
appela à l'Université de Bruxelles Romains, Cendrars et Chennevière,
et au DrsQUB VERT, revue franco-belge, et peut-être internationale.
(Personne n'a parlé mieux qu'elle des littératures rnsse, irlandaise, espagnole.) Mélot du Dy esquisse une méthode de travail raisonnable:
Ce fut 53ns doute la folie bleu naïve de l'ccole dite • futuriste • que de
vouloir observer le monde moderne ;I. la manière des anciens, c'est-à-dire avec
une attention soutenue. On a pu sourire, non sans raison. Celui qui, à notre
époque, s'assied sur u.n banc du boulevar&lt;!, s'accoude â l'appui d'une fenêtre,
s'attable dB.Ils un restaurant, et regarde longtemps devant lni, ne voit plus rien
que d'insensé. Tout innocemment, les cravates se placent dans le dos des mes•
sieurs, les autos roulent à travers le salon, les bouteilles portent des nnméros
-de vestiaire, et cela est d'un ridicule achevé, d'une candeur intolêrnble. Nous
voulons antre chose : Nous voulons savoir ce qu'est l'homme maintenant, ne
point commettre l'erreur de ces peintres, ui de ces moralistes aussi, qui, a force
de patience attentive, confondent toutes les valeurs.
0

MERCUR.E DE FRANCE (15

novembre): Plaisir du l{bertin raisonneur;

_par André Rouveyre.
LE MouTON BLANC vient de se fonder à Lyon. Il sera l'organe du
.classicisme moderne. Ses héros sont Gide et Romains. Ses collaborateurs, Gab1i_el Audisio, Henry PetiÔt, Portail et l'impétueux Jean
Hytier. L'on trouvera dans chaque numéro une liste d'erreurs, et une
liste de vérit-és. La première vérité citée est : « L'art vit de contrainte».
REVUE DE L'AMÉIUQUE LATINE (rer octobre): Les idées philosopbÛjutS
in France, par Albert Thibaudet.
LA REVUE UWVERSELLE (15 novembre): LB Salon d'Autonme, par
Roger Allard.

CONTENUES DANS

LE TOME XIX

(JUILLET- DÉCEMBRE

ALAIN-FOURNIER
Colombe Blanchet (fragment).

1922)

(CXI)

ROGER ALLARD
La SJmpbo1ûe hcroiq11.e, par Henry Jacques
87
L'homme traqué, par Francis Carco .
2 3I
Les trois miracles de Sainte Cecile,- par Henri
Ghéon
241
Chansons : Liberté, par Henri Pourrat .
359
L'Aibum italien, par Jean-Louis Vaudoyer. 361
La lumière natale, par Léon Deubel .
362
Le Poème royal, par Albert Erlande . .
363
Guide chnmpèire, par Gabriel-Joseph Gros
363
Aquarelles, par Emile Henriot .
484
Petite fugue d'ét-é
523

(CVI)

(CVll)
(CVII)
(CVITI)
(CVJII)
(CVIII)
{CVIII)
(CVIII)
(CIX)
(CX)

LOUIS ARAGON
L'futra

20

(CVI)

507

(CIX)

JEAN BARUZI
L'Espagne et le romantisme français, par
Ernest Martinenche

.

FELIX BERTAUX
Les Revues jeunes en AlleITTagne
Lectures allemandes.
WILLIAM BLAKE
Le Mariage du Ciel et de !'Enfer (traduction de
Andr.é Gide).
Chronique
Chronique
Chronique
Chronique

MAURICE BOISSA.RD
Dramatique .
Dramatique
Dramatique .
DraITTatique .

CHARLES DU BOS
Remarque sur les Goncourt . . . .
Fiançailles, par Robert de Traz .
Les trois Impostures, par P.-J. Toul~t . .
Le Camarnde infidèle, par Jean Schluruberger.

JOl

37 1

129

2r5

339
456

6o5

(CVII)
(CVIf)
(èVIII)
(CIX)
(CX)

472

(CVII)
(CV1I1)
(CIX)

537

(CXI)

410

(CIX)

15 r
367

MAURI CE CHEVRIER
Chants

(CVI)
(CVIU)

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ALBERT COHEN
Projections ou après-minuit à Genève

414

(CIX)

. . . . . . . . .
L'Escalier d'or, par Edmond Jalou}. . .
G11spc1rd dts Montagnes, par Henri Pourrat
Vers l'Outst, par Constantin Weyer. ·.
E" marge des marées, par Joseph Conrad

.

.

.

.

.

.

.

.

.
.
.
.
.

7ï
84

86

86
92
93
100
108

.

La Nef, par Elétnir Bourges
Henri Duvemois

.

. . . . . . . . .
La Vie en fleur, par Anatole France . . .
La Co11quite de la joie, par Raymond Schwab.
Littérature et Orient, par Henri Thuile. .
L'E11/isemenl, par Jean Monique . . . .
L'année littéraire en Italie . . . . . .
L'Amour, les Muses et la Cbasse, par Francis
Jammes . . . . . . . . . . .
Ces pe_tits Messieurs. - Le ]ttt de l'Amour et
de la danse, par Francis de Miomandre .
Biographies du Carnet critique. . . .
Do1iz.e cmt mille, par Luc Durtain. . .

.

ADOLPHE DELE ŒR
Une vue optimiste sur la situation de la
France
JOSEPH DELTÈIL
Iphigénie.
DOSTOIE\"SIG
La confession de Stavroguinc (fin).

.

.

.

.

.

.

.

Marcel Barnère .

.

.

(CIX)

.

GEORGES GABORY
Diableries, par Mêlot du Dv
Le Courrier des Muses . ·.
Le Courrier des Muses . . . . .
Poésies pour dames seules . . . . . .
Le Coffret de Santal, par Charles Cros

(CVI)
(CVI)
(CVill)
(CIX)
(ClX)

HENRI GHÉO
La Co11quile mystique : l'Ecole française, par
Henri Brémond. . . . . . . . .

Lettres du lieutenant de vaisuall Dupouty,
préface de André Gide

.

.

.

.

.

.

JEA GIRAUDOUX
Finale de Siegfried et le Limousin.
PIERRE HAMP
Compound 300 HP, no 243.

7l

(C\'l

732

(CXI)

552

(CX)

12

(CVI)
(CX)

Bass-Bassina-Boulou, par Franz Hellens .
MARCEL JOUHANDEAU
401

Clodomir l'assassin
JACQUES DE LACRETELLE

253

(CVII)

(CVIIl)

(CXI)

(CVill)
(CVlll)
(CXI)

La fia11cle morte, par J.-N. Faure-Biguet.
Gera,·d et sott timoin, par Paul Brach. .
VALERY LARBAUD

Mount Eryx, a11d other dit-asio11S of lrat•tl,
.

ro6

La 1:ie et l'habitude, par Samuel Butler . .

504

(CVI)
(ClX)

Fernand Vandêrem et les manuels d'histoire
littérnire .
727

(CXI)

par Henry Festiug Jones.
(CVI)

(ClX)

(CVII)

Silbennann .
Silbermann (fin)

.

.

.

.

ANDRE LHOTE
Les dernières rétrospectives . . .
111
Les Artistes inconnus (galerie Simon) et le
Salon d'Automoe . . . . . . . . 756

(CVI)
(CXI)

ANDRE MALRAt;X
88
148

(CVI)
(CVII)

362

(CVIII)

Le Chirnrgim des roses, p,tr Marcel Sauvage

(CVII)
(CVlll)
(CIX)
,(CIX)
(ClX)
(CIX)
(CIX)
(CIX)

(CX)
(CXI)
(CXI)

PACL FIERE S
.

(CV11)

(CVII)

Cbamom désabusées, par Max Elskamp
.

(CVI)
(CVI)
(CVI)
(CVI)
(CVI)

(CVI)

L'évadé de l'Enfer, par Jean Pellerin. . .
Essai mr le J?onjuatiisme co11te111porain, par

RENE-MARIE HERMANT

T.-S. ELIOT
Lettre d'Angleterre : Le style dans la prose
anglaise contemporaine . . . . . . 751

.

(CVI)
(CVI)
(CVI)

(CX)

LUC DURTAIN
Lucienne, par Jules Romains

Yolutes

(C.X)

FERNA} D FLEURET

La Campagne avec Tlmcydide; Gustave Flaubert, par Albert Thibaudet . . . . . 222
Saint-Just, par Marie Lenéru. - }011rnal de
Marie Lenéru

(CIX)
(CIX)

La Foi dtt doole, par Pierre Bourgeois .
J2 Décembre, par Jean-Victor Pellerin .
Poèmes de la vie mordue, par Henri Dalby

BENJAMIN CRÉMIEUX

Pages choisus de Jean Jaurès. - Histoire
socialiste de la Révolution française (I) : La
Comtituanle, par Jean Jaurès . . . .
Reliques, par Isabelle Rimbaud. . . . .
La Chauve-souris, par Charles Derennes. .
Les discours du doctmr O'Grady, par André
Maurois .

765

TABLE DES MATIERES

L'Abbale de Typlxzines, par le Comte de
Gobmeau

Art poétique, par Max Jacob

97
227

(CVI)
(CVII)

�LA NOUVELLE REVUE PRANÇA.lSE

LOUIS MARTI '-CHAUFFlER
Le Jeu de massacre, par Tristan Bernard .
P. MASSON-OURSEL
Mégbadouta de Kalida.sa, traduit par farcelle Lalou .

.

.

.

.

.

.

.

. .
La Mentalité primitive, par L. Lévy Bruhl.
Trois 1nyst;rts tibétains, tradl!its p:ir Jacques
Bacot . .

FRA.1 ·çms MAURIAC
Le Fleuve de Feu .

Silbermarm , par Jacques de Lacrett:lle
MÊLOT DU DY

Bibelots

GIL ROBIN

348

(CVI)
(CVIII)

379

(CVIll)

JIO

743

(CXI)
(CXI)

17

(CVI)

685

Jean Tharaud .

.

.

.

.

243
528

.

.

.

.

.

.

.

.

121

{CIX)

Le dljeuner cl11~ le 11UJtl dktl de la 11obltSse

o/

.

.

.

.

.

'.

2

(CVl)

91

(CX}

(CVI)
(CVII)
(CVll)
(CVHI)

(CVI)

(CVlJI)
(CX)
(CX)

(CXI)
(CXI)

(CVI)
(CVI)

(CVI)
(CVII)
(CVIII)
(CIX)
(CX)

638

JULES SUPERVIELLE

74

(

li)

ANTON TCHEKHOV
Volôdia

229

8o

.

(CIX)
(CIX)

(CIX)

(CVl)
(CVI)
(CVI)
(C\'Il)
(CX)

bataille du f11tla11d vue d11 « Derjflinger »

fÎr le capitaine de corvette Georg vo~
ase . . . . . . . . . . . .
83
Marsyas 01i la justice d' Apol/011 par FrançoisPaul Alib1:tt . . . . . '. . . . .
89
Ceux qui f'evit1111ent, par Marie Ge,·ers . . l()O
Pitoeff et la fondation à Paris d'un théâtre
de répertoire étranger . . .
. . . 2 39
Cùtq 110s, traduits p~r Noël Péri; Th:J 110
plays Japot!, ~duit par Arthur Waley ;
le TbJatre clm101s, par Tchou-IGa-Kien . 375
Jea11 de La Fo11tai11e, par André Hallays . . 471

234
La maison de Cla11àir11, par Colette .
363
Myrrbin, courtisane et martyre, par Pierre
Mille . .
486
(CIX)
_!a'.-_ _ _ _ _
.:,.:._ _ __._~
La GarÇ()&gt;me, par Victor Margueritte.
634
(CX)

JACQUES RIVIÈRE
Les dangers d'une politique conséquente . . .
Paul Val6-y, poète. . . . . . . . . .
Maurice Barrès et la critique catholique .
Le secret professiomul, par Jean Cocteau.
Marcel Proust . . . . .
.
.
AlaiirFournier .
•

1:20

Terre.

513

.

IIS

SCHLUMBERGER

par Ivan Tourgueniev.

MARCEL PROUST

Les a111ora11des, par Julien Benda . .
Les Do11 J-uanes, par farce! PrévoSt .

109

i•ie de }1ousieur Du Gay-T1·011iti, écrite

de sa mam .
ÙI

(CVTII)

J.-C. PRIVÉ

PAUL RIVAL
La ra11do1111ée de Sambn Dwr1f, par Jérôme et

JEAN
Ùl

(CXI)

499

(CXI)

BORIS DE SCHLŒZER
Le Duel, par Alexandre Kouprine. •
Les B:ùh:ts russes . . . . . . . .
Wagner au théltre des Champs-Elysées .
Le Martyre de S,iint Sébastim à !'Opéra.
Anton Tcbt:khov . . . . . . . .

(CIX)
(CIX)
(CfX)

Charles Silve.m e . . . . . . . .
L'Opbélit1, par Marius et Ary fablond . .
Le Roman de la t'Oit lactu, par Lafcadio Heam .

La regarder dormir.

1 57

A DRÉ SALMON
Au lion tranquille, par Marmouset.

HE,'Rl POURRAT
Sur la Gllbe, par J. de PesquidouK . . .
L'Amour et la Mort de Jec1 11 Pradeau, par

Les daoseusescambodgiennes à l'Qpéra.

Etude de nu.

98

PAUL MORAND
Les bals de Paris, par André W:irnod
Le Cabinet 11oir, par Max Jacob . .
Un ro111anesq1u, par May Sinclair . .
PASCAL PIA
L' Aurore en pluie .

GUY DE PO URT ALÈS
La déàaig11e11se, par Beaumont et Fletcher

TABLE DES MATIÈRES

ALBERT THIBAUDET
Réflexions sur la littérature : L' Affaire Ubu.
Jules Tellier, par Ht!llriettc Charasson . .
Le vfo de ta vigm, par Louis Arnts . . .
Réflexions sur la littérature : Les jardins sur
l'Orient . . . . . . . . . . .
Réflexions sur la littérature : Le Germanisme et la guerre . . . .
Le stupide àix-netn:ièt,u siècle, par Léon
Daudet . . . . . . . . . . .
Réflexions sur la littérature : Renouveaux
quand même. . . . . . . . . .
L'Avmir de l'Intelligmct et T,·ois idus politiques, par Charles Maurras . . . . .
Les plaisfrset les jt11x, par Georges Duhamel
Approxi111atio11s, par Charles du Bos . . .
Lei Poésie de Swi11bur11e, par Paul de Reul. -

5J7

(CX)
(CVI)
(CVI)
(CVI)

(C\'ll)
(CVllI)
(CVIlI)

(CIX)
(CIX)

~g~~

�768

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

La llgemle socraliqt1e cl les sources de PlaIon, par Charles Dupréel . . . . . . ,198

(CIX)

Réflexions sur la littérature : La composition
dans le roman .
594
Le Domaine, par John Galsworthy. . . . 639
Réflexions sur la littérature : Les trois critiques . . . . . . . . . . . . 715
Un bom·ueois dilettante à l'époque romantique:
Emile0 Descbt1111ps, par Henri Girard. . . 735
Bien 111anger pour bim 'l!Ïllre, par Edouard
de Pomiane.
736
FRITZ VON UNRUH
Fragments d'un Journal de guerre.

(CX)
(CX)
(CXI)
(CXI)
(CXI)
(CVlll)

276

CAMlLLE VETT ARD
Proust et Einstein.
Durie et Simultanéité, par Henri Bergson

246
625

.

124
127
383
384
509
512
512
640
640
760
762

LE GÉRANT : GASTON GALLl:-JA!l D.
ABBEVJLlB (FRANCE). -

'

Les néceaaitéa du tirage de « La Nouvelle Revue Francaiae »
noua obligeant à livrer à l'imprimerie le bulletin ci-deeaoua ~uinze
joura avant aon apparition, noua noua bornons à y insérer dea
apercue d'orientation générale. Maïa notre SERVICE DE RENSEIGNEMENTS FINANCIERS eat à la dispos ition de toua noa
lecteurs pour tout ce qui concerne leur porte feuille, valeun à
acheter, à vendre ou à conserver, arbitrages d'un titre contre un
autre, placement de fonda, etc.
Adre aser lea lettres à M. Léon Vigneault, 5, rue de Vienne,
Paria, VIU• Arrondia1ement.

(CVII)
(CX)
LA FINAl CE

XXX
Les Revues.
Memento
Les Revues.
Meroento
Les Revues .
Le Prix Blumenthal
Memento des revues .
Memento des revues .
L'Atelier.
Les Revues.
Memento

LA VIE FINANCIÈRE

IMPRTMERIE F. PAiu.ART.

(CVI)
(CVI)
(CVIII)
(CVIII)
(CIX)
(CIX)
(CIX)
(CX)

scx)

( XI)
(CXI)

La ques lion des Detl es.

Il n'y a plus de crise décisive ni dans le domaine de la politique, ni
dans la sphère toute voisine et plus vaste de l'économie. Le mot
« décisif » n'a aucun sens à l'égard des difficultés mondiales issues de
la guerre. De même que la victoire fut, noo pas l'œuvre d'un homme,
n i le résultat d'une roanœuvre isolée, mais le total d'un ensemble
d'efforts, d'expériences et de sacrifices qui amenèrent le problème :i
maturité, de même l'équilibre des droits et des réalités, dans la paix, ne
se rétablira qu'après de multiples oscillations. Ces considérations
d'aspect un peu philosophique n'en comportent pas moins pour le capi·
taliste qui ne vise comme tel qu'à des résultats pratiques, de précieux
enseignements. Elles l'invitent en tom cas, à ne point tomber dam le
pessimisme, et bien au contraire, à utiliser les conditions qui lui sont
taites dans le présent, en vue d'obtenir des résultats positifs dans
l'avenir. C'est là tout le fin du placement.
Ceci dit, qu'il laisse se dérouler les discussions sur les changes,
sur la baisse du mark, que tant de Français assez mal avisés a7hetaient il y a deux ans à 30 centimes, il y a un an à r 5 et qui ne
peut même plus se tenir à r centime et demi, sur l'effondre~ent
de la couronne qui se mesure mal ici, mais que l'on sent mieux
à Londres où il en faut maintenant 250.000 po'ur une livre sterling. De ce que l'on s'est trompé sur la. possibilité ~our. un~ Autriche nouvelle de vivre dans le cadre étriqué que ltt1 ass1gna1ent les
traités, de ce que l'on n'avait pas prévu l'écroulement du mark, il n'en
résulte pas nécessairement que les capitalistes aient tous perdu de
l'argent depuis deux ans. Fon heureusement, ils ont su dans l'ensemble
se tirer d'affaire et beaucoup en achetant à des cour peu élevés des
titres industriels excellents, se sont préparés pour l'avenir d'assez jolis
bénéfices.
Pour le reste, soyez persuadés que des solutions sinon excellentes,
du moins passables, seront découvertes. Il n~ peut ~n être au~rement.
Voyez, par exemple, la question des dettes mteralliées. Le fait même

�de kur existence alors que leur r~glcment n'est pas encore exige,
contribue à troubler la situation genèrale et à empêcher le relèvement
de l'Europe. Le jour où les gouv rnements créanciers réclàmeraient le
paiement des intérêts et l'amortissement, il se produirait peut-être uue
véritable catastrophe économique ; d'autre part, ils n'ont pas eu
jusqu'ici le courage de trancher dans le vif, en éliminant cette cause de
désordre par une annulation simultanée, car ils redoutent d'être blâmés
par une opinion intérieure mal informée. Si une annulation générale
avait lieu, les Etats-Unis seuls y perdraient, sans gagner quoi que ce
soit. La Grande-Bretagne serait déchargée d'une dette. de I milliard de
livres sterling, mais abandonnerait une créance de 1 .867 millions de
livres. La France renoncerait à environ 30 milliards de francs papier,
mais serait libérée d' une dette d'au moins 70 milliards de francs papier.
Tous les autres pays tireraic:nt de l'opération un bénéfice sans contrepartie de perte. On voit aussi que, si la France prenait l'initiative, en
présentant un programme d'ensemble pour les répar-ations, de proposer
l'annulation, elle bifferait des créances dont le total est élevé.
Mais que pensent les Etats-Unis de l'opération? Il n'est pas douteux
que M. Mellon, secrétaire du Trésor Américain, qui fut déjà notre
avocat devant le Congrès, ne l'approuve. li est vraisemblable qu'il
essaie encore de la faire prévaloir dans son rapport. Il est probable que
le Congrès l'eilt admise en d'autres temps et qu'il eût consenti tout au
moins à retarder considérablement les paiements des premières annuités
qui en 25 ans doivent nous libérer. Mais les Etats-Unis sont maintemmt en temps d'élections. Un tiers du Sénat et toute la Chambre des
Représentants doivent être renouvelés en novembre prochain. Voilà qui
change bien des choses. Le Secrétaire du Trésor annonçait, dés mars
dernier, à ce Congrès que Je-déficit du budget américain pour l'année
fiscale 1922-23 monterait probablement à plus de 484.000.000 de
dollars. Pour combler ce déficit de nouveaux impôts devront donc être
créés. Ceci incline peu les contribuables américains qui ne connaissaient
guère le poids des impôts, il y a dix aos, à faire montre de générosité.
Mais peut-être arriveront-ils à penser que leurs charges seraient moins
lourdes si les affaires marchaient mieux et qu'elles ne marcheront
mieux outre-Atlantique que le jour où elles commenceront à se rétablir
de ce côté-ci.

LA VIE FINANCIÈRE
Le, néceuités du tirage de « La Nouvelle Revue Francais
noua obligeant à livrer .à . l'imprimerie le bulle ti n ci· deuoua quinze
• .e »
jour
s avant son appantton, noua noua bornon, à y insérer d
apercua
d'orient a ti' on geoe
• ·ra1 e. M a11
. notre SERVICE DE REN
es
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EIGNEMENTS FINANCIERS est à la diapoaition de toua no echteura pour tout . ce qui concerne leur portefeuille val
ac eter, à ven dre ou a• conserver, arbitrages d'un titre, c eura
a
tr
autre, placement de fonda, etc.
on e un
A_dresser les lettres à M. Léon Vigneault, 5 , rue de Vienne,
P
VIII
aria,
• Arrondia•ement.

f

~

LA FINANCE

La chute du mark.
Le goU\•emement du Reicl~ et les dirigeants de sa grande industrie et
de s~n gran: com1;1er.ce ont JOUé une partie un peu scabreuse en poussant e mar vers I abime ou en ne faisant rien pour l'empêcher d'
. en F rance une
y
·tomber.
dé I Il semble que l'on commence enfin à se f:aire
; e pus ~xacte du caractère essentiellement factice de l'activ'té t d
a_prospénté que sa dépréciation a amenée outre-Rhin Ce i_ e e
tam ' t
dès
•
·
qui est cer1'Ali ces que,
mam~enant, sa chute vertigineuse a fait plus tort à
emagae que ses défaites tnilitaires, auprès des neutres.
-:'près la guer_re nombre de ceux-ci disaient : l'Allemagne n'est as
v~cue économ1quement; elle reste la plus grande nation du monde _Pen
q~ ques anné7s, e~e mettra tous les peuples dans sa poche ; donc ~ur
1~e fortune, il existe un moyen bien simple : acheter du mark ''t la
uisse all~m_ande, et la Hollande et les Scandinaves, et les Es a ~ois et
les Améncains germanophiles s'étaient bourrés les poches de g k Le
désastre estcomplet et formidable. Jamais ces gens-là ne pardo~!~ont
au~Allemands de s'êtr_e trompé~ si lourdement.
. s Alle1:1and~ ~v~ent aussi pour admirateurs certains inflatioorustes fran~a1s qui d_isa1ent : le Reich nous montre !e chemin, voilà
comment 11 faut faire; que le franc soit plus sérieusement déprécié et
nous pourrons soutenir la concurrence de l'industrie aile
d '
?otre :ommerce d'exportation marchera à pleins carnets et ::ie:~:~
mdustne connaîtra uue pro~périté insoupçonnée.
~eulement on ne transgresse pas longtemps les lois du bon sens. La
baisse du mark est devenue de l'avilissement et il ne pouvait as
être autrement avec une politique financière qui ne songeait ic,iot e~
sa~ r«:1èvement. Et voilà l'Allemagne dans un effroyable marasme ,:
âui· fait que depuis quelque temps, l'on parle beaucoup moins de l'ination comme panacée nationale pour la France.

t

PETIT COURRIER

Daniel à R. - Suis très sensible à vos compliments, et vous conseille
de vous porter acheteur, pour tout votre disponible~ des valeurs métallurgiques que je vous ai indiquées précédemment.
Madeleine D. - Je suis d'avis de ne pas exposer les 400.000 fr. qcie
vous avez disponibles sur une même valeur, mais d'en faire au moins
quatre parts. - Veuillez me donner votre adresse et je vous donnerai
mon avis motivé par lettre particulière.
P. F. 235. - Je vous conseille de vendre ce titre immédiatement.
Très mauvaise affaire. Je vois dans le bilan un compte Marchandises
beaucoup trop chargé et une situation trésorerie gênée.
C. à Montluçon. - Je ue suis pas de votre avis. Cette affaire ne rapporte que 2 o/o d'intér~t, mais ce n'est pas une raison pour vendre
cette valeur. On prévoit une hausse très prochaine sur ce titre.
LEON VIGNEAULT

~

�De mê~e que le boutiquier de Cologne ou de Berlin, l'industriel de
la Ruhr voudrait bien conserver sa marchandise, ses produits et ses
matières premières. Sou minerai, il le voit disparaitre avec regret dans
la gueule du haut-fourneau : à quel cours en rachètera-t-il plus tard, en
France ou au Canada ? Ces poutrelles qui sortent du laminoir, il voudrait bien qu'elles allassent rejoindre d'autres poutrelles semblables dans
le dépôt. Les vendre, n'est-ce _pas se dessaisir de quelque chose de
,c réel » pour recevoir en échange des signes monétaires éphémères ?
Mais il faut qu'il écoule ses produits au plus vite, sinon il risque de rester sans numéraire. Et du numér;iire, il en faut toujours plus ; tous les
dix ou qujnze jours recommencent les nègociations avec le personnel
pour ajuster le barème de salaires au prix de la vie que l'on ne rattrape
pas toujours. Malheur pourtaot à celui qui garde trop longtemps ces
marks qui se déprécient à vue d'œil. Ainsi va la vie sous l'emprise
du nouveau minotaure, l'inflation.
Félicitons-nous d'être à l'abri de ses tentacules. La France garde
l'équilibre. La base de sa richesse est dans la culture du sol et ceci la
préserve des fléaux dont souffrent actuellement les pays essentiellement
industriels. Il y a aussi là de quoi donner à son industrie qui n'est heureusement pas tombée dans la surproduction, des éléments sérieux et
solides d'activité. Le magnifique mouvement de reprise qui s'est produit
ces temps-ci à la Bourse ne fait que traduire l'optimisme que font naitre
les comparaisons que l'on peut établir entre la situation économique de
la France et les difficultés où se heurtent tant d'autres pays dont la prospérité apparente a pu faire illusion à certains moments.
LA BOURSE
L'état d'esprit de la Bourse s'est singulièrement modifié depuis quelques semaines. Alors qu'auparavant les plus minimes des difficultés politiquesinternationales que nous a léguées la guerre lui apparaissent grosses de conséquences fâcheuses, elle ne leur prête plus qu'une médiocre
attention. C'est qu'on s'est avisé à la Bourse, que la crise qui s'était
déchaînée en 1920 est finie et que nous sommes engagés sur la voie du
relèvement économique. Il est donc logique et ·légitime de commencer
~ escompter les conséquences heureuses de ce relèvement. Et c'est ainsi
que, depuis deux mois, s'est déterminé un sérieux mouvement de
hausse.
PETIT COURRIER
Alfred G. - Vous vous êtes fié à un bilan où le Compte Marchandises est encore trop chargé par rapport à la situation financière de la
Société. Il faut vous débarrasser de ces valeurs.
C. R. S. - Je ne vous conseille pas de placer tous vos fonds dans
cette valeur, laquelle est par trop spéculative, il ne manque certainement pas de bons titres appelés à profiter du mouvement de hausse qui
se dessine actuellement en bourse. Je me tiens à votre disposition pour
vous guider dans ce sens.
·
Charles 2 .625. - Je ne vous conseille pas de vendre ces tifres actuellement : je prends bonne note de votre lettre et vous aviserai en temps
utile.
Mil• Jeanne C. - Aucun de vos numéros n'est sorti aux tirages.
LÉON VIGNEAULT

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.

LE

CARNET

DES ÉDITEURS

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LE CARNET DES EDITEURS

HISTOIRE DE MA FUITE DES PRISONS
DE LA RÉPUBLIQUE DE VENISE QU'ON APPELLE
LES PLOMBS

LA VIE FINANCIÈRE

Casanova vieilli et qui perdait sès dents était sans cesse prié
par ses visiteurs de leur conter l'histoire de sa fuite.

Le• néce11ités du tirage de &lt;( La Nouvelle Revue Francaï.e »
nous obligeant à livrer à l'imp,rimerie le bulletin ci-deaaous
jour• avant son apparition, nous nou• bornons à y insérer des
aperçus d'orientation générale. Mais notre SERVICE DE RENSEIGNEMENTS FINANCIERS est à la disposition de tou• nos
lecteurs pour tout ce qui con,cerne leur portefeuilfe, valeur• à
acheter, à vendre ou à conserver, arbitrâge• d'un titre contre un
autre, placement de fond•, etc.
Adresser les lettres à M. Léon Vigneault, 5, rue de Vienne,
Paria, VIII• Arrondissement.

CASANOVA :

I.

Il m'est arrivé cent fois, dit-il, de me trouver après le récit de cette
histoire quelque altération dans la santé, causée, ou par le fort souvenir de la triste aventure, ou par la fatigue soutenue par mes organes en
devoir d'en détailler les circonstances.

Il prit le parti de l'écrire. « Je suis arrivé, ajoute-t-il, à un
âge où il faut que je fasse à ma sa·nté bien d'autres sacrifices. »
Trop d'écrivains écrivent par pur génie ; que ne doit-on pas
espérer de qui écrit par faiblesse, ou par esprit de sacrifice r
Ca:sanova connaît mal le français ; c'est une seconde raison de
l'aimer ou d'attendre de lui des événements vrais, et non pas
précisément faits pour l'éc,riture. Dans sa langue, que d'éclats et
d'éclairs:
Vous verrez que je ne prétends rien ni par mon style, ni par desnouvelles et surprenantes découvertes en morale comme l'auteur que
je viens de nommer 0-·J. Rousseau) qui n'écrivait pas comme on
parle et qui, au lieu de décider en conséquence d'un système., il prononçait des aphorismes résultant d'un enchaînement casuel de ses
chaudes circonlocutions et non pas de la froide raison : ses axiomes
sont des paradoxes iaits pour faire éternuer l'esprit.

Bien des gens se figurent avoir lu l'Histoire de ma fuite, et qui
se trompent. Ils n'en ont lu que la version remaniée, déformée
par quelque professeur de Dresde, que l'on trouve dans les
Mémoires. C'est l'édition de 1787, inconnue, peu s'en faut, en
France, qu'a rééditée M. Ch. Samaran dans la Collection des

Chefs-d'Œuvre méconnus.

1. Un vol. in-16 grand aigle, tiré à 2.500 exemplaires numérotés sur
papier Rur chiffon, de la collection des Chefs-d'Œuvre meconnus(Bossard, éditeur, 43, rue Madame, Paris) : n francs.

quinze

LA .FINANCE
Le Fascisme et les Finances.
Ceux des capitalistes français, et ils sont nombreux, qui ont des
intérêts en Italie et que la dépréciation de la lira, l'effondrement d'une
des plus grandes banques de la Péninsule, la décadence peut-être irrémé.diable que la plus importante fume métallurgique italienne ont si sérieusement touchés, n'ont pas manqué de s'intéresser vivement, sinon aux
défilés des Camicie nère, ni à la grandiloquence parfaitement vide des
discours dont ont tressaj!li des foules trop faciles à émouvoir, du moins
à ce que le fascisme peut apporter de changements dans la situation
économique et financière de l'Italie..
. La lira valait encore 85 centimes au début de 1919, 81 centimes en
janvier 1920; en octobre 1920, elle tombe à 60 centimes, en décembre à 57. A l'heure actuelle elle se tient à 61 centimes, taux qui correspond à un cours de 23 centimes à Genève, E,n somme, la situation ne
s'est pas aggravée de ce. côté.
Mais depuis- deux ans·une crise extrêmement violente s'est ahattue
sur ritalie, crise essentiellement industrielle qui a fourni des éléments
d'abord à un communisme désordonné, avant d'approvisionner de
chômeurs l'armée fasciste.
L'Italie a toujours nourri l'ambition d'être 'une grande puissance
industrielle et il semblait qu'-elle avait réussi, 'suivant son rêve, à édifier
à la fin de la guerre, une superbe industrie métàllurgique. Hélas l
-llédifice ne reposait que sur des fondations d'argile. Lt- fabrication du
matériel de guerre, avec les bénéfices exceptionnels, pour ne pas dire
exorbitants qu'elle comportait, avait seule pu le sout~nir et rémunérer

P. S. - Notre texte, étant parvenu trop tard, n'a pu_être inséré dans le
dernier numéro. Nous nous en excusons bien vivement .auprès de nos
Lecteurs.

�les capitaux énormes qui avaient continué à s'y engouffrer, même après
l'armistice, dans l'espoir chimérique de trouver dans les fabrications du
temps de paix une rétribution aussi large. L'Italie n'a malheureusement
pas de charbon, et avec son change déprécié, celui qu'elle achète à
l'étranger, lui coûte horriblement cher. Le minerai de fer lui-même n'y
est pas assez abondant.
Le fascisme pourra+il relever l'édifice qui s'est écroulé? Il faudrait
évidemment qu'il s'attaquât d'abord au probléme du change, lié à celui
de la dette publique et spêcialement à celui des dettes contractées à
l'étranger. Avant la guerre, la dette italienne n'atteignait pas I 4 milliards
et l'on trouvait déjà ce chiffre élevé, bien que l'Italie nourrisse sur son
territoire une population extrêmement dense de r24 habitants par
kilomètre carré. Au reste, quoiqu'elle ait perdu 560.000 hommes pendant les hostilités, elle est, parmi les pays belligérants, le seul qui soit
sorti de la guerre avec une population supérieure. Mais sa dette est
aujourd'hui de 100 millards de lire environ. Elle doit 13 milliards à
l'Angleterre et 9 aux Etats-Unis. L'Allemagne et les autres puissances
ex-ennemies lui doivent bien, notamment en vertu de l'accord de Spa,
une quinzaine de milliards; mais nous ne savons que trop ce que
valent des cré.tnces de cette sorte.
Il reste à reconnaitre que l'Italie a fait depuis deux ans des efforts
considérables pour équilibrer ses budgets, qu'elle a même été jusqu'à un
impôt très lourd sur le capital. Attendons maintenant le ministère
fasciste à l'œuvre et suivons les cours de la lira.
LA BOURSE
Les changements de cciurs enregistrés à la Bourse durant les dernières
séances, témoignent plutôt de quelque indécision. Outre que les
brusques variations des changes causent un réel malaise, notre marché
se ressent évidemment de la nervosité qui règne au Stock-Exchange de
Londres à la veille d'élections dont l'importance est capitale, non seulement pour l'Angleterre elle-même, mais pour toute la politique Européenne. On attend aussi les résultats définitifs de celles qui viennent
d'avoir lieu aux Etats-Unis et l'on voudrait être fixé. sur la nouvelle
orientation de la politique italienne. Ceci dit, il reste à constater que,
dans l'ensemble, nos grandes valeurs ont conservé une remarquable
résistance en attendant que la reprise générale des affaires dans l'industrie et le commerce, les fasse vigoureusement progresser.
fETIT COURRI~R
C. R. 4021. - Oui, dites-moi exactement quelles sen~ vos disponibilités et je vous indiquerai plusieurs bonnes valeurs -(_actions et obligations) que vous pourrez classer en portefeuille en toute sécurité.
Saint-Brieuc 1905. - Je suis à votre entière disposition pour faire
exécuter vos ordres.
Nouvel Abonné. - Vous pouvez conserver ces valeurs sans crainte,
et attendre patiemment un telèvement des cours, ce qui ne peut tarder
maintenant.
LÉON VIGNEAULT

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                  <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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NOUVELLE

REVUE FRANÇAISE
REVUE

MENSUELLE

DE LITTÉRATURE ET DE CRITIQUE

• .1 I 3 'l

l A)

1

TOME XIX

i

PARIS
3,

RUE DE GRENELLE,

1922

3

�b

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

qu'il y avait à ce que ce droit fût non pas aboü, ~ais au
moins transformé, quand on se représente la mamère de
génie avec qui nous avions affaire en la personne de
M. Lloyd George, on ne peut se défendre d'admirer, comme
M. Poincaré nous y invite, à défaut d'autres qualités, la
ténaci té ou l'obstination qu'ont d'Ô déployer nos plénipotentiaires.
C'est sans doute vers ces mérites, en eux, qui sont essentiellement ceux de notre race, qu'est montée l'approbation
de la Chambre et, dans une certaine mesure, celle du pays.
On a salué en MM, Poincaré et Barthou des hommes qui
n'avaient pas bronché ; on les a regardés avec quelque
chose du sentiment qu'on , éprouv;:iit, pendant la guerre,
pour les mitrailleurs qu! se faisaient tuer sur leur ~ièce . ,Le
côté héroïque, Je côté Cl. quand même &gt;J ou cc iusqu au
bout» de leur attitude a été émouvoir en nous de secrètes
et profondes sources de sympathie.
Mais c'est au moment où ils triomphent ainsi devant
l'opinion et sans attendre celui où ils trébuch_eront, q~'i~
importe de réfléchir, dans l'abstrait (nou-s ne faisons pas 1.:1
de politique proprement dite), sur la valeur de cette attltade qu'ils O!!t prise, sur les chances qu'ont leurs méthodes
de nous tirer de nos embarras, sur les dangers qu'elles
peuvent nous faire courir.
*

*

*

Et d'abord il ne s'agit pas de contester que le seul
moyen que l'homme ait trouvé jusqu'ici d'~bten~ qu.elque
chose est de le vonlo.ir fortement. Il est bien évident que
le ret~ur d'e notre pays à la prospérité économique, iiue la
mise en équilibre de nos finances ne peuvent pas . être
attendus d'une politique de concessions et de com_promis. 1:l'homme qui gouverne une même pensée touiours doit
être présente, une même idée dont il lui faut assurer le
triomphe contre l'inertie ou la résistance des intérêts con-

1.ES DANGERS D'UNE POLITIQUE CONSEQUENTE

7
ttaires. Il funt qu'il conçoive et saisisse l'avantage national
avec une force inéb.ranlable, il faut qu'il en poursuive la
réalisation a'l"ec inflexibilité.
Oui, mais justement il faut d'abord qu'il le conçoive,
qu'il le saisisse: non pas dans son apparence immédiate et
tel qu'il se peint à tous les yeux, mais dans son ess-ence
cachée, dans sa profondenr. La vision politique commence
où finit celle du vulgaire. Le grand homme d'Etat1 c'est
celui qui découvre le sens in évident des événements et qui
y a·dapte sa conduite.
Autrement dit~ à. son -infiexibi::!.ité, au caractère quasihallucinaroii-e que doit prendre dans son. esprit h prém:cupation nationale, il fa:ur que s'ajoute.nt nne grande souplesse d'imagination e-t même, pourrait-on dire,. ane certaine aptitude au tâtonnement. Ceci n'est d'ailleurs pas
une nécessité se.ulemeot e.n politique. Tout cré:tteur,
même d'œuvres ficti-·es, doit réunir en lm-même l'obstination et le renoncement, la certitude et l'ignorance. Ce
qu'il voit, pour le réaliser, il faut aussi qu'il œsse de le
voir, on du moins qu'il se laisse submerger, par instam:ts..,
sous les moyens de le réaliser, jusqu'à pouvoir choisir le
meilleur.
Il y a dans notre. p.olitique. actuelle, telle qu'elle est
menée par M. Poincaré, une fermeté. et une conséquence
indiscutables ; mais purement extérieures, purement formelles, car en quoi consistent-elles, sin.on d.ans l'application
à ne jamais quitter, dans le.s moyens, Ja ligne cuoite ? A
quoi. s'attache l'homme qui nous gouverne sin.on à œ
que, de chaque mesure qu'il prend, nous puissions voir
immédiatement Je rappon direct à ll.Otre intérêt ? Cet
intérêt étant d'ailleurs - c'est ici que caromenceJa folie une fois µour toutes défini, et par le Traité de Versailles l
On reconnaît d'emblée dans que.L sens fonctionne l'esprit
de M. Poincaré ~ c'est uniquement dans le sens d du.ctif.
Ses constructions sont toutes des conclusions, ses inven.tions sout toutes des syllogismes. Dans l'insistance. qu'il

�8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

met à se référer en toutes circonstances au traité, à ausculter, comme il dit lui-même, « la volonté du traité », il
y a sans doute un peu de la religion du juriste pour les
textes écrits, pour la loi, mais il y a aussi le besoin d'une
intelligence qui ne trouve ses aises qu'à partir de prémisses
qu'on lui donne toutes faites. Il y a, hélas ! l'impuissance
'd'un cerveau purement logique à rêver du nouveau et à
l'édifier.
Comment ne voit-on pas qu'une politique efficace doit
être forcément de forme synthétique ? Sa continuité doit
être déterminée non par la ressemblance de chaque mesure adoptée à la précédente, non par son inclusion à
l'avance en celle-ci, mais par l'appel constant de cette
chose informe et sans contenu préalable que Kant appelait un &lt;&lt; principe directeur &gt;&gt;.
Nous agissons comme si la politique était uniquement
« cosa mentale ». Nous dépensons une activité inouïe à
imposer au réel une forme dont il ne veut visiblement pas.
Le sentiment des résistances nous manque absolument.
Nous acceptons l'irrémédiable dans ce qu'il a de plus cruel
et de ·plus révoltant, dans la mort de seize cent mille des
nôtres, mais il ne nous vient pas à la pensée qu'il puisse y
en avoir aussi dans les choses que nous avons à traiter par
nos décisions. Nous continuons à pousser devant nous les
articles de notre droit comme un troupeau à qui nous vou- .
drions faire gravir un mur. Nous n'apercevôns de salut
que dans l'accomplissement de ce que nous avons une fois
clairement conçu. Il faut que les principes que nous avons
fait admettre et contresigner un jour par le monde portent, dans le temps, et à des échéances fixes, les fruits que
nous en avons attendus.
Nous semblons ignorer que les fmits que la politique
tend en général à rêcolter, sont d'un autre ordre que l'esprit,
qu'il faut donc les préparer autrement qu'en les concluant
du droit et de la justice 1 • Nous ne nous rendons pas
I. « La France, nous prévenait l'autre jour brutalement le Daily

LES DANGERS D'UNE POLITIQUE CONSÉQUE1'.TE

9

compte que l'arbre sur lequel ils pousseront nous est extérieur tout entier, qu'il a ses lois de développement et que
la sève y monte et y fleurit en suivant des canaux dont la
nature seule a réglé la distribution. Ce n'est pas en cherchant avant tout à nous maintenir d'accord avec nousmêmes que nous participerons à son épanouissement.
A côté de M. Poincaré, M. Lloyd George prend un air
sautillant dont nous croyons pouvoir nous amuser. Mais à
quoi sert de se tenir comme un bloc face à un avenir qui
ne ·viendra pas ? En dansant, M. Lloyd George atteint à
une autre unité que celle, toute statique, où M. Poincaré
s'obstine ; à une unité plus savante, plus complexe, plus
« objective ». Elle imite la forme de ce qu'il veut conquérir et qui, n'étant pas encore, est forcément multiple et
insaisissable: Bien entendu M. Lloyd George peut se tromper ,et faire certains pas à contre-mesure, mais c'est lui tout
de même qui a le plus de chance, se mouvant le plus, et
le plus rapidement, d'attraper la véritable cadence des
événements.
Nous ne savons pas étudier, désapprendre ; nous n'avons
pas cette patience et cette modestie qui permettent à une
idée fausse ou hâtive de s'effacer devant une expérience
évidente.
Pis encore, aucun de nos hommes d'Etat ne consent à
creuser véritablement le problème qui se . pose à nous. Il
veut que les termes en soient dès maintenant acquis. Or
même pas cela. Un monstre aussi énorme que cette dernière guerre ne peut pas avoir encore déroulé. toute sa
croupe. Pour arriver à le dompter, il faut nous tenir sur lui
aussi sagement que possible, subir tous ses soubresauts,
attendre qu'il ait montré tous ses anneaux.
Nous voulons prendre le départ pour l'avenir en un
point du temps qui ne peut absolument pas servir ~de plateExpress, semble croire qu'elle peut obtenir l'argent dont elle a un besoin
urgent sans acce~ter les points de. v~e de ceux qui ont de l'ar9ent. C'est
une erreur. &gt;&gt; Vo1r le Temps du 9 1um.
·

�IO

LA NOUVELLE REVUE FR.ANÇAISP.

forme. L'année 1919 a été, de toutes ces dernières, la plus
yacillante, celle où,il était le plus impossible de, prévoir la
structure qu'allait revêtir le monde, et donc de lui en
imposer une.
L1. recherche des paliers : voilà quelle devrait être~
pour l'instant, l.a pi;éoccup:ition pr~mière de nos hommes.
d'Etat. Qu'o11t-ils pensé jusqu'ici à utiliser qui §e prése~tait
à eux 'COtnme occasion, ou comme chance ? A quel moment
ont-ils o:;é déwncerter par un peù de pénéltation et de
prévoyance cette opinion publique, qu'ils avaient_ euxµi.êm es, il est vrai, d'abord travaillé à rendre stupide?
Jamais la moindre envie de véritable innovation ne les
a effieurés. Tous leurs mouvements d'énergie ont été pour
reprendre en mains les armes dont ils s'étiient déjà servis
inutilement et pour renou~eler les menàces qui nous
ayaient déjà alién~ les sympathies étrangères.
Ils n'ont jamais cherché que l'assentiment intérieur, le
seul qui compte, il est vrai, au point de vue électoral, mais
celui, auss i, par lequel notre politique peut être le plus
déviée - xéno!}h:obes comme nous sommes - de la communion européenut, sans laquelle nous ne pouvons pas.
vivre.
*
* *
Il y a, en ·général, chez nous tous Francais un terrible
'
'
besoin d'avoir émdemment raison, j'entends : d'une manière
qui permette là. démonstration. Rien n'est plus dangereux.
Ca1: une opinion neuve et féconde , est par essence une
opinion qui n'est pas encore solide, que des quantités
4'arguments peuvent encore -assaillir et même ébranle;.
Nous n'admettons pas le risque d'être mis en éc.he/par
raisonnement. Aussi no1is retirons-nous instinctivement de·
toute conception aventureuse, autant dire ci;éatrice.
C'est ce repliement sur notre prqpre esprit qui m'inquiète; c'est à lui que j'en ai; c'est en lui que· ie vois le·
danger le plus grave que nous courions- à l'heure actuelle~

LES DANGERS D'UNE POLITIQUE CONSEQUENTE

rr

Dans tous les milieux règne ce que je voudrais appeler la
collusion avec soi-même. Nous sommes d'avance d'accord,
et uniquement, avec ce qui prolonge nos pensées, notre
nature, nos désirs. Nous avons l'air de ne plus soupçonner
que le monde puisse avoir ses caprices, contr_e lesquels nous
sommes sans reéours. Et surtout se.s lqis, qu'il nous faudrait deviner.
Nous sommes tout contents des injustices dont nous
pouvons prouver gue nous sommes victimes. C'est leur
mise en évidence seule qui n0us intéresse. Tandis qu'il
faudrait réfléchir et travaiHer.
Où et quand' a-t-on vu q_ue la vertu ait ét.é rémmpensée ?A quel moment la reconnaissance s'est-elle manifestée entre
les nations ? Pourquoi faisons-nous semblant de croire à
toute une pseudo-morale internationale dont nous sommes
beaucoup trop réalistes et sceptiques pour avoir jamais eu la
sottise de nourrir l'illusion?
Mais il faut que -nous ayons raisun, il faut que les autres
aient tort envers 11.011sj il faut, à défaut de celui. qui existe
et où nous nous sentons mal à l'aise, qu'un univers s'organise dans notre. cerveau, ou nous aurons la belle ptnce ; si
ce ne peut être celle de triomphateurs, que ce soit du
moins celle de victimes.
Et ceci serait sans.gravité, étarrt sirn plement humain, si
nous n'en restions là, si notre intelligence er notre industrie
ne se.mblaient s'.épuiser tout entières da'ns cette. fausse représentation.
Aurons-nous su mourir pour o;e pas savoir revivre, c'està-dire nous taire, attendre, ignor-er, pressentir, ruser, chercher l'assiette et nous redresser pen à peu, appuyés aux
autres ?,JACQUES RIVIÈRE

�COMPOUND 300 HP N°

COMPOUND 300 HP N° 243

_ La maison Delambre et Oc, machines à vapeur, envoya
l'été de 1919 l'ingénieur Somin visiter les industriels de
l'arrondissement de Lille et leur offrir les services de la
maison pour la reconstitution de leur force motrice.
M. Sornin fit un triste voyage car il avait l'amour de la
construction mécanique et il vit beaucoup de machines
abîmées. D'une 400 chevaux montée par lui à Armentières
en {909, il retrouva des débris bons pour le cubilotde fonderie. Le massif de soutènement était creusé par les obus.
Il fallait refaire le bâtiment et le matériel :
&lt;c On y arrivera, dit le tisseur Delrue. Puisque je ne suis
pas mort je relèverai tout. Si j'avais été tué, mes fils n'auraient pas renoncé. Préparez-moi un devis. &gt;&gt;
Cette belle volonté, profitable à la maison Delambre et
ü•, ne consolait pas M. Sornin de la destruction d'un travail qu'il avait timt aimé:
« Nous ferons au mieux pour vous, dit-il, à un prix
variable selon celui des matières premières et de la maind'œuvre. Les contrats fermes d'avant la guerre ne sont plus
possibles. Nous corrigeons en plus ou en moins nos factures définitives de o fr. 40 °/o pour chaque variation de
I 0 /o du prix de la fonte hématique; de o fr. 60 °/ 0 pour
le 1 °/o de la main-d'œuvre.
-- Et le délai de livraison ? demanda l'usinier qui
n'avait pas le goût du désespoir.

-

Un an.

-

Je ne resterai pas si longte1nps sans rien faire. Je

243

I _3'

rechercherai les vieux métiers à main, dans les villages.
J'en ferai construire sur ces anciens modèles. U~ charron y
réussit très bien. Je veux être premier à remonter mon
usine et je serai facile sur le prix de ma force motrice si
vous me raccourcissez Je délai de livraison. Mais je ne
laisserai pas mes ouvriers chômer jusqu'à son installation.
Avant la vapeur et l'électricité les hommes ont tissé à
main. Ceux des campagnes autour d'ici n'en ont jamais
complètement perdu l'habitude. Dans le Bailleulais pour
les gros articles, dans le Cambrésis pour les articles fins, on
donnait aux tisseurs à main les plus maunis fils, · car
travailler en usine de la marchandise de dernière qualité
coûte cber. la trame casse souvent, on perd du temps
aux rattachages, la production diminue et les frais généraux restent les mêmes ; tandis que le · temps d'arrêt du
tisseur à domicile ne coûte" rien au patron qui paie au
mètre.
Je vais refaire le vieux métier et donner à tisser à main
du très bon fil pour que beaucoup de métrage tombe vite
du métier et que les ouvriers soient contents. »
·
M. Somin trouvait cela regrettable. Vendeur de machines
motrices il n'aimait que les grandes gesticulations méca:niques. La dévotion aux vieilles formes du travail n'agréait
pas à son amour de construire de grands moteurs. Il plaignait M. Delrue d'être obligé de reve_nir à de si vieilles
-idées.
(&lt; C'est un malheur, disait l'ingénieur, un grand malheur. &gt;&gt;
Il continua sa tournée et vit des usines autrefois animées
par trois cents ouvriers et qui étaient devenues des lieux
sauvages. Il y pénétrait à sa guise. Marchant sur des gravats
mêlés de ferraille, il allait d'abord à la p!ace de la machine. Dans un tissage de toile il tomba deux fois en franchissarrt de hauts décombres. Lui si soigneux de se présenter correçceme;1t vêtu aux clients, se salissait abondamment
par la poussihe blanche du plâtre et celle rouge des.

�14

LA ,N OUVELLE REVUE FRANÇAISE

briques. Des hommes gîtés sous les effondrements ven·aient
lui demander de l'espoir:
cc Ce sera long a vaut de pouvoir tourner ? »
Ouvriers aux métiers actionnés par la vapeur -0u l'électricité, leur force était nulle tant que la poulie n'e11traînait
pas les câbles et les courroies. Privés dn métier à main, leur
œuvre ne commençait que quand la machine· .avait sifflé.
Ils étaient soumis au moteur. Du temps de leur père chacun pouvait remonter le bauant~ le ros et l'ensouple. Le
travail é~air possible en petits abris : la cave,. la soupente.
Aujourd'hui il fallait les murs solides pout soutenir les
tr.ansmissions, -le sol cimenté pour porter les lourds bâtis,
la machine de JOO chevaux pour temuer les arbres et· les
pignons.
M. Sornin prit encore des commandes de réparàtion frde construction neuve. Jamais une tournée ne lui
avait tant rapporté et jamais il n'avait été si chagrin. Il 'finit
par Lille ·où il visita le tissage Vandeckère au faubourg des
Postes. Il y fut ému par le brt1it dé la machine : Compound
300 chevaux, numérotée 243 dans les fabrications Delambre et Ci;,_ M. Sornin monta cornnïe· des màrches d'église
l'escalier de fer strié pour empêcher le gfissement du pied.
Il nota, en tenant la rampe, qu'elle ne vàcillait point, serrée
ferme sur ses barres d'appui et il eut grande joie à voir le
volant noir et la bietle blanche tournet·à 60 tours à la minute.
Il ouvrit la porte vitrée à cadre de fer et, à sentir la douceur du pène et des gonds lubrifiés, il connut qu'il allait
vers un ouvrier très soigneux : Jean Streenkiste, 9.ui avait
49 ans et parla ainsi à l'ingénieur :
cc A._ cette heure je pensais à vous. Je savais que vous
étiez par là.. autour et je me disais : il ne me füra donc point
visite. J'ai eu des rusés avec cette machine. 11 a fallu liwer
aux Allemands les pièces de cuivre du •tissage. Ils les entassaient dans la. cour . . La nuit j'allais reprendre celles de ma
machine et je le"s 110yai~ dans le bassin de la condensation.

COMPOUND 300 BP N°

243

15

Toutl~ fon.d était ple~n de métal graissé. Ce n'était pas
facile d avoir de la gra1sse. Dn distribuait un peu de saindoux
les tartines ; je m'en suis servi pour les coussine_ts et J a1 mangé mon pain sec. Ça éré de la misère. Un
bnn de lard pour manger et rien pour empêcher la machine
~e roJ?~ller. Une piqftre sur les aciers ça. m'enlevait l'appétit. ai essuyé tout le temps. Heureusement les obus n'ont
pas effondré le vitrage : t'humidi.té n'entrait pas.
_Aujourd'.hui on a de l'huile à foison. Quand j'ai tenu ma
burette .fl~me, ce ~ui ne m'était pas arrivé depuis cinq ans
et que J ai pu graisser à plein, j'ai été heureux comme un
homme qui se marie avec une brave fille.
Les Allemands partis, j'ai sorti mes cuivres de l'eau j'ai
nettoyé, j'ai remonté avec deux camarades de bonne ~ ain e; ~ujourd'hui je mets en route pour voir si tout va bien~
J,a1 eu un peu peur' pour les coussinets de volant. Mais il
n Y a pas 'de fau~ ron~; pas de ballant. Le niveau est juste
partom, la machme d équerre et bien à bloc sur son massif
Ils ne l'ont point démesurée. &gt;&gt;
•
M. Sornin prit 1~ bras de cet homme et ensemble ils firent
le tour du grand outil animé de vapeur.
M. ~omin écoutait la mécanique avec tant de science
q~e le Jeu d'un boulon lui était certain avant qu'il ne le
vit re~uer sur sa tige filetée. Le roulement avait ici belle
et plei~e _régu~arité, sans choc ni trépidation. La bielle
~épassait silencieusement le point mort. Dans les palpitations huilées et exactes les soupapes et la pompe émettaient
l:1r. ta?ement ca~en_cé. Les cin~ ~âbles entraînés par la
P ulie a gorge dévidaient et renvidaient leur matière compacte, sans effilochage.

P~?~

c&lt; C'est une bonne machine, dit l'ingénieur. Vous vous
r~ppelez comme M. Vandeckère fut difficile pour la réception · II. vou 1ait
· un contrat dur, avec de fortes pénalités. Nous
gara11 t1ss10ns
·
300 chevaux de puissance normale avec
vape
'
'
. ur a 12 kil ogs, surchauffée à 300 degrés, et condensat1on ; une consommation de 4 kilogs 3 5 par cheval-

�16

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

heure, et un coefficient d'irrégulanté de 1/150° au volant.»
Le machiniste Streenkiste passa sur le bâti le déchet d'essuyage:
« Je me suis donné du mal pour elle, mais aujourd'hui
j'ai du plaisir. &gt;&gt;
Devant la blancheur du revêtement céramique des murs,
ses mains huileuses qui avaient tout fait luire étaient les
seules choses sombres de cette salle étincelante d'amour.

BIBELOTS
_}

PIEE.R~ HAMP

L'épagneul de Copenhague
Et le lion de Saint-Marc
Font joliment bo1i ménage
Sans se piquer dH mime art.
Oh, joliment sur ma table
Totis les animaux que j'ai,
C'est la nature ! A l'itage,
Il y a d'autres objets.
Connaissez., 1nes je.unes filles,
Ces plus hautes figurines,
Cette madone aux Jeux lour~s
Et ce Silène au, cœur sombre
Qui m'attriste q11and je songe
A 111es premières amours.

** *
Oui, cette innocence agile
Qui ta vertu déroba,
Elle eût charmé, j'imagine,
Les me,ssietirs della Robbia.

�r8

LA NOUVELLE REVUE FRAN ÇA ISE

BIBELOTS

19
*
* *

Ce petit enfant fragtlç
En sa ronde nudité,
L'amorino, tu le giffies
Pour, le grondant, l'exciter.

Tai, si tout le ciel embrase
La chair blonde du. coteau,
Tu devitres ivus limflrage
Le sourire d'un oiseau.

Or, séduite par sa grâce,
En riant tu le regardes :
Sais-tu bien ce que tu jais ?

Habitude, mon extase,
IYun tendre geste moqueur,
Ecarte la main brutale
Qui se'pose !ur.,tôn.cœuf"f

\?t
Parfois, ce p_etit voit rou,ge _:
.
Crains ses rigue]trS _s'il'nf trouve ,;
Ni pendule ni buffet.

J

.

'

r
Oh, que de dou;leur abonde,
Pour ne point nous enrichir,
Sous un crâne qui se bombe
A force de réfiécbi1~f
~~

,

-_,fi' :)!J µ, ,,',

Doucement gue ~l on.- s a.muse~Et_ le plaisir dissimf!]e
L' ~nfvers ,tragldien 1
~

L,

l

I,.; ••

~ ~

~

';!

,.MÉUO.T DU

-

Et bientôt, de par le monde,
Je le dis en vérité,
Il n'y aura qrte ·des mottstrts .
Doulottreux d'énarmi"ti.''

.,J

,

L',unij;_ers sans irnf!Ort~nce.
Pg1ir une;âme,biqJ portanJe
Ppu.r un-wrpJ_quifqime-~ien-_.r:.

-, t·

.

...

-:

·D

Ou qui préfère la simple
Assur"1nce d'unt' guimpe
A tau t autre ganfletnent ?
Ou le penseur au,x •mains: vidés
Qui jiwile-s'il avise v, .
Un sein mod&amp;t&amp;et charma-n.t.?

J?--Y

�L'EXTRA

L'EXTRA

A Isidore Ducass,.

Si le ·vent qui descend en vrille à_travers les arbres de
Marruor Island, après avoir balayé le duvet que l'enfant
de l'aigle abandonne dans l'aire suspendue au rocher branlant qu'escalada jadis, ses os qu'a-t-on fait de ses os blancs,
le _brave, le vaillant Eugène Demolder, vient hypocritement caresser, le front plissé et l'œil oblique, le gazon qui
dévale de la fontaine des Trois-Culs à la maison de
Dolorès - quel nom venez-vous de prononcer ? - interrogez-le sur la veuve du calfat, et vous verrez ce qu'il vous
répondra. Le gazon, du moins, se souvient. C'est plutôt à
lui qu'il faudra adresser votre anxiété qui n'est pas seulement de la gorge, mais aussi de la poitrine, que dis-je, de
la poitrine? de l'esprit. Qu'on me pardonne d'emprµnter
au langage de la philosophie (lapin rouge et vulgaire) ce
mot vague qui désigne avec précision une réalité si élémentaire que le premier damné charretier de ma connaissance
ayant essuyé du revers de la manche son nez morveux et
puant l'alcool n'aura pas l'idée de la ·mettre en doute. Vous
voyez bien.
J'ai vu dans la rue Lepic trois hommes qui ne me
parurent pas être des princes déguisés. On leur avait
èoupé le nez pendant la guerre de 1914-18. Ils n'en avaient
pas honte. Le plus jeune tenait dans sa main gauche une
fleur de rhubarbe. Eh bien, je suis au regret d'avouer que
le gazon de Marmor Island avait honte, lui. Il rougis~t

2 I.

comme une simple carotte et le voyageur, qui avait un
instant posé sa besace pour calmer d'une main fraîche et
bienfaisante les démangeaisons de son épaule, où en
étais-je ? se croyait en automne. Ne t'arrête pas, passant à
la barbe de trois jours, malgré la sueur de ta chemise et les
cloches de tes pieds : crois-moi, tu le regretterais. C'est id
que Dolorès avait attiré Eugène Demolder le soir funeste
qu'à l'auberge du Cygne-décoré la chance se montra si
_défa:orable à Victor le bancal, contrairement à ce qui
aurait pu se produire si la sagesse des nations avait été
autre chose qu'une laveuse de vaisselle amoureuse d'un
officier du génie. La perversité de cette femme, Dolorès 7
sera facile à mesurer. Elle avait prévu la faiblesse du solitaire, le triomphe des yeux noirs, l'électricité qui ne prend
pas naissance seulement, comme le croient d'absurdes
professeurs de physique encore mal versés dans la science
qu'ils enseignent déjà, par le frottement de la peau d'un
chat contre un bâton d'ébonite. Elle avait choisi ce lieu
pour le ruisseau qui le traverse en charriant de petits bouts
de bois, quelques mouches d'eau, des cotons de peuplier,
~~ la mousse et d'autres matériaux légers, qui respirent
1mnocence. Pendant ce temps dans la cale du A mort les
tyrans quel monstrueux amour unissait l'horrible mari de
la volage Dolorès et ce pauvre adolescent dont le nom n'a
pu parvenir à mes oreilles tant les éléments déchaînés
avaient pitié de sa réputation. li s'était engagé comme
mo~sse à bord du Les Aristocrates a la lanterne parce- qu'il
avait cru les paroles doucereuses des mappemondes et la
chanson monotone des voiles. Et maintenant ... si comme
on l'~s~ure de pareilles scènes se reproduisent chaque jour,
le m101stre de la Marine devrait s'émouvoir. Que pensezvous de Dieu, hublots impassibles, qui regardez à la fois
les hommes et les poissons ?
Eugène Demolder regagne sa cabane, la veste sur le
bras, le cœur occupé de Dolorès. Hélas ! il a perdu la
sauge bleue de la chasteté, et il ne lui accorde pas même

�22

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAI&lt;E

une pensée. Il se trouve :heureux comme il est. Pauvre
idiot. Le bancal, 'que fait-il dans tol!t ça? 11 se mouche.
Il est assis -dans ia maison de Dolorès .e ntre le pot de
verveine et le calentlrier des postes et télégraphes. Sa maîtresse tarde à rentrer. Voici l'impudique. Elle pousse un
cri en reconnaissant Victor. Elle le croyait _au jeu. Il la
regarde dans les yeux. L'image tl'Eugène Demolder n'en
était pas encore tout à fait effacée. Mais ie . bancal ne
reconnaît pas sorr rival. C'est alors que le vice à la
h1ngue de salpêtre fait son _apparition entre' les. poutres du
plafond, et .descend familièrement s'asseoir sur les épaules
du couple maudit, qui se livre prè:i du foyer éteiot à des
jeux qui feraient baisser les yeux au di.a.hle s'il était de oe
monde. J'aurais voulu que ma nourrice vît ça. Un petit
enfant gémit dans la pièce voisine-: Dolorès ignore le nom
de son père.
Tandis qu'Eugène Demolder court la montagne à
cueillir · l'edelweiss, s'il y a une fleur diabolique c'est
bien celle-là, pour orner le corsage de sa bien-aimée,
Monsieur et Madame Demolder ses parents meurent de
dénüeJ.ent et de chagrin_. li n'a p.as pu suivre le double
convoi, Eugène, son amante rieuse avait ce jour-là envie
de danser. On dirait un opéra-comique. Voici que la
femme adultère montre à Victor une lettre •du calfat.
Victor, &lt;}Uoique .qu'il ne sache pas lire, fait semblant de
suivre par de-ssus l'épaule sur laquelle il pose -son menton
mal rase. Ses bras enlacent la taille .de Dolorès, et ses
mains jointes s'exercent à la pratique démoralisante du
tournement des ponces. Je sens qu'il va arriver malheur à
quelq1.-r'un :

Ma chère Doloress.e,
Quand le temps n'est pas beau, ii est qn[ain. Le plus salaiul,
test les lames de fond. Je r01ûe partout dans l' mnbre des cales
un million de pensées pour toi : comme des cigarettes Dix pour
les jambe,, dix tit de'I.Jines, dix pour lés yeux, je tr1Juve toujouu

L'EXTRA

quelque chose pour dix de pl'llS. Toutes lis fois que je fais
/:amour~ je rne dis si Doloresse était là. Maintenant c'est av.ec un
mmme qui ne voulait pas les premtëres fois: ça a bien changé.
Je le pends par un pied avec une corde, et hop vas-y l Sa
boucht dtvien-t viol~tte. Il y a des jours, il m'inquiète : il me
promène ses cheveux, tu croirais de la soie, -sur le visage, les
mains, le corps. Puis ~a face semble envahie Pflr la nuit tout
d'un conp. C'est drdle. Nous ferons escale bientôt dans u.n pays
_ où on a des fermiles pour 11n timbre poste. C'BSt là que tu pourrais t'en payer. La cargaison, on mconte que n01is portons des
oranges. Tu, goûtes la plaisanierie. Le mousse a un c-orps
blanc, blanc, blanc. n pw·aft que c1est bientqt( l'élection dtt Ptésident de la République -en France. Les jo1.1 rnaux vont être intéressants. Je ne vois rien d'autre à te dire. Je t'embrasse comtne
au pays des neiges, dans les temps, tu sais. Ton mari dévoué,
Félix Covenol.
Quand la femelle .du hibo-u, après avoir :visitéminutieu.,.
sement les brins d'herbe des clairières et le sol trompeur
des marais, i.ent en battant doucement des ailes, comme
une porteuse de pain, retrouver ses petits dont la voix
depuis des heures n'a plus retenti à ses oreilles, et pour
cause: car le nid a été arraché, emportés les enfants et le
hibou, lettr père; quand_la femelle du hibou .après avoir
vainement cherché son- repaire est obligée de constater
l'étendue de son ma1heur; et ce n'est pas tout de suite
qu'elle y consent, elle s'élèv-e èn gémissant entre les arbres
plus hant qué ne le veut la coutume de~ hibou.,x. Elle suit
les regards de la lune -et descend en tournoyant jusqu'au
vantail d'une porte de ferrue et elle reconnaît son mari,
sur lequel les chrétiens des campagnes ont cru venger la
mort du fils de leur dieu : eh bien, que croyez-vous
qu'elle fasse? Va-t-eUe chanter une romance et mettre une
rose rouge dans ses cheveux? Va-t-elle passer ses mains
aux crèmes et faire de ses griffes des joyaux pour Ja peau
des hommes? Va-t-elle s'enivrer sur des lits de dentelle,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tandis que de jeun\s écervelés se traîneront à l'ombre de ses
caresses, n·t-elle s'enivrer avec le jus des raisins de œtte
province des Gaules où il y a encore quelques églises à
détruire pour la prochaine occasion, va-t-elle s'enivre,jusqu'à enlever sa robe, jusqu'à la jeter à terre sans égard
pour le prix, jusqu'à oubli.cr de la plier soigneusement
con11ne chaque soir, jusqu'à danser, danser, danser, dans
les désirs, le tabac et les verres cassés? Non bien entendu.
La loi de la gravitation universelle a été, dit-on, battue
en brèche. Quel malheur qu'il ne se soit pas trouvé là un
photographe muni de plaques anti-halos ! Ecarquillez vos
yeux, je puis vous montrer un spectacle qui ne -le cède en
rien en grandeur à cette bouffonnerie métaphysique. Une
sage prudence avait toujours retenu la mère du bancal
dlenvoyer le petit Victor à l'école. Mais elle n'avait pas
prévu, la vieille paysanne, la science de Dolorès et les
vices du calfat t Voici que les paroles écrites font sourdement leur chemin dans les veines de l'infirme au teint de
pruneau. Il promène sa folie dans les champs de cerisiers
en fleurs et ses lèvres saignantes répètent : Blanc, blanc,
blanc. Les nuages sont des corps de jeunes hommes balancés par le tangage. Victor râpe la paume de ses mains
wntre l'écorce des arbres. Vôilà quinze ans qu'il n'avait
pas chant~: il émet un son rauque et prolongé comme
celui que pousse le taureau qu'on a tenu enfermé tout
Yhiver quand s'ouvre devant lui la première prairie et qu'il
découvre dans l'herbe la puissante foulée des troupeaux. Il
court. Il s'arrête un instant pour cracher. Cependant sur
1a place du viflage, on vend à l'encan le mobi.lier d'Eugène. L'an.noire, la huche et le reste se changent ainsi
dtvant l'église, ne sonnez pas si fort, en une paire de
boucles à'oreilles en strass er en un foulard de couleur.
Puis le colporteur s'éloigne avec son balucho!l vert sur
l'épaule.
Quel est cet homme qui vient de débarquer dans l'île?
Il porte des chemises molles et ses cheveux sont bleus

L'EXTRA

comme de l'encre. Il passe au milieu des enfants qui
jouaient, il sourit au petit Erik, puis à lui-même. On le
voit traverser tout à coup les places. Dans 1-a campagne on
le rencontre immobile dans des lieux sans découvert: il
ne semble pas rechercher les points de vue. Dolorès
attend le bancal à la fontaine. Il lui dit son secret. Elle
frémit d'aise. Un projet vient de s'étirer dans sa poitrine et
se prolonge jusqu'à ses lèvres. Par-dessus les barrières le
couple regarde d'un air hagard des poulains se poursuivre
en se mordillant. A l'infini les rayons parallèles enfin se
touchent . .Pour la commodité de la perspective l'infini se
figure dans un coin des feuilles à dessin qui servent aux
enfants des écoles à représenter d'après le plâtre l'esclave
de Michel-Ange, ce scandale vivant. Mais suivez les pensées
jumelles des amants de Mannor Island : leur point commun n'est pas comme vous pourriez le croite cette
pâquerette aux bords légèrement rehaussés de pourpre. Ce
n'est pas non plus leur point de départ. Etrangers l'un à
l'autre, ils ne se réunissent encore une fois que par leur
désir, que par l'objet de leur désir. Et comme celui-ci est
tranquill~ dans la huné où il se repose, les manches
retroussées, un bras entourant son front, l'autre main
accrochée à un cordage qui va se baigner dans le ciel:,
tandis que l'air du large et le soleil se félicitent de caresser
une chair tentante sans tomber ni l'un ni l'autre dans le
péché mortel ! Brave Eugène Demolder, pourquoi lances-tu
contre le plafond de la cabane tes naïves chaussures ?
Voici ce qui s'était passé: comme il portait à sa maîtresse
les bijoux payés avec ses meubles, Eugène surprit par la
fenêtre la coupable intimité du bancal et de Madame Covenol. Dans un café du port, l'inconnu observe Eugène
qui s'enivre. Puis il donne un peu de monnaie pour se
retirer avec une grande fille pâle qui a envie de pleurer.
Le calfat Félix rêve dans les flancs du navire. Il sait
enfin ce qui se passe pendant le baiser sur la bouche, ce
Toyage extraordinaire au pays du cotai! et des poissons

�LA NOUVELLE REVUE T'RANÇ&lt;'\;SE

lumineux. Il sera empereur des Iodes. Il est empereur
des Indes et roi d'Aµr:ore. Auroi:e est une ville à
la peau douce, aux mœurs faciles, qui. glisse dans un
décor de palmes. Une bafque au milieu. des joncs.
Que dit la reine ? C'est le grand évencril qui souille,
qui caresse. Réveil. Encore toi. Dans huit jours nous
.serons à Marmor Island, je t'emmène. C'est ma femme
qui l'aura voulu. Elle parle avec Victor qu,elque part
dans l'île tandis qu'Eugène -caché dans un arbre les -épie.
On voit passer l'inconnu qui herborise. Il cherche de
.grandes fleurs laides, les examine à. la loupe et les met avec
satisfaction daus la boîte de fer peint qu'il porte en ban.doulière. Le µ1otme Adolphe a fini par aimer son maître
et c'est à lui qu'il pense en se, lavant les dents. L'homme
,qui fuit tourner les étoiles quand sa main me frôle seulement. A'h ! il n'y a· pas de marguerite à effeuiller sur les
bateaux.
Le soleil qui vient de se lever, si on en cmit les apparences, éclairera le débarquement du calfat et ce qui va
s'en suivre. Il y a nans le port une maison qui s'éveille
.avant les autres. Une ménagère commence à laver à grande
eau le carrelage de la ·cuisine qui,forme des trèfles à qu::itre
feuilles. A qui cela portera+il bonheur ? ~Ailleurs une
,servante d'auberge enlève de ses cheveux les brins de
paille échappés de son traversin. Mais c'est. im couteau
que soupèse Eugène~ Brave, honnêté Eugène~.. je n'ai pas
i.e ternps de teiaire la, morale. Dolorès dort comme une
enfant. Sur le .pont, Félix astique ses boutons .et Tegarde
Adolphe qui s' étîre. Le· bancal inspecte a.vec minutie le
&lt;:anon de son fusH de chasse. Un visage a passé derrière la
fenêtre. Victor ouvre la. porte. Personne : c'est sioguiier.
La petite fille qui pendant v des he1.ues et des heures,
asske au pied des grands tournesols d~ns le jardin.familial, a enfilé des p-erles sur un coton noir, en prenant
garde à alterner régulièrement les couleurs, bleu, jaune,
blanc, vert, mauve, orange, bleu, jaune, blanc, tout à coup

L'EXTRA

27

voit au milieu de son long travail deux perles blanches
~ôte à côte. Elle rompt le coton de dépit, les pedes se
répandent, elle pleure. La chèvre vient pour jouer avec la
fillette, elle écrasedes perles et tout est dit.
V.ers quatre heures de l'après-midi, quel temps_ magnifique, Do1orès, debout sur le seuil de sa demeure~ jouit
:atrocement du drame qui tourne déjà autour de son
:Sourire. Comme elle hume l'air, comme elle fredonne
gaiment! Elle a croisé ses mains derrière sa nuque. Sur
une route, la fureur du calfat. Sur une autre, la ter..reur .du
mousse. Les chemins de l'île ne s'ennuiront pas ce soir.
Encore l'éclair d'-t.m fusil dans les broussailles. L'inconnu
'sort du Cygne- décoré, Tu as bien choisi ton moment,
Eugène (par.donnez-moi, je ne peux pas m'empêcher de
v0us tutoyer), pour venir faire des reproches à celle qui se
rit de toi . Elle t'offre à boire. Ne lorgne pas ainsi sa
gorge, malheureux. Une caresse a mison de tout. Contre
-qui arme -t~on cette main, qui ne songeait qu'à tordre un
poignet de femme? Transparent index de Dùlorès qui
montre le ,s entier de fa, montagne. Où est le bancal ? J'ai
entendu des cris, j'ai trrn Feconnaîtte la voix d'Adolphe.
Des tilles passent en chantant, elles se tiennent par }a
taille, et ceH-es -des bouts jouent avec leur tablier. Qu'y at-il de rouge sur cette feuille ? Qu'y a-t-il de gémissant
près de la fontaine? Je te l'avais bien dit, voyageur. Quel-ques mouches volent. Ce bruit et -cette flamme, j'ai déîà vu
.des coups de feu sur les images. Sur un tas de pierres est
~is l'inconnu : du bout de sa canne il dessine dans la '
poussière le sexe de l'homme .et- celui de 1a femme . II se
lève et parle au cantonnier qui pour lui répondre a -remonté
sa visière. Les genêts fleuriront tant qu'il y aura des amOUe
1'eux. dans Ie .monde. Dans les genêts fleuris de la mon..
tagne, Félix: est accroché par- la mort. Les horrible'5 bles::sures. La tête est presque détachée du tronc, le corps est
tailladé en plus de trente endroits. Une petite fleur }&lt;!Une
-est tombée mélantoliquement dans la plaie du cou. J'ai vu

�28

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

œ couteau dans les mains d'Eugène. Eugène.! l'écho seul

répond : Gène ! La balle est entrée dans le dos ( on avait
fait une croix dessus) et il est tombé de haut en bas dans
la carrière. Pauvre, pauvre Eugène Demolder, maintenant
ron corps n~est plus qu'un petit bouquet de giroflées au
milieu des sikx. C'était bien la peine. Tu ne faisais pourtant pas mal dans le paysage avec tes petites moustaches.
noires cirées. On n'en parlera plus.
Autour d'un billard déjà fatigué, il y a longtemps qu'un
maladroit paya soixante francs cet accroc qui laissa dans le
drap la première cicatrice angulaire, la caissière, le patron
du 'café, deux ou trois habitués, dont l'un tient son demi
pour l'empêcher de s'envoler, le partenaire souriant, les
adversaires impatientés, un sol.dat qui ne porte plus sa pipe
à ses' lèvi:es, elle va s'éteindre, contemplent animés d.e
sentiments divers le joueur heureux qui fait une série. Où
trouver le bancal? C'est à son tour. cc D'où viens-tu
déguenillé, Adolphe ? &gt;) demande Dolorès, mais le mousse
livide secoue sa tête plejne de l'agonie épouvantable de
l'infirme, et ne répond pas. Il regarde ses mains griffées, et
les éloigne de ses yeux. Je commence à comprendre la
joie des animaux qui rampent dans .la terre meuble.
Encore un carambolage : dans la pièce à côté, le petit
enfant de Dolorès gît étouffé dans son berceau. Il ne connaissait pas le genou qui opprima sa poitrine. Mère infortunée, comment ne pas la plaindre ? Le châtiment est trop
fort. Ah oui -? observez plutôt Dolorès: elle s'en fout
comme de l'an quarante. Elle attire Aqolphe dans ses bras,.
ses doigts fouillent les déchirures des vêtements, et voilà la
mécanique encore une fois remontée.
Av9ez-vous entendu craquer des branches? Comme les
.genêts les primeroses sont jaunes. Au catéchisme on me
donnait comme preuve de l'existence de Dieu la danse des
moustiques ::i,u-dessus des marécages : contre toute vraisemblance ces bestioles ne s'embrouillent pas les pattes. Le
mystérieux étranger entre dans la cabane de Dolorès et

L'EXTRA

29

surprend les embrassements de la femme et de l'enfant.
(&lt; Je sais tout», dit-il, et les nouveaux amants tremblent.
Cette fois, cette fois, voici donc la punition du ciel. Pas du
tout. Il y a, Dieu merci, des gens qui sont hors de la
portée de votre Dieu. Avez-vous vu Dolorès, comme elle
est belle avec ses cheveux défaits? L'inconnu rassure le
couple, il commence à se déshabiller, il dit son notn :
Ludovic. Adolphe et Dolorès échangent un long regard.
Ludovic écarte les draps, et glisse son corps froid et mince
entre les deux corps chauds qu'il caresse et qui dans la nuit
tombante, toutes les plantes de l'île se sont raidi'es et les
însectes se sont retournés sur leur dos, se mettent tout à
coup à hurler de plaisir.
LOUIS A RAGO'N"

�J

LA COiqfESSîON DE.i STà VR.OGUINE.

LA CONFESSION DE STAVROGUll'IE

JI

- Comment esH:;,e indifférent ? Pourquoi ? s'écria en
se redressant brusquem:eht Stayroguine. Ce n'est pas du_
to,u.r la même cho!ie. Ah! en votre quaJit;,é de rooi11e ·vous
soupçonnez im)Jiédiatemeni: _la., plus affreu,9e vilenie. ·Les.
n1oin~s fer.aient des jtiges d'.instruction idéaux.
Tikhon le rega,i:d&lt;i eri sile.nce..
- Calmez-vous, œ n'est pas ma. faute si la fülettefut
sotte et ne me comprit paSc. .IL n'y .eut neri. Rieu du

tout.
CHAPITRE IX
CHEZ TIKHON

(Suite)

Il y avait en tout cinq feuillets ; l'un était entre les rnai~s.
de Tikhon qui venait de le lire; la dernière phrase n'était
pas achevée. Les quatre autres étaient aux ma1?s de Stavroguine qui attendait, et en ~éponse au reg~rd mterrogateur
de Tikbon lui remit immédiatement la smte.
- Mais cette phrase non plus n'est pas complète, dit
Tikhon en examinant la fouille. C'est le troisième feuillet,
et il nous faut le second.
- Oui, c'est le troisième; quant au second ... L!; second
est censuré en attendant, répondit rapidement Stavroguine
en souriant gauchement. Il était assis sur un coin du ~ivan
et fiévreux, immobile, ne quittait pas des yeux T1khon
pendant sa lecture.
·_ Vous le recevrez tantôt, quand... quand vous en
serez digne, ajouta+il avec un geste qui voulait être familier. Il riait, mais faisait pitié à voir.
~ Pourtant, au point où nous en sommes, le deuxième
feuillet ou le troisième · - n'est-ce pas indifférent ? fit
observer Tikhon.
1.

Voir la Noitvelle Re'/JUC Franfaise du

1er

juin.

- , Grâce à Dieu l Tjkbou -se signa.
·- C'est long "à e:X:pliqûer.,. il y eut ici... il 'Y .eut un
malentendu psychologique.
Il rougit t_out à coup. Le .dég®t; l'ango.isse, fo désespoir
se .reflétèrent .sur .son visagt .. ILse tut. Ils ne se regardaient
plus. et le s.ilence tégna: ~entre eux plus d'une minute.• ·
- Vous sayez, :il vaut mieux que '!OUS _lisiez, prononça.
machioalem_en ~ -Sta vrdgufüe e.n- essu yah t a 'leè ses doigts
l;t'sneur froide quL·Jrenipa.it son front. ~Et.., le mieux. s~rait
que vous ne me-regardi_ez pas du tou.t..-v Il 1ne semble que
ciest un rêve ... Et... n'épuisez~pas. ma patience, .aiouta-t-il
tout bas.
Tikhon détourna rapidement les yeux, saisit le _troisième feuillet et se ipif à. lire sans plus "iàtrê_ter jusqu'à
la fin, Dans les ti:ois feuillets que lu-i avait i;em;is Stavmguine rien plus ne manquait·;, le troisième, débutait
ainsi : .
, ~ ,~
·
&lt;, ••• Ce .fut un instant pe teneur :véritable"' bien .que poinrtrès intèns_e, J'étais très gai ce matin-là et très bon pour
tous et ma bande était fort satisfaite- de moi .. Mais- je les
quittai tous et allai à la_ Go..rokhovai:a.. _ Je la rencontrai
en bas, dans l'.entrée . .Eile œvenait d'une boutiq~e; au on
l'avait: envQyée achetei: dt la ~hi_corée. En me Jvuya:nt eUes'élança dans J'.escalie.r e-n proie à _une peur terrible. Cen'était même- pas, de ,la peur,. màis une terreur muette,
paralysante. Quand j'entrai, sa mère la frappait &lt;c pour s'être
jetée-dans la chambre tête baissée. » Ainsi ·elle puli cacher

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LA NOUVELL-E REVUE FRANÇAISE

la vraie cause de sa terreur. Tout était donc encore tranquille. Elle se terra dans un coin et ne se montra pas
.durant tout le temps que je passai dans la maison. Au
bout d'une heure je sortis. Mais le soir j'eus peur de nouveau, et beaucoup plus fort cette fois. Le plus pénible
pour moi dans cette peur était que j'en avais parfaitement
conscience. Je ne connais rien de plus stupide et de plus
atroce. Jamais jusque-là je n'avais connu la peur et jamais
depuis je ne l'ai plus ressentie. Mais à ce moment-là j'avais
peur, je tremblais mètne. J'en avais parfaitement conscience ainsi que de mon humiliation. Si j'avais pu, je me
serais tué, mais je ne me sentais pas digne de la mort.
D'ailleurs, ce n'est pas pour cette raison que je ne me suis
pas tué, mais à cause de cette même p-eur. On se rue
parfois de peur, mais il arrive aussi que de peur on continue à vivre. L'homme commence par ne·pas oser se tuer
et l'acte ensuite devient impossible. De plus, le soir, chez
moi, je ressentis une telle haine contre l'enfant que je
résolus de la tuer. Dès l'aurore je courus cette jdée en tête
à la Gorokhovaïa. Je me représentais tout en marchant
comment je la tuerais et comment je l'outragerais. Ma
haine s'excitait surtout au souvenir de son sourire : un
mépris s'élevait en moi, et un dégoût immense pour la
manière dont elle s'était jetée à mou cou, s'imaginant je
ne sais quoi. Mais en traversant la Fontanka, je me sentis
mal. En même temps, une nouvelle idée surgit en moi,
terrible, et d'autant plus terrible que j'en avais conscience.
Revenu chez moi, je me couchai, frissonnam: de fièvre et
en proie à une terreur telle que j'en venais à ne plus haïr
l'enfant. Je ne voulais plus la tuer, et c'était justement la
nouvelle idée dont j'avais pris conscience en traversant la
Fontanka. Cest alors que je compris ,pour la première
fois qu.e, lorsque la peur est extrême, elle chasse la
haine et même tout sentiment de vengeance contre l'offen•
seur.
Je me réveillai v.ers midi, relativement dispos et

LA CONFESSfON DE STAVROGUINE

33

m'étonnant même de l'intensité des sentiments que j'avais
éprouvés la veille. J'eus honte d'avoir voulu tuer.J'étais pour~ant de t~auvaise humeur et malgré toute ma répugnance,
Je fus obligé de me rendre à la Gorokhovaïa. Je me souviens que j'aurais beaucoup désiré à ce moment avoir une
querelle avec quelqu'un, une querelle vraiment sérieuse.
Mais en entrant chez moi à la Gorokhovaïa, j'y trouvai
Nina Savélièvna, la femme de chambre, qui m'attendait
déjà depuis une heure. Je n'aimais pas du tout cette fille
et elle était venue avec une certaine appréhension, craignant de me déplaire par sa visite. Elle venait toujours
avec cette crainte. Mais je fus très heureux de la voir ce
qui la mit dans le ravissement. Elle n'était pas mal ; de
plus elle était modeste et possédait ces bonnes manières
que les petits bourgeois estiment particulièrement ; c'est
pourquoi ma propriétaire m'en faisait depuis longtemps
grand éloge. Je les trouvai toutes deux, en train de
prendre du café et ma propriétaire enchantée de l'agréable
conversation. Dans un coin de l'autre chambre, j'entrevis
Matriocha : elle était debout et dévisageait fixement, en
dessous, sa mère et la visiteuse. Quand j'entrai, elle ne
se cacha pas comme elle l'avait fait la fois précédente, et
~e s'enfuit pas. C'est un point que je me rappelle bien, car
J en fus frappé. Je remarquai seulement à première vue
qu'elle avait fortement maigri et qu'elle semblait avoir la
fièvre. Je fus très caressant avec Nina et elle me quitta,
~on heureuse. Nous sortîmes ensemble et pendant deux
)Ours je ne retournai plus à la Gorokhovaïa. J'en avais assez
. . '
,
mals Je m ennuyais.
.
Enfin, je résolus de terminer tout en une fois et de
quitter même Pétersbourg s'il le fallait. Mais quand je
~1e rendis à la Gorokhovaïa pour y annoncer mon départ,
Je tr?uvai ma propriétaire en · grande peine et en grand
émoi: Matriocha était malade depuis trois jours et délirait
toutes les nuits. Naturellement je demandai tout de suite
ce qu'elle disait dans son délire (nous causions tout bas
3

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

34

dans ma chambre). Des choses terribles, me murmura la
mère : « J'ai tué Dieu
Je proposai d'amener un médecin à mes frais, mais elle refusa : c&lt; Dieu nous aidera, .cela
passera de soi-même ; d'ailleurs elle n'est pas couch~e tout
le temps; tantôt elle a fait une course dans une boutique._ &gt;&gt;
· Je résolus de voir Matriocha seule et comme ~:1 pro~nétaire avait laissé échapper dans la conversatrnn quelle
aurait à aller dans le faubourg, je décidai de revenir le soir.
Je ne savais d'ailleurs pas au juste pomquoi ni ce que je

,i.

voulais faire.
Je dînai au restaurant, puis à cinq heures et qu~tt je
revins. J'entrais en tout temps grâce à ma clef. Matnocha
était se~le; elle était couchée derrière un paravent sur le
lit de sa mère et je remarqu.ii qu'elle avançait l.i tête p_our
voir mais elle ne fit semblant' de tien. Les fenêtres étaient
ouv~rtes ; l'air était chaud, même brûlant. Je fis quelques
pas, puis je m'assis sur le divan. Je ~e souviens de to:1t
jusqu'à! la dernière minute. Je ressentais une gran?e sa_tis:
faction de ne pas parler avec Matt'iôcha et de la faire ams1
lang01r, je ne sais pas pourquoi. J'attendis une heure
entière et tout à coup je l'entendis se lever brusquement
derrière le paravent. J'entendis le ch0cdesesdeu1e p~edssur
le plancher, quand elle ~e leva, puis quelq~es ~as _raf1des, et
elle apparut sur le semi de ma chambre. J étais s1 lache que
fétais heureux qu'elle fût entrée la première. Oh t comm_e
tout cela était vil, et comme j"étais humilié t Elle se tenait
debout et me regardait en silence. Depuis le jour où je
l'avais vue pour la dernière fois de près, elle avait en
effet extrêmement maigri. Son visage était comme desséché et son front était certainement brûlant. Ses yeux ,
agrandisr me dévisageaient avec une curiosité hé?étée,
me sembla-t-il d'abord. Je restai assis et la regardai sans
bouger. Et de nouveau je ressentis de la haine. Mais
bientôt je remarquai que Matriocha n'avait nullement
peur de moi et que probablement elle délirait. Mais non !
ce n'était pas non plus du délire. Elle se mit tout à coup

LÀ CONFESSION DE STAVROGUINE

35

à hocher la tête comme le font, pour adresser un reproche,
les gens très naïfs et q11i n'ont pas ·de manières; puis elle
leva subitement son petit poing et m'en menaça de loin.
Au premier moment ce geste me parut ridicule, mais je
ne fus plus en état de le supporter ensuite ; je me levai
brusquement et m'approchai d'elle, épouvanté. Son visage
exprimait un désespoir pénible à. voir dans un être si petit ;
elle continuait à me menacer du poing et à hocher la têt_e
avec r eproche. Je lui adressai la. parole prudemment, tout
bas, avec douceur, car j'avais peur, mais je vis immédiatement qu'elle ne pouvait me comprendre et ma terreur
s'en accrut. Mais elle se couvrit rapidement le visage de
ses deux mains, comme l'autre fois et alla vers la fenêtre
en me tournant le dos. Je me détournai alors moi aussi
et m'assis près de la fenêtre. Ji: ne pem;: pas du ' tout com-'
prendre pourquoi je ne sortis pas et restai là à attendre ;
j'attendais donc vraiment quelque chose. Il aurait pu se
faire que je demeure longtemps assis à cette place, puis,
que me levant, je la tue, par désespoir, pour en finir d'une
façon ou d 'une autre.
Bientôt j'entendis de nouveau ses pas précipités ; elle
sortit par la porte qui donnait sur une galerie en bois par
où l'on atteignait l'escalier. Je m'approchai rapidement
de la balustrade et pus encore l'entrevoir qui pénétrait
,dans un petit réduit, sorte de poulailler, qui se trouvait
.à côté d'un autre endroit. Quand je me rassis, près de la
·fenêtre, une idée étrange se glissa dans mon esprit : je ne
peux pas comprendre encore maintenant pourquoi ce fut
justement cette idée-là plutôt qu'une autre qui m'apparu t la
première; tout convergeai t donc vers cela. Il était évident
que je ne pouvais pas encore y croire, cc et pourtant ... )&gt;.
Je me- souviens parfaitement de tout; mon cœur battai t.
Au bout d'une minute je regardai de nouveau ma montre
et constatai l'heure exacte. Qu'avais-je besoin de savoir
l'heure ~i justement ? -- Je ne sais pas; mais il y avait, à
.ce momeut, en moi une volonté générale de tout observer;

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

je me rappelle donc très bien tout et je1 vois en pa~ticulier descendre le crépuscule. Une moucue bourdonnait
autour de moi et venait continuellement se poser sur mon
Yisage. Je l'attrapai, la tins quelgues instants entre ~1es.
doiats et la laissai s'échapper par la fenêtre. Un camion
pén°éna avec grand bruit dans la cour. Un appre~:i tai!lcur chantait à pleine gorge ( depuis longtemps dép) pres.
de sa fenêtre, dans un coin de la cour. li travaillait et_je
pouvais Le Yoir de ma place. Il me vint à l'esprit que pmsque personne ne m'avait rencontré lorsque_ j'a,•ais traY_ersé
la cour et monté l'escalier, il valait certamement mieux
qu'on ne me rencontrât pas ~on plus à
sortie ; , a~si
écartai-je prudemment ma chaise de la fenetre t:t _m assisje Je telle façon que les voisins ne p~ssent 1~1e vo1~- ~h !
que c'était donc lâche ! Je pr!s un l1v~e, ~u1s le re1eta1 et
me u1is à su ivre, sur une femlle de geranmm, les démarches d'une minuscule araignée rouge ; je m'oubliai pendant un instant. Mais je me souviens aujourd'hui de tout,.

1:

jusqu'au dernier moment.
.
. .
Je tirai brusquement ma montre. Il y avait déjà vingt
minutes qu'elle était sortie. Mais je résolus d'atte~dre
encore- exactement un quart d'heure. Je me &lt;lonna1 ce
temps. Il me vine aussi à l'esprit qu'el~e a~•ai~ p~ rentr:r et
que je ne l'avais pas eut:ndue. Mais c était ~'.11po~s1ble.
Il faisait maintenant un silence de mort et J aurais pu.
entendre voler la moindre mouche. Tout à coup mon
cœur se remit à battre. Je regardai ma montre: il manquait encore trois minutes ; je restai doue assi_s, bien q~e
01011 cœur battît à me faire mal. Je me levat enfin, 1111s
mon chapeau, boutonnai mon paletot et examinai la
chambre : n'y laissais-je aucune trace de mon passage ?fapprochai la chaise de la fenêtre e~ la plaçai t:~actement
à l'endroit qu'elle occupait à mon arrivée. J'ouvns la_ ~ort~
enfin, la refermai doucement avec ma clef et me dmge~l
,·ers le réduit à provisions ; la porte en était fermée, n~atS
non à clef; je le s.1 mis bien, mais ne Youlus pas l'ouvnr;.

t.A CONFESSION DE &amp;TAVROGUINE

37

je me soulevai sur la pointe des pieds et regardai à traYers
une fente gu'il y avait dans le haut de la porte. Dans
l'instant même où je me dressais ainsi sur la pointe des
pieds, je me souvins que lorsque j'étais assis près de la
fenêtre et regardais la petite araignée rouge, pendant cet
&lt;mbli d'un instant, je me représentais en réalité que je me
dresserai sur la pointe des pieds, que je regarderai à travers la fente comme je le faisais maintenant. Je cite -~
détail parce que je veux absolument démontrer à quel
point j'étais en possession de mes facultés, et que, par conséquent, je ne suis nullement fou et dois répondre de mes
actes. Je regardai longtemps par la fente, car il faisait sombre
dans ce réduit ; pas complètement cependant ; si bien
,qu'enfin je distinguai ce qu'il fallait ... Je me dis alors qne
je pouvais partir et je descendis l'escalier. Je ne rencontrai
personne ; personne donc dans la suite ne put déposer
contre moi . Trois heures plus tard, chez moi, nous jouions
tous aux cartes, en manches de chemise, en bnvant du thé.
Lébiadkine lisait des vers, racontait toute1: sortes d'histoires
et, comme par un fait exprès, des choses très drôles, au lieu
des bêtises, dont il nous abreuvait d'habitude, Kirilov était
là aus.si. Personne ne buvait, bien gu'il y eût une bouteille
~e rhum sur la table ; seul Ubiadkine lui fit honneur.
Prokhor Malov observa: &lt;( Quand icolaï Vsièvolodovitch
est content et de bonne humeur, nous sommes tous gais,
dans notre bande, et parlons bien )L Je remarquai cette
phrase ; c'est donc que j'étais gai, content, de bonne
humeur et disais des choses amusantes. Mais je me souviens que je savais parfaitement que ma joie d'être délivré
reposait sur une lâcheté infâme et que plus jamais je ne
pourrais me sentir noble, ni sur terre, ni dans une autre
vie, jamais. Autre chose encore : je réalisais en cet instant
le proverbe juif: « Ce qui est à nous est mauvais mais n'a
pas d'odeur. » J'avais bien conscience d'être un misérable,
mais je n'en avais pas honte, et dans l'ensemble, j'en souffrais peu. C'est à ce moment, tandis que je buvais du thé

�LA ~OU\.ELLE REVUE l'RANÇAISE

et bavardais avec ma bande, que je pus me rendre compte
très nettement, pour la première fois de ma vie, que je
ne comprenais pas et ne sentais pas le Bien et le Mal; que
non seulement j'en avais perdu le sentiment, mais que le
Bien et le Mal, en soi, n'existaient pas (cela m'était fort
agréable), n'étaient que des préjugés, que je pouvais certainement me libérer de tout préjugé, mais que si j'atteignais à cet~e liberté, j'étais perdu. Je pris conscience de
tout cela pour la première fois, en une formule nette,
devant cette table à thé, pendant que ie plaisantais et riais
avec mes camarades je ne sais même plus à propos de
quoi . Mais je me souviens de tout. Il arri;e souven: que
de vieilles idées que tout le monde connait, apparaissent
tout à coup neuves, originales, même après cinquante années d'existence.
Cependant je ne cessais pas d'attendre quelque chose.
Et en effet, yers onze heures du soir, je vis accourir la
fille du concierge que m'avait dépêchée ma propriétaire
de la Gorokhovaïa pour me dire que Mattfocha s'était
pendue. Je suivis la fillette et pus constater que ma pro:
priétaire ne se rendait pas compte elle-même pourqum
elle 'm'avait fait venir. Elle sanglotait et criait comme
foot ces sortes de gens en pareil cas. Il y avait du monde,
des agents de police. Je laissai passer un moment, puis
je sortis.
.
On ne vint guère me déranger pour cette affaJXe ; on
me posa pourtant quelques questions. Mais je déclarai
seulement que l'enfant avait ét€ maùide et avait eu le
délire et gue j'avais proposé de faire appeler le médecin à
mes frais. On me parJa aussi du canif: je racontai que ma
propriétaire avait. fouetté- sa fille~ mais que cela n'avait
aucune importance. Persouoe ne .sut que j'étais revenu le
soir. L'affaire finit donc ainsi.
Pendant une semaine entière je m'àbstins de retourner
à la Gorokhovaïa et je n'y passai enfin que pour r~ilier
ma location. La propriétaire continuait à verser des larmes

LA CONFESSION DE STA VROGUINE

39

( et je me souviens que cela me fut désagréable), mais elle
s'occupait déjà de nouveau de son travail de couture.
« C'est à cause de votre canif que je l'ai offensée »-, me
dit-elle, sans grand reproche. Je réglai mes comptes avec
elle sous le prétexte qu'il ne m'était plus possible désormais de recevoir Nina S&lt;!vé-lièvna dans leur logement.
Au cours de nos adieux, elle me dit encore beaucoup
de bien de Nina Savélièvna. Je lui fis cadeau de cinq
roubles en plus de ce que je lui devais pour la chambre.
A cette époque je m'ennuyais à mourir. Le danger
passé, j'aurais tout à fait oublié l'affaire de la Gorokhovaïa, comme tous les événements de cette période, si
de temps en temps je ne m'étais souvenu avec rage de la
terreur que j'avais ressentie. J'épanchais ma rage sur qui se
présentait. C'est alors que l'idée me vint - mais sans motif
aucun - de gâcher ma vie de la façon la plus bête possible. Un an auparavant ie songeais à me faire sautei; la
cervelle; un autre moyen se présentait, bien meilleur.
Un jour, en voyant Marie Timoféèvna Lebiadkina, la
bancale, qui vaquait à son service dans la maison, l'idée me
vint d'en faire ma femme. Elle n'était pas encore tout à
fait folle, mais c'était une idiote toujours en extase et
mes camarades avaient découvert qu'elle m'aimait secrètement à la folie . L'idée d'un mariage entre Stavroguine et
cet être infirme excitait agréablement mes nerfs. On ne
pouvait rien imaginer de -plus ridicule, de plus stupide.
Mais je ne peux pas arriver à savoi.r si ma décision fut
déterminée, ne fût-ce qu'inconsciemment (inwnsciemrpent,
c'est certain), par la rage dont m'avait empli contre moimême la vile crainte que j'avais éprouvée dans faffaire
avec Matriocha. Je ne le pense ·vraiin-ent pas. En tout ~as
ce mariage ne fut pas seulement le cc résultat d'un pari
conclu après un_dîner largement arrosé. i&gt; Les cc témoins »
furent Kirilov et Piotr Verkhovensky, alors de passage à
Pétersbourg, puis Lebiadkine 1-u.i-même et Prokbor Malov
(aujourd'hui décédé). En dehors de &lt;:eux-là, personne ne

�LA NOUVELLE RE\'UE FRA}.ÇAISE

sut rien, et ils me promirent sur l'honneur de se taire. Ce
silence me parut toujours une vilenie; mais jusqu'ici le
secret n'a pas été trahi, bien que j'eusse l'intention de
déclarer tout; je le déclare donc maintenant. Après le
-mariage je me rendis chez ma mère, à la campagne. J'y
allais pour me distraire, car la vie m'était insupportable.
Dans notre ville je produisis l'impression d'un dément, et
cette impression a persisté jusqu'à aujourd'hui, ce qui
peut m'être très préjudiciable, ainsi que je l'expliquerai. Je
partis ensuite pour l'étranger où je passai quatre ans.
J'ai visité l'Orient; j'ai assisté sur le mont A rhos à des
services religieux qui duraient huit heures, j-'ai été en
Egypte, en Suisse, en Islande même; j'ai su ivi pendant
une année les cours de l'université de Goettingen. Pendant la derniè~e année de mon séjour à l'étranger je fus à
Paris l'ami d'une famille russe très haut placée et, en
Suisse, de deux jeunes filles russes. De passage à Francfort il y a deux ans, je remarquai à la devanture d'une
papeterie, parmi diverses photographies, le petit portrait
d'une fillette, élégamment habillée mais qui ressemblait
be 4ucoup à Matriocha. J'achetai immédiatement le portrait
et, de retour à l'hôtel, je le plaçai sur ma cheminée. Je
restai sans y toucher pendant toute une semaine, je n'y
jetai même pas un regard et lorsque je quittai Francfort,
j'oubliai de le prendre avec moi.
Je cite ce fait pour montrer jusqu'à quel point je pouvais dominer mes souvenirs et combien j'y étais insensible. Je les repoussais tous à la fois, en masse, et toute
leur masse disparaissait immédiatement dès que je le
voulais. Cela m'ennuyait toujours de me souvenir du
passé et je n'ai jamais pu causer longuement du passé
comme presque tout le monde le fait. En ce qui concerne
Matriocha, j'allai jusqu'à oublier son portrait sur la cheminée.
Il y a eu un an au printemps, comme je voyageais en
Allemagne, je laissai passer par distraction la station

LA CONFESSION DE STAVROGUINE

où je devais descendre pour prendre une autre ligne.
Je m'arrêtai à la station suivante ; il était trois heures
de l'après-midi, la journée était claire. C'était une
toute petite ville allemande. On m'indiqua un 11ôtel ;
il fallait attendre: le train suivant ne passait qu'à onze
heures du soir. J'étais content de cette petite aventure,
car rien ne me pressait. L'hôtel était mauvais et petit,
mais tout entouré d'arbres et de parterres de fleurs. On me
donna une chambrette étroite. Je dînai bien et comme
j'avais passé toute la nuit en chemin de fer, je m'endormis
très profondément à quatre heures de l'après-midi.
Je fis un rêye complètement inattendu pour moi, car
jamais jusqu'alors je n'en avais fait de tel. Il y a au
musée de Dresde un tableau de Claude Lorrain qui figure
au catalogue sous le titre d'Acis et Galathée, je crois; moi
je l'appelais, je ne sais pourquoi, !'A ge d'or. Je l'avais
déjà remarqué depuis longtemps, mais je l'avais revu
encore, en passant, crois ou quatre jours auparavant.
C'est ce tableau que je vis en rêve, non · comme un
tableau pourtant, mais comme une réalité. C'est un
coin de l' Archipel grec: des flots bleus et caressants,
des îles et des rochers, des rivages florissants ; au loin
un panorama enchanteur, l'appel du soleil couchant ...
Les paroles. ne peuvent décrire cela. C'est ici que l' humanité européenne retrouve son berceau ; ici que se
déroulèrent les premières scènes de la mythologie; ce fut
son vert paradis. Ici vécut une belle humanité. Les
hommes se réveillaient et s'endormaient heureux et innocents; les bois retentissaient de leurs gaies chansons; le
surplus de leurs forces abondantes s'épanchait dans
l'amour, dans la joie naïve. Le soleil versait ses ray_ons sur
ces îles et sur la mer, et jouissait de ses beaux enfants.
Vision admirable ! Illusion splendide! Rêve le plus impossible de tous et auquel l'humanité a donné toutes ses
forces, pour lequel elle a tout sacrifié, au nom duquel on
mourut sur la croix, on tua les prophètes, sans lequel

�42

LA NOUVELLE REVUE F.RANÇAlSB

les _peuples .oe voudraient pas vivre, sans lequel ils ne voudraient même pas mourir. Dans mon rêve il me semhla
vivre tant cela; je ne sais pas exactement ce que je vis,
mais les rochers, la mer, les rayons obliques du soleil
couchant - tout cela il me semblait encore le voir quand
je m'éveillai et ouvris les yeux, pour la première fois dema vie, littéralement trempés de farmes. La sensation
d'un bonheur encore inconnu me traversa le cœur; j1en
eus même mal. C'était déjà le soir; à travers la fenêtre de
ma petite chambre, à travers la verdure &lt;les fleurs qui
garnissaie11t la fenêtre, le soleil couchant dardait un faisceau oblique d'ardents rayons et me baignait de lumière .
Je refermai rapidement les yeux, comme pour essayer
d'évoquer encore une fois le rêve disparu, mais soudain je
distinguai, au milieu d'une lumière vive, très vive, une
sorte d'image_et tout à coup je vis très distinctement la
petite araignée rouge . Je la reconnus, immédiatement,
telle que je l'avais contemplée sur la feuille de géranium
tandis que le. soleil couchant déversait ses rayons obliques .
Quelque chose d1aigu pénétra en moi; je me soulevai et
m'assis sur le lit ( voilà exactement comment les choses
passèrent) .
Je vis devant moi (Ob! pas réellement! si seulement
cela avait été une vraie hallucination l), je vis Matriocha.,
amaigrie, les yeux fiévreux, exactement telle -qu'elle était
lorsq1l'elle se tenait sur .le serri.l de ma chambre et, hochant
1a tête, me menaçait -de son petit poing. Et rien jimais ne
me parut si douloureux. Pitoyable désespoir d'un peti t
être impuissant, à l'intelligence encore informe et qui me
menaçait ( de quoi ? que pouvait-il me faire ?) mais qui
certainement n'accusait que lui-même. Jamais jusque-là
rien de semblable ne m'était arrivé. Je restai assis toute la
nuit, sans boug.er, ayant perdu la tiotion du temps. Est-ce
là ce gu'on appelle des remords de conscience, le repentir? Je l'ignorais et ne le sais pas encore aujour&lt;l'hui.
Il se peut que, même encoi::e maintenant, le souvenir

se

LA CONFESSION DE STAVROGUDŒ

4~

de mon action ne me paraisse pas r.épugnant. Il se peut
même que c~ s~uv:nir contienne encore en soi quel~ue chose qm sat1sfait mes passions. Non, ce qui m'est
10Supporta_ble, c'est uniquem.ent cette vision, et justement
sur le seml, avec son petit poing levé et mena-ça.nt· rien
~ue l'as~ect qu'elle avait à cette minute, rien q:e cet
ms_tant, nen gue ce hochement de tête. Voilà ce que je ne
puis supfoner; car depuis lors elle m'apparaît presque
~haque Jou~. Elle n'apparaît pas d'elle-mê::ne, mais je
l évo~ue et re ne peux pas ne pas l'évoquer et je ne peux
pas vivre avec cela. Oh ! si je pouvais la voir une fois
réellement, au moins eu haUucinationJ
J'ai d'autres vieux souvenirs encore, peut-être encore
plus beaux que celui-là. J'ai agi plus mal encore avec une
femme et elle en est morte. J'ai tué- en du l deux bom.mts.
qui ne m'avaient rien fait. J'ai été uoe fois mortellement
offe□-sé et je. ne me suis pas vengé de man ennemi. J'ai
sur l.a conscience un empoisonnement yrémédité et qui
réussit; personne n'en sait den.
(S'.il le fa.ut, je donnerai des précisions), mais pourquoi
donc aucun de ces souvenirs n'éveille-t-il en moi rien de
semblable? Une simple haine peut-être~ d'ailleurs surexcit~,e pa~ ~a situation présente et qu'auparavant j'éau:tais
et ron.bliai.s avec le plus grand sang-froid.
J'errai toute une année après cela, essayant de m'occuper. Je sais _que je peux. encore écarter l'image cle 1a petite
filJe quand Je te vo_u drai. Je suis entièrement maître de ma
vol~nté, comme précédemment. Ma:is toute la question
est Jastemeo~ que je n:ai jamais ,·oulu l.e faire, que dans, le
fond d_e m01:même J:e ne le vemr pas et que je ne Le
voudrai. pas ; Je le sais .tr.ès bien. Cela durera ainsi jusqu'â.
ma ~l~e comp!ète. En Suisse, d ux mois plus tard, je
réussis _a deve111r .amoureux d~une jeune fille, ou plutôt je
ressentis de nouveau un de ces accès de passion, un de
ces élans fous semblables à ceux que j'avais connus dans.
ma première jeunesse. Je me sentis tenté par un nouveau

�44

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.crime, la bigamie (puisque j'étais déjà marié), mais je pris
la fuite sur le conseil d'une autre jeune fille à laquelle je
m'étais presque entièrement confessé. D'ailleurs, ce nouveau crime ne m'aurait nullement délivré de Matriocha.
C'est pourquoi je résolus de faire imprimer ces feuillets et
&lt;le les introduire en Russie au nombre de trois cents
exemplaires. Quand le moment arrivera, je les enverrai à
la police, aux autorités locales; je les ferai parvenir en
même temps aux rédactions de tous les journaux avec
prière de les publier, ainsi qu'à mes nombreuses connais-sances à Pétersbourg, dans toute la Russie. Ils paraîtront
également en traduction à l'étranger. Je sais qu'il est probable que je ne serai pas inquiété par la justice ou qu'en tout
cas je ne le serai que peu sérieusement. Je m'accuse moimême et n'ai pas d'accusateurs. De plus, il n'y a pas de
preuves, ou très peu, en tout cas. Enfin, il y a ceue opinion
très répandue concernant le dérangement de mon cerveau
et il est certain que mes parents feront tous leurs efforts
pour profiter de cette opinion et éteindre ainsi toute pour1:
suite judiciaire dangereuse. J'annonce cela, entre autres
raisons, afin de prouver que je suis en possession de mon
intelligence et que je comprends ma situation. Il y aura
pourtant ceux qui sauront tout et qui me regarderont, et
je les regarderai aussi. Ei plus ils seront, mieux cela
vaudra. Est-ce q-ue cela me soulagera? Je l'ignore. C'est
ma dernière ressource. Encore une fois : si l'on cherche
bien dans les archives de la police de Pétersbourg, on
découvrira peut-être quelque chose. Ces petits bourgeois
sont encore à Pétersbourg, peut-être. On se rappellera
-certainement la maison: elle était bleu pâle. Quant à moi,
je ne m'éloignerai pas et, pendant un an ou deux encore,
ie demeurerai aux Skvoréchniki, propriété de ma mère. Si
.on l'exige, je me présenterai où il faudra.
Nicolaï STAVROGUINE.

LA CONFESSION DE STAVROGUINE

45

III
La lecture dura près d'une heure. Tikhon lisait lentement et relisait peut-être même certains passaaes. Depuis
l'interruption qu'avait provoquée le feuillet O qu'il avait
retenu, Stavroguine était resté assis, immobile, silencieux,
appuyé au dossier du divan et paraissant attendre. Tikhon
ôta ses lunettes, tarda un instant, puis jeta un regard
indécis sur Stavroguine. Celui-ci tressaillit et d'un mouvement rapide en avant se pencha.
- J'ai oublié de vous prévenir, prononça-t-il d'un ton
brusque et sec, que toutes vos paroles seront vaines ; je ne
modifierai pas mes intentions ; ne perdez pas votre peine
à me dissuader. Je publierai cela.
Il rougit et se tut.
- Vous n'avez pas manqué de m'en prévenir, avant la
lecture.
Il y avait une certaine irritation dans le ton de Tikhon.
Le &lt;&lt; document » avait évidemment produit sur lui une
forte impression. Son sentiment chrétien avait été blessé et
il y avait des moments où il ne pouvait pas se contenir. Je
remarquerai à ce propos que ce n'est pas en vain qu'il
avait acquis la réputation &lt;c de ne pas savoir se conduire
avec le public&gt;&gt; comme disaient de lui les moines. Malgré
tout son esprit de charité, une véritable indignation se fit
entendre dans sa voix.
- Cela ne fait rien, continua Stavroguine d'un ton
co~pant et sans remarquer le changement qui s'était produit c~ez Tikhon. Quelle que soit la force de vos argum~nts Je ne renoncerai pas à mes intentions. Remarquez
qu au moyen de cette phrase habile - ou malhabile,.
comme vous voudrez - je ne songe pas du tout à provoquer_ vos arguments et vos prières. En prononçant ces
derniers mots, il eut un ricannement.

�LA NOUVELT.E XEVUE FRANÇA lSB

Il n'est pas en mon pouvoir de vous réfuter et surtout
de vous demander de renoncer à votre décision. Votre
intention est très noble et il serait impossible de mieux
exprimer une idée véritablement chrétienne. La pénitence
ne peut aller plus loin : ce serait une action admirabJe que
de se punir soi-même, comme vous le projetez, si seule-

ment ...
- Si?
- Si c'était \1éritablement une pénitence) si c'était réeJlement une idée chrétienne.
- Finesse, que tout cela, murmura Sta.vroguine, pensif
et distrait; il se leva et commença _à parcomir la chambre,
sans même remarquer ce qu'il faisait.
- Il me semble que vous avez voulu vous représenter
exprès plus grossier que vous ne l'êtes, que votre cœur ne
désire l'être, fit Tikhon avec plus de franchise.
- Me représenter ? Je ne me &lt;c représentais)&gt; pas et,
surwut, je ne iouais pas:« plus grossier» ? Qu'est-ce que
cela veut dire « plus grossier &gt;l ? - Il rougit de non,·eau et s'en sentie fâché : je sais que c'est nn fait pelit,
insignifiant, misérable, dit-il en indiquant les feuillets,
mais &lt;l a.e sa petitesse même serve à approfondir ... Il
-s'arrêta soudain comme s'il avait honte de continuer et
considérait comme humiliant de se lancer dans des explications; mais en rnême temps il se soumettait douloureusement, encore qn'inconsciemment, à 1a nécessité de rester
pour s'expliquer. Il est à remarquer que pas on mot ne fut
prononcé au sujet de ce qu'il avait dit précédemment quant
à la cobfiscation du second feuillet; ce feuillet paraissait
:rvoir été oa.blié aussi bien par l'un que par l'autre. Stavroguine s'était arrêté près de la table à écrire; il y prit un
petit crucifix en i,·o.rre, conunenç.-i à lt&gt; faire tourner entre
ses doigts et tout à coup le brisa €Il deux. Surpris, il
reviat à .lui et jeta à Tikhon un regard perplexe, mais
soudain sa lè rn supérieure trembla, comme s'il avait reçu
une offense et comme s'il se pré.parait à lancer 110 défi :

LA CONFESSION DE STAVROGUlNE

47

-:- Je supposais que vous me diriez quelque chose de
sérieux. C'est pour cela que je suis venu 7 dit-il à mi-voix.
-eomme s'il tendait toutes ses forces pour se contenir .
jeta les débris du crucifix sur la table.
'
Tikhon baissa rapidement les yeux.
- Ce document exprime directement le besoin d'un
cœur mortellement blessé; est-ce ainsi que je dois Je
comprendre ? dem.inda-t-il a ec insistance et presque
avec ardeur. Oui, c'est le besoin naturel de pénitence • il
s'est e~paré de vous. La souffrance de l'être que v~us
.avez often~ vous ~ frappé à tel point que c'est pour vous
une question de vie ou de mon : il y a donc encore de
l'espoir pour vous et vous suivez maintenant la vraie voie en
vous préparant à accepter devant tous le châtiment de la
home. Vous vo1:5 adressez .au jugement de l'église, bien
que vous ne croyiez pas en l'église.

il

-~st-ce q_~e i,e comprends bien? Mais il semble que vous
~a1ssez déJa. da vanc~ e.t q.ue vous méprisez tous ceux qui
liront ce qm est écnt la; 11 semble que vous leur jetez un
défi.
- Moi ? Je jette un défi ?
- Vous n'avez pas eu honte de confesser votre crime •
pourquoi avez-vous honte de faire pénitence ?
'
- Moi ? J'ai honte ?
vous avez honte et vous avez peur.
- J a1 peur ! Stavrogui11e eut un rire convulsif et de
nouveau sa lèvre supérieure rrembJa.
- Qu'ils me regardent, dites-vous. Mais vous-même,
co~ment les regarderez-vous? Vous attendez déjà leur
hame pour l~ur répondre par une haine plus grande
enc~re. Certains passages de votre confession sont encore
soulignés par votre style. Vous avez l'air d'admirer votre
psychologie et vous profitez des choses les plus insignifiantes pour étonner le Iect-eur par votre insensibilité par
YOtr
.
·
'
D'
e cynisme qw peut-être n'existent même pas en vous.
un autre côté, les mauvaises passions et les habitudes

- ?~i,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

qu'engendre le désœuvrement vous ont en efièt rendu
insensible et bete.
- La bêtise n'est pas un vice, ricana Stavroguine en
pâlissant.
- C'est un vice parfois, continua Tikhon, ardent et inexorable. Blessé à mort par la vision qui se tient sur votre
seuil, vou~ ne semblez pourtant pas voir, dans ce document, en quoi consiste votre crime et de quoi vous devez.
être honteu:x devant les hommes dont vous demandez le
jugement : est-ce de votre insensibilité dans le crime ou ·
de la terreur que vous avez ressentie? A un certain moment
vous vous empressez même d'assurer votre lecteur que le
geste de menace de la fiUette ne vous semblait plus drôle,
mais mortel. Mais est-ce que véritablement il a pu vous
paraître drôle, ne füt-ce qu'un instant ? Oui, il vous a
paru rel, je le certifie.
Tikbon se tut; il parlait comme quelqu'un qui a renoncé
à se contenir.
- Parlez, parlez, le pressa Stavroguine. Vous êtes irrité
et vous me grondez. Cela me plaît de la part d'un moine.
Mais voilà ce que je vous demanderai : il y a déjà dix
mii1utes que nous parlons depuis cela (il montra les feuillets) et bien que vous m'injuriez, je ne vois en vous aucun
signe spécial de dégoût, de hontt ... vous n'êtes pas dégoûté
et vous parlez avec moi comme avec votre égal.
Il ajouta cela en baissant la voix et les mots « comme
ayec votre égal » parurent jaillir de ses lènes sans qu'il
y eût songé. Tikhon le regarda attentivement.
- Vous m'étonnez, dit-il après un silence, car vos
paroles sont sincères, je le vois, et dans ce cas ... c'est moi
qu i suis coupable vis-à-vis de vous. Sachez donc que j'ai
été désagréable avec vous et dédaigneux, mais que dans
votre soif de pénitence, vous ne l'avez même pas remarqué,
bien que vous ayez remarqué mon impatience que vous
avez appelée gronderie. Mais vous vous considérez vousmême comme méritant un mépris infiniment plus pro-

-1-9

LA CONFESSION DE STAVllOGUINE

f?nd et ,vos paroles : « comme avec un égal, ii, bien qu'elles
aient eté prononcées involontairement sont de belles
paroles. Je ne vous le cacherai pas · el1e m'e' pou vante,
cette grande force inutile qui ne cherche à se déployer
d
d
. c .
C
que
ans es 101am1es. e n'est pas en vain qu'on se transforme en étranger : un châtiment poursuit tous ceux qui
se détachent du sol natal : l'ennui et l'oisiveté les assaillent même s'ils recherchent l'action. Mais le christianisme
ad_met la responsabilité, quel que soit le milieu où l'on vit.
Dieu ne vous a pas privé d'intelligence ; réfléchissez
vous:°:ême : si vous pouvez vous poser la question :
« sms-J~ ou non responsable de mes actes ? » c'est donc
~écessa1rement qu~ vous ~tes responsable. Il est imposs1bl_e que la tentat10n ne s mtr-0duise pas dans le monde
mais, malheur à celui par qui elle s'introduit. D'ailleurs'
~n ce qui concer~e vo~re... faute, beaucoup agissen~
..omrne vous avez fait, mats continuent à vivre dans la paix
et le calme, e~ vo~t jusqu'à considérer ces fautes de jeune~~e ~omme mév1tables. Il y a des vieillards qui exhalent
déJa 1odeur du tombeau, mais qui pèch&lt;mt et qui se
consolent avec enjouement. Le monde est rempli de ces
horreurs. Vous, au moins, vous en avez ressenti toute la
profondeur; à un tel degré c'est extrêmement rare
- N'allez-vous ~as vous_ mettre à me respect~r après
la lecture de ces femllets ? ncana Stavrognine. Vous ... respectable père Tikhon, - je l'ai déjà entendu dire pa~ les
a~tres - vous ne sauriez faire un bon directeur de consc~ence, continua-t-il avec un sourire forcé. On vous critique beaucoup ici. On dit que dès que vous découvrez
dans le pécheur quelque humilité, quelque sincérité vous
:ombez im~é~iatement
admiration, vous êtes ~rêt à
ous repentir, a vous hum1her et à vous précipiter au-devant
.de votre ... pénitent.
--. Je ne répondrai pas directement à cela mais il est
cert~m que je ne sais pas m'adresser aux ho1~mes. Ce fut
touiours mon .grand défaut, soupira Tikbon, et avce une

~1:

4

�jO

LA NOUVELLE. REVUE FRANÇAfSE

simµlicjté telle que Sta.vrogui~-e le regarda en souriant.
Qu~nt à cela - e~ il regarda les feuillets- - il ne peut y
avoir à. c,oup siir de crime plus atJ.Toce, plus terrible que
celui que vous avez commrs.
, - Cessons de le mesmer à l'archine, dit après un silence
Stavroguine non sans un_ certain dépit dans ]a \toix. Ma
souffrance n'est peut--ê!r~ pas aussi grande que je l'ai
"1tkrite ici ; il se peut aussi que je me sois trop chargé,
c.ondnt-il soudain. ·
Tikhon ne dit rie11. Stavrowiine, la tête baissé:&gt;, plongé
dans sa méditatio~, marchait de long en large.
- Et ce-tre jeune pefsonne, demanda tout à coup
Ti-khon, avec laquelle vous avez rompu en Suisse où est.elle mainten:rnt ?

- lei.
Il y eut un nouveau silence.
- Il se peut que je vous ai~ menti sur man compte,
i;épéta en insistant Stavroguin~. Je ne. sais· pas bien
moi-même.... D'ailleurs,. je. provoque les gens par PimpudQnce de rµa confession; puisque vous a.vez remarqué
ma. provocati.on: C'est ce qu'il faut. lis ro.étitent bien ça.
- C'est.,-à~dire qu'il vous est plus facile de les haïrr que
d'accepter leur pitié.
- Vous avez rais.on,.-j.e . n'ai pas l'habitude d'être franc,
mais puisque j'ai comrnen.ré ... avec vous~ scachez que je les
méprise tout autant que moi-même, tout autant, si _ce n'est
pas plus, i.m.finiment plus. Aucun d'eux n.e p.el1t être mon
j-uge ... J'ai écrit ces bêtises, pat"ce que cela m'est" venu à
l'esprit, par cynisme ... Il se peut même que j'aie simplement menti, dauS' une minute de fa.n.atisme. - Il S:intertompit soudain, irrité, et de nouveau routit d'avoir p:rrlé
contre' son gré. Il s'approcha. de la :ra.Me en roumant le dos
à Tikhon et saisit de nouveau un fragment du crucifix
brisé.
- ;Réponde;i; à m-a ques:rion, mais sinc.èretneu.t, à moi
seul, ou bien comme si v_a_us vous parliez à vous.-rnême,

LA CO.."\lFESSlON DE STAVROG-UINE

la nuit. Si quelqu'un vous pardonnait cela (il indiqua les
feuillets) mm pas un de œux que vous resp€ctez ou que
vous craignez, mais un inconnu, un homme que v-0us
ne connaîtriez j:amais, qui: vous pardonnerait silencieusement en lui-même, en lisant votre- confession, cette pensée
vous apaiserait-elle ou bien vous serait-elle indifférente·?
Si c'est trop pénible pour votre amour--propre, ne me
répondez pas, mais pensez en vous-même.
- Cela m'apaiseràit, répondit Stavroguine à mi-:voix.
Si vous me pardonniez, cela me ferait beat1coup de bien,
ajouu-t-il très vit€ et presque dans un murmure, sans toutefois se détoumér de la table,
- Mais à condition que vous me pardonniez également .
- Quoi donc ? Ah oui, c'est votre· formule monastique.
Triste humilité ! Vous savez, toutes vos anciennes formules monastiques ne sont pas élégantes du tout. Mais vous,
vous. vous imaginez qu'elles sont très bdles. - Il éclata d'un
rire irrité.'- Je ne sais vraiment pas pourquoi je suis ici;
ajouta-t-il soudain en se retournant. Ah oui, j'ai brisé ...
Dites, cela coûte bien vingt-cinq roubles ?
- Ne vous inquiétez pas de cela, dit Tikhon.
- Ou bien cinquante ? P@urquoi donc ne dois-je pas
m'en inquiéter ? Pour quelle raison viendrais-je &lt;::asser
vos objets et pourquoi donc me pardonneriez-vous ce
d:.égât? Tenez, voità cinquante roubles. - Il tira l'argent
de sa poche et le déposa s.ur la table. - Si vous ne voulez
pas les prendre pour vous, prenez-les pour les pauvres,
pour l'église ... - Il s'·excitaiit de plus en plus. - Ecoutez,
je vous dirai toute la vérité : je veu..-.: que vous me· pardonniez et un autre avec vous et un tr-0isièrne, mais que
tous, que tous me haïssent.
- Seriez-vous capable de supporter en toute humilité
la pi.tié générale ~
- Non, je ne le pourrais- pas. Je ne veux pas de la
pitié de tous. D?ailleurs, c'est une question sérieuse ; elle
ne peut exister cette pitié. Ecoutez, je ne . veux pas

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

attendre, je publierai certainement ... N'essayez pas de me
~onvaincre ... Je ne peux pas attendre, je ne peux pas. Il était hors de lui.
- J'ai peur pour vous, dit presque timidement Tikhon.
- Vous avez peur que je n'y résiste pas ? Que je ne
puisse supporter leur haine ?
- Non pas seulement leur haine.
- Quoi donc encore ?
- Leur.... rire. Il prononça ces paroles tout bas,
comme malgré lui.
Le malheureux n'avait pu se contenir et cornmença à
parler de ce qu'il eùt mieux valu taire : il savait bien
d'ailleurs qu'il e-C1t mieux valu le taire. Stavroguine se
troubla, l'anxiété se .refléta sur son visage.
- .Je le pressentais. Donc je vou,s suis apparu comme
un personnage comique pendant que yous lisiez mon
«document». Ne vous inquiétez pas, ne vous troublez
pas. Je m'y attendais.
Tikhon, en effet, était confus ; il essaya de s'expliquer
au plus vite, mais il ne fit que gâter encore plus les
choses.
- Pour accomplir de telles actions le calme moral est
indispensable ; dans la souffrance même il faut conserver
une haute sérénité ... Or, de nos jours, la sérénité morale
est absente. Partout _ce ne sont que discussions et disputes.
Les hommes ne se comprennent pas plus entre eux, qu'au
temps de la tour de Babel.
- C'est très ennuyeux tout cela ! Je le sais. On l'a
répété mille fois déjà, interrompit Stavroguine.
- D'ailleuts, vous n'atteindrez pas votre but, continua
Tikhon, passant directement à la question. Juridiquement,
vous êtes à peu près inattaquable. C'est ce qu'on vous fera
tout d'abord remarquer en vous raillant. Ensuite beaucoup
se montreront perplexes : qui comprendra les véritables
motifa de votre confe&amp;sion ? On fera exprès de ne pas les
comprendr·e, car on craint ce genre d'exploits ; on l'accueille

LA CON.FESSION DE STAV}l_C'GUINE

53

avec terreur, on le déteste et on s'en venge; le monde
aime sa boue et ne veut pas qu'on l'agite. C'est pourquoi
il tournera au plus vite l'affaire en plaisanterie ; car c'est
avec des plaisanteries que ces gens-là viennent le plus
facilement à bout de ces choses.
- Parlez plus nettement. Dites tout, le pressait Stavroguine.
- Au début, certainement, ils exprimeront leur
horreur, mais elle sera plutôt feinte que sincère et n'aura
pour but que de satifaire les convenances.. Je ne parle pas
des âmes pures : celles-là seront horrifiées, mais elles s'accuseront et se tairont et ne se feront donc pas remarquer.
Les autres, les gens du monde, ne craignent que ce qui
menace directement leurs intérêts. Le premier étonnement, la première terreur conventionnelle passés, ceux-là
justement riront. Votre folie leur paraîtra très curieuse ;
car ils vous considéreront comme un peu fou, tout
en vous accordant suffis;imment de responsabilité pour
pouvoir rire de vous. Supporterez-vous cela? Votre cœur
ne s'imprégnera+il pas d'une haine telle qu'elle vous
détruira? Voilà ce que je crains.
- Eh bien ... et VOU$ ... et vous-même ... je m'étonne
que vous ayez une si mauvaise opinfon des hommes ;
avec quel dégoût vous les jugez ! répliqua Stavroguine
quelque peu agacé.
- Croyez-voûs ! s'exclama Tikhon, en parlant ams1
des hommes, je les jugeais surtout d'après moi-même.
- Y aurait-il donc en votre âme quelque chose qui se
délecterait de ma souffrance.
- Qui sait ? peut-être bien. Eh ! oui, il se peut fort.
- Assez ! Dites-moi donc en quoi mon attitude vous
paraît ridicule dans ce récit. Je le sais moi~même, mais je
veux que vous me l'indiquiez du doigt. Dites-le-moi cyniquement, avec toute la sincérité dont vous êtes capable. Je
vous le répète une fois de plus : vous êtes un grand original.

�LA NOUVI'.~LE REVUE F.RANÇAISE

54

- Il y a quelque .chose de ridicule jusque dans la forme
même de la pénitence admir.able qne vous vous imposez.
Oh, ne doutez pas de votre victoite, ~''écria+il, soudain
presque .:en extase. Gette- forme même vaincra _(il -â ésigna
les feuillets), si seulement vous .acceptez en toute sincér.it-é
las -souff)ets et les .cr;ichats. La croix la plus ignominieuse
finit toujours par aboutir à la plus haute gloire, à la puissance, lorsq-1.1e l'humilité est sincère. Il se peut même
que vous soyez consolé dès cette vie.
. - Ce n'.est donc qu-e d~ns la forme .q_ue vous entre·
voyez quelqn.e chose de ridiml.è., insista.- Stavroguine.
- Et dans le fond aussi. 'C'estla laideurqui tuera, murmura Tikhon en baissant les yeux.
- La laideur ! Quelle laideur ?
- La laideur du crime. Il y a des -erimes•véritablement
laids. En général, quel que soit le crime, plus il y a -de
sang, plus il a d'horreur, plus grand-est l'effet, plus il est
pittoresque, pourrait-on dire. Mais -il y a des -c rimes honteux, ignominieux, à quoi l'horreur même ne peut s'attacher, qui sont par trop inélégants ...
Tikhon n'acheva pas.
- C'est-à-dire, dit Stavroguine, très agi~, que vous
trouv:ez ridicule mon attitude lorsque ie baisais les mains
d'une petite souillon ... Je vous comprends tr.ès bien, et
vous craignez pour moi, parce que c'est laid, vilain, nofi,
pas wilain, mais honteux, ridicule. Et vous croyez 11ue c'est
cela justement que je ne pourrai ,supporter.
Tickhon se taisait.
Je comprends maintena11.t püurquoi vous m'avez
demandé si la demoiselle de Suisse était ici.
- Vous n'êtes pas préparé, vous n'êtes pas suffisamment bien trempé, murmura timidement Tikhon, les yeux
baissés.. Vous vous êtes détaché-du sol, vous n'avez pas la
foi.
.
- Ecovtez, père T.ikhon, je v.eux obtenir mon propre
pardon, et c'est là mon but principal, mon but unique,

y

LA CONFESSION DE STA VROGUINE"

55

déclara tout à coup Stavroguine avec un :ei1thousiasme
sauvage-. C'est alors seulement, je le sâis, que la vision disparaîtra. Voilà pourquoi j'aspire _à une souffrance déme•·
suré:, je. la rec_he~che moi-même. Ne m'effrayez donc pas
ou bien ie périrai de rage.
·
Cet élan fut si subit que Tîkhon se leva.
- fü vous croyez que vous pouvez vous pardonnervous-même et -que vous obtiendrez votre pardon en ce ··
monde pat la soûffrance, si vous vous posez cette fin en·
toute sincérité, oh ! alors vous croyez complètement, s'écria
avec joie Tikhon . Comme-1it donc avez-vous pu_dire que
vous Hé croyiez pas en Dieu ?
Stavroguine ne rèpôndît pas.
- Dîeu vous pardonneta votre manque de foi, car vous
vénérez le Saint-Esprit sa ns 1e connaÎtre.
- A propos, et le Christ, me µardonnera-t-il? demanda
brusquement Stavroguine sur un tout autre ton et avecun
sourire ambigu. Et dans le ton &lt;le cette question il y avait
une légète nuance d'irenie.
- Il est écrit dans le livre : « Si vous sédtrisez un de
ces enfants ... » Vous vous rappelez. D'après l'Evangile il
n'y a pas de plus grand crime.
·
- Vous avez fout simplement un:e peur affreuse du
scandale, père Tikhon, et :7ous me t.endez tm piège, prononça Stavroguine d'une voix nonchalante et p1teuse et
sur un ton de dépit. - 11 parut vouloir se lever. - Pô'ur tant
dire, il faudrait pour vous que je fasse une fin, que-je me
marie même peut-être, que je termine mes jours membre
du dub et qu'à cbaque fête je vienne au com~ent. En voilà
une pénitence ! N'est-ce &lt;pas vrai? D'ailleurs, en votre
qualité de connaisseur du cœur humain il ·se 1;eut que vous
prévoyiez déjà que c'est justement ainsi que les cho-ses.
vont se passer ,et qu'il ne s'agit que de ·me prier instamme~t, afin de .sauver les apparences, car au fond je nè
désire que cela, n'est-ce pas vrai ?
Un sourire tordit sa bou~he.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Non, il ne s'agit pas de cette pénitence ; je vous en
prépare une autre, continua avec chaleur Tikhon sans prêter nulle attention au rire et aux remarques de Stavroguine.
- Je connais un vieillard, il n'est pas ici, mais non loin
de chez nous. Un ermite, un ascète d'une sagesse chrétienne telle que ni vous, ni moi ne pourrions la concevoir. Il écoutera ma prière ; je lui raconterai toute votre
histoire. Allez auprès de lui, soumettez-vous à son autorité
pendant cinq ou sept ans, le temps que vous-même jugerez
plus tard nécessaire. Imposez-vous cette pénitence et grâce
à ce grand sacrifice vous obtiendrez tout ce dont vous avez
soif et ce que vous n'espérez même pas; car vous ne pouvez
même pas concevoir maintenant ce que vous acquerrez.
Stavroguine l'écouta très sérieusement.
- Vous me proposez de prononcer les vœux monastiques dans ce couvent.
- Vous n'avez pas besoin d'entrer au couvent ; il ne
faut pas prononcer de vœux ; ne soyez qu'un novice, et en
secret ; vous pouvez même continuer à vivre dans le
monde.
- Laissez, père Tikhon., interrompit Stavroguine avec
une expression de répugnance. Il se leva ; Tikhon aussi.
- Qu'avez-vous, s'écria-t-il tout à coup, fixant presque
avec terreur Tikhon. Celui-ci était debout devant lui, les
bras tendus en avant ; une convulsion rapide contracta
son visage horrifié.
- Qu'avez-vous? qu'avez-vous ? répétait Stavroguine
s'élançant vers lui pour le soutenir. Il lui sembla que le
prêtre allait tomber.
- Je vois ... je vois clairt!ment, s'écria Tikhon d'une
voix pénétraµte et qui exprimait une souffrance intense,
je vois que jamais, malheureux jeune homme, vous n'avez
été aussi près d'un nouveau crime, encore plus atroce que
l'autre.
- Calmez-vous, insista Stav:roguine très inquiet pour

LA CONFESSION DE STAVROGUINE

57

Tikhon. Il se peut que je remette finalement tout à plus
tard ; vous avez raison.
- Non, non pas après la publication, mais avant cela,
un jour avant, une heure avant cette action admirable, vous
chercherez une issue dans un nouveau crime et vocs ne
l'accomplirez que pour éviter la publication de ces feuillets.
Stavrbguine trembla de colère et aussi de peur.
- Maudit psychologue, s'écria-t-il pris de rage, et sans
se retourner il quitta la chambre.
·
FIN

Traduction

BORIS DE SCHLOEZER

DOSTOÏEVSKI

�t'JifllXlONS SUR LA LITTÉRATURE

REFLEXIONS SUR
LA LITTERATURE

L'AFFAIRE UBU
Il y a une affaire Ubu dont, lorsque mes pages paraîtront,
mon voisin Maurice Boissard aura peut-être parlé ici depuis un
mois, car un tas de raisons, topographiques et typographiques,
font que mes réflexions, comme les rayons des étoiles lointaines, ne parviennent aux populaticns que six ou huit semaines après avoir été émises' . Si j'en crois les fe uilles qui m'arri-•
vent, certes les neiges et les glaces gui entourent le poële
hyperhoréen où j'écris ne sauraient me donner qu'une faible
idée du fro id glacial où gelèrent devant le pu blic tant de paroles auxquelles nous faisions depuis un quart de siècle un sort
illustre. On avaiJ pu voir à Washington le mot familier à
M. Viviani tomber dans le cadre d'un Waterloo authentique :
celui du Père Ubu, sur ses si x. pattes, ne lui céda en rien. Si j'en
.crois M. Vandérem, ce Waterloo eut même son Wellington et
son Blücher, se saluant mutuellement vainqueurs dans les cou•
loirs du théâtre. Un Bougre las de la critique, qui avait mi lité
contre la gidouille, et dont la plum'! s'était croisée avec le croc
à merdre, recevait d'un air modeste les félicitations, et les :
Cest votre jou:née !
Convenons d'ailleurs qu'en 1922 aussi bien qu'en 1896 on
peut juger discutable l'idée de mettre Ubu sur un vrai théâtre.
Le théâtre des Pbynances était un théâtre dè marionnettes. Et
je sais bien que si j'avais été à Paris je ne me serais pas dérangé
I. Cette fois c'est trois mois, et entre-temps Boissard, sur Ubu, a
passé la main à un Jamulus.

59

pour voir des gens Je chair et d'os traîner tout cela devant des
,espaliers de fracs et de peaux. C'est une des manies les plus
ridicules de notre théâtrocratie et de notre cabotinisme
,que de vouloir enfourn1tr bon gré malgré dans la gueule
.ouverte de la scène tout ce qui parait, à la lecture, beau,
intéressant ou curieux. Il y eut autrefois un « théâtre d'art» où
l'on essaya de susciter l'enthousiasme d'une foule en ~ jouant &gt;J
1e Cantique des Canliqms agrémenté de parfums que répar1daient
-des vaporisateurs . Ubu Roi est à peu près à sa place sur les planches comme le Cantique des Cantiques. 11 ne faut pas confondr.e
le vrai théâtre, et ce qu'on pourrait appeler le parathéâtre, ce qui
est à côté, en dehors, à l'imitation du théâtre, la littérature qui
emprunte au théâtre un extrait de mouvement, comme la poé,;ic emprunte à la musique un extrait de mélodie et d'harmonie.
Mais le monde des mentons bleus, et son innombrable. succur:iale parisienne, ont une tendance à croire que toute littérature,
,et singulièrement toute littérature dialoguée, trouve Je couronnement de son effort et la plénitude de son être dans des
ouvreuses, un lustre et les feuilletons du lundi.
L'accueil fait à Ubu n'aurait ,aucune -importance, s'il ne s'int ercalait dans une histoire savoureuse dont j'essayerai de rétablir, du moins parfragments,Ja chronique. Le Wellington qui,
'Selon M. Vandérern, étalait son plastron de chemise comme le
miroir d~ l'éternelle raison, us-urpait peut-être quelque peu la
q1J.alité de vainqueur. Le véritable vainqueur était l'auteur des
Sources d!Ubu Roi, M. Cba_rles Chassé. M. Chassé, ay ant révélé
qu'Ubu aYait été écrit tout entier par un collégien de guator~
ans, puis l!bandonné par son auteur lui-même honteu x d'avBir
·p erpétré ul)e telle ânerie, ,enfin ni.massé par Jarry da11S les hissés
pour compte d'une classe de provini:;e, et proposé depuis longtemps par des critiques, des hommes de lettres, des poètes (tout
le bloc symboliste en particuiier) aux admirations comme une
énorme œuvre esotérique où il y aurait tout, les journalistes et
le public se sont crus mystifiés, et se sont mis à crier : Ça ne
prend pas l ou : Ça ne prend plus ! Les Pari-siens, dit Albert
-Sorel, pardonnent tout, sauf de n'être pas pris -au sérieux . En
vérité le père Ubu prophétisait lorsqu'il s'écriait du haut du cheval à phynances : « Je vais tomber et ~trc mort ! x,
Et la révélation qui a ulcéré d'hu1.niliation les Parisiens et

�60
'

1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

gelé toute une salle n'est point une imposture. Il y a eu des
protestations venues des amis de Jarry. Je fus moi-même de ces
amis, mais magis amica veritas. Le livre de M. Chassé, et surtout
l'article qu'il a publié postérieurement dans le Figaro, la lettre
de M. Charles Morin écrite en 1896, me paraissent tout à fait
probantes. Il est établi désormais qu'Ubu Roi est l'œuvre écrite
à quatorze ans par M. Charles Morin, plus tard élève de l'Ecole
Polytechnique, et aujourd'hui colonel d'artillerie. Et après ?
Qu'est-ce que cela enlève à Ubu ? Pour moi qui sais Ubu par
cœur, qui ai coutume de (( parler Ubu » avec de nombreuses
personnes, une telle révélation ne fait qu'ajouter à cette forte
cr4ation un être nouveau, une solidité de renfort, une racine de
plus dans les terrains du génie.
Car si c'est un fait infiniment probable que le jeune Charles
Morin a écrit Ubu, c'est un fait absolument certain qu' Ubu s'est
imposé comme une obsession, comme un état de joie intérieure à des milliers d'individus. Vous me direz que chaque saison quelque chanson venue d'on ne sait où, Poupou.le ou Madelon, impose de même son obsession à des millions d'hommes.
Mais il y a cette différence que la chanson du jour n'est qu'une
chanson, un Au clair de la lune ou un j'ai du bon tabac momentané, tandis qu' Ubu s'est bien étalé comme une réalité littéraire,
comme une fabrique de personnages et de mots, ainsi que Don
Quichotte ou Joseph Prudhomme. Et, à la différence de Don
Quichotte ou de Prudhomme, il ne s'est nullement étendu à des
milieux populaires, ni même à des milieux d'honnêtes gens. Il
est demeuré confiné dans un monde de gens relativement cultivés, monde de littérateurs et de journalistes (l'an dernier un
rédacteur de l'Action ji-ançaise recrutait des caricaturistes pour un
journal satirique projeté sous ce titre : le Pfr( Ubu) d'officiers et
particulièrement de polytechniciens (M. Thérive nous apprend
que, le livre étant alors épuisé, le G. Q, G. en fit pendant
la guerre dactylographier des exemplaires pour son usage.
Nous avons touché dans les compagnies des dactylographies
plus inutiles émanées du même G. Q. G.), d'officiers de
marine ( ce corps, véritable conservatoire du prestige ubique,
en a diffusé la gloire sur toutes les mers. M. Charles Chassé est
d'ailleurs professeur à l'Ecole Navale, et .il a médité ses Sources
dans un milieu nourri de côtes de rastron et de choux-fleurs

RÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

6r

accommodés grossièrement). Tout cela forme un public autrement étoffé, solide, substantiel que les numéros de vestiaire
d'une salle de première en 1922. Comment se fait-il que l'œuvre inspirée à un petit collégien de Rennes par la silhouette, la
corpulepce et le chapeau Cronstadt du professeur H ... ait
occupé tant de fortes positions militaires et civiles, et qu'elle les
occupe encore, nullement délogée par les révélations de
M. Chassé?
N'est-ce pas d'abord, et précisément parce quec'est uneœuvre
enfantine? Cela d'ailleurs on le savait. Il était entendu que le
prototype du Père Ubu était le père Ebé, soit le professeur H ... ,
et qu'Ubu provenait, avec d'autres pièces ubiq_ues, d'une collaboration écolière dans la troisième du lyc-ée de Rennes. Seulement on croyait que l'auteur principal était Jarry. On sait
maintenant que c'est Charles Morin. Et ni Jarry ni Charles
Morin n'auraient écrit cela à dix-huit ou vingt ans. Ubu est
marqué au coin du génie enfantin, comme ces dessins d'écoliers dont on fait parfois des expositions. Il y en a de fort amusants, de très vivants, surtout ceux des fillette~. Mais demandez
dix ans plus tard à Germaine devenue dactylographe, ou à Jean,
devenu coiffeur, de vous faire des dessins comme ceux qu'ils
vous faisaient lorsqu'ils étaient à l'école. Ou ils ne sauront plus,
ou ils vous fabriqueront Jes machines insipides. Même quand
M. Morin s'efforce de restituer pour M. Cba?sé, dan s les S011rces d'Ubu-Roi, quelques narrations ubiques, on devine à travers
cette version tardive la fraîcheur de l'original à peu près comme
on devine un texte à travers une traduction. Villemessant prétendait que chaque homme a un article dans le ventre, et il se
faisait fort de tirer l'article du premier ramoneur qui eût passé
dans la rue. Il y a pareillement un artiste dans tout enfant, et
un enfant subsiste dans chaque artiste. Mais dans ce dernier cas
l'artiste peut fort bien ne pas ressembler à l'enfant, ou plutôt il
est un nouvel enfant qui en vertu d'une force imprévisible de
création succède au premier. M. Chassé remarque qu'Ubu ne
ressemble à aucune des autres œuvres de Jarry, et qu'on pouvait être mis par là sur la piste d'une usurpation. Mais cette différence, qui est réelle, s'expliquait fort bien par la différence des
deux âges : Ubu écrit à quatorze ans et Hadem ablou écrit à
vingt-deux ans ne pouvaient guère se ressembler. Morin ou

�62

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Jarry, l'œuvre ne pouvait sortir que d'un cerveau d'enfant.
Et il y a cet autre fait, que sans Jarry nous ne connaîtrions.
pas Ubu, et si nous connaissons Ubu, si Ubu est devenu une;
œuvre d'art, et une œuvre célèbre, èest que parmi les metteurs
en scène de l'Ubu rennais, pendant que les autres choisissaient
la vie de polytechnicien, de conservateur des hypothèques ou
de marchand de bois, il y en avait un qui choisissait-la vie d'artiste. Si Jarry n'a pas écrit Ubu, il l'a découvert comme critiquer il l'a « inventé » au sens ancien, presque au sens légal, et
l'ayant introduit dansle monde littéraire il lui adonné, commeAmeric Vespuce, son nom. Le nom de Jarry est lié à Ubu comme
le nom de M. Kenyon à la Constitution d'Atbenes ou celui de
M. Lefèvre aux pièces retrouvées de Ménandre. Avec cette différence que cette fois l' Aristote et le Ménandre avaient consenti à
s'effacer et avaientcédé leur œuvre en bonne et due forme. « Pourquoi, dit M. Morin à M. Chassé, et de quel droit aurions-nous.
voulu priver Jarry d'un élément de succès possible au début de
sa carrière littéraire ? ... Enfin, ce qui clôt toute discussion à ce
sujet, c'est que j'ai autorisé Jarry à faire jouer la pièce et à tirer
des Polonais tout ce que bon lui semblerait. A ses risques et
périls naturellement, - car, connaissant mal le public auquel il
s'adressait, j'étais persuadé qu'il allait au-devant d'une avalanche
de pommes cuites. » Tout cela fit une destinée bien amusante.
Des sept ou huit volumes qu'écrivit Jarry, et dont on pourrait
extraire, en les présentant dans un commentaire biographique, des Pages choisies remarquables, seul lui apporta la
gloire le livre qu'il n'avait pas écrit. Et Jarry avait certainement
quelque chose dans le ventre. Il se tira d'ailleurs assez logiquement de cette situation bizarre. Il en noya l'illogisme apparent
dans l'illogisme réel de la boisson. Et puisqu'on le rejetait de
toutes parts dans la peau d'Ubu, il fut Ubu. Il en ~ontracta l'habitude, le parler, l'humeur et l'humour. Ce fut la revanche du
professeur H .. . Celui-ci, à Rennes, eût pu, prophétisant, dire à
Jarry : « Le Père Ebé ce sera toi. Que dis-je ! l'Ueber-Ebé,
l'Ubu. » Ce mimétisme n'est pas d'ailleurs sans précédents.
Henry Monnier était devenu Joseph Prudhomme « s'habillait
cot}'lme lui, parlait comme lui» - en partie d'ailleurs parce qu'il
l'av:iit créé d'après lui. Qu'est-ce que le président Dimanche
sinon Chesterton? Et l'ayant fait d'après lui, il est probable

tu\:FLEXIONS SUR LA LITTERATURE

qu'il se conforme invinciblement au personnage- qu'il a créé.
Jarry a été littéralement décervelé par le Père Ubu, c'est-à-dfre
que le Père Ubu iui a mis dans la tête son propre cerveau. Et ce
décervelage a eu des suites, il continue. « L'ubuisme, dit
M. Chassé, est eacore pour certains une sorte de religion. On
m'affirme qu'à Paris il-existe trois ou quatre Père Ubu, parlant
comme Ubu, s'habillant comme lui et s'efforçant de penser à sa
manière. » Le vrai théâtre, les vrais acteurs d'Ubu les voil-à, et
non pas les décors, le-lustre et le public qui gelèrent dans cette
lugubre soirée. Ce rôle qui devient une véritable incarnation, et
qui dure une vie, cela nous transporte aux origines mêmes du
théâtre, nous fait épouser le courant même de l'ivTesse diony~
siaque. Un critique dramatique, s'il n'est pas abruti par le
métier, devra remercier le ciel de lui ayoir mis sous les yeux ce
cas privilégié.
Cas privilégié qui n'est pas un cas uaique. J'ai toujours été
frappé par la ressemblance singulière du Père Ubu avec le Garçon de Flaubert. Comme Ubu, le Garçon est né de cerveacrX:
d'enfants ; il a été produit à Rouen sur le théâtre du Bilfard
comme Ubu sur le théâtre des Phynances. Le Garçon et Ubu
sont des types de bêtise én-orme, mais aussi et surtout de bêtise
consciente, d'égoïsme et de scélératesse avoués, qui arrivent à
se confondre avec la réussite d'une interiigence débrouillarde,
et qui finissent par coïncider avec l'épanouissement d'un triomphe, avec ce surhomme imaginaire que projette si facilement
comme son image renversée le sous-homme enfantin . Le Garçon et Ubu c'est.Guignol. Notre meilleur document sur le Garçon, nous le trouvons dans une page du Journal des Goncourt
ou Flaubert caractérise très clairement le personnage, et
Jules de Goncourt, qui tient ici la plume, l'appelle fort
pertinemment une plaisanterie de provincial. Le Garçon et Ubu
ne peuvent naître en effet que chez des enfants de province, qui
gardent plus longtemps et plus sa.voureusement leur fraicheur,
et qui ont sous les yeux, dans le mécan isme lent de la vie routinière, une image plus étoffée de l'automatisme et des ridîeules
humains. On ne voit guère Vbu apparaissant chez les jeunes
juifs de Condorcet, ou à Henri IV chez les fils de profs sfe la
rue. Claude-Berna-rd. Par1s a pu faire la gloire d'Ubu., il n'aurait pu faire Ubu. Ains-i Guignol est de Lyon : ce qui est de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Paris c'est la critique de Guignol, ce sont les réflexions sur
Guignol ; c'est la philosophie de Guignol, autrement dit l'impossibilité de créer Guignol. Rien que ce mot de Garçon est un
mot de province (M. Beaunier s'efforce en vain d'en acclimater
à Paris toute l'ampleur). Il y a quelques mois, quand mes conférences sur Flaubert paraissaient dans la Revue Hebdomadaire, un
camarade normand m'écrivait : « Il y a toutefois un mot qui
revient dans tes conférences, et qui a pour nous un son dont
nul ne se doute s'il n'a Yécu dès sa plus tendre enfance en
Normandie : c'est ce substantif garçon élevé à la hauteur d'un
nom propre et devenu un personnage dont tu as si heureusement fait ressortir la valeur. Quand un gars normand a dit à
quelqu'un : Eh bien ! garçon ... Ah ! oui, garçon ... Pour sûr,
garçon, etc .. , etc ... il a exprimé tour à tour tous les sentiments
de son âme. Je ne doute pas que le personnage du Garçon n'ait
été rien de plus au début qu'un mot, extrait petit à petit de la
cohorte des mots de tous les jours, sorti d:u rang par un phénomène psychologique d'attention attirée par hasard sur lui, et
petit à petit devenu caporal, capitaine, général_. &gt;l La façon dont
les Rouennais prononçaient le mot garçon (par exemple pour
désigner les enfants du docteur Flaubert) a servi probablement
de noyau au personnage grotesque destiné à as.s umer tout l'automatisme rouennais, provincial, français, humain, et devenu,
après le Garçon, Homais, Bouvard et Pécuchet. Comme la vie
même de Flaubert, sa création d'art a fait boule de neige. Et
.c'est ainsi que nous pouvons définir Ubu : une boule de neige,
une création enfantine, spontanée, indéfinie, et dont le noyau
réel (le professeur H ... ) grossit en ramassant tout sur sa route,
.devient non seulement un roi de Pologne, mais une planète, un
monde.
Les déclarations des frères Morin à M. Chassé ne laissent
aucun doute là-dessus. Le Père Ebé du Théâtre des Phyoances
(transformé génialement par Jarry en Père Ubu) ne garde absolument du professeur H ... que son aspect physique : grosse
bedaine, démarche lente, un de ces visages que Guignol appelle
des têtes en bois de lit, une vaste redingote et un chapeau
simili-Cronstadt. Aucune allusion à un caractère, à une vie
privée, dont les frères Morin déclarent ne s'~tre jamais occupés
.et qu'ils affirment avoir connue dans la suite comme tout à fait

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

honorable. Mais, comme le remarque M. Léon Werth dans soh
dernier livre, le Monde et la Ville, « les enfants n'imaginent pas
que leurs maîtres vivent d'autres heures que les heures de classe».
Ou bien, s'ils sont poètes, ces autres heures ne sont que la page
bla?che co~verte des _plus fantastiques dessins par leur imagination débridée. Précisément parce que ces collégiens ignorent
tout du Père Ebé en_dehors de sa classe, de son trajet quotidien
~ntre son domicile et _le lycée, la boule de neige peut rouler
hb~ement. Ils en font le héros de toutes les aventures possibles,
m~1s aventures toujours déterminées par son physique, par un
poids dt gros homme, par une gidouille puissante, par une
capacité indéfinie d'absorption qui se confond avec la capacité
d'absorption de la légende elle-même
M. Charles Morin a donné là-dessus de précieux renseignements à M. Chassé: « Le P. H. qui ne vit que d'assassinats et
de rapines, habite une espèce de cassine au-dessous de laquelle
soat des caves immenses où il empile ses richesses volées. C'est
la chambre à sous. De temps en temps il est croché par la
police et mis au violon ...
» Le P. H. traîne derrière lui une immense poche ~ssujettie
au moyen dè bretelle~. Il remorque cette poche à travers les
rues et y empile pêle-mêle les fruits de ses déprédations, les
restes déchiquetés de ses victimes et de tous les détritus dont il
fait son ordinaire (vi~ux godillots, chiens crevés et charognes
de toutes sortes).
» Tous les ans, à époque fixe, le P. H. s'offre le régal d'une
tourte composée d'ordures de toute sorte, détritus organ,iques,
merdes, épluchures, etc ... , dans lesquelles on fait mariner
quelque temps des cadavres de petits enfants zigouillés ad hoc .
Cette infamie se passe dans un terrain vague du côté du Faubourg de Nantes où est dressée une immense tourtière ( c'est
tout simplement un gazomètre chapardé à la Compagnie du

Gaz).
» Les rentiers sont les souffre-douleurs du P. H. Ils ne peuvent pas résilier leur état de rentier, pas plus que les Curiales
du Bas-Empire ne pouvaient cesser d'être Curiales. Non content de les piller, le P. H. les soumet à toutes les vexations
dont la moindre est de les décerveler à tort et à travers. Ils sont
accoutrés d'un costume grotesque ( souliers à boucles, bas

�66

LA NOUVELLE REVUE FRA1'tÇA[SE

chinés, habit à la française, chapeau à plumes ~ houlettes a~-ec
rubans de couleur rappelant les bergers de Florian) ; sous peme
de décervelage, ils doivent peser un poids _mrnim~~-. Ils sont
astreints, à de certains jours, à des exercices mif1taires_ avec
maniement de la houlette. ,Leur lâcheté fait -d'eux un ob1et de
risée et de dégoût pour le reste de la population.
.
,., Les 5-alopins jouent un rôle important dans le cycle ubique.
Leur rôle consiste à voler et à tuer pour le compte d~ P • H • et
à faire marcher les appareils ( machine à décerveler, pmce-porc,
etc ... )&gt;)
.
Tout cela c'est le monde fantastique dont la ville de, Rennes
est peuplée par des imaginations d'enfants, et ce n est sans
doute pas d'une façon très différente qu'~u d~but_ du ;ègne_de
Louis-Philippe le petit Flaubert et ses amis aimaient a se figurer les dessous, l'envers de la vie rouennaise. Ce_~. H. descend
plus ou moins de Croquemitaine avec sa hotte ~ici layoche), et
aYec son croc (plus tard le crnc à merd~~) ~111 r~dait naguere
dans les rues de la ville. 11 est naturel qu il alt fim -par ramasser
sur sa route le professeur H ... et l'ait mis dans sa peau ou ~e
soit annexé à la sienne. J'ignore quelle peut être 1~ ~urerpos1tion possible de rentiers et de redontiers (Redon sera~t-11 a Rennes
ce que Beaune est à Dijon ?) Mais ce troup~au stupide ~es rentiers m'a tout l'air d'avoir pour noyau 1 idée d un d~manche
· _ semblable à tous les dimanches de province
renna1s,
. : la
sortie la promenade lente des gens, ce jour-là tous rentiers, et
qui, { Rennes comme à Ro_u~n, doivent, donner~ un enfant s~
première imagination du ridicule, de l automau_que, du ~on
être spirituel. La célèbre valse du Décervelage~ mise en musique
par Claude Terrasse, et dont M. Chassé étabht le texte _authentique d'après le manuscrit original de M. Charl,es ~onn, confirmerait cette hypothèse. C'est le dimanche gu a heu le grand
décervelage, à Thorigné, près de Rennes. Il_ a suffi à Jarry de
remplacer Thorigné par l'Ecbaudé pour faire de cette va~s~,
s s 6 l'hymme du Mercure, chanté, nous apprend le v01sm
ver 1 9 ,
d .
r· é · Je
Boissard, formidablement par toute la ré action su~ imp _na
d'ùn omnibus en marche. Et ce massacre des rentiers était en
effet propre éminemment à soutenir les ardeurs .d'une revue alors
combative. Flaubert l'eût entonné d'enthousiasme.
Le mot et l'idée de décervelage puisent manifestement leur

dFLEXIONS SUR LA LITIERATURE

origine, comme Croquemitaine, non dans le langage des
enfants, mais dans le langage que les grandes personnes
emploient avec les enfants et qui les rend auprès de ceux-ci
plus ridicules qu'elles ne croient. Tête sans cervelle ne se dit
guère que des enfants, et parlant à eux, chez les parents et les
professeurs. -La séparation de la tête et de la cervelle prend dès
lors place parmi les imaginations grotesques en lesquelles les
enfants sont très habiles à résoudre les clichés usûels. De là
naissent le mot eth figure du décervelage. Et le mot créé par
les collégiens de Rennes est entré dans la langue française, à
une date aussi rigoureuse que le mot rescapé ( catastrophe de
Courrières) ou le mot indéJirable (fugue de M. d'Abaddie d'Arrast). Une lettre d' un accusé de la Haute-Cour en 1900, M. Dubuc, lettre qui figura dans le dossier du procès et fut publiée
par les journaux, parlait de décerveler les dreyfusards, ce qui
décelait de grandes ardeurs patriotiques. Ce lecteur d'Ubu fut
&lt;lès lors appelé par la presse de gauche le décerveleur Dubuc.
Et, allant d'Ubu à Dubuc, le mot ne s'y arrêta pas, rri aux. journaux. Il plut a.u goüt excellent de M. Anatole France, qui,
dans M. Bergeret à Paris, l'incorpora au_vocabulaire prêté habituellement par lui aux. jeunes Trublions. Régulièrement composé, fort expressif, il aura place sans doute dans la prochaine
édition du Dictionnaire des OJ,iarante '. Passé dans là langue
én 1900, il marque élégamment toute une époque, cette éclosion d'un esprit politique en des milieux littéraires, salons et
cafés, qui allait donner l'Action Française. Décerveler pour
recerveler, voilà une formule que je proposerais volontiers,
comme exprimant les ambitions conjuguées de MM. Daudet et
Pujo (décervelage) et de MM. Maurras et Bainville (recervelage ). L'heureux avènement de M. Fallières vint à point pour
nous faire vivre, tout un septennat, sous le signe d'Ubu. De
même que Camille et Marius furent appelés le second et le troisième fondateur de Rome, de même Ubu a eu pour deuxième
I. Il a même pris soin d'en composer une définition poµr ces futurs
Quarante. Décerveler est « proprement tirer la cervelle hors la boëte
1:rânienne, où elle gist par ordre et disposition de nature ». Il est vrai
q~e plus loin il lui donne l'acception plus hu:ge d'endommager la tête
d ~n adversaire politique : « Le citoyen Bissolo, que vous connaissez
puisque vous l'avez décervelé à Longchamp. »

�68

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

auteur, après M. Mo,rin, Jarry, et après Jarry, cet ancien chef
de l'Etat. La boule de neige, partie d'une classe du lycée de
Rennes, a passé par ces trois étapes, et ·Je bonhomme s'érige
aujourd'hui, indestructible par tout dégel, sur une de nos.
places publiques.
Comme le P. E. l'exégèse ubique pourrait faire, elle aussi,
boule de neige, et ramasser sur son passage toute la littérature,
- pas moins. Jarry avait donné à la pièce, dans l'édition du
Mercure (je ne connais pas les autres). cette épigraphe : « Adoncques le Père Ubu hocha la poire, et pour cela fut nommé par
les Anglais Shakespeare, dont nous avons nombreuses et belles
comédies. » Voilà qui prend fort bien place dans la critique
française shakespearienne, celle de William Shakespeare et de
Poete Tragique, celle quL fait de Shakespeare non un auteur et
un homme, mais un synonyme ou une incarnation de ridée de
poésie. Notre enfance comporte des douzaines de destinées en
puissance, et dans celle de M. Morin, comme dans celle de tout
le monde, mais peut-être un peu plus, se trouvaient celles de
Shakespeare, de Rabelais, de Flaubert, de bien d'autres. Ce
n'est pas un signalement bien rare que ·Victor Hugo est censé
avoir donné de Rimbaud : Shakespeare enfant. Des Shakespeare enfants il-y en a dans toutes les cours de collèges. Ce qui
est rare ce n'est pas le Shakespeare d'Ubu., c'est celui de Macbeth et de la Tempête. Mais Shakespeare ne fait sur les grands
tréteaux qu'étendre jusqu'aux étoiles le geste élémentaire de
Guignol, du père Ubu qui hoche la poire. Et la vraie critique
dramatique devrait consister à reconnaître ces schèmes moteurs
originels, ces puissances brutes de déformation et de transfor•
mation. Mais trop s'y arrêter, trop les posséder empêche peutêtre d'aller plus loin. L'infériorité de son instinct a sans doute
contribué à pousser l'homme sur la voie de l'intelligence. Paris
n'a pas été capa.bJe de créer un schème dramatique nu, popu•
laire, original : au xvne et au xviu• siècles il a emprunté Arlequin et Polichinelle à l'Italie, au x1xe Guignol à Lyon, au xx 0
Ubu aux collégiens de Rennes. Mais Italiens et Lyonnais,
comme si tout leur effort s'était épuisé dans ces types généraux,
n'ont jamais pu fournir un grand auteur dramatique, et M.
Morin n'a employé sa vie d'homme qu'à servir Mars dans les
emplois de la République. Et Paris, qui a dû emprunter Arle•

REFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

quin, Guignol et Ubu, a pu donner au monde Molière, Regnard,
Marivaux, Beaumarchais, Musset.
Shakespeare c'est de l'Ubu arrivé. Mais Rabelais aussi c'est
de l'Ubu arrivé, et dont les origines sont fort voisines de celles
d'Ubu. L'exégèse rabelaisienne nous montre aujourd'hui dans
Gargamua et Pantagrnel une boule de neige, qui ramasse toute
l'humanité sur son passage, mais qui puise dans les environs
de Chinon, dans la Devinière et Lerné, les mêmes origines
qu'Ubu dans la classe du P. H ., Rennes et Thorigné. La Guerre
picrocholine figure la boule de neige d'un procès soutenu par
les parents de Rabelais (ce qu'on savait déjà fort bien au xvi•
siècle : Rabelais a eu tout de suite son Charles Chassé) comme
le cycle d'Ubu est la boule de neige d'un chahut scolaire.
L'imagination de Rabelais marche comme celle de ces collégiens. Ce n'est pas seulement par imitation de Rabelais, mais
par sympathie créatrice avec la genèse de l'épopée rabelaisienne
que procède l'auteur d'Ubu. Voyez en un exemple, entre autres,
dans ce qu'on pourrait appeler le gigantisme momentané. Gargantua et sa famille ne sont pas des géants, mais Rabelais
s'amuse, en des accès de bonne humeur, à les faire parfois se
comporter comme des géants, simplement pour rire, comme
on boit un coup, et en les ramenant tout de suite après à leurs
dimensions normales. Telle la poche du P. H., sa tourtière
gazométrique, la voiture à vent que le père Uhu se propose
d'inventer pour transporter toute l'armée. Et, de Rabelais, cette
voiture à vent nous fait passer fort naturellement à une chanson aussi célèbre dans les rangs de la troupe que le Père Ubu
l'~st dans les cadres tant subalternes que supérieurs (je n'ose
dire généraux). Qu'est-ce que le Père Dupanloup? Exactement,
dans l'ordre pbalJique, ce qu'est Je Père Ubu dans l'ordre de la
gidouille. A supposer ( ce qui n'est pas du tout démontré) que
le prototype occasionnel en ait été l'ancien évêque d'Orléans,
les faits et gestes qui lui sont attribués ne se rapportent évidemment pas plus à la personne de ce prélat que ceux du Père Ubu
à la persollDe du professeur H .... Seule a joué sur la pente de
l'imagination la descente de la boule de neige. Le gigantisme
momentané, qui nous donne la poche du P. H. et la voiture à
vent pour une armée entière, est le même que celui qui attribue, lors de la retraite de Russie, un énorme exploit au Père

�70

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Dupanloup. Des sables d'Afrique à la Bérésina, ce Karagueuz
militaire parcourt l'Europe, comme le P. H. d'Aragou en Pologne. La boule de neige. Transposez tout cela sur le plan
suprême : vous avez le Satyre. de Victor Hugo.
De Shakespeare, de Rabelais, de Hugo, je reviens à Flaubert et à M. Morin. Entre le Garçon du théâtre du Billard et le
Père Ubu du théâtre des Phynances, il y a cette différence que
le Garçon a évolué en Homais et en Bouvard, tandis que, d'Ebé
à Ubu il n'y a qu'un changement de voyelles, ce qui est peu.
Flaubert pouvait laisser rouler la boule de neige. Et elle a roulé
en effet jusqu'à la première Tentation. Puis il a vu que la boule
de neige, qui est L'art de l'enfance, est aussi l'enfance de l'art.
11 a compris la maturité de l'art comme la présence d'un bloc de
marbre et, à partir de Madame B-ovary, il a attaqué ce bloc, d'où
est sorti Ho mais ( mais la maquette d'Homais fut faite en neige).
Et puisque les farces du Garçon n'ont pas été rédigées, il nous
manquerait un des états intéressants de l'œuvre d'art si nous
n'avions pas Ubu Roi.
Tout dès lors s'est admirablement passé. La destinée d'Ubtt
s'étale devant nous comme une de ces suites magnifiques dont
la courbe imprévue devrait nous .faire sauter de plaisir. Comme
M. Morin a été bien inspiré de laisser à Jarry la 'paternité putative de son œuvrc ! D'abord il en et'lt été gêné dans sa carrière
militaire ; et l'auteur-d' Ubtt eût été regardé d'un œil torve par
la direction de fartillerie. Mais surtout Jarry senl, type extraordinaire, était capable de porter Ubu dans le monde littéraire et
autre, d'en faire la joie de toute une génération, de produire au
soleil cet énorme champignon arborescent, avec lequel il finit
par se confondre comme Daphné avec le laurier d'Apollon.
Et ce qui me paraît plus beau encore, mieux accordé avec
les puissances substantielles de la vie, c'est ce mot de l'auteur
véritable d'Uhu à M. Chassé : tr Il n'y a pas de quoi être très
fier quand on a fait une c ... nade pareille. » Le metteur en
scène, avec .Flaubert, du Garçon, c'était Ernest Chevalier, qui
se répandait peut-être, étant enfant, en autant de verve et de
génie que Flaubert lui-même. Tandis que Flaubert ne faisait
rien produire à ses études de droit qu'un sentiment nouveau du
grotesque humain, Chevalier en tirait une carrière honorable
dans la magistrature debout, et se scandalisait fort quand son
1,

REFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

7-1

ami lui écrivait : « J'ai envie de sauter un jour dans ton parquet
et d'y faire l'entrée du Garçon 1 » Le Garçon, que Chevalier
avait contribué à mettre au jour, n'était plus, pour M. le s-ubstitut, qu'une c ... nade. Ainsi va la vie. Et cela est bien. Si tout
le monde gardait son génie d'enfance, où prendrait-on les substituts ? Où se recruterait l'Ecole Polytechnique ? La société a
besoin de magistrats et de DJilitaires, elle n'a pas besoin des
Shakespeare et des Flaubert. Ceux-ci ne passent qu'en contrebande, et parce qu'ils out évité la machine à décerveler. Ce
n'est pas la trappe aux magistrats qui est la vraie, mais bien la
trappe aux poètes.
M. Chassé parle selon une aimable philosophie de substitut,
d'officier d'artillerie ou de professeur quand il termine ainsi
son étude : « Par suite d'un hasard heureux, j'ai pu vider Ubt,
Roi de toutes les interprétations symboliques que ses lecteurs y
avaient mises. Quel est le véritable auteur de cette œuvrette ?
La question en soi est peu importante, et les frères Morin en
conviennent avec moi. L'important est de savoir si, maintenant que l'outre est vide de tout le vent qui la gonflait, elle
pourra, néanmoins, parvenir à rester debout. » Eh oui! La
boule de neige, le bonhomme de neige reste debout au milieu
du Landerneau littéraire. MM. Morin et Chassé l'ont plutôt,
pour moi, cimenté et consolidé. Le voilà avec son balai
(innommable) et sa pipe (le croc?), non pas qu'il ait été érigé
par délibération du conseil municipal et sur la maquette d'un
médaillé du Salon, mais tel que l'ont fait les enfants de l'école,
les enfants, printemps sacré, aube et lumière inconsciente du
génie. « Ah I père Ange Michel, le beau bonhomme de neige
q_ue vous aviez bâti, avec les camarades, sur la place de la Mairie, il y a quarante ans I Quel chef-d'œuvre I Michel Ange en
fabriquait comme ça dans les jardins de Pierre de Médicis. Des
gens de Paris qui passaient avaient trouvé le vôtre si étonnant qu'ils
l'avaient photographié. lis parlaient du Balzac de Rodin. Et je
sais un livre sur les arts où cette photographie est reproduite
entre une statuette de la Vézère et une statue de l'île de Pâques.
li paraît que cela fait mieux comprendre la sculpture, - l'élan
vital de la sculpture, comme disent les bergsoniens. - Monsieur, faudrait voir à ne pas vous f. ... de moi. Je suis aujourd'hui garde-champêtre. J'ai assez de peine à faire respecter par les

�72

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

gamins, les jours de neige, les ordonnances de M. le Maire,
assez à faire d'assurer l'ordre, d'astiquer ma plaque et de repiquer mes salades. Je puis dire que je m'en acquitte assez bien et
de ça je sùis fier devant les Parisiens comme devant les autres.
Mais d'avoir attrapé autrefois des engelures à fabriquer un Carmentrant de neige au lieu d'aller à l'école, ah non ! il n'y a pas
de quoi être fier quand on a fait une c ... nade pareille ! &gt;&gt;

NOTES

ALBERT THIBAUDET

LITTÉRATURE GÉNÉRALE

LA CONQUÊTE MYSTIQUE : l'Ecole française (3• volume de !'HISTOIRE LITTÉRAIRE DU SENTIMENT

RELIGIEUX EN FRANCE) par Henri Brémond (Bloud et
Gay).
Il n'est pas à l'heure actuelle d'écrivain ecclésiastique qui
honore davantage les lettres françaises que M. Henri Brémond.
C'est que l'érudition prodigieuse de ce cc bourreau de travail »
ne fait pas tort, à son goüt pour le beau langage, que sa curiosité des faits et des idées se double du besoin de les entendre
exprimer justement, subtilement, harmonieusement. Aussi
exigeant pour le mot que pour la pensée, nul n'était désigné
autant que lui pour écrire !'Histoire littéraire du sentiment r;eligieux en France. Vous entendez bien : littéraire, c'est-à-dire
manifesté par des écrivains véritables dont les ouvrages ont
résisté au temps. Qu'elle nécessite six volumes in-8° de
-six cents pages, en texte serré, pour le seul xvn• siècle, cela ne
surprendra que ceux qui igno.rent la splendide floraison de la
littérature religieuse en France à l'âge classique. Au fait, celle-ci
balance en richesse et en importance la littérature laïque du
même temps. Mais une fois comptés Bossuet, Bourdaloue,
Massillon, Fénelon, Pascal et ces Messieurs de Port-Royal et je n'oublie pas saint François de Sales, trop fleuri, mais bien
savoureux - qu'est-ce qu'un lettré d'aujourd'hui, même chrétien
fidèle et curieux de spiritualité catholique, connaît de ces rares
trésors ? Ils appartiennent à l'Eglise, mais aussi à la France e~
,c'est défigurer le xvne siècle français que de ne pas les placer à
leur rang. L'inventaire de ces trésors, esquissé au passage par
Sainte-Beuve (cet homme avait presque tout lu), était donc,

�74

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

semble-t-il, utile à entreprendre et M. Henri Brémond fut donc
bien inspiré en y songeant. M~is il nous don~e pl~s ~t. mieux
qu'un inventaire : il tire des hvres même, au!ourd hm 1~trouvables, des citations tellement abondantes quelles constituent
une sorte d'anthologie où il sera permis de puiser indéfiniment.
A chaque page l'œuvre éclaire et complète l'homme et l'historien montre ici tant d'amour qu'il risque de mécontenter les
diverses écoles spirituelles dont il écrit patiemment l'histoire
par l'éloge qu'il fait successivement de chacune. °:-uan~ il
manifeste une préférence pour telle ou telle, ce qui arnve
quelquefois, on se demande si elle sera définitive et si_ une
préférence plus marquée ne viendra pas soudain amo~udnr ou
même annuler la première. Il a l'esprit de sympathie poussé
jusqu'à ce point extr~me. Aussi est-il traité par quelque~-uns
de «dilettante», ce qui en matière spirituelle n'est pas touiours
un compliment. Béni cependant ce dilettantisme qui nous
vaut un ouvrage si considérable et si précieux.
Après l'étude de l' &lt;&lt; humanisme dévot ,, et de l' &lt;&lt; invasion
mystique », voici celle de la « conquête mystique &gt;&gt; et tout
d'abord dails l'Ecole française fondée par le cardinal de Bérulle
( de l'Oratoire )i coptinuée par saint Vincent de Paul, Charles
de Condren, M. Ollitr et les Sulpiciens, le Père Eudes et la
Sœur Marie des Vallées, tous écrivains et fort bons écrivains,
comme bientôt Grignon de Montfort. L'examen de la doctrine
bérullienne que M. Brémond oppose à la doctrine ignatienne,
celle du fondateur de la Compagnie de Jfsus, dépasse notre
compétence et les limites de ce compte-rendu. Il suffira de
noter que la première, seion notre auteur, placerait à l'origine
de toute vie spirituelle l'acte d'adoration, l'adhérence aux vertus
du Verbe Incarné, tandis que la seconde proposerait d'abord la
cliscipline de la volonté pour atteindn: aux mêmes vertus ;
l'une « anthropocentrique », l'autre &lt;&lt; théocentrique » ; l'une
plus mystique, l'autre plus humaine. Exagérez celle-là, vous
avez le quiétisme; poussez à bout celle-ci, vous rejoignez le
stoïcisme. La vérité - diverse - est entre deux. En somme
l' « ascèse)&gt; dans l'école française se résume assez bien ainsi:
c&lt; Nous devons plus aimer la patience et la débonnaireté, parce
qu'elle nous conforme à Jésus-Christ doux et patient, que
parce qu'elle nous rend doux et patients. » Dixit le cardinal de

NOTES

75

Bérulle. Et puisqu'il s'agit spécialement pour nous, en l;occurrence, de l'expression littéraire du sentiment religieux, citons
un court fragment de méditation emprunté aux ceuvres du
même auteur. Il a trait au mystère de l1Incarnation, au
moment où la Vierge donne son acquiescement: «Fiat» à l' Ange
annonciateur:
Si jamais j'ai révéré la Vierge, dans te cours précédènt de sa vie,
de st:s pensées et de ses désirs, je la révère beaucoup plus en ce
moment, en cette élévation, en cette disposition en laquelle elle profére cette parole. Lorsqu'elle la prononce, elle entre dans un état
nouveau opéré en elle et non par elle. Elle est lors non en un mouvement, mais en un repos, car elle est tranquille ; non en un repos,
mais en un mouvement, car elle tend à Dieu et y tend par une
vigueur et vivacité admirables. Elle est en un mouvement céleste
en un repos divin: en un mouvement qui est repos et en un repo;
qui est mouvement.
Ainsi, la grâce de l'Incarnation « ne nous donne pas à connaître le Fils de Dieu seul, mais le Fils de Dieu avec sa Mère ·
ne nous lie pas au Fils de Dieu seul, mais au Fils de Dieu et à sa'
Mère tout ensemble ... &gt;) et dans l'hymne de joie ,de la Vierge
portant Jésus « cette parole de la Vierge me semble, dit
Bérulle, être la parole de Jésus et de la Vierge tout ensemble;
et c'est pourquoi cette parole tire et ravit à Jésus et à la Vierge
conjointement. J)
Citons encore cette louange de l'amour (à propos de MarieMadeleine) :
AmoJJr qui n'a besoin d'entretien et sentiment aucun; amour qui
subsiste par voie d'être et non par voie d'entretien, d'exercice et
d'opération; amour qui, comme ces feux célestes, se conserve en son
âme comme en ,son élément sans mouvement et sans pâture; au lieu
que les feux terrestres sont en mouvement perpétuel et ont besoin.
d'aliment pour être conservés et entretenus ici-bas comme en un
lieu qui leur est étranger.
'
Ce style n'est pas pur, mais naïf et accentué; il est neuf en
son temps (les premières années du xvu• siècle); il influencera
tous les Pères de l'Oratoire. « En leur apprenant, écrit M. Brémond, à fixer leur esprit et leur cœur sur de hauts mystères, le
f?ndateur de l'Oratoire a déshabitué ses disciples de la grossièreté et de la boursouflure; il les a conduits aux vraies sources

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

du sublime chrétien. Donnez de l'éloquence à Bérulle, et vous
aurez Bossuet. »
Ceci n'est qu'un, exemple, qu'une indication.• Des textes aussi
riches de sens, il ne serait pas malaisé d'en extraire de tous les
auteurs dont j'ai donné le nom plus haut. En ce temps-là, la
spiritualité catholique était encore littéraire. Après un temps de
déchéaâce, le souci de bien dire déjà renait et, de Lacordaire à
Brémond, la liste des écrivains « spirituels )) se montre à nous
plus qu'honorable. Sam insister davantage sur le livre luimême que tout bon fettré se doit d'avoir lu, je profite de l'occasion pour répondre à certaines objectiohs spécieuses quant au
mérite de nos grands écrivains religieux, par exemple d'un
Bossuet qu'on a mis quelquefois en cause. S'armant de l'idée
trop reçue que cc tout a _été dit » on veut réduire ce mérite à
une question de mots et c'est un argument de poids pour les
champions du " formisme )). Ceux-ci soutiennent, à juste titre,
que l'argumentation de Bossuet n'était pas nouvelle en son
temps et ne dépassait pas ce que la moyenne des prédicateurs
de ce temps pouvait proposer aux fidèles. L'éloquence ou, si
l'on préfère, l'élocution - magistrale - faisait, en somme,
toute sa valeur et, seule, suffisait à le mettre hors de pair. De là
à soutenir que lui, comme les autres, un La Bruyère ou un
Racine ( mais c'est aussi faux pour eux que pour lui) ne se
souciait que de la nouveauté de l'expression, il semble qu'il n'y
ait qu'un pas. Certes, toute œuvre dure par la forme - ou plutôt, sans la forme aucune œuvre ne peut durer. Mais d'abord il
faut reconnaître que l'intensité e't l'accent nous sont des gages
aussi stirs de durée, en cette matière, que la stricte perfection.
Ensuite, pour en revenir à notre objet, n'oublions pas que le
sermon, non plus que la satire et que la fable, n'est point une
œuvre d'art purement objective, détachée du cc sujet » qui la
produit, du « public» auquel elle est destinée, mais tout au
contraire animée du désir de convaincre, de convaincre un
certain public .. De sorte que le point de vue de la beauté formelle le cède à celui de la vérité, de la convictio_n , de l'édification intérieure et que loin de songer exclusivement à traduire en
un beau langage des vérités qui sont à tous, un Bossuet par
exemple, sans même les renouveler, les fait siennes, se les
incorpore si intimement qu'elles reµaissent en lui, rejaillissent

NOTES

77

de lui aveç les mots, comme étant nouvelles et personnelles.
Et ainsi :son originalité n'est pas de les dire autrement qu'un
autre - il n'y songe pas, Dieu merci ! - mais de les repenser
pour les bien dire. Personne n'a parlé, ni pensé avant lui; il
les découvre en les disant. En fait, il prend pour elles sur sà
vie et sitôt qu'elles vivent, l'éloquence s'ensuit.
.
Qu'on cesse donc de prôner, comme on en est tenté encore,
le culte de l'originalité dans la forme ; il se tourne contre son
objet. Que l'on renonce ,!1Ussi à opposer à ceux qui expriment
des idées reçues et définies - un dogme, une tradition - le
risque de se répéter ou de répéter leurs ancêtres ; car la nouveauté n'est pas dans l'idé_e, mais bien dans la prise qu'on a sur
elle, dans le brasier où_ on Ja jette, dans l'amour où on la
refond, dans l'animation personnelle que certain homme non un autre - lui communique : en un mot dans la vie. La
forme sera toujours neuve, lorsque la gonflera assez de vie par
le dedans.
HENRI GHÉON
*

* *

PAGES CHOISIES, de Jean Jaures. (Rieder). - HISTOIRE SOCIALISTE DE LA RÉVOLUTION FRANÇAISE, I : LA CONSTITUANTE, par Jean Jaurès.
(Librairie de l'Humanité).
Le recul de huit années, dont cinq de guerre qui valent plus
d'un siècle, donne à la figure de Jaurès un contour, des traits
qui sont à peu près exactement contraires à l'image qu'on s'es.t
faite de lui pendant ses trente ans de vie publique. îhéteur,
visionnaire, apôtre, poète, idéologue, « monstre oratoire »,
toutes les définitions de sa personnalité prodiguées par ses ennemis comme par ses admirateurs s'effacent quand on aborde
d'ensemble son œuvre: il est avant tout et par-dessus tout un
grand réaliste. Certes il est tout entier et sans cesse tendu vers
un idéal; jamais pourtant l'optimisme et l'enthousiasme qui
l'animent n'obnubilent sa clairvoyance,
Cette œuvre de Jaurès, dégagée de son action quotidienne,
c'est à celle de Péguy qu'on peut la comparer, Péguy qu'il aima
et dont il fut aimé, qu'il conseilla, dont il fut le collaborateur
aux Cat,iers, Péguy réaliste comme lui , comme lui clairvoyant,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

mai's incapable d'action sociale, incapable des compromissions
apparentes, des opportunismes nécessai.J'és, de faire servir le
mauvajs et le médiocre au profit du bit:!n, incapab1e d'autre
chose qui. d'opposition, opposition féconde certes,. mais qui
n'atteint pas- à la valeur d'une œu:vre positive et constructrice.
Péguy a pu se séparer de Jaurès,. l'accabler, le calomnier, ils
n'en restent pas moins tout . proche·s l'un de l'autre. Ils étaient
tous deux de même t.rempe snli.de, de •inême origime terrienne,
formés ~par la. même discipline. classique et bourgeoise,
conscients à la fois d'apparten.id la piétaille de France et à son
élite, improvisateùrs inlassables, mais toujours bâtissant sur de
puissantes assises élémentaires, cimentées par l'histoire. C'est
peut-être ce besoin commun de l'élémentaire, de ramener les
questions les plus particulières à. leur cellule originelle dans
l'âme ou dans l'esprit de l'homme, de guider une incessahte
navette entre l'homme d'aujourd'hui et l'homme de toujours
qui les apparente le plus et qui fait d'eux ( avec le Barrès de
l' Appel au soldat, de Laurs Figures et de Scènes et Doctrines du
Nationalisme) les témoins. types de notre temps.
Le réalisme de Jaurès, son zèle à. ne jamais fausser ce qui est,
à épouser toutes les contradictions et toutes les nuances de la
vie, se découvre d'un bout à l'autre de ses Pages choisies par
MM. Desanges et Luc Meriga. On y trouve les morceaux les
plus caractéristiques : les deux discours d'Albi, la conférence
sur l'.A.rt et le ~ocialisme, la réponse à Barrès dans le débat sur
rEcole laïgue, et aussi des morceaux moins connus comme
la Conférence sur Tolstoï ou des articles de journaux perdus
dans de vieilles collections de la Dépêche ou de la Petite Répu-

blique.
On chercherait en vain de la phuséologie creuse dans toutes
ce~ pages. Ch_aque idée s'enchaîne à la précédente, est aussitôt
étayée de faits, d'exemples, éclairée d'une image qui la -fixe dans
l'esprit. Une parenthèse s'ouvre, c'est qu'il est nécessairt:! d'apporter quelque restriction au système ou d'écarter quelque
objection plausible. Quant aux images qui jalonn'ent aussi bien
la période écrite que la période parlée de Jaurès, elles sont
rarement plaquées ; le plus souvent elles nais;;ent de ce besoin
d'élémentaire que nous signalions plus haut, elles sont empruntées à la vie rurale, à la nature, _aux saisons, aux astres. Il y

NOTES

79

aurait toute une étude à.écri(e sur Jaurès paysan, et paysan des
derniers contreforts du Massif central, pénétré de la grandeur
simple de la vie pastorale et montagnarde, puis, plus tard ,
professeur à Toulouse, paysan des plaines prospères du pays
garonnais.
Mais son réalisme, c'est dans une œuvre de longue haleine
comme son Histoire socialiste qü'il éclate surtout. Et là ce n'est
pas simplement un don réaliste foncier qui se fait admirer, c'est
toute la complexité du réel que Jaurès embrasse et domine de
·haut sans en laisser échapper un seul détail. Les généralisations
constantes-de Taine, ses démonstrations géométriques ou le.s
grandes systématisations mystiques de Michelet, ses constructions psychologiques sont ici jalousement évitées. C'est un
modèle d'histoire concrète que celle de Jaurès. Ce prétendu
rhéteur laisse parler les faits, consa:cre des pages et d.es pages à
des statistiques commerciales, à des analyses de documents
locaux. Rien n'est plus admirable dans ce genre que l'évocation
de Bordeaux, Marseille, Nantes et Lyon à la veille de la Révolution. Et c'est toute son expérience de grand parlementaire
que Jaurès apporte à étudier les séances de la Constituante, les
motions~ les discours, les manœuvres de couloirs.
C'est mal comprendre Jaurès- que ·de vouloir le tire.r vers le
« robespierris.me &gt;&gt; comme le fait M. Mathiez qui a revu cette
nouvelle édition de !'Histoire socialiste. Jaurès est au-dess-qs du
« clan Aulard » et d.u « clan Mathiez». La Révolution pour lui
n'a pas eu son apogée sous la dictature de Danton plutôt que
sous celle de Robespierre; elle est pour lui un tout dont il a vécu
avec passion chaque moment. Le fait de voir dans cette révolution bourgeoise la condition de la révolution sociale ne trouble
jamais son jugement. Il est en 1788' de cœur avec la bourgeoisie
productrice des négociants bordelais et des armateurs provençaux, puis il la détestera ; il est avec Barnave, puis il sera contre
lui. Il agira de même envers Danton, envers Robespierre. Les
hommes ne l'arrêtent pas, il n'est sensible qu'à l'âme de la
Révolution.
11 serait juste que la publication des Pages choisies de Jaurès
( en attendant ses Œuvres Complètes) et la ré-édition de son
Histoire socialiste fissent entrer Jaurès dans l'histoire littéraire de
la France où, malgré toutes les scories et les ·bavure$ dues aùx

�8o

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

conditions dans lesquelles il l'a édjfiée, son œuvre puissante et
vraie a sa place marquée.
llENJAMIN CRÉMIEUX
*

**
LA VIE DE MONSIEUR DU GA Y-TROUIN ÉCRITE
DE SA MAIN (Collection d€s Chefs-d'Œuvre Méconnus,_
Bossard).
Comme presque tous les Mémoires écrits par des hommes
· d'action, surtout par des militaires, ceux de Dl.! Gay-Trouin
commencent par causer de la déception. Quoi, c.e corsaire qui
a cohduit cent abordages, qui a enlevé d'un coup de main et
pillé Rio-Janeiro, ce batailleur emporté et sensuel ne trouve
guère à nous donner que des renseignements technique.s sur la
manière dont il a mené chacun de ses combats, et c'est entFe
deux récits-ile manœuvres, comme par accident, qu'il lui é&lt;.:happe
quelques phrases où nous , 1oyons ce que fut réellement la
guerre de course ? Reconnaissons pourtant que si l'on met à
part quelques admirables récits de capitaines qui furent curieux
de la vie, sensibles à sa couleur et capables de consigner leurs
observations (Montluc, par exemple), ces mémoires sont encore
parmi les plus savoureux que nous aient laissés des hommes de
guerre. N'oublions pas que Du Gay-Trouin ne rédigeait pas es
s-ouvenirs pour amuser ses petits-enfaO:ts ou pour occuper les
loisirs de sa vieillesse ; iJ l écrivait ces notes dans 13' force de
l'ige, pour Ie ·Cardinal Dubois, comme un résumé de so11 ex-périence militaire. N'oublions pas non plus qué la génération qui
grandit en plein règne de Louis-XIV poussa plus loin qu'aucune
autre la politesse qui consiste à ne pas. occuper nos semblables
de ce qui nous est individuel. Ce corsaire dont le bon sens et la
franchise ayaient conquis la confiance du roi et de · ses secrétaires d'Etat, au point qu'on·demanâait son avis sur toutes les
questions maritimes, s'il crut de'Voir prendre perruque , et langage d'honnête homme pour s'adresser au premier ministre, il
ne faut pas en être surpris ; l'étonnant, c'est bien ·plutôt que
eette forte natur&lt;:: ait tout de même trouvé moyen de se faire
sentir ;·sans doute le devons-nous à la popularité dont les ave·nturiers de mer •jouirent pendant la guerre de la Succession
d'Espagne, et à la curiosité que tout le monde éprouvait pour

81

NOTES

leurs exploits. Leur prestige devait ressembler à celui que, pendant la dernière guerre, les commandants de croiseurs allemands
trouvaient en rentrant chez eux. Au reste, l'effort de Louis XIV
contre les flottes del' Angleterre, de la Hollande et du Portugal,
ressemblait assez à celui que tentait l' Alleu1agne au moyen dé
la guerre sous-marine. Incapable de lutter régulièrement contre de si redoutables puissances navales, il lui fallait se contenter
de paralyser l~ur commerce-en coulant ou capturant le plus possible de leurs vaisseaux. Les bâtiments marcnands ne sort-aient
·plus que convoyés par des navires de guerre. C'est contre ceux-ci
que portait l'attaque. On les approchait sous pavillon ennemi, et
c'est seulement au moment de lâcher à bout portant la première
salve d'artillerie que l'on hi;sait lés co1:1leurs du roi. Les corn-·
bats semblent avoir été très meurtriers ; bien -des fois Du GayTrouin dit avoir perdu dans une affaire la moitié de son effectif.
Dans son combat contre lé Devonshire, il a trois cents hor,imes
sur -le carreau au moment où le navire ennemi prend feu et
périt en un quart d'heme avec tout son équipage : « Chuse
hideuse à voir, écrit Du Gay-Trouin, -et dont l"a seule idée fait
frémir ! Trois de ses matelots seulement se trouvèrent dans mon
vais~cau après le combat, sans que j'aie pu savoir comment ils y
étaient entr~s. Ils me npportèrent que, d_ans le vaisseau le
Devonsbire, il avait péri près de neuf c~ts hommes, y ayant,
outre son éq\lipage, deux c.e nt cinquante soldats ou passagers
de considération, de l'un et l'autre sexe. » Le ton même du vainqueur devant la disparit,i9n de ce ~a.vin: de 90 canons montre
un état d'esprit singulièrement différent de celui qu'affectaient
·tes torpilleurs de la Lusitania. Grand soin semble avoir été
apporté à recueilJir les équipages et à respecter certaines règles
de la.guerre. Assurément les prétextes qu'allègue Du Gay-Trouin
pour attaquer Rio-Janeiro manquent de bonne foi et la menace
&lt;iefaire sauter la vÎlle si la rançon n'est pas immédiatement
payée sent assez son pirate. Mais du fait même que cette
guerre de course était entrepr--ise par des particuliers, non dans le
simple dessein de détruire, mais pour ramèner des prises, il
est éYident qu'elle était beauéoup moins iohumaine et moins
àbsurde que ce q-ue nous avons vu naguère.
Il y a une sorte de candeur dans la manière dont cet homme
qui aimait tant les femmes èt les coups parle de lui-même :
6

�· LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

8z

Quoique ces maximes soient d'eJ!es-tpêmes ass.ez estimables, j'avoue,
à ma honte, qu'elles ont été ..chez moi ternies par une vivacité un peu
trop outrée, dans les occasions où j'ai cru qu'on ·ne remplissait pa bien
son devoir. Ce premier mouvement m'a souvent emporté à des procédés trop vifs et à des termes peu convenables à la dignité d'un commandant.

Il lui coûte sans doute moins d'avouer :
La vue d'un danger pressant m'a souvent causé des révolutions
étranges, quelquefois même des tremblements involontaires dans toutes
leS' parties de mon corps.

S'il a l'art des chefs militaires qui est cc de t\mjours mettre ses
équipages dans le cas d'être braves par néces~ité &gt;:, il apporte
une attention continuelle à ne pas les exposer mutdement ; ses
hommes le savent et il peut se p.ermettre des ménagements
dangereux :
Quand il était question d'éviter ou de joindre avec plus de pron;iptitude les vaisseaux ennemis, quelque près qu'ils fussent de moi, je ne
craignais pas de fa1re mettre mes g_ens à fond de ~ale, pa:i:c: ~ue_ j'étais
sûr qu'cà mon premier signal il;, se remettraient auss1tot a leurs
postes.

NOTES

rester un technicien clu tir et met son point d'honneur .à ne pas
quitter son poste, l]lême par une pensée rétrospective. L'événement qu'il raconte n'a duré que quelques heures, cyclone inat- tendu et pour ainsi dire sans liens avec le reste de la -guerre. A
l'aide des feuilles d'observations et des ordres de tir, le combat
est reconstitué coup par coup et minute par minute. Pas de
digressions; pas non plus d'excès de documentation ingrate.
Une narration sobre, presque sèche, qui d·onne bien l'impression
de ce drame scientifique etfoudroyant, auprès duquel les duels
d'artillerie terrestre semblent des batailles de rustres ·armés de
frondes et de catapultes. Il ne s'agit pas ici de confronter les
renseignements donnés par von Hase avec ceux que fournissent
les récits anglais. C'est affaire aux.spécialistes. Qu'il nous suffise
de constater ici que le ton du narrateur révèle un esprit de
modération et de droiture, et que, même là où son orgueil
se donne cours, dest avec ùn respect de l'adversaire qui contribue p~issamment à l'émotion du livre.
JEAN SCHLUM BERGER

JULES TELLIER, par Henriette Charasson (Mercure de

Et ne parle-t-il pas joliment de sa sensualité lorsql}'il écrit :

ff semble qu'un cœur épuisé1rar sa propre inconstance, et accoutumé à' courir après tous les objets 1 soit incapable de s'arrêter à ~~
seul, et de réunir, à: l'égard d'une personne, les désif~ "vastes qu 11
formait pour toutes les autres.
1
Pour un écumeur dé mers, .c'est ass~-i 'âéficatement dit.
JEAN SÎ::HLUMBERGER

*
"' *

LA BATAILLE DU JUTLAND VUE DU" « DERFFLINGER &gt;&gt;, par le capitaine de c01:vettë Georg von Hare
(Payot).
Le récit .du capi_tajne de corvette von !:[ase vient faire pendant à celui que le commandant Semenoff p~us a donné_ de la
bataille de Tsoushima, mais avec toutes les différences qm séparent un Russe d'un Allemand_. De plus, Semenoff p~rle en officier
d'état-major, soucieux de placer les événem~nts à leurs plans respectifs dans une douloureuse épopée, tandis q.ue von Hase veut

France).
Ce livre s'ouvre par un portrait au crayon singulièrement
vivant, et quand on le lit on s'aperçoit que cette vie, comme
derrière les yeux, se conJinue dans l'épaisseur des pages.
Madame Henriette Charasson écrit sur Tellier au moment o"ù
celui-ci trouvera peut-être ses lecteurs les meilleurs et les plu$
émus : je veux dire ceux qui, ayant appartenu à la géi1ération
de Jules Tellier, ont atteint aujourd'hui l'âge où l'on se
souvient, où le .souvenir devient presque une passion, et où il
devient singulièrement doux de revoir les sentiments de , sa
génération arrêtes sous la belle figure d1un jeune mort. Car
Tellier est exactement, sans le dépasser de beaucoup, l'homme
de sa génération intellectuelle, celle où arrivent à la vie de l'esprit, un peu après Bourget, les Barrès et les Maurras : la génération des Essais de psychologie contemporaine. La place . des
Reliques, dans une biblîothèque bien composée, est à côté de ces
Essais, d' Un Homme Libre et du Chemin de Paradis, et non loin
de Thaïs. Ce fort en version, ce sensuel rentré, ce cerveau

�LA NOUVELL\, REVUE FRANÇAISE

mariné dans « l'abus du rêve et de l'analyse» avait écrit comme
Barrès et Maurras à son âge, des « idéologies passionnées ».
Qu'en fôt-il sorti si la destinée l'eftt épargné ? Madame Cha:
rasson croit que cette destinée l'a accouché à son être, qui
était celui d'une jeunesse sans lendemain comme celle qu'il
avait pressentie en Tristan Noël. Et en effet il n'était pas né
jeune. Il avait été lâché dès sa naissances~ le versant des_cendant de la vie, et presque tous ses écnts se ramènent a ses
sensations de descente. Et, au contraire de l'auteur de l'Homme
libre il ne se trouvait pas intéressant. Il s'aimait sans doute,
mai: il n'aimait pas s'aimer. L'essentiel est qu'il ait laissé, comme
Maurice de Guérin, une cinquantaine de pages parfaites ( çà et
là, seulement, quelques épithètes de trop). Ne pourrait-on les
réunir dans un petit livre, du même volume à peu près que
celui de Madame Charasson, et qui achèverah son monument
public ?
*
ALBERT THIBAUDET

NOTES

du Fou et la Maison du Sage, d'un ouvrage qui en aura d'autres,

LE VIN DE TA VIGNE, par Louis Artus (EmilePaul).

et qui est construit sur les thèmes catholiques les plus rigides,
les plus purs, les plus intenses. Il tourne le dos au ,uxe siècle et
regarde vers le moyen-âge. Le vin de la vigne du Seigneur n'est
pas à boire avec mesure et comme à regret, mais bien jusqu'à
l'ivresse, jusqu'à ce que l'être ne fasse plus qu'un avec les puissances de la liqueur mystique. Aussi la littérature de M. Artus estelle comme celle d'un couvent mystérieux, arche sainte de vie
exaltée et de chrétienté intégrale. De là ces Chroniques de _SaintLéonard auxquelles ce livre ajoute des contes parfois étranges,
mais d'une forte vibration, et qui paraissent le diviser comme
en cellules de moines, aux murs blanchis à la chaux et couverts de fresques. La plus curieuse de ces fresques est peut-être
la première, celle du Moine Ivre. Dom Jean imagine éloquemment une Ucbronie singulière, celle d'une histoire renversée,
où l'ère avant le Chri:;t devient l'ère aprè:; le Christ et réciproquement : de sorte que le discours sur l'histoire universelle part
du xxxe siècle, et, de progrès en progrès, s'avance jusqu'à
Prométhée, qui rejette le feu vers le ciel. Dans cette histoire le
Christ ne paraît pas. - Pourquoi? demande l'auteur - ~ Qui
voudrait, répond dom Jean, soutenir le mensonge diabolique
du progrès devrait, comme je l'ai fait devant vous, commencer
par la dernière page, - celui-là qui voudrait démontrer la
sagesse de l'homme l... Mais pour ce mensonge et cette
démonstration, il faut, j'en conviens, ignorer Celui que nous
servons, vous et moi, qui imposa à la durée Je point fixe de sa
naissance et de sa mort. » Sous le titre de Malbrough s'en vat'en-guerre, intermède détendu du livre, on assiste à une jolie
revue des personnages de toute la chanson et des légendes françaises, en marche vers Jérusalem. Le Miracle de la 2oe avenue
et l'Enfant qui n'allait pas à l'école sont deux contes mélancoliques et délicats des temps futurs. Le livre plaît d'abord parce
qu'il est élégamment et parfaitement écrit. Ses personnages de
tapisserie et d'abstraction manquent un peu de vie. Ce qui
remplace la vie c'est un ardent courant religieux et mystique
qui les conduit tous, sinon vers une démonstration, du moins
vers un état d'intuition intense. Attendons, pour le mieux peser
et comprendre, que le cycle de M. Artus soit terminé.

Le Vin de ta Vigne fait le troisième volume, après la Maison

ALBERT THlBAUDET

* *
RELIQUES, par Isabelle Rimbaud (Mercure de France).
Ce qu'on cherche avant Isabelle Rimbaud dans ces pages, lettres ou articles - c'est le frère dont elle ne se lasse pas de
parler : Rimbaud. Son atroce agonie décrite jour par jour, son
dernier départ des Ardennes, on en reste hanté.
Mais il y a autre chose dans ce recueil posthume. Il y.~ la
personnalité de la sœur- d'un gr~nd poète, . transpos1t1on
féminine, - plus faible, moins orgueilleuse, aussi ardente -- de
la personnalité de Rimbaud. .
.
,
On s'étonne que les historiens de la littérature n accorde~t
pas plus d'importance aux sœurs des écrivains. On trou.vera1t
souvent dans cette étude la clef de bien des états d'âtne et de
bien des aspirations difficiles à interpréte~, même _quand ces
sœurs ne sont ni une Jacqueline Pascal, 01 une Lucile de Chateaubriand, ni une Henriette Renan, ni une Isabelle Rimbaud.
BENJAMIN CRÉMIEUX

** *

�86

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

NOTES

~~vr~e, il faut se réjouir qu'il tire son plus grand mérite del mtelhgence de •fran_c ajoi qui y pétille d'un bout à l'autre.
BENJAMIN -CRÉMIEUX

LA CHAUVE-SOURIS par Char~s DerennfS ' (Albin
Michel).
On lit cétte étude comme un agréable romani mais on a
peine à imaginer· que les êtres exquis.dépeints par M. Derennes
-, les plus proches de l'homme selon lui par leurs instincts, lem:
cc mentalité &gt;)et leur inadapta'.tiotLàla . vie ambiante - soient ces
monstrueuses chauves-souris de cauchemar qui .peuplent les
souvenirs de nos vil1égiature,s enfan1 ines. On a l'impression que
M. Derennes a voulu tenir la gageure de faire .jouer un. rôle de
ténor à une bass.e noble ou. de jeune premier à un grime.
• Entre Colette, J.-H. Fabre et Joseph de Pesqu~doux,. et à
peu p.rès à égale di.stance des trois, M. .Derennes s.è ta:ille. une
place.bien à lui dans l'observation et la peintur.e
monde animal. Orr se scandalise un peu, toutefois, de la ·ifaço·fll çlésinvolte
donriLex.écute'·en deux lignes. D.uwin, Buffon, J .-H. Fabre ou
nos savants zoologistes. Pourquoi surtoùt, dans u.11 sujet simple
et naïf rnmme celui-ni, eet étalage de poncifs néo-classiques,
ces, déclamations sur .,l'@rdre, la •démocratie,, la_ faillite de
la;scien.ce? Cela gà.te le..plaisir •du lecteur rde bonne. foi, qui .supporte mal d'être endoctriné, quand il souhaitait uniquement
è~re instruit et ému.
JlENJA-MIN CRÉM1EUX

ou

..,_ ' .. **

LES DISCOURS J:?.lii DOCTEUR 9'ÇRADY, i par

André Ma,u-rnis (Çrasse,t).
- Les S.ile.nces du -colond 13rarnble étaient déj~ Jort réjouissants ;
·les Discours du docteur O'Grady qui; les conrinuent leur sont
peut-être supérieurs. Ce qui.en fait le charme principal, c'est,
te trois bien, 1 l',lr;i.bile juxtaposition d'un humorisme britan~
nique, fidèlement rendu., et d'une ironie française q11.i s'exèrce
aux dépens de cet humour.
Cest au fond le: pr.océdé. de l'abbé Coignard exerçant une
\lel've d'humaniste sur ,la tradition catholique et · gothique, ou
d'un grreculus du - siècle d' Auguste admir&lt;ant et raillant la
puissance et ia ba:rbarie romaines.
r
Sans exagérer -la portée philosophique de cet agréable

LA POESIE
LA SiYMPH?~IE HÉROIQUE, poèmes, par Henry
Jacques. (Aux éd1t10ns de ·Eelles-Lettres. Prix de la Renaissance).

:e.

sont des poèmes sur la guerre, ou contr~ la guerre,
qu amme une g~n~rosité un peu vague et grandiloquente mais
plem_e de conv1ct10n. La valeur en est ti;ès inégale. Une
certame faconde oratoire y tient souvent lieu de souffi.e
épique et _le goût de l'ampl,i§-cation y paraît avec · tous les
mo~v~ments et coupes _ conventionnels que dissimule une
réc1tat1on complaisante.
1~ serait fort malséant de dénier à_ M. Henry Jacque·s, qui
a fait la guerre, le d~oit &lt;le la détester, mais l'invective n'est pas
de style héroïque, è'est un fait et le leit-rnotif &lt;&lt; guerre à la
guerre &gt;&gt; n'e~t pas w.oins .2,ropice qu~ « gue;:re du _droit » ou
« guerr~ fraîch~ et ioyeuse » au verbalisme déclamatoire. Il
fau~ se résigner à rimer des clichés de g~~che ou de droite, à
mo~ns de se, résoudre à écrire, non l'épopée de la guerre,
~ais les poèmes d'un homm~ dans la guerre, des poèines de
circonstance. Le mode épique exige la sympathie ou le respect
du poète pour le sujet. Les CbâtÎmenfs\ ~ n · dépit du génie de
Hugo, ne se lisent pas sans gêne.
Et voila les sof'dats, les simples au cœur -nu
o-.. •
Danr, le flttiîlie de Cltfr aës:vidlles jugula,ires
Ils s'en vont, sans savoi'f qu! ils sfml Joute la guen:e
Ve1::s quelque graniide~tin qu..i leur re~te inconnu.
Sur cette route étroite où le droit les endigue
Ainsi vont-ils ojfra11t aux ·triomphes futurs,
Tacittirnes sàuveztrs aux di-r:ouemenfs obscurs
Leur adomJ;le sang et leu,· sainte fat"igut..

Dans Te piétinement de leurs brodequins /o;trds,
Moi qiu ce/fecohue Îi 'dmlé ;!Jans. ses cliarges
j'écoute ret~ntir, mcor lointà.ins et sourds,
Les pas mystérieux IÙ l'avmïr en 11111rche.

�88

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il ne faudrait pas Juger M. Henry Jacques sur de tels vers
qui résument assez bien le côté artificiel, emprunté ou trivial
de son lyrisme. Il trouve des accents justes et forts pour
exprimer un sentiment vrai, profondément ressenti :
Nous les vivants du dernier iour,
Tout étourdis de notre chance ...

NOTES

aîné &gt;&gt; une image mi-chrétienne e-t mi-bouddhique où nous
reconnaissons plus simplement un homme instruit par la douleur. Revenons à l'œuvre d'abord toute de confiance et célébrant
La Louange de la Vie. Après vingt ans de silence, Elskamp soupire:
Ils se sont tus les anges doux
Que tu voyais en robes blanches,
Avec leur-s violons aux joues
Faire musique à tes dimanches.

La vie qui tremblait dans leur peau
Comme une bête sans courage
Flairant l'ineffable repos
Qu.i suit la fin des grat1ds carnages.

On citerait volontiers ces litanies de la Boue où éclatent des
images pleines d'énergie :
Bave qui salit tout, et la chair qu'elle touche
Et la paille des sofrs et le fer des fusi!s.

et cette apostrophe vi:aiment belle :
Reviendras-tu, soleil, lui dessécher la face
Et durcir dans ses flancs la forme des souliers

M. Henry Jacques, qui estrté poète, ne peut manquer de sentir
ce qui 'tait le prix de tels vers, une justesse naïve qu'il faut sans
cesse retrouver, à forte d'art et de patience -ou de génie.

C'est la même voix pourtant, ses « syntaxes mal au clair», la
savante gaucherie des rimes pauvres et des harmonies dissonnantes. Mais lointaines sont les kermesses dominicales. Il reste
le souvenir d'une aventure intellectuelle, voyage au long cours
d'où l'on revient désabusé. Sans cri, sans geste, le poète, sur
un mode mineur et peut-être monotone, développe le thème
d'une sagesse retrouvée, d'une résignation mélancolique.
Les uns, habitués aux complaintes de Max Elskamp, en
seront comme naguère agréablement bercés. D'autres loueront
davantage, sans trop parler philosophie, la sincérité d'une confession de bonne foi.
PAUL FIERENS

ROGER ALLARD
I

*•

r

CHANSONS DÉSABUSÉES, par Max Elskamp (Van
Oest, Bruxelles).
Les Madones isocèles d'Anvers, à qui Mall Elskamp chanta
ses premières litanies, ont de lourdes couronnes et des manteaux
brodés. Dépouillées de ces ornements, qui ne sont point de
pacotille, elles apparaissent émouvantes, avec l'affectation du
«hanchement» gothique ou leur rudesse d'icônes paysannes.
Ainsi l'art d'un poète que l'on dit &lt;&lt;folklorique» ne l'est vraiment que par surcroît. Sous le décor du pittoresque local, discernon~ l'éternelle attitude de la supplication, de l'intercession,
de la prière. Ce n'est plus pour leur« naïveté» que nous aimons
les « primitifs » et Max Elskamp nous est plus précieux depuis
qu'une étude de Jean de Bossçhère éclaira l'intimité de cette
conscience inquiète. Le scoliaste a tracé de son « pauvre frère

MARSYAS OU LA JUSTICE D'APOLLON, drame
satyrique en trois actes et un prologue, par François-Paul
Alibert (Pierre Polère, Carcassonne).
A vrai dire, ce poème dialogué ne prétend point à la force
dramatique. Le mouvement, non point la chaleur, y font
défaut; et sans doute le style d'Alibert aura-t-il toujours quelque chose de trop décoratif, de trop drapé pour se prêter aux
exigences d'un dialogue scéniqu-e. On songe à ces personnages
des grandes ~ompositions de Lebrun, qui n'essaient pas de nous
faire croire à la réalité des batailles dans lesquelles ils sont
engagés ou à la vérité littérale de leurs gestes allégoriques. Ils
n'en ont pas moins pour cela de beauté. Je songe au monologue
de Minerve jetant loin d'elle la flûte:
Source d'ivresse, vil et sauvage instrument,
Toi qui déformes l'âme aussi bien que la joue ...

�90

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Je songe surtout au dernier entretien, dans lequel Marsyas,
vaincu et frémissant de colère, finit par s'incliner devant la
sereine dureté d'Apollon, reconnaissant que l'art· pur devait
vaincre l'art confus et que la victime écorchée devait adorer
le dieu cruel et beau.
Ce qui caractérise le style d' Alîbert, ce sonf des périodes
amples - non pas oratoires, car elles ont de la retenue et se
plaisent à certains raffinements de syntaxe qui couperaient le
sifilet à un ténor de la récitation - mais phrases abondantes,
un peu pompeuses, d'un Louis XIV qui reste sévère même lorsqu'il se charge' d'ornements. Marsyas a été écrit,. croyons-nous,
antérieuremept aux Odes gue nous avions récemment l'occasion
d'admirer et où l'on constate _un é1an plus spontané, une beauté
plus libre.
JEAN SCHLUMBERGER

.. * *

DIABLERIES, par Mélot du Dy (Editions littéraires de
f'Expansion Belge).
M. Mélot du Dy tire aujourd'hui le_ biable_· par la · queue.
L'année de,rnière✓en ses Mythologies, il se moquait des Dieux de
plâtre d'un Olympe de carton et « fumait à leur nez de fines
cigarettes )&gt;. M. Mélot du Dy a: une jolie sensibilité - ce n'est
pas là une simple politesse littéraire - mais cette sensibilité
s'applique trop souvent à des bizarreries quelque peu affectées•
Les poète,s quelquefois se suivent et se ressemblent et le
sanglot lointain de LafoF.g}le vient rouler -encore dans ces
vers :
Dieu ! j àites rom me cliez. vous,
Il n'j a pas autre chase
Qu'un amour qui se propose;
Sans vo1iS prier à genottx.

Ailieurs ~ussi, .on po·urrait penser que ~- Mé\of du Dy s'est
trop souv·enu de Guillaume Apollinaire, mais ne peut-on croire
au Hasard et les poètes ne peuvent-ils ~one se r_l::ncontrer sur le
Parnasse ? M . .Méfot
Dy écrit beaucoup, mais pour ma part,
j'aimerais qu'il suivît l'inspiration cliarmante qui lÜi dicta ce
curieux petit poème :
J

au

..

fls ont perdu le to11 galant,
. Automobiliste et piéton.

NOTES

.

Ils ,;&gt;nt un air bête et mticbarit,
Qui connait Monsieur Pavillon .
Ce sont des illettrés ces gens.
Ils parlent comme des butors.
Et c'est bien triste. ,Et èepènllant
Monsieur Pavillon n'est pas mort.

J'aimerais encore que ce poète 'sût garder le ton simple de
ces quatre vers :
Sur la table 1·ase
Où dort lq. poussière,
Avec rnon index
Je dessine 1111 ,xwr.

Un cœur quj souvent chante faux et qui, j'en suis sûr, saurait
dire vrai.
: GEORGES GABORY
1

LE ROMA.N
LA RANDONNÉE DE SAMBA DIOPF, par Jérônie ,et
Jean Tharaud (Plon).
Lorsque Loti s'éveille en. face d'une terre , nouveUe, ses
prunelles, ses narines, son épiderme vibrent ; l'intelligence
s'annihile ou plutôt .se disperse, redescend dans les nerfs, vient
e.xalter les réce.pteurs des ,sens. Les souffies citérieurs frappent
cet homme où bourdonnent sans cesse des musiques
secrètes. Des accords se forment -au eboc~ àccords .inentendus, aux bases instinctives, impénétrables à la raison. Un
chant s'élève, continu, et sur un orchestre de cordes, semblet-il, succession de mineurs sans cesse modulants. Quelle oreille
a pu oublier son Spabi, ses songeries d'Afrique occidentale?
Où est l'instinct dans ce Samba Diouf des Tharaud ? Où sont
les sens, les résonances imprécises ? Ces Tharaud sont esprit,
clarté pure, raii;on. Des latins, dirait-on, si le mot n'impliquait
emphase. Intellige.nce, général, ton.tee qui s'échange d'homme.à
homme, non Je mystère qui repose au tréfond de l'individu,
qui jaillit par éclairs incertains, qui s'exprime par des murmures, par des rythmes, par des sons complexes et voilés. Les
Tharaud sont deux ; ils parlent leurs œuvres avant de les
écrire. Ils laissent tomber au fond d'eux-mêmes ce qu'ils ne

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

peuvent formuler. Ils donnent au public ce qui leur est commun.
Et donc ce qui est commun à la plupart des hommes.
Ce que nous donnentles Tharaud, c'est, plus que l'impression,
la connaissance. Ils dédaignent le cas individuel, inutile à connaître. Ils s'emparent d'un grand sujet: une terre ou un peuple, ils
traitent ce sujet, ils l'épuisent. Leur héros est toujours un type.
Leurs én uro éra tions qui, par le son, évoquent Salammbô, n'excitent
pas les sens par des obscurités étranges : elles renseignent,
enfonçent chaque trait dans l'esprit. Ils sont très instructifs. Il y
a un peu, dans leur manière, du Jeune Anarcharsis.
Il n'est de très clair que le déjà dit; et ils n'admettent que le
clair. Il n'est même rien de parfaitement clair, si ce n'est ces
formules d'algèbre ; l'idée exprimée par des mots traîne toujours quelque musique. Aussi rencontre-t-on parfois dans Samba
Diouf des échos de l'Odyssée, de Voltaire ou de ·chateaubriand.
Mais par où les Tharaud sont uniques, c'est par leur art de
composer. Ils ne se perdent pas dans les compositions trop
raffinées où l'on oppos·e les nuances. Cet art n'a rien d'asiatique.
Ils peignent par tons simples, presque par blanc:et noir. Je veux
dire qu'ils mesurent patiemment la largeur et la teinte du
trait. Bien mieux ce sont des architectes : ils édifient. Architectes qui n'ont peut-être pas taillé toutes leurs pierres, mais qui
ont inventé les jeux de la lumière sur les surfaces, sur les
saillies. Il est des monuments plus hardis, plus étonnants, plus
délicats ; il en est peu de plus sobrement harmonieux, de
ph1s solide.s, de plus francs.

NOTES

93

dant les plus charmants et les plus fantaisistes entrelacs de
dentelles.
Renonçant pour une fois à tout souci de construction, Edmond
Jaloux s'est abandonné à lui-même et il se montre au naturel,
sans jamais se guinder, musant et flânant tout à son aise sous
les arcades du Palais-Royal ou le long des sentiments humains.
Son sourire et sa cocasserie l'accompagnent, son art des combinaisons romanesques et psychologiques aussi. Il est bon pour
un écrivain qui cherche sans cesse à se dépasser de 's'accorder,
tous les cinq ou tous les dix ans, une détente. Souvent les
livres qui naissent de là comptent parmi les plus significatifs et
les mieux réussis de l'œuvre entier.
Dans !'Escalier d'Or, Edmond Jaloux a symbolisé l'essentiel
de sa pensée sur la vie sentimentale des hommes d'aujo~rd'hui :
ce mélange de romantisme et de sens pratique qui se retrouve
chez presque tous ses héros, ce besoin de rêver et ce besoin de
jouissances immédiates et d'aises matérielles, ces grandes aspirations se brisant contre les exigences du réel. Mais cette fois,
Jaloux conclut en philosophe, en méridional et en classique que
« l'on n'atteint pas la sagesse en gravissant un escalier d'or »,
mais que le réel doit et peut suffire à nourrir la poésie et l'idéal
au cœur de l'homme : « Une poésie sacrée, un lyrisme religieux s'élevait·du sol brülant et dur, tout tramé de morts et de
racines ... Et l'on entendait, malgré les cigales, des bruits de
scierie monter des paisibles vallons. &gt;&gt;
BENJAMIN CRÉMIEUX

PAUL RIVAL

*

0

* *
L'ESCALIER D'OR par Edmond Jaloux (Renaissance du
Livre).
·
Pour se délasser, entre deux symphoni~s, un musicien compose un ballet. En écrivant ce conte, Edmond Jaloux a voulu
se donner et nous. donne un «divertissement». Un vieil oncle
autrefois poète qui, dans le vieux quartier du Palais-Royal, offre
à sa nièce des bals costumés et des médianoches, jusqu'au jour
où la vie impose à la jeune fille l'époux bourgeois qui la guettait, tel est le fil léger dont Edmond Jalou;x dessine en le dévi-

GASPARD DES MONTAGNES par Henri Pourrat
(Albin Michel).
Gaspard des Montagnes a sa place marquée dans les bibliothèques entre la Légende de Gosta Berling de Selma Lagerlof et
Le livre de Goha le Simple. C'est une « somme )&gt; des légendes
et du folk-lore d'Auvergne, comme Gôsta Berling du folklore suédois et Goha de l'égyptien, dont la valeur vient plus
encore de fatmosphère où elles baignent que de ces légendes
mêmes.
Feuilletez un recueil de contes populaires : rien qui soit à la

�94

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

longue aussi monotone, qui reste en tout cas aussi extérieur à
nous-mêmes. Mêm~ élaborés à la perfection, comme ceux de Roumanille, ils ne pénètrent jamais jusqu'à l'âme. Mais Henri Pourrat, - comme Selma Lagerlof et AlbertAdès et Josipovici- a
su éviter la froideur de l'anthologie et des cc morceaux détachés»,
il a incorporé sa matière à un ensemble cohérent, l'a fait
graviter autour d'un héros central, d'une donnée médiane qui
servent d'épine dorsale au récit et permettent d'y rattacher toutes
les digre~sions. Chaque conte, au lieu de former un tout isolé,
extérieur à ce qui l'entoure et à peu près étanche, naît de l'ambiance recréée par le romancier (faut-il dire le romancier ou
le poète?) et s'échappe de cette vie rustique aussi naturellement que la fumée d'un toit.
Gaspard, c'est le joyeux. héros auvergnat, serviable et goguenard, courageux et fûté, grand redresseur de torts et videur de
chopines. Il est comme Gôsta Berling, comme le Grosso Minulo
des veillées de Corse, le héros triomphant, tandis que Goba
le Simple est le héros souffre-douleur, si fréquent dans les folkslore, comme legavacl,edu Languedoc ou l'homme de Fraimbois
des contes de Lorraine (sans oublier Charlot au cinéma).
Mais si Gôsta Berling et Goba nous emportaient en plein
exotisme, nous dépaysaient, Gaspard des Montagnes, si l'on peut
dire, nous« repayse ». Toutes les légendes reprises par Henri
Pourrat sont dl! vieilles histoires françaises, et seuls les natifs de
Paris n'en ont pas eu leur enfance bercée. En Savoie et en
Bretagne, en Bourgogne et en Limousin, en Gascogne et en
Berry, dans toutes les provinces, ce sont les mêmes contes, avec
les variantes locales qu'apportent la proximité de la mer, de la
montagne ou de la grande ville. Commères bavardes, maris ivrognes et querelleurs, curés paillards et gloutons, adolesc~nts
benêts ou délurés, frairies et épousailles, tout cela pour nre ;
les impôts, la corvée, la conscription, la grêle, l'incendie ; aux
époques de désordre, le brigandage, l'arrêt des diligences, les
chauffeurs masqués pénétrant dans les fermes, les auberges sanglantes et aussi le surnaturel : loups-garous, démons, farfadets,
korriganes, tout cela pour peiner et frémir. Ce n'est donc pas
seulement la vieille Auvergne que ressuscite Henri Pourrat&gt;
c'est toute l'âme paysanne de la France, ou au moins celle du
Sud de la Loire, des provinces d'Oc.

NOTES

95

Mais le plus important, dans un livre comme celui-ci, c'est
qu'il tend à résoudre le grand problème actuel de l'art qui est
de retrouver la cqrnmunion de l'artiste et de la foule. Faute de
cette communion, ce que tente l'artiste français depuis cinquante ans, c'est de ravir le lecteur à lui-même en lui découvrant
soit un aspect inconnu du monde, soit le monde extérieur et
intérieur sous un aspect imprévu. D'où la course à l'orioinalité
.
~
et la contramte pour le lecteur de changer de couleur devant
chaque écrivain, de devenir un lecteur-caméléon à l'usage d'écrivains-uniques. D'où par suite l'abîme qui est creusé entre le
créateur et le public, et la vaine recherche du pont qui leur permettrait de se relier. « Civilisation révolutionnaire», préconisent
les uns, cc patriotisme », « christianisme », « unanimisme »,
proposent les autres. Du moins de tous côtés, le problème est-il
posé ; et les meilleurs, dans tous les camps littéraires, se rendent
compte de la nécessité de cet unisson entre l'artiste et la
masse. •
Dans aucun pays peut-être, pareille exigence n'est plus difficile à réaliser que chez nous, où trois siècles de littérature de
cour et de salon ontlaissé tarir, sans y puiser, toutes les sources
d'art populaire. Le romantisme lui-même qui, dans une certaine
mesure, a cherché à « aller au peuple », à retrouver les grandes
émotions unanimes du moyen-âge, au lieu de puiser dans la
tradition orale encore vivante, s'est uniquement inspiré de la
tradition écrite des vieilles chansons de gestes, depuis trop
longtemps refroidies pour qu'il filt possible de les revivifier.
Aujourd'hui, c'est des spectacles urbains, du machinisme, des
dernières découvertes de la science que l'on cherche le plus
souvent à faire jaillir l'étincelle unanime. Il reste à se demander
si des créations trop récentes constituent un matériel artistiq,ue
déjà capable de fournir des émotions collectives, si des soucis
trop actuels peuvent se transposer du terrrin de la politique à
celui de l'art, si, pour devenir matériel artistique, objets, sentiments, idées ne doivent pas d'abord s'être lontemps patinés,
éprouvés au plus secret et au plus inconscient de milliers et de
milliers d'âmes d'où les extrait un jour l'artiste pour leur donner forme et éclat. De quoi a joué un Baudelaire, de quoi un
Dostoïevski sinon des sentiments chrétiens accumulés depuis
dix-neuf siècles ?

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Pour écrire un livre collectif, Henri 'Pomrat · a eu l'idée
.d'utiliser toutes les traditions tle son pays, chaque jour plus
délaissées, mais chaque jour aussi s'alourdissant d'un peu plus
de poésie, - cette poésie qui crée les âges d'or ~ et de
hausser jusqu'•à rart ces traditions. Tout aaturellement, comme
autrefois Rabélais et l'Arioste, il a fixe le coefficient d'ironie
nécessaire à son entreprise et a donné à son réci~ la-forme d'une
épopée héroï-comique. Il a perçu également quel était l'élément
moderne qui devait se substituer à l'élément chevaleresque du
Roland furieux ou du Don Qnicbotte. Cet ëlément que la basse
littérature et le cinéma d'aujourd'hui nous prodiguent, dont ils
nous ont imbibés, c'est l'élément policier.
On ne peut qu'admirer la conception d'Henri Pourrat qui
égale les·plus grandioses de la littérature. Si l'exécution avait
répondu au programmé, les lettres françaises se seraient enrichies d'un authentique Ghef-d'œuvre, puissamment r~présentatif de la race. Gaspard des Montagnes n'est qu'un beau livre.
Pour être un gran.d livre, trois choses lui font défaut ; des
caractères, des passions, un style. Ces personnages traditionnels du folk-lore, il eftt fallu les typifier, en approfondir, en
humaniser quelques-uns, les marquer de traits généraux ineffaçables, noui; donner un Sancho, un Rodomont ou un Panurge.
.les passions àussi sont trop anodines : cela manque d'avarice,
ae luxure, d'âpreté paysanne:Gaspard manque par trop de truculence. Les m€.chants , et les traîtres ne le sont qu'à moitié.
Voyez ce qu'un Shak:espeare a fait d'une simple querelle de
clocher : Roméo et Juliette.
Le style ·enfü1. Sur ce point sans doute, Henri Pourrat n'aura
que des louanges, et depuis longtemps, en effet, on n'avait ren•
contré pareil langage droit et dru, sans cesse savoureux. Mon
reproche, c'est précisément qÙ'il soit trop uniquement savoureux, trop proche du patois cl'Auvefgne où il prend .sa source.
Là encoré,il eût fallu transposer ; généraliser; dialoguer peut-être
dans ce style, mais écr1re les récitatifs et les deseriptions d'une
autre encre. Réfügë éomme Îl l'est, Gaspard des Montagnes reste
trop un plat local, au lieu de se hausser jusqu'à l'épopée paysanne qu'il aurait pu devenir:
Henri Pourrat protestéra qu'il n'a point r.êvé si haut. C'est
tant pis. Il a, dans le charpentage de son œuvre, fait preuve

NOTES

97

d'une si puissante intuition créatrice et -critique qu'on regrette
qu'il n'ait pas dominé et contrôlé sa matière jusqu'au bout.
Son livre, dont il a droit d'être fier, reste &lt;&lt; à intérêt limité ». Il
aurait pu être, suivant une expression de Pourrat lui-même, un
&lt;&lt; livre moniteur ».
BENJAMIN CRÉMJEUX

*

* "'

L'ABBAYE DE TYPHAINES, par le Comte de Gobineau
(Editions de la Nouvelle Revue F1·ançaise).
Il y a quelque agrément à constater que les hommes de
valeur ne peuvent jamais devenir réellement vulgaires, quels
que soient le désir qu'ils en aient et la certitude qu'ils acquiè-rcnt de ne le point demeurer. L'Abbaye de Typhaines fut écrit
pour les lecteurs d'Eugène Süe sans autre désir que de les satisfaire; et l'on peut s'étonner que ce livre, malgré les plus
grandes qualités d'intérêt, n'ait pas procuré à son auteur la fortune qu'il désirait en tirer. Peu de temps avant sa publication,
Eugène Süe fit paraître en livraisons Les Mystêres du Peuple,
&lt;&lt; récit, en 12 volumes, des aventures d'une famille plébéienne à
travers l'histoire&gt;). Gobineau connut certainement ce livre, qui
eut un succès considérable. Comme les Mystêres du peuple,
l'Abbaye de Typhaines exprime la lutte des Celtes vaincus contre
les Francs conquérants. Mais Gobineau n'avait ni la verve
d'Alexandre Dumas ni l'imagination épique, volontiers cruelle
et sadique, d'Eugène Süe. Les lecteurs des cabinets de lecture le
jugèrent ennuyeux..
·
S'il n'y avait dans !'Abbaye de Typbaines que ce qui permet de
rapprocher ce roman de ceux d'Eugène Süe, nous ne pourrions
avoir pour lui que l'intérêt mêlé d'un peu d'ironie que nous
trouvons aux poncifs anciens, et qui est assez semblable à celui
que nous éprouvons devant les magasins des . antiquaires.
Mais alors qu'Eugène Süe, comme tous les romanciers popu•
laires, s'apitoie sur les Celtes, Gobineau les méprise non sans
quelque puérilité. Et le livre devient intéressant à un point
singulier; car Gobineau, dans l'Essn.i ne fera que justifier les sentimwts qu'il montre dans ce roman avec une relative inconscience. Non que les idées principales de l'fasai se trouvent dans
!'Abbaye de Typhaines; il n'y a pas d'idées dans l'Abbaye de
Typhaines., il n'y a que d,es sympathies et-des antipathies. Mais ces
7

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

sympathies et ces antipathies forment une critique presque sentimentale de l'établissement des Communes écrite avec une
rare mauvaise foi. On peut trouver lreaucoup d'agrément
à rencontrer la mauv~ise foi ; car un écrivain ne se livre
jamais si complètement que lorsqu'il l'emploie. Savoir quels
sont les sentiments de Gobineau à l'égard des bourgeois de
la commune de Typhaines, c'est connaître seulement de lui
une attitude provisoire ; le voir ignorer volontairement une
partie de l'histoire pour tle point risquer d'être en contradiction aveceUe, c'est le trouver dans celle qui fut le plus sou~
vent la sienne. Chez les écrivains «. à système,, le point sur lequel
s'exerce la mauvaise foi permet presque toujours. de découvrir
la forme de sensibilité qui est la cause de la formation de leur
système; et qui, plus que Gobineau, s'attacha aux_ systèmes qui
sont des justifications de sensibilité J D'aucuns écrivent pour se
défendre contre eux-ttrêmes ; Gobineau écr•ivit pour trouver
dans son œuvre de nouvelles preuves de la supériorité sur les
autres races d'une race qu'il aimait. Il ne cherchait pas s'il était
raisonnable de croire ce qu'il croyait, mais seulement à réunir
les arguments qui pouvaient faire croire que cela était raisonnable.
J.:Abbaye .fÙ Typbaines le montre dissocié, je dirais presque
dévoilé : plus entêté que tenace, mais surtout énergique. On
pense à Stendhal, avec qui Gobineau eut en commun le goût
de l'énergie et une antipathie extrême de la forme romantique;
car !'Abbaye de Typhaines n'est presque jamais écrite en a: tirades». C'est une Cbartre1tse de Parme inférieure, solide néanmoins, et l'un des rares romans romantiques que nous puissions
lire sa!ls aucun ennui et sans trop d'ironie.

..

.ANDRÉ MALRAUX

** *

LE JEU DE MASSACRE,- par

Tristan Bernard

(Ernest Flammarion).
La collection de petits récits que M. Tristan Bernard a réunis
sous ce titre, n'est pas, à proprement parler, un recueil de
contes. C'est plutôt une série, non de caractères, mais de traits
de caractère, presque tous terminés par une pointe qui les
complète, a peut-être proYoqué leur choix, mais n'est pas rigou-

!./OTES

99

reusement nécessaire. Et ce trait est, tantôt celui qui domine le
caractère, mais qui, invisible à son entourage, guide son action
sans y paraître, et reste dissimulé derrière une explication
logique, mais étrangère et fausse ; tantôt un autre, moins puissant, qui ne marque pas la pers.onnalité, mais réYèle le seul
côté curieux et digne d'intérêt d'un être effacé et commun. Un
moraliste pénétrant, indulgent, non point gai,maisamusé, peint,
à petits coups, sans efforts et sans fatigue (a\·ec trop d'abandon,
bien souvent, dans le style), ces petits portraits, qui ne sont point
des miniatures . Veut-ou connaître la remarque - non point
neuve, mais enrichie de détails iuédits - qui se propose à
l'esprit? Les caractères présentent une suite apparente, et une
autre, à peu près inverse et aussi vigoureuse, ensevelie sous
la première. Que l'apparence soit à la fois logique et trompeuse,
;-oi]à tout le plaisant du monde.
l.OUIS MARTIN-CHAUIT-IBR

*

* *

L'ÉVADÉ DE L'ENFER, par Jean Pellerin (Ferenczi).
Je rencontrai Jean Pellerin pour la dernière fois chez
Bernbeirn, à l'exposition Dufy. Je lui demandai s'il projetait
de faire paraître un recueil de vers. « Oh non ! dit-il, affectant de prendre une note, je prépare un roman ... , pour vivre. n
Ce roman, qui devait faire viwe, sans doute assez mal, un
poète précieux: et charmant, était peut-être !'Evadé de l'Enfer.
Pellerin est m0-rt depuis quelques mois, mais son roman ne
nourrira pas oo mémoire. Il resté heureusement quelques vers
de lui, que ses amis se lisent entre eux, évoquaet .ainsi les
libations rituelles sur les tombes antiques. Ame légère, sois
donc abreuvée de ton propre miel et de tes propres parfums,
comme l'abeille qui sait prévoir l'infructueux hiver, et nous
fait encore profiter de son épargne !
Que dire de !'Evadé de l'Enjer, banale aventure d'étoile de
cinéma ? Il débute assez brillamment, selon les procédés à
la mode chez les petits maîtres du roman contemporain ; il
ennuie bientôt et ne se laisse plus lire dès la seconde partie.
Pellerin, du moins, n'y montre pas les ridicules prétentions
de quelques-uns qui se réclam~nt de Balzac pour nous iutéresser
.aux intrigues prosaïques de commis en goguette, de gens

�IOO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'.office et de figurantes de revues. Comme il s'était résigné
à vivre, il prit le parti de copier leur style, et peut-être mème
Fa-t-il parodié dans ce qu'il a de « bien parisien ", c'est-à-dire
d'artificiel et d'argotique. Il aurait mieux fait de vendre sa
plume à quelque parvenu du feuilleton, ou de s'abriter sousun pseudonyme. Mais les Muses l'ont rappelé à elles, pour
qu'il ne devînt pas glorieux par nécessité chez les Piérides,,
autrement dit les putains et les couturières.
FERNAND FLEURET

CEUX QUI REVIENNENT, par Marie Gevm (La
Renaissance d'Occident, Bruxelles).
Le personnage qui fait l'unité de ces souvenirs d'enfance,,
ce n'est pas le conteur lui-même, c'est une · vieille maison
1lamande, hantée par toute sorte de fantômes. Point de récit
à proprement parler, mais l'évocation d'une atmosphère fami-·
liale, toute chargée de la présence des revenants et des disparus. Comme jadis Til Ulespiègle, l'âme du brigand Guldentop, mort il. y a cent ans, joue de mauvais tours aux Yivantset s'·a muse à épouvanter les servantes. Plus tard cette fantasmagorie ehfarrtine est remplacée par une autrè, celle
gu'introduis'e nt dans la maison des oncles et des tantes pleins,
de fantaisie, en qui le spiritisme a trouvé des adeptes fer:vents. Ces originaux, ces cbarrn~1ts maniaques sont dessinés ,de quelques traits sobres et justes. La langue de ce:
!ivre est ferme, bien en chair, dans la meilleure tradition.
flamande.
JEAN SCHLl)MBERGER

* **
VERS L'OUEST par Constantin Weyer (Renaissance du..
Livre).
Pourquoi ce récit d'aventures et de vie canadiennes n'a-t-il
pa5 eu l'éclatant succès des romans de Pierre Benoît et de Maria
Cbapdela'Ïne ? Il le méritait, comme il mérite par sa probitér
s1 sincérité, sa verdeur et son humour, l'estime des lettrés.
BENJAMIN CR,ÉMIEU)(..

NOTES

IOI .

LETTRES ÉTRANGÈRES

LES REVUES JEUNES EN ALLEMAGNE.
Le mouvement qui amena en Allemagne la publication de
revues nouvelles, jeunes d'esprit, remonte à 1911. Sous le nom
.d'expressionnisme, qui est vague, que l'on a donné à mille manifestations diverses, se faisaient jour des tendances qui ne laissent pourtant pas d'avoir un caractère commun et précis : sans
,être fixés sur ce qu'ils apporteraient de positif, de jeunes écrivains, spontanément, réagissaient contre l'impressionnisme.
~ue ~elui-ci !'f't d_e la peinture ou de la littérature, qu'il s'appefat " unpress10nmsme physiologique " avec les naturalistes., ou.
~&lt; im~ressionnisme psychologique " avec les néo-romantiques,
ils lUJ reprochaient la passivité où il tient l'individu, livré sans
-défense aux sollicitations du monde extérieur, incapable de
résister à s&lt;:1s suggestions. Ils se promettaient d'être à leur tour'
.actifs. Le nom d' « activistes " que quelques-uns se sont dohnés
depuis a pris un sens politique. A l'origin,e il ne faisait que
répondre à une disposition générale de l'esprit, à une motoi-ische
Ge_si~nung, une sorte de dynamisme poussant l'être à partir de
-soi, a aller du dedans au dehors, à s'extravaser dans le monde
extérieur- sinon encore à lui imprimer sa marque - au lieu
d~ se laisser envahir et marquer par lui. L'impulsivité germa111que reparaissait selon le rythme qui dispose l' Allemand à agir
avec d'autant plus de violence que la contrainte qu'il vient de
subir a été plus prolongée.
Der Sturm, die Aktion, tels sont les titres .:aractéristiques de
-deux revues qui furent fondées à cette ~poque-là, et natureHement à Berlin, la capitale politique étant dès lors aussi sans
-contesté le centre intellectuel. Aujourd'hui Sturm et Aktioii
s'.opposent. La première de ces revues, hostile à ce qui est poli~
tique, a surtout souci d'art ; l_a peinture, la sculpture, Marc
Chagall, Fernand Léger, Archipenko, et ses expositions permanentes occupent autant Herwarth Walden que la littérature
le théâtr~ expressionniste, pour lequel.August Stramm, mert
a la guerre, avait fait de remarquables tentatives. Die Aktion sous
la direction de Franz Pfemiert a au contraite délibérément'
~ntrepris de coopérer à une transformation de la condition politique et sociale des Allemands: l'œm re littéraire d'un Stérnheim

?u

�102

LA NOUŒLLE REVUE FRA.."-,ÇAJSE

a exercé ici_ une influence parallèle à celle d'une Rosa Luxcm bourg

et d'un L-iebknecht, et préparé une atmosphère de révolution.
On en peut dire autant de la revue mensue1le Das Forum,
fondée en avril 19r4. Il y avait du mérite à ,ouloir alm:s créer
en Allemagne un courant qui, encore que puremer1t intellectuel, -s'annonçait nettement révolutionnaire. Le mânifeste contre
la guerre que son directeur Wilhelm "Herzog publia dans le
numéro d'avril 19u amena l'interventiQn dt: la censure ; celle-ci
fit passer l'article au pilon et après des tracasseries sans nombre
la police fi.nit par interdire en septembre r9i 5 la publi-cation de
la revue, qui n'a repris qu'au moment de l'armistice (chez Gustav
Kiepenheuer, Postdam), sous l'insp.iratio.o de Romain Rolland,
dont elle vient de publier le Dan/on. Wilhelm Herzog, qui
dirige en même temps le quotidien die Republik, et ses collaborateurs, Latzko, Leonhard Frank, v1sent autant qu'à la défaite des
forces conservatrices, à une régénération intérieure de l'homU1e
- Ja transformation intellectuelle et ·morale étant condition
d'une amélioration sociale et politique.
Même orientation, avec une prédominance de la note littéraire, dans die Weissen Blat ter fondées en I~:H3 et éditées par
Paul Cassirer. C'est de S1.üsse où il s'e-st installé-, que l'Alsacien
René Schick.ele dirige ces feuilles où le plus large accueil a été
fait aux jeunes talents. Grâce • l'intelligente impulsion e
Schickele nombre d'œu'tres dont l'au&lt;lace esthétique ou politique eût effrayé les éditeurs ordinaires ont pu paraître pendant
la guerre dans die Weissm Blatte1·, et l'éclectisme de Schickele
pennet que les articles de Kasimir Edscbmid, théoricien passion né de l'expressionnisme, et romancier d'un dionysisme
éruptif, y voisinent avec ceux du comte Kessler, représentant de
J'aristocratrsme, et inteBectuel d'une inspiration contenue à la
fran~i e.
De telles revues dès le premier jour s'ùpposaient nettement
non seulement aux organes sclér-otiques comme la Deutsche
Rundschatt, mais à ceux &lt;JUi, comme die Tat et d'3r Kunstwart,
sous une apparence. de nouveauté, et malgré un effort de- oc cultlilte » demeuré st1.perfidel, n'on,t guère fait que s'intégrer au
Reich, et vivre selon le rythme de son organisation mécanique.
Les oc expressionnistes ~ eux naissaient en opposition au milieu,
à un état de-choses dont on pritendait qu'il déterniinernit leur

NOTES

état d'âme. Leur révolte était l'eirplosfon d'une force interne
cherchant à briser le moule allemand. Leur inspiration, celle
.de la Gotierdammermtg, une sorte d'ivresse extatique qui revient
périodiquement en Allemagne et pour un jour fait succéder à
l'engourdissement des longues servitudes d'apocalyptiques
réveils : frénésie, joje et fureur m~ées, impatient besoin de
détruire, d'être enfin libre, d'oublier pour recommencer selon
de nouvelles données.
Ma:is ces extases sans objet défi.ni ne durent guère, et si la
guerre, puis la révolution purent un temps les alimenter, maintenant elles laissent une sensation de vide. Depuis deux ans la
fin de l'exprcssfomnî:sme est am10ncée par des esprits clairTnyants, un Rudolf Kayser, un \Vilhelm Hausenstein, qui prévoient, qui dés.irent une réaction intellectualiste. Après une
révolution d'abmd sentimentale, une criùqire qui ne sortait
guère de Ja négation-, l'intelligence tend à se débrouiller et à
faire œuvre positive. Lyrisme et scepticisme sont insuffisants.
La seule voie de salut, pense Keyserling, c'est que la critique
portée à sa plus haute puissance se mette au service de la vie,
qu'elle travaille à lui rendre une forme d'ensemble. Et l'effort
du fondateur de J: École de sag.esse de Darm tadt est surtout intéressant en ce qu'il tend à triompher du dair obscur où se complaît l.a pensée allemande, à échapper '311 danger de l'inexprimé,
de l'inavoué, à conquérir de nouveaux domaines à la conscience
et à y répandre une implacable lumière.
Cest d..ins ce sens que vont les efforts de l'importante revue
fondée à Munich en ~16 : der Neue Merkur. On y expérimente, et sous la double direction d'Efraîm F,isch et de
Wilhelm Hausenstein, des lueurs commencent à y poindre qui
éclairent le chaos. La vertu des eirplosions révolutionnaires
n'est point niée ; mais .au 1ieu de s'attarder dans la griserie
qu'elles donnent, il faut mettre à profit la liberté rendue et
reconstruire. Les derniers venus venleut retrouver une tradition , sans retomber dans les cristallisations anciennes. Le présent en ce qu'il a d'élaboré, voüàJe point où se doit saisir la
tradition. Une tradition n'est point chose définitive, arrêtée,
morte ; elle est de la vie, elle aus.si. Représentant dans l'évolution générale l'élément de continuité, elle 11'en participe pas
moins de cette évolution. Elle n'est que le pouvoir de vivante

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

liaison dans une synthèse chaque jour à refaire, parce que chaque
exploration de l'espace et du temps y apporte des éléments
neufs. L'œuvre de connaissance, qui importe d'abord, suppose
une investigation universelle et un incessant e1fort de lïntelli-·
gence.
Constante métamorphose, c'est aussi la formuk de la Neue
Rundschau. Fondée sous le nom de Freie Bühne en· 1:889, alors
que l'esprit« mode;rne » fêtait à Berlin ses premiers triomphes,
elle n'a sans doute jamais précédé les changements, ni à propre
ment parler créé de courants. Mais avec une remarquable souplesse elle a suivi dès leur formation ceux qui se dessinaiêilt
avec vigueur. Si bien qu'après trente ans, elle gard·e sa fraîcheur.
Ailleurs on eJ:périmente comme en un laboratoire. Ici sont
accueillies les expériences qui ont déjà réussi ou qui au moins
promettent de réussir. Et l'on peut considérer qu'il n'est pas
mauvais qu'à côté de revues qui combattent selon un programme,
il s'en trouve une pour accue:illir les manifestations diverses
comme en une sorte d'anthologie.
Un tel choix est d'autant plus précieux que l'activité d'esprit
des Allemands, comme cela se passe aux époques de crise, est
"aujourd'hui foncièrement anarchique. A côté des courants
caractéristiques de l'ère impériale, d'un déterminisme, d'un
nationalisme qui persistent, qui demeurent absolus, que les circonstances exaspèrent encore, il ,est une vie intérieure que la
révolution a libérée, que la misère sure'Xcite. Elle continue de
croître en intensité, elle cherche à s'exprimer en termes d'une
incroyable exaltation, elle déborde, incohérente, contradictoire,
élans mille feuilles nouve1les souvent éphémères. Genùis,
Dicl~lung, das Riff, das Tagebuch, die Bücherkiste, s'ajoutant à die

Zuku1ifl, die Weltbii.hne, S01,_ialistische Monatsbefte, das literarische
Echo, der Zwiebelfisch, das lnselschijj; que d'autres encore il faudrait citer pêle-mêle, pour donner l'idée d'une « neue Gesinnung » se faisant jour à travers le passé démoli.
Le« nouvel esprit» dont)l s'agit, n'anticipons pas en essayant
ici de le définir. Pourtant il faut remarquer combien l'Allemagne
in.tellecruelle est perméable. Elle le fut toujours. Même son
&lt;' organisation » d'hier ne lui avait pas entièrement ôté ce caractère. Il a néanmoins fallu la grande secousse pour désagréger
les pierres du monument qu'elle se dressait à elle-même et qui

NOTES

menaçait de l'étouffer. Aujourd' hui qu'elle recommence s011
éternel travail d'endosmose, quelle part sera rendue à l'influence
française ? ·
Bien petite à en croire certains. Le retentissant article de
Curtius dans der Neue Merkur sur les relations intellectuelles de
la France et de l'Allemagne, ne fait que traduire la conviction
de plus en plus vive che,; les intellecruels allemands qu'ils n'ont
plus rien à espérer de la France - une France qu'on leur
représente sous un jour assez faux - ni même grand' chose à
désirer d'elle. Dans la région du Rhin, dit Alfred Weber dans la
Nette Rundscbau, un ablme s'est creusé entre la France et nous.
Et tous de tourner le dos, de s'orienter vers l'Est, vers la Russie,
l'Inde, la Chine.
Qu'il y ait pour l'Allemagne un réel intérêt à ce geste, nous
n'y contredirons pas. Il est d'ordre économique d'abord. Outre
l'abîme du Rhin il y a le mur du change. Et puis il est trop
naturel que l' Allemand porté à la métaphysique, avide de se
faire une Weltanschauung, une image du monde, en cherche les
éléments dans l'univers entier et que la tentatiYe de « mécanisation » dont il fut l'objet l'ayant laissé meurtri, il trouve -par co-ntraste une extrême douceur à partager les extases d'un Tagore.
Entre le panthéisme hindou et le panthéisme- germanique il y a
une parenté. Néanmoins ni l'engouement pour les visions
d'Extrême-Orient, ni l'indifférence pour la pensée française ne
sauraient être durables'· L'Ailemand qui toujours se cherche et
jamais ne se découvre sentira le danger, sans cesse menaçant
pour lui, de se perdre dans l'illimité. Les conceptions françaises
avec ce qu'elles ont de fini, d'arrêté, lui sont comme le nécessaire at)tidote à sa musique. La place faite dans les livres et les
revues aux choses de France témoigne assez d\m besoin pro fond. Encore que ce besoin se donne surtout libre cours dans
-des revues où l'art .se mêle à la littérature, comme die Freude ou
das Feuer, encore qu'y soient suivies surtout les manifestations
1. Depuis que ces lignes sont écrites, der Neue Merkur a pub Hé deux
articles dont la juxtaposition est suggestive : l'un de Thomas Mann où
les relations intellectuelles de la France et de l'Allemagne sont envisagées avec le souci du germanisme pur, l'autre de Burschell, . disant
comme il faut sourire des déclarations d'indifférence à l'éga(d de l'intellectualité française.

�106

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE-

les plus hardies de la peinture française, de Oerain à Marie
Laurencin, les Allemands réfléchis savent bien que la France
continue de travailler pour sa part à un renouvellement spirituel
dont ils guettent les signes avec impatience, une impatience
qui les empêche ·parfois de discerner la vérité sous les apparences .
FÉLIX BERT.AlJ;X
*

* *

MOUNT ERYX, AND OTHER DIVERSIONS OF
TRAVEL, par Henry Festing Jones (Londres, Jonathan
Cape, r I Gorver Street,

192r ).

Les lecteurs de 1a N. R. F. connaissent Henry Festing Jones
comme le biographe, l'ami, l'exécut-eur testam_e ntaire et l'éditeur de Samuel Butler. Et il est certain ep effet que· son œuvre
la plus iœportante e.st Samuel Butle1·, a Memoir, deux gros
volumes publiés à la fin de 1919 chez MacmiJlan. Avec cet
ouvrage, qui rep,résente dix ans de recherches, d'as~emblage
et de classification ,d~ documents, dix ans dé travaux d'érudition auxquels l'écrivain a survécu victorieusement, H. F. Jones s'est classé p.armi les grands biographes de la Littér,a,t;ure
anglaise. Il y a quelque temps, ·au début d'une conférence
que H. F. Jones. donnait à Londres, G. B. Shaw, en Je présent.int (suivant l'usage anglais) à l'auditoire, dit à peu près
ceci : « H enry Festing Jones est pour Samuel Butler ce que
Platon et BosweU sont pour Socrate et pour Johnson. Je ne
sais pas jusqu'à q'llel point Platon n'a paes inv_enté Socrate, et je
ne .suis .pas du tout certain que Boswell n'ait pas iuve1.1téJ ohnson.
Il n'en est pas de même your Jones et Butler, er pendant
quelque temps j'ai plutôt cru qu~ Butler aYait inventé JonesMais maintenant je sais que t'un et l'àutre existent. » En
s'exprimant ainsi G. B-, Shaw songeait non seulement aux
qu~lités littéraire$, et à l'originalité de Samuel Butler, a Memoù·, mais à toute l'œuvre personnelle de H. F. Jones : à
Diverswns in Sicily ( 1909), à Castellinaria, alld other Sicilian
diversi'Ons ( 19 u) et ;ru livre r-écent dont le titre figure en
tête de cette note. Avec ces trois ouvrages H.. F. Jones prend
un rang élevé parmi les auteurs de .ce__ que lE!s catalogues anglais appellent « Livres de Voyages ». Tou_s ont pour sujet

NOTES

principal les impressions, les e~péJiences et les observations
de l'auteur au cours de ses nombreui. et longs séjours en
Sicile. Au point de vue littéraire ils se rattachent dire&lt;:!tement
à cet autre grand « Livre de voyages 1l : Les Alpes et les Sanctuaires du Piémont et du Tessin de Samuel-Butler. Bien qu?écrits
après la mort de Butler, on y sent très souvent la présence
invisible de l'auteur d'Erewhon : quelque anecdote sur lui,.
une conversation avec des gens qui l'ont connu, et ce qu'il
aurait dit en telle ou telle circonstance, viennent nous le
rappeler . Mais sa grande ombre est discrète et s'efface volontiers pour laisser le champ libre à l'ami qui lui survit .
Sans doute l'esprit de H. F. Jones _reflète et continue l'esprit
1:mtlérien, mais d'autre part H. F. Jones écrivain est plus.
observateur du détail, plus peintre, et à la fois plus superficiel
et plus attentif que Butler. Avec tous les personnages, les.
incidents, les traits de mœurs qu'il y a dans ces trois livres,
H . F. Jones avait la matière de plusieurs n.ouvelles et d'un
roman de mœurs siciliennes . Il a préféré donner à cette
matière la forme la plus facile et la plus modeste : la note
et le journal de voyage. Ce qui n'empêche pas ses personnages
d'être bien vivants~ et bien à lui, et aussi familiers au lecteur
que s'il les connaissait. On les voit, on les · suit à travers
quinze ou vingt étés de Sicile, on -S'intéresse aux événements.
de leur vie privée, aux déch, aux mariages, aux naissances ;
on voit grandir 1-e.s enfants. Grâce à l'institution sicilienne~
- et:tcore en pleine vigueur - du « parrainage ll, et grâceà laquelle le « compare ,), l'homme qui a été le témoin au.
mariagè ou le parrain au baptême devient membre de la
fan1ille du mari ou du père, - Henry Festing Jones se trouve'
en fait apparenté, aussi réeHement que _par les liens du sang,
à plusietars familles -de la bourgeoisie de plusi&lt;;urs grandes
villes de Sicile. (Cette institution est probablement une survivance des mœurs grecques : Achille était, en somme, le
C()mpare de Patrocle.) Ces notes ~t ces fragments de journal
ne sont donc pas des impressions de touriste, mais des fragments de 1-a vie d'un habitué du pays, d'un homme qui a
vécu de la vie du pays, d'un Anglais qui a fini par devenir
quelque peu sicilien. Aussi n'y trouve-t-on p.as, ou presque
pas, -- surtout dans les deux -derniers.., de traces - je dirais

�NOTES

108

LA NOUVELLE REVUE FllANÇAISR

« d'insularité » mais la Sicile au~~i est une ile -

de traces
de cet esprit ùc dénigrement qu'on trouve trop souvent dans
les livres écrits par des étrangers sur des pa •s dont les mœurs
et coutumes diffèrent notablement des mœurs et coutumes
du pays dont ils sont originaires. Et en lisant ces pages
pleines du soleil méditerranéen, je me peins la haute stature
&lt;le Henry Festing Jones, - cet homme de soixante-dix ans
dont personne ne songerait à dire : « ce vieillard » - se
&lt;lressant entre Santuzza et Turiddu et penchant vers leurs
figures brunes le visage graYement amusé et le sourire indulgent du disciple d'Epicure et de l'ami de Butler, - d'un
homme qui en a vu bien d'autres.
VALERY LA RB AUD

*

EN MARGE DES MARÉES, par joseph Conrad. Traduction de Georges Jean-Aubry (Editions de la Nouvelle Rerne
Française).
Sauf l'Auberge dl!S Deux Sorcières qui est un véritable conte
dont l'action nalt, se développe et se résout en trois jours, les
autres récits contenus dans ce recueil sont d'authentiques petits
rnmans dont l'action s'étend sur des mois et qui mettent en
scène un grand nombre de personnages.
L'aventure, comme toujours chez Conrad, pour extraordinaire qu'elle finisse par devenir, se fraie d'abord péniblement et
lentement son chemin, à coups de hasards et de passions, à
travers la vie de chaque jour. Jamais les héros ne l'acceptent
1ivec la docilité mécanique des créatures de Pierre Benoit ou
même de Stevenson. lis résistent, louvoient, tentent des compromis avant de céder. L'aventure sort de là d'autant plus
imprévue et marche d'une allure d'autant plus saccadée que
les personnages de Conrad ont une vie psychologique et
morale plus riche.
Tantôt l'imprévu nalt de ce que leurs actes ne peuvent être
prédits d'avance, la complexité même de leurs caractères ren-0ant aussi probables une décision de leur part que la décision
inverse. De sorte que l'intérêt et l'émotion se ravi vent à l'approche de chaque tournant du récit. C'est ici le cas pour le
Pla11teur de Mala/a et un peu aussi pour A cause des dollars.

Tantôt au contraire c'est la logique des caractères qui fait
dévier la réalité, la gonfle d'éléments nouveaux, la complique,
l'encheyêtre, la tord, la culbute et la transforme enfin en une
fiction fabuleuse - cauchemar ou féerie - toute chargée
d'humanité. C'est ici le cas pour la fin de !'Associé.
De tous les conteurs d'aventures, Conrad est le seul à ne pas
bâtir des constructions en ciment armé, quitte à en humaniser
ensuite la façade, mais à lancer des bateaux un peu ivres sur la
mer mouvante des âmes humaines. li est Je seul aussi à susciter
une inquiétude qui ne soit tarée d'aucune névrose, une inquiétude d'homme normal.
Sous chaque récit, il dépose un grand problème social ou
indiYiduel qui ennoblit et approfondit le sens de l'aventure.
Dans la Folie Altmayer, c'était le conflit des races la question,
du métis qu'il posait. Dans le Pla11/imr de Malata, il oppose un
~tre qui symbolise la perfection de la vie individuelle, dégagée
de toutes les entraves sociales à un autre être qui -symbolise la.
perfection de la vie sociale, n noue le drame du conformisme
et du non-conformisme.
Conrad a réussi à réaliser cc qui est, je crois bien, le rêve de
beaucoup de romanciers français qui n'ont pas dépassé la quarantaine : un roman à la fois d'aventures, psychologique
et social. Son influence ne tardera plus beaucoup à se manifester dans notre littérature.
BENJAMIN CRÉllllEUX

*

* *
LE DUEL, par Alexandre Kouprine, traduit du russe
par He11ri Mongaull (Bossard).
Altxaodre Kouprine est ce qu'on a coutume d'appeler un
réaliste : il décrit fidèlement la vie, telle qu'elle se déroule
devant ses yeux, telle qu'il la saisit, sans y introduire grand'
chose de son propre food. C'est un ·art sincère, probe et suffisamment exact, si l'on s'en tient à l'apparence des choses ~
Kouprine n'est pas un découYTeur ; il n'est pas de ceux qui
nous font apparaître la réalité sous un aspect nouveau, inattendu ; sa vision n'est pas exceptionnellement aiguë ; rien de
très personnel, de spécifique dans sa façon d'envisager et de
traduire les choses. Mais c'est un bon peintre de mœurs, un

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

110

-0bservateur habile et attentif qui a étudié de près les différents
milieux qu'il décrit. Auteur de nombrèux récits et nouvelles
et de deax romans, dont ce Duel que vient de faire paraître
Bossard, Kouprine connut én Ru~ie un succès rapide, et fut
après la mort de Tchekhov considéré comme un ~es ~hefs de
l'école réaliste. Son écriture pourtant est tout aussi éloignée de
}'admirable transparence de Tchekhov que de la p~issan~e
concentrée de Bounine : é'est un art riche, expressif, mais
.quelque peu lourd ; un bon métier, c~sciencie_~x? toujours
égal et qui nè nous réserve aucune surpnse. Le met1er de cer1ains maîtres hollandais.
Le Duel est une étude dé mœurs militaires. Cette peinture
triste et cruelle, une-des meilleutes œuvres de Kouprine, pro•
voqua à son apparition, en 1-904 ( on était alors· en ?uerre a:'ec
le Japon) de violentes attaques contre l'auteur. ancien officier,
&lt;JU'on accusa naturellement d'antipatriotisme. Les événements
.qui suivirent, la grande guerre, la. décompositio~ ~e ~'armé_e
russe la o-uerre civile surtout tém01gnèrent que 1 écnvam avait
,
b
d d'
-vu juste et posé le doigt sur la plaie. On compren . . a~tant
moins donc la « postface » que !'écrivain a cru devoir 1omdre
à l'édition française et où il essaye de s'excuser d'avoir quelque
peu« brutalement» découvert les maladies dont souffrait l'année
russe. De tels «,mea culpa» ne sont pas uhe des conséquences
les moins curieuses de notre révolution.
La traduction de B. Mongault est correcte et agréable .
BORIS DE SCHLŒZER

*
* *
MÉGHADOUTA (LE NUAGE
KALIDASA, traduit par

MESSAGER)

DE

Marcelle Lalou ( au Sans Pareil).

D'où. vie1;s-tu, beau nuage,
Emporté
l~ vent ?
Viens-tu de cette plage
Que je ple1we souvent?

par

Comme l"auteur de la vieillotte romance française, Kalidasa,
dans son MabâkâvJam, prend pour messager de tendres~e, pour
confident de sa nosf-alaie un nuage, que le vent propice conduira vers le séjour de Aimée. Cest pour le poète l'occasion de

l'

NOTES

Ilf

décrire en termes prestigieux les splendeurs de l'Inde ; et ses
-compatriotes ne se demandent guère si l'âme de Kalidasa a paré
de ses grâces ce tableau de la patrie; ou si le charme de cette
dernière a inspiré la célèbre élégie.
Cette nouvelle traduction, œuvre de sanscritiste, n'est pas moins
une œuvre d'art. En comparaison, la niaise élégance de Fauche
(ŒU"111·es complètes deKalidasa, 1859) sera jugée pédante et compassée, pudique et déclamatoire. Ici l'effort le plus original a
été tenté pour compléter l'exactitude littérale par une graphie
désireuse de se montrer aussi expr-essive que peut l'être une dic-tion intelligente. Juxtaposition, groupement, subsomption,
parallélisme, symétrie des développements apparaissent aux
yeux pour parvenir plus sûrement à l'intellect: les aniculations
de la pensée se traduisent par les arabesques de l'écriture. Un
mot 5e détache devant le lecteur comme si quelque diseur expert
lui faisait un sort. Ce n'est point là simple gageure, risquée
pour surmonter la distinction des genres : il faut y reconnaître
le résultat d'une étude très serrée de ce que nous appellerions
la logique des iniages chez Kalidasa. La psychologie comparée,
non moins que l'orientalisme, gagnerait par l'extension d'un tel
procédé à la traduction des œuvres poétiques:
P. MASSON-OURSEL

LES ARTS
LES DERNIÈRES RÉTROSPECTIVES.
Les amateurs de rétrospectives auront été gâtés, ces derniers
mois ; après celle qu'organisa « Style », où l'on pouvait admirer
&lt;le belles baigneuses de Cézanne et un Courbet d'inspiration
« très xvrne siècle » - le naturalisme a de ces retours - il
Y eut Cent ans de peinture française, rue de la Ville Lévêque,
Les grands maîtres du XIX• siècle, chez Paul Rosenberg, et
l'e1tposition Re1toir, chez Barbazanges. MM. Kœchlin et J.
E. Blanche, qui organisèrent la seconde de ces manifestations
-eurent la bonté de me demander quelque aide, et il me fut
permis d'y introduire - trop pauvrement à mon gré - les
œuvres de quelques représentants des différentes tendances
&lt;Ju'i s'affrontent actuellement. On a parlé d'une association
d'int~réts communs, à propos de cette organisation ; il eût été
plus Juste de faire allusion à un duel, des plus courtois, certes,

�112

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISH

mais qui ne manqua pas, par moments, de vivacité . Une de&amp;
idées chères à celui de mes adversaires qui, pour être le plus
cultivé et le plus aimable, n'en est pas moins le plus vigilant,
est la suivante : la plupart des recherches qui caractérisent les
écoles modernes virent le jour pour la première fois dans les
ateliers des peintres qui illustrèrent jadis le Salon de la Nationale. Des œuvres de Cottet, Aman-Jean, Lucien Simon,
Besnard, Helleu, qui figuraient à cette exposition devaient,
comparées à celles de Derain, Rouault, Segonz_ac, Dufresne,
Moreau, de la Fresnaye, démontrer non pas le peu de talent
de ces derniers peintres, mais bien que leurs inventions ne
furent que le prolongement de celles de leurs aînés. Il n'était
point besoin d'analyser longuement les œuvres en question
pour acquérir la prem·e que la jeune peinture, qui va de ce
que André Salmon appelle « le naturalisme organisé » jusqu'au
cubisme intégral, est l'ceuvre d'une génération dont les plus
âgés ont à peine atteint la quarantaine. La génération précédente, qui révolutionna les Salons officiels, n'opéra ce mouvement qu'en se permettant des libertés, qui parurent scandaleuses dans ce milieu. Or, les jeunes peintres que M. J. E.
Blanche - peut-être aYeuglé par la camaraderie veut
comparer à ses amis, ne scandalisèrent, plus récemment, qu'en
adoptant des discipliues. C'est donc pour des motifs nettement
opposés que réalistes d'hier et d'aujourd'hui suscitèrent l'étonnement. Les camarades de l\L J. E. Blanche ne libérèrent leur
touche de la précision académique que grâce à une interprétation incomplète de l' impressionnisme, des évasions duquel
ils profitèrent sans en assumer les joyeuses servitudes. Leurs
soucis, littéraires et sentimentaux plutôt que techniques, sont
aux antipodes à la fois de ceux de Renoir et de ceux de Cézanne,
animateurs et guides de la jeunesse.
A côté des molles suggestions picturales d'Aman-Jean et
consorts, il était extrêrntment intéressant de regarder le
Portrait de 111a mere par Gerœx. Ce tableau, peint d'une touche
précise et respectueuse, et dans des rapports de tons simples,
e t justes, prouvait surabondamment que l'exercice d'un métier
traditionnel peut produire des œuvres fort estimables. La Jeune
fille accoudée, de J. E. Blanche, autre toile d'un métier appuyé et
modeste montrait également par quels moyens eussent pu se

NOTES

If3

sauver de la déchéance bien des artistes faussement réYolutionnaires. Ne devoir son émancipation de l'Ecole qu'aux seuls
élans de son cœur est un faux calcul ; il est préférable de la
demander à des spéculations plastiques, dont la rigueur serait
tempérée d'nba11do11s surveillés.
Le clou de « Cent ans ... » fut la confrontation Corot-Rousseau (le douanier). On crut à un jeu, à un paradoxe amusant.
Rien de plus normal, cependant. que la juxtaposition des deux
œuvres 1 • En Corot et en Rousseau, en effet, nous pouvons contempler les deux derniers peintres 11alureis de l'époque moderne .
Personne ne contestera que, sauf chez quelques primaires dont
il ne peut être question ici, la ve rtu d'innocence a complètement disparu chez les artistes d'aujourd'hui. Quel peintre, quel
littérateur placés devant un spectacle, pem•ent se vanter de
l'absorber dans son intégrité émotive ? . ' ous tous, à des degrés
différents, Youés aux tourments de la cruelle et merveilleuse
lucidité, nous ne pouYons plus aller droit à l'objet et le découvrir dans sa nudité foncière ; nous en sommes détournés par
mille s0uvenirs secrets qui conditionnent notre perception et
en altèrent la fraîcheur et la sincérité. Le douanier, mieux
encore que Corot, si simple cepe ndant, laissa pousser son âme
d'ua seul jet, comme une plante sauvage, inaccessible aux
« boutures », si j'ose dire, et autres artifices d'un jardinao-e
.
•
b
artistique trop savant et trop compliqué. Il bénéficia de ce rare
privilège : il put regarder la réalité en face, dans sa perpétuelle
naissance, sans introduire entre elle et lui le souvenir d'aucune
œuvre d'art, ancienne ou moderne - comme nous le faisons
tous, prisonniers que nous sommes de l':idmiration ou de
l'émulation.
Le public, plus encore que les artistes, prisonnier des formes
conventionnelles, ne pouvait pas ne pas se révolter devant les
proportions inusitées par quoi s'exprimait l'émotion de Rousseau : habitué aux perspectives académiques ( que seuls Ingres
et Cézanne bousculèrent un peu) et à ce véritable nivellement
des valeurs qui satisfait la sensibilité médiocre, il fut indigué
1

r • Ce principe eût pu être générali é, en \"Ue de conclusions différentes, et aboutir, par exemple, au voisinage Matisse-Monet ; Br:iqueSeurat, etc. Mais le temps et surtout &lt;&lt; l'unité de nies " firent défaut
pour mener à bien ce te tâche délie.1re
8

�114

LA NOUVELLE REVUE FltANÇA ISE

par ce lyrisme nouveau, par ce jaillissement sur la toile, de
formes expo~ées dans toute leur crudité native . Car c'est -bien
cette sincérité scandaleuse, ce lyrisme naïf, cet étonnement
continu, qui différencient !e douanier de Corot. Ce dernier vit
et travaille dans un état de sérénité bonhomme ; il jette un
regard indulgent sur toutes les choses humbles; il peint l'église
et le caillou avec le mJme soin ému et avec un renoncement
admirable aux faciles effets.
Mais Rousseau vit dans le ravissement le pJus enfantin qui
ait soulévé une âme humaine; on se le_figure faisant ses confidences aux oiseaux, communiant avec la nature entière- non
qu'il s'y mélange à la façon de Cézanne, empli d'une inspiration uniquement picturale, indifférent au caractère particulier
de -chaque objet - mais au contmire d'une façon méticuleuse,
restituant à la feuille et à la fleur qui arrêtent son regard l'importance féerique qu•elJes revêtent au moment où il les perçoit.
Qu'ils représentent les rives de la Seine ou les entrailles d'un
Mexique à la fois réel et fantastique, ses paysages prodigieux
exercent sur nous une fascination inoubliable ; la majesté et la
gentillesse s'y marient ineffablement ; ils nous font revivre
comme nulle- autre oeuvre, les délicieuses angoisses d'une
enfance aux surprises, aux terreurs et aux ravissements hélas !
imgossib1es à retrouver. Les qualités purement picturales de son
oeuvre apparaissent avec assez de netteté pour qu'il ne soit pas
nécessaire d'en souligner ici les considérables mérites. Seuls
des yeux aveuglés par la plus académique des routines peuvent
demeurer insensibles à la rareté de ces tonalités, à l'ingéniosité
de ces rnpports de dimensions, à l'exceptionnelle intelligence
de ces c&lt; mesures)) qui en dépit parfois de quelque gaucherie,
offrent un support technique des plus solides à la poésie la
moins recherchée la moins « artiste )) qui ait existé en France
depuis Foucquet, peintre inég~lable du surnaturel.
Il ne peut être question, cependant, de considérer Rousseau
COJTime un «Maître,), dispensateur de conseils. On ne peut que
constater le miracle qu'il incarne, miracle qu'il serait de la plus
folle témérité d'essayer de renouveler. Chercher comme Rousseau à faire fange serait le meilleur moyen de faire la bête,
sans bénéfice possible. Cézanne, le plus torturé des hommes,
est bien plus près de nous ; iI nous enseigne l'art de rendre

II5

NOTES

féconde notrdnévitahle inquiétude. Que. si nous éprouvons parfois le besoio de rrous désaltérer à une source fraîche, le bon
Corot est là, artisan d'une victoire extraoràinaire : celle de la
candeur sur la culture nécessaire mais déformante.
La réplique à « Cent_ ans de peinture » qu'organisa M. .
Paul Rosenberg ne fut pas moins brillante que l'exposition
précédente. On peut dire qu'elle avait.plus de tenue. Si elle
ne 1:évéla. pas au- public des œu.wes au5:si extraordinaires que
la Fabrique et J'.Algérienne de Corot et les grandes baigneuses de Reno.ir ( qui euss_ent pu étre de Ingres), elle présenta Cézanne plus complètement e.t Courbet plus décemment.
Courh,et pein1re magnifique, souvent supérieur à Delacroix-,
demeure cependa11t le plus- inégal du siècle -.précédent. Il est le
représentant type - et revendiqué comme teL par que-lques
naturalistes impénitents - de la production impul:tiYe, sa.os
frein, sans méditation p.réal~le. Les déchets dont son ,œuvre
abonde prouvent, mieux que toutes les théories., la nécessité du
recueillement, et que n'est jamais perdu le temps que l'on_ passe
à raisonner, comme Poussin nous enseigne à le faire, sur
les ressources. expressives de la peinture et du dessin. « Peignez
&lt;la-vantageet parlez moins i~, conseillait Champfleury à Cotirbet;
il eût pr_obableme.n.t mieux fait de lui dire. : « Peignez moins
et méditez davantage. »
Que. ce soit à« Cent ans», chez M. Paul Rooen.herg7 ou à la
galerie Barbazanges, les maîtres les plus regardés, c.omrnentés
avec le plus d'enthousiasme par les peintres g,ui, peu à peu-,
forment l'op-ioion courante . furent Ingres, Corot, Rousseau,
Cézanne et fü;noir. Pureté des trois premiers ; puissance d-'in~
venüon du Maitre d'Aix_.; fraîcheur et .naïveté eonsetvées, en
dépit d'une culture de « Renaissant &gt;} chez !'.abondant et généreux peintre de Cignes~ :rota.nt de vertus dont les meilleurs
parmi les jeunes artistes. essaient, à l'ai-de de moyens à la fois
simples et raf:linés, d'opérer la difficil.e et lente.conquête·.
ANDlŒ l'.HOTE

LA MUSIQUE
LES BALLETS RUSSES.: Trois créations: LA
AO

Bo1s

DORMANT

de Tehaikavsky;

RENARD

et

BELLE

M.A.VRA

de

�JI6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Stravinsky ; Quelques reprises :
PETROUCHKA, CoNTES

RussEs,

LE SACRE nu PRINTEMPS,

L'APRÈS-MIDI n'us FAUNE.

Ce qui me frappe le plus en Stravinsky, ce qui, à mon sens,
doit nous rendre scm action particulièrement précieuse, c'est
qu'il ne se répète jamais, c'est quïl ~e développe ~ême pas,
qu'il n'exploite pas les richesses qu'il découvre, mais que les
abandonnant généreusement à d'autres, lui-même à chaque
œuvre nouvelle -change de direction et nous ouvre de nouveaux
horizons. Chacune de ses créations est une inveption nouvelle,
inattendue et si nous retracions le chemin qu'il a déjà parcouru,
le dessin nous en paraitrait très étrange et même illogique. C'est
ce qui explique en partie les sentiments complex~s que_ ~r~voque chacune· de ses œuvres : surprise joyeuse, ma1s aussi irritation et dépit, car elles exigent immédiatement de notre part
une attitude et une adaptation nouvelle. Après le scandale formidable que déchaîna le Sacre, scandale qui fut aus~i un ,trio~phe, un autre aurait repris lè même procédé, quitte a faire
encore plus grand.
Mais au lieu d'un super-Sacre, Stravinsky nous donne le
Rossignol. Puis, c'est l' Histoire du Soldat, des petites pi_èc~s, des
mélodies, un quatuor. C'est enfin Renard, Mavra. Ainsi, _chacune de ses œuvres est un coup d'essai ; mais ce sont aussi des
coups de maître : jusqu'ici il les réussissait toujours; et le premier sentiment d'étonnement êt d'inquiétude passé, l'auditeur
devait s'avouer convaincu. Jusqu'ici, c'est-à-dire jusqu'à Ma-vni
qui à mon avis, est un échec.
,
Le point de départ de Stravinsky dans Renard- est l'art forain
russe. Renard- est une déformation parfaitement consciente, une
transposition esthétique de la musique de foire. Une comparaison avec Parade tout naturellement s'i;:npose. Musicalement,
elle est à l'avantage de Renard: pour se soutenir, la musique de
Satie a besoin de la danse, du geste, de l'image plastique ; exécutée seule, sa vacuité, ses fi.celles, sa niaiserie ( et qui n'est pas
toujours voulue). apparaîtraient clairement.1:fais é' est juste~ent
ce qui fait la grande valeur _de Par~de au p01~t de vue thé~tre,
au point de vue scénique. La musique de Satte ne peut enstcr
en dehors du spectacle dont elle ne constitue qu'un des éléments. Au contraire, la musique de Renard ne laisse aucune
place à chorégraphie, au g~ste. Ce que je reproch'e à Nijinska

NOTES

117

qui a composé les danses de Renard, à Larionov qui en a dessiné
les décors, les costumes ce n'est nullement de n'avoir pas réussi
la réalisation scénique de l'œuvre, c'est de n'avoir pas compris
que cette réalisation était impossible. Si puissante, si riche, si
bien bâtie est cette musique aux rythmes complexes, mais
rigoureux, implacables, aux sonorités nettes et tranchantes, que
le geste, l'image visuelle en la déterminant ne peuvent que l'appauvrir.
Il y a des livres qm ne supportent pas l'illustration justement parce qu'ils sont trop suggestifs ; il en ést de même de
certaine musique, de celle de Renard en particulier : elle ne supporte pas d'être dansée ou mimée, parce qu'elle est trop essentiellement musique.
On a souvent répété que la musique n'est c:apable de provoquer en nous que des états de conscience plus ou moins
vagues, indistincts, flous ... Il n'y· a rien de plus faux, et l'on
confond ici « vague » avec &lt;1 indescriptible » : ce que je sens
lorsque j'entends Reuard est parfaitement clair, distinct ; c'est
un état psychologique spécifique, infiniment riche et complexe,
et qui ne se résoud au brouillard que lorsque j'essaie de le fixer
aq moyen de la parole ou de l'image visuelle.
L'échec de Renard, en tant que ballet, n'est qu'une réplique
de celui du Bouffon de Prokofieff, la saison passée : il se répète,
cet échec, chaque fois qu'on essaye d'illustrer, d'exprimer par
le geste, l'attitude, les formes colorées, une musique su.ffisamment puissante en elle-même, pensée et construite conformément aux affinités spécifiques du monde sonore. On n'applique
pas une danse à une musique parce qu'on n'aboutit ainsi qu'à
une limitation, à un appauvrissement, mais on enrichit au contraire la danse, on intensifie, on élargit sa signification en lui
adjoignant une -musique qu'elle: ne cesse de régir et qui ne peut
prétendre ainsi qu'à un rôle secondaire. C'·est en somme le
principe du ballet dit classique.
Dans Mavra, au contraire, le musicien s'est soumis à son
texte ( qui appartient à un jeune poète, M. Kokhno, d'après un
petit poème badin de Pouschkine); aussi l'œuvre gagne+elle
beaucoup à la scène.
Ne me fiant pas,à ma première impression, nettement défavorable, j'ai été encore entendre et voir Mavra cinq du six fois,

�118

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

tâchant de découvri:- les raisons de l'enthousiasme de certains et
celles de mon désappointement : il faut être prudent avec Stravinsky · n'est-.ce pas une révélation nouve!Je ?
Stravinsky essaye ici, comme il nous l'a déclaré lui-même
expressément, de remonter aux sources de la musique russe : ce
ne sont plus les chants populaires où depuis Glinka jusqu'à
Stravinsky lui-même tous ont puisé ce n'est plus l'art paysan,
c·est la romance sentimentale des compositeurs pre-glinkiens,
de Verstovsky, de Dargomyjsky, de Glinka lui-même, l'art des
salons et des gentilhommières : le style italien s'y trouve profondément déformé par le goüt russe qui se cherche encore,
mais a déjà des trouvailles délicieuses. Ce vieux style italo-rnsse
subit chez Stravinsky une nouvelle déformation que j'appellerais négro-américaine : ce sont des rythmes syncopés, convulsifs, un orchestre où dominent les cuivres, des crudités
harmoniques qui se plaquent bizarrement sur la ligne mélodique. 11 en résulte un ensemble curieux, très amusant parfois,
très intéressant aussi musicalement, mais qui, bien que sa durée
ne dépasse pas une trentaine de minutes, finit tout de même par
lasser.
Qut:l que soit le point de départ de l'artiste, quelle que soit
la source où son caprice veuille s'abreuver, le résultat seul nous
importe : Stravinsky n'a pas réussi cc nouveau coup d'essai. En
effet, l'impression générale est celle d'un pastiche, d'une sorte
de plaisanterie musicale dont le principal défaut serait de n'être
pas suffisamment plaisante. Mais tel n'est certainement pas le
des ein de Stravinsky : il s'agit d'infuser un sang nouveau à
d'anciennes formes, il s'agit probablement de rénover ces formes, de créer ainsi un nouveau style d'opéra-comique. En ce
cas le sujet est trop mince, trop fragile : il s'effrite en poussière
sous son riche revêtement musical, où les deux styles - italorusse et négro-américain - ne parviennent pas à se fondre et
se gênent mutuellement.
La partie vocale, d'une grande difficulté, fut excellemment réalisée par MMmcs Slobodskaïa, Sadovenn et Rosovska et par
M. Belina; mais l'orchestre sous la direction de M. Fitelberg
me parut souvent trahir les intentions de l'auteur : il fut lourd,
épais, inutilement expressif et insuffisamment rigoureux.
.
C'est l'orientation nouvelle de Stravinsky probablement qw

WOTES

II9

n~~s a valu la Belle au bois Dormant de TschaïkoYsky, réduite
d a'.lleurs à un seul acte. On n'aime pas TschaïJrnvsky en France
et Je partage personnellement l'antipathie de mes collèaues
fr
' '
é
.
b
:13ça1s a cet gard. Pourtant, la virulence de certaines attaques
m_ a frap~é : les ~allets de Tschaïkovsky sont en effet ce qu'il a
fait de mieux. et_1l _Y a dans la Belle nu Bois Dormant des pages
charmantes. Mais 11 est probable qu'il s'aait d'une sorte d'idiosy~crasie : il y a un cas Tscbaïkovs.ky, co;me il y a un ca~ Chabrier, un cas Bruckner; nous ne parvenons pas en effet à comprendre, Français et Russes, ce qui rend chère aux Allemands la
musique de Bruckner. Un étranger ne peut s'expliquer )'engouement des musiciens français pour Chabrier. Il en est de
même de_Tscha.ï~ovsky dont le charme, le caractère profondément n.at1o~al (~1~n plus national que Rimsky-Korsakoff) ne
seront Jamais sams par un esprit de culture française.
I.I faudrait ~aintenant _parler d~nse, mise en scène, spectacle,
mais cela ne m est pas facile, car bien des vérités sont non seulement désagréables à entendre, mais aussi à dire. 1 ous savons tous
ce que nous d~vous à ~crge de Diaghilew: le rôle de cet organisat~ur, d_e ~et animateur incomparable a été vraiment unique dans la
vie a.rtisttque européenne
de ces quinze dernières années•, mais
.
t
no re reconn31ssance, notre admiration pour ce qu'il a fait ne
peut n~us priver Ju droit d'exprimer aujourd'hui nos critiques et
nos crat~tes. Sa trou~e s'est appauvrie: Miassine n'a pu être remplacé, m comme m~1tre de ballet, ni comme danseur; le départ
de. Sokolova se fait également sentir, surtout dans le Sacre du
Pr111/emps: Ja ijinska a beaucoup de goüt, une excellente
technique, ~ais elle est trop nerveuse et manque, de résis~ance. ~réfilova est une ~anseuse classique de premier ordre,
3 tecb01que est presque impeccable; Idzikowski est un gymnaste ét_onnaut,_ mai~ ..dans Je Spectre de la Rose ils ne pc:vent
nous faire oublier • IJtusky et Karsavina.
Cela peut encore changer : la saison prochaine Diaghilew
nous amènera peut-être Spessivtseva ; peut- être reverronsnou
Kars avma,
·
M'iassme.
·
ce qui· est bien
· plus grave c'est
,
1absence d'homogénité, l'absence de discipline dans le corps du
bal!et, et_ surtout l'affaiblissement de cet esprit autoritafre, il est
~s enthousiaste qui dirigeait toute l'entreprise et lui
mpnma1t une vie puissante. Je souffre en voyant se décom-

rai .

�120

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

poser sous mes yeux. l'admirable chorégraphie du Sacre par
oubli, inattention, insouciance des exécutants ; je suis inquret
pour l'avenir de la belle œuvre de Diaghilew lorsque je constate
aujourd'hui dans soù action une sorte de timidité, de l'éclectisme: lui qui, auparavant, par ses coups d'audace et son esprit
de risque, nous imposait ses conceptions, semble préoccupé
aujourd'hui de deviner, de satisfaire nos inclinations, nos goûts
naissants. Il y a en lui flottement, hésitation, peut-être fatigue.
Espérons que ce n'est que temporaire.
B. Di: SCHLOEZER

*

* *

WAGNER AU THÉATRE DES CHAMPS-ÉLYSÉES.
Nous venons d'avoir eu une sai~on wagnérienne au théâtr~
des Çharnps Elysées: une splendide troupe italienne sous la
direction de M. Serafini nous a fait entendre Tristan, le, .Maîtres
Chanteurs, Parsifal, Lohengriii: nous avons admiré de belles
voix, un jeu très expressif, des chœurs merveilleusement disciplinés, riches et souples, un chef d' orchestre d'un tempérament
musical ardent, régi par un goût sûr, servi par un métier parfait,
mais dont toutes les intentidns nt; furent pas toujQurs comprises
par ses instrumentistes.
Warrrier fut exécuté à l'italienne, c'est-à-dire très en dehors,
b
aveç une passion exubérante (Tristan), avec une certaine
bouffonnerie dans le comique (les Maîtres Chanteurs). Ce n'est
pas un reproche à faire aux artistes: l'exécution à l'allemande,
à la françûse n'est ni plns, ni moins justifiée que l'exécution à
l'italienne. Lorsqu'il s'agit d'~uvres comme celles de Wagner il
faut dénier à qui _que ce soit, à quelque nationalité que ce soit
le droit de nous imposer un style modèle, nne e:récution type.
Exécutez \.Vagner à l'américaine) si vous pouvez. et si vous parvenez à maintenir l'unité de style, à me donner une impression
complète, à me convaincre, vous avez raison gagnée . Le résultat couvre tout ; dans ce cas-ci, l'unité de style était parfaite :
les Italiens ont donc triomphé. Ce fait prouve qa'il y a de l'italien en Wagner; un jour, peut-être, on 11ous y feta goûter du
russe, du polonais ... Et ce sera très bien.

,.
**

B. DE SC}!LOEZBR

NOTES

121

LES DANSEUSES CAMBODGIENNES A L'OPÉRA.
Somptueux hommage adress_é par le roi Sisowatb à la
République, sa suzeraine, le ballet cambodgien est venu en
France, à la grande joie des amateurs d'art oriental. De Marseille où elles ont contribué au faste de !'Exposition coloniale, les danseuses de Pnom-Peuh sont venues passer troisjours à Paris : étrange pensionnat d'une vingtaine de fillettesque surveillaient vigilamment cent soldats de la garde indigène!
Petites ( elles ont quinze ans à peine), les hanches larges
et raides, le buste long, elles apparaissent vêtues avec magnificence. Par-dessus . leurs culottes aux teintes amorties,
tombent d'amples tuniques aux. couleurs vives que constelle-·
l'innombrable scintillement des pai.llettes miroitantes . Contrastant avec les teintes opulentes de l'habillement et l'éclat
des ors, leur figure recouverte de céruse apparait blême et
impassible, comme un masque de porcelaine blanche dont
la peinture a été oubliée. Les cheveux noirs et brillants sont
appliqués contre la tête petite comme une couche d'émail;
ils semblent de la même matière que celle des grands yeux
sombres qui s'allongent vers les tempes.
Le rideau se lève. L'orchestre et le chœur apparaissent de
chaque côté de la scène, tournant le dos à. la salle, indiquant
par leur orientation le point important ou se dérouleront les
danses.
Le chœur : quelques chanteurs accroupis qui tout à l'heure
émettront des vocalises confuses et nasillardes en marquent la.
mesure par le choc de deux baguettes de bois.
L'orchestre qui déjà prélude, se compose de clarinettes
indigènes, de tambours et de xylophones dont les sonorités
sourdes s'opposent aux notes claires d'un glockenspiel. "(Jn
rythme impeccable entraine ce jazz-band austère, dont les mélodies pas très différentes des nôtres accompagneraient volontiers
un schimy ou un fox-trot ...
C'est bien là une des choses les plus étranges, ce contraste
entre la musique vive qui incite aux mouvements rapides et
les danses qui tout à l'heure développeront leurs gestes ralentis. Ici, pas de pléonasme selon la formule occidentale clas-

�122

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

~ique, pas de répétition du même sentiment. Selon le souhait
&lt;le Jean Cocteau, la musique et la chorégraphie al,lront chacune
leur signification propre et.les deux arts simultanément évoqueront des choses différentes ...
Mai.$, voici les danseuses qui apparaissent. Et tandis que
l'orchestre nous raconte l'innombrable et anonyme _pulullement
Je l'Asie, le ronflement
- de.« la roue de la vie », les bayadères
en leur Ient défilé, reprennent les danses figées sur les mu
:railles millénaires d'Angkor et renouyellent la procession
hiératique des Apsaras impassibles. Leurs gestes semblent
se mouvoir dans une atmosphère visqueuse, leurs membres
ondulent comme des algues dans les profondeurs marines
et leurs mains s'épanouissent comme d'étranges fleurs aux
-pétales mobiles... Ce sont des demi-déesses certes, mais les
&lt;lemi-déesses d'u11e religion panthéiste où les dieux eux-mêmes
s'identifient à la nature, à la végétation exubérante et vivace
.des terres chaudes.
Avec ses danseuses de quinze ans., le roi Sisowath nous a envoyé un peu de l'antique Asie ...
J:

r23

NOTES

casion où Marguerite Jarnois fut si charmante qu'on oublia
le théâtre et ses mensor.iges pour ne plus voir que ce jeune
et pâle visage où la douleur mettait un pied de rouge, Les
spectateurs sortaient de la salle, à la porte, une ouvreuse
distribuait les billets qui permettraient d'y rentrer. Elle
semblait émue et pleurait presque. Soudain, elle s'approcha d'un monsieur qu'elle regardait avec une attention respectueuse, depuis quelques instants déjà, et lui . prenant les
mains:
- Oh ! Monsieur, comme vous m'avez fait pleurer I monsieur Mérimée !
- Vous vous trompez, ·mad_ame, dit le, monsieur surpris,
et se tournant vers son compagnon qui souriait, il le montra
du doigt, monsieur Mérimée, c'est monsieur.
Puis, Max Jacob, l'auteur supposé de L'Occasion et Jean
Paulhan, saluant son admiratrice par erreur, - cc car c'étaient
eux )l, comme on écrit dans les romans policiers, reprirent
place dans la salle où le rideau se lev.ait sur Chantage.

C. PRIVÉ

* *

LE COURRIER DES MUSES.
Mérimée enfant perdit ses iÜusions pour avoir entendu ses
parents rire ~errière une porte mal fermée. Il avait pleuré,
trop sensible aux reproches qu'on lui fais.ait d'une faute légère,
pleuré peut-être ses dernières larmes. Il sut depuis ce jour-là
fermer son cœur aux sentiments profonds. Il voyagea. Il
écrivit rarement et sans trop croire à son génie. 11 prit.le~
femmes par plaisir et les quitta par ennui, même les plus
.dangç:reuses, George Sand pour qui Musset .perdit sa jeunesse et Chopin sa vie, l'Impératrice qu'on chansonnait sous
le nom de Badinguette. Il fit de belles mystifications litté.taires
çt grâce au masque de Clar_a Gazul, il put rire au nez du
Romantisme. Mérimée, bien qu'il soit mort depuis plus de
~inquante ans
vient d'être le héros d'une anecdote, ou à peu
,
J
~b.
.
Il y a trois mois,. 1' « Atelier » cle Charles Dullin donnait
une matinée au Vieux-Colombier:. O,n venait de jouer I.:Oc-

On m'a cité le mot d'un aimabfe marchand de tableaux, qui
touchait de la main 1e cœur de pierre d'une statue qu'il croyait
ancienne et disait :
- Le froid des siècles !
Le mot est joli mais, _au hasard de la pensée, il n1'a conduit
à de bien tristes réflexions. Que le froid des siècles passés
nous gèle, passe encore, mais la chaleur de celui où l'on vit
ne devrait-elle pas être douce ? Il ~st vrai qu'un siècle _veut
toujours imiter le siècle précédent. Comment il n'y réussit
p11S, c'est sa particularüé, sa marque originale. La grande
mélancolie romantique qui désolait-Wer.ther, René, Obermann,
est auj&lt;mrd'bui remplaoée par un décourage_ment qui àtteint
profondément la jeunesse et surtout celle de qui l'on pouvait attendre le plus. On ne se demande plus « Pourquoi ? )l
On se dit « A quoi bon ? » L'ironie supplée au doute. Au.jourd'hui l'inquiétude de la jeunesse ne prend plus guère la
forme philosophique (Dieu existe-t-il ? C'est s.on affaire et
non la n6tre) mais nous n'avons pas encore dissipé l'héri-

�LES REVUES

LA NOUVELLE RE\"UE FRANÇAISE

tage dangereux de Rousseau. Depuis cent cinquante ans,
!'écrivain se regarde au miroir et caresse amoureusement
ses faiblesses et ses défauts. Les jeunes gens demandent des
certitudes, on leur offre des possibilités. S'ils regardent en
arrière, ils voient Baudelaire au confessionnal du cœur ou
Laforgue se noyant, pauvre Narcisse, dans les étangs du souvenir ! S'ils se tournent vers les maîtres d'aujourd'hui, Paul
Valéry, le divin charmeur du Serpent, André 'Gide? Hélas !
j'en connais qui sont trop faibles pou-r consentir à tout, pour
« ne pas choisir)), et ceux-là qui se refusent à la vie, la quittent
parfois - si elle devient trop indiscrète - et s'en vont. tranquillement, sans laisser d'adresse. ·
GEORGES GA.BOR\'

** *

LES REVUES

125

Les poèmes qu'il nous livrait, il ne les considérait nullement comme
un aboutissement, mais coi:nme un jeu, une sorte de démonstration
qu? se d~nnai_t à lui-n_1ême, d'expérience, ou mieux : d'expérimen:
tauon. Merue Il songeait à les réunir sous ce titre commun : Exercices,
entendant par ce 11101, non un moyen d'entraînement mais bien Ja mise
,
.
.
'
en vigueur d un systeme ; et Je ne pense pas que le Vinci considérât
très différemment ses tableaux.
De ce systëme, il ne m'appartient pas de parler. Je veux croire avec
Valéry que son œuvre la plus importante gît éparse encore dans ces
mys_térieux cahiers où lentement il l'élabore, et qui s;.ns doute rappel lent eux aussi ceux de Vinci. Mais méthode ou système si excellent
qu'!I soit, qùe vaudrait-il pour réussir une œuvre d'art, ;ans les particulières qualités de celui qui l'applique ? Ce qu'il me p~aît surtout de
retrouver dans les vers de Valéry, bien qu'ils l'offusquent, c'est sa tendresse. Je me souviens que dans les premiers temps de notre amitié il
me citait avec adm1ration un mot de Cervantès (je crois) : « co:Umeiit cacher un_homme ? &gt;l, mot dont alors je ne saisissais pas bien ·1e
sens. J'attendais l'œuvre de Valéry pout le comprendre.

.

PAUL VALÉRY
Le dernier numéro du Divan réunit, en hommage à Paul
Valéry, des études, des souvenirs ou des poèmes de la Comtesse
de Noailles, Henri de Régnier, Edmond Jaloux, Fr. Viélé Griffin,
Charles du Bos, Henri Ghéon, Fr. le Grix, Lucien Fabre ...
André Gide écrit :
... Ses premiers collaborateurs de la Conque et du Centaure se déso•
lai,ent de le voir abandonner la poésie, et s'engager dans une voie qui
leur semblait ne mener qu'à des spéculations impuissantes. Mais c'était
pourtant la puissance que recherchait précisément Valéry. Rieu ne lui
paraissait moins tentant que le succès qu'il eùt facilement obtenu par
une production abo,ndante. Son appaTent renoncement cachait une
ambition plus haute. « L'erreur, je parie, de bien des gens à mon
égard, m'écrivait-il en 93, est de me supposer, malgré tout, une
arrière-pensée littéraire ; de croire que je tends, en somme, à travers
les restrictions que je professe et le renoncement, à quelque g_enre nouveau. » Et, en 94 : « J'ai agi toujours pour me rendre un individu
potentiel. C'est-à-dire que j'ai préféré une vie sttatégique à une tactique. Avoir à ma disposition, sans disposer ... Ce qui m'a frappé le pl.us
au moude, c'est que personne n'allait jamais jusqu'au bout. » Il n'était
donc que de persévérer. Et durant vingt-cinq ans Valéry se tut, travaillant sans cesse.

A PROPOS DE MARCEL PROUST
M. Ernest Curtius a publié dans le numéro de Février du

.

Neue Merkur un remarquable article sur Marcel Proust do ot il

,
'
n est peut-etre pas trop tard pour donner ici un extrait :

Ce que Gide a dit un jour des hommes de la Provence : qu'ils ont
cette assurance un peu facile de ceux qui s'étant déjà dits dans Je
P:t5sé, n'ont plus qu'à se redire sans effort et ne trouvent plus rien de
~ten neuf a ch~rcher )), cela nous vient souvent à l'esprit à propos des
~vres des Français. Combien pourtant il serait trompeur de généraliser de telles impressions, c'est ce que montrent les ouvrages de
Pr~ust. Proust demande au lecteur un assouplissement et une réadaptat'.on _de son appareil de perception esthétique, une tension élastique,
qui exige d'abord un déploiement d'énergie, mais qui ensuite - comme
une série d'exercices musculaires - produit une vitalisation bienfaisante de tout l'organisme. 11 a justement, lui, du nouveau à d,ire: et il
a dô se fabriquer, à cet effet, des moyens d'expression nouveaux. Et
pourtant le résultat de son art s'insère après coup dans la loi constitutionnelle de l'espri~ français, dans la perspective de son optique, telles que
nous les connaissons d'après une longue tradition, d'une maniè(e tellement significative, qu'en nous retournant pour regarder en arrière
nous êp rouvons cette saus,act1on
· c · que
.
donne toute vue sur une conti-'
«

�126

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nuité nécessaire, organiqoe et dépassant les individualités. Proust ajoute
un nouveau chapitre à ce que nous savions de la morphologie spirituelle de la France, mais non pas en bouleversant les résultats des chapitres précédents, bien plutôt en les- approfondissant et en les confirmant.
•* •

SUR LES COPAINSD'une étude enthousiaste sur les Copains de Jules Romains,
que publie la Revue de Belles-Lettres, détachons ce passage :
Les Copailn sont pour nous une œuvre sacrée, mais qu'on ne se
méprenne pas. Cela veut dire que nous cr-0yons au côté profond, mysti.que de ltur vie. Mais l'ironie, mais la « monture &gt;l qui est partie
inhérente et non la moindre de leur personnalité nous est tout aussi
sacrée. En analysant ce -lyrisme, nous dissocions un tout, pour en saisir, séparés ou morts, les éléments composants. Mais notre admiration
va au tout brut et complexe. Aussi quand nous refusons de voir dans
les Copains une ~impie farce habile, ce n'est pas pour en faire un traité
romantique. Nous prenons ce livre comme quelque chose de vivant et
de complexe, où l'exaltation de la vie n'a rien de morbide, mais est
baignée d'ironie parce qu'elle resplendit de santé. Ce pourquoi Romains
l'offre pour Conseiller de la Joie et Briviaire de la Sagesse facétieuse.
L'ironie, la« monture n, il faudrait montrer qu'elles sont là, non pas
pour mitiger après coup uoe sentimentalité que l'auteur craindrait être
excessive, mais parce qu'elle. fait partie de sa vision poétique, parcequ'dle est un des éléments de son iyrisme .....
Que les deux facteurs soient mêlés, l' irollie cédant le pas à la ferveur, puis comme avide de ses droits la rattrapant, la dépassant, les
deux jouant _à cache-cache et se démasquant tout à tour, voilà qui cmn-ble le plus pleinement notre attente.....
,._

* •

LES ENTRETIENS D'ÉTÉ DE PONTIGNY
On sait qu'avant la guerre un comité dont M. Paul Desjardins
était l'âme, organisait chaque été, dans le cadre magnifique del'abbaye de Pontigny, des réunions où des esprits cultivés, de
nationalités différentes, échangeaient à loisir leurs idées sur un
thème de littérature ou de morale, à l'avance choisi comme
programme. Dès r9ro les écrivains de la Nouvelle Reu11e Française participèrent à ces &lt;&lt; décades
et se rencontrèrent
avec d'éminents représentants de la pensée étrangère. ·

i,

LES REVUES
127
Le Co~ité_ des 1;ntretiens d'été de Pontigny- composé de
Paul Des1ard1ns, d Arthur Fontaine, d'André Gide de G .
Raverat
·
1
'
eorges
' - 1ug~ ~ue e moment est venu de reprendre son
œuvre. Des mv1tat1ons ont été lancées pour cet été . U
ééé
·
· n programme a t tabh. Nous en empruntons l'esquisse à 1a REVUE
DE GENÈVE (No du r" Mai) :

Cette ann~e, trois décades sont prévues: l'une sur !'Éducation (du

7 au 16 Aout) à laquelle " sont conviés ceux qui 5e préoccu ent du
déf~ut de concordance entre l' éducation d'à présent et le é . p d
so été
li ·
r g1me es
6C1 :
tiques )) ; un sec~nde sur un sujet de littérature (du 17 an
2 Aout1, la cc culture de la -nerté par la riction &gt;&gt; le point d'ho
du. Moyen-Age
a
tl eman, l'honn ête homme l'autono . nneur
. , le .,en
'b é
dmenNne, _la selfreliance d'Emerson - ; une troisième,enfin sur 1:1;0:i;t;
es atrons : à cette décade O
d ·
•
de la
.
.
.
, n vou rrut réumr « des amis réfléchis
. Paix et qul conviennent que le moyen de l'établir (pré ·s
''j
s'aa 1t d'u F ·d, •
c1 ons qu 1
. "' .
ne e erat1on des Etats) doit être voulu pteinetnent
. difficile et reculé enco
E
d
, mais est
.
.
.
re_... ssayer e mettre au point, de sorte qu'elle ne
sou que b1enfa1sante, 1'1dée•profondément naturelle de Patrie . c'est là
~.ne, entre~rise d'é_claircissement, de pacification. On voudrai~ qu'el!~
ut au moms ~qu1ssée dans un conciliabule de civilisés au commencement du xx• siècle.
'

ro

B :armi les adhésions déjà recueillies, citons celles de. Johann
OJer, Arnold Bennett, Albert Thomas

Ferrero

Pr.e

1· .

A d é G'
'
'
zzo llll,
p·n r
ide, Wells, Duhamel, Paul Hymans, Arthur Fontaine
ierre Hamp, Strachey.

'

***

MEMENTO

ACTION (mars-avril) : Pitoejf, par J. Bucher.
ARIANE (mai) : Delille poète, par Robert Bonnert.
BELLEs-I .ETTRES (ru ') • F
· r
Al h
. .
ai ·
mncis ;rmzmes ou notre chag,·ltt
P onse Météné; M . Paul Valéry, par André Delacour.
' par
LaL; BON PLAISIR (maj) : Dans l'i11tm611toriale Asie, par J. Douyau ,
affesse de M . Bl,iise, nouvelle par Ch. Phalippou.
'
ma~:~SES

DE

THÉATRE (mai) : Comment j'écris ime pièce, par Lenor-

. Ll~ Com.AISSA NCE (avril) : Mademoiselle Zeline Ott Bonheur de Di
a usaue d'
•
D
eit
.,
u~e vm11e w wiselle, par Marcel Jpuhandeau ; Les
prr;:EE;b-ve:·sift du Man~arin : M. Reni Can.at lauréat, élève et cuistre.
(n 1 ) : Souvenirs, par Tristan Derême.
LE DIVAN : Tristà1i Klings&amp;r, par Pierre Lièvre.
LE DISQUE VERT (juin) : Poèmes, par Odilon Jean Périer

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

128

EcRITS NouvEAUX (juiu) : La cnuwté rnsse, par Maxime Gorki ;
Fargue, par Adrienne Monnier; Le Secret profession11el, par Jean Cocteau.
EssAJS CRITIQUES (mai) : A /'Atelier, par Azaïs.
LES FEUILLES LIBRES (n° 26) : Poèmes, par Ernst et Eluard ; Mogarmi
Nameb, par Blaise Cendrars.
LES LETTRES (mai) : Lettre 11 Sidoi11e rnr quelques préj111;és ett matière d'a,·i religieux, par François Fosca ; Le, trois Fontaines, par
René Des Granges; (avril) : Lettre IÙ Flaubert à Louis Bouilhet, par
Louis Martin-Chauffier.
LETTRES RHÉNANES (avril) : 'froisième lettre sur les spectacles, par
Benoist-Méchin ; Sonate, par André Norys.
MERCURE DE FRANCE ( 15 avril) : Souvenirs de mon commerce. Dans
la cotltagion de Mécislas Golberg, par André Rouveyre: (15 juin): La
fausse resse1J1blauce, par J. de Gaultier.
LA NouvELLE REVUE (mai) : Stevenson j11gé par son beau-fils, par
Paul-Louis Hervier.
L'ŒUF DuR (avril) : Petits Poèmes, de Tristan Derême ; Side-Car,
par Maurice David.
LA RENAISSANCE D'OCCIDENT (février-mai) : Petite Odyssie d'un
poUe lointai11, par Daniel Tbaly.
REVUE DE L'AMÉRIQUE LATINE (avril-mai): Paysages imaginaires
à'A111irique, par R. Gomez La Serna ; Le sem de l'Exotique da11s la
Poésie Frn11çaise : M. Jules Supervielle, par André Fontainas.
REVUE DE BOURGOGNE ( I 5 juin) : Un touriste italie11 à Mdro11
en 1665 1 par G. Jeanton.
REv·uE DES DEux-MoNDl!S (15 1{iai-15 juin) : Les profondeurs de la
mer, par Edmond Jaloux.
REVUE DE GENÈVE (mars-avril)
Méditation Stll" Baudelaire, par
Charles Du Bos; Guin) : Noct11.rne, par Fr. Swinnerton.
REVUE DES JEUNES (avril) : Les Saints et le thédt1·e chrétien pop11lllire,
par Henri Ghéon.
LA REvuE MONDIALE (15 juin); Du co11tre-sc11s, par Emile Faguet.
REVUE PHILOSOPHIQUE (mars-avril) : La psychoanalyse et le problème
de l'illconsâent, par A. Ombredane.
REVUE RH ÉNANE (juin) : Les tapisseries des Gobelins.
LA REVUE- DE la SEMalNE (28 avril) : Réflexions sur l'œnvre critiqile
de Paul Bourget, par Ch. Du Bos ; La littemture et la Société du moye11a'ge., par Jean Longnon.
LA REVUE UNIVERSELLE (mai): L'A11101w, les Muses et la Chasse
(III), par Francis Jammes ; Einstein et la relativité, par Louis
Dunoyer.
LE GBRANT : GASTON, GALLIMARD.

ABBEVILLE. -

IMPRIMERIE

F. PAILLART.

.l

LE MARIAGE DU CIEL
ET DE . L'ENFER

Le ~ariage du Ciel et de l'Enfer dont nous donnons îci la
trnclu~tion complète, p~rut en 1790. C'est lep-lus significatif et
le m~ms ,touff~ des.« livres pr?phétiques » du grand mystique
an~l~1s, a la_ fms pemtre et -poete (1757 à 1828).
J a1 conscience que cette œuvre étrange rebutera bien des
lecJeurs. En Angleterre elle demeura longtemps presque
complèt.ement ign_orée ; bien rares sont, encore aujourd'hui,
Ceux .qui la
, connaissent et l'admirent. Swinburne fut u n d es
P;em1er~ ~ en signaler l'importance. Riel). n'était plus aisé que
d Y. c~e1lhr les q~elques phrases pour l'amour desquélles je
décidai ~e le tra?u1re. Quelques attentifs sauront peut-être les
découvn~ sous 1ab~rrdante frondaison qui les protège.
- Mais pourquoi donner le livre en entier?
- Parce que je n'aime pas les fleurs sans tige.
A, G.

Rintrah mgit et secoue ses feux dans l'air épais ·
D'affamés nuages hésitent surfabîme.
'
Jadis débonnt;ire et par un périlleux sentier,
L'homme juste s'acheminait
Le long d11, vallon de la mort.
Ou la ronce croissaù on a planté des roses
Et sur la lande aride
_
Chante la mouche à miel.
Alors, le périlleux sentier f11t bordé d'arbres,
Et une rivière, et 1me source
9

�I 30

LE .MARIAGE OU CIEL ET DE ÙENFER
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Coula sur chaque roche et tombeau ;
Et sur les os blanchis
Le linwn rouge enfanta.

LA VOIX DU DIABLE

.,

Jusqu'à _ce que le méchant eût quitté les sentiersfaciles
Pour cheminer dans lès se'ltJ.iers périlleui1 et chasser
L'homme juste d®s des régions arides.
A présent le serpent rusé chemine

En douce humilité,
Et l'homme juite s'impatiente,,danî, les déwt~
Ou-les lions rôdent.,
1(

r

...

1)

J

r:'

•

Rintrah rugit et secoue~~s Jeux dans l'air épai-s;
D'affamés n:tlages héoitent sin: l'abîme.
·
fi'

J

Puisqu'un nouveau. ciel é 'commencé et'iu'il' Y, fi'#iairit~;ar.zi
trente-trois ans d'éc01ûés-depuis 2on a:vène'nJenf :1'E.t~~nehE1;1.Jer
·•
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se ranime.
r ('
'
rr
?
Et voici I Swedenborg es.t. cet ange qui se.,jien,J,- assis sur la
tombe: ses écrits sont ,ces linges pliés.
~, '.
C'est à présent la domination d'Edom et la rentrée d'Adam
dans lé Paradis - Voir Tsaïe XXXIV et XXXV.
Sans contraires il n'est pas de progrès. At1ractùm et R(pttlsîon, Raison et Emrgie, · Amou-r et- Haine; s.ont 1'tiçessJit&lt;es a
l'existence de I'ho-mme.
., •. ,
De ces contraires découlent ce. que.les religions ç,Pf}e)lent'le,.8ien
~
et le Mal.
Le Bien (disent-elles) est le passif quî_"se soumet à' la Raison.
Le Mal est l'actif qui prend source dan5 l'l;:nergie-; 1
Bien est Ciel, Mal est Enfer.
\

" .J

Toutes les Bibles, ou codes sacrés, ont été, cause des
erreurs suivantes :
I ~ Que 1'l10mme a deux réels principes existants, à
savoir : un corps et une âme.
2,Q Qué l'Energ3.e, appelée le Mal, ne procède que du
corps, et que la Raison appelée Bien ne procède que de
l'âme.
.
3~ Qt~e. Dieu tartinera l'homme durant l'Rteroité pour,
avoir smvi ses énergies .
Mais contr&lt;\ires â celles-ci, les cl~oses suiva.rites sont
vraies :
'
1° L'hom~1e n'a pas un corps distinct' de $On âme, car
ce qu'.on appelle corps est une p·artie de l'âme përçue par
les .:mq sens, principaux débouchés de l'ftm e dans cette
période de vie.
2 ° ~'énergie-est la seule vie; elle procède .du corps, et
la Raison est la borne de l'encerdement de l'Energie.
3° L'énergie est l'éternel délice.
Ce~x qui répriment leur désir, sont ceux dont le désir
est faible assez pour être réprimé ; et l'élément restricteur
ou raison usurpe alors la place du désir et gouv~rne celui
dont la volonté -abdique.
Et le désir réprimé peu à peu devient passif jusqu'à n'être
plus-que l'ombre du désir,
·
·
La relat~on de cela est-consignée da11s k Paradis P~du;
et 1~ Dommateur c'est•à.-dire la H.aiso,n , y -a npm Messie.
Et l Archange originel ou capitaine de l'armée !:éleste y est
appelé Diable ou Satan, et ses enfants y ·s ont appelés Mort
et Péché.
Mais dans le üvre de Job, le Messie de -Milton a nom
~atan. Car cette relation a été adoptée par les deux parties. Assurément, il· semble à Raison que Désir a été

�I

32

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE.

chassé, mais le rapport du Diable c'est que le Messie
tomba et construisit un ciel ave~ ce qu'il dérobait à
l'abîme.
Ceci èst révélé dans l'Evangile, où nous le voyons prier
le Père d'envoyer le Consolateur, ou ·Désir, afin que · Raison puisse avoir des Idées pour construire - le Jehovah de
la Bible n'étant autre que celui qui habite dans le feu
flamboyant.
Apprends qu'après sa mort, c'est le Chris't qui devient
Jehovah.
Mais dans M,ilton, le Père est le Destin ; le Fils, un
Raison des Cinq sens, et le Saint Esprit, le Néanr !
NoTE : Ce qui :fit que Milton écrivait d,ins la gêne lorsqu'il parlait des Anges et de Dieu, dans l'aisance lorsque.
des Démons et de !'Enfer,_c1est qu'il était un vrai poète et
du parti de_s Dé_mons, sans le savoir.
VISION MEMORABLE

Tandis que je marchais pa·,mzi les fiammes de /:Enfer, et
faisais mes délices du ravissement du génie, que les Angesconsiderent comme tourment et jolie., je recueillis quelques-uns
de. leurs Proverbes ; car de mime que les dictons en usag'e chez
ttn peuple portent la marque du caractère de celtti-ci, j'ai
pensé que les Prpverbes de l'Enfer manifestent la na/ure de la
Sagesse Infernale, mieux qu'aurnne i.kscription d'édifices on de·
vêternents.
Quand je revi11S chez moi, sur- l,'abînJe de mes cinq sens,
la où un plateau surplümbe abruptement le présent monde, je 'vis
un puissant Démon enveluppé de nuages noirs, plammt au-dessusdes parois du roc : avec de corrodantes flammes -il écrivit la sentence suivante, à présent perçue par les cerveanx des hfJ1Jimes et
lue par wx sur la terre :
Borné par tes cinq sens, ne compre11ds-tu donc pas
Que le. moindre oiseau. qui fe1id l'air
Est un itnmensnnonde de délices?

I.E MARIAGE DU CIEL ET DE L'ENFER

133

PROVERBES DE L'ENFER
J

Dans le temps des semailles, apprends ; dans le temps
&lt;les moissons, enseigne ; en hiver, jouîs.
Conduis ton char et ta charru_e par-dessus les ossements
&lt;les morts.
Le Chemin de l'excès mè~e au palais de la Sagesse.
La Prudence est une riche et laide viei1le fille à qui l'incapacité fait la cour.
1

Le Désir non suivi d'action engendre la pestilence.
Le ver que coupe la charrue, lui pardonne.
Celui qui aime l'eau, ;1.u'on Je plonge dans la rivière.
Un sage ne voit pas le même arbre qu1un fou.
Celui dont le visage est sans rayons ne deviendra jamais
une étoile.
Des ouvrages du temps !'Eternité reste amoureuse.
La diligente abeille n'a pas de temps pour la tristesse.
Les heures de la folie sont mesurées par l'horloge, mais
celles de la sagesse, aucune horloge ne les peut mesurer.
Les seules nourritures salubres sont celles que ne prend
ni nasse ni trébuchet.
Liue de comptes, toise et balance ·; garde cela pour ut1e
année de disette.

�134

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

L'oiseau ne vole jamais trop haut, qui vole de ses propres
ailes.
Un corps mort ne venge pas d'une in1ure.

13 5

L'ENFER

Le fou égoïste et souriant, et le fou morne; et re11frogné,
seront tenus tous deux pour sages, et serviront de verge et
de tléau.
•

L'acte le plus sublime, c'est de plaG:er un autre aYant

Si le fou persévér-ait daus sa folie, il rencontrerait la
Sagesse.
·1

m:

Jj

Evidence d'aujourd'hui, imagination d'hier.

SOL

Insanité, masque ·du fourbe.
Pudeur, masque de l'orgueil.

LE MARIAGE DU CIEL ET

J

Le rat, la souris, •lè renard, le lapin, regar"dent vers les
racines; le lionr le tigre, le cheval, l'éléphant regardent vers
les fruits.
Citerne contient, fontaine déborde.
Une pensée, et l'ï°mmensité est emplie.

Les prisons sont bâties avec les pierres de fa Loi, et avec
les briques de la religion, les bordels.
•

J

Orgueil du paon, glo_ire de Dieu ;
Lubricité du bouc, munificence- de Dieu ;
"Colère du lion, sapience de Dieu ;
Nudité &lt;l'e la femme, tra,a-il de Dieu.
L'excès dè chagrin rit ; l'èxcès de plaisir, pleure.
Le .rugissement des lions, le hurlement des loups, le
soulèvement de la mer en furiè et le glaive destructeur,
sont des morceaux d'éternité trop énormes pour l'œil des
hommes.
Renard pris n'accuse que le piège.

' Sois toujours prêt à füte tbn o~iniop., et le lâche t'évitera.
Tout ce qu'il est possible &lt;le &lt;Croire, est un miroir de
vérité.
L'aigle jamais n'a perdu plus de temps, qu'en écçmtant
les leçons du corbeau.
Le renard se ·pourvoit, Dieu pourvoit au lion.'
· Le math½ ·pense ; à midi·, .agis·; le, soir m,ange ;. la nuit,
dors.
Qui s'en est laissé imposer par toi, te ·connaît.
· La charrue ne suit pas plu~ les p~role.s g1,1e la i;écompense
de Dieu les prières 1 •

La joie féconde, la douleur accouche.
Que l'homme vête la dépouille du lion ; la femme, la
toison de la brebis.
A l'oiseau le nid ; à Faraigo.ée la Joile ; à l'homme
l'amitié.

Les tigres de la colère sont plus sages que les chevaux
du savoir.
1. Littéralement! « Comme la ·char.rue suit les paroles, cainsi Dieu
récompense les prières. »
;

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

N'attends que du poison des eàux·st~gnaùtes.
Celui-là seul connaît la suffisance, qui &lt;l'a.bord a connu
l'excès 1 •
' '
Souffrir les remontr.~nêes du fou : privilège royal.
Y eux, de feu ; narines: d'air ; bouche, d'eau ; barbe, de
terre.

,. .

Pauvre en courage est riche en ruse.
Le pommier pour pqusser, ne prend point conseil du
hêtre; ni le lion, ni le cheval pour se nourrir.

LE MARIAGE DU · CIEL ET DE L'ENFER

Adversité, raidit ; félicité, rernche

1 37

1•

Le meilleur vin, c'est le plus vieux ; la meilleure eau,
c'est la plus neuve.
Prières, ne labourez pas l Louanges, ne moissonnez pas !
Joies, ne riez pas ! Chagrins, ne pleurez pas !
Tête, le Sublime; Cœur, le Pathos; gén'itoires, la Beauté;
pieds et mains, la Proportion.
Tel l'air à l'oiseau, ou là mer au porsson; le mépris à
qui le mérite.

Le corbeau voudrait que t0ut soit noir, et le hibou que
tout soit blanc.

Aux rewnnaissants, les mains pleines.
Exubérance : c'est Beauté.
C'est parce que d'autres ont été fous, que nous, ngus
pouvons ne pas l'être 2 •
L'âme d~ doux plaisir ne peut être souillée.
Si plane un aigle, lève la tête ; contemple une parcelle de
génie.
De n:iême que la chenille choisit, pour y pose·r ses. œufs,
les feuilles les plus belles ; ainsi le prêtre pose ses malédictions sur· nos plus belles joies.
Pour créer u.ne petite fleur, des siècles ont travaillé_.
1. Littéralement : « Tu ne peux connaître ce qui est ,assez, que si
tu as connu d'abord ce qui est plus qu'assez. &gt;&gt;
2. Littéralement : « Si d'autres n'aYa,ient pas été fous., c'est nous
qui devrions l'être. &gt;&gt;

Le lion serait rusé, si conseillé par le renard.

La culture trace des chemins droits ; mais les chemins
tortueux sans profit sont ceux là mêmes du génie.
Plutôt étouffer un enfant au berceau, que de bercer
d'insatisfaits désirs 2 •
L'homme absent, la nature est st,érile.

1. (Da11m braces; bless relaxes) Damn comporte une idée de malédiction, de damnation; bless, de bénédiction. Grolleau propose ici :
le ma/beur enchaine; le bonheur délivre. Mais il me parait que la pensét:
de Blake est ici faussée. Ce proverbe de l'enfer donne tout l'avantage
à la malédiction, à l'advers.ité. « To brace », ne peut signifier.: enchaîner ; son sens propre est ici : tonifier, (braâng afr) galvaniser,
tendre ; et s'oppose à « to relax » détendre, amollir.
_
2. Plus exactement : des désirs. inagis.

�I 38

-LA NOUv;ELLE REVUE FRANÇAISE

La vérité, jamais ne peut être. dite de telle manière qu'elle
soit comprise et ne soit pas crue.
Même loi pour le lion et pour le bœuf, c'est oppression.
En voilà assez ~ e}i voilà -trop.

.·

,1

Les poètes de l'aotiqu1té peuplaient le monde sensible
de dieux et de génies, auxquels ils donnai~~ les- non:s -: et
qu'ils revêtaient des attributs - des b01s, des rn1sseaux,
des montagnes, des lacs, des peuples, des cit~s, et de
quoi que ce soit que leurs nombrem: sens élafg1s _pussent
atteindre.
Ils étudiaient particulièrement le génie de chaque ville
et de chaque contrée, plaçant celui-ci sous la tutelle- de sa
déité spirituelle ;
.
Mais bientôt ,pour Yavantagè de •quelques uns, et pour
l'asservissemen~ de la masse, un effort fut tenté d'abstraire
ces déités, qui s'éèhàppèrent ainsi de leur matérialité première : les- prêtres entrèrent en scène. ' .
.
Instituant les rites, d'après les premiers récits des
poètes.
Et finalement les prêtres déclarèrent, qu'ainsi l'avaient
voulu les Dieux.

Les hommes oublièrent alors que seul, le cœur de
l'homme est le lieu de toutes les déités .

VISION MEMORABLE ·

Les prophètes )sait et Ezychie! so11paient~avec moi. Je le~r
demandai comment ils osaient si lib~emcnt affirmer q,ue Dieu

LE MAJUAGE DU CIEL ET DE L'ENFER

1 39

leur parlait. N'avaient-ils point songé, ce faisan~ qtb'îls
risquaient de n'.étre pa,s compris, de p1tter appui à l'imposturû
Isaïe répondit: cc Certes, je. ne vis ni n'entendis aucun Dieu
par quelque perception limitée de mes organes, mais me5 sens
découvrirent T:·infini dans chaque chose, et dès lors je me convainquîs de ceci, .dont je demeute persuadé : que la voix de
l'indignation sincère est voix de Dieu; je ne mHnquiétai point
des conséquences; j'écrivis .
- Pour qu'une chose soit, demandai-je alors, la ferme conviction qièelle est, suffit-elle.? »
Il répondit .: (&lt; Les poètes le croient. Cette ferme conviction, dans les siècles d'imagination, nmuait les moMagnes;
rnais peu nombreux sont ceux capables, en quoi qut ee soit,
d'une conviction véritable. »
Ezechiel dit alors : c&lt; La philosophie de l'Orient enseigna les
premiers principes de la perception humai-ne, telle nation voyait
l'origine dans rel prùzcipe, t-elle autre, nation dans tel a.ùtre
principe-; nous d'Irraël, enseig11âmes que le génie,·poétique. ainsi que vous le nommez. 1naintenant - était Ye.- principe
initial, et que tous les a:ut-res en d6rwaient; de là-notre mépris
pour les prttres et ies philosophés des a.utres contrées; a t'est
pourquoi nous a.llions prophétisant que tous les dieux trouvaient
en nous leur origine1 comme il ser:ait enfin prouvé, ttib11taires
du. Génie Poétique ; c'étdit 1a œ que notre, grand poète...c:roi David
désirait avec tant de ferveur, et invoquait si pathétiquement, à
quoi, disait-il, il devait l'assufettissement des ennemis et Ze gouvernement des royaumes; et nozfs ai111ions 1w.tre Dieu jusqu'à
maudire en son n()1ilt toute autre déité des nations environnantes
et que nous déclarwns révoltées ; de- sorte que le vulgaire
vint if, penser qt'ie- toute,s les nat-ions seraient a la fin soumises
aux Juifs. Cela, dit-il,fut appelé ase-réaliser, ainsi que toutes les
fen-nes convicJions, car toutes les nations reconnaissent présentement le code'fziif et vénèrent le diett des Juifs. Or peut-il y avoir
sujétion plus grande ? &gt;&gt;
f' entendis tout cela avec stu.peur ei dus confemr ma conviction
pers0nnelle.
·

�140

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE:

Après le repas, je priai ]saie d'accorder au monde la révélation de ses œuvres perdues; il me dit qu'il ne s'en était
perdu aucune qui eût q1,œlque valeur. Ezechiel me parla de
même.
Je demandai alors a Isaïe pour quel motif il était allé, corps
et pieds nus,' durqnt trois a1Js. Il répondit : « Pour le mtme
motif qwi fit aller aimi notre ami Diogéne, le Grec. )&gt;
Je demandai a Ezechiel ce qui le fit manger des exc:éments
et rester si longtemps de suite, gisant sur le flanc dr01.t ou le
flanc gauche? Il répondit: « Le désir d'elever les autres ~ommes
jusqu'a la perception de l'infini: les tri~s. de l'.Amériqtte du_
Nord ont des pratiques semblables ; et celui-la est-zl honntte qui
résiste à son génie ou à sa conscience, ·pour le seul anwur de ses
aises et d'une présente satisfaction? )&gt;
** *
L'ancienne tradition, selon laquelle le monde doit être
consumé par le feu, au bout de six mille ans, est vraie,
ainsi que je l'ai appris de l'Enfer.
,
Car le chérubin au aJaive de flamme sera releve de sa
b
•
garde auprès de l'arbre de vie, et a?ssit~t la créatio_n
entière sera consumée, et t0ut ce qm mamtenant nous
paraît fini et corrompu, nous ap?araî~ra infi1:i e: p~r.
Ceci sera obtenu p4 r une amélrorauon de la JOU!ssance
sensuelle.
Mais tout d'abord cette distinction entre le corps
humain et l'âme humaine, devra être abolie : ceci je
l'obtie.ndrai, en imprimant selon la méthode inf~rnale,
-avec des corrosifs, qui dans l'Enfer sont des vulnéraires et
des baumes - qui volatilisent les surfaces apparentes et
-0.écouvre.nt l'infini que celles-ci dissimulaient.
Si les fenètres de la perception étaient nettoyées, chaque
-chose apparaîtrait à l'homme, - ainsi qu'elle l'est infinie.
Cai· l'homme s'est lui-même enfermé jusqu'à ne plus
rien voir qu'à travers les fissures étroites de sa caverne.

LE MARIAGE DU CIEL ET DE L'ENFER

VISION MEMORABLE

J'étais dans une imprimerie, en Enfer, et je vù la méthode
par laquelle est transmis, de genération en génération, le
savoir.
Dans la première chambre, était ttn Dragon-homme, balayant
les gravats a la bouche d'une caverne;_ à l'intérieur, plusieitrs
dragons approfondissaient la caverne.
Dans la seconde chambre, était une vipère enroulée autour
du roc et de la caverne et d'autres ornant celle~ci avec de l'or,
de l'argent et des pierreries.
Dans la troisième chambre, je vis un aigle, dont les ailes et
les plumes etaient d'air ; et il rendait l'intérieur de la
caverne in.fini; alentour, nombre d'aigles, pareils à des hommes,
édifiaient des palais sur les rocs immenses.
Dans la quatrième cha,mbre, des lions -de flamme ardente
tournaient furieux, et fondaient les métaux en fl11,ides vivants.
Dans la cinquième cha.mbre, des formes sans nom jetaient
les métaux dans l'espace.
Ceux-ci etaient reçus dans la sixieme chambre par des
hommes; ils y prenaient l'aspect de livres et formaient des bibliothèques.
*

* *
Les géants qui amenèrent ce monde à son existence
sensuelle, et qui depuis semblent y vivre enchaînés, sont
véritablement les principes de sa vie et les générateurs de
toute acti\·ité ; mais les chaînes sont les ruses des esprits
faibles et soumis, qui ont pouvoir de résister à l'énergie ;
selon_ce que dit le proverbe - « pauvre en courage est
riche en ruse ». ·
Ainsi, une portion de l'être est le Prolifique, l'autre
portion le Dévorant: il semble au Dévorant qu'il tient k
Producteur dans ses chaînes; mais cela n•est point; il ne

�LA N0UVELLE REVUJ;: FRANÇAISR

tient que des portions d'existence et s'imagine qu'il tient
le tout.
Mais le Prolifique cesserait d'être prolifique si le Dévorant comme une mer, n'absorbait l'excès de ses délices.
Certains diront : Dieu n'est-il pas seul Prolifique ?
Je réponds : Dieu seul Agit et Est, d~ns les êtres existants ou hommes .
11 y a et il y aura toujours sur la tèrre ces &lt;lem classes
d'hommes, et elles seront toujours ennemies ; essayer de
les réconcilier, c'est s'efforcer- de détr-uire l'existence.
La Religion est u·n effort pour les , réconcilier.

.'

NoTE: Jésus-Christ a: désiré - non les unir, mais les
séparer, ;:tinsi que nous le voyons dans la. parabole des
brebis et des bpucs ! f;t ·ne gisait-il pas : Jè. suis venll pour
apporter non pas la Paix, mais-le Glaive.
•,

'1•.\

Le Messie ou Satan,' ou Tentateur; était d'àbord considéré çomme un des Ântidéluyiens, c'est-à::dire : une de
nos E11ergies.
VIS_l0N ~1EMORABLE

Un ange vint vers moi et dit : &lt;&lt; 0 pitoyahle, jeune fou ,/ 0
horrible! 0 état effroyable! C011sidère le ca{;hot embrasé que ln
te prépares a toi-même, pour toute l'éternité, et vers où te mene
lit chimin, qne t?l suis, :» '
_
J r p ;;
Je dis : , &lt;&lt; peyt-ftre voud,rez..-11oµs bien !ne t,!J(r!l,trer mon lot
éfe,rnel, ,ou nous wcontampl~rorj's qisefl]iile et j/.OjtS verrcms, de
votre lot et du mien, lequel_est ¼plus désiiiible. &gt;&gt;
Il mej# awr,s pénétrer ~a11s un~ Jtable, puis dan-s une église,
piijs, m,1,-de,ssous, drins la crypte de /:église à t:ext1&lt;émit4 de _laquelle il y avait un mmûin. Nous pénétrdrites da,1s le moylw;
et az6 _delà c"tûit_, ,tme. cape. J}n , tâtonnant, nous s1livt,1ner une
pé:nibte route, en spi1'al:e, quj descendait (t trav~rs la cavr,rnei
f,t1-Sqttà 1m espace-vide, s-ans limites, qui s'ouvrit au,...des~ous de

LE MARI.AGE DU CIEL ET DE L'ENFER

1 43

nous, comme un ciel; et nou5 retenant aux racines des arbres,
nous pendîmes au-dessils de cette immensz'té. Je dis alors :
&lt;&lt; Ange, si vous le voulez. bim, nous nous abandonnerons à c~ ,
vide et verrons si la Providence est , là itUSJi. Si vous ne le
voulez poi11t, nwi je le veux. )&gt; Mais l'ange répondît : « Jeune
présomptueux, ne suffit-il pas, tandis que nous demeMerons-iâ,
que nous contemplions ton .lot; il va bient6t nous apparaitre
quand cessera l'obscurité. »
Je demeurai• donc p;és de lui, assis dans l'entrelacs dès
racines d'un chêne,· et liû se -retenait accroëhé a un champig•non
qui pendait, tête en bas, _sur l'abîme.
Peu à peu, la profondewr infinie devint distincte, rougeoyante
co11tmê la fu11zée d'u,ne ville -incerrdiée; a11,-dessous ~e nous., à
tlne immense distance, était le soleil, noir mais luisant; alentour du. soleil, des lign,es, de fett s1zr lesq1.1elles d'énormes araignées évoluaient, se traî11ant vers leurs proies; lesquelles valetaient, nageaient plutôt, dans la profondeur infinie, sous forme
d' tmimaux très affreux~ isstts · de 1a corrnptian; et l'espace était
tout empli et paraissait co111posé d'elles: ce sont là les Dé,mons,
et on lllS. riomme Puissan:ces de l'air .
f e demandai donc à mon {ompagnol'} quel était mon lot
étern_el ? Il répondit : cc Ent're les araign'ées noires et bl{l,nches. &gt;&gt;
Mais, à cç nwment_, _J?entre les araignées nains et blanches~
une nuée de fta,mme éclata 'foulant a tra11t:-rs ,l'abiJne, assombrissant tout cé qui sè trouvait au-des:ïotts d'elle, ~esorte que la
profondeur i11férieure dë:vint -11oiré comme · 1me 1ner et s'agita
avec 111i brui-t. terrible : ait-dNsous de nous, il n'était plus rien
q1ltm pût ·voir, q1t'1~7te, noire tempüe, lorsque regiardçmt vers
l'est, nous distinguâmes vers les nuées et les vagues, une cataracte de,sang-rnêlé de feu etJ distant -de nous seul~tnent-de quelques jets de pierre, apparttt et plongea de n@vea{(, le repli
écameux d'un 11wnstrueux serpent~ -vers l'Est eujin, distant
d'environ trpis, degrls, u11~ ;créte enf!a1itrnéè.apparut ati-'fiessus
de, vagues•. lerft~ment cela s'eleva·'ô111'~blabl.e~à u1:e rq,ngét; de
rocs· d:or, et nous vîrnes deux globes de feu cramoisi,, desquels

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

s'échappait la mer en ntiagfs de fumée, et nous comprîmes alors
que c'était la tête. de ltrl:'iathan : son front était divisé par des
stries de vert et de pourpre-, semblabl,s a cellés sude front d1un
tigre; bientôt nou, distinguâmes sa gueule; ses branchies rouges
pendaient juste au-dessus de l'écume en,. furie et teignaient de
rais de sang lt gouffre noir, avançant vers nous avec tout l'emportement d'une spirituelle existence.
L'ange, mon ami, grimpa de son poste dl:Lns le moulin: je
demeurai seul, et voici; cette apparence nétaît plus ; je me
trouvtti couché sur une plaisante terrasse, au bord d'une riviêre_,
au clair de lune, écoutant un jourur de harpe qui chantait en
s'accompagnant sur ce thème : L'homme qui ne change jamais
d'opinion, est compa.rable a l'eau stagnante; il fomente les seipents de l'esprit.
Puis, je me levai et partis à la recherche du . nîoulin où je
trouvai mon Ange, qui, surpris, me demanda comment j'avais
échappé.
Je réporidis: &lt;&lt; Tout ce qu'ensemble nous avons vu, procédait ile
votre métaphysique; car, sitôt après V()fre fuite, je me suis
trouvé sur une terrasse, écputanf un joueur de harpe, au clair
de lune. Mais a présent que nous avons vu mon lot éternel,
vous montrerai-je le v6tre ? » Ma proposition le fit rire, -mais
moi, soudain, je le saisis entre mes bras et fendis, en volant, la
nuit occidentale; et nous nous élevdmès ainsi j1tsqu' au-dessus
- de l'ombre de la terre : alors je me lançai avec liii tout droit
dans le corps du soleil; et là je me -revttis de blanc et prenant
dans mes mains les liures de Swedenborg, je plongeai loin âu
glorieux climat, et outrepassant les planetes, nous atteignîmes
Saturne. La, je m'arrêtai pour me reposer; JniÏs ntélançai dans
J-e vide, entre Saturne et les étoiles fixes .
« Voici ton lot, lui dis-je., ici, dans œt espace - si espace
ceci peut être nommé. &gt;&gt;
.
Bientôt nous vîmes l'e.table et l'église; et je l'emmenai vers
l'autel et j'ouvris la Bible, et voici: c'Jtait un -puits profond
dans lequel je desce,ndis, faisant passer tange deuarit moi; nous
vînm bierttôt sept maisons de brique; nous entrâmes dans l'une

LE .MARIAGE DU CIEL ET DE L'ENFER

d'elles; il y avait là quantité de singes babouins et d'autres de
cette espèce, enr,ha!nés par le milieu du corps, grimaçants et
s'agrippant l'un à l'autre, mais emp!chés par le peu de longueur de leurs chaînes. Pourtant, je les vis qui pmfois devenaient plus nombreux, et le fort alors s'emparait du faible, et
toujours grimaçant ils s'accouplaient d'abord, puis s'entre-dévoraient, arrachant un membre d'abord, puis nn autre, de sorte
que bientôt il ne restait plus qu'un tronc misérable, lequel ils
embrassaient d'abord avec des grima.ces de feinte tendresse, puis
finissaient par dévorer également. De-ci de-la j'en vis qui épluchaient, avec gourmandise, la chair de leur propre queue. La
puanteur nous incommodait grandement tous deux ; nous rentrâmes dans le moitlin; ma main ramena l,f. sqtJ.elette d'un
corps; c'était les Analytiques d'Aristote.
L'ange me dit alors: &lt;( Ta fantaisie m'en afait accroire, et
de cela tu devrais rougir. &gt;&gt;
Je répondis: &lt;c Réciproquement chacun de nous en fait accroire
à l'autre; c'est vrainumt perdre son temps que de converser avec
toi qui n'as su produire que d~s Analytiques. &gt;&gt;
*
* *

Il m'a toujours paru que les Anges avaient la vanité de
parler d'eux-mêmes comme étant seuls sages ; ils font cela
avec la confiante _insolence qui naît du raisonnement systématique.
C'est ainsi que Swedenborg se vante d'avoir écrit des
choses neuves - bien que ce ne soit qu'une rable des
matières ou un catalogue de livres précédemment publiés.
Un homme conduisait un singe pour une parade, et
parce qu'il était un peu plus sensé que le singe, il s'enflait
de vanité et se considérait comme sept fois plus sage que
les autres hommes.
Tel est le cas de Swedenborg : il dénonce la folie des
églises et démasque les hypocrites, et en vient .à imaginer
que tous les hommes s011t religieux et qu'il est le seul sur
terre qui jamais rompît les mailles du filet.

�LE MARIAGE DU CIEL ET DE L'ENFER

LA .NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Maintena-nt écoute;,;: ceci est un fait évident : Swedenborg n'a pas écrit une.seule-vérité neuve. .
Et c~ai en est un .autre: .il a écrit toutes les vieilles faussetés.
Et ·maintenant écoutez la rai.son : il conversait .avec les
Anoes qui tous sont religieux, et ne cônversait pas avec
t:i
l
.
les Démons qui tous haïssc:nt la Religion - cari en était
incapable à caùse de sa fatuité intellectuelle'.
C'est ainsi que 1~s écrits de Swedenborg ne. sont qu'une
récapitulation de toutes les opinions superficielles, et
qu'une analyse des· opinions 1~ plus sublimes ; rien de

~m.

.

Voici maintenant un autre fait évident : n'importe quel
homme au talent mécanique. peut, s'ai&lt;laot des écrits de
Paracelse ou de Jac0b Boehme, produire dix mille v.olumes
de valeur égale à ceux de Swedenborg, et s'aidant de ce_ux
de Dante ou de Shakespeare des volumes en nombre
infini.
rMais après qu.'il aura fait cela, qu'il ne vienue pas
se dire au'il en sait plus que son maître, car simplement il
tient un~ chandelle en plein midi.

VIS.10N MEUOR.ABLE

Un jour, je vis un. démon dans ime flamme de f~u, qui
surgit devant un Ange as.sis sur 1m nuage; et le démon dit ces
mots. :
« Le ciûte. de Dieu est de rendre honneur à ses àons dans
d'aùtres hommes&gt; à chacun selon s.on génie, aux pl1is grands le
rneilleur anwur. Envier ou calomnier lts grands honmies, c'eJt
haïr Dieu, car il n1est pas d'autre Dieu.».
L'ange en entendrmt ces mots, devint presq-ue bleu; mais se
'I. Ou peut-être· : à cause dè ses opinions préconçues (ronceiteà
11otions).

1.

147

maîtrisant il jaunit, puis enfin tourna au blanc rose · et souriant
il répliqua :
,
« 0 idolâtre, Dieu n'est-il pas un? Et n'est-il pas visible en
Jésus-Christ? Et Jésus-Christ n'a-t-il pas donné son assentiment a la loi des dix commandements ? et tous les autres hommes
ne sont-ils pas des insensés, des pécheurs, des zéros ? »
Le démon répondit : «~Broiè l'insensé comme le grain de blé
sous la meule! Tu ne sépareras pas de lui sa folie. Si jésusChrist est le plus grand des hommes, tu lui a&lt;is le plus gram:'
amour. Mais écoute à présent comme il a donné son assentiment
à la loi des dix commandements : ne s'est-il pas moqué du
sabbat, moquant ainsi le sabbat de Dieu? N'a-t-il pas meurtri
ceux qui furent meurtris en son nom ? Détourné la loi, de la
femme adultère? Volé le travail de ceux qui le faisaient vivre ?
Supporté le faux témoignage en refusant de se défendre contre
Pilate? Convoité lonqu'il priait pour ses discj,ples et qu'il leur
enjoignait de secouer la pç11-s,sière de Jeurs sandales contre ceux
qÙi refusaient de les loger ? &gt;&gt;
Je vous le dis, nulle vertu ne peut exister qu'elle ne brise ces
dix commandements. Jésus était tout vertu; il agissait par
impulsion, non selon les règles.
Apres qu'il eut ainsi parlé, je regardai l'Ange; il écarta les
bras, embrassa la flamme ·de feu, fut consumé et resurgit en
Elisée.
-

NoTE. Cet ange qui maintenant est devenu un démon,
est mon .imi particulier ; nous lisons souvent la Bible
ensemble, dans son sens infernal ou diabolique - que le
monde connaîtra s'il se conduit bien.
J'ai aussi : la Bible de l'Enfer, que le monde connaîtra,
qu'il le veuille ou non.
Traduit par

ANDRÉ GIDE

WILLIAM BLAKE

�VOLUTES

II

VOLUTES

Quand je revois ta cuisse où le givre se colle,
ô Diane de pierre, et le pli de ton sein,

I

le temps que je n'allais pas encore à I'école
vient reprendre sa course autour de ces bassins.
Tout nuage est possible encore. D'une pipe
un filet monte en point d'interrogation.

Chercher les pas de mon enfance, 6 Tuileries !

Selon que plus ou moins ton souff!,e s'émancipe,

Vous dé.filez toujours, gardes municipaux,

tu vois y moutonner d'au tref créations.

mais il manque à l'orgueil de vos cavaleries
le casque et la blqncheur des baudriers de peau.

Quenouille, a quel rouet ta laine se dévide
sur le rythme d'un pied qui bat les temps égaux ?

Où fiottent les rubans de" vos coiffes, nourrices ?
Vous dites qu'au printemps les orangers fleurissent ?

Tourne, fumée en rond! Et le tabac se vide
de fantômes touclés mieux que des escargots.

C'est un plus jeune vieux qui charme les oiseaux.

Bleus turbans, mais ouvrez la fenttre, ils s'envolent.
Et rien que changer d'air nous ravit l'auréole.

Tandù que sur l'allée où la ronde s'est faite,

Pour un si vain plaisir tant d'argent dépensé I

tu suspends, chassertsse, une jambe parfaite,

,
Fumeur intoxiqué par trop de nicotine
yt sourd- grand bien te fasse - aux critiques sensés,
tu vois naître sans fin le songe où tu t'obstines.

je pousse devant moi ces images, cerceaux.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

III

REMARQ_UE SUR LES GONCOURT

A quel astre, ce soir, vais-je nouer ce vœu?
Je te cherche parmi ces femmes et ces filles
- hauts peignes espagnols sur les divers cheveu~ visage, ô mon étoile où quelque feu scintille.

Mais plus seul au remous des foules, je ne mis,
prêt toujours a cueilHr la lune au bout des branches,
qu'un rêveur !coutant son jaràin dans la nu,i (
nwllement s'éventer d'un arbuste qui penche.

Le jeu de la mantille et du châle brodé,
le rire, une fusi!e entre les feuilles sombres,
quel sérieux regard leur poorrais-je ctcwrder?

Mille reflets sur l'eau des lumières qui sombrent.
Et je donne à l'attrore, ô cieux qui pâlissez.,
cet ombrageux désir que fe n1ai pas fixé.
PAUL FIERENS

De fêcrivain qui fait école, la gloire glisse parfois en
un piège dont elle a peine à se dégager. Entre son œUVl'e
et ri.otre regard des contrefaçons innombrables interposent
une série de rideaux, et toujours davantage l'œuvre recule
dans l'invisible. Par sa nature même, le talent des Gon•
court les désignait pour devenir de ce jeu du sort des
victimes qu'ils auraient qualifiées d'cc exquises». Tandis
qu'on les lit, il n'est pas toujours facile même à ceux qui
•les goûtent le plus de nettoyer la mémoire dés paillettes
poudreuses de tant de. sémillants chroniqueurs, et en par~
ticulier d'un certain .style « a:vant-propos pour catalogue
d'exposition» dont le rappor.t aux réussites des Goncourt
est à peu près cel"1;1i d'un domino sur lequel il a plu, aux
taches vives d'une aquarelle de Boudin ou à quelque berge
frissonnante -de Sisley.
De là peut-être le vent de réaction qui dans les années
antérieures à 1-a guerre soufflait de tous côtés contre
l'œuvre · des deux frères. La réaction était d'a.illeurs à c~
point dépourvue de nuance qu'elle apparaissait proprement
inique; fille légitime, elle, de cette inintelligense même
que l'on jugeait bon de reprocher à des hommes en leurs
limites entièrement originaux ; qui ont retrouvé, ressuscité
l'art de tout un siècle - et de ce siècle à la se!.lle mention
duquel certains détracteurs des Goncourt se prosternent
· aussitôt ~; qui annexèrent le Japon à notre ctilture et
qui .ont • soumis nos habitudes visueUes à des exercices
d'assouplissement et de précision singulièrement pro.fi-

�152

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tables. Aussi, le centenaire d'Edmond ·de Goncou.rt se futil produit quinze ans plus tôt, les esprits qu'anime un
souci d'équité eussent préféré garder leurs réserves pour
eux. Mais les livres des Goncourt appartiennent dorénavant à l'histoire; de la direction nouvelle qu'ils imprimèrent
au roman on peut discuter le principe : on ne saurait nier
que non seulement ils furent les premiers en date, mais
qu'ils remplirent leur objet de telle sorte que ceux qui
prirent d'eux le mot d'ordre se trouvèrent réduits à la
pâleur de la réplique ou à cette autre pâleur détournée
que représente l'outrance. Aujourd'hui que la découverte
éventuelle de nouveaux dessins de Watteau constitue à
juste titre un événement; qu'une exposition Prudhon est
ouverte, on a le droit de postuler que règne au sujet des
Goncourt cette fixité barométrique seule favorable . aux
restrictions des admirateurs sincères.
« Bien écrire, c'est bien penser, bien sentir et bien
rendre. i&gt; Soutenir qu'e.nvers le premier terme de la définition de Buffon les Goncourt ne se soient pas acquittés est
parfaitement inexact : on pense bien quand l'acte mental
est adéquat à la fin qu'il se propose, et le fait de réclamer
sans cesse d'un artiste qu'il pense davantage traduit le
plus souvent une méconnaissance totale du rôle de la
pensée dans l'art, - du plan où cette pensée est appelée
à intervenir ; il n'en est pas moins vrai que c'est sur le
second et plus encore sur le troisième terme de la définition que dans la pratique les Goncourt ont insisté. Tout
• leur effort s'est concentré, - s'est crispé parfois, - sur le
problème de « bien rendre i&gt; ce qu'ils avaient c&lt; bien senti i&gt;.
C'.est précisément pour avoir voulu maintenir avec une
rigueur absolue l'équation qu'ils avaient établie entre cesdeux termes que les Goncourt tombent sous le coup de
ce1tains des reproches qt,1'011 leur adresse; une relative vulnérabilité esthétique naît en leur cas d'une trop méticuleuse· probité. De chaque pièce d'or, ils ont cru qu'il fallait
jusqu'au dernier sou toujours restituer la monnaie : ils

REMARQUE SUR LES GOKCOURT

1 53

n'ont pas su ouvrir ce compte de c&lt; Profits et Pertes &gt;&gt; dont
l'artiste tout à fait grand découvre bien vite que son industrie ne saurait se passer. Toutes les fois où comme ici c'est
parce qu'il a trop préservé sa ligne qu'un artiste touche un
écueil, il commande l'estime et suscite l'examen.
Le rendu strict des objets - et j'entends par Jà, non
point cette suggestion grâce à laquelle les artistes du rang le
plus haut peut-être obtiennent que l'objet se recompose irréprochablement dans la vision du lecteur, mais bien l'acte
qui pose l'objet lui-même devant nous à la façon dont on
le place sur une table - ne s'introduit dans la littérature
française qu'avec Théophile Gautier. Ce ne sont plus des
analogies, ce sont des identités que l'artiste poursuit alors.
Mais le succès d'une tellf entreprise implique cette stabilité de l'esprit présidant au pacifique 'travail de la main qui
constitue un des traits les plus beaux et les plus attachants
de Théophile Gautier : il semble toujours que Gautier soit
assis devant le modèle qu'il restitue. Or l'art de prédilection des Goncourt est celui où la grâce tremble au sein
même de la beauté ; c'est le mouvement de la forme qu'en
leur œuvre ils visent toujours, - et ce mouvement même,
ils prétendent à le saisir de telle manière que dans leur
transcription son tourbillon léger ne soit jamais suspendu.
C'est en quoi la limite où ils s'établissent est périlleuse.
Parce que les effets du peintre sont des effets dans l'espace,
que ses rapports avec le temps se bornent à s'en assurer par sa
science la toute puissante collaboration le peintre peut non
seulement se permettre ce mouvement de la forme, mais.
y trouver un incomparable rehaut : la façon dont imperceptiblement une de ses figures a l'air de bouger est parfois
chez lui l'indice même de la race : songez aux sanguines
de Watteau . Mais !'écrivain qui se veut pictural est tenu
au contraire de renforcer le caractère de fixité qu'a par
nature le tableau peint : la fixité fait ici contrepoids, et
c'est ce qu'ont admirablement compris Gautier et, après
lui, Flaubert. L'inconvénient en effet de l'expression qui

�1 54

•'

LA NOUVELLE. REVUE FRàNÇAISE

bouge, c'est que survienne le moment où elle aboutit à la
trépidation; et cette trépidation s'aggrave ici d_u fait _q ue
l~s Goncourt ont érigé le système nerveux èn uu facteur
esthétique différepcié et conscient à l'excès. Ils ont systématiquement provoqué. chez eux l'entrée en je1:1 d'un:e'force
qui
toute SOD! efficace et toute sa beauté que lorsqu'elle
se dégage, électrique, à la pointe d'autres facultés dont elle
s'offre alors à nnus comrn.e quelque merveilleuse antenne.
Le réseau nerveux des Goncourt est s.i complètement à
découvert que tror souvent l'on pense aux pl~nches Jes
atlas spéciaux.
Manquer de goût à force d'en avoir.,, - le c_as des Goncourt nous apprend qne pareille anomalie_peut se produire:
lorsqu'il est tout entiér jouissance,_ le goût en matière d'art
fausse parfois. le tact ·e n matière de style. La finesse même
de la vision. 1 le pouvoir d.e discrimination presque-iudéfini,e
qu'elle engeo.dte, induisent certains artistes r mettre· ~n
œtte finesse. et en ce pouvoir toutes leurs complaisances,
à modeler chaque sensation avec une i:ns:is.tance finalement
indiscrète. « Es.t-c.e beau 1 Mais rendre ça !--· le tripotis, le
roulement, ça l &gt;l s'écrie un personnage d:e Charles Demailly
devant le spectacle du bal de !'Opéra, et Charles lui-même,
dans lequel les Goncomt ont su faire passer non seulement
leur plus frémissantes mais aussi leurs plus nobles ardeurs,
ne dit-il pas : ic Combien dans ma vie .aurai-je tripoté
d'objets d'art, et joui· par .eax ! 1, Si, sur le plan d'une
certaine bienséance, cet exercice déco1;1sidère légèrement un
artiste, le ravale au rang d'un collectionneur un peu gourmand, du moins l'objet d'art n'en reçoit-il nulle atteinte :
il n'en va pas de même de son équivalent verbal; l'expres.s19n, elle; ne se laisse-pas tripoter sans qu'elle ne se chiffonne ·quelque, peu_. Chez les Goncourt, il est vrai, Ie
chiffonnage ne ·dépasse g:uè_re le point jusqu'où le mène à
l'occasion une lingère ex.'pèrtê, tandis que certains de leurs
imitateurs :ont trav&lt;tillé pour le chiffonnier sans plus.
N'importe : cette continence esthétique qui.chez le grand

n'a

REMARQUE SUR LES GONCOURT

I

55

artiste hride toutes choses, y compris l'expression de l'mcontinence elle-même, voilà la qualité qui aux Goncourt a
trop manqué.
Mais la sensibilité visuelle.., au degré où ils la possédèrent., est un don si rare que c'est à elle que dans leur
cas ilfauttoujours revenir. S'ils ont excellé dans la« note&gt;&gt;,
c'est que la &lt;( note » souffre les approches les plus familières; je dirai même qu'elle les appelle; elle n'est vraiment
« note &gt;&gt; qu'à ce prix. Aussi, envisageant les Goncourt non
plus comme inidateurs mais comme stylistes, je serais
enclin à voir leur chef-d'œuvre dans les trois premiers
volumes du Journal,. - je dis les trois premiers, car, bien
qu·e ce soit le centenaire d'Edmond que nous célébrions
aujourd'hui, c'est du vivant de Jules que l'œuvre atteint
à mon sens son point de maturité. Chose singulière,
c'est dans le Journal que le moteur ronfle le moins. S'ils
l'on certainement écrit avec une ~lirière-pensée de publication, du moins l'écrivaient-ils pour une échéance lointaine qui put contribuer à calmer cette fièvre de l'effet à
produire que leur honnêteté foncière et la dignité de leurs
scrupules ne parvinrent cependant jamais à éliminer . 'Le
Journal est bien davantage que le document inappréciable
reconnu de tous aujourd'hui : en ces annales de deux esprits
hautains mais torturés, d'une intégrité vétille).lse, observations et aperçus pénètrent : on y rencontre plus d'un
trait que Chamfort n'aurait pas désavoué, et chez les Goncourt la formule a toujours l'air de s'enlever sur un
de ces fonds teintés qui avivent tel dessin de maître.
En maints endroits ils se sont targués de ne point aimer
la nature : cependant le Journal renferme certains paysages
d'une précieuse matière saupoudrée devant lesquels on
comprend tout le sens de l'expression : les caresses du
pinceau. Les Goncourt ont su voir, et presque tous leurs
défauts ne naissent somme toute que de l'excès même de
cette qualité. Leur regard ne peut se poser sur les objets
sans qu'il y contracte une ivresse qui se communiquaflt

�LÀ NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à la page étend jusqu'à nous sa contagion et nous monte
un peu à la tête. Ils appartiennent à l'ordre de ces écrivains qui pour être pleinement goûtés ont besoin_qu'on
devienne à demi leur complice, - mais sont-ils vraiment
si nombreux ceux qui peuvent se passer tout à fait de cette
complicité là?

t: TUDE DE NU

CHARLES DU BOS

A MADAME M. B.

Exploration! La première fois que je te vis, je n'accueillis que les reflets qui se jouaient sur ton visage. Si j'avais
avoué de quel lin fragile se reliaient alors nos regards,
peut-être ne serais-tu jamais revenue ... Le bavolet de ton
chapeau était d'une faille cyclamen. Une broderie flottait
sur ses bords. La soie vaporisait une clarté que les mailles
éclaboussaient en étincelles. Des échanges s'o_péraient entre
ta pâleur et la soie. D'où l'imprécision de tes traits. Ta
beauté se devinait. On n'eut osé l'affirmer. Captive entre
les feux croisés des fards, des tissus lamés et des lampes
voltaïques, tu te blessais de reflets. D'autres reflets te pansaient. Des lanières d'ares-en-ciel couraient en complexes
spicas sur tes joues. Ajoutons tes lignes noyées dans un
moutonnement de fourrures. Il y avait où s'irriter d'étreindre
un nuage éphémère au lieu des contours désirés ...
** *

Découvertes ! Tu retiras ton chapeau. Vrai, tu changeas
de visage. Ta physionomie vacilla sous d'inattendus reflets.
J'eus du mal à m'orienter. Le bandeau de métal serrant ce
soir-là tes cheveux, les triples mousselines de. la lampe,
dans un ccin une veilleuse, douce paupière abaissée, songe!
Quels rayonnements, fondus ou scindés tour à tour au
hasard de tes regards luisant comme un poignard, au

(

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

caprice de tes gestes- étendards d'ombre levés I Ta coquetterie - gourmande de curiosité - se plaisait à poser des
énigmes. Un peu décorative, ta grâce. Tu évoquais la
ballerine de qui chaque effet de pointes exige un effet de
primes sur un tréteau à réflecteurs.
Somme toute, tu te dé'robais. Tu fuyais sous les lueurs
artificielles : une amoureuse d'antan eût fui sous un bosquet. Craignais-tu de te livrer par l'exactitude de ton teint -?
Il n'est pas impossible que ces fards aient caressé des joues
timides.
Tu minaudais à coups de reflets. Les reflets dansaient des
rondes autour de fa beauté. Les minauderies dansaient
aussi autour de ton amour !
*
* *

Elle a franchi le seuil de la maison bien-aimée. La
qualité de la lumière apprivoisa ses beaux yeux que le
jour ava1t meurtris. Ses pupilles se di1atèrent comme des
corolles inconnues. Ses voiles qui dérobent à son corps la
parcelle d'éternité qu'il porte, ses voiles coulèrent : :eur
soie fut une fumée qui joua un inst3:nt entre s~ doi-gts,
puis à ses pieds se condensa en flocons bleus. Ah ! pas plutôt ses mains nues, elles se mirent à s'ennuyer! Mais elles
ne furent plus que caresses et bien vite s'oublièrent. Ses
hanches enserraient l'effroi d' être dévêtues et se ca{:haient
dans l'étreinte. Ses doigts, posés sur mes yeux, n'empêchaient
pas l'éclat de son sein de diffuser en mon regard:. Sous mes
paupières car~ssées, glissait une extase de banqmses ...
t

,,

** *

C est alors que j'eus tendance à devenir ennuyeux. Déjà
je•lui avais -appris 1 secouer la tyrannie des modes ; amoureuse des étoffes, à s'en moins faire l'esclave; bref -à les
rendre, à leur tour, amoureuses tie son corps. Elle était en

ETUDE DE NU

1 59

progrès. Les plis de sa robe devenaient. son mouvement
même.
Mais, comme je commençais ainsi.:
- Ne .sois belle ni par tes voiles, ni par ta seule beauté ...
Si ta pose est d'une, déesse, c'est que la fleur de ton âme
courbe fa tige de ton buste . .,
,_
( t Mon âme! » fit-elle, quasi choquée. Il ne faut pas
dire de gros mots ... Mon âme! c'est déjà beaucoup! N'ajoute
pas .une fleur au bout, comme ~u canon d'un fosil !
Elle ne comprenait pas que l'homme ait besoin de
s'éblouir et de.frapper sur.l'amour comme sur le fer d'une
enclume pour extraire des scintillations. J'aurais voulu la
persuader qu'elle n:est pas si simple qu'elle pense, qu 1elle
résume toute la vie, que la torche de sa chevelure n'est pas
seule à la distinguer! Mais tes.baisers, lui aurais-je inculqué,
ne sont pas que des baisers~ Ils arrachent les pétales collés
de J'angoisse. Tes yeux ont des profondeurs où ton abandon s'accumule. Tu n.e t'en serais jamais doutée. L'ondulation de tes hanches anime des crépuscules. Mov orgueil
- ah ! celui-là ! - résistant à tout hypnotique, dans le
my stère de tes cheveux., il s'est mis à s'assoupir.
Ha! la pauvreté de nos gestes! Pouvais-je devant elle en
parler! Je crois qu'elle s'en fut froissée et que c'eût été
déplacé.
J'avais un .attirail d'-;1bstractions pour habiller ma pensée, tel que l'armure d'un croisé sur une vareuse « bleu
horizon » lui eût semblé moins démodée. L'Erernité, à ses
yeux, c'était un bloc d'anthracite, bon pour la locomotive
de nos poussives métaphysiques !
Il m'avait semblé deviner ce qui pouvait nous séparer.
EUe a le géotropisme des fleurs qui, voulant s'ouvrir face
au ciel, s'évadent des zones d'ombre et se jettent au cou du
soleil. Pour elle~ tout ce gui brille, c'est de l'or. Moi, j'ai
un cœuT de, rhizome : mes ans se comptent aux racines.
Mon géotropisme est contraire. Je bois l'humus ; elle, la
lumière.

�160

.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSE

Je cherche la raison des choses. Elle aime les choses sans
raison.
Les eaux bleues qui portent ma nage, j'ignorais œ qui
les portait et j'avais peur d'un lit de yase. Je préférais la
certitude des fonds élastiques et fermes .
Elle posait ses mains sur ma bouche pour délicatement
m'ôter le souci d'être importun - si bien que je finis par
m'écrier:
- Oui, tu as raison ... Tu es Femme! Je veux redire ce
seul mot!
Un baiser claqua si clair à ce moment que je crus avoir
mis le doigt sur le déclic d'un secret. Je fis jouer à nouveau
le déclic. J'avais trouvé le mot qu'il faut. Je sus d'autres
mots bourdonnants. J'en fis une ruche mielleuse. Elle inocu1ait dans mes veines des voluptés régulières, mais écœurantes et douceâtres comme un sérum glucosé. Je prenais
l'affreux parti de ne connaître jamais d'elle que son corps et
des murmures.

Pmutant j'eusse aimé la comprendre ou me rendre
compte au moins du peu qu'il y avair à comprendre. Je
fus bien stupéfait un soir. Elle fumait et se mit à parler.
Je crus qu'il y avait une énigme dans ses paroles et dans
les spires de fumée, un point d'interrogation. Ils n'existaient
ni l'un ni l'autre. Lent à comprendre, je fus rapide à m'exalter. - Tu n'es pas sot, faisait-elle et tu me dois d'être
moins bête. Tu ne t'exprimes plus par abstractions. Devant
les mots q ue tu m'écris, tu ne mets plus de majuscules,
mais tu manqu es d'imagination . Tu renifles les images à
cent pas. Tu n'en éternues jamais. Sans doute, &lt;&lt; la sève du
printemps» nourrit l'étreinte de mes jambes, tu le répètes,
c'est entendu ... Tu exprimes à m on sein la « pulpe de je
ne sais quel frui t». Mais tu n'as d'armes à ton service que
la chaude · armure de mes reins ... N 'as-tu donc pu forger
mieux?

161

.ETUDE DE NU

, Qui eût osé

:e

contester que je porte, par exemple,.

1Equateur en cemture, qu'en s'éveillant au creux de ma.
h~nch~ on afait !e tour du monde ? A ta place, moi, j'aura_,s d1t : dans nos baisers - brrr ! d'y penser, fièvre et
fns~ons ! - tournent des feux d'artifice (soleil d'été, fête
nationale) qui lanceraient des boules de neige parmi les
ro~es de salpêtre! Enfin ma chair pourrait avoir des perfidies de Jagunes . Vicieux, mon baleine t'eût donné - ah!
des moiteurs de malaria ! Un sculpteur laisse bien dans Ja
glaise son pouce et parfois son génie : que diable si mes
talons sur les plages ne creusent des fossettes de sable où
~riss~nne ma beauté I Avant de me décoiffer, tu pourrais
1magrner que mes tresses, sous l'arceau d'écaille, ont le
caprice aes jardins anglais. Tu ne discuteras pas que nos
cheveux, au réveil, sont des broussailles enflammées d'aube!
Quand nous roulions dans les gazons, le regard levé vers
un ciel pris dans les glaces des nues, nos baisers pouvaient
se donner Je luxe de tremper dans l'onde antarctique!
Les jours d'introuvables images, tu aurais bien pu chanter qu'un amour universel s'engouffre au fond de mes bras,
avec reprise au refrain :
Je suis l'amant de la Terre
Puisque ton amant, ma chère !
Laisse-moi me moquer un instant ! Les jeunes gens
sont désormais avertis et positifs. Il n'est plus de nahetés
qu'en palme, au front des poètes ! Puisque tu n'es pas
homme de lettres, ne joue donc pas ce rôle-là. Le squelette
de vos pantins ne s'articule qu'avec des mots. Vous disloquez l'existence. Par l'amas des métaphores se distingue un
écrivain, comme un grand port se désigne au nombre de
ses sémaphores. Soyons maniaques d'assonances ! Métaphores, sémaphores ! Tel est Je genre de vos trouvailles,
quand vous désirez dn tapage : Ies assonances sont vos
cymbales.
Au fond, je ne me moque pas. Démence ? Fumisterie ?
II

�I 62

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ah ! je te jure que non. Je dis ce que tu n'as pas dit.
J'aime ce que tu n'as pas trouvé. Qu'un nigaud me paraît
beau t Il sera peut-être amoureux. L'amour, ma seconde
enfance ! Quand tu raillais: « Tu es Femme ! i&gt;, tu voulais
me mépriser. Cependant, simplement dit, ce mot me suffit.
N'affirme pas superficielle, qui ne s'est pas donnée toute ...
Soyons simples si possible. Accoudons-nous au balcon
et jouons à aimer les hommes. On lan.çait du bout des
doigts son patriotisme a.u x soldats qu3:nd ils défilaient dans
les rues. On a cargué les drapeaux. Les orages des patribtes
faisaient redouter un naufrage... Laissons les fenêtres
ouvertes. Les passants ne se doutent pas qu'ils remplacent
Ies régiments et que nous jetons notre amour sur là hâte
de leurs soucis!. .. Mon abonné des « Belles Im~ges », je
t'offre un bonheur sans reflets et l'essor de' ma taille libre.
Tu aimes les âmes nues : n'entrave plus leur élan de la
passementerie de tes phrases.
GIL ROBIN

SILBERMANN
1
~~ troisième on passait au grand lycée. Il occupait la
m01tré. de la construction totale etl était identique à· la partie où j'avais f.ait mes étu.des pendant quat:re a1rnées; Mêi.ne
c:our carré.e, plamé.e de quelques arbres, dont faisait le tour
une, haute galerie. couverte, élar:gie. à un endro_it pour former préau. : même disposition d-es classes teiut du long de
cette galerie; et suries murs, entre les fenêtres~ s,embla-bles
mou:fuges de bas-ce1i:efs a-ntiques.
N'ézrrmoirrs~ œmmec'était fa première fois,, le matin de
cette rentrée d'octobre,. 4ue je pénétrais dans aette cotll!,. les
choses, me présentaient un aspect: neuf et je portai5, de tous·
çâtés des regards rurieux.. La pensée ch.agrin.e d.'unf: indépendance qui expire me vint à l'esprit comme je remarquais les portes et les ·crois.ées, nouvellement rep.eio.tes, Leur
couleur marron toug.e était pareille à celle des jujubes que
l'a.vant-veiile encore; je ramassa:is.à Aiguesbelles, près de
Nîmes, dans le jardin du mas. C'était là, chez mes grands·
parents, que nous. avions pa-ssé les vacances airrsi que
chaque année.. Nous y restions jusqu?au s.oir du dernier
dimanche,.ca.r ma mère se pl-aisait beaucoup à ces jours de
cérémonie et de.10.isir qni lui rappelaien.t les réjouissances
virginales de.sa jeunesse. L'absence de mon père, qui rentrait
à. Paris au commencement de septembre, la rendait libre
de les vivre de même. façon qu'autrefois. Le. matin~ nous
allions avec. mes grands parents au. temple. Au retour, ma
mère ne manquait jamais de cueillir au gros figuier dont
les vieilles racines noueuses ét:aâent capti.ves rum.s 16 dallage

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

,.

de la terrasse la figue la plus belle et la plus chaude. Elle·
me la tendait, ayant fendu en quatre la pulpe rose et granuleuse, et me regardait manger, cherchant dans mes yeux
si j'aimais les fruits de cet arbre autant qu'elle les avait
aimés à mon âge ...
Mais dans cette cour où je me trouvais maintenant, et
malgré une légère angoisse à l'idée des nouvelles con. traintes scolaires, une joyeuse impatience chassait de mo:
tout regret. J'allais revoir _Philippe Robin, qui était mon
ami.
Il n'était pas encore là, car les élèves de l'institution
catholique où il était demi-pensionnaire arrivaient au lycée
juste pour l'entrée en classe. En l'attendant, parmi le bruit
dont depuis deux mois je m'étais désaccoutumé, j'avais.
serré quelques mains et échangé quelques mots ; mais dela manière la plus insignifiante, la moins intime, réservant avec soin pour Philippe toute effusion essentielle.
D'ailleurs, plusieurs des figures qui m'environnaient
m'étaient inconnues ; d'autres l'étaient à moitié, pe portant pas de nom, ayant seulement la légende que je leur avais.
composée, les années passées, au cours des allées et venues
quotidiennes.
Le détachement de l'école S'-Xavier apparut.
En tête venaient d~ Montclar et de La Bécbellière ( c'était:
l'habitude chez nos professeurs de dire ainsi) qui tous deux
avaient été dans la même division que moi en quatrième.
Le premier, de taille moyenne, robuste, les traits énergiques, montrait cet air arrogant qu'il prenait toujours:
pour pénétrer au lycée. Il lançait des coups d'œil méprisants de droite et de gauche et faisait part de ses moqueries
à son compagnon. Celui-ci, grand, le cou long, également
d'aspect hautain, mais en raison de son buste étriqué et de ·
ses gestes gourmés, laissait apparaître, en guise de réponse""
une expression niaise sur son vis:ige privé de couleurs.
Enfin j'aperçus Philippe qui accourait vers moi. •
Comme il avait changé ! Je ne pus retenir une exclama--

'SILBERMANN

tian en le considérant de près. Son teint était hâlé ; on lui
voyait un duvet doré sur les joues ; et quand il riait, des
fossettes se creusaient profondément, laissant ensuite de
petites lignes sur la peau.
- Hein ! dit-il fièrement, je me suis bien bruni au
soleil. C'est à Arcachon où j'ai passé le mois de septembre
.avec mon oncle Marc, comme je te l'ai écrit. Toute la
journée, pêche ou chasse en mer. Quelquefois nous partions à quatre heures du matin et nous rentrions à la nuit ...
Et une chasse pas commode, mon vieux ! des courlis.. . Il
·n'y a pas d'oiséaux plus prudents et qui soient plus diffidles à tirer. C'est mon oncle qui me l'a dit. Il n'en a tué
-que quatre pendant la saison, et pourtant il a tout le temps
-des prix au Tir aux pigeons.
Je n'avais jamais tenu un fusil. Chasser ne m'attirait
nullement. Je connaissais un peu l'oncle de Philippe.
C'etait un homme d'une trentaine d'années, bien découplé,
-à grosses moustaches rousses, dont la poignée de main était
-brutale.
Philippe s'interrompit et me demanda distraitement:
- Et toi ? Tu es rentré hier ?... Tu as passé de bonnes
vacances?
- Oh ! dis-je, j'adore Aiguesbelles. Chaque année je
:m'y plais davantage.
- Eh I bien, moi aussi, jamais je ne me suis autant
·amusé que pendant ces deux mois, surtout à ·Arcachon.
Il reprit son récit. Il me rapporta l'incident d'une barque
-échouée, me décrivit des régates à voile auxquelles il
avait pris part. Il parlait sans s'occuper de moi et sur un
ton fanfaron. J'eus le souvenir d'une grosse déception que
-j'avais éprouvée, étant enfant, un jour qu'un ami que j'avais
-été voir avait joué tout seul en ma présence, lançant des
-balles très haut et les rattrapant. Tandis que Philippe
résumait cette vie folle et heureuse où je n'avais eu aucune
place, où tout m'était étranger, son visage était devenu
muge de plaisir. Et cela me fut si désagréable, cette bouffée

�I66

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de sang, cela m,e pat;ut !a preuve J.'uoe infidélité si profonde.,
q.ue je détournai la tête. Le regard tQmbé sur le cailloutis
_poussiéreux de la coi.u, je m'.avi.sai avec tristesse que depuis
des semaines je songeais aux défu:es du c:oment ou je me
Jietrouv-e-iais -avec lui ... iEt j'e.u s le pressentiment que nous
allions cesser d~tre amis.
Le tambour roula . ous nous mimes en rang.
- A Houlgate, pendant le mois d'août, poursuivit-il à
voix moins haute, j'ai fait beaucoup de tennis. Mais, là-bas,
c'était moins agréable parce que -il fit une moue -il y
av:lit trop de Juifs ... Sµr la plage, au casino, partout, on ne
rnuaontrait que ça. Mon oncle Marc n'a pas voulu y rester
trois jours. Tiens, cehii-là y était. Jl s'appelle Silbermann .
En disant ces mots, il m'avait désigné un garçon qui se
l.en!\,Ï.t ·à la porte de la dasse, en tête des rangs, et que je ne
me rappel.ais p_;is avoir aperçu !',année précédente dans
;uJcune division de quatrième. 11 était peùt et d'extérieur
s:hétif. Sa figurt, q~ je vis bien car il se retournait et parlait à ses voisins, était très formée mais assez laide, avec
des pommettes sajlla,0~ et un menton a-igu. Le tejnt était
-p,âle, tirant sur le }a.UQ.e ; les yeµ~ et les sourcils ét~ient
noirs, les lèvres charnues et d'une couleur fraîche. ~s gestes
éiaie t très vif:; et ~ptivaie.nt l'.attentiou. Lorsque, avec
une mimique que l'on ne pouvait s'e1np~çher de s.ùivr-e, j.l
s'adr~sait à ses voisins, ses pupilles -semblaient sauter sur
l'u.n ·puis sur l'au.ure. L'ensemble é,·eillait l'idée d'unt: préocité éttioge; il me fü songer aux petits prodiges qui exécute.nt des tours dans les;c;i-rcpies. j'eus peine.\ détacher de
lui mon regard.
oqs entrâmes en c,mse.
Les St-Xa ·,ier, au nombre d'une dizaine, s.e_groupèrent,
ainsi qu'ils en avaient l'habitude. Je me ;plaçai devant
Phj!jppe Robin. Sitôt entré, Silbermann ava_it couru avec
un air de trion1phe au pied de la chiire. rotre professeur
était un homme autour de la quarantai ne, aux regards
.pénétrants et froids, aux mouvem~ots justes. li procéda

S[LBERMA. N

envers chacun de nous à une sorte d'interrogatoire
p'.enant des no:es d'après les réponses. On apprit qu;
Silbermann avait sauté une classe. Le fait était rare et
motiva des explications.
- J'étais en retard d'une année, déclara-t-il, et c'est pour
réparer ce retard, comme j'ai eu de bonnes places en
cinquième.
- Je doute que vous puissiez suivre le cours.
. ~ J'ai eu trois pru l'année dernière, répliqua+il avec
tns1stance.
- C'est très bien, mais vous ne vous trouvez pas
préparé comme vos camarades aux matières de notre enseignement. Le programme scolaire est gradué, et qui manque
un échelon risque fort de tomber.
- J'ai travaillé pendant les vaca-nces, Monsieur.
Durant ce dialogue, Silbermann s'était tenu debout et il
avait parlé d'une voix très humble. Malgré cette attitude
exemplaire, son ton sonna étrangement dans la classe tant
il avait voulu être persuasif.
Lorsque nous sortîmes en récréation, quelqu'un s'approcha et lui dit en haussant les épaules :
- Voyons, tu ne pourras pas rester ici. Il faudra que tu
redescendes en quatrième.
- Ah I tu crois ça ? répondit Silbermann, faisant une
mine ironique. Puis, la main vivement tendue avec un
Retie battement âpre de la, narine :
'
- Combien veux-tu parier que je serai au moins deux
fois premier avant la fin du trimestre?

~•_après-mi~ d~ ce premier jour, nous eûmes congé.
Philippe Robrn vmt me voir. Ma famille le trouvait charmant. Mon père me citait en exemple ses manières viriles
et ma mère ses attentions courtoises. Ils avaient beaucoup
encouragé notre camaraderie. La première fois que je l'avais
nommé de,·ant elle, ma mère m'avait demandé s'il n'habi-

�168

.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tait pas avenue Hoche, et, sur ma répcmse affirmative, elle
avait dit avec respect:
- Alors, c'est le fils du notaire. C'est une famille très
connue, un grand nom de la bourgeoisie parisienne. Les
Robin ont une étude depuis cent ans peut-être.
Et elle m'avait conseillé de l'inviter à la maison. Je sais
bien pourquoi. Ma mère, depuis son mariage, n'avait eu
d'intérêt dans la vie que pour la can-ière de son mari. Elle .
avait poursuivi avec une patience unique tout cè qui pouvait
hausser et étayer la situation de mon père dans la magistrature. Certes, elle ne songeait pas à ralentir son effort, car mon
père, juge d'instruction à Paris, n'était encore qu'à micôte, ainsi qu'elle disait. Mais comme j'approchais de l'âge
d'homme, elle s'apprêtait à faire le même chemin avec moi,
tel un courageux cheval de renfort qui ne connaî't qu'une seule
tâche. Elle m'entretenait souvent de mon avenir, m'expliquait
diverses professions, leurs avantages, leurs cc aléas )) , découvrant à mon esprit des espaces un peu obscurs, d'aspect un
peu rude, pareils à des forges, où, pour me stimuler, elle
soufflait le foyer, brandissait l'outil, frappait l'enclume. Son
horreur la plus vive était à l'égard de ceux qui ne travaillaient pas. Elle prononçait le mot c&lt; oisif» d'une façon qui
mettait vraiment hors la loi celui auquel il était appliqué.
-Elle était d'une activité que livrait son agenda, chargé et
surchargé de mille signes et posé tout ouvert sur sa table
comme une bible. Si l'on avait rassemblé toutes ces pages
depuis vingt ans et si l'on avait su y lire, on aurait dén1êlé à
quelle sorte de travail sa vie avait été employée. On aurait pu
suivre à travers ces notes de vaines occupations mondaines,
visites ou assemblées d'œuvres charitables, un ouvrage
mystérieux de galeries percées et étendues, dont l'utilité conùmrait toute à servir mon père. Dans cette fourmilière,
savamment creusée autour de nous, il n'était point de voie
qui ne fût entretenue avec régularité. Oui, elle avait mis
à son effort l'application tenace d'une fourmi. Sur son livre
de visites, les adresses biffées n'étaient pas seulement celles

SlLBERMANN

des personnes qui étaient mortes, mais encore celles des
maisons qui n'avaient pas d'aboutissants, chemins où elle
s'était fourvoyée et qu'elle abandonnait sitôt son erreur
.aperçue .
Ce que lui coûtaient ces démarches, ces manèges, je l'ai
su plus tard, lorsque j'ai compris le sens des soupirs que je
l'avais entendue pousser bien souvent devant son miroir,
tandis qu'elle arrangeait ses cheveux grisonnants ou qu'elle
entourait d'une voilette sa figure pâle et effacée d'ouvrière
trop laborieuse.
- Ah ! ce dîner Cottini... laissait-elle échapper. .. Cette
visite chez Mme Magnat. ..
C'est que Cottini, directeur d'un grand journal. avait
une réputation notoire de viveur, et que Magnat, le député,
avait, disait-on, vécu plusieurs années en ménage avec sa
maîtresse avant de l'épouser. Or ma mère jugeait les mœurs
selon un code rigourei1x et in.flexible.
Instruite par cette expérience, elle désirait m'écarter de toute
carrière ouverte à la brigue et soumise aux influences politiques. Pour d'autres raii;ons, réussite inceitaine, absence
de discipline, elle repoussait les professions libérales ou
celles qui dépendent d'une vocation souvent trompeuse.
- C'est se jeter à l'aventure, déclarait-elle. De nos jours,
la sagesse est d'entrer dans une grande administration privée
dont on connaît le chef. On suit la filière, c'est vrai, mais sans
risque; et si i'on est intelligent et consciencieux comme
.c'est ton cas, on avance rapidement tandis que les autres
marquent le pas.
Aussi, -alors qu'elle ne m'eût pas vu sans méfiance fré.quenter la magnifique maison des Montclar, « ces oisifs ii,
.elle se montrait fort contente de mon intimité avec Philippe
Robin, le fils du notaire. Elle n'avait pas tardé à entrer en
relations avec les parents de mon ami ; et généralement, au
retour des visites qu'elle leur faisait, elle m'appremiit que
~&lt; ce qu' il y a de plus huppé dans la bourgeoisie à Paris se
.trouvait là i&gt; .

�170

' LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Cette amitié entre Philippe et moi ne provenait pas d?une
conformité de nature. Philippe avait un esprit positif ; i1
était d'une humeur très sociable et assez rieur. Moi, j'étais peu
bavard, plutôt grave, et sensible principalement à ce qui
roue dans l'jmagination. Màis, surtout, notre morale, si l'on
peut ainsi dire pour parler de règles- dirigeant des cerveaux:
de moins de quinze ans, n'était pas la même.
Lorsque Philippe ressentait un vif désir, lorsqu'il cédait
à quelque tentation, ses mouvements étaien: bien vis~bles.
Il ne dissimulait rien ; il se comportait avec franchise et
insouciance, comme s'il eût la garantie commode que route
faute peut être remise. Il n'en était pas de même pour moi.
J'étais tourmenté sans cesse qu'une mauvaise action me
fît dévier pour toujours de la voie étroite qu'un idéal sévère
me présentait comme le juste chemin. Vivant dans une
atmosphère traversée par les foudres de la loi, je redoutaîs
également le jugement de la société. Ces scrupules de rnnscience et ces craintes matérielles retenaient mes actes et me
faisaient placer avant toutes qualités la réserve et-le renoneement. Quel succès, lorsque (souvent grâce à une habile
dissimùlation) je me sentais à l'abri de tome curiosité !
Quelle joie, lorsEJ_ue je parvenais à tri0mpher d'une intention suspect~ ! Joie si forte et ju:gée par moi si salutaire
~ue je ne résistais guère au_ plaisir de la_ provoq~er par
un artifice. Ainsi, je me laissais quelquef01s envahir sournoisement par '&amp; mauvaises pensées, je favorisais leut
développement dàns mon imagination, je prenais plaisir à
m'y exciter, puis, avec une sorte de passion, je coupa~s net
ces mauvais rameaux.- J'avais - alors le noble sentnnent
d'avoir fortifié mon âme. De même, à ~A1guesbelles, mon
grand-père ordonnait au -printemps que qrnûques pieds de
vigne ne fussertt•point taillés, afin que lui-même, se promenant dans son domaine, eût la satisfaction d'y porter la
serpe. Il se penchait sur le aep dangereusement- dé!aissé,
réduisait, rognait, avec une passion vétilleuse, pms me
disait orgueill eusement en se relevant :

r7œ

SfLBERMANK

~ Vois-tu, pet.;it, la meilteure ~igne est celle qui est la
p1us soigneusement taillée.

li
En classe d'ang,lais., je fus placé à côté de..Silberrnama _et
pus fübserver à loisir. At tentif à tG'tit ce que .disait le professeur, il ne le quitta p-as Au reg.ard;. il resta im moblie, le
menton en pointe, la lèvre pendante, la phiysionnmle tend-ne
curieusement ; seule, la pQ'1Ilme .d'Adam, sailla nt du cou
maigre, bougeait par moments. ,Com,me ce profi l n:n peu
animal #ait éclairé 'bizarrement }Dar un rayon de soleil, il
me fi.t penser aux lézar.ds qui, sur la-ten:asse d'Aigueshelles,i
J'heure ohaude, sortent d'une fente et, Ja tête allongée, .airec
un petit gonflement-ii&gt;l.termittent .de la gorge, sur:veillent la
race des •Jrnmains.
Puis, une grande par.tie de fa classe d'a;nglais se ;passant
en exercices dé con v.ersation ia vec le professeur, S-ilberma.n n,
levant vivement la main, demanda la par.ole à plusieurs
reprises. Il s'exprimait en cette langue .avec heancoup plus
de-facifüé qu'aucun d•ent-re n.0us. Pend-ant ces deux:
heures, nous n'-échangeâtnes pas un m:ot. Il ne :fi.t aUCUltle
attention .à moi, sauf une fois a:vet un regar,d tel q,u.e si je
lui eusse inspiré de la erainte, D'ailleurs, les premiers jouirs,
-il se comporta de la sorte "7is-à-Nis d.e tous ; mais c'était
sans doute par ;liléhance et non par'1:imidhé , cnr, au bout
de quelque temps, on put voir qu'il av.ait adapté deux ou
trnis garçons -plutôt humbles, )de .caractère fuibl.e, vers lesquels il .alla&lt;it, --s.itôt qu'ilies ~v:ut.ap:erçns, .avec des gesœs
qui commandaient ; et il se mettaiit .â &lt;liscourir .en maitre
. parmi eux, le verbe ha.ut et assuré.
En récréation -il ne jouait jama:is. Dédaigneux, semblait -il,
de la force et de l'agilité, il passait au milieu des parties
eng~ées sans i:e moindre signe d'attention; mais si un.e
discussion 'Venait à. s 1é1e v.er, elle ne hai. échappa it l)OÙlt -et

�SILBER;',!ANN

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE"

.aussitôt il s'arrêtait, quel que fût le sujet, l'œil en
éveil ; on devinait qu'il brulait de donner son avis, comme
s'il etît possédé un trop-plein d'argumentation.
Il recherchait surtout la compagnie des professeurs.
1..orsque le roulement de tambour annonçait la brève pause
qui coupe les classes et que tous nous nous précipitions
dehors, il n'était pas rare qu'il s'approchât de la chaire
-d'une manière insinuante; et ayant sourpis habilement
une question au professeur, il se mettait à causer avec lui.
·P uis, il nous regardait rentrer, du haut de l'estrade, avec
un air de fierté. Je l'admirais à ces moments, pensant
-corn bien à sa place j'eusse été gêné.
On ne tarda pas à s'apercevoir que Silbermann était non
.seulement capable de rester en troisième, mais qu'il prendrait rang probablement parmi les meilleurs élèves. Ses
,notes, dès le début, furent excellentes et il les mérita
autant par son savoir que par son application. Il paraissait
doué d'une mémoire singulière et récitait toujours ses
leçons sans la moindre faute. Il y a'i'ait là de quoi m'émerveiller, car, élève médiocre, j'avais une peine particulière
.à retenir les miennes. J'étais d'une insensibilité totale devant
tout texte scolaire ; les mots sur les livres d'étude avaient
-à mes yeux je ne sais quel vêtement gris, uniforme, qui
-empêchait que je pusse distinguer entre eux et les
.saisir.
Un jour, pourtant, le voile se déchira, une lumière nouvelle fut jetée sur les choses que j'étudiais ; et ce fut grâce
·-à Silbermann.
C'était en classe de français. La leçon apprise était la
première scène d' lphigénie. Silbermann interrogé, se leva
.-et commença de réciter :
Oui, c'est Agamemnon, c'est ton roi qui t'éveille.
Viens, reconnais la voix qui frappe ton oreille.

11 ne débita point les vers d'une manière soumise et
monotone, ainsi que faisaient la plupart des bons élèves.

Il ne les déclama pas non plus avec emphase; sa diction.
restait naturelle. Mais elle était si assurée et on y trouvait
des subtilités si peu scolaires qu'elle nous surprit tous.
Quelques-uns sourirent. Moi, je l'écoutais fixementr
frappé par une soudaine découverte. Ces mots assemblés,
que je reconnaissais pour les avoir vus imprimés et les
avoir mis bout à bout, mécaniquement, dans ma mérnoirer
ces mots formaient pour la première fois image en mon,
esprit. Je m'avisais qu'ils étaient l'expression de faits réels,
qu'ils avaient un· sens dans la vie courante. Et à mesure·
que Silbermann poursuivait et que j'entendais le son desa voix, des idées et des idées germaient dans ma tête d'un,
terrain toujours aride; les scènes d'Iphigénie se composaient, scènes positives, qui ne ressemblaient nullement
à celles que j'avais vues au théâtre, entre des toiles peinteset sous un éclairage artificiel. J'avais la vision d'un rivage·
où se trouvait dressé un camp; les flots, qu'aucun venr.
n'agitait, glissaient douœment suI" le sable ; et là, parmi.
des tentes à peine distinctes dans le petit jour et d'où nul
bruit ne venait, deux hommes dont le front était soucieux:'.
s'entretenaient .
Je n'avais pas cru jusqu'ici que cette représentation vivanteet sensible d'une tragédie classique fùt possible. Voir
remuer un marbre ne m'eût pas moins ému.
regardai.
celui qui avait fait jouer les choses pour moi. Silbermann .
avafr dépassé la limite de 1~ leçon et cependant il continuait
de réciter. Son œil pétillait ; sa lèvre était légèremenL
humide, comme s'il eût eu en bouche quelque chose de:
délecta blc.
Entendant quelques élèves protester contre l'empressement excessif de Silbermann, le professeur l'interrompit.
et le félicita. Il était heureux; je le remarquai à un petit
souffle qui faisait palpiter ses narines. Mais ce souffle, me ·
demandai-je, n'est-ce pas plutôt l'âme d'un génie mystérieux.
qui habite en lui? Cette idée plut à mon imagination puérile,
qui était encore près du fantastique; et comme je le con--

Je

�r74

LA NOUVELLE REVUE FR~ÇAJSB

templai longuement au. point d'être fascin~ il me fit
songer;. avec son teint. jaune: e.1'.sous le honuèt noir de ses,
cheveux: frisés,. au._ magid:.e n de quelque c..onte oriental,.
qui détient la. de.f dtt tontes 1€S' m~reilles.,
Nous nous a:dr~sâmes la pat:&lt;1lle: qJielqu.es j'O_urs plus,

ta.rd,. un. di:manc.h e matiu,. en des circonstanœs dont j'ai
bien gardé la mémoire.
J'avais été au .ttmyle. av.ec.. ma mère; puis, à la soniè:,
i-e t'a.vais laissée: Je :ressentais: t0uj0urs quelque exaltation
.après le service religieux.;. mais cette ~ltation, je tto.uvais
délicieux de l'us.er à d:.es c:hoses profanes. J'aimais. me pro-,
merrer, seul, dans le Bois:, et, encore ému pat. le bourd.0nnement grave de l'orgue, excité par Yallégresse d.ii:s cantiques, j'ai.mais me livrer,. en. cet état d.'ivress:e sµiritu.elle, à
une activité tonte animale :. COJlr.ir,. bondir à travers, las,
buissons,. a:spi1:er l'odeur de la, terre. et· des. feuilles., me·
laisser toucher par les vi,van.ts. effl.uxes de. la nature. Puis,
a;yant levé par hasard les yeux vers le ci.el, je m'arrêtais,.
n:ao pas. calmé mais c.omrne frappé d'amour. La vue d'un
nuage voguant dans l'azur avait réveillé ensemble mon
cœur et mon. im:agiuatiorr. Tout frémissant, je soupirais
vers. un sentiment: très dcmx, de. qual-ité très noble.,.. et je
rêva:is-aux..avenmres où il m'entraînerait. I.e plus sou.vent,,.
ce sentiment se: cristallisait sous la forme d'une amitié.,.
oix se. mêlaient indist~temen.t une alliance mystique~
une entente intellectuelle et nn dévouement de. toute ma

,

chair.
J'éprouvais cette disposition confuse, ce matin.-là, au
Ranelagh, lorsque je.. v.is .s'avancer,. dans la,_ même allée,
Silbermrum. IL était seul. Il ma:rchai't à pas courts et précipités-, remuant. fréquemment. la: tête ; jl semblait plein
de pensées inquiètes ;_ mi. l'e1'.lt di:t:.p:01.1.rsuivi:. Il m'aper~t
de. Ioin mais n'en montra rien et ou,vrit on livre qu'il
avait à la main. Au moment qu'il allait passer, il leva.
vers moi. des yeux incertains, esquissa un. smu:ire, puis,

SILBERMAN~

1 75

comme je lui répondis par un bonjour très cordial, changea.
brusquement de p-hysionomie, accourut et exprima sa joie
de la rencontr.e.
- Tu habites donc par ici ? Et où cela ?
Il voulut connaître le nom de la rue, le numéro de la
maison, me questionna sur mes habitudes, sur ma famille,
et enveloppa ceue enquête de manières si naturelles et si
amicales que j'eus plaisir à répondre, malgré ma retenue
ordinaire.
- De quel côté allais-tu? ajouta-t-il. Veux-tu que je
t'accompagne?
J'acceptai. Il me montra son livre.
- C'est une édition ancienne de Ronsard. Je viens de
l'acheter, dit-il en caressant la jolie reliure de ses doigts
qui étaient maigres et bruns.
il l'ouvrit ·et se mit à me lire quelques vers. J'eus la
même impression qu'en class.e; Le texte lu par lui semblait
baigner dans une source qui m'en donnait fortement le
goût. Les mots avaient une qualité nouvelle : ils fumaient
mes sens; émotion ignorée, sorte de frisson dans mon cerveau. Mais de Silbermann lui-même que dire et comment
dépeindre sa figure ? Il lut ces vers ~
F:rnche, garçon, d'une main pilleresse
Le bel émail de la verte saison,
Puis à plein poing enjonche la maison
Des fleurs qu'.avril enfante en sa jeunesse.

Ses narines se dilatèrent, comme piquées par l'odeur
des foins, et des larmes de. plaisir emplirent ses yeux.
Nous étions arrivés à I'angle d'une pelouse où est érigée
une statue de La Fontaine. Silbermann m'arrêta et s'écria:
- Est-ce assez laid, ce buste que couronne une Muse ?
Et ce groupe d'animaux, le lion, le renard, le corbeau,
quelle composition bàoale ! Chez nous on ne connaît que
cette façon de glorifier un grand homme. Et pourtant il y
en a d'autres. Ainsi" l'été dernier, j'ai été à Weimar et

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

j'ai visité la maison de Gœthe. On l'a conservée intacte.
On n'a pas déplacé un objet dans sa chambre depuis, la
minute de sa mort. Dans la ville, on montre - et avec quel
respect! - le banc sur lequel il s'asseyait, le pavillon où il
allait rêver. Je t'assure que de tels souvenirs ont de la
grandeur. En France, on ne voit rien de pareil. Il y a
quelques années, on a fait une vente àu château de SaintPoint, en Bourgogne, où Lamartine a vécu. Eh ! bien,
mon père a pu acheter beaucoup d'objets qui avaient
appartenu à Lamartine; et, soit dit en passant, la plupart
&lt;le ces reliques se sont trouvées être de très bonnes affaires~
Nous étions toujours devant la statue.
- Est-ce que tu aimes La Fontaine ? me demanda-t-il.
Et comme cette question me laissait embarrassé, il reprit
avec vivacité :
- Mon cher, c'est bien simple : La Fontaine est notre
plus grand peintre de mœurs. Dans ces fables qu'on nous.
fait ânonner, il a dépeint sorisiècle. Louis XIV et la cour,
la bourgeoisie et les paysans de son temps, voilà ce qu'il
faut voir dexrière les divers animaux. Et alors, comme
l'anecdote prend de la valeur ! Combien il est audacieux
dans sa moralité! C'est ce que Taine a très bien compris ...
Tu as lu La Fontaine et ses fables ?
Je fis signe que non.
--'--- Je te le prêterai.
Je ne répondis rien. J'étais étourdi. Ce garçon quipossédait des livres rares, qui distinguait avec assurance :
« ceci est beau ... cela ne l'est pas » ; qui avait voyagé, lu,
observé, retenu des exemples, jetait en mon esprit tant de
nGtions admirables que cette profusion me confondait. Je
tournai les yeux vers lui. Qu'il fût supérieur à tous les
camarades que j'avais, cela était évident et je n'en doutais
pas ; mais je jugeais encore que je n'avais rencontré ni
clans ma famille ni parmi notre milieu quelqu'un qui lui
fût comparable. Ce goût si vif pour les choses de l'intelligence et cette façon si pratique de les présenter, cette

!SJLBERMANN

177
adresse pour mettre à portée de main ce qui est élevé,
étaient pour moi des qualités vraiment neuves. Et cette
parole forte et aimable à la fois, qui imposait en même
temps qu'elle charmait, qui donc s'en trouvait doué dans
mon entourage ?
Il n'avait pas cessé de parler, citant des noms d'écrivains
et des titres d'ouvrages.
J'avais un immense respect pour tout ce qui touchait à
la littérature. Je plaçais certains écrivains qui avaient
éveillé mon admiration au-dessus de l'humanité entière à
l'image des divinités de !'Olympe. Silbermann m'instrui-sait de bien dt:s faits que j'ignorais, discourant facilement
de l'un et de l'autre. Il me révéla finalement que son dieu
était « le père Hugo». Je l'éwutais avec avidité. Cependant, fut-ce cette familiarité, fut-ce l'éclat de sa voix ou
Ja couleur un peu étrange de son teint ? je ne sais, mais
feus à ce moment la vision d'une scène qui amena un
léger recul de ma part. Souvent, à Aiguesbelles, un marchand de fruits, un Espagnol à la peau basanée, passait
sur la route et arrêtait sa charrette devant le mas, criant
bjzarrement sa marchandise et maniant sans délicatesse les
.belles pommes écarlates, les pêches tendres et poudrées,
les prunes lisses et glacées. Or, Célestine, notre cuisinière,
n'aimait pas cet homme, « venu on ne sait d'où », disait-elle, et lorsqu'elle avait eu affaire avec lui, on l'entendait
maugréer en revenant :
- C'est malheureux de voir ces beaux fruits touchés
par ces mains-là.
Silbermann, ignorant ce petit mouvement instinctif,
-poursui vit :
- Si les livres t'intéressent, tu viendras un jour chez
moi, je te montrerai ma bibliothèque et'"je te prêterai tout
.ce que tu voudras.
Je le remerciai et acceptai.
- Alors quand veux-tu venir ? dit-il aussitôt. Cet aprèsmidi, es-tu libre ?
I2

�r78

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Je ne l'étais point. Il insista.
- Viens goûter jeudi prochain.
.
Il y eut dans cet empressement quelque -chose gm me
déplut et me mit sur la défensive. Je répondis que ~ous
c6nviendrions du jour plus tard ; et comme nous étions
~rtivés devant la maison de mes parent&amp;j je 111i tendis la
main.
Silbermann la prît, la retint, et me reg.rrdant avec ~ne
expression de gratitùde, me dit d'~ne voix ifrfinitnent
douce: _
- Je suis conten't~ bien content, qne·nous nn~s.soyons
rencontrés ... Je ne pensais pas que nous pournons être
çatnarades.
Et pourquoi ? demandai-je avec une.. sincère sur·pnse.
.
-Au lycée~ je te voyais tout le temps avec Robm; et
comme lui, durant un mois, cet été, a refusé de m'adresser la parole, je croyais que toi aussi ... Même en classe
d'anglais ou nous sommes voisins, je n'ai p~ osé•. •
Il ne montrait plus gu~re d'assurance en disant ces.mots.
Sa voix. était basse et entrecoupée; elle semblait monter
de régions secrete~ et douloureuses. Sa main qui conti~
nuait d'étreindre )a mienne comme s1il eût voulu s'.atta-eh.er à moi,_ trembla un peu.
Ce ton et c;e frémissement me bouleversèreo.t. J'entrevis
chez cet être si différent des autres, une détresse intime,
p_ersistante, inguérissable, analogue à celle.d'un orphelin ou
d'un infirme. Je balbutiai avec un sounrè, affectant de
n'avoir pas compris :
- Mais c' est absurde... pour quelle raison supposaistu ...

- Parce que je suis Juif, interrompit-il u~tt~ment ~
avec un accent si particulier que je ne pus d1stmguer S1
l'aveu lui coûtait ou s'il en était fier.
Confus de ma maladresse, et voulant la réparer, je cherchai éperdûmeot les mots les plus tendres. Mais dans ma

SILBERMANN

179

famille, on ne m'avait guère enseigné la tendresse. Le gage
d'amour que l'on offrait dans les circonstances graves était
le sacrifice~
seule l'intervention de la consdence donnait
du prix à un acte. Aussi, ayant reculé d'un pas tout en
&lt;:on.servant la main ~de Silbermann, je lui dis solennelletnent :

et

- Je te jure, Silbermann, que désormais je féra-i pour
toi tout ce quf sera en mon pouvoir .
Ce même jour, je passai l'après-midi chez Philippe

·Roôin:
A la fin de la joutn.ée, l'oncle de Philippe, Marc Le Hellier, se trôuva là. Il aimait beaucoup son neveu ; if le
traitait en hommeet non eu écolier, ce. qui flattait Philippe. li lui répétait que. rien n'était plus absurde que
l'éducation donnée dans les lycées, qurun assaut d'escrime
développait mieux- Ie- cerveau qu-'aucune étude, et que
savoir appliquer un coup de poing au bon endroit était plus
utile dans 1a. vie que tout ce que l'on u·ous enseignait en
classe.

U reprit ce chême en voyant sur la table de Philippe Ies
gros manuels scolaires. Il fit, du revers de 1a main, le geste
de les pousser à terre. Philippe rit aux éclats. Je songeaî au
mouvement de Siibermann caressant le volume de Ronsard
et à la ferveur qui '7rûlait en lui lorsqu'il récitait une
poésie.
- Sais-tu ou j'ai été tout à f'heure, Philippe? dit Marc
Le Hellier . .Aux Français de France, dont c'était la· première
assemblée-depuis J-a rentrée. Ah f cela ne marche pas mal,
notre ligue. Près de cîrrq cents adhérents nouveaux en tro_is
mois. Maintenant nous pouvons :?gir.
Philippe faisait une mine fort intéressée. Son oncle I'avar
attiré- à soi, lui tâtait tes bras, et je voyaîs que Phiiippe gonflait orgueilleuse1"nent ses biceps.
- Et d'abord, continua Le HeHier, nous organîsans
une campagne contre les Juifs, qui sera n1enée atec soin et

�I 80

.,.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

intelligence, je te prie de le croire. Pas seulement des
manifestations dans la rue, comme on s'est contenté de
faire
. jusqu'ici. Non :. nous
. . établissons des fiches , des doss1ers; et comme, v01s-tu, à la base de toute fortune juive
il y a toujours quelque canaillerie, nous suivrons pas à pas.
chaque youpin suspect, et au moment propice, vlan ! nous
lui casserons les rceins.
Il fit de la main un gest€ coupant. Sous la moustache
rousse, très épaisse, mais taillée court, la lèvre supérieure
se retroussa et découvrit, aux coins, des canines fortes.
Je n'aimais guère cet homme, qui par les goûts violents
qu'il tentait de communiquer à Philippe éloignait de moi
mon ami. Mais, ce jour-là, ce fut avec un vrai malaise que
j'écoutais œs propos. IL me semblait entendre au loin la
plainte de Silbermann : « Je croyais que tu refuserais de me
parler ... je n'ai pas osé... »
Aussi comme l'oncle de Philippe poursuivait sur le même
sujet et que Philippe, les yeux brillants, lui témoignait la
plus vive attention, je me levai bientôt et partis.
L'appel de Silbermann à ma pitié m'avait touché profondément. Toute la soirée, je-songeai à lui, mé sentant bien
plus attiré que lorsque j'étais seulement ébloui par ses dons
merveilleux. Je me ressouvenais de ses yeux craintifs, le
premier jour ; je m'expliquais sori hésitation à m.'aborder le
matin; et ces images, qui lé représentaient parmi nous
comme un déshérité, me navraient.
Dans ma chambre, m_achinalement, je pris un de mes
cahiers et l'ouvris aux dernières· pages. -C'était là, ·sur des
feuilles barbouillées, qu'on eût pu _pénétrer mes secrets;
c'.était là qu'il m'arrivait de commencer une confession,
d'écrire à un ami im~ginaire, de griffonner des prénoms
féminins. Puis, lorsque je m'apercevais de la puérilité de
ces choses, ou, rougissant de honte, de- la rêverie trouble
où elles m'avaient entraîné, je me hâtais de recouvrir
d'encre tout mon travail.
Je me mis à écrire à Silbermann. Je l'assurâi qu'il avait

SILBERMANN

18 I

eu bien tort de croire que j'agirais avec lui ainsi que Robin,
car je n'avais aucun sentiment hostile contre sa race. Je lui
glissai d'ailleurs qu~ j'étais de religion protestante. J'ajoutai
que toute la journée j'avais pensé à notre rencontre et que
ma conscience n'oubfü:rait pas le serment d'amitié que
j'avais fait en nous séparant.
Je ne comptais pas lui donner cette lettre. Toutefois, le
lendemain, au lycée, lorsqu'il accourut vers moi, débordant d'intentions affectueuses, j'arrachai brusquement la
page de mon cahier, la pliai et la lui remis.
Je pa~sai la récréation suivante avec Robin. A ma grande
gêne, je vis Silbermann approcher de nous. Il me dit à voix
très haute:
- Alors c'est entendu, je compte sur toi jeudi.
Et il s'en alla.
Philippe me regarda, surpris.
- Vous sortez ensemble jeudi ? Comment le connaistu?
Devenu très rouge, j'expliquai que je l'avais rencontré et
qu'il m'avait proposé des livres.
- Tu sais que son père, qui est un marchand d'antiquités, est un voleur. Mon oncle Marc me l'a dit.
Cet avertissement était prononcé d'un ton sec. Je fis un
geste vague. Nous parlâmes d'autre chose.
Ce qui arriva le lendemain fut comme le présage des
temps. troublés qui devaient suivre.
C'était le jour de la Sainte-Barbe. A cette date, les élèves
qui se préparaient aux hautes écoles de sciences organisaient
un tapage quasi toléré par leurs maîtres. Les classes inférieures ne s'y mêlaient guère. Pourtant cela suscitait dans·
tout le lycée quelque effervescence.
Cette année, le tumulte fut grand. Comme la classe de
l'après-midi finissait, la lumière d'un feu de bengale incendia
brusquement la cour, puis s'éteignit, tandis que des clameurs et des chants éclataient. Un instant après une forte
détonation nous fit sursauter. Une sourde excitation se

�182

LA. NOUVELLE REVUE FRANÇUSE
SlLB.ERMANN

:tnanifesta sur nos bancs. Moi, je regardai peureusement les
vitres sombres, Jéj:&gt;ugna11t à ce désordre et à cette sauv,agerie, Le tamhour roula._Les élèves .se ruèrent vers la
porte en criant, et l'un d'eux;, je ne sais g_ui: passa,nt devant
Silber.tnann, le re-jeta eJt a.rrièreJ hurlant fér-ocement à sa
face:
- Mort aux Juifs.

III
Les parents de Silbermann habitaient dans ûne belle
maison nouvellement construit~ en bordure d~ Parc de la
Muette. L'appartement, situé au dernier étage, était fort
grand. Silbermann m 1en fit les honneurs, m'arrêtant devant
de magnifiques meubles de marqueterie et faisant jouer
l'éclairage au-dessus' des tableaux.. Je n'avais jamais pénétré
dans une maison qui contînt tant de richesses. L'impression fut telle, que, des rayons de -soleil entrant par les
fenêtres, je crus à des voiles d'or jetés sur les - objets. Je
regardai par ces fenêtres. On n'apercev,ait que _des arbres
hauts et superbes~ ceux du Parc de la Muette, puis, au loin,
une ligne ondulée de coteaux, la campagne ... Perspective
que l'on peut avoir d'un cMtea.u. Je passais en silence, ne
pouvant rien dire tarit le sentiment de mon humilité était
profond. Je songeai au cabinet de travail de mon père,
é,t roit et sévère, donnant sur une cour, et au petit salon de
ma mère, où des meubles anciens, mais bien rustiques,
ehoisis à Aiguesbelles, faisaient le plus bel ornement.
H eureusemeqt, Silbermann, qui d'ailleurs me montrait
ces choses aussi simplement qu'on pou,vait_le faire, ne JJrolongea pas ma gêne et me conduisit à sa chambre. Là,
l'aspect était qien différent, et j'éprouv.ai ,u n petit mouve~
ment de satisfaction à dire au dedans de moi-même :
&lt;c J'aime mieux l&lt;J mieµne, »
En effet, la pièce était si modeste qu'on ei'.rt pu douter

'

I8J

qu'elle fit suite .à celles que je venais de visiter. Et, à
l'examiner, je m'avisai que ma inère, à coup sùr, eût peiu
de ses ·ru.tirµ; plutôt que .de me laisser dormir parmi le
désordre que je Temarquais ici.
Silbermann tne désigna la bibliothèque qui garnissait
presquie tout un pan &lt;lu mur.
- Voilà, dit-il.
Il y avait des livres de haut en bas. Il y en avait de somptueu~ement -reliés et il y en avait d'autres, brochés~ tout
écornês par l'usage.
Je m'exclamai avec admiration ;
- C'est â toi ? Tu a~ lu tout cela ?
- Oui, dit Sîlbennann avec un petit sourire orgueilleux.
Et il ajouta : « Je suis sûr que tous les S•-Xavier réunis
n'en ont pas lu la moitié, hein ? ))
Il me les montra en d~tail, pr~I,)ant certains exemphires
aYec précaution et m'exp-liquantce qui faisait leur rareté.
Il en ouvrit plusieurs et, avec une sµreté et un choix gui me
parurent extraordinaires, il me lut quelques passages .. Il
s'inten:ompait parfois, les. ~ux humides, d_isant : cc Est-ce
beau ? Ecoute ceci encore ... &gt;&gt;
Il était surtout sensible.à la formt ou plut6t au mot qui
fait image; il Je faisait .ressortir d'un geste de se,c; doigts
réunis, comme si les bea:uJés de l'esprit eussent ét-é · pour
lui matière traitable qu'il voulût modeler.
Le livre, la pensée .écrite, exerçait sur moi un attrait irré~
sistible. Aussi, devant· cette bibliothèque (si différente de
célle de mon père, laquelle était composée surtout d'ou.vrages ne touchant ;pas l'imagination) je feuilletais ces
volumes avec émotion et pressai Silbermann de questions.
Il av.ait l'art de qualifier en une phrase le sujet d'une œuvre,
de réduire celle-ci sous une formule commode.
- J;e.s Mi'Sé:rablef J•.• répondit~il à une de mes questions.
C'est l'épopée du peuple. Puis : (&lt;' Tie ri:s, ~oici le -vocabulaire de la langue françai-se. ii

�184

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Et il me tendit un petit volume au dos duquel je lus ~

Œuvres de Paul-Louis Courier.
Ces vastes connaissances et cette promptitude de jugement
me remplissaient d'admiration. Silbermann devina ce sentiment. Il sourit et me dit :
- Prends ce que tu veux. Tu pourras venir ici aussi
souvent qu'il te plaira.
Nous restâmes longtemps à causer. Il me donna de_s
conseils à propos de mes étu_des. Nous parlâmes de nos
compagnons de classe; et il en railla quelques-uns qui passaient pour sots et qu'il imita drôlement. Un mot qu'il
semblait adorer revenait souvent dans sa conversation :
&lt;c l'intelligence &gt;&gt;. Et il le prononçait avec un sentiment si
impétueux qu'on voyait apparaître à ses lèvres une petite
bulle d'écume.
Je l'entretins de plusieurs livres que j'avais lus. Sur chacun il me donna des aperçus nouveaux pour moi. Nous
étions assis l'un auprès de l'autre. Sa voix avait des inflexions
si persuasives que par moments je me sentais dominé par
lui aussi bien que s'il eût posé sa main sur ma tête.
Je fus présenté à sa mère. Elle allait sortir et était couverte d'un long manteau de fourrure. Je n'aperçus de son
visage que des yeux noirs et allongés, des lèvres très rouges
qui ne cessèrent de sourire. Elle reprocha à son fils de me
tenir dans cette chambre au lieu d'un des salons. Elle me
pria de venir déjeuner, fixa le jour et disparut, m'ayant
flatté par son air élégant et sa corn plaisance.
Avant de partir, j'allai choisir quelques livres dans la
bibliothèque de Silbermann. En déplaçant une rangée, je
vis,. cachée derrière, une collection de journaux. Mon
regard tomba sur le titre : La Sion future.
Ce fut à . ce moment que se déclara au lycée l'hostilité
contre Silbermai:m.
11 avait été deux fois premier lors des compositions. Ce
succès avait suscité des jalousies parmi les rangs des bons
élèves. Et comme il lui échappait quelquefois une ironie-

SIL\jERMANN

méprisante à l'adresse des cancres, il n'y avait pas moins
d'animosité contre lui aux autres degrés de la classe.
Les choses commencèrent par des taquineries assez innocentes lorsque Silbermann se mettait à pérorer et à gesti- ~
culer. Silbermann aggrava ces taquineries et les fit persister
par sa façon de tenir tête et sa manie &lt;c d'avoir le dernier» ;
elles furent un peu encouragées· aussi par l'insoucian~e de
la plupart de nos professeurs qui, malgré ses bonnes places,
n'aimaient pas Silbermann. On s'en aperçut bien le jour où
l'un d'eux, irrité de le voir venir trop soûvent près de sa
chaire, le renvoya avec une phrase brusque et cinglante
que tout le monde entendit.
Bientôt, pendant les récréations, ce fut un amuse·m ent
courant d'entourer Silbermann, de se moquer de lui et de
le houspiller. Sitôt qu'il apparaissait :
- Ah ! voilà Silbermann, disait-on. Allons l'embêter.
On Je bousculait, on prenait sa .::asquette, on faisait
tomber ses livres. Silbermann ne se défendait pas mais il
ripostait d'un trait qui, le plus souvent, frappait juste et
exaspérait l'assaillant.
Au début, ces petits succès de parole lui procuraient tant
de plaisir qu'il en oubliait les brimades ; et même il allait
au-devant. Mais comme la répétition de ces scènes et aussi
son physique bizarre lui valurent d'être en butte, dans la
cour, à la curiosité générale, je crus m'apercevoir qu'il commençait à en souffrir. Enfü.1, peu après, les S1-Xavier
venant s'y mêler, le jeu prit le caractère d'une persécution.
Les S1-Xavier ne prenaient point part, si l'on peut dire, à.
la vie de notre lycée. Grands seigneurs obligés de passer par
un lieu indigne d'eux, ils jugeaient inutile d'entrer en relations avec des voisins de hasard. Chaque petite escouade se
dirigeait vers sa place, affectant de ne rien voir et de ne
rien entendre. Leur attitude vis-à-vis des professeurs était
. généralement correcte, jamais zélée; leurs vrais maîtres, ils.
les retrouvaient en sortant. Et même, en classe, le visage
d'un garçon tel que Montclar trahissait parfois un sentiment

�186

.

LA' NOUVELLE

REVUE F.RA.}\'ÇAISE

pire que findodlité, comme s':il y·eût_ 1m ancien compte à
régler entre lui ,et l'homme qh.i instruit. ·
Ce .fut Montclar qui donna une. àirec.tœn nouvelle aux
attaques cc;mtre Silberm.:mn. Le ptemier, il le railla qU
sujet des caractères ph.ysiques de su.ace et des pratiques de
sa reiigi'on. Montclar n?avait pas d'esprit m.a'is une sorte de
fougu~ cruelle qai matù.t Silbennaon.
Les autres, pent-êrr.e de. CO!JVÎ.Cttons plus molles, mais
flattés par la présence .de Montclar au milieu d'eux, le s~ivirent .dans .cette v.oie. On ne laissa plus échapper une
occasion d'oatrager Silbermann. Ainsi, tant que dur.a
l'étude d'Esther, il dut supporter de voir., à chaque trait
touchant les Juifs, vii;igt faces malignes tomnées veB lui.
Il n'était pas le seul Jnif dans notre classe, mais on m:
s'en prenait pas aux a:ulttes. Ce!'.1.X-ci .étaient au nombre de
.dernx: : Haase, le fils du banquier dont on savait que la
sœur av.ait.épousé-un d'Antheniy, .et Crémie1rx:, dont le
père était député. Aucun n'avait un typ.e sémite aussi mar·
qué que Silbermann. Ha-ase tentait d'effacer le sien ·par d~
modes britanniques : une coiffure qui défrisait er :aplatissait
ses cheveux, une prononciation guilHiée. Tous deux semblaient se p1acer au-dessus de .Silberrnantl,
fütune gnnde peine pour moi dev0ir Phfüppe se
joindre aux pernécuteurs. Je sa:vais bien qu'il se ~fa.~ait aux
jeux un peu violents ; je savais· aussi que la faço-n d,agrr
d'un Montclar .ou d'un La Béchellière n'était pas sans le
guider; mais son bon cœur l'empêc_hait touj.ours de comrqettr.e une action qui pût nuire à un autre. Je ne m,expliquais pas œtte haine instinctive et opiniâ1:re, tdie que s'il
eût senti ses biens et sa vie .e n ipéril.

ee'

Je me rendis- déjeuner chez Silbermann. Je fas pi·és.enté
à son père. C'était1.m ·homme &lt;l'aspect un peu l0urd. Un
.accent .étranger embarrassait sa par.ale: Des yeux sans, vie,
une cl1air j~unâtre, une barbe inculte, un gros nez, de
grosses lèvres, donnaient &gt;à sa 6-gure une expres,sion s.tu-

S1LBERMANN

piq_e et comme endormie. Mais par moments il. intervenait d'un mot qui montrait que son esprit veiJ!ait."
Mm• Silbèrm.ann avait un joli v.i,sage aux traits fins, ainsi
qu'il m'avait paru au premier abord. Toutefois, sQn sourire était si ch;1rmant, si jeune et sï répété qu'il communiquait à la longue un peu de fausseté à sa physionomie. Ses
·g~stes étaient menus et vifs ; mais une sorte de renflement
c~arnu au-dessous de la nuque la privait de grâce ~fans
beaucoup de ses attitudes.
Silbermann n'avait pas vis-à-vi~ de ses parents la situation
&lt;l'un fils, ou du moins cette situation était bien _éloign.ée
de celle queï'occup~is entre les miens. On lui demandait
son ayis ; il avait le droit d'interroger, de contredire,. et ne
se privait pas de la discussion. On eût dit d'un jeune mi.
D'autre part, Mm.e Silbermann semblait rester étrangère -aux
occupations de son mâri. Tour cela était -si extraordinaire
par rapport _à l'usage établi chez moi, que ces trois êtres me.
parurent unis moins par les liens de la fanull.€ que par ceux
d'une association, on, si l'on veut, par les lois d'une même
tribu.
Je fus aCèueilli par eux avec une con~idération à laquelle
je n'étais point du tout accoutumé. M. Silbermann me
demanda comment se portait mon père, « le grand magistra,t ». Mm• Silb~rtnann m'apprit qu'elle avait souvent
aperçu ma mère dans des ventes de charité. Ces propos
déplurent à leur fils qui les interrompit. Il fut même plus
b~usque ensuite. Nos projets d'avenir étant en question, il
declara que, pour sa part, il suivrait la carrière des lettres.
Tandis que sa mère approuvait ce dessein dont elle était
flattée, me sembla-t-il, sou père, secouant la tête, dit avec
bonhomie:
- Non, non~ David, ce n'est pas sérieux.
- Que veux-tu, papa, s'écria Silbermann avec vivacité
.
'
Je ne pourrai jamais m'occuper des mêmes affaires que toi:
œla ne m'intéresse pas.
- Oh ! Le_s antiquités, dit doucement M. Silbermaon,

�.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
188
il ne doit plus y avoir grand'chose à faire là-dedans, maintenant que les gens du monde se font marchands. Mais il y
a d'autres bons commerces. Moi, si j'avais vingt ans, je
partirais pour l'Amérique avec un stoc~ de perles ..
Son fils ne dissimula pas une expression de mépns.
Après le déjeuner, il m'offrit de m'emmen~r ~u théâtre:
Je montrai peu d'empressement, car lorsque J étais avec lm
je n'aimais rien tant que l'écouter parler. Et nous fîu;nes
nous promener au Bois. ·
.
.
Tout de suite, je mis la conversation sur le suiet qui
m'intéressait le plus : la littérature. C'était pour moi un
domaine analogue à ces contrées quasi fabuleuses qui vous
attirent obscurément et dont on rêve devant l'atlas. Silbermann, lui, en avait parcouru toute l'étendue; il connaissait les points de vue les mieux situés, m'y entraînait et
m'aidait à distinguer le détail qui fait que le paysage est
beau. Parfois, prenant mon bras, il m'arrêtait, et comme il
se fût écrié : « Regarde cette rivière argentée, regarde cette
chaîne de montagnes », il me récitait deux vers ou une
phrase magnifique. Alors je me sentais transporté et j'eusse
désiré qu'il continuât toujours. Et de même qu'au voyageur
qui m'eilt décrit les Pyraroides, j'eusse ~mpatiemme~t
demandé ensuite: « Et le Nil &gt;&gt;, je demandais, lorsque Silbermann m'avait instruit de tout ce qu'il savait sur un écrivain : « Et Vigny? ... Et Chateaubriand ?... » Alors il repartait, l'esprit aussi .if, aussi sû~, jamais lassé, explorateur
dont la mémoire et l'enthousiasme étaient sans défaillance.
Après avoir marché longtemps, au hasard de nos pas,
nous arrivâmes au bord d'un petit lac.
- Chateaubriand, Hugo... murmura rêveusement Silbermann, être l'un d'eux ! Posséder leurs dons, jouer leur
rôle, voilà ce que je voudrais.
.
- Ah ! non, reprit-il, je n'ai pas l'intention de vendre
des meubles ou des perles. Mon ambition est autre. Toutes
mes facultés, tout ce que j'ai ici, dit-il en se frappant le
front, je veux le mettre au service de la littérature.

SILBERMANN

Puis, baissant le ton :
- Si on savait cela, peut•être me tourmenterait-on
•
;i
moms
....
Il faisait allusion aux mauvais traitements qu'il subissait
au lycée. Je sentis combien il en souffrait. Je cherchai un
sujet qui détournât sa pensée et regardai alentour.
Nous étions seuls. La journée, qui était une des dernières
de l'automne, était froide et triste. Une lourde nuée couvrait
le ciel. L'eau du lac, toute sombre, frissonnait. Les arbres
étaient dépouillés; seule persistait la verdure d'un bouquet
de sapins ; et ce feuillage pauvre et opiniâtre, cerné par des
bois morts, éveillait l'idée d'une vie misérable et éternelle.
Nous fîmes halte.
- Ecoute, me dit Silbermann d'une voix dont le
timbre était devenu un peu plus rauque, mon père s'est
établi en France il y a trente ans. Son père avait vécu
en Allemagne et il venait de Pologne. Plus haut, des
autres, je ne sais rien, sinon qu'ils ont dû vivre honteux et
persécutés, comme tous ceux de leur race. Mais je sais que
moi, je suis né en France, et je veux y demeurer. Je veux
rompre avec cette vie nomade, m'affranchir de ce destin
héréditaire qui fait de la plupart d'entre nous des vagabonds.
- Oh ! je ne renie pas mon origine, affirma-t-il avec
ce petit battement de narines qui décelait chez lui un mouvement d'orgueil, au contraire : être Juif et Français, je
ne crois pas qu'il y ait une condition plus favorable pour
accomplir de grandes choses. Il leva prophétiquement
un doigt. - Seulement, le génie de ma race, je veux le
façonner selon le caractère de ce pays-ci ; je veux unir mes
ressources aux vôtres. Si j'écris, je ne veux pas que l'on
puisse me reprocher la moindre marque étrangère. Je ne
veux pas entendre, sur rien de ce que je produirai, ce jugement : cc C'est bien Juif &gt;&gt; . Alors, vois-tu, mon intelligence,
ma ténacité, toutes mes qualités, je les emP.loie à ~onnaître

�r90

. LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

et à pénétrer ce patrimoine intellectuel qui n'est pas le
mien mais qui, ·un juur, sera peut~être ·accru par moi. Je
veux me l'approprier.
Il scanda -ce mot et dü pied frappa le sol.
· - Est~ce impossi.ble? Ces choses, ne puis-je les compren~
dre aussi bien que Montclar ou-R-oèin'?-Rst-ce que je ·ne les
admire pas plus qu'ils· ne les ·adrnirent, dis-moi ? Et à qui
fais-je tort ? Il n'y a aucun ·calcul secret, il n'y a ancun
mobile égoïste dans mon -ambitioTh Alors-pourquoi ne veuton pas de-moi ? Peurquoi m'accueillir pat de la h~ine ?
Comme i1 parlait, je regardais fixement devant moi. Ec
son accent avait une telle portée que sur le fond rigoureux
de ce paysage d'automne, il me semblait voir se succéder
tout ce que je savais des vicissitudes d'Israël.
Je voyai~ un petit lac de Judée, pareil à celui-ci, des
bords duquel, un jour, des Juifs étaient partis. J'avais la
vision de ces Juifs à travers les âges, errant par le m6nde,
parqués dans la~carnpagne sur des terres de teoutou tolérés
dans les villes entre certaines limites et sous un habit infamant. Opprimés partout, n'échappant au supplice qu,en
essuyant Feutrage, jls se consolaient
tèrri-ble traitement
infligé par les hommes en adorant un die-u plus ter-rible
encore. Et au bout de ce&amp;généirati-ons chargées de maux, je
,voyais, réfugié auprès de moi, Silbetmann. Chétif, l'œii
inquiet, souvent ·agité par des mouvements bizarres, comrne
s'il eût ressenti la peine des exodes et toutes les menace5&gt;
toutes les craintes sacrées endur€es par ses, ancêtres, il
souhaitait se reposer enfin paimi nous. Les défauts que les
persécutions et la vie grégaire avaient imprimés à sa race,
il · désirait les perdre à notre contact. Il nous offrait sou
aµtour et sa force. Mais on repoussait cette al-lian,e. Use
heurtait à l'exécratibn universelle.
Ah! devant ces images fatales, en présence d'une iniquité si abominable, un sentîment de pi.ti"é m'exalta. Il me
p:1rut que la voix de S-ilbermann, sîmple et po-igname,
s'élevait parmi les voix infinies d.es martyrs. -

da

SILB'ERMANN"

r91

Il dit :
- Demain je serai insulté, frappé ... Es-h:.e-j'uste. ?
Et il mettait en ;.vanr.ses deux paumes désarmées ainsi
qu'est représentée la petsonne. du Christ au .milieu 'de ses
ennemis.
•

J

IV

Cett~ scè~e_-me tr_oubfa f~~tèment. La n-uit qui suivit, je
~o~gea1, n~01t1~ éveillé mo1t1é rêvant, aux. images bibliques
qu el1e avatt fau apparaître. Au matin, j'eus le. sefltirnent
qu'un devoir m'était dicté: répa:ter t'lnjÙstiœ des hommes
à. l'égard de Silbetm,l'ltm. 1l me fallait non seulement l'aimer
mais prendre ·son patti. contre tous, st difficile et si ingrat;
q?e _füt .l'er1treprise. D'ailleurs ·ses· -ennemis principaux
n étaient-ils pas les S1-Xavier et n'~vais-je pas toujoûrs ressenti envers ceux-ci, Philippe Robin exce-pté, une inimitié
naturelle ?
Je décidai de parler à Philippe afin de le détacher des
adversaires ·de Silbermann.
Le jour même, falla:-ï le trouver. Je lui exposai combien
étaient cruels l~s mauvais traitements infligés à Silbermann. 1&lt; Je sais qu'il en souffre beaucoup ll, ajoutai-je. Et
j'en appelai au bon .:œur d.e Philippe pour qu'i1 les fi\
cesser.
Philippe m"ayait écouté attentivement mais avec froi-

deur.
-_ Mor aussi, , r.épliqua+il,- fai quelque chose à te dire
à ce sùjecll m'est très désagréable de voir un de mes amis
se lier avec ce garçon.
- Et pourquoi ? demandai-je.
- - Pourquoi? ... Parce qu'il est]uif.
C'était bien fa raison énoncée par Silbermann. Philippe
avait articulé duJement ces quelques mots. On sentait que
pour hü Pa.rgun1ent était décisif.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Cependant, cherchant une parole d'adoucis?ement,
j'esquissai un geste d'insouciance.
- Oh ! je sais... reprit Philippe. Il se peut que pour
vous autres cela n'ait pas d'imp_ortancè.
Ce ton supérieur et cette allusion à ma religion me blessèrent au vif.
- C'est que nous autns, ripostai-je d'une voix vibrante,
nous ne falsifions pas la parole de Dieu.
Philippe .]laussa légèrement les épaules.
- En tout cas, affinna-t-il, il fau · choisir entre lui et
moi.
Dans l'instant, je songeai à tout ce que comportait l'amitié de Philippe : un sentiment doux et !)ien réglé, des joies
faciles et approuvées ... Devant ces images aimables, je fus
près d'abandonner Silbermann. Mais; de l'autre c6té, se
trouvait une tâche-ardue; j'entrevis une destiné·e pénible ;
et exalté par la perspective du sacrifice, je répondis d'un
sàuffie irrésistible:
-Lui.
Nous nous séparâmes.
Dès lors, je me dévouai entièrement à Silbermann. A
chaque récréatiQn, je me hâtais de le rejoindre, espérant le
protéger par ma présence. Heureusement, l'hiver venu, sa
situation s'adoucit un peu. En raison du froidr nous·-restions
dans les classes, où l'on n'osait rien contre lui; et le soir, à
la sortie, il s'échappait à la faveur del' obscurité.
Nous nous retrouvjons dans la rue. Nous faisions chemin ensemble et je l'accompagnais jusqu'à. sa porte. Quelquefois je montais:chez lui et nous nous mettions .à faire
11.os devoirs. Sa- facilité au travail, autant que ses méthodes,
m'émerveillait. Lorsqu'il faisait une version lati11e, je le
voyais d"abord lire rapidement la phrase aveç un regard
tendu; puis réfléchir quelques· secondés, mordant fiévreusesement :ses lèvres; enfin lire de nouveau en balançant la
tête et les mains selon le rythme de la phrase; et, ayant à
peine consulté le dictionnaire, écrire la traduction. Assis

SILBERMANN""

1 93

en face de lui, dénué de toute inspiration, cherchant sGrupuleusement le sens de chaque mot, j\1vançais dans les.
ténèbres pas à pas.
Lorsque nous avions terminé,il allait vers la bibliothèque
et me faisait part de sa dernière découverte. Car il n'y
avait pas de semaine qu'il ne s'enthousiasmât sur une nouvelle œuvre. Enthousiasme désordonné, qui me faisait passer tout d'un coup, d'un sonnet de la Pléïade à un conte de
Voltaire ou à un chapitre de Michelet. Il prenait le livre
et lisait. Souvent il me tenait par le bras et, aux endroits
qu'il jugeait beaux, je sentais l'étreinte se resserrer. Il ne
voulait jamais s'arrêter. Une fois, il me lut en entier la
Conversation du Maréchal d' Hocquincourt, figurant tour à
tour avec des intonations particulihes et des mines ccmiques le père jésuite, le janséniste et le Maréchal.
Bientôt nous passâmes ensemble tous nos jours de congé.
.C'était lui qui décidait comment ils seraient employés. Je
ne faisais jamais d'objections. Je sacrifiais mes désirs aux
siens sans regret. Mon r6le n'était-il pas de me consacrer
entièretnent à son bonheur et de raeheter par cet acte les
actes des méchants ? Lorsque le consentement me coûtait,
je répétais en moi-même : « C'est ma mission &gt;&gt;. Et cette
pensée m'aurait fait accepter n'importe quel déplaisir.
Cependant, tout enle suivant, je m'efforçais de le guider
sans qu'il y parût. Car j'estimais que ma u.1ission était aussi
de le débarrasser de certains caractères préjudiciables, de le
réformer peu à peu. Je ne savais trop jusqu'où s'étendait ce
plan, je ne faisais aucun calcul ; toutefois il m'arrivait
souvent de passer· exprès avec lui ·devant le petit temple
protestant de Passy. Je. ne disais pas·un mot, je ne désignais
même pas l'édifice; mais j'avais l'arrière-pensée qu'un jour
peut-~treje [y ferais pénétrer avec moi ...
J'avais parlé de lui à mes parents. Ils désirèren,t le connaître et je l'invitai à déjeuner chez nous. Ma tnère qui
était sensible et avait horreur de la· violence s'était beaucoup apitoyée, d'après mes récits, s.ur la situation faite...à
I3

�J

94

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Silbcrmann au lycée. Les sentiments de ma mère à l'égard
des Juifs étaient difficiles à définir. Elevée dans un pays
où catholiques et protestants se dressent ~ncore les uns
contre les autres avec passion, elle ressenta.1t pour _la c~use
des Juifs la sympathie qui unit généralement les rru~ontés.
En outre, elle se gardait de dédaigner pour J~ c~ère de
mon père l'appui du monde juif, et elle comptalt là de nombreuses relations. Mais précisément, j'avais toujours remar.,qué chez elle, lorsqu'elle se trouvait en présence. d'une
personne de ce milieu, une façon - ob ! presque imperceptible - de se mettre sur son quant-à-soi. ~t ~n a~e
observation que j'avais faite par hasard m avait mieux
éclairé encore.
Il y avait d.ans un certain quartier de Nîmes - ?ù nous
nous rendions souvent d'Aiguesbelles - une_ m31son q~e
l'on appelait « la maison du J1;1-if D. Elle était ~onstru1:e
selon une .orientation particulière qui la mettait en évtdence. Lorsque nous pa55ions deYant, ma mère ne manquait pas de me rapporter l'bis~ire et ,les co~~m~ de la
famille qui l'avait habitée autrefo1s. 11 n y ~va~ Jamais _dans
son récit la moindre marque de mépns nt la momdre
intention sarcastique. Mais je sentais &lt;:hez elle h même
impression de m stère et le mêrnl! mo~vement de défiance
que lorsque, évitant un peu plus 1010, a~ portes de la
v·lle un emplacement tout gâté par des orru res et des tas
de c;ndres, elle n1e disait : &lt;&lt; C'est l'endroit où campent
les bohémiens. »
.
.
.
Aussi, n'avai -je mis aucune Mte à mtrodurre . S1lb~rmann chez moi, ne sachant trop quelle figure on lui ferait.
On va voir que je n'avais pas eu tort. .
.
Lorsqu'il arriva, je me trouvais seul dansJe salon. Il examina tout de très près. Apercevant un fivre posé snr la
table à ouvrage de ma mère, il le retourna e~ ~ r~rd: le
titre. Cétait, il m'en som·ient, le Journal mtune A~ei.
Silbermano eut un petit sourire que je ne m'exphquai pas
mais qui me déplut. Il aborda mes parents avec un raffine-

?

SILBEIU1ANN

1 95

ment de respect, mais sitôt que la conversation s'engagea,
j'eus un sentiment de malaise. A peine questionné, en effet,
il se mit à discourir avec une Yolubilité qui, 1'en étais
assuré, était, au jugement de mon père, égal au pire too. Il
continua pendant le déjeuner, racontant toutes les histoires
qui pouvaient le mettre en valeur. Il parla de ses lectures,
de ses voyages, d ses projets ... Je ,·oyais ma mère l'envisager avec crainte, comme si elle etît soupçonné à cette rare
activité intellecruelle un principe diabolique.
Mon père ne faisait entendre que des monosyllabes.
Et le plus singulier était qu'à mes propres oreilles cette
verve, qui d'ordinaire me ravissait, smmait déplaisamment.
Silbennaon, par le désir de briller, recherchait des récits
extraordinaires et des opinions paradoxales. Et rien n'était
plus choquant que l'effet de ses paroles dans une atmosphère où je n'avais jamais entendu développer que âes avis
mesurés et le préjugé commun. Je souflrais véritablement
en l'écoutant; mes doigts étaient crispés. J'aurais voulu lui
faire signe de se taire. ?\.lais il ne se doutait aucunement de
l'impression produite. Mon père et ma mère lui donnaient
à tour de rôle un :;ourire forcé. Et il s'adressait successivement à l'auditeur gracieux. ·
Ce fut a,ec soulagement que je vis le repas prendre fin.
Mon père se retira dans son cabinet de travail où, quelques
moments aprè5, ilbermann alla le saluer. li considéra la
bibliothèque, pleine de li..-res de loi et de répenoires juridiques, et dit :
- En somme, l'idée de justice ne serait-elle pas née,
comme l'a écrit La Rochefoucauld, de la vive appréhension
qu'on ne nous ôte ce qui nous appartient ?
Mon père fit avec une wnrtoisie glacée un geste d'incertitude.
Le soir, nia m re me dit:
•
- « Ton ami parait très intelligent », du même ton que
l'on dit d'un escroc : « il est très ingénieux ».
Cet insuccès ue diminua pas Silbermann dans mon

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

esprit. J'y vis plut6t la preuve d'une certaine insuffisance
de la part de ma famille. L'espace où je vivais me parut
borné, étroit, incapable de faire pface à l'intelligence. De
petits usages auxquels j'avais toujours été soumis m'apparurent ridicules.Je m'aperçus que bien des objets de notre
intérieur, que je n'avais jamais jugés tant ils m'étaient familiers, étaient très laids. Je pris moins de plaisir à rester
dans notre maison~ et, soit par honte de ces choses, soit de ·
peur qu'il ne remarquât les mauvaises dispositions de mes
parents, je m'ar:rangeai pour que Silbermann y vînt le
moins possible.
Mais nos rapports n'en souffrirent pas. Il semblait d'ailleurs que ma compagnie lui fût devenue indispensable. Il
m'emmenait avec lui partout. Le dimanche, nous allions
généralement au théâtre ; sitôt le rideau du dernier acte
tombé, il prononçait sur la pièce et sur les auteurs un arrêt
péremptoire, éloge ou condamnation, qui fixait mon esprit
lentement ému. Le jeudi, nous nous rendions chez quelquelibraire ; il discutait éditions, reliures ; il marchàndait,
achetait, faisait un échange. Il avait toujours la poche
pleine d'argent, et sa générosité à mon égard, quand nous.
sortions ensemble, me faisait souvent rougir. A la fin de lajournée, après avoir inscrit mes comptes - habitude imposée par mon père - je m'amusais à calculer ce qu'il avait
dépensé et me trouvais en présence de ·grosses sommes.
Nos entretiens n'étaient pas seulement sur l'art ou la littérature. Il suivait avec un intérêt non moins vif les événements politiques, le mouvement social, et aimait à discourir
sur. ces sujets.
Il m'entraîna un jour dans un quartier excentrique où
avait lieu une manifestation populaire. Il avait décoré sa
boutonnière d'une fleurette rouge et s'adressait fraternellement à ses voisins. Je le suivais dans la foule, très effrayé,
et au bout d'un moment je le conjurai de rebrousser chemin. En revenant, nous passâmes par un point, situé au
sommet de Montmartre, d'où l'on découvre Paris. Nous

SILBERMANN

197

nous arrêtâmes. La vue de la ville à ses pieds
h S'lb
. .
.
provoqua
c ez 1 .erman~ une ex,c1tat10n smgulière. Lançant vigoureusement la voix dans 1espace, il développa ses théories et
~~ fit u_n ta~leau de la société future. 11 affirma sa croyance
a 1amél10rat1on du sort humain et au bonheur universel
-;--- Ces temps viendront, clama-t-il. Cela est aussi sû;
qu 11 est sûr que le soleil se lèvera demain.
Eni~ré par_cett~ promesse, je suivais avec enthousiasme
son do1~t qm, _pomté vers la ville, indiquait d'un signe
destructif ce qm devrait disparaître et traçait le plan de la
communauté nouvelle.
- As~urer 1~ ~aradis matériel de l'humanité, qui aura
cette gloire ? d1t-1l rêveusement.
Et ses yeux s'illuminèrent, comme s'il avait eu l'éclair
qu'il pourrait être ce Messie.
Ainsi passa l'hiver.
Au lycée, Silbermann remportait les mêmes succès dans
ses études, bien qu'il fût souvent blâmé pour son manque de
méthode. Notre professeur de français lui reprochait en
outre l'abus qu'il faisait de ses lectures et l'habileté avec
la~ue_lle il s'appropriait les idées et le style des autres. Et il
la1ssa1t v~ir que le procédé, venant de Silbermano, ne le
surprenait pas.
Le pr~ntemps fut le signal de la reprise des hostilités
contre Srlberrnann. Les jeux en plein air recommencèrent
et chacun s'y livra avec une ardeur nouvelle. Dans la
c~ur, on formait des rondes qui brusquement entouraient
~1lberr_nann :t le tenaient prisonnier. Par des grimaces on
smgea1t sa ~a1deur, laqu~_lle devenait de plus en plus frappante, car, a mesure qu il se développait, il perdait cet air
d'enfant précoce qui lui avait conféré une manière de
grâce. Insulté, bousculé, ayant sans cesse un nouvd assaillant d_an~ le, dos, il tenait tête avec rage, répondant à l'un
et puis a l autre; enfin, excédé, il tentait de rompre le
cercle et roulait à terre.
Cette anrtée-là, il y eut des élections. Elles furent prépa•

.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rées avec violence. Dan~ tout le quartier fes murs se
recouvrirent d'affiches donct les vives_ .couleurs attirèrent
nos _regards. Nous nous arrêtions pour les Jire et arrivions
au lycée tout ext:ités par l_a qisptHe des partis. La ligue des
Frqnça:is de France.prena'it une ·pàrt irn,p0i;tante à la. lutte,
Par des -proGlamations, des réunions,,, des conférences,-elle
multipliait ses attaq:ues contre les Juifs. Philippe Robin,
pourvu par son_onde, distribuait à qui voul_ait des ~~nsignes
et des libelles antisémites. Cette fureu11 trouva en Silbet mapn une victime. Sur les murs, à côté des affic;hes, on
inscrivit son nom et on crayonna sa caricature. Enfin, -au
lycée, Montélar organ isa contr,e lui une véritable bande.
C'était une figure singulière que Montd.tr. La plupart
di:: ses.condisciples de S•-Xavier, avec l~W[? tuembres .grêles,
leurs mains pâles et quelque signe distinct.if r~prnduisant
sur leur visage comme une pièce d'armoi:ries - un nez
osseux et plat, un front resserl'é, un épi&lt;lerme féminin semblaient apfnlnenir-à une espèce caduque. Lui, tranchait
par sa constitution normale et sa mine de chef.
D'un chef, il avait également l'âme. Il choisit en dasse
'trois ou quatre garçons, .parmi ks plus b::utaux,, · tes plus
épais, les plus servile.s, et-Jes excita- contre ·Silbermann.
Dans la cotir, il allait, à leur tête, Yers celui-.ci et se tenant
à quelques pas, car il feignaît de ne pou voir: s'approcher
d'un être aus~i abiect, il se met.tait à l'insulter :
- Juif, dis-n0us , quand ru retourneras à ton ghetto,,
nous ne voulons pl1,1s de toi ici.... Juif,, pourquoi as-tu l es
oreilles_ d'un bouc ?
- .Sil berman.n, toUJi e.P . marquant des o;i9m:e1mots_ de,
t:rain.te pa,rei1s à. ceµ~ 4'uve bête faible qp-i -se sent Jraq_uée,
répliquait bravemeu.t à chaque- mot. Puis,.,pur un sjgne de
Montclar, on se iu-~i.pit:ih sur hü. IL6tait jeté à terr~ et
roué de cour.,, Si.je ,tentais d'al1e1; ·à son secQurs, , j'étai,s
arrêté et m.a'intéo.u . ,De loin j'as,s~stais à la, wtaille. J'e1)tendais Montclar applaudir un de . ses mercenaires et je
voy.é\ls . celui-ci_rewn:nàît;re p&lt;!;r, ,un .re~foqblen:i.eni çl;~ bru-

S1LBERMANN

199

talité cette faveur de _son chef. J'apercevais Robin parmi
les assaillants. Il ne frappait pas bien rudement et, avec sa
chevelure blonde en désot.dre, il semblait u11 page- à ses
premières armes. Souvent, nos regards se rencontraient,
mais le sien se dé1i0urnait aussitôt comme pour esquiver
la supplication du mien. Et c'était pour moi chose affreuse,
de voir la grâce de ce visage naguère aimé durcir dans une
expression insensible.
Quelquefois Haase ou Crémieux se trouvaient par
has;ird auprès de la bagarre-. Ifs ·se gardaient d'intervenir,
et même il n'était pas rare que Haase eût un mot de flatterie pour les agresseurs. Cependant on surpre11-.iit dans,
leurs yeux u;re lueur de sympathie secrète ou de vague
inquiétude - on ne-savatt bie_n:....... quiJaisait·.songer aux.
obscurs sentiments .qui agitent les chiens lorsqiùli. voient
battre un de leurs semblables.
, Silbermann s.e relevait, les- vêtements souillés de poussière et déchirés. Je m'empi;essais vers lui et rassemblàis ses
cahiers et sesli.vres épars. Tandis qu'il était mait1tenu, on,.
avait collé sur sa figure ces étiquettes que la propagande
antisémite apposait à profusion sur les. murs. Son front et
ses joues étaient tatoués de petites rectangles multicolores
où on lisait: A bas les.,Juifs l Je l'aidais à les .enlever .et
essuyais son visage. Ses yeui étincelaient. Sa bouche écumait. D'un coup de main j'afrangeais ses cheveux qu'on
av.1it tiraillés; Autour d.e nous. on ricanait. Je n'y faisais
pas attention. J'avais conscience d,accom.plu· ma m.Îs$ion
et cette glo1re m'é:levait bien au-dessus d~ sentences
humaines.
., _
Mais, à ce moment, Silbermann:,, qui n"était-jamais abattu,
ne~pouvait se retenir de ripos_ter. Enéore tout ·frémissant
de la défaite, il repartait à disputer, narguant par des gestes
moqqeurs ceux qui nous entouraient, C'était du co1,1rage
si l'on veut; c'était surtout ·l'espoir de vîÜncre) souffié par
un âprt orgueil;, c'~tqÎt l'ambition, ph1s tenace qu'aucun
sentiment, de prouver :sa supériorité. Alors la bataille' se

�200

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rallumait. De nouveau on s'élançait vers lui. Et je le
voyais, à terre, se débattre encore, comme le tronçon d'un
ver remue sous le talon.
Je lui démontrai doucement ensuite, par un petit sermon, combien sa tactique était maladroite. Et il me
répondait d'une voix rauque, avec une flamme dans le
regard :
- Que veux-tu ! nous autres, plus on nous opprime, _
plus nous nous redressons.
C'était vrai. Je remarquais maintenant combien il était
préoccupé de se venger. Toute occasion lui était hoDne
pour s'en prendre au parti adverse. Sa supériorité d'esprit
le servait. Une fois elle faillit lui coûter cher.
Notre professeur de français nous avait donné liberté
-d'apprendre comme leçon telle pièce de vers qu'il nous
plairait. J'avais appris des stances d'André Chénier que je
-venais de lire grâce à Silbermann et dont l'inspiration
m'avait laissé tout brûlant. Je demandai à Sîlbermann
quel était son choix, mais il me le tint secret.
- Ils vont voir. .. dit-il avec l'expression de quelqu'un
qui prépare un bon tour.
La récitation commença. Les mauvais élèves, peu scrupuleux, s'étaient contentés de repasser quelque texte déjà
connu d'e4x à l'insu du professeur et riaient d'un effort
qui leur avait coûté si peu. ~es timides avaient été déconcertés par cette première liberté ; certains, en se levant,
rougissaient de livrer leur préférence. On attendait avec
curiosité Silbermann dont on savait les connaissances
étendues et le goût original. Le professeur le nomma puis
Jui demanda ce qu'il avait appris.
- Des vers de Victor Hugo, Monsieur ... Un passage
-extrait de Dieu.
Il se leva et, enveloppant la classe d'un regard plein
.d'arrogance, il se mit à réciter :
Dieu I J'ai dit Dieu. Pourquoi? Qui le voit? Qui le prouve?
C'est le vivant qu'on cherche et le cercueil qu'on trouve.

SILBERMANN

20!

Qui donc peut adorer? Qui donc peut affirmer?
Dès qu'on croit ouvrir l'être, on le sent se fermer.
Dieu! cri sans but peut-être, et nom vide et terrible !
Souhait que fait l'esprit devant ]'inaccessible !
lnYocation vaine, aventurée au fond
Du précipice aveugle où nos songes s'en vont !
Moi qui te porte, ô monde, et sur lequel tu vogues!
Nom mis en question dans les sourds dialogues
Du spectre avec le rêve, ô nuit, et des douleurs
Avec l'homme ...
Dès le début, l'apostrophe étonnante avait fixé l'jlttention
générale sur Silbermann. Puis à mesure que s'élevait la
voix claire et puissante qui donnait à chaque mot sa force,
à chaque pensée sa gravité, tous, en classe, s'étaient
entre-regardés avec une sorte de trouble. Devant cette
vision apocalyptique, devant cet éclair illuminant un chaos
chacun avait songé à ses rêves, à ses doutes, à ses angoisses:
et avait désiré être rassuré par le visage de son voisin.
Mais bientôt, comme s'ils s'étaient sentis de force à se
mesurer contre cet audacieux exterminateur, dressé parmi
eux, ils firent entendre un grondement d'indignation. La
voix de Silbermann domina ce bruit. A peine interrompu,
il lança avec un son retentissant :
Dieu l conception folle ou sublime mystère!
Un tapage furieux éclata sur tous les bancs. Le professeur intervint, fit asseoir Silbermann et, une fois le silence
rétabli, lui dit avec une sèche ironie :
- Vous avez sans doute voulu prouver à vos camarades à quel point vous manquiez de tact, Monsieur Silbermann !
Mais qu'importait à Silbermann 1
Je le regardai et je vis, malgré son calme apparent, combien il triomphait intérieurement. Il lançait des coups
d'œil vers les Saint-Xavier, et l'orgueil dilatait ses narines.
La classe s'était ressaisie. Montclar fit passer furtivement

�202

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un billet qui décidait des représailles contre Silbermann.
Celui-ci se douta de la chose et, dès le roulement de
tambour, i1 courut vers _la porte ét s'enfuit à travers la
cour.
Mais d'autres avaient été plus prompts et l'attendaient.
En pleine course il fut atteint d'un ~roc-en-jambe et culbuta net. Je le -vis à terre, agitant les membres en tous
sens. Ses traits étaient défigurés par l'angoisse; sa bouche,.
grand ouverte, ne laissait échapper auëun cri ; le choç extrêmement vi~lent lui avait coupé la respiration. J'accourus ·
et le relevai. Je temmenai à l'infümetle. Eile se trouvait à
tautre bout du lycée. Il me laissait faire et ne parfait pas.
Nous y aHâmes lentement. Je le soutenais'." A un m0ment,
il se mit à haleter et s,.arrêta. Son teint, brun d'ordinaire,
était affreusement livide. Son regard étaft vague. Ses lèvres
frémissaient ou murmuraient je ne sais quelle prière. Une
goutte de sang coula d'une petite déchirure.faite à son front.
A ce spectacle, une pèn~ée · me traversa : &lt;( S'il allait
mourir !. .. ii . Mon imagination prompte ¼ assem0Ier des
scènes tragiques conçut tout le drame et mtme ce qui s'en
ensuivrait. Déjà je me voyais allant le lendemain au devant
des Saint-Xavier, ses bourreaux, et leur disant - de quel
ton accablant :
- Eh! bien, soyez contents, vou~ ~av_e2:, t1;1é. .•
A ce moment; d'un mot qui me rass:.irait, Silbermann
so-uffla sur ces songes. Nous reprîmes notre marche. Un
peu plus loin ·il désira s'arrêter enwre. Nous étionsi devant
la chapelle du lycée. Là se trouvait un carré avec des bosquets de lilas et quelques bancs-. Silbermann s'assit. Il était
appuyé contre le mur de la chapelle, au-dessous.- de vitraux
qui représentaient un groupe d'anges. Ses deux marns
soutenaient, aux tempes, 'Sa tête qui s'inclinart, et son
ombre répétant ue geste dessinait sur le sol une ûlhouette
mince et biscornue.
·
. -L'émotion avait si bien bouleversé ma raison qu'ei-i Je
voyant à cette pla.:ê, je me mis à ·rêver une étrange bis0

• -

•

SlLBERMANN

203

wire mystique. De nouveau j'imaginai qu'il allait mourir.
Et i~ pens;û que c'.était sans nul doute Dieu qui le frapperait afin de le pumr de ses blasphèmes.
- Il va mourir ici, diS--je en moi-même, au seuil -:-de
Eètte chapelle.
Et, avec une inquiétude infinie, je me demandais si
l'élection par b puissance divine de cette église catholique
comme lieu de châtiment ne serait pas un sione qui dût
0
me faire abjurer...
·
La sœur qui nous reçut à l'infirmerie dans une sorte de
cuisine ornée d'objets. de piété, était une ·petite vieFlle dont
la figure toute ridée tremblotait. Silbermann me parut
gêné pour s'adresser à elle. A.ussi, je pris la pa:rote et lui
racontai 1a chute brutale en ·pleine cour.
- Miséricorde! dit-elle en joignant les mains. Qu'il se
repose un moment. M. le Docteur doit passer bientôt.
En attendant je vais lui donner une tisane bien sucrée.
Silbermann ne ressentait plus rienj de la commotion.
Ses pnpiHes av.aient repris Jeu:F vie , et leur mobilité. Je
croyais les voir sauter sur la cornette blanche de la sœur
et sur les statuettes, religieuses comme de noirs petits
démons.
La sœur -pissa dans une autre pièce. Au bout d'un instant que• nous étions seuls, Silbermatrn se leva et me
fotça à en faire autant.
.
- Je me sens: tout à fait bien, ce n'est pas la, peine de
rester. Allons-nous en.
Je fus d'avis d~attendre le retour de la s-œur. _
I l s'y refüsa
et m'entraîna dehors.
'
Nous refîmes le chemin en sens inverse. li parlait a-.ec
abondance. Il avait retrouvé toute sa fierté et me~demanda
avec ull air de triomphe si j'avais remarqué la longne
figure toute scandalisée de La Béchellière pehdant qu'il rédJ
tait: Puis i1.se "mit à1 rite en pen?anv, à la sœur qui devait
nous chercher ·partout. Il se retourna vers l'infirmerie et
ridant ses traits, il parodia d'uni:v.oix- clievtotanie : J

�204

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Je vais lui donner une tisane bien sucrée ...
Cette singerie me déplut. La parole évangélique me
revint en mémoire : « Race incrédule et perverse ... »
- Tais-toi donc, lui dis-je avec impatience.
C'était la première fois que je le traitais avec brusquerie.
Il leva vers moi des yeux surpris. Et tout aussitôt, changeant de ton et d'expression, il porta la main à sa poitrine
et dit :
- Je crois que je vais encore avoir un étouffement.

1

La scène · violente de la cour avait été vue d'un répétiteur. En raison des conséquences dangereuses qu'elle avait
failli avoir, l'agresseur fut gravement puni, et l'affaire fit
assez de bruit pour qu'on n'osât plus persécuter ouvertement Silbermann. Mais ses ennemis ne désarmèrent pas
et changèrent seulement de tactique. Nous fûmes tous
deux mis en quarantaine. Personne, ni en récréation ni en
classe, ne nous adressa plus la parole. Les groupes s'écartaient sur notre passage ; les bouches se fermaient. Maintenant, tandis que je me promenais dans la cour avec lui,
je tâchais, n'ayant plus à le défendre, à le perfectionner,
ce qui était aussi ma mission . J'aurais voulu qu'il perdît
ce besoin continuel de s'agiter, de parler, de se mettre en
ividence. Je lui recommandais d'une façon détournée le
recueillement intérieur et la discrétion, ces principes qu'on
m'avait prêchés avec tant de fruit dans ma famille.
- Est-ce que tu ne goûtes pas un plaisir particulier,
lui disais-je, lorsque tu gardes secret quelque sentiment,
lorsque tu caches soigneusement aux autres toutes tes pensées et tous tes désirs ?
Mais le plus souvent il accueillait mes conseils avec un
air narquois, comme s'il eût eu une arrière-pensée railleuse
sur cette morale.
Je m'aperçus bientôt que Silbermann était très sensible
au délaissement où l'on nous avait réduits tous les deux.
L'absence de discussion était pour son esprit un désœuvre-

SILBERMANN

ment insupportable. Il portait vers ceux qui l'attaquaient
naguère des regards presque mélancoliques, comme s'il eût
regretté les âpres querelles soutenues contre eux. De mon
côt~, je me plaisais moins à cet état tranquille qui n'exigeait plus de moi aucun service dangereux. Puis, dans le
désert créé autour de nous, les petits ridicules de Silbermann grossissaient ; je veux dire que je les remarquais
davantage. Souvent lorsque j'étais à côté de lui, son physique, sa gesticulation, sa voix, me choquaient tellement
que je me comparais à Robinson isolé auprès de Vendredi ...
Nos tête-à-tête languirent . Mais, à dire le vrai, ce fut un
peu de mon fait. Chaque année, à l'approche des vacances,
par une habileté mesquine que je ne m'avouais pas, je me
détachais des amis que je m'étais faits au lycée. Je ne voulais point souffrir trop cruellement d'être séparé d'eux pendant les mois à venir. Et vers la mi-juin, en prévision de
la morte saison, je réglais avec prudence l'économie de mon
cœur et le fermais aux sentiments trop vifs.

(A suivre)

JACQUES DE LACRETELLE

�.RÉFLEXIONS SUR LA LITTIUU.TU;RE

REFLÈXI .O N-s· SUR
LA LITîtRATU.RE
LES JARDINS SUR L'ORIENT
Ce n'est évidemment ·pas cf.aujourd'hui que :Se pDse le problème littéraire_et moral des infl·liences r-éciproques.-de l'-Ori-ent
et de l'Occident. Si la question (politique). d'Orient remonte .à
Darius, la question des rapports spirituels_ -est plus ancienne
encore, puisqu'elle remonte au lllOi~ à Homèr-e. Le premier
poète oçcidental, I.e père de l'art oicidéntal, _viv:ait _en cont~ct
étroit avec les Pné.oici_ens, 1out les périples lui .sen1irent à"broder les merveilleuses _a ventures d•Ulysse. Le couple OrientOccident est, comme ceux du masculin et du féminin, du Nord
et du Midi, des blancs et des jaunes, inscrit dans l'élan même,
~t fa tlïaii' et la carte de' fa. planète. Il n'a pas fini de do'rmer des
fruits d'amour et de haine, de mariage et de -divorce, - de
fournir à de grandes individualités des façons de porter leur
flamme, des registres d'art et des thèmes de vie.
Schopenhauer estimait que la révélation de l'Inde à l'Europe
jouerait au xrxe siècle un rôle non moins important qu'au
xv• siècle la révélation de l'antiquité classique. Ces espoirs ( q~e
d'aucuns tourneront en craintes) n'ont pas encore été réalisés.
Quand tout cela sera devenu passé, sujet de thèse, matière de
bibliothèque, on attachera sans doute une grande importance à.
ces deux épisodes de l'après-guerte : le voyage de propagande
de Rabindranath Tagore en Occident, ks écrits et la prédication du comte Kayserling.
Mais que les influences orientales CQrrespondent à un prin·
cipe de régénération ou il un principe de dissolu tion, ou, plus
vraisemblablement, à une complexe alternance de l'un et de
l'autre, il semble que la France demeure et doive demeurer un
des pays les moins atteints par elles. L'esprit mystique de la

207

Russie, l'esprit musical -de l'Allemagne, l'esprit religieu~ de
rA~gleterre, ont aujourd'hui a~ec l'Orient des rapports plu-s
faciles que l'esprit clair et précis, orateire et raisonneur, délicat
et sce~tique qui tisse les ma:ille-s souples, fines et sèches du génie
français.. Laper.sonne et la parole de Tagore n'ont guè.re eu en
France ;qu'tun succès de curiosité., Pierre Hamp; en un utide
-singnüèremetrt -y.jgouremc, a :ramassé .tous les arguments et les
sentïments ,qui emp.êchent un O.ccidentai:sain et normal de céder
à ce doux mi.rage ; mais sans doute, .au temps de M-arc-A.urèle,
des' philosopb.e.s,écrivirent-ils contre.les cnrétiem de petits-trai.tés aussi pertinents, et l'empereur Juiien parle parfois a.vec le
même bo~1 &lt;Sens.. Si les- traductions angla-ises des .poèmes de
Tagoie ont eu ,la chance -d e trouver en Gîde ·e't en d'autres-d'admirables traducteurs français, ;c.e ux de ses ouvrages :dont l'action
enEu.rope .es,t la·plus forte ne nous ont ·guère· touché·s. Le livre
Natio,1alùm U:a même.:pas été .tra:duit. Et le rotn,a,n la}Jaison ie.t
le Monde n'a. eu dalli. sa version française auoun su:c·oès. C'est
pourtant, à mon a,.1is, un pur chef--d'œuvre 1--non seulement de
:sentiment, mais de technique, écrit à la fois pat un
homme d'une sensibilité et d~une tendresse infinies, et par
un arti..ste singulièrement fotelligent, q_ui -a .su, quoi -qu'il en
.dise, se mettre à 1'.éGole .des TOl.illlRCieœ ..arigla:is: Alors que le:s
:traducteurs n'ont pas .h.ési!é à. nous opprimer sous d'effroyables
·pa,vés cmnm.e la .Ge,1èse tkt XIX• .siàle de.H. S. Chamb.er1ain, le
Jourt1al. de voyage d'un. philvsopb.e,' qui .est uu,nes cfud"s-d'œuvre
allemands du~x•.siè:cle, n 1a .pas 'encor.e p.assf eu fcinçais. (Mais
q.u and on'Pense que 1echauvinisme a bien 'irr.êté ia traductiori

des œuvres d,e ·Ntetzsche !j

, "r •

L'orientalisme"a.e projétte pas chez ..lllO'US' Jes luge.s courants
qu ~ sembl&lt;;nt..conoaître les p·ays geonatmJ.ues: Il n'.atteint p:as
.au~ poofund-enrs de ·notre vie religiefrse et morale, Nous
oo•rions foi faire un.accueil d1àütantmeilleui ,que nous ne nous
sentons nullement rtrerracés d'mœ env.a.bis pàdui.- Et de fait, si
nonsJ'introduisons peu dans·.mo.s: ·maisoos è,t 'Ba,ns no-s âmes,
.nous avons cfu·moilis•d.es jardins sur l'Orient, d:es jardins en
OTient. Notre, po.ésie 1 au XIX" siècle n.'a été. tuu:chée ni moins
ni pius que: celle .de. i' âog-Iete..r.re et de, l'Allemagne par Je goût
d.e -l'Orient fit des.imituti.ons orientales. 11 y r a, eu·. pei:nture et
surtout en tittératu.re,. . un o.rientafüme :frlln.Çais, "dont. fe.s-

�208

LA. NOUVELL't REVUE FRANÇAISE

sayais l'an dernier d'esquisser la physionomie en des articles de la Revue de Paris sur Fromentin. Nombreux sont
les Français ( ainsi que les Anglais et les Allemands), qui
demeurent toute leur vie, comme Loti, ensorcelés par des
images et des rêves d'Orient. Mais eux-mêmes nous donnent ce
rêve oriental comme un repos, une euthanasie, une manière
de glisser vers la mort avec quelque douceur et quelque inconscience. lis ue trouvent pas dans l'Orient une raison de vivre,
mais une manière de mourir.
De ces jardins sur J'Orjent il n'en est peut-être aucun qui ait
plus de raisons et de mani res de nous charmer que la Perse.
Elle ne nous dépayse pas trop. Sa littérature ne nous submerge
pas comme celle de l'Inde, et ses grands poètes, à travers Je
voile de la traduction, nous donnent une idée de perfection et
de conscience, un sentiment d'art heureux, parfait et mesuré,
comme les meilleurs d'Occident. Hafiz et Saadi nous évoquent
un La Fontaine ou un Horace religieux. Les Quatrains d'Omu
Khayyam sont devenus au XJx• siècle un des livres poétiques
les plus populaires de l'Occident. La traduction de Fitz-Gérald
l'a acclimaté chez les Anglais comme la traduction de Florio y
avait acclimaté Montaigne. Des traductions moins artistiques,
mais de plus en plus fidèles, nous ont permis de le goûter de plus
en plus purement ... M. Charles Grolleau en adonné récemment
une, élégante et sobre, réduite aux cent cinquante-huit quatrains qui paraissent seuls authentiques. Il n'y a peut-être pas
d'œuvre poétique qui condense a,•ecune vibration à la fois plus
intense et plus aisée l'essence et l'âme lumineuse d'une vie. Une
belle journée humaine est un coquillage de soleil, de nacre et
de sel, - d'intelligence, de plaisir et de larmes. Elle sent que la
destinée du coquillage est de donner une goutte de pourpre, et
elle la donne. Si Moréas avait mené une vie plus solitaire et
moins gaspillée, si toutes ses Stances avaient la perfection des
vingt plus belles, les Stauces équilibreraient les Quatrains dans
notre paysage littéraire. Cette forme ramassée et brève a
été pour le Grec d'Athènes et le Persan de Nisha un moyen
terme par(ait, un crépuscule léger entre la parole et le silence.
M. Grolleau a eu l'excellente idée de joindre à sa traduction
quelques jugements français sur Khayyâm, et ils sont bien
curieux:. Ils datent de la première traduction française, celle de

RÉFLEXIONS SUR LA LlTTERA TURE

.209

Nicolas. Théophile Gautier, qui en 1867 souhaitait depuis longtemps d'être Persan, ou tout au moins Turc, écrit des pages, un
peu pataudes, d'enthousiasme, qui restent savoureuses et franches, le vrai article d'introduction que pouvait souhaiter ce bon
et .fin vivant de Khayyâm. Mais on voit, cette même année
et à cett~ même_ o_ccasion, Renan, dans son rapport annuel,
à la Société As1at1que, sur les études orientales, parler du
grand poète persan sur un ton de pharisaïsme G'aUais dire
de ca_fardise) qui surprend d'abord, et que l'on comprend bien
ensuite.
Mathématicien, poète, mystique en apparence,
1ébauché en réalité, hypocrite consommé, mêlant le blasphème
a l'hymne mystique, le rire à l'incrédulité ... Qu'un pareil livre
pu_isse circuler dans un pays musulman, c'est là un sujet de surP:1se; car, sûrement, aucune littérature européenne ne peut
citer un ouvrage où, non seulement la religion positive, mais
toute croyance morale soit niée avec une ironie si fine et si
amère. Le manteau hypocrite des explications mystiques couvre
tou~es ces hardiesses. » C'est exactement en ces termes que ses
-a~c1ens ca~arades de Saint-Sulpice durent parler de la Vie de
Jesus et de _l Abbesse 1e Jouarre. Le comjque est que Renan pendant les qu10ze dernières années de sa vie allait colporter la philosophie de Khayyâm dans les salons et les banquets. Et un
.autre_ comique_ naît q_uand on voit Renan parler d'explications
mystiques, qui ont bien pu exister pour les commentateurs de
Khayyâm, mais qui paraissent aussi absentes de son œuvre
qu'elles le sont du Cantique des Cantiques, traduit et échenillé
de ces mêmes commentaires, par le même Renan. Concluons
s'.mplement que Renan avait gardé de son éducation sulpicienne une tendance au conformisme des mots sous l'autonomie
de la pensée.
C[

•

* *
Des jardins sur l'Orient sont naturels à un Français cultivé et
bien né. Depuis Chateaubriand le voyage d'Orient joue à peu
près dans la vie d'un écrivain français, ou simplement d'un
honnête homme, le rôle que remplissait au X\ m• siècle Je
voyage d'Italie. L'Orient a été pour une bonne part dans les
fonds, la substance, la richesse du génie lamartinien. Ce que
Victor Hugo a tiré de son bref passage en Espagne et sur le
14

�LA. N,0:UVElLU REmlE'.. FAANÇAil'SE

Rhin~Ae so_n-lmig voi~azge . avœ la:.,mex_,1 t116üs fuit imaginer
.h'afllux;_ fo~r:me que·Jé\ 'ittyage.A'0nrentç,. a~q:u:e-1!. tl. n~ parait
jama.î.::._a,v_oirr pen~. :ror.aiet apporté. à san. g-énie. J'ai ~yé: oe
ntonttet:,. d~ns. ~11 Qn Fta:u lieitf. ,Ç0,mnteall et pQutqiue i la vie .litté:nir.e &lt;le Iïlau~,se di'i~aitsi;,u.ettem_e.m: err, deu.: : 3'vant·ett.aprè_s
lhvoyagei&lt;:!'0,1:ienti.iB~ entmuJtow k sertiUJtPlJfflus f:t..slllivb.
Appr:eJMtmt qu'uu: ÇCli\ai!1l'_, Loti~_.E~_ult~ m.spiiùnsable ~ agues
et yaseux, :p:mmn.a., 'la'iî-1rtir1, p~W' 1'1,, S-}!1ie,..Flat1:1'ett,.,dan 1,111~
,lettre,, p◊.ui'i~e Ulil! rwgiss€inel}.!:- ~ «iril:.chtw~ é.tre défei.1du de serÛll,..c~1nme ~n Russ.i;;J· ~-. de ~a.te.ils c0~1 Qo, 'll'.&lt;1 •. encatc neus
-pp,1end;J~ 1JP~ ,fois_ ceJ ·qu~; ~Îest qili~ m.osql:lé~ et un ..bain
·tur~ • Malbeldf !... »_
- -Mali.s cg~es flal.lbett _1 ;~ &amp;igp.é axcc (à1l]jthQ~iasme-, eJ1;J1~14,
u11e autoris-ati:on de sotti~ ~ M:, Mautlç~ B~tèii.. -« Je, fefuse 1~
1Ifilll11: avall't de m'êrr:e; aoumis aux çrf.és, neint d'Orieu-.t l .~ éoi,v,alrt•M. Bar;rès,, _autrefois. Jl a.canentlu j:l!lsqi:ùtu_, prînt:_rmips d.e
13'llt p(i):ur se soumettt~ ~ Co~tanti:u:op~ et ài l)a-maS&lt;. De-s
~ogues- uombleusm; l'ont ~pê~ de doonetr e.ncO:Ee an
Fo:yage,de _Spart{ le penda$t _d\iimr -V&lt;-ryag;,td,)Driw.t.. ~.En_,1t;tendan:t
v~i 1#1JardinJIJ.r: l'.Onmte:. _
M ~ l¼,i:Eè-s PilfllÎl,~i()ir. é\é-,1\0UJ:QUf..S hil\lltf. pru;. liJl~ t:~rta.i:ne
il:flage, sédu~antt efu111 ~ livi:,esq~,._de- FOûent., E,V le c_a ,,
d~pni~ -Ii'laubert, et même aiva;LLt,,, étajt; c.t'iin rçirnaatis.me.ttO!lnul,
Ast~n.é :Ar.avfan, Arménienne, p~ti 1m. mélange; de, la. femme
è.'0~ient et de ces Jigutes de; f®l~~- r,usses., font populaires
ptnq,a~t' vingt a;n,s, dans le&amp;-mili:e.wr. li,ttiraires., Eli le Vo]Jlg! de
Spada e~t placé en p:mje s0:as l'iu'1P'~tlt)Jt c,!1,t j-,eu-ne. A.nmé:piœ
.Tigli:ane. Je ne sai&amp; }W•~\l'à. quel po-int. tta-it pro&amp;md l',orümtalisme d-e M. Bart(tS, rn ais il. semble bien q,u'il1h~ }'lOrte: avec; une
mauvaise conscience, et en éprouvant le besoin d5!'se, clifendre
cont~e lui. Dans les Déracinés,, si Sturel n'est pas content de luim!me,. ne réussitJas, et s'enlise en de déprimants éche.cs polîtiques1 -Y9W ·:pe11sezi bien &lt;.1,U~ ce- nfe§t pa5 s,i, ,faµ.~, mais,
;omm~ àans le mêti~i: miJ,i!aire, ceHei J:le-On., Et Qu ici iappelle
Aiti né, Ata,;rian et BouteHlie:1;;.._S~ur,cl; :i.:été stér..ilrsif,. s:i:nOL1 mé:,
p.ar l'Orient et par Kant. Et même p;u un.e ooguÎrère-a.11ia..m.Œe
q,u.i n'a ~videmment janiais &lt;rn·istêJJ.tUe- dan~ le .JP.Qnd.e de Jai littératurer les l~G&gt;ns- d~ cB'iautciU!,evl,l.J- les ~ilo~]:'l~; d'Iooi'e· se

IÊFLEXIONS S.UE 1.A. LlTI:Ell.ATURE

2II

sont as.1rociéeg., po.nr flatter et perdre Sture1, avec le charme

oriental d'Asti.n~
_
-&lt;Ze qu-e, ae .faço~ un peu nt:i:ficiell.e'" M. J3arrès parai; a-voi.i;
groupé sous strnJdée cfe YOrieutj œ sont d'-abo-J:'1 les éléments
fén11ninside sa rm.,~urâ(nou~ en .avons to.us en nou.s, 'et, pa.r ~dos..
mose, no.1i1s-~n p.uis:nns to1110w:s pins ou moips chez les fommes,)
et e!esf'-enmite une .sorle de-·. priir:cipe inf~ieµ1 et cruumant1 à
b sêàtictioo -duquel il s' effoice d' échà.p;pet. Le.s visages de Ja
tll'tré lui.sc:invauta.nt de j.ardins emM'.émati41Lue,s qui- sen•oot de
dêco,r -à ~uèlqùe;..â:venture moiti.é poétique, moitié idéologique.
~~ Jar~in sur h'011:mt1faép-ond au Jardin de BMnice: M.ais I:e }ardm· cf A,rgnes~Mmt,es'., se:rv~it de lie:u,à rmeâme, à un moi., jeune
eti on peu cru~ qm -se corui.twisai~ q.ü1 avait dennt lui h-page
l,ia~êlie et.frémissante de,la. vie • .Béffoi:ce, ayant joué son rôle
d~ peri~~ secouss.e,, di.s:earai:ssait danSc un sillage de tenckes-se,
la:wan~ ·à J?hif&lt;iiHFJe;,'lt'Vec mi tresru de;Jatiù.es a~urd.es-, chàudes
et' douces co,mttrelà· plme d\tn. jolJII'., d'étés, le IDOIJl.Vemènt
sui-t
la sewussl?·, nn. mou:vemeot allègre S.tll'.. les i;outes v.ivantes
d'Occident; ·ttrnt ce_ qu:'a dr:clné I'lui_nm:iè; -~uivé à, ht po:inte

qu~

él!trêrne ·d':Eurdpe... -·

Uu Jardin, su:r U.Ororcte lifétenrl, pu un jeu bien curieux de
contraste: sur la terra:sse on la plaine. onosk., Les deux jardins
çe sont deux :femmes:,, mais l'une so11'rnise et .l'a1i1M e- .reine. Bérénice, depms:.lesiremiharités de- M. Prude.nt ju~u'au mariage
a.ve1dJ1:1rles...Ma:rtin, u'.a.connu en l'homme que.le maître dont
-die. est lai di:œl!X:e et l'h.um bk servante~ et le sei:vice ( eo m me pour
hl, féli:cité d'llln Cœur Simple.) fait toute- sa poésie, toute sa
~e:mté- Qu.and sa ~i-e croise celle. d:e Phiti!}pe,,, c'est-à-dire d-!un
twè.te c-apable de respirer c.ette fleur ele sacrifice et de docilité,
.cettœ: infrnieet molledispon:nbili.té.d''émotion,.Bérénice nait ellemème .à hqmésie, elle naît au s-yœ.bole, puisqi..'èntre son.âne
et- ses canards elle personnifie la,foole-, la bonne. foule électo:3-'ie: PhiUppèa. eu.la.,chancr,:de trouver et de- p~tiser une figi.i,i:e
mclinéei cr ploya:ute de to'ut ce qu..c cueille sur lanü:he tene 1lLl
jie.uner.hom.mre pllédé.stin.é à..vivl!e.. Mais void que (équilibre hab~
tue] sur ces hauts registres) i1 reacontre- ~ so-n t0ur l'âm.e~ricine
d:orit i1 serai le , jardin, co·mme- l'_âme-~rvante· de_ Béténice
était. le. jar.d:irr de 'Philippe.
Maishriasons EhiHppe, pws-9,u'aussi bien il-n'a p'ikS préciséo;i.~lll
0

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

'iiurvécu au Jardin de Bérénice. li ne s'agit, dans Un Jardin sur
J'Oro11Je, que de Guillaume, chevalier franc qui, en la personne
d'une sultane d'Orient, a le malheur et la gloire d'aimer une
femme-reine, et même et surtout d'en ~tre aimé. Et laissons
même Guillaume, Saint-Cyrien sage et droit dont l'âme n'est
guère plus compliquée ( et M. Barrès l'a bien voulue ainsi) que
celle des capitaines de l'Atltt11tide. Mais Oriante, elle, ne nous
parait nullement l' Antinéa du cinéma. Elle occupe le centre et
presque le tout du livre. Elle vit, comme Léopold Baillord,
-&lt;l'une vie originale et poétique sous le modelé de laquelle on
sent le pouce intelligent de l'auteur. Le décor oriental, les vers
des poètes persans, n'ont aucurie importance, ne forment qu'un
placage agréable et superficiel auquel celui-ci s'est amusé. Bouquet de musulmanes sur des coussins dans le jardin de Qalaat,
bouquet de Parisiennes sur des canapés dans un hôtel du
XVIe arrondissement, cela se mêle et se transpose facilement.
M. Barrès n'a pas prétendu récrire les Désenchantées, même sous
1a forme;. des Enchantées. Et nous dirons comme Corneille à la
première représentation de Bajazet: o: Voilà des Turcs qui ressemblent singulièrement à des Français ». Mais il y a beau
"temps que nous tournons cela en éloges pour Racine. Nous
pouvons le faire aussi pour M. Barrès.
Quelle revanche de Bérénice, qu'Oriante semble d'abord conïinuer, mais pour la quitter en un si riche et courageux éclat l
&lt;&lt; Toute flexible, mobile et enthousiaste, Oriante semblait de
&lt;es esprits qui jamais ne disent tian . A tous les conseils, à tous
les ordres, à toutes les prières, avant même que les paroles en
fussent entièrement formulées, elle s'élançait pour répondre
--0ui, cent fois oui, mais sous cette faiblesse et cette docilité appaTente, quelle force intraitable ! quelle énergie de fourmi et
-d'abeille ! l'énergie d'une âme dominatrice qui n'admet pas que
·rien entrave sa vocation secrète l Les sourires, les acquiescements, Jes soumission$ et les enchantements qu'Oriante prodigue n'empêchent pas qu'elle percerait le roc, monterait dans
la lune, et livrerait à la male mort ceux qu'elle aime, plutôt que
-d'abandonner sa. ligne d'ascension. »
Ame de poésie dont le chant de rossignol sait emplir et illu•
miner la nuit, âme de domination qui, comme toutes les âmes
~e domination, sait aimer et peut aimer violemment, mais

RÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

2IJ:

sacrifie infailliblement cet amour à la domination l Si M. Barrès
a voulu se divertir à faire son Bajazet, son Oriante semble bien
le contraire de Roxane . Il serait aussi inexact de parler d'héroïnecornélienne. On peut tout au moins Je dire pour le retirer tout
de suite après, ce qui est une manière de ne pas le taire complè~ment. Je songe aux femmes de Rodogune, j'attache une grandeimportance à ce mot d'une pureté magnifique, clou de diamant
auquel pend cette draperie orientale et française : o: Guillaume
avait l'idée de tenir dans ses bras un jeune héros. »
Un jeune héros ! Le couple seul existe humainement. Mais.
sur un plan supérieur il peut être permis à l'homme de devenirun couple, les côtes qui lui demeurent tendent plus ou moinsr
comme les sœurs de Psyché, à la destinée de la première. Il
n'est sans doute pas de grand artiste qui ne projette hors de lui
quelque puissance féminine. Et la femme elle aussi (mieuir.
encore peut-être puisqu'elJe met l'homme au monde) peut
éprouver en elle le génie des deux sexes. La femme, naturellement, n'est ni poète, ni soldat, ni prêtre. Mais quand l'âme du
poète vibre en Sapho, quandl'ame du soldat descend en Jeanne
d'Arc, quand l'âme du prêtre investit Angélique Arnaud, la.
femme, sans perdre son sexe, assume dans ce qu'elle a de plus.
pur l'essence de l'autre sexe. Elle devient ce jeune héros que
M. Barrès s'est plu à peindre sous des couleurs orientales· seulement il n'y a pas de héros d'amour, pas de héros qui n: doive
sur~onter et dépasser l'amour. Orian te vit de cet éther supérieur.
Gmllaume en meurt, qui ignore la pointe de la vie héroïque.
Que ne s'accommodait-il de la douce Isabelle, dont la plénitude.
amoureuse ne dépassait pas Je cercle de chair qu'ont tracé à un
homme les caresses maternelles ? Qu'il disparaisse dans l'âme
éclatante d'Oriante comme Bérénice s'est évanouie dans le
moi nuancé de Philippe !
*

* *
Les vingt pages de trop qu'on trouve dans le récit de

M. Barrès et qui l'alourdissent à plusieurs endroits ne
l'empêchent pas de nous retenir et de nous charmer en toutes.
sortes de manières. Evidemment il ne saurait guère devenir
populaire. Je crois qu'il a laissé le public un peu froid et la critique un peu déroutée. Mais comme il se place bien dans la file.

�LA NOUVJ!LLE REVUE FRANÇAISE

des œuvres de l'auteur~ Comme il plaît an simple amateur de
phrases et de rythmes par ce r~nou-r-ellemcnt continuel .du
styJe, qui estùne dés foTces de M. Barrès. ( « Toi .seul, homme
injuste, j'ai aimé, est-il u1i.e baroi5se .ou un : C'esJ u,u IJran,.

gère qui parte ? Dans .ce dernier .cas, aa:eprons-le) Que de
points Jam; l'œuvre ancienne, mxquels nous pou,·ons
rattacher la nouvelle guirlande ! Je pense au. VoJ•age de
Sparte, à cette lecrur.e d' A1zJigon~ Isabelle comme Ism~ la
femme sans génie, et ntignne .qm, dle rr nous dé'chire avec sa
groose v-0h. de rossignoi .:o. Et cette ,5agesse oonciliante de
l'évêque sur laquelle se clôt Utl jllrdin, M. Barrès- y pensait
sans doute depuis longtemps, puisqu'il imaginait~lors Tiré ia
wr -ce m-0dêle.
P-0urtant -cette fin-Teste un peu mystérieuse. Orian te devieot
abbesse . Soit. Le génie d' Angélique Amaud .,ne sera pas uo
tombeau pour la fëmme-poète Oll la .femme-Iein.e. Philippe
aussi r&amp;lait autour des cloitres. Et en mour.aot {;uillaume -parl
à Orian te comme Bérénice a Jû parfois parled.Phifippc ~ o: \' otce
image demeurera -sous mes paupières baissées, mais j'ai confiance qu'Isabelle (Charles Martin? ou Bougie-Rose ?)m'assistera plus sûrement que vous qui n'ét':s pas née J&gt;OUr -vous
détourner, füt-ce une setonde, .de votre personne. 'l) Tout cel.2
va bien, et cette courbe, œs justes retours o.ous en.chantent. Et
les quelques pages de .cette fin sont certain m nt:i;in.e des suites
les plus sol~es, les plus pures .qu'ait jamais écrit.es M.• .Bacrès.
Aimons cette « tragédie à triple secret •· J'ai au en du.cerner
~ux. Le troisième serait-il -plus -vulgaire ? Ori:a.nte.s.erajt-elle la
femme de son no.tu, - l'Orient, une natur.e orientale '.lvec
laquelle il est beau d-e--s'afüontei" et de lutter ? Le jardin SUT
1-IOronte pr-endrnit-il imperceptiblement figure. de bastion,
comme dans le Génie di, Rhfo le bastion -sembfait .commencer à
être cultivé en jardin ? Il semble que le moment soit venu, pour
l'auteur des Amitiés Françaises, d'étendre méthodiquement, et
avec une prudence un peu -sèche, ces arnüiés. Il a e,mployé ses
jours d' Atbènes à analyser son désarroi. Sou aitons que l'Oriem
l'ait a1dé à composer un enthousiasme, re-çenir sons le -signe
de Du Sang, de l1i Vi1lupté et de la-Mort, - un Du Sa11g .dont Je
Jardin rnr r0ro11te nous offre aujourd'hui l'Amaltur d'rî,rus.

a

A~DliRT THI8AlJDlrr

CHRONIQUE DRAMATIQUE
~ 1~te_~r. m'a écrit : o: Voos avez manqué un numéro ? ,,
Eh •. otn, J a1 m_anqué un numéro. Je n'étais pas ~n train. J'ai
~om,
·
., . pour écrire, d'1rrnir l'esprit he rem:. C'est :u n a. tome
que I a1 sou-rent énonoé et qui e~ juste au tn-0in nrn,
· .
•~- · b.
r--r mot .
on n =nt 1en -que dans T-e p.J.aisir, l'esprit excité pat ·S-On sujet
sans chercher ses mots, la ptumc courant st11" 1e pnp'
'
d J••
• rer, une
sorte e ~ ats:r physique se méJant au plaisi-r spirituel. Autre1:3ent, é~nre ,n esu:p.1'11Joe besogne froide et pla-te-t-t mieux vaut
s abste:11r. , . :est-ce pas, au :reste, te que St. appelai le III ment
rit, gbue ? S1 tous nons Jlattendions peu ;..étr.e écrirait--'On moins
e: des choses plus inté'l'essantes. Se for~er n'a jamais riea valu
nt donné de bons résuJtats. Il en -est 1à. comme dan l'amour .
c'est le -4ésir qui est t t.
'
, Ell~ me ~mque &lt;jUelquefois, cette heureuse dis~siti-on
né dé enchanté, je ois bien, et trop clairvoyant
sur ~on co?1pt~, trop poné .\ la réflexion et à la rêverie. Le
métier que JC fms ~our gagnet ma vie fait passer- sous mes yeux
la ?lus gra~e pa.~1e ~es ouvrages &lt;le littérature qu'on publie
au1our~bu1.
m amve quelquefois d'~n regnr&lt;ler qu-el~uesuns. Dti-e-qu,1l y a des gens-sui s'amusent à &amp;:rire de pareH+es
choses et qut en contentent jusqu'à. ie pubiier ! Quel l - ·
t il
.
,
p au1r
oo - s pu avon:. ou soot•tls a-vengles à -OC point? A moins qu'ils
-se ~noque~t du t1er~ -comme :du quart:, oe qui est uné ~gesse, et
qu t4s e d1sent, - 11s oo;t :raison nu moi~s Sltr ce point _ que
la plupart.des lecteurs n y œnnaîtro-nr nen. Je manque décid~e~t de oct _a ·euglement et de cette insouciance. Quand •1
~ ~n~e de~ 1re ce ~ue j'écris, ma parole ! k plus souvent
j 1ra1 bien me pe-ndre.

-0 esprit. ft

,.1

Je vais 11Klme reparler-de Mt-es, à cette c:1ccasi-0n. Si un Jec-

�216

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

teur m'écrit que je commence à ennuyer avec les animaux, j'ai
ma réponse toute prête : a: Il m'arrive bien d'être ennuyé par
des bêtes qui écrivent 1 » J'assurerai ainsi, une fois de plus,
sans grand effort, ma réputation d'esprit. J'étais d'autant moins
en train d'écrire ces derniers temps, qu'il m'est encore arrivé
de perdre deux de mes compagnons à quatre pattes. Ce sont le
chat Chati et la chatte Petite Café. Si je dis que c'étaient deux
êtres délicieux, vous penserez que j'exagère, comme ces gens
qui trouvent ce qu'ils possèdent toujours les plus belles choses
du monde. Vous le penserez si vous le voulez . Je ne dis que le
vrai. Chati était un chat noir que des gens avaient laissé dans
une chambre d'hôtel rue Saint-Jacques et que j'avais recueili,
voilà trois ans. Il n'y a pas un animal qui ressemble à un autre.
Ce sont les serins ou les gens qui les ignorent totalement qui se
figurent que toutes les bêtes sont pareilles. Pour eux, un chat
ou un chien sont ni plus ni moins qu'un autre chat ou un autre
chien. Les animaux sont comme nous. Ils ont chacun leur individualité. Celui-ci n'est pas celui-là, qui, à son tour, n'est pas
cet autre . Je le vois bien dans ma petite troupe de chats. Il y a
les vagabonds et les sédentaires, les indifférents et les démonstratifs, les hardis et les timides, ceux qui vont par groupe et
ceux qui préfèrent être seuls - même pour manger. J'ai de
mes chats, par exemple, qui, d'eux-mêmes - entièremen~
libres et toutes les portes ouvertes, ne sont jamais montés au
premier étage du pavillon que j'habite, d'autres qui m'y suivent
aussitôt que j'arrive. Je vôus nommerai, par exemple, la chatte
Madame Minne, la doyenne, qui a de l'esprit plein sa frimousse,
la chatte Lolotte, une petite pimbêche, q1li ne connaît que moi,
ne quitte pas mon cabinet de travail, ne fréquente personne,
me suit partout, bavarde sans cesse, avec des manières de petite
précieuse, les chats Riquet, Laurent, Bibi et Pitou, ce dernier
que j'ai ramassé au marché Saint-Germain, gros comme le
poing, sachant à peine boire tout seul, et qui, arrivé à la maison, quand je l'eus posé sur un canapé, soufflait après tout le
monde. Je les ai tous six depuis bientôt dix ans. A cause de ce
temps, et d'eux-mêmes, ils ont pris des habitudes plus intimes.
Ils m'attendent, _rangés sur la table de l'antichambre, à l'heure à
laquelle j'arrive. Ilssontsurla table, autour de mon assiette, quand
je dîne. Ils se tiennent avec moi, dans mon cabinet, quand je

CHRONIQUE DRAMATIQUE

217

lis, paresse, ou écris. Rien ne pourrait faire, quand je suis là~
qu'ils ne soient pas autour de moi, sur mes genoux, mes épaules~
me prodiguant leurs démonstrations affectueuses, si je ne fais.
rien, en parlant, - car les animaux, et surtout les chats, ont un
langage et parlent, - ou me regardant, immobiles et silencieux, si je suis occupé. Je parle là du caractère. Il en est de
même pour le physique. Sur ce point encore, les animaux sont
comme nous. lis ont comme nous deux yeux, un nez, une
bouche et des oreilles, mais quelque chose dans l'expression les
différencie chacun. Trois chats, - puisque je parle de chats,
- noirs, tigrés, blancs ou jaunes, ne sont pas du t-out, quand
on regarde bien leur physionomie, trois chats noirs, tigrés,
blancs ou jaunes, mais bien un chat, un autre chat, et encore
un autre chat noir, tigré, blanc ou jaune. Des gens riront de ce
que j'écris là, peut-être ? Ce sont des gens qui passent sans rien
voir à rien. Ce qui est merveilleux aussi, c'est la confiancequ'on peut arriver à leur inspirer. J'habite un pavillon composé
d'un rez-de-chaussée et d'un premier. Pour aller de l'un à
l'autre, un escalier. Les chats aiment beaucoup un escalier. Ils
y font de bonnes parties, dégringolades ou montées rapides,
ou jeux d'attrape au long des barreaux de la rampe, ou si le
soleil donne ils somnolent sur les marches. Il arrive que ma
bonne ou moi, pour les soins de la maison, nous montions ou
descendions cet escalier, rapidement, - moi surtout, qui rrai
pas les jambes dans ma poche, - chargés d'un seau, d'un broc,
d'un balai, en faisant plus ou moins un certain bruit. Personne
ne se dérange. Chacun sait bien qu'on saura passer sans les
toucher. ]'ai un énorme chien qui vit au premier. On le fait
descendre de temps en temps pour les repas, pour la promenade dans le jardin. Aucun chat sur son passage ne se dérange
davantage. Lui-même sait dégringoler l'escalier sans en toucher
aucun. Il fait comme nous : il enjambe. Quant au ménage des
chats et des chiens ensemble, c'est purement merveilleux. La
nuit, les chiens sont enfermés. Quand ils retrouvent les chats
le matin, c'est de leur part de grands bonjours, à coups de
langue sur leur nez, les chats de leur côté leur prodiguent de
petits coups de tête, en ronronnant d'aise. Les uns et les autres
font de grandes parties dans le jardin, sans jamais la moindre
brutalité de la part des chiens. Je viens de parler de cet énorme

�:218

LA NOUl-'ELLE REVUE FRt.~lSE

cliion:, nointné Nana,;iqni·:Jl'it·1dans uné pièce a.u premier . le
dlati&gt;it:ou, que ,j'ai. ~@am.re pins .haut, .adore les -chtens . H
aim\requelquefoi-s :qne,~ar :m.égarde, .et' sans s'en apercevoir,
.on k laisse -entrer rer .11.e:n:fei;me nec Nina: Quand ma vient Je
ehercben, on le-trmive· lirèmpé 'Comme -s'il .sortait d'un •baqd!let,
et errcb:mté .. C'f.51 N;a,~ .qui, fe .1ienam: eni!re ses pattes. l'a
rléh-.arbm.rill.é·de toutes ks~s.· ]hl i!u'Wll. petit giriffo,:n blll:lx-el.lo.is, nrnnmé Mo.u:k.ey~ que ,Rouveyre m'avait aooné. Le chat
l...aunerit .dnntJ:a;i également ipar1é -phrs haœ, et Moukey,étaie:nt
fa.séparables,. !Ids se .promena-ient ensemb1e dans le jardin. Bs
m.migeaat ensemhh!. ils dotmaient l'u.n_ roonrre l'autre. On
appclaitMoukey, .qia'ota V'GFit ::ms-sitôt laurent s.e momtl'eT
.aussi. J'ai ,Fttdu Moukey..en J191;8 • .Prend:mt q11i:n:ze jouœ, ie ne
dis ,que ie ~rn:i, i.aurent·le ihercbai:tq,autmù, 'S!.!!rle lit, jusqu'à
souilever la colrViertm-e, :srms ;I.e fu, sous Jes Jfn:rtueï'.ls, :sous la
tdde, ,·dans l'.nr.moire. On ·n'avait qu'il ~uo:noncer mmt haut
le 1rmm ·,dm ch~~ il. vo:œ; tega:r.µ:nt ret attendait, oomme si
son. rcbm~agnnn -a±lait venir. 'foœs œs d.mses ne wnt-elles
pas 111:tamantes!? Peut-.on ne pas ,en être touché.? Les _bêtes,
tontes Jes bêtes., quand ,on NMt '2. ':f i:itténe:sser ·ret qu'on les
y,0it Be morrtner .ainsi, ne méritent-elles pas tous les :égards ?
Le signe particulier .de Chari ,éta.iJt œ:cL: il fuiJaiti.clilIJ.stamme·n t
I:a-vei:r dnns des di,,ras, smit qu'IO!l ll'y prit~ sqit qu'il -y sautât de
ln1-ni.ênie. 'Installé ,il.:\, - il VOlIB ip&gt;rflmlit ipa:r le x:oa et v,ens
COl,lW:rit l:e isage de -caresses. -Le :repos2iit-on :à temœ •e t s'ëloigrurit-un qtr'tlL v.ou-s .siüivait, wrec des '}'CUX ,xq11.1i demam'!aient
clairement -(fU';on de prît ,tle •nnuveim Ha rn.êmie":place. je le dis
ponrles.g..ens ~l.ll'Î 'igno:11ent'ce.qu,e !SXb!ilt les -bêtès, et d,es ohm en
pmtkulier, -dé]fj!ieaoc fà-nÎlmt.ux..:5.hJWCantms : m'est-ce pas :merveilleuoc et.attncfurn:ret tiroubJll'l:lt .nl'Ssi' rde trooiY.er "tant de seosi•
bilitlé chœ un ianimkl ? Er loin"lle~ti!il.'idé'e _ne .dire J1Œ l:e:s
miens ISOntru.niqu.es, ni méme ' pariicuüe:rs. Pre--sque tmlS SJJnt de
même,ilu .susc:eptiibks .:dd'être;· Tolrt'i:dépend· Aes IJlalÎlil'S entre
lesqueUes ils ·wm.b:enr. Les an.i..ln~t. rudoyés, ou rlans les nurirrs
de gsens incliffér.ent5" OOUX qui ·vivent à- l'abanrl.on d:tns rles ter-tains va~ 10u .dan~ des jru.mrrs publ-ics, ecrx: aussi ont ou
!Uilir.aierî:t: leurs g.enti.J.lless.ès.' D-1: même ô'est .une .erreur- de se figurer •G[!U'lllln :animal qllt'10n iélà:o-éLmon'tre 1.111 a:ttactremt:rrt'pius -pan'icniier. Je,-n'!M pas éiiev,é \l111 -seu¼ des io&amp;als et &lt;l'es çlti.ens 'CJ_itUÔ. son1:
0

CHR.OlWl.lJE._ Dll.AMA'fI&lt;ltJE

.chez m0i:.Je 1es:tiens tous du ha~arcl. Ge sont .tous des bêtes
que f:aï trouvées et.,reÇ1,Iei-llies, b,elles ou J,t-1-d.esj jeun.es on non,
1:es questions ne m'occupanit pas; mais seulement la détt;esse et
Je besoin. Eh ! bien; W.;limoo.t; je ne sa:is •p,às ,si le secaiats que je
leur-ai d@:nné n'est.pas pourquelquê chose de pl~ da11s l'atta.c.hement qu'ils me !!Dôn-trent. Je ne,fois pas "&lt;le ,sensible,r-ie ~agérée à !!égard-des bê~s, Je garde àJeJ\H enà~~it mma .sens critique. EUes oJ;J.t 0011s les-défauts des humai~s et, ' entre eÜe,s,
elles ne valent guère mieùx quenou.s ec.tre nous. je parle d'~Ues
uniquern.eo,t dans leurs rapports -avec 001.u, -en dis&lt;).nt' que &lt;les
êtres fai'bles, muets, dans notre entière dépe.n&lt;lanoe, qué nous
mêl_pns y-olenllàirell)ent à notr-e wie sociale, ,ont droit à ' des
.égaT.ds, :à· la protèoüo-n, et ne iSOnt pas du tout des ~ouets qu'on
prend un j-our ~ ,qu'-on met-à la rue un autre jol:1:r. Mais alors,,
.dans leur~ r.a_pports avec nous, quelles qualités intelligentes -et
effectiv,es ! je me rappellerai1eujow-s le chien Spw, _m_ort il y .a
quelques années. Je l'avais rencontré, sq_uelettigue, effaré.,
&lt;lémuté, coUirant en tous -sens, rue ~e Vaugirar4, au œii1 .de la
.rue de Tournon .. Je te -suivis, -sans pouvoir le prendre; jusque
-passé l'Ecole Militaire. Je téùssis e,niin à Le prepdre et risquai.
-d'être mordu par lui, dans -sa frayeur et dans sa méfiance.
J'achetai une bonne portion dans u,a restaui:ant et je rernonta1
avec lui jusqu'à la place Saint-Erançois-Xavier. Là, a-ssis sur un
banc, tranq1.iilles tous les deu:i;;, ft le-fis manger. Je me rappellerai toujours 1a façon dont ce chien, pre~que f-éroœ un qa~t
d'beure auparavant, posa sa tête -sur mes g-enoux et me regarda
alors ·avec quels yeux rassurés et reconnaiss;mts. Je n'eus qu'à
me lever pour qu'il me-suivît comme s',ilm'eüt oonhu de longue
date. ]'.ai ,:léjà parlé ailleurs de ce bon -compagnon~ qui ne vécut
avec moi quequdquesanoées. Je l'a.i perdu en 1i)I3 et sa tombe
est là, dans le jardin, comme celles de '.bieu d'autrés. V@iU
au'SSi le chat Antoine, On verra là que les· noùvéàu;s: venus ne
-m'in~éressent p,as moins q1:1e les -anciens.. Ma bonne i'-a ramassé
dami :le pays, -voilà ·deux moi-s, errant, efilanqué, craintif. Des
-g ens ayiient ·d:Û veo.ir le per&lt;lre, bu le laisser là. en partant. ailleurs. Le seul fait qu'il ait pâti me fait m'occuper tle lui tout
particulièrement. 11 est si heur.eux -de l'avenrure qu'il -ne' -veut ..
p111Sr:me quitter. Tout cela puur dire qu'élev.er .ou non un
animal n'esq1-ourTien dans son attachement. Ne -voit~on pas

�220

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISR

des chevaux, dangereux entre les mains de br,utes, devenir les
plus dociles du monde entre les mains de conducteurs doux et
patients ? C'est comme de se figurer que les animaux ne sont
pas sensibles au confortable. Il faut n'avoir jamais vu un chie~
se coucher dans un fauteuil et fort bien mettre à profit un des
accoudoirs pour poser sa tête. Je me rappelle à ce sujet le chat
Oscar, - je lui avais donné ce nom. Je le trouvai, un jour de
1919, dans la salle des pas perdus de la gare d'Orsay, e:ffi.anqué,
noir de poussière. Il y avait plusieurs semaines des gens
l'avaient laissé là, paraît-il, en partant en voyage, et il vivait
dans la gare comme il pouvait, de ce qu'il trouvait, d'ailleurs
nullement malmené par le personnel. Je le pris, et ne pouvant
l'emporter le jour même chez moi, je le menai chez une amie.
Sans le vouloir autrement, on le .,posa sur un fauteuil. Si vous
l'aviez vu alors s'étirer, s'allonger, s'épanouir, soupirer d'aise,
ma parole 1 au contact moelleux du siège ! li semblait vraiment
exprimer qu'on était mieux que là d'où il venait.
Le seul ennui, avec toute cette ménagerie, ce sont les paquets
à porter. Etre critique dramatique est certainement plein d'agréments. J'y ajoute souvent l'obligation de courir d'abord porter
les provisions de (&lt; ces messieurs &gt;&gt; comme dit Rouveyre, pour
revenir ensuite m'installer au théâtre. Ce sont aussi tous les
gens qui me tombent dessus. Je n'ai pas assez des bêtes que je
trnuve moi-même. Au moins chaque semaine, on vient me
demander d'en prendre une. Il faudrait être riche, avoir une
propriété à soi. On n'aurait alors que le plaisir, sans les soucis.
Je crois bien que j'aurais un âne, alors. J'ai failli souvent en
acheter un, dans ces bandes que je vois passer pour les abattoirs. Le manque de loisir pour m'occuper de lui m'a toujours
arrêté. Un âne? Un âne pour de bon, vous m'entendez bien?
Un âne à quatre jambes !
'
La Petite Café était la fille de la chatte Càfé. Une exception :
elle était née à la maison. Un jour de l'été dernier, dans le poulailler qui ne sert plus à rien depuis que j'occupe la maison,
nous avions vu une petite boule tricolore sauter et gambader, se
sauvant àla moindre approche. Avec elle, la chatte Café, qui
semblait la surveiller et prendre soin d'elle. C'était sa fille,
qu'elle nous avait faite là en cachette. Il fallut bien deux bonnes
semaines pour l' apprivoiser. Depuis, elle trônait dans la maison

CHRONIQUE DRAMATIQUE

221

et_dans le jardin. Une petite bête fine, jolie, maniérée, volontaire, coquette. On s'occupait beaucoup d'elle. II semblait
qu'~lle le savait. Il en est là encore des bêtes comme des gens.
V 01là les deux êtres charmants que j'ai encore perdus. On
P~~:e si j'.étais en train d'écrire et de m'occuper de théâtre. La
p1t1e, la colère, le_ découragement ... J'ai beau en avoir perdu
beaucoup. Je ne sms pas devenu insensible. Ils sont maintenant
tous les deul( dans la corbeille de rosiers, à côté du chat
Toutou, le cuisinier, qui découvrait toutes les casseroles. Une
tombe de plus dans ce jardin qui en contient déjà tant. C'est
peut-être le plus dur : enfouir ainsi ce qu'on a tant chéri et
ca:essé: Il semble- qu'on n'ait de consolation qu'en pensant
qu un JOUr _on mourra aussi et qu'il en sera pour soi, sous
deux mètres de terre, ni plus ni moins que pour eux. Voilà qui
fera plaisir aux spiritualîstes.
J'ajouterai un détail pour finir. On dit que les animaux se
cachent pour mourir. Probablement les animaux dont 011 ne
s'o_ccupe pas? J~ n'~i ja?1ais vu cela chez moi. )',ii perdu trois
chiens: Q~and ils n é~a1ent pas dans la pièce dans laquelle je me
trouvais, ils ont touiours trouvé le moyen de m'y retrouver
pour mourir. à côté de_ moi. Mon premier chien, par exemple,
le barbet ~m~. Le dermer jour qu'il vécut, après quelques jours
de_ maladie, a .s~pt heures ·du soir, il voulut descendre du preID1er. On le smv1t. Il alla jusqu'à la porte d'entrée du pavillon
s an:eta sur 1e perron, regarda le jardin, en tournant la tête à'
droite et à gauche, puis remonta. Je l'avais installé pour la nuit
sur un canapé. A -la dernière minute, épuisé pourtant, il trouva
la force de sauter sur mon lit pour mourir là, une minute après,
la tête dans ma main. Je viens encore de perdre deux chats. Ils
ont
malades pendant douze jours. J'ai vu une fois de plus ce
que J a1 vu souvent. Chaque fois qu'on les approchait ils s'accrochaient de leurs griffes à nos mains comme pour nous garder
près d'eux. ~out ~e que cel; ajoute au souvenir qu'on garde.
Je me ~u1s ~a1ssé entramer à parler des bêtes plus que je ne
me_ le proposais. Un mot en amène un autre, les souvenirs
reviennent. La plume marche, on se laisse aller. Je voulais
parler des dernières pièces que rai vues. Je n'en ai pas dit un
mot. Ce sera pour la prochaine fois.
)

A

~;é.

MAURICE BOISSARD

•

�S'OTES

223

p-.eintre de portraits excellent rLs:rit être cuis s
goût est d
pcin&amp;e à fiesquc. Le tioe général de son grand ouvrage en
caun, c'est TrrNfe an.t tÙ fra111;oi.se. Maurras,.. Barrès, Bergson
sont pour. lui des rassembleurs de peosée. et e sun:sibilité épa.rse~ qu'ils cristillisent dans leur.i œu\.-Ye~ les miroirs d'une
époque.
Le portrait en pied de Flaubert par Thibaudet, tout définiti.r
qu'il sort, n'apporte à la, méthode mooogca.phique de- Eagtœt.ou
de Jules Lemaître qu'un seul perfectionnemenu ~i estr de ne
s'embanass r d'al.liC\llJe coosi ération morale,. doctrinaire ou
impressionniste dit sJ aaùyse. ~ le juge.ment et de symJiatbi.s:er
aYecson ~jet,
tieude les rno· 121 t « débiner:D.
Mais c'est par sa façon d'étu.dier les- ensembles. que. Thlbaudet
11 vraiment füt progresser la méthode critique et montcé une
féconde originalité. Les trois méthodes françaises les plus
ré€entes pGur étudie. les ensembles étai
celle de Mi&lt;:helet,

vu

NOTES

LLTTtl?.AT UlŒ GÉNÉRALE

LA CAMPAGNE AVEC THUCYDIDE (&amp;f. de la
Nouvelle Re.vue Française); GUSTA E FLAUBERT
(Plon- ow:rit), par Albert Thibaudet.
..
Ces deux livres parachèvent l'image de Thlbaudet, cnuque,
Ontrant chacun t"une. de ses- facultés mahresses H é.tat pur.
en m
• ép isable faculté
Sa Camp@11t avec T1JUCyduù montre son tn .u
d'im·entio~ critique. Sa monographie de Ff:~ubert mo~e. ~n
inépuisable facult~ d'intuition analytique \s'il est penn_i~accoupler ces deux termes : l'un bergsomeu, l'a~e L
ec-

::in:
J

tualiste). Facultés ,ontradictoiteS, on en t ~ , a hi~
conjointes : la première est d'essenœ_ poétt~ue, et a .
ue
haut de é : métaphysique ; b de11nème d ess~nce hrsto ~
et à sof plus haut ctegré : uagiqu.e. La pren:u~re r~prodie,
assemble et con5truit; ra deuxième démonte. dissocœ,. anato-

MaLlar ·

mise.

Dans son Maurnu, dans- n Barris, dans son
~
Afüert Thibaudet usait alternativement de _ces ~on~ oppo~ ~
Dan s la C nrJ.no1u avec Tbu')'didt, ct'ert son imagmauon qui
,,-,,
·
b 1·1
ntente d'aaa ·ser e.t
se CO
d:
don n~ libre cours; dans le Fkw
"
·
cl.'
aran ouvrage 11
d'étaèlir les d~ssous et les prépa.rattons un b
•
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ît c'est par sim?le coquetteoe.
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If l
la. plm. fouillée. et la
det le poussent a commencer pat" ana yse:
. f on
plus subtile qui soit d'un auteur e.t de son œu,;re, sou aspira t l
le conduit plus volontiers au delà. Son Flau bert montre que

m,

•

celle d:e Taine, celle de Brunetière. Il serait trop kmg- de les
caracté1iser co détail dans. ce qu'elles ont de positif, lll:lis leur
défaut commun est celui:..ci ; un schématisme qui les contraint
à fa.ire rayonoel' arbitrairement tonte leur matière autour &lt;fun
centr..: arbitrairement élu, un emprisonneme nt dans.. W1 système
clos qtre 1a réalité déborde de toute. pa,ut.
T bibaudet, en partie p inclination naturel.le, en par11ie par
bergsoni.sme,. s' est évadé de œs prêjugés, intelleetllalistes.. Le
repxoche le phrs courant qiioa. lui adresse, c'est de manquer
de centre. Reproche qui 'a de portée que supeimciellemeot et
méco!lllaît la nouveauté
sa._ criti'l'tll S.yst€matiqo.e et généralisateur comme tou: vrai critique cfott !;'être, Thiba.udet est
exempt du c.1USe,.fioalisme- de 1' ·ae ( milieu) ou. de Brunetière
(évolutio::i.d~ genres). Ses systèmes et ses généralisations sont
d s:coupes sucœssms faites en divers se1is, d:essondages quise
complètent, des c11Caicuetuentsree1 q i I mettent en meilleur lu:m:iè,e et en mei..lTeur relief, un .ia.Cl'ifi.ce consenti au:préjngé spatial, mais :ms j;rmms oublier qae l'élémem primotdial
et \'éritaéle est la durée~
La critique de ThilTaurlet, c'est tm.e série d'images h.yp.otbé. ues dont.chacune est légèrem1rnt déformante de la realité ütté.raire, mais dans. Je. sens d'une grande lai psychique ou socio-

logique. Thibaudet, pourrait-on dire, est un cr entreprenem

�LA NOUVELLE' REVUE FRANÇAISE

-d'illuminations », d'abord en ceci qu'il projette une lumière
artificielle, mais violente et révélatrice sur la matière étudiée
( comme le savant au microscope colore ses préparations bacillaires) et ensuite en ceci qu'il fait fulgurer en éclair une vision
,soudaine et intuitive que l'analyse la plus poussée serait impuissante à révéler. Et il est en même temps « entrepreneur de
transports», par son don des rapprochements, des raccords, des
liaisons entre les· choses les plus opposées ou les moins analogues en apparence. Une étude de lui fait toujours penser à une
.carte géographique ferroviaire ou les petits ronds individualisant les villes ne comptent plus, mais ou toute l'attention se
concentre sur les sillons quUes joignent les uns aux autres.
La Campagne avec Thucydide, qui est un parallèle entre la
guerre du Péloponèse etla guerre de 1914, montre cette con-ception et ce don à leur état-limite. Ce livre qui continue les
Discours sur la premiere décadé de Machiavel, les Considérations
de Montesquieu, certains ouvrages de Ferrero, ce livre à la
recherche du permanent historique est celui où Thibaudet,
libéré de la contrainte d'un sujet, se montre le mieux à nous. Il
sait d'avance toute la part de jeu que comporte un ouvrage de
-cette sorte et sa foi dans la philosophie de l'histoire est mitigée.
Dans tout événement, dit-il, un tiers à peu près ressemble à ce
que des circonstances analogues ont déclanché, un tiers eût
-donc pu être prévu. Cette ·acceptation à demi des lois historiques éternelles est encore atténuée par les trois petites notes
de r922 qui figurent à la fin du volume.
Thibaudet, enclin aux. rapprochements, né pour en faire, ne
peut ~e soustraire, quoi qu'il en ait, à l'impression profondément
ancrée par cette guerre dans tous les hommes qui l'ont faite, à
savoir qu'il est impossible d'écrire l'histoire vraie. Le Clio de
Péguy, tout le monde en adme~ le fond aujourd'hui. Quant au
matérialisme historique, c'est une notion qui apparaît bien simpliste, sans de nombreux correctifs. L'historien d'aujourd'hui se
trouve en présence d'une matièrè si complexe, qui déborde
son sens de l'humain, qu'il ne peut que se sentir impuissant. Le
grand développement pris par la géographie, et surtout par la
-géographie humaine, depuis quelque temps; est un effort qui
tend indirectement à rendre à nouveau possible la grande
histoire.

-NOTES

.

us

Il f~udr_a1t à présent examiner point par point les comp .sons rnstituées pa Th 'b d
l
ara1
r
I au et : a thalassocratie athénienne
att_aquée par Sparte continentale; la destruction de l'hellénisme
sUJvant la mauvaise paix comme la ruine de l'Eu
. J
traités de
.
rope suit es
~9r9 ; la longueur des deux guerres ; les uerres
loc~es_ qUJ les o~t précé?ées, etc ... Tout cela.est frappa!t d'i~gémos1té et _de :'1gueur imaginative et conduit aux plus fruc. tueuses méd1tat1ons. _
, D~ns l'ét?de sur Flaubert, ce qu'il faut mettre hors ligne
c est. e chapitre sur le style. Puis entre autres vues nouvelles ii
convient de noter les passages sur la cc normalité" de 1 1· . ,
avec L · C 1
,.
a 1a1son
omse o et, sur l mtérêt pris par Flaubert à écrire
Madame B~,iry, contrairement à 1a légende de Madame
Bovary exercice et pensum, sur le sens historique de Flaubert à
propos de S~lammbô, sur la portée de l'Education sentimentale ...
et ~nfin de signaler la conclusion. C'est le premier ouvrage ou
Th1bauder conclut d'une façon normale et forrn 11
s
e e.
on manque ordinaire de conclusion nette lui est souvent
r,ep:o_ché: Là encore e'est le méconnaître et ne pas comprendre
l or'.gmahté de sa méthode critique, qui s'oppose à la méthode
st~t1que et c?nclusive de ses prédécesseurs, et constitue la prem1ère
~entat1ve valable de ce qu'on pourrait appeler une critique
dynam1que.
BEN],\.MIN CRÊMIEUX
*
* *

SAIN:-JUST, par Marie Lenéru (Grasset)._ JOURNAL
de Marie Lenéru (Crès).
~e n'est pas Balzac qui nous intéresse dans ses créations
mais un Stendhal, c'est lui que nous cherc;hons à travers se;
héros et quoi qu'il écrive. Il y a les créateurs transcendants du
type Balzac et les créateurs immanents du type Stendhal A 1·
é ' l r
, · , ·
· · PP 1qu e a a 1ttérature d auiourd hUI, cette distinction ranuerait par
exemple _: ~arrès, Gide, Giraudoux, Larbaud parmi 1:s immanents, K1phn?' Romains, Morand même (malgré les apparences) parmi les transcendants r.
Chez le transcendant, c'est le résultat qui importe, chez J'iml }· . Mais où ranger Marcel Pr~ust ? Il est transcendant et immanent à
a 01s. C'est peut-être là sa nouveauté et sa richesse.
15

�22.'6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

marient les voies de sa recherche et de son inquiétude. Marie

Lenéru appartient à la race des transcendants . .D'où la v.aleur
topique de ses drames ou de son Saint-Just, l'intérêt moindre
de son journal.
Pour qu'un journal ait de l'intérêt, il faut ou bien, comme
celui des Goncourt, qu'il ioitnche en faits, en anecdotes, en
tableaux et notatiods de mœnrs ; ou bien, comme celui d'Amiel,
qu'il offre avec des traits grossis un type d'huinanité normale:
Ot;t n'écrit ·rl'ailleurs un journal intime ·du _genre de
d'Amiel que si l'on a tendance .à exagérer, - ou tout au moms
à analyser, ce qui revient peut-être au même - ses idées et ses
sentiments. Le lecteur y retrouve ou y découvre, comme dans
un ~iroir grossissant, des parties.de lui-même mal co~ues ou
inconnues et y peut prendre un vif intérêt psy.cbolog1que ou
moral.
Mais le journal d'un anormal ( quand ilue finitp~s par pr~n~re
l'apparence d'un véritableroman) n'alimente quun·e cuno:ité
vite lassée. Sourde et pendant quelques .années aveugle, c est
}'impossibilité où elle se trouvait de vivre une vie féminine qui
a jeté Marie Lehéru dans l'étude et dans la culture du mo:i. Que
ce soit faute &lt;l'avoir pu 'être une femme. _adulée, adorée, q~e
Marie Lenéru a écrit ses œuvres, qu'elle n'ait accepté.de devemr
femme de lettres que comme une déchéance, cela, loin de nous
retenir, nous détournerait plutôt d'elle. Son infirmité la fait
trop différente de nous pour que nous puissions nous incorpor~r
à sa vie comme nous le pouvons à celle, par exemple, de Mane
Baskirtscheff. Tout ce qui chez Marie Lenéru est de toute
évidence conditionné par sa malheureuse destinée physique
nous trouve pitoyables, mais non pas, au sens pre~er du m~t,
sympathiques. C'est seulement quand elle nous l~la1sse, oublier
que son journal pren.d une gra.nde valeur. Mais ce n e.st p~~
une. valeur de &lt;r. journal » :.c'est la valeur d'une belle page cnt1que ou .sociologique.
_
Une âme de la trempe et un .esprit de la vigueur de !"1an~
Lenéru ne manquent pas d'avoir par instants des cns q~1
émeuvent en.nous beaucoup de choses assoupies. Mais ces cns
sont rares, si on les compare à ceux de ses drames.
.
Infirmité à part, Marie Lenéru était faite _pour livrer l'endroit
et non pas l'enyers de sa pensée. Que son superbe égotisme et

œ!m

NOTES

so:1 grand _se~1til}.'.ent d,e l'hQnneur pre11neQt sourçe d)lns çer.tam~s me.sq1unenes et, iVant de jaillii", parçoureot i:;ent canau1t
tortueux, peq nous importe à ÇOI).qition qu'on ,ne ,l'JOUS montre
-que le jai1llssement,

L:

vraie for01e _du_Jour..nal intime de Marie Lenéru, c'est tin
essai comme son Sairit-]uf/ publié par le~ Cahiers Verts. C'est
dle 1tJ.'elle ~ht,rçbe dans J'implaca_ple Conventionnel, c'est pfos
une tma_ge delle qu~ de Sai~-J UH q,lelle no.us offre, et pourt~nt cela re~te de ,1 art t~anscendant. La confession n'est pas
directe, mais médiate, L espèc,e de gérûe qui habitait Marie
_Lenéru se manife&amp;te ici pleinement.
Je .crois que rien en Ocçi4eni 1)'a .été écrit d'aussi pénétrant
depuis quatre ans sur l'é~t d'esprit des dirig:eants bolçhev~st~s
~t e..n pa tic~lièr des ch~fs &lt;le la Tchéka que cet essai q'µ-ne
Jeune file d avant-guerre . Il y il li une presciençe, une intuition
des gr~~des lois historiques, 1me intelligence &lt;:les phéno).llèues
« ~mbJt10n ». et ~ révoluti~n &gt;&gt; qui atteignent au plus ~µ
l~nsme, saos Jamais cesser d :idhérer à la réalité la plus g.iiptj.~henne.
BJ!NJA14JN c~ÉMIE x

7

.

* *

ART POÉTIQUE, par Max ]flob (Emile-Paul).
1:,e 1Nr-e ouve,rt, s_a 1Jivision en phr-ases tourtes séparées 1~
~n_ei, des a:1-tres q}.ar ~e petits si.g_nes typographique;:, fait songer
a un re-cqed de max.1mes; mai-s c'~st un livre de critiq1'le. Les
~rts poétiques, celuj de Boilea~ comn~e celui de Ja~qu.es Pdle,t1~r du _Man~, t,0nt, à propremeot p.arle;,, des .suites de c0;1,1s~ils
necessaues a créer une beUe œuvre; .celui de Max Jacob est
pl~tôt une critique du b.e:iµ, Ce qu;i r,end son Art poétique
u,~1que et-nouv~au, c'est le moy.eu qu'il y .ernpJeie pour tenter
d imposer -ses idée,s au Jecteur ~ 4 ps.ych&lt;&gt;logie. Plus de beau
-absolu, défini .d'ahoxd, p,arta,nt plus de procédés susceptibles de
Je .créer ; ma1-s &lt;les remarques psyie:hologiques, s~vent u;ès
D.IIBs, &lt;lont l.aute.u.r tire --des ,qmséq-uences. Les s.ous--titr.es :
Art poétiq,ue, P_pé&amp;,i,e Al-o.àwne, fHamlétisme, Fréquen-tation
d~ grands homm.es, Art cbr-értien, ,5ont assez ar_oitraii;es.
J'eus_se préfér~ :. Psychologje d~ l'.ârtiste et :Psyc.l).ologie ,Çiµ
&amp;emi11Uent ~r.tlst1que, cette seconde partie séparée eu deux
chapitres : l'Art moderne et l'Art chrétien. La psychologie de

�228

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'artiste, écrite seulement pour aider à celle du sentiment artis-tique, est peu poussée ; mais les notes sur l' Art moderne constituent la meilleure justification du mouvement littéraire dit
« cubisme» que l'on ait écrite jusqu'ici. Plus étendue et moins
versonnelle que celle de Pierre Reverdy, plus exacte que celle
de M. Epstein, elle me semble susceptible de refidre sensible à
un lecteur non prévenu le charme que M. Max Jacob appelle
la poésie moderne ; et son apologie du Cornet à Dés est excellente.
Mais Max Jacob use d'arguments pipés dès qu'il nous parle
de l'art chrétien. « L'art chrétien, dit-il, réprouve la passion. »
Cela n'est pas très exact. L'art chrétien réprouve les pâssions
humaines, et non la passion; car il la sollicite lorsqu'efle n'a
pas d'autre objet que Dieu. Ce n'est pas la passion même qu'il
réprouve, mais bien l'indignité des objets sur lesquels elle
s'exerce d'ordinaire; et comme, jusqu'au xvn• siècle, l'art chrétien fut seulement un art religieux, il fut passionné. « Le
xvrr• siècle littéraire, dit-il encore, est entièrement chrétien
même quand il est athée: la force, le renoncement, l'obéissan-ce, l'ordre, l'humilité, la pauvreté d'esprit, la sobriété, la
chasteté, le respect sont à la fois les vertus esthétiques et les
vertus chrétiennes &gt;&gt; et cc On entend par art chrétien l'art de la
tenue ». Max Jacob veut donc que l'art chrétien ne soit pas
l'art créé par l'artiste chrétien, mais un art possédant certaines
qualités définies. Il est pourtant regrettable de constater
qu'aucun chrétien ne s'est exprimé par cet art hors de la tradition latine (Ruysbroek, Ekkehardt, l'auteur anonyme du
Muspilli, Thérèse d'Avila, Jean de la Croix, Catherine Em1:-1e•
rich, etc.); que les deux mouvements par lesquels ces qualités
se sont le mieux exprimées - dans l'ordre plastique, il est
vrai - l'époque grecque qui commence par les archaïques et se
termine à Phidias, et la première Renaissance italienne, sont
l'un strictement païen, l'iutre déterminé par les Albigeois
hérétiques ; et que, si nous accéptons la proposition que nous
fait Max Jacob, et qui lui est évidemment chère, nous ne
pouvons considérer Dante comme un artiste chrétien, alors que
nous pouvons le faire d'André Chénier.
ANDRÉ MALRAUX

*

* *

NOTES

229

LE ROMAN

LES AMORANDES., par Julien Benda (Emile-Paul).
M. Julien Benda a la passion de comprendre. Mais au contact
direct de la vie brute il a d'abord préféré les constructions intellectuelles des hommes. Il semble se défier de ses propres sens.
Il aime mieux évaluer, classer que percevoir. Il fait jouer son
-es-prit sur les apports des autres. On trouve en lui du bibliothé-caire ou du collectionneur. Son esprit a besoin d'impulsions
étrangères. Et ces souffles gui le font mouvoir, ils ne viennent
pas de la terre, -mais des philosophes ou des poètes.
Il est vif, souple, pénétrant. Il nou-s étonne toujours par_son
ingéniosité, par sa finesse et par sa prétision. Il nous apporte
un plaisir délicat. Mais ce plaisir est-il complet? Tant d'efforts
sur une matière déjà élaborée nous déçoivent parfois. Devant
certaines de ces pages nc,us éprouvons ce divertissement sans joie
profonde que donne, malgré la plus brillante perfection, l'inutile travail d'un trapéziste.
Le philosophe constructeur part des multiples sources réelles,
c'est-à-dire du particulier et, condensant les infimes images que
tant de sources lui apportent, il forme lentement un faisceau,
une notion large, générale, une idée. M. Julien Benda travaille
sur ces faisceaux déjà formés ; il raisonne sur ces matériaux déjà
polis par la raison. Et parfois il devient subtil.
La subtilité est le défaut principal de M. Benda lorsqu'il veut
-être philosophe. Mais philosophe, il ne veut pas toujours l'être.
Cet amant des systèmes aime aussi la vie et, si ce n'est la vie
brutale, au moins le reflet que les poètes lui apportent. Goût
du raisonnement et goût des richesses sensuelles du monde,
entrevues à travers le voile des poètes, c'est le caractère double
de cet esprit. Rencontre délicate, qui n'arrive pas à être une
alliance harmonieuse..et qui, parfoîs, fait vaciller M. fü:nda.
Dans la philosophie il se sent insatisfait, il évoque la vie. En
face de la vie, trouble analogue. Et il fait appel au raisonnement.
M. Benda, qui si longtemps s'est nourri de livres, qui semble
,n'avoir vécu que par l'esprit, sent bien quelle sécheresse en
résulte. Ses efforts vers la vie restent d'abord timides. Il met sa
pensée en dialogues, il dramatise ses exposés. Il s'enhardit

�23-0

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ensuite. Il écrit des histoires imaginaires : l'Ordination, les
Amorandes aujourd'hui. Faut-il dire des romans ? Livres
étranges, de son particulier, èt qui portent toufe l'in~ertitude de
M. Benda.
·
La couleur générale, les foimea ,surannée§ de la phra~e, je ne
1,ais quoj d.e noble, de- m.élanco1ique, de plaintif, presque de
troubado1,1r, évoquent le premier Empire, Constant çc,riv ant
Adolphe, Chateaubriand écrivant René. (Claateaubdand _très
apaisé). Le parfum très doux, un-peu, passé-de DominiqueJl.otte
aussi sur. ces Amorande.s. C'est un livre: reci1-eil.lj et qui. ressuscite
les musiques de jadis. M. Benda, ql'l'On a_ pl'is sou:vent cQmme
champion du classicisme, n'est peut~être qu'un ~prit sensible
aux. charmes du passé. La beaut~ dassique, qu."il aime tant, lui
·a été lentement révélée par les livres. La cadence de son livre
est d'un amant d'hier .
I,.e. sµj.ei: est le. plu$ simpl1::, le plus grand de la poésie : un
homme aim.e- une femme ;, ),?ordre i;ocial l'arrache à elle.
M. Be.nda reprend ainsi le drame d'Enée abat;idonnant Digon,
de Titus laissant Bérénice. Elevé à l'école: classiqcue, il dédaigne
!;invention du sujet. Le thème choi-si -est assez général pour
qu'un c.hef-d' œuv:i:.e naisse. Mais .général et banal sont presque
syno.nyw.es. Et si le ~hêm~ .n~est pa~ reforgé par une flamme
neuve, _c'es~ un roman d'Henry B9rd'ea1J.x qui peut surgir._
Ici, M. Benda hésite .. La -tla-rome neuYe est-elle en lui ? ~t-il
l'ingénuité &lt;te cœur nécessaire, la 'SÎmp}e :ipontanéité d'où _sorten? les accents pro.fonds ? Raclrte reprenait &lt;l'es thèmés étfi!r~
nels ; après Euripide _il .s~atta.~hait ~ PhMre, mais lorsque
8.3çipe d~llcendait ell hü-même, lor~qu'il sentait son cœur, il
percevait dts élan~ iuconnus. M. B~11da. craint $:li:115 doute de ne
pas, trouver ces élans et, cle même que' ·sur ks idées de$ pbilo-sopbes il subtüisè, il réduit
suiet, le particularise, il
essaie, de t émplacer la, profondeur par l' étr;uigeté du sentiment.
L'horor.oe, qui d.evait êtt.e le.centre de cette œuvre, perd sa
\Ci,,dlité. Il n'est·_pas le tnâle passionné, qu'1.}ne femme retient p-.i.r
des correspondances intimes. C'est un· enfant blond, &lt;( un
éphèbe- ble_ssé _n, orphehn dès l'enfance, et. qui trouve dans une
vieille maitresse la mère qü'il a perdue trop tôt. Le ,thème est
g-onc ressetré, particulari:s.é, _ C'est l'étude d' un cas réel,. mais
~c;eptionnel : l':homl!1e::enfant ~~t la maitresstt,-mère. Thème-

NOTES

231

déjà traité, mais loin encore d'être épuisé, malgré Maman
Colibri et l'admirable Adieu que Mmie de Noailles •vient de
publier.
Mais M. Benda es.t bien mal préparé à l'étude d'ùn. cas. Son
goùt du particuli-ecr reste toujours fugitif, simple réaction contre
sa passion du raisonnement. Dès qu'il sent la voie s'étrécir, il
recule, il revient à son thème premier. L'amante-mère se transforme en éternelh Hélène., la jeune épouse en éternelle Velléda.
Quant à l'éphèbe blessé~ il redevient l'homme. Jusqu'au bout du
livre, M. Benda h.ésite entre les deux formes de son thème.
L'œuvre, à mi-chemin entre deux conceptions, n'est ni vivante,
ni claire. Elle -n'hallucine pas l'imagination, elle laü.se insatisfaite la raison.
Dans ce livre que l'auteur de Belphigar a écrit, on cherche
l'ordre en vain. Des scènes empruntées à la vie quotidienne se
mêlent à des exp·osés philosophiques coupés de citations de
Spencer ou de D'Annunzio. M. _Benda croit peut-être gra~dir
son œuvre en y mettant des épigraphes poétiques, en comparant ses personnages à. Brünehild ou à Wolfram. S'il croyait
profondément à Etienne ou à Geneviève, .il . oublierait sans
doute de.vaut eux les plus .beaux vers des pgètes antiques ou les
Walkyrie-s d'opéra,
r ,
•,
Pour le style, il semble..d'abord purement intellectuel, car il ·
est articulé vigoureusement cmnme celui d'un philosophe•.
Pourtant il laisse des incertitudes~ parfois il s.e contourne,
M. Benda voudrait-il être obscur pour se croire profond? Dans
sa phrase même on le tetrou-ve, inémédiablement hésita.rit. S'il
commence d'exprimer une id:ée, -il appelle a~s.sitôt une im:i.ge,
image usée, sans-vale.ur ,sensuelle, qui se p-la4ue.artificiellemeJ1tà
l'idée,, la fait miroiter-, mais ne l'éclaire pas..

~on

PAU~RIV.AL

L'HOMME TRAQUÉ, par Francis . Carco (Albin Micbel.
Grand Prix

du R~man 1922).

-

,

M. Francis ~co a débuté dans les lettres par des plaquettes
de vers. Si _ce n'est pa toujours_une garantie, c'est souvent un
indice favorable. On "3ime à pens.er. d'un écrivain qu'il a d'abord
écrit pour son, plaisir, puis qu'il a pris plaisir à s.09- ru.étier.

�:232

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ai.nsi de M. Francis Carco. On lui a fait grief de son goût
pour un certain ordre de sujets et de personnages. On a feint
,quelquefois d'y voir .u ne volonté préméditée d'acquérir une
manière, d'êtr.e •le romancier spécial qui i:npose son nom au
p ublic grâce à sa spécialité. Cétait méconnaitre la nature vraie
&lt;le l 1émot10n qui commande l'œuvre de- l'auteur de Jésus la.

Caille.
Les êtres qu'il s'est plu à ,fair'e vivre sont ceux que le
hasard de sa propre vie a mis en présence de son adolescence
-clairvoyante et précoce, qu'il a regardés vivre, qu'il a pénétrés.
Pour M. Carco la dé'couverte du cœur humain est attachée au
:souveni~ d'un visage de prostituée. ~ Le cœur humain de qui, le
~ur humain de quoi », interroge ironiquement le poète roman.:
-tique. Et de fait il est vrai que la hiérarchie des sentiments ne
~uit point celle des classes, ni leut: qualité cellé, des mœurs..
Ou l'outrance romantique apparn:-î"t dest lorsque cette constatation -dédanche l'exaltation, .ta. .revolte où le parti-pris intellectuel. Je vois que l'Homnw traqué est dédié à M. Paul
.Bourget, qui ,ne fait pas mystère de l'estime en laquelle il tient
le talent de Fran'cis Carco. L'un et l'autre de .ces romanciers
-3,uront longtemps pl:rcé les héros de leurs récits dans un milieu
,particulier, considéré comme favorable à l'obseryation et à la
pèintm:e des passions. Entendéz p·at il¼::qù'aucun d'eux _n'a pré1endu être le romancier du oc .monde n ou de la« pègre· &gt;l, pas
plus que Racine ne voulut se f:drè le peintre de l'amour chez
les rois et .les princesses. U:n 1homme de génie qui n'aurait
jamais vu que des sauvages .écrira très bien un livre universellement et éternellement humain. Les·Dialog-ues de bêtes &lt;le:Mm• Coilette et le Livre de la Jungle de Kipling, sont tout chargés d'humanité. Car il ne s'agit gu·ère tl'ob'server, .encore, moins de
noter, ,et pas du tout de découper minutieusement des morceaux de cette éçorce qu'on noml,lle l'apparence. Le romancier
-qui ip.e touche, l'auteur gue j'aime _est ceJui _q,ui sait accorder
1es s~·ri.i iments de ses perso'nnages aux si:fos'proprès, qui éprouve
Jeurs joies et leurs peines, ou du moin ' me donne l'illusion
.qu'il a, éprouvé et vécu lui-même toutes· celles qu'il décrit.
Mais il faut prendre garde à Ia- qualite de cette sympathie, qui
-poUr 'toucher le lecteur ne doit jamais tourner à la partialité ou
.à l'esprit de système ou à la mante de prédication.

NOTES

233

Rien de pareil chez M. Francis Carco. Aussi ses livres, et
singulièrement l'Homme traqué, ont-ils un accent grave et un
peu dur : (&lt; Voilà, semble nous dire l'auteur, comme vous
seriez; comme vous pourriez devenir, si vous aviez été livrés à
vous-mêmes, à moins que vo,us ne fussiez sans cœur, sans
nerfs et sans instincts. » M. Eugène Marsan a finement marqué
le point où la psychologie de Carco rejoint la morale catholi•
q1,1e, et Fintérêt de la Tencontre.
A vrai dire l'espèce de gêne qui nous reste en quittant l'Educalion sentimentale, voire même Mm• Bovary n'est-elle pas due à ce
défaut dé sympathie profonde entre l'auteur et ses héros qu'il
nous présente comme des imbéciles et qu'il traite avec une
pitié ironique, sinon avec mépris. Il faudrait montrer aussi
comment 1a charité de Carco diffère de celle de Ch. Louis Philippe par exemple. M. Paul Souday, mi3 en défiance par la
dédicace · suspecte de l'Homme traqué~ et par ailleurs attentif
aux moindres traces d'esprit réactionnaire et clérical, a: immédiatement flairé chez CarGo. un romancier de droite en puissance et l'a exécuté en quelques lignes d'un récent feuilleton
littéraire du Temps. Du moins cette partialité prouve-t-elle
qu'il a compris. C'est Ie•prïncipal pour lui, sinon pour ses lecteurs.
Le sujet de ce ro;nan est fort simple·. Lampieur, ouvrier boulanger, a tué une vieille concierge pour la volet. Il a accompli
ce crime à l'heure ou les prostituées du quartier qui ont envie
d'un petit pain ont c_o utume de faire descendre par le soupirail
une pièce de monnaie attachée au bout d'une ficelle. Il s'en
trouve donc une qui n'ayant rien .vu remonter, êonnaît l'absence
de -Lampieur et petit la r&lt;1,pporter au crime dont les journaux ont
indiqué l'heure précise. Le tourment de Larnpieur est de découvrir la femme qui sait son secret, et de partager avec elle la trouble
appréhènsion qui dans un être grossier tient lieu de remords.
~ais c~est un fardeaû trop pesant pour leur misérable amour.
Lampieur parune impruden6e involontaire et pourtant commandée par sa conscience obscure, se livre à la police. Ce dénouement a été critiqué. (A-ce propos observons que le livre « qui
finit mal » est sur le point de passer tout à fait de mode.) On
n'en voit-pourtant pas d'autre possible. Peut-être M. Carco a-t-il
abandonné un peu vite son triste héros à son destin. C'est que

�234

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

le \'rai sujet du livre était épuisé. Et c'est uhe belle invention
que ce lien de peur, de honte et d'amour, tendu par la vie -entre
deux êtres douloureux et touchants. Qu'est-ce que le roman
d'aventure, sinon cela? Mais comme dans tout roman d'aventure
le difficile est de finir, sans le secours du mystère, si favo~able
aux débuts d'un récit. Les cent premières pages de l'Homme tra-que sont extrêmement émouvantes et le reste ést encore de premier ordre. Le style est net, sobre, dépouillé et retient pourtant
tous les reflets de la vie.
Après Rien qu'une Fen-ime on ne pouvait plus craindre que
M. Carco demeurât prisonnier d'une formule. l\prè_s l'Homme
traqué on doit penser qu'il saura toujours. briser auto~u de soi
les entraves du succès.
ROGER ALLARD

•

• *

LES DON JUANES, par Marcel Priuost (Renaissance
du Livre).
M. Marcel Prévost a créé un mot : derni:..vierge. C'est sa plus
grande gloire et il a voulu recomme.ncer. Il a forgé, il a lancé
Don Juane. Le mot est mal formé ; il a un son rasta, il sent le
feuilleton. Une grande œuvre pouvait l'imposer. M.. Prévost a
écrit un gros livre.
.
.
Porter en une fèmme l'instinct de Don Juan, cette msat1sfaction du plaisir de la terre, cette-solitude qui ne peut se guérir, cette soif de trouver et d' aimet, féconder cette idée, jeter en
pleine chair cette magnifique figure, Balzac n'y imffirait pas-. Il
faudrait Shakespeare.
M. Prévost n'a pas frémi. Nous attendions une Don Juane, 1·1
nous en donne quatre : l'une allumeuse par jeu, éternellement
vierge par infirmité physique, par •impuissance, l'autre _v~eille
Lampito couronnée, entôlée par un beau danseur} ~a- _tro1s1ème
directrice de banque abandonnée par son chef de titres, la qu:1trième.,. La quatrième séduit un jeune homme, mais je ne veux
pas dire par quel moyen de mélodrame M. Prévost dénoue cet
amour.
Où est Don Juan d'ans G.es quatre vieilles lâ.ehées ? M. Prévost avait besoin d'un titre.
M. Prévost-évolue. Il perd ses qualités pr~mîères, celles qui
lui avaient donné tant de Madame Bovàry;s et-de petires fillés

NOTES

2 35

curieuses. M. Prévost avait des qualités ; on ne prend pas la.
foule avec rien. Les Georges Ohneteux-mêmes apportent quelque chose. M. Benoît a sa solide construction dont on commence seulement à sentir la monotonie, M. Bordeaux. a un bel
équilibre de médiocrité, une santé parfaite, M. Bazin a de la
_douceur, une allure paisible et de beaux sentiments. M. Prévost
vaut mieux que ses trois concurrents et il a réussi quelques lettres de femmeS:. Sa fluidité intarissable, dans un billet de
femme devient presque gracieuse. Il a surtout ce go1it de la rare
et de la difficulté physiologique qui est son apport particulier
dans la littérature frartçaise et qui chatouillera toujours les sens.
ignorants ou insatisfaits. Il a l'art de jeter des voiles sur ces
petites polissonneries, d'aguicher ainsi la curiosité en l'énervant d'un parfum de sacristie jésuite, d·e confessionnal élégant.
Malheureusement pour les Don Juanes, on ne fait pas un
roman avec si peu de chose. Les lectrices de M. Prévost frissonneront au éhapitre ou l'impuissante vient consulter le gynécologue, s'évanouit dès qu'on veut le toucher. Mais ce n'est
q.u'un chapitre. Le livre a 400 pages.
Sur la bande l'éditeur annonce qu'avant le tirage 100.000 exemplaires étaient commandés. Ve~dre ce livre avant qu'on le
connüt, c"était bien le meilleur parti.
PAUL RNAL

LUCIENNE, par Jules Romains (Editions de laNouvelle
Revue Française).
J'avais refermé. ce beau livre de Lucienne, où Jules Romains
nous fait part d'une figure inédite de l'amour, et relevais vers.
les choses un regard interrogateur: elles m'ont fait l'une de ces
réponses fugitives, mais profondes, que l'on en reçoit parfois
au sortir des régions de l'art. (L'œuvre en effet, tandis que vous
vous occupez d'elle, s'occupe de vous: elle dopne subrepticement le mot au monde). Ce que ;'aperçus alors de l'univers
- ce morceau 'd'univers que fait le coin d'une chambre n'avait pas de forme verbale. C'était une pure idée, l'idée la.
p-lus limpide, ta plus iucide, de là transparence et des puissances
de chaque oh.jet. Les murs solidement joints et bien d'équerre,
les vouloirs des passants de la rue visibles au travers d'eux,

�LA NOUVELLE RE.VUE FRA.."IÇAISE

les livres marqués de jugements aussi évidents que leurs
reliures.
Cette qualité de certitude, vous la connaissez. Vous l'avez
ressentie chaque fois qu'une œuvre irréprochable venait de
vous instruire, de son stîr et léger langage, à la fois articulé
et ailé. Et je serais surpris, lecteur, ou, plutôt, lectrice ( car le
destin de ces confidences féminines sera sans doute d'être
d'abord écoutées par des femmes: ce sont elles qui feront le
succès de Lucienne), je serai surpris si, quand vous aurez pris
connaissance des progrès mystérieux de l'action, de ces passions
subtiles, réticentes et évasives, de ces douleurs et de ces douceurs
qui se fondent les unes dans les autres, de tous ces éléments
troubles et secrets, dont Romains a établi la décantation avec
tant de respect et d'adresse, si ce qui vous restait enfin n'était
point une idée de clarté et, en quelque sorte, d'explication
dûment acquise.
L'intrigue du roman? Elle se devait d'être bien simple.
Lucienne, qui nous conte sa vie, esl une jeune fille que des
événements de famille ont obligée à quitter Paris. Elle donne
des leçons de piano dans une ville de province: son amie
Marie Lemiez, professeur au lycée, l'a fait connaître à la famille
Barbelenet. Elle y aura pour élèves Marthe et Cécile. Arrh·e
l'homme: Pierre Febvre, commissaire de marine, venu se
reposer dans une ville d'eaux voisine. Tour à tour chacune des
deux élèves de Lucienne le croit épris d'elle-même et s'éprend
de lui: mais ...
Mais vous lirez cette histoire. Vous assisterez à cette vie
solitaire et profonde d'une âme que le dénuement a jeté dans
une « sombre joie :o ; à cette émouvante marche, la nuit, au&lt;lelà du fleuve des rails, vers l'étrange maison Barbelenet ; à ce
prophétique et fulgurant passage du rapide qui ouvre les 1:,;énements ; aux pompes bourgeoises et aux mystères des Barbelenet: repas au goût intense et recuit, importance, maladies et
verrue de Madame Barbelenet, rivalité des deux sœurs. Vous
connaîtrez et vous n'oublierez plus ni ces visages de Marthe
et Cécile dessinés, à la façon des sculpteurs, d'un trait simple et
total, ni cette leçon de piano qui vous arrivera comme l'un des
événements de votre vie, ni ces amitiés passionnées où, sans
Jonner dans le banal écueil des jeux suspects, l'auteur est allé

NOTES

2 37

si loin dans la chair et dans l'âme, ni ces gaillardes confidences
de Pierre Febvre, le marin, ni nulle de ces révélations successives
que sont pour Lucienne la prescience, le désir, la terreur et la
gloire de l'amour.
L'amour? Il domine et pénètre tout le livre. L'amour: le plus
usé, le plus rebattu des sujets : mais n'y reste-t-il pas à jamais
des régions à découvrir ? De même que la « cristallisation »
en donna jadis une interprétation qui fut si nouvelle, il semble
bien que cette secrète marche suivie par la passion dans le cœur
de Lucienne, nous montre des foulées que nous ne connaissions
pas. Ces détours nous initient à des rites singuliers. Il semble
que nous assistions à l'invasion d'une personne humaine, à
la prise de possession de celle-ci par une divine personne qui
lui impose son caractère à soi, ses exigences, ses habitudes, son
égoïsme. Mais je manque encore du recul nécessaire pour connaitre toutes les idées que l'on peut tirer des données fécondes
d'un tel livre.
Ce n'est point à dire que cet ouvrage, si fourni de dessous.
qu'il soit, présente la moindre obscurité. Romains, au contraire, a su y répandre la plus extraordinaire évidence. N'importe
quel lecteur de ciné-roman peut assister, sans être arrêté nulle
part, à ces délicates évocations de sentiments ou d'idées, à ces
nuances irisées qui s'emparent tour à tour de l'univers, à ces
méditations dont les plans se superposent avec la même sécurité que s'il s'agissait de la charpente des plus grossiers événements. La réussite de « métier :o est étonnante: et ce n'est point
assez que de parler de clarté, le style, bref mais point brisé, ne
se bor ne pas à préciser les évt':nements intimes, il sait encore
en garder le frémissement vivant, la poésie. Et j'en reviens à
cette impression de certitude que je signalais tout à l'heure :
l'explication que reçoit ici le lecteur n'est point affaire de mots,
il est introduit dans le déplissement et le développement même
des forces.
Or ce livre de Romains n'e~t pas seulement une œuvre qui,
en soi, s'impose à l'attention: il apporte à di.ers égards certaines indications précieuses.
D'abord parce qu'il marque un nouvel élargissement dans
la manière de l'auteur de la Vie Unanime. Le jeune poète de jadis
qui, dès ses débuts, nous a proposé une si puissante idée du.

�LA NOUVELLE REVUE FltAN-ÇAISE

mon8emoderne et des groupes humains, nous avait déjà signi1ié avec les Copains. - cet ample épanchement de là joie de vivre
- avec Mort de Quelqu'un - cette profonde étude de la suprême
destinée des hommes - avec Europe, avec Cromedtyrt-le--VieiJ,
:sa volonté-de ne point s'en tenir à ses premières conquêtes. Il
,est ttop d'artistes dont la marche est en quelque sorte linéaire:
ils ne peuvent entrer dans une idée sans en quitter _une autre~
et, s'ils vous présentent tel ou tel mérite~ c'est parce -qu'ils
·viennent de renoncer à telle ou teUc vertu. Les étapes, chez
Romains, se.font de façon toute différente, par adjonctions successives, Sam rien céder de-s lieux rudes et hauts- ou- il s'est
établi d'abord, il s'.agrandit peu à. peu, comme .par rl.es péntes, et
des plaines : il s',élargi.t san~ cesse,. Cest peut-être à cette ferme
assise que son œuvre doit d'ê.tre,,regardée de loin comm.e l'un
.des repères auxquels se, reportelilt ceux .qui veulent m esurer notre
époque. L'ordonnance qui gouverne de plus en plus impérieusement cet ensemble d' ouvrages ne doit pas inquiéter : Romains
possède assez de spontanéité et de verve pour résister à ce que
.ce pouvoir-là manifeste parfois d'a.ppauvrissant - et Lucienne,
le dernier apport del'écrivain, y paraît situé àla pointe extrême,
vers l'horizon.
Si nous essar ons maintenant.de situer ce roman, nun plus
parmi les autres œuvres de son auteur, mais dans notre
littfrature actut:lie, oous soulignerons d'abord la forme narrative que Romains .a adoptée. Le «. récit », qui avait été naguère
:assez délaissé, porte volontiers d'excellents fruits dans ce coin
-d'Europe d'où nous sommes, ce généreux terroir entre Seine,
Rhône et Garonne: rappelons-nous deux fortes œuvres récentes,
Un Homt1U Heureux de Schlumberger et la DmJession de Minuii
-de Duhamel, (encore que Lucienne n'ait rien de commun avec
elle,; que .leia:it de donner parole non à l'auteur, mais au principal personnage). Cette réapparition éhe:z nous d'une forme de
roman aussi allègre et alerte npus parait mériter d'être .signalée.
D'autre part, à envisager non plus l'aspect de l'ouvrage, mais
sa teneur, que nous révèle icette dernière? Toutes les forces
valables de la littérature de notre temps se dirigent, croyonsnous, -vers ll1l art largement humain et un mode d'expression
~imple et&lt;lirect tel. qne le fut celui des classiques (que l'on me
passe ce rappel : a.gaçantpour quelques-uns, trop agréable pour

NOTES
2 39

d'autres, il est peut-être' motivé). Or si cettaines &lt;le ces for'ces '
ont pour point de départ le lyrisme, d'autres l'iptuition, il nous
.semble que, malgré la passion, le mystère même partout
empreints dans Lucienne, cette œuvre est de l'ordre de celles où
prévaut l'acuité de la conscience - où l'élément intdlectuel
est le maître. Et il no4s apparaît qu'entre celles-ci, - mais par
&amp;.es propres voies !!t à sa façon, c'est-à-dire a.veç une aisance
décisive, l'important livre de Jules Romains ,apporfe, à tels profonds problèmes que porte en soi-même chacun de nous mieux
qu'un témoignage: un modèle d'élégante solution.
'
LUC DURTA1N

LE THÉATRE
PITOEFF ET LA FONDATION A PARIS D'UN
THÉATRE DE RÉPERTOIRE ÉTRANGE~
Que des gens bien intentionnés fassent le projet de voir une
~iè~e mais qu'elle ait déjà _disparu de l'affiche lorsqu'ils
s avisent de louer des places, ils éprouvent la même sorte de
regret que s'ils arrivent trop tard dans un grand· magasin où
~'on ann~nçait des « occasions )) intéressantes. Pour un peu ils
plousenuent les dégourdis qui ont su se précipiter à temps. Il
ne leur entre pas dans l'esprit qu'une pièce n'est pas une marchandise qui peut attendrele client, mâis un être vivant qu'ils
ont laissé mourir de faim. On a vu, au Vieux-Colombier, un
public renoncer à cette attitude déplorablement passive, à cette
mortelle nonchalance et en être récompensé. Il faut qu'un
appui analogue vienne soutenir les efforts de Pitoëff.
Une sympathie très ch-aleureuse avait accueilli, l'an dernier,
les représentations de la Puissance du Ténèbres et de !'Oncle
Vania . Chacun comprenait que toute une partie du théâtre
étranger ne peut nous être rendue accessible que par des étrangers. Quelque intelligente et bien doc11mentée que soit une
interprétation française, il lui manque ·un je ne sais quoi, certaines intonations, une certaine allure, un certain relent qui,
mieux qu'aucun commentaire, révèlent le sens d'une ~uvre.
On l'a constaté pour la Puis.sance des Tenèbres qu'Antoine avait
donnée avec une force, u.ne ampleur, une süreté de moyens
aui.quelles la compagnie de ' Pitoëff ne p.ouvait prétendre.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

L'interprétation d'Antoine avait plus de grandeur, mais on a le
sentiment que dans sa simplicité, sa bonhomie, son absence de
solennité, celle de Pitoëff restait plus fidèle à la, Russie. De
même pour l'Oncle Vania. Malgré une distribution qui Ôésaxait
la pièce en faisant passer au secon'd plan le personnage principal, on respirait l'atmosphère même·de 'Tchekh.of. Et l'on se
réjouissait à la pensée que nous aùrions enfin à Paris ce théâtre
européen qui nous manque et qui pourrait être un vivafit lien
avec les pays du nord et de l'est, les seuls auprès desquels,
depuis cinquante ans, notre art dramatique aurait pu trouver à
s'enrichir.
Le principal atout de Pitoëff, c'est sa connaissance, son sens
de ce théâtre-là. Il n'y est gêné ni par des préjugés à vaincre
ni par un zèle indiscn;t de néophyte . Il y est chez. lui; il peut
s'y laisser aller à sa fantaisie, à son invention de_metteur en
scène. Ayant débuté, comme le Vieux-Colombier, dans des
conditions quî le for.çaient à monter un grand nombre de spectacies à peu de frais, il a_ gardé uhe sorte de désinvolture charmante en ce qui concerne décors et costumes, et la nécessité lui
a fait acquérir une ingéniosité qui lui permet d'aborder, sâns
en être écrasé, un programme abondant et divers. La composition de sa troupe, où l'accent russe alterne avec l'accent vaudois, lui interdit une certaine"perfection que l'on est en droit
d'exiger lorsqu'il s'agit d'une pièce de chez i;ious ou d'un
spectacle qui vaut surtout par une forme raffinée. On a pu le
constater pour la Salomé de Wilde qui n'est plus qu'une fantasmagorie prétentieuse et démodée sitôt que le luxe et le
renchérissement de l'artifice ne lui prêtent plus d'éclat. C'était
pitié de voir Mme Ludmila Pitoëff, dont le grand talent est tout
émotion et probité, essayer de donner de la vraisemblance aux
insupportables :fioritures du dialogue et c-ueillir avec tant
d'honnêteté ces fleurs vénéneuses. L'inconvénient n'est plus
aussi sensibie dès que les qualités de l'œuvre sont profondes.
Assurément une meilleure diction contribuerait à faire valoir
les beautés d'une pièce de Shakespeare, et la traduction si
ferme, si bien sonnante que M. Guy de Pourtalès a donnée de
Mesure pour Mesure eüt prêté à une mise··au point plus serrée.
Mais l'intérêt de l'œuvre est si grand et l'on est si t~connaissant à une troupe de nous donner une telle comédie sans.

NOTES

aucun tripatouillage, qu'on ne sait comment se montrer assez
reconnaissant.
Tan_t que Pitoëff n'était à Paris qu'un hôte ·de passage, ïi
pouvait_ c~mpter, q_uelles que fussent les pièces qu'il jouât, sur
un auditoire restremt mais averti. Etabli définitivement chez
nous, il _faudra q~'il s'appuie sur u~ public plus large, partant
plus ré:1f,
qu il adapte avec d autant plus de rigueur son
répertoire a ses moyens. Il ne peut pas tout jouer, mais il est
seul à pouvoir jouer, d'une façon viv.ante et suivie, tout un
ensemble d'œuvres qu'il faut que nous connaissions. Le succès
&lt;l_e l~ M_ouette ou_ des Bas-fonds mo_ntre que la curiosité n'est pas
s1 ~1ffic1_le à éveiller. On peut détester une pièce comme Celui
qui reçoit des gifles et ne pas regretter d'avoir eu l'occasion de
juger, une fois pour toutes, la déplorable qualité du théâtre
&lt;l' An~réief; car rien n'est significatif comme l'engouement qu'à
la veille de sa décomposition 1a Russie a éprouvé pour cet
auteur._ Presque tout Je théâtre étranger (Strindberg, Gogol,
Wedekmd, etc.) reste pour nous une carrière à peu près inexploitée . A l'imposante série de pièces jouées cette saison à la
Coi11édie des Champs-Elysées, d'autres séries doivent s'ajouter.
De_ la sorte Pitoëff nous lavera quelque peu d'une ignorance
~u1 nous. couvr:e. de ridicule et, ce qui est plus important, il
travaillera à donner au public français quelques lueurs sur la
sensibilité des peuples étrangers. C'est là, pour notre bonne
conduite dans le monde, un point si capital et qui constitue
pour nous une si grave faiblesse que rien n'est négligeable de
ce qui peut contribuer ày remédier.

;t

*

JEAN SCHLUMBERGER

* *

LES TROIS MIRACLES DE SAINTE CÉCILE suivis du
MARTYRE DE SAINT VALÉRIEN, par Henri Ghéon
(Société littéraire de France).
Comme il nous en avertit lui-même au commencement de la
préface, l'auteijr a pris le sujet de cette tragédie sacrée dans un
ouvrage de Dom Guéranger, bénédictin : Sainte Céâle et la
Société romaine aux deux premiers siecles. La joie, Ia douleur et la
gloire de Sainte-Cécile sont représentées comme en un tryptique « suivant l'ordre des mystères du saint Rosaire)). Nous
r6

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

242

assistous d'abord aux noces de Cécile et.de Valérien selan le cite
païen, puis à la conversion de l'époux qui touché par la pureté
et la vertu dt: sa femme accepte de :renoncer à consommer.. le
mariage. Dans la deuxième partie, Valérien et son frère
Tiburce, convoqués, au tribunal du prêteur pour y répondre
d'une infraction aux édits de l'empereur contre les chrétiens,
marchent joyeusement .au devant du, martyre. Cependant
Cécile, seule avec son. aage, assiste par la,pensée aux tourments
de son époux, uo instant partagée eil.tre les « honteux- attachements de la chair et du monde l&gt; e.t l'amour divin. Enfin, c'est
la fournaise où Cécile subit y. un supp~ce sam tourment», symb.olisaot l'Eté de Dieu qui mfuit les.âmes et les purifie avant la
mort. L'auteur s'est do11c astreint à suivre exactement les Actes,
mais il a f.ait _œuvre de dramaturge en prêtant à ses personnages des sentiments ou des faiblesses ~ommuns à t?us l:5
hommes. Le confiit n'es_t pas entre la pass1on et le devoir, mais
entre la nature et la sainteté.
M. Henri Ghéon a du reste pris soin de déclarer que.les Trois
Miracles de Sainte Cécile sont d'abord une œuvre de foi, voulant marquer par là que son esthétique dilféraît fon~ièr~nt_ de
celle qui inspira par _eKemple le Marty:e de Sa~nt ~eb~tien.
Peut-être le souvenir du « mystère_» de &lt;l Annunz10 n est-il pas
demeuré tout à fait étranger sinon à la conception, du moins à
la réalisation scénique de l'œuvre de l'écrivaincatholique. Mais
il .faut 'SUftout retenir l'affirmation de la joie et _de la force que
ptocUJe au dramaturge« l'obéissance à un suje.tqui lui est venu
du dehors ». 11 est vrai que rien n'est plus propre qu'une telle
tontrainte favoriser le jaillissement de la sensibilité : au lieu
de se répandre au hasard de l'émotion personnelle elle suit le
lit creusé par l'histoire, assez large pour contenir le flot le plus
i~pétueux et le plus abondant. On n'a garde ~'ou~lier _que
Racine, en ses préfaces, se flatte d'observer la véntë h1stonque
et s'excuse lorsqu'il a cru devoir prendre avec elle quelques
libertés. Les chœurs de Saiute Cécile, où se œncontrent beaucoup de pensées nobles et touchantes et d'images gr.acieuses~
font penser à Esther et par la grâce volo~tairem~t un peu ~ste
de leur poésie à Monchrestien~ Des parties de dtalogue ple1?es,
d'énergie, les stances cornéliennes que.l'auteur -place volontiers
dans la bouche de ses personnages ont sou.vent une fem1eté

à

NOTES

2 43

digne de Potyeucte, de l'imitation ou de ces Entretiens solitaires
de Brébeuf qui sont une des perles de la poésie catholique.
En empruntant à des maîtres le ton le plus cnnvenable sans
au~. souci apparent d'originalité, M. Ghéon fait preuve d'une
humilité fruct_ueusej car il a ainsi réalisé une œuvre d'un tr-ès
grand charme, pleine de poésie et d'effusion, où la monotonie
est éludée a:vec beaucoup d'a:rt, et qui est très supérieure, non
seulement au Pauvre sous l'.escalier, mais encore à tout ce qu'on
a tenté ~ans le ~ême esprit, depuis bien longtemps. Ce Mot,
a-t-on d1t, des pièces pour patronages : sans doute, mais la
tragédie classique est née dans un collège. Si elle y retourne ne
serait-ce point 1~elle n'a plus de place ailleurs. A ce co~pte
~ro,ned?'re-l~Vieil, u~ des rares ouvrages dramatiques où l'on
ait senn passer un vra1 souffle lyrique, ferait l'effet d'une pièce
à l'usage d'un patronage nietzchéen,
ROGER ALLARD

LA MUSIQUE
&lt;&lt;

LE MARTYRE ·nE SAINT SÉBASTIEN

&gt;&gt;

A

L'OPÉRA.
L'Opéra vient de reprendre ·Ie Martyre de Sa:bzt Sébastien
auquel -0.nt collaboré uu musicien de génie, Claude Debussy, un
prestigieux créateur d'images verbales, Gabriel d'Annunzio, un
peintre chez lequel une imagination exubérante, mais réglée,
s'aliie à un métier infaillible, Léon Bakst. Et c'est Mme Ida
Rubinstein qui incarne, comme lors de la création, en 1911, le
personnage du saint. Jamais, peut-être, on ne vit semblable
collaboration. D'où provient donc la sensation de fatigue et
d'ennui que dégage cette vaste et complexe composition ?
Je ne crois pas que la responsabilité en incombe aux exécutants. Que la réalisation n'ait pas été à la hauteur des intentions
du musicien et du poète, que ces intentions aient même été
complètement trahies - cela n'est pas douteux: il faut avouer
que rarement nous eô.mes à !'Opéra spectacle plus déplorable,
et puisqu'il s'.agit d'.un artiste tel que Debussy, le mot «crime»
pourrait .Atre sans exagération .aucune appliqué à la réalisation
de-la partie musicale de l'œuvre.. Je n'insiste pas sur la mutilation subie par le texte et la musique du fait de la suppression

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

-d'une scène entière, celle de la Chambre Magique : la longueur
du .spectacle pouvait jusqu' à un certain point expliquer, sinon
,excuser cette coupure ; mais l'orchestre et les chœurs surtout
produisirent la plus pénible impression: intonation défectueuse,,
rythme vacillaot, sonorité compacte et grossière, tout se tenait
.si mat qu'à certains instants on pouvait cr_aindre la catastrophe•
li est vrai que M'. Defosse, qui conduisait l'orchestre, avait
:remplacé au pièd levé M. Caplet lequel, au dernier moment,
s'était récusé et avait refusé de prendre part à l' « exécution ))
-du saint. Mais ces histoires de coulisse ne nous concernent pas :
.J 'auditeur n'a pas à se préoccuper des dessous du spectacle,
Mme Rubinstein-Saint Sébastien mise à part, la réalisation
des personnages fut franchement mauvaise (Mme Suzanne
Desprès : la Mère; MM. Desjardin : César; Krauss : le Préfet):
gestes qui prétendaient être nobles et majestueux,. mais qui
,n'étaient que grotesquement compassés, récitation ampoulée,
parfaitement conforme d'ailleurs aux plus anciennes, mais aux
plus mauvaises traditions de !'École, hurlements déchirants,
soi-disant passionnés, mais d'une fausseté à faire grincer des
,dents. Rien de cette naïveté quelque peu précieuse à laquelle
tendait certainement d'Annunzio.
Nos seules joies furent les attitudes admirables de Mme Ru;binstein, son corps ten du, tel un arc, ses gestes sobres et
,harmonieux. Sa voix, lorsqu'elle ne la force pas, .est une divine
musique aux inflexions quelque peu monotones,. mais puissarn·ment expressives dans leur chaude pureté.
Je me représente chacun des principaux rôles tenus par des
.artistes du style de Mme Ida Rubinstein et qui -auraient trouvé la
note juste, _iussi éloi gnée d'un naturalisme déplacé que d'une
emphase fatigante. Cela n'aurait pourtant pas suffi à me faire
;accepter Saint Sébastien.
Jamais œuv.te ne voulut plus sciemment, plus exclusivement
.-être belle : tout y est subordonné à un certain idéal purement
•esthétique. On a la sensation très nette que les auteurs, et particulièrement le poète et le décorateur n'ont pas perdu de vue
un seul instant le plaisir esthétique du spectateur : ils n'ont eu
-d'autre but que de créer une impression de beauté. L'émotion
religieuse, mystique est ici la matière de l'œuvre ; la forme est
Jusqu'à un certain point déterminée par les mystères du Moyen-

1

!.

Age : dans ce cadre, avec cette matière, d'Annunzio veut uniquement « faire beau », conformément à une certaine formule
de beauté harmonieuse, faussement naïve et précieuse. Le
peintre le soutient dans son effort : en Bakst, d'Annunzio trouve·
le décorateur idéal ; mais c'est grâce à lui justement que le vicede l'œuvre apparaît. Sans doute la réussite est complète; pas.
u~e fausse note. dans cette symphonie de couleurs et de lignes.
S 11 y a des d1ssonnances, elles sont voulues, et l'artiste les.
résoud_ immédiatement avec une habileté prodigieuse. C'est'
splendide, comme sont splendides certains vers de d'Annunzio ..
Mais jamais je n'ai mieux senti le vide affreux de la seule
manière, du seul savoir-faire, de la virtuosité pure. indifférente
à ce qu'elle traite. Vers la fin de ce spectacle de beauté, on n'a
plus qu'un désir : briser ce cadre magnifique, voir transparaître
u~ seul sentiment humain, saisir un mot, une forme qui ne
sment pas conditionnés exclusivement par des considérations
de style, d'élégance, de go-ût, par le désir surtout de satisfaire
les aspirations d'un certain public.
Si le Martyre ne durait qu'une heure, ce serait acceptable,
mais il est pénible de respirer cinq heures durant cette atmosphère de paradis artificiel au goût parisien de 1911.
la musique de Debussy a suscité de,s enthousiasmes que,
malgré tout mon bon vouloir, je ne parviens pas à partager : il
y a certainement en elle tout autre chose que de la pure virtuosité, du parfait métier et les formules d'une esthétique déjà
périmée. Le monde des sensations et des sentiments mystiques
fut autre chose pour le compositeur que matière à jolies combinaisons, et, si -l'on confronte la transparente musique de .
Debussy avec les chatoiements d'un Bakst, d'un d'Annu,nzio,.
on reste confondu de la pauvreté de ces formes, de ce texte.
Mais le musicien s'est aussi laissé subjuguer jusqu'à un certain
point par une formule conventionnelle de beauté mystique qui
implique l'immobilité, la simplicité et une certaine mon_o tonie
dans la noblesse, formule qui fut déjà désastreuse pour le Par-•
sifal de Wagner. En écoutant Saint Sébastien, ma pensée se,
reportait invinciblementà Pelléas ou l'artiste suivait sa propre loi.
sans songer à faire beau,. sans penser à faire plaisir aux autres _
Il semble que, quelle. que soit sa conception de la beauté,
l'artiste ne doive jamais tâcher de l'atteindre directement : il

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

cherche la vérité, l'"e~pression, le grotesque, le- tragique et
atteint i11clirectement, par ricochet, à une certaine fomie de
beauté. En poursuivant sciemment le beau, rien que le beau,
on atteint le joli. Le Martyre. de Saint Sibastien- rr'est q·ue joli ;
mais, vu les proportions de l'œuvre, ce joli a quélque chose de
monstrueux.
BORIS DE SCHLŒZEB

CORRESPONDANCE
I . PROUST ET EINSTEIN

Nous avons reçu la lettre suivante de M. Camille Vettard, qui rédigea avant b guerre la chronique 'des romans dans la Nouvellè Rev11e

Française:
MoN CHER RIVIÈRE,

~

Je lis aujourd'hui seulement dansia Nouvelle Revue Française
du 1•r juin l'article sur Sodome et Gomorrhe ou Marcel Proust
m~raliste, dans lequel M. Roger Allard fait allusion à la comparaison que « certains critiques » auraient faite de l'œuvre de
Proust avec celle d'Einstein ... Je ne connai:s pas ces critiques
(au pluriel), et M. Roger Allard ne les connaît, semble-t-il, que
par ouï-dire ( « il paraît, écrit-il, que certairis critiques ont
comparé l'œuvre de Proust à celle du sa:vant allemand») .. Mais
je me suis plu moi-même à ce rapprochement des noms de
Proust et d'Einstein, et, dans une dédicace à l'auteur de Swann
et des Jeunes Filles en fleurs, - qui est encore inédite mais qui
n'est pas inconnue à la Nouv~lle Revue Française, - j'ai dit
quelques mots qui peuvent faire comprendre la pensée qui m'a
dicté ce rapprochement entre lln très grand romancier psychologue et un très grand physico-matbématicien.
Vous voudrez bien me faire l'amitié de croire que, vivant,
non p-as à « 6.500 pieds au-dessus de la mer et des choses
humaines», mais à plus de 800 kilomètres de Paris, dans une
solitude presque complète, entre un couvent et des montagnes,
je suis à peu près soustrait aux influence~ de la mode. En fait
il y a trois ans que des lectures de Proust et d'Einstein - je
passais de l'un à l'autre - ont suscité. en moi une· admiration
et un enthousiasme égaux et semblables à. ceux que j'avais
éprouvés, bien des années auparavant, pour Bergson.'
M. Borel.a dit qu'Einstein cc nous a apporté une manière

CORRESPONDANCE

nouvelle de regarder le monde » et qu' « il est désormais impossible à tous ceux qui l'ont lu de penser comme ils l'auraient
fait s'ils ne l'avaient pas lu ». C'es:t exactement ce que je dirai
de_Marcel Proust. Comme cet oculiste dont il parle dans s-a Préface au livre de Morand, Tendres Stocks, Proust a fait subir à nos
yeux une opération salutaire, etun monde nouveau, bien différ~nt d~ celui auquel nous étions habitués, nous est apparu ,
smguhèremrnt attachant et « parfaitement clair ». C'est dire
que Proust, comme Einstein, a fait une œu~re géniale (il faut
ente_ndre que. sa nouveauté est variée, profuse, profonde) et si,
au heu dele rapprocher de tel peintre ou de tel musicien de
génie, je l'ai' rapproché d'un savant, c'est que j'estime qu'A la
RechercEe du Temps perdu, - et ceci n'a pas été suffisamment
mis en lumière, sauf peut-être par Jacques Boulenger - est en
même temps qu'une œuvre d'art, une œuvre de scie-nce, une de
ces œuvres. dont on peut dire, ainsi que l'a fait Merejkowski
des livres de Dostoïevski, qu'elles foot penser c&lt; à cette union
nouvelle de l'art et de la science que les plus grands artistes et
les plus grands savants ont pressentie, e-t qui n'a pas encore de
nom » (M. Merej.k.ovski signale à ce propos certaines poésies
de Gœthe et quelques· dessiM de Léonard de Vind)r Proust n'oublions pas qu'il est, comme Flaubert, fils d'1:1n médecin,
d'un clinicien réputé, le professeur Proust - a d'ailleurs parfaitement conscience de ce caractère de son œuvre, si j'en juge
par une lettre de lui publiée dans les Annales, où il déclare que
son « instrument préféré de travail est le télescope », et qu'on a
"eu tort de croire, parce qu'il disait et je », qu'il se bornait à
« s'analyser, au sens individuel et détestable du mot», alors
qu'il cherche cc à découvri! dès lois générales ». Henri Poincaré
a dit - je le rappelle puisque Proust parle de télescope - que
fastronomie nous a fait une âme capable de comprendre la
naturcr 'C'est cette âme qui m'apparaît chez un Proust comme
chez un Einstein. L'un et l'autre ont le sens, l'intuition, la
compréhension des grandes lois namrelles. (Je comparerai
encore Proust, si vous le voulez, à un hrstologiste maniant non
plus un télescope, mais un scalpel extraordinairement acéJ-é).
Maintenant, on peut fort bien ajouter, je crois, que le monde
Proustien~ où le temps joue un si grand rôle, est un monde à
quatre dimensions, çomme le monde fünsteinien de la relativité

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

restreinte, ou que Proust, comme Einstein, a tenu compte, dans
sa description du monde, de décimales jusqu'ici négligées. On
peut dire avec M. Allard que « si la notion de relativité morale
peut être déduite d'une œuvre d'imagination et de psychologie », c'est « de celle de Marcel Proust où les points de vue
sont multipliés à l'infini, où l'indépendance des sentiments à
l'égard &lt;les mœurs est rendue sensible, où les terres inconnues
de l'inconscient sont réduites à une ceinture mince comme une
ligne d'horizon. » Il est encore possible de faire un rapprochement entre cet Univers Einsteinien de la relativité généralisée
dont la courbure varie en chaque point et le monde - extérieur
ou intérieur - infiniment changeant et nuancé que nous
dépeint Marcel Proust. Enfin, ceux qui savent ce qu'Einstein
entend par « mollusque )) ou mieux « pieuvre de référence » (à
savoir, comme le dit à peu près M. Gaston Mocb, « des axes de
coordonnées qui ne sont plus des droites ni des courbes, mais
des filaments continuellement agités en tous sens et qui se
tordent comme les bras d'une pieuvre )) ) verront pe1:1t-être dans
la phrase de Proust, avec ses incidentes, ses parenthèses, ses
tirets, ses innombrables proposiùons subordonnées et ses multiples images à facettes, quelque chose d'analogue. Ce sont là
des analogies, des images - je l'entends bien ainsi - qui ne
sautént pas aux yeux de purs lettrés, mais qui s'imposent, je
crois, à ceux qui sont un peu moins anachroniques et savent,
au xx• siècle, un peu d'algèbre et de physique mathématique.
Elles ne sont pas plus ridicules et elles sont peut-être un peu
moins forcées et un peu plus inévitables que tant de comparai-'
sons sentant l'huile que nous infligent, à chaque ligne, bien
des ouvrages contemporains que jé ne serais pas embarrassé de
citer.
J'approuve tout à fait Gide lorsqu'il met Proust seul dans son
temps et lorsqu'il déclare que nul écrivain ne nous a plus enrichis. Il n'a peut-être pas tout à fait tort en ajoutant : « Lorsque
nous lisons Proust, nous commençons de percevoir brusquement du détail où ne nous apparaissait jusqu'alors qu'une
ma·sse. C'est, me direz-vous, ce qu'on appelle : un analyste.
Non : l'analyste sépare avec effort : il explique, il s'applique :
Proust sent ainsi tout naturellement. Proust est quelqu'un dont
le regard est infiniment plus subtil et plus attentif que le

CORRESPONDANCE

2 49

nôtre ... :o Non, Gide n'a pas tout à fait tort de dire cela, mais
M. Henry Bidou, dans un article récent de la Revue de Paris sur
Sodome et Gomorrhe, n'a pas tort non plus de parler de« l'a.nalyse
sans répit :o de Proust. Comment s'entendre ? U faut concevoir
chez Proust une sensibilité et une intelligence également extraordinaires qui sont, par je ne sais quel miracle, merveilleusement fondues et conciliées. Les sens de Proust ont une byperacuité prodigieuse, mais son jugement est aussi extrêmement
aiguisé. De plus, organes des sens et cerveau ont une rapidité,
une vitesse telle ( et l'on peut ajouter le cœur) qu'il n'y a plus
de durée, de solution de continuité appréciables, et que l'on ne
sait plus si c'est le cerveau qui pense et l'œil et le cœur
qui sentent ou si ce n'est pas au contraire le cerveau
qui sent et l'œil et le cœur qui pensent. Nietzsche a dit un
jour que « nos oreilles, grâce à l'exercice extraordinaire
de l'entendement, se sont faites plus intellectuelles... ;
notre musique donne maintenant la parole à des choses
qui n'avaient jadis aucune langue. Pareillement quelques
peintres ont rendu l'œil plus intellectuel... » Plus loin, Nietzsche
dira : « Plus l'œil et l'oreille deviennentsusceptibles de pensée ... »
et parlera de ces « dix mille personnes aux prétentions toujours
plus hautes, plus délicates, écouta~t de plus en plus à l'audition
d'une symphonie ce que « cela veut dire » . •. « Le parfum
d'ambre de cette signification, ajoute-t-il, se répand de plus en
plus ... » Il est évident que les sens de Proust sont extraordinairement intellectuels et susceptibles de pensée, et, de plus, de
même que Baudelaire a intellectualisé l'odorat, l'auteur de
Swann a intellectualisé, rendu susceptibles de pensée, doté·
d'un langage et d'une signification, notre corps tout entier, nos.
organes, nos viscères, notre coenesthésie et notre cryptomnésie,
nos rêves et nos sommeils (il faut bien penser de nouveau qu'il
est fils d'un médecin), nos moindres expressions, nos moindres
mouvements musculaires. Il a rendu notre corps d'une transparence éclairée de cristal, translucide notre chair la plus ténébreuse; il a illuminé nos replis les plus obscurs, comme une
rampe de gaz s'illumine dans la nuit. Il a dit lui-même du
romancier d'introspection qu'il doit « tirer hors de l'inconscient
pour le faire entrer dans le domaine de l'intelligence, mais en
tâchant de lui garder sa vie, de ne pas la muùler, de lui faire

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.subir le moins de déperdition possible, une réalité que la seule
lumière de l'intelligence suffirait à détruire, semble-t-il. »
« Pour réussir ce travail de sauvetag.e, ajoute-t-il, toutes les
forces de l'esprit et même du corps ne sont pas de trop. C'est
110 peu le même genre d'effmt prudent, docile, har:di, nécessaire
.à qnelqu'un qui, dormant encore, voudrait examiner sori sommeil avec l'intelligence, sans que cette intervention amenât le
Téveil. »
Nietzsche a très justement remarqué encore que « plus l'œil
et l'oreille deviennent susceptibles de pensée, plus ils s'approchent des limites où ïls deviennent immatériels ». C'est bien
parce qu'il a pénétré son corps tout entier de penséè que Proî.tst
apparaît comme une spiritualité pure, que tout chez lui paraît
esprit et semble lui apparaître esprit, et que son monde - le
monde qu'il nous a révélé - est un monde irisé, éthéré, volatil
-et ~obile, ou rien cc ne pèse et ne pose».
Je ne voudrais effaroucht;r personne en faisant encore allusion à propos de Proust à un autre mathématicien qu'Einstein.
(J'aurais pu faire, plus haut, allusion à un psychologue, à Maine
de Biran). M. Hadamard a dit un jour (le propos a été rapporté
-dans un article de la Grande Revue par M. Milhaud) que q; les
idées de Henri Poincaré se présentaient si natunllement qu'on
cavait peine à comprendre qu'elles n'eussent pas germé plus tôt
dans l'esprit des hommes». Ce n'est pas, je l'espère, ma faute,
si ayant lu Proust et Poincaré, je ressens à la lecture de l'un
-comme de l'autre cettèimpression de naturel. Cela vient sans
doute d'une même aisance et d'une même rapidité à pens.er.
Mais cela vient aussi,, }e crois, de ce que chez l'un comme chez
l'autre, la pensée est traduite de la.façon la plus simple, la plus
.adéquate, la plus nécessaire. M. Bergson .nrait, para:ît-il, l'habitude de conseiller à ses élèves d'habiller leur pensée sur mesure
et non à la confection. On peut dire que la phrase de Prous1
-est faite sur mesure. Il n'y a. pas dans sa pensée écrite appauvrissement, diminution, ou, pour mieux dire, trahison de la
pensée pure. L'écart entre la parole et J'image ou fidée est si
infiniment resserré, réduit à la limite, qu'il n'existe plus et
qu'on n'a pas à déplorer cr ce rapt visible que la phrase fait de
la pensée et cette déperdition que la pensée en subit » q~e
.Proust regrette tant d'avoit à signa.Ier chez Ruskin ( ce Ruskm

CORRESPONDANCE

dont l'exemple et les préceptes ont peut-être enwuragé tant de
ha1diesses géniales, tant d'audaces heureuses de Pwus.t). Qu'on
songe, au surplus, à ce qui est dit dans Swann de la Sonate de
Vinteuil, et, dans le Côté de Guermantes, du jeu de la Berma.
Qu'on relise aussi les études sur Ruskin, l'article sur Flaubert
et la Préface au livre de Morand.
J'aurais beaucoup à dire encore, si je me laissais aller, sur
l'art de Proust (sur ce qu'il a de commun, par exemple, avec
l'art de cet Elstir qui nous est présenté dans les Jeunes Filles
en fleurs), sur les découvertes psychologiques de Proust qui
s'apparentent à celles de Freud, sur les anachronismes, les
intermittences, l.a dissociation perpétuelle du.moi ( dans la durée
et en profondeur) que nous. révèlent les personnages d'A la
Reche:rche àu Temps pe.rdu, ce livre si savant et pourtant si étrangement attachant qu'on le lit' avec autant de plaisir que l'on
l'on faisait, enfant, ( comme l'a dit Jacques Boulenger) les
Trois Mousquetaires ... Mais, je n'ai déjà que trop cédé au plaisir
de parler de Proust et de livrer, au courant de la plume, des
réflexions qui n'ont qu'un rapport bien lointain avec ce rapprochement des noms d'Einstein et de Proust qui a motivé cette
lettre.
On aura vu, je pense, dans quel esprit j'ai fait ce rapprochement etj'avoue que j'estime, avec M. Allard, qu'il est assez
séduisant pour l'imagination. Dirai-je maintenant, et pour
finir, que M. Allard a peut-être tort d'écrire : « Faut-il dire que
Proust a bouleversé la psychologie, comme on dit qu'Einstein a.
fait la physique ? )&gt; Je vois d'ici M. Bouasse, le physico-mathématicien de Toulouse, bondir et fulminer à ces mots de bouleversement de la physique, car il n'y aurait bouleversement que
s'il y avait changement de méthode, et la méthode de la physique est bien fixée. Je me suis quelquefois diverti à appeler
M. Bonasse, qui est une intellîgence étonnamment claire et un
terrible confrère peu respectueux des gloires établies, un
« Stendhal de la physique "· Appelons de même M. Proust un
Einstein de la psychologie ou M. Einstein un Proust de la
physique, sans penser que la théorie de la Relativité généralisée se retrouve daos !_a Recherche du Temps perdu, ni
M. de Charlus ou les découvertes psychologiques et stylistiques
de Proust dans ]es équations covariantes d'Einstein, mais en

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

nous disant que l'un et l'autre ont créé un nouveau monde.
Veuillez agréer, mon cher Rivière, l'expression de mes sentiments les plus sympathiques.
Camille VE1'IARD
P. S. - Ct::tte lettre à Jacq1.1es Rivière était déjà écrite et envoyée
depuis plusieurs jours, lorsque j'ai lu, dans la R'evue Hebdomadaire du
17 juin, les pages sur le Cousin Pons, où M. Paul Bourget définit
Balzac, en termes très heureux, un visionnaire analytique et ajoute avec
une extrême netteté : « Balzac possédait, réunies en lui par une étonnante richesse de nature, ces deux facultés contradictoires : une magie
d'évocation qui donne à ses moindres personnages la plus intense
couleur de vie et une acuité de dissection anatomique, qui, derrière
chacun de leurs gestes, chacune de leurs paroles, discerne et met à nu
les causes ... Chez Balzac, le miracle d'équilibre entre la vision et la
Science s'est accompli d'une façon si perman.ente qu'il nous est impossible de séparer en lui le peintre et le phllosophe, le poète et le critique. Ils sont fondus ensemble à une profondeur qui fai; de ses Iivres
une chose unique, etc., etc ... » J'indique, très rapidement, pour prendre
date, que je vois très bien une étude sur Proust où l'auteur d'A la
Recherche di1 TMnps perdu serait également défini un « visionnaire analytique )&gt; et rapproché à ce point de vue (et à quelques autres, tels que
celui du don de sympathie, de métempsychose, de mimétisme), de
l'auteur de la Comédie Humaine. (Il y aurait lieu de montrer à ce
propos toutes les grandes lois psychologiques que Proust a découvertes
ou merveilleusement illustrées et artistiquement exprimées : lois de
l'habitude, en particulier, de l'adaptation, lois de la mémoire, du passage de l'inconscient au conscient, de la dissociation du moi, etc.,,
etc .. .) li ne serait pas difficile de mettre en relief ce qui distingue, au
contraire, de la sensibilité d'un Balzac la sensibilité d'un Proust que je
rapprocherai de celle d'un Shelley, d'un Keats, d'un Maine de Biran, et
l'on pourrait montrer à cette occasion comment Proust a intellectualisé
son hyperimpressionnabilité somatique ... Il y aurait lieu de définir ce
style qui, tel que celui d'un Henry James, tend et réussit, (par des
phrases, pleines d'images, de finesses et de nuances, chargées de conjonctions 'et enchevêtrées de parenthèses et d'incidentes, où les impressions, les pensées et les faits sont savamment tissés ensemble et se
réfractent les uns dans les autres) à rendre la tonalité d'une âme ou
d'une atmospq.ère à différentes époques d'une même vie. Enfin on
montrerait comment la composition chez Proust est basée non sur les
lois d'un exposé didactique, discursif et, disons-le, scolaire, mais sur
lès lois de la réminiscence et de la création subconsciente.
C. V*

* *

CORRESPONDANCE

253

Il. UNE VUE OPTIMISTE SUR LA SITUATION
DE LA FRANCE
En réponse à l'article paru dans le numéro de juillet de la Nouvelle
Revue Française sur les Dangers d'une politique conséquente, M. Adolphe
Delemer nous adresse les intéressantes considérations qu'on va lire :
J'ai lu avec une satisfaction extrême le dernier article de
Rivière. Répond-il aux préoccupations de beaucoup de Fran.çais ? On serait aise de le savoir. Je crois, pour ma part, comprendre le souci qui l'a dicté. J'ai connu le même déplaisir.
Quiconque possède une cervelle active et des nerfs sensibles, qui se sent vivre et qui pense., souhaite invinciblement
que l'esprit règne sur les chose s; il l'imagine pareil au nageur
q~i pèse sur l'eau et la fend, aptè à se gouverner parmi les
forces qui l'entourent. Être, penser, agir, pour lui, ne font
qu'un. · Sa pensée va droit à la vérité, nulle entreprise n'aboutissant dans l'irréel.
Le ~ontraste entre cet appétit intellectuel et la pâture journalièrè est vraiment rude. Nous sommes abreuvés d'éloquence,
mais, pour les idées, mis à jeun, Quand donc avons-nous vu
paraître une conception forte et pleine, qu'on sentît accrochée
par de fermes racines au terreau fécond des choses? Un trait
marq)le le temps présent: on y bavarde, on y crie, comme dans
la salle d'un banquet, à l'occasion de mille détails vains; sur le
principal on se tait. La libre recherche des soins qu'il serait
urgent d'appliquer à un monde en défaillance, est en faveur
dans certains pays. Poü{t "chez nous ! Comme un chœur
hypnotisé, nous entonnons sans relàcl)e, au rythme scandé par
les politiciens, nos formules sacrées, que l'univers et que ·les
faits rèpoussent. L'étranger, qui nous écoute, se demande
quelle perte de substance cérébrale a bien pu affaiblir à ce point
!~esprit français. La guerre a-t-elle donc emporté tout ce qui,
parmi nous, vivait, pensait, agissait?
Etrange atmosphère ! Partout se respire comme une odeur
de chloroforme. Les têtes sont assoupies. Elles cèdent à une
indicible mollesse, qui fait la fortune des pipeurs. On les devine ·
individuellement remplies de préoccupation~ si étrangères à ces
affaires qui les lassent, que l'on est pris de la peur de parler.
On se sent devenir timide. · On se renferme. L'on rougirait de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

254

dire -cc que l'on pense, t;mt il y a d'inconvenance à penser! Le
peuple français fait, ~'à ses guÎdf;!s,- d'occasion, l'effet d'un
:fiévreux près duquel il faut parler bas . Et les journaux sont
comme-dés chambres de.malades.
Voiµ des symptômes f1cheux . Céderons-nous pou.rtant à
l'irtqu'iétude ?
** *
Après tout, ce peuple· rieur n'a-t-il pas adopté, · en matière
politique, l'attitude la plus S1lg'e, 1a plus conforme aussi à ses
instincts tranquilles? Ne s'en plus soucier. Est-ce une illusion?
['on se demande si jamais ces questions complexes ont rencontré de sa p·art plus .d'indifférence, "si jamais la presse, vouée à
deviner ses incHnations, €té moins chàrgée de matière, plus
floconneuse et phis y~011e. Heureux symptôme ! Cela- prou~e
que la paix commence à poindre. Réjouissons-nous. Cette
apparente insouciance témoigne du sentiment où est la France)
qu'il est des choses plus sérieuses que ces. débats· infinis. Elle
travaille ; èlle renait. Quoi d'étonnant ·si elle préfère, après
l'effort, se divertir ? Vraiment, de quelque côté qu'on les
prenne, les problèmes ·politiques n'ont rien de divertissant.
S.ait=on d'ailleurs de quelle conséquence il est pour-la destinée
nâtîonale qu'on les résolve avec ou sans bonheur. Tant d'éléments· s'interpÔse_nt, qui 'diminuent le prix · d'9n succès et
l'~nconvéhienC l:!'un) échec! Avant;iges et obstacles naturels
balancent sou\fi nt Jce qu'on s'imagine avbir gagné ou peTdu
par uné signatù're. S'il arrivait à certains de juger, cfap1:ès
l'expérience passée et pr_ésente, que les Français n'ç,nt qu'un
faible génie politique, la réponse irait de soi : i ls ont tant
d'autres privilèges. La nature leur fut si clémente qu'ils peuvent
sans risque fermer les yeux; grâce à elle, nous pouvons jouir,
en même temps que d'autres luxes, de celui du scepticisme.
C'est donc sans l'bmore d'int~ntion critique, qu:'il convient
d'examiner les faits et gestes des hommes d'esprit qui nous
gouvernent. 'Si 1'on nè veut être injùste envers aucun d'eux, il ne
faut aucunement les distinguer les uns des autres. Malgré l'apparencr;:, ils ont tous suivi depuis quelques années la même rÔ11te,
et n'ont différé que pa:r _la manière. Cette route était 'celle sur
laquelle ils croyaient qi.re la volonté nationale leur prescrivait
de se tenir, et cette docilité méritait les app1audissements qu'ils
obtinrent.

a

OORRESPONDANCE

Si, pourtant, l'on voulait apprécier, d'après la .nornie de
cette raison bizarre, qui jamais ne cesse de s'agiter en nous, et
cherche .à comprendre et distingue le mieux et le pire, les.
événements de .la politique. contemponuue, l'on serait enclin
peut-être, non pas à ce limpide optimisme, mais. au sombre
péssim~sme qui rudt-en.l'homme dès qu'irjuge. L'on n'aurait
point de peine .à discerner maintes erreurs, et plusieurs decelles-ci radicales. L'an pressentirait que Yéchec de l.a.- politique
:rançaise envers l'Allemagne était inévitable, si l'on n.e prenait
a. son égard .que. des manœuvres exclusivement _propres à surexciter sa fureur. Oa -verrait plus clairement encoce que prise
comme nous l'avons prise~ l'entente franco- anglaise n'a été
qu'un mirage, et qu'après lui avoir consacré beaucoup d'enéens, tant qu'a duré la guer.re, nous avons .fini par lui consentir
m~nt ~acrifice., et sans profit. Mais ce ne sont là que des vues
arb1tra1res, émanant de la fausse raison qui raisonne.
L'on voit trop ce qui fut perdu, trop peu ce qui fut gagné.
Il faut un effort de réflexion pour le comprendre en effet :
nous avons gagné du témps pendant lequel nos gens .ont peiné,
ont commencé de reconstruir.e ce que la guerre avait détruit, si
bien que l'attention générale se détournant de la. scène internationale, l'on espèr~ enfin qu'un momt;nt viendra, où l'on pourra
sans encombre baisser le rideau sur la comédie. Les peuples
auront eux-m~mes aplani la .difficulté que l'usage commande
aux gouvernants de faire semblant de résoudre.
Nous parlions d'erreurs; mais celles-ci, vues sous ce jour,
ne:stmt-elles pas des vérités ? Constatation consolante, constatation nécessaire-! On croyait avoir entrevu de belles chances&gt;
offertes à la politique, aux politiciens français. L'on ressentait
quelque amertume à les voir s'évanouir. L'on en souffrait dans
hl préférence que l'on gar&lt;le à son pays, et qui subsiste, si peu
plaîsantes que soient les contrefaçons d'un tel sentiment, ou
ses .excès. L'on regrettait de voir nos hommes .d'Etat se buter
par.tout, partout apparaitre comme les plus ent~tés à s'aveugler
sur le-s aspirations in,viociùfes d'un mondequi va tSe transformant toujours~ On se .demandait .si, à, la longue, nous .ne finirions point p.ar être dépordés, les peuples après tout ayant
besoin de vivre, et les sophismes que nous opposons à l'évi:
dence des causes qui paralysent leur activité impatiente, ne
pouvant tromper leur faim . Et dominé par ces vues critiques,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

surpris à la fois de la faiblesse des raisons fournies par les partisans du statu quo, obligé de reconnaître, comme un fruit se
reconnaît au goüt, leur misère intellectuelle, l'on sentait en soi
une tendance vers le blâme et le regret. Mais non ! La nature
répare _les ruines avec l'aide des plus humbles parmi les
hommes, et tout l'art politique ne consiste qu'à distraire la
pensée, comme une chanson de route, pendant qu'elle agit.
Le miracle véritable de notre politique, c'est que .l'isolement de notre pays apparaissant plus manifeste chaque
jour, la substance des réparations fondant sans cesse, de telle
sorte que l'heure semble proche, où les réparations mêmes ne
seront plus qu'un article de compte à passer par profits et
pertes, l'opinion reste inébranlable, aussi confiante dans le
gouvernement, et p.as_un frémissement ne 1a parcourt. Elle a
compris, elle ne juge plus, bref, - nous avons tous « fait la
guerre », - el1e s'en f...

,

...

LE

*

* *
S'il reste malgré tout en France, quelques esprits curieux de
méditation, voici pour eux une occasion assez rare. Tandis que
la politique s'est faite la chose la plus quotidienne, à qui le fait
de chaque jour à lui seul suffit, chose sans passé, sans avenir,
sans logique et sans lois, un jeune écrivain vient d'écrire une
histoire des trois années dernières. Et par une tendance d'esprit
devenue vraiment singulière-, en ce temps où le dadaïsme,
niant les effets et les causes, sert de symbole à la confusion
.générale, il s'est efforcé d'établir des rapprochements, de chercher des explications, d'ouvrir des perspectives, de formuler un
plan d'action. Nous ne saurions affirmer que le livre de
M. Fabre-Luce sur la Crise des Alliances, ne passera pas
inaperçu, que sa clarté et sa fermeté ne paraîtront pas des
faiblesses. Ceui-là S!! plairont pourtant à le lire, qui aiment à se
T&lt;!ndre compte des rapports réels entre lesc faits, et qui croient,
-comme l'auteur, qu'il est des questions, même politiques, que
« l'intelligence peut résoudre ». Nous sommes, lui, vous et
moi, mon cher Rivière, entièrement du même avis.
ADOLPHE. DELEMER
LB GÉRANT : GASTON GALLIMARD.
ABll"EVILLll, -

IMPRUŒRIE F. PAILLART.

CARNET

DES ÉDITEURS

�2

LE CAR.N ET DFS ÉDITEURS

L'EFFORT CATHOLIQUE DANS LA
FRANCE D'AUJOURD'HUI

GEORGES GoYAO:

LE CARNET DES ÉDITEURS

TH.

SOPHIE

1 •

Dans une éloquente préface l'auteur oflre son livre à tous
ceux qui veulent connaître la France religieuse contemporaÎlle,
à tous ceux aussi qui n'ont pas encore compris qu'elle vaut la
peine d'être connue. Les idées qui y sont développées avaient
fait l'objet de trois conférences données par l'éminent écrivain à
la Faculté de théologie de l'Université de Strasbourg, en septembre 1921 .
M. Georges Goyau se défend de soutenir des thèses théologiques ou autres. Il se propose avant tout de tracer un tableau
aussi complet que possible des plus récentes initiatives du
catholicisme français sous le régime de la séparation. Il n'entend pas mettJt!' en balance les divers systèmes de rapport entre
les deux pouvoirs religieux et civil, et ses observations de fait
n'impliquent jamais aucune conclusion de principe sur la supériorité d'un régime de séparation. Il a voulu en définitive
apporter un témoignage de cette vitalité de l'Église catholique
qui fait, au cours des siècles, l'émerveilleltl ent des historiens les
plus profanes.
La partie la moins curieuse et la moins intéressante de cet
ouvrage n'est certes pas celle qui concerne les œuvres sociales.
Tous ceux que préoccupent à juste titre les problèmes du travail et d'une organisation nouvelle de la production sous toutes
ses formes, ne manqueront pa~ d'être étonnés de la part énorme
qu'ont prise les catholiques français à l'édification de l'économie
nouvelle. Les congrès de l'association catholique de la jemzesse fran-

çaise, les semaines sociales, l'union d'Etudes des catholiqties sociaux,
les secrétariats sociarJx, l'Action populaire : autant d'œuvres d'enseignement supérieur et de documentation dont le mécanisme
est clairement exposé et l'action mise en lumière.
Sur l'influence des sports, du scoutisme dans la vie d'une
nationi sur l'influence tonifiante d'une éducation physique bien
dirigée, le livre de M. Goyau abonde en remarques judicieuses,
Tous les catholiques, tous les Français, soucieux de voir la
nation se développer dans l'ordre et la prospérité doivent lire
ce livre où l'on montre la plus grande force morale du monde
s'attachant à former une élite capable d'apporter la collaboration la plus précieuse aux tâches multiples qui s'offrent aux
hommes d'aujourd'hui.
Editions de la Revue des Jeunes, 3, rue de Luynes, Paris.

3

LES PRINCIPES

DE LA THÉO-

1•

L'intelligence humaine a ses droits : quelle que soit la religion qui lui est présentée, il Jui faut s'enquérir d'abord des
motifs extérieurs qui peuvent justifier à ses regards l'acte de foi
qu'on lui demande ; elle s'assure en outre que l'objet même
de la foi n'est pas contradictoire avec les conditions de la pensée. De ces deux démarches, la théosophie n'autorise pas la
première. Ses preuves extrinsèques sont nulles : elles reposent
sur l'hypothèse d'une tradition occulte, c'est-à-dire qui échappe,
par définition, au contrôle de l'histoire,
« Notre unique préoccupation, écrit le Père Th. Mainage
au début de son étude, sera donc de répondre à, cette question
primordiale : la théosophie a-t-elle droit à l'existence intellectuelle ? » L'on découvrira, par la suite, qu'elle n'a point ce
droit: ses axiomes sont menteurs, sa méthode est incertaine ;
après qu'elle a expulsé par la vertu de ses principes toutes les
notions qui constituent le capital séculaire de l'intelligence et
de la morale humaine, la théoi;ophie réintroduit en fraude ces
mêmes notions et profite de leur attrait sur les âmes.
Conclusion attendue, dira-t-on. Sans doute. Cependant il
serait bien injuste, celui qui voudrait imaginer d'après sa conclusion l'ouvrage entier : de vrai les doctrines théosophiques
n'ont jamais été exposées avec plus de précision, et plus de
mesure - je dirais presque : avec plus de sympathie. Le
théosophe convaincu trouvera dans les chapitres d'exposition
qui forment la plus grande part du livre, un exposé synthétique exact et précis des doctrines d'une Annie Besant, d'une
Blavatsky. Une telle mise au point vient à son heure: la
théosophie comme son émule le spiritisme a bénéficié des
événements douloureux qui viennent de secouer Je monde.
Les âmes cherchent sur l'océan de l'incrédulité et du scepticisme
un point fixe où se rattacher. La théosophie n'est-elle qu'une
épave, est-elle la terre ferme ? II convenait que la question
fût posée. L'on ne pouvait la traiter plus honnêtement, mais
de façon plus décisive aussi, que ne fait le Père Mainage.
1.

1.

MAINAGE :

Un fort volume in-16 jésus,

]e-1111es, 3, rue de Luynes, Paris.

JO

francs. Editions de la Revue des

�4

LB CARNET DES ÉDITEURS

P.ÉLADAN :

LES DÉVOTES D'AV1GNO

propos de GosTAVE-LoUis

, avec un avant-

TAUTAJN '.

•

L',oo ne disti?gue pas encore quelle est Ja part qui demeurera
de _l œuvre_ qu à élevée Pé_ladan : œuvre trouble et confuse,
mais grandiose en son desse111, témoin trop fidNe d'une é o ue
fi~vreuse et désordonnée où il fallait forcer ·a voix p:Urq se
f~tre entendre} œu~re ég:le en noblesse aux œuvres parallèles
&lt;l un Barrès, d un Gide, d un d'Annunzio d'un Paul Ad
U
déf. t d é 1· ·
'
am. n
au . e r a isati~n pres.~ue ~nstaot lui nuit : de tempérament
e~dus1vement lynque, d imagination passionnée et amplifica~1ce,_ Péladan s'est pris pour un penseur, il s'est voulu d'abord
10tel11gent. Tel est le bovarysme qui gâte pour
nous presque
sans remède, Istar, Mélusine ou Typbouia.
Gus~ave-Louis Tautaio remarque justement que cc défaut
appara1: peud~ans les Di:votes d' AvigMn. C'est ici le récit d'une
pos~ess10n amour, conté avec tout le prestioe et l'éclat d
géme péladanien. Le roman se passe dans° la vallée
Rhône ~ù ,la nature s'humanise, « ou poudroie la Civilisation
et verdo,1e I Idéal _des races latines ,,, où l'air vibre. Dans la Provence ou le géme païen et le génie chrétien se sont succédés
sans _que le nouveau Verbe abolisse l'ancien, où Je grand Pau
sourit encore dans l'ombre de la croi victorieuse. C'est ce Pan
et cette croix qui nous apparaissent à chaque page des Divotes
dans leu: éclat et le~r v,érité, soit que Ramman, possédé, idolâtre, _boive avec délice I eau du bain de MIi• de Romani!, et se
nourrisse des miettes de sa table, soit qu'il discute avec les
prêtres de la nature de l'amour, soit que la belle Emezinde lui
don_ne à baiser son pied ou et consente à l'appeler chien. Un
géme torre_ntue~x se donue ici libre cours, jusqu'à l'aberration.
Que 1a voix baisse un peu, l'on n'entend plus qu'un délicieux
causeur, aux délicates nuances:

a:

Bou .SAGNOL. - le Blason ne défend pas de la concupiscence.
É
MEZlNDE. - Le vilain mot l
BoussAGNOL. - Pour une vilaine cl1ose !
~Ml.lJ. N. - Vilaine I Songez à ce qu'il faut pour la rempfacer pour
qu on y renonce...
'
É~œzn.o.E. - Dieu même !

JRAN DES
l.

B0NNESFEU!LLES

Un volume, aux éditions du Mo11d~ N1&gt;1J11tau 1 ...-,
. ~ B~ Ra Sp3l·1 •

LA VIE FINANCIÈRE
Le• néceaaité. du tirage de « La Nouvelle Revue FraJJ~e •
noua oblireant à livrer à l'imprimerie le bulletin ci-deaeoua quinze
joma avant ton apparition, noua nom bornona à y iDaérer dea
aper~u• d'orientation géaérale. Mais notre SERVICE DE RENSEIGNEMENTS FINANCIERS est à la diapoaition de toua noa
lecteurs pour tout ce qui concerne leur portefeuille, valeur■ à
.acheter, à. vendre ou à conaerver, arbitrare• d'un titre contre un
autre, placement de fonda, etc.
~dreuer les lettre• à M. Léon Vigneault, 5, rue de Vienne,
Paria, VIII• Arrondistement.

LA FINANCE

Actions ou Obligatio11s.
L'antique prestige des obligations avait déjà subi d'assez rude
atteintes avant la guerre ; l'énorme baisse qu'ont enregistrée depuis,
même celles qui jouissent de gru-anties absolues ou à peu près, a causé
une vive inquiétude parmi les innombrables petits capitalistes de ce
pays. Leur ponefeuille est, en effet, essentiellement composé de ces
v:1leurs dont on leur avait dit qu'elles étaient vraiment dorées sur
tranche. L'évolution du journal financier qui, pendant un demi-siécle,
s'en était fait le protagoniste enthousiaste et opiniâtre, nous voulons
parler du « Rentier &gt;), fondé par M. Alfred Neymark à la fin du second
Empire, est un signe des temps.
Les formules de placement de jadis, écrivait-il, sont périmées ; il
n'y a même plus, étant données les fluctuations des prix, de valeurs à
Tevenu fixe, puisque si le coupon reste fixe, il est payé non plus en
francs or, mais en francs papiers. Or, Je franc papier ne vaut actuellement que Je tiers du franc or, et l'on ne sait pas ce qu'il vaudra demain.
De plus, la brèche légére qu'y faisaient les lois fiscales s'est singuliérement élargie : c'est de 20 pour 100, et quelquefois plus, qu'elle réduit
.maintenant la somme à percevoir.
Voici certes qui n'est pas de nature à égayer les vieux jours de tant
de l'etits épargnants qui avaient placé toutes leurs économies enoi:&gt;Jigations. Mais, dira+on, des placements en actions eussent pu leur
.réserver des surprisi;:s encore plus cruelles. Et, de fait, nombre de
sociétés ont péri dans la période que nous vwons de traverser, période
si prodigieusement troublée au point de vue financier, industriel et
-commercial. Toutefois, elles restent en majorité celles qui ont survécu

�et leurs titres sont aujourd'hui, dans l'ensemble, à des cours de beaucoup supérieurs à ceux d'avant-guerre ?
De plus, et le journal le Rentier le déclarait sans ambages, les
actions . donnent maintenant plus de garanties de stabilité que les
-obligations. Que les p,rix de toutes choses augmentent, hypothèse qu'il
faut envisager, les obligataires verront décroître le pouvoir d'achat de
la somme fixe qu'ils continueront à toucher. Pour les actionnaires, des
chances sérieuses de compensation se présentent : avec des prix plus
élevés, les sociétés dont ils possèdent ·dès titres réaliseront- un chiffre
d'affaires et de bénéfices plus imporl.llnts et distribueront des divi- \
dendes·plus forts.
Ajoutons qu'après la baisse énorme -qu'elles olit enregistré~ 9-epuis
environ deux ans, les actions, même des compagnies les plus sqlides,
font à des cours si faibles qu'au fur et à mesure que la crise_s'atténuera,
elles se relèveront rapidement.

LA VIE FINANCIÈRE
Lea néceuitéa du tirage de « La Nouvelle Revue FranC;aÜe &gt;)
nous obligeant à livrer à l'imprimerie le bulletin ci-deesoua quinze
jours avant aon apparition, nous noua bornons à y insérer des
apercJU d'orientation générale. Maïa notre SERVICE DE RENSEIGNEMENTS FINANCIERS eat à la disposition de tous nos
lecteurs pour tout ce qui concerne leur portefeuille, valeurs à
acheter, à ve.n dre ou à conserver, arbitrages d'un titre contre un
autre, placement de fonda, etc.
Adresser les lettres à M. Léon Vigneault, 5, rue de Vienne,
Paria, VIII• Arrondissement.

LA BOURSE

Notre Bourse paraît retrouver un certain sentiment d'optimisme
encore un peu confus, mais qué là tendance 'plus ferme de la plupart
• des valeurs spéculatives e~prime assez bien. Au reste, les _places de
New-York _et dC: Londres .sont manifestement mieux disposées. En
tout cas, si l'on ·comprend que les milieux fü,1anders restent ici fort
réservés :JU sujet d_es !~sti.ltats à atte!_!dre pour notre J!ays de la Confé~
reJ'.!Ce de Gênes, il n'y a évi&lt;!emment _a!l_mne._ raison .B0ur que nos
grands ~itres in,dustriels ne se relèvent pas enfin après une période de .
baissE~qui dure depuis bientôt deux ans.

. PE[IT GOURRIER
225. Di;on.
Je ne vous conseille pas de' vous placer SJ;_IT les
valeurs que vous me· signalez, lesquelles sont à mo!l avis beaucoup
trop spéculatives. Vous pourrez trouver acfoellei:qent ir employer vos
&lt;:apitaux· dahS des. valeurs de tohi: '.premier ordre, ne· comportant pas
d'al

as.

.

]. B ..... - Oui, je suis à même. de vous renseigner utilement sur
tou~~s 1es valeurs çomposant votre 'portefe,qillj!. ,n'.qésitez ·.donc ·pas à
m'en âdrésser la liste, .e t, en. voûs documenta.nt
é.bacune d'elles, ir
vous indiquerai, s'il y a lieu, les arbitragès- q!,le vous auriez intérêt à
.effectuer. ·
'• ·•
•
'
.
·

;ur

René B .... - Je puis.; en effet, v.ous . procurer les renseignements
~ue vous voulez bien me demander. Veujllez me, fair-é' connaitre votre
nom et votre adresse,la place me faisant :défaur·id -pour vqus répondre utilement.
•r

LÉON V.:GNEAUf'î'

LA FINAN&lt;:;E

.

L'ôrientalion des placements.
f

L

On ne saurai~s'étonner que la vivacité avec laquelle s'étaient avancés
nombre ·de titres-de tous les compartiments de 1'l cote, ait fait assez
rapidement place à plus de calme. Les hausses enregistrées ont été à
peu près enti~rement consolidées et il faut savoir se contenter pour
l'instant de ce premier suètcès. Cependant, il est un groupe et c'est
malheureusement le plus important, qui a fait exception dans l'ensemble. L'allure maussade de nos Rentes, puisque c'est d'elles qu'il
s'agit, comme on l'a deviné, a suscité de multiples commentaires. On
comprend facilement que ceux que ne satisferont pas entièrement la
politique financière actuelle et les théories fiscales du jour leur aient
attribué l'état peu brillant de nos fonds nationaux, qui déteint naturellement sur Jes obligations garanties par l'Etat. Comme celles-ci et
ceux-là forment une ,~onne partie de notre fortune mobilière, la question est capitale.
Nous avons dit ici même ce que nous pensions des nouvelles
mesure~ d'inquisition fiscale que contient le projet de budget de r 92 3
et nous ne voulons pas y revenir, non plus que sur notre situation
financière qui appelle évidemment une politique d'économies strictes
que l'on ne cesse de préconiser sans vouloir la faire rentrer dans la
réalité. Nous devons reconnaître aussi que la nouvelle dépréciation "du
franc accompagnée de la baisse effrayante du mark ne sont point faites
pôur avantager nos Rentes et les titres qui en dépcmdent.
Mais le capitaliste qui a à gérer un portefeuille et ~ employer des
disponîbilités, qui do1t acheter et vendre des titres, ne peut s'attarder
indéfiniment dans la discussion des problèm~s du jour. Il lui faut

�prendre des décisions et parfois fort rapidement. Or, les principes sur
lesquels il se ba-?ait jadis, il se rend bien compte qu'ils ont étë balayés
par les ~vénements. Que ~ont devenues les valeurs de pète de famille,
les valeurs de tout repos qui faisaient l'ornement et la gloire des portefeuilles immuables ou presque dans une sécurité que n'arrivaient pas à
ébranler les petites crises du temps passé.
li n'est point cependant de courrier. qui ne nous apporte quelques
lettres ou se manifestent de tenaces illusions sur le sort futur de ce que
l'on appelait les valeurs dorées sur. tranche, qui sont accompagné~saujourd'hui à la cote par un nombrl' de titres énorme et qui s'accroîtra
encore presque_de semaine ·eu semaine pendant de longues anrtées.
N'est-il pas certain qu'il se trouvera toujours des ventes forcées sur ces
émissions qui vont par centaine:,, de mille, alors que les acheteurs leur
manqueront, parce qùe les disponibilité~ qui se reconstiruent sans arrêt,
vont naturellement se p-orter vers les émissions nouvelles qu'oa leur
offre sans répit ?
Fort heureusement, il est d'autres titres qui échappent à cette fatalité. Le choix parmi nos solides valeurs industrielles est-il donc si difficile ? Leur fermeté actuelle a une signification dont l'importance ne
saurait éch;ipper. Il semble bien qu'à moins d'une aggravation peu
vraisemblable de la situation politique et européenne, l'on puisse envisager pour l'automne des conditions bien meilleures pour les usi_nes.
On s'àccorde pour reconnaître que les stocks sont épuisés. Faudrait-il
croire que toutes les branches de l'activité n'ont pas de hesoins nou-_
veaux en produits ~e·toute sorte ?

Dans son numéro du 1er. Août

LA NOUVELLE

REVUE FRANÇAISE
publiera

11

LE MARIAGE
DU CIEL ET DE L'ENFER
de

WILLIAM BLAKE

PETIT COURRIER
Un Abonné embarrassé. - Malgré la peite que vous subir.ez je -vous
conseille de vendre ces titres et je suis certaj.n que vous pourriez arriver, par 1.1ne opérati-ou appropriée, à compenser votre déficit. _

ANDRE GIDE

Jean de B .. . - Oui, je suis entièrement d'aceord avec vo'tls ¼ce sujet
et j'estime que Je moment est choisi pour mettre en portefeuille dès
maintenant des valeurs industrielles 'de tout premier ordre ; donnezmoi votre adtesse et je vous documenterai uiilemem à' ce sujet.

et

la première partie de

Un Lecteur bretqn. - Ne ~raignez pa§ de me questionner au sujet des
;valeurs cQmposant votte portefeuille, jë réponds aussi r:apidement
qu'il m'est posstble et à titre absolumént gracieu:. à toutes les demandes
qui me sont ; dressées parïe~ Abohf.ré; ~et Leêteurs de la Nouvelle Revue
Française.
· •
]. C. 28 ... - Les titres dont vous m'entretenez sont bien négociables à la Bourse de Paris . Vous p~uvez donc, si vous le désirez, me
confier cette opération que je ferai eJtécuter au mieux de vos intérêts.
LÉON VIGNEAULT

.

'
1,

SILBERMANN
par.

!

~. JACQUES DE LACRETELLE

�LA VIE FINANCIERE
Lea néceHités du tirare de « La Nouvelle Revue Franc;aise »
noua oblireant à livrer à l'imprimerie le bulletin ci-deuoaa quiaze
joan avant aon apparition, now noua bornon1 à y inaérer des
aperc;aa d'orientation rénérale. Maïa notre SERVICE DE REN•
SEJGNEMENTS FINANCIERS eat à la dispoaition de toua noa
lecteur• pour tout ce qui concerne leur portefeuille, valeurs à
acheter, à vendre ou à conaerver, arbitrarea d'un titre contre un
autre, placement de fonda, etc.
AdreHer les lettres à M. Léon Vipeault, 5, rue de Vienne,
Paria, VIII• Arrondiaaement.

LA FINANCE
Inqufoïi.on fiscal,.
On a mis quelque temps à s'apercevoir que le proiet de budget de 192J qui
avait été l'objet d'éloges pré~ipités pour la clarté, la sincérité que l'on y avàit
découvertes avant même qu'il fût publié, contenait de menaçantes dispositions en
ce qui concerne l'extension des moyens dont dispose actuellement le fisc pour
faire rentrer certains impôts. et notamment ceux quj frappent les valeurs.
mobilières et les successions. De sorte qu'au moment oû l'on se réjouissait de
ne pas avoir li redouter de nouvelles taxes, les mesures projetées ponr arrêter
l'évasion fiscale inspirent encore beaucoup pl us de craintes.
Nous savons tout cc qui a été dh au sujet de cette évasfon. Faut-il ajouter
que les exemples cités ne nous sont jamais apparus que comme de simples.
exceptions? Nous connaissons celui du fameux capitaliste français qui possédait au Crérut Lyonoai$ un coffre-fort dans lequel il avait entassé pour
3 millions de francs de Fonds Egyptiens non timbrés. Tous les deux ou
trois ans, il prenait a Marseille le paquebot pour l'Egypte où il encaissait ses
coupons dans une banque du Caire ; puis il revenait nanti d'un pécule dont
les profits, dissimulés au fisc avaient largement payé les frais do voyage.
Il y a un cas plus nouveau ; c'est celui du membre d'une famille ducale qui·
avait loué, dans une banque de Bruxelles, nn compartiment de coffre où il
avait entreposé toute sa fortune. Sa gène, pendant la guerre, et la néccssit~
dans laquelle il se trouva d'emprunter a certains de ses parents, ont même
défrayé la chronique d'uu d~ nos grands cercles les plus connus. Enfin, qui
ne connait pas l'exemple de l'héritier d'un millionnaire célèbre qui s'en va à
trois heures, muni d'un pouvoir, fouiller dans le coffre que l'oncle possède
dans un grand établissement de crédit, après avoir certifié au préalable que ledétenteur du coffre est bien vivant. Une demi-1\eure plus tard, le décès du
malheureux oncle est officiellement annoncé à la mairie voisine ...
Tant ceci ne nous a pas convaincus de la nécessité de créer des milliers de
fo nctionnaires nouveaux en stimulant leur zèle par l'attribution du quart des
amendes, pour mettre fin à l'ingéniosité plus ou moins scrupuleuse de quelques individualith. An reste, le ministre n'attend gnëre de l'application desdispositions nouvelles qu'nne- cinquantaine de millions de supplément. Il n'y
aura peut-être même pas là de quoi payer les fuis de la mise en application

de ces mesures qni von t singulièrement compliquer, comme on va le voir, le
métier de banquier et celui de capitaliste.
Les banquiers sont tenus d'aviser l'administration des Contributions Directes
de tous les dépôts de titres effectués à leur établissement, ainsi que de toute
ouverture de compte de dépôt, d'avances, etc. Les deposants ou titulaires de
comptes doivent adresser à l'Admi nistrat ion un avis contenant leur état civil
au grand complet , sous peine d'une amende de 1.000 à ro.ooo fran cs. Les
banquiers sont tenus de mettre leurs livres, comptes et documents à ia disposition du fisc .
Aucun coupon ne peut être payé sans une déclaration signée par le porteur
et inruqnant les noms, prénoms, domicile, etc ... du vé,itable bénéficiaire.
Enfin, les banquiers doivent adresser à !'Enregistrement dans la quinzaine
du décès de tout déposant, un relevé de titres, sommes, etc ... appartenant à cc
déposant. Les coffres-forts en location ne peuvent être ouverts, après décès d'un
locataire ou d'un cc-locataire, qu'en présence d'un agent du fis.c. Le passage
d'u,;i: exposé des motifs commentant cette disposition est, notons - le, réell ement injurienx pour les notaires.
Les amendes qui doivent s'abattre sur le redevable récalcitrant ou ses héritiers, sont, est-il besoin de l'ajouter, de nature â les faire réfléchir: Empêcheront-ils la fraude, c'est moins certain. En tout cas, après les innombrables et
véhémentes protestations formulées contre une fiscalité qui prenait, depuis
quelques années, un caractère de plus en plus inquisitorial, après les assu rances formelles prodignées au monde de l'industrie et du commerce qu'un
tel système serait abandonné on tout au moins tempéré, on croit rêver vraiment quand on examine les nouvelles mesures envisagées par le Ministre des
Finances.
Peut-être pourrait-on s'incliner si les mêmes mesures étaient déja appHquées à l'étranger. Il n'en est rien et nous signalions, il y a huit jours, la
facilité avec laquelle les çapitaux allemands n'avaient cessé de s'expatrier, au
moment même où nous devions les surveiller de prés. Amsi donc, non seulement le contribuable français sera le plus écrasé par les impôts, mais il sera
en.:ore le plus étroitement enchainé par la légisbtion fiscale . Mais il faut
encore espérer que devant les inévitables réactions quj, déjà, se font jour
con tre eu x, les projets ministériels si contraires à natte tempérament, à nos
nos habitudes et au but même qu'ils se flattent d'atteindre, devront étre
abandonnês.

PETIT COURRŒR
À. L.-Jor. - Je tiens à votre disposition les renseigncm~nts que vous avez
bien voulu me demauder. Veuillez je vous prie m'autoriser à vous les adresser
directement, la place me faisant défaut ici.

Gaston L. - Donnez-:inoi exactement le montant de vos capitaux rusponibles et je me ferai un plaisir de vous adresser une liste de bonnes valeurs
intéressantes à classer en portefeuille aux cours actuels, de même que
je pourrai vous donner tous les renseignements sur les valeurs en votre
possession.

Mademoiselle G. R. -

Aucun de vos numeros n'est sorti an dernie r

tirage.

Madame Vtu'fle iù R. .. - L'assemblée générale de cette société a en lieu
ces jours-ci. Je prends bonne note de vous faire parvenfr le compte-rendu dès
qn'il sera publié. Veuillez me donner votre adresse exacte, s. v. p.
LÉON VIGNAtlLT

�Le Haut Comnùssariat du D• Nansen (Comité international de
secours à la Russie) nous communique l'appel suivant :
ACTION DE SECOURS AUX INTELLECTUELS RUSSES

Ge11ève, (54, rue d11 Rhdne), mai 1922.
Selon les rapports reçus des délégués en Russie de l'action internationale de secours, la situation des intellectuels russes est très critique.
Non seulement ceux qui habitent la zone de la famine sont atteints
aussi gravement que le reste de la population, mais, même dans les
villes non considérées comme affamées, leur situation est très difficile.
Professeurs et étudiants, affaiblis par la sous-alimentation, n'arrivent
plus à accomplir leur travail. Depuis que la famine a éclaté, les rations
gouvernementales qui leur étaient allouées ont été très réduites et
pour ne pas mourir de faim ils sont obligés d'abandonner leuts études
et de chercher toutes sorte, d'occupations.
Les étudiants étrangers ont compris leur devoir de solidarité envers
leurs camarades russes. L'Entr'aide Universitaire Euro~enne, dans
laquelle collaborent la Fédération Universelle des Associations Chrétiennes d'Etudiants, l'organisation intematiooale des étudiants catholiques « Pax Romana » et la Confédération Internationale de$ Etudiants, recueillent des fonds pour secourir les étudiants russes.
Différents milieux·tmiversitaires ont déjà apporté leur aide à la Maison
des Savants de Pétrograd, par l'intermédiaire du Comité Finlandais de
Secours aux Savants et Ecrivains Russes.
Il est urgent d'étendre cette assistance aux autres villes de Russie.
Le Haut Commissariat du Dr Nansen a décidé de secourir immédiatement 200 intellectuels, en particulier des professeurs, dans dix villes
universitaires de Russie et d'Ukraine. Un paquet de vivres du Service
de Transmission de Paquets Standards du Comité International de la
Croix-Rouge et du Haut Commissariat leur est remis mensuellement.
Grâce à cette mesure, 2000 universitaires vont recevoir quelques
secours pendant les trois prochains mois. L 'Entr'aide Universitaire
Européenne, qui secourt les étudiants de Moscou et de Saratov, va
étendre d'autre part son activité à des villes nouvelles. Mais en Russie,
il y a 9.000 prolesseurs et I r6.ooo étudiants, en Ukraine 3.028 professeurs et 562.000 étudiants.
Pour pouvoir continuer et développer son œuvre de solidarité internationale, le Haut Commissariat a ouvert un fonds spédal de secours
aux intellectuels russes. Toutes les personnes qui versent la somme de
2 1/2 dollars ou son équivalent en monnaies nationales, peuvent
donc leur envoyer un paquet de vivres. Les particuliers et organisations
donateurs recevront la liste des personnes auxquelles un paquet aura
été envoyé grâce à leur versement.
Un pressant appel est adressé aux universitaires, aux sociétés
savantes ain.si qu'à tous ceux qui comprennent la nécessité de secourir
les intellectuels russes si durement éprouvés.

/.
J1

.

.
LE

CARNET

DES ÉDITEURS

�2

LE CARNET DES ÉDITEURS

ANTONIN SEUHL : PATATI-ET-PATATA EN GUERRE~

un _volume in-18 de 268 pages•.
Il semble ·que les romans d'utopie à la manière de Swift
reviennent à la mode. M. Antonin Seuhl nous a fait connaître,
dans un précédent volume, la république de Patati-et-Patata
qui n'est point banàle, puisque c'est une république gaie, ou
trois manants d'il y a sept cents ans qu'un savant a pu rappeler à la vie, trouvaient matière à exercer les dons d'observations et d'ironie que l'auteur leur prête généreusement. Cette-donnée n'est pas nouvelle, mais un homme d'esprit n'est pas
embarrassé d'en tirer un excellent parti. Voici donc un seigneur du moyen âge, un clerc et un manant qui se mettent en
quête d'une situation conforme à leurs capacités et à leursgoûts, lesquels naturellement datent quelque peu. Par bonheur,.
si l'on peut dire ( mais il s'agit d'un roman gai), un conflit
éclate et la République de Patati-et-Patata est entraînée dansune guerre défensive. Naturellement l'auteur envoie le manant
au front, car il n'appartient pas à un auteur satirique de·
heurter de front la croyance populaire qui veut que les seulesmains calleuses aient manié le fusil ou la grenade. Le clerc.
se fait journaliste et l'on pense que dans ce nouveau.
métier il entend et voit beaucoup de choses divertissantes.
Enfin le seigneur médiéval, vite àdapté à l'esprit de l'arrière,,
s'enfonce davantage encore dans cette région bienheureuse.
Rien n'est plus comique que le tableau de Bordeaux en 1914,
de Paris e.n proie aux marraines, aux permissionnaires et
aux mercantis, rien n'est plus âpre aussi, car on sent beaucoup
d'amertume dans cette satire qui prend vers la fin du livre une·
tournure quelque peu véhémente. Cette brève analyse indique·
suffisamment l'esprit du livre qui, bien entendu, ne plaira.
pas à tous les lecteurs. Mais il eh est bien peu qui résisteront à
l'entrain et à la fantaisie de M. Antonin Seuhl, qu i veut a'vant
tout divertir le lecteur et l'ayant fait rire copieusement le laisse
sinon convaincu, du.moins désarmé.
J EAN DES BONNESFEUI LLES.

LE CARNET DES - EDITEURS

LA VIE FINANCIÈ,RE
·
'tea
· du tir'age de « La Nouvelle Revue Francaiae
. Lea necesai
, . »
noua obligeant à livrer à l'imprimerie le bulletin c!•dea~ou~ qwnze
jours avant ,on apparition, noua noua bornons a Y inaerer des
apercus d'orientation générale. Mais notr~ SE_~VICE DE RENSEIGNEMENTS FINANCIERS est à la dispos1tio~ de toua nos
lecteurs pour tout ce qui concerne leur portefeuille, valeurs à
acheter, à vendre ou à conserver, arbitrages d'un titre contre un
autre, placement de fonds, etc.
.
Adresser les lettres à M. Léon Vigneault, 5, rue de Vienne,
Paria, VIII• Arrondissement.

LA FINANCE

A propos de tuyaux.
La Bourse a connu depuis trois ans les crises les ,elus violentes de fièvre spéculative et le~ séances les plus _vides. ,On
comprend que la question de savoir qm gag1;e o? qm perd a la
Bourse se soit posée de la sorte avec plus d _acmté ~ue dans les
périodes de grand calme où les cours ne _v~nent qu av~c la plus
extrême timidité. Un économiste fort d1stmgué panm les plus
distingués a répondu à cette question d'une façon_ p_éremptoue :
seuls a-t-il déclaré, les gens en inesure de recueillir des tuyaux
peuv~nt gagner _de l'argent en sp_éculan_t.
..
Il faut, à son sens, pour y arriver, vivre au m1h~~ des boursiers, fréquenter les antichambres des hommes . poh~1ques_, coudoyer les dirio-eants des banques et des grandes sociétés m~1;1strielles moye~nant quoi on joue à coup sûr. _Seuls, les ma ms
qui onf recueilli au bon endroit les précieu~ tuy~u~, peuvent
faire fortune à la Bourse ... Et notre économiste d a1outer que
le brave homme possesseur de quelques épargnes lentement
accumulées, ne pourra jamais les _a_ccroît~e à la Bourse,, ca:
éloigné par ses occupations des milieu~ ~u se font les ével~s
ments où se foro-ent les nouvelles, si 1on veut parler P
mode;tement il n~ pourra jamais être informé à temps.
Si notre éc~nomiste connaissait mieux le monde &lt;les sp~culateurs, ·il saurait, au contraire, que ce sont les gens lesf] mieux
renseignés q' ui ont sauté il y a deux ans, lors du dégon ,ement
·
d' un e de nos
Précipité du boom. Tels employés sup éneurs
·
d' un e de nos grandes
orandes firmes de pétrole, te1s d.mgeants
B
tanques voyaient la Royal Dutch à 100.ooofrancs et la De :r,r
à 2.000 Leur simple bon sens a, par contre, empêch_é nom ~e
. cap1ta
. 11stes
.
·
de petits
qm• avaient
a1ors de toutes petites pos1-

!

l . Ollendorff, éditeur, 50, chaussée d'Antin, à Paris.

3

�LE CARNET DES EDITEURS

tions à la Bourse d'y laisser jus~u'à leur dernier sou et beaucoup y ont gagné de l'argent. C est que l'on peut être malin en
affaires de Bourse sans être renseigné. Il n'est même pas trè
avantageux d'être trop près de ceux qui sont dans le mouvement, parce que le mouvement c'est l'engrenage.
Au reste, fallait-il être si extraordinairement fin pour supposer qu'un titre ayant doublé de valeur, allait par ce fait même,
courir vers de tels risques qu'il était préférable de réaliser le
bénéfice qu'il avait déjà rapporté ? La Bourse n'échappe pas
aux règles générales et 100 °/ 0 de bénéfice, c'est tout ce
qu'il y a de mieux. Il ne faut eas essayer de décrocher la lune.
Il est arrivé, hélas, que la maiorité des boursiers dûment stimulés par de mirifiques tuyaux, ont oublié ces règles salutaires
et ont voulu tenir le coup : ils ont aussi rendu à la baisse, ce
qu'ils avaient gagné à la hausse et le plus souvent davantage.
Il n'est même pas douteux que nombre de Banques ont fait
de même et c'est pourquoi elles ont dt'1 procéder à d'énormes
amortissements pour faire disparaître de leurs bilans, les pertes
enre~istrées sur les participations et le portefeuille. Aujourd'hui, le vent change et les meilleurs des titres sont tombés à
des prix qui ne risquent plus rien. La hausse n'est pas loin.
La vérité est qu'il faut savoir chan~er ses positions d'après
l'allure des événements, qu'il faut savoir acheter en baisse et
vendre en hausse, et ne pas escompter une baisse indéfinie,
comme le font en ce moment ceux qui ne trouvent rien de
mieux à faire que d'employer leurs disponibilités en Bons de
la Défense, ni une hausse indéfinie comme ceux qui, il· y a deux
ans, voyaient la Royal Dutch à 100.000 france et la De Beers
à 2.000. Et puis, il y a mieux que les tuyaux qui pa.~sent de
bouche en bouche en se déformant; rien ne peut suppléer à
l'étude sérieuse de l'affaire à laquelle on veut s'intéresser et des
cc,nditions générales dans lesquelles se trouve l'industrie à
laquelle elle appartient. Cette étude, les joueurs la dédaignent ;
le capitaliste sérieux y trouve tout avantage.
LA BOURSE
Les dispositions ont été un peu meilleures à la Bourse durant
les dernières séances sans cependant accuser une orientation
très nette vers la reprise; l'ensemble des faits et des éléments
qui caractérisent la situation internationale actuelle, ne s'y prête
pas encore. Mais nos grandes valeurs industrielles ont montré
beaucoup plus .de résistance. Quant aux fonds et valeurs à
change, ils se sont naturellement ressentis de la détente des
devises. Le relèvement progressif du franc est d'ailleurs un
indice d'une importance qui n'échappera pas.
LÉON VIG."i'EAULT

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                  <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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