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                    <text>��CARTAS AMATORIAS

DE LA AVELLANEDA
INTRODUCCIÓN

No obstante el parecer de don Marcelino Menéndez y Pelayo acerca de la publicación de estas cartas que ahora ven la luz
en Cuba por primera vez, parecer expresado en el sentido de
que la Avellaneda
no hubiese agradecido mucho estas revelaciones póstumas, tan frecuentes
en F rancia como desusadas entre nosotros (a),

entiendo que deben ser conocidas en nuestra patria las epístolas amorosas que la insigne poetisa camagüeyana escribió a don
I gnacio de Cepeda y Alcalde, nacido en Osuna (España) el 21
de enero de 1816. Y lo entiendo así, porque pienso en estos asuntos lo mismo que los franceses: que todo cuanto se relacione con
las grandes figuras nacionales, debe ser estudiado, conocido,
divulgado, cuidadosamente recogido y reverentemente examinado, a fin de que ningún aspecto de ellas quede en la sombra; y
sin gue tales escudriñamientos signifiquen, en absoluto, falta
de respeto a l a memoria de quienes, cualesquiera que hayan sido
sus defectos en la vida privada, siempre merecen, por sus éxitos personales y el brillo de su actuación pública, la consideración que nadie les niega por la publicidad de sus desánimos o
flaquezas. Por el contrario, l a divulgación de estas intimidades suele acrecentar la simpatía pública por determinados personajes, aunque no han sido raros los casos en que el conocí( a)

Hi&amp;toria de la Poeala Hiapano-Americana, Madrid, 1 911, t. I, p. 273.

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�18

19

CUBA CONTEMPORÁNEA

CAR'rAS A)fATOHI.\S DE LA AVELLANEDA

miento de íntimos detalles personales ha hecho descender algunos grados el nivel de la admiración popular.
Lo mismo que se ha hecho en Francia con Gcorge Sand-que
tantos puntos de contacto tiene con la Avellaneda-, con Víctor
Hugo, con Napoleón y con otras figuras descollantes en la historia literaria y política francesa, y que en cierto modo viene
realizando en Cuba con el inmortal Martí nuestro compatriota
Gonzalo de Quesada, ¿ hay razón para que aquí no se haga con
la Avellaneda, f'S decir, para que se repita entre nosotros respecto de ella, puesto que ya está hecho en España ·desde hace
seis años YEntiendo que no.
No puedo prever cómo será recibida en Cuba la divulgación
de estos documentos en que

sen que ésta no era buena en los comienzos de la vida literaria de
la poetisa, o que era anticuado su modo de escribir,-que fué
después ganando en perfección y en belleza, notables en las últimas cartas de esta colección.
Por mi parte, debo hacer constar que en esta reproducción
respetaré fielmente los modos de escribir de la poetisa y del
comentador y anotador de sus cartas amatorias. Sólo introduciré una variación, que nada tiene que ver con los textos, que en
nada los altera: consiste en que las notas irán numeradas correlativamente en cada una de las partes de que consta el libro de
donde copio, en vez de recomenzar la numeración en cada
página en que las haya. Además, también hago constar que, salvo
indicación en contrario, todas las notas son del señor Cruz de
Fuentes : son mías las que aparecen entre paréntesis cuadrados,
en el texto del prólogo, de las cartas o en el de las acotaciones del
Sr. Cruz de Fuentes, y las que señale con estas letras: N. del C.
(Nota del copista.)
Como antes he dejado entender, presumo que no faltarán
comentarios maliciosos por la publicación de estas cartas; pero
quiero ignorarlos. Las publico porque sé que en Cuba,
desde que en 1907 apareció en España el libro que las contiene,
muchas personas desean leer estas epístolas escritas con todo
el fuego que tradicionalmente se atribuye a las hijas de los
trópicos. El único ejemplar llegado a la Habana, según mis noticias, es este del cual las tomo: pertenece a la biblioteca del
Ateneo de la Habana, donde muy pocas personas pudieron verlo a causa de que estuvo perdido algún tiempo.
Cierto día, cuando catalogaba yo, por razón de mi cargo de
Secretario de Canje y Correspondencia del Ateneo, los volúmenes guardados en sus casi vacíos estantes, tuve la alegría de
que mis manos diesen con el preciado libro perdido; y temeroso de que algún bibliómano, bibliófilo o malintencionado, lo hiciese desaparecer quizás para siempre, sin más provecho que el
suyo personal, decidí copiarlo y dar a conocer la copia en la
primera oportunidad favorable. Ninguna mejor que esta del
año en que se celebra el centenario del fausto natalicio de la
gloriosa camagüeyana, que será solemnizado con festejos nacionales el 23 de marzo y la erección de una estatua en su ciudad

hay datos muy importantes para la psicología de la poetisa, que en parte
confirman, y en parte rectifican, la idea que por tradición de los que la conocieron, se tiene de ella (b);

pero es indudable que, a1mque sólo sea por lo interesantes que
son, deben ser conocidos aquí lo mismo que lo fueron en España,
donde, a pesar de la exigua tirada de la obra de la cual los tomo
(300 ejemplares, no puestos a la venta), están bastante divulgados; y nadie, que yo sepa, se ha escandalizado por la publicación de ellos, ni nadie, tampoco, reparó en que acaso el comentador de estas cartas puso demasiado empeño en hacer resaltar los defectos ortográficos de la ilustre cantora, que las trazó
sin pensar en que algún día sus arrebatadas epístolas amorosas
serían objeto de nimia crítica y de la curiosidad de sus compatriotas.
No se me oculta que los documentos deben ser publicados
tal y como fueron escritos ; por lo tanto, creo que ha hecho
bien el señor Lorenzo Cruz de Fuentes, recopilador y comentarista de estos a que voy refiriéndome, en respetar la ortografía
de la Avellaneda: pero, a mi entender, no tuvo necesidad de
señalar el "abandono" y el "descuido" de la escritora : con
haber indicado que respetaba escrupulosamente la ortografía de
los originales, era suficiente para que los lectores comprendie(b)

Op. cit., p. 272•78.

�20

COBA CONTE~IPORÁNEA

natal ; y como sé que presto un servicio a las letras de mi patria
con la publicación de estas cartas, ninguna consideración ha sido
bastante a detenerme en el propósito de darlas a luz, acariciado
desde que cayeron en mis manos.

•••
A.demás de los interesantes artículos que dedicaron a este
libro, entre otros notables escritores españoles, don Francisco
Rodrígue7. Marín en la revista matritense A. B. O. (reproducido
en el Diario de la Marina, Habana, edición de la tarde del 22
de enero de 1909), y la Condesa de Pardo Bazán (véase el diario citado, edición matinal del 24 de julio de 1910), el admirado
crítico cubano Enrique Piñeyro, fallecido no hace mucho en
París, dedicó también a estas epístolas, tres años después de
publicado el volumen que las contiene, un bello artículo en El
Fígaro de esta capital, número del 22 de enero de 1911. Está
fechado en París el 30 de diciembre de 1910; y como da una
síntesis exacta del contenido del libro, admirablemente escrita
como casi todo lo que salió de la elegante pluma de aquel compatriota casi olvidado, con evidente injusticia, no resisto al deseo de transcribirlo íntegro, menos el último párrafo, que no hace
al caso para mi propósito. El artículo se titula La Avellaneda y
Safo, y dice así:
Gertrudis Gómez de Avellaneda falleció en Madrid el año de 1873, y en
el cortejo que acompañó su cadáver al cementerio '' no éramos, dijo Carlos
Frontaura, al siguiente día en el Eco de Ambos Mundos, más que seis escritores"; ¡ tan olvidada la tenían ya, allí donde habia vivido muchos años y
ganado lauros infinitos en teatros y liceos! Creo que asimismo ha sido hasta
el presente, recordada apenas de tiempo en tiempo por sus antiguos cofrades ó por los nuevos cultivadores de las letras.
Mas he aquí que al cabo de treinta y tantos años de aquella triste mañana de Febrero en que, tan poco acompañada, la llevaron al Campo Santo
de San Martín, vuelven inesperadamente á la superficie en el mundo español su nombre, sus escritos y la historia entera de su vida, á suscitar animadas discusiones, á dar pábulo á interesantes apreciaciones. Todo ello en
virtud de la aparición de un librito, impreso en corto número de ejemplares,
no puestos de venta en las librerías, ni tampoco en casa de la persona que
quiso costear la edición! El pequeño volumen, que á manera de bólido des·
prendido de la bóveda celeste atravesó nuestra atmósfera y cayó crepitan-

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

21

do contra el suelo, se compone de una autobiografía, nunca impresa, desconocida, en que cuenta Gertrudis los sucesos más íntimos de su vida hasta
el año de 1839, y de cuarenta cartas amorosas, escritas en diversos momentos desde ese mismo año hasta 1854, dirigidas á un caballero andaluz que
conoció en Sevilla, por quien muestra inequívocamente sentir el más vivo,
ardiente afecto, y es el mismo individuo para quien fué escrita la autobiografía. No hay misterio alguno en el asunto, ni respecto á la persona ni en
cuanto á los sentimientos que las agitaron; pero es de sentirse que solamente se uos comuniquen las cartas de la amante y no las del hasta ahora
ignorado individuo que logró inspirar á tan bella é inteligente mujer pasión
tan larga y tan profunda. Sábese perfectamente, sin embargo, que se llamaba D. Ignacio de Cepeda, que era en 1839 un joven de veintitrés años, que
concluía sus estudios en la Universidad, y que Gertrudis, joven entonces de
veinticinco años, se enamoró de él perdidamente, es decir, con toda la capacidad de amar concentrada en su corazón volcánico, y que bien se reflejaba
en su encendida tez morena, en sus radiantes ojos negros y en su impetuoso
carácter. Duraron esos amores quince años, como de las fechas de las cartas
se deduce, pero interrumpidos varias veces: por oposición de la familia del
novio, por viaje y residencia de la poetisa en Madrid; luego por el primer
matrimonio de Gertrudis. Reanudados después de la viudez, extinguiéronse
por último en 1854. En este año hacía ya tiempo que residia D. Ignacio en
Huelva, ocupado en dirigir grnndes y ricas propiedades agrícolas heredadas
de sus padres; mientras ella, establecida en Madrid, se consagraba á escribir para el teatro en busca de nuevos laureles, que en efecto recogió abundantemente con piezas como "Los Duendes en Palacio" y otras, no de las
mejores suyas, pero sí de las más aplaudidas entre todas. También Cepeda contrajo en ese año matrimonio con una dama distinguida de su provincia, y esta señora, viuda hoy, es la que ha costeado la impresión del tomo,
acompañado de minucioso artículo necrológico en honor del difunto consorte.
Confieso que han sido para mí estas cartas una gran sorpresa, paes hasta
este momento había siempre pensado, por todo lo que de ella directamente
sabía así como por sus escritos, que el orgullo y la entereza habían sido
los rasgos predominantes del carácter de la .Avellaneda, y que á los actos
de su vida podía aplicarse mejor que á sus escritos aquella frase, de gusto
bien dudoso, atribuida á D. Juan Nicasio Gallego: '' es mucho hombre esta
mujer". Recordaba igualmente que la vez única que en su tomo de poesías
claramente parecía aludir á un desengaño amoroso, había expresado su
pena en versos que realmente tienen mucho más de coléricos y orgullosos
que de tiernos y doloridos; versos que cuadran bien con lo que Ferrer del
Río, su contemporáneo, en alguna parte llama '' la altivez y soberbia de
su carácter". Son éstos:
Te amé, no te amo ya: piénsolo al menos;
Nunca, si fuere error, la verdad mire!
Que tantos años de amarguras llenos
Trague el olvido : el corazón respire !

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CARTAS AJ\IATORIAS DE LA AVELT,ANEDA

COBA CON'l'E:lfPORÁNEA

Lo has destrozado sin piedad: mi orgullo
Una vez y otra vez pisaste insano ....
No era tuyo el poder que irresistible
Postró ante ti mis fuerzas vencedoras.
Quísolo Dios y fué: gloria á su nombre l
Todo se terminó: recobro aliento:
¡ Angel de las venganzas! ya eres h~mbre;
Ni amor ni miedo al contemplarte siento.
No son muchos los versos amorosos entre los de la Avellaneda Y, como á
los que acabo de citar, apenas le viene bien el adjetivo, si, por eje~plo, se
les compara con las dos odas casi completas y los otros frag~entos mmortales que nos quedan de la gran poetisa griega, que en la isla de Lesbos nació y vivió seiscientos años antes de J. C. No babia existido hasta el presente razón directa de recordar á Safo al tratar de la poetisa cubana. Pero
el caso es aho1·a diferente. La Avallaneda amó, no cabe duda, amó con pasión física, profunda, dominadora; del mismo modo que la mujer admirable de Lesbos amó á Faón, el hermoso barquero, de que vagamente nos habla
la leyenda. Pero cúmplenos deplorar---eolocándonos en un punto de vista
de arte exclusivo,-que por desgracia al confesar y expresar la interesante
cubana su ardoroso sentimiento, no lo hiciera en verso sino en prosa. Las
cartas á. Cepeda, palpitante imagen de lastimosa realidad, eco vibrante de
gritos de pasión incontrastable, no tendrían precio, serían extraordinaria
maravilla, si estuviesen engastadas en el fino y. resistente metal en que fijó
ella sus poesfas. Una prosa rápidamente escrita, no releída por su autora
antes de emprender el camino que por fortuna la traería al fin y al cabo
hasta nosotros, sin tener siquiera corregidas las faltas de ortografía, no
puede consolarnos de la ocasión frustrada, única en cierto modo, de poseer
en hermosos versos castellanos la historia auténtica de una pasión femenina
arrebatada, no etérea y mística como la de Victoria Colonna, ni circunspecta y vacilante como la Elizabeth Barrett, sino esencialmente humana y sin
otro objeto que ser igualmente correspondida. Esto precisamente fué lo
que apenas pudo la infeliz lograr, pues Cepeda resultó más tibio, más indiferente en suma que el mismo Faón. Muy violenta debió ser la indignación
de Gertrudis y el rompimiento de las relaciones, cuando ni siquiera parece
ella haber pensado en reclamar sus cartas y evitar así que pudieran algún
dfa publicarse por iniciativa extraña y en desfavorables condiciones, como
ha sucedido.

•••
El libro que contiene estas epístolas de la egregia poetisa,
"la más grande de todos los tiempos", como alguien la ha llamado, consta de 158 páginas en 8.0 , y se intitula así:
LA AVELLANEDA I Autobiografía y cartas de la ilustre poe-

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tisa I hasta ahora inéditas, 1 con un prólogo y una necrología 1
por I D. Lorenzo Cruz de Fuentes, 1 Catedrático del Instituto
Gral. y Técnico de Hitelva, 1 Individuo correspondiente de la
Real Academia de la Historia, 1 &amp;c., &amp;c. 1 Publícase á expensas de
la Ilma. Sra. D.ª María de Córdova y Govcmtes, 1 viuda de Cepeda. 1 Huelva, 1 I mprenta y Papelería de Miguel Mora y Compa1íía, Sagasta, 6. l 1907.
En la última página, la correspondiente al colofón, dice lo
siguiente: Esta obra no se vende. Tirada, 300 Ejemplares.
El libro está dividido en cuatro partes : la primera, que es
el prólogo, consta de ocho páginas; la segunda, titulada Autobiografía de la Sra. D.ª Gertr-udis Gómez de Avellaneda, cuenta
treinta y dos; la tercera, rotulada Cartas de la Sra. D.ª Gertrudis Gómez de Avellaneda, tiene noventa y cuatro y en ella aparecen cuarenta epístolas numeradas de la I a la XXXX (sic; en
vez de XL), y la cuarta y última, intitulada Necrología del Ilmo.
Sr. D. Ignacio de Cepeda y Alcalde, que es la persona a quien
fueron dirigidas, consta de catorce páginas.
En la primera parte, o sea el prólogo, el señor Lorenzo Cruz
de Fuentes atinadamente presenta a La Peregrina en el nuevo
aspecto de su estilo epistolar. V arias de estas cartas, sobre todo
algunas de las últimas, realmente son notables por el vigor y la
elevación del pensamiento, por la elegancia del estilo y la belleza de los conceptos. El compilador, en ciertas partes, creyó
prudente suprimir pasajes o palabras; y por noticias particulares que tengo, parece que en este volumen de que voy tratando
no están todas las cartas de la Avellaneda al señor Cepeda.
Si el señor Cruz de Fuentes se decide a hacer una segunda
edición de este libro ( como parece ser su propósito), &amp;las publicará todas y añadirá nuevos datos tendientes al conocimiento
íntimo de la genial lírica? De esperar es, y que complete los
pasajes tnmcos de algunas de estas cartas. Así será el libro
doblemente interesante, y no dudo que en Cuba tendrá excelente acogida esa segunda edición de obra de tan grande interés
para nuestras letras.
CARLOS DE VELASCO.
Enero. 1914.

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CUBA CON'l'EMPORÁNEA

PRÓLOGO
Las obras de D.ª Gertrudis Gómez de Avellaneda están ya juzgadas definitivamente por la crítica literaria y el nombre ilustre
de su inspirada autora ocupa lugar preeminente entre los más esclarecidos poetas que brillaron en el parnaso español, y como
el primero entre las poetisas, que hablaron la lengua de Cervantes. No seré yo quien repita aquí sandia y torpemente lo
que con tan profundo conocimiento de la materia y por elegante
modo dejaron consignado en luminosos artículos periodísticos,
en cartas laudatorias ó en eruditos prólogos, varones tan preclaros como D. Juan Nicasio Gallego, don Alberto Lista, D . Nicomedes Pastor D~az, D. Juan Valera, D. Pedro Antonio Alarcón, D. Severo Catalina y el Duque de Frías, por no citar más,
que sobresalen en la república de las letras, unos como poetas,
otros como críticos, otros como novelistas, y todos como maestros
consumados del bien decir.
Pero con tener el público un perfecto conocimiento del soberano arte de la .Avellaneda desde que salieron a luz los cinco
tomos de sus obras literarias (1), que nos la presentan ceñida
su frente de la triple corona de novelista, de poeta lírico y de
autor dramático, todavía nos es posible conocerla bajo un nuevo
aspecto por todos ignorado, como modelo en el estilo epistolar,
merced á unos manuscritos, que paran hoy en nuestro poder,
trasmitidos por el que fué su propietario el Ilmo. Sr. D . Ignacio
de Cepeda y Alcalde; quien mirando en mí, no seguramente al
más hábil de sus amigos, sino á uno de los más devotos y sinceros, quiso confiarle el honroso encargo, que yo acepté agradecido como un halago de la fortuna, de dar a los moldes de la
imprenta tan preciosas reliquias. Hasta aquí habíamos apreciado los altísimos méritos de la ilustre hija de Puerto-Príncipe,
de la insigne Tula, como familiarmente era llamada, por los
(1) Obraa literarias de la Señora Doña Gertrudi8 G6mez .4.vellaneda--Oolecci6n Oompleta--Madrid--lmprenta 11 Bstereotipia de M. Rivadeneyra, calle del D,..
que de Osuna, número 8-1869.

CARTAS A~TORIAS D.I!: LA AVELLANEDA

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escritos dedicados a ver la luz pública, en los que quiso ella
darse á conocer al mundo literario como artífice de la palabra
y del pensamiento, más [sic] ahora han de ser avaloradas también
esas sus bellas cualidades de escritora correctísima, espontánea
como pocas, y de muy profunda pensadora, aún en aquellas producciones que trazó su pluma, condenadas al nacer por su autora á ser rotas o quemadas sin remisión alguna, cruel sentencia
que por suerte no llegó a cumplirse. Estas son la autobiografía
y las cartas que publicamos, inspiradas en la más ardiente y
noble pasión amorosa que puede concebirse y dirigidas, con el
sigilo de que tanto gustan los enamorados, al que fué sagrado
objeto de sus más puros y dulces amores, á sit ídolo, á su Dios,
como repetida vez le llama.
Corría el año 1839 cuando la Srta. Gertrudis Gómez de .Avellaneda, que ya había acreditado el pseudónimo La Peregrina
con que firmaba algunas de sus producciones poéticas, conoció
en Sevilla entre la buena sociedad, que le aplaudía y le admiraba, á D. Ignacio de Cepeda, joven entonces de 23 años, hijo
de noble familia ursaonense, estudiante de la Facultad de Derecho, tipo de hermosura varonil, culto sin presunción, elegante sin amaneramiento, bondadoso y afable por naturaleza, y
para que nada le faltase para llenar las aspiraciones del más
exigente corazón femenino, era rico por su casa, que poseía cuantiosos bienes de fortuna en la dicha ciudad, en Osuna, en Villalba del .Alcor y en Almonte. Con estas raras cualidades, difíciles de reunir en un solo sujeto, no es de extrañar que la eminente poetisa, que también se hallaba en la exuberancia de la juventud, empezando por ser su amiga más sincera, no tardase en
ver prendida en SJ&gt; pecho la llama del amor y que aceptase como
un don del cielo á aquél su amigo, que satisfacía los estímulos
de su corazón de fuego, y en el cual se armonizaban y sintetizaban las realidades de la vida con los ensueños de mujer, que
en su portentosa imaginación se había forjado.
Pero esas ilusiones, ese férvido entusiasmo de que están, no
llenas, sino rebosantes las cartas de aquella época, fueron para
la genial cubana como el heno, verde á la mañana, seco
á la tarde, ó cual gentil amapola tronchada al nacer por rudo
arado. La revolución operada en su espíritu fué súbita y dolo-

�CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

27

CUBA CONTE)IPORÁNEA

rosa: el ídolo cayó de su profanado altar y se destruyó el culto.
Cuál fué la causa de tanta desventura Y No lo sabemos á cien6
cia cierta. Los celos tal vez; la pasión absorvente, [sic] avasalladora, que no conocía límites, de la franca india, como graciosamente á sí propia se llamaba la simpática Tula; y la templanza sostenida del Sr. Cepeda ante el temor instintivo de entregarse con armas y bagaje á aquella inteligencia poderosa,
que algún día podría anularle con su superioridad indiscutible,
debieron hacer el milagro. El hecho es, que en los primeros meses del año 1840, pierden las cartas su tinte apasionado, para
reducirse paulatinamente á una correspondencia entre dos amigos muy íntimos, muy queridos, pero nada más que amigos,
como antes lo habían sido; y que esa transformación de afectos costó á la poetisa una de esas crisis morales, que forman
época en la vida del individuo, dejando en el alma huellas imborrables. '' En un rapto de mal humor-decía-he rasgado dos
actos de mi drama (2). En otro rapto de mal humor hice trizas el vestido que debía ponerme esta noche. . . no será extraño,
que en otro me arroje por el balcón. . . A Dios, ten compasión
de una mujer, que pudo ser algo en el mundo y que ya es nada.
Amame ó mátame. . . no hay para mí otra alternativa. ¡ Tantos
días sin verte 1. . . tienes de hielo el corazón t. . . ¡ qué significa
esto?. . . te pesa ya mi amor Y. . . Acaso te pese, pero no tanto
como á mí la vida." (3)
De aquí nacieron el pesimismo, la tristeza, el desengaño y la
melancolía, que impregnaron su alma tierna y apasionada desde sus años juveniles y de que van saturadas muchas de las poesías líricas engendradas por su fecundo numen. Bien lo echa
de ver sin acertar con la explicación el eximio poeta y profundo crítico Sr. Gallego (4). "Al lado-dice-de las ideas nobles y de la elevación de espiritu, que distinguen á nuestra poe-

tisa, se notan ciertos suspiros de desaliento, desengaño y saciedad de la vida, que harán creer al lector ( como nosotros lo
creímos al ver algunas muestras en un periódico de Cádiz) que
son fruto de la edad madura, de esperanzas frustradas, de ilusiones desvanecidas por una larga y costosa experiencia. ¡ Cual
fué, pues, nuestro asombro cuando nos encontramos con una
señorita de veinte y cinco años, en extremo agraciada, viva y
llena de atractivos!. .. Posible es, que la señorita Avellaneda
tenga fundadas razones para estar disgustada, hasta el punto
de pintarse consumida de tedio ( tal es el asunto de uno de sus
más bien torneados sonetos) (5), cuando su condición social, sus
pocos años y sus dotes personales debieran lisonjearle infinito;
pero es harto más probable que esté algún tanto contagiada de
la manía del siglo y sea más ficticio que real el desaliento que
nos pinta en algunas de sus composiciones. Acaso tendrán en
esto no pequeña influencia las horas desusadas que dedica a
su estudio, y suelen ser desde la una a las cuatro de la mañana.''
Y en parecida equivocación no pudo menos de incurrir por
falta de datos el gran estilista, el sabio maestro ·de las letras patrias, don Juan Valera, al juzgar en notabilísimo artículo (6)
con la altura de miras, que le era propia, las producciones líricas
de la Avellaneda, de la cual asegura con sobrado fundamento,
que en ese género--"no tiene ni tuvo nunca rival en España,
y sería menester, fuera de España, retroceder hasta la edad más
gloriosa de Grecia para hallarle rivales en Safo y en Corina, si
no brillase en Italia, en la primera mitad del siglo XVI, la bella
y enamorada Victoria Colonna, Marquesa de Pescara;"-pero
abunda en la misma opinión del Sr. Gallego, de que nuestra
poetisa se había contagiado del menosprecio del mundo y de los
hombres,-"sentimiento propio de este siglo y fuente de rica
y elevada aunque amarga inspiración; "-y al establecer un paralelo entre ambas poetisas, afirma de la española, que-'' se había visto obligada acaso a conservar con frecuencia su ideal en

(2) El drama L1011cia que entonces escribla y que fué estrenado en Sevilla
el 6 de Junio de 1840.
( 3) Carla escrita en SeTilla y remitida i la Posada de la Castalia, calle del
Burro (hoy Alfonao el Sabio), con esta indicación en el sobrescrito--""'- D. Ignacio
Cepeda en S. :M. (au mano). No tiene fecha, coal\ muy común en esta correspondencia, pero de au contenido se deduce qua fué escrita en los Carnavales de 184.0.
( 4). D. Juan Nicasio Galle¡o en el prólo¡o i la l.ª edición de las poeala■
de la Avellaneda, Madrid. 18n.

(5) Alude, sin duda, al titulado Jfi .ICal, que 1!.¡ura el último en la edl·
ci6n mencionada en la nota anterior.
(6) Publicado con motivo de la aparición de laa Obras Lit,rarial de la Avellaneda, Madrid, 1869, y reproducido recientemente en el número extraordinario la
Revista Uni6n Ibtro-A.11urieana, correspondiente al 80 de Abril de 1905.

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CUBA CONTEMPORÁNEA

abstracto y en vago, por no poderlo fijar, ni concretar, ni determinar en persona alguna de las que ha encontrado por el mundo, "-mientras que la italiana tuvo en su marido, el heróico [sic]
Marqués de Pescara, vencedor en cien batallas, il suo bel sole,
el motivo perenne de sus apasionados versos.
De hoy más podrá asegurarse, sin miedo de caer en evidente
error, que ese desdén misantrópico, ese desaliento y tedio de la
vida, que cual ténue [sic] sombra envuelve á casi todas las poesías
líricas de la Avellaneda, no nacieron de su prurito de imitar á
los vates melancólicos, muy de moda en aquella era, antes bien,
fueron los ópimos, aunque amargos frutos de un estado psicológico, determinado por el choque de pasiones, que en tempestad
tumultuosa se desencadenaron en su pecho, y que el ídolo que
adoraba, deshecho y pro/anado en 1840 y renacido á los siete
años como el fénix de sus cenizas, no era un ser extraterrenal,
abstracto, ni quimérico, sino vivo, animado, de carne y hueso
como los demás hombres, y de altiva frente,
'' Que alumbrada pareeia
Por resplandores del alma.''

Para nadie será ya un secreto, que D . Ignacio de Cepeda era
el afortunado mortal, por quien sonaron los acentos más delicados de la apasionada lira de la Avellaneda; ora cante en bien
pulidas estrofas el placer de haber hallado el tierno objeto de
sus amores,
Reflejaba su mirada
El azul del cielo hermoso;
No cual brilla en la alborada,
Sino en la tarde, esmaltada
De tornasol misterioso.
Yo, en profundo arrobamiento,
De su hálito los olores
Cogf en las alas del viento,
Mezclado con el aliento
De las balsámicas flores.
Porque era, no hay duda, tu imagen querida,
Que el alma inspirada logró adivinar .....
Aquella que en alba feliz de mi vida

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

29

Miré para nunca poderla olvidar.
Por tí fuá mi dulce suspiro primero;
Por tí mi constante, secreto anhelar . ....
Y en balde el destino, mostrándose fiero,
Tendió entre nosotros las olas del mar (7);

ora llore en sentidísimas endechas su ausencia y definitivo apartamiento,

,

No existe lazo ya: todo está roto :
Plúgole al cielo así: ¡ bendito sea l
Amargo cáliz con placer agoto:
Mi alma reposa al fin: nada desea.

Cayó tu cetro, se embotó tu espada .....
Mas ¡ ay 1 ¡ cuan triste libertad respiro l

Hice un mundo de tí, que hoy se anonada,
Y en honda y vasta soledad me miro.
¡ Vive dichoso tu! ¡ Si algún día
Ves este adios, que te dirijo eterno,
Sabe que aún tienes en el alma mía,
Generoso perdón, cariño tierno (8).

A la primera época, de las dos que dejamos indicadas, pertenece la autobiografía escrita á ruegos del Sr. Cepeda, ó lo que
parece más verosímil, por propia iniciativa de su autora, que
quiso dar á conocer su pasado al hombre á quien ya había entregado su corazón. Aparecen en ella consignados con notable
ingenuidad los recuerdos de la niñez y de la primera juventud,
su venida á España y á Sevilla, y hasta secretos del bogar doméstico, por lo que exigía en el primer párrafo, que llamaríamos
prólogo, que el fuego devorase aquel papel inmediatamente que
fuera leído, y que nadie más tuviese noticia de su existencia; y
(7) Poesla titulada ..t ti, que figura en la edición de 1841 y fué escrita por
la A,•,llnneda A fines del afio 1839.
(8) Poesla t itulada también Á. Cl, como la anterior, publicada en la edición
de 1850 y que probablemente escribirla su autora en Noviembre de 1847, luego
de quedar rotas para siempre sus relaciones amorosas con el Sr. Cepeda.
Además de las dos composiciones Á. tl, hay otras en la colección completa de
sus obras (1869) como el "Soneto imitando una oda de Safo", "Amor y Orgullo",
"'Mi Mal" 1 "El Porqué de la Inconstancia", &amp;c., &amp;c., respecto á las cuales es tam·
bién evidente el motivo de su inspiración.

�31

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

30

COBA CONTEMPORÁNEA

como dudando de que se hubieran cumplido tan duras condiciones, decía á los pocos días en carta al Sr. Cepeda (9) : "Respecto al cuadernillo, que dí á V., sabe V. mis condiciones. Están en
él consignadas las personas por sus nombres y encierra confianzas, que sólo á V. pudiera yo haber hecho, pues soy sumamente
reservada en asuntos domésticos. Por todo esto no estaré tranquila hasta saber que ha sido quemado por V. mismo: lo ruego y lo
exijo. "-Igual advertencia hace en algtmas de sus cartas que
corresponden al citado año 1839, y en las que fueron escritas
en la segunda época de relaciones amorosas, o sea el otoño de
1847, cuando, ya viuda de su primer marido la eminente poetisa,
volvió á tratar de cerca al Sr. Cepeda, que se detuvo en Madrid
larga temporada al emprender su viaje, no de recreo, sino de
instrucción, por diversas cortes europeas.
Unas y otras, así como la autobiografía, fueron guardadas con
esmero y cariño, como oro en paño, por su ilustre propietario, no
ciertamente por vanidad, que nunca conoció esa pasión, sino por
grato recuerdo de sus años juveniles; y así, no consintió jamás
en que fueran publicadas en vida suya, limitándose á dar su
permiso para que salieran á luz después de su muerte,-"si
podían servir para enaltecer más y más el mérito de la insigne
escritora y satisfacer la curiosidad de querer conocer hasta el último punto sus más íntimos pensamientos, "-como me
decía en carta de 16 de Julio de 1902, contestando á mi amistoso
requerimiento de que no quedasen condenados á perpétuas [sic]
tinieblas manuscritos tan preciados. Comprendiéndolo así la Ilma.
Sra. D." María de Córdova y Govantes, viuda del Sr. Cepeda,
ha querido rendir un homenaje de cariño á la veneranda memoria de su esclarecido esposo, costeando la presente edición, que
seguramente le agradecerán los amantes de las buenas letras, y á
la que se ba creído oportuno agregar por el autor de estas líneas
una NECROLOGÍA del Sr. Cepeda, que por sus talentos y sus méritos fué digno objeto del amor de la primera de las poetisas españolas.
(9) Escrita en Sevilla probablemente el 8 de Agosto de 1889 y mandada ¡¡ la
Pos:lda de la Castaña con esta indicación en el sobre :-"AJ Sr. D. Ignacio de Cepeda, el joven, en S. M."

Hora será ya de terminar este desmedrado prólogo, para que
los lectores (si alguno paró mientes en él) puedan saborear las
hermosas páginas que dejó trazadas la pluma de la inspirada
escritora.

AUTOBIOGRAFÍA
DE LA SRA. D.A. GERTRUDIS GÓ}IEZ DE AVELLANEDA
"23

DE JULIO Á L.A.

1

DE LA NOCHE. "

(l)

Es preciso ocuparme de V. (2); se lo he ofrecido; Y, pues,
no puedo dormir esta noche, quiero escribir: de V. me ocupo al
escribir de mí, pues sólo por V. consentiría en hacerlo.
La confesión, que la supersticiosa y tímida conciencia arranca á una alma arrepentida á los pies de un ministro del cielo,
no fué nunca ~ás sincera, más franca, que la que yo estoy dispuesta á hacer á V. Después de leer este cuadernillo, m~ _conocerá V. tan bien, ó acaso mejor que á sí mismo. Pero ecs1Jo dos
cosas. Primera: -que el fuego devore este papel inmediatamente
que sea leído. Segunda: que nadie más que V. en el mundo, tenga noticia de que ha existido.
V. sabe, que he nacido en una ciudad del centro de la Isla
de Cuba (3), á la cual fué empleado mi papá el año de nueve
( 1) En el original no se dice el año, ni el Jugar de la confección de este cuad6,-nillo, como lo llamó su autora, que consta de 21 hojas en cuarto, sin foliar; pero
RU contenido y los antecedentes, que he tenido á !&amp; vista, no dejan lugar á la
menor duda de que fu6 escrito en Sevilla el año 1889.
La poetisa escribe constantemente devo, deve, de1;ia.; adoctar; tttbe, tubo; pro•
hi-vir, prohivia; conaerbo; ecsesiba, en.aesibamente; acit1 (proposición); aprovar, apro11aba; y usa rara vez de !&amp; X, supliéndola por S cuando le sigue consonante Y por el
grupo O. S. cuando Je sigue vocal. Estas ligeras faltas, as! como el uso de S por
e ó por z, ó de letra mayúscula por minúscula ó viceversa, se han re_spetado en
la presente edición tales como aparecen e11. el original; lo cual se advierte desde
ahora para que los lectores no carguen r. cuenta del cajista lo que es propio del
descuido y abandono con que en esta ocasión escrib!a la Sra. Avellaneda.
(2) D. Ignacio de Cepeda y Alcalde, A quien se le entregó este cuaderno. En
el texto se le nombra varias veces por su apellido).
(3) Puerto Pr!nc!pe, ciudad harto atrasada entonces, que no tenia escuelas
públicas, ni teatro.

�32

CUB.\ CO~TElll'ORÁ..'IEA
C,\RTAS A)f.-\TORI.\S DE LA A \'ELLA~EDA

y en la cual casó algún tiempo después con mi mamá, hija del
país (4).
.
. .
No siendo indispensables estensos detalles sobre m1 nacimiento para la parte de mi Ilistoria, que pueda intere~ai: ~ V., no le
enfadaré con inútiles pormenores, pero no suprimire tampoco
algunos que pueden contribuir á dar á V. más esacta idea de he,
chos posteriores.
Cuando comencé á tener uso de razón, comprendí que habia
nacido en una posición social ventajosa: que ~i familia_ materna ocupaba uno de los primeros rangos del pa1s, que mi _Padre
era un caballero y gozaba toda la estimación que merec1a ~or
sus talentos y virtudes, y todo aquel prestigio que e_n una cmdad naciente y pequeña gozan los empleados de cierta c_lase.
Nadie tubo este prestigio en tal grado: ni sus antecesores, m sus
sucesores en el destino de comanda&gt;1.te de los puertos, que ocupó en el centro de la Jsla; mi padre d~ ha brillo á _s u empleo con
sus talentos distinguidos, y había sabido proporcionarse las re1:J.ciones más honoríficas en Cuba y aun en España.
.
Pronto cumplirán 16 años de su muerte, mas estoy cierta,
mu,· cierta que aun vive su memoria en Puerto Príncipe, Y que
no se pron,uncia su nombre sin elogios y bendicio_ncs: ~ ~adie
hizo mal. y ejecutó todo el bien que pudo. En su v_ida ?l~bhca Y
en su vida privada. siempre fué el mismo, noble, mtrepido, veraz. generoso é incorruptible.
Sin c:mbargo. mamá no fué dichosa con él: acaso porq~e no
puede haber dicha en una unión forzosa, acaso_ porque s1e~do
demasiado joven y mi papá más maduro, no pudieron tener s1mpatías. l\fas siendo desgraciados, ambos fueron por lo menos
irreprochables. Ella fué la más fiel y virtuosa de las esposas,_ Y
jamfts pudo quejarse del menor ultraje á su dignidad de muJe1·
y de madre.
. ,
Disimúleme V. estos elogios: es un tributo que det•o rendir a
los autores de mis días, y tenqo cierto orgullo cuando al recor~ar
las virtudes, que hicieron tan estimado á mi padre, puedo decir:
soy su bija.
0

(4) Sabido es que loa padres de la Avellaneda fueron el capitfi.n de navlo
D. Manuel G6mez de A..-ellaneda y D .• Francisca de Arteaga.

33

Aun no tenía nueve años cuando le perdí (5). De cinco hermanos que éramos, sólo quedábamos á su muerte dos : :Manuel y
yo ; así es que éramos tiernamente queridos, con alguna preferencia por parte de mamá acia 7\Ianolito y por papá acia mí.
Acaso por esto, y por ser mayor que él cerca de tres años, mi
dolor en la muerte de papá fué más vivo que el de mi hermano.
Sin embargo, ¡ cuán lejos estaba entonces de conocer toda la
estcnsión de mi pérdida!
Algunos afios hacía que mi padre proyectaba volverse á España y establecerse en Sevilla; en los últimos meses de su vida
esta idea fué en él más fija y dominante. Quejóse de no dejar
sus huesos en la tierra nativa, y pronosticando á Cuba una suerte
igual á la de otra Isla vecina (6), presa de los negros, rogó á
mamá se viniese á España con sus hijos. Ningún sacrificio de
intereses, decía, es demasiado: nunca se comprará cara la ventaja
de establecerte en España. Estos fueron sus últimos votos, y
cuando más tarde los supe deseé realizarlos. Acaso éste ha sido
el motivo de mi afición á estos países y del anhelo con que á
veces he deseado abandonar mi patria para venir á este antiguo
mundo.
Quedó mamá joven aún, viuda, rica, hermosa (pues lo ha
sido en alto grado) y es de suponer no le faltarían amantes, que
aspirasen á su mano. Entre ellos Escalada (7), teniente coronel
del regimiento que entonces guarnecía á Puerto Príncipe, joven
tambié11, no mal parecido, y atractivo por sus dulces modales y
cultivado espíritu. l\famá le amó acaso con sobrada ligereza, y
antes de los 10 meses de haber quedado huérfanos, tuvimos un
padrastro. l\fi abuelo, mis tíos y toda la familia. llevó muy á mal
este matrimonio; pero mi mamá tubo para esto una firmeza de
carácter, que no había manifestado antes, ni ha vuelto á tener
después. Aunque tan niña, sentí herido de este golpe mi corazón;
sin embargo, no eran consideraciones mezquinas de intereses 111!
{5) . Los tenía cumplidos, puesto qne nació el 23 de ?i!ano de 1814, y según
su propia cuenta, au padre hablA muerto i fines de 1823. Igual equivocación dejó
anotada en algunas de aus cartu. Los editores de sus poesfas en 1850, la supusie•
ron nacid&amp; en 1816.
{ 6) Santo Domingo.
{7) D. Gaapar Escalada, Teniente Coronel del Regimiento de León.

�35

CU.BA CONTEMPORÁNEA

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

que me hicieron tan sensible á este casamiento: era el dolor de
ver tan presto ocupado el lecho de mi padre y un presentimiento
de las consecuencias de esta unión precipitada.
Afortunadamente sólo un año estuvimos con mi padrastro,
pues, aunque una real orden inícua y arbitraria nos obligaba á
permanecer bajo su tutela, la suerte nos separó. Su regimiento
fué mandado á otra ciudad, y mamá no se resolvió á dejar su
país y sus intereses para seguirle. Ocho años duró esta separación; sólo dos ó tres meses cada año iba Escalada á Puerto Príncipe con licencia, y se portaba entonces muy bien con mamá Y
con nosotros. Por tanto, éramos felices! Aunque tenía mamá
otros hijos de sus segundas nupcias, su cariño para con nosotros era el mismo. A Manuel, sobre todo, siempre le ha querido
con una especie de idolatría, y á mí lo bastante para no poder
formar la menor queja. Dábaseme la más brillante educación
que el país proporcionaba, era celebrada, mimada, complacida
hasta en mis caprichos, y nada esperimenté que se asemejase á
los pesares en aquella aurora apacible de mi vida.
Sin embargo, nunca fuí alegre y atolondrada como lo son
regularmente los niños. Mostré desde mis primeros años afición
al estudio y una tendencia á la melancolía. No hallaba simpatías
en las niñas de mi edad; tres solamente, vecinas mías, hijas de
un emigrado de Santo Domingo, merecieron mi amistad. Eran
tres lindas criaturas de un talento natural despejadísimo. La
mayor de ellas tenía dos años más que yo, y la más chica dos
años menos. Pero esta última era mi predilecta, porque me parecía, aunque más joven, más juiciosa y discreta que las otras.
Las Carmonas ( que este era su apellido) se conformaban fácilmente con mis gustos y los participaban. Nuestros juegos eran
representar comedias, hacer cuentos, rivalizando á quien los hacía más bonitos, adivinar charadas y dibujar en competencia
flores y pajaritos. Nunca nos mezclábamos en los bulliciosos juegos de las otras chicas con quienes nos reuníamos.
Más tarde, la lectura de novelas, poesías y comedias, llegó á
ser nuestra pasión dominante. Mamá nos reñía algunas veces
de que siendo ya grandecitas, descuidásemos tanto nuestros adornos, y huyésemos de la sociedad como salvajes. Porque nuestro
mayor placer era estar encerradas en el cuarto de los libros, le-

yendo nuestras novelas favoritas y llorando las desgracias de
aquellos héroes imaginarios, á quienes tanto queríamos.
De este modo cumplí trece años. ¡ Días felices, que pasaron
para no tornar más!. .. -Cepeda! mañana continuaré escribiendo. Estoy fatigada y la pluma es malísima, &amp;qué hará 'V.
ahora 1 Dormir acaso ! Ojalá !

34

"25

POR LA MAÑANA"

Hoy no le veré á V. verosímilmente, pues según su sistema,
creo que no irá á la ópera, á la cual iré yo. Creo, empero, que
el motivo de no ir V. no será hallarse malo, pues me molestaría
infinito esta suposición, creyendo que mis impertinentes instancias de anoche para que fuese V. á Cristina (8), fuesen la causa
de ello.-Voy á continuar mi relación y procuraré abreviarla.
Mi familia me trató casamiento con un caballero del país,
pariente lejano de nosotros. Era un hombre de buen (aspecto)
personal y se le reputaba el mejor partido del país. Cuando
se me dijo que estaba destinada á ser su esposa, nada ví en este
proyecto que no me fuese lisonjero. En aquella época, comenzaba á presentarme en los bailes, paseos y tertulias, y se despertaba en mí la vanidad de mujer. Casarme con el soltero más rico
de Puerto Príncipe, que muchas deseaban, tener una casa suntuosa, magníficos carruajes, ricos aderezos, etcétera, era una
idea que me lisonjeaba. Por otra parte, yo no conocía el amor
sino en las novelas que leía, y me persuadí desde luego que
amaba locamente á mi futuro. Como apenas le trataba y no le
conocía casi nada, estaba á mi elección darle el carácter que
más me acomodase. Por decontado me persuadí, que el suyo era
noble, grande, generoso y sublime. Prodigóle mi fecunda imaginación ideales perfecciones, y ví en él reunidas todas las cualidades de los héroes de mis novelas favoritas : El valor de un
Oroondates, el ingenio y la sensibilidad apasionada de un SaintPreux, las gracias de un Lindor y las virtudes de un Grandisón.
Me enamoré de este ser completo, que veía yo en la persona de
(8) Paseo junto al Guadalquivir, frente al palacio de San Telmo, donde se
reunta la buena sociedad sevillana en las noches de verano.

�36

CUBA CONTEMPORÁNEA

mi novio. Por desgracia, no fué de larga duración mi encantadora quimera; á pesar de mi preocupación, no dejé de conocer
harto pronto, que aquel hombre no era grande y amable sino en
mi imaginación; que su talento era muy limitado, su sensibilidad muy común, sus virtudes muy problemáticas. Comencé á entristecerme y á considerar mi matrimonio bajo un punto de vista menos lisonjero. En aquella época, mi futuro tubo precisión
de ir á la Habana, y su ausencia, que duró diez meses, me proporcionó la ventaja de poder olvidar mis compromisos. Como no
veía á mi novio, ni casi se me hablaba de él, apenas, rara vez, me
acordaba vagamente, que ecsistía en el mundo. La Amistad ocupaba entonces toda mi alma. Adquirí una nueva amiga en una
prima, que educada en un Convento, comenzó entonces á presentarse en sociedad. Era una criatura adorable ; yo, que no ama
ba á ninguna de mis otras primas, me incliné á ella desde el
primer momento en que la ví.
He notado en el curso de mi vida, que si bien alguna vez se.
ha engañado mi corazón, más frecuentemente ha tenido un instinto feliz y prodigioso en sus primeros impulsos. Rara vez he
encontrado simpatías en aquellas personas, que á primera vista
me han chocado, y muchas he adivinado en dicha primera vista,
el objeto de mi futuro afecto.
l\Ii prima obtuvo desde luego mi simpatía y no tardó en
ocupar un lugar distinguido en mi amistad. únicamente Rosa
Carmona la rivalizaba, pues ninguna de las otras dos Carmonas
fueron de mí tan queridas corno ella. Cuando estábamos todas
reunidas, hablábamos de modas, de bailes, de novelas, de poesías, de amor y de amistad. Cuando Rosa, mi prima y yo estábamos solas, solíamos ocuparnos de objetos más serios y superiores á nuestra inteligencia. Muchas veces nuestras conversaciones tenían por objeto los cultos, la muerte y la inmortalidad.
Rosa tenía mucho juicio en cuanto decía, y yo admiraba siempre la esactitud de sus raciocinios: En cuanto á mi prima, era
como yo, wia mezcla de profundidad y ligereza, de tristeza y alegría, de entusiasmo y desaliento : Como yo, reunía la debilidad
de mujer y la frivolidad de niña con la elevación y profundidad
de sentimientos, que sólo son propios de los caracteres fuertes y
varoniles. ¡Yo no he encontrado en nadie mayores simpatías!

CAR'fAS A~IATORIAS DE LA AVELLA:SEOA

37

Siendo las cinco jóvenes, no feas, y gozando reputación de
talento, fuimos bien pronto las señoritas de moda en Puerto
Príncipe. Nuestra tertulia, que se formó en mi casa, era brillantísima para el país : En ella se reunía la flor de la juventud del
otro sexo y las jóvenes más sobresalientes. Todos los forasteros
de distinción, que llegaban á Puerto Príncipe, solicitaban ser introducidos en nuestra sociedad, y nos llevábamos todas las atenciones en los paseos y bailes. .A.trajimos la envidia de las mujeres, pero gozábamos la preferencia de los hombres, y esto nos
lisonjeaba.
Volvió en eso mi novio, pero yo no le ví sin una especie de horror: Desnudo del brillante ropaje de mis ilusiones, parecióme un
hombre odioso y despreciable. 1\fi gran defecto es no poder colocarme en el medio y tocar siempre en los estremos. Yo aborrecía á mi novio tanto como antes creí amarlo. Él no pudo apercibir mi mudanza, porque jamás habíale yo mostrado mi afecto.
Mis ilusiones nacieron y acabaron allá en el secreto de mi corazón, porque, tan tímida como apasionada, no concebía yo entonces que se pudiera, sin morir de vergüenza, decir á un hombre:
yo te amo. Como no devía casarme hasta los 18 años, y sólo tenía
15, y como mi novio me visitaba muy poco, aquel matrimonio me
ocupaba menos de lo que devía. Mirábalo remoto, gozaba lo presente y no interrogaba al porvenir.
Lola (la segunda de las Carmonas) y mi prima, entablaron
relaciones de amor casi al mismo tiempo, y esta circunstancia, al
parecer sencilla para mí, tubo, no obstante, una notable influencia : Ellas amaban y eran amadas con entusiasmo : yo era la confidenta de ambas. Entonces se operó en mí una mudanza repentina y estraña. Híceme uraña y caprichosa: Las diversiones y
el estudio dejaron de tener atractivos para mí: Huía de la sociedad y aun de mis amigas ; buscaba la soledad para llorar sin saber por qué, y sentía un abismo en mi corazón. Y o no era ya el
objeto más amado de dos de mis amigas: ellas gozaban en otro
sentimiento una felicidad, que yo no conocía. ¡ Yo sentía celos y
envidia! Pensando en aquella ventura, que mi imaginación engrandecía, invocaba al objeto que podía dármela: ¡ aquel objeto
ideal que formé en los primeros sueños de mi entusiasmo ! Creía
verle en el Sol y en la Luna, en el verde de los campos y en el

�gg

CUBA C'ONTEMPOltÁNEA

azul del cielo : las brisas de la noche me traían su aliento, los
sonidos de la música el eco· de su voz: Y o le veía en todo lo que
hay de grande y hermoso en la naturaleza!; ¡ deliraba como con
una calentura !
Sin embargo, aquella situación no estaba destituída de encantos. Yo gozaba llorando, y esperaba realizar algún día los
sueños de mi corazón.
¡ Cepeda! ¡ cuánto me engañaba!. . . ¿ dónde ecsiste el hombre que pueda llenar los votos de esta sensibilidad tan fogosa
como delicada Y ¡ En vano le he buscado nueve años ! ; ¡ en vano !
He encontrado hombres!, hombres, todos parecidos entre sí:
ninguno ante el cual pudiera yo postrarme con respeto y decirle con entusiasmo : Tú serás mi Dios sobre la tierra, tú el dueño absoluto de esta alma apasionada. Mis afecciones han sido
por esta causa débiles y pasajeras: Yo buscaba un bien que no
encontraba y que acaso no ecsiste sobre la tierra. Ahora ya no le
busco, no le espero, no le deseo : por eso estoy más tranquila.
Esta tarde ó mañana continuaré escribiendo. A Dios!

"25

POR LA TARDE'~

Fué introducido en nuestra tertulia un joven, que apenas
conocía. Una antigua enemistad, trasmitida de padres á hijos,
dividía las dos familias de Loynaz y Arteaga. El joven pertenecía á la primera y mamá á la segunda; por consiguiente, ninguna relación existió hasta entonces entre nosotros. Un primo
mío había sido el primero que rompiera la valla, uniéndose en
amistad con un Loynaz. Las familias, que en un principio llevaron muy á mal dicha amistad, por fin se desentendieron, y Loynaz, prevaliéndose de ella, solicitó visitarme. Mamá lo reusó algún tiempo, pero tanto instó mi primo, tanto ridiculicé yo aquella enesmitad rancia y pueril, que al fin cedió y Loynaz tuvo entrada en casa. No tardó en granjearse la benevolencia de mamá
y en ser el más deseado de la tertulia. .Aunque muy joven, su talento era distinguido, su figura bellísima y sus modales atractivos.
Mis compromisos y la enemistad de nuestras familias eran
dos motivos poderosos para alejar de él toda esperanza respecto

CARTAS AMATORBS DE LA AVELLANEDA

39

á mí; pero sin tomar el aire de un amante, él supo mostrarme
una preferencia, que me lisonjeaba. Nuestras relaciones eran
meramente amistosas, y toda la tertulia las consideraba así. En
cuanto á mí, no me detenía en ecsaminar la naturaleza de mis
sentimientos: Leía con Loynaz poesías, cantaba dúos al piano
con él, hacíamos traducciones, y no tenía yo tiempo para pensar
en nada, sino en la dicha que era para mí la adquisición de un
tal amigo.
Por el verano nos fuimos al campo, á una posesión prócsima
á la ciudad, y llevé conmigo á Rosa Carmona, que, desde que mi
prima tenía amante, había llegado á ser mi amiga predilecta.
Loynaz, mis primos y muchos amigos de ambos sexos, iban á visitarnos con frecuencia. ¡ Tube días deliciosos! Sin embargo, entonces mismo se me ofrecieron motivos de inquietud y de penas.
Yo estaba encantada con Loynaz, pero me hallaba muy lejos de
creerle el hombre según mi corazón. Encontrábale más talento
que sensibilidad, y en su carácter un fondo de ligereza que me
disgustaba. Como amante, no llenaba él mis votos, mas le miraba
como amigo y me había aficionado infinito á su trato. Rosa me
hizo entrar en aprensión. Empeñóse en persuadirme, que nuestra prete_ndida amistad no era más que un amor disfrazado, y
por lo IlllSmo más peligroso. Recordábame sin cesar mis compromisos Y hacía de mi novio elogios, que hasta entonces no le había
yo oido. Ponderando las ventajas de aquel matrimonio, me intimidaba al mismo tiempo con suponerlo inevitable, porque sólo
con escándalo y afligiendo á mi familia, decía ella, podría yo
romper un empeño tan serio y tan antiguo.
A fuerza de decirme que yo amaba á Loynaz, llegó á persuadírmelo; pero como siempre conocía yo que no era él quien podía
comprenderme y que no me inspiraba ni estimación, ni entusiasmo, aquel amor no me hacía dichosa cual yo deseaba, y en vez
del orgullo que deve sentir un corazón, que encuentra lo que
busca, yo sentía aquella especie de humillación, que nos causa
la persuasión de habernos aficionado á un objeto, que n9 nos
merece.
Volvimos a la ciudad en el mes de Septiembre á asistir á
las bodas de mi prima, que se casó entonces con el hombre que
amaba. Sus amores y los de Lola Carmona habían comenzado al

�40

41

COBA CONTEllPORÁNEA

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

mismo tiempo, como ya he dicho, y al mismo tiempo casi se casaron ambas, aunque de un modo bien diferente. Mi prima vió
aprovada su elección por toda la familia; Lola, contrariada por
la suya, se casó depositada y se marchó inmediatamente á la
Habana con su marido. .Así me ví privada de una de mis
amigas.
Acompañé al campo á los reciencasados, y cuando volví un
mes después, encontréme una gran mudanza. Loynaz había sido
despedido de casa, y, bajo el pretesto de que quería marcharse
con su marido, mamá había fijado para dentro de tres meses mi
matrimonio, que antes señalara para el cumplimiento de mis
18 años. El novio á todo se prestaba: ni me amaba (según he
creido siempre) ni me aborrecía. Deseaba establecerse con una
niña de su familia, que tubiese inocencia y alguna hermosura.
:Mi abuelo le había dicho que yo era la que buscaba, y que me
daría además todo su quinto (9) (que ciertamente no era despreciable), si me casaba con aquel hombre. Esto le había decidido á él y esto era lo que le movía.
Al llegar yo y saber las novedades ocurridas, quedé anonadada, y sin saber á qué atribuirlas. Pero no tardé en saberlo todo y
en sufrir el primero y más terrible de mis desengaños.
Es tarde, Cepeda, continuaré luego.

dad, la música por lo menos pudiera atraer á V. á la ópera. Yo,
que be padecido sin duda penas más reales que las que V. pueda
tener, yo que conozco tanto como V. por lo menos, el mundo
y la Sociedad, no siento esa misantropía; y aunque no vea ni
á la sociedad ni al mundo al través del encantado pr isma de las
ilusiones, aún conozco que necesito del uno y de la otra : Aqué
secreto es, pues, ese que V. me oculta 1 ¡ingrato! V. se apodera
de mi confianza y me reusa la suya: V. se llama mi amigo y
disimula V. ~nmigo ! Escuche V. No le demando á V. sus secretos, no; yo los respeto; pero pídale V. á Dios que no los
haya yo adivinado.
Si la idea que desde anoche me persigue no es una aprensión
mía; si la vida retirada, que V. hace, tiene el motivo que sospecho .. . yo seré siempre su amiga de V., pero conoceré que V .
no lo es mío. Más; conoceré que es V. capaz de arterías y pequeñas falsedades, conoceré que V. no me ha comprendido, y ...
qué sé yo!, veré en V. 1m hombre como todos los demás: De
anoche acá V. ha decaído tanto en mi opinión, que . . . (por qué
no he de decirlo todo 1) que casi temo aumentar con el nombre
de V. la lista de mis desengaños. Y o perderé, si así fuere, yo
perderé una ilusión, una última ilusión que me ha lisonjeado
algunos días ; pero V. perderá más: sí. Porque, ¿ dónde hallará
V. otra amiga como yo T V. no sabe, no puede saber, cuán puro,
cuán desinteresado, cuán tierno es el afecto que me inspira.
Pero, &amp;á dónde voy a parar 1; yo me contradigo !- No, caro Cepeda, no perderá V. mi amistad mientras ella tenga para V.
algún valor; pero yo le suplico á V. en nombre del cielo y de la
sinceridad de mi alma, yo le conjuro á V., que si esta amistad
perjudica á intereses del corazón más caros, que si teme V. escite
ella celos y origine disgustos á un objeto querido, no se valga V.
de pretestos para evitarlos. Oiga V. Es demasiado noble y pura
nuestra amistad para que sufra las sombras del misterio ; yo no
podré tolerarlo ciertamente; pero si la manifestación de ella
puede ofender al amor, el amor es primero: la amistad deve ser
sacrificada, y lo será: yo lo ecsijo. )'li corazón no variará por
esto y en él siempre ocupará Cepeda un lugar distinguido. (11)

'' Á LA

1

DE LA. NOCHE''

He visto á Curro (10) en el Teatro, á V. no: tampoco lo esperaba. &amp;Pero habrá de continuar V. un género de vida semejante Y No es cierto que el solo disgusto de la Sociedad le inspire á
V. esa especie de misantropía; no, no es posible. Se necesita haber padecido mucho, haber sido la víctima de la sociedad para
aborrecerla en ese grado. V. que no tiene motivos positivos para
estar quejoso de ella; V . puede conocer sus vicios é injusticias,
y no entregarse á ella con la imprudencia de la inesperiencia y
la sencillez; pero no es posible que sin poderosísimos motivos
huya V. de ella tan obstinadamente á los 23 años. Si no la socie(9) La quinta. parte de su capital.
(10) D. Francisco Oepeda, hermano de D. Ignacio.

(11) Como babrin observado los lectores, la poetisa suspende en todo este
apartado la narraci6n de sn autobiorrafla para dejar escape al impulso de loa

�43

CUBA CO:STE:\JPOHÁNEA

CARTAS AMATORIAS DE LA A \'ELLANEDA

~Iañana continuaré mi historia y acaso la concluiré; pero
no la tendrá V. tan pronto, porque mañana no nos veremos. Es
preciso evitar un trato tan frecuente, porque su sociedad de V.
me haría disgustar de cualquier otra, y yo no deseo estrechar el
círculo de mis goces, sino ensancharlo lo posible. A Dios, hasta
mañana, es decir, hasta mañana en este papel, pues repito que
voy á probar, si me es ya necesaria absolutamente la sociedad
de V., estando tantos días como posible me sea sin verle.

quejaba de un desaire, que no había merecido. ''No ignoro, me
decía, los compromisos que respecto á V. ha contraído su familia, Y V. sabe mejor que nadie con cuanta delicadeza los he respetado,
pero, pues no se ha sabido apreciar mi conducta, no
.
quiero por más tiempo violentarme: sepa V. que la amo y que
á todo estoy dispuesto, si encuentro en V. iguales sentimientos.''
Me pareció que había en aquella carta más orgullo que pasión, pero m~ conmoví sin embargo. 'Tratando á aquel joven,
nunca le hubiera amado, porque su frivolidad, tan visible, era
un antídoto colocado felizmente junto á cualquiera dulce emoción que me inspiraba: pero cuando no le ví, cuando le creí desairado injustamente, ofendido y desgraciado por mi causa mi
afecto acia él tomó una vehemencia, que acaso jamás hubier~ tenido de otro modo. Sin embargo, tube bastante prudencia para
dominarme, y en mi contestación le decía, que estaba resuelta
á sacrificarme por complacer á mi familia, casándome con un
hombre, que aborrecía. "No soy insensible á su afecto de V. (le
decía al concluir), pero respetaré mis vínculos, y suplico á V.
no vuelva á escribirme. " (12).
No hizo caso de esta súplica: me escribió, dos veces más, cartas muy apasionadas, invitándome á romper un empeño, que le
hacía infeliz y á mí igualmente, pero no le contesté y cesó de
escribirme.
A pesar de esta conducta tan prudente y de la resignación
con que me prestaba á un enlace aborrecido, sufría mucho de
parte de mi familia. ~famá era y es un Angel de bondad, pero el
~ran defecto suyo es un carácter tan débil, que la constituye
Juguete de las personas que la cercan. Mis tíos la inducían á tratarme con rigor y continuamente la disponían en mi contra interpretando odiosamente mis más sencillas operaciones. ' &amp;Y
pensará V. que mis tíos deseaban mucho la realización de mi matrimonio Y Nada de eso; aparentábanlo así, pero hubiesen dado
cualquier cosa por impedir dicho enlace. En primer lugar les pesaban las mejoras, que mi abuelo se disponía á hacerme ; en segundo, deseaban para su hija mi novio, y acaso al emplear tanto

42

'' 26

POR LA MAÑANA''

La despedida de Loynaz y la procsimidad de mi casamiento
fueron para mí dos golpes tan sensibles como inesperados: pero
¡ cuál quedé al saber la mano de la cual ine habían sido asestados ! . . . Rosa, mi amiga, mi confidente Rosa, había persuadido á
mamá, que ecsistía una correspondencia amorosa entre Loynaz y
yo, que él me inducía á romper mis compromisos, y conociendo
ella mejor que nadie la pureza de mis sentimientos y rectitud
de mis intenciones, fué bastante vil para aparentar temores de
que, arrastrada por la pasión, que me suponía, diese algún paso
imprudente é irremediable. ¡ Logró completamente su objeto 1
¡ Cepeda! ; ¡ y sólo tenía 15 años aquella mujer 1; ¡ qué habrá llegado á ser después !
Yo no conocía ni el mundo, ni los hombres: era tan inocente
é inesperta como en el día en que naei ; babia creído que Rosa me
amaba y que era incapaz su corazón de una perfidia: El conocimiento de aquella primera decepción fué para mí un golpe
mortal, que cayó de lleno sobre mi alma.
Pero, admire V. mi candor y sencillez! Rosa logró persuadirme, que sólo mi interés y la ternura de la amistad la habían desidido á aquel paso, y me juró, que sus intenciones eran las más
puras y desinteresadas. La creí y la perdoné 1
Loynaz me escribió, y por primera vez dejó de designar con
el nombre de Amistad el sentimiento que yo le inspiraba. Refería cómo mamá le había probivido continuar visitándome y se
celos, que comenzaban f. levantarse en su pecho, y que, como indicamos en el
Pa6L00o, fueron nna de laa causaa de la ruptnra de relaciones amorosas con el
sellor Cepeda.

1

4l

{12) La preciai6n que da f. esta cita y i la anterior la Sra. .Avellaneda al cabo
de_ ~iez afios, que hablan aido escritas las cartas, demuestra que conservaba loa
on11nalea de Loyna1 y los borradores de las contestaciones.

�44

CUBA CONTEMPORÁNEA

y tan inmerecido rigor conmigo, no tenían otro objeto sino precipitarme á una resolución atrevida, que secundase sus miras
secretas : ¡ harto lo lograron 1
Estaba ya en vísperas de mi matrimonio; casa, ajuar, dispensa, todo estaba preparado. Pero hubo un momento en que no
me hallé con fuerzas para consumar el sacrificio, uno de aquellos
momentos en que se obra sin pensar. Y o dejé furtivamente mi
casa, y me refugié con mi abuelo, que estaba en una quinta
prócsima á la ciudad. Me arrojé desolada á sus pies, y le dije
que me daría la muerte antes que casarme con el hombre, que me
destinaban.
Aquel rompimiento fué ruidoso: toda mi familia se mostró
altamente sorprendida é indignada de mi resolución : mis tíos,
que en su interior se regocijaban, fueron los primeros en declararse contra mí: sólo en mi abuelo hallé bondad é indulgencia,
aunque nadie sintió tanto como él la rotura de un casamiento
que él había formado: ¡ yo sufría mucho!; no ignoraba que la'
opinión pública me condenaba; ¡ despreciar un partido tan ventajoso! ¡ tener el atrevimiento de romper un compromiso tan serio, tan adelantado, tan antiguo! ¡ dar un golpe mortal á mi
familia! Esto pareció imperdonable: se dijo desde luego, que yo
era una mala cabeza (mis tíos y mis primas fueron los primeros
en decirlo), que mi talento me perdía, y que lo que entonces
hacía, anunciaba lo que haría más tarde, y cuanto haría arrepentir á mamá de la educación novelesca que, me había dado. Mi
padrastro fué entonces á Puerto-Príncipe y se apuró la medida
de mis sufrimientos.
Una especie de fatalidad, que me persigue, hace que siempre
se tomen circunstancias y casualidades funestas para hacer parecer más graves mis ligerezas : digo ligerezas, aunque ciertamente no creo lo fuese la de romper un compromiso, que mi corazón
reprobaba.
Circunstancias independientes de mí, enteramente independientes, originaron disgustos entre mi abuelo y mi padrastro.
Éstos llegaron á ser tales, que mi abuelo salió de casa donde
vivía cuando no estaba en el campo, y se fué á la de un~ de mis
tíos. El público que sabía la rotura de mi casamiento y nó los disgustos posteriores, que hubiera entre Escalada y mi abuelo, no

CARTAS AMATORIAS DE J.A AVELLANEDA

~

I

45

dejó de declarar, que mi abuelo salía de casa altamente indignado conmigo. 1\1i tío y mis primas, que siempre vieron con envidia y temor la predilección, que mi abuelo tenía por mamá _Y
por mí, se aprovecharon de tenerlo en su _casa p~ra co~b~tlr
dicha preferencia, haciéndole creer que era mmerec1da. Pmtoseme como una loquilla novelera y caprichosa: dijeron que mamá
me pcrdfo. con su ecsesiba indulgencia y la libertad que me dejaba de seauir mis estravagantes y peligrosas inclinaciones; en fin,
no dcsp:rcliciaron ningún medio para prevenir en contra de
mamá y de mí al pobre viejo paralítico, que, sin vigor físico ni
moral era una cera á propósito para recibir todas las impresiones'. ¡ Consiguieron su objeto!: mi abuelo murió tres meses
después de mi rompimiento y apareció un testamento, que anulaba el que había hecho á favor de mamá y de mí, dejando su
tercio y su quinto á mi tío ·Manuel, en cuya casa murió.
Mi padrastro, para descargarse de la culpabilidad de ser
causa de esta mudanza y de los perjuicios de mamá, pregonaba
que por la incomodidad, que le causara mi rompimiento, había
mi abuelo dejado la casa y variado sus disposiciones á favor de
mi tío echando sobre mí la culpa, que sólo él tenía. M:i tío Y mis
prima~ (que no me perdonaban el tener algún mérito, ni aun
después que me habían robado el afecto de mi abuelo), decían,
que el golpe mortal, que yo le había dado al pobre anciano, ha:
bía precipitado su muerte : en fin, todo el mundo decía, que m1
locura en romper el matrimonio había privado á mamá del tercio de mi abuelo y á mí misma de su quinto.
Yo tenía un alma superior á intereses de esta especie, y ¡ sábelo
Dios!, en las lágrimas que vertí, una sola no fué arrancada por
el pesar de perder aquella codiciada herencia. Pero mi corazón
estaba desgarrado por las injusticias de que era objeto. Yo tenía el íntimo convencimiento de que mi abuelo no se fuera de
casa por causa de mi rompimiento: sabía cuánta indulgencia
y cariño había yo hallado en él después de aquella pretendida
locura, que se decía haberle ecsaltado tanto: ningún remordimiento tenía de ser causa de su muerte, pero, no obstante, sentía que me agoviaba el dolor y el arrepentimiento. ¡ Cuántas veces lloré en secreto lágrimas de hiel, y pedí á Dios me quitase la
ecsistencia, que no le había pedido, ni podía agradecerle 1 ¡ Cuán-

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47

CQBA CO~TEMPORÁNEA

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

tas envidié la suerte de esas mujeres, que no sienten ni piensan;
que comen, duermen, vejetan, y á las cuales el mundo llama muchas veces mujeres sensatas! Abrumada por el instinto de mi
superioridad, yo sospeché entonces lo que después he conocido
muy bien : Que no he nacido para ser dichosa, y que mi vida
sobre la tierra será corta y borrascosa (13) .
Faltaba una cosa para colmar la medida de mis pesares y la
suerte no me la reusó. Supe, sin poder dudarlo, que Rosa Carmona y Loynaz se amaban. Sólo entonces comprendí los motivos
de la anterior conducta de aquella falsa mujer, y el más profundo desprecio sucedió en mi corazón á una amistad indignamente burlada.
Estas fueron, ¡ oh Cepeda!, estas las primeras lecciones que
me dió el mundo: Esto encontré, cuando inocente, pura, confiada, buscaba amor, amistad, virtudes y placeres; ¡ inconstancia! ¡perfidia! sórdido interés ! ¡ envidia! crimen, crimen y nada
más. ¡, Soy culpable, pues, de no amarle 1 ¡, puedo tener ilusiones? . . ... Pero vivo como si las tubiera, porque el mundo, amigo
mío, se venga cruelmente del desprecio, que se le hace. Es preciso aparentar vida en la frente, aun cuando se lleve la muerte en
el corazón.
Cepeda!, querido Cepeda! ¡, Será cierto que V . siente como
yo cuán poco vale este mundo y sus corrompidos placeres?; ¡, no
será V. otra nueva decepción para mí?; ¡, quién me asegura que
no es V. un hipócrita?; ¡, quién me garantiza su sinceridad? .....
Cepeda!, Cepeda!, si V. no es el primero de los hombres, forzoso es que sea V. el último, y ... . . · lo confieso, vacila mi juicio
entre estos dos estremos. Sin embargo, ya ve V. que mi imprudencia me arrastra: Este cuaderno es una prueba de ello. Acaso
me arrepentiré algún día de haberlo escrito. ¡ Qué importa !
Será un desengaño más, pero será el último.

graciada, y como yo lloraba un desengaño. Su marido, aquel
amante tan tierno, tan rendido, se había convertido en un tirano. ¡ Cuánto su.fría la pobre víctima! ¡ y con cuán heróica virtud ! l\fi cariño acia ella llegó al entusiasmo, y mi horror al matrimonio nació y creció rápidamente. Yo no trataba sino á mi
prima, y aquella vida sedentaria, triste y contemplativa, alteró
mi salud. Púseme tau delgada y enferma, que alarmada mamá
me llevó al campo. Allí pasé tres meses de soledad : soledad esterior 'S soledad del corazón!; no me mejoré y volvimos á la ciudad.
¡ Triste, muy triste fué aquella época de mi vida!; aun me afüje
el recordarla. Tenía la esperanza de morir pronto, pero momentos tenía en que me parecían demasiado lentos los progresos de
mi mal y sentía impulsos de apresurar yo misma su resultado.
Uis principios religiosos y el afecto entrañable, que tenía por
mamá y mi hermano, (14) sofocaban este impulso.
1\fi padrastro tenía también una salud quebrantada, y lo
atribuía al clima. Persuadióse que moriría, si no se venía á España, y como no aborrecía la vida como yo, determinó realizarlo. Este proyecto me sacó de mi desaliento; deseaba otro cielo,
otra tierra, otra existencia: amaba á España y me arrastraba á
ella un impulso del corazón. Disgustada de mi familia materna,
anhelaba conocer la de mi padre, ver su país natal y respirar
aquel aire, que respiró por primera vez. Tomé, pues, un empeño
en decidir á mamá á establecerse en este antiguo mundo. Escalada, por su parte, usaba de toda su influencia á fin de determinarla, pintándola (15) mil ventajas en el cambio. Pero mamá
resistía apoyada por sus parientes.
A pesar de esto, Escalada vino á Puerto Príncipe y empezó á
vender tierras y esclavos, y á mandar sobre los bancos de Francia todo el numerario posible. Luego, creyendo más fácil desidir
á mamá si la sacaba de su país y familia, la propuso ir á parar
algunos meses en Cuba, (16) donde estaba de guarnición

"POR LA TARDE"

:r-.n única amiga era ya mi prima Angelita;

(14) Aunque tenia tres hermanos, Pepa, Emilio y Felipe Escalada, del segundo matrimonio de su madre, quiso aqui 1a poetisa referirse exclusivamente 6, su
hermano entero D. Manuel Gómez de Avellaneda, por quien sintió siempre un
carillo entratlable.
(15) El uso del Za, como dativo, en vez de le, es incorrección, que no debe imitarse. En igual defecto incurre varias veces la inspirada poetisa en este escrito:
sirva la presente advertencia para lo sucesivo.
( 16) Quiso decir S an/iago de Cuba.

era como yo des-

(13) No se equivocaba la eximia escritora. Su vida fué breve, puesto que
no cumplió los 59 •años de edad, y las contrariedades, que sufrió su espíritu,
fueron grandisimas, aun en medio de los triunfos literarios, que un dia alcanzara

'

�48

CUBA CONTElIPORÁNEA

su regimiento. Todos secundamos sus esfuerzos y lo conseguimos.
Sensible, más sensible de lo que yo creía, me fué el arranque
de mi país y la separación de mi prima; pero al llegar á Cuba
los objetos nuevos me dieron nueva vida.
Santiago de Cuba es una ciudad poco más ó menos como
Puerto Príncipe, y más fea é irregular. Pero su bellísimo cielo,
sus campos pintorescos y magníficos, su concurrido puerto y la
cultura y amabilidad de sus habit:mtes, la hacen muy superior
bajo cierto aspecto. 'l'ube en aquella ciudad una aceptación tan
lisonjera, que á los dos meses de estar allí ya no era yo una forastera. ,Ta más la vanidad de una mujer tubo tantos motivos de
verse satisfecha. Yo fní generalmente querida y obsequiada, y
jamás podré olvidar los favores, que he devido á los habitantes
de Cuba. Entonces volví á tener gusto al e..:;tudio y á la sociedad.
Hice algunos versos que fueron celebrados con entusiasmo ;
entreguéroc á las diversiones, en las cuales era deseada y colmad¡,, dr ob~eqnios. V. supondrá que no me faltaron aspirantes: tengo algún orgullo en decirlo : los jóvenes más distinguidos del
país se disputaban mi preferencia. Ninguno, empero, la consiguió
esclnsiva. l\fi predilecto en un baile era el mejor danzador, en
un paseo el que montaba con más gracia un hermoso caballo, en
tertulia el que tenía más amena y variada conversación. Ninguna ilusión de amor tube en Cuba, y por consiguiente, no saqué
de ella ningún desengaño. Acaso por esto la amo tanto.
Loynaz fué á Cuba cuatro meses despu'és que nosotros, é intentó renovar sus pretensiones. Escusaba sus amores con Rosa
diciendo, que ella le había en cierto modo comprometido, y me
juraba que yo era su primero y único amor, y que su viaje no
tenía otro objeto que obtener mi perdón y reconciliarse conmigo.
Yo no me negué ni á la una ni a lo otro: Perdonéle y le otorgué
mi amistad, pero fuí infl.ecsible respecto al amor. Antes de volverse á Puerto Príncipe, solicitó la promesa de seguir con él
correspondencia por escrito, y, mediante que prometió serían
sus cartas meramente amistosas, condescendí á su demanda. En
efecto, ambos seguimos dicha correspondencia con admirable
esactitud hasta su muerte, acaesida á mediados del año de 37,
cuando él cumplía los 25 de su edad y cuando ya estaba yo en
España.

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

49

l\Ii padrastro supo aprovechar tan bien su ascendiente sobre
mamá, y yo por mi parte le secundé de tal modo, que al fin logramos determinarla á venir á España.-El día 9 de Abril de
1836, nos embarcamos para Burdeos en una fragata francesa,
Y sentidas y lloradas, abandonamos ingratas aquel país querido,
que acaso no volveremos á ver jamás.
Perdone V.!; mis lágrimas manchan este papel; (17) no
p.uedo recordar sin emoción aquella noche memorable en que ví
por última vez la tierra de Cuba.
La navegación fué para mí un manantial de nuevas emociones.- ' ' Cuando navegamos sobre los mares azulados, ha dicho
Lord Byron, nuestros pensamientos son tan libres como el Occéano. ''-Su alma sublime y poética devió sentirlo así: la mía lo
esperimentó también. Hermosas son las noches de los Trópicos
Y yo las había gozado; pero son más hermosas las noches deÍ
Occéauo. Hay un embeleso indefinible en el soplo de la brisa,
que llena las velas ligeramente estremecidas, en el pálido resplandor de la luna que reflejan las aguas, en aquella inmensidad que vemos sobre nuestra cabeza y bajo nuestros pies. Parece
que Dios se revela mejor al alma conmovida en medio de aquellos dos infinitos--¡ el cielo y el mar !-y que una voz misteriosa
se hace oir en el ruido de los vientos y de las olas. Si yo hubiese
sido atea, dejaría de serlo entonces.
También esperimentamos tempestades y puedo decir con Heredia:
.
·
"Al despeñarse el huracán furioso,
al retumbar sobre mi frente el rayo
palpitando gocé .. . ...... .. .. . . ''
Por fin, después de malos y buenos tiempos y de sentir todas las impresiones consiguientes á una larga navegación el
primero de Junio saludamos con júbilo las risueñas costas d~ la
Francia.
Los días que pasé en Burdeos me parecen ahora un lisonjero
sueño. Abríase mi alma en aquel país de luces y de ilustración.
No amé, no sufrí, apenas sé si pensaba. Estaba encantada y mi
(17)

A1in se ven en el manuscrito las- manchas de las 1'grimas.

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CUBA CONTEMPORÁNEA
CARTAS A~IATORIAS DE LA AVELLANl!:DA

corazón y mis ojos no me bastaban. Fué forzoso dejar aquella
seductora ciudad y no lo hice sin lágrimas.
Ningunas simpatías podía yo encontrar en Galicia, y viniendo de una de las primeras ciudades de Francia, la Coruña me
pareció inferior á lo que realmente es, pues hoy la creo una
de las más bonitas poblaciones de España. Pero el carácter gallego me desagradaba y el clima me sentaba mal. Sin embargo,
acaso me hubiese acostumbrado y se disiparía la primera impresión desagradable que sentí al llegar á ella, si motivos inesperados no me hubiesen dado reales y positivos pesares. A Dios, hasta
luego.
"POR LA NOCHE"

Mi padrastro se había manejado bien con nosotros hasta entonces : entonces se desenmascaró. Estaba en su país y con su
familia nosotros lo habíamos abandonado todo. Su alma mez'
quina abusó
de estas ventajas.
No molestaré á V. con detalles enojosos de nuestra situación doméstica; bástele saber que no hubo pesares y humillaciones, que yo no devorase en secreto. :Mamá era muy infeliz, y yo
carecía de fuerzas para sufrir sus pesares, aunque llevaba los
míos con constancia. l\fanuel (18) tubo precisión de marcharse
al estrangcro; tan comprometido se vió por mi padrastro. ¡Oh!
sería nunca acabar, si quisiera contar por menor las ridiculeces,
tiranías y bajezas de aquel hombre, que yo devo y quiero respetar todavía como marido de mi madre. Dios Jo sabe, y será algún
día juez de ambos.
En aquella situación doméstica tan desagradable conocí á
Ricafort y fuí amada de él: también yo le amé desde el primer
día, que le conocí. Pocos corazones ecsistirán tan hermosos como
el suyo; noble, srnsible, desinteresado, lleno de honor y delicadeza. Su talento no correspondía á su corazón : era muy inferior
por desgracia mía. Conocí pronto esta desventaja: aunque generoso Ricafort parecía humillado de la superioridad que me atribuía: sus ideas y sus inclinaciones contrariaban siempre las mías.
( 18)

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No gustaba de mi afición al estudio y era para él un delito que
hiciese versos. Mis ideas sobre muchas cosas le daban pena é inquietud. Temblaba de la opinión y decíame muchas veces :-qué
Ioararás cuando consigas crédito literario y reputación de ingeni~ Y Atraerte la envidia y ecsitar calumnias y murmuraciones.
-Tenía razón, pero me helaba aquella fría razón.
Aunque mostra.Qa de mi corazón el concepto más elevado y
ventajoso, no se me ocultaba que le desagradaba mi carácter, y
me repetía que este carácter mío le haría y me haría á mí misma
desgraciada. Yo me esforzaba en reprimirlo y sofocaba mis inclinaciones por darle gusto; pero esta continuada violencia me
entristecía y notándolo él se convencía de que no podría nunca
'
,
hacerme dichosa. Sin embargo de todo esto, nos amábamos mas
cada día.
Mis pesares domésticos llegaron á afectarme tanto, que necesité desahogar mi pecho y se los comuniqué : ¡nunca olvidaré
aquel momento! ¡ Yo ví sus ojos arrasados de lágrimas! Entonces, con aquel acento, que la falsedad no podrá nunca imitar, me
rogó aceptase su corazón y su mano y le diese el derecho de protejerme y vengarme.
Muchos dias vacilé; mi horror al matrimonio era estremado,
pero al fin, cedí : mi situación doméstica tan insufrible, mi desamparo, su amor y el mío, todo se unió para determinarme, y
cuando le dije que consentía en ser su esposa, tomé la resolución
de consagrar mi ecsistencia á hacer la suya dichosa, y quitármela en aquel momento en que no pudiese llenar este objeto. Talento, placeres, todo se aniquiló para mí : sólo deseaba llenar las
severas obligaciones, que iba á contraer, y hacer cuanto en mi
poder estubiese para aligerar á Ricafort las cadenas, que le imponían. ¡ Oh Dios mío!, porqué no pude hacerlo!. . . . . Tú sabes
si eran puras mis intenciones y sinceros mis votos! : porqué no
los escucbastes? ( 19) Yo no aseguraré, que hubiera amado siempre á Ricafort, ¿ porque quién puede responder de su corazón 1,
pero cierta estoy de que siempre le habría estimado, y que nunca
le obligaría á maldecir el día en que se uniera á mi suerte, pues
si no puedo responder de mis sentimientos, puedo por lo menos

Su hermano, ya citado en otra nota.
( 19)

Sobra la

6

Jlnal.

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CUBA CONTE:.\IPORÁNEA

CARTAS AUATORIAS DE LA AVELLANEDA

responder de mis acciones. Pero nada de esto devía ser : la funesta debilidad de mi carácter devía trastornarlo todo.
Nuestra unión no pudo verificarse por de pronto. Él era
altivo y yo también : ni uno ni otro queríamos depender de nuestras familias ni un solo día, y gracias á mi padrastro, mis intereses estaban embrollados, y Ricafort no contaba sino con un sueldo mal pagado. Hice proposiciones racionales á mi padrastro,
que no las admitió! : solicité de la Corte el derecho de mayoría
pintando mi situación esepcional, pero antes de obtener resultado fué depuesto Ricafort, padre, y el hijo tubo orden de reunirse á su regimiento. Hice justicia al General (20) : Conocía su
caracter y franqueza y no dudaba, que hallaría en él un padre;
pero yo tenía demasiado orgullo para entrar en su familia como
una mendiga, y resolví no casarme hasta no poder aclarar mis
intereses y decir á Ricafort cuáles eran éstos y la mayor ó menor
seguridad que presentaban.
En fin, después de muchas vacilaciones y penosas escenas
Ricafort marchó á su destino. Dolorosa me fué, muy dolorosa
esta separación, aunque estaba yo muy lejos de creerla eterna;
pero pasados los dos primeros meses pensé mucho en las diversidades, que ecsistían entre Ricafort y yo, me pregunté á mí
misma, si aquella superioridad, que él me suponía, no sería tarde ó temprano un origen de desunión, y reflecsionando en las
contras del matrimonio y las ventajas de la libertad me dí el
parabién de ser libre todavía. Vino mi hermano por entonces á
la Coruña ..... mucho necesito ahora de la indulgencia de V.,
querido Cepeda, porque me avergüenzo todavía de mi ligereza.
Vino mi hermano y desaprobó mi unión. Representóme la triste
suerte de los militares en las actuales circunstancias (21) : hablóme con entusiasmo de un viaje, que quería hiciésemos juntos
á Andalucía para conocer la familia paterna ( de la cual me
hizo elogios que hoy conozco inmerecidos) y de lo dichosa que
sería yo con mi mayoría, pudiendo gozar una vida cómoda é independiente conforme á mis indicaciones: sobre todo me dijo, y
fué lo que más impresión me hizo, que, si me casaba con Ricafort

y le seguía, nos separaríamos él y yo para siempre acaso. t, Qué
diré á V. para justificarme 1. . . . . nada, nada es bastante. Fuí
debil é inconsecuente. Marché con mi hermano á Lisboa : no he
vuelto á saber de Ricafort.
Si se eceptua el dolor de la separación de mamá, puedo decir que dejé con placer la Galicia. Eran muy pocas las personas,
que en ella me merecían algún afecto, y no ignoraba yo que tenía
muchos enemigos : De este número eran todos los parientes de
Escalada. Gracias al cielo no podían herirme en mi honor por
mucho que lo desearan, pero daban mil punzadas de alfiler á mi
reputación bajo otro concepto. Decían, que yo era atea, y la
prueba que daban era que leía las obras de Ruseaux (22) y que
me habían visto comer con manteca un viernes. Decían, que yo
era la causa de todos los disgustos de mamá con su marido y la
que la aconsejaba no darle gusto. La educación que se da en
Cuba á las Srtas. difiere tanto de la que se les da en Galicia, que
una mujer, aun de la clase media, creería degradarse en mi
país egercitándose en cosas, que en Galicia miran las más encopetadas como una obligación de su sexo. Las parientas de mi
padrastro decían por tanto, que yo no era buena para nada porque no sabía planchar, ni cocinar, ni calcetar ; porque no lababa
los cristales, ni hacía las camas, ni barría mi cuarto : Según ellas
yo necesitaba veinte criadas y me daba el tono de una princesa.
Ridiculizaban también mi afición al estudio y me llamaban la
Doctora. Una hermana de Escalada dió de bofetones á una criada de casa, porque interrogada respecto á mí, en una casa en que
ella había dado tan brillantes informes, tubo la pobre mujer la
estravagancia de decir que yo era 1m Angel, y que, lejos de ser
imperiosa ni ecsigente en la casa, todas las criadas me querían
por mis buenos modos.
V. supondrá cuán poco sentiría dejar aquel país y si podré
volver á él con gusto, aun cuando tenga la desgracia de que
vuelva á él mi familia.
Luego que rompí mis compromisos y me ví libre, aunque no
más dichosa, persuadida de que no devia casarme jamás y de
que el amor da más penas que placeres, me propuse adoctar un

(20) El Sr. Ricafort, padre, que por lo visto era el Jefe de la comandancia
militar de la Coruña.
(21) Ocioso parece advertir al lector, que se estaba en plena guerra carlista.

J

53

(22) Sin duda quiso escribir Rot&lt;sseau (Juan Jacobo), cuyos libros ,sobre todo
el Contrato aocial y el Emilio, andaban tan en boga en aquella época.

�55

CUBA CON'fEMPORtÚrnA

CARTAS AMATORIAS DE LA AYELLANEDA

sistema, que ya hacía algún tiempo tenía en mi mente. Quise
que la vanidad reemplazase al sentimiento y me pareció que valía más agradar generalmente que ser amada de uno solo: tanto
más cuanto que este uno nunca sería un objeto que llenase mis
votos. Y o había perdido la esperanza de encontrar un hombre
según mi corazón. No busqué ya pues ni amor ni amistad: deseaba impresiones débiles y pasajeras, que me preservasen del tedio
sin promover el sentimiento. Sin embargo, no podía aturdirme
por más que me esforzaba. Separada por primera vez de mamá,
sin esperanza de volver á ver á Ricafort ( al cual amaba aún),
sintiendo más que nunca el vacío de mi alma, disgustada de un
mundo que no realizaba mis ilusiones, disgustada de mí misma
por mi impotencia de ser feliz, en vano era que quisiera aturdirme y sofocar en mí este fecundo germen de sentimientos y dolores.
Otro desengaño tube además, y no de los menos dolorosos. Yo
amaba mucho á mi hermano : con él había llevado el desinterés
hasta un grado que otros me vituperaron : con él había sido siempre afectuosa, condescendiente y delicada. Al verme sola con él
por el mundo esperaba que su conducta conmigo correspondiese
á la mía: ¡ me desengañé muy pronto! Conocí que el hombre
abusa siempre de la bondad indefensa, y que hay pocas almas
bastante grandes y delicadas para no querer oprimir cuando se
conocen más fuertes.
Hubiera yo querido mudar mi naturaleza. Creí que sólo sería
menos desgraciada cuando lograse no amar á nadie con vehemencia, descon:6ar de todos, despreciándolo todo, desterrando
toda especie de ilusiones, dominando los acontecimientos á fuerza de preveerlos, y sacando de la vida las ventajas que me presentase, sin darles no obstante un gran precio. Yo me avergonzaba ya de una sensibilidad, que me constituía siempre víctima.
Más de un año hace que trabajo por conseguir mi objeto, no
sé si será trabajo perdido. En este tiempo dos veces he contraído pasageras relaciones; tan pasageras que una de ellas no duró
quince días. Mi corazón, no las formó, fué la cabeza únicamente,
la necesidad de una distracción, el ejemplo de la sociedad en que
vivía: nada más. Fueron empeños de sociedad más bien que de
amor.

Bien en breve me fastidié, y rompí sucesibamente aquellos
semiamores sosos con tanta ligereza como los había contraído.
No hablaré del proyecto de mi tío :B,elipe (23) de casarme en
Constan.tina (24) con un mayorazgo del país, y de cómo mi hermano, que tan opuesto era á que yo me casase, tomó un empeño
entonces á favor de mi novio. Esto no merece mayores detalles,
pues en nada ha influído semejante proyecto ni en mi corazón
ni en mi destino. Pero devo estenderme más en la relación de un
compromiso recientemente concluído y que V. no ignora. Es preciso no callar nada y que sepa V. los motivos, que tube para formarlo y para concluirlo. ¡ Los motivos que tube para formarlo l. . . . . embarazada me veré para decirlos : mas no importa. n1i franqueza ecsije que yo los diga; la delicadeza de V. le
ordena olvidarlos tan luego concluya de leer ésta.
Adios: necesito un momento de descanso: Además son las
diez y voy á vestirme para ir á buscar á Concha (25) para el
Duque (26). Espero que yendo yo tan tarde no encontraré á V.
en casa de Concha.

5-t

.....

J

"Á LA

1

DE LA NOCHE"

En efecto, no encontré á V. y he sabido que no estubo. ¡ Mil
gracias l Conozco ahora que ecsiste realmente entre los dos una
prodigiosa simpatía. V e.o que al mismo tiempo hemos tomado
una misma resolución. Sí, es preciso : es absolutamente preciso
vernos menos frecuentemente. Nos haríamos de otro modo cada
vez más insociables y raros. Por tanto, declaro á V., que yo por
mi parte voy á huir á V. con esmero. Estamos los dos demasiado tristes y desilusionados para querer estarlo más. Preciso es
que busque V. sociedad más alegre y yo lo mismo. Pero no busque V. una amiga sin.cera: yo reclamo este título, ¿entiende VY:
por fin, me resuelvo á quebrantar mi propósito. Sí; yo ofrezco
á V. mi am.istad. Pero tenga V. entendido, que puedo ser su ami(23) D. Felipe G6mez de Avellaneda, hermano del padre de la poetisa.
(24) Pueblo de la provincia de Sevilla donde nació el padre de la Avellaneda.
(25) La Srtn. Concepción Noriegn, amiga Intima de la poetisa.
(26) La plaza de Sevilla llamada entonces Duque de Medina Sidonia y poco
después, como ahora, Duque de la Victoria.

�56

CUBA CO~TEMPORANEA

CARTAS A~fATORIAS DE LA AVELLANEDA

ga sin verle diariamente, ni acaso nunca; y que será V . mi amigo, mi único amigo, pero no deseo, ni deve V. desear ser mi tertuliano y acompañante. Mañana acabaré esto: no sé cuando se
lo daré á V. Buenas noches : tengo una terrible jaqueca.
" HOY

27

POR LA TARDE"

Al mismo tiempo que empezó á obsequiarme Méndez Vigo (27)
dirigíame otro (28) algunas atenciones. Este otro me agradaba
más de lo que yo deseaba. Sentíame inclinada á él por una fuerza estraña y caprichosa y me estremecía al pensar que aun podía
amar, tanto más cuanto que, creyendo entonces que existía una
_enorme diferencia entre los caracteres é inclinaciones de aquel
dicho sujeto y yo, preveía en un nuevo amor un nuevo desengaño. Sin embargo, un instinto del corazón parecía advertirme, que
era llegado el momento en que devía espiar ( 29) mis pasadas inconsecuencias, y sin saber porqué me sentía dominada.
Sé cuanto más fuerte se hace una inclinación combatida y no
quise combatir la mía, pero no quise tampoco entregarme á ella
esclusivamente, por que temía se hiciese de este modo omnipotente. Era, pues, preciso oponer la vanidad al sentimiento y distraer con un pasatiempo el interés demasjado vivo que sentía.
¡ Cepeda!, yo prescindo de todo para ser sincera: por Dios!,
no me juzgue V. con severidad.
El hombre que me interesaba se desviaba de mí, y el que no
me agradaba redoblaba sus atenciones y asiduidades. El primero me causaba con su influencia en mi corazón serias inquietudes y me picaba con su indecisión; el segundo me lisonjeaba y me
divertía con su amor de niño y me parecía bien poco peligroso.
Hice lo que me pareció más conveniente á mi tranquilidad y
lo que supuse de menos consecuencia. Admití los afectos del uno
y procuré sofocar los que el otro me inspiraba. ¡Ya está dicho
todo! : ahora olvídelo V.
No disimularé que el candor de mi joven amante, su amor
(27)

D. Antonio,

f,

quien cita luego por su nombre.

(28) El propio D. Ignacio de Cepeda, para quien se escribió esta autobiografía.
(29) Como se ve fácilmente, por usar con frecuencia de la S en vez de X, cuan-

do va seguida de consonante, ha dicho la poetisa upiar por e,:piar, vocablos de
muy distinta ai¡nijlcaci6n.

l

¡

57

entusiasta y mil prendas apreciables, que descubría en él, llegaron á conmoverme. ¡ Pobre niño! ¡ cuánto me ha amado!; &amp;porqué este caprichoso corazón no supo corresponder dignamente?. . . . . no lo sé !
Me inspiraba un afecto sin ilusiones, sin calor: un afecto indefinible, que algunas veces me parecía devía semejarse al que
una madre siente por su hijo: no se ría V. de esta comparación.
En qué consistía que ese joven no me produjese otra clase de
amor? Yo no podré decirlo, porque no lo sé á fé mía. No es mal
parecido, ni tonto, V. lo sabe, y aun puedo decir, que ecsisten
ciertos puntos de simpatía entre nuestro modo de sentir, pero
él me amaba á mí como yo amaría, si encontrase un hombre según mis deseos. Pero él no era este hombre: en vano me esforzaba, y á fuerza de decirle que le amaba quería persuadírmelo á
mí misma : en vano me reprochaba de caprichosa é ingrata interiormente: en vano! Confesaré á V. lo que entonces no quería
confesarme á mí misma: Al lado de aquel joven sentía momentos
de insoportable tedio, y sus espresiones más apasionadas hallaban frío mi corazón y me producían á veces un no sé qué de
hastío.
¡ Era esto un capricho inesplicable del eorazón, porque yo le
quería! ¡ Sábelo Dios! Yo le quería, repito, pero no podré, sin
desmentir mi íntimo convencimiento, decir que le amaba. No
puedo esplicar esta diferencia, pero la concibo perfectamente.
Estaba él demasiado enamorado para limitar sus deseos á
unas sencillas relaciones, pasageras sin duda. Quiso arrancarme
la promesa de que sería su esposa y absolutamente la reusé. Manifestéle mi repugnancia al matrimonio, y tampoco le oculté que
mi amor no era de naturaleza tal, que me inspirase el deseo de
ser suya. Llamóme muger original, fría, sin corazón : ¡ Cuántas
lágrimas ! ¡ Cuántas reconvenciones!
Yo hubiera roto con él, si la compasión no me hubiese inspirado esperar para hacerlo á que se pasase, como no dudaba sucedería, esa ecsaltación de amor, que entonces le poseía. Le ví
padecer tanto, que me conmoví, y como se ofrece la luna á un
chiquillo, que llora por ella, le ofrecí yo á él que sería suya algún día.
Una vagatela le indispuso luego con mamá, y le trataba ésta

�59

COBA CONTEMPORÁNEA.

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

con tal esquivez y aun desatención, que, ofendida yo, le prohiví
por su propio decoro venir á casa en algunos días, para que se
calmase mamá y hacerla yo entender lo desatenta que estaba
con él por un motivo tan pueril. El pobre muchacho creyó ya
que no volvería á verme: qué sé yo lo que pasó en aquella cabeza.
Lo cierto es, que hizo mil locuras irreparables. Después de algunos días de afán y mortal inquietud, que mis cartas las más tiernas no podían calmar, cometió la imprudencia de hablar á su
padre y escribir á mi hermano diciendo el deseo y resolución
que tenía de casarse conmigo; sin haber consultado antes mi
voluntad, acaso porque dudaba de ella.
Interrogada por mi .familia, desde luego declaré seriamente
que no pensaba en semejante matrimonio, y mi hermano se lo
escribió así á Méndez Vigo.
Entonces fué Troya! : no molestaré á V. con pormenores enfadosos. El pobre chico creo que se trastornó, pues, entre mil
disparates que dijo y hizo, me escribió una carta (que conserbo
como casi todas las suyas) en la que me juraba se daría un pistoletazo, si no me casaba con él antes de tres meses.
Temí cualquier cosa de él, mucho más cuando supe, (Bravo (30) lo sabe también) que andaba llorando en los paseos y
cafees como un loco: tube, pues, a su situación todas las consideraciones, que ecsijía, le escribí cartas llenas de ternura y le ofrecí que sería suya más tarde.
Pero nada bastó : no sé qué espíritu maligno se había apoderado del pobre joven. Saben sus amigos hasta que punto se estraviaba por momentos su razón.
La piedad tal vez me hubiera determinado á casarme con
él ( á pesar que menos que nunca me inspiraba aprecio ni confianza aquel carácter tan débil y aquella cabeza tan frágil), si
el orgullo de mi nombre no me lo hubiera absolutamente prohivido.
El padre de ese joven, que, según tengo entendido, es responsable á su hijo del dote considerable que le llevó su primera
esposa (y que sin duda no deseaba desposesionarse de él, como
tendría que hacerlo casándose su hijo) dijo, que no aprovaba

su matrimonio sino dentro de tres años, pues aun era muy joven
para contraer tan serio empeño. En consecuencia á esta manifestación reusó venir á pedir mi mano, como parece quería su
hijo, y éste le amenazó con que pediría al Jefe político la licencia, que él le reusaba. Todo esto pasaba sin que yo supiese nada,
ni remotamente lo sospechase. ¡ Puede V. figurarse mi indignación á la primera noticia, que llegó á mis oídos! Se apuró mi sufrimiento y rompí enteramente con el imprudente joven, escribiendo al padre una carta en la cual le manifestaba, que jamás
había tenido la intención de casarme con su hijo ni con su aprovación, ni sin ella. Por tanto devía mirar como locuras del joven
todos los pasos, que hubiese dado con este objeto, y le aconsejaba
y rogaba le mandase á viajar para distraerle.
Pocas personas sabrán en Sevilla estos pormenores, pero
muchas han sido sabedoras de la desesperación de .Antonio (31) y
de los reproches que me dirijía en su ecsaltación. Así es, que por
una fatalidad de mi estrella siempre me condenan las apariencias, se me juzga sin comprender mis motivos. Yo sé que se me
censura haber jugado con la sensibilidad de ese joven y se me
tacha de inconstancia y coquetería. Y a V. conoce mi culpa!: no
he tenido otra, sino entablar (como hacen todas en Sevilla) unas
relaciones, que suponía ligeras y sin consecuencias de ninguna
especie: ¡ esta es toda mi culpa y sabe Dios cuánto me he
arrepentido de ella! Si después no pude resolverme á sacrificar
mi libertad y mi delicadeza casándome con él sin la pública aprovación de su padre, ciertamente no merezco por ello censura, y
sería muy despreciable á mis ojos, si hubiera procedido de otro
modo. La pasión no me haría faltar á mi decoro entrando á la
fuerza en una familia: ¡ cuánto menos la compasión!
lVIarchóse por fin .Antonio y yo respiré : parecióme ver la luz
después de una larga prisión ó lanzar un peso enorme largo tiempo sostenido.
Lo confieso : quedé cansada de amor : aquel amor delirante
y frenético, que yo no había participado, me causaba fatiga.
Por eso me fijé más que nunca en mi sistema de no amar nunca. He jurado no casarme nunca, no amar nunca; y aun me pro-

58

(30) D. Pedro Gómez Bravo y Pern!a, amigo intimo del Sr. Cepeda desde que
estudiaron juntos en el Colegio de la Asunción de Córdoba.

•

(31)

El Sr. M6nde• Vigo.

�60

CUBA CONTEMPORÁNEA

pongo ya abjurar también todo empeño, aun los más sencillos y
pasajeros.-Un mes después de la marcha de :Méndez Vigo volvió
V. de Almonte. (32).
Está concluida mi historia! : pensé antes no haberla escrito
sino en su ausencia de V., porque quería tener con V. una correspondencia epistolar, pero luego varié de idea, porque no pienso ya que devemos entablar dicha correspondencia. ( 33)
Nada más me resta que decir, caro Cepeda; ahora recuerde
V. mis condiciones.-Éste será reducido á cenizas tan luego sea
leido, y nadie más que V. en el mundo sabrá que ha existido.
Á Dios: no sé cuando nos veremos y podré dar á V. este cuadernillo.
Acaso con él voy á disminuir la estimación con que V. me
favorece y á debilitar su amistad : no importa! ¡, Devo sentir el
dar á V. armas para combatir una amistad, que acaso conviene
á ambos deje de ecsistir1 Ya seré siempre amiga de V. aun cuando no ecsista amistad entre nosotros. Es decir, le estimaré á V .
aun cuando cese de manifestárselo.
Á Dios, querido mío: sacuda V. esa melancolía, que me aflije.
Créame V.: para ser dichoso modere la elevación de su alma y
procure nivelar su ecsistencia á la sociedad en que deve vivir.
Cuando la injusticia y la ignorancia le desconozca y le aflija,
entonces dígase V. á sí mismo : Ecsiste un ser sobre la tierra que
me comprende y me estima.
Sí, creo comprender á V. y estimarlo: ¡ si me engañase! ¡ si
fuese V. otro de lo que yo le creo ! . . . . . sería un desengaño más:
¡ y qué importa uno á la que ha sufrido tantos!!
(Hay la rúbrica de la Avellaneda).
P. D. He leido ésta y casi siento tentaciones de quemarla.
Prescindiendo de lo mal coordinada, mal escrita, &amp;c., ¡, Devo
dársela á V.? No lo sé: acaso no. Ciertamente no tengo de que
(82) J.. este pueblo, donde pasaba temporadas el Sr. Cepeda por tener aill casa
sus padres, fueron dirigidas desde Sevilla las c&amp;rtas de la Avellaneda en Agosto
y Septiembre de 1839; cartas que fueron contestadas 4 Doña Ama.dora de Almonte

que era el pseudónimo adoptado por la poetisa mientras permanecieron en se·
creto esas relaciones amorosas.
· (38) Por lo visto, volvió á variar de idea la eminente escritora, pues se con•
serva la correspondencia epistolar posterior á esa resolución suya.

61

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

avergonzarme delante de Dios, ni delante de los hombres. Mi
alma y mi conducta han sido igualmente puras: Pero tantas vacilaciones, tantas lijerezas, tanta inconstancia ¡, no deven hacer
concebir á aquel, a quien se las confieso, un concepto muy desventajoso de mi corazón y mi carácter?
6Devo tampoco descubrir los defectos de personas, que me
tocan de cerca, como lo hago? . . ... No ciertamente, Cepeda: no
devo. Para resolverme á dar á V. este cuaderno es preciso que le
estime á V. tanto, tanto, que no le crea un hombre, sino un ser
superior.
No sé, pues, qué hacer: lo guardaré y seguiré, para darlo ó
quemarlo, el impulso de mi corazón cuando vea á V. por primera vez.
(Hay la, rúbrica de la Avellaneda).

CARTAS

&lt;1 &gt;

DE LA SRA. D.A GERTRUDIS GOMEZ DE AVELLANEDA

I
UN A HOR.\ DE DESVELO Y MELANCOLÍA EN LA NOCHE DEL
LIO

(2i

=

13

DE JU-

DEDICAD.A. Á MI "COMPAÑERO DE DESILUSIÓN".= PARA
ÉL SOLO

Á vejez prematura te condena
el desaliento de tu joven alma!
sientes del tedio la insufrible pena!
ningún consuelo tus dolores calma !
En tus amores viste decepciones,
crimen y error en el imbécil mundo,
( 1) Estas cartas adolecen de los mfamos defectos ortográficos notados ya en
la autobiografía, y además se advierten en ellas los vocablos siguientes: descritiva,
ptmellon, quando, baya, egtrcer, utrahordinario, inborrable, ineaauato, ésa.rico, haya
por halla, hora por ora, obserbar, vercivir, vervalmente, cuyas faltas, como las otras
á que nos hemos referido, van desapareciendo conformo avanza la fecha de la co·
rrespondencia.
(2) Sevilla, 1839.

�62

CUBA CONTElIPORÁNEA

y sucedió á tus dulces ilusiones
desengaño mortal, tedio profundo.
Así la aurora de tu hermosa vida
se despojó de mágicos colores,
así la senda de tu edad florida
yace marchita sin verdor ni flores.
Ay! yo comprendo tu penar insano!
porque mi suerte cual tu suerte fiera
aquí en mi seno con airada mano
fecundo germen de dolor vertiera.
También, cual tú, costosos desengaños
atesoré con ávida amargura,
y el horizonte de mis tiernos años
surcó una nube de foral pavura.
Cielo sin claridad, campo sin flores,
estéril arbol en fecunda tierra,
mi juventud sin goces, sin amores,
á la esperanza del placer se cierra.
Éste es ¡ Ignacio ! mi fatal destino,
y éste también el que te acecha airado,
si de la vida al áspero camino
te lanzas sólo en tu vigor fiado.
No del sentir el mágico tesoro
exhausto yace en mi oprimido seno :
ven pues ¡querido! y el ardiente lloro
podamos juntos confundir al meno.

También tiene el llanto
goces silenciosos,
perfumes preciosos
de pálida flor.
Como hay en noche
benigno rocío,
que del seco estío
mitiga el calor.
l\:Ias no los lazos de amistad me nombres,
que en la amistad del mundo yo no creo,

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

63

y en el lenguaje impuro de los hombres
traiciones temo, si cariños veo.
Ni del amor la copa emponzoñada
libaremos sedientos de ventura:
la del dolor tomemos, y, apurada
entre los dos, partamos su amargura.
Del pesar 1~ terrible simpatía
esa nos una y nuestro lazo sea,
.v de la muerte á la región sombría
juntos el mundo descender nos vea.
Acaso en esa tumba
dó juntos bajaremos,
un destello gocemos
de lumbre celestial.
Acaso un genio aguarda
nuestras almas dolientes
para abrirles las fuentes
del placer eternal.
G. G. de A.

1fe hace mal, mucho mal, oir á V. espresar sus ideas, dolores
y esperanzas.-Ya ve V. por esta composición qué pensamientos
me inspira.-Atienda V. á los versos y no á las ideas.
Efectivamente, á veces me abruma esta plenitud d e vida y

quisiera descargarme de su peso: He trabajado mucho tiempo
en minorar mi ecsistencia moral para ponerla al nivel de mi
ecsistencia física. Juzgada por la sociedad, que no me comprehende, y cansada de un género de vida, que acaso me ridiculiza; superior é inferior á mi secso, me encuentro extrangera en
el mundo y aislada en la naturaleza: Siento la necesidad de
morir. Y sin embargo, vivo y pareceré dichosa á los ojos de la
multitud.
Mas lo creerá V. así? .... . No, yo lo sé, y por eso temo nuestras conversaciones. Esto mismo que escribo no podría hablarlo
sin conmoverme demasiado: porque cuando ambos nos sentimos uno junto al otro abrumados de la vida, cansados del mundo, entonces no sé qué delirio irreprimible me hace desear la
muerte para ambos.

V

�6-1

COBA CO~TEMPORÁNEA

V. me habla de amistad, y no ha mucho que sintió V. el amor:
y O no creo ni en una ni en otro. Busco en emociones pasageras,
en afectos ligeros, un objeto .en que distraer mis devo~adores
pensamientos y me siento así menos atormentada: porque mconstante en mis gustos cánsome fácilmente de todo, Y los afectos
ligeros, que apenas me ligan, no me ~r_iv~ del derecho de se:
guir el instinto de mi alma que cod1~1a liberta?·. Algun~ vez
deseo hallar sobre esta tierra un corazon melancohco, ardiente,
altivo y ambicioso como el mío: compartir con él mis goces Y
dolores y darle este ecseso de vida, que yo sola no puedo soportar: Pero más á menudo temo en mí esta inmensa _fac?ltad
de padecer, y presiento que un amor vehemente susc1:aria e~
mi pecho tempestades, que trastornarían ac~so mi !az~n Y fill
vida. Además : ¡, llenaría aún el amor el abismo de m1 alma!
Todo lo he provado y todo lo desech~: amor y amist_~d ! : !, que
puedo, pues, ofrecer á V., querido mío? La eomp~s1on de un
corazón atormentado! . . . . . y mis versos para distraerle un
momento de ocupaciones graves.
(Hay una rúbrica).
DOMINGO

4

DE AGOSTO &lt;3 )

Re recibido la de V. á su devido tiempo y sin que haya
ocurrido la menor novedad: No sé por qué le parecía á V. poco
seguro este conducto, cuando es el menos sugeto á riesgos (4):
Sin embargo, puesto que V. dudaba y me _di,ce aguarda le a~use
el recibo de la suya, lo hago, y me permitire, aunque falte ~ su
encargo de v., añadir algunas líneas más. Si le es á V. eno~oso
leerlas, guarde V. esta carta sin pasar de esta línea, pero leala
algún día.
.
.
Algún· día remoto cuando yo haya deJado p~ra s~empre est~s
países, y que mi memoria, sin tener bastante mfl.uJo par~ ~g1tarle ó enojarle, tenga el necesario para hacerle grat~ un ult~o
recuerdo de mi cariño. Acaso no nos volveremos a ver mas:
- (S) Año 1889.-En ésta como en todas las demá~ cartas de _esa 6poca, que no
expresan el lugar, deberá entenderse que fueron escritas en Sevilla.
( 4 ) Suponemos que el conducto seria algún confidente de los enamorados.

CARTAS AMATORIAS DE LA AVl~LLAXEDA

65

!, quién sabe? V. se marcha á Almonte hoy ó mañana, yo partiré á Cádiz con mi hermano (5) dentro de 10 ó 15 días y estoy
resuelta á permanecer un mes por lo menos (6) : Si en este tiempo mamá tiene orden de marchar á Galicia (como todo lo anuncia) en ese caso me quedaré en Cádiz, y acaso cuando le deje
sea para atravesar nuevamente los mares y separarme de V.
1.800 leguas. ¡, Porqué, pues, reusará V. oírme, acaso por última
vez? ¡ Es tan solemne tma despedida aun cuando sólo sea para
tres días de ausencia! .. . ¡, quién nos asegura al dejar un objeto
querido que volveremos á encontrarle V Oh!, y en esta horrible
duda, en esta posibilidad terrible de una eterna separación ¡, deverán despedirse enojados dos amigos que se han querido V ¡, deverán separarse sin dirigirse tma mirada de consuelo, una palabra de reconciliación? Cuando se buscasen sin poder hallarse,
cuando no esperasen volver á verse más ¡, no sentirían entonces
un tardío arrepentimiento de no haber perdonado 1
V. se ha resentido conmigo : ¡ cosa rara! ¡ es V. un hombre
singular!: otl·o en lugar suyo se hubiera lisonjeado, porque mis
tonterías de la otra noche á mí sola me perjudicaban, á mí degradaban, á mí ridiculizaban (7) ; y yo sola tengo derecho por
lo tanto para estar irritada conmigo misma. Pero V. no sé por
que pudo ofenderse tanto. Sin embargo, básteme saber que lo
e~tá para ~o querer se marche V. en esa disposición. Yo no estoy,
ru tengo a la verdad motivo ninguno de estar con V. enojada,
porque del mismo modo que yo me perjudiqué á mí misma y
sol_amente á mí entregándome á aquel rapto estravagante y caprichoso de cólera, pues prové con mi conducta que era una necia, y una imprudente, sin sentido común; así V .... (8) se
perjudicó, porque mostró que no tenía un corazón tan puro
como me lo había dicho, y yo creía, ni una conducta digna del
hon:ibre, que se atrevía á ofrecer una grande, tierna y santa
anustad. Ay! Las grandes pasiones se tocan casi siempre: yo no
(5) D. Manuel, su hermano de padre y madre.
( 6) El contenido de las cartas siguientes demuestra que si realizó la poetisa
su viaje á Cádiz, fué obra do muy pocos dias.
'
'
(7) Se refiere á una escena destemplada que tuvo con el Sr. Cepeda, ,; quien
habla acusado de vanos amorios.
( 8) Se ha creído oportuno suprimir tres renglones inspirados en los celos
que devoraban i In poetisa, y faltos por tanto de verdad.

�66

CUB.\. CO:STE)lPOR.b:EA

sé si puede dar una grande amistad el que ha dado multiplicados amores!
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .............. . ...
Nell 'anima innocenti
Y aric non son fra loro,
le limpide sorgenti
d'amore é d'amistá.

C.\ln.\S .UL\TOHIAS DE LA AYELLA:Sl-:DA

6í

memoria. A Dios, pues, tú que me inspiras una ternura fraternal tú por cuva dicha daría una parte de mi sangre, recibe mi
' ' y ya que
. no me lo retornes vierte sobre él una lágrima de
A Dios,
reconciliación : tendría un placer en verte esta noche, pero no lo
ecsijo. A Dios.

(Está rnbricada.)

III &lt;9&gt;

JI etastasio.
En las almas inocentes
una misma es la fuente
de que manan el amor
y la pura amistad.
Ha dicho ::\Ictastnsio y acaso lo he creído yo misma así, y por
eso no esperaba saliese del puro manantial de una alma cual la
de V. dos sentimientos tan diversos. y que diese amores vulgares
un corazón capaz de sublime amistad.
Pero en todo esto no hay que det'a irritarnos al uno contra
el otro. V. es bastante generoso para perdonar la dureza de mi
franqueza en atención á que la inspira un interés vivísimo, y qlte
con permitírmela con V. le doy una prueba de cuán superior le
creo á esos fátuos vanidosos, que no tienen bastante razón para
conocer, que no la han tenido siempre, y no pueden perdonar el
que se les bable el lenguaje algo áspero de la verdad. Yo tampoco devo ofenderme, antes bien agradecer la confianza que V.
me ha dispemiado : sólo me irritó en un primer momento el que
no fuese V. tan grande, tan sin igual, tan sublime corno lo deseara mi corazón. ¡ Pero porqué sería tan injusta que se lo reprochase á V. como un crimen!
Cepeda! tu eres lo que has sido, lo que serás siempre para
mí, el más amable de los hombres y el más querido de los amigos: esto eres todavía y esto tienes que ser mientras yo viva:
¡ porqué pues nos separaremos de este modo 1 ¡, te lo aconseja así
tu corazón? ¿podrás no conocer el mío? En cuanto á mí, no puedo, ni quiero : Es preciso que te diga, que te quiero aun más que
á ningún hombre he querido, y que si el destino ha ordenado no
te vuelva á ver más, conserbaré de tí una tierna é inborrable

::\Ii amable amigo: cumpliendo mi promesa y siguiendo los
impulsos de mi corazón, tomo la pluma para saludar á V. Y preguntarle si ha llegado sin novedad á esa (10) , si ha desaparecido
el esplín y el dolor del pecho, y si no ha olvidado sus amigos.
Yo me encuentro bastante embromada con males de estómago y un istérico que me devora. Paso muchos días en cama poseída de tristeza y fastidio insoportable, pero espero que pasará, pues hoy me encuentro mejor.
Nada nuevo ocurre en Sevilla: Dícese que pronto comenzarán
las óperas, pues ya vinieron los papeles, que faltaban á la compañía: También se corre que viene el famoso Carlos la Torre,
pero no hallo á esta noticia la menor verosimilitud, pues Sevilla no puede sostener al mismo tiempo compañía de verso Y
compañía italiana.
El Duque (11) sigue lo mismo que V. le dejó: voy no todas
las noches y me fastidio grandemente. Temo que V. me haya pegado su misantropía, pues hago un verdadero sacrificio en salir
de casa.
He concluido mi traducción de la La Fuente (12), y espero
me diga V. si quiere que se la mande y cómo: Ahora comienzo
á traducir el A.nniver.~ario de "l\Iilevollc (13), poeta casi tan dulce como Lamartine, aunque menos profundo.
(9) No tiene fecha, pero au eontenido indica que debió ser escrita en la 2.•
quincena de Agosto de 1889. El sobre esti dirigido en esta forma: "Condado dt
Nitbla.--Sr. D. Jpacio Ctptda en A.Imante."
(10) La villa de Almonte.
(11) La plan de este nombre.
(12) Poesla de Mr. Lamartine contenida en las NvzvAS MsoITAOION3S, que
se publicaron en 1823.
( 13) MiUwou• quiso eaeribir la Avellaneda.

�68

CUBA CONTE)IPORÁNP.:A

CARTAS A)fA'l'ORIAS DE LA AYELL,\NEDA

¡, Y V., mi tierno amigo, qué hace Y. • . • Cuando se pasee V.

por los campos á la claridad de la luna, cuando escuche el murmullo de un arroyo, el soplo ligero de la brisa, el canto de un
ruiseñor, cuando persi1:a el aroma de las flores ... entonces piense V. en su amiga; porque todos esos objetos son tiernos y melancólicos como mi corazón. Perdón! no he olvidado nuestro convenio, y contendré la pluma.
Escríbame V. : si absolutamente no quiere dirijir las cartas a mi nombre, puede rotularlas á D.ª Amadora de Almonte,
nombre algo bizarro, que creo no corre peligro de hallar tocayo.
A Dios, Cepeda: cuídese V. mucho, diviértase y cuente siempre con el afecto fraternal de su amiga, T11la.
P. D. l\fi viaje á Cádiz se dilata.

IV
SR. D. IGNACIO CEPEDA
He recibido la amable de V., mi caro amigo, con tanta mayor
satisfacción cuanto que informada por Concha (14) de que no
estaba V. en Almonte, sino en otra parte, que designó su hermano (15), y de cuyo nombre no me acuerdo (16), temía hubiese padecido estravío mi carta. Varias veces mandé una criada
al correo y siempre me dijo que no había carta, hasta que ayer,
siéndome imposible salir yo, me valí de Concha, la cual fué ella
misma al correo y me trajo al momento la suspirada de V. (17)
Celebro que esté V. bueno, como en ella me dice, y menos melancólico que en ésta : Yo por mi parte quisiera poder decir otro
tanto, pero por desgracia no es así. l\ris dolores de estómago me
han dado mucho que hacer, y mi melancolía se aumenta cada
día. ¡ V. me pide que la venza ! . . . . . Ciertamente, es grande el
influjo que una súplica de V. egerce en mi corazón, pero en este
punto acaso no esté en mi poder el complacer la solicitud de su
(14) La Srta. Concepción Noriega, ya citada en la AUTOBioORAFÍA,
(15) D. Francisco de Cepeda.
(16) El Sr. Cepeda estaba en la Riliza, dehesa del término de Lucena del Puer•
to (Huelva), propiedad de su padre.
(17) Ocioso parece advertir al lector, que la epfstola amorosa no habla sido
llevada por el cartero 6 rasa de la Avellaneda por venir rotulada á Dofia Amadora
de Almonle-Lista de correo.

69

tierna amistad. Aparte de la ausencia de mi mejor, de mi único amigo, que es suficiente causa para melancolizarme, tengo
tantos otros motivos de tristeza! ¡ La espectativa de una separación acaso prócsima y larga de una madre que amo con ternura!
i la indecisión en que batallo sin saber aún, qué partido tomar,
ni qué suerte me espera! ¡ la necesidad de independencia y el
temor de la opinión, que me impide proporcionármela! ..... En
fin, tantas y tantas cosas me agitan al presente ( en que según
las apariencias se aprocsima el día de la crisis) que la amistad
misma, la dulce y lisonjera amistad de mi Cepeda no será poderosa á darme tranquilidad. Pero, basta: hablemos de otra cosa:
¡ yo quisiera que mis cartas fuesen tan risueñas ! ¡ ah! ya lo veo,
imposible ! La amargura de mi corazón se mezcla en todas ellas.
Perdón!
:ivfandaré mi traducción (18) por el conducto que me indica
pero será luego que tenga tiempo para escribirla, pues el borra~
dor está ininteligible y la única copia leíble, que tenía la he
mandado á Cádiz por compromiso. Los Sres. Redactores del nuevo periódico de literatura, que sale en dicha ciudad con el nombre de La Aureola, me han escrito una lisonjera carta rogándome cediese á su periódico algunas de mis composiciones y aun. negarme, me he visto forzada á complacerles' por
' haque qmse
ber intervenido en el asunto un paisano mío á quien estimo y
que se ha empeñado de un modo, que no podía yo sin desaira~le
mantener mi negativa. Así pues he cedido á La Aureola mi traducción, poniendo la condición de que no se imprimiera firmada
con mi nombre sino enteramente anónima.
Ya enviaré á V. tan pronto pueda una copia, y de antemano
reclamo su indulgencia. Preciso fuera que V. conociese el original para que formase un juicio esacto de la grandísima dificultad
de la traducción. Lamartine, uno de los más grandes poetas de
la moderna escuela y acaso el más dulce y fácil, tiene sin embargo algo de vago y metafísico en su poesía, y una manera de
decir que es ciertamente intraducible. Sus ideas en muchas compo~iciones son tan delicadas, que se marchitan, por decirlo así,
baJo la pluma del traductor y sus giros son á veces tan atre(18)

La de La Fuente de Mr. Lamartine, ya citada en la carta anterior.

�-70

. .......--

CUBA CONTE)íPORÁNEA
CARTAS AMATORIAS DE LA

vidos que intimidan. He procurado en La Fuente traducir con
la esactitud posible, penetrándome de los pensamientos é ideas
del autor, pero estoy muy lejos de la satisfacción de creer, que
he logrado imitar con mediano acierto su versificación fl,uida y
armoniosa, y aquel colorido místico y melancólico, que distingue
sus composiciones.
Respecto á mi novela (19), he sometido sus diez primeros capítulos á la censura de mi compatriota, ya mencionado, hombre
instruido y de gusto, que felizmente se halla ahora en esta ciudad, y he tenido el gusto de que mereciese su aprobación. Él ha
animado mi tímida pluma, asegurándome que la parte descritiva
está trazada con esactitud y variedad y que los caracteres están
bien delineados y desenvueltos con vigor. Su bondad le ha hecho
propasarse hasta dar al estilo elogios inmerecidos, y juzgar de
altamente interesante el plan de la novela. Á pesar de mi amor
propio he conocido el favor de este juicio, pero me ha animado
sin embargo á continuar haciendo esfuerzos para merecerlo
mejor.
Ya ve V., mi buen amigo, que le hablo de cosas que no son
más que cosas: ya ve V. que evito un lenguaje, que V. llama de
la imaginación y que yo diría del corazón : V. le juzga peligroso
Y le destierra de nuestras cartas. Yo suscribo á su formidable
sentencia, pero ¡, qué temes tú, amigo mío? ¡, qué peligro quieres
evitar? Acaso oyendo y empleando el idioma del corazón temerás no poder impedirle adelantarse demasiado? : temerás sentir
ó inspirar un sentimiento más vivo que el de la amistad? ...
Si es cierto, tranquilízate: yo te aseguro, que no me amarás
nunca sino como á tu hermana, y que en mi alma no hallarás jamás otros afectos, que los que hoy día me envanezco de espresarte. Yo he meditado mucho en estos días sobre la naturaleza de
nuestros sentimientos, y te lo juro, este ecsamen me ha tranquilizado. Yo perdería mucho si tu dejases de ser mi amigo para
ser mi amante. Amantes!. . . ¡ cercan tantos á una mujer
joven y de tal cual mérito! Pero ¡, dónde hallar un amigo como tú ? Amantes!. . . mira, me empalagan ya; esa cáfila
(19) Se refiere II la titulada Sab, que la autora no tuvo t. bien incluir en la co·
lección completa de sus obras literarias (Madrid, 1869).

1

t

¡

A YEJ,LA~EDA

71

de aduladores, que asedian nuestro sexo, me ~arecen poca c_os~
un para divertirse una un rato con sus nec10s galanteos. 1Ni
ª
· porque soy una
puedo
yo creer que me amen ! Uno me ob seqma,
forastera que no conoce, cuya clase acaso juzga dudosa,. cuyas
costumbres ignora y acaso pueden ser fáciles, cuya conquista no
le parecerá dudosa, y me obsequia creyendo que puedo ser, su
capricho, su juguete, su pasatiempo,. ~u placer de. algunos d1as.
Otro me obsequia, porque hace profes1on de ob_se~mante ~e cuantas mugeres bien parecidas se le presentan: sm ideas, sm cálculos, sin esperanzas, sólo por el prurito de ,galantear y hacer de
elegante. Otro me obsequia porque ~da a la cuart~ pregunta
como suele decirse y oliendo donde gmzan: Soy Americana Y por
ser Americana supone que soy rica, lo cual basta para que for:°'e
sus cálculos de matrimonio. En fin, otro me h~ce e~ amor solo
por vanidad: porque se lisonjearía de. ser m1 n_ov10, no p~rque yo le guste, sino porque cree _darse 1mportancia en la s~ciedad con la preferencia de una muJer, que es celebrada, que d~cen
tiene algún talento. Hé aquí, querido Cepeda, los motivos
que impulsan á la mayor parte de aquellos, que_ me hacen la
corte : y estando yo en esta persuasión ¡, podré 01rlos con otro
objeto, que el de burlarme de ellos 1
.
y v. qué hallará en las mugeres que digan amarle 1 Una ~ce
que le ama, y no ama más que su colocación : Desea un marido,
un estado, que es la ambición de las mugeres vulgares, ! lo busca en V. Otra dice amarle y sólo ama en V. á su pasatiempo, _al
que le regala el oído, y la lisonjea en la sociedad: al q_ue sat1sface su vanidad, y al que dejaría sin pesar por, otro mas galán,
de más representación social, de más nombrad1a, &amp;c., &amp;c. Otra
dice amarle y sólo ama en V. sus propios placeres, Y . .... __i oh!,
rubor causa decirlo, pero lo vemos cada día para ve~gu~nza
nuestra : vemos esta clase de mugeres que degradan la di~md~d
de su sexo, y son á mis ojos más despreciables, que la escoria mas
vil de la tierra.
. y tal es el amor en nuestra triste y corrompida sociedad!
' podía él ecsistir entre nosotros 1 Oh ! no, Jamas.
. , t E sos
• cómo
~rofanados nombres de amante Y_ querida déjal~s á otros Y á
otras. 'rú serás mi amigo, yo tu amiga de toda la vida, Y no deves
temer que sea degradado nunca el santo caracter de nue~tros

�72

COBA COl'\'rR)1PORÁNEA

vínculos. ¿ Temerás tú cuando yo no temo 1 Todo lo dicho te prueba, que nada arriesgas en dejar hablar tu corazón. No interpretará la vanidad tus palabras, ni puede tu amiga confundir la
espresión de tus sentimientos con la jerga insípida del galanteo,
que llaman amor. En cuanto á mí, haré lo que quieras : no te
espresaré mi cariño, si esto te hace mal, pero ¡ me cuesta tanto
este esfuerzo!
Cepeda! ya lo ve V.; mi pluma corre á pesar mío y dice más
de lo que quiero decir: Yo deviera ofenderme en vez de alhagar
á V., pero mi orgullo tan susceptible en otras no lo es en esta
ocasión. No tema V., vanidoso; no tema V., que yo le crea enamorado si usa conmigo un lenguaje tierno: ¡, me cree V. una niña
ó una vieja~ No tema V., repito, y para tranquilizarse enteramente sepa V., que el día en que le creyese á V . enamorado de
mí, ese día cesaría de amarle, y no le vería á V. más. Con que,
con esta seguridad su libertad no corre ningún riesgo conmigo,
ni tiene V. necesidad de alarmarse de mi ternura, como sí viese
en ella un lazo de hierro pronto á aprisionarlo. ¡ Amable melancólico! ¡ qué poco mundo tiene V. ! Perdóname amigo esta frase,
pero me hace gracia, tanta gracia ver tu temor y adivinar tu
corazón al través de ese velo con que piensas cubrirlo ! Me temes, Cepeda, no lo niegues, temes que me posesione yo de tu
corazón, temes los lazos de hierro, que pudieran ser consecuencia de tu amor por mí, y crees evitar algo acogiéndote á la sagrada sombra de la amistad. Oh!, eres un niño, sí tal crees: ¡ cuánto
te engañas, querido, cuánto, si crees que la amistad señalaría límites, que el corazón respetara! ¡, qué importa el nombre á los sentimientos? ¿ dejan de ser los mismos? Lo que deve tranquilizarte no
es eso, sino el saber que no hayas en mí un enemigo de tu libertad,
y que por mi propio interés cuidaré de no dar á tu corazón, más
vehementes afectos, que los que hoy abrigue.
Raro, original es el papel que hago contigo. Yo muger tranquilizándote á tí del miedo de amarme : ¡ es cosa peregrina! Pero
contigo no soy muger, nó, soy toda espíritu, y ninguna regla es
aplicable á este cariño esepcional, que me inspiras.
Muy larga es esta carta, pero no imitaré yo á los que acaban
las suyas jurando (nada menos que jurando) ser más corto en
lo sucesivo. Ésta es larga, pero aun lo será más la que escriba

CARTAS AMATOR!AS DE LA AVELLANEDA

73

cuando no se me ordene no usar espresiones que conmuevan demasiado y hagan. m1icho da1io.
Nada nuevo ocurre en Sevilla: el primero del entrante coli'lienzan las ópera~: se hará dicho día el Juramento de Mercadante: La señora Hossi, nuestra actual prima dona, dicen que
es muy buena.
El Duque sigue bien, aunque las noches son ya algo frescas:
La alameda vieja (20) es la que deve estar muy sola después
que se ausentó mi amable misántropo.
Y o sigo yendo al Duque, siempre que puedo, y luego iré a las
óperas y á todo lo que se presente. Lamartine comienza una composición suya con este verso :
Et j 'ai &lt;lit dans mon crour: que faire de la vie Y
Y yo he dicho á mi corazón : qué haré de la vida 1
No hay remedio! : hacer lo que hacen los demás y dejar correr
. el tiempo.
A Dios, mi amado amigo, cuídese V., diviértase y vuelva
pronto donde le llaman los votos más sinceros de una amistad
tiernísima.
Espresiones de Concha, y mil afectos de su invariable.-Tula.
Sevilla y Agosto 28

839
P. D. Ruego á V. disimule la incoherencia de esta, y su poca
unidad y defecto de estilo. Veo que está rara, pero va según mi
cabeza. ¡ Tengo tanta confusión en ella! : y luego mi humor hoy
es malísimo.
( Continuará.)

(20)

La de Hércules.

�r

U

LA APOTEOSIS DEL «CAUDILLO&gt;&gt;

173

casmo en el rostro macilento o plácidamente abotagado de los
caciques-buhos, y ponen el fuego santo de la ira patriótica en
quienes anatematizan la apoteosis del ''caudillo'' y censuran la
inconsciencia o la mald.!.d de los que la preparan con la esperanza de que p~eda ser nuevamente dispensador de buenos bocados!

,

NUESTRA POBLACION RURAL
Y LA LIGA AGRARIA
Vivamente interesado por el bienestar de nuestra población
rural, y considerando que el objeto de la Liga Agraria ha de
ser favorecer no solamente los intereses de los capitalistas y directores industriales de las grandes empresas agrícolas, sino
también el mejoramiento de las condiciones de vida en
nuestros campos, para que los trabajadores manuales puedan
tener las mismas oportunidades que las grandes poblaciones
ofrecen a sus residentes; erigiéndome en defensor espontáneo de
las clases trabajadoras, de los obreros del campo, escribo estas
líneas a fin de cooperar-si mis ideas fuesen prácticas y practicables-a la obra de fomento agrario en que la Liga se halla
empeñada.
El programa de la asamblea reunida el 15 de noviembre último en los salones del Centro Asturiano, contiene dos artículos
que revelan los buenos propósitos de la Liga y que se prestan
para su desenvolvimiento amplio: los artículos tercero y cuarto.
El tercero establece las que se consideran urgentes necesiclades de los agrarios de Cuba. Se reducen al abaratamiento de
los fletes y der echos arancelarios, al fomento de la inmigración
y a facilitar el crédito hipotecario.
El abaratamiento de los fletes y derechos arancelarios favorece inmediatamente, y de modo igual, a los empresarios y a los
trabajadores manuales ; porque tiende a rebajar el costo de
. producción, por una parte, y por otra permite r educir el precio
de los artículos de primera n ecesidad.
El fomento de la inmigración es problema que. debe estudiar-

JULIO Vn,LOLDO.
Habana, febrero, 1914.

�CARTAS AMATOmAs DE LA AYELLANEDA

CARTAS AN1ATORIAS
DE LA AVELLANEDA
(Continuación.)

V
SR. D. IGNACIO CEPEDA &lt;21 )

Con una imaginación muy viva y á la par un corazón sensible el silencio de dos correos (22), que ha guardado mi amigo,
me tiene sobrado inquieta y afligida para poder imitarlo. No
habiéndome sido posible salir sola con una criada, pues siempre que lo he intentado se me han agregado personas de mi
familia, no he podido ir personalmente al correo; pero he
enviado en los dos, á que roe refiero, á una criada de mi confianza y siempre me ha dicho, que no tengo carta. Dudando aún y
figurándome fuese efecto de su mal leer, como sucedió la vez
pasada, mandé á Solano, aquel muchacho de las Mendizábal,
que viene mucho á casa, donde V. le habrá visto algunas veces,
y tampoco roe dió noticias satisfactorias. Aunque ya no tenga
esperanza, con todo, pienso ir yo misma mañana, si logro salir
solamente con una criada, para cerciorarme por mis propios
oJ·os.
· --.: ; '~,. ;~-~l
"Mil temores me agitan al trasar estas líneas: ¿ estará V. en(21) No tiene fecha, pero debió ser escrita en los primeros d(as de Septiem•
bre de 1839, porque en ella se da cuenta de baber llegado á Sevilla la noticia del
"brazo de Vergara, hecho que, como es sabido, tuvo lugar el 31 de .Agosto de ese año.
La indicación del sobre es: Condado de Niebla--Sr. D. Ignacio Cepeda en A.lmonte.
(22) Hay que tener presente, que el correo entre Sevilla y Almonte era entonces bisemanal, los miércoles y los silbados.

li5

fermo 1 ¡, contendría mi última carta alguna espresión, alguna
frase, que le haya enfadado con su amiga 1 O acaso un olvido,
una falta de interés en esta correspondencia le ha desidido á interrumpirla tan bruscamente. Todo puede ser y acaso haría yo
mucho mejor en imitar su silencio, que en inquirir la causa.
Pero ya V. lo ve, no puedo hacel'lo, porque esa virtud, que llaman prudencia, no es la que más predomina en mi caracter, y
siento demasiado para poder pensar mucho. Así mis acciones
no son siempre las que se aguardan, y se resienten algunas veces de poca re:flecsión y mucha franqueza. Pero si hago mal en
escribir á un amigo que estimo, porque él manifiesta poco deseo
de este recuerdo, el orgullo podrá condenarme, mas no ciertamente mi corazón, ni acaso el de V. Luego que V. mismo me diga,
que fué voluntario este silencio, que me inquieta, entonces quedaré satisfecha y no seré importuna. Jamás seré la primera en
romper las relaciones amistosas, que nos unen, pero no reusaré
nunca el borrar hasta sus recuerdos de mi corazón cuando crea
que ellas no son de igual interés para ambos.
Grandes y felices novedades se han verificado en nuestro horizonte político. Maroto con varios otros Generales y veinte y
un batallón ha reconocido á la Reina pa.~ándose mediante un
convenio con Espartero al ejército de éste. Dícese además, que
D. Carlos se ha acojido al pavellón Inglés, y si esto es cierto, no
concibo cómo ese pobre hombre ha olvidado un ejemplo no remoto de la tenebrosa política del gabinete de S. James (23).
Las cortes se han abierto el primero de este mes con la mayor solemnidad, y bajo tan felices auspicios &lt;levemos esperar
una pronta y perfecta paz. Ya era tiempo !
Mamá está de enhorabuena por decirlo así; la consolidación
del gobierno actual la saca de grandes inquietudes. Su marido
había empleado mucho dinero en papel y bienes nacionales y
estaba, como suele decirse, con el credo en la boca. Ahora el papel ha subido prodigiosamente y si la cosa no varía, su fortuna
se triplica y se asegura con grandes ventajas. La suerte favorec~
de una manera tan visible á mi padrastro, que los mayores des(23)

Alude sin duda al proceder de los ingleses con N3pole6n I, después de

la batnlla de Waterloo.

�176

CulH. C'ONTEMPORÁ:-IEA

CAn'fAS A~L\TORTAS DE l,A AY!!:lJ, ANll:J)A

atinos, que hace, se convierten en beneficio suyo, y los que le han
llamado loco en sus empresas impremeditadas y atrevidas le admiran al verlas felizmente realizadas.
Con todo, yo estoy muy lejos de alegrarme de la conclusión
de la Guerra por lo que respecta á mi interés personal; pues
todo esto tiende á separarme más presto de mamá, ó á alejarme
de este país, que amo, si me resuelvo á seguirla.
En fin, el tiempo desidirá : por ahora no quiero pensar en ello.
Hemos tenido dos lindas óperas de Mercadante y Donizzetti:
El J1tramcnto y Marino F'alicro: en estos días el Teatro ha estado iluminado y la concurrencia ha sido grande. Pero, créame
V., caro Cepeda, en nada gozo. Su ausencia de V. deja un gran
vacío para mí en todas las ceremonias, y deseo con ardor vuelva V. pronto á donde le llaman los votos más sinceros de una
amistad la más tierna.
A Dios hasta entonces-Gerfrudis.

due) ( 26), un mes deve ser mío, y ecsijo me lo ofrezca V. y se
comprometa á no dejar á Sevilla hasta pasado dicho mes.
Mi dulce amigo, 1, me lo negará V. ?
Tengo, más que nunca, ahora necesidad de un amigo, y
1, quien si no es V. merece de mí este título? Después que le
quiero á V. he roto poco á poco todas mis otras relaciones de
amistad, y en V. be concentrado todos mis afectos. Con nadie
I uedo aconsejarme sino con V., y con nadie sino con V. me
permito confianza. Ya ve V. á lo que esto le obliga: á no desoirme cuando le digo: 'l'e necesito.
A Dios, no volveré ya á distraer á V., sino esperaré el día
en que me diga: Por un mes pertenezco esclnsivamente á la
amistad.
(Está rubricada.)

VI

r

Tengo enfermo á mi hermano y también lo está mi padrastro
en Bilbao: por consiguiente no salimos de casa.

(Hay otrn rúbrica.)

C24&gt;

Querido amigo mío : por fin está á mi vista la grata de V. de
l1 del presente, que ha disipado todas mis inquietudes. Seré
corta, muy corta como V . me lo aconseja; pero escuche V., que
voy á usar una vez de los derechos, que me da la amistad.
Necesito de V., de sus consejos, de su talento para iluminarme, de su cariño para dirijirme en la prócsima crisis, que deve
:fijar mi destino (25). Necesito de V., amigo mío: es preciso que
hablemos largamente, pues tengo mucho que decirle, mucho.
.Ahora respeto sus estudios y le dejo á plena libertad; pero
tenga V. presente que es jóven y tiene toda una vida que consagrar al estudio, al amor, á la patria, á su familia, y que la
amistad sólo le pide algunos días.
Un mes siquiera ( después que concluya V. y se gra(24) El ser esta carta la contestación í, una del Sr. Cepeda, fecha 11 do Septiembre de 1839, nos Ita guiado para colocarla en este lugar. En el sobre se lee:
"Condado de Niebla-Sr. D. Ignacio Cepeda en Almonte"; y se ve claramente la
cifra "1839" en el sello de la Administración de Correos de Sevilla.
(25) Alude sin duda á lo quo dijo en la carta anterior; que tendría que separarse de su madre ó resolverse á acompai\arla en su viaje á Galicia donde
residfo su padrastro el Sr. Escalada.

177

VII

&lt;27&gt;

.Antes de anoche te dije, que había enviado á tu casa un
libro y no pude añadir, por los testigos que había, que dicho
libro era, como lo es el que hoy te mando, un pretesto para escribirte, sin que el portador se haga cargo. La fatalidad hizo
que no te encontrase en tu casa el mensajero, y rasgué la carta
en un momento de impaciencia contra la mala suerte, que la
hizo volver por dos veces á mis manos, cuando la suponía en
las tuyas.
Nada empero contenía dicha carta de importante; era solamente la espresión de mi tristeza en varios días, que no te veía,
(26) El Sr. Cepeda se preparaba. entonces en Almonte para. recibir la investidura de Licenciado en Leyes, pero lo delfoado de su salud retrasó ese acto
bosta el 18 de Febrero de 1840.
(27) El Sr. Cepeda debió acudir galantemente al dulce requirimiento hecho
en la carta anterior, pues la presente y las seis que le siguen fueron escritas
indudablemente en Sevilla en Noviembre y Diciembre de 1839 y mandadas por con•
fidente, ó por el correo interior, á la Posada de la Castalia. Ninguna. de las siete
tiene fecha, descuido corriente en su autora, por Jo que han sido ordenadas (sin
presumir del acierto) según los grados de p:isión, que acusan en el abrasado corazón
de la poetisa.

�]iS

l'i9

CUBA CONTEMPORÁNEA

CAlí'l'AS AMA1'0RIAS Dl!: LA AVET.f,ANEDA

y una proposic1on, que ahora voy á repetir en pocas palabras.
V eremos si te agrada.
Pronto vas á graduarte y creo que saliendo de eso podrás
verme con más frecuencia: aun antes de graduarte nos hemos
de ver algunas veces, porque ¿ cómo vivir así, querido amigo 1
¡, quién tiene resistencia 1 : la mía comienza á faltarme no obstante todos mis propósitos. He pensado, pues, que devemos convenir en una cosa, y es que siempre que tu vengas y esté yo
sola aprovechemos tales momentos para realizar un deseo, que
tengo hace mucho tiempo, y que es el de leer contigo alguna
obra interesante. Aun estando mamá podemos, si nos agrada,
entretener un rato en la lectura, pues ningún inconveniente
veo en ello, si á tí no te desagrada mi proyecto. Con este objeto
he hecho una lista de algunas obras de mi gusto, que voy á
nombrarte para que tu escojas la que te parezca y me lo digas.
Yo la tendré en casa inmediatamente y la comenzaremos en la
primera oportunidad. ¡ Qué placer presiento, mi dulce amigo,
en leer contigo una obra interesante!
En primer lugar, porque quiero que conozcas al primer
prosista de Europa, el novelista más distinguido de la época,
tengo en lista el Pirata, los Privados rivales, el Wawerley y el
Anticuario, obras del célebre W alter Scott.
Seguidamente Corina ó Italia por 11fadame Stael. Novela
descriptiva del más hermoso y poético país del mundo, y hecha
esta descripción por la pluma de una escritora, cuyo mérito
conoces. Además han dado algunos amigos en decirme, que hay
semejanzas entre mí y la protagonista de esta novela, y deseo
por eso volver á leerla contigo, y buscar la semejanza, que se
me atribuye con ese bello ideal de un genio como el de la Stael,
Sigue la Atala del inmortal y divino Chateaubriand, porque
te agradan todas las escenas de la naturaleza, todos los corazones prúnitivos, en fin, el hombre en su estado normal; y esta
linda obra te satisfará.
Luego las poesías de Lista, Quintana y Heredia, porque
como dice uno de estos poetas :
. . . . . . . . . . Verás la poesía
del corazón y mente descendiendo
al corazón y mente arrebatarse.

Esta es mi lista, escoje tú la obra, que mejor te parezca y
avísamelo. Verás qué placer gozamos en los momentos, que pasemos juntos. A tu elección dejo también tus visitas á casa, pero
no quiero que dejemos de vernos por un motivo . . . . . leeremos
juntos ¡, no es este un placer 1 A Dios, mi bien.
(Está rub1·icada.)

VIII
SR.

D.

IGNACIO CEPEDA

Hasta hoy sábado que vino el correo general no se me h'"a
traído la carta de V ., querido Cepeda, y para que ésta no duerma hasta el miércoles en la estafeta determino enviarla directamente á su casa de usted.
Cuando antes de anoche me dijo V. que mandase al correo,
porque me había V. escrito, se olvidó advertirme que la carta
venía á mi nombre y no al adoctado en nuestra correspondencia. Así, aunque ayer mandé, no me la trajeron porque la persona encargada buscó á D." Amadora de Almonte y no á mi
nombre. En fin, ya está en mis manos esta querida carta.
Una vez por semana!. . . solamente te veré una vez por semana!. . . Bien: yo suscribo, pues así lo deseas y lo ecsijen tus
actuales ocupaciones. Una vez por semana te veré únicamente;
pues señálame por Dios ese día feliz entre siete para separarle
de los otros días de la larga y enojosa semana. Si no deterininases ese día ¿ no comprendes tú la agitación que darías á todos los
otros 1 En cada uno de ellos creería ver al amanecer un día feliz,
y después de muchas horas de agitación y espectativa pasaría
el día, pasaría la noche, llevándose una esperanza á cada momento renovada y desvanecida, y sólo me dejaría el disgusto del
desengaño. Dime, pues, para evitarme tan repetidos tormentos,
qué día es ese que devo desear : ¿ será el viernes 1 : en ese caso
comenzaremos por hoy ( 28) : si no, será el sábado. ¿ Qué te parece 1 Elije tú: si hoy, lo conoceré viéndote venir; si mañana,
avísamelo para que yo no padezca esta noche esperándote. En
(28) Obsérvese la distracción qne sulre la escritora. No era viernes cuando
eseribia, sino sábado, día en que se habla repartido en Sevilla el correo general,
como .ha dicho en el principio de esta carta.

�180

CIJB..\ CONTF.MPOllÁKEA
CAlnAS A)CATOJlIAS DE LA AYEl,LA~EDA

las restantes semanas ya sabré el día de ella, que tendrá para
mí luz y alegría.
Ya lo vé V., me arrastra mi corazón!: no sé usar con V. el
lenguaje moderado, que V. desea y emplea; pero en todo lo
demás soy dócil á su voz de V., como lo es un niño á la de sn
madre. Ya ve V. que suscribo á no verle sino semanalmente.
Pero, p10 irá V. al Liceo?: ¡, ni al hailc 1 Para decidirle á V.
no será bastante, que yo le asegure no habrá placer para mí
en estas diversiones, si V. no asiste?
No eleve V. tener en casa meuos confianza que en la de Concha, y puede V. venir con capa, ó como mejor le parezca: Pero
si absolutamente no puede V. tener esta confianza en casa, dígame V. dónde quiera que le vea; en casa de Concha ó donde V.
designe, y no me sea imposible ir, allí me hallará V.
Cepeda ! Cepeda ! &lt;leves gozarte y estar orgulloso, porque
este poder absoluto que egerces en mi voluntad deve envanecerte. ¿ Quién eres, ¿ qué poder es ese 1 ¿ quién te lo ha dado 1. .. .
'l'ú no eres un hombre, no, á mis ojos: Eres el Angel de mi
destino, y pienso muchas veces al verte, que te ha dado el mismo Dios el poder supremo de dispensarme los bienes y los males, que devo gozar y sufrir en este suelo. Te lo juro por ese
Dios que adoro, y por tu honor y el mío ; te juro que mortal
ninguno ha tenido la influencia -que tú sobre mi corazón. Tu
eres mi amigo, mi hermano, mi confidente, y, como si tan dulces
nombres aun no bastasen á mi corazón, él te da el de su Dios
sobre la tierra. ¿ No está ya en tu mano dispensarme un día
de ventura entre siete T Así pudieras también señalarme uno
de tormento y desesperación y yo lo recibiría, sin que estuviese
en mi mano evitarlo! Ese día, querido hermano mío, ese día
sería aquel en que dejases ele quererme; pero yo lo aceptaría
de tí sin quejarme, como aceptamos de Dios los infortunios inevitables, con que nos agovía.
No me haga V. caso: tube jaqueca á media noche y creo que
me ha dejado algo de calentura (29) : ¿ no es verdad 1 mi cabeza no está en su ser natural.
(29) Obsérvese la graciosisima corrección, que asimisma [aio: por "a si misma"] se hace la poetisa, aparentando retirar los conceptos emitjdos con tanto !ue¡:o
y verdad como ternura y delicadeza.

181

A Dios. Lo que es esta nochr. si V. me ve, será en casa, porque C. (30) ha quedado en venir, y no puedo yo ir á su casa
sabienilo viene ella á la mía.
Deseo leer ú V. un Himno patriótico, que acabo de componer (31), y otros versos á un Jilguero (::32).
A Dios otra vez, mi dulce amigo: no conscrbes ésta, rásgala,
tP lo ruego. Es una carta de dislates, que sólo la desconfianza
de que todas las que escriba hoy salgan lo mismo me hace mandar ésta. Hay días en que está uno no sé como: días en que el
corazón se rompería, si no se desahogase. Yo tenía necesidad de
decirte todo lo que te he dicho; ahora ya estoy más tranquila.
No me censures por Dios.
(Está rnbricada.}

IX cs3&gt;

/:

Caro amigo: aprovecho la visita, que ha venido á hacerme
una de mis antiguas criadas, menos torpe de las que tengo actualmente, para ponerte estas líneas, encargándola (34) llevárielas.
No irás al baile, ya lo sé, y no quiero infringir mis propósitos imporlunándote con ohjeto de verte en él. Pero como deseo
contarte qué tal estubo ~- lo que hice. y lo que ví. y lo que hablé . . . . todo!: como deseo referirte las personas que estaban,
los trajes de las señoras, en fin. todo. todo como ya dije, espero
que tu tengas también alguna curiosidad de saberlo, y te im·ito
(sin comprometerte) á que vengas mañana por la noche.
El baile, según parrcc. no estará demasiado concurrido, pues
anocl1e mismo ,irnos despnebando en el Teatro hiUetes sueltos,
Y se nos dijo, que había sido preciso liacerlo, porque no había
más que 44 suscritorrs. Pero si V. estuviera. ¡, no estaría harto
concurrido para mí? .... No se:·á ! ¡ pacirncia ! Voy adqnirien(30)
(31)
(32)
(38)

La Srla Concepción Noriega repelida n• citada.
Ignoramos si llegó ~ publicarse.
Impresos con el titulo Á. mi jilqutro en la colección de 1841.
En el sobre lleva eata indicación: "Sr. D. Ignacio Oepeda en S. M."

(au mano").

(34) Vuelvo á incurrir en el defecto, ya notado en la AUTOBIOOBAPIA, de usar
del la como dativo en vez de le.

�182

CUBA CONTEMPORÁXEA

CARTAS .UIATORIAS

do con V. una resignación admirable, de la que no me creía
capaz: porque á la verdad, vida mía, puedo muy bien decirle á
V. aquel verso de una comedia de 1\foreto:

183

Un momento ha vencido
mi audacia imprudente,
esta alma tan soberbia .....
¡ vedla ya dependiente !

¡ Qué tibio galán haceis ! !

Y sin embargo yo lo sufro con un estoicismo heróico. ¡, Sabes
que á veces me pregunto á mí misma, porqué he de querer á un
hombre tan poro complaciente, tan poco asíduo, tan poco apasionado como tú? 1\Ic lo pregunto y no alcanzo respuesta de
rni pícaro corazón, tan caprichoso. Pero, no, Ignacio mío, no es
verdad! Él me responde siempre satisfactoriamente y me dice
que te ama porque eres bueno. noble. sincero, porque eres el
mejor homhre del mundo, y es justicia amarte cuando se ha
tenido la dicha de conocerte.
Ya lo ves: aunque mis cartas comienzen algunas veces
amargas, ó festivas, siempre las concluyo más tiernas que devieran ser, y tu abusas, ingrato, de esta ternura mía para hacer
cuanto te se antoja y nunca lo que yo deseo. Ya me las pagará
V., Señor mío, el día en que esté yo ele humor de hacer desesperar á V. : digo, si acaso V. se desespera por alguna cosa ....
Baya esta heridita entre tantas flores como le prodigo, porque
á fé mía, que no merece V. tanta bondad.
A Dios, mañana, eh? .... esto es, si puede V., si se lo permiten sus estudios, visitas, &amp;. ; y ahora acuérdate un momento
de que te ama á pesar de tus indocilidades tu demasiada
buena, G.
0

X
Voy á prohartc que no soy tan dócil, como anoche mi:' reprochaste, á tn antigua orden. Voy á saludarte con ht pluma., ya
que veri:almente no purdo hacerlo hoy. Vida mía!, qué mala
noche he pasado, qué mala estoy, qué triste ! . . . . No tengo vida
sino para amarte; para todo lo que no es tu amor estoy insensible. Ni me agrada escribir, ni leer, ni bordar, ni la calle, ni
mi casa. Si algún talento be tenido, creo positivamente que lo
he perdido ya, porque me encuentro lo más necia y fa,:;tidiada.
He leido no sé donde:

DE LA AVELLANEDA

'

Yo hr mandado siempre en mi cornzón y en mis acciones con
mi entendimiento, y ahora mi entendimiento está subyugado
por mi corazón, y mi corazón por un sentimiento todo nuevo,
todo estrahordinario. ¡ Posible es, Dios mío, que cuando yo me
crC'ia lihre ya del dominio del amor, cuando me persuadía haberle conocido, cuando me lisonjeaba de experta y desilusionada haya caído como una víctima débil é indefensa en las garras
de hierro de una pasión desconocida inmensa y cruel! ... ¡ Posible
es, Cepeda, que yo ame ahora con el corazón de una niña de 13
aííos !... ¡, qué es C'sto que por mí pasa? ¡, qué es esto que siento? ...
dímelo, dímelo po1·que yo no lo sé. Es harto nuevo para mí, te lo
juro. Y yo be amado antes que á tí, he amado, ó lo he creído así,
:r sin embargo, uunca, nunca he sentido lo que ahora siento. Es
amor esto? No, hay algo de más, no es amor solamente. Es el
infierno, que se ha venido á mi corazón. ¡ Qué feliz era! ¡ cuán
tiernamente te amaba! ¡ los Angeles me envidiarían! Y ahora,
ahora, cuán desgraciada! ¡ cuánto sufro! ¡ cuánto, querido mío!
¿ Y por qué? ¡, qué ha sucedido? 1, qné cosa me atormenta? Nada,
yo no lo sé. Es acaso que Dios castiga el eseeso de amor, haciéndole un martirio? Es que el corazón humano es estrecho y se
l'OJJ1pe cuando está demasiado lleno? ... Es un presentimiento
de desgracia? ¿ es una plenitud de felicidad? 1, es un defecto de
mi organización, o una inconsecuencia de mi espíritu ?. . . . . Yo
no lo sé, pero estoy abatida, padezco. soy desgraciada.
No te pido, que vengas á menudo, no: ni aun el Lunes como
has ofrecido. 1\1ejor será mas tarde: el martes, el miércoles, el
jucYes ..... en fin, cuando yo esté menos triste que ahora, porque tu presencia tan cara, tan deseada antes, ahora aumentaría
mi tristeza. Cuidado ! Cepeda, cuidado ! . . . ten cuidado de mi
corazón, tenlo ... mira que puedo morir. Tñ no sabes, no puedes
saber, que puedes matarme, no lo sabes. Pues bien, acaso te es
muy fácil. Si quieres mi vida, si quieres conserbar tu amiga,
ctúdala; dale tranquilidad, dale sosiego. Yo conozco que eres

�18-1

C0B.\ CON'n:MPOR.{NEA

más prudente que yo, y me acuerdo que alguna vez me has
pedido paz y olvido. Olvido nó, pero paz, yo quiero dártela y quiero tenerla. Tú tenías razón, la tenías. Paz! sí,
paz!, yo la necesito como tú y como tú la demando. De hoy en
adelante de común acuerdo nos daremos paz, bien mío. ¡ Desgraciados los que quieren apretar el corazón basta romperlo! : los
que dan impulso á una máquina sin saber si tienen fuerzas para
detenerla cuando quieren! Es santa, es sagrada la vida del corazón y nos empeñarnos en gastarla. Por que todo se gasta, todo!
Hoy no puedo resistir mi corazón: me ahoga! : mañana acaso
estará parado y frío. Nada es inesausto! Se deven respetar los
sentimientos y se devc temerlos. Ellos pueden dar la dicha ó la
desgracia. Tú no querrás darme sino felicidad. Si para dármela
antes bastábatc amarme; para dármela al presente es preciso
más. Es preciso que me compadezcas, y acaso . . . acaso, que dejes de verme. ¡ Cuánto me cuesta decírtelo! : rompe ésta, y A
Dios.

(Hay una rúbrica).

XI

A

L.\. t.'NA DE L..\ NOCHE :

No robaré sino un momento de estas horas, que consagras al
estudio: solo tm momento y perdóname. Acabo de leer tu carta
y me es imposible dormir esta noche sin decirte, que eres un
Angel, y yo. . . una loca. Mira; lloro y lloraré muchos días mi
conducta de esta noche; Cepeda!, perdón! Yo deví conocer que
las pueriles arterías, que acaso se us311 con razón y utilidad con
hombres V11lgares, no devían emplearse con un corazón, con un
caracter tan superior como el tuyo. Yo deví conocer, que una
111ín venganza era indigna de tí y de mí: ¿ &lt;Jué podré decirte T
'rn no sabes aún cuan frívola, cuan loca he sido; porque acaso te
habrás creído que el deseo de ver la comedia, o de complacer á
Ojeda, como te dije, me impulsaba á ir al Teatro. Lo habrás ereido y me juzgarás pueril solamente: ah!, soy más; soy injusta,
suspicaz, orgullosa, neciamente orgullosa y vengativa. He ido al
Teatro, y estaba resuelta á ir aunque llovies~n rayos, porque esta-

1&amp;5

ha incomodada, ofendida; porque soy tan loca, que me llené de
sospechas al saher, que no estahas C'n tu casa cuando mandé mi
carta; porque cuando ví que viniste de tarde á C'asa me figuré que
lo hacías para poder rC'tirarte temprano y marcharte á otra partC';
porque en aquel momento mi fatal imaginación me pintó toda
tu conducta conmigo como tibia, calculada, cautelosa: porque
Jmbo un momento en que me atreví á decirme á mí misma:
"Ese hombre no me ha amado nunca, y sólo ha querido aprovechars&lt;' del afecto que conoció me inspiraba". Y á esta terrible sospC'cha mi orgullo me dictó mil necedades. Aun hay más;
cuan&lt;lo hajé y te dije que iba al TC'atro me enfadó la frescura
con que lo oistC': Yo deseaba, que te incomodases, que te quejaS&lt;'S, que te dieses por sentido. Tu frillldad me pareció una prueba
&lt;le indiferencia, y la oposición que hiciste á ir al Teatro fué en
mi concepto una consecuencia de tu resolución de hacer alguna
otra visita en esta noche. Yo hubiera sido feliz, si me hubieses
dicho: yo no quiero que bayas á la comedia Esto deseaba ... vé
cuán loca soy !, y por mucho que quise disimular mi incomodidad, creo que tu deviste conocerla. El ver que te quedaste en el
Teatro disipó una parte de mis inquietudes, y tu carta . . . ¡ bendita sea! ... tu carta me ha hecho conocer cuánto es tu corazón
más tierno, más confiado. más hermoso q11e el mío: me ha hecho
conocer, que soy más ligera que una niña, más injusta que la
muger más inferior, y que tu eres siempre tierno y sincero. Es
verdad que yo amo con más vehemencia, más eselusivamente que
tú; pero tú me aventajas en que amando menos sabes amar mejor. Tu ternura sufrida, confiada, s 11hlime m su nobleza, vale
más que mi amor de fuego, injusto, F:ospcchoso y tirano. Ya estoy arrepentida y te pido perdón, jurándote por la memoria
de mi padre y por lu de tu m~dre, qne jamás volveré á incurrir
&lt;'11 semejantes necedades. ¡ :'.\fe perdonas, no es verdad T: porque
tu alma llena de nobleza de1•e estar tam hién llena de indulgencia. En lo sucesivo, manda, dispón, yo quiero obedecerte en todo,
y tú obra libremC'nte, porque todo Jo que hagas será bueno y
justo. , Lo oyes f ....
Ven cuando puedas, yo no te ecsijiré ya nada; pero cuando
te vea dime que me perdonas y déjame besar tu mano: ¡ tu
mano querida que esta noche no quise acercar á mis labios!. ...

�CU B ·l CO~TElIPORÁl'\EA

186

C..\ltT.~!- .DfATORIAS llE L.\ .\YBLI.ANEDA

, b mi corazón. Yo no deví espeA Dios: tengo tu carta aqm so red
admirarme. y bien. i Tú
d tí . esta carta no eve
rar otra
cosa
e
,
.
'd
nada tengo que temer
.
mi. h ermano · m1 i o1o . .. . D. ,
eres m1. arrugo,
de tí, y mi sola obligación es adorarte. A ios.

(Está rnbt·icada.)

XII
un momento á sus estudios con
Perdóneme V. que_ le robe
y
lo he dicho á V. otras
,
so
moportunas.
a se
.
.
l
algunas meas, aca
s mu eres razonables. que msp1ran
veces, que no soy una de esa
g por lo muy sensato de sus
d
· v g dejar de
admiración al hombre. que ama~,
.
az de cierta pru c&gt;ncia, . .
procederes. Yo soy ~ncap ;
un nií10 que no sufre con• . , -.:r h , l\h corazon es como
'
.
escribir
a
v. o~. ..
.
ll
..,
evo misma me ame,'al tomar
' la pluma, untrad1cc1on, Y aunqu • . .
t
.o puedo resistir al deseo de
· di ' md1scre a n
portuna, antoJa za ~
. '
a'caso un acontecimiento impor· que cosa ... •
t á y
con ar
..... ,
. rr 1 d Nada &lt;le eso: lo que tengo que
tan te? i una aventura sm., ': a N
1 ,Je V ni me crea pueril.
,
. un sueno ! o se )lll
.,
,
contar a V. es..... '
V
t n alto concepto de m1, que
Por desgracia ha formado . un a . da a' ocultar lo que reals·1 me veo precisa
t . ·l
para no desmen u º. ca
di V que no det:o ser celosa,
mente siento. Fn eJ~mplo: me ce ~e con celos me pongo al
porque tengo demasiado talentDo, Y qt modo por no rehajar tni
.
es vulgares. e es e
1
mvel. de
. t o 1•mpulsada á devorar en
· s de v · me sien
. as , muger
1
sublimidad a os OJO
., d l
·smo modo al eeder al deseo
,
· t , entos Ahora e mi
secreto
o1 m.
~
i me avergiienzo, pensando q ne voy a
de contar ~ V. m1 su:n~ e~. á la suhlime idea, que de mí se ha
parecerle a V. muy lil enoi

m":

formado.
.
una mucrer que se tcn~a
Vea V., purs, si es desgrapcia para tic' lo ~ta. de tener V.!
to , ¡ ero por q
de ella un _alto conc~p .
no hallará en mí una de esas mu• No le he dicho Y~ m1s!na que
d rlas de esas que son tan rad mro sm compren e
,
.
.
a' las debilidades Y caprigeres, que yo a t
t
tan superiores
zonables, tan s;nsa as, . sienten celos, ni sueñan cosas, que les
eden callar! y o se lo he
chos del corazon, que ~:
cause una viva impres1on Y que no pu

187

dicho á V., que soy como Dios me ha hecho y no como yo quisiera ser. y no es culpa mía. si no me halla V. tan sublime como
se ha figurado: porque se le antojó figurárselo. ¡ ::\Ii talento!
Ah Cepeda!. . . . . ¿ crees tú que el talento sea un antídoto contra la sensibilidad? 6 te parezco una mugrr vulgar cuando me
siento morirá la espantosa idea de que otra muger, acaso indigna de una mirada tuya. reciba tus caricias. tus espresiones de
amor? i me rebajo á tus ojos cuando recelo y tiemblo de ver
profanado el ohjeto de mi culto .v de mi idolatría?
Los tibios no temen:
¡ infelices ellos !.....
Ha dicho lm gran poeta; y los poetas en punto á sentimiento
nunca se engañan.

Yo nunca he sido celosa. nunca. pero era porqur no amaba:
Porque á tí, á tí estaba reserva&lt;lo hrccrme conocer esta pasión
única, que yo me engañé alguna nz ere.vendo sentir por otro,
y á tí que amo tanto estaba resen·ado tamhién hacerme celosa.
Pero ¿ no comprendes tú mis crlos? . . . . . No sabes tú lo que
rres á mis ojos? Rodeado estás para mí clr una atmósfera de .....
de qué diré 1 ¡ de santidad! Sí. rerdóneme Dios si esta palabra
le ofende. Creo que eres sag-rado. que nadie sino yo tiene el derecho de mirark. de amarte. dP d&lt;'cí1-tclo. C'uando una muger
ama. como yo te amo, no ve un hombre en su amante; nó ! : es
1m angel, es un ser divino en cuya frente cree descubrir un sello de santidad. Oh!. desgracia al hombre. que echa lodo sobre
este sello sagrado. y que dice á Au amada: yo no soy más que
un hombre l Yo tengo celos, sí, pero antrs que tu me lo dijeras
no se me ocurrió la idea de que por ellos me rebajase á tus ojos.
¡ Cept'da !, una muger vulgar no ama como yo, ni tiene celos como
yo. Fna mugcr vulgar celaría en tí su novio, yo celo mi ídolo,
mi Dios, que tiemhlo ver profanado.
Pero aun cuando sea una debilidad de mi corazón este sentimiento, hágame él menos suhlime, hágame más vulgar, yo no
puedo vencerlr. Yo seré sublime en amarte, y esto me hasta.
Porque yo te amo con un amor que tú mismo no comprendes:
yo lo he conocido! No lo comprendes, nó. Este culto de mi corazón, esta pasión pura, inmensa, tu corazón no la ha entendido.

�1S8

cunA CONTEMPOR,\NJ,:A

Y o misma, yo tcm blaha el llegar á amar con todas las fuerzas
de mi alma; como que conocía sus inmensas facultades, conocía
mi natural tendencia al entusiasmo, y me figuraha en 1ma gran
pasión combates continuos, ambición insaciable del corazón,
agitación, delirio y un penoso esfuerzo de la razón contra el
sentimiento. ¡ Cuím feliz soi al ver que me engañaba! Yo te
amo, te adoro, y sin embargo-¡ el ciclo me es testigo !-nunca
be sentido mi alma tan llena y satisfecha. Si se e$cptúa el disgusto de vertP. tan de tarde en tarde y de cavilar en esos amores
que tubiste, y acaso tienes aún. si se eceptúa eso nada me agita
y soy feliz. Desde el momento en que me dijiste, que me amabas
y yo te abrí mi corazón. desde aquel momento, que tanto había
temido, cesaron todos mis sobresaltos, todas mis vacilaciones.
Me sentí feliz y lo soy cada día más. Nó, yo no deseo más, yo
renuncio á toda otra felicidad. &amp;Cuál es superior á la de amarte
y ser amada de tí? b me creerás, empero, si te digo, que con todo
este amor yo no deseo inspirarte eso que los hombres llaman pasión! No, yo quiero que me ames con cstrcmo, con vehemencia,
como yo te amo, pero no quiero que tu amor difiera del mío.
Creo que me entenderás: una queja me has dado anoche, que
me fué dolorosa. Por Dios, no des motivo de que vuelvas á tenerla. Cepeda!, tú no me has conocido: tú no has comprendido
mi amor. Yo quiero tu corazón, tu corazón sin compromisos de
11inguna rspccic. Soy libre y lo eres tu; libres det·cmos ser ambos siempre, y el hombre que adcinicre un derecho para humillar
á una muger, el hombre que abusa de su poder arranca á la
muger esa preciosa libertad: porque no es ya lihre quien reconoce un dueño. Si el mundo fuese más pnro, más santo. si volviésemos á la edad de inocencia en que este mundo viejo y corrompido era aun joven y puro, entonces yo no sé cuales serían
mis opiniones; pero hoy día sé, que el hombre que es amado
con idolatría. con veneración, puede hacerse culpa.ble de egoísmo y crueldad cuando se reviste con el derPcho de superioridad.
¡ Y qué mayor superioridad que la de ser árbitro del destino de
otro, Creo que me comprenderá V., Cepeda! : yo no estaría tranquila, si no le dijese á V., que no me ha comprendido, y que yo
sería despreciable á mis propios ojos, si la pureza de mi corazón
no justificase la demasiada franqueza, que con V. me permito.

C.\RTAS A)I.\TORL\8 HE l..\ A \"EI.T•.\XF.DA

Dios mío!, Y V. ha creido
Atención.

baSt a. i :\Ii sueúo ahora!

He soñado anoche
1
.
tro, V. recibí
,' .que ioy,_ mientras yo estaba en el Teavo á V U a udna \1S1ta _m~1y mteresante. En el sueño le veía
·· eno e remordilll1entos d ·
•
agradablemente la noche: i Pobre .T ec1r, _rmentras p~ba muy
voy al Teatro por e.studiar r
E.
ella creera que no
ticiosa, me tiene embron1ad. .a.. s··. s ebsucno, como soy supers. m c1•1 a~go nad
··
tranquilizarme Sab n
. ·
·
,
a ecs1Jo para
. ~ e Y. que uo qmero las c
. lºb
pontánearncntc (•) L
.
osas smo 1 re y esDios. ( Está rubricada/ que se pl{lc ya no es voluntario--A

t ... , :

XIII

C35l

Xo me será posible decir vervalmente nada d
,
e su carta porque ya V. me conoce.
los objetos que me in~~:::a~roppen:a a conmoverme hablando de
, v
.
··
•
re11ero tomar la plu
d
a l . graeias por la pura al ,
ma para ar
carta tierna entusiasta 1·egr1~, que me ha hecho sentir con su
r
'
Y 1sonJera.
1 o la acepto!, yo acepto esa arnistad
.
.
cer, Y la correspondo con la mía L
, ' que ~e hsonJeo mereno partirá V. con nad1·e que p . ª, mia esclus1va, Cepeda, que
C
.
,
oseera solo , ·
preciso retirarla no sería pa
I
l , un1co. uando fuese
hombre después de Cepeda 1:ªoit odca: ad en ?tro, nó: i Ningún
&lt;lo , ' e
rn ra e illl I Ninguno
.
mio. uando se apaaase e
.
.
' quer1tú has encendido incap;z queºc1a~1 cdorazón este santo fuego que
,
'
ria e otro alguno . s'l
•
• o o mur1end o a todo sentimiento po&lt;l ,.,
1 amarte á tí
.,
,a cesar ce
E sta confes1on no me causa ni b
.
.
creo digno de oirla Y capaz d
ru .ºr, m embarazo porque te
que me anima no necesita ~ compi_ehe~derla. El sentimiento
ni deve ser ultrajado con art;;, eosCm1ster1osos_ para espresarse,
lo digo sin turbación ni inquiet~:- uando te digo que te amo, te
vulgar de tma muger á un h
porque este amor no es el amor
om re, es el casto y ardiente amor

b

(*) Aquí sel1nla el comenta · 1
tAneamente"; Y no es error,
e,~ror dt'. la •~vellaneda, la • de
el Sr. Cruz de Fuentes olvida Que en In é
s eocr,to llempre. En otras ocasiones
muchas palnbrns se escribían tal c~m
po,·n en que fueron escritas estas cartas
(35) Su contenido nos indica o apnr?cen en ellas. (N. dtl O.)
'
del Sr. Cepeda ' Almon'que deb16 ser escrita en vfsperas de Ia marcb a
KI,

ai;:J~:; ~:~:

"a.pon•

�100

C\JBA CONT~)IPORÁNEA

CARTAS A:lfATORIAS DE LA A \'ELLANEDA

de una alma pura y apasionada á otra alma digna de ella. Sentirlo, inspirarlo, me llena de orgullo, me engrandece á mis ojos
y me hace probar un placer indefinible, celestial, que deve se~
mejarse á la felicidad de los Angeles.
¡ Cepeda! ¡ querido de mi corazón ! perdóname haber interpretado siniesttamente algunas acciones tuyas, haber dudado
momentáneamente de tu afecto y sinceridad. Y a se disiparon
todas mis dudas y temores: tu carta ha bastado. Cada letra tuya
es á mis ojos w1 sello de sentimiento y de verdad. Yo he llorado
sobre ella, dulce amigo, lágrimas deliciosas cual no han salido
otras de mis ojos: he llorado y hubiera querido en aquel momento verte, y que llorases también. ¡ Ese llanto hace tanto bien!
l\Ii corazón desde entonces está tranquilo, gozoso, feliz! . ....
Cuarenta ó cincuenta días pasarán sin vernos: yo quiero
que en ese tiempo se consagre V. todo al estudio; lo quiero, pero
no lo deseo. l\fi razón forma un voto y otro mi corazón. Yo que
no tengo estudios forzosos me prometo pensar mucho, muchísimo en mi amigo ausente.
Á Dios : recibe mi más tierno Adios, pues no podré dártelo
sino muy frío vervalmente, ¡ y ojalá que aun así pueda dominarme lo bastante para no manifestar tma emoción demasiado visible! Los ojos indiferentes que nos obserban verían en mi enternecimiento el dolor de una muger, que se separa de su amante, y esta suposición sería una injuria, una profanación. Tú
solamente, tú eres el que sientes como yo, y el que apreciarás
este Á Dios que te doy solo á tí: Recíbelo: yo imprimo en él
mis labios y deposito en él la espresión más tierna del más puro
y santo afecto.

(Está rub1·icada.)

191

XIV cas¡
SEVILLA

15

DE ABRIL DE

1840 :

Teniendo la convicción de que me hahr-á V. escrito, aun no
be podido ir al correo á sacar la carta, que duerme indudablemente en aquellas cajas. (37) Siempre que he salido me han
acompañado tantas personas, que no me he atrevido á llegar al
correo, y tampoco me he resuelto á fiarme de las criadas de casa
pues son nuevas las que hay ahora y no sé si merecen confianza.'
Pienso mañana, si ya no llueve tanto como hoy, proporcionar
salir con Carmen y Concha (38 ) bajo cualquier pretesto y llegar por el correo; pero no quiero perder la oportunidad del
que sale hoy para escribir á V., porque deseo abrir nuestra correspondencia con una esplicación, que evite á ambos embarazos
en lo sucesivo.
En la separación acaso eterna á que pronto nos veremos condenados será para mí un consuelo recibir algunas cartas de V.
Y dirijirle las mías; pero es preciso para que esta correspondencia esté exenta de inconvenientes determinar su naturaleza
amigo mío. Nuestras cartas serán las de dos amigos, no amigo~
como lo hemos sido en algún tiempo, porque aquella amistad
era una dulce ilusión ; la de ahora será más sólida porque no
será hija del sentimiento, que antecede al amor, serálo sí de aquel
que sobrevive á él, y que se funda precisamente sobre sus desengaños. No sé si hablaría así otra muger en mi posición respecto á V.; pero ya he dicho mil veces, que no pienso como el
común de las mugeres, y que mi modo de obrar y de sentir me
pertenece esclusivamente.
V. me ha dicho, juzgándome por ajenas opl.Illones, que soy
inconstante, Y yo sin negar que en cierto modo merezco este
(36) 1'.ªS doce cartas, que publicamos á continuación, siet-e de 1840 y cinco de
aíios post-er1~r~s, demuestran la ruptura de las relaciones amorosas, á las cuales
habla sobrev1V1do una amistad franca y cariñosa, según hemos hecho notar en el
PRÓLOGO.

(37)

Por lo visto, el Sr Cepeda habla dirigido el sobre á D.a :.!madora de .¡¡.

(38)

Las Srtas. de Noriega, hermanas.

monte.

�192

CUBA CONTEMPOR.ÜiEA

CARTAS AMATORIAS DE LA AVEI.LANF.DA

nombre, me atrevo á asegurar á V. con la franqueza, que me
caracteriza, que no lo he sido nunca con V., ni podré serlo en
ninguno de los afectos, que justa y profundamente haya sentido mi corazón. Pero soy, como ya le he dicho á V., incapaz de
imponer cadenas al sentimiento más espontáneo y más independiente, ni de admitir como amor todavía lo que ya no es
más que el esfuerzo de un corazón noble y agrauecido, que quiere engañarse á sí mismo ¡ Cuán poco me conoces, Cepeda, si
has pensado un momento, que podía yo imitar á aquellas, qut&gt;
cuando cesan de ser amadas aun quieren oprimir con el peso de
su cariño ! Porque el amor, que ya no se participa, no es un
bien, nó, es un mal, una tiranía.
Largo tiempo me he hecho ilusión sobre tus sentimientos
y he interpretado lisonjeramente la frialdad de tu· conducta.
En vano se me decían cosas, que devían desengañarme! Pero
por fin te he visto anunciarme friamente una separación acaso
eterna, te he visto desechar sin conmoverte las proposiciones,
que una loca pasión me dictaba, te he oído confesar que tienes
secretos, que no me juzgas digna de saber. . . . . últimamente
he sabido positivamente que otras distraceiones más nuevas te
ocupaban en las horas en que yo suspiraba por verte, y como
no soy tonta, aunque sí sobrado confiada, ví por fin rasgarse el
velo, que yo misma había puesto sobre mis ojos. Sábelo Dios!:
desde aquel momento miré rotos para siempre todos nuestros
vínculos, pero no formé la menor queja de tí. Sólo una cosa
pudiera reprocharte, y es la falta de franqueza, es no haberme
dicho ya no te arno. Porque la inconstancia no es un vicio, ni
un crimen, es solamente una debilidad del corazón, ó acaso una
cualidad inherente á la naturaleza humana; pero la falsedad,
el engaño, es un delito, una bajeza indigna de todo corazón
noble. Nunca creo que tiene motivo de quejarse el amante, que
cesa de ser amado, si no es cuando cesa de serlo sin que se le
diga. El amor es un fuego divino, que Dios enciende y apaga
á su voluntad, y la voluntad del hombre es impotente para :mantenerlo, ó reanimarlo una vez estinguido. Pero cada uno puede
ser sincero siempre que quiera, y yo no puedo perdonar al
pérfido, mientras que sólo compadezco al inconstante. Pero adiviné, que si tu no habías sido franco conmigo era efecto de una

suma delicadeza y quise ahorrarte el embarazo de una declaración penosa, o la perseverancia en una conducta violenta y aun
culpable, pues hay culpa donde hay artificio. En efecto, yo me
he adelantado á decirte: eres libre; y hoy te lo repito con toda
la solemnidad posible.
No es del caso decirte, si he padecido mucho ó poco al tomar
la resolución de romper nuestros vínculos. . . . . ¿ á qué conduciría eso f Basta que sepas, que me hallo con valor para renunciar tu amor sin morir, y que después de penosas luchas conmigo misma he triunfado de una pasión insensata. 1, Acaso no
te amo ya YSoy demasiado franca para ocultar que te amo tanto
corno el día en que más te lo haya manifestado; pero confieso
también, que tengo en mí fuerzas superiores á las que creía encontrar, y que no creo difícil convertir mi amor en el afecto de
una hermana. Como quiera que sea, es cierto que sólo deseo hoy
ver á V. tranquilo y dichoso y merecer una amistad menos viva,
pero más durable, que aquella que me hizo algún tiempo tan
dichosa. Todos los otros vínculos, que nuestros corazones hayan
imprudentemente formado, quedan rotos desde hoy. . . . . ¡ y
ojalá pudiésemos aniquilar su memoria! Á Dios! : escríbame V.
directamente.
(Está -rubricada.)

193

XV
SEVILLA

21

DE ABRIL DE

1840 :

Por fin logré poder salir sin muchos testigos y fuí al momento al correo. He visto su carta de V. y antes de contestar á ésta
quiero advertirle, que en lo sucesivo siempre que me escriba V.
rotule las cartas con mi nombre, para lo cual ya he hablado al
cartero diciéndole la hora en que deve traerme ·mis cartas, á
fin de recibirlas yo misma de su mano. Siéndome tan difícil
poder salir sin personas de mi familia tendría que mandar sacar
las cartas de D.' Amadora de Almonte á alguna criada, ó al
mozo, lo cual quiero evitar, porque habría de decirles el nombre
mencionado, y sabiendo que no es el mío desde luego se creerían

�195

CUllA CON'fE~IPOHÁNEA

CAnTAS ,ÚI.\TO!l!AS DE LA kVEl,LANED.\

instru_ídos en una correspondencia secreta: lo saldrían diciendo
por todas partes y yo temo mucho dar á esta clase de gentes el
derecho de creerse enteradas de mis asuntos. Además, las criadas no saben leer, y el mozo cuando acaricia demasiado la
botella habla más de lo que conviene. Aunque no sea nuestra
correspondencia epistolar una cosa que requiera tan escrupuloso secreto, yo no gusto de mezclar criados en nada qne me interese, y prefiero recibir sus cartas de V. como las demás, aun
cuando tenga el trabajo, por mejor decir la molestia, de levantarme temprano los días de correo, á fin de que nadie reciba mis cartas sino yo misma. Ahora voy á contestar la grata de
V. brevemente, pues tengo una jaqueca qu~ me atormenta desde
anoche cruelmente.
No sé cómo entender aquéllas palabras: "Tú has amargado
mi destino.'' Dios me es testigo que he deseado hermosearle en
vez de amargarle, y que mi propia ventura me interesa menos
qne la de V. Si hay un destino obscurecido, amargado, si hay entre los dos un porvenir destruido no es el de V., Cepeda, nó.
¿ Dice V. que mi imaginación vistió con sus galas el sentimiento
vago, sin color, que yo le inspiraba, y que le hizo elevar hasta el
cielo para descender luego convertido en vrrdad? .... Lo comprendo, sí, lo comprendo. Yo misma he visto descender esa
ve,·dad destruyendo mis más dulces ilusiones; pero ciertamente
mi imaginación al engañarme no ha hecho mal á nadie sino á
mí. Y bien: por una ley eterna de la naturaleza todo lo que
tiene principio, tiene crecimiento, plenitud, decadencia y fin.
Yo no pude esperar nunca sustraer de esta ley al sentimiento,
que inspiraba, ni al que me animaba. Ilarto preveía, que una
pasión que coloca al alma en una situación violenta no podía
ser eterna, y que su misma actividad ecsesiva devía acelerar su
destrucción.
Yo comprendía, que el encanto que me inspirabas, ese perfume del amor, que se evapora como una esencia preciosa, devía
forzosamente agotarse con el tiempo; pero tenía la convicción
de que al marchitarse esa ilusión, frágil y pasajera como las
flores, quedarían llenando su vacío sentimientos más sólidos y
no menos hermosos. El aprecio de tus virtudes, la estimación
de tu caracter, el tierno cariño devido á tu corazón noble y sin-

cero, la consideración y el agradecimiento, que toda muger sensible profesa toda su vida al hombre, á quien ha elejido libre y
espontáneamente por su protector y su amigo. Estos sentimientos no están sujetos, como las ilusiones de la pasión, á mudanza
forzosa, y ellos llenan el alma cuanuo la pasión ha desaparecido.
Yo no podía asegurar cuánto tiempo conserbaría el hechizo de
mi amor, que te transformaba á mis ojos en un ser ideal ó celeste; pero sé, que con el cabello blanco y la tez llena de arrugas aun serías para mi corazón, helado por los años, el primero
ele los hombres y el objeto de mi estimación y mi ternura. Esto
que creía respecto á mí, esto pensaba también de tí. Sin esperar hacer eterna en tu alma la ilusión del amor, me lisonjeaba
con creer que nunca desaparecerían de ella la amistad, el afecto profundo, que sobrevive á la juventud y aun á la muerte.
Sí, á la muerte; porque el principio eterno de vida, que sentimos en nosotros y que vemos, por decirlo así, flotar en la naturaleza, este soplo de la Divinidad, que circula en sus criaturas,
no puede ser sino amor. Amor espiritual, que no se destruye con
el cuerpo, y que deve ecsistir mientras ecsista el gran principio
del cual es una emanación.
He visto huir de tu corazón el amor, y, si he llorado, no he
osado al menos quejarme. Es una desgracia para la cual estaba
preparada. Siento yo misma entibiarse mi corazón progresivamente con la frialdad del tuyo, y preveo la destrucción de mis
últimas ilusiones; pero me resigno. Lo que no puedo soportar
es la idea de que una separación eterna va á ponerse entre los
dos, y que tú has tenido el valor cruel de anunciármela; que
tienes secretos y me los ocultas; que tienes pesares y me los callas; que nuevos amores te ilusionan y no has querido tener la
franqueza de confesármelos; en fin, lo que me aflije, lo que
roba todas mis esperanzas no es perder al amante, nó, es buscar
al amigo y no encontrarlo. ¡ Esto no lo preveía!; para este desengaño no estaba mi corazón preparado! Precisada á estimarte
menos, á mí misma no puedo estimarme, y rebajándote á tí, me
humillo yo propia.
1, Pero á qué conduce todo esto T. . . . Cepeda! olvidemos todo
lo pasado : aun podemos ser amigos, porque aun nos estimamos
lo bastante para creernos recíprocamente dignos de este título.

Hli

�1\)6

CARTAS AMATORIAS DE T.A AVELLANEDA

COBA CONTE~IPOR,\NEA

Coloquémonos en lo positivo y no queramos con un idealismo,
que no puede realizarse, prepararnos cada día nuevos y dolosos desengaños. Ni el amor, ni la amistad son tales como los sueña una imaginación poética, y cual los apetece un ardiente corazón. .\Iucho tiempo había que yo lo sospechaba y entreveía
esta triste verdad. V. pudo obscurecérmela, ó mejor diré, V.
logró encubrírmela con uu velo de oro, y le soy á V. deudora
de unas ilusiones, que ya no esperaba gozar. ¿ Serán ellas las
últimas de mi vida! Lo ignoro. Paréceme que aun tiene mi corazón tesoros de afectos, y que aun necesita para agotarlos muchos desengaños. Pero podré sentir por otro lo que V. me ha
hecho sentir? Es ya digno mi corazón de ser legado á un noble
corazón 1 Este fuego divino, que le l1a abrasado, le ha envilecido
en vez de.sublimarle? ... . No lo sé. Una cosa únicamente puedo
asegurar, y es, que si yo fuese hombre y encontrase en una
muger el alma, que me anima, adoraría toda la vida á esa muger. ::.\Iarchita mi alma á fuerza de desilusiones aun se siente
con fuerzas para amar, y no atreviéndose ya á enlazarse con
otra, acá en la tierra, siento que ansía desprenderse de su cárcel é ir á buscar en el cielo una fuente de eterno amor. Esto me
da placer, porque jamás me siento tan infeliz, como cuando en
momentos de desaliento creo que estoy destinada á sobrevivir
á mi corazón. Déjame pues, Cepeda, déjame aun la postrera
ilusión. Déjame creer, que no has despreciado mi corazón por
hallarle indigno del tuyo. Ah!, será preciso que al perder la
dicha sienta también abatido mi orgullo?. . . . A Dios.
(Está rubricada.)

XVI
SEVILLA

29

DE ABRIL DE

1840 :

Querido amigo: tengo á la vista la grata de V. última: ~ qué
más podré decir respecto á ella 1. . . . Vale más no tocar nuevamente un asunto espinoso y del cual harto hemos hablado ya.
Estoy además tan agoviada de negocios de toda especie, que
apenas tengo lugar para respirar.

]9i

&amp;Se hará mi Drama (39) sin que V. le vea 1 Estamos ya en
los ensayos y creo que para el 15 de l\1ayo se podrá egecutar.
No puede V. figurarse lo mala que es la compañía dramática,
que nos ha venido, y el trabajo que me dan en los ensayos Asisto á todos, como también Ojeda, pero, por más que hacemos, tenemos ambos la desagradable persuasión de que saldrá muy
mal el Drama. Por lo demás todo se me presenta del modo más
lisonjero. Las empresas de Valencia, S'!Yilla y Granada se han
disputado el Drama, como si fuese una obra sin segunda, y lo
he cedido á las tres (prefiriendo á Sevilla para qur lo ejecute
primero) con convenios ventajosos para mí. Lombia, primer
actor de esta compañía, hombre de talento y más buen literato
que cómico (40), ha hecho tales elogios del Drama á la empresa de Madrid, que según me anuncian se me harán pronto proposiciones por aquellos Teatros, cosa tanto más lisonjera para
mí cuanto que Figueroa y Fernández, que han hecho los mayores empeños, porque se ejecuten sus Dramas en Madrid, aun
no han conseguido, que se hayan aceptado por la empresa. Tampoco Granada ha admitido ni la Estela, ni Isabel de la Paz, y
á mi L eoncia no solamente la piden con los términos más honoríficos para la autora, sino que los periódicos (que tendré el
gusto de enseñar á V. cuando nos veamos) están llenos de elogios más lisonjeros, no del Drama, que aun no conocen, sino
del talento que suponen generosamente á la autora. Málaga en
su lindo periódico "El Guadalhorce ", redactado por los hombres más distinguidos de aquella ciudad, hace también un anuncio del Drama muy lisonjero para mí, manifestando el mayor
deseo de que se haga en aquel Teatro. No sé cómo han cundido
tan pronto la especie, que en todas partes se sabe ya, que he
hecho un Drama; pero esto me ha proporcionado el placer de
' conocer las simpatías, que mis composiciones líricas han tenido
en todas partes.
Aquí sólo '' El Sevillano'' ha dicho algo, pues los otros periódicos los reserva la empresa para cuando esté en víspera de
egecutarse.
(39) El titulado Leoncia, no comprendido por su autora en la colección com·
pletn de sus obrns.-(Madrid, 1869.)
(4.0) D. Junn Lombin, nutor de varias composidones drnmáticns y de un arto
de declamar, que tituló El Ttatro.

�CUBA CONTl,MPORÁNF.A
CARTAS A~fATOHIAS ni,; LA AVELLANEDA

Respecto á la novelita, aun antes de haber abierto la suscrfoión, tengo aquí 20 suscritores, que, á los primeros rumores,
qne corrieron de esto, fueron á sentar sus nombres en la imprenta del "Conservador", que es donde se hará la impresión ( 41) ; de Granada me escriben lo mismo los redactores de
"La Alhambra ", que apenas ha corrido la voz de que iba á
abrirse suscrición para una novelita de La Peregrina (42),
cuando todos los socios de aquel Liceo habían acudido á sentar
sus nombres; y de Málaga me dicen, que tengo ya doce suscritores y diez y ocho suscritoras. ::\Ie dicen que el bello secso :'11alagueño está decidido en mi favor, y que mis versos han hallado
entre ellas una estrahordiuaria simpatía. He dado tres ó cuatro
composiciones nuevas en días pasados á periódicos de Granada
Y :\fálaga, que ya verá V. cuando venga; la última que dí á
"La Alhambra" ha agradado muchísimo, según me dicen. Por
este último correo me escriben de Valencia los redactores de
"Psiquis", periódico de literatura, pidiéndome composiciones
con grandes elogios de las que han visto en otros periódicos, y
enviándome de regalo una porción ele poesías, música y figurines.
Ya ve V. como devo estar muy satisfecha con el ecsito tan
brillante de mis ensayos literarios. Dios quiera que al conocer
la novela y el drama, no decaiga el entusiasmo y que por querer ser Dramática y Novelista no pierda el concepto, que como
poeta lírico be adquirido. Dicen que el quP mucho abarca poco
aprieta.
No sé cómo me he distraído, que escribiendo en esta página
me he pasado á la otra, como V. notaría arriba. Pero así va;
no deja de entenderse.
Mi Padrastro está en ::\Iadrid: acaso muy pronto se marchará
la familia á dicha villa. Lo que es .ro, vaya la familia ó no, cuento marcharme á fines del verano.
( •'1) Creemos ron sobrado fundamento, que no lle'.!6 , imprimirse en SevillR, sino en Madrid á fines del afto a:gu iento 6 principios de 1842, pues D. AlbPrto
Li1ta, á quien !ué dedicada, acusaba i su autora el re,ibo de un ejemplar en
rarta !ecb:ida en Cádiz el 20 de Marzo de 184!!, J hablando del libro le decla: "Sab
me ha parecido un ensayo feliz, que promete , Espalla un buen novelista."
,éaoe lo que dice la Avellaneda de su novela en la Carta n.o 4.
(42) Sabido es Que con el pseudónimo La Pertprina firmaba la Avellaneda
sus primeras producciones !fricas.

Mi hermano (43) se ha ido á Constantina porque mi tío (44)
está muy malo; y mi tía (45), abuela de las de Fajardo, murió
el 25 de éste.
A Dios, amigo mío, crea Y., que al renunciar el derecho de
dar á V. otro nombre más dulce, no han variado los sentimientos
de aprecio y ternura con que será siempre su más amante hermana,
Gertrudis.

XVII
SEvn,L.\. 12 DE ::\fayo

(46)

Querido amigo : ignoraba que V. estubiese enfermo y al saberlo me ha sido cstrcmadamente sensible. No estoy, como V.
supone, tan preocupada con mis obras, que no sea sensible á
todo cuanto tenga relación con V., y ciertamente el ecsito del
Drama me ocupa mucho menos, que su salud de V. Cuidarse,
querido, y no ser injusto otra vez.
Leoncia no está aun capaz de salir al público, pues necesita
ensayarse más. Los actores están más interesados que yo en su
lucimiento y por lo tanto no se egecutará hasta el 29. Ya me lo
piden de Madrid también, y mando una copia por este correo.
Estoy tan ocupadísima este correo con un sin número de
cartas, que tengo que contestar, que me veo precisada á dejar
á Y. por hoy, rogándole que se cuide, y que crea le quiere con inalterable afecto su amiga, Gcrtrudis. ( 47)

XVIII
SEVILLA 26 oE )f.\.yo c•s&gt;

El haber tenido muy mala á mamá, y no el &lt;&gt;star tau ocupada, como V. supone, en admirar mis obras, es la causa de no
(43)
(44)

(45)

D. Manuel, hermano de padre y madre de la Avellaneda.
D. Felipe Gómei de A.-ellaneda.
D.• Maria, hermana de D. Felipe, citado en la nota anterior.

( 46)

1840.

(47)

El sobro dice: "Sr. D. Ignacio Cepeda en Almonte."

( 18)

184.0.

�200

CUBA t1l:-IU~MPOU,{:rnA
CART.\S A~L\ TORI.IS DE LA A Vl•:LI,A~EOA

hahcr vuelto á escribirle después de mi última. No por esto
niego, que me hayo bastante molestada con mi Drama y Novela, porque me rohan mús horas de aquellas, que yo quisiera coui:;agrarl"s; pero no me ocupo de ellos para admira1·Irs, sino para
corrcp-irlcs. En fin, creo que si V. r;11i('rC wr la p;·imcra y segunda t'gccución de Dconcia dct·c salir para esta incontinenti.
Para el 2!) y :JO de éste está s1'ííalad11, ~· an11que haré lo posible
por retardarla, á fin de que V. la ,ra, no sé si lo conseguiré.
Hoy mismo he hablado respecto {t esto con Lombia. ~- ú la Damt1,
y me han dicho, que era un gran trasto1·1vl ('Sta nueva dilación,
pero qnc verían con el empresario, si se transfería para el l.º
de Junio La Novela tiene ~·a muchos sm;critorcs. pero ni aun la
he copiado (•n limpio. por lo cual cs~á Ojeda enfadadísimo conmi!:'"o. Ya ve V. cuan negligente estoy con mis obras.
Los males de V., querido, más son aprensiones que otra
cosa.
Y. se figura que padece y padece realmente en esta aprensión : yo soy el reverso de la medalla. Física y moralmente estoy
enferma. pero me engaño á mí misma diciendo, que nada sufro.
¡ Ah Cepeda!. . . sus males quiméricos y mi felicidad mentida
deren pasar del mismo modo . .. . Pero no hablemos de eso : sería
infringir un solemne propósito.
Por SeviUa no ocurre novedades dignas de ser referidas.
Solamente que se espera de un día á otro al hermano del Rey
ele Inglaterra, y que se preparan bailes. toros y otros festejos.
Y. sabrá ya la muerte del desgraciado Córdova, y que ha
pasado por esta su cadáver, que segvn sus últimos deseos, devc
descansar en su país de V. (49). De todos los a:nigos y partidarios que tenía en Cádiz y Sevilla en los días de su prosperidad,
no ha habido uno solo que acompañase los restos rnortalE&gt;s del
proseripto. Temerían contagiarse con su desgracia. . . . ¡ Qué
lección! ¡ Qué despreciahle es el voto de un público tan mczc¡ni-

(49) El General D. Lnis Fernánde1 de Córdo.-1&gt; muerto en Liabo,. y lle.-ado i
enterrar 6 Osnna, de donde era natural el Sr. Cepeda. La buena acogida y mtíl•
tiple• ■tcnc,onea que recibiera el General, durnnto la (1&gt;0&lt;"a de su destierro en
aqurll" ..-illa, lo movieron i dejar ronsi~nnda en su testamento aquelln dispo&amp;i•
1·ión, para que ae cumpliern su palabra de caballero de que 1:olrur11 6
ciro
6 muer'o.

ºª"""

201

!

no tan inco~stante ! . . . . ¿ Cree V. que pueda yo, aun cuando
~ubiese la aptitu_d de conseguir cierta gloria, dar un valor real
a ese fantasma impostor, que llaman opinión, aprecio público,
etc. etc? Ah, no ! Y o nací para tener mi mundo en un corazón
que me_ amase . •:• no 1~ he conseguido y permanezco peregrin~
en medi? de la tierra, aislada en medio de la creación.
A Dios, Cepeda; venga V. á ver mi Drama, aunque luego
se m_arc~e, Y á despedirse de la autora, que acaso no volverá á
ver Jamas. El mes que viene parto para )Iadrid (50).

(Está rubricada.)

XIX
JuNro 3 DE 1840 cs1¡
Dos líneas nada más : estoy en guerra otra vez con mis muelas Y no me a~rcvo, á escribir, sino lo indispensable para decir
á V.,_ que_ ~or mteres de que V. vea el Drama he ido dilatando
su eJecucwn en términos, que el público se ha enfadado
do8
h
fi .
, pues
veces se an Jado los carteles anunciándole y dos veces
~e ha~ quedado esperándole. Definitivamente se hace el 6 d
este sm falta
alguna, "J s1· v . no viene
· ha b r án sido
. mfructuosas
.
e
•
las d~te~c1_ones y nunca conseguiré mi objeto.
. Mi VIaJe á l\Iadrid acaso sea el primero de Julio, acaso se
dilate hasta fines;. (52) pues esto depende de la compañera que
llevo.. qu_e es la vmda de mi primo Castro, que ha venido de
l'lfadnd a conocer la familia v retorna el mes q
·
.
,.
ue '-'lene, pero
aun no sabe con fiJeza el d1a. )Ii padrastro está también en
Madrid.
i Busco yo la opinión púhliea con preferencia á los m'
duces afc t r
1
'
as
.,
_e os · · · · · · i os más dulces afectos!.. . . . ¿ es v
qmcn lo dice 9
-.:r á
·
·
,
·,
. '·. · · · · ' ·, qme~ m1 corazon los ha prodigado, v.,
que era m1 umverso Y por qmen yo hubiera sacrificado no sola-

(!~))

EEI v!aje ~e la Poetisa i la Corte se retrasó hasta el otoflo.

scr,ta, sin duda alguna en Sev·u
sobre ae lee: "~r. D. Ignacio Cepeda en A;m:n::~~ se ve por eu contenido. En el
cart~~2)

I

Se d1lat6 basta el otoño, segiln dejamos consignado en nota A la anterior

1

�202

CUBA CO);TEMPORÁ.NEA

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

mente los inconstantes y frívolos elogios del mundo, sino también todo aquello que no era V. . . . . ¿ V. dice que yo aprecio
más que á los afectos el sufragio del mundo 1. . . . . Ah! : no sé
si es esta la sola Yez, que habla V. lo que no siente.
Quando venga V. verá varias composiciones mías, que no
conoce, y que no incluyo, porque las tienen los amigos como sucede siempre; una que acabo de recibir va adjunta. ( 53)

XX
SR.

D.

IGNACIO CEPEDA

MADRID

24

DE NOVIEMBRE DE

1840:

Mi nunca olvidado amigo: Hasta hace muy pocos días no ha
llegado á mis manos una carta de V. y me apresuro á contestarla tan pronto me lo permiten mis ocupaciones.
Por Perico Bravo (54) he sabido que está V. mejor de sus
calenturas: le doy la enhorabuena y deseo se restablezca pronto
y perfectamente.
Aquí me va muy bien en esta corte, á donde vine (poco después que V. dejó á Sevilla) por motivos de intereses y asuntos
domésticos, que tenía que arreglar con mi padrastro, y también
para probar, si variando de clima y de objetos llenaba el inmenso vacío de mi alma ó aturdía por lo menos mi devorante
pensamiento. En efecto, estoy algo mejor, moralmente, que en
Sevilla; pero no en amores, como V. supone ( que ya para mí no
existen), sino porque aquí me he consagrado esclusivamentc á
la literatura.
He devido á este Liceo la más lisonjera acojida: estoy rela-

(58) Esta carta no fuá firmad&amp;, ni rubricada por la Avellaneda.
La poesla, que venia adjunta, es la titulada La Primav•ra, que se incluyó
luego en la edición de 1841 y en la Coleeción de 1869. Aparece impre,a en una
hoja, que perteneció sin duda á una revista literaria, por traer trozos de dos ar·
tlculos, uno sobre la poesla pastoril y la égloga piscatoria, y otro con noticias de
China.
(54) D. Pedro Gómez Bravo y Pernía, ya citado en fa AUTOBIOGRAF!A.

203

cionada con los talentos más notables de la época y con varias
familias, que me proporcionan amable sociedad. J\Ii hermano
se ha venido también, y lo que es ahora estamos en perfecta
armonía y perfecta independencia. ( 55)
He hecho muchas composiciones para este Liceo, que han
agradado mucho, especialmente la última, que saldrá un día
de estos en la revista Española. He vendido toda la colección
á un empresario de libros y se darán en un tomito para el mes
de Enero . (56) El drama Leoncia se ha hecho en Cádiz y Granada con feliz éxito, principalmente en Granada, y ahora se
está ensayando aquí. Pronto daré al Teatro otro Drama y espero que será muy superior al primero. (57)
Y a ve V. que no pienso en amores . .... para mí pasó la juventud del corazón, amigo mío. Sólo me queda de sus últimas
ilusiones un recuerdo profundo de amargura y una cicatriz
eterna, que señale el lugar en que estubo, la herida, como la losa
que marca un sepulcro. . . . Ah!, sí,. . . . . la comparación aunque triste es esacta: mi corazón es el sepulcro en que yacen
yertas é inanimadas todas mis esperanzas de ventura.
Deseo se conserbe V. bueno y le ruego no olvide que tiene
su más sincera amiga en
Gertrudis G. de A.
P. D. La dirección para las cartas á mí es calle del Clavel,
número 3, cuarto 2. 0

(55) La armonía no era moneda corriente entre la poetisa y su hermano Don
Manuel, que es á quien se refiere.
(56) No salió á la luz el tomo de poeslas hasta los últimos días de 1841, es
decir, casi un afio después de lo calculado por la .Avellaneda, pues D. Juan Nicasio
Gallego firmó el Prólogo en Noviembre de ese año.
( 57) Tardó casi cuatro años en representarse. Se refería al drama titulado AJ·
/01180 Mtmio, estrenado el 13 de Junio de 1844 en el Teatro de La Cruz de la corte.
Su autora le llamó Munio A.lfonso en la edición de 1869, luego de razonar en nn
prefacio el motivo de la trasposición de nombres.

�CARTAS AMATORIAS DE LA A\"J&lt;JLJ,ANIWA

20-1

205

CUBA CON'l'EMPORÁ.'IEA

Tus cartas, cuando con ellas quieras complacerme, diríjelas con solo mi nombre, que esto basta. Pensamos mudar de habitación, no sé donde iremos á parar; pero soy muy conocida y
los carteros buscarán mi casa.
A Dios, no seas perezoso y ven á ver á tus amigas, ya que
una sola no puede atraerte. Siempre tu apasionada-Tula.

XXI
S1t. D .

lGN.&lt;1.CJO CEPEDA:
MADRID

1\lAYO 13

(SS)

Con tus apariencias y fama de sincero eres á veces un poquito mentiroso, y muchas sobrado sagaz y astuto. ¡, :Ole lisonjeas
en tu carta para que envueltas en dulzuras trague las mentirillas, que me envías, y no heche de ver la sutileza de ciertas csplicaciones?
Bien; yo soy la criatura más fácil de engañar, ó por lo menos
de darse por engañada. Hago por creer todo aquello que me halaga, y no hay para mi estóma«o manjar indigesto con tal que
me lo den con azúcar.
No te mando mis poesías, nó; ni te digo si has entrado en
algo en el pensamiento de alguna de sus composiciones. (59)
Si quieres mis obras y mi retrato, que saldrá pronto en mi tercer novela, ( 60) ven á buscarle. Aquí te daré libros y esplicaciones, allá nada te mando.
Es una vergüenza, que no vengas á Madrid, y una ingratitud, que dejes se marche sin verte una amiga, que, si no la más
querida, es sin duda la más apasionada de cuantas tienes.
Pienso marcharme en este año bien sea á país estranjero,
bien á América. Necesito estender mis conocimientos y mi reputación literaria, y ya nada nuevo me ofrece España. Pero quisiera verte antes y decirte un largo y tierno adiós.
1\fi corazón primitivo ó nó, ( 61) siempre es fiel á la religión
de los recuerdos, y hay cuerdas en él, que no se gastan, aunque
tal vez se enmohescan.
(58) Es del año 1843, cuya cifra se lee en el sello de la Administración de Co·
rreos. El sobre lleva esta indicación: "Provincia de Huelva-Sr. D. Ignacio Cepeda.\lmonte."
(59) Y aun en algoa, antes y después de la fecha de esta carta, según hemos de·
jado consignado en el PRÓLOGO.
(60) La titulada Doa m-ugerea, á cuya lectura en el original, no impreso aún, in·
vitaba al Sr. Cepeda en carta de 13 de Marzo de ese mismo año 1843.
Su primera novela fué Sab, ya citada en otra nota, y la segunda se tituló La
Baroneaa de Yo""'· La primera y la tercera no fueron incluidas en la edición
de 1869.
( 61) Subrraya la frase, porqne el Sr. Cepeda habla calificado de primitivo, esto
es, bondadoso y sencillo, á la par que fuerte é impetuoso, el corazón de la poetisa.

XXII
/í

MADRID

5

DE JULIO (~2 )

Apenas vuelvo de mi paseo tomo la pluma para tí, aunque
nada puedo decirte, que no sepas. A pesar de tus quejas te creo
profundamente convencido de lo mucho que te quiero. Pero
me supones distraida en lo que llamas mi gloria; me supones
perdida en una inmensidad de goces; das por cierto que soy
feliz, y hé aquí porque no quisiera escribirte. Sé que me quieres; que padecerías si destruyese esas ilusiones, que te formas
respecto á mi destino : y ¿ cómo conservártelas sin mentir 1. . . ..
¿ ni qué decirte si no te hablo de mí 1
Abrumada con el peso de una vida tan llena de todo, escepto
de felicidad; resistiendo con trabajo á la necesidad de dejarla;
buscando lo que desprecio, sin esperanzas de hallar lo que ansío; adulada por un lado, destrozada por otro; lastimada de
contínuo por esas punzadas de alfiler, con que se venga la envidiosa turba de mugeres envilecidas por la esclavitud social;
tropezando sin cesar en mi camino con las bajezas, con las miserias humanas; cansada, aburrida, incensada y mordida sin cesar. . . . . hé aquí un bosquejo de esta mi ecsistencia, que tan
fausta y brillante te finges.
Envejecida á los 30 años, siento que me cabrá la suerte de
sobrevivirme á mí propia, si en un momento de absoluto fastidio no salgo de súbito de este mundo tan pequeño, tan insuficiente para dar felicidad, y tan grande y tan fecundo para llenarse y verter amarguras.
Y a lo ves: nada grato puedo decirte : en otros días buscaba
(62) Es del año 1845, según se lee en el sello de la Administración de Correos
y esti dirijido [sic) el •obre al "Sr. D. Ignacio Cepeda en Sevilla."

�ctJnA

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELT.ANEDA

un corazón que recibiese el mío : ahora no busco más que los
medios de ~turdirle ó aniquilarle. Todos, hasta tú mismo, han
tenido una gota de hiel, que dejar en mis recuerdos: todos,
hasta tú mismo, han tenido una esperanza, que marchitar en
mi alma, y ahora cojeis todos el fruto : ahora para nada os
sirvo • ni aun para escribiros una carta agradable.
Sin embargo, sabes que te quiero, y que con estas insulsas
ó amargas líneas, te envío un sentimiento, un afecto de inalterable amistad.
Tula.
P. D. Querrás hacerme un pequeño obsequio? Una persona
desea, por motivos personales que sería largo esplicar, . saber
cómo se llamaba el padre de Gabriel García Tassara, sevillano,
que reside en esta ( 63). Si puedes averiguarlo, sin que nadie
sospeche el motivo porque lo haces, te estimaré me lo digas. La
misma persona desea saber, qué concepto merece en esa nuestro joven; dónde reside su familia; y qué antecedentes tiene.
Se me ha recomendado el secreto y yo fío en tu discreción,
que sabrás guardarlo. Estas averiguaciones no son, ni pueden
ser en perjuicio del tal : no media otro interés, que el del corazón. Adios. Dime también el nombre de su madre y padrastro.

XXIII

''

207

CO~'l'Ell1POH,(:-;EA

MADRID

25

DE JULIO &lt;64 )

Querido Cepeda: perdona el innoble papel en que te escribo:
se va el correo, estoy de mudada y no encuentro otro papel á
mano. Te ofrezco, antes de todo, mi nueva habitación calle del
Horno de la Mata, n.º 9, cuarto principal, y luego voy á contestar brevemente tu grata última.
No he visto la carta á que te refieres, ni mamá la ha recibido,
según dice; por consiguiente ignoro qué solicitud es la que en
ella me recomendabas: mi influjo es poco ó ninguno, pero si
( 63) Ocioso parece advertir al lector, que el Tassara es el inspirado poeta do
eso nombre.
( 64) En el sello de la Administración de Correos se lee claramente, 1845.-El
aobre está dirigido como en la anterior.

me esplicas el negocio haré en tu obsequio cuanto pueda para
que consiga tu amigo lo que pretende.
Te doy gracias por las noticias que me das del joven consabido (65) . ¿Has sospechado acaso que fuese Pepita (66) la
interesada en ellas? No, amigo, te aseguro que nó bajo mi palabra: (67) te aseguro también que no es cuestión de matrimonio ( 68) .
Ese joven, es decir el sujeto de quien te demandé informes,
no trata apenas á mi familia, y por lo que respecta á mí puedo
asegurarte que creo concluida para siempre la amistad, que
le tube Es una de aquellas personas, que juzgué ligera y ventajosamente y que en el día no juzgo ni bien ni mal. Es para
mí un ente nulo. La esplicación del interés, que tenía en saber
el nombre de sus padres y el concepto que gozaba en esa, se:r,:ía
cosa larga y hoy inoportuna. Te repito sí, que no es cosa de
matrimonio.
Conque piensas en casarte? . . . . . No te lo censuro, ni lo
apruebo. Para mí la verdadera felicidad no consiste en el estado
que se tiene; así como no creo que la bondad de los gobiernos
consista en su forma. El matrimonio es mucho ó poco según se
considere : es absurdo ó racional según se motive.
Yo no me he casado, ni me casaré nunca; ( 69) pero no es
por un fanatismo de libertad, como algunos suponen. Creo que
no temblaría por ligarme para toda la vida, si hallase un hombre capaz de inspirarme una estimación tal, que garantizase
la duración de mi afecto. Más; tengo la convicción de que no
hay dicha en lo que es pasagero, y digo, como Chateaubriand,
que si tuviese la locura de creer en la felicidad la buscaría en
( 65) El Sr. Tassara, de quien habla en la carta anterior.
( 66) La Srta. Josefa Escalada, tipo de rara hermosura, hermana de madre de
la Avellaned~.
(67) Bien pod!a asegurarlo bajo su palabra la Srta. Avellaneda, puesto que era
ella misma la que acababa de cortar las relaciones amorosas, que habla soatenido
con el Sr. Tassara.
(68) No mentla la escritora, porque en el momento que hablaba (b) ya no ae
trataba de casamiento.
(b) Deberla decir "en que hablaba"; y más exactamente aún, "en que escri•
bla". (N. del O.)
( 69) Sabido es que la notable poetisa se cas6 dos veces: una con D. Pedro Sabater, Jefe Pol!tico de Madrid, y otra con el Coronel de Artiller!a D. Domin¡¡o
Verdugo.

�203

ctJnA dO]l;TE)fPOHANEA

la costumbre. El matrimonio es un mal necesario del cual pueden sacarse muchos bienes. Yo lo considero á mi modo, y á mi
modo lo abrazaría. Lo abrazaría con la bendición del cura
ó sin ella : poco me importaría: para mí el matrimonio
garantizado por los hombres ó garantizado por la recíproca fé
de los contrayentes únicamente, no tiene más diferencia, sino
que el uno es más público y el otro más solemne: el lIDO puede
ser útil á la impunidad de los abusos y el otro los dificulta: el
uno es más social y el otro más individual. Para mí es santo todo
vínculo contraído con recíproca confianza y buena fe, y sólo
veo deshonra donde hay mentira y codicia. Yo no tengo, ni
tendré Ull vínculo, porque lo respeto demasiado; porque el
hombre á quien me uniese debía serme no solamente amable,
sino digno de veneración; porque no he hallado, ni puedo ballar
un corazón bastante grande para recibir el mío sin oprimirlo, y
un caracter bastante elevado para considerar las cosas y los
hombres, como yo los considero.
Tu no estás en ese caso : eres el hombre y puedes buscar felicidad en una muger aun cuando ella no esté á tu altura. Créeme sin embargo; no te cases con una tonta: la mayor virtud no
compensa el defecto del talento; y aun me atrevo á decir, que no
hay virtud en la estupidez. Las ligerezas, las faltas mismas de
una muger son males más remediables, que la incapacidad de
comprender aún las mismas virtudes, que acaso se practican. El
talento se extravía, pero la tontería no sabe s:quiera que sigue
el buen camino, y si lo deja no lo recobra jamás. Cásate, si lo
crees conveniente, pero acuérdate siempre de que una amiga
te aconseja, no juzgar nunca virtud la frialdad de las almas
ineptas, ni pensar como algunos, que la ignorancia garantiza el
corazón.
Esta es ya muy larga y aun no te he dicho, que pienso establecerme en París. Sí, amigo mío; parece que en aquella capital puedo prometerme mayores ventajas de mi pluma, y como
no soy rica y quiero asegurarme una vejez sin privaciones, pienso en irme á donde mejor paguen. Esto, sin embargo, aun no es
cosa decidida. V eremos ( 70) .
(70)

No lleg6 6 realizarse tal proyecto.

CAR'I"AS AMATORIAS JlF: LA A\'ELJ.A]l;EDA

Estoy cansada del mundo, de los obsequios, de las calumnias,
de la adulación, de la gloria y hasta de la vida. Necesito otro
espacio mayor ó menor que este: otra vida de más calma ó de
más agitación. El amor no ecsiste ya para mí; la gloria no me
basta: quiero dinero, pues: quiero la vida de los viajes ó la vida
del retiro muelle y lleno de goces del lu.jo. Tampoco me sería
ingrato irme á una pobre aldea á criar pichones y á cultivar
flores; pero aun no puedo, porque necesito de mi pluma.
En fin, si tu te casas con una buena chica, que tenga talento,
que sea bonita para que no sea celosa, que te quiera mucho y
merezca ser correspondida, suspenderé mi curso vagabundo para
ir á donde quiera que esteis á cantaros un lindo epitalamio y
á pasar ocho días con vosotros. &amp;Aceptas 1
Adios; acabo de publicar una oda, que ha alborotado á
:;\Iadrid, y que me ha valido un gran regalo del Infante D.
Francisco de Paula ( 71). 're la manderé un día de estos, y hoy
me repito tu amiguísima-Tula.
P. D. La gota de hiel (72) no encerraba acusación ninguna. No era hiel de engaños, ni perfidias, nó: yo no escribo á
gentes que engañan : era hiel de otro género. Hay hiel en el
fondo de todo cáliz dulce: hay hiel. . . . . y bien amarga!. ....
en la indiferencia, que sigue á un sentimiento, que se creyó inmutable.
Yo he dicho en una novela:-" No acuscis al corazón de perder sus ilusiones; así como no se acusa al arbol por ceder sus
hojas al inclemente soplo del viento.''-&amp; Pero el arbol desnudo y el corazón desengañado no pueden llorar la pérdida de
sus flores Y Sin acusar á nadie se puede decir : han hecho á mi
corazón un daño con voluntad ó sin ella.

(71) La oda titulada El B,corial, escrita i petición del citado Infante, estando
con la poetisa en aquel real sitio.
(72) Contesta la Srta. Avellaneda 6 las observaciones, que debió hacerle el
señor Cepeda A esta frase contenida en su carta anterior :-"Todos, hasta tú mismo, h:in tenido una gota de hiel, que dejar en mis recuerdos."

�XXIV
SR..

D.

IGNACIO CEPEDA:
J\lADRID

14

DE FEBRERO DE

211

CARTAS A)IATORIAR DE LA A\'ELLANEDA

CUBA co:-TE~POlL&lt;\.N'EA

1847

Desde que recibí la tuya última deseaba tener un día libre
que dedicar á tí; pues no podría satisfacerme el limitarme á
las fórmulas de una lacónica contestación : pero está escrito,
que yo me vea incesantemente contrariada, y sucede que hace
más de un mes me encuentro con las roanos tan cuajada de sabañones, hijos legítimos del cruel frío, que aquí está reinando,
que no puedo mover la pluma sin padecer atrozmente. No quiero, sin embargo, retardar por más tiempo el darte noticias mías,
diciéndote, que me he mudado á la calle de San Marcos, n.° 18,
cuarto principal, adonde debes dirigirme tus cartas, siempre
que te dé la lmmorada de recordar mi existencia.
Siento muy mucho, que no salieras diputado, aunque des
por tu parte tan mezquino valor á una circunstancia, que te
obligaría á volver á ver á tus antiguas y leales amigas. Siéntolo, digo, porque, á pesar de todo, tendría un placer, de los poquísimos de que soy ya susceptible, en charlar largamente contigo de aquellos días, ya lejanos, en que tan sinceramente nos
llamábamos amigos. Acaso no me conocerías ya: he envejecido
veinte años en estos siete, que han pasado. 1\fi alegría huyó
para no volver: desapareció aquella coquetería, que alguna vez
te dió enfado, pero acaso era lo que más te agradaba en mí;
porque tal es el corazón del hombre. Todo pasó, todo, como
nuestros sentimientos de entonces, y resta de la Tula, que conociste, una sombra pálida y fría, que va por momentos diafanándose más. ¿ Quédame siquiera el talento Y No lo sé; pero siento que se apagó la última chispa de la creadora llama de la poesía.
Se empeñan en probarme que soy hoy más gran poeta que antes;
mienten: equivocan la rima con el estro: la mano y el oído
hacen los versos : la poesía necesita del corazón, y el mío es un
cadáver lleno de heridas, que ya no brotan sangre.
Te hago un retrato, que de seguro no despertará en tí los
deseos de volver á verme. Sin embargo, escucha: ven : deja por

•

un mes siquiera ese clima de juventud y ardores : ven bajo el
templado y con frecuencia nublado cielo de Castilla. Aquí se
siente de otro modo, y creo que todavía tendría yo un destello
de poesía para celebrar tu venida, y un lado vivo en el corazón para aposentar recuerdos, que nos habían de enternecer.
¡, Y no se goza en la ternura Y
Tu has sido más dichoso que yo, y acaso tu corazón pudiera
aun rejuvenecer un poco el mío fatigado. Tu amistad conservará tal vez perfumes que la asemejen al amor, y la mía podrá
participarlos. Pero no quieres 1: Amas tu Sevilla con su implacable sol, con sus flores impertinentes de lozanía perpétua, con
sus mugeres que no envejecen á los 30 años, porque no sienten
nunca: la amas, y es probable que yo encuentre el reposo final
antes que tú el cansancio de esos goces. Oreo que debo morir
pronto: que me llama imperiosamente mi pobre amigo, el compaiíero de mis últimos días de juventud, alma ardiente y generosa, que también envejeció y murió á los 30 años (73). Ya ves
que mi carta no es divertida; pero allá va á probarte al menos,
que no te olvida tu siempre fiel amiga, T1tla.

XXV
SR.

D. loNACIO

CEPEDA :
MADRID

1.0

DE AGOSTO DE

1847

Te escribo, querido Cepeda, en un día de triste aniversario
para mí : en el día en que en el pasado año quedé viuda (74) ;
pero he recibido hoy tu carta de Cádiz, y no quiero que quede
justificada la acusación, que en ella me haces, de ser tarda en
contestarte.
Celebro que no haya tenido efecto la semi-pensada boda, de
que me hablaste. Tu no eres para casado; pocas mugeres entenderían tu carácter y acaso no hay una sola, que te pudiera
hacer feliz. Pero ¡ de qué modo se alcanza la felicidad en la
tierra 7. . . . ¡, cuál es el camino que conduce á ella Y. . • . Tú,
( 73) Su primer marido D. Pedro Sallater, que babia fallecido en Burdeos el
1.o de Agosto del afio anterior al en que se escrib!a esta carta.
(74) Véase la última nota de la carta anterior.

�212

CGDA CO:STEMPOllÁ:SEA

CARTAS A)[ATORIAS DE L.\ A\'ELLANEDA

como yo, acabarás por remontar tus esperanzas más allá del
mundo visible: como yo creerás en Dios y de Dios sólo esperarás esa dicha, que perseguimos en vano durante nuestra fiebre
juvenil, como el niño que corre tras las caprichosas formas de
la bruma, empeñado en abrazarlas.
:,re voy haciendo devota; no devota vulgar; ya comprenderás
que esto no es posible; pero devota á mi modo.
A propósito de matrimonio; te diré que á pesar de mis :n
aüos (75) y de mi aspecto de sepulcro de ilusiones, un joven de
25, que diz que es mny rico, se empeiiu en hacerme contraer segundas nupcias. Es habanero, lo cual es para mí un gran defecto; es más joven que yo, lo cual aún es un defecto mayor; es
de un talento mediano, de esos que se encuentran sin dificultad;
de una figura que no es mala, pero que me causa mala impresión, porque tiene un aspecto marchito, ajado, y cuando esta
clase de deslustre en una cara juvenil no es efecto de un ardoroso pensamiento, de una alma desvastadora, se me antoja que
debe causar asco, porque revela secretos vicios. Mi apasionado,
sin embargo, pasa entre los que le conocen por hombre de buenas costumbres y hasta frío. En efecto se me figura que ese pobre joven es todo hueso y fibra; allí no hay ni sangre ni nervios: quiero decir, ni pasión, ni sentimiento. La hecha de joven
pensador, inglesado, melancólico, escéntrico; pero á mí sólo me
parece un pedante de cierto género, propio del país en que
nació: parece un ser muy vulgar con pretensiones de no serlo.
¿ l\Ie ama ese hombre? Creo que no es posible: nos divide un
abismo. Lo cierto es que me dice, que quiere casarse conmigo;
que aparenta un entusiasmo por mí, del cual no le creo capaz:
y ya sea que todo lo que dice se aparte de la verdad y hable
como buen americano, sin pensar lo que dice; sea que por vanidad quiera comprar con su libertad la posesión de una muger,
que tiene alguna celebridad, lo cierto es, repito, que está empeñado en sacarme un sí, que reuso con más fastidio que enojo
de su pretensión.
)Ii familia me hacen muy sensatas refleesiones para probarme que seré una loca, sino lo agarro á dos manos: mis amigas

se conjuran para convencerme de que es un joven interesantísimo y que nació para mí: pero yo me empeño en creer, que
merezco mejor destino, que el de pertenecer á un hombre como
él, y á pesar de que me espanta la soledad que me amaga, á pesar de que siento necesidad de lazos, de hábitos, de deberes domésticos; en fin, te lo confesaré, á pesar de que creo, que el
ser madre me reconcialiría con la vida, que empiezo á aborrecer,
no me resuelvo á unirme á un hombre, á quien me es imposible
respetar y del cual me río muchas veces, aunque no soy maligna.
Mamá y Pepa se van por fin á Galicia; ambas te dicen mil
cosas y ofrecen escribirte antes de su marcha. Los hermanos
varones siguen buenos : Felipe no está en Madrid, aunque viene á menudo: Manuel tan calavera como siempre : Emilio en la
Academia de Artillería (76). Las Noriegas (77) buenas y pobres. Los chicos cada día más monos y guapos. Y a ves que soy
estensa y esacta en cuanto me preguntas.
&amp;Porqué no te haces sacar diputado y vienes á vernos, amigo
ingrato 1 Si la política no te agrada, hacerlo debes por la amistad al menos. El papel se acaba, pero no el deseo de charlar contigo, que siempre tengo para que conozcas, que te quiere sin
alteración,
Tttla.

(75) La cuenta de sus aiíos no la llevó nunca bien La A\"ellaneda. Ya d¿jamos consignado cu otn noto, que bnLln nacido ~l año 181'l.

XXVI
HOY :MIÉRCOLES

6 DE

ÜCTUBRE ( 75 )

Recibo en cama todavía tu contestación á la mía de anoche.
y veo en ella palabras y aun párrafos enteros, que no puedo
dejar un momento sin respuesta. Dices que, haciéndote &lt;'ntendf'r
que me pareces de poco valer no cs¡Jere yo jamás r¡iw tú deduzcas
la consecuencia de que te quiero. Desde luego es indudable, que
(76) D. Felipe y D. Emilio Escalada, hermanos de madi·o de la Avellaneda. Las
dom/is personas ya las conoce el lector.
(77) D.• Concepción y D.• Carmen, amigas de la poetisa.
( 78) Las once cartas siguientes fueron sin duda escritas en Madrid y re•
mitiC:.os ¡¡ mano r. su desti no durante el mes de Octubre de 1847, temporada
que el Sr. Cepeda pasó en In corte cuando se dirijla [sic] al extranjero, y corres•
ponden ¡¡ la segunda y 1íltima época de las relaciones amorosas de la poetisa
con el dicho personaje. Como no tienen fecha, 6 excepción do esta primera, han
sido colocadas de modo, que no resnlte incongruencia en su coordinación.

�214

CUBA CONTEJIIPORÁNEA

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

no podía yo esperar tan anómala consecuencia, ni creo que, si
ella ecsistiera, tu aceptarías ni estimarías en nada un cariño
semejante. ¡, Qué es el afecto que no se funda en la estimación?:
pero tu tergiversas de una manera increíble el sentido de mis
palabras, y te agravias y me agravias al interpretar mis sentimientos. ¡ Yo creerte de poco valer!. . . . ~ en qué fundas tan
inconcebible suposición? Yo, es verdad, te he dicho. más ó menos acaloradamente, que no hallaba en tu corazón aquel grado
de calor en los afectos, que el mío siente y busca en los corazones
que ama ; te he dicho (no sé si con justicia, pero si sé que con
indicios claros de no ser absurda mi creencia), que tu no posees
una de aquellas almas espansivas y tiernas, que simpatizan con
todos los agenos pesares, adivinan todos los combates y borrascas
del sentimiento y suavizan con su ternura activa y férvida las mismas pasiones. que escitan. He creído y lo he dicho con mi natural veracidad, que eres más sentimental que sensible profundamente, más amable que amante; que tienes más bondad que
pasión y menos ternura que talento. Pero se deduce de esto que
te tenga por de poca valía? ¡, Es la facultad de amar, por ventura, la so]a escelencia del hombre? Tu honradez, tu veracidad,
tu clara inteligencia, tu lealtad de alma, tu caracter, frío si se
quiere, pero noble y digno son cualidades de poca valía? ¡, Tan
vulgares las crees, que puedas suponer, que pasen para mí desapercibidas? No; siempre te he visto digno de ser amado, aun
cuando alguna vez haya creido, que tu no sabes amar. Acaso ni
aun eso he creído; sólo he comprendido que á mí no me amabas.
Pero ni tu falta de amor á mí, ni aun la tibieza, que en general
pudiera tener tu corazón en la región de las pasiones, es motivo
pai·a que yo piense que vales poco : ¡ qué absurdo, amigo mío !
Napoleón no sabía amar y ciertamente que á nadie se le ha
ocurrido, que por razón de su poca ternura dejase de ser el
primer hombre del mundo. Newton, dicen que jamás tuvo una
querida ( 79), y yo me hubiera enorgullecido de tenerlo por
amigo.
Y o no creo que Tasso, porque amó hasta morir de amor y sin

juicio, valiese más que Newton ó Napoleón; diré si, que el alma
de Tasso simpatiza más con la mía; que lo comprendo mejor;
que, si lo hubiera conocido y amado, lo hubiera creido más capaz de hacerme dichosa que lo fueron Newton y Napoleón. El
gran genio de Tasso nacía de un alma eminentemente apasionada, el de los otros de un espíritu altivo y profundo ; todos valían mucho y se asemejaban poco.
Perdona esta especie de digresión: yo no he pretendido nunca que puedas ser otro de lo qiie Dios te hizo, ni menos he pensado, que debas estar descontento de lo que eres. Oh, nó ! : al
contrario : poseer lo necesario para hacerse estimar y estar esento de la cruel facultad de amar mucho es un privilegio envidiable, que sólo reciben los que nacen para ser felices. Puedo haberme engañado al creerte de este número, pero ciertamente que
no te he ultrajado, que mi creencia esaeta ó errónea no te es en
manera alguna ofensiva. Esto sólo he querido probarte.
Yo misma soy juzgada mal : muchos, que creen conocerme,
dic"lll que yo soy lo que creo de tí, esto es, que tengo más e~píiitu que comzón: se engañan torpemente; pero jamás les ac,,sl)
de que me agravian: me desconocen : esto es todo.
Dices además, que te parezco singular, y creo que lo c,ov
por mi mal. No pretendo que mis singularidades sean virtud,;-,;
sé sí que nacen de origen elevado. Impetuosa y sincera puedo
parecer inconsecuente, pero lo que hallarás siempre en el fondu
&lt;'S 11erdad. Ni quiero pasar por mejor de lo qi1.e soy, ni siendo
Jo que soy me hallo descontenta de mi suerte. Sé que hay en mí
·nncho bueno y mucho malo; que todo el que me conozca debe
.forzosamente estimarme como yo me estimo, y no más, ni menos. Estimarme, no como á ser perfecto, no lo soy ni quiero parecerlo, pero sí como alma elevada, incapaz de bajezas; capaz
de estravíos y de grandes virtudes. No sé, si soy siempre prudente; temo que no lo seré mmca; pero desafío que se me pruebe que he sido alguna vez falsa ó mezquina. Ilfis defectos tienen
la talla de mis cualidades, y tal cual soy me he presentado á
tí. ¿ Me amaste tú como soy 1 1, Me crees rugna ?. . . . . no lo sé;
pero sí sé que, tal cual soy yo, no hallarás otra en el mundo.
Serán peores ó mejores, pero no serán como-T1tla.

(79) La palabra querida deberá entenderse en el mejor sentido, esto es, en
el de que no am6 jamás A mujer alguna.

215

I

!

�216

cun.-1.

CO~TEMPORÁNEA

XXVII

Anoche hemos hablado mucho de mi marido Y te he dicho
que una de sus cualidades, no 1a má~ ~preciable en é~, era u~
talento profundo y luminoso. Como quisiera hacer~e amigo suy_o,
esto es ligarte en cierto modo á la respetuosa Y tierna memona,
que d~ él conservará eternamente mi corazó~, te mando hoy
esas páginas, acaso las más notables que ecs1stan de nuestra
historia contemporánea, como una muestra de la verdad, que
te dije. Los cuadernillos adjuntos son las primer~ entregas de
una obra estensa, que trabajaba mi pobre anngo cuand~ la
muerte lo arrebató en la flor de sus años: Obra que hubiera
sido admirable y que desde su comienzo fué juzgada tal por
los hombres eminentes de todos los partidos. Verás en esas pocas páginas, únicas que se imprimieron an~nimas Y sin pretensiones, verás, digo, la revelación de un gemo_observa~o~ ! perspicaz, verás la elevación de ideas y la rect:.tud de Jmc10, que
anuncian, que el autor hubiera llegado á 1ma altura grande
como historiador, si la muerte no hubiera corta~o su car:era;
y te agradará su estilo sencillo, puro, elegante siempre Y a veces brillante y enérgico á la par.
Quiero que conozcas lo posible al hombre que fué mi es~o~o
y que era digno de ser tu amigo : me p~rece q~1e p_uede ecs1stir
estimación ann cuando ya no ecsista qmen la msp1ra, Y yo deseo tu estimación no solamente para mí, sino para todo lo que
me toca; para todo lo que vive en mis recuerdos. Esto _te probará una verdad, que yo misma conozco hoy mucho meJ01: q_ue
hace tres días, y es que siempre ocupas un lugar muy d1St,1~guido en la región de mis afectos, que ert&gt;s 1ma de las poqms1mas personas á quienes yo aprecio de corazón.
.
Además paréceme que quiero ahora, que necesito, tomar
alguna infl~1encia en tu alma: ¡, sabes por qué? Po~que intento
co nvertfrte: intento hacerte creyente; porque te qmero Y estoy
cierta de que no hay felicidad posible para un alma escépti-

CAltT.\S .\:UATOf(IAS nE LA AVELL..\KEDA

ca. (80) Puesto que es preciso creer algo, tener una fe, y que es
absurdo y peligroso buscar esto en los hombres, menester es
elevarnos humillándonos: este es el gran secreto. La verdad
está cerca, el orgullo la busca allá donde no puede hallarla: no
comprende que en su vuelo insensato se aleja del blanco á que
quiere encaminarse. Y bien, yo quiero que cuando nos separemos otra vez, ay !, acaso por la última; yo quiero que lleves de
mí un recuerdo eterno y sagrado ; una tsperanza inmortal;
quiero que hablemos mucho de Dios, de esa verdad única, y
para ello necesit o que me concedas un poco de aquella amistad,
que me daba en otro tiempo algún derecho á ser entendida por
tu corazón. Esta amistad no nos será peligrosa; no: Dios á
quien invoco para que se haga col!.ocer de tí, la santifica; y
este mi corazón, herido é incapaz de ilusiones, responde de que
no puedes ya hacerle ningún daño, ni recibirlo de él. Así pues,
amigo mío, concédeme sin temor tu afecto fraternal, y dame
ocasiones de traspasar á tu alma, que me es querida, el celestial
consuelo, que dulcifica la mía: la religión ! Créeme; las almas
elevadas no pueden vivir sin ella : necesitan esa escala divina
para remontarse fuera de la tierra. Yo. . . . perdona mis delirios y aunque me llames loca: yo siento en mí una misteriosa
revelación, que me dice, que esa luz que brilló para mí, que
estaba. en las tinieblas, no se me ha dado para mí sola: que eres
tú el destinado á verla, á sentirla en mí, y que tu camino futuro será alumbrado por ella. Oh! si yo pudiera hacerte este inmenso bien. . . . entonces tu afecto hacia mí sería inacabable.
Pensaba ponerte dos líneas y he emborronado un pliego. Y a
lo ves: he dado en la manía de hacer prosélitos y eres ahora el
objeto de mis tiros.
¿ Te veré esta noche~ ¿ 8í? A dios: te quiere con un afecto
puro y tierno de hermana tu antigua amiga-Tula.
(80) Deberá advertirse, que ~sta rarla rorresponda á la época do '°erdadera
exaltación religiosa, que tuvo la célebre poetisa; que de otro modo no tendr!an
explicación las frases dirijidas [si-e], medio en broma, medio en serio, a) Sr. Cepeda,
modelo ronstante del cab31lero cristiano lo mi:smo en su juveutud, que en stt ve•
nerablo ancianidad.
Protestando el Sr. Oepeda de esas palabras de la Avellaneda, me decía en
carta del 16 de Julio de 1902 :-"Jamás vió en mí una sombra que obscureciese
mi constante creencia de católico, apostólico, romano, en los pocos dfas que ella
(la poetisa) tuvo de exagerada devoción, en que me dijo se habla metido á beata, annquo no vulgar."-(Véase la carta xxv.)

�218

CUBA CO.:iTF:MPORÁNEA

XXVIII
Anoche te escribí y rompí la carta, esta noche tl' escribo también: pcl'O salga como quiera no la romperé. Hesíg~ate.
.
l\Iis n('rvios sigurn &lt;'11 su agitación y uo me deJall &lt;lorm Ir,
sin embargo no me hallo mal; casi estoy contenta. He pasado
más de tres horas á tn lado y aunque no hayas rstado mu;v afectuoso, tampoco has dicho ck esas palalJras tu.vas, q1_1r alarman
á mi vivísima snsceptibilida&lt;l. 'l'r (Scriho, pues, en primer lugar,
porque te quiero esta noche casi tanto como antes de la maldita
noche de mi dolor de estómago: y en segundo lngar porque se
me ocurre• dreirte dos palabras sobre una que te he oido Y que
te rebatí. Dijistr, que deseabas hablar de mí con Tassara. Escucha : yo ,w trmn que hables ele mí con 'l'assara, porque yo te
he dicho más de lo que por él puedes saber : esto es, no es porq ne
rrcele que le oigas nada en mi daño el haberte suplicado que
no me nombres á él. He sido su amiga (81) y si él es caballero,
como creo, no puede hablarte mal de mí, por orgullo al menos.
Si no es caballero, si me tiene mala voluntad, si su franqueza
contigo rs mayor que con otros de sus amigos, te &lt;lirá que soy
un caracter voluhle, inconsecuente, ligero, que no tengo corazón, que he querido hacer con él 1111a comedia, etc.; pero aun
cuando tenga de mí el peor concepto posibl&lt;'. y sea capaz de
espresarlo, es bien cierto, que no puede decirte eosa más grave,
que lo que por mí misma sabes; esto es, que lo he querido: esto
no te lo dirá, porqu&lt;" él no lo sahe tanto como rn, y tú por mí.
Siendo yo tan franca &lt;JU&lt;' te he dicho, con admiración tuya,
las borrascas, que mi imaginación levante por ese hombre, el
estremo con que me empeñé t"n hacerme amar y el valor que dí
á los sentimientos. que le inspiré. por dudosos que furrau, k
he dicho más que tu me pregu11tah11s y más ele lo que tie,ws
derecho a saber. Si llegara un caso que creyera ele mi deber
darte cuenta de cada palabra ó afecto de mi vida anterior, lo
haría también, como lo hice noble y lealmente cuando hubo un
hombr e sincero y amante, que me dijo: yo te amo. Es pues
(81) Su novia, quiso decir, por el mes de Junio de 1845, lo cual dejnmos indi•
cado en nota , la carta :u.in.

CARTAS .\)IATIIRl.\S DE LA .I.VEI.LA!\EJ&gt;A

:?Jfl

indudable, que yo no temo que tu sepas por T . más de lo que
por mí sabes, y que estoy tan lejos de temer, que lo que sabes
y más (y cuanto he pensado y obrado y imaginado) te diría yo
propia, aun cuando fuese en mi daiio, si tu me dijeses algún
día: "mi corazón, que te ama, quiere leer en el tuyo página
por página."
Aun sin esto tu sabes que soy franca contigo y aun con todo
el mundo. ¿ Sabes, pues, por qué se11tiré mucho que hables de
mí á. Tas.-;ara? 'l'c debo esta explicación y te la daré en dos
palabras.
Tengo orgullo: por esceso de él, sí; por esceso de orgullo he
sido y soy indulgente con tu amigo. Sé que él no me conoce;
que se ha formado de mí un ente ideal, qne no soy yo; al paso
que yo lo conozco á él mejor que su madre. Porque lo conozco,
lo aprecio; porque no me conoce, no es él capaz de comprender
que le aprecio. Yo soy indulgente como Dios cuando me siento
superior, y por eso soy indulgente con T.: tengo sobre él la
superioridad de conocerlo sin ser conocida, y además la de haher sido mejor y mas leal y más generosa que él. Y o sólo pudiera odiar á la persona con quien huhiese sido yo misma mala
ó falsa, porque esa persona tendría en ese caso la superioridad
única que me irrita, la del obrar mejor que yo. Con T. no hay
eso; pi&lt;'nse de mí tan mal como quiera, no puede decir jamás
que él ha obrado mejor que yo, y acaso lo que le haga aborrecerme es el sentirse en este punto en posición desventajosa respecto á mí. Pero por mucha que sea mi indulgencia r mi orgullo, tengo también mi poquito de vanidad, y sabie~do que ese
hombre no quiere ocuparse &lt;le mí, que hasta grosero se me ha
manifestado, que lo es no solamente conmigo sino con mis mayores amigos, sólo porque lo son ; no puedo prescindir de la
repugnancia que siento á que&gt; tú, ú otro que me trate. le busque
una conversación que él, en su orgullo inmenso, pueda creer
se le suscita con anuencia mía. Y o le perdonaría desde luego
el que hablase de mí con odio, con desprecio, como quisiera, no
le doy en el día bastante valor para ofenderme por lo que piense de mi: pero me desagradaría mucho, que él pudiese suponer,
que yo tomaba interés en averiguar ahora lo que él cree y dice
de mí, cuando tengo motivos para saber que no se ocupa de mi

�CART.\S A~f..\TORIAS Dfl T..-\. A\'ELLA:SEDA

2:!0

existencia ni para bien ni para mal. Su ambición, su deseo de
figurar lo absorve completamente, y la mujer con q'.1ien , está
enredado es la única, que le conviene. bA qué, pues, irle a recordar mi nombre! , A qué exponerme á la humillación de que
.
. q
él sospeche, que se hace con m1 anuencia.
.
Este es mi solo temor; y en prueba de ello te digo, que lo
que únicamente te suplico, te ecsijo, es que jamás le digas, q~1e
yo he pronllllciado sn nombre en tu presencia; que no le deJes
el menor pretesto para creer, que yo sé que es tu amigo, ó que
tn sabes por mí que lo ha sido mío. Por lo demás bien puedes,
si tanta. curiosidad tienes en saber cómo piensa respecto á mí,
dE&gt;cirle cuando venga al caso, quE' te han dicho qne lo ha amado
m 11ch o w1a amiga tuya, y nombrarme en huen hora; no me
importa, como tampoco el que te diga cuanto mal quiera de ~í.
Sólo ecsijo, que no sepa jamás que su nomhre se ha pronunciado entre tú y yo. y que es por mí por quien sabes lo que sabes.
Si él se estima. creo que te dirá. que soy nna persona á q11irn
aprecia: si es fátuo, te dirá que sí, que he rstado loca por él, Y
acaso añadirá, como en gloria suya, que él jamás me amó: en
esto no sé si mentiría. Si es que realmente me amó y que ahora
me ahorrrce, te dirá que soy el diablo y que me desprecia ó me
cletrsta .... esto último ine lisonjearía. Dilr, pues. lo qu0 qnicras, con tal que alejes todo indicio de ser yo sabedora. Este es
mi solo interés.
Pero quisiera yo saber. . . ¡, esa curiosidad tuya, el disgusto
mal disimulado con que me oías esta nocl1e cuando te ensalzalJa
mi pasado ídolo, qué significan! )fo amas tú realmente~ ; ¡ tienes celos! ..... Si tal creyera . . ... no té : sería infeliz. pero
tendría placer, doloroso placer. De exprofeso te hablaba de él
esta noche : me estendía, ponderaba de intento: es la única vez
que he visto en tu cara la cspresión de la pasi.ón; y esta confesión, que ahora te hago, te esplicará porqué después he estado
más cariñosa contigo. Sí; cuando te hablaba de T. me pareció
que tenías celos: me pareció que me amabas: todo lo que dijiste
no bastó á destruir en mí la imprE&gt;sión de aquella idea. Y bien,
Cepeda; si tu me amases y tuvieras celos de un afecto anterior
á mi casamiento, serías más riguroso que aquél, que me dió su
nombre; pero no te tacharía de injusto. Yo no podría mentir

221

negando lo que realmente fué; esto es, que fuese por capricho ó
sin él, fuese una pasión fatal ó un acaloramiento del orgullo,
yo he querido á ese otro, que no eres tú, ni es Sabater: pero
¡ puedes tú suponer que quede de aquello nada en mi alma t
¡ Pedirías á una viuda cuenta de su corazón en un pasado, que
cesó de pertenecerle á ella misma desde que un hombre incomparable la colocó bajo la égida de su nombre respetado t Además, • es tan grave delito amar en una muger que era libre f
Severo has estado, muy severo, y sin embargo siento que te
perdonaría de todo corazón, si fuese tu severidad efecto de
celos. Si no es así, no me lo digas, nó ; porque un rigorismo frío
me parecería basta ridículo.
'fe be dicho que soy un poco loca y ya ves como te lo pruebo
enviándote esta larga carta; y para que sepas que además de
un poco loca soy loca por completo, acabo diciéndote que te
amo y que te he mentido siempre que lo contrario haya dicho.
Haz tú de este amor lo que quieras; hazlo un culto, una pasión
loca ó una amistad tierna; creo que puedes darle caraeter á tu
placer, y que yo siempre quedaré contenta con tal que, ya me
hagas tu amiga ya tu amante, sepas comprender, que soy exclusivista y exijente, y que no tolero nada á medias.
Es casi de día y aun sigo viendo visiones, tal está mi cabeza.
Adios, te abraza-T.
(Continuará.)

�LA. COMPAÑÍA DE JESÚS

;

BlBLIOGRAFlA
Emilio Bacarclí l\Ioreau. HACL\ TIERRAS VIEJAS. (Notas e impresiones de viaje) . . . Imp. F. Sempere y Comp.", Editores.
Valencia. [1913] 8.°, 159 p.
El laborioso autor de las Crónicas de Santiago ele Cuba, cuyo tercer
tomo saldrá bien pronto de las prensas, ha 1eunido en un pequeño volumen
sus impresiones de viaje por Europa y por Asia.
Hacia tierras viejas se intitula el volumen, queriendo indicar con ello
el término y la finalidad de viaje tan útil y recreativo: Egipto y Palestina. La descripción del trayecto, pasando por Nueva York y París, es,
empero, igualmente interesante. La razón es obvia.: no son las impresiones de viaje lo interesante de este libro, sino las reflexiones intensas y vibrantes de un alto y noble espíritu, un espfritu del siglo xx, que se revela
en cada una de esas páginas. Muchos libros de viaje se han escrito, y no
faltar{m quienes hayan superado al señor Bacardí en la descripción de
los sitios que han visitado. En muy pocos libros de esa índole, sin embargo,
podremos encontrar, como en éste, la revelación de un carácter y los reflejos purísimos de un alma. Por eso el libro del señor Bacardí, que una vez
más se muestra ferviente enamorado de los grandes ideales de verdad y
de bien que al tra\·és de los siglos persigue inútilmente la humanidad, es
algo más que un libro de viajes: es un libro sano y honrado; es, en suma,
por los altos conceptos que encierra, un libro civilizador.

Juan Barros. EL ZAPATO CmNo. Novela. Santiago de Chile,
Imprenta Barcelona. Moneda, esquina de San Antonio. 1913.
s.•, 162 p.
El autor de este libro parece, al tra\·és de la impresión que dejan sus
páginas, ser joven todavía. El libro tiene el únpetu y la espontaneidad
juvenil, y, consecuentemente, también revela alguna inexperiencia en el
manejo del idioma y en el estudio de las almas.
Empero, este libro muestra un temperamento. Sorprende, en toda la

313

dormía, yendo a tocar a la puerta del colegio el propio Gobernador, a las doce de la noche del día 15 de junio de 1767. Fueron
sorprendidos todos en sus celdas, durmiendo, al pie de cada cual
colocaron dos centinelas y, ya prisionei:os, fueron sacados de
ocho a nueve de la mañana del siguiente día, sin dejarlos llevar
nada, sólo sus hábitos y breviarios; siendo alojados unos a bordo
de los barcos que a ese objeto estaban preparados, y los otros
recluídos en Regla, hasta que les llegara la hora de partir.
Confiscáronseles los bienes, que según inventario ascendían a más
de $ 4-00,000
Después de casi un siglo de ostracismo, en 1853, volvieron los
jesuítas a estas playas, siendo alojados primero en el colegio
por ellos fundado, que se nombró más tarde, según dijimos antes, de San Carlos y San Ambrosio, e instalándose luego, en
1854, en el entonces convento y hospital.de los padres belemitas
y que es hoy el actual colegio y convento de jesuítas (plaza de
Belén).
Fieles a la advertencia que hicimos al empezar este trabajo,
creemos no haber tomado partido en pro ni en contra. de esa
institución. En el primer sentido no lo hemos hecho, porque
nos faltan el prestigio y autoridad que otros tienen, para hacernos escuchar al hablar de "tan poderosa organización", y, por
ser tan modestos nosotros, no habríamos de elevar más el concepto de que disfruta; y en la segunda forma, ¡ líbrenos Dios
de la Santa Excomunión! No hemos he·cho más que "exponer".
FRANCISCO

G.

DEL VALLE.

ITab'.rna. 6 rlc letrero !le 1%1.

Cáustica es la pluma del joven e inteligente nbngndo autor rle este lntencionnrlo trabajo, pluma que colahvró en las f'xtingulrlas publirociones lit ulnrlns Rrri,ln de E,tudi~11les
tk Dtredio y El Estudio, y que lntegrllmPnte redactó, durnnte los nllos de 190-J a 1907. el
Boldln Oficinl &lt;Id Colegio de t."otarios de la lTnbana. Es de actna lidad la publi~nción rle este
bien informado articulo donde a grnn&lt;les trazos se r~fiere In hl~toria lle In Comrnllla que
pomposa y recientemente ha celebrado aqnt el centenario &lt;lo su restablecimiento y por ~¡
damos las más expresi,·as gracias al Dr. Gonzilez del Yalle.

�CARTAS A:M.A.TOR:t.A.$ DE LA AVELLANEDA

CARTAS AMATORIAS
DE LA AVELLANEDA
( Oonclusión.)

XXIX
Siento que te hayas creído en el deber de escribirme : para
darme noticias de tu salud era bastante un recado verbal. Has
querido sin duda atenuar el disgusto que iba á causarme el
saber, que no habías dormido bien y que te sentías m~lo,. con
decirme que me estimas profimdamente y que eres el mas sincero de ,nis amigos. Te doy gracias por estas líneas de tu billete.
Y o no sé si eres mi amigo; no sé siquiera si yo deseo que lo
seas; pero en lo tocante á la estimación, que dices tener de mí,
te aseguro que creo merecerla, y que espero conservarla. Yo no
se por qué añades, que debo estar muy satisfecha de mí misma.
Para merecer tu aprecio y el de todas las almas nobles, creo
que es suficiente la lealtad de la mía y la honradez de mis sentimientos; pero para estar satisfecha de mí misma, como presumes debo estarlo, menester sería que gozase ya esa paz, que
me deseas, y que en vano pido cada día á Aquel que únicamente puede dármela: á Dios!
Anoche te reías de mí, porque entiendo como lo entiende la
Iglesia católica, en la cual he nacido, los preceptos divinos (82):
(82)

315

hoy me dices, casi en tono de zumba, que nada temeré de Dios,
ni de los hombres. Si yo fuese una de esas almas que recelosas
de patentizar su flaqueza hacen profesión de sprits forts, como
dicen los franceses ( 83) ; si tuviera la desgracia de pertenecer
á la numerosa clase de gentes menesterosas de cierto género de
triste celebridad, acaso al oirte me amedrantaría [sic] con el recelo de parecerte vitlgar : acaso creería que la fé de mis padres
era una cosa ridícula y que mi gloria consistiría en ocultar la veneración, que me inspira. Pero no es así : yo no temo. jamás el
ridículo; es un traje que no le viene á mi talla: tengo orgullo
en prof~sar las creencias en que fuí educada, y que he adoptado
libre y meditadamente después de muchos años de examen
profundo. No busco la reputación de espíritu fuerte; desprecio
íntimamente á los que hacen alarde de una incredulidad, que
creen necesaria para probar su inteligencia, y doy gracias á
Dios porque la mía, la que él me concedió, es capaz de llegar á
la altura en que se ve la mezquindad lamentable de aquellas,
que sólo alcanzan la despreciable gloria de escarnecer lo que
no son capaces de admirar.
Yo temo á Dios; pero sólo á Dios. Los hombres pueden inspirarme compasión, si son débiles y sin justicia; afecto, si son
rectos y capaces de dignas acciones; pero temor jamás. Si yo
desdeño la opinión del vulgo, es porque conozco á los hombres :
conociéndolos no es posible ni temerlos ni respetarios.
Cuando yo obro bien adoro la mano soberana, que me ha
sostenido: yo, por mí, soy como todos los hombres fragil y culpable: no puedo estar satis/echa de mí misma nunca, j amás;
porque lo bueno que en mí exista me ha sido dado gratuitamente.
Mi libre albedrío, que es lo que tengo, no me lleva forzosamente al bien, y hé aquí porqué yo lo esclavizo á los preceptos
de Aquel, que me los dió.
Todo esto no te parecerá muy sublime; si andas á caza de
peregrinas ideas, las mías no te satisfarán; pero yo estoy muy
contenta con ellas; muy contenta: ellas han sido el áncora, que

También los entendls asl el Sr. Cepeda, según hemos indicado en nota

fr. la earta XXVII; pero en su afán d e oír las chispeantes ocurrencias de su interlo·

cutora, aparentaba con tranquilidad estóica [sic] herirla en lo mfr.s Intimo de sus
sentimientos.

( 83) La frase espíritu fuerte era equivalente en aquel tiempo á enciclopedista,
volteriano, incrédulo.

�316

CUBA CONTEMPORÁNEA

he encontrado en este proceloso océano de la vida, en que tantas tempestades han turbado mi juventud: ellas son mi esperanza para los años de la vejez. Yo que como Salomón puedo decir,
he examinado y juzgado cuanto existe bajo del sol y he visto
que todo es vanidad; yo que nada he poseido que me satisfaciera, y que he conocido que existía una distancia inmensa entre
el vacío de mi corazón y los goces de la vida humana; yo que
no anhelaba gozar, sino saber, esperar y amar. . . yo, repito, he
visto asombrada, que esas creencias sencillas, al alcance del
vulgo, pueden lo que no han podido ni el amor, ni la gloria mundana, ni los esfuerzos de la inteligencia : han llenado aquel vacío; me han enseñado la ciencia mayor; me han alumbrado con
la luz de una esperanza más grande que mi propia ambición.
Si no gozo todavía la paz, la espero al menos; y esto es un gran
bien, créelo. Oh!, para almas como la mía se necesitan grandes
sacrificios, grandes luchas, grandes esperanzas. Todo esto lo he
hallado en esas creencias, que te causan risa. He hallado más
aun: he hallado una fuerza, que desafía al mundo, que se burla
de las opiniones humanas. Si lo que produce tales resultados es
una mentira risible, preciso es que la mentira sea lo más grande que existe : que la mentira sea Dios.
Esta larga carta no te robará ninguno de los instantes, que
necesitas para tus ocupaciones y visitas : la mandaré de noche
para que la halles al irte á acostar y la leas en cama, mientras
esperas el sueño.
Y bien, aun tengo que hablarte de tu billete, aunque tan corto sea. Dices en él, que si meto la mano en mi corazón no encontraré nada, que me alarme. Lo he hecho : sí : he examinado
mi corazón y creo que pasada la terrible escitación de anoche,
en medio de la cual lanzó á mis labios un grito de pasión, creo,
digo, que en efecto se ha calmado. Si no lo hubieras escitado tanto; si, respetándolo más, hubieras gozado de lo que él te daba sin
precipitarlo en una región peligrosa, creo que acaso le hubieras
hecho mayor mal, que el que hoy siente. Hubieras sido muy
peligroso, siéndolo menos en apariencia. Anoche he visto al
hombre; mi corazón le amó sin embargo : hoy se ha dado cuenta
de todo aquello y me parece que, libre de la emoción física, que
entonces le turbaba, ha comprendido que im hombre siempre es

CARTAS· AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

35fi

-5.º, que en lugar de la violenta y por lo mismo cada vez más
insuficiente y más incierta dotación, que los Estados Pontificios
dan á su soberano, todos los pueblos cristianos llenarían noble
Y dignamente este deber común, materialmente imperceptible
para cada uno. Deber católico que ampliaría ó completaría este
pensamiento con solo incluir en la cuota de cada nación la suma
con que todos sus individuos contribuyen hoy por gracias apostólicas al sostén de la curia romana ..... ;-6.º, que esta dotación colectiva, que debería distribuirse con arreglo al número
de católicos de cada país, podría, y acaso convendría mucho
.
que tuviera
un pequeño aumento respecto á los Estados del Pa-'
pa; aumento que, con el caracter de reconocimiento de su soberanía temporal, no sólo dejaría vivos esos derechos para las
eventualidades del porvenir, sino que contribuiría poderosamente á salvar los graves obstácuos, que para una renuncia pura
Y absoluta de los Estados temporales, pudieran presentarse;7.º, que las consideraciones de la soberanía temporal, que para
el Papa es lo accesorio, no pueden llevarnos hasta desconocer
que la violenta conservación de estos Estados y sus rencorosa~
protestas contra el Soberano temporal van desviándoles del Soberano Pontífice y constituyéndoles en verdaderos protestantes.
l\1al inmenso que, si se reconociese posible atajar con la indicad~ renuncia, esta sería dulcísima para nuestro santísimo padre
P10 IX, cuyas grandes amarguras afligen también profundamente á toda la cristiandad." .... .. ....................

.. ..rr'a:i:i· ~~~- ~¿ct~ht~- "i~1{ ~~~ibid~.- -~~. ~~b¡;g~; -~~~ ~~~~¡¿. j;~r
las personas timoratas, que la conceptuaron ofensiva á los oidos
piadosos, al paso que tachaban de liberal á su autor - y como
éste no se había propuesto en modo alguno disminuir
respeto
Y la admiración, que debe inspirar el santo Padre, sino defender su independencia y la dignidad de la Iglesia católica se
apresuró á retirar de la circulación su folleto. ¡ Con cuánta ~orpresa ;erían cuatro años después esas personas piadosas, que
se hab1an confirmado por desgracia aquellos temores y aquellas
predicciones! (16)

:1

. (16) Sabido es. que el 20 de Septiembre de 1870 invadieron los soldados de
Vietor Man~~! la ciudad d~ Roma y que desde aquella techa se constituyó el
Pont!ftee prisionero volnntar10 en el Vaticano.

�356

CUBA CONTEMPORÁNEA

Desde ea época, la más culminante de su vida ejemplar, habitó constartemente el Sr. Cepeda su casa de Almonte, que, según su pro¡ia frase, tiene tanto de palacio como de cortijo. De
allí le sacó il pueblo en masa para darle la vara de Alcalde la
mañana del22 de Septiembre de 1868, al recibirse la noticia del
comienzo di la Revolución : allí fué el consultor constante de
todos los A:untamientos, que se sucedieron en la villa; el abogado gratuio de cuantos demandaron su dictamen ó su consejo; el bie:thechor más decidido de los pobres, que pronunciaban su noIIDre con respeto, porque jamás cerró sus oidos á las'
miserias ajmas y su dinero fué siempre el primero para remediar las cahmidades públicas ó las necesidades privadas.
Aristócr:ta por su c1ma, por condición ingénita y por sus
aficiones tu·o por rara cualidad inherente á su caracter la de
ser afable, lano y cortés en su trato, á estilo de los grandes señores, lo msmo con el rico que con el pobre, con el rudo que
con el instr1ido, con el anciano que con los niños. Vivió no obstante en cie:to distinguido aislamiento de sus convecinos, único
medio de cmservarse inmune á las rencillas y pasiones políticas
locales; mai su casa estaba siempre abierta á todo el mundo,
que por tralicional costumbre entraba y salía por ella con plena libertad ~orno en la suya propia, pero con un respeto extraordinario cano si aquel recinto fuera un templo.
Obró sienpre el bien, practicó las virtudes cristianas, fué
amante de 11 verdad, generoso y caritativo, no hizo mal á nadie,
no tuvo enenigos. ¡ Dichoso él, que al bajar al sepulcro, cargado de años : de merecimientos, pudo decir desde lo íntimo de su
conciencia ané la justicia, aborrecí la iniquidad, por eso he sido
querido y nspetado de todos !
LORENZO CRUZ DE FUENTES.
Hueln 18 Joviembre 1907.

[FIN]

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                  <text>Primera gran revista del pensamiento cubano del siglo veinte, que alcanzó un gran prestigio internacional, aunque su existencia no fue ajena a intentos de proscripción e ignorancia en el interior de la isla. Apareció con periodicidad mensual en La Habana desde enero de 1913 hasta agosto de 1927,  El grupo de sus redactores fundadores, fueron: el historiador, escritor, periodista y diplomático Carlos de Velasco y Pérez (1884-1923), que fue su primer director, hasta finales de 1920; el escritor, bibliotecario y abogado Julio Villoldo (1881-1953), su administrador, redactor jefe desde 1922, y director interino en tres ocasiones (de septiembre de 1919 a febrero de 1920; de abril a julio de 1925 y de mayo a julio de 1926); el poeta, periodista e ingeniero Mario Guiral Moreno (1882-1963), que fue su segundo y último director; el periodista José Sixto de Sola Bobadilla (1888-1916), que fue redactor-jefe desde abril de 1916; el escritor y abogado de origen dominicano Max Henríquez Ureña (1885-1968) y Ricardo Sarabasa.</text>
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                <text>Cuba Contemporánea, Revista Mensual, 1914, Año 2, Tomo 4, No 1, Enero</text>
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                <text>Velasco, Carlos de, 1884-1923, Director</text>
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                <text>Primera gran revista del pensamiento cubano del siglo veinte, que alcanzó un gran prestigio internacional, aunque su existencia no fue ajena a intentos de proscripción e ignorancia en el interior de la isla. Apareció con periodicidad mensual en La Habana desde enero de 1913 hasta agosto de 1927,  El grupo de sus redactores fundadores, fueron: el historiador, escritor, periodista y diplomático Carlos de Velasco y Pérez (1884-1923), que fue su primer director, hasta finales de 1920; el escritor, bibliotecario y abogado Julio Villoldo (1881-1953), su administrador, redactor jefe desde 1922, y director interino en tres ocasiones (de septiembre de 1919 a febrero de 1920; de abril a julio de 1925 y de mayo a julio de 1926); el poeta, periodista e ingeniero Mario Guiral Moreno (1882-1963), que fue su segundo y último director; el periodista José Sixto de Sola Bobadilla (1888-1916), que fue redactor-jefe desde abril de 1916; el escritor y abogado de origen dominicano Max Henríquez Ureña (1885-1968) y Ricardo Sarabasa.</text>
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                <text>Henríquez Ureña, Max, 1885-1968, Redactor</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Autobiografía de Gertrudis Gómez de Avellaneda</name>
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                    <text>·RE\11/TA MtN/UAL

. DlREC.TOK:E.60MtZCARitiuo

.l!efudf98 COS""ºl"-ºllraa:_ Un no_veUat.a .tfel reallemo (p.61., M).

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C&amp;:»ix.--J)p,eeíu.fiJapl!no- amerll:ana•~ Del p.otme Cynnna (otro$
rr~'°')¡ p01' Arturo Trnres RioBttO (WJ.-Cy,ano, POJ'·Jum,
Blf1'1IIJI (.Oi).~eatl'Oa grt1ndu-ce14bor~do,rt~ ex-tra_nJet'C)a: el humor
ansto-taf6n·. _por A,.,L Je:1De- (4tllt)~ _Cuentos. ftp@ok!S_: _e:i mllanc,~
~r Jos"t; Caisttlló11 (484).-Anrotogla: Con su.e flnoe. Vütldo,s.- ••&amp;~ dfr4a esra noclut/ ..' .;--2:t bello nMO •..--el v~eno.- La f11t~te de
aan-gk....,:..Clelo de nlebh1s.-,.-MoQtn etetrabundá.-1!1 Ju.:o. porCl!rlO&amp;"BSJuklslre, rraducelótr de E/lodoro Ptréhe ·('80).-:'.".Crónh;e dri:P.,_
r{~: Bl· le:afro. lo&amp; libros y elarte., por/. •~el (4l'?). Crón1~ 1 ~
de: Portuvil: Poeraa iqodernot1t-POI' tJ.rrmw de &amp;rgoa (Colotnblrte)
'"".J),.,~tw11~ llter:.vio. &amp;: Cu_estloile&amp; e&amp;Jifflc:a.s...La crhita del "'70, por
11. "Cinridnoa-A6&amp;iUls ("'5:0).-1..ffc~rA!S novfalmoa~ et movlmfetlt-o _ul-'frafata ~11ñol, l&gt;Or Ouillerm1J de Torre (A'ra).-Crónka de,ttall¡tt L.o$
fletma, ló.s llh,pe y el arte. 9ºr '4opardo Nll1'inl (41M).-BI fecN-o .ea
e.tpaft~ ílmPl'@foát:!IJ, por: Cduardo Haro (!05).,--J!I dl1e en Ba}&gt;Bffa:.
BI ~ladór .y cln@'Qor lZalit6,n T.eí- y Boldd, PM. !J,ill~ de
te.

N,rtoa (Mt,.....,.Md13fea~ por YBgile,$ (323.!).-~lenlh.!d: Pe.laaj.~--Bnsuena..-Vída ~ Edliardo N. áel Portillo
un gJórfo~ aoler•
La caH de:1 COffl'ultffl) Maldon~o. póí'_ A berfo Va/ero:Hartfn (liBO),......
Blbl~nff1, por. c. P., A'rlliro Tol't't4 Rk&gt;seco~ Q, de Tt&gt;tre y n,..
h$I .LIIMO tfe
J!!!'p-(686). Crónica. ~cana:. ·a1 eapano.1 "".. loa
&amp;,ados Dnfdo,a..~J!t-.tro m la Atvrm'tlna (661),-BJ,tu~ crftf@a de
·Jllstoria·"'tttiosn: eO:nliodO uturli1fsJa en la mltoJoífa coffl]Hlrada, Poi'
edmundo Oonú/ei.:-/Jlartco (-6'1BJ,
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J~-Oe.

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NÚM. 2.l.

NOVIElllBRE DE 1920
8i1181'1pc16A: Un de, 30 peseta.
......

Ittinero ·euelto,

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2,50 peaetu.

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SOCJ~DAD' l!SPJ\80LA' DI! LIBllflRIA
Fa,raa,

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us UIIRlllúÁll DB áSPAWA v AIIÉIIICA, BIBLIOl'II~ D8
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B$TACIÓIQl8 V LIBl&gt;BIIIA DB YJUIIIBS, CABAU.BaO J&gt;B OIIAC)lt., ll8)
.

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us .

��UN NOVELISTA DEL REALISMO

Ignoro si C. F. Ramuz es conocido en Francia, pero lo

ea en la Suiza francesa.

En efecto; aparte de ..üfllé Pacl,e, peixtre wudoi.s, que
publicó en la Reuue h'elxJomad.aire, todas sus novelas hap
lfU'ecldo eo las revistas ginebrinas. La lirada de sus obras
es muy modesta. Un editor de Lausana, a quien hablé, me
dijo:

cFaera del público que lee y quP lee mucho, existe en
nueatros campos, sobre todo, un público que no compra
. _ que un libro por atl.o, y siempre del mismo autor, El
autor de esas gentes no es M. Ramuz, sino M. Beojamin
Vallotton.•
JI. Benjamín Vallotton es una especie de Georges
Ohnet, de la Suiza francesa; pero más mediocre, m.ás mal•
.-no. Y empleo esta palabra en su sentido pasivo, es decii:,
enfermizo, condenado a perecer, y en su sentido activo, '
•to .es, pernicioso para la salud intelectual de sua lectores.
Por auerte el cantor de Vaud, más astuto de¡Jo :que aparen1a, acaba de darle un puesto en uo colegio para la enseAllma del francés, pensando que con eso leerá mis la litelÚllla francesa, la comparará con la suya y dejará de es-

cqbir.

¿Pero qaé nos importa que un autor se lea o se;compre?
No ae trata aqui de comercio, M. Ramuz es de Vaud. Ha
1

■ l ■ LIOTECA Cl:NTNAL

u. A. N. L.

�, .Mi.1#(tl0
vela~ Jea-1..w ~ ~

vieto,
báy néepeionea, y acaso
de todo elite Olimpo. alguna Yutille a
1-0'MjJIM 61lfllillwandt, alpn Pap,i, de
Nfld, de Degas. Para estJ)S pinto rea la pin

(proas), NO#Vlllu 111
f1"""'1ia

(no'f'ela}, &amp;flUlll

el'O de nov-elas cortas. Tiene, ademla,

u

Yie ~ (novelas), que a~ no baa

o laay belleza ni hay fealdad. La bellUA es la
llfoa ardst.-s son raros. Mú raros aún lo
• exceptiio a Huysmans, digno descendieat

umen.

No me ocupar6 aqui mú que de SUB
re todo, de úa cwconBlarecu • la w,,
estra, y, como aseguraba Rachilde cuand
i
obra maestra.

flamencos, tqué- han hecho los escritores
tura eon esos dones de pintor? ¿Qu~ ha
Gautier? Han pintado bellos- jóvenes y heue con frecaem:ia no son m4s que trajes, se

ea

•••
Cuando busco determinar el lugar que .óelipai:
i:quz en la historia de la ~o\tela francesa, me V®
acribir que es un realista; pero esto es por ~
Pfllabra. El realismo es una aflagaza; el art~ realisti

anl•

posible. Imposible, desde luego, porque sólo se
a él los menos apropiados, y son los 6nicos ~
t,0naagrane. No hay arte realista sin impera

ser impetaooal en arte tio es otra eos. que
contraria( sus dones, violentar sus gastos, ~ t
mob a conttaviento, ceftirse los peores ~ esto., ¿a nombre de qué? ¿En nombre del Arte? N
eso. En nombre de la verdad; porque se estA p
que el realismo ea la verdad. ¿Quién puede intpi_.
jante aventura.•. , sino puros idealistas? ~ ~ • o
en au concepción, lo es rpAa en au e.JCCUCil»n;
arriesga a pintar la realidad si no se reconoce
to de pintor. ¿Y quiénes más que los pintores es
de belleza? Y ai la palabra belleza cbct'ca, dir:é
sas agrailables de ver, y que son a: la vista lo ~
paladar un plato deliciQSo. Penetrad en los ~
como una et~ puesta de sol, como un etemo
~ los bfOB de las carnes y ·lae llamastk 1
¡Qwitas VenU8l ¡Cúntas Ad~ ¡Culntaa

a de Merimé. ¿Qué han hecho los Gonoomt
I ¡La Fi1,ü &amp;i8a! Pensad a4n en
és de M"""- Baoory. cansado de tener tanto
estilo ca pan seco.-, se recreó en &amp;la""'6. CX..
te de su espíritu va hacia la plirpura, al sol,
dicen los Goncourt de su 0111,,ltx, Dnnailly. To. orea que abandonaron el pincel por la pluma.
~~~~~ haberlo hecho, son semejantes a este pintor.
pretendan ser novelistas realistas, tendrm
tni cósa que el oro., la p6rpura o el sol.
persuadido de que no podt4 haber noveliata
con mis modestia, que de todos los escritó-

aubert y comprendido éste) que ae han pto..
la realidad, ninguno se aprozima tanto a su
a.

•••
húteria. de una joven campesina, madre~ in-Luc
.U es la historia de un campesino
aa mujer, hasta votv~ loco. Affltl! P~
UD

pintor que busca su camÚlcJ; Lt,a,.. ei,la líiatoria de 11D notario que se casa

IIC&gt;ll

que se arruma por ella. a,..,¡ &amp;llit es la

BeJet.

�388

COBMÓPOLIS -

xr-1920

Como se ve, todos estos asuntos son bastante comunes
para que el autor los hdya inventado. Esto, sin embargo1
.no es una condición del género. El escritor realista puede,
por el contrario, si le place, hacer el relato de las situaciones más inverosímiles. Si los caracteres son verdaderos, la
inverosimilitud del argumento hará entonces más intensa
la sensación de lo real. Y el mismo M. Rarnuz da un ejem~
plo en Le Jeu a Cheyseron, especie de Ilíada pueblerina y
montañesa.
En una obra realista pienso que si hay algo que deba
dar la sensación de lo real, es el diálogo. Anoto, sin insistir
1
en ello, que en las novelas de M. Ramuz no solamente los
personajes dicen lo que deben decir, sino que con frecuencia se tiene la impresión de que ellos no pueden decir otra
cosa.
Antes de casarse con su criada Emilio Magnenot, notario en Arsens (pueblecillo del Vaud de los dos mil habitantes), se ha casado con una joven de la localidad: Helene
Buttet, &lt;{joven de buena familia&gt;. De novios van a pasearse
a lo largo del río.
«Pasaron cerca de la fábrica de electricidad...
Él dijo:
-Debería usted ponerse el chal.
Dijo ella:
-Si usted quiere ...
Y le deja hacer Dice ella aún:
-¿Trabajan toda la noche en la fábrica?
-Es cosa obligatoria. Sin ello, las lámparas se apagarían.
Después la fábrica quedó oculta a sus ojos.&gt; (De Las circunstancias de la vida.)
Se casan. El autor nos describe el cotidiano levantarse
del notario.
«Al fin estaba vestido y ponía su reloj en s.u bolsillo.
-No sé por qué este rel9j ~e atrasa.
-¿Habrás olvidado, acaso, darle cuerda?

ESTUDIOS COS!l0l'Ol,I1'AS

389

-¿Cómo quieres que lo olvide? Es cosa de todos los
días.
·
Antes de salir iba a abrazar a su mujer. Aún no babia
aprendido ella. No ponía la boca, sino que volviéndose en
la almohada presentaba la mejilla, una mejilla fria. Él se
preguntaba alguna _vez: «¿Era una mujer así lo que yo necesitaba?»
La mayoría de los novelistas, aun los más escrupulosos,
. prestan a sus personajes una extraña clarivi1lencia. Los seres más limitados se entregan a una especie de introspección, dt' la cual serían incapaces algunos psicólogos. Los
burgueses de M. Ramuz son menos analistas.
·
Frieda Henneberg, la criada del· notario, se ha dejado
violar por él y luego le ha obligado a casarse y a dejár Arsens por LausaP-a. No tarda mucho en mostrarse tan mala
madre como esposa. Ávida de lujo, entre Qtros locos gastos, incita a su marido a alquilar un piso demasiado caro
para él.
«El notario pide dos días para reflexionar Está resuelto
a no ceder esta vez; sin embargo, consiente. ¿Cómo ocurrió ésto? Aí anochecer habían vuelto a su casa; Frieda, en
una habitación al lado, cantaba durmiendo al pequejíuelo.
E:iita noche le había cogido y abrazado dos o t;res yeces, y
el niño se había puesto a sonreir, porque ya comenzaba a
tener conocimiento. En segtáda le había dado de comer, le
había desnudado ella misma, desenrollando su larga faja, y
en ese instante le mecía. Cantaba meciéndolo. Cantaba una
canción alemana, algo triste, con notas sostenidas, que van
disminuyendo al fin de las estrofas, y su voz se extinguía.
Después recomenzaba. Era ya de noche y no debía de ha.her en el cuarto de al lado más que una bujía y una lamparilla y la mujer con el niño; y Emilio escuchaba.
Escuchó aún un poco; su mujer cantaba siempre; entonces se levantó, abrió la puerta, la vió sentada cerca de la
cuna, y dijo:
-Si quieres, iré a alquilar el piso.&gt;

�-.-.~~~

balta cl4nde Jlev&amp;Ra41.uz eu pasión por-la " '

a.Rio . . . . .ot vela a H~1-a, 811 ~
-riblfáda.
~Alpna vez pentiaba que el aueAo p,dría·m •

Su reloj -.i&gt;a
c:Mvo de la pared. Vi6 que eran laa once. ~
.t¡ue .estaba alli. Aún estarla otra hora. .• , aedelt~ se cerraban.
Cuando ios guadafladores siegan no se sóld
lilléa derecha. sino un pie ante o~ en una ~
Y el pripiero entra en la hierba con .u gaadal!a J
~ndo, haciendo QD camino elato, que repr~
do cmutdo llega su turno de entrár, luego el -~~
#,O Wl cuarto.
¡Qué linda mai'lana! Desciende sobre el boaq\le
íobre la fina punta de los Arboles y mira de álto a
el prado las flores de -tr.es o cuatro especies;-'$ •
cia el es~e donde están los patos-, y luep
mino clende el vaquero marcha pata

~ levantabá bruscamente..•

la~-• •

berr«d.Ci&gt; a su espalda. Ya se levantan hui nilia&amp;tCID
8INl4o y se frotan los ojos.
De pronto~ a Emilio que lieleaa l e ~
to,. lo mira••••
No ~ puede dar mejor lá sensación del au-..
el durmiesite cuando entra en el 1ueilo no tiene~el autor no lo expresa, Se contenta con pasar del
to al presente y de aligerar como en sueA• .i
relato.
Si la ·realidad, segim la fórmula de Scho1peíJMi1_.
es mis cque mi representación111, haJ taotM
·
iadividuos. I,aego si el autor pinta la suya, _.. di
personal y por consecuenda, :eaJillta. S i ~
y lo otro, la realidad que deberá diaetitir
de
.sonajes. Pero nada es mAs ~oso- S'e -..1 ua

ea•

Flaubert:
•El (Homais) siente gran. e n ~ lK&gt;t''-

~..
~tede
61 ~ y aieJlte que se
ate hombre, nlú agarrotado qu~ un..Se:
C(Mn01111al&amp;g0••

qv.e cita este pas,tjeenú:Bo,,,o,I N..,.~

. mo aqui ae. mueatra .ya el autor.,.¡
Seytal ¿Cómo puede comprende la sdora
.

DiMrmt:o; yo me fiemo la escena que acaba de lé.erle

~ , donde estarúi r~preao•
-alcoba una bliJgqesa normanQ, la seflora Hota y 11\1.aov:elista moderno, f'laubert, que nQ

que1-eer.
alpllo&amp; fragmentos de M. Ramuz.
ente, los pasajes mú incideutaL
· esto es, aqeellos en que el autor, en
br-e de inten'anir con todo aa arte, t
t111 maneras de veF, de sentir y de

recibir «los mt&amp;sicos..,
:r.; el autor~• trata.
- - e a las ciuda~, y io mismo en lOá grani!íeDIOil;
vid concbaida la jornada, loa hombres y
e,:i sus instmmentoa de metal; constitu..
, nombran un director y se estudian 1-a
®

ee todo; ea preciso actuar; se habla

u.ea o cuatrO ai\os..se celebra$e una pn
~ - o ~ o t vaains~ eaLauaao
Da11ZD11UQ.1paabmre

resefta híJórieadé.la ciutlad.-

de Vf&gt;ltaire., de'-oaaseau...
G ~ , COJl soc:abea gs,rda J ,u
eiscribe 111 historia sentado en 81J •
ll~tó4a~taflUllen.te;

�392

COínfÓPOLIS-XI-1920

se presentan más a menudo viniendo de Francia, mientras
que BonaparGe comienza a ser un gran general que infunde
miedo a los demás generales, •y los soldados están contefltos de ir con él a la guerra. Algunas veces pasan tropas,
pero lo más frecuente es que el ruido se produzca leios y
las montañas impidan oir el cañón; o bien se verÍ partir
hombres del país con su bello uniforme, y luego no se sabe
nada más de ellos.,
En Lausana Frieda se aburre e invita algunos amigos:
«Desde luego, la señorita Walter toca la m&lt;!ndolina y
lleva su instrumento. Es un instrumento maravilloso. Con
un pequeño triángulo de cuerno, se frota sobre las cuerdas
de hierro y se obtiene una música fina, henchida de sentimiento, Solamente la mandolina no da de sí lo que puede
dar si no la acompaña el piano. ¡Qué lástima! Frieda no tenia piano.,
He aquí otros pasajes menos incidentales sacados, uno
de Jean-Luc persecuté:
«Hablaban pues, y luego permanecían un largo momento sin decir nada. Se tiene algunas veces una idea que os
pasa por la cabeza y os quita la pipa de la boca para darla
a conocer; después de esto, se pone otra vez la pipa en la
boca y se espera que vt:nga otra ... ,
Un pasaje, de Aline:
~Mientras que marchaban los dos, el uno al lado del
otro, J ulien buscaba en su cabeza. Hay veces que se tienen
obstruídos los tubos de la cabeza. Entonces miraba en el
aire.,
Así, M. Ramuz, hasta en sus relatos toxna de sus personajes, no solamente su modo de pensar y sentir, sino su
modo de hablar¡ reproduce su estilo.
Pero semejante método no deja de tener sus peligros.
Porque no es la lengua de burgueses y campesinos lo que
el autor quiere reproducir, sino la lengua de burgueses y
campesinos «vaudois&gt;. Y no han faltado críticos que adviertan a M. Ramuz: «Cae usted en la «vaudoiserie». Se
queda usted al margen de la lengua francesa.»

ESTUDIOS COSMOPOLlTAB

393

Trátase de responderles. En ausencia de una estética de
la lengua francesa me vería muy embarazado. Pero M. Remy de Gourmont, jugando así una buena partida a todos.'
los pedantes de colegio, ha formulado esta Esthetique, y leo
(página 148, II):
«Para censurar la deformación . lmgüistica, .M. Descp.anel habla desde el punto de vista del uso y la corrección
académica. Es también lo que ha guiad.o al coleccionador
del Almanaque Hachette para el año de 1899. Este modesto y anónimo defensor del bello lenguaje ha recogido cerca de trescientas faltas (según escribe) de francés y las ha
corregido valientemente. No da explicaciones. Es un Dites,
Ne dites pas, en toda la sequedad brutal de estas especies
de Manuales e intitulado con firmeza: Si nous parlíous
franfO,is. &gt;

t

Noto,, no sin alegría, que estas deformaciones (M. Remy
de Gourmont da la lista) son, en su mayoría, las mismas
de esas de las cuales están compuestos parecidos Dz'tes, Ne
dites pas, aparecidos en la Suiza francesa y del cual el más
conocido se intitula, más enérgicamente aún: Parlons franfais. Luego si en la Suiza francesa el pueblo habla ~al,
puede consolarse, porque toda Francia está con él. Porque
no supongo que el Almanaque Hachette esté especialmente editado para Suiza, ni que su redactor anónimo haya ido
a componer su catálogo en los campos del cantón de Vaud.
Se creerá que todas esas faltas, son condenables. Pero
nada es más falso. Pasando revista a esas deformaciones,
M. Remy de Gourmont prueba de una manera incontestable, que no solamente el deformador no está del lado que
cree M. Deschanel, con todo el mundo, sino que el mal
francés del pueblo es siempre francés, y a veces mejor francés que el de los gramáticos.
Por lo demás, esta defensa es casi superflua. Apenas si
M. Ramuz usa de estas formas de que acabamos de demostrar la excelencia. Si peca contra la lengua académica, es
sirviéndose de expresiones o de palabras de las cuales el
pu,:!blo ha cambiado o amplificado el.sentido, pero de las

�894

COSMÓPOLIS

xr-192-0

cuales respeta la forma. En las citas ya hechas, un gramático puntilloso haría notar que la «traite» (herrado) significa
la acción de ordeñar, y no la leche contenida en un recipiente, que se ha ordeñado, etc., etc.
Pero hay algo más en literatura que cuestiones de gramática. e:Admitimos, se dirá a M. Ramuz, que vuestro lenguaje es correcto) pero no es bello.» Y esto, en efecto, se
le dice con frecuencia. En un estudio consagrado a M. Ramuz, estudio muy inteligente y de los más admirativos,
M. René de Weck cita este pasaje:
«Se pensaba que era necesario que se hubiese arrastrado allí dentro con las manos; se pensaba que en esa prensa
que se había arrastrado allí dentro y que había debido desgarrarse allí dentro. ¿Y a precio de qué esfuerzos había salido de allí? (Le mort du gran Favre, novela.)
Después dice que este modo de escribir es, por lo menos,
extraño, y que, por otra parte, no podía ser el lenguaje de
leñadores. Pero, ¿qué importan estos detalles? Se comprende que M. Ramuz no puede escribir la lengua del país con
sus frases arrastradas, que no acaban nunca. Frente a ella,
su actitud es idéntica a la del novelista frente a la vida; no
lo toma todo, elige. Y así como de sus personajes y de su
ambiente no recoge más que lo esen_cial, así de su lengua. je, de su modo de hablar, no reproduce más que el tono.
_ Algunos novelistas, como por ejemplo los Goncourt,
que no confiesan otra ambición que la de dar al lector la
sensación de la vida, van derechamente al fin contrario.
Para ellos la vida es una sucesión de cuadros, de cuadros
con su marco, y cuanto mejor la describen mejor la pulen
y más dan, como es natural, la impresión de una tela pintada. Es pintura y no vida. De suerte que el lector, en vez
de tener entre él y la realidad una sola cosa, tiene dos: primera., un cuadro pintado; segunda, la de;;cripción de este
cuadro. El que suprima lo uno y lo otro, dará verdaderamente la sensación de lo real. Eso es lo que hace M. Rarnuz, en la medida de lo posible. Su estilo es un estilo hablado. Es hablado, luego ·es viviente. Se oye a lo largo del

ESTUDIOS COSM.OI'OLITAS

395

relato la voz misma de los personajes y sus voces y sus
acentos; se las oye y se les ve, de modo que puede decirse
que entre el lector y la vida no hay casi nada.
Y si la belleza de un estilo no es otra cosa, en suma,
que su virtud éreadora, hay que ~onvenir, respecto a M. Ramuz, que su lenguaje e:s bello y que no ha querido, tle sus
humildes personajes, más que recibir lecciones de arfe.
La característica del «vaudois», burgués o campesino, es
la de no tener prisa nunca. e:Hay tiempo» es su divisa. El
estilo de M. Ramuz, no tiene prisa. Su estilo «tiene siein:_
pre tiempo». En las líneas de sus novelas, los minutos se
suceden como en la esfera de un reloj. Conozco pocas novelas que marquen mejor que las suyas la infinita lentitud
de la vida en el campo o en un pueblo. A un novelista le
será muy difícil definir esta lentitud con hábiles metáforas,
se~uir la marcha de las sombras en el.Pavimento de la plaza vacía, escuchar, vivir el pueblo y concordar un instante
el ritmo de su frase al latido de esta vida, si el acuerdo no
es constante o no siente la lentitud de esa vida.
Así se apercihen todos los efectos del contraste que
casi sin pretenderlo el autor van a brotar de su relato .
Cuando un personaje no ha dicho nunca «¡vamos!~, sino
cereo que será preciso ir», y que no solamente su. exístenda, sino toda la vida en torno suyo ha sido tan calmosa y
proporcionada; si de pronto ese hombre arrojando a su
mujer le grita: «¡Vete!» ~¡En seguida!», el lector comprenderá la inmensa cólera de que ·está poseído.
Y estos no son más que sentimientcs, estados de alma
pasajeros que se expresa□ por sí mísmos; pero hay además los caracteres. Cuando en esta misrna lentitud de palabras y de gestos se oye de pronto a un viejo exclamar
febrilmente: «¿Cuánto han costado los huevos esta maflana? ¿ Cuánto las legumbres?», es superfluo añadir que se
trata de un avaro.
Hay más. En fuerza de escuchar «a los viejos de los
gruesos pant~ones de pana", M. Ramuz ha hecho suyas
todas sus maneras de hablar o más bien, muy diestramente,

�396

397

COSMÓPOLIB-XI-1i}2Q

ESTUDIOS COSMOPQUTAS

las ha transformado en otros tantos procesos literariosTomemos algunos ejemplos de Les circonstances de la
vie:
cDespués, estando reunida toda la boda, los señores
dieron los brazos a las damas, las campanas sonaron, tocó,
el órgano y el cortejó hizo su entrada. Hizo su entrada y se
sentaron.»
El primer «hizo su entrada» marca el principio de la
acción y el segundo su fin.
Los personajes suspenden el relato, lo cortan con adverbios de tiempo que desempeñan el papel que las pausas
en la musica.
Y acaso no yerran, puesto que estas pausas existen en
la vida.
«Era, pues, allí. Entonces, al entrar, se llegaba, ante
todo, a un corredor mal alumbrado; en seguida ... -»
Nada más pleonástico que su lenguaje. Acojamos, pues,
el pleonasmo. Osemos hacer de él un procedimiento, impresionista, que mejor que ninguna metáfora costri~a al
lector a ver la frecuencia y la prosecución hasta el enervamient'o y le dé, en fin, de las cosas una sensación tan viva
como la realidad misma.
En el teatro, cuando la ópera Tannhaüser es ver&lt;iaderaroente interpretada, se ven los peregrinos; están fatigados
por un largo viaje, avejentados, encorvados, y salen entre
las rocas por una pequeña senda que ellos siguen ...
los árboles se escurren; · uueve debajo, no en ot:ra parte.
A esta hora las muchachas van a buscar agua a las
fuentes, -con grandes cántaros vacíos que traen ll-enos.
Hay infinidad de cosas que siendo percibidas por un
personaje cualquiera, no le hacen impresión ninguna. El
novelista puede muy bien no cuidarse de ello y expresar
la sensación que él mismo sentiría. ,Así Charles-Louis Fely&gt;e, escribiendo: «Los tranvías hacían ouau ... ouau...
como bestias feroces'&gt;, puede contestarse con nombrar
sencillamente cosas sin darles importancia.:'Pero el lector
no ve nada. Para ser a la vez artista y realista, es preciso.

que el lector vea la cosa; pero sienta que el personaje,
.siéndolo también, no reciba ninguna impresión.
e Y allí múy cerca se encuentra la estación del tranvía ..
Cada minuto sale uno con el conductor de pie en la delantera, haciendo sonar el timbre.&gt;
Ingenioso procedimiento que fuerza al lector por imágenes, que por contra quitan a la cosa la banalidad que
quiso dejarle. Pero no podría abusarse de tal manera de
escribir, y M. Ramuz no abusa. Jamás sacrifica la claridad
de la visión.
«Había un pupitre de pino parecido a los que se ven en
las escuelas, aunque mucho más grande. Estaba barnizado
de negro; veíase dentro toda la ventana con el dibujo de
las cortinas; _entre el reflejo argentado1 la tinta formaba
manchas mates ... ~
Después del taller visual, el auditivo:
«Y luego el teléfono; se coloca el catálogo de los .abonados en la tablilla y la bolita entre los timbres se agita
tintineando cuando se cierra la puerta con violencia.»
En fin, M. Ramuz se acuerda de cuanto ha aprendido entre los escritores mas artistas, y sin duda también entre lvs
pintores (se diría de un Cézama), y por eso dirá de lo alto
de un camino en pendiente: cEntonces 1 de pronto la pendiente cesa y aparece todo el pueblo.•
Se dirá acaso, en este caso, que el autor pinta su realidad. Le parece en efecto. Pero lo que a la verdad importa,
es menos la intensidad que el caráct.er de la visión. Y aquí
aún, Pl autor ha conservado fielmente el tono de sus personajes. Y este tono le basta para expresar ese carácter.

***
Cuando refiriéndose a uRa novela se ha hablado del
diálogo, del análisis psicológico, del relató ... , ¿qué queda?
Parece que no queda nada, pero quedan nada menos que
los paisajes.
Pienso que M. Ramuz exclamará como Paul Fott: &lt;Bien
ladino será quien desc~bra en mí el poeta sen timen ta&gt; ol

�398

COSMÓPOLIS- XI-1920

el poeta lírico .. Y1 en efecto, su máscara es con frecuencia
impecable y no se adivinarí.a apenas bajo la peluca de cabellos lisos del novelista realista, la melena delpoeta.
Sin embargo, tiene capítulos enteros de novelas donde
el lirismo impera en absoluto, y hasta cuando lo oculta entre las cenizas grises de la más fria realidad, se le siente
alentar. Más de un lector atento que lea toda su obra no
tardará en darse cuenta que hay en M. Ramuz no solamente un lírico, sino un místico a lo Claridel. Notaría, sin
duda, que su modo de expresión, el m;ís natural, el más
espontáneo, sería el poema en prosa. No es sino por sacrificio, por devoción artística, por lo que M. Ramuz se ha
hecho realista.
«He querido, rws diría M. Ramuz si quisiera confesarse,
pintar los burgueses de Les circonstances de la vie, porque
para mí el objetivo único es el de dar al lector la sensación
de lo real, lo cual no se consigue pintando gentes hermosas,
it1teligentes y buenas. He visto ·y escrito todo esto, pero ..
¡que me dejen mis paisajes[ »
Así hablaría M. Ramuz, pero vamos a ver con qué docilidad plega su romántica fantasía a las necesidades del
realismo. Y desde luego no confundamos la naturaleza y
los paisajes. Es claro que la primera existe por los campe•
sinos , y que cuanto a los burgueses de Les circonstances de
la vie, casi todos son viticultores o propietarios. Viven con
la angustia de la lluvia o del sol; interrogan el color y la
forma de las nubes y el cariz dd horizonte lo mismo que
se espía en el rostro de un déspota los signos de la cólera
o de la serenidad.
La mayoría de las Nouvelles et Morceaitx son la historia
de montañeses, víctimas de la naturaleza. La naturaleza se
convierte en uno de los . personajes del drama, y sm duda
el más importante de todos. Hay el hombre y el árbol. Hay
el hombre y la pendiente. Hay el hombre y la niebla.
¡Cuántos admirables pretextos para M. Ramuz, para ceder
a su pasión de describir montañas, cielos, árboles y nubes!
Además, si estas gentes, en su mayor parte, ignoran lo

E!-.TUDI0S C0SM0P0t.ITAS

399

sentimental de la naturaleza, todos, a lo menos, conocen el
invierno con su frío y su obscuridad-y el verano con su
calor, la sed y el sudor;y para expresar estos estados, M. Ramuz sabe eRcontrar notas tan delicadas como realistas:
«Era mediodía. La }1ora en que las ranas sufren en el
hueco de los terrones a causa del sol, que se ha bebido el
roGío, y sus gargantas lisas se abrasan pronto.»
Tiene el cuidado de elegir sus comparaciones pintorescas, tales como las haría un campesino que, sentado delante
de su granja, levantara la cabeza y mirara al cielo:
«Hacía un tiempo gris un poco fresco y soplaba ligeramente el cierzo. El cielo tenía nubes blancas, redondas,
que se tocaban como los guijarros delante de las cuadras.,. .
Cuanto a los paisajes, hay ur,o y muy VBsto que sirve
de lienzo de fondo a Les circonstances de la vie, que es el
lago Leman. Hay tantos lagos Leman como escritores lo
han descrito. Sólo entre los contemporáneos tenemos a
l\lrne. de Noailles, que lo italianiza¡ a M. Jacques Cheneviere, de la Suiza, parece que lo japoniza; a M. de Reynolds,
que lo heleniza; a M. de Traz, que lo orientaliza; a M. Cingrio, que lo latiniza ... , etc., etc. Todos tienen igualmente
razón. Peró, oriental, japonés, italiano, latino, se concibe
que el lago Leman no sea nada de esto para Helena Mag~
nenat:
. «Helena continuaba mejorando. Pronto pudo por sí
misma abandonar el lecho. Se la instaló en un sillón delante de la ventana ... ¿Qué es lo que entonces veía?
Frecuentemente había niebla; no veía gran cosa ... A
v~ces distinguía el lago. Hubiérase dicho una llanura de
arena, pero una completa llanura, sin un montículo, ni un
:-surco, como un desierto muerto y sin más orilla que aquella
donde el cielo se juntaba con el agua. Luego se abría un
boquete en una nube, y la luz, saliendo por allí, se extendía
fo~mando un cono con la punta hacia arriba, y en la superficie del lago era como un círculo dorado. Parecía reani mar el agua, porq_ue en el sitio donde tocaba al agua na-

�400

COSMÓPOLlS-XI-1920
llSTUDlOS COS.MOPOLIT.\S

cían pequeñas ondas con su brillo y el gris que las rodeaba se hacía más turbio.&gt;
Si se quiere sentir lo realista que es este pasaje, hágase
la prueba siguiente: Léase, ciérrese el libro y vuélvase a
leer al otro día; cosa extraña., la descripción os parecerá
dar débilmente el espect4culo que os hizo ver. Pero si se
busca la causa, se la encontrará sin esfuerzo. La descripción del novelista nos ha hecho ver un paisaje, un «efecto
del sol sobre el lago&gt;. Pero esta imagen creada en nuestro
espíritu no ha permanecido intacta; hemos añadido incons·cientemente la idea de belleza que no encontraremos en
nuestra segunda lectura, porque esta idea de belleza que no
existe para Helena el autor no la ha expresado.
Así, aun cuando describa el sol por el placer de descri•bir, M. Ramuz · se somete y subordina su visión a la del
personaje.
Las descripciones de los románticos no son con frecuencia sino poemas intercalados, «fugas sin relación con la
obra».
Las de los naturalistas nos informan algunas veces sobre el estado de ánimo pasajero del personaje.
O de otro modo: en las descripciones románticas no
existe frecuentemente más que el autor; en la naturalista
existen el autor y el personaje. En las de M. Ramuz no
existe más que el personaje. Sin embargo-y ya lo be dicho-, el estilo de M. Ramuz está lleno de fuentes líricas, y
3. veces un surtidor de agua sube, sin ningún énfasis, pero
cuyo elegante rumor detona extrañamente en estos con
,ciertos burgueses:
«Se acababa de franqQear la línea de separación de las
aguas. Sobre una vertiente la lluvia que cae se va al Ródano, que la 11eva al mar Mediterráneo; sobre la otra vertiente el agua va al Rhin, que la arroja en él mar del Norte. Y
de un lado está el Sur, y se huye hacia las comarcas de la
viña y del olivo; pero del otro está el Norte. Se nota en seguida que las cosas han cambiado. Ya no existen los dulces frutos, ni el árbol que abraza la hiedra y abre sus ra-

40l

mas blandas sobre el lis y el rosal, ni .la dulzura de vivir
cerca de la madreselva, cuando el zumbido de las abejas lo
llena todo como un rumor de campanas, sino una rudeza
particular en el aire, en la luz y en los movimientos del
sol, porque el revestimiento de tinra está consumido y h
roca está perforada por sitios donde la hierba crece sola
con los tristes pinos ...
Hay pasajes donde el autor se muestra más aún. Después de haber descrito Lausana engrandeciéndose, los nuevos edificios, la ciudad avanzando día por día sobre la campiña, exclama de pronto:
«¿Te acuerdas tú? Allí donde estaba el papellón de las
viñas donde se venía en verano ... se veía la laria;a ribera
que lucía ante nosotros.&gt;
El pintor realista pinta en su taller. Pinta invisiblemente, Pinta los barrios nuevos, las calles nuevas de una ciudad que se desborda por los campos, que se traga sus queridos paisajes, y de pronto, levantándose y volviéndose hacia el amigo que le mira pintar, exclama:
¿Te acuerdas tú?
Pudiera temerse que tales interrupciones comprometieran la precio,;a impersonalidad de la obra. Pero en verdad
no es así, p 11diera decir que es lo contrario. Ciertamente
que_ el autor aparece, pero tan diferente de su oura, tan por
encima. y tan dueño de ella, que el realismo se beneficia.
Estas intervenciones tan claramente marcadas, son efectos
de contraste que se sentiría que no exi5tieran. No es en sus
persoaajes donde el autor aparece· es al lado y esto es
1
' muy diferente. Ese punto de comparación, ese breve gesto
de poeta, lejos de dañar a la ilusión realista, la sirve. Tal
en una calle de rrovincia, un vestido de parisina.

Por lo demás, y ya lo he dicho, no hay realistas. Pero
creo que M. Ramuz lo es tanto como se puede serlo. Lo e¡
por sus argumentos, que son de siempre y de todas partes.
Así concebido el realismo, es vecino de la poesía. No se lee
!

��■

PO[SIAS HlS1'AllO-At\El2.ICANAS
V

DEL POEMA CYNTHIA
(OTROS FRAGMENTO$)

Se prohibe la. reproducción de estos versos en su forma total.
A. T. R.

Luces, bohemia y oro, mujeres y tragedia,
y mentira y vergüenza, rastrerismo y comedia;
he aquí mis veinte años, mi tablado de farsa,
pero ya siento el asco de esta infame comparsa.
Pero hoy sobre mis labios queman todos los vinos;
pero hoy se hacen cilicios los divinos racimos
de senos luminosos, de lenguas escarlatas,
hoy me avergüenza el vicio, las orgías baratas,
los poetas de circo, las mujeres de feria,
el labio carcomido, la pupila de histeria.
Hoy hombre libre, fuerte, por esferas divinas,
rectas como una flecha, lanzo mis golondrinas
hacia los cielos claros y los mares remotos,
y me quedo en la calma de mi estanque de lotos.
No creo en Dios, lo lie dicho, y por eso soy libre,
creo en la leche tibia y en el pan de gengibre,
en el lecho campestre y en la palabra suave,

POESfAS KiBPA~0-.AMEBICANAS

en la manzana blanda y en el canto del ave.
Vida sin trascendencia ... ¿Qué queréis? Es la vida.
Vida que es una flauta y una luz encendida,
vida que es una senda que no se alarga nunca,
alguien dirá: fracaso, esperanza ya trunca.
Y bien, ya no discuto la opinión de la gente,
si ellos quieren ser ríos yo quiero ser la fuente,
si eilos quieren ser mares yo quiero ser el lago,
al gesto decisivo mi gesto largo y vago.
Cynthia, todo lo has hecho con tus grandes martirios ...
Recuerdo el despotismo de los reyes asirios
que a las reinas clavaban los 0jos con azores
y cortaban sus labios como sangrientas flores.
Pero todo eso es nada pensando ... No pensemos.
¿A qué hablar de estas 1.;osas que tanto conocemos?
Basta que tú comprendas que has logrado tu fruto,
tú tienes suficiente con tu lloro y tu luto.
Si, soy el hombre libre que se alzó de tu vida,
por ti soy una flauta, soy una copa henchida,
por ti voy como un canto desconocido y fuerte,
como un atleta griego camino hacia la muerte.
Cynthia, tatuemos hondo, tatuemos bien profundo
esto, sin nombre, nuestro, a los ojos del mundo.
Hablaré de lo intenso de esta tragedia griega
donde andaba la suerte como una vieja ciega
cori el cabello loco por los hombros roídos,
con labios purulentos y con dientes podridos.
Las manos eran huesos roídos por las cales,
los ojos eran luces de negros funerales,
cuando andaba crujían sus rodillas agudas,
temblaban como gajos sus piltrafas desnudas.
- Andaba con saltitos, con aullidos y gestos,
monstruo de apocalipsis, quién sabe de qué incestos
de eternidad, quién sabe qué satiresa loca,
a qué dragón infame &lt;lió su vientre y su boca.
Diré (le las arañas de los cuartos obscuros
que van gelatinosas subiendo por los muros,

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�4-06

COSMÓPOLI8-X1-1920
POEsfAS HIPANO·.AMERICANA

1 1

st1s piernas torneadas para estrangular cuellos,
cuando ellas se aproximan se hielan los resuellos.
Se nos clavan sus ojos en el cerebro ardiente,
se nos crispan las manos, nos entrechoca el diente,
se nos va levantando de terror la melena,
una pavura enorme nos aprieta las venas.
Y las arañas trepan por las carnes desnudas,
frías, alucinantes, con sus patas peludas
enroscan 1 desenroscan sus anillos, avanzan,
aprietan en los muslos y sobre el vientre lanzan
hilillos de oro y muerte. El cerebro se muere
de un terror de cavernas, .. ¡La ARAÑA! ¡Miserere!
Y de los perros locos en las noches de invierno,
de los hijos malditos del dolor y el infierno;
de los perros que lloran en un largo lamento
que se aguza y se alarga con las trompas del viento.
Perros en las aceras despedazando grillos,
cuyos caparazones crujen como cuchillos,
mascando como vidrios asquerosos insectos
con vientres oliváce~s de líquidos abyectos,
que les traban las lenguas y les untan las patas,
perros que saborP.an los sesos de las ratas,
perros que desentierran calaveras humanas
y que se quedan tiesos al llegar la mañana.
Toda tragedia humana, blasfemia, cuchillada,
horror de tumba, todo, no ha sido nada, nada,
junto al dolor terrible de la tragedia de astros
que estalló en nuestras vidas dejando eternos rastros.
ARTURO TORRES RíoSECO

(Chileno.)

CYRANO
I
Fuiste grande, Cyrano. Fuiste grande y heroico ...
Tu vida fué un poema bello y triste a la vez;
el Dolor te hizo al cabo resignado y estoico,
sin que nunca abdicara tu indomable altivez.
Tu espíritu selecto era una abeja de oro
que libaba en la Gracia, lo BellC? y lo Ideal,..
pero tus labios nunca gustaron el tesoro
de mieles que entrañara su divino panal ...
Te traicionó la Vida, te defraudó la Muerte,
que no logró rendirte aun llegando a vencerte,
pues tu blanco penacho no se abatió jamás ...
Y para tu alma limpia como la luz que riela,
fué e! dolor incurable de ser feo una espuela
que, al herirte constante, te ennoblecía más ...

II
Como en un vaso que hubo, resta algo de la esencia,
queda en el alma nuestra tu amargura al pasar;
quizá porque despierta la cruel reminiscencia
&lt;le lo que ambicionamos sin poder alcanzar ...

La comedia que hiciste, esa amena comedia
.para quien ignoraba tu secreta pasión,
en tu espíritu era dolorosa tragedia,
dardo que laceraba tu noble corazón ...

407

�._-

----

-~;..;._

COSMÓPOLIS.- XI-1920

Todo te ha sido adverso en tu vida incompleta;
diste a otro tu alma de hidalgo y de poeta,
y él hubo flores, frutos ... y tú espinas, dolor ...

Y en la postrera etapa de tu amargo camino,
como la última burla sangrienta del Destino,
te acarició la frente, ya imposible, el Amor ... (1)
JUAN BURGHI. .

(1) Del libro que, con el título de La quietud, del remanso, acaba de pu·
blicar.

EL HUMOR ANGLO-SAJÓN
/

No estamos tan convencidos, como parece haberlo estado el siglo xvm, de que la naturaleza sea por todas partes
la misma y que el mismo género de bromas se encuentre
bajo todos los climas. Admitimos que la risa tiene su patria
y que las agudezas que acompañaban al imperator subiendo
al Capitolio, tengan semejanza con las que debían resonar
algunos siglos más tarde sobre los tablados de Shakespeare. Diríamos de buena gana que el humor es la alegría natural de las razas anglo-sajonas. Todo se compenetra, sin
duda, y una poca de esa sal británica ha podido ser recogida en algunos rincones de la tierra de Francia. Pero no se
la encuentra aquí en abundancia ni en el estado puro. El
humor, por el contrario, ha echado potentes raíces en las
orillas del Támesis, como en las ondulantes llanuras de Irlanda. Metodistas y puritanos, cuando emigraron no dejarvn de transportar a la Nueva Inglaterra una rama frondosa del árbol nacional que se desarrolló vigorosamente. Y
en compañía de Artemuz Ward, de Whilcomb Kiley y-de
otros, vino un día Mark Twain a sentarse a su sombra y
desenvolver sus originalidades. Allí encontró la gloria.
Y Twain explica que el humor representa una gran
fuerza bienhechora. En ella se refugiaba cuando la vida le
parecía áspera. Se puede pensar que sobre las olas del Mi•
sisipí, donde fué piloto, como en los placeres californianos

�-

-410

I

i
1

1

1

COSMÓPOLIB-XI-1920

donde buscó el oro, el humor le ayuda con frecuencia a
amar la vida. cEl humor proclama, es en suma 1~. gran cosa;
es nuestra salud. Cuando aparece, toda dificultad se vence,
todo resentimiento se disipa. Y las tormentas de nuestra
cólera ceden a un alegre sol.&gt; Twain no estaba lejos de
creer, ese día, que toda la dignidad del pensamiento americano residía en el humor.
Frecuentemente una paradoja no es más que una verdad disfrazada. ¿Qué verdad disfraza la paradoja de Mark
Twain? ¿Y qué es el humor?
Como todo lo espontáneo, es dlficil de definir. Lo artificial puede dejarse encerrar en la estrecha rigidez de nnestras fórmulas. Pero es más penoso sujetar lo que participa
de la espontaneidad misma de la vida. Hay muy gentiles
monografías coquetamente tituladas: Definición del humor,
que siempre van a parar a esta conclusión: el humor es indefinible.
Existen, sin embargo, análisis más precisos de esta alegría natural. M. Piérre Mille, por ejemplo, ha explicado en
el prólogo de su .Antología de humoristas fra'llccqe,s contemporáneos, que el humor es la broma o burla de lús espíritus
~oderados y burgueses. El alma del humorista le parece
impregnada de bondad y sencillez. Va en persecución de
lo que es chusco y se divierte. Juega con lo extravagante.
«No se imagina este humor de ninguna manera con odio;
creo poder demostrar que no precipita ningún movimiento
de energía.» He aquí ~xplicaciones claras, netas, llenas de
int~rés. Recuerdan las que Taine ha dado del humor en el
capítulo VID de sus Notas sobre Inglaterra. Las recuerdan
porque los extremos se tocan y la pequeña disertación de
M. Piérre Mille forma con la de Taine un contraste casi absoluto. Lejos de descubrir en el humorista un alma que languidece de bondad, Taine habla de ese csabor poderoso,
punzante y aun algo amargo» que él encuentra en el humor. «El hombre que bromea así, dice, raramente es benévolo y nunca dichoso; siente y acusa fuertemente las disom,1cias de la vida. No se divierte así; en el fondo sufre y se

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NUESTROS GRANDES COLABORADORES E.ltrRANJBROB

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irrita.&gt; Puede decirse que experimenta «un sentimiento
contenido de tristeza y de cólera~. Como se ve, no reina
entre las diversas teorías sobre el humor una armonía absoluta,
¿Deberá optarse por la fórmula dada por Thackeray en
sus célebres Conferencias y nos limitaremos a definir el humorista como «una especie de predicador laico?» "Sin embargo, todos los predicadores no son humoristas, ni todos
los humoristas predicadores. Si el humorista es a veces un
moralista, es siempre un moralista disfrazado. Y lo que interesa conocer es esa ley obscura, pero cierta, que ha presidido ese disfraz.

Los hechos tienen una doble significación: su significación material y lo que puede llamarse su valor ideal. Por
humilde que sea su apariencia, un. hecho no se nos propone
solamente como tal; lo interpretamos como una cosa verdadera, como una cosa bella o como una cosa buena. Le concedemos una significación espiritual, que es de orden científico, estético o moral. Y descubrimos, por ejemplo, en
Una manzana, que cae la ley de gravitación universal; en
una salida del sol, un espectácul,) de belleza; en la vida de
San Vicente de Paúl, buenas acciones.
La lectura de un suceso se convierte así en una especie ·
de ascensión, en la cual el espíritu se eleva del orden material al orden ideal. Sólo esta iniciación con la sianificab
ción metafLiica y moral de lo real, puede hacernos toda
realidad emocionante. Nos revela de alguna manera el
alma de las cosas, con la cual la nuestra entra en comuni•
cación.
Así el principio del humor consiste en hacer abstracción
de ese alma de las cosas y no parar atención sino en la
Iealidad material con su fría objetividad. La ascensión del
espíritu hacia las cumbres no se ejecuta o se realiza
sólo en parte. Un ejemplo. Pongamos el nombre de Cris~
tóbal Colón. Como todo vocablo, no es más que una re-

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COBMÓPOL.IB-x:r-1920

NUESTROS GRANDES COI,4BOUADORES EXTRANJBROS

unión de sílabas. Puede bastar para evocar toda la epopeya
de las carabelas y el descubrimiento de un nu~vo mundo.
Así se carga de lirismo. Pero por una razón particular, un
humorista rehusa atender esta poesía; afectará considerar
como una denominación cualquiera el glorioso nombre,
fingirá tomarlo por el primer recién llegado y así tendremos el diálogo de Mark Twain con el guía que le acompañó en Génova.
«El guía.-Venid, señores; voy a mostraros un autógrafo auténtico, una carta escrita por Cristóbal Colón, de
su puño y letra,
El ame,,icano.-(Toma el documento y lo examina largamente en silencio, con aire indiferente y desinteresado).
i\L Ferguson ... ¿decía usted? Pero ... repítame el nombre del
individuo ...
El guía.-Cristóbal Colón, el gran Cristóbal Colón ..•
El americano.-¡Ah! Sí ... Cristóbal Colón ... Bonito nombre ... ¿Y dice usted que esta es su escritura?
El guía.-Escrito de su propia mano.
El americano.-De su propia mano ... El gran Cristóbal
Colón ... (Una pausa.) Y bien, nosotros tenemos en América niños de catorce años que escriben mejor.
El guía.-Pero es del gran Cristóbal Co ...
El americano.-¿Y qué importa el nombre del autor? La
verdad es que no he visto nunca una escritura más mala.&gt;
El nombre de Colón no es aquí más que un nombre
cualquiera. Sus prestigios son desconocidos. Un manuscrito suyo sólo sirve de tema a consideraciones de orden caligráfico.
Sólo adoptando esta actitud psicológica, es como un
oficial inglés dice en las trincheras a otro francés: «¿No ha
observado u~ted cómo nos escatiman en Inglaterra las condecoraciones de guerra?» Y cuando el oficial francés piensa
que es una virtud inglesa el aquilatar las recompensas, el
oficial inglés muestra el humor de su país añadiendo: &lt;Verdaderamente, este año, la cinta está carísima en Inglaterra.,.
Otro ejemplo hará más sensible aún el procedimiento.

Una mujer llorando, despierta siempre nuestra emoción:
Es un espectáculo al cual concedemos un valor estético,
psicológico, moral.
Para poner un obstáculo a este trabajo de idealización,
rwain hace decir al joven Adán, a quien Eva hace ingenuamente la corte: «Esta nueva criatura, de cabellos largos, es
muy fastidiosa. Me sigue por todas partes. Se ha metido en
el refugio que yo me había construido contra la lluvia. Y
cuando he querido arrojarla, una fuente ha brotado de cada
uno de los dos boquetes que tiene en la cabeza y que le
sirven para mirar. Y se ha secado este agua con el revés
de la mano ... etc ... »
Adán es ya un observador preciso, pero la insignificancia de las lágrimas no le parece muy familiar. La exactitud
material de la anotación le basta. Adán es un humorista.
El robo y el asesinato pueden convertirse como las lágrimas en ocasiones de humor. Porque si robar y matar
c;on errores morales, son al mismo tiempo acciones materiales. Una de las burlas clásicas del humor consistirá, pues,
en contar la vida escabrosa de un desalmado, poniendo de
relieve, con una opulencia de detalles minuciosos, toda esa
existencia; pero sin tener el aire de apercibírse que se describe de ese modo una larga serie de delitos y crímenes.
Fielding ha llevado al extremo este género de burla en su
historia de Jonathan Wild el Grande. Y cuando Swíft an1;1nciaba que había encontra&lt;lo la solución de la cuestión irlandesa y que consistía en comerse con coles a los niños irlandeses, su alegría feroz obedecía dóciltnente a esta misma
ley fundamental del humor: no mostrarse atento sino a la
exactitud material de los hechos, fingir no entender la re•
sonancia psicológica o el alcance moral.
De ello resulta que la actitud natural del humorista es
una imperturbable gravedad. En general la broma anglosajona tiene el gesto sobrio, un continente austero y no
sonríe nunca.
Es semejante al Júpiter Olímpico de Leconte de Lisle
que debe contemplar las cosas humanas sin pasión y re~

�IRJJl8Tll08 &amp;IWfDIB COt.ABORADORBS IIXTRAJrJBBOS
. COIIIIÓPOLIIJ-D•1020

ftejarlas sin intetés en sus pupilas. Esta impasibilidad ha
chocado a todos los psicólogos del humor. Algunos blll
intentado descubrir ahí la definición misma de ese género
de alegria. Sin embargo, no es más que una consecuencia.
de esa voluntad primera del humorista; hacer abstracción
del alma de las cosas, única realidad que sería emocionante.
La anécdota humorística puede hasta aparecer desnuda
de reflexión y de la más elemental coherencia. Aquí aún
obedece a su ley secreta. No se ejercitan la inteligencia
crítica, la potencia de coordinar y de comprender. Diriase
que el espíritu permanece extraño a la significación lógica
de las palabras y de lo¡¡ hechos. De aquí la brutal fórmula
de Mark Twain: «Alinear sin parecer darse cuenta incongruencias y absurdas tonterías, he aquí la base del arte
americano.• Al joven redactor que le interviuba, Twain responderá con la mayor sangre fría cualquier cosa y compondrá asi uno de los más característicos diálogos de su
manera,

«-¿Qué edad tieneusted?-Diez y nueve afios y medio.
-¡Hombre!, si parece que tiene usted treinta y cinco a
treinta y seis.-¿Y cuál es el hombre que considera usted
como el más notable entre los que ha conocido?-Auron Burr .-Pero si tiene usted diez y nueve años, no ha
podido conocer a Auron Burr.-Pues bien; si usted conoc:e
mejor que yo lo que haya podido ocurr 1rme, ¿por qQé me
interroga?-No objeto nada. Explíqueme u:sted en qué circunstancias conoció a Auron Burr.-Muy sencillo. Encontrándome por casualidad en sns funerales, me suplicó que
hiciera un poco menos de ruido y ... -Pero ¡gran Dios!, si
estaba muerto, ¿qué podía importarle que hiciera usted
ruido?-Por mi fe que no sé nada. Él fué siempre un poco
maniático desde ese punto de vista .•. , etc.•
El principio de la risa es aquí la burla pura que ex:traila
y derrota nuestra dialéctica desconcertada. El p ~
miento no tiene éxito mis que no poniendo en duda la
buena fe del humorista. Se trata de aparecer veridico baF

~ la

~nverosimilitud y sencillo de espíritu hasta la ineonsEl humorista aparentará, -pues, un aire ingenuo.
-O ~•en coñfiando a otros seres reputados sin malicia el
cwdad~ de contarno~ su historia, cede la palabra a AdAn y
~a, a Jóv~nes esqu_1males, a un polich o a algún campesino estúpido. Twam no conocía cuento más gracioso que
cierta anécdota donde Whitcomb Kiley hace hablar a un
P_Obre campesino tuerto; este se dedica a contar una histona que encuentra chistosa y mezcla y embrolla todos los
detalles, se e~travía, vuelve al relato y de nuevo se pierde, etc. Twam asegura que a los diez minutos el auditorio
ríe hasta llorar y concluye: «Esto es arte delicado, completo, perfecto.&gt;
La existencia de este género de cuentos humorísticos y
el éx~to que obtiene, revela el error que se ha cometido al
definll' el humor_ co~o una especie de dialéctica exagerada. Es la ~usenaa misma de la dialéctica y una cándida incoherencia la que caracteriza algunas de las historias americanas. Lejos de ser un nuevo Spinoza que nos llevaría
hasta las deducciones extremas, Twain nos desconcierta a
eces con una candidez aparente y con contradicciones
buscadas. o siempre desdeña caminar con ese ángel de lo
absurdo del que estaba prendado Edgar Poe. ¿Por qué no
--tmcerlo? Afectando no discernir la significación lógica, mo-~ o estética de las palabras y los espectáculos, no se emocionará con la fealdad, el crimen, ni aun con la contradicción.
Est~ impasibilidad es ficticia y no engafia al lector. Es
c?"veruente, por otra parte, que sea así. Si el humor care-,
cera verdaderamente de alma, nos dejaría indiferentes u
~oatiles. N? simpatizarlamos con él. Pero tampoco nos deJamos doD11nar por su flema imperturbable. Si todo el artificio del humor se concreta en una aparente frialdad todo
el arte del h~orista consiste en dejarnos adivinar q~e detris ~e esta ·frial~d ~e°:te hay una sensibilidad que se
~c,ona y un_a _mteligencta que juzga. Pretendem'ls por
,encuna de la ngidez buscada de las actitudes, el estremeC1~1a.

•

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NUESTROS GRANDES COLABORADORES EXTR.&lt;NJEROS

-H6

COSMÓPOLIS--U-1920

cimiento de la vida interior. Las palabras in?:nuas Y los
relatos helados, dejan transparentar la emoc~o~ latente Y
el perfil del espíritu. Rompemos el ?b~táculo ng1d_o, detrás
del cual se abriga el flexible sentimiento del art1s_ta. Y el
humor se revela a nosotros cargado de mela~colla_ o ~e
pi.edad, de odio o de cólera, algunas :eces de ligera uo~ia,
benévolo y como enternecido. Sentimos que el b.um~nsta
tiene un alma-pero que por razones que con vend~ia determinar-ese alma afecta descartarse tras una mascara
donde nada se estremece.
Hela aquí con esa máscara de im~a~ibilidad. P~ede también, si lo prefiere, elegir otra. La ng1dez flemática representa acaso su disfraz favorito o a lo men?s el más notado;
pero no es más que uno de sus posi~les disfraces. P~ra 'fingir que desconozcamos lo que expenm~nta, puede ~1mular
el alma del humorista que no experimenta nada, su_ ~rtificío es entonces la impasibilidad. Pero pu~~e tambien,
ya· sea mostrar sentimientos extraños y fict1c10s,. ~~ sea
confesar directamente su emoción sincera, a cond1c10n de
que la forma de esta confesión sea tal que no conozcam?s
bien a primera vis.ta, si es una broma o una confidencia.
El h~mor ligero de algún cuento de Dikens ~os coloca en
esta indecisión buscada por el autor. Y T~am ha muert?
sin que sus lectores hayan podido _saber s1 tal o cual pág1no debían o no ser tomadas en serio.
Otros relatos dejan, por el contrario, aparecer con claridad que la anécdota contada es imaginaria y que la emoción ~onfesada no es más que un juego. El humo: no es
aquí ni imposibilidad ai imperceptible mofa; se aphca .ª de·
tallar gravemente cosas alegres o alegremente cosas t_ns_tes,
y 'a.e un modo general a disimular, detrás de un se~tm~:~n·
to ficticio, el sentimiento verdadero. Cua~~o Twarn \ls1,ta
Italia está obsesionado por el inagotable 1u:1smo de su guia.
La el~cuencia continua, fastidia. Los príncipes y los_ reyes
representan algunas veces, dice Pa~~al. Los amencano~
que visitan Italia, representan tamlnen. Cuando ~l e~tu
sia::.ta guia presenta, pues, a Twain como una maravilla,

una momia egipcia, el americano, con una actitud atenta y
recogida, se repite a sí mismo varias veces el nombre de
•momia&gt;, como si se tratase de una realidad absolutamente
nueva para él; contempla esta momia, y con una gravedad
ingenua deja caer estas palabras decisivas: ~¡Qué grave es
este caballero! ¡Qué dueño de sfü Así disfraza su admiración burlesca, su verdadero estado de ánimo.
Puede disfrazar también en una aparente cultura científica su aparente ingenuidad. El humor adopta así una actitud sabia; pero que se revela generalmente defectuosa por
algún punto. Escuchad a Twaio, explicando gravemente
que él no acelltará jamás que Georges, el famoso criado
negro Je Wáshington, haya muerto en 1809 de edad de no•
venta y cinco años, como lo anunciaba la Gaceta de Boston;
ni en 1825, a la edad de noventa y cinco años, como decia
un diario de Filadelfia; ni el 24 de noviembre de 1840, a la
respetable edad de noventa y cinco años, como escribía el
diario El Republicano, de San Luis; ni en 1864, etc. Eso era
imposible. «Porque si está reconocido que tenía noventa y
cinco años cuando murió por primera vez en 1809, hay que
con·venir que tenia ciento cincuenta y un años la última
vez en 1864.» Así simplificado, el procedimiento del humanista es claro; afecta ser clarividente para las cosas pequeñas· y ciego para las grandes. Ejerce sobre dificultades secundarias su poder de observación y de análisis; se muestra
sagaz para descubrir los errores de detalle; para resolver
un problema accesorio acude a las reglas del método histórico y de la crítica de textos, y dirige . al buen sentido un
llamamiento correcto;.. pero desdeña someter a la autoridad
del buen sentido lo que constituye la cuestión principal. En
otros casos más sutiles aplicará a contrasentido los métodos
de los sabios. Sus observacione~ serán meticulosas y _precisas; sus inducciones firmes, pero ficticias, y no ofrecerá
duda la incorrección de sus argumentaciones. Hojéese el
Diario de Eva traducido del original, por Mark Twain: Eva
revela ingenuas preocupaciones cientlficas. Su ~lma infantil es ya el alma de un físico, para la cual no parece tener
3

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tedótl,ltlJe un dta ddwi$Stuatt Jfill
Celebra la · observación~ 18i e •
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Jotuleclda con esta•~ ~ptina ·
8'1Me i., cósas eotl tm toti\Ílo Mbémi
bien. Pero, por ~esgracia1 sus ex
y wa mtnn~iosas obsetvaeion.eá la cottd.
a saber soormente ql$ lás·piedraa
euerpos flotantes COlfViene oolocat'al la
la&amp; hopas~ las montaiitis.· Así queda
~urdo de-su ptimitivadia,léetiéa ..
&amp;i su monog,affa ~bre la risa', M. ·&amp;e1~•t1 • ~
al hamor una fégintr -que, natutalment
' ción. Él húmoristt es un moralista, dice
motali!ita. que se disftá2a ele s:ibio•,
pensar cen lié' anat6mieo que ti:ó
· siino -~ ~ o s » . :Describé «m· ·
e$1 afectando creét 1111e u.~ como las
Sí pu&amp;ie gustar ~ ~1éffnia'GS
~ s , de 1. . beeh'fls ptecisos&gt;,
~OI\ descftdiddo mis y mu en el
paM aeotar las partiddaridade8 con um
El\ sama, el h'l1mot procede ccon -ftecuent
n que.f!OS sü~etei t. stgmeme defim"cióti:
éi'6n di to moral en cientfflco•. Y más a
m€W-parec~, en ~ oobfortnmee a
ley pteciumertte' in'\l'ena. .¿Qo:é otra
posición de lo cientiliéó·en psicol6 ·
at0ral,. la 1lttgjda ~raeión de Twain
momía egipcia y iplff' ll.dominaofóii-de
este-caballero em~ádo?·No es .
mor hacer • ·o tal ~ d ó no lracef
que el humor oofJSiste ~ en
IJtlltidOt .eb ~ di,e,ida

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�420

COBMÓPOLIB-XI-1920

la ,manera normal de expresarse. cObservar bien, i.entir
mal y pensar a contrasentido», es la ley aparente que el
humor parece seguir. El humorista puede, pues, fingir no
tener sensibilidad ni flexibilidad dialéctica; debe siempre,
aun en sus agudezas extremas, afirmarse como un observador exacto. No que sus observaciones sean siempre completas y que agoten necesariamente todos los aspectos del
fenómeno que estudia; su exactitud consiste en que no le
falten jamás estas dos cualidades: sinceridad aparente y
precisión. Sabemos hasta que todas las potencias psicológicas del artista parecen absorbidas algunas veces por esta
aplicación única de recoger bien la materialidad de las cosas y anotar correctamente el fenómeno que pasa.
Cuando quiere mostrar buena fe, el humorista afecta
candor. Afecta ver el mundo a través de su mirada ingenua. Cuando, por el contrario, se muestra preocupado ante
todo de aparecer preciso, toma del hombre de ciencia o
del hombre de negocios su lenguaje sin fantasíás. Los métodos severos del investigador científico le gustan por su
incontestable rigor. Los pone en práctica con una ostentación buscada. Parecer objetivo es la divisa. Recurre a los
términos técnicos; rivaliza con las inducciones de los físicos, las clasificaciones del naturalista, las estadísticas del
historiador de costumbres. Repite a cada instante que no
utiliza sino testimonios de ciertos documentos auténticos y
comprobados. Pone al lector en presencia de la inexorabilidad de los hechos. Todo humorista busca el rasgo característico, y el gran humorista lo encuentra. Registra con
precisión, restituye con exactitud, se revela hábil en la observación y pintura de los más nimios detalles. El valor
documental de la obra es indudable. Para formarse la idea
de un hogar inglés en el siglo xvm, se hojean los álbums
de Guillermo Hogartti. Sus estampas humorísticas es el
repertorio donde la Inglaterra de hoy aprende a conocer
las costumbres.
A este don de observación objetiva, el humorista une
un dominio particular de sí mismo. Es su virtud soberana

NOESTROB GRANDES COLABORlDORES EXTRANJEROS

421

la que da a su fría burla un sabor original. Al humorista le
está per~itida toda pasión, pero le está prohitlida toda expresión directa de esa pasión. Como estatua viviente imita la materia impasible. El decano de San Patricio :recta
la serenidad mientras sobre su alma se abate la tormenta
con ardor extremo. Otros disimularon detrás de un torrente de lágrimas sus risas, o ~etrás de una burla sus lágrimas. En el momento de surgir en su espontaneidad se detiene la ~moción en el alma del humorista. Se conc;ntra y
calla o d~sfraza su ~cento. Se domina una energía secreta
que repn~e la acción desordenada de su primer impulso.
E!1 esto, sm duda, veía Mark Twain en el humor una virtud
b1enhechora y un poder de salud.
El don de observación objetiva y el dominio de sí mismo, con~tituyen precisamente, en los países anglo-sajones,
d?~ cu~hdades nacionales. Forman parte del patrimonio espmtual de la raza. De la una deriva el hombre de acción·
la otra produce la flema, que es el modo con que la raz~
afirma su sangre fría.
. No es extraño que a la expresión directa de estos sentimientos los anglo-sajones hayan preferido con frecuencia
la expresión humorística. Haciéndolo cede a la atrae,,ción
de las virtudes nacionales. Obedece a su vocación espiritual Y se somete a la ley de su raza. Prefieren descubrir
mejor que explicar y observar mejor que l:l.educir. Así han
!~evado hasta en el estudio de realidades abstractas las cualidades del espíritu positivo. La extrañeza de que Tackeray
haya colocado en sus ~onferencias sobre humoristas ingleses a numerosos y diversos escritores ingleses, no tiene
fundam~ntot pues en esa literatura tiene el humor un puesto de primer orden.
El juego del espíritu francés obedece a otro ritmo. y el
contraste es más vivo aun entre ciertas formas espafiolas
de la broma y las salidas del humor.
Si el principio de _la risa varía según los pueblos, es na
tural ~ue el hum~r mglés no sea bien apreciado fuera de
los pa1ses anglo-sa1ones. El humor, producción autóctona ,

�COSMÓPOLIS-XI-1920

no se exporta. En Francia choca a veces por su aire de
brutalidad. No gustan sus invenciones macabras ni sus relatos chocarreros. Es que nadie puede tener dos almas y
apreciar igualmente el genio de dos raza&amp;,
Tal como es el humor, mezcla de observación robusta y
d~ sangre fria, es un género de broma que nadie encuentra
insulsa. Taiñe lo compara a las bebidas nacionales inglesas: sanas y fortificantes. Por su carácter objetivo acusa
una claridad de visión, y por su frialdad pone a prueba los
temperamentos. Nada de romanticismo. Otros juegos del
espíritu tienen más elegancia y gracia, pero no tanta precisión y fuerza.
No excluye la delicadeza y la gracia; pero su distracción es ante todo de orden moral. El humorismo domina
su emoción y le" impide µiostrarse. Es la reserva de u~
alma que, en lugar de desenvolverse, sólo se deja entrever.
Bajo lo rudo de su corteza, el humor revela un alnta preocupada de la elegancia moral.
Por hacer resaltar lo ridículo, el verbo humorístico
puede tener la eficacia moral de la risa, de la cual se ha
dicho que corrige las costumbxes. Este carácter satírico del
humif. se acentúa más en los ingleses que en los yanquis.
Com~·'.1a burla inglesa, el verbo americano es robusto, pero
deun sabor menos amargo.
Acaso la joven América participa aún, cuando se divierte de una cierta puerilidad. El autor de Outre-Mer ha
hablado de esta «candidez-», de ese «yo no sé qué casi infantil&gt;, cuya sensación le persigue, lo mismo en las tabernas de Cbicago que en los círculos de Nueva York. Juventud del alma americana, pero también sobresalto de una
energía constantemente en acción.
Como toda actividad en ju.ego, el humor es a la vez
tensión e impulso, actividad y reposo. Guarda en sus manifestaciones extremas, como las más elementales, su sig~
nificación oxiginal. Cqando en el gran teatro de Chicago,
un autor, en medio de una escena trágica, ejecuta de pronto uno o dos saltos peligrosos y reanuda su declamación,

JIIUl!STBOS Gll,\NDES

COLABORADORES EXTRANJEROS

423

-este clonw artista re'Vela, por su . piraefu, q~e no le. engaña
su papel y q1.1e conserva en sus declamaciones patéticas el
dominio de sí mismo. Y ei público americano ríe y aplaude, _p orque ha ..r~n-Ocido en tal extravagancia una' virt11d.
de la raza, E1 análisis revela en el humor un fondo de virtudes nacionales. Hace aparecer hasta en las invencí~nes
más fantásticas de su Mark Twain ciertas cualidades americanas: juventud, don de visión y de gesto preciso, una
claridad de observación que seduce, uniéndose' a una san•
gre fria que nos desconcierta; porque é-1 jamás se desconcierta.
Homero ha hafulado de la inmensa risa volcada por el
mar. A esta risa se asemeja un poco el humor. Tan pronto
risa imperceptible, de las olas, tan pronto agitación tumultuosa, y diríase sin pena que sale a la superficie de la
raza. Sin embargo, estas dislocaciones obedecen a leyes
· precisas; sus agitaciones se ligan a la vida secreta de las
prófundidades; y su gran sabor marino, intolerable para algunos extranjeros, fortifican a los hijos de la ribera.
A.-L. jEUNE.

�CUENTOS ESPAÑOLES

EL MILAGRO

.,
I
Lázaro de Vílobre, el cojo mendigo que recorría las aldeas implorando en los casales un bien de caridad, lleV'aba
dos días negados. ¡Ni una sola puerta se le abrió propicia!. ..
Los larnentos de sus infortunios, a pesar del dejo eofermi•
zo con que los plañ.ía, sólo alcanzaban · aquellas palabras
'desalentadoras como un camino interminable: « ¡Dios le socorra! ... , Pero ninguna mano se le tendía piadosa para donarle una limosna.
._ ¡Madre de Dios y qué duros estaban los corazones! La
noche anterior hubo de robar la comida a unos perros para
no caerse de desfallecimiento; y a punto estuvo de troncharse la pierna sana al saltar el muro de la majada,
Pasados ya los días luminosos y fragantes de las romerías, cuando ehtre el estrépito de las &lt;reveiranas&gt; le daban
los mozos «patacones para que dijera a las rapazas sus fa.
masas desvergüenzas, llegaba ahora la época mala, los días
tristones en que se corrían las nubes entoldando los campos, cruzaban fuertes i:áfagas de aire y caía una lluvia torrendal ql.le espantaba a la gente, haciéndola huir presura •
sa. Los hombres bajo sus mantas pardas y las mujeres con
los refajos echados sobre la cabeza. En aquellos días los .
caminos eran despiadados, y todos los pazos se hallaban
cerrados con gesto duro.
Mal invierno se le presentaba a Lázaro de Vilobre. La
monterilla de pelo empezaba a quedársele calva, y las muletas se le partieron y tuvo que atarlas con unas cuerdas

425

llenas de nudos, que a veces se desataban y caían las muletas en dos pedazos, poniéndole en trance de rodar por el
suelo. Unicamente tenía en flamante uso la levita con que
iba vestido, y que le daba grotesco aspecto de espantapájaros: una levita de anchas solapas del setenta, que recogió
una noche de p)enilunio en un basurero adonde fué arrojada al morir un sefior tísico. .
Tirando de las muletas como de unas cadenas, el cojo
de Vilobre se encaminó hacia San Mamés. Iría a la iglesia
y allí imploráría la gri:icia divina como ayud¡i suprema a su
miseria. La Virgen no sería como la gente de las •aldeas.
Ella haría un milagro y le encontraría remedio a los males
que le roían el cuerpo y el alma, tal que una lepra inexorable.
Y con fe de iluminado, como los peregrinos que desde
muchas leguas desviados acudían a Compostela para llevar' sus ex votos de cera al sepulcro del Apóstol, Lázaro de
Vilobre se encaminó hacia San Mamés, arrastrándose con
las muletas trabajosamente .
Llovía copiosamente, con hilos finos que hacían brillar
el campo con un color suave de verde lavado y encharcaban los senderos poniéndolos intransitahles. Las nubes,
pardas y apelotonadas, estaban muy bajas, como un toldo
ubscuro. Y a lo lejos caminaban unos bueyes, agobiados
bajo el peso del yugo, tirando de unas carretas cuyas ruedas gemían largamente, tal que los viejos violii,es que tañen los ciegos mendicantes en las romerías.
)

lI
Cuando entró en la iglesia Lázaro de Vilobre, estaba
silenciosa y vacía. En la penumbra de los altares parpadeaban las estrellitas · de las lamparillas, y a la luz rojiza
que proyectaban los vasos de vidrio, tenia Jesús Crucificado un tono sangriento que infundía espanto. El sacristán
apagaba las velas del altar mayor, y un hilo de humo ensortijado ascendía, despidiendo un desagradable olor a pa-

�426

COSMÓPOLlS-Xl-1920

bilo. Por uno de los altos ventanales de poHcromada vidriera entraban los gorriones-por un ángulo en donde el
cristal estaba roto-escapando de la lluvia y se reftt_gíaban
en las gradas de los altares y revoloteaban en el barandal
del púlpito, tal que en las solanas que se adelantan sobre
las parras de los huertos.
Lázaro de Vílobre se sentó en el suelo, frente al altar
de la Virgen) y se recostó en la verja de la capilla. Era una
Virgen de dulce semblante que resplandecía sobre un fon•
do azul tachonado de estrellas doradas. En el pecho tenía
hundidos los síete puñales de plata, y del cuello pendía un
collar que fulguraba con luces preciosas y limpias.
-¡Ma1pocado de mí, Virgencita de mi alma! ¡Malpocado de mí que no tengo pan que llevarme a la boca! ... Largos días llevo andados por los valles y por las Il,lOntañas
sin hallar quien se conduela de mis penas, ni del hambre
que me martirin, ni de las llagas que arden en mi carne,
ni de la miséria que me corre por el cuerpo. Ládranme fos
canes y los rapaces me arrojan piedras. Y he de dormir en
los pajares, entrando furtivamevte como un malhechor ...
En sus palabras tremolaba el acento de un íntimo y
cruento dolor; y la levita se estremecía sobre el miserable
cuerpo mutilado que temblaba de frío y de humedad.
-¡Malas meigas sean conmigo si de tantas cuita.s soime
culpable! En jamás hubo pena que yo no sintiera como
propia y n¡,mca sentí la comezón de hacer una acción mala.
.Sólo peco con las desvergüenzas que dígalas a las mozas;
pero_ ello es porque los galanes incítanme a ello ... y porque
.a las rapazas no las desagrada en el fondo, a pesar de los
melindres y gazmoñerías de fuera ...
El sacristán se había ido y la nave de la iglesia estaba
solitaria y callada. La lluvia seguía cayendo y en los yentanales se la oía tamborilear con insistencia. Pasó algún
tiempo, y Lázaro de Vilobre, que se había quedado dormido, .abrió los ojos precipitadamente y miró inquieto hacia el
altar de la Virgen. El collar resplandecía maravillosamente,
como una cinta de chispas de luz. Fué una lucha interior

CUEr-TOS ESPAiOLES

427

violenta y rápida: Lázaro se arrastró cautelosamente hasta ,..._
una lápida que ponía ante el altar un largo epitafio borroso. Entre las rendijas crecía una hierba raquítica y de vez
en vez asomaba la chata cabeza de alguna lagartija ... Un
instante rapidísimo fué todo. Después Lázaro de Vilobre, el
cojo mendigo, ...salió de la iglesia pálido y sintiendo que el
corazón le golpeteaba fuertemente, con una violencia inusitada, con agitaciones de saltamonte...
Había robado el collar de 1~ Virgen.

m'
Pocos días habían pasado cuando Lázaro de Vi-lobre fué
detenido por una pareja de la Guardia civil. Cuando se le
prendió se dirigía a tierras de Castilla y llevaba en uno de
los bolsillos de la levita el rico collar. Tuvo que volver á
San Mamés entre los guardias de la benemérita, cuyos cha•
rolados tricornios relucían siniestramente, y cuantos le hallaban en el camino le gritaban con reconcentrado odio,
como mordiendo 1as palabras:
-¡Ahí le va el sacrílego!
-¡Malas liendres te coman!
-¡Que la bruja bisoja te arranque los pelos y te chupe
la sangre!
-¡Al sacrílego!
- ¡Al sacrílego!
Frente al juez y al párroco el cojo de Vil&lt;:&gt;bre se sintió
despa.vorido, y ya le parecia verse colgado en la horca y
picoteado por los cuervos o quemado vivo en una hoguera
como un brujo.
El juez le miró ceñuda mente, tras los redondos cristales
de sus gafas de buho, y le preguntó:
-¿Robaste el collar de la Virgen, Lázaro de Vilobre?
.El mendigo calló. La lengua se le pegó al paladar y un
frío sudor le bañó el rostro.
La pregunta terrible volvió otra vez a estremecerle:
-¿Robaste el collar de la Virgen, Lázaro de Vilobre?

�CUHNTOS ESI'A~OLl!S

428

429

COS.MÓPOLIB-XI-1920

Y entonces una idea rápida le iluminó y contestó serenamente:
-¡Soy inocente!. ..
-¡H~brá desvergonzado!... ¡Pues no dice el pícaro
que . es mocente cuando le encontraron en el bolsillo el
collar!
-La -yirgen hizo el milagro y medió su collar de piedras prec10sas para remediar mi miseria ...
El pánoco, al escuchar aquellas palabras, no pudo contenerse y gritó a Lázaro, con acentq violentísimo:
-¡Qué herejía dices, condenado! Robástelo, robástelo ...
No mientas.
Pero ya Lázaro insistía firme y seguro como si mismamente fuera verdad lo que decía.
-¡La Virgen hizo el milagro!. .. Yo la rogué por mis
dolores, por mis penas y por mi miseria .. Yo lloré amargamente ante ella durante muchas horas. Yo tracé con mi lengua seca siete cruces sobre el polvo de las losas ... Y la
Virgen me dijo con su voz dulcísima: «Lázaro de Vilobre,
toma mi collar y vende sus piedras preciosas. Con las esmeraldas y los topacios y los brillantes, podrás comprar pan
y mantas y unas muletas nuevas.&gt;
Todos los que escuchaban el extraño relato sentían una
intensa emoción. Las palabras del mendigo eran de un tremante poder, como brasas. El viento de lo sobrenatural
estremecía las almas. Unicamente el párroco seguía negando".
-¡Mientes! ¡Mientes, condenado! Robástelo, robáste•
1
lo ... ¡Ladrón!
Lázaro tuvo entonces las palabras geniales que habían
de valerle en aquella cuita, como si fueran un dictado
divino:
-~~o p:edica el señor párroco, desde el púlpito, la fe?
¿No dtJO miles de veces que a quien ruega con fe a la Virgen, ella le atiende y le ampara? ¿No nos relató muchos
milagros sucedidos? ... Pues si usted tantas veces dijo que la
Virgen hace milagros, ¿cómo negará éste? ...

Ante estas palabras, dieparadas tan certeramente, el párroco ya no pudo oponerse, que sería tanto como negar el
poder de la Virgen y el quitar toda fuerza a sus argumen•
tos de predicador. ¿Cómo le sería posible hablar luego,
desde el púlpito, de la fe y de los milagros? El cojo de Vilobre le había metido, acertadamente, en un callejón sin
salida. Fué preciso creer lo que Lázaro contara. Se le absolvió y se le dejó el collar y no hubo más remedio que
ver en todo aquello un misterio impregnado en fragante
aroma de santidad.
Pocos días después se celebró una procesión. Iban todos los eampesinos de la comarca, con estandartes de flecos de oro y con velas encedidas. Acudieron muchos penitentes. Y ~ázaro de Vilobre, el cojo mendigo, iba entre el
alcalde y el párroco, con su levita grotesca como un espantapájaros.
JOSÉ CASTELLÓN.

�,U/T0J..OGIA.

431

Entonar sus loanzas son nuestros ideales,
no encierra tiranía su dulce autoridad,
su carne tiene aromas puros, angelicales,
y sus ojos nos visten trajes de claridad.

CARLOS BAUDELAIRE.

CON SUS FINOS VESTIDOS ...
Con sus finos vestidos ondeantes, nacarados,
al andar, se diría va en danzas armoniosas,
cual las serpientes que los faquires sagrados
hacen en sus bastones moverse cadenciosas.
Y como en los desiertos, i'os cielos y arenal~s,
insensibles los dos al dolor inclemente,
como las largas olas des~liegan sus randales,
ella se desenvuelve a todo; indiferente.

Sea en la \loche y en su amplitud solitaria,
sea en la calle entre la multitud sedentaria,
su fantasma en la noche danza como una llama.
A veces habla y dice: «Yo soy bella y ordeno ...
Por el amor a mí sólo la belleza am'a ...
Yo soy la Madona, la Musa, el Angel bueno.:.
EL BELLO NAVIO
Te quiero enumerar, ¡oh, muelle encantadora!
las bellezas que tu juventud ateJora;
pintart&lt;t quiero tu hermosura,
en que se une la infancia con la edad madura.
1

Sus dos ojos bruñidos son minerales bellos,
y en la naturaleza simbólica y euraña,
en donde án_gel y esfinge hacen fraternidad,

Cuando pasas, flotante en el aire el vestido,
pareces una nave que del puerto ha partid0,
dando toda su tela al viento,
y va con ritmo dulce y ·perezoso y lento.

en donde todo es oro, diamantes y destellos,
con raros resplandores de astro inútil, se baña,
de la mujer estéril, la fría majestad.

tu cabeza se yergue con encantos graciosos;
con aire plácido y triunfante,

Sobre el cuello alto y gr-ueso y los hombros hermosos&gt;

niña majestuosa, vas camino adelante.
¿QUÉ DIRÁS ESTA NOCHE? ...

¿Qué dirás esta noche, pobre alma 'abandonada,
qué dirás, corazón marchito tantas veces,
a la más buena, a la más bella, ·a la más amada,
ante cuyas pupilas de pro'1to refloreces?

Te quiero enumerar, ¡oh, muelle encantadora!
las bellezas que tu juventud atesora;
pintarte quiero tu hermosura,
en que se une la infancia con la edad madura,
Tu seno avanza y llena el moaré en brillos varios
tu seno triunfante, que es como un bello armario,

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�COSMÓPOL!S-XI-1920

CIELO DE NIEBLAS
Tu mirada se cubre de un velo vaporoso;
-¿es azul, gris o vetde tu mirar misterioso?pasa de tierna a cruel alternativamente,
y en ella el cielo pálido se refleja indolente.
Me recuerdas los días blancos, tibios, velados,
que hacen bañarse en llanto los pechos hechizados,
y cuando inquietos por un mal desconocido
llaman los nervios al espíritu dormido.
A veces me recuerdas las lejanías brumosas
que matjzan los soles de estaciones nubosas ...
¡Y cómo resplandeces, húmedo paisaje,
que enciende el sol en puesta de un cielo con celajel
¡Oh, mujer peligrosa! ¡Oh, climas seductores!
¿Amaré -v uestra escarcha, tus nevados blancores,
y sabré arrancar de la implacable invernada
un placer más agudo que el hierro y que la helada?

ANTOLOGiA

¡Traspórtame, vagón! ¡Condúceme, fracrata! ·
· 1 ¡E1·
¡L e¡os.
cieno aquí se hace de nuestros i,,llantos!
¿-yerdad que algunas veces tu corazón, Agata,
dice: _«Lejos de crímenes, de dolores y espantos,
trasportame, vagón; condúceme, fragata?»

¡Oh 1 qué lejos estás, paraíso perfumado
donde es bajo los cielos todo alegria y am~r,
donde es cuanto se ama digno de ser amado !
y nvs ahogamos en la voluptuosa flor!
¡Oh, qué lejos estás, paraíso perfumado!
Pero el verde paraíso de amores infantiles
los viajes, las canciones, los besos y las rosas'
los violines vibrantes en tornp a los pensiles ,
con el vino y las noches en las selvas frondosas ...
¿Pero el verde paraíso de amores infantilec:; ,
el paraíso inocente de pla,;eres furtivos,
está mucho más lejos que la India y que la China?
¿Se podrá renovar con los gritos más vivos?
¿Aun podría animársele de una voz argentina
al paraíso inocente de placeres furtivos?

MOESTA ET ERRABUNDA

EL JUEGO
Dime: ¿Tu corazón, a veces vuela, Agata,
lejos del océano de la inmunda ciudad,
hacia otro océano donde la claridad de plata
es azul y P,rofunda cual la virginidad?
Dime, ¿tu corazón, a veces vuela, Agata?

¡El mar, el vasto mar consuela en las labores!
¿Qué demonio ha dotado al mar, ronco cantor,
que acompaña al gran órgano del viento en sus clamores,
de esa ficción sublime de inmenso mecedor?
¡El mar, el vasto mar consuela en las labores!

435.

, ~n hu~didos sillones las cortesanas viejas,
pahdas, OJerosas, &lt;le mirada fatal,
coqueteando y haciendo~de sus flacas orejas
caer un clis-clás sonoro de piedras y metal;
junto. al tapete verde rostros inexpresivos,
descoloridos labios, mandíbulas sin dientes
y con infernal fiebre los dedos convulsivos'
buscando en lo~ bolsillos vacíos, impacient~s;
cuelgan arañas de pálidos resplandores

,

�COS).!ÓPOLIS-x:r-1920

y hay quinqués proyectando a sus luces inquietas
las frentes tenebrosas de preclaros poetas,
que van despilfarrando sus sangrientos sudores.
He aquí el negro cuadro que en un sueño nocturno
vi pasar ante mis ojos clarividentes~
♦
.
yo mismo, en un rincón del antro, taciturno,
estaba, rnudo y frío, contemplando a estas gentes,
envidiando de todos la p;:isional locura,
de aquellas prostitutas la fúnebre alegría,
ante mí traficaban todos con gallardía,
¡el uno con su honor, la otra con su hermosura!
Me espanté de envidiar de este hombre, la demencia, .
que corre con fervor• a una sima ígnorad_a,
.
y que, ebrío de su sangre, tiene por preferenc~a:
el dolor a la muerte, y el infierno a la nada.
Traducción de
EuoDORO PocHE

r

•

EL TEATRO,
LOS LIBROS Y EL ARTE

Teatro.
L'Enfa.nt Maítre, por M. Henry-Marx (Teatro del Vau.
devílle .)
Haríamos un agravio a Henry-Marx si examinásemos su
obra COP. indulgencia. El autor ha declarado que prefiere el
dolor de la verdad a las dulzuras de la mentira. Su desdén
irónico y avisado ha previsto, por otra parte, que en la lucha con la muchedumbre sería vencido de antemai:10, pues
conoce el mal gusto del público y sus apetitos en comunidad.
« ¡El teatro es horrible!-exclarna asistiendo desde lo
alto de su Olimpo a los espectáculos de hoy en día-; aporto a él una vida que trata penosamente de ser arte y estoy
dolorido.&gt;
Pero eso seria antes; ahora, no. Porque con el fracaso
de su ob~a, que confirmaba al mismo tiempo que su desprecio solitario, su inaccesible genio, habrá sentido una ola
je felicidad inundar su corazón.
En su drama deben considerarse dos cosa~ las doctrinas füosófrcas- y el coi:ifücto pasional. Sin duda el autor no
ha deseado que se haga esta.delimitación. Su propósito era
pred,;amente determinar las reacciones mutuas de estas dos
expresiones. opuestas del alma para hacer surgir el complejo humano. Esta unidad viviente no la ha realizado. La
obra parece cortada en tro-zos, pues las declamaciones me-

�438

COSMOPOIJB-XI-1920

tafísicas o éticas alternan con jirones de acción dramática.
Hablar de la filosofía de M. Marx constituye una empresa peligrosa. No es ni bastante particular ni l&gt;astante
clara para que pueda seguirse su marcha gradual. Se oculta en los repliegues obscuros de couplets tortuosos, y sólo
una lectura atenta podría disipar la pesada atmósfera de incertidumbre y la confusión que aturde el cerebro del espectador.
El _gran pensador, héroe central de su drama, parece
más bien un hombre de acción que un especulativo·. Por lo
que puede comprenderse considera que nuestra vida es un
perpetuo conflicto entre nuestra fuerza y las fuf!tzas exteriores. El placer y el dolor con todos sus matices son la
traducció~ en lenguaje subjetivo de todas las perip~cias de
este conflicto, y la voluntad humana debería tender a la dicha en el esfuerzo perpetuo y alegrf' de una victoria siempre renovc1da. A este sentir del personaje se Je opone en la
obra una doctrina, según la cual la vida interior encontraría, por el contrario,
su plenitud en el dolor, y de él sacaría &gt;
• •
po~ ~n mov1m1ento superior de resignación, una especie de
fehc1da~ dep~rada. Son éstas sutilezas de psicología puramente ltteranas, y no se podría en estos lugares comunes,
en estas vagas afirmaciones, encontrar los dog~as de un
s1sterna general coherente. Pero M. Max. ha escrito su obra
menos para revelarnos una ciencia de principios y de cau-'
sas, que _por ofrecer a nuestra meditación el ejemplo de
una pareJa mod~lo que satisface-en el matrimonio libre su
gusto superior de la verdad.
Claudia Helliot, ilustre filósofo, vive desde háce veinte
al'ios con su mujer Edith en una intimidad y en una con. fianza basadas en una sincerinad absoluta y recíproca. Así,
cuando llega el momento en que el profesor se enamora de
Silvette, una de sus discípulas, y a su vez Edith siente hacia el secretario de su marido una atracción de ·una violencia toda psicológica, los dos encuentran lo más honrado y
derecho, confiarse sus debilidades y discutir sobre ellas.
No se crea que después de estas confidencias van a sepa-

º.

CHÓ?HCA DE PAl!ÍS

439

rarse. Han sabido liberarse de prejuicios y gozan juntos de
una dicha fundada en la inteligencia y el afecto fraternal.
Vivirán unidos y libres. Además les reúne un lazo más poderoso que todos: el amor que ambos profesan a su hijo
Sergio, joven filósofo, apóstol del dolor, que prolonga di.gnamente la familia. Y con saber que Sergio ama precisamente a Silvette1 la amiga de su padre, que sufre por ello
y que se queja, si así puede decirse a su propio sufrimiento, ya se tienen los elementos de la tragedia. El desenlace
es éste: Claudio conoce el secreto de su hijo y a:cepta la
salida de la casa de Sylvette. Perseguirá su alta misión de
conductor de almas cerca de su mujer, de su hijo y de su
fogoso secretario.
Si el autor hubiera pretendido, sencillamente, al contarnos esta historia, analizar el estado de alma de seres especiales, colocados en circunstancias especiales, no se le podrían
negar ciertas cualidades de penetrante observación. Pero
es como predicador como se dirige al público. ¿Qué conclusiones puede entonces sacar de este ejemplo dramático?
¿Quiere hacernos comprender una vez más el eterno alegato en favor del derecho de amar? Pues no lo enriquece
con ningún argumento nuevo. ¿Quiere darnos como modelo ese matrimonio que conserva en todos los desfallecimíentos una inalterable serenidad? ¿Por qué entonces ha
apelado a dos seres excepcionales, de una cultura extraordinaria y de un ambiente tan particular? La muchedumbre,
muy alejada de ellos, no experimenta otra cosa que indignación. No puede reconocer en la sensibilidad refinada de
sus personajes ninguno de sus propios sentimientos. Luego
si el autor ha formado así sus protagonistas, es por las
necesidades de la causa. La psicología ha emprendido la in verosimilitud de colocar en simples mortales preocupaciones tan extrañas y gustos tan decadentes.
Sin embargo, M. Henry-Marx. ha conservado cierto espíritu de lógica y se muestra consecuente consigo mismo.
Ha glorificado en el drama la belleza de la vida en la escuela del dolor. Por eso ha querido santificar al a~ditorio

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�COIIIÓPOLl.&amp;-Xl-1920

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pii'l.a, la justicia pontifical consideraba las maldades de los
artistas como pecadillos de niños mimados.•
Las primeras cuentas del Caravage con la Justicia datan de 16oo. Pero entonces sólo había hecho el auster a
un pugilato donde su amigo Onorio Loughi, arquitecto, de
talento, escandaloso y pendenciero, babia desempeñado el
papel principal. Cuanto a él, estaba entonces convaleciente y un muchacho le llevaba la espada. Después de restablecido, fué acusado de haber atacado a dos transeuntes en
la caJle de la Scrofa y de haber dado a uno una estocada
que, felizmente, sólo le atravesó la capa. Poco después hirió
a un antiguo sargento del castillo de Santangele, que retiró
su queja quizás mediante dinero. Caravage permaneció
tranquilo durante dos años. Pero de 1003 a 16o6, no hubo
atlo en que no fuera complicado en algún asunto criminal.
Primero una serie de sonetos contra un pintor llamado
Baglione, cuyo talento no estimaba. El embajador de Francia garantizó que el autor del libelo no era Caravage, y el
Gobierno de Roma puso al pintor en libertad, con la condición de que estaría un mes encerrado en su casa y no buscaría a su adversario. Mantuvo su palabra; pero su amigo
Loughi Je buscó por él y estuvo a punto de matarlo. Caravage tuvo miedo de las consecuencias y huyó a la Marche,
donde pasó el invierno de 1603.
Vuelto a Roma, un día que comía en una fonda, anojó
un plato a un criado, hiriéndole en la cara. Gracias a sus
protectores salió bien. Pero la Policía no lo perdía de vista
y lo detenía en cualquiera ocasión; en 16o4, por.que una
noche, en unión de dos compañeros tiró unas piedras y prorrumpió en injurias; en 1665, porque llevaba armas sin permiso. El cardenal del Monte se cansó entonces de hospeuar a un amigo tan comprometedor, y desde el verano de
16o5 quedó sin domicilio fijo.
En julio de 16o5 tiene otro mal asunto. Tiene una ritla
en el Corso con un pasante de notario por cortejar a una
mujer llamada Lena, que era la esp lsa del pasante. No
ocurrió ese día nada; pero el 29 de julio el pasante recibe

CRÓNICA DE PAEfs

una estocada en la nuca y acusó a Caravage, que huyó a
Génova. Al fin se arregló el negocio. Pero al año siguiente, a causa de una disputa en el juego, tuvo un duelo con
su amigo Tommasoni, al cual dejó muerto en el campo1 saliendo a su vez gravemente herido.
Una vez curado, se refugió en un castillo que los Colonna tenían en la Sabina.
Pintó allí una .MiJ.gdalena y los P1:Yegrfoos de Emaüs;
hizo vender estos cuadros en Roma, y con el dinero de la
venta ganó Nápoles. Pero sea que no encontrara trabajo o
sea inquietud suya, en 16'J7 pasó a la isla de Malta. Le
acompañaba un joven pintor holandés llamado Spada, que
le admiraba fanáticamente y le imitaba en todo.
El gran Maestre de la Orden, Mof de \ Vignacourt, le
recibió como correspondía a su fama, le encargó algunos
retratos, le nombró caballero honorario, y después que hubo
pintado la degollación de San Juan, le regaló un collar de
oro y dos esclavos turcos. Pero el carácter de Caravage no
permitía que dieran este favor. Tuvo una qut!rella con un
caballero de Malta, y Wignacourt lo hizo prender. Su fü•l
Spada, por no ser menos que su maestro, robó a otro caballero de Malta una esclava morisca y huyó con ella.
Del calabozo se escapó Caravage 1 :según se cuenta, escalando los muros, y en un barco logró llegar a Sicilia. En
realidad, M. Rouchés sospecha que el gran Maestre, después
de tenerlo en prisión algunas semanas, lo hizo conducir en
una barca a las costas de Sicilia. Pasó en Mesina el año 16o8,
donde trabajó mucho y fué bien pagado. Por la Nativid~d
de la Iglesia de los Capuchinos recibió mil esc~dos. DeJ?
esta ciudad misteriosamente, y después de pmtar Natt•
vidad, que le fué encargada en Palermo, volvió a Nápoles.
Allí fué herido en la cara en una riña en las puertas de una
posada.
Después de esta aventura parecía que sus desgracias
habían concluido¡ pero no fué así. El cardenal Gonzaga había obtenido su gracia en Roma. Fletó un falucho para ir
por mar a Civita-Vecchia o a Terracina; pero sea por la

�COS.'dÓPOLIS-XI-1920

temp~stad o sea por no querer desembarcar directamente
en los Estados Pontificios) lo hizo más al Norte, en Orbetello, que tenía una guarnición española y que lo aprisionó
confundiéndolo con otro. Cuando después de algunos días
lo pusieron en libertad, el falucho había desaparecido, llevándose toda su fortuna. Como loco se puso a correr a la
orilla del mar bajo el sol de agosto y contrajo unas fiebres
que en varios días lo llevaron al sepulcro.
La vida del Caravage es más accidentada que edificante.
El milagro es que entre tantas aventuras y llegando apenas
a los cuarenta afíos, haya dejado una obra considerable
poderosa y patética, que hace de es.te artista uno de lo~
. más grandes pintores de su tiempo.
Le Lion d).Arras, por Paul Adam. -Paul Adam había nacido para remover masas pesadas, agitar multitudes y desplazar en el papel ejércitos y pueblos.
Pero lo que le es particular es el haber imaginado siempre estos movimientos como organizados.
Hay en esto una sensible diferencia con las multitudes
que viven, por ejemplo) en las novelas de Tolstoi. El puebl~ crea~o por el novelista ruso, es incierto y movible. Se
agitan mtl persoaas) mil inquietudes, Caracteres diferentes
impulsan los hombres en sentido opuesto. La humanidaa
es, en_ sus .obra~, un mar alborotado, donde las olas surgen
en todas duecc10nes. En un genio latino, por el contrario,
todo se ordena y todo tiene su lugar. Esto oéurre en el libro pó~tumo de Paul Adam que se acaba de publicar y que
es el pnmero de una trilogía sobre el Artois.
Este .libro está compuesto de una manera síngular que
desconcierta nuestros hábitos. Está constituido por dos
cuadros. En el primero se ve en 1788 a Justo-Emilio Haricourt casarse con su prima Cecilia y unir así 1a fundición
de que es heredera con los talleres de Dunkerque, que pertenecen a Justo-Emilio y a sus hermanos.
En el segundo cuadro se ve a este mismo Justo-Emilio,
precursor de la areonáutica, dominar en z792 el campo de
batalla de Valmy con un globo Arras-Egalité que escolta-

CRÓNICA. DE PARÍS

445

tan los voluntarios de la ciudad. Así el libro obedece a una
especie de plan: Arto is, en la paz; Artois, en la guerra.
Los personajes de Tusto-Emilio y Cecilia no sirven más
al autor que para organizar este díptico. Unidos a esa dinastía de los Haricourt, de la cual Paul Adam ha escrito la .
epopeya) son como los símbolos del Artois, a tal punto,
que no pudiendo Cecilia ser llevada. directamente en la
guerra y no apareciendo en la segunda parte, el autor supone cierta vivandera que se le aset?-eja y que bastará para
presentar en el tumulto del combate los cabellos rubios y
la tez clara de la provincia.
Este papel simbólico está compartido entre los dos esposos del si1?;uiente modo: En el prímer cuadro) es Cecilia
dueña de 11a fundición, la verdadera heroína del Artois. Sin
piedad para sus quince años, el autor la ha obligado a montar d~sde la primera página sobre el león dorado que corona la atalaya y que había sido fundido por sus antepasados.
Está allí temblando de miedo, la saya y la toca flotando al
viento. Pero toda la provincia está extendida y como ofren da a sus pies. Allí conoce su noviazgo y el gusto de reinar en su casa y gobernar su hacienda.
«Recibirá ella misma sus granjeros y su parte de rentas
sobre los bienes numerosos esparcidos en la campiña. Estas tierras más bellas, puesto que son el gaje de su liberación, las abraza Cecilia en su propia vida, con el esfuerzo
de los que la hacen opulentas; ellos sufren por esto en esos
bosques, en los espacios verdes y dorados, en el fondo de
las calles rumorosas, a las sombras de esas iglesias que
tocan ...,
Este modo de incorporar la tierra, el cielo, el mar y la
vida anónima de los hombres, es propiamente 1a manera
del novelista. Sin embargo, en la segunda parte, Cecilia
desaparece. El que aparece, sólo es Justo-Emilio, y como
ella representa el Artois pacífico y campestre, él representará el Artois guerrero.
Cada una de las dos partes está únicamente formada de
cuadros. No hay, en realidad, ni argumento ni intriga, pues

�446

COSMÓPOLIS-XJ-1920

no puede llamarse así a un matrimonio sin incidentes. La
multitud de personajes secundarios, por numerosos que
sean, no añaden nada a la anécdota. No le!: sucede absolutamente nada. Lo que pasa ante nuestros ojos es el movi•
miento de su acostumbrada vida, sin un solo episodio excepcional. Pero el azar de la historia y la elección del autor
quieren que esos personajes en esa ciudad de Arras y ':!n
el verano que precede a la Revolución, nos interesen por sí
mismos; son los dos Robespierre y su hermana Carlota y
los oratorianos Fouch{ y Lebon. Les vemos vivir. Maximilianb Robespierre entra en su casa de regreso del Tribunal. Su hermana ha preparado la mesa. Su hermano Agustín mira a las encajeras por la ventana abierta. Se sient~n
los tres en sillas de paja con el respaldo esculpido. Comen
y se separan. Es todo.
Es esta una forma nueva de novela histórica. La forma
arcaica era mezclar los personajes reales e los inventados.
Siendo ya patente el absurdo del sistema, se vino a colocar
los personajes conocidos, molestos ppr su notoriedad misma en segundo término, donde nada tenían que hacer, sosteniéndose la acción por los personajes inventados. Paul
Adam, suprimiendo la acción, se contenta con pintar el movimiento ordinario de la vida, sobre el cual estamos lo suficientemente informados para que este cuadro movible sea
casi exacto. Comprendido así, la novela se aproxima cuan
to es posible a la historia.
El novelísta está servido por dos cualidades de primer
orden. Tíene primero un don de pintor verdaderamente
asombroso. He aquí el Benedícite dicho por el tío Haricourt
ante la familia reunida en torno de la mesa:
«Nadie habla, ni madame Haricourt, blanca y alta, velada, cargada de cruces, de medallas, de escapularios, de
pie cerca del dueñ.o y cuidadosa de vigilar el orden del ser•
vicio; ni el viejo Thomas1 tan limpio y cuicfado al final de
la mesa, entre el intendente y el contramaestre de los Molinos; ni las Ursulinas invitadas que besan la cruz de sus
rosarios. Los tres invitados con frac y peluca saludan. En la

CRÓNICA DE PARÍS

sombra de la habitación, con las medias azules, tocadas,
con el refajo recogido por el cordón de la delantera, las
cuatro criadas se arrodillan delante de la mesa donde es•
tán las soperas, las escudillas de madera y las rebanadas
de pan.,
¿Puede imaginarse un cuadro mejor pintado? Pero este
don no sería nada sin el otro, que es el poder de infundir a
los personajes la vida y el movimiento. Todo este mundo
se agita. Sin duda, en medio de tanto personaje, el autor
no tiene tiempo de conceder a cada uno más que una palabra y un gesto, que repite indefinidamente; así su conjunto
hace el efecto un poco de un concierto de autómatas. Pero
vista en conjunto y a distancia esta muchedumbre, tiene
una animación sorprendente; los fundidores golpean sobre
el yunque; los arrieros cargan en ·sacos; las encajeras agitan las veinte casullas de sus cuadros; Robespierre pronuncia un discurso sobre la virtud; Carnet un discurso sobre
las fortificaciones; Fouché, de los labios delgados, apremia
áspero a Carlota Robespierre; el .tío Haricourt jura; todo
este mundo se remueve y habla a la vez.
Cuanto mayor es la multitud que el autor debe agitar,
está más contento el autor. Arna verdaderamente el número, la fuerza, el exceso. Ju~to-Emilio, dejando de leer, rechaza con su mano los libros que hay sobre la mesa. ¿Cuáles son estos libros?
«Rechaza los tomos abiertos de la Enciclopedia; lo~ planos y grabados de la fundición; los folletos relativos al arte
del maderamen; de la fabricación de la seda; los manuscritos explicando las más recientes experiencias de. los químicos sobre la composición del gas expansivo; un informe de
Lavoisier sobre las ventajas que pueden obtenerse de la
invención de los globos.,
Sin embargo, el autor goza en este tumulto. Reconoce
su mundo. Desencadena la tempestad y devuelve la calma.
Sabe la historia de cada uno. Al final destripa algunos personajes. Se da el placer de un Dios.
Le Monde a Coté, por Gyp.-Los personajes que nos

�.W.8

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1

COBMÓPOLIB -

XI-1920

muestra Gyp en esta novela, son de todos los tiempos. La
heroína J osette de Skaer ha crecido en Bretaña en un gran
castillo, que es su herencia. Su padre ha muerto en un accidente de caza. Su tía, madame de Jonau, que la cuida,
hace el oficio de casamentera, tan bien, que Josette la arroja C'Uando se apercibe de esta industria. El tutor de la joven, el buen Delalonde, tiene un hijo, Andie, del cual se
enamora Josette. Pero el ·honrado tutor corta en §eco este
idilio y casa a su pupila con un M. Moray, que es muy rico.
Gyp ha tratado a Josette como una buena hada trata a
su hija. La ha colmado de dones. La ha hecho muy bella,
esbelta, vigorosa, con aire de diosa, unos ojos inmensos de
uh verde límpido que endurece la cólera, una tez de un bebé
inglés, una nariz recta, dientes deslumbradores, cabellos
negros.
«De toda la persona de la condesa se exhala un no sé
qué de sano y de fuerte, una especie de gracia casta y robusta. Josette es buena, violenta, sincera y franca con exceso. Su carácter entero. se pliega incompletamente a las
exigencias mundanas. Adora las cosas grandes y bellas,
execra las mezquinerías y no disimula jamás la impresión
sentida,,.
Es poco decir que es la heroína del libro. Es su diosa
tutelar. Su retrato es como una profesión de fe. Tiene aún
otras gracias. Esta amazona descuella en todas las artes.
Sabe pintar y es excelente música. La violencia misma y la
rudeza de su carácter no dejan de tener encanto. Exigente
y fiera, sabe amar.
El arte de Gyp es que, con perfecciones tan singulares1
Josette es •un ser vivo. Sus sentimientos son verdaderos y
naturales. El autor, que la ha dado un alma vioJenta, la ha
librado de todo exceso. Sin duda se defenderá con vigor
de la innoble La Réole. Sin duaa engañada por su marido,
le responde con una indiferencia de princesa ofendida. Arna
aún a Andié, pero este amor no llega a hacerla olvidar de
lo que se debe. Andié a su vez se deja arrastrar por un des•
dichado amor por madade de Guibray. Josette sufre, pero

CRÓNICA DE PARfs

449

no se queja y perdona. Pero Gyp no quiere dejarla indefinidamente escarnecida por un marido indigno ni por un
suspirante versátil. Así tiene en reserva desde el principio
del libro a M. de Lafére, de poca edad más que Josette, que
la ama desde la infancia. Gyp mata a M. de Moray y da a
Josette a M. de Lafére. Y de tal modo sabe que hace bien
en esto, que se hace aplaudir por la madre de Moray, que
exclama: «¡Bien sabe Dios lo que ha hecho!»
Arte.

El Salón de Oto1-io.-El estudio de esta Exposición requiere más tiempo. El día antes de enviar esta crónica he
asistido al barnizado, al cual ha concurrido todo el París
artístico. Dos retrf1tos atraían a los curiosos: el de Mauricio Rostand y el del ciudadano Rappoport. El primero, graciosamente sentado sobre un canapé en una postura muy
estudiada, representa una de las tendencias de este Salón,
la tendencia del refinamiento excesivo. La otra escuela está
representada por el ciudadano Rappoport, barrigón y barbudo, la escuela de esos brutos que peinan con un cuchillo
entre los dientes las Venus hotentotes.
El pintor Van Dogen, retratista del ciudadano ~appoport, ha colocado su cuadro entre una bañista desnuda, provocativa, con las pupilas inquietantes, y una modista mundana de los Campos Elíseos, muy correcta, con su vestido
de paño de oro. El San Antonio del bolchevismo entre las
vírgenes sensatas y las vírgenes locas.
El Salón es curioso y su estudio será interesante. En la
próxima crónica nos ocuparemos con la extensión que merezca de esta Exposición, que ya puede llamarse la de los
dos extremos: la del culto y refinado Rostand y la del bárbaro Rappoport.

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POETAS MODERNOS

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La poesía es el género literario que más se renueva,
evoluciona y adelanta en Portugal, sin perder por t&gt;SO nada
de la pasada grandeza de su origen provenzal, impregnado
del más refinado lirismo.
Nosotro:; estamos familiarizados con sus poeta clásicos
y con sus grandes poetas modernos, a partir de Anthero de
Quental, Almeida Garrett, Jo.ao tle Deus y Antonio Nobre .
Entre los contemporáneos cuentan con admiradores el simb9lista Eugenio de Ca:.tro, el batallador Góroez Leal, el
épico Guerra Junqueiro y muchos otros; pero conocemos
poco a los; nuevos, a los que comienzan la lucha y que son
los que más dan en su obra la modalidad del espíritu que
se desenvuelve y se afirma en la vecina República.
Tres libros nuevos, con sus hoja:. sin separar, con ese
incitante olor de imprenta, que tiene algo del casto mbterio del azahar, están en este moniento sobre mi mesa. Como
mudos y velados, con esa timidez del que va a país extraño
y teme que no entiendan su idioma. Pero son tres liLros
;
que pueden hablar alto, sin miedo a no ser comprendidos
en la universal comunión del arte:
Clepsydra encierra toda la vida poética de un hombre,
modelada en preciosos ver:;os. La mayoría de estas poesías
están escritas lejos de la patria, y por lo tanto, son más
portuguesas, más íntimas, no sólo por ese fenómeno de que
la patria lejana es más amada, ruesto que en la di.stancia se
olvidan los defectos y se aviva el recuerdo de las bellas cosas, sino porque en la lejanía, donde ni siquiera se habla

CRÓNICA l,ITEnARIA DE PORTUGM,

451

nuestro idioma, donde no se pierde ninguna palalira en la
convers~ción t1 ivial, el lenguaje se hace algo muy fuerte,
muy recio, muy entrañable; adquiere una mayor sensibilidad; hablamos con nosotros mismos, dialogamos con nuestro corazón, que interroga y responde.
. Están
. escritas . tn Macau, en esa ciudad de la China ,
m1st~nosa y exótica, que ha influípo en la gran sensibilidad
emotiva, de extraña víbratibilidad del artista.
. Camilo Pes::;_anha ha_pasado veintisiete años como perdido, en ese pa1s de Oriente, sin dar noticias de su vida
sin escribirle _apenas a sus amigos, sin publicar nada, y
cabo de ese tiempo, aparece un día en Lisboa, recita sus
versos, lee sus traducciones directas del chino, lega al
-:-Iuseo de las Banellas Verdes una precio,,a colección de obJetos -de arte chino y después dei:;aparece de nueyo.
E3 como si dormido por el opio durante todo ese tiem•
po, se hubiera despertado un momento' y se sumiese otra
vez en su contemplación solitaria.
En esta visita a Portugal nos ha dejado Camilo Pes•
sanha estos vers?s. y esas tradiciones que ha hecho paciente~1~nte, de ese 1d10_m~ duro, monosilábico, en ~uya gramahca no puede ex1st1r analogía, porque las palabras son
&lt;:?mo grana~illas de un rosario, sueltas y dispersas, imposible de dosificar por lo vario de todas ellas, que envuelven un centenar de acepciones; palabras llenas y palabras
i 1acías, que es preciso juntar como las fichas del dominó
cuyas combinaciones son accidentales; palabras que se en:
lazan )' no se soldan jamás. Se debe a una mujer inteliaente! la ~lustre escritora doña A na de Castro Osario, lae- pubhcac1ón de e::.tos versos y la preparación de otro volumen
de prosas dispersas, que completará la extrañ.a fio-ura de
ese espíritu que tiene en la vida intelectual portu;:esa un
0
valor inestimable.
Camilo ~essan~a se ha apoderado del espíritu oriental,
sus traduccwnes tu~nen un elemento que no se encuentra
·en los escr~tores que, como Judith Gauthier, interpretarán
poemas chmos, quizás a tra,•és de otro i1ioma, y con espíri-

ai

�COSMÓPOLIS-Xl-1920
CRÓNICll LlTEIIARIA DE PORT!7&lt;UL

tu europeo, Pessanha es como si un chino escribiese en su
idioma, está psicológicamente preparado para interpretar
el pensamiento simbólico y la idea velada y superior de la
poesía china.
He aquí el fragmeQ,tO de una de sus traducciones:

VOCES DE OTOÑO

453

En la poesía original de Camilo Pessanba hay un elemento oriental mezclado a la saudade portuguesa, esa saudade que no es sólo la bella y poética palabra, que expresa
a la vez melancolía, recuerdo y nostalgia, sino un sentimiento arraigado, de raza, como la morriña del noroeste &lt;le
España, y da un parentesco a su poesía con nuestra poesía
gallega.
El poeta dice:

(Din-Tang)

+: Yo, Ao-Geong-Tze, estaba de noche leyendo cuando
oí aquel rumor de las brisas del Sudoeste. Al oirlo reflexioné lleno de sobresalto.
-¡Es singular! Al principio era el tamborilar de la lluvia que después s~ transforma en azote de viento, para lue•
go, en un vertiginoso crescendo, dar lugar a estos violen•
tos estampidos, -como de grandes olas, que asustan a la noche. El viento y la lluvia, precipitándose en torbellinos,
son como una conflagración retumbante de armaduras resonando. Lo mismo que los guerreros, cuando avanzan hacia combate, hincan los dientes en la mordaza y aceleran fa
carrera, no oyéndoseles gritos de excitación o de miedo,
sino el estruendo de los peones y de los caballos en

marcha ...
Le pregunto &lt;:i.. mi joven discípulo~
-¿Qué ruidos serán éstos? Ve a informarte.
Vuelve y me responde:
-En el cielo brillan puras las estrellas y la Luna; la Vía
Láctea esplende. En ninguna dirección resuena la voz humana. Son las voces de la arboleda ...
Yo murmuro;
-¡Ay! ¡A.yl ¡Oh, dolor! De dónde será, de dónde proceden todas estas voces otoñales,&gt;

··········· ················ . ············· . ·~---·-•··
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Eu vi a luz em um paiz perdido.
A minha alma e languida e inerme.
Oh! Quem podesse deslisar sem ruido!
No chaó sumir•se, comó faz um verme ...

s.~s composiciones tienen el vago ensueño de lo~ ojos
,que siguen las visiones que el opio forja y delinea en los
espirales de humo de su cigarro. Son palabras como balbu,ceos, palabras sugeridoras, que nos recuerdan la poesía de
Juan Ramón Jiménez:
Se andava.no jardim,
Que cheiro de jasmím!
Tao branca do luar!
••••

,.._. · •

ti

••••••••••••••••

. ...... ,. ................ .
Eis tenho-a junto a miro.
Vencida, e minha, emfim,
Após tanto a sonhar ...
Porque en.t riste90 assim? ...
Náo era ella, mas sim
(O que eu quiz abrai;-:ar),

�454

_

CRÓNICA LITERARIA DE PO!ITUGAL

455

COSM,óPot.Is-;ia-1920

A hora do jardim ...
O aroma de jasmim ...
A onda do luar ...
A mayor abundamiento podemos ver esta otra, para
tener completa idea de la verdadera poesía que impregna
lús versqs de este poeta moderno y delicado.
.Foi um día de inuteis agonías.
Dia de sol, inundado de sol!,..
Fulgían nuas as espadas frias ...
Dia de sol, inundado de sol!. ..
Foi um dia de falsas alegrías.
Dáhlia a esfolhar-se,-o seu molle sorriso...
Voltavam os ranchos das romarias.
Dáhlia a esfolhar-se,-o seu molle sorriso ...
Dia impressrvel mais que os outros dias.
.Tao lúcido ... Tao pallido ... Táo lúcido! ...
Diffuso de theoremas, de theorias.,.
Odia futil mais que 03 outros dias!
Minuete de discretas ironias ...
Tao lúcido ... Tao pallido.,. Tát&gt; lúcido!. ..

Reinha Santa es el bello poema de un escritor joven.
que nos da en esa obra sus primeros versos, es decir, losprimeros versos que publica, porque quien con tanta rotundidad y perfección se expresa, no nos ofrece sus primeros
balbuceos; es una obra uien pensada y sentida, en la que
se ve que el autor no se ha precipitado a publicar sus composiciones con ansia de autor novel. Antes de haber publicado Joáo de Castro este libro, ha debido romper o guardar
en el fondo de su cajón muchas y bellas composiciones.

•

Este libro es una muestra de su talento v de su sensibilidad artística; libro de pensador y de poeta" que se une, sin
solución de continuedad a los hermosos y vibrantes libros
de Anthero de Quental, cuya vieja lira, encordada con un
nuevo cordaje, pulsa el poeta.
En el alma de Joao de Castro existe ese doloroso anhelo
de perfección, ese ansia de redención de la humanidad sufriente que toma forma y carne en su canto .
~ El joven pintor belga Albert Jourdain, maestro del simbolismo, a través de un impresionismo directo de las figuras y del paisaje, ha sintetizado el espíritu del poema con
un magnífico dibujo, colocado al frente de la obra que se
inspira en estos versos.

No destro9ado caminhar da viq,a
En que o sonho mais brando é violenciat
Alma tragica e for9a enfebrecida;
E, do triunfo humano de existencia;
Rica o travor da luta já vencida,
Passeia o ten estandarte de clemencia.
Los te,cetos dantescos y simbólicos de toda la obra son
dignos de este valiente comienzo. Sin poderse llamar pe•
simista, hay en toda la obra un dejo de dolor, del dolor
humano que engendra el deseo de perfección, dolor de 'hu•
manidad que aspira a la superhurnanidad: dolor inherente
de la vida:
Acorren to minha alma aos sofrimentos,

Na tragedia de erguer os novos ceus,
E de ligar, em alma, os elementos ...
Ardem, em mim, de esfon;os fogareus;
E ligam-se humilissimos tormentoSi
Repetindo a paixao do Cristo-Deus.

�4óG

C08MÓPOU8-XJ- 1920

CRÓNICA lJTERARIA DE PORTUGAL

457

-Homem, fac;o o universo á minha imagen.
E sou o campo, sofredór, da luta,
E a voluntaria dor, alta e selvagem.

Gesto da vida a perdoar delirios,
E a continua largada da aventura,
E a inutil colheita de martirios¡

Por meu unico esforc;o ergo a disputa;
E ao mesmo tempo sou crem;a e miragem
Criando além, e sonho que se escuta.

Gesto de piedade e de doyura,
A transformar o mal em brancas lirios
E as ambir;oes em rosas de ternura.

-Homem, espero a Bondade do universo
Que, em si mesma, a nossa alma nos sonhou,
O corac;ao, de lagrimas submerso,

Un critico portugués ha dicho que este poema de Joáo
de Castro es cLa elegía de la vida y el poema del alma&gt;.

Que a no8sa !uta de homens trespassou
De tanta magua e dór, e o bem disperso
Que o oosso sonho agora concentrou.
Él ama la figura de la Santa Reina Isatiel como un símbolo de dulzura, de consuelo; la ama por las manos piadosas que curan las llagas, por la sonrisa que tranquiliza los
corazones; por lo que hay en .ella de perdón y de sublime
renuncia, que conduce a otra vida más perfecta; la ama por
su gesto materno, y frente al mal fatal que lo llena de pe-_
sadumb1e, la Reina Santa reprPsenta el principio del bien,
que cambia el dolor en dulzura con su gesto; porque en el
poeta hay también un gesto de renunciamiento, de cansancio, sin perjuicio de la . exaltación y de la fuerza creadora:
Ternissima renuncia de can sayo
Do que era orgulho e magua criadóra,
O entusiasmo brutal que armou o bra,;o
Da revolta cruel e vencedora;
E descanso, por fim 1 no seu regayo
De piedosa mae cor.soladora.

**•
Anwede Natal.-Género distinto de los otros dos li.
bros nos ofrece éste de Antonio Ferro. Antonio Ferro es
el por avoz de lo juvenil y de lo arbitrario, el miembro correspondiente de Pombo en Portugal.
Ferro ha tenido en sus primeras obras los desplantes
necesarios para subir a la tribuna y sentirse ya destacado
entre la multitud, y ahora parece que ya, serena su palabra, lanza los versos de la primera madurez.
En el libro anterior a éste que acaba de publicar, La
Teoria de la Indiferencia, la paradoja conseguía las mayores
alturas posibles y había verdaderos rasgos en los que el
orgullo llegaba a cristalizar como un brillante, gracias a su
talento.
Hoy con Ar-z:ore de Natal sale de la bola dorada del orgullo, como rompiendo la crisálida de una gran adolescen
cia, y lanza sus versos en que ya reconocemos la verdad,
no vulgar, de la vida.
Son versos fuertes, apasionados, muy modernos, como
podremos comprobar con la lectura de estos tres hermosos
sonetos:

�458

COSMÓPOLS -:1:1-1920

MADRUGADA

Tu ~ais ser mae ... Tu vai amanhecer ...
No teu ventre suave que se enflora,
Eu sinto já prenúncios duma aurora, .
O sol que, atrás das nuvens, quer romper...
Vais ter um fiiho de outro, meu amor .. .
Tu que já foste mae dum filbo meu! .. .
Un filbo, sim ... Que o meu amor nasceu,
Como um menino, no teu corpo en flor ...
Mesmo esse filho que tu vais gerar

E' quási meu ... Pois com o corayao
E' que o teu corpo o tero que imaginar ...
Le esta sina, escuta esta adivínha:
Parecer-se-há com ele na expressao,
Mas vai ter urna alma igual t\ minha!

PRAIA DE BANHOS

Teu corpo salutar-praia de banhos ...
O mar sereno ... As ondas sao teus seios,
Ondulando na calma dos rebanhos, ..
U m mar onde me afogo sem receios!...
Praia donde só meus dedos sao banhistas
Na caricia das ondas socegadas ...
Meus dedos decadentes sao 'artistas
Que nao gostam de praias frcquentadas ...

CRÓNICA LITERARIA D1! PORTUGAL

Armam barraca en teu colo formoso ...
As tuas brancas maos-len9ol sedoso.
Onde se enxugan vagarosamente ...

E' breve o día na encantada praia:
No Oriente dos teus olhos o sol raia,
Logo a seguir nos meus é o Poente ...

INSPIRAQAO

Eu lembro-me de ti... o que nao sei é donde ...
Nao sei bem se te vi na Santa dum missal,
Se em góticos vitrais de 'velha catedral,
Cuja recorda9ao de todo se me esconde .. .
E quem sabe se foi na esquina duma rua .. .
Na gravura dum livro ... ou no azul do ceu .. .
Num romance de amor, talvez num sonho meu ...
Numa flor que murchou, na palidez da lua ...
Quem sabe se serás un verso mal medido
Que eu in utiliseis por nao lhe encontrar nada,
Senhora da Saudade a quem atnor prometo ...
Ah! sim ... Já sei agora! Eu tinha-me esquecido •..
Nunca te conheci ... Foste por mim creada:
E' urna inspira9ao ... Tu és este soneto!...
CARMEN DE

BuaGos.

(ColombineJ

�ESTUDIOS lJTBIURJOS

.

7UDl

), VI'" ¡,-y"".

1llfAJRJ
CUESTIONES ESTÉTICAS

La crisis del teatro.
III
Las consideraciones expuestas en los anteriores artículos, fijan la naturaleza apJsionada dei teatro, y explican la
razón de su estado precario en nuestra cultura. Porque
esta cultura, racional, que repugna toda alucinación, toda
embriaguez mística, no puede transigir con la esencia genuina del teatro, con su carácter de mixtificación y delirio
y trata de desnaturalizarlo, infundiéndole 'cualidades racionales, dotándole de verosimilitud, privándole de su vida
orgiástica. Nuestra cultura quiere cada vez más convertir
la obra escénica en un libro; transacción monstruosa que
explica suficientemente el conflicto en que se debate la
existencia de nuestro teatro. Pues por un lado se le priva
de la música, del c:oro, de los perfumes rituales, de todo lo
que pudiera aumentar su poder alucinatorio, su manera de
obrar apasionada, su moralidad peculiar, y de otro se le
obliga a subsistir, a realizar fines racionales y utilitarios
que no son los suyos, conservando su pristina apariencia.
De esta suerte, el teatro:se convierte en un género literario
híbrido, que no tiene la belleza tranquila del libro ni la virtud dinámica y patética de los verdaderos espectáculos; la
tragedia anti~ua y la gran comedia que es su reverso se
.
'
convierten en arquetipos inaccesibles, y la gran emoción,

461

superior y pura, de los simulacro::; teatrales, huye de los
circos nobles para buscar un refugio en los otros circos de
boxeo y de lidias taurinas , donde la pa:)ión se brinda a las
plebes ingenuas, a los legítimos clientes del e:,;pectáculu
teatral, por una forma tosca, inelaborada, exenta de toda
moralidad ap:i:,;ionada y mistica. Nuestra cultura ha reducido el teatro a un simulacro sin carácter, en que el espectador no tiene participación alguna 1 porque no comulga
ya en el misterio pavoroso de las pasiones, en ei gran se~
creto primordial de las existencias diversas, cuyo origen ~n
otro tiempo revelábale simbólicamente la escena en forma
de misterios divinos o simulacros heroicos. El teatro se
nos aparece hoy como un vestigio absurdo, heredado de
las antiguas civilizaciones apasionadas y religiosas, como
un rito cuyo sentido no somos capaces &lt;le comprender y a
cuyo cumplimiento le falta el indispensable fervor. El proscenio es un altar cuyo fuego se ha consumido.

Y, sin embargo, tal fenómeno parece absurdo en una
civilización que aún se dice religiosa, y cuya vida moral
parece inspirarse en una fe, es decir, en una voluntad irracional de creer, en una exaltación mística. Nuestra cultura
católica tiene en su fe oficial el origen auténtico de las
inspiraciones teatrales. ¿No ha nacido ella de una tragedia,
&lt;!e la tragedia incomparable del Cristo, de la tragedia más
cercana en el tiempo a nuestra humanidad y no tiene camo
base de sus diversas iglesias, la piedra ensangrentada de
una tradición de martirio, no vive ella religiosamente de
una emoción . trágica, de la embriaguez de pasión sentida
en lo antiguo por una muchedumbre al pie de las cruces?
¿No es en esto semejante a la civilización helénica que nutría su sentimiento trágico, su dilección al simulacro en
los mitos de dolor y de sangre de sus tradiciones históricoreligiosas? La pasión del Cristo bien puede compararse en
virtudes emotivas con el jubiloso suplicio de Dionisos, y el
largo vía crucis cristiano regado con sangre, bien vale, en

,)

�462

CO!!IJÓPOUS-lX-1920

EKTUDIOS LITERARIOS

,

cuanto a poder de delirios orgiásticos, por el báquico itinerario regado con vino. Difícilmente podría concebirse otro
simulacro en el que las .nuchedumbres pudiesen comulgar
más plena y apasionadamente que el simulacro de la pasión
y muerte del Cristo. De las llagas del crucificado fluyen
veneros trágicos, raudales de auténtica emoción teatral.
Todo el evangelio es una constante exaltación de la pasión alucinada, de la sencillez infantil de los sentimientos,
de la volvutad de creer, de todo eso que constituye el alma
de las muchedumbres para las cuales se edifican los escenarios. La religión cristiana está fundada en la fe; es por
lo tanto de esencia artística, invita a la aceptación del absurdo lógico, pide al creyente el más heroico asentimiento. Su fórmula suprema-credo quia absurdum-son las palabras que debieran inscribirse en los frontales de todos
los proscenios.

La pasión cristiana dotaba a nuestra civilización d~ la
posibilidad más legítima de tener un teatro, al mismo tiempo que de la liturgia más bella y apasionada. El pueblo, que
asistía con complacencia a los simulac1 os religiosos de un
mismo y reiterado sentido, era es.encialmente un público
teatral. Se comprende que el apogeo del sentimiento religioso entre nosotros, españoles, coincidiese con el apogeo
de las representaciones escénicas. El asentimiento que la
fe exicría
a la verdad oculta de los misterios, que •eran ante
!-,
•
todo, misterios de amor y de pasión, la asistencia y participación de las turbas devotas en los ritos• simbólicos que
desentrañaban el germen dramático de la doctrina en su
doble aspecto de pasión y de transfiguración, explican ~a
coexistencia de dos brillantes géneros teatrales: la comedia
de capa y espada y el auto sacra me.o tal. También el teatro
de Shakespeare florece en una época de fe cristi~na y de
fervor dionisíaco y seguramente le enardecen por igual los
incensados cordiales de los templos y la embriaguez de los
pimentados licores ingleses. Como en los tiempos del pri-

mer teatro griego, las turbas que pueblan las gradas del
anfiteatro y se encaran con las representaciones figuradas
de las pasiones y de los vicios-de la pasión, la tragedia, y
del vicio, la parodia-, han sido iniciadas en los misterios
teatrales por las ceremonias del culto, conocen el lenguaje
simbólico de los gestos y de las abreviaciones emblemáticas, tienen dado su asentimiento a las figuraciones convenidas, al absurdo aparente de las representaciones paradigmáticas. Han sido iniciadas sobre todo en los misterios de
la simpatía, en la interpretación simpática de la vida. De
ahí la perfecta· concordia que existe entre actores y espectadoret:i y la complacencia con que éstos asisten a un juego
escénico, cuyas apariencias materiales son de suma sencillez, cuyos recursos técnicos son tan limitados, tan candorosa y francamente pobres. Pero es que no sólo asi:sten,
sino que también participan en el simulacro, pues esas plebes teatrales, libres en las exfansiones de su entusia::;mo,
no contenidas por el severo decoro de nuestros días, se
asocian con sus gritos propicios o reprobatorios a las acciones simuladas en la escena, las sostienen, las dotah de cierta efectividad, actúan de coro, acompañan las peripecias de
los actores y realizan esa fusión de lo figurado y lo real,
esa voluntaria alucinación que es el propósito • umo y la
suma victoria del teatro.

Puede afirmarse que la práctica de los simulacros reli
giosos, la costumbre de la participación en los ritos litúrgicos, es lo único que justifica y explica la existencia del
teatro. En los simulacros del templo es donde se inicia la
muchedumbre en el gusto histriónico, en el gusto de la embriaguez teatral. Allí la condición social del teatro toma su
más amplia razón de existir. El fervor religioso crea los teatros insuperados de los siglos de oro ing:és y español. La
sociabilidad cortesana crea el pálido teatro raciniano. Ba3ta
comparar un teatro con otro para comprender hasta qué
punto el sentimiento apasionado de las religiones es supe-

�464

COSMÓPOLlB-'l:I-1920
ESTUDIOS LlTERARIOS

rior en el respecto de engendrar emociones de índole teatral, al sentimiento de la solidaridad cortesana o de castas
socio.l.es. Conviene insistir sobre este concepto: que ~l teatro es el espectáculo de participación más amplia, el nt_o de
]a más difusa simpatía, y que, por lo -tanto, ha de pedir su
razón de vida al más amplio vínculo apasionado y se ha de
manifestar en series de gestos, cuya imitación sea lícita Y
posible. Hay que tener presente que todo espectador ~s un
actor posible, que en otro tiempo lo fué con to~a realidad,
y que si hoy, por el decoro, se contiene en los arnb1tos de
la pura contemplación, el asentimiento que prns~a a la fars_a
se dt!riva de ese fervor simpático que hace posible la mimesis. Cuanto más propicie el espectáculo teatral esa opción contemplada tanto más se habrá legitimado en las
esencias de la teatralidad. Si en un tiempo eL teatro se convirtió en una cosa para ser vista, en su origen fué un~ ac•
tuación unánime y universa. EL sumo teatro se cum~lró en
los misterios, en que corifeos y coros actüa~an, r~clta.ndo
letras consagradas y ejecutando simulacros s1mbóhcos. Las
religiones posteriores al paganis~~ conservaron ese ~odo
de ser y obrar teatrales de la gentilidad, e~e arte de 1_nter-•
pretación plástica y apasionada ~e las noc10nes filosofi~as
vinculadas en los doo-mas, Sus ntos fueron representac10º
.
..
nes teatrales por excelencia, en las que la re1terac1on apasionada de piüabras y gestos constituía una forma de comunión fervorosa.

Es indudable que toda comunión en un ~enti~iento, al
hacerse lo bastante amplia) culmina en una hturgta y en un
teatro. Rito y simulacro escénico son dos sem?lantes de
una mi¡;ma cosa, dos formas de satisfacer una misma necesidad: la complacencia en la reiteración de ciertas palabras
y gestos apas1onados y de adquirir mediante e}la la sensación de la comunicación plena. Por eso a la muerte de las
antiguas religiones la nueva religión social ?use~, con tanteos torpes e inspirado~) las formas de una hturgrn y de un

465

teatro propios. Y esa liturgia y ese teatro han de inspirarse en la mímesis alegórica de la pasión de un mártir, o en
la sátira de un enemigo notorio de los p1·ecursores glorificados; ha.n de adoptar formas trágicas y cómicas. Así la
~ntigüedad tuvo la tragedia de Prometeo y la comedia de
Marsias. Y así el cristianismo tuvo una tragedia en lapasión del fundador y su comedia en la sátira de Judas y en
las burlas de Herodes. Así de la emóción de pánico y de
triunfo d~sdoblan las religiones las formas de su teatro. Y
por eso en nuestros días, en que el más numeroso vínculo
social lo constituyen las preocupaciones burguesas, el sentido práctico y la ponderación menuda, ha podido nacer
esa comedia híbrida, ni tragedia ni farsa, en la que es numeroso el teatro tealista. Pero estos días nuestros son precisamente los ' que plantean el problema de la decadencia
del teatro. Puede afirmarse que ningún venero de necesidades teatrales, es decir, de comuníón intensa y apasionada, ha sustituído aún a la antigua comunión religiosa, madre de nuestro último teatro serio. La religión cristiana es
la que toda vía, mientras confusamente se diseñan las ceremonias cívicas del futuro, conserva la esencia de la liturgia
y del rito teatral, el concepto trágico y cómico del teatro,
con sus mitos de Cristo y de Judas, el anhelo y el culto de
las grandes comuniones apasionadas, el recuerdo y el secreto de esas participaciones colectivas en un simulacro de
evocaciones simpáticas. Sólo pensando en ella, en su liturgia coral, podemos concebir la existencia de un teatro.

Para legitimar lo absurdo con que una representación
teatral se muestra a nuestra contemplación lúcida-absurdo que la mayor propíedad escénica no pued_e justificar,
porque siempre ella •misma carecería de justificación-, es
menester tener presente una vez más que el teatro responde a un anhelo, no sólo de contemplación, sino de participación fervorosa. Sólo podemos concebir al pueblo apiñado
frente a un escenario, mudo y quieto, si antes lo hemos
6

�...

..,.-....-:sr-1990

DTUDt08 LITDAIUOII

.
am tia liturgia cristiana. y si le con-visto oficiando en una _P,
también en el simulacro ea
cedemos la opción a parncipar d . u·ficarse por la eziaí osólopue e3us
..
cénico. El drama pro an
r . 0 de la pasión divma.
tencia y actuación del drama re ,gitosda, una adaptación del
.
la
Representa una emoción transpor atro • del cristianwmo,
Oen
•
·
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fervoroso.
•
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mismo sentimien °
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.
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I
dramas
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existencia de to dos os
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.
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formas de drama, .
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.
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'
1
tri\gicas, cada una
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su sentido total. La trage
ón era admitido el
. la
a cuya actuac1
.
templos con s1mu eros,
mínima participación ht&lt;u•
1
pueblo, aunque sólo fuera en:
o un cirio encendido, o
gica que supone el llevar en . m: preces de consuno con
un estandarte bordado, 0 reCJtarlb
gusto de loa simula. ' dí enlaa pe ese1
.
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.
· das por el cu tiVO
•
1· ·
cérucas mouva
1 ceremonias re igiosu.
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nunca ociosa
.
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fomentaba su necesidad.
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.
y
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.
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y se bacía apta para mterpre i1a e ésto insuficientes. POI"
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':!u. da e~ los mi.,;terios relique la muchedumbre teatr : micianc1· ón activa en el dn• pre una mtene
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467

litúrgicas y asumen caracteres francamente teatrales, uniendo maravillosamente lo sacro y lo
JJl'Ofano en una compenetración tan perfecta que nos perliílte formar idea de lo que hubo de ser una representación
~ en la anti¡¡-üedad, cuando aún el simulacro escénieo no se había desprendido del todo de sus afinidades filiacon los primitivos misterios. Me refiero a esos simulasacroprofanos que en algunas ciudades cristianas de
Andalucía-así en Ronda-se celebraban hasta
ll poco en la. Semana de Pasión para figurar el martirio
1 Cristo. En esos simulacros en que los personajes de la
· n eran representados por !)iadosos y espontáneos hisones, en que un joven era figuradamente inmolado en el
o simbólico y una madre real lloraba sobre su doloroso
-crucis, entre las marias y los discípulos a lo largo de
ºnos trazados en colinas reales, bajo el gran cielo apanado de Andalucía y entre el florecer de una primavera
tica, culminaba la esencia misma del teatro. Los que
enciaron esos espectáculos de pasión, en que la fuerza
la mímtsis ocasionaba a veces accidentes cruentos, los
vivieron durante una semana en ese ambiente de aluºón voluntaria y justificada y se sintieron poseídos por
plenitud de aquella efusión de sentimientos simpáticos,
'bieron la rnb alta iniciación en el misterio teatral y puon sonreír toda la vida de la pobreza de los otros simuos escénicos.
·

Comparado con el efecto obtenido en los simulacros haes de nuestros escenarios, el alto pathos de esas repre~
· nes casi litúrgicas se nos aparece como algo extraor•o, inasequible y, para muchos, poco deseable. Porque
la forma de un delirio orgiástico que repugna a nuestro
de lucidez, a nuestro espíritu amigo de los espectáculos
y lógicos. Parece absurdo. Pero eso es precisamente
que constituye su supremacía desde el punto de vista teael hecho de abolir la facultad critica, de convencer ple-

�.as

..,...u~

COlll61'0t.ll-D-tfl0

namente a los sentidos y al espiritu, de aumimot_eá,l i-C~
vido que es al mismo tiempo recuerdo eficacísimo de"".· · .
timientoa y costumbres que permanecen en nosotraé ' ·, .
la letra mls antigua de un palimpsesto. El teatro,· en · · · . · ·
.;;_y a esto se de_b e su supervivencia a pesar de tod&lt;&gt;-b.\ · _· •
uno de nuestros instintos mis vitales, la tendencia .~ : •· ·
trabacer la realidad, a violar las leyes del tiempo y é.l ... ·'
c:io, a afirmar eficazmente nuestra .fantasia, encarn .·:
en una acción que satisface por el modo plástico y aó
los. anhelos que e~ forma de aspiración o de_ nostalgia ·•
presa
la poesia lir1ca. El teatro es la e:ipres16n · mis .pbitli,
•
- . '&gt;
de nuestra fantasía y responde a ese anhelo sentiio ~fil
hombre sólo-no por nmg,ln otro animal, patrimoilio
so pavoroso de un sistema nervioso perfeccionad
. o ,Y. , . .. . •
constituye nuestra cimera singulai: y terrible-de jugar, ·__ \
su propio misterio y el de lal cosas. :Esos hombres, actdJlii
primitivos que con las heces del vino se embadama~W.
semblantes y sobre zancos se encumb~ban para adg · "'
sobrehumana estaturat esos hombres que disftazad&lt;&gt;1, ·i' · ·-"':_
burlar el conocimiento diario, representaban dna
·- ·
elemental expresada par medio del grito y de la mi~~-..
universal palabra-daban, inconscientemente, fo~a • _ y alegóric:&amp; al estado- de necesidad artística, ere.do .·• ~homl)re por eate conjunto de supersticiones innatas, q~ - ..,
convierten en un ser religioso y polltico, capaz der .
~- '
con variedad sorprendente los tapices de la existeiicia . ..
especie. Mediante la a&lt;;eión teatral, el hombre disfi; ·· ,
satisface el anhelo mis vivo de su fantasia, burlala ·
·
consabida de la retina o del ewejo, viola las je.-cr.' '
creadas por su superstición o inventa otras ou.eváa
cierto sentido defrauda a au propio destino, antid ·:---·"· _
úna presentida metempsicosis. La posibilidad de ·1.a··-¡'&lt;1111
esto, aun en la forma precaria de la escena~ l.á · , ..
aunque efímera, de un disfraz, confiere al bombtetal· .
sobre las normas fatídicas, le.hace tan semejante. : ·-, ~·ejercen un po&lt;kr sobre el hado-se hall disfrazado · · ··
los monarcas y los sacerdotes y cuantos han asuádi{
,·L•1

·&lt;

·:21

'! ·,·.

-

...
-que le oommñca ese entáaiasmo peculiar a
'·' _ y le coloca en un estado de locura iluminada, so. al del poeta, en cuanto que le erige en hér()e. Pero
;•tasiaslno, como emanado de la acción, es prá-ctico,
r':"·: • de la solidaridad del ndmero, requiere el asentilO plural, ya que la acción, si solitaria en el desipio,
· . ~ en la consumación numeroaá. Ese entusiasmo
· desrne4idd, que como un cAliz que. supera la medida
. ~ ··Qal, siquiera el bebedor sea Alejandro, necesita aer
· ··do. Los actores comparten t:ae ciliz, henchido de
· -. · ·o, se lo trasmiten anos a otros y se lo brindan al
·
. , que en el verdadero espectácalo teatral es
histriónico, ya que con sus eiclamaciones apasio•

cierra en realidad el círculo del proscenio, Pero
if). tienda a suplantar los hados v a alterar las catego•
ha de parecer siempre artüicial y falsó a quien
r(:ipe del grado de entusiasmo requerido ; por la ac~ a,rtistica. Basta que este entusiasmo.exista para que
ci6n falsa y convewd.a .s e jus.tifique.• Esto eKpli.,_tencia ·de un teatro infantil espontáneo, que cada
,y se renueva, .reprodoeiendo la génesis del prio báquico; y eeto explica también cótno, a una
~ refinada ca~l la que formaba la corte de Luis XIV,
~ l[QStar las mgen~ farsas representadas ante su
. . . . poi:los cómicos italia:1101, representando las peri•
lliI~ Pierrot. Coloml,ina y Arlequín-esa postrera en~ del mito de Prot~o. El afAn de jugar con el misat-,..herQico como el de los milos, por jugar con su som-

l~

.~
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11:
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'.cUñrazar la imagen del espejo y de coronar con al-

a la talla mensurable, este afán que para lograrel asentimiento del nwnero y que es el mismo
do lu religiones y sobre todo sus formas ritua~~ oficios-y _h asta sus orname•tos-mitras, tiaras,

&amp;•

~f;

upas ploviales-es el que ha creado también el
providente, lo sustenta. Porque siempre que doa

~ .é:omalgando en una \Disma exaltación, falsean sus
. .;_r. t: voces cotidianas; .concediéndoáe un consenfi.

�471

COSMÓPOLIB-XI-1920

ESTUDIOS LITBRAR108

miento mutuo y activan un?.. escena inesperada dentro de la
farsa real-¿no se ve esto cada día en torno al cáliz báquico, que como un trofeo sagrado, se custodia en nuestras
tabernas?-vuelve a nacer el teatro antiguo. Dos niños que
se tiznan el rostro o se visten con las prendas de sus hermano.:; mayores y dialogan en términos convenidos o con una
mímica de imitación crean el teatro. El teatro ha nacido así
muchas veces, y con sus caracteres más gloriosos, en los
desvanes trasteros o en las tabernas de los sábados.

en busca de una comunión apasionada, no por el aliciente
&lt;le una curiosidad intelectual. La mímica, el elemental y
terrible gesto dinárr:ico, suscitador de energías simpáticas,
ha de tener en ellas más importancia que la letra, que se
brinda niás adecuadamente a la delectación serena y solitaria. Porque lo importante en estos simulacros teatrales es
la pasión compartida, la pasión solidaria y plural.

470

Esta diaria creación obscura del teatro, derivada del
anhelo de comuniones simpáticas tanto como de la fantasía,
jnstifica la persistencia del teatro en los escenarios y en la
razón suprema de su existencia. Ella explica el milagro cotidiano de los escenarios; y es la iniciación primera de todo
público teatral, como una suerte de carnaval diminuto en
que el hombre aprende a burlar las condiciones fatales &lt;le
su existencia. Jugar con el tiempo y el espacio, defraudar
las nodones lógicas, simpatizar en la ficción artística con
sus semejantes y agrandar su zona de pasión, he aquí lo
que el hombre busca en el espectáculo teatral. De ahí la,
necesidad del decorado y las caracterizaciones y esa tradición de cosas convenidas que constituyen el aparato ritual
del teatro. De ahí también la necesidad de que en él las
cosas se parezcan a la vida, pero no sean la vida misma.
Porque la farsa es un sueño, un delirio, una embriaguez, no
otra realidad. Frente a la vida, frente a las ciudades que
son su creación más genuina, los teatros se alzan como
otras ciudades de sueño y de locura que suplen la insuficiencia de aquéllas, como autónomas ciudades fantásticas
creadas por una vida más libre. Por eso dijimos que en el
teatro todo debía estar resuelto, todo debía ser armónico,
:;..in estar empañado por la congoja de un conflicto. El teatro, imposible en los desiertos, es el lazo más vivo de sociabilidad, es la emoción artística o religiosa compartida,
es el rito de la simpatía. A las fiestas escénicas debe irse

Todo debe ser aceptado de antemano en el teatro; porque una sorpresa demasiado viva obraría en los espectadores con acción inhibitoria; argumentos conocidos, exentos, por lo tanto, del interés puramente intelectual, tipos
característicos que sinteticen con rasgos universales las
distintas edades y condiciones del hombre, compendios
convenidos de todas las cosas, una figuración tradicional
de la vida son los mejores atractivos de los simulacros teatrales, porque, descartando todo motivo secundario, refieren todo el efecto estético a la complacencia en la reiteración. Esta es la causa de que los mitos se perpetúen tan
prodigiosamente en los escenarios, y de que, por dos veces, en la antigüedad helénica y en el renacimiento italianos los hayamos yisto florecer con el florecimiento del
arte escénico. Esta es tambiél} la causa de que los preceptistas antiguos pudieran catalogar en limitadas categorías
todos los argumentos escénicos posibles. Porque en resumen, el teatro no es más que la representación estética de
las pasiones humanas, y en realidad, un solo drama y su
parodia es lo que se representa en él, desde sus tiempos
más remotos.
Pero el teatro es la pasión actuada, representada, no
descrita, y de este hecho recibe su fuerza y también su debilidad. Porque su vida depende del culto geneial de los
sentimi,-:;ntos simpáticos y apasionados, de la afición del
hombre a vivir una vida apasionada, a participar en simu.
lacros solidarios y embriagarse en común con beleños artís'ticos y religiosos. La decadencia del Carnaval marca en-

�472

COQÓPOUB-XJ-192,0

f"ZlflllTrtR

tre nosotros el ocaso, interino, por lo menos, de nuestro
teatro.

El teatro no puede ser gustado sino por un pueblo cuyos miembros sientan el anhelo de ser persona, es decir,
máscara; el anhelo de realzarse en participacioP1es rituales,
reliaiosas o políticas. El teatro representa el término medio ~ntre la liturgia religiosa y las funciones cívicas. Hay
pueblos que no lle¡{aron a tener teatro, porque la liturgia
religiosa absorbió su vida; fueron persona en el templo;
así los semitas. Otros no lograron tenerlo, porque las actua•
ciones políticas brindaron demasiadas fórmulas a sus acti•
vidades simpáticas; asi los romanos. Nuestra civilización
actual no lo tiene, por su indigencia de simpatía, por su
culto decidido a la intdectualidad solitaria. El teatro ofrece hoy libros a esa intelectualidad, no simulacros. En la
crisis escénica se evidencia luminosamente nuestra incapacidad para la vida apasionada. No hay acción tan universalmente simpAtica que la deseemos ver representada,
que nos incite a la complacencia. Nuestras representaciones
teatrale" termi nao en un largo bostezo, como una arenga
que no alcanzó su fin persuasivo. Nuestros actores nos
ofrecen confrontaciones más o menos interesantes de la
realidad, exhiuiciones patológicas, argumentos tomados al
follP.tin, manifestaciones del dolor individual, que no puedtn ser simpAticas, tesis psicológicas, todo menos esa emoción clara 1 sintética y universal, capaz de ser sentida por
•
todos, o ese maravilloso absurdo elemental que nos restl·
tuiria a la ingenuidad dichosa con que en nuestros juegos
infantiles vimos nacer, por la virtud de un disfraz primitivo,
el eterno teatro antiguo.
R. CANSINOs-AsSENS

EL MOVIMIENTO ULTRAÍSTA ESPA\OL

I

Epilogo del novecentismo.
Simulti\neamente al estallido del último obús-septiembre de 1918-en los agros de batalla, donde algunos intelectuales europeos, representantes de las más nuevas y prometedoras generaciones, se truncaron heroicamente-desde Charles Peguy a Emst Stadler, pasando por Ruperl
Brocke y Umberto Boccioni-afloró en el campo intelectual de Espada una audaz, juvenil y potencialísima tendencia de superación literaria ilimitada: el Ultraísmo.
Ya anteriormente, durante los años de guerra, fueron
aurgiendo aisladamente diversas figuras y tendencias, unánimes en el anhelo de rebasar las imperantes normas modernistas, aboliendo sus últimos residuos caquéx,cos y supenr ideológicamen!e los credos y módulos peculiares del
movimiento novece11tista o modernista de 1900, por antonomasia, y subsiguientes generaciones epigónicas. Pu&lt;"s la
evolución literaria vigente en las letras espallolas, hasta el
advenimiento del ultraísmo, ha sido, en el sector po~tico,
la iniciada por el magno aeda Rubén Dario, y f.-cundatriz
de una triunfal modalidad, jalonada por una larga estela de
prestigiosas figuras, que poseen un indudable valor ger-

minal.
La próvida cosecha lograda por estas generaciones

��LITIIBATURAB NOVÍSIMAS

477

cosMÓPOUS-XI-1920

476

se nuevos módulos literarios y hallando otros arquetipos
estéticos. Y he ahi la gesta que realiza ahora triunfalmente
la aguerrida falange ultraísta. Pues su intento, en definitiva,
no es solamente prolongar el área de posibilidades litera•
rias, en cuyo perímetro puedan fluir fácilmente los libres
temperamentos innovadores y las personalidades originales, sino sustituir el panorama de acción mental, comen•
zando por tejer horizontes vírgenes y novidimensionales.
Derívase de aquí, implícitamente, un absoluto abandono .desdeñoso de las fórmulas consagradas, y el emproároiento espiri'.ual de los luciferes hacia la búsqueda de normas intactas, como al comienzo de una nueva era. De ahí
la actitud ingenuísta de recién nacido espiritual con que el
nuevo lírico afronta tollas las perspectivas al bañar su sensibilidad resurrecta en el ácueo aman,ecer cósmico. El poe, ta ultra•modem.ista, no pretende asimilarse, ccmo sus an~
tecesores, filamento derivados de las normas aceptadas;
por el contrario 1 olvida todo nexo filiador de raigambre umbilical, y en un férvido impulso rec1eador va afrontando
todos los espectáculos y emociones con un gesto candoroso ... A&lt;ií, en ~se estado de amnesia mental, y de impubertad espiritual, el poeta renacido forja sus fragantes c0ncepciones totalmente originales, no extraídas de la vida, sino
de la confluencia de sus espasmos extrarral\iales y de sus

\

1

puras sensaciones intraobjetivas.
Ved ahor i una exposición sintética de los recientes albores ultraístas: El &lt;'( Movimiento Ultraista» que lanzó sus pri·
meras pro yecciones inc.ividuales en el otoño de 1918, no
surgió conjuntamente hasta febrero de 1919, en que tuvo
su primera exteriorización pública, a través del escueto y
notificador manifiesto lanzado a la Prensa de Madrid. por
un grupo de jóvenes literatos, enue los que únicamente
han destacado después su nombre César A. Comet,J. Rivas
Panedas, Pedro Garfias y el firmante de esta glosa. Sus
afirmaciones cardinales, resumíanse así: &lt;'(Declaramos nuestra voluntad de un Arte Nuevo que supla la última evolución Uteraria vigente en las modernas letras españolas, el

novecentismo. Respetando la
.
des figuras de esa época
obr~ realizada por las gransar la meta alcanzada ' nos sentlmo~ con anhelo de rebapor estos pn
, •
mamon la necesidad de un ul . mogemtos, y proclatro lema: UL'IRA d t
tra1smo. He aquí nues.
, en ro del cual
b ,
tenJenc1as avanzadas
é .
ca ran todas las
tarde se definirán y
nca~ente ~lt~aístas, que más
pecíficos.»
n su d1ferenc1ac1ón y matices es-

h¡ll;;:

En eSía
pléyade
·
Rafael
Cansinos
As ultraísta , apadrinada
inicialmente por
- seos-gran e til.
.
afirmativo- algunos d
s ista poemático y critico
.ieve mdividual
.
' en e
e .sus compon
t
.
.
en es teman ya un rel
d
sa misma dirección
.
e los hechos suscitadores de
. ~~pera~1z. Mas uno
aportación del creacionisn r _su apanc10n conJunta fué la
cente H,.tidobro h'
wl meo que el poeta chileno Vi, IZO a 1as etras l ·
.
otoñ.o de 1918 dura t
_uspanoamencanas en el
d P .
'
n e su estancia en M d .d
e ans. Los «Poemas A i·
a n , al regreso
bro, s ..m las obras e
r icos&gt; y «Ecuatorial», de Huido,
n español que co t
1·
ces, marcan su posesió d 1 , . . no ros ibros en fran.
n e creac10msmo
.
germinales había obte 'd 1
, cuyos vislumbres
1
m o e autor de c:T
E'f..,
e, 1916, mas cuya real·1zac10n
. . frutal loour6 1 iel» en Chi1917,alcontactoconlos mo'd u1os con ~a gr · en París, en
R everdy, y con la est·t· .
de Pierre
e ica mnovador ::s dguineos
1
-: de la que en definitiva el
. .
e grupo cubista
r1vación teórica seg· h, dcreac10msmo, es sólo una de'
un e emostrad
·
.
« T eoremas críticm, de N
E . . o en mis antenores
L
.
ueva stetica&gt;.
a entromzación de la lírica de H .
mósfera juvenil acabo' d
'd
. u1dobro en nuestra at'
e evi enc1arno
••
?os-Ass~ns, la decrepitud del ciclo m s, c~mo dIJO Cansimconsc1encia que supo . 1
. odermsta, y la máxima
.
tos e mspirarse
en h ma e segu1 •· cu1fivando temas extin.
ermes exangu·· - N
.
e:.. o se ha de mferir
d e aqm que el ultra'
1smo sea una de ·
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mo, como malévola
.
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mente, e rnflmdo p
.
c1as, ha escrito Huid b
E.
or recientes disideno ro. 1 ultraís
· ·
mente antes de qu ·1
. .
mo e:x:1stta ya virtuale e nos h1c1ese la
t ·
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y
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1
d
.
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•
E spaña, y destacados e .
d'
::, .. e l eano cubista. En
.. esa irecc1on de vanguardia exís-

ª

�478

COSMÓPOLIS-XJ.-1920

tia ya algú.n joven literato, solitario en su actitud mentalmente extrarradial. (Y si no fuera por no r::-mper la impersonalidad de este estudio, revelaría mis mismos antecedentes ultraístas, desde r9r7, como ha constatado Joaquín de
la Escosara en el artículo que ·acaba de dedicarme en Cer•
vantes, de octubre.) Mas ante la comprobación total de la
senectud novecentista se afirmó más imperativamente · 1a
necesidad galvadora de alzarse contra la bisutería poética
invasora y los ficticios valores literarios aceptados.
De ahí el surgímiento del núcleo ultráico, como una
floración de la juvenil voluntad ~uperatriz que ansía polarizarse en horizontes novidirnensionales, desdeñando las
rutas de secuencias ritualistas. No son admisibles, por lo
tanto, confusiones respecto a las intenciones esencialmente
constructivas y renovadoras· &lt;lel ultraísmo, que :;urgió respondiendo a la ley biológica del evolucionismo y del devenir eterno. Se incorpora así el Ultra al circuito de galvanizaciones intelectivas, diferenciándose en absoluto de movimientos exclusivamente derrocadores y disolventes-tal
Dadá-, que causan promiscuación en las auténticas gestas
innovadoras.
Prosiguiendo la reconstrucción histórica de los orígenes ultraicos, no debemos olvidar que Cansinos-Assens,
crítico afirmativo, que tributó el más efusivo homenaje de
apoteosis triunfal a sus contemporáneos los hermes de la
generación novecentista, en sus estudios críticos de «La
Nueva Literatura-, (Edc. Sanz Calleja, Madrid, 1917), ha sido
quien, primeramente, y en una invicta paradoja, se ha alzado, al surgir el ultraísmo, frente a ellos, y ha mostrado sus
senectud cumplida, incitando a la juventud a la búsqueda
de otros faros, y al hallazgo de sí mismos, de sus propias
personalidades en el rasgarse de los horizontes intactos. A
esta actitud avanzativa, disconforme y ávida, corresponde
el hecho de que Cansin0s asumiese en los albores de nuestro movimiento ultraísta el papel de guía y porta-estandarte teórico-aunque él íntimamente no ~odificase su espíritu islámico,ysólo bajo la firma pseudónima de« Juan Las»,

UTERATURAB NOVÍSIMAS

aceptase nuestras directrices y se desfoblase en algunos
experimentos líricos. Y a la incorporación cans~niana, debió también la pléyade ultraísta el disfrute de sus dos primeros órganos de expresión: las revistas de vanguardia
Grecia y Cervantes.

III

Característica~, delimitaciones y matices.
¿Qué significa, qué norma de intenciones literarias entraña la palabra ULTRA? ¿Cuáles son los hitos limítrofes y
las direcciones cardinales del cMo~imiento Ultraísta»? He
aquí la síntesis de las interrogaciones más insistentemente
formuladas por cultos y profanos. El últra-dilucidaremos
ahora sumariamentl:!-es el lema distintivo y el reflector lu,
minoso que llevan en la hélice los velívolo~ ultraístas. El
Ultra, por el momento, no marca una he~mética escuela
sectaria ni una dirección estrictarr..ente unilateral como
otros movimientos subversivos: El Ultra viene a ser en España el vértice de irradiación descubridora y de fusión potente adonde afluyen todas las pugnaces tendencias estéticas de vanguardia, que hoy disparan sus intenciones innovadoras más allá de los territorios mentalmente capturados.
El ULTRA es el lampadario-proyector de los lucíferos
· ultraístas. El ultraísmo es la etiqueta genérica de un movimiento que engloba varios «ismos» específicos en una perfecta coexistencia, como rosas consanguíneas, aún en su diversa foliación polipétala.
Como ha dicho Cansinos-Assens, el ultraísmo cresume
una voluntad caudalosa que rebasa todo límite escolástico.
Es una orientación hacia continuas y reiteradas evoluciones, un propósito de perenne juventud literaria, una anticipada aceptación de todo módulo y de toda idea nuevos.
Representa el compromiso de ir avanzando con el tiempo.»

�En las precedentes palabras se hallt. contenida impltcite.mente toda la intención superadora y avanzativa del ult,_.
mo, cuyas ca, acterlsticas peculiares van apareciendo en el
libre fluir eclatante de originales personalidades individualizadas.
Paralelamente, en la identificación de orígenes é'inftue&amp;f'.
cias va resaltando la filiación neta del ultraísmo y su en
lace con otros cismos» extrarradiales del momento lit~
rio. Y a ~emos. señalado cómo la aportación del creacionilS•
mo pvr Vicente Huidobro en 1918, con la incorpoiaclóa
del ideario cubista a nuestras intuiciones ortales, fué tlftO
de los ht-cbos que, u.nido a las incitaciones teóricas de Can·
sinos y al ejemplo rebelioso de algunos de nosotros yadestacados solitariamente en la vanguardia estética, •
directamente influyeron en el brote conjunto del movúniebto ultraista. Diversas traducciones y críticas, publicadas en
CenJantes y Grecia. de los más característicos trozos cubietas, futañstas, expresionistas y dadaistas, por Cansino.
Assens, Borges, Lasso de la Vega y el firmante, han aclimatado estas corrientes extranjeras en nuestra zona ultraista. El ULTRA es, con todo, un movimiento autóctono. Y
si en algunos de ::;us poetas pueden discernirse asimilaci9nes exóticas a sus fibras temperamentales, en otros sólo .r&amp;
.alta su personalidad, renovada por la sola virtud de su voluntad liberadora.
Al advertir la proyección mental de ·los ultraistas ha•
cia otros rasgados horizontes, puede constatarse cómo el
esfuerzo de esta pléyade ha tendido inicialmente a una
suer~~ de desplazamiento espiritual allende las frontera
opacas, con el fin de situar nuestra avanzada literaria ea
coºnexión con las vanguardias extranjeras. Pues ano .ele
nuestros objetivos esenciales, en el espacio y en el tiem~,
•es llenar esa laguna de distanciación que siempre ha aisla.•
do a España, haciéndola marchar en sus últimas evoluci~
nes literarias extemp&lt;&gt;ráneamente y a la zaga del movimiento mundial. De ahí que tendiendo los ultraistas a nivelarnos sincr6nicámente hayamos dado cabida y repercusión~

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erzua: a los -a11yoa y .aoonipqados a las 4ltimas
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Española. R. C-ansinos-Assens.lí/eratura Americana, César E.
Arroyo. - Secretarío, A. Balles-

CoMITE t&gt;E REDAcclON: .

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REVISTA HISPANO - A:-iIERICANA

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APARTADO UE CORREOS

:-ú;1,1. f¡Q'.2

1'1'1ADRID

de .......................... .~............ .......... de !92 .
Señor:
La Revista hispano·americana Cervantes, que desde su fundación se ha afanado por recoger en sus páv-inas lo más selecto
y brillante del pensar y el sentir .ie los escritores de habla
castellana, presentando, al lado de las. producciones de grandes
maestros del idioma, gallard9s ensayos\ie las juventudes que en
España y en América se levantan asegurando la rontinuación de
una inmortal y gloriosa tradición cultural, reanuda hoy con nuevos bríos, base estable y propósito firme, su publicación, que se•
guirá, mes por mes, con toda puntualidad.
Conocedores de su amor, nunca desmentido, a las letras, nos
dirigimos -a usted pidiéndole ~u aquiescencia para cont:frle en el
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como égida amparadora de nuestro empei'lo, que es, sobre todo,
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Españolé!, R. Cansinos-Assens.Literatura Au1ericana, César E.
Arroyo.- Secretario, A. Ballesleros de Martos.

de ---··············-.............................. de 192.. _
Señor:
La Revista bispano·americana Cervantes. que desde su fundación se ha afanado por recoger en sus páginas lo más selecto
y brillante del pensar y el sentir u.e los escritores de habla
· cas.tellana, . presentando, al lado de 111s producciones de grandes
maestros del idioma, gallardos ensay~s de •las juventudes que en
España y en Améric-a se levantan asegurando la continuación de
una inmortal y gloriosa tradición cultural, reanuda hoy con nuevos bríos, base estable y propósito firme, su publicación, que seguirá, mes por mes, con toda puntualidad.
·
Conocedores de su amor, nunca desmentido, a las letras, nos
dirigimos a usted pidiéndole su aquiescencia para contarle en el
número de los su:,;criptores de Cervantes; y si, como esreramos,
se sirve otorgárnosla, prestará usted apoyo a una empresa que no
es de lucro, sino de cultura, recibiendo en cambio, mensualmente,
un tomo no menor de ciento sesenta páginas, nítidamente impre•
sas en magnífico papel. con originales de lo.¡; líteratos más ilustres
y de los jóvenes q·ue más prometen en los dilatados dominios espirituale&lt;; del genio cuyo nombre sagrado y eterno hemos puesto
como' égida amparadora de nuestro empeño, que es, sobre todo,
de unión y de propaganda hispano americanas.
Las c¿-ndiciones y precios de suscripción los encontrará usted
en el Boletín adjunto, cuyo cupón se servirá, ::si lo tiene a bien,
devolvernos, un-a vez· llenados sus blancos. Debemos declarar a
usted, sinceramente, que los precios fijados nos han sido impuestos por Ja enorme carestía del papel, ocasionada por la guerra,
prometiéndole de manera formal rebajar el valor de la Revista
tan pronto como, normalizadas las circunstancias, baje el del
papel.
·
Quedamos a sus órdenes como sus atentos s. s.,
q. e. s. m.,

�~ _...E_ma re.~

~e .iradiaeión ultriica es ~~
!il!lilf.k1&amp;.y_poJ1facéttca-16o péginas en 8.º-, q11e (fui• ~lffl)8,oA.qsena desde enero de 1919, ha recogido
valiosos brotes de la cosecha ultrai ta, contribu-

El Movimiento Ultraista Hspailol sólo tiene, por d
mento, una expresión literaria, y. deotro de ésta su mu
trido sector es el de la poes.ia lírica. Aislad~ reperCIISlU
-como la admirabilísima pintor-a '8 grabadora No.rah /J
ges, la pianipa Carmen P. Barradas y los pintores V~
~ - 0 0 1 1 permiten augurar, empero, que p ~
igual que el futurismo, cubismo y expr~ienismo, a
A-tte Uluaista podri rotularse asf ampliamente al tl!:n
una ramificac;ión músical y pictórica, con su Bstética • •~
na y su bUaJDentos critico-filOIÓficOs.

¿Qué órganos de expr~ión tiene enia Prema e:IJPIIM
el ultrafamo?, preguntado lo lectores profanos ~
conozcan maestra,I publicaciones propias, de radio
y- limitado. Si en Francia e Italia, les países. de terrea
tletico 111'8 cultivado, estas tendencias de v ~
~xteriorizan dific(lmente y en una esfera peeuliu-, en·J1.¡¡¡¡;~
&lt;la, donde han uiatido pocas revistu de avanzada,
tá de esptritu admoaal y colaborador, obviar esta •

requiere un muüno ~ o .
Nuestro ultraísmo literario ba tenido en los al
tiefte hoy su mis puro órgano. de upresi6~ en la •
decenal 6nda, que.aacida baJo la advocación r u ~
hélénica-de ahi su nombre:...., ha efeotuado un belh,
tar transmutativo al evolucionar hacia el ultraism~
eed al entusiasme auguml de 1111 director, Vandc►.ViUllt
ia primavera de 191~ a~endo laa. primicias de lQti
mog!nitoa altratstas 91-«:ia se publica, -al ~ t e ,
junio del actual, en Madrid, habiendo acentuado su u:·tlfl!~t:&amp;
dón superatriz y seleccionado rigurosamente su te:&amp;tP,.
eliminar algunas firmas equivocas e incorporar otru
afines a la tendencia.

~ esta tendenda en EspaAa,ypartictilannen. ~epilblicaa del Snr de la Amér.iea espat1ola. Como
n~ efímeras, demostrativas empero de nuestro
.iraad:iante, están: Ullra, hoja literaria, aparecida en
, de octubre a diciembre de 1919, dirigida por Joa·
de la Escosur.a, y Perseo, en mayo del mismo ailo Jan..
en Madrid por Santiago Vera. Aisladamente otri:a re•
de Madrid, selectamente literarias, como E8¡,aff(J y
~s, han insertado o reprodacido originales u~
difundiendo nuestra tendencia.
.
la expansión verbal del Ultra han &lt;iontribufdo las
~,~•cias dadas en Sevilla por Vando-Villar y Adriano
le, _Y en Sanbplder y Bilbao por Gerar.do Diego, dula P,'IDlavera y el otoAo de 1919, respectivamente.)
$\ el capitulo ele proyecto. a detarrollar durante esta
destacan, a ID'8 de varias corifereacias, Jectunis
vas Y ~eeiclnnea, ves revistas en preparación:
..,._,,_, dirigida 'Jk)r Joaqufn de la Eacosura · /ajl.«:tor
psr Ciria ~ t e , y Y. . ., que
el fir~

Janzd

de esta crónica.

V

Loa Poetas Ultnlatas.
os ahora a los paladines ultraístas. Pasan de.
Y pl'osistas de muy diversas personalidades
1"enltos destacados dentro de esta modali~
de e1loi tuviesen ya un perfil avanzado
lalu:asen su primer vagido de pubertad en

�LITKRA~'UHAS NO\TIBIMAB
COSMÓPOLIB-J{I-1920

484

Con ser tan relativamente rápida la profusa reproducción vivípara de poetas ultraístas-aflorados en diversas regiones de España, y no sólo en Madrid-en la .siguiente Antología, formada expresamente para CosMÓPOLIS, sólo
incluyo los nombres de poetas más valiosos, prometedores
y ultraistas per nativitatem. He aquí algunos specimens de
poemas ultraístas, seleccionados entre los má.s característicos de cada poeta:

ELEMENTAL
Yo construyo mis saltos
con 7,os cuatro elementos
La Tierra

CABARET
So'/tre las mesillas florecen adelfM
SombrÜlas que cubren estrellas
En la orquesta se encienden .sonidos
El pline trenza ws violines
Para jugar al foot-ball
los baila1·ines buscan la pelota
que nunca lanza1•án
Naufragan en las cubetas
botellas ~ champagne
Linternas so,-das
se ocultan en los zapatos charolados '
Las risas taladran el aire.

El Agua

EUGENIO MONTES

• El Aire
El Fuego

Po1· la pantalla siumltánea
a la- luz de las trompetas
pasan los días salvajes

e1Z un friso de onomatopeyas
En mis manos se refugia
el espacio aturdido
Cada minuto al estalla'I'
deja un nido nuevo bajo 1tiis parpados
Como perdigones
vuelan mis pájaros

Viiir
Volar
Las hojas nuevas rompen a cantar
En totno a mi cetro
danzan lc&lt;J cuatro elementos

PRIMAVERA

La primavera ha volcqdo siis canjilones
y han saltado las venas de los árboles
Jli ~razón se ha abierto esta noche pasada
Y mi cuart-0 bon·acho
bebe el sol espumoso a grandes tragos
Primavera
LatJ fiores pulsan sus cuerdas

PED.ao

(Jrea1·

GARFIAS

RUSIA

La Tierra
El Aire

El Agua
El Fuego
GERABDO DIEGO

La trinchera avanzada es en la estepa un barco al abordaje
con gallardetes de hun•as
Mediodías estallan en los ojos

�4SG

C03MÓPOT,IS

XI-] 920
TJ'.'l'EBATUI\AS NOVÍSlMAS

Bajo estandartes de Bilencio pasan las muchedumbres
Y el sol crucificado en los poni1,,ntes
se pluraUza en las vocinglerías
de las torres del Kr,·eml
El mar vendtá nadando a esos e¡érci~os
que envolverán sus torsos

en todas las praderas del continente
En el cuerno salvaje de un ,u·co fris
clamm·emos su gesta
bayonetas
que portan en la punta las mañanas

Jo:RGE-Lurs

BoRGES

El viento como un perro
se pegaba a tu falda
Yo te hice una hamaca con mi~ «amada&gt;
Y la mejilla de tu cariño
se ha apoyado en mis palabras mullidas
Tu desnudo
Como un violin de notas malva
mis ojos lo templa.ron
Despué,~
mis besos amr1,1•illos
crecieron en tu ca?·ne
Y la amapola del corazón
se ha deshojado entre mis manos.

1

J. Rrv AS P ANEDAS

NOCTURNO DE CRISTAL
Los cisnes
cobijan la lunci bajo sus alas.
¿Quién ha s1mbrado el fondo negm
de anzuelos de ot·o1
Las hojas de los Mboles
sobre el estanque sueil,an

con un viaje a Ultramar.
Me ha tentado el suicidio
y

al mirarme a7 espejo

me ha espantado mi doble
ahogándose en el fondo.
LUOIANO DE SAN SAOB

(Lucía Sánchez-Sao-rnil)

BENGALA
Y en el afre el confetti de tu risa
La luna podó estrellas

487

ESTRELLAS
El buen TORRERO ASTRAL encendíó el FARO
!J se sentó en la peña de una nube,
El BAÑERO
iba tirando estrellas a la noche.,.
El mar de olas azules
se llenó de blancura de palomas.

En la.s aguas del ciel,o
se bañaban las VÍRGENES DESNUDAS.
ERNESTO

NOCTURNO
La noche ha a!Jie1·to s1t paraguas
Llueve
Los pájaros ,j,e la lluvia

LóPEZ p AR.&amp;A.

�488

1
1

i¡

1

·I

LITERATURAI&gt; NOVÍSIMAS

COSMÓPOLIB-XI-1920

picotean los trigos de los charcos
Los árboles duermen
sob1·e una pata
Revolteos, revol-teos
Desta1·tala un coche
su estrépito infen1al de endecasílabo
Un hombre cruza como un mal pensamiento
Los mos11uitos de agua
colm enean las luces
Incendios de alas
Revoloteos
Llueve.
JOAN LA.RREA

OCASO

Su recuerdo cortó las amar1·as
de mis pensamientos
Sobre elu,1·co fris de la ilusi6n
vuela con las alas abiertas
y su vuelo tiene matizaciones
de filrn ya'Tlkl!e
.Ah01·a todos los veleros
tienen las velas desplegadas
El filo de las horm,,
df'shoja las flores del otoño
y unos ci-mes manchados de parro
est1•ían el lago azul
Yo ke dejado de fumar
Pe1·0 distraído
he volcado la pipa sobre mi eorazón
que se ha cubierto de ceniza.
Jo-!\QUíN DE LA

EscosuBA

489

VERBENA
Las carreteras vírgenes

cogidas de las manos
ofrecen sus vientres desnudos
a los aeroplanos
En un beso sin alas
me 1·emonté a ttna estrella.
Aquella nube blanca
que me enjugó las lág1imas
hoy ha muerto de pena
De mi sortija penden
_
todos los merende1•os
y en mis lwmb1•os reposan
los sendero~
HE G.AIDO
Las miradas de todas la.y doncella.~
se habían enroscado en mis pies.
ADELANTE
El humo de mi pipa pita como un tren
J osÉ

DE CmIA y EscAr,&amp;NTE

MAÑANA
Un lienzo blanco extendido
regado de_pájaros
Abajo el me-ntecillo agita
los fiecos de las aceras
Una casá perezosa
continúa en el lecho mientras
las otras saborean el desayuno
y refiejan en sus ojos abiertOfs !J limpios

�4-90

COSMÓPOUB-Xl-1920

-----------------------·-la viva ·i,deli(jencia de dla
Pero ,la noche 8e ha escapado
y la luna sutil se ha caído hada arriba.
ÜÉSA.R

.1\,

ÜOMET

...

LITHRATURAS NOVÍSnIAS

CANCIÓN LEJANA
Yo quie;•o
columpiar mis miradas de un lucem
Y ante mis ojos cuantas

NATURALEZA MUERTA
Lienzo col l'rJ,ado de frutos maduros
Estiva y esplendorosa moldura•
Jardineros sibaritas y sanguinarios
han 1·oto los cordones umbilicales
Novilt,nio, cuerno de la abundancia
Sandias, mujeres sangrantes

Uvas-perlas-mglesas.
Las magnolias se nos ofrecen como modelos
Las palmeras se han preitdido las cu/Jan~ de oro.
Mi corazón. kaki y mí~ ojos ciruelas
en la bandejci de mis manos.
Metam61'fosis del gusano de sed11;.
¡ Yo también soy natu,raleza muerta!

luces de filamento
y la luna
pantalla cinemática
boya para los náufragos
Los marineros
por exceso d.e carga
lanzan :sus canciones por la borda
Me bañaba en tu risa
terma de brisa fresca
y mi cuerpo esponjado eu tu recuerdo

ro d01·miri.a biempre

en la palme1•a ruhia de tu pelo
y mi boca jirafa
para morder las piñas de tus besos.
ADRIANO DEL VALLE

IsAAC DEL VANDO•VILLA.R

CREPÚSCULO
DIA.N~
El hortera paseante en bicidela sortilegio
compromiso con ;ni criada desnuda en el patw
Es la recepcíón pel'fumería en lo.,· alrededores del domingo
comadrona espiritual de las entidades periódicas
.casa de dormir al servicie de la ley
sonando con la murga a pasof! de entresuelo
s&lt;wbete y cine 1·estaurant hebdomadwrio
algarabía soleada de los bailables caí•tomancia
RAFAEL

LA.sso

DE LA VEGA

El sol vueUo de espaldas
Lanza pu,iale1s de oro
A los espejos de la mariana
Las arañas viajeras
cuelgan chales de sombra
en las espaldas de las mujeres
qu.e visten t'rajes de cola.

Las locomotoras viudas
Gritan con sus gargantas ebrias
· De haber bebido el /!ter de [(18 adioses

491

�LITBBA'fURAB l(OV'falr.fAB

COSJ4ÓPOLI8-XI-1920

49:l

Mientras en todas las ventanas
El paoo real de los incendios
Abre sus ojos tornasoles
Los niños en el arroyo
Pm·a sus madres pobres
recogen el último oro

Las est1'ellas 1•ompen el negro
cascarón de los telescopios
y la luna otoñal esparce
sus hojas secas sobre todo

BRUMARIO

El viento gesticula
Psalnwdia la arboleda

Lluvia ast1·al
.Aviónicas hilanderas
tejen el lino nostálgico
de la neblina boreal
Pintores pluviosos
ba:1'1úzan las praderas ancladas
Ella se ha prendido
el collar hepatacromista
del arco-iris 1·esurrecto

OTOÑE CE

VI

Bl nexo y el vórtice del ULTRA

JuAN Lás

·

493

AJENJO

SOLEDAD

El·Jwrizonte mustio
de11tríe sus p étalos

y en el brumaria a,idrógino
el vértice
de la atara~ i.a dehisoe11te
GtrrLLERMO DE ToRRE

En esta selección de los diez y seis anteriores pbetas más
personalmente ultraístas, he atendido preferentemente a
· marcar, en los poemas transcritos, los peculiarismos distintivos de cada uno. No obstante, el lector apreciará en ella
cierta homogeneidad genérica, de técnica y cerebración
lírica, y e&amp;pecialmente, la obsesión del imaginismo creacionista que signa todas sus visiones. Así estos specimens
anatómicos, algunos de los cuales semejan esquemáticos
cuadros simultaneístas, constituirán un muestrario revelador para muchos lectores del Movimiento Ultraísta Español.
Y como estos jóvenes poetas aún no han comenzado su
siembra de libros-¡ab, la abyección editorial que padecemos!-la indicación anterior de las Revistas donde colaboran, servirá de guía orientadora a los lectores deseosos de
conocer más producciones ultraístas.
Como escritores que desde el primer momento se manifestaron simpatizantes de ias normas ultráicas, colaborando
en f':Jrecia y Cervantes, debemos retener los nombres de los
excelentes poetas Mauricio Bacarisse, Rogelio Buendía,
Vicente Risco, Pedro Raida, Antonio Espina, Salvat Papasseit; los criticas Adolfo Salazar, Miguel Romero Martinez¡
los prosistas Ciriquiain-Gaiztarro, Antonio M. Cubero, Juan
Héctor Picabia, Joaquín Edwards, Pedro Iglesias&gt; Toaquín
de Arocai y posteriormente:, acogiéndose a nuestras publicaciones, León Felipe, Eliodoro Puche, Prieto Romero,
Correa-Calderón, Ciria Escalante y Francisco Vighí, y los
sud-americanos Hugo Mayo, José-Juan Tablada y Bartolomé Galindez. Cardinal mente los altos t&gt;spíritus consagrados de Ramón Gómez de la Serna, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset y Gabriel Alomar, han
mostrado su conformidaá y adhesión a nu~stros propósitos

�LJ'.rERAl'UHAS NO,iSJMAS

494

COSMÓPOIJS-X!-1920

innovadores, revelándose así ellos como los más jóvenes y
dignos supervivientes de sus generaciones ancladas.
Respecto a la repercusión lograda en 1a Prensa cotdiana por la· tendencia ultraísta, sólo articulüs malévolos y
falsas referencias, debidas a la miopía de comentaristas obtusos, recordamos como eco y reflejo de la mediocridad e
incomprensión que inunda la atmósfera donde vegetan los
e::;critores 1docenados o mercantilistas. No obstante, estas
diatribas, que s011 paradój~camente estimulantes, al averiguar su origen, al igual que las parodias grotescas, para
~ satisfacer el instinto grosero de las muchédumbres, 1an
contribuído, junto con la admiración decidida de las figuras literarias que gozan auténtico relieve, y aislados comen·
tarios elogiosamente comprensivos, a difundir nuestra tendencia en todas las latitudes. Dignamente, los · poetas ultraístas han permanecido en el risco de su altiva seriedad
fervorosa, sonriendo despectivamente ante diatribas y parodias impotentes, y sin recoger las alusiones procaces de
los saurios.
'
Sintéticamente-y como decía Cansinos en la primera
Ant-0logía del UltraismoL aparecida en la Revista Cervantes-junio y julio de J 918-sólo los obstinados podrán negar ahora que un nuevo movimiento lírico ha nacido y ha
cuajado en España, lo bastante fuerte, continuo y múltiple
para ejercer un proselitismo práctico. La lectura de los
precedentes nódulos poemáticos-agregamos nosotrosevidencia al cot¿jarlos con otros de la poesía novecentista
antecesora, su diferenciación explícita pot la disimilitud total de su estructura, imágenes e íntimas intenciones. Márcase así el florecimiento de una dirección peculiar, independiente, con sus matices nuevos y características propias. Algunas de elJas-como el cultivo de la imagen y el
ideario pragmatist11. y occidental-son comunes a toda la
pléyade, y otras, distintivas de cada poeta. Níng011a preocupación de similitml o jerarquía escolástica, coostriü.e o limita los libres y personalisimos impulsos temperamentales
de cada poeta. La diversidad más amplia y polifacética des-

tácase en _todos los conjuntos ultraístas, donde coexisten
consangumeamecte
• ·t us y tendencias ~emelas vacia,
. e spm
d~s en cauces _personales que recogen la polarizaci¿n es e
c1fica ~e un -mismo lirismo ultráicamente gené .
,p Ge As~, aDl~ado de genuinos creacionistas epig~1~:-os como
rar o iego, Juan Larrea y l~ugenib Montes
lelo a mí, ha ynxiapuesto la sensacio·n d1· a' .. -;-qlu~, para,¡ · l
n 1n 1ca a a imagen
~u tt_p _e y ha iniciado cabriolas «dadaiza11tesit-dest
:agmp1stasdpurosr como P_e dro Garfias, Adriano del Va~:yn
vas . ane
. cu b ista interrral al ú
. as \ en •orno
'
, a lgun
6
expreswmsta conc.entrado COH10 J -L B _
&gt;.
g n
turistas básicos
.
.
'
.
·
·
.
or¡;es
Y
vanos fo1
d
, pues a mfl.~enc1a mannetiana se halla incorpora a a nuestro ideario novísimo y al es
d
simultaneidad nunista que ajusta el r;t , d
pasmo_ e
t 1
l .
.
• mo e nuestras d1ás~ es u tra1stas al ritmo de las vibrátiles hél'
.
meas.
ices cosmogo-

º:

ahí ~ue esta pluralidad de influencias entrelazadas
aga imposible definir el Ultra con esa concreción s· 1·
ta que o-ust
•
1mp 1s,,, a a ciertos espíritus unilaterales. Pue .
antes subra é
s como
y_ -no es una escuela dogmática y cerrad d
,
de t~d~s hayan ¿e s~~uir la misma ruta uniforme.
mov1m:e~to de a rea ilimitada, latitud mu~dial e irradiación
por_venmsta. La voluntad de innovacion y superación n
la libre dehis~er:.cia de los espíritus velivolantes, vir;u:1contenida en la palabra
palabra predesd~ que muchos balbucearon, pero ninguno llegó
nunc1ar, como dice Cansinos-es el , .
a p~onal
1
.
umco nexo asunc10' en a c~nfluenc1a de corrientes iiterarias propulsadas
por los l~c1feros ultraístas. Así, nosotros situados e I
::n~uar~1a pvrveniri ta, atalayamos los h~rizontes in~ac~
s, Ilum1:11ando1 como una bella constelación juvenil 1
~ayectona
noviespacial de las audaces evo! uc10nes
.
' .ª
ticas.
esteh

ªE/~

:::te

Ultra-esa

GmLLERMO D.E

ToRuE

�CHÓNICA DJD ITALlA

LOS TEATROS, LOS LIBROS Y EL ARTFJ

En el Manzuni, de 1'1ilán, se ha estrenado Un sogno d'amore, comedia en cuatro actos, de Giovanni Kossototoff. He
aquí d argumento:
Andrea Luganski, convertido improvisadamente en
rico, abandona Ru:;ia para divertirse en Paris, llevando
consigo un ansia de amor~s, de pecado, de ~ureza, de orgía y de idilio. Bn su patria te~ía una promet1d~ que ha dejado de querer, porque la sencillez de esa. relacwnes le parecía insípida. Una noche, en París, oye y ve en un teatro
de variétés una actriz que lo intricra. Hay en ella una co a
qu~ confusame1!te contrasta con el lugar ~onde aparece,
con la profesión que ejerce y con la venalidad de la cual
vive. Y suefia c'in obtener de aquella cortesana el amor
de una mujer honrada. Tiene necesidad de esa complicación y ..:e complace en imaginar que aquella flor de estufa
puede darle cl perfume de las violetas deJ prado. Propone
a esa actriz Mnry Chardin, un coRtrato: durante un mes,
vivirá con él y fingirá ser la más tierna, la más púdica de
las mujeres.
Comienza el juego y el ruso se quema las alas. Parece
que también ),e las quema Mary. Su vida es exquisita, delicada, toda llena de pasión. ¿Quién se acuerda del pacto
concluido? Aquello no es una comedia: es la agradable
verdad. Sin embargo, alguna vez, Andrea tiene un pequeño
tormento. Aquel amor que ve en los ojos de I\lary, ¿es sentimiento o ficción? ¿Es Mary una enamorada o una comedianta? ¿Da su corazón sin reservas, o da su arte porque se

l97

obligó a ello? Cuando Andrea la interroga sobre esto, Mary
responde con ambigüedad; su palabra confunde y aguijonea
el ansia del amante¡ pero su mirada está llena de amor y sus
caricias on apasionadas, Decididamente, no es la actriz
la que habla, es la mujer, y un día es también la madre,
pues Mary revela que una nueva vida palpita en su seno.
Toda duda desaparece; aquel hijo que va a nacer anulará el loco contrato. Andrea y :Mary están ya ligados por
algo más poderoso que una relación interesada. Andrea lo
proclama abiertamente, lleno de alegría.
Los días pasan felices, y el mes fijado para el experimento termina. Y he aquí que el mismo día que acaba el contrato, Mary cambia de fisonomía y de tono. «La comedia ha
terminado, dke., Y ante el estupor y la ira de Andrea, repite que el amor era una ficción, el hijo una invención, y
que todo detalle de la felicidad que le habia dado en aquel
mes, no era más que el cumplimiento de la palabra empeñada. Mary le ha dado la ilusión de la vida conyugal, Ja
ilusión de la paternidad. Es inútil que se dese. pere; ella
se va.

La comedia, en este punto, elabora la tormentosa e indefinida figura de Mary. ¿E:s una ¡:,erversa? Lo es un poco. Ha
sido atraída por Andrea, que le gusta por el ardor de su pasión y por aquel modo caballere co y poético de sentir y
hablar; pero no pudo amarlo. La vida la ha maltratado &lt;lema iado. Cada vez que amó, el amor Yerdadero que dió a
un hombre, hizo de ella un guiñapo a merced de hombre
amado, que pronto se cansó de ella y la rechazó sin piedad. Si Andrea la ama así es porque no la pose~ tal como
es, sino que posee en ella una mujer imaginaria, que ella
ha representado con arte, con su cerebro, vigilándo&amp;e, dominándose, plegándose al gusto de aquel juego convenido.
En d fondo de esta comedia, siente, sin embargo, un impulso de amor por Andrea, que naufracra en la imposibilidad de convertir e en pasión. En fuerza de hacer la ficción
del perfecto amor, Mary ha llegado a desear la hipóte~is

�dél amor; pero aitte la realidad,. tleae ta fria. u·~•
~ la comedia ha manchado sns alaa.
•
Vuelve a au vida loca de teatro-, de comercio
vicio; bebe, ae embriaga, invocando a Andfu:•1-•'' Ji
cbadsldolo cuando lo tiene cetca. Porque Andrea la
la reconviene, llora 111 frialdad irónica y s u ~
nos, la insQlta, la maldice, la pide delirando e l ~
mientraa ella, ofreciendo el amor verdadero Y no li'
día del amor, no puede dar mú que el ~ porq•
cortesana.
La comedia termina cuando Andrea se marclla,
to a dejarla para siempre, y ella, tdgicamente, lo
huta que la embriaguez, la arroja por tierra, ad(&gt;.ñlUl'éi(i
do en un brutal estupor 811 monstnloso dolor.
El p6blico aplaudió mucho la obra en todos los

Los tres prinreros lo merectan; el cuarto, no. De-toAéNI
dos, la comedia es muy interesante Y esti

lJ.w dd

vacíones psicológicas, tortuosas y febriles, que a f t l i ~
4errambiul sin alcanzar la meta y que es mis COnJDQ
ra por esta imposibilidad dolorosa y anhelánle de 1
una nttida claridad. 1t1 per110naje de Mary Ue-.a ~
cho peso de humanidad y mucha Jaojarasca d.e
librería, F.s una nota cruda y vigoroaa de verdad, tra
ú. manera roJDintic:a. El diilogo, a menu.do prolijo,
taesencíado, y la comedia, en conjunto, más rica ~
que en belleza. Es una tentativa mágntfica, am'l~
fecta, de reconsµ,:aeci6n de un carácter femenm.e:
cual abundantes e ingeniosos elementos geneMlcé.,;
de e~mponer la unidad del personaje y tal Ye&amp; lo
. La comedia fu~ maravillosamente i n t ~
mente por esa actriz tan fina y expresiva que- se l.111111aa
Botelli, que dió todo su relieve al personaje de Maty
En el teatro de Olimpia se ha dada un cas(), quidi
co en la historia del teatro en Italia. Se anunci6 el.
de' La td8tl dM 8lilor /)tnl&amp;(&gt;Ni, obra dél gran l:nuboria

�501

COSMÓPOLIS-xr-1920

CllÓti!CA UE IT AL.IA

En el teatro Carcamo, de Milán, se anuncia para esta
temporada el estreno de una ópera que llama la atención,
porque el autor del libreto es el poeta Giuseppe Nolli, que
murió durante la guerra en el torpedeamiento de un buque
en el mar Jónico. La música es del maestro Carlo Viscardini.

La familia Uzeda, estirpe de virreyes, florece en aquel
periodo histórico, en el cual con algún retardo sobre la revolución francesa, la Sicilia entra en un régimen aún feudal en la crisis política y socíal de la revolución italiana.
La época es la misma elegida por Ver:ga para su obr~ Mastro don Gesualdo; pero en Verga es el pueblo y en De Roberto es la ciudad; en Verga la historia del protagonista
domina de tal modo, que no deja casi campo a la política,
. y en De Roberto la existencia misma y la más significativa
aventura de la noble familia, tienen por base la vida exter..
na, el cambio histórico que se va determinando. La luz, un
poco gris;, del nuevo día, penetra en el cerrado edificio y da
nuevas y diversas expresiones a los rostros de aquellos heredero:: de fuerzas y de pasiones ancestrales. Sólo que hay
pasiones que, por su profunda humanidad en el bien y en
el mal, son de todos los tiempos; pero en manifestaciones
diversas viven poderosas radicadas en los instintos, y estas
pasiones constituyen la robusta armazón dramática de la
novela, que es juntamente histórica y psicológica, evocación de una crisis que está narrada con sagacidad y cultura de historiador y con arte de novelista.
El escritor no domina bastante la arquitectura de su
obra. El cuidado del episodio, el deseo de la plenitud de
cada singular desenvolvimiento y la coociencia de tener
ante si un pequeño mundo rico en significados, le impiden
gobernar con rigmos.a medida las proporciones generales.
Se siente como en ciertos escritores románticos y en otros
veristas, extranjeros más que italianos, una amplitud de
programa que lleva a la construcción maciza; la embriaguez
del análisis se sobrepone al escrúpulo de la esbeltez de la
perspectiva. Pero esta difusión no es prolijidad. No hay en
1 vicere páginas inútiles, frías o superabundantes. Seguramente un rigor mayor de arte hab-ria elegido entre aquellos
episodios y renunciado a algunos para servir a los más significativos, dándoles igualmente, o acaso más, el sentido de
esa verdad rica en características interiores y en aspectos
diversos.

500

Voy a ocuparme de un escritor siciliano, cuya obra atestigua una noble conciencia y un valor artístico no común,
de Federico de Roberto. Ha publicado una serie de volúmenes que basta o debiera bastar para una fama permanente. Le ha ocurrido el no mantenerse en bastante contacto
con la multitud de lectores cuando ésta crecía y buscaba,
ávidamente, nuevas obras suyas.
¿Cansancio o escepticismo? De Roberto es, sobre todo,
un novelista, y el haber continaado escribiendo buenos artículos de evocación histórica y el haber dedicado la fuerza de s1,1 lógica y la claridad de su cultura, así como su fervor de italiano, a la guerra de ideas que se combatia al
lado de la de las armas, no podía bastar a mantener vivo en
el aran público el interés que despertó con sus obras Viceb
'
re, Illusione, Sorte, Messa di nozze, 11 albero della scienza y
Una página della storia dell' amore,
En estos días ha aparecido una ~ueva edición en dos
volúmenes de su novela 1 vicere, mientras ultimaba 8U nueva novela que tiene por titulo La cocotte.
.
I vícere sigue siendo la obra en la cual el escritor siciliano ha dejado la muestra más vasta de su poder de observación y de psicólogo y de su valor como novelista.
La historia de la familia Uzeda está narrarla en esos dos
volúmenes con una difusa riqueza de particularidades, con
las cuales contrasta, sin duda, la rapidez de alineamiento y
de episodios de la corriente novela de hoy, pero con una
fuerza de vida de- la que carecen los elegantes e ingeniosos
muñeca.s movibles en las apresuradas fábulas de los más
modernos.

�502

C0SMÓl'OLIB-XI•1920

Pero el lector que se proponga con la lectura su nutrición intelectual, encontrará intensa vitalidad en todas las
figuras de la novela, principales y secundarias, admirables
de evidencia como la tiránica doña Teresa, con cuya muerte se abre la novela, hasta el taimado heredero de los Uze~a, con cuya _profesión de ambicioso que s~ adapta a los
tiempos, la novela termina.
La nueva novela de De Roberto, que lleva por título La,
cocotte, es, juzgando ya por su cubierta, una concesión al
gusto discutible.
No creo que un escritor como Federico de Roberto haya
querido hacer tal concesión. La protagonista es una mujer
buena, una fiel y amorosa mujer que se ve obligada por las
circunstancias a fingirse mujer de fáciles costumbres para
poder reunirse con su marido en la zona de guerra. Esta
«necesidad, tiene un fondo de verdad y un justo tono de
ironía. Es una novela ligera, pero no indigna del talento
del escritor, al cual el público debe una mayor atención.
Entre las noticias de arte dignas de mención, la principal es la formación de la gran orquesta que, dirigida por el
famoso maestro Arturo Toscanini, actuará en su día en el
teatro de la Scala, reformado, y que por el pronto recorrerá las principales capitales del mundo dando conciertos,
Italia no quiere ser sólo el país de los cantantes, sino el
de la música y los músicos, y a este efecto, con concursos
muy valiosos, está formando Toscanini, en el Conservatorio
Verdi, esa orquesta de 98 pn,fesores, que será la primera del
mundo.
. El propósito de esta orquesta es, ante todo, la realización del arte. Los profesores que de ella forman parte han
•sido elegidos por Toscanini entre todos los que tocan un
instrumento en Italia, después de una observación larga y
personal suya. Así los ha llamado de todas las ciudades
italianas y no de las principales orquestas, sino algunos que
tocaban en cafés y que no conocían su propio mérito, pero
que habían llamado la atención del maestro.
En esta orquesta se introducen innovaciones propues-

CRÓNICA DE [TAU~

503

tas por Toscanini, que se están ensayando en el Conservatorio Verdi, y que producirán efecto asombroso entre los
públicos inteligentes. Ha desaparecido la clasificación de
primeros y segundos violines p&lt;lra la mayor armonía y unidad de la masa de cuerda, y se han construído instrumentos nuevos de metal de mayor potencia y diafanidad en el
sonido. Se proponf' Toscanini una entonación perfecta, un
completo equilibrio y una mayor pureza en los sonidos que
conserven la energía de las vibraciones. Esta orquesta es,
en fin, algo nuevo que superará las dificultades de toda partitura, de todo poema sinfónico y que llamará la atención.
Por lo pronto se dedicará a dar conciertos, y después
de tres en Milán, dará uno en casi todas las grandes ciudades de Italia., hasta el 27 de noviembre, que saldrá en el vapor Wüson para Nueva York. El Gpbierno de los Estados
Unidos le ha ofrecido un tren especial para que la orquesta dé conciertos en todas las grandes ciudades de la Unión.
En marzo regresará a Italia y de allí irá a Londres.
Entre las novedades que estrenará esta orquesta, figura
una Danza delle Gusmidi, de Re~pighi; el &lt;intermezzo-&gt; de
una ópera de Sualdí, La Figlia del Re; una Danza, de Riock;
Piemonte, de Sinigallia, e llusfraziconi di un poema cavalleresco, de Malipiero.

Estos días hubo cierta alarma en la Prensa porque gu bernativamente se había ordenado que los muebles que tienen los palacios reales que el monarca ha cedido a la
nación, se destinaran a las Embajadas de Italia en el extranjero.
Ante la campaña insistente de la Prensa, que censuraba
que se privara al país de tesoros artísticos, el marqués de
Mainoni, arquitecto encargado del examen y d.istrib~ción
de los muebles, ha hecho declaraciones terminantes de que
nada que tenga valor artístico saldrá de Italia.
Cuadros, tapices, muebles y objetos que tengan mérito
artístico, serán trasladados a los Museos, y sólo aquellos

�604

C0S.MÓPOLl!i-Xl-192O

muebles que no merezcan tal honor, serán destinados a los
palacios de las Emba_Jadas, que están amuebladas con una
pobreza que no hace ningún honor a la importancia del reino italiano. Verdaderamente, con lo que sobra en esos palacios, como el de Palermo y el de Caserta, se pueden
amueblar espléndidamente las Embajadas italianas sin que
sufra ninguna pérdida el tesoro artístico del país.

La Exposición Nacional de Brera ha reunido un gran
número de obras que han acudido a disputarse los tres premios llamados «Príncipe Umberto». Aunque estos premios
no son cuantiosos (4.000 liras), el prestigio que confieren
es grandjsimo, pues siempre han aspirado a él los mejores
artistas de Italia. Y a causa de la dificultad de los transportes, no han podido llegar a tiempo muchos envíos.
Se ven en esa Exposición un tríptico de paisajes de un
pintor que acaba de desaparecer, Vittore Grubiey, en el
cual destaca su espiritualidad sugestiva y su técnica amorosa y sabia; un Mattino, de Mitti Zenetti, donde tiene su
mejor expresión el romanticismo de 1830; L' Alpe di Fucechío, de Arturo Tosi; Un coro di chiesa, de Cattaneo; Un -rittrato di Signora, de Dodero; una Famiglia di contadini, de
Octavio Steffenini, una de las mejores pinturas de esta Exposición; t.n Mercato di pesce a Ghioggia, de Leonardo Bazzaro; dos retratos llenos de carácter, de Cambou; una Santa Teresa, de Giuseppe Amisani, y del mismo autor un exquisito interior titulado La toilette, y una gran v-ista de Verana, de Marco Caldecini.
Son estas, en realidad, las obras principales; pero recordamos a otros pintores que también presentan cuadros dignos de mencionarse, y entre ellos un tríptico de Giorgio
Bel1oni, con asunto de la guerra y muy inspirado; unos pai- ·
sajes de Giuseppe Solenghi, de mucha frescura; una tela de
Ambrogio Alciati, titulada Fine di un sogno, página romántica exquisita; otra de Atillio Andreolli, &amp;lo amore, que ha
compuesto con sentimiento · una figura de violinista; Le=

líOá

CRÓWICA DE ITALIA

pt1,:u;e1 de Ettorre Beraldini, cuadro muy bien observado;

Te all'aperto, de Donato Pristo, de fino colorido. Presentan
también cuadros de algún valor artístico Mascoritti, Biaz.;i,
Bettinelli, Roberto Borsa, D'Andrea, Cantinotti, Vinzío,
Grolla, Bava, Bosoni, Cavaleri, Strombo, Mantovani, Ar.pini, Gratino, Zambelli, Fornari, Ballestini, Menato y algunos más.
Laescultnraestá también nGtable.nente representada,sobresaliendo entre las obras Oristo el' U,manitá, de Oreste
Labo; Seminatrice, de Vitaliano Marchini; ll Pescatore, de
Achille Alberti; L' Idea, de Guido Bianchi, y un grupo de
Antonio Carbonoti.
·•
Hay también algunas tallas, en madera, de gran mérito.
LEONARDO MARINI

�EL TEATRO EN ESPAÑA

(IMPRESIONES)
Nuestro teatro tiene, al empezar todas las temporadas,
el mismo gesto de cansancio y vejez. Ni un sólo intento de
innovación, ni de reconstitución siquiera. Ni las audacias
de Gemier, ni la pureza tradicional de los coliseos clásicos
italianos y franceses.
Desfilan las temporadas agobiadoras y monótonas, sin
un destello en los horizontes del Arte. La dramática castellana, sin continuadores fecundos, parece como agotada de
savia y virilidad; detuvo su avance triunfador hace muchos años, y aún sigue en ~u quietud letal, esperando la
pluma capacitada que la inyecte nuevas y poderosas energías.
La característica más desconsoladora de nuestro teatro
es el exceso de producción. En este mes de octubre se han
estrenado en Madrid cinco obras de autores españoles. Una
producción sintomática de aspiraciones muy lejanas de los
c aminos del Arte. ¿Será preciso clasificar las obras de literarias y comerciales? Tal es el interesante pleito que se ba
levantado en torno a Louis Vtrneuill con motivo del reciente estreno en París de su comedia L'inconnu.
En este principio de temporada ha habido, sin embargo, un momento de expectación. Dos autores jóvenes llegaban a la escena con firme paso y considerables orientaciones: D. José López Merino, autor del drama Pedro Fie-

507

rro, y Ceferino R. Avecilla, con su tragicomedia El ocaso de
los demonios.
Al mismo tiempo, Linares Rivas nos ofrecía su Cristo.balón, la tragedia rústica gallega; Felipe Sassone nos daba
a conocer La noche en el alma, comedia que aparecía con la
.arbitraría clasificación de novela escénica, y Paso y Rosales, en nombre del teatro cómico, estrenaban en la Comedia Baños de sol.
Ved cómo la producción teatral tiene un apresuramiento extraño que nos hace recelar de los autores y de sus
ideales. Pudiera argüirse que el autor novel ha escalado el
teatro sin que, naturalmente, tengamos anteceder.tes de su
labor artística, y que esta ha podido ser preparada y madurada durante los años de lucha. En cambio, en los demás
autores que se han presentado al público al empezarse la
temporada, no cabe suponer otra cosa sino que han preparado su trabajo y han obtenido su producción, con vistas al mercado que se aproximaba con las parecidas coti.zacíones de todos los años.
Por esó, la progresiva decadencia del teatro español
tiene una de sus causas en la falta de amor de sus cultivadores. Se mercantilizan las plumas que tuvieron aciertos
-inneaables ya colocándose al servicio de empresas que
t:,
'
afrontan el teatro como una industria. fácil en estos tiempos del oro-Martinez Sierra, Benavente, Sassone-, ya
emprendiendo una desesperada competencia para obtener,
.a costa de todo, las recaudaciones más altas en la Sociedad
de Autores-Linares Rivas, Mu.ñoz Seca, los Quintero, Arniches ...
No vemos, en cambio, el noble afán de superarse, de
evolucionar, de innovar. No admiramos un puro anhelo de
Arte. Siempre los caminos trazados, siempre la misma sistemática obstrucción a todo lo nuevo. Y aun esto es más
lamentable, los mismos prejuicios, los eternos convencionalismos, el constante dique al pensamiento y a la forma.
La producción dramática española sólo es considerable
..en cantidad, lo cual prueba que nuestros autores únicamen-

�IIL TIA'llllO D

BUAIA

~L19-ld49IO

Nos interesan, en primer término, los dos autores. jóvete han logrado el dominio de la compasici6n o cc,mmua:ióo ..
Atentos ~1 tecnicismo, ;penas se preocupan de otras eaen•
dales cualidades del Arte. Cuando los nuevos derroteros
que marca el espíritu de la época, se muestran dar.os y
avanzan por ellos los diamaturgos de otros países, los ••
tores espatioles continúan estacionados en su manera de
concebir y ver el teatro, siempre a través de un descarado
afán de conquistar los carteles. A lo sumo se apreeunll en
adquiñr los derechos de traducción de las obras que se ele-van a las cumbres de la universalidad.
De ,este modo, el teatro cHtellano .apenas interesaioera
de lEspai'la. Sólo Benavente es conocido en Europa y América; los Quintero no han pasado de Italia. Aun en la misaa
América del Sur nuestro teatro apenas es estimado y se ha
hundido, por el progreso indudable de los dramaturges
criollc,s, en el más completo descrédito.
Sin embargo, dos jornadas gloriosas debemos k'Olel'y.resentes. 8ptml;Bh looe (Maria del Oan,um) enNew:-York, y 71,e
bond of interest (Los intereses c,,,ados) en Londres, anteriormente sancionada con éxito-en New-York. Las dos obras
espaftolas, de tan distinta tndole, han levantado air:oso
nuestro pabellón. El estimulo es positivo y fuerte. Pero l0S
comediógrafos de IDspafta siguen obsesit!mados ~ la cantidad. Frecuentemente les oímas exclamar: Tengo pl'eplil'B·
dos vemte actos, treinta actos ... Otr.os dicen en las iatlr·
wie1'8: Este año estrenaré una comedia, un sainete, un mama, 1211a zarzuela ... ¿Veis, pues, cómo su labor no obedece a
una orientaci(m artística, &lt;Di a un firme empet\o dramáticoi. ..
Por eso,
teatro espaílol, vive cansado y envejecido.
Swi cultivadores parecen decididos a eX1ffimirle tenamnen•
te, a conrinuar la explotación.
Veamos, de todos modos, lo que significan las ciaco
obras nuevas con que ,ge ha empezado 1a 'temporada ,en.
Madrid.

el

11a,, sedores López Merino y Avecilla.

P#dro Fierro contiene, sin duda, un temperamento de
a1ltOr dramático. El oca.so de /.os demonios nos hace presenmr un coaredióg•afo modem.o.
El señor López Merino ha afrontado, sin vacilaciones
-el drama pas~nal, con todas las caracterlsticas del género:
y ha conseguido en Pedro Fierro una emoción escénica hábilmente preparada. Pudiéramos decir del sei'lor López Merino, en estos tiempos de la preponderancia de la técnica,
,que es un autor de neursos. Esto no debe satisfacerle al seftm Lópa Mermo, dado su· nervio dramático y sus condiclones de escritor. Pedro FIWl'o es un alarde de ese tecniciamo tmunfador. Pero, nada más. Unos tipos exactos y su
jll8t0 colorido de tierra malagueña. Pasión y arte escénico.
Ea realidad, no es poco obtener ~ la pluma de un novel
qae no p1etenQe ser nuevo, sino continuador de nuestro
teatro teatro dramático de hace medio siglo.
V-emos al seftoE López Merino preocupado en demasia
de le procedimientos teatrales. Los tres. actos de Pedro
lür,-o están construidos, fabricados. Un constante afán de
ir ~oduciendo en el ánimo del esp,ectadOI' efectos inespetadOSr demnestra qae el señor López Mer.ino sigue los paSM de sus antecesores en el género. La emoción, insistimos, no es espontánea ni pura, sino lograda de un modo
demasiado teatral. El protagonista .d e la obra no está, tampoco, creado: es el producto del actificio, del obsesionante
&lt;leteo de conseguir una figun efectista.
Exenta de un ideario deconsiceración,la obra del señor
López Merino no tiene más valor que el apuntado de una
ableluta posesión de la técnica. Es, sin embargo, una prolDIISa muy cercana a la realidad. Si el teatro· espaftol está
urgentemente necesitado de innovadores, también psecisa
da cultos y efllSivos continuad.orea de la tradición.
!f1l aca89 de l08 d8ffft1tlioB es una tragicomedia de positivos
&amp;Ciertos y de lamentables errores. El espíritu de la época,
dé que hablábamos al principio de este articulo, ha inspira-

1

�510

COS.l.!Ól'OLIS-XI-1920

do al Sr. Avecilla una idea audaz y un poco endemoniada.
El deseo de practicar el bien de un modo rigorista e inquebrantable, causa~ a veces, la derrota de 'los naturales derechos a la felicidad. El tema, interesante y hondo, dimana
de los tiempos goethianos, y es, sin embargo, de una latente actualidad.
El Sr. Avecilla le ha desarrollado por medio de una acción interesante y &lt;le unas figuras adecuadas. Pero se ha
olvidado mantener la verdadera psicología de los caracteres apuntados en la iniciación de la obr~. Santa Angustias
es sólo un propósito deliberado del autor; de aquí que no
adquiera realidad el personaje y se quede sólo en una figura eicénica sin valor. Javier Gil es un atormentado que obra
en todo momento como conviene al artificio de la obra, sin
que hallemos en el tipo las posibilidades del verismo. Paz
vive también en una insconciencia que el dramaturgo ha
hecho exagerada y convencional. En cuanto a El diablo
percatados de la significión de su intervención en la tragi-'
comedia, no podía, de ningún modo, aparentar un carácter.
Este es el error de la obra del Sr. Avecilla. Error también el recordarnos la comedia del famoso autor austriaco
Franz \Volnar, que conoció el público madrileño en italiano, representada hace años por Zacconi, y la temporada
pasada, en este mismo teatro de la Princesa, por Ja com•
pañía Atenea, en castellano.
El diablo de W olnar opera en las altas esferas de la so•
ciedad. La obra es una sátira despiadada; pero también
ocurre que todo está previsto por el auditorio, que la acción
se repite en los tres actos, prolongando la situación inicia•
da en el primero, y que, por lo tanto, el final no llega a sorprendernos. No hay que decir que en la obra del Sr. Ave•
cilla, aunque las consecuencias .son las mismas, son otras
las derivaciones.
Admiramos, sin rodeos, la idea que expone el Sr. Avecilla. Este es el acierto, y de él puede enorgullecerse el
notable escritor. La felicidad en nuestro momentáneo paso
por la tierra, sobre todo. Vivir, vivir, exclama el diablo, y

EL TEATRO BN ESPAÑA

511

a nosotros no nos parece entonces el espíritu del mal. En
su ocaso, emprende una decidida batalla contra el bien que
impone su ley haciendo imposible toda felicidad natural.
Por su valentía, por su franqueza, la idea en sí vale por
toda la tragicomedia.
.
.
Los aciertos parciales son el tipo de Don Dimas y la bellísima escena en el tercer acto, entre éste y la señora ama
Doña María Teresa; la construcción del acto primero y los
admirables versos del prólogo.
El ocaso de los demonios, repetimos, anuncia la proximidad de un dramaturgo de consideración.

La simpática vivacidad de Felipe Sass01:e, su verbo
flúido, su ingenio fertilisimo, su espíritu inqmeto, se reflejan en La noche en el alma, cinco capítulos de novela, teatralizados con pericia y acierto.
Este cachet personalísimo de Sassone es lo único importante. Su romanticismo desordenado, bohemio, unas veces
audaz y otras impregnado de una deliciosa bonhoniie, predomina en Le. noche en el alma. Nunca se ha exigido más al
hrillante autor de tantae agradables comedias. .
,
Su nueva obra no es más que eso: la frase oportuna,
los tipos traz~dos a tono con la sensibilidad artísti~a personal del autor, la acción fácil y hábilmente conducida, amenidad exuberancia de destellos geniales.
N~ encontramos, en cambio, un intento de escalar las
cimas del pensamiento. En realidad, no echamos de menos
esta ansiedad de los demás dramaturgos. Nos basta con
lo que el autor nos ofrece con toda sin~eridad.
El asunto de La ,ioche en el alma no tiene novedad. Tampoco es esto una característica del teatro ligero y super~cial de Sassone. Es un argumento adecuado para una historia de Magazine.
.
Los cinco capítulos de La no~he en el al'!!a son 1~ualmente amenos y deliciosos. Hubieran obtemdo el mismo

�612

COSIIÓPOLIJ-XJ-1920

BL TBATBO BH BIPdA

éxito si Sassone los hubiese recitado desde el escenario.
La fluidez de las escenas mantiene el interés escénico.
El Sr. Sassone cultiva, además, el chiste con una facil'idad extraordinaria y una gracia fertilisima que nos comunica la simpatía de este escritor afortunado. Es, sin duda,
un comediógrafo dotado de envidiable espíritu de observación, que sabe darse perfecta cuenta de todos los ambientes.
El aire o sabor mundano que tienen sus comedias ejerce
en los auditorios una eficaz sugestión. Una comedia de
Sassone despierta siempre curiosidad. Pero ¿es posible esperar algo más cónsiderable que esta clase de trabajo a que
nos tiene acostumbrados el autor de A campo traviesa?
Repetimos que es suficiente, y creemos contraproducentes las excitaciones en este sentido. Sassone hace un
teatro de puro deleite. Sus problemas psicológicm;, sus tesis, sus demostraciones, apenas nos preocupan el tiempo
de escuchar la comedia. Esto ya es encantador. No sentimos las inquietudes de un estado moral gra visimo, ni las
torturas del truncamiento de fraseo, ni las angustias del innoble equivoco del tUtracá,1. Todo es suave y, selecto, y
hasta el momento romántic~ que pretende el autor, como
ocurre en La tuH;he en el alma, no llega nunca a contaminarnos demasiado.
Así es la nueva producción de Felipe Sassone. ¿Por qué
hemos de exigirle más? La noclu en el auna es Felipe Sassone, y si él se nos muestra por completo, ¿cómo no hemos
de elogiar esta admira ble sinceridad?
Confesamos ·que pxeferimos La noclte Mi el alma a la humilde tr.agedia de Linares Rí vas, Cristobalfn&amp;.
De Oristoialón a Mmelic hay una distancia que no puede. recorrer la pluma dramática de Linares Rivas. Esta tragedia de Cri.stolJaJl»c es apenas un drama rústico sin interés
y sin nervio, que ha logrado vivir débilmente merced a las
habilidades de Linares Rivas.
La clasificación de tragedia lleva en sí una aspiración
de grandeza ideológica y pasional, que el autor de Cristtr

ólB

bal6tt no ha alcanzado en su obra. El protagonista se nos
presenta con una deplorable confusión espiritual; resulta
un tipo, sólo un tipo, y no un posible personaje real.
El público madrileño, que rechazó con violencia La
ftglia di Torio, no podía interesarse por este deleznable
Cn.toba/6n.
El colorido y el ambiente son lo único digno de valoración. Encontramos hiperbólica la pintura de los tipos influidos por la superstición, sin que neguemos en absoluto
la existencia fatal de esta morbosa enfermedad del espíritu,
arraigada hondamente en los campesinos gallegos.
Cri"sf.obalón se olvidará pronto. Es otro el Linares Rivas
que nosotros recordaremos siempre.

¿A cuántas generaciones ha hecho reir Antonio Paso?
Es éste, sin duda, uno de nuestros autores cómicos de indiscutible ingenio, de pletórica gracia española. Necesita,
como los d~más, asomarse frecuentemente al campo extranjero. Pero sus aspectos cómicos tienen más relieve y
su diálogo más fuerza ent!apélica que lo que de costumbre
encontramos en los humoristas franceses.
Antonio Paso, en colaboración con el Sr. Rosal~, ha
estrenarlo Baiio8 de sol, en la Comedia, un juguete delicioso, sin apenas argumento, pero con una idea ingeniosa.
Algunas concesiones al astracán desvirtúan el diálogo, en
ciertos momentos fino y lleno de observaciones oportunísimas.
Baños de sol es, por ahora, la única digna representación
que el teatro cómico tiene, en este principio de temporada,
en los escenarios madrileños.

Del teatw extranjero hemos tenido en este mes de octubre Casa de solt6ro, del escritor inglés Addar Chambers,
y Loa nuevos pobres, del comediógrafo {francés Maurice
Donnay.

�514

1 •

COSMÓPOiJS-IX•1920

EL TEATRO EN &amp;PAÑA

En realidad, ninguna de estas dos obras interesaba
nuestra atención. La chasse a l'homme es sólo una comedia
circunstancial, que hallaba su ambiente propicio y favorable en Francia. A nosotros, la sátira fuerte y certera que·
contiene la comedia, ha Uegado muy debilitada, por los
efectos de la transplantación. Casa de soltero ha obtenido las
consecuencias de su inevitable exotismo.

esto pudiera privarle de su absoluta independencia y de su
amada libertad.
No es Gasa de soltero la primera comedia inglesa que
corre: tan infausta. suerte en España. Ha ocurrido In mismo
con obras interesantes y bellas de dramaturgos británicos.
En la temporada anterior a esta obra que comienza; se dió
el caso con Brigde, estrenada en Eslava. Y es muy posible
que la famosa obra de Bernard San, Pigmalión, que conoceremos pronto1 encuentre en nuestro público la misma indiferencia, sólo explicable en la falta de inquíetudes espirituales y artísticas de los espafíoles.

Los nu(?)l)os pobres tiene, sin embargo, una agradable
amenidad. Maurice Donnay es tan experto que en cada escena se cree en el caso de ver la scene afair. Todos los mo mentos son propicios al humour y a la ironía en la comedia. Más bien es una gracia audaz y unos firmes trazos de
caricatura lo que distingue al popular comedióarafo. En
esta obra se inician unas derivaciones hacia el se:timenta~ismo que desarmonizan el tono y desvirtúan los efectos
espirituales. Los nuevos pobres, repetimos, es exclusivamente una obra de finalidad satírica y aun de una disfrazada
amargura, a causa de algunos indeseables efectos de determinada alianza política.
Aparte de esto, Los nuevos pobres es obra que cumple
sobradamente con las exigencias teatrales. Una variedad
de tipos anecdóticos nos deleitan con las ingeniosidades de
ese sprit tan latino, mejor, tan parisién, de Maurice Donnay.
Una serie de figuras trazadas con ciertos atisbos de realidad conducen y desarrollan la acción-por otra parte, falta
de mayor interés-de esta feliz comedia de oportunismo
que sólo ha producido en nosotros un simple impulso d~
curiosidaq.

1

1
!!

Casa de soltero es, por el contrario, una comedia de admira?le _delicadeza, honda y emocional. Nuestro público no
cons1gmó penetrar en su psicología extraña y complicada.
No llegó a sentir ni a comprender el espíritu que la animaba. Fracasó la obra, a pesar de su alto valor ideológico y
de los firmes aciertos teatrales que contiene, tales como el
afortunado tipo del vagabundo rebelde, al extremo de renunciar a los beneficios de un bienestar seguro, sólo porque

EDUARDO HARO

�-~

~ r ~-

. 1

EL ARTE EN ESPAÑA

ti

EL REPUJADOR Y CINCELADOR RAMÓN TEIXÉ
Y BOLDÚ

l

En el resurgir poderoso que las artes decorativas, que
yo denomino Bellos Oficios, por parecerme este nombre
más comprensivo, determinativo y abarcador, tienen en
España, Cataluña, y más especialmente Barcelona, ocupa
uno de los primeros lugares.
Para que este resurgir se transforme en una esplendorosa floración, que traiga consigo la renovación completa
de las tendencias artísticas nacionales y venga a consolidar
su pujanza y poderío, sólo es necesario reali,zar una labor
propagandista, algo 11sí como un apostolado por medio del
cual se desvanezcan .los errores existent~s, se destruyan las
rutinas imperantes y se extingan los prejuicios ambientes·
es decir, que hay que despertar en el público y los profe~
sionales amor y comprensión-pues nada se comprende sin
amor-hacia los Bellos Oñcios, cuya trascentlencia es tanta
que hoy se nos ofrecen como la única posibilidad de despertár en todas la!:l almas el sentimiento de la Belleza.
Las artes llamadas un tanto arbitrariamente por Wilde
~imaginativas,,, pues imaginativas son todas las artes verdaderas, desde la talla de un mueble y la decoración de
una vidriera, a ~a pintura de un cuadro y el modelamiento
d_e una estatua, atraviesan hoy en España una crisis agudísima, como lo demuestran la última Exposición Nacional y
el Salón de Otoño, que actualmente se está celebrando.
Existe una verdadera muchedumbre de pintores y escul-

'

517

tores, de los que apenas se destacan quince o veinte nom•
bres con personalichid y talento creador. Los demás, todos
son mediocres y vulgares hasta dejarlo de sobra, y como
son los más numerosos, lo invaden todo, predominan en todas partes y son los que dan el tono general a nu~stro arte,
y así es él de anodino e insubstancial en su con1unto. Esa
afluencia exagerada de pintores y escultores contrasta con
la falta de sentido artístico que existe en el país. Siendo la
Pintura y la Escultura máximos exponentes de la cultura de
un pueblo, se da entre nosotros la paradoja increíble de que
exista en medio de un ambiente inapropiado una enormr. legión de pintores y escultores que, como no puede"vivir
con el producto de su arte, se dedica a la intriga y al asalto
del presupuesto del Estado y a la conquista de una vanagloria deleznable y nociva. La abundancia no ha sido nunca expresión de pokncia y calidad, y entre nosotros _la
abu'i-idancia puede trocarse ,en sinónimo de decadencia.
Como dijo también Osear Wilde, es preferible carecer de
arte en absoluto a poseer un arte malo.
Nosotros quisiéramos no tener pintores Y es~ultores, ~i
tenerlos ha de causarnos el tormento de presenciar Expos1cionés como las precitadas,
En España hemos dedicado demasiada atención a la
Pin tura y a la Escultura. Desde el siglo pasado, la rnayor~a
de los escritores no han hecho más que ensalzarlas, sm
ningún espíritu crítico, sino por la trivial creencia de que
con eso sentaban plaza de seres privilegiados y excelsos.
·Cómo extrañarno:: de la abundancia de pintores Y escul~ores si a cuantos manifestaban inclinaciones artísticas se
les hizo creer que sólo la Pintura o la Escultura eran dignas de alaban.zas, y únicamente en ellas se podía alean.zar la
gloria y la inmortalidad?
Ha llegado la hora de perseguir con saña ~ los malos
pintores y escultores, de olvidar un poco la P_mtura_ y la
Escultura y de prestar atención a las demás mainfest.ac1ones
artísticas gemelas o derivadas de aquéllas. Es preciso preocuparse de la educación artística del pueblo, con el fin de

��M!O

(J08K6,ou1-D-19IO

Teixé no fué conocido en Madrid hasta elafto pasado,
que presentó unas cuantas obras en la I ~...posición de Belloa
Oficios, que se celebró en el Circulo de Bellas Artes y de
la cual me cupo el honor de ser su iniciador y organizador.
El envio era pequeflo y no de lo mis fuerte y caracteristico
de este notable artUice; sin embar~o, no pasó desapera"l&gt;i
do para la critica que vió en aquellas pocas muestras
anuncio de un artista nada vulgar. Fué una lástima que
Teixé, en aquella ocasión, no diera a conocer al público
madrileft.o toda la gama de su arte, pues hubiera c o ~
do la consolidación de la fama que hace an.os goza en Bar•
celona.
También en el Salón de Otofio, que ahora se está cele•
brando en el Retiro, tiene doe cuadritos de pintura al óleo,
que demuestran la robustez de su temperamento y la ólida
educación de sus facultad-es.
A pesar de ello, no es en la pintura en donde Teixé me
parece admirable, sino en sus trabajos de hierro forjado
repujado. Es aquí en donde alcanza todo su valor, en don•
de se manifiesta todo su talento.
Para mi, Teixé es, antes que bada y sobre todo, repuja-dor y cincelador. Lo demás no lo considero sino como demostraciones eficientes de su cuidctdosa preparación y ele
las dotes nada comunes que pasee. o es un artífice incol
to que . ólo sabe de su especialidad, sino que es un artistá
con todas las ansias e inquietudes de los embrujados por la
quimera de la BellE;za.
Entre sus trabajos notabilísimos figuran: el titulado «El
árbol de la cruz&gt;, hermosa obra hecha por encargo del presidente de la Mancomunidad Catalana, seft.or Puig y Cada·
falch¡ los hierros forjados del lindo chalet que en Argentona posee el señor Gati; las cuatro !Amparas que ~ran en
el Salón del Consejo de la Mancomunidad; el retrato en
hierro rebatido del sei'\or Prat de la Riba que posee la Di•
potación de Barcelona; la paleta de acero plateado y
cromado que utilizó la Infanta Maria Luisa de Orleans ~
la colocación de la primera piedra del Hospital de la Cru

po•

1

Placa para mueble figurando uni1 puerta, de chapa de
hierro repujado y c11lado.

�Anillo de hierro
con piPdras artificiales.

Perchero luminoso de hierro forjado y repujado. El pie, el
eje y los brazos están huecos. para que pase el hilo c&lt;,nductor de la eJectricidad .

Medalla de esmalte. ·

Pendentif de hierro esmaltado, simil oro, incrustado en oro.

Anillo de hierro
con piedras artificiales.

Pendentif de hierro forjado y esmaltado.

�ae ~ 1 1a arqaUJa de hféffl&gt; forjado 1, ,epa-

OOJl eamaltea 4'18 1)08" ~ Qbiápo:-de Vich.
Oln. de la ca,acter(aticas · - - linguJu utffice. IQD
joyas de hierro. Colgaota, IQl'tija, pen,Jientea, bn).
-. alfileres y medallones de original &lt;h'bujo y finflima
)ílbor, demuestran del modo mú terminante que el mérito
Ju joyas no estriba en ba calidad del metal, amo en -la
tibor de qaien 1aa creara.
-..&amp;aajoyu van tambis adornadas coa piedru artificia-

hficha1 por el mismo Teixé, y aon nuevas pruellu que
la habilidad y el gasto deUcadkirno del ainplar

:El trabajo de eaas piedras artmciales le ha llevado a
esmalte, qae 61 denomilla dé ..... y qae ea una
JQ8 11141 grandea conquiatu. Divenu obru lleva ya•~
con eae esmalte, y todu ae distinpen por la delide la labor y la finara y truapuencia del eamalte.
puede competir con loa m'8 acreditados del mundo
1m

Arqueta &lt;le hierro repujado y forjado con esmalt(·~ de
• massa,.

Ramón Teizé y Boldi, infatigable y denodado trabaja.
.a,tista aiagular y notable, bieo merece que el p6blioo
1le otorgue 1U aplaaeo, pues n abaep:i6D J III ta•
le hacen acreedor a la comideraci6n ~ camtGa deben
por el ftorecimiento de nuestras antiguas artea,
en alg6n tiempo nntuarial.
BAI.LBITD06 na

Los gladiadore.,.
Placa de hierro ro?bc11ido a mar1illo.

IIArros

�~·-~lil ftltr
_,.__~~!
-áillli-~1
......

~--

m'ilaiealemt)i

...................

loa lm1lanté1$ con~ - la
Bl ,ptC1111f8 'l'le1'W.&amp; contillaaei6il.. ■u,___.,.
l ! ! l ~ ~ . . ......_,,,_ 4üamtiiiiilli

• de E. Cha..,;. e
., ..~da•• d•G· 1-aUré; P

C'-8&amp;01li •Lif htúl ~ j•.A,aip
O, de A.. Roael; 11.a PilPMll
de D ' ~ ) . de Ddeiu-Wo

; Prel114io de .ut&gt;1Ulllb

~

lflll~_,.

cer Atte,
pan nep:iéll a:111--~iw
,M8Cí&amp;.ies'lía ed1'pa- pero"ailiñ utea• .....il!
•tado•e cawflltri'crOIIIO se-uüoia, ,..,..
sible, pues el pf.lblico ayuda con su.fervOr,
ll1bs OOllCieftGI popdla.eak
~et&amp;•
iW:teainl

Olrlota Dármen, que..._
~ ~~ pi,\nistiA,, -.ucJ, P ,..-.~
dano M. y Céaal' Fiperido, vio
dado al pianista turuDdatena. Y eñtre las o
,que
de laa ~ admiradáa por el pflbll

ad_.

-0rquesta, citaremos 1- sigU.ientes:
Sinfoaitas: Tercera. de Sámt.Saeie;
no«; ·T~, de A. 0.4&gt;n\k; Primen, de .8
comple~, de Bo'íodio; cFJ divino pQGMl,-.
Segunda, de Ed. Elgar; «Alpina•, de R. Stn
cCockaigne», de E(l. Blpr; •Aubad.e»,
· princesa lejana• (preludio para una cona •
-cLas brujas de Macbeth• (impresi61) ~

dll~--•~imóae
.cloa
• Pd~,$-.ueri
0,$

....
ieildo

•

~!Oi-..u~

a
1'4 (~Uli2ádo' p,Obli~ y ha
elQOSd
.osd$
. lloNttoí que, ~ t e , s
~, confésamos él'1f P ~ n s
·

e pianista.

• • • e~ 01&gt;Docidfaimo, y IDl ~ Iop6
El Doaan)O y el 'f&amp;ls todldos poi' •

dommio ~ - . ~:d• 11a
daá ~ona, y a·--o entM)clet,

que le diplltan. IIIA8 ~ qu.e artista.
y moélesto, Fl'iedma1i no l!IJN il ~ ; toca
lo hace poniendo su m ~ iuape,able

.

oncitp;to éle Frieclman, tledicado a Brahma

�524

C0SMÓPOLlS-Xl-192O

Y Bee:hoven, ha sido un éxito más unánime que el prime.
ro. Fnedman acertó a dar a Brahus todo su valor; su virtuosismo indiscutible halló ocasión· de demostrarse plenamente en un tema
. de Haendel. Oyó una bo-ran ovación en la
A
s?nata « pass1?nata", del gran Beethoven, que tocó marav11losamente, sm exaltaciones románticas.
También gustó much·o la sonata en 4:mí menor&gt; de
Beethoven, y en suma, el programa más adaptado sin d~da
al temperamento de Friedman; fué un éxito completo.
YAGüES.

PLENITUD

I

PAISAJES

Llueve.
La habitación, en penumbra, tiene un encanto familiar,
recogido y silencioso. El tic tac sonoro de un gran reloj de
caja pone un paréntesis isócrono de ruido, de inquietud,
El viento ha callado su violencia entre las ramas altas
de la arboleda, y un poco a lo lejos se oye el rumor sordo
del río desbordado, mientras la lluvia golpetea en los cristales del balcón y en el cinc de los bordes.,.
Es el paisaje del color gris del cielo, y las hojas húmedas que tiemblan, y la tierra mojada estremeciéndose al
gozo de aquella fecundación, parecen exhalar un gemido
dulce que ahonda más el silencio.
La tarde se ha ,entristecido súbitamente. Las montañas
próximas han desaparecido, bajo un cendal plomizo, hasta
cerca del valle, cuya esmeralda parece erguirse más lozana, y donde las casas de labranza, rompiendo la monotonía
de los prados, de vez en vez, tienen una apariencia desolada de abandono.
Llueve sin término. Emana la tierra una fragancia de
sensualidad. Han huído hacia un refugio los ganados que
pastoreaban y los zagales y las mozas del labrantío. Esco~
dido en un nido cercano se oye un arpegio de temor, de
cariño aterido junto a la hembra.
A lo lejos, una luz viva ha rasgado la nube sombría.
-¡Jesús!-murmura alguna mujeruca en el interior de
la habitación.
1

�ó26

C0811ÓPOLl8-!I-198()

PL&amp;lllTUD,

-Poned las velas a Santa Bárbara -gime temerosa, una
voz dulce.
Los hijos sollozan:
-Mamá. Mamita: ¡Qué miedo!
El padre, valeroso, bromeando, les dice:
-No seáis coba?des; es que en el cielo están de broma,.
San Pedro cumple hoy sus días, y ha ido una murga a festejarle.
-¿Como la de Nava?-inquiere la niña inevitablemente
curiosa.
-Eso es-confirma aquél-; como la de la fiesta en el
pueblo ...
De pronto, un chasquido violento interrumpe la calma.
Ramas que se desgajan, un ruido seco. detonante ... En la
casa un grito.
Los niños pequeños, fuertern.ente cogidos a la falda de
su madre, lloran. La abuela preside un rezo lleno de inquietudes, que arrastra un bisbiseo medroso ante el cuadro de
la imagen bendita.
El padre ha dicho:
-¡Un rayo! ¿Dónde habrá ido a caer?
-Fuera de_ aquí-comenta un viejo aldeano que pertenece a la servidumbre de la casa-. Ese ha caído en los ála~os de d?n Miguel. ¡Milagro no haya «matao&gt; alguna bestia, que siempre las han de cobijar bajo la «arbolea», y no
hay cosa peor. En tormenta, como ahora, es «aonde&gt; van a
parar los rayos.
·
El rezo de las mujeres cesa. Los hijos tranquilizados
al brillo de la tarde, en el corredor, salen
la habitación:
y alrededor del hombre y de la mujer, solos ahora, todavía
en la penu~bra, el eco del reloj sigue 1&gt;9niendo la inquietud de su tic tac, que, como el humo del cigarro, el color
d~ la nube y de la bruma de las montañas, que va desbac1endose lentamente, abre el alma desasosegada, febril, a
todos los ensueños, a todos los anhelos más lejanos, más
amados, más imposibles ...

de

ENSUE~OS
La mujer se acerca al amado .y le besa calladamente.
-¿Piensas?-le dice.
-Siento-,-responde con una voz extinguida.
Entonces ella arrodíllase y escucha, absorta, llena ~
amor y de admiración, las palabras que el hombre pronuncia, como si evocase algo lejano, invisible, que ha nacido
quizá en su fantasía.
.
-No deseo nada, Alma. Acabo de realizar mi ilusión
mejor. Esas brumas, esas montañas, aquellas nubes que van
yéndose hacia otros lugares, que irán a ensombrecer y fecundizar; esos árboles que tienen las ramas temblorosas, y
ese olor de la tierra mojada me compensan de todos mis
deseos sin logro. No me inspiran. ninguna idea, no; me dan
una sensación que gozo plenamente... Dame las manos,
Alma. Te brilla el cabello como si unas gotas de la lluvia
te lo hubiesen mojado; tienes los ojos puestos en algo que
te hace muy feliz ...
-Esas nubes, esa bruma, las hojas de los árboles, la
cima alta que tú estás viendo tan lejos-responde iluminada.
·
-Mira, mira-advierte-qué rojos se te pusieron los
labios ... Dámelos ... Estoy viviendo la hora mejor de mi
vida. Fíjate: el sol va apareciendo tímidamente. También
él se asusta de la lluvia y parece que dice, al reaparecer:
&lt;¿Se puede salir?&gt; Vuelven los ganados al pastoreo ... Mira,
aquella casa del monte brilla al sol. ¡El arco iris!. ..
Los dos amantes están unidos en un abrazo íntimo. Son
un alma, una sola vibración.
Como él ha dicho, nada les sugiere todo aquello; gozan
de la sensación de plenitud, en que los ruidos pequeños y
lejanosf las cosas,. como dormidas en el tiempo; el silencio
tan hondo que tiene un susurro de vida interior, de Naturaleza, de sosiego infinito, les envuelve en el humo de su
propio ens ue.ño.

�.

loa

w,litaria qllf' .......... al ~ . i . "
~11e~-1a~deeata~-f1ltlliile .ueoc-; pn,medenc»una .._ a
la palabna mejores ... ¿Te ~
de lnoertiduiííbM, -

...

}1lí!le"Dl"-"" :_.

abwlonillto eá llledio del c:aillpo-•
ntrenplllll~.V••la~.
1!I, Yoh'W a.élJiil.,.
,..,,. como1a nvebiclón de 1111ll vÍ4•
, el alma illíantil de loe hijos pei¡llelot
~~1 ~µ,qaietad, dolor de~-•·
~01&gt;0 11. D8L POBll'll,LO

�o
LA, CASA DEL COMUNERO MAi.DONA
1.a ton,e 1 oligút¡UG polf1ica autoriwk e11
por un re, eittnnjero, ~ y 111111g11ina,rio; 14
da protec!clón de un moaarc:a a loa muchos y üºr4Ai¡p
meneos, que en son de hipócrita conq&amp;alfta apoae,¡
en DueaQ'aS cierraa, f lll vejatori.:. desvlo laacia loa
IÍDIOB cáatellanos, de quienea llO CGlllpreodJa lli el ·
lllblevaron el ea~ poco aufrldo de los ~
tu tpicaa Uanuraa de CaatiUa, mis dado al lmpetii
qae • la paciencia cobarde, y antes 1nclinado a la
la guerra que a la blandura de la resignación. Ea
en Segovia, en Salameaca, en Guadalajua, en V
en Zamora, ea Madrid, culminó sangriento y arreg
•tagonismo entre los cutellanos bravos y r·eauew¡~
a!llbicioso y absorbeate poder real, extranjeriado y
_pótico.

llo sos principios, an~onse los nobles al
aquella sublevación bermosfs.hu. y memorable. Ya
postrimeriaá, filé únioa.uente el pueblo, heroico, -t

~ . el que sostovo el grito rugieaú! y
eoárllolando, con bien ~ a 8'ereza, el altivo
morado de aquldros COlblUIUOB gloriosos... Hato
el yugo de su conde; NAjera_.'él de au duque, y
apartó del va9'llaje del conile de Tenclilla. Poco '8c
perQ' sin decaer an momento Sil bravura, qnerdóse
pu"blo ...
Castilla entera, erizada de revueltas y molina,
base en la hirviente y roja ■angre de aus hijos.
Tia ahorcaban alguaciles y arrutraban pr

,.¡,.

,..,..1el'Q aia C'4iU, qa,r •
,....,.....,_ _
1 . . clelot" aíi!o«iadCJII; anUidp

• llll'tliilalo. . _ _ Jp:,i"8~

del=--~~•-.
.
.......,..~

üilDl:IH!kocle•lll'IIIU~

el tono ge6J¡ico., . . . . ritriillo, - . . k
earil-..e ...-i. ■
ee•*!liCC~~, • • 111itr•11eliad el'J'h·

HQU• clli ( ? ~

·"'1dll!lltalie-heri4oa

eD

Jo.mil

iDOi!PliabaaJi!'lph¡ MI 1A

:l "'l""'"-!.""'-.éllfaNciclor'~ iJmíl¡¡
iil'-n!Jé
1 ~ pot:ilo!ot.,. ~ ...
.
ni lis cc-:-teq'a. ~ de

'ª"'.
,~7:~--

1.11m(a; :.-.p¡,-=-~...._......

i1Jl!IIPII.... coa- 411 '8imo _ ,

~

.._,eoidó ,r.

liif,~llllij-•-q_q Jllifri4'C)a: ,or "leauntl,l¡a

,.,..,,...~.»-._,....,..._!JOI'

.....,...ot
.. 'deij ••k• IÑlweapal►

llllllll'Cl61111 •

PApanir.

·~,:.

�tm,,lQ q~ irr

-on. en
· a ae un re.y ettranjero, y la santidad
_.._al t ~ cáldeado-el Animo en et N
hidalga y de la varonil indignáción,
o todoe los castellanos, para mugua y

leales i

con lo · comueres.
(J01DO Luis CenillO 6e A1bomos-a
franc()S

cligna de ~or causa, vengó su muje

••cena

~es ·

invitando•
&amp; ros
doe y baciéndolef_ asesitlar • ptitljd
h11bo lfaidoretJ OIIJlO Pedro Gifén;
&amp;arios poi modÓ ~ Y
1 sin embaTge&gt;, reftenó loa
hei'Oicos ca:steHabw. Todo to q
,._o y lllfdclo luchaba a ana 1 «.,odl4Q,~•~D1ílrtJt:·¡
.-ao y la tirania .Haatá:toaucJ.érigos :n
~ t o , áeptdB e.
jagti

~-

_.,la

-~~-1~~~
BeriJ asaltó la plaatde T ~
Oda JU11a, mdyPJll'Ü41 •

~ ~ t e que toa a~ pue
de lll,diO del
préf1 •

e.mP.&gt;,

e entre laa llamas utes c¡ue entrep
• -_, 4~1111 ~ caeatan las
lo .Uto deJám~ r ;a cuupo
iáil~tino aarilla.quea
liados, siendo el dODaíre. '11# loa
ta m1teade matmto. ceo ta1)8le:ta.&gt;
..La
de loa comu~ M
a t t ~ y. ,,_ali.élite ~ é a

•--lllil

rebeldfa

ticoa~COlllO ucia

en tiiaLde fa m~:cle
.

dela~cle

«Alá 1aa- lierilai de ---

maa•

. ..._a•.
--·•--···--!di'

dattdt&gt;

oywpllóaó
üiz labrado ~r
tú
hitviente, heroica y ieat..
esa fué 1.a caaaa de su derrota, fm
'6n¡ hubo iinprevúioues y
males~eg~ ~ - t i l
~ perqes fue,za
· •• porque él nt9t, i.
tilez«, el c»taje, cmminatQj
como pena~ de -oto,

•.ira

ª'"

tan - - ~ tan; ~

i:eey ~cías,- uaa

~~e~•·

PJMIIQlt,~:auiP,abro►.-, ~

, _ . d. eie.lo-, p ~ de. n
•
íobre i.-tt~ y ea
v&amp; d e l a ~ rizando l
caariaÓÍ51'4~h
lalel~de~

'°

VilJalat, en
glodoao ~ • morado qaedé maltffii•. ~ _pot ~ ; abandona&amp;&gt; c1eli
r media élocena de leócea castel
gerlo del barro y wla la)
tó, con toda e11 atipa 1 A_.. ai
soldados del ij4teite rut ..
y los comuaeroaf..-oa Y
Ptá.vo y Maldoaaio,

--~aa-o

de..- .

'

�COSMÓPOLIS-Xl-1920

mujeres que traje sus hijos y sus esposos a la matanza y
que después me salvé huyendo!- Y diciendo esto arreme-

1
1

1

tió con sólo cinco escuderos de su casa contra el escuadrón imperial, al grito de ¡Santiago y Libertad! Peleó con
heroica bravura, hasta que fué herído en una corva por un
c ,tballero llamado D. Alfonso de la Cueva, al cual se rindió. Otró caballero, llamado Ulloa, al saber que el rendido
era Padilla, le hirió en el r:ostro de una cuchillada, ensangrentándoselo. También quedaron prisioneros Juan Bravo y
Francisco Maldonado, abandonados de sus tropas. Los imperiales acuchillaban sin piedad a los fugitivos, robándoles,
al extremo de dejarles en cueros. Al mismo Padilla le quitaron una rica ropilla de brocado que llevaba. Los capitanes
fueron conducidos al castillo de Villalba, propiedad del cobarde Ulloa, y a la mañana siguiente los trasladaron a Villa.lar, para juzgarlos y sentenciarlos. Se les condenó a ser
degollados y confiscados sus bienes y oficios, como traidores al rey. Bravo y Maldonado recibieron la sentencia con
exclamaciones de cólera; Padilla, con serenidad imperturbable. Confesaron los tres, y Padilla escribió dos cartas
célebres: una a la ciudad de Toledo y otra a su esposa,
Doña María. Los tres marcharon al suplicio montados en
mLllas, cubiertos de negro. En la carrera gritaba el pregonero: «Esta es la justicia que manda hacer S.M. y los gobernadores, en su nombre, a estos caballeros, mandándolos degollar, por traidores.»
,Oyéndolo Juan Bravo gritó enfurecido: «:Mientes tú y
quien te lo mandó decir; traidores, no; más celosos del bien
público y defensores de la libertad del reino.» A lo que
dijo Padilla: (Señor Juan Bravo, ayer fué día de pelear
como caballeros, hoy lo es de morir como cristjanos.»
Brayo guardó silencio, y al llegar a la plaza dijo al verdugo: «Degüéllame a mí primero, para que no vea la muerte•
dd mejor caballero que queda en Castilla.»
»Y el verdugo hizo su 1epugnante oficio ... Así, orgullosos y serenos, arrogantísimos hasta el instante último,
murieron los ttes heroicos comuneros, poniendo con su

DE UN' GLORJOSO SOLAR

53&amp;

sangre, leal y gener:&gt;sa, los tres mejores rubíes en la áurea
corona de Castilla.&gt;
Lector: ven conmigo por esta castiza y evocadora calle
de la Compañía. No te detengas demasiado en la contem•
plación sabrosa de sus rejas, de sus escudos y _de sus za~uanes, y echa el paso largo y resuelto, que qmero llevarte agudo a la estupenda plazuela donde_ yérguense, s~gra&lt;l0s ..,v bellísimos , los muros, un poco ramosos ya, de 1a parroquia de San Benito.
.
.
.. .Ya estamos en ella. Rodea de mi brazo la 1gles1a y
encárate con esta casa pequeña y armónica; vieja y dorada, que muéstranos su portalada típica y sus es~udo_s hidalgos ... Descúbrete con emoción, lector. De aqu1 sa1_16 un
día, bien armado y garrido, lleno de bravura y de Jdeal,
stJñando con libertar su noble pueblo de Castilla, D. Fran•
ci 3co Maldonado, dueño de esta casa gloriosa. Sa]ió ent:e
las aclamaciones de los valientes comuneros, que erig1éronle por su capitán. Salió gallardo y sereno, jugánd?se:o
todo en la aventura, y tan leal y desengañadamente Jugose la vida en el embite, que no tornó jamás-honra Y prez
a su memoria-a posar sus plantas en esta plazuela, cu!as
piedras no han vuelto a resonar bajo l_a. gallardía Y_ _gentileza del firme andar de D. Francisco; m Jamás volv10-goce
de Dios su ánima-a penetrar en esta portalada solariega
y típica, bajo estos dinteles rojizos y vetustos ...
ALBERTO V ALERO MARTÍN
'

.,

Salamanca.

�b87

IIIBUOGJWIA

mez Carrillo es el p,1eta andariego y multicolor que todo lo

L1 Voz de Guipúzcoa publica el siguiente notable estudio critico acerca de la famosa: nbra de nuestro director,
qw! con mucho gusto publicamos:
«El poeta andariego: La Grecia eterna, por Gómez CarriJlo.-El editor D. Jos~ Yagües nos hace una exquisita remesa espiritual: son los últimos libros que Mundo Latino
acaba ele poner a la venta y de los cuales hlblábamos ligeramente días pasados. Apenas recibidos, hemos entrado a
saco en la mesa de nuestro director. ¡Oh, la emoción inmensa ele hojear un libro nuevo!
Hemos puesto la mano sobre La Grecia eterna, de Góruez Carrillo. Y hemos dedicado es!u buena mañana domin•
guera, llena ele paz y tranquilidad, a recorrer los paseos
donostiarras del brazo del príncipe bohemio de la literatura his;:,anoamericana, con todo el orgullo que hubiéramos
sentido al acompañarle realmente en uno de esos viajes
que el il~stre es&lt;.:ritor nos relata en sus p~ginas maravilln;as.
Nosotros sentimos por Gómez Carrillo una devoción
sin limiks. Artífice admirable de la prosa armoniosa, poeta
alt,simo, Gómez Carrillo es d escritor má, diverso y más
vario; su literatura no tiene patria; es una literatura cos•
mopulita. Asi como Rub6n Dario era un poeta francé~ que
escriLia en español, Gómez Carrillo es un artista universal
que escribe en la lengua que mejor cunviene a la interpretación precisa de sus sensaciones.
Al contrario de los escritores que se resignan siempre
a pintarnos los mismos paisaJes con la misma pale.a, al
contrario de los escritores quietos que no tienen más que
una ventana para contemplar al mundo y a las cosas, Gó-

contempla y todo lo estudia y todo lo relata. Su musa no
es una buena matrona que gusta de dormir.e beatíficamente en la estepa castellana, o entre los naranjos del Sur, o
entre los pinos del Norte¡ es una mujercita inquieta, susceptible de todas las sensibilidades; una mujerd:a frívola
unas veces, y otras profundamente humana, qut: guota de
verlo y recorrerlo todo; que un dia baila una danza gaucha
en un rancho argentino, para beber al dia siguiente una
cmominette» en una ctaverne• montmartresa o soñar en
los muelles londinenses, o valsear en Viena, o curiosear en
los museos de Italia, o reir liricamente en los camµos floridos del Japón heroico 'Y galante.
Esta variedad ,.miversal del insigne cronista de lo, viajes y de las mujeres, nos encanta más que nada a través &lt;le
su prosa diamautina; su prosa a,.hnirable que no tiene la
pesa,iez académica de los clásicos modernos y que aparece esmaltada de audaces neologismos y ele impresiones
nuevas.
1

Era natural r¡ue Gómez Carrillo dedicase u11 gentil ho.

menaje a la Grecia eterna. Como hombre de uutn gu,to,
como viajero espiritual enamoralo de la belleza, Gómez
Carrillo estaLa ol&gt;ligaáo a ello. Y con un admirable prólo•
go del ilustre Moréas, Gómez Casrillo nos ofn,ce una de
las obras más hermosas que se han e,crito sobre la Grecia
antigua y moderna.
1ras el pórtico deJean Moréas-tl genial poda griego
que sodó a la sombra de '.'luestra Seliura de Pans-van des
filando todas las maravilla,; del pais de Homero. Bn su ~ri
mera crónica, el artista iledica un magniliw cant" al mar
de lw. Odisea, e=se trágico mar, ese «nr:gro mar- JJ&lt;lra d que
el padre de los poetas «no encuentra más que quejas y maldiciones,. Y canta el poeta a las viejas islas que y~ nv conservan más que un rancio pretitigio l~gendario en tiUs (:Uln·

�lí88

IIIBL108RA,fA.

OOOIIÓPOLIB-11•1900

bres áridas y unos nombres .armoniosos: ¡llaca! ..• ¡Cefalo• 1•••. iZakºtn t os 1.. ..
013
. .
La pluma de Gómez Carrillo se desborda de hnsmopero de un lirismo sobrio y elegante siempre-ant~ ei cielo y los campos atenienses. Luego, como un peregnno, recorre los viej'ns templos y vive en la antigüedad por unoa
instantes. No se detiene como un erudito demasiado minucioso a examinar cada objeto, cada columna, cada estatua,
cad.1 motivo decorativo, no; busca la sensación especial, la
sensación particular que la visi-:'.ln en su conjunto produce
al filtrarse por su temperamento de hombre moderno y exquisito.
Por eso, en toda la obra, no hay una sola pái;na que
re. ulte cargada de erudición. Para los eruditos, es posible
que pareciese demasiado frívola y superficial a veces,_ si ~
alcrunos momentos nó viniese la amplia cultura del mteh"'
gente viajero a demostrarnos que lo hace así por coquetería de •cicerone• un poco mundano.
Hay en el libro un bello capitulo titulado eLa raza etel:"
na&gt;. En él, Gómez Carrillo defiende la tesis de la inmorta•
lidad del genio griego. Afirma que los griegos de hoy son
los dignos herederos de Uiises y canta al genio actual con
el mismo entusiasmo que al antiguo. Este capitulo fué muy
comentado por las criticas que se hicieron en Franci.. de la
versión francesa de esta obra. El 2utor tiene la gentileza de
ofrecernos, ante¡¡ de este capitulo, un interesante fragmento de un libro de lvonne de Romain, en el que se combate
su tesis brillantemente.
Para nosotros, uno de los más lindos capítulos del libro
es el que lleva por titulo «La mujer de Atenas&gt;. Gómes
Carrillo, cantor de las mujeres de todos los palses, ador•
dor de todas las damas-como uno de aquellos galantes Cá•
balleros que firmaban sus madrigales con la punta del fl.orete-es el más indicado para hablarnos con toda fidelidad
y galanura de esas mujeres que no conocemos más que a.
través de las antiguas leyendas.
Y dice Gómez Carrillo:

•¡Ah, 14!!1 mujeres de Atenas, y sus gracias, y sus sonrías, y su~ ondulaciones, y sus coqueteriasl Yo apenas he
tenido aún el tiempo de verlas pasar, gorjeantes y ritmicas;
apenas he podido, er¡ dos o tres salones literarios, respirar
el ligero aroma de violetas que stis cabelleras negras exhalai\ y perseguir las chispas que se encienden, se apagan,
huyen y vuelven a encenderse en sus pupilas negras; ape11!18 he besado, respetuoso, sus manos desnudas. Pero · no
iDlporta. Estos breves dias me bastan para hacerme la dulee ilusión de que las conozco en la intimidad.
-Si madana, en cualquier parte del mundo, una ateniense pasa a mi lado y me sonríe, la reconoceré entre mil
m11jeres-le digo a Mauricio.
-Si es A ntigona-me contesta mi amigo- , lo creo.•
Esta Anli¡{ona es una churai'la y exquisita• amiga de
(¡ómez Carrillo y de su acompar'lante. Ella le sirve para
tejer el más delicado y gentil elogio de la mujer de Atenas,
l!le la mujer de ahora, que no es el tipo de belieza acadélllk:a que nosotro~ imaginamos. Porque Gómez Carrillo

dice:

•El tipo de los rostros de Praxiteles, el tipo del siglo

,qllinto y de las medallas de Aspasia, no es, en realidad,

eo la moda

de un momento, como lo fué más tarde, en

.llalia, el tipo de las madonas de Rafael. Antes, un arte meDCIII impecable, pero mis variado, expresaba la gracia en
toclos aua instantes ingenuos o perversos. Los pintores primitivos, que eran ignorados hace cien años, han ensanchado el campo de los conocimientos estéticos toscanos. En
Grecia. cuando las esculturas arcáicas de Delos y de otraa
ialas hayan logrado popularizarse, se verá, tal vez, que la
l,e)leza antigua no fué siempre de una pureza académica.•
Habla el autor de las muchachas de Atenas, t¡ue son
como lindas estatuas clásicas vestidas a la moda de París.
-¿No te parece estar viendo parisienses?-pregunta el
autor a su amigo.
-¡Como que, sin duda, son parisienses de viaje!-contesta el compai'lero.

�MO

COSMÓPOLJS-XI-1920

« Y nos acercamos para ver si hablan francés, y oímos
en sus labios la grave lengua de Palamás.&gt;
. A las muchachas de Atenas ya no les queda del prestigio antiguo más que los nombres: Aspasias, Crisis, Pené•
pole, Artemisas ...
«¡Oh, Aspasias de traje tailleur! ¡Oh, Penélopes de som.
breros parisienses! ¡Oh, Cibeles de sombrillas inglesas,
cnánto mejor estarías con nombres menos pedantes! Cuando os oigo citar, no puedo dejar de acorJarme de los buenos negros de Martinica que, si bautizan a un hijo, le po•
nen Bonaparte o Temístocles ... »
Pero a Gómez Carrillo le importan poco las modas y los
trajes tailleur, para compararlas con sus hermanas desnudas de los Muscos, y decirlas mentalmente los más lírico~
piropos.
El capitulo que dedica luego a las cortesanas antiguas
es de una belleza incomparable.
«¡Las cortesanas griegas! ¡Las sacerdotisas admirables
que hicieron del amor un culto, de la voluptuosidad un
rito, de la belleza una virtud!...&gt;
Y ante la pluma florida de Gómez Carrillo desfilan Nee- ·
ra, la esclava de amor que ~entretenía, a Stephanos; Lais,
que tiene una aureola de más interesante poesía; Bachis,
Clenice, Corina, Gnatene, Herpilis, Hiparkia, Leontium,
Nicareta, Philena ... Para todas ellas tiene Gómez Carrillo
un elogio galante; a los pies de todas aquellas mujeres que
los antiguos inmortalizaron por su belleza y por su gracia
y por su ingenio-como Aspasia, que &lt;lió a Sócrates lecciones de poesía-tiende el poeta los óleos de un madrigal.
S-ólo tiene duras palabl·as para Frine, «que completa la trin¼-lad de la gloriosa galantería junto a Lais y Aspasia, y
que no tuvu ni alma ni inteligencia; sólo belleza.

Muchos otros capítulos tiene el volumen, deliciosamente labrados por la pluma artífice de Enrique Gómez Carrillo. No hemos de comentarlos todos, para no fatigar al
lector.

BIBLIOGRAFÍA

Además, las criticas propiamente dichas de &lt;"Sta obra de
Gómez Carrillo, están hechas ya. Nosotros, con estas líneas
humildes, no hemos pretendido otra cosa que expresar
nuestra admiración sincera de discípulos al príncipe bohemio de los crc,nistas hispanoamericanos.
E. P.-.

Nuestra literatura en los Estados Unidos. - Main currelits
of spanish literatitre_.-En menos de un año se han publica-.
do tres libros sobre·nuestras letras hispanas. De orientación
diversa, con finalidades diferentes, todos tres son interesantes al escolar de hoy, porque están preñados de una simpatía de raza, de una intención fraternal, de un anhelo de
comprensión digno de aplauso.
El primer libro, Main currents of spanish literature es
obra de J. D. M. Ford, profesor de literaturas de la Universidad de Harvard. Es difícilmente una obra literaria,
por cuanto está dedicada al colegio yanqui. Ford conoce a
fondo nuestra literatura, ha peregrinado por nuestros vieios archivos madrileños, es un l@ctor fervoroso de los mode1 nos, y así está capacitado para trazar la vertical histórica de nuestras letras desde la época caballeresca del ro- ·
manee, hasta nuestro período actual, que es de 1·enovación
y de pujanza. Main cun'ents of spanísh litemture es el mejor
texto de líteratura española publicado hasta hoy en el paist
por su presentación sintética y por su claridad. Es inferior,
sin embargo, a la obra de Fitzm?.urice Kelly, en documentación y en atrevimiento crítico. Agrega el autor algunos
estudios sobre versificadores sudamericanos del siglo XiX,
Bello, Heredia, Olmedo, etc. Como nuestra lírica verdadera tendió su vuelo con la publicación de Azul, faltaba el libro que definiera el esfuerzo novecentista, el desprendimiento vigoroso de la labor dariana. El libro de Isaac
Goldberg vino a llenar este vacío.
Studies in sprmish american literature.-He aquí una serie d~ estudios definitivos sobre nuestros· escritores novecentistas. Nietzsche afirmó que el crítico que no establece

�542

BIBLIOGRAFÍA
COSMÓP0LIS-X.r-J.92O

superioridades e inferioridades entre los autores y los libros, no tiene razón de ser. Yo afirmo t&gt;ntonces que este
libro de Go!dberg e:; mucho mejor que los ensayos de
González-Blanco sobre los mismos temas. Creo que los
estudios sobre Darío, Blanco-Fombona y Rodó son simplemente magistrales. Y luego me admira el conocimiento
que este escritor tiene de los poetas de la última generación, com.o José M. Egurén, y otros de menos importancia.
Como toda ob.ra literaria, este libro tiene defect0s. Acaso
Isacc Goldberg haya-escuchado demasiado a la crítica
existente y se haya contagiado con nuestro eclecticismo
toleran te, en vez de juzgar con un criterio de ho111bre de
otra civilización, con otra sentrroentalidad y con otra con.
cepción estética. No digo qu~ extreme su estilete para dar
punzadas pseudo-científicas, a la manera del judío Nordau;
perv si que es deseable que ponga en acción el elevado
gusto artístico de su raza, manifestado en una rigidez de
apreciación ebrea y en una franqueza oriental. Concede
Goldberg demaEiada importancia a la vida de los escritores,
lo que le conduce a extremos desagradables, como en el
caso de Blanco-Fombona, al que aescribe con ciertas proyecciones de epopeya, a causa de unos puñetazos que este
lírico diera a un p-oeta de Venezuela . Pero dejando estas faltas, que nece.=;ariamente desaparecerán en libros posteriores,
Studies in spanish american litemture es el libro más completo y mejor orientado que existe actualruente sobre nues tros escritores modernistas. Así lo ha entendido Rufino
Bl~nco al emprender la traducción de esta obra, que ha de
publicarse al mismo tiempo en italiano y en francés.

Hispanic anthologi.-Este es un libro de 800 páginas)
que trata de abarcar la producción total de nuestra poesía.
Hay en él traducciones estupendas de Artbur Symons y de
John Masefield; versiones correctas de Muna Lee y Edmond
Gosse; parodias insignificantes de Thomas ·vJalsh, Peter
Goldsmitb, George Ticknor, Mrs. Elliot y varios otr()s. La
presentación de la :µoesía peninsular está más o menos

ó43

bien. Quizás falte refinamiento en el gusto artís!ico ~el
colector; quiz§s, si los reformadores y los revoluc1~na~1os.
estén escasamente representados Cl¡alitativa y cuantnabvamente, y quizás si será imperdonau1.e el de no haber incluido la obra del que será por muchos siglos el poeta r:1fL;;
fuerte y con más medula peninsular, D. Eduardo Marquma.
No menciona tampoco a Ramón Pérez de Ayala, La parte
dedicada a nuestra América latina es sencillamente detestable. Se conoce que el autor tiene un conocimiento romo
de nuestras letras del siglo XIX y que desconoce por entero
la producción actual. Hay un soneto _d~ Gabriela N~.,tr~1,
que a fuerza de mistificación se conv1rt1ó en su antites1s.
Nada de Arturo Capdevila, de Juana Ibarbourou, De Egu·
ren de la enorme Delmira Agustini, de R. Meza Fuentes,
de ,Alma Fuerte, etc. Pero, en cambio, hay una serie de
nombres anónimos, colectados de nuestras esmirriadas revistas, y poemas que verdaderamente despresti?ian nuestras letras americanas. Creo que de nue;:;tro penodo novec entista el único poeta verdadero que aparece es Daniel de
la Vega. Los demás, o han pasado de moda o son m~ros
imitadores. De los escritores latino-americanos establecidos
en los Estados Unido!:?, el de mayor valer es Salomón de la
Selva. Su nombre no aparece en es1a antulogia.
Es de lamentar que la Hispanic Soátty of America. haya
apadrinado una obra que, como producción artística, es un
fracaso, y que como propaganda cultural es de efectos contradictorios.
ARTURO TORRES RíOSECO

New York, .1920.

El Libro N11evo, por Ramón Gómez de la Serna.-Ramón Gómez de la Serna acaba de publicar un nuevo líbro,

el Libro Nue·vo que, por lo pronto, nos_ obliga a de~ir e~~a
redundancia el título de la obra, que siempre tendra uruaa
cierta juventud a sus facciones, por mucho que amarillee
el papel.
En las páginas centrales de este libro hay una crítica

�bU

COSIIÓPOI.IB-xr-1920
ffiBUOGRAFfA

de ~Azorin&gt;..sobre Gómez de la Serna, que nos di~culpa de
dedicar p_rohJos comentarios a esta prosa zahareña, sorprend_ente, d1scola, ~ vecc=s disparatada, pern descubriendo
si_empre alguna novedad o alguna gracia recóndita de la
vida.
Dice «Azorín":
«Ramón Gómez de la Serna pudiera titularse psicólogo
de las cosa~. Una gregu~ría abarca una pAgina, media pA ·•
na, ocho !meas, dos lineas. La base de la greguería es la
observac1ó_n escrupulo ·a fina, delicada, de la realidad. Ena~ora~o Gomez de la Serna de los escritores raros (como
S1lvetto Lanza, Santos Alvarez, Ros de Olano, etc.), se
ap rta ~e sus procedimientos en este· ras~o fundamental
del reahs!no. Como esos escritores aludidos, Górnez de la
Serna quiere hacer algo distinto de los géneros lite .
cread .
. 11
. . .
ranos
G
os, pero s1 e os prmc1p1an por deformar la realidad
. ómez de la Serna se apoya precisamente en la olJsen•a:
?1ón :scrupulosa de las cosas y de la vida. Todas las cosas
nnag-~n~bl~&amp;, ~n efecto; todos los tipos, todos los aspectos
del v1v1r d1ano pa .. an por la pluma de nuestro autor·
sobre los detalles exactos, fidelisimos, de ese panora~! del
;undo,
~e ¡~ Serna, interpretándolos, haciéndonos
er su esp1nt~, tabnca su original y sutil greguería.
. Ram~n Go.mez de la Serna figura en la nueva enerad~ ltt~r~tos ~ poetas. Perteneciendo a otra gen!ración
aria,. :se _no:, preguntara qué rasgos, qué caracterisa ' que cualidades quisiéramos encontrar en los ese ºt res del P:esente, dudaríamos un poco... en cuanto al
lo. Dudanamos u~ poco en cuanto al estilo-cosa funda.
. personal nos
hmental
h hen .d escntor-po rque 1a expenencrn
a . ec. o ir_ de UAO a otro extremo en esta cuestión d
tecni~~ literaria. Si hace años podíamos proclamar
nn~va~10n y la turbulencia en el estilo Crriros nuevos,
ne_ol og,smos, etc.), poco a poco hemos ido viendo-y
as11 o h~mos expuesto repetidas veces-qut' la exactitud
y e mattz son lo esencial en la expresión. Federico Nietza..

~?~ez

~16:

t;:e.

!ª

s1

:t~-.
1:

che, en una pAg11;1a de El, viajero v BU sombra, ha definido
insuperablemente el perfecto estilo literario. «Hacer neologismos o arcaísmos-dice Nietszche-, preferir lo raro o
lo extraño, tender a la riqueza de los términos más que a
su restricción, es siempre la sei'1al de un gusto que no ha
alcanzado todavía su madurez o que está ya corrompido.
Una noble pobreza, pero en un camino sin apariencias, una
libertad de maestros, es lo que distingue en Grecia a los
artistas del discurso: ellos quieren poseer menos que posee
el pueblo -porque el pueblo es quien atesora mAs riquezas de lenguaje en cosas antiguas y modernas-; pero lo
poco que poseen, quieren poseerlo mejor. Se acaba pronto
de enumerar sus arcaísmos y rarezas, pero la admiración
es sin límites si se tienen buenos ojos para observar la manera ligera y suave que esos artistas tienen para acercarse
a lo que hay de más cotidiano y vulgar aparentemente en
los vocablos y en los giros.•
Fígaro. (Revelaciones, «Ella&gt; descubierta, epistolario
inédito, numerosos grabados), por Carmen de Burgos (Colombine).-Es una obra extraordinaria que resume la época
más bella de Madrid y de:;taca la figura romántica, humana y hamletiana de «Fígaro•.
·
Carmen de Burgos ha sabido destacar lo que de más
vivo y de más seductor había en el tema, con esa frescura
que nunca hay en estos libros medio de erudición, medio
de resurrección.
Por obscuros vericuetos, por las intrincadas calleju~las
del pasado, se aventura Carmen de Burgos, haciendo sus
pesquisas, buscando papeles antiguos, legajos de cartas, ya
con la letra parda y desvanecida.Por fin encuentra una caja,
y en esa caja lee: ,Papeles de Fígaro». La tiene conservada
la familia con singular apego. Es la fortuna que se' han ido
transmitiendo de padres a hijos y que~ella sabe utilizar poniendo en su transposición la nota clara y simpática de su
talento.
11

�546

COSMÓPOLIS-XI-1920

Cmr.o ella·dedica su libro a Ramón Gómez de la Serna,
y este escritor ha trazado el epílogo de su obra, debe rematar esta critica el elogio sobrio y caluroso que hace de
la obra y de la escritora:
«¿Cómo epilogar este admirable libro de Carmen de
Burgos?
Yo hablaría de ella con esa fe que doce olños de constante amistad han cuajado en mi espíritu, del es,pectáculo
único que ha sido para mí su sensatez, su comprensión y
su rebeldía. Pero no es eso lo que ella quiere.
Me tengo que referir a este libro, cuya preparación ha
sido obra de su devoción durante mucho tiempo,·pues hace
años que aparece anunciado entre sus libros en proyectoaunque parecía esperar a ese hallazgo del cofre de los secretos y los ma.1uscritos de «Fígaro&gt; .
Este va a ser el libro que quede sobre Larra, el que primero de·scubre lo que de verdaderamente inédito quedaba
de él y el que reúne todos los antecedentes dispersos de un
modo vivo y «simpático~. Todos, después de este libro,
tendrán que referírse a él, que copiarle, que seguirle. Car, men ha hecho'esto con sencillez, con una idea genial, instintiva y clara de la distribución, corrigiendo hasta a los
contempor.áneos y amigos de «Fíg-aro», que tantas falsedades dijeron de él, y todo esto sin qué resulte muerto y abogado en la insoportable prosa negra de los eruditos, y sin
dejar por eso de tener algo más de la erudición necesa.,:-ia.
¡Gran libro de erudición, sin una nota, porque cuando el
qae escribe sabe escribir, dice todas las cosas en su sitio!
Eso le da vida fresca y continua, sin esas hemiplejías de
las notas.
Sentado frente a Carmen ante su amplia mesa de trabajo-esta mesa con la forma de un piano de cola y que por
tener sólo tres pat~s parece la mesa de los espiritistas, a la
que por·eso quizás acuden a ella las esencias de los muertos y poi: eso Carmen hizo aquel hermoso libro sobre Leopardi, desgraciado también e impar1 y ahora sobre cFfga-·
ro:.-he visto y he Jeído los documentos y he oído las cuar-

BIBLIOGRAFÍA

'

547

tillas de Carmen, saturándome de «Fígaro:., y sacando del
cerillero de él, que la familia ha dedicado a la escritora, las
cerillas para mi pipa, cerillas con una luz en algo inspirada
directamente en é1.»

En la tierra florida. Novela, por R. Cansinos-Assens.Editorial Mundo Latino.-Madrid, 1920.-1«El armónico lirismo remansado, que constituye el primer c~ficiente en
la ecuación psicológica de nuestro dilecto Cansino$-Assens,
se extravasa durante raptos ingenuístas en diáfanos y ortodoxos recipientes literarios: -cuentos sentimentales, nóve•
las costumbristas ... Porque en su paisaje temperamental, y
contiguo a su ancho río de caudaloso imaginífero, creador
de acendradas psalmodias poemáticas, se desliza también
un agua diáfana de ritmos ingenuos y familiares.,
Estas palabra:s que iniciaban mi critica a los primeros
albores novelesco¡¡; de Cansinos-Assens en El eterno milagro y La Madona del carrosel, hallan su ratificación plenaria
en esta serie de armónicos capítulos, enlazados por un tenue nexo argumental, que componen su reciente libro En
la tierra jfo'l'ida.
Pues, sinte.izando, más que una novela conjunta, donde
el acelerado interés novelesco se desarrolle en episodios
desbordantes de acción, En la fierra florida es una coordinación evocativa de pequeños cuadros locales, que reflejan
facetas de la vida sevillana, en el marco de una familia humilde, contristada, y sólo conmovida por proble'mas domésticos y afectivos. Y he aquí., en este límite, a Cansinos
en próxima contiguidad maleable con los noveladores ri•
tuales, que siempre sitúan sus c~:mcepciones _en ambientes.
ortpdoxos. Tangencialidad que &amp;alva el autor de Salomé en
la literatura con sus dotes imaginativas y peculiar frondosidad lírica, estilizanrlo y delineando esce1;1as y caracteres
con una neta pulcritud estética. Pues sólo un artista de su
altitud, que posea simultáneamente esa facultad introyectiva emocional, puede conseguir dar un relieve pfastico y

�548

COSMÓPOLIB -

XI-1920

una exaltación patética a episodios nimios y congojas estrictamente familiares, de unas vidas humíldes que se esfuman en la distancia de lo absoL,to.
¿Quieren decir estas reflexiones marginales que los elementos episódicos contenidos En la tierra fiorida, son insuficjentes para componer una totalidad novelesca varia,
intensa y sugestiva? No; según las normas de su autor, que
siempre ha rehuido la multiplicidad acciona}, y ha preferido eternizar los personajes y los ai-gumentos en un gestó
único y remansado, estatificando así paralelamente su monotonía emocional. Mas Jesde nuestro ángulo visual, aunque amemos esta lenta y melancólica psalmodia de su prosa, en las composiciones poemáticas, tejidas por leves vilanos aéreos de partículas sentimentales, en la novela moderna otorgamos nuestra predilección al nuevo género en
triunfo: la novela de acción multánime e inaudita, en cuyas
páginas el lirismo sólo aparece tamizado o imbibido a través del vértigo episódico y de la transmutación de fondos
o panoramas enmarcadores. Género al cual no ascenderá
Cansinos-Assens, pues no obstante poseer una imaginación
insuperable, ésta se desvanece en humaredas líricas, no logrando cristalizar en roncrecciones episódicas originales.
En ta tierra fiorida- es, con todo, un bello libro eurítmico, ungido de palabras piadosas, donde el «artesano poeta&gt;
que es el autor de El mdnto de la Virgen, reitera sus exaltaciones nostálgicas a las inefables lejanías del Sur.

Nocturnos de Otoi'io.-Las ventanas del misterio.-Volúmenes IX y X de las obras completas de Emilio Oarrere.Editorial Mundo Latino. Madrid, 1920.-Tras El caballero de ·
la muerte y el Dietario sentimental, que marcan dos momentos característicos en la obra poética de Emilio Carrere, esta
nueva serie de poemas coordinados bajo el títul0 de Nocturnos de Otoño, significa una reiteración de los habituales temas y _[&lt;)eculiares módulos líricos que personalizan la literatura de este poeta.

BIBLIOGRAFiA

t ,

549

Melancolía otoñal. Nostalgia de amores pretéritos. Elogios de tipos pierrotescos, audaces y bohemios. Evocaciones de legendarios romanticismos. Introspecciones sentimentales. Y nocturnos galantes de la más des-enfrenada
sensualidad, alternando «paralelamente&gt;, como en Verlaine
y Max Jac¿b-La défense de Tartufe-, con plegarias místicas de un anhelo extrahumano: He ahí sintéticamente los
motivos que nutren sus rimas-bellos endecasílabos y alejandrinos-de una emoción autumnal.
El dominio métrico y la cristalización temática de Carrere se manifiesta plenamente en poemas como «María del
mar», «Teresa&gt;, «Nochebuena trágica,, «Marta y María-.,
etcétera, todos los cuales le confirman en su altitud magistral dentro de los dominios novecentistas.
Paralelamente a sus inquietudes líricas, destaca en el
espíritu de Carrere una franja de preocupaciones teosóficas,
cada día más acentuadas ante la opacidad inexcrutable del
«más allh. Su espíritu se alucína en un peregrinar psíquico por las regiones del Misterio extraterreno. Y el poeta
se asoma a esas ventanas, logrando sólo atisbar indecisas
visiones, muchas veces deformadas en el espejo caricatura!,
bajo la influencia de su ingenio ironizante. Así tras las sagaces exploraciones de Maeterlinck en La Moi·t, L' Hóte inconnu y Sentiers dans la montagae, estas amenas crónicas de
Carrere son divagaciones extrarradio del Misterio y lindantes con lo Pintoresco.
El Roto.-Novela chilena, por Joaquín Edwards Bello.
Prólogo de V. Blasco Ibáñez.-«Editorial Chilena».-Santiago, 1920.-Como la «novela del día&gt;, en todo el Sur de
América, como la obra reciente de mayor éxito literario en
Chile, califican y elogian todos los críticos de aquella República El Roto, novela del bajo pueblo americano, con la
que Joaquín Edwards Bello ha dado nuevas pruebas de su
intensa personalidad creadora.
El Roto es la más acertada plasmac1ón novelesca de los
bajos fondos chilenos. «El roto-escribe Edwards-es el minero, el huaso, el bandido; lo más interesante y simpático

�550

661

COBllÓPOLlS-XI-1920

mBLIOG.flAFÍA

que tiene mi tierra: es el proaucto del indio y del español,
fundidos en la batalla de Arauco.»
Una efusiva y encomiástica epístola de Blasco lbáñez a
Edwards sirve de prólogo a El Roto, y nos advierte ya del
carácter y de la estructura totalmente naturalista que posee
esta novela. Pues, en efecto, El Roto enlaza directamente
con las obras más inténsas de la escuéla naturalista francesa. De ahí que, aun admirando la perfección técnica con
que Edwards ha llevado a cabo esta novela, consideremos
algo anacrónico El Roto. No obstante, los elogios y las incitacionesque espontáneamente le dirige Blasco lbáñez, nos
parecenjustificadas, compartiendo su creencia de que Joaquín Edwards puede llegar a ser el primer novelista, no
sólo de Chile, sino de toda la América del Sur.
Por lo pronto, con El Roto ha alcanzado ya una cima
magistral. Esta novela, repetimos, está forjada y encajada
dentro de las normas naturalistas, en el buen periodo de la
escuela: Zola, Maupassant y Huysmans en su primera época. De ahí que tenga su escenario en una casa de lenocinio y de que sus personajes principales sean una tocarlora
del burdel, su hijo Esmeraldo-el roto-y varias pupilas
del prostíbulo; más gariteros, políticos venales y otras gen·
tes de la misma índole. En este ambiente se desarrollan escenas de un des-nudo realismo, a veces conmovedor, y las
más de ellas, nauseabundo. Sin embargo, el personaje
central-el roto-es descrito y disculpado por el novelista
con una maestría suprema y una piedad cauterizante.
Dcl talento de Jacques Edwards-así firmaba el camarada cordial, que hasta hace poco tuvimos en Madrid-esperamos pronto una nueva obra más ajustada a las normas de
hoy, y en la cual resplandezca toda la visión humana e irónica de la vida que h-:i captado en sus exc.ur;;iones este espíritu cosmopolita.
G. DE TORRE

Vertical: Manifiesta ultraf,sta, por Guillermo de Torre.Edición del autor.-Depósito y venta: Lib.1:ería Yagües.Madrid, 1920.-Cumbre inicial de los espasmos innovadores, vértice de los impulsos energéticos intencional~s de
,este profundo hoy dia rebasador y ul4áico, es el subversivo
manifiesto Vertical, que ha lanzado desde su más alta a~te~
na el intrépido poeta y crítico Guillermo de Torre.
Esta obra, que en España es una primicia, ha sido acogida con cordialidad por nuestro grupo de vanguárdia, y
con asombro y admiración disimulada-pronta a transparentarse en muecas de indignación-por la otra ribera. Ha
sido la revista tJrecia, órgano del Movimiento Ultraísta Espanol, quien ha difundido de Norte a Sur, de Este a Oeste,
y de Cénit a Nadir, esta pcimera hoja de un libro de estética novísima que se conserva en blanco, y que se escribe
en negro, en rojo y en acústica. Sin ser una obra menos,
como ocurre con toda
obra
más, por lo que tiende a ser su
1
•
fin y el logro de sí misma, este manifiesto sin limitación
ahonda, perfora e ilumina en la atmósfera novidimensional,
y se nece-sitaria un catalejo de muy largo alcance para determinar el por qut! sí y el por q"lté no, etc., etc... Pe-ro nos
basta con alcanzar alguna estrella que nos sale al paso o
algún cohete que estalla a nuestros pies.
En la perspectiva meridiana del sol perpendicular, Guillermo de Torre recoge, en un cíndice de sensaciones, visiones y cerebraciones&gt;, las antifilosofías automáticas del
libre circuito mental. Y en su trayectoria hacia el vértice
del «simultaneísmo nunista», Torre descubre una nueva
planimetría estética y fija su actitud verticalista.
Si el Arte fué antes cazar pájaros para exhibirlos tras
las doradas barras de una jaula artificial, hoy fabricamos
aves multiformes que lanzamos al espacio, para que con
sus propias alas vuelen a su capricho, hasta desaparecer de
nuestro radio visual.
Automatismo: El mando es un laboratorio para el artista taumaturgo: alquimia Rimbaudiana, creación pura y
-electrolisis integral.

�ü52

COSMÓPOLlS-XI-1920

Vertical: Guillermo de Torr~-nuestro más joven, culto y apasionado pionnier ultraespacial-ha lanzado sobre
la planitud amorfa de la literatura actual una gavilla de luminarias teóricas que sintetizan nuestros genuinamente
contemporáneos móviles directrices.
RAFAEL LASSO DE LA VEGA

El español en los Estados Unidos
El catedrático de la Universidad de Salamanca, D. Federico de Onís, que está ejerciendo sus funciones profesionales en la Universidad norteamericana de Cclombia, ha
enviado para que se lea en el acto inaugural del curso salmantino un interesante estudio acerca de «El español en los
Estados Unidos&gt;.
Hubiéramos deseado publicar íntegro el discurso del
profesor Onís, pero su mucha extensión nos obliga a dar
solamente un extracto. He aquí lo más esencial de este
trabajo:

La vida fuera de la patria.
«No hay experiencia espiritual tan honda como la de una
larga estancia en el extranjero. El simple vivir es una polémica constante e inevitable entre el ambiente y la propia personalidad. Todas las ideas, sentimientos, normas y costumbres que forman la trama de nuestro ser, desde la fisiología
hasta la más alta vida espiritual, han de sufrir la crítica
agresiva de un ambiente implacable y hostil; todo lo que
hay en nosotros debe sufrir una revisión profunda y ha de
ser bien justificado, si es que ha de vivfr. Y cada día sentimos cómo nos vamos desnudando de todo lo que era débíl
y pegadizo en nosotros, de lo que no es capaz de afirmarse
y de luchar, mientras vemos surgir limpias y firmes las líneas
constitutivas de nuestra inconmovible personalidad. Tenía
razón Cervantes al decir que las largas peregrinaciones hacen a los hombres discretos.

�554

555

~OBMÓPOLIS-x:i-1920

CRÓNICA AlreRICA~A

.El espaH,olismO.

·servar que el español, sin dejar de serlo, por el mismo hecho de serlo, resultaba ser un hombre corriente, que, si por
algo se distinguía, era por su facilidad de adaptación y su
-comprensión del carácter norteamericano.

He vivido en estrecho contado com estos hombres sin
sentirme jamás forzado a violentar mi manera natural de
ser; mi españolismo radical ha salido triunfante de todas las
pruebas, y siempre he podidd afirmarlo sin temor y sin ver
güenza; es más: él ha sido la llave que me ha abierto todas
las puertas. He comprobado así en cabeza ·propia una verdad en que siempre había creído. No· nos entendemos los
hombres de los distintos pueblos por aquello que hay de
igual entre nosotros, sino por lo que más genuínamente
nos diferencia y separa.
Todo esfuerzo imitativo de adaptación, toda simulación
de lo que no somos ni podemos ser, toda suplantación de
nuestra personalidad, por lo que creemos ser la personalidad ajena, todo empeño por destruir la barrera que nos separa de los demás hombres, no es más que un esfuerzo vano
que conduce derechamente a la incomprensión, si no al
desprecio, por parte de los demás.
Desde mi llegada no me faltó ni por un momento, no
sólo la ayuda y la confianza ilimitadas de las autoridades y
de los compañeros, sino el entusiasmo y la simpatía fervorosa de los estudiantes; confianza y entusiasmo que, como
comprenderéis, eran otorgados al profesor español que llegaba, y no a mi persona, entonces para ellos desconocida.
Pero yo he podido saber después, cuando ya la duda había
desaparecido, que mi llegada fué recibida con una duda expectante, que no se refería tanto al saber y a la competen-cía científicas como a la posesión de las cualidades mínimas
Iie'Cesarias para encajar en el ambiente universitari9 norteamericano. En una palabra: se pensaba que un español,
aunque inteligente y cultivado en alto grado, sería un hombre de psicología extraña que entraría en conflicto con el
nuevo ambiente, no siendo capaz, por lo tanto, de desarrollar una labor no.rmalmente fructífera. El asombro y la reacción consiguiente fueron grandes cuando pudieron ob-

Los Estados Unidos y Espaf¡,a.
No debe irritamos esta prevención nacida del desconocimiento, al que nosotros voll,mtariamente y por tanto tiempo hemos contribuido. La prueba de que no hay en los Estados Unidos prevención contra nada que de España venga-y hay que decirlo en honor de este pueblo, cuya conducta contrasta tanto con el estrecho nac10nalismo de los
pueblos europeos, que parece querer siempre afirmarse negando a los demás-está en el entusiasmo sin reservas con
que todo lo español se acoge. Conocidos de todos son los
éxitos ruidosísimos logrados aquí por nuestros pintores Sorolla y Zuloaga; por nuestros músicos Casals y Granados;
por nuestros cantantes Maria Barrientos, Lázaro, Mardones, Gogorza; por nuestros escritores Benavente, Baroja,
Blasco Ibáñez. A este último, con notoria equivocación,
que ya van rectificando, le han convertido en un ídolo popular, y no vacilan algunos en considerarle el más grande
escritor del mundo; vemos, pues, que hasta cuando se equivocan-y sus equivocaciones son tan grandes como sus
aciertos-hacen objeto de su mal dirigida admuación a un
español. Pero yo quiero hablaros de otros éxitos que, por
referirse a españoles más modestos, ¡son más significativos,
ya que demuestran que no son sólo valores excepcionales
los que se aceptan, sino que todo valor, sea el que sea,
existente en un español, encuentra reconocimiento en este
país, sin prejuicios ni reservas. Del corto número de jóvenes españoles que han venido aquí a ampliar sus estudios
y a cultivar sus especialidades, son varios los que han encontrado no sólo la acogida cordial que han disfrutado todos, sino la invitación a ocupar puestos pagados1 y a veces
muy honrosos, en Centros de investigación y de enseñan-

�M6

C08..\IÓPOLl8-X!•I 920

CRÓXICA AMERICANA

za. En el Instituto Rockefeller, donde la ciencia médica de
tocio el mundo está representada por algunas de sus más
_gr~des figuras, como Loew, Carrel, Noguchi, Levine, ha
podido estar España repre&lt;::entada también grada.s al doctor López Suárez, sobre cuya labor, yo; que no sé nada de
esas cosas, nada me atrevería a decir, excepto el hecho de
habc~le visto allí t~abajando en su laboratorio propio, haber v1sto sus trabajos fi.mados por él y el doctor Levine, o,
por él sólo, entre las publicaciones del Instituto v haber
1
oído las palabras de respeto y consideración con que se le
recuerda en aquella casa. Un joven profesor de la Universidad de Murcia, el Sr. Monidez, ha saltado del sórdido engendro del caciquismo español a u:1 laboratorio de la Institución de Carnegie, donde habrá tenido ocasión de me
ditar a distancia acerca de las diferencias entre el conservadurismo español y el capitalismo norteamericano. El
doctor García Banús, joven naturalista, ha enseñado en un
colegio de la Universidad de Yale, y habrá sabido apreciar
la generosidad de los norteamericanos al ver en perspecti.
va, para cuando en su España quiera enseñar, el calvario
grotesco d~ las ?posiciones. Otros espmoles hay para quienes las Uruvers1dades de los Estados Unidos, más generosas con ellos que las de Esp al1a, han abierto sus puertas
sin opos~ciones y sin e=,~alafón, pero con seg;uridad de que
su trabaJo será reconocido y recompensado. Asi ha sido.
posible que dos docenas de españoles, cuando menos, enseñen en Universidades y colegios norteamericanos nuestra lengua y literatura, con franco y general aplauso.
Ha habido siempre en los Estados Unidos cierta gente,
po~a, pero muy selecta, que ha hecho a nuestra España
obJeto de su amor y su devoción. Aunque la mayoría lo olvidase&gt; siempre había aquí gen tes que recordaban que España era el pueblo que descubrió América para el mundo,
Y ~ue e~pañoles fueron los primeros que exploraron la
misma tierra de los Estados Unidos, donde aún quedan
tantas huellas de nuestra civilización. Espai'la era además
el páis romántico por excelencia, cuya tierra, historia ;~

667

literatura1 se ofrecían' llenas de emoción exótica y le_;.;endaria. Lo:; nombres de Wáshington, Irving, Longfellow, Prescott, Ticlmor: Lowells, Howlls, vendrá en seguida a la
imaginación de todos.
La «Sociedad Espa,lola de América-..

Toda esta tradición españofüta de los Estados Unidos
vino a culminar en la creación de la Hispanic Society of
.America cuya Biblioteca y Museo constituyen el monumento rr:ás grar¡dioso que se ha levantado a Es~aña en el
extranjero. La inteligencia, el amor y la devoción de un
solo hombre, Archer M. Huntington, nombre que debe sonar siempre en labios españoles con gratitud y aJmiración,
han hecho el milagro dt:: reconstituir en el seno de esta
·ciudad de Nue·.;a York una síntesis espléndida de lo más
alto de nuestra civilización, que estará aquí ante los ojos
de los norteamericanos como una enseñanza perpetua de
lo que nuestro espíritu es y de lo que hemos hecho por el
mundo. Ni siquiera p11ede quedarnos el resquem.:-r de pensar que tanta belleza pudiera estar ante nuestros ojos en
nuestra propia tierra. Nada nos ha sido arrebatado; precisamente, míster Huntington, mejor español que nosotros
mismos, ha ido recogiendo pacit&gt;nte y piadosamente toda la
parte de nuestro cautlal artistico que andaba ya perdido
por el extranjero. Cuando ha hecho por su cuenta_ e~cavaciones en España, allí han quedado siempre los originales.
y gracias a este esfuerzo, sin daño ninguno para Españ~,
ha resultado el beneficio inmenso de salvar para la posteridad tantas riquezas bibliográficas y artístícas que hubieran
permanecido ocultas o hubieran acabado por perderse tal
como andabar. desperdigadas por el mundo. Ahora están
aquí , en mao-nífico
edificio propio, en fundación perpetua,
,:,.
abiertos a los estudioso:; y al público, dando a conocer España, con su presencia muda, mucho mejor que todas las
interpretaciones qlle de e11a se hacen en todas las clases y
en todos los Jibros. Nada falta allí; todas las épocas y ma-

�~ de

nuestto- arte eltán repl'éaelítaW~

ejemplves ae t&gt;rimer-órden; pódrfa 8égQ1ri6
wa 4e •• .coleceione¡s un estudio compJetQ de lu di..lffi!l_.
Cá,mt08

fases ele la arqueología eapaflola; en su Biblioteca •
da una colección riquisima de obras de todo .género.
necientes, sobre todo, a nuestro siglo de oro, mué
obras raras y no pocas única~ de stJs muros cuelgan
clros admirabledl de n11f!!Btr08 primitivos y de los
1Daeftro8 motlemo, desde El Greco, Velüquez, ·D : l ó ~
Zmba:rln y Goya, basta Fortuny, Sorolla y Zllloaga.
1- vatiedades históricas de la civilización espaflO~
da '8ta en • mú amplio y verdadero sentido; es decjt
aqaeJ. que comprende dentro. de si lás diversas m~lidtlJM
4el ,esptritu ibérico, tales como Galicia, Portugal, catalilllll
y, delde luego, todes loa pafaea de América, adonde
ftoles y portugaeses ~plantaron su civilización, aon
gidas bajo el mismo techo ybtmianadas bajo la adv'oca•
de.la gran Qispania.

SIBpdal•laa--""'!
Antes de la gtterra uo 11e estudiaba el espaflbl en1iii
áíelal, y hoy ie atnctia en todas, reanientt-o sólo ....-..Niaffa York, -el afio pa&amp;ao, ~ de 25 .óOO estudian•
dé todo él pats, m4s de 20().ooo; qtte se estudia •
en las int)umerabtes escttelas p-r-ivadaa; qae colegios.-y
ffl'Sidadee, donde antes no ae estadiaba, c~faa aho1t
mllares de estadiatites; que aquellos otros, donde
se 'e8tlldi6, hu -risto 'maltiplicarse su numero y el
pteteaorea; il1le el espadol se ba equiparado a 189 etiu:
pe tnéderffltS ea consideración oficial; qtte ha amll'eilttwl;t
en la misma proporción el número de estudiantes •
daae9- avanzadas 4e lengua y literatura, donde ae
loa in"NStigadotes, qae segwrán dando un-alto
ock, este movimiento, en el fondo de ~
;pnctiOJ
mercial; que1os maesll'N de espaftol de todo elptis,
bajan de 2.000, han Begad&amp; a formar un cuerpo mti181■

*

le la liiociactéa Naeioaud -de lfaelb-oa de Eapdol,

m.••·

iiene sa órgano propio, la acelerite re~
f,l" ~ B I ~ abor« Imita qué pDIIIO ha tenido ...
y uau conaecuencias de valor espiritual-del .eatttdio del espaftol, tan seftaladamente inte'1 pactic,a. Y cóille ba senido huta para enaanchu
~•m·izar la comprensión 4e loa especialista y erudib misma cultura general norteamericana podemoa
que- se ha enriquecido al dadir a oav inffueneias
~eras la que hayan podido ejercer nuestro 8l'le y
IIIIIÜlllra J el cooocimiento de maestn vida y cóitwn•
•tadeada tien.m COlltrafda a la vee Eapafta yloa &amp;tUnidoa con 108 ntaestros de eapaftol, y aingularmu•
«,Qñ.él ho1J1bre que ha unificado y encauzado RI edser1.awrenoe A.. W-dkms, organisader y preatdeate de la
•
Nacional de Jlaeatroa de Espdol, y ·d irector de
~IIDQl!W'8 modemaa ea las escaeJaa públicas de la ciudad
a York.
'a estudia el eepaAol lo naejt.,r que 18 puede, no aólo
aapeet&lt;&gt; pnictico, ain&amp; co::ao npNli6- de una civili• Cada dk hay mú jóvenas en las Univéraidadea que
Ja lengua y literatura eapaflolu eomo ot,jeto de su.
INc:iali"dad. SólQ en esta Ullffl'l'lidad de Colombia Jaay
.dO mú de cien estudiantes que tom$11 mía canos de
y literatura, y .de entre e1loa m'8 de ana ~
preparando su tesis de doek&gt;r aobre un asumo espa•
No pcKkfa ciecirae lo mismo-de nila¡?ana otra Ulli'NI'•
del mundo, ni siquiera de niagwul de Espale. Algo
ocUJTe en lu demás Uai~•aidades Eleios Bsaados

·6•

Otaro eetá qae la pan masa .de eatuáiantes DO puede
a estas altm'al, y.ha de- contentarse con·dos o tres
;ele etpaAol; pero, contando cea.ata limitadma, aeada los estudiantes la cantidad conveniente tle ,plitenqna, histo1'ia y geognfia; se lea da a leer li-

•los mejorea aµtorea, se ~bran repruentauonea
laa-eseuelu, se crea ea las clases un ambiade

.....,.•

�o

~ de eaadro&amp;

y•·

oia.ae.. cantlltl canciones popalare.
1e bate todo lo que se p1teEle
,apailol el mú alto v.iot' eduéativo. Porq
os ~canos-,-aun mirando 1por el lado p r ~ éste es el 6nico CIUllino
tomar, la &lt;mica manera eficas y seria de caDdii:
ahmmOs para e~tar eon frúto aa p ofetíi&amp;i~

o.a loa g,ande8 pueblos ,ezpuaivo
s On'ldol-tienen puetitos soa.c0jos eob
q11e habla espd,ol. Vienen a traemOII saa
ernos 111U próductos. a enviarnos S1l ima.
• ~ n080b'os su cultura. Los impilsa
· ad, tu int.erée, En el fondo. de todo

"Ciertamente una ratz económica. Peio eso
r ,que todo en-el 111aado sea econoaúa. Ya -ltetmiOiO
!ID() loanorteamerican9'tal ~ • n
cuenta~ tl(llllGB los qepoaitarjos Y
• ·OJi• Y al prbaer coatae!P, aiD
.- -.llh-a:,p&amp;tte, :eeta ei,,iliaei6n ae les ha
de au cua. u,gratemos, ,pUel, lo
~ se nos juqpe, que se
hiapno que de lho»a en adelante se
aéti'fidád .-dora o tflr,ectiva, se stntirt •
·&amp;i del mando; y d--,areceti el
la ligereza in'elpOD8able de qae ram
~ poli«icoe. nuestros eteritorea y
tistaa-. Colecdvameate nos iremos componiend
para sufrir cen dignidad la mirada del a
·
vetaremOS de la siesta eterna sobre las :vieja
apolilladas-, dejaremoa • ua lado las gro
&amp;milivea~
Loa bombrés buscan una idea mu
4&amp;.la humanidad. . . e l l a ~ D
~ Beta es la hora de todos, _.

llutlll_.

�562

COSMÓPOLlS-XI- 1920

Contribuyó a ello la feliz interpretaci.ón de las principales
figuras del elenco. El actor Casaux compuso un Moisés Ravinowisky, personaje polaco, en el cual realizó una feliz
«machietta,. Tuvo momentos de mucha verdad, y aunque
a ratos exagera, obtuvo un éxito.
Pierina Dealessi, que tuvo a su cargo la principal figura
femenina, interpretó con raro acierto esa extraña mujer que
ha creado la fantasía de Velloso. La actriz tuvo amplia
oportunidad de demostrar sus actitudes interpretativas, dignas de ser más tenidas en cuenta por los autores proveedores de la casa.
Serrano compuso también un eficaz tipo, al igual que
Costanzó. Los demás, discretos. La presentación bastante
cuidada.
Al final, el autor se presentó en el palco escénico.&gt;

La dama del Plaza Hotel.
Con esta pieza, estrenada anoche en el Buenos Aires y
que firman los conocidos autores Francisco Collazo y Samuel Linning, salimos del ampa porteño, pero nos internamos en los caminos accidentados de lo exótico y cinematográfico. Porque «La dama del Plaza Hotel», a pesar de
su título, parece inspirada en alguna de esas películas norteamericanas que llenan el mercado uui.versal del teatro
mudo, triunfando por la precisión matemática de una técnica admirable y un derroche fastuoso de detalles, así como
por la combinación magistral de todos los efectos necesarios.
Pero una cosa es el cine y otra cosa el teatro. Aquél es
detallista y éste sintético. En el cine los asuntos se diluyen,
se estiran y suple a la palabra el detalle gráfico, que hermosea los asuntos. El teatro requiere una firmeza anímica
sin quebrantamientos. Bueno, Observatnos que nos vamos
desviando de nuestro propósito, que es simplemente el Je
reseñar qne la obrita estrenada anoche no nos ha conven-

CRÓU:A AMEB!CANA

563

cido. Y creemos que, lo que nos pasó a nosotros, le ha ocurrido a la mayoría del público asistente al estreno.
El género policial que han abordado los autores, resulta ingenuo en esta ¡::ieza. Lo policial debe ser hecho a base
de intrigas interesantes. Y en cLa dama del Plaza Hotel»
todo es ingenuo, pues el misterio no existe en su trama, y
las escenas donde se busca la emoción, como en el tercer
cuadro, resultan de una infantilidad deleznable.
La presentación de l¡:t obra fué cuidada, aunque el primer cuadro, que debe representar dos habitaciones del
«Plaza Hoteh, parecía por la pobreza serlo de algún restaurant barato, y el penúltimo no daba ni remotamente la
impresión de que estuviéramos en Nueva York. Era un pasacalle de cualquier obrita del género chico español.
Los intérpretes, discretos. Otra cosa lamentable fué el
fallar -el séptimo cuc~1illo en el truco a ca:-go de la Catá,
Era el mejor efecto de la obra y lo malogró el encargado ·
entre bastidores de produ9ir el efecto.
Con «La dama del Plaza Hotel~, nuestros autores no
aportan nada al género policial que en breve explotará
Rambal en el mismo escenario.

La gran revista.
Esta obra de espectáculo de Bayón Herrera, Collazo y
el maestro Antonio de Bassi, fué estrenada ayer en la Opera, en la sección de la tarde, por la compañia Vittone Pomar. La expectativa creada en el público a raíz de la reclame hecha a la obra por la empresa de este teatro, no ha
quedado del todo satisfecha, sin que quiera esto significar
que «La gran revista » no haya alcanzado buen éxito, no;
sencillamente que, a causa, tal vez, de haberse exagerado
sus valores, la realidad, que siempre aparect&gt; algo desmejorada al presentarse desprovista del velo optimista que la
imaginacióq le ha creado, influye en el ánimo del espectador y le predispone más bien a una indiferencia benévola
que a un entusiasmo caluroso ...

�CRÓXJCA AMERfC.UIA

564

565

COSMÓPOLIB-Xl-1920

«La gran revista» es una ob1 a muy vistosa, y la mayor
parte de' los cuadros de que se compone agradan por el
buen gusto de los vestuarios que lucen los intérpretes y
los decorados que recuadran las di versal" escf'nas.
Y es. muy grato el constatar que, siquiera en lo referente a la presentación de las obras, nuestro teatro va elevándose y haciéndose más artístico, menos conventillero, aunque nuestros autores parece como si experimentaran la
nostalgia de lo burdo, cuando la obra no tiene la notita cha
bacana o antihigiénica; y así vemos en la revista que comentamos un cuadro, que tiene como escenario la boca de
una cloaca, y como personajes al encargado de su cuidado
y ciertos desperdicios que caen en ella ...
De los siete cuadros de que consta «La gran revista»,
alcanzaron la completa aprobación de la sala los titulados
«Juventud, divino tesoro&gt;, «El piano mágico", especie de
«poupurrit», de trozos de música bailables, de óperas, operetas y cuplés, etc. «Un .drama en el Fars Wesh, que llamó
h atención por lo bien vestido que ha sido, aunque alguno de sus intérpretes, que debe hablar con acento norteamericano, largue un «spiantó» que, naturalmente, disuena, aunque provc;icó comentarios elogiosos sobre nuestro
idioma lunfardo, por su prodigiosa difusión en el extranjero ...
Otro cuadro que fué aplaudido es el que se titula «Las
tres ·gracias», en el que la Bozán logra lucirse ampliamente.
El octavo cuadro, o sea el que lleva por título « Un tango fantástico», le ha sido quitado a la revista.
El público, aunque no muy entusiasmado, como decimos al principio, aplaudió la obra y obligó a ,presentarse a
sus autores.
Tiene lucida actuación en las diversas fases de la J)ieza
la Bozán, María Esther Podestá, la Sánchez, Vittone, Pomar, Camil'i.a, Petray, Muñiz, etc.

En' la cor-r:iente.
El doctor Gonzalo Bosch, que ya tiene dadas-a la escena
nacional varias obras, producto de su . personalidad de dramaturo-o
º , hizo estrenar anoche en el Liceo , por la Compañía- Quiroga, su última lucubración dramática, que consta
de cuatro actos 1 y cuyo título es el que se indica en el epígrafe.
El público, numeroso, que asistió a este estreno, acogió
la referida obra en forma cortés ..
Nos presenta esta vez el autor de, &lt;Los venenos,. el
«caso» de una joven (Cora), honrada y buena, que, influenciada por ·un amigo de su ·padre, y aun por éste mismo, que
es un hombre sin delicadeza ni honor, decide seguir la carrera d~ las tablas, aunque esta resolución traiga como
consecuencia el rompimiento de $US relaciones amorosas
con Roberto, un joven médico que la quiere honestamente,
y que no pudiendo cons~ntir semejante profesión en la que
va a ser su esposa, ahoga su amor y se retira derrotado.
Luego nos hace asistir el doctor Bosch a la odisea de
la pobre joven, pues ha de saberse que ese señor (don Benito) que indujo a Cora a' hacerse actriz, Io hizo con la idea
de poder cortejarla con más perspectivas de éxito, y debe
haber acertado EO más en sus designios, pues ya en el segundo acto vemos que Cora e~ la amante de don Benito.
Pero la chica, a pesar de que tácitamente ha consentido
con los manejos turbios de su «protector», sigue, según
ella , siendo íntimamente de una moralidad sin mácula, y
sufre atrozmente cuando llega al convencimiento de que ha
sido engañada en forma vil por todos, por todos· los que la
empujaron a hacerse artista, sabiendo que ella ,no tenía
condiciones para esa profesíón, pues su fracaso y su retiro
prematuro de [as tablas así se lo han demostrado. Todo se
ha reducido a quesu padre la ha entregado a ese libertino de
don Benito, ttn pago de ciertos compromisos pecu~iarios de
aquél, que fueron solventados por éste.

�566

667

C08.MÓPOllS-Xl-19:?Q

CRÓNICA A!.IF.RICA~A

Bien; pasa el tiempo y Cora, para olvidar las penas, la
derrota de su vida y la fuga de sus más caras ilusiones, se
ha hecho morfinómana, se ha separado de su amante y
ambula ahora, solitaria, por esas calles de Di'Js, en tal for.
ma minada por la terrible droga, que se ha con vertido en
un espectro, en una lacra humana, físicamente liquidada,
aunque siempre, con el alma sensible, para seguir sufriendo
en sus momentos lúcidos. Está derrotada, definitivamente
vencida.

· y a h ')ra mor fi n ómana recalcisu desgraciada ex novia,
trante...
b
Hasta aquí las impresiones del cronista sobre la o ra
estrenada anoche en el Liceo.
_
.
La interpretación, discreta; la señora Qmroga, haciendo
la morfinómana, hizo todo lo que pudo para convencer;_ eR
el papel más ingrato que le hemos visto hacer a esta simpática e inteligente actriz.
Correctos Perelli, Fregues y Olarra.
La presentación, lucida.»

En cambio, Roberto, aquel joven médico a quien Cora
rechazó en cierta ocasión, es ahora un hombre de posición,
ha formado un hogar, es f~liz ...
Es, «En la coniente,, una pieza lenta, deshilvanada,
poco teatral; los personajes se desempeñan de una manera
incolora, desdibujada, tenue, diremos; y cuando el autor se
acuerda de que está haciendo una obra dramática, hace que
los intérpretes digan su parte con un poco más de vehe•
mencia, creyendo que con esto ya queda salvada la dramaticidad de la producción ...
Luego abusa el doctor Bosch de parlamentos innecesa•
rios al asunto central, y hace en el segundo acto que tres
personajes se pongan a filosofar sobre bueyes perdidos, re•
tardando en esta forma la pronta solución del asunto plan•
teado.
Y es tan pesada la acción, que el público llega al acto
final visiblemente fatigado y deseando de alma que la infeliz Cora diga su última palabra y el telón, cerrándose suavemente, lleve un poco de tranquilidad a los espíritus ...
Los personajes, como hemos dicho, están tratados con
una inseguridad y falta de verdad absolutas; además, hasta
hay algunos que están palmariamente de más, el de Horado, por ejemplo. Luego esa escena del cuarto acto, en que
Roberto da orden a un sirviente de que haga pasar a esa
mujer que desea hablarle, es de una ingenuidad infantil; y
Fregues (Roberto) no pudo impedir que se insinuara en sus
labios una sonrisita irónica, mientras esperaba la llegada de

�ESTUDIOS

EL MÉTODO NATURALISTA EN LA MITOLOGIA
COMPARADA

I
Mi modo de concebir la,religiosidad primitiva es el (mico conforme a las exigéncias de la razón moderna. Evidentemente, la religión no tiene un origen milagroso, y dados
los hechos, debemos afirmar que se. ha desenvuelto lentamente, según leyes regulares y universales ¿Cuáles son
estas leyes? Para mejor determinarlas, me será permitido
examinar, ante todo, el sistema o método que quiere sacar
el origen de la religión de ide_a s sencillas y vagas, accesibles a las inteligencias más primitivas, sistema que llamaré
natural ísta.
No merece tal sistema el desprecio que algunos escritorf's le han prodigado. Es, sin duda, el más antiguo, el más
adoptado y el más seductor de todos. Si algo falta a ese sistema par~ la verdad completa, culpa es de las exageraciones de sus adeptos y no de su valor intrínseco. Escudriñando el pasado, encontramos al naturalismo mitológico
con ropaje metafísico por primera vez- (si no es lícito hacer
caso omiso de las exégesis teosóficomaterialistas de algunos pensadores arios e iranios) entre los helenos, que lo
desarrollaron con brutal franqueza en los voluptuosos jardines de Epicaro, y entre los romanos, que acabaron de

cru-rrcos

DE HlSTOIUA RELIGIOSA

569

formularlo con las líricas blasfemias de Lucrecio. Desde el
punto de vista del método, del criterio y de las consecuencias de estas opiniones casi primitivas,,el sistema,naturalista no es lo que habría que esperar de una filosofía desarrollada; y aun• dejando a un lado las escuelas de otros tiempos, cabe siempre preguntar: Naturalista ¿en qui' sentido?,
porque hoy mismo el sistema tiene di versas acepciones, no
sólo según los mitólogos) sino según las numerosas diferencias entre las religiones antiguas y los comentarios modei-nos. Por eso aquí el trabajo de la elección, l'embtr.rras du
choix, que dicen los franceses, no estriba tanto en examinar el conjunto de esos comentarios para escoger lo bueno
que cada• uno pueda contener y desechar lo malo que. cada
uno se ofrece, cuanto en determinar de una manera precisa la fórmula en que pueden condensarse las pretensiones
del -sistema total, con arreglo a sus exigencias mejor otientadas. Esta fórmula, a mi juicio, no puede ser otra que la
que corresponde a las exigencias evolucionistas de todo
naturalismo crudo, exigencias que llevan, sin poder remediarlo, a considerar el fetiquismo como una forma universal de la religión primitiva. Ahora bien, semejante fórmula
no se encuentra en ninguna escuela filosófica anterior al
siglo xv1II, y para reconocerla y apreciarla es preciso dirigirse a las doctrinas indicadas e iniciadas por algunos pensadores de dicho siglo.
Un pen...ador inciclopedista, a quien debemos una con ..
cienzuda obra acerca del Culte de dieu,e fetiches (I 760) y
que posteriormente (1765), dió a luz una Histolre des navigations aux terres australiens (libro mediano, por cierto),
el presidente de Brosses, el alter ego del célebre Buffon y
corresponsal de Voltaire, intentó el primero demostrar la
universalidad originaria del fetiquismo por el paralelo de
la antL2:ua religión del Egipto con la religión actual de la
Vigticia y por el estudio, así de las tribus salvajes más inferiores (las de las costas occidentales del Africa) como de
l;;g; de Polinesia y otras tribus relativamente elevadas del
salvajismo. Permítaseme citar sobre este punto las exce-

�570

571

COSMÓPOLIS-XI-192O

ESTUDIOS CRÍTICOS DE HISTORIA RELIGIOSA

lentes observaciones de Brosses, que nada han perdido de
su vigor e importancia, a pesar del tiempo transcurrido y
de los progresos de la ciencia: tLa confusa aglomeración
de la antigua mitología no ha sido para los modernos más
que un caos indescifrable o un enigma puramente arbitrario, tanto, que se ha querido usar delfigurismo (lo que lla•
mamos ahora simbolismo) de los últimos filósofos platónicos, que prestaba a naciones ignorantes o salvajes un conocimiento de las causas más ocultas de la naturaleza, y
encontraba en el montón de prácticas triviales de una multitud de hombres estúpidos y groseros las ideas intelectuales de la metafísica más abstracta. A.penas se ha conseguido más cuando, por relaciones en su inmensa mayoría forzadas y mal sostenidas, se ha querido volver a encontrar
en los hechos mitológicos de la antigüedad la historia detallada, pero desfigurada, de todo lo que ha sucedido en el
pueblo hebreo, nación desconocida por casi todas las demás y para la que constituía punto capital de su conducta
el no comunicar su doctrina a los rxtranjeros ... La alegoría es un instrumento universal que se presta a todo. Una
vez admitido el ristema del sentido figurado, se ve en él
fácilmente todo lo que se quiere, como en las nubes; la
materia nunca estorba; no hace falta má~ que ingenio e
imaginación.
Es un vasto campo, fértil en explicaciones, sean las
que quieran aquéllas de que puede haber necesidad... Algunos sabios más iuíciosos, que están bien instruídos en la
historia de los primeros pueblos, cuyas colonias ha descubierto el Occidente, y que están versados en el conocimiento de las lenguas orientales, después de haber desembarazado la mitología del fárrago indigesto con que los griegos
la han sobrecargado, encontraron por fin la verdadera clave en la historia real de todos esos primeros pueblos, de
sus opiniones y de sus soberanos, en las falsas traducciones de una infinidad de expresiones simples, cuyo sentido
no entendían los que continuaban sirviéndose de ellas,
en los homónimos que han hecho otros tantos seres y per-

sonas distintas de un mismo objeto, designado por diferentes epítetos ... Pero el§tas claves, que inician perfectamente
en la inteligencia de las fábulas históricas, no siempre bastan para dar razón de la singularidad de las opiniones dogmáticas y de los ritos practicados por los primeros pueblos.
Estos dos puntos de la mitología pagana giran, o sobre el
&lt;;Ulto de los a~tros, conocido con el nombre de sabei&lt;1mó, o
s•)bre el culto, quizás no menos antiguo, de ciertos objetos
tern.stres y materiales llamados Jetiques entre los negros
africanos, en lós cuales subsiste este culto, y que, por tal
razón, yo llamaríajetiquismo. Deseo se me permita servirme habitualmente de esta expresión, y aunque en su significación propia se refiere en particular a la creencia de los
negros de Africa, debo advertir con anticipación que me
propongo hacer igualmente uso de ella cuando hable de
cualquier otra nación en la que los objetos· de culto sean
-animales o seres divinizados, y lo mismo haré en ocasiones1 aun hablando de ciertos pueblos para los que los objetos de esta naturaleza sean, más bien que dioses propiamente dichos, cosas dotadas de una virtud divina, oráculos,
amuletos y talismanes preservativos, porque es bastante
frecuente que todas esas maneras de hablar no tengan en
el fondo la misma fuente, y que éste no sea más que el accesorio de una religión general difundida por toda la tierra,
que debe examinarse aparte como constitutiva de una clase particular entre las diversi;!.s religiones paganas.»
Un autor que hubiese poseído de los precedentes principios una noticia tan exacta como Brosses; habría podido
ampliarlos más y deducir de su significación consecuencias
a la vez históricas y mitológicas. Brosses se limitó a describir las prácticas fetiquistas de las tribus salvajes del
Africa y otras partes del mundo, comparándolas con las
prácticas religiosas de las principales naciones de la antigüedad y concluyendo de la semejanza exterior que ofrecían la identidad íntima de su sentido dogmático. Pero su
conclusión fundamental no estribó en esto; lo que principalmente tendió a demostrar foé que semejante sentido y

�572

COSMÓPOLIS-Xt-192O
ESTUDIOS

semejante identidad deben considerarse como primitivos.
Así, las deducciones verdaderamente personales de Brosses
pueden condensarse en la fónnula, según la cual en todos
los pueblos el comienzo natural de la religión estuvo en d
fetiquismo, del que pasaron al politeísmo y después almonoteísmo. Y, no obstante (vale la pena fijarse en ello, por
lo mismo que se trata de un filósofo de los más avanzados
entre los dél siglo xvnr, aunque no exento de la iniluencia
de las ideas teológicas de su tiempo) 1 Broses se empeña en
hacer una excepción con el pueblo elegido de Dios, afirmando que los judíos nunca adoraron fetiques. El Antiguo
Testamento nos da el más brillante ejemplo de lo contrario, y no entenderíamos plenamente el desenvolvimiento
de la antigua religión judía, si no tuviéramos en cuenta el
hecho más anómalo y merecedor de análisis que esa religión presenta desde los teraphin, los thummin y el ephod,
hasta los becerros de oro y las serpientes de bronce (Sepher
Bereschit, XVVID, 18. Sepher feremiah, II, 27).
Muy débil también, en esta parte de la obra de Brosses,
es la noción general del fetiquismo, como un culto subjetivo-objetivo, en que se armonizan el elemento formal y el
elemento ritual. «Estos ft:tiques di vinos-decía-uo son
otra cosa que el primer objeto material que place a cada
nación o a cada particular elegir y hacer con's agrar en ceremortia por sus sacerdotes: es un árbol, una montaña, el
mar, un pedazo de madera, una cola de león, un guijarro,
una concha, sal, un pez, una planta, un árbol, una flor, un
animal de cierta especie, vaca, cabra, elefante, carnero, en
fin, todo lo que se pueda imaginar seme¡ante a esto. Estos
son otros tantos dioses, cosas sagradas y también talismanes pandos negros, que les tributan un culto exacto y
respetuoso dirigiéndoles sus votos, ofreciéndoles sacrificios, paseándolos en procesión, si de ello son susceptibles,
o llevándolos sobre sí con grandes muestras de veneración
y consultándoles en todas las ocasiones graves.
&gt;Juran por ellos, y tales juramentos son los únicos que
no se atreven a violar estos pueblos pérfidos .... , Hay en

cníncos

DE HISTO!U.A RELIGIOSA

573

cada país el fetique general de la nación, teniendo ad~más
cada particular el suyo, que le es propio y le sirve penate ..... Cada ciudad está bajo la prot~cción de su propio feti
que, al que se adorna a costa del público y se le invoca
para el bien común .... : Si los negros tienen necesidad de
lluvia, colocan ante el altar ' cántaros vacíos; si están en
guerra, ponen sables y zagayas, para solicitar la victoria; si
necesitan carne -o pescado, colocan huesos o espinas; para
obtener vino de palmera, dejan al pie del altar el cíncelito
que les sirve para hacer incisiones en el árbol. Con tales
señales de respeto y confianza se.-creen seguros de obtener
lo que piden; pero si les acontece una desgracia, la atribuyen a algún justo resentimiento de su fetique, y todos sus
cuidados se vuelven a la investigación de los medios de
apaciguarle.»
Como puede no!arse, Brosses resume en el pasaje ante•
rio-r el resultado de sus investigaciones; pero al designar
como fetiques a los animales y a objetos como las montañas, los árboles y los ríos, ha elegido ·una expresión demasiado extensa. Despu'és de haber supuesto el fetiquísmo
como culto de cosas naturales y no artificiales, se ve -elevado a otra suposición no menos falsa y no menos supérflua: se ve forzado a admitir que esa palabra está relacion·tda,con la latina fatum, y con su derivado moderno fata,
hada. He aquí el error. El fetiquismo adora siempre algo,
no sólo artificial, sino -indigno de . adoración legítima: es
una superstición. Por 1el contrario, el culto de, los animales
y el de las plantas (r) o de los seres inanimados son verda•
&lt;leras idolatrtasr,:can razón más clara de ser y .finalidad más
(1) Parece lógico que, con la tendencia innata a espiritualizar las cosas
naturales, las estim[l.Se el hombre por productos de potestades independientes entre sí, poderosas, activas y ordenadas, y que una vez concebida su actualidad, comenzase a clasificarlas, señalándoles nombre y lugar en el teatro
de la realidad cósmica. De aquí se supone que nació la adoración a los vegetales o fitolatría; pero esta teoría, casi unánimemente recibida antes de
ahora, ha sido rudamente combatida después de las investigaciones concretas de los psicólogos y ,sociólogos.

�ESTUDIOS CRÍTICOS DE HISTORIA RELIGIOSA

574

precisa: la zoolatria y la fttolatría envuelven siempre un
sentimiento de admiración o de gratitud.
Y Brosses llega todavía más adelante en su generaliza•
ción del fetiquismo. Cree firmemente, como consecuencia
de su identificación del culto de los fetiques con el de otros
cuerpos materiales, que fetique e ídolo son una misma cosa.
Conviene, sin embargo, hacer restricciones.
·
En primer lugar, el fetique es en sí y por sí mismo algo
sobrehumano, mientras que el ídolo (al menos originariamente) se reduce a una representación o expresión de algo
que no es el mismo. Generalmente hablando, el concepto
de ídolo se resuelve en la imagen de formas esculturales,
de figuras humanas o vivientes, al paso que el fetique no
implica más que una chuchería. Pur otra p~rte, el fetique
es un ídolo de clan o de tribu, el ídolo un fetique de ciudad
o de nación. Esto explica por qué el ídolo corre el riesgo
de volverse fetique,• y aun puede avanzarse con algún autor
moderno que la expansión de la vida social ha determinado de hecho esa transformación del fetique, ídolo doméstico y grosero, en ídolo, fetiql!e nacional y artístico. Pero es
tiempo de terminar esta crítica de Brosses y estudiar su
teoría en autores más recientes.
En primer término hallamos al erudito Meiners. Toman•
do por punto de partida las puras groseras¡creencias del fetiquismo, trata este autor de llegar a cierta manera de .:naturismo» concreto. Los principios fundamentales de su sistema se encuentran en la Allgemeine Kritik Geschichte aller
Religionum, publicada en los años de 1806 y 1807; es una
obra excelente y llena de sólida erudición, aunque ya en
algunas partes incompleta y anticuada (r). En ella sostiene
claramente o con leves reticencias, y siempre con mucha
gravedad, que un espíritu exento de preocupaciones tiene
que considerar el fetiquismo como el principio de la religión y como el origen de las 'religiones. Más tarde (en 186o)
llegó a proclamar «innegable» que el fetiquismo 1::no es so1

(1) Véase, sobre todo, el tomo I, pág. 398 y siguientes.

575

lamente el culto más antigno, sino también el más universal&gt;. Hizo prodigios de ingenio para desenvolver esta proposición, y prodigios mayores de erudición para confirmarla. Merced a esta masa de ciencia, su obra ha sido una de
las minas teológicas e históricas más explotadas por los
racionalistas religiosos.
Pero no podía tener, ciertamente, aún este investigador
gran influjo filosófico. Para alcanzarlo era necesario que el
combate relativo a la ideogenia del sentimiento religioso
tomase mayores proporciones y se desarrollara su significación e importancia con el advenimiento de la novísima
sociología. Al prurito de obtener tal y tan cómoda forma
de explicación, satisfizo Comte (en su Cours de philosopie
t,ositive, publicado de 1830 a 1842), que adoptando y envileciendo las opiniones de Meiners, redujo toda la idea religiosa a las prácticas fetiquistas. Para Comte, el dios mismo
tle las religiones míticas y simbólicas no es más aue un fe.
tique o ídolo engrandecido., y según su modo de ver, el último grado de la evolución religiosa será la sustitución de
la idolatría por la antropolatría. L'Jzumanité se substitue définitivement a Diett, sans oublier ses services provisoirtis. Hasta ciertos espiritualistas (1) que jamás hubiera uno creído
que tenían ideas contrarias a la elevación del fondo universal de las religiones, parece que se dejaban arrastrar en
ocasiones de la misma tendencia, aunque sin deducir siempre las consecuencias que implicaba. Muy particularmente,
empero, fué Comte quien en este punto se mostró superficial e ilógico, desconociendo a las representaciones religiosas otro carácter que el de ser disolventes transitorios
'Cle las fábulas antiguas, y negando con igual convicción el
alor religioso de la metafísica popular. Lo más notable y
contradictorio en Comte, dado su criterio sensualista general, era que suponía y afirmaba que en el estado teológie¡o el hombre dirigía sobre todo sus investigaciones hacia
(1) Por ejemplo, Vacherot (La Religión, 9, 84, 312¡ y Ca.stelar (La Ilevoución Religiosa, 1, prólogo, 16).

�576

co·sMÓPOLIS

-XJ-1920

la naturaleza íntima de lus seres, las causas primeras y finales de todos los efectos que le admiraban; en una palabra,
hacia los conocimientos absolutos (I). Y como nada de ésto
es perceptible por los sentidos, se vió reducido ~ suplir la
observación por la imaginación (2). ¿Curtam varie?
Hubo además, otros escritores que, con el filósofo Say'
. .
ce (3) a la cabt-za, convirtieron esa teoría del fetiqmsmo en
sistema subjetivo utilitario, diciendo: La mitología no sólo
precedió a la religión, sino que germinó del fetiquismo, en
virtud del cual atribuyó el hombre ,existencia y operación
espiritual a los objetos materiales, al dardo, a la lanza, al
árbol, al fuego, enriqueciéndolos con atributos divinos, Y
en especfal al sol ardiente, a la fiera borrasca, al horrendo
vendaba}, al fragoso trueno; y de aquí nació la religión, que
pQr la necesidad de proveer el hombre a su ~ubsjstenc~a,
le apremiaba a ver fuera de enojos -a los d10!:,es conJUrados contra su bienestar, de cuyas operaciones formal,&lt;.\
sab~osas y complicadas historias.
EDMUNDO GoNZÁLEZ-BLANCO

(Continuará.)
Cowrs de pldlosopie positive, 1, 4.
(2) Véase a Defoumy, La soeiolo¡¡ie po8iti·vi8te, 25.
(3) Frinoiples of compara.ti-ve philology, 830.

OBAU.eRO AUDAZ
8' por mf (9.' edición).

mor.

LÓPEZ DI! SAÁ
Loa Indianos vuelven.

Bruja de amor.
Loa amigos del Sol.

Pll'llda.

Las épocoa qut; se van
GÓMEZ CAllRILLO
estudios cosmopolllas.
·Y la moda,

aonrlan de la esllnge.
mbree y s1.1perhombrts.
Orecia elema.
plena bohemia.

RAFAEL CANStNOS

Las cuatro Gracias.

En la fierra Oorida:
8ALLe5TeR05 DB MARTOS

Artistas eapaftolea contemporáneos.
EMILIO ~ERE

JOSB

FRANCÉS

El divino amor humano,
Elvira la espiritual,
La torre de 108 siete jorobados.

fO!! del mar y de la fierra.
ujer de nadie.

rto.
artístico 1919.

Nocturnos de OJoño.

Las ventanas del misterio.
El reloj del amor y de la muerte
Retablillo grotaco y aentimentol.

(1)

B XTRAN JBRO

lbae11: Emperador y Galileo. Espectros. Una casa de mufieca. Un eaeint1g()
je) pUeblo. La C48a de Rosmer, IA dama del mar. el pato silvestre. Bel.da Oablu.
~ftlfto Byolf. Juan Oabrld Borkman.-Mcturice Marc/l: MytDena.-Lani,n:BI
~ciclllo de los vlejoa.-Chabmdt: Bl lriunro de AfrodlJa.-lJertl,uoy: Sybaria.

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Imp. G. Ilernández y Galo Sáez. -Mesón de Paños, 8.-Teléfono 1967-M

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                <text>Gómez Carrillo, Enrique, 1873-1927</text>
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                    <text>leeeión 1\riel
AAO XI -

VOL. 111

SUJ'l.1:ARIO
Vnlor social d 1 .lrhol

l ,n ,lcgr!n de In guerra

r uru..s de cristal
Mrndacidad
E I secreto de la c.1 sn d&lt;' lo, euc-a llptus
~A'.'/ 1 OR • •• • • • •••

l..u c11,nc1as r.Murnlc-s rn la e cuela pnmaria
E pui,ntc de los suspiros ( Tra
duce ón de Rllfad Pomho)
U O HISPANO.... .. ll&lt; Vitr, cuem-ro
(,un¡;1derodoncs sol.re .. rJon

Jnan

euaderno 88

!ali

:Josr, Costa 'Rita, oqubrt
Impronta (;r,-fla•

1s

dt 1916

��COLE0810N ARIEL

UalorSOdal dt1 árbOI
bien de día desj,erlam:os en las tíWt_,
ravillow de Jvavarra. Es la -regi,6n
- ..uuo a los ttrboles. ©urante dos .se,na,,u;U
podido recorrer el llano y la S'iwf'a:,
las vegas de fJ&gt;era/,ta a las cumbrts d8
1mc::t.tt1,a lks, con esta deleitosa contemplade que el tlrbol es para los navarros al,.
efftre familiar y evangélico, principió ,
, como el Verbo en el Credo católicd.
&amp;i el cam,po y en la ciudad, en los h1'8'r•
pequeitos como en los bosques dilatadm,
tia'IJarro cuida los árboles con un amtw
nO'IJÍo y una ternura paterna/,. Se dirla
m el ciudadano y el campesino tienen coniencia de este apostolado; que nacen con el
a sus árboles, como con el culto a sus
ueros¡ que sienten toda la generosidad, toda
poesia, toda la utilidad social de los ár1.es, como Horacio o como Wat Withman;
,Porque el árbol, que da sus frutos y su
1StJlfnlwa1 sus troncos para construir y su k;ia para el hogar, es moralmente el stmboló
generoso, la dddiva sin interis, el biM .fi,i
miramientos de recompensa.

,- ~-&lt;dll"'"L-

'

J

)

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1

I

•

~

818Lt0TECA CltNTIIAL
U. A. N. L.

�YALOa 800I.u,

OOLBOOl61' A.:BJKL

fl6

En el or/Ún poético, los árboles de Virgi•
lio y de fRousseau representan la suavidad
de las "Geórgicas" y la melancolia de las
"Confesiones'. Los árboles de Giotto y de
Leonardo, la ingenuidad de "La imida a
Egipto" y el desmayo inefable de la ".Anun•
ciación"¡ Los árboles de rBeetJwven y de Wag•
WlY, la gracia rústica de la ,Pastoral y el
gigante concierto de "Los murmt1L!os de la
selva".
,Pero, además, el árbol avanza socialmen•
te desde el campo a la ciudad no co11w un
paria, sino como 1m Liberto. En las gran•
des urbes modernas, las calles más lltjosas
y aristocráticas se marcan por dobles filas
de árboles. Los Jwteles más suntuosos tie•
nen como el mejor or1ialo sus frondas. Las
universidades, !os cuarteles, Los Jwspitales,
las iglesias, todo gran edificio niuivo, se adoma con la p01npa de sus ramajes. /f)iría•
se que el árbol es u,i nuevo barómetro de La
civilización.
El pleito entre la industria y la agr_icultura por la hegemonía social parece haber
hallado en el árbol un arbitrio prudente y
satisfactorio. ,Porque, en lo porvenir, los
campos no serán la gleba desolada y dura
que empujara a Espartaco y a la Jacquerie
contra la ciudad egoísta, sorda al dolor de

- -- --

j

í

los escla
DEL ÁRBOL
la.
vosy dela .
61
ciudad ¡
tierra E
de su qutm1f:ade llevar al ~mn lo j,or'Uenir
cultor.
Y los conjuros d Po las magia;
©e hoy md
e su arte agrimasa gris
• Y triste
s lampo
la
deco la ciudad
. agonía de
casas a
serd la
©ickens y las
asmático j,retdndose en
El campo e . ara Ver~c:=en las viera
es
·
nvtard
•
.
a la ciudad
l , el tncens
questa de susp,.
ario de sus firaga . sus d rbo, E!te doble a;aros escondidonetas, la arrustica de
v_alor social s.
campi~ e?~ y artede~e1,:bol-salud
do por M le
mito de 'T: · icado en la
" u e agro en la .A ript-olemo ca
Y en, Le
ntolo , • ntapuertas de la ""!• entre los dgia:
sus ram
ciudad lle
rboles .A la
sus f ro::d's los 1:1-urmulo~ndelas pu~tas
el d l
están los dioses
.
sus hoj'as. En
dor e caramillo
rúst.
· Pan se
• Y T riptole
icos: Pan
viejo sdtiro ocu~ard al vert mo, el semóra-:
desnudo .Mque tiembla al e,_porque es
porque ¡s unas Triptolemo 1;:;rar un óra:~
lo al cuido ¿oven casto y fi
se ocultard
sus viñas ,,
sus laurele;erte, atento si
.
y ala Podade

!!;

t

tk

CRISTODAL DBCASTRO

�LA ALEORfA DI LA OOBRR.A

ta attgría dt ta gutrra
T

A guerra es alegre. El cronista ha
W vis1tado recientemente el frente inglés
en Francia y jamás se ha cruzado con un
grupo de soldados británicos sin o irles
cantar canciones humorísticas. En cuanto se ha acercado al cañoneo, en cuanto
ha visto estallar granadas cerca de su automóvil no ha sentido más que un sólo
deseo: el de echar a correr hacia adelante,
el de asomarse a las trincheras de primera fila, el de agarrar un fusil y ponerse a
disparar tiros, el de embestir a la bayo°:eta. Y el cronista no es ningún valiente,
smo hombre profundamente susceptible
al miedo. Mas por lo mismo que sabe
muy bien que e[ miedo se apodera, en
cuanto se lo consiente, hasta de la última
de S?S fibras, también s~be que el placer
máximo del hombre consiste en dominarlo y superarlo.
Pero. este sentimiento
es en él nuevo '
.
y con Viene anahzarlo. El cronista se ha -

'

•

69

bía refutado con argumentos el principio
pacifista.
Por principio pacifista no entiende el
deseo de paz, porque éste debe ser común a todos los hombres de ideas morale~, sino la convicción de que la paz-la
vida humana-------es el valor supremo. Esta
valoración es falsa. Antes que la vida
está el honor. Por honor. entiendo la obligación que tenemos todos los hombres
de mantener la justicia.
El principio de la guerra por la guerra
es malo, porque la guerra es en sí un
mal. Pero peor que la guerra es la injusticia. La verdadera escala de valores es
ésta: l?, la justicia y la paz, que no necesita de ser interpretado; Z/, la justicia y
la guerra o la guerra por la justicia. Estos dos estados expresan categorías positivas de bondad. Después de ellos se
puede enumerar los siguientes: 3?, la guerra por la guerra, es decir, la guerra por
el placer de pelear. Este estado es un mal,
pero no tan malo como este otro: 4?, la
guerra por la injusticia, es decir, la guerra emprendida al objeto de · dominar o
explotar al extraño. Pero este mismo estado es muy superior a este otro: 5?, la
paz por la injusticia, es decir, la decisión

�10

OOLl!:OOIÓN AlUIL

de aguantar toda clase de injusticias antes de decidirnos a arrostrar la muerte
por la defensa del derecho.
De la justeza de esta escala de valores estaba perfectamente convencido el
cronista antes de visitar el frente. Su vista no ~a . alterado ni poco ni mucho esta conv1cc1ón fundamental. El bien máximo es ]a paz justa; el bien mínimo, la
guerra Justa. Pero el mal mínimo es la
guerra injusta. El mal supremo, el bochorno, la deshonra, la paz injusta. Antes la m~erte. Y esta escala de valores no
reza ~mcamen~e para los conflictos internac10nales, smo también para los internos.
. ~o que el cro_nista no sabía antes de
v1s1tar el frente. mglés en Francia es que
la guerra pudiera ser alegre. Sus ideas
sobre la guerra las había tomado de los
g:randes novelistas del siglo XIX y especialmente de Tolstoi y de Zola. Tolstoi y
Zola y much&lt;;&gt;s generales, pintan la guerra c?mo un mfierno de terrores, dolores
y fatigas.
El cronista no había reparado hasta
hace pocos a~os e? que la visión que
un buen n~ve)1sta tiene de la vida tiene
que ser pes1m1sta desde el punto de vista

LA ALEGRÍA DE LA GUERRA

r..

71

humano. ,y ello por la razón sencillísima
de que en toda novela nos pinta el paso
de un individuo, el héroe o la heroína,
por el mundo. El mundo queda; el individuo se va, y todos sus sueños de felicidad se desvanecen. Hay novelas en que el
autor termina anunciándonos la futura
felicidad del héroe. Sólo que esta promesa se queda en promesa y no se cumple
nunca. Las grandes novelas son las que
conducen el héroe a la muerte. Novela
que no acabe con la muerte del héroe no
es de primera clase.
De todos los aspectos de la vida, la
guerra es uno de los menos desagradables. Si en vez de buscar mis textos entre los grandes novelistas hubiese apelado a mis recuerdos de infancia, habría
caído en la cuenta de que la visión de los
novelistas es parcial. Cuando yo era niño
estaban frescos en torno mío los recuerdos de la carlistada. Carlistas y liberales
los evocaban a diario. Y claro está que
muchos de ellos no eran agradables.
Hambres, fatigas, fríos, insommos, hospitales, hedor de carne purulenta.
Pero ¿habéis conocido un soldado que
no se goce del recuerdo de los dolores de
la guerra? Por encima de la memoria del

�CD

la

upo mil'DO, el de aea
nljfüllato, en un ~c:i
.... 1111

•

algo lllÚ grande CJ•

lfo ~ que eate J?~ ee
que dirige loe
al P4?lftb&gt; que dirige la ¡uerra. Baa
timo aoldado llega. mú o._
aenoienda de atar pelrndó JI" u
U8a 1ttperior. Claro 9ltt 4JUAI lllC
aquf nierameote al ejhcitcrqueoo.rn•
por la ~etit.ia. Pero huta el I01d11•
• • aombata por uua cauu injusta
tamblá por algo superior a lf misia IOJdado que• dicé: "NoeiE qu·
ru6n en •ta guerra. Lo que al!
ae de eete lado pelean loe mb, :, co
eatoy", taml,ién puede 't.eaer
la MDciencia, aunque no tanto
aquel otn, que diga: "Loa mfaa ea
de eete ladc:i; la razón, del otro; 1 yo,

.119....
la algeneial

Jal'U6a."
La guerra puede aer honibJe cuando
oblip a pelear a un hombre oontra su
n · u: o cuando ae dirige DJ111 y ae
:, ..,_,. a loa soldaclG11 a ma7or cantjda4

dé privaciones o de tensióñea
de las que pueden soportar aus

~-NH

Pero cuando existe en el soldado Ja
'CODCienciade !ajusticia de su causa, cuan•
do au alimentación es suficiente, cuando
tiC!l;le bastante vestuario para afrontar
tl trio, cuando no abusa el mando de aus
fuerza.a y cuando se le trata con respeto,
la guerra es alegre, ha sido siempre alegre, tiene. que aer alegre. Si no fuera alerre, no la soportarían los hombres.
A la idea de la muerte se familiariza el
aoldado ya horas antes de entrar en fuego. Puede venir en cualquir momento.
Noes razón para entristecerse. Yase llabeque puede venir. Vendrá cuando Dios
quiera. Contra la muerte nada puede el
.liombre. Contra lo que puede es contra
el miedo. En esta batalla sf que no es poli.ble alcanzar la victoria. Y es cosa inexplii:able, pero positiva. En cuanto se ha
li:,grado dominar el miedo, el alma se nos
llena de alegría. Y esta es la alegría de
la guerra.
.
RAMIRO DE MAEZTU

�PAREDES DI: OBISTAL

Partdts dt cristal

P

ocos meses atrás, un' caballero, que está
recogiendo datos sobre ~l ?esarrollo material y moral de Cuba, m~ p1d1ó alg~n breve

escrito mío, sobre cualq~ter tema;_ sin duda

para que pudiera tenerse idea de m1 m&lt;;&gt;do de
discurrir y de expresarme. Con ese motivo escribí los siguientes párrafos:
,
"Acabo de releer esta frase, que le, ba~e. muchos años: "Las democracias han de_ v1v1r en
casa de cristal". Entonces me entusiasmó; y

ahora me ha entristecido.
"·¿ Es que la edad me ha ido petrificando
el
.
• ?
cerebro y me ha conve~tido e~ re_acctona~1O_.
·Hace daño la luz excesiva amis OJOS enveJec1áos? No por cierto. Todavía me regocija la espléndida claridad meridiana, y me hace encoger de hombros la idea de que los pueblos
puedan subir de nuevo y a reculones la cuesta
que bajaron. Ni el hombre, ni los hombres viven dos veces.

"Me ha entristecido, porque ha hecho surgir
ante mí el terrorífico escenario de Europa, cu•

na de la libertad, y campo ho_y del más _tremendo cataclismo que han podido producir la
demencia y la ceguedad de los hombres.

...

73

"Grandes democracias son Francia y la Gran
Bretaña; sobre el sufragio universal cree levantar la fábrica de su gobierno la Confederación Alemana. Y a pesar de las paredes transparentes de sus casas, ¿quiénes vieron los tremendos combustibles que se hacinaban y la
mano o las manos que lanz-aron la chispa que
bizo saltar un mundo?
"A los primetos resplandores del incendio,
vimos correr despavoridos, desde sus plácidos
retiros veraniegos, a jefes de naciones, que las
sintíéron amagadas en el corazón; locos de
sorpresa y espanto se precipitaban los directores de grandes partidos opuestos por principio a la guerra; y el común de los ciudadanos
se desbandaba en todas direcciones, sin saber
donde encontrar puerto de refugio.
''Me ha entristecido, porque en esa misma
democracia, gobernada hoy por nn letrado de
la misma escuela del autor del nítido aforismo, ¿logra nadie, por perspicaz que se crea,
penetrar en los meandros del cerebro del estadista o los estadistas que hunden hoy a un
Huerta y levantan mañana a un Carranza,
envían notas conminatorias a los poderes europeos beligerantes, y aceptan o parecen aceptar sus intrincadas y untuosas respuestas?
"Cuando era yo niño, tuvo fama el palacio
de cristal en que celebró Inglaterra su prime• ra exposición. Cierto. A través de su transparente armazón se veían las poderosas máquinas
CO!l que la industria había revolucionado el

�OOLaOCIÓlf .t.amr.

mando fabril. Lo que no ee vda, ni podfa verae, era el engranaje interno de ruedas y palancas, ni la voluntad directora que, por su medio, les comunicaba vida y las ponfa en movimiento."
He vuelto a leer ahora Jo que entonces ha
bfa estampado, y advertí que, aun circunscribiéndolo sólo a lo que se llama vida pública,
mi punto de vista alcanza tal generalidad, que
empezó por sorpenderme y acabó por convertirse en verdadera lección de mortificación y
modestia.
j Lo que se ha atronado nuestros oídos, desde hace Jo menos ciento cincuenta años, con
el dogma de la soberanía• popular! ¡Cuántas
tremendas sacudidas y cuántas sangrientas
revoluciones en América y Europa, para defender, sacar triunfante y afianzar ese nuevo artículo de fe! Solemnes constituciones, a guisa
de flamantes tablas de la ley, fueron promulgadas, y descansaban todas sobre esa amplia
bd. A cada uno nos tocaba nuestra parte
alícuota de soberanía.
Casi un siglo después los estadistas alemanes hicieron un peregrino descubrimiento. No:
el pueblo no es soberano. La soberanía se cierne mucho más alto, pata cobijarnos a todos.
No se encarna en la masa amorfa, ni en la masa organizada, ni en los hombres, ni en un
hombre. La soberanfa pertenece al Estado. Se
necesita leer a los tratadistas penetrados de
ese gran princlpio,en Alemania y fuera deella,

PuaDa N

a&amp;lft.U.

ff

para formaree id~ ~ la devoción, de la T ~
ración con que se mclinaban reverentes, casi se
prosternaban, ante esa deidad recóndita, omnicomprehensiva, permanente, exclusiva, ilimitada: ¡el Eatadof El triste soberano desposefdo, el átomo humano, mi vecino, yo con mi
cédula o mi planilla o mi infolio electora11 reducidos a cero, a menos que cero, a cantidad
negativa. La defenestración de Praga, la de
Belgrado.
Y sin embargo, si rodando por el polvo se
puede pensar, nos conviene convencernos de
que aunque la soberanfa del Estadonosparezca a primera vista más etérea que la del pueblo, no falta, ni ha faltado nunca quien la ejerza con mAs efectividad y por tanto más eficacia real que los lectores desperdigados o.colegiados. La soberanía popular ha sido y es un
mito. La del Estado lo parece; si no fuera
porque los que desempeñan esa función subordinada, secunrlaria, está uno por decir insignificante, del gobierno, la atrapan por los aires,
la vivifican, la encarnan y la ejercen.
Nuestros tratadistas se asombrarán y hasta
se indignarán por esa afirmadón necia, que no
atiende a la distinción profunda, a la separación completa, que establecen entre el Estado
y el gobierno. Lo reconozco: una cosa, lo superior, lo ideal, es el Estado, y otra subordinada, inferior, inferiorísima, el gobierno. Sólo
que el gobierno es real, lo ejercen hombres que
tienen en sus manos todos los medios reales y

�PAR'&amp;DZI D:&amp; OR18Til

78

79

OOLEOIÓN ARIEL

basta Ideales para actuar sobre otros hombres. Una bicoca.
To suck, to suck, tbe very blood to suck
Pues bien, supongamos, y no es poco snpo·
ner, que armado de mi boleta electoral del
todo consc_iente de la al.ta función que m¡ dispongo a eJercer; conociendo bien o bastante
bien, o ca~i bien a todos y cada n~o de los que
voy a eleg1_r pa_ra que me ~e~ leyes, me impongan contnbuc10nes, admm1stren la hacienda
pública, me gobiernen, representen a la nación
y la dirijan en sus relaciones con los demás
pueblos; sin que nadie ejerza sobre mi coacción
ni siquiera presión moral; seguro de que mi
voto ha de ser considerado cosa sagrada intangible, que nadie manosea, adultera o 'sustrae diestramente; segurísimo de que nadie ser~ osado a inflar o desinflar el número de
votos obtenidos por
. tales o .cuales candidatos·'

&amp;~pongamos, _repito, qu~ mt voto, uno, entre
e1ncuenta o cien o doscientos 1nil ha contri-

buído a elegir el gobierno de mi ~onfianza o
preferencia. Y supongamos que éste ha triunfado honradamente, sin violencias ni artimañas públicas ni secretas, con el desconsuelo,
pero con el respeto de sus adversarios.
En e~ta situación naturalísima, pero casi
fantástica, al menos por estas tierras de Hispano-América, ¿qué voy a ver yo, el elector
de marras, a través de las transparentes paredes cristalinas de las mansiones oficiales de
mis gobernantes? ¿Qué voy a saber de los an-

tecedentes genuinos de l~s resolucion':' q_ue
más me importan y conmigo a todos mis cm·
dadanos? ¿Quién me da cuenta de los ver~~deros móviles de actos que pueden ser dec1S1•
vos para el porvenir de mi pueblo, y que nunca
son indiferentes?
Comprendo que mi gravemiopia exasperará
a algunos que me pondrán, casi con lástima,
la mano e~ la boca y me dirán enarcando los
ojos: ¿Y la razón de estado?
El golpe es contundente. P;ro exista o no
esa famosísima razón, de que tanto se ba_escrito y sobre la que tanto se ha pretendido
edi{icar, me permito de~ir que, basta ahora al
menos los que la maneJen han procurado encerrarla algunos estados bajo tierra, lejos de
exhibirla en caja de cristal.
.
Si estamos enfrascados en sutiles y trascendentales negociaciones con uno o más poderes
extranjeros, segundarán mis sesudos maes·
tros, ¿vamos a salir tañen~o las campanas y
convocando a cabildo abierto, para que nos
tengan por idiotas, si no por locos de atar, los
estadistas que manejan el otro cotarro y rom·
pan sin más sus tratos con nosot_ros? .
Evidente me parece, de toda ev1denc1a; pero,
vuelvo a todos lados la cabeza y no distingo
por parte alguna las transparentes paredes en
que habíamos convenido que se encerraban,
para no estar encerrados, nuestros democráticos contratantes.
Puedo leer cada vez que quiera los mensajes

�80

OOLEOOIÓN A&amp;UL

que envía el Ejecutivo a las Cámaras, y en que
se enumeran ce por be los motivos razonados
de las leyes que se solicitan. Acabo de recibir
precisamente el mensaje del presidente de la
A:gent!na al Congreso en mayo de este año.
Tiene ciento ochenta páginas. Relata minuciosamente "cuanto se relaciona con la situación
política interna y externa" de esa próspera república. Es de cristal. Pero sospecho que hay
serpeando por esas páginas muchas venas
ocultas, de que nada sabela turbamulta de los
argentinos; y, por fuerza, menos que na8a los
que no somos argentinos. Claro está que este
es un mero ejemlo, y que lo mismo cabe decir
de nuestr_os mensajes y de cualesquiera otros.
El mal, si mal hay, no está en la nacionalidad
T odos quisiéramos que gobernar fuera otr~
c?sa. Pero no se trat a de lo que quisiéramos,
smo de lo. que es. Y por _desgracia la verda d
desnuda v1ve muy escondida y tiene parentesco muy remoto con la verdad vestida, q ue es
la que tratamos, 1:,a ardua función del gobierno impone en cas1 todos los casos la reserva
en no pocos el secreto. Hay fiestas de aparat¿
P'.'-ra los OJ'?s; hay negocios delicados que conviene, que importa no divulgar a destiempo.
Contentémonos con qne la reserva sea la necesaria, la legítima, y qne de ella resulte el éxito
a petecido, de donde debe salir siempre un be·
tleficio para la nación . ENRIQUE JOSE VARONA.
Vedad o, 10 d e agosto, 1616,
(Cw6a Ca,itm,pmi,ua. Habana.)

mtndaddad
'C)oc.1.s cosas me han abatido y edtristece

..

t' más el ánimo de español qne lo que o{ una
vez decir a un amigo mio, hombre agudo y de•
sapasionado, que había recorrido une parte
de Europa estudiando instituciones de en•
señanza pública y sobre todo residencias de
estudiantes,casas de pensión e institutos aná·
logos. Y es que venia muy dolido del mal con•
cepto que en general se tenía por ahí fuera de
los estudiantes españoles. Acusábaseles de va•
rias faltas y sobre todo se decía de ellos que
son, con los griegos, los más embusteros de
todos. La mendacidad aparecla como un tris•
te estigma inmoral de nuestro pueblo. Y es
cosa sabida que la mendacida d es hermana
mielga de la mendicidad. Es altamente simbólico esto de que sólo discrepen en un sonido las
sendas expresiones verbales de esos dos vicios
mellizos.
Hay que hacer observar, como creo haberlo
dicho otra vez, que ha habido un tiempo en
que los más de jóvenes que sallan de España a
estudiar en el extranjero no eran, ni con mu•
cho, de lo más escogido moralmente. Sol!an

�1lOD.á.CID.il&gt;

82

83

OOLJ:OOIÓN J.RIJ:L

ser muchachos de que sus padres no podían
hacer carrera, señoritos-¡esta hórrida clase
española! - que iban a pasearse dándose un
baño de europeísmo o a divertirse malgastándoles los cuartos a sus padres, o tal vez para
poder decir luego que habían estudiado en el
extranjero y traerse un titulo de esos de exportación que dan desdeñosamente a los que
no han de hacerles competencia. Sé de una ciu- .
dad extranjera donde durante mucho tiempo
se ha tenido a los señoritos españoles por cretinos-era la expresión-, juzgándolos por los
que conocían de un instituto español allí desde hace siglos establecido. Y no sé si la cosa
ha cambiado. Porque hasta los que nada tenlan en rigor de cretinos parece que llevaban
una vida, la del señorito español bien acomodado, a propósito para hacer creer en su cretinismo. O por lo menos en su filisteísmo, y a
las veces beotismo. Todo parecía interesarles,
si es que algo de veras les interesaba - lo característico del español es que fuera de casa
no le interesa nada-, menos los valores de
cultura.
Pero eso de la fama de mendacidad es cosa
terrible.
Pensando luego muchas veces en ello, he creído que de todos nuestros males públicos el
más fatal es éste de la embustería. No creo que
eeamos peores que otros pueblos en otros respectos, pero basta que seamos uno de los pueblos más embusteros para que todas nuestras

buenas cualidades no nos den el fruto que debieran darnos.
La -mentira es el arma de los débiles, y en
tal sentido defendió Schopenhauer la licit~d
de su empleo. Pero así co_mo hay una mentira
defensiva hay otra ofeus1va. Y es natural que
Schopenhauer defendiera el empl~o de una arma si la creía eficaz, pues es •ab1do que en su
casta llaman defenderse al agredir. En lo que,
por otra parte, no les falta razón, pues un lobo que se echa sobre una oveja para devorar•
la lo hace para defenderse del ham~re. Y asl
no es fácil saber cuándo una mentira es defensiva y cuándo es ofensiva. Lo que la experiencia enseña es .que cuando uno se acostumbra a esgrimir la mentira,. para defende_:9C
acaba por esgrimirla sin necesidad defensiva
alguna, por ejercitarse en s_u empleo y hasta
por pura virtuosidad y tecmqnería.
.
Acaba uno por enamorarse de la mentira
por la mentira misma. Se hace de ella un arte,
y cuando se hace un arte de la mentira, acaba
por no ser el arte más que una mentira. Y ya
a nadie se engaña.
Lo más desconsolador acaso de nuestro régimen de mentira es que ésta a nadie engaña,
y así nos acostumbramos a dudar _de todo, lo
mismo de la verdad que de la mentua. De aqut
nuestro tan característico esceptismo público.
"¿Y si no fuera mentira, si por casualidad
esta vez me hubiese dicho, contra su costumbre y acaso su propósito, la verdad?" Esta

�N

OOL:SOOIÓK ilIXL

duda le atormentaba una vez a un pobre
amigo mío ante ciertas manifestaciones que le
hizo un político español, es decir, un embustero entre embusteros. Porque el político espaflol es un embustero elevado al cuadrado o en
eegunda potencia, pues loes en cuanto español
y en cnautoprofeslonal de la política. ¿Y quién
no conoce aquello de los que engañan con la
verdad? Hay embustero que, sabiendo qne no
le han de creer, dice la verdad para que no se
la crean.
¿Quién ignora que entre nosotros, desde el
presidente del Consejo de ministros abajo, el
arte _supremo del político que ocupa el poder
consiste en escamotear la verdad? Mienten
cuando afirman, mienten cuando niegan y sobre. tod&lt;_&gt;, mienten cuando se callan. Po;qne
,:1 silencio puede ser una gran mentira. Y el
ailencio que oprime a España es un silencio de
mentira.
¿Y la genealogía de la mentira?
Somos holgazanes. Yo no sé si es que somos
holgazanes por ser pobres o es que somos pobres por ser holgazanes. Este problema que
tau _agudamente ha tratado el Sr. Salillas,
lo mismo en El Hampa que en su teoría básica de picarismo español, encierra un tremenqo
circulo vicioso.
Por ser holgazanes somos cobardes. y la
peor cobardía es la cobard!a para el trabajo
esa cobardía que lleva a tantos desgraciado;
a exponer su vida ante un toro, diciéndose con

KENDAOJD.il)

86

d . "¡más cornás da
el Espart,~ro q~el:;az:~ería
espiritual a su
O
!'hambre! Y a
a los aficionados, a la
vez lleva a los rdos~dmirar a los que arricecobardía menta e
a ue esa admiragan su vida ante el toro{ Ynoq de inteligencia.
ción no exi~e ffuerfa ~:'tos llamados ioteliPorque la 111te ,gene d las peores plagas que
gentes _en eso es una e
nos afligen.
rdioseros. NuesPor ser cobardes, somd_os pocla no es sino hija
tica men ,can
.
d
tra caracterís
uí se mendiga to o,
de cobardfa. Porque ª'!
la mendiga le
. t·,c~a· y a qmen
n 0 título más h ohasta laJUS
ho el
llaman soberbio. Que es y
norifico en España;
a mendigar, dicen que
&lt;;uando uno se ntegaaben mis lectores aquequiere Imponerse. Y~ _s
í7 ·No las tolello de: "¿Con imp~st~t~:=~uªd:s~ áe hacer jusro!" Que es e1 m~ o d" amente le contesta~
ticia. Si uno la pide d!fa"ciones y 'evasivas, y s1
con embustes o conh 'bilidades alza la voz de
harto de soportar . a la verdad entonces es
hombr~ lib~e Y esgnm~sí al medos, piensa la
que qmere imponerse.
, .

f

1

j
..

.

canalla.
.
mos embusteros. El ar?'ª
y por me~d,gos so el embuste. El mend•g?
de la pordiosería es
do a un mend1.
orque cuan
tiene que mentir, p . r con la verdad-y .se
go se le ocurre men11~ga ha tenido que monrha dado casos de e
ltado el tipo estupense de hambr~. O loa rlelsu Sabido es, en.efecto,
do del mendigo orgu oso.

�•

86

MENDACIDAD

OOLBOOIÓN .ABIZL

87

que el orgulto consiste en esgrimir la verdad y recerlo-y entre éstos se cuentan no pocos de
defenderse y atacar con ella. En cambio lo los que pasan por maestr~s co1;1sumados e!1
que se llama humildad o modestia no saete'ser habilidades -,ese hombre dtabóltco de que digo dejaba de parecer hábil con tal de serlo.
más que el artificio doloroso de la mentira.
Toda la reforma moral, y por lo tanto polí- Era, en fin, de los que saben hacerse el tonto.
tica, de España, no estriba más que en esta- Y en cierta ocasión de unas elecciones senatoblecer el amor y el respeto a la verdad y a la riales, decía a uno de los dos candidatos: "mire usted, señor X, yo no tengo tJ?ás reme~io
veracidad.
El amor no es más que veracidad y así que decir a Z que le he. de votar y hacer c~.r
aquellas palabras del divino Maestro 'de que que le votaré, ¡pero mt voto es para usted! ;
y luego se iba a Z, y le decía lo mismo con real que ama macho le será perdonado mucho
lación a X, y es que prom-eteria a éste su voto,
cabe traslad9..r diciendo que al que sea veraz
serán perdonados sus pecados. Sólo a un bom• pero para no dárselo, y al cabo se vino a mt y
me dijo lo que babia dicho a uno y a otro, y
bre prometió la gloria eterna él, el Cristo, y
cómo
aseguraba a X que engañaria a Z proeae h~mbre faé un bandolero que se confesó,
que fué veraz, que no calló lo que sentía de sí metiéndole su voto y al;eguraba a Z que engañaría a X prometiéndoselo. Y a mí, que no era
y del ot-ro.
candidato
ni mucho meoolil, no podía engaUn ámbito plúmbeo de mendacidad constrifie a nuestra vida pública. Y es la más terrible , ñarme, y me decía: "verá usted, mi papeleta
llevará tal marca." Y en efecto, salía una pamendacidad, la del secreto en que están todos.
peleta con aquetla marca de infamia. Y ~I
Todos, en efecto, están en el secreto, y por eso
hombre que hacía esto era un hombre hábtl
es más secreto a6n. La verdad puede pasearse
que no necesitaba mentir para engañar.
desn~da por las plazas sin que nadie la vea.
Acaso lo de decir siempre la verdad, créanla
Por tr desnuda no la ven. Y si se viste sólo
o no oportuna los hábiles y los discretos seven su vestidura'y no la ven a ella. Y la vestigún la feria, sea todo un programa y sin otra
dura de la verdad invisible resulta una terricosa alguna. Ponerse cara al oleaje del porveble mentira. Con esos vestidos visten un manir sin más soluciones que la de no callar la
niquf cualquiera.
~erdad y que de su declaración surja la solu&lt;;onocí un h~m~re diab61ico, especie de Mación
que haya dc.apl_icarse. Que si ante un hequ1q.velo prov1nc1ano, exento de la vanidad
cho se dice toda la verdad, toda y sola la verde su maquiavelismo. Es decir, que así como
dad, la verdad entera, y no más que ella, al
hay quienes dejan de ser hábiles con tal de pa-

1;

�_.;;M;;.,__ _ _ _ _~coLsooróx

.&amp;.:an:L

punto ee ponen todos los hombres de buena
voluntad de acuerdo en lo que hay que hacer.
Y ante el secreto o la mentira todos disienten,
aunque parezcan conchabarse. Sólo la verdad
une.

El sec1eto de la casa de tos eucanptus

MIGUEL DE UNAMUNO .

I
Carmen de Borja guardaba de la noche
en que los revolucionarios mataron a su hijo Carmelo, teniente de milicias en Santa Fé, un
sombrío recuerdo.
Era viuda y vivfa con Laura, su única hija,
en "la casa de los eucaliptus", como llamaban a
su est ancia a ocho legua·s de la ciudad, sobre el
arroyo "Leyes", rodeada de oscuros eucaliptus,
que en las noches de viento gemían como almas
en pena.
Carmelo Borja, su hijo, recién ascendid'b a teniente por el gobernador Bayo, había estado en
ella el día anterior. Corrían rumores de revolución y el joven los relataba con gusto, para lucir su valor ante su madre acongojada.
• Al medio día se despidió de ella y de Laura, y
volvió a la ciudad, a caballo, con su asistente,
&amp;iguiendo el ancho camino polvoso, que llevaba
a Santa Rosa, foco de las revoluciones .
. No t uvieron ningún mal encuentro. Ero invierno y la ruta estaba solitaria, aun en las cercanías del pueblo.

O

OIA

�'BI, REéRETO ••••

00

91

OOLEOCIÓN ABIEJ,

Pero esa noche, como, a las once, el teniente
Borja que volvía de una tertulia, al cruzar la
plaza de Mayo para ir a la policía donde él vivía, topó con un pelotón de jinetes que desembocaron al galope, de la oscura calle transversal.
-¡ Quién vive !-gritó el teniente sacando su
revolver.
-¡ La revolución !-le contestó el que mandaba la tropa; y como en aquellos tiempos eran
muchos los revolucionario~ por sport, sintió sin
duda la necesidad de completar la respuesta, y
añadió:
-¡El capitán Insúa!
Sonaron varios tiros, que dieron el alerta.
La guardia de la policía que dormía con el
arma al brazo, parapetada detrás de las gruesas
columnas del cabildo, rechazó sin grave esfuerzo
a los ·asaltantes, cuyo propósito de sorprenderla
dormida se había frustrado, y que, una hora más
tarde, regresaban derrotados por el camino de
Santa Rosa.
Sobre la gramilla verde de la plaza de Mayo,
con la luz de un farol, hallaron esa noche tres
muertos y en medio de la calle, encontraron al
teniente Borja herido de un balazo por el capitán Insúa.
La herida era grave, y él, que comprendió que
se ~o:ía, pidió que avisaran a stt madre, para
monr al lado de ella.

•

Cuando el chasque llegó a "la casa de los eu•
caliptus", eran las cuatro de la madrugada. Ladrá¡onle los perros y al ruido se despertó doña
Carmen y llamó a Laura.
-Alguien llega del pueblo-le dijo-, malas no•
ticias, sin duela.
Oyeron la voz del capataz, que desde afuera
anunciaba al chasque. Laura se abrazó a su madre y se echó a llorar, y ambas escucharon el
relato de lo sucedido.
-¿ No ha muerto, entonces?
-No, pavona; quiere verla.
Mandaron atar la volanta de tres caballos, y
un rato después, obscuro aún, doña Carmen y
Laura, acompañadas del capataz y de Magdalc•
na, su mujer, que había criado a Carmelo y noraba como una criatura sabiéndolo herido, se
pusieron en marcha a la ciudad. •
El camino era recto y parecía una cinta blanca, a la luz indecisa de las estrellas. Los gallos
cantaban al alba fria que se anunciaba, y lamadre no podía dejar de oi!, aunque estaban ya lejos, el rumor acongojado del viento en las copas
- de los eucaliptus que rodeaban su casa. ·
Llegó a tiempo para hablar con su hijo, que
murió como a las once, y al dia siguiente, ambas
,mujeres desoladas volvieron a "In casa de los cucaliptus", resuelta la madre a confinarse en ella,
para llorar mejor al muerto.
o

�92

OOLJ!OOIÓN A.RIEL

lL S&amp;ORffO ••••

. Laura tenía veinte años y era de una magnífica hermosura. Su madre había deseado casarla,
para no sacrificar su juventud y quizás con el
vago deseo de que los nietos repararan un día el
inmenso hueco que había dejado en su corazón
la muerte de su hijo.

II
La más caracterizada figura de caudillo revolucionario en esa época, era la de Ventura Insúa,
que usaba el grado de capitán, con que años an-'·
tes le agraciara un gobernador en la guardia naciona1.
Gozaba por su valor y su fortuna en campos
y haciendas, de un ilimitado prestigio en todo el
norte de la p_rovincia, principalmente en 'la costa, donde en un día a una voz, reclutaba 500 jine- ·
tes criollos o indios, que lanzaba como un torbellino sobre la ciudad abierta, sin más propósito
que mantener en constante alarma a los gobernadores enemigos.
A los treinta y cinco años, en el apogeo de su
fama, fuerte y bello, acostumbrado a salir ileso
de todas las· sangrientas algaradas, estuvo a
punto de morir en una de sus efímeras revoluciones.
Había entrado en la ciudad hacia la media
noche, y fué su ataque tan inesperado y violent&lt;?

..

93

que poco faltó para que se adueñara de lapolicía y apresara al gobernador en su casa, Pero
sus tropas esa vez eran escasas, y aunque se batieron con un soberbio desprecio de la vida, al
alba tuvieron que abandonar la ciudad, perseguidas por un piquete de soldados a caballo.
Ventura Insúa huyó de los últimos. Montaba
un caballo admirable y famoso, pero cansado ya
por el combate, y sus perseguidores no habrían
tardado en apoderarse del caudillo, si éste, que
conocía los escondrijos de las orillas del "Leyes",
no hubiera aprovechado las últimas sombras de
la noche, para esconderse entre las pajas altas
y tupidas que al!( crecían.
Cuando fué día claro, los soldados del gobernador debían estar lejos, porque sin el rumor de
los pájaros en las cañas, y el grito de los patos
que pasaban, siguiendo el curso del arroyo, el
silencio habría sido absoluto.
En aquellas vecindades no había ni gentes ni
haciendas. _Eran campos abiertos, de grandes
propietarios, mal poblados con estancias aisladas, a pesar de que la ciudad no quedaba a más
de cinco leguas.
En la refriega, el capitán Insúa fué herido en
el pecho de un balazo, y aunque su herida no
era mortal, comenzaba a temblar de fiebre, y
sentía que si no lo curaban, podía morir alli, echado en ·la tierra pantanosa, sobre algunos co-

�a. amoano •••.

-~-------=OO~LZOOl==Ó~lf;....::A.::ltRLc.=_ _ _ _ _ __

jinillos, junto a su caballo, que permanecía quieto, amujando las orejas a cada ruido sospechoso.
Todo el dfa ld pasó asf, devorado por la sed.
Sentía la bala hacia el hombro izquierdo, como
una quemadura. Al entrar la noche, resuelto a
desafiar todo peligro, montó a caballo con un
esfuerzo doloroso, para llegar hasta el riacho.
Bebió echado de bruces el agua turbia por la
greda, y parccióle que su fiebre disminuía.
La soledad del paraje le dió ánimos para seguir costeando el arroyo hacia el norte, en busca
de un vado para tomar el camino de Santa Ro·
sa, o esconderse en una de las isletas, de sauces,
como un paisano matrero.
Asf anduvo dos horas, pero la fiebre se hizo
tan violenta, que se sintió al fii¡ de sus fuerzas.
El ladrido de un perro anuncióle una casa o
una estancia cercana, y arriesgándose a todo,
trató de llegarse a ella.
Cuando estuvo cerca reconodó el paisaje en el
bosque de sombríos eucaliptus que rodeaban la
estancia.
La noche era limpida, sin viento y sin estrellas; la luna estaba por salir, y parecía una aurora, tan intenso era el resplandor que la precedía.
El capitán Insáa conocía la casa, aunque no
a sus dueños, y le tembló el corazón acordándose de la muerte del teniente Borja. Pero sintió

•

95

que iba a morir si pasaba una noche más a campo, y como alU podfan ignorar los detall~ de
aquel suceso que ahora le remordía, lleg~ sin-vacilar hasta la tranquera y llamó a gritos, que
provocaron la furia de los perros.
Eran como las diez y las gentes dormfan, pero
Insúa oyó abrirse una puerta , poco después entró a caballo, guiado por el capataz, que, por lo
extraordinario del caso, despertó a doda Carmen
de Borja:
-¿ El capitán Insúa ?-dijo ella con un ligero
temblor en la voz, que no advirtió el capataz.
-P.ide permiso para pasar la noche-explicó
éste.- Se encuentra herido y con fiebre.
Abrióse la puerta ante la cual se cambiaban
aquellas palabras. Laura encendió la luz y el capitán Insúa entró en el gran comedor, casi desnudo de muebles y adornos, donde las damas lo
aguardaban.
• No fué cordial el saludo; un misterioso resentimiento envolvía los gestos de la dueña de casa,
y su hija, cohibida por lo inesperado de la visita,
no se mostró más amable.
La luna habfa salido, pero la noche pareció
obscurecerse repentinam~te, porque la masa
~egra de los eucaliptus, proyectó una sombra
densa sobre toda la casa.

�96

OOLEOOIÓN ARIEL

EL SECRETO ••••

•

III
Durante cuarenta dÍas que dur6, con desesperantes alternativas, la enfermedad del capitán
Insúa, "la casa de los eucaliptus" apareció más
clausurada y misteriosa que nunca.
El gobierno habría pagado a peso de oro al
que apresara al caudillo revolucionario, pero
nadie sospechó dónde se alojaba, y llegó a creerse que se había ahogado, vadeando el arroyo.
Doña Carmen de Borja no se acercaba nunca
a su húesped. Disponía las cos~s con una obsequiosa hospitalidad, y dejaba que Magdalena, la
mujer del capataz, y aun Laura lo atendieran.
Una tarde, en el verano que ardí.a ya sobre
los campos, el capitan Insúa escttchaba un relato de Magdalena, en la galería del este, desde
donde se divisaba el riacho, por una calle abierta entre las resecas totoras de la margen. ·
Laura sentada allí cerca, escuchaba también,
con el corazón oprimido por una inexplicable
angustia, porque lo que relataba la mujer era la
muerte de su hermano.
-Yo lo crié-dec;íil Magdalena-y fué todo
mi cariño; lo recibi de meses, el mismo día en
que se murió el único hijo que he tenido y que
era de su edad. El cambio me consoló de perder
el mío. Ah! señor capitán; qué mal alma tuvo a.
quel que lo mató! Mi señora doña Carmen, que

n

97

habló con el niño Carmelo, poco antes de morir,
debe saber el nombre del asesino, y nunca nos
lo ha dicho.
Insúa se babia puesto intensamente pálido; la
mujer que contaba aquellas cosas, tenía los ojos
bajos, llenos de lágrimas, y no lo vió; pero Laura, a quien había intrigado siempre aquel miste~
rio, sintió .un agudo dolor en el alma, pues adivinó en el gesto del hombre que palidecía, la
p~gina sangrienta de aquella vida.
-Oh, Dios mío !-exclamó apretándose el corazón.
•
Magdalena se levantó, llamada por la señora,
y el capitán Insúa que oyó el suspiro de la joven,
se le acercó.
-Laura ! ¿ qué tiene?
Días antes, él, ganado poco a poco, por la suave y serena belleza de ella, le confesó que la a.
maba, y ella, simple en sus actos y en sus pensamientos, le declaró lo mismo, con toda la vehemencia de su alma virgen. Convinieron en que
él la pediría a su madre una vez que estuviera
fuerte y pudiera irse, y que cuando se casaran,
renunciaría él a sus locuras revolucionarias.
El único temor que asaltaba al capitán Insúa
era de que algún día, la noticia de que él mató
al hermano de Laura, p_udiera destruir aquel
amor que era ya toda su dicha.
.
Alguna vez sospechó que la madre lo sabí11 y

"

�98

•
.1

•

OOLBOOIÓN A.RIEL

EL SECRETO •• ••

esqu!v~ba su compañía; pero la bospitalid'ad y
el afecto de que lo rodeaban deshizo sus temores y lo confirmó en el propósito de guardar su
terrible secreto.
Esa noche Laura pensó que la muerte sería
menos triste que su vida. ¿ Qué iba a hacer ahora
que tenía la intuición de que la sangre de su
hermano la separaba como un río del hombre
que era su dueño ?
Su amor triunfó y también a ella le impuso el
secreto. Si lograba esconder en el fondo de su
conciencia a quel descubrimiento que había revelado a sus ojos con una luz despiadada la vida de él, y lo ocultaba de tal ffia1;era que ni él
llegara a saber que ella sabfa, ni su madre sospechara quién fué el que mató al hijo que lloraóa, ¿porqué no había de pode"r amarle aún y .
ser su esposa ?
•
En su alma sencilla, el problema quedó resuelto, Y al día siguiente, como si tuviese temores
de que sus ilusiones puciieran destruirse r ~aó a
'
&lt;&gt;
su novio que hablara con su madre.
•
El capitán Insúa, que había pasado también
una noc!ie de angustias , temblando por su secreto, comprendió entonces que Laura na da había
sospechado, y habló con la madte.
Y doña Ca rmen de B~rja tuvo a su vez que tepri.
mirlos latidos tumultuosos de su cora zón, que protestaba contra aquel amor imposible que le evoca-

•

99

ha la escena en que su hijo ensangrentado y moribundo le contó cómo había hallado la muerte.
Pero se jugaba la dicha de su hija, a la que no
podía condenar a compartir su sombría soledad,
y puesto que aquel secreto era suyo sólo, y podía
guardarlo para siempre, pues el mismo matador
parecía ignorar el nombre de su víctima, ahogó
su venganza y otorgó el permiso.

IV
Los tres, defendiendo el mismo secreto, quedaron así atados al recuerdo del muerto, y "la
casa de los eucaliptus" pareció tornarse más
misteriosa, entre la obscura faja de árboles que
gemían al viento.
A veces en las tardes serenas, los tres se reunían a conversar en la galería que daba hacia el
riacho, pero cruzaban algunas palabras y se quedaban callados, sin que ninguno de ellos pudiera explicarse aquellos inevitables silencios.
Sólo Magdalena, la criada, como un perro fiel
rondando el misterio parecía olfatearlo, y sus
ojos enconados por la tristeza, declaraban a to·aas horas, a los tres tácitos cómplices, que si ella
hubiera sabido, nunca habría perdonado.
G. MARTINEZ ZUVIRIA
(La Nota. Buenos Aires . )

�101

Las ciencias naturales en la escuela primaria
L,rales
dificultad de enseñar las' Ciencias Natues mayor en las escuelas de EnseA

ñanza Secunda!ia que e~ las _tJniversidades, y
en las de Ensenanza Pnmana mayor que en
las de Enseñanza Secundaria.
La dificultad de enseñar aumenta en sentido inverso al grado de enseñanza. La razón
es la siguiente:
En cada ciencia natural el material acumulado ~s tan enorme que la tarea principal y
no fácil del profesor es la selección de lo más
~ecesario, lo _más importante para la •ensenanza inmediata.
Es natur~l qu~ esta selección difícil para un
profesor umvers1tario, sea más difícil para el
profosor de enseñanza secundaria y primaria.
Tal vez en la prlictica no haya tal dificultad
porque la preparación del profesor de ense~anza .s•cundnria y primaria es generhlmente
msufic1ente y In selecei6n se hace fácil porque
el caudal d~ conocimientos no es muy grande.
La sclecc16n d~be ser más severa, más pensada, y hecha con más arte y ciencia en las
escuelas primarias y secundarias que en las
escuelas de enseñanza superior.
Y la causa es que interviene un factor nue-

LAB CI'INCIAS NATURALES ••••

vo: el alma del niño, su capacidad mental, sus
inclinaciones, los defectos y las ventajas de
su entendimiento, a los que el profesor debe
atenerse si quiere enseñar bien. El profesor
univ.ersitario no tiene esta tarea ante sí: para
él lo más conveniente es considerar al estudiante como un ciudadano que viene a apren· ·
der, que sabe lo que quiere y lo que debe, que
esalumnohov v seráamigo detareasmañana.
y para ·poder hacer esta selección con arte
y con ciencia el profesor de enseñanza primaria debe tener un caudal de conocimiento mayor que el profesor de enseñanza universitaria, y en la escuela del porvenir, donde los
intereses materiales no intervendrán tanto
como hoy en los problemas ele enseñanza, el
niño tendrá al profesor más reconocido, más
célebre, más sabio.
La enseñanza de las Ciencias Naturales en
la escuela primaria es por lo tanto una tarea
muy grave y las dificultades son tan "grand.es
, que es permitido preguntarse: tal vez conviene prescindir de esta tarea, pues si.el niño saldrá de la escuela con ideas falsas, perderá el
interés, el amor hacia la ciencia_ y en lo futuro aprendería sólo mecánicamente.
Ante todo es evidente el dilema: ¿qul: se elebe enseñar al niño? ¿El conocimiento de los
hechos de que tratan las ciencias naturales o
del cemento que une estos hechos, de las ideas
en que la totalidad forman la concepción del
mundo?

�:':,)

Ro hay ~11df que :,a de 1111a edad muy _ .
prana el níll.o debe apreadtt 1111 gran n6mao
de hrchoe, que ee refieren a la vida que Je m,.
dea, y por la capacidad de nmemoria ae Pfflt'
ta apto para apttnderlos, pero loe hechoe JlOi'
• al eolos no p~tan el saber y aislados
cerebro del ,milo quedarán pronto borradoil
¡,or nueva■ tmprmioaee y por eeta economla
de!• memori~ que ae resiste a guardar ma•
tcrial pa~o 1111 orden y eia ' cieacia · ee aabido qae el aillo olvida pronto lo qu~ apnmde
pronto.
Be paee neceearlo hacer ua srlecci6a en~
loe. hechos qae ee eneellan al nillo. ,¿Y coa qaf
gatane en ~ta aelecci6n? A ªª!litro modo del
ver 1.a ee~6n de loe hechoe del dominio de
Ju c1e11C!a• nata_ralee que ae eaeeiian al nillo
debe venficane aJastándoee a la .t tgla eiguieate: aquellos hechos qae demr,estran..-e /a aa.
turale.l'll es bella, qrtedartúJ grabados en la
memoria.:y-alma del niño.
• Paedé parecer aua paradoja: al aillo hay
que eneellarle la filosoffa de fas cienciae natural~, hay q_ae principiar con ellos donde
term!ºª el sabio. La vida no me,-rfa eer yj.
da, d1~ Henry Poiacaré, al terminar lllia vida
· Jabonosa y fecunda, si no fuera bella
BI nillo recibirá con mlls facilidad ~na imagen que una descripci6a de un hecho cualquiera, ae!'- muy exacta, muy verfdica y recibir4
eealmta 1ma~ coa c~riild, ai ea bella', porque el
a del níll.o ee emtfttea y flo aaalftica 1

en•

,

•

lo taufo ~ m'8 apta para 188 idea• de la
teai• y no del análiaie.
,))e laa impresione de . Jo bello vendri el c!'-·
• 0 y el am.or hacia ,e} an}vet'so, siempre m•
OIIO, y hacia las CtCIIClaB Natar!'les 9ue ae
iífan2:an por penetrar en ■na m1stenos, aArselos y apropiarse de ellos. •
Bien y en los dominios de las Cienctas Nata•
( ~. g. en minera logia y geolog{!' que son
aeatra
eepecialidad) hay matenal de eo11
"li,a para demostrar que la aataral~ ~ be,U., merece eer vivida, pensada y admirada.
Bl cristal con sua periecta~ formas geomé~ . CQD •n• col&lt;!re9 ll!ªgn(6cos, an verda•
ttero pñncipe del re100 m10eral, que_ como loe
pñnctpes necetiÍta condicion~ yecaharee para
desarrollo, libertad y eepacto ante todo,Bl -C(ietal que, nace, crece y maere y vtve
m'8 que millares de generaciones_ha~!'-1;1ªª; ':1'!ª
simple roca, un grano ·de gramto Vle,JO, VICJO 1
de 111111 v,jcz incalculable, qae ae destt'll:,e porel asna, por el viento, por el hielo Y. dest!"'·
:,&amp;doee forma una roca pucva _qnc ta'!1~1én
-rivirA para ser destruida y as{ BID fin, sv;1vir.y
morir, morir y vivir. Una montaña a)ta, ma·
~osa, inaccesible_, capaz de ~ugenr hasta
~ miedo en la imaginact6n ~1 mño, la moa- .
talla que crece, five y muere; el rio_ q~e COI!
una fuerza poderosa transporta mtllares de
toneladas de mineral desde la montAña hasta
loe vallee y el mar; el reino de fño ~pe~uo, '
de nieve penitente, de montañas de hielo que ,

.us

�t

104

OOLEOOION ARl&amp;L

se mueven lentamente hacia los valles para
alimentar los campos del labriego, o destruirlos si f!e les antoja; el rayo de sol que deshace
las piedras, y el· sordo ruido en la montaña
de las piedras desprendidas que llaman en la
imagen de los mineros, niños también, espectros de magos buenos y malos¡ el fósil, el resto de un ser ·orgánico que ha vivido millones
de años atrás y cuya imagen petrificada podemos contemplar, y mil hechos más, explicados al niño en una forma debida, tendrán el
efecto de que ya hemos hablado: despertar en
el alma del niño el amor y el interés hacia las
Ciencias Naturales.
La sabiduría fría, exacta, puntual, vendrá
después.
Enseñar al niño consideramos un arte, y el
maestro ·debería tener como tarea principal
amalgamar el arte con la ciencia.
MOISES CA!'.TOR
('Rmsl.z tú F,/4sojia . Buenos Aires).

El Putntt dt los suspiros
D e JIOOD

.Otra otra infortunada
'Ya
'
..'
cansada
de vivir.
Importuna despechada_
Que po,. fin logr6 morir.
Re;ogedla con. ~landura,
Con gentil solicitl,(cl.
. Cuá» delgada! Sri figura
~uenta aún su desventura,
Su belleza•y j uventud.
Co11;0 al niño los pafiales,
Como lienzos fun erales .
Se le adhiere el casto_traJe,
Do aún gotea el o[ea;e
Del naufragio del clo~-0~.
¡Recogedla sin ulfraJe.
¡Recogedla con amvrl
.Ni una burla ni un agravio . '
'Le hagan mente, o tacto, o labio. \
Pensad de ella como hermanos,
Como débiles humaMs;

•

�106

OOLl!IOOJÓN

.1.arxr.

Pensad sólo en sus -an!]UBtias
Y sus manchas ol11idad.
t Qué hay en esas forma,s mustias
Que no implore caridad1

t Quién 81'8 padres noa ·diria1

No hagáis honda, cruel pesquisa
Del conflicto que insumisa
La encontró con el deber;
Ya la muerte en su torrente
Llevó el fango. y solamente
Queda el oro de su sér

I Ah, en ,,z mund~ cuánto es rara
La cristiana caridad!
I Oh gran lástima! ¡oh avara
Inhumana humanidad l
¡ Que a 14 na víctima i~fensa
Falte hogar en esta ,nmens~
Babilónica ciudad!

.. Sus errores, sus deslices
¡ Son de tántas infelices
Hijas de Eva! . ... Su cgntagi4

Desvalida la encontró.
Por la herencia que nos toca
Enjugad en esa boca •
~ espumas del naufragio ... ..
Trago acerbo, 1pero el último •
Que el amor l,e prestJntó.
¡ Ricos era1i sus cabellos!
Componed/os cual solía
Cuando, mísera, esperaba
Y creía en el amor.
¡Ah! decidnos. gaj"os bellos,
¡,Dó está el peine que os peinaba1
,Dó el. humikl,e toca_dor1

107

SL pumrr&amp; DB L08 BUSPIBOB

, Tuvo 'hermana, tuvo 1iermano1
i o uno aca.so más cercano
y más caro todavía1

I Ya no hay padres. no hay hertnanos1
t Ya no hay vínculos hu~anos1
¡Beina, pues, la indiferencia
y el amor se deaterró1.
.
l y aun la santa Providencta
Á su grey desamparó1
Desde aquí tal vez la mísera
Al nocturno cierzo impío,
•
Recorría tántaa lárnpdras
Que .-eflej" anc°h? rí?,
y la tibia lus de innun_ieras
Galerlas y ventanas
.
Qtu3 pintaban en su _e11píritu,
Tras de velos y persia~a~,
Cada cual la paz Y el Júbilo
De un amor y de un 00.gar,·

el

•

�J08

OOLBOCIÓl'I' 4AUL

~fiettt~as ella, aislada y huérfl¡na
.no t~nia más gue lágrimas
'
Y ni dónde ir a llorar!
Y la endeble criatura
Tiritaba de hambre y frw
No de liistérica pavura '
Al mirar de tánta altur~
Relumbrar siniestro el

rio.

Ya palpaba los dolores
No sus duendes !/ terrO:.es.
Ya sab{a el cuento serio ,•
Que la vida le ensBñó.
y tentábale el misterio
Que la fácil muerte esconde.
El transporte de lanzarae ,
De ex~ialarse sn un segur:ao
:ara ir . ... ¡qué importa a dónde1
'yFuera? Juera de este mundo{
.
esa idea devolvió
Á su labio la sonrisa.
Dióse prisa y se lanz6.
Y en, alegre libertino
mirarte en esta dscena
·Que ameniza tu camino
Por el Támesis o el Sena.
Á.

109

'SL PVD'd DS t.08 817BPIBOII

Ven, recoge tus lawreles,
Y regálate cual sueles
En el baño y el festín.
¡ Brinda y bebe sin espanto
De esa espuma y sangre y llanto
Con que riegas tu jardín !

Recogedla con blandura,
Con gentil solicitud.
¡ Cuán delgada! Su figura
Cuenta aún su desventura,
Su belleza y juventud.
Componed sus miembros frígid-Os
Con esmero casto y pulcro
Antes, antes de que rígidos
Se revelen al sepulcro,
Y que al menos en s·u fosa
Paz y abrigo se les dé.
Y cerradle li,égo, luégo,
Esos ojos ya sin fuego, ·
Que parecen los de un ciego
Que nos mira y no 110s ve;
Porque alli quedó clavada
Sólo esa últimci mirada
Con que ansiosa y acosada
A abrazar la muerte/ué.

--

�110

•

OOL'&amp;ootÓN A.RIEL

, I Triste fin de una existencia
Aun más triste! En su demencia
La empujaron al abismo
La crueldad del egoísmo
Y la afrenta de su error.
Débil fue, mas no inocente.
Cruzad, pues, humildemente
Sus do~ manos sobre el pecho.
Cf!al s_i orara sin despecho
· Silenciosa y reverente .
/ Y delito y delincuenÍe
Dejad ambos al Señor!

Bolíoar, gutrrtro

•

guerrero pocos han luchado como
Bolívar y por tánto tiempo y con enemigos tan poderosos y disciplinados ~amo !o_s
que España le puso delante. Orgamzó y d1r1gió once campañas, desde la del Magdalena,
. en Nmeva Granada, en l.812, hasta la del Perú
en l.824 y 1825, y mandó en Jefe treinta y siete batallas campales, entre las que figuran las
dos de Carabobo, la de Araure, las de Boyacá y Bomboná, y, finalmente, la de Junín. Como guerrero, por otro aspecto, Bollvar es único, y apenas si pueden señalarse semejanzas
más o menos acordes con el escenario y la época en que actuó.
La disciplina y la aud¡,cia triunfan con Alejandro en los antiguos ~iempos. Las tres batallas que le abrieron el Asia fueron decididas
por las falanges macedónicas qne él mismo
mandaba y que arrojaba sobre masas estúpidas y confusas. En el Gránico y Arbelas vence
él con Grecia sobre Persia, la civilización sobre
la barbarie, la libertad occidentalsobre el despotismo de Oriente, pero el siglo de Alejandro
fue para Grecia el suntuoso y triste crepúsculo

C

RAFAEL POMBO
( El Marconigrama. Londres).

r

(í)

OMO

(1) Capitulo de: un libro inédito.

�113

112

COLEOCIÓN ARTEL

que precede a! oca~o del sol. Nadie le ha igu.alado en glona, nmguno en belleza heroica.
Aristóxenes refiere en sus Memorias que su
cnerpo exhalaba grato aroma; que manaba
de su boca y de toda su persona un olor delicioso 9u~ _Perfumaba sus vestidos. Sus ojos
eran v1v1s1mos, agrega Plutarco, llevaba el
cuello ligeramente inclinado hacia el hombro
izquierdo, y su tez era muy blanca y esa blancura tomaba el tinte de la rosa en el rostro y
en el pecho. Llevaba consigo la Ilíada, considerándola como el oráculo del arte militarpor la nochelaguardaba bajo su cabecera co~
su espada. Llegado a Troya, subió al templo
de ~inerva e hizo un sacrificio a la diosa y libaciones a los héroes; regó con aceite y colocó una corona sobre la tumba de Aquiles. Su
pasión fue la gloria, la fama su fin. Ser aplaudido y coronadó de rosas en Atenas hé ahí el
ideal de sus conquistas; mas no tr~spuestos
aún los umbrales de la juventud, embriagado
con las delicias de OrieEte, cubierto de laureles
fallece, como había nacido, porfirogénito, en-'
tre la P?rpu_ra y el vino. Nadie le ha igualado
en gloria, ninguno en belleza heroica por eso
decía Chateaubriand que es el hombr~ que más
se ha asemejado a los dioses inmortales!
Aníbal fue el primer militar que mostró dotes estratégicas, ,y, según Napoleón, no tuvo
par en la antigüedad. El, colocando la infantería en el centro, la caballería en las alas y al
frente la artillería, inventó el orden de batalla

que en las más tormentosas épocas del mundo
fué la cartilla de los guerreros, la de Gustavo
Adolfo, Condé, Turena y el gran Federico. Su
vida ~ué la más vasta, la más grande, la más
enérgica del mundo. A los nueve años ciñe la
espada y jura venganza en el altar de sus padres. Increíblemente audaz para correr hacia
el peligro y maravillosamente prudente en él,
nos_ ~ice Tito 1;,ivio; infatigable de cuerpo y de
espmtu, dorm,a sobre elsuelo,cubierto con su
capa; frugal, sufrido, descuidado en el vestir
se le distinguía sólo por sus armas y sus caba'.
llos; era el primero en llegar al combate y el
último en retirarse. Con una tropa de ;alva¡es, ~I decir de Polibio, escala los Alpes cuando
la m~ve cubre las montañas, y, desde su cima,
reamma los corazones de sus soldados most~ándoles con e! de~o las fértiles llanuras que
nega el Po, los ¡ardmes de Italia y la campiña
r~mana. Acampa en los pingües campos del
P,amonte, avanza sobre Turín, sobre Milán·
vence al enemigo en las orillas del Te~in des'.
pués en las del Trebia; franquea los Ape~inos
y los pantanos del Arno; desbarata al Cónsul
Flaminio en el lago de Trasimene· costea el
A_driático, desciende hacia Apulia: y, describiendo un semicírculo, se cierne, como un águila sobre su ~resa, so~re Roma. En Canoas parece sucumbir para s1empre el valor latino y
Anibal, ebrio de triunfos, se entrega a las d~licias de Capua, mas para luchar aún catorce
años, para desplegar todo el poder de su ge-

�114

OOLJ:OOI6N AltllL

:BOLÍVAR, GUERREt!O

nio, para marchar, correr, volar de ciudad en
ciudad, de confin en confin, para caer y levantarse y escapar y aparecer, como el Terror, ante Roma. Su fin fue la libertad de su patria, y
el odio inmisericorde a los enemigos de ella, el
resorte de su acción. Traicionado y perseguido, después de cincuenta años de brega, cuando ya no puede luchar más, toma el veneno y
muere por una causa santa; la más santa de
todas, la resistencia contra el usurpador extranjero.
El genio guerrero de Julio César se mostró
en el arte de acampar, asaltar y fortificarse
contra los ataques de los bárbaros. En menos
de diez años que ha durado su guerra en las
Galias, dice Plutarco, ha tomado por asalto
más de ochocientas ciudades, sometido trescientas naciones diferentes y combatido, en
batallas campales, contra tres millones de
enemigos. Es el mortal más completo que ha
vivido jamás. Tuvo todas las seducciones humanas: era fuerte, bravo, arrogante, elocuente,
noble, pródigo, elegante, hermoso; vencedor de
Grecia, respetó sus glorias y dió libertad a los
vencidos de Farsalia, diciéndoles: "os salvan
vuestros grandes muertos"; vencedor en Alesia, la destruye, la arrasa en sus cimientos, y
unce Vercingétoris a su carro triunfal. Tuvo
todas las virtudes y todos los vicios: gran político,gran orador, gran guerrero, gran escritor, gran seductor, y todo sin escrúpulos; fué s~
pensamiento triunfar y dominar sobre todos

y conquistar a Roma, su patria, que había conquistado el mundo. Mas, cuando sueña en ensanchar aún las fronteras del imperio; vengar
a Craso sobre los partos; domar los dacios y
getas y agregar a sus hazañas las de Alejandro, regresando de las márgenes del Indo circundado de gloria inmarcesible, César, como
una bestia feroz acorralada por los cazadores,
se debate en elSenado,entre los puñales de sus
amigos, hasta caer cubierta la cabeza con su
toga, al pie de la estatua de Pompeyo!
Federico, el grande, descubrió el arte de emplear las armas: infantería, caballería, artilleria, según las condiciones del terreno. En Leuthen, batalla que Napoleón llamó su obra
maestra, dió grande importancia a la infante•
ría, provista ya del fusil de bayoneta, inventada por Vauban, el primer ingeniero de su
tiempo, quien por tal reforma fue el verdadero
fundador de la táctica moderna. Pensaba que
la mejor defensiva era la ofensiva, y a su tenacidad en las retiradas y actividad en las victorias, sus más heroicas virtudes, debió el hacer frente durante siete años a una coalición
de naciones: Francia, Austria, Rusia. Guerrero extraordinario, genial administrador, fundó la grandeza de Alemania; político escéptico,
preparó la descuartización de Polonia; filósofo impío; elegante escritor francés; comentador de Maquiavelo y Montesquieu en sus
ocios de Sans-Souci; clásico historiador; poeta aun en los campos de batalla; amigo de to-

115

�11&amp;

OOLBOOIÓN ARIEL

BOLÍVAR, GUURBRO

do lo grande y todo lo bello, y amigo de Voltaire!
Napoleón dió importancia capital a la topografía y al estudio minucioso y científico de
los mapas, esto es, aplicó las matemáticas a
la guerra. "El terre_n o es el tablero de un general, decía; su buena o mala elección decide de
su talen to". Fue maestro consumado en la dirección de los movimientos generales, en los
planes de campaña y en el arte de escoger el
punto propicio para herir y de buscar, para
vencer, un aliado en el terreno y un presagio
seguro en la superioridad de la fuerza. "Calculaba bien, marchaba con celeridad, y la fortuna hacía el resto." Prefería a las grandes y
pesadas masas de combatientes, los pequeños
y ágiles ejércitos que movilizaba y hacía maniobrar como fichas de ajedrez: "No es el
gran número, conversaba en Santa Elena, el
que proporciona la victoria. Alejandro derrotó trescientos mil persas con veinte mil macedonios. Los planes más audaces fueron siempre los que mejor me salieron".
Napoleón fué también legislador y, a su pesar, propagandista de la revolución: ''He dado un código a Francia que sobrevivirá a los
demás monumentos de mi poder"; dió al mundo portentosa lección de energía, que guarda
in taeta, como preciosa herenéia, el pueblo francés; pero guerrero ante todo y sobre todo llevó el arte de la guerra a su perfección y dió la
última mano al gran cuadro heroico de la bis-

toria, prestándole una sublimidad cuasi divina que no podrán ajar los siglos. Su quimera
imperial ha devorado, entre 1804 y 1815,
más de u a millón setecientos mil franceses, a
los cuales hay que agregar dos millones de
hombres extranjeros, muertos a título de aliados o de enemigos. "Sólo tres bellos días cuen•
to en mi vida, decía: Marengo, Austerlitz y Jena". ¡Cuánta gloria en tres palabras!
Bolívar, sin inventar nada, reunió asombrosamente casi todas las pujanzas y virtudes de
sus predecesores. En Junín, Carabobo y Bomboná mostró el arrojo olímpico de Alejan•
dro; en la campaña de Boyacá fué un nuevo
Aníbal, más grande por haber vencido más
grandes obstáculos; tuvo la seducción, la elocuencia, el estilo, las debilidades y el genio
pasmosamente múltiple de César; el talento,
el buen gusto, la actividad. la constancia, el
rictus de impiedad del gran Federico; la visión
aquilina y la rápida y segura ejecución de Bonaparte, y, más que todo, la audacia, la f.érrea
voluntad, el sublime coraje, el sublime rencor
y el sublime ideal de Aníbal. Como él, Bolívar
lucha no sólo con los hombres sino también
con los elementos: "Si la naturaleza se opone
a nuestros designios, exclama entre las ruinas
de un terremoto, lucharemos contra ella y la
someteremos"; corno él, lo guía una divina
venganza, la más digna de las pasiones humanas, contra el brutal español y h.do lo que él
significa de fanatismo, superstición y tiranía:

117

.'

�118

COLECCIÓN ARIEL

BOLÍVAR,GUERRERO

"Diga usted a su rey y a su nación, le dice al
gobernador de Carta gen a que le proponía tratados de paz en nombre de Fernando VII que
el pueblo de Coloro bia está resuelto a
batir por siglos y siglos contra los españoles,
contra todos los hombres, y aun contra los
inmortales, si .éstos toman parte en la causa
de España"; recorre más espacio en América
que los T~me!-Janes y ~engiskanes en Asia; escala con e3ércitos salva3es las más altas montañas, acampa en los más inclementes desiertos y vadea los mayores ríos. En todas lascosas se ha instruido no por la especulación sino
por la práctica, y como Napoleón que se jactaba de que nada había en la guerra que no
pudiera hacer él mismo: "Si no hay nadie que
haga pólvora, yo sé fabricarla; sé construir
cureñas, sé fundir cañones", Bolívar era competente para todas las faenas, desde las más
elev_adas: estrategia, diplomacia, legislación,
hac!enda, hasta las más bajas y manuales, pero importantes para el éxito de la guerra.
Véase, si no, aquella célebre carta, escrita en
vísperas de Junín, en la cual daba minuciosas
instrucciones a sus intendentes y proveedores
sobi:e los potreros, pastos, aguas que debían
servi~ ~ara engordar las caballerías que iban
a dec1d1r la gran batalla; sobre la calidad espesor, dimensiones de las herraduras, cla~os
etc. Ante los asombrosos éxitos alcanzados
puede afirmuse, pues, sin vacilar, que todas
las órdenes, instrucciones, ordenanzas, decre-

co:n

.

119

tos del Libertador, fueron obras maestras de
previsión, de buen juicio, de tino, de genial
competencia.
Tenaz, cítiico, calculador, astuto, fecundo,
terrible, colérico, indolente, enamorado, cruel,
todo como et cartaginés, murió como .él en la
tristez~ y la desolación, pero _más afo_rtunado,
viendo vencidos a sus enemigos y hbre a su
patria. Sabio legislador, pero mal político, lo
mismo que Napoleón, no tuvo como él la ambición de Alejandro y de César, la de los conquistadores que aspiran a dominar y reinar
en una patria engrandecida por ellos. Aníbal
y Bolívar fueron héroes y !Dártires de la l~bertad y del derecho. Todos tienen sobre el Libertador es cierto, la excelsitud y esplendidez del
escen~rio yla maravillosa pátina de los siglos.
CORNELIO HISPANO
1916.

(Revista Moderna. Bogotá.)

�OONSIDERAOIONP::• SOBRE "DON .TUAN

consiaeraciones sobre "Don Juan"

CON

la visita a las tumbas de este gris no·
viembre, de nostalgias y esplines, llega todos los años la evocación de aquel simpático
descarado por quien las tumbas se poblaron, el
''gallardo Y calavera" Don Juan del alma mia.
Cinco teatros de Madrid representan el drama
de Zorrilla ante una sala llena. Enrique Borrás,
el prestigioso actor y el más ilustre tenorio de
este año, es un Don Juán mitigado pero admirable. ¿ Confesaré que me place la obra entrañablemente? Sonreiré por supuesto de algunos
"ángeles" o "palomas de amor'', sonreiré cuan~~- la metáfora adulzorada y sevillana tiene prohJ1dades de arabesco. Nuestro realismo minu.
cioso admite difícilmente espectros y ánimas en
• pena. Pero en conjunto "Donjuan" deja en nosotros la resonancia de un drama de Calderón.
"La vida es amor ...... " y sueño a ratos.
. Parece un acto sacramental, una tragedia mfs.
t1ca._El gran conflicto escolástico de los siglos
medios entre la predestinación y la libertad
aquí se resuelve de la más simpática y español¡
manera. ''Está de Dios" que Don Juan se salve.

11

121

Se respetará, sin embargo, su libertad, su albedrlo, pero, mostrándole en una fantasmagoría la
muerte próxima, se le invita eficazmente al acto
de contrición. Es un ºacomodo con el cielo'',
uno de esos santos tartufismos que inventara a
menudo la caridad peninsular y sobre todo la
andaluza. Triunfan la gracia santificante y la
voluntad de una mujer.
No olvidéis que estamos en la tierra de Maria
Santísima. Y es una delegada suya, una de esas
p:Uidas y meladas sevillanas de Murillo, la que
llega del otro mundo a rescatar el alma del amador. ¡ Cúal tarea más santa y cuál rescate
más profano 1 El pecador no sabe si se convierte o ama, la religión y el amor se asocian, la ruta
al cielo se transforma en un viaje de novios.
Pero hay muchos otros "españolismos" que
voy notando al pasar pára comprender el éxito
asombroso de este drama. Todo es innegablemente español aqui. Lo es la arrogancia fanfarrona con las mujeres. ~1irad en la calle el de~
senfado con que la requiere de amores el más
hampón transeunte. Recordad la facilidad con
que Don Quijote, a pesar de eu mala catadura y
su fino entendimiento cree y razona el amor
rendido de Altisidora. Es española-leed cartas
de novela popular y los "avisos" amatorios de
los periódicos-este intelecto de amor flo•rido,
este arábigo lujo de tropos con que se adorna

�122

OONSIDER.A.CIONES SO:SRE "DON JUAN"

OOLEOOIÓN ARllCL

aquí la frase apasionada. Y la aventura .donjuanesca, la conquista por la conquista más que por
la presa, el afán sin tregua ni término, están
delatando la voluntad antigua de Teresa 1 de
Quijote, de Ignacio. ¿ No es idéntico tesón con
objetos diversos? Un corazón, el cielo, la ínsula,
Dulcinea, doña Inés, todo es semejante .blanco
para la puntería de estas almas certeras y aceleradas. Esa misma recomendación devota, esa
idea del Cielo como un concurso en donde amistades Y compadrazgos pueden aprobar o suspender al postulante, ¿ no la hemos compartido todos, cuando creíamos? Y en fin, las vacilaciones
de Don Juan en el cementerio y en el banquete,
su brusca duda sobre la realidad del mundopor donde Calderón se acerca a la filosofía alemana-¿ no fué siempre como en tan castiza a ventura de Segismundo, el minuto de fatiga en el
esforzado, el minuto en que el árabe soñador
suplanta al capitán de tercios de matarifes?
Es español nuestro héroe, pero es también universal. ¿ Quién no lleva un Don Juan adentro?
Un Don Juan que no siempre puede salir a luz
pero sueña, por lo menos, en ver rendidas a todas ~as mujeres. El Tenorio es nuestro mal pensamiento, nuestro querido mal pensamiento de
los veinte años. Los tuvo siempre este hombre
Y fué tal vez su tragedia. La nuestra es no tenerlos sino una vez. Envejecemos. A la pereza de
I

123

corazón le llamamos fidelidad, y al miedo a la
aventura "sentar la cabeza". Pero con melancolía sedentaria miramos a los divinos nómades
del amor para quienes tiene un sentido terrible
la palabra eterno.
.•
Fué el resquemor de Don Juan. 1Canno ete~no ! ¿ Existe acaso? Cuantos han amado os dirán si son sinceros, que se disipa luego, por lo
me~os, la dulzura del primer diálogo Y la virginal torpeza del beso. Amarse e~ pronto una costumbre y un confort. No mudamos muchas veces de mujer ni de domicilio, por no desordenar
algunos pensamientos y algunos libros.
Pero allf en cualquiera esquina, emboscada
nos espera Ía mujer ideal-ideal porque es distinta, encantado.ra porque el hálito no la ha
desprestigiado aún. Si la aceptamos, pasará luego este minuto como los otros. En van~ los poetas, urgentemente cordiales, están urdiendo halos morosos para la pasajera santidad del amo~.
Toda la lírica no ha sido sino un reproche al cariño que se disipa, que no pued~ menos q~e disiparse. ¡ Pólvora en salvas I Qutzá no extste la Elegida, la única. No siempre fué mala ventur~
si no le dimos a Dulcinea tan soñado entendimiento de hermosura que en ninguna venta del
mundo la ·hallaremos. No me extraña que un
gran poeta haya tenido por compañera de su
vida a una cocinera. Si no llega la que no pue-

�12'

OOLEOOIÓN A.RIEL

de venir, ¡ qué más dan fregonas o marquesas 1
Vamos tropezando por supuesto con lo que
Schopenhauer llamaría las emboscadas de la es.
pecie. Esta mujer que pasa, es precisamente y
con urgencia, la felicidad. Sigámosla, abandonemos todo para seguirla hasta la esquina en
donde la trocaremos por cualquiera otra. La
primavera pérfida colabora a estos altos de gala
. ~n el camino. Todos hemos sentido en esos peligrosos días tibios, macerada el alma en ternuras, la necesidad de balbucear sandeces o penas .-viejas. HLJoró sobre mi chaleco", dice la burla
de Francia. ¿ Sobre cuántas blusas que pasan
vamos a hacer lo mismo ? Instalaríamos en un
pisito discreto a cada mujer y si nos niegan la
golosina, somos capaces de no dormir selún el
código r?mántico.
·
¡: ¡ •

¿ Compa~tió Don Juan tales ansias? Lo ante~or _me parece expresar precisamente "lo que no
smt1ó Don Juan". Tuvp demasiada salud espiritual para hacer el ridículo como Alfredo de Musset en Venecia. Estaba en primavera siempre.
Si quisiéramos valernos del manoseado mito
g~ego, diríamos que la flecha de este 1&lt;rquero
e¡emplar, iba directa al blanco. Era el halcón
de las monterías viriles y no esta golondrina nostálgica de aleros en que ha venido a -simbolizarse_ nuestr_o va~il_ante y ~barde amor. Mi amigo
G1ovannt Papm1, el admirable florentino, escri-

CONSIDERACIONES SOBRI.

11

D0N JUAN"

125

bió un cuento:" El hombre que no pu d o amar " .
Era Don Juan. Estoy de acuerdo si reputamos
al amor como un abandono, como una entrega.
y Don Juan no se ha entregado nunca. Le gus·
ta hojear mujeres. Es un precoz aficionado al
"reman psychologique" de cada vida. Le suponemos ahora como un Sthendal curioso infinitamente. No dirá, como los vulgares amadores,
que todas las mujeres son iguales. Sabrá ~iscernir en cada cu31 gracia y modales sm dupltcado.
Y concebimos que pueda sentir, al envejecer,
la melancol!a del químico moribundo sin haber
agotado las experiencias. Por este resquicio tiene cabida la mfstica. ¡ Miseria I No podemos acaparar todos los éxitos. Mil y tres dicen que
fueron los suyos. Pero hay millones de enamoradas probables. Y ante la melancolía de esta parquedad, excuso que un espíritu delicado vaya a
la iglesia para emplear su amor sobrante. Ya,
por lo demás, el amor a Inés significa 1~ fatiga
de Don Juan. Dice que ama en ella la virtud y
esto infiere vejez. Para los paladares estragadós
fué siempre condimento la pureza. Pero el buen
apetito de Casanova acepta todo, monja u horizontal, sin preferencias.
Se ha enmohecido la veleta. Desde entonces
ya no nos interesa o nos seduce de otro modo.
Nietszche hubiera seguido en este Juan amortiguado, la trepadora floración de la "mala con·

�. ."
&lt;;1~nc1a .

00LEOOI6N A.'Ril!!t

Considerado como 1
ic1smo en un alm f
a lucha del cato.
a uerte el d
Y se eterniza Don J '
rama se profundiT
·
uan es I · •
al vez prolonga la selvát·
. e mstinto joven.
bárbaro. Me lo figur
tea tndependencia del
.
o como un moz
. .
quien de pronto unos b b
o v1s1godo a
a llamar pecado s
dom re$ tristes le enseñan
uar orpáa•
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gunos años, retando hasta tco. e va a reir al.
un desacato pueril y
a las sombras en
exagerado
está dentro y el mo b
' pero el morbo
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..
N o me digáis que esr osól
l a remord1m1ento.
cala vera. Toda Esp - o e drama de un mozo
con una tristeza impanta destá aquí debatiéndose
ora a de s
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vez has vencido , Ga1·1
amana.¡ y otra
I eo !
Mas, combatiendo al am
do vida nueva a
orla Iglesia le ha daunque enfermiza Al h .
escarbarse la con .
.
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ab1tuar a
c1enc1a e
tente, abre el camino d l n e1 examen peni.
· morosa" que tanto combat· e a1 "delec t ación
1eron os te61rea dos veces el p
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J:Vgos. Se sabo.
eca o, al comet 1
1o. Además, el seduct
er o y al expiar.
·
or cobra el
..
ból1co
de Fausto M·
prest1g1o dia.
• 1entras má á d"
garita, más fácilmente la . ~ e n ida sea Mar.
convertir al pecad
l
m1s16n evangélica de
- I
or, a entrega d
na nés vence al b
esarmada. Doca o, mas no 1 "d
galeote de amor está
o v1 amos que su
.
Porque no podemo ya. un poco neurastémco
•
s imagina
D
·
tenido en una ave t
r a on Juan de
n ura. Aquí
•
del personaje de la ti º6
. no hablamos sólo
cc1 n, sino del "h0
·
mme-a-

ª

OONSIDE'RA.Oio:iU:9 soiRE ' 1DON .TUA.N"

127

femmes" que todos hemos visto alguna vez. Pone su genio en su vida como Wilde. ¿ Concebimos a un novelista que no escribiera más novelas porque la postrera fué exqelente? En el amor
hay también una especie de producción constante, de genio creador. Tal vez ninguna gloria se
equipara a la del viviente drama en tres actos,
a la del sublime tríptico: la frescura matinal de
la primera escaramuza, la gloriosa certidumbre
de poseer y la crueldad del abandono. ¿ Crueldad? Don Juan no puede mirar atrás. Su error
es ayer y su obra de arte es mañana. Manón se- ría su amante ideal; pocas mujeres se llaman
así; las más Ofelia o Gretchen.
Gajes del oficio son las quejas de la mújer preterida, pero muy útiles para el seductor las je.
remiadas. Por cada Ofelia muerta, se duplica el
prestigio de Hamlet, Y está probado que cuando se quema una falena en la lámpara, acuden
parvadas al reclamo. En el amor al peligro ha
hallado un francés filósofo la mejor base de la
moral. En el mismo fundamento reposa el amor
de las mujeres. Cuando la señora de Bovary se
va a la cita con Rodolfo, su mayor deliquio es
pensar que el excelente Carlos podría despertarse y sorprenderla. Por lo demás, poco les importa llorar después. Para consolarlas siempre hay
iglesias iluminadas, la fantasmagoría del enam'.&gt;rado místico. Tienen allí eI asilo las in váli-

•

�OQt,BOOIÓN ABl~L

1 1

128

das de corazón que verán a Dios. Y es la más '
admirable contribución del catolicismo al amor, 1
la de haber ense!lado a las victimas de Don Juan .
que hay un sabor e~celso en las lágrimas.

\

VENTURA GARCIA CALDBRON
(El Ffpro , Habana .)

,

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                    <text>eolección 1\riel
AÑO XI -

VOL 111

1

'

SU:NI:ARIO
LORD SALISBU RV ... . •• ...
LUIS ARAQUISTAIN ... ... .

Las naciones n1orihundas

Europa y Am&lt;!rica
RAM!RO .DE MAEZTU ... . La verdadera originalidad
ER:--ESTO REHA:--1 •..••.... Pleg;1ria

.,

JOSE RODRIGI 'EZ CER~!A El milagro de los claveles
URBANEJ-\ ACHELPOHL Ji:! mejor disfraz
ARMANDO DO:--OSO . . . . •. Los grandes líricos alemanes

1

1

contemporáneos

A. :\I .\RGARIXOS C... ... . .

Hombro contra hombro

11

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Colección Rríel

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�tas nadonts moribundas
Fragmento de un famoso discurso &lt;k Lord Salislmry

rFodéis dividir, en términos generales, a
las naciones del mundo en vivas y morí=
hundas. Por una parte veis grandes países
de enorme poderío que van creciendo cada
año en potencia, en riqueza, en dominio, en
perfeccionamiento de su organización. Los
ferrocarriles les han dado la facultad de
concentrar en un punto la totalidad de la
jue_rza militar de su población y de reunir
ejércitos de una magnitud y de una poten=
cia nunca soñadas por las generaciones que
pasaron. La ciencia ha puesto en manos de
esos ejércitos armamentos cada vez más
poderosos en su eficacia destructora, y que,
por lo tanto aumentan el poderío- el terri=
ble poderío - 1 de los que tienen la fortuna de
poder emplearlos.
Junto a estas espléndidas organizacio•
nes cuya fuerza nada parece disminuir y

�4

COLECCIÓY A.RIEL

cuyas actuales aspiraciones para lo futuro
solo podrán resolverse mediante un arbitrio
sangr~ento1Junto a ellas1 hay cierto número
de sociedades a las que no puedo denominar
sino moribundas1 aunque el epíteto haya de
ª?Li~drseles, naturalmente1_en grados muy
distintos y en mity diversas medidas de a=
plicación cierta. Son principalmente sacie=
dades no cristianas1 pero siento decir que
no
todas estdn en tal casoI • en semeiantes
'J
E,
✓s:ados, la desorganización y el decaimien=
to progresan casi tan de prisa como la con=
centración y el poderío c_reciente van pro=
l[resando en las naciones vivas que están
;unto a ellas. 0ecenio tras decenio van de=
bilitándose1 empobreciéndose encontrándose
1
1:ds /altas de hombres que dirijan O de i1;1,s=
tttuciones en que puedan fiar) acercándose
al /Jarecer cada vez más a su destino y a.
garrdndose1 no obstante) con extraña tenaci=
dad a su propia vida.
El desgobierno en ellas no sólo no se CU=
r~ sino que acrecienta de continuo. La sociedad y la sociedad ofi.cial la adm • • ~
.,
,
inis~ra=
cion, es una masa corrompida) de modo que

LAS NACIONES MORIBUNDAS

5

no hay terreno firme en que se pueda asen=
tar esperanza ninguna de reforma o restauración) y cada una en su ~ra,do ~fr~cen
un cuadro terrible a la porción mas ilustrada del mundo) un cuadro que) por desgracia el aumento de n~estr~s '»:edios ~e información y comunicación _dibu;a con lineas
más oscuras y más conspicuas a la faz ~e
todas las naciones, apelando a sus senti=
mientas tanto como a sus intereses y pidiéndoles que aporten remedio. Hasta cuándo
es verosímil que pueda durar este estado de
cosas no intentaré profetizarlo. Todo lo que
puedo indicar es que el proce~~ c~ntinúa) que
los Estados débiles van debilitandose y los
Estados fuertes fortaleciéndose cada vez más.
No es necesario el don de profecía para
n-iostraros cuáles han de ser los resultados
inevitables de este doble proceso. tPor una u
otra razún- por las necesidades de la polí=
tica o sopretexto de la filantropía-las na=
ciones vivas irán poco a poco amenguando
el territorio de las moribundas) y rápida=
mente aparecerán semilleros y causas de
conflicto entre las naciones civilizadas. No

�6

OOLEOOIÓN ABIEL

hay que suponer1 claro está1 que a ninguna
de las naciones vivas se le consienta el provechoso mon0polio de curar y sajar a esos
infortunados pacientes (risas) y la controversia estribará en quién ha de tener el
privilegio de hacerlo y en qué medida lo ha
de hacer. Tates cosas introducirán causas
de fatal disentimiento entre las grandes,..
naciones1 cuyos poderosos ejércitos se están
mutuamente amenazando. Tales son a mi
1
parecer1 los peligros que nos amenazan en
el período que se aproxima. Es un período
en que nuestra resolución1 nuestra tenacidad
1
nuestros instintos imperiales1 han de llegar
a su máximo. .No permitiremos, indudablemente1 que Inglaterra se halle en posición
desventajosa en ningún caso de nuevos
arreglos que puedan ocurrir. Por otra parte,
no hemos de sentir celos en el caso de que la
desolación y la esterilidad sean vencidas por
el engrandecimiento de una rival en regiones a las que no puedan extenderse nuestras
armas.
(ESPAi;IA, Madrid.)

Europa yJlmtrica
• d e la guerra no
r consecuencia
. se
~~!ocratiza Al~~&lt;1;nia, e_stlo es, siG~~
.
1 f milia impena y a su
s~ le qmlta a ~o\bsoluto del ejército,. la
bierno e ~an s ue una tregua. Segmrf
paz
q d a d e1 u'ltimo medio s1. dno 1seraazmá
arma
sien o a p . á t'tánicamente
en el res1 e trabaJar 1
•
1
g o, s. . t de las economías nac10na es,
tablec1m1en
gigantescos presutornarán otra vez 1os se intensificará de
puestos ~e ¡;er~~ los armamento~ y al
nuevo
la nva
b de
unos anos, c1'nco' diez o vemte,
~~b~evendrá otro terrible choque que acabe de destruir a Europa.
se abre ante
, 1 panorama que
He aqU1 e
neraciones eurolos oj~s de las nuev!sJ:mania en forma
peas si no se vence 1i ro ara Europa
qu: deje¿g: ::~ig:~J! arlostrarlo? Seen era.
os los recuerdos que esrán tan espants deje en la conciencia
ta ~,uerra de ;a~r;otunda la certidumbre
de
y d e rep etirse si no se desde :H,uropa
que habrán

S

°

ª-

!

�8

OOLEOOIÓN ARIEI,
EUROPA Y AÚRIOA

militariza a Alemania, que en este caso el
Continente europeo sufrirá probablemente una despoblación como nunca antes en
su historia. La emigración no es sólo una
fuerza del ha~ bre hacia el pan; el emigrante huye_ t_am bién m_uchas veces por motivos espintuales, ávido de una libertad y de
una se&amp;"uridad que acaso no halle en las
viejas civilizaciones.
Este es el gran peligro para Europa:
que los hermanos y los hijos de los que
ahora sucumben a millones en los campos
de batalla se alejen de los viejos países europe_os como de u~ polvorín situado en
medio de una lJuvia de chispas. ¿Quién
podría seguir aquí trabajando fecundamente en todas las artes de la paz si no
desaparece en lo alto la turbonada de una
nuev~ guerra? El espíritu, para que crée,
necesita garantías de reposo y duración.
Un hombre o un pueblo amenazado de
11?-Uerte no puede entregarse a otras actividades que las que le su2"iere el instinto
de conservación.
e.
Europa, es verdad, ha vivido durante
medio siglo bajo una t?rme_nta y no por
esto se ha despoblado m ha interrumpido
la tarea de acrecentar los tesoros materiales e ideales del hombre. Es que los euro-

9

peos se habían acostumbrado a vivir bajo
la amenaza, y además había~ puesto
una confianza excesiva en los dioses que
tenían el rayo en la mano y en los pararrayos que habían de detenerlo. Era tan
monstruosa la idea de una guerra europea,-y la realidad ha superad~ con sus
horroresalaidea,-queno parecrn que hubiese nadie dispuesto a contraer la responsabilidad de provocarla. Este fué el primer
error. Por otra parte, se tenía tal fe en la
acción pacifista de la mayor parte del ca·tal Y del trabajo, que era general la
pi
.
"bili"tana
, una gu erra
creene1a
de queimposi
de esta magnitud. Este fué el segundo
error.
.é .
Cuando se restaure la paz, conc1 rtese
como se concierte, no hay d~1da _que estas
fuerzas de contención-conciencia de responsabilidad en los goberna:1te~ Y anhelo
de paz en una parte del capitalismo Y en
toda la clase obrera-serán mayor~s g,ue
nunca y, por lo tanto, h2brá desmmmdo
el peligro de una nueva guerra europe~ •
Pero la memoria de la actual será tan d~lacerante, que E_uropa te!Ilerá su repeti ción con centuplicada ansiedad. Ese estado psicológico, mezcla de terro: y d~sengaño, puede engendrar un refiuJo emigra-

�---------

ICUBOPJ. Y .AlliBIOA

10

OOLKOCI6llf ilBL

t?rio de inmensa gravedad para el contmente europeo.
En la !uta de oi:ie_n,te a occidente que
va recomendo la civilización a través de
los siglos, América es el nuevo punto de
descanso.. Freo.te a Europa, despea.azada
e? lucha mtestma por sus propias instituciones secu~ares,. América se ofrece ancha
en el espacio y nea de contenido suficiente l?ara tod?s y limpia aún de ~as compleJas máqwnas de Gobierno que acaban
por hacer omnipotentes a los menos contra los más. ~o es extraño que el europeo,
encorvado baJO el peso de sus oligarquías
de un cap.i~alismo implacable y de uno~
d~beres mili~ares aplastantes, vuelva los
OJOS a Aménca co:rno a la tierra de promis~ón donde el hombre puede, sin esfuerzos
&lt;:1clópeos como aquí, en Europa, ser más
libre y hallar mayores holguras materiales.
Allí .no hay t~davía peligros de guerras
cont.mentales m paces armadas que son
tan. msoportables como las guerras. Con
el he~po, a~aso esté también condenada
~l_llénca a .enredarse en esos sistemas pohticos, regidos por la fuerza sin derecho
no por el derecho con fuerza, que acaba~
con los pueblos y con las civilizaciones
aunque todo hace esperar que en es~

11

Continente los hombres y las naciones alcancen un grado de libertad y de respeto
mutuo no conocido antes en la historia.
De toda suerte, sea cual fuere el destino
lejano de América, su realidad inmediata,
si Europa no emerge triunfante de la ordalía que en estos momentos sufre, acrecentará poderosamente la fascinación que
ha venido ejerciendo, desde su descubrimiento y singularmente a fines del siglo
XIX y comienzos del XX, sobre los europeos.
Esta es la gran amenaza para la continuidad histónca de Europa. Si después
de haber perdido en los campos de batalla
varios millones de hombres jóvenes, que
eran la fuerza física y la lozanía espiritual,
las nuevas generaciones optasen por la
emigración antes que arrostrar una nueva
guerra deestaíndole,¿qué seria delcóntinente europeo? Dejarían de fructificar los
campos, de producir las fábricas, de crear
obras insignes las ciencias y las artes, de
parir nuevas libertades la política, y Europa entraría gradualmen,te en la categoría de esas regiones del mundo oriental
que duermen hoy, realizada su misión,
un profundo sueño del espíritu, esperando quizás que en la eterna rotación de las

�12

OOLl!:COIÓN ABI!:L

cosas vuelva a ellas otra vez, en un día
lejano, la hora de despertar impetuos,·
mente.
Europa tiene la intuición de que esta
guerra es para ella en conjunto, y no sólo para algunas de sus· partes, una lucha
de vida o muerte. Alemania es como un
quiste, cargado de ponzoñas, que le ha
salido al cuerpo europeo. Y esta guerra
es como uua operación quirúrgica emprendida para eliminar los malos humores de la autocracia y del militarismo germánicos. Francia no quiere resignarse a
dejar de ser el centro nervioso del mundo. Inglaterra guarda aún en su seno
grandes tesoros de libertad y quiere vivir
todavía su magnífica grandeza para llevarlos a buen parto. Italia también anhela que perdure aún la hora europea para
que puedan madurar los frutos de su pujante rena&lt;:imiento. Rusia, que es1;iritualmente comienza a ser una potencia europea, lucha heroicamente porque Europa
no sucumba en _la cñsis o salga de ella en estado de descomposición y decadencia. La
Europa sana hará un esfuerzo sobrehumano par~ extirpar el tumor que amenaza su existencia. Todo es preferible, incluso la muerte por la vida, antes que

EUROPA Y AMÉRICA

13

transigir con un nuevo estado de cosas
en que la vida europea sea una muerte
lenta.
Los aliados sacrificarán el último hombre y hasta el último franco con tal de
abatir, de un modo u otro, el poderío
militar de Alemania, porque una paz indecisa sería mortal para toda Europa.
Acaso el mismo pueblo alemán vea a la
postre que sus intereses, como miembro
de la familia europea, amenazados de disgregación si la guerra no termina de manera decisiva, están asociados a la derrota del régimen de autocracia que impera
en Alemania. U na revolución eF'Ilinaría
espontaneamente el maligno tumor.
Es, pues, Europa entera, sin excluir a
los neutrales y no sólo unos u otros beligerantes, la que está empeñada en una
lucha de vida o muerte. Toda Europa,
incluso la misma Alemania, está interesada en una inequívo.. a derrota de la
autocracia germánica. Otra cosa significaría que la ci" :lización europea comenzaba a decaet·. Y esto, por ahora,
no puede convenirte a fa misma América. Una emigrac:ión excesiva y desordenada de hombres, huyendo aterradamente ante la idea de una nueva guerra

�14

OOLEOIÓN ARIEL

europea, no sería provechosa para. ,el
continente americano. Toda evoluc1on
progresiva requiere su tiempo y su compás. Funesta es la batallad~ hombres
para el desai:rollo de un pa1s; pero. el
exceso repentmo puede engendrar violentas conmociones. Parece fatal q1;1e
América sea la heredera de Europa; sm
embargo este proceso ha de ser gradual
para qu~ la herencia no abrume y d_e,squicie. He aquí cómo en suma, tamb1_en
América debía estar profundamente interesada en el triunfo de ~urop~ sobre
sí misma, no sólo por afimdade~ ideales,
sinó también por ley de su propio desenvolvimiento.
LUIS ARAQUISTAIN
( Amlrica Latina. París.)

ta otrdadtra orlginalidad
TI mí me parece que la causa

de que nuestros
r:lintelectuales no traten asuntos de interés
mundial consiste, en parte, en que se afanan demasiado en buscar temas nuevos. Con ello se olvidan de que la verdadera originalidad no consiste en querer introducir motivos nuevos en la
conciencia humana, sino en tratar originalmente, esto es, espontáneam ente, los motivos eternos, que son esencialmente inagotables. Y basta
nutrir el espíritu de los clásicos universales-que
no son los de cada nación, sino los comunes a
todas las naciones-para que sus temas se bagan,
naturalmente, nuestros temas. No crean nuestros escritores que la elección de asuntos es cosa
baladí y que lo importante es el estilo. Nadie lee
hoy ninguna de las 120 novelas de Jorge Sand.
Y era el mejor escritor de su tiempo: ''la vaca
lechera del bello estilo", la llamó Nietzsche.
Pero dentro de cien años se seguirá leyendo a
Ibsen. Lo que interesaba hace 2.300 años a los
clásicos de Atenas y Jerusalén, seguirá interesando al mundo dentro de 1 .ooo años.

�16

Y también puedo dar un buen consejo a los
lectores, si es que les atañe la gloria e influencia
d~ las letras españolas. Presten su apoyo enérgico a los escritores que les hablen de lo que a
ellos les interese, y no de lo que sólo les distraiga.Cuando el tema de un escrito sea fundamental para su propia vida individual, es porque se
hallan ante.un tema universal,a menos que no se
trate de quitar ~ poner a un ministro, de quien
esperan un destmo. Y si aplicando este criterio
dan s~ apoyo a los escritores de lo interesante,
contnbuyen a que la patria literatura se haga
también interesante.
RAMIRO DE MAEZTU.

-Plegaria
Que htce s ohre ta F.lcrópolúi cuando ttegué a
comprender su perfecta hetteza.

nobleza! Oh belleza sencilla y verdader a! Diosa cuyo culto i-ignifica razón y sabiduría, tú cuyo templo es una lección eterna
de conciencia y de sinceridad, tarde llego a l
umbral de t us misterios; traigo a tu altar
muchos remordimientos. Para hallárte han
sido menester dcs\"elos infinitos. La iniciación
que tú conce~ías al ateniet?se, al nacer, con
una sonrisa, yo la he conquistado a fuer za de
reflexión, al precio de largos esfuerzos.
Yo nací, diosa de los ojos azules, de padres
bárbaros, entre los Cimerios buenos y virtuosos que habitan a la orilla de un mar sombrí~, de rocas escarpadas, batidas siempre
por las tormentas. Allí apenas se conoce el
sol· las flores i-on los musgos marinos, las al.
gas' y las conchas multicolores
que se encuentra n en el fondo de las bahías solitarias. Allí
las nubes parecen sin color, y la misma alegría es algo triste; pero allí manan de las rocas fuentes de agua fría y los ojos de las jóvenes se asemejan a esas verdes fuentes donde,
sob re fondos de hierbas onduladas, se mira
el cielo.

O

H

'

�18

PLEGARIR, DE RENAN

OOtEO&lt;llÓN A.RIEL

Mis padres, tan atrás cuanto podemos remontarnos, vivian consagrados a las navegaciones remotas, por mares que ignoraron
los argonautas. Yo oí, cuando era niño, las
canciones de los viajes polares; fuí arrullado
al recuerdo de los témpanos flotantes, de los
piélagos brumosos y blancos como la leche,
de las islas pobladas de aves_ que cantaban a
sus horas, y que, alzando el vuelo en bandada, oscurecían el cielo.
Fuí educado por sacerdotes de un culto extraño, salido de los sirios de Palestina. Ellos
eran sabios y santos. Me enseñaron las largas historias de Cronos, que creó el mundo, y
de su hijo que, se dice, hizo un viaje a la tierra.
Sus templos son tres veces más altos que el
tuyo, oh Euritmia! y parecen florestas, pero
no son sólidos y se derrumban al cabo de
quinientos o seiscientos años. Son fantasías
de bárbaros que imaginan que se puede hacer
bien algo fuera de las reglas que tú trazas a
tus inspirados, oh Razón! Pero estos templos
me agradaban; yo no había estudiado tu arte divino, y en ellos encontré a Dios. Allí cantaban himnos de los cuales me acuerdo aún·
"Salve, estrella del mar.... reina de los que gi~
menen este valle de lágrimas", o bien: "Rosa
mística, Torre de marfil, Casa de oro, Estrella matutina .... " Escucha diosa, cuando me
acuerdo de esos cáQticos, se derrite mi corazón y casi me torno apóstata. Perdóname
esta ridiculez; tú no puedes figurarte el encan-

19

to de que los magos bárbaros han !mpregnado esos versos y el dolor con que s1go tras la
razón desnuda
., •
11 d
y luégo, si supieras cuán d1fi.c1l ha eg'.1
. t e.l Toda nobleza ha desaparecido.
a ser servir
d y
Los escitas han conquistado el ~un o. a
no hay república de hombr~s hbres; s?l~
quedan reyes hijos de sangre tmpurah_ma
tades que te harían reir. Cargant~s tper oreos llaman ligeros a los _que te s1rven ....Un~
pambeocia terrible, una liga de todas l~s to:
terías, extiende sobre el mundo u:i:ia p anc ú a
de lomo bajo la cual nos asfixiamos .. A in
afa a uellos que te honran, cuánta p1ed~d
~ebes t~ner! Te acuerdas de aqu~l caledont
ue hace cincuenta años, rompt6 tu tempo
~ g~lpes de martillo para transp~rt,arlo: T~~
Je? Así proceden todos .... Yo escnb1, seg n a .
~nas de las reglas que tú _amas, &lt;:h Teoi:~ada del joven dios a quien serv1 en m1 ma v1_
me tratan como a un Evhemero; me
f anc1a, y
, bº t
e
escriben para preguntarme _que o ~e o . m
propuse. Ellos no estiman smo lo que s1r¡e
para hacer fructificar sus bols~s d~
er:s y para qué se escribe la vida e os t~. oh Cielo! s1 no es para hacer amar lo dts~s,o que hubo en ellos, y para demostrar que
vino divino vive aún y vivirá eternamente en
es
el corazón de la humantºd a d?.
Recuerdas aquel día, baio el arconta~fo ~e
Dionisodoro, en que un cbiqui_t? y f&lt;:o JUdt~,
que hablaba el griego de los smos, vmo aqu1,

°

1~

f .

rore~.

�OOLIOOIÓN A.BU:L

reco_rrió ~us_ pórticos sin comprenderte, leyó
tus mscripc1ones al revés y creyó encontrar
en tu recinto un altar dedicado a un dios que
~ería el dio~ desconocido? Pues bien, aquel
Judío ha trmnfado; durante mil años te han
llamado ídolo, oh Verdad! durante mil años
el _mundo !'la sido un desierto en el que no ger•
mmaba una fl~r. Durante ese tiempo tú te
c~llaste, oh Salp1_nge! clarín del pensamiento.
D10sa del orden, imagen de la estabilidad ce·
leste, éramos culpables por amarte, y hoy
que, a fuerza de concienzuda labor hemos
logrado aproximarnos a ti, nos acusa~ de haber cometido un crimen contra el espíritu humano al destrozar cadenas que ignoró Platón.
Tú sola eres joven, oh Coral Tú sola eres
pura, oh Virgen! Tú sola eres sana, oh Higia!
Tú s?la eres fuerte, oh Victoria! Tú guardas
las ciudades, oh Promacos! Tú tienes lo que
debes tener de Marte, oh Area! La paz es tu
fin, oh Pacifica! Legisladora fuente de las
. .
.
'
constituciones Justas; Democracia, tú cuyo
dogma fundamental es que todo bien viene
del p_ueb)o, Y, que, dond_e no hay pueblo para
nutrir e msp1rar al genio, no hay nada enséñanos aextraer el diamante delas much~dumb:es impuras. Providencia de Júpiter, obrera
d1vma, °!adre de toda industria, protectora
del trabaJo, oh Erganea! tú que haces la no·
bleza d~I trabajad&lt;;&gt;r civilizado y le pones tan
por encima del escita perezoso; Sabiduría, tú

PL'tGARIA t&gt;E RUAN

21

que Zeus engendró despnés de haberse recon•
centrado sobre sí mismo, después de haber
respirado profundamente; tú. que habitas ~n
tu padre, completamente umda as~ es~nc1a;
tú que eres su compañera y su conc1enc1a; Energ!a de Zeus, chispa que enciende y mantie•
en el fuego en los héroes y en los hombres de
genio haz de nosotros espiritualistas cumplidos. El día en que los atenienses y los rodios
lucharon por el sacrificio, tú preferist~ habi.
tar con los atenienses por ser más sabios. Tu
padre sin embargo, hizo descender a Pluto en
una n~be de oro sobre la ciudad de los rodios,
porque ellos también habían rend_ido home•
naje a su hija. Los rodios fuero1;1 neos, _pero
los atenienses tuvieron el mgemo, es decir, la
verdadera alegría, la eterna alegría, la divina
infancia del corazón.
El mundo no se salvará sino volviendo a ti,
repudiando sus ligaduras bárbaras.Corramos,
acudamos en tropel. Qué bello día a_quel en
que todas las ciudades que han recogido des·
pojos de tu templo, Venecia, París, Londres,
Copenhague, repararán su~ r&lt;;&gt;bos, formar_án
teorías sagradas para restttu,r los ?espoJOS
que poseen, diciendo: "Perdónam&lt;;&gt;s, diosa! era
para salvarlos de los malos genios de la no·
che" y reedificarán t~s muros.al són d~ laflau;
ta, para expiar el crimen del mfame !,1sandro.
Después irán a Esparta a maldecir el suelo
donde fue aquella maestra de erro.res som·
bríos, y a insultarla porque ya no existe.

�PLEGARIA DE RENAN

22

'

2S

OOLECJÓN ARI EL

. F irme en ti, yo resistir, a mis fatalés conseJeros; a mi esccpt ismo que me hace dudar del
pueblo; a mi inquietud de espíritu que,cuando
he halla~o la verdad, me la hace buscar siempre; ª. mi fant asía que, después de que la razón
~e ha 1m,P~esto, me impide sosegarme. Oh Arquegeta. ideal que el genio encarna en sus
obras maestrns, yo prefiero ser el último en tu
c?sa que el primero fuera. Sí, yo me asiré al estilobato de tu templo; olvidaré toda disciplina que no sea la tuya, me haré estilita sobre
tus columnas, mi celda estará sobre tu arquit ~abe. Y i:ún algo más difícil! por ti me haré,
s~ puedo, mtolcrante, parcial. Sólo a ti amaré.
1' o voy a aprender"tu lengua y a desaprender
todo lo demás. Seré injusto con el que no te
perte?.ezca; me haré el servidor del último de
t us h1.1os .. Los habitantes actuales de la t ierra
qne tú &lt;l_1ste a Erecteo, yo los exaltaré y los
ensalzare y trataré de amar hasta sus defec•
tos; yo me persuadiré, oh Hipia! que descienden de los caballeros que celebraron allá arriba, s~bre el mármol de tn friso, su fiesta eterna. 1' o arrancaré de mi corazón toda fibra
q~e no sea razón y arte puro. Dejaré de amar
m1s enfer~cd~des, y de complacerme en mi fiebre; Sosten rm firme propósito, oh Salutaria!
Acorreme, oh tú que salvas!
Cnántas dificultades, en efecto preveo!
C.uáros hábitos espirituales tendré 'que cam:
bmr. Cuánto~ recuerdos hechiceros deberé
arrancar de m1 corazón. Ensayaré, más no me

siento seguro de mí mismo. Tarde te be cono·
cido, belleza perfecta. Yo sufriré vacil.aciones·
debilidades. Una filosofla, perversa, s10 duda,
me ha hecho creer que el bien y el mal, el pla,
cer y el dolor, lo bello y lo feo, la razón Y la
locura se transforman los unos en los otros
por matices tau indiscernibles como los ~el
cuello de la paloma. No amar nada, .no odia~
nada absolutamente, llega aser s~b1duría. ~t
una sociedad, si una filosofía, s1 una rehgi6n hubiera poseído la verdad ~b~oluta,
esa sociedad esa filosofla, esa reltgtón ha·
bría vencido' las demás y viviría sola en la
hora presente. Todos los que .ba!ta hoy han
creído tener razón se han en ga nado;. clara·
mente lo vemos. ¿Podemos n?sotros ~m loca
presunción creer que el porvemr no no~Juzga r~
como nosotros juzgamos el . pasado . He ah1
las blasfemias que me sugiere mi espíritu profundamente relajado. Una literatura qu.e, C?·
mola tuya , fuera sa~a del todo no excttana
ahora más que el tedio.
.
Tú sonríes de mi ingenuidad. Sí, el tedio ......
Estamos corrompidos, qué hacer! Ire más. le·
jos, diosa ortodoxa, yo te diré la depra':ac16n
íntima de mi corazón. Razón y buen sentido no
bastan. Hay poesía en el Estrimón he~ado
y en la embriaguez del tracio. Vendrán .s!~los
en que tus discípulos pasa rán por los disctpu•
los del tedio. El mundo es más grande de lo
que tú crees._Si t~hubiera.s visto las nieves del
polo y los m1stenos del cielo austral, tu fren-

•

�/
24

COLECCIÓN ARIEL

te, oh diosa siempre
cible; tu cabeza má serena, no sería tan apa•
sos géneros de belle!agrande, abrazaría diverTú eres verdadera pura
f;
mol no tiene manch~
' 1er ecta; tu már•
gia Sofía, que está e~ 1;.ro e. templo de Habién un efecto divino izanc10, produce tamyeso. El es la imagen
s~~ l~drillos y su
El se derrumbará per · ~
ve a del cielo.
grande que pudier~ con~ si tu cela fuera tan
derrumbaría tamb·,
ener una multitud, se
U .
1en.
n mmenso río de olvido
u!1 abismo sin nombre Oh "&lt;?s arrastra en
dios único! Las Jágrim~s d abismo, tú eres el
son verdaderas lágrimas· { todo~ los pueblos
los sabios encierran una , o~ sudenos de todos
do· es aquí en el mundo s11n
l1ªrbe
olo eyverdad.
s ·- LTotoses
pasan
como
lo
h
b
ueno. os
a
b!leno que fuesen eter!os
rs, y DO sería
mdo no debe ser ja , . a e que se ha teun_o en paz con ella ~!!n~na cadena. Queda
cmdadosamente en el
d
la ha envuelto
donde duermen los dio su ario de púrpura en
ses muertos.

J~f

ºf

º.

(Traducción de Cornelio H'
ERNESTO RENAN
1spano.)
(EJ Gn(lico. Bogotá. Colombia.)

€1 milagro dt los cta~dts
ono lo vió el Hermano cuando, con un indígena desfallecido iba, a la media noche, para el hospital que acababa de fundar; y hubo horror en sus ojos y hielo de pavura en su corazón.
Un breve relámpago de espada, un cuerpo de
hombre que caía en brazos culpables, un grito
que rasgó la tiniebla como una puñalada ....
Garrida y noble ella; galán él. Un padre colonial, con puntillos de honor, rectilíneo, como un
trueno la voz, la mano en el puño del acero, tal
cual lo pedían la perilla hidalga y el bigote entrecano, quemado por los heroicos soles de Flandes. Esa noche les sorprendió; y la estocada rom·
pió a la vez una vida y un beso.
Nada supo la autoridad, porque el cadáver fué
enterra&lt;io a prisa por la servidumbre, en un campo cercano; pero ella sí lo supo, enloquecida, a}
volver del desmayo; y en sollozos gemía cuando
llegó la orden implacable que la arrojaba a la

C

calle....
En la casuca humilde, el hermano Pedro ponía
bálsamo en las llagas de sus enfermos, - llagas

�26

OOLEOOIÓN ARIKL

que para él eran como rojas flores de su místico
jardín. Todo lleno de aromas del campo estaba
el patio, pequeño como un pañuelo, ardiente de
sol. La salutación de los vecinos franciscanos
pon{a melódica pureza en el luminoso amanecer.
Y el Hermano tenía para los indígenas doloridos,
palabras más suaves que_ el bálsamo; y pensaba,
al componer la almohada .de éste o al llevar agua
en el tinajo para la sed de aquél,-que el Señor
Dios se dignaba bendecir su obra y ungía sus manos piadosas y su espíritu, que era santo en fuerza de ser ingenuo.
Resonó una aldabonazo imperioso. Y al abrir,
se presentó ella, lívida, albor"otada la cabellera
como por un ráfaga de locura, empurpurado e1
delantal de batista con la sangre adorada .... Se
arrojó a los pies del Siervo de Jesús, que la reconoció y rememoró el nocturno paso de tragedia;
y se sintió henchido de una misericordia infinita.
Ella le dijo su pena de una sola vez.
Pensaba dedicarse a la plegaria en un convento,
el resto de su vida, miserable ya: llevar su casco
roto y su arboladura deshecha al puerto de salvación. Pero antes quería visitar la tumba de]
bien amado y llevarle siquiera una ofrenda de
flores. Y como estaba tan desamparada, sin un
maravedí y pronto la ciudad serfa un hervor de
comentarios, acudía a él, al varón justo, para que
la ayudase.

EL llILAORO DE LOS CLA.ffl,Ui

27

Pedro'· nunca vacilara
:N' o vaciló el hermano
. ntó por la sepulara
el
bien.
Levantá:1dola
pregsaur
a algún puesto
p
1l que iban a pa.
6
• tura. Pens e a
d del Hermano los de
o el firme an ar
..
de flores; per
. d interrogadora• le dtJO:
jó atrás. y ante la m1ra a or voluntad del Señor.
-Sígueme, que esto ~s p lt al pié del monte,
Llegaron al campdo indcu laº• mañana. Ella cayó
'
n el ar or e
.
que vest1a co lá rimas la tierra removido rodillas y banó con , g
en oración y fué
p dro se puso
.
da;~ el h~rmano e delantal con que ella se cuel imlagr~, porqu
6 de claveles en que se conbría los OJOS se colm
que cayeron des,
gre del muerto, Y
vert1a 1a san
. .
.
sobre la tumba ....
b dados en lluvia silenciosa
or
'
JOSE RODRIGUEZ CERNA

:1

(Esfinge . Tegucigalpa. l

�'&amp;L :IBlOB DIID'W

El mttor disfraz
Bajo el sol la pedrera rebrillaba. Era como una
gris escarapela en medio de la greña tostada que
vestía la desnudez veraniega de los cerros. Abajo,
entre la pedrería desmoronada, rota,algunos ranchos se d~sputab~n l?s palmos de tierra plana
para ergwr su m1sena, en virtud de un tácito
. por el cual sus moradores, ayudarían a'
convemo,
agrandar la llaga, la escarapela a su dueño don
Melchor Quiñones, quien ya sin otros bienes de
fortuna sino la dicha roca, se armara de un pico
Y una chomp a, para extraer el sustento cotidiano
a la prole que pródiga le circundaba.
La pedrera parecía arder bajo el sol, un solazo
de e~tfo. Un ruido seco , monótono, la fabla
del hierro con la piedra, repercutía doliente en la
desolación de los contornos.
~riba: en la escarapela, haciéndose mayor en
la d1afamdad del aire, la silueta de un hombre se
dibujaba. Y era el hombre arrogante y varonil a
pesar de su madurez cincuentona y de las prematuras arrugas que surcaban hondo, su tez dorada
por los resoles. Su traje estrafalario prestábale un
aspecto raro, estrambótico. Vestía calzones de

29

iio militar rojo, viejos y estropeados y sobre
a guardacamisa mugrienta un paltolevita nede luengos faldones. La cabeza cubríala un
ñuelo o tapajo de colores vivos, sujeto tras la
uca con un nudo del cual se desprendían unos
mo cintajos chillones. El hombre golpeaba
on la chompa la piedra viva. A ratos como patomar alientos se enderezaba y volvía el busto
enérgico y arrogante y su silueta estrafalaria se
delineaba en el vado, en la soledad de los cerros.
Ningún pensamiento torturante parecía ~al~r
bajo la amplitud bondadosa de la frente, m mn·
gún encono mordiscar bajo la arcada caja del pecho. Su mirada se deslizaba tranquila por los
contornos y lejanías. Aparentaba su ánimo poseer la apacible conformidad de los que espera~
confiados y candorosos en el acaso, en la volubrlidad del destino.
La chompa golpeaba a veces presurosa Y tenaz, como que si un tropel de necesidades aguijara el brazo de don Melchor Quiñones. La chompa
era la que hablab a y decía de la miseria , desam•
paro y ruina, en la cual cayése don Melchor, no
obstante el esfuerzo opuesto al derrumbe. Todo
por qué ley, por qué motivo, no sabía distinguir•
lo con claridad palmaria la cliompa, pero sí estaba convencida de que fuera necesaria y fatal consecuencia de la confabulación de los nuevos elementos e intereses, al dislocarse las unidades colo-

�31

30

OOLF.COJÓ~ ARJl':L

niales, por que todo cambio o nuevo rumbo de
una sociedad o civilización, encierra en sí todos
los trastornos y desquiciamentos de una colosal
derrota.
Ese era el hueso de la historia, que vestían las
calladas amarguras, df quien no quiere ceder sino tras luengo y desesperado forcejeo. Acosado
~uiñones: ampárase en aquel cerro realengo, va~
héndose de ilusorios derechos coloniales, de cuando los suyos contaban en su mayorazgo dilatados
valles Y villas y casales. Allí, escondido, en un
ranchón improvisado a las faldas del cerro que
bautizó "Monte Parnaso," sobrellevara co~ entereza sus penas y araña que araña la piedra,
arráncal~ el escuálido sustento con la orgullosa
conform1dad de un cristiano viejo y bien nacido.
C~ando compromisos sociales o urgencias de
la vida le empujan hacia la ciudad, don Melchor
Qui1iones se transforma como que si recobrara
~odos sus r.ucros al echarse encima la gastada
mdumcntana de los buenos tiempos. Altivo sin
arrogancia pueril, 'guarda intacta la caba1Je~osidad de cuantos le precedieron en el arraigo. Sálenle al er¡cuentro los amigos y no olfatean necesidades ni miserias. A fuerza de afabilidad y de
soltura guarda las apariencias, consérvase don
~lelchor Quiñones. Xo sabe lamentarse. El implora~ le es valla invencible. Desconoce los procedimientos acróbatas, los descoyuntamientos verte-

brales, es un hombre de una sola pieza, fuerte,
sólida, capaz de asaltar, pero no de ovillarse como can hecho a la servidumbre. Cuando indiscretos le inquietan acerca de su alejamiento, habla con calma de su retiro .voluntario al "Monte
Parnaso", una cosa misteriosa, la cual, nadie sabe
dónde se encuentra, ni para lo que sirve ni vale,
pero donde él trata de rehacer su fortuna o ampararse del desastre. Don Melchor, como muchos
otros, es solo una sombra, la sombra de los muertos, porque existen extraños seres, con los cuales
a diario nos codeamos, que sólo son sombras vanas, proyección de esperanzas y energias soterradas, en asecho de una nueva reencarnación a la
hora propicia de los resurgimientos.
Ya iban para tres los días con aquel martes de
carnestolendas, que la chompa golpeaba, golpeaba sin cesar en un loco afán de ganar tiempo.
Día y noche don Melchor Quiñones, mientras los
otros andaban de mojigangas, transformados en
mamarrachos, tunstas, bailarines e invertidos,
hería la roca por preparar trabajo rendidor, impulsado por los crueles y silenciados aprietos
del calamitoso hogar, en la ª?soluta carencia de
cuanto pueda engañar una larga e hiposa agonía.
A ratos Don Melchor interrumpía el trabajo,
vencido por la contracción tenaz del esfuerzo. Se
enderezaba, echaba hacia atrás los hombros, tomaba aire y volvía bajo el esplendor del sol a la

�32

:&amp;L MEJOR DISFRAZ

OOLEOOIÓN A.RIEL

mísera faena, como que si con el mecánico gol·
peteo, ahuyentara las penas, aletargara el pensar. Pero el roer de las penas y el aletear de
los pensamientos, no conocían tregua apesar de
la aparente confianza en sí mismo, que la optimista expresión del semblante divulgaba. Don
Melchor estaba lleno, rebosaba amarguras infinitas, solicitado de continuo por atormentadoras ideas, en la burla perenne que el destino hacía de sus más triviales esperanzas. A sus años,
errado había por todos los caminos, llamado a
todas las puertas con golpes claros y precisos,
pero en balde, que existía en él° un algo que lo
extravió siempre, algo que estaba en él mismo,
en su órbita, en su médula, algo que no había podido vencer ni la asidua perseverancia ni la varonil energía
La pedrera ardía. La chompa golpeaba. Un
niño escuálido subía por un sendero movedizo
hacia la bruf1ida escarapela. Cuando estuvo cerca, gritó:
-Qué dejes eso papá! Qué cuándo vienes almorzar ?
La fabla del hierro con la piedra repercutía
doliente en la desolación de los contornos.
El niño continuó subiendo, subiendo. Hun•
díanse los pies en los cascajos y subia, subía ja.
deando. Voceó:
-Papá, papá. Ya nosotros almorzamos!

'

33

' do

La chompa golpeaba impertérrita, con son1
aordo, seco y profundo.
. .

El rapaz, alcanzó la cima. Su vocec1ta Jadeosa

se dejó oir:

.
-Son las tres. Ven, ven a almorzar.
Don Melchor sonrió_sorprendido. El niño asomaba en la pendiente su cabecit a rubia, pero
la chompa no se detuvo.
Se impacientaba el rapaz. Era monótono el
trabajo. El sol era candela. No había dónde gua.
recerse. Hasta los dient es de la roca e?haban
chispas. Era la aridez absoluta del casca10 y la
calisa.
El niño buscaba la sombra de Don ~elchor .
-¿ H asta cuándo, hasta cuándo, papá.
Don Melchor por distraerle:
-Este es el último barreno. No ves, lo at aco l
Ahora la mecha. Acerca la ceba.
El niño :
- ¡Ay l ¡ay l ¡qué sol !
Don Melchor arreglando las mechas :
- Uno , dos, tres.
El niño :
-Déjalos, d éjalos papá .
Don Melchor:
-Ya estamos, ves I Ahora t e vas corriendo,
corriendo. Cuidado con caer .
El niño:
-Contigo me voy.

�S5

- 84
- : - - -- - -~0'!'0~LltOO~!!&lt;I6~N~A!Rl!!E'!!f,_ _ _ _ _ __

Don Melchor:
- ¿ Estás
loco? Voy a dar ·r uego a 1as mechas
.
El mño, rehacio:
•
-Me quedo contigo.
Don Melchor , encaminando al niño por 1

ª-

~~

-Corre que te alcan zo. Me esperas allá h .
¡ Anda !
a aJo.
El ~iño:
-¿ Tú vienes?
Don Melcb.,r:
-;:-Prendo las mechas y t e alcanzo.
El rapaz se aleja saltando A
hasta las rodillas en los ca ·.
veces se hunde
Dnn ~Iekhor le hace señatc:~~s. Se vuelv~ y ríe.
vez más El . .
p
que se aleJe cada
.
.
muo canana con lentitud
d
tiene, ora se aleja revoloteando en 1 'oradse e.
mo pi.a ·
a vere a co•
.
nposa en prado florido . Don Me! h .
ciente sig
d
e or unpa. ue su escender caprichoso El .
ha perdido con los matorrales

.

m~o. se

guc. Don 1lelchor aún en 1 ' ya no se le d1st ma punta de los ·
atalaya. Ni sombra de rapaz N
pies
rr.:inco, la soledad, el sol.
. l ada, nada ; el ba.Jonla:\lelchor
da la espalda al barranco y exa
b
mina s ce as. Dialoga interiormente:
-Tres son, tres los barrenos que se 11
tres dfas. )lafiana habrá lajas I3 .
evaron
s
•
.
,
Ja$ para toda
.
onne satisfecho, A chup d h
aviva el tizón de su tabaco · L as ceha
os ondos
as están bien
la "... mano.

calculadas, le darán tiempo para ponerse en salvo.
Se inclina y enciende las mechas. Se aleja con lentitud, después a zancadas, Juego corre y se vuelve tratando de achatarse sobre el sendero. Han
de estallar pronto. Los calzones rojos llamean.
Los cintajos del trapajo se baten como alas. Desciende, desciende. Se detiene. El rapaz le ha salido al encuentro. No hay tiempo para incre par.
Corren juntos. El sendero es estrecho. Don Melchor le estimula:
-Corre, corre, corazón, corre, hijo.

Enorme, enorme, en un solo estallido revien•
tan las minas, Corren bajo una lluvia de cascajos
y una laja pasa silbando como una flecha, Los
golpean los pedruscos, El rapaz se detiene indeciso como si el sendero se borrara a sus ojos.
Cúbrelo con su cuerpo don Melchor. Un soplo ardiente Je hace volver hacia atrás. Inmensa, chamuscada, candente, una piedra como una ráfaga

pasa por encima de su hombro. El niño rueda,
rueda cerro abajo. La piedra le aplastó el cráneo.
Suspenso, en alto los brazos, don Melchor semeja un gigante . Ciego, se precipita por la ladera que huye bajo los pies, en un rodar de piedras,
Dentro los cariaquitales del barranco alzó a su
hijo. Corre, corre. Sobre su hombro la cabeza del
rapaz se agita, bambolea desangrándose.
En el ranchón del "Monte Parnaso" no hay

�36

EI, MEJOR. DJSFllAZ

OOLECOIÓN A.RIEL

bálsamo, no hay hilas. Don Melchor en su traje
estrafalario corre, corre.
Las primeras callejas de la ciudad, contrahechas,
torcidas, jorobadas, están ahf. La botica no anda
lejos. Ya se distingue la alameda parroquial.
En plena fiebre de carnestolendas la calle rebosa. La llenan los carruajes, los autos y peatones. Las serpentinas se cruzan y engarzan en los
balaústres. Los Golfos ruedan en el arroyo. Se
disputan a puñetazos las baratijas. En su vano
empeño por alcanzar la suprema imbecilidad, por
todas partes mete su nariz pintarrajeada, la numerosa y vaTia pros.'lpia del hazmereir. Don ?lielchor, corre, salta, empuja, golpea. La chusma corre tras él, ansiosa1 alborotada. Ya llega. Le ahoga
el jadeo: don Melchor se agarra a las puertas de
la botica. Intenta hablar, no puede y extiende.
hacia el farmaceuta la mano crispada en medie;,
de la muchedumbre que Je envuelve y arropa.
El farmaceuta al primer golpe de vista:
-¡ Extraordinario, extraordinario, el mejo~
disfraz 1
Un Bachiller que se apertrecha con aguas de
olor:
-Un girondino.
Los golfos:
-Un girondinc;,. Un girondino.
Don Melc:hor:
-¡ Mi hijo!

37

•• -

al B b'ller·
El farma~euta
~c 1 • •
.
-Tiene
un leJ· os Mirandmo.
El Bachiller:
-El año terrible.
Don Melchor:
-Muerto. El médico.
El ·Bachiller:
-La santa gui.llotina.
El farmaccuta:

1· ·t res un amolador.·

-Lo que debe so 1c1 a

El Bachiller:
.
- . Está roma la cuchilla?
l Melchor iracun
·
do·.
Don
·1
1
_ 1Imbéc1 es.
Los golfos:
-El girondino.
b cia la multitud:
Don Melchor avanza a
-¡ un médico 1
Los golfos:
-Un girondino.
'd .
como enloquec1 o.
.
h
Don Melc or
.
M' hi'o . mi destmo sea,
-Malditos, malditos. t J ,
se...
detiene Su mirar es vago,
Don Melchor se
.. desmesuradamente
ronto sus o¡os
a esalocado. De p en h . c1a
. él , hacia
su person
•
abiertos se vue1v
trafalaria y rota.
La chusma vocea:
-El:~ondino 1

�SS

I

Don Melchor corre corre h • la
El Bachiller:
'
acia
pedrera.
- ¡ Qué tipazol
El farmaceuta;
-¡ El mejor disfraz 1
LUIS URBANEJA ACHl!:l,POHL.
/

Caracas, 1916.
( La Rm f4 .)

g¡anoeslírtcos alemanes contemvmánuos
f.QN la época en que se inició el movimiento

~U

naturalista en la literatura alemana, prersor de toda la corri,.ute de r enovación lite- b
raria moderna, escribía Federico Nietzsche:
"Ha querido el destino que yo tenga la mala
•uerte de ser contemporáneo de un agotamiento del espíritu a1emán, de una pobreza que
inspira piedad". El viejo romanticismo germánico, redivivo en las instituciones tradiciona les, en el régimeu foudal que Napo1eón fué
el primero en combatir, y la lenta pero segura prusianización tudesca, no hadan ntás q\te
contribuir a mantener un sistema político caduco que coartaba el desenvolvimiento de las
instituciones y repercutía en el ambiente de los
cenáculos artísticos: la ausencia de libertad,
de amplia iniciativa, de cosmopolitismo, man ifestábanse en los versos mediocres de un
P lateo y de un IIeyse; ~n lns estrofas prosaicas de un Teodoro Storm, de un Conrado
F ernando Meyer y de un Teodoro Fontane.
Si el primer cuarto del siglo diednueve habla sido una brillante realincif&gt;n iuca.l literaria, los arios que le siguieron fueron estériles
~ n bellas cosechas: uno que otro fuerte espírit u aislado, como robles en medio de una árida
llanura, no lograron constituir una uueva
selva como en los brillantes años del apogeo

�/
40

OOLEOCIÓN AJUn,

de Goethe y Schiller, cuando toda nna generación altísima sublimó las más bellas aspiraciones tudescas en las flores magníficas de
centenares de obras inmortales. Felizmente, y
aunque algunos años antes, en medio de esa
generación que se iniciaba, alzáronse tal dos
cipreses sagrados, las enormes presencias de
Hebbel, el poeta de "Judit" y de la magnifica trilogía "Los Nibelungos", creador genial
que ha resucitado en el teatro moderno el
amplio espíritu de los maestros griegos; y
Moerike, cuyo canto resnena como una voz

aislada y magnífica en medio de la vulgaridad ambiente de su tiempo. Con sobrada razón ha dicho uno de sus amigos que si este
lírico toma un puñado de tierra entre sus
manos y lo moldea un poco, bien pronto se
transforma en un pájaro que bate sus alas y
echa a volar. En los versos de Moerike ha
reencarnado el espíritu de Goethe: tal es la
pureza de su canto, tal la admirable limpidez
de su arte, tal la amplia armonía de sus poemas transparentes; baladas dulces, suaves,
armoniosas: urnas de cristal a través de las
que se ve un corazón que sangra y un espíritu
eternamente inquieto. A veces se diría que este poeta es como un niño que vive ma:ravillado ante el milagro de la vida y de la naturaleza.
Despúes de la guerra del 70, la embriaguez
del triunfo ahoga todas las voces: los estruendos patrioteros acallan los ecos más puros

LOS BB.4.NDM LÜLIOOS • • • •••

u

•
dio del vértigo de la
que se insmúan !º me el gl ante de la saga
nación que resucita, ast
g_ bros tras el
.d todos sus m1em
que ha reuu1 o
a nuevamente para la
combate Y dP~'jf.1;. canta y nadie le esculucha. Gott e . e
ue a uel momento de
cha: no parece s100 q añotes y trotar de ca•
bronce, de arrastrar d~~ poeta pindárico, hueballerías r~lam;se a oeta ha nacido en no
co y son aJero · ese P .
ha hecho la
oficial del ejército irnsttl~~e
sus ojos el
campaña de1 set en a Y d s batallas Lilien•
sueño triunfal dedlas grpªaºtrioterlsmo lnsopor•
a pesar e su
..
·
croo es '
.
ta de transtcl6 n, neo e0
table, un curto~o p~e t!vo y declamador: un
consonantes, tma¡p~a
. un rincón de a·
d
"6 "La
V1'ctor Rugo en m1matura,
¡ lirica de don e nact
quella enorme s~y¡ ,, Detleve de Liliencron
Leyenda de los tg os ·lar en la poesta lírica
marca una etapa si~g?. 1movimiento natuale?'ana: cuan:~:e ~~~c~:s:r; canta a la vida,
raltsta, ya él e "d" p las emociones fuertes,
las luchas cuott tanas, ·entos de la energía.
los grandes deslfm~:fs':ncia militar que le
Por e~~ ª"':ª?ª ª li ro del instante, desape rm1tt6 vivir el pe gl
tamf O y a a muer te·, por eso
.
fiando a1 des
y
hubiera
querido
que
biéa gustaba e Ia ca:o Shakespeare y Turtodos los p~etas, c~lla En las noches cruza
gueneff, se dieran a
· le a ante las cam·
Liliencro~ los campos, se a d:Í\rabajo diario,
piñas, asiste_ a I;&gt;- edpº\:?Í~motora, trueca la
ensalza el tnun10 e

fr¡e

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�OOLJ:OOION ,llUJ:I.o

espada por la azad .
fi
tiforme, variado ~• es, en n, un .P?Cta mul.
' co, sonoro or1gtnal
anuncia en sus versos l
b.'
' que
la poesía lírica tudesc: ~:md to to~al que en
Su influencia entre la jo
e ven_ir tr~s él.
ria alemana es
ven generación ltterapronto han de ~:~~~:od~ P~:ltq;h.ets bien
t man y
de Verltaeren.
Las obras de Tol t 0
d
.
Ibsen y de Zol . s Y Y e Dosto1ewsky de
a, 1mpu1san d fi ·t·
'
movimiento naturalista
e DI 1v3:mente el
un golpe en el teatro de .¡jue se mamfiesta de
man, de Halbe
en to auptman, de Suder•
promut've la Esce!a Libr:~ el d~spertar que
desde ese instante la infl e I!erlm. -~ partir
dernista va en au~en
uenc1a estettca moha de malograr- en el to _ascendente, que nada
vista editada p¿r 1 Eprimer ~úmero de la retas palabras: "El d~re~f n~ )Libre se leían escontenido en un solo co o e nuevo arte está
es verdad" He
Cncepto: este concepto
. rmann onrad h bl t
bº
de la nueva tendencia de I
a , a ~m tén
toda convención , " q u e' no ahapoes1a
d · libre
· de
más que en lo verdadero
e 10_sp1rarse
primitivo"· que habl •d~n lo natural, en lo
razón.
'
a irectamente al coAl desenvotvimiento .
.
de Alemania debe
gigantesco mdustrial
vo: una poesía uecosrrb~ponder un arte nuefuerzo del trabajo
energía, el es"Nuestro mundo ha d .ªª acta de la vida:
co-escribe Arno Rol eJadNo de ser romántiz . uestro mundo es

1: ur:t 1~

tan soto moderno". El primer libro de este
poeta es un libro lírico de abierta índole so-

iial; en "El Libro del Tiempo" se escucha el
ftSOnar de los martillos; se anuncia la gesta

del trabajo y se siente la miseria que crea ta
desigualdad social. Pero no será. esta obra sino sus libros futuros los que afirmen ta excelencia de su personalidad tfrlca: ''Phantasus"
y "Dafnis", serie de esquises del siglo diecisiete, prueban cuanto se ha alejado de sus fieros
arrestos iniciales. Antaño cantaba: ''Tan lejos como la vista alcanza, se ven nada má.s
que los trigos, tal si fuesen hombres que aguardaren la madurez" (1). Sólo concibe al
poeta moderno que participe de tas inquietudes de su tiempo:
Modun sei der Poet,
Modem vom Scheitel bis zum Sohle.

Hoy la poesía de Holz se ha tornado refinadamente cosmopolita, y parece el poeta haber
olvidado ese su lema tras el cual riñó sus
mejores luchas por el naturalismo: "Que el
arte y la naturaleza sean tan sólo una coaa" (2).
También Schlaf, uno dé los primeros teorizantes del naturalismo, se alej6 de su punto
inicial de partida y, sigttiendo la orientación
de Watt Whitman, cuya influencia ha sido
definitiva en sus obras, se mantiene en un in(1) Sonst nichts, sowie der Bli.ck auch schweifte .•.
(2) Kunst und Natur

Sel eines nur,

�OOLSOOIÓN .lltIEI,

'
:'

~:
1

t

1

LOII GUNI&gt;:U r.t.rooa •••••.

46

t~nso aislamiento fitos6fico, contemplando ta
no a peligrosas bizarrías verbale~ e ideol6givida que pasa con serenidad y dulzura. Su
s. A él se le atribuye la patermda? de una
i1;1dividualismo es altamente interesante: rabra humorístico-crítica que en la hterat'!-ra
e1onatista en el fondo, concibe sus poemas
contemporánea tudesca tuvo un eco parecido
con el espíritu de un catedrático que viviese
al de "Le livre des. Masques" de Remy de
en su tebaida ideal, totalmente desconsolado
Gourmont en Francia.
'd
de tod?s los valores, p~ro ardoroso creyente
Una vez' más, como antes ~ab_ía su~ed1 o
de la vi&lt;;la. En su poem1ta Otoño leemos esta
-~ con el naturalismo, la influencia literaria co~dulce nota final: "Así... mi cabeza en tus romopolita acentuó ?efiniti_vamente el movidillas: ¡Qué dulce!_ ¡C6mo mi pupila parece
miento de renovact6n linea: sobre todo el
~ormtrse en tu puptla! ¡Qué suaves siento dessimbolismo francés y los mejores yoetas c_onhzarse los minutos!" (1).
temporáneos ingleses: norteamericanos e tt~:
La fundación de una serie de publicaciones
lianos: Baudelaire, cuyas "Fl~res del Ma
sucesivas dan vida definitiva al movimiento
traduce Stephan George; Verlame, que llega
iniciado en la lírica: la ''Deutsche Dichtung''
a ser popular en los cenáculos; Mallarmé, .
.
"Die Gesellschaft", la "Neue Rundschau"
Jales Laforgue, Henri de Regnier, alguna~ de
sobre todo "Die Insel'', dirigida por Otto
cuyas traducciones aparecen en la revista
Julio Bierbaum, acogen a todos los nuevos
" Pan "· Wal Whitman, cuyas " Leaves of
p~r!aJiras. En "Die Gesellschaft", Bierbaum
Gass,, ~erte al alemán Juan Schlaf de~pués
m1c1a una campaña cruda y activa en dede h;ber leído los poemas del lírico americano
fensa del arte nuevo contra los rimadores
en la traducción de Knortz y ~olleston; Maeª?&lt;?Cenados y co1:1tra los que siguen la tratcrlinck, Verhaeren, D'Annunzio, que en. Hud1c16n de los antiguos poetas tudescos. Biergo de Hofmannsthal encuentra u~ s~guid or.
baum es un buen poeta, pero antes que tal
Pero es justo reclamar en este movimiento ases menester considerarle como a uno de los
cendente derenovaci6n literaria un lugar muy
que dieron mayor impulso al movimiento de
alto para Federico Nietzsche. &lt;;uando_Branrenovación literaria en Alemania. El verso de
des publica su ensayo sobre el i_deol6g1co_ de
Bie~baum es suave_, correcto, con algo de par''AsíhablabaZarathustra", sus libros comiennasiano y de sentimental; su "Irrcrarten der
zan a ser buscados ávidament~, :'e. le lee con
Liebe" es un bonito libro, sencillo, ~taro, ajeinterés profundo y su obra pr:nc1p1a a trans·
formar los sentimientos y las _ideas. de la nue(1) Sol Mein Kopf auf deinen Knien •••
va generación. Nietzsche ha sido, s10 lugar a

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�L08 G!U.l(I)III IJ!U008 ••••••

OOL&amp;OIÓ1' U!&amp;

duda, el msyor lírico n •d
el 61tlmo cuart d 1 • act .º en Alemania en
biaba Zarathu~ra~' siglo d1eclnueu. "As! haes un poema un
f
fi co poema vaciado en diam . '
magn •
imágenes, su vocabula . fnfna prosa; su■
luminosa de su
rí d no, a orma breve y
za ideológica d: !':s ~ os,_ la espléndida bellepoeta admirable un rceraectdones, ha.cen de él un
· pesa sobre
' tod a1 or
genial cuya ID•
·
fl nencta
)'
de la pasada centuri a a ttera~ura de fines
presente Cl
a y de comienzos de la
.
.
aramente encontra
1
Ntetzsche en Ja fuerte indi ºd r:os a go de
en los poemas en la . v1 ua ! ad de Ibsen,
en .las sutiles
s tdeolog,as de Dehmel
Gourmont en los cc1ooes morales de Remy
~ramas d¡ Hauptm~':om~. ~e thlaf y en los
Joven generación una d . t~ zsc e le da a la
individualismo y hace dctn;a fundada en el
alemana Jo q
h" .ª cm s por la lengua
ller ni M ~e no . tcte:on ni Goethe, ni Schi'
oer1ke, nt He1ne·
t
prueba con los más bello . es.~ e~, poner a
les toda su ductilidad
s e9uiltbnos verba•
e
armomosa
omo en Francia habla
..
parnasianos, Gauthier sob::ontec,do con los
clamaron la doctrina estéf tddlo, que pro•
arte, en medio de los
. tea e arte por el
romanticismo, as! ta:~r;:otes estruen~os ?el
pronto los que hablan sid en Al~mama bien
turalismo se iban 1 • d 1os confeos del nalos excesos de su e~~~n. o p~o a poco de
mann escribía "La
~- mientras Hanpt•
joven l!rico fundaba 1':,8~~1~?ttn defi;8"a?nele", un
ª er urd1eKunst"

.tse •

'

.,

en la que comienza a dar a conocer a los slm•
bolistas franceses: Baudelaire y Mallarmé,
Verlaine y Laforgue. Mientras los naturalistas querían hacer de sus obras reflejo de la vida
múltiple y libre, Stephan George sólo buscaba el refinamiento morboso de lo exquisito:
las sensaciones suaves y complicadas, los rebuscamientos satánicos del arte, los vocablos
sugerentes y las ideas obsesoras. Su estética
es ante todo individualista hasta más allá del
bien y del mal; su literatura es enemiga de la
democracia. El poeta vive encerrado en su
turris eburnea y no escucha ni quiere oir los
tumultos de la urbe civil. Vive para él en consonante consagración ideal, en eterna actitud
misteriosa. Su aristocratismo ~s intransigente: desprecia las multitudes, odia las antologías, edita sus libros en ediciones lujosas, con
caracteres especiales y papeles riqn!simos.
Del cenáculo que presidía George hace algunos años, era uno de los más fieles concurrentes Rugo de Hofmannsthal, que más tarde
se alejó del maestro para constituirse también eu jefe de capilla. Hofmannsthal fué uno
de los primeros más constantes colaboradores de la "Blatter fúr die Kunst" . En el primer número de la revista escribía el autor de
"Elektra": "Ella quiere que sea el arte algo
puramente intelectual que se base sobre una
nueva manera de expresión y de sensibilidad"
Dicho manifiesto iba directamente enderezado contra el naturalismo, cuya vida comen-

�oor.aoor6w ilDIL

zaba ya a arrastrarse con languidez. Fono
do cerca de George y bajo la influencia de 1
simbolistas, especialmente de Gabriel d'A
nunzio, su obra acusa una transparente p
reza: minucioso y artista, su estilo semeja
encaje sutil, tejido con hilillos de oro puro
en el que el poeta ha prendido sus emocioo
como un joyero una perla. Enamorado de lo
exótico, casi todas sus obras son motivos a•
r_rancados a la historia y a la leyenda y estihzados a traves del crisol de su sensibilidad.
Como George, Hofmannsthal se refugia en el
P!lsado, huyendo la vulgaridad presente, la
vida actual, falta absoluta de interés para su
ar1;e: el ~ena~miento, la antigua Grecia, el
Onente mistenoso de las Mil y una Noches, le
atra~n co1;1 el canto~ enervante de un perfume
rancio y leJano. Un fltmbolodel armonioso equilibrio de su poesía podrían ser aquellos versos
de su pequeño poema Ambos: "Llevaba la copa en la mano; su barbilla y su boca semejá.banse a su _borde. Tan suave y seguro era su
paso, que ni una gota se derramaba de la copa" (1). Oigamos, en cambio, este final de su
Vo~Frühling , que denuncia la influencia cercanfsima de las "Serres chaadcs" de Maeterli!1ck: "Se ha escapado (habla el poeta del
viento) por la flauta en un tembloroso grito;
a la hora crel;'usc~lar ha volado lejos... ha
pasado en el silencio, a través de la pieza ru(1) Sie tru¡den Becher ID de Hand•••

LOS oUIO&gt;U Lfmoos;,....~- ....

49 • -

y ha extinguido dulcemente la lumbre
la lámpara (2).
. .
Suma y compendio de todo el lmsmo tudesactaal es Ricardo Dehmel, cu~a. obra decaden6 tempestades _en 1~ ºl?m16n c~andió a la estampa su hbro MuJer y Umver". Es el de Dehmel el temperamento r:J?-ás
mpleto y vigoroso de la presente genen~_c1ón
·ca germánica: fuerte, sensual, expresivo Y
iginalísimo. No ha existido un lí~co que,
mo Dehmel, haya comprel!dido e mterpredo a Verla ine: sus traducciones del poeta
e ' 'Sagesse" son perfect as. Dehmel es en el
ndo un naturalista doblado de un filósofo
• quieto: contempla la vida, los seres, el amor
niversal y el amor human.o, fuente sagrada
de la vida. Su poema Oración noct urna de la
novia es uno de sus mejores cantos,_y da la
edida de todo su ardoroso sensualismo. La
m,nada invoca al amante porque su "soledad
la incendia"; quiere estar cerca de él, be_ber
eus fuerzas, fundirse con él e? el fuego ardiente del amor: "Noche de ardiente deseo, mundo que atormentas, sueño t erreno: ¡sol, so)!
¡Oh, mi amante, mi esposo!". Est e poema,
que aún sigue escandalizando a pa~atos como
el incomprensivo Muret, promoVtó más ~e
una discusión violent a cuando Dehmel lo dió
a la estampa. El libro ".Las t ransformac}ones de Venus" es un curioso poema erótico
(2) Er glitt durch mit Schweigen • .•

�CIOL'EOOI6K ilIZL

en la que presenta la alegoría venusina; todas
las formas del sentimiento amoroso: Venus
Bestia y Venus Creadora; Venus Perversa y
Venus Primitiva. El amor abarca para el
poeta el arco de la vida desde el nacimiento
hasta la muérte misma en el símbolo fecundo.
Dehmel es un poeta total, un poeta com pleto como Walt Whitmann o el belga Verhae·
reo. Su cauto abarca la vida entera en todas
sus manifestaciones, desde sus orígenes hasta
su evolución más elevada y abstracta. Hombre profundamente sincero, de carácter de hierro, ha hecho de su vida una tremante hogue•
raen la cual se funden todos los prejuicios y
los convencionalismos todos. En 1899 separóse de su mujer con acuerdo de ella misma
porque, según reza en su autobiograffa, "un
amor más fuerte me había cogido" (weil eine
stii.rkere Liebe mich ergriff).
Los poemas de Ricardo Dehmel tienen, como la poesía de Vedaiue, todo el encanto $U•
gerente de las palabras que se pronuncian a
media voz, en sordina, dejando que caigan
sobre la sensibilidad como pétalos húmedos:
he aqui la Ciudad tranquila, una ciudad silenciosa, dormida, que solo turba el canto de
un niño: "Y a tra ,('S del humo y de la niebla,
se inició un canto suave que brotaba de la
garganta de un niño" (1).
(LosDUS. Santiago de Chile,)

ARMANDO DONOSO

(tt,,. und durch den Rauch und Nebel. .•

f

ederfco Nfet.icbe
EL OTOÑO

He aquí el otoño que me hiere
con su espada de hielo el corazón.
1Aléjate J Mi espíritu se muere .
mientras el viento canta su canción.
El sol sube despacio sobre el monte,
descansa a cada paso en su ascensión;

la esperanza ha huldo; el horizonte
es triste. Me duele el corazón.

El mundo se marchita ... se marchita ..•
el arpa mustia suena su canción, .
la canción del otoño que está escrita
sobre la nieve de un corazón.
Traducción de Wilheim Kcfper ·

ECCEHOMO

V d d ' Yo no conozco mi origen-voraz co¡ era.
.
totomo la llama-ardo y me consumo .-_y cuan
co se convierte en luz,-y Jo que deJo no es más
que carbón.-l. Verdad ¡ 1soy como la llama 1
Traducción de A. D.

�52

COLECOIÓlf .UI&amp;L

ULTIMA VOLUNTAD

¡ Irse I Verle morir como .yo le ví un dia,-a
aquel amigo que fué luz-en mi oscura juventud.-Grave e inquieto era; tal un danzador-en
medio de una batalla:-entre los luchadores el
más alegre ;-entre los gloriosos el más firme.Fuerte, pensante, sereno-en la claridad de su
destino.-Tembloroso cerca de ]a victoria,-rebosante de alegría ante el presentimiento-de un
triunfo ganado en el umbral de la muerte;-dando órdenes en la agonía, cuando-lo que ordenaba era su muerte.
1Ah! i Irse! Verle morir como yo le ví un díacon el gesto de un vencedor.
Traducción de A. D.

LfRIC08 .UillUNU

63

LA ISLA DE LA FELICIDAD

La luz bromea en el caliente establo
y en él dos vacas de reposo gozan.
Gallo y gallinas, a la prole atentos,
con prodigiosos desperdicios sueñan.
El zagal, en la hebilla de las calzas,
tierno cantar al hermanito silba.
Mozo, gallo y polluelos, descuidados
viven ante el raudal del Universo.
Traducción de E. Diez C;medo.

Oton 'juUo Bferbaum
SUEÑO EN EL CREPUSCULO

Detlev de l.-ílíencron
LA GOLONDRINA

Mecen al niño los maternos brazos·
cruza el aire en ziszáz la golondrina.'
Mayo; ternura fiel de un ser al otro·
cruza el aire c·n ziszás la golondrina. •
Luchas del hombre; sumisi5n o triunfo•
cruza el aire en zisi:1:s la golondrina. •
Tres puñados de tierra sobre un féretro•
cruza el aire en ziszáz la golondrina ! '
'fraduccióo d~ E. Oí~&amp; Ca.11cdo.

Praderas dilatadas, dulzura vespertina;
surgiendo estrellas van; el sol declina;
busco a la más hermosa, lejos, en los confines
de los prados, en esta dulzura vespertina;
voy por entre los setos ue jazmines.
En ta paz vespertina, por la tierra del amor,
camino sin cesar, no me apresuro;
suave lazo sedeño me retiene seguro,
en la paz vespertina, en las tierras del amoY,
ID un tibio, azulado resplandor.
Traducción de E. Diez C&amp;11edo.

�54

• LÍRICOS

COLB:OOIÓN ARIZL

'8ítardo Oehmd
LA CIUDAD SILENCIOSA

Hay en el valle una ciudad.
Obscuro va quedando el día,
pronto en el cielo ya no habrá
luna ni estrellas; noche fría
tan sólo reinará.
Los montes al pueblo en la masa
cautivan de nieblas ingentes;
ni techo, ni patio, ni casa,
ni sonido el humo traspasa:
sólo, apenas, torres y puentes.
El caminante siente miedo:
pero, en el fondo, una sutil
lucecita brilla en las nieblas
y un canto de alabanza, quedo,
sale de una boca infantil.
Traducción de E. Diez Canedo.
NOCHE EVOCADORA

Mientras los campos se obscurecen-mis pupilas se tornan más transparentes.-Ya apunta la
luz de una estrella-y los grillos redoblan su letanía.
Cada voz es más evocadora :-lo vulgar hácese
milagroso.-Detrás del bosque el cielo está más
pálido,-mientras las cimas se bañan de claridad.

ALDAMB:8

· ·ero '- como la lui
y tú no notas al pasar, v1a1
~ en el amplio seno de las som~:~~~o;:~:~fnesperadamente, te sientes sobre•
cogido.

Traducción de A, D.

]lrno ftol~
FRENTE A . MI VENTANA

Canta un pajarillo
ante mi vent ana.
Arrobado le escucho; mi corazón aguarda.
Canta.

Me recuerda lo que tuve de niño
y que luego olvidé.
T raducción de A. D.
E N UN JARDIN

En un jardín,
bajo los árboles ensombrecidos,
ardamos la noche de verano.
ª~un no despunta ninguna estrella.
De una ventana,
en crescendo,
•
. í
llegan los acordes de un v1ol n.
La lluvia de oro deslumbra.
Las lilas embalsaman,
mientras en nuestros corazones
se levanta la luna.
T raducción de A.

D.

�56

ÚBICOI .a.LDIAD8

SOBRE EL MUNDO

Pasan las nubes sobre el mundo.
Su luz pasa
a través del bosque.
1Corazón, olvida !

se disiparon en el valle obscuro
mis vagos pensamientos de crepósculo,
y entre las aguas de una mar tranquila
me hundí callado•.• y se me fué la vida.

Vi cálices de flores misteriosas

Del sol benéfico
fluye un sopor agradable,
Y de las revueltas flores nacen
propicias consolaciones.
i Olvida 1 ¡ Olvida!
De la espesura, el canto de un pájaro ...
Canta su canto.
1La canción de la felicidad !
Traducción de A. D.

nugo de nofmannstbal
SUEÑO VIVIDO

y negras, que brillaban en la sombra:

y en corrientes de tinte anaranj~do
-como tibios fulgores de topaciouna luz que pintaba la floresta,
de triste claridad amarillenta,
y todo estaba lleno por las olas
de una rara cadencia melancólica,

Y sin lograr siquiera comprenderlo,
mi turbada razón, pero sabiéndolo,
clamaba sin cesar entre mi mente,
que aquella realidad era la Muerte ..,
y la Muerte hecha música; la hermana
de los hondos anhelos; la que ama

El Valle del Crepúsculo llenaban
perfumes grises de color de plata,

a los seres que viven, y los busca,
toda vigor, entre la noche adusta.

como cuando la luna se tamiza
p or entre nubes de borrosas tintas.

y en silencio y oculta entre mi alma
lloraba por la vida una Nostalgia,

No era la noche sin embargo. Presto
co n los aromas de matiz de argento

y lloraba y lloraba como llora

el que se va-llevado por las olas

11'

�·, 68

OOLEOOION ABIEL

en una enorme embarcaci6n marina
de fantásticas velas amarillasque a los-tenues fulgores del ocaso,
desde las aguas de un azul opaco
consigue divisar en la ribera
todo el cariz de la ciudad paterna:
y se ofrecen las calles a sus ojos
y percibe el murmullo de los pozos,

y de los caros bosques familiares
aspira los aromas otoñales,
y se finge de pies entre la arena,
como en las horas de la edad primera,
transido de inquietud, con las pupilas
arrasadas en lágrimas esquivas,
y ve el roto cristal de su ventana
y tras ella su alcoba iluminada...
Pero la enorme embarcación marina
que no surte jamás en las orillas,
sigue adelante en el silencio mudo
que hacen las aguas de un azul obscuro,
sobre los viejos mástiles tendidas
melancólicas velas amarillas 1. ..
Tradu~ión de Guillermo Valencia.• . ~

LÍBICOS ALDL.Ura6

ó9

Stepban George
ANIVERSARIO

Hermana, toma el cántaro
de tierra gris;
·
no olvides la costumbre, Yvente luego
en pos de mí:
Hoy ha siete veranos que lo vimos:
recuerda ... En tanto
que Bl hablaba, nosotros en el pozo
hundíamos risueñas nuestros cántaros !
Después ... un mismo dia
nuestro novio perdimos: Hoy, hermana,
iremos a buscar en la llanura
la fuente que sorobrean
dos álamos y una haya,
para que allí
llenemos en silencio nuestros cántaros
de tierra gris ...
Traducción de Guillermo Valencia.

�HOKBBOOOX'l'lli HOJI.BJtO

ffombro contra bombro

e

las varias tribus
hermoso territ .
que poblaban el
pública Oriental lo~r; que hoy forma la Re.
lugar prominen'te a uaraníes ocupaban un
ta con los Charrú~s ufque en guerra abiersil, sus implacables Íer°s M_~melucos del Braban caza como a b tegu1 ores, que les daban y vendían por es:1:~s.feroces, los herraEn una de las mu h
.
•
los Guaraníes conf;d:rs mvas1on,es de éstos,
un poderoso e]ército 'ldos, hab1an reunido
las inmediaciones de{ue::n~:n acampando en
Las reyertas y rivalid
y.
tre los caciques uar a ,es, tan ~omunes enrompimiento, y pr2xim~ntes, o~as1onaron un
cada uno se retiró co0
a venir a las manos,
le pareció.
su gente donde mejor
Uno de los caclques G
.
taba mayor número' de uaym1rá~, el que convadear el río y se guare .~om~atten!es, logró
Los demás formand c1 en a vecma selva.
charon hacia ~l nort o alas paralelas, marEl enemigo que ac:~haba
•
cuando los vió dividid
bsus moví1!31entos,
os y astante leJosunos
NTRE

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61

de otros, cayó sobre ellos y los fué batiendo
en detalle.
Los que escaparon de aquella espantosa
carnicería, anduvieron tres días y tres noches
vagando por los montes, perseguidos siempre
por los Mamelucos, hasta que, muertos de
hambre y de frío, pudieron llegar a las márgenes del Uruguay, favorecidos por la oscuridad de la noche.
'Estaba muy crecido el río y había vara y
media de agua sobre el paso, que era un estrecho banco de arena. La fuerza de la corriente ponía espanto, y los baqueanos declararon
que era imposible pasar.
Los fugitivos, cuyo número crecía por instantes, llegaban, y al ver a sus compañeros
detenidos por aquel obstáculo insuperable, se
sentaban tristemente a la orilla del río, escondiendo la cabeza entre sus manos.
Empezó a despuntar el alba y a divisarse en
lontananza, en la cumbre de las lejanas cuchillas, las ordas de los Mamelucos, que husmeaban su presa. Las mujeres y los niños rompieron en sollozos y gemidos. Algunos hombres
corrieron instintivamente hacia la orilla, pero
al tocarla, retrocedieron amedrentados por
el imponente espectáculo que ofrecía el Uruguay desbordado.
Un joven alto, robusto, de vigorosa musculatura y excelente nadador, detúvose únicamente, y, confiado en su destreza y en sus
nervios de acero, se precipitó en el río.

�62

OOLICOIÓN ARU:L

Otros y otros le siguieron.
Lucharon un momento ... pero debilitados
por _el cansancio y la falta de alimentos remolmearo_n, y describiendo un ancho cir~ulo,
desaparecieron arrebatados por la corriente.
Poco después, sus cadáveres flotaban sobre
las olas. Horrible desesperación se apoderó del
al~a de los Guaraníes, y de nuevo los niños y
muJeres ensordecieron el aire con sus alaridos.
Lo~ que se encontraban seguros en la selva,
acudieron ~I tumulto desde la orilla opuesta
Y una sonnsa satánica iluminó el pálido ros'.
tro del vengativo Guaymirán, que capitaneaba aquella tribu, la única que se había salvado del desastre general.
En ~•to un grito formidable retumbó en el
espac.10 como el sordo rugido del trueno: los
enemi?os acababan de divisar a los dispers?s.-¡Protegednos, hermanos!-gritó un anciano adivino, dirigiéndose a sus antiguos
compañeros-los Mamelucos, después de deg~llarnos pasarán el río mañana y harán lo
mismo con vosotros.
El cacique pareció reflexionar, y un murmullo de &lt;;ompaslón_se levantó entre su tribu.
_Las muJeres, los 01ños y los heridos les tendieron sus brazos.
_El sol rompió las densas nubes que lo envolvt~n y trepó lentamente por el horizonte ilummando con rasgos de fuego aquella escena
desgarradora.
-Sí, es preciso salvarlos-exclamó un joven

RODILO OON"l'tlA BOOBO

entusiasta-caerá sobre nosotros la maldi:
ción de Dios y el desprecio de los hombres, SI
ne&gt; lo hacemos.
.
-Unidos, somos invencibles,. tornó a decir
el adivino: pero a)slados y ho_stiles seremos la
presa y el escar010 de las tnbus más despre•
ciables.
.
,
Guaymirán levantó l'?s OJOS ~l astro, s1m•
bolo de su común creencia, y herid~ en las pu·
pilas por su lnz irresistible, sac~d1ó su larga
cabellera como si quisiese arr'?iar de sí los
malos pensamientos que le d~n:unab3:ni y vol·
viéndose rápidamente al v1eJO ad1vmo, le
gritó:
-Que cien hombres de los más fuertes, en·
lazadas las manos con las manos, hombro
contra hombro, se adelan~en en lí~ea ~ecta
sobre el banco hasta la mitad del no. Noso·
tros haremos lo mismo y formaremos as! un
estrecho canal que sirva de tránsito .ª los débiles, y de invencible barrera a la puJanza del
río. Así lo ejecutaron, y entonces, a favor de
aquella muralla de pechos hum3:n_os, asegurándose en ella, el resto de los fug,tivos pasó
y trasladó a la ot~a orilla a los niños, a los
heridos y a las mujeres.
Cuando llegó el feroz Mameluco enco~tró
la playa desierta; pero confiado en que ba¡ase
el río, sentó allí su campamento.
Los Gnaraníes derrotados, ganaron la selva, comieron y ?urm!eron tra~quilos esa noche, y, restableetdos de sus fatigas, en la ma-

�CJOI.WOOIÓN ABIU.

drugada del siguiente dia, aliados con la nu•
merosa falange de Guaymirán, sorprendieron
a los Mamelucos y no dejaron uno solo con
vida.
Pueblos del Río de la Plata y de toda la
América española, partido que por diversos
senderos perseguis uu mismo ideal, el imperio
de las lnstitaciones, el bien, la felicidad de la
patria, imitad en la buena como en la mala
fortuna el proeeder de Guaymirán: unidos
sois invencibles, pero aislados y hostiles, seréís la presa y el escarnio de las más despre•
ciables tribus.

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especialmente para tipografía y
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                  <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                    <text>A.riel
eo.tección
AÑ'O XI - VOL. II
SU::tv.1:ARIO
LUIS ARAQUISTAIN ...... :
RAMIRO DE MAEZTU......
ANTONIO JOSE IREGUI.. ..
E. DIEZ CANEDO.. . ..... ...

Apropósitodeuna donación
El honor en la Edad Media
El árbol y el hombre
La poesla castellana y Rubén
Darío
ANTONIO MACHADO ...... Apuntes, Parábolas, Proverbios
y Cantares.
ELISEO RECLUS..... ... . . . .
CARLOS GO!IIZALEZ PEÑA
ENRIQUE JOSE VARONA..
ALFREpO TENNYSON....
JUAN ll¡IILTON...... •. . . • . ..

Enseñanza de la geograffa
Flor de madroño
Como Byron
Noche de verano
Soneto a su mujer, difunta

euaderno 86

sa

:Jost, eosta ~lea, Stptttmbrt 1s dt 1916
Imprenta Greffas

��OOLECCION ARIEL

tPero bien salta a la vista que el espíritu
fÜ su _ilantropía (•) era, sin embargo, profundamente reconstructor. .Al dar ese mill6n a la Casa del Pueblo, le animó seguramente el deseo de que la clase obrera se sirfliese de él, mediante la enseñanza, para sus
reivindicaciones. Con sagaz intuición observó quizd que el problema de la clase obrera
en general, pero muy singularmente de la
española, es la elevación de su niv§l mental.
Y más concretamente aún, la gran cuestión
de la clase obrera española es formar un
mú;leo numeroso de directores competentes. La característica del partido obrero
~pañol ha sido hasta ahora, en sm fmzciones públicas, la honradezj ya es tiempo de
qué también lo sea la competencia. Un parlido como éste tiene la obligación de que sus
periódicos posean más sustancia ideológica
y mayor poder crítico que los demás perió•
• La del millonario español Dn. Cesareo del Cerro, que legó
al morir 1000000 de pesetas a la Casa del Pueblo.

61BLlOTE CA

CENTRAi,.

U.A. N.L

�dú:os¡ que sus concejales sepan 'de na47"'1~
m1,1nicipal más que los demds concej~
que sus representa•tes de todo orden cont&gt;..,
can las cuestifmes . públicds-económieas
pedagógicas, militarBs, etc.-mejor qus
demás rep,ressntantes¡ que sus organi8~
res conozcr.ln la técnica de organizar mejor,
que los hombres de los otros partidos. fJ&gt;s-ro
· ¿cómo conseguir esto? Los obreros tienen
escaso tiempo para el estudio, y los hombres
que van a ese partido ya preparados son 'i(&gt;•
cos, poquísimos.
Si el Sr. Cerro hub-iera conocido la escuela de estudios superiores que el partido so-cialista alemdnsostiene en Berlín, le hubiera
interesado tan magnífica institución, y aca.
so, dado su espíritu, hubiera aconsejado la
creación de otra semejante en España. En
esa escuela se enseñan nada mds qué cinco
o· sei~ materias fundamentales e indispettsables para hombres ya adultos-todos ellü$
obreros-que luego serdn concejales, diputa:.
dos, organizadores, propagandistas, directores de cooperativas y de periódicos. Cursos
brefles-seis meses continuos-, pero int8~

p...,...---~_.._. .. ---- ·--.....
.JAftTj,t ~.,

l partido sostiene a /,os alumnos y
, durante el curso, a las familias
sostén eran. Esta escuela p,r.epara homa la gobsrnación y dirección Je la
idad. fPero sus enseñanzas se vierten
tarde sobre la clase obrera total. Un
· dico escrito por hombres b-ien preparaun aisiurso p,ronunciadp en el fParlasobre impuestos, por ejemplo, por un
ico en su materia, darán a la clase obrera
contenido pedagógico que no podrán
llar en ninguna otra parle. U1!'I escuela
, además de ser un anticipo de lá univérideal, de la unwersidad para todos,
encerrar potenci,a/,mente más energía
adora que muchos afws de lucha ha-

.

LUIS ARAQUISTAIN

�Bt. HONOR '.IN l l BDAD IIEDJA

€1 bonor tn la €dad mtdia
Américo Castro ha publicado reD
cientemente en la ''Revista de Filología española" un estudio sobre el "ConON

cepto del Honor'' en nuestra literatura de
los siglos XVI y XVII. Sabido es que el
honor desempeñaba una función principaHsima en nuestro teatro clásico. Perderla
honra equivalía a perder la vida. Así era
la sociedad española de aquellos siglos. Y
así hablaban y obraban los personajes de
Lope de Vega y Calderón.
Y a no pensamos así los españoles. Los
mejores creen que la virtud, el obrar bien,
vale más que el honor, definido como la
opinión favorable que los demás tengan
de nosotros. Y los peores españoles piensan que la vida y la riqueza son bienes muy
superiores al de la honra y al de la virtud.
¿Po~ qué no pensaban así los españoles
de los s1glosxv1yxvn? ¿Por qué creían que
la _vida sin el honor carece de sentido y lo
primero que se les ocurría, al sentirse infamados, era la idea de matar a alguien o

325

de morirse de melancolía? He aquí el tema que Don Américo Castro se plantea
en este estudio que juzga "inactual".
¿Inactual? Y o no sé de estudio alguno
que penetre más hondo en el problema de
la guerra europea. Claro está que el Sr.
Castro no ha pensado para nada en la
guerra al consultar los centenares de libros en que ha documentado su trabajo.
Pero ya verán ustedes.
Las raíces del concepto del honoren los siglos XVI y xvn hay que buscarlas en la Edad
Media. Al investigar la Edad Media el Sr.
,C astro encuentra en las Partidas que Alfonso el Sabio llama hombres honrados a
los de buena posición. El primer motivo
de honra era en nuestro siglo xm la posición, ''y así, el máximun de honra se debe
al rey", el segundo la realización de notorias proezas y en último término la virtud
del hombre. Por otra parte se llamaba "honor'' al donativo (casa, tierra, rentas o usufructos de algún realengo) hecho por el
rey a un vasallo.
Solo que aún no hemos llegado al punto esencial. Lo esencial del honor en la Edad Media consistía en ser el signo externo de la posición social de cada hombre.
Los honores del rey eran la corona real y

�OOL900IÓ1' .dISL

el cetro: como el honor del alcalde era la
vara o las llaves de la ciudad. El honor
mío, si mi oficio se hubiese conocido en la
Edad Media, habría consistido, por ejem•
~lo, en el permiso para lucir en las proces10nes un bonete adornado con una pluma de gallina y para andar detrás de los
arqueros pero delante del usurero mayor
de la ciudad.
En la Edad Media no existían derechos
s~bjetivos, tales como el derecho de propieda_d, al modo que los ha creado la re- volución francesa. El artículo 17 de la De• claración de los Derechos del Hombre di~e: ."Como la propiedad es un derecho
mviolable y sagrado, nadie puede ser privado de él, como no sea cuando la necesidíl;~ pú~lica, legalmente constatada, lo
exiJa ev!dente~ent_e, y. bajo la condición
de una mdemmzac16n Justa y previa".
Este concepto del derecho a la propiedad es el que rig-e en todas las sociedades
moder!1as, lo mismo en Alemania que en
Fran:1a, en los. Estados Unidos. que en
Espana, y por cierto con gran satisfacción
de l~s clases conservadoras de todas las
naciones.
En la Edad Media, no se conocían los
derechos subjetivos, invención moderna,

BL BONOB 'IN LA '&amp;DAD X'SDIA

827

o la idea de la personalidad. Ninguna
· ión social se fundaba entonces en un
ho ~ubjetivo. El rey mismo podía ser
puesto, y era depuesto frec_uentf:mente,
o no desempeñase a sabsfacc1ó~ g~1 su función específica de hacer JUSben la distribución de los honores, que
n, a la vez,. las posiciones sociales.. ~n
anto a los disfrutantes de estas posic10' nunca se hallaban tan seguros de
como lo están ahora. Lo que el rey
ba, el rey quitaba.
·
En las sociedades modernas el honor
ha sutilizado tanto que ha perdido to'base material. Lo importante, desde
punto de vista material, es ser rico, J?Orue la mala fama no nos puede qmtar
ri9.ueza. U na vez ricos somos ya indend1entes de lo que los demás piensen o
'gan de nosotros. De ahí que la riqueza
el supremo bien para los más de los
om bres modernos.
Este deseo de poseer riqueza-sanciodo por el concepto subjetivo del derecho-es lo que ha hecho colonizarse el
mundo. Los hombres se han lanzado en
estos siglos a las India~ de Orie1:3te y de
-Occidente, con el propósito de ennqueccrae, para no necesitar luego ajustar la vi-

�328

OOLEOOIÓN A.RIEL

sa a lo que piensen de ellos los demás.
Así se ha colonizado el mundo, pero
cuando estaba ya colonizado, surge Alemania y dice:
"No por haber venido tarde me voy a
quedar sin la parte del mundo a que aspiro. Vosotr&lt;;&gt;s os habeis apoderado del
planeta en virtud del derecho subjetivo
del primer ocupante. Yo opongo a vuestro derecho subjetivo el de creerme con
más fuerza que vosotros''
He aquí un conflicto de derechos subjetiv&lt;;&gt;s contra derechos subjetivos. Y este
conflicto no puede ser solucionado de un
D?-odo ju~ídi~o. Ni tampoco podrán soluc!onarse Jundicamente los conflictos que
sigan a esta guerra hasta que los hombres no caigan en la cuenta de que los
derechos subjetivos son absurdos y de
que, en realidad, nadie tiene derecho
más que a cumplir su deber, es decir
a desempeñar la función que le corres~
ponda.
Pero si la sociedad es justa encomendará a _cada ciudadano y a cada pueblo,
l&lt;:1- función para que se halle mejor capacitado. Esta apreciación que los demás
hacen de la capacidad de cada hombre o
de cada pueblo es realmente su honor.

EL HONOR EN LA ltDAD MEDIA

829

No hay solución jurídica a l~s ~onftictos
creados por los derechos subJetlvos a la
propiedad y a la soberanía ~mo no sea
restaurando en su valor medioeval el estímulo del honor, como fundamento de las
sociedades, y acapando de raíz con t?d~s
los derechos subjetivos, tanto de los mdividuos como de los Estados.
De lo cual se deduce que la Ed8;d Media hacía muy bien al da~ tanta 1mportancia al honor. Es que sm honor no ha-bía entonces ni posición ni pan.
RAMIRO DE MAEZTU

�EL ÁRBOL Y EL HOKBB.E

El árbol y ti bombrt

e

ntre las leyes más admirables que la naturaleza nos muestra como rectoras de la vida, ninguna tan sabia ni tan profunda como esta
de la correlación universal, que liga el sér al sér,
el árbol al hombre, el agua a la vida, la mente a
la estrella, la luz a la hoja y a la flor, a la pupila
y a la imágen.
\
¡ Qué misteriosa gravitación del lampo que
humaniza el sol, fijando la luz y el calor en el
árbol para sazonarlo en el fruto que luego ha de
bullir en la arteria purpúrea y destellar de nuevo en la célula y el neurona ! ¡ El sol es el que
prepara y adereza la vida del vegetal nutricio,
encarnándose en la flor y en el fruto maduro; él
es quien fija el carbono en la hoja, separándolo
del oxigeno, que adereza así para el pulmón!
¡ Qué profunda correlación entre el insecto y
la flor que fecunda con el mensaje de amor que
de otras flores trae en sus alas, y esa del aire,
Illensajero de amores en los cálices, donde deposita los gérmenes de vida! Cuando el miasma
devora la vida, viene el ciclón que lo sepulta en
zonas que lo encadenen. Cuando el insecto devora al animal, viene el ave que lo salva. ¡ Cuando la sequedad despuebla la llanura, viene el

331

vbol que llama el nido, condensa el agua pluviosa' y hace brotar el manantial.

.
El árbol es el amigo del hoffibre y paranmfo
de su hogar. El árbolspan, el árbol-agua, el
árbol-sombra, el árbol-lumbre, el árbol-paz. El
es el que morigera el.invierno y templa el verano,
apacigua las tempestades y amansa los ~uracanes y aquilones, guarda la humedad am~1ente
y llama a las nubes pluviosas, hace fluir los
manantiales y congrega a su sombra las cunas
y los nidos. El es el que da capa vegetal al sue~o
húmico regularidad al meteoro, a la cabana
abrigo 'al 'cuerpo salud, a la ciudad pulmón, al
niño frondas y al poblado horuelos. El árbol
del pan, el artocarpo, da al labriego el ~ande
cada día sin trigo ni maíz, y el de la lluvia da
a )a región que la sed devora, sombra, humedad
y manantial aéreo.
1Imagen fiel de los hombres, los árboles entrelazan sus raíces en el subsuelo profundo, como el
hombre en los más hoµdos estratos de la raza y
de la historia, para vivir y crecer, elevando unos
y otros sus cabezas hacia los cielos_ estrellados,
bajo la santa comunión de la paz, sm que falte
nunca luz bastante para nutrir las frondas y las
mentes ni savia bastante en el seno de la roa'
•
dre tierra
para nutrir
ramas Y e~pe~anzas 1•
Obrero de vida, el vegetal distribuye e~ cada estación la mies y el textil, la fibra Y el tmte,

�332

'\

m, ÁRBOL T Et BOKBBlt

OOLIIOO!Ó1' il.IU,

el combustible y el sustento, transformando el
hidrocarburo en jugo nutricio. Ampara a la agriC?ltura c_ontra la sequedad y la inundación, contra el hielo y el vendaval. A la industria da su
fibra, al riel su apoyo, al palacio su columna
al navío su armadura, sostén al alambre, al libr~
su hoja, al laúd su armonía.
Mulle el pensador la cuna del hombre en el
bosque nativo, donde colg6 el nido primitivo de
sus hijos, Y de cuyas ramas form6 la masa y la
fle~ha, el cayado y el báculo. Su fe prístina simboliz6 en el árbol el bien y el mal, hizo de él con
qué domar las ondas procelosas del mar y con
qué penetrar en el misterio del más allá: el féretro. Bajo la paz de las encinas nemorosas ofici6
la fe druídica y tambiém la justicia franca. La
leyenda tom6 de él con qué encender las ascuas
proféticas de Isaías, y de sus simientes hizo el
maestro de los maestros la sublime parábola
del sembrador, y puso en el labio ungido de Asís
este himno: "¡Hermano!"
El árbol,
. el agua y el aire , trinidad de vida '
que el dios Pan encarna en el hombre en el más
eufórico de los sentimientos humanos: el sentimient~ de la naturaleza; de donde fluyen las
creencias, que al través de las edades apaciguan
las ansiedades humanas y calman las tempestades d~l dolor. La dendrolatría cuelga del árbol
sus mitos y la poesía sus ritmos, como el ave sus

813

-.atares. El arbolado es el que guarece la paz
los prados, almacena el sol para devolverlo
a el carbón terciario, hecho luz y calor al soplo
ftOCBdor de la ciencia y el arte.
Un árbol es una idea, que crece; una idea es
• árbol, que da verdad por fruto. Las ideas
andan por los arbolados, como las auras por las
:frondas. Higiene de las urbes, discurre la vida
por el jardín y el parque; belleza da a las calles
'J avenidas; esparcimiento, granero, techo, he,.
raldos del pensamiento escrito. Es el exponente
de la cultura moderna, adorno de las ciudades.
Emblema de la patria, el. árbol acompaña al tra·
bajo, sombrea las cunas, disciplina el vigor del
Diño y dota de viático de vida al hijo. Sembrad
árboles al pie de cada cuna, dice el sabio. Cuando es tiempo de enviar al hijo en busca del pan
espiritual a la escuela, os dará sus primeros frutos para alimentarlo; cuando sea tiempo ?e ~U•
trir su espíritu con las verdades de la ciencia,
ya os dará su cosecha de mader~ y combust_ible,
y cuando vaya a aprender a vivir de sí mismo
por medio de una profesión, os habrá colmado
muchas veces con sus frutos.
Regulador de la vida, el árbol rige la lluvia,
el viento, el calor y el aire; enfrena el torrente
y la inundación y acrece el manantial: la ~rza
que quita al huracán la distribuye .en las bnsas
y las auras refrescantes; quita al coruscante

u

�334

COLECCIÓN ARllL

meteoro su energía destructora, protege el plantío contra el frío, el hielo, el granizo y el polvo.
Vivo, es el árbitro de la vida, guión orgánico entre el mineral y el fluido, gas, aire o líquido; entre el blastema y la sangre, entre la luz y el
pensamiento, cuyo órgano nutre con sus jugos.
Muerto, abona con sus despojos el suelo que le
dio la vida. Primero fue abrigo, hogar y foco;
luego se hace emporio, mensajero de lajdea en
el periódico y el libro. ''Muriendo, el árbol ha
adquirido una vida superior: de tosca materia,
casi se ha convertido en espíritu".
Defensor de la vida, el árbol es el soldado que
vence la muerte, al miasma febril, con el elíxir
de su corteza trófica; al desierto inhospitalario,
con el oasis umbroso; al granizo y la helada,
con sus paramentos de frondas; al fuego abrasador, con la frescura de su follaje; a la inundación, la marisma y la torrentera, con sus hercúleos troncos. Zapador del progreso, el árbol avanza en silenciosa marcha, por las estepas y las
faldas de las montañas, trepa a las rocas alpinas,
escala la cima de los Andes y del Himalaya, y
clava, cerca del azur, su cimera alada, donde
anidan el ensueño deI azul y el verdegay de la
esperanza.
La conquista y el dominio del trópico la hará en primer lugar el árbol prolifico, precusor
pel poblado, heraldo de la agricultura. Despen-

EL ÁRBOL Y EL I!OMIIRE'.'..-_ _ _ _S:..:3:..:.5_

------

saque deambula al través del valle y del _collado; camino que anda cargado de pan Y vm_o,
leche y miel, lumbre y combustible; frutos m1l.
' Hablad de libertad al pueblo, donde el terreno
~esnudo de árboles sólo muestra la esterilidad
del eriazo como una maldición! ¡ Hablad de fe
al pueblo, cercado por el desierto, donde sól~
se arrastra por sobre la pátina musgosa, el liquen del fetiquismo y el espejismo dolie~te del
hombre, que sueña paraísos! Hablad de 1deal~s
a los que mueren de soledad y de laceria, sucio
el cuerpo, sucia el alma, ayunos del árbol Y
del agua que le sirve de guía. ¿ Podrá nacer
allí la noción del soberano, la planta democrática, la concepción del derecho y d~ la ju_sticia, donde el yermo devasta el suelo mhosp1talario, bajo el cielo inmisericorde? El gobierno
será para él el peor castigo, la religión flagelo
y la ley cadenas.
El arbolado nos brinda esa copa de azul, que
amor escancia. Un vagaroso ensueño circula
por entre el follaje, penumbra d_el misterio q~e
habita en las frondas. La serenidad Y la alegria
extraen del árbol los goces de la vida, como
éstos la savia de la tierra; las despliegan al viento en la cabellera de hojas Y de flores, que
en callado ahinco elevan en pos de más luz en el
regazo etéreo del tiempo.
ANTONIO JOSE IREGUI

(Cromos. Bogotá.)

�LA PO'BSÚ OA8T:ILLANA ....

Ja voe.sia ,a.steffauá g~n.6éu 'l)ario

U

iuicioso crítico de la América española,
q uien se debe quizá el más cumplido estudio que de Rubén Darío se ha hecho, escribió en él las palabras que siguen: "Rubén
Darío, acaso pertenece hoy, más que a la
América, a España". Esta opinión de Pedro
Henr{quez Urtña no es más que el complemento, a muchos años de distancia, de la tan
conocida de José Enrique Rodó: "Indudablemente, Rubén Pario no es el poeta de América". El joven maestro dominicano y el reconocido maestro oriental convienen, pues, por
exclusión, en una característica del poeta
muy digna de ser tenida en cuenta: en su noamericanismo. No hay que tomar, con todo,
en un sentido de rigurosa literalidad tales
pareceres por autorizados que sean. En el de
Pedro ~enríquez, hay ya una palabra que
atenúa.
Para las nuevas generaciones literarias españolas Rubén Dado no es tampoco un americano. Un Andrés Bello, un José Joaquín de
Olmedo, un José María Heredia, un Olegario
Víctor Audrade, con estar dentro de la tradición quintanesca y mostrarse, en la forma,
muy próximos a nosotros, están, espiritualN

337

mente, más lejos, no solo por la materia del
canto, americana en ellos, sino por algo más
fuerte: por el transcurso del tiempo, corno lo
están nuestros mismos Quintanas y Gallegos,
Arriazas y Listas. Nuestros verdaderos ;compatriotas no sonfos que han nacido en nuestro
suelo sino los que viven en nuestros mismos
dias. Los grandes cantores que abren en España y en América, el siglo XIX, tienen otras
preocupaciones, se sustentan de otras ideas,
brotan de escuela muy distinta. Rubén Darío
se levanta en el centro de nuestra sensibilidad y tiene la virtud de orientarla por caminos nuevos. No es el momento de hablar de
nna literatura española y de una literatura
hispano-americana ( tp ucho menos de tantas
literaturas como estados). El idioma es lo
que da independencia a una literatura y sólo
en modalidades exteriores se diferenciarán
las literaturas de América de las de sus viejas metrópolis, mientras no posean un medio
de expresión substancialmente distinto . Pero ¿cuántos cientos de años se necesitarán
para la formación de las lenguas neo-españolas?
Sólo para los muy apegados a la tradición,
a la inmovilidad de las formas lingüísticas,
puede aparecer Rubén Darío como un iconoclasta. Negar que en nuestro país se le ha
discutido, sería vano; pero más vano sería
tal vez afirmar que los que le discutían conocieron de su obra más que las ocho o diez poe-

•

�338

OOLEOOIÓN ARlEL

sías repetidas en todas partes, cien "!eces
parodiadas y más de una vez no en_tend1das.
Hay que insistir en afirmar lo castizo de sus
versos, siguiendo a Valera que decía, de los
de Azul... : "Los versos de Usted se parecen
a los versos españoles de otros autores, y no
por eso dejan de ser original~s: n&lt;? recuer~an
a ningún poeta español, 01 antiguo, n_1 ~e
nuestros días". Desde que esto se escnb1ó
(1889) el verso de Darío cambió bástante:
pero véanse, en cuanto a la forma, el Friso,
el soneto A maestre Gonzalo de Berceo, para
no citar más, en Prosas profanas; el Trébol
de Cantos de vida y esperanza; los tercetos
de la Visión en El canto errante, y tendremos,
en todas las grandes etapas de la poesía de
Rubén Darío, fuertes ejemplos de versificación
clásica suficientes para mostrar a quien Jo
dude que, si eligió otros caminos, no fué por
más llanos, sino por más adecuados para su
sentido poético. Aun_a los_ mismos vei:sos _qu_e
se tiene por revoluc10nanos, no sena d1f1cil
hallarles abolengo. Quedan sus "versos libres" a la manera francesa, explicables también por nuestra silva, su tentativa de métrica bárbara, discutida por quien más elementos de comprensión debiera teuer, por el
vulo-o literario, y &lt;le gran efecto en la lectura
en ;oz alta y sus ricas e innumerables combinaciones rítmicas v agrupaciones estróficas.
Todo esto trajo Rubén Darío a la posía española, en lo exterior y embarcada en tan opu-

LA POESÍA CASTELLANA • • ••

339

lenta nave toda la riqueza de un alma en que
se funde la refinada sensibilidad de las viejas
razas con un fmpetu juvenil, primitivo, que
denuncia otra sangre.
El contacto con la poesía francesa determinó en el genio de Rubén Darío la corriente que
hubo de llevarle a plena sazón. Un libro suyo,
L os Raros, habla con elocuencia en este punt o . Los descubrimientos, las admiraciones de
Darío apuntan allí¡ pero fuera pueril reconocer ud. maestro suyo en cada uno de los escrit ores que estudia. No debe tanto como se ha
dicho a Verlaine y nada a Mallarmé. Mucho,
en cambio a Banville, a Gautier, al mismo
Catulle M~ndés¡ no poco a Moréas, a Tailhade, aun a poetas obscuros c&lt;?m? Paul_ ~u~gou,
en quien se hallaría ~l mov1m1en!~ m1c1al de
algunas muy notorias compos1c1ones-que,
por otra parte, son en Darlo totalmente diversas y a veces superiores a sus dechados.
En resumen, sus maestros fran~eses, más hay
que buscarlos entre los parnas18:nos que entre
los simbolistas; como parnasiano le define
Rodó cuando escribe: "Los que, ante todo,
buscais en la palabra de los yersos _la realidad
del mito del pelícano, la 10genmdad de la
confesión, el abandono generoso y veraz de
un alma que se os entrega toda entera, renunciad por ahora a cosechar estrofas que_ sangren como arrancadas a entrañas palpitantes". Esto lo dice a propósito de Prosas profanas; pero lo dice mejor aun el poeta en la

�?40

OOLEOOIÓN ARIEL

primera composición de'los' Cantos de vida y
esperan~a, que eu estas páginas se repr~d~ce.
En ese libro, su personahdad aparece ya_ libre
y definida; pero aun, como e~ los posteriores,
su acento se.,moldea en amplios vasos que le
tienden ya Gabriel D' Annunzio, ya Walt
Whitman. Todo esto lo trae también a la
poesía española.
Cuando llega~Darfo a España, en ~892, la
poesía languidece, Zorrilla va a morir; callan
Núñez de A.rce y Campoamor. Apenas preludian Manuel Reina y Ricardo Gil. Sólo se oye
a los Velarde, a los Ferrari, a los Cavestany
-si es que se les oye. Y sobre todos, se alza
la voz nueva y robusta de Salvador Rueda.
Darío es su amigo. Escribe el Pórtico para su
colección titulada En tropel (1893). Ha dado
ya a diversas revistas composiciones posteriores a Azul... , entre ellas la Sinfonía en gris
mayor (España y América, Madrid, 25 Septiembre 1892). Pero cuando se le conoce vredaderamente es a raiz de Prosas profanas;
algún raro ejemplar de la primera edición corre de mano en mano. Jacinto Benavente en
1\tfadrid Cómico y en La Vida Literaria,
Luis Ruiz Contreras en la Revista Nueva, reproducen poe~ías, publican originales inéditos. Un grupo de poetas jóvenes se forma en
torno suyo. Surgen los nombres de Francisco
Villaespesa, Juan Ramón Jiménez, Manuel y
Antonio Machado, entre otros menores. La
n_u eva poesía castellana empieza.

LA POESfA OASTELLANA ••••

341

¿Qué debe a Rubén Daría la nueva poesía
castellana? Para los que se figuran que todo
en ella son "princesas pálidas" la re!'lpuesta
es ~ácil. Quizá nosea muy difícil tampoco, yla
meJor que se puede dar es la que una escritora francesa, Rachilde, dió a los que le preguntaban qué papel había desempeñado Verlaine
en la poe¡,fa de su tiempo: "Abrió las ventanas". Rubéo Darío abrió también las ventanas a los poetas españoles. Les dió a conocer
los poetas extranjeros que él amaba; leyó
con ellos los poetas primit-ivos españoles· les
libertó de la rigidez de una versificación 'atada por inflexibles reglas; les dió la preocupación de la forma, transformando el período
oratorio, que hace impresión cuando se redondea, en la expresión cortada, rica en sug:estiones, valiosa por sí misma: algo de exotismo; algo de arcaísmo; algo de preciosismo.
Y, con todo, eso les trajo el don de una exquisita sensibilidad para lo nuevo. No se ha
hablado aún, gracias a Dios, entre nosotros,
del "sucesor de Rubéo!&gt;Darío". Ni11gún poeta
tuvo sucesores jamás. Interrumpido queda el
canto que el poeta no pudo acabar, y los oíd.os se vuelven no al que intenta continuarlo
s100 al que canta con más dulce o más viva
expresión un canto nuevo. Si en los principales poetas españoles de hoy se encurntra algo
que a Ruhén Daría se debe, predilección por
los metros que él empleara, por cierta manera de elocución, por cierto vocabulario, en to-

�OOLEOOIÓN ARIET,

342

dos ellos hay personalidad bastante para ser
algo más que discípulos del maestro. Con oídos nuevos han escuchado la música del mundo, con ojos nuevos han contemplado la naturaleza, con nueva sensibilidad han seguido
el movimiento de su espíritu; con nueva voz
han cantado. Pero el maestro los puso en libertad y los soltó en el aire, para qne en él se
fuesen, como las bandadas de que hablan las
Florecillas, unos a oriente y otros a occidente, unos al norte y otros al mediodía.
No en todos los poetas españoles de hoy influyó Darío: Ahí están Unamuno, Eduardo
Marquina, Enrique de Mesa. Pero, esto no
obstante, algo ha cambiado en la poesía española desde que Rubéu Darío apareció y por
sn nombre ha de empezar el capítulo de nuestra historia literaria en que se estudie la poesía de los comienzos del siglo XX.
E. DIEZ-CANEDO.
(España. M adrid.)

ffpontes,

Parábolas, Proverbios gcantares

Ya en los campos de Jaén,
amanece. Corre el tren
por su s brillantes rieles
devorando matorrales '
alcaceles,
'
te~raplenes, pedregales,
olivares1 caserí as1
praderas y cardizales,
montes y valles sombríos.
Tras la turbia ventanilla
pasa la devanadera
del campo de primavera.
La luz en el techo brilla
de mi vagón de tercera1
entre nubarrones blancosJ
.oro y grana.
La niebla de la mañana
huyendo por los barrancos.
¡Este insomne sueño mío!
¡Este frío
de un amanecer en vela! ....
fJ?.esonante,

�344

OOLEOOIÓN ABIBL

jadeante,
marcha el tren. El campo vuela.
Enfrente de mí, un señor
sobre su manta dormido¡
un fraile y un cazador,
-el perro a sus pies tendido.
Yo contemplo mi equipaje,
mi viejo saco de cuero¡
y recuerdo otro viaje
hacia las tierras del 1Juero.
Otro viaje de ayer
por la tierra castellana ....
jpinos del amanecer,
entre .A.lmazán y Quintana! ....
j Y alegría
de un viajar en compañía!
Y la unión
que ha roto la muerte un día!
jManofrta
que aprietas mi corazón!
'Tren, camina, silba, humea,
acarrea
tu ejército de vagones,
ajetrea
maletas y corazones.
Soledad,
sequedad.
'Tan pobre me estoy quedando
que ya ni siquiera estoy

APUN'l'BS, PARÁBOLAS ....

conmigo, ni sé si voy
conmigo a solas viajando.
Si hablo, suena
mi propia voz como un eco,
y está mi canto· tan hueco
que ya ni espanta mi pena.
Erase de un marinero
que hizo un jardín junto al mar,
y se metió a jardinero.
·
Estaba el jardín en flor,
y el jardinero se fué
por esos mares de 1Jios.
Era un niño que soñaba
un caballo de cartón.
.Abrió los ojos el niño
y el caballito no vió.
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar ·
y por la crin lo cogía'. ...
"j .A.hora no te escaparás!"
.A.penas lo hubo cogido
el niño se despertó.
'Tenía el puño cerrado.
El caballito voló.
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad

�346

COLEOCIÓN ARJEL

un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
"¿Tú eres de verdad o no?"
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: "Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.''
Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: "¿·Tú eres sueño?"
¡Quién sabe si despertó!
Si me tengo que morir
poco me importa aprender.
Y si no puedo saber,
poco me importa vivir,
"¿Qué es amor?", me preguntaba
una niña. Contesté:
"Verte una vez y pensar
haberte visto otra vez."
Todo hombre tiene dos
batallas que pelear.
En sueños lucha con /JJios¡
y despierto, con el mar.

APUNTES, PARÁBOLAS .....

347

Pensar el mundo es co,no hacerlo nuevo
de la sombra o la nada, desustanciado y fr{o.

Bueno es pensar, decolorir el huevo
11t1iversal, sorberlo hasta el vacío.
Pensar: borrar primero y dibujar después,
1J quien borrar no sabe camina en cuatro pies.
Una neblina opaca confunde toda cosa:
e] monte, el mar, el pino, el pájaro, la rosa.
Pitágoras alarga a Cartesius la mano,
Bs la extensión sustancia del universo humano.
Y sobre el lienzo blanco o la pizarra oscura
se pinta, en blanco o negro, la cifra o la figura.
Yo pienso. (Un hombre arroja una traíña al mar
y la saca vacía; no ha logrado pescar.)

"No tiene el pensamiento tra{ñas sino amarras,
las cosas obedecen al peso de las garras",
exclama, y luego dice: "Aunque las presas son,
lo mismo que las garras, pura figuración."
Sobre la blanca arena, a parece un caimán
que muerde abincadamente en el bronce de Kant,
Tus formas, tus principios y tus categorias,

redes que el mar escupe, enjutas y vac{as.
Xratilo ha sonreído y arrugado Zenón
el ceño, adivinando a M. de Bergsón.

Puedes coger cenizas del fuego heraclitano,
•as no apuñar la onda que fluye, con tu mano.
Vuestras retortas, sabios, s6lo destilan heces.
¡Oh, machacad eurt"apas en vuestros almireces!

�348 .

COLECCIÓN ARIEL

Medir las vivas aguas del mundo . ... ¡desvarío!
Entre las aos agujas de tu compás va el río.
La realidá es la vida, fugas, funambulesca.,
el cigarr6n voltario, el pes que nadie pesca.
Si quieres saber algo del mar, vuelve otra ves,
un poco pescador y un tanto pes.
En la barra del puerto bate la marejada,
y todo el mar resuena conw una carcaja_da.

349

APUNTES, PARÁJIOLAS ••••

lijo del mar, navega,-o se pone a volar:
Bu pensamiento tiene un vuel(! de gaviota,
que ha visto un pes de plata en el agua saltar.
Y piensa: "Es esta vida tma ilusi6n marina
'ae un pescddor que un día ya no puede pescar." El soñador ha visto que el mar se le ilumina,
:y sueña que es la muerte una ilusi6n del mar.
Sanlúcar de Barramtda, 1915.
ANTONIO MACHA.DO

Puerto tie Santa Maria, 1915 .

Sobre la limpia arena, en el tartesio llano
por donde acaba España y sigue el mar,
hay dos hombres que apoyan la cabeza en la mano;
uno duerme, y el otro parece meditar.
El uno, en la mañana de tibia primavera,
junto a la mar tranquila,
ha puesto entre sus ojos y el mar que revérbera,
los párpados, que borran el mar en la pitpila.
Y se ha d&lt;&gt;rmido y sueña con el pastor Proteo
que sabe los rebaños del marino guardar;
y sueña que le llaman las hijas de Nereo,
y ha o[do los caballos de Poseid6n hablar.
El otro mira al agua. Su pensamiento flota,

(La Lteh,ra. Madrid.)

•

�LA ENSEÑANZA DI!: LA GEOGRAFfA

Enstñanza dt la fitografía
rama de la instrucción puede ser
concebida sin sus complementos natura·
les, mediante los cuales forma un conjuntó
con el resto del saber. Sería, pues, aventurado querer trazar un plan de estudios geográficos sin tomar en cuenta todas las otras
disciplinas de la enseñanza.
No teniendo a mi alcance el programa detallado &lt;le las materias que dividen el tiempo
de los alumnos, en las escuelas a que me dirijo en este momento (1) admito como cierto
que la descripción de la Tierra, o geografía
INGUNA

N

(tjEliseo Reclus, cuyo nombre no debe s~r prece~ido ni s~guido
de adjetivos, tenla verdadero mterés en la 1~strucc1ón del niño ar•
gen tino. Entendía que nuestro suelo seria asiento de un gran pueblo, cabeza de esta América, y muchas veces en el transcurso de
una amistad de veinticinco años fueron motivo de nuestras conversaciones o correspondencia los destinos de est~ pals. Cuan.do du•
rante su destierro en Suiza trepábamos las C';'lmas qu_e dom1~an s
habitación de entonces, en Clarens, y el vecmo trágico castillo
Chillon, y admirábamos el azulado lago de Grnebra, ante las eter
nas nieves de los Alpes, surgía de nuestra charla el futuro de Patagonia que yo acababa de recorr 7r y d~ cuyo oeste esa~ verdes &lt;:vli
nas esas aguas esas nieves casi eran imágenes reducidas. Vernt
año's después fr~uenté su sencillo hogar-colmena de Bruselas y e
problema del noroeste argentino y del P~dfico fué en&lt;:arado por SIi'
luminoso saber. El dilatado Chaco, las tierras correntmas y entr
rrianas avanzadas no comprendidas del porvenir nacional, los lla
nos de Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba y San Luis, las serranl
centrales, tan poco apreciadas como conocidas en sus riquezas na
turales, las montañas, lagos y se_lvas australes, lo~ bos_ques tucum
nos, salteños y misioneros, las tierras secas del mtenor tan sem

851

propiamente dicha,ocupa a los niños durante tres horas, a lo menos, por semana. Ade!Dás tengo efl cuenta un número al menos
Jgual de h?ras _dur~te las cuales, con motivo d_e la h_1s.tona _umversal o nacional, la geografí~ s'?hcita el mterésde los alumnos de manera indirecta.
Considero también como ya establecido·
ue los paseos y las excursiones en plena nauraleza, 1~ gran educadora, deben ser numerosas y sertamente dirigidas. En fin, supongo
~l maestro.como un espíritu amplio, generaltzador, abierto a todas las impresiones nuevas. No lo querría demasiado recaraado de
tarea, pues una cierta tregua es indispensa;,ble para que el pensamiento no se entorpezca
Y para que el profesor no se haga un pedante
oun nulo.
No es una paradoja decir que las lecciones
jan~s ª1ªs de Estados Unidos, convertidas en vergeles como all{

le:~

~s

ngeles, en Mendoza y San Juan, el uso de la~ a

as de

Jilo ~l ~:dt5 tbs, de l?s lagos, de los arroyuelos, sin gasta~s co-

os.• o1es sm talarlos, en fin, la conservación de la ' r
~~ªn~en~c,o al a trayés_ de las genei:aciones venideras, con efa~

h

1
:im
b res deela ~n1ct!~~:~átk':.' q~e ~~ti~:~ió ¿¡ c;i~:e~~~ti,ed~~:
1)0s~~:1~ ~ue ha t~ast~rnad'? su organismo con 1~ alteración ele la

1emas

Iros

e -~~ m dn.': espinal el R!o Paraná, fueron otros tantos
c1arovi entes. Cuando más t;ude le recordé desde a uí nues-

i«..~,~º.f'~nes anhel'?s y le pedI que escribiera algo sobre la ense-

:c-;·en _e a geo~afia, tan poco cultivada en la escuela ar entina
,_ hoyvió¿as Pj}gmdas que s!gu_e~ y que he conservado inéditas has:
&lt;él . • on e :is eseo prmc1p1ar este volumen de EL MONITOR
1mero que~ publica bajo mi dirección, Léanlas ma ·
'
medátenlas y pract(quenl~s-harán obra buenae~~~! 1~
sente 1ºanfrrar n a la vez la m_emona de su autor teniendo siempn,
ase con que termm~n.

¿:
Jlat~\~u;o:,

F.

P. MORENO.

�INSd°ANU DI:

852

OOLZOCIÓ!I .Utt'KL

suplementatias, o todo lo que se les p~rezca,
deben ser evitadas, con el mayor ~mdado,
por el profesor, fuera del tiempo. estrictamente consagrado a la enseñanza direta.
En los paseos, el que acom palie a los niños,
hermano, amigo o maestro de escuela! de~e
abstenerse absolutamente de dar expltcac10nes que no le sean pedidas. Pero si es ingenioso y si comprende bien el arte de hacer pen·
s~ a los alumnos, no dejará de guiarlos su•
cesivamente en los alrededores, de modo de
hacerles adivinar a ellos mismos y compren·
der a fondo, una completa lección de cosas.
Aun en las planicies de aluviones, encontrará
muchas irregularidades ~~ terre':10 que para
los discípulos serán plan1c1es, colmas, valles y
quebradas. No faltará tampoco en alguna
parte del distrito de la escuela un curso de
agua, riachuelo o río, P?r el que lo~ mucha·
cbos puedan seguir las riberas o el hilo de la
corriente mostrándose los unos a los otros,
los recodos, los rápidos, los grandes fondos,
los vados y los bancos de arena; ellos ve~án
tam biéo los di versos accidentes de la orilla
con cantiles, promontorios, taludes, arenales
y playas.
. .
,
..
Si tienen la suerte de v1v1r en pa1ses de sitios
grandiosos, de montañas o lito~al_ oceánico,
entonces la variedad de los pa1saJes les per•
mitirá ver metódicamente, como en resúmen,
la Tierra toda y conocerla y comprender quizás todos los fenómenos. ¡Y qué constrastes

t¿

GEOGRil'fA

863

tam !'ién en las transformaciones que el hombre _mtro~uce en la superficie de la tierra,cultivos diversos, bosques y jardines! En fin
las excursiones realizadas a través de lo~
caml!os son las °:'ejores para facilitar la vista
del cielo con sus Juegos de luz y de sombra y
la Í&lt;,&gt;rma si_e~pre cambiante, de las nubes que
el viento d1v1de, desparrama o acumula en cirros y ha~e desploma~ en aguaceros sobre el
euelo. Y s1 por casuahdad, los niños se hau
despertado muy temprano o se pasean tarde
a_lapare'7r las estrellas, aprenderán los mistenos de! c1eloy_ las relaciones del astro terrestre
con la m_mens1dad del espacio. Pero, en todas
esas lecciones de cosas, que se confunden con
la alegria de la marcha y de la vida al aire libre, recuerde el profesor siempre las palabras
d~ Spencer: "Debe decirse al niño lo menos po·
Slble y hacerle encontrar lo más posible".
En la escuela las lecciones toman otro carácter y se hacen más precisas en su enseñauza, pero sobre t':'do ahí está el peligro, porque
los. maestros disponen de manuales que lfs
ammoran la tarea y que les dispensan de sacar •!_curso de su prop\o fondo. Por su parte,
los_mnos, cuya_memo~1a recibe y guarda tan
~c,lmente las 1m presiones, se dejan imponer
sm pro:°star la recitación nemoténica de algunas !meas y parece que todo dice: la lección
de geogr~a está hecha, la conciencia queda
en paz. S10 embargo, cuán en desacuerdo está
tal método con la verdadera enseñanza, por-

�111111

que ella dispenea de todo esfuerzo a la
geucia, propiamente dicha, y se1imita a fi
rar palabras que se graban ea los repliega
del cerebro y que ocupan un sitio que po
llenar más provechosamente el conocimiea
real de las cosas. Yo me he encontrado con •
ños que, atravesando un rio, no tenían
alguna de que el nalnbre de esa corriente d
agua, recitado en la clase tuviese la menor
!ación con el agua corriente que fluía bajos
piés. La memoria sin el pensamiento es u
cosa que degrada, que rebaja al hombre,
reduce a simple materia bruta, como la r
en que ha grabado su nombre.
No acudamos, pues, más que moderadam
te a la memoria y limitémosnos a saber mir
La lógica de las cosas querrá precisamen
que esas primeras miradas tengan un cará
absolutamente sint,tico, comprendiendo a
vez los horizontes opuestos, el del cielo y el
la escuela. Ea efecto, para aprender a con
la Tierra, es necesario medirla, determin
sus rasgos, fijar las posiciones relativas.
prof, sor se verá, pues, obliga do antes que
do, a ejercitarse con sus alumnos, en ver b"
en qué medio se encuentra la sala de la escuel
y el espacio que ocupa: es un trabajo de
grafia que comienza por lo infinitamente
queño, el trabajo inmenso de la medición d
mundo, pero que no puede hacerse sin el e
pleo de medios que precisamente nos son a
ministrados por el conocimiento de la ast

en la que el~ tiene de 111ás grandioso
• la más sencill!l aposición ,géográfic~
ta la observación del meridiano Sin
rgo, esa observación entra fácilmente en
po de los estudios directos que el niilo
emprender y verificar. Desdeluego, comrá de una manera ~eral que el sol "se
ta" en
zona del horizonte, que cada
varia débilmente y c¡ue "se pone" ea tr
• cuyo punto diario es igualmente ºoc:
ra ble. Reconoce aal los dos lad!s odel contorno tetreatre, el oriente y el
•ente. Esto "8 es mucho, pero el Ju ar
0 de esos dos puntos cardinales noglo
clar!'-mente ~odavla, a cansa de la
~60 d1um_a, !'11entras, que la línea del
iano se d1bu~ará diariamente a mediocon una exactitud perfecta.
vara derecha plantada en tierra, a
de cuadrante o de gnomon basta para
ar la sombra en el momento del día
ue ésta ~s más corta. Esta sombra es
• da pr~isamente en el sentido del nor1_ se h_ab1ta el hemisferio septentrional· en
1recc1ón del sud si se vive en el hemi~feopuesto. El escolar que comprueba la
ón de esta soro bra, conoce así nna de
lfneas fundamentales de la geometria te: la del meridiano que une un polo al
polo. Laconstrucci6n de una linea transque corte el meridiano en ángulo recdará los otros dos puntos cardinales.

ª.ºª

�S56

OOLEOOIÓN ARIEL

El niño posee pues, por las medidas precisas,
los primeros elementos del mapa. En adelante, sabrá orientar todas las líneas trazadas
en la superficie terrestre.
En cuanto a la medida de distancias, puede practicarla como nuestros antepasados,
sea por el número de pasos o por el de codos o brazos, sea por cualquier otra medida
convencional, la del metro, cuyo origen geo
désico se le enseñará luego.
Estos primeros estudios, que pueden com•
binarse con los paseos y aun con los juegos,
deben, sin embargo, hacerse seriamente y con
método, pues son el punto de partida de toda la enseñanza geográfica. Preparado con
esos conocimientos, el alumno puede ya dibujar el mapa, es decir, el plano, de la sala
de clase; luego puede medir y situar un espacio más grande, y finalmente, abordar toda
una extensión considerable, un campo con
casa y granja, arroyos y senderos, colinas
y valles. Adquiere así el verdadero ~entido
de las orientaciones, de las distancias, de
las posiciones relativas.
Según los formatos del papel que emplea
para su trabajo, aleja o aproxima los diferentes puntos que aparecen en su mapa, y sefamiliariza así con un nuevo conocimiento
de capital valor en la ciencia: aprende a determinar las proporciones y a servirse de es. calas diferentes. El maestro de escuela debe
insistir durante mucho tiempo en ese nuevo

ENSEÑANZA. DE LA. GEOGRAFÍA

357

progreso y hará reproducir el mismo mapa,

en grande y en pequeño, de manera que la
vista aprenda a distinguir prontamente la

proporción exacta de las reducciones del dibujo. Una vez alcanzada esta conquista, el escoiar se encontrará mejor preparado, como
geógrafo, que la mayoría de sus contemporáneos adultos.
Calculamos en un semestre el período preparatorio de los cursos de geografía, consawado a esos trabajos preliminares.. Según
naestra opinión, el curso correspondiente de
historia, desarrollado durante el mismo espacio semestral, trataría paralelamente de la
istoria local del pais, que el niño puede abar'Car con su mirada o que tiene siempre presente a su inteligencia en sus conversaciones diarias. Así el escolar francés oirá hablar constantemente de París y el alumno argentino
tendrá sus ideas dirigidas hacia el estuario
del Plata.
· Seo-uro ya de su geografía local, el alumno
emp~enderá sin peligro el estudio de la geografía de conjunto. El uso de globos es enton:ees indispensable, pues sin el empleo de una
esfera le es absoluta mente imposible al niño
comprender la superficie verdadera de su país,
comparado con la superficie de la Tierra entera. Pero en toda escuela bien provista, el globo terrestre está allí; fácilmente manejable,
sea que se le tenga suspendido libremente del
techo o colocado sobre un ancho plato de ma-

�358

COLEOOIÓN A.RIEL

dera, o que se le haga girar alrededor de un
eje de metal. La experiencia adquirida en las
escuelas, desde la época de los grandes descubrimientos mundiales, es decir, desde hace
cuatro siglos, nos enseña que la forma más
cómoda de globos para la enseñanza de la
geografía, no pasa de 2 metros de circunferencia, que es la proporción de la veinte millonésima parte 1: (20.000.000) en relación con las
verdaderas dimensiones de la Tierra. En un
globo de este tamaño, nada incómodo, por
cierto, convendrá que el maestro haga determinar por sus alumnos la forma y la posición
relativa del país natal estudiado en el curso
preparatorio. La verdadera localización de la
comarca conocida, comparáda con el resto de
la Tierra, no puede dejar de fijarse entonces
en el espíritu con una precisión absoluta. Tal
es el medio de aprender, y no existe otro, pues
los mapas planos son necesariamente inciertos y engañosos. No pueden tener utilidad sino para los que saben; y engañan fatalmente
a los que están todavía en el período del estudio. Es pues, un verdadero crimen contra la
enseñanza lógica y normal colocar mapas o
atlas en manos de los niños. En efecto, los
roa pas de tal o cual comarca olvidan toda re·
presentación de la redondez de la tierra y por
eso mismo aquellos aparentan ser una parte
indefinida de la superficie del globo: ninguna
proporción verdadera está indicada. Hecho
tanto más grave por cuanto estando las pro·

ENSERANZA DE LA GEOGRAFÍA

359

yecciones de las costas dibujadas de acuerdo
con procederes diferentes, resulta que las representaciones son diversamente erróneas, sea
en la zona central o en el contorno. Sucede a
menudo con el manejo de los mapas, del sistema más frecuentemente usado ( el de los meridianos paralelos, trazados según el método
de Mercator) que, comarcas de la zona glacial, insignificantes por sn extensión, parecen
diez veces mayores que las vastas tierras
ecuatoriales. El testimonio de la vista deja, a
pesar de todo, una impresión duradera y de(initiva en el espíritu maleable de los niños.
En fin, los mapas de atlas son igualmente
condenables puesto que, a excepción de una
sola colección, la del inglés Proctor, qne por
lo demás es de mny pequeñas dimensiones, estos mapas están trazados en diferentes esca·
las y por consecuencia no pueden compararse
entre ellas sino con la ayuda de cálculos matemáticos, para los cuales el espíritu no está
preparado. En un atlas, el país origi~ario está siempre representado con proporciones colosales en relación a los países lejanos, y es
por esto que se supone sin trabajo que Java,
sacrificada en el atlas, es una pequeñísima isla
y que el Japón es un archipiélago insignificante. Lo cual hace pensar: ¿cómo puede co_loc:1r·
se ali! una población décuple de la que indica
el censo en la R. Argentina? El precepto absoluto en la escuela primaria modelo es, pues:
suspender el empleo de mapas y de atlas du-

�OOLJ:OOIÓN ilIICL

rante todo el periodo de estudio y reemplazarlo por el manejo de un material escolar
que no falsee las ideas. La escuela tipo de que
hablamos posee ya un globo a la escala del
veinte milésimo, en el cual el escolar puede reconocer todos los puntos designados en sus
posiciones relativas y todas las tierras mencionadas en sus dimensiones proporcionales.
Pero ese globo modelo no es suficiente; es indispensable emplear un globo de trabajo, sim•
ple bola torneada, según la misma escala del
veinte millonésimo y revestida de uua cubierta apizarrada en la cual el alumno dibujará,
y borrará los trazos de la tiza. El nifio fijará
ahí el lugar preciso de su pueblo natal, trazará el curso del rfo vecino, el macizo de la montaña más próxima; todos los delineamentos
geográficos que sean objeto de la enseñanza
tendrán inmediatamente su sitio en el globo
de estudio. Los alumnos comprenderán fácilmente, o me¡or dicho, verán. La comprensión
se hace por vía directa y por ló tanto, sin ningún esfuerzo.
El globo de estudio es del mismo modo absolutamente indispensable para otra disciplina científica. Servirá también para las leccio•
nes de cosmograña. Lá línea del meridiano
que el alumno en su curso preparatorio
aprendió a trazar sobre el suelo mismo, la dibujará sin esfuerzo sobre la redondez planeta•
ria y:e-irvidirá la superficie de polo a polo en
tantos cortes como se Je pedirán, en 360 o

ENSElbNZA. DI: LA 011:00RA.PfJ.

361

400, por ejemplo. Sabrá desarrollar también

la línea del ecuador a igu·al distancia de los
dos puntos matemáticos de los polos, conformándose para las latitudes con la convención
de las líneas paralelas que se suceden en cada
hemisferio, cada noventa o cien grados. Con
la misma evidencia comprenderá que la tierra
al dar vuelta alrededor de stt eje presenta su
superficie al sol durante veinticuatro horas;
y nada le será más fácil que hacerle contrastar de hora en hora la sombra de la noche y
la luz del día en Ja superficie del globo. Y hasta Je proporcionará una satisfacción hacerle
coincidir exactamente, el rayo del sol sobre
el globo con la hora precisa del lugar en que
se encuentra, de manera que en el mismo instante la bola suspendida en la escuela ocupa
con la Tierra misma, una posición estrictamente paralela. La inclinación del eje terrestre, la línea de la eclíptica, el equilibrio de los
trópicos, serán explicados igualmente por la
posición del globo con relación a un foco de,
luz que representa el sol. Es muy natural que
puedan aprenderse tantas cosas por el empleo
de un simple globo escolar, puesto que ese globo, infinitamente pequeño, respecto a la Tierra, no deja de ser por eso, su representación
exacta.
Esto no es todo: las lecciones de historia se
darán también por medio del globo. Ya hable
el maestro de los hallazgos en el suelo profundo, ya de fósiles, o del hombre de Trinil o

�36.2

COLECCIÓN ARIEL

del de Neardenthol, ya mencione las grandes
invasiones y el rechazo de los pueblos, los
grandes choques de las naciones, la población
de las tierras, los lugares donde acontecimientos memorables han ocurrido, los alumnos
señalarán con facilidad en el globo, el punto,
la línea o figura que corresponda exactamente con la lección.
Pero el maestro experto que quiere estar
completamente seguro de la atención de sus
alumnos, no se contentará con llamarlos al
globo apizarrado, los unos después de los otros, para darles una lección práctica, sea de
geografia o de historia. Les pondrá también
entre sus manos un globo de "juguete", de
pequeñas dimensiones ( al 8.000.000 por
ejemplo con más o menos 50 centímet;os de
circunferencia, 16 centímetros de espesor), a
fin de que tengan a la vista el medio de se=ir
las explicaciones dadas sobre el globo de" demostraciones, dibujando en él todos los puntos y. líneas, según el modelo. Deben poder
maneJarlo con desenvoltura y hacerlo girar a
voluntad. Esto constituirá uno de los objetos
de estudio más precioso y a la vez, más cómodo que poseerá el alumno.
Por importantes y necesarios que seau en
la enseñanza escolar los objetos que se colocan al alcance de los niños, no valen ciertamente, como medio educativo, lo que las obra~ que provienen del trabajo personal y reflexivo. Durante el período de estudios, a lo

ENSEÑANZA DE LA. GEOGRAFÍA

363

menos desde principio del segundo año, llegará un momento en que el profesor no deberá limitarse a la simple de~cripción; y el joven
estudiante tendrá mayor iniciativa propia en
sn educación geográfica.
Suficientemente hábil para dibujar un mapa
de su pueblo de residencia, con orientación y
proporciones verdaderas, se ejercitará en adelante en representartambién las regiones accidentadas con su verdadero relieve y la forma de
su estructura. Este trabajo metódico, practicado segúnlos procederes regulares que el profesor le indicará; le dejará una impresión imborrable de las formas terrestres, de su aspecto, de su arquitectura íntima y de su parte de
influencia en el transcurso de la historia.
Durante el segundo, y sobre todo, durante
el tercer año del curso, el profesor puede, creemos, servirse de mapas, pero solamente de
mapas que representen una extensión poco
considerable de la superficie terrestre, 500.000
kilómetros, a lo más, de modo que con muy
débil esfuerzo de imaginación pueda uno figurarse la ligerísima inclinación que esta mínima parte de la película terrestre debería
tener realment~. Pero para espacios más extensos, sobre todo para las regiones continentales, Europa, Asia, Africa, Australia, América del Norte y del Sud, y aun para las
partes de los continentes, tales como la Argentina, el Brasil, Bolivia, se hace indispensable el empleo de "discos" o "escudos" globu-

�364

t

OOLEOOIÓN A.RIEL

lares, es decir, fragmentos o cortes circulares
de la superficie del globo que componen los
países respectivos. La experiencia nos enseña
que el mejor método para exponer esos discos
es suspenderlos en la pared de la escuela, donde producen un efecto estético muy atrayente, Pero su gran mérito consiste en fijar para
siempre en el espíritu de los niños la impresión verdadera de la forma terrestre de las
diversas comarcas. Gracias a este método de
enseñanza, el discípulo tendrá, lo que'faltaba a
sus predecesores, educados según los procedimientos antiguos: una gran facilidad para
disipar el caos aparente de las posiciones geográficas. Posee el hilo conductor a través de
ese dédalo, sobre todo si ha tenido la suerte
de tener por director de estudios a un hombre
que haya comprendido la vida, las cosas y sn
constante evolución al través del espacio y
del tiempo. Aun desde el punto de vista moral, obtendrán ventajas apreciables los jóve•
nes que hayan aprendido la geografía y el
encadenamiento de los hechos históricos en
presencia del globo, más que por medio de
mapas erróneos y difícilmente comprensibles.
El mejor medio de formar h,pmbres rectos,
valerosos, llenos de iniciativa, es guiarlos por
nna clara exposición de la verdad.
ELISEO RECLUS .

rlor dt madroño

D

E vencida iba la tarde cuando Juana divisó,
a lo lejos, en la serenidad de la llanura, el
ganado que, a modo de sutil franja negruzca y
ondulante, volvía al establo.
Encaramóse sobre la cerca de toscas piedras;
guiñó los ojos, herida por la viveza de la claridad
vesperal, y lleváridose la diestra a la altura de la
frente, a guisa de pantalla, envuelta en el rebocillo azul, medio deshilado y no poco raído, se
dió a mirar, a mirar tan larga, tan fijamente como se lo permitía su buena vista campesina, en
dirección de donde las bestias se aproximaban.
Tramontaba el sol en aquel instante. Dijérase
un bólido rojizo que caía en un in visible mar del
ocaso, lanzando fulguraciones de oro. La paz de
la sombra se iba haciendo en los llanos, en los
pequeños valles de la toluqueña sierra, en tanto
que mesetas y picachos se bañaban en una luz
macilenta, y en la suave transparencia azul nubes errantes se coloreaban levemente. Una dulzura infinita parecía descender de lo alto. En el
grave silencio de la tarde, oíanse lejanos los gri•
tos de los "caleros" que azuzaban el ganado; el

�366

COLECOI6N ARIEf,

mugir lento y solemne de los sementales que entre las vacas venían, y el ladrido de los perros en
la corralada. Apenas si un soplo de viento levantábase de vez en cuando, arrastrando la paja
abandonada en la cercana era.
Y Juana miraba, miraba .... Allá venía, sf. Distinguíale marchando con asentado paso a la vera
del camino, la "cobija" al hombro, el ancho som~
brero de palma, medio deshecho por el uso y los
temporales, echado hacia atrás; el apretado pantalón azul un tanto caído, y los brazos colgantes,
rozando casi las manos el Jamo del perrazo negro
y enjuto que trotaba a su lado. ¡Y de qué buenas hechuras su hombre le parecía, siguiendo a
la vacada ! ¡Y cómo quisiera que se acortasen las
distancias para tenerle ya cerca, darle un cachete
y un tirón de orejas cariñoso, precursores ambos
de la cena calientita y picante que los dos comerían junto al fogón, iluminadas sus caras famélicas por el esplendor rubicundo de las brasas! Pero no, no llegaba; lejos aún Je te1úa. Ni todos sus
desevs fueran capaces de cambiar el tardo paso
de las bestias, ni así se desquiciara el mundó, el
buenazo de su marido echaría a correr por verla,
dejando atrás a los animales. Como a las niüas
de sus ojos les quería, y más que a élla, a Flor
de madrofio, la muchacha codiciada en cinco leguas a la redonda en los tiempos todavía recientes de su celibato.

J'LOR DE IU.DROSO

367

¡ Ah, las murrias de eJlaal principio, ante aquel
amor de su hombre por toros y vacas ! ¡Las grescas que armó I Las caras que pu~o de recién casada, cuando José de Jesús desaparecía en los establos horas enteras 1
'
Que tal hiciera si con otra mujer .. de razón,"
aunque
. fea,.se hubiese presentado ante el cura,
no importaría;¡ pero con ella, buena moza como
otra ninguna; con ella, a quién habían "arañado
las manos" el mayordomo, el caporal y el 1'hontero, y algo más que las manos el "niño" del amo
que de mal gusto no pecaba!. ...
En la casa de la hacienda, una legua no distante del establo, allá tras de las lomas, había
nacido y se había criado. A la sombra de los señores creció y se hizo guapa. Supo vestir tan ri.
camente sus enaguas de percal bien planchadas,
sus rebozos de Santa María, y hasta calzó zapatos. Pusiéronla por mote Flor de madroño, porque de la flor del madroño tenía la rosada blancura, la redondez simpática, una exuberancia
apetitosa dentro de su pequeñez casi minúscula;
y Flor de madroño se la quedó paralos díasde su
vida, con regocijo de la gente charra que la pretendía, y de los gañanes que, no muy confiados,
hasta ella solían alzar los sandios ojos. Y sucedió
que ni charros ni palurdos consiguieron nunca algo más que una mirada: Flor de madroño, que
se distinguiera entre el ''gatería'' de Toluca1
.

�368

OOLEOOIÓN ABllt

adonde una vez la llevaron sus amos, y que por
bocado sabroso para paladar que supiera catarlo
se la tuviese, fué a caer en brazos de José de Jesús el vaquero ni más ni menos ....
'
·
1
1'y no se arrepentía,
por Maria santísima
. Lo
pensaba ahora, mirándole ve:3-ir, ya más cerca,
más cerca, envuelto en la clandad de una ráfaga
solar que descendía de la cumbre sobre aquella
parte del camino que trepaba en la falda del cerro. No se arrepentía, no. José de Jesús era bueno como los trigos de la vega: no se e1:1~orrachaba no tenía tampoco el vicio del despilfarro. Cabalita como la recibía entregábale la "raya"_ los
sábados, y en sus cinco sentidos habfal~ visto
siempre, limpia la boca de aquel tufo hediondo a
pulque que traían los peones de El Salto, cada
domingo que iban a Santiago. Tampoco enamo-

raba....
•
t 1
Pero al llegar aquí de su rústico elogm men a •
Flor de madroño se puso seria1 de risueña que estaba; llevóse las puntas del rebozo a la boca, y
clavó las pupilas con mayor fijeza e~ José_de Jeús que se encontraba ya a escasa d1stanc1a.

s No podía creerlo. ¡ Cómo era posible que Jasé
de Jesús volviese a entenderse con María Petra,
la mujerzuela aquella con quien tuvo sus dares
y tomares en días de soltero! ¡Ni cómo podl~ suponer que María Petra viniera al establo mismo,
y allí, entre la~ bestias, quizá en los pesebres .... ¡

FLOR DE lUDROítO

369

1 No I Todo se reducía, sin duda, a puras imaginaciones de su comadre. No se falta a una mujer
a los seis meses de casado. Si fuese al año .... ¡ vaya .... ! Pero ¿ y el ensimismamiento de José de
Jesús?¿ Y aquel no querer hablar, ni reir, ni bromearse, que Je notaba desde el sábado, en que
había ido a la hacienda para dar aviso de la enfermedad de la "Consentida?" ¿ Qué eran? ¿ A
qué obedecían?
-1 José de Jesús !-gritó, viéndole a pocos
pasos.

Ya las primeras vacas se acercaban al establo.
Olfateaban la pastura fresca, el caliente rincon•
cilla bajo de techo, junto al pesebre, propicio a la
noche , y era de ver la alegría que revelaban sus
ojazos de ordinario tranqui19s. A saltos, cornadas
y coces rnetíanse por e} enorme portón abierto en
el muro blanco, coronado de tejas rojas, donde
cabrilleaba el último esplendor del crepúsculo.
Invadían el patio empedrado, oloroso a boñiga,
en el centro del cual, dentro del recinto apartado que les correspondía, hallábanse ya los becerros, que asomaban el hocico húmedo por entre
los travesaños de las puertas, bramando mansamente, como si ltan:asen amorosos a las madres.
Pero lo peor era que se apelotonaba, que se estrechaba el ganado en el recio portón. sobre todo
aquella tarde, con gran enojo de José de Jesús,
que ya venía corriendo, seguido del perro negro

�370

FLOR l&gt;E IUDliOIO

OOLEOOIÓN' A.Rlltt.,

~ descargarlo sobre
las lucientes ancas de las bestias. .
-¡ Eh, tú, calero, échales duro s1 no queren
y con el puño en alto, pronto

,!

ajuiciarse! ¡Errea, ''Bonita!'~ Mándale una
guanta da a1 "Don Juan Tenorio.. !..,.
d
Corria sudorosa, rojo, encoraJ1n~ o.

.. su misa
y Flor de madroño le d iJo,

.

- .

y nsuena:

-José de Jesús....
,
y él respondió:
"d "?
..
. .... ¿Cómo va la "Consenti a
-Guenas,
muJer
-Mal.
• ·
tente
y pasó de frente, sin volverse s1qu1era, a
al tro iezo del ganado contra el muro.
. 1
-· ~m úi"alo pa allá !-repetía.-¡ Dale rec10.
l
P él; respondíale e1 " co1ero " • mozuelo
Gritaba
de cara terrosa y sucia camisa y calzón de mant Gritaban también del interior los demás vaa.
queras
y todo en vano, porque "Don Juan Te. ,,'uno de los sementales, suizo de pura ranono
• t
l puer
za empefiábase en bravuconear Jun o a a
. ta' sembrando miedo y desorden. Fué_ pre~iso
q~e José de Jesús llegase, y rápido, sm mira. tos mavores le asestara un pufi.etazo en
m1en
.,
'
é
l retumplena testuz,.acompañado de un i rrea. . .
bante, para que 1a hermosa bestia se decidiese
d 1
entrar seguida a continuación por el resto e
;anado,'que iba desapareciendo lentamente por
el amplio portón.
y en tanto José de Jesús, huraño, atendía a

371

estos menesteres, Flor de madroño quedó pensativa y como absorta en un pensamiento junto
a la cerca, envuelta en la luz azul pálida, de la
noche que empezaba a insinuarse. No llor6 como
en tales ocasiones solía hacerlo; no se indignó
por la frialdad del saludo; no habló. Con andar
distraído de sus piés descalzos sobre el suelo tapizado de estiércol, encaminóse a casa al humilde cuarto que a ·un lado del portalón del establo
se hallaba, y por el cual salía de lo alto del techo, chimenea arriba, el humo plomizo del fo.
gón, en la melancolía del crepúsculo que comenzaba a extinguirse.
Preparó la frugal cena de la noche. Arrodillada ante el metate, la blancura de sus brazos, libres de la opresión de las mangas, contrastaba
con el amarillo de la masa de maiz con que hacía las tortillas, que de sus manos pasaban al coma!, rodeado por las llamas rojizas de los leños
del fogón, y del coma! al cesto. Trafagueaba
maquinalmente. Su pensamiento corría por
otra parte. A su memoria acudían las palabras
de ]a comadre: -" Ande, no sea tonta, no se
11
"fíe : a la otra le gusta su marido, y vendrá a
quitárselo el día que menos lo aguarde."
Habíase quedado inmóvil, cuando él entró. Ni
una pregunta,:ni un gesto; encerrábase el vaquero en o~stinado mutismo, Cogió el tosco plato de
1

�117!

OOLBOOIÓ11' ABBL

chile rebosante; se acercó al cesto de las tortillas,
y empezó a engullir en silencio ....
-¿ Qué te pasa, José ?-interrogó, mirándole.
-Nada.
Había terminado ya. Se puso en pie. Salió ....
Y pasaron las horas.
:Flor de madroño no se dió cuenta de su paso.
Aquel sentimiento informe, nacido a la primera
sospecha, iba creciendo en su interior, creciendo,
creciendo .... Era como si una espina, una grande
espina punzante, a modo de las que en los senderos torturaban a menudo sus pies, se la hubiera clavado en las entrañas. Era como si las lengüetas de aquella lumbre del fogón, que enrojecían su rostro, se alargaran, quemándole el alma.
Mustia, habíase agazapado en el rincón lleno de
humo y de hollín; no pensaba; no sentía. Cuando salió de su anonadamiento, vió que José de
Jesús aún no había tornado. Congojosa y sorprendida se levantó. Fué hasta el umbral. Reinaba la noche en los campos; la luna, en su último
cuarto, esplendía en el piélago azul.
E instintivamente, Flor de madroño se dirigió
al establo.
Penetró en el ancho zaguán, internándose en el
patio en torno al cual se alzaban los blancos muros bañados de clara luz de luna, y se percibía la
respiración de las bestias. Detúvose junto a la
puerta de largos travesaños que encerraba aslo

J'LOR DIIKADRO:ltO

973

críos; algún becerrillo dejó oír, en la noche, su lamentación por la madre lejana.
Le faltaban las fuerzas. El flaquear de sus piernas, un deseo grande de gemir, impedíanla que
siguiera adelante. Mas, al propio tiempo, los celos
que se despertaran ya en su ánimo, la dieron valor para llevar a cabo la pesquisa. Su marido estaba allí, y era menester encontrarle.
•
Maquinalmente se dirigió hacia la parte del establo que todavía se conservaba sumida en la
sombra. Tres pasos más allá, Flor de madroño
escuchó el rumor ondulante de una voz: un cuchicheo de ternura, infinitamente amoroso,que la
heló.-¡ Con que, era verdad;la rival vencía!Cautelosa, avanzó hada la puerta, que se hallaba
entreabierta. Un vaho saturado de olor de estiércol y de silo envolvió su rostro que, sin ruido,
iba asomando lento por entre las maderas de la
puertecilla rústica. Las vacas, echadas las unas,
al pesebre aún las otras, rumiaban quietamente .... Y descubrió allí en la penumbra, junto a
una de ellas, casi abrazado al lomo ancbfsimo, la
cara junto ala noble testuz de abierta cornamenta, a José de Jesús, que hablaba quedo, dulcemente, al animal enfermo, a la "Consentida,"
que por la tarde volviera del campo, entre las úl.
timas del ganado, con paso débil y el mirar de sus
grandes ojos inquietantes, revelador del mal que
la consumía.

�374

OOLEOOIÓN ABIEL

Flor de madroño retrocedió, sorprendida y gozosa, emprendiendo el retorno a la casuca, bajo
la luna.... Y aquella noche, en el quicio de su
puerta, a la entrada del establo, mientras aguar- daba al vaquero, sintió gana de cantar, y hubiera apostado que las estrellas le sonreían.
CARLOS GONZALEZ PEÑA
(Nosotros, Méjico.)

tomo Byron
J

A Gabriel Zlndegui, en Londres.

TINTE el horror prolongado de esta furio·
n.sa demencia de la guerra europea, se sien- .

te el ánimo casi impedido de protestar, por
temor de ser acusado de creerse uno superior,
siquiera porque conserva algunas vislumbres
de razón. Más de una vez he leído, en periódicos parisienses, burlas acerbas contra los que
se permitían dolerse de esta inútil matanza
sin medida, que sólo ha de deftir en pos de si
inacabable estela de rencores y anhelos de
venganza.
Pero hay un aspecto de las enormes pérdidas que está sufriendo la humanidad, el cual
bien se puede considerar y deplorar desde ahora; porque para él no cabe alegar compensación, ni sombra de compensación.
Los grandiosos edificios arruinados, las fábricas colosales destruidas, los pueblos, las
ciudades taladas y hasta derruídas, todo puede restaurarse. Los millares y millares de niños huérfanos y errantes, pueden ser recogidos y educados. Los ríos de sangre humana
se secarán al cabo, y nuevos hombres vendrán
a ocupar los huecos que esos otros innumera-

�878

OOLaaará ilDL

b1es han dejado. Pero ¿quién o qué devolved.
al mundo 1os a1tos ingenios que prematuramente ha perdido?
En medio de la anivenal mediocridad humana, ésos que acendran en su mente la quinta esencia de nuestra espiritualidad, esos vasos tao exquisitos y tao frágiles, tienen demasiado valor, para que 1os veamos sin espanto
caer quebrantados y ser arrastrados en el
vórtice de] torbellino. ¡Cuántos artistas, cuántos pensadores, cuántos investigadorea de Ja
naturaleza y de) hombre habrán sido abatidos, no por la mano de Ja fatal segadora, en
Ja forma de morbo o longevidad, sino por
el choque tremendo de las pasiones humaoaa
·des bordadas!
Voy a circunscribirme a un solo caso, porque se trata de un mancebo, en la plenitud de
la vida y en el primer florecimiento de su genio. No porque sea el único llegado a mi noticia, ni siquiera el único de su lengua y de su
dedicación artfstica. Si Rupert Brooke, inglés como Byron, poeta como Byron, cayó
como él en el próximo Oriente; Thomas Mac
Donagh, joven como Brooke, y también poeta señalado, ha cafdo en Dublrn bajo las has inglesas.
1aPero hay elementos tan especialmente trágicos en e1 destino que ha cabido al insigne poeta
inglés desaparecido sin gloria para sus armas
en el Egeo, que me mueven a señalarlo, entre
los devorados por esta guerra insensata.

OOIIO--

ffl

La fama ha consagrado de ribito el ftllOmbre de Rapert Brooke por los cinco aonetos

que, con el tftulo sombriamente laminoso de
"1914-," se publicaron el afio pasado y alcansaron de seguida m tíltiples ediciones. Estos sonetos, en un parnaso tan rico en esa forma
poftica como el inglés, se colocaron desde luego al lado del celebérrino de Blanco Wbite
Nigbt and Deatb y el igualmente bello de
Lee-Hamiltoo A Fligbt from, Glorv. El crltico de Tbe Times dijo que en ellos la nota peraonal se patentizaba con mayor realce, que en
niag6n otro sonetista inglés desde los tiempos
de Sidney, el renombrado autor de Astropbel
and Stella. Y como es sobre todo el lirismo lo
que caracteriza a la mocleroa poesfa inglesa,
de los lakistas acá, el elogio resultaba en realidad extraordinario.
Que los sonetos de Brooke son personales,
por los sentimientos que traducen y por la forma de que los viste, no puede _negarse, y basta
leerlos para encontrarse poseído el lector por
la emoción que despierta siempre lo hondamente sincero, cuando se expresa de modo que
hable al corazón. Pero en la hora de espanto
uiversal en que fueron producidos, lo que demuestra desde luego su excelencia es que fueron escachados y repetidos por un pueblo entero, que sintió revelada su alma de ese ÍD9tante supremo por la voz del poeta. El poeta
sintió por todos, como todos y habló para todos. Vaticinó.

•

�378

OOLEOCI6N Al!.IET,

Now, Gotl oe tluznked WM has maldttd u, with His IU1ur.

Así prorrumpió el poeta, y con él toda su
nación se encontró dispuesta y aparejada para esa hora suprema. El poeta miraba tranquilo, serenamente la mu~rte, y consagraba
para siempre a la patria distante la pequeña
porción de tierra extraña, donde habían de
blanquear sus huesos, la fosa en que serían
arrojados; y cada soldado inglés en Bélgica,
en Turquía, en Egipto, en la frontera de la India distante, en las remotas regiones alemanas de Africa, confirmaba el voto.
Mucho más personales aparecen las poesías
anteriores del joven escritor; porque, en esa
tierra consagrada irónicamente a la originalidad, sus versos se distinguen por un sabor peculiar, que los hace inconfundibles con ningugunos otros.
El exotismo, que tanto se ha celebrado en
su gran contemporáneo Rudyard Kipting y
que ha traído tantos lectores al francés Pierre
Loti, constituye la atmósfera natural que respira Brooke, y que lo hace contemplar, entre
regocijado y zumbón, el desfile mental de las
más pintorescas imaginaciones. Nada hay semejante, en lo que yo conozco, al cielo que
promete a la tahitiana Manua, donde la infinita variedad de las cosas que asedian nuestros sentidos terrenales se reducen a la perfecta unidad.
...there, on tbe Ideal Reef,
Thunders the Everlasting Sea.

COKO BYl!.ON

879

Naturalmente, esta doctrina nada tiene de
original, y no es en ella donde veo la singularidad del poeta; sino en la serie de ilustraciones de la doctrina, propias todas y cada una
para herir la mente, diversamente conformada y poblada, de la joven isleña del Gran
Océano. Y no es menos sutilmente irónica
aunque no tiene nada de original sino por 1~
forma, la conclusión en que invita a Manua a
vagar en torno de la perezosa y cálida laguna, enlazada la mano con otra mano humana, o a confiarse a las blandas caricias del
agua en la ribera. Carpe diem ...
Y sin embargo, en este espíritu, que parece
tan dispuesto a revolar ligeramente sobre los
afectos y hasta sobre los grandes problemas
que se han llamado trascendentales, se descubre de súbito una profunda vena de melancolía, con la cual toca las fibras más sensibles de
nuestra lira interna. El joven marino inglés
que data sencillamente tantos de sus verso~
En el Pa,;ííico, se revela hermano menor el
Benjamín como si dijéramos, de aqu.el Jaq~es,
que puebla con sus saudades la semi encantada y encantadora floresta de Arden. Nada es
más capaz de descubrirnos la fragilidad etérea de n,ue~tras más arraigadas pasiones, que
el cambio mcesante de panoramas y el anudar
y romper reiterados de nuestras relaciones,
que nos condenan al papel de huéspedes perennes. El mundo ha vuelto a ser para nosotros posada de trajinantes, pero sin mansión

�980

OOLICOIÓN A.RIEL

definitiva a donde arribar mañana. Desde que
el hombre midió la tierra y, con el auxilio de
su invención y su industria, la ha encontrado tan pequeña que en pocos días la circunva•
la, con el cambio de lugar todo va cambiando
en sus sentimientos. Las instituciones que sirvieron de descanso y abrigo al hombre seden•
tario no están ya aparejadas al judío errante
moderno. Y sentimos como pensamos, y pen•
samas como sentimos.
El poeta, que ha sabido encontrar bella ex•
presión y transparentes símbolos para estos
nuevos estados del alma moderna, ha sido un
gran poeta. Su muerte extemporánea denuncia, con clamor más penetrante, el horrible
crimen de lesa humanidad que se perpetra en
Europa.
ENRIQUE JOSE VARONA
(Revista Contemjorduea. Cartagena, Colombia.)

•

~ocije be verano
(DEL INGLES, DE LORD TENNYSON.)

Duerme el pétalo rojo, duerme el blanco.
No se mueve el ciprés en la avenida,
Ni en la taza de pórfido el pez de oro:
Vela el cocuyo: vela tú ante mí.
Se abate el pavo real como un fantasma,
E irradia su luz blanca junto a mí,
Yace la tierra, Dánae ante los astros,
Como tu corazón yace ante mí.
Huye en silencio el meteoro, y deja
Un surco, cual tu pensamiento en mí.
Repliega el lirio toda su ternura
Y en el seno sumérgese de11ago.Plégate tú, mi amada, y te desliza
Como un lirio en mi ser, piérdete en mí.
(Trad. de Julio Arc~val.)

�jonefo a .5U mujer, bifunfa

!INDICE

(DEL INGLES, DE JUAN MIL TON.)

Creí ver a mi santa compañera,
Traída a mí desde su sepultura,
Como a Admeto, la pálida figura
De Alceste, el brazo de Hércules trajera.
Mi esposa, cual mujer que parto hubiera,
Según la Antigua Ley, lavada y pura,
Y tal como en la Gloria mi alma a ugura
í·- Para siempre gozar su vista entera
'
Llegó de blanco, y pura cual su mente.
Aunque su faz velada, yo veía
Ternura, amor, bondad, ornar su frente
Como en rostro ninguno se podría.
Mas se inclinó a besarme tiernamente
Y desperté en mi noche, al nuevo d!a.
(Trad . de Julio Arcevat.}

AGUAYO, A.M.: De una encuesta, p.127
ALTENBERG 1 PETER: De diecisiete a treinta, p. 257
ARGUELLO, SANTIAGO: Ante el cadáver de Darlo, p. 31
BAEZ, CECILIO: El descubrimiento de América, p. 78
BARBAGELATA, HUGO D.: Influencia de las ideas francesas
en la Revolución de Hispano América, p. 265
BUNGE, CARLOS OCT AVIO: Sugerir ideales, p. 68
CARBONE, ADELA: Los niños juegan a la guerra . .. p . 195
CARLYLE, TOMAS: BoUvar. p. 130
CASTELLANOS, JESUS: Cultivemos nuestro jardín, p. 169
CASTRO, ALFONSO: Conviene hermosear la escuela, p. II
CHAVERRA, GASPAR: El rey mudo, P• 63
CH~KHOFF, ANTON: La dormilona, p. 19
DE HOYOS Y VINENT, ANTONIO: El pájaro maravilloso,
p. 83
DE LA ROSA, LEOPOLDO: Salmo de creencia, p. 53• El Señor Jesucristo, p. 253
DE REISSET, VIZCONDE: Los amores de la Princesa de
Clermont, p. 204
DE TEJADA, GONZALO M.: Loores a San Isidro Labrador, p.
182

DIEZ CANEDO, ENRIQUE: La poesia castellana y Rubén Darío, p. 3:36
DOMINICI, PEDRO CESAR: Talento y carácter, p. 1
FERNANDEZ FERRAZ, VALERIANO: Una carta, p. 57
GONZALEZ DIAZ, FRANCISCO: Lo sustancial, lo cualitativo, p. 164
•
GONZALEZ PEÑA, CARLOS: Flor de madrofío, p. 365
GRAY, TOMAS: Elegía, p. 157
GUZMAN, ERNESTO A: La primera lluvia, p. 39. Tu cabellera, p. 41

�~ t i m e ÚltdA, PBDIO, 111 ~

I'• to. lAít

- - p . po
HISPANO, CORNELIO: Loo de l'allll\
p. 11N
IREGUI, ANTONIO JOSE: El ""-l 7 el 1-bre, p. ~
KANTOR. M.; Sobno olgallCIII dnmu de IIJseG, p. uo
ÚNARl!S, OSCAR: La perf'ecta o1ecrfa, p. "7S
LUGONES, LEOPOLDO: 1&gt;e1"111m, de loo po&amp;,,jll,
Un buen queso. p. 303
MACHADO, ANTONIO: Ap,p,... P-.., Pto.- ,f
Cantares, p. 943
MAEZTU, RAMIRO DE: El de la M.........
uJ, p. ,s. El 'honor en la 1ldad Media, p. SI&amp;
MILTON, JUAN, 1. m mojer. dl1imta, p. - MONTANER, JOAQUIN: '"l!I -.Iajero, p. "'5o
lfU!loz, MANUl!L MARIA: Del blblleo, p.
NERVO,
La IUdn p. 44-.tao, p. 9'. SI espina bien&gt;, p. D!1
NIETO, RICARDO: La pleclo4 de la pluma, p. 6.5
NJN FRIAS, ALBERTO: El callo de la madnl, p . . .
l'ERl!Z DE AVALA; IL\MON La IJelf relluce, p. 1P.1
RECLUS, ELISEO: La ......._ do la geogndla, p. lJSl)
REYES, ALFONSO: Sir Edwar Grey y la tragodla del ........
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RODO, JOSE ERNIQUE: El de la polria, p. 1!1S
RUSKIN, JHON: El plagk&gt;, p. lg8
TENNVSON, Lord ALFREDO: Noche de p. tlh
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tJHRBACH, FEDERICO: Simiente de agonfu. p. di
UNAMUNO. MIGUEL DE: Sobre la necesidad de penar, p.
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VALLENILLA LANZ, BALTAZAR: En el subsuelo, p. 1J11
VARONA, E. JOSE: NuevOS reduct!:&gt;9, p. Lf6. Como B,r-.
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VASCONCELOS, JOSE: Libros que leo sentado 1:, - p
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WHITE, E. M-, Berpon y la edacacidn, p. ors
ZALD_U MBIDE, GONZALO: La ~cia 1 la raena. p. -

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Dlas Rodrlg•~• Sa
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                  <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                    <text>olección Rriel
AÑO XI - VOL. 11

SU:M:ARIO

1

PETER ALTE-NBERG.. . .. . De diecisiete a treint/1
JOAQUIN MONTANER .• •• El viajero
HUGO D. BARBAGELATA. Influencia de las ideas francesas en la Revolución de Hispano-América.
OSCAR LINARES.. . ... ..... La perfecta alegría.
FEDERICO UIIRBACH.. . . Simiente de agonías
ALBERTO NIN FRIAS..... El culto de la madre
MANUEL MARIA MUÑOZ.. Del cercado bíblico
LEOPOLDO LUGONES .. . Un buen queso
RAMON PEHEZ DE AVALA La sclfreliance
REPERTORIO BIBLIOGRÁFICO

e u ad e r n o 8 5 .
San :José, Eosta "Rica, Setiembre 1. 0 de •~16
Imprenta Gr"llla•

��ARl'ICL
REPERTORIO AMERICANO

COLECCION

PUBLICADO EN CUADERNOS QUINCENALES POR

J. G 1\RI11 ME&gt;NGE
S 1\ N

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R I e 11 ,

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COLEOCION ARIEL

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La •erle de 12 cuadernos ( en el F.:dranJero); $ 2. 00 oro am.
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7 68 páginas,

Dt ditCiSittt a trtinta

dos libro• de escogida, variada J reronfortnnte literatura

POR TRES COLONES

Trad. de Manzu! I){az Rodrlgwz

EDICIONES DE

LA LECTURA

Entré una vez casa del primer peluquero

Pa,eo de Recolt!tos, !25, Marlrid.

•
CIENCI A

de la ciudad.

Y EDUCACION

OBRAS PUBLICADAS
L. IlRACKENBU RV . - /,a e,,sc1ia11m de la Gmmdtira.
GilJBS, LEVASSEUR Y SLUYS.-Lae11sc11a1Zz11,l,l,z Get\t;r.ifía
LA VI S:,;E, ~10NOD, ALTA~l!RA Y COSSIO -/,z enmi,w::,1
de la Historia.
EDi\lU:S:DO LOZANO.-/_,,, wscña11oa de tu cimciar jf&lt;ims y

nntur11ler.
COi\l PAIRE.-Prs1&lt;1/o,:z1, llerb,r•t y 1/erbert Spmrer (3 volúmen~s.)
J\flEL REY.- úi¡:ka. Et,"cn y Ps11olo,,:ía. (3 volúmenes.)
JULIAc'! BE:5TEIR0.-Jui,io.r w1/,!/l{OS "npriori"'. s~,;1í11 A~mt.
ADOLFO POSA O A y otros.- D,ntho Usuat.
p¡.~:,;TALOZZL Co11u&gt; cnse,ia Gertmdis a s11.r hijos y El .INtMo. (2
volúmenes.)
W. R E IN . - Resu1tu11 de P,:d,f1,1/0JfÚ1.
]. r. HERBART.- Pttl,r.trogfn g,11eral derivada dd fin de l.1 ed11•
tadón.
1'11. DA VI DSO:sl. - /,a ed(ltauf11 del p11rbl&lt;&gt; .!fn~,;&lt;&gt;
p BARTII.- Ped,~!?~r:' ~- (Tomos I y II. PARTF. Gi-:1\F.RAI. y ES•
PE&lt;:JAI •. )

H Wl::IMER.- /hr/oria de la Pedn.t:-t!;!"
LL'IS DE ZlJLUETA .- El ,11,wtro.
P. NATOí&lt;P - Curso de l'ed.1!!,!,'Ía y l'tdilf!&lt;!f?lrr snr,rrl. (2 Ynli.J
FRA:\'Cl'-CO Gl:-:ER DE 1.0.~ RIO:... -H11sa¡•,1ss,&gt;l•rc ed11r,1,~··11. •
R. AL TA~ll RA -Fdo.r~fl11 de/,, llislana y Teorfa de /,1 rh•lli:,1cM11,
~1 ILTON. /Je ed11r,1ri,:11. '/'¡;1,/u,·ci1i11 ,Id iJ~, 11,,... fnr .,_\~1Mlia Cd's,io.

· -: • ....

~

,

.•

~

Olía a .Agua d.e Colonia, a servilletas recién lavadas y a suave humo de cigarrillos. . . . Sultán flor, cigarrillos de las Princesas egipcias.
Ocupaba la CaJa una muchacha muy Joven, de sedosos y rubios cabellos.
u¡.Ah!" pensé "un Conde te seducirá, ¡oh,
encantadora!" Ella me vió con una mirada
que decía: Quienquiera que tú seas, uno entre miles, yo te digo que la Vida está delante
de mí, la Vida! .... ¿.No lo sabes?
Yo lo sabía.
ª¡.Ah!" pensé ubien podrá ser un Principe".
Se casó con un mozo de café que murió
al año.
Tenia formas de gacela. Seda y terciopelo
no realzaban su belleza . ... y probablemente
era más bella desnuda.
BIBi..t":&gt;TECA

CENTRAL

U.A.N.L

�258

-- .
~

ooUOOJ6•ÁJUSL

El mozo de café muri.ó.
La encontré por la calle con un niño. Y
me miró con una mirada que decía: .A
pesar de todo, tengo la vida delante de mí,
la Vida . . . . ¿.No lo sabes?
Yo lo sabía.
Un amigo mío tenia el tifus. Era un compañero de juventud, rico, y habitaba la villa
del Lago.
Cuando le visité una jóven dama de sedosos y rubios cabellos, preparaba las sábanas
frías. Sus tiernas manos estaban completamerzte agrietadas por el hielo. Me miró.
¡Esto es la vida! .... ¡Le amo! .... ¡porque. eso, eso es la Vida! ....
.Al estar bueno y sano él abandonó la dama
a otro joven rico.
.
Se separó de ella f dcilmente, muy fácilmente.
Eso pasaba en estío.
J.1ás tarde lo sorprendió a él la nostalgia . . . . en otoño.
Ella lo había citidado, había fundido en él
su dulce ezterpo de gacela.
Le esc,-ibió: ¡ Vente!
Una tarde, en octubre, la vi entrar con él
en el salón encantado en donde resplandecen
ocho columnas de mármol rojo.
La saludé.

_____ ......,.. _______

-------- -

I&gt;B I&gt;Ill:élstll:'n A 'I'llUN!'A

2M

Ella me miró: La Vida está detrás de mi,
la Vida! ... ¿·.No lo sabes?
Yo lo sabía.
.
Volví casa del primer peluquero de la
ciudad.
.Aún olía a .Agua de Colonia, a servilletas
recién lavadas y a suave humo de cigarrillos . ... Sultán flor, cigarrillqs de las Princesas.
En la Caja se hallaba sentada otra muchacha de crespos cabellos brunos.
Y ella me miró con la gran mirada
triunfaldelajuventud-profetis Divae Au- ..
gustae Victrici-: Quienquiera que tú seas,
uno entre miles, yo te digo que la vida se
extiende delante de mí, la Vida., .... ¿·Sabes
lo que es eso?
Yo lo sabía.
"¡.A!" pensé "un C01;ide te seducirá . ...
bien podrá ser un Príncipe" . ...
PETER ALTENBERC.
(La Rroí.sta. Caracas.)

�'lt,

€1 vialtro
os "tipos" de viajeros conozco esenD
cialmente distintos: Dante y Ulises.
Tienen de común el "viajar" pero se diferencian en el por qué del viaje. En Ulises el viaje fué motivado por la fatalidad.
Expatrióse por de1?er, y a su ~etorno. los
dioses le entorpecieron el cammo, dejándole ver tierras y hombres. Y Ulises no se
expatrió nunca porque su_ patria estaba
dentro de él.
Dante, sí. Dante no amaba a su tierra, v cuijndo se quiso alejar de ella se
separó para siempre de sus moradas, de
sus colinas y de sus árboles. Su tierra era
otra distinta &lt;le la que hollaban sus pies,
y el airecillo que respiraba otro airecillo
diferente. Paseaba por las calles sin verlas,
olía los olores sin olerlos, y no pisaba lo
que quería pisar. Llevaba dentro de sí
otra patria de sueño, y se naturalizó en
sus dominios fantásticos a fuerza de meditación y de silencio. Es decir, Ulises y
Dante viajaron de opuésta manera, pero

VUl&amp;RO

261

los dos fueron curiosos. Aunque también
se diferenciaron en la curiosidad, porque
la curiosidad de Ulises era' motivada por
un sentimiento de nostalgia, de añoranza, y la del poeta florentino por una preocupación retórica.
.
De los dos viajeros tiene algo D. Miguel
de Unamuno. Quisiera llamarle "nuestro
D. Miguel'', pero no p~edo, porq u~ D ..
Miguel no es nuestro. Ni de Vascoma m
de Cataluña, ni de Castilla, ni de nadie.
Unamuno es de él, y precisamente P?rser
tan de sí mismo viaja. No sé la curiosidad,
la razón de existencia de los grandes viajeros. Es algo más propio y menos de los
demás que la cur_iosidad. E:1 _los ~iajeros
de la casta de Uhses, que naJan sm querer viajar, la razón no existe porque la
causa de los viajes es generalmente la fatalidad, el sino. En los del linaje de Dante, en cambio, la razi'&gt;n es más explicable
e idéntica: viajan por voluntad de cncon•
trar fuera de ellos el aire, el sol y la tierra
que llevan dentro de sí.
Unamuno tiene más de esta manera de
viajero de Dante,,que de la de Ulises .. Pero no se expatria ni puede expatriarse
nunca porque donde quiera que vaya se
descubre más a sí mismo. Hasta que se

�262

COLEOOIÓN ARil!.L

descubra del todo y acabe por viajar eternamente desde su pedazo de tierra.
Ulises fué viajero en unos años de su
existencia tan sólo: en los que duraron
sus trabajos. Luego, en su reino, en sucasa, volvió a la tranquilidad de su vida
de buen rey, y como su conciencia no le
acusaba de deslealtad ni de impureza, finó sin grandes remordimientos, iluminados sus ojos viejísimos con la claridad del
recuerdo de sus heróicas hazañas. Todo
esto, porque murió en su tierra, y él había
besado su tierra.
Pero Unamuno, pasa de largo por la
tierra. Le tuesta el sol y le endurece la
piel el aire. Pero no mira con sus ojos
materiales. Dentro de ellos vigila constantemente el espíritu, y la fortaleza del espíritu le deforma las imágenes y le trastoca todo, y constantemente se pelean sus
sentidos con el mundo exterior, venciendo siempre sus sentidos, que están gobernados por un Señor, y no por un ama de
llaves.
Ninguno de lo~ españoles ha llegado ,a
abarcar tanto, m ha penetrado en tantas
reconditeces como D. Miguel de U nam uno.
Todo le ha sido m·a teria apropiable, y en
todo ha sabido encontrar un matiz o un

n vwno

263

descoyuntamiento. Pero esto ha sido y es
engañarse a sí mismo. En el fondo de todo, a mi entender, no existe más que una
duda terrible, que un misterio. Y al traves de sus obras, ahondando un poco,
se descubre siempre esta vena corriente
en toda su intensidad, siempre impetuosa. U nas veces se esconde como el río
Guadiana y parece que se pierde; pero
más allá sale de nuevo con más brío y
con más empuje. Y, o ella ha de acabar
con don Miguel o D. Miguel ha de acabarla a ella.
Esta manera de viajar de D. Miguel
para descubrirse cada vez más a sí propio,
se ve mejor que en su prosa en sus versos. Ahí duerme su famoso' 'Cristo de
Velázq uez". Yo no sé por qué llama a su
Cristo "El Cristo de Velázquez". ¿Acaso
es "su" Cristo ese Cristo, ni otro de nadie? Leyendo esta obra estupenda se adivina el esfuerzo de creación, el hermetismo de este viajero. De un Cristo, de muchos Cristos que ha mirado D. Miguel
con sus ojos, ha tomado el arranque para
crear el suyo. Y se vé cómo va dándole
vueltas, amasándolo casi, como si fuese
una bola de arcilla gue tomase contornos
de hombre; como s1 el escultor pugnase

�OOLIIOOIÓ• AatKL

por meterle un espíritu dentro de la ma•
sa. Y o creo que s1 un día o una noche D.
Miguel, torneando su figura de Cristo,
viese que se animaba.el brazo y se articulaban sus miembros y la pasta se hacía
carne, y se movían los ojos y tomaba calor de vida su cuerpo, yo creo firmemente, que D . Miguel no se asustaría. Le parecería este portentoso milagro la cosa
más natural del mundo. ¿Para qué, si no,
había viajado con él, y dormido con él, y
le había dado su misma vida?
Y este trabajo gigantesco, sólo por temor, por un temor de negrura, de oscuridad, por apego a la tierra. Por esto el
viajero busca su negrura y dice que la ama. Pero la ama porque teme hallarla
para siempre y cree que vale mucho más
acostumbrarse a ella poco a poco. ¡Si él
adivinase con alguna ra7,6n un poco de
luz, un rayo declaridad!. ... Entonces no
viajaría más D. Miguel de Unamuno. Los
últimos años de Ulises serían sus últimos
años ...
JOAQUIN MONTA~ER
( R.rp.,ña

~!adrid,)

INFLUEJfCIH DE LBS IDERS FRHNCESHS
En la Revolución de Hispano-América

e

s ya por demás ~abido que las teorías de
los filósofos franceses del siglo XVIII, así
como los principios divulgados a sangre y
fuego por los hombres de su Revolución, ejercieron no poca influencia sobre el grupo de intelectuales de cada uno de los pueblos de Hispanoamérica, que encontraron, en cierto modo, en los caudillos los brazos ejecutores de
sus ideas emancipadoras.
Hasta curas como el mejicano Hidalgo fueron semieociclopedistas.
Acaso nunca como en la Revolución Francesa y como en la de la Independencia del
Continente sudamericano anduvieron tanto
en marchas paralelas la acción en las teorías,
el brazo que ejecuta con la cabeza que piensa
y ordena.
Ocioso fuera. pues, insistir en un corto artículo periodístico sobre la influencia que las
ideas francesas ejercieron sobre el general Miranda, precursor de la Revolución Hispanoamericana, jefe francés de los tiempos glorio10s de Valmy y de la toma de Amberes, alma

�é'üi'opea. de la mol~ Btaropa, ai no~
dmieoto, por ~aeaci6a 7 por teadenaa
meaos. FÜé Mitaada como esas A ~ de
dos eabnas que ornan escudos de dos pafaelt,
a loa que representan con toda la exteriot:i-

diúi del sfmbolo, no siempre arm6aico, ai
siempre simpitico.
1
Cambia de aspecto el asunto cuando q ~
moa referirnos a la iatlaencia que las idea• y
los ejemplos fra~ceses ejercieron sobre loe
grandes hombres que, de una manera o de
otra, fueron primer-ds en la Revoluci6a de la
que nos consideramos hijos y defensores.
. Por suerte, la historia, no siempre pródiga
ea datos ex,actos sobre nuestro pasado, que,
sin embargo, es de ayer, nos permite -obattvar aquella influencia entre los que, CODJO
Bolívar y San Martío, por ejemplo, son pa_dres indiscutibles del movimiento al que debemos nuestra existencia de naciones mdependientes.
V fueron Bolfvar y San Martio, de com6n
ascendencia hispana, los que, poniendo de la.do su originali6ad nunca desmentida, dieron
más pruebas de inspirarse para la ejecaci6n
de sus actos ea las obras de los pensadores
franceses.
El estratega de los Andes, el ilustre vencedor de Chacabuco y de Maipo, bebió la teoña
de sus campañas militares, iniciadas ~n España, en los libros del Conde Hip61ito de Gaibert, q •1e hicieron época en su tiempo, al que

Jlláá con sus lacabraoio11e1 táctico qtte
aua eeeritoe acamédiéoa o con eas rom4aamqres con Mademoiae1le de Í'Bspinaae:
Y qué decir de Bolfvar, quien, después de
iar a fos enciclopedistas franceses v de
a Bnileau y a Mme. de Stael, nutrió su
'tu con los libros, ingleses en su mayotfa,
Bentbam, de Helvetius, de Hume, de Bol' de Hobbes, de Spinoza y de Montes.. u, al que completó, seg6n la feliz afirman del profesor antillano E. M. Hostos. De
nth~m, al que la Convención hizo ciudadafran~és y al que Brissot-quien a principios
1793 propuso el Comité de Salud Pública
expedición contra las colonias españoacompañó siempre en sus frecuentes visia la primera República; de Helvetius, que,
que de origen extranjero, nació en Frao• de Hume, que pasó toda su primera ja•
tad en Reims anteli de venir a París como
talrio de Lord Hertford (1761), lo cual le
motivo a que trabase estrecha amistad
RoussJ!au; de Holbach, al que unieron fuer•
vínculos intelectuales con su tráductor
• on, y con Diderot y too Lagrange; de
ibbes, que discutió mano a mano con Des~. que fuera antes su amigo a la par que
iteo; de Spinoza, en fin, cuyo nombre encietodo un programa de filosofía y que se
•6 en 11} carrera siguiendo los pasos de
1mismo Descartes.
la influencia de Rousseau sobre Bolfvar

�268

OOLECIÓN A.RIEL

INFLUENCIA DE LAS IDEA.a FRANCESAS

atribuye el distinguido historiador venezolano Gil Fortoul su misantropía prematura y
la manifiesta tendencia del héroe a dramatizar todo; influencia que se ve clara en su correspondencia epistolar "de estilo pintoresco
y a menudo musical en el que estallan a veces
explosiones de cólera y estremecimientos de
impaciencia".
En la famosa carta que dirigió a Olmedo
juzgando su canto a la Victoria de]unín, carta acaso la más literaria que el Libertador escribiera,se notan la gran autoridad que sobre
él gozaban, tanto como los clásicos latinos,
los autores franceses de renombre. "He oído
decir, advertía Bolívar a Olmedo, que un tal
Horacio escribió a los Pisones una carta muy
severa, enla que castigaba con dureza las composiciones métricas; y su imitador M. Boileau
me ha enseñado unos cuantos preceptos para
que un hombre sin medida pueda dividir y
tronchar a cualquiera que hable muy mesuradamente en tono melodioso y rítmico."
Y párrafos atrás agregaba: ''Usted debió
haber dejado este canto reposar como el vino
en fermentación, para encontrarlo frío, gustarlo y apreciarlo. La precipitación es un
gran delito en un poeta. Racine gastaba dos
años en hacer menos versos que Vd., y por eso
es el más puro versificador de los tiempos modernos".
Sintetizaba, en fin, una observación muy
justa en esta frase: "También me permitirá

269

Vd. que le observe que este genio icca que debía ser más leve que hablador y embrollón lo
que _no le han perdonado los poetas al b~en
Enrique en su aren_ga a la reina Isabel; y ya
Vd. sabe que Volta1re tenía sus títulos a la indulgencia"...
•
Es notorio que, antes q11e sobre Sao Martín
.y sobre Bolívar, los citados :filósofos influyeron sobre 10:5 hombres que presintieron nuestra Revolución; desde aquel limeño Olavide
qu_e. a causa de sus ideas sufrió destierros ;
P,nstones y al que Voltaire dijo por carta: "serta de desearse que España tuviera cuarenta
hombres como vos", hasta Nariño, por citar
otro más moderno, que en 1793 publicaba en
Bogotá una traducción de los Derechos del
Jf&lt;?mb~e y q1;1e proyectaba fundar centros pohttc&lt;;&gt;-hte.ra~10s en cuyas paredes sólo se vieran mscnpc10nes extractadas de los libros del
propio Voltaire, de Montesquieu y de Rousseau.
Todos sabem_os el juicio que al autor de "El
espíri!u de las leye_s" inspir1;1-ron América y
Espana, dos potencias sometidas a un mismo
amo qu~ l~s trataba como a señor y a vasallo; nadie ignora que su cariño por la vida de
naturaleza llevaron al pensador del "Emilio"
a en~alzar las virtudes de los habitantes del
contto~nte colombino; es notorio, por último
3ue el Inmortal hij_o de Poitou afirmaba qu;
por más desgraciados y bárbaros que nos
parezcan los pueblos del Nuevo Mundo, son

�270

COLECCIÓN ARIEL

aún más superiores en -inteligencia y sobre todo en felicidad a los salvajes de Europa, es
decir, a los paisanf)S que van a la iglesia y al
ejército".
No fué, pues, una admiración no compartida la que los ~telectuales primitivos de América profesaron por sus maestros franceses.
Por eso, refiriéndose a su influencia en el momento en que debió estallar nuestra Revolución, ha podido afirmar el malogrado historiador francés Julio Mancini, en un libro
primigenio, que será el mejor monumento elevado a su memoria: "Muchos jóvenes de Méjico, de Nueva York, de Nueva Granada o del
Plata fueron a Europa, a Francia especialmente, a impregnarse de la atmósfera intelectual que tantos extranjeros iban a respirar a
París: los criollos que quedaban en América
aprendían el francés y se iniciaban en su literatura con celo más ferviente que el que mostraba la juventud europea. En parte alguna
''El espíritu de las leyes" fué más comentado,
ni Montesquieu, el inspirador de la constitución de los Estados Unidos, más admirado
que en los centros intelectuales de las colonias
españolas. En "La historia filosófica" de Reynal los jóvenes americanos aprendieron su
historia. Rousseau suscitaba fogosos discípulos. En las sociedades literarias que se fundaban en todas las ciudades coloniales se leían,
se recitaban con pasión las tragedias clásicas
francesas. Se entusiasmaban con las respues-

INFLUENCIA DE LAS IDEAS FRANCESAS

271

t~s de los personajes de Corneille, con las alusiones de Tancredo.
"La injusticia produce al fin la independencia.", y con el frenesí de las heroínas de Racine
que se disponían a resucitar en las admirables
amazonas de la Revolución americana. "El
mundo" era así más ''francés" todavía de lo
que imaginaba Rivarol".
Hasta la misma España llegaron por intermedio de criollos, los ecos de las ~uevas teorías libertarias, hasta las mismas Cortes de
Cádiz, en las que hizo oír su voz de "Mirabeau
ame~ican~" el notable quiteño José Mejía Lequenca, digno co.mpatriota del enciclopedista
~anta Cruz Espejo, que, según escritor espa~ol c&lt;?ntemporá~eo, no fué soportado por los
~er~tles como liberal, pedisecuo de Condillac
e 1m1tador de Destutt-Tracy", ideólogos que
no desdeñaron la práctica y que contribuyeron al nacimiento del idealismo moderno.
El Centenario de la Revolución Argentina
de Mayo celebrado hace pocos años en el Plata, probó con sus abundantes ediciones bibliográficas que la influencia de aquellos pensadores fué también eficaz en esa tierra que
tuvo al fr~ncés Liniers como virrey, después
de haber sido héroe de la Reconquista de Buenos Aires contra los ingleses en 1806.
Pu~den decir los porteños a los bogotanos
que s1 en los albores de la Revolución fué Nariño el primero en traducir los "Derechos dd
hombre", Mariano Moreno le quitó la gloria

�272

- - - ll&lt;FLUENCIA

COLECOIÓN ARIEL

de ser el único y la de enriquecer ~l original
con un prólogo que le honra. También en las
"Memorias" de Belgrano se encuentran las
palabras siguientes, qu_e valen más que las
congeturas de los eruditos y que las ~fir~aciones más o menos fundadas de los historiógrafos: ''Como en la época de 1789 me ~allb?en España, y la revolución d~ la Francia. hiciese tambien la variación de ideas, y par_ttcularmente en los hombres de letras _con qutene_s
trataba se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el
hombre, fuese donde fuese, disfrutara de unos
derechos que Dios y la Natu;aleza le }tabfan
concedido y que aún las mismas sociedades
habían ac~rdado en sus establecimientos indirectamente."
.
Y si de Buenos Aires pasamos
Montev~deo, nos apercibimos _de que también en ese
rincón platense las ideas francesas echaron
raíces en lo más fuerte de su guerra.
En 1816, en pleno gobiern&lt;;&gt; artigu!sta, el
presbítero Larrañag~, ~l_?. su d1scur~o inaugural de la primera_ bibltotec_a pública que tuvo Montevideo, hizo el elogio y recom~ndó la
lectura de la constitución de la República Italiana por Napoleón, y su famoso código ?el
pueblo francés, exclamando, aden:iás_, a guts~
de epílogo de un párrafo patnóbco-:erudito-repnblicano: "confesemos, como dec1a ~aciano Bonaparte, a la faz de todas las nac10-

ª.

'

DE LAS lDEAS FRANCESAS

~i3

nes y de todos los siglos, que Dios es tan necesario como la libertad al pueblo francés, y
plantemos el signo augusto de la Cruz sobre
la cima de todos los departamentos".
Mas si la cruz la propia España la tenía ya
plantada por doquiera, no pasaba lo mismo
con los libros de origen extranjero, que se adquirían por contrabando, y sólo se leían a
hurtadillas, hasta que con la fundación de
aquella biblioteca se popularizaron en el Uruguay actul:1.1 las obras francesas de naturalistas como Buffon y Tournefort o de químicos
como Chaptal, Macquer y Fourcroy que fuera diputado de Paris a la Convención de 1792.
Hoy nadie discute la real y eficaz influencia
de las ideas revolucionarias francesas en la
guerra por la emancipación de Hispanoamérica, así sobre doctos como los ya citados,
como sobre otros indoctos, dignos compañeros de aquellos negros esclavos de Coro que
se lanzaron a la revuelta para libertarse,
después de haber oído, de boca de sus amos,
describir, con riqueza de detalles, la toma de
la Bastilla, el fusilamiento de Luis XVI y las
escenas del..Comité de Salud Públic:1 y de la
Convención. En lo que suelen diferir las opiniones es en la manera de apreciar dicha influencia, que algunos espíritus conservadores
creen más bien perniciosa.
Desaparecerá la discrepancia si se la juzga
por los efectos que aquélla produjo sobre los

�274

OOLEOOIÓN ABIEL

más grandes capitanes del Continente: Bolívar y San Martin.
Las nociones generales filosófico-politicas
que los citados autores dieron al genial Bolívar-quién llegó a ser profeta en su tierra-no
cabe suponer hayan sido perniciosas a su causa como no lo fueron las sabias teorías aprendidas por San Martín en los libros de Guibert.
Huelga ponerse a investigar si todos los
que en Hispanoamérica se inspiraron en los
principios de la Revolución Francesa se mantuvieron consecuentes con ellos hasta el fin
de su vida politica. Debe, en cambio, dejarse
constancia de que las doctrinas revolucionarias de 1789 fueron uno de los factores prin•
cipales de aquel movimiento insurrecciona!
que, sin una preparación previa y sin comunes ligaduras, se propagó por todo un Continente; en el que se produjeron para una
misma época convulsiones semejantes en distintos centros, al igual de esas flores bellas
que parecen dispersas, en un mismo amanecer,
luciendo colores idénticos y formas homogéneas porque son producto de igual polen
salido de una sola antera en una tarde propicia a la fecundación a la distanci\.
HUGO D. BARBAGELATA
Parfs, 1916.

(la Nota. Buenos Aires.)

[a perfecta alegría

LAS

Florecitas del buen San Francisco, en
una tarde inolvidable, vertieron en micorazón su aroma le collados vírgenes. Por gracia
del aroma, aquella tarde pasó alada, hacia la
muerte, sin la más~leve pesadumbre.
La crónica del pobrecillo de Asís y de su Orden es, en verdad, como un continuo florecer.
Aquí oímos palabras del Santo, sabias y simples,
tal pedrezuela_s que despreció el palurdo y que
eran diamantes caído~ en el camino; un lobo se
reconcilia con los hombres; los pájaros hacen
silencio de oración y vuelan, a una palmada del
Santo, signando una cruz en los aires, bajo el
azul vibrant~. Donde caen las gotas de su sangre, el Santo recoge rosas!
Y todo se sucede en paisajes de Italia: en aldeas blancas: entre pinares oscuros, a la orilla
de los arroyos purísimos ...

•
Pero de entre la crónica, ligera y sonriente, que
guarda la gracia cautivadora del paisaje, surgió

algo más vivo,-claridad de claridades,-cotno

�276

OOLEOOIÓN A.RIEL

otro milagro franciscano, a llenarnos el espírit
de emoción.
Según San Francisco y la crónica de su ÜI"
den, la perfecta alegría, no era otra cosa que 1
suprema humildad. Y mi emoción más profun
da estaba en reconocer, mezclándola con la má
cruel amargura, por nuestra vida y por las cosa
presentes, una estupenda verdad en la homilí
franciscana; verdad que, siendo única, pareci
llegar tarde y apenas remover en el corazón
apretado en púrpura de vanidades, una esperan
za vergonzante de antaño y, sin saberlo, puest
en suplicio: doncella olvidada en el fondo de u
na cárcel obscura, cuyo suplicio pedía ahora
arrastraba el llanto a los.ojos!
A un lado la forma militante q,ue la bumilda
toma entre las filas de la Orden, en guerra co
los enemigos y falsos devotos del buen Jesús, 1
cuales infestaban el mundo; y aparte tambié
-porque no era para nosotros y nuestro tiempo
-el carácter de renunciación religiosa que con
fundía a cada paso la humildad con la pobre
por la pobreza misma, algo de la eterna
pura humildad tocó aquella tarde mí espfrit
como a la puerta de una iniciación ...
En el libro cerrado, pero sin marchitarse nun
ca, porque eran ~rendas de amor et_erno, qu
daron las florecitas del buen Francisco dan
en silencio su aroma de collados vírgenes,

LA PERFECTA ALEGRÍA

277

nto se alzaba sobre mi espíritu, con dulce imrativo, la lección inaplazable:¡ Ser humilde!
Sobre la. tierra oscura, el Angelus levantaba
enorme basílica de la tarde. El día era, al ca• , un fulgor colorido, lejaqo, en los vitrales góticos del crepúsculo.

*

l Ser humilde!¡ Serlo a nuestro modo y confore a cada naturaleza !
Comenzaría por aceptarme a mí mismo, con
~queñez y flaquezas; sin punto de confusión las
'°88~, el am?r y el dolor serían entonces pura y
nc1lla realidad, y el traidorzuelo o el hipócrita
~ ar~a_straría ~ mis ojos ingenuos con ingenua
d1c1ón de sierpe, cumpliendo con su natueza.
Por~ue la humildad enseña a serpuro-quie.
decirse, conforme a sí mismo-y a ver la pu:ra de las cosas, en el agua o el fuego!
~ntre los otros y yo, no habría más ocasión a
o Y confusiones, porque ahora, por sobre los
hondos prejuicios, había un modo de ver
ue lo refería todo a la más pura y sencilla reaad, de donde, como de la materia el perfume,
. conceptos se redimían, en definitiva, mís-

lioos....
*
Tal suerte de ingenuidad, serena y olímpica,
mo nacida en la Hélade, sacudía de sí toda a-

�278

OOL'ICCIÓN AB.IBL

dulación para el poderoso,-aun para aquél co
quien los otros se perdonasen la vida ; y, de con
tinuo, se interrogaba en siletié:io a qué hacerse
perdonar también, de falsos maestros, las pala
bras y las acciones. Para el amor y el dolor no
había amos ni maestros posibles!
Los seres y las cosas amanecían ahora com
nuevos y aun conforme al primer amanecer de 1
vida y así, por virtud de una emoción prístina.
de enamorado o de niño, acaso gozara Jll divino
placer de nombrar los seres y las cosas por la
primera vez, en un éxtasis paradisiaco: el ár
que da sombra; la rosa apenas nacida y ya· muerta; el pájaro que voló sobre el gajo más alto y
da un trino, o fué nota amarilla o muy roja en e
aire diáfano y tembloroso.
Porque la humildad enseñaba, conjuntamente con ser púro-a imagen del agua o del fu
go-a ser libre!

*

Si amaneda en torno infortunio y pobrezas, el
amanecer no sería menos un milagro. La choz
del ol vitlo, por real, buena; el alero de desamparo
alegre. El paisaje alejaba por todas partes deso
lariones: el valle árido, las colinas rojas y abrup
tas; pero un zagal tañía, a lo lejos, su flauta pri
mitiva y, en una rama seca, saludando las cosa
• del amanecer, un pájaro cantaba. Todo era bue
no y alegre.

JtB.P&amp;CT.&amp;. ALJtGBf.&amp;.

279

Al zagal y al pájaro, su hermano menor, les
bastaba, por ser humildes, con reconocer su liber•
tad, para darla sin esfuerzo y con devoto regocijo,
en aquel grado supremo de libertad, que es la
expresión.
Porque la humildad enseñaba, juntamente
con ser puro y libre a ser artista, al modo fra.
terna/ del muchacho y del pájaro!

*
Y más luego y por último, en toda grandeza
discurría, de un principio o a poco, según debía
verse desde limpidísima certidumbre, un raudal
de humildad, a la medida que, de propio y sencillo móvil, la grandeza se diera punto por punto
en sf misma, sin afectación ni timidez. El místico,
el poeta, o el héroe al igual del águila, el árbol o
el río, que sin afectación ni timidez, dan de un
todo en el vuelo, la majestad o la corriente.
De donde, por inversión de los términos, todo
lo lento que se quiera, pero perspicua y serenamente, la humildad enseña también a sergrande, aun en cuanto a proporciones humanas se
comparase. Y en el espíritu y la naturaleza tan
grande venía a ser, según la humildad, el insecto
como el águila, y n6 le era menester, perdonarse
de ésta porque volase de las cumbres cerniéndose al medio día sobre el césped!

•

�280

OOLEOOIÓN ARtEL

La lección de Francisco llenaba el mundo, Y
era apenasel balido de una ovejuela! Pero su ver•
dad, por todas partes impresa, sólo en los corazones , sería vida y sendero ....
Sobre la tierra obscura se cerraron, tachonadas
de estrellas, las puertas de zafir de la noche de
primavera. Para quien se abriesen, como azul y
do rado misterio, la palabra del Santo sería viva
realidad del corazón I Porq ue¿ qué era fa perfecta alegría, sino la gracia que vive esparcida en
las cosas y los seres y que en el laude del pobrecillo de Asís se r ecoge oriente en la perla, sin dejar de ser pura y libre?
Para algún corazón de poeta, cada estrella seria una florecita franciscan a , y fuera el testimonio poético de que, realmente, sobre los obscuros
caminos, un día floreciera aquella, la perfecta
alegría, perfumando el mundo....
OSCAR LINARES.

Simi~nt~ dt agonías
, No debemos prrg1111/amos si los que lloran tienen, 111oti1..10 para ello o 110 lo tienen. sino sencillamente qué podemos /iacer para que no lloren.
M. MAETERL/NG.

Dolor de la miseria, dolor de las mezq uinas
alarmas terrenales, dolor de las pequeñas
angustias de la vida, ¡ cu án so rda mente minas
las existencias p álidas que trágico domeña s !
No hier es co n la saña de indómitas pasiones,
pero en sigilo el ánima t orturas lentamente,
y la fugaz, la frágil paz de los corazones
con el presagio inq uietas de una ansiedacl cr ecient e.

Valencia, junio de 1916
(La Revirta. Caracas.)

l\Iás ínt imo, más t riste, más cauto, más sombrío
que el drama de la muerte y el drama del ha stío,
del alma que emponzoñas t e ocultas en el fondo;
Y si un esquivo rayo de compasión te alcanza,
te escudas con tu estoico fracaso de esper anza,
tor vo dolor sin lágrimas, tan mísero y tan hondo !
Dolor el m ás amargo de n uestra a marga vida,
dolor de la m iseria , solo dolor sin ga.usa,

�282

SIMIENTE DE AGONÍAS

COLECCIÓN ARIEL

I

muriendo eternamente por una nueva herida
y eternamente inquieto por una nueva causa.
Dolor que sigilosb te envuelves en la sombra
de tu girón de harapos para celar tus huellas,
fa la esquivez altiva que tu pudor asombra
devuelves un difuso relampaguear de estrellas;
Dolor de la miseria, dolor de la amargura
de carecer de todo, ¡ de todo !, en la insegura
senda del fugitivo tránsito hacia la muerte;
Dolorqueenlas tortuosas revueltas del camino
la tregua de un instante demandas al destino
para cegar los ojos de la contraria suerte;
Nada tu melancólico ensaflamiento iguala,
dolor de inconmovibles, de acerbas persistencias,
tan plenq de congojas, que tiemblas bajo el ala
de la piedad que acorre tus mudas impotencias

283

Dolor clemente y pródigo, que desolado gimes
del corazón las ansias y heroico te redimes
para otros corazones soñando el bien perdido.
Dolor de la miseria, dolor de las silentes
concentraciones íntimas de un tímido aislamiento,
dolor de las amargas derrotas inconscientes·,
trémulo y angustiado dolor del desaliento.
Germen de taciturnas t ~ndencias agresivas,
y claudicantes ansias propicias a la entrega,
de humíllaciones trágicas en el desastre altivas
y de altiveces frágiles transidas en la brega.
Dolor de la miseria,.simiente de terrores,
simiente de agonías sin quejas, sin cl~mores
que turben el opaco silencio de tu abismo; .
Triste dolor perenne, tan sordo, tan callado,
que de tus propios ayes te alejas desolado
y para no sentirte te embriagas de tí mismo._

Y nada la tristeza dramática domina
ni la zozobra amengua de tu escondido llanto;
si la misericordia tus heces ilumina
su lumbre diafaniza recóndito el espanto.

¿Zozobra?¿ desaliento?¿ terror? ¿ inelancolía?
¿ locura de abismarte?¿ tristeza de rendirte?
Cada un dolo;, y todos, presagian la agonía
con que solloza el alma la angustia de sentirte.

La exaltación y el crimen son llamas del momomento.
y t~, fatal, perduras, dolor del sufrimiento
de la humillante lástima y el desdeñoso olvido ....

Burlado eternamente por el azar, recelas
de todo aventurero y alucinante empeño,
y para no engañarte con la esperanza, vuelas
muy lejos de la dulce promesa del ensueño.

•

�284

COLECCIÓN ARIEL

La dicha, la quimera de dicha que sostiene
las ansias del terreno peregrinar, no tiene
para tus lobregueces un compasivo halago;
Dolor de ver la vida pasar, sin que deslumbre
un resplandor de aurora fugaz tu pesadumbre,
ni aclare una sonrisa tu deambular aciago.
A veces turba el vasto silencio en que clausuras
• la espíritual tragedia de tus meditaciones,
un tormentoso oleaje cotno de crispaturas
y un ulular siniestro como de imprecaciones.

SUIIÉNTE l&gt;E AGONÍAS

285

Si piérdese en la sombra y extínguese en el
viento
de tus lamentaciones el plañidero grito,
con tus lamentaciones forja un remordimiento.
como la culpa, ingente, y como tú, infinito.
No temas nuevos golpes ni más adversidades;
nada hay sobre las vastas, las negras tempestades
que el pávido ll\Ísterio de tu recinto asordan.

Y sé, para la vida falaz que te rechaza,
un treno, una quimera, un eco, una amenaza
de todas las miserias que tu caudal desbordan.

Dialogas con la vida, de arrestos que fracasan,
de empeños que se rinden y fuerzas que se agotan,
y entre la vida estéril y tus demandas, pasan
nuevas infaustas horas que tu afanar derrotan.

El alba, la esperanza, la dicha en flor, aleves
esquivan la infinita desolación terrena ......
tú solo, como Cristo, te exaltas y conmueves
con la inextinta lágrima de la amargura ajena.

Con el vigor indómito del tormentoso oleaje,
del ulular siniestro con el gemir salvaje
ampara y fortifica tu míseria flaqueza ....

y has exprimido en todos los odres el veneno

Y así, en el gran silencio donde hosco te encastillas,
si una obsesión de abismos te dobla las rodillas,
que una visión de cimas te yerga la cabeza.
La súplica, la instancia, la persuación, no llegan
jamás a la inconciencia con que la suerte escuda
la sórdida avaricia, ni adoloridas ruegan
sin que al dolor que evocan otro dolor acuda.
o

Tú solo, que has sabido de todos los azares
del vino de la vida, los llantos seculares
compartes, sollozando con el dolor ajeno.
Tú solo, del milagro· de consolar al triste
la comunión conoces, que sólo tú sufriste
con elclamordeangustiaqueotramiseriaarranca,

Y sabes, en tu e1_1sueño de comunión propicio,
que emerge del celeste y heroico sacrificio
toda radiante el alma serenamente blanca.
FEDERICO UHRBACH.

�EL CULTO DE LA MADRE

61 culto de la madre
CONFERENCIA LEÍDA POR EL DOCTOR ALBER1'INO NINFRÍAS EN EL SALÓN DE LA. "ASOCIACIÓN CRISTfAN.A.

DE JÓVENES", EL VIERNES 12 DE MAYO 191G.
Ex-tolo carde.

e

hombre de letras, como el pintor y el
escultor, tres seres qt1e buscan interpretar a la naturaleza al trav6s de sus almas,
amantes de la belleza, recogen en el camino
sus mejores inspiraciones. El tema de esta r_eunión, de un alto significado moral, me ha s1d?
dado como una visión, al atravesijr un~ bulliciosa vía de nuestra metrópoli. En el frente de
una gran vidriera había un cuadrito encantador fresco y saludable corno las brisas de la
mafiana sobre las campiñas verdes y odorantes. Representaba un claro de frondoso bosque
y ocupando el_ plano principal veíase a una madre, esposa sm duda de alguno de los guardianes deL religioso asilo de la naturaleza; vestía humildes ropas, y su cabello, algo desgreñado evidenciaba a lo lejos, a la mujer hacendosa' del hogar. Pero su sacro gesto hací!'olvidar todo ello para concentrarse en ~u divina maternidad. Levantaba de un carnto de
manos a su hijito de las entrañas, a la supreL

287

ma ilusión y lnz de sus monótonos días
El artista en color~s, cuyo nombre ignoro,
supo lo que era el cariño de una madre su abnegación, su dulzura y aun más; el h~cho de
escoger el artista como ambiente de sn expresión artística un bosque, prueba cuan hondo
era su pensar. En efecto, ¿qué palabra lleva
en_ s! u~ concepto más profundo y está, si quer~ts, mas cerca de Ja idea de Dios, si no es pre•
· c1sameute el vocablo naturaleza? En todos
los idiomas veis acoplado ese término al de
madre. Madre naturaleza, dicen los filósofos
los artistas y los físicos.
'
La madre es, a todas luces, lo que está más
cerca al impulso admirable e insomne que
muestra todas las fuerzas en nuestro derredor. Ella está en una comun~ón más intima
con la esencia del mundo; ella penetra con
mayor facilidad lo invisible, taller maravilloso de toda la vida y de todas las vidas. ¡Qué
clara es la visión espiritual de la mente mat~rna! Posee u_na_ intuición sorprendente; pres1ente la prox1rn1dad de los acontecimientos·
adivina de una manera precisa el carácter d;
las personas con quienes sus seres más queri~
dos entran en relación.
¡Con qué tacto la madre refiere al hijo todo
aq~ello que le puede perjudicar, que le puede
herir y con cuanta energía le alienta!
Las acciones mejores de los hombres son las
r~alizaciones de la idea de una madre. Ella
vtó, el vástago ejecutó.

�EL CULTO DE LA MADRE

288

289

COLEOCIÓN AR1!1,

Cuánto hermoso cuadro se levanta ante mí,
de esas escenas de la invencible amistad de la
madre con su hijo. La madre ha rodendo tiernamente el cuello del hijo y así enlozada, su
mirada en la de él, le habla con convicción firme y profética de las cosas de su porvenir.
El hijo ha ingresado triste, en los brazos de
la autora de sus días, sale contento y esperanzado. Preguntada un día, la nobilísima
Cornelia, aquella matrona de la Roma consular, por una amiga que la visitaba: "¿dónde
están tus joyas?" contestóle aquélla, atrayendo hacia sí a sus dos hijos: "llelas aquí".
Y esos dos jovencitos fueron más tarde los
más grandes tribunos del pueblo Romano.
No podía ser de otro modo. Detrás de todo
gran hombre, hay una gran madre, y el caso
no es una excepción, aunque tratéis de hombres tan opuestos como ser Goethe o Napoleón. hluy poco, en comparación de las madres 1 oís hablar de los padres, en las memorias de estos dos héroes del pensamiento y de
la acción. Lo mejor y más divino de sí mismo,
lo atribuye el autor del Fausto, al alma de
alta distinción espiritual de su madre. Ella
t.ra, fuera de toda duda, la clase ue madre que
esperamos para un poeta genial. ''Fué", dice
uno de los mejores biógrafos del escritor,''una
de las personalidades más gentiles de la literatura A.lemana, y la que se ha hecho un lugar
prominente entre ellas." Fué de naturalez~
sencilla, dotada de un gran contento de ánt-

mo y un corazón afectuoso que se hacía querer de cuantos la trataban. Para resumir en
po~a.s palabra~ tanta grandeza, diré fué "la
delicia de los mños, la predilecta de los poetas
y de los príncipes".
Refiérese que después de entrevistarse con
ella un culto espíritu, exclamó: "Ahora comprendo cómo el gran poeta baya podido llegar_ a ser el hombre que es".
. Ningún cumplimiento más hermoso ni más '
Justo para su memoria.
En unos versos autobiográficos, el artista
declara: ..
.
"'Von Mlitterchen die Frobnatur
Die Lust zu fabuliren."
'
"De mam:l me viene mi. disposición a la alegria
y el amor de narrar cuentos,"

Cuando el vencedor de Austerlitz es coronaen Nuestra Senora de. Pans, _su primer preocupación es que
prese~cie la_ sin par ceremonia de hierática
mag01~cenc1a, la anciana madre.
¿Quién p_odría apreciar mejor que ella la carrera -:ertiginosa del hijo? Napoleón era sim- '
p}e ~~m~nte c~ando el saqueo de "las Tullenas ; diez y siete años más tarde, amo de la
,Europa.
. Las dos figu(as más patéticas de la histo. na, son los dos hijos de Eduardo IV, Rey de
Inglaterra. Muerto el popular Monarca en la
~or de su edad, dejó tras sí a hijos demasiado
Jóvenes para las responsabilidades del caso.

~º emperad&lt;?r de los. franceses,

�290

COLEOOIÓN ARIEL
EL CULTO DE LA MADRE

Puesta la regencia del Reino en man&lt;?s. del
tío, el Duque de Gloucester, éste ambicios?
monstruo buscó deshacerse de sus ,do.s sobn•
nos. Sabía harto bien, el astuto pnncipe, que
mientras permanecieran los adolescentes al
lado de su madre, ella sería para ellos su más
segura defensa.
.
.
.
El primer paso hacia el cnmen que meditaba el regente, en el fondo tenebro~o de su conciencia, fué separarlos de la re~n~. Hay un
cuadro que comenta este acontecimiento y es
de los más tristemente conmovedores que se
han concebido. La acción tiene lugar en ~estminster Hall, soberbio salón de grandiosas
proporciones. A un. lado, !emos a la augusta
madre en una trág1ca actitud de ~~sesperanza y asida fuertemente de sus dos htJOS cuyas
faces baña con lágrimas de sangre. E.sa noble
señora sabía que se despedía 1¡&gt;ar:i,. siempre, Y
el que hoy estudia el hecho histortco y sabe
como terminó, participa de ese dolor, ante el
cual todos ellos se desvanecen como la noche
al abrirse el dia.
¡Pobre madre!
Si tiene capacidad para la dicha más alta,
también el dolor arremete contra ella sus más
furiosos atagues.
Rodin, el Miguel Angel de los modero.os
tiempos, ha esculpido una cabeza de muJer
que obsesiona en verdad.
Le ha llamado el dolor. Solo es menester
darle una rápida ojeada para saber de qué

291

dolor se trata: la horrible e indescriptible angustia de una madre ante la desaparición de
su hijo amado.
Cuando era pequeñuelo, presencié un suceso
semejante; jamás se borrará de mi ser, mientras viva. Hubo de arrancarse por fuerza a la
madre del lecho donde yacía un cuerpecito
frío; sus sollozos sumían en la pena más
acerba.
En una de las grandes novelas del siglo "El
Sendero de Dios" por Bjornson, hay una des.
cripción de este· asunto altamente sentida.
Han operado a un niño muy próximo a la
muerte, y la madre, sugestionada por su angustia, va a ver si vive aún. Se ha escapado a
la severa vigilancia que ejercía la familia sobre su descanso. Dice el novelista: "No dijo el
niño una palabra, ni movió parte alguna de
su cuerpo por temor de volver a sentir el dolor de antaño; y a ella parecíale como que su
espíritu volaría del sitio si se movía y si ella
le tocaba o enunciase palabra alguna. Pensaba que su respiración aun pudiese ser demasiado fuerte, buscó hacerla casi imperceptible,
ni movía manos ni cabeza; en esta quietud serena parecíales estar bajo la sombra de alas
de ángeles. Era un momento parecido a aquel
en que le había dado el ser, al oir los primeros
rumores de la voz viviente. Y ahora la vida
volvía por segunda vez con respirar temblo. roso. Los ojos. del hijo eran como luz en la
nieve. No se cansaba ella de su fresca lumino-

�292

OOLEOIÓN ARlEL

sidad; flotaban en los suyos; anhelaba ella que
esta situación no terminase nunca.
"Mas el muchacho fué vencido por el poder
de sus ojos y se entregó al sentimiento de s.eguridad que le inspiraba su presencia. Volvió
a entornar los ojos, abrióles de nuevo una o
dos veces ... Sí, ella estaba allí, y en ese pensamiento durmióse".
¡Qué derroche de muda ternura se experimenta al leer ese trozo! ¡Cómo llega el escritor
al fondo eterno de la madre todo amasado de
intuición y el más fino de los amores! A todo
hogar penetran en su danza loca, las horas
tristes, las horas amargas, las horas en que
un confuso destino parece anonadarnos. El
mundo en este momento está sembrado de
esas horas fatales. Sobre ningún ser hace
mayores estragos la guerra actual que sobre
las pobres madres. La Conflagración presente
de los pueblos, es la tragedia de las madres.
Pero, con qué entereza se han hecho a esta situación sin precedentes en la historia de la
raza. ¡Madres maravillosas! las ha calificado
un periodista.
Se ha recogido una carta, cuidadosamente
guardada contra el pecho de un oficial ruso,
muerto en el campo de batalla. Era de sumadre. He aquí algunas frases de ese ajemplar
documento:
"Tu padre murió luchando muy lejos nuestro. Ten presente que tú eres el hijo de un héroe. Mi corazón rebosa de pena y llora al pe-

•

EL CULTO DE LA JIIADRE

293

d_irte seas digno de él... No wivimos para
siempre en este mundo. ¿Qué cosa es nuestra
vida? Una gota, acaso, en el océano de la
Hermosa Rusia.
..
" ...Cuando seas enviado a realizar alguna
gran acción, no te acuerdes de mis lágrimas
sino tan sólo de mis bendiciones. ¡Que Dios
te guarde, amado hijo mío! Por todos lados
se dice que el enemigo es cruel y sal\raje. No te
dejes guiar por la venganza ciega. No levantes tu mano sobre una cabeza caída; sé misericordioso hacia aquellos cuya suerte sea el
caer prisioneros tuyos ... "
. El amor de madre es sublime, heroico, grandilocuente; desdeña fijarse en lo bajo, lo egois-,
ta, y despliega la belleza de sus anchas alas
en toda ocasión solemne. Vive v muere en la
belleza. No vacila, hace; tiene Ía grandeza de
las antiguas leyendas. Ese amor está hecho
de la pasta de los héroes, cuando se trata del
hijo.
El hogar es quien da carácter a un país. A
pesar de cuanto se me dijese otrora, siempre
tuve fe profunda en la salud moral del pueblo
francés. La base de mi creencia estaba en la
insuperable terneza de la madre en Francia,
su inteligencia, su espíritu previsor, su alegría
y energía del vivir.
¿Quién no se inclina hoy ante esta nación,espléndida en su heroísmo y en su resistencia?
Recuerdo haber leído un episodio de la guerra queme quedó muy grabado. Se trataba de

�294

OOLECCIÓN ARJEL

una madre que no solo había perdido a su esposo, sinó también a sus dos hijos. En el
momento de comenzar el relato de su caso,
estaba de pié, al lado de la cama de su tercer
hijo. A este acababa de serl~ ampu~ada ~na
pierna. La lámpara de la vida del Joven tb~
extinguiéndose poco a poco.
Al día siguiente, la infeliz madre tuvo el
valor de ir a despedirse y agradecer a la enfermera por las atenciones que había recibido
su hijo en sus últimos momentos: C:on frases
hondas tributó su eterno agradec1m1ento, luego dirio-ióse completamente enlutada, con paso dig~o a la puerta de salida, por entre una
doble fil¡ de camas; al llegar al dintel, volvió
la cabeza en dirección a la cama vacía de aquel que hasta ayer había sido su postrer
esperanza.
U no de los más valerosos generales de Francia, en la expedición a la península de Galipolí el General Goura.ud fué por dos veces tan
~al herido que tuvo que cortársele el brazo
derecho.
Al regresar a París, buscó ocultar su pérdida a su querida madre, pero al abrazarle se
dió cuenta de lo sucedido y retrocedió horrorizada. Se echó a llorar sin consuelo. Gouraud la tomó cariñosamente con el brazo
restante y le dijo: "¿Por qué lloras?-no te
alegras de verme?" y de esa suerte a~ogó su
llanto y borró con un beso sus lágrimas de
dolor sincero.

EL OULTO DE LA !,[A])RE

295

En todas las circunstancias de la vida este
culto a la madre es un freno a los malos impulsos; es un salvaguarda contra las desilusiones del vivir.
Jamás se perderá por entero el que siente
fuertemente este afecto y aunque se halle en
el abismo del pecado o en los tormentos de
una pésina situación, podrá por sobre toda
aflicción, elevar a Dios su alma, porque ha
amado a su madre.
Con cuanto entusiasmo entonces recordamos esos versos de Rudyard Kipling, que cometiendo quizás una profanación poética,
buscaré traducir aquí:
Si se me ahorcase sobre el pico más alto,
Madre mfa, madre mía
Y o sé quien seguiría mis pasos,
Madre mfa, madre mía.
Si me ahogare en la mar más profunda
Madre mía, madre mía
Yo sé las lágrimas de quien vendrían hacia mí,
Madre mía, madre mía.
Si yo fuera condenado en cuerpo y alma,
Madre mía, madre mía
Yo sé qué oraciones me rescatarían,
Madre mfa, madre mía.

�296

-

COLECCIÓN A.RIEL

A este poema solo le encuentro dos cosas
comparables en el dominio de las artes: "el
Dolor" de Augusto Rodín y ''la Pietá" de Miguel Angel.
Me parece verla, a esta última, la efigie simbólica de todo dolor: es la madre del Cristo
que murió por salvar a infinitas generaciones
de hombres. ¿A quó pena puede compararse
la suya?-¿No era su hijo el más irreprochable y bien intencionado de los hom bres?-¿No
hería su frente sin mácula un rayo inextinguible de bondad y de amor? No solo llora a su
hijo, sol)oza por la humanidad entera que ha
sacrificado en él, su dicha, su quietud, su a•
gradecimiento. Para haceros concebir cuan
grande es este tesoro del amor maternal, os
he hablado de su aspecto triste y doloroso.
A.sí lo exigen los tiempos que corren, pero lo
ha sido también por aquello de que nunca es
tan grande nuestro afecto hacia alguna cosa como cuando la perdemos.
Cerremos esta parte con la reminiscencia,
entre todas trágicas del Antiguo Testamento,
de aquella madre cuyos siete hijos fueron colgados para servir de pasto a las fieras y a los
pájaros del aire. Un escalofrio de horror hiela la sangre de nuestras venas, cuando sabemos a la infortunada madre en continuo ace•
cho para ahuyentar del lugar del suplicio a
toda persona que pudiera dañar a esos cuerpos mutilados. Con su constancia logra dar
tranquila sepultura a todos ellos.

EL CULTO DE LA MADRE

297

Sin embargo cuánto recuerdo nos evoca la
madre a pesar de todos estos horrores descriptos.
Escuchad éste de las románticas regiones
de Escocia, fuerte y bella tíerra de grandes
corazones. Espera su turno un jovenzuelo para hablar con el coronel. Ha estado haciendo ejercicios de recluta desde algunos meses.
-"Qué puedo hacer por tí?" le pregunta el
paternal jefe.
-''Yo deseo marcharme a casa", responde
el tímido muchacho.
-"Y por qué?" contéstale tan solo.
-"Yo no vine a9uí para hacer ejercicios;"
y agrega con énfasis, "yo me enganché para
pelear".
·
Era este el hijo único de una viuda . pero
~lla consintió con buena voluntad en dejarle
tr al frente. El fundamento del edificio social
está en el corazón de la madre. De ahí manarán las virtudes y prosperidades de la patria.
Si ella dedica su vida a un fin; si ena vive de
una existencia superior para que los que la
sigan vivan mejor, si ella subordina su mentalidad perseverante y conservadora a la satisfacción de un noble porvenir para sus hijos:
entonces nada puede derribar las fuerzas de
su puro amor.
Ella es quien vence o sucumbe en la batalla
moral de los pueblos.
¿Qué hay en el fondo de ese culto a María
tan lleno de ingenuidad, de frescor de corazó~

•

•

�298

COL'IOCIÓN ARI'IL

y de los generosos impulsos de la juventud,
si no es un tributo a la maternidad? En In. glaterra especialmente, dedicábase a la madre
de Jesús, el mes de Mayo, el más hermoso y
florido del año. Asociábasela conmemoración
al retorno de la vida de las plantas. Iban los
innumerables festejos y servicios religiosos
como envueltos en las sutiles aromas de los
azahares y madreselvas. ¡Cuanto significaba
expresar su ser en la alegría del más cándido
y pristino de los amores, tenía cabida en el
poético mes de Mayo!
María, la virgen María, la dilecta del Señor,
la princesa de Davídiéa estirpe, reunía en su
persona a todos los afectos individuales para
constituirse en el arquetipo de todas las madres.
Y aún hoy día, en estos tiempos de menos
poesía, pero si de más tragedia, en cuántos
pechos no arde todavía esa pasión sagrada.
Los campos, la montañ.a, el mar, siempre fueron los últimos asilos de la naturalidad en el
hombre.
Romain Rolland ha escrito una obra que
viene a ser para nuestro siglo, lo que fueron
''Los Miserables" para las letras del pasado.
Su héroe es un hombre de genio y como tal
un martir a su manera. Como toda alma
grande, Cristóbal no cuida de las convenciones sociales. En perpetuo choque contra individuos mezquinos y faltos de comprensión,

EL CULTO DE LA lllADR.11:

290

obligado Kraft, a huir de su patria enada al culto de la fuerza bruta
No .ha tenido el coraje de comu~icar su reJuc160 al ser que más quiere, y anda perple• como ocult~rle su propósito. ' Mas lo ioetable llega siempre.
Es un _Domingo lleno de sol. La tarde está
r declinar suavemente. Madre e hijo han
ta~o conversando de manera afectuosa. Ha
h1do de ref?Cote un~ pausa en el coloquio
la ~obre Luisa, rendida de caosaocio, hase
rm1do ~on el grao libro de todo hogar cris•
o, ab1ei:to sobre sus rodillas. Unos pálirayos 01mbao su fisonomía' estóica y regnada.
Está tranquila, estd serena.
·
¿N.? est~ cerca de su hijo amado?
Ast la v1ó por .~!tima v~z el hijo genial, y de
suert~ tambteo o.s deJo, amigos míos, con
evocac16n de una imagen parecida, imagen
fuerza y de reposo, de amor y ternura por
uella que es única en la vida de todo ser.
ALBERTO NIN FRIAS

•

�t&gt;a. OIBOilO BJBLtOO

-

1

Dtl ctrcado bíblico
Vosotros, pues, pondrélspoesfaen
tro trabajo; y sólo as! recibiréis nna Yida

cbosa•en pago de vuestros esfuerzos.- E
GoNZALEZ BUNCO. Jmú tú Ntu/ll'dA.

,

-

-Lahrador, labrador, tu lucha es vana,
estéril es tu ajdn: verds mañana
que se cubren de abrojo~
/,os surcos que regaron
•
el agua de tus ojos
· y el límpido relente
.
que la fatiga salpicó en tu frente.
Y a no amards la tierra
que la semilla encierra¡
tu heredad desolada
serd de los reptiles la morada.
Con la simiente riega poesía,
si anhelas que lozana
la mies resurja de la madre pía·
al lucífero albor de la mañana . ...
- Herrero, noble herrero
de fuerzas giganteas

en el yunque golpeas
duro bloque de encendido acero
templarás tu fragua
'
vertida en- infierno
vivirds en un martirio eterno
rJJios y sin amor, sin pan, sin agua.
rJ'ara que la existencia te sonría
t11s. ensueños el dolor no trunque1 •
compás del martillo poesía
arce en dulce calma
ndo forjes el hierro sobre el yunque . . . •
orque el son del martillo es armonía
ra aprender la mús_ica del alma!
- Maestro, las lecciones
dictas en el aula
los incautos niños
ulliciosos gorriones
idos en la jaulariles serán como la. avena
arrojó el labrador sobre la arena
quieres que el fastidio
·
la esc~la no espante la alegria
convierta en lóbrego presidio
rama poesía
'

I

�302

OOUOOIÓN AllllL

en la lección, y el niño
marchará con cariño
como dócil cordero
por el arduo sendero
de la sabiduría . • • •
.
.A si, hablaba Jesús de,,,Galilea
d ·1
r
el bar¡Jo murmuró: j'.oen i o sea. -

J

MANUEL MARIA MUNOZ
(Colombiano)
Bolivia) enero de 1916.
La Paz (
'
CW1f, Pú/Jliea de Colombia. Bogotá.
(De la Revista tú la /nslnl&amp;

Un butn ~UtSO

N

O, no; el Amor es bueno y nunca desampara
a sus pacientes. Qye mi dulce amiga la historia de Inés y Florencia, para que te convenzas
de tan importante verdad.
Inés y FJorencio, ambos nacidos y criados en la
opulenta finca donde servían, eran dos gallardos
muchachos que se adoraban desde la niñez. Hast a aquí todo va bien, y aun ha de parecerte mejor
si te digo que los chicos se besaban como unos
glotones cuantas veces podían, con el incentivo
de esas brisas campestres que en la primavera
hacen estremecer tan profundamente a los bos.
ques venera bles. Cuanto podían se besaban, y
hadan muy bien, a despech~ de tu aspaviento
convencional; cuanto podían, porque, ¡ ay I no
aiempre les era dado.
La señora, una viuda ya entrada en años, era
muy beata y se escandalizaba al sólo nombre del
Amor, como no fuera éste el divino. No obstante,
sus amigas afirmaban, que en su devoción a San
Antonio, por ejemplo, no todo era desinterés celestial, llegando uno de sus primos, viejo entre

�304,

OOtBOOIÓN ARlEL

santurrón y calavera, a afirmar que Santa Rita
compartía aquella predilección ....
Lo cierto es que había sido devota del buen
santo hallador de novios, desde su más tierna juventud: y tanto, quese rezaba de memoria la novena y los trece martes.
La señora quería mucho a Inés, pero desconfiaba de Florencio, habiendo opinado' ya varias ve.
ces que creía llegado el momento de buscarle empleo en la ciudad. ¡ Cómo abominaba Inés en esos
momentos la palidez que la cubría l
Para ella eran las preferencias y hasta los mimos compatibles con la rigidez aristocrática de la
dama; pero¡ a qué precio! precisamente poresto,
apenas podía hablar con su novio. Cuando no
trabajaba con la vieja ama de llaves, doña Catalina, una flacucha de:rigidez gendarmeril, bordaba junto a la señora en el costurero cuya suntuosidad tenía algo de bazar, mientras aquélla, en
compañía de una hermana solterona quelaacompañaba, consunúa las horas descifrando charadas
y fugas de vocales. Esto formaba su rr.anía y su
vanidad. El resto del ·día lo consagraba a la
oración.•
Sólo en la mesa tenían algún esparcimiento los
muchachos. Después de servir Inés a las señoras,
almorzaban con doña Catalina, en un recogimiento casi terrorífico; pero a veces llamaban de
adentro (generalmente para averiguar alguna fe-

305

UN BUBN QUISO

cha) y el ama acudía.¡ Ah, besos furtivos, caricias
miedosas, dramitas en dos pelliscos ! Era el mo. mento de entregarse las cartas en letra menudísima y sin apartes; el minuto suspirado de decirse tantas cosas yno acertar más que a estrecharse
las manos : fugacidad deliciosa que les alegraba
un día entero como una exhalación de perfume ....
Ahora bien, cierta ocasión de esas, Inés y
Florencio tuvieron un gran disgusto. Aquella negó rotundamente a éste un rulo que la pedía, y
hasta le reprochó que hubiese mezclado aturdidamente el día anterior la leche de los quesos.
Lo primero fué una coqueterfa y lo segundo
merece una explicación.
Inés hacía unos quesos riquísimos que la señora
prefería, motivando esto mil querellas como la
mencionada. Eran de comerse frescos, pero tenían
un término de treinta horas que la chica respetaba con veneración; y por esto aquel reproche
asumió caracteres muy serios para Florencio.
Tres días después, como la coqueta no cediera,
la escribió que se iba a envenenar; y ella, alarma,
da al verle tan triste y para evitar que lo hiciera
durante el almuerzo, le respondió con amoroso
sobresalto:
"Mi rico no fué usté ya sé adorado bien de mi
alma, hoy en la mesa te daré si acaso llaman, y
con esto recibe muchos besos de Inés".
Hizo con_el papelito una cedulilla bien apreta-

�da :, la gaard6 en. el
· a la
oportunidad.
Fabricaba hada rato uno de sus q
1ecberfa, dando el áltimo amasijo a la
cuando sintió pSIOS. ¡ Los ele él r•••• Con
1il1a en la mano, aguardó palpitante, pero
del amado noviecito, apareció dofla Cata
persona.
La oedulilla rodd por entre loe dedos de lalí
sobre~ pasta, que autmanoa oprimieron coa in1,.
tintiva precipitación. Por fortuna no la habla:
visto, y en cuanto se fuera. ...
Pero en vano retardó su obra. La vieja no N
movió de allí, y como empezara a regaAar por la
tardanza, el queso entró en el molde y puó a la
despensa,sin que lainfeliz hubiera podido retirar
de sus entradas el secreto de su amor.
¡ Qué dos días aquellos 1 1 Con qué aPJlliedad
~ntó una y mil veces la puerta de aquella nefa•
ta despensa en procura de una remota casuaU•
dad! ¡Cuántos ingeniosos hurtos concibió! ¡Cuántas promesas hizo a los !l'lntos I Pero dofla Ca•
lina no candaba nunca en falso, y los santos suelen ser tan ocupados....
Por fin una noche, mientras servía a la mesa.
la catástrofe se produjo. El ama trajo, con cierta
prosopopeya de mal augurio, un nuevo queso 4111
la seftora se dispuso a cortar. (Era esto un capricho de golosa, harto honorifico para Inés, bi~ so

de-.) Un baenqu_eac,. 1Serfa eee?... •No
era,porque parecía mú ...,: pero Id debía de
~ . porqtae tenla una depnslóa en el borde....
81 cachUJo entró leota,,,.,t.e.... entró .... en•· DeaprendicSle la tajada.... ¡ Ah, quf 1atia-

l ¡ No era 1 '
~ al cortar

e\ segundo boeado, la ae&amp;&gt;ra no-

lllg:o dtll'O en la pasta, ucarb6 un poco, y el
jltipl maldito apareció.
s,C: ;1',aa.lsae6litoera aquello, que produjo un solem"M ililen6io. La seftora, con una talma fria, más
\el'ril)le que 1aa amenuas de los profetas, deaJlablaba lentamente la ce4u1illa;y en esemomentv Ja eblca, desde el fondo de su anonadamiento,
\alblt.Qe6 al azar, con una voc en que desfallecían

tólloloe~
..-$e me cayó del aeno....

Bl papel acabd de deaenwlYerae.
Y¡ oh t cincuenta veces oportuno "Tyrothrix

íU fptmi1"

y otras tantas sublime "bacterium
.,, "bacillua butyrricui"1 cuantossuculentoe
ínfcn&gt;bios, acedan, SUODan y maduran-esas ma.
-.villat del arte caseoso: toe ácidos de la fermenta:é;i6n hablan decolorado ta anilina, y s61o aparedan vagamente, en un matiz rojizo, palabras
auettu; sin ningwi significado al parecer:
~

Mi i no 111
adorado bien de mi alma,

�COL~OIÓN

AJlmt.

en la mesa
s ca
llama, con sto rec
e os e es
Las cejas de 1a señora se fruncieron ante tan

profanas palabras ....
.... Pero ¿ qué cambio es ese en sus facciones?
¿ Por qué mira abara a Inés con enternecida benevolencia?

Es queacaba de dar con el secreto del involuntario criptógamo y comprende lo temerario de su
sospecha,
En efecto; ¿ no correspondían exactamente
esas palabras a la oración del noveno martes de
San Antonio?
"Mi divino Jesús, único y adorado bien de mi
alma. que en la mesa eucarística os llamáis, con

justo derecho, el pan de los fuertes .... ".
¡Chica ejemplar! Se pasaba copiando oraciones
durante sus asuetos¡ quién lo creyera 1¿ Reprenderla? Nunca; pues ¿a qué mayor gloria podfa
aspirar un queso?

Y desde entonces, bajo la advocación complaciente del beato paduano-mi patrón quetidoqué besos, qué locos besos se dieron los chicos al
almorzar.
LEOPOLDO LUGONES
(BdUWIUS M{nittta.s. Buenos Aires.)

ca stlf rtlianct
La sustancia de la demQcracia es, pues, una
creencia aplomada y entrañable de que los
hombres, cada uno de por sí, tomado aisladamente, alimenta las ralees de su personalidad
en un elemento divino, que cada ciudadano
posee una dignidad espiritual inalienable, la
cual, por dignidad también, hemos de consentir que se manifieste y afirme libremente, en
tanto no veja o acosa la dignidad de un tercero. Pues este sagrado derecho a no admitir
jerarquías espirituales sobre nuestra propia
alma, a sabernos jueces de nuestra conciencia

y árbitros de nuestra conducta, a no aceptar
opiniones ajenas que no hagan eco íntimo y
veraz en el recinto último e inexpugnable de
nuestro sér, todo esto, tan helénico, tan sajón,
tan democrático, es la selfreliance, la confian•
za en sí mismo de que nos habla Emerson. La
confianza en sí mismo nada ti.ene que ver con

la seguridad del triunfo. La confianza en sí
mismo es el cumplimiento del deber, triúnfese
o no se triunfe de primera intención; es la buena voluntad por la causa de la justicia y de
la verdad; es, por consecuencia, la meditativa
consideración de obstáculos y posibilidades
antes de emprender la acción; la cautela, la serenidad, el cálculo, es poner plomo en los pies
en lugar de alas en los homóplatos.
RAMON PEREZ DE AYALA

�REPERTORIO BIBLIOGRAFICO

tos oalorts littrarios

e

'

de esperarse que Azorín diera a uno de
sus libros el título que lleva el último:
Los valores literarios. Excesivo para este volumen de artículos sueltos cuyos temas son a
veces las discusiones (en otro lugar plausibles)sobre los toros o el duelo; más digno de
una obra compacta,el título sintetiza las tendencias de la labor crítica de Azorín.
Su esfuerzo aspira a la formación o a la renovación de las tablas de valores en la literatura española. Representa el sentido literario
de la actual generación, que cree en la necesidad de ir al pasado, pero renovando o &lt;lepuraudo los valores tradicionales.
¿Lleva consigo este esfuerzo las condiciones
de su eficacia? Quizás no todas. La crítica de
Azorín, atada a la volandera forma de artículos periodísticos, ejerce influjo rápido, momentáneo, sobre el público que lee la prensa
de Madrid. Y este influjo, repetido, deja a la
larga un sedimento de criterio renovado en
un corto número de lectores. Temo que no
vaya mucho más lejos. En los inconexos volúmenes de artículos de Azorín, aunque corre
un espíritu, falta la organizaci611, el otro eleRA

REPETTORIO BIBLJOGR.ÁFIOO

311

mento sin el cual no existe el libro, sólo capaz de producir revoluciones ideológicas. El
efecto, aunque no se pierde, se diluye v aminora.. Obsérvese la influencia de Nietzsche, y
qué d1ferentes procesos atraviesan el que le
va leyendo a pedazos, en sus volúmenes de
aforis1:11os, y el que lee desde luego un verdadero libro, como El origen de la tragedia:
conozco más de un caso de revolución intelectual iniciada por esta obra.
Además, la crítica de Azorín es a posteriori.
Aunque toda crítica lo sea, existe una quepara el público se presenta como simultánea
con _la obra juzgada: es la de los prólogos.
Crítica que será molesta en los libros de autores contemporáneos; pero indispensable en
las ediciones de clásicos destinadas a público
numeroso.
El clásico no es libro abierto para el lector
que carece de cultura histórica; y la mejor forma de presentarlo es una interpretación sobria. Como son las de la bibloteca inglesa de
E,;eryman. Como,sin ir muy lejos, la que trae
la novísima edición de La Gala.tea de Cervantes, por Schevill y Bonilla.
Para que las ideas de Azorín sobre los clásicos españoles alcanzaran éxito definitivo,
ningún medio mejor que exponerlas en prólogos de eiliciooes populares, como esperamos que haga con El Criticón de Gracián.
No solamente los prólogos: la selección de
las obras que se reimpriman tiene valor críti-

�312

COLEOOIÓN ARIEL

co. En la formación de bibliotecas clásicas
españolas ha prevalecido el desorden. Principian a apartarse de él las colecciones de La
Lectura y de Renacimiento; pero mucho hay
que enseñar todavía, y mucho podría enseñar Azorín: así, debe corregirse el rutinario
olvido de escritores de primer orden, como
Juan de Valdés y el Arcipreste de Talavera,
más importantes que otros constantemente
reimpresos, como Luis Vélez de Guevara. Para nuestra América, que ya necesita conocer
a sus clásicos, ha acometido labor semejante,
con excelente instinto crítico, Rufino Blanco
Fombona, cuyas virtudes intelectuales, aunque diversas de las de Azorín, también representan el sentido literario moderno.
Tal vez Azorín ha desdeñado la necesaria y
eficaz labor de las ediciones críticas, por su
propia hostilidad-de intensidad variable, y
más a menudo implícita que confesada-contra la erudición. Hostilidad explicable; pero
injusta. Explicable, porque la erudición española anterior a don Manuel Milá v Fontanals, aunque significa trabajo enorme y dig•
no de respeto, fué a menudo indigesta e inexacta, y no es precisamente un placer la consulta
aun de Jos más insignes eruditos, como Ga•
yangos o Amador de los Ríos. Pero injusta:
no sólo porque la erudición española ha ganado en seguridad de método y claridad de
exposición a partir de Milá y del creciente influjo extranjero,-al punto de que España

REPERTORIO BIBLlOGRÁFIOO

319

ofreee hoy, en don Ramón Menéndez Pida!,
modelo de investigador sobrio y de espíritu
amplio,-sino porque la erudición es el instrumento previo de la crítica; es el conocimiento
exacto de las obras y de la historia literaria.
Puede el erudito no llegar a crítico: entonces
su papel es acopiar materiales para la verdadera crítica. Puede el crítico no ser erudito,
pero está obligado a saber sacar el fruto de
la investigación ajena, a saber manejar la erudición. Erudición y crítica deben completarse; y si se dan en un mismo escritor,-SainteBeuve, o Mr. Saintsbury,-mejor aún. Como
tampoco se empecen crítica y creación: así en
Lessing, o en Coleridge, o en Walter Pater,
o en Anatole France.
La hostilidad general de Azorín contra el
criterio académico, estancado en tablas de
valores dignas de exterminio, es sin duda la
que motiva su hostilidad contra la erudición,
que en España acostumbraba ir unida a aquel
criterio. Y es también la que motiva su hostilidad, inmerecida, contra don Marcelino Menéndez y Pela yo. Al romper con el mundo académico, a que oficialmente perteneee don Marcelino, Azorín niega al maestro. Sin advertir
que este puede ser un aliado de los modernos,
aunque parezca serlo de los antiguos. Blanco
Fombona se muestra más avisado que Azorín
al entenderlo así, como también al hacerse
editor de clásicos, función erudita que el vulgo
no espera del artista creador.
. .

�314

OOLEOIÓN ilIEL

Azorín, urgido por necesidades de polémica
y de oposición, no sólo ha negado a don Marcelino, sino que ha dejad~ de leer much.as de
sus obras; sólo así se explican sus negaciones,
rotundas y extremas.
·
Porque Menéndez y Pelayo tiene limitaciones, pero aun con todas ellas, es uno de los
mayores críticos.
.
.
.
Azorín se queja de su estilo oratorio! la sinfonía marcelinesca, como solemos decir entre
amigos; pero, ¿por qué se niega a ver que ese
estilo fué templándose con los años? ¿No ley6
las declaraciones del maestro en el nuevo prólogo a la Historia de los heterodoxos españoles? ¿No ha leído, por ejemplo, el sobrio discurso en memoria de Milá?
Dirá Azorín: templado y todo, conserva la
orientación fundamental hacia la elocuencia.
Y bien: ¿por qué hemos de rechazar sie-r:nl!re el
estilo elocuente? Es excelente cosa escnbtr como Marco Aurelio; pero ¿no tuvo Cicerón derecho de escribir? ¿Confundiremos la elocuencia de Menéndez y Pelayo con la insoportable retórica que suele multiplicar sus frondas en losparlamentos?Si en ocasiones fatiga
el estilo del maestro, o el arrastre verbal le lleva a la inexactitud, no pretendamos declarar
que esto sucede siempre: ni siquiera predomina.
Azorín no sólo se queja del estilo, que es la
contra posición del SU)'.O propio. Su. censura
principal es para la crítica, que el estima aca-

REP&amp;RTORIO BIBLIOGRÁFICO

315

démi.ca. Para mí, el crite~io académico es el que
con~ibe el arte como artificio y lo somete a un
conJunto de reglas fijas; reglas que históricamente se derivan de las postrimerías del Rena&lt;:im_iento y so~ i!lterpretaciones de los procedimientos arttsbcos de la antigüedad: faleas, cuando se refieren a Grecia; menos falsas,
cuando .se refieren a Roma, el primer país de
tendencias académicas.
.Y como empecé por conceder, sigo concediendo. que en Menéndez y Pelayo haya influído el sistema académico, el espíritu del siglo
XVIII.español. Es Blás: aunque su criterio pasó rápidamente del formalismo de la preceptiva a la síntesis estética, nunca rompió por
completo con la retórica. Nadie como él hizo
burlad~ los ridícul.os excesos en que cayó la
preceptiva académica del siglo XVIII en España: al hablar de las polémicas de Hermosilla
y otros personajes de aquella época de gusto
lamentable, D. Marcelino se vuelve hasta hu~orista. Y. sin embargo, leyendo su exposictón_de l1;ts ideas deLessing se advierte que no
se atrevió a romper-acaso no sintió el problema-con la teoría fundamental de la retórica, la teoría de las reglas. Concedamos toda via más a Azorío: Menéndez y Pelayo no se
propuso renovar los valores literarios, y a veces, sobre todo en su primera manera, dejó intactas valuaciones notoriamente equivocadas. Por último, aunque atenuó mucho, nunca perdió del todo, con relación a co¡¡as de

��!118

OOLBOClÓN ARI'&amp;L

co, pero ni toda su labor e~ c~tica, ni es tan
vasta ni tan rica en apreciaciones como la de
Mené~dez y Pelayo. De los otros críticos y
eruditos anteriores a él, o contemporáneos
suyos, no hay para qué hacer me~~ria; o son
notoriamente inferiores, o sólo h1c1eron trabajos parciales. De los últimos es Cla.rin, que
representa el tránsito hacia los nuevos rum
bos críticos.
La diferencia principal entre la critica de
Menéndez y Pelayo, y la que Azorín propone
y muestra, proviene quizás ~e que. aqu~lla ve
la obra literaria en perspectiva histórica, en
valor tradicional, y esta la ve como fuente
de gustos y experiencias individuales,. actuales. Menéndez y Pelayo, con su actitud d,e
historiador, se creé obligado a conceder igual estudio a Graciáo, que todavía nos enseña, y al P. Mariana, que poc~ n~s dice hoy.
Azorín se contenta con prescmdir de Mariana.
Pero sin la historia literaria de Menéndez Y
Pelayo no habríamos llegado a la crítica
individua.lista. de Azorín. Y bien podemos conservar las dos. Ambas nos hacen falta.
Reconózcase, ahora, que Azorín trae un sentido nuevo al entendimiento de las letras españolas. No es lo que vul&amp;arm~nte se llam~
impresionismo. No es escéptico, smo afirmat!vo. Es una especie cle individualismo, e1;1emi•
go de las fórmulas acumuladas, abstracciones
que tienden a quedarse vacías por el uso; se

REl&gt;ER'l'ORtO BIBLIOGIÚ.11'100

319

d_irige a la obra sin prejuicios, y en Jo posible
s1.n preconceptos, y la estudia como cosa individual y concreta, libremente, interpretánd?la por las enseñanzas que ofrezca en expen_enci~ huIJ?ana y en recursos literarios. La
historia misma.se.contempla de modo personal_. Los proce_d1mientos de selección y de sínte~i~, necesar~os a toda historia v a toda
critica, los aplica Azorín a sorprender nuevos
aspecto~ y a ens::iyar síntesis nuevas.
El ha mtr?ducido, por ejemplo, el elemento
de la sugestión o de la asociación inesperada
Así cuando habla de la extraña ligereza de D.
Esteban Ma_nuel de Villegas, y aun nota, d~
paso, el .realismo de aquel súbdito: No quiero,
d_el rústico que roba el nido en una cancioncit~ del poeta .. Cuando reconstruye la psicologia, de emociones temblorosas, de San Juan
d~ la Cruz. Cuando traza el retrato imaginario de Don Juan Manuel. Cuando al hablar
de la .segunda parte del Quijote (la preferida
también por ~enénde2 y Pelayo, la preferida
por nuestro siglo), evoca los grises de Veláz.
que~ Y aun I&lt;;&gt;~ dos sorprendentes cuadros de
la Villa Méd1c1s: de estas intuiciones necesitaba la crítica española.
Y también necesitaba rectificaciones como
la excelente que toca a Don Juan Valera· como la que toca a l_os ditirambos de Cej~dor.
Próx111;10 ~ te~mmar, he recibido, en admir~ble C&lt;;&gt;tnc1denc1a, cartas de amigos, hispanistas Jóvenes, que hablan de Azorín. Uno,

�390

OOLBOOIÓJI AlUZL

desde París, dice: "Azorín completa nuestro
entendimiento de cosas de España. Vivíamos
demasiado exclusivamente bajo la influencia
de D. Marcelino". Otro, desde México: ''Artfculos admirables: sobre Don Juan Manuel;
sobre Hita...Pero a veces habría que acordarse de GracfAn: "No dar en paradoxo por huir
de vulgar". Otro, el más entusiasta: "Muchos hombres como Azorin necesita España.
Aceptemos que en crítica literaria podrá no
ser demasiado ecuánime, por reacción contra
los Gil y Zárate que han existido, pero nadie
puede negar que hace pensar ... No vive e!1 el
mundo abstracto, donde todo se va volvtendo símbolo de ahorro de esfuerzo; donde para vivir se ahorra la vida en abstracciones:
vida algebraica en que las personas no se entienden ... La crítica de Azorín como fundamento de un pensamiento_ español.. .." .
Los tres no dirán lo mismo; pero si vienen
a dar en esto: que tenemos en frente a nueva
fuerza critica de las letras españolas.
PED RO H ENRIQUEZ UREÑA
H abana, julio de 1914.
(El F{g'a,o, Habana.)

T.r,. lJ:lrE~- Las kl oradas. Por don T omás Navarro.
SO DE MOLINA - T eatro. Por D . Américo Castro.
CILAS O - 06ras. Por D. Tomás Navar ro.
VANTE S-D01t Quijote de la 1Vtlnck,,. Por D. Francisco Roriguez Mario, de la Real Academia Española. (8 vols. )
VEDO - Vida del Buscón. Por D. Américo Castro.
RRES VILLARRO EL - Vida. Por D . Federico de Onís
QúE DERIVAS- Romances. Por D. Cipriano Rivas Clier ifT
('t vols.)
JU-AN DE AVILA - Epistolario Espiritual, Por D. Vicente
García de Diego

CJPREST E D E H IT A- Liórv de Bum Amor. Por O.Julio
Cejador (2 vols.)

U,LEN DE CASTRO - Las moredad,s de Cid. Por D. Víctor
Said Armesto

lrQUES DE SA)ITILLANA - Ca11do11es y decires. Por D.
Vicente García de Diego.
~:SANDO DE ROJAS. -La c~lestmna. Por D. Julio Cejador.
(2 vol~ .)
LLE GAS-i!nftims o amatorias. Por D. Narciso Alonso Cortés,
E'MA Df~ MIO CID. Por D . Ramón Mcnéndez Pida! de la
• R;..al Academia Española.
•
A VIDA D E LAZARILLO D E TORMES. Por D, Julio Cej ador.
ftRNA:,; 0 0 OE HERRERA. - Poesía.,. Prólogo y notas por
D . Vicente García de Diego.
~.RVA NT ES -Nowlas ejemplares. Prólogo y notas por D. Francisco Rodríguez Marín, de la Real Academia Espafiola.
• LUIS DE LEON - De los nombres de C.-,sto. Tomo l. Por
D. Federico de Onís
,i¡, ANTO:--:JO DE GUEVAR.\ - .llvu,s-prerü&gt; de corte y alalHut:" de
Edición y notas de l\J. Martfnez de Burgos.
]EREM BERG -- Epútol,uio Por D. Narciso Alonso Cortés.
U E VEOO- Los suClio.,. Tomo I. Por D. Julio Cejador.

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                  <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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RLJPCN

Cuaderno 72

DARIO

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ARI~L
REPERTORIO AMERICANO

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{rente al Correo

,

J .\DIE TOR:'&gt;10 ,

1916
SAN

J O SE D E

COSTA RICA Imprenta Grenas

C

. A.

�OBRAS DE RUBÉN DARIO
Verso
PRBIERA.S NOTAS
ABROJOS
PROSAS PROFA.NAS
CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA.
EL CA.N'l'O ERRANTE
POEMA DEL OTOÑO Y OTROS POEMAS
ÜA.NTO A LA ARGENTINA. Y OTROS POEMAS

Prosa
A

DE GILBERT

Los RAROS
ESPAÑA CONTEMPORÁNEA
PEREGRINACIONES
LA CARA.V.ANA PASA
TIERRAS SOLARES
OPINIONES

P .ARISIANA

'

LETRAS
TODO AL VUELO
AUTOBI0WFÍ.A, -

...:-------

ROBEN

ten León de Nicaragua en la noche del 6 de Febrero de ,9 16

Verso y Prosa
AZUL ...

EL VIAJE A. NTcARAGUA.

DARIO

( Dibujo de V.isqucz Díaz)

�A?RECIACION
7TN día, como alguien hiciera notar a
URubén Darío la maldad escondida en tre algunas frases mías sobre un poema
suyo, murmuró, según parece :
-Lo que me consuela es que él sabe
mejor que nadie cuán injusto es eso.
Y, a fe de hombre honrado, mi gran
amigo tenía razón. Porque si hay alguien
en el mundo que admira su obra, que
admira su esfuerzo y que admira su vida,
soy yo. No tengo más que evocar·las primeras sensaciones de mi vida literaria,
para sentir, en el acto, todo lo que al autor de "Azul'' le debe mi alma. E l mismo ha contado, en más de una· ocasión,
cómo nos conocimos. Fué allá, en nuestra
Tierra Tropical, cuando el colegio acababa apenas de abrirme sus puertas odiosas.
El era ya célebre. Cubierto de laureles,
Yolvía de países más hospitalarios que el
suyo propio, para dar a la juventud centroa·m ericana la magnífica lección de su
independencia y de su riqueza intelectual.

�4

APRECIACIÓN

Don Juan Valera lo había consagrado.
América toda lo consideraba como el más
joven, como el más grande de sus maestros. Y los adolescentes iban a él llenos de
.
'
entusiasmos, para ofrecerle sus primicias.
''Entre los que primero llamaron a mi
puerta- ha podido escribir-hallábase un
chico de ojos soñadores y de labios sensuales". El recibimiento que aquel chico
tuvo, los cronistas lo conocen. Mas lo que
el mismo Rubén ignora, es que antes de
llamar a su puerta, la mano en apariencia
firme había temblado, como la de Reine al
levantar el aldabón de la casa de Goetbe
como la de Gautier al tirar de la campa~
nilla del cuarto de Rugo... ¡Ah! ¡ son
cosas é~tas que todos dejamos para las
memonas o para los artículos necrológi~os ! Pero ya que una verdadera inmortah_dad lo ha convertido en un ser excepc10nal, de .e~os que pueden saborear en vidalos anticipos de la eternidad, nada me
es tan gra!o como escribi~, aprovechando
su ausencia, en esta págma que él se ha
reservado para sus.íntimas devociones las
líneas que los escritores cruardamos' en
general para los entierros. e.
¡Rubén_ D~río ! . . . Y o no sé lo que tal
nombre s1gm:6.ca para los literatos que

APR1'0IACION

5

a!iora comienzan a dar cuerpo a sus vis10nes, pero estoy seguro de que hace veinte añ?s, cuando los adolescentes de mi generación oían esas silabas sonoras y raras,
que parecen haber sido creadas de intento para la celebridad, algo de profundamente grave agitaba nuestras almas. El
único libro que entonces había publicado
el gran poeta, era el legendario ''Azul ''
que no tiene ni la profundidad, ni la intensidad, ni la serenidad de obras suyas
posteriores, y que, sin embargo, nos hacía ya entrever los maravillosos horizontes en los cuales, más tarde, ha abierto
sus alas la musa castellana. Al lado del
joven maestro, en aquel entonces, otros
bellos poetas cantaban. En México hallá~ase, en p!ena fuerza de producción, Gutiérrez ~áJera, y en Cuba agonizaba, como.un d10s condenado a todos los dolores,
J uhán del Casal. Luego, dispersas, oíanse en el vasto Continente las voces de José Martí, profesor de lirismo; de Pérez
Bonalde, descubridor de mundos raros;
de Domingo Estrada, 'd espertador de almas; de Francisco Gavidia, escrutador de
arcai:os. Ninguno de estos seres su periores m de otros cuyos nombres olvido,
ejercían, empero, en• nuestros círculos, el

�6

poder mágico del cantor de "Azul".
¿Por qué? . .. Nadie, a la sazón, hubiera
podido decirlo a punto fijo. Nadie sabía
sino una cosa y es, que en aquel tomito
impreso en Chile y en el que veinte países
yeían un brevi_ario, había u?a riqueza
magotable de imágenes, de ntmos y de
novedades. Mas ahora, considerando mejor aún que la ob~a la personalidad del
gran J.&gt;Oeta, comprendemos que si su influencia era mayor que las demás, es porque su genio era el· único que compendiaba todas las aspiraciones ideales de
u? _universo ávido de independencia espmtual y de perfección artística. Lo que
nuestra generación, cansada de la solemnidad clásica, había entrevisto en el relampagueo de cien genios incompletos, el
nuevo apóstol n os fo ofrecía complet o y
compacto, en un haz luminoso.
Aquella magnífica lección salvadora era
la que, confusamente oída e instintivamente comprendida, nos hacía a todos
nosotros vasallos del joven maestro.
Y cuando digo t odos nosotros, no empleo una fórmula vaga. Aun los que menos parece.o deberle, le deben, entre los
h (!ml?res de mi gen~ración, gran parte del
-~~oro q-~~ poseen. Así, p9r. ejemplo ...

7

APRECIAOION

APRECIACION

¡Pero es tan penoso hablar de sí mism&lt;? 1••
Rubén Darío ha cont ado _cómo, habiéndome encontrado en camino de Madrid,
pudo hacerme torcer el rumbo hacia París . '' Y o le di su patria ideal '', dice. J-i:n
realidad, algo más me dió, algo que, in gratamente, he olvidado más de una vez,
y que es el fondo mismo de mi alma. A
él le debo, en efecto, la primera lección fecunda de belleza. El me enseñó a comprender,· que hay en el saber escribir algo
que es más que saber , y algo que es más
que escribir. Al salir de los libros clásicos,
al escaparme de la r etórica, " A zul" fue
el evangelio que me hizo sentir q1;1e!, por
encima de todo, el arte es una rehg1on.
E. GOMEZ CARRILLO.
Agosto de 19u,.
I

•

�LA CASA DE L AS IDEAS

9

II

LA CASA DE LAS IDEAS
I

e

frase de Elisée Reclus: ''La ciudad de los libros" despierta en mí
este pensar: ''las casas de las ideas".
En efecto; si la palabra es un ser vivien.
fe, es a causa del espíritu que la anima: la
idea.
Así, pues, las ideas, con sus carnes de
palabras, vivientes, activas, se congregan,
hacen sus ciudades, tienen sus casas. La
ciudad es la biblioteca, la casa es el libro.
. Helas allí como los humanos seres; hay
ideas reales, augustas, medianas, bajas, viles, abyectas, miserables. Visten también
realmente, medianamente, miserablemen.
te. Tienen corona de oro, tiara, yelmo,
manto o harapos. Imperiosas o humilladas,
se alzan o caen, cantan o lloran. Evocadas
por el hombre, dejan sus habitáculos, abandonan sus alvéolos, resuenan en el aire o
silenciosas, penetran en las almas por '10~
ojos. Luego vuelven a sus casas, después
de hacer el bien o el mal.
STA

Tenéis aquí una vieja catedral: es un
misal antiguo. Muestra sus ferradas y pe•
sadas puertas; sus muros, sus esculturas,
sus vidrios coloreados, sus rotondas, sus
flechas, sus agujas, sus campanarios. En
los nichos de las .mayúsculas viven los santos, las vírgenes, los mártires. A su rededor clama un pueblo de ideas santas, canta
como a son de órgano o al vago vibrar de
tiorbas celestes. Las ideas angélicas, encarnadas en palabras castas y blancas, dicen en coro rezos, himnos, glorías, hosan nas. Las martirizadas pasan purpúreas,
cerca de los azules y oros que pulieron los
monjes. U nas llevan los ramos de lirios en
las manos otras clavos, coronas de espinas o pal~as. ¡Palmas! Cuando el triunfo
de Nuestro Señor Jesucristo llena las vastas naves, el pueblo de ideas fieles se congrega. Es el ambiente de los profetas, el
mundo de los doctores, la atmósfera de
los beatos. Un incienso de fe perfuma el
aire. Los altares, bello$ de oro y ·de cirios,
presentan la magnificencia mística de sus
arquitecturas. Por las cornisas, por los tallados de las puertas, por los calados de
las piedras, piruetean los demonios bufos

�10

RUBÉN DARfo

con los frailes obscenos; un cabrón que termina en largo y crespo follaje veget al,
quiere ascender hasta la soberbia expansión de los maravillosos e historiados rosetones.
Esa vieja historia es un castillo feu dal.
Oís el cuerno del enano, en tráis por el
puente levadizo. Encon traréis dent ro al
castellano, a la castellana, a los pajes, a las
dueñas. Las ideas están vestidas a la usa nsa de entonces; todo es hierro, lorigas, caparazones; en lo~ cintos las espadas, e n
los blancos cuellos las golas; en los puños
gerífaltes. Y suena el rumor de las mesnpdas de ideas. Ellas claman, vitorean, dicen
decires, cantan cantos, tienen sus fiestas,
sus cacerías; pelean bravas, juran y se signan, saben de respeto y de honor, de D ios
y de los caballeros. .De noche, al calor del
buen hogar, cuentan cuentos.
_ En esa Iliada pasa, t ruena un mundo
de ideas gigantescas; viven en palabras
desmesuradas, altas, vibrantes, sonoras,
primitivas, divinas. Ha'y ideas que pasan
desnudas · como Venus; otras que ululan
como Hécuba; otras heroicas y veloces
como Aquiles. En esa portentosa ciudad
griega por donde quiera os halaga la mar_avilla del ritmo, reina la música en su

LA CASA DI!:

LAS IDEAS

l1

sentido original; al mandato de una lógica
imperiosa, todo se mueve obedeciendo al
número; al paso escucháis cómo hacen vibrar el bosque de aritmética las cigarras
del verso.
En ese usado A n A mandi os sonríen
variad as y graciosas ideas femeninas. Provocan, llaman a la batalla del amor; así
como ese ojeado Aretino, propiedad quizá
de alguna refinada marquesa del tie1npo
pasado, es un curioso prostíbulo.
E n las bib!iotecas existe el "inferí", como
en ciertos museos los gabinetes secretos,
y en los estereoscopios las vista~ reservadas. ¿En dónde había de estar sino en er
infierno la Faustina del divino Marqués?
III

Los impresores y los encuadernadores
son los arquitectos de las ideas congregadas. Ellos les levantan sus palacios, o las
aloj an en casas burguesas; las adornan de
formas elegantes, caprichosas, modernas,
graves, cómicas; las ilustran, las refinan o
las ponen en aislados gheto~; las colocan,
las recaman de oro como si fuesen personas imperiales; tapizan sus casas con las
pieles de los animales, con costosos pergaminos, telas ricas, sedas y galones. Mu-

�1-2

RUBÍ:N DARIO

- - - - - - -chas, fastuosas y vulgares, moran en palacetes opulentos de keapsake; otras, hermosísimas, puras, nobles, llevan pobremente
en ediciones modesta·s su perfecta gracia
gentilicia.
Las primeras son semejantes a ricas herederas, feas y estúpidas; las otras a princesas olvidadas, hijas de reyes caídos, virginales, supremas, avasalladoras por la
sola virtud de su potencia nativa. Hay
uñas heroicas, yámbicas, masculinas. Haylas soldados, espadachines, verdugos, perros furiosos. ¡No toquéis a los que manejan ideas!
Allí viven las ideas en sus casas, en sus
ciudades e imperios, las bibliotecas; tienen.
sus Parises, sus Londres, sus aldehuelas,
sus villas. En las puertas de sus mansiones
se ven nombres anunciadores de sus jerarquías, desde la Bz"bHa hasta Bertoldo, desde Hugo hasta el Sr. X. Pues todo en ellas
Y sucede como en los hombres, y así,
son unas porfirogénitas, otras plebeyas.
como el hombre también, unas mueren y
caen en el olvido; otras ascienden a la inmortalidad, por la suma gloria del genio·
(Del volumen Letras)

AZUL .... .
.. .. Esta mañana de primavera me he
puesto a hojear mi ~mado viejo libro, u_n
libro primigenio, el que iniciara un movimiento mental que había de tener después
tantas triunfantes consecuencias; y lo hojeo como quien relee antiguas cartas de
amor, con un cariño melancólico, con una
"saudade" conmovida en el recuerdo de
mi lejana juventud. Era en Santiago de
Chile, a donde yo había llegado, desde la
remota Nicaragua, en busca de un ambiente propicio a los estudios y disciplinas
intelectuales. A pesar de no haber producido hasta entonces Chile principalmente
sino hombres de estado y de jurisprudencia, gramáticos, historiadores, periodistas,
y, cuando más, rimadores tradicionales y
académicos de directa descendencia peninsular, yo encontré nuevo aire para mis
ansiosos vuelos y una juventud llena de
deseos de belleza y de nobles entusiasmos.
Cuando publiqué los primeros cuentos y
poesías que se salían de los cánones usua.

�RUBÉN DáRfo

les, si obtuve el asombro y la censura de
los profesores, logré en cambio el cordial
aplauso de mis compañeros. ¿Cuál fué el
origen de la novedad? El origen de la novedad fué mi reéiente conocimiento de
autores franceses del Parnaso, pues a la
sazón la lucha simbolista apenas comenza.
ba en Francia y no era conocida en el extranjero y menos en nuestra América. F ué
Catulle Mendés mi verdadero iniciador,
un Mendés traducido, pues mi francés todavía era precario. Algunos de sus cuentos
lírico-eróticos, una que otra poesía, de las
comprendidas en el "Parnase contempo•
raine'', fueron para mí una revelación.
Luego vendrían otros anteriores y mayores: Gautier, el Flaubert de "L'-l tentatioo
de St. Antoine'', Pé3:ul de Saint Víctor, que
me aportarían una inédita y deslumbra nte
concepción del estilo. Acostumbrado al
eterno clisé español del siglo de oro, y a
.su indecisa poesía moderna, encontré en
los franceses que he citado una mina lite•
raria por explotar: la aplicación de su
manera de adjetivar, de ciertos modos sintáxicos, de su aristocracia verbal, al castellano. Lo demás lo daría el carácter de
nuestro idioma y la capacidad individual.
Y yo, que me sabía de memoria el "Die•

AZUL ••••

15

cionario de galicismos" de Baralt, comprendí que, no sólo el galicismo oportuno,
sino ciertas pa.r ticularidades de otros idiomas son utilísimas y de una incomparable
eficacia en un apropiado· trasplante. Así
mis conocimientos de inglés, de italiano,
de latín, debían servir más tarde al desenvolvimiento de mis propósitos literarios.
Mas mi penetración en el mundo del arte
verbal francés no había comenzado en tierra chilena. Años atrás, en Centro América, en la ciudad de San Salvador y en compañía del buen poeta Francisco Gavidia,
mi espíritu adolescente había explorado la
inmensa selva de Víctor Hugo y había
contemplado su océano_ divino en don&lt;le
todo se contiene. ·
¿Por qué ese título "Azul"? No conocía
aún la frase huguesca "L'Art c'est !'azur",
aunque sí la estrofa musical de "Les chatiments'':
Adieu, patrie,
L 'onde est en furie.
Adieu, patrie!
Azur!

Mas el azul ·e ra para mí el color del en.
sueño, el color del arte, un color helénico
Y homérico, color oceánico :y firmamental,
el "coeruleum", que en PJ;nic es el color

�16

RUBÉN DARÍO

simple que semeja al de los cielos y
zafiro. Y Ovidio había cantado:
Res pice vindicibus pacatúm viribus orbem
Que latam Nereus coerulus ambit bumum.

Concentré en ese color célico la :floración espiritual de mi primavera artística;
Ese primer libro, -pues apenas puedo co
tar el volumen incompleto de versos qu
apareció en Managua con el título de "Pr'
meras notá.s"-se componía de un puñad
de cuentos y poesías, que podrían califi
carse de parnasianas. "Azul.. .. " se imp ·
mió en 1888 en Valparaíso, bajo los au
picios del poeta de la Barra y de Eduard
Poirier, pues el mecenas a quien fue
dedicado por insinuaciones del primero d
estos amigos ni siquiera me acusó reci
del primer ejemplar que le remitiera.
El libro no tuvo mucho éxito en Chil
Apenas se fijaron en él cuando D. Jua
Valera se ocupara en su contenido en un
de sus famosas "Cartas Americanas" d
"Los lunes del Imparcial". Valera vió m
cho, expresó su sorpresa y su entusias~
sonriente-¿por qué hay muchos que qui
reo ver siempre alfileres en aquellas man
ducales?-perQ no se dió cuenta de la tra
- é~ndencia de mi tentativa. Porque si

AZUL ••••

17

librito tenía. algón personal mérito relativo, de allí debía derivar toda nuestra futura revolución intelectual. A los que asustaba lo original de la reciente manera les
fué extraño que un _impecable como don
Juan Valera hiciese notar que la obra estaba escrita "en muy buen castellano".
Otros elogios hiciera "el tesorero de la
lengua", como le llama el conde de las
Navas, y el libro fu é desde entonces buscado y conocido tanto en España como en
América. Valera observa, sobre todo, el
completo espíritu francés del volumen.
"Ninguno de los hombres .de letras de la
península que he conocido yo con más espíritu cosmopolita, y que más largo tiempo
han residido en Francia, y que han hablado mejor el francés y otras lenguas extranjeras, me ha parecido nunca tan compenetrado del espíritu de Francia como usted
me parece: ni Galiana, ni D. Eugenio de
Ochoa, ni Miguel de los Santos Alvarez.''
Y agregaba más adeiante: "Resulta de
aquí un autor nicaragüense que jamás salió de Nicaragua sino para ir a Chile, y
que es autor tan a la moda de París y con
tanto chic y distinciún, que se adelanta a
la moda y pudiera modificarla e imponerla". Cierto; un soplo de París animaba mi

�18

RUBÍ:N DARfo

esfuerzo de entonces; mas había también,
como el mismo Valera lo afirmaba, un gran
amor por las literaturas clásicas y conocimiP.nto "de todo lo moderno europeo". No
era, pues, un plan limitado y exclusivo.
Hay, sobre todo, juventud, un ansia de
vida, un estremecimiento sensual, un relente pagano, a pesar de mi educación religiosa y profesar desde mi infancia la doctrina católica, apostólica, romana. Ciertas
notas heterodoxas las explican ciertas lecturas.
En cuanto al estilo, era la época en que
predominaba la afición por la ''escritura
artista", y el diletantismo elegante. En
el cuento El rey burgués", creo reconocer la influencia de Daudet. El símbolo es
claro, y ello se resume en la eterna protesta del artista, contra el hombre práctico y
seco, del soñador contra la tiranía de la
riqueza ignara. En "El sátiro sordo", el
procedimiento es más o menos mendesiano, pero se impone el recuerdo de Hugo y
de Flaubert. En "L:i ninfa", los modelos
son los cuentos parisienses de Mendés, de
Armand Silvestre, d:! Mezeroi. con el aditamento de que el medio, el argumento,
los detalles, el tono, son de la vida de
París, de la literatura de París De más
11

AZUL ••••

19

advertir que yo no había salido de mi pequeño país natal, como lo escribe Valera,
sino para ir a Chile, y que mi asunto y mi
composición eran de base libresca. En 11 El
fardo" triun fa la entonces en auge escuela
naturalista. Acababa de conocer algunas
obras de Zola, y el reflejo fué inmediato;
mas n.o correspondiendo tal modo a mi
temperamento ni a mi fantasía, no volví a
incurrir en tales desvíos. En 11 EI velo de
la reina Mab", sí, mi imaginación encontró asunto apropiado. El deslumbramiento
shakespeareano me poseyó y realicé por
primera vez el poema en prosa. Más que
en ninguna de mis tentativas, en esta perseguí el ritmo y la sonoridad verbales, la
trasposición musical, hasta entonces-es
un hecho reconocido-desconocida en la
prosa castellana, pues las cadencias de algunos clásicos son, en sus desenvueltos
· períodos, otra cosa. "La canción del oro"
es también poema en prosa, pero de otro
género. Valera la califica de letanía. Y
aquí una anécdota. Y o envié a París, a varios hombres de letras, ejemplares de mi
libro, a raíz de su aparición. Tiempo después, en "La Panthée" de Peladán aparecía un "Cantique de l'or" más que semejante al mío. Coincidencia posiblemente.

�AZUT, ••••

20

21

R UBÉN DARfO

No quise tocar el asunto, porque entre el
gran esteta y yo no había esclarecimiento
posible, y a la postre habría resultado, a
pesa~ de la cronología, el autor de ''La
canción del oro" plagiario de Peladán.
"El ru b'"
i es otro acento a la manera
parisiense. Un "mito'', dice Valera. U na
fantasía primaveral, más bien; lo propio
que "_El palacio del sol", donde llamara la
atención el empleo del "leit-motiv". Y
otra na~ra 7ión ~e París, más ligera, a pesar
de su s1g01ficac1ón vital, "El pájaro azul''.
En "Palomas blancas y garzas morenas''
e_l tema es autobiográfico y el escenario la
tierra centroamericana en que me tocó
nacer. Tod~ e~ él es verdadero, aunque
dorado de ilusión juvenil. Es un eco fiel
de
adole~cencia amorosa, del despertar
de_ mts sentidos y de mi espíritu ante el
ent~ma de la universal palpitación. La parte titulada "En Chile" que contiene "En
busca de Cuadros", "Acuarela'', "PaisaJ·e"
"Agua 1uerte
l'.
'' , ' 'L a V '1rgen de la Paloma"'
"La cabeza'', otra " A cuarela'', ''Un retrato'
de Watteau", '!Na tu raleza muerta" "Al
carbón", ''Paisaje", y "El ideal'', co~stituye~ ensayos de color y de dibujo, que no
teman ante~e~entes e? nuestra prosa. Tales traspos1c1ones pictóricas debían ser

m!

seguidas por el grande y admirable colombi°ano J. Asunción Silva,-y esto, cronoló·
gicamente, resuelve la duda expresada por
algunos de haber sido la producción del autor del Nocturno anterior a nüestra Reforma. "La muerte de la emperatriz de la China -publicado recientemente en francés en
la colección "Les mille nouvelles nouvelles",-es un cuento ingenuo, de escasa
intriga, con algún eco a lo Daudet. "A
una estrella", canto pasional, romanza,
poema en prosa, en que la idea se une a
la musicalidad de la palabra.
Luego viene la parte de verso del pequeño volumen. En los versos seguía el mismo método que en la prosa: la aplicación de ciertas ventajas verbales de otras
lenguas, en este caso principalmente del
francés, al castellano. Abandono de las
ordenaciones usuales de los clisés consuetudinarios; atención a la melodía interior,
que contribuye al éxito de la expresión
rítmica; novedad en los adjetivos, estudio
y fijeza del significado etimológico de cada
vocablo, aplicación de la erudición oportuna, aristocracia léxica. En "Primaveral"
-de "El año Hrico",-creo haber dado una
nueva nota en la orquestación del romance, con todo y contar con antecesores tan

�22

RUBÉN DARIO

ilustres al respecto como Góngora y el
cubano Zenea. En "Estival" quise realizar
un trozo de fuerza. Algún escaso lector de
tierras calientes ha querido dar a entender
que - ¡tratándose de tigres! - mi trabajo
podía ser, si no hurto, traducción, de Leconte de Lisie. Cualquiera puede desechar
la inepta insinuación con recorrer toda la
obra del poeta de "Poémes barbares". Ello
me hizo sonreir, como el venerable ''Atheneum" de Londres, que porque hablo de
toros salvajes en unos de mis versos, me
compara con Mistral. En "Autumnal" vuelve el influjo de la música, una música íntima, "di c:imera'', y que contiene las gratas
aspiraciones amorosas de los mejores años,
la nostalgia de lo aun no encontrado-y
que, casi siempre, no ~e encuentra nunca
tal como se sueña. H ay en seguida, aconsonantando con lo anterior, la versión de
un ''Pensamiento de otoño", de Armand
Silvestre. Bien sabido es qu&lt;:&gt;, a pesa'r de ·
sus particularidades harto rabelaisianas y
de su excesiva "galoiserie", Silvestre era
un poeta en ocasiones delicado, fino y sentimental. "Anagke" es una poesía aislada
y que no se compadece con mi fondo cristiano. Valera la censura con razón, y ella
no tuvo posiblemente, más razón de ser

AZUL ••••

23

que un momento de desengaño, y el acíbar de lecturas poco propias para levantar
el espíritu a la luz de las supremas razones. El más intonso teólogo puede deshacer en un instante la reflexión del poeta
en ese instante pesimista, y demostrar que
tanto el gavilán como la paloma forman
parte integrante y justa de la concorde
unidad del universo; y que, para la mente
infinita, no existen, como para la limitada
mente humana, ni Arimanes, ni Ormutz.
Concluye el librito con una serie de sonetos: "Caupolicán", que inició la entrada
del soneto alejandrino a la francesa en
nuestra lengua,-al menes según mi conocimiento. Aplicación a igual poema de forma fija, de versos de quince sílabas, se
advierte en "Venus". Otro soneto a la
francesa y de asunto parisiense: "De invierno". Luego retratos líricos, medallones,
de poetas que eran algunos de mis admiraciones de entonces: Leconte de Lisie,
Catulle Mendés, el yanqui Walt Whitman,
el cubano J. J. Palma, el mejicano Díaz
Mirón, a quien imitara en ciertos versos
agregados en ediciones posteriores de
''Azu1....'' , y que
. empiezan.
.
·

�24

RUBÉN DARIO

Nada más triste q ue un titán que llora,
Hombre-montafia encadenado a un lirio,
Que gime, fuerte, que, pujante, implora,
Víctima propia en su fata!"mar tirio.

Tal fué mi primer libro, origen de las
bregas posteriores, y que, en una mañana
de primavera, me ha venido a despertar
los más gratos y perfumados recuerdos de
mi vida pasada, allá en el bello país de
Chile. Si mí "Azul....'' es una producción
de arte puro, sin que tenga nada de docente ni de propósito moralizador, no es
tampoco lucubrado de manera que cause
la menor delectación morosa. Con todos
sus defectos, es de mis preferidas. Es una
obra, repito, que contiene la flor de mi juventud, que exterioriza la íntima poesía
de las primeras ilusiones y que está im•
pregnada de amor al arte y de amor al
amor.
Paris, Junio de 1913.

PROSAS PROFANAS

inútil tarea intentar un análisis exeSería
gético de mi libro "Prosas Profanas''

después del estudio tan completo del gran
José Enrique Rodó en su magistral y célebre opúsculo, reproducido a manera de
prólogo en la edición parisiense de la Viuda de C. Bouret, y en la cual no apareció
la firma del ilustre uruguayo por un descuido de los editores. Mas sí podré expresar mi sentimiento personal, tratar de mis
procedimientos y de la génesis de los poemas en esta obra contenidos. Ellos corresponden al período de ardua lucha intelectual que hube de sostener, en unión de mis
compañeros y seguidores, en· Buenos Aires,
en defensa de las ideas nuevas, de la libertad ·del arte, de la acracia, o, si se piensa
bien, de la aristocracia literaria. En unas
palabras de introducción concentraba yo el
alcance de mis propósitos.
Ya había aparecido "Azul..." en Chile;
ya había aparecido "Los Raros'' en la capital argentina. Estaba de moda entonces

�26

RUBÉN DARÍO

la publicación de manifiestos, en la brega
simbolista de Francia, y mnchos jóvenes
amigos me pedían hiciese ·en Buenos Aires
lo que, en París, Moreas y tantos otros.
Opiné que no estábamos en idéntico medio,
y que tal manifiesto no sería ni fructuoso,
ni oportnno. La atmósfera y la cultura de
la secular Lutecia no era la misma de nuestro estado continental. Si en Francia abundaba el tipo de Remy de Gourmont, "Celui-qui ne-comprend-pas" ¿cómo no sería
entre nosotros?. El pululaba en nuestra clase dirigente, en nuestra general burguesía,
en las letras, en la vida social. No contaba,
pues, sino con una "élite", y sobre todo
con el entusiasmo de la juventud, deseosa
de una reforma, de un cambio en su manera de concebir y de cultivar la belleza.
Aun entre algunos que se habían apartado de las an~iguas maneras, no se comprendía el valor del estudio y de la aplicación constante, y se creía que con el solo
esfuerzo del talento podría llevarse a cabo
la labor emprendida. Se proclamaba una
estética individual, la expresión del concepto propio, mas también era preciso la base
del conocimiento del arte a que uno se con ·
sagraba, una indispensable erudición y el
necesario don del buen gusto. Me adelanté

PROSAS PROFANAS

27

a prevenir el perjuicio de toda imitación, y,
apartando sobre todo a los jóvenes catecúmenos de seguir rr.is huellas, recordé un
sabio consej o de Wagner a una ferviente
discípula suya que fué al mismo tiempo
una de las amadas de Catulle Mendés.
Asqueado y espantado de la vida social
y política en que mantuviera a mi país original un lamentable estado de civilización
embrionaria, no mejor en tierras vecinas,
fué para mí un magnífico refugio la República Argentina, en cuya capital, aunque
llena de tráfagos comerciales, había una
tradición intelectual y un medio más favorable al desenvolvimiento de mis facultades
estéticas. Y si la carencia de una fortuna
básica me obligaba a trabajar periodísticamente, podía dedicar mis vagares al ejercicio del puro arte y de la creación mental.
Mas abominando la democracia, funesta a
los poetas, así sean sus adoradores como
Walt Whitman, tendí hacia el pasado, a las
antiguas mitologías y a las espléndidas historias, incurriendo en la censura de los
miopes. Pues no se tenía en toda la América española como fin y objeto poéticos más
que la celebración de las glorias criollas,
los hechos de la independencia y la naturaleza americana: un eterno canto a Junín,

�RUBÉN' DARIO

PROSAS PROFAN'AS

una inacabable oda a la Agricultura de la
zona tórrida, y décimas pa.trióticas. No negaba yo que hubiese un gran tesoro de poe•
sía en nuestra época prehistórica, en la conquista y aun en la colonia; mas con nuestro
estado social y político posterior llegó la
chatura intelectual y períodos históricos
más a propósito para el folletín sangriento
que para el noble canto. Y agregaba, sin
embargo: ''Buenos Aires: cosmópolis. ¡Y
mañana!" La comprobación de este augurio
quedó afirmada con mi reciente ''Canto a
la Argentina".
En cuanto a la cuestión ideológica y verbal, proclamé ante glorias· españolas más
sonoras, la del gran D. Francisco de Quevedo, de Santa Teresa, de Gracián, opinión que más tarde aprobarían y sostendrían en la Península egregios ingenios.
U na frase hay que exigirla comento:
"Abuelo, preciso es decíroslo: mi esposa
es de mi tierra; mi querida es de París."
En el fondo de mi espíritu, a pesar de mis
vistas cosmopolitas, existe el inarrancable
filón de la raza; mi pensar y mi sentir continúan un proceso histórico y tradicional;
mas de la capital del arte y de la gracia, de
la elegancia, de la claridad y del buen gusto, habría de tomar lo que contribuyese a

embellecer y decorar mis eclosiones autóctonas. Tal di ~ entender. Con el agregado
de que no sólo de las rosas de París extraería esencias, sino de todos los jardines
del mundo. Luego expuse el principio de
la música interior: · "Como cada palabra
tiene un alma, hay, en cada verso, además
d~ la armonía verbal, una melodía ideal.
La música es sólo de la idea, muchas ve•
ces". Luego profesé el desdén de la crítica
de gallina- ciega, de la gritería de los ocas,
y aticé el fuego del estímulo para el trabajo,
para la creación, "Bufe el eunuco: cuando
una musa te dé un hijo, queden las otras
ocho en cinta". Frase que he leído citada
en una producción reciente de un joven es•
pañol, ¡como de Théophile Gautier!. ..
En "Era un aire suave... '', que es un aire suave, sigo el precepto del Arte Poética
de Verlaine: "De la musique avant toute
chose". El paisaje, los personajes, el tono,
se presentan en ambiente siglodieciochesco.
Escribí como escuchando los violines del
rey. Poseyeron mi sensibilidad Romeau y
Lulli. Pero el abate joven de los madrigales y el vizconde rubio de los desafíos, ante
Eulalia que ríe, mantienen la secular felinidad femenina contra el viril rendido; Eva,
· Judith, u Onfalia; peores que todas las

28

29

�30

31

RUBÉN DARÍO

PROSAS PROFANAS

''sufragettes". En "Divagación" diríase un
curso de geografía erótica; ]a invitación al
amor bajo todos los soles, la pasión de todos ]os colores y de todos los tiempos. Allí
flexibilicé hasta donde puede el endecasílabo. La "Sonatina'' es la más rítmica y musical de todas estas composiciones, y la que
más boga ha logrado en España y América. Es que contiene el sueño cordial de toda adolescente, de toda mujer que aguarda
el instante amoroso. Es el deseo íntimo,
la melancolía ansiosa, y es, por fin, la es•
peranza. En ''Blasón" celebro el cisne,
pues esos versos fueron escritos en el álbum
de una marquesa de Francia propicia a los
poetas. En el "Del Campo'' me amparaba
la sombra de Banville, en un tema y en
una atmósfera criollos. En la alabanza "a
los ojos negros de Julia" madrigalicé capri•
chosamente. La "Canción de Carnaval"
es también a lo Banville, una oda funam •
bulesca, de sabor argentino, bonaerense.
Dos galanterías siguen, para una dama cubana. Fueron escritas en presencia de mi
malogrado amigo J ulián del Casal, en la
Habana, hace más de veinte años, e inspirados por una bella dama, María Cay,
hoy viuda del general Lachambre. "Bouquet" es otro madrigal de capricho. "El

faisán", en tercetos monorrimos, es uÍl
producto parisiense, ideado en París, escrito en París, trascendente de parisina.
"Gan;onniere" dice horas artísticas y fraternas de Buenos Aires. "El país del sol",
formulado a la manera de los "lieds de
France" de Catulle Mendés, y como un
eco de Gaspard de la N uit, concretan la
nostalgia de una niña de las islas del trópico, animada de arte, en el medio frígido y
duro de Manhatan, en la imperial NewYork. "Margarita"--que ha tenido la explicable suerte de estar en tantas memoriases un melancólico recuerdo pasional, vivido, aunque en la verdadera historia, la
amada sensual no fué alejada por la muerte sino por la separación. "Mía", y "Dice
mía", son juegos para música, propios para
el canto, "lieds'' que necesitan modulación.
En "Heraldos,, demuestro la teoría de
la melodía interior. Puede decirse_ que en
este poemita el verso no existe, bien que
se imponga la notación ideal. El juego de
las sílabas, el sonido y color de las vocales,
el nombre clamado, heráldicamente, evocan
la figura, oriental, bíblica, legendaria, y el
tributo, y la correspondencia.
El "Coloquio de los centauros" es otro

�32

RUBÉN DARÍO

"mito'', que exalt.a las fuerzas natural_~s,
el misterio de la vida universal, la ascens10n
perpetua de Psique, y luego plan.tea el _arcano fatal y pavoroso de nuestra rnelud1ble
finalidad. Mas renovando un concepto pagano, Thanatos no se presenta com~ en la
visión católica, armada de su gu~dana, larva O esqueleto, la medioeval rema de. la
peste y emperat_riz de la gue~ra; antes bien
surge bella, ca~1 atrayente, sin rostro angustioso, sonriente, ~ura, cast_a, y con_ el
amor dormido a sus pies. Y, baJO un principio pánico, exalto la unidad del universo,
en la ilusoria Isla de Oro, ante la vas~a
mar. Pues como dice el divino visi_onar~o
Juan: "Hay tres c~~as que dan test1mon1~
en la tierra: el espmtu, el agua y la sangre,
, que " uno " . ( "Ep:
y estos tres no son mas
B. Joannis Apost .. V, 8.: Et ~r;s sunt, qui
testimonium dant 10 terra: spmtns, et agua,
et sanguis·1 et hic tres unum sunt.' ')
En "El poeta pregunta p_or Stella", el
poeta rememora a un angélico _s_er desa~arecido, a nna hermana de las hh~les mu~eres de Poe que ha ascendido al c1e!o cristiano. Luego leeréis un pr?lo~o liri~o, que
se me antojó llamar ''pórtico , escrito hace largos años en alabanza del n:uy buen
poeta, del vibrante, sonoro y copioso Sal-

PROSAS PROFANAS

33

vador Rueda, gloria y decoro de las An.
dalucías. Y como en ese tiempo visitase yo
lo que es llamada harto popularmente tierra
de María Santísima, no dejé de pagar tributo, contagiado de la alegría de las castañuelas, panderos y guitarras, a aqnelb
encantada región solar. Y escribí, entre
otras cosas, el "Elogio de la seguidilla".
En Buenos Aires, e iniciado en los secretos wagnerianos por un músico y escritor belga, M. Charles de Gouffre, rimé el
soneto de "El Cisne' '-¡ave eternal!-que
concluye:
¡Oh Cisne! ¡oh sacro pájaro! Si antes la blanca Helena
Del huevo ami de Leda brotó de gracia llena,
Siendo de la hermosura la princesa inmortal,
BaJo tus blancas :1las la nueva Poesía,
Concibe en una gloria de luz y de armonía
La Helena eterna y pura que encarna el ideal.

"La página blanca" es como un sueño
cuyas visiones simbolizaran las bregas, las
angustias, las penalidades del existir, la fatalidad genial, las esperanzas y los deseo gañas, y el irremisible epílogo de la sombra eterna, del desconocido más allá.
¡Ay, nada ha amargado más las horas
de meditación de mi vida que la certeza
tenebrosa del fin; y cuántas veces me he
refugiado en algún paraíso artificial, poseído del horror fatídico de la muerte!

�34

BUB~ DARÍO

"Año Nuevo" es una decor~c!6n si?eral,
animada, se diría, de un teolog1co ahen~o.
La"Sinfonía en gris mayor" trae necesariamente el recuerdo del mágico Thé~, del
exquisito Gautier y su "Symphome en
blanc majeur". La mía es_anota?a "d'al?rés
nature", bajo el sol de mi patna t~?pical.
y O he visto esas aguas en estagnac10n, las
costas como candentes, los viejos lobos de
mar que iban a cargar_ en goletas y b;r·
gantines maderas de tinte, y que partlan
a velas desplegad~s, con ;um~o a Europa.
Bebedores taciturnos, o nsuenos, cantaban
en los crepúsculos, a la popa de sus barcos,
· acompañándose con sus acord:ones, _cantos
de N ormandfa o de Bretana, mientras
exhalaban los bosques y los esteros cercanos rodeados de manglares, bocan~das c~lidas y relentes palúdicos. E~ 11 Ep1tal~m10
bárbaro" se testifica en la lira el tnunfo
amoroso de un grande apolo_nida. ~l ''.~esponso" a Verlaine prueba mt ad_m1racio~ Y
fervor cordial p '.)r el Pauvre Leha?, a quien
conocí en París en días de su tnste y en•
tristecedora bohemia; y hago ver las dos
faces de su alma pánica, la que da a la car•
ne y la que da al espíritu, la que da a las
leyes· de la huma_n a n_atural&lt;;z:1 y la..que da
a Dios y a los misterios catohcos, parale-.

PROSAS PROFANAS

35

lamente"· -~n el "Canto de la sangre'' hay
una _suce_s1on_~e correspondencias y equivale.nc1as sunb0licas, bajo el enigma del licor
sa grado qu e mantiene la vitalidad en nues. tro cuerpo mortal. La siguiente parte del
V?lumen, "Recreaciones arqueológicas", indican por su título el contenido. Son ecos y
man eras de épocas pasadas, y una demos~ración, para _los desconcertados y enganados contranos1 de que, para realizar la
obra ~e reforma y ~e modernidad que empren diera, he necesitado anteriores estudios
de clásicos y primitivos. Así en "Friso'' recurr_o al_ elegant~ verso libre, cuya · última
realización plausible en España es la célebre "Epístola a Horacio" de D. Marcelino
Menéndez y Pelayo. Hay más arquitectura y escultura que música; más cincel que
cuerda o flauta. Lo propio en "Palimsesto''
en d-0nde el ritmo se acerca a la repercusió~
de los números latinos. En "El reino interior" se encuentra de la influencia de la
poesía inglesa, de Dante Gabriel Rosetti
Y de algunos de los corifeos del simbolis~
mo francés. (¡ Por Dios! Si he querido en
un verso hasta aludir al "Glosario" de
Powell...) ' 'Cosas del Cid" encierra una ley~nda que narra en prosa Barbey d'Aure v1lle y que, en verso, he continuado. "De-

�37

PROSAS P ROF ANAS

36

RUBtN DARfO

cires, layes y canciones"renuevan antiguas
formas poémicas y estróficas; y así expreso
amores nuevos con versos compuestos y
arreglados a la manera de Johan de Duenyas, de Johan de Torres, de Valtierra, de
Santa Fe, con inusitados y sugerentes escogimientos verbales y rítmicas combiµaciones que dan un gracioso y eufónico resultado, y con el aditamento de finidas y
tornadas. Y, para concluir, en la serie de
sonetos que tiene por título "Las ánforas de
Epicuro"-con una "Marina" intercaladahay una como exposición de ideas filosóficas; en "La espiga" la concentraci6n de un
ideal religioso a través de la naturaleza; en
"La fuente" el autoconocimiento y la exal•
tación de la personalidad; en "Palabras de
la Satiresa" la conjunción de las exaltacio•
nes pá1'1ica y apolínea- que ya Moreas,
según lo hace saber un censor, más que
listo, había preconizado, ¡y tanto mejor!;en "La anciana" una alegórica afirma•
ción de supervivencia; en "Ama tu ritmo..."
otra vez la exposición de la potencia {nti•
ma individual; en "A los poetas risueños",
un gozo amable, un ímpetu que lleva a la
claridad alegre y reconfortante, con el exul·
torio de los cantores de la dicha; en "
hoja de oro", el arcano de tristezas autum·

nales; ~n "Marina", una amarga y verdadera página de mi vivir; en "Syrinx" (pues
el sonet? que aparece en otras ediciones
con el titulo "Dafne", por equivocación
debe llevar el d~ ''Syrinx") paganizo aÍ
cantar _la concreción espiritual de la metamo,rfos1s; "La gitanilla'' es una rimada
anecdo~a. Loo después a un antiguo y sabres~ c1tareda de España; lanzo una voz
de aliento Y ~e ánimo; indico mis sueños.
y tal es ~se hbro, que amo intensamente
Y. con_ delicadeza, no tanto como obra propia, sino porque a su aparición se animó
en nuestro continente toda una cordillera
de ~~esía poblada de magníficos y jóvenes
e~~mtus. Y nuestra alba se reflejó en el
VIeJo solar.

..

�CANTOS DE YIDA Y ESPERANZA

CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA
C

I

un "Azul. .. " simboliza el comienzo de

Vmi primavera, y "Prosas profanas" mi
primavera plena, "Cantos de Vida y Esperanza'' encierran las esencias y f.avias de mi
otoño. He leído, no recuerdo ya de quien,
el elogio del otoño; mas, ¿quien mejor que
Hugo lo ha hecho con el encanto profundo de su selva lírica? La autumnal es la
estación rdlexiva. La naturaleza comunica
su filosofía sin palabras, con sus hojas
pálidas, sus cielos taciturnos, sus opacidades melancólicas. El ensueño se impregna de reflexión. El recuerdo ilumina con
su interioi4- luz apacible los más amables
secretos de nuestra memoria. Respiramos,
como a través de un aire mágico, el perfume de las antiguas rosas. La ilusión
existe, mas su sonrisa es discreta. Adquiere el amor mismo cierta dulce gravedad. Esto no lo comprendieron muchos,
que al aparecer "Cantos de Viqa y Esperanza'' echaron de menos el tono matinal de "Azul...", y la princesa que es-

39

taba triste en "Prosas profanas'', y los caprichos sfglo xvm, mis queridas y gentiles
versallerías, los madrigales galantes y preciosos y todo lo que, en su tiempo, sirvió
para renovar el gusto y la forma y el vocabulario, en nuestra poesía encajonada en lo
pedagógico-clásico, anquilosada de siglode-oro, o apegada, cuando más, a las fórmulas prosaico-filosóficas o baritonantes y •
campanudas de maestros, aunque ilustres,
limitados. Apenas Becquer había traído
su m~lodía a la germánica, ·aunque el gran
Zorrilla imperase, Cid del Parnaso castellano, con su virtuosidad genial y castiza.
Al escribir ''Cantos de Vida y de Esperanza" yo había explorado, no solamente el
campo de poéticas extranjeras, sino también
los cancioneros antiguos, la obra ya cor1~pleta, ya fragmentaria de los primitivos de la
poesía española, en los cuales encontré riquezas de expresión y de gracia que en
vano se buscarán en harto celebrados autores de siglos más cercanos. A todo esto
agregad un espíritu de modernidad con el
cual me compenetraba en mis incursiones
poliglóticas y cosmopolitas. En unas p~labras liminares y en la introducción en
endecasílabos se expfü:a la índole del nuevo libro: la historia de una juventud allen

�,10

RU BtN DARÍO

d~ tristezas y de desilusión, a pesar de las
primaverales sonrisas; la luéha por la existencia, desde el comienzo, sin apoyo familiar, ni ayuda de mano amiga; la sagrada y
terrible fiebre de la lira; el culto del entusiasmo y de la sinceridad, contra las añagazas y traiciones del mundo, del demonio
y de la carne; el poder dominante e inven. cible de los sentidos en una idiosincrasia
calentada a sol de trópico en sangre mezclada de español y chorotega o nagrandaoo;
la simiente del catolicismo contrapuesta a
un tempestuoso instinto pagano, complicado con la necesidad psicofisiológica de estimulantes modificadores del pensamiento,
peligrosos combustibles, suprimidores de
perspectivas afligentes, pero que ponen en
riesgo la máquina cerebral y la vibrante
túnica de los nervios. Mi optimismo se sobrepuso. Español de América y americano
de España, canté, eligiendo como instrumento el exámetro griego y latino, mi
confianza y mi fe en el renacimiento de la
vieja Hispani a, en el propio solar y del
otro lado del Océano, en el coro de naciones que hacen contrapeso en la balanza sentimental a la fuerte y osada raza
del norte. Elegí el_ hexámetro por ser
de tradición greco-latina y por que yo

CANTOS D:E VIDA. Y ESPERANZA.

41

creo, después de haber estudiado el
asunto, que en nuestro idioma, "malgré"
la opinión de tantos catedráticos, hc1y sílabas largas y breves, y que lo que ha faltado
es un análisis más hondo y musical de
nuestra prosodia. Un buen lector hace advertir én seguida los correspondientes valores; y lo que han hecho Voss y otros en
alemán, Longfellow y tantos en inglés,
Carducci, D'Annunzzio y otros en Italia,
Villegas el P. Martín y Eusebio Caro el
colombiano, y todos los que cita Eugenio
Mele en su trabajo sobre la "Poesía bárbara en España", bien podíamos continuarlo
otros, aristocratizando así nuevos pensares.
Y bella y prácticamente lo ha demostrado
después un poeta del valer de Marquina.
Flexibilizando nuestro alejandrino, con
la e xplicación de los aportes que al francés
t rajeran H ugo, Banville y luego Verlaine
y los simbolistas, su cultivo se propagó,
-quizás en demasía,-en España y América. Hay que advertir que los portugueses
tenían ya tales reformas.
Hay, como he dicho, mucho hispanismo
en este libro mío; ya haga su salutación el
optimista, ya me dirija al rey Osear de
Suecia, o celebre la aparición de Cyrano
en España, o me dirija al presidente Roo-

�42

RUBÉN DAR.fo

. sevelt, o celebre al cisne, o. evoque an6nimas figuras de pasadas centurias, o haga
hablar a D. Diego de Silva Velázquez y a
D. Luis de Argote y Góngora, o loe a Cervantes, o a Goya, o escriba la letanía de
-~ uestro Señor Don Quijote. ¡H ispania por
siempre! Yo había vivido ya· algún tiempo
y habían revivido en mí alientos ancestrales.
El título-"Cantos de Vida y Esperanza",-si corresponde en gran parte a lo contenido en el volumen, no se compadece con
algunas notas de desaliento, de duda o de
temor a lo desconocido, al más allá. En
"Los tres reyes magos" se afianza mi
deísmo absoluto. En la ' 'Salutación a Leonardo"-escrita en versos libres franceses
y publicada hacía tiempo en el "Almanaque
de P.euser" de Buenos Aires_-hay juegos
y enigmas de arte, que exigen para su
comprensión, naturalmente, ciertas iniciaciones. En ''Pegaso'' se proclama el valor
de la energía espiritual, de la voluntad de
creación. En "A Roosevelt'' se preconiza
la solidaridad del alma hispano-americana
ante las posibles tentativas imperialistas
d~ l~s hombres ~el Norte; en la poesía
siguiente se considera la pqesía con un especial don divino y se señala el faro de la

CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA

48

esperanza a nte las amenazas de la baja democracia y de la aterrorizadora igualdad;
en "Canto de Esperanza" vuelvo mis ojos
al i:1menso resplandor de la figura de Cristo, y grito por su retorno, como salvaci6n
ante los desastres de la tie.rra envenenada
por las pasiones de los hombres, y, más
adelante, de nuevo hago vislumbrar a los
meditabundos pensadores, a los poetas que
sufren la transfiguración y la final vi_ctoria.
"Helios" proclama el idealismo y siempre
la omnipotencia infinita; "Spes" asciende
a J esús, a quien se pide "contra el sañudo
infierno una gracia lustral de iras y luju rias"·, la "Marcha triunfal" es un ''triunfo"
de decoración y de música. Hay una parte
titulada '-Los cisnes". El amor a esta bella
ave simbólica desde antiguo:
ignem perosus,
Quoe colat elegit contraria flumina flammis ..•

ha hecho que tanto a mí como al ,e.spañ_ol
Marquina nos haya censurado un critico hispano-americano, anteponiendo al av: bla~ca de Leda el ave sombría, aunque m10erv1na,el buho. D e cierto, juzgo en su metamorfosis más satisfecho al hijo de Sthenelea
que a A:,cálafo. Y cor. todo, en varias
partes afirmo la sabiduría del ~uho. Por
el símbolo císnico torno a ver lucir la espe-

�44

RUBÉN DARÍO

ranza para la raza solar nuestra; elogio al
pensador augurando el triunfo de la Cruz;
me estremezco ante el eterno amor. En
"Retratos'' presento en lienzos evocatorias
pasaJas figuras de la grandeza y del carácter hispánicos: cuatro caballeros y una abadesa. Luego ritmo al influjo primaveral, en
un romance cuyo compás corto de pronto.
En "La dulzura del Angelus" hay como un
místico ensueño, y presento como verdadero refugio la creencia en la divioidad y la
purificaci6n del alma y hasta de la naturaleza por la íntima gracia de la plegaria.
"Tarde del trópico" fué escrita hace mucho tiempo, cuando por la primera vez sentí bajo mis pies las vastas agnas oceánicas,
en mi viaje a Chile. Era para mí entonces
todo en la poesía el semidiós H ugo. Los
"Nocturnos", en cambio, dicen una cultura
posterior, ya han ungido mi espíritu los
grandes ''humanos", y así exteriorizo en
versos transparentes, sencillos y musicales,
de música interior, los secretos de mi combatida existencia, los golpes de la fatalidad,
las inevitables disposiciones del destino.
Quizás hay demasiada desesperanza en algunas partes; no debe culparse sino a los
marcados instantes en que una mano de
tiniebla hace vibrar mayormente el cordaje

CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA.

martirizador de nuestros nervios. y l~s
i vida· "un vasto dolor y cmverd a des de m
· . .
o·
ueños"·
vago nend a d os peq . , ''el v1aJe,, a un
" 1
d
te por entrevistos b_a,rcos ; e g_r~,no" e
o raciones que florec10 en blasfemia ; 1~~
azoramientos del cisne ent~e los. charcos ;
''el falso azul nocturno de mquen,da bohe . " ... Sí, más de una vez . pense en t que1
m1a
pude ser feliz, si no se hubiera opues o de
"rudo destino''. La oración me ha salv~ o
siempre, la fe; pero h~me atacad? tamb1é_n
la fuerza maligna poniendo e~ m1 enten_d1miento horas de duda y de !ra. Mas &lt;'.no
han padecido mayores agresiones los más
grao d es Santo s). He cruzado por lodazales.
..
Puedo decir como el vigoroso meJ1cano:
"Hay plumajes que cruzan _el pantano-Y,
no se manchan: mi plumaje e~ de esos_.
En cuanto a la bohemia inquenda, ¿habn_a
yo gastado tantas horas de mi vid~ en a~1tadas noches blancas, en la enfona artificial y desorbitada de los alcohole~, en el
desgaste de una juventud . demasiad? robusta, si la fortuna me hubiera so~re1do y
si el capricho y el triste error aJenos no
me hubiesen impedido, despué:, de una
crueldad de la muerte, la formac1on de un
hogar? ...

�46

CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA

kt1BÉN DARfO

Esperanza olorosa a h. b
Del ruisefü'r primaver~f" as frescM, trino
Azucena tronchad
y ffi/ltinal,
Rebusca de¡ d" ha por un fatal destino,
a lC a, persecución del mal

sea n d a d as a la suprema
·· ·· R
, Y gracias
.
zon, s1 puedo clamar con
aovertura de este libro· "S' el ve~so de la
.
· 1 no ca1 fué
~ue D ios es bueno·!" En la ''C
'6
porno en primavera'~ d"
d' anc1 n de oto.
floridos en un
igo a tos a los años
. . ,
a melancolía conata q . .
se 1ns1ste en
, ue, s1
día algo c
parangon_ar, tendría su melo.
orno un sent1me t 1
t1ano Es de tod
.
n a eco musse.
as mis poes' 1
,
suaves y fraternos
ias a que mas
do. En "Trebo!" ~~razones ha_ conquis_taespañolas·' en "Ch antas
}'." h,o, menaJe a glorias
· .·
teologal incensa la más bl~na aspiración
tudes· en los si .
su ime de las vir'
gutentes versos· "·Oh
moto mentaJI"
¡
· 1
terre tencias maléfic!s~sa a _amenaza de las poel peligro de la ~/ mas adelante se señala
mosa Varona queerna enfemiga, _de la hernos o rece s
1
~anzana ... ; en "Filosofí "
iempre a
Justeza de la obra t ª1 se comprende la
,
na ura y de l d" .
razon, contra las feas
-·
a tvrna
cias; en "Led ,,
Y darnoas aparien.
a se vuelve a cant I 1 .
•
p siq
. · ar
d el Cisne·, en "D"ivrna
" a .g ona
en el torbellino lírico I 'I _u1s ... se tiende,
.
' a u timo consu I
I
consue1o cnstiaoo ''El
e o, a
sos", cuyo sentido. .
soneto
trece ver10comprend1do ha hecho

?e

41

balbucir juicios distantes a más de un critico de poca malicia, es un juego a la Mallarmé, de sugestión y fantasía. Los versos
que van a continuación elevan a la idealidad y alivian del peso a las miserias morales. Después vendrá un paternal recuerdo,
un himno al encanto misterioso femenino,
un loor al Gran Manco, un madrigal ocasional, un canto a la siempre para mí atrayente Thalassa, una meditaciún filosófica,
seguida de otras, una silueta bíblica; alegorías y símbolos. Un soneto hay que
tiene una dolorosa historia: "Melancolía''.
Está dedicado a un pobre pintor venezolano que tenía el apellido del Libertador.
Era un hombre doloroso, poseído de su
arte, pero mayormente de su desesperanza. Le conocí en París; fuimos íntimos, me
mostró las heridas de su alma. Yó procuré
alentarle. Pasado un corto tiempo partió
para los Estados U nidos. Y no tardé en
saber que en Nueva York, en el límite de
sus amarguras, se había suicidado. "Aleluya" exalta el don de la alegría en el universo y en. el amor humano. "De otoño"
explica la diferencia entre los mayos y los
diciembres espirituales; en el poema "A
Goya" me inclino ante el poder de aquel
genial príncipe de luces y tinieblas¡ en

�48

49

RUBÉN DARfO

OAN'l'OS l&gt;E Vtl&gt;A Y ESPERANZA

"Caracol" junto el misterio natural a mi
incógnito misterio; en "Amo, amas", pongo el secreto del vivir en el sacro incen.dio
universal amoroso; en el "Soneto autumnal al marqués de Bradomin",. al celebrar
un gran ingenio de las Españas, exalto
la aristocracia del pensamiento; en otro
"Nocturno" digo los sufrimientos de los
invencibles i_nsomnios cuando el ánima
tiembla y escucha; en "Urna votiva'' cumplo con la amistad; en "Programa matinal"
se expone un epicurismo todo poético; en
"Ibis'' señalo el peligro de las ponzoñosas
relaciones; en "Thanatos" me estremezco
ante lo Inevitable; ofrendo una ligera y
rítmica galantería bauvillesca; en "Propósito primaveral" de nuevo se presenta una
copa llena de vino &lt;le las ánforas de Epicuro.
La ''Letanía de Nuestro Señor Don
Quijote" afirma otra vez mi arraigado idealismo, mi pasión por lo elevado y heroico.
La figura del caballero simbólico está coronada de luz y de tristeza. En el poema
se intenta la sonrisa del "humour''-como
un recuerdo de la portentosa creación cervantina,-mas tras el sonreír está el rostro
de la humana tortura ante las realidades
que no tocan la complexión y el pellejo de

Sancho. En ''Allá lejos" hay un rememorar de paisajes tropicales, un recuerdo de
la ardiente tierra natal, y en "Lo fatal",
contra mi arraigada religiosidad y a pesar
mío, se levanta como una sombra temerosa
un fantasma de desolación y de duda.
Ciertamente, ·e n mí existe desde los comienzos de mi vida, la profunda preocupa•
ción del fin de la existencia, · el terror a lo
ignorado, el pavor de la tumba, o, más
bien, del instante en que cesa el corazón su
ininterrumpida tarea y la vida desaparece
de nuestro cuerpo. En mi desolación me
he lanzado a Dios como un refugio, me he
asido de la plegaria como de un paracaída.
Me he llenado de congoja cuando he examinado el fondo de mis creencias, y no he
encontrado suficientemente maciza y fundamentada mi fe, cuando el conflicto de
las ideas me ha hecho vacilar y me he sentido sin un constante y seguro apoyo. Todas las filosofías me han parecido impotentes, y algunas abominables y obra de locos
y malhechores: En cambio, desde Marco
Aurelio hasta Bergson, he saludado con
gratitud a los que dan alas, tranquilidad,
vuelos apacibles y enseñan a comprender
de la mejor manera posible el enigma de
nuestra estancia sobre la tierra.

�RUllfN DARfO

Y el mérito principal de mi o~ra, ~i alguno tiene, es el de una gran sinceridad,
el de haber puesto "mi corazón al desnudo" el de haber. abierto de par en par las
pu~rtas y ventanas de mi castillo ínterior
para enseñar a mis hermanos el ha~itáculo
de mis más íntimas ideas y de mts caros
sueños. He sabido lo que son las crueldades y locuras de los ho!11bres: He sido
traicionado, pagado con ingratitudes, ca•
lumniado, desconocido en mis mejores intenciones por prójimos mal inspirados, atacado, vilipendiado. Y he sonreído con
tristeza. Después de todo, todo es nada,
la gloria comprendida. Si es cierto que "el
busto sobrevive a la ciudad'', no es menos
cierto que en lo infinito del tiempo y del
espacio el busto, como la ciudad, y ¡ay! el
planeta mismo, habrán de desaparecer an•
te la mirada de la única Eternidad!
Parfs. 1913

LA LARVA *
se hablase de Benvenuto Cellini
C
y alguien sonriera de la afirmación
que hace el gran artífice en su "Vida", de
OMO

haber visto una vez una salamandra, Isaac
Codomano, dijo:
-No sonríais. Yo os juro que he visto,
como os estoy viendo a vosotros, si no una
salamandra, una larva o una empusa.
Os contaré el caso en pocas palabras.
Y o nací en un país en donde, como en
casi toda América, se practicaba la hechi~ería y los brujos se comunicaban con lo
invisible. Lo misterioso autóctono no desapareció con la llegada de los conquista• .A propósito _de esta página, quizá sea oportuno recordar

el s1gu1ente pasaJ e de la Autobiograf{a de Darlo:

" Como dejo escrito, con Lugones y Piñeiro Sorondo hablaba
~ucho sobre ciencias ocultas. Me había dado desde hada largo
tiempo a esta clase de estadios, y los abandoné a causa de mi
t xtremada nerviosidad y por consejo de médicos amigos. Yo
habla desde muy joven tenido ocasión, si bien raras veces, de
observar la presencia y la acci~n de las fuerzas misteriosas y
::ir.aña~, que _alÍn no han llegado al conocimiento y dominio de
ciencia oficial. E n Caras y Caretas ha aparecido una página
Ñ!ª en que narro cómo en la plaza de h catedral de León, en
1caragua, una madrugada vi y toqué una larva, nna horr ible

�T,A LARVA

52

53

RUBtN DAldO

dores. Antes bien, en la colonia aument6,
con el catolicismo, el uso de evocar las
f~erzas extrañas, el demonismo, el mal de
OJO, En la ciudad en que pasé .mis primeros años se hablaba, lo recuerdo bien,
como de cosa usual, de apariciones diabólicas, de fantasmas y de duendes. En una
familia pobre, que habitaba en la vecindad
de mi casa, ocurrió, por ejemplo, que el
espectro de un coronel peninsular se apareció a un joven y le reveló nn tesoro enterrado en el patio. El joven murió de la
v_isita extraordinaria, pero la familia quedó
nea, como lo son hoy mismo los descendientes. Aparecióse un obispo a otro obispo, para indicarle el lugar e n que se
enco_n traba un documento perdido en los
archivos de la Catedral. El diablo se llevó
mate~alización sepnl~ral, estando en mi sano y comple to j uioio.
T a~b1é n en La Nación, de Buenos Aires, he contado cómo en
la _cm~ad de _G11a!emala t11ve el anuncio psico-fisico del fa1lecim1ento de m1 amigo el diplomitico costarriqueiio J orge Cast ro
~eraández, en los mismos momentos en que él morla en la
c111dad de Panami ; y la p~vorosa visión nocturna q11e tuvimos
en San Salvador. ~l escritor polltico Tranquilino Chacón, in•
crédulo y ateo; vmón que nos llenó mis que de asombro de
espanto.
"He cont~do ta~bi~n los casos de ese género, acontecidos a
gentes de m1 conoc1m1ento. En Parls, con Leopoldo Lugones,
hémos observado en el doctor Encansse esto · es el célebre
Papus, ~ s interesantlsimas; pero aegú~ lo dejo' expresado
no he seguido en e_sa clase de investigaciones por temor j usto'.
a alg11na perturbación cerebral."

a una mujer por una ventana, en cierta
casa que tengo bien presente. Mi abuela

me aseguró la existencia nocturna y pavorosa de un fraile sin cabeza y de una mano
peluda y enorme que se aparecía sola,
como una infernal araña. Todo eso lo
aprendí de oídas, de niño. Pero lo que yo
v1, lo que yo palpé, fué a los quince años·
lo que yo vi y palpé del mundo de la~
sombras y de los arcanos tenebrosos.
. En aquella ciudad semejante a ciertas
ciudades españolas de provincia, cerraban
todos los vecinos las puertas a las ocho, y
a más tardar, a las nueve de la noche. Las
calles quedaban solitarias y silenciosas. No
se oía más ruido que el de las lechuzas
anidadas en los aleros, o el ladrido de los
perros en la lejanía de los alrededores.
Quien saliese en busca de un médico,
de un sacerdote, o para otra urgencia nocturna, tenía que ir por las calles mal empedradas y llenas de baches, alumbrado
apenas por los faroles de petróleo que daban su luz escasa colocados en sendos
postes.
Algunas veces se oían ecos de músicas
o de cantos. Eran las serenatas a la manera española, las arias y romanzas que decían, acompañadas con la guitarra, las

�54

BUBÉN DARfO

ternezas románticas del novio a la novia.
Esto variaba desde la guitarra sola y el
novio cantor, de pocos posibles, hasta el
cuarteto, septuor, y aun orquesta completa y un piano, que tal o cual señorcete
adinerado hacía resonar bajo las ventanas
de la dama de sus deseos.
Y o tenía quince años, una ansia grande
de vida y de mundo. Y una de las cosas
que más ambicionaba era poder salir a la
calle e ir con la gente de una de esas serenatas. Pero ¿cómo hacerlo?
La tía abuela que cuidó de mi niñez,
una vez rezado el rosario, tenía cuidado
de recorrer toda la casa, cerrar bien todas
las puertas, llevarse las llaves y dejarme
bien acostado bajo el pabellón de mi cama.
Mas un día supe que por la noche habría
serenata. Más aún, uno de mis amigos,
tan joven como yo, asistiría a la fiesta,
cuyos encantos me pintaba con las más tentadoras palabras. Todas las horas que precedieron a la noche las pasé inquieto, no
sin pensar y preparar mi plan de evasión.
Así, cuando se fueron las visitas de mi tía
abuela-entre ellos· un cura y dos licenciados-que llegaban a conversar de política,
o a jugar al tute, al fusileo o al tresillo¡ y
una vez rezadas las oraciones y todo el

LA LARVA

lí5

mundo acostado, no pensé sino en poner
en práctica mi proyecto de robar una llave
a la venerable señora.
'
Pasadas como tres horas, ello me costó
poco, pues sabía en donde dejaba las llaves, y además, dormía como una bienaventurada. Dueño de la que buscaba y sabiendo a qué puerta correspondía, logré salir
a la calle, en momentos en que, a lo lejos,
comenzaban a oirse los acordes de violines, flautas y violoncelos. Me consideré un
hombre. Guiado por la melodía, llegué
pronto al punto en donde se daba la serenata. Mientras los músicos tocaban, los
concurrentes tomaban cerveza y licores.
Luego, un sastre que hacía de tenorio, entonó primero "A la luz de la pálida .luna",
y luego "Recuerdas cuando la aurora .... "
Entro en tantos detalles para que veais
cómo se me ha quedado fijo en la memoria
cuanto ocurrió esa noche para mí extraordinaria. De las ventanas de aquella dulcinea, se resolvió ir a las de otra. Pasamos
por la plaza de la Catedral. Y entonces ....
He dicho ya que tenía quince años, era en
el trópico, en mí despertaban imperiosas
todas las ansias de la adolescencia.... Y en
la prisión de mi casa, de donde no salía
sino para ir al colegio, y con aquella vigi-

�56

RUBÉN DARÍO

lancia, y con aquellas costµmbres primitivas.... Ignoraba, pue·s, todos los misterios.
Así, cuál no sería mi gozo cuando, al pasar
por la plaza de la Catedral, tras la serenata, vi, sentada en una acera, arropada en
su rebozo, como entregada al sueño, a una
mujer. Me detuve.
¿Joven? ¿Vieja? ¿Mendiga? ¿L0ca? Qué
me importaba. Y o iba en busca de la soñada revelación, de la aventura anhelada.
. Los de la serenata se alejaban.
La claridad de los faroles de la plaia
llegaba escasamente. Me acerqué. Hablé;
no diré que con palabras dulces, mas con
palabras ardientes y urgidas. Como no
obtuviese respuesta, me incliné y toqué la
espalda de aquella mujer que no quería
contestarme y hacía lo posible porque no
viese su rostro. Fuí insinuante y altivo. Y
cuando ya creía lograda la victoria, aquella figura se volvió hacia mí, descubrió su
cara, y, ¡oh espanto de los espantos! aquella cara estaba viscosa y deshecha; un ojo
colgaba sobre la mejilla bue.s osa y saniosa;
llegó a mí como un relente de putrefacción. De la boca horríble salió primero
como · una risa ronca; y luego, aquella
''cosa," haciendo la más macabra de las

LA LAltV.l

57

muecas, produjo un ruido que se podría
indicar así:
-"Kgggggg... !"
Con el cabello erizado, di un gran salto,
lancé un gran grito. .Llamé.
Cuando llegaron algunos de la serenata,
la "cosa," había desaparecido.
Os doy mi palabra de honor, concluyó ·
Isaac Codomano, que lo que os he contado
es completamente cierto.

�DILUCIDACIONES

DI LUCI DACION ES

,,y

os pensamientos e intenciones de un
Wpoeta son su estética", dice un buen
escritor. Que me p1ace. Pienso que el dón
de arte es aquel que de modo superior hace que nos reconozcamos íntima y exteriormente ante la vida. El poeta tiene la visión
directa e introspectiva de la vida y una supervisión que va más allá de lo que está
sujeto a las leyes del superior conocimiento. La religión y la filosofía se encuentran
con el arte en tales fronteras, pues en ambas hay también una creencia artística. Estamos Jejos de la conocida comparación del
arte con el juego. Andan por el mundo
tantas flamantes teórías y enseñanzas estéticas... Las venden al peso, adobadas de
ciencia fresca, de la que se descompone más
pronto, para aparecer renovada en los catálogos y escaparates pasado mañana.
Yo he dicho: Cuando dije que mi poesía
era "mía en mí,'' sostuve la primera condi.
ción de mi existir, sin pretensión ninguna
de causar sectarismo en mente o voluntad

95

ajena, y en un intenso amor a lo absoluto
de la Belleza. Y o he dicho: Ser sincero es
ser potente. La actividad humana no se
ejercita por medio de la ciencia y de los
conocimientos actuales, sino en el vencimiento del tiempo y del espacio. Y o he
dicho: Es el Arte el que vence el espacio
y el tiempo. He meditado ante el problema de la existencia y he procurado ir hacia
la más alta idealidad. He expresado lo expresable de mi alma y he querido penetrar
en el alma de los demás, y hundirme en la
vasta alma universal. He apartado asimismo, como quiere Schopenhauer, mi individualidad del resto del mundo, y he visto
con desinterés lo que a mi yo parece extraño, para convencerme de que nada es
extraño a mi yo. He cantado, en mis diferentes modos, el espectáculo multiforme
de la naturaleza y su inmenso misterio.
He celebrado el heroísmo, las épocas bellas de la historia, los poetas, los ensueños,
las esperapzas. He impuesto al instrumento lírico mi voluntad del momento, siendo
a mi vez órgano de los instantes, vario y
variable, según la dirección que imprime
el inexplicable Destino.
Amador de la cultura clásica, me he nutrido de ella, mas siguiendo el paso de

�60

I&gt;lLt!OlDA&lt;ltONlilS

:RUBÉN DARÍO

mis días. He comprendido la fuerza de las
tradiciones, en el pasa-do, y ·de las previsiones, en lo futuro. He dicho que la tierra
es bella, que en el arcano del vivir hay
que gozar de la realidad ali-mentados de
ideal. Y que hay instantes tristes, por culpa de un monstruo malhechor llamado Esfinge. Y he captado también a ese monstruo malhechor. Y o he dicho:
E: incidencia la Historia. Nuestro destino supremo
Está má, allá del rumbo que marcan fugaces las épocas,
Y Palenke y :.-i A tlántida no son más que momentos soberbios
Con que pun túa D ios los versos dt su augusto Poema.

He celebrado las conquistas humanas y
he, cada día, afianzado más mi seguridad
de Dios. De Dios y de los dioses. Como
hombre, he viYido en lo cotidiano; como
poeta, no he claudicado nunca, pues siempre he tendido a la eternidad. Todo eJlo
para que, fuera de la comprensión de los
que me entienden con intelecto de amor,
haga pensar a determinados profesores en
tales textos; a la cuquería literaria, en escuelas y modas; a este ciudadano, en el
ajenjo del Barrio Latino, y al otro, en las
decoraciones "arte nuevo'' de los "bars" y
musichalls. He comprendido la inanidad
de la crítica. Un diplomado os alaba por
.o menos alabable que tenéis; y otro os

')

censura en mal latín o en esperanto. Este
doctor de fama universal os llama aquí
' 'ese gran talento de Rubén Darío'', y allá
os inflige un estupefaciente desdén .... Este
amigo os defiende temeroso. Este enemigo
os cubre de flores, pidié ndoos por lo bajo
una limosna. Eso es la literatura. Eso es
lo que yo abomino. Maldígame la pótencia
divina, si alguna vez, después de un roce
semejante, no he ido al baño de la luz
lustral que todo lo purifica: la autoconfesión ante la única Norma.
.. • *

Jamás he manifestado el culto exclusivo
de la palabra por la palabra. "Las pa1!1bras
-escribe el señor Ortega y Gasset, cuyos
pensares me halagan,-las palabras son
logaritmos de las cosas, imágenes, ideas y
sentimientos, y por tanto, sólo pueden emplearse como signos de valores, nunca como valores." De acuerdo. Mas la palabra
nace juntamente con la idea, o coexiste
con la idea, pues no podemos darnos cuenta de la una sin la otra. Tal mi sentir, a
menos que alguien me contradiga después
de haber presenciado el parto del cerebro,
observando con el microscopio los neurones de nuestro gran Cajal.

�DILUctt&gt;AatONU

83

62

En el principio está la palabra como
única representación. No simplemente como signo, puesto que no hay antes nada
que representar. En el principio está la
palabra como su manifestación de la uni11
dad infinita, pero ya conteniéndola. Et
verbum erat Deum.''
La palabra no es en sí más que un signo, o una combinaci6n de signos; mas lo
contiene todo por la virtud demisírgica.
Los que la usan mal serán los culpables si
no saben manejar esos peligrosos y delicados medios. Y el arte de la ordenación
de las palabras no deberá estar sujeto a
imposición de yugos, puesto que acaba de
nacec la verdad que dice: el arte no es un
conjunto de reglas, sino una armonfa de
caprichos.
Yo no soy iconoclasta. ¿Para qué? Hace
siempre falta a la creación el tiempo perdido en destruir. Malhaya la filosofía que
viene de Alemania, que viene de Inglaterra o que viene de Francia, si ella viene a
quitar, y no a dar. Sepamos que muchas
de esas cosas flamantes importadas, yacen,
entre polillas, en ancianos infolios españoles. Y las que no, son pruebas por corregir
para la edición de mañana, en espera de
una sucesión de correcciones. Aquí se está

ahora, editorialmente-en Palma de Ma-

llorca-desenterrando de sus cenizas a un
Lulio. ¿Creéis que este Fénix resucitado
contenga menos de lo que puede dar a la
percepción filosófica de hoy cualquiera de
los reporters usuales en las cátedras perio•
dísticas y más o menos sorb6nicas del día?
Construir, hacer, ¡oh juventud! Juntos
para el templo; solos para el culto. Juntos
para edificar; solos para orar. Y la cons•
tanda no será la menor virtud, que en ella
va la invencible voluntad de crear. Mas
si alguien dijera: ••Son cosas de ideólogos," o "son cosas de poetas," decir que
no somos otra cosa. Es expresar: además
del cerdo y del cisne, que nos han adjudicado ciertos filósofos, tenemos el ángel.
¡Tener ángel, Dios mío! Pido exégetas
andaluces.
Mallorca.

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CLÁSICOS CASTELLANOS
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l'Ot-:\1.\ DI, \:IO CID l'ur lJ k.uu6n M,·uéndez P1d1l &lt;Ir la
R~"' Ac ulc-1111.t Ei:;p.d,ol:1
L._ \'lll\ DE L\Z~RILl.0 DE IOR\IE, l'or I&gt;. Julio Ce_jadrr.
FEk:S \:S 110 OF IIER~ER:\ - l'~tt11s l'rülog &gt; y notas por
D \"1l·t-ntt.· (j ,rcf,1 tk Diego.
r,~:R\' A:-1 l li..:, - \' • ,l, r¡tm/larrr P«'llngn y no•,, por D. Fran
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FR. Ll'IS DI!: 1.Eü:S
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FR. A:0-:T0:-.10 DI:: GL'EV \R \ - lft114•/'r,, d, ( rlt .~ a 1a
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                  <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text>García Monge, Joaquín, 1881-1958, Director</text>
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                <text>San José de Costa Rica, C.R. </text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>(

COLECCION

ARIEL

SUTu'.I:ARIO
J OSE ENRIQUE RODÓ . .. .

La \i1era1ura posterior o. la gm·rm

J..\VfER DE VlA'.'!A ... .... . . La borrega guach.i (C11t'IJl0)
;\ \ Al1R f C10 MAETER-

LIXCK ....... . .. .. ....... .
JUA:-.- E. ()'LEARY.
M I GUEL DF:

·ENRHJL'E

J.

L:\'A1,Jl!:--l0.

VARONA.

(iOXZALO ZALDü:\J!HOE.
ROBERTO $0UTHEY .....
HíSPAl\"O

El lwroismo
Poe:sfr1s.
Papc-letá:- ;i. la :1lenrnna
Tcc11icismo y filosofía
Cómo Jebe leers1.1 el Qnijotr-

t:n nmahlc estudio de V. Ga1·cia Calderón
La bata1\a de Blcuheim
Uu cnntor de raza

SAN JOSE, COSTA RICA, FEBRERO 1~ OE 1916
l111prent,,1 Greñas

*

CUADERNO 71

/ /

��Coi....:icccioN

.,..

.-. RI:EL
REPERTORIO AMERICANO

tol~cción Jlrid

Pf'.BLIC.AOO E~ ClT

ADEnxos QUINCE'·
,.,,.'LES POR

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J. GAR'-!111 Me&gt;lVGE
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Súmero •••Jto: C 0 _ ~ .,. 2 .0o oro am.
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11

hros ole ••eoglda

768 Página,.;
YA

•

Po•~ ; R ; - : , ~•o•onrortante
- - -

literatura

LO~Es

LA LITERATURA POSTERIOR A LA GUERRA
me pregunta si creo en el adveniS miento
de una ''literatura de la gueE

rra", de una literatura en que la guerra
encuentre su expresión. Se me pide además que manifieste mi idea del sentido
en que ha de producirse la evolución literaria después de los acontecimientos que
parecen remover el eje del mundo. He de
separar, ante todo, esta última inquisición . Concedo escasa fe a los augurios
en materia histórica, ya se trate de historia literaria o política. Téngalos por
nel..'.esariamente falsos, a lo menos cuando se procede por vía de razonamiento, y
no de intuición inspirada, como el que
goza del don de profecía. El razonamiento es incapaz de dominar, en su complexidad infinita, el génesis del hecho histórico, que escapa así a cualquiera anticipación que no sea la concedida al visionario. Todo hecho, todo eslabonamiento de hechos, son cosa esencialmente
nueva y única, y la experiencia del pasa-

&amp;IB~IOTECA CEM'TRAI.
U.A.ILL

\

�66

LA LITERATURA POSTERIOR A LA GUERRA

COLECCIÓN ARIEt

do no puede cooperar a la previsión del
porvenir en mucho mayor grado que el
análisis de los sorteos puede dar luz S?·
bre la bolilla que caerá mañana. Nadie
como el gran Schopenhauer ha m~strado la radical vanidad de ~odo calculo
que se aplique al curso desigual Y errabundo de la historia; de toda ley q_ue
quiera imponerse en ella a título de ~nducción y la sonrisa helada ?el g~n.i al
misántropo se ilumina en mi_ esi:intu
siempre que veo renovarse el empe~10 de
arrebatar, con los medios de la logica, el secreto del futuro.
.
Pero es indudable queladtfic~1ltad l?u~de ser menor cuando el propóstt_o se h~ita a una previsión !1º afirmativa, smo
negativa: no a definir aq~ell_o que ha de
ser, sino simplemente a eltmtoar algo de
lo que no ha de ser.
.
Los que esperan, o temen, º.1:ª~1teratu·ra de penacho heroico, patnotica en el
tono guerrero, narradora y· s?ñadora
de batallas, es proba ble que a&lt;-;iert~n en
cuanto a la inmediata y trans1ton~ repercusión que esta tremenda realidad
que presenciamos tendrá en el desperta~
de la imaginación humana; p_e ro ~s casi
, seguro que se equivoquen, s1 entienden

I

----- --

..IAR-.t~:::&gt;

A:..:1Tv f1A

-'.M .A .U:

~

67

que ése puede ser el carácter duradero de
la evolución literaria en que verdaderan:iente trascenderá la obra social y espirit ual de la guerra. Asistiremos a una
e~plosión es_truendosa y fulgurante de E.
nsmo marc_1!l y de las narraciones épicas, de pas10n y orgullo de patria y de
alardes de fuerza y poder; pero nada de
ello brotara de las hondas entrañas de la
conciencia social, donde se preparan aquellas direcciones ideales capaces de
prevalecer por largo tiempo y de marcar
h uella en el mundo. Será, por decirlo así,
el "~cto reflejo" con que la imaginación
fascinada responderá a la primera impresión de la victoria. Pero el gran impulso de renovación literaria que infali~
b~emente ha de sobrevenir, llegará más
b!en_como reacción que como desenvolvimiento de esa fugaz literatura guerrera.
_
En los albores del siglo pasado todo
er~ guer:a en ~1 mu_ndo, y milagros ht&gt;rotcos, e 1naud1tos eJemplos de la tran!-form8:dora fuerza de las arma!-, y las gener&amp;c!ooes que abrían lüs ojos a la luz
re~ogian de la viva realidad imágenes
mas, portentosamente épicas que l:ci ~ que
podian ofrecerles la ficción ni la historia.

�LA LITERATURA POSTERIOR A LA GUERRA

68

69 .

COLECCIÓN ARIEL

Una literatura caduca y exánim e prolongaba ficticiamente sus moldes, mientras la atención humana se concentraba, toda entera, en aquella maravillosa
realidad . Todo annnciaba que la transformación literaria había de ser tan vasta y profunda como la transformación
social y política. Y del ambiente predispuesto por el glorioso cuarto de siglo de
la Revolución y de las guerras napoleónicas nació, realmente, una de las más radicales transformaciones literarias de
que haya ejemplo en la historia de la humanidad; pero esa transformación fué el
romanticismo, literatura nada heroica ni
triunfal, más íntima que colecfr,a más
inclinada al recogimiento melan~ólico
que al estrépito de las batallas aunque
demasiado complexa para que pueda negársele, sin relativa inexactitud, ninguna de las cuerdas de la lira. De aquellas
generaciones infantiles cuyo deslumbramiento ante la gloria de las armas y las
pompas de la apoteosis imperial pintó
tan animadamente Alfredo de Musset en
las primeras páginas de la "Confesión
de un hijo del siglo" salieron, pocos a ños más tarde, los nostálgicos soñadores, los heridos del amor trágico, los

atormen~ados del tedio y de la duda,
para. qutenes el espectáculo del mund o
extenor era apenas un episodio subordinado al drama de la propia conciencia.
En el temperamento épico de Víctor Hugo halló la leyenda napoleónica colores
y armoní~s. que la glorificasen, p~ro esta
r~ma de hnsmo rememorador de victonas que_da confundida y dominada en la
fi_:ondostdad del más espeso roble de poesta que h~yan contemplado los siglos.
~a gl&lt;:na de la guerra, como motivo
de mteres humano que trascienda en el
art~, es cosa superficial, efímera, y para
decirlo en una sola palabra, "infantil."
1:fe r_efiero al arte de los tiempos de civihzac_10~ madura y complexa. El mismo
sentimiento de grandeza nacional de ostentaci~5_,n de imperio, de predo~inio y
exp~ns10_n de una raza encumbrada por
la v1ctona, es escaso y precario como
fondo de una literatura. Lo másfrecuente es que apenas la voluntad heroica de
un pu:bl o ha alcanzado para él la más
alta c1n: a de la fortuna y del poder, el
pens~mtento de ese pueblo, movido por
el deJo amargo de toda aspiración satisfecha, t ome el declive de pesimismo que
lleva a considerar, por abajo de las glo-

�70

COLECCIÓN ARTEL

rias del mundo, la irreparable miseria
del destino humano. S9n , por el contrario, las razas humilladas, los pueblos en
secular esclavitud o abatimiento, pero
que mantienen dispierta la conciencia de
su ser colectivo, los que encuentran fuentes de honda y persistente poesía en el
sueño de gloria nacional, que entonces
se levanta sobre ellos con la· idealidad de
todas las Tierras Prometidas.
La relación entre el carácter social y
el literario se establece a menudo en forma que lo que este último interpreta es
el anhelo, acaso inconsciente, del primero, de ser lo que no es, de adquirir lo
que le falta, de romper los límites del
hábito y las imposiciones del ambiente.
La vida de la imaginación es el desquite
de la vida real. Por la imaginación pacífic::i tenderán los pueblos a quitarse el
sabor de la guerra. Pasa colectivamente como en lo que se refiere al carácter
que cada autor infunde en sus escritos: la
parte de personalidad puesta en transparencia por la obra no es siempre la
misma que el hombre manifiesta en la
sociedad y en la acción, sino, con mayor
frecuencia, otra más íntima, tal vez contradictoria con aquélla y que busca el re-

LA LITERATURA POSTERIOR A LA GUERRA

71

gazo de Ja fantasía para tregua y olvido de la realidad. Los poetas-soldados
del Renacimiento componían églogas e
idilios. Moliére y Moratín rdan poco, y
tenían poco de que reir en el escenario
del mundo.
La guerra traerá la renovación del
ideal literario, pero no para expresarse
a sí misma, por lo menos en son de gloria y de soberbia. La traerá porque la
profunda conmoción con_que tend~rá ~
modificar las formas sociales, las mstituciones políticas, las leyes de la sociedad internacional, es forzoso que repercuta en la vida del espíritu, provoca ndo,
con nuevos estados de conciencia, nuevos caracteres de expresión. La traerá
porque nada de tal manera extraordinario, gigantesco y terrible, puede pasar en
vano para la imaginación y la sensibilidad de los hombres; pero lo verdaderamente fecundo en la sugestión de tanta
grandeza, lo capaz de morder en el centro de los corazones, donde espera el genio dormido, no estará en el resplandor
de las victorias, ni en el ondear de las
banderas, ni en la aureola de los héroes,
sino, más bien, en la pavorosa herencia
de culpa, de devastación y de miseria: en

�72

COLECCIÓN ARIEL

la a ustera majestad del dolor humano,
levantándose por encima de las ficciones
de la g loria, y proponiendo, con doble
imperio, al pen!-amiento angustiado, los
enigmas de nuestro destino, en los que
t\&gt;da poe~fa tiene su raíz.
JOSE EXRIQUE RODO.
( LA NOTA. Buenos Aires.)

Nada hay más repulsivo que ve1' a gentes agitarJe en favor de una rect[t ud general
asbfracta, cuando no se atreven a alzar los
bi-azos contra la maldad concreta.
'l'.

ROOSEYELT.

Suele suceder que ''sal y pimienta;, res1eltan frecuentemente excesivas, imprecisas, y
que el propósito irónico no pasa de i'ntento
frustrado. Tanto la ironía como el lwmo1'ismo son terrenos literarios donde es fácil
nsbalar. Quien intente moverse en ellos, o
ha de dar rimda sueltri al caudal espontáneo de su espíritu, y en ese caso hay el riesgo de descubúr el contenido mental, o ha de
ser síntesis de una cieltura muy varia i·n.
tensa y trabada.

LA BORREGA GUACHA

T

familia continuaba aún de sobremesa
cuando Julia regresó de la cocina cargada
con la vajilla que, como de costumbre, había levantado en un santiamén.
-Apurate en levantar la mesa pa zurcirme en
seguida la boca, el poncho grueso,-ordenó don
Pablo.
-Está bien, tata,-respondió ella con su humildad habitual,.
-Y hacé ligero, porque dispués tenés que dir
al arroyo, porque ya sabés que no me gusta
amontonar ropa sucia.
-Está bien, mama.
-Pero antes,-intervino J aime, - tenés que
plancharme la bombacha blanca.
-Ya tengo la plancha en el fuego.
Y las órdenes dadas, ninguno se preocupó más
de la muchacha, quien, con asombrosa celeridad
zurció el poncho, planchó la bombacha y, luego,
echándose al hombro un gran Ho de ropa, se dispuso a partir para el lavadero, mientras los
otros ganaban sus camas respectivas para dor•
mir tranquilamente la siesta.
Abrumada, más que por el peso de la carga

W

A

�74

COLECCIÓN ARIEL

por el dardear feroz del sol de enero, Julia recorrió las diez cuadras que mediaban entre las ca·
sas y el lavadero.
No se le ocurrió una queja ni un r eproche.
Aquella desconsideración era tan antigua, que
habíase acostumbrado a considerarla como algo
natural, lógico y hasta de perfecta justicia.
¿ Qué derecho tenía para protestar? .... Tanto
como los bueyes a radores o el matungo carretonero, pues, al final de cuentas , ella era, cual
aquéllos, un animal doméstico, obligado a pagar
con su trabajo el sustento y el albergue que le
daban.
Había nacido en la chacra, hija.de una ''peona"
que murió al darla a luz. No hubo nadie que re •
clamara su paternidad, ni nadie que la solicita1 a
invocando derechos de parentesco. Doña Paula
se dió la pena de criar la guacha. La calaba za
que servía de biberón iba del hocico del c·achorro o del cordero a los labios de la chica, sin
cambiarle siquiera el trapo que hacía de tetina.
Eran guachos todos. Y como todos los guachos,
creció ruin, pequeña, delgaducha, fea y afeada
más aun por esa humildad que obliga a hacerse
lo más insignificante posible, a ocultar cuanto
pudiese darle algún realce,-mimel.ismo moral,
basado en las conveniencias de pasar inad vertido, como compensación de la carencia de armas
de defensa.

LA BORREGA GUACHA

75

Poesía una cara pequeña, fina, aborregada, y
de ahí que todos la apodaran : la "Borrega guacha", mote ofensivo que nunca hizo mella en su
alma de escasa sensibilidad.
¿ Experimentó alguna vez ansias amorosas?
Quizá; pero en todo caso fugitivas y desde
mucho atrás anuladas, expulsadas de aquel cuerpecito, donde las fatigas cotidianas agotaron
t empranamente los escasos encantos juveniles.
Sin embargo, el capricho del destino le t uvo
reservado papel de protagonista en un drama
emocionante.
Aquella tarde, al disponerse a regresar, ya en
el gris del crepúsculo, terminada su tarea, fué
bruscamente sorprendida por la aparición de un
desconocido en el claro del lavadero.
-No se asuste, moza- díjole con voz suave y
t riste, el forastero;-no vengo p'bacerle mal, sino
más bien pa pedirle ayuda.
Algo tranquilinda por la sincera afabilidad
de aquella voz, J ulia se atrevió a mirarlo. Era
un mozo apuesto, de rostro casi lampiño y densamente pálido. Por debajo del ala del chambergo se advertía u n pañuelo blanco, manchado de
rojo, que le vendaba }a frente, y otro pañuelo de
seda blanco, que le cruzaba el pecho en bandolera, ofrecía también grandes máculas de sangre.
-Vengo mal herido-continuó diciendo;- y la
polecfa me persigue de cerca.... Ya no tengo

�76

COLECCIÓN ARIEL

juerzas nipa peliar nipa juir .... Usté ha' e conocer en este monte algún lugar seguro don.de refugiarme durante tres o cuatro días .... y si quisiese
ser güena ....
Súbitamente se le llenaron los ojos de lágrimas
a la mansa '' Borrega guacha".
-Sígame-respondió; y a través de estrecha
y tortuosa vereda lo condujo hasta un sitio del
bosque que parecía un cenado"r natural construído con murallas de árboles colosos y disimulado
por lujuriante vegetación de zarzas y enredaderas: una verdadera cripta sobre el ras de la tierra. Al pie de un guayabo centenario amarilleaba
la paja de un ranchejo de dos metros de largo
por uno de alto y otro de ancho.
-Aquí vivió seis meses el matrero Lucas Peña,
sin que pudiesen descubrirlo tres policías que lo
perseguían a pleito y que l'olfatiaban pu'acá
-dijo Julia, con la expresión más natural del
mundo ....

Quince días habían transcurrido, y durante
ninguno de ellos le faltó a la "Borrega guacha"
algún pretexto para visitar al asilado, llevarle
alimentos y curarle las heridas.
Rápidamente se estableció entre ambos una
franca camaradería. El le contó sin recelos toda
su historia. Se llamaba Faustino Sierra, era

LA tl.ORREGA GUACltA

77

"guacho" como ella, había crecido sin afectos,
sin dirección, sin amparo y después de mucho
rodar, con poco amor al trabajo y menos aun a
la subordinación, terminó por dedicarse al cont rabando de haciendas. Varias veces su cuadrilla
anduvo a los tiros con las policías, y en el último
encuentro, mal herido y bajo una persecución
tenaz, llegó a aquel paraje, donde la bondad y
la discreción de Julia le permitieron abrigo seguro y medios de restablecerse rápidamente.
- ¡ Usté ha sido mi madrecita !-exclamó emocionado.-Y si quisiese ser más güena entuavía,
sería mi novia, y al calor de nuestros cariños secaríamos las ropas que durante tuita la vida
hemos llevao sobre el alma!. ...
- ¡ No diga esas cosas !-exclamó la Borrega
con voz ahogada y con el rostro con vertido en
una ascua .
Y a poco:
-Aura que ya está juerte, vayasé y .... olvidesé de mí.
-Olvidarla, nunca. Vamonós juntos, matreriemos juntos, cu.semos nuestras tristezas.y d'ese
casal nacerá la alegría!. .. .
El hablaba con voz cálida, insinuante, sincera.
Ella temblaba y sollozaba, repitiendo invariablemente:
-¡No! ·¡ 'ho !. ... ¡ vayasé !. ...
Faustino la vió vencida. Bruscamente la es-

�78

79

COLECCIÓN ARI.EL

LA tlORliEGA. GUAC11A.

trechó entre sus brazos y le besó frenéticamente
los labios.
Julia desfallecía ante aquella caricia, la primera recibida en la aridez de sus treinta años. El
violento latir del corazón la ahogaba. Una cortina roja le nubló los ojos y la voz se apagó en su
garganta.....
Serenado, Faustino explicó: .
-Yo he conseguido un buen caballo y un apero ... . Cuando cierre la noche y los viejos se haigan acostao, venite .... Yo soy baquiano y te garanto que al amanecer estaremos del otro lao de
la frontera .. .. ¿ Vas a venir? ...
-¡ Sí !-contestó ella, sin saber lo que decía, y
escapó rápidamente hacia las casas.
Como autómata, en completa i nconsciencia de
sus actos, hizo la cena, la sir vió, lavó el servicio,
levantó la mesa y se r etiró a su cuarto, todo con
la misma regularidad de siempre, sin que ninguno hubiese advertido en eila algo anormal o insólito.
Encendió la vela, sentóse al borde de la cama
y permaneció abismada, intentando vanamente
un raciocinio que le permitiera orientarse en
aquel tan obscuro y complicado trance de su
hasta entonces simple y monótona existencia.
Largo tiempo permaneció así. Luego se puso
de pie y sacó del baúl sus prendas demingueras,
que fué extentiendo prolijamente sobre el lecho.

Luego se quitó la bata y la pollera, y tomando el
peine fué a arreglarse frente al pedazo de espejo
enclavado en el m uro.
·
Se observó" con pena. Encontróse fea y vieja.
Ni su rostro ni su cuerpo podían ofrecer el menor aliciente al más benévolo de los amantes, y
experim~ntando por primera vez el sentimiento
de rebelión contra las injusticias del destino,
rompió a llorar, y estrujando con rabia las prendas domingueras, las volvió de nuevo a la obscuridad del baúl.
Luego lloró, lloró por largo tiempo, regando
con s;i llanto los pétalos ~e su única ilusión deshojada al nacer. ...
Cuando logró un poco de calma, tomó un pedazo de papel y un lápiz, y escribió en toscos caracteres:
"Vay asé. V ay asé solo, porque yo .... ¡ yo no lo
quiero l... ."
.
Tornó a llorar copiosamente y al final salió,
corrió, llegóse con sigilo a l escondido potril. A la
entrada encontró el caballo de F austino, ensillado, pronto para la p artida. Con una espina de
tala clavó la esquela en el cojinillo y se marchó
con la misma premura, sin que F austino hubiese
tenido tiempo de advertir su presencia.
Y al d[a siguiente; la "Borrega guacha", con
el corazón sereno, con los ojos áridos, conformada, curada de aquella repentina cuan insensata

�80

COLECCIÓN ARJ1:L

crisis emotiva, retornaba tranquilament e a ssu
rutinarias tareas de animal doméstico.
J AVIER DE VIANA
(Mundo Argentino. Buenos Aires.)

EL HEROISMO.

Del Uruguay es Javier de Viana. Autor de varias colecciones
de admirables cuentos camperos: Macachines, Le,7a Seca, Ytryos.

" Sí-dijo Carlyle ahora tiempos-la idea de
wn soldado testarudo: que obedezca ciegamente,
que dispare aun contra su propio 17adre, a la voz
de un oficial, es un gran refugio para las mentes
aristocrd.ticas."
.
La misión tl,el periodista, en caso de que haya
una verdadera rnisi6n para los del 9ficio, tiené las
apariencias de un sacerdocio, y una de las miserias con que el sacerdote ha de luchar ordinariamente es la que le hacen sufrir la indiferencia del .
público y la incapacidad orgánica de las multitudes para percibir las verdades de alcance remoto.
B. S.A.NÍN O.A.NO .
Era un perfecto alemán, un hombre que s6lo ve
el anverso de las cosas, nunca el reverso; un hombre de una sola tesis, sin antitesis, y por lo tanto,
sin síntesis, que es lo que enriquece indefinidamente el espíritu del hombre.
LUIS AR.AQUISTA.IN.

U

N A. de las sorpresas consoladoras de esta

guerra , es el heroísmo inesperado, y, por
decirlo así, general que se revela de súbito en
cuantos pueblos toman parte en ella. Creíase
de buena fe que el valor, la resistencia física y
moral, la abnegación,el olvido de sí mismo, el
renunciamiento a todo bienestar, la facultad
de sacrificarse y de hacer cara a la muerte, no
pertenecían sino a los pueblos más primitivos,
menos felices, menos inteligentes, menos capacitados para razonar, para darse cuenta del
peligro y represent~rse con la imaginación el
espantoso abismo que separa a esta vida de
la que no conocemos. Poco faltaba para que
todos se pers uadiesen de que las guerras se extiogurían alguna vez por falta de soldados, es
decir, por falta de hombres bastante ciegos o
desgraciados para aventurar, en provecho de
una idea más o menos invisible, como todas
las ideas, las únicas realidades· incontestables
que cada cual posee en el mundo, es decir, su
salud, su _b ienestar, la integridad de su cuerpo

�82

83

COLECCIÓN ARJEL

EL HEROISMO

y, ante todo, su vida, que sobrepuja a cuanto
existe. Tanto más natural era que se cediese
a este razonamiento, cuanto que a medida
que la existencia se hacía más dulce y los nervios más sensibles, los medios de destrucción
en la guerra se iban afirmando más y más
crueles, implacables e irresistibles. Parecía cada vez más verosímil que ningún hombre hubiera ya de soportar los horrores infernales
de un campo de batalla, y que después de las
primeras hecatombes, los ejércitos enemigos,
oficiales y soldados, presa de pánico incoercible, huirían, volviéndose la espalda, en u n
espanto natural y simultáneo, de los azotes
sobrehumanos que van aún más. allá de las
monstruosas previsiones de aquellos que los
desencadenaron.
Y he aquí,con gran asombro nuestro, que es
lo contrario lo que ocurre. Con estupor echamos de ver que, hasta nuestros días no teníamos más que una idea harto incompleta, harto
inexacta, del valor del hombre. Lo considerábamos como virtud excepcional, y a medida
que remontamos el éurso de la historia, tanto
más admirada cuanto más rara. Recordad,
por ejemplo, a los antepasados de todos nuestros héroes: a los de Homero. Miradlos de

cerca. Ellos, que son los primeros profesiooanales, los primeros maestros de la bravura,
que se la han enseñado a toda la antigüedad,
cuyos modelos eran, no son muy valientes en
el fondo. Tienen un saluda ble temor de los
golpes y heridas y un miedo ingenuo y manifiesto a la muerte. Sus empeñados combates,
declamatorios y decorativos ante todo, són
harto poco sangrientos; hay en ellos más ruido que daño, y se habla más que se hiére. Las
armas defonsivas, y ello es característico, son
muy superiores a las ofensivas, y la muerte es
un acontecimiento insólito, imprevisto, casi
incoveniente, que introduce la confusión en las
filas, y con la mayor frecuencia para ·en seco
el combate o determina un sálvese q uien pueda, que parece perfectamente natural. Las heridas se cuentan, describen, cantan y deploran
como fenómenos considerables. Son, en cambio, frecuentes las huidas menos confesables,
los pánicos más vergonzosos, y el viejo poeta
los re.fiere sin vituperarlos, como incidentes
ordinarios, impÚtables a los dioses e inevitables en toda guerra.
Esta clase de valor es, poco más o menos,
el de toda la antigüedad. Pero, sin pararnos
en ello, sin detenernos más en las batallas de

�84

COUCCIÓN ARIEL

la Edad Media y del Renacimiento, en que las
peleas más encarnizadas de los "condottieri"
no dejaban a menudo en el terreno más que
media docena de victimas, llegamos ya a las
grandes guerras del Imperio. En ellas, el valor empieza a parecerse al nuestro; pero hay,
sin embargo, diferencias notables. Primeramente, que se trata sólo de profesionales. No
es la nación entera la que se bate; es una delegación, una i,elección guerrera, que se va extendiendo, es verdad, poco a poco; pero sin
que nunca llegue, como hoy, a cuantos, de los
diez y ocho a los cincuenta años, son capaces
de sostener un arma. Después, y, sobre todo,
que toda guerra se resolvía en dos o tres batallas, es decir, en dos o tres momentos culminantes, esfuerzos inmensos, pero de algunas
horas, a lo más de un día, en que se polariza·
ban toda la energía, todo el heroísmo acumu-.
lado durante largas semanas o largos meses
de preparación y de espera. Luego, con la victoria o la derrota, se acababa todo, venía la
relaj ación, el descanso, la vuelta al bogar; no
h a bía que hacer frente a l destino más que una
vez; y sabido era que en el encuentro más
espantoso había veinte o treinta probabilidades contra una, de escapar a la muerte.

EL HEROISMO

85

•••
Ahora todo ha cambiado, y aun la misma
muerte no se parece ya a lo que era. Entonces
se la veía de cara, se sabía de dónde venía
'
quién la enviaba. Tenía una forma que, terri
ble como era, seguía siendo humana. No erandesconocidos sus hábitos, sus prolongados
sueños, sus breves vigilias, sus días malos,
sus horas de peligro. Ahora, a todos sus horrores, añade el espanto intolerable del misterio. Ya no tiene rostro, ni hábitos ni sueño
' en ace-'
ni reposo. Está siempre tensa, siempre
cho, presente en todas partes, dispersa, inasible y densa, insinuante y cobarde, difusa, obsesionadora, innumerable; surge de todos los
puntos del horizonte, emerge de la tierra y
cae del Cielo, infatigable, inevitable y llena
todo el espacio, llena todo el tiempo, durante
días, semanas, meses, sin un minuto de .interrupción, sin un segundo de remisión . El hombre camina, duerme, vive dentro de su red
fatal. Sabe que el menor movimiento a la d~recha o a la izquierda, el inclinar o levantar
la cabeza, el encorvar o endereza r el busto
detiene y fija su mirada y su rayo. No habí~
ejemplo de semejante preponderancia de las

�87

COLECCIÓN ARIEL

EL HEROISMO

fuerzas de la nada. Nadie había creído hasta
aquí que. los nervios del hombre pudieran resistir a tal prueba. Los nervios del hombre
más valeroso están templádos para hacer
cara a la muerte en el espacio de ~n abrir y
cerrar de ojos; pero no para vivir más que en
la espera de la muerte. El heroísmo era una
cumbre áspera y aguda que se alcanzaba. un
momento, pero que había que dejar en seguida, porque las cumbres no son habitables.
Hoy es un llano sin límites, ta~ inhabitable
como las cumbres, pero del que no se puedf!
ya bajar. Así, en el momento m_ismo en que el
hombre parecía más agotado, más sujeto a la
molicie del bienestar y de los vicios de la civilización, en el momento en que se sentía más
feliz y parecía necesariamente más egoísta, e;
que con un mínimo de fe buscaba en vano un
ideal nuevo y parecía menos capaz de sacrificarse por una idea cualquiera, se ve de pronto
frente a un peligro sin precedente, ante el cual
es seguro, o poco menos, que no hubieran resistido ni aun siquiera pensado en resistir
los pueblos más heroicos de la Historia; y, en
cambio, él, ni siquiera piensa que sea posible
no resistir. Y no digáis que no tenía dónde escoger, que el peligro y la lucha eran 10ev1-

t ables, que babia que defenderse o morir est rangulado, y. que en casos por el estilo ya
no hay cobardes. Eso no es cierto: tenía, tuv_o
siempre, tiene aún donde escoger. No va en
ello su vida, sino la idea que se forma del ho
nor, de la felicidad: de los deberes de su vida.
P ara salvar la vida, no tenía más que ceder
ante el enemigo; el invasor no le hubiera ext&lt;'rminado. A un pueblo grande no se le extermina, aun es imposible sojuzgarle seriamente
y hacerle desgraciado por mucho tiempo. Sólo
tenía que temer la vergüenza. Ni siquiera ha
visto apuntar en el horizonte de sus temores
más instintivos la tentación infame y ni aun
sospecha que pueda existir; y, sean c~alesquiera los sacrificios que le aguardan, nunca la
echará de ver. No se trata, pues, de un heroísmo que sólo sería una manera de ir tirando de
la desesperación, el heroísmo del animal acorralado qne lucha ciegamente para retrasar
en un segundo la llegada de la muerte. No; es
el heroísmo libremente aceptado, deseado,
aclamado, unánime, el heroísmo por una idea
y por un sentimiento, es decir, el heroísmo en
su forma más pura, más neta, más virgen, el
sacrificio sin mezcla y sin segunda intención,
por lo que se considera como deber para con-

86

�COLEOIÓN ARIEL

88

sigo mismo, para con los suyos, para con la
humanidad y lo porvenir. Si la vida y la ausencia de riesgo fuesen más preciosas que la
idea de honor, de patria, de fidelidad a las
tradiciones y a la -raza, había, repito, y hay
aún medio de escoger , y acaso jamás, en niogun.a guerra, fué la elección más fácil, porque
nunca los hombres se sintieron -y estuvieron,
en efecto, más libres para escoger.
Pero, ¿tenéis seguridad de que esta facultad
de elección, que, como acabo de decir, ni siquiera ha osado asomar su sombra rastrera por
los más bajos horizontes de las conciencias
menos nobles, no se hubiera echado de ver o
no se hubiese hablado de ella en otros tiempos
que tenemos por mejores y más virtuosos que
el nuestro? ¿Podréis hallar un pueblo, aun entre los mayores, que, en el curso de una guerra junto a la cual todas las demás guerras
parecen juegos de niños, de una guerra que amenaza y élgota su vida entera y cuanto posee, podréis hallar, digo, en la Historia, no ya
un ejemplo-que no lo hay-sino alguna analogía que os consienta presumir que tal pueblo no hubiera fla,queado, no hubiera, por lo
menos, aunque sólo hubiese sido un instante,
bajado los ojos a una paz sin gloria?

EL HEROISMO

89

•
Parecían, sin embargo, mucho más fuertes
que nosotros, todos los que nos han precedido.
Eran rudos, austeros, estaban más cerca de la
naturaleza, eran pobres, y, a menudo, desgraciados. Tenían pensamientos más sencillos y
más rígidos, estaban acos_tumbrados a los
sufrimientos físicos, a las fatigas y a la muerte. Pero no creo que nadie osará sostener
que hubieran hecho lo que hacen nuestros
soldados, que hubieran soportado lo • que
vemos soportar en torno nuestro. ¿No tenemos, pues, derecho a deducir de ello que la
civilización, al revés ele lo que se temía, lejos
de enervar, depravar, debilitar, disminuir, rebajar al hombre, le eleva, le purifica, le afirma,
le ennoblece; le hace capaz de sacrificios, de generosidades, de actos de valor que no conocía?
Es que la civilización, basta cuando parece corromper, añade inteligencia; y que la inteligencia, en el día de la prueba, es altivez, nobleza, heroísmo en potencia. He aquí, como
dije al empezar, la revelación inesperada y
consoladora de esta horrible guerra; podemos
contar difinitivamente con el hombre, tener
plena confianza en él y no temer ya que, si se

�COLECCIÓN ARIEL

90

aleja de la brutalidad primitiva, pierda s us
virtudes vir.iles. Cuanto más adelante va en
la conquista de la naturaleza, tanto más parece apegarse a los bienes materiales, pero más
aún, sin embargo, sin darse cuenta de ello,
allá en el fondo, en lo mejor de sí mismo, se
hace capaz de desprenderse de sí, de inmolarse
por la salud de todos, tanto mejor co~ prende que nada es si se compara con la vida eterna de sus muertos y de sus hijos. Tan grave
era la prueba que, antes de la guerra actual,
nadie hubiera osado mirarla di: frente. El porvenir de la humanidad estaba en · entredicho;
y la magnífica respuesta que de todas partes
nos llega viene a tranquilizarnos · plenamente
en cuanto al resultado de otras luchas más
formidables, que, sin duda, nos esperan cuando no se trate ya de combatir con nuestros
semejantes, sino de hacer cara· a las fuerzas
más crueles y más poderosas de los grandes
enemigos misteriosos que la naturaleza tiene
reservados en contra nuestra . Si es cierto, y
lo creo así, que la humanidad vale lo que vale
la suma de heroísmo virtual que en sí guarda,
puede afirmarse que nunca fué ·más fuerte ni
mejor, y que llega en este momento a uno de
sus puntos culminantes, en donde puede

91

EL HEBOISMO

afrontarlo y esperarlo todo. De ello, por encima de ·nuestros pesares, tenemos derecho a
felicitarnos y congratularnos.
MAURICIO MAETERLINCK.

Yo trato débilmente de hacerle ver que la libertad no es lo que se posee, sino lo que se busca; que
no es la sumisi6n a ser gobernado, sino la aspiraci6n a gobernarse; que es m!is libre quien se queja de no serlo o desea aumentar su libertad, que el
~ue se tiene por bastante o excesivamente libre.
LUIS AR.A.QUIST.A.IN.

La inteli,qencia de un pueblo se mide, más bien,
por su rapidez en la percepci6n. Un hombre inte ligente es el que siempre se halla de vuelta ante las
coscts. Un pue'Jlo inteligente, no es el que hipoteca
Slt opini6n en manos de una casta, sino el que discute, deshace y rehace a todas horas sus proyectos.
JOSÉ S..I.NCHEZ RóJA S.

La tendencia bitrocrática, que se ha Cl)nS iderado
la enfermedad de la Amé,.ica latina, ha penetra do
la enseñanza1 porque el pro/esor busca un empleo
tnás o menos transitorio y el alumno piensa en ser
mañana competidor de·su profesor.
JUAN

B. TER.ÁN.

�A Mt H!JA

A MI HIJA
Flor de mi juventud1 hija querida1
.Alegre compañera de l«s horas
Más dulces de mi vida1
¿En qué región del universo moras?

¿Por qué me dejas padecer la pena
.Más honda y más cruel, sin que a nt:i llanto1
Idolatrada nena1
rJ?.espondas en la paz del camposanto?
¿Será posible que de ti no quede
Sino un poco de polvo ceniciento1
Que bajo el soplo leve
Se esparcirá del implacable viento? ...

Te busco en mi horfandad y no te veo,
Te llamo y no respondes a mis cuitas,
Y sorda a mi deseo
.Ante mi pena cruel no resucitas.

En medio de mi angustia me golpeo La frente, en vano, por saber lo ignoto.
Por ver lo que no veo
rJJel sepulcral abismo en lo remoto.

¿.No escuchas mis palabras, no te espanta
Lo horrendo del dolor que me devora1
Hija amorosa y santa1
.Ni ves al pobre mártir que te llora?

La noche nos rodea1 e impenetrable
Se interpone el .Afisterio en el camino.
Guardando el espantable
Enigma de la Vida y del (/)estino .

¿En dónde estás estrella luminosa
(Perdida de la tumba en el arcano,
Por qué la dolorosa
Senda no alumbras en que lloro en vano?

l'Pero mi .Amor, más fuerte que la nada,
Y mi dolor, más grande que la muerte1
Hace hablar la callada
Tumba en que yace tu materia inerte.

¿ En dónde estás fragancia de mi huerto1
Incienso de mi altar1 lumbre encendida
En el templo hoy desierto
rJJe mi brillante juventud florida?

93

Y si tu voz no escucho1 hija querida1
Y si tu grata imagen no contemplo1
Gua/. vida de mi vida
Sobre mi propio espíritu te- siento.

�94

COJ,ECCIÓN ARIEL

En las horas sin luz de mi agonía
Gravitas de mi alma en lo profundo1
Y siento· que eres mía
Y que sigues mis pasos en· el mundo.
· En mis noches de insomnio1 cuando velo1
rBajo mi pesadumbre enloquecido1
'Tú bajas desde el cielo
H asta mi corazón adolorido!
T ú me sostienes en la lucha impía1
Y cuando cedo al fin 1 y desjallezco1
Hija del alma mía1
En tu recuerdo me repongo y crezco.
Yo sé que en el hogar estás presente1
Que junto a mi carninas sin ventura1
Y llenas wµestro ambiente
Con los efluvios de tu alma pura.
Yo sé que mi dolor no te es extraño1
Y que al cumplir la ley de tu destino1
Heridos por un rayo
Fuimos al mismo tiempo en el camino.
Y o sé que te he de hallar1 que tú 11ie esperas,
Prolongación eterna de mi vida1
Y que en otras riberas
Entre mis brazos te veré algún día...

A MI ItTJA.

Mas ¡ay! en la horfandad de tu cariño
Ro hay fe que me consuele poderosa1
Y lloro como un niño
.Ante la amarga realidad odiosa!
Flor de mi juventud1 hija querida,
.Alegre compañera de las horas
Más dulces de mi vida1
¿En qué región del universo moras?
Asunción, julio 14 de 1915 .

i MUERTA!
Sobre mi pobre m esa de trabajo
Y a la luz de la lámpara
Que ilumina mis noches de vigilia1
Entre las cuatro tablas
0e tu ataud1 tendida para siempre1
Te vi dormir callada
El sueño de la muerte1 sempiterno1
El. sueño que no acaba!
rRosa entreabierta1 de perfume llena1
En la primer mañana
0e una tranquila juventud dichosa,
Por la mano tronchada

95

�¡MUERTA!

96

97

COLECCIÓN ARlEL

0e tu destino cruel1 rodaste mustia
Y empapada en mis lágrimas1
Hasta el oscuro fondo de la tumba
Que tus despojos guarda!
Y eras de mi existencia la alegría1
Y e-n mis rudas batallas
.Alentadora fuerza 1 fé constante1
Inmortal esperanza.
r:Bajo la sugestión de tu cariño,
Vibrante en tus palabras
Y en la acariciadora luz divina
0e tu dulce mirada1
La dicha florecía e-n mi camino1
Y la perfidia humana
Se estrellaba a mis pies1 sin conturbarme1
Impotente y huraña1
Mientras en otros mundos mis ensueños
.Agitaban sus alas!

***
Oa sis de paz y amor en el desierto
0e nuestra vida amarga1
En ti descanso hallaba a mis fatigas 1
Olvido a mis desgracias 1
Consuelo a mi dolor o a mi tristeza
Cuando al hogar tornaba1
Tras la lucha diaria de que sale

En girones el alma1
Herido el corazón por la calumnia
(J)e las gentes ingratas
Y por tanta maldad que nos acosa
Con inclemencia bárbara!
.Aún tu presencia llena nuestro ambiénte;
.Aún llenas nuestra casa
Con los recuerdos1 frescos todavía1
0e tu risueña infancia.
. 'lit alcoba1 saturada en tu perfume1
rJ'arece que te aguarda1
Y tu mudo piano1 entristecido1
'Tu larga ausencia extraña.
En cada objeto que tocó tu mano
fParece que nos hablas1
Y tu nombre repiten por doquiera .
Las aves y las plantas
0 e ese' Jardítf, en que cruzar aún vemos
Tu silueta blanca1
Y escuchamos los ecos que dejaron
'Tus últimas pisadas!

***

Imposible creer que ya no existes1
Que ya no queda nada
0e todo lo que fueras en el mundo1
Y entre las cuatro tablas

�98

COLECCIÓN ARIEL

(Duermas de tu ataud el largo sueño,
El sueño que no acaba! .. . .

***

Y yo te contemplé sobre mi _mesa,
Envuelta en tu mortaJa,
y puse un postrer beso al separarnos
Sobre tu frente hela1a_.
Yo te seguí, rebelde a mi infortunio,
Cual pálido f antas1:1-a, .
Y te dejé en la puerta misteriosa
(/)e tu última morada.
Y o vi cómo las sombras de la tumba,
Sobre ti se cerraban,
M ientras velando al pie de tu sepulcro
La muerte se sentaba,
Para guardar lo que de ti allí queda:
Polvo, m iseria, nada!
J UAN E. O'LEARY
Asunción, Julio 20 de 1915.
Del Paraguay. De O'Leury dice Rubén Dari? en al~una p~r:
te· " Ni hemos de omitir tampoco el nombre de q uien ha sido cahfi
ca'do como el mas brillante .de los poetas nue_vos'del Paraguay: Juan
E O ' Leary, periodista valiente y autor de libros evocadores.

Y yo creo y opino que el viaje d _E spaña-a p~sar di: la indiferencia, por no decir malquerencia
con que aqui se nos acoge- debe ser. comp lemen·
tario para la educaci6n de todo americanoR.

BLANCO F OMBONA.

PAPELETAS A LA ALEMANA

U

discípulo mío que acaba de llega r de
Madrid me ha contado un dicho muy significativo, y es que, hablando con un compañero suyo, que trabaja en uno de esos llama ·
dos seminarios de investigación científica, le
dijo éste: "No sabes, chico, las ganas que tengo de que derroten de una vez a los alemanes !" " ¿Y por qué ?"- le preguntó mi discípulo. ''Pues porque entonces- le contestó- podrían a caba rse estas condena das papeletas,
en redactar las cuales, o en copiarla s, se nos
va el tiempo. ¡Nos dicen que eso es trabajar ...
a la a lema ná!"
La anécdot a, rig urosamente hist órica , está
lleca de enseñanza, y nos presenta en escena
a un joven español, muy español, es decir, según alg uien creerá, muy indisciplinado.
Pero es que a es to cabe replicar a quello que
dicen replicó el generalísimo J offr e a un oficia l
alemá n, que le decía una vez que el soldado
francés era, sí, excelente, pero que ca recía de
disciplina. "De la vuestra"' re plicó Joffre. Y
así debemos replicar cua ndo se nos a cuse de
no tener disciplina. Pues mientras no sepan
los que nos .dirigen ·implanta r una disciplina
N

�100

COLECIÓN ARIEL

a la española, y, sobre todo, 9ue deje ~a~P?
a la rebeldía y a ta libre críttca, _las. d~sc~phnas traducidas nos harán más mdisciplmados cada vez. Y, sobre todo, la _disciplina a la
alemana. O a la turca.
Y francamente, la disciplina esa de las papeletas es un poquito fuerte. Figurémonos que a
un estudiante de arquitectura que va a las
obras de una gigantesca ca!e?r.al a que el
arquitecto director de éstas le micie en su arte,
le manda el tal arquitecto que se ponga, cercha
y pico en mano, a 13:brar pi~dras, y _que al ca~o
de haber labrado diez o vemte o mil, se va sm
haberse enterado de la traza general del monu•
mento. ¿Creen ustedes, lectores, que este estudiante se conformará con que le echen un ser·
moncito sobre la utilidad de la especialización
y que no debe descuidarse ni la ~ás menu~a _pie•
dra del edificio y otras andrómmas y retoncas
cientificistas y metodológicas por el. estilo?
Porque ¡sí, señor! hay una retónca metodológica, o si se quiere, una metodología retó·
rica que no es menos retórica q~e la otr~,
que la tan injustamente desacreditada: El silogismo medieval y el teorema algébnco de
hoy son tan figuras retóricas como la paradoja, pongo por caso. Y como aq~el19: frase
sacramental que suelen emplear losJesuitas en
sus sermones cuando, después de una demos·
tración, no quedan muy seguros de que el pú•
blico quede convencido, y és que añaden:
'' Queda, pues, evidentemente demostrado,

PAPELETAS A LA ALEMANA

101

etc.:• Y !os que no empleamos esta retórica
l?gica, smo otra, pasamos por unos arbitrarios y extravagantes paradojistas.
¡Qué se le va a hacer!
Y a propósito de jesuitas, me acuerdo de aquel que en una cátedra del Colegio de Deusto
les de.cía a sus alumnos: '·est.e argumento co~
mo tiene fuerza es en latín, ¡en latín!" ¡Estupe~do ! ¡Un argumento que prueba más en
l~~m que puesto en castellano! Y hay así tarubien 3:rgumentos que como tienen fuerza pro. batona es en alemán. Lo que se aplica a las
papeletas.
Mis lectores de Barcelona habrán oido hablar del hombre de las papeletas que fue un
cat: drático de griego como yo, e1'Doct.or Balan: Y se murió sin haber publicado más que
un hbro de ... ¡papeletas!
El_ homb:e de las papeletas puede llegar a
sufr!r un smo tan terrible como el que suele
sufnr el hombre del diario. Sabido es en efect&lt;;&gt;, que el desgraciado que se·pone a llevar un
d_rano, acaba por hacerse el hombre del diano, Y. en vez de apunta: en él lo que se ha visto, 01do, pensado, sentido o sufrido en el día
V~ 9: ver, oir, pensar, sentir o sufrir para eÍ
dtano, y tanto sus penas como sus goces, se
ven perturbados por la preocupación de lo
que hará despúes de ellos en el diario.
, Yo tengo desde hace años un amigo en Berhn que me preguntó una vez si guardaba sus
cartas-que no son ni pocas ni cortas-, y al

�102

COLECCIÓN ARIEL
PAPELETAS A LA.

contestarle que sí, me pidió que se las enviase, y me las devolvió encuadernadas y con un
índice de materias; ¡con un verdadero Sachrtgister! ¡Y ~sí pasarán a la posteridad! Lo que
no sé es si ha hecho encuadernar las que yo
en varios años le he escrito - que tampoco
son pocas ni cortas, pues he sido un epistológrafo formidable-, y si las ha provisto también de su correspondiente Sachregister, para
que los futuros investigadores de mi obra y
mi acción literarias puedan sacar de ellas papeletas a la alemana.
Y es fácil que esos futuros investigadoresiº?• la investigación!, ¡die Untersuchugn!-de
m1 obra, cuenten cuántas veces empleo en mis
cartas la palabra amigo o arbolo trama o
mentecato o ramplonería, y establezcan cuidadosas estadísticas comparativas de mis giros en las cartas y en los artículos públicos ...
Porque esto del estudio estadístico del estilo
es una cosa llena de porvenir. Estilista que no
se basa en la estadística, es cosa al aire y sin
fundamento. Mientras no lleguemos a poder
p~nsar, medir y co~tar el estilo, a poder cubicarlo como se cubica la grava para el asiento de las carreteras, estamos perdidos. Es menester saber qué tanto por ciento de veces el
ilQstre López emplea el gerundio, y qué tantQ
de veces la oración con el relativo qué. ¡Todo
lo demás es retórica!
No faltará lector que me diga que el estilo
no es, en rigor, sino retórica. Bien; pero ¿dón-

ALEMANA.

103

de se ha visto que un retórico, por bueno que
como tal sea, pueda h~blar competeotemr_nte
de la retórica, y más s1 babia de ~l~a retón~Rmente? ¿Quién hace caso de la cnt1ca poética
que un poeta haga de otro? ¿Es que a un hombre, metodológico, verdaderamente metodológico, ocupado en sacar papeletas _de Shakespeare, pueden convencerle los poéttc?s c&lt;;&gt;n:1entarios que del gran poeta dramát_1co _mglés
hizo aquel otro gran poeta, también mglés,
que se llamó Coleridge? ¿Es que los en~ayos
sob re Shakespeare• de este otro• maravilloso
· d
soñador, pueden s:1tisfa~r a un mvestlga or,
lo que se dice un mvestJgador, del gran dramaturgo?
La investigación es, ante todo y sobre todo, papeleteo a la alemana.
.
¿Que las papeletas hacen falt~? ¿Y quién lo
duda? ¡Como hacefalta Alemama!Y l~reco~ocen los más radicales germanófobos, si pasión
no les quita conocimiento. Hace falta Alemania y hacen falta las papeletas a I:1 alemana, pero ... Pero lo que dice el humorista norteamericano Oliver Wendell Holmes, hablando
de los hechos-de aquellos hechos q!'-'e recomendaba el inmortal Tomás Gradgnud de
la novela de Dickens-, y es qu_e no por9~e el
pan sea bueno y sano y necesario y nutr1t1vo,
ha de permitirse que le metan a uno un mendrugo de él por la garganta cuando está hablando.
¡Y, además, las papeletas nos traen en Es-

�104

105

COLECCIÓN ÁRIEL

TECNICISMO Y FJLOSOFTA

paña tan melancólicas, tan tétricas asociaciones de ideas! La papeleta nuestra típica, castiza, tradicional, es la papeleta de empeño. Y
al querer adoptar la papeleta a 1a alemana,
investigativa, ¿no corremos el riesgo de que se
nos convierta en otra papeleta de empeño
más? Sobre todo, tratándose, como se trata,
de un:t ciencia que tom.1mos a·préstamo.

res contrastando con la anestesia de los más,
dei' pueblo en general. Diríase que unos cuantos se sienten obligados a indignarse por lo
que los demás no se indignan. Y como esos
cuantos suelen ser los que más valen, creo que
no estaría de más que templasen su indignación cou algo de serenidad. O acaso con algo
de humor.
El humor en ámbitos morales como el nuestro hoy es un gran derivativo. Le impide a
un¿ cocerse en· su propia sangre ·enfebrecida.
El humor es un desahogo. ¿Habría surgido
acaso el Quijote sin el humor que templó la
sangre espiritual de Cervantes?
Mas vengamos a lo que yo decía en aquella
mi pecaminosa pequeña elucubración sobre
eso de las papeletas a la alemana. ¿Las condenaba? No. Como no se me ha ocurrido nunca condenar ni aun la erudición-que es muy
otra cosa que la filología-y eso que me es
muy poco simpática. Mas creo que no sé poner la razón y la justicia sobre mis simpatías
y antipatías. Porque no me conmueve la música, y hasta ,la tengo miedo como a la morfina, no se me ocurriría nunca suspender un
concierto, aunque pudiese hacerlo.
Sí, las papeletas a la alemana y el tecnicismo filológico están bien, muy bien, pero ...
Decíame.José Ortega Gasset en una de nuest ras conversaciones últimas que lo característico de la cultura alemana, de esa Kultur a
que he hecho tantas veces blanco de mi

TECNICISMO Y FILOSOFIA
"f.;;¡¡ E dejado pasar algún tiempo antes de
• J hacerme cargo de ciertas protestas que
provocó en algunos de mis mejores amigos y
compañeros en la lucha por la cultura, mi artículo "Papeletas a la alemana", aparecido
en este mismo semanario,* en su número del
5 de -Diciembre pasado.
Parece ser mi sino esto de no ir mucho t iempo concorde del todo con un grupo cualquie•
ra. Y es que soy rebelde a toda consigna . No
comprendo que treinta hombres suscriban
t~ei?ta artículos de fe . Ni menos que por disc1pl~na de escuela baya uno de callarse ciertas
cosas.
Me apena, por otra parte, la hiperestesia de
que sufren aquí en Espar.a muchos, losmejo~ Nuevo M1111do cie Madrid,de· &lt;lond~ hemos tomado ambos artículos. .
·

•

�100

COLECCIÓN ARIEL

chanzas, no es precisamente el especialismo ni
la t_éc1;1ica, sino la filosofía. Que cualquier espec1~ltsta alemán, el más especificado, el más
técotco y más tecnicista, lleva implícita una
concepción total filosófica, lleva una filosofía,
que o aprendió costosamente, o la ha absorbido, por así decirlo, en un ámbito intelectual
filosófico . Y creo que tiene razón·. Y que esa es
la verdadera fuerza de la Kultur, piense uno
lo que pensara del espíritu filosófico que la informa.
Sí, c?n~zco obras alemanas muy específicas,
m1;1y ~e~ntcas, en que para nada se habla de
pnnc1p1os _g~nerales filosóficos, en las que no
hay metafís1c~ expresa, y que están, sin embargo, henchidas de jugo metafísico. Más
mucho más que los libros que sobre filosofí~
aquí se e~criben, y en los que, por lo común,
no hay nt el más leve sentido filosófico.
Benedetto Croce, en el apéndice bibliográfico de su Estética, al juzgar la "Historia de las
ideas estéticas en España" de nuestro Menéndez y Pelayo, escribe e3ta's palabras: "Menéndez y Pelayo se inclina al idealismo metafísico; ~ero parece querer acoger algo de los
otros sistemas, y hasta de las teorías em píri~as; y_la obra sufre, a nuestro parecer, de esta
mcerttdumbre del punto de vista teórico del
auto~"· Lo que me parece muy:Justo. Porque
~e~endez y Pelayo no tuvo nunca una conv1cc1ón_ fil&lt;;&gt;sófica, ni siquiera un sentido filosófico, s1qu1era escéptico o dialéctico. .Todo

TECN!CISMO Y

FILOSOFIA

107

aquello del vivismo no pasaba de ser una fantasía entre lite_raria y patriótica. Y si no tuvo
ese sentido no fué por diletantismo-el diletantismo es algo muy respetable-ni por literatismo; fué, creo, por cobardía espiritual.
Tembló siempre de asomarse a la boca de
ciertos abismos; se arredró ante ciertos problemas. Y así se daba el caso de que para él la
música y hasta la religión, no parecía ser más
que otro género literario y que escribiese sobre el misterio de la eucaristía como fuente de
inspiración de los autos sacramentales en una
prosa elocuente, sí, pero en la que se nota la
falta de aquel calor intimo que le comunicaría
un creyente en la eucaristía que frecuentase el
sacramento de la comunión.
Entre algunos de aquellos que se han doli;fo
de mis chanzas a las papeletas a la alemana,
es frecuente el hablar de la endeblez íntima de
la crítica de Menéndez y Pela yo. Y esta ende_.
blez no dependía de su técnica ; dependía de
aquella su incertidumbre de punto de vista filosófico. Aquella especie de escocesismo a la.:
catalana que salió de Barcelona, de Llorens y
de Milá y Fontanals, aquella pseu..do-filosofia
a ras de tierra-en la que no cabe elevar!'e
mucho más que se elevó Bala:es, y fué bien·
poco-no bastaba para fundar una crítica sólida y fecunda. Era un sistema de escamotear
los problemas.
.
Pues bien, a la nueva escuela crítica y filoJógica que ha s~cedido a la de.Menéndez y Pela~

�108

OOLECOJÓN' ARJEL

yo, derivada e~ gran parte de la de éste, dígase lo que se quiera, puede ocurrirle lo mismo
y por la misma causa, por falta d; certidumbre en el punto de vista filos6fico. Y no sirve
tra.er y a.dap~ar las papeletas y la técnica de
la mvestigac1ón, de la Untersuchung, si no se
tra; ? no se saca de dentro un criterio y un
esp1ntu filosóficos, expresos y no sólo implícitos, que las informe.
Y no quiero decir nada de la otra erudición
d~ la de los comentaristas, más o menos inge:
ntosos y más o .menos leídos, que no sólo carecen de formación filosófica, sino que la desdeñan, o por lo menos temen metene en
honduras de donde presumen habrán de salir
co1,: jaqueca y con los pies hechos un puro sab~nón. No, no pongo a estos bibliófilos al
mv;l de aquello~ honrados investigadores.
S1, le tengo miedo, le tengo mucho miedo a
la técnica cuando viene sin raíces.
Es una escuela de humildad y de veracidad,
lo sé. Pero me temo que se convierta en otra
forma de jugar al tresillo o de hacer solitarios, en .otra forma de pereza espiritual. En
otra rutina.
H~ oído quejarse a alguno de los jóvenes sometidos ~ ~sa rigurosa disciplina. Y si le oyese
a un nov1c10 de una orden monástica quejarse
de los ejercicios ascéticos a que se le somete,
supo~dría gue no tiene fe ni vocación alguna .
Y s1 esos Jóvenes carecen de fe y de vocación
para la ciencia, es ante todo y sobre todo

TECN'lOISMO Y FJLOSOFIA

109

porque no se ha sabido mostrarles cuál es el
paraíso a que la ciencia lleva, cuál es la finalidad de ésta, porque no se ha sabido darles filosofía. Nadie atraviesa con fe y resolución el
desierto si no se le ha dado antes una visión
de la tierra de promisión. Porque eso de encontrar placer en la .investigación por la investigación misma, eso de deleitarse en la
caza técnica de pequeñas verdades, eso es algo
tan patológico como matar el tiempo haciendo solitarios con la baraja. Cuando no es un
opio para matar profundas penas. Y esto no
puede pedírsele a un joven.
En una novela cultural, Amor y Pedagogía,
puse hace años en boca de un personaje de
ficción la especie de que el fin del hombre es la
ciencia, y el de la ciencia catalogar el universo
para devolvérselo a Dios en orden. Si se nos
hace creer que Dios nos pagará este trabajo,
acaso ello baste para meter filosofía, y hasta
religión, en el papeleteo técnico.
MIGUEL DE UNAMUNO.

La educación ele un pueblo es algo más qué idea,
libros .Y conocimientos j es una actitud espiritual
frente a los hechos de la vida, un smtimiento,
frente a una disposición altruista de la voluntad,
un amansamiento de la bestia trágica que suele a
ratos poner todo el material de su cu,ltura al servicio de una barbarie redíviva.
E. NESLON.

�REPERTOQIO BIBLIOGRBFICO

e

COMO DEBE LEERSE EL QUIJOTE

se ha escrito sobre E l Quijote, en lo
que va de año, que bien fundadamente puede creerse que este libro apacible y deleitoso habrá tenido algunas docenas más de lectores de
los habituales. Y con toda llaneza confieso que
ése me parece el resultado más apetecible de todo este continuado rumor de plumas y discursos.
No vaya a presumirse que esto envuelve censur~, ni asomo de censura siquiera, de la glorificación de este centenario. El entusiasmo tonifica
Y fortifica, sobre todo, si, como en este caso, el
entusiasmo es genuino y legítimo. Soy cervantista de la antevíspera. Leí el Quijote de niño; y fué
para mí manantial de risa y acicate de la fantasía. Dormí muchas noches con un viejo espadín
debajo de la a lmohada, descabecé en sueños muchos endriagos, y encanté y desencanté, no pocas
Dulcineas. Lo leí de manee bo ; y la poesía sutil de
las cosas antiguas se levantó, como polvo de oro
de las páginas del libro, para envolver en una
atm?sfera de encanto mi visión del mundo y de
la vida. Lo he leído en la edad provecta; y me
parecía que una voz familiar y amiga, algo casca.ANTO

ltEl'ERTORIO BJBLIOGllÁFICO

111

da por los años, me enseñaba sin acrimonia la resignación benévola con que debe nuestra mirada
melancólica seguir · la revuelta corriente de las
vicisitudes humanas,
Pero es natural que, habiendo encontrado en
esta lectura fuente siempre fresca y abundosa de
impresiones acomodadas a la disposición de mi
ánimo, desee a otros muchos el mismo refrigerio.'
De aquí que haya acabado por creer que la mejor manera de honrar al autor de El Quijote sea,
no aumentar la secta de los cervantistas, sino
acrecer el número cielos lectores de Cervantes.
Esta implica, lo confieso, cierto temor de que
se malogre ese justificado deseo; que no tengo
por mío exclusivo, sino de todos los que a porfía
elogian y encomian el peregrino libro. Y mi temor nace de dos clases de consideraciones.
Ha dado sobre El Quijote una legión de comentadores, intérpretes, levantadores de horóscopos,
descifradores de enigmas y adivinos, que asombran por su número y desconciertan por la
misma sutileza de sus invenciones. A fuerza de
querer encontrar un sentido acomodaticio a las
frases más sencillas, y una fotención recóndita
a los pasajes más claros, hacen sospechar a lbs
desprevenidos que esa obra de verdadero y mero
entretenimiento pueda ser un apocal{psis o un
tratado de metafísica hegeliana.
A los familiarizados con el libro, este intento

�112

COLECCIÓN ARIE:::L:;___ _ _ _ _ __

de hermenéutica profana divierte o enoja, según
los casos; pero no perjudica. l\fas no es entre ellos
donde se han de buscar los nuevos lectores. 'A éstos debe decirse y repetirse que El Quijote es uno
de los libros más llanos que se han compuesto ;
claro como río sereno, y caudalo&amp;o de ideas, sin
confusión; de estilo añejo, como el buen vino,
•pero no anticuado; que habla dél tiempo viejo,
pero no de un tiempo tan separado de nosotros
que el alma de sus personajes nos parezca extraña y distante de la nu~stra. Tantos ejércitos maravillosos d~scriben esos exegetas, que el lector
puede amilanarse, o encontrarse chasqueado,
cuando se desvanezca toda esa fantasmagoría.
Otros han tomado por distinto atajo. De tal
suerte extreman el elogio, que más parecen corifeos entonando un ditirambo, que escritores que
recomiendan una exquisita obra del ingenio
humano.
No les niego yo su perfecto derecho a sustituir
las razones y aún la razón por perpétuos j e~ohé !
¡ evohé ! Cada cual expresa su delectación íntima
a su manera; pero, desde el punto de vista en
que me coloco aquí, temo que el efecto de sus
desmesuradas hipérboles sea contraproducente.
Lo de desear son lectores sinceros, que va:yan, sin
prejuicio de snobismo, a apurar el contenido de
esa rica copa en que ·escanciaron las gracias; y
no individuos que se estén palpando y mirando

ltEt&gt;ERTCRto lltBILtOGRÁFICó

118

por dentro con susto, si por acaso no se encuen.
tran, desde las primeras páginas, en un mundo
de ¡,rorligios, y no se ven rnspendidos, en cada
caµítulo, a la re-gión de los encantamentos pregonados.
Hacen, sin quererlo, estos críticos, tan poco
criticistas, el papel del ingenioso Chanfalla en
El Retablo de las Maravillas. A fuerza de
anunciar portentos, que ellos ven y manosean,
parecen declarar memos y bolos a los que no
miren por sus ojos y con su mismo ángulo visual.
El pobre lector se azora, y aunque dice para sus
mientes ¿ si seré yo de esos?, proclama a voces
que se cierne a dos dedos del empíreo. Ninguno
de los confusos espectadores del retablo quería
ser judaizante; y ninguno de los atortola dos lectores quiere pasar por imbécil.
Aunque me· acusen de algo sanchesco, prefiero
para los qti.e lean El Quijote, la disposición de
espíritu del estudiante del cuento, que se solazaba tendido en mullido césped y reía a pedir de
boca en los pasajes de risa. Ese de seguro no tenía entre las manos ningún Quijote comentado y
puntualizado. Los que han leído la deliciosa fábula por esparcimiento, y la han celebrado con
risa franca y sana, son los que luego la recuerdan
con suave emoción y pueden descubrir la vena
de plácida tristeza que va, casi a flor de tierra,
serpeando por todo su contexo,

�CóLECCIÓN AR!:ilL

114

-"Mirad, escribano Pedro Capacho, decía el
alcalde Benito, haced vos que me hablen a derechas, que yo entenderé a pie llano." Cervantes
escribió a derechas; no subamos en zancos a sus
lect ores.
ENRIQUE JOSE VARONA .
9 de mayo de 1905,

UN NOTABLE ESTUDIO DE V. GARCIA CALDERON
García C~lderón acaba de mostrarnos, de elegantísima manera, que el mejor
crítico es el verdadero artista, y no el profesor
artillado de sistemas, que toma de asalto las
obras maestras e instala en el libre dominio del
arte la tiranía de su método. En la actual y ya
larga crisis de la crítica, en espera de un nuevo
Taine, o mientras venga a sacudirla de su torpor
algún brusco y magnífico Barbey ·d' Aurevilly,
nos contentamos con glosas sutiles que prolongan la resonancia espiritual de la emoción, la sugestión o la belleza inclusas en la obra a que
acudimos. Era, no hay duda, airosa la arquitectura que levantaba ciertos principios dir ectores,
en forma que se creía capaz de dar ordenada y
"

ENTURA.

V

NOTA.-Se refiere el Sr. Zaldumbide al estudio La Literatura
Peruana ( 1535- 1914), escrito recientemente por U.Ventura Garda
Calderón. Dicho trabajo lo ha publicado "La Revue Hispanique"
de París. y es la primera de una serie de historias literarias de los
pa!ses de América, encomendadas a diversos escritores. La de
Costa Rica ha sido encomendada a don José rabio Garnier.

llEPERTORIO BIBLIOG._
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co umbrar, por
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n a
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V G
ca, . ,-arcía
ea lderón los posee
De ahí 1 'd d en grado excepcional.
a vi a e estas pá ·
gan su fuego a cald
grnas_suyas, ora ponolvido, ora evoque ealr manuscritos ateridos de
n a vuelo con
· 1.
gracias pretéritas del ol . . '
magra igera,
c omaje, ornato profuso y

:ª

�116

COLECCIÓN A.RIEL

leve de una existencia por tantos otros respectos
ahogada y pobre, ora sonrían de inocentes afanes
de poesía, importados romanticismos o melanéolías nativas.
La condensación forzosa de este género de resúmenes le ha obligado a darnos u n "comprimido" de literatura peruana. No ·era del caso que
desarrollase ahora, e·n grandes frescos, la historia
suntuosa y vacua de la holganza limeña en el
esplendor de la colonia; ni que hiciese a cada
paso alarde de menuda y premiosa precisión efe
erudito. Rasgos vehementes, pequeños golpes de
segura percusión, toques elípticos, repentinos, de
un relieve sorpren·dente, van grabándose corno
netas incisiones de la imaginación que de suyo
las amplifica hasta figurarse el medio, la época,
el pergeño viviente de sus tipos. La historia, y su
filosofía, y su trascendencia a la literatura, hallárnoslas refundidas, sirviendo de fondo y sosteniendo el vigor de estos dibujos suscintos. Acaso
se da, aquí o allá, al detalle pintoresco y al caso
excepcional, un valor sintomático de la época
algo exagerado, un color que se destaca demasiado sobre el gris muerto de la realidad restante: es lo que pasa al querer hacer cuadro significativo. Pero todos esos trazos acentúan con feliz
intención el· aspecto expresivo de la ciudad.
Lima aparece así, mos&lt;:;rando en la viñeta galante, su fisonomía deliciosa de malicia y \'olupt uo•

REPERTORIO BlBILIOGRÁFICO

117

sidad. La diseña con visible delectación. Ama a
su Lima este parisiense,-sobre todo a su·Lima
del siglo XVIII-depurada en doble, exquisita
nostalgia, en la ilusión del tiempo y de la distancia. Visión aguda, de artista, tal vez exacta vívida siempre. Picaresca de inclinación, versaÍlesca por los gustos suntuarios, por ia policía de los
hábitos cortesanos y la elegancia de sus liviandades; criolla por la enjundia y la •"lisura" de su
natural, refleja todos sus aspectos en su varia
l.Tteratura . ''Limeña fué exclusivamente la literat ura peruana," dice García Calderón, pero añade :
"Lima no es el Perú; a lgunos creen que es lo
contrario del Perú." Como quiera que sea, lo representa_brillantemente: la provincia alucinada
la imita, la sierra.bravía ha abdicado de su hurañerfa '! aspira a fundirse en la blanca metrópoli
que disuelve antes que plasma. De las ciudades
que España estableció en ultramar, la .de los
Reyes fué la mimada. Guarda con amor el lustre
de su blasón colonial. Es en América el último
- ¿ no fué el único ?-residuo de aristocracia en
el cundiente aplebeyamiento. Preserva del olvido, encerrada por su literato más nacional en la
form~ más ascendrad~ment e limeña, la parte
afectiva y consubstancial de sus tradiciones y
p~rsist7en la risueña villa el perfume de la ~rac1a antigua. Mas no basta a · consolar asuenamorado historiográfico de no haberla gozado en
su siglo de oro.

�118

COLECCIÓN ARJEL

Nos muestra con particular cuidado las correspondencias del espíritu de la ciudad arcaica con
su literatura de circunloquios. Mas donde su regocijo toca al lirismo es al oir la risa de Ca viedes. E l encrespado culteranismo, yendo de par
con el boato de las costumbres, había ahogado
la espontaneidad nativa. Al cabo, a la manera de
los fabliaux que se abrieron paso de suyo por
entre los centones de la literatura heroica y caballeresca, surge, y refresca esta aridez, la alegrí&amp;
del viejo burlón. Es la vena nacional.
De verle a García Calderón tan entretenido en
reir con ese malicioso, o prestando oído tan c~rioso a los cuentos de nodriza del viejo Palma,
tan sutilmente intrigado, en fin, por ia pícara
osadía de la "tapada" y los donaires de sus taimadas de saya y manto, le creeríamos sensible
únicamente a los halagos de esta Capua despreocupada. Pero: tope con un alma erguida o una
noblé causa, y héle ya férvido y serio.
Tal a su encuentro con González Prada: acaba
de ceder una vez más a la seducción limefia de
las " Tradiciones", a la charla deliciosa del "archivero sentimental", cuando pasa a "Horas de
Lucha" y "Páginas Libres". El tono cambia, se
eleva; contenido, no es sino más intenso: "Rencores de González Prada, que van dejando al des·
nudo las aristas del estilo y del alma, como el

REPERTORIO BIBILIOGRÁFJCO

119

ácido en el cobre de la agua fuerte· ! Alentado por
muchos, cuántas obras maestras hubiera escrito!
En cambio trabajó solitario y vejado, acorazándose en su arrogancia, que pudo sólo parecer sequedad agresiva a quienes no le vieron nunca en
la intimidad mudar el rostro leonino para un
urgente disimulo de lágrimas". Y es admirable la
silueta que traza de aquel anciano, de cándida y
fuerte belleza marmórea, que el escultor no necesitaría ennoblecer para hacerla digna del pedestal.
Es uno de sus más envidia bles dones el de pasar, sin forzar su sinceridad, de la risa heiniana
o tunante, o de la desmemoriada voluptuosidad,
al entusiasmo decisivo, a la gravedad ardiente.
Su sonora sensibilidad multiplica todos los ecos.
Un libro, una voz, una sugestión cualquiera, y
su lucidez impaciente, adivinatoria , galopa adelante, adelante. Ve la espiga inminente en el
grano, discierne en seguida la pepita de oro entre
la bruna escoria. Y así su cólera, certera y rápida, como su borbollante generosidad, sirven por
igual a l hombre y al escritor, dejando entrever en
él, como quería Pascal, que el hombre sobrepasa
al artista.
Espíritu de natural tan abierto y simpatizante, no desdeña en este breve recuento sino a los
por dem:is tibios e insignificantes. Penetra con
igual sinceridad en la intención de los que él

�120

COLECCIÓN A.RIEL

llama "poetas umbríos" como Buendía, y en la
claridad centelleante de poetas meridianos como
Chocano. A modo de aquel Lunarejo de quien
hace tan vivo elogio, y que escribió un "Apologético" de Góngora sin contagiarse de gongorismo, García Calderón sonríe encantado por la
enrevesada gracia de los culteranos y excusa sus
flaquezas sin caer en ellas. Elegante actitud, la
de defenderlas sin compartirlas.
Relativamente rica en tiempo de la colonia, la
literatura peruana lo es también hoy en día. La
generación de 1900 cuenta con un historiador del
fuste y substancia de Riva-Agüero, que limita
una fuerza capaz de cargar con los archivos del
mundo entero a discernir y fundamentar los in•
tereses vitales de su país ; con un poeta como
José Gálvez, abundante y fino, vasto en sus designios cuand0 la épica le tienta como hábil miniaturista cuando mira en torno, algo enternecido; con un pensador, escuchado, admirado ya
en toda América, Francisco García Calderón.
Un escrúpulo de extrema delicadeza le obliga al
autor a mentar tan sólo el nombre de su hermano. Habría tenido que darle lugar eminente. Fué
el iniciador del actual renuevo de la cultura, el
que ha disciplinado a la europea el arte de pensar y de estudiar las cosas de América. Empapado en la más alta ideología contemporáñea,
atento a las más arduas solicitaciones intelectua-

REPERTORIO BIBLIOGRÁFICO

121

les, trabajado por un enorme afán de síntesis,
nos ha dado ya obras de alto y sostenido vuelo.
Le apremia una fuerza lúcida e inapaciguable, le
sobra aliento: pronto nos dará obras mayores.
Tiene, en fin, un prosador de rara estirpe.
Ventura García Calderón es uno de los más singulares escritores de América. En medio a la
manía de extra vagar que llaman modernismo
los destrozadores del castellano en América, este
innovador conser va una pureza escrupulosa. Su
instintivo, aristocrático horror al lugar común,
le aleja al mismo tiempo de la anarquía improvisada, de la arbitrariedad verbal. No consiente a
su inteligencia actitudes flojas o desgarbadas.
Enhesta todos los desmayos de la perezoza condescendencia al menor esfuerzo. De ahí lo apretado de su prosa: a veces rechinan las junturas.
Prosa cenceña, toda nervio e inteligencia, avezada a las sabias gimnasias del estilo, que queman
las grasas inútiles: ripios, pleonasmos, redundancias. Prosa densa, tensa, bruñida, despide a ratos
como una eléctrica crepitación. Tiende, por movimiento ya natural, a la elípsis; y ajusta su ceñida curva la precisión del epíteto sobrio y rico.
Este no es aquí gala de quita y pon, sino el punto en que culmina y vibra la fuerza interna del
pensamiento. Cualquier página suya da esta impresión de la maestría de un artista urgen te
muy dueño de sí: dueño de sí, no para moderar-

�122

COLECCI ÓN ARlEL

se o transigir, sino para soltarse por entero, sin
perder la medida en el ritmo raudo. Las bellas
frases pasan, enarcadas, reticentes, el ojo vivo.
GONZALO ZALDUMBTDE."

LA BATALLA DE BLENHEIM"'

París, diciembre de 1915.
(Et Fígaro. Habana.)

"'[JL caer de la tarde de verano, terminado el
trabajo, el viejo Gaspar ballábase sentado al sol poniente, en la puerta de su choza , y
cerca de él, en el césped , juga ba su nietecita
Guillermina;
Vió ella que su hermano Pedrito rodaba por
el suelo una cosa grande y redonda, que bahía encontrado jugando cerca del riachuelo;
se acercó el niño a preguntar qué era éso que
se había encontrado, t a n grande, tan liso y
tan redondo;
Gaspar lo tomó de las manos del muchacho,
que aguardaba ansioso la respuesta ; sacudió
la cabeza el anciano y, dando un suspiro, dijo:
"Es el cráneo de algún infeliz que cayó en la
gran victoria;
Suelo encontrarlos en el jardín, porque h ay
muchos en estos lados, y a veces, cuando estoy arando: Ja reja los desentierra, porque

n

" L legará un dia, decía Gambetta, en. que la
política, traida a su 00eto verd,adero y arrebatada
como recurso a los mañosos y a los intrigantes;
un día en que habiendo renunciado al uso de las
maniobras desleales y pérfidas, al espíritu de corrupción, a toda esa estrategia de disimulación y
se subterfugios, vendrá a ser lo que en efecto es
ngcesario que sea, una ciencia moral, que exprese todas las relaciones entre los intereses, los hechos y las costumbres; llegará im día en que se
impon drá así a los espíritus como a las conciencias
y dictará las reglas del dt;recho a las sociedades humanas." E sta es la n oción rnodernfl, de la política,
de las relaciones entre los hombres y los pueblos.

• Del Ecuador. "Uno de los más sutiles crfticos de América,
después de Rodó. "

" Se dió esta batalla- una de las grandes batallas de la lib'ertad-el 13 de agosto de 1704.

�124

OOLEOOJÓN ARJEL

fueron muchos miles de hombres los que murieron en la gran victoria"¡
"Pero cuéntanos de que se trataba-le grita
Pedrito; y Guillermina lo mira con ojos llenos
de asombro: cuéntanos de qué se trataba en
la guerra y por qué se mataban los unos a los
otros";
"Fueron los ingleses quienes derrotaron a
los franceses, pero por qué se mataban es cosa
que no pude averiguar; empero todos decían
entonces que había sido una grao victoria¡
Mi padre vivía en Blenheim, allá junto al
arroyuelo¡ quemaron su casa, la arrasaron
por tierra y tuvo que salir huyendo¡ así, con
su mujer y su hijo huyó, sin tener en donde
recostar la cabeza¡
A sangre y hierro devastaron todo el país
por estas partes, y murieron muchas madres
que estaban criando y muchos niños recién
nacidos¡ pero por supuesto, que estas cosas
tienen que suceder en toda gran victoria;
Dicen qne era un espectáculo horrible el del
campo, después de la victoria, porque había
en él miles de cuerpos que se estaban pudriendo al sol; pero estas cosas naturalmente, tienen que suceder después de toda gran vic•
toria;

f,A BATALLA DE BLENttEIM

125

Grandes alaba.n zas ganó el Duque de Marlborough y también nuestro buen Príncipe
Eugenio." ''·Pero todo eso era una cosa tnuy
l
h ..
perversa!"-dice Guillermina. "Nu, n~, 1J_t~,
-contéstale Gaspar-fué una gran victoria.
••y todos alababan al Duque que tan gran
victoria había ganado." "Pero, ¿qué bien
resultó de todo aquello?" preguntó Pedrito.
"Eso no lo puedo yo decir, pero fué una
. . ,,
gran victoria.
ROBERTO SOUTHEY.*

(Trad. de Hispa11ia. Londres.)

A sí para M azzini como para Fichte, el
primer problema era el de la salvación personal, el de la conciencia. M azzini escribió Los
rio los deberes del ciudadano. Fichte expu.so un sistema filosófico que
DEBERES DEL HOMBRE,

se suele denominar, junto con los ele Schelling
y Hegel, idealismo absoluto, el ciial consiste,
empleando términos toscos y s,nneros, en hace1·
del Yo centro y epítome del Universo.
RAMÓN PÉREZ DE AYALA..
~oeta laureado de Inglaterra (1774- 1!43.)

�121

trN OANTOR DE RAZA

primera v ista ; leída a la luz de sus escasos
versos, resplandece como acero . incendiado
por el sol. Dice:

UN CANTOR DE RAZA

e

las hojas secas que arrastra este
cierzo de guerra, ensombrecedor de nuestros días, recojo una, roja de sangre como tantas otras. Lleva el nombre de un predilecto
de las musas, sin duda también, amado de los
Dioses, porque se lo llevaron en plena primavera, apenas entreabiertas las rosas. Vagaba
por valles y collados, por urbes y por campos,
recogiendo el rumor de la naturaleza y de la
vida y modelándolo en estrofas, que soltaba al
viento, como abejas runrunantes y errabundas. Oyó la voz de guerra, y, como en todo
cantor de raza a nida el luchador, acudió al
combate, el más a ustero de los poemas. Lo
llevó la suerte al viejo mar de Grecia, azul como el ensueño y rítmico al espíritu, con el
aleteo invisible de memorias luminosas en la
noche de los siglos. Como Byron, hubo de
morir bajo ese cielo, que arropó la cuna de
Apolo y de Minerva. Se llamaba Rupert
Brooke. La biografía que publicaron los diarios, es de una aridez de arena calcinada, a
NTRE

"l\ació en Rugby, Agosto 3, 1887.
Estudió en el King's College, 1913.
Teniente de Marina, Septiembre de 1914.
Expedición de Amberes, Octubre 1914.
Expedición al Mediterráneo, Febrero 1915.
Murió en el Egto, Abril 1915."

Acaso a ún en opbre prosa quede un eco remoto de la divina nota de su verso. Poco a ntes
de su partida ele Inglaterra, ap~reció un soneto, que, vertido al castellano dice:
"Tan sólo recordad esto de mí, si yo muriere: que allá,
en algún extranjero campo, hay un rincón que por siempre jamás será como Inglaterra misma. Ese palmo de tierra enriquecida, ocultará una ceniza, más rica todavía;
ceniza que de Inglaterra brotó, a la que Inglaterra modeló
y lP. dió conciencia, y sus flores para que las amara Y sus

caminos para vagar pcr ellos, y u:l cuerpo que fué de
ella, que respiró su atmósfera, que bañaron sus ríos Y
que sus patr ios soles bendijeron .
"Y pensad que este cor.lzón, libre al fin de todo ímpetu
perverso ya vibración en ·la eterna Mente, no por ello, menos habrá de devolver en alguna región del infinito, los
pensamientos de Inglaterra recibidos: sus aspectos Y sonidos; sus sueños, tan felices como sus dlas; y el reir entre
amigos aprendido; y \a ternurn de los corazones ingleses, en
paz, bajo el cielo de Inglaterra."
HISPANO

( /Jispama. Londres.)

�128

OOLSCCIÓN .a.R!It

Para Cunservadores J' libtrales espafwles,
e' ·
s ;- f rr"' ,td
(.,11.:zd
o
, a e rp t,rl d,· Er. E ·••np10 1
t. I \ .iu,
.11/o!icre Reco1da i el coloquiuenlre A1-ga11
y su hermano Beraldo. •·Pero, enji11, veng-amos al hecho. J Qué ltacer cuando se está e,i
firmo f", pregunta A rg(ln. "Nada, hermano mío", replica Beraldo. "¿Nada?", loma
a preguntar, lleno de asotnbro, A rgan. De
raldo, sosegadamente, con la frescura y la
tranquilidad, con la frivolidad y la inco,uciencia de un conservador o de un Nberal espaiioles: "Nada. No se necesi'ta más que per•
manecer en reposo. La naturaleza, ella misma, sin necesidad de nada, cuando la dejamos hace,,, se libra dulcemente del desorden
en que ha caído. 11.'uestra inquietud, nuestra
impaciencia es lo que hacen que todo se eche
a perder,· casi todos los hombres mueren de
sus remedios, no de sus enfermedades.''
Beraldo es el vivo retrf!to de 1,ut!stros gobernantes. 11fiedo a las respunsab:lid(1áes,
miedo a fa acción, miedo a fas nformas, miedo al cambio, miedo al porvenir: lze aqní toda ,zuestra mcntal:"d,:dpolítica. D ejemos qtte
el país siga marchando él mismo; permaneacamos en reposo. Las dificultades se resolverán ellas mismas.
AZORÍlí.

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vida de lu _..,.;. y el r.-tiaaarieDto

~~ todo ba IÍdo du-

,:C-.,!.t por el ia,1pe Pablo IAee tradac;Go·

1••~k\!a-:'!eo.ióa de Loe
ya ~=1110, ha ~ o ~ obra ea
toda~ropilédad y todo ~ - . _
J&gt;B LOB 8fGl,'08 te11111••
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Valencia.
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                    <text>eoltcdón Jlritl
LEOPOLDO LUGONES

El PROBLEDIR FEDIIIISIR

euaderno 70
1916

SAN JOSE DE COSTA RICA Imprenta Grei'las

C. A .

��COLECCXON

A.RIEL

Coletdón Rrlel

REPERTORIO AMERICANO
PUBLICADO EN CUADERKOS QUINCENALES POR

J . Gll.Rlillll. Ml!lNGE
S R N

J

c., SE 'D B

ee

S T 1\

R l e 7\.

e•

LEOPOLDO LUGONES

11.

c o n d i c io nes;
J,a 11erle de 12 cuadernos ( en coda Rica): C1t 3 .00.
¡ ,. Merie de 12 tuaderoos ( eu el Est ranjero): $ 2 ,00 oro am •
~ú me ro 11uelto: &lt;!!, o .25

EL PBOBLEIIIR FEIIIIHISIR

7 69 pági n.8-1",
Olhl llbro11 111' e,ienglda, ,-arlada '/ reront.trtante literatura
PO I~ T H ES COLONES

EL SENON.ITO CHULO
Ta\ ts el thulo ,le un m1gnfftcc, artícu lo que publica Eugenio Noel en el número corriente del semanario ·•E-.paña".
En dicho número, que es, en conjunto, uno &lt;le los
mejores del gran semanario madrileño, aparecen tamh\ér¡, entre otros. los sie:uientes trab'ljns f1ATAL1:'Ñ.l
COMO LÁTIGO, pnr Luis Olariag-a, UNA YAGA OP INJÓN - -~
SOBRE AS1'URU.S, por Jo~é Ortega y Gasset; L.1~1,:~Aa:,C"
y.\SC-'RAS, por Ramón Pérez de Ayala; NUF.STRO
PINTOR ·pRL"{CJSOANO, por J\!;in ch· la Encin:&gt;_, N
0
.AMOR Nl cosoCIM1ENTO, por E. Diez- Canrdo, y L\ "--- -LJII
CUESTlÓN DEL OÍA p ir una alta p •rsonali&lt;iad, que
h:1bla &lt;le las reformas del Ejército con la firma X .
Pase a h11u,1rlo a /1, Lihnría de do1i" ./lfar(a v. áe Li,us
A 10 d nlimvs dejemplar .

'

11:'JIDLIOTECA

CENTRAL

_ _ _ _ _ __:U~-~A.~N~.!:L:...._ _ _ __

BI BLI OTEC A AY ACUC HO
( HISTOR l ,\ DE A \1ERTC,\)
1. ,lhmurias dd gmeral {Y úa ry.
Vende t:!&gt;tas obras la LIBRE.RIA de 1lon J'IME TORMO,
frente 11.\ Correo

1916

SAN JOSE DE COSTA RICA- C. A.
Imprenta Greilaa

,

J_

�APRECIACION
~E

visto los comienzos de este otro

J. J y americano "spectacle magnifique".

.
a,n, a, zeers- Luego,
Los t,·a.ba.10s que v
L,:ft 1v.f1CIO]f
se rep1·oducen, de
J •..,
.
con, eL con,•
:1. B~~en,os j1 ires,
e . . to d,eL a,d,m,ira.:io Lusen,timien,

gon,es

-

--------

Enorme suma de condiciones geniales apoyadas por la más potente y sana voluntad.
E ncontrábame en lo vivo de mi sabida campaña intelectual, en la querida gran ciudad de Buenos-Aires, cuando un día se
presenté en nuestra ,·ibradora hermandad
del Ateneo un joven que, al rno~trar sus
credenciales rimadas, fué considerado ya
triunfante. ¡Un astro! nos comunicam.os
todos, con el gentil entusiasmo que allí
animaba a coetáneos y menores . .Nuestra
unanimidad vaticinó cosas grandes. Para
saludar tal orto escogí la más sonante y
dorada de mis trompetas. Y todas las previsiones tenidas se han ido cumpliendo.
La obra de Leopoldo Lugones, es según
la expresión de uno de sus críticos ''\•asta
y bella como una creación natural", o bien
"como una vasta serie panorámica de montañas.' 'I-Cn verdad,las que han atraído mayormente en esa encantada cordillera,

�.--=4_ _ _ _ _ _--=A=..Plt:c:.:E:..:C.=IA:..:Cc::.cIÓ:.=N

_ _ _ _ _ __

son, por el brillo de sus cumbres, por la riqueza de sus entrañas, por más de un misterio cabalístico o miliunanchesco, las
Montañas del Oro. Fijaos bien en las
otras alturas: hay amontonamientos de
rocas, entre las cuales históricas ruinas;
hay colinas fértiles, con pequeñas ciudades, jardines y quioscos ele arte; hay aglomeraciones clefábricas con chimeneas y casas de veinte pisos como las de los yanquis;
hay intrincadas y sabias arquitecturas,-y
abajo, la extensa pampa con sus bíblicos
ganados. Pero las Montañas del Oro, que
conocen bien tan sólo los simbades del castellano, montañas que consagrara la Primavera, y en donde tiene su palacio la Ju Yentud, digo en verdad que atraerán siempre a todos los buscadores de milagro y cateadores de poesía. ¡ A u reo, bravo, caro Lugones ! Vigoroso por temperamento, nutrido de los mejores saberes y remiso en toda
aplastadora apretura escolar, desde muy
temprano, supo apro,·echar el don, rarísimo si se mira bien, dela autocomprensión
y Yalorizamiento propio. Tal, por mayor
suma de aristocracias, se denunciara anarquista de los más encendidos. La violencia del color-¡aplaudido sea el profeta!fué ·con el tiempo comida por el sol, no

\

í

I

LEOPOLDO LUGONES
(Caricatura de R'
D
,os, e Nosotros. Buenos Aires.)

�6

APRECIACIÓN

sin que hoy subsista el nato combativo
caza- coronas y amigo de la república francesa, a pesar de las Españas ancestrales:
Antiguamente dedan
A los Lugones, L1111oms,
Por ve11ir estos varo11es
Del gran castillo. Y tenían
De Luna los sus blasollis.

Su geneología mental- ¡ por Dios, siempre descendemos, o ascendemos de alguien , y ha existido el Adán literario !-¿le
emparenta con cuales antecesores? pero
ning ún espíritu encuentro más fraternal
para el suyo, q ue el de Edgar P oe,- tant o en todo va b uscando su equilibrio nuestra balan za continen tal. ¿1\las, a don de no
llega la vista, a cualq uiera de los puntos
cardinales que se dir ija, desde la cumbre
de su s montañas?
L ist o p ar a t odos los combates, - ·apolíneo, hercúleo, perséico, dad dico, ello
trans mut ado en san gre neomundial, su
in iciación en el or den del Arte, queda como un acontecimiento en la hist oria del
pen samien to h ispan o-american o, y no un o de mis men ores org ullos el haberme
t ocado ser , en días floridos, A nquises de
t al Marcelo.
Todo conq uistado: renombre, respeto
y consideración en los propios patr.ios as-

APRECIACIÓN

7

?edrines, admiración y afecto entre sus
iguales. Todo, hasta el denuesto regocijador y la parodia plausible. Todo, menos
la verdadera comprensión de ciertas cosas
s~yas al lado de las cuales se ha pasado
sm penetrar lo que dentro se contiene.
Mas, ¿desde cuando es comunicado a todos el schiboleth?
L~ _ohra primigenia ~e tal hér_?e, cuyo
a11;á~s1s se~ para estud10sos y mmuciosos
c~1ticos, h~ceme pensar en las adolescencias proféticas, en una pérdida y encuentro, no en el templo entre los doctores sino en el bosqu~ entre los leones. Hay'aní
sob~etodo, u_n mfuso conocimiento de cosas rnme~onales que se han trasmitido a
través de mnúmeras generaciones, y que
hac~ vaga_~ente reconocerse, apenas, con
a~gun rans1mo contemporaneo, en un ráp1d_o choque de miradas, o en la similitud
de mterpretación de un gesto, de un signo, de una palabra.
Y a en 1~ tarea de ideas, revélase la inag?table mm~ ".erbal, la facultad enciclopédica, el domm10 absoluto del instrumento
Y.la preponderancia del don principal y dist~ntt:70: ~a_fue~za. ~ropaganda patriótica,
c~enc1a c1v1l, h1stona, cuento, enseñanza,
discurso ocasional, todo es pletórico, todo

�8

APRECIACIÓN

está lleno de Yital y Yiril fuerza. Verdad
que oiréis un son de flauta. en los ~repú~culos del Jarclín . . Acordaos ~e P?hfemo que canta Teócnto y Pom:;s111 pinta.
Y luego: ¿"Quid dulcius melle et qu1d fortius leone? ¿No habían Yibrado antes en
una lengua de potente amor Yersos capaces de encender estatuas?
No creo } o que en nuestras ~ierras de
Amúica haya hoy una personahda~ superior a la de Leopoldo Lugone~, q U1en a~te:, de llegar al medio def cammo &lt;;}e la nda, se ha le, antado ya mconmonble pedestal para el futuro monumento. Las
l\.lontarins del Oro, Los crepúsculos del
jnrdín, rr imperio jesuítico__ La guen?
"1t1&lt; ha Las fuerzas extnmas, Lunann
~entim~ntal, Piedras liminares, Didáctica, Prometeo. Odas seculares.*
Allá en la lejana Córdoba del Plata,
una anciana tiembla aún de temeroso gozo maternal. ¡Misia Custodia, qué nombre
el de usted, para ser llrrndo en la Catedral
de las glorias argentinas! ...
RIJBE~ DARIO.

-;-¡ñadimos: El l.i/Jro Jiel, Lu R,finna Educaáv11nl, Historia de
S&lt;1nnimto, El,&gt;JÚ&gt; de Am&lt;gkino.

EL PROBLEMA FEMINISTA

N

agente de disolución social tan
activo como el feminismo, que otra
vez más aparece en la historia marcando
un contraste de la civilización.
El fenómeno es conocido, en efecto, Cada crisis disolvente de las que sufren los
pueblos en determinadas épocas, para
transf.&gt;rmar sus conceptos y caracteres socia1es, presenta en el feminismo la expresión más grave de su trastorno. Como se
trata de revoluciones, la subversión inherente a tales movimientos parece materializarse en ese supremo absurdo de la mujer
igualada al hombre, contra toda razón y
todo interés natural, presentando al fin de
cuentas, como consecuencia forzosa, los
resultados constantes del unisexualismo:
la esterilidad y la corrupción.
Es conocido el método de perseguir la
lógica hasta sus últimas consecuencias,
para saber si opera comci instrumento de
la verdad. Es el método seguro, y el único
INGÚN

�___::_10=..___ _ __ _LE_OPOLDO LUGONES

además, como que en_ él. se aduna 1~ certidumbre o sea el cnteno matemático, a
la realid;d de las ciencias experimentales.
En ese desarrollo lógico estriba toda la
crítica filosófica, pues es, regularmente, el
fruto más positivo de la filos?fía.
.
Y bien: aplicando ese metodo al feminismo, pronto se obtiene el res_ultad? que
antes formulé, como consecuencia racional:
si las mujeres fuesen iguales a los ho~bres,
no existiría sino un sexo, y la especie humana se habría vuelto estéril. Ahora bien:
el amor estéril (porque el amor subsiste
dentro de la doctrina feminista) es la suprema corrupción, al constituir uri placer
sin la compensación del resultado que normalmente produce, o sea la procrea~i6n de
hijos. La mujer y el hombre, unificados
por la igualdad, formarían un m~nstruo, el
andrógino, o sea el producto típico en que
se complace la imaginaci6n enferma de l~s
decadencias. Lógicamente, pues, la doctrina produce una monstruosidad, lo cual es
harto significativo; porque si el método de
la finalidad lógica reviste el carácter q~e
más arriba le atribuí, ha de haber tamb1en
en ello una realidad experimental.
Es, en efecto, lo que ccurre. Cada_ crisis
feminista ha coincidido en la historia con

EL PROBLEMA FEMINISTA

11

una crisis de esterilidad, lo cual asimila
desde luego el feminismo a la prostitución.
Cuando la mujer honesta abandonó en
Grecia el gineceo para entregarse primeramente a las c9mpetencias del lujo callejero
con las cortesanas, y frecuentar después
las escuelas de los filósofos, los conciliábulos de la política, en virtud de derechos inh_erentes a su pretendida igualdad, ya teorizaba con los mismos argumentos de
ahora, la civilización griega sucumbió en
la ~~ble .~st~rili~~~ de la materia y del esptntu. ¡S1 pudteramos tener hijos sin
mujeres!", sería la última exclamación de
su pesimismo. No los tuvieron, porque las
mu1eres habían empezado por querer tenerlos, confiando a las esclavas la función
m~terna, así degradada en reproducción
animal, y con ello perdiéronlo todo: libertad, patria, honor y genio. Hasta el genio,
que foé a esterilizarse también en la aridez
de la retórica alejandrina.
La inmensa Roma viril de las conquistas había de ver repetido el fenómeno. La
matrona abandonó el hogar para lanzarse
al lujo de la calle, cuyo tono, hoy como
ayer, lo ~ió siempre la cortesana. De eso,
f~~ a la literatura, a la filosofía y a la poht1ca, con los mismos argumentos actuales

�12

LVOPOLDO LUGONES

sobre su igualdad y su derecho. Ju venal
lo expuso en sus sátiras, como lo había
hecho Aristófanes en sus comedias, y estos
documentos adquieren de nuevo la ª:tuali;
dad más completa. La consecuencia fue
que las matronas renunciaron a la epónima
tradicional maternidad. Y Roma se hondió
en la iniquidad, en la sangre; vió rebajarse
su espíritu en la retórica: dejó de ser.
El espantoso cataclismo medioeval que
tiene su fórmula histórica en los terrores
del Año mil, foé, ante todo, una crisis de
maternidad. El aborto y el infanticidio
disminuyeron la población de Europa hasta acabar con ciudades enteras. El Tíber
llegó a convertirse en un inmenso pudridero con los cadáveres de los párvulos •
arrojados en él. ¿Y qué era? Que la corrupción de Bizancio, con el ejemplo de
sus princesas literatas y adobadas por todos los artificios de la perfumería oriental,
practicada en un laboratorio inmenso donde la química más sutil se cerraLa en un
misterio de santuario, por Zoe, la emperatriz, aquella lujuriosa dídima de las cróni cas-era que eso, dije, se había propagado
por el Occidente con el ~fecto habitual.
Corrupción tan espantosa causó el secular
desangramiento de las Cruzadas.

Et PROBLEMA FEMINISTA

18

Repetición del fenómeno, en significativo sincronismo con _las grandes guerras, y
la profunda corrupción, y la espantosa iniquidad del Renacimiento. Florencia y Venecia,. aquellas Atenas medioevales, sucumbieron de eso. Edad de tiranos, de
lujo, de esterilidad y de retórica. Es el
momento en que las lenguas romanas tanto perc\ieron con la pedantería humanista,
como tn el anterior ciclo medioeval, la crisis intelectual consiguiente se caracterizó
por el abandono definitivo del latín y la
adopción de los dialectos bárbaros en que
se había descompuesto.
.
. Nueva crisis de feminismo como principio y fin de la Revolución Francesa. Damas que abandonan el hogar por el lujo
de la calle, por la literatura, la filosofía, la
política. Dos cortesanas que hacen política,
señalan, efectivamente, el principio y el fin
de aquel sangriento período: madame de
Pompadour y Theresia Cabarrús. Aquella
saludable catástrofe que señaló el principio
del fin a la civilización monárquica, o sea
al último ciclo cristiano, se repite, por lo
que concierne al feminismo, en la crisis
presente, con asombrosa fidelidad. Y desde
luego, en su rasgo más característico: la
esterilidad, sugerente de las mismas la-

�14

LEOPOLDO LUGONES

mentaciones, diagnósticos y remedios que
en el siglo xvn1. Son, efectivamente, aquellos dos países donde la mujer es más dueña y está más orgullosa de su personalidad,
los que presentan la natalidad más pobre:
Francia y los Estados U nidos.
Observamos, entretanto, como su útil
recapitulación, que el feminismo ha preludiado y acompañado siempre a las crisis
sangrientas con que acaban las civilizaciones. Así en la civilización griega, en la
romana, en la feudal de la primera edad
media, en la comunal que la sucedió, en la
monárquica finalizada con la R evolllción
Francesa. La ley es constante, como se ve,
para el mundo greco latino, y se repite
con progresiva frecuencia, porque la aceleración de los ciclos históricos es una
consecuencia del progreso generc,l. Así
nuestra sociedad vuelve a encontrarse e n
el mismo estado que la sociedad de la Revolución.
Esa constancia del fenóme no, es significativa y comporta una prueba de suyo,
hasta que la contraprueba la convierta en
demostración.
Los éxitos de la civilización que los pueblos disfrutan en la prosperidad y en la
paz de las ideas, coinciden a su vez con el

EL PR.OBLEMA F.tMI_N_IS_TA
_____
15'---

estado exclusivamente doméstico de la mujer. La madre de familia, que no es tan
sólo la productora de hijos, sino principalmente la formadora de hombres, resulta,
en efecto, el elemento más importante de
la sociedad de la civilización. Más importante que el hombre, porque sin ella no
hay hogar ni patria; tampoco existe para
ella ni es posible que exista condición más
alta sobre la tierra. De aquí que su permanencia en ella, caracteriza las civilizaciones felices: aquellas e.n que el miedo de
1~ vida inse~ura no _suprime el goce superior, la heroica ple01tud de las posteridades numerosas. Así, cuando las civilizaciones son más robustas y más amables,
c~ando aseguran a todos con mayor eficacia el encanto y la utilidad de la vida, la
mujer hállase reclusa en el gineceo griego,
en la casa romana, en el castillo medioeval, en el inviolable domicilio hidalgo. Allá,
como la semilla oculta, está renovando la
patria que así viene a constituir una emanación de su ser, pues en su seno fecundo
y en su enseñanza, fórmanse los héroes,
los trabajadores, los pensadores que engrandecen y que ilustran la patria. Ocupada como las plantas nobles, de florecer y
de fructificar, cualquier otra misión resul-

r

�16

LEOPOLDO LUGONES

taríale inferior y absurda. Por esto, ella
misma la -prefiere y busca, y se enorgullece
de estar colocada así, mientras no la per turba el desorden de próximas cat ástrofes.
Que entonces, · cuando en vez de su libertad femenina equivalente a un reíno, el
reíno del hoge1r, donde tie~e como todo
soberano el deber, dijéramos constitucional
de la residencia; cua ndo en vez de esto,
quiere la libertad del hombre, abdica; y
así caída de su maj estad natural · en nna
condición aj ena, su destino conviértese en
esta triple fatalidad: o la mala ~adre, ese
monstruo; o la solterona, esa víctima lamentable; o la cortesana, esa alimaña venenosa.
En esta degradáción va implícita la ruina de la patria y el horror de la guerra.
Porque el hombre, o sea el defensor de la
patria que su compañera forma y renueva,
el guerrero, el eterno combatiente, no es
sino un bárbaro primitivo cuando le falta
su dama. Es ella, la reina de la casa, del
"domus" antiguo, la "domina", la ''dama"
nuestra, quien ''domestica", en efecto, y
"domina" la fiera siempre despierta en el
combatiente, pero también, por la misma
razón, quien la instiga a toda ferocidad: la
responc:able de toda guerra, porque sólo

EL PROBLEMA FEMINISTA

17

por ella, por su a mor, pelea el hombre.

La guerra bajo todos sus aspectos, operación táctica de ejé rcitos, revoluciones
políticas, huelgas, atentados anárquicos,
obedece siempre a este móvil recíproco en
los adversarios: tentativa de uno que quiere aumentar su haber con el haber de otro,
y ~esistencia de este último a dejarse despoJar.
Mas ¿para qué quiere ese haber el hom•
bre? Para engrandecer y embellecer su hogar, que sin la mujer no existiría. Porque
es ella quien ha exigido para asegurar el
éxito de su misión materna, la civilización
estable del hogar. Y la pareja re pite, aun
en los mayores refinamientos de civilización, el estado de la caverna primitiva: ella
es quien se q ueda dentro, el elemento permanente ~e civil ización útil que empiez~
con la cocina, y de estética caracterizada
en el arreg lo del rudime ntario menaj e; él
es quien sale y comba te para asegura r la
existen cia común: el que vuelve con la
presa. Faltá rale a quel estímulo de estética
y de bie nestar, y nu nca dej aria de ser un
cazador salvaj e.
E l objeto adquisit ivo de las g uerras, es
la apropiación de b ie nes desproporcionados
con las necesidades de los ·gobernantes y

�18

tEOPOLDO LUGON'ES

jefes que los aprovechan, en cua?to e~as
necesidades provienen de sus ex1genc1as
personales; pero no cuando se tr~ta ~e
satisfacer el lujo que es una ex1g~nc1a
femenil. Para esto quiere el hombre riq~ezas desmesuradas, y así es como la mu3er
resulta la responsable de la guerra. E l
sólo, para él mismo, contentaría.se con ~uy
poco. Su civilización sería rud1m~ntana Y
sobria. Es la mujer quien le estimula al
bienestar y a la belleza, nunca d&lt;:genera dos en pasión exhibicionist_a, en lu30, cuando ella sabe limitarse al reino de su ?ogar.
EntoÓces basta al hombre el traba30. N o
necesita combatir, o sea volv~rse por u_na
exageración de su ~nergí8:, violento _e injusto. Cuando la muJer exa3era sus exigencias, el trabajo normal que es un encanto
solidario, no basta. Sus frutos resultan escasos o tardíos. Y entonces los reemplaza
el despojo que exige combates.
Cuando el patrón obstinado y cruel que
se niega a aumentar. en unos cuantos cen tavos el salario bien miserable de sus obreros, nos dice que no pue~e, esta declaración no expresa un imped_imeoto P:rsona~.
El sabe que sus obreros tienen razoo, qu~ zá le conmueve aqutl reclamo d~ la_ m~seria. Pero si cediera, su venta d1smrnm-

EL PROBLEMA FEMINISTA

19

ría, y con ella el presupuesto de su hogar,
que es opulento, mas no cómodo; porque
las exigencias de la sociedad donde actúa
son cada vez más tiránicas, no sobre él,
sino sobre su mujer, sobre la reina que nadie ni nada debe atreverse a tocar. El se
sacrificaría, pero es incapaz de sacrifica.ria
a ella. Y entonces, no queda más que la
g uerra sin solución posible, porque su causa no está en el patrón atacado; en el res
ponsable visible de la iniquidad, sino en
una influencia más fuerte que la suya.
Así la guerra social en que estarnos com
prometidos, tiene por· causa y por respo11sable a la mujer. -Es su abandono del
hogar el origen de todos esos males, por9ue la echa a las competencias del lujo, al
JO~electualismo, a _la política, a todas las
exigencias insaciables con que pretende
substituir, sin conseguirlo nunca, la verdadera superioridad de la condición abandonada. Es que la mujer no resulta inferior
al hombre porque sea desigual a él. Repito
que, al contrario, es superior como elemento social, puesto que representa la
estabilidad, el bienestar y la estética de la
civilización. Su error está en que se compara, y en que así comparada, resulta inferior al hombre intelectualmente. Pero el

�20

LEOPOLDO LUGON"ES

hombre, a su vez, resulta inferior a ella en
otras cosas. El feminismo no revela, así,
sino la ignorancia femenina en filosofía y
en historia. La lógica nunca fué un tesoro
femenino; y en cuanto a la historia, desdeñada por una pedagogía excesivamente
racionalista, como asignatura mnemónica,
representa la gran deficiencia de la cultura
contemporánea. Si las mujeres supieran
historia, advertirían que el feminismo es
uoa doctrina de infamia y degradación.
Atendamos, en tanto, una objeción que
hace rato formularon las lectoras de estas
líneas.
La igualdad que el feminismo pregona,
no es la de los sexos, sino la de los derechos inherentes a la condición humana. Y
así la esterilidad deducida como una consecuencia del sexo único, es un sofisma.
Queremos que la mujer se iguale al hombre, pero sólo como e ntidad jurídica.
Desde lu ego, insisto una vez más en la
esterilidad efectiva que coincide con las
épocas del feminismo; en el menosprecio
de la maternidad, que el intelectualismo
femenino comporta; en el abandono de la
maternidad que ocasiona el lujo. Es que
todas esas, son formas de egoísmo, mientras la maternidad significa una generosi-

EL PROBLEMA FEl!INl8TA.

2L

da? supr~ma. Belleza, seguridad, salud,
q u1~tud, lib~rtad, los mejores encantos de
la vida ego_,s~a, todo lo sacrifica la mujer
madr~ al d1v100 dolor de fructificar para la
es~ec,e, _con ~a ~ta frecuencia, ay de mí,
baJo el nego umco de las lágrimas.
Pero es que al reclamar la igualdad de
derechos, sólo se piensa en ellos abstractamente: ~orno si fueran una cosa que la ley
puede dispensar "ad libitum'', o los deberes humanos ejercer y disfrutar sin atención ninguna a sus diversas condiciones.
Nadie ignora que sucede precisamente lo
contrario. Los derechos son una consecuencia de aquéllas, provienen del carácter
moral, )ntelectual, fisiológico, que reunidos
determinan a su vez la actividad normal
d~ los individuos; de manera que una actividad normal distinta de la masculina, ha
de engendrar y exigir también distintos
derechos. Y es lo que pasa. No basta la
condición ~umana, pues los niños la presentan, y sin embargo, no tienen los mismos derech0s que el adulto. Al contrario,
cuanto más c\istintos sean al hombre y
la mujer más profunda resultará la armonía social, más agradable la vida en común, y más fecunda sexualmente hablan.
do; pues la acentuación del dimorfismo

�22

LEOPOLDO LUGONES

sexual estimula la inclinación mutuamente
complementaria que recibe el hombre del
amor. Cuanto más hombre sea el hombre,
y más mujer la mujer, más robusta ha de
resultar la pareja y más intensa la atracción que la ha formado.
Esto nos lleva otra vez al fondo de la
cuestión práctica, que no es, como va vién•
&lt;lose un mero desarrollo lógico. Es precisamente una feminista quien lo ha demostrado hace poco, por medio de un libro
poco &lt;lifor.dido, aunque a la verdad interesante. La señorita Arria Ly &lt;lió mucho
que hablar h vez pasada con motivo de un
desafío lanzado por ella a lln periodista,
con todas las reglas masculinas del caso,
dos padrinos, o mejor dicho testigos, para
eludir con el común de dos la necesidad
un tanto irónica de decir madrinas, pues
se trataba de &lt;los señoritas; pistola o espa da, a elegir; acta y sangre.
Como el provocado no aceptara, la señorita hubo de abofetearle en público, aunque sin mayor éxito a los efectos del lan ce; pe.ro lo más interesante en esto no es
el desafío mismo. Desqe el ya clásico con
que se disputaron a puñaladas el amor de
Filipo de Macede,nia, Olympias, madre de
Alejlndro, y otra princesa degollada por

EL PROBLEMA FEMINISTA

23

aquélla en el lance, los duelos femeninos
son cosa vista. Menos frecuente es el caso

de la señorita Ly, si b ien existe, en literatura al menos, 'el clásico de Clorinda.
Pero repito que no es esto lo interesante,
sioo la causa del incidente, o sea una crítica adversa a cierto libro de la señorita
Ly, titulado de esta significativa manera:
"¡Vive Madernoiselle!" Fácil es adivinar la
tesis: el matrimonio . es una desventaja para la mujer. El estado de señorita es su perior al de señora; y en cuanto al porvenir de la especie, no es cosa que deba
preocupar a las mujeres, ''víctimas" de la
maternidad. Esta consecuencia egoísta y
epicúrea, coincide, como fácilmente se echa
de ver, con la propaganda crist:iana de la
virginidad, que la iglesia decla·ra estado
superior al materno; pues toda doctrina
co ntraria al desarrollo normal de las condi~iones naturales de los sexos conduce
fatalmente a la esterilidad. El cristianismo
proclamó también, en teoría a lo menos, la
ig ualdad de la mujer....
En cambio, el libro en cuestión tiene el
mérito de la franqu eza y de la lógica: descubre la última consecuencia del feminismo, o sea la monja laica, todavía más quimérica que la antigua amazona, pues ni

�24

LEOPOLDO LUGONES

siquiera entiende que el sentimien~o del
honor, tanto como sus consecuer etas sociales, son cosas distintas en el hcmbre y
en la mujer. Las amazonas guerreras, las
Clorindas, . las Ju a nas de Arco, las rusas
exterminadoras de Sacher Masoch, en dos_
palabras: los marimachos soldadescos, las
"varonas", sólo interesan al sentimentalismo degenerado de ciertos histéricos; pero
la feminista es una plaga general, un elemento de corrupción, que si ayuda, ciertamente, a disolver esta civilización cristiana tan poco apetecible, resulta intolerable, sin embargo, al comprometer con su
desvarío el desarrollo normal de la vida,
o sea la propia condición fund,1mental del
mejoramiento futuro. So origen y hasta su
consecuencía son cristianos, vale decir, retrógrados en su aparente audacia revolu ·
cionaria.
Pero la literatura feminista acaba de
enriquecerse con otras dos obras, si bien
de muy diversos caractere~, móviles y propósitos. L:1s memorias de la princesa Luisa de Sajonia, lanzadas hace algunos meses a la publicidad, y las actualísimas de
doña Eulalia, infanta de España. ·
Inútil añadir que lo menos interesante
de estas producciones, es para mí el es•

EL PROBLEMA FEMINISTA

25

cándalo, después de todo me9iocre, pues
en esta capital de la revolución, no hay
cosa más {;ulgar que una princesa destornillada. Lo cual ya es de suyo un triunfo
sabrosamente revolucionario. Un destino
trascendental en su aparente ligereza, hace
que París sea el quebradero de las monarquías, el sitio donde la gente de sangre real
viene a exhibir todos los vicios y las bajezas, La compostura y la dignidad han quedado para los plebeyos jacobinos de la re
pública. Así también, entre nosotros, no
está abajo, en la capa directamente limítrofe, la supervivencia de la indiada.
Los seudo libros principales tienen una
importancia indirecta pero grande para el
asunto, al comportar dos rebeliones en el
seno de esas familias inmóviles de la monarquía, donde, naturalmente, el dogma
de obediencia que esa forma de gobierno
representa en su plenitud, impera absoluto. Como ejemplo, será indudablemente
nefasto para todas las mujeres chifladas
de aristocracia, que viven de imitar en las
princesas lo más fácil y vistoso, o sea las
malas costumbres; pero dichas damas no
merecen una profunda piedad.
Sucede lo mismo con las casas reales,
donde todos los sentimientos, empezando

�26

LEOPODO LUGONES

por aquellos más nobles, hállanse subordinados a las conveniencias de la política,
haciendo de tales familias despreciables
raleas cuyos mismos dolores son farsas
indignas de compasión. Lo que interesa,
como digo, en aquellas aventuras, es la .
rebelión inherente, o sea el procaso interno
de destrucción que revelan en las dos monarquías más reaccionarias de Europa: las
dos casas cuya unión representó durante
el auge absolutista el máximo poderío.
Algo quiere decir, sin duda, que la princesa real de la beata Sajonia, una Hapsburgo-Borb6n, y de los ultra-reaccionarios
Borbones de Nápoles, se eche a arrastrar
por media Europa, en un escándalo periodístico, el honor de su marido y de su familia con el vengativo cinismo de una
criada despedida; así como que una infan ta de España salga declarándose ''feminista rabiosa", socialista y enemiga de la
Inquisición, aunque luego se retracte para
no perder la pensión que la sirve su necesitado país, por el trabajo de haber nacido
pr10cesa.
Pero ello significa algo más: que ninguna mujer, por reina que sea, puede liberarse sin escándalo de la tutela del hogarTodos esos libros son, antes que nada,

KL PROBLE\lA PEMINISTA

escandalosos, y en ello estriba su deplorable valor; .pues de lo contrario, apenas
habría nada menos interesante que las calav~r~das de la princesa de Sajonia y el
feminismo de la 10fanta de España.
Revelan estos actos una cosa más importante aún: la extensión de la calamidad
que se ha infiltrado por do quier y que
t~do lo corr?mpe, imponie_ndo con urgencia la necesidad de correctivo. Ello requiere, ante todo, la acción de las mismas
mujeres a quienes es necesario revelar
claramente la falacia de semejante empresa; pues una apreciación superficial puede
presentárselas tolerable, a título de mal
entendida solidaridad.
Los países jóvenes y ricos deben evitar
en lo posible toda emigración de las enfermedades que sufren estos más antiguos,
como resultado de la miseria y del desgaste. Su juventud y su anhelo de progresar, suelen arrastrarlos a una imitación
excesiva que no discierne entre lo provechoso y lo nocivo, sacrificando, en ocasiones, excelentes pre.odas nativas a novedades de dud~s~ ~tilidad. Tal, por ejemplo,
esa cultura 1hm1tada de la mujer en establecimientos preparados para los hombres,
o sea la apertura de las enseñanzas secun-

�28

LEOPOLOO LUGONES

daria y superior, sin reflexión rrevia, por
inercia, por imitación, por defi~tente apreciación de lo que es la ver.dadera cultu:ª·
Desde luego, el acceso d: nues~ra~ muJeres a la ilustración masculrna, co10c1de con
una visible deficiencia de su ~ducación.' co!1
un desborde espantoso de luJO y con 10cl1naciones callejeras cada vez más desarrolladas. Estos son, en todas partes, los
prodromos de la esterilid~d, las causas
esenciales de toda corrupción. Sal-v:o excepciones rarísimas, el ho1:1bre sa_cnficará
siempre al lujo que su mnJer le p~da to?o
principio moral; de tal manera es tmpenoso en él el in stinto de proteger y agradar
a su compañera, la formadora y conservadora del hogar. He dicho y~ que _tº?ª la
ambición masculina de ennquectmtento
proviene de ahí, y por_ e_ll?, el supremo ?r•
gullo del rico es la exh1b1c1on de una muJer
lujosa. Del propio i:1?do, el esfu~rzo por la
gloria, por las pos1c10nes ho~onficas, persigue como supremo coronamiento, aunq?e
más o menos indirecto y obscuro, la satisfacción de ser algo ante una mujer. Así
es ella quien nos civiliza ~ n'?s degrada, a
costa, sin duda, de un sacnficto como lo es
para ella el amo~; pero esta es la. ler de
justicia sobre la tierra: no hay supenondad

EL PROBLEMA FEMINISTA

29

que no exija un sacrificio correspondiente,
y aquélla es la primera entre todas. Así, la
misma alternativa compensadora que constituy e la vida de las cosas y de los seres
la ley suprema, puesto que a ella nada escapa, está ense ñándonos la quimera del
egoísmo que pretende hacer de la existencia un continuo goce: subordinarlo todo a
la satisfacción individual.
Ahora bien, el organismo de la mujer,
constituído ante todo para la maternidad,
es egoísta de suyo, al resultar, así, absorbente, centrípeto, eminentemente conservador. Desde el movimiento instintivo de
la defensa, el hombre opone sus brazos al
peligro: la mujer los aprieta so~re su seno.
Luego, la envidia que constituye la crisis
negra del egoísmo, constituye una afección
bien femenil; y no es difícil percibir sus
efectos en la pretensión feminista de la
igualdad con el hombre: todos los derechos
de é,,te, pero también todos los de la mujer. Con poco esfuerzo probaríase, entretanto, que los derechos masculinos son una
consecuencia del destino combatiente del
hombre, de su condición de guerrero; precisamente de aquello que la mujer no será
jamás por imposibilidad física; pero no
hay, por ahora, tiempo para demostrarlo,

�30

:EL PllOl3LEMA FEMINIS'l'A

Ll!OPOLDO tt1GONl:S

y cualquier persona inteligente sabrá hacerlo, por lo demás, si le interesa. U nicamente quiero advertir que para mí esos
derechos no son, como suele afirmarse, una
compensación del servicio militar. El hombre es el eterno combatiente de la libert~d
y de la justicia, y por ello el organizador
de ese combate. En esto consisten sus
derechos y para esto son. A la mujer incumbe custodiar y convertir en bien privado la justicia y la libertad que ha conseguido el hombre.
No extrañe el lector si en vez de una
crónica sobre el feminismo y sobre las memorias de las princesas he preferido hacerle la filosofía del asunto. Aquéllo érame
más fácil; pero entiendo que esto resulta
más útil. El escándalo no interesa a ningún esplritn recto; y tanto esas memorias
de damas aristocráticas como las ridículas
comparsas de "suffragettes", son esc.:ándalo
liso y llano. Eso es lo que hace ruido, lo
que se oye y puede parecer por lo mismo
fruto de porvenir. Error profundo. Allá en
el silencio de sus hogares, millones de ma•
dres silenciosas y fecundas como la tierra
útil, son las verdaderas autoras del porvenir que aseguran prolongando la vida.
Ellas no hacen ruido, ni teorías, pero ha-

31

~en _h_ijos, que es mejor. Pueden decir con
JUSltcta que_ cada una de esas vidas inteligentes equivale a muchos libros; que con serv~r una patria y formar una raza, es
más tmpo_rta~te que constituir gobiernos y
mandar eJércttos; que aun siendo inculta y
g rosera, vale más la fecundidad de una
madre 9 ue la producción intelectual de
una doctora, porque las doctoras son reemplazables por los doctores, mientras sin
madres deJa de existir la patria.
Pnrls.

1912

�EL PROBLEMA

NUEVAS VICTIMAS DEL ORDEN

C

OMO era de esperarse, la reapertura de
las sesiones parlamentarias, no obstante su desusada solemnidad, puesto que con
la primera ha entrado la _l~y de la autonomía
irlandesa en su fase dec1s1va, hubo de contar el inevitable incidente sufragista, si bien
provocado esta vez por los dipucados ~onservadores. Las intrépidas propaga~dt?tas
del voto fe menino, eviden temente eliminadas por la coladera polichl, no tuvieron
ocasión de exhibir sus energías. Pero ellas
andan manifestán&lt;lose por esas calles y paseos, con la agresiva vivacidad de cost u~bre. Esta persistencia, comunica al m~v1miento un carácter de seriedad que es imposible desa~ender y que ciertamente 1,e
1
asegura el triunfo, tan luego c~mo un po,_t·
tico inteligente comprenda su 1mporta~c~a
re(J'eneratriz ante el progresivo desprest!g10
del sufragio. Aquí está la coyuntura favo·
rabie que un día u otrJ convertirá_ en ley
esas aspiraciones, comportando, srn duela,
el desengaño habitual, pero señalando tam·

FEMINISTA

83

bién con ello la adhesión de tales energías,
hoy extraviadas, al gran movimiento de
transformación social cada vez más emancipado de la tramoya política. Cuando vot~n las mujeres que desean votar, adquiriendo, así, la experiencia negativa del voto,
pues ello es inevitable, su esfuerzo dejará
de gastarse en la rotación de ese volante al
vacío, y su descontento, bien expl icable a
decir verdad, engrosará la imponente masa
cuya resistencia pasiva aisla paulatinamente a los gobiernos en un círculo vicioso de
impotencia y de inutilidad.
Entretanto, cometen desórdenes, embarrullan, comprometen la quietud de los pri.
vilegiado~; y mientras éstos llegan a comprender el precioso refuerzo que esa nueva
masa de electores comporta en su misma
aparente hostilidad, el castigo suministra a
la causa los mártires necesarios rodeándola
de la simpatía que suscita como una protesta natural, todo esfuerzo injusto o excesivamente perseguido.
Así sucede con las sufraguistas condenadas a trabajos forzados por tentativa de
incendio y vías de hecho contra dos ministros, sentencia excesiva, como todas aquellas que ca, tigan intenciones, y agravada
hasta la crueldad por la alimentación forza-

�34

L EOPOLDO LtrGONES

EL PROBLEMA FEMINISTA

sa de los reos, decididas a hacer la huelga
del hambre, mientres no se las traslade de
la prisión donde están mezcladas con asesinos y prostitutas.
Tratándose de gente honesta, condenada
por delitos de opinión, aquella ide.ntidad
con semejantes perdidas, es atroz y deses·
perante. Pero los defensores del ord~n, no
sabeo ni pueden distinguir. La rebelión es
para ellos el crimen supremo, sobre todo
cuando alardean de demócratas y campeones de la justicia social, no habiendo, como
es sabido, cuña peor que la del mismo palo.
Agentes de un dogma que estab_lece la
diferencia social y política de la muJer por
imoo~ición de obediencia, no como resultado· natural de una conformación dis~inta,
niéganse a ver en este movimiento,
extraviado sin duda, una consecuencia
de la iniquidad social y como de ésta
viven y prosperan a fuer de g o l.,ernantes,
castigan como rebelión contra un orden de
cosas para ellos naturalmente ventajoso, lo
que no es sino uu fenómeno enfermizo de
aquella misma iniquidad.
El hogar desordenado por la explotación
\ capitalista de que los g obiernos son humildes servidores, ha lanzado al mundo una
enorme masa de mujeres, las cuales, subs-

traídas a la maternidad y al trabajo doméstico, que en toda sociedad bien organizada
compensa la actividad exterior del hombre,
asegurando la estabilidad de la familia así
constituída, por el rendimiento equivalente
de uno y otro sexo, afirman su derecho a la
vida, siquiera sea defectuosa y antisocial,
ejercitando actividades anormales, desde
que presuponen una COfT!petencia artificial
con las masculinas. Este desarrollo unilateral de las energías humanas, es la causa del
desequilibrio que nos trastorna. Fuera necio pensar que la mujer, llamada a instruirse, no aplicará al mejoramiento de su vida
los resultados de aquella instrucción. Cuando el destino de los sexos se completa en la
integración de la familia que imperiosamente tienden a constituir, la mujer aplica
esos co11ocimientos al desarrollo de su actividad normal: quiere instruirse para ser
mejor esposa y mejor madre. Alcanzado este objeto, nada más desea; pues el concep•
to de la felicidad, estriba para cada ser en
el desarrollo normal de sus actividades. El .
hombre procede, necesariamente, del mismo modo. Y así es como la determinación
recíproca de los sexos en ei desarrollo de
sus actividades peculiares, somete toda la
vida humana a la ley de amor cuyo impe •

85

�L'EOPOLDO LUGONSS

rio constituye la dicha individual y social
en un común resultado de armonía. Fuera
de esto; no hay sino egoísmo y esterilidad:
vida inútil, como lo es toda fuerza obligada
a actuar en círculo vicioso. La mujer com petidora del hombre, es un contrasentido,
según lo demuestran las mismas consecuencias de esa pretendida emancipación. E l
movimiento feminista, blasona de hostilidad contra el hombre, el aislamiento sexual,
la capacidad quimérica de vivir sin su con •
curso, es decir, el suicidio de la especie co mo término de tan absurda evolución.
Pero la superioridad de la especie
humana, consiste en que ella es voluntaria
y racionalmente capaz de vivir para un
ideal desinteresado, en ese sacrificio permanente del bienestar individual a la feli cidad colectiva, que es el fundamento del
progreso social. Así vive la mujer para el
hijo y el hombre para la patria; así es como
únicamente pueden ambos vivir, en el concepto humano de esta palabra, sin estar
sometidos a la fatalidad del instinto. Por lo
mismo que el ser humano puede, con su
voluntad y su inteligencia, modificar el re•
sultado de sus actos a semejanza del animal, la diferencia entre éste y aquél es
absoluta. De ahí proviene la responsabili-

EL PROBLl!MA

FE:lfl_N_rs_TA=------=3:.:..7_

dad_ en cuya virtud somos provechoso~ o
nocivos a la -especie, según sacrifiquemos
o no a las satisfacciones egoístas nuestra
propia actividad.
La suciedad actual padece y se desmorona porque ha erigido en ley suprema el
egoísmo. El error del movimiento feminista, estriba en la creencia de que la emanci pación impuesta a la mujer, su expulsión
del ho~_ar mejor dicho, la d_esíntegración de
la famdn engendrada por una explotación
feroz, comporta un progreso. La mujer que
acepta ese resultado y lo fomenta y propaga ~orno un bien, autoriza su propia degradación. Mas fuera soberanamente injusto
echar sobre ella sola toda la responsabilidad. Ella es, por el contrario, la menos resP?nsable. No ha hecho más que seguir el
eJemplo pernicioso del egoísmo masculino,
aceptar las consecuencias de una situación
que no ha creado. Al faltarle el hogar y el
hombre, su vida carece de objeto. Entonces
en tra a competir en el único género de activid~d que le resta. La ley del egoísmo,
que impera con terrible simplificación, ha
convertido el mundo en un inmenso rebaño
de siervos explotado por unos cuantos pastare~. Hogar, creencias, esperanzas, están
sacrificados a la ley inexorable de vivir a-

�38

EL PROBLEMA FEMINI_ST
_ A_ _ _ _ 39

LEOPOLDO LUGONES

quellos como las bestias de labor, costeando ·con un máx1mun de actividad una existencia reducida al mínimun de las satisfacciones puramente orgánicas, para que los
otros, los privilegiados, gocen correlativamente hasta un exceso nunca visto. Y la
mujer ha caído víctima de esta fatalidad,
como que al no existi_r hogar, creencias ni
esperanzas, su divina misión de fecundidad
y de consuelo, concluye sobre la tierra.
He aquí otro de los grandes crímenes del
orden que los gobiernos representan. pues
aquél consiste, como es sabido, en el sostén
de los privilegi-J s cuya subsistencia determina la constitución de la sociedad actual.
La mujer arrojada de ~u paraíso conviértese en el elemento de disohci6n y de dolor
que preveía la terrible leyenda; entonces el
demonio del orden, monstruo de egoísmo,
corno que es la expresión y el guardián
celoso de aquella calamidad, castiga en la
pobre extraviada las consecuencias de su
propio crímen. La encarcela y martiriza en
esta Inglaterra de los gentlemen, en esta
tierra de libertad, en esta patria de aquel
único William Shakespeare, 'ª cuya dulce
magia eternizáronse en belleza el amor y la
piedad, que personifican como suaves perlas de dolor Oesdémonas y ulietas.

J

Estúpida como siempre, la bestia autoritaria empéñase todavía en justificar la empresa quimérica, en agrandar el abismo de
aisla:n iento que separa los sexos y va convirtiendo la sociedad en una casa de fieras,
inferiores a aquellai; mismas del bosqt.ie.
Porque leones y tigres están sujetos a la ley
de amor, renegada por los humanos como
si fuera un principio de esclavitud, un consenti miento de oprobio. No comprende que
en esa aceptación de su aislamiento, la mujer
som étese todavía a la fatalidad de las instituciones tiránicas, que esa lucha por los derechos políticos P.S un acto de fe en la miserable comedia parlamentaria, una alianza
implícita con el ord~n; y lejos de apreciarlo así, empéñase en desengañar a la víctima,
en precipitarla hacia los desenlaces que no
busca y que están naturalmente fuera del
orde n como todas las actuales aspiraciones
de libertad.
.
Yo no soy un feminista, desde luego.
Entiendo que esta doctrina, lejos de procurar la dignificación de la mujer, sistematiza
el desalojo de su posi : i6n augusta, obligándola a entrar en competencias imposibles
cuyo res.ultado es la corrupción y la miseria.
Por lo mismo que le atribuyo una importancia tan grande, como que sin ella no

�40

LEOPOLDO LUGONES

hay a mi modo de ver, familia ni patri~, su
pretensión de convertirse en una especie de
semihombre, inferior desde luego a su de
chado masculino, me parece la más deplorable de las quimeras. Conforme en que lu che por mejorar su lamentable estado per?
de acuerdo con el hombre que padece analoga. injusticia, y no para áejar de ser mujer, sino para serlo conforme a la l~y de :a~,
monía natural violada por una sociedad tnlcna. El feminismo es una enfermedad socialun mero agente de destrucción. La mujer
no padece por falta de igualdad ni de_derechos políticos que el hombre posee sin ser
más fdiz con ello. Lo que causa su desve n
tura, es, por el contrario, la igualdad· an ~e
la miseria, ante los trabajos de competencia
masculina, ante deberes que no le incumben.
Cuando ella trabaja en el hogar, como esposa y como mad~e, ha ce ~a _parte de la??r
que le concierne, en su max1ma expres1on
de rendimiento útil; porque el hoga r así formado, es el fundamento de la civilización y
de la patria. Sus derechos son de carácter
interno, por que no le compete la vida exterior. Pero en su santuario cerrado, ella
gobierna, que es decir, dirige, con tanta
eficacia como el hombre. El hogar es más
necesario que el parlamento, porque sin

- - - - - -41-

EL PROBLEMA FEllIINIST4

parlamento se puede vivir, pero sin fami-

lia no.

Mas con esto no se niega a la mujer el
derecho de discutir. Como todo ser inteligente, la libertad· de pensar, de propagar,
de equivocarse· también, que sólo errando
se aprende a ~alir del error, es inherente a
su condición humana.
De aquí que toda violencia contra ese
derecho, merezca la más enérgica condenación. La Iucha por la libertad, es respetable
hasta en sus mayores extravíos pues la aspiración que la engendra existe en todos los
corazones como un gérmen de distintiva nobleza humana; y después de todo, la mujer
no deja de ser tal por el hecho de querer
con vertirse en hombre.
El gobierno liberal, que tolera ahora mis.
mo la incitación a la guerra civil predicada
por los legisladores unionistas, se muestra
implacable con esas pobres mujeres cuyo
delito consiste en querer votar sometidas a
la ley, como cualquier ciudadano obedien.
te y tranquilo. Es que aquello forma parte
de la política, vale decir del orden de cosas
que los gobernantes explotan en su provecho, y que por lo tanto les resulta infinita.
mente respetable; pues de este modo es co-

�LEOPOLDO LUOONES

42

mo entienden los políticos la consabida. cantilena del bien público.
Todo ello no será obstáculo para que las
sufraguistas consigan su_ pr_opósito. ~sto ~ad a remediará, pero es ciertamente 111ev1tab1e. Tengo observado que entre los propagandistas dominicales del Hyde Park, s
oradoras reunen el auditorio · más nutrido.
El día que puedan votar, sus adheren tes,
desenO'añadas de la falacia poHtica, habrá
consú~ado el desengaño público respec
a ese ídolo infantil y vano cuyo vientre i
fiado de boletas pare siempre el mismo r
tó:.. Bajo este concepto, es preferible qo
lo consigan cuanto antes. La política se po~
drá más divertida, lo cual no· es poco decir.
tratándose de prof~sión tan ingrata para
pueblo que la costea.
Londres. 1913

EL JARDIN VENENOSO

e

l suic_idio involuntario de una damisela
prostituta y borracha quien se fué de la
mano en sus habituales dosis eterómanas
ha inspirado a la prensa de París tal canti~
dad de crónicas,comentarios y grabados, que
durante una semana fué dicha persona una
heroína de leyenda. Todos lo_s diarios, des~e el_ más casquivano hasta el más grave,
rivalizaron en celo para informar a sus lectores sobre aq_uel drama repugnante y vulgar; pues lo cierto es que hasta en el mundo_ del ·vicio, los eterómanos son ya persoD~Jes cursis. Pero lo más singular es que
ningun a de las publicaciones en ·cuestión
!uvo un ~ palabra de comentario para la
1nmoral1dad del asunto, consecuencia de
una desastrada vida, hecha andrajos por la
más t?rl?e degradación a la juvenil edJa
de veintidós años. Ninguna evidenció como
serfa_ útil, el horror de esas caídas que
convierten un ser humano, desde las misnt¡¡s puertas de la infancia, en pozo de
deyecciones a tarifa, acumulando sobre

�44

LEOPOLDO LUGONES

esta suprema infamia l?s vicio_s _mortíferos cuyo efecto presenciamos dtanamente.
Abundaron, por el contrario, los detalles
gratos al ejerciéio de la carrera que ejercía
la persona en cuestión, desde su estreno
infantil, celebrado por la literatura pornográfica a la cual debió fama y seudónimo,
hasta su "colocación" eventual en manos
de tal o cuai personaje, sus instalaciones
fastuosas, su elegancia irreprochable, su
espiritualidad celebrada y hasta su especialidad en bailar el tango completamente desnuda. El mismo vicio que la ha llevado al
sepulcro, resultaba elegante manía, paraíso
artificial lleno de dulces tentaciones en su
propio riesgo; su muerte, extinción poética
de doncella tendida entre flores-pues así
la describían-rodeada de coronas valiosas,
visitada por numerosa concurrencia de personas elegantes entre las cuales no faltaban
los indispensables argentinos...
La propaganda y el respeto del vicio resaltaban en toda aquella información. Notábase un verdadero interés por presentar
la carrera infame de la her'ofna bajo los
rasgos más halagüeños y divertidos, sin
una sombra, sin un desagrado, antes con
exajeración favorable como aquella relatia a su inteligencia y espiritualidad; pues

t;:L l'RO:l!Lt;:MA FEMINISTA

45

cualquiera deducirá el estado intelectual
de una persona entregada desde los trece
años al ejercicio de la prostitución y al
abuso del éter.
Y no se crea que la prensa aprovechaba
el incidente, como suele a veces acontecer,
por falta de noticias interesantes. Abundaban éstas, por el contrario, tanto en lo relativo a los asuntos balcánicos que amenazan embrollarse de nuevo, como en lo que
respecta a los disturbi~s irland~~es o a las
recientes grandes mantobras mtlttares. Por
esto mismo la extraordinaria publicidad
acordada al caso en cuestión, adquiere una
deplorable importancia.
Fácil es inferir los estragos que causará .
entre las muchachas pobres a quienes la
miseria y las tentaciones de la gran capi~al
i'ncitan a traficar con sus encantos. La misma muerte de la cortesana, vista a través
de esas crónicas, adquiere un romanticismo
trastornador para las imaginaciones juveniles. La pornografía ha abandonado ya
aquel argumento hipócrita en c~ya vi_rtud
describía la inmoralidad para est1gmat1zarla con filosofías que resultaban inoficiosas
o necias. Y es que el vicio, al tener por atmósfera natural el escándalo, no reconoce
otros correctivos eficaces que la incomuni-

�_46=--'------

LEOPOLDO LUGONÉS

caci6n y el silencio. La exhibición, yor ,i~famante que sea, tórnalo, al contrario, c1n1co y audaz. Es él quien tri?~fa en aquéll a,
poniéndola luego a su serv1c10. ·
_
Ahora bien, todo esto causa un ,fano
enorme a la moralidad interna y al presti•
gio exterior de la Francia. Sus verdaderos
amigos, los que no la queremos para gozarla como a una meretriz, según lo piensa y
practica la clientela del bnlevar, sino para
amarla mejor en la intimidad de su noble
espíritu, observamos con pena esas demasías que tampoco podemos callar sin mengua de la verdad debida a nuestros propios
países. Porque su influencia es tan poder~. sa, que habemos menester combatirla sm
descanso en cuanto pueda resultarnos perjudicial.
·
.
. . .
Suelen los franceses decir que la op1016n
del extranjero inspírase sobretodo en la
novela de exportación. Pero la prensa de
París no está escrita con ese objeto; y cuan·
do la vemos emprender con tanto ahinco
la apoteosis de la cortesana, debemos suponer que sus lectores lo exigen o que ella
padece el más lamentable error.
De ahí resulta que la libertad de espíritu
tienda a confundirse con el desenfreno,
justificando la moral represiva de absolutB·

1':L PROBLEMA FEMINifTA

47

tas y clericales; que el vicio constituya una
señal de distinción, que los individu.os
ingenuos disfracen su pobreza espiritual
con la arriesgada frecuencia de los peores
espectáculos, en los cuales creen saturarse
de esencia ultra parisina. El lucro inmediato
que se realiza con semejante clase de extranjeros, redunda en perjnicio incalculable
para el prestigio francés, pues como los
dichos son la mayoría, y sobretodo la mayoría que hace ruido, tienden naturalmente
a generalizar para la nación entera los re~
sultad os de su experiencia deplorable; con
lo cual sufre detrimento aquello mismo
que constituye la verdadera superioridad
fra ncesa.
He dicho el lucro, y aquí está la verda.
dera razón del extravío comentado. La
cortesana empezó, efectivamente, por imponerse al comercio, en vista de ser ella
quien más y con mayor desprendimiento
gasta y hace gastar; lo ·que en una civilización tiránicamente dominada por el comercio, es motivo de éxito respetable. Bastaría esta circunstancia para caracterizar
le1 bajeza. de semejante civilización, demostrando, por otra parte, fa superioridad de
aquellos principios que no dan provecho
material, pero sí honra y nobleza de espí-

�48

LEoPOLDO LUGONES

ritu; pues como no me cansaré de afirmarlo las verdaderas excelencias de la Yida
e~tán dentro de nosotros, constituyendo
dominio privado en el cual solamente se
dignifica criando alas de espíritu la fiera
bestia carnal. De este modo, no hay comparación posible entre las satisfaccio11es
materiales de la cortesana, y la suave serenidad espiritual que constituye la dicha
de las puras; mas esto requiere enseñanza,
para que cada ser humano aprenda a gozar de su alma, y no se muera como l~_s
paralíticos, sin haber paseado su propio
jardín. No hay comparación posible, repito, entre una y otra cosa, porque son de
calidad diversa, de combinación impracticable; estribando en esto que la inocencia
no desee al vicio, como éste, a su vez, la
desdeña. Mas cuando la enseñanza consiste, al contrario, en fomentar y elogiar tan
sólo los éxitos materiales, la satisfacción
interior desaparece, la moral no es ya un
estado de conciencia, sino ur.a cadena, y
la fiera así contenida aumenta, como es
sabido, en ferocidad. Las revoluciones más
sangrientas han demostrado cómo educan
en realidad los principios que ellas renega•
ron. Sus siniestros agentes son, desde luego, productos del régimen caído.

EL PROBLEMA FEMINISTA

49

. ~n esto_ c~nsiste el peligro profundo del
v1c;10 ~mn1st1ado ayer, glorificado ahora.
lmpos1ble, entretanto, capitular con el vicio; no porque Dios o las conven iencias·
sociales lo manden, sino porque aquél,
como todo abuso de la vida, atenta contra
la vida misma. En este concepto inconmovible y verdaderamente humano de la mor~!,_ concílianse todas las opiniones. El
v1c10 es malo, no en virtud de mandamientos divinos~ de las leyes humanas, sino
por9ue sacrifica a una actividad parcial de
la vida toda esta compleja función, engendrando con el exceso de placeres materiales, enfermedad, miseria, ruina, embrutecimiento, cobardía, esterilidad.
A c~usa de que la moral no significaba
eso, siendo una expresión despótica del
dogma de obediencia, sólo había de producir inmoralidad. Y es lo que pasa. Conforme a un símil famoso, esas mismas damiselas son en su brillante frivolidad, en su
vag~bundo casquivano, de apariencia despreciable? bala_~í, las moscas azules, agentes ~e d_1soluc1on cadavérica. Van por
doquier, 1ofestándolo todo. Las mujeres
hon radas entran a competir con ellas; el
teatro y la literatura revisten de especiosa
alcorza su sexcesos. Esto nada significa

�50

LEOPOtDO LUGONES

para el observador de pacotilla literaria, el
necio que disfraza de elegancia su escasez
mental, el mtntecato c11ya superioridad
escéptica es con mucha frecuencia un ardid de encubridor; pero si bien se mira,
siendo el objeto de la civilización, en sus
tres cuartas partes, el bienestar de la mujer, las peores calamidades que la amenazan provienen también de esta última. Civilizar, significa organizar progresivamente
la vida civil cuyo fundamento y objeto definitivo es la instalación, la seguridad, la
mejora del hogar. Sin éste, no existe la
civilización; y nadie ignora que el hogar
es el santuario levantado por el hombre a
la madre y a la esposa.
Ah ora bien, la cortesana es por excelencia el enemigo del hogar; d.e suerte que
cuando su influencia predomina, peligra
con éste la civilización.
Basta observar lo que al respecto enseñan esas grandes reuniones mundanas,
donde por las audacias del traje y de las
maneras es cada vez más difícil diferenciar
a la dama de la meretriz. El lujo excede
ya en aquellas mujeres los más famosos
caprichos de las reinas antiguas. Cada una
consume, transformado en dinero, el trabajo de millares de hombres. Son las es-

. EL PROBLEMA FEMINISTA

51

posas y las mancebas de este banque:º'
aquel ministro, esotro potentado de la 10dustria o del comercio: los que gobiernan,
en una palabra. Cada año, cada día, sus
mujeres exigen más lujo para esa áspera
competencia material, que al revés de la
distinción del alma, encanalla . igualando
bajo idéntico atavío la infamia y el decoro.
La explotación de los hombres que producen la riqueza no puede cesar, ni atenuarse,
ni inspirar lástima siquiera, pues cómo ha
de vacilar el explotador, entre la satisfacción de la bien amada y los dolores de la
anónima cuadrilla que le suda oro en la
sombra. Pero el prodigioso aumento de
los tesoros a cuya producción sacrifica el
hombre lo mejor de su inteligencia, tampoco basta. Entonces es menester emplear
los métodos bárbaros del despojo a la
fuerza, y la guerra inicia su negocio siniestro. Para saber qué se hace de sus productos no ocurramos a la morada del pobre
diablo, soldado heroico ayer, trabajador
servil ahora, como anteayer y como ma~
ñana. Este, a lo sumo, tendrá laureles,
sin contar el glorioso aditamento de un
brazo inútil o una pierna rota. Los palacios
de los potentados, el lujo de sus mujeres,
nos revelarán el secreto. No sino para esto

�52

LEOt&gt;OLDO LUGONES

se negocia con los instrumentos de matar
y con la sangre humana que vierten.
El hogar obrero, destruido a su vez por
la explotación despiadada, que no reco_n?ce edad ni sexo, aumenta con su desqu1c10
los elementos de la prostitución y del crimen. De ahí salen las moscas azules- que
propagan por todas partes la podredumbre. Estimularla es agravar y acelerar la
sangrienta crisis que, amos y siervos, nos
arroja unos contra otros.
.
Insistamos, pues, en nuestro decente silencio sobre ciertos delitos y ciertas famas
lamentables. País joven y sano, pero también llamado a realizar enormes esfuerzos,
si ha de ocupar con el poderío que soñamos su puesto entre las naciones, irremediable sería el despilfarro de su juventud
en la malhadada imitación de tales excesos. La justificación del vicio a título de
refinada distinción, fué en todo tiempo
un ardid de las aristocracias corrompidas.
Teugamos el sano orgullo de nuestra sa1ud
democrática. Nada n,ás necio y ridícu 1o
que esa pretensión de hacerse a París, frecuentando sus tabernas y sus mujerzuelas.
Quienes así proceuen, sólo demuestran la
clase d e París qu e les corresponde. No es
el foco luminoso, gloria y espera1~za de la

EL PROBLEMA

FEM!NTSTA

53

humanidad, quien tiene la culpa. A él acuden juntamente el sabio en su vigilia, y en
su vagancia el insecto. Sólo que uno saca
provecho de su luz, mientras el otro se
tuesta aturdidamente en ella.
Hay dos m odos de conocer París. U no
que comienza a las once de la noche, tomando por hito las aspas del Moulin Rouge, para rematar a las siete de la mañana
el peregrino, ahito de explota~ión desvergonzada, de lubricidad grosera, de vergüenza ante su pro.pía estupidez, de tango,
de c?ampagne caro y mediocre; otro que
empieza a las ocho de la mañana, constituyen do la jornada habitual de todo hombre
laborioso. Añadiré que es este el de los
grandes y profundos encantos. En París y
en todas partes, no hay compañero como
el sol.
Mientras tanto es deplorable que en todos estos escándalos ruidosos figura la
clientela argentina como elemento indispensable. La crónica mencionaba singularmente a los individuos de nuestra nacionalidad en el cortejo de la damisela· suicida.
Esto nos pondrá_ de moda, pero a costa de
nuestro buen nombre, más apreciable, sin
duda, que la notoriedad. Basta y sobra
con el tango, cuyo carácter y procedencia

�55

LEOPOLDO LUGONES

EL PROBLEMA FEMINISTA

nadie ignora, pero que sirve para justificar
la desvergüenza so pretexto de exotismo.
Pues muchas personas, generalmente más
necias que corrompidas subordinan el decoro a su situación geográfica. Así, a los
tangueros de por acá, que para deshonra
nuestra justifican con el rótulo arge~tino
su inn c ble coreografía, corresponden muchas curiosas de por allá, que so pretexto
de exotismo a su vez, y haciendo gala de
altanera despreocupación, presencian espectácu1os enteramente inaceptab~es para
una mujer honrada.
El pretexto de q!le eso es conocer las
cosas de París, constituye una hipocresía
miserable. Todo el mundo sabe lo que se
puede conocer en ciertos medios, así como
lo que el pudor no puede conocer sin
mancharse. Nadie, sin estar predispuesto
va a engañarse con el rótulo de "artístico''
puesto por algunos espectáculos a los llamados "desfiles de modelos" que no son
sino desv ergonzada5 exhibiciones de desnudez, ni concurrir so pretexto de una rareza, que no es sino extravagante tontería,
a los famosos "cabarets" donde reinan notorios el alcohol y la prostitución. Hay
señoras argentinas que van, sin embargo,
allá; y cumple a la más alta cortesía varo-

nil decirles que se deshonran ·con ello. No
les vale la habitual absurda pretensión de
ser casadas. El estado de matrimonio exige un pudor todavía más intransigente que
el de la virginidad; pues si la soltera no
compromete más que a su persona, la esposa mancha cuando falta, a su marido y
sus hijos. Aho ra bien: el pudor es virtud
de tal naturaleza, que nunca queda enteramente ileso al contacto voluntario de_la
infamia. No discuto, por ej ~mplo, la inte·
gridad corporal de las esposas, que frecuentan un teatro consagrado a la glorifi.
cación del adulterio; pero sé que sus almas,
o sea lo más interesante en verdad, no
pueden quedar tranquilas después de haber presenciado espectáculos semejantes y
el hecho mismo de que los soporten por
mal entendida vanagloria de cultura extranjera, es ya un indicio de detrimento
moral. Cuánto más no ha de serlo la contemplación de escenas directamente encaminadas a la pr~ctica del vicio .
. Por este camino se va pronto muy lejos.
Siempre recordaré a propósito la patrióti
ca indignación co n que un amigo me decía
haber enconcrado en cierto hotel de Niza
rodeando una mesa de juego, 4 ó 5 señoras interpoladas con otras tantas c;ortesa•

54

�56

LEOPOLDO LUGONES

nas, por ellas mismas conocidas como tales, en una verdadera intimidad de tertulia.
No quiero, naturalmente, presenciar detalles; pero este recuerdo me da pie para una
advertencia necesaria. Es un error atenerse al otro conocido pretexto de que en el
extranjero nadie nos conoce: socorrida autorización, por otra parte, pues para man·
tener el imperio de la ley de honor, basta
conocerse uno mismo. Hay quienes ven y
aumentan más de lo que pudiera creerse.
Afortunadamente, nuestras costumbres,
imponen todavía su noble severidad allá
en la patria que ojalá nunca las pierda.
Pero no conviene arriesgarse demasiado,
y d-icha advertencia concierne sobre todo
a las gentes de más alta posición social,
porque suya es la responsabilidad en la
materia. Mientras el país conserve intacta
esa facultad de reaccionar, tendrá vida
sana y carácter propio. El tesoro ·más precioso de la patria es la honra de sus muje- ·
res. Y por de contado que no concibo esta ·
virtud como un resguardo material, sino
como aquella integridad de alma y cuerpo
cuyo símbolo pusieron los poetas en el
aroma de la flor; de tal suerte que aun
hallándose invisibles la flor y el alma, están perfuman~o en torno por emanación

EL PROBLUIA

FF.:\l INISTA

57

natural de su ser. Las mujeres argentinas
cometen el más grande error, cuando modifican o disimulan con arreglo a tipo extranjero su personalidad tan llena de hermosura y de nobleza. Y esto, aun en los
pequeños detalles. He visto más de una
vez por los vestíbulos de los grandes ho -.
teles, señoritas argentinas, que en ingenuo
remedo de las parisienses de figurín habían aprendido a caminar como los maniquíes vivos de los grandes costureros. Semejante costumbre, causábame la peor
impresión, pues aquel paso constituye en
la calle una gracia equívoca que evitan las
personan dece ntes. Ahora poco, encontré
de nuevo algunas de esas mismas señoritas de Buenos Aires. Ya no caminaban así.
Habían tomado de nuevo el porte gracioso y distinguido que tan noblemente caracteriza a la porteña; y puedo asegurarles en nombre de la estética, que estab an mucho mejor. El padre Horacio, auto·
ridad en la materia, llama'' decentes" a las
Gracias....

�EL PROBLEMA FEMINISTA

El MERCADO DE LA MISERIA

e

s difícil concebir lección de cosas más,
terrible qne una visita a las ferias de
reventas autorizadas en todas las grandes
capitales para el comercio de viejo, o mejor dicho, para el mercado de la miseria;
pues no otra cosa significa esa valorización de los más innobles desechos, codiciados y adquiridos por criaturas humanas
cuya condición resulta más degradada todavía.
·
La sociedad, sin saberlo, ni quererlo,
por la propia fatalidad lógica del móvil
que principalmente la impulsa, viene, así,
a juzgarse y a sentenciarse. Después de
haber erigido en principio fundamental el
comercio, vése obligada a respetarlo bajo
sus aspectos más innobks, con tal que
ellos comporten una transubstanciación en
dinero; pues este elemento, al igual del
fuego sagrado, todo lo purifica y ennoblece. Fuera tiránic0, sin dud'I, impedir que
el propietario de una ropa usada o de un

59

sombrero viejo los venda exactamente como hacen con sus artículos el joyero y el
modisto de la Rue de la Paix; pues una
vez reducidas a dinero esas prendas, quedan ya igualadas bajo el mismo respetable
denominador, al no existir diferencia de
calidad entre la moneda del opulento y la
del miserable. Un franco vale lo mismo en
mano del señor y en la de su lacayo. Por
eso tienen inevitablemente un espíritu inferior la colectividad o el individuo que
regulan bajo el patrón de la fortuna su
respeto y su menosprecio. La fórmula del
cuánto tieni-:s tanto vales, es un dogma
comercial, sin duda, pero no representa
ninguna excelencia humana. Por el contrario, entre los valores que constituyen este
estado superior, y los que el comercio
aprecia, existe una incompatibilidaq completa. Valor es, en efecto, sinónimo de
precio en materia comercial; mientras en
material moral, los valores se caracterizan
por no tenerlo. Nada valen en dinero; y al
mismo tiempo todo el dinero del mundo
no alcanzaría para comprarlos. Las sociedades que olvidan esto. y es el caso de la
actual, son colectividades inicuas y tristes,
donde la felicidad hállase substituida por
el placer, el respeto por el miedo, el amor

�60

L~OPOLDO LUGONES

de la libertad por _la concupiscencia de la
tiranía. En vano la democracia ha intentado remediarlo. Sólo ha conseguido substituir las tiranías personales por el despotismo, quizá peor, de la masa. El estado
de esclavitud material y moral en que el
soberano democrático se encuentra, ha variado tan poco desde los tiempos dé la
esclavitud legal, que por el camino de la
política deberá contar con su par de millones de.años para conseguir una diferencia
apreciable. A la vista de esos mercados de
la mise.ria, como el que recorrí hace pocos
días en los alrededores de la plaza de
Italia, no puede uno menos de reflexionar
sobre esta cosa siniestra de la historia: el
progreso no es para los miserables. Resulta increíble lo poco que ha variado la vida
pa:ra el pobre en los dos mil años de nuestra civilización cristiana. Quien vea en su
tabuco de Londres, de París o de Buenos
Aires al zapatero remendón, al tachero, a
la costurera; en su pescante al cochero, en
su chalupa al pescador, habrá contemplado
exactamente las mismas imágenes de la
Roma cesárea. El traje, el calzado, la comida son casi los mismos. El hombre de
cultura media lo ignora, porque está acostumbrado a considerar la antigüedad clá-

EL PROBLEMA. FEMINISTA.

61

sica bajo una falsa idea de museo escultórico. Si se le enseñara la historia como es,
vería que la misma injusticia abarca todos
los ramos de la actividad humana. Pero
esto resultaría incómodo para los moralistas felices que predican el encanto del
dogma de obediencia. Todos hemos asisti do en nuestros libritos de lectura primaria
a la consabida escena en que el niño rico
y anémico encuentra" dur_ante un paseo
por la campaña al rozagante labradorcillo
que le ofrece huevos frescos y flores, repleto de salud, aunque no tiene vestidos
lujosos, juguetes caros ni carroza: todo
ello para sacar en consecuencia que el
campesino pobre disfruta una condición
superior a la del ciudadano rico, y debe,
por lo tanto resignarse a su suerte. Mas,
fuera de que hasta hoy no se ha visto un
rico de la ciudad trocar sus "detestables"
millones y su "pompa engañosa" por las
"delicias" de la miseria labriega, mientras
abundan los campesinos que han hecho y
aspiran muy justamente a hacer lo contrario,
las estadísticas están ahí enseñándonos que
la mortalidad infantil es mucho más numerosa en la campaña.
Al mismo género de mentiras pertenece ·
la aserción en cuya virtud los beneficios

�tEOPOLDO LUGONES

de la ciencia permiten vivir al ganapán
contemporáneo en mejores condiciones que
el señor de la Edad Media; pues mientras
hoy, como ayer, aquél tra~aja con e~ceso
para ganarse una mísera v ida, padeciendo
frío, hambre, desnudez, el barón no trabajaba, vivía harto, disfrutaba de todas las
corr.odidades existentes entonces, o sea de
las únicas que podía apetecer, resultan?º
así, entre su vida y la del mísero, la misma diferencia de ahora.
No falta en ningún hogar miserable de
nuestras ciudades el candil de botella en el
cual sobrenada un poco de aceite que embebe un pábilo aboquillado, como mecha
por un tubito de metal. Los pobres de la ·
Roma cesárea, conocían igual utensilio. El
fuego invernal de millares de casas inglesas está alimentado por la misma turba hedionda y fuliginosa que encendían, con
igual objeto los primitivos británicos. &lt;;uando examinamos los documentos antiguos,
como aquella famosa tarifa de Diocledano
y las diversas estimaciones que hacen sobre
los precios convenientes y sobre los salarios muchas leyes romanas, sorpréndenos,
en verdad, la diferencia escasísima del costo entre aquello y n nestros artícul~s de
limentación. La naturaleza y la cahdada

EL PROBLE'.MA FBMINIS'l'A

63

d~ éstos, tampoco ha variado; si alguna
diferencia apreciable existe, es en contra,
debido a la perfección científica de nuestras falsificaciones. Todo lo cual no significa en ningún modo cantar "las delicias del
tiempo viejo". Por el contrario, para el pobre, tode,s los tiempos han sido igualmente
malos. No hay, en consecuencia, sino un
medio de abolir la iniquidad, y es suprimir
la miseria. Mientras exista este azote el
mismo progreso resulta una maldición ~ara la mayoría de la humanidad, puesto que
multiplicando los medios de mejorar la vida, no sabe tornarlos accesibles a quienes
más los necesitan.
¡Abolir la miseria! Los ilusos que esto
con_cib 7n_ por 1;1edio de las famosas leyes
de JUSt1c1a
social, y como obra de oo-obiernc'
,
d e b enan pasear un momento por esos mercados siniestros que las grandes capitales
no se avergüenzan de exponer a pleno sol.
Entonces verificarían cómo el cimiento de
iniquidad y de miseria en que la sociedad
descansa ha permanecido inconmovible, a
la. manera ~e una. estructura geológica,
mientras vanaba, feliz y engañoso, el revoque superficial.
La aludida feria de la Avenue d'Italie, o
el mercado de comestibles horrorosos que

�64

LEOPOLDO LUGONES

he visto e_fectuarse en"tre la niebla y el lodo de la callejuela de . Whitechapel, es
una evocación viviente de las suburras y de
los ''ghettos". Podría aplicársele punto por
punto la noticia romana o la crónica medioeval. La gente que circula por ellos, está revelando iqéntica supervivencia de barbarie.
Sus facciones expresan con una especie de
dolorosa brutalidad, el tipo primitivo de la
raza. Abundan lo's craneos y las mandíbulas que en la craneología de los museos
caracterizan a la humanidad de las cavernas. Entre la basura de las callejuelas
sórdidas aquellos individuos causan la im. presión de ser basura a su vez. Recuerdo
haber andado horas y horas por Whitechapel, sin encontrar una sola persona
cuyo traje no indicara la doble o triple reventa. El mercado de pingajos tiene en
París centros importantes, lo cual revela
el crecido número de gente que se viste
con ellos: así los contornos de Saint Severin, el centro del Marais, la isla de San
Luis, la zona trasera del Panteón y los alrededores de la plaza de Italia.
La feria de· esos artículos desarr6Ilase
sobre más de un kilómetro de calle, en la
avenida del mismo nombre. El calzado viejo y los comestibles forman los más abun-

EL PROBLEMA FEMINISTA

65

dantes renglones: medias remendadas tres
o cuatro veces, hasta haber perdido comp_l_etamente el pie, botines igualmente traSIJados; y entre los alimenticios un cajón
de azúcar negro como la arena mojada
que hierve literalmente de moscas. La can~
tida_d de conejos colgados en los puestos
sug1e~e a un compañero ocurrente, esta
reflex16n: "conejos usados.... en experienciencias científicas"; pues efectivamente,
estarrics en un barrio de hospitales. El más
c~rcano e_s el hospicio d; Bicétre cuya siniestra clientela proporciona, según se ve
de un visitante a la feria. En otro puesto
. venden llaves viejas, cerraduras falseadas
llamadores rotos, bisagras y alcayatas des~
parejas. En otros, abanicos del mismo
jáez, y esta mercancía sórdida entre todos:
pelo postizo, de suciedad sospechosa, descoiorido, opaco, sugerente de miseria y de
cmnen. Hacen macabra compañía, las dentaduras con sus cepillos correspondientes,
los aparatos de ortopedia y de otros tratamientos, fatigados hasta la ruina por el
uso de personas diversas.
Si me atrevo a insistir sobre estos detalles es para que se aprecie con la debida
alarma el inmenso peligro de contagio implícito en la tolerancia de semejante co-

�6é

tEOPOLDO LUGONES

EL PROBLEMA PE)IINTSTA

mercio. Toda ciudad rica y moderna como
las nuestras debe prohibirlo con tiempo,
inexorablemente; porque una vez establecido caerá bajo la protección que disfruta
]a: propiedad. Esto para no mencionar la
degradación que semejantes transacciones
fomentan en comerciantes y compradores,
puesto que a la sociedad mercantiliz_ada
poco le importa los valores morales. Quien
vende o compra pingajos, acabará necesariamente pl'r degradarse, pues semejante
hábito de satisfacer sus necesidades le
acostumbrará a la vida innoble, aboliendo
en su ser toda idea de mejoramiento viril;
y como ese kilómetro de feria copiosa re- .
vela con claridad no menos la extensión de
tal comercio qu.e el número de su clientela,
el resultado es positivamente horrible.
Y sin embargo, esa triste humanidad
del tugurio posee esencialmente todos los
sentimientos nobles, todos los gérmenes
de reacción superior que constituyen y
exaltan la dignidad.
Aquellos siniestros abalorios y adornos
de desecho, aquellos postizos lúgubres, re\'elan un resto de coquetería, una preocupación de belleza que la más dura miseria
no ·ha alcanzado a abolir. La tarea de
agradar es un acto solidario, en el cual va

'

67

implícito el encanto más delicado de las
~elaciones sociales. Del propio modo los
Juguetes, que ~amLién los hay, indican
en esos desgraciados una supervivencia de
ternura paterna, ciertamente conmovedora
?ado lo terrible de su condición. ¡Y qué
Juguetes! Muñecos de palo, toscos perendengues exactameute análogos a los que
hallamos en las tumbas prehistóricas o en
man.os de los indios. :E:l progreso, que ha
realizado tantas maravillas en la materia,
tampoco alcanzó hasta los juguetes de los
pequeños miserables. Para hallar mama rrachos tan primitivos como los que he visto en Whitechapel y en la Avenue d'ltalie
hay que ir a los museos etnográficos, a lo~
bosques centrales de Africa y de América.
De ta! m_odo, mantenida y fomentada
por la m1sena, está la barbarie en el seno
de 1~ civilización. ¡Y esta pretende todavía
castigar con. l_as mismas leyes, o imponer
la responsab1ltdad de los mismos derechos
.a.esos primi_tivos y retardados de sus propios su~urb10s! Injusticia tan estúpida no
puede smo engendrar las más ciegas reacciones de venganza.
Así se explica la exclusividad con que
predomina en el barrio la prensa de combate cuya argumentación torpe y brutal

�68

_ _ __

Ll:OPOLDO Lt:GONES _ _ _ _ _

EL PROBLEMA FC_MJN_IS_T_A_ _ _ _.;;.:69~

_

excita las indignaciones de la gente delicada. Así se comprende cómo entre los
habitantes de una misma ciudad pueden
mediár abismos pasionales y psicológicos.
En semejantes medios no se concibe otra
reacción \'iril que el odio, otra reivindicación que el despojo violento.
Las clases gobernantes mantiene_n en
ellos el orden a la fuerza, la moral del terror, pero no la justicia. De esto no pueden jactarse el absolutismo ni la democracia. Y mientras la sociedad siga prosperando sobre estos fondos de miseria, de
barbarie, de contaminación, de lodo humano, en una palabra, su solidez será muy
discutible. Por otra parte, esas basuras son
combustible de volcán. Un día fomentan y
estallan. Y contra toda lógica, contra toda
conclusión filosófica o científica, descúbrese que, en esas ciegas reacciones está el
único progreso positivo de la humanidad.
La evolución es siempre un movimiento
circular. Sólo la revolución avanza o retrocede, porque es un desplazamiento de los
centros normales que determinan la actividad evolutiva, conservadora de suyo.
Las revoluciones son buenas y malas, como todo en este mundo; pero el bien de

la li~ertad col_e ctiva sólo es asequible por
medio de la revolución.
Hay que abolir la miseria, esto es evidente, si la civil_ización va a reinar alguna
vez ~obre la t1err~. Pero ello equivale
ta?'b1én a hacer sa1tar en pedazos los cimientos de la sociedad. Abolir la miseria
e_s cambiar la constitución social en lo que
tiene de más inamovible; y he aquí lo
que pensaba el fi16sofo, mientras iba contemplando aquella feria donde las sórdidas
carnazas, los innobles pingajos, la quincallería residual, sugerían, derramadas sobre
las aceras l!enas de sol, la idea de recientes bocanadas de metralla.
París. 1913.

�INDICE
Páginas
APRECIACION •..•••• , • • ••• •• ••••••••• •, • • • .•• • • •, • • • • • • • •

3

EL PROBLEMA FEMINISTA... • • . • . . • . • • • • • . • . • • • . . • . ••• •

9

NUEVAS VICTIMAS DEL ORDEN • •• ••• •• ,.... ... ....... ...

32

EL JARD!N VENENOSO ........... , ....... , . • •• , •• ,.......

43

EL MERCADO DE LA MISERIA ...•••• ••• . . • •• , . . . .• . . . . • •

58

�A~TORES MEXICANOS MODERNOS
(E DJCJOXES P O!l&amp;t.A)
Enrique Gtm:álti ,Varline:: -

-

Los senderos ocultos {Poesfas) .•• . . . . . . . •..... ,(//, t , 50

La muerte del cisne \Poesías) •.•••• • • • .•••.•.. (J/,

l

50

1
1.

50
50

2

00

Problemas filosóficos . ,.. . . . .... . . . .. . . &lt;Jt
r;nriqut F"nd,rdtz GratUJt/c,s: - Mirtos (Poeslas) • . . ..... C!t

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                  <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>eeLEeeieN 1\RIEL
euaderao c,c,

Noviembre 15

J05E ENRIQUE RODO.... El Centenario de Cervnntes.
ANTONIO MACHADO..... Por tierras de Alvargonzález.
P. HEXRIQUEZ UREÑA. .• La poeslade Enrique Gon2:Uez
Martínet.
J LAGOS LISBOA.......... Lavandera.
CORNELIO HISPANO:..... Los templos.
ENRIQUE FERNANDEZ G. Poeslas.
APOSTILLAS.

191S

SAN JOSE DE

COSTA RICA.- C. A.

Imprenta Greftas

��COLI-CCCION

(!E)LE(!(!IE)N 1\RIEL

A.RIEL

REPERTORIO HISPANO-AMERICANO
PUBLlC.!DO EN CUADERNOS QUINCENALES, POR

J. G11RelA MeNGB
S7'N J8SB DB eesTa Rlea. e. JI.

El CENTENARIO DE CERVANTES

Condiciones,
La aerle de 12 cudernoa ( en Coata Blr.a) : &lt;!t 3.00.
La serle de 12 eaader■os ( e■ el Extralljero); $ 2 .00 oro am.

:u.ero auelto : &lt;!l, 0.25
768 pll.ginas,
doa llbroa de Hco«lda, nrlada r reeoaronaatAI llhratara
POR. TRES COLONES

ESPAÑA
El número de "ESPA&amp;A" correspondiente al jueves último, lleva estos trabajos: SE VAN, SF: VAN, por
J os(; Ortega y Gasset; Los PROBLEllAS DEL BACHILLE·
RATO, por L. de Hoyos; EL E SCULTOR JULIO ANTONIO,
por Juan de la Encina; CR1s·m1A DE SUECIA, por R.
Pérez de Ayala y Los Es l'A.SOLES PINTADOS POR ~í Mis·
l!OS, por Antonio Zozaya.
En l:i parte gráfica destacan los retratos de TODAS
LAS PRIMERAS AC'l' RICES que actuarán en Madrid esta
temporada, el de Lr.OYD GEORG E con su semblanza, una
curiosa fotografía en que aparecen juntos EL KAIS ER
y FEI,Il'E u, una divertida historieta de Bagaría y la
página en colores por Moya del Pino.
Precio del númeo DIEZ CÉNTIMOS. En la Li•
brería de la Srra. v. de Lines.

e

SPAÑA se dis pone a celebra r, dent ro de pocos
meses, * el centenario de la mu erte de Miguel
de Cervantes. Un centen ario más, como el de Calderón y el de Velázquez- ocasion es, no m uy lejanas, de fiestas semejantes,-no im portaría gran
cosa. Las solemnidades de la pompa oficial, las declamacion es de la vanida d oratoria , los re buscos de
la erudición pedantesca, b astarían para mantener
el consecuente ritual de conmemoraciones de esa
especie. Pero debe fiarse en que la sugestión y el
estímulo de la oportunidad enciendan en el alma
de la j uventu d española- donde hay prometedoras potencias de meditación y poesfa,-la inspiración q ue concrete en estudio, poema u obra de
arle, la grande ofrenda que aun debe España a
su más alto representante espiritual, que fué a la
vez el mayor prosista del Renacimiento, y el más
maravilloso creador de caracteres humanos que
pueda oponer el genio latino al excelso nombre
de Shakespeare.
•

En elmes de Abril de 1916. (N. del D,)

~--a-,-a~L'""'.l~O~T;.-;;E~C~A:-;C~E~NM1TrRR~A;:¡:L~--\

IL-------~u.~A.~N.::.::'-~----

�2

JOSÉ ENR1QUE RODÓ

La ocasión obliga, con igual imperio, a esta
América nuestra. El sentimiento del pasado original, el sentimiento de la raza y de la filiación
histórica, nunca se representarían mejor para la
América de habla castellana que en la figura de
Cervantes. Cualesquiera que sean las modificaciones profundas que al núcleo de civilización
heredado ha impuesto nuestra fuerza de asimilación Y de progreso; cualesquiera que hayan de
ser en el porvenir los desenvolvimientos originales de nuestra cultura, es indudable que nunca
podríamos dejar de reconocer y confesar nuestra
vinculación con aquel núcleo primero sin perder
la conciencia de una continuidad histórica y de
un abolengo que nos da solar y linaje conocido
en las tradiciones de la humanidad civilizada. Y
esa persistente herencia no tiene manifestación
más representativa y cabal que la del idioma,
donde ella se resume toda entera y aparece adaptando a sus medios connaturales de expresión las
adquisiciones y evoluciones sucesivas. Confirmar
la fidelidad a esa forma espiritual que es el idioma Y glorificarla en el recuerdo de su escritora_rquetipo, es, pues, el modo más adecuado y más
smcero con que América puede mostrar el género
de solidaridad que reconoce con la obra de sus
descubridores y civilizadores.
. No ~ay otra estatua que la de Cervantes para
s1mbohzar en América la España del pasado co-

EL CKNTENARIO DE CJlJRV:!NTES

3

món, la España del sol sin poniente. Los reyes
que la abarcaron con su cetro, aun cuando mereciesen alguna vez mármol o bronce, no podrían
encarnar jamás en mármol ni bronce americano,
porque representan la autoridad de que nos
emancipamos y las institacfones que sustituimos.
Solo la noble imagen de isabel la Católica dominaría sin incongruencia en suelo de América, rescatando en gloria perenne las joyas que costearon
la aventura sublime, y figurando como el numen
maternal de nuestra civilización. Pero el símbolo
requiere en este caso formas más recias y viriles
que esa suave fisonomía de mujer. Los portentosos capitanes de la Conquista, los legendarios sojuzgadores de mares y de tierras, tienen un cadcter que excluye la entera apoteosis americana,
como personificaciones de la ejecución brutal,
consumada con sacrificio del indio, que también
es carne y alma de América. Los colonizadores,
gobernantes o misioneros, en quienes se apacigua
y endulza la empresa civilizadora, proporcionan
más de una figura capaz de ser glorificada en la
parte del Continente a que se contrajo su influencia; pero ninguna de magnitud continental. En
cuanto al Descubridor, a España pertenece su
gloria, sin duda, pero no su persona; y las esta,
tuas que reproducirán infinitamente su imagen,.
de uno al otro extremo del mundo concedido a
su fe, no son las aptas para significar el genio roi-

�4

EL CENTENARIO DE CERVANTES

JOsi ENRIQUE ROD6

e

ginal Y propio de la civilización transplantada.
Sólo queda buscar el símbolo personal en el
mundo del espíritu, donde esa civilización forja
sus normas ideales y sus medios de expresión, y
escogerlo en quien tiene dentro de ella personalidad más característica y más alta. Hay, además
entre. el genio de Cervantes y la aparición d;
Aménca en el orbe, profunda correlación histórica. El descubrimiento, la conquista de América,
son la obra magna del Renacimiento español, y
el verbo de este Renacimiento es la novela de
Cervantes. La ironía de esa maravillosa creación
abatiendo un ideal caduco, afirma y exalta d;
rechazo un ideal nuevo y potente 1 que es el que
determina el sentido de la vida en aquel triunfa¡
despertar de todas las energías humanas con que
se abre en Europa el pórtico de la edad moderna
A un objetivo de alucinaciones y quimeras, com~
el que perseguía el agotado ideal caballeresco,sucede el ~rme objetivo de la realidad, abierta a los
fines racionales y a la perseverante energía de los
hombres. El mundo imaginario que había dado
t~atro a las hazañas de los Amadises y Esplandianes se desvanece como las nieblas heridas por
el sol, Y lo sustituye el mundo de la naturaleza
redondeado Y conquistado por el esfuerzo huma~
no; _la América vasta y hermosa sobre todas las
fic1:~ones, que con su descubrimiento completa la
noción del mundo fiscfo, y con el incentivo de su

5

po'i&gt;sión ofrece el escenario de proezas más inauditas y asombrosas que las aventuras baldías de
los caballeros andantes.
La filosofía del "Quijote" es, pues, la filosofía
de la conquista de América. La radical transfor•
mación de sentimientos, de ideas, de costumbres,
para la que el hallazgo del hemisferio ignorado
fué causa concurrente, es la que adquiere forma
poética imperecedera en esa epopeya de la burla,
donde el jovial espíritu del Renacimiento dirige
sobre los últimos vestigios de un ideal moribun ·
do, las mortales saetas de la ironía. América nació para que muriese Don Quijote; o mejor, para
hacerle renacer entero de razón y de fuerzas, incorporando a su valor magnánimo y a su imaginación heróica, el objetivo real, la aptitud de la
acción conjunta y solidaria y el dominio de los
medios proporcionados a sus fines.
Mientras muere vencido el Ingenioso Hidalgo
y perece con él el tipo de héroes de las fábulas de
caballerías, melancólicos como Tristán, vagos e
inconsistentes como Lanzarote, inmaculados como Amadis, se consagra en las tremendas lides
de América el nuevo tipo heróico, rudo y sanguíneo, de los Corteses, Pizarros y Balboas, perseguidores de realidades positivas; apasionados,
tanto como de la gloria, del oro y del poder.
Mientras la armadura herrumbrosa y la adarga
antigua y el simulacro de celada del iluso caba-

�6

7

JOSi KNRIQU!.: RODÓ

EL CENTENARIO DE CERVANTES

llero, se deshacen en rincón obscuro, respla ndecen
al sol de América las vibrantes espadas, las firmes corazas de Toledo. :\fientras Rocinante, escuálido e inútil, fallece de vejez y de bam_bre, se
desparrama!\ por las pampas, los montes y los
valles del Nuevo Mundo los briosos potros anda¡ uces, los heróicos caballos del conquistador, progenitores de aquellos q ue un día habrán de formar, con el " ga ucho"y el "llanero", el organismo
del centauro americano. Mientras se disipan en
el aire los mentidos tesoros de la cueva de Montesinos, fulguran con deslumbradora realidad la
p lata de Potosí, el oro de Méjico, los diamantes y
esmeraldas del Br~sil. Mientras fracasa entre risas burladoras el mezquino gobierno de la Insula
Barata ria, se ganan de este lado del mar imperios
colosales y se fundan virreinatos y gobernaciones
con que se conceden más pingües recompensas
que las que rey alguno de los tiempos de caballería pudo soñar para sus vasallos.
Así el sentido crítico del "Quijote" tiene por
complemento afirmativo la grande empresa de
Espa1ia, que es la conquista de América. Así, al
figurar una vi va oposición de ideales, dejó escrita
ese libro la epopeya de la civilización española,
deteniendo, como hechizada, en el vuelo del tiempo, la hora culminante en que aquella civilización
Hega a su plenitud y da de sí nuevas t ierras y
nuevos pueblos. Y así el nombre de Miguel ele

Cervantes, no sólo por la suprema representación
de la lengua, sino también por el carácter de su
obra y el significado ideal que hay en ella, puede
servir de vínculo imperecedero que ~ecu~rde a
América y España la unidad de su h1stona y la
fraternidad de sus destinos.

JosE
Montevideo, 1915.
( La Nol&lt;,. Buenos Aires.)

ENRIQUE RODÓ.

�LA·TJERRA DE ALVARGONZÁLEZ

LA TIERRA DE ALVARGONZALEZ
7TNA mañana de los primeros días de ocU tubre, decidí visitar la fuente del Duero
y tomé en Soria el coche de Burgos que había
de llevarme hasta Ciclones. Me acomodé en la
delantera cerca del Mayoral y entre dos viajeros: un indiano que tornaba de Méjico a su
alde~ ~atal, esco~dida en tierra de pinares, y
un vteJo campes100 que venía de Barcelona
donde embarcara a dos de sus hijos para La
Plata. No cruzaréis la alta estepa de Castilla
sin encontrar gentes que os hablen de tierras
de Ultramar.
Tomamos la ancha carretera de Burgos, dejando a nuestra izquierda el camino de Osma,
bordeado de chopos que el otoño comenzaba
a dorar. Soria quedaba a nuestra espalda ent~e grises colinas y cerros pelados. Soria, mística y guerrera, guardaba antaño la puerta
de Castilla, como una barba cana hacia los
reinos moros que cruzó el Cid en su destierro.
El Duero, en torno a Soria, forma una curva
de ballesta. Nosotros llevábamos la dirección
del venablo.
El indiano me hablaba de Veracruz, mas yo
escuchaba al campesino que discutía con el

9

mayoral sobre un crimen reciente. En los pinares de Durcielo, una joven vaquera había
aparecido cosida a puñaladas y violada después de muerta. El campesino acusaba a ~n
rico ganadero de Vl:!-ldea':ellano, preso P&lt;;&gt;r 10dicios en la cárcel de Sona, como autor mdudable de tan bárbara fechoría, y desconfiaba
de la justicia porque la víctima era pob~e. En
las pequeñas ciudades, las gentes se apasionan
del juego y de la política, como en las grandes del arte y de la pornografía,-ocios de
me:caderes-pero en los campos, sólo interesan las labores que reclaman la tierra y los
crímenes de los hombres.
-¿Va Vd. muy lejos ?pregunté al ~ampesino.
-A Covaleda señor, me respondió. ¿Y Vd.?
-El mismo c;mino llevo, porque pienso subir a Urbión y tomaré el valle del Duero. A la
vuelta bajaré a Vinuesa por el puerto de Santa Inés.
-Mal tiempo para subir a Urbión. Dios le
libre de una tormenta por aquella sierra.
Llegados a Ciclones, nos apeamos el campesino y yo, despidiéndonos del indiano que continuaba su viaje en la diligencia hasta San
Leonardo, y emprendimos en sendas caballerías el camino de Vinuesa.
Siempre que trato con hombres del campo,
pienso en lo mucho que ellos saben y nosotros
ignoramos, y en lo poco que a ellos importa
conocer cuanto nosotros sabemos.
El campesino cabalgaba delante de mí, si-

�10

- ---------

ANTONIO MACHADO

lenci~so. El hombre de aquellas tierras, serio
y tac1t~rno, habla cuando se le interroga, y

es sobrio en la_respuesta. Cuando la pregunta
es tal que pudiera excusarse, apenas se digna
contestar. Sólo se extiende en advertencias
útiles sobre las cosas que conoce bien, o ·cuando narra historias de la tierra.
Volví los ojos al pueblecillo que dejábamos
a nues~ra espalda. La iglesia con su alto campanario coronado por un hermoso nido de cigüeñas, descuela sobre unas cuantas casuchas de tierra. Hacia el camino rea l destácase
la casa de un indiano, contrastando con el
sórdido caserío. Es un hotelito moderno y
mundano, rodeado de jardín y verja. Frente
al pueblo se extiende una calva serrezuela de
rocas grises, surcadas de grietas rojizas.
Después de cabalgar dos horas, llegamos a
la Muedra, una aldea a medio camino entre
Cidones y Vinuesa, y a pocos pasos cruzamos
un puente de madera sobre el Duero.
-Por aquel sendero, me dijo el campesino
señalando a su diestra, se va a las tierras de
~lvargonzález; campos malditos hoy; los meJOres, antaño, de esta comarca.
-¿Alvargonzález es el nombre de su dueño?
le pregunté.
-Alvargonzález, n;i.e respondió, fué un rico
labrador; mas nadie lleva ese nombre por estos contornos. La aldea donde vivió se llama
como él se llamaba: Alvargonzález, y tierras·
de Alvargonzález a los páramos que la ro-

LA TIERRA DE ALVAROONZÁl,EZ

11

dean. Tomando esa vereda llegaríamos allá
antes que a Vinuesa por este camino. Los lobos, en invierno, cuando elhambre les echa de
los bosques, cruzan esa aldea y se les oye aullar al pasar por las majadas q?e fueron de
Alvargonzález, hoy vacías y arru10adas ..
Siendo niño oí contar a un pastor la historia de Alvarg~nzález, y sé que anda inscri~a
en papeles y que los ciegos la cantan por berras de Berlanga.
Roguéle que me narrase aquella historia, y
el campesino comenzó así su relato:
Siendo Alvargonzález mozo, heredó de sus
padres rica hacienda. Tenía casa &lt;:ºn huertas
y colmenar, dos prados de fina hierba, c_am·
pos de trigo y de centeno, un trozo de encmar
no lejos de la aldea, algunas y untas para el
arado, cien ovejas, un mastín y muchos lebreles de caza.
Prendóse de una linda moza en tierras del
Burgo no lejos de Berlanga, y al año de conocerl; la tomó por mujer. Era Polonia, de
tres hermanas, la mayor y la más herm&lt;;&gt;sa,
hija ile labradores q_ue llamaban los Pen~áñez, ricos en otros tiempos, entonces duenos
de menguada fortuna.
Famosas fueron las bodas que se hicieron en
el pueblo de la novia y las tornabodas que celebró en su aldea Alvargonzález. Hubo vihuelas, rabeles, flautas y tamboriles, danza aragonesa y fuegos al uso valenciano. D~, la
coma..-ca que riega el Duero, desde Urb1on,

�12

ANTONIO MACHADO

donde nace, hasta que se aleja por tierras de
Fuegos, se habla de las bodas de Alvargonzález, y se recuerdan las fiestas de aquellos días,
porque el pueblo no olvida nunca lo que brilla
y truena.
Vivió feliz Alvargonzález con el amor de su
esposa y el medro de sus tierras y ganados.
Tres hijos tuvo, y, ya crecidos, puso el mayor
a cuidar huerta y abejar, otro al ganado, y
mandó al menor a estudiar en Osma, po rque
lo destinaba a la iglesia.
Mucha sangre de Caín tiene la gente labradora. La envidia armó pelea en el hogar de
Alvargonzález. Casáronse los mayores, y el
buen padre tuvo nueras que antes de darle
nietos, !e. trajeron cizaña. Malas hembras y
tan codic10sas p:3ra sus casas, que sólo pensaban en la herencia que les cabría a la muerte
de Alvargonzález, y por ansia de lo que esperaban, no goza han lo que tenían.
El menor, a quien los padres pusieron en el
se°:1inario, prefería las lindas mozas, a rezos y
latmes, .Y colgó un día la sotana, dispuesto a
no vestirse más por la cabeza. Declaró que estaba resuelto a embarcarse para las Américas. Soñaba con correr tierras y pasar los
mares, y ver el mundo entero.
Mucho lloró la madre. Alvargonzález vendió el encinar, y dió a su hijo cuanto había de
heredar.
-Toma lo tuyo, hijo mío, y que Dios te
acompañe. Sigue tu idea y sabe que mientras

LA. TIERRA DE A.LVARGONZÁLEZ

13

tu padre viva, pan y lecho tienes en esta casa; pero a mi muerte, todo será de tus hermanos.
d
Ya tenía Alvargonzález la frente arruga a,
y por la barba le plateaba el bozo azul de la
cara. Eran sus hombros todavía robustos Y
erguida su cabeza, que sólo blanqueaba en las
sienes.
.
d
Una mañana de otoño sah6 so1o e su casa,
no iba como otras veces, entre sus finos galgos terciada a la espalda la escopeta. No llevaba arreo de cazador n~ pensaba en cazar.
Largo camino anduvo baJO lo~ álam~s amarillos de la ribera, cruzó el encmar y, Junto a
una fuente que un olmo gigantesco sombreaba detúvose fatigado. Enjugó el sudor de su
fre~te, bebió algunos sorbos de agua y acostóse en la tierra.
y a solas hablaba con Dios Alvargonzález,
diciendo: "Dios, mi señor, que col~aste las
tierras que labran mis ll)anos, a quien de_bo
pan en mi mesa , mujer en mi lecho y por quien
crecieron robustos los hijos que engendré, po_r
quien mis majadas rebosan de blancas mert:
nas y se cargan de fruto los árboles ?e mi
huerto y tienen miel las colmenas de m1 abe·ar- sabe Dios mío, que sé cuanto me has daJ '
.
do, antes' que me lo qu1t~s.
.
,
Se fué quedando dormido mientras asi rezaba· porque la sombra de las ramas ! el agua
qu~ brotaba la piedra, parecían decirle: Duer
me y descansa.

�14

ANTONIO MACHADO

- Y durmió Alvargonzález, pero su ánimo no
había de reposar porque los sueños aborrascan el dormir del hombre.
Y Alvargonzález soñó que una voz le hablay ve~a como Jacob una escala de luz que
iba del cielo a la tierra. Sería tal vez la franja
de sol que filtraban las ramas del olmo.
Difícil es interpretar los sueños que desatan
el haz de nuestros propósitos para mezclarlos
eon recuerdos y temores. Muchos créen adivinar lo que ha de venir estudiando los sueños
Casi siempre yerran, pero alguna vez aciertan:
En los sueños malos, que apesadumbran el corazón del durmiente, no es difícil acertar. Son
estos sueños memorias de lo pasado, que teje
y confunde la mano torpe y temblorosa de un
personaje invisible: el miedo.
Soñaba Alvargonzález en su niñez. La alegre fogata del hogar, bajo la ancha y negra
campana de la cocina y en torno al fuego, sus
padres y sus hermanos. Las nudosas manos
del viejo acariciaban la rubia candela. Lamadre pasaba las cuentas de un negro rosario
~n la pared ahumada, colgaba el hacha relu~
ciente, con que el viejo hacía leña de las ramas de roble.
Seguía soñando Alvargonzález, y era en sus
mejores días de mozo. Una tarde de verano y
un prado verde tras de los muros de una huerta. A_la s?mbra, y sobre la yerba, cuando el
sol caia, tiñendo de luz anaranjada las copas
de los castaños, Alvargonzález levantaba el

?ª•

15

LA TIERRA DE ALVARGONZÁLEZ

odre de cuero y el vino rojo caía en su boca,
refrescándole la seca garganta. En torno suyo estaba la familia de Peribáñez: los padres
y las tres lindas hermanas. De las ramas de
la huerta y de In yerba ~el prado se _elevaba
una armonía de oro y cristal, como s1 las estrellas cantasen en la tierra antes de aparecer
dispersas e~ el cielo silencioso. c_aía la tarde
y sobre el prnar obscuro, aparec1a, dorada y
jadeante, la luna llena, la h~rmosa luna del
amor sobre el campo tranquilo.
Co~o si las hadas que hilan y tejen los sueños hubiesen puesto en sus ruecas un mechón
de ~egra lana, ensombrecióse el soñar. de Alvargonzález, y una puerta do.rada abnóse lastimando el corazón del durmiente.
Y apareció un hueco sombrío, y al fon?º•
por tenue claridad iluminado, el hogar desierto y sin leña. En la l?ared colg~ba de una es·
carpia el hacha bruñtcla y reluciente.
._
El sueño abrióse al día claro. T~es ~11?-os
juegan a la puerta de la casa. Lamu3ervig1!a,
cose y a ratos sonríe. Entre los mayores brmca u~ cuervo negro y lustroso de ojo acerado.
-¿Hijos, que hacéis? les pregunta.
Los niños se miran y callan.
-Subid al monte, hijos míos, y antes que
caiga la noche, traeclm~ un brazado de leña.
Los tres niños se ale3an. El menor, que ha
quedado atrás, vuelve la c_ara y su madre lo
llama. El niño vuelve hacia la casa los hermanos siguen su camino hacia el encmar.

r

�lG

ANTONIO MAOilADO

LA TIERRA DE ALVARGoNzÁLgz

~ es otra vez el hogar, el hogar apagado y
d_es1erto, y en el muro colgaba el hacha reluciente.
Los mayores de Alvargonzález vuelven d~l
monte con la tarde, cargados de estepas. La
madre enciende el candil y el mayor arroja
as~illas y jaras sobre el tronco de roble, y
qutere hacer el fuego en el hogar. Cruje la leña y los tueros, apenas encendidos se apa·
gan. No brota la llama en el lar de Álvargonzález. A la luz del candil brilla el hacha en el
muro, y esta vez parece que gotea sangre.
-Padre, la hoguera no prende; está la leña
mojada.
Acude el segundo y también se afana por
hacer lumbre. Pero el fuego no quiere brotar.
El más pequeño echa sobre el hogar un pu•
ña~o de estepas, y una roja llama alumbra la
coc10a. La madre sonríe, y Alvargonzález coge en brazos al niño y lo sienta en sus rodillas, a la diestra del fuego.
-Aunque el último has nacido, tú eres el
primero en mi corazón y el mejor de mi casta;
porque tus manos hacen el fuego.
Los hermanos pálidos como la muerte se
alejan por los rincones del sueño. En la dies•
tra del mayor brilla el hacha de hierro.
Junto a la fuente dormía Alvargonzález
cuando el primer lucero brillaba en el azul,
una enorme luna teñida de púrpura se asomaba al campo ensombrecido. El agua que
brotaba en la piedra parecía relatar una his-

y

17

toria vieja y triste: la historia del crimen en
el campo.
• b
·1
Los hijos de Alvargonzález c~m1n_a an st en·
ciosos, y vieron al padre dormido Junto a la
fuente. Las sombras que alargaban la t_arde
llegaron al durmiente antes que los asesm~s.
La frente de Alvargonzález tenía un tachon
sombrío entre las cejas, como la huell_:,l de una
segur sobre el tronco de un roble. Sonaba Alvargonzález que sus hijos veoí_an a matarle, y
al abrir los ojos vió que era cierto lo que soñaba.
l
Mala muerte dieron al labrador, los ma os
hijos, a la vera de la fuente. Un hachazo en _el
cuello y cuatro puñaladas en el pecho pus
ron fin al sueño de Alvargonzález. El hac - a
que tenían de sus abuelos y que tanta lena
cortó para el hogar, tajó el robust~ cuello que
los años no habían doblado todav1a, y el cuchillo con que el buen padre cortaba el pan
moreno que repartía a los suyos en torno de
la mesa hendido había t:l más noble corazón
de aqueÍla tierra. Porque Alvargo_nzález era
bueno para su casa, pero era también mucha
su caridad en la casa del pobre. Como padre
habían de llorarle cuantos alguo~ vez llamaron a su puerta o alguna vez le vieron en los
umbrales de las suyas.
Los hijos de Alvargonzález no saben lo q~e
han hecho. Al padre muerto arrru:tran hacia
un barranco, por donde corre un no que bus-

1t

�19

ANTONIO :r.tACllADO

LA ~!ERRA DE ALVARGONZÁLEZ

ca al Duero. Es uo valle sombrío lleno de helechos, hayedos y pinares.
Y lo llev~n a la L_aguna Negra, que no tiene
fondo y alh lo arroJan con una piedra atada
a los pies. La laguna está rodeada de una
muralla gigantesca de rocas grises y verdosas, donde anidan las águilas y los buitres.
Las gentes de la sierra en aquellos tiempos
no osaban acercarse a la laguna ni aun en
l~s. días claros. Los viajeros que, como Vd.,
v1s1tan hoy estos lugares, han hecho que se
les pierda el miedo.
Los hijos de Alvargonzález tornaban por el
valle_, ~ntre los pinos gigantescos y las hayas
decrepitas. No oían el agua que sonaba en el
fondo del barranco. Dos lobos asomaron, al
verles pasar. Los lobos huyeron espantados.
Fueron a cruzar el río, y el río tomó por otro
cauce, y en seco lo pasaron. Caminaban por
el bosque para tornar a su aldea con la noche
cerrada , y los pinos, las rocas y los helechos
por todas partes les dejaban vereda como si
huyesen de los asesinos. Pasaron otra vez
junt? .ª 1~ fuente, y la fuente , que contaba
su vwJa h1~toria, calló mientras pasaban y
aguardó a que se alejasen para seguir contándola.
Así heredaron los malos hijos la hacienda
dt:I. ?uen labrador que una mañ;rna de otoño
s,lto de su ra~a, y no volvió ni podía volver.
Al otro dh se encontró su manta cerca de la
fuente y un reguero de sangre camino del ha-

rranco. Nadie osó acusar el crimen á los hijos
de Alvárgonzález, porque el hombre del campo teme al poderoso, y nadie se atrevió a sondar la laguna porque hubiera sido inútil. La
lagunajamás dev11elve lo que se traga. Un
buhonero que erraba por aquellas tierras fué
preso y ahorcado en Soria, a los dos meses,
porque los hijos de Alvargonzález le entregaron a la justicia, y con testigos pagados lograron perderle.
La maldad de los hombres es como la Laguna Negra, que no tiene fondo.
La madre murió a los pocos meses. Los que
la vieron muerta una mañana, dicen que tenía cubierto el rostro entre las manos frías y
agarrotadas.

18

*
* *

El sol de primavera iluminaba el campo ve~de, v las cigüeñas sacaban a volar a sus hijuelos en el azul de los primeros días d~ ma)'.~·
Crotoraban las codornices entre los trigos Jovenes; verdea bao los álamos del camino y de
las riberas, y los ciruelos del huerto _se llenaban de blancas flores. Sonreían las tterras de
Alvargonzáiez a sus nuevos amos, y prometían cuanto había rendido al viejo labrador.
Pué un año de abundancia en aquellos campos. Los hijos de Alvargonzález comenzaron
a descargarse del peso de su crimen, porque a
. los mal vados muerde la culpa cuando tet?eo
al castigo de Dios o de los hombres; pero s1 la

�LA TIERRA DE ALVARG.::.ON:;.:Z=.:Á:.:L:..::F.=.Z_ _ _ _
21_

20

AN'l'ONlO

MACRAl&gt;O

fortuna ayuda y huye el temor, comen su pan
alegremente, como si estuviera bendito.
Mas
codicia tiene garras para coger, pero no tiene manos para labrar. Cuando lleaó
0
el ~erano s!guiente, la tierra empobrecida, parec1a fruncir el seño a sus señores. Entre los
tri.g_os ha b_ía más amapolas y. hierbajos, que
ru01as espigas. Heladas tardías habían matado ea flor los frutos de la huerta. Las ovejas_morían ~or docen~s porque una vieja, a
quien se tema por bruJa, les hizo mala hechicería. Y si un año era malo, otro peor le seguía. Aquellos campos estaban malditos, y
los Alvargonzález venían tan a meno!', como
~han a más querellas y enconos entre las muJeres. Cada uno de los hermanos tuvo dos hijos que no pudieron lograrse, porque el odio
había envenenado la leche de las madres.
Una 1:oche de invierno, ambos hermanos y
sus moJeres rod~aban el hogar, donde ardía
un fuego mezqu100 que se iba extinguiendo
poco a poco. No tenían leña, ni podían buscarla a aquellas horas. Un viento helado pen~trn ba por las re1:dijas del postigo, y se le
01a bramar en la chimenea . Fuera, caía la nieve en torbellinos. Todos miraban silenciosos
las ascuas mortecinas, cuando llamaron a la
puerta.
-¿Quién será a estas horas? dijo el mayor.
Abre t6.
Todos permanecieron inmóviles sin atrever-.
se a abrir.

!ª

Sonó otro golpe en la puerta y una voz que
decía:
- Abrid, hermanos.
- ¡Es Miguel! Abrámosle.
.
.
Cuando abrieron la puerta, cubterto de nieve y embozado en un largo capote entró Miguel, el menor de Alvargonzález, que volvía
de las Indias.
Abrazó a sus hermanos, y se sentó con ellos
cerca del hogar. Todos quedaron sil~ncioi;:os.
Miguel tenía los ojos llenos de lá&amp;nmas, Y
nadie le mira ha frente a frente. M 1guel, que
abandonó su casa siendo niño, tornaba hombre y rico. Sabía las desgracias de su bogar,
mas no sospechaba de sus hermanos. Era su
porte, caballero. La tez morena, algo quemada, y el rostro enjuto, porque las fiebres de _DI·
t ramar dejan siempre huella , ·pero en la mira·
da de sus grandes ojos brillaba la juventud.
Sobre la frente, ancha y tersa, su cabello casfaño caía en finos bucles. Era el más bello de
los tres hermanos, porque al mayor le afea~a
el rostro lo espeso de las cejas velludas, baJO
la estrecha frente, y al segundo, los ojos pequeños, inquietos y cobardes, de hombre ast uto y cruel.
Mientras Miguel permanecía mudo Y abst raído, sus hermanos le miraban al pecho,
donde brillaba una gruesa cadena ~e oro.
El mayor rompió el silencio, Y d 1J0 :
-¿Vivirás co~ nosotros?

�LA TIERRA Dll:. ALVAROONZAL!-Z_ _ _ _ _23
_

22

ANTONIO hlACIIADO

-_Si quer~is, contestó. Mi equipaje llegará
manana.
-Unos suben y otros bajan, añadió el seg':ndo. Tú traes oro y nosotros, ya ves, ni
lena tenemos para calentarnos
El viento b~tía la puerta y ei postigo, y aullaba en la chimenea. El frío era tan grande
que estremecía los huesos.
'
Miguel iba a hablar cuando ·llamaron otra
vez a la puerta. Miró a sus hermanos como
preguntándoles quién podría ser a aquellas
horas. Sus hermanos temblaban de espanto.
Llama~on otra vez, y Miguel abrió.
Apareció el hueco sombrío de la noche y
una racha de viento le salpicó de nieve rl r'ostro. No vió a nadie en la puerta mas divisó
una figura que se alejaba bajo lo~ copos blancos. Cuando volvió a cerrar, notó que en el
umbral_había un montón de leña. Aquella noche ard16 una hermosa llama en el hogar ele
Alvargonzález.
Fortuna traía Miguel de las Américas, aunque no tanta como soñara la codicia de sus
hermanos. Décidió afincar en aquella aldea
donde ha?ía nacido, mas como sabía que toda la hacienda era de sus hermanos, ks compró una parte, dándoles por ella mucho más
oro del qu~ nunca había valido. Cerróse el
tratn, Y ~1guel comenzó a labrar en las tierras mald1ta5:.
El oro devolvió la alegría al corazón de los
malvados. Gastaron sin tino en el regalo y el

vicio, y tanto mermaron su · ganancia, que al
año volvieron a cultivar la tierra abandonada.
Miguel trabajaba de sol a sol. Removió la
tierra con el arado, limpióla de malas hierbas, sembró trigo y centeno, y mientras los
campos de sus hermanos parecían desmedrados y secos, los suyos se colmaron de r~bias y
macizas espigas. Sus hermanos le miraban
con odio y con envidia. Miguel les ofreció el
oro que le queilaba a cambio de las tierras
malditas.
Las tierras de Alvargonzález eran ya de Miguel, y a ellas tornaba la abundancia de los
til'mpos del viejo labrador. Los mayores ~astaban su dinero en locas francachelas. El Juego y el vino llevábanles otra vez a la ruina.
Una noche volvían borrachos a su aldea,
J,o··que habían pasado el dia bebiendo y festejando en una feria cercana. Llevaba el may&lt;;&gt;r
el reño fruncido y un pensamiento feroz baJO
la frente.
-¿Como te explicas tú la suerte de Miguel?
dijo a su hermano.
•'La tierra le colma de riquezas, y a nosotros nos niega un pedazo de pan.
-Brujería y artes de Satanás, contestó el
segundo.
Pasaban cerca de la huerta·, y se les ocurrió
asomarse n la t opia . La huerta e~tab:i cnajada de frut' s . Bajo los árboles, y entre los ro-

�T,A TIERRA t&gt;E ALVAROONZALEZ

2-i

25

--------

ANTONIO MACHADO

sales
di isaron un hombre encorvado hacia
la
ti¡rra.v

-MJrale, dijo el mayor. H as t a d e noche
trabaJa.
-¡Eh! Miguel, le gritaron
Pero
el hombre
· 1vía la cara. Seuía
trab
. d aq ue'I _no vo
g
ªJªº
o
en
la
tierra
t d o ramas
o arrancando h'terb as Los 'cor
dos an
rrachos, ach~caron 1· .
.
ª tó at'tos boba la cabez1 el a vmdo que les aborrasca,
cerco e luz q
,
rod ear la figura del hort I
ue parec1a
hombre se levantó
e ano. pespués, el
mirarles, como si
avanzó hacia_ ellos sia
huerto _para seguir t~:~:~:n~~ro rmcón del
bre tema el rostro del . J I b · Aquel homlaguna sin fondo bab'vteJo. a rador. ¡De la
para labrar el huerto~: ;t1do lvargonzález
Al día siguiente a b ~ue ·
han haber bebido' m:c:s :rmano~ recordararas en su borrachera o
~ visto cosas
do su dinero hasta erd l s1gu1_eron gastun-

b

1f

;10.0

:t-;~;::.'"ba sus r,m!:,; ti::,: :r::a:~
Los mayores volvieron
·
nas la sangre de C ,
a s~nttr en sus vemen les azuzaba al a_10, y el recuerdo del cri. .
crimen.
Dec1d1eron m a t ar a su hermano V a•1' 1
·c1·e
, . " o
h1 roo.
_Ahogároole en la presa del molía
nana a pareció Miguel fl t d o, y una maLos malvados llo
o an o sobre el agua.
lágrimas fingt'da
raron aquella muerte con
s, para aleJar sospechas eu

la aldea donde nadie les quería. No faltaba
quien les acusase dd crimen en voz baja, aunque ninguno osó llevar pruebas a \ajusticia.
Y otra vez volvió a los malvados la tierra
de Alvargonzález.
Y el primer año tuvieron abundancia porque cosecharon la labor de Miguel, pero al segundo, la tierra se empobreció.
Un día, seguíd el mayor encorvado scbre la
reja del arado que abría penosamente un surco en la tierra. Cuando volvió los ojos, reparó que la tierra se cerraba y el surco desaparecía.
Su h ermano cavaba en la huerta, donde sólo medraban las malas hierbas, y vió que de
la tierra brotaba sangre. Apoyado en la azada contemplaba la huerta, y un frío sudor
corría por su frente.
Otro día, los hijos de A.lvargoozález tomaron silenciosos el camino de la Laguna Negra.
Cuando caía la tarde, cruzaban por entre
las hayas y los piaos.
Dos lobos que se asomaron a verles, huyeron espantados.
Al llegar a la laguna contemplaron un momento el agua tranquila.
¡Padre! gritaron, y cuando en los huecos de
las rocas el e~o repetía: ¡padre! ¡padre! ¡padre! ya se los había tragado el agua de la laguna sin fondo.
ANTONIO MACHADO

�_

LA POESIA. DE E . GONZÁLEZ M

R
_EP--=.EQTOQIO
:::
BIBLIOGQBFICO
La poesía de Enrique González Martínez

e

(*)

L ansioso llegó ad
d .
de la sabiduría. on e v_,ve el maestro

-Toda mi juventud h
los caminos de la t"
e marchado por
des ni a buscar pi ,erra, y no a ver vanidaaceres M h
en las cosas· much
.
uc o observé
Pero la sabiduría ~ei~r~ de los hombres.
tos del mundo é
~ ora de los secre. a ti.
, sa me ia1ta· B use ándola
vine
-Demasiado pides.
-Muéstrame siqui
marchas rumbo ~I . e~a, 1~ ruta en que
si no lo descrifro ~1steno u]niv~rsal. Que
como algo más ' . menos o sie nta en mí
que interrogacié,n
El
·
le dijo:maestro le t ocó sob re los párpados,
y
- Ya estás e o el camino.
.
... . Cuando de nuevo
al maestro, dijo:
se e ncontró frente
-He vivido largos d '
. _
en la ruta del mi t .
,as , anos tal vez?
•
s eno, y sorprendí la luz

b)

;.rólogo al próximo libro del
, , El\~\~ pr6Jogo dice Sanln Cano~neth:- La mu,rt, dtl cis,u.
go e Henñquez Ureila es una rcvelac16n'".
de Julio de 1915·

'*"~~

27

de mi espíritu, y vi que iluminaba mundos
nuevos, y me sentí llenarme del alma universa\. ¿Cuál es tu secreto?
-Cerré tus ojos. Bajo la actitud inmóvil, h acia adentro marchabas. El camino
eres tú mismo.

** *

Imag ino así la ruta espiritual de este
poe ta . P arte d e la múltiple visión de las
cosas, de la riqueza de imágenes necesaria
al hombre de arte, y, camino adentro, llega
a su filosofía de la vida universal. Su poesía adquie re doble carácter: de individualismo y panteísmo a la vez. Las mónadas
de L eibniz penetra n en el unive rso d e Spinosa gracias al milag ro d e la síntesis esté tica.
I

l ntere!&gt;antísima para la h istoria psicoló g ica de nuestro tiempo es la formación de
la corri.,n te poética a que pertenecen los
versos de En rique González Martínez.
E sta poesía de conceptos t ranscende ntales
y de emociones sutiles, es la última trans for mación di~I romanticismo: no sólo del
romanticismo interior, que es de todo
t iempo, sin o también del romanticismo en

�28

PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA

cuanto
.
. forma h1'stó nea.
Co
vo1uc16n triunfante
mo en toda relas literaturas no ' len_ el romanticismo de
vo atinas la d'
.
graves fueron ¡
.
s 1sens1ones
as tn ternas E F
.
-a 1a que seguímos d d .
n_ rancia
con devoción ú . ' es e hace cien años
los pueblos de k~a, para bien Y para mal'
la poesía romá t' gua castellana-, junto~
mar ti ne y Mu:s1ecta pdura, la de Hugo, La•
, esnuda e
•,
·
t o d a rnquietud i'nd·1v1'd ua1 ím xpres1on
t
. de
'
peI u que rnun da b a desbordánd ose a vec
una nueva ret6ri
. ,es, _os cauces de
.
ca, surg10 V1
e Iog:10 del silencio
su
gny, con su
crát1cos; surgió Ga Y. s desdenes aristo, .
ut1er con su
. .
• '
curiosidad
hed 001st1ca y su
Parnaso se le
aristocrática ironía. El
vanta como
contra el exceso de .
p~otesta, al fin,
su _estética, pobre
;iolenci~ Y desnudez:
o limitativa al me p 0 su actitud negativa
nos, quedó t d
•
a 1a del romanticismo
ª ª a Y sujeta
contradicción T
por_ el propósito de
· ras Ia tesis r á ·
engendra la antítesrs
. parn ·om nt1ca' que
y aun dura, la sfntesi .
a_s1ana,_ aparece,
tanta violencia .
s. ~! smzbolismo. Ni
do cabe en la p~~!fanta impasibilidad. Topor sfm bolos T d ' pero todo se trata
.
·
o o se depu
ce, se vuelve, tambié
, ra y ennobletracto. De a uf
n, mas o menos absto, el peligr¿ ' ahora, el lirismo abstrae.
que está engendrando la

LA POESfA DE E, OONZÁLEZ ?d,

29

reacción, la antítesis contraria a la actual
tesis simbolista bajo cuyo imperio vivimos.
Esta es, entretanto, la fuerza que domi•
na en nuestra poesía hispanoamericana: el
simbolismo. Hemos sido, en América, clá•
sicos, o, mác; a menudo, académicos; hemos
sido románticos, o a lo menos, desmelena•
dos; nunca supimos ser en verdad parna•
sianos o decadentes. Nuestro modernismo,
años atrás, sólo parecía tornar del sírubolismo francés elementos formales: poco a
poco, sin advertirlo, hemos penetrado en
su ambiente, hemos adoptado su actitud
ante los problemas esenciales del arte.
Hemos llegado, al fin, a la posición espiritual del simbolismo, acomodándonos, más
que a sus difíciles tanteos estilísticos de
ayer, al tono lírico que de él heredó la
poesía francesa conternporáneá.
lI

Así lo demuestra la obra de Enrique
González Martínez; así lo demuestra el
culto que: suscita entre les jóvenes. Aunque muchos en América no le conocen to•
davía, González Martínez es el poeta a
quien admira y prefiere la juventud intelectual de México; fuera, principia a imi•
társele en silencio.

�30

Raras veces conocerá los valores li"te1-arios de México quien no visite el país; porque la crítica se ejerce mucho más en el cenáculo que en el libro o el periódico.
¿Quién, en nuestra América, no conoce
las colecciones de versos, populares entre
las mujeres, de poetas mexicanos que florecieron antes de 1880? Sus nombres ¿no se
repiten como nombres representativos entre
los lectores medianamente informados? Pero la opinión de los cenáculos declara {y
con verdad) que México no tuvo poetas de
primer orden entre las dos ce nturias trans.
curridas desde Sor Juana In és de la Cruz
hasta Manuel Gutiérrez Nájera. Este es,
piensa Antonio Caso, la personalidad literaria más influyente que ha aparecido en
el país. De su obra, engañosa en su aspecto de ligereza, parten ,incalculables direcciones, para el verso así como para la
prosa. Con su aparición, que históricamente es siempre un sig no, au nque no s iempre
haya sido una influe ncia, principia a for.
marse el grupo de los dioses may ores.
S e is dioses mayores proclama la voz de
los ce náculos: G utié rrcz N ájera y Ma nuel
J osé O thó n, mu ertos y a; Salvador Díaz

31

LA POESfA DE T. GONZÁLEZ )(.

PEDRO HENRfQUEZ URESA

. • Amado Nervo, L u is G). Urbina Y
Miren,
ál Martínez ( I •
Enrique Gonz ez
randes poetas anteCada uno de \osGg ález Martínez es
r ·
riores tuvo su hora . onz
el amado y pre1enel de la hora presente,,·0·1cian como al
.6
es que se
,
.
do por los J ven .
clero en la mten-0 mverna
,
b
calor de extran
d cultura que so resa actividad de arte y e si ilosa, entre las
.
enclaustrada Y g .
vive,
d. lución socia.
.
1
amenazas de iso .
tributan bomenaJe
Este poeta, a qte~s de su patria, lleíntimo las almas she ec eoas cuatro años.
· tal ace ª P
•
1
g6 a 1ª. cap1
n solícito entusiasmo, os
L e acogieron, co
d la tra d·1
1c'ón , en la Acarepresentantes e
de la moderna
demia; los representantes
Traía ya cuatro 1·,_
cultura, en el Ateneo.enderos ocultos, a d m ibros· el cuarto, Los s
. . s donde pasó
' V eni'a de las prov10c1a '
rable.
la juventud.
. ronunciada en e
n elegante confcrenc;a p oo esta selección
(i ) :S:o hace ~fcho!n~idla espontáne~mcn1 de !caza, ausente
Ateneo de Madric 1.' coi
ta D. Fr.1nc1sco . mente la primera
1!n México sobre.la
el distinguido ~ít f°rioraños atrás. P~0
de su pals de e a I criterio que pre, a e ·uentrn e n La, ,un
declaraci~n oficl~l clepoetas nacionales, se.¡oda por los Sres. Cas·
si¡:nilicac1ó'\ de os..
antologla compi 3
)
Este, por su
11
mrJo1m ~r;q:r:.::;::-i"~{~rcaclo y
:~~\:¿.,{1&gt;J¿,~1ros,ddecGlar;~e~
i ro ,ea •
. 1
ubhcado en
"La poesfa e o
p arte, en art,cu o p 'ó la más joven: . •
este poeta iba a
nombre de su gcncrac1 n '¡ " L a influencia fque Reyes en rn ar•
Martlnez es nues1~a ~~s ¡u unciaba Y~ A\~~s~o la R,úsla d,·
ejercer sobre los J ve .,,,os uullos (19u ), rnse
t lculo sobre Los """'
A f/Úrica, de Parls.

-

/&gt;.~

1~

hl

�32

PEDRO IllNRÍQUll:Z UREj¡,A

III

rrió. .. ¿Qué mundos de experiencias reco. este_ poeta, capaz de tantas en lo
vernte
.
,entre las
d 1 anos
. qu
. e t ranscurrieron
a o escenc1a impresionable y la .
·1
madurez? s
,
Juven1
d 1
·.
u . poes1a esconde toda hueUa
d!ste etstenc1~ exterior y cotidiana. Es
tual· b os dcom1en~os, autobiografía espiri~
. 1º ra e ar_te simbólico, compuesto no
con os materi ales nativos
.
,
esttia ideal del pensa mient~ ti~ºe~~;ió~a
cendidi:~ ,est~uvo, des?e su despertar, en~
JO imas ansias y angustias. Pero ob servó e n torno su . 1
d .
rodigio d I
r
yo, e se OJO el
P
e as 1ormas y lo
1
maravilJa del sonido:
s co ores, la
Yo ama ba sola
t ¡
,
las nubes y los ca:peno/ los ~brepusculos r ojos
. d
' a n era y el mar
Del Jar
fn me atraía l ·
····
(la sangre de la rosa l n ~ Jazmí~ y la rosa
, a nieve del Jazmín)
Ha 1agaban mi oíd 1
····
la balada del vient o las voces de las aves,
.
o, e canto del pastor ....

Entonces ~e .componen los inevitables
sone~os descriptivos; se consulta a v· T .
se piden temas a la G recia decorat1í~~1 ~o,
losppoet~s fra nceses; se tra duce a Herediae
. e ro Junto a las rientes escenas mitol6 .
g
los. p a1saJes
· · d e escuela mexica-·
naicas,
(la entre
q
ue com:enza e n Pesado y c u1mtna
•

LA POERfA DE E. GONZÁLEZ )(.

33

n Pagaza y Othón), flotan reminiscencias
mánticas: arcaicas invocaciones a la on marina y al rayo de las tormentas; voconfusas que turban la deseada armoa. En este conjunto que aspira al reposo
rnasiano, suenan ya notas extrañas: se
deslizan modulaciones de la flauta de Verlaine. ¡ Ay de quien escuchó este son

-poignantl
En el bosque tradicional, atraen al poeta
dos símbolo~: el árbol majestuoso, la fuenJe escondida. De ellos aprende, tras los
primeros delirios, la lección de recogimien •
to y templanza. Ellos le librará n de dos
embriagueces, peligrosas si persisten: la
interna, d dolor metafísico de la adolescencia torturada por súbitas desilusiones;
la externa, el deslumbramiento de la juventud ante la pompa y el deleite del mundo
físico.
Halla su disciplina, su norma: el goce
perfecto de las cosas bellas pide ''ocio
atento, sile ncio dulce''; y el goce de las al tas emociones pide el aquieta miento de los
tumultos íntimos, pide templanza:
Irás sobre la vida de las cosas
con noble lentitud ....
Que todo deje en ti como una huella
misteriosa grabada intensamente ....

�34

PEDRO BENRÍQUEZ UltERA

Porque este sigilio, esta templanza, le
llevan ahora lejos del culto de los ídolos
impasibles; le llevan a escudriñar bajo esuntuoso velo de las apariencias. A la imal
gen decorativa y vana .del cisne, sucede el
símbolo espiritual &lt;le! buho, con su aspecto
de interrogación taciturna.
Yo amaba solamente los crepúsculos rojos ....
Al fenecer la nota, al apagarse el astro
i oh sombras, oh silencio! dormitabais también ...

No: ahora procura "no turbar el silencio
de la vida", pero afina su alma para que
pueda ''escuchar el silencio y ver la som
bra". Su poesía adquiere virtudes exquisitas: se define su carácter de meditación
solemne, de emoción contenida y discreta·
~u ambiente de contemplación y de ensue~
no; su clara melodía de cristal; su delicada
armonía lacustre Extasis serenos ante "el
alma de las cosas", ante los rumores del
misterio universal.
Busca en todas las cosas un alma y un sentido oculto ....
Hay en todos los seres una blanda sonrisa
un dolor inefable o un misterio sombrío.... '

•Todo es revelación; todo es enseñanza
-dice Rodó-; todo es tesoro oculto en
las cosas''. Todo l!S símbolo:

LA POESÍA DE E. GONZÁLEZ M.

35

A veces una hoja desprendida
de lo alto de los árboles, un lloro
de las linfas que pasan, un sonoro
trino de ruiseñor, turban mi vida ....
.... Que no sé yo si me difundo en todo
o todo me penetra y va conmigo ....

He aquí cómo, después de salvar las sirtes de las embriagueces juveniles, alcanza
el poeta la suprema y tranquila embriaguez ael panteísmo:
En el santo abandono de un éxtasis profundo
palpitaré al unísono con el alma del mundo ....
Y me hundiré en el sueño inefable y profundo ...

Pero no se extinguió la vieja sabia romántica; la experiencia del dolor, sie_mpre
personal, íntima siempre, es _acaso qu1:n la
remueve,-como aquella tristeza ~nt1gua
que interrumpió su felicidad olvidad1zat:
Yo podaba m! huerto y libaba ~i vino ....
Y la vieja tristeza se.detuvo a ffi1; lado
y la oí levemente decir: ¿ Has olvidado?
De mis ojos aun turbios del placer y la fiesta
una lágrima muda fué la sola respuesta ....

La inquietud le pide que mire hacia
adentro:
Te engañas: no has vivido mientras tu paso incierto
surque las lobregueces de tu interior a tientas....

Halla su camino. Está ante las puertas

�36

LA POESfA DE E OONZÁLEZ M

37

!&gt;EDRO HENRÍQUEZ trR~A

de_ la madurez. Ha conquistado su
equilib no, su autarquía:
.. ··Y sé fundirme en la 1
.
y en los milagros de 1a\P eganas del paisaje
l\Ias en mis reinos b. ~z crepuscular ....
do sólo yo sé peoef:a iet1vos
se agita un alma con s'
su impulso propio y _usdglo ces ex~lusivos,
su O or particular.
IV

, La autobiografía lírica de Enri
zalez Martínez es 1 1 .
.
que Gons1.6 n perpetua H .a listona de u na ascenro, a la vez h . ac1a mayo~ ser~nidad; pe, ac1a mayor s111cendad h .
m á s severo y h d
, ac1a
Espejo de nuest;ans 1:/oncepto de la vida.
anhelos, esta poesía es hts, voz de nuestros
tro siglo y d
P enamente de nuese nuestro mu d
T
.
tempestades azot
n o.
err1bles
t
ero Ném · · _an ª nueS ra América·
es1s vigila p
.
,
P
desmayo
toda v ... c·1' '6rontTa a castigar todo
'
n I ac1 n.
amp
entre e: , 1 . oco pretend amos olvidar
.
mvo os Juego
s, _entre
devaneos ingeniosos el d b
de construir, que el ~o
e ~r de edificar,
tro credo no
mento impone. Nuessímbolo de n puede ser el h_e donismo; ni
faisán de oro uoestlra~ preferencias ideales el
' fi
e cisne de seda ·Q é ·
ni can las Prosas ,1, , r,
. e u s1grío, cu · 0
rro_¡anas de Rubén Da} s senderos comienzan en el jardín

florido de las Fiestas galantes y acal•an en
la sala escultórica de Los trofeos? Di . ersi6n
momentánea, juvenil divagación en que reposó t'l espíritu fuerte antes de entcnar los
Cantos de vida y esperanza.
La juventud de hoy piensa que eran,
aquellos, "demasiados cisnes";· quiert! más
completa interpretación artística de la vida;
más devoto respeto a la mce-..idad de inte
rrogaci6n, al deseo de ordenar y construir.
El arte no es halago pasajero, destinado al
olvido, sino esfuerzo que ayuda a la construcción espiritual dd mundo.
Enrique Goozález Martínez da voz a la
nneva aspiración estética. No habla a las
multitudt&gt;s; pero a tra, és de las almas ~electas viaia su palabra de fe, su consejo de
meditación:
Tuércele el cuello al ci, ne

a~ engañoso

plumaje ....

;11ira el buho sapiente... .
El no t iene la gracia del cisne, u~as su inq uiet a
pupila, que se clava en la sombra, interpret a
el misterioso libro del silencio nocturno.
V

Bajo las solemnes contem placion es del
poeta, vi,·e, con amenazas de tumulto, la
inquietud antigua. Así, bajo la triunfal armonía de Sbelley, arcángel cuya espada

�38

PEDRO HElmfQUEZ UREÑA

flamígera señala cumbres al anhelo perenne, solía gemir, momentánea, la nota del
desfallecimiento.
El poeta piensa que debe "llorar, si hay
que llorar, como la fuente escondida"; debe
purificar el dolor en el arte, y, según su
religión estética, transmutarlo en símbolos.
Más aún; el símbolo ha de ser catarsú: ha
de ser enseñanza de fortaleza.
Pero la vida, cru el, no siempre da vigor
contra todo desastre. Y entonces, el artista cincela, con sombrío deleite, su copa de
amargura, c!.lyo trágico esplendor seduce
como filtro de encantamiento. En las pági •
nas de La muerte del d sne luchan los dos
Ím?ulsos: el de la fe; el de la desesperanza,
la voz sollozante y conmovedora de los
días inútiles v del huerto cerrado.
Son duros Íos tiempos. Esperem os .... E speremos que el tumulto ceda, cuan do baje
la turbia marea de la hora. Vencerá , en•
tonces, la sabiduría de la meditación, la
serenidad del otoñ o.
P EDRO H E NR ÍQU E Z UREÑA.
Washington, marzo de 1915.
( Cuba Cofltemporáflea. Habana.)

LAVANDERA
A ARMANDO D ONOSO

Ca e la tarde. El estero
pasa las yerbas rozando,
y jacta_ncios? y artero
va ind1screc1ones charlando .
Junto a alameda frondosa
la joven cantando lava
y se duele ruborosa
de p enas h ondas escla va.
E n su afán al agua in1plora
y al viento penas deslíe ...
(Ella ve que el agua llo;ª¡
y el agua pasa ... y sonne •)
"Tú -la dice ingenttamente,t ú que sabes mi aflicción,
co~o refrescas mi frente
refresca mi corazón!"
"Tú, que curiosa escudriñas
la inocencia y el peca do,
de mis locuras de niña,
,,
borra manchas ... si has h allado 1.
"¿Aquéllo? ... Amor, fr~nesí,
que tú ya sabes.:. pasó ·,
(Su candor percibe un s1
y el agua rezonga n6.)

�40

LAVANDERA

"Verdad que e
. .
naufra é . n mar tra1c1onera
(S
. gu .. 1 Qué se ha de hacer I"
usp1ra una enredadera
.
y el agua !Íe aJ correr.)
''Fué escollo el que soñé
i Todo el que sufre delira~~erto ...
(Unavemedita·Esc· t
y el a
. . .
ier o
gua lílS!S t e : i Me11tiraÍj
"D~olt_ra pasión insondable
1
oys e iquios ... nunca más "
(p el aoua
·
·
"' suena implacable.!.
ues ya verás, ya verás!) .
y así, sentada a la orilla
rumorosa del estero
lava y 1~ cuenta sen~illa
sus deslices af artero ...
y ni ve que hasta la Jeve
say
1 a que sus formas vela
e agua a saltar se atreve•
y va esplorando en la t e1a.
l\1ueve el dolor su alma
.
como el viento ávida fla~:st1a
y el agua ensaya
•
rimas para un e _en su angustia
p1grama ...

Ella apura. su agna
. copa ...
~es~ emlbnaga en la ilusión
ue avando la ropa
q~eda blanco el corazón l
/Del vol_umen Yo t!J.i sol.,
Santiago de Chile. 19i5¡

J.

LAGOS LISBOA

LOS TEMPLOS
O

Et'IERE

Diógenes Laercio que Epicuro, el se-

.1'\, reno enemigo de los Dioses en la Grecia decadente, era asiduo visitante de los templos.
Yo también tengo esa piadosa costumbre, y no
hay ciudad, ni aldea cuyos templos o iglesita de
espadaña no despierten en mí irresistible curiosidad de conocerlos y de santiguarme en sus piscinas con sus aguas benditas. A los coloniales templos de la ciudad de Buga, mi tierra natal, con
sus apolillados cuadros de Angelino 11edoro, pintor romano, sus altares dorados, sus custodias
cuajadas de pedrería, sus ornamentos y sus platas
labradas, debo la primera sensación de belleza y
de piedad, y a los de Popayán y Bogotá, ricos en
suntuosos a rtesonados y artísticas obras de talla,
mi amor de las cosas sagradas. Y es porque yo
experimento una rara emoción, que me huelgo
en saborear y multiplicar, al penetrar solo en estos solitarios refugios de los espfritus selectos y
apasionados, al ponerme delante de esos cuadros
fascinadores, de anchísimos y pesados marcos con
guirnaldas de ángeles, lienzos enriquecidos con
la pátina de los tiempos, que representan, en fon-

�¡,

42

CORNELIO IDSPANO

dos celestes, ermitaños de venerables calvas, torturados y medio desnudos, que agarran en sus
escuálidas manos las Sagradas Escrituras, y a
quienes acompaña, en su perpetua soledad, un
león de indómita cabellera o la trompeta del juicio final. Lienzos que hacen desfilar a los Patriarcas de la antigua ley, enmedio de rebaños y
gavillas, o a la Samaritana, con el cántaro al
brazo, que se dirige al antiguo pozo, o a los israelitas, de regreso de la tierra de Canaán, que traen
a cuestas, como muestra de su milagrosa fertilidad, enormes y lozanos racimos, purpurados
por la tarde.
Los templos convidan a soñar en cosas terribles
y deleitosas, a la vez. Cerca de las tinieblas y
las fulgurantes llamaradas de los infiernos, de las
horribles muecas de los demonios empedernidos,
aparece, en un muro bañado por la luz matinal,
un huerto fresquísimo, con diáfanos arroyos de
agua, y la casta Susana, desceñida la túnica, y
tan blanca y tan tímida como los corderos pascuales.
Los templos me recuerdan lecturas que han
dejado honda huella en mi espíritu, me reviven
los primores de esos libros llamados vejestorios
por el vulgo de a ctualidad, que contienen en
caracteres góticos, con estampas magníficas, bajo un grueso forro de dorada piel de camero,
las Vidas de los Santos Padres del Desierto,

43

LOS TEMPLOS

.
tores griegos o la Leescritas por antiguols bª~naventurado Santiago
ie ·¡Y enda D orada. de
de San Bas1·1·10
.
0 las Homt 1as
de Voragma,
del Método que debemos
Magno, en que habl~'b s de los gentiles,* o las
seguir para.leez: los t rocuando dirigiéndose a la
de San Juan Cnsóstomo,_
asf· "Una vez más
· empieza
•
malvada Eud oxia,
á ueña ver la car
na vez m s s
d
Herodíades e ira, u to" Todo en estos libros
beza de Juan en un ~lad r·· la rustir.idad de las
• bl y fascina o •
.
es admira e . f ble senc1·11ez del relato ' la mimágenes,
. 1·ngenuidad, la des.
. la me
ºóna, la . d"1vma
~emosa
invenc1
iumbradora elocuencia.
la lectura de los
Los protestantes condenabr?n I s Padres de la
En cam 10
filósofos paganos.
1·aron y los monies
.
d·a on y esco 1
,
.
iglesia los estu i r
. del monte Casmo,
de Italia, en el monast~1~a antigüedad,y en la
conservaron los tesoros etºb rtinas leían los au·1·d d d sus sedes i u
'
tranqu1 1 a e
d Escrituras.
tores gentiles con las S_agr~ asme incite a más seNada que me sobre~oJalm f'. yde mis propias pisa.
ue oir e eco
ria meditac16n q
d
capillas ocultas,
d s losas e esas
das sobre las sor a
o santuario agolóbregas en cuy
.
penumbrosas Y
te aceite de ohvas,
de transparen
niza en un vaso
en los rincones,
,1 ma bermeja. Parece que
una la
. mos ublicado esta fa.

°

.

- . -.n el número 27 de 1'.' Coleccúfn Arul he
p
mos!\omilía ele _S an Bls1lboén
la Dtfe11s,1 de Eut,-qj&gt;ro, de San Juan
Hemos publicado tam 1
Crisóstomo •

�44

CORNELIO HISPANO

duermen los largos dejos de las vísperas crepusculares o los últimos resonantes arpegios del órgano sonoro, y se respira un ambiente ultraterrestre en que se confunden las esencias de las
flores marchitas, de los óleos y resinas aromáticas, con el sacro olor. de las ceras amarillentas,
de los linos y vasos de las consagraciones.
Pienso que por estos presbiterios vetustos, en
las .grandes solemnidades, en las pomposas liturgias, han pasado con sus rostros de verde ancianidad, sus puros cabellos blancos, sus capas pluviales, sus rojas casullas y albas sobrepellices los
austeros Prelados, dechados de santidad y amor
de Dios Y que aquí, ante la mesa del banquete eucarístico, se postraron temblorosas de fer vor
y castidad, legiones de impolutas vírgenes, de
matronas veneradas, de severas esposas, u ofrecieron para siempre su corazón, como un presente, cándidas prometidas, ruborosas por la primera vez, y coronadas de azahares.
A un eximio orador sagrado de Bogotá le oí
decir en brillante festividad: "Santa Teresa, esta
Safo del amor divino!" Cuando visito los templos, cuando recorro estos solitarios refugios de
los espíritus selectos y apasionados, y respiro el
ambiente de las cosas sagradas, yo siento toda la
intensidad de esa frase dulcísima.
CoRNELIO HISPANO

Caracas. 19u
( El Cojo Ilustrado. Caracas.)

EL VINO DE LESBOS
Si queréis de mi lira
oir los sones,
dadme vino de Lesbos
que huele a flores !

y si queréis que dulces
amores cante,
venga Lelia a mi lado
y el vino escancie !
Pero no en cinceladas
corintias copas,
por que el vino de Lesbos
se liba en rosas !
El Amor nos lo brinda,
y el que lo bebe
arder en sacro fuego
feliz se siente !
Es suave como el néctar
que en los festines
de Olimpo, Ganimedes
alegre sirve !
Que venga Lelia hermosa,
y sus hechizos

�46

E. PERNÁNDEZ GRANADOS

celebraré en m.is cantos
bebiendo vino'!
Veréis cómo la niña
si oye mis co~las
me da el vino de Les b os '
.
pero en su boca l
1 Por que el vino de Lesb·o~' .
se liba en rosas !

EL BRINDIS
Coronadas las frentes
de mirto y ros
descubiertos los senosas,
y altas las copas
por el cantor de L aura
.
'
brindan las moza
y a los brindis
suceden s
.
nsas sonoras
El, en tanto, beodo,·
el vino toma
y, olvidando
b. a su a mad a
rinda por todas·'
y al apurar del néctar '
la última gota
nnalá gnma
·
ardiente •
deja en la copa.

POESÍAS

EL BANO
Atraviesa el Guadalupe
deslizándose tranquilo
entre frondosos laureles,
rosas, naranjos y mirtos,
eterno amor murmurando
en su lenguaje argentino,
un lugar lleno de flores
en la montaña escondido.
El aire que allí se aspira
es suave, apacible, tibio,
y está lleno del aroma
de los labios purpurinos
de Laura, la Primavera
de aquel feliz paraíso,
donde sus más tiernos cantos
ensaya el ave.! en su nido,
son más risueñas las frondas,
es más rumoroso el río
y siempre se mira el cielo
azul como los zafiros.
Que siendo aquellos vergeles
de t._ql Primavera asilo,
jamás, con su helada corte,
llega el Invierno aterido.

47

�APOSTILLAS

48

E' FERNNÁOEZ GRANADOS

Apenas florece el alba
viene la virgen al río, '
que se estremece de gozo
al presentir sus hechizos
Sonriendo, sobre la gra~a
desata el blanco vestido ,
desprende su cabellera ,
que ~ubre su espalda e~ rizos,
Y de¡ando descubiertos
sus hombros alabastrinos
con sus dedos sonrosados '
conteniendo los latidos
de su delicado seno
desabróchase el co;piño
y muestra al sol, ruborosa,
de su hermosura
el prod'1g10
. • •••
L
d
on as, al recibirla
exhalan tenue suspir~,
Y blanca llu via de perlas
baña su cuerpo divino·
Y se quedan cintiland~
aquellos senos tao lindos
como botones de rosa '
salpicados de rocío.

ª

ENRIQUE FERNÁNJlEZ GRANADOS,

( De Myrlos.

EDIC!Ol&gt;ES PORl(ÚA México•

1915 J

PURISMO DE OLLA PODRIDA

El otro día, al abrir Los lunes del Imparcial, tuvimos un violento sobresalto al creer
tropezar con un espectro: el de D. Antonio de
Valbuena. Suponíamos que este buen señor
había dejado de existir hacía medio siglo o
cosa así. Aún vive, eterno cancerbero del purismo de la lengua.
Con humor y solaz, ¡qué divertido ensayo
psicológico podría escribirse sobre el purista!*
Su misión consiste en esforzarse por que el
idioma nativo conserve su ranciedad, su sabor a olla podrida y fritada de aceite. Nada
de palabras nuevas o exóticas, nada de giros
extraños. Para los que tales crímenes cometen, el purista tiene siempre a mano un vocablo aplastante: ¡galicursis! Si el purista fuera
consecuente, tendría que indignarse de que sus
hijos crezcan, de que sus hijas celebren coyunda, de que las sociedades humanas cambien,
• Una admirable contribución a esta psicologia del purista
puede hallarla el lector en la obra Camino de Ptrftedón del egregio escritor venezolano Manuel O!az Rodr(guez .

�APOSTILLAS

de que la corteza terrestre se modifique, de
que los mundos siderales se transformen; en
suma, de que todas las cosas, en virtud de leyes físicas o biológicas, sufran el eterno proceso del cambio. El purista ve en el idioma
un objeto de museo, algo fósil por el cual hay
que velar celosamente. ¡Nadie lo toque! Si
hubiera estado en mano de los puristas, no
habría más que un idioma: el cavernario,
compuesto de unos cuantossonidos onomatopéyicos. Pero los ríos no corren cuesta arriba
'
y las lenguas cumplen las leyes de su desenvolvimiento a despecho de todos los Valbuenas y "Chicos del Instituto" que pretenden
detenerlo con sus palmetas, tan inocuas como risibles.
(D e Espa,ia. Madrid.)

UNA VICIOSA COSTUMBRE
Sefialaré un a desviación causada por su
ejemplo. * Los que le ei,cuchábamos y leíamos con atención y respeto de neófitos entre
1880 y 1885 , tendíamos a creer, naturalmente, que la mayor parte de las voces usuales
" El_ ej~mplo del colombiano Luis Eduardo Villegas "hombre
docto, ¡unsconsulto de muchas letras, y ardiente ador:1dor de la
hermosa lengua castellana."

APOSTILLAS

51

eran provincialismos, o eran incrustaciones
artificiales procedentes del contacto con otras
lenguas, señaladamente la francesa, que la enseñanza elemental ponía al alcance de muchas
mentes. Esa tendencia se completaba con el
anhelo de buscar la palabra castiza entre los
términos poco usados. Existía la palabra
aceiter~ de uso corriente. Si llegábamos a
enterarnos de que la palabra alcuza significaba lo mismo y aparecía en un escritor castellano de nota, la palabra aceitera llevaba todas las probabilidades de morir arrinconada.
Una tarde, guiado por uno de los empleados del instituto, me acerqué a ver las notas
con que el Dr. Villegas señalaba el_anda~ de_ la
clase. Eran una revelación. Dee1an, st bien
me acuerdo: Arreitigorrea hizo novillos. Elejalde marró. Barrenccbe. Exposición nutrida. Optimo." Hacer novillos y marrar son
voces castizas; pero las h a y igua lmente sanas
que a nda n en b oca de todos. De esta tende~·
cia del Dr. Villega s provino, sin duda, el vicio, reconocible toda vía en algunos escritores,
de preferir entre dos palabras la menos favorecida por el aura popular, y el de trasegar
por nuestros buenos autores del siglo XVI Y
XVII en busca de giros y vocablos que la gen-

•

�52

•

APOSTILLAS

APOSTILLAS

rese más y con más inteligencia por ese arduo
problema.
Ven, sin duda, que mientras por una parte se
prosigue el esfuerzo inicial, por otra éste se tuerce insensiblemente y al cabo toma un rumbo peligroso. La escuela que responde al concepto
moderno del estado libre es la escuela laica. Las
razones son obvias. Pero entre nosotros se han
multiplicado y prosperan las escuelas confesio-

te ha puesto a un lado. Esta viciosa costumbre tiene por coronamiento el trasegar de día
y de noche por el Diccionario de la Academia
en busca de palabras extrañas para echar
mano de ellas, y en solicitud de las usuales
que el centón no acoge para arrojarlas al olvido. Dicen memo porque está en el Diccionario, aunque nadie usa la palabrt'ja, y no se
atreven a decir prescindencia o evanescente
o velívolo, si les viene a cuento, porque dormía sobre sus laureles el a.cadémic-o a quien
por acaso le correspondió redactar esas páginas del Diccionario.
B . SANIN CANO.
( Hispa11ia. Londres.)

EL MAESTRO PUBLICO*
Cuba independiente se ha esforzado no poco
por ganar el tiempo perdido; y ha dedicado buena parte de sus energías a la obra fundamental
de educar a sus futuros ciudadanos. Obra reparadora y previsora. Pero usted y, con usted, no
pocos hombres perspicaces han advertido que se
hace necesario que la conciencia pública ~e inte• De una carta del Dr. Varona al Presidente de la F,mdaciún
Luz Ca6ailtro.

53

J

nales.
Claro está que no intento poner siquier a en
entredicho el perfecto derecho que tienen los
maestrc,s que rigen esos establecimientos y el no
menos perfecto de los padres que envían a ellos
a sus hijos, los someten a esa disciplina y consienten que señalen a sus vidas la dirección que
alli se les da.
Pero afirmo que cuantos miran con ojos claros
por el porvenir de la patria deben dar la voz de
alerta no a los convencidos, no a los creyentes,
sino a los imprevisores, que suelen ser los más.
La reacción, que entre nosotros va sordamente
ganando terreno y cada día intenta el asalto de
un nuevó reducto, en nada pone más empeño
que en dominar la escuela.
En toda sociedad pequeña resulta siempre fácil que se coliguen elementos poderosos, e imperen. Entre nosotros, mucho más fácil, por
circunstancias históricas bien conocidas. Esto

�54

APOSTILLAS

obliga al país a vigilancia incesante y a esfuerzos
reiterados. Par desgracia, desde el punto de vista
cívico, no es el cubano ni vigilante, ni esforzado.
En materia de educación popular parece contentarse con el saludo a la bandera y el canto del
himno. Bueno es lo uno y también lo otro. Pero
como partes de un todo, como exponentes de un
espíritu. El espíritu inspirador de la revolución,
que abrió sus aulas para todos, con iguales dere·
chos, con igual dignidad; no para que subrepticiamente se deslice en ellas la práctica de esta 0
la otra confesión sectaria.
El maestro público desempeña un cargo de alta
confianza; a que no puede faltar sin hacer traición a sus deberes. Si su conciencia lo obliga a
ser propagandista de un credo, debe dejar de ser
maestro público. Puede abrir enfrente de la escuela pública una escuela confesional,
No hay que tergiversar mis palabras; y esto
no va con _usted, doctor. El maestro público
puede ser smceramente cristiano, mahometano
budhista o fetichista; pero no catequizar en s~
aula, ni dentro de los muros de su escuela. Eso
es todo. Lo cual no quiere decir que sea poco.
La escuela pública, como el cuartel, como el tribunal, como el palacio, como todo lo que pertenece al estado, tiene que ser neutral. El maestro
y el magistrado pueden mantener una capilla en
su casa; pero no en la residencia o la mansión
oficial.

APOSTILLAS

55

Insisto en esto, porque lo considero capital;
pero ello no implica la menor lesión para la personalidad moral del maestro. No se quebranta
porque se le señale el circuito dentro del cual ha
de moverse.
Precirnmente soy de los que creen que el maestro de primeras letras debe disfrutar de no pequeña libertad en sus relaciones con los discípulos. No me parece conveniente que se le asfixie
bajo la balumba de preceptos meticulosos. Y
esto, porque la verdadera enseñanza en ese período no corto de iniciación es individual, de
maestro a discípulo, a cada discípulo.
Hay reglas útiles y necesarias, pero no deben
resultar al cabo cadena inflexible para el que enseña. El fin de ésta es hacer hombres, no ma•
niquíes. Por eso el maestro no debe ser a su vez
un maniquí, que adiestra hábilmente a otros
como él.
Con hombres convertidos en maniquíes se ha·
ce lo que el mundo está viendo hoy con asom·
bro y dolor. Máquinas tremendas para destrozar. Aspiramos a que nuestra pequeña república
sea la morada pacífica de hombres dueños de sí
mismos, de hombres que se respeten y se inclinen con respeto ante el derecho de sus iguales.
ENf&lt;IQUE JOSE VARONA
(C116a Contemporá1ua. Habana. 1915j

�56

cao•••s.s.••

APOSTILLAS

Henríquez Ureí1a
Léase el admirable pr61ogo de
·
González Ma1·a LA. Y.UERTE DEL CISNE d e E urique
tíuez egregio poeta de Méjico.
'
la enta de LA. UUBR·
Tenemos ejemplares para v
TE DEL CISNE¡ a t 1 5Q.
LAS CIEN .MEJORES POESÍAS
También tenemos dt,
Pr .
ll.EJICANAS a que alude _el citado prólogo:
emo:
'
•·
0 Ennque Fert 0.75. De otro buen poetameJtcan '
roo
n~dez Granados, tenemos ejemplares del ~
MYRTOS
Muy elogiado por Gutiérrez NáJera.

UNA SOLA DISCIPLINA
Un pueblo no es la suma de sus especialis tas;
nn pueblo puede muy bien no ser inteligente v
est a r ma t erialmente lleno de sabios; un sabio
- en el sentido alemán de especialist a , de investigador de una disciplina- puede ser perfectamente un hombre tosco, sin ninguna finura intelectua l.
He observado que en los pueblos pequeños
de escasa mentalidad se atrib uye el summun
del talento, de la habilidad, de la cultura, a
los abogados. Para un ignorante, un abogado es un hombre que sabe de todo, que entiende de todo y q ue pa rla de todo. Hay que oir a
los abogados charlar con perfecto desenfado,
haciendo uso de una maquinilla, de una lógica
abogadesca, para producir ideas. A nadie se
le ocurre pensar que ese abogado puede ser
u na eminencia en Procedimientos Judiciales y
un perfecto botarate en todo lo demás. La int eligencia más b ien se pervierte que se desarrolla con el cultivo constante de una sola disciplina. La pa ciencia experimental n a da t iene
que ver con la agilidad, con la frescura del espíritu. Un sabio no t iene otra a utoridad que
la del radio de la disciplina que cultiva. Yo, al
menos, conozco sabios mny brutos e ig noran- ,
tes muy int eligentes, mucho más inteligentes
que los sabios de mayor monta.
JOSE SANCH EZ ROJAS .
( Hispania. Londres.)

Precio: \l!i
..H. 0.75.
.
:!!'RANCIA vors10También tenemos J A.RDINES DE
'
.
iws poética-; de autores franceses, por Enrique
González Martinez, a &lt;I!: 2. oo el tomo.

++++------+++t

iPROSAt
ARTICULOS DE

+
\
+
Un volúmen de 15◊ -págs,, &lt;t ◊, 5 ◊, +
+
+
t+++--------++++
EKNEST~l\KTIN

D E V ENTA.. EN LA.. IMPRENTA. GREIAS

;¡

\

�LA NOTA
Revistn Semanal, editada en Buenos Aires. 1&lt;::x1ie•
lente. Cuenta con la colaboración de e:-;critores
distinguido:; del Uruguay y de la República ,Ar·
gentina: Rodó, Lugones, Zorrilla. San Martín, Becher, Ugarte, Ingenieros, Rojas, etc.
En prueba de ello, el interesantísimo artículo de
Rodó: EL CENTENARIO DE CERVANTES. De LA NOTA lo hemos tomado.
S11,.~eric.ió11: 12, ¡u.-·o., ,irge,1t,,.os el aiio.

La recomtintl.amos a nuestros ami~os y estudioso~.

Libros - Verl6dlcos - Folletos
Hof as sueltas
Recibos talonarios - eheques

Imprenta Greñas
Calle Central Norte
Tarjetas de visita
Pactaras- Etiquetas -1 nvltaciones
VREe1es

Meo1ees

v::::=====~..,:::=====~"~

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                  <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>GUILl,ERMO VALENCIA ••.•.. • Cómomirnelpo&lt;'tanfloll-

var
ALBERTO MASFERRER...... ..
ENRIQUE BANCHS . .•••.•.•• .

Dios pr.&gt;tege a los niños
J.a Oda a los Pndresde la
Patria

RUB~N DARIO.. ••. • •••••••.••..•

El id al 1-flle. Henrieue

SANTIAGO PEREZ TRIANA....

J.a doctrina de Monroe en

JOSE F.NRIQUE RODO. .. . • • •

Bélgica

MIGUEL DF, UNAMUNO .•. ••.

Sobre el destino

un aspecto nuevo

1915

SAN JOSE DE COSTA IIIICA.
Imprenta Grell••

���2

OUTLLERMO VALE'llCli

portento~o y épico, un hombre. i Y ese
hombre era Bolívar!
La palabra vuela, cansada, para decir
lo que fué él: predecir, luchar, vencer,
crear, orar, gemir, cantar, rugir, maldecir, convencer, soñar, padecer, agonizar,
morir ... Morir, no como quiera, sino como la columna dórica cansada de llevar
sobre sus hombros el peso inmenso de las
naves; contemplando cómo España ataba
de su escudoala fiera soberbia y melenuda,
y dejaba volar, a cobijar el nuestro, con
la sombra sagrada de sus plumas, esa ave
libre que gusta de armar su nido sobre
el pico más alto de las sierras.
Y esa fué la visión del poeta. El ,·ió al
héroe mártir; y supo contemplar su perfil
vencedor sobre el muro negro y derruido
de los tiempos que fueron; y su gesto
aguileño y su abrazada tez y sus mismas
quemadoras pupilas en que reverberaba
el rojo sol del comba te. Y vió cómo, al
acompasado galopar de su caballo, la tierra brotaba soldados que iban formando,
asu espalda, como la cauda inmensura-

CÓMO MIRA EL P&lt;iETA A BOLÍVAR

3

ble de un cometa; y cómo iba llevando,
de monte en monte andino, los incendios
de la guerra y la voz de Dios....
El poeta tomó esos rasgos esenciales y
fué a llevar a la fragua volcánica el sagrado crisol que contenía el bronce futuro
de la estatua inmortal. Inmortal. .. porque Bolívar vivirá mientras la lengua castellana nos esté pregonando en América,
e"? las estrofas del poeta, un pasado glonoso y un compromiso para lo futuro.
GUILLERMO VALENCIA
( El Fígaro. Habana.)

�DIOS P ROTEOJ; .l. LOS NJÑOS

DIOS PROTEGE A LOS NIÑOS
( Del fr anrls.)

no creas que Dios no piensa en
ti porque eres débil y pequeño.
Más pequeño es el pajarito qtte revolotea oculto en los zarzales, y Dios le
viste y alimenta.
Dios baja a la casita de la abeja, y
cuando ésta se va, él cuida sus barrilitos
de miel, guardados en el hueco de un roble.
Dios protege al diminuto insecto, escondido bajo una brizna de hierba .
Dios está e!l todas partes: lo mismo
en la choza del pobre que en el palacio
del rico, y a sus ojos n o vale má s u na
estrella que el huevito de un colibrí.
Si duermes, él está junto a tu cama,
y gua rda tu sueño.
El vela sobre ti, como vela sobre el
IÑO,

N

5

árbol, al que calienta con su sol y refresca con s u lluvia.
A toda hora extiende su mano sobre
tu cabecita para protegerte. Confía ¡oh
niño! en Dios. Y serás fuerte y bueno,
porque de él vienen toda fuerza y toda
bondad.
AL BERT O MASFERRE R.

�ODA A LOS PADRES nE LA PATRIA

7

como echa el viento el trigo a un mismo lado
se amaron en razón de este prestigio;
dos manos juntas bajo un gorro frigio.

LA ODA A LOS PADRES DE LA PATRIA
f l EINA la paz entre

los argentinos ...
~Contemplo la concordia de los hombres,
la justa imbricación de sus destinos,
la mutual armonía de los nombres,
la energía solemne de las urnas,
el fermento de las resoluciones,
y laboriosamente taciturnas
las frentes graves de las vocaciones...
Mi individual dolor se desvanece
como hoja seca en selva que florece.
¡Ob, Dio.;! pienso e1. los h &gt;mbrcs que han vivido

cuando en la Nada estaba mi latido,
cuando como en la cuerda está la nota,
cuerda nunca pulsada, el ser dormía
latente y vago en la tiniebla ignota,
insospechado en la tiniebla fría ...
Y Ellos ... ¡cumplían su deber! que uncidos
a la aspereza de un humilde estado,
cada cual en su sitio, como un diente
de engranaje en el hueco respondiente,
por una misma voluntad unidos

Llevaban, pertinaz, lq iniciativa
en la pupila como lumbre viva;
su hora de reposo era un perfecto
ángulo de mensura de un proyecto.
Uno escarbaba en la naturaleza
la utilidad que en ella se apereza;
otro organiza, acuerda y anticipa
la ley, que sólo es ley cuando emancipa;
quien, sacudido del dolor de Apolo,
juntaba a todos en un templo solo;
y otros, vidas cordiales y serenas ...
tienen igual deber las azucenas
que hacen claros los ojos que las miran
y perfuman las manos en que expiran.
Por ellos nuestro pan arraicra
el bcrusto
b
suave y fácil de cosa que en derecho
se posee y recibe nuestro lecho
el peso de la paz de un hombre justo.
Por ellos se remansan las miradas
en proporciones como musicadas
y se despierta en familiaridad
con su viril confianza, la bondad.

�8

J!lNRJQUr. BAN_C_H_S_ _ _ _ _ __

¿Quienes fundan la estirpe? Aquí, el prim~ro
el hombre que primero en e11ta tierra
llevó la carta que el abrazo encierra,
el chasque que en hipante parejero
el incierto pavor de la distancia
cruzó llevando a la cintura opreso
un pedazo ele idioma en que confeso
se prolongaba un eco de constancia
una angustia lejana, acaso un beso.
El puso pensamientos frente a frente,
a chÚla familiar trajo al ausente
y el llano calmo unió al agudo monte.
¡A cuántos fué su aparición, suspensa
allá en la indecisión del horizonte
del dolor de estar solos recompensa!
Y salga aquel que espíritu afincable
puso en la pampa abierta el alambrado
y circundó su esfuerzo en la inviolable
seguridad del término marcado.
En la extensión de vaguedad indivisa
todo está errante como en el desierto;
la vagabunda planta que allí pisa
no está tranquila y el derecho incierto
tiene el fugaz capricho de la brisa.
Brava y alzada la perdida hacienda
defrauda al hombre su opulenta ofrenda.

ODA A 1,03 PADKE9 D)': LA PATRIA

Estérilmente en su salvaje estado
se embastece la estampa del ganado.
Y nadie goza el previsor orgullo
de saber el valor de lo que es suyo.
El pedestal primero de la vida
libre es la propiedad. La patria es hecha
de propiedades: y jamás la olvida
aquel que en algo siembra o algo techa.
Grande es aquel que hincando la medida
con el poste en que paran los enjambres,
rayó la pampa coo lo1o cuatro alambres.
Pero más grande el otro que sediento
de la confusa entraña de la tierra
sacó a la luz el óptimo elemento.
La sangre de cristal sacó a la sierra
y el suelo yermo como la ignorancia
recibió con su pecho calcinado
el redimirlo surtidor, alado
de pronto como un vino que se escancia
solo y protesta en súbita arrogancia
la oscura eternidad de su prisión ...
¡Música nueva en la desolación
de los paisajes tristes y marchitos,
el agua, el agua pioneer, redención,
de los paisajes foscos y malditos!
Y este es el reino de su maravilla

*

9

�10

E:SRIQUE BANCHS

porque ella hinchó la eicótica semilla,
constituyó esencial a la argamasa,
regó los corredores de la casa ...
Porque ella en el país sólo alternado
por el sol en la arena difractado
trajo el carnero de los ojos de oro,
con su cabeza de bigornia el toro,
el caballo de oreja pronto erguida,
el perro al que un galope sobresalta
y se adelanta a toda bienvenida,
el flamenco rosado que resalta
en los charcos dormidos como una
pálida rosa en límpida bandeja
y la colmena grávida que aduna
rumor de lluvia con rumor de queja...
Rindióse el hombre en un recogimiento
culminante en los años y divino
cuando, hélice en el mar azul del viento,
giró la rueda del primer molino.
Bien vale un verso el que primeramenle
puso un eje de acero a la carreta,
la carreta que áspera y gimiente
a su µobreza indígena sujeta,
reptaba en la sin fin llanura yerma
tarda y difícil como bestia enferma.
Pero hubo alguno que alivió la enorme

ODA .l. !,OS PAl)Rt:S D ■ LA

P.\TRTA

rueda atascada de su propio peso
y en llanta fina la encerró, conforme
al ligero vigor. ¡Hierro, progreso,
Hierro fundamental y activo ea donde
un invocado porvenir responde!
Se crea y limpia en la fornalla roja
como el artista en la miseria crea,
y es fino pero fuerte, como idea
que no por ser sutil s11 fuerza afloja ...
Recuerda al hombre por quien ves hogaño
cruzar por los macizos alfalfares
donde la juvenil edad del año
se cuaja en leve floración violeta
o en los caminos que tentaculares
rasgan el verde igual con tersa veta
cruzar como libc'.!lulas ligeras
ves tílburis, volantas, jardineras ...
Hay algo que une más que una bandera,
más que un conciliador paño celeste
que en los aniversarios sombra preste
sobre rica mansión, taller, tapera;
hay algo que une más que a comulgantes
el Pétalo de lirio de la Forma;
más que el idioma que es cincel y norma
de las Promesas siempre tremulantes
ed emoción sobre el tiem¡.,o y la desgracia ...

11

�ENltlQ US

llANC Hfi

ODA ~ L08 PAIIRE,;

Es el camino eu que el tra½&gt;ajo espacia
lar and wide su impulso. ¡Los caminos!:
nervadura de unión que imprime al suelo
la sensación de la presencia humana.
Prolongan en la mansa y silenciosa
libertad de los campos bajo el cielo
la colmena r ag itación urbana,
y en su vinculación todos vecinos
no queda solo el solitario duelo
ni se afinca el placer p orque rebosa
por ellos, general y desbordante.
Quien dentro de secreta frente esconde
la a ventura posible, a llí, inquiet a nte
se va el ca mino g ri-s ¡quien sabe a dónde!
Todos se acuerdan dél cua ndo se espera
de la mano del Júbilo al a usente,
todos están en él cua ndo inclemente
la materna región arroja afuera
inhóspita su propia p role herida ...
P a rte desde un umbra l cual bendecida
prolongación del alma del hogar
y pa rece que en él se prolongara,
(¡queda , sutil y lánguida algazara!)
el rumor de la ch arla familiar
o el zumbido astiHado del telar.
¡Ab, pero son magníficos! Magníficos
CtHtOdo pom posamen te la opulencia

ns LA 'J'T R IA

predial derrama en ellos los muníficos
rebaños, y vibrando en la querencia
responde a la ternura del balido
la pena lenta y honda del mug ido ...
Los rebaños: la vaca resignada
que se detiene y vuelve la cabeza
con lástima en los ojos empañados,
el carnero que embiste el aire en cada
sombra alada al sentir que la ufaneza
maternal de celosa golondrina
le arra nca en sus revuelos a locados
la hilach a suelta de la la na fina
para el nido que a mpa ran los tejados,
y el caballo que eu cónica carrera
cargad tirón final que ha r oto el cincho
y la puja que ha roto la pechera
en el trémulo bronce del relincho ...
¿Qué rumor de t ormenta más fecunda
que a quella tempestad sorda que inunda
el tráfico g regal en los caminos,
oblación de vigor a los destinos
insospechados de los argentinos?
Diga quien vió una tarde declinante
mover en los caminos cenicientos
las pa r vas de heno en los camiones lentos
que penetra ndo en el confín distante
parecen majestuosa serranía,

13

�14

t.NRIQUJI!

BANCTIS

0l&gt;A A T,OR P,\IIR'P'S

nr.

t,A

p.,TRTA _ _ _
l!l_

diga si olvida esa melancolía
que desde el fondo de una tarde agraria
le sigue como sombra solitaria.
Laudativa emoción me agranda el pecho
cuando en la soledad de tierra nueva
veo blanquear simétricas y agudas
las carpas de los peones camineros.
Ellos los sin bogar, que dejan hecho
un paso a los bogares, los que en prueba
de haber pasado con sus obras rudas
fundan tras sí perennes derroteros.
Pero un hombre existió, hoy ignorado
en el claustro sombrío de la historia,
que el primero dejó un bache colmado
y el pantano avenó; luego apoyado
en su confianza fuerte y placentera,
miró el camino inaugurado qu'era
la ruta inaugurada de su gloria.

la semilla que encierra el eucalipto
como un sáfico solo, encierra un alma ...
¡Arbol de majestad!: suena debajo
de él como en un templo la sandalia,
él, siempre en el azul como un proscripto
al alto azul por su grandiosa calma.
¡Arbol con la presencia de los dioses!
En su fronda sombría son las voces
de la progenie alada salmos graves,
la crepitante fronda, fronda de hoces
donde duermen las nubes eon las aves ...
Todo su alrededor parece un atrio
para que eleve él sólo su calosa
rectitud, erguimiento en que reposa
la recia majestad del campo patrio ...
¡Haya en lugar de piedra y signo inscripto
en mi llorada tumba un eucalipto!

Como columnas son de gloria anónima
los eucaliptos. Raza de columnas
a la que falta la expresión epónima
de quien un día, dúctiles alumnas
fueron; pues, tallos frágiles había
uno que su principio sostenía
en la tierra de plata. Gr.o que trajo
de una ignota comarca de la Australia

La obra, que es la idea regazada ,
en innúmeras formas reconcentra
la armoniosa mecánica del músculo.
Sólo el hombre dispone la educada
fuerza en obra prevista; él sólo encuentra
que como una esperanza sin crepúsculo
la reoovante forma de la idea
la nueva acción de nueva fuerza crea ...
Qu:en difciplina el álacra cohorte

�16

ENR.l'~UE

BANOJJS
Ol&gt;A A LOS PADRES DE LA PATRJA

de alados sereti que en kls frentes moran
ed\:lca la justeza de su porte,
arma de pN"suasiva gracia al gesto
y los músculos ciegos incorporan
la docta dirección que marca el puesto
de su fuerza en el límite dispuesto ...
Miremos al que mueve en sublevada
a&lt;Yua
el ala del barco, el ágil remo,
o
al que abre en incisiva cuchillada
el cogote berreante del becerro,
al que amasa y enforna el pan supremo,
al que golpea el rutilante hierro,
al que levanta isócrono martillo,
al que encaja en la tierra dividida
médula de la paz, la cañería,
al que engarza la piedra en el anillo:
beso perenne en mano prometida,
al que en alta techumbre o campanario
es, con ojos vultúridos, vigía
que apronta agudo g rito salutario,
a l que junto al tumulto maquinario
tiene en la diestra estopa o aceitera
de penetrante pico de cigüeña,
al que va en la oración a la carrera
con larga vara de flameante punta
y enciende los faroles, al que ordeña
la vaca del cencerro lastimero,

y al que con latigazo cohetero
ensoberbece percherona yunta ...
Todos ellos unánimes resienten
el imperio vital de un pensamiento,
todos un implacable mandamiento
utilitario y tácito consientP.n.
Pero en más bello cauce se arteriza
con un desinterés alegre y sano
y e,1 espontánea libertad sonrisa
el noble exceso del esfuerzo humano:
Digo el deporte en que la mara villa
corporal se aligera en regocijo
como se goza el alma en la sencilla
alegría de feria popular,
y burla en devaneo la ejemplar
rigidez del deber y horario fijo.
Y el deporte es así: es disciplina
natural y graciosa. Natural
como el canto de alondra repentina
volando en la sonrisa matinal...
¡Canto la prez del jueg0 a la pelota,
la arrogante salud que en fuerza e:ii:plota!
¡La clara vastidad de los frontones
donde las voces son aclamaciones;
el va y el ven15a, el saque, el uno ll cero
que suenan como golpes en acero,
que infunden en el pecho eco latrante¡

17

�18

ENRIQUE B.U.OllS

el muro, monumento resonante
que marca con un grito de victoria
el vigor de la mano proyectoria
que limpia, o con la cei-ta, o con la pala,
tiene el impulso súbito del ala¡
saltatriz y violenta la esferilla
de verga y encerada cabritilla,
inesperada, ubícua, sagitaria,
ligera y fuerte, leve y lapidaria;
y el salto y la carrera y el anhelo
que como lanza audaz le para el vuelo!. ..
Honro al hombre que trajo el ejercicio
alegre y franco y canto el beneficio
que de rejuventud al joven dota.
¡Honro la prez del juego a la pelota!

Pero más que el trabajo renovante
que entretiene la espera que es la vida,
pero más que el deporte equilibran te
que es música en vigor aparecida,
y más que la moneda de los justos:
la buena voluntad; signos robustos
decoran la riqueza memorable
de la Nación, como en escudo noble
el azur, el sinople, el gul, el sable,
bestia rampante torreón y roble.
Son rúbricas que en grave documento

ODA A LOS PADRES DV. LA PATRTA

por voluntad de pueblos federados
suprimen las aduanas interiores ...
¿Cuándo a todos un mismo pensamiento
Y un mismo nombre nacional abraza
y tienen suelos patrios cosechados
y un corazón que colman los dolores,
cuando por la cultura igual son raza
y una igual caridad los llama hermanos
y de una igual mar.era dicen ¡juro!
como de igual manera dicen ¡amo!
serán la dura obra de sus manos
el fruto del negocio y el maduro
fruto del árbol o industrioso ramo ,
extranjeros allí donde a los hombres
un mismo nombre nacional abraza?
¿Allí, en el patio mismo de su casa
gritará la alcabala ¡no se pasa!?
¿Y tierra igual, cortada por dos nombres
será hostil entre sí? ... ¿En la bandera
el blanco y el azul se cruzan guerra?
¿Nadie podrá bajar de la al ta sierra
el pino agudo que será piragua,
ni bajará la balsa libremente
sin que el ogro fiscal grite ¡detente!
frente al tranquilo progresar del agua
que álamos mira, p almas más allí
Y más lejos los pinos misioneros

19

�20

E?ffilQUE B \NCHS

y torva confusión del tacuarí?
¿Tendrá castigo el poncho calchaquí
porque se junta en un telar lejano,
y la tinaja del licor cuyano
se quebrará en el límite frontero
por que viene de casa de un hermano?
¿Se habrá de ver desierto el natural
camino de los ríos y el umbral
del puerto natural encadenado
y el derecho de tránsito vedado
del suelo ¿para qoé reconquistado? ...
Los que crean no saben detenerse
en la alameda vaga de la historia;
la voz del verso sin embargo fuerée
al creador en obra de memoria,
y rememore y surjan en su frente
los nombres que firmaron la gran Acta,
como en las plazas públicas el día
en que la nieve cae tenazmente
surgen sobre la sábana compacta,
sobre la blanca y gris monotonía
bajo los foscos cielos invernales,
los monumentos en los pedestales.
Coronas que eternizan en las frentes
la forma de los brazos cuando abrazan,
gajos apasionados que entrelazan

(\DA A LOS PADREd DE LA PaTRIA

el adamante grito de las gentes,
coronen proras. Y coronen proras
que arando soledades mugidoras,
en la concavidad tesaurizan~e
trajeron más tesoro y mara villa
que aquel que se llevaron al Levante
con las frontales joyas mejicanas,
con las pálidas perlas antillanas,
con los racimos de la cochinilla
' ...
con el quetzal huraño y majestuoso
En buen día y minuto venturoso
el pardo Estuario atravesando, aterra
la quilla que primera en nuestra tierra
trajo un libro de versos ... ¡Fiebre santa!
que levanta la carne cual se encorva
la espalda del león. ¡Arma que canta!
y rompe al hombre la potencia torva
de la perversidad; desgarra al Diablo
que en la naturaleza humana incuba
los huevos de la Ira. Gran venablo
cuya punta sutil es el vocablo
cargado de sentido que si hiere
hiere en el sitio aquel que nunca muere
y lo hiere de amor para que suba
donde todas las almas se confunden
en la Unidad!... Oid: las almas se hunden
en tu sombra de oro, Poesía,

21

�22

JINRIQ OE BANCHS

cual paisaje de pinos y de nieve
en la sombra de plata de la luna.
Y su esencia inmutable que rocía
una flotante claridad de estrella
comprende todo y como un ala leve
cruza el pavor de una región tao beHa
que nunca la cruzó presencia alguna
conscientemente... Oid, cómo se siente
( como el antiguo trípode elocuente),
resonar en el pecho de la Musa
simbólica, el fatal latido pánico,
el del mar, el del campo y el uránico
desde una eternidad. Oid, confusa
rompiente de una ola de sollozos,
y canciones de cuna y alaridos
y el fragor de metales laboriosos
y el fúnebre vagar de los vencidos.
¡Porque es eterna! Y como Eterna trae
en pie la altura que en el tiempo cae.
Su diestra permanente, original,
fértil como la tierra primordial,
conduce con firmeza oracular,
segura como un río que va al mar,
a un nuevo fin, principio de otro fin ...
¿Quién ignora que existe? Quien ignora
que se abraza, se espera, que se llora,
que por diciembre hay flor en el ja.rdín.

ODA A LOS P ·lDRES DE LA. PATRIA.

Porque Ella es sentimiento. Y es su perla
la lágrima, la risa su collar
y la pasión el férvido telar
que enaltece su mano. Para verla
la carne transitoria se traspasa
con los siete puñales de las siete
virtudes. Se hace templo y se hace casa
de voluntad que le señala el cielo
como el angel de piedra en los sepulcros.
iMejoramiento espiritual, anhelo
de admonición constante y excitante
cual repetido golpe de florete,
invisibles cinceles, finos, pulcros,
que tallan, pero a golpes, el diamante
de esta satisfacción insatisfecha
que es la Vida, encadenada a todo:
en la humedad vital unida al lodo
en su renovación nunca deshecha '
unida al armonioso movimiento
y unida al Tiempo por el pensamiento ...
La poesía es como punta aleve
que estéril calma sin cesar conmueve
con redentora cruelda d . Inyecta
la fiebre por las cosas esencia les ·
.
.
'
encaJa un nervio en el vigor dormido
con la firmeza de una línea recta
Y llena el corazón de los mortales

23

�24

ENRIQ UE B \NO US

con el letal terror del negro olvido
macizo de mutismo irrevocable.
¡Daimon de luz, el hombre que nos trajo
el ligero, sagrado y venerable
verso violento de inquietud, que bajo
música sirenida vierte envidia
emulatriz! ¡Divina en su perfidia!
Recojo los pendones de la oda
y este es mi voto, Patria: Que tu suerte
en las obras sencillas se haga fuerte,
como en mísero nido se acomoda
el águila. Tu fuerza ensamble toda
en deber cotidiano. No una diosa
te llames y te engañes de pomposa
fiesta. Sé como un hombre, como un hombre
con las obligaciones familiares
y con la utilidad de sus pesa res,
con el día apretado de simiente
como una granada. Que tu nombre
tan metálico, límpido y sonriente
suene a verdad austera y a palabra
de honor. Y por ti juren los varones.
Respétate, que así tu mano labra
tu propia y exclusiva recompensa.
Regocíjate en ti, como el que piensa.
Tu sextuple millón de corazones

ODA A LOS P ADRES DE LA PATRIA

25

tenga la integridad de los pilares.
¡Tan maziso pilar pide la raza
de las virtudes! Amate en tu casa:
alégrate en la furia de tus mares,
alégrate en tus grandes parlamentos,
en el áspero son de tus trigales,
en los mandatos de tus trbunales,
en las asociaciones y esponsales,
en tus auroras y en tus nacimientos,
alégrate en tus pinos y tus vides ...
No te quiero tan próspera que olvides
el difícil Deber. Y no te asombre
que se mueran las patrias como el hombre ...
... ¿Qué pastor colosal en la tiniebla
suprema empuja los rebaños de astros?
¿qué báculo fata l lleva la niebla
de Galaxía ? ¿quién borra los r astros
en el sendero inánime de Cronos?
¡Quién que sea te libre de los ma les
y aparte de tus hombros maternales
la formida ble g a rra que se a ba te,
tremenda, insospechada y sin combate,
en las Dominaciones y los Tronos!
E RI QUE BANC HS
( Nosotros. Buenos Aires.)

�Ml,LE. HF.NRIBTTE

EL IDEAL DE MLLE. HENRIETTE
-"¡Au revoir, mademoiselle Henriette, au
revoir!"
Yo oi bien; la señora la despidió así en el
muelle ... aquella señora robusta, parlanchina,
que llevaba un collar de perlas, posiblemente
verdadero, y un sombrero imposible, imposible, como aquellos tacones que le echaban su
fuerte humanidad para adelante y la hacían
andar en la punta de los pies, y con movimientos de pato ... Yo oí bien: ''Au revoir, mademoiselle Henriette ... "
Y aquí, en la lista de pasajeros, me encuentro con que mademoiselle Henriette se llama
Mme. de ... Y a la verdad, el aspecto, la manera de mirar, antes bien, seria, grave, más
que de una señorita, a pesar de la juventud,
son de una señora ...
Va sola, en camarote de lujo ... No se habla
con nadie. Come en una mesita, solitaria. El
tipo es de criolla. Morocha , cabellos negros y
espesos, ojos ardorosos, con grandes ojeras;
cuerpo firme, rico en realidades; criolla o ar-

27

gelina, pensé yo ... Luego resultó que no compreudía una palabra de español...
Las familias hispano-arnt-ricanas que van a
bordo, la miran con cierta prevención ... Aunque ella no se muestre sino como un modelo
de recato, algo se sospecha... Ninguna dama
ni damita la busca; se pasea sin mirar a nadie; y en su silla de cubierta se tiende a contemplar el mar, o a leer alguna novela francesa.

Había puesto el libro abierto sobre las rodillas ... Tenía un aire melancólico ... Estábamos
solos en un extremo del barco, adonde yo había ido a dt:jar vagar la mirada por el horizonte.
De pronto, sin poderme contener, dije, como
distraídamente:
-Mademoiselle Henriette ...
Sorprendida, me miró con una expresión de
recelo ...
-Monsieur...
-Perdóneme, le dije. Sé que cometo una
indiscreción; pero la curiosidad humana, primero, y sobre todo la curiosidad literaria...
Yo bien sé que en la tarjeta puesta en la puerta de su camarote y en la lista de pasajeros
aparece usted con el nombre de Mme. de...;

�28

RUBÍ:N PARIO

pero, al mismo tiempo, no puedo olvidar que
una señora que llegó a despedir a usted a bordo, la llamó Mademoiselle Henriette... Ante
un misterio, el instinto del periodista, o del
escritor ... usted comprende ... Luego, la belleza extraña de usted, la distinción ... Así pues,
madame o mademoiselle ...
-Mademoiselle, me interrumpió sonriendo.
Al poco tiempo nuestra amistad se había
afirmado. La conversación de la joven me ha·
bía interesado; no se trataba de una mujer
común, más bien de una joven que hubiera
recibido una educación cuidada y una instrucción notable. Su voz era suave, entre sedosa y cristalina, y en sus labios muy encarnados, sin recurso del lápiz, aparecía, cuando
hablaba, una sonrisa de sentimental...
Padeció un poco de mareo y tuvo que guardar cama. La atendí lo mejor que pude; le
hice llevar a tiempo su tila, su champaña helada, su apollinaris... Sin interés, sin más
interés que una cierta simpatía por esa ave
sin compañero, con todos los medios para la
consecución de la alegría, y, sin embargo, reveladora siempre de una íntima tristeza ...

MLLE. BENRJETTE

29

*
El sol iba descendiendo al horizonte, tras
un grupo fantástico de colosales leones de
oro, que se alzaban sobre una montaña azulada. En el mar blando iba tranquilo y casi
sin movimiento perceptible el vapor. La iniciada amistad había llegado al capítulo de
las confidencias ... Verdaderas o no, ¿qué me
importaba? ¿Y qué propósito había de tener
en engañarme, en narrarme cosas inventadas, en hacerme creer patrañas, esa pobre
mujercita? Yo le creí todo completamente¡
no dudé un instante de su sinceridad, y, en
los pasajes conmovedores, según mi consuetudinario sentimentalismo, sentí que se me
humedecían los ojos, con la bienhechora y
sedant~ irritación de las lágrimas... ¡Incurable modo de ser!. .. Cuestión de nervios ...
Había nacido en una provincia francesa.
Hija de industriales ricos, ellos se esmeraron
eu educarla convenientemente. Desde nifia fué
muy aficionada al sport. Ahora mismo, en
Europa, ella manejaba sus automóviles ... En
su casa se hacían, desde su adolescencia gentil, sueños dorados, un matrimonio "muy
bien", un marido de prestigio y de fortuna,
si no con título ... "Pero sin saber cómo ni

�30

RUIIÉN DA.RÍO

cuándo, impensadamente, apareció el anuncio de la ruina; lleió la ruina... Todos los
negocios se vinieron abajo, y con el_los todos
los castillos en E~aña... o en el aire ... Nos
quedamos en la miseria ... Papá murió de pena ... Mamá le siguió poco después ... Yo quedé sin apoyo ninguno ... Es decir, sí, me quedó un protector, un amigo de papá, que
acabó de costear mi educación, y que luego.:.
Lo que tenía que suceder, a pesar, de la diferencia de edad, se enamoró de m1 .. •
... Me llevó a su casa, me vistió como a una
princesa ... Se desvivió por complacerme en
todos mis deseos y caprichos, y luego, ~ablando con claridad, fatalmente, necesan~mente, fué lo que tenía que ser: fuí su quend a... "
?
Q .
-"¿Pero usted ha amado ya.... mere usted a su amante, que desde luego, veo que es
un hombre generoso .. •"
-No no he amado ... ni creo que pueda ya
.
amar ...' Y, sin embargo, ¡estoy tan Joven
a ú n.1
En cuanto a él, es un excel.::ntehombre, un hombre que 00 puene ser mejor, por carácter, por
distinción, por corrección ... Pero ... ¿cómo explicarle? ... Para mí yo necesito otra cosa ... un
amante que haga locuras de amor, que me

- - - - - - - - - - : M L L E . HENRIETTE

31

ame como yo creo que se debe amar.. . Y eso,
estoy convencida, no lo hacen sino los que
son muy jóvenes, o los que son muy viejos ...
¿Comprende?... Y él _no es suficientemente joven, ni suficientemente viejo ... Y él lo sabe...
Me deja, en absoluta libertad, viajar, distraerme, porque comprende que de otro modo
sería todo imposible... No hay mutua condición de amor ... Yo veo en él algo como mi padre; él ve en mí algo como una bija suya... Y
tiene el talento y el buen gusto de no querer
imponerme a la fatalidad y de no ser celoso . ..
Se quedó en silencio, mirando largamente el
mar.
-Pero, en fin, usted es joven, está en lo más
florido y fragante de sus años, sin que sea
una chiquilla inexperta ... Algún ideal debe de
tener... No ha de pasar la vida en solitarios
y poco gratos viajes, aunque, permítame usted que lo crea, dada la libertad de su espíritu, dando alguna vez, cuando le viene en voluntad, satisfacción a su capricho...
·
-¿Sí, tengo un ideal? Ya lo creo que lo tengo. Escuche usted: mi ideal es, si ya no el
amor, que veo imposible y destruído antes de
que pudiera nacer, por el tiempo y lo fatal de

�32

RUBÉN DARfo

la vida, lograr un cariño, un afecto, y apartarme del bullicio de las ciudades, e irme al
campo a cuidar mis flores, mis gallinas, mis
pavos, mis patos, hecha una "fermiere" '. en
una existencia pacífica, en espera de la veJez ..
Y, sobre todo, tengo el horror-me dijo, y
transformó su cara un gesto de espanto-el
horror de que llegue a morir en la soledad, en
el abandono, sin que haya quien me cierre los
ojos, .. ¡Oh, sería horrible!
En su faz, cuando calló, se advertía una palidez de marfil dorado, en donde se reflejaba
el perlado rosa del crepúsculo ... ¡ Sugestiva dama! Burguesa, pero ¡cuánta nobleza en el rostro, en el ademán; y cuanta elegancia, mane•
ras de gente "nacida", y el timbre de la voz,
y lo nocturnamente lui;ninoso de sus ojos negros... En algún momento, mi pegaso, si gustáis, llegó a piafar... Y mi fantasía ... Una alma como esa, ayuna de afectos, viviendo sin
el incomparable consuelo vital de otra alma
hermana ... Y la cultura que se reconocía en
toda su persona, su deseo de sanas realizaciones la cordura de su modo de pensar, que se
diría de una mujer hecha para la familia, para el ''home, sweet home" ... Indudablemente,
pasan cosas en la vida, injuslicias de la suer-

MLLE. HENRIETTE

33

te... ¿Por qué esa pobre joven no podría realizar su ansiado ideal? ... Y para cambiar de
conversación:
-¿Dónde va usted a desembarcar, señorita ... ?
-En el primer puerto, en Lisboa ... De allí
tomaré el Sur-Expreso para París, y luego
iré a Burdeos...
Durante todo el resto de la travesía nadie
tuvo que decir nada del comportamiento de
la francesa, la cual continuaba siempre muy
seria, muy "chic" y muy distinguida. Solamente uno que otro- pasajero solía dirigirme alguna broma respecto a mis atenciones
y asiduidad con la dama bella de los ojos
obscuros.
Llegamos, por.fin, a Lisboa. Después de las
visitas de sanidad y de alfandega, los pasajeros, sustituídas las gorras por los sombreros
y listos para ir a tierra, aguardábamos la lle~
ga&lt;la de los vaporcitos que debían conducirnos. Mlle. Henriette apareció, hecha un gra~ado de modas, y cerca de sus baúles y valiJas, finos y flamantes, como si acabasen de
salir del almacén.
En uno de los vaporcitos que rodearon la
escalera del barco, venían como hasta cuatro

�34

RUBÉN DARfO

muchachas y una vieja flaca, vestidas mod~stamente, y que parecían familia de trabaJadores acomodados. Todas comenzaron, al
ver a la francesa, a saludar con los pañuelos,
con las manos, con las cabezas, y a hablar, a
un tiempo, en una jubilosa algarabía... Mlle.
Henriette se olvidó por completo de las personas de a bordo, y comenzó también:, muy
contenta y risueña, a saludar a las recten llegadas.
. .
- "·Oh menina!" -gritaba la vteJa.
l
'
·
· I"
- "¡Oh,
menina,
lindo passe10.
-gn'ta han
las muchachas.
. . .
-"¿E meu pae?"-clam6 en el meJor idioma
de Lusitania, la encantadora francesa.
-"Picó a casa, Gracind~,"-contestó la
mamá...
. MU
¡Conque Graciada ...? Ni Mme. de ... ll1
e.
Henriette, la del ideal... y luego, hasta había
sido portuguesa!...
.
¿Pero qué necesidad de mentir tendrán todas estas mujeres?...
R U BEN O.ARI O
( L,z N,zrüi11• Buenos Aire~)

La Doctrina de Monroe en un aspecto nuevo
Interpretación original y amplia de la Doctrina
de Monroe hecha por el Dr. Santiago Pére•
Tria1_1a en el discurso memorable que pro·
nunc16 en el hanc¡uete ofrecido por la C:\mara de Comercio de Boston a los Delegados de la Conferencia Pan-Americana.
(Trnducido del Herald, de Boston, de 20
de Junio de 1915, por Luis Tulio Bonafoux.)

de varios días de sesión en Was.
hington y de un viaje al través de varios
Estados y ciudades de la Unión, la Conferencia Financiera Pan-Americana termina aquí
esta noche. Es oportuno recapitular sumariamente en esta coyuntura los hechos principales relacionados con esa Conferencia, y llegar
a algunas conclusiones acerca de sus propósitos y de su significación. Pué convocada por
el Gobierno de los Estados Unidos, y todas
las naciones del Continente aceptaron la invi,
tación con presteza. Otras Conferencias PanAmericanas han tenido lugar antes, pero el
alcance de ellas no fué limitado al estadio de
asuntos específicos, como ocurre en el caso
presente. La Conferencia actual fué convocada con el fin exclusivo de mejorar las relacioD

ESPUÉS

�LA DOCTRINA DE l!ONROE

36

37

SANTIAGO PfREZ TRIA.NA

nes financieras. Se podría haber dado por sentado que esta Conferencia había de tener
menos importancia que las anteriores, pero
ese no ha sido el caso.
Circunstancias de la historia que van haciendo los contemporáneos, tanto dentro como fuera del Continente, han contribuido a
dar a esta Conferencia un carácter trascendental e histórico. Las condiciones de la vida
internacional y nacional en los países americanos habían llegado a un estado de madurez
propicio para las transformaciones fundamentales.
La guerra europea, trastornando repenti•
namente o destruyendo en su totalidad el concierto industrial y económico establecido de
larga data, había creado la necesidad imperativa de hacer recomposiciones que no solamente ocuparan el lugar del anterior estado
de cosas, sino que suministraran nuevas formas y nuevos métodos libresdel peligro de que
vuelvan a ocurrir las calamidades presentes.
En la América Latina-con una sola excep·
ción-las naciones habían alcanzado ya su
mayor edad, es decir, esa condición de estabilidad indispensable para cualquier participa·
ción permanente y fructuosa en los asuntos

internacionales. Por otra parte, la posición
de los Estados Unidos era tal que podían extender sus actividades económicas e industriales más allá de sus propias fronteras. Si al
estal_lar la guerra el estado de intrauquilidad
parc1~l o total hubiera prevalecido en la América Latina, o si las condiciones de vida de los
Estados Unidos los hubieran retenido dentro
ds sus propios límites, las mejores intenciones
del mundo no hubieran bastado para establecer una cooperación práctica y fructuosa.
Los dos rasgos esenciales en las dos secciones pueden resumirse respectivamente de esta
manera: Los Estados Unidos tienen un excedente de capital y un excedente de producción
y,sobre todo,están equipados para aumentar
indefinidamente esa producción; la sección latina del Co~tinente, tomada en conjunto, po•
see fuentes mtactas de riqueza natural, está
escasamente poblada, no parece destinada
por la naturaleza para ser un país manufacturero, carece de fábricas y requiere, para su
desarrollo, emigración y capital. Este estado
de cosas fué puesto en relieve por el actual
conflicto europeo con una exactitud que tiene
el carácter de una demanda perentoria.
La re(lnión de la Conferencia, convocada

�38

MN-TIAGQ PÉR'E'&lt;I TRIANA

exclusivamente con fine!! pacíficos que forman un contraste directo y deslumbrador
~on la locura de la guerra que domina la conciencia de los hombres en todas las grandes
naciones del Viejo Mundo, es por si sola un
acontecimiento cuya alta significación histórica salta a la vista. La ley escrita y las evoluciones normales de la vida dentro de la ley
siguen siendo supremas a través de todas lás
naciones independientes de América. A este resultado no se llegó por una combinación feliz
o fortuita de las circunstancias. Tuvo su origen en la previsión de los que crearon las instituciones nacionales de este país. Su previsión estaba ligada a la sabiduría. Tomaron
la resolución indomable de que la justicia, tal
como Dios nos permite que la entendamos y
hasta donde dependa de nosotros, fuera la
lev, la ley suprema de la vida, tanto para los
i;dividuos como para las colectividades.
Si en estos momentos de oscuridad e inquietud, América puede continuar su evolución
normal hacia la libertad y hacia la justicia,
ello se debe primordialmente a los principios
fundamentales sentados por los fundadores
de su libertad y de su independencia, principios que fueron proclamados poc pi:imera ~z

LA DOCTRINA DE MONROE

39

en el Norte y adoptados luego en el Sur por
cada una de las secciones, a medida que éstas
completaron su independencia y comenzaron
a vivir libremente.
El trabajo que hemos llevado a cabo en esta
Conferencia forma un eslabón en la cadena de
la historia. Las combinaciones económicas y
comerciales pueden tener una importancia
enorme, y la tienen en este caso. Pueden significar la exploración y la llegada de numerosos
pobladores a grandes regiones desiertas hasta
entonces; la redención de una nación débil y
su trasformación en comunidad próspera y
dominante. Tan felices resultados han sido logrados repetidas veces en el curso de la historia. Nuestros esfuerzos tienen, sin embargo,
miras más altas, pues el objeto fundamental
de ellos es reforzar en todo el Continente el
edificio de la libertad erigido por nuestros antepasados. Cualquiera omisión por parte
nuestra de hacer en cualquier momento de la
historia lo que ese momento requiera para la
conservación de ese edificio, constituiría un
pecado imperdonable; cualquiera concesión
que hiciéramos a la tiranía en cambio de ventajas materiales, de poder comercial, político
o económico, sería traicionar por completo

�40

SANTIAGO PÉREZ TfüANA

los ideales consagrados del patriotismo. De
esta manera el adelanto en las relaciones financieras-el eslabón que tenemos que forjar
en la actualidad-se convierte en una realidad
viva identificada con el pasado, el presente y
el futuro de nuestro Continente.
El 22 de Noviembre de 1822, los mc. ... arcas
aliados de Europa firmaron un tratado secreto en Verona, mediante el cual se comprometieron a hacer cuanto en su poder estuviera
para lograr la supresión del gobierno representativo donde quiera que estuviera establecido, y para impedir que se propagaran las
instituciones representativas allí donde no
existieran. El 2 de Diciembre de 1823, el Presidente Monroe hizo una Declaración que ha
venido a ser una de las más portentosas y
más preñadas de consecuencias en la historia
del mundo. Sostenía en ella que, desde aquella
fecha en adelante, los Continentes americanos,
merced a la condición de libertad e independencia que han asumido y mantenido, no pueden ser considerados por parte de ninguna de
las Potencias europeas conio tierras propicias
para colonizaciones futuras; que el sistema
político de las Potencias aliadas de Europa
es esencialmente distinto del de América; que

LA DOCTRINA DE MONROK

41

cualquier amago de parte de las Potencias
europeas d.e extender su sistema a cualquier
parte de este hemisferio, sería considerado por
los Estados Unidos como peligroso para su
paz y su seguridad.
La época en que fueron pronunciadas esas
palabras coincidía con el período de calma
que vino después de la Revolución Francesa y
de las guerras napoleónicas. Los monarcas
victoriosos de Europa no se sentían seguros
en sus tronos; su visión de la vida estaba oscurecida por la procesión de los acontecimientos ocurridos durante los treinta años anteriores, acontecimientos que permanecían en
la memoria de esos monarcas como una advertencia y una amenaza. Todas las tradiciones, todas las cosas sacrosantas de la vida,
tal como ellos las concebían, habían sido pisoteadas en nombre de esa Utopía horrible
llamada "Libertad," por intermedio de ese
monstruo espantoso llamado "El Pueblo.'' ...
Era imperativo impedir en absoluto que volvieran a ocurrir semejantes calamidades; la
libertad debía ser desarraigada como una
planta venenosa, y el pueblo debía permane
cer en una condición de servidumbre absoluta, de manera que no pudiera pensar en su-

�42

eAlll'l'IAGO PÉREZ TBIANA

blevarse, ni siquiera en sus sueños más fantásticos. Así entraron los monarcas en su pacto.
En las páginas de la historia, la Declaración
de Monroe se presenta como una respuesta
al pacto monárquico. Y si se estudian esas
mismas páginas de historia hasta nuestros
días, no se necesitará una investigación profunda para fijar la evolución de los dos sistemas incorporados en los dos documentos.
La Declaración de Monroe cerró el C'ontinente de América al sistema europeo, y consagró el Continente americano al sistema de la
democracia. En Europa el sistema del equilibrio del poder prevaleció en todo el siglo diez
y nueve y hasta la época actual; la catástrofe
europea señala el resultado inevitable de un
sistema basado en la desigualdad y en los
privilegios.
Los Estados Unidos han cumplido con la
palabra empeñada: el Continente de América
ha sido mantenido libre de toda conquista
europea. La Declaración del Presidente Monroe no es un tratado internacional, ni pretende proteger a los débiles e indefensos; se funda
únka y exclusivamente eu la prosperidad y en
la conveniencia de los Estados Unidos. Como
esa pro,speridad está identificada con la líber-

LA DQCTRINA DE M0NllOJI!

t ad y la justicia, a la cual aspira la democracia, todos los elementos de egoísmo desaparecen en tanto que el elemento de la grandeza
entra en la Declaración. Ahí está la calidad
fundamental y esencial de todo lo bueno y excelente qae entraña la Doctrina. La encina extiende sus ramas obedeciendo a las leyes de su
naturalevi; sin embargo, da abrio-o
a los pá.
o
Jaros del aire y sombra benigna al viandante
contra los calores del sol meridiano.
Al impedir que se introdujese el sistema europeo en el territorio de sus vecinos, los Estados Unidos no hacían en principio sino proteterse a sí mismos. En 1826, Daniel Webster,
hablando en la Cámara de Representantes,
declaró que la preocupación que causaría al
Gobierno de 106 Estados Unidos el desembarque de tropas extranjeras sobre el Contiuente
americano, aumentaría proporcionalmente según la proximidad en que e.stuviera la tierra
invadida con los Estados Unidos; que una invasión en el Golfo de Méjico requeriría medidás rápidas y enérgicas, mientras que el desembarque de una fuerza extranjera en las
regiones, entonces remotas del PI~ta, no exigiría probablemente sino una protesta diplomática. Las cosas han cambiado, sin erubar-

�44

SAN'rIAGO PÉREZ 'l'RIANA

go,desde aquellos tiempos; la región del Plata
se encuentra hoy día más cerca de los Estados Unidos que el Golfo de Méjico en los
días de Webster.
La Doctrina de Monroe ha salvado la soberanía de las naciones americanas del peligro
de la conquista europea. En los cuarenta últimos años las Potencias europea~ han conquistado 'todo el territorio d~l Hemisferio
Oriental disponible, hasta la última pulgada.
Esas actividades militares y predatorias de
Europa han tenido multiplicados objetos:
han justificado, hasta cierto punto, los es_tablecimientos militares y navales; han serv1do
de puerta de salida para las energías em~rendedoras y para el capital, aun por medio de
las armas; han constituido una especie de válvula de seguridad para la presión cada vez
más fuerte de los armamentos y los amagos
de revolución subsiguientes. De haber sido posible continuar las guerras de depredación en
el Hemisferio Occidental, la guerra europea
actual no hubiera sucedido, y esas guerras· de
devastación se hubieran desencadenado con
la furia de un huracán desde el Río Grande
hasta la punta más al Sur del Continente.
La aserción proveniente de algunas regiones

LA DOCTRINA DE MONROE

45

-especialmente de la América Latina-de que
las naciones ibero-americanas están en capacidad de protegerse ellas mismas, es futil e
insostenible. La ley de la necesidad invocada
por las grandes Potencias militares no reconoce más ley que la de la fuerza superior. ¿Qué
fuerza superior podría oponer cualquiera de
las naciones, o un grupo de naciones de la
América Latina, a una gran potencia militar
europea? ¿Qué podrían hacer para impedir
que se desembarcase una fuerza de medio millón de hombres, escoltada por una flota de
Dreadnoughts, las naciones ibero-americanas
mejor organizadas, o las que, como la Argentina, Chile y el Brasil, tienen poblaciones más
numerosas? Después de lo que hemos visto en
los últimos treinta años-ataques verificados
sin la menor provocación contra las poblaciones civiles, degüellos de multitudes indefensas en el sendero del conflicto territorial, y
declaraciones de guerra hechas después del
hundimiento premeditado de buques o del
bombardeo de fuertes-¿puede asumirse siquiera por espacio de un segundo que Ja propiedad indefensa del débil no Je sería robada
por el fuerte sin remordimiento ni vacilación?
La Doctrina de Monroe, es decir, el princi-

�46

SANTIAGO P.KREZ TRIANA

pio de la inviolabilidad del Continente por
parte de conquistadores venidos del exterior,
debe ser inatacable, para lo cual se necesitan
los esfuerzos unidos de todas las naciones del
Continente. Las espaldas del gigante son anchas y el gigante poderoso; empero, para sostener esfuerzos tan vastos como el Continente
mismo y coevos con los siglos que pasan, no
se debe rechazar o ignorar ninguna cooperación honrada ni engendrar la menor hostilidad, por insignificante que parezca.
El antagonismo aparente entre los dos Continentes, Europa y América, no está en la
naturaleza de las cosas, sino que se enéuentra en las convenciones y en los intereses
creados por los hombres. América no ha cerrado nunca sus puertas a los hombres como
hombres, pero las ha cerrado, y continuará cerrándolas, al sistema que puede significar una amenaza a la libertad y a la democracia. El sistema europeo significa no solamente
el sedimento de la opresión, sino que también
significa los intereses creados y arbitrarios
en contra de la democracia, que tratan de extender su dominio a otros países so pena
de perecer en su propia tierra bajo la ola
amenazadora de la rebelión popular. Re-

LA DOCTRINA DE MONROE

47

cuérdese que las naciones de Europa, sin una
excepción, continuan pagando las guerras de
Napoleón, 1;1.sí como también todas las guerras del siglo diez y nueve, y que en estos momentos están amontonando sobre las generaciones futuras deudas que las esclavizarán
económicamente al través de los siglos venideros. Recuérdese así mismo que todo esto es
un resultado de estos sistemas rechazados
del Continente americano por la Declaración
de Monroe. Puede verse así cuán trascendental es la Doctrina de Monroe para el Continente de América y para el bien de la humanidad.
Con el objeto de conseguir para la Doctrina
de Monroe un apoyo absoluto en toda la extensión del Continente, es preciso llevar esa
Doctrina al punto extremo de su desarrollo
lógico. La Doctrina de Monroe ha cerrado
eficazmente el Continente al conquistad~r europeo, pero no ha impedido el ejercicio de conquista en ambas secciones del Continente. No
estoy formulando ninguna acusación; mi argumento es de carácter puramente analítico.
Debe decretarse y pactarse entre todas las naciones del Continente que en el territorio de
las naciones americanas no puede efectuarse

�48

SANTIA GO PÉREZ '.l'RI.A.NA

ya ninguna conquista, proceda ésta del hemisferio mismo o del exterior.
Dicha declaración, en cuanto t oca a los Estados Unidos, ha sido hecha ya por su Pres1dente, y no debe suponerse que alguna de las
otras Repúblicas americanas sea menos explícita. La inviolabilidad interna es el fundamento esencial de la inviolabilidad exterior.
La idea de que la violencia y el saqueo-es decir, la conquista-son iniquidades en el ex.
tranjero y virtudes en el vecino, no merece ser
considerada o aceptada por los pueblos respetuosos de sí mismos.
El Continente sabe que la justicia no es una
cuestión de cantidad, sino de esencia; que el
crimen no puede convertirse en virtud porque
es perpetrado colectivamente, y que no hay
poder humano que pueda dar a la iniquidad
el carácter de patriotismo.
Al volver la vista hacia la historia de esta
tierra, hacia los preceptos escritos de sus esfuerzos colectivos, y hacia la obra realizada,
nosotros, los del Sur, creemos muy de corazón
que esos son los principios que nos guían. No
os llamamos perfectos, pues ningún hombre
ha sido perfecto en este mundo, como tampoco ninguna nación. Pero creemos en la sinceri-

LA DOC'.l'RINA DE MONR0:1,!

49

dad de vuestro propósito, como debéis creer
en la nuestra, y podremos así darnos la mano e ir hacia el sol naciente. Si pidiérais
adulación como tributo, mis labios permanecerían mudos y mi corazón se negaría a admiraros. Nos separamos llevando un mensaje
de alegría para nuestros pueblos. Hemos pisado la tierra reverenciada donde se firmó el acta de Iodependenei!l y donde la voluntad del
pueblo se cristalizó en ley; hemos estado al lado de la tumba de Washington y cruzado las
llanuras silenciosas sobre las cuales diríase
que aletea el espíritu de Lincoln como un recuerdo de inmortal fragancia, y estamos aho•
ra sobre el suelo consagrado por dos veces a
la libertad, donde por primera vez el hombre
luchó y sufrió y murió por la libertad de la
!ierra, y, más farde, por la libertad del esclavo. Hemos visto vuestros campos sin límites
que encierran la ·promesa risueña de la cosecha venidera. Hemos visto vuestras ciudadP.s
diligentes y magníficas y v uestros talleres laboriosos, y hemos sentido el latido conquistador de la vida en el campo y en la ciudad,
donde quiera qµe hemos ido; hemos visto las
multitudes prósperas, los hogares felices y los
mercados llenos de animación; hemos visto

�50

SANTIAGO PÉREZ TRIA.NA

los mares errantes en su peregrinación eterna
y los océanos encerrados en el_ i~terior; y s_e
nos ha dicho que todo ese prod1g10 no constituye sino la orla de la clámide imperial, que
más allá, en todas las direcciones, el milagro
se extiende, inconme.nsurable y resplandeciente.
Y sabemos que una obra semejante sólo pudo realizarse bajo el ala protectora de la libertad, y que vuestro tesoro esencial, mucho
más precioso que vuestra riqueza y vues.t ro
progreso, se encuentra en los principios de libertad e igualdad de vuestras instituciones y
en vuestra lealtad hacia esos principios. Si
vuestra lealtad desapareciera, vuestra grandeza se esfumaría como un sueño soñado de
día ...... Y así os decimos adiós. Raya un alba
perpetua en el horizonte, pueS' la labor de los
hombres no tiene fin y cada esfuerzo noble es
un sol naciente. Que nuestr"o esfuerzo signifique la unión de América en beneficio d~ la libertad del hombre.

s. PÉREZ TRIANA .

EELG-ICA

D

los tres claros nombres de nación que
han hecho resonar, en signos de armonía,
las músicas marciales*que acabáis de oír, permitidme que destaque, para que aparezca el
primero en la expresión verbal de nuestra
ofrenda, el menos vinculado a fuerza materia,
y a deslumbrante gloria: el nombre de Bélgica. Quien fué el primero en la resistencia sobrehumana, quien lo es en la magnitud del sacrificio, séalo también para la simpatía que
busca mitigar el dolor. Y porque en el corazón
de Francia la generosidad es la naturaleza
misma, y porque la libre Inglaterra tuvo
siempre el tono y el sentido de una caballeresca dignidad, me parece que de ellas parte espontáneamente el noble ademán que nos invita a conceder la . prelación en el recuerdo,
como tendrá la predilección en la historia, al
E

( HisjaNia. Londres. )

* La ,ldarsellaise, el God save tite Kfog, y la Braba1t,omu, ejecutadas en una gran velada r¡ue no ha mucho se celebró en Montevideo, para reunir fondos con que aliviar el dolor de los heridos de
Francia, Inglaterr a y Bélgica.

�JOSÉ ENRIQUE RODÓ

pueblo incomparable que las ha escudado con
su pecho, y que ha de ser, de hoy en más, entre ellas, prenda inmortal de fraternidad y de
alianza.
Bélgica era, en las representaciones habituales de nuestra imaginación, el taller doméstico, todo paz y virtudes, que disfrutaba su
áurea medianía en seguridad inviolable. Bélgica es ahora el altar hnmeante y sangriento
del valor sublime. De ese sosegado fondo de
granjas y dehesas, donde renace, magnificada,
la Arcadia pastoril; de fábricas que ennegrecen la niebla y barcos que cortan los ríos indolentes; de primorosos jardines y casas pulquérrimas, en suma, de trabajo apacible, que a
alguno puede parecer opaco y sin vuelo, se ha
adelantado de súbito la máscara trágica de
las Iliones y las Zaragozas. ¡Transfiguración
extraordinaria, que recuerda cuando del plácido heno amontonado y oliente a la bondad
de la tierra, se levanta y difunde la llama del
incendio, con el irrefrenable impulso del rayo!
¡Reveladora enseñanza para los que imaginan
que la energía de la guerra ha menester cultivarse por sí misma y en ejercicio de su propia
obra de destrucción y muerte, en vez de brotar, a su hora, de aquella fundamental y ar-

BÉLGICA

53

mónica energía que, templando los resortes
del carácter social, forma la volundad para
las artes pacíficas e inspira los ejemplos del
valor civil!
Difícil es encontrar en la memoria el parangón a la grandeza de esta Bélgica que ahora
conocemos. Todo cuanto puede contribuir a
enaltecer la acción humana, por los sentimientos que la animen y el término a que se dirija;
todo cuan to puede tender a embellecerla y
glorificarla por la heroica fiereza como se manifieste, todo se congrega en Bélgica y realza
esta inenarrable tragedia de su historia. En
los mayores portentos del pasado, en los más
clásicos y nobles, falta esa ar~onía y perfección de estatua guerrera. Cuando no hay lugar para la duda en la justicia de la idea porque se combate ni se percibe desigualdad en el
denuedo ni sombras de iniquidad y alevosía
empañan el esfuerno fundamentalmente generoso, queda a la crítica tomar por blanco la
calidad del pueblo combatiente: la turbulencia
de sus inclinaciones, la rudeza de sus costumbres, su inferior condición, respecto del extranjero que le oprime o del invasor que le
amenaza. Aquí, ni una mácula, ni un pretexto, ni una diferencia siquiera en valores de ci-

�54

JOSÉ ENRIQUE RODÓ

vilización. Nada falta a la gloria de Bélgica;
nada puede restarse a la soberana razón de
que ella irradia. Es éste el más ejemplar conjunto de hombres defendiendo el más sagrado
de los derechos con el más alto y constante de
los heroísmos.
Pero, después de todo, ¿por qué hemos de
asomhrarnos de esta marcialidad indominable, ni considerarla allí nueva? Y ¿por qu~ se
imaginaría el invasor que ese llano suelo de
Flandes había de encorvarse a su paso, como
el lomo del caballo que conoce a su dueño? ..... .
Para desengañarle habría bastado que compareciese en su imaginación el simulacro heroico de aquella Flandes, erizada de hogueras
y patíbulos, en que se resolvió, para la libertad, el porvenir de Europa, frente al otro soberbio imperialismo de Felipe II. Bruselas,
Amberes, Lovaina, Mons, Gante, Malinas, no
fueron siempre, por ci~rto, nombres de paz.
Esas ciudades de mercaderes y artesanos, ya
eudurecidas, desde su nacer, en la diaria defensa contra las águilas feudales, se iluminan de
sangrienta luz en la guerra por la protesta religiosa y la autonomía política. Si la resistencia extinguióse en ellas, para concentrarse en
la emancipada Holanda, fu.é sólo cuando el

BÉLGIOA

55

cadalso y la emigración las dejaron en soledad que convirtió en agrestes patizales sus
calles populosas. Todas esas ciudades aprendieron, hace tres siglos, la ciencia de sufrimientos y energía en que hoy ilustran al mundo; todas ellas conocieron, sin envilecerse, el
brutal ultraje del saqueo, la humillante tortura de la exacción, el trágico espanto de las
matanzas. Amberes caída pensará que vuelven sobre ella los días de horror en que los
tercios de Alejandro Farnesio ciñéronle, en
cruento delirio, palma de elección entre ciudades mártires. Y en la Bruselas que custodian,
desde el bronce, las sombras de Egmont y de
Horn, el paso de las patrullas imperiales ha
de despertar, en cada ángulo de piedra, los
ecos del glorioso grito rebelde de aquel "Vivan
los gueux", que allí resonó por vez primera
y fué la consigna de las muchedumbres insurrectas que, ostenta ndo como blasón de democracia las apariencias de la mendicidad, el
sayal ceniciento y la escudilla de palo, dieron
al estupendo siglo XVI una de sus páginas
más bellas, y uno de sus triunfos mejores a la
historia de la libertad humana.
No importa que el nuevo opresor domine,
desde Lieja hasta Ostende, las ciudades de

�50

JOSÉ ENRIQUE RODÓ

Bélgica, y busque radicar entre sus despojos,
signos permanentes de ocupación y de conquista. Más duraderas prendas de triunfo alcanzó el Duque de Alba, que, en la plaza de
Amberes, pudo contemplar la estatua de
bronce que le representaba hollando el pecho
de los flamencos vencidos. Y estos vencidos de
estatua se reincorporaron. Y ahora, alzándose del barro sangriento de sus ca:mpiñas desoladas, de los escombros de sus ciudades rotas,
donde lo único verdaderamente irreparable
serán las profanadas maravillas del tiempo,
volverá Bélgica a su ser, radiante de esperanza con esos niños que están conociendo en la
inocencia la virilidad del infortunio; acrisolada en su persona de nación por la solidaridad
suprema del dolor compartido e inculpable.
Volverá Bélgica a su ser. El sentimiento humano rechaza, en cuanto a esto, hasta la
sombra de una duda; y si la duda cupiese, y
semejant e pueblo pudiera, en edad como la
nuestra, ser testado del mundo por la primiti•
va razón de la conquista, no habrá conciencia
de hombre libre que no prefiriera, una y mil
veces, el cataclismo anárquico que hiciese sal
tar e-n bastillas los fundamentos de esta ci viliz~cióo, antes que la persistencia de un orden

BÉLGICA

57

de naciones en que fueran posibles tamaña iniquidad y tamaña vergüenza!
Entretanto, no es necesario esperar a la reparación ineluctable, para que la gloria de la
nueva Bélgica quede consagrada y perenne en
la conciencia universal. Más alto que la Esparta de Leonidas, porque el valor que aquí
resplandece no es la facultad exclusiva, sombría, infecunda, que se cultivó artificiosamente en aquel monasterio de soldados; más alto
que la Polonia de Kosciusko, porque el delirio
frbril de la anarquía no ha preparado la obra
al hierro del conquistador; más alto que el
México de Juárez, porque no ha habido manos propias que guiasen el caballo del extranjero; más alto todavía que la España alzada
contra Napoleón, porque en las armas de estos invasores no se propaga el estímulo de libertad que atenúe la violencia conculcadora
del derecho,-el. nombre de Bélgica la mártir,
Bélgica la heroica, Bélgica la inmaculada, perdurará en la mente de los hombres como el
símbolo supremo del sacrificio 'Varonil y del
ánimo contendor de la fuerza.
Asociándonos, de este lado del mar, a su infortunio y a. su agra vio, nos parece estrechar
sµ cabeza ensangrentada en el regazo frater-

�58

JOSÉ ENRIQUE RODÓ

'

nal de esta América que identifica su interés
más caro con la universal inmunidad del derecho, y es la espectadora serena, pero no impasible, en la tragedia que domina el secular escenario de la humanidad.
Cuando el eje ideal de la civilización vacilara; cuando la arrebatada demencia de la guerra obscureciese del todo, en las más nobles
razas del mundo, el sentimiento de aquellas
nociones superiores que han guiado, entre
parciales eclipses, la ascendente marcha de los
pueblos: bien, verdad, derecho, justicia, aún
quedaría, en la desolación de ese naufragio, el
asilo de la conciencia americana. Cuidemos,
dentro de cada uno de no~otros, nuestra parte en la reserva augusta que nos está confia da; y desde la paz y la distancia que nos
comunican cierta semejanza de posteridad, juremos a Bélgica la mártir, a Bélgica la heroica, a Bélgica la inmaculada, gloria y amor en
el corazón de América!
JOSÉ ENRfQUE

Ronó.

SOBRE EL DESTINO

E3L Destino, el Sino, el Hado, la fatalidad o

la
Suerte, el Ananque de los griegos, el ·Fatum de los romanos, ha sido el eje, el quicio, de
la concepción y del sentimiento trágicos de la vida. ¿ A qué repetir una vez más que toda la tragedia griega está penetrada por ese sentimiento
y esa concepción de la Fatalidad?
En el. teatro cristiano-el inglés de Shakespeare, el nuestro, el castellano, de los grandes maestros del siglo XVII-ese Haá.o parece que se templa por el sentimiento del libre albedrío humano.
Pero fijémonos bien y veamos si ese libre albedrío, si esa libertad, no es un nuevo sino, una nueva fatalidad.
Muchas veces he pensado si la concepción cristiana del libre albedrío humano, tal cual nos la
presentan después de la caída de nuestros primeros padres, no es otra forma de la Fatalidad. La
libre voluntariedad, el libre albedrío de los héroes del teatro cristiano-cuando le tienen y
ejerce,n, que no es siempre-es una terrible forma
de fatalidad. Hay algunos de ellos cuya verdadera tragedia es no poder dejar de ser l~bres de

�60

MIGBEL DE UN AMUNO

ese modo. Recordad a Hamlet. ¡ Y a cuántas reflexiones no se prestan aquellas palabras del Segismundo de La vida es sueño,
"¿Y teniendo yo más alma
tengo menos libertad?"

La lucha del destino contra la libertad es el
nervio de la tragedia toda de la vida. O mejor
aún, el problema del Destino, del Destino humano, es el fondo de la tragedia de la vida. Lo que
hace trágica toda la vida humana, toda verdadera vida que sea verdaderamente humana, es el
presentimiento, es la visión o la no visión íntima del Destino.
Pero no es de este Destino así, de este Destino
trágico, con letra mayúscula, del que ahora quería deciros algo. De ese Destino nunca puede
decirse bastante. Y todo lo que de él se diga es
como si no se dijera nada. Pero estamos trágicamente destinados a no poder no pensar en él. Es
del otro, del destino con letra minúscula, del
destino minúsculo, del cómico, no del trágico,
del que quiero hablaros aquí ahora. ¿Cómico?
No, no tan cómico. En cierto sentido tan trágico como el otro.
Sales, lector, de presenciar una de esas augustas tragedias que repercuten a través de los siglos, Edipo Rey, o Hipó lito, o Macbeth, u OtekJ,
o María Estuardo, o La Estrella de Sevilla, o

SOBRE EL DESTINO

61

Don Alvaro, o Los espectros, y al salir, pensando en el terrible todopoderío del Destino, un amigo, llevado de una asociación de ideas puramente verbal, de una identidad de vocablos, te dice:
"¿Sabes?, a Fernández le haa dado un destino
en Hacienda". La caída mental es tremenda.
Desde aquel altísimo, celestial Destino te encuentras de pronto ante un destino ... ! en Hacienda, o en Fomento, o en la Tabacalera l
A este destino minúsculo se le puede diminu.
tizar, llamándole un destinito. ¡ Un destinito
de ocho mil reales con descuento !
Y este destino minúsculo es para muchos todo
el Destino humano. En torno a ese destino se
devana la comedia de su vida. "Cómo se va a
casar si no tiene todavía destino ... '', se dice uno.
¡ No tiene todavía destino! Pero en cuanto a alguien le han destinado ya a algo parece que no
tiene más en que pensar.
¿ Qué es en España un político? Un señor que
reparte destinos. ¿ Y qué es un ciudadano? Es
decir, un ciudadano ... ¡no!¿ Qué es en España
un elector ? Un pobre señor que busca un desti _
no, ya para sí, ya para alguno de sus hijos. O
que busca sostener el que consiguió.
·'Pero, señor, ¿ quién le meterá a ese hombre
en eso?" oís que se dice de uno de esos llamado s
espíritus inquietos a quienes les da de pronto l a
.humorada de sentirse ciudadanos, hombres ver-

�62

l!I&lt;HJElL DE

UNAlll"l'NO

daderamente civiles, esto e~ humanos, preocupados del Destino de su patria o siquiera de su
aldea. Y se añade: "¿ No tiene ya su destino?
¿ Qué busca, pues?" Y no les digáis lo más sencillo, lo más inmediato, cual es que busca vivir•
porque para los tales, para los que así juzgan,
vivir es estar destinado en Hacienda, en Fomento, en la Tabacalera, o li:1 otra función así. Vivir
para ellos es eso, es estar colocado.
Y este minúsculo destino viena a ser, si bien
se mira, tan trágico como es el otro, el gran Destino. Y lo más trágico del destino minúsculo, de
la colocación, es que impide a los más encarar y
ver el otro, el mayúscalo, el gran Destino. El
catecismo de la doctrina cristiana que nos enseñaron en la primera escuela resuelve ese pavoroso
y eterno problema del Destino como lo resuelve
todo, con cuatro palabras y con una sencillez
que por lo sencilla es tanto más trágica, y es que
pregunta: "¿ Para qué viene el hombre al mundo?" Y en un santiamén responde sin v.acilar:
"Para servir y amar a. Dios en esta vida y gozarle después en -la eterna", y todo queda tan llano. Pero en la práctica de nuestra vida la contestación es otra: Es esta: "para obtener un
destino ... " en las oficinas que sea. Y ese destino puede ser de escribiente cuarto o de ministro.
Es igual.

SOBRE EL DESTIN0

63

"Al fin, ¡ gracias a Dios !" oí exclamar una vez
cuando, al cabo, le hicieron ministro de la corona a un desdichado que lo estuvo esperando y
solicitando durante treinta años. Y ese pobre
hombre- pensé-¿ habrá alguna vez pensado en
el Destino, en el otro, en el grande?
~sta lamentable clase media nuestra española,
acervo de todo lo mediano, de todo lo mezquino,
garba de pordiosería, de cobardía y de envidia,
esta nuestra lamentable clase media- ¡ y tan
media !-española, vive uncida al yugo del destino minúsculo. La patria, cuyo supremo destino nada le importa, no .es para ella más que una
fábrica de destinos. Y en ella nacen todos predestinados a destinados, es decir; a borregos.
Para eso se les educa; para eso se les instruye.
Desde que, mozo, entra en carrera el futuro
funcionario público no piensa sino en el destino,
pero en el minúsculo. Hay quien a los quince
años tiene ya vocación de notario o de juez o de
abogado del Estado o de médico de partido o
de jefe de negociado de Gobernación. De lo que
apenas tiene casi nadie vocación a los quince
años es de ciudadano o de hombre de ciencia o
de artista. Y menos de hombre. Alguno, por
sentir a esa edad ya vocación de concejal o de
diputado provir.cial o a Cortes o tal vez de ministro, se cree con sentimiento de ciudadanía, con
conciencia política. Pero no es más que el destino.

�64

lílllUEL DE UNAYUNO

¿ Sabéis lo que hace tan trist
.
monótona vida de nue
.. e la tnstfsima y
tas? ¿Sabéis lo que ha~:ras vieJas ciudades muerventud sea ~na ale ría que la alegría de su juramente fisiológica g
puramente exterior, pu' como la del c
.
o
a
quien
se
le
d
.
anano enjaula.
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¿ Sabéis lo que hace a alpiste en abundancia l
· d ades muertas e~ que
esas nuestras viejas
c1u
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1
:,pano as lang ·d
mente y se ajen I
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os pocos los p
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quienes
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.
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Destino les quita I
p_resenttm1ento del gran
que esos jóvenes edesueno de la vida? Pues es
nuestras · ·
muertas no piensan ás
v1eJas ciudades
culo, en el que I m q~e. en el destino minús.
es penmtirá c
servilmente y
asarse, vegetar
.
procrear hiJ.
d .
mismo. ¡ y este .
os estinados a lo
s1 que es destino trágico !
MIGUEL DE UNAMUNO
(Nun,o ,lfundo, ;\,lndrid.)

:lga esta Revista. La di1ig~ con
gran
un poeta y estudioso castellano,
don Narciso Alonso Cortés. Véanse las seccionel de la REVISTA. CASTELLANA: Literatura,
Historia, Ciencias, Artes. Es bimensual.
El sumario de ambos núm ~ros:
L.1.s MORATORIAS, por R. Pérez Requeijo.
CASTILLA, por Juan Dtaz-Caneja.
POESÍAS de A. L. Argüello.
EL CAS nu.o DE PoNFERRADA, per E. Díai·

Jbn6nez M.

POESÍAS . por Luis Barreda.
EL CENTENARIO DE ENRIQUE GIL Y CA·
RI.ASCO, vor Narciso Alonso Cortés.
REDIMIR AL SORDO-MUDO, por F. Mendiza-

bal.PALACIOS Y CASAS SEÑORIALES DE VALLA·
DOLlD, por Juan Agapito y Ro::villa.
REGISTRO BIBLIOGRÁFICO.
DIVERSOS CRITERIOS EN ESPAÑA CON RES
PECTO Á LA GUERRA, por E. G6mez Diez.
EL CA.TARRO Y LA A.RAÑA (cuento), por Luis

Maldonad"
LAs c~DENAS (cuento) de H. Garcia Luengo.
POESÍAS, por A. Torres Ruiz, F. de Cossio,
C. R. Pinilla y A. G. JJ~ngoa.
EL MONITOR DE EDUCACIÓN COMÚN
JULIO

31

DE

1915.

BUENOS AtRES.

Pc1rte del sumarie:
Pc:dro Bertolini: Palingenesia pedag6gica.
Mary S. Cutting: La vida social de fos niñ -is,
H . Turner Bailey: Un ideal definido en di-

bujo .

�Genaro Sisto: La luch•1 antipalúdica.
P. Sollier: Bases psicológicas del método froebeliano.
Dora E. Miranda: Los Andes.
Pedro Caracoche: Cómo debemos educar a•
nuestros hijos.
CULTURA
VoL. l. Nos. 5 y 6. BOGOTÁ.
Mensuario excelente, dirigido por D. Luis
López de Mesa.
Véanse algunos de los titulos &lt;¡ne registran
los dos cuadernos que hemos recibido:
Lo INCONSCIENTE EN EDUCACIÓN, por M.
Jiménez López -LA ESPINA (poesía inédita)
de M. A. Caro.-EL EVOLUCIONISMO, pnr Ló
pez de Mes• -REFORMA DE LA EDUC!CIÓN
NACIONAL, por la Dirección.-LA CAR'l'UJA DE
MIRAFLORES, por A. Nieto Cab,llero.

m
Libros - Verl6dlcos -

Folletos

Rqjas sueltas

Recibos talonarios

~

eheques

Imprenta Greñas
Calle Central Norte
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VREetes

Men,ees

-uu

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>El Verbo de la Noche y el
verbo del Sol
La paz por la ciencia
Los nii\os ( verso )•

Es la guerr:i ( verso )
Vindicación de la memoria
UEL RODENAS . •••••. , .••••• Pan del camino (cumto ).
ERTORIO BIBLIOGRAFICO

STILLAS

191S

SAN JOSE DE COSTA RICA. C. A

Imprenta Grellaa

��COLECCION Á..1.~IEL
N[LJo:CCIOlUS de LOS Bl1EXON Al:TORES, l'LAi-lCOS J BODERXOS

Director I J, G.1\Rel.11 Mt!&gt;NGE
S1\N JE)SB 0B eeST1l Rle1l, e. 1\ .

C o udi c ion eE&gt;:
La Rerle rle 12 rollf tos ( en Costa m ea ) : q¡,; 3.00.
J,n serie de 12 folletos ( en el Extranjero ); $ 2.00 oro am.
Xúmero suelto : &lt;Jt 0 .25
'768 p áginas,

EL VERBO DE LA NOCHE
Y EL VERBO DEL SOL

dos libr os de escoltilla, variada y r econrortante literatura

P O R

T R ES C O LONE S

PROXIMO CUADERNO :

Hipólito Taine: LOS JOVENES DE PLATON,
CON UNA APRECIACIÓN DE l'RANC-lSCO OARCÍA CALDERÓN.

BIBLIOGRAFIA
_La Casa PRO:.\IETEO, de Valencia, acahn. rlr p ublicar los famosos poemas de Homero traducidos del
griego por Leconte de Lisie.
JiJ l gran poch frauc11s, ap,·ccianrlo h drsorientación que sufrí,1 el público por las falsas yorsinncs de
las obr1s do Homero, acometió la tarea de trad ucirla~ ?tl\'ean;ient~, retrocediendo hasta las foontes pt·im1t1vas. El mas grande de los poetas no fné traducido esta ,,cz por un p1•ofcsor do griego, sino por nn
gmn pot·ti\. La. l líadri y In. Odisea tradnri&lt;las por Lecont.e lle [,islo son obras cornpletn.mcnto nnovas. 'l'odo
en ellas es di,-tiuto do las tra.,l ucuiouos anteriores: el
ambioott·, el modo de hablar de los pcrsonajrs, hns ta
sns nombres. re,;hrnr,tdos con arreglo a la verdad.
Los pocm,s vcncmbles qnc bn.,io la plnma &lt;le tr.1dnctorcs académicos nacier011 d1,rmidos, ticne&gt;n a ho-

La edad de oro amanecía, y los g riegos, divinos pastores, contemplaban aún las pá lidas
estrellas. E ra en el silencio de las maj adas, sobre las colinas con olivos, entre los perros
vigilantes. Sus almas se revelaron con la a urora. Aquellos cabreros tenían los ojos soberanos de las águilas, y todas sus intuiciones
las arrancaron a la celeste entraña del Sol.
Los bosques de sagrados senderos, los arroYotl claros, las grutas de donde vuelan en los
ocasos los pájaros de largas alas, las sombras
de los laureles, las playas lejanas y doradas
con el ma r azul, fueron los pobladores de sus
almas. Con ojos maravillados bajo la luz, recibían todas las imágenes como especies eucarísticas, y eran tantas y tan diversas las imágenes, que en ellas se cifraban las normas del
conocimiento. El sentir de los griegos fué hijo
del mar y del cielo, de los bosques con genios

BIBLIOTECA CENTRAL.

1

_ _ _ _ __,.;u;,;·..,;,A,_•...;N...;._'"_ _ _ _ _ __

�2

RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN

y de la lujuria de las formas. La varia emoción que iban devanando los ojos por los
agrios caminos, dió agilidad a los cuerpos y a
las mentes. No recibían el conocimiento del
mundo como una herencia fría en la urna de
las palabras; para aquellos pastores, las ideas
significaban números y formas bajo el ritmo
del Sol. Cuando se reposaban en las alturas
mirando al fondo de los valles arados, verdes, ·
intensos, experimentaban la emoción mística
de la Suma. Lo que habían aprendido de una
manera semoviente, era gozado en quietud.
El conocimiento cronológico sehacíaextático,
y las almas se despojaban de la memoria, como de la tela del tiempo, para aprender por el
divino camino del Sol. Aquellos hombres místicos, después de arar el pardo regazo de la
llanura, de conocer sus senderos uno a ulfo,
como largos relatos, se hacían centro v conciencia de visión sobre las cumbres. Y cada
noche estrellada, reunidos en torno de las hogueras, sintiendo el vaho de los rebafios, era
el goce de recordar las imágenes del día y hacerlas revivir en el relato de los más ancianos.
¡Y fué un ciego cantor, para quien la noche
parecía eterna, quien primero en la música de
las palabras hizo arder la corona del Sol! ¡El

EL VERBO DE LA NOORE

3

padre Homero pudo llamar a sus versos con
un nombre de flor: HELIO-TROPOS!
Son las palabras espejos mágicos donde s_e
evocan todas las imágenes del mundo. Matnces cristalions, en ellas se aprisiona el recuerdo de lo que otros vieron y nosotros ya no
podemos ver por nuestra limitación mortal,
aun cuando todas las imágenes y todos los
verbos sean eternidades en 'el seno de la luz,
como explicaba el mago Apoloni.o de Tyana.
Para el iniciado que todas las cosas crea, Y
ninguna recibe en herencia, la luz es numen del
verbo Las palabras en su boca vuelven a nacer puras como en el amanecer del primer día,
y el poeta es un taumaturgo qu_e_ trans~orta
a los círculos musicales la creac10n lummosa
del mundo: en los números pitagóricos, aprisiona las Ideas de Platón. Pero las imágenes,
eternidades de luz, sólo dejan en la palabra la
eternidad de stt sombra, un rastro cronológico de aquello qne los ojos contemplaron y
aprendieron de una vez. El pensamient o humano es como el fruto sagrado del Sol.
Los mitos helfoicos nacen en las cristalinas
cuevas de los montes, en el verdoso seno de
las frondas, en la azul ribera del mar. Si el
eremita ama su yermo, es porque su pensa-

��LA PAZ POR LA CIENCIA

LA PAZ POR LA CIENCIA •
SRIOR!S: SEIORES :

Ha querido el destino que el acto más trascen~eotal de nuestra vida universitaria se
reali~ase este año bajo las penosas circuns~anc1as de una guerra europea, de magnitud
Jamás alcanzada en los anales humanos, la
cual, ~unque se desarrolla lejos de nuestro
suelo, 10te~esa con la mayor intensidad el a lma argentina, por la vasta solidaridad de cult?ra que 1~ une e identifica con todas las nac10n:s amigas compr~metidas en_ la magna
C~)llt1enda. E lla ha nacido de esa vieja civilizac1ó_n,_ se ha nutrido de _sus ideales filosóficos y
r~lig1osos,_y ha or~a01zado su gobierno político y ré~1~e? social sobre los principios de
su credo JUnd1co.
_Dna ~mplia corriente y una universo) armon~a de ideales "humanos" y pacificadores b 3 b:a. arrull~cio los oídos del mundo en estos
ú t11~nos anos; y en Europa y en América disponiaose los congresos a conferenciar y a ce•

IJi~cur o en la colación de grados y tltulos de la t;'-IVI'R
L.\ Pt.AT.\ , .,¡ 15 de ngosto de 1 1 . o;
CJUln V. Gon1.,ílcz, !'residente de la U nivcr~idad ?~trcsor
d e 1 1ona 0 1p1omáuca.
·

º:· /.°ª

~IDAD. A( IOSAI. 111{

t

ei

7

lebrar los triunfos de las formas orgánicas
para la solución de las diferencias entre las
naciones. Los amigos de la guerra o de la paz
armada, oprimidos por el peso, y el volumen
de sus ejércitos y escuadras, en tierra, del
agua y del aire, llegaban a consentir, p or lo
menos, en la sinceridad del antiguo aforismo
de "conservar la paz por la disposición para
la guerra"; y los más tolerantes de los pacifistas conciliaban con aquéllos en la próxima esperanza de un desarme general, como consecuencia del exceso de las a rmas y de sus presupuestos, y de una liquidación en el papel, de
todas las montañas de hierro y oro a cumulados por esa política. El autor europeo de " La
grande ilusión", como los autores americanos
de la fórmula llamada por sus nombres,-Wilson-Bryan,-para evit ar la guerra, después
de llenar el espacio con la auspiciosa repercusión de sus bellas doctrinas, habrán quedado
bajo el silencio de los hondos desengaños,
tanto más dolorosos cuanto más inesperados.
La guerra ha estallado en las más altas cabezas de la civilización, en las dos r azas y núcleos directivos de la marcha de la humanidad
contemporánea, representativos del resultado
de todas las filcsofías, religiones y políticas
que han luchado por ganar el corazón y la
conciencia del género humano desde los comienzos de la historia: las filosofías no han
conseguido aún armonizar, o sea dicho, "pacificar" las almas de las sociedades, en cons-

�8

JOAQUIN V

GOl"ZÁLEZ

tante agitación y lucha contra· las desigualdades, o contra las injusticias inveteradas
que sólo cambian de forma en cada evolución
libertadora; "los enemigos de las actuales formas de sociedad, decía un escritor iriglés el
año pasado, ya se llamen en un país antimilitaristas, en otro anarquistas, y en un tercero
revolucionarios, todos son semejantes. Ellos
forman el elemento subjetivo de nuestro sistema de civilización, cuya columna dorsal es el
Estado, y esperan el momento más propicio
para introducir lo que ellos juzgan el sistema
más conveniente, cuya columna dorsal es el
Estado ... en ruinas ... Dado el desgraciado caso de una guerra, la revolución social, con tedos sus horrores Hamará a nuestras puertas.
La Europa necesita paz externa, por la fon•
dación del equilibrio político, y tam hién paz
interna por un justo equilibrio social entre el
capital y el trabajo."
Entre tanto, los es1 adistas, los conductores
de los más cultos pueblos del mundo, en cuyas
entrañas labran su descomposición los que
nuestro autor llama "enemigos del orden social", han desencadenado sobre el mundo la
guerra de siempre, la guerra de matanza y de
aniquilamiento, bajo cuyos escombros renacerán más que las mieses, los nuevos odios destinados a renovar otras guerras en el futuro.
Y la filosofía seguirá tejiendo sus redes metafísicas, en el espacio mental, con menos fijeza
que las arañas industriosas, las cuales tejen

LA PAZ POR LA Cl.ENCIA

!)

las suyas sobre puntos ile apoyo materiales y
con sujeción a principios matemátieos indestructibles; mientras que los primeros crearon
Estados v si:;temas rnciales mucho más deleznab1es, e~ comparación, que la leve telaraña
en los arbustos.
Cuando las r eligiones han logrado su temporal anhelo de gobierno político, en busc~
del reinado de la paz idei.J, fundada en la um·
dad de un dios o de un dogma, los emperadores inventaron el martirologio de los creyentes, y estos triunfantes, crearon el martirolog:o de los no creyentes; y cuando la Europa
fue unificada por Carlomagno bajo la fe católica , "el espírit u del mahometismo pasó l_entamente al cristianismo; y durante dos siglos,
- -dice Lecky,-en todos los púlpitos se predicó
rl deber de hacer la guerra a l infiel, y pintaron
el campo de batalla como el paso más ~egu~o
hácia el cielo prometido". La nueva v1ctona
del principio religioso en ti siglo xv, lanzó
sobre la Europa el furor de las guerras de la
Reformn que la extenuaron por el odio y por
la sangre; y cu::mdo ese summum espiritual,
embebido de la filosofía moderna y atemperado por la nueva corriente de tolerancia y solidarid ad moral en la cultura, proclamaba las
promesas del reino pacífico, una guerra d_e
fondo religioso, y exterioridad étnica y rcaltdad política y hegemónica, comienza en los
dominios del islamismo, se propaga en la sangre de dos razas ri vales, e incendia al fin el

�JO

JOAQUIN V. GONZÁLEZ

castillo fuerte de la civilización más preciosa
que los hombres han conocido.
¿En cuántos siglos la política ha realizado
la evolución de las formas orgánicas de las
sociedades, desde las autocracias bárbaras
hasta las más amplias y liberales democracias
modernas? Y todas han reflejado sus influencias sobre la "justicia internacional", hacia la
que tienden como un último ensueño. de perfección: es la supresión de la guerra, la fundación del Estado social por exceleneia, la realización del reino jurídico universal. "El crimen
de la guerra" de nuestro Alberdi, adoptado
por el pensamiento europeo, fué la última expresión condenatoria del estado regresivo y
antijurídico, proscripto de la reciente filosofía
política, y reconocido por el universal movimiento en favor de los principios del arbitraje
y la extricta justicia internacionales; los gobiernos iniciadores y mantenedores de esa
grande Asamblea de las naciones, cuya sede
se ha fijado en La Haya, son los actores directos de la guerra pendiente, destinada a remover, sin duda, de raíz, en la conciencia contemporánea, todos los resultados de la historia. ·
¿Qué es entonces la política? ¿Dónde se halla la luz conductora por la tiniebla en la cual
ha entrado de nuevo !a humanidad? ¿Cuál es
la realidad de las promesas hechas y de las
enseñanzas trasmitidas por las nacioiies antiguas de Europa a las naciones nuevas de

LA PAZ POR LA OIENCTA

11

América, las cuales se llaman a sí mismas
discípulas, hechuras, creaciones de las primeras? Diríase que, lejos de asistir a una prueba
formidable del valor efectivo de los progresos
técnicos en lucha de predominio, presenciamos
una inmensa catástrofe de la organización del
mundo civilizado, sobre las bases de las conquistas y de las convenciones anteriores. Ni
los congresos de Westfalia, de Viena y de Berlío, ni las alianzas e inteligencias compensad?ras del ~ct?al equilibrio mundial, en el que
directa o rnd1rectamente entran los continentes de América y el Oriente lejano, habrían logrado re¡.,resentar las aspiraciones o las
conquistas pacificadoras de las religiones, la
filosofía o la razón jurídica, que sirven debase a la actual organización del mundo; y fuer•
za será meditar en los gabrnetes o en las cátedras, donde se estudian los problemas de la
vida y el destino de los pueblos, sobre las causas del tremendo desastre que conmueve hoy
los cimientos de la sociedad de las naciones.
Hace tiempo algunos ilustrados escritores
proclam arou la bancarrota de la ciencia, en
vista de las agitaciones sociales contemporáneas y de la universal inquietud de los espíritus; pero ellos veían el problema bajo una faz
restringida e incompleta. Porque la ciencia
aún no es libre, ni gobierna con plena autonomía, ni los demás órganos de los Estados la
oyen ni le entregan todo su material, ni sus
instrumentos ni sus medios de acción. La po-

�12

JOAQl'ÍN V. GON7.ÁLEZ

lítica la mantiene todavía aherrojada y sometida a sus intereses y caprichos, sin permitirle
desplegar la plenitud de su vuelo; ni las formas de gobierno o arnci:=icion:s d: Es~ados_la
consultan y obedecen, m sus 10sp1rac1011es mo-énitas sobre las religioues y filosofías, pueden aún sobreponerse a los dogmas obligatorios o a los sistemas tradicionales, o a las
imp~siciones de la fue~za,_ que tienen educada
y habituada a la couc1enc1a humana.
Luego, la ciencia no es responsable sino en
la medida de su libertad, de los resultados de
sus descubrimientos y experiencias sobre la
felicidad de los hombres; ni tampoco del uso
interesado o injusto que la rutina, el egoísmo,
la razón de Estado, la ambición o el poder
hacen de los agentes o instrumentos que ella
les entrega, como el obrero asalariado que
enajena en manos del patrón capitalista la
labor de sus manos o la creación de su ingenio. En cambio, ningún criterio puede negar
que ella es única autora de cuanto bienestar
positivo y real goza el hombre civilizado, y de
cuanta ventaja aprovechan para sus fines
egoístas o particulares, los poderosos de la
fortuna o las ambiciones de dominio de los
caudillos de pueblos.
Parece indudable que la humanidad ha perdido la brújula de su derrotero en el tiempo
presente. Una red inextricable de sendas y
rumbos divergentes la han extraviado y confundido, y no atina a ver sobre el horizonte la

LA PAZ POR LA CIENCfA

"luz magna" que el profeta anuncia guiando
al pueblo errante en la tiniebla. Y no es porque no sepa donde se halla esa luz, como siempre le aconteciera en los más críticos momentos de su historia. Ha buscado por siglos la
verdad por el camino de la ficción y la libertad por la senda de la esclavitud;y cuando un
espíritu inspirado le dijo que él era la verdad,
y fJUe sólo por la verdad iría a la libertad, se
obcecó en su error, suprimió al profeta providencial, y cayó en la peor esclavitud, la de la
mentira y el fraude, sobre las cuales edificó
todas sus religiones, filosofías y políticas positivas. Al pensamiento unificador y pacificador reemplazó con la discordia y la guerra a
sangre y fuego; al mandamiento del amor y
la fraternidad y la ayuda recíproca, substituyó los odios n:ligiosos y sociales, y el interés
y el egoísmo, que han creado los profundos
abismos entre las naciones, las sociedades y
las clases de una misma sociedad; ha fundado
la guerra permanente y continua, que corroe
su corar.ón y enferma y extermina las mejores
plantas y frutos de su intelige~cia, y ha alejado, quien sabe por cuantos siglos más, la iniciación de la nueva era de la pez, o de la labor
por la paz del mundo.
¡Cuánta doctrina engañosa y brillante, aún
vestida con el ropaje de la ciencia, ha venido
a ensalzar los beneficios de la guerra! Se cree
que ella desarrolla y crea las virtudes viriles,
los heroísmos y acciones grandiosas, que dig-

�14

JOAQUÍN V. GO::-IZÁLEZ

nifican y elevan la persona humana. Entretanto desconocen la existencia de esos otros
fecundos heroísmos pacíficos, que consisten en
arrancar a la tierra sus elementos de bienestar y amplitud de la vida misma, y a la sombría y feroz igoorancia sus víctimas mil veces
más miserables que las del hambre o de las
fieras. La guerra, que saca del odio su fuerza
mortífera o eliminatoria, no puede conducir a
la paz, sino como preparación de otra era de
guerra; porque en la naturaleza humana, la
revancha del vencido se convierte en una vocación, así dure décadas o siglos su cumplimiento. Alberdi se había anticipado a Spencer
en la enunciación del principio que la paz no
puede ser fruto de la guerra, sino de las artes
y los medios de la paz, como observa Baty en
su traducción del "Crimen de la guerra". Y la
paz tiene sus fuerzas viriles insuperables, tanto más fecundas que las de la guerra, porque
son creadoras y continuadoras, mientras que
las segundas son destructoras y finales. La
una tiene por misión aniquilar y cegar fueates
de vida, la otr¡i crearlas y ensancharlas sin
término, porque se propagan y desarrollan
las unas de las otras.
La ciencia es la fuente de todas las creacio
nes útiles; y ella cierra sus labora torios silenciosos cuando la guerra ensordece el ambiente
y arrastra a la muerte estéril en manos de un
hermano, al estudioso y al sabio que habría
preferido morir de un heroísmo sublime, vícti-

LA PAZ l:'OR LA CtENCtA

15

ma d_e un in vento fecundo para el bien de sus
s~meJan_tes. La guerra ahonda y ensancha las
?1ferenc1as entre las razas y las naciones, aleJando cada vez más el ansiado día de la univers~l fraternidad; la ciencia muestra un solo
ca mino, el de la verdad única posible, el de la
verdad que es, que todos los hombres y naciones y_razas deber_án ver del mismo modo, porque t1_~nen los mismos ojos y la misma comprens1on de las verdades simples u objetivas,
que ~on~ucen a _las co~puestas y subjetivas.
La c1enc1a es, as1, la úmca senda que conducirá a la armonía de las sociedades humanas
má~_desemejantes y discordes, por la propia
acc1on de ,sus ":étodos; y 1~ ciencia es organismo que solo ~1ve en ambiente pacífico, para
de~plegar en el sus lentas y progresivas conquistas. Ella encierr_a el_ secreto de la paz del
mu~do y de las conciencias, la unificación de
los intereses m~teriales y de_ las aspiraciones
m~rales, las úm.cas bases positivas posibles de
la igualdad social, y de la justicia fundada en
la v_erdad de la naturaleza humana.
Ni_los partidarios teóricos de la guerra como mstitución útil al progreso del mu~do
p_u eden desconocer el valor decisivo de la cien~
eta en s~s resultados ~~contrarresta bles; y así,
d_eben 01r la observac10n profundamente cienbfica que se formula en obras recientes sobre
la "Eugénica" o ciencia de la selección humana, cua_ndo nos dice que "bajo la corriente de
la contmua guerra, en la cual centenares de

�JOAQUÍN V. GONZÁLEZ

LA PAII PO!t LA l'IEll'ClA

miles de los más fuertes miembros ~e la comunidad social son exterminados, m1ent_ras que
solo quedan los más débiles par~ ~ont_rnuar el
núcleo fundamental, la raza origmana se ?ebilita progresivamente, y puede al fin c~trnguirse. Cuando, como es fre_cuente, el contmuo
despotismo sigue al continuo guerrear, )?s
nuevos pueblos sometidos, no por la selecc10~
sino por la fuerza, al ser conservados ~n P?~tción inferior, no pueden formar una oac10n
con la integridad social de sus predeces,?res, Y
habrán de disgregarse y desapar~:er . Los
campos de batalla, agrega otro soc10_logo alemán, quedarán cubiertos con los c~day;res de
millones de nuestros hombres mas JOveces,
sanos y fuertes. L os mejore_s son los 9ue, s:
pierden: sólo quedan los ancrnn?s_, los t_nvalidos, los enfermo!&gt;, porque el serv1c10 obltgatorio arrastra a todos los aptos para cargar las
armas; y además, los sobrevivi:nt~s
los
campos de batalla no son lus mas mcltcados
nara la continuación de la raza, a mrnos que
~e dé a los neurópatas el ~ri~er lugar ..., porque si al estruendo de la tecmca y dd tra~co,
se a g regan los horr?r~s de la guerr~ ¡_que g:~
neración de neurastemcos se. produ~tra,, Y co
mo los males de·la neurastema arrumaran las
generaciones!"
.
Desde los más prim:irios pr obl~tnl'IS relativos a la formación del núcleo social de la nacionalidad , hasta la posesión de los más sencillos medios de utilización de los recursos

?e

17

naturales, la ciencia es nuestra guía y maestra y artífice insuperable. Por eso es la labor
permanente de las generaciones en este eterno
vaivén de la ola figurativa del humano progreso. La Escuela y la Universidad son sus laboratori_o s .Y tal!er~s! no ~ólo para trabajar
en el maten,il µnm1t1vo, smo para formar en
la vida del trabajo la esencial frakrnidad del
esfuerzo común y solidario. Este reemplaza
por ~irtualiclad propia a los postulados convenc10nales y a los mandatos autoritarios de
los dogmas religiosos o .filosóficos heredados,
los cuales, por otra parte, no pueden subsistir en la c?n_ciencia de un niño, apenas éste
pueda perctbtr la verdad elemental de la ciencia; a menos que la religión o la filosofía no
sean un efluvio natural de la ciencia misma.
El descubrimiento en colaboracióa, de una
verdad, de un elemento, de una cualidad cualesquiera, crea desde luego un vínculo indisoluble de compañerismo, acaso más fuerte que
el parentesco; y por sucesivas agregacione~,
la esfera de la armonización y consenso colectivos va ensanchándose, hasta abarcar la totalidad de una nación o de una raza.
La ley de armonía ha sido asi sancionada
por el propio imperio de la conciencia, y ninguna fuerza que no sea la de una necesidad
superior, podrá desalojarla, n! debilitarla. El
conocimiento de la verdad sobre las cosas y
las ideas, descubre en los corazones las excelencias, las virtudes y las sinceridades más

�18

JOAQUÍN V. GONzÁLEZ

LA PAZ POR LA ClE...~CIA

asombrosas; y entre los hombres que vivie:º!1
separados por vallas infranqueables de preJUlcios, diferencias y odios de muerte, se abre como un nimbo de luz, a cuyo resplandor. se
confunden sus almas en un~ íntima comumón
de amor y solidaridad, porque han desaparecido entre ellos las únicas causas de separación, es decir, la ignorancia recíproca sobre
las cualidades comunes, que ocultaban el tesoro de sus más hondas simpatías y afinidades. Por eso he dicho alguna vez,-inspirado
en la enseñanza de Leonardo de Vinci,-el espíritu más ingénitamente científico producido
por el cultivo humano, - que "conocer es
amar como ignorar es odiar,'' y porque la
histo;ia mental de la humanidad enseña con
sobrada elocuencia que los ignorantes son los
depositarios de los odios ancestra1es, hered~dos o transmitidos de inmediato por el gemo
de la guerra, para encender las hogueras o armar los brazos fratricidas, o .guiar el puñal
del asesino, o envenenar de ingrat itud y de
injusticia hacia sus benefactores más abnegados el alma de las sencillas comunidades, de
puehlos o de al~eas privadas de la c~ltura intensiva o ambiente que los domestica o conduce por el buen camino.
.
Sólo la ciencia, cultivad a en labor continua,
tenaz, de generación en generación, y en cooperación consciente o ignorada de pueblos a
pueblos, puede acercarnos a f~rmar ese espíritu de justicia social e internacional, tan anhe-

lado por los filósofos y filántropos, que cual
santos de una religión profana y sin dogmas,
orasen a voces con el lenguaje del amor y de
la_ verdad, corno F~anklin, corno Washington,
como Jefferson, quten concebía una noción de
nacionalidad que "comenzase una nueva era,
esperaba una época en la cual los intereses dominantes dejai;en de ser locales para ser universales, las cuestiones de diferencias de front~~a~ y soberanías fut&gt;sen secundarias, y los
t&gt;Jerc1tos y armadas quedasen reducidos a una
función de sien ple policía ... " Son palabras dictadas, corno las de la inmortal despedida del
ch_acarero de Mount Vernon, por un senti°:11ento d~ in.tenso amor humano, que nada
stno la c1enc1a es capaz de inspirar; porque
ella descubre ante las sencillas como las más
~Itas. co1;1ciencias, la verdad de la pequeñez
1g11ahtana de todos los hombres, y desmonta
todo el aparato formidable de las vanidades
agresivas y dominantes, que engendran las
au~ocrncias, las tirnnía-&lt; y las clases oligárquicas, adueñadas de la libertad y del trabajo
?el pobre, el cual, agobiado por su ignorancia
irreparable, queda reducido a la esclavitud de
hecho por la im posibilidad de una liberación
que estriba más en la ceguera de la mente qu;
en la condición material de la servidumbre.
Debemos, ent&lt;?nces, todos los consagrados a
la tarea del estudio, en todo país de la tierra,
proponernos una nueva v más intensa teniendo en cuenta que vamo·s en auxilio
nues-

de

�20

JOAQUíN V

GONZÁLEZ

tros hermanos de otras razas y naciones, considerados, acaso, inferiores, porque ignoramos
sus cualidades y virtudes esenciales. hasta
privarnos de su colaboración en nuestro propio progreso; en ayuda, en primer término, de
nuestros compatriotas y vecinos más próximos de nuestra América, expuesta por su inexperiencia y juventud, a errores más perniciosos porque comprorr.eterían su porvenir,
ya que tiene la suerte de mantenerse, gracias
a la distancia geográfica e histórica que la !'epara ile Europa. incontaminada de las ra~iones impulsivas de la guerra presente, ~i bien ·
no podrá d&lt;sinterarse de la suerte de los beligerantes, con quienes la unen lazos de una íntima solidaridad de raza, de intereses v tradiciones formados en la enseñanza le s;.is
mae~tros, y en el aire de su cultura, absorb1 ia
por la nuestra en constante corresponékncia
ideal; y al estudiar con ese profundo interés
solidario, la filosofía de esta guerra, no olviciemos que estudiamos un problema propio,
porque corresponde a nuestra misma civilización. En el desquicio probable de los ajustes
de esa vieja fábrica, no podríamos preci~ar
con exactitud la misión S'lperior que le está
reservada a nuestra América y a nuestra patria, ya sea como sujetos de experiencia de
nuevM principios emergentes de a'}uella terrible lección, ya como hogar de refugio o de
reconstrucción de les ideales y doctrinas de
solidaridad y justicia derruídos, ya de reno-

LA PAZ POR LA CIENCIA

voc!ón de los despojos saugrientos que de ese
antiguo acerbo de principios sociales y políticos, quedarán esparcidos por los sangrientos
o incendiados campos de batalla.
Señores profesores y estudiantes que me es-

cuch!is,-y oj_alá me oyeran todos los que
ens~nan a la Juventud de mi patria,-quiero
deciros con toda la convicción de mi espíritu,
templado ya en el yunque de treinta años de
vida artiva intelectual, que estoy muy lejos,
-ante el espectáculo de la guerra europea 1 de abdicar, como he observado en mucb os
otros, de los más fervientes ideales, y de la fe
en la fuerza y valor de los principios directivos
y su~eriores de _la justicia y de la razón, en las
relaciones políticas de las nacionescivilizadas:
La ~uerra, por grande y comprensiva que sel'!,
e~ s1empre ~n accidente pasajero en la suce
s16n de los tiempos; y aunque no sea un medio
de fundar la paz, sus solucio'les de hecho pueden crear una situación favorable al dcsarrolln de las instituciones justicit:ras y liberales
y a las labores de las ciencias, las !~tras y la~
artes, las cuales, al elevar en un grado más el
nivel de la universal cultura, asegurarán por
~ríod os cad~ vez más largos de paz convenc1ona l, la acción de los elementos constitutivos de la paz definitiva sobre las bas:-s eternas de la verdad y de la justicia.
~~oque nunca he pensado que pudiera adm1t1rse un derecho y una moral internacionales para América, en oposición a los de

�22

JO.AQUIN V. GONZÁLEZ

Europa, es indudable que la diferenciación
geográfica hace posible la coexistencia de dos
modalidades diferentes en la aplicación de sus
principios generales. De esta manera el naufragio de ellos en un continente puede ser
reparado por el otro, como ya pudo compro·
barse este equilibrio cuando Canning enunció
su inmortal afirmación: "He llamado a la
~id~ un mundo :nuevo para restablecer el equihbn_o en el antiguo". Así, no porque hayan
sufrido las conquistas de justicia internacional tan hondo descalabro con la presente
g~erra, nos dejemos invadir por el desaliento,
nt menos por la reacción hacia las imposiciones bárbaras de la fuerza; acaso la misma Eu•
ropa, cuando se haya cansado de matar y de
destruir los frutos preciosos de su cultura y
su trabajo seculares, venga a buscar en la olvidada América la brasa encendida para reavivar el fuego sacro de los seculares ideales de
derecho, de justicia y solidaridail humanos,
con los cuales tendrá que reconstruir, allá en
el viejo solar de las razas madres, el común
hogar devastado por los odios y rivalidades,
no menos funestos por ser pasajeros.
Hay una sonrisa compasiva, o al menos interrogante, sobre las organizaciones corpora•
tivas que se han impuesto la misión de pacificar el _mundo; se pregunta sobre el destino y
la actitud de la Conferencia internacional de
La Raya, erigida en Corte permanente de arbitraje entre las naciones, y de los demás con-

LA PAZ POR L.A CIENCIA

23

gresos científicos consagrados al progreso de
la moral y la justicia universales. Pareciera
que estas creaciones convencionales debieran
decretar de modo infalible la solución de todos los conflictos y remediar todas las imperfecciones humanas, corregir los errores y rectificar las corrientes de la historia, por obra
de una magia omnipotente e incontrastable.
No se recuerda que ellas fueron establecidas
como agentes de labor y experiencia, fundadas en el concenso voluntario de las naciones,
y sólo como órganos de consejo y no de legislación imperativa. Y basta para sus fines con
esa relativa soberanía e independencia, porque las conquistas morales o jurídicas de las
naciones no se han realizado en un día, y ya
es mucho que ellas reemplacen a la sangre y
al fuego que han costado siempre las simples
enunciaciones de las nuevas fórmulas de gobierno en los siglos pasados. A ese género de
corporaciones pertenecen los institutos científicos y las universidades que en todo el mundo
trabajan en el mismo sentido, y sería renegar
de la ciencia misma, desconocer su valor o
utilidad, porque su existencia no hubiese sido
bastante para impedir una revolución o una
guerra.
A pesar de sus transitorias regresiones hacia el error o la violencia, la humanidad marcha a su perfeccionamiento; el ideal, conservado v cultivado en los solitarios laboratorios
de Ía ciencia, d'el arte y de la poesía, es la es·

�JOA~IJ!N V. UONZÁLEZ

trella lejana del derrotero eterno, y hacia ella
se encamina la peregrinación de la humana
grey. La ciencia es su guía, el arte es su inspiración y su ritmo; y así, unidos los corazones
al rumor de la armonía inefable que ellos exhalan en las almas, la marcha es triunfal, y
durante las jornadas, van realizándose muchos de los prodigios esperados. No es posible
abandonar la columna, ni arrojar los estandartes porque caigan en el camino los rendidos o los desalentados o los excépticos; no
habría conquista en la vida si admitiésemos
tal posibilidad, y en los procedimientos de la
ciencia se explicarían menos tan perniciosas
intermitencias de hastío o cobardía. Los estudiosos, los letrados, los profesionales del saber, tienen la misión de los oficiales en la marcha del ejército simbólico; ellos son un estímu•
lo perenne para el soldado de fila, son un
ejemplo vivo e infatigable de voluntad y de
acción. En nuestra joven y aun informe nacionalidad sería una falta imperdonable la prédica del descreimiento y la vacilación; los que
siguen sus estudios en las aulas, tras la enseñanza y conducción de los maestros, y los que
van a ocupar su puesto en la labor pública del
oficio, confiados en su propio esfuerzo, todos
son responsables de su parte en la labor de
salvar la integridad del patrimonio moral de
la Nación.
J O AQUI;-; V . GONZALE7

LOS DOS NINOS
( De Giwamtt Pa.rcoli)

I.
De tarde. La pareja bulliciosa
de niños retozaba alegremente
en la quietud de la alameda umbrosa
Jugaban abstraídos. De repente
lanzáronse, con pasmo de los tilos,
insólitas palabras a la frente.
Se hallaron ojos nuevos; intranquilos
parpadeos de cólera inflamada,
y por manos, dos garras de diez filos.
Sed de sangre brotó de su abrasada
garga nta , y por sus pálidas mejillas
la miraron correr, atropellada.
Pero tú te presentas de puntillas,
buena madre, y con voz dominadora
separas las airadas fierecillas
y les o rdenas : "¡ Hacia el lecho a hora I''

�26

GUILLERMO VALENCIA

LOS DOS NIÑOS

27

lII.
II.
Las sombras los circuyen. Procesiones
de fantasmas, el labio sigiloso,
parecían surgir de los rincones.
Y fué de oírse el lánguido sollozo
crecer bajo el imperio -de algo obscuro
que volaba entre el lóbrego reposo.
Volviéronse los dos con inseguro
movimiento; y entrambos eorazones
se escucharon latir con ritmo puro.
Llega, cual sobre manto de vellones.
la madre-tras la palma sonrosada,
la luz-a remirar a sus leones.
Contémplalos absorta: en apretada
red de abrazos, se estrechan dulcementt·
Duermen ambos, el ala replegada.
Y ella los besa con amor riente.

i Hombres! En vuestras iras de felinos
pensad en el misterio pavoroso
que amarga vuestros míseros destinos;

pensad en el silencio tenebroso
que sobrevive al grito delirante,
y, de la guerra, el ímpetu furioso.
i Hombres, paz! En la tierra vacilante
enorme es el misterio, y sólo atina
el que brinda su amor al semejante.
i Paz, hermanos ! La mano que se inclina
tarde o temprano a acariciar, desame
el gesto airado, la pasión dañina.

a fin de que la calma se derrame
por nuestra faz cuando, sin ser oída,
se acerque, sin que nadie nos la llame,
i la Muerte con su lámpara encendida!
GUILLERMO VALENCIA
( El Fígaro. Habana.)

�ES LA GUERRA

y vaciado y roto miles de botellas;

ES LA GUERRA
Fué la víctima sangrando;
fué la mujer, con su afrenta;
el incendio sin excusa
y el pillaje con la prenda;
fué el crimen y la barbarie
y la crueldad con las pruebas,
y nos dijo el general:
-¿ Qué se ha da hacer? ¡ Es la guerra !
Han violado a las mujeres
bárbaramente, en presencia
de maridos amarrados,
torturados en la infamia de su esc:unio y su vergüenzi
v delante de los padres y los nifios,
~..1ancillando la vejez y la inocencia.
¿ Pero a quien echar la culpa
si eran buenos y eran cultos
y es la ocasión ? ¡ Es la guerra !
Han bebido hasta embriagarse
y ponerse como bestias;
han volcado, desfondados los toneles

han regado, han inundado
ele champaña las bodegas ...
Ellos son y no lo han sido
porque finnes no tenían las cabezas.
Eran sahios,
cultos eran ...
i Estas cosas, son las cosas
de la guerra !
Han robado, han saqueado, han violado
cerraduras, como p_uede hacer cualquiera,
y han cargado con dinero y con alhajas
Y con cuadros y con ropa, y hasta cuentan
que han matndo, puramente
por robarles a las víctimas
el rdó y portamonedas.
Son honrados y son cultos ...
Es tentación del momento:
¡ Es la guerra !
Han incendiado a su paso
las ciudades indefensas,
l_os pueblos encantadores
y las míseras aldeas ...
fueron dejando un reguero
de ceniza y de pavesas ...
Ellos no tienen la culpa,
que son sensatos y cultos:
¡ Es la guerra !

29

�30

VICENTE MEDlNA

Han hecho infamias sin nombre,
han cometido vilezas,
se han ensañado en las víctimas
como chacales y hienas,
han manchado , han deshonrado
la Humanidad y la Tierra ...
pero es todo esto una cosa
puramente pasajera .. ,
Ellos son civilizados ...
¡ Es la guerra !
Han acariciado sueños
de grandeza;
han tenido el ideal de un solo tipo
super-hombre de la Tierra,
conquistando, dominando, cultivando,
eliminando la enclenque raza enferma
y borrando hasta los rastros
y las huellas
de los pueblos decadentes, en la historia y en el arte
y en la ciencia ...
Pero ellos estaban locos ...
¡ Es la guerra !
VICENTE MEDINA
(De Cancümes de la guerra.)

LA VINDICACION DE LA MEMORIA
T a l vez ha llegado el momento de proceder
seriamente, y en virtud de las luces nuevas
traídas a la pedagogía por los psicólogos, a
una vindicación de la memoria,-y aun de la
memorización-y aun del memorismo,-o a lo
menos a reconocer con franqueza, respecto de
éste, la parte · que en justicia le corresponde
dentro de cualquier sistema de educación, serio, sólido y eficaz. Por demasiado tiempo nos
ha faltado tal franqueza . Toda la pedagogía
r omántica desde Rousseau hasta Herbert
Spencer y aun más tarde, nos ha impuesto,
con la superstición de lo espontáneo, una ciert a repugnancia a lo que hemos llama do desdeñosamente "medios mecánicos" o "medios
librescos", y sensibilísimamente, "medios fatigosos" de aprender y de enseñar. Señalemos
de paso el error que muy a menudo se comete,
al considerar las corrientes pedagógica y científica del siglo XIX, continuación de las del
Renacimiento. No; el humanismo es una cosa,

�LA VINUH' ,CWN D~; LA )LEM0ltlA

32

EUGENIO D'0ltS

el romanticismo otra muy distinta. Rousseau
abre un ciclo mental, no y.a diferente sino contrario al iniciado por Rabelais y por Comenio. Recuérdese aquel admirable capítulomatriz sobre la reforma de la educación &lt;le
Gargantua, impregnado de lo que podríamos
llamar el sentido heroico de la educación; y
compárese luego con las blanduras del "Emilio" de donde ha salido la ralea infinita de las
blanduras modernas; y claramente ~e verá
que en las últimas hay ya un principio de vuelta a la sensualidad viciosa de los primeros
maestros del gigante. Es muy probable que
a un pedagogo como los que aun encontramos hoy, imbuídos del espirita ochocentista,
Rabelais le hubiese colgado también el mal
nombre de "sorbonagro". No es un secreto
para nadie que la historia de la filosofía con
sidera ya el Positivismo como una nueva 0rma de la Escolástica. Voces diversas, independientes y concordes se han levantado últimamente en Europa, para llamar al siglo
XIX, "otra Edad Media".
Quien esto escribe tuvo ocasión de dar, en
el invierno de 1909-1910, un cursillo sobre la
Atención, con el complemento de algunos trabajos experimenta les, realizados por una com-

pañ:a de jóvenes de mérito·, a cuyo lado no
falto alg~n. veterano de la:- lides científicas y
en que _sirvieron de sujeto, algunos correctores de tmpre nt ª· e ursi·11O Y experimentos no
lleg:i.ron a darnos . tal vez todo lo que buscábamos; pero me p,irece que dejaron más clara
q ue_ la luz u ria ~esis que ya comienza a ser genera 1 . ~n la _psicología modernísima: que la
a.teoc10n
.
d' . , hacia una cosa exige ' como previa
con tc1~n, poseer ya un cierto conocimiento
de la mtsma; que lo que se llama el interés es,
más que otra cosa, un nombre con que se disfraza
conocimiento
si se quiere,
.
1a
t -ad este
.
.
• O,
r.
ucczón
efectiva
del
conocimiento
.
El ·
previo.
ps1có1og? americano Pillsbury ha realiz,do
de est1. tests un estudio 'lmp11·0
y 1um111oi;o
.
e
Acaso sus_ conclusiones sean más radicales d~
lo que debieran. en el sentido de unir demasiado estrechameute
. do
.
' y • sobretodo , d t'mas1a
proporcionalmente
la
atención
con
el
.
.
conoc1m1ento anterior (*). Pero no put&gt;de negarse
(*) Precisamente el objeto ¡ 1
.
a que
acabamos de refe . e e cursi-11o)'. traba¡os
experimentales
a Pillsl&gt;urv en el sentid~1dnos er., el de rn tentar una rectificación
demasiadó 'completo. lejos ed~n~!~ar que so ~on~imiento anterior
que por consiguiente las condi .· orccer, ~er¡ud1ca la atención, y
eneuc_ntran no en la ~usencia det'ones .ó~tJmas P:'ra la atencióu se
segumlact, sino en lo que de o c~'"?~1m1ento, n1 en su demasiada
condiciones en que Ja tentativa"
"J·aber illqtfi~to''. Las
celona, entre dos semestres de estudio izo. 1 nrante_un VJ3Je .ª _Bar-

s;1;~rª~d

en e extranJero, unpidierón

�3-l

EUGENIO

n'o&amp;s

r¡ue el resultado de esta labor moderna ha tenido que ser el que se desvaneciera la mitología pedagógica, forjada en torno de este "interés", vi!rdadero "Deus ex machina" en todas las teorías de lo espontáneo.
Desde el instante en que se acepta que el conocimiento precede al interés, el proce!-o mental que supone la educación en el educado nos
aparece invertido y la admisión de su origen
central, debe ser reemplazada, como en tantos otros problemas de la psicología, por la
admisión de su origen periférico. Conocirla
es la posición que James y Langes dieron a la
1ec,ría de la emoción, sintetizada en la famosa
frase del primero, "No lloramos porque estemos tristes, sino r¡ue estamos tristes porque
lloramos". Ya el modo como la intuición formidable de Bias Pascal planteó el problema
de la creencia, conducía a una conclusión, que
hubiera podido formularse así: "No tomamos
agua bendita porque creamos, sino que creemos porque tomamos agua bendita.'' Otras
teorías modernas han impuesto la solución
periférica en las cuestiones genética!', sea de
que se llegase a conclusiones definitivas; y las que, por el rnomenlo
se obluvieron_ pare~fan más bien confirmar la opinión de Pyllsbnry.
Pero los que mtcrvm1111os en el ensayo no nos damos por vencidos
y pensamos continuarlo próximamente.

LA VINDJCA('lÓN DB LA ~lrMO RIA

:l5

índol&lt;' natural o normativa, se refiera a fenómr·nos. que se estudian o a la conducta que
rlt ha seguirse para alcanzar tal o cual resultado. Análogamente y en lo que se refiere a
la adquisición de conocimientos, los hechos
aducidos pr r Pillsbury y por otros contemporáneos nos imponen, en pedagogía, la tesi!' de que no sabemos las cosas porque anteriormente nos hayamos interesado por ellas,
sino que nos interesamos por las cosas ?orqLte anteriormente las hemos, basta cierto
punto, sabido. Y como saber las cosas nn
quiere decir, despué,- de todo, sioo poder recordarlas en el momento oportuno, podemos
sustituir legítimamente h anterior fórmula,
por la que !'igm·: No recordamos las cosas
porque ellas nos h ayan interesado, sino que
nos interesan, por el recuerdo que ya tenemos
de ellas. Es decir, que el primer movimiento
de actividad mental para llegar al conocimiento de un objeto ha de ser de índole mnemónica. E l Génesis de cada conocimiento hu, "E n
mano puede, por lo t anto, narrarse asi:
su principio era la Memoria".
Las consecuencias normativas que se sacan
de aquí rehabilitan , como nec~sa ~ios, e11 la
base v comienzo de todo aprend1u1Je el esfuer
'

J

�LA VINDICACIÓN DE LA MEMORIA

zo, el dolor, la disciplina de la voluntad, suj:
ta, en una palabra, no a aquello que place, st·
no a aquello que desplace. Hay en toda ~dquisición de conocimiento, como en toda mvenctºón , (¿·aprender una cosa no es, desde • el
punto de vista de la actividad mental, lo mismo en el fondo, que inventarla?) un momento 'que llamaríamos milagroso, si no f~ese
porque las modernas teorías de lo subconsciente como almacén biológico, desde donde las
cosas pasan, en un momento dado, ~l campo
de la conciencia, parecen proporcionarnos
una explicación aproximada, ya que no completa del fenómeno. Este momento, ~omento
de gracia, separa de una manera casi brusca
el estado de no posesión del estado de po~~
sión del conocimiento de que se trate. ¿Tenets
presente lo que os ha ocurrido en cada uno
de vuestros aprendizajes deunalengua nue~a?
Recerdad, recordad. Hubo un día, una mana·
na, una hora, en que al tomar un libro, al
comenzar una conversación, o simpleme~t~ al
levantaros, os disteis cuenta de que sa~1azs el
francés, el inglés, el latín. El día ankrtor, la
noche precedente, la hora inmediatamente
anterior, no poseía.is aun esa lengua. Desde
este punto en adelante. la poseéis. Entre la su

37

ma de los conocimientos acumulados hasta
entonces y la suma de fuerza y de facilidades
que a partir de este instante sagrado, tendrá
el sujeto a su disposición, hay una diferencia,
y una diferencia decisiva. Es, diríase, el momento en que se cobra el interés del capital,
interés de mil por ciento: En teoría el interés
corre siempre, se produce siempre; pero de hecho hay un momento en que se cobra, en que
éste aumenta el capital, mejor dicho, en que
torna capital lo que antes no era sino dinero.
En teoría, la planta brota de la tierra por
una acción continua; pero de hecho hay un
momento, un momento histórico en que hay
planta, en que tenemos planta. El niño se forma largamente; pero hay un minuto en que
nace. Así es la invención. El sabio madura
lentamente la invención que ha de venir; pero
la invención en sí misma se realiza en el tiempo de 110 relámpago. Así en el cambio de espíritu religioso, en la conversión. La tempestad espiritual viene de lejos; pero la fe se
adquiere en el tiempo de caer de caballo en el
camino de Damasco. Así finalmente en cualquier aprendizaje: estudiamos días y días el
alemán; lo sabemos en un minuto. Silabea el
párvulo torpemente, tiempo y tiempo; una

�38

EUOl!NIO t&gt;'ORS

mañana se levanta sabiendo leer. Toda adquisición mental es, en rigor, una int~ición.
Pero la bao µreparado largos r, zonamien~os.
No es la intuición el 1:frcto d&lt;'. los nizonanw n tos: ro vano buscaríamos en éstos causa eficiente para aquélla; pero ést~ es _el premio d~
aquéllos, o tal vez mejor, el premt~ d~. ~a actitud que suponen aquéllos, como st d1Jer~mos
Ja recompensa de la humildad que ha tenido d
razonador ... Si; hay que empezar por lo exterior, hay que empezar por la actitud. Hay
que abandonar todo orgullo. '·Toma agua
beridita,-diremos siempre con Pascal-toma
agua bennita".
Lo que be llamado alguna vez "la _pa~adoja de la invención" consiste en lo s1gu1ent~De una parte: todo invento, todo descubrimiento científico es hijo de la casualidad. De
otra parte: únicamente realizan iovencio~es,
series, descubrimientos científicos, los sab10s.
¿Hay aquí una contradicció n?N?. Vol~~~os
siempre a la concepción psicul6g1ca penfenca.
La iovenci6n, el descubrimiento, no son un
efecto de la erudición, del continuado estndio,
de la actitud vital y aúu profesional; pero son
su recompensa, el milagro concedido a 1~ la~ga humildad, y, únicamente a ella. La mspt·

LA VINDICACIÓN DE LA MEMORTA

39

racion, la intuición genial, no es el efecto del
razonamiento, pero le sigue. El mismo razonamiento no es un efecto de la memorización
no está determinarlo por ella, pero la sigue.'
Y la memorización a su vez, sin que pueda decirse que sus causas sean el esfuerzo áspero,
la disciplina, la lectura, el darse a cosas pot
las que aún no se t iene amor, sigue a todos
esos ejercicios y nace tamb:én en el momento
de gracia en que, después de haber reparado
una cosa, dos, veinte, cien veces, se la recuerda ... Altiva señora es la verdad; no la poseerá nunca quien antes no se haya arrodillado
ante ella.
Pedagogos, haced arrodillar, haced arrodillar. Para aprender las len.guas, aún no
se ha
inventado nada mejor que las bo-ra•
mát1cas. Para aprender a multiplicar, aún
no se ha inventado nada mejor que la tabla
de multiplicar. Cuantos, bajo la inspiración
del espíritu ochocentista y sometidos a la superstición de lo espontáneo, han querido llevar hasta su término la metodología de lo intuitivo, de lo razonable, de lo atrayente han
debido confesar, si son sinceros, su fracaso. En
la obra de la enseñanza, ni en la obra de la educación puede prescindirse de una parte, aún

�40

EUOENJ.0 D'ORS

mecá nica, de memorización. Reduzcámosla , si
así parece preferible, sustituyámosla a vecrs,
pero siempre s~rá de locos ol~idar a quella~
primeras palabras del evan geho del Conortmiento.
EUGENIO D'ÜRS
( Revist,, de Educación. Barcelona.)

PA N DE L OA. I1 I NO
Sobre el campo, que quiebra su monotonía en
la raya blanca de la carretera, cae el sol de Julio
abrasador e implacable. Los barbechos, recién
cavados, enseñan sus terrones rojizos, limpios
de maleza, y son, en medio de los recuadros de
granada mies, como sangran.tes llagas de la t ierra. La llanura se prolonga ampliamente, seca,
quemada, sin un regato que dé música de aguas,
ni un árbol que con su copa dé frescura de
sombra; tan sólo a lo lejos, donde termina la tierra. de sembradura y comienzan los yermos, mirando a una barranquera de amarillos matices,el
tronco mezquino de un almendro seco se retuer-.
ce dolorosamente: diríase yencido de tanta soledad. Los rubios tallos del trigo maduro se doblan, dejando caer con desmayo las morenas
espigas. En el fondb la masa gigantesca de la
sierra bai'íada de luz, con tonos de sombra en
sus arrugas y con pinceladas azules en su cumbre, se recorta sobre la placa del cielo teñido de
a ñil.
El polvoriento camino se arrastra interminable, cortando parcelas y saltando hondonadas,

�__:-Í=~------"-ll_Cl_U_E_L ,\

ltÓO~;NAS_ _ _ _ _ __

trepando perezoso por las suaves lomas y revolviéndose bravío en valientes curvas; a las veces
parece que acaba en lo más alto de una cuesta,
pero luego asoma subiendo por la falda. de o~ra
más empinada; en sus cunetas crecen h1erbaJOS
y se perfilan los montones de grava recubiertos
de polvo.
.
Sobre la carretera y sobre el campo, sobre el
almendro seco y sobre las mieses enceradas, sobre
los barbechos, por encima de la sierra, el cielo
azul, limpio, uniforme; y en medio del cielo, como su joya única, un sol de lumbre con nimbo
de blancuras.
Hundiendo los pies en el polvo caliente y
marcando en él sus huellas hondas y precisas,
caminan dos mujeres como sombras de tristezas.
Una de ellas es anciana, menuda de cuerpo, angulosa de cara; tiene gris, casi blanco el cabello,
del que le asoman algunas guedejas bajo la fimbria de la saya, que lleva revuelta sobre la sesera para resguardarla de los latigazos del sol. La
nota carmín del zagalejo se remueve al andar
perezoso de las piernas que cubre; la cabeza se
humilla sobre el plano del seno, y los ojos-dos
puntos de luz en sombra de arrugas-giran cansados en las órbitas, mirando siempre a tierra.
La otra mujer es moza, ancha de flancos, a ven. tajada de estatura, morena de carnes, pero de un
tono que se empalidece en el rostro fundiéndose

PAN DEL CAMINO

43

en t inte wate, color de cera, color de santo,
color de angustia. El ca bello negro, lustroso y
abundante, se esconde bajo los girones versicolo_
res de un:i seda deshilachada, que acaricia con
una de sus puntas la carne de la nuca, y con las
otras dos, suavemente anudadas baj o el mentón,
las redondeces de la garganta. Ciñe corpifio que
acaso fué en un tiempo de lustroso y crujiente
percal, y que ya no es más que un harapo tachonado de remiendos azules: la falda es verdinegra,
color de vejez, y sus plantas desnudas pisan sobre esparteñas rotas.
Vieja y moza marchan lentamente, cansadamente; a las veces enjugan con el dorso de las
manos el copioso sudor que corre por sus mejillas, y se paran un momento para d&lt;!r una tregua de paz a sus pechos jadeantes. Caminan largo rato en silencio, como queriendo escuchar los
r uidos del campo, pero el campo está mudo. Tras
una de estas pausas, la joven habla con tristeza:
-¡ :.1 adre, no puedo más ! En cuanto llegue a
lo alto de la cuesta, me tiendo en los trigos y no
paso de allí.
La vieja suspira y dice:
-P;:irarsc es peor, hija: el sol te hnrá mal.
-¿ Acaso no me hace mal el sol mientras voy
anclando? ¿ No me hace mal el polvo que me entró hasta los ojos, ni la fatiga, ni el hambre? ...
-Guardaras ue la hogaza de ayer, y no nos

�44

MIGUEL A. RÓDENAS

pasaría ahora lo que nos está pasando.
-¿ Y quién guarda pan cuando s~ tiene gana
de comer? Aunque ahora lo tuviese, ¿ cómo iba
a guardarlo?
-Razón llevas, pero más que el cansancio,
eso es lo que me acaba.
Y llegan a lo alto de la cuesta y en la cuneta
se sientan, tendiendo tras ellas sendas manchas
de sombra amora~ada. Linda el camino por aquella parte con un bancal de liego, y el mozo que
lo labra, vestido con blanco calzoncillo y con camisa blanca, acércase al perezoso andar de los
bueyes, apoyado en la mancera. La ronca voz del
gañán suena plácidamente cuando habla a las
bestias.
-¡ Anda.tú, Colorao!¡ Anda, Palomo!-Y se
oye, según se va acercando, cómo la reja parte la
endurecida costra y cómo la vertedera levanta
los resecos terrones. Llega junto a las mujeres
y allí se para; térciase el mugriento chambergo
de fieltro, lía un cigarro, enciende a golpes de
pedernal la yesca, y con la primera bocanada de
humo que se desmadeja en el aire quieto, dice
su saludo:
-¡ Buenas tardes nos dé Dios!
- ¡ Mejores que éstas sean, buen hombre! dice
la anciana.
- Pues qué, ¿ tan mala se presenta? Quitando
el bochornazo, por lo demás ...

PAN

DEL CAMINO

45

-Aun con el bochorno, teniendo llena la tripa, bueno es el tiempo.
-¿ Acaso no comieron ?
-Desde ayer en la madr;igada no catamos el
pan ... y llevamos muchas horas andando.
-¿ No encontraron ahí abajo un mesón?
- ¿ Y de qué nos sirvió el encontrarlo si no
llavábamos qué gastar?
'
-Pues mal ~amino emprendieron; por aquí,
c-omo no sea deJando atrás mucho terreno, no
hallarán más que miseria.
· -¿ No pintó bien la cosecha ?
-Hogaño, ni para coger lo que sembrarnos.
En toda esta cañada, desde aquí mismo hasta
el pié de aquel cab: zo que le llaman el cerro de
La Luz, ni siquiera segaron; ¡ una ruin a !
-¿ Y es cuenta de ricos?
-Las malas cuentas siempre nos tocan a los
pobres. ¡ Tres meses hace que no beben gota estos secanos ! ¡ Tiene que haber más hambre este invierno !
. La vieja se pone en pié, sacúdese el polvo y
d•.ceasuhija:
'
-Vamos, María Isabel, que por poco que sea
más hallaremos caminando que sentadas aquí! '
María Isabel se resiste, la madre ruega, y, tras
los lamentos y las quejas, emprenden de nuevo
la marcha; despídense del labriego, que se queda mirando al llano entre bocanadas de humo, y

�:\IIGUEL A

47

RÓDENAS

se alejan silcncio,amente, bajando por el lado
opuesto la loma que acababan de suhir. A sus oídos llega, serena, la voz del jayán:
-¡ Anda tú, Colorao! Anda, Palomo! Y, ya
desde abajo, le ven encorvarse hacia la mancera ,
tras los bueyes, recortando su silueta blanca en
el espacio.
Vuelve entonces María Isabel la. caheza, y,
dando al aire un suspiro, dice tristemente:
-¡ Se quejan y tienen que esperar al invierno
para sentir hambre!
La madre se detienf&gt; un momento, m(ra a derecha e izquierda, y dice al fin:
.
-¿ Es un coc~e lo que suena, María Isabel?
María Isabel se para y c-scucha largo ralo:
después mueve negativamente la cabeza y responde:
-No, madre, yo no oigo más que el ruido del
telégrafo.
-¿ Estás cierta?
-Sí, madre.
Y tornan a emprender el camino. En la lejanía,
pastando en una rastrojera, se mueve la masa
gris de un rebaño, salpicado de las notas oscuras que ponen los escasos corderos de negras lanas. Al borde del camino aparece, en un recodo, la casilla de un peón caminero, cuyas paredes recien enjalbegadas, deslumbran; en la
mancha carmín del tejado se destaca la chime-

nea, dejando escapar una ténue columna de humo que sube derecha hacia el cielo. María Isabel, al verla, dice a su madre:
-¿ Será aquello un mesón?
La anciana mira fijamente ~l sitio que le seña!an, Y, c~an~o lo ha observado bien, vuelve abaJar los oJos sm decir palabra.
Al llegar junto a la casilla, oyen el agudo cacareo de un gallo y un bando de palomas torcaces raya el aire sobre sus cabezas. Ya desde 1
puerta divisan, en el interior, al peón camineroª
que,. sentado ante
una minúscula mesa ' con su'
.
muJer un enJambre de pequeñuelos, ataca el
con_temdo de humeante cazuela. Hasta las dos
muJeres llega la ~aliente tuforada del potaje,
azuzando con rabia su apetito.
L~ vieja no puede contenerse, se acerca, Y, de
rodillas en el umbral, implora:
-¡ Por la mujer, buen hombre, por los hijos, un
pedazo de pan !
Con voz de pesadumbre responden desde dentro:

r

-¡ Que Dios la ampare, hermana; quizá la socorran en el pueblo: aquf somos más las bocas
que los cachos !
-Mire que ...
Pero María Isabel la arranca de allí.
-¡ No pida, madre, no pida!
- ¿ Qué hacer entonces, si no pedimos?

�y seca, heroica, sale de labios de la joven. la
respuesta: •
-i Aguantar!
·11 del caminero va quela casi a
'
Paso tras paso,
fin se oculta tras un
dándose lejos, hasta
p~:ncales de trigo y &lt;le
repecho; entonces, a o:iñas enfermizas y des~ccenteno suceden ~nas as con muchos sarm1endradas de pequenas ce_p ,
. ~o. el terreno
'
.
mngun rac1
'
tos escasa s hoJas y
ballones rectos, de
'
,
alarga en ca
,
donde enra1zan se
r·1etas por la sequ1a.
rtado en g
color blancuzco, co . d del viñedo cruza otra
d las lm es
n
Rozando una e . . donde las dos se cortan, u
carretera , y en el sitio
de sostiene dos carte. t do de ver '
A la
tosco palo, pm ~ I Encina;·, en el otro:
les; en uno reza. A

qt

Puebla del Marqués.

. res cobíjanse en la
llí l s dos muJe
Llegadas a ,
ta aquel palo Y es. a sombra .que. proyec
mezqum
cuchan con atención.
h a suenan cascabeles 1
-¡ Ahora sí, madre, a or on cascabeles, son
..
or suerte no s
-No, h 1Jª• P
. no le ves?
campanillas de un carro, ~za que es la que va a
Por la carretera que cr
' t· ado por cuatro
un carro ir
l
la Puebla, avanza .
de la recua viene e
.
la
pnmera
m ulas . Junto a
d por los hom1)r05•
•
t lla cruza a
.
carretero con 1a ra
, stín de color cen¡zov atado a la trasera, ~n n~~emente, resistiendo
~~ que se deja lleva~ l 1;;1y sacando de las fauen el lomo la llama e
'

ª

·

49
CC's rosadas la lengua bermeja. Las mulas van
regando en la sereninad de la tarde el tintineo
de sus campanillas, que se ajusta a l lento rodar
del armatoste; el toldo de blanca lona se bambolea en los baches, y entonces suenan, entrechocando , los herrajes de la galga. Mientras el carretero chasca_ la lengua, pasan las bestias el cruce de los caminos, y cuando ya se han alejado
algunos pasos de las dos mujeres, dice la anciana:
-¡ Vé, hija, vé !
María I sabel a van za hacia el carro, y cuando
llega a él deja de oirse el sonar de las esquilas.
Las mulas, quietas, husmean en los yerbajos que
crecen al borde dela carretera, y el can, tumbado
en el polvo, jadea y se rasca nerviosa111ente. En
Is. limpidez del cielo aparece una nube blanca
que se descrecha a poco y cuyos girones caminan
lentamente hacia la sierra, poniendo en el suelo
fugitivas caricias de sombra según van pasando
bajo el sol.
Sentada en la cuneta, con la mirada fija en el
sitio por donde desapareció la zagala, permanece Ja vieja quitándose las maltrechas esparteñas;
a élla se acerca un peregrino cubierto con pardo
sayal ; cuando va a pasar, la vieja le detiene:
-Atienda, hermano, ¿ conoce algún remedio
para estas grietas, que no me dejan andar ?-Y al
decirlo muestra los pies hinchados y sangrientos.

�50

MIGUEL A. RÓDENAS

-Para curarlos-dice el peregrino-no hay
como la quietud. Para aliviar el escozor, mojarlos en agua fresca.-Vuelve la cabeza a uno Y
otro lado, y añade después : Pero por aquí ni
charcos veo.
-Y alguna yerba que con venga· ¿ no conoce?
-Que se críe por el llano, no sé de ninguna.
La vieja se lamenta y el peregrino l¡;¡. mira con
piedad; luego reanúdase el diálogo:
- ¿ Va Vd. a la Puebla?
-Hacia allí voy, pero no hago cuenta de cuándo llegaré; si Dios me ayuda, pienso que ha de
ser bien entrada la noche.
Las campanillas vuelven a oirse, sacudidas
primero reciamente y después con monorrítmico
sonsoneo; tabletea el carro, blasfema el arriero,
y la anciana, levantando la cabeza, exclama:
-Pues no se detenga, porque aun le queda camino.
-¡ Que Dios la alivie, hermana!
-¡ Que El le acompañe!
Y se pierde en la tolvanera que levantan las
mulas, cuando aparece María Isabel, anudándose el pañuelo bajo la barba y limpiándose el sudor que a chorros se desliza por sus mejillas. Antes de llegar al cruce, se detiene y llama:
-¡ Vamos ya, madre !
Y la madre cálzase la esparteña y responde
jovialmente:

PAN DEL CAMlNO

51

- ¡ Vamos, vamos, hija !

El sol comienza a reclinarse poco a poco sobre
la sierra ; las sombras se alargan desmesuradamente, corre un vientecillo temp1ado y suave, y
apáganse, entre el rumor que este viento hace en
las mieses, los últimos ecos de las esquilas que
se alejan.
A poco caminar, las dos mujeres llegan a la
puerta de un mesón; María Isabel grita con júbilo:
-¡ Aquello, aquello es ventorro, madre !-Y la
vieja responde:
- Y hemos dado con él cuando más falta nos
hacía.
Lléganse a la mezquina choza, levantan la roja
cortinilla que cela la puerta y se hunden en la
grata penumbra del figón.
La posadera, quealoirlas aparece en una puerta del fondo, pregunta, después de saludar:
- ¿ Quieren tomar algún refresco?
-Refresco, no; queremos algo de comer,-dice
la madre.
-Si es caliente, tendrán que aguardar; no hay
nada hecho.
Míranse largo rato vieja y moza, como consultándose. Un rayo enfermizo de sol atraviesa la
cortinilla y pone un tinte rosado en la claridad
de los rostros; de muy lejos llega el lamento de
una campana. Por·fin, María Isabel ordena:

.

�52

:MIGUÉL A, RÓDl!lNAS

-Dénos pan blanco, un azumbre de vino y
queso fresco.
El ama de la venta va en busca de lo que le
pidieron, y, al encontrarse solas, pregunta la anciana:
- ¿ Alcanzará para todo, hija?
Y María Isabel tras contar unos cuartos,• responde:
-Sf, madre, para todo alcanza.
MIGUEL A. RODENAS.
( Hispania, Londres .)

- -- HEPEBTOQIO
-- -

BIBLIOGBBFICO

PLATERO, PLATERITO
Juan Ramón Jiménez-el delicado poeta-ha
contado la historia de Platero; .,. puedenverla
por sí mismos los lectores y tendrán en ello
un exquisito regalo. Platero, Platerito. ..
¿Quién es Platero? ¿Quién es este ser que con
tanto amor nos describe el poeta? Platero
es ... un borriquito. Los borriquitos se prestan a mil consideraciones de diversos géneros.
(Hay hombres que no se prestan a ninguna .)
Hay muchao; clases de borriquitos; este que
nos pinta Juan Ramón es simpático en extremo. No es grande ni desgarbado, sino pequeño y vivaracho. Tiene unos cascos redondos
y menudos, y unas orejas puntiagudas y tiesas. Cuando se para y levanta la cabeza, parece que está pensando alguna cosa. (Lo cual
no pueden hacer tampoco muchos hombres. )
A Platero, a Platerito, lo hemos visto en mu(•) Véase el volumen Platero y yo (elegía and,tluza). " Bibliotec11
Juventud", editada por LA L ECTURA de Madrid.

�R~PEít'l' 1R!n BIBLlO(';R.\FI("O

chas partes y en diversas ocasiones de nuestra vida.
Recordaremos algunas de estas ocasiones.
A Platero le hemos visto una vez-allá en Levante-en nna montaña cubierta de pinos y
de matas olorosas. Había una sendita que se
retorcía entre las quiebras. Platero iba con
un viejecito. El viejecito había estado haciendo unos haces de hornija y los había puesto
sobre los lomos del borriquito. Estaba hecha
la faena del día; estaba ganada la comida;
esta carga de leña, el viejecito la vendería en
el pueblo. No había más que echar a andar.
Pero en este crítico momento, el borriquito
no quiso poners'.! en march ,L Allí estaba, entre los pinos olorosos, en la sendita, con los
pies juntos y las orejas tiesas, inmóvil, como de bronce. (Arriba resplandecía el cielo
a zul, el cielo de Levante.), Primero
fueron las
.
cariñosas excitaciones del viejecito; luego, las
palabras fueron un poco más escuetas; más
t a rde hubo algún discreto empellón. Pero
Platero, Platerito, 110 se movía. NÓ quería
march a r. ¿Por qué? No lo sabemos; los borriquitos t ienen t a mbífo sus misterios. Y el viej o viendo la ob stinación, la tozudez de Platero, se desesperaba. No sabía ya lo que hacer

REPERTORIO BIBLIOGRÁFICO

55

para que el borriquito marchase. Nosotros
contemplábamos la escena desde un elevado
risco. Y entre lo que decía el viejecito, ya furioso, ya exasperado, oímos la siguiente frase: "¡Este borrico será la causa de que yo me
condene!" De que yo me condene; es decir, de
que, por su obstinación yo me entregue al pecado de la ira y haga y diga cosas que me lleven a los infiernos en su día. ¿Comprendéis
toda la trascendencia del cuadro y su interés
supremo? ¡Este borrico, Platero, Platerito,
con sus orejas tiesas, siendo la causa de la
condenación de un hombre por toda la eternidad!
Otras veces hemos visto a Platero llevando
un costal de trigo al molino. (¿Y aquella linda molinera de aquel día? ¿ Dónde está?) En
una romería también hemos reconocido a Platero, llevando un zaque de vino y unas alforjas llenasde vituallas. No hace mucho leíamos
una antigua traducción de Las Ge6rgicas, de
Virgilio, una traducción del siglo XVI. En el
libro I encontramos este pasaje: " Muchas
veces sucederá el que un hombre lleve un jumentillo perezm;o, y unas veces le carga de
aceite; otras le carga de la fruta, que ordinariamente es cosa que va le poco; otras veces

�5'7

REPERTORIO BIBLIOGRÁFICO

REPERTORIO BIBLlOGRÁFICO

le echa los guijarros para empedrar; y tal vez
le suele llevar a la ciudad cargado de la masa
negra de la pez." A Pla.tero, a Pla.terito, le
hemos visto, sí, cargado con corambres de
aceite y con serones de fruta. ·Tal vez le hemos visto también llevando piedras para el
empedrado. Pero como no lo hemos visto
nunca, querido Juan Ramón, es como dice
Virgilio: cargando de la masa negra de la pez.

cual es, sea quien se fuere el autor que la firme. Si en vez de una apropiación completa,
dicha obra sufre una serie de vflriantes ( que
pueden ir desde pequeños retoques y ttaducciones, hasta la incorporación de algunos
fragmentos y motivos en otra obra de arte)
la única cuestión literaria que se presenta es
ver si el retoque es feliz, si la traducción es
bella, si la imitación es oportuna, si el nuevo
organismo artístico tiene vida.-¿Qué valor
tiene el arreglo del Enamorado de Boyardo,
hecho por Francisco Berni? ¿Cómo ha triunfado Manzoni en la imitación de un pasaje del
Fausto, cuando refiere la tentativa de suicidio
del Innominado? Citemos el caso de Manzoni, para añadir luego que si se pudiera emplear, en cuestiones estrictamente literarias, el
feo vocablo "plagiario", todos los escritores,
los artistas, los pensadores serían plagiarios;
porque todos se reatan al pensamiento y al
arte precedentes, desarrollándolo y variándolo. Todos nuestros discursos habrían de ser
considerados como secuela de plagios, puesto
que en ellos se hallan fundidos f•ases, imágenes, comparaciones que ya fueron creaciones
artísticas de otras mentes; toda la vida sería
plag io.

56

AZORIN
( Bfa,,,o y Negro. Madrid.)

EL PLAGIO,
SU ASPECTO LITERARIO Y MORAL

En realidiad, el plagio es concepto que no
tiene relación alguna con la literatura. Literariamente ( o sea en el campo literario, científico y artístico), el plagio no existe. Esto,
que parece paradoja, resultará cosa de elemental buen sentido, con sólo reflex.ionarlo un
instante. En efecto, quien se apropia, sin más
ni más, uoa obra literaria Ajena, en nada
-eltera la esencia de dicha obra, que sigue tal

��60

61

REPERTORIO BIBLIOORÁFICO

RÍ!!PEln'ORIO BlBLIOGiliICO

su oficio; el artista debe procurar hacer de
artista, y la búsqueda de las imitaciones y derivaciones, por él realizadas, toca al crítico y
al historiador; que para ésto son pagados.
Pero ( ya que argumentamos casuísticamente,
detengámonos un momento más) la objeción,
si diestra, no es del todo justa. El artista es
también hombre, y por eso, no puede desinteresarse de la tarea asignada al crítico y al historiador, y mucho menos tenderle insidias y
tratar de obstaculizarlo. Por mi parte, si alguna autoridad tuviera entre los literatos
italianos contemporáneos, querría aconsejarles que se a bandoparan a las confesiones, tan
sinceras y amplias como sea posible, acerca de
la génesis de sus obras. De este modo, darían
con ello buen ejemplo de lealtad; ahorrarían a
los críticos futuros largas investigaciones, discusiones y errores; e impedirían a los futuros
eruditos universitarios hacer fortuna, descubriendo sus plagios.
Suele decirse que el mal del plagio consiste
en defraudar a los otros del mérito que les corresponde. ¿Pero qué cosa es ocultar el mérito
ajeno sino, ciertamente, alterar la verdad histórica? Eso se reduce, pues, a l mismo fundamento, por nosot ros apuntado. Por lo demás,

señalando las propias fuentes no·sólo se logra
señalar el mérito ajeno, sino también, por casualidad, el demérito ajeno.
Tal nos parece el criterio con que debe juzgarse el plagio, pero en los casos concretos,
las dificultades de un juicio exacto no son pequeñas. A menudo ocurre que los artistas imitan inconscientemente, o de pronto olvidan la
génesis de sus concepciones; algunas veces, no
dan importancia a las derivaciones por una
especie de característica ingenuidad. Y con los
artistas (nos referimos a los artistas verdaderos) hay que tener, se sabe, paciencia e indulgencia. ¿Querríamos lanzarnos como perros
mordedores contra quien-interpoladas en su
vasta producción original-nos ha dado alguna traducción espléndida o variación de poesías ajenas, sin advertirnos su procedencia?
Bastaría, a lo sumo, con no alabárselo.
B.CROCE
(Trad. de los Saggi Filusojici. Vol. l.}

Juan Sale Serrallonga, a quien el mismo
Maragall dedicó un estupendo poema , * una
(") La ji d'e,, Stm1/lon,,ua. Véase el tomo I de las Potsús de
Juan Maragall. Edición de Gustavo Gilí, Barcelona.

�62

RBPERT0Rt0 Bmuooilixco

APOSTILLAS
de las cosas más hermosas que en España se
han escrito.
MIGU E L DE U)IAM U.&gt;:O

NO LOS QUIEREN

(Nuevo Mimdo. Madrid.)

Al estudiante que desee auquirir un conocimiento elemental de íilosofia, le será a un
tiempo más fácil y más provechoso leer algunas de las obras de los grandes filósofos que
aprender generalidades de los tex~os. ~e recomiendan especialmente las que s1gu.en.
Platón: República. Sobre todo los libros VI
y VII.
Descartes: Meditaciones
Spinoza: Etica.
~
Leibnitz: Monadologia.
.
Berkeley: Tres diálogos entre Hylas Y PhIlonous.
Hume: Investigaciones concernientes al Humano Enteudimiento.
.
Kant: Prolegómenos a toda metafísica. del
porvenir.
BERTRAND RUSS ELL
(Tke fJro6/mu of / kiú,sopkyJ

En Granada, como en tantos otros lugares
de nuestra yerma España, se ha declarado la
guerra al ciprés.
Al ciprés, al árbol solemne, al único árbol
que crece con respeto de sí mismo, que tiene
instintos arquitectónicos, que tiene estilo, que
tiene verdor todo el año, que tiene poesía toda la vida, le han declarado inútil los de la
derecha y los de la izquierda.
Un día talaron los cipreses de un cementerio
en un pueblecillo porque al cura párroco leparecían tristes, y en vez de los cipreses plantaron acacias, los árboles de casa de baños, de
fielatos y de "hermanitas". El reaccionario
no quería cipreses.
Otro día, Blasco Ibáñez me preguntó que
por qué pintaba yo cipreses, que eran árboles
clericales. El hombre "avanzado" tampoco
los quería.
Otro día los quitaron de un claustro. Ahora los han quitado de la Alhambra, en los
"calvarios" los dejan morir, en los "cármenes"
no los dejan vivir, y hoy uno, mañana otr0,
España se va quedando sin cipreses, y ya no
tiene derecho ni a ser cementerio: sólo tiene
derecho a ser llanura desierta.

�'ñ~~,,.

dias. nevo. nntl!\
sentada., rte gTic•
un&amp; ªPº':isa.roente pr~iñetns de \o\ull\en.
A mochos españoles les parcccrú que
ieión pT'!:." en colore,; 1na. peseta.
col'lsta.
s cubieT
'\o e\ de u
a \a. veno:i-sea que
muerte de los cipreses no tiene importancia.
· es 110
L
..1 ' d
0 rrse
¡Mueren tántas cm:as! ¿Y quién se ocupa de -Sn pTtlC~o o.Cl\ba ~e, P\owp\c~· \~ente c10 os
ello? De1anrlo aparte motivos de estética, de Jtiad,a, C\0 t,·o.ducccton n"ta1·á ,guo.
. I'
J
C&gt;IJ- to'IJ\ ~,
breve, co ··
\ s c\i11,tc&lt;'
belleza y de poesía, hoy que tanto se le habla
b\ica-q1. en
demás de º~cb\ fra11a nuestro pueblo de sentimit"nto patrio, seg"'......-- enes• es•ns 0hrns \lls poT el gran ¿ñ"'\nc\o nn
mi patriotismo, el ciprés tiene tanta impo
~egniT!ui ª
de nuevo ,adora hn s
.
.
.
t.To.dnc:
"c\ y cv~&lt;
tancia que, cada uno que se echa aba30, es ,eg08 verl'\t6n u \it¡-i•a1•,o.
una raiz de nuestra casa que se nos arranca. s cuya.
\ mundo
El ciprés, como el campanario, como la cruz r~tigio en e
RE~lSl AS
•

ést.TOS

•

a,

de nn

ª\,o.

:¿;s

de término, como la atalaya , son siluetas que
recordamos cuando estamos lejos de nuestra
tierra, son piedras miliarias de nuestro patriotismo, señales que definen para nosotros
lo que añoramos cuando estamos lejos, que
marcan en nuestro coraz 6 n 1as fronteras d e
nuestros amores mucho más que las cartas
geográficas; y si cuando al vol ver a casa, en
lugar del ciprés y del campanario, de la a talaya o de la cruz de término, encontramos un
árbol vulgar o un llano yermo, cree uno que
no 11ega a su casa y se vne1ve d esaIen t a d o, y
desde entonces ya no tiene patria, por más
que digan lo contrario banderas y geografías.
. ,
P or 1o tanto, ca d a c1pres
que se va arrancando no es un árbol, es un hombre que se
arranca, y hoy estamos tan faltos de ellos,
que el que desarraiga uno, sea liberal, sea librepensador, merece-es mi opinión humilde.d.
och o años d e pres1 to.
SANTIAGO RUSIÑOL
(De Ptmiáa, Medellln, Colombia.)

L {\. 5

1&gt;t1.uri-'1ESPA~A- • '. e 1 ~\1~)
:, d.c Jnho d
,r1CA.S, ,10 r
3
11
Núntcr-&gt;_ et w. IDEAS 1;º ' or Jouqní~
, pe. . pah's o.r·L,cn\os-EL Á L,.,ur:&gt;• f; tL, 'P Rn.n1ot1
-PrnW' ' · Gasset.
1;1S)lÜ, por 'oEL },tlJ. Ortega..-[ M.b.QDlb.
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Dicentn.. El El, TAt,Oi:
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�..ndo lllOl'lll"
?ferio A. "Boja..: Un episodio
Sarmient-,.
Ramón .Melgar: El tipo vencedor de ..
hnm'lna.
José Ingenieros: Los fundamentos de la
biológica.
De nuevo recomendamos a nuestros estad"
RE\"JSTA DE FILOSOFIA. LI'
dirige
1
mente el Dr. José lngenieto!' .- es ella una
pnblicacioues que de veras honran al pensa~
nnl!fltra Améric.l.

Libros - Verl6dlcoa - Folletos
Rol•• sueltas
Recibos talonarios - E!beqaN

Imprenta Greñas
. Calle Central Nórte
Tarletaa de visita
Pactaraa-Etlqaeta■ -lavltacloaN

P'REE!lf&gt;S

.Mf&gt;DIE!f&gt;S

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                  <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text>Colección Ariel, 1915, Cuaderno 60, Agosto</text>
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                <text>García Monge, Joaquín, 1881-1958, Director</text>
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                <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>Julio de 1915

--#

EDUARDO ACJ•:VEDO DIAZ .... .

El sol aznl de l:i Lyrn

RICARDO ARE:\',\LES ......... . . .

Pocs'as

PIO BAROJ,\ ......... .. ........ .. . .

El maestro Ezcabarte

E:\'RIQUE JOSIT. VARO~A.... . .. .

Un discurso

ALEJA:S:DRO O. DEUSTUA . .• • ..

U na rutin:i prrfecc,onada

REPERTORIO Bll3LIOGR.\FlCO
.\POSTILLAS
&lt;;. LO\YES DICKI:S:SON ........ ,

La Gurrrn S:1nt:1.

S AN JOSE DE COSTA RICA, C . A .
Im pr e nta Gre íla s

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CION ÁHIEL
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sabios.
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J. Ce¡.lllor
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Pcdr&gt; Prado: los p.{¡&lt;1r~, ';;;:. ;m,zyos soórr r&lt;fuc,o, " · (Ed .
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.· o Gómez de los
. .
l•r,tn&lt;ISC
" '.\hdriil )

R~m

EL SOL AZUL DE LA l YRA

m;, ;,;,.mas

E~~~~~~:•;~s· ~)E LA

LECTURA

Paseo de Recoletos, 25. '.\1 ,,Ir" l.

CL rÍ~~ICOS C.\STELLXXOS
OBRA~ PU BLICADi\S

•

' ' . A _, M ,\[anu/,tS. Por don Tom:ise:Snvnrro.
Io
·
.,.;,\ .STA Tl·.RhS
• 01 ISA
-F.:aln&gt;. l'or D . •\mén co as r ·
T I R:-0 DI'. M ' • •p D Tom:'ís :-l~varro.
GARCIL,\SO.-()bm.1. or .

La obra de un autor no se juzga por la "escuela"; la llamada "escuela" no es más que
uoa moda a veces como ella extravagante, y
como toda moda, pasajera. La obra, en sí
misma, si algo vale, es fruto legítimo de la
concepción artística y del temperamento especial de quien la ha escrito. Inútil ha resultado
siempre, que los "nuevos" en la escena, los que
suponen que traen algo de genial reformador
eo la cabeza, nieguen a tal o cual libro su mérito intrínseco, porque es clásico, porque es
romántico, porque es naturalista, porque es
simbólico, porque es decadente, pues a ellos
les sucederá lo mismo o cosa peor, a poco andar en el mundo de sorpresas de las letras. Lo
único que queda, es lo que vieoe con el sello
preciso y auténtico de un ideal verdadero que
los espíritus selectos reconocen como culto
propio, sin mirarle el traje; lo que está concebido con la pasión cerebral de la convkción

1

5

■ 19LIOTECA

CE•..-aaa..

ILA..ILI.

ij

�tDCARDO ACE,El&gt;O DfAZ

una civilización. Donde el genio alumbra co·
rno un lucero, las multitudes grotescas ven
por vez primera por donde va el camino, y a
las que les suceden les imponen la costumbre
de seguirlo, aunque el !uce~J que continúa
irradiando en lo. infinito, ya se haya apagado.
Las familias homéridas, no fueron más que
un rastro del fulgor de Homero. De tal modo
obra el cerebro superior sobre la masa que vive de los instintos. La luz que enseñó una
vez el camino, se extinguió; pero, queda la
tradición de la luz.
Los jóvenes no deben ensimismarse en "es•
cuelas". Correspóndeles proceder por inspiración propia, hacer poesía o prosa según sus
impulsos desde que sientan bullir bajo su cráneo algo que no es lo vulgar o rutinario. Vale
la pena hacerlo nacer; pero, si es posible, con
"forma" suya. El buen artista modela su criatura con acendrado cariño. Se trata de un
hijo dilecto.
Déjese a algunos imaginarse que, antes de
aparecer en la tierra-gránulo que nunca sale
de un círculo fatal - ellos han pasado por
mundos donde reina una lógica superior; que
han hecho escala en su gira prodigiosa en el
lejano sol azul de la Lyra, a cuyas cercanías

sinc~ra, y parece escrito con san1?re; lo que la
misma conciencia ha dictado como expresi6n
íntima de la belleza y el corazón acompaña
con un himno de latidos vigorosos; loquese ha
soñado desde niño, se ha mejorado y sustentado en plena juyentud y se revela en edad
madura como esencia inteusa de la inspira·
ción y del arte.
No conviene preocuparse mucho de las "escuelas". Las así denominadas, son "formas"
más o menos novedosas, más o menos brillan•
te!&gt;, más o menos sugestivas, pero, "formas",
las que da el talento-pues esa es su misión .
El que crea, es el raro. Si se quiere, el que va
más allá del talento. Por eso, crear es un privilegio; pero el mismo que crea, no forma
"escuela"; hace algo superior, que sobrevive
en preeminencia: su esfuerzo intelectual poderoso, muere con él. Podrá imitarlo otro de
su mérito; tal vez no sobrepujarlo. Cada uno
en su esf~ra, y cada uno en su grado. En ern
proporción, el mismo Virgilio no pudo más
que Homero, ni el mismo Dante más que Yirgilio. Hablo en criticismo poético, con prescindencia de los entusiasmos y cultos locaks
de cada época y de cada medio.
La medida del genio puede ser la medida de

t

�4

EbtlARDO ACEVEDO DfAZ

nos arrastra nuestra estrella, según Moreux;
o que estuvieron antes en Arcturus, el espléndido sol del Boyero, cuyo tránsito se espera
de aquí a dos millones de años como el de un
arcángel suspirado de flamantes verdades y
grandes redenciones; y que en esas metas del
viaje por el infinito, recibieron siquiera una
chispa de la intensa claridad de aquella lógica
superior, suficiente para reformar y transformar la mísera condición humana.
Del ensueño ·nadie está libre, y menos el aeda de buena estirpe. Es en él un derecho de
cuna, y no hay por qué fastidiarse de sus alas
que no meten ruido como las del velívolo, y se
agitan en noches gigantescas a manera de
pensamie_n tos extra-terrestres que, una vez escapados del cerebro creador, no pueden ya volver a al&lt;,jarse en patria que no es la de ellos.
Serán ilusiones. Pero hay que admirarlas y
respetarlas. Constituyen la esperanza en una
vida mejor, y son en cuanto a vcnt,ija real lo
que un destello remotísimo del sol azul de la
Lyra.
EDUARDO A.cEVEDO

Dfaz

E s ¡:&gt;ara nosotros muy s::itisfactorio publicar esta bella lección
del cli_stinguido escritor uruguayo Eduarclo Aceveclo Díaz. Deseamos sinceramente que la aprovechen los jóvenes
Con el autor, muy agradecidos por la valiosa colaboración.
(N. delD)

Ei.\: LOOR DE LOS i.\:IÑOS
Los niños son tran quilos y suaves:
llenan la tarde y llenan la mañana
sus manos puras y sus ojos graves.
Divinamente saben la canción
del prodigioso ritmo sub-oído
que hace regocijar el corazón;
y en los brazos abiertos de la noche ·
gustan la maravilla del olvido:
olvidan luz, y amor, y gozo, y pena,
y la trisca pu1:;ril en los senderos
donde se imprime en la menuda arena
el tibio rastro de sus pies ligeros.
Despiertos ya, nos buscan con aquella
m ansedumbre jovial con que los pájaros
buscan la sombra del en biesto ro ble:
se ponen a jugar, cantan en coro, ...
ricos de una bon dad resplandeciente,
jamás economizan su tesoro.
En sus almas recónditas se inicia
una virtud secreta, que se esconde;
mas cuando llega la oca~ión propicia,
el Tiempo llama y la virtud responde !

�6

RICARDO AREKALES

¿ Qué me queréis, oh vocingleros niños
de fresca voz y suavidad de nardo,
que, como ofrenda de olorosos bienes,
ponéis la gracia de las risas puras
sobre el cansancio de Maín Ximenes?

ACTO DE AGHADECIMIE8TO
Sólo hay un bien preciso: poseer cabalmente,
por sobre tod_o engaño, nuestra sabiduría;
y como el agua clara rebósase en la alberca,
dejar que el alma llenen el valle,elmonte, el día ...
Yo he cruzado la senda que ennoblece la grarr:a
y decoran los árboles ancianos y robustos,
en donde el aire libre sus músicas derrama,
de severos compases magníficos y augustos.
He visto ya las hierbas olorosas
de florecer sencillo, que adornan las campañas ;
y espartos de los brutos, concól vulos, llantenes,
amapolas de Abril, y alóes, y espadañas.

.

"

POEli'ÍAS

Y azoradas mujeres que entornando la puerta
rendíanse a la dulce zozobra del amor.
He visto ya los niños fraternales
jugar del campo en el sopor profundo
en armoniosas luchas irreales;
y del tiempo en los giros limitados,
crecer, amar y renovar el mundo ....
Y he visto el Mar, que todo lo compendia;
y más allá del Mar, la génesis del día:
de modo que poseo justamente
la riqueza inefable de mi sabiduría.
Si un rayo de los cielos viene a cegar mis ojos
dejándolos en sombra de repente,
¿ qué ha de impetrar mi alma enajenada?
¡ Fuera de esta visión que llevo ya conmigo,
Señor, no busco nada;
Señor, no quiero nada !

LA ESTRELLA DE LA TARDE
A Lcopoldo de la Ro,a

He visto ya las mieses abundantes,
orgullo del labriego, bajo la luz de Octubre:
y el ópalo de mil estrellas rutilantes,
y vagarosas nubes del cielo que me cubre.

Un monte azul, un pájaro viajero,
un roble, una llanura,
un niño, una canción .... Y sin embargo,
nada sabemos hoy, hermano mío.

Y la sangre que brota de alguna herida abierta
bárbaramente ... ¡ oh dolor!¡ oh pavor!

Bórranse los senderos en la sombra;
el corazón del monte está cerrado,

�_8_ _ __ _ _R_I_C'ARDO

ARENAL_E_s _ __ _ _ __

POEBfAS

9

y el perro del pastor trágicamente
viene a ladrar al césped del vallado.
Apoya tu fatiga en mi fatiga,
que yo mi pena apoyaré en tu pena,
y llora como yo por el influjo
de la tarde traslúcida y serena.

¿ Qué piadosa influencia
vierte en nuestro dolor un bálsamo radiante ?
¿ Quién prende a nuestros hombros
manto real de púrpuras gloriosas,
y quién a nuestras llagas
viene y las unge y las convierte en rosas?

¿ Quién puso en nuestras vidas
esta esperanza trémula,
este orgullo anhelante
y esta emoción callada ?
¡ Hermano mío en la inquietud constante,
nunca sabremos nada !

Tú, que sobre las hierbas reposabas
de cara al cielo, dices de repente:
'' La estrella de la ta1 de está encendida".

¿ En qué fértiles costas de armonía
los dioses arrullaron nuestro sueño?
¿ Quién nos da los carbones inextintos
de la ardiente ilusión, y la resina
que en nuestros cantos pone su fragancia?
¿ Qué voz suave, qué inquietud divina
halla en nuestra inquietud su resonancia?
Toda interrogación, en el vacío
cae, como los bólidos nocturnos
en el fondo del mar; toda pregunta
vuelve a nosotros trémula y fallida,
como del choque en el cantil fragoso
la flecha por el arco despedida .
Hermano m ío en el impulso errante,
nunca sabrem os nada. Y sin embargo ....

Avidos buscan su fulgor mis ojos
a través de la bruma, y ascendemos
por el hilo de luz .... Un grillo canta
en los repuestos musgos del cer cado,
y un inc..:ndio de estrellas se levanta
en tu pecho, tranquilo entre la tarde,
y en mi pecho en la tarde sosegado.
RICARDO ARENALES
(De El Corazón /lumillaáo.)

�EL )!.A.ESTRO EZCABARTE

EL MAESTRO EZCABARTE OLA LIMITACION
Este punto de la filosofía práctica de si es mejor limitarse en la vida o no, me ha preocupado
siempre. La mayoría de los antiguos estoicos
han recomendado la limitación. Schopenhauer
dice varias veces: ''.Limitarse es hacerse feliz".
Goethe escribió una poesía con este título: En

nada puse mi deseo.
Schopenhauer, que en Parerga y Paralipomena afirma que limita rse es hacerse feliz, en
otros parágrafos del mismo libro dice que vale
más ser desdichado en plena civilización que feliz dentro del salvajismo.
Nietzsche se indigna también contra los que
buscan esa tranquilidad tan del gusto de las mujeres, de las v?.cas y de los ingleses.
¿ Hay que limitarse o no hay que limitarse?
¿ Hay que comprimirse, como diría un chulo de
teatro, o hay que expandirse, como diría un pedante también de teatro? He aquí la cuestión.
El verano pasado hice una excursión en automóvil por la Rioja. Me encontré en Logroi'ío con
un amigo que tenía fábrica de productos farma-

11

céuticos, que se proponía visitar varios pueblos.
Nos asociamos y salimos; él a correr sus productos, yo a correr por los caminos.
Un día paramos en un pueblecillo a almorzar.
Mi amigo bajó del automóvil y se fué a hacer
sus visitas; el chauffeur y yo nos quedamos en
el atrio de la iglesia viendo cómo los chicos jugaban a la pelota.
Estando allá vino mi amigo en compañía de
un joven que parecía escapado de una taberna
del Barrio Latino, un hombre pálido, de ojos negros, vestido de luto, con sombrero flexible y
gran chalina negra. Era el médico del pueblo.
Este hombre que tenía cierto aire de carnero,
me saludó con voz desfallecida y dijo que ,me rogaba fuera en su compañía a tomar café . .
Llegamos a casa del médico y nos subió a un
despacho cerrado, lóbrego, que olía a ácido fénico.
El médico parecía haber buscado el modo de
que su cuarto fuera desagradable; tenía en la pared unos cüadros de enfermedades de la piel, Y
sobre un armario un feto en un frasco y otra
piltrafa nauseabunda en otro.
El médico mandó t raer a su mujer café, un café sin color, que me pareció también fenicado, y
un aguardiente que sospeché si lo habría sacado
del frasco del feto.
¡1]ientras sorbíamos el brevaje, el médico quiso

�12

Pfo BAROJA

convencernos de que era un grande hombre no
comprendido, y como no tenía tiempo para ello,
en meda hora nos leyó seis poesías, tres artículos, un capítulo de novela de gran perversidad
según él, nos mostró un recorte de un periódico
donde le llamaban inspirado y genial y un retrato suyo en un periódico de la localidad.
El hombre quería que yo le diese noticias de
la vida literaria de Madrid. ¿ Era verdad que
García había llegado? ¿ Era cierto que Pérez entraba en el gran mundo? Yo le dije que no conocía ni a García ni a Pérez, y que creía que ,en
Madrid nadie llegaba a ninguna parte. Entonces
el médico, con su aire de carnero, habló de sus
nostalgias. Aquel pueblo, según él, era un pueblo de brutos; a él no se le comprendía. Dijo
también que él se levantaba a las doce del día
y se acostaba a las tres de la mañana. No podía
aguantar la vida vulgar, corriente, banal.
Nos corría el tiempo y salimos del antro fenicado presidido por el feto.
-¿ Qué le ha parecido a usted ?-me dijo mi
amigo ya en el automóvil.
-Insoportable, tan insoportable como su despacho, su café y su feto. Además sospecho que
en el fondo este hombre es un idiota.
Un mes después iba yo con un amigo en un
tílburi desde Vera de Navarra a Pamplona.

18
Al subir el a lto de Velate una herradura de
nuestro caballo comenzó a resonar. Poco después el caballo perdía la herradura y tuvimos
que marchar despacio.
-Iremos a un pueblo de aquí cerca-dijo mi
amigo-, y le veremos a Ezcabarte.
-¡ Ezcabarte !-dije yo-. ¿ Quién es Ezcabarte?
-Un herrador.
-¿ Si será un condiscípulo mío de la infancia,
Martín Ezcabarte?
-El mismo.
Martín Ezcabarte, cuando le conocí en Pamplona hace ya muchos años, era un tipo alto, un
poco encorvado de espaldas, gran jugador de pelota, fuerte como pocos. Cultivaba una semiblasfemia con gracia; sustituía la palabra Dios por
Diez, o por Sos, o por Reus, y se encarnizaba.
Martín Ezcabarte era un estudiante malísimo.
De él se contaban anécdotas. El profesor de Geometría, que parecía el Comendador por lo serio,
lo pálido, lo trágico y la blanca perilla temblorosa, le dijo una vez con voz sepulcral:
.
-Señor Ezcabarte, trace usted una circunferencia. Ezcabarte tomó un cordel y tiza y la
trazó en el encerado.
-Ahora tire usted la cuerda.
Ezcabarte cogió el cordel y lo tiró al suelo. Todos los condiscípulos nos echamos a reir. Ezcabarte, mirándonos, preguntó:

�14
-¿Qué? ¿ De qué os reís ? ¿ No me ha dicho
que tire la cuerda?
En el examen de Historia Natural, Ezcabarte
estuvo también gracioso.
-En el fruto-le dijo el profesor-hay pericarpo, mesocarpo y endocarpo. ¿ No es verdad?
-Sí, señor.
-¿ Qué se comería usted de un melocotón ?
¿ El pericarpo, el mesocarpo o el endocarpo?
-El endocarpo-dijo Ezcabarte decidido.
-Pero, hombre, el endocarpo es el hueso. ¿ Usted se comería el hueso de un melocotón?
-Por una apuesta, sí.
El profesor sonrió y dijo:
-No está usted hecho mal melocotón.
Recordando éstas y otras anécdotas de Ezcabarte nos acercamos al pueblo y llegamos a la
fragua del herrador. Nos asomamos a la puerta
Y, entre una nube de chispas, vi acercarse a un
hombre fornido, con la cara rasurada, alegre y
los ojos brillantes. Era el mismo E7.cabarte.
Me miró, me conoció y se echó a reir.
-¿ Tenéis que pasar aquí la noche ?-dijo.
-Sí, aquí la pasaremos.
Ezcabarte se metió los dedos en la boca y silbó con un silbido agudo. Apareció un chico y
Ezcabarte le dijo :
-Anda, llévales a estos señores a casa y dile
a tu madre que son amigos míos.

tt

~!AÉSTRO tzC!.-IBAllil'Ji!

.

15

Fuimos a la casa de Ezcabarte, que era posada. Abajo tenía carnicería y taberna, arriba comedores y alcobas. La casa estaba limpia, recién pintada; la mujer de Ezcabarte era una mujer guapa y todavía joven, madre de una lechigada de chiquillos.
Nos enseñó la casa y la huerta. A la hora de
cenar llegó Ezcabarte y nos condujo al comedor.
Ezcabarte vivía admirablemente. En la cena hablamos de nuestra infancia y a los postres nos
obsequió con una botella de champagne.
Por tener huéspedes amigos, aquella noche el
herrador se acostó a las diez, porque su costumbre era estar en la cama a las nueve.
A la mañana siguiente aparejamos el coche y
nos acercamos a la f1 agua de Ezcabarte. El herrador salió a saludarnos.
-Ezcabarte-le dije-, eres un sabio.
-Yo no, chico, no; ni quiero.
-Sí, eres un sabio. Tienes la sabiduría que no
se enseña, pero que es la más grande y más . profunda. Yo cuando pueda haré algo como tú ; me
dedicaré a cultivar mis coles y mis habichuelas.
-Bah, no lo harás.
-Sí lo haré, y vendré a d ecirte: Ezcabarte,
aquí tienes un discÍpulo.
Nos despedimos del herrador, y al montar en
el coche grité yo quitándome la boína: ¡ Viva E zcabarte ! ¡ Viva la limitación! Sí. ¡ Viva la limi-

�rn

¡,fo

BAROJÁ.

tación, amigo Ezcabarte ! Porque aunque existan muchas cosas en el mundo que hagan más
ruido que tu martillo, no por eso son más eficaces ni más definitivas. ¡ Viva la limitación! Porque el resplandor de las chispas de tu fragua
puede competir en brillo con otros resplandores.
Viva la limitación que nos da un país, un ambiente, una montaña en lo lejano, y que, si nos
cierra el camino de las aspiraciones teatrales, no
nos impide pensar, ni querer, ni soñar...
Un lector-¡ Pero usted es un farsante, señor
Baroja ! ¡ Usted se contradice!
Yo.-Hombre, no. Es que estoy cantando el
aria de la Limitación.

Pío
( Espaiía. Madrid)

BAROJA

DI_SC U RSO
DEL SR. DR. ENRIQUE JOSÉ VARONA, LEÍDO EN'
LA SESIÓN SOLEMNE DE SU RECEPCIÓN COMO
MIEMBRO DE NÚMERO DE LA SECCIÓN DE
LITERATURA, CELEBRADA EL DÍ!
11 DE ENERO DE 1915.

Señores Académicos:
En mom~ntos bien oscuros y dolorosos me
veo obligado a dirigirme a vosotros. Pero
me habéis honrado, llamándome a vuestro seno; y no me es posible dej~r de corresponder a
Jo que me impone la gratitud y a lo que demandan nuestros estatutos.
_
Bien quisiera creer que es obra de los a~os,
de mi edad que me ha hec~o 1;11ás susce_Pt!ble
por los dolores de la expenencia, el sentimiento de horror que me embarga ante el espectáculo estupendo del m~o_d_o en guerra. Pero
sería desestimar la sens1b1hdad y desconocer
la potencia. de pre;isi_óo _de los demás, suponerlos siqmera mas 10d1ferentes ~ los males
que presenciamos y de cuyos terribles efectos
distamos mucho de estar exentos.
Nunca, ciertamente, había caído sobre los
hombres calamidad más completa. Las na-

�18

ENRIQUI! JOSE VARONA

ciones más cultas, ricas y poderosas de Europa y sus inmensos imperios coloniales en ambos hemisferios, el Japón, todavía para nosotros tierra casi incógnita y nuestro más próximo vecino México, se despedazan 'y hacen
crugir hasta los cimientos la enorme estructura gigantesca de la civilización coetánea.
Cuanto amamos, cuanto nos inspiraba confianza en el saber y la industria humanos,
cllanto alentaba nuestras esperanzas de ir cada vez más adelante y con rapidez centuplicada en la conquista de la naturaleza, y, sobre
todo y ante todo, el sentimiento de la confraternidad de los espíritus superiores, destinado
a caer en lluvia benéfica sobre los demás hombres, todo se estremece y bambolea al estruendo de los morteros ciclópeos, a la luz fatídica
de los incendios, a la visión apocalíptica de
las máquinas de muerte que surcan los aires,
que van por los mares o que se escurren sigilosamente bajo su traidora superficie, para
sacudir a su paso ruinas y cadáveres.
Dllra prueba, para los espíritus reflexivos y
madurados por la experiencia de la vida, esta
inaudita conflagración. Dura, porque nos presenta los resultados más estupendos de la
ciencia aplicada puestos al servicio de una
obra insensata de destrucción; más dura aún,
porque nos hace asistir a la resurrección de
sentimientos que podríamos creer enterrados
para_ siempre con las edades en que eran predommantes. CuaQdo los sabios se han visto

l&gt;ISCú RSO

19

obligados a cohonestarla, nos dan por única
disculpa el antagonismo de _razas, ~ermanos
contra eslavos. Lo que qutere decir que se
evoca un mito el de la raza, para disculpar el
odio o el miea'o que es en el fondo lo mismo,
de p~eblo a pueblo. Porque no es difícil observar que hay provincias eslavas en el imperio alemán, y que millones de ~slavos, muchos
de ellos fieles súbditos y conscientes y voluntarios partícipes del estado, forman la mayoría del imperio austro-húngaro.
Y no porque se haya bebido. a ~randes _sorbos el licor amargo de las destlustones, deJa el
hombre de contemplar con melancolía el derrumbe de lo que juzgaba sólida conquista de
la humana labor. Luchamos, aún sm saberlo por mantenernos a flote en este mar torm~ntoso del desencanto, y nos obstinamos en
conservar siquiera la fe en las fuerzas de_l corazón y de la mente, empeñadas en meJorar
las condiciones de la vida.
Ante las exigencias de la estrategia, por n~cesidades del ataqu.:! o la defensa, hombres civilizados hacen tabla rasa de obras de las
más refinadas del arte, testigos mudos y elocuentes de los esfuerzos y de la potencia del
espíritu de nuestros predecesores. Descarga
la metralla sobre el recinto de las universidades; y se hunden bajo los escombros los ~paratos científicos y se ahuyentan. sobrec?~tdos
los que los manejan, o se les retiene apr~s1onados. Pueblos enteros son raídos de la superfi-

�20

2l

ENRTQU~, ,TOSE VARONA

DISCURSO

cie de la tierra, y millones de seres humanos,
laboriosos, activos, infatigables en su lucha
de progreso y ci,•ilización quedan convertidos
en piaras humanas sio abrigo, desnudas y
hambrientas. La humana piedad de gente remota tieoe que acudir, sin saber si ha de conseguirlo, a ampararlos, a disputárselos a las
más espantosas de las muertes.
Pone espanto el pensar en que la más sólida
conquista del espfritu humano, durante su
ob_sti?ada labor de siglos, la ciencia, sea la
pr10c1pal colaboradora de esta obra nefanda.
Su fin primordial, nacido de la necesiaad que
la amamantó a sus pechos, ha sido ayudar al
hombre a emanciparse de los riesgos con que
lo amagaba la omnipotencia de la naturaleza
circunstante y a librarse de los tormentos infi oi tos de su espíritu poseído por los terribles
fantasmas que lo asediaban, y lo paralizaba n
o lo empujaba n a acciones insensatas. Su fin
era por tanto defenderlo, sosegarlo, hacerlo cada vez más libre. Y la vemos con dolor
convertida en elemento fulminante de ruina, y
volverse con furia contra sí misma , poblando
de horrores la mente esclavizada. Orestes entregado de nuevo a las Euménides que había
logrado ahuyentar.
A la vez, si volvemos los ojos al campo de
las letras, a la región de las a rtes, eternas
consola doras v a lentadoras del ánimo sobrecogido, perenr:i'e estímulo para la voluntad enflaquecida o vacilante, nos sorprende el silen-

cio mortal en que yacen, o nos lastiman el
lamento desgarrador o la tremenda imprecación de que se hacen eco. Cuando no viene a
sumirnos en amarga estupefacción la sangrienta saturnal a que se entrega en algunas
de sus manifestaciones más populares, como
en la caricatura. Ninguno de los sentimien.tos
alentadores, ninguna de las emociones que·
dan temple al ánimo y lo ennoblecen se abren
paso y adquieren la expresión correspondiente a la sublimidad de esta tragedia colosal.
No se descubren los videntes, ni surgen los vates que profieran las voces necesarias, las que
confortan, cuando todo vacila y parece desplomarse la razón de la existencia.
Poco importa que conozcamos, por la reflexión sobre lo pasado, las causas del fenómeno doloroso. No por eso es menos doloroso. Hasta ahora la explicación del motivo no
ha sido nunca de por sí el remedio del mal.
Toca sólo a los espectadores estremecidos,
aunque se encuentren en segundo t érmino, dolerse con honda amargura de todos y cada
uno de los lastimosos episodios de esta universa l calamidad, tan próxima ya a ser universal catástrofe.
Y tanto más nos toca a nosotros, cuanto
que no nos faltan en nuestro p ropio campo,
en nuestra patria, razones bien visibles de sobresalto y temor más que justificado. Un sentimiento, ahora de congoja, es el que me domina, al fijar los ojos en los a menazadores

�22

ENRIQUE JOSE VARONA

síntomas de la descomposición política de
Cuba.
No creo que nadie pueda pensar que voy a
prevalerme de este acto, tan serio para mí,
tan importante por las personas a quienes en
primer término me dirijo, para enzarzarme en
las espinas de los reproches cotidianos de los
partidos. Miro a más, y anhelo llegar más
hondo. Miro a la patria, y me pregunto con
zozobra si la estamos fortaleciendo, o si estamos empeñados, aun sin saberlo, en derruirla·
si nos damos cuenta de que aúo no ha termi:
nado la dura labor previa de constituirla, según demandan las exigencias de la época qui!
alcanzamoi,,, y las peculiares dificultades que
nuestra composición social nos presenta, o si
nos creemos ya sobre terreno limpio y firme,
donde nos podemos entregar sin riesgo inruedia~o a juegos de azar y habilidad con el porvemr.
Y precisamente a los que están encargados
de representar por medio de signos verbales o
de signos visibles la vida que los rodea y les
impreshna, a los literatos y artistas, toca
muy de cerca e interesa muy mucho estar bien
penetrados del estado y alcance de esos premiosos problemas.
Eo estos mismos días, oo ha cesado aun por
c?mpleto_ el período más importante, por su
s1go1ficac1ón y consecuencias, de ios que impont:n sucesivamente a la actividad del ciudadano los deberes de su función pública. Acaba-

DISCURSO

23

mos, es decir, se acaban de celebrar elecciones.
Aún se realizan sus últimas operaciones. El
pueblo de Cuba, el de los tremendos sacrificios
de medio siglo por la independencia de la patria, ha sido llamado a designar los hombres
en quienes deposita su confianza para darle
leyes, esto es., para señalarle los r~mbos _que
debe seguir. Apenas han transcurrido qumce
años desde que puede realizarlo. ¿Qué espectáculo hemos presenciado? Sonroja el recordarlo. El pueblo holgaba lejos de los colegios
electorales o los designaba con sonrisa burlona e indiferente. Buscaba con mirada entristecida la valla de gallos clausurada o la taberna
difícilmente entreabierta. En los círculos privilegiados se jugaba no muy a escondidas. En
los lugares de votación se jugaba sin rebozo
con la honra, con la seguridad, con el porvenir de la patria. Corrían el oro, los billetes, los
cheques, basta nombramientos en blanco para
ir a formar parte de los conmilitones de nuestra renta por excelencia, de la renta de nuestros establos de Augías. El sufragio universal
cubano nada tenía ya que echar en cara al sufragio más que restringido de aquella Gran
Bretaña de las "circunscripciones podridas" .
Los tigres de Tammany Hall huían avergonzados en plena derrota.
.
Si los enemigos actuales del parlamenta_rismo quieren argumentos, aquí pueden ve01r a
buscarlos copiosos y decisivos. Esto es lo que
hemos hecho en. poco más de una década de ·

�24

ENRl~l "E J OSE VARONA

la institución porque han luchado y sangrado
un ¡iglo las naciones de Europa y América.
Necesario de toda necesidad es que nos demos cuenta de que un mal, que sale así a la
superficie, con tan señalados y amenazadores
caracteres, está denunciando dolencia muy
honda y arraigada. La turbia corriente viene
de lo profundo ya revuelta con toda suerte de
impuras escorias. Nuestro triste pasado se ha
erguido de súbito, para lanzarnos al rostro
que en va11O hemos pugnado, nos hemos e~forzado y hemos sangrado tanto. La generación
de cubanos que nos precedieron y que tan
grandes fueron en la hora del sacrificio, podrá
mirarnos con asombro y lástima, y preguntarse estupefacta si éste es el resultado de su
obra, de la obra en que puso su corazón y su
vida. El monstruo que pensaba haber domeñado resucita. La sierpe de la fábula vuelve a
reunir los fragmentos monstru0sos que los
tajos del héroe habían separado. Cuba republicana parece hermana gemela de Cuba colonial.
¿Cuál de los males públicos que denunciá b a mos con indig nación no se ha reproducido?
Han vuelto a l asalto de la administración pública la incompetencia , el favor, el nepotismo
y la corrupción. H ay quienes resisten, pero
h ay quienes fla quean y hay quienes se rinden.
Hemos envenenad o la fuente misma en que
pt'bíamos beber la salud. Se pone la pequeña
a dministración de la justicia, que est á más en

DJSCURf O

25

contacto cotidiano con el pueblo, en manos
que entorpece la ignorancia, cuando no las
tuerce el interés. Se proclama la intangibilidad
de _lo mal adquirido. Y así se emponzoña la
conciencia pública, porque se nos hace desconfiar del esfuerzo, del trabajo; y se pone sobre
el pavés al afortunado, cualquiera que haya
sido el origen de su fortuna, la vara de Midas
qut ha hecho brotar su corriente de oro. Ya
no hay necesidad de a guardar la nave que nos
llevará a tierra distante con nuestras arcas
repletas. En los lugares más pintorescos de
los a lrededores o en el corazón mismo de la
ciudad bulliciosa se levantan los palacios de
aquellos a aquienes la suerte pródiga ha mirado con ojos risueños y ha descubierto el secreto de la fortuna improvisada. El mísero
sin pan los saluda con secreta envidia, y va a
compra r la fracción de billete que le promete falzamente, por otro camino, la misma suerte
deslumbrante. ¿Cómo podrá quejarse, si le hemos devuelto la lotería?
Seguimos administrando la hacienda pública con los mismos procedimientos que aprendimos en el período que t a nto a bominá barnos;
son la s mismas las fuent es a que pedimos los
ingresos, y el despilfarro ha adquirido la nobleza de una teoría del hirn público , a plica da
a sabiendas y pregona da como ex.celsa pa na cea. Sólo en esto hemos progresado . No son
parásitos fora steros; son pa rásitos indígenas
los que a ma manta mos a l seno ubérrimo del

�26

ENRIQUE JOSE VARONA

tesoro nacional, y estos parásitos se llaman
legión.
Como si nos empujara demencia suicida hemos ido socavando uno y otro día, con -1~ tenacidad del que realiza una obra vital los ci.
' de
m1~nt~s.en
que se afianza la dispensación
la J~stt_cia. H_emos, a despecho de jueces rectos
y bien 10tenc1onados, destruido la eficacia de
sus ~entencias y ~onvertido el Código Penal
en simple espantaJO de los pobres de espíritu.
Unas veces por servir a corredores interesados, otras por corresponder a mal llamados
se:vicio~ políticos, otras por mal dirigida conm1serac1ón, se abren las puertas de las prisiones, se abr_evia la duración de las penas, y no
hay consejo de secretarios del Despacho, sin
que al ~ía subsec~ente se publique la interminable hsta de los mdultos. Noble virtud es la
piedad, digno de un gobierno justo reconocer
la _falibilidad de los juicios humanos, necesario
evitar y _reparar los males que sin derecho hayan podido causarse, a_l velar por la seguridad
pú~hca¡ pe_ro n~ ~eg~1mos a este respecto el
~eJor cammo, 1;11 siquiera el bueno. Nos despen.amos a destaJo por el más peligroso de los
derriscaderos.
Como no hay forma de gobierno que no presente lamentables deficiencias como es mucho
más fácil teorizar sobre la ~anera de reo-irse
los hombres, que realizar siquiera un mediano
concierto en la vida colectiva, claro está que
no pretendo que nuestras instituciones hayan

DJSCURSO

27

escapado a esa dura realidad, al pasar de la
mente de sus fundadores a los vaivenes y sacudidas de la práctica cotidiana. Pero sí debemos señalar las desviaciones en que iofluy_en
las tendencias hereditarias, el influjo aún tnconsciente, de la imitación, las solicitacione~
de las flaquezas del carácter. Gobernar es v~gilar para que se cumplan las leyes, y es suministrar los medios de que se cumplan. Prever
lo posible para llegar a lo m~jor, y pr_ocura:
la manera de que se llegue sm sacudidas m
tropiezos. Nuestra constitución implica que el
gobernante. deba su elección a un partido,
pero el partido no debe ignorar que lo ha colocado no a su frente, sino al frente de la nación. Al frente para que dé testimonio de ella
ante los extraños, para que ~a represente. y
sea como su encarnación tangible, en sus discursos y en sus actos.
Tampoco debe el que gobi~rna ~lvida: ni
por sí, ni por lo que son_ sus mmediatos mstrumeotos, que ha de deJar a otros órganos
de la vida política el cuidado de la manera cerno la realizan. Una Secretaría no debe jamás,
por buenas y rectas que_ sean las in~e~ci&lt;:&gt;ne~
del que la ocupa, converttrse en comite. -Si as1
lo hace, aun sin quererlo, corrompe !ª.s ag?as
que en torno suyo fluyen . Como el vteJO mito,
éstas en vez de templar petrifican lo que
tocan.
No queramos, por otro lado, los que co!11pouemos la masa de los ciudadanos, sacudirnos

�28

El'[RIQUE J OSE VARONA

de nuestra porción de responsabilidad. No hagamos del gobernante un día nuestro ídolo
para incensado con fáciles encomios, y al otr~
burladero, tras el que pretendemos ocultar
nuestra cobardía o nuestra incompetencia.
Los males públicos son la obra de todos. En
e~ta forzosa colaboración entra la parte principal que toca a los que están incesantemente
en contact~ con la sensibilidad pública, la que
toca a los literatos y a los artistas.
En la esfera social no está todo perdido
mientras brilla a lo lejos y en lo alto el res~
plandor de un ideal. Vamos, aunque no queramos, aunque no nos demos cuenta de ello describiendo una espiral inmensa. Nos cerdan a
veces las tinieblas,. a veces el crepúsculo; pero
aún alentamos, st la esperanza de lo mejor
nos llama y nos conjura. Esas vislumbres son
v~gas .Y fugitiv_as, esas voces son inciertas y
m1stenosa s. Dichosos o menos infortunados
los zahoríes que ven o presienten, y tienen signos para revelarnos sus visiones gloriosas.
Uno de los grandes artífices de la palabra en
nuestros días, ~omain Rolland, ha dicho que
el papel del artista consiste en crear sol, cua ndo no lo hay . Esa es vuestra noble t a rea.
Pe_ro no hay que cla mar por la luz, como el
glonoso poet a alemá n, a la h ora de la muerte. En mita d de la vici a, y cuando llegan los
sombríos momentos de prueba como los que
he bosqueja do, corres ponde a l~s que conocen
el camino pa r a hablar a la s almas presentar~e

!Jl S&lt;JURSO

29

ante todos con sus evocaciones poderosas.
El arte no debe mirar hacia atrás, sino para
compara r las dificultades venci_das y las que
tiene que vencer, para descubnr los medios
que pusieron en juego sus nobles antecesores
y adaptarlos y mejora_rlos. Para apren?e! como se hace algo superior; nunca para 1mttar.
La imita ción es procedimiento de escuela y de
taller, quiero decir, 'tie aprendizaje. Es unyrocedimiento, un paso, un escalón. Hay 9menes
no van más allá. Son eternos aprendices, no
artistas. Su número es infinito, su papel estimable. Pero no es de ellos de los que tratamos. El peso poderoso es para los hombres
robustos. A.tlas o San Cristóbal, se necesitan
fuerzas de dclope para leva ntar el mundo.
El arte no debe encerrarse en círculos cerrados y estrechos, no debe emparedar~e en. co?-·
ventículos. Buenas son las academias, st tienen muchas puertas, y si a ellas conducen y
de ellas parten muchas a venidas. Nada de
Tebaidas misteriosa s. No hay que soñar con
abadías de Telemo repuestas y sombreadas
por encina s secula res. El lu_g ar delyoeta, del
pintor, del escultor, del músico, esta en la plaza pública. E l teatro de los _h elenos era tamb:én un h ipódromo; y s us hipódromos requerían el concurso de muchas a rtes.
Debe el artista mira r hacia adelante; pero
con ojos humanos. Hasta ?onde alean.za la
visión normal. No hay que ir a dar de bruces
contra esas quimeras que se han llamado mú-

�30

ENRJQúC JOSE VARONA

sica del porvenir o arte de pasado mañana.
No se vive sino en el presente; y enorme esfuerzo se necesita para vivir con plenitud de vida
en el presente. El día que fluye, que se escapa,
ese es el que hay que vivir, artistas; porque
ese es el que hay que hacer vivir de un modo
mejo_r, superior, a la multitud indiferente, que
debéis enseñar a sentir, a comprender a idealizar.
•
'
Así se obedece a la ley exigente e imperiosa
de la necesidad. Y mejor, mucho mejor resulta obedecer- a sabiendas, que someterse de
manera inconsciente. Estamos
en este día , en
.
es~e momento, en este mstante, y no podemos
deJar de e~tarlo. La emoción que nos posee,
el pensam1~oto que de ella depende y la traduce han nacido de todo ese mundo ambiente de
pasiones q~e se entr_ech?can y de conceptos,
que nos forJamos la ilusión de que las dirigen.
El rumor millares de veces repercutido de esas
batall~s que están durando meses y arrasando naciones, llega hasta aquí y nos envuelve
ahora. La vibración profunda y dolorosa de
nuestras dolencias nacionales de la hora actual babi~ _en el fondo de nosotros y nos roba
lf;l t~anqu1ltdad e~ esta fiesta de soñado esparcimiento del espíritu.
Hay n:iás aún. Creemos buscar un refugio a
Ja obHesión de lo actual en las creaciones sorprendentes de lo pasado, en Jos productos del
arte de los que nos precedieron. Vamos a alentar con ellos, a gozar o padecer con ellos. Va-

DISCURSO

31

mos a ser helenos con las epopeyas homéricas, a ser romanos con las sátiras de Juvenal,
o italianos con las visiones dantescas, o ingleses del renacimiento con el proteico Shakespeare, o españoles del tiempo de los Felipe
con la ironía serena de Cervantes, o alemanes
del Aufklaerung con la anchurosa y profunda
vena de Goethe, o franceses del siglo de las lu-

ces a los soplos fecundantes de los cuatro
vientos del espíritu del padre Rugo. Beatífica
ilusión. Eruditos o no, leemos el ciclo homérico con los ojos y la mentalidad de hombres
del siglo veinte, y lo traducimos y no podemos dejar de traducirlo al lenguaje de nues
tras emociones. Y exactamente nos ocurre lo
mismo con todas y cada una de las obras
maestras que nos hao legado los antecesores.
Por eso se llaman legión los que los han comentado, y pudieran llamarse legiones, según
el ardor y a veces el encono con que se han
combatido. Y por eso podemos confesar, aunque bajemos la voz, que no todos, ¡oh, no todos! encontramos en cada una de ellas la honda fuente de interés y de simpatía que nos
habíamos prometido. "Die Zeiten der Vergangeoheit-Sind uos ein Buch mit sieben Siegeln."
Los tiempos pasados son para nosotros un libro con siete sellos, decía al pobre pedantesco
Wagner la desengañada ciencia de Fausto.
¡El libro de los siete sellos! Dejemos, dejemos ese intrincado apocalípsis de lo que fué.
Nos llama otro mar no menos encrespado, pe-

�32

ÉNRIQfü: ,JOS:t: VARONA

ro. cuyas tempestades conocemos y cuyas corrientes podemos predecir a donde nos llevan.
P_rocu_r;mos sond:arlo y saber con certeza la
direcc10n de los vientos que lo agitan, para
que las cartas que de él tracemos aprovechen
a todos los que a la par de nosotros y por
fuerza lo navegan.
Se ha dicho y repetido que estamos en un
período d: transición, aunque lo cierto es que
la humanidad realmente se halla en transición perpétua. Lo que esto en ver.dad significa es que nuestra época, como cada una de
las pasadas, pe~o más premiosamente, porq_ue hemos ?uplt~ado · la velocidad adquirida,
t!ene sus e~1genc1as, en la forma de modifica•
c10ne_s sociales que hay que introducir y de
conflictos que les están aparejados y que hay
que resolver.
Permitidme, para despedirnos, señalar algunos.
Transformadas, al conjuro de la ciencia las
condiciones de
. la vida material , cada día' son
mayores, y tienen que serlo, las aspiraciones
morales de más grande número de hombres.
Son muc?os, son innumernbles, los qne aspir~n a mas,. porqu~ !ª saben que respiran y
como respiran, dire, alterando un ta oto el
aforismo célebre de un sabio cubano. Cuales•
quiera que sean nuestras opiniones personales
acerca de la solución mejor para las reivindicaciones socialistas, hay que buscarla desechando mucho rezago inservible de las' orga•

DISCURSO

33

ni?.aciones p~sadas, mejon~.ndo los ~nsayos
plausibles que se h3:n aphca~o, legislando,
sobre todo, como quien trabaJa para preparar la necesaria labor de mañana, y no pa_ra
sostener ta ya hoy inútil labor de lo que ~eJamos a la espalda. Lo que ~ué _debe servn: de
lección y ejemplo, para sust1tu1rlo convementemente; de boya que avisa el escollo donde
pudimos haber zozobrado. Hay por lo menos
que levantar el faro, sólido y alteroso, que
nos alumbre el camino incierto y qu~ ~ea el
ojo que se enciende para sondear las tm1eblas
del porvenir.
, .
.
El espíritu a las veces paradog1c&lt;?, pero smgularmente lúcido y profundo de Nietzsche ha
aseverado que, con una educación adecu~da,
durante siglos, se podrá hacer de las muJeres
lo que se quiera, hasta hombr~s; pe~o que, :n·
tre tanto, merced a su creciente 1~~uenc!ª•
atravesaremos un período de transición smgularmente borrascoso. No hay man:r~ de
evitarlo. Hay que disponer n_uestro espmtu a
la más difícil de las adaptaciones, a la adaptación inestable y a sabiendas inestable. Hemos de realizar múltiples ensayo_s, Y de presenciar y sufrir no pocas con~ocio?es, d~sde
las provocadas por l_a pe_rver,51dad infantil de
las feministas del tipo ingles, hasta las 1?ucho más serias y más hondas de l_as orgamzaciones de las mujeres norteamer!ca_nas. Pero
sobre todas se impone esta conv1cci6n,,que el
círculo de hierro y de fuego en que habia pre-

�34

ENR!Qi:11!. .TOSE VARONA

tendido el hombre encerrar a la que llamaba
con inconsciente hipocresía su compañera, se
ha rotu para siempre. La más quimérica de
las empre!-as sería tratar de soldarlo, en cualquier forma. Hay ya algo definitivo y de inca h:ula bles consecuencias: la emancipación del
espíritu de la mujer. Despidámonos, no sin
ciert a melancolía, de la Eva bíblica, y demos
otra significación mucho más honda al eterno
femenino del poeta.
No menos grave es la crisis en que se encuentra otra de nuestras ideas más caras, y, fijémonos bien, de las más recientes: la de la paz
universal. No quiero decir con esto que sus
adeptos no hayan sido elocuentes, ni hayan
aportado al debate argumentos fútiles, ni dejen, ¡tremenda ironía! de tener la razón, toda
la razón de su parte. Sólo quiero significar
que el desatado huracán de pasiones homicidas que hoy azota al mundo, ha de dejar en
pos de sí, motivo sobrado hay para temerlo,
tal reato de temores, de zozobras y de odio,
que ha de serles a éstos fácil envolverse en el
manto de la prudencia y la previsión, para
mantener en las manos de los pueblos las armas formi_da~les de defensa y ofensa, con que
hoy se amquilan. Moloch tal vez se disfrace,
pero esconderá bajo los anchos pliegues de su
nueva toga la bomba de melinita.
No, uo ha de faltar a los artistas conscien·
tes de su permanente y benéfica influencia
campo sin límites donde ejercerla. El mayor

DISCORSO

35

peligro para ellos nace de la · riqueza de elementos que se les viene a las manos. E~ su
horno fulgurante, como en el del gran artista
que dió forma al Perseo, se h~n de ac~mular
los más varios y hasta los mas e.:tra~os e~ementos, oro y plata y estaño. ¿Qmen dlJO miedo? Adelante.
.
Aquí sobre mi mesa de trabajo, tengo u?a
famos~ escultura: la victoria de Samotracia.
Ha perdido un fragmento. No importa. To&lt;lo
su cuerpo nervioso y_ m~sc~loso avan~a, se
precipita con ímpetu 1rres1sttble; la túmca se
le adhiere a los miembros resistentes Y un
viento de tempestad la agit_a_ y paree; trazarle una estela; sus alas aqutlmas estan ~?talmente desplegadas. Vuela ¿a dónde? ¿Qmen lo
sabe? De todos modos, a conquistar lo futuro
que le tiende los brazos .
Vedado,

12

de noviembre de 1914.

�UNA RUTINA PERl"ECCION&gt;DA

.. UNA RUTINA PERFECCIONADA

LOS MAESTROS NECKSIT.l.N CULTURA UNIVERSITARIA

Una institución digna de estudio, que revela
~I gran progreso que han adquirido en Italia las
ideas pedagógicas y la poderosa influencia ejercida por la Universidad sobre la cultura popular
es la Escuela Pedagógica, que puede considera rse como el gérmen de una Facultad de Pedagogía, destinada a presidir todo el movimiento de
la cultura, en lo que respecta a la formación de
educadores, de hombres encargados de fortificar
la conciencia individual en todas las esferas sociales.
La necesidad de plantear y resol ver científicamente el problema p~dagógico, que es el máximo
problema nacional, ha impuesto, hace tiempo, la
necesidad de reunir y concentrar en una institución, todos los conocimientos especiales, que reclama esa labor vasta y compleja, y en la de instruir y educar en esa institución, a los hombres
e~pecialmente aptos para operar, en la vida práctica, las reformas que la solución adoptada introduzca en el mecanismo social y en la dirección
de su movimiento.

37

Estas necesidades han adquirido u na más grande importancia con el desarrollo r ápido e inmenso de las formas democráticas. La función de
crear maestros, que hasta mediados del siglo anterior, tenía, como objeto principal, la preparación de educadores, que debían realizar la labor
de disciplinar espíritus infantiles, considerados
sólo como seres dotados de energías intelectuales, aplicables al conocimiento de la realidad, especialmente ele la realidad material, contemplada en sus formas abstractas, a fin de deducir de
esa contemplación nor mas para el aprovechamiento de las cosas concretas, ha ampliado, Y
puede decirse también, intensi6cado sus ideas,
concentrando su actividad hacia un objeto más
restringido, más práctico, menos intelectualista
y más fecundo, considerando el espíritu infantil,
el espíritu del discípulo en todas sus esferas de
educación; no sólo como una inteligencia sometida a las leyes lógicas, idéntica esencialmente a
las demás y destinada a discurrir con el poder
del concepto; sino, principalmente, como una voluntad, apta para modificar la naturaleza y modificarse ella misma en el medio bien definido y
bien diferenciado de una asociación política o Estado, en el cual las exigencias nuevas de la democracia imponen al ciudadirno virtudes activas,
adecuadas a la realización de los fines colectivos
o ideales, que esa determinada sociedad se pro-

�38'

UNA RUTINA PERFECCIO:,SAD \

ALEJANDRI) O. DEOSTUA

P,o~e com~ ~roblemas de su vida económica, jund1ca, poht1ca, religiosa, artística y moral.
La ciencia positiva, fijando como norma de la
e~ucación ~ndividual la adaptación al medio prop10, condujo a la pedagogía a modificar así radicalmente la dirección de sus disciplinas, orientándolas hacia el centro del círculo y trasladándolas de la circunferencia en donde vagaban
como disciplinas puramente lógicas.
La sicología contemporánea, al colocar ese centro en la voluntad, superó la reforma positivista
s~bordinando la fuerza centrípeta de la adapta~
c16n del espíritu al medio físico, a la fuerza centrífuga de la adaptación contraria, convirtiendo
el determinismo físico en determinismo síquico,
dando a la acción creadora del alma la clave di
la explicación t otal de la historia humana, realz~ndo con energía la conciencia libre, para depositar en ella la misión de perfeccionar la realidad
entera, el medio social principalmente, mediante
una evolución diversamente concebida con sentido eminentemente moral y con tend~ncia eminentemente solidaria.
La sociedad y el individuo han resultado así
en esta nueva con.cepción, como fines v medios'
a l mismo tiempo; el individuo educa a· la socie~
dad y la sociedad educa al individuo; el primero
debe ofrecer el elemento ideal de progreso y la
segunda, con sus aspiraciones y necesidades con-

39

cretas y especiales, ofrecer el elemento real, la

base de solidaridad dentro dt! la cual debe moverse libremente la actividad individual, procurando organizarla mejor, enriquecerla con elementos nuevos y más amplios, pero sin destruir
su fisonomía especial informada por la historia,
haciendo de la educación lo que quiere Barth (1)
"la propagación espiritual de la socie~ad, efe~tuada por vía espiritual; es decir, por influencia
ejercida sobre la voluntad y sobre la representación".

Ampliada, intensificada así la finalida~ pedagógica; siendo necesarios para la educa ció~ dos
elementos, el educador adiestrado y el med10 s~cial favorable a determinada reforma pedagógica, la escuela normal, como instituto de educación, reveló toda su deficiencia. El maestro formado allí, no respondía ya a ese concepto amplio
y profundo; porque representaba la ~ristalizac_ión
de los productos que el genio super10r depositaba. día a día, en la cultura universitaria. Esa
primera y única fuente de creación,. en d_ond~ _la
vida elevada del Estado hace brotar las mtwc10nes del porvenir como estímulos para el p_r~greso en el orden cada vez más libre de la actividad
n;cional, y como guías de esa suma mayor de vida, no vertía sus aguas directamente en el alma
~ - Bat tb. Principii de P_ed?gogic e didatticc Íltndate sulla
mod~rna psicología, -Trnducc10n 1tahana. 1gc9.

�40

AL"JANDRO O. DEUSTUA

del maestro, qu_e, más o _menos pteparado para la
labo: democrática, oontmuaba siendo la oersonificación de una rutina perfeccionada coñ lentitud; pero rutina siempre, en la cual la vida se
gasta con rapidez y sólo queda la fórmula abst~a~ta, que tiende fatalmente a mecanizar el espmtu del educador y del discípulo, a convertirl?s en aparatos lógicos, fabricantes de discursos,
r!cos de palabras y pobres de acción, dominados
siempre por el miedo de aventurar a la voluntad
en el campo de lo desconocido e incierto, condenados, al fin, a restringir su acción al camino trillado, repitiendo sin cesar la tradición muchas
'-'.eces maldecida, incapaces de esos arra~ques de
libertad que parten_de una alma sincera y que
nutren la ~emocrac1a en los países más felices.
La d:ficiencia del maestro, una vez sentida, en
esos ¡:&gt;at~es que dan al problema pedagógico la
supe_nondad _que le corresponde, encontró el remedi? en la ltberlad del mismo maestro, que buscó, dir~ctamen_te, en la cultura universitaria, la
elevación y la mtensidad de doctrina, no encontrada en el formalismo de la escuela normal.
Por _otro lad?,_las Universidades, comprendiendo meJor su m1s1ón como directoras del espíritu
naciona_l en t&lt;_Jdas su s esferas, salieron de su concentración aristocrática, par~ ~o¡:&gt;ularizarse, penetrando aun, en formas y d1scipl1nas varias en
el seno mismo de las clases obreras
'
Así se encontraron, en un esfuer;o simultáneo
mae_stros y catedráticos; los primeros concurrien~
do ltbremcnt~ a_ las aulas universitarias y los segundos multiplicando las enseñanzas pedagógicas, par~ llegar, al fin, a la creación de institutos
pedagógicos, en donde se sistemase esa labor de

UNA. RUTINA PERFECCIONA.DA

4-l

la formación completa del maestro moderno en
el seno de la Universidad .

,
.
Semejante progreso no se _habrí~ alcanz~do s1
la cultura universitaria hubiese sido deficient~,
como instrucción y como educación._ Con_ Umversidades estancadas y con catedráticos s~n _vocación sacerdotal y sin sentimiento patnót1co!
ni los maestros habrían acudido a su~ aul~s, n~
habrían sido recibidos en estas con s1mpat1a, m
habrían encontrado el alimento que· buscaban.
Esto explica como es imposible que la educación democrática de un Estado contemporáneo
se reali.ce sin la existencia de Universidades edu·
cadoras, aun cuando se consuma la mayor parte
de los recursos fiscales en pagar sueldos a maestros sin ideas y sin fé y en constrll!: para esos
maestros palacios que no pueden ut1hz&lt;;1r . .
La educación nacional es la obra prmc1pal de
la Universidad; es en ella en donde nac,en Y se
encarnan los ideales del Estado; es de alli de donde descienden las aguas que van a fecun_d~r. l~s
colegios y las escuelas; de donde parten 1_111c1a~1vas felices que, como la E~cuela P_e,dag~g1c_a, tienen por fin organiz~r un~ mstrucc1on publtc'.1 _e~
armonía con las ex1genc1as actuales de la c1v1hzación.
ALEJANDRO

0.

DEUSTUA •

( La Culhtta Superior en Italia).

~incnte publicista peruano y Profesor de Estética y Fil'?~olia ~n la Universidad Mayor de San Marcos de Lnu:i. Sus arllculos , ,A propósito de un Cuestionario sobre la reforma de la ley dée
instrucciónº" en manos de todos los educadores de nuestra Am ·
rica debieran a ndar.

�REPERTORIO BIBUOGQBFICO
'
EL FRENO DE PLATA
Debe, asimismo, someterse esa obra * co
t o d os 1os escritos
·
mo
de Ameghino , a una' expur.
gación
y corrección literarias, de suma nece·d
si ad; pues hállanse erizados de impropiedades que ~tolla~ la expresión, constituyendo,
p_or su misma importancia intrínseca, un mal
eJemplo_ pa_ra el lector no avisado. Hay que
combatir s1~ tregua esta calamidad argentina del solecismo, no pocas veces cometido a
porfia por alarde bandolero, y siempre grato
~I compadraje popular, como todo signo de
igu~ld~d a bajo nivel. Del propio modo que
la limpieza de la lengua indica salud, el aseo
de la palabra certifica nobleza. Por lo mismo
que la democracia tiende a ser procaz, requiere ª .~uel freno de plata. Tascáodolo es como
le viene la elocuencia, su arte específico no
dderradmando la hez por aquella boca d~sorena a.
Ameghino adolecía, ciertamente, de esa des" La F;w.,,mi,, del egreg, 10 sn
. b'10 americano
.
gllino.
Florentino Ame-

REPERTOBI l UIBJ.IOORÁt'IC'l

43

preocupación, que no es sino un fenómeno de
incultura. Desdeñaba el verso, y parece que
consideraba incompatible la literatura eon la
ciencia. Si este trabajo demostrara lo contrario, constituiría la venganza de mi profesión.
¿Hay algo más cercano a la verdad que la belleza? Inter silvas Academi quaerere vcrum,
dijo el padre Horacio. Así sea.
LEOPOLDO L UGONES

ESPANA Y LOS ESTADOS UNIDOS
Alemania lleva la primacía de la erudición
en toda materia de historia y literaturas,
-Grecia o Roma, el antiguo Oriente o la Europa medioeval. Tuvo la primacía en el estudio de la literatura española desde fines del
siglo X VIII hasta mediados del XIX- la época de Ferdinand \Volf y de Ludwig Clarus.
Alemania, ''la redentora Alemania'', como le
llamó Menéndez y Pelayo, rehabilitó al genio
español contra los desdenes de Francia. Hoy,
sin embargo, en Alemania decaen los estudios
hispanísticos. Las ·viejas torre~, como Baist,
como Hanssen, van quedándose solitarias.
¿Por qué? No cabe atribuirlo a razones de or-

�44

REPERTORIO BIBLIOGRÁt'lC(l

den práctico: el idioma castellano va haciéndose cada día más útil.
Entre tanto, el papel que Alemania representó en la erudicióu hispanística lo asumen
(¡extraña coincidencia!) los Estados Unidos.
Francia posee hispanistas eminentes, como
Foulché-Delbosc, director de la publicación
más importante en estas materias la Revue
.
'
Hispanique, o como el venerable Morel-Fatio.
En Italia se distingue, entre otros, el brillante
y universal Farinelli, y Benedetto Croce, el
filósofo renovador, no desdeña las minucias
eruditas. A Inglaterra, que es menos rica, generalmente se la conoce en este campo gracias a Fitzmauricc-Kelly. Suecia tiene a Erik
Staaff, a Munthe ... Pero, fuera de España, no
existe grupo de eruditos en letras españolas
comparable, por la abundancia de calidad al
'
que forman los catedráticos de los Estados
Unidos. De la América latina, ni que hablar
hay: Andrés Bello, Rufino José Cuervo, García Icazbalceta, pertenecen ya al pasado; y no
llegan hoy a quince nuestros verdaderos hispanistas, los capaces de traer contribuciones
valiosas a la crítica o a la documentación histórica,-tales como José Toribio Medina (de
labor pasmosa, titánica), Francisco A. de lea-

REPERTORIO BlBLTOORil'lCO

45

za, José de Armas, José de la ~iva Agüero, Alfonso Reyes O Julio Vicuña Cifue~t~s.
Nunca faltaron en los Estados 'C01dos amantes del genio español. Desde principio ~el siglo XIX se escribe sobre España, su vi.da y
sus costumbres, su historia, su arte, su literatura; se traducen sus autores .. E~paña hac~
gran papel en la obra de los p~nctpales e~cntores norteamericanos: Washmgton Irvtng,
Bryant.(que tradujo a Heredia), Longfellow,
Lowell, Prescott, Ticknor... Aun los que nada escribieron sobre España, como Edgar Poe
o el delicioso Holmes, hacían citas en castellano, idioma que tal vez estudiaran. Hace p~co todavía, John Hay representaba esa tradición; y Howells, el insigne dec_ano de la ac~ual
literatura de los Estados Untdos, hace s1em·
pre elogios de la española moderna.
.
.
Fuera del grupo de los profesores umversitarios, los Estados Unidos pueden mostrar el
ejemplo único y admirable de Archer M. Hu.ntington, fundador y sostenedor de la Sociedad Hispánica. Los servicios que se le .d~ben,
por sus pesquizas, por sus mag~a.s edic10ne.s
de textos clásicos ( a menudo ed1c1ones facsimilares de manuscritos únicos, como el del
Poema del Cid, o de ejemplares raros, como

�46

REPERTORIO BTBLIOORÁFJ&lt;'O

los de los Cancioneros), son incalculables. y
la fundación de la Sociedad Hispánica represe~ta una fortuna: Mr. Huntington Je dió edific_10, mu~eo de arte y de antigiiedades, y bibltoteca 10superable. Sólo cabe lamentar que
esta instit~ción, cuyos elementos de trabajo
son excepcionales, no extienda su actividad
hasta_ constituirse en centro indiscutible de loe
estud~os hispaoísticos en América. Pero Mr.
Hunttngton ha hecho tal vez todo lo que
cabía...
El grupo de catedráticos trabaja dentro y
fuera de las Universidades: dentro, en las cáted~as_( que son generalmente cátedras de estudio intensivo, donde no se recorre trivial°:1ente el programa de toda la historia literana española,-se supone que el estudiante de
las insti~uciones superiores pasó ya de esa
etapa,-smo que se profundiza un tema durante un año: la poesía épica medioeval o la
novela pastoril, o el teatro de Lope, o' Cerva_n~es, o Quevedo); fuera, con estudios, con
ediciones críticas. No sería fácil en bre
•
t'
•
,
ve ar
1
icu o informativo, enumerar y describir esta
cnor~e_labor; baste recordar ejemplos: ediciones cntica_s como el Cervantes de Schevill ( en
colaboración con Bonilla, de Madrid); el Poe-

REPERTORIO BIBLIOGRÁFICO

4i

ma de Fernán González, por Carroll Marden;
el Santo Domingo de Berceo, por Fitz-Gerald;
el Cancionero gallego-castellano, por Lang;
el Califa y D1mt1a, por Clifford G. Allen; teatro del siglo XVI, por Urban Cronan; obras
de Calderón y Mira de Mescua, por Buchanan. O bien antoiogías y ediciones escolares,
como las de Ford, de Morley, de los Bourland,
y de tantos otros: apenas hay catedrático a
quien no se deba una de estas ediciones anotadas para estudiantes de lengua inglesa. O libros como La novela pastodl de Rennert ( alemán de origen); o La novela picaresca, de
Chandler; o el Ovidio y el Renacimiento en
España, de Schevill; o La literatura española
eu la I11glate1 ra de los Tudor, de Underhill.
O estudios lingüísticos como el de Ford sobre
las antiguas letras sibilantes en castellano; o
el de Emphrey sobre el dialecto aragonés, o ti
de Carroll Marden sobre la pronunciación del
castellano en la ciudad de México; o estudios
folk-lóricos como los relativos a romances y
cuentos en la frontera sur de los Estados Unidos, por Espinosa ( descendiente no sé si de
mexicanos o de españoles). O bibliografías como las de Buchanan. O, en fin, los infinitos
trabajos breves sobre puntos especiales: labor

�41!

REP ERTORIO BTDl,TOORÁPICO

en que se distingue J. P. Wickersham Crawford, para quien no hay rincón secreto en la
literatura de los siglos de oro. Por último,
Ford prepara un nuevo manual de historia literaria.
Si algo se echa de menos, es la frecuencia de
trabajos de crítica pura, de valuación estética. Pero la erudición abre el camino; no dudemosque bien pronto los hispanistas de 101
Estados Unidos coadyuvarán a la renovación
de valores clásicos que está iniciándose en
E~paña.
PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA
( La Cu11a dt Amlrica-Santo Domingo).

LEMMONNIER

(CAMILLE}:
MANDS. Un vol.

NoELs FLA-

ALBERT SAVJNE, EDITEUR. PARÍS,

1887

Los Contes y Noels fiRmands son los más
bellos cuentos que yo conozco; debieran ser
universales.
(Ce t¡u'ils lim,t)

4!1

REPERTORIO llTBT.IOt;RÁF'TCO

PEDRO BROODCOORENS

A propósito del gran poeta portugués Guerra Junqueiro:
En todo el arte portugués se nota un predominio de la naturaleza sobre el hombre. Por

eso en pintura el paisaje se impone ~ la figura, y en el teatro influye más el ambiente que
las pasiones.
.
Obedeciendo a esta imposición del medio, el
poeta escribió Los humildes (Os simples) Y
La musa en fiesta, * dos bellos libros eminentemente líricos, donde sobre la vida d_e las
gentes rústicas flota una_ neb~ina de incienso,
dt piedad sin límites, de 10fi01to amor..
.....esas maravillosas oraciones (Oración al
pan y Oración a la luz) donde cada verso es
como un labio en flor que se abre para cantar
la vida y cerrar una llaga humana. Y en medio del desierto alucinante y terrible, calenturiento de imágenes deslumbrantes, de hipér·
boles y de metáforas desorbitadas, aparecen,
como un oasis verde, azul y blanco, los tres
colores de la gracia, ese pequefio y maravillolO volumen que se llama Los humildes, donde
el alma portuguesa sencilla y suave como ~us
paisajes, soñadora y vaga como sus ampltos
horizontes marinos, ha hallado su más gloriosa, alta y j usta concreción.
FRANCISCO VILLA.ESPESA
( .\'un•,, .1f1111,/,&gt;-~faclrirl.)

-. 1 .
• Con el título de L&lt;L musa,,, tXÍ&lt;1.&lt;, Y f.o.&lt; Sll1!P1n -mc
us,~f 1·1
0mci,,11 ,, /¡,.m y la Onuióu ., ¡,., / 11:-cst!n traducidas
~aste ano

r1

estas ouras de Guerra Junqueiro. Traductor: Edmm o

L"n vol F Granada y Cia., t..:htores. RnrC'elona.

arquina.

�iíO

JiEp~;R:roRto Bll!l,]()&lt;;R.Á.!'I()()

De los novelistas rusos dice el crítico norteamericano Howdls:
Bien recuerdo cuanto me impresionaron los
novelistas rusos en mi juventud. Me abrieron
lo que a mí me pareció un nuevo mundo-y
era tan solo el mundo real. Por ejemplo Tchecoff; ¿ha~éis leido su Huerto? ¡Qué vida, qué
color, que belleza de verdad hay en ese libro!
¿Y Turgueoeff? ¡Cuán agradecido le estoy
por sus libros!

E? el libro tr_igésino de Livio * se lee el episocl10 de _Sofomsba: son páginas magistrales.
El escritor es un romano que con vivo sentid_o de las pasiones humanas, cuenta esa hfotona pasional, ~romovida y aplastada por el
curso necesario de la política de Roma.
B. CROCE
(St(![gijilo,ojiri. Tomo r.¡
-*

DClmtfas de!,, ltisim;t1 ro111n11t1. Siete volümencs de la 13m11~

T ECA

LÁSICA.

J\fadrid.

'

·

~

APOSTII...... LAS
VIDA PARLAMENTARIA Y VIDA NACIONAL

El Congreso, que no pasará a la historia
con el dictado de "admira ble'', cerró sus sesiones el día 16 de diciembre. En el decreto respectivo el señor Presidente, no sin una punta
de ironía, alega como razones-entre otraspara clausurar las sesiones, el hecho de "haberse retirado ya muchos Senadores y Representantes, a la vez que otros deben entrar al
Consejo de Estado, corporación que aún no
se ha inaugurado por estar ocupando en las
Cámaras sus puestos algunos de sus miembrros''.
Para comprender la delicada ironía del señor Presidente, debe recordarse que honorables congresistas integran la mayoría del
Consejo de Estado, por voto y voluntad de
ellos mismos.
El balance final no le ha sido favorable a la
labor del Cuerpo Legislativo. Excepción hecha
de tres o cuatro leyes, entre las cuales debemos recordar la que extingue las tarifas diferenciales para el cobro de derechos de impor-

�tación en las aduanas del Pacífico y la que da
una autorización al EjecutiYo en el asunto
del ferrocarril de Puerto Wilches, no encontramos ningún otro acto de importancia para la
administración pública. Siete meses de disca•
sión estéril parn llegar a votar la desgraciada
ley de arbitrios fiscales y, de manera precipitada, la de presupuestos para la próxima vigencia: hé ahí la síntesis de lo que al país le
ha costado muy cerca de veintidós millont1
de pesos.* "Palabras, palabras, palabras."
Tiempo es ya de meditar en reducir n más
convenientes proporciones la representación
nacional: el sistema vigente ha traído como
consecuencia el fracaso irremediable de la labor parlamentaria.
~osotros hallamos indispensable esa reducción. La lucidez en los cuerpos colegiados está
en razón inversa del número que los integra.
La fdiz iniciativa de unos pocos queda ahogada ante la di,·ersidad de pareceres-fruto de
intereses en constante pugna-::Je una mayoría
de cas uistas, exégetas de la ley y nigromante!!
de la política. Aparte de que en Colombia, como en el resto del mundo, una cosa es In "vida
parlamentaria" y otra muy distinta la "vicla
flosci~nto~ veinte mil clólnres.

.
l" . A despecho de las am bidones, in11&amp;c1ona
1
trigas y diarias abdicaciones que forma~ a
. de la una , la otra, retirada en el· srlenesencia
1
cio de los campos o en el taller y la ~fi~ina, e'os de la discusión metafísica y pohttca, tra~ja, economiza y aumenta la riqueza moral
y material del país.
Felizmente para Colombia, no todos los colombianos son miembros del Congreso.
EMILIO CUERVO MÁRQUEZ
( Nr.·,sf,, .ll1J&lt;ftr11,1. Bogot,\ l

CULTURA LINGÜI STI CA, RIQUEZA NACIONAL

persona
Esta gente cree que con saher una
.
echar cuatro letras sobre una hoJa de papel,
t' e de sobra para sus necesidades, y que
~:d~e~o demás es literatura-así di~en ellos
con desprecio-y pum pérdida de tre~po, el
1 sólo se gana, en beneficio de la nqu:za
cua
• · t
.
1 forrándose de conoc1m1en
os aanco.:,
nac10na ,
.
ente no salas y ganaderos; ahora bien, e~ta g
.
l
.
ue
'
l1a
de
saber!-que
la
nqueza
nac1on~
b e- 1q
¡· .. , t
• men te de esa cultura 10g111s 1•
depende prec1sa
ca que nosotros defendemos, pues esa r_u 1tura
. fic:c1ona
.
pcr
y afin 'a en el individuo. el mstru.·
mento que más neces ita: el pensamiento, y sin

�A PO:-;'l'l LI.A~

.11'0~'1'11.1,.11'

r/~

éste no tiene el hombre . . .
ni del porvenir ni
v1s16n del presente
cosas y sacarl:s to:p \ u para dominar las
capacidad para ene o e prlovecho posible, ni
a usar e país p 1
ros que le conviene . . h
or os sende.
n, ll1 ay por co · ·
riqueza nacional H d' h'
ns1gu1ente,
leno-uai&lt;! es
. a . te o Condillac que el
º :J
un marav1llos .
análisis: la afirma .6
o rnstrumento de
CI n, que ha pod·a
1
audaz, no es sino . t
o parecer
JUS a; así que
generaciones argentinas de
. proveer a las
la misión más i
ese 10strumeoto es
mportante de l
do el que lo descon
a escue1a, y to.
ozca atenta e t 1
tria, que si hab d
on ra a pard e ser grand
sus hijos sabrán
e será porque
.
pensar con hond
dº
mr las ideas verd d
d
ara y iscer. .
a eras e las fal
l .
p1rac1ones útiles del
. . . sas, as msas per¡udtc1ales.
I

(.\'osotn1s. Buenos Aires.)

ROBERTO

F.

GJUSTI

LA CASTA DE LOS TEORÉTICOS

Por cierto que en
.
envidia y la an1' d nue_stra tierra, donde la
ma versión d' 'd
rio sobre las almas
.
se '.v1 en el impeno_mhre de "intele~t~:~~ce enoJar ~n poco el
quiere dar a ent d
. Con pésima fe se
'
en er qu
·
llama "intelfctual"
e quien así mismo se
se más intelige t pretende con ello declararº e que el resto de los ciudada-

nos. Debiera recordarse, o si se ignoraba

aprenderlo, que es ésta una palabra y un conttpto tao viejos como la civilización europe3,
más aún, una palabra y un concepto genuinos
de la civilización europea. Nuestros eternos
maestros los hombres de Grecia tuvieron la
clara conciencia y el sano orgullo de haber sido los primeros descubridores de una nueva
finalidad vital. Antes de ellos era la existencia
un medio para servir a la divinidad o para
dominar a los demás hombres o para allegar
riquezas o para allegar placeres. Pero ellos,
los griegos, referían con ufanía la extrañeza
de los orientales cuando oyeron decir a Solón
que él no viajaba con ninguno de esos propó·
sitos, sino meramente para ver y pensar
-theories eiaeken-, a fin de teorizar. Desde
entonces no ha habido más remedio que con·
tar con una nueva casta de hombres que llamaron teoréticos, es decir, "intelectuales",
para los que es ante todo importante lograr
un cierto decoro, cohesión y firmeza en sus
ideas. Podrá semejante afán juzgarse más o
menos laudable, pero no se quiera presentar
este viejo oficio "intelectual" como algo inau·
dito y de irritante presunción.
Josí, ORTEGA Y GAsSET

&lt;f.,p.1ñ,1, :\Iadrid.)

�APO:,TfLl,A&gt;.

LOS PERJODJCOS NUEVOS

Los intelectuales suelen pecar por exceso de
ideal!smo, que se traduce en optimismo para
las empresas públicas. Con todo, valen mucho
más que los realistas iletrados, a quienes cues•
ta muy poco trabajo convencerse de que esta•
mos ea el mejor de los mundos posible. La
irru pcióo de estos nuevos periódicos, que es al
cabo una irrupción de nuevas ideas, es útil
para el periodismo y para la política: es no
elemento
de renovación, de inquietud , de mo. .
v1m1ento. Muchas veces estas empresas adolecen de falta de sentido de la realidad; es decir,
de falta de sentido histórico tocante a lo actual. Pero el sentido histórico aplicado a las
cosas vivientes, cuando no son muy satisfactorias, puede llevarnos a un criticismo deses•
peraozado. Para hacer algo en la consabida
res pública hace falta una dósis de optimismo
que no será la verdad, pero que es una fuerza.
La verdad no es la única fuen;a; también la
ilusión.
Otro bien de los periódicos jóvenes e indep_en~ientes es combatir la fosilización del penod1smo. Por virtud del industrialismo anejo
a la índole de la gran prensa moderna se pro-

________
AP_O_s_T _
I A_LU, _ _ _ _ _ _ _5_i_

ducen dos fenómenos: uno la tendencia a ~onvertir el periódico en un gran ente anóm_mo
que absorba las personaJidades de los escntores, lo cual produce la decadencia intele_ctual
de los periódicos y crea a manera d_e _fetiches;
otro el que la dirección última y decisiva de la
prensa, ta que marca el tono y decide de las
campañas fundamental~s recae en.unos cuantos capitalistas o políticos profesionales. L~
riqueza ha sido, en.cierto ~odo, ~na calamidad para la prensa; ta h_a qmtad_o mdependencia libertad de movimientos, tiende a hacer
de ~lla una burocracia, un arrabal de la política al uso.
ANDRENIO
(.\'ut1:o .lhmdo. Madrid.)

LA ESPECIALIDAD

El profesor, no obstante las c?mplicaciones
de la disciplina a que baya dedicado sus desvelos es siempre y necesariamente un maestro
de es~uela, es decir, un funcionario encargado
de transmitir a la niñez o a la juventud una
serie de nociones, en la repetición de las cuales
ve caer las hojas doradas con los primeros
fríos del otoño y reverdecer los prados al beso

�58

.APOSTILLAS

discreto de las auras por Pascua Florida. La
repetición es uno de los procedimientos más
eficaces para provocar en la mente humaná
un estado de enajenación. Lo supo a la maravilla aquel profundo psicólogo a quien ·le debe
el mundo la invención de los ejercicios espirituales. La especialidad, la camisa de fuerza de
la especialidad, como dijo Nietzsche, acaba
por esterilizar las más fecundas regiones del
cerebro humano.

B.S. C.

( Hispa11ia. Londres.)

f9

APOSTIJ,LAS

(Baldomcro Sanln Cano,)

A PIO BAROJA

He aquí, querido conspirador metódico, una
nueva manera de cantar el aria de la limitación. * A los postres de un convivio filosófico, Octavio de Romeu levantaba la copa y
dijo:
"Esta libación es ofrecida a Hermes: patrón
de enriquecimiento; patrón de límite también.
Hay que amar la propia pujanza: hay que
amar igualmente los propios límites.
Lo más espiritual de las cosas, es tal vez su
contorno puro.
• . vcase
· 7n este cuaderno El maestro E::rabartc
d e P 10 BaroJa.

tJ

/11 li111il11t'ú!11

'

Símbolo admirable: un triángulo y un ojo
en su centro . Que cada cual sea, amigos míos,
un triángulo de abnegación, de disciplina, de
obediencia, abarcando un ojo de infinito, de
omnicomprensión y de libertad.
Un triángulo es una cosa perfecta. Un pentágono no está mal. Un exágono, un eptágono, pasen aún. Pero lo mejor que uno puede
hacer, cuando ya empieza a volverse dodecágono, es inscribirse en un círculo.
El buen patriota amará su patria: amará
también los límites de su patria.
Enamorarse en la adolescencia, es ttn progreso: se pasa de amar la mujer a amar las
mujeres. Casarse, en la juventud, es otro progreso; se pasa, de amar las mujeres, a amar
a una mujer.
Cada palabra puede tener una resonancia
infinita: buen escritor es el qué renuncia a ella ;
los oarieaos
no la utilizaro11 J. amás.
b
El culto a los límites es la esencia del espíritu clásico.
Con la mano segura, con el corazón tranquilo, levanto la copa ofreciendo esta libación
a Hermes, patrón de los límites, que los pone a
mi flaca riqueza y los pondrá a mi corta vida."
XENlUS

�1,A \WERl{A l&lt;AN1'A

LA GUERRA SANTA •
Durante algunos meses, acaso durante algunos
años por venir, quince o más millones de hombres en Europa, los más aptos físicamente, los
que habían de ser los padres de las futuras generaciones, estarán comprometidos en la empresa
de matarse unos a otros, de hacer morir de hambre al resto de las poblaciones, de paralizar la
producción de las cosas útiles y necesarias, de
destruir los instrumentos de producción, y de
demoler cuanto se ha construido laboriosamen te
durante veinticinco años de paz europea. Ninguno de los hombres empeñados en esta obra de
destrucción quiere ejecutarla; ninguno de ellos
Sabe. cómo ha sido que él se encuentra en el caso
de ayudar a su ejecución; ninguno de ellos sabe
el fin a que se sirve cumpliendo en esta obra de
exterminio. Los no combatientes están en el mismo caso. Ni previeron la calamidad, ni la deseaban, ni la escogieron. No fueron consultados
nunca. Nadie .en Europa desea tomar parte
en semejante obra. Somos un pueblo sano, aunque nuestras acciones son obra de lóco. ¿ Por
• Trad. de Tite .\ ',,ü,m, con autorización del señor Lowes Dickinson, por B. Sanin Cano.
•

61

qué? Porque todos nosotros esta.mas en manos
de algunas veintenas de individuos llamados
gobiernos;algunas veintenas entre los centenares
de millones que pueblan la Europa. Estos hom-,
bres han querido la guerra y nos han impulsado
a ella por encima de nuestra:voluntad. A ninguna
nación se le ha dado la ocasión de decir: No. Los
camoesinos rusos marchan a la guerra porque se
lo di.cen el Zar y el Pope. En esto no hay nada
ex:traordinario; pero los socialistas alemanes se
·enrolan y los socialistas franceses entran e~ l~s
filas. Estos hombres saben lo que la guerra s1gmfica. Saben cuáles han de ser sus efectos. La
odian; pero se alist.an. Los hombres de negocios,
que la conocen y la odian también, co~templan
la marcha. Los obreros observan también el espectáculo y esperan la hora en que e:npiecen a
morirse de hambre. Todos son impotentes. Otros
han echado la suerte por ellos: los tahures coronados tiraron los dados y salió en isuerte morir.
Cada
¿· Qué es lo que apuestan estos tahures?
.
.
uno de ellos dice que se trata. de la propia segundad nacional. Cada uno de ellos dice que el otro
juega para aumentar su poder. Los ing~:ses creemos que esta.mas resistiendo una agres10n. Podemos estar seguros de que los alemanes no lo
toman así. Nosotros creemos que ellos son los
agresores; estemos seguros, sin embargo, de que
ellos no lo piensan así. La acción de cada uno de

�6:l

G. L{,'WÍ-:S DICKINSON

estos gobiernos está respaldada por una teoría del

equilibrio europeo, y detrás de la teoría están
las pasiones del miedo y de la codicia. Toda la
trágica historia del género humano queda cubierta por esas pasiones, y los hombres no son más
que instrumentos en esta serie de miserias. Los
gobernantes tocan ese instrumento como si fuera
una gaita. Los gobernantes no están solos. El
periodista que ha estado sembrando la desconfianza y el odio entre las naciones·; el historiador
que se ha servido de sus estudios para glorificar
o exculpar la guerra; el hombre que haya exaltado las pasiones a expensas de la razón, todos son
cómplices en este atentado. Es así como la guerra ha caído sobre nosotros. Y¿ qué es lo que se
obtiene por medio de ella ? No es un remedio para
In enfermedad que se desea curar; ella no hace
sino crear ·nuevas condiciones para preparar otra
guerra. La catástrofe en que estamos sumergidos
debe producir incalculables males. No producirá
bien alguno, como no sea el de iluminar nuestro
entendimiento enseñándoles a los pueblos y a los
Gobiernos una manera de hacer política distinta
de la que hoy seguimos. Esa nueva manera está
en la mente y en el corazón de las gentes que
piensan bien y cuyos sentimientos no han sido
pervertidos por el sistema. Ese nuevo concepto
de la política no ha podido dominar los sucesos,
en parte porque los pueblos no ejercen predomi-

LA OUF.H.RA PA~TA

nio sobre el Gobierno, y en parte porque no han
aprendido a obrar de acuerdo los unos con los
otros, Pero todos los hombres a quienes no ciega
el resplandor de las teorías saben que el poder
ante el cual se sacrifican las naciones por mandato de los Gobiernos es un ídolo. Los intereses de
las naciones no son divergentes en ningún sentido real. Lo que los impulsa a la guerra son abstracciones, cuya vida procede de la fe que en
ellas se tiene. Poder, predominio, prestigio, honor, en el sentido en que las naciones usan esta
palabra, son abstracciones. Estos son los espectros de una edad moribunda, pero espectros que
no hemos enterrado aún. Lo real es el trabajo, la
inteligencia, la imaginación, cuyos frutos son comunes a todos los hombres. Sin embargo, la vida
pasional colectiva apenas empieza a difundirse
en estas formas de la realidad; corre por los viejos canales, si los halla abiertos, con un fatal empuje. Que se declara la guerra, y todos los individuos de una nación están listos a empeñar en
ella sus bienes y su vida. Esta es la razón por la
cual algunos espíritus elevados y generosos llegan a ver en la guerra una cosa digna. La falacia
depende de que la pasión ha sido descarriada con
el objeto de hacerla servir a los fines de la guerra.
Importa aplicar esa pasión a cosas reales, a procurar el bien y no el mal, a exaltar la verdad en
vez de la mentira, el amor en lugar del odio. Pa-

�VANTES.-D,,11

lil

ra verterla en estos canales trabajan sin cesar lo
amigos de la razón. Por el momento su voz no
será oída. Pero a medida que esta guerra siga su
tremendo curso, a medida que empiecen a desenvolverse sus consecuencias fatales ya previstas,
y cuando la evidencia de lo que estamos haciendo haya pasado de nuestros sentidos a nuestra
imaginación, y al aturdimiento del choque suceda el horrible despertar, los amigos de la razón
estarán en propicia coyuntura para hacer llegar
la verdad, primera y principalmente a sus propios corazones y cerebros, y en seguida, si tienen
valor para ello, a la conciencia colectiva. Esa es
la guerra que nosotros provocamos, la eterna y
santa guerra que promueven los que creen en el
poder de la razón. No lo olvidemos en estas horas tenebrosas en que nuestros principios son hollados por las turbas frenéticas.
G. LOWES DTCKTNSOX

Q11

lt

dt /.

Aft111rll..

Por D. ¡.·r ncisco Ro-

'drigut"Z Marin, de 1:i Real Academia Española .. (8 vols.)
EVEDO.-l"i.l dtl n,, ,· n. Por D. Am~nco Castro.

RRES VILLARKOEl..-l'ida. Por D. Federico de Onfs.
Ql:t:: DE RlVAS.-N•n1anrrr. Por D. C1priano Rhas Cherif.
vols.)
.
JUAN DE AVII.A.-F-,Jllt /ario Rs)in/11&lt;1/. Por l&gt;. Vicente
Garcl~ de Diego.
CIPRESTE DE IIITA.-l.16111 dt /111m Am r. Por D. jnlio
Cejador (2 vols.l.
11.LE:-. DE CASTRO -/..as 11wa,J.r,fnd.l r,J. Por D. Vfctor
Said Armesto.
RQUES DE SA:s"TILLA~.\.-C 11001w V dr,irtr. Por D.
Vicente Garcla de Diego.
.
•
R'.l(.\~DO DE ROJAS.-l.a Cdrrti~a. Por D. Juho Ce¡ador.

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(2 vols.)
• .
C ,
LLEGAS.-/,r lt&lt;!ts o amat•ri&lt;11. Por D. :-.arcISO Alon ~0 ort, s.
1
EMA DI~ :,: 10 CID. Por D. l&lt;nmón Menéndl'Z 11dal,
de la
Real Academia Española.
VIDA DE LAZARILLO DF. TOR~IES. Por D. Julio Cejador.
R.'IA:-.:DO DE HERRERA. -P•t1íar, Prólogo y notas por
D. Vicente Garcla de l&gt;1ego.
,
RVANTES.- \'q¡:d,zs r¡rmplarr•. Prólogo} notas por D. Fr:mc,sco Rodrigue,: M,,rfn. de la Real Academia Espa!lola.
R. l.t:IS DE I.EO:-..-D~ los 11ombn.~ d, Crzsto. Tomo l. Por
D. Federico de Onls.
R A:-ITO~IO DI-: GUEV.\R,\.- .1/morpu w dt ro,lt .v aw•
dt ·aúlu. Edición y notns de ~I. M nr1ine1. de Burgos

·¡,,,;:a

LAS REVISTAS:
Revist.1 Hispano - Americana. - Puhlicad.1
mcnsualmcnle por Carlos :-.1 alagarriga y
Juan Mas y PI. Número 1. Buenos Air&lt;.'S,
Recomendamos a los estudiosos la suscrición
a esta Luena revi•ta. Es de las que en n~estra América hacen falla, porque la ag,tnu
hond,ts v renovad~ inquietudes espirituale~.

c. ,11; 0 Í'"~or Argentinos cuest.-'l

1•1 semestre.

�mr.ro79
Parte del sumarlo

ESPAÑA

1915. S.-manario de la vidn nacional. M
Algunos de los anlculos publicados ea
números 13, 1-4, 15 y 16: A/Mfill,u, .S. R.
res de Aya la, /Á,r ,•6hls y l,,s dl4s, d e ~
l ·H a11t,, de j,, de l.uis de Zulueta. El
¡¡,,,,,, ({r,mi 1/, por J&lt;. de Maeztu. Jla,a,,1 J. ..
11i:d,.,, por M. de Unamuno. La fas14 ,/q
tmlh,jo, por J. Ortega y Gasset.

MERCU RIO

La conocida Re, isla de Nuem
Agente ~n Costa Rica: Antonio Font.

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                  <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Eduardo Acevedo Díaz</name>
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        <name>El sol azul de la lyra</name>
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                    <text>eeLEee1eN JIRIEL
........ 57

LEGIUBDS ·DE DZOBII

■AN

JOSII D11 COSTA IIICA, C, A,
l•prenta Greftae

��'2E)LE'2'2IE)N 1\RIEL
esa

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POR TRES COLONES

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ESPAN'".A

lEGIUBHS DE HZOBIH

181&amp;
BBKilARIO DE LA VIDA BA.OIOWA.L

-T.:f:"" IIJtt=!'rl-~,:;¡¡.11 Dlnnl.:.~
PROJLll!S B!CIOULIS • ARTK •
1

1)()0E GBAIJDES PÁGINAS DE TEXTO F.IRJüDA8
POB LOS 11.Á.S ILUSTBBS BSCBITORF.S NAOIONA•
LU Y EXTBAN.JEBOS. -GRABADOS EN NEGRO Y
D COLOBBB, 001' ORtGllfALES DE LOS MÁS
BENOJIBBADOS ARTISTAS

REDACTORES

Jo~ Ortega Y Gasset, Plo Baroja, Ra-

miro de ll.faezlU, Ramón ~ de "Yl'lil,
Luis de Zulueta, Eugenio d'Ors, GR'gorlo Marúnez Sierra y Juan Guisl.

P.KE0IOS DE 8U8CBIPCION
MADRID y PROVINCIAS S lilF:JS MESES •• •• •• 11.50~
•• l UN AAO......... 5 00 ARo ........................ 111,00 ....,
lflJEIRO R lu Llllnrfaa • TRU08 DCIIL J

EXTRANJERO: Uw
A 18 dXTlll08

a la .. la TI0D.l DI LIKD.
Escelen~ semanario. Lo recomr.ndnmos a nuestros aml&amp;p.&amp;.

SAN JOSE DE COSTA RICA, C. A.

�APRECIAC ION E S

El atildado Azorín es la faz opuesta de
Baroja. Nos encontramos aquí con el ejemplar perfecto, puro y terminante del "hombre de letras". Si la profesión literaria mereciese llevar uniforme, Azorín lo habría de
vestir irreprochablemente. Y es una inj us.:
ticia de la época que no se le hayan concedido al escritor de las "pequeñas cosas"
esos destinos pedectamente literarios, como
director de Biblioteca o Museo, miembro
de la Academia, senador vitalicio.
Es uria de las más acabadas figuras lite~
rarias del momento. Trasciende todo él a
libros, a papeles, a lectur as. Ultima mente,
cansado quizá de sus devan eos políticos, se
ha entregado del todo a la postura que 1f
conviene más y q ue mejor le cae: se ha en
cargado, puesto que otros no lo hacen, de
resucitar personas medio olvidadas o m uertas del todo. Se ha vuelt o de cara al pasa-

Junio de 1915

I

-

�4

5

APRECTACIONES

APRECIACIONES

do, procurando darles vida a los clásicos españoles. Y nadie corno él tan dotado de
cariño y de unción por las cosas viejas, por
los autores pretéritos.
Azorín, en realidad, no vive contemporáneamente. Su espíritu habita otras regiones
lejanas. Parece pasar sobre los sucesos de
hoy como un sonámbulo, sin rozarlos. Aunque viste a la moda y circula en el momento actual, fundamentalmente se halla lejos.
Si a los hombres pudiera situárseles en el
siglo que más les conviene, Azorín se encontraría gustoso y adecuado en pleno siglo

instinto, al partido conservador. Y en él está en su centro, con su conservatismo "ilustrado", que se atreve con los agrios problemas modernos. Igual que sus antepasados
del siglo XVIII.
He aquí un clásico todo pulcritud y contención. El apasionamiento del siglo XIX
apenas ha rozado su alma. Está libre de
todo fárrago. Puede encarar los asuntos sin
la presión de la fiebre romántica. El mundo, la hirviente contrariedad continua del
siglo, no podrían enardecerlo. Si vive en la
hora presente, si comenta los hechos sociales, pronto los deja; vierte una nota de interés, perfectamente educada, como espíritu cortés que no sabría rehuir la atención
en que bullen sus contemporáneos, y luego,
cumplida su especie de cortesía, vuelve a
los antiguos, a los recuerdos, a sus cuadros
castellanos.
En la pintura de esos cuadros se ha mostrado incomparable. Ninguno entre los modernos, ha podido reflejar a Castilla con tal
exactitud y tanto afecto. A estos cuadros
le debe su gloria.
En tal sentido, Azorín ejerce una poderosa influencia sobre las letras actuales. Y éste es uno de tantos misterios como a hundan

XVIII.

Tiene un "progresismo" contemporáneo
de Carlos III. Conversaría animadamente
con un abate culto, con Cabarrús y Jovellanos. Es de la madera de aquellos hombres
que leían casi en secreto a Montesquieu y a
Voltaire; que amaban las ciencias y él "progreso", pero al estilo de la época; que eran
liberal€·s, sin perdonar la misa ni el acatamiento realista. Muchos de aquellos "liberales", transportados al día de ahora, se
harían retrógrados o conservadores. Así
también Azorín, que atolondradamente voló entre las furias anarquistas dura nte algún tiempo, fué a derivar, por lógica y por

�6

.A.PRECI.ACTONES

en la literatura. Con toda su riqueza de
pensamiento, de imaginación y de emoción,
Baroja influye porn o no influye nada; en
cambio Azorín, sobrio de pensamiento y
con una emoción circu:b.scrita a dos o tres
invariables matices, arrastra detrás a muchos imitadores, casi forma escuela.
¿ Es beneficioso a España este influjo?
Desde luego, ha puesto Azorín cierto orden
en el habla, cierta compostura de formas.
En cambio, no puede decirse que un espíritu como el de Azorín impulse a un pueblo
tan decaído y desorganizado. El espíritu de
Azorín es, en el fondo, quietista o estático.
Tal vez reporte un beneficio su vuelta a la
tierra, su fervor de casticismo, su culto de
los clásicos, con frecuencia olvidado todo
esto por España, la gran olvidadiza y la
gran negligente.
Pero al mismo tiempo hay en Azorín un
recreamiento enfermizo por lo que es ruina,
quietud y muerte. Más artista que sociólogo, el pasado y el fracaso del pasado, desde
su punto de vista artístico, le merecen sólo
un amago de lágrima, una pincelada sentimental. Se ve que no gusta sumergirse demasiado en la hondura de los problemas.
Su complacencia de artista cree haber he-

.APRECIACIONES

7

cho bastante con delinear y darle vida al
cuadro, y pasar.
Es una mente tímida, levemente nostálgica, que se deleita con lo viejo. Es el poeta
parco y elegante de la mediocridad castiza.
Estima evocar los pueblos que duermen a
la sombra de los recuerdos; halla una sensual delectación en ir por esos pueblos y en
figurarse que él mismo sea uh habitante de
pequeña ciudad manchega o levantina, un
Azorín pacato y levemente sentimental, un
un pequeño filósofo.
Estima sobre todo los libros. Estos le
arrancan estremecimientos de alegría, y escribe casi siempre a estímulos librescos. As!
como hay autores que dan la sensación de
estarse arrancando las páginas que escriben
de su propia sangre, Azorín, por el contrario, se llena la mente cada vez que lee un
libro, y se vierte después.
En este sentido también es un autor profundamente literario, hombre de letras, es
decir, capaz de reflejarse en el mar convencional de la literatura, mucho mejor que en
el mar de la vida. Dentro de su sér no percibe el rumor de marea de otros escritores;
está inmejorablemente situado sobre el plano neutral del puro objetivismo; su alma

��10

APRECIACIONES

carta das; más valor y eficacia concedemos, por ejemplo, a los ferrocarriles-obra
capital en el mundo moderno-que a los
hechos de la historia concebida en su sentido tradicional y ya en decadencia. Una
preocupación por el poder del tiempo compone el fondo espiritual de estos cuadros. La
sensación de la corriente perdurable - e
inexorable-de las cosas cree el autor haberla experimentado al escribir algunas de
las presentes páginas." En verdad, la noción del tiempo parece que fuera para Azorín una sensación de tacto. La presenta
con relieves de estatua y la anima con palpitaciones musculares. . Estaba indicado por
la naturaleza para hacer la síntesis de ~a vida en pueblos y razas, un autor a quien la
naturaleza dotó conantenas de insecto para
tocar el hilo de las horas.
B. SA~IN CANO.

( Hispania. Lc-ndres.)

LECTURAS DE AZORIN

JUAN EL DE JUAN PEDRO
Juan el de Juan Pedro nació en los
Prietos, un caserío de La Roda. F ·u eron
sus padres Juan Pedro y Antonia Maria.
Juan Ped 0 era el manejero de los Prietos. Los Prietos pertenecían a un señor
muy rico que vivía en Madrid. Donde
nació Juan, la llanura se extiende inmensa y m0nótona; la tierra tiene un color
de ocre. Al lado ile la casa se ven unos
olmos viejos; no pían en ellos los pájaros. No hay pájaros en toda la llanura.
Unas palomas grises revuelan lentamente, _muy lentamente, sobre el cielo azul,
siempre limpio; a ratos se abaten sobre
las sembrados; al anochecer tornan al
palomar.
Cuando Juanico tenía cuatro o seis meses, un día que lo habían acostado en un
poyo y que su madre estaba fuera, entró
un cerdo en la casa, se llegó al niño y co0

�12

.AZORÍN

menzó a mordiscarle y roerle un brazo.
A los gritos acudió la madre.Juan quedó
para toda la vida con una gran descarnadura en el brazo. Dos años más tarde
murió Antonia Maria. Juan Pedro se
volvió a casar con una viuda que tenía
dos hijos.
La madrastra quería poco a Juanico.
Apenas le alimentaba; le daba grandes
golpes; le encerraba largas horas en las
falsas de la casa. Entonces fué cuando
Juan Pedro comenzó a beber. Todas las
faenas de la casa andaban descuidadas.
El amo, que vivía en Madrid, se arruinó;
los Prietos pasaron a otro dueño. El nuevo propietario despidió a Juan Pedro.
Juan Pedro se fué a vivir al pueblo; trabajaba muy poco; un año después murió
y Juanico quedó con la madrastra en
compañía de sus dos hermanastros. A
los ocho años Juanico no daba señal ninguna de inteligencia; no lo llevaban a la
escuela; no aprendía a leer ni escribir•
"Es muy bruto este chico", decían: "¡Jesús, qué zagal más porro!", exclamaban.
J uanico recibía más golpes que antes y

JU.AN EL DE JUAN PEDRO

13

apenas comía nada. Era alto, escuálido,
moreno, feucho, pero tenía unos ojos anchos, unos ojos melancólicos, unos ojos
luminosos. A los doce años Juanico entró
a servir en una casa de labranza; era el
guadapero que llevaba la comida a los
jornaleros que estaban labrando lejos;
hacía las faenas más rudas; soportaba
las bromas más brutales y feroces de los
mozos de la casa. Una noche de San
Jpan, por divertirse, los labriegos comenzaron a mantearlo; una de las veces que
1o lanzaron por el aire cayó al suelo y se
rompió una pierna. Estuvo dos meses en
una cuadra, acostado sobre un montón
de paja, curándose la fractura. Cuando
ntuvo un poco bien, cuando ya podía
andar y moverse de un lado para otro,
ocupándose en las faenas de la casa, se
cometi6 un robo en la labor.· del cajón
del mayoral o encargado quitaron unas
monedas. Juanico no sabía nada del robo; pero lo 11evaron al pueblo y lo tuvieron tres meses en la cárcel.
La mujer del carcelero se compadeció
de Juaoico, el preso no daba nada ,pe

�14

AZORÍN

hace!", no decía nada, no se quejaba nunca. Dos hijos del carcelero cayeron enfermos de viruela. Como Juanico inspiraba
confianza a todos,_ andaba por la casa
del alcaide de la prisión y hacía todos los
menesteres de ella; dur.ante la enferme·
dad de los dos chicos él no se separó jamás de su cama. Los atendía, les daba
las medicinas; vela ha todas las noches,
sin dormir una hora, junto a ellos.
Al ponerle en libertad , Juanico no sabía lo que hacer. Buscó trabajo, entró a
servir en una casa de Villa_rrobledo y allt
estuvo ocupado en labrar seis años la
tierra.
Como las cosechas iban mal, el propietario de la finca hizo reducción en e1 personal; Juanico no tenía mujer ni hijos; él
fue el que se quedó sin trabajo. Anduvo
durante algunos meses por los caminos,
durmiendo en las afueras de los pueblos,
comiendo los mendrugos que le daban de
limosna. Un día encontró en una carretera a un grupo de labriegos que se mar·
chaba a un puerto de mar. Le dijeron
que se fuera con ellos y él comenzó a ca-

JUAN EL DE JUAN PEDRO

15

minar en su compañía. Doce años estuvo
fuera de España, en América.
Cuando volvió a la Mancha todo estaba lo mismo. Juanico era también el mismo de antes. No tenía a nadie en el
mundo, ni tenía nada. Pidió trabajo en
algunas labores y labró las tierras. Un
matrimonio de jornaleros Je da b.a albergue en su ca~a; J uanico les retribuía con
lo que ganabá. En 1885 se extendió el
cólera por España. Juanico estaba entonces en Criptana; las familias pudientes del pueblo se ausentaron. Se suspendieron o redujeron a lo indispensable los
trabajos del campo. Juanico se quedó desocupado. En Criptana él entraba en las
casas de los coléricos; ayudaba a los médicos; se acostaba en la misma cama de
loe enfermos para hacerlos reaccionar.
Uno de los médicos se compadeció de él y
le dió trabajp en una ficca suya.
Tenía Juan el de Juan Pedro entonces
cerca de cuarenta años; era tan delgada
Y estaba tan pá lido como cuando adolesCfflte. Se levanta ba a las cuatro de la
mañana; sacaba de la cuadra la yunta;

�16

JUAN EL DE JUAN PEDRO

AZOBLN

aparejaba las mulas y se marchaba con
ellas a las tierras que tenía que labrar.
Todo el día, de la mañana a la noche, lo
pasaba en la inmensa llanura abriendo
surcos simétricos, larguísimos, paralelos.
Unas picazas revolaban en el cielo .azul;
otras yuntas caminaban lenta~, muy lentas allá a lo lejos. Al anochecer, cuando
el sol hacía rato que se había puesto,
Juanico volvía a la labor. Cenaba enton-ces con los demás jornaleros y se acostaba.
Al cabo de estar siete años en la hacienda del médico, cuando murió el propietario y la finca fúé dividida entre los
bertderos, Juanico volvió a quedar sin
trabajo. Ya entonc:es estaba más pálido
y más delgado que nunca. Apenas tenía
fuerzas; le daban de cuando en cuando
unos profundos desmayos. Se encontró
sin trabajo y no supo qué hacer ni dónde
ir. Comenzó a andar por los caminos;
eran sus compañeros las avecicas del cielo y los canes perdidos. Llevaba un zurrón a la espalda y en él metía los
mendrugos que le daban. Un perro va ga-

17

hundo y extenuado, con unos ojos brillantes, se incor por ó a él y no le dej ab a
en sus cami nat as.
Juanico le cobró cariño y juntos comían el pan que recogían de puerta en
puerta. Como hacía mucho tiempo- desde niño- que no había estado en los P rietos, y como n o tenía que hacer nada, un
día se le ocurrió ir allá a ver si la casa estaba lo mismo que antes. Era en invierno; llegó a los P r ietos al anochecer de un
día crudísimo, en que había estado nevando. Juanico conversó un rato con el
encargado de la casa y le pidió albergue.
Le indicaron un cobertizo lleno de estiér-·
col. J uanico se acostó en el muladar. A la
mañana siguiente lo encont raron muerto; junto a él, se atado en dos patas, con
la cabeza le vant a da al cielo, estaba aullando el perrit o .
(Espafia)

�EL MAR

EL MAR
Un poeta que vivía junto al Mediterráneo, ha plaiíido a Castilla porque no
puede ver el mar. Hace siete siglos, otro
poeta-----el autor del Poema del Cid-llevaba a la mujer y a las hijas de Rodrigo
Díaz desde,el corazón de Castilla a Valencia; allí, desde una torre, los hacía
contemplar - seguramente por primera
vez-el mar.
Miran Va/enria como iaze la , ibdad,
E del otra parte a oio han el mar

No puede ver el mar la solitaria y melancólica Castilla. ~stá muy lejos el mar
de estas campiñas llanas, rasas, yermas,
polvorientas; de estos barrancales pedregosos; de estos terrazgos rojizos, en que
los aluviones torrenciales han abierto
hondas mellas; de estas quiebras aceradas y abruptas de las montañas; de estos mansos alcores y terreros, desde
donde se divisa un caminito que va en

19

zigzags hasta un riachuelo. Las auras
marinas no llt:gan hasta estos poblados
párdos, de casuchas deleznables, que tienen un bosquecillo de chopos junto al
tjido. Desde la ventanita de este sobrado,
~n lo alto de la casa, no se ve la extensión azul y vagorosa: se columbra allá
en una colina una ermita con los cipreses rígidos, negros, a los lados, que destacan sobre el cielo límpido. A. esta olmeda, que se abre a la salida de la vieja
ciudad, no llega el rumor rítmico y ronco
del oleaje: llega en el silencio de la mañana, en la paz azul del mediodía, el cacareo metálico, largo, de un gallo, el golpear sobre el yunque de una herrería.
Estos labriegos secos, de faces polvorientas, cetrinas, no contemplan el mar: ven
la llanada de las mieses; miran, sin verla,
la largura monótona de les surcos en los ·
bancales. Estas viejecitas de luto, con sus.
manos pajizas, sarmento~as, no encienden, cuando llega el crepúsculo, una luz.
ante la imagen de una Virgen que vela.
por los que salen en las barcas: van por·
las calleja s pinas y tortuosas a las nove-

�20

AZORÍN

nas, miran al cielo en los días borrascosos y piden, juntando sus manos, no que
se aplaquen las olas, sino que las n ubes
no despidan granizos asoladores.
No puede ver el mar la viej a Castilla :
Castilla, con sus vetustas ciudades, sus
catedrales, sus conventos, sus callejuelas
llenas de mercaderes, sus jardines encerrados en los palacios, sus torres con
chapiteles de pizarra, sus caminos ama·
ríllentos y sin uoso~, sus fonditas destartaladas, sus hidalgos que no hacen nada ,
sus muchachas q_ue van a pasear a la s
estaciones, sus clérigos con los balandranes v::erdosos, sus abogados - muchos
abogados, infinitos abogados-que todo
lo sutilizan, enredan y confunden . P uesto
que desde esta ventanita del sobrado n o
se puede ver el mar, d~jad que aquí, en la
vieja ciudad cast ellana, evoquemos el
mar. Todo está en silencio: a llá en una
~ra del pueblo se levanta u na t enue polvoreda; luego, más lejos, apa rece la sie-rra baja, hosca; sin á rboles, sin viviendas. ¿C6mo es el mar? ¿Qué dice el mar?
¿Qué se hace en el mar? Recordemos, co-

EL MAR

21

mo primera visión, las playas largas, doradas y solita rias; una faja de verdura
se extiende, dentro, en la tierra, paralela
al mar; el ma r se a leja inmenso, azul, verdoso, pa rdo, hacia la inmensidad; una
banda de nubecilla s redondeadas parece
posa-rse sobre el agua en la línea remotísima del horizonte. Nada turba el pano...
rama. La suave arena se &amp;leja a un lado
Y a otro hasta tocar en dos brazos de
tierra que se internan en el agua; las olas
vienen blandamente a deshacerse en la
arena ; pa sa en lo alto, sobre el cielo azul,
una gaviota.

* * *
Cambiamos de evocaci6n. No estamos
ya de día junto al mar. Ahora es de noche; el pobla do está remoto; apenas si se
percibe una lucecita en la lejanía. El mar
se halla frente a nosotros; no Je vemos
a~enas; sabemos que aquí, a nuestros
pies, en lo hondo de este acantilado co.
'
~1enza la extensión infinita. Pero percibimos el rumor ronco, incesante, de las
olas que se estreUa n contra las peñas. En .
la negrura del firmamento brillan luce-

�22

.AZORÍN

ros. Pasarán siglos, pasarán centenares
de siglos: estas estrellas enviarán sus
parpadeos de luz a la tierra; estas aguas
mugidoras chocarán espumajeantes en
las rocas: la-noche pondrá su obscuridad
en el mar, en t:I cielo, en la tierra.· Y otro
hombre, en la sucesión perenne del tiempo, escuchará absorto, como nosotros
ahora, el rumor de las olas y contemplará las luminarias eternas de los cielos.
En la noche,juoto al mar, e~ también visión profunda, henchida de emoción, la
de los faros: faros que se levantan en la
costa sobre una colina; faros construídos
sobre un acantilado; faros que surgen,
mar adentro, por encima de las aguas,
asentados eo un arrecife batido por las
olas. En la noche, los faros nos muestran
su ojo luminoso, ya permanente, ya con
intermitencias de luz y obscuración ¿Qué
ojos verán desde la inmensidad negra
esos parpadeos? ¿Qué sensaciones deepertarán en quienes caminan de la tierra
nativa hacia lejanos países?
* * *
De la noche, tornemos otra vez al mediodía radiante. Ya no paseamos sobre

ELM.A.R

23

la arena de una suave playa. Nos hallamos en lo alto de una montaña;sus lade-

ras son suaves y gayas de verdura. Lejos
está el tráfago y la febrilidad de la urbe;
hemos escapado a nuestras inquietudes
diarias. Gozamos de este mundo de paz
y de mar ancho. Inmenso se despliega
ante nuestra mirada: no es el claro Mediterráneo, es el turbulento y misterioso
Atlántico. Las laderas del monte acaban
en unos peñascales; una aguda restinga
ae destaca de la costa y entra en el mar;
las olas corren sobre su lomo, van, vienen, hierven, se deshacen en nítidos espumarajos. Ese movimiento tumultuoso se
presenta a nuestro ojos contrastando
con la quietud, la inmovilidad del mar
allá en la lejanía. Su color es vario a trechos: azulado, terroso, verde, pardo,
glauco; una banda de color de acero divide un vasto manchón azul. Allá en los
confines del horizonte apareceun puntito
que va dejando detrá.s de sí, en el cielo,
un rastro negro. Al cabo de un minuto
ha desaparecido; las olas, al pie de la
montaña, se encrespan, chocan con las
rocas, se deshacen en blanca espuma.

�24

EL M.A.R

.A.ZORÍN

Y traídas por estas evocaciones surgen
otras. Vemos los puertos populosos cuajados de barcos de todos los tamaños y
de todas las naciones, con el boscaje de
sus velámenes, cou las proas tajantes,
con las recias chimeneas; en el ambiente
se respira un grato olor a brea; van y
vienen por los muelles hileras de carros;
rechinan las grúas y las gruesas cadenas
de hierro. Un vapor se mueve lentamente
hacia el mar libre; resuenan tres espaciados toques de sirena; un rato después
el barco se pierde a lo lejos, entre el cielo
y el mar. Vemos las calas plácidas y los
surgideros tranquilos de los pequeños
pueblos; los freos o canales angostos,
que penetran entre dos montañas tierra
adentro; los médanos o bancos de a rena,
que se dilatan en suaves veriles hasta
perderse bajo el agua límpida, transparente; las mañanas turbias en que todo
es gris; el cielo, las aguas, la tierra, y en
que nuestro espíritu se hinche de grises
añoranzas; los días de furibundas tormentas-tan soberbiamente pintadas por

25

Ercilla-en que el vendaba! dobla los árboles de las colinas, salta el agua sobre
los acantilados, se abren profundos senos, súbitamente, en el mar, se levantan
las aguas a increíbles alturas, baten las
olas, bajo un cielo negro, los a·rrecifes de
la costa.
.. . las hinchadas olas rebramaban
en las vecinas rocas quebrantadas.

* .. *
Pero nuestras evocaciones han termi~
nado; desde las lejanas costas v olvemos
a la vieja ciudad castellana. Por la ventanita de este sobrado columbramos la
llanura árida, polvorienta;el aire es seco,
caliginoso. Suenan las campanadas lentas de un convento. Castilla no puede
ver el mar.
(Castilla.)

�LOS FERROCARRILES

LOS FERROCARRILES
¿Cómo han visto los españoles los primeros ferrocarriles europeos? En España
los primeros ferrocarriles construídos fueron: el de Barcelona a Mataró, en 1848;
el de Madrid~ Aranjuez, en 1851. Años
antes de inaugurarse esos nuevos y sorprendentes caminos habían viajado por
Francia, Bélgica e Inglaterra algunos escritores españoles; en los relatos de sus
viajes nos contaron sus impresiones respecto de los ferrocarriles. Publicó Mesonero Romanos sus Recuerdos de viaje por
Francia y Bélgica, en 1841; al año siguiente aparecía el segundo volumen de
los Viajes de Fray Gerundio. Más detenida y sistemáti~amente habla Lafuente
que Mesonero de los ferrocarriles.
D. Modesto Lafuente fué periodista humorístico e historiador; nació en 1806 y

27

murió en 1866. Compuso la Historia de
España que todos conocemos; hizo largas y ruidosas campañas como escritor
satírico. Acarreóle una de sus sátiras, en
1814, una violenta agresión de D. Juan
Prim~entonces Coronel-; vemos un caluroso aplauso a esa agresión en el número VI de la revista El Pensamiento.
D. Miguel de los Santos Alvarez dirigía
esa publicación; colaboraban en ella Espronceda, Enrique Gil, García y Tassara,
Ros de Olano. Rehusó Lafoente batirse
con Prim; negóse a responder al sentimiento tradicional del honor. "Las injurias personales-decía El Pensamiento-,
en todos los países, personalmente se
ventilan. España, esta tierra clásica del
valor y de la hidalguía, ¿desmentiría con
su fallo su noble carácter?'' "¿Se asociaría -añade el anónimo articulista- al
cobarde que acude a los Tribunales en
lugar de acudir a donde le llama su
honor?"
Un escritor que de tal modo rompía
con uno de los más hondos. y transcendentales aspectos de la tradición había

�28

AZORÍN

de ser el primero que más por extenso y
entusiastamente nos hablase de los ferrocarrile~: es decir, de un medio de transporte que venía a revolucionar las relaciones humanas. Fray Gerundio viaja,
brujulea, corretea por Francia, por. Bélgica, por Holanda, por las orillas del
Rhin; lo ve todo; quiere escudriñarlo y
revolverlo todo. Observa las ciudades,
los caminos, las viejas y pesadas diligencias, los P arlamentos, las tiendas, las calles, los yantares privativos de cada peís,
Su charla es ligera, aturdida, amena;
aguda y exacta a trechos. Lafuente se
reservó su llega da a Bélgica para tratar
de los caminos de hierro, "por ser Bélgica el país en que los caminos de hierro
están más generalizados y acondicionados". Minuciosamente va haciendo nuest ro autor una descripción de los ferroca·
rdles.
"No todos los españoles -dice Lafuente-, por lo que en muchas conversaciones he oído y observado, tienen una idea
exacta de la forma material de los caminos de hierro." De la construcción de la

LOS FERROCARRILES

29

línea, de los túneles, de los viaductos, de
las estaciones, de los coches, nos habla
Fray Gerundio con toda clase de detalles. No nos detengamos en ellos; el tren
va a partir; subamos a nuestro vagón.
"El humo de carbón de piedra que saliendo del cañón de la máquina locomotiva
de bronce obscurece y se es¡.,arce por la
atmósfera, anuncia la proximidad de la
partida del convoy." Han unido ya a la
máquina diez, quince, veinte coches. Se
clasifican los carruajes en tres categorías:
las diligencias o berlinas, los coches o
char-á-bancs y los vagones. Las berlinas
constan de 26 ó 28 asientos, cómodos,
mullidos; divídense en tres departamentos que se comunican por puertecillas.
Los char-á-bancs constan de una sola di-visión y son de cabida de 30 personas.
Los vagones van abiertos y sirven "para
las gentes de menos fortuna y para las
mercancías." Han sonado unos persistentes toques de campana. Suben los viajeros a sus respectivos coches. Un dependiente que va en el último vagón del tren
-toca una trompeta; contesta con otro

�30

AZORÍN

trompetazo otro empleado situado a la
cabeza del con voy. Y el tren se pone en
marcha. Poco a poco el movimiento se
va acelerando. "Los objetos desaparecen
como por ensalmo". Conviene que el viajero no mire el paisaje que se desliza junto al vagón, sino a lo lejos. Si se mira a
los lados no fe verá "más que unR cinta
que forma,y se irá la cabeza fácilmente."
Mesonero habla también de la rapidez
con que desaparecen de la vista los objetos cercanos, y dice que por esto "es conveniente fijarla en la lontananza, o, por
mejor decir, no fijarla en ninguna parte."
La celeridad con que se marcha es de
ocho a diez leguas por hora. "Recuerdo
-escribe Mesonero-haber hecho en una
hora y dos minutos la travesía desde
Brujas a Gante, que son doce leguas."
En 1840, cuando Lafuente y Mesonero
observaban los ferrocarriles extranjeros,
ya corría un trenenCuba,entre la Habana y Güines. Nos habla de ese ferrocarril
el desbaratado romántico donJacinto de
Salas y Quiroga, el amigo de Larra y de
Espronceda, en el primer tomo ?e sus

LOS FERROCAR.RILES

31

Viajes-dedicado a la Isla de Cuba-publicado en el citado año. Un solo viaje
hacía diariamente ese treo de la Habana
a Güines; cuarenta y cuatro millas era el
recorrido. "Desde luego-dice Salas-noté menor velocidad que la que otras veces había experimentado en Inglaterra."
"Apenas andábamos -añade-cuatro leguas españolas por hora." Al llegar Salas y Quiroga a Cuba, y al contemplar el
destartalamiento de las fondas y la incomodidad de las ciudades, junto con el camino de hierro,. en extraño y clamador
contraste, recordó una frase de un famo10 amigo suyo. ''Vino naturalmente a la
memoria-escribe-aquel célebre dicho de
mi amigo Larra: En esta casa st: sirve el
café antes que la sopa.''

* * *
Pero continuemos nuestro viaJe en el
ferrocarril belga, acompañados de Fray
Gerundio. Nada más ·cómodo que viajar
en el tren. No hay temor, como algunos
aseguran, de dificultad o ahogo en la respiración. El movimiento es suave: "una

�32

AZORÍN

especie de movimiento trémulo y vibratorio." Se puede ir hablando, jugando o
leyendo; a lgunas veces los empleados van
escribiendo en un coche destinado a oficina. Una muchedumbre de viajeros llena
los trenes y circula por todos los caminos. Las gentes se encuentran en los caminos con la misma frecuencia que en las
calles de París, de Londres "y a un de
Madrid ." Toda Bélgica es una gran ciudad. Todo el mundo viaja con una facilidad extraordinaria. Fr.:-cuentemente se
ve a una linda j oven, •'elegantemente
vestida", penetrar en un coche del tren.
Aun estando el carn.iaje lleno de hombres, no h'ly miedo de que nadie se desmande ni haga ni diga nada que pueda
ofender o ruborizar a la viojera. "Lo que
es un CUS') igual-escribe Lafuente-sucedería en España lo puede suponer el curioso lector." De pron to el tren entra en
un largo y elevado viaducto."Espectáculo raro'' es entonces ver el rápido convoy
marcha r por encima de los carruajes que
allá abajo pasan por los arcos del puente. Otras veces el tren penetra en un tú-

LOS FERROCARRILES

33

nel. "Imponente" es ese momento. El
ruido de la máquina junto con el estrépíto de los coches resuena h6rridamente
bajo la bóveda; s6lo acá y allá una lucecita rompe la densa obscuridad; pasan
veloces en las tinieblas, rasgándolas, las
chispas y carbones desprendidos de la
máquina ... Y bruscamente, aparecen de
nuevo la luz, el paisaje, el campo ancho
y libre. ¿Qué sensadones más gratas,
más artísticas que éstas? Mesonero Romanos protestaba contra los "señores
poetas" que, existiendo el ~•asombroso
espectáculo" de los caminos de hierro,
afirman que, "el siglo actual carece de
poesía". Describe Mesonero la poesía de
loe caminos de hierro en sus diversas faees, ya de día, ya durante la noche.
Encantaba ese espectáculo también a
Lafuente. "Magnífico y sorprendente
cuadro-escribe-; mil veces aún más interesante y más poético cuando se pretencia en horas avanzadas de una noche
obscura.'' Sí; tienen una profunda poesía
los caminos de hierro. La tienen las anchas, inmensas estaciones de las grandes

�34

AZORÍN

urbes, con su ir y venir incesante-vaivén
eterno de la vida-de multitud de trenes;
los silba tos agudos de las locomotoras
que repercuten bajo las vastas bóvedas
de cristales; el barbotar clamoroso del
vapor en las calderas; el zurrir estridente'
de las carretillas; el tráfago de la muchedumbre; el llegar raudo, impetuoso, de
los veloces expresos; el formar pausado
de los larg0s y brillantes vagones de los
trenes de lujo: que han de partir un momento desf.)qés; el adiós de una despedida
inquietant~,; que no sabemos qué misterio doloroso ba de llevar en sí; el alejarse
de un treo hacia las campiñas lejanas Y·
~alladas, hacia los mares azules. Tienen
poesía las pequeñas estaciones en que un
tren lento se detiene largamente, en una
mañana abrasadora de verano; el sol lo
llena todo y ciega las lejanías; todo es
silencio; unos pájaros pían en las acacia•
que hay frente a la estación; por la ca•
rretera polvorienta, solitaria, se aleja un
carricoch~, hacia el poblado que destaca
con su campanario agudo, techado de
negruzca pizarra. Tienen poesía esas

LOS FERROCARRILES

35

otras estaciones cercanas a viejas ciudades, a las que en las tardes del domingo,
durante el crepúsculo, salen a pasear las
muchachas y van devaneando )entamen-'
te a lo largo del andén, cogidas de los
brazos, escudriñando curiosamente la
gente de los coches. Tiene, en fin, poesía,
la llegada del treo, allá de madrugada, a
una estación de capital de provincia; pa~
sado el primer momento de arribo, acomodados los viajeros que esperaban,• e}
silencio, un profundo silencio, ha tornado a hacerse en la estación; se escucha e}
resoplar de la locomotora; suena una·
larga voz; el tren se pone otra vez en
marcha; y allá a lo lejos, en la obscuridad de la noche, en estas horas densas
profundas, de la madrugada, se colum-'
bra el parpadeo tenue, misterioso, de las
lattcitas que brillan en la ciudad dormí~
da: una ciudad vieja, con callejuelas estrechas, con una ancha catcdral,con una
fonda· destartalada, en la que ahora, sacando de su modorra a l mozo, va a entrar un viajero recién llegado, mientras
nosotros nos alejamos en el tren, por la

�36

AZORÍN

LOS FERROCilRILES

campiña negra, contemplando el titileo
de esas lucecitas que se pierden y surgen
de nuevo, que acaban por desaparecer
definitivamente.

rro, y especialmente la del novísimo de
Madrid a Aranjuez. El autor canta entutiasmado las ventajas de los nuevos caminos. Sus resultti.dos serán incalculables
para las relaciones internacionales y para
el bienestar de los pueblos. "A los caminos de hierro-dice el autor-deberemos
los que hasta aquí no han podido conseguir ni los más profundos filósofos ni los
diplomáticos más hábiles." Cuando en
una semana se pueda recorrer toda Europa, conoceránse mejor los nacionales
de todos los países, podrán unirse todos
con otros vínculos distintos de los de
una falaz diplomacia. Se establecer{l entre todos una mancomunidad indisoluble de intereses, ideas y simpatías. "En
fin-termina el autor-, será tan diñcil
hacer la guerra como es hoy mantenerse
en la paz; y los pueblos, tendiéndose las
manos, serán felices merced a los caminos de hierro."
No podíau sospechar el ingeniero inglés
y el escritor español-así como todos los
que hablaban en el mismo sentido allá
en el alborear de los caminos de hierro-.

* * *

En 1846 se publicó en Londres un libro
titulado Railways; tbeir rise, progress
and coastruction; with remarks on railway accidents and proposals for their
prevention. Su autor es el ingeniero Robert Ritchie. No podría encontrarse,
para su época, uo tratado más completo
sobre ferrocarriles. "Los ferrocarriles
-escribe Ritchie-removerán los prejuicios y harán que unos a otros se conoz•
can mejor los miembros de la gran fami•
lia humana; tenderán así a promover la
civilización y a mantener la paz del
mundo." Cinco años después, en 1851,
el mismo año en que se inauguraba el ferrocarril de Madrid a Aranjuez, se publicaba una Guía de esta última ciudad; la
publicaba Francisco Nard. Lleva ·como
apéndice esta Guía-dedicada a los viajeros del ferrocarril-un apéndice en que
se hace la historia de los caminos de hie-

37

�1.

38

A.ZORÍN

no podían sospechar, al hacer a los ferrocar riles propagadores de la paz universal, el alcance qe sus palabras: alcance
en sentido opuesto, negativo. Cuando
ante el amago de una guerra-dice h oy
el proletariado internaéional- podamo~
hacer que cesen de m archar los trenes,
la paz del mundo será un heeho. Los ferrocarriles será n la pa z.
( Castilla.)

L AS NUBES
Ca listo y Melibea se casaron - como
sabrá el iectór, si ha leído La Celestinaa pocos días de ser descubiertas las rebozadas entrevistas que tenían en el jardín.
Se enamoró Calisto de la que después
había de ser su mujer un día en que entró en la huerta de Melibea persiguíendo
un halcón. Hace de f'Sfo diez y ocho
años. Veintitrés tenía entonces Calisto.
iven ahora marido y mujer en la casa
solariega de Melibea; una hija les nació
que lleva, como su abuela , el nombre de
Alisa. Desde la ancha solana que está a
la parte trasera de la casa se a ba rca toda la huerta en que Melibea y Calisto
pasaban sus dulces coloquios de amdr.
La casa es ancha y rica; labra da escalera
de piedra arranca de lo hondo del zaguán. Luego, arriba, hay salones v astos,
apartadas y silenciosas camarillas, corredores penumbrosos, con u na puert eci-

�40

AZOBiN

LAS NUBES

lla de cuarterones en el fondo, que-como
en Las Meninas, de Velázquez-deja ver
un pedazo de luminoso patio. Un tapiz
de verdes ramas y piñas gualdas sobre
fondo bermejo cubre el piso del sal6a
principal: el salón, donde en cojines de
seda, puestos en tierra, se sientan las damas. Acá y allá destacalf:&gt; silloncitos de
cadera, guarnecidos de cuero rojo, o sillas de tijera con embutidos mudejara;
un contador con cajonería de pintada y
estofada talla, guarda papeles y joya;
en el centro de la estancia, sobre la mel&amp;
de nogal, .con las patas y las chambra·
nas talladas, con fiadores de forjado hierro, reposa un lindo juego de ajedrez coa
embutidos de marfil, nácar y plata; en el
alinde de un ancho espejo refléjanse las
figuras aguileñas, sobre fondo de oro, de
una tabla colgada en la pared frontera.
Todo es paz y silencio en la casa. Melibea anda pasito por cámaras y corredores. Lo observa todo; ocurre a todo. Lol
armarios están repletos de nítida y hice
oliente ropa-aromada por gruesos mem•
brillos-. En la despensa un rayo de aol

hace fulgir la ringla de panzudas y vi-

41

driadas orcitas tala veranas. En la cocina son espejos los artefactos y cacharros

de azófar que en la espetera cuelgan, y
loa cántaros y alcarrazas obrados por la
mano de curioso alcaller en los alfares
~inos, muestran, bien ordenados, su
vientre redondo, limpio y rezumante. Todo lo previene y a todo ocurre la diligente
Melibea; en todo pone sus dulces ojos
verdes. De tarde en tarde, en el silencio
de la casa, se escucha el lánguido y melodioso son de un clavicordio: es Alisa
que tañe. Otras veces, por los viales de
la huerta, se ve escabullirse calladamente la figura alta y esbelta de una moza:
es Alisa que pasea entre los árboles.
La huerta es amena y frondosa. Crecen las adelfas a par de los jazmineros;
al pie de los cipreses inmutables ponen
loe rosales la ofrenda fugaz-como la vida-de sus rosas amarillas, blancas y
bermejas. Tres colores llenan los ojos en
el jardín: el azul intenso del cielo, el blauco de las paredes encaladas y el verde
del boscaje. En el silencio se oye-a

�42

.AZORÍN"

igual de un diamante sobre u n cristalel chiar de las golondrinas, que cruzan
r a udas sobre el añil del firmament o. De
la taza de mármol de una fuente cae deehilachada, en una franja, el agua. En
el aire se respira un penetrante a roma
de jazmines, rosas y magnolias. " Ven
por Ias paredes de mi b uerto", le dijo
d ulcemente Melibea a Calisto hace dia
y ocho años.

* * *
Ca listo está en el solejar, sent ado
jun to a uno de los balcones. Tiene el
cod o puesto en el brazo del sillón, y
la mejilla reclinada en la mano. Hay ea
su casa bellos cuadros; cuando siente
apetencia de música, su hija Alisa le~
gala con dulces melodías; si de poesía
siente ganas, en su librería puede coger
los más delicados poetas de España e
Italia. Le adoran en la ciudad; le cuidaá
las manos solícitas de Melibea; ve contin uada su estirpe, si no en un varón , at
menos, por ahora, en una linda moza,
de viva inteligencia y bondadoso cora•
zón. Y, sin embargo, Calisto se halla.

LAS NUBES

43

absort o, con la cabeza reclinada en la
mano. Juan Ruiz, el arcipreste de Hita,
ha escrito en !é' U libro :
. rl &lt;rei l,1 fa rilla
Que dis: Por lo pasado no e,tés mano en mejilla.

. No t iene Calisto nada que sentir del
pasado; pasado y µresentt: están para
El al mismo rasero de bienanclanza. Nada puede conturbarle ni entri\,tecerle:
Y, sin embargo, Cali\,to, puesta en la
mano la mejilia, mira pasar a lo ltjos,
aobre el cido azul, las nubes.
Las nubes nos dan una sen~ación de
ine~tabilidad y de eternidad. Las nubes
100-como el mar-siempre varias y
siempre las mismas. Sentimos mirándolas cómo nuestro ser y todas las cosas
corren hacia la nada, en tanto que ellas
-tan fugitivas-permanecen eternas. A
estas nubes que ahóra miramos, las miraron hace doscientos. quinientos, milr
tres mil años, otros hombres con las
mismas pasiones y las mismas ansias
que nosotr os. Cuando queremos t ener
aprisionado el tiempo-en un momento
de ventura-vemos que han pasado ya
ICIDanas, meses, años. Las nubes, sin

�44

AZOBÍN

embargo, que son siempre distintas, en
todo momento, todos los días, van caminando por el cielo. Hay nubes redondas, henchidas, de un blanco brillante,
que destacan en las mañanas de primavera sobre los cielos translúcidos. ·Las
hay como cendales tenues, q·u e se perfilan en un fondo lechoso. Las hay grises
sobre una lejanía gris. Las hay de carmín y de oro en los ocásos inacabables,
profundamente melancólicos, de las llanuras. Las hay como velloncitos iguales
é innumerables, que dejan ver por entre
algún claro un pedazo de cielo azul.
Unas marchan lentas, pausadas; otras
pasan rápidamente. Algunas, de color
de ceniza, cuando cubren todo el firmamento, dejan caer sobre la. tierra una
luz opaca, tamizada, gris, que pre!"ta su
encanto a los paisajes otoñales.
Siglos ~espués de este día en que Calisto está con la mano en lu mejilla, un
gran poeta-Campoamor-habrá de dedicar a las nubes un canto en uno de sus
poemas titulado "Colón". Las nubes
-dice el poeta-nos ofrecen el espectáculo de la vida. La existencia, ¿ qué es sino
un juego de nubes? Diríase que las nu-

LAS NUBES

45

bes son "ideas •que el viento ha conden•
sado"; ellas se nos representan como un
"traslado del insondable porvenir".
"Vivir-escribe el poeta-es ver pasar".
Sí; vivir es ver pasar: ver pasar allá en
lo alto, las nubes. Mejor diríamos: vivir es ver volver. Es ver volver todo en
un retorno perdurable, eterno; ver volver todo-angustias, alegrías, esperanzas-como esas pubes que son siempre
distintas y siempre las mismas, como
esas nubes fugaces e inmutables.
Las nubes son la imagen del Tiempo.
¿Habrá sensación más trágica que aquella de quien sienta el Tiempo, la de quien
vea ya en el presente el pasado y en el
pasado lo por venir?

* * *
En el jardín, lleno de silenci9, se escucha el chiar de las rápidas golondrinas.
El agua de la fuente cae deshilachada
por el tazón de mármol. Al pie de los
cipreses se abren las rosas fugaces, blancas, amarillas, bermejas. Un denso aroma de jazmines y magnolias embalsama
el aire. Sobre las paredes de nítida cal
resalta el verde de la fronda ; por encima
del verde y del blanco, se ex.tiende el añil

�.AZORÍN

46

del cielo. Alisa se halla en el jardín, sen•
tada con un libro en la mano. Sus me•
nudos pies asoman por debajo de ll:!, falda de fino contray; están cal:tados con
chapines de terciopelo negro, adornados
con rapacejos y clavetes de· bruñida plata. Los ojos de Alisa son verdes, como
los de su madre; el rostro, más bien a lar.:
gado que redondo. ¿Quién podría contar
la nitidez y sedosidad de sus manos?
Pues de la dulzura de su habla, ¿cuánt os
loores no podríamos decir?
En el jardtn todo es silencio y paz. En
lo alto de la solana, recostado sobre la
barandilla, Calisto contempla extático
a su hija. De pronto, un halcón aparece
revolando rápida y violentamente pot:
entre los árboles. Tras él, persiguiéndole, todo agitado y descompuesto, surge
un mancebo. Al llegar frente a Alisa, se
detiene absorto, sonríe y comienza a ha•
b larla.
Calisto lo ve desde el carasol y adivina sus palabras. Unas nubes redondas,
blancas, pasan lentamente, sobre el cielo azul, en la lejanía.
(C,,stilla,)

PRIMAVERA, MELANCOLIA, , ,
- Un amigo llega a mi casa después de
una larga correría por Europa.
_
- -Ahora- me dice-me marcho a ence~
rra r me en el pueblo. Y a lo conoce usted.,
Es un pueblo claro y silencioso de Levante. No quiero hablar con nadie ni
ver a nanie. Tengo una casa en los linderos de la ciudad. Tiene un jardín delante y un huerto detrás. Las habita~ones son espaciosas y ventiladas. En~
tra el sol a raudales en invierno. En ~eraoo corro las persianas, entorno las
maderas y reina en las estancias u n~
grat~ penumbra. En la primavera observo cómo la lu~ va cambiando; todas
las co_sas parece que sufren un profundo
c~mb10 al pasar del invierno al yerano.
~ o paseo en las mf ñaoas por el jardín y
~uerto. Me levanto t~mprano.
_Los gorriones de los árboles me des•
p1ertan con su_s gritos nerviosos. Los

�AZORIN

PllDLA VERA , ~( ELANCOl,ÍA . . .

conozco á todos. Oigo las campanas lejanas tocar a las primeras misas, Hay
en esta hora matinal una viveza y una
transparencia que no hay en las demás
horas del día. El aire parece de cristal;
las montañas remotas parecen de porcelana. Resuena una tos de un viejo labriego que pasa. Luego, las viejecitas vestidas de negro, con sus manos pajizas, discurren por las calles camino de la iglesia.
Salgo de casa y llego hasta la plaza del
pueblo. Hablo algunas palabras con los
viejos madrugadores. Los viejos parece
que esperan todos impacientes, ansiosos, la llegada de las primeras luces del
día. Inmediatamente que cla rea el cielo,
salen de sus casas y dan pequeños paseos por los soportales. Son viejos labriegos, viejos amigos de la tierra, que
han vivido toda su vida viendo colo
rearse el cielo con los resplandores del
alba. Son amigos de los gorriones mañaneros y de las campanas que tocan a
la primera misa. Tosen encorvándose y
tienen alg ún pronóstico para lo que ha
de ocurrir durante el día.

Cuando vuelvo a casa ya está todo en
orden y limpio. No tolero que den grandes y ruidosos golpes en los mueb!es.
Quiero que se limpie todo en silencio. Un
rayo de sol entra hast:l. la mesa en que
yo tomo mi des-iyuno. Respiro a plenos
pulmones el aire saturado de jazmines y
lilas. Una abeja, temprana, laboriosa,
viene ya diligente a esta hora hasta las
flores. Le corre prisa, mucha prisa, por
llevarse las patitas llenas de pegotes
amarillentos. Los cetonios panzudos y
dorados, todavía están durmiendo en el
seno sedoso de las rosas. Necesitan mucho sol; quieren que el aire esté muy pesado, muy denso. Hasfa q~e no promedie la mañana no saldrán de sus escondrijos y no revolotearán pesadamente
de un lado a otro. Mi can ha dado unas
vueltas por el jardín. Lo hace para que
yo no crea que descuida el primero de
sus deberes: la vigilancia . Sin embargo,
no vigila nada. Sa be él que nada ocurrirá, y después de andar por el jardín un
poco aburrido, vuelve a recostarse al
pie de la butaca en que yo leo.

48

40

�50

.A.ZORl ~

Los libros q_ue yo leo son sencillos . y
cla ros. Detesto los lib ros lar gos y confusos. Cua ndo h asta mí llega una ca rta
muy larga, no puedo entera rme de ella.
A los a migos y a los conocidos leja nos
les entero de mi vida en c~atro letras
menuditas y simétricas sobre un pa pel
blanco y sin brillo. No sé t ocar el piano;
pero teng0 una pianola y cerca de ella,
al alca nce de la mano, un -rimero de piezas de Beethoven, de Mozart y de Wa gner. En las paredes de mi casa no hay
ningún cuaclro al óleo; como no puedo
poseer grandes lienzos de Velázquez,
Veronés, Tiziano y Goya, tengo de ellos
hermosas fotografías. Me gustan, sobre
todo, Tiziano, Goya y Velázquez. Cuan·
do me canso de leer y escrib ir, me siento,
en una mecedora y do rmito frente a l jardín, lleno de aromas y de silencio.
Mi mesa es sobria No me gustan las
cesas complicadas. Cómo principalmen·
te vegetales y frutas . Me place conser·
var, des pués de levantarme de la mesa,
la sensación de no haber comido nada.
Para mí sería algo muy penoso el verme

51
obligado a tornar una cucharada de bicarb onato. Quiero ver la mesa limpia,
nítida; la crist a lería ha de relucir y brillar. Sobre el mantel pongo un haz de
rosas y de hierbas sil vestres. Amo todos
los hierbajos de la montaña: el romero,
la mejorana, la salvia, el cantueso. Me
t~aen una impresión que no me proporcionan las flores y plantas de los j a rdines; una impresión de soledad, de libertad , de fortaleza y de sinceridad.
Voy por las tardes a dar largos paseos por mis tierras. Converso con los
labriego~. Les pregunto mil cosas relativas a la la bra nza. Me cuentan la s impresiones de sus vidas : vidas vulgares
uniformes, en las cua les no ha ocurrid~
nunca nada. Si a lg uno ha pasado por
Ma drid pa ra ir a segar a tierras lejanas,
me dice lo que le h a pa recido Madrii
Beb o el agua fresca de los h onta na res
del mo nte. Observo entre los lentiscos
cómo tienen las silenciosas a rañas tendidas sus telas . Si levanto una pesada piedra, veo los glomeridos removerse molestados con la luz y con el ruido. En

�52

AZORÍN

algún remanso o estanquecontemplo los
girinos • dar vueltas y revueltas, trazar
sus círculos. Envidio a estos animalejoscuya misión se reduce a correr constan,
temente sobre el agua con sus pataslargas. Observo cómo riega·n los bancales
y los herreñales. Ver correr el agua por
las acequias y observar cómo la tierra
!&gt;edienta la recibe y se desposa con ella,
es una de mis mayores satisfacciones.
Después, cuando llega el crepúsculo,
permanezco absorto observando cómo
el cielo se va obscureciendo poco a poco
y cómo las cosas vuelven a su reposo
después de la lucha del día. Las estrellas
comienzan a destacarse en lo alto. Se
oye a lo lejos una canción larga y melancólica. Han callado los pájaros En
la lejana ciudad brillan las lucecitas
eléctricas. Cuando vuelvo al pueblo, si
a 1 pasar por alguna calle solitaria, oigo
las notas de algún piano que canta en el
crepúsculo alguna de esas músicas vieja•
y románticas-una música tocada por
algunas manos finas y blancas-siento
tristeza, una tenue e indefinible tristeza,

PRIMAVERA, MELANCOLÍA ..•

53

invadir mi espíritu. Dentro de doscientos, de trescientos años, otras notas tan
melancólicas como éstas, tan largas,
tan suaves, sonarán también en esta calle, en este crepúsculo. ¿ Quién las escuchará? ¿ Qué manos tristes y ensoñadoras las tocarán? ¿ Qué ensueños y que
melancolías suscitarán?
( Lecturas Espa,i olas)

�UNA LCCE( ITA ROJA

UNA LUCECITA ROJA
De los oios t&lt;111 fuale mintlrt lorú11do ....

Poema del Cid

Si queréis ir allá, a la casa del Henar,
salid del pueblo por la calle de Pellejeros, tomad el camino de los molinos de
Ibangrande, pasad junto a las casas de
Marañuela y luego comenzad a ascender
por la cuesta de Navalosa. En lo alto,
asentada en una ancha meseta, está la
casa. La rodean viejos olmos; dos cipreses elevan sobre la fronda sus cimas
rígidas, puntiagudas Hay largos y pom·
posos arriates en el jardín. Hay en la
verdura de los rosales, rosas bermejas,
rosas blancas, rosas amarillas. Desde
lo alto se descubre un vasto panorama:
ahí tenéis a la derech:i, sobre aqu ·lla
!omita redonda, la ermita de Nuestra
Señora del Pozo Viejo; más lejos, cierra
el horizonte una pincdada zarca de la
siei·ra; a la izquierda , un m:agador hace

55

serpenteos entre los recuestos y baja
hasta el río, a cuya margen, entre una
olmeda, aparecen las techumbres rojizas
de los molinos. Mirad al cielo: está limpio, radiante, azul; unas nubecillas blancas y redondas caminan ahora lentamente por su inmensa bóveda. Aquí en
la casa, las puertas están cerradas; las
ventanas están cerradas también. Tienen los cristales rotos y polvorientos.
Junto a un balcón hay una alcarraza
colgada . En el jardín, por los viales de
viejos árboles, avanzan las hierbas viciosas de los arriates. Crecen los ja?.mineros sobre los frutales; se empina una pa·
sionaria hasta las primeras ramas de
los cipreses y dl!sde allí deja caer flotando unos floridos festones.
Cuando la noche llega, la casa se va
sumiendo poco a poco en la penumbra.
Ni uoa luz ni un ruido. Los muros desaparecen esfumados en la negrura. A esta
hora , a llá abajo, ~e escucha un sordo,
formidable estruendo que dura un breve
momento. Entonces, casi inmediatamente, se ve una lucesita roja que aparece en

�•

56

.AZORÍN

la negrura de la noche y desaparece en seguida. Ya sabréis lu que es: es un tren
que todas las noche5, a esta hora, en este
momento, cruza el puente de hierro tendido sobre el ríu y luego se esconde tras
una loma.
.. * *
La casa ha abierto sus puertas y sus
ventanas. Vayamos desde el pueblo hasta las alturas del Henar. Salgamos por
la calle de Pellejeroi,;; luego tomemos el
camino de los molinos de Ibangrande;
después pasemos junto a las casas de
Marañuela; por último ascendamos por
la cuesta de Novalosa. El espectáculo
que descubramos desde arriba nos compensará de las fatigas del camino. Desde
arriba se ven lus bancales y las hazas
como mantos diminutos formados de
distintos retazos-retazos verdes de los
sembrados, retazos amarillos de los barbechos-. Se ven las 1.:himeneas de los caseríos humear. El río luce como una
cintita de plata. Las sendas de los montes suben y bajan, surgen y se esconden
como si estuvieran vivas. Si marcha un

UN.A LUCECITA ROJA

57

carro por un camino diríase que no a vanza, que está parado: lo miramos y lo miramos y siempre está en el mismo sitio.
La casa fstá animada. Viven en ella.
La habitan un señor, pálido, delgado,
con una barba gris, una señora y una
niña. Tiene el pelo flotante y de oro la
niña. Las hierbas que salían de los arriates sobre los caminejos hao sido cortadas. Sobre las mesas de la casa se ven
redondos y esponjados ramos de rosas:
rosas blancas, rosa·s bermejas, rosas
amarillas. Cuando sopla el aire, se ve en
los balcones abiertos cómo unas blancas, nítidas cortinas salen hacia afuera
formando como la vela abombada de un
barco. Todo es sencillo y bello en la casa. Ahora en las paredes, desnudas antes, se ven unas anchas fotografías, que
representan catedrales, ciudades, bosques,
jardines. Sobre la mesa de este hombre
delgado y pálido, destacan gruesas rimas de cuartillas y libros con cubiertas
amarillas, rojas y azules. Este hombre
todas las mañanas se encorva hacia la
mesa y va llenando con su letra chiquita

�58

UNA J,UCECITA BOJA

AZOBÍ~

las cuartillas. Cuando pasa así dos o
tres horas, entran la dama y la niña. La
niña pone suavemente su mano sobre la
cabeza de este hombre; él se yergue un
poco y entonces ve una dulce, ligeramen
te melancólica sonrisa en la cara de la
señora.
.
A la noche, todos salen al jardín. Mi·
rad qué diafanidad tiene el cielo. En d
cielo diáfano se perfilan las dos copas
agudas de los cipreses. Entre las dos copas fulge-verde y rojo-~n lucero. Los
rosales envían su fragancia suave a la
noche. Prestad atentos el oído: a esta
hora se va a escuchar el ronco rumor del
paso del tren-allá lejos, muy _lejos- por
el puente de hierro. Luego bnllará la lucesita roja del furgón y desaparecerá en
la noche obscura y silenciosa.

* * *
(En el jardín. De noche. Se perci~e el
aroma suave de las rosas. Los dos c1preces destacan sus copas alargadas en el
cielo diá fano . Brilla un lucero entre las
dos alongadas manchas negras.

5!)

-Ya no tardará en aparecer la lucecita.
-Pronto escucharemos el ruido del
tren al pasar por el puente.
-Todas las noches pasa a la misma
hora. Alguna vez se retrasa dos o tres
RJinutos.
-Me atrae la lucecita roja del tren.
-Es cosa siempre la misma y siempre
nueva.
-Para mí tiene un atractivo que casi
no sabré definir. Es esa lucecita corno algo fatal, ~er~urable. Haga el tiempo
que haga, rnv1eroo, verano, llueva o nieve la lucecita aparl.'ce todas las noc-hes
a su hora, brilla un momento y luego se
oculta. Lo mismo da que los que la contemplen desde alguna parte estén alegres
o tristrs. ~o mismo da que sean los seres n:iás felices de la tierra o los más desgraciados: la lucecita roja aparece a su
hora Y después desaparece.
. La ,,oz de la niña: Ya está ahí la Jueec-,ta.)

***
La estación del pueblo e¡,tá a media
hora del caserío. Rara vez desciende al-

�60

.AZORÍN

UNA LUCECI1'A ROJA

gún viajero del tren o sube en él. Allá
arriba queda la casa del Henar. Ya está
cerrada, muda . Si quisiéramos ir hasta
ella tendríamos que tomar el camino de
los molinos del Ibangrande, pasar junto
a las casas de Marañuela, ascender por
la pendiente de Novalosa. Aquí abajo, a
poca distancia de la estación, hay un
puente de hierro que cruza un río; lueg&lt;;&gt;
se mete por el costado de una loma.
E!;ta noche a la estación han llegado
dos viajeros: son una señora y una niña.
La señora lleva un ancho manto de luto; la niña viste un traje también de luto. Casi no s~ ve, a travl:s del tupido velo, la cara de esta dama. Pero si la pudiéramos examinar, veríamos que sus
ojos están enrojecidos y que en torno de
ellos hay un círculo de sombra. También
tiene los ojos enrojecidos la niña. Las
dos permanecen silenciosas esperando el
tren. Algunas persosas del pueblo las
acompañan.
El tren silba y se detiene un momento.
Suben a un coche las viajeras. Desde allá
arriba, desde la casa ahora cerrada, mu-

da, si esperamos el paso del tren, veríamos cómo la lucecita roja aparece y luego, al igual que todas las noches, todos
los meses, todos los años, brilla un momento y luego se Olulta.
( Castilla)

61

�tos

LOS VIEJOS
Estos son unos viejos, muy viejos. Llevan un pantalón negro, un chaleco negro, una chaqueta negra de terciopelo.
Esta chaqueta es muy corta. Ya casi no
quedan en el pueblo más chaquetas cortas que las de estos viejos labriegos. Van
encorvados un poco y se apoyan en cayados amarillos. ¿E .. qué piensan estos
viejos? ¿Qué hacen estos viejos? Al anochecer salen a la huerta y se sientan
sobre unas piedras blancas. Cuando se
han sentado en las piedras permanecen
un rato en silencio; luego, tal vez ur..o
tose; ofro levanta la mano y golpea con
ella abierta la vudta del cayado; otro
apoya los brazos cruzados s?bre el bastón e inclina la cabeza pensativo ... Estos
viejos han visto suceders: las gencraci?nes; las casas que ellos vieron construir
están ya viejas, como ellos. Y ellos salen
a la huerta y se sientan en sus piedras
blancas.

\'IEJOS

63

Va anocheciendo. El pueblo luce intensamente dorado por los resplandores del
ocaso; las palmeras y los cipreses de los
huertos se recortan sobre el azul pálido;
la luna resalta uidoca.
Y un vie-jo levanta la cabeza y dice:
- La luna está en creciente.
-El día 17-observa otro-será la luna llena.
-A ver si llueve antes de la vendimia
-replica un tercero-y la uva reverdece.
Y todos vuelven a callar.
Cierra la nod1-; un viento ligero mece
las palmeras que destacan en el cielo fuliginoso. Un vitjo mira hacia Poniente. Este viejo está coro pletamente afeitado, como todos; sus ojuelos son grises, blandos;
en su cara afilada, los labios aparecen
sumidos y ie prestan un gesto de bondad
picare~ca. Este viejo es el más viejo de
todo~; cuando camina agachado sobre
su palo lleva la mano izquierda puesta
sobre la espalda. ~ira hacia Poniente y
.dice:
-El año 60 hizo un viento grande que
derribó una palmera.

�AZORlN

-Yo la ví-contesta otro-; cay ó sobre
la pared del huerto y abrió un boquete.
-Era una palmera muy a lta .
-Sí, era una palmera muy alta.
Se h ace otra la rga p&amp;usa. Los murciélagos revuela n ca lla da mente; brillan las
luces en el pueblo . Entonces el viejo más
viejo da dos g olpes en el s uelo con el cayado, y se levanta.
- ¿Se marcha usted?
- Sí; ya es tarde.
-Entonces nos marcharemos todos.
Y todos se levanta n J e sus piedras
blancas y se va n a l pueblo, un poco encorvados, silenciosos.
( A 11/011io A :orí,z.)

.t.•BXO .t. LA

Ooleeeldn .&amp;riel
:r.mao• saoa oomo
A C1. 3.00
_,rOI, .. 9a(Ulna• \'alftela. ll■ ..... ,...._ UleW■ .. ....- .

A Cz. 2.50
e1, le.&amp;llel 1e,. v.1oae, puta.
80911&amp;.'TION Oll:O■..Tatqn, • Baile llereL

A C1. 2.25
IAI PIU&amp;UJOII 91 PIDIU .. ,

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lelaltr, Ulr.11■ •

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A C1. 2-00
Ll 1111•11 •oll PBIS. .. lleetlf•la Bret■■...ltiTIO!nl lllll L'llTUUILI, •• BN•■et.
LIII llffl CLllHM, .. ,.._ 114dff,
l,l PIJIIUllCS IHl ■lltlUIOOll, 4e,e11P BeJer.

1,....

*

IIIC.&amp;IIIOTS,
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JleltClli Lll lllLUt:llllllt, de L. Perets,
Dll Y ff.&amp;. .. lite■•• qatru.
VDll811 .&amp;■SIUC.llllK. •• Fend■ ....
. .180811 QllHlllL, de Beruñ.
H Pdlll AL ildOlllll, . . 1:.,..ale 81......
. . . . rLlJUllDII, •• e.ame i.e-■1er.
Snrlate ('anlep,
........- nucan•rredenc ■1atn1.
Ll NJXII MOIJHANCE, . . r,._i. i.:e,....
•cll.lU W.&amp;8Hll, .. E. llclt■rf,

,...,111, ..

A C1. 1.50

"DA B&amp;L OTOI0 J OTllOII POd»', .. ll■W■ 91rf•
IIOUf&amp;JIU •• Ll cell. D' 1Ji,¡(llU, .. u•r• QW• •
.... UY l,B.ll, . . Mllake.,..,., tnd, te .l. . . . . . . . ..
SAIGll •• &amp;1Tll TA Ll!S, .. .l■tllM9 •• q-tal.
tMll!UA pN,OIIOFIC:lll, de B. Be.,._, E■ tei■e, ,uta.
l'.&amp;8L"l(AI PILOIIOPICI•, .. L ...tna,14•

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                  <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>e0LEee10N 11RIEL
euaderno 56

Mayo de 1915

REPERTORIO

SAN JOSE DE COSTA RICA, C. A.
Impronta Greñas

��.........

e0LEee10N 1\RIEL

~-======= =======

Có,ndl-cl

.....
......... .......,

...... ,........ &lt;•Galla

...._. .........&lt;-•

CONGRESO DE NEUTRALES*

768 '.i:I)~.&amp;..-.----·:,;

POR Ta&amp;._

D&amp;'lA

a,

BIBLIOTEOA oo:aONA
Y,/11,,um,.,
Nlidrid
LIBROS D&amp; HORAS

alplld:4';, de

P.xlllteo el\ la Llteratara Castellau
IObrill loagléud. n las cuales la ~ dél

de

Y

la ro-e,,nespo11dentan ~. . . ~
~pinos dllcbadcl6 o arquetipos lacorruptlblel -~ e cena aquella altajerarqala de obra que
de letr y de admirar. Con Justicia lea ~ _,.., t!1
nombre eotrdallle y familiar que ~ kit 1Í1lloa do:
orscionet en los Siglos Medio. Libros de HGrU. l-4 BI•
BLlOTECA CORONA inicia UDII serle de lJIMil de
Horas.

110-.-....,....mos

A LA VENTA

JORGE AIANRIQUB
EL AGO EN REFRANES
Ua almanaque origillállalmo. - todos 1m ~castlsoa que se rdleren al allo, estadolles, dlal de la 1e11111na y
fechal del c:aleadariD. Decoración de A. Vlvanec&gt;,
EN PUBLICACIÓN

EL CID ( RlJ#IIIIIUJ ""Jos)

LOORES DI! lA YIRGl-.".V

,

La prensa de los Esta dos Unidos em
pieza en este momento a comentar con
simpatía y aplauso, para nuestra íntim a
satisfacción de venezolanos y patriotas,
una frliz inicia tiva rliplomática de Venezuela.
Después de mucho tiempo. cas i tal vez
desde los tir mpos del C'&gt;ngreso de P a na• 1..a actitud ck lo, neutrales en h actunl gu~rra ha sido
d e pusila nimidarl y de cgofsmo. La única guía de conducta
p arece ser y haber sido, la de una com•eniencia asustadiza,
&lt;.¡ue sólo desea escapar del más leve quebranto y explot.,r
t·l conflicto, como fuente de lucro. Diríase c1ue se trata de
una lid entre gladiadores en que las cua~rillas son de
millones y l,1 arena es medio glvbo terráqueo, sin m.ís fi.
nalidad que la carnicería misma y lo; mórbidos espasmos
c\t l muodo espectador, y que no v,m en juego la libertad
) la civilización. Cuando algún neutral alza la voz, sólo
p ide respeto parn sus artefactos o libertad para su tri ,co.
A todos les es rndiícrente que se rompan los pactos de que
wn consignatarios, y c1ue cada dla la violencia ex.1cerba1fa
reivindique con mayor furia los apetitos ancestrales de la
barlmric y de la crueldad primiti\'aS, que destilan sangre,
por t•ntr&lt;' el b,,rnlZ dt• tilo,ofías hecha, dc inf.1mia )' de

__.,_.__.. \

�2

CO)iGRESO

MANUEL DÍAZ RODRfGUEZ

má, de los Gual, Briceño Méodez y Bolívar, no se había dejado oir como esta
vez, autorizada y muy clara y distinta,
la voz de Venezuela entre un coro de na•
ciooes. El secreto de tan buen suceso ~stá
en el desinterés de la iniciativa, o, para
expresarlo en otros térmioos, en que se
trata de uoa iniciativa de interés universal, de trasceodencia verdaderameote humana.
Corresponde, sin duda, a tan grave y
tremenda· ~a si 60.
Desde el mismo estallar de la presente
_guerra de Europa, Venezuela, según lo
vislumbró en seguida el atisbo vigilante
codicia. Le ha tocado dar el grito de alerta y llamar a los
neutrales a su deber, a un hispano-americano, al egregio
escritor venezolano. :.ranuel Díaz Rodríguez. Siendo Ministro de Relaciones Exteriores de su país, preparó el llamamiento que Venezuela debería hacer a todas las naciones
neutrales para que cumplieran su deber. Dfaz Rodrigue~
se separó del Ministerio antes de darle curso a su noble
inicialiva. Su sucesor lo ha hecho, y la semilla está lanzada
,,¡ surco. Tendrá que germinar; las nacione, neutrales ha1,rán de ser escuchadas cuando sobrev~nga la hora de la
paz. Ya volveremos sobre este tema en una próxima oca~
,ión. Por hoy &lt;ju eremos dejar constancia de lo apuntado,
para gloria de uno de nuestros put'blos y de uno de ~us más
preclaros ciudadanos.

( Hispama. Londres. Marzo de 1915.J

DE

XEUTRAL1:S

3

del Gobierno, se dió cuenta exacta de
que, si nunca la neutralidad bahía sigoificado indiferencia, mucho menos podía
sigoificarlo hoy para ella, ni para ningún
otro país, ante el vasto y sangriento
cooflicto que mantiene suspeoso y preocu i-nado al mundo. Desde el primer instante fué fácil prever, en efecto, que la
actual guerra de Europa iba a promover
una completa revisión de valores en el
Derecho Internacional. Los términos tradicionalmente usados en la lengua del
derecho, empezaron desde luego a cambiar de sentido, de modo parcial o absoluto. Así acontecía, por lo que a Venezuela interesaba, con el término de.
neutralidad y los que a ésta de algún
modo se refieren en derecho. Su sentido
se vió que h abía cambiado profundamente, en la misma proporción que ha n cambiado las relaciones de los pueblos en la
sociedad internacional. La guerra antigua, cuando la vida internacional se esbozaba apeoas, o era poco intensa, permitía a un pueblo cualquiera ignorar la
auerra suro-ida entre otros pueblos leja-

º

o

�COXGRE:-0 l&gt;E ~BGTIUU:S

nos, o sustraerse con facilidad a los males consiguiente!':, de suerte que mientras
unos hombres se daban en un rincón del
mundo a cultivar con sangre los laureles
de su gloria, podían más 11llá otros hombres reposarse dulcemente y en paz a la
s~mbra de las encinas Hoy no sería posible nunca eso mismo sino en el caso de
una guerra muy localizada y circunscrita a pueblos que no sean de los que prevalecen y forzosamente influyen por lo
tanto en la acti"idad uoiverrnl. La vida
internacional
moderna es tan intensa ,
.
existe hoy una internacionalización de
intereses tao intima, compleja e inextricable, que la acción de un pueblo solo,
o el daño inferido a un pueblo solo, repercuten inmediata y seguramente en los
pueblos más distantes. Y dada esta interm1cionalización de intereses, con la
cada vez más complicada urdimbre de
las alianzas políticas, la guerra internacional de hoy no es otra cosa que la acción violenta de uno o más pueblos, con
el consiguiente daño de todos.
La primera """_;r,c:;t'lción Yisible de es-

'

5

te nuevo orden de cosas eu la actual guerra europea, fué el brusco desequilibrio
económico universal que, desde los primeros días del último agosto, afect6 a
los más pacíficos y remotos pueblos neutrales, casi tan profundamente como a
los beligerantes mismos. En tal sentido,
la acción de los países en guei:ra o de la
guerra misma sobre los neutrales aparece y es tao honda, que los más venerables conceptos, como el de soberanía. han
llegado a perder su antigua rig:dezy aun
a esfumarse.
Y aparte ese grave y general desequilibrio económico, muchas otras consecuencias e infinitos incidentes de la guerra
misma, inclinaban poc~ a poco el ánimo
a concluir por la necesidad ineludible de
una revisión de los valores internacionales. Los antiguos conflictos entre beligerantes y neutrales se suscitaban ahora a
cada paso, más numerosos, y cada vez
más difíciles y violentos. La vieja pretensión de los beligerantes a que priven los
derechos de la guerra, pretensión que se
revela en la tendencia a tener presente

�MANrEL DÍ\7. nonnÍGUEZ

siempre d &lt;leber y casi nunca el derecho
de los ne'.ltrnles, tropezaba a cada instante con la natural a&lt;.piración contraria
de 1.-s últim0s, cuyos h·gítimos derrchos
hao crecido, como ern de suponerse, en
la medida que la Ley Internacional ha
progresado y que el comercio florece y
cunde entre las naciones. Diariamente el
cable comunicabfi y sigue comunicando
aún incesantes roz::imieritos originados
del modo méÍs o menos arbitrario de estimar el contrabando de guerra.
De otra parte, los armamentos nuevos
y los varios modos de destrucción hasta
ahora no U"ados, el incipiente uso dd tel(graf, inalámbrico y Jemás medios nuevos &lt;le información y &lt;le lucha, lo mismo
que otras novedades de la guerra moderna surgieron como imponiendo de urgencia que se modifiquen por lo menos en
parte las leyes ycostumbr&lt;?s de la guerra
terrestre y casi totalmente quizás )ns leyes y costumbres de la guerra marítima.
Agréguese a todo eso, a fio de enfrentar de una vez a la neutralidad pasiva
de otros tiempos la neutralidad actiYa y

t:OXGRESO DE XJ::l:íTIUl,ES

7

dolorosa de hoy, la consideración de que
las naciones actualmente en guerra son
varias de las más ricas y civilizadas del
mundo, y la de que, por tanto, si, como
es de temerse, la guerra se prolongase de
modo indefinido, a su evidente acción deletérea sobre los particulares intereses
económicos de los países neutrales puede
venir a sumarse contra éstos el fundado
temor de ver naufragar en el conflicto
los más altos intereses morales de la civilización, que no son patrimonio de éste o aquel pueblo sino haber común de
todos.
Y por fin se comprenderá cómo, de reflexión en refleJtión, puede llegarse a un
pensamiento de defensa, esto es, a concebir la idea de concertar, frente al derecho
activo de los beligerantes, una acción
equi\·alente de los neutrales, de seguridad propia, incontrastable y benéfica.
Y así fué como surgió en mi espíritu
hacia mediados de setiembre último y
merced a la ocasión propicia, la idea de
un Congreso de Neutrales que, además
de revisar los derechos y deberes de la

�8

M.!Xl'EL DÍ,\Z RODRÍUCEZ

neutralidad, formulase, a la luz de las
no\"edades de la guerra de hoy día, nuevos deberes y derechos, y cuyas conclusiones pudieran someterse más tarde, a
fin de ser universalmente reconocidas, a
una asamblea de todas las naciones. Definitivo e ideal resultado de ese Congreso
podía. muy bien ser la constitución de un
organismo nuevo, llamado a representar,
de modo permanente yen todos sentidos,
el papel que de modo ocasional y e,porádico y en un restrictivo sentido comercial representaran en la historia las ligas
de neutrales como la de Suecia y Dinamarca en 1693 y la que se derivó del Manifiesto de Catalina de Rusia en 1780.
Por medio de un Memortindam sobre
los derechos de los neutrales, el Gobierno
de Venezuela iniciaría esa idea primeramente cerca de las otras Repúblicas de
América, porque, además de la analogía
de intereses que las une, las naciones de
este grupo son, frente a la conflagración
europea, de neutralidad insospechable.
Dicho memorándum fué en efecto redactado en ese mismo mes de setiembre; pe-

COXGRESO l&gt;E xi,;CTIU [,E:,,

!I

ro, circunstancias de orden intern o de la
Cancillería y que no es oportuno historiar por ahora, estorbaron su comunicación a los países amigos hasta mediados
del siguiente mes de octubre. Y estaba ya
listo para comunicarse a todos los gobiernos americanos, a las comisiones
pan-americanas de los distintos países y
a la Unión Pan-Americana de Washington, por conducto de nuestro Ministro
en los Estados Unidos, cuando sobrevino la crisis ministerial, por la que dejé de
formar parte del Gabinete.
Para entonces, tanto la idea como el
memorándu'1l que la expone se habían
granjt&gt;ado del sl'ñor Presidente Provisional de la República y de un grupo de los
hombres públicos de Venezuela, de los de
más profunda versación internacional,
un aplaui;o generoso y unánime.
Y hoy es natural que, al aviso de cómo
anda esa idea triunfando por la prensa
americana, yo me permita vivir un momento de orgullo. Circunstancias propicias me hicieron el instrumento humilde
o el humilde arcaduz de una idea genero-

�10

MANuEL DÍAZ RODRÍGuEZ

sa, de buena estirpe venezolana, que no
tendría de qué avergonzarse junto a sus
mayores, las de los t iempos quijotescos
y heroicos de Venezuela.
Al mismo tiempo .veo de súbito colmados mis mejores deseos de funcionario y
de patriota que no fueron, al mismo esbozar la idea, sino tener el honor de la
iniciativa para mi Gobierno y mi n~1ción .
Por tan claro suceso me felicito, y felicito al Gobierno a cuyo amparo se inició
y prosperó, y también felicito, como es
justo, a mi distinguido amigo y sucesor
en la Cartera de Relaciones Exteriores,
general I. Andrade, quien, con toda hidalguía y sin mezquinas reticencias perso!!ales, adoptó plenamente el proyecto
y, por medio de nuestro Ministro en
\iVashington, lo enrum bó con toda felicidad a la victoria.
~lAXUEL

Dü z RODRÍGUFZ.

LOS ANGELES DE PARIS
"'Ce m onsie ur ne sait ce qu"il fait:
JI est un unge."

RDtBAUD.

EN A~A'l O LE FRA~C E .

El libro que todos hemos leído, donde
fos ángeles trasnochan por los bulevares
y enamoran a los cantantes de CamposElíseos, encierra una profunda verdad:
una verdad de observaci0n, difusa como
-niebla. El autor quiere hace!nos creer
q~e todo es un sueño, pero de manera
que transparentemos la verdad según
-suele suceder en algunos sueños . Así la
ninfa del poeta latino huye;
Pero al huir procura qne la vean.

En suma, su libro es la realidad &lt;le to&lt;los los días, contero piada apenas con los
ojos entrecerrados, tras la redecilla de
las pestañas.
Imágenes de la ciudad recombinadas
en un arte sin perspectiva. Vidrio de co-

�12

AU'0XS0 REYES

lores. Papel en que se yuxtaponen los
ocios de un dibujante. Su enseñanza: la
fantasía implícita en la realidad; el pulso
de lo no conocido que circula por las ar•
terias de la vida." Se han abierto a un
tiempo la puerta de cuerno y la de marfil. Por un instante, hemos olvidado si
estamos viviendo o recordando, viendo
o fingiendo. Y, entoncei:;, el mundo ha
parecido brotar de nuestra ficción voluntaria.
Tras la lectura, queda como un desequilibrio. M, zclados en el vaso, el aceite
del sueño y el vino de la realidad vacilan
aún antes de apartarse. Y súbitamente,
se apoderan de nosotros la sospecha de
que el m!lndo es el cielo y de que los
hombres mismos "son ángeles".
LA TENUE COMPAÑIA.

Una cabeza de miel rubia que chorrea.
simétricamente, sobre ambas orej2.s. Desde el ómnibus que nos conduce a la vida,
en la ventana de aquel nuevo edificio
donde, há poco, admirábamos todavía

LOS .AKGJ,;l,ES DE P.AUÍS

13

un paisaje elemental de árbol y de luna,
la hemos visto destacane en un sube-ybaja incesante, al tiempo que las manos,-autónomas,-se lanzaban sobre t:1
teclado. Ese es, a no dudarlo, el ángel
que vendió su alma a la bailarina. Sus
alas se roen, olvidadas en la intimidad
de una alacena: ¡Triste es e\ destino de·
los cómplices estorboso!'!
Si Scblémihl no producía sombra, el
ángel no produce música: sus manos se
agota~ sobre el piano en un admirable
silencio.
¿Ella? La vida de él se refleja en ella
imperceptiblemente. ¿Quién tiene concien·
eia de la brisa que agitó sus cabellos?
Cuando él desaparezca.cobrará ante ella
la mordiente significación del recuerdo.
-Amigas,- dirá entonces,-rodeadme
· todas. Me enfría la ausencia de algo que
probablemente nunca. ha existido. Me
esfuerzo, y difícilmente columbra mi memoria las plumas de unas alas llenas de
polvo, y oye los acordes de una música
llena de luna. Mis rodillas se han endurecido a la danza ; mis mejillas se despin-

�LOS .ÁNGELES DE PARÍS

tan al llanto; mis pestaña!i, húmedas, se
juntan en diminutos haces como los picos de las estrellas. Me parece recordar
otra vida, y creo que nadie me va a entender.
·
Lloran siempre los que han vivido con
un ángel.
L UJO, BREVE SU EXO

En los comedores de la casa familiar,
-que daban, naturalmente, a unjardín,había cromos tan vivos como aquella
sensibilidad infantil en que se grabaron :
fingían una Inglaterra de novela, absurda y elegante: desde las praderas ...de
Fielding y el parque de Jane Austen hasta las hazañas, largamente desmenuzadas como en las estampas del "Via Crucis", de los hérors de Dickens. Trompas
enredadas al brazo de los cazadores, perros flexibles y ligero!; ...... También se les
suele encontrar en las bujetas del rapé
del abuelo, en las tapas de la tabaquera.
(¡Aura, ola cálida de una infancia opulenta! Siempre, cuando vuelves, canta el

15

aire,-como si a la altura de nuestros
oídos volaran dos pájaroi-!)
Y por eso aquel medio día de sol ( el sol
taladra los ramajes y proyecta sobre las
caras el tejido volador del oro y del
azul) si se oye, en el fondo del bosqne,
sonar la trompa, vaga palpitación nos
invade, y esperamos ver saltar el prodigio: ¡oh fuga de ancas tordillas, casacas
y gorros encarnado!i!
Oyese una trompa: seis caballos, un alto coche, dos brazos enguantados ("dos
cisnes''), una pluma recta hacia el cielo ...
Relumbrando, las ruedas del coche engendran un halo giratorio.
El sueño de lujo es como un remanecer
de la infancia; cuando el apetito era absoluto, y el mundo, en esplendor y valor,
pendía de un Rey vestido de Oro.
Ha pasado el raro demonio (ángel o
demonio) con ruídos de metal, y aroma!i,
y brillos de seda. El hombre to tal, el
hombre total en el tiempo, hecho un solo
anhelo desde el primer día de la codicia
infantil, ha dicho, como Dante en la "Vita Nuova":
" Ecce O eus fortior me, q ui ,·eniens dominabitur mih i."

�LOS 1X(H;J,l;~ PE PARÍS

17

Hi
.\);HELAR s1:-: RIESGO O LOS
l'ESCADORE~ ns LORELEY.

Mañana clara. Brillan, a lo ltjos, las
torrecillas ele azfü·ar del •·Sacro Coeur".
En los puro.tes clel Sena hay viejos que
arman el anzuelo y arwjan el hilo al
agua turbia. Después se adormecen. Son
pescado, es abstractos, pe~cadores sin
tentación ni peligro, pescadores seden·
tes, pescad&lt; r~s como cusa en sf: nunca
se les vi6 lograr una pit za. Son vi~jos
conserj, s jubilados que comprueban al
filósofo, engañándose con b idea de trabajar para vivir. Nunca se bao propuesto la cuestión teológica de si la vida, como la !'alvación, es gratuita.
Y mientras por los embarcaderos dd
Sena cabecean o charlan a solas ("como
los arn,yos y como los ciegos"), los peces bailan la zarabanda a 'tlucha distancia, y la pensión dd Estado les entra en
casa, misericordiosa y natural, como el
aire, como la luz.
¡Oh ángeles, ángelt:s ! Han perdido la
eficacia humana y,-tales las sombras dd
A "-ru J a q uicm:s Od iseo concedió beber

una poca de sangre,-vagameote remedan los moti.os de la acción, los ademanes de los oficios: sin gasto y sin provecho a la vez; fuera del plano de la energía;
en un espejismo concebido por la misma
dulzura de la mañana, bajo la campana
cristalina del cielo.
A:S:GELES REBELDES

Los rusos de Montparoasse,-ángeles
disfrazados de rusos,-si no predican la
muerte de Dios, auguran extraños advenimientos. ¿Arte, moral, religión? Todo
eUo a la vez: todo lo que muere y renace.
Son de uua belleza descolorida , verdaderameute angelical. Sin sabor para el
paladar veleidoso de los hombres, su beJleza es el ley motivo de todas las .bellezas posibles. Lo cual,-dice mi maestro .
de escolástica,-tiene que ser una sustancia mínima. Dudo si lo aprueba Platón.
Viven en jaulas de madera y de cal,
mal atornilladas en la cima de las casas
ruinosas. El viento salvaje de las cabañuelas arrojfl sobre suc:; troneras lo que

�18

ALFONSO REYES

se ha robado. Por los ángulos de sus talle.res veis retratos y estatuas. Los retratos fragmentan Ja fisonomfa en cantidades de espacio, como un espejo estrellado.
No se entregan de una sola vez: hay que
hojearlos como a los libros; que leer individualmente cada plano que entra, que
sale. Las estatuas (serpentinas de papel
de colores, arabescos de lámina erizados
de vidrios, aspas de cartón, aletas de
trapo, brazos en liana y piernas en caduceo) convencen de que ''el cincel del escultor" y ''el estilo del escritor" son ya
igua!mente metafóricos.
Pintan y graban, fabrican la tela de
sus vestidos, hablan con su·avidad, e impiden que ninguno de ellos perezca de
hambre. Se mezclan con ángeles japoneses y eon ángeles turcos. Se les hal!a en
las fondas de Montparnasse ( nunca en el
gris bulevar St. Germaio ni en el blanco
bulevar Raspail) adonde alternan con los
marineros de Bretaña y con las pintores ras gitanas. Por toda parte dejan su rast, o: los muros de las fondas se pueblan
e on sus auto-caricaturas y con sus anuo-

LOS ÁNGELES OE P.ARlS

19

cios de exposiciones. Unos son modelos
de otros, e imitan, lejanamente, los amores humanos.
Ninguno de elks cree sufrir: pero cada
vez perciben con mayor relieve la existencia: hasta su retina abstracta llegan
imágenes de odio y de vergüenza, que ·
van aprendiendo a discernir. Entonces,
agitan los brazos, y ascienden a la esfera
de que cayeron, en la actitud del Cristo,-y del Aeroplano.
ALFONSO REYES.
París, Febrero de 1915.
( Et Ffgaro. H abana.) .

�.AGUA. DE .RIEGO

AGUA DE RIEGO
Agua.de manos blandas i livianas,
agua maravillada, agua de riego!...
Como frase de niño que refresca
los áridos pensares del abuelo
i le ablanda durezas del espíritu,
así vas penetrando en el sembrado
i haces tuya la tierra: te agradece
el terron, i los brotes te hacen sombra
con injenua insistencia, porque no halles
tan caluroso el sol; i te saludan
con temor infantil aquellos tallos
todavía distantes .. . i tú sabes
que gravita en el aire un regocijo
i una inmensa ternura; i nada dices
que son los hijos tuyos!
Agua, corre
i fecunda este valle, y pon tus labios
en todas las raices: tú refrescas
el corazon· del campesino; agrandas
sus ocultos monólogos, i abrigas
de santidad su aspiracion. Son hondos
tus rumores para él, pues que le saben
a encantos de arboledas, a cercanas

21

desenvolturas de hojas, a visiones
de creceres continuos, i le envuelven
en un sonar de espigas el espíritu.
Vienes a ser impulso en su latido;
verdura y claridad, en su esperanza;
acelerada s~ngre, en el abrazo;
calor ·de besos i arrullar de cunas.
Algun grano de trigo saldrá un dia
de estos endebles tallos que hoi empapas
a contar en las hostias el milagro
continuo de tus dedos fervorosos.

CAMINOS
Caminos del terruño, caminitos
tendidos en el campo por la mano
piadosa de algun hombre para el viaje
de los sueños del niño !
Me habeis dado
relijiosos deleites cuando han ido
por vosotros mis pies, i muchas veces
un ájil fantasear: tras de los bosques
de la orilla del rio, he colocado
maravillosas tierras, guardadoras
de todo lo anhelado. Me he sentido,
en vosotros, señor; las cosas eran

�22

ERNESTO A. flUíl!LÍ.N

súbditos obedientes; mensajeras
de mandatos, las aves; la llanura,
un reino dilatado; i renacia
la tierra ante el dominio vigoroso
de mi infantil espíritu.
Caminos
de los anchos potreros i los verdes
i espaciosos trigales ! os adeudo
la devocion de inmensidad i el voto
de robustas acciones, que no cesan
de trabajar en mi.
Como unos brazos
largos i abrigadores, acudiais
a recibir mi encuent, o: encima de ellos
glorificado el cuerpo, mis sentidos
'
se abrian plenamente i recibían
sin ningunos propósitos ni fines'
lo que les daba el cielo, el sol, 1~ tierra
i la vega cercana.
Caminitos
de mi mejor vision, yo aun os debo
la intencion del recuerdo: sed lo mismo
que brazos llamadores para todos
~os ni~os que se acerquen a vosotros,
1 bareis mi gratitud resplandeciente!
ERNESTO A. GUZMÁN

REPERTOUIO BIBUOGR8flGO
AMOR AL ESTUDIO
Este Juan Ignacio de Armas* vivió en
Caracas unos cuantos años, entre los grandes de la mente de todas las edades; y de
andar entre libros, llegó a tener su color y
sabiduría. Es perspicacísimo de naturaleza,
y de aquellos que tienen la noble y desusada capacidad de poner por encima de sí
mísmos, y sacar salvo de todo, su amor al
estudio; títulos dan los reyes; pero de ennoblecimiento de alma, ninguno mayor que el
que se saca de los libros. Las ideas purifican. Venir a la vida usual desp:ués de haber
estado del brazo con ellas por bajo de los
árboles o por espacios azules, es como dar
de súbito en el vacío. Una adementada angustia se apodera de la mente en el primer
instante del choque. Y se sigue caminandó
adolorido, hasta que se ve al fin que los

(De Chile,)
(De Los Poemas iÚ la Sa m idad.)

" Cubano; ·•buscador ingenioslsimo y esmerado poeta."

�24

25

REPERTORIO BIBLIOGRÁFICO

REPERTORIO BIBLIOGRÁFICO

hombres son buenos y se está bien entre
ellos.

semos un paralelo entre el discurso oral y el
discurso mental, yo diría que como la voz
-ya baja, ya alta, ya triste, ya alegretiene un timbre individual que permite reconocer a su dueño en la obscuridad o a la
distancia, así el pensamiento poético tiene
también su timbre individual. El estilo es
el timbre del discurso mental, y gracias a
él reconocemos a nuestros autores. Por él
se revelan los poetas verdaderos, cuando a
través de la entonación variable, logran salvar en la palabra propia el eco auténtico de
ese timbre interior.

JOSÉ MA.BTÍ.
( Obras: Vol. X lll. )

EL ESTILO
El estilo es, ~n realidad una ecuación que
resulta de nuestro más recóndito temperamento personal y la índole del asunto tratado. De ambos factores, el tempera.mento
es invariable, cuando se tiene personalidad·
_mientras el asunto, en cambio, varía. Es;
cambio del asunto da la entonación seria o
cómica, grandilocuente o familiar, lírica ó
trágica, de nuestra composición. Esto varía
como la luz ambiente y la emoción interior
sobre nuestra fisonomía invariable en su
tipo esencial. "Eso" que permite reconocer
nuestro rostro a través de la cla ridad y la
sombra, de la risa y el llanto, de la juventud y la vejez, de la salud y la enfermedad,
es lo equivalenle de la fisonomía espiritual
que llamamos "estilo"; lo otro es elemento
variable en la obra de arte-luz ambiente 0
e~oción interior de la criatura imagin~;
na-todo cuanto se traduce en el tema, en
·el "género" o en la intención. Si establecié-

RICARDO ROJAS.

(Revista d¿ Filosofía . -Buenos Aires.)

J UAN RAMÓN Jm ÉNEZ.-Plnteroy Yo

(elegía andaluz~) .-Biblioteca Juventud, editada por LA LECT URA
de Madrid.

"PLATERO Y YO". -Pla.tero es un
borrico. "Es pequeño, peludo, suave; tan
blando de fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos
de azabache de sus ojos son duros cual dos
escarabajos de cristal negro." Tiene u1:a
oreja enhiesta para la gracia y otra oreJa
gacha para la mansedumbre.

�26

BEPERTORIO BIBLIOGRÁFICO

Y o es un poeta. Es un poeta con tal voz
de hermano que todos los que le han leído
le JJaman Juan Ramón. También fué hermano de Platero mientras Platero vivió y
le llevaba sobre su lomo blando. Ahora que
Platero ha muerto, ahora "que ya puede
entender" un libró, Juan Ramón Jiménez le
dedica uno y se lo manda •'al cielo de
Moguer''.
Los niños de España adorarán al poeta y
su borriquillo. Adorarán Platero y yo precisamente porque no ha sido con premeditación escrito para ellos. Que en este capítulo, el de la literatura infantil, hay tal vez
equívoco en que importa a todos no persistir. La publicación de libros destinados única y exclusivamente a los pequeños ¿ no
constituirá un error pedagógico ?
·
Cuenta Goethe, en Poesía y Verdad, que
en tiempo de su infancia semejantes publicaciones apenas existían. Fuera del Orbis
pictus, de Comenio, ninguna obra de esta
índole tuvo el niño Juan Volfango en sus
manos. Pero él y su hermana ojeaban a
menudo una gran Biblia en folio, con grabados de Mérian. La Crónica, de Godofredo, decorada por el mismo grabador, les
instruía sobre los acontecimientos máximos

REPERTORIO BIBLlOGRÁFICO

27

de la Historia Universal. La Acerva philologica añadía a érn la narración de fábulas,
mitos y maravillas de todo orden. Y tampoco les faltó el conocimiento de Las Metamorfosis, de Ovidio, cuyos primeros libros fueron estudiados diligentemente." Así
-díce Goethe-mi joven cabeza fué pronto
poblada por multitud de imágenes y d_e
aventuras, de personajes y de acontecimientos considerables y prodigiosos, y jamás el hastío pudo apoderarse de mí, puesto que yo estaba ocupado constantemente
en aprovechar este fondo de adquisiciones,
en juzgarlo y reproducirlo."
Hay que confesar que, a lo menos en este
caso particular, los efectos del sistema no
fueron malos del todo. Pero ¿qué dirían los
pedagogos del día de una educación con
base de Ovidio? No sé lo que dirían. Pero
sí sé que a mí una vez, en compafüa de uno
de ellos, maestro agudo, se me ocurrió interrogar a los chiquillos de su escuela sobre la
canción por cada uno preferida. Y la canción que resultó i:ireferida por el mayor número no fué, ¡ oh sorpresa !, el Arroz con
leche, ni el Serení,, ni otra ninguna de
esa familia. Fué Dios loado por la Natu-

�28

29

REPEBTOlHO B113LIOGRÁFICQ

REPERTORIO BIBLTOGRÜ'IC'l

raleza, uno de los mejores corales d€ Bee-

cuando nuevamente ilayan fracasado las
metodologías sin alma."

thoven.
ME ESCRIBE UN MAESTRO. - Manuel Ainaud (el maestro agudo de quien
otro día os hablaba, aquel que tuvo curiosidad de saber cuál era la canción preferida
por los niños) me escribe y dice que sus discípulos han seguido gustando sinceramente
del "Dios loado por la Naturaleza", como
también de algunas selectas canciones de
Schubert. Además, que en un colegio de niñas, éstas, indiferentes a ciertas pueriles
litografias alemanas fabricadas laboriosamente para Kindergarten, hallaban en cambio mil delicias en la reproducción de una
Madona -de Luini. Y que él, Manuel Ainaud,
como a un muchacho rea.cío a cualquier estudio, tuviese misión de llevar!e al buen
camino, logró este resultado con darle a
leer el capítulo X en el libro III de las Memorables de Jenofonte y algunos fragmentos de estética originales de Eugenio Carriére y reunidos en un volumen.
Y concluye el maestro agudo: "Por amor
a nuestros niños continuemos en revisar el
problema de la literatura infantil. Este será
el problema central dentro de poco tiempo,

INSISTO.-Insisto en que conviene revisar con cuidado la cuestión referente a la
literatura para niños. Y no sólo.ª la literatura poética, sino aun a la cientifica. ¿ Qué
será mejor. dar a aquéllos (debemos pr1rguntarnos) manuales escritos exprof~so para su uso o directamente, obras clásicas de
grandes ~b,ios? Algo hay en éstas, sin duda, que aquéllos no pueden compensar.
Algo a cuyo calor se encienden las J?~enes vocaciones Claro es que toda la fis1ca
de Newton ha pasado a nuestros pequeños
manuales, y aumentada y mejorada, y limpia de muchos errores. Pero ¿ qué será, que
a la lectura de un manual nadie siente despertar en su alma una seria pasi~n por la
física va la lectura de Newton s1? Cuantos grándes matemáticos ha conocido el
mundo llegaron a ser tales por razón de
que, en tiempo más o menos prematuro,
cayera en sus manos, más o menos casualmente, un volumen, más o menos maltrecho, de Euclides o de Lagrange.
XENlUS •
(España. Madrid.)

* Con este nombre firma sus escritos el admirable catalán Eugenio D'Ors.

�EL LIBERT.\DOR Y EL CAXAL

EL LIBERTADOR YEL CANAL DE PANAMA.
Poco tiempo más y hará un siglo que
el Libt:rtador solemnizaba el año nuevo
de 1822 con un proyecto, como suyo,
henchido de portentüs: la apertura del
canal de Panamá.
El Secretario General, Pérez, se dirigía
desde Calí al gobernador del Chocó, diciéndole que Su Excelencia el LibertadorPresidente deseaba vivamente que se le
remitieran cuantas noticias se hubieran
adquirido sobre el canal que pudiese comunicar los dos mares por el Atrato y
cua11tos informes y relaciones pudieran
obtenerse de los vecinos prácticos del
Chocó.
Gobernaba para entonces en aquel territorio el coronel José María Cancino
quien el 25 de enero envió a la Secretaría'
General los informes pedidos. Estos alcanzaron al Libertador ea San Pablo ,
cerca de Popayán, y al imponerse de

31

ellos, ordenó al coronel Cancino que
"procediera a hacer trazar el canal por
la parte del Istmo que separa los dos
rfos y tiene sólo tres millas en un terreno
de cascajo y greda deleznable; que hiciera abrir picas y ponerlas corrientes hacia los puntos que se reputaran fáciles
para la apertura; que encargara a Jamaica los instrumentos necesarios para
aquella operación, los cuales pagaría el
Gobierno de Colombia".
Se le advertía, además, a Cancino que
S. E. estaría para el mes de octubre en el
Chocó y que estaba resuelto a ejecutar
la útil empresa de comunicar los dos mares; de manera que cuando llegase, en la
focha anunciada, ya se hubieran cumplido las órdenes trasmitidas.
Desde Popayán, el 7 de marzo, el Secretario General remitió al Ministro de
lo Interior una descripción de los ríos
Atrato y San Juan, acompañada de un
mapa de ellos; a la vez que se le prevenía
al gobernador del Chocó que hiciera levantar nuevas y más exactas cartas, a
fin de que todo estuYiese listo para el

�32

};f,OY O. &lt;: OSZÁLEZ

EL LlBEHTAL&gt;OR Y EL CAXAL

33

---------

mes de octubre, en que el Libertador visitaría aquellas regiones, sólo con el objeto de activar personalmente, por todos
los medioi;: posibles, aquella importante
ce&gt;rnunicación.
Pero, para a quel mrs de octubre, el Liberta dor andaba ualizando, por el sur
de Colombia, otra obra, rival en magnitudes, de la apertura del canal de Panamá: el pnso de la Guardia hacia los últimos confines del continetJte, para abrir
cauces a la libertad y a la independencia.
Había, para aquella f.:cha, ganado personalmente a Bomboná, en tanto que los
Estados Unidos reconocían la soberanía
de Colombia y el general Sucre daba a la
gloria de nuestras armas, en Pichincha,
el trrc~~ día de Boyacá, según su propia
expres1on. Guayaq uil h abía sido incorporad? a la gran república y la vanguardia del ejército libertador ocupaba
~l Perú.
Vinieron, sucesiva e inmedi atamente
las disen_si?nes políticas de aquel país, 1~
guerra c1v1I, la dictadura boliviana Junín, Ayacucho, la libertad de Améri:a la
creación de Bolivia...
'

Yino también la inevitable, la ineluctable declinación, que comienza en la hora
inaplazable de 1826 y concluye con el
crepúsculo silencioso y melancólico de la
quinta de San Pedro.
El Libertador no pudo realizar su visita al Chocó; el I stmo continuó proponiendo al porvenir nuestros destinos durante noventa y dos años; pero no es
menos cierto que la tentativa de apertura en 1822, quedará como un gigan tesco
testimonio de la asombrosa capacidad
previsora de a quel hombre que, al asestar su mirada aquilina a l fondo de los
tiempos futuros, concibió tam biéo la reunión de la asamblea pan-americaua, en
ese mismo punto geográfico y en la ciudad misma a la cual predij o los destinos
de una "Constautinopla del Nuevo Mundo".
Sió duda no conoció los proyectos del
Libertador, Fullarton, el prevoste de
Ayr, en Escocia, cuando en setiembre del
año 29 le escribía al jefe de Colombia:
"Entre los muchos cuidados que deben
ocupar su grande intdigencia, permíta-

�3-!

ELOY G. GOXZ1LEZ

me V. E. que le sugiera uno que debe tener parte en sus pensamientos. Es sin
duda alguna de gigantesca magnitud,
pero envuelve consecuencias que son a
un tiempo grandes y sublimes. Me refie·ro a la unión de los océanos Pacífico y
Atlántico, por medio de un canal navegable. Si esa medida es practicable para
el poder del hombre, ciertamente que
V. E. es ese hombre, señor .... Estas ideas
han preocupado mi inteligencia desde la
primera vez que ví el nombre de V. E.
unido a la libertad de Colombia. Dejo la
sugestión sencilla y desnuda al gran corazón de V. E. y a su grande y capaz inteligencia":
Furioso decreto de inclemencias el que
_-pesa sobre los días del Libertador. Siete
años dtspués de haber emprendido la
realización de su idea, el prevoste de Ayr
se la propone como una "sugestión"; y
el diez de octubre último, cuando se en-:ontraron las aguas de ambos océanos,
la prensa de París aprovecha el suceso,
para proclamar a M. de Lesseps ''inven. . tor" del canal. .. !
ELOY G. GONZÁLEZ.
(El Cojo ll11stmdo. Caracas, 1'? Enero -19r4.)

LAS OLIVICAS
Cruzó por el ambiente de sosegada paz
del humilde lugar de Cornejales, un personaje extraño que nadie supo de donde
venía ni adonde iba. Pidió albergue en la
posada y por la noche concurrió a la taberna. Era un hombre de mediana edad,
pálido y cejijunto, hirsuto el cabello y
las prolongadas barbas gris•s, alto y seco, vestido con astroso g abán, pantalón
roto y mugriento sombrero; en el cuello
de la camisa sucia llevaba un guiñapo a
guisa de corbata, y en 11,s pié, alpa rgatas aguj ~readas por el pulgar.
Decía ser un obrero que viajaba en besca de t rabajo; pero la mochila de lienzo
que port~aba a la es pa lda no contenía
precisamente herra mie_ntas de a lg ún oficio ma nua l, s ino libros y papeles .
L a primera noche que se presentó en la
t a berna sa ludó a los matracos (en a quel
pueblo se llaman así a los que en otro de

�3G

JCAX BJ,AR í

l:BIDE

Aragón se llaman baturros), tratándoles de compañeros y hermanos. Al principio les inspiró recelos su facha y su lenguaje; después le escucharon con gusto
porque les decía cosas que nunca habían
oído predicar, pero que cada cual barruntaba en sus a&lt;lentros. Parecía que
les revelaba su propio sentir y pensar.
Tan natural y justo era todo aquello
que no podía menos de ser el evangelio
mismo.
La tierra solo fructifica mediante el laboreo del hombre. El labrador se despo•
sa con la tierra, fecunda sus entrañas
con el hierro del trabajo, la riega con el
sudor de su frente, y de esta cópula del
hombre y la naturaleza nace el pan de la
vida. La tierra y sus frutos deben ser del
labrador, como suyos son la mujer amada y los hijos en ella engendrados. La
posesión de la tierra por los holgazanes
e&amp; una usurpación. El labrador, rey de la
naturaler.a, es el pá.ria de la sociedad,
porque la tierra es esclava. Hay que libertar la tierra de la escla ,·itud ca pitalista para que el hombre del campo sea

LAS OLlYICAS

37

libre. Se acerca el día de la justicia social, en que las tierras serán repartidas
entre los campesinos y entonces no comerá el que no trabaje.
Al llegar a este punto las barbas del
apóstol se agitaban temblorosas, sus
ojos brillaban con intenso fulgor, y todo
el fluído tempestuoso de su organismo se
descargaba en puñetazos sobre la mesa.
El tío Gerardo, un labrador de aspecto
bonachón y de fondo solapado y marrullero, poco amigo de palabras, más instruído que sus conYecinos y apegado como todos al terruño, era de los que oían
con mayor complacencia al forastero y
fué quien trabó con él más estrecha relación.
Enterado el Alcalde de lo que ocurría
intimó al agitador que abandonara inmediatamente el pueblo, amenazando detenerle por indocumentado; y al tercer
día de predicación hubo de levantar el
campo, no sin dejar, como estela de su
paso, buen número de hojas volantes
y folletos de propaganda en manos de
aquellos analfabetos.

�38

JU.AX IlLAS Y "C'IlIDE

Se hablótodavfa durante algunas trasnochadas en la taberna de Cornejales del
hombre de las barbas y se comentaron
sus predicaciones; pero poco a poco, ya
fuera convencimiento de su impotencia,
temor al castigo, o porque cayeran en la
cuenta de que todo aquello eran ambrollos y engañifas, los buenos labriegos fueron olvidándose del forastero y de sus
ideas, y extinguidas lentamente en la lejana orilla las últimas ondas de la pasajera agitación, el pueblo volvió a quedar
como una balsa de aceite.
Solo el tío Gerardo rumiaba en sus
adentros las ideas redentoras y guardaba en su corazón el sagrado fuego de la
revolución social, atizado de vez en cuando por la secreta lectura de una revista
que le mandaba el forastero; pero más
cauto que su iniciador no hablaba con
nadie en el paeblo del asunto, con el sano
propósito de aprovecharse él solo del reparto cuando llegara el día.
Una tarde de otoño volvió el tío Gerard.o de un mitin de la capital de la provincia enteramente convencido de que la co-

LAS OLlVIC.AS

39

sa era cuestión de semanas, de días, de
minutos nada más. El gobierno no podía ocuparse en pequeñeces y dejaría hat'er; la guardia civil bastante trabajo
tenía con.perseguir a los facciosos blancos y rojos. Esperaba mi hombre con
impaciencia la orden de los suyos para
proceder a la incautación y reparto de
las haciendas de Cornelajes y se cansó de
esperar.
Administraba un magnífico olivar, el
más hermoso y grande del pueblo, propiedaJ de la Excma. Sra. D'.1- Damiana
Ruiz de Gombal, una finca de ojo c·o mo
t odos decían, y en ella tenía puestos los
suyos el tío Gerardo para cuando llegara el día del reparto. La oliva estaba un
poco teniente, pero no importaba que el
aceite resultara un poco aspro al principio; además, como aquello era tan grande, antes de acabar la recolección ya est aría pasada. Lo esencial era aprovechar
la ocasión, no fuera que otro se adelant ara.
Y sin más encomendarse a Dios ni al
diablo, acordó por sí y ante sí proceder

�40

JUAN BLAS Y UBIDE

a l secuestro revolucionario de las fincas
de Cornejales, empezando por adjudicarse el olivar de D'.1- D8miana, su olivar,
como él tenía derecho a llamarlo al cabo
de treinta años de cultivo.
•
Dicho y hecho: al día siguiente buscó
peones, y con todos sus chicos, que no
eran pocos, empezó a varear olivos, cu•
yos negros y lustrosos frutos caían como
granizada metálica sobre las mantas de
cáñamo dispuestas para recibirlos. Las
mujeres y los chicos recogían la aceituna
y la echaban en los cestos que las mulas
porteaban al molino de la dueña, que
también se había adjudicado el tío Gerardo, porque ¿para qué necesitaba D!'
Damiana el molino si ya no tenía olivas?
Extrañados los cornejalinos de aquella
precipitación, preguntaban al tío Gerardo cómo era que cogía la oliva tan pronto, si no había recibido orden de la dueña.
-No necesito más orden que la mía,
contestaba, y yo sé lo que hago¡ puede
que os pene a vosotros no hacer lo mismo.

LA.S OLHIC.AS

41

Llevaba algunos días de recolección
cuando D'.1- Damiana, avisada o por casualidad, se presentó en el pueblo y fué a
visitar su finca, donde hombres, mujeres
y chicos hormigueaban en la plenitud de
la faena.
- ¿Qué es esto, Gerardo? ¿quién te ha
mandado coger la oliva?-interrogó la
dueña con mal gesto.
- P ues la verdad sea dicha, señora
-contestó el labrador con el aire más
bona chón de su repertorio-; como dicen
que a hora se va a hacer el reparto, yo
m'hi dicho: pues la señora más se alegra r á de que el olivar me toque.a mí antes que a cualquier extraño, que al fin y
al cabo l'hi cobrau cariño de trabajalo
tantos años.
- ¿Cómo se entiende ... ?
- Pero por eso no hay qu'incomodase;
tan amigos como antes. Si la señora quiere clase por aquí un paseíco, ya sabe que
puede hacelo siempre que guste; y si le
apetece coger cuatro olivicas, no lo deje
por falta de confianza. Entre nosotros ...
¡no faltaba más!
JUAN BLAs Y U.nrnE
( C11entistas A r.rgo,uses )

�NOTAS Y RECORTE S

NOT~S Y RECORTES

43

Redactor: ELIAS JIMENEZ ROJAS

CULTURA Y KULTURA

E\ ideal de la cultura inglesa es el cultil'o del hombre. Y son los pueblos que
han aceptado este ideal los que han hecho el mayor número de grandes cor.quistas, no sólo en el dominio de las co·
sas morales, sino también en el de las
matemáticas puras, la astronomía, la
mecánica, la termodinámica, la luz, la
electricidad, la química y las ciencias naturales.
Ci temo~ algunos nombres de maest ros
indiscutibles; sin remontarnos hacia las
antiguas civilizaciones; sin ir hasta Sócrates, Aristóteles o Arquímedes; sin llegar siquiera hasta el inglés BACON, el
"Doctor Admirable". Limitémonos a los
últimos siglos. Dejemos de lado a los filósofos, así sean de la talla de MoNTAIGNE
( que vivió 2 siglos antes de Goethe ), de
DESCARTES, de PASCAL, de Rousseau, de
A. Comte o de SPENCER. No salgamos
del campo de las ciencias positivas, para
que la demostración sea más contunden-

te. Aquí e5tán, entre los iniciadores y
creadores no alemanes:
los geómetras franceses, Cauchy, Fourier, Galois, en el dominio abstracto de
las matemáticas puras y de las ciencias
fisicas;
el italiano GALILEO, el inglés NEWTON
y la Eerie de especialistas franceses desde
d'Alembert, Lagrauge y LAPLACE hasta
Enrique Poincar é, en la mecánica celeste
y en la física;
los ingleses Bradley y HERSCHELL, el
francés Leverrier y el italiano Secchi, en
la a stronomía de observación;
el francé5 CARNOT, en termodinámica.
Un j uez que no puede infundir sospechar;:,
lord Kelvin, ha dicho: "en toda la extent!ión del campo de las ciencias, no hay
nada más grande que el principio de
Sadi-Carnot";
el holandés H uYGHENS, el inglés Young
y el francés F.aESNEL: en óptica, estableciendo la teoría ondulatoria;
el italiano V OLTA, el francés AMPÉRE y
el ingiés FARA.DAY, en electricidad;
el inglés MAXWELL, fundador de la elec-

�4-!

XOTAS Y RECORTES

tro-óptica, el trabajo más admirable y
fecundo de los últimos años;
los ingleses DALTON, DAWY y Priestley,
el italiano AvoGADRO, los franceses LAVOISIER, GAY-LussAc, DUMAS, Berthollet
y BERTHELOT, el ruso Mendelejeff y el
sueco Arrhenius, en química;
el francés LAMARK y el inglés DARWIN,
que descubren las leyes de la evolución
natural;
y el francés CLAUDIO BERNARD, que fué
la fisiología misma.
Hemos dejado de lado la multitud considerabilísima de sabios de la clase de
Franklin (físico de Boston), Arago ( astrónomo francés), Cuvier y Buffon ( na, turalistas franceses), Elías de Baumont
(geólogo francés), Sainte-Clairc-Deville
( químico francés que explica los fenómenos de disociación), Becquerel y Curie
(franceses radiologistas) o Tyndall (físico inglés).-Tampoco hemos querido hacer mención de ningún sabio de la hora
actual, aunque se llame William RAMSAY
( químico inglés que ha dilucidado el fenómeno llamado por los alquimistas: "trasmutación de la materia") .

NOTAS í RECORTES

45

Señalemos ahora a lguoas de las aplicaciones prácticas debidas a ingleses o
latinos: navegación al vapor, navegación submarina, alumbrado eléctrico, fotografía, telefonía, galvanoplastia, telegrafia transatlántica, pólvora sin humo,
fonografía, globos. aeroplanos, antisepsia quirúrgica , primeros colorantes artificiales, cinematógrafo, radioterapia,
telegrafía sin hilos. De las aplicaciones
no citadas, dedúzcase lo que se debe a los
americanos, holandeses, daneses, suecos,
rusos, japoneses, noruegos, etc., y se tendrá la parte que realmente t oca a Alemama.

* * *
El ideal de la kultura alemana actual
es realista; es cuidado de cosas. Y es
compatible con la barbarie y con la pedantería. Para prueba, basta leer el
famoso manifiesto de los 93 máximos
prof&lt;!sores y artistas de Alemania. "La
kultura germánica florece al am paro del
militarismo a lemán."
Según el concepto clásico, bárbaro !'lignifica extraño. El bárbaro no es salvaje

�47

XOTAS Y RECORTES

NOTAS Y RECORTES

y necesita sin embargo ser conducido· no
. y ha m enester de pedagogo. '
es niño
"Los pueblos germánicos pocas veces
hao demostr a do completa originalidad.
El germano bárbaro de la antigüedad
fué tributario del celta. En los siglos xn,
XIII, xvu y xvrn, la civilización germánica es un sim ple prolongamiento de la
civilización francesa." Hoy, el carácter
propio de la ciencia alemana es la habilidad para realizar la s ideas que le vienen
de fuera. Ahí está su grandeza: ni más
a llá ni más acá .-Sus laboratorios son
suntuosos. Pero esta magnificencia no
debe tampoco hacer olvidar que muchos
de los trabajo.;; más gloriosos han sido
ef~ctuados con muy escasos recursos materi_ales. _El mismo S c HEELE (siglo xvm)
ennquec16 la química "sin más medios
9ue la propia cabeza y las propias manos " .•No vay amos tan atrás, no salgamos de Inglaterra y de Francia, y
recordemos a P AsTEUR en su pob re laboratorio de !a rue d' Ul m; a ÜROOK ES sa·
cando de s us tub os una r a ma nueva de
la física, ra ma a que t a nto esplendor ha

sabido dar Roentgen; a B!!A'S'LY posibilitando con sus r a dioconductores la telegrafia sin hilos, realizada por el italiano
Marconi, pero preparada por Hertz, dis cípulo de Ma xwell; recordemos, en fin,
a Juan PERRIN contando m oléculas y
dando a nuestra s ideas sobre la constitución de la ma teria la más firme b ase
positiva.
Acabamos de nombrar a Scheele, a
Roentgen, a Hertz. Bien sabemos, pues,
que también Alemania ha prod ucido genios de 1? y de 2? orden. El m á s ilustre
tal vez entre los primeros es el fil ósofo y
matemático LEIBNIZ (siglo XVI ), el "divino Leibniz" . La armonía que él anhelaba entre los pueblos, exige justamente
todo lo contrario de lo que proclaman
hoy los kultos k aiserianos: dicha armonía exige que cada pueblo contribuya a
la obra común de la humanidad con sus
cualidades propias, como colab Jtador
solidario y sin vanas pretensiones di! dominación universa l.
Oigamos por último la voz de otro
gran alemá n, el iocomparable "\VAG-SER:

46

�48

NOTAS Y RECORTES

"Si me entregarais la tierra para organizar la Sociedad en vista de su bienestar,
no podría hacer más que una cosa: dejarla en plena y completa libertad de
organizarse por sí misma."-''En la medida en que yo estoy contenida en vosotros, dice Natura a los hombres, vivís y
florecéis; en la medida en que en vosotros no estoy, os consumís y perecéis."

* * *
EL SERi\,fÓN DE LA MONTA'.\'A E:\' ALEMANIA

Dicen los sabios alemanes del día que
ellos no pueden ser comprendidos por
quien no sea también alt&gt;mán; que su
moral, su concep~ión del derecho y su lógica les son peculiares o idióticas. Y es
la verdad. Lo cual no quita que podamos comprender siempre a muchos de
los sabios de la Alemania prekaiseriana
y hayamos comprendido hasta hace poco a algunos de los otros a que nos referimos. Adolfo von Harnal'k-teólogo renom brado e hi:.toriaclorde los d · gmas-,
h abla ha antes de la guerra con cierta 16g_ica y seriedad. l\1i ren como se expresa
anora en una ocasión solt:mne:

NO'l' .1S Y RIWORTFS

40

"La guerra nos demuestra que nos equivocamos al pensar que la guerra no está en
la naturaleza de las cosas. ¿ Pero no se opone al aforismo de: ''Bienaventurados son.
los mansos"?. No, porque este aforismo se
aplica al individuo, pero no al Estado, porque el Estado es, en primer término_, el. r~presentante de la justicia, y a la JUstic1a
pertenece la espada ... Es posible que a~gún
día la guerra misma pase a la historia Y
desaparezca de la realidad. Pero e~ i_ndividuo, como tal individuo, debe vivir con
arreglo a las enseñanzas del Sermón de la
Montaña.' '
Saquemos las consecuencias:
l. El individuo debe ser man·so, con
arrerrlo
al Sermón de la Montaña.• El
b
Estado, no. El Estado representa la JUSticia, y a la justicia correspondr- la espada.
JI. La guerra está en la naturaleza de
las cosas; pero es posible que a lgún día
desaparezca de la realidad.
¿Pero quién ha visto jamás Estados
peleando? Quienes se baten son sus individuos; y, para vencer, precisa: que se enfurezcan y pierdan la bienavecturanza
de la mansedumbre. Por eso se enseña
hoy a los niños en las escuelas alemanas

�50

NOTAS Y RECORTES

NOTAS Y RECOk1E$

51

.

el' 'Himno del Odio", compuesto por Lissauer, contra Inglaterra.
• ¿Y cómo puede desaparecer de la .realidad ló que está en la naturaleza de las
cosas, lo que es constante en ellas, lo que
es fundamental?
¡Aquí de la kultura con k !
CON CUÁNTA FACILIDAD LEGISLAN LOS
HOMl:IRES Y QUf: MAL LO HACEN!

Leyendo la Gaceta Oficial, del mes de
Agosto para acá, tiene que sentirse desconcertado quien crea ,todavía en la eficacia de las leyes de los hombres, aun
cuando se aparten del orden natural.
¡Qué abrumadora florescencia! ¡Como si
la bondad de los códigos no estuviera
generalmente en razón inversa de su prolijidad! Las leyes de la naturaleza son
muy sencillas, muy claras y abarcan el
infinito. Sus moldes son inflexibles y es
sin embargo inimaginable la diversidad
de modalidades de acción que en ellos
caben. Nuestros mandatarios proceden
al revés: multipli~an la letra, malgastan

fuerzas y quizás nada bueno alcanzan .....
Pero pasemos sin advertir ligerezas, impropiedades, abusos, confusiones y contradicciones. Señalemos tan solo la tendencia al socialismo de Estado teutónico
que se descubre en la mayor parte de las
disposiciones de nuestra Gaceta, en lo
económico y en lo docente. ¡Y ello en plena zona tórrida, donde urge a toda costa robustecer las energías individuales!
CADA UNO HABLA SU LENGUA

¡Es curioso! Por haber sido Wilson profesor, se anotan en contra de los intelectuales en general, las vacilaciones y los
desaciertos que se atribuyen al Secretario de Estado BRYAN, dando a entender
que la alta cultura y el bagaje de teorías
apropiadas son contraproducentes para
el gobierno político de los pueblos. ¿Pero qué llamarán alta cultura? ¿ y qué,
teoría? El buen gobernante y -el buen
universitario deben reunir exactamente
los mismos caracteres de cerebración, de
potencia volitiva y de justeza de miras.
La investigación en el laboratorio, la so·

�53

tor.As y .RBCOlt'rES

NOTAS Y RECORTES

lución de los problemas sociales, _el atinado manejo de los hombres y de las
cosas, exig.en dotes que son de un mismo
orden fisiológico . Todo hombre esclarecido, resuelto y consecuente en sus actos
sucesivos, todo hombre de gran acción,
es forzosamente un gran intelectual. Si
erramos, en EE. UU., o en Costa Rica , es
precisamente por imprevisión, por falta
de reglas generales, por incapacidad para la abstracción; en una palabra, por
falta de teoría. Los Bryan de allá-si
son como los pintan-y los de aquí, serán todo, excepto teóricos de verdad.

blica ; de que no es cosa que interesa sólo a
unos cuantos sabios; de que tiene más importancia que la decorativa consistent e en
hacer buen papel entre los pueblos civilizados, qu e han dado en la flor de enamorarse
de la cultur a popular.
E n esta preconcienciadel pr oblema ¡ cuántas lagunas podrían señala rse! ¡Qué endeble
y t ierno nos parcee todavía ese interés naciente ! La predilección que se otorga a las
cuestiones confesionales y políticas sobr e
las e:¡ue son propiamente de enseñanza; la
falsa oposición que se pretende establecer
entr e educación e instrucción, p ara menospreciar solapadamente a ésta; el espfr-:it u
utilitario y práctico que se quiere imprimir
a la renovación de la enseñanza son señales
de lo incompleto y r udimentario que es t odavía ese movimiento de opinión. P ero es
algo, es el primer paso, para que tenga realidad en la conciencia española uno de los
términos de aquel programa de regeneración, trazado por Joaquín Costa en dos solas palabras que valen por muchos discursos: escuela y despensa, versión popular de
cultura y riqueza, los verdaderos ci m ientos
de la grandeza de las naciones.
Esa preconciencia del prol?lema de la cultura , del problema de la educación, que es

52

E.

J. R.

LA UNIVE RSIDAD Y LOS " P RÁCTICOS"

La opinión española empieza a interesarse por los problemas de la educación. Es
un interés naciente, acaso superficial, todavía muy incompleto, pero que permite considerarlo" optimistaniente como una señal
de renacimiento. Se empieza a formar conciencia acerca de tan vital asunto; hay ya
una preconciencia, un sentimiento confuso
de q ue la instrucción es una necesidad pú-

�54

NOTA$ Y RECORTE$

NOTAS Y RECOBTES

el problema de la preparación para la vida,
bajo sus distintos aspectos, entre los cuales
el de la instrucción es el menos discutible
es todavía: como digo, muy incompleta. S~
comprende ya la necesidad de la escuela;
pocos se atreven a decir que es mejor que
los pobres no sepan nada, que al pueblo le
conviene la ignorancia, porque le ahorra
cavilaciones, aparta de él tentaciones y rebeldías y le permite ser más feliz dentro de
su simplicidad. ¡ Como si esto fuera posible!
i Como si aparte de todas las razones ideales y morales, la economía moderna ~o exigiera mínimos crecientes de cultura hasta
pa1'a las más humildes formas de la concurrencia vital ! Pero si se comprende la escuela, no se comprende todavía la Universidad. La Universidad, según uño de esos
tópicos de la vulgaridad que corren por las
bajas capas de la política y del periódico y
arra~tran a muchos simples en quienes está
abolida la función de discurrir es una fábrica de títulos académicos, u~ vivero de
doctores y licenciados, de hambrientos de
levita que asaltarán el día de mañana los
destinos públicos por no servir para otra
cosa.
No se advierte que el problema de la instrucción es un problema orgánico, cuyas

partes actúan recíprocamente unas sobre
otras. Sin Universidad no habrá escuela a
menos que enviásemos a los maestros' a
educarse en el Extranjero. No basta que
baya Escuelas normales u otros seminarios
de maestros. De la Universidad, de los centros de enseñanza superior científica, llámense como se quiera y no hay por qué variarles aquel glorioso nombre que encierra
la tradición de la cultura desdé la Edad
Media, procede el nivel del saber que luego
se diversifica en varias aplicaciones y forma
los especialistas d~ las diferentes profesiones y hace profesores normales, inspectores,
maestros. Sin cultivo puro de las ciencias,
las aplicaciones caerían en el empirismo,
degenerarían, se petrificarían en la rutina,
Con razón se achaca a la Universidad aleana, al cultivo de las ciencias físico-quimicas, el desarrollo extraordinario de la
industria y .el comercio germánicos. El progreso de las aplicaciones. prácticas, tiene
por supuesto el adelanto de las ciencias.
El impulso de la Universidad llega a la
cuela de primera enseñanza. Contra la
niversidad conspiran el sentido utilita·o del practicismo (a veces lo que parece
áctico es lo menos p-ráctico) y la pedante-

55

�5(1

•

).'0'1'AS Y HEl'Oln'ES

ría de los autodidactos
pasado por ella, creen que no sirve par
nada. Los unos dicen: "¡ nada de faculta
des, ni de filosofías, ni de monsergas; lo qu
queremos es cosas prácticas; cosas que sir
van para la vida, ingenieros, maestros, co
merciantes !". Como si eso pudiera logrars
sin un intenso cultivo de la ciencia. Lo
otros se figuran a las Universidades como
Escuelas arcaicas, ajenas a la cultura moderna, y no advierten que todo lo que h
sobresalido en la cultura española contemporánea desde Costa a Menéndez Pclayo
de la Universidad procede (hablo de la Uní
versidad en sentido genérico, de enseñanz
científica superior).
¡De "Nuevo Mundo.")

BORRADOS

En la sesión del 15 de :Marzo, ln .lcnd
mía de Cit·nci:is '· ... ncesa ha decidido 1
cxclüsión de los siguieAtes miembros al
manes, firmantes del conocido ~Ianifiesto
Baeyer (químico), E. Fischer (químico
\Yaldeyer (anatomista) y F. Klein (mat
mático).-Otras sociedades sabias han i
mado ya resoluciones semejantes.

.\°TILLAl\·A (&amp;mm//,11)
N JUA,\' DE LA CRUZ
AY LUIS DE LEO.V
ROCHEFOUCA ULD
s LIIIR0S DE HORAS son voh1menes impresos en vitela
lada; todas !ns páginas decoradasZcon variados orna•
de estilo, a dos colores; la encuadernación en per•
loo legitimo, impreso en varios colores esmaltRdos, con
aderas y marcador de cintas de seda. El libro tiene la
afinada y paciente de un códice manuscrilo. En la
ra página lleva una dedicatoria, con el lugar corres·ente a los nombres en blanco. Es un admirable libro-

PUBLICACONES RECIBIDAS.
Ca.~a Editorinl,PROMETEO, de Valencia, acaba de
• ar La Risa, por E. Bergson, una de las mejores obras
·das recientemente en Parfs, y seguramente la más
ante del gran pensador francés. ¿Por qué relmos y
~ nos hacen reir? ¿Qué es la risa? ¿Qué representa
vida social? Lo cómico en el lenguaje, lo cómico en la
n y en el movimiento y lo cómico en los caracteres. La
mo represión moral. Todos esos puntos se estudian
Jarecen en este 111,ro, de una singularidad extrnordi• uniendo a las observaciones del hJósofo el encanto de
agen, acertada y luminosa, delicadamente expuesta y
rosamente labrada, con un acierto de 1mista. A estos
res de la forma debe Bergson su póblico femenino,
llena su cátedra de Parls. Asl le llaman "el filósofo de
1a obra,

admirablemente presentada por sus edi1ores,
na magnifica cubiert.i a todo color, se vende a dos pe.
en todas las buenas librerfas.

MERCURIO lllt

NUEVA ORI.E.\:'\S

S11111ari1J de abril de 1915:
gina personal del Director.-To/edo: por Romera :'\a- Curiosidades - St&gt;11elo: por Falconi Villagómez 1.1 Hllt..111,1: por Rodrigo Cen:intes - A.:tualida&lt;les-;.

••

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                  <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Agua de Riego</name>
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        <name>Manuel Díaz Rodríguez</name>
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                    <text>��eolecci6n 11 R I EL
APULEYO

ffIsroa,n DE PSIQUIS YCUPIDO
( Tm,i11cíd.z dd /11Jl11 por Die,,.l{I) Lóju~ d~ Cort~g,m,1)

•·•LtO'TCCA CENTRAL
U. A. N. L

SAN JOSE DE COSTA RICA , C. A.
Imprenta Grefta a

1

�APRECIACIONES.

1lbril de 1915

--~ _____________
.J •

_____

TS.3:&gt; A=93TOt.J
__-;.;_
..J .14 .&gt;.
.u

~

Nació Apuleyo en Madaurfl (A
frica), el año 114 de Cristo. Estudió en Cartago y viajó luego por
Oriente, Grecia e Italia, desde los
quince hasta los veinticinco años.
Casó en Oea con Pudentilla, madre
de un su amigo, cuya familia, enemistada con A pule yo, entabló contra él un proceso, acusándole, entre otros crímenes, del de magia.
Salió vencedor Apuleyo y se estableció en Cartago, donde vivió has ta su muerte, acaecida por los años de 185 a 190, consagrado al
estudio y a la oratoria, en la cual
Jleg6 a adquirir fama extraordinaria. Consta que tradujo al latín el
Phedon de Platón, pero esta y
otras muchas obras suyas se han

�4

APRECI.ACIOXES

perdido, habiendo llegado a nosotros solamente los once libros de
las Metamorfosis (o El Asno de Oro), los cuatro de las Floridas,
el opúscuJo Del Dios de 86crates,
los tres libros De la doctrina de
·P lat6n, el tratado De.l jjfundo y la
.Apología ante Glaudio jjfáximo.

. La obra de Apuleyo quA a nosotros por ab-:J ra nos interesa, son
las Jr/etarno1'fosis o El Asno de Oro,
escrito por el añ,1 184 seis después de la muerte de. Luciano de
Samósata.
Las iJ,fetamorfosis no son obra
enteramente original, sino que están inspiradas en el opúsculo: Lu •
cío o El Asno, atribuícl o a Luciano, el cual a sn vez reprodujo, según Focio, las 1Jletam01'fosis de Lucio de Patras (si es que éste es
fl ~terior a Luciano ), obra hoy perdida. Apuleyo amplifica esos mo-

APRECUCIO~ES

5

delos, escribiendo un libro de mero entretenimiento, donde combina varias fábulas milesias para formar el argumento.
Uno de los episodios de la obra de A pu ley o es la historia de
Ps1¡clie,que una vieja, ama de gobie0rno de cierta cuadrilla de ladrones (incidente imitado en el Gil
Blas de Santiliana), refiere a una
joven, de quien se han apoderado,
para distraerla. "Mezcla abigarrada de cuentos milesios, casos
trágicos, historias de hechicerías y
mitoil filosóficos, El Asno de Oro,
que como novela de aventuras es·
tá llena de interés y de gracia, es,
sin duda, el tipo más completo de
la novela antigua, y nos deleitaría
hoy tanto como a los lectores del
siglo II, si estuviese escrita con
más llaneza de estilo y no en aquella manera decadente, violenta

�6

7

il'R ECU.CIOXES

.APRECIACIOh"ES

y afectada, llena de intolerables
arcaísmos y grecismos, de frases

ger en sus viajes por Oriente y por
Grecia.

simili-cadentes, de palabras compuestas o torcidas de su natural
sentido, de metáforas y catacreses
~onstruosas, de diminutivos pueriles y de todo género de aliños indecorosos a la grave majestad de
la lengua latina.'' •
La fábula de Psiquis no consta en el Luci·o de Luciano. Apuleyo es el único escritor de la antigüedad clásica que nos la trasmite.
¿ Quiere decir esto que sea obra original suya ? Algunos lo han creído así. Nosotros pensamos, por el
contrario, que se trata de algunos
de esos mitos filosóficos a que tan
aficionados eran los platóuicos (recuérdese el de Rr el Armenio eo
el últ.imo libro de la Repüblica de
Platón) y que Apuleyo pudo reco• M. Menéndez y Pelayo: 01/gems de la .Vovd.i. Madrid, Bailly-Balliérc, 1905. Pag. XIV

... El Asno de Oro de Apuleyo bellamente traducido del latín
al' castellano en 1513 por Diego
López de Cortegana, Arc~diano de
Sevilla y fervoroso erasmista.

A.

BONILLA y SAN MARTIN

( El Mito de Psyquis.)

La obra qne inmortalizará el
nombre de Apuleyo, es la novela
en once libros en que ha desarrollado el asunto que Luciano tan vivamente esquició, las tribulaciones
de un asno q ne ha sido hombre~ Y
que concluye por recuperar su dignidad de bípedo. Las Metamo1'fosis por otro nombre El Asno de Oro' son un cuadro completo de la
vida y de la sociedad e~ el siglo
segundo de nuestra era; ciertamente que no es un cuadro de mano

�8

A PREGIACIONES

maestra, 'aun cuando está pintado
con cierta fuga meridional y con
alguna gracia Y. espiritual jovialidad. Algunas de las figuras presentadas por Apuleyo son muy gracia·
sas. Algunos de sus cuentos son
muy buenos, a pesar del execrable
procedimiento estilístico que le sir
ve para echar a perder de continuo
las mejores ideas y las mejores sentencias. No me refiero a los cuentos en que la gracia va mezclada
con la deshonestidad, sino a aquellos que todos pueden leer, y de
los que se han acor.dado Cervantes
y otros autores modernos. E:1 las
.1lletamo1fosis hay algo mejor que
los buenos cuentos: el mito de Psiquis, una de las maravillas de la
imaginación antigua. Es claro que
Apuleyo no inventó ese mito; pero
lo cuenta con soltura y gracia, y
hasta con una especie de relativa
sencillez. Por el asunto y aun por

IPHF.l ' IA( ' IOXES

9

el estilo, son incontestablemente
los mejores de su obra los capítulos en que relata las aventuras de
la amante de Cupido. A La Fontaine le bastó sustituir la gracia de
Apuleyo con algo de su poesía y de
su natural ingenuo, para hacer una
obra maestra de la ·narración del
escritor de Madaura. Por más que
sea africano; cuando se ha tenido
la fortuna de A puleyo con su Psiquis, no se puede morir, porque
se deja una obra y un nombre.
ALEJO PIERRON
( /li,foire dt l., Littmzture Rom,,í11t.)

Pero colocada como uno de los
episodios en la narración principal-una verdadera joya en medio
de sus mofas, su tosca aunque genuina humanidad, sus burlescos
horrores, aparece la historia de
Cupido y Psiquis, llena de brillantes y animados pasajes-speciosa

�10

APllECUCió:&amp;ES

locis-y copiosa en hermosos y visibles vuelos de la fantasía (le parece a uno ver y tocar el cabello de
oro, las frescas flores, las preciosas obras de arte) pero llena también de un idealismo gentil, de modo que puede considerarse, si se
quiere, como· una alegoría. Con
una concentración de sus más finos
dones literarios, A puleyo hn recogido en ella la esencia imponderable de muchos deliciosos cuentos
viejos.

vVALTER p ATER.
( ,)f,ll'ius //,e Epimremt)

HISTORIA DE PSIQUIS Y CUPIDO *
Eranse en una ciudad un rey y una reina, y tenían tres hijas muy hermosas, de
las cuales dos de las mayores, como quier
que eran hermosas y bien dispuestas,
podían ser alabadas por loores de hombres, pero la más pequeña, era tanta su
hermosura, que no bastan palabras humanas para poder expresar ni suficientemente alabar su belleza. Muchos de
otros reinos y ciudad.es, a los cuales la
fama de su hermosura juntaba, espantados con admiración de su tan grande
hermosura, donde otra doncella no podía llegar, poniendo sus manos a la boca
y los dedos estendidos, así como a la
diosa Venus con sus religiosas adoraciones la honraban y adoraban.
Ya la fama corría por todas las ciuda• Libros IV, V y VI de las .lfet,1111orfasis de Apuleyo .
Tr~ducción de D iego López de Cortegana, con algunas
vanantes.

�12

.APULEYO

l'SIQUIS Y CtIPfDO

des y regiones cercanas que ésta era la
diosa Venus, la cual nació en el profundo
piélago de la mar y el rocío de sus ondas
la crió. Ya decían así mismo que otra
diosa Venus, por influjo de las estrellas
del cielo, había nacido otra vez, no en la
mar pero en la tierra, conversando con
todas las gentes, adornada de flor de virginidad. De esta manera su opinión procedía de cada día,*queyala fama de ésta
era derramada por todas las islas de alderredor y en muchas provincias de la
tierra; muchos de los mortales venían de
fuengos caminos, así por la mar corno
por tierra, a ver este glorioso espectáculo que había nacido en el mundo. Ya nadie quería navegar a ver la diosa Venus,
que estaba en la ciudad de Pafo, ni tampoco a)a isla de Gnido, ni al monte Citherón, donde le solían sacrificar; sus
templos eran ya destruidos, sus sacrificios olvidados, sus ceremonias menospreciadas, sus estatuas estaban sin honra ninguna, sus aras y altares, sucias y

cubiertas de ceniza fría. A esta doncella
suplicaban todos, y debajo de vulto·~ humano adoraban la majestad de tan gran
diosa y cuando de mañana se levantaban, todos le sacrificaban con sacrificios
y manjares, como sacrificaban a la diosa
Venus. Pues cuando iba por la calle o
pasaba alguna plaza, todo el pueblo, con
flores y guirnaldas de rosas, le suplicaban y honraban.
Esta grande traslación de honras celestiales a una moza mortal, encendió
muy reciamente de ira a la verdadera
diosa Venus, y con mucho enojo meciendo la cabeza, y riñendo entre sí, dijo de
esta manera: "¡Véis aquí yo, que soy la
primera madre de la na tura de todas las
cosas; yo, que soy principio y nacimiento
de todos los elementos; yo, que soy Venus, criadora de tod as las cosas que hay
en el mundo, soy tratada en tal manera
que en la.,honra de mi majestad haya de
tener parte y ser mi aparcera una moza
mortal, y que mi nombre, formado y

• De esta ma nera su fama crecía más cada día.

Rostro, semblante.

13

�14

15

APIJLEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

puesto en el cielo, se haya de profanar en
suciedades terrenales. ¿Tengo yo de sufrir que tengan a cada duda si tengo yo
de ser adorada o esta doncella, y que haya de tener comunidad conmigo? ¿Y que
una moza que ha de morir,_ tenga mi gesto que piensen que soy yo? Según esto,
por demás me juzgó aquel pastor que
por mi gran hermosura me prefirió a tales diosas, cuyo juicio y justicia aprobó
aquel gran Júpiter. Pero ésta, quien quiera que es, que ha robado y usurpado mi
honra, no habrá placer de ello; ¡yo le haré que se arrepienta de esto y de su ilícita
hermosura!" Y luego llamó a Cupido,
aquel su hijo con alas, que es asaz temerario y osado, el cual, con sus malas costumbres, menospreciada la autoridad pública, armado con saetas y llamas de
amor, discurriendo de noche por las casas ajenas, corrompe los casamientos de
todos, y sin pena ninguna comete tantas
maldades, que cosa buena no hace. A
este, como quier que de su propia natura
él sea desvergonzado, pedigüeño y destruidor, pero, demás de esto, ella le en-

cendió más con sus palabras, y llevólo a
a quella ciudad donde estaba esta doncella que se llamaba Psicbes, y mostrósela,
diciéndole con mucho enojo, gimiendo y
cuasi llorando, toda aquella historia de
la semejanza envidiosa de su hermosura,
diciéndole en esta _m anera: "Oh hijo, yo
t e ruego, por el amor que tienes a tu madre, y por las dulces llagas de tus saetas,
y por los sabrosos fuegos de tus amores,
que tú des cumplida venganza a tu madre, y véogala contra la hermosura rebelde o contumaz de esta mujer, y sobre
t odas las otras cosas has de haber una,
la cua:1 es que esta doncella sea enamorada de muy ardiente amor de hombre de
poco y bajo estado, al cual la fortuna no
dió djgnidad de estado, ni patrimonio, ni
salud. Y sea tan bajo, que en todo el
mundo no halle otro semejante a su miseria.
Después que Venus hubo hablado esto,
besó y abrazó a su hijo, y fuese a la ribera de un río que estaba cerca, donde con
sus pies hermosos holló el rocío de las
ondas ·de aquel río, y de allí se fue a la

�16

APl'LEYO

mar, adonde todas las ninfas de la mar
le vinieron a servir y hacer lo que ella
qaería, como si· otro día antes se lo hubiese mandado. Allí vinieron las hijas de
Nereo cantando, y el dios Neptuno, con
su áspera barba del agua de la mar, y
con su mujer Salicia, y Palemón, que es
guiador del delfín. Pues las compañas de
los Tritones, saltando por la mar, unos
tocan trompetas, otros traían un palio
de seda, porque el sol su enemigo no le
tocase, otro pone el espejo delante los
ojos de la señora. De esta manera, nadando con sus carros por la mar, todo
este ejército acompañó a Venus basta el
mar océano.
Entre tanto, la doncella Psiches, con
su hermosura sola para sí, ningún fruto
recibía de ella. Todos la miraba n y todos
la alababan, pero ninguno que fuese rey
ni de sangre real, ni aun siquiera del pueblo la llegó a pedir, diciendo que se quería casa..r con ella. Maravilláb a nse de ver
sn divina hermosura , pero maravillában·
se como quien ve una estatua pulidamen·
te fabricada. Las dos hermanas mayores,

P SIQUIS Y CUPIDO

17

porque eran templadamente hermosas,
no eran tanto divulgadas por los pueblos, y habían sido desposadas con dos
reyes que las pidieron en casamiento, con
los cuales ya estaban casadas y con buena ventura apartadas en su casa. Mas
esta doncella Psiches, &lt;!Staba en casa del
padre llorando su soledad, :,:.siendo virgen , era viuda, por la cual causa estaba
enferma en el cuerpo y llagada en el corazón. Aborrecía en sí su hermosura, como quier que a todas las gentes pareciese

bien.
El mezquino* padre de esta desventura.da hija, sospechando que alguna ira Y
odio de los dioses celestiales hubiese contra ella, acordó de consultar el oráculo
antiguo del dios Apolo, que estaba en la
ciudad de Milesia, y con sus sacrificios Y
ofrendas suplicó a aquel dios que diese
casa y marido a la triste de su hija. A polo, como quier que era griego y de nación
jonia, por razón del que había fundado
aquella ciudad de Milesia, pero respon- .D -;;sdichado . El mismo sentido tiene esta palabra
todas las veces que se usa tn este cuento.

�18 .

1':-IQUJI'; Y C{TPll&gt;O

Ál'ULEYO

dió en latín estas palabras: "Pondrás esta moza, adornada de todo aparato de
llanto y luto, como para enterrarla, en
una piedra de una alta montaña, y déjala allí. No esperes yerno que sea nacido
de linaje mortal, mas espéralo fiero y
cruel, y venenoso como serpiente, el cual,
volando con sus alas, fatiga todas las
cosas sobre los cielos, y con sus saetas y
llamas doma y enflaquece tQdas las cosas, al cual el mismo dios Júpiter terne y
todos los otros dioses ~e espantan, los
ríos y lagos del infierno le temen."
El rey, que siempre fue próspero y favorecido, como oyó este vaticinio y respuesta de su pregunta, triste y de mala
gana tora6sc para tras a su casa. El
cual dijo y manifestó a su mujer el mandamiento que el dios Apolo había dado
a su desdichada suerte, por lo cual llorararon y plantearon* algunos días. En
esto ya se llegaba el tiempo que habían
de poner en efecto lo que Apolo mandaba, de manera que comenzaron a apare•

Lloraron, sollozaron, gimieron.

19

jar todo lo que la doncella había menester para sus mortales bodas. Encendieron
la lumbre de las hachas negras con hollín
y ceniza, y los instrumentos músicos de
las bodas se mudaron en lloro y amargura, los cantares alegres en luto y lloro;
y la doncella que se había de casar, _se
limpia las lágrimas con el velo de alegnaDe manera que el triste hado de esta casa hacía llorar a toda la ciudad. La cual,
como se suele hacer en lloro público,
mandó alzar todos los oficios, y que no
hubiese juicio ni juzgado.
El padre, por la necesidad que tenía de
cumplir lo que Apolo había _mandad~,
procuraba de llevar la mezquina de Pstches a la pena que le estaba profetizada.
Así que, acabada la solemnidad de aquel
triste y a margo casamiento, con grandes
lloros ,•ioo todo el pueblo a acomp1:1ñar
a esta desdichada, que parecía que la llevaban viva a enterrar y que éstas no
rran sus bodas, mas sus exequias. _Los
tristes del padre y la madre, conmovidos
de tanto mal, procuraban cuanto podían
de alargar el negocio y la hija comenzó-

�20

21

APULEYO

PSIQUIS Y CU PIDO

les a decir y amonestar de esta manera:
"¿Por qué, señores, atormentáis vuestra
vejez con tan continuo llorar? ¿Por qué
fatigáis vuestro espíritu, que más es mío
que vuestro, con tantos aullidos? ¿Por
qué ensuciáis esas caras que yo tengo de
honrar, con lágrimas que poco aprovechan? ¿Por qué rompéis en vuestros ojos
los míos? ¿Por qué arrancáis vuestras
canas? ¿Por qué apuñeáis vuestros santos pechos? ¡Este será el premio y galardón claro y egregio de mi hermosura!
Vosotros estáis heridos mortalmente de
la envidia, y sentís tarde el daño. Cuando las gentes y los pueblos nos honraban
y celebraban con divinos honores, cuando todos a una voz me llamaban la. nueva diosa Venus, entonces os había de doler y llorar, entonces me habíais ya de
tener por muerta. Ahora veo y siento
que sólo este nombre de Venus ha sido
causa de mi muerte. Llevadme ya y dejadme ya en aquel risco donde A polo
mandó. ¡Ya yo querría haber acabadq
estas bodas tan dichosas! ¡Ya deseo ver
a aquel mi generoso marido! ¿Por 'qué

tengo yo de detener aquel que es nacido
para destrucción de todo el mundo?"
Acabado de hablar esto, la doncella
calló, y como ya venía todo el pueblo
para acompañarle, lanzóse en medio de
ellos y fueron su camino a aquel lugar
donde estaba un risco muy alto, encima
de aquel monte, encima del cual pusieron la doncella y allí la dejaron, dejando
así mismo con ella las hachas de las bodas que delante de ella llevaban ardiendo, apagadas con sus lágrimas: y, abajadas las cabezas, tornáronse a sus casas.
Los mezquinos de sus padres, fatigados
de tanta pena, encerráronse en su casa,
y cerradas las ventanas, se pusieron
en tinieblas perpetuas. Estand-:&gt; Psiches
muy temerosa llorando encima de aquella peña, vino un manso viento de cierzo,
y como quien estiende las alas, la tomó
en su regazo; así, poco a poco, muy mansamente la llevó por aquel valle abajo y
la puso en un prado muy verde y hermoso de flores y hierbas, donde la dejó, que
parecía que no le había tocado.

�22

APULEYO

* * *
Psiches, estando acostada suavemente
en aquel hermoso prado de flores y rosas,
alivióse de la pena que en su corazón tenía, y oomen:'.Ó dulcemente a dormir.
Después que suficientemente hubo descansado, levantóse alegre, y vió allí cerca una floresta de muy grandes y hermosos árboles, y vió así mismo una fuente
muy clara y aplacible.* En medio de
aquella floresta, cerca de la fuente, estaba una casa real, la cual parecía no ser
edificada por manos de hombres, sino
por manos divinas; a la entrada de la
casa estaba un palacio tan rico y hermoso, que parecía ser morada de a lgún dios,
porque el zaquizamí y cobertura era de
madera de cedro y de un marfil maravillosamente labrado, las columnas eran
de oro, y todas las paredes cubiertas de
plata, en la cual estaban esculpidos bestiones y animales, que parecía que arremetían a los que allí entraban . Maravilloso cierto hombre fue el que tanta arte
• Agradable.

PSIQUIS Y CUPIDO

23

sabía, y pienso que fuese medio dios, y
aun creo que fuese dios el que con tanta
sutilidad y arte hizo de la plata estas
bestias fieras. Pues el pavimento del palac:o, todo era de piedras preciosas de
diversos colores, labradas muy menudamente como obra mosaica. De doude se
puede decir una vez y muchas, que bienaventurados son aquellos que huellan sobre oro y piedras preciosas; ya las otras
piezas de la casa muy grandes y anchas,
y preciosas sin precio. Todas las paredes
estaban enforradas en oro, tanto resplandeciente, que ella hacía día y luz a sí
misma, aun.que el sol no quisiese. Y de
esta manera resplandecían las cámaras y
los portales y corredores, y las puertas
de toda la casa. No menos respondían a
la majestad de la casa todas las otras
cosas que en ella había, por donde se podía muy bien juzgar que Júpiter hubiese
fundado este palacio para la conversación humana.
Psicbes, convidada con la hermosura
de tal lugar, llegóse acerca, y con una
poca de más osadía entró por el umbral

�24

25

Al'rl,EYO

PS 1 QUTS Y CUPIDO

de la casa, y como le agradaba la hermosura de aquel edificio, entró más adelante, maravillándose de lo que veía. Y dentro en la casa vió muchos palacios y
salas perfectamente labrados, lleno~ de
grandes riquezas, que ninguna cosa había en e1 mundo que allí no estaba. Pero
sobre todo, lo que más se podría uno
allí maravillar, demás de las riquezas
'que había, era la principal y maravillosa,
que ninguna cerradura ni guarda había
allí donde estaba el tesoro de todo el
mundo.
Andªndo ella con gran placer viendo
estas cosas, oyó una voz sin cuerpo que
le decía: "¿Por qué, señora, tú te espantas de tantas riquezas? Tuyo es todo esto que aquí ves; por ende éntrate en la
cámara y ponte a descansar en la cama,
y, cuando q_uisieres, demanda agua para
bañarte, que nosotras, cuyas voces oyes,
somos tus servidoras y te serviremos en
todo lo que mandares, y no tardará el
manjar que te está aparejado para esforzar tu cuerpo."
Cuando esto oyó Psiches, ~sintió que

aquello era provisión* divina, y descansando de su fatiga, durmió un poco, y
después que despertó, levantóse y lavóse,
y viendo que la mesa estaba puesta y
aparejada para ella, fuese a !'entar, y luego vino mucha copia de diversos manjares, y así mismo un vino que se llama néctar, de que los dioses usan, lo cual todo
no parecía quien lo traía, y solamente
parecía que venía en el aire, ni tampoco
la señora podía ver a nadie, más solamente oía las voces que hablaban, y a estas solas voces tenía por servidoras. Después que hubo comido, entró un músico
y comenzó a cantar, y otro a tañer con
una vihuela, sin ser vistos. Tras de esto
comenzó a sonar un canto de muchas voces, y como quier que ningún hombre pareciese, bien se manifestaba que era coro
de muchos cantores. Acabado.este placer,
ya que era noche, Psiches se fue 2. dormir,
y despué~ de haber pasado un rato de la
noche, comenzó a dormir, y luego despertó con gran miedo y espanto, temiendo
*

l\Iandamiento, providencia.

�26

APULF.YO

en tanta soledad no le aconteciese algún
daño a su virginidad, de lo cual ella tanto mayor mal temía, cuanto más estaba
ignorante de lo que allí había, sin ver ni
conocer a nadie. Estando en este miedo,
vino el marido no conocido, y subiendo
en la cama, hizo su mujer a Psicbes, y
antes que fuese de día partióse de allí, y
luego aquellas voces vinieron a la cámara y comem;aron a curar* de la novia,
que ya era dueña. De esta manera pasó
algún tiempo sin ver a su marido, ni haber otro conocimiento. Y como es cosa
natural, la novedad y estrañeza que antes tenía, por la mucha continuación ya
se había tornado en placer, y el sonido de
la voz incierta ya le era solaz y deleite de
aquella soledad.
Entre tanto su padre y madre se envejecían en l!anto y luto continuo. La fama
de este negocio, como bahía pasado, había llegado a donde estaban las he1manas mayores casadas, las cuales, con mu•

Cuidar.

PSIQUIS Y Ct'"PIDO

'27

cha tristeza, cargadas de luto, dejaron
sus casas v vinieron a ver sus padres,

para babla.rles y consolar. Aquella misma noche, el marido habló a su mujer
Psiches, porque como quier que no lo
veía, bien lo sentía con los oidos y palpaba con las manos, y díjole de esta manera: "Oh señora, dulcísima y muy amada mujer: la cruel fortuna te amenaza
con un peligro de muerte, del cual yo
querría que te guardases con mucha cautela. Tus hermanas turbadas, pensando
que tú eres muerta, han de seguir tus pisadas y venir hasta aquel risco de donde
tú aquí viniste, y si tú por ventura oyeres sus voces y llantos, no les respondas
ni mires allá en manera ninguna, porque
si lo haces, a mí me darás mucho dolor,
pero para ti causarás un grandísimo
mal, que te será cuasi la muerte.". Ella
prometió de hacer todo lo que el mando le
mandase, y que no haría otra cosa; pero
como la noche fue pasada y el marido de
ella partido, todo aquel día la mezquin~
consumió en llantos y en lágrimas, diciendo muchas veces que ahora conocía

�28

.\ l'ULEYO

que ella era muerta y perdida, por estar
encerrada y guardada en una cárcel honesta, apartada de toda habla y conversación humana, y qae aun no podía ayudar y responder siquiera a sus hermanas,
que por su causa lloraban, ni solamente
las podía ver. De esta manera aquel día
ni quiso lavarse oi comer, ni recrear con
cosa alguna, sino llorando con muchas
lágrimas se fue a dormir.
No pasó mucho tiempo que el marido
vino más temprano que otras noches, y
acostándo¡;e en la cama, ella, aunque es.taba llorando, y abrazándola, comenz6
a reprenderla de est&lt;i. manera: "Oh mi señora Psiches: ¿esto es lo que tú me promefote? ¿Q_ué puedo yo siendo tu marido, esperar de ti, cuando el día y toda la
nccbe, y aun ahora que estás conmigo,
no dejas de llorar? Anda ya, haz lo que
quieres, y obedece a tu voluntad que te
demanda daño para ti; pero cuando tarde te arrepintieres, te recordarás de lo
que yo te be amonestado."
Entonces ella, con muchos ruegos, diciendo que si no le otorgaba lo que que-

PSIQUIS Y CUPJDO

20

ría, que ella se moriría, le sac6 por fuerza

y contra su voluntad que hiciese lo que
deseaba, que vea a sus hermanas y las
consuele y hable con ellas, y aunque todo
Jo que quisiere darles, así oro como joyas
y collares, que se lo dé. Pero muchas vel'eS le amonestó y espantó que_no consienta en e] mal consejo de sus hermanas,
ni cure de buscar ni saber el gesto y figu·
r a de su marido, porque con esta sacrílega curiosidad no caiga de tanta riqueza
y bienaventuranza como tiene, que haciéndolo de otra manera, jamás le vería
ni tocaría.
Ella dió muchas gracias al marido, y
estando ya más alegre dijo: ''Por cierto,
señor, tú sabrás que antes moriré que no
que hubiese de estar sin tu dulcísimo casamiento, porque yo, señor, te amo y
muy fuertemente, y quien quiera que eres
te quiero corno a mi ánima, y no pienso
que te puedo comparar al dios Cupido.
Pero demás de esto, señor, te ruego que
m andes a tu servidor el viento cierzo que
traioa
o a mis hermanas aquí, así como a
mí me trajo;" y diciendo esto, dábale mu-

�- 30- - - -

__

_, ,\l't;U;Yo

chos besos, y halagándolo con muchas
pal~~ras Y_ ~brazáodolo con halagos y
cancias, d1c1endo: "¡Mi dulce marido!
¡dulce ánima de tu Psiches!" y otras palabras por donde el marido fué vencido,
Y_ prom~t'.6 de hacer todo lo que ella qui.
s1ese. Vauendo ya el alba, él se desapare·
ció de sus manos.
. Las hermanas preguntaron por aquel
nsco o lugar donde habían dejado a Psiches, y luego fuéronse para allá con mucha priesa, de donde comenzaron a llorar
y dar grandes voces y aullidos, hiriéodo,
se en los pechos, tanto que a las voces
que daban, los montes y riscos sonaban
1~ que ellas decían, llamando por su propio nombre a la mezquina de su hermana. Hasta tanto que Psiches, oyendo las
vo~es que sonaban por aquel valle abaj(),
s~_l16 de casa temblando como sin seso, y
d1Jo: "¿Por qué sin causa os afligís con
tantas mezquindades* y llanto? ·Porqué
11 , •
¿
ora1s, que viva soy? Dejad esos gritos y
voces; no curéis más de llorar, pues que
•

Desdichas.

PSIQT'J$ í

C'CPIDO

31

podéis abrazar y hablar a quien lloráis."
Entonces llamó al viento cier~o, y mandóle que hiciese lo que su marido le había
mandado. El, sin más tardar, obedeciendo su mandamiento, trajo luego a sus
hermanas muy mansamente, sin fatiga
oí peligro, y, como llegaron, comenzáronse a abrazar y besar unas a otras, las
cuales, con el grao placer y gozo que hubieron, tornaron de nuevo a llorar. Psiches les dijo que entrasen en su casa alegremente y descansasen con ella de su
pena y fatiga. Después que así les hubo
hablado, mostr6les la casa y las grandes
riquezas de ella, y la mucha familia de
las que le servían oyéndolas solamente,
y donde las mandó lavar en un baño
muy rico y hermoso, y sentar a la me:ia,
donde había muchos manjares abundantemente. En tal manera, que la hartura
y abundancia de tantas riquezas más celestiales que humanas, criaron envidia
en RUS corazones contra ella.
Finalmente, que la una de ellas comenzó a preguntarle curiosamente y a importunarle que le dijese quién era el señor

�32

PSIQl'IS Y GCPIUO

33

.l l'l' LEYO

de aquellas riquezas celestiales, y quién era
o qué tal era su marido. Pero con todas
estas cosas nunca Psiches quebrantó el
mandamiento rie su marido, ni sacó de
su pecho e1 secreto de lo que sabía, y hablando en el negocio, fingió que era uo
mancebo hermoso y de buena disposición, que entonces le apuntaban las barbas, el cual andaba allá ocupado eo hacienda del campo y en caza de montería,
y porque en alguna palabra de las que
hablaba no se descubriese el secreto, cargólas de oro, joyas y piedras preciosas,
y llamado el viento, mandóleque lastornase a llevar de donde las había traído,
lo cual hecho, las buenas de las hermanas tornáronse a casa. Iban ardiendo
coa la hiel de la envidia gue les crecía, y
una a otra hablaba sobre ello muchas
cosas, entre las cuales la una dijo esto:
"¡Mirad ahora qué cosa es la fortuna
ciega, malvada y cruel! ¿Parécete a tí
bien que seamos todas tres hijas de un
padre y una madre, y que tengamos di•
versos estados? Nosotras, que somos
mayores que ella, seamos esclavas de

maridos advenedizos, y que vivam?s como desterradas fuera de nuestra tter_ra,
y apartadas muy lejos de la casa y remo
de nuestros padres, ¿y esta nuest~a hermana, última de todas, que nació después que nuestra madre estaba _harta de
parir, baya de poseer :antas nque7as y
tener un dios por mando, y aun cierto
ella no sabe bien usar de tanta muc~edumbre de riquezas como tiene? ¿No viste tú, hermana, cuántas cosas están en
aquella casa? ¿cuántos collares de oro,
cuántas vestiduras resplandecen, cuántas piedras preciosas relumbran? y demás de esto ¿cuánto oro se halla en_ su
casa? Por cierto, si ella tiene el mar~do
hermoso como dijo, ninguna más bienaventurada mujer vive hoy en todo el
mundo, y por ventura podrá ser que,
procediendo la continuación y ~sforzándose más la afección, siendo él d'.os, tam~
bién hará a ella diosa. Y, por cierto, as1
es que ya ella presumía y se tratab~ con
mucha altivez, que ya piensa que es ~1osa,
pues que tiene las voces por serv~doras
y manda a los vientos. Yo, mezquma, lo

�3-!

.\l't'LEYO

primero que puedo decir, ~s_que fuí c~sada con un marido más vteJo que m1 padre, y demás de esto más calv?_ que una
calabaza, y más flaco que un nmo, guardando de continuo la casa cerrada con
herrojos y cadenas."
Desde que hubo dicho esto, comenzó_ la
otra y dijo: "Pues yo sufro otro mando
CYOtoso que tiene los dedos tuertos de la
b
'
l
.gota y él corcovado, por lo cua nt~nca
tengo placer con él, fregándole_ continuo
sus dedos endurecidos como ptc~ra, con
medicinas hediondas y paños suc1os y cataplasmas, que ya tengo quema_das estas mis manos, que solían ser de~tcadas,
que cierto yo no represento oficio de,~~
mujer, mas antes uso de perso~a de f1:sico* v aun bien fatigado. Pero tu, ber'.11ana, paréceme que sufres esto co~ ánimo
paciente, y aun mejor podría decir qu_e es
de sierva , porque ya libremente te_qu1ero
decir lo que siento. Mas yo en ning~na
manera puedo ya sufrir que tanta bien·
a venturanza haya caído en persona tan
• )'.!fdico.

_ _____
P_S'l_Q_U_Js_'_)_'_C_l_ºP_I_D_o _ _ _ 35

indigna. ¿No te recuerdas cuán soberbiamente y con cuánta arrogancia se hubo
con nosotras, que las cosas que nos mos!ró con aq~ella alabanza como gran senora, mamfestó bien su corazón hinchado, y de tantas riquezas corno allí tenía
nos alanzó esto poquito por ahí contra
su voluntad, y pensándole con nosotras
luego nos mandó echar de allí con su~
silb_os de_I viento? Pues no me tenga por
rnuJer, nt nunca yo viva, si no la hago
lanzar de tantas riquezas. Finalmente
que si esta injuria te toca a tí, como c~
razón, tomemos ambas un buen consejo,
Y estas cosas que llevarnos no las mostremos a nuestros padres ni a nadie ni
digamos cosa alguna de su salud; ha~to
nos basta lo que nosotras vimos, de lo
cu_al nos pesa de haberlo visto, y no publ,quernos a nadie tanta felicidad suya,
porque no se pueden llamar bienaventurados cuyas riquezas ninguno sabe. Al
rnenos, sepa ella que nosotras no somos
sus csclava_s, rnassus hermanas mayores,
Y ahora deJemos esto y tornemcs a nuestros maridos y pobres casas, aunque

�36

.APULEYO

cierto buenas y honestas, y después, instruidas, con mayor acuerdo y consejo
tornaremos más fuertes para castigar su
so her bia."
Este mal consejo pareció muy bueno
a Jas dos malas hermanas, y escondidas
]as joyas y dones que Psiches les había
dado, toroáronse desgreñadas como que
venían llorando y rascándose ]as caras,
fingiendo de nuevo grandes llantos. En
esta manera dejaron sus padres, refrescándoles su dolor y con mucha ira, turbadas de la envidia, tornáronse para sus
casas, concertando por el camino traición y engaño, y au1;1 muerte contra su
hermana, que estaba sin culpa.
Entre tanto el marido de Psiches 1 e]
cual ella no conocía, Ja tornó amonestar
otra vezcon aquellas sus palabras de noche, diciéndole: "¿No ves cuánto peligro
te ordena la fortuna?; pues si tú de lejos,
antes que venga, no te apartas y provees, ella será contigo de cerca. Aquellas
lobas sin fe, ordenan cuando pueden contra tí muy malas asechanzas, de las cuales la suma es esta: Ellas te quieren per-

PSIQUIS Y CUPIDO

37

suadir que tú veas mi cara, la cual, como
muchas veces te he dicho, tú no la verás
más si la ves. Así que si después de esto
aquellas malas brujas vinieren armadas
con sus malignos corazones, que bien sé
que vendrán, no hables con ellas ni te
pongas a razones, y si por tu mocedad y
por el amor que les tienes, no te pudieres
sufrir, al menos de cosa que toque a tu
marido ni la oigas ni respondas a ella,
porque acrecentaremos nuestro linaje,
que aun este tu vientre niño otro niño
trae ya dentro, y si tú encubrieres este
secreto, yo te digo que será divino, y si
lo descubrieres, desde ahora te certifico
que será mortal."
Psiches, cuando esto oyó, gozóse mucho,
y hubo placer con la divina generación.
Alegrábase con la gloria de lo que había
de dar a luz, y gozándose con la dignidad de ser madre, con mucha ansia contaba los días y meses cuando entraban y
cuando salían, y como era nueva, en los
comienzos de la preñez, maravillábase de
un punto y toque tan sutil crecer en tanta abundancia su vientre. Pero aquellas

�38 ·

.APULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

furias espantables y pestíferas, ya deseaban lanzar el veneno de serpientes, y con
esta priesa aceleraban su camino por la
mar cuanto podían.
En esto el marido de nuevo tornó amonestar a Psiches de esta manera: "Ya se
te llega el último día y la caída postrimera, porque tu linaje y la sangre tu
enemiga ya ha ·tomado armas contra_
ti, y mueve su real y compone sus batalias, y hace tocar las trompetas, y, diciéndolo más claro, las malvadas de tus
hermanas, con la espada sacada, te quieren degollar. ¡Oh cuántas fatigas nos
atormentan por eso! tú, muy dulce señora, ten misericordia de ti y de mí, y con
grande continencia callando lo que te he
dicho, libra a tu casa y marido y este
nuestro hijo de la caída de la fortuna que
te amenaza, y a estas falsas y engañosas
mujeres, las cuales según el odio mortal
te tienen y el vínculo de la hermandad
ya está quebrantado y roto, y no te conviene llamar hermanas, ni las veas ni las
oigas, porque ellas vendrán a sentarse
encima de aquel risco como las sirenas

de la mar, y harán sonar todos estos

39

montes y valles con sus voces y llantos."
Entonces Psiches, llorando, le dijo:
''Bien sabes tú, señor, que yo no soy parlera, y ya el otro día me enseñaste la fe
que había de guardar y lo que había de
callar, así que ahora tú no verás que yo
mude la constancia y firmeza de mi ánimo; solamente te ruego que mandes otra
vez al viento que baga su oficio y que
sirva en lo que le mandare, y en lugar de
tu vista, pues me la niegas, al menos
consiente que yo goce de la vista de mis
hermanas; esto, señor, te suplico por estos tus cabellos lucidos y olorosos, y por
este tu rostro semejante al mío, y por el
amor que te tengo, aunque no te conozco
de vista. Así conozca yo tu cara en este
niño que traigo en el vientre, que tú, señor, concedas a mis ruegos, hacienclo que
yo gofe de ver y hablar a mis hermanas.
Y de aquí adelante no curaré más de
querer conocer tu cara, y no me curo que
las tinieblas de la noche me quiten tu
vista, pues yo tengo a ti, que eres mi
lumbre." Con estas blandas palabras,

�40

APUL~YO

abrazando a su marido y llorando, limpiaba las lágrimas con sus ca~ellos, tanto que él fue vencido y prometió de hacer
todo lo que ella quería, y luego antes que
amaneciese se partió de ella como acostumbraba.
Las hermanas, con su mal propósito,
en llegando, no curaron de ver a sus padres, sino en saliendo de las naos, derecho se foeron corriendo cuanto pudieron
a aquel risco, adonde, con el ansia que
tenían, no esperaron que el viento 1~s
ayudase, antes con temeridad y au_dac1a
se lanzaron de allí abajo. Pero el viento,
recordándose de lo que su señor le había
mandado, rccibiólas en sus alas, aunque
contra su voluntad, y púsolas muy mansamente en el suelo. Ellas, sin ninguna
tardanza, lánzanse luego en casa y van
abrazar a la que querían perder, y mi_ntiendo el nombre de hermanas, encubrieron con sus caras alegres el tesoro de su
escondido engaño, y comenzáronle a l!sonjear de esta manera: "Hermana Ps1ches, ya no eres niña como solía; ya ~os
parece que eres madre. ¿Cuánto bien

PSIQUIS Y CUPIDO

41

piensas que nos traes en este tu vientre?
¿Cuánto gozo piensas que darás a toda
tu casa? ¡Oh, cuán bienaventuradas somos nosotras que tenemos linaje en ta·ntas riquezas, que si el niño pareciere a
sus padres, como es razón, cierto él será
el dios Cupido que nacerá!" Con este
amor y afección fingido, comienzan poco
a poco a ganar la voluntad de su hermana. Ella las mandó asentar en sus sillas
para que descansasen y luego las hizo
tavar en el baño, y después de lavadas
sentáronse a la mesa, donde les fueron
dados manjares reales en abundancia, y
luego vino la música, y comenzaron a
cantar y a tañer muysuavem!'.!nte, lo cual
aunque ~o veían quien lo hacía, era tan
dulce música, que parecía cosa celestial.
Pero con todo esto no se amansaba la
maldad de las falsas mujeres, ni pudieron
tomar espacio ni holganza con todo
aquello, antes procuraban de armar su
lazo de engaños qué traían pensado. Y
comenzaron disimuladamente a meter
palabras, preguntándole qué tal era su
marido y de qué nación o ley venía. Psi-

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43

J.PULBYO

PSIQUIS Y CUPIDO

ches, con su simpleza, habiéndosele olvidado lo que su marido le encomendara,
comenzó a fingir una nueva razón, diciendo que su marido era de una gran
provincia, y que era mercader que trataba grandes mercaderías, y que era hombre de más de media edad, que ya le
comenzaban a nacer canas. No tardó
mucho en esta habla que luego las cargó
de joyas y ricos dones, y mandó al viento que las llevase.
Después que el viento las puso en aquel
risco, tornáronse a casa altercando entre
sí de esta manera: "¿Qué podemos decir
d~ una tan gran mentira como nos dijo
aquella loca? Uoa vez nos dijo que era
su marido un mancebo que entonces le
apuntaban las barbas. Ahora dice que es
de más de media edad y ya tiene canas.
¿Quién puede ser aquel que en tan poco
espacio de tiempo le vino la vejez? Cierto, hermana, tú hallarás que, o esta mala hembra nos miente, o ella no conoce
quien es su marido. Y cualquier cosa de
estas que sea nos conviene que la echemos de estas rique_zas, y si por ventura

no conoce a su marido, cierto por eso se
casó ella y nos trae algún dios en· su
vientre. Y si así fuese, lo cual nunca dios
quiera que ésta oyese ser madre de niño
divino, luego me ahorcaría con una soga!
Así que tornemos a nuestros padres y ca• liémonos ésto, encubriéndolo con el mejor color que podremos."Enesta manera
inflamadas de la envidia, tornáronse a
casa y hablaron a sus padres aunque de
mala gana. Aquella noche, sin poder dormir sueño, turbadas de la pena y fatiga
que tenían, luego como amaneció, corrieron cuanto pudieron hasta el risco, de
donde con la ayuda del viento acostumbrado volaron hasta casa de Psiches; y
con unas pocas de lágrimas que por fuerza y apretando los ojos sacaron, comenzaron a hablar a su hermana de esta
manera:
"Tú piensas que eres bienaventurada y
estás muy segura y sin cuidado, no sabiendo cuanto mal y peligro tienes; pero
nosotras, que con gran cuidado velamos
sobre lo que te cumple, mucho somos fatigadas con tu daño, porque has de sa-

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Xl'ULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

ber que hemos hallado por verdad que este tu marido que se echa contigo, es una
serpiente grande y venenosa, lo cual con
el do1or-y pena que de tu mal tenemos,
no te podemos encubrir; y ahora se nos
recuerda de lo que el dios Apolo respon·
dió cuando le consultaron sobre tu casa-·
miento, diciendo que tú eras señalada
para casarte con una cruel bestia. Y muchos de los vecinos de estos lugares que
andan a cazar por estas montañas, y
otros labradores, dicen que hau visto este dragón cuando a la tarde torna de
buscar de comer, que se echa a nadar por
este río para pasar acá, y todos afirman
que te quiere engordar con estos regalos
y manjares que te da, y cuando esta tu
preñe~ estuviere más crecida y t~ estuvieres bien llena, por gozar de más hartura,
que te ha de tragar; así que en esto está
ahora tu estimación y juicio. Si por ventura quieres más, o creer a tns hermanas,
que por tu salud andan solícitas y que
vivas con nosotras segura de peligro,
huyendo de la muerte; o si quieres quizá
ser enterrada en las entrañas de esta

cruelísima bestia. Porque si las voces solas que en este campo oyes, o el escondido placer y peligroso dormir juntándote
con este dragón, te deleitan, sea como tú
quisieres, que nosotras con esto cumplimos, y ·ya habemos hecho oficio de buenas hermanas."
Entonces la mezquina de Psiches, como
era muchacha y de noble condición, creyó
lo que le dijeron, y con palabras tan espantables salió cuasi fuera de seso, por
lo cual se olvidó de las amonestaciones
de su marido y de todos los prometimientos que ella le hizo, y lanzóse en el
profundo de su desdicha y de~ventura, y
temblando, la color amarilla, no pudiendo cuasi hablar, cortándosele las palabras, y medio hablando, como mejor pudo les dijo de esta manera: "Vosotras,
señoras hermanas, hacéis oficio de piedad y virtud, como es razón: y creo yo
muy bien que aquellos que tales cosas os
dijeron no fingieron mentira, porque yo
hasta hoy nunca pude ver la cara de mi
marido, ni supe de dónde se es. Solamente lo oigo hablar de noche, y con esto

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APULEYO

paso y sufro marido incierto y que huye
de la luz, y de esta manera consiento que
digáis que tengo una gran bestia por
marido, y que me espanta diciendo que
no lo puedo ver, y siempre me amenaza
que me vendrá gran mal si porfío a querer ver su cara. Y pues que así es, ahora
podéis socorrer al peligro de vuestra hermana con alguna ayuda y favor saludable, hacedlo y socor!"edme, porque si no
lo hacéis, podré muy bien decir que la
negligenc~ siguiente corrompe el beneficio de la providencia pasada."
Cuando las dos malas mujeres hallaron
el corazón y voluntad de Pi:;iches descubierto para recibir lo que le dijesen, dejados los engaños secretos, comenzaron
con lasespadas descubiertas públicamente a combatir el pensamiento temeroso
de la simple mujer, y la una de ellas dijo
de esta manera: "Porque el vínculo de
nuestra hermandad nos compele por tu
salud a quitarte delante los ojos cualquier peligro, te mostraremos un camino
que días ha habemos pensado, el cual
sólo te sacará a puerto de salud, y es és-

PSIQUIS Y CUPIDO

47

te: Tú has de esconder secretamente, en
la parte de la cama donde te sueles acostar, una navaja bien aguda que en la
palma de la mano se aguzó, y pondrás
un candil lleno de aceite bien aparejado
y encendido debajo de alguna cobertura,
al canto de la sala, y con todo este aparejo muy bien disimulado, cuando viniere aquel serpiente y subiere en la cama
como suele, desde que ya tú veas que él
comienza a dormir y con el gran sueño
comienza a resollar, salta de la cama, y,
descalza, muy paso,saca el candil debajo
de donde está escondido y toma de consejo del candil oportunidad para la hazaña que quieres hacer, y con aquella
navaja, alzada primeramente la mano
derecha, con el mayor esfuerzo que pudieres, da en el nudo de la cerviz de aquella serpiente venenosa, y córtale la cabeza,
y no pienses que te faltará nuestra ayuda, porque luego que tú con su muerte
hayas traído vida para ti, estaremos esperándote con mucha ansia, para que,
llevándote aquí con todos estos tus servidores y riquezas que aquí tienes, te

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.APULEYO

casemos como deseamos con hombre humano, siendo tú mujer humana." Con
estas palabran encendieron tanto las entrañ~s de su hermana, que la dejaron
cuasi del todo ardiendo. Y ellas, temiendo del mal consejo que daban a la otra
no l~s viniese algún gran mal por ello, se
partieron y con el viento acostumbrado
se fueron hasta encima del risco, de donde huyeron lo más presto que pudieron y
e~tráronse en sus naos y fuéronse a sus
tierras.
~siches quedó sola, aunque quedando
fatigada de aquellas furias no estaba sola, pero llorando fluctuaba su corazón
como la mar
. cuando anda con tormenta',
y como qmer que ella tenía deliberado
con voluntad muy obstinada el consejo que le habían dado, pensando cómo
h~bí~ de hacer aquel negocio, pero todavi~ titubeaba Y estaba incierta del conS~Jo, pensando en el mal que le podía vemr, y de esta manera, ya lo quería hacer
ya lo quería dilatar; ahora osa ha ahor~
temía; ya desconfiaba, ya se enoj~ba. En
fin, lo que más le fatigaba era que en un

PSIQUIS Y COP11)0

49

mismo cuerpo aborrecía a la serpiente y
amaba a su marido. Cuando ya fué tarde, que la noche se· venía, ella comenzó
aparejar con mucha priesa aquel aparato de su mala hazaña.
Y siendo de noche, vino el marido a la
cama, el cual desde que hubo burlado
con ella, comenzó a dormir con gran sueño. Entonces Psiches, como quier que era
delicada del cuerpo y del ánimo, pero
ayudándole la crueldad de su hado, se
e!'forzó, y sacado el candil debajo dE: donde estaba, tomó la navaja en la mano y
su osadía venció y mudó la flaqueza de
su género. Como ella alumbrase con el
candil y pareciese todo el secreto de la
cama, vi6 una bestia la más mansa y
dulcísima de todas las fieras, digo que
era aquel hermoso dios del amor que se
llama Cupido, el cual estaba acostado
muy hermosame~te, y con su -vista alegrándose la lumbre de la candela, creció,
y la sacrílega y aguda navaja resplandeció.
Cuando Psiches vió tal vista, espantada y puesta fuera de sí, desfallecida, con

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.\PüLEYO

la color amarma, temblando, se cortó y
cayó sobre las rodillas, y quiso esconder
la navaja en su seno, e hiciéralo salvo
por el temor de tan grao mal como quería hacer, se le cayó la navaja de las manos. Estando así fatigada y desfallecida,
cuanto más miraba la cara divina de
Cupido, tanto más recreaba con su hermosura.
Ella le veía los cabellos como hebras de
oro, llenos de olor divino, el cuello blanco
como la leche, la cara bianca y roja, como rosas coloradas, y los ca bellos de oro
colgando por todas partes, que resplandecían como d sol y vencían a la lumbre
del candil. Tenía así mismo en los hombros péñolas de color de rosas y flores, y
como quier qtte las alas estaban quedas,
pero las otras plumas debajo de las alas
tiernas y delicadas, estaban te'.nblando
muy galanamente, y t_odo lo otro del
cuerpo estaba hermoso y sin pluma~. como convenía a hijo de la diosa Venus,
que lo parió sin arrepentirse por ello.
Estaba ante los pies de la cama el arco
y las saetas, que s011 armas del dios de

PSIQUIS Y CUPIDO

51

amor, lo cual todo estando mirando Psiches, no se hartaba de mirarlo; maravillándose de las armas de su marido, sacó
del carcaj una saeta, y estándola tentando con el dedo, a ver si era aguda como
decían, hincósele un poco de la saeta, de
manera que le comenzaron a salir unas
gotas de sangre de color de rosas. Y de
esta manera Psiches, no sabiéndolo, cayó y fué presa en amor del dios de amor.
Entonces, con mucho mayor ardor de
amor se abajó sobre él y le comenzó a
besar con tan gran placer, que temía no
despertase tan presto.
Estando ella en este placer herida de]
amor, el candil que tenía en la mano, o
por no serle fiel, o de envidia mortal, o
que por ventura él también quiso tocar
el cuerpo de Cu pido, o quizá besarlo, lanzó de sí una gota de aceite hirviendo y
cayó sobre el hombro derecho de Cupido.
¡Oh candil osado y temerario, y vil servidor del amor! Tú quemas al dios de todo
el fuego, porque tú para esto no eras menester, sioo que algún mamorado te halló primeramente para gozar en la oscu-

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53

J.PULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

ridad de la noche de lo que bien quería!
De esta manera el dios Cupido, quemado, saltó de la cama, y conociendo que
su secreto era descubierto, callaudo desapareció y huyó de los ojos y manos &lt;le
la desdichada de su mujer. Psiches arrebató con ambas manos la pierna derecha
de Cu pido que se levantaba, y así fué
colgando de sus pies poe las nubes del
cielo, hasta tanto que ransada cayó en
el suelo. Pero el dios del amor no la quiso desamparar caída en tierra, y vino
volando a sentarse en un ciprés que allí
estaba cerca, de donde con mucho enojo
gravemt!nte la comenzó a increpar, diciendo en esta manera:
''Oh Psiches, mujer simple, yo, no recordándome de los mandamientos de mi
madre Venus, la cual me había mandado
que te hiciese ser enamorada de un hombre muy miserable, de bajo linaje, te quise
bien y fuí tu e~amorado, pero esto que
hice, bien sé que fué hecho livianamente.
Y yo mismo, que soy ballestero para los
otros, me herí con mis saetas y te tomé
por mi mujer. ¿Parece que 1~ hice yo por

parecerte serpiente, y porque tú cortases
esta cabeza que trae los ojos que bien te
quisieron? ¿No sabes tú cuantas veces te
decía que te guardases de esto, y benignamente te avisaba porque te apartaras
de ello? Pero aquellas buenas mujeres
tus consejeras, prestamente me pagarán
el consejo que te dieron, y a ti con mi ausencia, huyendo de ti, te castigaré." Diciendo esto, levantóse con sus alas y voló
en alto hacia el cielo.
Psiches quedó echacla en tierra, y cuanto podía con la vista miraba como su
marido iba volando, y afligía su corar.ón
con muchos lloros y angustias. Después
que su marido desapareció volando por
las alturas del cielo, ella, desesperada, estando eu la ribera de un río, lanzóse de
cabeza dentro, pero el río se tornó manso por honrayservicio del dios del amor,
cuya mujer era ella, el cual suele inflamar de amor a las mismas aguas y a las
ninfas de ellas. Así que, temiendo, de sí
mismo tomóla con las ondas sin hacerle
mal, y púsola sobre las flores y hierbas
de su ribera.

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Al?ULEYO

P:31Ql.71S Y CUPIDO

Acaso el dios Pan, que es dios de las
montañas, estaba asentado en un altozano cerca del río, el cual esta ha tañendo
con una flauta, y enseñando a tañer a la
ninfa Caña. Estaban así mismo alderredor de él una manada de cabras, &lt;JUe andaban paciendo los árboles y matas que
estaban sobre el río. Cuando el dios Peloso vió a Psiches tan desmayada y así
herida de dolor, que ya él bien sabía su
desdicha y pena, llamóla y comenzóla a
halagar y consolar con blandas palabras, diciéndo de esta manera: ''Donce1la sabida y hermosa: como quiera que
yo soy pastor y r6stico, pero por ser viejo soy instruídodemuchos experimentos,
de manera que, si bien conjeturo aquello
que los prudentes varones llaman adivinanza, yo conozco de este tu andar titubeando con los pies, y de la color amArilla de tu cara y de tus grandes suspiros
y lágrimas de los ojos, bien creo cierto
que tú andas fatigada y muerta de gran
dolor, pues que así es, tú escúchame y no
tornes a lanzarte dentro en el río, ni te
mates con ninguno otro género de muer-

te. Quita de ti el luto y deja de llorar.
Antes procura de aplacar con plegarias
al dios Cupido, que es mayor d~ los dioses, y trabaja por merecer su amor con
servicios y halagos, porque es mancebo
delicado y muy regalado."
Como esto acabó de decir el dios Pastor, Psiches sin responderle palabra ninguna, sino solamente adorando su deidad comenzó a andar su camino, y antes
que hubiese andado mucho camino·, entró por una senda C]Ue atravesaba, por
la cual yendo, llegó a una ciudad a donde era el reino del marido de una de
aquellas sus dos hermanas. Y como la
reina su hermana supo que estaba allí,
mandóla entrar. Y después que se hubieron abrazado ambas a dos, preguntóle
qué era la causa de su venida.
Psiches le respondió: "¿No te recuerdas
t6, señora hermana, el consejo que me
distes ambas a dos que matase a aquella
gran bestia que se echaba conmigo de
noche en nombre de mi marido, antes
que me tragase y comiese, para lo cual
me distes una navaja? lo cual como yo

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.iPULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

quisiese hacer, tomé un candil, y luego
que miré su gesto y cara, veo una cosa
divina y maravillosa: -al hijo de la diosa
Venus, digo al dios Cupido, que es dios
del amor, que estaba hermosamente durmiendo y corno yo estaba incitada de
ta.o maravillosa vista, turbada de tan
gran placer, y no me hartase de ver aquel
hermoso gesto, a caso fortuito y pésimo
rehirvió el aceite del_candil que tenía en
la mano, y cayó una gota hirviendo en
su hombro, y con aquel gran dolor despertó, y como me vió armada con hierro
y fuego, díjome: "Y ¿cómo has hecho tan
gran maldad y traición? ¡Toma luego
todo ló tuyo y vete de mi casa!" Demás
de esto dijo: "Yo tomaré a tu hermana
en tu lugar y me casaré con ella, dándole
arras y dote." Diciendo esto, mandó al
viento cierzo que me aventase fuera de
los términos de su casa.
No había acabado Psiches de hablar
estas palabras, cuando la hermana, estimulada e incitada de mortal envidia
'
compuesta una mentira para engañar a
su marido, diciendo que había sabido de

la muerte de sus padres, metióse en una
nao y comenzó de andar hasta que llegó
a aquel risco grande, en el cual subió, y
como quier que otro viento a la hora
ventaba, pero ella, con aquella ansia y
con ciega esperanza, dijo: "¡Oh Cupido,
recíbeme, que soy digna para ser tu mujer! ¡y tú, vieuto cierzo, recibe a tu señora!" Con estas palabras dió un salto
grande del risco abajo. Pero ella ni viva
ni muerta pudo llegar al lugar que deseaba, porque por aquellos riscos y piedras
se hizo pedazos como ella merecía. Y así
murió, haciéndose manjar de las aves y
bestias de aquel monte.
Tras de esta, no tardó mucho la pena
y venganza -de la otra su hermana. Porque yendo Psiches por su camino, más
adelante llegó a otra ciudad, en la cual
moraba la otra su hermana según que
habemos dicho; la cual así mismo, con
engaño de su hermandad, hizo ni más ni
menos que la otra, que queriendo el casamiento que no le cumplía, fuese cuanto
más presto pudo a aquel risco, de donde
cayó y murió como hizo la otra.

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.A.PULEYO

Entre tanto Psiches, andando muy congojosa en busca de su marido Cupido,
cercaba todos los pueblos y ciudades.
Pero él, herido de la llaga que le hizo la
gota de aceite del candil, esta ha echado
enfermo, gimiendo, en la cámara de su
madre. Entonces una ave blanca que se
llama gavjota, que anda nadando con
sus alas sobre las ondas de la mar, zabullóse cerca del profundo del mar océano.y
halló allí a la diosa Venus, que se estaba
lavando y nadando en aquel agua, a la
cual se llegó y le dijo cómo su hijo Cupido estaba mal de una grave llaga de fuego que le daba mucho dolor, llorando y
en mucha duda de su salud, por la cual
causa toda la gente y familia de "Venus
era infamada y vituperada por los pueblos y ciudades de toda la tierra, diciendo que él se había ocupado y apartado
con una mujer serrana y montañesa, "_v
tú ai;í mismo te has apartado andando
en la mar, nadando y a tu placer, y por
esto ya no hay entre las gentes placer
ninguno, ni gracia, ni hermosura, pero
todas las cosas están rústicas, groseras

P SIQUI S Y CUPIDO

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y sin atavío. Ya ninguno se casa, ni nadie tiene amistad con mujer ni amor de
hijos, sino todo al contrario, sucio y feo,
y para todos enojoso.'' Cuando aquella
ave parlera dijo estas cosas a Venus, reprendiendo a su hijo Cupido, Venus, con
mucha ira, exclamó fuertemente, diciendo: "¡Parece ser que ya aquel bueno de
mi hijo tiene alguna amiga! Hazme tanto placer, tú que me sirves con más amor
que ninguna, que me sepas el nombre de
aquella que engañó a este muchacho sin
barbas y de poca edad, ahora sea alguna
de las ninfas, o del número de las diosas,
o ahora sea del coro de las musas o del
ministerio de mis gracias. " Aquella ave
parlera no calló lo que sabía, diciendo:
"Por cierto, señora, no sé bien como se
llama, mas pienso, si bien me recuerdo,
que tu hijo ama y muere por una que se
llama Psiches. '' Entonces Venus, indignada, comenzó a dar voces, diciendo: "Ciertamente él debe amar a aquella Psiches
que pensaba tener mi gesto y era envidiosa de mi nombre. De lo que más tengo
enojo en este negocio, es que me hizo a

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.A.PULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

mí su alcahueta, porque yo le mostré
y enseñé por donde conociese aquella
moza."
De esta manera riñendo y gritando,
prestamente se salió de la mar v fuese
luego a su cámara, adonde halló ; su hijo mal, según lo había oído. Y desde la
puerta comenzó a dar voces, diciendo de
esta manera: "¡Honesta cosa es, y que
cumple mucho a nuestra honra y a tu
buena fama, lo que has hecho! ¿Parécete
buena cosa menospreciar y tener en poco
los mandamientos de tu madre, que más
es tu señora, dándome pena con los sucios amores de mi enemiga, la cual en esta tu pequeña edad juntaste contigo con
tus atrevidos y temerarios pensamientos? Piensas tú que tengo yo de sufrir
por amor de ti, nuera que sea mi enemiga? Pero tú, mentiroso y corrompedor
de buenas costumbres, ¿ presumes que tú
solo eres engendrado para los amores, y
que yo, por ser ya mujer de edad, no podré parir otro Cupido? Pues quiero ahora que sepas que yo podré engendrar
otro hijo mucho mejor que tú,y,aun por-

que más sientas la injuria, adoptaré por
hijo a alguno de mis esclavos y servidores, y darle he alas y llamas de amor, con
el arco y las saetas y todo lo otro que te
dí a ti, no para estas cosas en que tú andas, que aun bien sabes tú que de los bienes de tu padre ninguna cosa te he dado
para esta negociación. Pero tú, como
desde muchacho fuiste malcriado, y tienes las manos agudas, muchas veces, sin
reverencia ninguóa, tocaste a tus mayores y aun mí, que soy tu madre. A mí
misma digo, que como parricida cada
día me descubres, y muchas veces me has
herido, y ahora menospreciarme como si
foese viuda, que aun no temes a tu padrasto el dios Marte, muy fuerte y grande guerreador. ¿Qué puedo yo decir en
esto, que tú muchas veces, por darme pena, aco!itumbraste darle mujeres? Pero
yo te haré que te arrepientas de este juego, y que tú sientas bien estas acedas y
amargas bodas que hiciste, como quier
que esto que digo es por demás, porque
éste burlará de mí. Pues¿ qué haré ahora,
o en qué manera castigaré este bellaco?

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63

APULEYO

PSIQUI S Y CUPIDO

No sé si pida favor de mi enemiga la
Templanza, la cual yo ofendí muchas ve·
ces por la lujuria y vicio de éste. Como
quier que sea, yo delibero de ir a hablar
con esta dueña, aunque sea rústica v severa; pena recibo en ello, pero no ;s de
desechar el placer de tanta venganza, y
por esto yo le quiero hablar, que no hay
otra ninguna que mejor castigue a este
mentiroso, y le quite las saetas y el arco,
y le desnude de todos sus fuegos de amores; y no solamente hará esto, pero a su
persona misma resistirá con fuertes remedios. Entonces pensaré yo que mi injuria está satisfecha, cuando le rayere de la
cabeza aquellos cabellos de color de oro
que muchas veces le atavié con estas mis
manos, y cuando le tresquilare aquellas
alas que yo en mi halda le unté con algalia y almizcle muchas veces."
Después que Venus hubo dicho todas
estas palabras, salióse fuera muy enojada, diciendo palabras de enojo, pero la
diosa Ceres , y Juno, como la vieron enojada, la fueron a acompañar,y le preguntaron qué era la causa porque traía el

gesto tan turbado y los ojos que resplandecían de tanta hermosura traía tan revueltos, mostrando su enojo. Ella respondió: "A buen tiempo venís para preguntarme la causa de es te enojo que
traigo-; aunque no por mi voluntad, sinq
porque otro me lo ha dado, por ende yo
os ruego que con todas vuestras fuerzas
me busquéis a aque1la huidora de Psiches, do qµier que la hallareis porque yo
bien sé que vosotras sabéis toda la historia de lo que ha acontecido en mi casa
de este hijo, que no oso decir que es mío."
Entonces ellas, s abiendo bien las cosas
que habían pasado, deseando amansar
la ira de Venus, comenzáronle a hablar
de esta manera: "¿Qué tan gran delito
pudo hacer tu hijo, que tú, señora, estés
contra él enojada con tan g ran pertinacia y melancolía, y que aquella que él
mucho ama tú la desees destruir? Porque
te rogamos que mires bien si es crimen
para éste que le pareciese bien una doncella. ¿No sabes tú que es hombre? ¿Hásete yaolvidadocuántos años ha tu hijo?
¿Por que es mancebo y hermoso, tú pien-

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A.PIJLEYO

sas que es todavía muchacho? ¿Tú eres
su madre, y mujer de seso, y siempre has
experimentado los placeres y juegos de
tu hijo, y tú culpas en él y reprendes sus
artes y vicios y amores, y quieres ence_rrar la tienda pública de los placeres de
las mujeres?"
En esta manera ellas querían satisfacer
al dios Cupido, aunque estaba ausente,
por miedo de sus saetas. Mas Venus,
viendo que ellas trataban su injuria burlándose de ella, dejándolas a ellas con la
palabra en la boca, cuanto más prontamente pudo tomó su camino para la
mar de donde había salido.
J

Entre tanto Psiches discurría y andaba
por diversas partes y caminos, buscando
de día y de noche con mucha ansia y trabajo si podría hallar rastro de su marido, y tanto más le crecía el deseo de hallarlo, ·cuanto era la pena que traía en
buscarlo, y deliberaba entre sí que si no
lo pudiese con sus halagos, como su mujer, amansar, que al menos, como sierva,

PSIQUIS Y CUPIDO

65

con sus megos y oraciones lo aplacaría.
Yendo en esto pensando, vió u.o templo
encima de un alto monte, y dijo: "¿Dónde sé yo ahora si por ventura mi señor
mora en este templo? y luego enderezó el
paso hacia allá, el cual, como quier que .
ya le desfallecía, por los grandes y continuos trabajos, pero la esperanza de
hallar a su marido lo aliviaba. Así que,
habiendo ya subido y pasado todos aquellos montes, llegó al templo y entróse
dentro, donde vió muchas espigas de trigo y cebada, hoces y qtros instrumentos
para segar, pero todo estaba por ese suelo sin ninguna orden, confuso, como acostumbran a hacer los segadores cuando
con el trabajo se les cae de las manos.
Psiches, como vió todas estas cosas derramadas, comenzó a apartar cada cosa
por su parte y componerlo y ataviado
todo, pensando, como era razón, que de
ningún dios se deben menospreciar sus
ceremonias, antes procurar de siempre
tener propicia su misericordia.
Estando Psiches ataviando y componiendo estas cosas, entró la diosa Céres,

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A.Pt1LEY0

y como la vió, comenzó de lejos a dar
grandes voces, diciendo: "¡Oh Psiches
desventurada: la diosa Venus and~ por
todo e] mundo con grandísima ansia buscando rastro de ti, y con cuanta furia
puede desea y busca traerte a la muerte
y con toda la fuerza de su deidad procur~
haber venganza de ti, y tú ahora estás
aquí teniendo cuidado de mis cosas! ¿Cómo puedes tú pensar otra cosa sino lo
que cumple a tu salud?
Entonces Psiches lanzóse a sus pies y
comenzólos a regar con sus lágrimas, y
barrer la tierra con sus cabellos, suplicándole y pidiéndole perdón con muchos ruegos y plegarias, diciendo: "Ruégote, señora, por la tu diestra mano sembradora
de los panes, y por las ceremonias.alegres
de las sementeras, y por los secretos de
las canastas de pan, y por los carros que
traen los dragones tus siervos, y por las
aradas y barbechos de Sicilia, y por el
carro de Plutón que arrebató a Proserpina, y por el descendimiento de sus bodas
Y por la tornada cuando tornó con la;
hachas ardiendo de buscar a tu hija, y

PSIQUIS Y CUPIDO

67

por e] sacrificio de la ciudad Eleusina, y
por las otras cosas y sacrificios que se hacen en silencio, que tú socorras a la triste
ánima de tu sierva Psiches, y consiénteme que entre estos montones de espigas
me pueda esconder algunos pocos de días,
basta &lt;]Ue -la cruel ira de tan gran diosa
como es Venus por espacio de algún tiempo se amanse, o hasta que al menos mis
fuerzas, cansadas de tan continuo trabajo, con un poco de reposo se restituyan."
Céres le respondió: "Ciert amente yo me
be conmovido a compasión por ver tus
lágrimas y lo que me ruegas, y deséote
ayudar. Pero no quiero incurrir er;i. des. gracia de aquella buena mujer de mi cuñada, con la cual tengo antigua amistad.
Así que tú pártete luego de mi casa, y recibe en gracia que no fuiste presa por mí
ni retenida."
Cuando esto oyó Psiches, contra lo que
ella pensaba, afligida de doblada pena y
enojo, tomó su camino tornando para
atrás, y vió un templo que estaba en una
selva de árboles muy grandes, en un valle, el cual era edificado muy pulidamente,

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69

.lPULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

y como ella se tuviese por dicho ninguna
vía dudosa o de mejor esperanza jamás
dejarla de probar, y que andaba buscando socorro de cualquier dios que hallase,
allegóse a la puerta del templo, y vió
muy ricos dones de ropas y vestiduras
colgadas de los postes y ramos de los árboles, con letras de oro que declaraban la
causa porque eran allí ófrecidas, y el
nombre de la diosa a quien se daban. Entonces Psiches, las rodillas hincadas,
abrazando con sus manos el altar, y limpiadas las lágrimas de sus ojos, comenzó
a decir de esta manera: "Oh tú,Juno, mujer y hermana del gran Júpiter, o tú estás
en el antiguo templo de la isla de Samos,
la cual se glorifica porque tú naciste allí
y te criaste, o estás en las sillas de la alta
ciudad de Cartago~la cual te adora como
a doncella, que fuiste llevada al cielo encima de un león,o si por ventura estás en
la ribera del río I naco, el cual hace memoria de ti, que eres casada con Júpiter y
reina de las diosas, o tú estás en las ciudades magníficas de los griegos, adonde
todo Oriente te honra como a diosa de

los casamientos, y todo Occidente te llama Lucina; a do quier que estés, te ruego
que socorras a mis extremas necesidades,
y a mí, que estoy fatigada de tantos trabajos pasados, plégate * librarme de tan
gran peligro como está sobre mí, porque
yo bien sé que de tu propia gana y voluntad acostumbras socorrer a las preñadas
que están en peligro de parir."
Acabado de decir esto, luego le apareció
la diosa Juno con toda su majestad, y díjole: "Por dios, que yo querría dar mi favor y todo lo que pudiese a tus rogativas, pero contra la voluntad de Venus mi
nuera, la cual siempre amé en lugar de
hija, no lo podría hacer, porque la vergiienza me resiste. Además de esto, las leyes prohiben que nadie pueda recibir a
los esclavos fugitivos contra voluntad de
sus señores."
Con este naufragio de la fortuna, espaDtada Psiches, viendo así mismo que
ya no podía alcanzar a su marido, que
andaba vol~ndo, desesperada de toda sa"' Que te plazca, que te agrade.

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APULEYO

lud, comenzó a aconsejarse con su pensamiento en esta manera: "¿Qué remedio se
puede ya buscar ni tentar para mis penas
y trabajos, a los cuales el favor y ayuda
de las diosas, aunque ellas lo querían, no
pudo aprovechar? pues que así es, ¿adónde podría yo huir, estando cercada de
tantos lazos? ¿En qué casas o en que soterraños me podría esconder de los ojos
inevitables de la gran diosa Venus? Pues
que no puedes huir, toma corazón de
hombre, y fuertemente resiste a la quebrada y perdida esperanza, y ofrécete de
tu propia gana a tu señora, y con esta
obediencia, aunque sea tarde, amansarás
su ímpetu y saña. ¿Qué sabes tú si por
ventura hallarás allí en casa de la madre
al que muchos días ha que andas a buscar?" De esta manera aparejada para el
dudoso servicio y cierto fin, pensaba entre sí el principio de su ful ura suplicación.
En este medio tiempo, Venus, enojada
de andar a buscar a Psiches por la tierra,
acordó de subirse alcielo,y mandó aparejar su carro, el cual Vulcano su marido
muy sutil y pulidamente había fabricado

PSIQUIS Y Ct1PIDO

71

y se lo había dado en arras de su casamiento, hecho las ruedas de manera de la
luna, muy rico y precioso, con daño de
tanto oro y de muchas otras aves que estaban cerca. De la cámara de Venus salieron cuatro palomas muy blancas, pintados los cuellos, y pusiéronse para llevar
el carro, y recibida la señora encima del
carro, comenzaron a volar alegremente,
y tras del carro de Venus comenzaron a
volar muchos pájaros y aves, que cantaban muy dulcemente, haciendo saber como Venus venía! Las nubes dieron lugar,
los cielos se abrieron, y el más alto de
ellos la recibió alegremente. Las aves que
iban cantando con ella, no temían las
águilas y halcones que encontraban.
En esta manera Venus llegó al palacio
real de Júpiter, y con mucha osadía y
atrevimiento pidió a Júpiter que mandase al dios Mercurio le ayudase con su
voz, que había m,enester para cierto negocio. Júpiter se lo otorgó, y mandó que
así se hiciese. Entonces ella alegremente,
acompañándola ::\Iercurio, se partió del
cielo, la cual en esta manera habló a

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.APULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

Mercurio: "Hermano de Arcadia: tú sabes bien que tu hermana Venus nunca hizo cosa alguna sin tu ayuda y presencia;
ahora tú no ignoras cuánto tiempo há
que yo no puedo hallar a aquella mi sierva, que se anda escondiendo de mí, así
que ya no tengo otro remedio sino que
públicamente tú pregones que le será dado gran premio a quien la descubriere.
Por ende te ruego que hagas prestamente
lo que digo. Y en tu pregón da las señales e indicios por donde manifiestamente
se puede conocer. Porque si alguno incurriere en crimen de encubrirla ilícitamente, no se puede defender con excusación de
ignorancia''; y diciendo esto, le dió un
memorial, en el cual se contenía el nombre de Psiches y las otras cosas que había de pregonar, y hecho esto, luego se
foé a su casa.
No olvidó Mercurio lo que Venus le
mandó hacer, y luego se fué por todas las
ciudades y lugares, pregonando de esta
manera: "Si alguno tomare o mostrare
dónde está Psiches, hija del rey y sierva
de Venus, que anda huida, véngase a

Mercurio pregonero, que está tras el templo de Venus, y allí recibirá por galardón
de su indicio, de la misma diosa Venus,
site besos muy suaves y otro muy más
dulce." De esta manera pregonando Mercurio, todos los que lo oían, con codicia
de tanto premio, se aderezaron para buscarla. La cual cosa oída por Psiches, le
quitó toda tardanza de irse a presentar
ante Venus, y llegando ella ante las puertas de su señora, salió a ella una doncella
de Venus, que había nombre Costumbre.
La cual, como vió a Psiches, comenzó a
dar grandes voces, diciendo: "V os, doña
mala esclava, basta que ya sentís que tenéis señora, aun sobre toda la maldad
de tus malas mañas, finges ahora que no
sabes ·cuanto trabajo habemos pasado
buscándote. Pero bien está; pues que
caíste en mis manos, haz cuenta que caíste en la cárcel del infierno y donde no podrás salir, y que prestamente recibirás la
pena de tu contumacia y rebeldía." Diciendo esto, arremetió a ella y con gran
audacia echóle mano de los cabellos y comenzóla a llevar ante Venus, como quier

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APULEYO

que Psiches no resistía la ida. La cual,
luego que Venus la vió, comenzóse de reir
como suelen hacer los que están con mucha ira, y meneando la cabeza, rascándose en la oreja, comenzó a decir: "Basta,
que ya fuiste contenta de hablar a tu suegra; y, por cierto, antes creo yo que lo
hiciste por ver a tu marido, que está a la
muerte de la llaga de tus manos. Pero está segura, que yo te recibiré como conviene a buena nuera"; y como esto dijo,
mandó llamar a sus criadas la Costumbre y la Tristeza, y las cuales, como
vinieron, mandó que a?.otasen a Psiches.
Ellas, siguiendo el mandamiento de su señora, dieron tantos de azotes a la mezquina de Psiches, que la afligieron y atormentaron, y así la tornaron a presentar
otra vez ante su señora.
Cuando \'enus la vió, comenzóse otra
vez a reir, y dijo: "¿Y aun veis como en
el alcahuetería de su vientre hinchado
nos conmueve a misericordia? Piensa hacerme abuela bien dichosa con lo que saliere de esta su preñez. ¡Dichosa yo, que
en la flor de mi juventud me llamarán

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PSIQUIS Y CUPIDO

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abuela, y el hijo de una esclava bellaca
oirá qtte le llamen nieto de Venus! Pero
necia soy en esto yo, porque por demás
puedo decir que mi hijo es casado, porque estas bodas no son entre personas
iguales, y demás de esto fueron hechas en
un monte, sin testigos y no consintiendo
su ·padre, por lo cual estas bodas no se
pueden decir legítimamente hechas, por
esto, si yo consiento que tú hayas de parir al menos nacerá de ti un bastardo."
'
Y diciendo esto, arremetió con ella y
rompióle las tocas, trabándole de los cabellos y dándole de cabezadas que la afli·
gi6 gravemente. Luego tomó trigo y ce. bada, mijo, simiente de adormideras,
garbanzos, lentejas y habas. Lo cual todo mezclado y hecho un gran montón,
dijo a Psiches: "Tú me pareces tan disforme y bellaca esclava, que con ninguna
cosa aplaces a tus enamorados sino -con
los muchos servicios que les haces. Pues
yo quiero ahora experimentar tu diligencia. A.parta todos los granos de estas si•
mientes que están juntas en este montón,
y cada simiente de estas, muy bien dis-

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APULEYO

puesta, y apartada de por sí, me la has
de dar antes de la noche"; y dicho esto,
ella se fué a cenar a las bodas de sus
dioses.
Psiches, embarazada con la grandeza
de aquel mandamiento, estaba callando
como una muerta, que nunca alzó la mano a comenzar tan grande obra para
nunca acabar. Entonces aquella pequeña
hormiga del campo, habiendo mancilla*
de tan gran trabajo y dificultad como
era el de la mujer del gran dios del amor,
maldiciendo la crueldad de su suegra Venus, discurrió prestamente por esos campos, y llamó y rogó a todas las batallas .
y muchedumbre de hormigas,diciéndoles:
''¡Oh sutiles hijas y criadas de la tierra,
madre dt! todas las cosas! Habed merced
y mancilla, y socorred con mucha velocidad a una moza hermosa, mujer del dios
del amor, que está en mucho peligro." Entonces, como ondas de agua, venían
infinitas hormigas cayendo unas sobre
otras, y con mucha diligencia cada una,
• Compasión.

PSIQUIS Y CUPIDO

77

grano a grano, apartaron todo el montón. D~spués de apartados y divisos todos los géneros de granos de cada montón sobre sí, prestamente se fueron de
allí. Luego, al comienzo de la noche, Venus, tornando de su fiesta harta de vino
y muy olorosa, llena toda la cabeza y
cuerpo de rosas resplandecientes, vista la
diligencia del gran trabajo, dijo: "¡Oh
mala! No es tuya ni de tus manos esta
obra, sino de aquel a quien tú, por tu
mal y por el suyo, has aplacido." Y diciendo esto, echóle un pedazo de pan
para que comiese, y fuese acostar.
Entre tanto Cupido estaba solo y encerrado en una cámara de las más adentro
de casa, el cual estaba allí encerrado, así
porque la herida no se le dañase si algún
mal deseo le viniese, como porque no hablase con su amada Psiches. De esta manera, dentro de una casa y d ebajo de un
tejado, apartados los enamorados, con
mucha fatiga pasaron aquella noche negra y oscura. Después que amaneció,
mandó Venus llamar a Psiches, y dijo de
esta manera: "¿Ves tú aquella floresta

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APULEYO

por donde pasa aquel río que tiene aquellos grandes árboles al derredor, _debRjo
del cual está una fuente cerca? ¿Y ves
aquellas ovejas resplandecientes y de color de oro, que andan por allí paciendo,
sin que nadie las guarde? Pues ve allá
luego, y traeme la flor de su precioso vellocino, en cualquier manera que lo puedas haber."
Psiches de muy buena gana, se fué hacia allá, no con pensamiento de hacer lo
que Venus le había mandado, mas por
dar fin a sus males lanzándose de un risco de aquellós dentro en el río. Cuando
Psicbes llegó al río, una caña verde que
es madre de la música suave, meneada de
un dulce aire, por inspiración divina ha•
bló de esta manera: "Psiches, tú que has
sufrido tantas tribulaciones, no quieras
. ensuciar mis santas aguas con tu misérrima muerte, ni tampoco llegues a estas
espantosas ovejas, porque tomando el
calor y ardor del sol, suelen ser muy rabiosas, y con los cuernos agudos y las
frentes de piedra, y aun mordiendo con
los dientes ponzoñosos, matan a muchos

PSIQUIS Y CUPIDO

79

hombres. Pero después que pasare el ardor del medio día, y las ovejas se van a
reposar a la frescura del río, podrás esconderte debajo de aquel alto plátano
que bebe del agua de este río que yo bebo.
Y como tú vieres que las ovejas, pospuesta toda su ferocidad, comienzan a dormir, sacudirás las ramas y boj as de aquel
monte que está cerca de ellas, y allí hallarás las vedijas de oro que ·s e apegan por
aquellas matas cuando las ovejas pasan.'' En esta manera la caña, por su virtud y humanidad, enseñaba a la mezquina de Psiches cómo se había de remediar.
Ella, cuando esto oyó, no fué negligente
en cumplirlo.Pero haciendo y guardando
todo lo que ellaÍe dijo, hurtó el oro con
la lana de aquellos montes, y cogido lo
trajo y echó en el regazo de Venus .
Mas con todo esto nunca mereció cerca
de su señora galardón su segundo trabajo, antes, torc~ndo las cejas, con una risa falsa dijo en esta manera: "Tampoco
creo yo ahora que en esto que tú hiciste
faltó quien te ayudase falsamente. Pero
yo quiero rxperimentar si por ventura tú

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A.Pt'LEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

lo haces con esfuerzo tuyo y prudencia, o
con ayuda de otro. Por ende mira bien
aquella altura de aquel monte, adonde
están aquellos riscos muy altos, de donde
sale una fuente de agua muy negra y desciende por aquel valle donde hace aquelias lagunas negras y turbias, y de a11í
salen algunos arroyos infernales. De allí,
de la altura donde sale aquella fuente,
tracme este vaso Heno del rocío de aquella agua.'' Y diciendo esto, le dió un vaso
de cristal, amenazándola con palabras
ásperas si no cumpliese lo que le mandaba.
Psiches, cuando esto oy6, aceleradamente ~e fué hacia aquel monte, para subir encima de él y desde allí echarse para
dar fin a su amarga vida. Pero como llegó al derredor de aquel monte, vi6 una
mortal y grande dificultad pa:a llegar a
él, porque estaba allí un risco muy alto
que parecía que llegaba al cielo, y tan
liso que no había quien por él pudiese subir, de encima del cual salía una fuente
de agua muy negra y espantable, la cual,
saliendo de su nacimiento corría por

aquellos riscos abajo y venía por una
canal angosta cercada de muchos árboles, la cual venía a un valle grande, que
estaba cercado de ·una parte y de otra de
grandes riscos, adonde moraban dragones espantables, con los cuellos alzados
y los ojos tan abiertos para velar, que
jamás los cerraban ni pestañeaban, en
tal manera que perpetuamente estaban
en vela, y como ella llegó allí, las mismas
aguas le hablaron, diciéndole muchas veces: "Psiches, apártate de ahí; mira bien
lo que haces, y guárdate de hacer lo que
quieres; huye luego, si no cata que morirás."
Cuando Psiches vió la imposibilidad
que había de llegar a aquel lugar, fué
tornada como una piedra, y aunque estaba presente con el cuerpo, estaba ausente con el sentido. En tal manera, que
con el gran miedo del peligro estaba tan
muerta, que carecía del último consuelo
y solaz de Iás lágrimas. Pero no pudo esconderse a los ojos de la buena providencia tanta fatiga y tribulación de
la inocente Psiches, la cual estando en

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.APULEYO

esta fatiga, aquella ave real de Júpiter
que se llama Aguila, abiertas las alas,
vino volando súbitamente, recordándose
del servicio que antiguamente hizo Cupido á Júpiter cuando por su diligencia
arrebató a Ganimedes el troyano para
su copero; queriendo dar ayuda y pagar
el beneficio recibido en ayudar a los trabajos de Psiches. mujer de Cupido, dejó
de volar por el cielo y vínose a la presencia de Psiches, y díjole en esta manera:
"¿Cómo tú eres tan simple y necia de las
tales cosas, que esperas poder hurtar ni
i:.olamente tocar una sola gota de esta
fuenk no menos cruel que santísima? ¿Tú
nunca oíste alguna vez que estas Hguas
estigias son espantables a los Jio:,;es, y
aun al mismo Júpiter? Además de esto,
vosotros los mortales juráis por los dioses, pero los dioses acostumbn:in jurar
por la majestad del lago estigio: pero
dame este vaso que traes." El cual ella
le dió, y el águila ~e lo arrebató de la
mano muy presto, )' volando entre las
bocas y dientes crueles y las lenguas de
tres órdenes de aquellos dragones, fué al

PSIQUIS Y CUPIDO

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agua e hinchó el vaso, consintiéndolo la
misma agua, y aun amonestándole que
prestamente se fuese antes que los dragones la matasen,el águila fingiendo que
por mandado de la diosa Venus y para
su servicio había venido por aquella
agua; por la cual causa más fácilmente
llegó a henchir el vaso y salir libre con
ella.
En esta manera tornó con mucho gozo
y dió e! vaso a Psiches lleno de agua, la
cunl la llevó luego y la dió a Venus. Pero
con todo esto, nunca pudo aplacar ni
amansar la ira cruel de Venus, antes ella
con su rirn mortal como solía, le habló,
amenazándola con mayores y más peores tormentos, diciendo: "Ya tú me pareces una maga y gran hechicera, porque
muy bien has obtemperado * mis mandamientos y hecho lo que yo te mandé; mas
tú, lumbre de mis ojos, aun resta otra
cosa que has de hacer. Toma esta bujeta,~ la cual luego le dió, y ,•ete a los palacios del infierno, y darás esta bujeta a
•
*-

Obedecido.
Pomo para olores y cosas aromáticas.

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APULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

Proserpina, diciéndole: "Venus te ruega
que le des aquí una poca de tu hermosura, que baste siquiera para un día, porque todo lo hermoso que ella tenía lo ha
perdido y consumido cura!1do a su hijo
Cupido, que está mal"; y torna presto
con ella, porque tengo necesidad de lavarme la cara con esto para entrar en el
teatro y fiesta de los dioses.''
Entonces Psiches, abiertamente sintió
su último fin y que era compelida manifiestamente a la muerte que le estaba aparejada. ¿Qué maravilla que lo pensase,
pues que era compelida que de su propia
gana, por sus propios pies, éntrase al infierno, donde estaban los ánimos de los
muertos? Con este pensamiento, no tardó mucho que se fué a una torre muy alta para echarse de allí abajo, porque de
esta manera ella pensaba descender muy
presto y derechamente a los infiernos.
Pero la torre le habló de esta manera:
"¿Por qué, mezquina de ti, te quieres matar echándote de aquí abajo, pues que ya
este es el último peligro y trabajo que
has de pasar?; porque si una vez tu alma

fuere apartada de tu cuerpo, bien podrás
ir de cierto al infierno, pero creeme que
en ninguna matJera podrás tornar a salir de allí. No está muy lejos de aquí una
noble ciudad de Acaya que se llama Lacedemonia. Cerca de esta ciudad busca
un monte que se llama Ténaro, el cual está apartado en lugares remotos. En este
monte está una puerta del infierno, y por
la boca de aquella cueva se muestra un
camino sin caminantes, por donde, si tú
entras, en pasando el umbral de la puerta, por la canal de la cueva derecho podrás ir hasta los palacios del rey Plutón;
pero no entiendas que has de llevar las
manos vacías, porque te conviene llevar
en cada una de las manos una sopa de
pan mojada en meloja, y en la boca has
de llevar dos monedas, y desde que ya
hubieres andado buena parte de aquel
camino de la muerte, hallarás un asno
cojo cargado de leña, y con él un asnero
también cojo, el cual te rogará que le des
ciertas chamizas para echar en la carga
que se le cae, pero tú pásate callando sin
hablarle palabra, y después, como llega-

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.APULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

res al rfo muerto donde está Carón, él
te pedirá el portazgo, porque así pasa él
en su barca de la otra parte a los muertos que allí llegan, porque has de saber
que hasta allí entre los muertos hay avaricia, que ni Carón, ni aquel gran rey
Plutón, hacen cosa alguna de gracia, y
si algún pobre muere, cúmplele buscar
dineros para el camino, porque si no los
llevare en la mano, no le pasarán de allí.
A este viejo sucio darás en nombre de
flete una moneda de aquellas que llevares, pero ha de ser que él mismo la tome
con su mano de tu boca Después que hubieres pasado este río muerto, hallarás
otro viejo muerto y podrido, que anda
nadando sobre las aguas de aquel río, y
alzando las rnanos te rogará que lo recibas dentro en la barca; pero tú no cures
de usar piedad, que no te conviene. Pasado el río, y andando un poco adelante,
hallarás unas viejas tejedoras que están
tejiendo una tela, las cuales te rogarán
que les toques la mano, pero tú no lo hagas, porque no te conviene tocarles en
manera _ninguna. Que has de saber que

todas estas cosas y otras muchas nacen
de las asechanzas de Venus, que querría
que te pudiesen quitar de las manos una
de aquellas sopas, lo cual te sería muy
grave daño, porgue si una de ellas perdieses, nuoca jamás tornarías a esta vida. Además de esto, sepas que está un
poco adelante un perro muy grande, que
tiene tres cabezas, el cual es muy espantable, y ladrando con aquellas bocas
abiertas, espanta a los muertos, a los
cuales ya ningún mal puede hacer, y
siempre está velando ante la puerta del
oscuro palacio de Proserpina, guardando la casa vacía de Plutón. Cuando aquí
llegares, con una sopa que le alcances lo
tendrás enfrenado, y podrás luego pasar
fácilmente y entrarás adonde está Proserpioa, la cual te recibirá benigna y alegremente, y mandG.rte há asentar y dar
muy bien de comer. Pero tú siéntate en
el suelo, y come de aquel pan negro que
te dieren, y pide luego de parte de Venus
aquello porque eres venida, y recibido lo
que te dieren en la bujeta, cuando tornares, amansarás la rabia de aquel perro

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.APUL"EYO

PSIQUIS Y CUPIDO

con la otra sopa. Y cuando llegares al
barquero avariento, darle has la otra
moneda que guardaste en la boca, y pasado aquel río, tornarás por las mismas
pisadas por donde entraste, y así vendrás a ver esta i,:laridad celestial. Pero
sobre todas fas cosas, te apercibio que
guardes una : que en ninguna manera cures de abrir ni mirar lo que traes en la
bujeta, ni procures de ver el tesoro escondido de la divina hermosura." De esta
manera aquella torre, habiendo mancilla
de Psiches, le declaró lo que le era menester de adivinar.
No tardó Psiches, que luego se fué al
monte Ténaro, y tomados aquellos dineros y aquellas sopas como le mandó la
torre, entróse por aquella boca del infierno, y pase.do callando aquel asnero cojo,
y pagado a Car6n su :flete porque le pasase, y menospreciado así mismo el deseo
de aquel viejo muerto que andaba nadando, y también no curando de los engañosos ruegos de las viejas tejedoras y
habiendo amansado la rabia de aquel temeroso perro con el manjar de aquella

sopa, llegó pasado todo esto a los palacios de Proserpina, pero no quiso aceptar el asentamiento que Proserpina le
mandaba dar, ni quiso comer de aquel
manjar que le ofrecían, mas humildemen,
te se sentó ante sus pies, y contenta con
un pedazo de pan bazo, le expuso la embajada que traía de Venus, y luego Proserpina le hinchó la bujeta secretamente
de lo que pedía, la cual luego se partió, y
aplacado el ladrar y la braveza del perro
infernal con el engaño de la otra sopa
que le quedaba, y habiendo dado la otra
moneda a Carón el barquero porque la
pasase, tornó del infierno más esforza.d a
de lo que entró. Y después de adorada la
clara luz del día que tornó a· ver, como
quier que en cumplir esto acababa el servicio que Venus le había mandado, vínole al pensamiento una temeraria curiosidad, diciendo: "Bien soy yo necia, trayendo conmigo la divina hermosura, que
no tome de ella siquiera un poquito para
mí, para que pueda aplacer a aquel mi
hermoso enamorado." Y como esto dijo,
abrió la bujeta, dentro de la cual niogu-

�!JO

..tPIJLEYO

na cosa había ni hermosura alguna, salvo un sueño infernal y profundo, el cual
como fué destapado, cubrió a Psiches de
una niebla de sueño grueso, que todos
sus miembros le tomó y poseyó, y en el
mismo camino por donde venía cayó
durmiendo como una cosa muerta.
Pero Cupido, ya que convalescía de su
llaga, no pudiendo tolerar ni sufrir la
luenga ausencia de su amiga, estando ya
bien dispuesto y las alas restauradas,
porque había días que holgaba, salióse
por una ventana pequeña de su cámara
donde estaba encerrado, y fué presto a
socorrer a su mujer Psiches, y apartado
de ella el sueño y lanzado otra vez dentro en la bujeta, tocó livianamente a
Psiches con una de sus saetas ydespertóla diciéndole: "Aun tú, mezquina, de ti
no escarmientas, que poco menos fueras
muerta por semejante curiosidad que lo
que hiciste conmigo; pero ve ahora con
la embajada que mi madre te mandó, y
entre tanto yo proveeré en lo otro que
fuere menester. " Dicho esto, levantóse
con sus alas y fuese volando. Psiches lle-

PSIQUlS Y CUPIDO

01

vó lo que traía de Proserpina y diólo a
"Venus.
Entre tanto, Cupido, qtte andaba muy
fatigado del gran amor, la cara amarilla,
temiendo la severidad no acostumbrada
de su madre, tornóse al almario de su pecho, y con sus ligeras alas voló al cielo y
suplicó al gran Júpiter que le ayudase, y
recontóle toda su causa. Entonces Júpiter tomólo por la barba, y trayéndole la
mano por la cara, comenzólo a besar, diciéndole: "Cómo quier que tú, señor hijo,
nunca me guardaste la honra que se debe
a los padres por mandamiento delos dioses, pero aun este mi pecho, en el cual se
encierran y disponen todas las leyes de
los elementos, y a las veces de las estrellas, muchas veces lo llagaste con continuos golpes del amor y lo ensuciaste con
muchos lazos de terrenal lujuria, y lisiaste mi honra y fama con adulterios torpes
y sucios contra las leyes, especialmente
contra la ley Julia y la pública disciplina,
transformando mi cara y he'rmosura en
serpientes, en fuegos, en bestias fieras, en
aves y en cualquier otro ganado. Pero

�!)2

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.APUT.EYO

- - -~~-

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con todo esto, recordándome de mi mansedumbre, y que tú creciste entre estas
mis manos, yo haré todo lo que tú quisieres, y tú sépate guardar de otros que
desean lo que tú deseas. Esto sea con una
condición: que si tú sabes de alguna doncella hermosa en la tierra, que por este
beneficio que de mí recibes, debes de pagarme con ella la recompensa."
Después que esto hubo hablado, mandó a Mercurio que llamase todos los dioses a concilio, y si alguno de ellos faltase,
que pagase diez mil maravedís de pena.
Por el cual miedo todos vinieron y foé
lleno el palacio donde estaba Júpiter, el
cual, asentado en la silla alta comenzó a
decir de esta manera: "¡Oh dioses escritos en el blanco de las musas'. Yosotros
todos sabéis como a este mancebo que
yo crié en mis manos, procuré de.refrenar
los ímpetus y movimientos ardientes de
su primera juyentud. Pero harto basta
que él es infamado entre todos de adulterios y de otras corruptelas, por lo cual es
bien que se quite toda ocasión, y para
esto me parece que su licencia de juven-

PSIQUIS Y CUPIDO

---

93

tud se debe de atar con lazo de matrimonio. El ha escogido una doncella, la cual
privó de su virginidad; téngala y posé~la, y siempre use de sus amores"; y diciendo esto, volvió la cara a Venus, y díjole: "Tú, hija, no te entristezcas por esto, ni temas a tu linaje ui al estado del
matrimonio mortal, porque yo haré que
estas bodas no sean desiguales, mas legítimas y bien ordenadas, como el derecho
lo manda.' ' Y luego mandó a Mercurio
que tomase a Psiches y la subiese al cielo, a la cual Júpiter dió a beber del
vino de los dioses, diciéndole: "Toma,
Psicbes; bebe esto y serás inmortal; Cupido nunca se apartará de tí. Estas bodas vuestras durarán para siempre.''
Dicho esto, no tardó mucho cuando vino la cena muy abundante, como a tales
bodas convenía. Estaba sentado a la mesa Cupido en el primer lugar, y Psiches
en su regazo. De la otra parte estaba Júpiter con Juno su mujer,_ y por su or?en
todos los otros dioses. El vino de alfaJor,
que es vino de los dioses, ministraba Gauimedes a Júpiter como copero suyo, y a

�9-1

.\PCLEYO

los otros el dios Baco. Vulcano cocinaba
la cena. Las ninfas henchían de flores y
rosas y otros olores la sala donde cenaban. Las musas cantaban muy dulcemente. Apolo cantaba con su vihuela.
Venus entró a la suave música, y bail6
hermosamente. En esta manera era el
convite ordenado, que el coro de las musas cantase, y el sátiro hinchase la gaita,
y el dios Pan tañese un tamborino. De
esta manera vino Psiches en manos del
dios Cupido, y estando ya Psiches en el
tiempo de parir, nacióles una hija, a la
cual llamamos Placer.

��</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>NÚM .

CERVANTES
, o,·iP1nh1-c de l!ll i

Número extraordinario consagrado a México

REVISTA MENSUAL IBEROAMERICANA
COLABORACIÓN :

Francisco Villaespesa. - Alfredo Breceda.Antonio Caso.--Miguel Alessio Robles.- Juan
B. Delgado.- Enrique GonzáJez Martínez.Luis González Obregón.- José de J . Núñez y
Domínguez.- Julio Jiménez Rueda.- Efrén
Rebolledo.- Rafael Cabrera.- Rodrigo Gamio.- Carlos González Peña.- Pedro E. Callorda.- José D. Frías.- Xavier Sorondo.- Darío Rubio.- Salvador Cordero.- Roberto Núñez y Domínguez.- Alejandro Quijano.- Alfonso Toro. -Martín Gómez Palacio.- Mercedes Borrero.- Antonio Orts Ramos.- Rafael
Durand, jr.- Genaro F ernández Me. Gregor. Samuel Ruiz Cabañas.- Gonzalo de Murga.Tomás G. Perrín. - Leoncio Espinosa. - Mael Horta.- Guillermo Jiménez.
_ _ _,

♦

~

l-

1

~

Imprenta Frnncesa, Jardín Carlos Pacheoo,

1

y 3. - México.

��u\ño l

Núm. I

CERVANTES
Noviembre de 1917

Número Extraordinario Consagrado a México ·

Directores: Fraocisco Villaespesa, Luis O. Urbioa

r

y Jo~é [ogenieros
~ubdirector: Joaquín Dicenta (hijo)

COLABORACION:
Francisco Villaespesa.- Alfredo Breceda. - Antonio Caso.-Miguel Alessio Robles.-Juan B. Delgado.-Enrique
González Martínez.- Luis González Obregón.-José de J.
Núñez y Domínguez.-Julio Jiménez Rueda.- Efrén Rebolledo.-Rafael Cabrera.-Rodrigo Gamio.-Carlos González Peña.- Pedro E. Callorda.--José D. Frías.-Xavier
Sorondo. - Darío Rubio. - Salvador Cordero.- Robe.rto
Núñez y Domínguez.-Alejandro Quijano.-Alfonso Toro.-1\-lartín Gómez Palacio.- Mercedes Borrero.-Antonio Orts Ramos.-Rafael Durand, jr.-Genaro Fernández Me. Gregor.-Samuel Ruiz Cabañas.-Gonzalo de
Murga.-Tomás G. Perrín.-Leoncío Espinosa.-Manuel
Horta.-Guillermo Jiménez,

�2

CERVAN'.l.'ES

~

ZAPATfRIA fXCfLSIOR

RETRATO DE CERVANTES
Este que veis aquí, de rostro aguileño, ele cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz curva, aunque bien propo1&gt;cionada; las barbas de plata, que no ha
veinte años que fueron de oro; los bigotes
;grandes, la boca pequeña, los dientes no cre,cidos, porque no tiene sino seis, y esos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen
correspondencia los unos con los otros; el cuerpo
entre dos extremos, ni grande ni pequeño ; la
color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies, éste, digo, que es el rostro del autor de la Galatea y e.le
Don Q'u,ijote de la Mancha, y del que hizo el
Via,je del Parnaso, a imitación del de César Caporal Pernsino, y otras obras que andan por ahí
descarriadas y quizá sin el nombre &lt;le su dneño,
llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra: :fue soldado muchos años y cinco y medío
cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las
.adversidades; perdió en la batalla naYal de Lepanto la mano izquierda de un balazo ; herida
que, aunque parece :fea, él la tiene por hermosa,
por haberlia cobrado en la más memorable y alta
ocasión que vieran los pasados siglos, ni esp~ran
ver los venideros, militando bajo las vencedoras
handrras del hjjo &lt;1e1 rry el&lt;' la g-nerra . Carlos V.

'

La Industria zapatera ha venido dia tru dia innovándo•
se de un modo asombroso; y ·
de todos sus progresos, la

ZAPAlfRIA fXCf LSIOR
conocidisima en toda la República ha fomentado, apropiándolos, el sólido crédito
de que disfruta . Dada la no•
vedad que la

1 ZAPAlf RIA fXCf LSIOR
ha imprimido a su régimen
de ventas yservicios, no cabe
dudar que a más de ser la
mejor surtida de México y
contar con varias sucursales, es al propio tiempo la
que sus mercancías no pue ·
den ser superadas.

~

�CERVANTES

4-

LA MANIA DE ESCRIBIR

Escribir y crear es nuestro fuerte,
No hay poste ya sin eartelón impreso,
Ni prensa ociosa, ni punzón inert~i Así se compran páginas al peso,
Pagando medio duro por 1arroba,
Para envolver los dátiles
y el queso l
.
'

· Uno írrvoca a las brujas en su trova;
Otro sigue a Aristóteles y a Horacío ;
Otro pinta a los héroes con joroba;
Aquél pulsa la lira en un palacio;
Aquel ·otro, rasgando la bandurria,
Muestra en un bodegón su cartapacio.
Ya nos posea el júbilo o la murria,
A todos 'nos ataca esa manía,
Esa especie de métrica estrangurria,
Y lo rnismo en la dulce poesía
Que en moral, en política, en hacienda,
Nuestro estado normal es la ,a narquía.

"El genio por doquier se abre una senda."
.Asentada esta máxima, ¿ qué importa
Que ya ningún cristiano nos entienda 1
Jfanu.el Bretón de los H eri·eros.

5

CERVANTES

ENRIQUE HUERTA

.Admirar la labor de todo hombre que, uniendo esfuerzos y volun1lades, llegue a perfecciones
dentro del ramo de la industria a que se dedica, es algo que todos los amantes del progreso
debemos de hacer. No extrañará pues, que yo,
progresista inaudito y conocedor de las iniciativas de Enrique Huerta, le dedique unos
breves párrafos alentadores.
Enrique 'Huerta, desde que su casa gravita sobre su nombre, tal empuje le ha imprimido, tales adelantos ha introducido en sus talleres, que son únicos en México, en fundición
y Te-paración de maquinaria. Quiso también, este progresista industrial, perfeccionar su especialidad en fabricación de camas eITT.ilo inglés y americano, y han llegado las por él fabrieadas a competir con ventaja. con las que ya
tan poco se importan de los Estados Unidos de
.América.
Enrique Huerta es, además, un expQ1-to mecánico, que sin duda logrará solidific-ar el arraigo de varias innovaciones que tiene en carpeta.

�CER.V,1.,x!l'ES

7

C'l!lRVANTES

Industriales de tamaño tesón, valiéndose únicamente de sus energías y- labor, siendo com•
pletamente fomentadores del estímulo al trabajo,
logran, con poco tiempo, los grandes éxitos de
rme se muestra orgulloso Enrique Iluerta, y quP'
por ende, pertenecen a México, que de dfa en
día, debido a estos esfuerzos aislados, va levantando sus ignoradas industrias, parangoneándolas, con gran ventaja, a las extranjeras.

ZETA.

LA CALUMNIA

Fachada principal

LA TABACALERA MEXICANA
Puede una gota de lodo
sobre un diamante caer;
puede también de este modo
su fulgor obscurecer.
Pero aunque el diamante todo
se encuentre de fango lleno,
el valor que lo hace bueno
no perderá ni un instante,
y ha de ser .siempre diamante
por más que lo manche el cieno.

Riibén Daría .

Es de las industrias mexicanas, por su.s
finas y agradables elaboraciones de cigarrillps,
la que goza de mayor crédito en toda la República, y la que, por la instalación de sus talleres y oficinas, montados a todo lujo y confort, elevan y dignifican la importancia mercantil de México.
Su director gerente, don Eugenio Alvarez
Mellado, con tenacidad y perseverancia ha ido
impulsando, con verdadero tacto :financiero. a

�6

CERVANTES

oalóu de mitq uiuu.~

"La '1.'abacalera Mexicana/' salvando los mil
obstáculos que surgen &lt;le improviso en los grandes ll\ogocios, logrando wlidificar el consumo
de las marcas qne una biC'n dirigida propaganda de publieidatl ha hecho que sean conocidas en casi todo d mundo.
La pró:;;pera vida mercantil ele La Tabacaler&lt;t ,Ucxicana pnedc saca1·se en consecuencia por
los signienü•s dato~, proporcionados amablemente por sn dirPctor, don Eugenio 5Jvart&gt;z
1\íellado, y que a continuación reproducimos y
que, aunqul' se r efieran al balance de 19]~,
prueba i-u arraigo finane"ero:

CERVANTES

9

Fachada posterior del eclificio principal y vista parcial
del parque

Del balance practicado en treinta y uno de diciembre ele mil novecientos doer, consta : qne las
existencias, en esa fecha, de tabaco, papeles r
marcas, timbres de fabricación. mercancías en
camino y cigarro elaborado, ascenclfan a ochoci~ntos veintinueve mil ochocientos ,:rsrnta y
cuatro pesos eincuenta centavos. El efectivo en
caja y depositado en el Banco de Londres y l\féxico, era de noventa y tres mil cimto treinta y
siete pesos cuarenta y tres centarns. La maquiparia y refacciones se elevaba a r1oscirntos srtenta y ocho mil seiscientos veintiélós prsos cua-

�10

CERVANTES

lCERVAN'.rES

lJitección

'

J

renta y Ul,l eve centavos E
., .
bfa
. .
. u credito a cobrar h
&lt; qum1entos ochenta v t
.
. i acincuenta Y nueve éi . • r~ mil oehocientos
En crédito· d
, p sos tr~lllta Y lm centavos:
te mil qu. . etma1 cas, trescientos treinta v sie•
uueu os ])esos y otr f
.
representada.
"·
uerte cantidad,
. poi muebles y enseres
facturas y anuncios
. el
envases,

ª

J

,

l:i~:ácu~ .

~os, et:., etc. Consi~í~o1el to~~i°:!e
o~ nllllones doscientos ochenta
. , ~u
t2e,1entes setenta .,. Cl .
y oebo nul se.J cios pesos setenta
h
.
tavos; hallándose el Pa-:iv .
. Y oc o cenpecificado a.'!í. ca 't l . o, _por igual snma, es~
. p1 a ' llll millón qitiniento
·1
pesos; a~rcedores diversos o l t
. s IIll
·
' e ie.u a :V s1.ete mil

Salón principal de env&lt;.ltuia

ochocientos treinta y un pe.sos cuarenta y ocho
centavos ; fondo de reserva, veintiún mil cuatrocientos seserrtra y sei'l pesos veint~éis centavos ;
fondo de previsión, ciento noventa y siete mil
setenta y dos; pesos noventa y nueve centavos;
y utilitlades netas,' cuatrocientos oche11ta y dos:
mil cuatrocientos dos pesos cinco centavos.
Sentados c¡uedan, pues, los anteriores preccdel1tRs, en los que se prueba que La Tabacaie.ra M ex1á,,,na es una da las industri;a'S más sólidas de Mfaico ;r una de las mejor garantidas en el mundo merc:!l!Iltil.

�CERVAN'l'ES

12

NEOESIDAD DEL ESTUDIO

i

E studiad y no os asombre
La incapacidad que al cielo
Queréis ocioso imputar ;
Sabio vuestro padro os vea,
Que no hay cosa que no sea
Difícil de comenzar .

1

De la honra es btcve atajo
El estudio que el cuerdo ama,
Porque al templo de la fa¡p.a
Se ent.r a por el del trabajo.
No cobra valor ni medra
La ociosidad regalada,
Que una gota continuada
R-0mpe la más dUI'a piedra.
Uno y otro estudio venza
La memoria hasta que abrace
Lo que os enseño, pues hace
La mitad el que comienza.
Tirso ele illolina.

i\

El Periódi co

"EL .P
U E BLO"
ES EL OEC~NO DE LA PRENSA
PRECONSTITUCIONALISTA - ·

¡I

CERVANTES

13-

LA PAPELERIA SOMOLINOS
Y MONTESINOS

La tendencia del comercio moderno a regularizar sus ventas, por medio de grandes existencias, que, aunque representen enormes capitales inactivos, µega un día en que son un
enorme crédito, encuentra fuerte personalidad
con los señores Somolinos y Montesinos.
Establecidos en 1909, lucharon en un principio con todas las dificultades que sus temperamentos de comerciantes modernos les hacían saltar, contrastando con las rancias costumbres de caducos sistemas, reglas y modos
de vender.
Asimilaron, con verdadera perspicacia mercantil, una dependencia correcta y culta al comercio que se dedican, llegando ésta a un conocimiento tan profundo de lo que expende,
que no hay para ella objeto de escritorio desconocido, calidad de papel que no sepa hasta
la manera de fabricarlo, y todo, todo lo que
a este ramo se refiere, lo tiene tan completamente estudiado, que el comprador, convencido
por las razones que se le exponen a1 entrar en
La Papelería de los señores Somolinos y Montesinos, 5 de Mayo 32, no tiene otro remedio
que abdicaT a su condición cicatel"a (si esta es

�1-~~míe!§'§]!ii~@i~ii!!l~c1mrn1li~il!!íE@rt~ffi!!&amp;ffi!il!Ii'il!l~r:sñ!.!W.o1
CERVANTlllS

1Jla Enpertal

14
. . , ) y comprar lo que hasta allí 1o
su condic1on ,
trajo.
S
i· os y

La Papelería de los seíÍ,ores omo i,1
es a mi rnodo de 11e1·,
]Jontesúws, 5 de M ayo 32, '
.
,
n110 de los comercios más bien s·urtidos de ~e.
d , de 1~ amabilidacl y c1¿fü1,ra de sus
neo en on ,
1 t l
'.
.
d
prop-iet arios
y
epen d ene,•a suby1igan e e a
·modo al compradol'. q1w el que e1itra_ una vez
en dicho establecúniento_. ,indefcctiblmnente
1,t•

lw d e !'Oli· cr .

ZETA.

LA CONCIENCIA

• Conciencia nunca dormida,
•
Mudo y pertinaz testigo
Que no dejias sin castigo
Ningún c1·imen en la vida'.
1

La ley calla, el mundo olvida:
Mas, ~ quién sacude tu yngo'
Al Sumo Hacedor le plngo
Que, a ;;o1a;; con e1 pecado,
Fueses tú para el culpado
Delator, juez y verdugo.
Gaspar Núñez de Arce.

5a. TACUBA y Av. ISABEL LA CATOLICA
TELEPONO E!.RIC. 165-67

~~~--.

1 ~n~~~:en~:!:~od~:.: ;
Los

¡

~

1

1
1
;

ifil
~

füi
~

puede y debe ser dignificado, .,.1
han logrado convertir en una 0
agradable tarea, higiénica y
limpia, la del despacho de comestibles. Se dedicaron a instruir una dependencia amable
y correcta, capaz de competir
con la de los más finos giros
~
del comercio, y hoy en • - - . i2I

1

1a JEspecíal
no se sabe qué admirar más: si
la atención con que se sirve al
público, o los ricos produc-1
tos que allí se expenden, auténticos todos, baratos todos y
buenos todos. • - • - - - • • ~

~l!!l@Ii~ffi1!filfii1mffi!io!.@ffi!lii1.iii1r@i~IB!iil!Jiilrll'.!Coo~r¡¡¡¡¡¡¡...r!!'.ffi1!;

�rn

CERVANTES

RECETA CONTRA EL ORGULLO

\
¡¡

Con el alba de un &lt;lía
Prendió Irene una rosa a su cabello.
¡ Qué encanto, qué matiz, qué poesía,
No hay adorno más bello!,
La entusiasmada Irene repetía.
Lleg6 la tarde, ¡ se agostó la rosa!
Y lia: mudable Irene rigurosa,
Con mano despiadada,
La ,a rrojó por el suelo desdeñosa.
Y así dijo la flor al ser hollada :
Quiera Dios ¡ oh mujer!, que tú no seas
A tan mísero trato condenada :
Que cual triste me ves, nunca te veas,
Que nadie imite tu conducta impía.
t Qué otra cosa eres tú que flor de un día?

O·=====================o '

"LA AlfONSINA"
- GRAN ALMACEN DE ROPA
Surtido completo en artículos

~~

~~

del país. - - - - Especialidad en
obra de lana. - -

M. Zapata .

L. MIGOYA Y HNO.
PLAZA DE LA CONSTITUCION NUMERO 27
APARTADO POSTJ')L, 2163

E L PERIODICO

"EL EXCELSIOF-&lt;"
E S EL PER IODICO DE
LA VIDA NACION-AL •

TELE!I=. ERICSSON 82-94

ltlEXICO, D, F.

º=====================º
Cervantes-

�CERVANTES

18

LA VIEJA y EL ESPEJO

.~~~······················1···-

:

CAFE, DULCERIA Y

PA.STELERIA

:

="MADRID'';

En esto haciendo ?osquillas
hl muladar con el pie,
Llamada de la ~slu11:bre
y aJSustando el mteres, .
',• Si. es d"iamante ' no es diamante,
d 1
Sacó envuelto en un cor . e
Un casquillo de un :speJO
Perdido por hacer bien.
. Miróle la viejecilla
.Prendiéndose un alfiler,
. , un orejón con tocas
Y VlO
•
Donde soñó un AranJuez.

. Tacuba
=================
.
y Aquiles Serdán.
Frente al Correo •

¡

i

¡:

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Y TODO LO GONGfRNlfNn AL RAMO DE PASTfüRIA
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MARTINEZ HNOS.
3a. AJU.RGURA, 52
~ o-.--,
TEL. ERIO. 69 · 62

"ndole en el suelo,
y arroJa
Dijo con rostro cruel : .
Bien supo lo que se hizo
. te oohó donde te
Quien
. ves.
Señoras, si aquesto mismo
Os llega:re a suceder,
. 1a cara importa,
ArroJar
,
Que el espejo no . hay por que.
Francisco de Quevedo.

Constante y variado surtido en toda clase de calzado
para. Señoras, Caballeros y Niños.
Constante surtido en zapatos para Foot-ball.

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José López Castellanos y Cía.

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4

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/
y M1teli1ía .,,
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ERICSSON 2e5z.
MEXICO, D. F.

@.

Calzamos
a lo. s elegantes_

Ir~~~

-

Oye lo que la vida
Hac r dichosa puede:
.. o con udor ganados,
'ino bere lado biene ·
'ampo no ingrato: lumbre
En el hogar perenne·
Con fácile manjare
l\Iesa, no rica, alegre ;
Amigos de tu fera
C'ostt1m bres inocentes,
, ' eneillo trato y poi-te
Prnd ncia in doblece ·;
Jamás litigio o rifia
\' egocio no frecuentes;
El ánimo no inquieto
Y la . dud no endeble.
Exento de zozobra.·
Y de báquica fiebre ,
.'ueño qu e las noctnma
Tiniebla. manso abrevie;
Xo tri te, mas hone:to
El lecho; . er cual eres
in ambición : ni u~to
Xi :mhelo de la mue1ifl.

Il01·acio.
Tmd11cci611 dt: do,~ .dntonio Caro.

�LA .ZAPAURIA
...........
....................,.......

"hll BllRllTll"

Ofl lUfANTf

. . ,u1111111rnuoa111nr1tu11nnn

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CASO Y CORRAL
~

3a. DE SAN JUAN DE LETRAN Y VICTORIA
TELEF. ERIC. 5440.

APARTADO 251.

--

fuefundadael 29 de
diciembre de 1907
por los señores _J acinto Costa P1 y
Luis Coda Pons, en
la Avenida Isabel la Católica número 14 (antes San
José el Real número 7).
.
El pi·ogreso tan rápido de esta casa comercial fue _no•
torio desde el principio de su fundación, pues precisamente al año de haberse establecido , aumentó su capital al doble, ocupando desde entonces dicha_ne~ocíacíón un lugar preferente entre las casas principales
del ramo en la República.
Por lo expuesto se verá que es justificada la fama al•
cam-:ada por la ZAPATERL\_DEL ELEFA~TE, establecida desde hace DIEZ ANOS en la Avenida Isabel
la Católica número 14, de México, D. F.

MEXICO.

Magnífico surtido
en muebles extranjeros y del país.

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Suc.-Av.Maderon913

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✓

�CERVANTES

24
EL TIEMPO Y EL GENIO

Piélago sin riberas ni reposo,
Hinchado de perennes tempestades.
Sigue el tiempo su curso impetüoso,
Siempre tragando y vomitando edades.
A su impulso cediendo poderoso,
En desiertos se truecan las ciudades;
Y leyes, ara, púrpura y diadema
Se hunden al fallo de su ley suprema.
Todo sucum'be a la eternal mudanza,
Por ley universal todo perece ;
El genio sólo a eternizarse alcanza,
Y, como el sol, eterno resplandece,
Al porvenir su pensamiento lanza.
Que con el polvo de los siglos ·crece,
Y en las alas del tiempo suspendido
Vuela sobre las cimas del olvido.

Gertnulis Gómez do rb:clfaneda.

�26

CERVANTES

ltA ijEitllETill

A GRANADA

Allí, sobre arcos de alabastro y oro,
Veréis los babilónicos pensiles
Producir, junto al cedro, el sicomoro ;
Junto al nudoso abeto, las gentiles
Palmeras; junto al p1átano inodoro,
El perfumado tilo; las sutiles
Hebras de la ancha pita entre rosales
Y el frag,ante limón entre nopales.
. . . . . . . . . . .. .. . . . . . .
.. . . ..

16 de Septiembre
Número 41 .

~o~«o~

-

Q

Apartado Correo

11 Número 2701.
tJ --~-JM-.~~--

MEXICO. D. F.

SANTIAGO GALAS

Allí anidan al par todas las aves
Y se abren, a la par, todas las flores;
Con la rápida alondra águilas graves,
Con la murta el davel de cien colores,
Se respiran allí cuantos las naves
De Oriente traen balsámicos olores,
Y allí da el suelo deliciosas frutas
Y encierran minas las silvestres grutas.

lo caso en México meior surlido en anícu los de escmono.

J osé Zorrilla.

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�28

CERVA.NTES

. .."TTT'. . . . . l

EL SOBRIO Y EL GLOTON

Había en un lugarón
Dos hombres de mucha edad,
Uno de gran sobriedad
Y el otro gran comilón.
La mejor salud del mundo
Gozaba siempre el primero ,
Estando de enero a enero
Débil y enteco el segundo.
- t Por qué, el tragón dijo un día,
Comiendo yo mucho más,
Tú mucho más gordo estás 1
No lo comprenclo, a fe mfa.
-Es, le replicó el frugal,
Y muy presente lo ten,
Porque yo digiero bien,
Porque tú digieres mal.

Raga de esto aplicación
El pedante presumido,
Si porque mucho ha leído
Cree tener instrucción ;
Y siempre que a juzgar fuere,
La regla para sí tome :
No n1ltrc lo q1w se come,
Sino lo qne se di gie re.
Concepción Arenal.

¡CfRVANT~S...!
Del ■u1da 11ter1
Es ta 11inu co11cid1
Yta QUIJOTE es leida
Pu su l11111je mero.
Mas SI 11111111, collSt
Del castize mdadero,
Nt bya II tu obra este
(letrera
ADllci111 del Tohse:
"Este 11d11t1 cab11l1re
s1111 dasf1clend1 eatm(tos"
YVI st■br11d1 dt ■11rt1s.
St Ja it ■ mo derroterro,
Po~ue II saeilos u di.
(wisa
G11III y bella selua
DtsCH Slldl sednctára
E1 m11blu de Bias Pa~issa

2!!&gt; FAC T OR
Esquina Donceles.

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(fm te C i■ m 8lp1tades)

1 1

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�l

~~S1~fii!f~Ji~J~J~Ji~J~1!!ffilfü!lillfiilf~fi~lil!r~'ii!Ji~.!iilli~lfil!rd!

CERVAN'.l'E.8

30
EL PROGRESO

UEL

GRUMETE"

(CASA

CE

CONFIANZA)

Los mejores zapatos para señora y caballero
en los últimos estilos y calidad inmejorable.

i Oh ciencia, que los astros colosales
pesas cual en la ID'ano, y l?s fulgores
irisando a través de tus cr1~ales,
analizas su polvo en los colores;
que descubres miriadas de -animales
en cristalina gota, y de las flores
sorprendes la efusión santa y serena
del mundo amor que el universo llena!
¡ Oh industria, cuyo brazo sobrehumano
taladra el túnel bajo inmensa sierra,
y unes al océano el océano
en abrazo de amor sobre la tierra;
que haces del globo como cráneo humano
que de los orbes el cerebro encierra,
euando en tu red eléctrica palpita
y al mundo un mismo pensamiento agita!
........... .
¡ Gloria a Dios m:ismo,
que en el alma del hombre
puso la inspiraición del idealismo,
como creciente incendio en füi maleza,
y la sed insaciable
de la verdad, el bien y la belleza!

Luis Benjamín Cüneros.

1

Unica casa especialista en zapatos finos
para Niños.

~

m

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TOMAS BARRO, S. en C.

3a. de Tacuba. Núm. 17.

México, D. F.

~~~

;@!
~

1

�.
CERV.\'.'\TF.S

32

1

SONETO

CABALLERO:
LE OFREZCO CORTARLE
UN TRAJE QUE LLAME
LA ATENCION

Imagen espantosa de la muerte
sueño cruel: no turbes más mi pecho,
mostrándome cortado el nudo estrecho,
consuelo sólo de mi adversa suerte.
BusC'a de algún tirano el muro fuerte
de jaspe las paredes, de oro el techo ;
o al rie-0 avaro en el angosto lecho
haz que temblando con sudor despierte.

fil

-

El uno vea el popular tumulto
romper con furia las herradas puertas,
o al sobornado siervo el hierro oculto.

-~
\...:.. .

El otro sus riquezas descubiertas
con llave falsa o con violento insulto ;
y déjale al amor sus gloria ciertas.

~

---- --.

t,

\\_ ·

7,1-

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"la Tijera Madrileña"

Lupercio L. de Argensola.

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't:. ~uintana
~

~
,
~ ~);!

·cervantes. -

~

�CERVANTES

34

SONETO
No me mueve, mi Dios, para quererte,
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno fan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor: muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido ;
muéveme ver tn cuerpo tan herido ;
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, •a l fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo milll:no que te quiero te quisiera.

LA FARMACIA
COSMOPOLITA
Pino Suárez, esquina Palacio Nacional
La Farmacia Cosmopolita, regida
por uno de los más acreditados farmacéuticos de México, ostenta, como
principal característica, la honradez.
Establecida en uno de los barrios
más populosos de la Capital, surte,
con verdadera profusión, a su clien•
tela que, de día en día, va siendo mayor. Los productos que expende están garantizados como los mejores, y
las fórmulas y recetas son despachadas con puntualidad asombrosa.

POR ESO

LA fAR MACIA COSMOPOLITA
ES LA MEJOR
DE LA CAPITAL

�CERVANTES

LA VIDA HUMANA

fS INDISCUTIBU QUt

"U AGUILLA"
- tS U NUMfRO
UNO
Df LAS SASTRfRIAS.
El!. rtRIAll~t•K"0.11Utc.0.P,I&gt;

~o crea. MODA S, pero reproduce
las EU RO PE AS con ma.r&amp;villosa.
perfección .
.·nesh'o surtido en Camisas, Corbatas, Art1culos para Caballero
Baúles y Petacas es l MENSO .
Nuestros precios tienen fama de
er LOS M AS BARATOS DE LA
CAPITAL.

i

''EL AGUILA''
BC&gt;LIVAR, 7

~~

La ,-ida humana, 'ócrate decía,
uando taba en negocio ocupada,
Que era un arroyo en te1upe tad airad3,
Que turbio y momentáneo di. curría.
Y qu la Yida del que en paz vida
Era como una fuente so egada,
Que sonora, apacible Y adornada
D varias flore , in cesar corría.
¡ Oh vida d lo hombres diferente
Cuya felicidad e. tima el bueno
Cuando la libert.ad del alma siente!
Negocio a la vi ta son veneno.
i Dicho o aquel que vive como fuente
'
}Ian. o, tranquilo y de turbar,: ajeno!

Lope de Vega.

+

�38

CERV,\,.',TES

CERVANTES

LA LIBRERIA DE ANDRES BOTAS

La casa fue fundada por .André Botas el
año 1905.
Puede d cirsc que ha i:;ido la introductora en
la República del libro español, la que ha dado
a conocer lo principales autor modernos.
e dedica espec.ialmente, a la venta de libro
editado en E. paña, ann cuando también tenga
surtido muy compl to de lo libro editado. en
castellano en Francia, Inglaterra, Alemania.
E. tado Unido , Italia y república hispanoamericanas.
'I'ambién se dedica al ramo editorial. per
é. te en menor escala; últimamente publicó el
libro ele "Don Qui to.' titulado
Poi' E1,pa1ia. obra que hace much bien a E paña y que
debían leer todos lo e pañoles e pecialmente.
IIasta al10ra e ta librería ba procurado tene1·
con e pecialidad obra literarias y de ciencias
ociale:; pero e fácil que muy pronto comience a traer libro e pañoles de ciencias pue e
lástima que, habiendo 1an buenos libros cien:
tífico españole., en l\Iéxico ea i no ~e conozcan, debido e pecialmente a que la lihr rías no
se han ocupado de traerlo y difundirlos.
Actualmente la razón social de esta casa e.
'·Anclr·é. Bota Phijo.''pne. clon ;\ndr' . a. ocié&gt;

-

hace ya cerea de un año, a su negocio a u hijo
Gabriel, que es el que actualmente e halla al
frente de la librería.
N'o ob tante lo exiguo del local que, aparentemente, ocupa la librería de lo eñore .Andrés
Botas e hijo, podemo. asegurar que e. muy difícil hallar otra mejor urtida en el ramo que
ya antes especifiqué; teniendo que agregar que
también recibe la p11blicaeiones de más importancia en E paña.

LA VIDA RETIRADA.

Aquí la envidia y mentira
Me tuvieron encerrado.
¡ Dichoso el humilde e tado
D 1 sabio que e retira
De aqueste mundo malvado!
Y con pobre me a ? ca a,
En el campo deleit-0. o
on . ólo Dio e com pa a
Y a. $!Ola· su vida pa. a
Ni envidiado ni envidioso.

Fray L1ii dr León .

•

�.................. .............................................................................................1

41

CERVANTES

5 RAZONfS QU f CONVfNCfN

A LA PROVIDENCIA

FÍJESE

Dime, Padre común, pues eres justo,
¿ Por qué ha de permitir tu providencia

Que, arrastrando cadena la inocencia,
Suba la fraude a tribunal augusto ~
¿ Quién da fuerzas al brazo que robusto

Hace a tus leyes firme resistencia,
Y que el celo que más las reverencia
Gima a los pies del vencedor injusto,

1

1

l===
=

1

Vemos que vibran victoriosas palmas
Manos inicu:as; la virtud gimiendo
Del triunfo en el infausto r egocijo.

"la Popular" gdna poco, pero vende mucho.
"la Popular" tiene las últimas novedades en sombreros.
"la Po~ular'' vende los mejores sombreros.
"la Popular" vende a precios que no admitencompe-

"l:~i¡•;f.~:ºS~~;~-

H.

~•-■•uuiuuu1111n1unn11,1n111111111111nn11u111111111111111u1un11111111uu11111111111111111u1111~

•

1

Esto decía yo, cuando riendo,
Celestial ninfa apareció y me dijo :
¡ Ciego ! i; Es la tierra el centro de las almas?
Bartolomé Argensola.

�4S

CERVANTES

lA GARANJIA PARA NUfSTRA ClllNTHt 80l0 NUESTRO

EL GATO LEGISTA

NOMBRE BASTA. U IIJÓR GAR~NTIA DE NUESTRO NOM·
- Primer año de leyes estudiaba
Mioofuz, y áspiraba
Con todos sus conatos
A ser oído de crimen de los gatos.

BRE PARA EL PUBUGO, NUlSTRA CllfNHlA ·

CASIN\.IRES

Estudiando una noche en las Part·idas
Halló aqueUas palabras tan sabidas :
'' Judgador non seroeye a las garduñas,
Ca manso e non de :furtos es su oficio ;
E faga el sacrificio
De cortarse las uñas."
¡ Sin uñas!, dijo el gato; bueno es esto :
Más me sirven las uñas que el Digesto.
Váyanse con lecc-iones
Al qi¿e nació con malas intenciones.

José Joaquín de Mora.

Ruiz &amp; Gállego.
AV. 16 DE SEPTIEMBRE., 55
MEXICO, D. F.

1

�45

CERVA TE

LA VEJEZ

Mient n lo · que no dicen que la vida
Es la copa dorada y engañosa
Qnr, si con dulce néctar e rebosa,
Ponzoña del dolor lleva escondida.

Los so11mes
y PRECIOS DE

La Vencedora ECHAN
m mm A
SBS ClllPETIDDRES

l :i. Bolivar No. 12 y 3:~ Bolívar No. 23, Sucursal

Qne . la juventud enda florida,
t' la vejez pendiente que, c. cabrosa,
V a recorriendo el alma congojosa
, in fe, sin peranza y d valida.
Y

LINO GARCI A

''LA GRANJA"
CAFE, DULCERIA Y PASTELERIA

la. DE BOLIVAR NUM. 16

11
, EL LUGAR PREDILECTO
DE LAS FAMILIAS
ABIERTO HASTA LA SALIDA
DE LOS TEATROS

Mienten : ·i el corazón us homenaj .
A la virtud rindió con su. querella
. •o conte. ta del tiempo a lo u1traj ·
Que tiene la vej z horas tan bella,1 1
í'omo tiene la tarde sus celaje ,
&lt;'orno tiene la noche sus e. trellas.

Vicente Rit'a Palacio.

�UUIHIIIUHIIIUIIIIHUIU HU .:: nu u ruu u 1 n n1111U lt1 1nu1111111ut1 11111 11uun11uu1UIH UUIII: • :

;;i'A"'éi°ci'R"'iiÉ""M'ii"x'ico;;· //
• &gt; +E•

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MBXICO, D. F.

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de poder 1ermen1a1wo
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MÁS QUE SUS SIMILARES

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FUNDADA
. EN 1902

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/ LEVADURA
/ ~"LA FLOR"

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·
...

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del páblieo

Eleiaote· l

r,

A mis hijo~

=ª

~

C. Torrallardona y Hno.

lla easa pttefettida

LA SENDA DEL DEBER

f

.:-./

ESQ. BOLIVAR Y CAPUCHIN°A S

CERVANTES

:-/i

GRAN DULCERIA Y PAST ELERIA ~

Agencias en las Principales cmaaaes
de 10República Mexicano.

Al temor, como. al odio, el pecho ajeno,
Desdeñad de esas fieras la embestida,
Que no hay al hombre digno quien le impida
La marcha hacia la luz, lo justo y bueno.
Sufrid, la frente erguida, injusta suerte ;
Y si en el borde del profundo abismo
Que abra un malvado, para lucha a muerte
Se alzan calumnia, ingratitud, cinismo,
Sea el desprecio la coraza fuert e
De vuestra alma que aliente el patriotismo .
Fíctor M. R endón.

IABIICAS ~~---~~~'.~.~~~UfNOS IIRfS 1

TORRALLARDONA Y CIA
~ 1a. c1vuctt1Nns 33.-Mrnco, o. f.~

Con paso firme y ánimo sereno
Seguid la selva oscura de la vida
Que a tanto humano monstruo da guarida,
Donde la envidia arrastra su veneno.

!

I

. uu'untt ■ 11nt f ttUU11 1111 1 1 1 n 111 111 1 ■ 1 11 1 uu 1 1 , 11111111 11l 111ou1 .... •••.. • ■-u,rnu, ., 111 11 111 1 111 u 11 i

EL PER I ODICO

""EL DEMOCRATA''
ES EL MAS DEMOCRATA
DE LA REPUBLICA · - ·

�49
CERV-A;(TES

EL MANCO DE LEPANTO

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MEXICO, D. F.

===-===

Allí también su fortaleza ostenta
Un soldado español: su noble mano
El pesado arcabuz fiera sustenta,
Mcrnrte lanzando al bárbaro otomano;
En su ancha frente el porvenir asienta
De la gloria un destello soberano,
Orlando con reflejos r elumbrantes
El pensamiento audaz del gran Cervantes.

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Herramienta para artesanos ymineros.
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Miróle el mundo con valor rompiendo
El cerrado tropel de los infieles,
A la par de don Juan, bravo cogiendo,
Sobre el sangriento mar, rojos laureles ¡
Como soldado su renombre haciendo
Digno del porvenir, que en ecos fieles,
Si de las musas le llamó el encanto,
Llamóle al par el Manco de Lepanto.
Mam¿el F er-nández y González.

El Periódico

"EL UNIVERSAL"
ESTA CONFECCIONADO
1 M PECABLEMENTE - -

Cervantes.- 4

�CERVANTES

EL MODELO

51
EL GAUCHO

Así se titula la mejor

SASTRERIA, CAMISERIA
y BONETERIA
que hay en la ciudad de México, y que está situada en el más céntrico punto de dicha ciudad. Además del gran extenso surtido con que cuenta en dichos ramos, es de
ver la afabilidad y buen trato de los empleados de dicha casa. En lo que no tiene

rival, es en sus ya famosos trajes para caballero, de

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Gaspar Ruondo

El gaucho es lo más genuinamente homérico
de la América española conozco, y a Ja vez
lo más profundamente español. Don Francisco
Soto y Calvo, en los preciosísimos y vigorosos,.
relatos que constituyen sus Cuentos de mi pa:'
clreJ aplica más de una vez el término lwméri- ,
co a las costumbres gauchescas; y yo, que, por ·
virtncl de mi profesión de catedrático de lengua
y lle literatura griega, he hecho traducir, comentándolos, en mi clase, los viejos cantos 110mérico~, hallo una perfecta exactitud en la
aplicación del término.
(jue

Rumbewndo de pago en pago, viviendo a salto de mata, en continuas pendencias e inacabable fiesta, atento a que nadie le pise eJ ponoho
y a dejar marcado al compadre que le quiera
alzar el gallo, desahogando otras veces sus ternezas, su fondo melancólico y triste como el de
nuestros jacarandosos majos andaluces, mientras sentado en la calavera de una. vaca, da al
compás de la guitarra; sus milongas, tristes como solem·es, al aire de la pampa inmenS'a, el
gaucho es un tipo profundamente español. Su
lenguaje mismo, que por tau privativo tienen

�-~~~

AlMACfN Df VIDRIO PLANO YHU(CO

CERVANTES

Simón González yCía.

no pocos americanos, . está plagado de· vocablos
y giros aquí populares,' y que a e,scondidas de la
lengua literaria escrita, llevaron allá nuestros
emigrantes con su lengua popular hablada.

53
J

Migilel Unamuno.

Avenida República de Chile núm. 1

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LA JUVENTUD DE GRECIA
Grecia hizo grandes cosas, porque tuvo, de la
juventud, la alegría, que es el ambiente de la
acción, y el entusiasmo, que es la palanca omnipotente. El sacerdote egipcio con quien Solo.o
habló en el templo de Sais, decía al legislador
ateniense, compadeciendo a los griegos por su
volubilidad bulliciora: i" no sois sino -unos niños!
Y Michelet ha comparado la actividad del alma helena con un festivo juego, a cuyo alrededor se agrupau y sonríen todas las naciones del
mundo. Pero de aquel divino juego de niños,
sobre las playas del Archipiélago y a la sombra de los olivos de ' Jonia, nacieron el arte, la
filo.soffü. el pensamiento libre, la curiosidad de
la investigación, la conciencia de la dignidad hurnana, todos esos estímulos de Dios, que son aún
n ue. tra inspiración y nuestro orgullo.

José Enrique Rodó.

�í

CERVANTES

Som~rororía Ma~riloña

LA BELLEZA DEL UNIVERSO

FERNANDO MOLLEDA, S. EN C.
A v. 16 de S eptiembre, i\ '!'el. Erlc., 10-90

--- /,__).'.
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'Q.
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1

11

I'
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Y cuenta.n que un día tan mohíno y taciturno
andaba don Quijote, sin saber si la bacía era yelmo o si el yelmo era baciyelmo, que encaminóse
hacia este contine.nte, y de él a México, y aquí,
tras varias discusiones con los propietarios de la

SOMBRERERIA MADRILEÑA.
curaron su genial locura con sabios consejos y
un hermoso s·o mbrero tejano que le regalaron.

~

55

~

Tiende los ojos por todo este mundo . vi,&lt;;ible,
y mira cuántas y cuán hermosas cosas hay en
él. &amp;Cuánta es la grandeza de los cielos ? l Cuánta la claridad y resplandor del Sol y de la Luna y de las estrellas? &amp;Cuánta la hermosura de
la tierra, de los árboles, de las aves y de todos
los otros animales? ¡, Qué es ver lq llanura de
los campos, la altura de los montes, la verdura
ele los valles, la frescura de las fuent es, la gracia de los ríos r epartidos como venas por todo
el cuerpo de la t.ie-rra, y sobre todo la anclmra
de loi;; mares, poblados ele tantas diversidades y
maravillas d e cosas? ¿ Qué son los est.ant1ues y
lagunas de aguas claras, sino unos como ojos ele
la tierra, o como espejos del cielo 1 ¿ Qué son
los prados verdes entretejidos de rosas y floTes.
sino como un cielo estrellado de una noche serena Y ~ Qué diré de las venas de oro y plata y
de otl'o..s tan ricos y preciosos metales? t Q11é de
los rubíes, y esmeraldas, y diamantes y otras
piedras preciosas, que parecen competir con ]as
mismas estrellas en claridad y hermosura 1 ¡, Qué
de las pinturas y colore~ de las aves, de los animales, de las flores y de otras cosas infinitas 1
Jnntóse con la gracia ele la natmaleza también
la del arte, y doblóse la berm.o,mra de las cosas.
De aquí nacieron las va,ji1las clr oro resplancle-

�57

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jardines bien ordenados, los edificios de los
templos y de los palacios reales vestidos de oro
y mármol con otl·as cosas innumerables.

Fray Luis de Granada.

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Hollando altiYo a la ,irtud, gobierna
La tierra alguna vez el crimen fiero ;
Mas es breve su imperio y pasajero;
La justicia de Dios vigila eterna;
De la virtud y la maldad e:s:iste
U;n inmortal testigo :

,•'•"•"•',•'~•;•1o1•11"u"-11•h"\1º\J,.1•.1•~1•11•\J"\J"\4•1l•,,~1.n,,~.,,.,.u-"º'1•,,

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Esta Casa se Cierra a la I de la Madrugada.

MELERO V UNZUETA.

Hay otra vida y Dios, premio y castigo,
¡ Dogma sublime ! ¡ Celestial coru;uelo
Que ,al hombre justo en el dolor sustenta!
Al sucumbir a la opresión sangrienta
Eterno galardón busca en el Cielo,
Fija la vista en él y abroqueliado
Con Dio;;; y su conciencia
Opone al crimen firme resistencia.

José .illa1·ú, Heredia.

�CERVANTES

59

LAS NACIONES Y LAS LENGUAS

Cuando necesite sombrero
vea nuestro inc o rn pa r ab le
surtido y seguramente
encontrará a su gusto.

DE SOMBREROS, S. A.
PL~2;A DE LA CONSTITUClON N'-' l l

MEX[CO, D. F.

--

;, Cómo sucede que Napoleón sea conocido por
cuantus son los pueblos, y su nombre resuene
lo mismo en las naciones civilizadas de Europa y América, que · en los desiertos del Asia,
cuando la fama ele Bolívar apenas está llegando sobre el ala débil a las márgenes del Viejo
Mm1do 1 Indignación y pesadumbre causa ver
cómo en las naciones más ilustradas y que se
pTecian de saberlo todo, el libertador de la Amé1·ica del Sur no es conocido sino por loR hom bres que nada ignoran, donde la mayor pa1'te
de los europeos oye con extrañeza pronunciar
el nombre de Bolívar. Esta injusticia, esta de;:;gracia, proviene de c¡uc con el poder de España cayó . u lengua en Europa, y nadie la lee
ni cultiva , si no son los sabios y los literatos
poliglotos. La lengua de · Castilla, esa en que
Carlos
daba sus órdenes al mundo; la lengua de Castilla, esa que traducían Corneille ~Moliere; la lengua de Castilla. esa en que Cervantes ha escrito 1mra todos los 1rneblo;;; d e la
tierra, es en el día ai\nnto el e pura euriosidac1
para los anticuarios : se la descifra, como una
medalla romana encontrada entre los escombros de una ciudad en ruina. ¿. Cuándo , ·olverá
el reinado el e la r eina ele las lPngnas 1 Cuando

,r

�61

CERVANTES

España vuelva a ser la . sefiora del mundo ,
cuando d_
e oÚa obscura Alcalá de Henares salga otro Miguel de Cervantes.

Juan Montalvo.

EL PUEBLO DE BUENOS AIRES

Labor de cultura es la introclucción de elegancias y perfecciones. Alta labor es de civilización
que se debe estimar, la costumbre de vestir bien.
A esta labor se viene ded.i cando El Puerto de
Veracruit, En el periódico, en el libro; alli en
donde se pueda difundir el buen gusto del vesti•
do, se encontrará un anuncio de El Puerto de
que no obedece a miras de negocio,
,1 Veracruz,
sino a tendencia cultural.
El progreso, de entre su faceta.je enorme, tie~
·~ ne pequeñas variaciones que no hay que pasar
desapercibidas: una de eilas es

1
ª
-~
·=-

{

El Puerto de Veracruz

-i,u,1110IIIIIIIIHIIIIMUHJIIHIIHHHIIHUn.nu ■HIU11■_, .......HUHIUIUNIUM1 ■1i11111tHIIIIHNI

Las iluminaciones de la plaza de la Victoria,
la iluminación interior de Palacio que, al través de sus largas galerías de cristales, proyectaba su claridad,.,hasta la plaza del 25 de Mayo, la rifa pública, los caballitos y sobre todo
la aproxim,aeión de ese 25, que jamás deja de
obrar su influencia mágica en el espíritu de sus
hijm;;, arrastraban en oleadas hacia las dos gran•
des plazas a ese pueblo porteño, que pasa tan
fácilmente del llanto a la risa, de lo grave a lo
pueril y de lo grande a lo peq1.ieño; pueblo de
sangre española y de espíritu francés, aunque
no era esta la opinión de Dorrego, cuando desde la tribuna gritó a la barra que le interrumpía: '' ¡ Silencio, pueblo italiano! ; '' pueblo, en
fin, cuyo estudio psicológico se~ía digno de hacerse si alguno pudiera estudiar en las páginas
desencuadernadas del libro sin método y sin
plan que representa su historia.

Jos5 ,Vármol.

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de esos nobles tapices deslustrados
que en los viejos alcázares cerrados
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viaje, Driles, Holandas y Aleruanisco, Cobertol'es, Gabanes,
Jgrgas, Medias y Calcetines de todos tamaños, Frazadas, Bayetas, Barraganes, Telas finas para vestidos. 'Franelas, Camba.yas, Delanta.les, Rebozosdetouasclases. Añil, Trajes para. hombre, Calzado, Hilazas blancas y de colores para manufacturas,
Ropa blanca para señora,
Vestiditos para niños y niñas, Abrigos de estambre, Vestidos
para señora, Géneros blancos, Telas de seda, Tre,jes de Sport
para niños, Sombreros, Cachuchas y Boinas para niños, Sobretodos y Jackets para ca.balleros, Ropa interior pa.ra. hombres,
Casimires, Pantalones para montar, Colchonetas, Mantas, Cordón, Colchas, Satín, Pauuelos, Blusas para señora, Pantalones y Blusa1 para obreros_

PL.\ZA.

DE

J.A

'l'iene su media voz el semitono
del (lue reza en un claustro arrodillado,
o trémulo se acerna, deslumbrado,
ante el glorioso resplandor de un trono.
Y hasta cuando su mano pulsa el clave
lo pulsa tan suaYc, tan suave,
con un recogimiento t,an profundo,

que, como a una evocación pasmosa,
parece que el rondó de Cincarosa
desciende de otTo tiempo y de otro mundo.

Francisco Villaesp esa .

CO~STITUCION

MEXICO, D. F. _
Oervantes.- 5

�66

CERVANTES

PRELIMINARES DE UNA SITUACION
POLITICA

CERVANTES

6'7

ante la ruidosa clarinada de la revolución triunfante, despertaron de su largo sueño de tiranía
Y despotismo, y se aprestaron, en un desbordamiento de entusiasmo, y de consuno con las tendencias del Gobierno nuevo, a iniciar la obra
del mejoramiento colectivo del país, de acuerdo con las apremiantes necesidades .del medio
Y según los lineamientos trazados de antemano,
para hacer la patl'ia nueva y fueFte.
En consonancia con este estado de cosas -.,,
como una consecuencia también del movimiento revolucionario de 1910, que había abierto
nuevos horizontes a la mentalidad mexicana, en
Saltillo, capital del Estado de Coahuila, se había instituído, al amparo de ideales progresistas y con el propósito de solucionar todos los
problemas tendientes al bienestar de la clase
obrera, la Confederación Cívica Mutualista del
Trabajo, integrada por la Unión Carbonífera
del Norte, las sociedades obreras de Torreón,
Monclova, San Pedro y otras diversas partes del
Estado, amén de numerosos obreros residentes
en Aguascalientes y Jalisco.
La Oonfederación Cívica Mnt1wlista del Trabajo, en cuyo seno figuraban obreros, distinguidos intelectuales y pr~stigiados políticos, se había trazado un vasto programa, y muclio se hubiera conseguido en el orden político y económico, si posteriores acontecimientos no vienen a
1

La revolnción, eminentemente política, de
1910, acaudillada por don Francisco l. MadeTO, había conseguido, a medias, derrocar al Gobierno dictatorial del general Díaz; consolidar,
aunque débilmente, el triunfo, y establecer el
orden constitucional al amparo de las libertades conquistadas en los campos de batalla; 1mbía logrado, también, despertar las energías latentes en todas las clases sociales de la nacionalidad mexicana, pues desde los cofnienzos del
go.bierno demo,crático que sucedió i:l la dictadura militar del hombre _de Tuxtepec, pudo notarse en el pue'blo un entusiasmo inusitado por
abordar y solucionar, de manera franca y abierta, todos los grandes problemas de interés general y que entrañaban nada menos que el
progreso y bienestar colectivos.
Todos los pueblos, desde las grandes capitales
lrnsta las más obscuras aldeas de la República,

•

�CERVANTES

68

CERVA::-;TES

perturbar la paz nacional, poniendo en serio peligro la suerte de las instituciones, Y dando ~otivo justificado para la clausura de los trabaJOS
ele aquella asociación.
.
Es bien sabido que a la caída del antiguo ,
régimen, y una vez constituído el nuevo ~o- .
bierno conforme a los ideales de la revoluc10n,
que eran los ideales del pueblo, los enemigo1jurados de las libertades públicas, los que tenían vínculos muy estrechos con el pasado régimen y se Yieron, como por encanto, fuera de
la zona del presupuesto y del favoritismo gubernamental, de común acuerdo iniciaron una
intensa labor de obstruccionismo: en la Prensa, en el Parlamento, avivando nuestras reyertas domésticas, y ésto con el ostensible objeto
de satisfacer ambiciones espnrias, con lo que.
si no lograron su objeto, perjudicaron, por lo
menos, la marcha regular de nuestro progreso.
con la inestabilidad de la paz pública.
El obstruccionismo, alimentado y fomentado
por el elemento reaccionario, por los adeptos del
pasado régimen. nada había conseguido, ni en
la Prensa, ni en la esfera política, ni cll nin. d'irectamPnt e, l-ª
gltna forma, como no fuera, m
consolidación il.el nuevo Gobierno sobre bases
inmutables- y dentro de la invulnerable coraza
d~ la legalidad.
?\o obstante, para conseguir fa consolidación

de un gobierno esencialmente popular y democrático, como el que se viene pretend~endo establecer en el país, y para abrirle paso a una nueva éOrriente de ideas en que se fundan la l'edención y la grandeza de un pueblo, ha sido
necesario recurrir a la fuerza armada, dando
la nota épica y sangrienta e.u que siempre la
Ley, el Derecho y la Justicia han triunfado de
las bastardas ambiciones de políticos hambrientos y pedestres.
·La revolución de 1910, que terminó con los
convenios de Ciudad Juárez, no fue una revolución completa y decisiva, ya que el campo político quedó erizado de escollos que oponían
tenaz resistencia a la obra de la reforma social.
Las revoluciones de principios, encaminadas a
labrar la grandeza de un pueblo y que responden a grandes intereses morales, económicos Y
de civilización, deben ir, en el terreno de los
hechos, a las victorias decisivas, porque éste
es el único medio que enseña la Historia para
conquistar el éxito, que es la imposición de un
criterio que demanda el progreso de un país.
La revolución maderista, inspirada en sentimientos humanitarios que la incapacitaron para hacer una obra radical, terminó mediante
nna transacción, dejando a salvo todos los eletnentos del antiguo régimen, que, como era natural, tendrían qué erigirse más tarde en for-

�70

'

CERVANTES

midable enemigo de un estado de cosas que en
nada se compadecía con sus ideales y con sus
intereses.
Es por esto que el Gobierno constitucional,
emanado de la revolución maderista, comenzó a
actuar desde un principio sobre un volcán de
pasiones, que, tarde o temprano, tendrían que
dar margen a una hecatombe política sin precedente en nuestra Historia.
Puede decirse · que el señor Madero casi no
dispuso de tiempo, durante su gestión gubernamental, para iniciar la obra de reforma esbozada en el programa de la revolución; pues
que ya en el poder, se vió irremisiblemente obligado a restablecer el orden, a exterminar el
bandidaje y a hacer frente al enemigo, que, al
amparo de la clemencia, emergía insolentemente de los restos del pasado régimen.
Los desasti·osos frutos que el señor Madero
habría de recoger durante su gobierno con la
incongruente clemencia que empleaba para con
los enemigos del pueblo, bien pronto pudieron
adivinarse cuando a raíz de la captura de Ciudad Juárez por el ejército maderista, Pascual
Orozco, secundado por Francisco · Villa, intentaba aprehender al jefe de la revolución con
un pretexto baladí. No obstante su grave falta,
el traidor Orozco y el lombrosiano Villa fuerou
tratado"5 con la más refinada clemencia.

CERVANTES

71

Así vimos, pocos meses después, cómo Pascual
Orozco, sugestionado por tentadoras promesas
del elemento reaccionario chihuahuense, se colaba de nuevo por la puerta que su cínica traición había dejado abierta, y enarbolaba otra
vez el estandarte de la rebelión. Fue abatido,
sin embargo, por las fuerzas leales que efectuaron un paseo triunfal a través de las vastas
l !anuras frontcri7.ias; y el comandante de las
fuerzas que destruyeron al traidor, el general
Huerta, que a su vez se aprestaba a disfrutarcomo buen enemigo del gobierno maderista-de
la eterna clemencia de Madero , meses después,
por ironía del Destino, se unía en estrecho abrazo con Orozco, e.n la capital de la República,
cuando la traición, el asesinato y todas las desvergüenzas unidas, habían exaltado a Huerta a
la Primera Magistratura del país, y hecho desapareeer a ilos mandatarios ele-etoi:; por '.el
pueblo.
Tras de Orozco, vino la asonada militar de
Veracruz, encabezada por el general brigadier
don Félix Díaz, y que tuvo los caracteres clásicos de un cuartelazo. Esta insurrección contra
el orden constitucional fue un verdadero .fracaso desde el punto de vista militar y ante la
opinión pública; y el jefe de ella, no obstante
la tremenda responsabilidad que pei;aba sobrP

�72

CERVAN1'ES

su cabeza, fue tratado también con excesiva benevolencia.
Al p1:focipiar el año de 1913, una calma. apareJ;tte rei~iaba en la mayor parte del país, y nada ostensible hacía prever que se acercaba el
momento en que debería iniciarse el movimiento revolucionario más intenso que se haya registrado en nuestra historia, desde la consumac10n de la independencia nacional.
En enero de ese año yo residía en Sal-tillo y
asistía con .frecuencia, en calidad de miembr¿ 1
a las sesiones que se verificaban en la Coniederación Cívica Mutualista del Trabajo, de que
he hecho referencia en anteriores líneas. En el
i,eño de aquella simpática asociación vo tenía
la representación de la Unión Carbonífera del
~orte, cuxa matriz residía en Rosita, Coah. En
esta mism¡a fecha, la Confederación: atendiendo a una disposición :·eglamentaria · celebró las
'
.
elecciones corresponclL ~ntes para designar presidente, y en. asamblea general y por unanimidad de votos, fui favorecido para cargo tan
honroso como importante para mí, dado q_ne
me interesaba vivamente colaborar en la resolución de todos aquellos probfemas de que depende del bienestar del obrero en general.
Con el carácter de presidente de la ConfedeTa:ción Cívica Mutualista del Trabajo, presidía
una de sus juntas generales el día 9 de febrero

CERVANTES

73

de 1913, en el salón de sesiones ubicado en aquella época en la quinta calle de la Cru:. En
aquella memorable sesión había prevalecido un
entusiasmo inusitado, y todo el mundo tomaba
participio en los a.calorados debates,_ tendientes
a la resolución de los asuntos que mteresaban
a la asamblea cuando intempestivamente, como
a eso de las doce del día, noté un cambio brusco en la actitud de aquellos representantes que
antes se mostraban austeros y ag1:esivos contra
la presidencia, entregándose luego a comentario,,;; acalorados entre unos y otros, Y como haciendo punto omiso de los asuntos que se. de-batían. Aquel cambio de actitu~ entre los 1;11e11:;
bros inexpli{?:able por lo pronto para m1, dio
m:ar~en a que repetidas veces agitara la campanilla con el fin de r~stablecer. e-1 orden. Impuesto e1 sileneio, inquirí el motivo de aquella
algazara y fue entonces cuando. fui iniormado
ele una noticia extraña y seru;ac10nal.
El C. Gobernador del Estado, don V enustiano Carranza, había mandado fijar en las ventanas del telégra:fo federal un amplio telegrama suscrito por el Presidente ele la República,
en' que aquel alto funcionario le comunicaba
que el general Manuel Mondragón, sublev~ndo
por medio del cohecho a un_grup~ de aspiran,
tes de la esc'uela de Tlalpan, hab1a puesto en
libertad al g2neral Bernardo Reye..'&gt;, que se en~

�74

CERVANTES

contraha preso en Santiago, y al general Félix
Díaz, que lo estaba en la Penitenciaría del Distrito; este otro militar, acompañado de Mond~·~~ón, había sorprendido a la pequeña guarm ,cion de la Ciudadela, entrando a ella y forti:ticándose dentro ; que el general Reyes había
muerto acribillado a balazos al tratar de tomar
el Palacío Nacional, ¡:¡ecundado por tropas de
Ta-cubaya, que se le habían unido ; que la defensa del Palacio la había hecho heroicamente
el general Lauro del Villar, quien por haber reSulta.do h~rido en un hombro, que lo inutilizó
para segmr en el cumplimiento de su deber
f~e. ~~bstituído en su puesto por el general d~
divis10n don Victoriano Huerta, con el carácter
de Comandante Militar de la Plaza de México.
~l ,carácter del terrorífico telegrama, que se
exhibiu en las venta.nas del telégrafo federal
era en extremo sensacional, y justificaba l '
conmoción de la asamblea que ·yo presidía, po:
Jo que, desde luego, suspendimos los trabajo$
Y presurosos ocurrimos en masa a la oficina teleg~áíica para obtener una información del cont~mdo del mensaje. Con efecto, la noticia era
mei~ta. Algo muy grave se desarrollaba en la
capi
de la República eontra las instituciones
lega1tal
es.
Durante aquel día, la noche Y el día siguiente, procedentes del Centro se sucedían las no-

CERVANTES

75

ticias telegráficas : ya del Presidente de la República, del ministro de Comunicac~o~es, del secretario de Hacie,nda, del de Justicia-o de algunos otros funcionarios públicos'. co~unicando noticias generalmente contradictorias, que
no daban una idea definitiva de la situación, Y
tal parecía que lo_s telegramas metro~olit_anos
ve:nían illllpregnados de miedo, como si quienes
los firmaban experimentaran la cobardía de la
complicidad de lo que sucedía en México. Esto dio margen a que don Venustiano Carranza
mandara al jefe de estadística de su gobierno,
señor Francisco J. Múgica, a la capital de la
República, con amplias instrucciones, a fin_ de
que, desde el terreno de los hechos, le rindiera
una información precisa sobre la naturaleza de
los sucesos que habíal1 despertado profunda expectación en el país.
.
El •señor Múgica llevaba instrucciones precisas para entrevistar al Presidente Madero, Y el
día 11 de febrero d 1913 recibió del señor Carranza las indicaciones verbales siguientes:
'' Quiero que vaya usted a decir al señor Madero que, si necesita fue1·za. para combatir a
los sublevados de la Ciudadela, así me lo indique, pues cuento con todo el Estado de Coahuila para sostenerlo. Que si se encuentra comprometido y desea dejar la capital de la República,
lE&gt; ofrezco esta ciudad de Saltillo como abYigo ;

�76

CERVANTES

Y que si las circunstancias de su gobierno llegan a empeorar, haremos, para sostenerlo, una
guerra como la de '' Tres .A ños.''
Muchas otras instrucciones dió el Gobernador coah~ilense al señor Múgica para el mejor
desempeno de su comisión. Entretanto, a mí
me ordenaba el señor Carranza diera publicidad a todos los telegramas que fuesen llegando del Centro, con el patriótico fin de que el
pueblo se fuera enterando de los acontecimientos, de la infidencia del Ejército, y para que
fuera preparando su ánimo en el sentido del
cumplimiento del deber, .si es que se presentaba el caso fatal de consumarse un cuartelazo
tan comunes en nuestra Historia.
'
C~mo po~rá verse, hago mención especial de
las mstrucc10nes verbales dadas al señor FrancISco J. Múgica J)Or don Venustiano Carranza
Y destinadas al ,conocimiento del Presidente de
~a Re-pública, porque entrañan una verdadera
importancia, toda vez que ponen de relieve una
gran lealtarl al Gobierno del Centro y una profunda convicción en cuanto al triunfo definitivo
de la causa del pueblo. El gobernante coabuilense tenía un hondo y amplio conocimiento de
lo qne es el cumplimiento del deber y eso basta en la hora de las gran.des resoluciones. Para
los que gustan hacer consideracioue~ de aquello
que no se compadece con la naturaleza de nn

77

CERVANTES

verdadero hombre de Estado, y que son simples
trivialidades, que ni deshacen ni form~11 ~a
reputación ante el severo criterio ~e la Historia,
es oportuno y conveniente advertirles que don
Venustiano Carranza poco venía al Centro a
wnfundirse con el elemento paláciego, como no
fuera al arreglo de importantes asuntos de la_
Entidad federativa que gobernaba; que no era
visto, especialmente por la :familia ~e Madero,
con la misma confianza qne se les dispensaba a
otros revolucionarios, como
Abr~1rnm González, Manuel Bonilla, Lascuram, Y asquez ~agle, Federico González Garza, _Rafat'"l Ilernnndez, Ernesto Madero, Felipe Angeles ? otros
muchos que se suponían más hombres ~e _acción en un momento dado. Se decía en publico,
a "sotto-voce" en algunos corrillos, que don
Venustiano Carranza era a veces objeto de crítica por parte del Presidente Madero, sin que
éste, sin embargo, dejara de tenerle confianza
v buena voluntad no sucediendo así con la fa~ülia de dicho m~ndatario y con los allegados
a la Presidencia, que parecían no ver con buenos ojos al :futuro y grande hombre de Estado.
De estas versiones no me hago solidario, porque personalmente carezco de datos concretos
sobre este particular. No es obvio manifestar,
de mi parte, que siempre experimenté gran cariño y estjmación pcr~onal al apóstol Madero, Y

1º~-

�78

CERVANTES

hoy me descubro respetuoso ante su memoria
veneranda.
~~ abstengo de hacer c~nsideraciones sobre las
opm1ones de que el señor Carranza no era visto
co~ mucho agrado por parte de los allegados al
senor Madero, Y como circunstancia correlativa
que pudiera estimarse como base fundamental
d~, esa creencia, me permito presentar una opimon en que se manifiesta que el señor Carranza contrariaba los deseos, en Ciudad Juárez, de
los que rodeaban al señor don Francisco r. ÍVI:adero. En las siguientes líneas se pone de relieve, con caracteres precisos, la firmeza inquebrantable de ·c arácter de don Venustiano Carranza Y la_ a~plitud de criterio con que juzga
l~s acontecumentos, señalando las consecuenCias fatales que traen consigo las revoluciones
que_ ~o se resuelven por medio -de las victorias
dec1s1vas.
. Dice el señor Rogelio F ernández Guell en .
hbro titulado " Episodios de la Revolución M:
xicana:''

.........
''

...

... ...

. . . . . . . . . . ..

. ·.. En la noche terminaba el armisticio, sin
que 1:mguno de los delegados del Gobierno, que
parecian
. . querer ganar tiempo, hubiera h ec bo
pr~pos1c10ne-s concretas, por donde se pudiera colegir que el general Díaz, en realidad, anhelaba la paz. Al fin, al mediodía, .los señores Brá-

CERVANTES

79

niff Hernández y Esquivel, solicitaron u.na entrevista con los jefes civiles y militares de la
Revoludón y. el señor Madero accedió a que
dicha entr~vista se verificara esa misma tarde.
J•am.ás olvidaré aquella memorable reunión, que
se verificó en el cuarto principal Y_ ~a~i ~ico
de la casita de adobes, y a la que as1st1 mvitado
por el propio señor Madero. ~.st~b~ allí los
delegados del Gobierno: Osear Brarnff, Rafael
Hernández y Toribio Esquivel Obregón; don
Francisco Madero, el doctor F ernández de Lara, Pascual Orozco, José de la Luz Blanco, Ju_an
Sánchez Azcona, Alfonso Madero, Federico
González Garza, José Vasconcelos; los gobernadores provisionales de Chihuahua, Sinaloa, Ooahuila, Yucatán y Zacatecas, y el taquígrafo d~l
jefe de la Revolución, Ellas. Madero, con traJe
y botas de campaña, iba y venía de un lado a
otro y frecuentemente salía de la casita para
dictar órdenes.
"Habló primero Brániff, y se extendió sobre
el peligro de la intervención norteamericana, la
que indudablemente sobrevendría si los revolucionarfos atacaban Ciudad Juárez, pues las balas lloverían también sobre El Paso, causando
J)erjuicios a los ciudadanos del otro lado d el río .
Madero, alzando un _pie sobre una silla Y apoyándose sobre el respaldo de la misma, le interrumpió con Yehe.mencia:

�80
(!
1

1

l

/'

1

l
1

1

j

CERVANTES

-''.¡La iuterveución 1 ¡ También combatiremos a los invasores! ¡, Por ventura ha de permanecer el pueblo mexicano esclav:i_zado por déspotas hijos de sn propio suelo, por temor de
que ,engan tiranos extranjeros a arrebatarle
una libertad de que no disfru.ta, y una irrisoria
soberanía V Si los Estados Unidos íntervienen,
nstedes, y no nosotros, serán los culpables y los
1
qne habrán acarreado un mal tan grande a la
República; pues nosotros únicamente buscamos
nuestra libertad, en tanto que ustedes se arenan en mant&lt;:'ller al pueblo en la esclavitud.''
'' Entonces Rafael Hcrnández, viendo que ·
iban a fracasat las negociaciones, habló atropelladamente, con extremada vehemencia, echándose hacia atrás con su nerviosa mano sus
grandes y negros cabellos:
- ' ' Pues ¡, qué queréis, se-ñores reYolucionarios? 1, No estáis acaso satisfechos 1 ¡, Queréis
más sangre a'(m 1 ¿ Xo basta la qne ya se ha derramado 1 ¿No es suficiente para vosob:os, ver
a un Gobierno ilustre y fue1·te, tratando con
rebeldes que aún no están en posesión de una
sola ciudad importante de la República 1''
- '' El gesto y las palabras de Rafael Hernández hicieron más impresión que el discurso largo y ~oporífero de Esquivel Obregón, y las negociaciones se reanudaron. Alguien habló de la
rrmmcia de los f;eñores Dí.a1. y Corral -:,: dr 1m

81

CERV..\NTES

gobierno mixto, en que la Revolución estaría
representada por cuatro ministros y catorce gobernadores; y de improviso. un hombre como
de cincuenta años, que yo no conocía y en quien
apenas m:e había fijado, pues desde el principio de la reunión se había situado en un ángulo del local, que la luz de la lámpara no alcanzaba a iluminar, irguió su elevada talla,
mostrando su rostro de enérgicas lineas, ornado
por una barba luenga y entrecana:
-''Nosotros, los vm·daderos exponentes de la
volmitad del p·ueblo mexicano-exclamó aquel
hombre con voz poderosa-no podemos aceptar
las rennncias de los señores Díaz y Gorra.l, porque implícitamente reconoceríamos la legitimidad de sn Gobierno, falseando así la base del
Pla,n de San Litis Potosí. La Revohtción es de·
principios; la Revolitción no es peiisonalista, y
si sigue al señ01· Made1·0, es porque él enarboló
la enseña de nuestros derechos, y si mañana,
por desgracia, este lábaro sa1ito cayera de s1i
mano, otras cien manos robnstas se apresnrarían
a recogerlo. A.sí, nosotros no queremos ni minisfros ni gobernadores, sino qite se cwrnplq, la soberana voliintad dé la Nación. Revolttción qite
transa, es 1·evolución perdida. Las gra1ides victorias sociales sólo se llevan a cabo por medio
de las victorias decisivas . Si nosotros no apmt•echmnos la opo1·t1tnidad de entrar en México
Cervnutes.-6

�82

€ERVA;-.'1'ES

al frente de cien mil lwmbres y pretende1'.i~s
encauzar la reforma por la senda de w1a fict~C'1.ª
legalidád, pronto pe1·deremos nues.tro prestigio
y reaccionarán ws anvigos de la dictadni·a . La.s
. 1·evoluciones, para tríw1far de im modo defimtivo necesitan ser implacables. ¿ Q·ué ganarem.os
c01~ 'la retirada de los seúores Díaz Y Corral?
¡ Q ¿¿edarán sns amigos en el poder; quedai1
·á ol ·
sist-ema corrompido qtie hoy co·m batimos; e · mterinato será nna prólongaoión viC'iosa, anémica
y estéril de la dictadnm; al lado de esct. ~·ama
podrid.a,, el ele.mento sa:no de la Revolucwn s~
contaminará; sobrevendrán días de lucha Y -m~seria para la R ep·ública; el pueblo nos m.a.ldec1,rá, porqiw por un hnmanitarismó enferrnizo, pm·
ahorrnr unas ciiantas gotas de sangre cnlpable,
·habremos ?na.logrado el frnto de tantos esfuerzos
~ de tanto.. _ sacrificio! ¡ Lo repit'o : la revol1tción
. .d a.....
'
"
qu~ transa se 8mci
.
'' j Palabras proféticas que r 0Souarán srnmp:e
en mis oídos y que amargamente recordana
don Francisco I. Madero en los días luctuosos
de la Ciudadela!
"Las palabras de don Venustiano Careanza,
noble y gran figura de la Re-volución de 1910,
añoso y robustQ roble de la libertad, en ~uyo
tronco se melló más tarde el hacha del traidor,
encontraron eco simpático en el corazón de los
rebelaes; pero ya los ánimos estaban inclina-

CE IW.1NTES

83

dos en el sentido de 1a conciliación, y se convino en prolongar, por tres días más, el armisticio, mientras llegaba un .representante del Gobierno, facultado plenamente para firmar la
paz. '' .... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Hasta aquí las palabras de Rogelio Fernández Guell, tomadas d e su Jibro '' Episodios de la
Revolución Mexicana.''
Después he sabido q~e don V enustiano Carranza agregó a lo anterior, conversando con
Francisco Madero, senior, que él se separaría
de allos y que iría a Coahuila a continuar la revolución que habían principiado. Y fue esto en
realidad lo que vino a determinar que no se
admitiera el gobierno mixto que proponían los
enviados del general Díaz, contrariando grandemente esta a~titud al señor Madero, a Hernández y a otros ; pues que creían que disgustando a don V enustiano Carranza, que tenía
gran p~tigio en Coahuila, podía constituirse
en amenaza para ellos.
Dree el insigne sociólogo :francés Gustavo Le
Bon, que las gene1·aciones que hacen la Historia no sabrán escribirla. Retroceder en el tiempo es necesario, par~ la inteligencia de lo~ grandes dramas que hacen surgir las pasiones de los
hombres. Sin equidad para los vivos, la Histo,ria 110 es imparcial sino para los muPrtos.

�4

CERVANTES

El pueblo mexicano puede e pt•t·ar tran,1nilament&lt;" ]a hora en &lt;1ne l futuro hi 'toriador de
la re,nlucii'1u }111ga justicia H los hombres Y a
lo!'; acontccimiruto .
l,aR per,.:oua. qn&lt;" de.· ·onoccn la cie11c~a .hi~tórica. &gt;. carcnlr, . por otra parle, de d1 ciphnn. mrntal, suelen juzgar a lo hombre en. su
iwtuac:ión política o revolucionaria, por u~plc exterioridutles o . np ·rficialülade · ¡ pero s111
ir nunca al fondo de la,i co. a ·. l or el texto &lt;l
1 entrevista c •lebrada u ('iutlacl ,Jnárt&gt;z, :'
ti ne conocimiento ,1&lt;' cómo juzgaba cada quien
la situaci6n ; d lo medios que se acon ejaban
para resolver el conflici.o; &lt;le cón~o , e llegó n
nu arrealo definifo•o enh·e el Gob1erno d 1 general Diaz y la Revolución, y tle qui'n fne el
C[Ue con ideró con ver lacle1·a clarividencia ~l
problema, pennitirndo. e. con gran val_or. civil anunciar la catá trofe. Lo acontec1m1enposteriores vienen a ju ·tifiC8:r la acti:ud ele
don Yenu. tumo Carranza en mdad Juar~z . .,
Indudablemente qu de tl • que él adv1rtlo
en la revoluciún el trillado camino de ~as
transacciones, qu dó di gu, tado 0011 los principales per onaje del movimiento. y é&gt; los con
él; tanto es así, qu i 1 s ior 'arran1.a no hubiera re nlta&lt;lo ungido con el voto popular para
ocupar la Prilm•ra lagistratura del E tado de
(loa.huila, no hubiera sido uno de lo. rompo-

to¡

5

nent s principales de ai111ella a&lt;lmini traci in
tan fraída y llevada por la prrn. a de la época.
En u.na ocnsión -,e elijo que el gobernador de
Coahuila sería llamado para l ministerio de
Gob rnación, y que hubo nlgnno trabajo que
tendían a dei tnúr tal llam.amiento; lo cierto
s que el señor Cananza no habría ido, manifll.Stando una ve2 má su incourormidad con el
modo especial de gobernar que teuía aquella
masa de amigos personalísimos y pariente .
Madero tendrá eternamente 1 pecado de no
haber sabido gobernar con lo: nyos, es decir, con los revolucionarios que en alguna forma coadyuvaron al derrocamiento del Dictador, para llevarlo a él a la Pre idencia de la
República. Prefirió. generalmente, gobernar con
sus familiare. , con lo c¡ue se decían conciliados con la Revolución, con inepto , con
charlatanes, con porrii;;tas, con extranjero ,
y ha-,ta con enemigo francamente ab'erto ,
como Calero y Flore l'.fagón.
e ta conducta dl~ ef.or }.f.adfcro puede :atenua~•le un poco su gran . encillez en lo. asuntos 11ítblico ; u huena fe ele hombre honrado¡
sn cancloro. idacl ele cr yente en la conciliación,
así como el &lt;'jemplo de todos u antecesol'E-S,
pues lo ·· Prc•&lt;:idPnt&lt;'s de México, y ca i todos los mandatarios en el mundo, no son
~ino C'l último eslabón de la larga cadena que

�Si

l'ER\.A:STI.S

R6
vienen formamlo los pn•foceson·s con 11111y ligera.-; mo&lt;liticncioucs. Ya veremos al llegar u la
épora dd propio . eiíor C'nrranzn, a quien
eJltrc los gobl'rnanks &lt;le México ronsidrro el
dt1 niayorc.-, conol'imientos Je historia, tambi(•11,
apremiado por )11,; cin•nnst~ncins del rnmm·nto, s e dejó rodear al &lt;le. iguar su Gabinete y print'ipalc.&lt;; funcionarios públic·os, en algunas ocasione.-:. &lt;lt• cinc1mliu1os 110 rt•Yolucionario:-,, y con
frecm·1wia pérfidos, falsos y m11lrn1los pa-•
ra coi~ c-1 mismo que los bnbfa designado, cnfreutíimlo e audazmente, ruando no a H a los
Yenladoros rcvolncionarioi-, y algunos bosta
i1111odntlos 1•11 asmitos gravt•s &lt;¡nf' hicieron prolon~ar In hwhn intestina, cuya¡¡ últ imns débiles
ronntlsiom•s tod1wín ,;;nruclen a ln patria .
.. .. . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . .. . .. . . .
Lo,-, gramles jcf1~ dP la fü•voh1&lt;:i(,n 1 lo,- ,;1•rrctarios achwritos a la Priuwra Je.futura. los
~ohetnatlo1•1·s preconstiturionales, los coman1lantc, militan•-., y liasta los ~impl&lt;'s juec1•s y
pcc¡u&lt;'ños mamlntarios, pecaron en rsic sentido
mil wces más ,¡uc &lt;'1 Primer J¡,fe. p1ll'S é!&gt;tos,
en uu,1 gran mayoría. inconscirntrs dt' la reb•
ponsabilidacl l1i-,t{1ric11, incompetente, rn el desompeiío de s,i,., funciones administrativas, ignorante.R de. su~ deberes, xc vt'ían m•ce,ariamentP. oblig.lllos a llamar n su lado n hombres cu~·a
l'ficirnria 1•11 su lal,or ,liiwulpara su cornln ..111

.

política pasada, a rcsc1Ta ele encarcelarlos y
prorc"arlos de,;;pué&gt;s por complicidad en el
cuartelazo de f Pbrrro.
Por otra parte, no 1,ay c¡ue extrañarnos :-;t
tracmo, n la memoria al pundonoroso político
e inteligentr. méclico Yalcntín Gómez Farías,
entrando de brazo al Palacio Nacional con su
más gr11nde enemigo, el fnnr,to ~cneral Antonio Lí,pPz ele Santa-Anna.
ALFRF..00 BRECF.D.\.

�CERVAN'l'ES

88

-

EL GENIO ESPANOL

Al ilustre poeta Francisco Villaespesa
Discurso p1·ónunciado en el
festi~al l;iterario celebrado en
honor de Francisco Villaespe·
sa, en el Teatro Arbeu, la ~oche del 9 de agosto.

Dícese hoy de psicología de los pueblos, de
alrnas nacionales, de la individualidad etipiritual de los diversos .grupos humanos. Los psicólogos alemanes del siglo pasado, Lazarus,
Steinthal, Wundt, fuero.u los autores del concepto. Confor.me a su tesis, los pueblos, como
los hombres, tienen su personalidad genuina,
propia, única.
Para muchos filósofos, sin embargo, resulta
devaneo incierto y contradictorio asegurar la
existencia del espíritu colectivo. Trátase, en su
opinión, de resucitar, a destiempo, entidades
escolásticas tan misteriosas como inútiles. Sólo

CERVANTES

g

es real, enseñan, el individuo humano, cada sér
personal concreto. El "_alma colectiva" es un
fantasma, un ídolo metafísico. Los wniversales
son nombres, dijeron lo~ enemigos del platonismo medioeval; lo mismo exactamente que repiten los nominalistas a ultranza, contemporáneos
nuestros.
No se afirma por los adeptos del alma colectiva que ésta sea substancia real dife1&gt;ente
de las almas individuales; sino que se sostiene
su carácter social, es decir, su Tealidad histórica.
Haced hablar, creer y pensar conjuntamente
a un grupo humano, y su lengua-reflejo de su
razón ;-sus creencias religiosas-amparo y símb?l? de su sentimiento ;-sus costumbres y tradiciones-ejercicio sistemático de su voluntad - engendrarán una nueva realidad psíquica e
tórica que adquirirá los contornos_ espirituales
de una individuo, de una personalidad.
Los- grandes pueblos son, como los hombres
de genio, realidades inconfundibles, pese al nominalismo o individualismo exclusivo. Aun dentro de esta hipótesis enérgica, lo que se hace al
declarar la personalidad de Atenas o Roma es
no ciertamente_ elaborar fantasmas ontológicos:
sino afirmar la existencia de nuevos individuos
complejos.
Una sola vez ha sido y será el 111,ilagro grie-

b.is-

�CERVI\N'l'F'R

:7ez" Y en un _p unto no más del espacio y el tiempo florec1~ron
Cervantes y Moliere. 'l'an real es la personalidad
de un hombre de genio; corÍ.10 la de un pueblo
ilustre, que así como el espiritu_ indiv_idual se
sirve de un cere,bro para .sus manüestaroones exteriores, y lo modela y transforma su fuerza
interior, así el genio colectivo se sirve de su
lengua escrita y hablada, la cual se va plegan~o
al poderoso impulso de su espontaneidad h1stórica.
.·
Tan afines son el pensamiento y el lenguaJe,
que--0bserva Schopenhaüer-con el mismo
vocablo dijeron los griegos verbo ? razón. En
castellano, discurso significa indistintamente razonamiento y expresión. Hablar una lengua es
poseer una parte del alma colect~v~. P~sar en
español es d,isfrutar ele cierta esp1ntuahclatl común solidarizarse con un grupo humano &lt;lefinido'. y aceptar por anticipado d genio ca. tellano.
"La lengua francesa-decia Ganivet-es como
un gabán. La española com una capa. No hay
prenda más individualistá ni más difícil de l:,evar que la capa; sobre todo cuando es d.e pa.n_o
recio y larga hasta los pies.'' Los bue110s es:'ntores llevan con despejo, es decir, con donaire;
con indecible gallardía, la amplia capa española.

go, que dijo Renán. Una sola

ª:

ü1

CElrVANTES

.Estriba puntualmente el genio ~astellano en
la espontaneidad intelectual y · moral que lo distingue; en su individualism0 heroico y místico,
en su carácter peninsular. Menéndez y Pela.yo
afirmó: "España es un "pueblo de teólogos ai·mados." Cierto; pero el teólogo es siempre místico, y el guerrero lmificó, en el pendón morado de Castilla, raza y fe.
Ha poco, en breve- e incisivo artículo tan irrespetuoso como original, citaba el filósofo Diego
Ruiz los célebres versos que resuelven la incógnita metafísica de España :
•1

Antes que Dios fuese Dios

y los peñascos peñascos,

los Quirós eran Quirós
y 101; Yelasco~, V cla,;cos."
Pecado &lt;le soberbia, dirá un moralista. Sí¡
pecado de soberbia y triunfo de soberbia es el
genio español , según el m01·alista Gracián. precursor de la Volk e1·z¡sycl1oloaíe. En s,1 "Criticón," al dü,tribuirse los vicios capitales para
la "gran :feria del mundo,'' toca a España "la
estimación propia, el campear, el alab:use; el
fausto el brío, la presunción.'' Sea e~mo enseña íl racián. Mas, ¿_ quién sin ga1·bo ni brío
llevaría sin arrastrar la cava ele pa-?°io recio, que
dijo Ganivet?

1
1

I,

�CERVANTES

9:2
No hay vocablo más singular que este de despejo ; gentilísimo desembarazo que "supone facilidad, pero añade perfección.'' Es imposible
traducir a otra lengua la palabra vernácula, españolísim'.a.
El castellano es el lenguaje de la espontaneidad, de la personalidad. Su majestad el emperador y rey don Carlos I de España y V de
Alemania, decía que para hablar a Dios debe
hablarse en castellano; y su majestad era flamenco de nación. Por lo demás, reza el proloquio : '' debajo de capa al rey mato : '' individualismo anarquista.
Los españoles son improvisadores admirables.
'Lope, dice Menéndez y Pelayo, improvisaba dramas como Raimundo Lulio improvisó sistemas
filosóficos; como-añadiremos nosotros-Espaífa
misma improvisó naciones. Estas naciones n~estras iberoamericanafS.
Leed a los místicos y los ascetas, a los dramáticos, a los líricos, a los novelistas ; pensad
en las proezas de los conquistadores, de los fundadores religiosos, y la facilidad de la produc ción espiritual os producirá el deslumbramiento, la fascinación misma. Es una invención perpetua, una revelación continua. En cambio, no
pidáis perfección.
Lo francés es como un gabán; lo español, como una capa. De una capa se hacen, con buena

93

voluntad, muchos gabanes. Sin embargo nunca
,..,.. ,.
'
ceru.reis vuestro cuerpo con la capa como con t'l
gabán. Lo perfecto no es lo español, ni en el
mismísimo don Miguel de Cervantes.
España es tan grande en las letras como e11
las artes. Su personalidad inconfundible muéstrase tan gallarda en 01 Greco y Ribera como en
Tirso y Calderón. Un mismo instinto de la vida
creó la tragicomedia de "Calixto y Melibea"
Y las maravillas de V elázquez. El alma selecta
del beato Juan de la Cruz, al ascender por el
Carmelo, vibra con el ímpetu arcano de los serafines extáti.cos de Murillo.
Jaturalismo y misticismo son formas gemela · de la acción espiritual. El místico obra como
e~ realista. Ambos son súbditos de la experienc~a, profundos empíricos. Sólo que la experiencia del místico no es trivial como la otra. Es
nna experiencia difícil, insólita. A veces en el
recinto del tabernáculo interior, encifodese la
llamarada gloriosa de la revelación como al contacto eléctrico con la vida de ultratumba. Entonces el inspirado dice sn verdad con la eloc~ie~cia ?el que ha visto ; relata su experiencia mter10r de lo sobrenatural tan naturalmente como el empírico la propia. En el fondo ambos. son ob.;ervadores admirables. El geni; que
pusieron los padres de la novela picaresca en la
descripción de muchos menudos incidentes ele la

�9-1

CElt\',\:--;l'E

,·ida social, pú. olo Sa11ta 1\•n sa • 11 ,., la a:·. con
divina nnt11n1\idad. :-u· dcliqnios nhlime..
N"uturali ·mo, mistici:mo, fuerza hrío, . oh •rhía, gall.ll'(lí8 moral. E. to t.· E paúa. El mot·alista completa al 1•eligioso. l,a moral, to,la moral humana. t•.·. pn sumn, mrn. n•ligi6u práctica.
Dict&gt; ,1 iluc;trP icl1•6lof!O "'nmadino. rn &lt;·1 prinripio d su ldearium. itm' 8é1wra "no fue por
nzat· hijo 1lt• E. paña ... .Así e:. n wnlml. S{,neca represrnta antícipadamenh' lo ca1·nctcres
inhel'l'llL&lt;•: al rstoici. mo ·' natnral y humano·•
•1n1• forma la medula de las 1ucn1H'acion ·: moral ¡.¡ d&lt;• lo· &lt;'ram1e pl'n adort,.; de e,stÍl'pe ·pañola.
Esle estoicismo palpitant en algnnas lle la
má. int •u ·a. creacionr. dramáticas de Roja.s y
de altl rón, en lo· libros de oro ele la rníst íca
y la ascética ca t llana., en varia. &lt;11• la. obras
po, tica. 11 fra~· Lui,- d León y de- Ciuevetlo.
en la ü1comparablc "Epí. tola Moral" utribuída a F mández de Andrada, y hasta en la mi. ma e&gt; tupenda concepción literaria de (' rvante. ; vigor it'I' clucible ele la per onalidad capaz
de salir Yietorio ·a en todru la. pruPbas que la
vida impone, e forma su:tancial de raza y a
toda.· part s la ba acompañado y . eauido, imponiéndo. . como sello de sn aenio. en el carácter de los pueblos eng mirados por ella pal'a
la civifüación y la culhll'a occidentales.

CERVANTES
i. ación de héroe
místico ·, de artistas y
moralistas teórico- y práctico.. Raza mucho
má: instintiva que discur irn, mucho má 1i croica que discreta, como diría Graciún; psiquis
colectiva siempre idéntica a sí mi ma lihre, autónoma, metafísicamente libre. Así e~ Espaita.
;. r o pudo comprobar Renán que, bajo la férula de la Inquisición, 11uedó intacto y actfro el
pensamit&gt;nto ele la raza 1. ..
Poeta: reg1·csatl a la patria de la· ,mprc.·as
sobrehumanas y la cruzacla sempiterna. IIor,
en e ·te como apocalip).;i: de la Hi.-toria, mantién :e erguida , nest ra raza. Puerto d sal vación. amparo del derc&gt;cbo e carnecido, refugio
del ideal la llama el mundo. u en rgía legendaria no la ha abandonado. El auge de .su vida
industrial y pacífica no ha deprimido la hidalguía de us hijo,, el afán de us abio6, la íutuición de u artista, ni la oración cristiana
tle lo bueno . Ilor, como cuando el Cid lo defendía, e bonra a Dio' en lo pechos castellanos; pero al rumor de las prece cúmple e l
benéfico milagro &lt;le la acción. 1 o ólo de ontciones vive el hombre en el ,iglo vigé imo dt&gt;l
cristianismo.
¡Regresad! ... ; ma , ante d1• partir, aceptall,
como un buen amigo, una ola prome ·a y hacédnosla también. O prometemos laborar por
E paña. Laborad por no otro allá. Lui XIV
T

�96

CERVANTES

el soberbio monarca francés, dijo a .su nieto don
Felipe, al instaurarse la dinastía borbónica:
''Ya no hay Pirineos.'' Las palabras del reyasí son muchas veces las regias palabras-fueron no más, en aquella ocasión, un tropo de retórica una flor de trapo. Por ese lado, jamás
se log;·ará la compenetración de los pueblos. Digamog nosotros con mejor voluntad: Ya 1:1º b.~y
Atlántico que desuna, mar que separe, m oceano que divida. Queremos una sola alma. col~ctiva., supr.ema aquí y allá, una civilización h1spauoam:ericana. Que diga nuestra voluntad :
¡ Cúmplase el destino que inicia.ro~ las car~~elas de Colón e· Isabel! ... Y que diga tamb1en:
poeta, ¡ Dios os guarde!
ANTONIO CASO.

97

CERVi\NTES

DISCURSO

pronunciado por el señor licenciado Miguel
Ale-ssio Robles, en la Escue1a Normal para
Profeso-ras, el día l.º de junio de 1917.
Señor Presidente de la República,
Señoras y señoritas,
Señores:
Tras larga y épica lucha, México ha consumado, sólo eou su esfuerzo y su heroísmo, una
revolución gigantesca_ para devolver a los oprimidos su libertad, para acabar con los males
terribles que afligen a la adm.inistració)l pública, con el azote quemante del cacique que todo
lo envilece y todo lo prostituye, y con los vicios eternos que corrompen la acción reivindicadora de la justicia, y por la cual los verdaderos revolueionario.s embrazaron su fascinante
escudo, como dijo don Quijote., para contemplar
su.s ensueños convertidos en realidad, como sucede en el mágico cuento de hadas, en el que
Cervantes. - 7

�98

11

Cr~RVANTES

una joven dulce y hermosa, convertida en blanca paloma, disipado el hechizo, se transfigura
después, reapareciendo una princesa má bella
que nunca, y entonces el ca tillo encantado c1e
sus padres arde en fiesta y en torneos Y en luminarias, como arderá en fiestas la República
entera el día memorable y glorioso en que aparezca, den,amando su vívida luz y sus brillantes
destellos, el ángel radioso de. la Justicia .
Gratitud eteTna a los heroicos soldados que
han defendido con sus bayonetas nuestras ideas ;
gratitud eterna a los gloriosos ve:ncedores en
cien combates; gratitud eterna a la abnegadísima mujer mexicana, que, con su grandeza y su
heroicidad, ha templado el férreo pecho de los
denodados paladines que libraron a la Nación ·
de la vergüenza y del oprobio de soportar el yugo infame de los viles sa 1teadores del Poder;
gratitud eterna al invencible ejército del pueblo, que nos ha Uevado a la victoria para que
ejercitemos ~odas nuestras libertades y todos
nuestros derechos, y hagamos surgir una Patria
vigorosa y nueva, coronada de . rosas, envuelta
en una nube risueña de himnos sonoros y alados e iluminada maravillosamente por los resplandores vivísimos y deslumbrantes de su gloria inmortal.
Confesemos que ha sido un diluvio la obra
redentora de la Revolución; pero como avenida

CERVANTES

99

fecunda, que diría el excelso poeta inglés; al
modo de las hirvientes arriadas del Nilo
el
cual, si bien al ·desbordarse barre con su' vfolencia irresistible los linderos de las heredad~
Y confunde los antiguos vallados, y trae c~nsigo el germen de reptiles repugnantes y peligrosos, sin embargo, es causa tambifo ele que llenen las trojes el labrador con abundantes cosechas, y de que los jardines se revistan de todas
sus bellísimas galas, y de que puedan alimentarse todas las criaturas que tienen derecho a
la vida. Así como después de la ruidosa tempestad aparecen más verdes los campos y más
azules las montañas y más diáfano el cielo así
también terminadas las conmociones que, :orno
un terremoto, sacuden a los pueblos, nótase c:n
ellos esa misteriosa efervescencia que dió a los
helenos, después de Platea y Salamina, los dramas d~ Sófocles, las tragedias de Esquilo y las
mar~VIllas arqu~tectónicas del Parthenón ; que
a
de _las agitaciones tremendas de la Repú~hca t'omar1_a oocendió el estro vibrante de Virgiho Y Horac10, y después de la gloriosa batalla de
Lepanto, surgió en la vieja y sofütdora España
aquel coro sublime de artistas, prosadores y poetas, donde resaltan las dulcísimas tintas de Diego V elázquez y las voces armoniosas de Lope
Y_ de Cervantes. También nosotros anhelamos
vivamente, a raíz del fuerte y trágico sacudí-

:ai.z

�100

CERVANTES

miento de sombras y íulguraciones, que parecí~
anunciarnos la agonía de un m~ndo, el ad:erumiento de otro mejor, lleno de gloria, de libertad y de poesía, ardiendo todos l?s espíritus ,en
luz al beso divino de un día radiante y es~lendido, que iluminará etername1;1te a los apost~les que estén dispuestos a sacrificar su tra~~Ul' lidad y su vida en aras del doble y hermos1sIIDo
culto del Ideal y de la Patria.
Hemos condenado con toda energía los excesos de la Revolución ; pero arrepentirnos de
ella, ¡jamás! Y aquí, en este ambiente purís~o
de sinceridad y de juventud, lejos, muy leJOS
de estar arrepentido, yo declaro honradamente
que si cien veces se repitieran en mi Patria los
dolorosos acontecimientos que derrocaTon a una
legítima administración, cien veces ha~íamos lo
mismo que en 1913, a raíz de consumadas la
traición y la. infamia. Tengo yo una satisfacción
grandísima en mi vida y un orgullo inmenso e?
mi corazón : haber contribuído, dentro de mis
escasos esfu.erzos, con un desinterés manifiesto,
con ll,ll patriotismo infinito, a la santa reivindicación de los derechos ultrajados de todo un
pueblo ensangrentado y doliente, que contempló
estremecido de ira cómo le arrancaban de sus
manos la bendita enseña de la libertad.
Asistimos en estos históricos momentos al
desenlace de 1m drama estupendo, que ha con-

CERVANTES

101

movido hondamente a la República, donde las
casas de nuestras ciudades, y las piedtas de
nuestras montañas, y los árboles de nuestros
bosques, y las aguas de nuestros mares, cantarán las homéricas hazañas de todos nuestros
héroes, realizadas en medio de cruentos dolores
y de enormes sacrificios, para conquistar definitivamente las supremas aspiraciones de todo un
pueblo, anhelante de libertad y de j11sticia.
Así como todos los visitantes de los lugares históricos desean que sus nombr es figuren
en los libros de esos monumentos colo-sale;:; como
la Catedral de Toledo, la Mezquita de Córdoba,
la Albambra de Granada y en el mudéjar Alcázar de Sevilla, también nosotros, con las :frases
cálidas en los labios, con las lágrimas candentes
en los ojos, con los sentimientos generosos en
los cOTazones y con los ideales altísin10s sobre
las frentes, corrimos desbordantes de patriotismo y de emoción a las ardorosas estepas del Norte para unirnos al ilustre Je,fe de una causa justa y nobilísima, sin más ambición de que nuestro
obscuro nombre figurara al lado de aquellos grandes patriotas que tuvieron el heroísmo y la entereza de protestar contra los sucesos abominables y espantosos de Febrero, que llenaron de indignación a todos los pechos honrndos, heridos por el agudo dardo del infortunio y la desolación.

�102

CERVANTES

Pero si después de tanta sangre derramada y
de tanto heroísmo consumado, van a ser estériles
nuestros esfuerzos y vanos nuestros martirios,
que nos ve9en disfrutar los beneficios de la Revolución, todavía nos queda un recurso supremo. Perdido en los turbulentos mares australes,
dice Alfredo de Vigny en 1m maravilloso poema, un joven capitán ha agotado todos los esfuerzos posibles para salvar la tripulación y su
barco. Pero todo es inútil. Su triste suerte está
decretada y comprende que el ala siniestra de
la fatalidiad se cierne sobre su pávido espíritu.
A pesar de todo no se resigna a perecer. Él
ha llevado su diario, a bordo, en donde ha recogido sabias observaciones, en donde ha desarrollado hermosas ideas, en donde ha escrito
magníficos pensamientos y en donde marcado
tiene, con matemática precisión, el sitio del escollo que ha hecho zozobrar su navío. El capitán se resuelve a morir; pero quiere que se salve su obra, para que llegue a conocimiento de
los hombres y lleve una gota más al manantial
inagotable de la cie.ncia humana. Abre entonce¡:; una frágil botella, en la cual encierra su
manuscrito, sublime testamento de sus ideas' .y
la arroja al acaso de las olas crecidas y rugientes, para que la conduzcan al puerto salvador
Y se puedan conocer sus secretos y revelar los
descubrimientos que ha hecbo, las islas miste-

CERVANTES

103

riosas que ha visitado, los nuevos astros que ha
visto y los nuevos horizontes que ha recorrido.
Mas si por despechos, envidias y mezquindades, no se dejare cumplir a los hombres de hoy
las justas y redentoras aspiraciones que hicimos concebir a todo un pueblo, lancemos, como
el héroe fascinante del exquisito y sugestivo
poema de Alfredo de Vigny, nuestra mágica
bandera bañada con las lágrimas de nuestros
ojos y con la sangre de nuestros corazones, al
océano borrascoso del tiempo, para que puedan
las gene1·aciones futuras recoger los ideales
altísimos y alucinantes de la victoriosa ReYolución, porque si es cierto que los barcos pueden
hundirse en las profundidades de los mares y
los hombres quedan sepultados en el seno de la
tierra, también es cierto que las ideas brillan
eternamente, como los astros, en la altm·a infinita de los cielos.
Las ilusiones y las esperanzas todavía florecen en las cuencas vacías de nuestros corazones,
como la yedra sobre las ruinas desoladas de
un castillo glorioso. Mientras contemos con la
abnegación admirable del pueblo, cuyos instintos penetran más hondo que las reflexiones brillantes de todos los sabios; mientras
contemos con el heroísmo inimitable de la
mujer mexicana; mientras contemos con
hombres inmaculados que no persigan más

�104

CERVAN'l'ES

bien que el bien de la Patria, el reivindicador
movimiento constitucionalista cumplirá con sus
nobilísimos fines, con sus ideales luminosos, con
sus esperanzas salvadoras, y nuestros sepulcros
no serán mecidos ni deshonrados por el oleaje
formidable de otra revolución.
Era un sueño enarbolar la bandera legalista
contra la usurpación y la infamia ; era un sueño vencer a los defensores del crimen en Naco
y en Santa María; era un sueño llegar al pie
de los volcanes neva.dos con la sacrosanta divisa
de la redención, y se ha triunfado siempre con
el esfuerzo perseverante y los dolores eternos
del pueblo mexicano. Sigamos, pues, laborando hasta establecer una honrada administración
de justicia; sigamos laborando hasta conseguir
que cada ciudadano prefiera morir gloriosamente, como Melgar y Escutia, envuelto en
los pliegues amorosos de su sagrada bandera, antes que arrastrar las pesadas e ignominiosas cadenas del esclavo; sigamos laborando hasta encender en la cima altísima de la
más sublime idealidad, el evangelio de la paz
y del amor, que lleve a todos los corazones, como el diamantino rocío del cielo . que se deposita en las perfumadas corolas de las rosas, un
hálito suave y confortante de fe y de esperanza
para continuar con más ahinco la obra gigantesca y patriótica &lt;le la reconstrucción nacional.

CERVANTES

105

Hoy_ que nuestras férvidas miradas exploran
las poéticas y azales lejanías del horizonte,
donde ha de brillar la estrella misteriosa que
forja el dulce ensueño y promete la mágica esperanza, cerremos nuestro espíritu al torbellino
impetuoso de la envidia y la pasión, y realicemos el prodigio inenarrable de dulcificar las
iras y de conciliar los impolutos corazones, para seguir perseverando, como lo hemos hecho
siempre, en el esfuerzo eminentísimo de hacer
la Patria futura, próspera y grande.
Y en ese empeño tenaz, en ese trabajo constante y en esa empresa tan árdua, nadie, absolutamente nadie puede ayudarnos con tanta eficacia, en el hogar, en la escuela, en todas partes, como la mujer mexicana, abnegada hasta
el sacrificio, valerosa hasta la heroicidad, ejemplo elocuente de virtudes, irradiación magnífica de enterezas, aurora esplendente de amor,
florescencia divina de sublimidades, flor perfumada de gracias, gota de dulce miel en el amargo océano de la vida, rayo deslumbrante de luz
que todo lo engrandece, que todo lo ilumina,
que todo lo dignifica con la maravillosa virtualidad de sus alegres notas y de sus perennes encantos, para hacernos sentir las diversas manifestaciones del arte, las supremas glorias de la
Patria y las bellezas incomparables de la Naturaleza.

�lOfJ

CERV.

''l'l:S

Ha .·u fdclo mucho mw tro paí murho merec('. igamos trabajando todo. para . alvarlo
con ese amor tan puro y tan diYino como el
qu :-jmboliza la Beatriz del Dante, cuamlo
sentada en una estrella a las puertas del par11í. o, le allre al poeta la man. ión del delo. Cada
ciudadano debe aportar a e. ta obra glorio. ísima de redención y de justicia, .·u contingentP
de ideas, de e fuerzox y de heroísmo , '' a. í como para formar la g1·an YOZ del océano levanta
cada ola . u rumor," para imprimirle a este e·tupendo movimiento social y político un impulo genero o y noble hacia el po1•yeuii-, que c.
la vida t1e la ociedade. humana&lt;,, para (¡ue
&lt;le-piert en 1 ánimo de la generaciones futura. aquella emoción profunda '5- religio ·a ele que
nos habla el eximio scritor Jo (&gt; Enri,¡ue Rodó, con que el viajero antigno debía ver u•·~ir
en le noche diáfana. del Atica el toquP lnminoso qué la lanza de oro de la Atenea tld
Acrópolis dejaba notar a la di tancia en la pureza fofinita del ambi nte ·ereno.
El evangelio de la Patria es la encarnación
cx:cel a del evangelio del amor. Y o no sé por
qué en e:tranjero sn lo, de pnés el e Jrn her '\•i. itado las cindade más hermosas: de haber hablado con lo hombre. más célebre : ele haber
recorrido los histórico lugare , lo sitios má.
pintoresco , y de hab r contemplado lo: monu-

CERV'.\ .• TE,

...

107

mento · artí. tico , lo cuadro má notables Y
los panoramas míl d licio os, involuntariamente Yolw.m-0s nuestros ojos humedecido por las
lágrirnas a e ta tierra venturo!;a de promi. ión
y de e. ·peranza por no. otro tan amada, porque
~qní recibimo las primera dulce caricias de
nuestras madre~, que nos en eñarou con . u mano a111-0rosa. a hacer la ñal de la cruz; porque aquí están los bancos ele la escuela donde
aprendimos, cuando éramos niño., la. primera.
letra : porque aquí e tán las iglesias donde
murmuramos, entre la poHicas nubes del incienso, nnr. tras primera oracionc . qne. como
mm dulce plPgaria. e PleYaban a Dio. ; porqur
aquí, c•uando jóvenes los ojos negros y hermoso_- de nur. tra. novia· no. revelaron Pl mnnclo
ri. nefio del amor; porqnc aquí, cnando l'lalíamos
en la. tanks del colegio con los libros debajo
clel brazo y el corazón desbor·dantc rl" aladas
ilu. ione.. eorríamo a la campiñas nemorosa.
a recoger n nue. tras pupilas la Jnz ele nue. tros o&lt;:a~o: y en nue tros oí&lt;lo. el himno empiterno de lo; bo. r¡uc , 11a ta que, ya can ados d
tanto triscar y d tanto merodeo, regresábamos
a nuestro: bogare· antos cn esa hora apacihlc
del crepúsculo, consagrada en el cuadro imnortal de :\Iillct, recitando los versos vibrnnt&lt;'. y
, onoro. dr Rubén Darío y de ~fannel ,Jo ~
Ofüón; y porque. en fin aquí e tán la. tnrnha"

�10

de nue tro padre y aquí se mecerán la cuna.
de nue. tros hijos, c¡ue, debido al e fuer1.o titánico que hoy realicemo , crecerán en un ambie~te purL imo d libertad y de gloria; gloria
Y l1be1tad que, como la e tatua imperC'cedera
del dolor de r1ue nos habla O car Wilde m1 nn
po ma fantástico, urgirán ele la hoguera llameante de nuc tros martirio eterno: ,. J¡, nuc tr~. crue~to;; Racrificio ¡ y entone · la República, maJel'itnosa y &lt;' pléudida, C'nvolv-erá en un
manto piadoso de alabanza y bendicione a su.11 roico. · hi,ios, que abne..,adamPnte con . us ,·aroniles pechos henchidos de amor, ciP patriotismo Y de e peranza · fueron a la épica l11Pha a
derramar su sangr y a entregar u espíritu,
para conr¡ui ·tar una corona de olímpico lanrel
para su.· frPnte-.;, d spué de lrnber llevado una
corona de puuzantC''l espina en . u.~ corazones
de ganados por el agudo aguijón de l:is frl'né~
ticas an:ias de hacer re~urgir. en e. ta idolatradí. ima tierra, el reinado ete1·no de la lihertad
.Y el dencho para recibir el aplan o I' trnendo1&lt;0 ele sus conciudadanos ~- la hendicione
mPrecitla ele la Historia.
Intentemos con ánimo clesintere:-ado, con
~nente fiel, con espfritn librr, con manos puras,
1~nplantar t?dac, las reformas nPcesarias, garantia.- dp loR mtere. e;;; legítimo .. e!lperanza. Iumino ne, de las gennacioncc, &lt;¡ne nacen impacit•n-

100

CERVANTES

CERV.\.'TES

1

-

1

tes por realizar en el mundo nuevos progreso,,
y aspil'acione. :npremas d todos lo: bu no.
mexicanos que de ean iluminar, con la llama esplendoro. a de n ueños imnortale. , la euda
tiorida por donde México debe llegar a la civilización y a la gloria. ¡ Ko importa que caiga
sobre vue tra. frente nn diluvio de calumnias
y anatema ! Nunca ha existido en el mundo tm
solo reformador cuyo labios no hayan apurado la amarga copa d cicuta. ¡ Jesús, el cfüwo
Jesú¡;-diremo • parafra!leando al gran lírico
e pañol,--despué ele haber encendido el fuego
del , ol tuvo frío, y despu ·. de haber formado
lo mare. tuvo ed, y despné de haber pobla,lo
los campos de doradas espiga: tuvo hamlwe, y
despu~- de haber aliviado todo los dolor
ufrió tou.os los martirio. , y ele. pué ele haber levantado todo lo reino. de la tierra fue esclavo de todos lo hombre , y de pués de haber
predicado por todas partes las ideas misericordiosa de la caridad y el perdón. murió en una
cruz, herido, ultrajado, vilipendiado, coronado
de e. pina., con el ro:tro lhido lleno de . angre,
con los labios amargados por la hiel y murmurando palabra unciosa de piedad y de amor.
l\11Gt'EL

LESSJO ROBLE .

�1.10

OE!tV AK1'ES

CERVA~'l'ES

111

mas como el mal en ti vive latente,
al ver mi rostro en tu cristal fulgente
tal vez con cieno se revuelva el agua.

,.

¡ 'l'us ojos asesinos! Que me vean
los que están por .sus víctimas luctuosos
y fingen, cuando inquietos parpadean,
mariposas nocturnas que aletean
bajo dos arcos negros y sedosos.

A LILIAM

(Para el número extraordinario de «Cervantes•.)

Y o creí ser .inmune a los amores
-viejo lobo del mar de la existenciaY, i oh sirena q.e encantos seductores!, .
ante tus atractivos tentadores,
nada valen mis años ni experiencia.
Oculta y misteriosa y bella y rara
cisterna, te hallo en medio de un camino
monótono y desierto cual Sahara
Y me acerco a tu algente linfa para
refrescarme, sediento peregrino.

Y a el amor me levanta y engrandece ;
comienzo a presentir dichas supremas
y ·todo mi organismo se estremece
ante tu combo seno, que parece
un colma:do tibor de crisantemas.
Para un himno triunfal tu voz afüia;
suelta de tus cabellos el frondaje;
como al roce del arco el violín trina,
quiero, al besar tu boca cremesina,
que vibre de tus nervios el cordaje.

}

Y calmarás mi sed1 la sed ardiente
del erotismo que mi anhelo framia •
o

'

:Mi alma intenta olvidarte 1 y sólo veo
que vuela a ti desatentada y loca :
allá va nii razón como Perseo
en el bronco Pegaso de un deseo
que por dantesca sima se desboca.

�112

CERVANTES

113

C'.ERV.'_:-{'l'ES

Rindo pleito homenaje a tu her mosura;
y pues de mi desgracia no te mofas,

rayo de sol, desgarra mi negrura;
gota de miel, endulza mi amargura ;
ala de oro, levanta mis estrofas.
México, 1917.
J UAN

B.

D ELGADO.

UNA QUIETUD AMBIGUA ....

Una quietud ambigua, un claro plenilunio,
un desmedrado huerto con ansias de jardín;
en el alma, un rebelde aroma de infortunio
mezclado al penetrante perfume del jazmín.
1

l

Un beso ya marchito sobre la faz helada,
una vo;r, que en un tiempo fue chorro de cristal,
unas manos ya trémulas sobre la enmara:ñada
melena en que Ja vida desparramó su sal.
Una arruga que narra una historia en la frente,
una brasa exting1úda bajo el cabello gris .. . ·
Un repasar de cartas del hijo que está ausénte
y devana sus sueños en lejano país.
Un afán de estar solo
en la dicha, constante;
que cruzó con nosotros
de la risa y el llanto y

con aquella que ha sido
en el dolor, leal,
la senda, y ha sabido
del bien y del mal.
Cervantes.- 8

�CERV .\.N'l'ES

114

C-ER\',\ KTES

115

Una tenue fragancia de la gloria qu pudo
ceñir a nu tra siene un gajo de laurel ...
Y ser como un guerrero que levantó u e etulo,
y que a la po tre vuelve reco tado obre él.
¡ Y pensar que la vida febril desencadena

afuera de no. otro u colo al turbión,
y pen ·ar que la amamos, y que ahora re ·uena
como un toque de ánima dentro del corazón ! ..
ptiembre de 1917.

Enrique Gonzálcz Martínez.

EL ALMA ESPANOLA EN LA NACIÓN
MEXICANA
¡ Qué interesaute, qué erndito y qn, copioso
material para un libro ameno "!t' ·impático ! ¡ Los
e. paiiole c.li. tinguido en uue. tra Historia Patria, de de lo pasado tiempos dt&gt; la onqui ta,
ha,::ta lo no remoto de la Intervención anglofrancol1ispánica ! El tema s fccnndo v., de oo-rata labor para una pluma mexicana, que e enor. irullrce de rendir justo y merecido tributo en
alahanza d(' antepasados, que "tenían angre
ele u 11e. tra sangre, hue. o ele nue. tro bu o ;"
creencias, i&lt;leales, en uma, nue tra alma toda.
Y tanto má grata labor, cuanto qnc al pre. 'ntc e olvida, no de int nto, pero í incon .
c.-ient t&gt;111ente, todo lo riue nos lf'o-aron aquellol4
Yarone: ilustre en la política, en la 1· ligión.
en las ciencias, la arte. y las letras. ro seleccionamos d la herencia lo bueno de la mácula : borramo nombres, derribamos edificios, ol,·iclamo. elocuente. ejemplo de filantropía o

��CERVA ·TE

11

prim ra impr nta, abre las puerta dl' lo cole io: de 'rlatclolco, tlc an Juan de Letrún y
el de 1liñns; impul a las fábrica , alivia la . i-tuación d lo indio. , y después de gob ruar
&lt;lieci. iete año la Colonia, pasa al Perú, en prt'-mio de los servicios pre tado. a su Gobi rno.
Dignos ucesore ele I ndoza fueron otros
virreyes &lt;le la I ueva E paña, como uon Luis
de Velasao, que mereció ser llamado "Padre clt·
los indio ;" su ilu. tre hijo el l mi. mo nomhrE' y
apellido; el l al y perfecto caballero tlon Ga,:-tón de Peralta; el íntegro don Juan cle Pala-fox y Mendoza · el j mplar don Antonio María Bncar li y Ursúa; el iln;;trado don ~Iartín
de Mayorga lo do · Gál vez, y el in igne clou
Juan Vicente de Gü •me , Pacheco, Padilla ~Horcasita , segundo conde de ReYilla Gigeclo,
que aunque nacido n la Habana era hijo y
dese ndiente de padres e. pañole ..
. 'iño lle 0 ó a México con su padre ; recibí{,
aquí esmerada ducarión, y de regre. o a España siguió allá la carrera de la arma , di ...
tingniéfülo. e mucho, principalmente en el nw-morable itio J Gibraltar .• rombrado virrey ele
la Nueva España, en 17 9, . u admini tración
fue tle la má: progre i ta.-, y más pudo 1•1·,
si ya por ntonce no hubie e sido tan limita-da la autoridad de lo virrcye . Revilla Gigedo
era probo, ilu trado e infatigable en la labo-0

119

ERV.\~TE

re "'ubernativas. Trabajaba todo el día Y gran
parte d la noche. En todo lo ramo. introdujo mejora y reformas. Fomentó 1 comercio,
las indn tria las vías d comunicación. la hacienda públic~, las letra y la_ ciencia,. Persiguió con actividad a los ladron y 111alhecho1·e
él mi mo rondaba la calle I y visitaba con frecuencia las oficina
públicas. La ciudad e
tran.-formó y mbelleció y todo lo ramo municipales fueron objeto de su aten ióu. )léxico
le d be una e. tatua.

***
Si tle los gobernantes pa amo a lo mi ione-ros pañole , nombre. ilu tl·e ac_ud~n a nue _tra
mente. n Fr. ~lartín 'JI' Valencia, mtroduc1en-do con u apo tolado el catolici 1110; un Fr. Ber-nardino de ahagún, padre el&lt;' la lli:-toria antigua de ~léxico; tm Fr. An~rés __ ~e Olmo:'v nn Fr. Alonso de .i: Ioliua, lmguista. •1111-~cnte.. P •ro a la cabeza de todo , qué grande
y qué ben mérito, la colo al figura de Fr. llar:
tolomé de la. Casa. . Qué desintere ada Y que
antamente r nuncia ~u encomienda Y llora
siempre haberla tenido. E incansable_ sn. ardo-ro:-o celo por defender a los vejados md10 : Y
tll•lante de obi pos y cardenal s, en jnntas Y
coneilio~, ante reye:- y consejo , con c1i cursos

�CERV.\ 'TES

120

y cou libros, fue infl.exibl , fue implacable, eu
abogar por la ju. ticia. R corre E paña y América; cuatro veces camina en po. de -arlo. V;
catorce viajes Q.e ida y ,·uelta emprende del
Yiejo al .1. 1 uevo Mundo: ni tempestade,, ni
pers eucione , ni diatriba , ni calumnia.· ; nada
le intimida, cuando :e trata de luchar ¡,or .·u
. anta causa. Y cuando a los noventa y dos año.
de edad, muere en Ato ·ha, el año de 1566. toJavía tiene vigor y aliento en lo. in. tantc. . upremo y angu tío o de la agonía, para pedir
'· a todo · que continua. en en clt•fender lo. indio ; y arrepentido de lo poco que había h cho
en t&gt;. ta parte, uplicaha le ayuuas n a llorar
e ta omisión ; y e tando con la can lcln para
partir de e te mumlo, proi . tó qu cuanto había
hecho en &lt;'Sta parte tenía entendido . c-r Wl'1lad,
y qu daba corto al r ferir las can. a-: qne l
obligaron al empeño ... •·

***
La cari&lt;lacl, la instrucción y la. obra:-; de común utilidad, recuerdan agt·adecidas los nombre de varone hi pano . que con. agra ron
grande fortuna · a la fundación y fomento ele
in titucione · d beneficencia, ele plant le: de
en:eñanza ;: de monumentos y edificios público~. D. Fr. Juan de Zumárraga. prinwr obis-

po y arzob· po de México, establ ció el ho pital del Amor de Dio · el doctor P dro Lópcz, con 1-n pro1lia hacienda, el Je • an Lázaro;
He-rnru· lino .Alvarez, con . ns biene ~' limo. na~,
entre otro:, el ele an Ilipólito; don Francis o
Rodríguez anto., el colegio qu lleva u nombre
y el P. Pedro ánchez el de 'an Ildcfon. o; lo
ric.:o. • comerciante. clon Franci.co de Echew ·te.
don :\1annel de Aldaco y don Ambro io !1c 1Ieav •.
gastando grandes . urnas, fundaron l'l coleaio
laico t1 la Vizcaína ; cl clrnntr • ele la atidral, don Fernando Ortiz ortÍ's el IIo picio
ele Pobre ; lo. ilu. trado arzohi ·po.· don Fn111ci. co y utonio Lor-.,nzmrn. la . a. a il • • 'i ño,;
E. pó. ito., y don .Alon.·o • 'úñ z el IIaro y P ralla. el ho.pital de ,'au Andrés: el noble y
acaudalaclo don Pedro Romero el 'l' •1Tero el
)font de Picd!H1: J◄ r. Francisco Tembleque,
el a ·11N1ncto le Zl•mpoala y el marqué del \Íllar del ..\guila 1 d Querétaro; el Timo. arzobi po l1 1Iéxico, don Franci. co de A guiar ~Leija: y el marqn'. &lt;le Yillapncnte, fueron
gramle:· limo nrros, y tanto: otro: que. ya con
ns cauuale., ya on !:US e ·fu rzo , ora imlividualmente o constituyendo corporacionrs como
la&lt;.: dr lo Tribunale de Minería o del Con. nlado, pro11agaron la instrucción, impul aron la
agricultura y las i.nclu trias, erigieron colegios,
ho pi tal . , ho 1 icio.:, templo. , mona. terio. , a ene-

�122

CERVANT.f.S

duetos; hicieron túnele. en las mina , y pródi:
gamente dilltribuyeron limo na. cuantío a para in tituir becas, amparar huérfano y viuda , dotar doncellas que no tenían para la. nupcias, aux:iliaron enfermo. y socorrieron a pobres vergonzante .
En las ciencia.· y cu las letras figuran e. pañoles diJ tinguiclos, de ue el ilustre naturalista
don Franci!lco H rnánclez, célebre médico le
Felipe II, que col ctó aquí, en el iglo XVI, lo~
dato¡., para n obra . obre las planta y lo. animale de la , ·ueYa España, hasta el doctor J[artín e s • Lacarta, ilu tre abio ele la expedición
científica que vino a l\Iéx:ico a fines d l siglo ., VIII.
La Historia Patria s enorgullece con el pintore co Bernal Díaz del astillo, con el clásico
Fr. Jerónimo de l\Iendicta con el On&lt;Luistador
Anónimo, tan curioso como mode. to; con el fogo. o Fr. Toribio de Iolinía, con el castizo
José de Aco·ta y con el fecum1o Fr. Juan dr
Torquemada. Aquí vivieron o murieron literato y poeta~ como el doctor Francisco 'ervHntes de • alazar, in igne autor de lo. Diqlogos latinos·· como el do tor Gutierre d Cetina, qne,
con tm solo madrigal, inmortalizó :-u nombre;
como el doctor Bemardo de Balbu na, autor ele
la Gmndcza Mexicana; como Diego Mejía, . abio
lnunani ta, traductor d Ovidio; y como Mateo

CERVA •TES

123

Alemán, famo o por n celebrada novela El Pícaro Guzmán de Alfarache Atalaya de la Vida
Huma11a · y aquí florecieron gramáticos como
Fr. )fartíu del Castillo y teóloao. como Fr.
Alonso de la Veracrnz, fundaclo1· de la primera
biblioteca que hubo en México, y que hizo traer
mucho in trnmentos científico:,:. Después de la
Independ ncia, iempre recordaremo con cariño lo nombre. de Juan de la Granja introdncto1· del tel 'grafo en nue -tra República; d
'asimiro del ollado, buen amigo y atildado
poeta; de ¡\iceto Zamacoi , noveli. ta de co tumbre~ naeionales e historiador de léxico y de
An lmo ele la Portilla, correcto e critor y periodista.
La bóYedas y los altare. de las i~lcsia. , lo~
mmos de la. sacri tía . lo claustros de lo. extinguidos convento~, la. gal ría de las academias y mu eo fneron de continuo testigo , y
lo on todaYía, de la, obra artística de lo
pintore hispano:,:: del legendario Rodrigo de
'ifuentel,, del antiquí imo André Concha, del
~evillano Alon.o Yásqucz· de Baltnzar de EchaYe, el , •iejo crrador ele la primera r. ucla mexicana de pintura · de • eba tián de Arteaga, preclarísimo maestro; tle Andrés Ginés de Agnirre y Rafa 1 Jimeno, primero. profe ores del
notabl arte en la Academia de • an arlo , y
de Pelegrín Clavé, 1 re taurador de la mi ma

�124

0ERVAN1'ES

academia y maestro de los más notables discípulos que ésta tuvo en la pasada centuria.
&amp;Olvidaremos el nombre de Jerónimo Anto nio Gil, cuyas artísticas medallas no han podido
tener enti-e nosotros imitadores 1 Del notabilísimo escultor y arquitecto Manuel 1'olsa toda,
'
v1~ pregonan sus altas dotes artísticas una estatua que no tiene rival en América y varios
suntuosos edificios. Y no morirá nunca Lorenz? Hidalga, aunque haya deBaparecido para
siempre el mejor TEWRo que tuvo la capital de
la República.
El canto y la música religiosa fueron enseñados a los indios, en unión del sabio lego Fr.
Pedro de Gante, por un viejo sacerdote español que llegó a la Nue.v a España en el siglo XVI, llamado Fr. Juan CaTo, cuyos discípulos se asombraban de oírle cantal'· pero en
breve aprendieron y cantaron la misa de la Virgen, que comienza con el introito S(l.hve, Sancta
parens. La catedral de México conserva archi vados, en viejos estantes, inapreciable tesoros
de insignes cantollanistas españoles, que vivieron en la capital del virreinato durante los siglos XVII y XVIII. Mencionaremos la patética .Y bellísima V exilla Regis, de Antonio Juanás; el conmovedor y majestuoso Miserere del
maestro Jerusalén; la selecta serie de misas de
Fr. Martín Crnzelaegui ~· el e:a:timadísimo Pa- ·

CERVA...'l"TES

sionario, escrito e impreso por Fr. Jnau N'av~rro, aquí en )léxico, el año de 1604. No ~lv~dai·emos tampoco a José de Xasarre, celeberrilllO constructor de uno de los órganos de la Catedral que floreció en el primer tercio del iglo XVIII, y que contribuyó mucho, como
maestro organista que era, al esplendor Y magnificencia de la música eclesiástica. La profana
tuvo, a su vez, maestros españ~le~, que la desdeñosa Historia ha sepultado mJustamrnte e~
el olvido; pero la música patriótica no lo hara
con Jaime Nunó, el popularísimo autor ele
nuestro Ilirnno Nacional, que ha tenido Y t~:ne
el priTilegio de entusiasmar desde. los nrnos
hasta a los anciauos, lo mismo a nac10nales que
a extranjeros, con sus vibrantes y sonoras notas.

Cerral'emos e, te incompleto juventario ele e&gt;ipañoles distinguidos en nue,_ tra historia nacion·ü recordando con agradecimiento, tres nomb:·e~ ilustre~: F;·ancisco Javier J.Iina, Juan Prim
y ~icolás Régule.&lt;:.
::\Iina, joYen, valiente, fogoso y verdadero ~alaclín de la libertad, combatió por nues~ra mdcpendencia y_ mm·ió impíamente sacn:ficaclo.
Prim el célebre conde de Reus, famoso por sus

'

�126

CERVANTES

CERVANTES

hazañas militares, dignas de los tiempos caballerescos, tuvo la debilidad de venir patrocinando la más injusta empresa; pero a tiempo envainó su noble espada y profetizó el descalabro de la aventura napoleónica. El esforzado y
magnánimo general Régules_ será siempre loado por nosotros, pues durante las guerras de la
invasión norteamericana, de la intervención
francesa y del efímero impei·io mexicano, luchó, derramó su sangre y venció conjuntamente con nuestros sufridos, valerosos y abnegados
jefes militares y caudillos civiles.

***
Si los muertos-como ha dicho un notable
pensador-gobiernan a los vivos, todavía rigen
nuestras creencias, mantienen nuestras costumbres, fortalecen nuestros ideales y animan nuestra vida nacional, los espíritus de todos esos
muertos aquí mencionadoa y alabados, cuya
memoria perdurará entre nosotros mientras
exista nuestra raza, nuestra lengua y nuestra
nacionalidad.

Luis González Obregón.

127

,
LOS POETAS JÓVENES DE MÉXICO

El nuevo movimiento literario
Creo que es de profundo interés para la generalidad, conocer, siquiera sea de modo somero,
~ü nuevo movimiento literario mexicano.
.
El desconocimiento de ciertos detalles defimtivos en nuestra evolución literaria, es cosa corriente aün aquí en la f.astuosa metrópoli Las
gentes, en su mayoría, se han quedado :·:trasa&lt;las. Su erudición se estancó en el desalmado y
acerbo Plaza, en Acuña, Manuel M. Flores ~'
si acaso en Gutiérrez Nájera. Por lo regular, citan a lo~ poetas románticos Y neoclásicos de 1860
a 1890, y cuanto de ese ciclo -para adelante se
11a producido en la República, es completamente
ignorado.
.
.
Ell-o se debe, según mi creencia, al estigma
úOU que se quiso señalar a los innovadores. Los
Yiejos poetas sintieron lJambolearse su trono
apolillado, Y fueron los primeros en prqpalar

�128

CERVANTES

entre el vulgo la desconfianza. Después inculcaron el pdio y más tarde la indiferencia. Pero
a pesar ele esas maqninaciones y es-as intrigas, el
movimiento de renovación pudo abrirse paso.
Porque los deturpadorcs de las nuevas modalidade. no recordaban las leyes naturales ele la
eterna transformación, y, además, porque el
público se hallaba ahito de los mismos sones que
torturaban sus oídos desde hacía diez lustros.
La introdncción de las formas poéticas nuevas
en :i\féxico se debe-como ya se sabe hasta el
cansancio-al grupo de "Revista l\foderna."
Como los editores de aquel tiempo no querían
enfrentarse al consumidor, pues que era desafiar su mal gusto presentarle un manjar que
quizás resultar,a acrísimo para su paladar hecho a los bombones líricos de las antiguas reposterías románticas, los poetas de aquel grupo decidieron fundar su pel'iódico. Chucho Vale-nzuela vació sus escarcelas de millonario, y la
"Revista Moderna" urgió altivamente, difundiendo las flamantes ideas, no sólo aquí, sino en
todo el Continente.
"Modernistas" y "decadentistas" fueron los
vocablos con que se quiso significar a los poetas
de entonces, así como en el Siglo de Oro se echó
sobre los hombros de los continuadores de don
Luis de Argote, el dictado de "culteranos" o
'' gon~oristas. ''

129
l\Ias la espléndida labor realizada por el grupo solitario y orgulloso dió frutos opimos. Más.
ele dos lnstros existió este periódico, ctue fue el
''sanctasanctórum'' de las nuevas corrientes.
literarias, y pereció cuando Valenzue'á, herido
por cruel dolencia, bajó a la tumba con el cariño de sus íntimos.
¿ Qué influencia ejerció, en la juventud que
llegaba, ese portavoz en que brillaron límpidamente Amado Nervo, Díaz Mirón, Efrén Rebolledo, José Juan Tablada, Bernardo Couto, Jesús Urueta, Luis G. Urbina, Balbino Dávalos,
R-ubén M. Campos, Enrique González Martínez,
l\fanuel José Othón, Icaza y tantos otros maestros?
Una influencia decisiva y total, que formaba
contraste con el aletargamiento en que se encontraban otras actividades nacionales, entre
ellas las políticas. La juventud, que venía con
grandes ansias de libertad, se hubiera anquilo- •
sado de no haber encontrado a su paso aquel
refugio confortable. En su m1ayoría, los poetas
de la generación inmediata habían pasado por
las aulas oficiales, y alli las cátedras de literatura
estaban todavía en manos de octogenarios que
recitaban a Núñez de Arce y ,-uspiraban con la
hueca sonoridad de Quintana. Pero el contacto
con los poetas de "Revista Moderna" afinó su
sf'lltido estético y decidió sus aspil.laciones, haCervantes.-9

�130

1
1

CERVANTES

ciendo que ene:l crezaran lá ll]al·cba por· los senderos de las nuevas oóentaciones.
1 , Revista
Moderna,'' genuosamente, abrió
sus puertas a aquellos peregrinos mozos que todo lo barrían a su paso . Destructores de ídolos,
irrevel'entes ante las reputaciones académicas hechas, los poetas jóvenes de 1900 a 1912 pudieron sentir la satisfacción de cocleal'SC con los
próceres. de ambos Continentes.
Sin embargo, era preciso tener un ÓTgano
propio, una casa solariega en qué poder obraT
libremente, por más que en "Revista Moderna., no hubiera trabas para ninguna noble rebeldía. Y entonces, a iniciativa de .Alfonso Cravioto y Luis Castillo Ledó11, fundó~e el pcriódieo de arte: "Savia Moderna." Allí se congreArgüeg aron , además ele los citados, R-0bel'to
Hes Bringas, Abel C. Salazar, Alvaro Gamboa
Ricalde, Rafael López, Alfon~o Reyes, Manuel
. ele la Pana, José María Sierra, Jesús Yillalpando, :Eduardo Colín, y otros, mientras que de
proyincia llegaban Jas voces de aliento ele LuiR
R.osado -Vega, José Luis Vela.sco 1 Mannel Carpio, Alfonso Iberó, Santiago MartínRz Alomí.a,
Manuel García Jmw1o, R!aúl Esteva, Alfonso
'l'eja Zabre "&gt;' Ricardo Mimenza Castillo.
Ninguno de ellos .snjetóse a ni11gnna cf-:cnela
literaria determnrncla. El lema adoptado por
ellos: "Arte libre" ( aooptado ante 1111 aten-

CERVANTES

131

tado para resucitar la '' Revista Azul,'' de Gutiérrez ~ájera), tuvo la mejor demostración en
lo disímbolo de la producción del grupo. Así,
l\Ianuel de la Parra comenzó a andar por una
original ruta de melancolía y vaguedad. Se reconocería en él fuerte influencia de V erlaine.
En tanto, Argüelles Bringas era un poeta brusco, de estrofas de hierro; no precisamente a lo
Walt ,Vhitman, sino de nn modo especial, porque a pesar de su rudeza se veía en él nn artista
exquisito, a un lapidario pacil:'nte. Díganlo si no
sus biso netos ( forma del soneto en alejandrinos
\;los veces -aconsonantados en los hemistic1uios y
en los finales). Este procedimiento, que teq_uiere tenacidad benedictina, nadie dei,pués- ele él
lo ha em..pleado en l\'Iéxico.
Castillo Ledón, cantor de cosas burnildes a Jo
Coppée, no se parece en nada a Rafael López,
poeta suntuo o, parnasiano, ena;moraclo de ]a
forma y qne lleva por lema el del grupo franei's famoso : '' Cincela tu verso como una copa.''
Rafael López es E'l poeta épico por excele11cia.
Grnntlilocuente, rotnndo, cuida con acuciosidad
del atavío exterior como 11n patricio romano de
los pliegues armoniosos de sn toga.
Salazar difiere sobremanera ele Villalpando.
Aquél es el enamorado de la metáfora. Sus versos abundan en tropos y figuras los más origiJlalefl. En efecto, dice de las golondrinas fJUC

�132

CER\' .\. "'l'Lf'

· 1an,·"(fo
son "anclas cllH' flotan o crnces que vne
.
los camellos, que ':on cerro que dajan.'' ' 1llalpando, en cambio, es sobrio; pero sus "trouvailles" 011 frecuentes.
y bien: e te grupo, que al principio e. tuY~
congr&lt;'gado en el "At neo de la Jt~~entu 1l'.,
diagregós a lo embate, de la 1·evoluc10n. ~u 11•·
ne metido a político , nn·ieron que em1gr~r
al 'exterior; c¡niéues emplrado 11úblicos'. v~rronse constreñido a dejar los dnlce. &lt;lehqmo
de la hijas de Apolo para re ponder al llamado do la. necesidades cotilliana .. Pero ya habían realizado u obra poHica. Todos, o en n
mayor parte, pudi ron cri. talizar. por lo m&lt;'no:,
nllo de lo. precepto del consejo per a: hacer un
libro. De ese modo, 1, litl•ratnra patria (' enri11ueció con ' '\'i. ione l&lt;'jana.
ele De la ~arra: •'Broza,'' de alazai· : '' on lo ojo abiertos," de López; "Lo qne miro y lo que iento:"
de astillo Leclón: '·La vida intacta, ' de ohn
y otros más.

Nuevos viento.- de modernidau agitaron la,;
lírica fronda mexicanas. Las convul iones políticas. obrando obre todo los órc,anos vivos
de la Naci.ón, trajeron también un re;"urgimicnto en el campo de la literatura. Y :e asistió al

133
espec1áculo inaudito ele ver una aetiYidad editorial &lt;l susada en ::\I~xico, a pe ·ar de que el
país iba quitándos apena lo. arreo militares
-y sangraban copio. amente us hel'ida .. Los ese:ritot·&lt;' plÍblicos, lo mismo en la capital que en
lo E:tados, daban cima a su co echa: y presrntalian ·us acervo. en forma de bellos volÍlJUf'nes.
Si el grupo literario de 1912 había enmudecitlo, en cambio asomaban nuevo. poetas ya preparados en un ambiente doblemente revolucionario. IIasta algw10. de lo. viejo poeta de
'' Revi ta ).foderna '' ;;e rendían a la metam(lrfo is moral para no quedar e 1·etl'asaclo.-.
El copioso bagaje lírico, enviado con tant&lt;'rneutc por Francia seguía inflnyl'ndo en e ta
transformación. Despné. de la ola cl!'l "verlainismo" y 1lel im boli:-mo a la ::\Iallar'lnÍ' ~ tra. de
. obre¡,alir C'n la (' cuelas ·urgidas de todos esos
g111pos &lt;¡UP en Pal'Í. . o:tif'nen la antorcha dC'l
Al'tt&gt;, m11•stro poeta tomaron por rutas propias
aunque pi. ando lo. talonc a lo procedimiento:-, técniros principalmente, de lo· bardos franCC':-es. Y ele e ·e mouo liemo vi. to imitacione
perf eta de la balada de Paul Fort, de lo. canto! seráficos ele Albert amain, de lo poemita.
lllÍ!stcrio o. de }Iauri •e :\faetterlinck o de lo: can1o voluptuo os de la conde a de Loaille .
Es, pne. , la inflncncia france. a la que debe

�CER\' .L 'TE,

134
seüalarse como propul ·ora &lt;le las corrientes actuale del pen. miento literari en _l'-xico. pt•rqu si bi n e· cierto c¡ur ·e lee inglés e ita~io 110.
poco e traduce de e ·os í1\io111as. En ciu_n.b1?, eu
la Améri •a del ur, lo. nn
porta 1tah:mo ·
han dejado una hon&lt;la huella. Díganlo . i no_ alguno de lo~ más reciente poema. del for11n,labl Lugoncs, qu recuerdan a Gíovanni P:'t · •o-

"º·

lí ha. ta en ci 1·ta. ideas.
Ya que se babla d Lugom•s, r. preci~o scüalar , 1ue cu lo,; poeta. ' kl último barco'' la in-

flu&lt;&gt;ncia lugoniana e. &lt;l ci in1 .
• o me atrevo a creer, como afinnan al1?u11os
crítico , qne el magno autor ele ··Lo,; cn•pfo,culo del jardín'· haya :--ido ó\o un contünrador
&lt;le Julio Ilcrr ra fü•i: -ig, excepcional li1·11foro
uruguayo, muy poco ouocit1o en )[•xico.
El hecho Yidente e:-- que la jun!nttul cont mporáuea u&lt;' nue~tro pai.- Yicne tle la mano tlc
Luaone., por lo menos en sn vrimera producción. Tarnbi'n la tlistiugi.w cierto tinte roí. tico
y pant1•í ta, a la Y z que al'l'ancn tic la I ctura
de determinado poeta' eur peo· ,¡ue m:\s a&lt;lelante s ñalaté.

***
Sentado lo anterior, com •nzaré pot· cla ificar
eu grupo- a }o¡; poeta. nueYos.

CERVANTES

0-nipo ele tm11:iciú11:
Emiriue Fernánclez Ledesma.
Roilrigo ,amio.
Ramón Lúpez Velarde.
G,.11po qur. llll , rífic-o l/amú d1 :. Rl'l·i.-frt rl,•

U, pi¡jln. : "
Xavier , 01·ornlo.
Jo:--é D. Fría .
:\figucl Othón Robledo.

Grupo d, poetas jót•CJIC ·:
'B'l'ancisco Uonzálc•z Guencro.
Gn•gorio Liípez y Fuente .
Roilrigo Torres !Iernám1ez.
Orupo dr p()cla.- 11dofe.·cc11tc.
}Iartín 06mcz Palacio.
José Antonio Inñoz.
~Iignel D. )Iartínez Rendón.
Gilberto Ruvalcaha.
Llamo al primer ¡trupo '' de tran -icit,n, •· porr¡ne tle. pur &lt;le la g n raci6n po~e\'ior a la di.
'' Rrvista ~foclerna ·' fue aquél una c:prcie de
pntnte t' phihrnl qne enlazó la tcndenc·ia rc11ovadoras de ambas líricas. Quicn&lt;&gt;S forman e ·e
grupo ele t1 an. ición, en efecto. tienen la relati,·a xereni.dad de .-11. ant,·c•.,-ore. inmediato y
pal'f icipan de lo radicalismos &lt;lr . u predN'&lt;.':ore..
Dr ·táca.
en primer término Hamó11 Lríper. Vrlardr, curo lihro prístino · · f1a

�137
n::i:v .\N'l'ES

130
sangre devota," fue toda una re,·Plación.
Ya antes, José Juau Tablada l1abíalo pre. entado &lt;le de el pórtico marmóreo ue uuo
de sus artículos de '' El Mundo ; '' pero apenas
si uno· cuanto intelectuales pararon miente.
en el poeta, que llrgaba de la provincia con un
título de abogado en la cartera y un tomo de
ver:,;os bajo el brazo.
abiuo es qur los 11oeta romántico , bajo el
ala de sn hipcre tesia. remontában~e a las regione. de lo invero:&lt;ímil. Pre:taban a todo gala.
etérea , y cuando clt'sremlínn a la baja tierra.
cegados aím por sn. contemplaciones exceh,as,
veían la. cosas tri viales de &lt;':-te planeta a t ravés del prisma de ]a fantasía. Pt•ro llrgó el momento en qne esa r:rnela pasó de moda. La mpalagosa miel que había vr1ü11o ele los panulr.
{1ticos de C'lrnteanbri1rnd. Lama di ne. • In1;set :,
Ilugo, fne rechazada como un brebaje insípi,lo.
La pálidas vírgeuei'I de O iáu fundieron sns
cuerpo,., de niebla en la bruma clel olvido, y las
princesas moruna ele ZorriUa . e desvanecieron
eu la . ombra con la angélica. visiones de Gusta Yo Adolfo Bécqner.
Entonce ·e ia istió a la orgía ue la mrtáfora, a la borrachera lll'l tropo. a la rmbriagucz
del precio i mo. Don Lui lle Góngora . onri6
sin eluda de dl• el Olim¡)o, y Churriguera ha
de haher ·d. to revrnl&lt;•cer sus lauro-: al ('oufrm-

piar, reproducido en la literntura, su intrincado
procedimiento arq1útectónico. En e!'\e clcliüo ele
iuno\'acione'-, surgieron, sin embargo voce pnra~ y a t·monip as y los ·iglo, escucharon pa ·mados rl acento tle ruiseííor de Y er1aine la
ci'u1tiga qu&lt;'j1unbro a de Roclembach.
'
Rn América, muerto· C'a,:al, il,·a .v Gutiérrez Xájcra, tañían la zampoña Rnbén Darío.
cl magno; Lngon . Leopoldo Díaz, ~en·o, YaJrnc:ia, etc. Ellos recogieron la buena co ·echa
~- -npi&lt;'ron de la poe:ía simplicista, llr la po sín st•ncilla que huy&lt;' del vocablo tot·(•i&lt;lo y enruentra l'll la ,liafanidatl de la exprrsiiín su l'l1-•
canto má~ hrllo y timbre más glorioso.
Porqm•. tit&gt;rtamente, a la bnracanmla racha
rl•,·olndo1rnria sucedió la l)onanza. Roilcmbach
r11cont1·ó t•n los burgos flamencos la &lt;lelicio,:a
poesía ohjl'1.iva y subjetiva a la par, y Francii:;
.fam&lt;' · entl'etejió pn u corona la '' floretti"
tlPl s1•rúfieo hermano de A. L. Luego. lo-: rorta
modernos 11,, Espafia ~iguieron e tas lm&lt;'lla. lurnínens. y Díez auedo y, . obr todo, Anclré·~
Gonzálcz Blanco, trovaron con tema:- de provincia. Realizaban idéntica labor a la de "AzoTín" &lt;'Il sn pro a enjnta y variada.
Ilr allí. a mi modo de ver, los anteee lentes
de Lóp 'Z Yelanlc. En su libro "La sangre dcyota ,. encerró la Yisión de sn tierra natal, P.n
po1•1iu1 · olil'1lte -para no lrn&lt;•e1· r11wdar mal a

�13\1

13
la vieja cxpre ión -a tomillo y a roincro . .'ns
YCl':'-0. '' A la gracia primitiva ele la allleanas ''
q ne principian: "Ya o d&lt;' devoción, ~reas !1i,:tlo. a ... , '' destilan el zumo de la Yllle 11lll1t;:tS. , 011 linfa roqueña qne hace fouamb1ilerítts
"º umbl'ácnlo" 1le Yiol •ta!ó, : clav llina:-. ~- lnc-go, utr guija de rosir\ r, va arrastrantlo · · •adávc-res de rosa.· ' ha ta moril', glugntl'an1lo en
1a raigambre
una ceiha. pen. ativa.
.
. ·¡u(J'uno omo él para trazar bocetos de la Ylda del '·Interior· · 1\c la RepúlJli.ca. . ·, (lie ·0-

a

1110

él pai·a ck •rihir
... Las noch •s profana-:
de nove11ario ( orque ·ta.
difusa , y cohete-,;
yÍ\•ido., y tertulia:
le lo. virjos, y e- ·tranos
de :-rñoritas :obre
la regada banc¡nrta).

'\ocl1es &lt;tl1 hemo. Yivi1lo todo. Ulillcllo:- r¡n1·
nacimo en 1n ho~c¡nc•&lt;1ai1 \lt&gt; la erranin o 1' 11 1 1
poblach1111 melancólico, adonrle no llc~a aún el
forrocanil a intcrrnm pir "rl himno 1k los ho~c¡ues."
• ll pc,e. ía &lt;' • de nifü1;; 1lo1icntcs c1e o,iazo:- i\e
antílopr y jazmines en la noche de los calH•llo:;
t1e calleja que SE' rrtnercen como si nfrieran.
al amparo d la. tapias cargadas de em·e1lu&lt;le-

ras; &lt;lC' Yoces de e:quila. y &lt;le janliue. t'Jl ,¡u,
a los . on : de la banda m1micipal, la. st•ñorita'-1 r pa. a u &lt;'1 rosario fasti&lt;lio. o de la: hol'a, .
Ahoc ta, ya. lo dijC', y en ello radica uno ,fo su.
aciC'rtos. porque la poe ía moderna no an ta d
la prolijillacl, y en ello una ,·ez má. ,·a th·l hrazo lle ~u hennaua la pintura. Una imprE'. i{m el,
lo salienh•, lmos nanto. toque vigoro. o. y re-~ladore , r 1 1 ctor llenar» In-- laguna· e pir1t nal s con . u propia ilusifÍn y . 11 interpr taCÍ!Íll propia &lt;1el pai. oj y de la vida.
P ro ¡ay! q11e t·. e López Yelarde lt' qn
hablo, e rtá a punto de naufragar en un ponto
de adulaeionc perniciosa . En do· año 1¡no
han 1ran!-scurrido desde la pnhliC'ación de . u
primer libro, la metamorfo--i,: ha r1' ultatlo tremenda. Del poeta de '•La ai10'J'I' 1l1wota · · al 1lr
".~ª doncella verd · '-la más n•ciente protlucc1on tk López Vclanle que conoxco-m tlia nna
cl_istancia sensible. El cantor 1le 1a , ida proYinernna ,¡u&lt;' en n libro de introducción e. hozó
cierta tendencia al "versolibrii mo, ,. mostranc1o tl~coro a, rebeldía. hacia lo. cánonc.
tableciclo.- &lt;'ll mat ria. pro ó&lt;lica , xt1·a,·iado ahol'a por el cndcro de la extravagan •ía. acopla
wr. o ~, má. Yerso., atropellando 1lclihcradamente 1 ritmo, ej entando malabarú mo · mui:;icales ingrato al oído, ,;utilizando la m táfora
l1ru ta convertirla. en ne-bulo. a, perdirndosr rn la

�CERVANTES

1.U

oscuridad de figura incomprensibles a fuerza
de quintaesenciada ..
La "última manera' de López Velarde está
echando por tierra el edificio de belleza y sentimiento que fabricaran las manos '' oliente a
salud y carne jo.-en '' de su ro.usa lugareña.

ai,1)ccto ele renovación. Va a la ,,aga de López
Velarde ( el ele la primera época), sólo que en
él la nota sentimental se agudiza. Lo que en
aquél es un boceto, en éste es un boceto con mer1ia tintas romántica'. Su poesía "Mis ojos van
a ti ... , " lo prueba plenamente. Es el nuevo
poeta ele la provincia. Ved si no :

140

Rodrigo Gamio está representado en la m1rgeneración por sns lindo sonetos, publicados
coni-tantemente en Revistas y periódicos. Miembro de honorabilísima familia de e~ta capital,
ha despreciado, sin ombargo, lo muelle del hogar e-impertérrito bohemio-dedicóse de. de
muy joven a laborar en periódicos de provincia. Esta labor agitada, este ,aivén de la Ceca
a la Meca, ha originado que sn obra se re ..ienta de inconsistencia. El numen de Gamio, no
ob tante, es magnífico. 1\Iancja el vocablo con
la destreza qne un caballero florentino el estoque; J ero como entre un edítorial y un reportazgo lleva a cabo sus trabajos poéticos, é to~
revelan esa fatiga de la que surgen, "rnalgré
tont," !-ns hermosas iclcas como los luceros del seno cn~angrcntado de la tarde.
En cuanto a Enrique Fernández LNlesma, que
reside en Aguascalientes, pero que ha colaborado mucho y igne colaborando en los periódico:
ele esta capital. prC'scnta en la actualidad nn

"ª

"Por la calle ilustre
de la ciudad .....
..... pasan las señoritas
del pueblo : ojo de paz, rostros simpáticos,
siluetas lugareñas
sabida de memoria; anhelos cándidos
de exhibición. , .. ''
Publicará en breve un libro con el título de
'' En el remanso de mi vida.''

Y ahora llego a la parte más difícil de este
viaje lírico. Los manes de Palas séanme propicios.
El segundo grupo, compuesto por Xavier Sol'Outlo, .José D. Fría, y l\figuel Othón R-0bledo
fne por uú crítico llamado 11 de '' Revista de'
Revistas,'' pon1ue e te semanario los acogió con
todo entu. iasmo, divulgando su nombre mereci(lamente por todos los ámbitos del país y de las
Amfricas meridionales. PropiamentP, ellos ~- los

�CERV.',NTES

poeta ::lluñoz, Gúmez Palacio y Ru,alcaba forman el grupo que ha en ·ontrndo en '· Revi tn
dl' RPvistas ·' la más franca acogitla.
En 1:,;ta estupemla floración poi&gt;tica la taren
dt' puntualizar tendencias, eüalar e ·cuela y
dclermina1· orientaciones, in\'olucra la nrce.'idad d1• e tudio e.·pecialista . 'ada uno de lo
poeta, de la nueva g neración está en vía. d
formar. e, y su pc-rsonaliclad apena moldéase.
Por ej •mplo, XaYic.'r orondo. En efocto, , orondo e. capa al ojo crítico má . agaz para n
cla. ificación. borda toclo lo. género:-, reproduce las tt&gt;nclencia oc to,lru la e cnrlas. sin
caer. naturalmt·nte. en un clesPnfrenado romanticismo ui en un clasi&lt;•ismo '' demod&lt;&gt;. '' •rengo para mí 11ue , 'orondo lleva como mira la perfrccióu de la forma ha ta la impecabilidad extc-1•ior . .'n ideal ratlica en el pulim nto del ,·erso. Lo filiaría sin titub o. entn• lo. parna ianos
y podría aplicár. le c-1 mi. mo wrso c¡u' u.-a.
con gran pericia. t·n la regla gramatical dl' crratlaciún, al de:,;cribir a un japonés fahricanfr de
taza: tle atsmna: "lim pin. esmalta. incru. ta
y hrniíe." Lo ·e1l11c•p la pompa vel'hal: ·on crrato.- a . u oído los rni&lt;los ,h• la :-:"1la qne corusra, Pl "fr n-frou .. dr fa:-: ala~ &lt;le la.- á,,uila.- en
pll'HO vu lo. el .-01rnr f{&gt;rreo de• las r'&gt;¡melas que
arra tl'an los C'ahal!Pro:-: por ln. viejas . ala. oe
los castillo. medioevalc:. , 'n mu. a e &lt;'nc¡mta

C'El{\' \).; l'ES

1rn

arte de la cet rcría que él mismo ha tronirlo l'II nna erie tic rotundo .-onetos en que
deseribt&gt; una caza antigua con halcoue .
Pn·o también la modernidad le ha dado ·u
, isi,,11 , le las cosa munuana. , ~- dt• ese motlo
lo hPmos oíclo pulsar el arJla er,itiC'a o apri ·iouar, en la. malla· el .•u. sonetos, el 1emblor 111mÍllt'O dt• los foco. en el a falto del "houlrvarcl, ..
c-l 1·wlia11t&lt;' vértigo de los antos por el ho.- 1ue
long"'"º· el cuadro parisien." de lo· · · rcsrnuranb .. de moda en la hora pee-amino ·i de la
mcclia noche.
Porqm• har que advertir que orondo e un
c•uamoratlo del soneto: mientra. su. compañerog
1-&gt;e dNliean a prohar fortuna t&gt;n 1o&lt;lo g-Í'uN·o de
poe"ía, fl continúa impcrt '•nito fiel II la forma
qu,· ,liPra rrnombrl' a IIeredia. Y a propó. ito.
i LJo podría ,lt•cii·se r¡nc el altí-imo au1or de --Los
trofros · · l'-' quirn máJ dil'ectamente ha inflnhlo
1•n la hthor de !-\orondo! ,.'u libro en p1·c11sa,
· · Gohrlino.s. · · nos lo rlirá pronto.
, orondo, atl1•más. ha abordado tema · naeionale. l.'011 ft•liz (&gt;xito, r .-11 :oneto intit11lndo · J;l
charro·· p..: uua bu('na prueba d ello, como
a,111PI otro llm11ado •· A l\léxico.'' clP tinte rh•µ-íaco. ,,11 rl cual hay una tr •menda Jm•ilicci,ín
¡inra lu Rr¡níblica. qne ninguno qui ;i,,ra ver
rc-;1lizatla.
rno de :-u. último. 01it&gt;to . "Tarde religioC'Oll ¡,}

1

�.
CERVANTES

CERVANTES

sa," de arte menor, revela sus últimas ten&lt;l.encias y es una nota pictórica muy delicada. Dice
así:
"En la quietud de la granja
hay un silencio cautivo;
el sendero furtivo
es una olvidada franja;
y por la sedienta zanja,

un pino contemplativo
pone un signo admirativo
sobre del cielo naranja.
La tarde es como una monja
que enrojece a la lisonja
de una caricia del Sol.
Y en la urdimbre de urn1 mata
enreda un hilo de plata
la baba de un caTacol.

A la zaga de Sorondo preséntase José Dolores Frías, corno un caso de rápida evolución lide nimia atención. No le llamat eraria ' dio-no
o.
ría precocidad, po_rque este término ha sido manido por todos los padres de familia que tienen
hijos prodigios. Hace cinco años, José D. Frí~s,
recluído en el seminario de Querétaro, su cm-

•

datl natal, apenas balbucía sus primeros plañidos rimados. En la actualidad codéase con los
poeta'$ jóvenes de mayor renombre y está destinado a ocupar uno de los primeros lug,ares
de nue.stra lírica.
Me congratulo, como director del periódico
que supo acogerlo y alentarlo, en vaticinarle un
porvenir tan lisonjero.
t, Puede Frías ser estudiado en su actual modalidad con un criterio suficientemente preparado para fijar sus tendencias? l\'Ie temo que
no. Frías es una personalidad en gestación.
Figúrase!Ule un joven arbusto al que los vientos inclinan a su guisa. Aún no define un estilo, pero todo cuanto produce vibra con los nueYOS estremecimientos del alma de la lírica contem!poránea.
Como todos aquellos que principian, ha caminado por cuantas sendas se abrían a su juvenil
fogosidad, sin preguntar adónde llevaban.
Suel~a la rienda al bridón de su pensamiento
Y deJa que galope a campo traviesa, tal vez porc1ue sabe que todos los caminos c.onducen a la
gloria.
Eu algunos versos muéstrase místico, revelando
la~ influencias claustrales del seminario, aquellas
nusmas que arrojaron el claro ele luna de la melancolía en el huerto sellado de Amado Neno.
Véanse sus poesías tituladas "'Los instantes meCervantes.-10

�CElWA.NTES

1-17

CERVANTES

146

, t ima.
·
den silencio de vida· m
Brota

jo res ' ' y '' Hora que nos cautiva,'' así como sn
u Largo malincónico" de la "Sonata" dedica·
da a Villaespesa, que reza de esta manera :

e la fuente un rumor como de d
En las call ~ .
se a.
d "'
es etesiertas adivino
ialo_gos que la noche no delata
Y m1 alma es e?mo un parque puebler·
·
en el c1ue termmo' la serenata.
mo

Sin vanidad he dicho misereres y salve:-,
en cuyas resonancias yo solo es mi clamor :
· como en el claro escudo de aqt&lt;el conde de Gálvez
que demora en mi vida su desdeñoso ardor."
'1

Otras ocasiones canta a la provincia, siguiendo la moda introducida tan gentilmente po1·
López Velaw1e ; pero que, como toc1as las modas,
principia por nsarse en la aristoeracia, y degenera, al fin, hasta las gaJas de la gentualla.
He aquí, en este género, unos fragmentos de
su poema '' Parque pueblerino,'' cuyos dos últimos versos son definitivos:
Lentos domingos de provincia, inválidos
gozos que sin mudanza se repiten ;
días de fiesta dé colores pálidos
c¡ue ninguna tristeza . manuilliten.
La música roe infunde su fatiga
en este viejo parque, que aletarga
con .su as-pecto de selva que mendiga
agua para su sed intensa y larga ...
...

. .

. . . . . . . . .

.

. . .

4

. . . . . .

.

.

.

...

Ha muerto en el jardín la última nota;
se desbanda la turba. 'foc1o crneda

.

Otras
· ocas·
' iones demuestra
,
. .
a la influencia de 1
.·
cuan sens1ble es
.
o pumero que l
A ,
.
líltimos versos
b . .
, ee. s1 sus
.
· ' que, pu hcados
. ,
apareeieron 1mos de L
.
ª. 1¡¡.1z de quesismo i , clesd 1
.. . ugoncs, respiran '' lugoneaqní por CiJu: :vpp1.unebra a la última lefra. He
., 1esa a vo ant
f aetible juzgar a Frías d .
es que no era
Prepara nn libro : "{a una m~~era ca~al.
Esperemos pues 1 b · emocwn cautiva.' '
'
' ª 0 ra auirur l d
ta, que en vano busca '' alO'ú e ~ ~ este poeofrecer a la vid ''
º u afa~ mtacto qne
a V CUYO' C
d
do ya familiares al a;ibi ;:; 1ueve os van sienmetropolitauos.
ente de todos los "bars,.

***
y ahora me encuentro f t
podría haber sido b t· ren e a un poeta que
N
au izado en I
.
.egra por Bauclel . .
. . a guna M'lsa
Othón Robledo. an e o por Rollinat : Miguel
Él mü,mo titúlase ',
1 _poeta de exte1·minio y de
~
que uzo a nn im
· b,ecil mostrar

espanto.'' eo&gt;:a

�1

t

CERV A.l.~TES

148

los dientes de sn estulticia; pero Robledo se llama a sí mismo de esa manera, no porque aliente
en sus poesías un afán destructor, ni porque se
presenten ellas vestidas de luto, como los du~n&lt;les de los cuentos pavorosos de Hoffmann, smo
-por ironía, pues es un espíritu tan desencan~
-tado, tan dolido, tan solitario, que se burla hasta de su p{opio dolor, como el histrión de la
divina fábula.
Y como el dolor, al igual del fuego, purifica
todo aquello que envuelve, el numen de Robledo vuélvese puro en la más lírica aeepci6n del vocablo, según lo demuesh·a su poesía '' La antigua plegaria:
Haz
de que
de que
ele que

el prodigio, Virgen María,
me 1nire11 sus ojos claros,
me amparen sus rubias t;renzas,
me nombren sus rojos labios.

Tú, que vigilas cuando ella due1·me;
entra en silll sueños más enc.antaclos
para dec.irla que soy el héroe
del cuento rosa con que ha soiiado.
Haz que se ti.ña c.on los rn bores
por mí, su frente colllo los 11art10s
y que leyendo los pobres versos,
tiemblen los lirios que son sus manos.
Ya que me cabe la insigne gracia
de ser poeta, seré tu ba1·do

CERVANTES

149

pam inclinarme sobre las aras
cuando me nombren sus rojos laoios,
cuando me amparen us rubias trenzas,
cuando me miren sus ojos claros.
Mas cúmo el tiempo pasa y destroza •

todo el mfraje que urde el encanto,
pasó el poema como la nube
y el prisma roto mostró el engaño.
Y hoy, Virgen Santa, si lo pudiera
te pediría con fe de antaño
que destenarns ele mi recuerdo
los TOjos labios que me nombraron,
las rubias trenzas que me perdieron,
lo ojos claros que me engañaron.

Espíritu rebelde por naturaleza, no se inclina ante ninguna influencia literaria, y su ius·
piración no tiene derrotero fijo, sino que canta
las cosas más diversas, siempre encerrado en
su tone de extrañas emociones. En sus últimos
versos se nota un marcado tinte de modernidad
:r de originalidad. Tiene bellísimas poesí~s en
que lo espiritual del fondo rivaliza con la o-alanura de la forma; así, las tituladas "Ya ºno
sabré decirte ... " y esa otra "Esta sonoTa
vía ... , '' que eierra todas sus estrofas con este
verso doloroso :
" Y o voy e.omo fantasma detrás de tu cortejo. "

La poesía de Robledo puede simbolizarse por
un cráneo incrustado de maravillosas gema,i.

�150

CERV.\l,'ITBS

como aquel coronado de rubíes y esmeraldas que

scrYÍa para sus libaciones al satánico cantor de
"Don Juan." Ahora anda Robledo deshojando la flor de su juventud en el corazón de los
barrios de esta babilónica urbe, sin preocuparse
del azoramiento que sus disipaciones in.sólitas
producen en los espíritus mojigatos, pues nunca ha gilStado de miiformar su manera de ser
con el sentir de ''los feligreses de la parroquia
de Sancho," para usar de una de sus frases.
Y en e. ·a su vida tra;,;humante y azarosa lo acompañaban las smnbras dolientes de Edgar Poe y
Panl Verlaine, esos dos grandes poetas atorn,entados, por los q11e él siente filial Yeueración.
.De sns andanza bohemias, logra Eobledo sacar
ile o su tesoro de belleza interior para vaciarlo de pués en los moldes miríficos de su inspiración. De Jiaber sil1o este 11oeta un '' rico home,''
habría levantado el rastrillo .de su marn:dón señorial y encerrádose· a vivir con sus libros amados, en comunión sólo con su espíritu. Tiene Robledo, como también Sorondo, 1U1 defecto, que
paTa un crítico '' valbuenesco '' ;..;ería gravísimo:
el de usar con exceso, con prolijidad injustificada, de ·los adjetivos, sólo que a él no le importan las críticas, pues su bandera está acostumbrada a .flamear en su torre acariciada por
los embates de todos los vientos. Prepara para

.CERVAN'l'ES

151

muy pronto su libro "La locura de la esfinge"
Y por el título mi&amp;mo podrá tenerse iclca ele lo
que contiene en sus páginas

El grupo que ahora me ocupa, que es el denominado de "poetas jóvenes," se distingue poi·
la homogeneidad de quienes lo integran. Los
tres abrevaron en la misma linfa e idéntico
maestro les enseñó la buena nueva.
Francisco González Guerrero es el de más
vigoro-s a personalidad y el de mayor cultura,
que acrecienta cada día gracias a su loable perseverancia y a su hurañía. Ha aprendido a estar solo, y esta gran cualidad lo coloca en el
primer sitio entre sus compañeros de grupo.
Su poesía es serena, de un subjetivismo que
viene de los poetas franceses contemporáneos.
Le son familiares Charles Guerin, Albert Samain, Lucie de la Rue Mardrus, Ernest Lajeuneusse, etc. Tanto, que algunas veces ba traducido composiciones de varios ele ellos. Es posible augurar a González Glrnrrero 1111 sitio preeminente en la nueva lírica; pero taJubién se
puede predecir que sus versos nunca llegarán
a la multitud. Serán arqnillas preciosas para
guardadas solamente por manos selectas.
González GneITero produce poco. ¿ Por negli-

�15:?

CERV_\X'l'ES

gencia o por preciosismo? Por ambas cosas a
la par. Entregado a provechosa lectura, cuídase
más de acopiar conocimientos que de dar a la
musa un momento de palique. Ello, naturalmente, redundará en provecho del mismo y de
su producción ulterior. He aquí una muestra de
su manera característica de expresar la belleza,
que aunque tiene cierta reminiscencia de un soneto de Urbiua, posee en los dos tercetos nota!'pcrsona!es notables:
Porque a la senda oscura trnjiste una encendida
lámpara de ilusión; porque ciñes tu frente
con el gajo apolíneo; porque besas la herida
del rosal a la Yera de la ruta inclemente;
porque en tu alma preclara da su luz el oriente
de una perla-ya toda po1· el rocío ungiday porque siembras la misteriosa simiente
de amor, en los arcanos abrojos de la . vida ....
Tendrás la flor de paz cabe la flor estrenua
de inquietud, y una noche misticamente ingenua
darán su miel los lirios de tus propios cercados.
Y alegre irás al templo de la Sonibra, a la fuerte
soledad de un Dios mismo-la Mujer o la Muertemientras pasa el Silencio con los labios cerrarlos.

En cuanto a Gregorio López y Fuentes y Rodrigo Torres Hernández, diré que están tan íntimamente ligados en su modo de escribir, corno
dos rosas de un mismo ramo. Juntos estudiaron
y juntos publicaron, respectivamente, sus libros
'' La siringa de cristal'' y '' Por la senda sono-

CERVANTES

153

ra. '' ¡, Quién es más poeta de los dos ? Difícil
será contestar, pues si bien a últimas fechas
López y Fuentes ha hecho sonetos de gran ±í1erza descriptiva, pero que recuerdan la influencia de Luis C. López, como se verá más adelante, Torres Hernández, ya desligado de las primeras extravagancias, produjo sentidísimos
poemas, según lo testifican los llamados "Sigue
siendo sonrisa .... '' De su primer libro expresaba yo lo siguiente, que me parece resume mejor que nada mi juicio sobre uno y otro poeta:
"Los brotes e,;tán en la inminencia de la plena floración, vaticinando una gaya aparición ele
rosas vernáculas. Torres pugna en sus versos por
sacudirse la oropelesca vestimenta de la fraseología sonora y hueca, salpicada de abalorios
"ponr épater les bourgeois." No obstante, trastabillea entre las marañas de la mala retórica
y de sugestiones nocivas. Aparece, como López,
inarmónico. Su poesía se t1esintcgra y no tiene
unidad. Y este desaliño proviene (lo sé por
propia experiencia) del desenfado mozo, de la
íntima convicción de que, hay que enfrentarse
a todo lo que revele presión espiritual y se delínee como ergástula del pensamiento. Así solamente se explican estos desoladores descuidos,
que afean donosas '' trouvailles, '' o a no ser que,
cual dice un crítico: '' nuestros poetas jóvenes
diríanse enfermos o de de,;aliento, o de desorien-

�CERV.\~TES
lj,l

tación o ele incapacidad." Estimo que la· dolencia predominante es la seg1.mda, y que ~ ella
se necesita agregar la manía, la tendenc1~, la
morbosa obsesión ele ensayar las r~novac1~n~s
más estupendas, "de intento," a sabiendas, umcamente para demostrar que se peca a plena
conciencia, no porque se ignore que de tal modo
se trasgreden las universales leyes ele la armonía.
Una comprobación de mi aserto, se encuentra
en estos _yersos :
'' Amo la Vi&lt;la, nnlosa, rozagante y en flor,
vorque la Yida ~ una primavera u.e amor.''

De esa manera exulta Torres la hermosura
interior y exterior de la Naturaleza.
Su grito es el de una espíritu equilibrado, capaz de nmrder la carne de todas las manzanas
del bien y del mal. Y este mismo fuerte cantor
gusta de llegar a puerilidades como las . que
copio:
'' C'I.Umdo rizan gozo risas de campana.''

CERVANTES

155

tinúa cortando en su huerto lírico los lirios del
ensueño, aprisionando el alma nemorosa del
paisaje tropical, o rememorando las horas en
que la vida lo encadenó a una oficina pública.
Ved este sonE1to, en que describe el ambiente
monótono de un "despacho : "
Mañana de oficina, una tTiste mañana
de fasticlio encantado, ele inacción y rutina:
una metamorfosis voy sintiendo en la espina
vertebral, y medito que alguna caravana
me va a lle,ar de viaje a una patria lejana;
me siento drornetlario; y gozo una canina
gana de morder algo, entrar a una cocina
ubérrima de guisos a la veracruzana.
Después, resueltamente m_i actividad se agita;
me pongo de igual morlo que un maestro de escuela
a trabajar; las manos entre las bolsas ele la
chaqueta; y al fin, rny hacia mi ,ecinita,
la ele ingenuas sonrisas, la de las manos tersas,
y que ti.ene en el seno dos alondras perversas.

Ahora exprimid el almíbar de este manojo de
dolientes flores de crepúsculo, que se llama
''Vuelo de garzas:''

("Zagala.")
' 'Su cuerpo cim bratlor turbó la hoTa
que se agitó coa vibl'ación de eles. 1 '

En la actualidad, Lópe-z y Fuente , perdido
en el corazón de las montañas veracruzanas
ejerciendo la noble carrera del magisterio, con-

Se t1esangrn la tarde en ópalos. Es 1a hora
de las ensoñaciones lilas. Del hojita]
llega un eco armonioso, corno si en la sonora
selva preludiara una sii-inga de cristal.
Ya ocaso en su deliquio tiene aspecto de aurora,
ya rngre$a el labriego al humilde jacal;

�CERVANTF.S

solamente el picacho 1nás grande se enflora

y el bosela,je asordina su enramada orquestal.
En el árbol más alto de las hondas barrancas
la JJaloma torcaz busca nido medrosa .... ;
el cocuyo prepara sus linternas; y una

camándula de garzas, cansadas de ser blancas,
pasan rumbo a la noche, flotando perezosamente, llenas de tisis y empapadas de luna.

¿ No notáis en estos desvanecimientos lunares la sombra del autor de "Lünario sentimental " y no habéis percibido en los otros catorce versos el acre olor, el truculento olor,
para usar de uno de sus atljetivos, de los sabrosos versos del crea.dor ele "Posturas difi•Ciles? '' Tengo para mí que dentro de poco
tiempo este trío de poetas (si es que no ha
muerto Torres Hernández, como se dice), presentará.se a la liza con .flamantes volúmenes en
q11e el público irá de sorpresa en sorpresa.

***
Pláceme a mí, oscuro trovador de cines y
barriadas, tenclerle la sal y ofrendarle el pan
de los antiguos ritos, a este grupo de adolescentes liróforos. Sus gorjas de alondras mañaneras son gra,tas a mi corazón, porque con
una frecuencia gentil vienen a ,cantar a mi

CERV.I.NTES

157

alero. Y o les agradezco, desde las sombras de
mi retiro, esta asiduidad, y por ello, al darles
el espaldarazo de ritual, hay en mi mano un
temblor paternal.
José Antonio Muñoz es, de. estos poetas adolescentes, el que cristaliza con una destreza casi varonil, en el sentido de la metáfora poética,
el pensamiento moderno. Nacido en el Estado d e Veracruz, pudo, desde niño, recoger rn
su espíritu, como los vientos en los caracoles
de sus playas nativas, la belleza que lo rodeaba. Trasplantado a la metrópoli, afinó su sentilniento1 y en contacto directo con los próce1·es de la lira, comenzó a producir cosas inuy
dignas de atención.
Muñoz es esencialmente melancólico, elegíaco; poeta de tonalidades devaídas. Sus versos,
como los de Nervo, deben decirse en voz baja,
al oído, con un ligero temblor en las palabras.
Cuidadoso de la frase, huye clel vocablo supe1·fluo, del ripio disonante, por más que. a
instantes su afán de quintaesenciar las imágenes produzca oscuridad en la expresión. A
sus años tiene poesías merecedoras de figurar
en un florilegio. Lo anima un panteísmo fervoroso a lo González Martínez, cuyas huellas
sigue de cerca, quizá porque también ha sentido la in.fluencia de los modernos poetas fraricese~.

�CERVANTES

15

Apenas comienza a perfilarse su personalidad, como la de sus compañeros, y por ello
no sería posible definirlo con justeza; pero
por lo que ya deja ver, puede manifestarse
que proseguirá por su ruta de melancolía . Y
de paz interior.
Mnñoz y sus coetáneos son poetas crepusculares, pero no enfermizos como podría desprenderse de esta acepción. Hablan en ''tono
menor/' pintan oon medias tintas, por más
que no les falten alientos juveniles para los
grandes arrebatos de la oda y de la epopeya.
Para juzgar mejor de este adolescente, léase él siguiente soneto suyo :

Tu carácter es dócil
Tu caráeter es dócil como el raRo
hmar: eon beatífira inocencia
cm 1ni semlero pone su obediencia
para alfombrar de snaviclai\_ mi paso.
Eres toda benéfica: en el vaso
,le tu voz de inviolada transparcncúa,
bebo del agua corr1ial ele tu clemencia
para calmar la pena en que me abraso.
Como eu su fiel borclón 4:1 peregl'ino,
hoy me apoyó en tu clara compañia;
por eso es que. os más fácil mí r,amino,
desde aquel nunca inolvidable &lt;lía
que la cinta de sec1a lle! destino
ató la ,ida tuya con la núa.

159

CERVANTES

Muñoz tiene terminados dos libros que publicará en breve : '' Bajo el rosal del ensueño'' Y
' La música interior."

* **
Martín Gómez Palacio es, en este grupo de
poetas primaverales, el de más delicado espíritu, el qn.e más hondo siente su poesía y pinta con más exquisitos matices. El escritor que
¡:¡.1 estudiario le atribuía, como principal influencia, la del poeta de '' Visiones lejana. , '' se
ec1uivocó Lle medio a medio. A Gó:mez Palacio
le cautivó el estilo de la poesía titulada '' Cinematógrafos de barrio," y por ese sendero
ha enderezado sus pasos, con bastante fortuna
por cierto. Y esta conJ'esióu de mi parte no
entraña vanidad ele ninguna especie ; sé estar en
mi roca y estas leve¡, auras halagüeñas ni siquiera agitan los rosales ele mi jardín. Señalo
el hecho por creer que es exacto y sintomático .
Martín Gómez Palacio vacila todavía grandemente, no por carencia de mlillen, r1ue sobrado lo tiene, sino porque lleYa aún en los ojos
c1 deslumbramiento de la aurora. No de otra
suerte acontecíales en los tiempos heFoicos a
los mancebos que iban a los combates en la¡::
primeras horas de la mañana, cegados por los
rayos del sol naciente que incendiaban las armaduras de los fsemidioses.

�lüü

ya neto y preciso en Gúmez Palacio es
su tendencia manifie. ta a loar las co as eucillas de la vida, esas co ·a que carceen a lo~
ojos vulgare de relieves poético , con las cuales no tropt&gt;zamo día a día ·in dirigirles una
mirada ; la cosas que, según el b llo decü· dt'l
poeta, '' no tienen bi toria como las nrnjere
honradas.' Así, lo Yemo cantar a una '' amplia y hospitalaria cru a &lt;le vecindad,' o reo-ando las flor de u liri ·mo al pa o de las
colegiala. que abandonan la aula , o rncender
la llama de su elogio al de. cribir lo jardines
citadino . • Qué lectluas han podido llevar al
querido Martín por e ta ruta , ante no trilladas por la~ cabalga.ta líricas? Evidentemente, incontrovertiblemente, las de algunos
poetas nuevo de ndamérica: el argentino Fernández Moreno en primer lugar que no ospechará ele seguro e,-ta continuación de . u
manera, y Daniel ele la Yega y también algunos españole . Influencia france-a, ninguna.
Gómez Palacio . un espontáneo , pero al
mi mo tiempo un
píritn . nmamente impresionable; refüja como un e pejo la imagen que
tiene delante, sin sentir él mi mo que hace
e:tas reproducciones.
No obstante, ¡ qué cntimiento, C(né ternma
palpita en sus versos! El lihro que prepara"La Yirla humilde"- erá uu epinicio a la
110

161

CERV.\. Tl~

f•_xiJ;tencia que ¡,asa Jp prisa, si11 t n1scendentah ·mo:,, si11 grandes conmo&lt;'io nes espirituales.
L!f'no de una bondad ingr11it11, la fuente ele . u
JHL"&lt;lad &lt;' d,•rramará por cs,as páginas oomo
un perfume de lirio en un altar.
' ·
. Pn
, def eet o gransnno,
111w . in ilnrla corre:1 1·11 el po~ta, C&lt;; ,;n poco afán por de entramu· l?s. urniterio de la lengua castellana. El
Nll10cmue11to p1·ofun&lt;lo lle ésta, quitará a su
ol,r~ los hmat·es de léxico dl' que adolece.
. \ ean lo. lectore e tos h'es onetos &lt;1ue confmuan. 1o que ante. expreso acerea 'J Gómez
Palae10:

La estanquillera
1-; .. Lit&gt; totla. las Cármeut&gt;s que he en&lt;.&gt;ontrado eu mi
Jn Jo• más daros ojos y más 11áli,la
tez,.
( Vl·a a
r
Q
¡ Ut' poco es lo quo tien&lt;' ,l&lt;&gt; In hPmbra &lt;rarridn
•
1111 e habla &lt;le 1·a~tañuelas y ,Je , ino jl'rt&gt;z!

'En nn estanco de " anto Domin¡ro" ani.:Ja.
&lt;. b.arlamo como anugo
·
a l guna qne otm ,·ez.
Hay en U.'! uñas t•ierta touali,la,l dolida
i111e hace que yo me incline idealm&lt;'nte a sus pie~.
Una !'Osa me llena ,le incipiente aariwfoq
:ilgo quo d11ern10 en mi l'omo sun,·c ;ene or.·:
1
rnnca me h:m &gt;&lt;onreído su&gt;&lt; enfermizos l:ibioB
con lo que so dijera una ehispa de amor;
J· ro me e cuilo yo en mil:! 11riol'ipios snbios
-" no pa~:i a mayores tan fútil ins:illor.
Ccrn1nu• -11

�CElWANTES

163

162
de la Calle blauquizea ... y su gracioso sér
se destaca en las dogas lumbreras ,lel Po11ientc
como cfü-ino pája.ro de vi.vo l'OSiele1·.
all nombre de flor•
Colonia de Guerrero. C e,
.
.
h
"talaria
casa
de vecindad
.
.Amplia y osp1
.
Esperanza recita versos de actuahdad,
·
recuerda a Cam:poamor.
y abuela, en un suspiro,
.
. de anémica color,
Una rapaza must ia,
.
.
·t d
li , que llora por la abierta m1 a .
chupa un mon
toda vaguedad,
p
fin bace su entrada, que es
.
or
.
,
. , , en l:1 necbe autenor.
un-0 que la • cornera
Ofelia en la unnla
un adorado ingrato
oonteµiplación fantast1ca de .
. tante duda . ..
deshoja la corola de una inqme
_

U

La portera regan~- . na

.y en la hora imprecisa de mi común r~ladto,
¡
·aa es una viu a
en la ambigua casona a vi .
t
de pupilas insomnes y de chal de bura o.

Pájaros vespertinos
1 ta de de ''La Correg1'd or a"
Sale, al caer ª
r '
nn fugaz arrebol
donde se está educandallo, y n la última hora,
niendo en las e es e
Ya po
.
1 a un olvido del Sol.
cuan&lt;lo tod\l e&amp; igua
, de su mirada mora,
Canta la transparencia
1
jl .o de sus choclitos de charo '
y el re eJ_
rácil de chica soñadora,
; e;u m:~~ud:t;a gnu~a, de llorón tornasol.
. peto muy yagamente,
.
so en sn nono,
Piensa aca
.
que no sabe querer.
comprende ella rmsma
.
pues .
.
la suave pendiente
Se desliza dichosa por

.Miguel :\Ia1 tínez Rell(]ón es lID poeta dolicnti\ tiueju:mbroso; trae siempre a flor de labio

frases de piedad. Lo que en Muñoz es tristeza,
en :Martínez Rendón es desencanto; pel'O un
uesencant.o lleno de conformidad, :;,in gritos de
rebeldía, franciscano. Como el autor de "FioTetti, '' bendice la zarza porque lo espina y el
guija.1·.ro porque hiere su planta..
:l\fartínez Rendón fue una verdadera revPlación; dedicado a las dulzuras de la música, taüía el violín en las reuniones bohemias sü1 c¡uc
J1adie pudiera adivinar que aquel muchacho
'tímido, que r-c acercaba al piano con la cabeza
baja, era un poeta y bueno. De pronto aparecieron sus primeros versos en los periódicos, y
con ellos quedó hecha su reputación incipicutf•.
Su :forma es armoniosa y, entre todos sns compañeros de grupo, sobresale por su facilidad en
C'l manejo del vocablo. Sus versos son límpidos
r sonoros, y a veces muéstranse impregna&lt;los
rle la melancolía de Ja raza indígena, habiendo
logrado, en este tono, hacer algunos sonetos ple110s de emotividad. El titulado "A ve-ce· he
p nsado,'' preci~a RU personalidat1 :

�HH

CERVANTE

A ,·et •s he ¡&gt;ensa,lo 1111e esta tn· l eza mía
·.
c¡ue diln)"l' ('n mis .ersos crepúsculos c11munoH;
me 'l"ienc ,le los Santos Misioneros, que un_ tl1a
fü•gnron cll' otras tierras besando lo camrnos.

lk ar¡i•, llos que 'l"erticro11 un hilo ele ~u~ ría
sobre l:J. rntlas testa &lt;le los intlios. ?l,·1nos
as~etas que ensciiaban el dulce a~·enn~nn.
y enraban bcri,las con salmos cnstaliuos.

Tal ,·oz en UDa noche, que no reenerda el ~a
'1' ·1.,.;ó
.. n1i espíritu dentro de tosca arcilla,
1
algún bn u eeuo b 1·ta me dió a proh:n u cama.

cuan do

y a tra\'é do la ,·ida que se transforma ~ brilla
clentro &lt;l e nu,• hft" irn sueño por florecer nu palma,
por besar los camino y doblar la rodilla,

º•

.

El libro qnc prepara e llamará '' Palabl'as
tlc emmeño."

*

**

1 rra este grupo Gilberto Rnvalcab~. us
·
· t u d e piritual ' c. tan llcver~os rebosan nH¡uie
"
no de un 'ubj ,tivi mo que subyuga ~a temprcl·
na musa del. Poeta · E el de la audacia: ele .lenll"Uaje .Y rluien t.&gt;nh· nuestros j óvenes. so.~tiene
º ¡ pendón que tremolai·a IIcrrera ,Re1 ·~1g _en
, s d e1 Plata · Tinguno como
los pais
. el 1rnra pind
t ar lo que en el nuevo léxico poético se h~ da ~
l'll llamar "pai;:ajes de alma." El propio drs-

vanecimiento de las tintar eon ,¡ue mancha ·us
Jieuzos senti1uentale¡;;, -:,T que pa1•pcería m1 rebu camiento en otro poeta, no r sino la expresión
viva de . u modo le ,,er y 1-1cniir \;i naturaleza.
Un críti&lt;•o radica] condcnal'Ía frn·mi.·iblcmente
la obra &lt;lr Huvah•aba a un auto tlr fe . .,e a,,omhraría d1· s11 irre,·erencia a lo:,; cánom~ e tableridos ~· de sn prurito constant, ¡,ot· lo. n olog-iRrnos herhos para nrnsi&lt;•ali7.al' el YP.r. o y 1larlc
,11'111011 ía.&lt;; i nsospt'C haclas.
Realiza su obra de e. ta n1a11r1·a. JJOl'qlle ásí
cree él q ll(' se satisface a sí mismo, siu q UP le
importr que los goz&lt;¡uc.- riel rualquieri:mo la1lre11 a la lunas. de Pn:ueño c·on '(Ue decora lo,,
parque. abandonado , de u ,i:;iún interior. Prt'pllra un libro, " Lo insomnio,. florido,,," al eunl
P"l'Írnecl'D las signfr•nt!'s eom po, ieiones:

DE '' LAS ALAMEDAS DEL SILENCIO ''
Nostalgias azules
])¡,1;JmÍ&gt;s del hot&gt;hornnsn 1·1111~an,·io ,]p la ·ie~ta
&lt;'11 l'I ,iar,lin nnli¡:n10. dPliran lo~ nrn111:1s.
l~l l·iclo ~&lt;' ,le·ora ,Jt, -izul, y la 1lort•~ta
1·ol11nrpia los i1w,111tos Sll('iio. d&lt;' Jaq ¡,a(um:i~.

P ua frauja ,le ná,·ar ut' p1•rdit1n el Pon i nt,,;
&lt;•u la ~omhm •1e 1111 ala ~e aleja la Ila.·i,,11.
:, entrr los li111oni,ros flot:i Palia,lamrnt,,
rl C&lt;'O .¡., una tri. te ~- ohidn.,1:i. caneióu.

�)ti7

CERV.'I.. TE.:

J li(j

La .Tun•ntuu que pnsa y el Recu,•nln que ngohi:i.
lo!! hronccs implorantcs y lo ruidos oxtr:ilios,
hablan a mis nostalgin&lt;1 ,lt• aquella tlul&lt;-r novia
,pie me ,lió los &lt;liecio&lt;&gt;ho perfumes d&lt;' 11:1s años.

Lh•gnn ,ie,;,le la Ause1H·ia 1it•rf111nes ,•nrrvant,·~
a volear a tus phtntas ~u cornm:opia l1lanr&lt;1;:.
¡ Cuántas irnlefinibles ,·o~as en le~ ,listantea
hierático: arrobes tl.e lru; ,lurmi!'nte.- mant•as!

Pensamientos extraños

Y mientras que la. Duda me agobia en tu desvío
y miro cómo besa tus ojos el Arcano,
el &lt;:lavifordio es lirio taciturno y ~ombrfo
que implora mis anemia!! para llorar tn mano.

Este camino pleno de fragancia.
en la puesta de sol, oye mi paso.
La sombra ,lel nogal en l:l distancia.
la.menta la perl!Za drl oraso.

Un paréntesis nácar, cual un fleeo,
signa la perspectjva. e adivina
en el tCJ"reno bifurcado, el e&lt;&gt;o
aguardentoso (le una voz ladina.
lnquioro el 110 sé qué de lo pedrusco:,;
la borrachera de ,•olor me iuvade;
impro,·isa un cilindro ... Son tan bruscos
sus pi.:-.::icC1ti.•. qur me ,lañan. i lla rle
sc&gt;guir el almn ron la mi. ma ,lnlla
,le . il'mpre, con la mi ma ineertitl.umbre ....
La ,·i!1a, como yo, se torna mu,la:
¡Ai;pirnrii tamhit111 ir a la cumbre?

Éxtasis doloroso
Llena la estnnda malra &lt;'On el romanticismo
eopiado de fa~ rima de Alfredo de Musset.
Los el-firo· on notas enfem1a.'! de añorismo.
jugando E'll lo!! jardinE'R un l{rngui,lo ntinuct.

Cuando mi vida ....
Y seguiré tus pasos cantándole a 1n vida '
lfricamentc, como cuando cantabas tú.
A flor de labios c&gt;&lt;a piedail ineonoeida
-rni&lt;'ntras oyera el canto de la irenn Azul.-

y seguiré tus pasos por el sendero donde
han penado mi~ ojos can. ,ulos de esperar ...
Y la voz inefable que a mis an~ia~ rc~ponde
iliráme el sortilegio orl eneanto lunar.
Y ya, cuanilo mi vida se rloblcgue a tn paao.
y el tedio de los años me iuocnle su horror,
imploraré a la clara puleritnu de tu brazo ...
Y como dos hermanos, iremos al acaso
est'rntando el enigma rlr otra vida mejor.

Como sr habrá visto, en lo. anteriore ver..:os
no se escuchan los tamborazo: de los consonant(':- al antiguo moclo. La orr¡ne tacinn mena a

�168

CERVANTES

CERVANTES

cosa inaudita, y los solos títulos de las poesías
bastarían para enunciar lo que el poeta va a decfr después con ·sus rimas extrañas.

*

**

En este insólito florecimiento lírico, la musa
provinciana no ha sido menos pródiga que su
compañera de la metrópoli. Si ésta
11

afeites usa )' enjoyai!a viene, ' '

la otra osténtasc con toda su hermosura lugareña, rozagante, fermosa., como la. vaquern ne
la 1 'serranilla'' del marqués español. Y aunque
si bien es cierto que la mayoría de los poetas
jóvenes residente en esta capital es de oTigeu
provinciano, debe de considerársele como producto del meclio en que vive, pues refleja la
existencia febril e intensa de la urbe cn r¡ue se
agita.
En el movimil.'1ito literario foráneo encontramos en Yucatán, desde luego, al poeta Filiberto Bmgos Jiménez, autor de algunos poemas
muy dignos de alabanza. En aquel medio en
fJUe cantan las alom1ras de Médiz Bolio. Rosado
Y~ga y l\'Iimenza Castillo, el acento de este adoleRcente continúa la gloriosa tradición poética
de Yucatá.n. Comienza a.penas; pero sns versos,

-

l69

aunque vacilantes, ya indican al poeta fuer-te
de mañana. Lo enamoran todavía los espectáculos que formaron la medula. de los poetas neoversallescos, mas ya tiene el sentimiento de la
Yerdadera belleza, que reside en la sencillez.
Entre sus mejores composiciones se hallan las
intituladas '' Bajo el romanticismo de la tarde,''
"Beso tus manos blancas" y "Comprendiendo
Ja vida.''
Aunque desde hace años no reside en SLl tien-a natal, no por eso creo deber citar fuera de
Yncatán a otro joven poeta, Adonay Novelo,
que ha hecho lindos versos y que prepárase a
publicar nn libro. Su "Balada de la lluvia,"
que termina de esta manera :
La llu"ia \'iene. la llu,ia llega;
vida y consuelo ron ella triunfan ....
Pon, alma mía, nuestros rosales
a refrescarse bajo la llu,·ia,

tiene efectivamente rl cneanto de un jazminero
que se deshoja a la caricia celeste del agua. Su
poema en sonetos, '' Fugas íutimas,'' posee, asimi&amp;1no, detalles reveladores de la delicadeza ,le
este numen juvenil. Y aquí cabría e:itar a IIoltla Novelo, poetisa de abolengo, &lt;1nr ha eucont.rado la queja dolida de Sor J11ana para cantar al misterio y a la belleza; pero como tengo
en proyecto un estudio acerca ele las poetisas

�1 iO

ro11tempo1 íu11•1ts de .:\léxico 11u• 1·r.;t•1·,·o para ha•
bla1· t•ntonces de esta culta JH'JJ;nsnlar, rn cuya~ ri111m, ya Yihra la inqui 1111 r,;piritual ,ll·
la 111.llªlla ondesa dt' • oailh ·.
Dc•t1;11gome ahora eu mi prt!tlio natal, en la
hrrrdad paterna llomlc- mi· mant• · aguanlau
PI retorno ckfinitiYo. llablo del Estado de Yl·nH•1·uz, que en el modn1iento de la nur,·a lírica
¡n oporciónam nomb1·e · que en brew la Fanw
~a•i rdonará cou . us gnirnalda. más fre. ea,-.
.\llí .ostienen el fuego agrado Guil1(•11no fü..
t ra, L ourio E pinosa, ::\fanud ::\Iaplc Arce ~,luan Maraboto Henaro. Tien-a de ]1(.rocs y d1•
poet• , la Vl'1·acruzana no podía menos que dar el
mayor couting nte en este re urgimi uto pot'tico. OnillP1,no EsteYa, cuya ilustr familia ha
rortado eu 1•l Parna:-o los lauro del triunfo. e-.
nn poeta d 1•• e1·ipti\'O. c&gt;narnoratlo d1· la Yieja
1•1la&lt;1 de hil'1To, en 1¡ul'. por di.·rmtar·e el pariolín ele una clama. clo.- cabal! ros pr1·clía11 la vida.
Leoncio E. pino a, mfü dentro de lo moderno,
gn:ta tle fijar Jos paúajes porteño.· y sabe trazar cw1dro, valienti·.· clP la rostnmbrr)&gt; rc·gionalr ·. El bullirio de lo. '·fandango.. ' · el jolg-orio &lt;le la "feria.,·' el ira.Jopar de los jinete. rn
la. campiñas dou&lt;le el tabaco lncr la felpa &lt;lt'
sn hoja-,, pa a por u ver o con lo pintor co
&lt;le .-u &lt;'olorido. Todo ello vi to modrrnament ...
~· eng-a1·zaclo en el engaste ele lai; forma.· nue-

Jil

0ER\'.\.NTES

vas. 'n · ·• •octuruo rn la bahía··
,lclieio ·o. lIP o aquí:

1•:

nn C'romito

Es a~uuto la bahía
\l(' relato· orientn!Ps,

ton c~ta policromin
latente ti&lt;' lo~ fa11nlcs.
Mieut (•l mar en . u porfía
,•on lo ¡,uhie ·tos bardales,
oro quejas .Je aionía,
ora aolli•lo lle ,. hacale · ....
•ro,lo aparet·e quim~rico:
, meja un ojo colériM
la roja luz de w1n grúa,

-

y tHrico. enorme, o. t•uro,
engeullro &lt;le algún conjuro
1,art'(.'C ,_an ,Tnan ele l'lúa ....

Espinosa pronto ¡mhlicarú su prin11'r lihro. 1i1nlaclo: "La hora illsom,w.·'

Manuel .1 Iapk.; es un nmo aún, que ver&lt;la
,lnamente . e inicia por lo· scncleros de la
ucYe IIermana. ; no obstante, ya revela un temperamento de artista, lo mismo &lt;¡ue Maraboto, cuyos pai.·aje;"' co teños apri. ionan el Psplen1l01·
ori,·ntal ch• lo~ O&lt;'fl o. mnrinos.

�17:!

CERV.lNTES

at1 Luis Poto ·í cantan donairo amentr.
,Jorge A&lt;lalberto Yá qucz, 'anales ;.\ Berumen
Sein. Lo. tre., poeta modemos con aspecto!l
interesantes en demasía. En Guadalajarn ( .Ja.
li. ro), 1\fanncl Martínez Valacfoz
Juan de
Dio. Robledo, riman bellos poema , allnque cl1•
di~tintas facturas. El primero arna la poc. ía cll·
lo pueblos: d :egnudo e más emotivo y denota
pr·er1ilecciorw. liacia t~ma. de pl'ofmala filo.·o-

En

~T

fía.
En , inaloa, Rafael Mil'auda y Je. ú. n. .A ntlrade aparecen como repre. entant&lt;' tlc-1 mo,·i11úrmo actual. En Gnanajuato, .Jc.-ús H. Hoto

leYauta el estandal'ie apolíneo, a la w1·a de e. •
buen pot&gt;ta ca."i olYi&lt;lado que r-:e L11na Liborio
('n•.•po, ')-' r¡ur pm·tcnece, rste último, H la ¡;e1wración ch• "R vi. ta Modema. '' Eu rifonterrry
c-1 hardo repre. entativo e Alfonso Jun o ele la
Yrga, de enyo libro expr :é ha poco lo que
transcriho: .. ,Junco, que pertl'nN·ió a la ca1&lt;'goría de los · nifios prodigio '· d&lt;' 1ml'lilo, por
forhma para las letra . e ha dr ·embarazado
de e e mole to dictado. Místico por natmalt&gt;za
y por t'clncación, este poPta adoh, crnte está llama&lt;lo a repre ntar en el . ·ortp &lt;le la R •pública las tendencia. de la poi ,-ía . imple '!-' rl'lirtioi-a, qtu' j,n-oca a Dio: . i11 histe1·ismo y sin fanático. d&lt;'. plantr.s, , ólo par;i loarlo en el h'ino
&lt;le] avr, rn la rnma florjda. Pll la cinta cauta-

CE.R\'.\. ºTES

- De su sOllétO •. L:t
drl manantial rolJueuo.
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la semla :nave.'' En Aguascaheutl's. , • ig .
De!gado Reza Jama en la gris mo1'.ot~11rn
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canto tle ·o1itat'io ru1senor. TH ne
prov1ocia su . '·l . , e llc~"1·1·bc con fll;\llO
un soneto adm1rau l! eu CJU
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'

de una nnwhacha
11111!.'st r a , la, \·ida inoenna
"'
. ln•~
,.mreña, y lJllC lo coloca en un l~1g~r mu., np1 l ·
~iabk entre lo: ha!·do. de pronnern:
,

LULU
Lulú si no l·antal,a, rf:'ia, reía, reía ....
(:\forhnd1n para uu ,1r11mo c1ue lliciN:l R~ iñol.)
Cantaba romo uu l¡ qtw· lo &lt;·1··1st·1l
· ' que ~l' '"ertia.
o como uua paloma Je pec-ho tornaMol.
omph•lakrn el alma ilel l,arrio rila y el ~ol.
El loco cam1ianero le hnbl6 ile amor un il1a,
un día tlf.' la pascua en que &lt;lardeaba el sol;
cuando fa modrl'sel\'a del atrio florecin ...

amapolas,
1Señorl, Y esta mucltncha como las
.
1 .
que ~autn, ríe, y a \'CCe se pone roJa a i:o a .
¡qué faltas con el euro tendrí'l que confe..:1rf

�li4

CER_\'ANTES

175

CERVANTES

i Que mira por la tardes besarse - a las palomas,
q11e están sns senos amp!ios, redondos como pomas,
y :ente una ansia a Yeces, tau grande como el mar, ...

Desgnciadamente no conocemos a los representantes de la nueya lírica en otros Estados ele
la República. Las moclernas ide&amp;s poéticas tu-vieron en Puebla, hace pocos años, la brillante
personalidad de Luis Sánchrz Pontón; peI'o
desde que éste ha enmudecido, la musa moderna angelopolitana carece de trn cultor ele mérito. Así, en los restantes Estados de que no me
ocupo.
Algunos nombres he omitido, como lol'.-l de Samuel Ruiz Cabañas, Habacmc MaTín, Alfonso
Illerri, Joaquín Ramírez Cabañas, Joaquín l\'.Ién&lt;lez Rivas, Emilio Valenzuela y otros, por considerarlo-· de mi generación, es decir, de la que
siguió inmediatamente después de '' Revista ilfoderna.''
Táles son, a grandes rasgos, los uombi·es que
recogerá la posteridad para simbolizar una generación que hizo evolucionar el pensamiento
literario de l\íéxico en estos tiempos en que
Marte blande su espada sobre la humanidad.
Mé:x,ico, octubre de 1917.
JOSÉ DE J . Nt'JREZ Y DOMÍKGUEZ'.

( Director de "Revista de Revistas.")

CAMINO DE PERFECCION
Al seüor licenciado &lt;lon Au·
tonio Caso.

CUADRO PRIMERO

En una celda del convento de San Jerónimo,
ante una escribanía de caoba primorosamente
tallada, frente a un tintero de plata coronado de plumas de ave, con la diestra sosteniendo la cabeza hermosa y gallarda, y la sitiiestra jugando cou las cuenta,; del rosario, Sor
Juana Inés de la Cruz, J1iana de Asbajc y Ramírez de Cantillana en el siglo, leía abinca&lt;lamente la Oarta a Gandencio, en un tomo
de las obras del padre San Jerónimo, patrono de aquella Santa Casa, cuando a las puertas de la celda alguien llamó discretamente
con los nudillos .

La rnonja.-(Con voz a1·gentina.)-Pase, hermano.

�liü

CERVANTES

(En d , ano de la puPrta s • dibuja la figura
tld padre .Antonio ~úñez dt• lli1·amla, euYuelta •n los amplios plil'gues )el manteo.)
J~l pt1cl,·1•.-Aw :M aría Purí ·ima.
La m1111ja.- 'in pecailo concthida. Pasr, padrr • Tuñcz. y tome a:ie11to. Permita u 1·everl'ncia que (],, ·poj1 1 a e ·ta ,ill:1 Je la. buj rías que
la mbaraza:1.
,.
J:l p(l(lrc .-La 1mHln• Jua11a rodea,la .-iempre
&lt;le libtos y de c•o.•m; Üt' o;t111lio.
La 11w11ja.-&lt;J.ué qtUPt'l• ,ue. 111111.'rc d, padre,
i lo. lib1·os l•Hll sido siempn· 111is amigos 111A.fiele .
El padl'c .-. o tliga e o la. muure Juana, qu"
tanto en erta santa ca.-a, como en el muncio.
tirne amigo qu la ap1·ecian y e ·timan en :u
wrdad&lt;•ro valimiento.
La monja.-1\Iucbo agradezco, ~- protundanl&lt;'nte obligada e:toy por la bomlatl de eso.
amigo ... , qu la amistad que dispcu an a csla
pobre monja, fruto es u.e 'ª bondad qne no tl·•
mi· merecimiento~.
El pa&lt;lrr.-Hace bien la madl't' ,Juana en .~er
humilde.
La monja.-¡ Qué m.á. &lt;Juisiera. patll'e, &lt;¡UI'
serlo, y qué 1 jo. e toy de merecer e e dictado ~
El padr .-, Tunea se está lejo. &lt;le lo que se
bn. ca con ahinco. Trabajo cue ;ta a. centler por

ERVANTE&amp;

177

t&gt;l camino de la perfección; pero a . u cabo puede lleaar
e con sólo la volun1 nd dr intentarlo.
e
.
la fe en Dio , que todo lo puetl' y el aborrec1mi •nto de las cosa. del mundo. de la pompa
· vanidade de la vida, para consagrarse ll
Aquel que e vida de por sí, fuente y manantial de toda ella, norte del entend~miento. Deje la madre Juana las ligas que la atan con Pl
mundo, lea en ese libro abierto, escrito con caractere · de angre y de amor que . e llama Jesucristo, y crá lnunilde y s rá santa, que es
lo que le de ea y no otra cosa e~1e pobre saccrdo-

tr y capellán.
La monja..-Desde la carta Je , or Pltilotea
de /(t Cruz he buscado con más ahinco que nunca, con m.á ardor c¡ue jamás le r l'D e. o. caractere que vuesamcrced muestra a mi l•:tuclio, ~·
cada día que mis ojos pecadore:- se dirigen al
libro, ¡ qué di -tante se encueutra la monja dt•
su modelo!

El pad,·c.-Es por que la maure Juana . e 1111
aplicado cal aprenJ.izaje de la. co:as profaua.'l.
o pasa las noches de claro en claro conociendo de letra. del hombre, de cosas de la tierra.
La monja.-1\iire su reverencia que no . ólo
letras l.umanas aprendo: ahí está el doctor Angélico, que no me dejará mentir; allá el obi. po de Ilipona, que confirmará mi dicho; aquí,
Crrvantes-12

�178

CERV.\. TES

sobre la e ·cribanía, la obra de m1 muy amado
padre San Jerónimo.
El padre.-Yo no digo que la madTe JL1ana
se aplique solamente al estudio de los autores
profanos. Las trompetas ele la fama pregonan
a lol:l cuatro vientos la profunda erudición de la
math·e jerónima en las Santas Escritura. y su
c:onocimieuto ele las obras de los Santos Padres;.
poro no puede negarme tampoco que las cosas
del mundo han atraído sus miradas con grande
in. ístencia.
La monja.-No lo podría yo uf'gar.
El padre.-La madre Juana lo ha confesado
siemp1·e. Cuando aquella priora, ' muy cán&lt;lida y muy buena,'' le prolúbió la lectura de libt'Os, por creer que el'' estudio era cosa de inquisición,,, cómo ~e aplicó a ele ·obedecerla abriendo a .su· ojos el libro inmenso de la Naturaleza.
La monja,.-¿ Fue aquel lo ocasión t1e pecado!
¿ o en ese libro se puede aprender a amar y
a servir a DioR más que en otro ning1mo?
El padi·e.-Si ·iempre lo hiciera así la madre Juana, nada tendría c¡ue reprenderle. Ei
libro abierto de la Naturaleza nos hace adorar
de continuo a su creador. La belleza de las criaturas que han nacido de su mano, nos lleva a
estimar lo inmen ·o e infinito de la b011dael y
sabiduría profunda del Señor.
La monja.-Sn paternidad ha estado reñido

CERVANTES

179

~1empre con los libros que colman los plúteos de
mi librel'Ía.
El padre.-No es que esté reñido con los libros; lo que le he dicho siempre a la madre Juana, es que su lectura constante y reiterada la
distrae de la obse1·vancia &lt;le la regla; le enajena
de tal suerte los sentidos, que la predispone al
f'rror. El pecado de soberbia, madre Juana, es
el que disgusta más a Dios y fue el que precipitó del cielo al áugel rebelde.
La monja.-Sn reverencia considerará qne u,)
tomo la lechira por tal.
El pctdre.-Recuerde la madre ,Juana cuan lo
llamó tonta irre petuosamente a ar1uella santa
monja, supel'iora 1lel convento; recuerde tambiéu
q ne si la bondad dd ilu~t1·ísimo señor don fray
Payo Enríquez &lt;le Rivera, arzobispo de :l\Iéxico,
no hubiera sido tan grande, buena reprimenda
habría llevado la que tan sin consideración i-eprochó a la priora. Y dígame la madre Jnana:-1,quP
hia sacado después de hojear tanto y tanto volumen 1 ¿ Qué provecho l,a obtenido dl' harajar
muchedumbre de papelc. 1 ¡ Qué auto propó:-;ito al deleitarse con los cánticos del arpa,
¡ Ha sido, por- ventura, má. buena al tener en
los dedos WlO ele los instrumentos matemáticos o
cosmográficos que embarazan la estancia? Quédense ellos para los hombres que los han menester en el ejercicio da sus profesiones o para el

�1 L

180

C'F..RV j,_NTES

bien de la República¡ ellos que tienen de leer
en las cátedras de la Universidad; de servir al
rey en la Auclieucia o en los Reale Ejrrcitos;
de levantar a Dio. templos dignos de sn gloria;
de preservar a la ciudad de las inundacione ;
de construir .acueductos para abastecerla de
agua; de conocer y de cifrar en los astro lai,
enfermedades &lt;¡ue no afligen y eñalal' la ruta de los cometa. para preservarno. ele la cnlamidade que la Providencia no envía para crutigo de nuestros pecados. Pero estudiar por e,tudiar, co.·a debe ser para Dio de grande enojo.
por inútil, perjuJícial y nociva. Dedíque t' la
madre Juana a hacer penitencia por todos e os
pobrecito herejes que no conocen a Dio o que
le desprecian. 6 o se blasfema de Él en mucha.
partes YPues a pedir misericordia por esa bla ·fcmias. ¿ No se le- ofende en diven,as regione:del Globo hal&gt;itacla.' por gentiles t Pue, a im1wtrar el remedio de esas ofensa por medio de la
oración. ¿ Qué ha sacado la madre Juana de su·
librosT
la monja.-Nada, na&lt;la ... El e píritu aprt&gt;c;ado en ellos no sati face u curio idad nunca .
Créame, padre Júñez, no es soberbia lo r¡ue in piran. Cada día más ignorante r¡ne rl anterior,
meno . abia que la Ü:tpera. "'Cn punto. una nada,
un átomo perdido entre la muclie&lt;hlmbre de maravillas qne la mano prétliga del Señor ha crea-

clo. Si antes he ido coutumaz, ·i he &lt;l.esobedecido a mis uperiores, si he desoído las voces de
la personas doctas como su paternida~, a~ora .. .
El padl'c.-Concupi. ccncia de la razon disfrazada de amor al estudio por malas arte . l
demonio. ¡No busca.la madre Juana una fru1c10n
iuterior, una voluptuo:'idad, más elevada que la
d los sentidos, pero voluptno;;idades
al t,fin, al
•
'1
recorrer la· líneas de Nms pergnnuno,;. omo .· e
c-uoja cuando alguna inoteut' madre l?a ~ Dios
en la celda. vecina, por las notas tle alguu mstrumento músico; c-ómo sale fuera Je . í cuanclo algnna doncella, riada üel convento, la l~ace
juez dirimidor de su. con\iendas rlomé~hca
ron cierta dueña; cómo ;; il'r1ta cuando las ma11res, sus hermanas, vienen a charlar con ~lla
11c, co. as inocente;; y hnena;;. Todo ello 1 • 1111pidl' un placer. 11n placL'r gozatlo. c-ou del Pile- Y
1oclo Jo qne llivi P.1-te 11111•.-tros sentido o uuest ra
razón de aquello r¡ue más lo.· recrea. cáw·1auo ·
P11fado r p('sa(lnmbre.
T,a mo11Jo.-Pndrc ~úñez ...
fi:l padrc.-Créame ln rnadrP Jrnma; ,· quejan siempre de u carúder 'l' ·o y al'Í. co, Y lo
atribuyen a soberbia y a or(J'ullo. ! ro hay que
&lt;lar motivo parn. que pieusc &lt;'Sto natlic. Puede
er pecado de e cáll('la]o. 1¡UC' a í
priucipin.
por co. a· de uacla.
T,11 wnnjo.- E. n: pnlnhras -:on la,: qnr han

?,

�1 2

CEHY.\. 'J'F,S

sonado siempre en mis oidos. Entré en religión
ya lo sabe ,,ue.samerced, por encontrar en e te
estado ocasión má"8 propicia de pulir y limar
mi entendimiento.
El padra.-Y me holgara de no .·aherlo. En
religión se entra única y exclusivamente por
amor a Dios, amor que no bastardea ningú.n
sentimiento humano, que es pmo y limpio como las patenas.
La. mouja.-Porque en el convento podía servi1· a Dios mejor que en otro estado cualqniern.
Ya . abe su Teverencia lo que es ser mujer en
·el mundo, •'pat·e&lt;l. blanca en la que todos quieren cenar su borrón." La condición de casada
no cuadra con mis deseos. P(lca.dora y mísera
soy; pero Dios, 11ue es infinitamente rni,;ericorJioso y justo. ha de perdonar mi tibieza y negligencia, mi falta de fuego al servirle que todas estas cosas trngo &lt;le remediar bien presto.
Cré&gt;ame, padre rúñez: nunca que cierro nn libro, dejo de hacerlo con enojo r pesadumbre:
en parte, por lo rrúsera y tonta que me considero al lado de los qn r tantas lindezas compo11en para gloria. de Dios y provecho de los hom bres y, en parte, porque no on poderosos a
llenar esa i-1cd iufi.uita de saber y amar qne
atormenta mi entendimiento y mi corazón. Desgraciada fui en la corte del señor vfrrey de
Manrrra al h·oprzar con la incomprensión 'l

CERVANTES

1H3

maledicencia de los cortc:-;anos; torpe Y mezquina aquí, la peor de todas las madres Y "1~ peor
del mundo" con pretcn ·iones tlc entendida.
El padí'e.-Ponine la madrn Juana 110 l~a
convertido sus miradas a .Aquel qu&lt;' rernrdrn
tonas las necesillades del hombre; que en un
m,omento de bonc1ac.1 infiuita creó el cielo Y la
tierra en q~1e viYimos y los astro (JU!' adornan
el fü•mamt•11lo; tri1e dá de comer a las· h_ormiga que hollamos con nuestra plant~ pc_cl!dora.
luz a lm-i inse-ctos que pneblan los Jardmes en
la noche, voz canora a las aves y perfume a
las flores: po1·c¡ue la madre Juana no ha consagrado to&lt;lo el amor que rebo;;a , u corazón al
que murió en. la cruz por nosotros; porque _no
lrn encendido . u lámpara de suel'te que brille
sólo para í~l y derrame claridfül para los pobre¡;;
y los menesteroso. ; porque ha . ido t'goísta, rnaJnaua: porq ne l1a e:tudiaclo. y la ciPncia
es egoísmo. La ciencia hace feliz o desgraciado
al hombre. Nuestros primeros padres 11üsier011
saber, contra la YOluntad de Dios y desnc· rsr
pnnto y hora loe; atormenta la mal&lt;1ición rlel
Creador. Feliz el hombre que salle para compartir esa sabiduría con sus semejautes. a í el pobre
como el rico, el bneno como el malo . Desgraciado del que estudia por afán de guardar y almacenar acervo ele noticias peregrinas y extrañas. sin que ué fruto su aplicación: es ,hhol

dr('

�14

CERVANTF.S

OBtéril, es madero eco, y recuerde la madre
Juana la maldición de la Escritura ...
La monja.-Yo he sido e o ...
El padre.- o; el entendimiento y el corazón d Sor Juana son como rosales floridos: han
nacido de ellos exquisitas flores que aroman el
huerto de la poesía, sólo que han sido demariado carnale:.
La.monja.-Han nacido del alma, padre úñez.
El padre.-Del alma nacieron también los
cánticos de David y de Salomón, del alma el
l1imno de Débora y el de M:oisé , del alma brotaron también lo. dulce acento de Santa Teresa y de an Juan de la Cruz y toda, esas
voce~ sr enderezan al trono del Señor. como el
humo de lo incensarios en lo templos. Así ·e
t&gt;levaba en los sacrificio ele Abel. en tanto que
u los de aín barría 18 til.'rra, se pegaba a la
tierra.
L&lt;, 111011ja.-Y ¡qué he ck hacer ro, pecadora
&lt;le mí, al lado de la iutPligt' ncias iluminadas
por los fulgore. de la Gracia que vue amcr·t d me cita?
.El padre.- cguir su camino, pulsar s11 lira.
Lci inonja.-Abí e tán lo villancicos consagrado a la madre ele Dio~, ahí Rf fli1·i110 Na,·-

ciso.
El pmlrr.-J11nto a las pot•.· ia: amatorias y

cuvA..-..;TES

185

a Los empeiíos de n111t casa, que proa.to correrán impresos.
La monja.-Bien sabe u paternidad que no
he hecho diligencia algnna para que se c\Pn a
1n estampa.
El padrc.-La eñora cond a de Pareo~ y
marquesa de la Laguna ha mo trado rmpcño
. ingular en reunir esa flores, lo . é. Bi nhayan
ellas, ya que ninguna cosa contraria a la moral
o a la buena costun1bre · contienen.
La monja.-Primero cortal'Íame la mano derecha que e cribir de propósito alguno contra
la íe. Padre • rúñez: ahora, má. C\UC nunca, h~
menester de . us consejos. Las palahr::i. tlc :.ll
reverencia me han penetrado a lo hondo. como
jara. :finísimas clrl más pulido acero.
El padrc.-Aliora, más q11C' nunca, tá la
macl1·1.' .Juana rn camino de sa!Yar i:U alma; no
diga como an Agui-tín: ' 1111 instnntP más.·' . ino ahora, ahora mismo. · · 'uando un rayo d,·
la luz de C'risto ha tocado lli1 coraz15n--dice an
Paulina-renueva todo, los ·rntido,., ~- el alma;''
el alma ele la maclre .Juana ha sitlo tocada por
rse rayo. como lo fuera un 1lía . anlo 1.'ll el camino ele Dama$CO.
La 111011.ia.-:'iiire sn paterni«la&lt;l que e-tos liliros son mis ·amigo,. 111i,.; 111,rm:i no:. mi,- ous•'·
,irros: s pnrannr &lt;lr «•lle,- ~l'rÍíl ,nranear pl'da:'n · de mi a1ma .

�CERVANTES

l 6
El podre.- 'ac:rificio e· e e de poco momeuio si .-e le con:idcra fr&lt;'nt, a la ternidad ()ne
no: está rcservac1a. '· Afli •cione · &lt;le todo liuajc no

apc adumbran ... "

La ,nonja .-" ... ma. toen a nuc. h'a virtn1l
c·onllevarla ha tn d puerto, &lt;·s decir, ha ta la
muerte. ' 11ice an ,T&lt;'rónimo; 1o :-é, pac1re , ·ú-

itez.

El padrc.-&lt;iné1le-,, la madre Juana con Jo:
libt·o. de oración, 1lrje los ,lemás, itne PS vanidad de vanitlatles. 1a vu •la n nomlwe en alas
!le la fama; ya se ba e erito con lct ras tle oro
c•n los fa to de la Colonia. Dcstle el . eúor \°'irrey ha ta el último paje lo pronuncian con
aumiración. Yeu 1·ahl • · uoctores &lt;' a.cnerdan
todavía con pasmo d1~ la uonct•lla que, . egún la
atinada fra e del seño1· marqurs clr "Mancera.
"
t1L:em1mrazaba ele la pregnntas, r~plicas
y aTgmuentos, a la manera ql1C un l!aleón real
. e defenderia tle la .. poca · 1•lutlnpa que lo em.1,isti ran." Éntre la ma1ln ,Tuana n sí iuL,ma, vi ite :u ro1'8zón y lo hallal'á vacío· cólme
lo de amor y ca1·iJad, y torre11te ele gracia ele·eenderún ·obre ella y alcanzadt la g-lol'ia por

·iglo. ck Jo,; siglos.

1o.

La monja.-Dirá vnesamerced a 1on
c1e

'arlo·
igi.ienza y Góngora y al doctor Castorena ~-

Ursúa y a toclo lo..; doctores y teólogo , sns conocidos. qn&lt;' ln madrt.&gt; .Juana Tn(, de la Crnz.

li i

CF.R\'A?.;'l'ES

,1.,1 conYento de . au Jer6nimo, yell(le .-u lihrr1ía por si ,• intcre an ello.- en la compra de
los Yolú111&lt;.&gt;ncs; repartirá su n•,·cr1'ncia el dinero que se ohtenga entre los pobres 1lr1 convcn~o, entr • los 11&lt;' la parroquia y entn· los tlr la
eimlad, pn'fhi1·ndo a las ,·inda!', &lt;'Oll hija• por
dotar para el convento, qne )'O i;úlo qm'clo con
estos tres libro. de clevoei{in. Rt&gt;nrntarcmo . nsimismo, lo instrumentos músicos y matemútico.
&lt;1ne llenan la celcla, y en u lugar habrá cilicio
y disciplina . ::\le oirít su reverencia, mañana, en
con fe. ión ~enPnt1. que tengo ,1c rematarla ron
lllla protc.·ta dt1 a,l11esióu y fül&lt;'lidatl a la antn
JglE:ia, l' crita c·on mi propia s:111~re ...• y hn . ta mañana, pad rt&gt; , úiíez. r¡t11• l'D In irr]psia 1o-

can a víspt•rn~ ...

''l'ADRO 8EGT1. 1 DO

La misma celua sin r. tantrría. ni ~ cribanfa
primorosamente tallacla, 11i libro . . ni mapas,
ni compH. t•s. ni cuadrantes. l'n camastro lrnmilclí ·imo en ¡,\ &lt;¡ne 1·eposa , or Juana. clrmac•ra&lt;la y l't1fe1111a : lo!'! ojo · fijos rn un crucifijo le marfil, que cuel~a &lt;'11 c•l lienzo di' pnred frontero al lecho. A lo. pie. ele la imagen, una lámpara parpad a próxima a extinguir. e 1a llama poi· falta &lt;k aceitr. En lo.

�CEHV.\NTES

J

conventos de la ciudad, las campanas tocan
rogativa ; alguien llama con los nudillo en
la puerta de la celda.

La monja.

( on ·voz apagada.)-Pase, her-

mano.
(En la puerta e ilibujn In figura
del padr~ Autooio l "úñez ñe
iranda, eou
veJos y
1

us grandes qu

u manteo prendido a

hombro .)

El padre.-¡ 'ómo sigue la madrl' ,Juana Y
La monja.-Ya lo ve su reverencia: con el pi,•
Pn el e tribo.
El padre.-¡, Peor que ayel'T
L&lt;i monja.-1\Iá tranquila tal vez. -.ifotcse,
padre, que he m~n ter ahora , m» que nun
ea, de u absolución.
El pad,·e.-,Ab.&gt;olnción ! ¿ Por qu{~ V La maclre Juana '' no ha corrido, ha volaclo &lt;'U el camino de la autificación.'' Esperamos en Dios
que nos la conserve t.odavía por muchos año .
La. cinda&lt;l m11~strase. afligida por la 1•urermeclad que nqu&lt;'ja a la e po a preuilecta del efior. En todas las igle ias se elevan prec, por
su salud.
·
La monja.-Ya, ya he oído la campanas.
¡ Qné but.&gt;na!4 ,on la,-; genk', padre mío!

CERVAN'fES

1 .

E; pad1·e.-El cñor coride de '"'antiago . e im pone, a mañana y tarde, de la salud de la madr .
El padr .-El eñor conde de Santiago ha
sido . iempre muy lmen amigo. Padre, yo siento que e la última vrz que hablo con yuesa
merced. Dígame, padre, ¡ ahora . í no . oy la &lt;J.UC
era ant ! He leído en e e libro, con el cuidado
y devoción (lUe me acon ejaba el señor Fernánde1. de Ranta Cruz: he tratado de enderezar mi:
pasos l1acia Dios, siguiendo el sendero re 00 ado
con ·n ang-rc preciosa y con las lá"rimas &lt;le las
mujel' , del Evangelio. He Rangrado yo también
por la pl'nitl'ncia, mi corazón por el dolor. ¿ e
habrán conv&lt;'rtido algunos gentile o conocido
su error lo herejes f ¿ O habré sido tibia y de. c1ridada, pa&lt;l re mío!
El padrc.- lfadre Juana ...
La 1110,1,ia.- 'follo, todo lo que he uhido eu
la vida, 1 erú suficil'nte para perdonar mis pt&gt;-cado ,
El padre.- u alma. mndrl' Juana, ha . ido
li!a nca como una paloma.
La mon ja.-.Ii lámpara ha ardido icmprr.
n lo pir · &lt;le In crnz. !Ja caridad ha sido mi
aliento.
El p(ldre.-Ya _.é yo cómo has atendido a las
ma,lre~. tus hermanas. ltija; ya sé yo cómo has
contr'lí11o e. h cnfrrn1rrhio, &lt;¡ne NI azotl' de Dio.
y castigo de las impicdade que infestan la cin -

�CERV .u"'J'l1 ES

H)O

191

CERVANTES

(lad. ¡ (~ujera 1 1 ciclo itllé ta11ta almas buenas
como ban nbanclonado el mundo. la' almas castas, blancas de la: e. po as del Señor, tronchada.' como la azucena.- en los jardines flori1lo ·
a,, la Gracia, aplaquen la ira 1kl R'-'ñor '.
Lct monja.-La lámpai·a lJUC ank a ]os pies
de C'ri,to parpadea, la lámpara c apu(J'a, la
lámpara . e ex.tingm'; la absolución, padre • 'ú1

ñez.

El padre.- alga de la cáret•l tn alma, rompa lo: lazo qu'-' In atan con la carne mi erable
y ruin; vuele, vuele a lns rc(J'io1w · de lnz que
le e. tán deparada,-. Ego te ab.~nfro i11 11ómi1rn
I'afri. d Filii el ,'píritn , anclo. ~t11d11.

.Amanecía •l 17 de abril dl' lfül:,, día lle la
Dominica del Hlll'll Pastor.
México, oc·tnhre 4: 1l • 1917.
JlíLIO JDl~~EZ

R

ED.\.

EL HADA DEL BAILE
Al compás dt• la or,¡ne:&gt;ta ,. &lt;lcnciosn
A r&lt;lP tu labio ; iguales a zafiro:
R(',,! planclece11 tus ojos, .V en t ns giros
Finge: una P. mnltada, mariposa.

)I' w: i.ndifrrcnle o amoro:a,
l~amlo l'? mi corazón mol'lal s tfros,
)' cual s1 la moYieran mi. su ·piros
, e alza tu n•sti&lt;lura Yaporo. a.
.'i_ l~ny~ ', mi último s11 •ño df' \'l'tltnra
sm tu augélicn hermo. lll"l
Y i YÍ&lt;'lll' con rápido alt&gt;tr-0
•'

~IorirH

A l'Xtinguir la pasión f'l1 &lt;tll''~ me a1)l·aso.
Perecerás, libélula de raso
En la escarlata luz tlt&gt; mi' de Po.
EFRÉ.N' REBOLLEDO.

�C'ERV.\. TES

192

LEJOS

'ERV.\N'l'Ell

193

de paz, en mis borrasca. ;
píen o en h1s ojos grave que me dicen
co. as el eternidad· pi n o u tu ojo·,
n cuyo fondo límpido sonrí,
la &lt;lnlznra de amar; pieu o en tus ojo~
que disipan la angL1, tia que me oprime,
c•u h ojo.· arcano~, en tus ojo
tan grand&lt;',, y tan hondo y tan tri:te ...
Rll'AEL C.ABRER.\.

En la orfandad inmensa de la uoche,
cuando mi carne atormentada gime
y é que e tá muy lejo · ... y k llamo ...
y sé 1ue no Y ndrás . . . . :, uw persiguen
como un rewordimieuto. la blancura
de tu cuerpo lle virgen,
y tus largo · cabello ' que npri ionan
en sus hebra sutiles
la mirra del
antar &lt;le lo
)antares
y 1 aroma lle todo · lo · jardine ;
cnando aúlla a mi puerta el De ·amparo,
y en mi agitado e píritu revive
c&gt;l afán lle be;'ar hasta la muerte
con beso inextinguible,
la pulpa sana y fresca &lt;le tu born
y tu cuello de ci ur . ..
pienso eu tu ojo:. húm do. y t"Xtraños
como lo ojos vago;' &lt;.le una es.finge;
pienso en tus grandL'S ojo. pen. ati\'os,
en tus ojo que ou r•omo .dos iri.

�CEH\'A.:'\'nS

CERVAKTES

San Francisco de Asís
De color de marfil el ro~tro añejo,
la 11ariz prominente y afilada,
('Jltrabierta la boca acostumbrada
a otorgar 11. las almas el consejo.

,

,

A

POR QUE LLORO LA LUN · · · ·

Tiene m1 riYal h1 Yesh• de tro7.alla
v también tiene el otro el desconsuelo
·&lt;le palpa!' en lo máximo tlel duelo.
tinta en sangre, la gola perfumada.
. Vive Dio. del marqué,! Una e tocatla
le I ha pasado el bla ón &lt;le terciopelo
Y le resta las fuerzas Y el anhelo
de herir bajo la bóveda estrellada.
e desplomó por fin, y su ago~1ía
era como un n núfar qne se abna
en el bramante azul &lt;lel corselete ;
Y e11 mitacl de la uoch toledana,
la. luna, con e cn1pulos de hermana·,
se retiró, l101·ando, del ainetc ...

Yi te humilde • ayal. Límpido e pejo
&lt;le innúmt'l'as virtudes. Voz cansada ...
¡ To&lt;lo el sauto una cáscal'a arruinada
de virtncles, tle polvo y de ¡wllejo ! ...

Dulcísimo mirar como de niño;
d corazón h~ncbido &lt;le cariño,
tanto, c¡uc se elijen\ hecho de mick ....
pelambre Pll la,- mejilla:, y en la manos
tlo · herida.· de clavo. inhumanos
co11 &lt;·ncencl ido asp cto ele ela vele ...
Los ojos de la novicia

)[e asomé a, sn. pupila. encantado
a ti-aYés de la clara gelatina,
prnl&lt;' wr la sonrh1 peregrina
del rostro de Jesús crueificaclo.

r

1

Pnde wr nn eonvento abandonado,
&lt;'1 lejano perfil ele una colina
y 110 pañuelo d€' sarga esm raklina
it-rnli&lt;lo a la pdnsa de un eolfado.

�CERVAN'l'ES

197

CERVANTES

Al dejar a la Tnbia agonizante,
pude ver en sus ojos, anhelante,
un ánfora de cobre cincelada
y una grácil pareja de pericos .
rompiendo, con el ámbar de sns picos,
los húmedos rubís de una granada .. •

•

FANTASMAS

Mi pa,dre
(A LA üS,1.NZA 'l'ÍPICA)

En el caballo aquel lleno de brío,
lo mismo que eu un trono parecía:
e1·a 1m ill:-:igne chano que tenía
,elegancia y arrojo a sn albedrío.
Cruzaba ctial nn Cill por el gentío:
]a muchedumbre absorta lo aplanclía,
y mi padl'e impe1·térrito lucía,
a la típica usanza, el ataYío .
Era un charro ... ¡ Lo huhierai¡;; conocido!
Costábale mil })esos el vestido
al deslmnbTante modo mexicano;
tres mil c¡uinientos pesos la lnontura
y como mil tostones de factura
las águilas üe plata del jarano ...
'l'oluca, septiembre de 1917.
RoDRIGO GA)IIO.

I
Nunca el refrán de "cría fama y échate a
dormir" encontró mejor aplicación que en el
caso de la viuda de Fernández. Era corpulenta
y gallarda, con un no sé qué de majestuosa
tran&lt;¡uilidad en los ojos azules, de agua profunda; con una pureza inviolable en la espléndida cabellera de rubio obscuro y en las manos
que, por su pulcritud y blancura y por lo sedeño de su tez, se antojaban las (le una diosa
qne, por milagro, hubiese bajado del empíreo a
regentear los menesteres domésticos de aquella
elegante y recogida casa de huéspedes de la
ca lle de Londres.
Amelita, como familiarmente la llamaban sus
a:istidos, llO tenía par en cuanto a buen gobierno y compostura de una morada se. refiere.
Su historia privada era manantial cristalino.

�198

CERVANTES

Dama de mayor virtud y recato; tan bien plantada por antecedentes y comunes hábitos, no era
fácil imaginar. Se había casado a los veinticinco años y enviudado a los veintiocho. De su
breve idilio matrimonial con Anatolio Fernánclez-un tronera que cuando pasó a me,ior vida casi había derrochado del todo el patrimonio que juntaron ambos ante el altar,-sólo le
quedaba una tierna remembranza : J aimito, el
bebé precioso y consentido como falderillo.
Entre los amigos del bi.zco Femández, se dijo
al morfr ésto. que más tardarían los árboles del
cementerio en mudar de :follaje que la viuda
en inclinar nuevamente la cerviz al peso de la
santa coyunda. ¡ Era tan guapa! ¡ La apetecían
tantos! ¡ Tantos hombres f&lt;Obraban en el mundo, con los ojos derechos, como Dios manda! . ..
¡ Error lamentable! La viuda, no bien hubo
arreglado las cuentas que el difonto dejara pendientes; cobrando los "picos" sueltos, saldando las pequeñas, aunque numerosísimas deudas, y desenredando las enredadas hipotecas,
acogióse a la casita que ahora tenía en uno de
los más aristocráticos barrios de México, la
amuebló con primor, y en la sección de económicos de los diarios de mayor circulación, entre
la multitud de anónimos avisos, se anunció de
1a manera .siguiente :

CERVANTES

199

Dama de antecedentes distinguidos ofrece asistencia a caballeros serios y de honorabilidad reconocida. Pídanse informes
en lia 2.ª calle de Londres número 180.
Ignórase si por lo distinguido de los antecedentes--el bizco Fernández había sido uno de
los pollos más connotados del gremio holgazán
Y ''chic'' de la metrópoli,-o más bien por la
advertida guapeza de la hostelera, acudieron los
clientes como moscas. Lo cierto es que, a la
vuelta de un par de meses, la viuda estaba rodeada por brillante cohorte ele asistidos. Pero,
¡ cosa singular!, todos eran viejos. Veíanse, a la
hora de la mesa, lucientes calvas, respetables
barbas grises, pronunciados abdómenes. Predominaba allí un ambiente de elegancia, dado lo
caro del hospedaje y la condición de los huéspedes: uno era banquero, médico hidroterápico
alemán el otro, rentista el tercel'O, diputa.do el
cuarto y comisionados los dos restantes por una
sociedad protectora de animales de los Estados
Unidos para establecer en México sucursales de
tan piadosa institución.
El único joven que logró formar parte del cotarro, y eso en fuerza de súplicas e influencias
,;in cuento, fue Benjamín Arizcorreta. Benjamín Arizcorreta tenía veintiséis años. Tenía, ade-

�~00

CERVANTES

más, un pingüe rm¡ileo t•n la s •cción de J&gt;roto(•olo &lt;le la Rccr&lt;'taría de füilaciom s. De simph•
lh•pcntlicnte c¡nc t•ra en un almacén de ropa de
Snltillo, ln ola arrol111,lorn d1• la política le hahín
compelido al dcsrmpt'ñO c1,• una función diplomíiticA. ÉL que se pasó sus verue,- aiíos dt&gt;spachanclo metros ch· 1wrcal o Nll'l'l'tes de hilo tra-:
,11'1 mostrador, no podía mt&gt;nos &lt;le ren&lt;lirsl' anlt•
el misterio dt• las ignotas fuerzas que lo t•lernron a cargo tan llisti11to en el palac&lt;'tr 111!
la avrnida Jnárez, 1•11 medio de diploru.Hicos tii•sos y ceremoniosos, de empleados qm·, por lo
1•rt'rnliclitos y fino", parecían dama!-!, y hasta de
un cons&lt;'rje de opulentísimas barbas, enrojeci1ln raz y espaldas encorvadas 11 co,;ta &lt;lt• múlti¡,1,•s rcYcrencias, drl cual ilccín. no sin grac•ia
c·ruel, cierto funcionario, ,¡ne "formnlm parte•
int&lt;&gt;grantr del c,lificio. ''
Arizcorrcta había tomado muy r11 serio 1,11
papd de plruipotrneiario en ciernrs. De su1•rtr. es qn,· proenró tenaY.mente que todas Jru; 1·xtP1·ioridade:-: de sn vida íntima cstnvirsen rn
con~onancia con los orop&lt;'les ele su misi,ín oficial. DP ahí su rmpeño por 110-:pcllar,;1' rn 1•ns:1
ele la viuda de F,•rnúndrz. Le g11stah11n los ,lorndos que en profusión ostentaban los mnehle.,;;
lo. ft,lpa suntuosa. de lo,- cortinajes; las alfombras mullidas; los artesonados impolutos. Le
gustaba tambirn la respetabilicla,l qne llahín en

-

la mansitÍn 111¡ul'lla, do111le sl' 1lispo11í11 a trabar
n•lacionn: con raballeros que, a ,inigar por la
traza, no difrrían, en Yestimenta y mo&lt;lalc- ·• de
los repr,•sentanll's dr las pott'llcia,;. !Je gustahn, i-;obrr to,lo, la d ueiín dt• la Nlsa, con s11 grn('ia ~piritual ch- gnm señora y i-;us ojos azul(-,-.
que, por 1nás st•ñas, se ru;cmej11ba11 a los ,le la
ministra alemana.
Y en ,·erdad que Bmjnmín .Arizcol'l'eta 110
anllnvo de:-:acertado en la dcecit'1n. 811 vida fue
111• p&lt;'rlas. Por las mañanas, cuaudo. tln1puí·s
111'1 rigmoso baño, aparrc:ía en &lt;•l 1•onwdor, bien
oliente, aliñado, luciendo algún rj1•mpla1· de su
rica coh·ccit'1n tic trajes claro,-, y co1·batas fres&lt;'11", Amelia &lt;'ll per~nn, sotll'icnte y digna. le
s,•n·ía el aromoso chorolat&lt;' con bollos, la dorn,la tortilla 111' h11eYos y las hirn sazonadas fruta-.. que rn rl n•&lt;·ipirntt• 1lt• cristal corta,lo te11tnha11. sobr,• tl,• la 111csa blan, 1uísima. su sano
apetito.-" )[1• ,la mucha ¡wna qm' usted ~e rno1,·ste ... , '' 1h•da t•I futuro embajador, poniéndose tolorado.-' '¡ \'aya! i Y por l(lll! ! Para e.-;o
(',toy a11uí. y para e~ me clió Dios c•stas manos ... , '' &lt;•xclamaba la vill(la, mostritmloselaH, .Y,
c•on ella,,, un par dt• brazos mÍls sazomt1los q1w
la-.. frutas.
8entíase dichoso Arizcorreta al salir. sorbit•n110 a pulm(m lleno el aire embalsamado ikl jardinillo. D1• una 1•xtrema delicadeza le par&lt;'CÍ3

�CERVANTES

203

CERVANTES

202

cas, pues que en esto era de una inconsciencia

el modo de ser cortes de la viuda. Paso a paso,
a lo largo de la calle orillada de árboles, se
dirigía al Ministerio; y cuando ya en éste asumía las :funciones de su cargo, a las veces, en~
tre charla y charla con los diplomáticos, observando &amp;11s afectadas maneras, -solía acordarse
de la discreta dama que tan aristocrático hos-

Y de una estupidez marmota!

pedaje le daba.
Si al principio disimulado temor le hizo -,vacilar acerca de sus aptitudes para el empleo,
no bien pasaron tres semanas se consideró duc
ño de sí y a:un capacitado para más altos lllenffiteres. Se sorprendía advirtiendo que el meollo de los dipldmáticos 1 contra lo que ante&lt;; ceeyera, no tenía mayor substancia que el de cu'llquíer dependiente de ropa. Mucha palabrería
para enga1ñar al cliente; sonrisas seduct(\ras;
promesas suaves; caravanas. . . Sólo una cosa
preocupó a Benjamín Arizcorreta en su ánimo
de codearse con ellos: su pasmosa ignorancia
de provinciano. Presentía que si en cacumen
les igualaba, en cambio les iba en zaga en lo
concerniente a cierto barniz que diese pompa y
estrépito a sus opiniones sobre cosas del mundo
que estaban m.uy aparte del derecho de gentes.
De literatura poco conocía fuera del '' Rocambole.'' En achaque de música, lo más a que había alcanzado era a tararear un vals de Juventino 'Rosas. ¡ Y nada digamos de artes plásti-

.Comp.:·encliendo su triste inferioridad se dió
mil .manas, .pa ra
. ocultarª·
1 En esto, su ' instinto d1plomatico era de u.na sabiduría a lo C
.
Mas con
avou1.
, , . ser1o, en gran manera lo intrigaba 1
urgenCia de adquirir aquel va o
, a
tración st't·
g aroma de Ilus.
e e ica, tan necesario
emergencias a. . para 1as f nturai-,
.
e su porvenir diplomático de
presentidas
andanzas por las cor t es. europeas
,
sus
T ,
emia
b . que en Viena o en S an Petersburgo de ·-·

\

1

en :ieran, al través de su bordada
antiguo hortera de Saltill
casaca, al

El comz.ón dióle un vu:i~o un día el
al encontrar sobre 1 .
e tantos,
1
. e asiento que en el ''hall''
e e casa desocupara momento
lia
1·b
.
s antes dona Ame' un 1 ro a medio desflorar . era i' Serr·es
h
e , aiudes
•
·
. ' " d e l\fauricio
Maeterlinck
y
zon se le subió a 1
·
el coraa doña A li
a garganta otra vez que oyó
tocar algo que él no entendía
que despue$ supo que era el '' C t d
Y
Je Liszt.
an ° e amor,"

.,,
1

1:1e a

\

\
\

La viuda de Fernández tenía
.,
la música y a 1 1
' pues, afic10n a
as etras. y si a esto se añad
fir,ne en
b la sala d e 1a presuntuosa hospederíae
d
an a~gunas acuarelas, obra de su pincel
IC_ o se esta que la gentil señora
.
'
Ar1zcori•eta at , por lo que a
ane, era punto más que un ha-

~;a

l
\
1

\
1

�20-1

CERVASTES

CERVA •TE!-

11.tzgo: el prodigio de una maestra gratuita

n

1wr pectiva.

·o son de puntnalizru• todos y cada uno 11,,
los artilugio de qne el Bismarck . altillen. e s •
valió para extraer de aquella flor toda la rit•a
e:encia. Arizcorreta era de buen ver iusinuautl'. En su historia tle hortera flor cían alguno
capítulo.,; donjuane:-cos. Le ingnlarizaba, principalmente, ,ma adorable ingenuidad fronterizo conqui taclora de voluntatle . Lc•nta, pero ~egm·amenk fue penetrando en la. intimicla~k ·
ill' la ganida ninfa de la hORpedcría. En tlos
por tre subieron ·ns bono, sobre lo~ de . us compañeros. ·o repararon en ello ni Ir. Hoffman
-le Uamaba así ' mí!4cr, "~l hithoterápico
~aleno, g1·an engullidor ele patata y de arr,n
c·on l che; ni el diputado ; ni lo afeitados repres,•ntantes de la . ocieclad protectora de animales.
Pt&gt;rO sí paró mientes clon erafín Gutiérrez. el
hm1qnero , y frnnciú 1 ceño don Fructuo o Banmcliaríin. el renti. ta. La olcmnísima: calva.
t1, ombos cñore:-li. a como bola. de billal',enrojecían al con itl rar ello la familiaridad,
la . oltura, el gracejo que presidía en la relacion · t1 la di!-.1:ingnilla viuda con el muchacho dl'l
)[i11istrl'io de la. rni mas.
('011 todo nunca traspu. o Benjamín Arizeorrcta los lindero de la confianza hone ta. Alargáhase en cliarlas de obremesa con Amelia.

-

Trataban lo dos de hombres y libro· tran ·atlántico. ele lo cual .- era la Yimla muy .-ab(•dora. Por la.- noches, en el gayo . aloncete, por
cuya. abil'rtas n•ntana. entraba el ai1· 1¡uieto,
Amelía, de:de •1 piano, pugnaha por tlesvanec ·r en el cerebro del jon~n la. densa. tinil'blas
mu icales que lo integraban, tocantlo a Bct•tho,·en, a Chopin, a Li zt.
Poeo o nacla aprovechó Arizcorreta ,le t aks
rn:ayo de erudición artística. La mfu.ica lle la
YÜ!tla I scanía parcciernlo '' muy rlásica,'' in¡ ntéligib1e, y lo.- libros del último barco ctuliabladamente aburrido. ; aunque mucho :e !'uartlaba &lt;le confe arlo. Pero al fin aprendió lo ,¡111·
fil' propu o aprender. A la ,·nelta 1lr pocos mc.-e. era ya un 101·0 prrfN•to, qnr hacía rara por
.-n ·' buen gn. to ' l'Jl cosa. 1lc a11e en tertulia·
~ . ·mio:. 1Ie&lt;lio año de puPs lai dama. _.,, 11 i ·1mtal1an el grato placer clr eseucharl1. llaeía
gl•sto. de enfado cuando se totaha mú. ica r11·
baile. ~· no Sl' de. driíaba de oÍI', . in cerrar lo.
ojos, &lt;'oncicrtos enteritos &lt;le mí1:ica &lt;lr eíirnara.
pen.,anclo en la señora ma&lt;l1·e del autor &lt;1 l Ílltimo ctrnrtcto cuyo '·fiuale" no acababa nunca.
-, Es Yerdad, eñor Arizcorreta-]Jregnut,íh
nn 11ía en ari tocrático té cit•1·ta pon&lt;leracla . ,._
ñora,-que Cervante. . upera a to1lo. lo,: pro&lt;:ÜJ ta &lt;l1•l mundo, A lgnno,· 1liccn que . 610 el
mac.-tro Altamil'ano puede comparár.cl&lt;' ...

�CERVAN'l'ES

:..00

-No hablemo de autiguullas, señora-repu o
t-1, sonriendo de;;cleñosamente.-;. Ha leído usted
a .Jean Lorrain V

II
Benjamín Arizcorreta no había inv •utado,
ciertam,ente, la pólvora .• ro en vano ~l desti~o
le encaminaba por el nunbo de la ü1plomac1a.
~in embargo, careciendo como carecía su ?ale.' para l·a e•o ~,,
··1 llú
tre de comprenswn
". mPro
. mtelecto, no le faltaha, en cambio, persp1cacrn para
las vulgare del mundo. Así e.- t¡ne hien pronto &lt;;e &lt;lió cuenta del conflicto sentimental en qnc
, e l1allaba metido.
Porque conflicto sf.'ntimeutal t'nl, a no tludarJo. la rara ob:tinación que po1úa Pll sn iI:at~
frccuentísirno con la viuda 1le lt'el'llá11tlrz. l' : 1
110, Yeamos: ¡ r1ué ;;e le daba a él de c1ue 'ho~i~n
1• ·cribiera nocturnos y ver o extraños Maun •10
Rollinat 1 ~ El míi. bello de lo ' libro no le ha •~a
lanzar tt•tliosos bo tezos 9 bLa música más e, p1ritnal y sua\'e no lo obligaba a trabar ('tnperiados ··ombates con 'U. párpado.' ansío. os ele
rerrar. e! Entonces ¿ a qué tan con 'tante t('ndencia a e taL· con la ,•iudaT A... To liabía conSC'gni&lt;lo a estas horas u primordial objeto de adr¡ni rir 1111 barniz d , cultura 1 1,. ro brilla b~ ya
Pll sociedad t ¿. ro había de. pertado ventaJo:a-

CERVANTES

207

mente el interé:-. del :Mini tro, con el que . e to})Ó en alguna inolvidable comida, y quien pa-

recía. iba a eñalarlc para una importante misión en el extranjero 1
, íntoma revelador Iue la zozobra y malestar
que le cat aba la presencia el don Serafín o de
&lt;lon l&lt;'ructuo ·o en ·us tertulia· con Amelía pot·
la. nocheK Le chocó una vez c1ue el rentista
trajese como regalo d Navidad, a la hostelera,
primorosa caja tle dulces. Otra, que Gutiérr\'!?.
Yiruera car()'ando de de el mercado con un e.-pléndiclo ramo tlc ro. as para la guapa seiiora.
Pel'o Jo que le acaba de quicio era la amabiliclacl cuániruC' con que é ta recibía tanto los
obt;equio. de lo viejos como las tímidas galanterías ·uyas.
"M:as, ¿ por qué ha de enojarme- e pr gun1a ha--&lt;¡ne e. to.- caballeros regalen a la viuda o
ilf'jen de mirada 1 ¿ Tengo yo aeaso qne ver con
ella.1''-Y creía tl'anc¡nilizari,e p¡,n.ando c¡ue
Amelía uo e tahlecía &lt;li tincióu alguna ntre . ur-;
bu;specles. -•ería, fma, sonriente, rec-ihía co11
agrado, auuqu sin eutn~ia mo, las cort ías que
l&lt;• dedicaban. Era una bucua mujer; una irreprochable mujer: madre aclorablc, espo a fü,l
a la memoria el(' .·n marido, dama hone ·ta, lalJoriosa como la c1nc más, serena, con nna olímpi ·a sercni&lt;la,l que a. ornaba a ns ojos, en los
&lt;¡ur. nunca. tlf' seguro. se agitó el inqnirt:mte

�208

CERVANTES

oleaje del deseo. Y .Arizcorreta, cuanto más reflexionaba en ello~ más se convencía de que la
gentil señora era un ejemplar único en el de~acrcditado ramo de las viudas. Viéndola trnj1nar, afanosa, p-0r cocina y recámaras, limpia como eJ. agua en su obligado desaliño, con los ri70S alborotados sobre la nuca, más sabrosa que
el pan caliente, pensaba en Santa Rita de Casia.
Y con,templándola en el piano, tan divinamente
mbia, con la simple mirada fija en los tapices,
se le aparecía. como Santa Cecilia en un cuaclro que conociera años a_ntes, pintado por cierto sacristán artista de su tirrra.
Tales p1·cnuas hicieron que, a la natural simpatía de Benjamín por Amelia, se sumara delicado respeto. Si por Stl condición donjuane:-ca de 1110:-;tra&lt;lor, y fiado en las conqui.&lt;;tas amorosas que de hortera realizó en Saltillo, alguna ocasión se dibujó pecaminosa idea en la
mente ele Arizcorreta al encontrarse a solas
con la viuda, en alguno de ,-us amistoso:; coloquios nocturnos, o sintió impulsos de coger
PHtre las suyas, durante la siesta, la blanca
mano cinc volvía las páginas del libro recién
abierto, atrevimientos semejante;: foe1·on neutralizados a la postre por la admiración ingenua y sincerísima que la Ütiud sencilla de
Amelía suscitaba en el alma del itnJ)l'Ovisado
cliploniMico. De la pma simpatía física había

CERVANTES

209

pasado .Arizcorreta a la simpatía espiritual.
"No es mujer esta para que yo la manche,"
-se decía el mozo.-Y la silueta de la tierna
madre acariciando a Jaimito; y el recuerdo de
ella, rechazando dignamente todo convite de
los huéspedes que pudiera comprometerla; y
sus dotes de administradora infatigable que
bregaba día y noche, siempre sonriente dulce
siempre-¡ todo por ganar con decoro u~ pP&lt;.lazo de pan para ella y para el nifi.o !-fortificaban a Benjamín Arizcorreta en su convicción.
Pausadamente desarrollábase en el ánimo de
Benjamín Arizcorreta el proceso de la "cristalización" amorosa que descubrió Stendhal.
Hoy sorprendía en la viuda una cualidad . hallábale algún escondido encanto mañan¡; la
sombra de la virtud-tan tímida y recatada
en las almas modestas como la del ala fugitiva sobre la tierra humilde,-acrecentaba con el
transcurso del tiempo la secreta devoción del
huésped.
Y sucedió luego que el joven hubo de meditar largamente en que la casita de la calle
~e Londres no sería eterna; en que luengas
Jornadas le aguardaban de vida andariega por
tierras distantes; en que no tenía hogar y estaba solo ... ¿Casarse? ¿ Con quién? ¿.Con alguna de las muchachas casquivanas que veía en
Cervant,.~.-- l-t

�t:ER\l .\NTF..S

210

.
. on una emplcfülucba cualoficiale. fe teJos_T "~
or n baja estofa
quiera del Uin1 ·ter10, qu¡ ~robre de un futuf ,·1"ra in&lt;ligna Je llevar e . n
. d or. 1 Xo
v• mil vece no!
ro'" L•mbaJa
.1.
&lt;)

•

i Entonces 1
í na en el altar de
La idea fue col,ra~do on
,
tío, cu~
Arizcorreta tema un
u culto. l como.
Jerónimo, allá ~e
ra &lt;l la parroquia dr t ·.ande mucho reflexiofuc nn Jía de tanto ' _1 a
naba por alirk
nar y euando ya :u cuita pug

a lo labios.
a·. . re petable vnr
brino no-1' IJO l 1
- . o.. o
• 'ficamente los brazo . sobn'
l'&lt;Ín, cruzando b~atJ el
u, de mueho discnl'l abdomen c1:~:1d~ , n~ debe. irte de hrnces.
tir. 1•,n concln:;1on. tu
.
ria Por
.
o a sena muv . e .
El matrimomo es c
el" ~-1 ·a ile hnéspelle .
t la patronas . . '
otra par e, .
l t·
onfianza. Annqnc
in piran mue 10 ,1 e
·11
no u1e
.
1 oct1wa maran a, a
e me pmtas e a
1·
e a &lt;JU
.
. oh ·crva. eshtc ia ...
1 a º Cl\ll' tieJ·nz"'ar por tus elog10s, 'e,
,
·,
•a poner a e -"
.
¿ De donde cogw par . º . Q
ólo a vicJOS
ur
Q ·, f e u marido I
ne? .; men u ·e. z re. ulta aca. o garanasi.te. Pero. ¡, 1~ ' ~
.•
... olJr toclo,
, en e to: imp1os t1empos.....
, .
tia
]
.
·obrino
que
nm.
, ale
l'S viuda; Y yo te t igo, .
'
e ue •ea manta . .
lo nueYO aun 1 • la penumbra de la
y el Yenerable •enol', en '
. 1 ·,
. ,
1
H' flotaba aún una n ,rac10'.1
'acr1strn en ª q,
, E torno a cletern11cle campanas, coucluyo : - n

CERVANTE

211

nacla, persona , y motivada por hecho puramente exteriores y la más de las vece sin
importancia :-;ucle ir e form.ando una halagüefüi atm6sfera de reputación, que respirada por
pulrnone · de enamorado como tú, alcanza proporciones enormes... ¡Fantasma, hijo mío.
fa11ta. ·ma.- ! Porc1ue sucede que a la mejor lo
c¡ue t11 t·reía. que eran inocente encanto., virtud e •nada e inaborclable, ,'e de. vanece como
aho1·a la claridad del día ...
En I cr nio tímido y recelo o del provincürno hicieron mella lo razonamiento del eura. Efl'&lt;&gt;tivamente: ¿ Quién le había dado a
A111clia parn que pu. iera aquella casa suutuo.·a! ¡ o ra nn pelagato. el tal bizco Frrnán1lez i • Y lo. viejo. ! · Po1· qué ólo vicjo. · hahía11 de entrar en la ho. ·pe&lt;lería f Lo '(lle antes ha hía Yi to claro, lo veía ahora claroscuro.
Turn l•. ·c1·1ípulo. in cuento. La elegancia drl
n11wblaje le ofendía. La rubicundez rlel doctor
Hoffman ló irritaba. El &lt;li. imnlado e~pionajé
&lt;le! rc&gt;11ti.1a, que no cesaba cle eguirle con los
ojo,- y ·eanramente con el pen amiento, cuando '-e acerca bn a la vfocla, lo puso fuera de
-.:í. \'arias noche. micntras e &lt;1uitaba lo zapato:' . al aco tar:c, lloró ...
Pero Benjamín A.rizcorreta hubo de sufrir
la tentacionc. del l\falo. " 1 no ha de ca nrtr. con c. ta m ujer--decíale una YOZ reróndi-

�212

CERVANTES

ta,-b por tiué, al meno ' no intenta . . . lo iutentable, dado ·u guapeza y hechizo? Atrévete, hombre, atrévete; que i no, no llegarás
a viejo ... " La hermosura robusta y ca ~amente plástica de la hostelera lo enloquecia.
Pero cuanta oca ·ione e tuvo a punto de atrever e, sorprendió en el mirar tle ella una honestidad tan noble, una ingenuidad de buen a muJ·er tan honda que e paralizaron :us
e
.
't r
labio Y sus manos cayeron, rnerte . - • o, no
es para mí; i pobre mujer! i Tiene la pureza
infinita d los ángeles! "-concl;1í~ para su
capote, procurando acallar lo ubito~ . remordimientos que le atenaceaban, con caricia a la
blonda cabeza ele Jaimito.
.
El futuro embajador desanduvo el cammo
andado. ro más tertulia ; no má comento:_ ,de
íntimas lecturas. Su hombría de bien, oponteudo ·e a su de eo, le repelía.
y pasaron los meses. Ella le miraba de ,cz
en cuando, como sorprendida. Cierta tarde, d_e
sobremesa, no bien se quedaron solo. le d1· 0 : - " Señor Arizcorreta: por lo que veo. 110
J
·
d e an t·
somos
ya los buenos anugos
e,;. • • " Benjamín percibió en la voz ele la, . irrna una
tenue, tenuí ima melancolía. Pero fue fnert ·
y supo resi tir.
y pasaron lo me e . Días de indif~rencia,
,lr, tedio, de franrache1a con rl de Rusia o &lt;.&gt;l

CERVá.NTES

213

ele Alemania se nccclían. Y una m::Hlrngada,
como entrase Mutelo amente en casa, a eguida.
de eSC'andalo a orgía, con el natural e. crúpulo
de no turbar el su&lt;&gt;ño de su '' casta diva,'' al
ll&lt;.&gt;aar al "hall" percibió que nerviosamente
se cerraba la puerta de la alcoba de é ta.
Inmovilizado por el e pauto quedó. Dt&gt;spué-;,
imaginando que . e trataba de una nge. ión
clcl champaña, avanzó cle puntilla · hacia su
enarto. Esperó, sin embargo, tras de sn pnC'rta entornada. E peró largo tiempo: nna hora,
aca. o dos... Y cnanclo ~·a e caía de sueño,
preeeclicln dr. leve zurrir de goznes, a la clarklafl incierta del alba, Yió pasar, enn1 lta en
sáhana , med1·o~a. una figura blanca, y. eoronán,lola. una ealva monda: era 1lon Fru&lt;'tuo. ·o B&lt;.&gt;1·andiará n ...
Rú bita mente peneh-aba B!'njamín ,\ rizcorrrta en el misterio d1&gt; la lujo. a casa ele la calle
ele Londre . Y cbándo.-e vestido obre de la
cama. ·in . aber . i moriría de 1·abi11 o moriría di' ri a, se aplicó con voz ronca, e. tr ca lifi&lt;'ati,·o c•locuentc: ¡Idiota!
CAHLO Go.-zlLEZ PE~A.

�214

CERV.\NTES

CERVANTES

DEDICATORIA
Al excelentí. imo . eñor
don Ricardo León, miembro de la Real Academia.
española (1).

Ilustre

eñor:

Yo también, como el maneo iumo1·tal en , u
dedicatoria al du11ue de Béjar, he determinado sacar a la luz "El T tamento de Don (~uijote," al abrigo del esclarecido uom bre de
Y uestra Excelencia.
Empujáronme a ello circunstancia. cli,·er:sa ,
afines en u intención y dignas de quP e e:tampen cou hi toriaclo.· caracteres aldino... al
frente de esta pagrnas, pue toda · coinciuen
en un fin, que e el de loar la. prh-ilegi11da
dotes y timbrados mérito, que en la pe~ona de
(]) De un libro próximo a. aparecer titula&lt;lo: '• El
TE&gt;. ta mento &lt;le Don Quijote.' 1

....

Yuestra Excelencia se adunan con singular l'Splendor.
Y tale circunstancias son, a aber: admiración por vuestro fecundo ingenio; impatía
por vue. tra
onora obra ; devoción por l'l
"Quijote;" fanati roo por Cervante : y el culto
acendrado que rindo por que la lengua ca teJlana mantenga incontaminada . u añeja pnreza, libre de infilfracione extraña. que la
corrompan, ar¡1ú, en lo países hi. panoaml'ricano . donde ha.v mucho e píritus &lt;¡U&lt;' gu-.11111
con deleite lo clásicos el cires y arcaicos donaires de lo poeta r pro.i'-ltas ele la IitE'ra•11ra
vue tro iglo ele oro.
Un hijo de la América, de la l"l'll'i1ín clescubierta por olí , l'n donde tuvo su a it•nto la
España guerrera r conquistadora, uno tll' su.·
más fu 1·te. baluarte . envía a Yue:tra F.xr,·lencia, allende los mares. e ·te opú ·culo i¡ U&lt;'
bajo vuestra protección coloca; y qne ronst itn.ve, por el espíritu que lo informa. a In par
clt' un homenaje a la memoria del insi!?nP
'· Emperador de la Lengua Ca,-tellaua,'' ,lon
l\Iiguel de ervantrs . _ aawt1ra, como con jnsticl.iera ex.pre ión lo llama el maei,,trro ('avia,
un otro hacia la noble madre que no. legó u
lengua y sn caballere. ca hidalguía.
Dign.áos, Excelentísimo
efior, aceptar 1•1
ahijado literario &lt;¡ne os. confío, co'!no leal te -

ne

�CERVa\NTES

timonio tlt! las razone,; &lt;1ue má arriba aduzco;
que bien ,:;é que bajo la égida de vuestro sonado nombre, el hijo de mi ingenio podrá viajar 1rani1nilo por ,71e ·tra tierra in que malamhin,•s ni follon&lt;•s atenten contra de su débil p,•r:-;ona; ante bien, erá mu,r aga:ajado
aclontlt•qui&lt;i1·a &lt;1uc fuert•; comerá a manteles
y llormirá a piema . uelta entre . ábanas de
holarnlll Nt toda' la man ione de los grande. el,· E 1Mña; 1¡ne basta que diga cúra e su
a. cefülencia y qui{&gt;n e;: su padrino litl1rario,
para &lt;¡ue todas la' puerta le can abiertas.
El per.;:011aje principal de una novela que
pieu-;o dar a la e tarnpa, dmtro de poco, Dios
meiliantt•, queda aderezando ,:;u malrta de viaje para ir a be ar las 11uu1os ele Vuc tra Exc•elc•ncia. a quien de. eo mucha . alud ? prosperidnll para honra y prez el nucstl·a lengua y
ele lo gr:m literatura e,-paüola.
C'l'éamc. de de luego, ligatlo a Ynestra Excelencia por el parente:co e ·piritual que produec• un tal padrinazgo, y que SO,\' Yne:-tro cleYotí. iluo y
egnro crvidor. Dios !mar&lt;le a
Yne.·tra Exeeleneia lne11guísimos año:-. De l\Iou1eYicll'o, a último,; del lll&lt;"S ele fehre1·0 del año
mil nowcienlos diez y . &lt;'ÍS.
PEORO ERASMO CALLORDA.

(Uruguayo,)

CERVA 'TES

217

EL CAFE DESIERTO

Para Alvaro :\fo,lrano.
E~ la hora 1iropieia para las inclolencias
,le une tra gloriosa, ,·ieja sau~e latina.
Ilay en el piano un hondo mutismo ll carlencias
que de ahaúdono trágfoo nne tra alma contamina.
(El Café sin bullicio llora por la · ansentiaq
ele aquella multitud que f!u gozo ilumino.
con la charla nocturna. Ln difuntas esencias
dl• lo~ diálogo una soleJad alucina.)
Momento de intledblo desmayo, de in&lt;&gt;&lt;'cnte

o ·ioshlall, &lt;le pura ,lfragación sin hiel! ...
:\fomento que nñoramo

ca. i inconscientemente.

como el . ileneio intacto que no ,·ayó en aquel
,iarclin, domle besamos la gracia de una frentt,
n¡¡ís oma,la que el rnrdo galardón del l:uirol.

México, 3 de junio de

MC. 1xm.

JOSÉ

D.

FniAs.

�2]

CERV.\NTES

LA DONCELLA FLOREAL
Son cerca de tus senos más fragante la rosas,
sientes más optimismo dentro uel coraz&lt;in,
y tus palabras vuelan corno unas maripo a;;
fa1niliar~ al nédar ole mi anti~1a ilu. ií,11.
'na onrisa unánime se JifunJe en In. ,·o. a
ruan,lo pa. as en meilio Uf' tu uirn..,.acií,u
hacia irwisible claros ile luna ... y 'on piadosa!&lt;
tu. cánfli&lt;la.s miradas pródigas de pertl,,n.
Bajo las ramas trémulas ele frí1gile acudas
miro el ·encillo y grácil éxodo de tus gracia.'
g&lt;'n1l'la • en el ritmo, de lo m6,il ,lel rnar;
y fiugeu una fuga &lt;1 ilusorios qucrubt_,,
las siluetas effm ra. lle Ja errante 011 be~
que la tarcle amontona í'On un lento re111ar.

México, 16 de septiembre de

MC 1xn.

JOSÉ D. FRÍAS.

(Del próximo libro "La Emoción Cautirn. '')

CERV.\NTl::S

210

NOCHES DE BOHEMIA
Para Rafael Lópcz.
1'~s merlia n0t•hc. fü liar aristocrátfro nr,le
bajo el fulgor nnánime ,Je los :ir,·o roltaicos ¡
y se e.c;piritualiza l'Ou el ~eutil alar,fo
•le afinar lo perfil&lt;'s llt• los gesto pro8nieo:.

na ,Jaifa olvi,latlo crn~.a ,Je tarde ru t:rrJe
golpeando el teclado riel ¡,iso ,le mo~aii•os;
Y un boh&lt;'mio souámbulo, ,le níiratln ,-ohar•fo,
,;orbe el njenjo páli&lt;lo 1lc ~111&lt; nmore~ lah-o ..
n snob cataloga sn &lt;leuda por &lt;•apítn lo
y un rufián de etic¡u ta no habla rle ti-' títnlo .
En la orque ta inl'isible hay tm solo ,fo Yio!a.

Y aceehando la entratla tlel próximo diente,
sonrío un mozo, &lt;' tereoti1•ada111eute,
y piensa que en la ca.-a sn hija enferma está sola.
XAVIER

ORONDO .

�CERV.\~TES
CERV\NTES

LA ETERNA HISTORIA

En la almenadn. torro ,lel l'astillo
&lt;¡ut&gt;brálmn~e los (dtimos fnl..,on,.,
del ol, que agonizaba en 10:tananzn
entre nube!; eambi:rntes &lt;le colore&lt;&gt;.
T&gt;eseencJí:rn las. sombra lentamentE'
em•oldén&lt;lolo todo en su capuz,
y al ('Xpirar la tanlE', tri tementP
en lo infinito ~e per.Jií, la luz.
Por fin gir6 h puertn, y presuroso.
al impnl~o ,lel alma. ('namorn,ln,
atrevido el ga lnn penetró ansío o
hn'!ta In :it .. ol,a tibia y perfumada.
"C!eñora- lijo: a me tros pie~ renlliilo
quiero ileriros ruánto sufro y lloro•
que sep/iis que he Yi\'i,lo
•
•
porqne \il"o por "º~• porque os ntloro.
Que la an~icrlnrl ,fo 'l"l'l'OS no RC &lt;'alma
y que sólo hay en mi. ramino abro,ioR;
']tu' e~t:í. ren,licla. ,le snfrir t&gt;l alma:
que están rallsarloR ,le llorar los ojo~;
Qu i:ólo hablo en miis verso de noloreq
tan ~r:tn,les eomo mio ; •lel tle rons11(']0,

porque el lletfume &lt;le mis fre,t'nS llore~
no consigue llegar o vu 'tro ciclo.
Escucba&lt;lme, señora,
miradme como os miro, cou ternum;
tenetl pierl:ul de estn alma que os ndora
y qne muere entre es¡.osmos tlc amargura.
, Desde cuáncfo, atre,·ido el pensaruiento
o bu ·a s61o o vo., '-eñora mía !
¿D ·de rníinLlo es ¡,rofundo el sufrimieutol
, Dc!!de euá11Llo es horrible la agonía .
• • o lo sabéL, sciiora; e· impo!-ible
snlier rómo el Destino
en su iumensa piedad it1comprc11i;ible,
os pu~o en la nútad de mi camino
ofreciendo a mi vitla siempre tri te
una. ,·entura q11c, sin ,·o , 110 c. isk.
abelllo de nna ,cz: en la exi ·tencia
tle este triste cantor in paz, sin .. alu.L.'l,
sois, i,eúora, In luz; sois la crecm•ia
con que gozo ·a e ilumina el almn.
1fentira todo lo que en YO!! no exi'lle:
sólo vos ois \·erdañ. señora mía.
el eterno ercaLlor en vo · rev i te
cuanto puc,le soñar la fantasía.
Si sois tona bomlacl, toLl.a ternura,
si . e asoma. n1estrn alma a vue tro ojo·
¡Llcníís tollo un poema ,le \'!'nh1ra,
pidiendo amor 1&gt;11 n1e tros labios rojo
Y yo os amo, señora,
eon ceguedad de idólatra; yo o miro
como mira el creyente al dio que a,loi·a
mientras le manda el ruma en un ·u;piro
A í os amo: ¡ ver,lad que lo S.'lbéi~?
os lo dice mi eterna t1csninti1Ta:
oidme por piella.l, no me neguéis

221

�222

CERV'ANTES

el plnJer de POntaro mi amargura.
Deci&lt;lme que me amáis, bella sefiora;
tledJ que ~omprcnJéis mi sufrimiento;
deeidme que me busca siempre au ioso
y eunmor11,10 sielllpre, el 11en amiento.
Deei,lme que \;l"ÍR la misma \'ida
que \'h·o JO: Jeddme ,¡uc el rlelirio
no se ralma un iustant(', y &lt;¡ne esc-oncU.la
lle,·áiH la misma pena del martirio.
Habla,I. señorri, habla&lt;!: me tro silencio
es cruel, e. horrible:
&lt;le,·itln1e que m amáis a 111í tan R6lo,
•le •i,lnll' que es mentira lo imposible.
Pietla,l "'~lo pie,lu&lt;l para mi ruE"go.
iA1•aso mi uolor mm no nknnza
n ha&lt;·eros pronuol'i.ar una ~labra
,Je donde Hurja. al ii.n. una e11peranza f
:\firatlmt&gt;. . . ai&lt;í, seiiora ...
¡qué ,:ompasiva ~ois ~- eu!t11 &lt;'lemente!,
¡ cómo . e en~au,•ha el nlmn r¡uc os ailorn,
que es n1estru sol:ur.ente .•.. !
:\üraclmp: e ·toy an io, o
rle sentir el cnlor !le esa mirada; ....
¡ bai·e tiempo la encuentro s61o en saeiío
el almn enamorarla!
¡ Qué buena sois, qué noble y generosa! ;
al fin triunfa el afün cou 11ue o.· imploro;
¡cómo tar,],í en llegr1r cate momento
11 que habíais tle l'&lt;nber 1·ufü1to o. adoro!
Señora, pt&gt;r,louadm&lt;';
:·a os lo ha routn,lo to,lo el alma. mía,
ya lo !&lt;lllJt.óis, ahora . . í, olYi&lt;la&lt;lmt&gt;;
no j1int(.is n1estra rlieha a mi a¡:roula.
Errante peregrino
ron el t lloro de mi amor profumlo,

no ~é por qué camino
ht&gt; de pa ar. sufrie111lo, por el m1m,lo.
'ig-amo , pues,
ñorn, eaminantlo,
por rnt&gt; ·tra senda vo , yo por la mía,
sil'rnpr(I lejos. mt1,I' lejos, evo,•mHlo
el ben,lito r&lt;'Cuenlo ,le ~te 1lía.
¡ Adiós. ~efiorn ! Poi' la \'ez postrera
,!ejn,Jme repetir qnl' sufro y lloro
,,,lo ¡,or vo. ; &lt;1ue e n1e tra el a.lma entera
qun \'a sic mpre traf! vos porque os adoro.

..... . ..

'

......... .... .
'

Eu In priml'ra •~lariJad ,lel tifa,
l'll

la~ ,ombrns ¡,rimeras &lt;le h

noche,

1•ntrl' el follaje de la sclrn mnhría,
1•111 r la flore.- al 1•crrar :u hrocbe;
"" el triste murmullo 1le la fuente,
Pll C'I aire, :eñora, ,le la hrisa
&lt;1ní' aenri1•b, ntre,·i,lo. ,uestra frentP
y reeo:.:-1! eu ·us giro· n1estra ri,.a.
hu,,·n,l. os ruego, el cto ,le mi llanto;
t•I :m,pi ('. ,·cñora, quí' os endo;
In r111eja &lt;IP mi et.•rno •lesC'nt'anto.
la tri• 1•1.n insowlnhle ,le mi ha. tío.
'
. . . . . - .. . .. . . . . .. .
0

..

..

Po1·que o he ,licho lo
no me irnar,]éis rem•or,
¡ Atlíí,q. eñora, a,Ji{, !
1'otno yo soy, sin \"Cros,

.

..

&lt;111e hahfa O1•11ltnllo,
·e,1 generosa.
, ed tan ilicho~a
de A"raciado.''

...................... .... .

l'er,lié&gt;ron. e la última: palabras
en 1111 ilen&lt;'io !'IPJIUlcral, profundo;
C'l instante tic a11101· pasó, ,1e.inn,lo
'lTihelos ,le otra \i1la, ,le otro mumlo.
En las ~ombra bus!'áron e tlo almas,

�224

CERVANTES

:?:?5
y eon afán febril, incomprensible,
fuucliéronse en el ansia de un su piro
hondo, tierno, amoro o, indefinible ....... .

... . .. . . . ... . .. . .. ... ... . ..

ruzó el galán la puerta del castillo,
y ebrio de amor y loco de 'l'entuia,
pensando siempre en ella y ólo en ella,
perdió e al fin entre la selrn obscura,
mientras allá, en la alcoba perfumada.
siempre triste y callada.
ella, toda bondad, toda ternura,
ocultando e&gt;n las sombras sus sonrojos,
un inmenso poema de amargura
llejó asomar a us ,lin.nos ojo ,
1•ensando en el errante peregrino
que, ron la dicha de su amor profundo,
no ¡,rctemlc saber por qué eamino
ha ele pasar, snfrienilo, por el mundo.
DARiO RUBIO.

(Ricardo del Castillo.)

UN CONTEMPLATIVO

Todas las tarde!&lt; al poner ·e el

ol, siempre

que la lluvia pertinaz y monótona no enchar-

ca e la imétricas callejas del jardín &lt;lel l'imatario, wio de lo mál'i bellos y pomposo. de mi
pueb!o, don Cádulo ira"'allan , el ricacho ,le
má" enjundia venido a meno. por uno dr lo
muchos azar s el la pícara fortuna, se enne"'aba, .fijo lo can~ado. ojos en el amplio horizonte &lt;le lo cielo , a almaceuar recuerdo: y rumfar desazone , contando, para ello, eon &lt;&gt;sa
pequeña do.·i · de e. toiei. mo forzo.·o , ne In:
amarga.· leccione. de la Yida IP dieran como mínima recompema .. iqniera fue e para 110 sentir tanto la. entreabierta llaga. de s11 profundas y san0'1•ante heridas morale .
Porque don Cá~h1lo, qne en la. época, ri. neña. de ·u florida pro peridad económica fnr
ca. i un manfrroto; e pecie &lt;lt• bolso sin fondo
para &lt;Jlll' en él metiese la pecadora• mano rl
prirncro c¡ue llegar tratara a proYeer e de muy
rt•lucientes tloblone
ólo e:taba confo11ne a
Cervnnte~.-11;

�CERVANTES

226
.
rreta del De tino, que por
media: con la Juga
d'
. aca o no inter. a un pan p' ir, si
d
d
poco lo cJa
· fi to a sus an aobstáculo u1am
viene, co,no .
u férrea v levauti. ca conriega&lt;: opulencias,
- ~ que u. aba re·orte, una rancberota gruulonstilo caporal v fu.
t ba a caballo a e
'
. d
vól ver. mon a
e
·etado cigarrillos e
maba de vez en vez. ap1
manufactura de .conoc1dhab.'
dado cuenta la
a 1ase
le rto
Tarde, por c
'
d los dcrro- . le :\Iagallane e
ro tilla !lel seno1
t
. do. lo que. ·¡·
d s.u protervo mar1 .
che. m,-o ito
e •
'di
s faenas t&gt;n el ran.
·
las coh ana
hacc1·•. aneJO • l~b , " ~1·empre avizoraL1os por el
l "El o 1 r1, "
,
cho &lt; e
•
'llosa mujeruca. a,1 coojo alerta de tan qmsqn1
ía su&gt;- cinco
'
, .
. lado en que pon . .
mo el solicito eme . ·,
. . . la parroquia
Jam·i ca1 eciese
entido .. para ,¡U&lt;'
e llo
menesteres del c•nldel ln~ar de todos
le era entregada por
to litúrg. ico ;\l' cu~ab ~-o a de cada :emana, rior
. t'
O' ;;a au
.
el .·acn. an
" .
1
'á tnlo que e
to a hurtadillas ele e on
.
.
r
upue.
. , n mlor v amigo dP. lo e iala echaba de hb1 epe á
. uficiente:'\ a que.
blo.; motivos ran m
que .
.
le a11uel
d . ora e lo mancJos t
por &lt;h' conta o ign
t ,,'mtoma. ele ln.
· . por ex rano "
'
a &lt;\UH'll • e un:era haeía cuarenta afio,;, bien cojurio O empenos: &lt;

ª't:

rrido,; y apreta~1to .
l carácter dr su conTale. orientac1one en e_
b ·e todo n
r lo 'lUe e relac10nara, . o t
•
sorte, po
i nificaban para don ássn Yic1a l'll rl hogar, s g

CERVANTE,

tnlo. que en el fondo era un bonazo de bien
tomplado,; hígados, algo más amargo y tortnraute c¡ne lo vacío qu en u antaño repleta
arca fueran tlejando , por un lado, u jugo o
coraz1í11 y, por el ofl'o, ese maldito apocamiento para enfrentar, e a los vampiro y decirles
a boca llena que no, mandándolo , .i era preciso. a frefr chongo en lo mi mí imo cuerno.
de• la luna. Porque. bien vistas las cesa , . i el
te. oro había mermarlo en proporción angustio. a. ni;unto era tan ólo de .·u rel'-orte, upue to que eon tituía la herencia de su padre. y de
. n. roiio.·o abnelo:, ya que la honfbruna de u
mujer, cuando llegó a sn lado, no aportó má.
conting ·nte que unas bieu apretadas carnes y
uno: ojillo. malicio
y picarone., can. a primaria de ,¡ue él hubie. e caído. romo en un pozo. a e a cueva sin salida, a la que paladinarnent 11' llamaba ··su matrimonio a la. volanrlas ... Pero supue. to que lo. lazo re ultaban
irrompihle ~· había qur haC&lt;'r &lt;le tripns co1·azó11,
·" aguantalJa como lo hombre&gt;-, ;va a la pnertas de la ~ nectud. ? amparado por el con, olado1· t&gt;m blema ele su toica filo. offo dt&gt; p1·0Yinciano sin rencorr. , nada le pedía a la fortuna que no fne e paciencia y má paciencia para
ir conllPvall(lo lo. truculento ·· desaguisado qnP
a diario 1 atenaceaban la exi teneia.
Poi· &lt;')-0 gustaba &lt;le anegar su e píritu. de. -

�CERVANTES

228

de una banca del jardín del Cimatario, en la
serena y quieta contemplación de los crepúsculos vespertinos ; bañándose en la maravillosa -faz
de los campos fronteros, llenos a tales horas de
inquietas avecillas y de céfiros murmuradores;
por eso se apretujaba en el chiquitín, en el casi microscópico alcázar de su almario sensitivo
y, dándoles rienda suelta a los recuerdos de .su
primera juventud, se envolvía, como un adolescente, en el éxtasis arrobador de alegres tiempos, ya lejanos.
Esa sí que era la única fuerza con que contaba en sw presentes infortunios; la diüce
miel_ que a sus labios llegaba, enviada desdé el
ramaje más enhiesto de los cercanos cedros cOJ··
pulentos-, para alivio de tantas engañifas como
del mundo recibiera. Por eso no perdía jamás
su íntima, su amorosa contemplación crepuscular, hora en la cual no solo se olvidaba de sí
m.ismo, sino que veía, ·allá, a lo lejos, casi esbozada en el vago contorno de las primeras sombras de la noche, la figurilla adiposa de su mujer, amazona en la terrorífica bestia del Apocalipsis y camino de ese país ignoto del cual
no se regresa nunea.

l

SALVADOR CORDERO.

Septiembre de 1917.

229

C.ERV.\.NTES

N

,

LA SENORITA DEL BALOON
Es el suyo un baleón singular. Abierto a
los vientos del Norte, frontero casi a un templo Y un poco vanidoso de su vecindad cou la
esquina, que le permite enseñorearse a la vez
de dos calles distintas, una de tráfico -verti"inoso y de .apacible condición la otra. Ni ~a
sola maceta le presta la romántica gracia de
sus c_? rolas; el color verde opaco ele su pintura añade, a lo austeTO de su aspecto, un tinte
de senil gravedad. Su perspectiva es dilatada
Y abiúta, sin que la m-0le de ningún nsky-s~raper"_ le dispute el dominio de su espléndido honzonte. A esta especie de poder absoluto de que dio,fruta, se debe quizá al sello que
presenta de autócrata que se solaza en saborear Las franquicias que su poderío le prodiga. ~.s, por otra parte, un curioso impenitente
del aJetreo que ocasionan los tranise{mtes de una
de sus calles.

�230

CERVANTES

Tan gentilísimó balcón posee, además, como
conviene a su condición de gran señor, una favorita que lo tiene hechizado y hace ele él
cuanto su frivolidad femenina le sugiere. Es
ella una mlujercita de tez de azahar, obscura
cabellera y cuerpo breve. Los colores claros y
las telas diáfanas ostenta siempTe en sus ropajes, como si quisiera armonizar la lozanía
de su alma con su continente exteTior..Ama
tanto su balcón, que, de poder lograrlo, pasaría a su lado la vida toda, desdeñando el isócrono deslizarse de las h_o ras y, como compensación a este insaciable anhelo, se acerca a
él constantemente a gozar del panorama que
rendidamente le ofrece.
Así se logra verla, enfundada su cabecita
de golondrina eIL su seductor gorro de encajes,
y empuñando en sus manos de muñeca el plnmero, con que liberta del sutil castigo del polvo la vieja consola y el ajuar domé,-tico, avizorar desde la exigua eminencia de su familiar atalaya, la peregrinación monótona de las
buenas mujeres que, afanosas, se dirigen a la
iglesia vecina, fieJes al matinal clamor de las
cam,panas, o bien observando, con leve gesto de
ironía, el paso trotado de las criadas que, canasta al brazo, caminan. en dirección del mercado a efectuar la compra cotidia,na.
No es difícil mirarla, reclinados loN lirios de

CERVANTES

231

sus brazos en la barda fraterna, contemplar el
lento agonizar de la luz, mientras su pensamiento se reclina en el suave regazo de un
recuerdo ....
En los mediodías, cuando el cielo urbano se
pone su mejor vestido azul, ella sale al baleó~
a envolverse en el fúlgido manto de la claridad cenital, que es buena amiga de su rorazón
abrileño. Entonces lo flamante de los ondulados de su peinado a la moda está evidenciando el inmediato abandono que acaba lle hacer
del tocador, y que ahora, más que curiosear la
vida callejera, desea exhibir su encanto de
mujer.
Otras veces, en el sopor ele la ~iesta, aproxima un mecedor . al barandal cl'ilec1:o, y
con la complicidad de una novela sentimental se pliegan lánguidamente sus párpados en un sueño plácido, que generalmente interrumpe con su chirriar aguno e interminable el timbre eléctrico del cine cercano.
En las noches, acaso para desvanecer de su espíritu una reminiscencia dolorosa o bien para extasiar sus pupilas en el milagro de las lejanías, busca el refugio ele su mirador habitual y en un inefable arrobamiento ,cabalga
en el blanco pegaso del ensueño . ..
No es difícil sorprenderla suelto el lac;io torrente de sus cabellos sobre la espalda mórbi-

�232

CERVANTES

233

CERVANTES

da, con un vestido de vaporoso tul, fresca y
fragante como una campesina.
¡ Qué pena si, al pasar un día frente a este
amable balcón, lo encontrara huérfano de la
grácil silueta de su señorita!
RüBEaTo

.J.

NúÑEZ y DOMÍNGUEZ.

México, septiembre de 1917.

;

;

DON RAMON DEL VALLE INCLAN

'' La Lámpara Maravillo-sa,''
El supremo artista que ha traído a vivir en
nuestro interno mundo fantástico figuras que
no se borrarán de él sino cuando él también se
borre, cuando se diluya en el Todo único; el
creador del viejo león don Juan Manuel Montenegro y de su.s cachonos, los desaforados garzones apodados con motes tan donairosos como
'' Cara de Plata'' y'' Don Farruquiño ;'' el de
la "pobre Concha;" el de las cinco pías Marías; el de la '' Ginebra pastora;'' el de '' Xavier Bradomín,'' ha escrito un libro que es, a
un tiempo, confesión y credo, el cual se titula
con un nom·b re sugerente: "La lámpara maravillosa. Ejercicios espirituales de don Ramón
del Valle Inclán.''

Un libro de Valle Inclán es, en toda ocasión,
C(}Sa interesante. Ya el ebúrneo primor de su

�234

CERVANTES

prosa nos eneanta; pero yendo luego de lo bello exterior al fondo, aspiramos, en la lectura,
aromas esenciales, efluencias de algalia y de sándalo, como esos olores, fuertes y delicados al
mismo tiempo, que despiden las resinosas maderas de los cofres por mucho tiern po herméticos.
El libro de ahora no es, sin embargo, eomo
los anteriores, obra de artística .ficción, smo
concentración de ideas, resumen de normas estéticas.
No es como los otros, narración de hechos,
influíc1a y socavada siempre por su peculiaT manera de ver la vida, sino la definición, perfecta
también formalmente, de esa manera de ,er v
' de sentir.
·
Pero quienes no estén penetrados del lenguaje de los místicos, de Teresa de Cepeda, de Juan
de la Cruz, de fray Luis de León, ténganse
Y no se atrevan por ,ms páginas aluciuantes.
Como que la. prosa ahora, a más de las exquisiteces, habituales, tiene la espiritosa complexidad que hace ardua, al no iniciado, la profunclacíón de e,sas divinas fuentes. Los profanos
podemos apenas espigar algunos símbolos fáciles .. ..
La transformación evolutiva en la personalidad del autor que las nuevas páginas acusan.
él mismo nos la descifra, se,ñalándonos las ru~

CERVANTES

235

tas andadas : '' Cuando yo era mozo, la gloria
literaria y la gloria aventurera me tentaron por
igual." Una confusión de voces de enigma lo
empujó por ese camino, y lo recorrió con un
temperamento sensual, con una fantasía loca,
con una voluntad obstinada. Había en su alma
una curiosidad sin límites por todo lo misterioso y por todo lo perverso. Estaba medio clemoniaclo; pero conservaba un tinte católico que
hacía más acres sus blasfemias. Amó entonces
los am,-0res horrendos, pecaminosos, aun los que
llevaban el sello perturbador del incesto.
Su :fastuosa imaginación y su gusto por lo
arcano, salpicaron su obra con relatos de almas
penitentes, de trasgos y ve¡¡tiglos, de v1eJas
mansiones encantadas; las brujas, en el sabático aquelarre, se entraban por las chimeneas
de las viejas casonas, mientras afnera, en la noche hibernal, un viento ululante aterraba a los
extraviados peregrinos. Sabía de conjuros y
exorcismos; de oraciones malas para hechizos y
aojos; conocía reliquias y talismanes propicios
para bien parir, y para bien morir, y para bien
matar. Los gafos, los ciegos, los malpocados,
los tullidos, los sarnosos, la tristeza y la podre
humanas, hablaban en sus libros, y a veces formaban todo el cuadro, todo el ambiente; pero
ello embellecido, sublimado en la alquitara de

�236

CERVANTES

su espíritu, &lt;pie chorreaba la esencia por la
punta de su plum.a . . ..
Apenas si algunos remansos de su obra eran
ínti_marnente puros, para completar con esa leve
dosis de bondad y sencillez absolutas su mundo fanltástico. Recordad, si no, a aq 1;ellos mollare~, a aquellos píos monjes de los Aromas
el~ Leyenda, que parecen amamantados con la
misma leche que crió al bienaventurado de
Umbría, el pobrecito de Asís.
Pero a veces, cuando Ja figura, como las de
algunas de sus heroínas, era la de una cándida
pucela, lo era sólo para . más contrastar ~u
alb~ra con el 11egror, para hacerla pasto de
f~.m~a~, cordera blanca en las fauces del Jobo.
V'll'gimdad en manos fa un escas. . .
·
E~te ~undo de misterio, de impiedad. íle
aluc_1nac10n, con sólo unos leves toques de blancor mhollado_,
el que su imaginativa puso en
las obras prID1Jciales.

ín .

e:~

. . y él vivió también ese vivir venturero e impi:doso. Fue carlista ; fue mílite en nuestro
pai.s, en el que, por mala fortuna, no dejó casi
huellas
su paso breve; tuvo amores tuvo
pendencias. . .
'
· Le troncharon nn brazo . .13iilVejeció. Sus sen-

?e

=

CERVANTES

23'7

tidos se aquietaron. Sus pupilas, sin embargo,
continuaron agrandándose, agudizándose en la
tiniebla de la ignorancia de las cosas. Consultó, quizás, los libros mágicos; conoció, tal vez,
la aruspicina; fue un esotérico. Luego, ;rn dueño del misterio, de la orla del misterio cnando
menos, abrevó en las citadas divina fuentes de
los místicos . . .. Y exprimiendo todo el jugo de
su vida y de sus lecturas, viene ahora a ofrecernos, en un bello volumen, sus Ejercicios
Espirituales.·
Vedlo en la primera página, con el turbante
de los rabinos, y con su manto. El índice ele la
mano única señala, en un vetusto pergamino,
alguna sentencia complicada; tiene el rostro
magro, como de asceta. Sus barbas no son ya
de chivo, sino de comedor de langostas, como
las de Ioakanán, el Precursor. La estancia semeja la de Fausto. Sobre su cabeza, en una
repisa, un reloj de arena va desgranando el
Tiempo.
Y él, que ha fumado siete pipas de cáñamo
índico, y. que ha vivido con ellas en el mejor estado en el de la Contemplación, va ahora dicién~onos, grave, parsimoniosa y muy pulidamente, sus doctrinas . ... , todas sus doctrinas,
que resume en un •alto y bello• postulado: "Peregrino sin destino, ama todas las cosas en la

�238

CERVANTES

239

CERVANTES

luz del cUa, y convertirás la negra carne del
mundo en el áureo símbolo de la piedra del
sabio" ....

Esta " Lámpara maravillosa" es la obra definitiva del gran escritor don Ramón del Valle
Inclán.
ALEJANDRO QUIJANO.

México, septiembre de 1917.

SUPERSTICIONES MEXICANAS
Brujas y hechicer~
E l anhelo de levantar el velo que cubre lo
desconocido y ele sujetar las fuerzas de la Naturaleza, a la sati facción ele las necesidades y
del hombre, sin darse el trabajo ele conocerlas
y estudiarlas, sino valiéndose de supuestas fórmulas mágicas, de evocaciones de espíritus o
de otros medioi:, semejantes, ha dado nacimiento
en todos los pueblos de la tierra a las prácticas ele hechicería.
Estas prácticas, rudimentarias en los pueblos
salvajes, confundidas con la religión en otros
máA adelantados, en donde el sacerdote y el hechice-To son una misma persona, consérvanse
más o menos disfrazadas aún en los pueblos más
cultos, especiabnente en las clases bajas de la
sociedad, en las que resurgen siempre las i(leas y
sentimientos de los antepasados semisalvajes.
De allí que sea de sumo interés el estudiar esas

�240

CERV:ANTES

práctica,s supersticiosas que h~sta nos?tros ban
llegado, pues son documentos maprec1ables para conocer el alma popular y para comprender
los orígenes de un pueblo.
.
Tiempo hace que nos ha sedµcido ~l estudio
de las hechicerías y brujerías practicadas e~
l\léxico i pero sin tiempo bastante para ello, solo hémos hecho unos ligeros apuntes a que damos cabida en este artículo, que esperamos sean
de algún interés para .nuestros lectores, en tanto que con más detenimiento podemos dar cima a obra más completa.
La. brujerías m·exicanas vienen de dos orígenes: uno indíge11a Y otro español. Respecto de las
brujerías indígenas, difícil es· conocer:as_ todas,
pues habiendo habitado la actual Repubhca_ 1~~xicana pueblos (:fil muy diversos grados de ~nv1h., segun
, la cultura que alcanzaban
zac10n,
, as1 eran
las prácticas supersticiosas que teman, de las
que ml1chas ,se han perdido por complet~ o se
conservan por tradición en algunas locahdades
donde habitaron las tribus indígenas en que tuvieron su origen. A.sí, pues, sólo nos ocuparemos
por ahora de las más conocidas entre las raz~s
. ·1·izadas y que nos han conservado los..ant1c1v1
guos cronistas, es decir, de las supersticiones
aztecas. La importancia que los aztecas daban a
las hechicerías y brujerías nos la de~ues_tra el
hecho de que el p. Sahagún, en su Historia Ge-

CERVANTES

neral de las Cosas de Nueva Espafia, haya de~
dicado dos libros y un apéndice a tratar tales
materias, esto sin contar oon las muchas referencias qne en otros lugares de su o.b ra hace
a las pTácticas supersticiosas de los antiguos
inex.icanos. A quienes deseen más detalles, remitimos, pues, a los libros IV y V y apéndice
de éste de la referida J1istoria, en los que detalladamente trata sn autor del arte a&lt;liviuatorio de los antiguos mexicanos, señalando los días
fastos y nefastos de la. astrología y nigromancia y de los agüeros y pronósticos sacado de
los animales.
Sólo, sí, advertiremos que l'nuchos de los agüeros que el P. Sahag{m ha anotado, se conservan hasta la fecha en las clases populares, como el aullido de las bestias semejando un lloro, que se tenía como anuncio de muerte, superstición 11ue en el campo se conserva respecto de los perros, al grado de que cuando hay
enfermo en alguna ranchería y se oye aullar
a un perro lastimeramente durante la noche, se
tiene al enfermo por desahuciado. El canto del
tecolote, como pronóstico de muerte, era, desde
entonces, tenido como tal, y se ha conservado
la superstición de tal manera, que ha rlado origen al conocido pl'Oloquio :

El teco:ote ca·nta y el indio m11ere.
Ello no será cierto, pero sucede.
,
Cervuntes. - Jíl

�OERVANTES

CERVANTES

243

242
La superstición popular que atrib:Uye el l~bio
leporino en los niños a que han nacido en tiemj)O de eclipse, data también de aquellos remotos
tiem'.pos.
.
Muchas de las fantasmas, estantiguas y ap~-riciones en que cree el bajo· pueblo, son de origen indígena, aunque se han m?~ificado al ?ontacto i;-on las creaciones superst1c1osas de origen
~spañol.
.
Uno de los primeros, entre los conquistadores
de 1\Iéxico de que hay memoria que se dedicara a las ciencias ocultas, es el astrólogo Botello, soldado que vino con Cortés Y que, consultado sobre lo que debía hacerse cuando se deeidió la retirada de la ''Noche Triste,'' influyó
en que se evacuara la ciudad durante la noche.
De él dice Be.mal Díaz : ' 'y demás desto estaba con nosotros un soldado que se decía Botello, al parecer muy hombre de bien, Y había
estado en Roma y decían que era nygro1uante (sic) , otros decían que tenía familiar, algunos le llamaban astrólogo, y este Bote.no había dicho cuatro días que hallaba por su suerte
'
,
o astrologías, que si aquella noche que vema no
salíamos de México, que si más agua-rdábamos,
,
.d
,,
que ninguno saldna con v1 a ... .
.El misrrÍio autor nos refiere que, muerto Botello en aquella retirada, se encontraron en su
"Petaca un libro pequeño lleno de rayas, cifras

y apuntamientos para predecir el porvenir y
'' una natura como de hombre de obra de un
geme, hecha de baldrés, ni más ni menos al parecer ele n·a tnra de hombre y tenía dentro coU.l,O una borra de lana de tundidor ... ''
En los primeros años después de la conquista, la hechicería estaba muy extendida aun
entre gentes que algo suponían en sociedad, como nos lo demuestra lo que Rodrigo Castañeda
declara en el juicio de residencia de Cortés al
contestar la pregunta 31 del interrogatorio. Dice así: '' que había oído decir este testigo, después que vino el abdiencia real a estas partes,
que en tiempo que el tesorero era justicia mayor, se hizo pesquisa de los hechiceros e hechiceras, que había en esta ciudad, e que se hallaron ciertas personas culpadas, e que, no se castigaron; porque dizque se disimiló por no afrentar a las personas que eran ... " Y el bachiller
Alonso Pérez, examinado en el mismo juicio sobte igual asunto, dice: '' que en los "adevinos e
sorteros, que han dicho en esta ch1dad que ha
habido muchos, e que han adevinado en la muerte de Don Fernando Cortés, e que no se acuerda las personas que han sido, mas ele haber
oído públicamente a muchas personas·, que no
se acuerda sus nombres, que uno de los adevinos era Moscoso ciego, e que no ha visto que
hafi sido castigados."

�CERV.\, TES

Cl:.ll\" .\:-STL:¡.;

También recordaremo c¡uc la mujer de Alonso V aliente, cuando 'ort, , fue a las Uibueras
y gobernaban en México lo'" o:ficiale reale , porque dijo que ort&lt;'.• no había muerto, como éstos habían hecho circular la noticia, la mandaron azotar, acu ándola d 11ecl'iic ra.
Parece que fueron lo. griego lo primeros
que dictaron grav 1 eua en contra de lo · hechicero y que de allí las tomaron lo romano~
y lo. pueblo l'nropeo que le ucedieron; pero e curio o atlvertir qu también algunos pueblo indígena ca tigaba anu con la muerte a
lo acu ados ele heclricería, como puede ver e
en lo. m.apa. del manu cl'ito el Beamnout, obr lii~toria de lo. tara co. , ele lo cuales e ha
publicado la lftmina re p ctiva eu ' 1\Ié.xico a
trav' de lo· siglos, ' tomo II, página _!) .
Lo. . paiiok , ·i bien e. cierto que, como lo
hemos visto a raíz el la conqui ta de la ~neva
E paña no per igui ron con empeño a lo brujo y hechicero paisano suyo~. en cambio ·e
mostraron implacables con lo. in Hgena acu. ados d l'So;; supue:to el Jito. .
í nos lo demue trau: l proce o int1uisitorial del cacique
de Texcoco
lo. proceso tle indio hechicero. ,
publicado bajo la dirección 1lel erndito e:critor don Luis González Ohregón .
Del primero apar e que don arlo: Ometocbtzin, hijo &lt;le . retzalrnalpilli acn mlo de

.....

iuolatría r d lrnbf'l' t,•nido ren-laci ón del uemonio de que había d haber mucha P' · tileucia en la tierra, fue condenado a la boO'nera por
t&gt;l obi po Zumál'l'aga. Por el e tudio de los demá. proct•so.
Yiene en conocimiento (lUe la
mayor parte de la. npne.-t· heclücería de lo!'i
indio. no eran . iuo Ja. cer monia: de- u. antiguo,: cnltos i1lolát1·ico . que seguían practicando
, ecretamente, no obstante 1-&lt;u aparente conver. ión al cristianismo.
::\Iá. tat·de. e tablecida la Jnqni. ición en la
• ~ueYa E paña. fue arande el número d causa, in. truída contra brujo r hechicero.'. En
la nlación del auto ch• fr celebrado Nl • féxico
el de dicic-mhrc de ] 596, encontramos sei h eebic ra . cond uaua. , y curio. oi- el talle. . obre
us h chicería. ";," . u pee ticione -. ca i toda encamfoada. a con auir E&gt;l que homhl'P:- y mujere . e qui ie. en o se pre tasen para fin¿ de. hone. to , por lo que . e ve que má, i;;e trataha
fe cele. ina:- q11P de bruja:. i bien e. cirrto qm·
de de en ton e. ha. ta ho~ par e • qm• t'l ]!'no
cinio y la hechicería :on profe. ion C':- íntimamente ligada . .
Datos más curio ·o sobre la . upersticio,-a"
cr encia. d los brnjo. o hechicero de la X1w,a E . paña, uo proporciona la relación &lt;lE&gt;I anto de fe cel •bratlo en 16-1 . en qu fu e ondenada Ana 'iT ga. mnla1a. mnj r d r spsenta aiio .

�CERVA 'TES

curand ra, partera y tamalera. En el extracto
ele u can a que no copiamos por su extensión
no íilo sl' describen minucio amente los procedimiento para enhechizar, ino también la
su tancia y mobiliario de una bruja de la épo·a, rep1oduciéndo e aun la conver~acione' con
·u cliente .
En es mi rno auto de fe fueron . t&gt;nt. ociadas doña Beatriz Enríquez, célebre judaizante, y doña Rafaela del mi. mo apellido, quiene
. e ntregabon también a práctica. de h cbicería n uso entre lo. judío que re idían en la
• Tu va E paña y qne , on bien curiosa'.
Para finalizar di.remo que a fin d e. tudiar
la brujería, tal como se practica en la actualidad 110 hcmo sujetado a lo procedimientos
usado,; por las p udobrujas qu hoy exi. ten.
De ello ólo describiremos por ahora el . iguiente para hacer que se Tetire de una ca a la
mala u rte: comienza la operadora, pne h(!Y
ca. i no hay hombres que a la hechicería e dediquen pot· encender tre. vela. al revl' , formando un triángulo, en tanto qnc eu un bra rillo e ftnema copal y oh'a yerba aromática. :
lu go salta obr la vela , pronunciando palabras mágica : inc n. a toda la casa y hace que
la per ona que qniera de aparezca u mala e trella,
desnude lo brazo·, lo que lava con
nna agua en la qu hay ro a. entera y desho-

CERVANTES

247

jadas que sirven para restregar al paciente y
hacerlo a persione .
'omo e ve, e. tas cer monias re •uertlan la.
práctica. relic,io ·a de la lu. tración, dl' ori"'en
etru e , cons rvada por los romanof.l. e procedía a •Ua por el agua, el fue"º y lo pt rfume .
Las madre y lo:-1 reciennacidos eran purificado. también por a per ione. , mientra. anlían
ramas d laurel, abino -y azufre, de pués &lt;l,'
lo cual lo pa tore. daban tre YU Ita alr declor del apri co y ofrecían a Pala.' \':ino 1 che
y una torta o un racimo de mijo .
Pero crcemo qne tanta brujería, l1abrán ya
can.-a&lt;lo a nu&lt;'. ro· lector y aquí le.· ponemo
p1111to final.
:\J t!X icü. ma~·o de 10 lí.
ALFONSO TORO.

�TARDES DE MI VIDA
A la nunca oh·iila,la.

'fal'd : de nú vi.da, va o tran parente
lle m lancolía, de debilidad,
en c1t1e voy corriendo como los riachuelo ·
que les va faltando fuerza para andar,
n qllt' igual a un tHco limonp1•0 mu.,tio
&lt;¡ue le duele mucho soltar el botón,
voy ci·'iando un vnso, como yo dr tri. t',
que e 1 fruto lánguido el mi viejo amor.

OJOS MANSOS, DORMIDOS . ..
jo. man. o:, dormido , lle cansado mirar,
recatarlo · tierno · huerfanito - g melo ,
rn • n ne!:!'nua hermoso como noctnrno. &lt;&gt;ido-,;
en . u mi-,rN·io a1·cano como el profundo mar.
Cada vez c¡uc o encuentl'o, anhelo.os tle amar,
no qms1 ra mirara por t mor a de ·rdos.
negro ojo enfermo. ele pa. ión y ele celo·.
armo.1.Uosos r tri t I como un viejo cautar ..

(~ mol' ele mi Yida, caminito oculto
en el que discuno y nadí me ve ...
de tus alegría y de tu. colore.
y ele tu: fragancia;;; nada má ?O é ... )

Derramad Yue,:fra graC'ia en la enda floricla,
~· 1uie11tra. se d . bojan lo ncño ele la vida

Tarde ele mi ...-ida, vaso. tran parentes
cl P. m lancolía, d dt bilidad.
en que voy perdiem1o ·neño y quimera.
&lt;&gt;nal por eso. mundos clr Dio, el juglar . ..

o robaré a la cál'cel ele la. faz qne os adueña
-:, o. bt&gt;sar' c:almando vue tro ingC'nuo dolor'. ...

MAR.TÍ

GóMEZ PALACIO.

y no

clan su perfume las ro a del amor,

ojos m:rn:o,. &lt;1ormitlo~.

&lt;'Oll

r¡ue mi (1uima ensuciia,

MERCEDE, BoHRrfü.o.

rnn.

�250

CERVANTES

TROFEOS DE MI BOHEMIA

Mi chalina
Pendía de mi cuello, en descuidada lazada,
aplastada sobre la pechera de la no siempre impoluta camisa, una negra chalina que quizá
fue torpe moña de hetaira o crespón funerario
de ataúd, coú10 símbolo de soñador. y romántico
señor. Fue, con mi chambergo alicaído y mi melena rebelde, la alegría de una novia que allá
en los primeros versos tuve.
Ella era todo mi orgullo, junto con las últimas
rimas escritas al claror de la luna, 1ma noche
enferma. Ella era la ilusión de un éxito · ay 1
.,
que no ha llegado. Y en la bohemia sentimental de artista pobre, tapaba disimuladamente
la desgarradura de más de 1ma camisa que no
se atenía a la miseria de su dueño, sabedora
que un día se ostentaría como prenda insiane en una vitrina de museo.
. º
A semejanza mía era mi chalina romántica

''

251

CERVANTES

y sentimental; y un día, al cruzar junto a ella
una enorme lazada azul que apretaba una sedosa cabellera de mujer, quedó prendida ¡ la
muy tonta!, y desde entonces sufrimos mucho
ella y yo.
Deshilachada, mustia y descolorida se puso
mi pobre chalina negra, desde que tropezó con
la ingrata lazada azul.
Tercos, monorrítmicos, de una .sola en.soñación fueron mis versos desde aquel día en que
mi chalina se enamoró. El dolor, la amargura.
de la vida me trajo una pretenciosa corbata de
plastón, fatua y sin sentimiento, y la cambié
por mi chalina.
La ocupación burguesa de grasiento mercachifle me hizo envolver, con mis versos, inmundas vituallas. Y desde entonces, entre mustias flores, como el recuerdo más grato de mis
quince años, junto a los últimos consejos de
mi madre y envuelta con las primeras cartas
de mi novia, duerme mi chalina el sueño de la
inutilidad, mientras yo, grueso y sudoroso, ni
hago versos ni sueño ya.

Los ojos de María
Cual dos manchones negros, tan juntos que
parecen uno, titilan en sus cuencas, sarcásti&lt;'.OS, agoreros, sibilinos, los ojos de María, q11E&gt;

�252

('EIH'ANTES

miran con regusteces de expertas tentaciones,
con éxtasi. de estatua o de santón, con perversidades de bayadera o guiños de taifa.
Posesos Tnedan taditurnos en la amplitud
de un salón de café, en donde su dueño, ¡ tirano !,
los tiene presos. Y o no sé qué añoran estos ojos
de l\faría-caprícho para un rey díscolo,-que
se fijan en todos los ojos que ven y los entTañan,
como asomándose a todos los espíritus, como
buscando algo en todos los recovecos de las almas, como pulsando todos los corazones.
Ella, María, sin en.1bargo, es una muchacha
i-:encilla, sin complicaciones de espíritu, sin vicios de liter atura, jovial, sana, apetitosa, remachada en amores fuertes de carne y fecundidad, Pero sus ojos, la manera de mirar •de sus
ojos la estigmatizan cual diablesa, aplastándole su personalidad y haciéndola temible.
Si en su condición de hembra hay picardías,
son acaso las que esboza, ingenua, en el contorneo de sus caderns febles. Si un amor guarda,
allá, entre la primera pena y el primer aguijonazo de la pasión, ha de ser seguramente el
a.mor que maltrnta y prostituye.
E,; simple, repito. 1\'.fo.s a veces, al fijar su
mirar altivo para desarmar algún bellaco C(UB
atrevido f)uiere palpar sus carne , con tal guapeza, con tal majo donaire lo hace, que sus ojos.
toman un exótico brillo de heroína.

(TRV .\XTl:'.S

Es simple :María. Pero yo tengo la tortm:a~te pesadilla de unos ojos que se quedaron s1~
vida mirándome extasiados y que me persiguen tenaces, y Dios sabe s1 los de María
serán.
En mis correrías, en mi bohemia sin tino, en
mi ambular andaTiego, los he encontrado hasta
en la penumbra de una ca1,bonera de un transatlántico, en donde mi condiaión de pasajero sin
billete me había recluído.
Próximo una vez al crirnen, ellos se me apa recieron, suplicantes, cenizos ele tanto lloraT, Y
evitaron lo que nadie hubiera podido evitar.
¡ Ojos!, ¡ojos!, que os llamo de María porque en María se me aparecieron la iiltima vez .
¿ A qué alma que yo haya torturado pertenecéis 1 &amp;Qué crimen, ¡ ojos !, he cometido y qué
culpa no he expiado? ¡, Sois, acaso, el dolor de
mi vida 1 ¡, Vuestra dueiía es, por ventura, aquella tísica que unió su enfermedad a . mi vicio 1
¿ Sois los de la degenerada que en Marsella me
hizo bebeT sangr~ con ajenjo 1 ¡,No me seguiréis, como su maldición me sigue, al mandato
de aquella estrafalaria que absorbió la frescu1·a de mis doce a11os, indumentados con mi pretencioso uniforme de grumete 1
Raras cosas, complicados casos clínicos vería
Hoyos Vinnet en estos ojos de María. Mil so-

\

�254

CERVANTEIS

255

CERVANTES

netos forjaría Villaespesa desentrañando el poi:
qué de estos ojos de María.
Yo, más confiado, creo que solamente Dios
s~bc 10 que son Y de quién debían de ser los
OJOS que llamo de María, porque en María se
me aparecieron la última vez.

A. ÜRTS-RAMOS.

SALVE, MAGA DE AMOR . ...

¡ Salve, maga de amor que me despiertas
a la vida con el encanto :fuerte
de tu belleza.
Por benigna suerte
vagas sobre mis ilusiones muertas,
como el sol vaga por las nieves yertas
de una montaña, y tu sonrisa vierte
gracia vital donde segó de muerte
el destino, esperanzas entreabiertas!

Mi vida era un erial, un campo yermo
donde agostaba al corazón enfermo
el soplo de implacables infortunios;
pero tu amor me la pobló de rosas,
como pueblan de azul los plenilunios
las sombras de las noches silenciosas.
RAFAEL DURAND,

jr.

�('ERV.\.:S-TES

256

TODO POR EL ARTE

-Sí, a ella la conocí anoche en la ópera: la
Castillo, una de las dos célebres hermanas cantantes. Pero, ¿ los dos hombres que la acompañan 1
-El alto, rubio, de aspecto altivo, aquel a
quien sirve en este momento el mozo, es Radzoff, el agregado militar de la legación rusa;
algo así como un conde.
-Y el otro, pequeñito y calvo, que mira a
la paTCja con ojos de complacencia beata, ¿ el
secretario del conde Y
-No; el mai·ido de la Castillo.
-¡Ah! '
-Espere usted unos momentos; observe, y
a la hora del café oirá una historia instructiva,
con sus ribetes de filosofía.
Aque.J diablo de Flores, un verdadero periodista, ya estaba en vías de hacerme una crónica picante, y como yo supiera poco de los deci-

CERVANTES

257

res entonces corrientes en la Capital, me preparé a oír, haciendo antes lo que me aconsejaba.
La Castillo era una hembra. ¿ Para qué añadir un solo rasgo descriptiYo más 1 Nada agregaría a la noción asentada, decir que era morena, amplia de formas, de movimientos rápidos que denotaban ardentía, lo mismo que los
ojos moros y los labios encarnadinos y gruesos.
Sin temor de equivocarse podía uno apostar a
f{ue, dentro de ese cuerpo goyesco, ataviado a
la última moda y no a la del siglo XVIII,
poco lugar había para el romanticismo. Y quien
la haya oído cantar como yo, con voz vibrante,
cálida, casi sexual, corroborará este aserto.
Radzoff era musculo8o, sanguíneo . pero tenía el mirar vago de un indiferente, y las mnneras parcas y desmayadas de un hastiado.
En ar1uella mesa vecina de restauTant a la
moda, se jugaba evidentemente una partida.
La dama era toda miel, toda mimo. Servía al
conde rozándole ca~i la boca con sus espléndidos
brazos desnudos; era su voz un fresco surtidor
e~ continuo gorgoriteo; reía, se agitaba, parecia uno de esos espejos móviles c¡ue sirven de
reclamo y de trampa a las perdices.
Pero lo que me desconcertaba, era la actitud
del marido. Acurrucado en su silla, espiaba mudo. Por su carilla redonda y bonachona pasaban las emociones perfectamente perceptibles:
rcrvantes.-17

�CERVAN'J'ES

258
la aprobación cuando su mujer obsequiab~ a
Radzoff; la ira cuando éste, con tlll gesto ~eJano
aunque ceremonioso, rechazaba el obse:1u10; el
-agradecimiento cuando la presa se deJaba eu~--volver por el efluvio ele la caza~o~a, y -~espon.
,día galantemente a alguna .1:1"smuac1011; :,
~iempre el interés, la expemac10n.
)
to ~
¡, El marido era. . . uno de, t.an ~ ·
- ¡ Cálmese, hombre, cálmese l, encienda _el puro y oiga, me dijo FloTes. ~o se debe Juzgar
a las gentes por las apariencias, que aunque el
hecho material sea el mismo, hay muchas_ maneras de llegar a él. y o estoy con los morahstas:
la intención lo es todo.
.
. ,
y Flores dió yuelta a la espita de
Res1gneme,
.
•
su verba.
Conocí a las Castillos hace varios año,; ; no
preciso cuántos por galantería. Eran ento~ces
alumnas del Conservatorio, y vivían en la_ ~1~a
vecindad que yo, con su padre, un v1eJemllo
suave, acogedor y perfectamente cas~ro._
Las niñas no ponían una mano s1qu1era en
la;: domésticas faenas, entregadas por completo
al arte. Se levantaban, se prendían y i a la calle! hasta la hora de comer o muchas veces m
a esa hora fisiológica. El viejecillo era camarero y cocinero. i Buenas gritas se le ar~abar.
i al llegarlas dos futuras estrellas de 1opera .
s,
.
no estaba todo ordenado y en su punto.

•

CERVANTES

259

&amp;Que cómo se mantenían? El papá ejercita-

ba por la tarde vagos oficios de corredor, y

malas lenguas decían que lo más claro de sus
ganancias lo sacaba, por las nocl1es, de su amistad añeja y a toda prueba con la sota de bastos.
¿ Las niñas .. . ? No. IncólUIDes .. . , ]1asta nueva orden. Querían entrar en sociedad, y aun que bullangueras . y de carácter abierto como
se dice por acá, no daban pábulo a la 1~aledicencia. Laura :fue la primera que escaló las
alturas. A las señoritas elegantes de la ciudad
les diera aquella temporada por el bel canto ,'.
fraternizaron con todas las personas de gm'.ganta dúctil. La mayor de las Castillo era además, bonita y simpátíca: tenía de nacimie~to el
arte de hacerse valer. En saraos, en fiestas ele
caridad, en donde h11biera un mal piano abrió
el raudal de su voz firme y gitana, cose~hanclo
aplausos. Ella introdujo a la menor, f.eúcha y
de.sgarbada, pero que al cabo llegó a eclipsar a
Laura, en concepto de las autoridades, porque
su voz era más pura, r la manejaba con superior intuición artística .
El papá las esperaba en la puerta de las lujosas residencias, vedadas para él.
Para toda mujer, aunque cante, siempre se
presenta un problema: atrapar marido. Las
Cast~o hacían una batida en regla para cobrar
la dicha l)Íeza.. sin éxit.o ' porq11e p1:1s1ero· 11 W&amp;

�CERVANTES

'260
miras muy alto. ¡ Ni los gomosos de moda en
los salones que frecuentaban, eran tan cándidos para· apecbuga1· con ellas l ¡ A&lt;iuello era 1ma
llesespe,ración l
Por fin, Laura despejó la incógnita. Llegó a
este pais un pianista alemán, que fracal'\ado tal.
vez en el lugar de su nacimiento . (ya dijo la
Biblia que nadie e~ profeta en su tierra ) , vino
a epatar a nuestros buenos conciudadanos. La
verdad es que si no era un genio, tampoco era
un camelo. Ejecutaba con aceptable precisión
y · componía. Para las romanzas avasionadas y
soñadoras no tenía aquí quien le hiciera la competencia.
Las damas diletantes lo tomaron bajo su
protección, y ninguna dejó de tener música suya, dedícada. Con lo que eso le proclujera y con
los conciertos y clases que daba, se formó un
más que modesto pasar.
Laura fue una de las sacerdotisas del nuevo
culto, y el semidiós imitó a lo¡; clásicos dis
tinguiend"O con
benevolencia a la dichosa
mort.;i.L Ella estaba encantada ; era una nníón
ideal, un connubio artístico del que iba a resultar. . . . Resultó lo de siempre. Pero, vamos
al paso. Wald, que así se llamaba el maestro,
dió su noJllbre conforme a todos los ritos a la
eminente cantante Laura Castillo, y rogó a sns

su

CERVANTES

261

amistades que as.Istieran
•
a 1
.
1
a ceremoma religi0J
ria ugar, etc., etc.
lu
. 1
No observemos 1a pnmera
.
gunos meses SllC .
nl;l, m as de ales1vos. m1eve N
remos con el pri
h·.
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os encontra,
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Fácilmente,
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e segundo vástago, de apeAceleremos por te
fa película cm·emat rce'rfia vez el movimiento de
,ogra ca q
po, y detengámosla (
ue se llama tiemnuar luego) en la . un momento, para conti"
.
misma fecha d 1 .
t e. veremos ··l
t.·
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e ano s1guien] .
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ros, por la venid al
e su tercera edición.
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!

así sucesivamente
r1mnt.o. Pero La .
. . . . . ha ta el número
u1a, cuva com 1
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.
eJecutante su marid
· rnr a valiente
hijos, el sexto ma do, .que, después de cinco
. d .
n amiento de la 1 d
.
el a e mtrrpretación lit . 1 . . ey e D1of1,
hibit.iva.
era Y_enteramente pro-

�CERVANTES

CERVANTES

263

262
El primeT año no se preocupó, porque, i claro l, la especie tiene sus derechos. Que el ~rte
se olvidara eIJ esa época, nada tenía ~e partic~lar, y bien podía esperar, pa_ra dedic~rse a el
más adelante. Pero como este mdetermmado futuro reculara hasta esfumarse, hubo de encararse con Walcl ' Y Teclarnar sus derechos ele
poseedora del '' quid divinum.',
El esposo quedó admirado. El arte no se menoscababa mínimamente. ¡, No siguiera él danclo
~us conciertos y componiendo sus romanzas'
¡, No era ella la guardiana del hogar, de donclc
él sacaba inspiración y fe 1 Su concepto germano de la familia se manifestaba claramente:
la mujer para dar hijos a la patri~, para hacer
'' sa.uer-craut'' y remendar calcetmes.
y amigo mío, ¡,no cree usted que desp~és
ele todo, el artista, por más artista que sea, tiene el derecho de ser un buen burgués 1 El arte
es un postre en la mesa de la existencia Y no
toda la comida. (Aforismo gue. ólvidó Zaratusira en su colección.) Comoquiera que 1-r:=t.
Laura despreció a su consorte como a un verdugo, y con maña enterame,n te -femenina empezó a salirse . . . por la tangente.
El problema conyugal pareció resnelto a
Wald que con nuevo ardor se dedicó a la mú' consorte no volvió a exponer1e teorias;
,
.sica. Su
vero cada día se ocupó Tl).enos de prosaicos asun-

tos. No estaba casi nunca eu casa, porque también tenía clases que dar, en ayucla de los gastos familiares que, con cinco bocas más, habían
crecido mucho. Trabajaba la. pobrecilla hasta
· la media noche.
Eso sí, lo lucía. Se empezó a notar en sn ropa interior y exterior que ... se echaba a perder la garganta. Wald comía y bebía mejor, y
todos tan content-0s.
. Sólo tuvo el compositor, en su beatitud, un
disgusto que le hizo sufrir. Tula, la hermana
menor, que desde un año hacía viviera bajo su
techo, por defunción del viej eeillo repostero y
lucli6n, a quien daba el nombre dulce de su~gro, Tnla, digo, se desgració. Hubo un lío con
un joYen imberbe, sin que se pudiera saber
quién frw el agresor y quién el agredido.
Sin protección, porque el recto germano dee1 aró que no podía consentir q1rn ha.bitara eu
su hogar una mujer mancliada, Tula entró al
teatro.
Aquel acontecimiento estaba pxefíado de consecuencias. Porque la nueva cantattiz tuvo un
éxito ruidoso,
con lo. cual quedó demostrado ,
,
u.na vez mas, que Dios protege a la virtud desvalida.
Esto debió pensar Laura, a r11.lien los éxitos
públicos de su hermana le llicierou tener en
menos los que ella, indiscutiblemente, teufa Nl

�264

privado. ¡, Qué poseía Tula que no tuviera ell~ ~
Cualquiera medianamente observador pod:a
comprobar que Laura tenía bastantes cosas mas
que Tula. Una noble envidia le mordió el ~:
razón y no la dejó quieta hasta que no piso
también las tablas.
¡ Qué tragedia para Wald l ¡,Habí~ derecho
para descomponerle su hogar 1 La muJer que se
casa remmcia a todo . por dedicarse al amor Y
a la familia. Él, que amaba exclusivamente a
Laura, ¡,iba a permitir que actuai:a en un e;,c~nario, Una ,s eñora no podía exponerse a las m1Taclas del público malévolo ni anclar en lenguas. El honor, en la mujer, es de más valía

cine el arte.
.
Así categóricamente lo pensaba el 111ar1do, Y
negó el cousentimiento . DesgTaciadamente Laura estaba decidida a pasarse sin él, pues la
impulsaba el ardor sagrado.
_
Se presentó al público JJOr prnuera vez en
"L11cía," y lo volvió loco.
_,
Wald como el populacho romano, se retn•o
al J\fon;e Sagrado ele su casa, presa de indignación indecible ; hablaba de matarla, porq:1~,
sobre todo, estaba celoso, celoso como un s1c;1ia.rn;i, de que su mujer coqueteara con el pub!ico, de que no fuera sólo suya, de que la
aplaudieran.
Una noche en que la funesta pasión lo mo:--

265

CERVANTES

CERVANTES

día con furia, se echó el revólver al bolsillo, y
se encaminó al teatro.
Se, cantaba el travieso '' Barbiere.,, \V alcl penet~·o a la
en el momento en que s-u mujer
decia, ~on mmutable gracia, la lección ele canto.
Una vibración ci•istalina Y acariciante flotaba
sobre las mil personas que la escuchaban. Era
nn encanto el que se extendía por el ámbito v
Wal~, &lt;RÍn poderlo remediar, soltó en las p~;fund1dades del bolsillo el revólver, Y se puso a
es~u,char con la boca abierta, con los ojillos
gr1ses en éxtasis, con los pocos cabellos que
adornaban su rojiza testa, puestos de punta por
ol soplo de arte que ]es llegaba.
y c1
en una filigrana increíble, y con
•~
cadene1a11; que la flauta mi"ma
no pud O lnll
. ·t a 1'
ter~ó el trozo, el público estalló en aplausos,
en gritos, en pateos, Y Wald, al pobre Wald
que en su pecho de marido ofendido Y celoso
guardaba una alma emocional de artista
· t ·,
, se
s~~ 10 p~queño ante aquella colosal manifesta~10n, fehz . porque, al fin Y al cabo, era su muJer, la señora de Wald, la que la merecía. v
un puchero descompuso su redoncla Y lampiñ;
&lt;:~ra de muchacho cándido, rodando por sus meJ illas dos lagrimones.
, Con la naturalidad de la raza teut~na se lanzo al foro en un correr desaforado , y at rope,
11
ando por todo llegó a los bastidores, cnando

~ª!ª•.

L

:ªªªº

�CERVANTES

.·u cal'a mitacl salía a cena _por la t1~?ima vez
a •o .. ed1ar aplau. o.. -'i . ir¡mera e dio cuenta
exacta de la ituación, arrojándo, e sobre la arti _ta con lo brazo abiertos, ante la tf'mpe. tnof'a xpectación d l público.
rn frenesí cundió por la .-ala. La . :cúol'a
ma ,·ore. hipaeon de emoción; las jóvene impatizaron di crctamente, y de lo: hombres 'lo
nno. ·u:mtos e~píritm; corromp1tlo. .011rieron
v r. to, , ocapa.
· La dh·a hubiera, a la Y rdacl, preferido que
la reconciliaci6n fue e privada: pero viend
que e traducía en un aumento de popularidad,
la clió por av nida y b ' Ó en la frent al marido jadeante y clelicue. cente.
Ma lo O'rave fue que n el e. píritn el · Wahl
, e verificó una trasmuta ión completa.
K téme ate1 o. porc¡ne dc&gt; la explicación c1l'
e. e ('. tado p. icológico depende que n ted r~tire el aventtll'ado juicio que al principio in 1nuó, . obre la conde. •rrnlencia del espo. o arti ta.
I •ted e. culto. ahe que nue tra prrsouali&lt;1at1 es una e. pecie de poliedro de múltiple cara , dr la. cnale. una sin·e de bas , Y r¡ue d1•
rsta &lt;l&lt;'pende nue, tro concepto de las co as Y
del mundo. Pues bi n, 1 poliedro Wal&lt;l, qu •
estaba ba ado en la cara ''burguesía'' Y que
por consiguiente d&lt;'jaba la enra "arte" en un

C.L!l\'.L "rES

267

lugar no tan importante como la bai-e, percli11
eon aquella sacudida el quilibrio, o ciló un
mo1~euto para volver a plantarse en reposo, ~cayo,, obr la faceta ·'arte,·' 11ue :fu, la que sustento en lo futuro toda, su actiYidade . dejando en una posición poco intneiiante la demás
faceta .
¿ Pueden imputar,
Yeramente a ,\"..ald Jo ._
l'e ·ultados dr sa sacudida moral? ¿ Qui o? • 'o
señor, .-ufrió, ~· el pacient unnca e re pon .·able.
Y lo curio o fue que, al dar importancia cat~górica al. art~, olvidó el n~·o. el que él ejercita_ba: Y Ymo a creer que p] ele su mujer Pra
&lt;'l umco, el adorable, ac1uel aute quien todos
los hombr d&lt;'bían doblar la rodilla.
¿ Eh 1 ¿ Qué le parece e te trocito de p. icología aplicada? Si i nte algo ob curo en el cerebro tome más cafr. y no in ·i, ta mnr•llo en
comprender 11orque ahora pasamo~ a las con:-,,•cuencia inm&lt;'cliata ..
~eimnda co11secn&lt;'ncia del cam hio de equilibrio de Wald, fue el amar en ad !ante en Lan1·a, no a la e po. a con todo. sus debere y toclo-.
sus rlrr cho, , sino a la . acercloti n úuieamentP
ª, la in._viracla. Y la artista e debe al público:
( orol_a1·10 rrctamente deducido de la anterior
pre:1111sa, que el marido acató con nrdadero entusia. mo.

ll.
1

�268

CERVANTES

La admiración para Lalua fue una cosa que
Wald exigió del orbe todo. A un malhadado
croniquero que se atrevió a criticar el registro
bajo de la cantante, le rompió en la cabeza un
libro de sus más gustadas romanzas ; desafió al
director de la compañía porque dió la preferencia, en un estreno, a otra actriz.
En cambio, triunfaba cuando leía los elogios
que se tributaban a su consorte; cuando los
¡bravos! henchían el teatro; cuando la nube a,,
admiradores llegaba al camedno, con la lisonj,J,
pronta, con ofrendas de dulces y de flores . Si
fie excedían hasta regalar una alhaja, el pianista lloraba de emoción; si alguno enloquecía
hasta el punto de asistir a todas las representa·
ciones, de buscar la intimidad de los esposos,
de ser el caballero siTViente de la dama, rele ·
vando a Wald de sus deberes y, por ejemplo,
de acompañar a Laura sola, a la salida del teatro, hasta su casa, entonces nuestro hombre &lt;;e
sentía transportado al quinto cielo.
No, no haga usted aspavientos, ¡hombre!, y
no pretenda juzgar con su personalidad diversa y carente de fe, los actos de aquel entusiasta, de aquel fanático del arte.
Que e.s un perfecto caballero, no cabe duda.
Y con todos los puntos d e l1onor que usted
quiera suponer. Ahí tiene usted, es intransigente con la,; ligerezas de su cuiíada . Hace po-

CERVANTES

269

co cl~vó de cabeza en el bombo a un galancetC'
a qmen sorprendió cogiendo a Tula por el talle. Estas cosas no las tolera. i y luego que digan que los alemanes . . . ! .
Vea ust~d al pianista en este momento. t, Qué
t~les nervio:::. eh? Mire cómo se precipita a serv1r champaña a Radzoff, a una indicación leve
de su ídolo.
Aho~·a bien, dirá usted, todo eso no explica
su actltucl de esta noche.
i _Qué poco perspicaz! La diva, como todos los
artistas, cn~da de su fama. i Claro !)_ue bastantes homenaJ~s se le rinden! l\Ias los cprn se reservan son los que no tienen precio.
A vece~ hay l:ombres como Radzoff, en que
el_la se fiJa con mtuición artística segura v se
dice: •'' e e hombre es ruso , noble, gu apo,
' " 1111.
11
onari~ según se cuenta, habrá viajado mucho
Y sabra de. todo ; es un artista (se le nota en
Ja com~lex1ón)' su juicio es de la mayor imp_ortaucia para mí, porque se extenderá en un
cu·culo vast'isimo.
·
H ay que lograrlo favorable.',
.N'ote_ agudeza &lt;lel genio femenino. Lo r111e
l~s soc10logos descubrieron a fuerza de estudios, ;llas lo practican desde luego como la coila mas natmal. ¿ Quién no sabe que la
m:as J 1 h
gran
a ( e os umanos, no hace sino imitar los
gustos Y maneras de los pocos elegidos 1 Laura

;ª

�CERVANTES

270
los descubre al vuelo, y los pone de su parte.
¿ Se pueden vitupe-rar sus afanes 1
Y hétela allí, a la caza, empleando todas
sus artes para tornarse propicio a ese poderoso elemento de opinión. Cierto que muchas veces no lo será tanto como ella lo piense. De todos modos la intención es buena, y ya sabemos
que el más sabio yerra.
Y por supuesto. en la conquista de esos es-•
cogidos tiene la Castillo tm colaborador actiyí.simo: su marido . El arte lo exige todo. Por
eso ve usted su inquietud, su ira, su aprobación, en consonancia con las probabilidades del
acercamiento.
Y palpe el resultado : el de hoy es seguro.
Laura ha movido su silla hacia la del conde.
y los dos acodados en el mantel y con las caras en las manos, hablan con visibles signos de
inteligencia. Wald se envuelve en una nube de
gloria y de tabaco.
Y ahora que lo he ilu.,&lt;:1trado a usted, ¡, n
dónde están sus su.,-,picacias del principio, Será un despreciable filisteo si no abraza el lema:
'' Todo por el arle.''
Y diciendo esto, ni amigo el reportero Flores se levantó y pidió la cuenta . . . para que yo
la pagara.
Con el rabillo del ojo atisbé al interesante
trío y vi, ¡ s1ibrideo ref erc11s !. (]lle R~dzoff acep-

CERVANTES

271

taba , con los labios una cereza que Laura le
ofrecia coqueta y co1,rect amente en la punta d~
los dedos.
Wald era, i una vez más!, completamente di&lt;:hoso.
JENARO FERNÁNDEZ MAC. GREGOR.

�CERVANTES

272

Salrn(lor

Rue,la,

Fran-

cisco Villa espesa. • • • ·
Cahalleros (le España, que lleváis en las Yenas
sangre ilc cien gueueros y de cien trovaclores,
_
, - . vuestras naves en las playas serenas
1
y que a.ne ais
• ,.
aoncle ardieran un rlía las de n1estros u¡ayore,,'
Caballeros de España, las vugenes rnoTenas
que cambiaban sus besos por cuentas ele colores,
:l'.ueron madrés de hijos que cargaron ca1lenas ... .
i pero también abuelos de los libertadores!

Tal la historia qne el polYo ele los sígl~s empaíía.
Mas, agora, "qué grande, caballeros de Espana, , .
la Pmpresa con que a AmérfoR- nuevamente llega1.s:
vuesb"o Rey ya ~o busca las conquistas de antes.
,
el nombre ele Zorrilla v CerYantes,
Hoy Yems en
.
.•
y así si, caballeros, bienvemclos seaJs.
En Méxieo, 1917.
SAMUEL

273

CUANDO YO SEA VIEJO

LOS NUEVOS CONQUISTADORES
A

CERVAN'l'ES

RUJZ CABi\Ñ'AS.

I
Romántica alameda provinciana •
el paseo empedra.d o de anchas losa~,
en los arriates rosas, muchas rosas;
gárrula y cantarina la fontana;
vibra llamando a misa una campana;
en el ambiente límpido, las cosas
parecen dulcemente luminosas.
besadas poi' el so·l de la mañana •

'

en el fondo el terruño castellano
pardq corno sayal de franciscano
'
.,
'
extiendese monótono y austero ;
Y susurrante y mansa cabrillea
la corriente de un río : tal vez sea
el Tajo, el Tormes, el Pisuerga, el Duero ._..
0erva.ntes.-18

�CERVANTES

274

CERVA?i.TES

275

11
Hay frente a la romántica alameda
un casón que rezuma la hidalguía
•
, 1
y que en un tiempo, ¡ cuando Dios quena.,
fue del duque d Lerma o el de Uceda.
(¡Acaso aqtú el valido, en hora aceda,
•n perdida privanza lloraría!) ...
E ta ca ona pr6cel' e hoy mía,
refugio de la vida que me queda.

L o, e cribo, medito. . . Cuando salgo
para dar una vuelta en el sosiego
de la alameda, al declinar la tarde,
tal vez uelo decirle a algún hidalgo:
"· Que Dio o guarde, mi señor don Diego!,''
. o. gua1·de•,,,
y ' él dice: '• Don Gonzalo, ¡ D10
GoNZALO DE MURGA.

,
ANTE EL ARBOL DE LA NOCHE TRISTE
Para el ilustre
'' Hernán Cortés.''

autor

oy nn hijo romántico de aquel pueblo guerrero
que turb6 la paz honda de tus selvas sagradas
eon relámpagos trémulos de brillantes espadas
y fragores de recias armaduras de acero.
Y llegut- a tu santuario, rno\ido del sincero
temor &lt;le Yer tus ramas alzarse al cielo airadas,
pidien&lt;lo a Huitzilopotrhtli i-us flechas aceradas
en lluYia Yengadora obre el rurlo extranjero.
N'o. Tus ramas no tienen un gesto &lt;le amenaza;
expre~i6n milagrosa de un anhelo &lt;le raza,
tienrlen haeia nosotros sus retorcidos trazos

+

l'omo si-disipando la nube de rencores
que alzara el férreo paso de los conquistadores¡ abrazarnos quisieras con cien amantes brazos J
Popotla, septiembre de 1917.
TOMÁS

G. PF.RRTX.

de

�CERVAN1'ES

276

277

CERVANTES

Siempre en el cielo raso baila y mece
su epiléptica luz la veladora . ..
Fumo por hacer algo. Y amanece . ..

II

FUl\'IANDO

Especial

para

la

Rensta

''Cervantes.''

I
Noche de insomnio agobiador. Fecunda
quién sabe qué glacial presentj_miento
la lámpara de noche moribunda,
cuya epilepsia llora en un lamento ...

· 'M-í cigarrillo', que al fumarlo inunda
de fugaz resplandor fl aposento,
encandilado miente la iracunda
pupila ?-e algún ogro truculento ...
•.

Injurian el silencio de la noche
el paso claudicante de algún éoche
y tal sereno que golpea una hora .. ,

Hoy le cumple a mi ensueño idealizarte
la virgen c1ue un oidor tiene encla1.1,.,;;trada
Y :fingirme a mí mismo con la espada
nerviosa por dejar el talabarte.
Cuando suenan las ocho en la Acordada
llego con un amigo a libertarte,
a punto en que trataba de casarte
el oidor con don Sancho de Quijada ...
Tal deliran mi.s ocios, que perfumo
con una y otra bocanada de humo ...
Se rompe el sortilegio, y adivino
-como la huella de mi propio ensueñoproyectado en el muro, suave y fino
mi perfil romancesco y aguileño ...

III
Estoy de buen humor. En todo impera
el júbilo del sol primaveral;

�278

CERVANTES

270

CERVANTES

hoy la vida parece más ligera
y el ·ufrimiento cosa insu tancial.

Policromo vaivén bulle en la acera:
cada ro tro e un blando madrigal ;
da una hora, y ríe a su manera
el reloj &lt;le la vit-ja catedral ....
Tengo un cigarro egipcio, de boquilla
dorada, entre los dedo ; y en rumbo o
y pueril ademán de o. tentación,

LAS UVAS DEL MINISTRO DE DIOS

Para ' · Cerrn ntes. ' '

miro de vez en cuan&lt;lo cómo brilla
en las albura del papel rugo. o,
miniaturesco y grave un Faraón .. .
LEONCIO EsPrnOSA.

+

Tenía para mí algo de obrenatural, la esquelética figura de un sacerdote de la iglesia
&lt;le Oriente, que oficiaba en el altar del Perdón,
e.le la catctlral de México.
Cuando me llevaba la abuela rezandera -:,· bilio a a rezar el acrificio de la mi a en un '' La'
valle ' muy usado, impre ·o con un tipo de letra propio para la d &gt;bile. retina de la anciana ' .yo ;entía una indefinible .·en ación de re peto o de miedo ante aqu 1 perfil de nariz curva y barba patriarcal, neYada y lacia. d I acerdote.
Las e pirales de átomo plateado que bajaban de los ventanale , hacían brillar d ornamento bordado, con oro viejo, sobrt&gt; de teñida
eda, y unas mano morenas, hueso. a r largas,

�280

CERVANTES

bendecían hasta diez veces a unas cuantas viejas encorvadas, que con 1&lt;1s ojos entrecerrados
se daban golpes de pecho.
Y entre la rica masa de oro tallado del altar, una ·virgen, pintada sobre las puertas de
una celda por un presidiario sin esperanza,
parecía dormida entre la pátina espesa de un
siglo. Entretanto, yo observaba con detenimiento el desfile de beatas y curiosos por las
arcadas severas de piedra gris. Pegando un ,
oído a la pila bautismal de San Felipe de Jesús, un buen hombre de provincia pretendía,
respetuoso, oír el rumor del agua santificada,
mientras el perrero, cubierto con una cómica
bata de loco, repartía latigazos a los sacrílegos
' canes.

***
El buen sacerdote oriental de la barba nevada, pasa ahora ante mí, como un tipo curioso
que hace asomar a. mis labios una sonrisa burlona. Su sombrero de copa es el mismo de hace diez años, y no se separa jamás de su escurrido abrigo de alpaca verdosa, que medio
le cubre los grandes zapatos de gamuza . .
En las fruterías del portal de l\forcadere~

281

CERVANTES

acostumbra, después del sacrificio augusto, deleitar su paladar con frescos racimos de uva
madura, insatisfecho quizá del escaso vino que
le sirvieron en la consagración.
MANUEL HoRTA.

1917.

+

�282

CERVANTES

COMO QUE QUIERE LLOVER . ...

I
¿Vendrá1 ¿No vendrá?
Era demasiado tarde; por las v1eJas veredas
regresaban los campesinos con el azadón al
hombro y el moTral vacío, envueltos en la paz
augusta del atardecer incoloro.
Las 1nujeres, descalzas y taciturnas como hu·mildes peregrinantes, volvían a la hacienda
cargando manojos de hierba olorosa y cestas repletas de flores húmedas.
En la capilla del pueblo dió la oración; las
palomas del campanario se desbandaron inciertas; una garza prócer batió las alas ; los labradores evangélicos se descubrieron re,erentes
las cabezas empolvadas, y en sus labios tristes
se prendió un ruego santo y devoto.
¡; Vendrá 1 t,No vendrá f
Un relámpago rasgó la monotonía plomiza
del horizonte, y un perro vagabundo aulló cloloTosamente junto al cercado vecino.

CERVANTES

283

Comenzó a llover, las gotas ca.yeron. sobre mi
frente heladas y misericordiosas.
En los vallados, al margen de las aguas pensativas, las ranas croaban su atávica serenata
y las luciérnagas hieráticas brillaban entre los
sembrados.
María Esther, mi María Esther, no fue a la
cita.

II
Caminé bajo la lluvia con el corazón pre~ado de tristeza; mis plantas supieron de las
charcas y de los lodazales de la senda.
Mi madre, intranquila, me esperaba tras las
vidrieras. con un rosario de concha entre las
manos.
-He rezado tanto por ti, murmuró con vo;,;
de sortilegio. ¿ N-0 ves cómo está la noche 1 Parece boca de lobo. . . ¡ Y estás tan delicado!
Hoy hace seis días se te cortó la fiebre ....
Por contestación le di nn beso en sus manos
monásticas, manos largas - como santas manos
de retablo.
-Que Dios te bendiga, que te h11,ga santo,
salmodió con ternura, y con su mano, llena de
unción, trazó una cruz ideal sobre mi frente.
La lluvia pertinaz gol1Jeaba en las ventanas

�284

CERVAN'l'ES

Y el aire hinchaba las cortinas como si fuesen
velas marinas.

III
Tres tardes fuí a esperar a María Esther, en
el mismo banco de piedra, bañado de la fragancia de la enredadera episcopal y a la &amp;ombra del árbol añoso; y pensando en mi paloma, mis pupilas abismadas veían pasar la caravana blanca de las nubes y copiaban la serenigad encantada de los crepúsculos dolientes.
Por el noble camino lleno de quietud, un zagal conducía tres vacas y un rebaño de ovejas
blancas, que tímidas balaban espantadas con el
remoto ladrar de los perros cansinos.
Amoroso cual una queja de amor y hermanado con el aroma de las espigas so.noras, venía
de entre los maizales un lánguido cantar:
'' Como que quiere llover,
Como que quiere hacer aire,
Como que quiere llorar
Este corazón cobarde ... ''
El zagal se acercó a mí.
-Señor amo: que espere dice la niña, y le
manda a su mercé esta rosa.
La rosa se deshojó en mis manos.

285

CERVANTES

El zagal continuó :
- Está enmalada la niña; la mujer del compadre Elías dijo que la enterraríamos pronto. . . Mire su mercé a Pupy, ya no tarda mi
niña.
'
' El rebaño, espantado con el perro de María
Esther, se dispersó balando en el camino ; el
muchacho corrió para atajar las ovejas desea'
rriadas,
zumbando en la diestra la honda cer- ~
tera y dando gritos guturales y salvajes.
Pupy, el falderillo negro, movía el rabo y
retozaba en el zacate mojado; y en las frondas
espesas, los zanates en algarabía loca, cantaban los funerales del sol.

IV
María Esther, enlutada, pálida como una figura de marfil milenario, caminaba por la calzada como un fal'.}tasma; sus pisadas no hacían
ruido ; sus manos, plenas de gracia, arreglaron
sus trenzas flojas, y sus ojos, color de uva, buscaron la luz milagrosa de una estrella lejana ...
Me acerqué a ella y en mi hombro descansó
su cabecita rubia.
Ledamente murmuró:
-Estoy enferma, mi amor, muy enferma;
me m,oriré muy pronto; vine a verte por última. . . Mira, el céfiro me hace daño , pero qué

�286

CERVANTES

importa .... ¡ si te quiero tanto!. . . El pastor
no te había enc.ontrado, ~ verdad f; cuando traía
las ovejas al remanso le dije que te buscara; no
te vió nunca ...
En mis manos oculté la seda maravillosa de
las suyas y trémulo le di un beso en las yemas
tersas de sus dedos tibios.
-Sí, yo también me moría, María Esther;
sentía dejar la vida sólo por ti, por ti que
eres tan buena, tan santa. . . . Cuando mi madre rezaba por mí, yo rogaba por ti, por mwstro amor, por c1ue nos volviésemos a encontrar
bajo la somb1·a amable de este árbol secular
de este árbol que sabe de nuestros besos ino~
centes y del candor de nuestras citas. . . ¡ Si
vieras cómo he sufrido ! . : .
Las esquilas cantan en la torre iluminada una vaca errante muge ruidosamente en la sen-'
da ambigua, y María Esther, la pobrecita, solloza en mi pee.no cual un ave prisionera.
-No te asustes, mi vida: es una vaca.
- Estoy enferma, me duele el corazón .. . .
Hazle un favor a ta enfermita, ¿ quieres t
Con amor le ·oprimí las manos, y ella, llena
de santidad, entornó sus grandes ojos color de
uva.
- Rompe mis cartas y tira al viento mis cabellos, moduló ·tristemente.

287

CERVANTES

En mis ojos temblaron dos lágrimas y me
dió un vuelco el corazón.
Pupy dormía a los pies de la amada, y en la
niebla se perdió la luz milagrosa de la estrella
lejana.

V
En los purísimos labios de mi madre florece
una plegaria antigua.
En la torre lloran las campanas, y las estrellas ríen en las aguas pensativas de los vallados.
Pupy, desolado, clava sus ojos en la luna,
mientras de los maizales remotos viene envuelto en la fragancia de la noche, triste como u-n
lamento, el viejo cantar:
"Como que quiere llover,
Como que quiere hacer aire,
Como que quiere llorar
Este corazón cobarde .. .. "
~

GUrLLERMO JIMÉNEZ.

México, 1917.

�ÍNDICE
Págs.
C.olaboración. . .
Retrato de CenTantl)s. . .
La manía c11l escribir...
Enrique Huerta. . . . . .
La calumnia. . .
La Tabacalera Mex.icana.. . . . . . . . . . .
Necesidad del estnrlio. . .
La papelería Somolinos ? }Idntesinos. . .
La con~,iencia. .. . . . . . .
Receta contra el orgullo... . . . . . . . . .
Soneto. .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
La tic1a :huruana. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
La librería lle Andrés Botas... . . .
La vi,la retir:;uh.. .
A la Provirleneia... . . .
El gato legista. . . . . . . . .
La ,,ejez. . . . . . . . . . . .
La senda ilel deber . . . . . .
El Manco rle Lepan to. . .
El gaucho. . . . . . . . . . . .
La juventud &lt;1e Grecia. . .
Lai beJle9m, rlel U ni verso. . .
Cervuntes.-19

1
2
4
5
6
7
J 2'

13
14
16
34
37
38
;:¡9
41
43

-!5
47
49
51
5?.

55

�290

ÍNDICE

ÍNDICE

Págs.

Págs.
La justicia de Dios . . . . . . . . .
57
Las naciones y las lenguas. . .
59
El pueblo de Buenos Aires. . .
61
65
Media voz . . . . . . . . . . . . . . .
Preliminares de una situación política... . . . . .
66
El genio español . . .
88
Discurso pronllllciaclo por el sciior licenciado
Miguel Alessio Robles...
97
A Liliam. . . . . . . . . . . . . . .
110
Una quietud ambigua... . . . . . . . . . . . .
113
El alma española en la nación mexicana...
115
Los poetas jóvenes de México. . . . . . . . .
127
Camino de perfección. . . . .- . . . . . . . . . .
] 75
El hada del baile... . . .
191
Lejos .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
192
Por qué lloró la luna. . . . . . . . . . . . . . .
194
San Francisco de Asís. . . . . . . . . . . .
195
Los ojos de la novicia.. . . . . . . . . . . . . . .
195
Mi padre... . . . . . . . . .
196
Fantasmas. . . . . . . . .
197
Dedicatoria... . . . . . .
214
Bl café desierto. . . . . .
217
La cloncella florcal. . .
218
Noches de bohemia. . .
219
La eterna historia. . .
220
Un contemplati,o. . . . . . . . . . . .
225
La señorita clel baitón . . . . . . . . . . . . . . .
229
Don Ramón del Y alle Inclán . . .
233
Superstieio-nes mexicanas. . .
239
Tardes ne mi vida. . . . . .
248
Ojos mansos, dormidos...
249
Trofeos de mi bohemia. . .
250

291

¡ Salrn, maga de amor .. . ! ...
Todo por el arte . . . . . . . ..
Los nuevos conquistadores. . . . . . . ..
Cuando yo sea viejo ......... . . .
Ante el árbol de la Noche Triste .. .
Fnmando... . . . . . . . . . . . . . ..
Las uvas ñel ministro rle Dios. . . . . . . ..
Como que quiere llover. . . . . . . . . . ..

255
256
272
273

275
275

279
282

�ADVERTENCIA
La Dirección de esta Revista, por circunstancias ajenas a su voluntad, se ha visto precisada a no incluir, en el presente nú111ei·o, algunos de los trabajos literarios que, galantemente,
le fueron cedidos por muy prestigiados y conspicuos escritoreR. Deplora tales circunstancias
y, a fui de subsanar esta falta involuntaria, se
propone organizar un nuevo número de esta
Re_vista, también dedicado a México, y en el
cual quedarán incluídas todas las composiciones de que se ha hecho lD-érito.
México, noviembre de 1917.

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                  <text>Cervantes, Revista Mensual Iberoamericana. El primer número, aparecido en noviembre, "número extraordinario consagrado a México", se abre con un texto titulado "Retrato de Cervantes". Su contenido, como es de esperarse, abunda en material literario: poesía, cuento, reseñas y crítica. Entre los colaboradores figuran algunos miembros del Ateneo de la Juventud y del Modernismo: Antonio Caso, Enrique González Martínez, Luis González Obregón, Julio Jiménez Rueda, Efrén Rebolledo, Carlos González Peña y Genaro Fernández McGregor. También se incluyen textos de Juan B. Delgado, Manuel Horta y otros.</text>
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                <text>Cervantes, Revista Mensual Iberoamericana, Número Extraordinario Consagrado a México, 1917, Año 1, No 1, Noviembre</text>
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                <text>Villaespesa, Francisco, 1877-1936, Director</text>
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                <text>Urbina, Luis G. (Luis Gonzaga), 1864-1934, Director</text>
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                <text>Ingenieros, José, 1877-1925, Director</text>
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                <text>Cervantes, Revista Mensual Iberoamericana. El primer número, aparecido en noviembre, "número extraordinario consagrado a México", se abre con un texto titulado "Retrato de Cervantes". Su contenido, como es de esperarse, abunda en material literario: poesía, cuento, reseñas y crítica. Entre los colaboradores figuran algunos miembros del Ateneo de la Juventud y del Modernismo: Antonio Caso, Enrique González Martínez, Luis González Obregón, Julio Jiménez Rueda, Efrén Rebolledo, Carlos González Peña y Genaro Fernández McGregor. También se incluyen textos de Juan B. Delgado, Manuel Horta y otros.</text>
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                <text>Dicenta, Joaquín, 1862-1917, Subdirector</text>
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                    <text>��Vol. XXIII.

Octobre-Décembre 1921

FERl!N GOXZALEZ D.\~ Ll CHRONIOUE J,tONAISE
(Suile •.)

Il convienl de bien élablir a présenl l'affinilé des inlerpolalions qui, dans nolre chroniquc, sonl relatives a Doña Sanc~a,
avec les Généalogies qui figurenl dans les inemes manuscrils
A 189 el G I de l'Académie de l'Hisloire el que j'ai reproduiles
a la suite. Nous remarquerons d'abord que les Généalogies
énumerenl dans des termes prcsque identiques les lrois
mariages de coite princesse :
Domina Sanclia uxor fuit Ordonii imperaloris Legionensis.
Postea habuit virum Albarum Harramelliz, comilem de Alaua. Ad
ultimum fuit uxor Fernandi comitis.

Dans le lexle de Silos, il n'est queslion que d'une seule
femme d'Ordoño III: Urraca, filie du comlc Ferdinand (S 62
el 6'¡ de Silos, 69 el 71 de la Chronique Iéon. ). La rédaclion
de Sampiro (S 25, reproduile par la Chronique léonaise, S ¡o),
insiste sur la répudialion, simplement · menlionnéc d'une
fa\;on équivoque, el ajoule qu'Ordoño épousa une aulre femme,
Gehira, donl il eul Bermuda (II) « celui qui fol podagre ".
D'Alvar llarramelliz, pas un mol, pas plus dans Sampiro que
daos Silos. Du mariage du comle avec Sancha, pas davanlage.
Pourlanl, que la femme de Fernán González se soil appelée
Sancha, c'esl ce que nous apprennenl des documents ou elle
figure a colé de son mari (nous verrons Iesquels).
Quanl a Alvar Harramelliz, ce n'esl pas un personnage
imaginaire; nous le voyons menlionné dans une charle de
Valpuesta ', en 929, comme comte de Lantaron, forleresse
1. Voir B■ll. hilp., 1921 1 p. t et 77.
2. Barra.u-Dihigo, Rev. hi3p., Jgoo, p. 316; cf. p. 311 et 18o._C'e:.l é,idemmeot
ce document que l'auteur de l'arlicle Lantaron daos le Dice. geogr. hisJ. de Espaiía
(1ecc. 1, t. 1, p. ~ 10), anil en yue quand il ~ignale un Herrera Melliz comme comte
de LaoLaron en 929.

l

BuU, h.....

B I l3 L l O T E. ,:_ A C E N8T R A L
A. N. L

_______ u.

-----

�BULLBTl:S lllSPAJ'ClQUE

sur les fronlieres d. Alava vis-a-vis de la Gas tille. M. BarrauDihigo a relevé a ce sujel dans la Coleccion de privilegios,Jranquezas exeneiones y fueros concedidos rí varios pueblos ... de la
Corona de Castilla de González, "un comte d'Alava du meme
nom ... , mentionné dans une charle du 11 janvier 931 ».
L'ordre donné par les Généalogies pour les trois mal'iages
de Doña Sancha ne peut done tenh·qu'a une premiere condition,
c'est que l'Ordonius imperalor qui ful son premier mari soil
Ordoño II, et non prdoño III. Qr, que nous dil la Chronique
léonaise (au ~ 63), suivanl d'ailleurs Silos-Sampi\·O' Que le
roi Qrdoño Alfonso étanl venu aider le roi Garcfa de Navarre,
épousa sa filie, Sancha " qui lui convenait et lui plaisait ».
C'étail sa troisieme femme, au comple de ce texte (sous la triple
forme que_ nous en connaissons) : la premiere était, selon
Silos, Gelvira , nom que Sampiro corrige en Doña Munnia et

que la Chronique léonaise garde tout en ajoutant celui-ci ; la
seconde était Agaronla , d'apres les trois rédactions. Flórez,
qui parle de ces trois reines, pl~ce le mariage de la troisieme
en 92 3, l'année de Nájera. Si Ordoito II mourul en. 924, elle fut
presque aussitot veuve que mariée. Flórez (Reynas cathólicas, t. l,
p. 88 et 9 ) constate qu'il n'esl plus question d'elle apres la
9
mort du roi, a moins que ce ne soit d'elle que parle Luc de
Tuy quand il dit que Ramiro ll, apres son expédition contre
Madrid, revint se reposer a Léon, ou il étaitavec la reine Sancha
quand il appril l'arrivée d'Aceyfaavecunegrande arméemaure.
Nólons tout de suite que Luc a compris de travers el interpolé
d'une fa&lt;:on bizarre la phrase qu'il lisait dans Silos: il a pris
pour le nom d'un chef le mot arahe lalinisé qui veut dire
armée, et il a compensé la suppression des mots " a Fernando
Gundisalui » en ajoutant « sedente cum Sancia regina ".
SILOS (Florez, t. \.VII, p. 295).
Luc (Scholl, P· 83, l. 4&gt;)·
Legione uero consedenti nuntius
venit a Fernando Gundisalai ex

Legione uero eo sedente cum
Sancia regina nuncios venit quod

azeipha grandi quae properabal
ad Castellam.

Aceyfa cum grandi exercitu Maurerum properabal ad Castellam.

Pareille bévue nous averlil qu'il faut nous méfier de son
texte, au moins ici.

FSH'.'iAN GONZALEZ DA:-lS LA CHRONIQL'E LÉONAISE

271

La Chronic¡ue léonaise se contente d'ajouter au texle de
Silos !'Era DCCCC LXXI (année 933) . Pourc¡uoi Luc a-t-il
introduit celle mention d'une reine Sancha, qui n'est pas la
femme de Ramiro? Ne faut-il pas y voir une interpolation
maladroite provenant d'une addition marginale mal comprise ·
et qui pouvait se rapporter a tout autre chose qu'au roi de
Léon? Qui sait s'il n'y avait pas la la mention du mariage de
Fernán González avec la reine Sancha, veuve d'Ordoño 11 ~
Hypothese tentante·1
Quoi qu'il en soil, c'est peu av~nt cetle date de 933 que
Fernán GGnzález aurait épousé Doña Sancha, si nous nous en
rapporlons a M. Fernández de Béthencourt (Hisl. genealógica,
l. 1, p. 448) , qui dit « por los años 931 ».
En 94t, Fernáu González et sa femme, la comtesse Doña
Sancha, font une donation au monastere de Cardeña•, et ils
mentionnent dans l'acle les noms de leurs enfants, qui sont au
nombre de cinq : Gonzalvo Fernández, García Fernández,
Sancho Fernández, Muño Fernández et doiía Fronilde ,.
Mais en 929 , déja, le comteFernán González, dotant l'abbaye
de San Quirce, menlionne deux fois sa femme Sancha,· " uxor
mea Sancia 3 "; et en 919, l'acle de donation par Jeque[ s'ouvre
Je Recueil des charles de l'abbaye de Silos publié par Dom Férotin, est libellé au nom de Fredenando Gundisalviz et uxor
mea Sancia_4 ".
J. Muiíoz J Romero, Colección thfueros municipales t I p 2 5 d'aprfla B
A.11/igiiedades de Esp.i t, '11, p. 361.
' . , . '
ergania,

2 • Dolla Urraca ne figure pas, sans doute parce qu'elle élail mariée depu is
940
ª~vec ;Ordoño IIL (Saluar, Hist. de la ca!a de La.ra, t. I, p, 5o). Ni Nuñ.o 0 ¡ Doña
Fronilde ne sonl comptés au nombre des eníants du comte par Salazar qui a¡·oute
Doña Nuna (p. 5o).
'
3, Doc. publié ~r Dom Férolin, p. 1~, note, de son Hi.stoire di L'abbaye de Silos,
• Tome 1 &lt;.Par1s, 181n), p. t, Que d'ailleuTs Fernán González, en 919 , ftiL déj3
coml_e, de Cashlle, noua en auriona uno confirmalion dans un document de 1
pu~l10 par le P. Serrano dans le Becerro Gálico de Car/Uña, p. 3og-3 1 o, _ Sal~J;
~Hi.st. dt: la casa de Lara, t . I, p. 10) n'aUCguc pas de document antérieur a 937 oll
igure la comtesse Sancha, femme de Fernán González. Cf. Barrau-Dihigo (Rev ltisp
1 9° 0 , P· 3 18~, _qui cile l'opinion de José Barbosa Canaes de rigueiredo Castello iHanc~
dans 58. 1Voltew c~onologica dos Condes de Castilla, admettant que Fernán Gonzále.z.
fut co1!1le de _Cashll~ avanl mai gh. De Coltc année-13 le P. Serrano, daos son recueil,
produit plusieurs acles, ~ont aucun, en eliet, n'esL antérieur au 1 u· mai (p. 21 3). On
pc":L don~ ae demander 11 le &lt;1 ~'redenando camilo jn Castella, du document de 017
dé st ~~e ~1en Fernjin González . Généralement le patronymique n'esl pas omil· toutefo1s 11 test dans un acle du 28 mai 932 (p. r19 du m8me recueil)¡ el 111, « comil; Fre•

�BULLETl:'.'f IIISPANIQUl.

Si le premier de ces documentsest authenlique el exaclemenl
daté, il esl difficile d'admellre que la veuve d'Ordoño 11 ail
épousé Femán González alors que son second mari, Alvar
Harramelliz, étail encore vivanl (nous venons de voir qu'il
l'étail encore en 931).
Mais si le second ne comporte pas une fausse dale, il faul
toul de suite exclurc l'identificalion de la femme du comle
avec celle d'Ordoño U : la dale proposée par Flórez pour le
mariage de ce dernier avec Doña Sancha, 923, serail difficilemenl reportée avant 919.
Or il y a bien une fausse dale, el Don Férotin l'a constaté
lui-meme. Dans ce document, qui porte a la fin les mots :
&lt;1 Ego Fredenando Gundissalvet et uxor mea Sancia ... 1&gt;, la
date est ainsi libellée : « ... nolum die sabbato, 111 nonas
iunias, eraDCCCCLVII, rcgnantc Domino no siro Ihesu Christo
in celis el prínceps terre huius rex Ordonio in Legione, comile
vero Fredenando Gundisahel in Caslella. " L'éditeur fail
observer q~' e( il doit y avoir ici une erreur de copiste, car en
l'année 919 le lroisieme jour de juin tombait un jeudi el non
un samedi i,; et il proposc de lire « in non. iun. n au lieu
de « 111 non. iun.,. Sans doute, mais qui prouve que ce n'esl
pas l'era qui esl fautive? Le documenl, nous dit encore Dom
Férotin, n'esl pas l'original, mais un vidimus de 1 :a55 !
Ass11rément, a quelques années pres, une correclion de l'era
ne nous avancerait nullement, puisque Fernán González apparalt
ici comme marié avec Sancha du vivanl d'Ordoiio. Mais qui
prouve qu'il ne s'agil pas d'Ordoño III? A l'era DCCCCLVJl
il faudrait substiluer une em allanl de DCCCCLXXXVIII
a DCCCCLXXXXIII. Nous ne savons si a pareille époque
Doña Sancha élail vivante, ainsi que j'aurai i\. le dire plus
loin; mais nous ne savons pas non plus si elle étail morte.
Toulefois, celle correclion admise ou supposée admise,
denando io Caslella )l parall bien dé!!iigner le mCmc persoonagc que le &lt;( comile
Fredinando Gundissalbi,: in Caslclla , du ,documeot du 2! mai 932, ioséré a la
page 333. Jeuote que Gonzaho Fernández, dam ce m1'me recueil, ne parail plu1
apris 915 (p. u6), si ce n'esL par rérérence (en 931, p. 209). 11 faudrait d'autres
pillees oncore pour décider de la question, qui a une groHe importance pour le
problema qui 00111 oocupe.

FER"AN GOXZALEZ DA.:,s LA CBRO:,JQUB LÉO:'iAJSE

nous nous heurlons en sens inverse a une autre impossibililé, qui nous vient de la contexlurc meme de la Chronique
léonaise.

11 es! clair que la dale de 960 assignée par nolre Chronique
i, la capture el a la romanesque aYenlure du fameux comte ne
peut etre admise si la Doña Sancha qui le délivre sous promesse de mariage esl la veuve d'Ordo,io II. Et comme il y' est
di! que le comle ful pris avec ses fils, il sensuivrait que celle
Doiía Sancha esl dislincte de la comtesse signalée par des
documenls antérieurs.

11 y a, de loute évidence, une impossibilité irréductible a
concilier ces données contradictoires.
Au surplus, l'interpolaleur de nolre Chronique, tout en
s'inspirant des Généalogies, n'a pas du lout compris que
l'hérofae de l'avenlure ful la veuve d'Ordoiío II. 11 en a fail la
femme répudiée d'Ordoiío III : c'est dans le chapitre de
Sampiro-Silos consacré a ce prince, qu'il a inséré l'addilion:
Iste habuit uxorem Sanctiam, filiam regis pampilonensis, Sancii
Abarca, que ab illo relicta, nupsit comili AlaÚensium Aluaro,

deinde comiti Castelle Fernando Gondissalui.
Ce qui n'esl pas pour simplifier les choses, ·malgré l'apparence, c'est que les dales de la Chronique générale cadrent avec
celles ou les documents nous menlionnent la Doiía Sancha
historique, femme du comie. 11 convien I de faire abstraction
de celte lrompeuse concordance, que condamne formellement
la date de 940, ma,·quée par celle meme Chronique (S 728),
pour la morl du comte.
Ce qui complique encore, c'esl la Doiía Sancha, filie. de
O. Sancho de :\'avarre et femme de Ramiro II, donl parlent
le Liber 1/egum et la Cbronique de S. Juan de la Peiía , . Elle
parait procéder de la méprise signalée tout a l'heure dans
Luc ', et en loul cas se confondre avec , 0 la Doiía Teresa dont
la Générale (S ;01), comme Sampiro (suivi par la Chronique
Cf. Bull. lli$p,, 1921, p. 82,
Luc n'a peul-~lr-e íait que transcrire un tede erroné ou tronqué. J'ai trouvé
en tout cas la meme phra~e dans les mu. Hh 98 de la Bibl. \ac. el 2-~ de la Bibl.
Real.; ce dernier porte consedent~ (9$edtnte) au lieu de sedente.
t.

2.

�BULLETU. HISPA~IQUE

FEfl"iA,- GO"i'ZALEZ DA.NS LA C_HRONIQUE LÉONAlSE

léonaise) fait la femme de Ramiro II, la mere de Sancho 1 et
de Gelvira, mais de plus (la-dessus la Chronique léonaise esl
muelle aussi bien que Sampiro)la filie de Sancho de Navarre et
la samr de García el Tembloso; 2• Ja navarraise Doiia Urraca,
mere également d'un Sancho Ramfrez et d'une Elvira (affirmation toute spéciale aux Généalogies et a la Cbronique
léonaise) •. II y a done trois traditions louchanl le nom de
celte reine de Léon, femme de Ramiro II : il, s'agit probablement d'une seule et meme princesse sur la tete de laquelle
déja Flórez se résignail a accumuler deux noms, Urraca-Teresa,
et nous voyons qu'il conviendrait, pour tout concilier, de tui
en adjoindre un lroisieme, Sancha •. Nous avons vu, d'aulre
part, qu'il y a deux traditions touchant le lien qui l'unit
a l'hérolne de Castrovicjo 3 • C'est un personnage, en somme,
tres instable, a qui son intervcntion dans la légende a coüté
quelques avatars.
Je ne puis ici (et d'ailleurs je n'y reussirais sans doute pas)
reprendre les discussions de Flórez sur les femmes des rois
léonais contemporains de Fernán González; mais pour rendre
plus claire la question telle qu'elle se pose du fait des interpolalions successives . du texle pélagien de Sampiro et de la
Chroniquc léonaise au texte primitif de Silos-Sampiro, je
réunirai ici, en mettant e¡¡tre [ ] ce qui esta la fois dans le Sampiro de Pélage et la Chronique léonaise, et entre -&lt;&gt; ce qui
n'est que danscelle-ci, les passages qui concernent ces femmes.
On se rendra compte des additions faites au texte primilif
rnprésenté par la Chronique &lt;lite de Silos, tres pauvre, ou tres

sobre, en indicalions de ce genre (on sait que le texle original
de Sampiro s'cst consel'vé plus pur dans celle derniere que
dans la compilation allribuée a Pélage) :

1,

"Ramiro II épousa Urraca, les diplómes l'affirment

i,

Ordonius 11. - invenit reginam [domnam Munniam] domnam Gelviram, defunctam, [ex qua 'genuit Aldefonsum et Ramirum]
(§ 61). Tune accepit filiam eius (Garceani) in uxorem, nomine

Sanctiam, convenienlem et placentem sibi (S 63).
Froilanus II. - [duxit uxorem nomine Munnia Domna ex qua genuit
\ldefonsum , Ül'donium et Ramirum, et genuit Acenare, sed
non ex legitimo matrimonio] (S 64).
Aldefonsus lV. - filius domini Ordonii, [duxit uxorem ex qua genuil

Ordonium, nomine] &lt;Onecam, (Sampiro: Xemenam) filiam
regis Pampilonensis Sanlii Abarca&gt; (S 66).
Ranimirus II. - [ex Tarasia, cognomento /i'lorenlina 1 genuitSanctium

eL Geloiram] (S 69).
&lt;duas habuit uxores. Prima galleca fuit, ex qua genuit
regem Ordonium.
Secunda vero navarra fuit, que uocabatur i -rraca, et ex isla
genuit Sanctium Rainimiri et domnam Elviram 1 Deo devotam&gt;

(S 69).
Ordonius lll. -

i
.1

.¡

·' !

(Barrau-Dihigo, Revu~

hiJp. , 1900, p. 179).

l. E;L up quatriéme, Gimena, si nou, en croyons Sandoval (cf. Flórez, Reynas
Cath., t. J, p. 100),
3. On peut facilement les représenter:
P()eme et Chron, de 1344.
Chron. Gén. (Marden-Pidal).
Teresa, sreur de

·~

1

García.

=---~

Sancho.

Sancho.

1

Sancha,
comtesse de
Cas.llllc.

1

Teresa.

)

1

García.

Sancha,
comteue de
Castille,

~

&lt;habuit uxorem Sanctiam, filiam regis Pampilo,1

nensis Sancii Auarca, que, ah illo relicla, nupsit comiti
Alavensium Albaro, deinde comiti CaslelJe Fernando Gondissalui&gt;.
[Uxorem propriam nomine Urracam filiam íam dicli comitis

1

:1
1
1

Fredenandi reliquit].
[Aliam duxit uxorem nomine Gelviram 1 ex qua genuit Yerrnundum regern, qui podagricus fuiL] (S70).
Santius. - [uxorem nomine Tarasiam duxit, ex qua filium genuit
quem Raimirum uocauit].
&lt;qua defuncla, accepit aliam, nomine Godo&gt; (S 7&gt;).
Ordonius IV. - F_redenandus ... comes.dedil ei filiam suam uxorem,
relictam ab Ordonio Ranimiri (S 71) . lpsa quidem remanens
Urraca nomine alio se sociauit viro, &lt;.scilicet Veremundo&gt;

(S 7,).

Nulle trace, on le voit, dans ces texles surajoutés, de la
Do ita Conslanza, filie de Sancho Ordoñez, qui, dans le Rodrigo,
remplace dans son ·role de libéralrice notre Doña Sancha.
Ignoran!, bien enteodu, que le comle Fernán González avait
pour épouse une Doi'ia Sancho depuis de longues années au moment de sa capture, en 960, l'interpolateur de la Chronique

'!
•

1
1
1
1

• 1

1

�2¡6

BULLETIN HISPANIQUE

léonaise a cru se tirer d'affaire en attribuanl a Ordoño III une
des femmes d'Ordoño Il .
II a done imaginé que Doila Sancha, filie de Sancho Abarca,
el veuve d'Ordoño III en 955, puis épouse d' Alvar Harrameliz,
s'est lrouvée en 960 chez son frere García, libre de nouveau el
en état de se faire épouser par le comte .
S'il a opéré celle lransposition ', c'est qu'il n'avail pas d'aulre
moycn de concilier les données hisloriques que lui fournissaienl
les lextes memes sur lesquels il lravaillait, avcc la légende de
Fernán González, légende alors en voie de formalion, sinon
définitive, embryon de celle que nous lrouvons dans le Poeme
et dans la Chronique généralc. A propos des passages de la
Chronique léonaise qui concernenl le Cid, j'ai déja monlré la
légende ajoulant ses broderi;s a l'histoire,; el il s'a~issait
d'événemenls plus récenl~ d'un siec\e ! La déformalion devail
etre plus avancée louchanl Fernán González; el l'hislorien qui
voulait faire cadrer histoire et légende avait beaucoup a faire .
La critique de notre interpolateur s'est trouvée inférieure a la
tache. Qui s'en étonnerait? 11 fal!ait accepler le nom donné a
la libératrice : Sancha.
Avec son systeme, Fernán González en arrive a épouser la
femme de son gendre (cf. Chron . léon . § 72, note 1, et Généalogies, § 12, note 6). 11 a cru que dans les Généalogies (§ 12), a
l'endroil oú il est dit: « Iste Ranimirus ex alia uxore galleciensi domine (un blanc) habuil filium Ordonium regem »,
l'Ordonius re:c se confondail avec l'Ordonius imperator désigné
un peu plus haul comme maride Doi1a Sancha(Sánchez): « Domina Sane tia uxor fuit Ordonii imperaloris legionensis ». La
ful son erreur. C'esl au § 63, a l'endroit ou le texte de Silos
dil de celui-ci (Ordof10 11 Alfonso): « Tum accepil filiam eius
(Garceani) in uxorem, nomine Sanctiarn, convenientem et
1 . C'est a lui que l'erreur scmhle imputable, - et non a l'auleur des Généalogies
elles-memes, comme je l'ai dita la note G du S 1:1 desdiles Généalogies (p . 79 du
tiré :i parl), ol, il faut done remplacer Ordo1ío III par Ordofio JI. «11 est certain
qu'Ordofio II a eu une femme du nom de Sancha, qui Ctait filled'un roide t'lavarre)),
déclare M. Barrau-Dihigo (Revue ltisp, 1900, p. 79), qui d'ailleurs ne cite a l'appui
que le Codex de Meyá (c'est-11-dire les GénéaJogies) et le lexle de Sampiro (et Silos)
que nous rctrouvons daos la Chronique léonaise et queje discuterai plus Join, loucbanl Je mariage d'Ordoiio JI avec Sancha, filie de García.
2. Cf. Bu//. hisp., 19d, p ..~o, tiré 11. parl, p. 98.

FERNA:"I GO"ZALEZ DANS LA CHRO~IQUE LÉONAISE

placenlem sibi », el non au § 70, relatif au roi Ordoiío 111
_(Ramírez), qu'il eut fallu mellre l'interpolation « Iste habuit
uxorem Sanctiam ... i&gt; etc. 1 .
En fail, pour l'auteur des Généalogies, cetle Doiia San cha ful
la femme d'Ordoiío 112, el non d'Ordoño III . Au premier il
donne le litre d'imperato,·; au second, celui de re:c. ll suivait
sans &lt;loule un usage ou une tradition .
Élant données les dales admises par lui pour les regnes de
Sancho Garcés Abarca et García Sá;chez le Trembleur, il ne
pouvait du res le admelti·e que celle San cha 3 fiit filie du
second. Mais précisément le nom Garceanus que l'inlerpolateur de la Chl'Onique léonaise !l'Ouvait au § 63 empechail
celui-ci de confondre la Sancha de ce paragraphe avec celle
donl parlen! les Généalogies "·
Ce qui paralt cerlain, c'est que D01ia Sancha, femme de Fernán González, comte de Castille 1 était bien filie d'un Sancho :
Salazar (liist. de la casa de Lara, t. I, p. úo) cite un documenl
de 947 oú elle est appelée Sanctia Sanctionis.
M. Fernández de Béthencourt, dans son llisloria genealógica
1. L'addition du S 71, « Vnde cum Sanctia.,., etc., ne spécifie rien, puisqu'elle
porte seulemenl I Ordonii regis legionensis ,.
2. La Sanctia de Luc ne serail autre que celle-13.: c'est ce que supposaiL Flórez
(Reynas Cath. 1 t. 1, p. 99).
3. Une note marginale du ms. du Chronicon Silense dont 1\f. Santos Coco (Crónica
Silense, Madrid 1 1919, p. 48) a tiré son lexte pol"le: « lste Garsias regis Sancii Pampilonensis filius regnavit anuos XXXV et obiitera MVIII n1 ce que nous retrouvons
d'ailleurs, sauf le chiffre XXXVI, au lieu de XXXV,:dansles Gémíalogies{S1 2,cr. note 7);
cela donnait les dates de 93/1 ou 936 pour l'avi:nemeot de ce García Sáochez, et de 970
pour sa morL. Or la date assignée par le texte du Chronicon, reproduiL par notre
Chronique, pour la mort d'Ordoiío 11 est l'era DCCCCLXII, soil 92!1. García Sánchcz
a11rail done donné sa filie acelui-ci avant son propre avbnement. (Le texte silé'sien
le qualifie de rex: il a pu porLer ce litre, en clfet, avant 924, année de la morl de son
pCre Sancho.) 11 y avaitquand mCme quelquc in\"raisemblance 3. ce qu'en 924 il fLil
déj3. heau-p6re d'Ordo1io 11, d'autant qu'il n'élail mort lui-mCme qu'en 970. La difflculté subsiste avec le systCme chronologique de !.\f. d.e BÍ'thencourl. qui place Je
916 a 970 le rCgne du pCre de celte San cha, lequel serait García Sánchez ,111 (cf. plus
loin, p. ::q8, n. 1). Je rappellerai que les Géoéalogies fixenl aiu~i /les dates des rois
de Pampelune qui nous intéres;;ent ici (noler l'inlerrCgne de 924 ~ 934):
Sanctius Garsicz Maior cognomento Abarca 905-924;
Ganias rex cognomento Trernulosus 934-970;
Sanctius Quatrimanus 969 (~oit 970)- 1034 (10351).
4. Le texte de Silos est ainsi corn;u dans l'édition San los Coco: « lnterea nuntii
venerunt ex parle regis Garsiani .. . 11 Précédcmment, le lexte porte (p. 47): « Rex
vero Sancius Garsiani filius ... •• et la Chronique léonaise (S 62) C( Rex vero Sanctius
Garsia filius.,, )&gt;, soit Garsia au licu de Garsiani. Uans le passage qui nou~ occupe
il pourrait y avo ir eu primitivement de part et d'autre Sancii Garsiani ou S. Garsiani.

�FER:'&lt;IAN GONZALEZ DAiiS LA CHRONIQUE LÉONAISE

8ULLE1'l'.1 HISPANIQVB

y heráldica de la Monarquía espa;ro/a (l. I, p. 352 el :l57), dis-

tingue neltemenl les deux Sancha. La femme du comte, pour
lui, esl filie de Sancho Garcés I, el Reparador, qui aurait régné
de go5 a 926; ce lle du roi Ordoiio II serail filie du successeur
de ce Sancho Garcés I, a savoir García Sánchez III roi de
' serait
Pampelune, Alava et Aragon de 926 a '970. La seconde
done a la fois la niece de la premiere par son pere, et sa !ante
par son mariage avec Ordoiio 11, cousin germain (Bélhencourt,
t. r, p. 357) de son pcre. C'est « por los años de 923 » que
M. de Béthencourt la marie a Ordoiio II: pas de difficullé.
Mais est-ce par inadvertance, ou par une faute d'impression
qu'il date, p. 352, « por los aiios de 911 " (d'apres Moret, sans
doute), et p. 41,8, « por los aiios de 931" le mariage de la
premiere?
- II faudrait, au préalable, examiner le systeme généalogique
et chronologique adopté par M. de Bélhencourt•. La discussion n'est pas facile; ceL autcur ne produisanL pas ses textes .
Et je m'excuse au surplus de ne pasen lamer pareille question.
Je dais me contentcr de faire ressortir des contradictions qui
montrenl assez d'elles-memes les difficullés auxquelles les
chroniques donnent lieu. Seuls, comme l'a fait remarquer
judicieusementM. Barrau-Bihigo, les diplomes pourraient nous
lirer d'embarras ... quand la date en esL indiscutable.
Vlais je ne me propase pas de lirer au clair une question
aussi embrouillée que celle des premiers rois de Navarre, pas
1. Le voici, en ce qui concerne les princcs et princos!ICs qui nous inl(•renent dans
la. dynaslie dés rois de Pampelune:
_
Sancho Garcés 1, e!_ Reparador (goS-9~G).

1

1

García Sáochez III
(9,6-970).

-,.,-.;::....

---

Sancho Garcés J J,
Abarca
97o•995).
1

García Sánchez IV,
el Ttmblador
(995-999)
1

Sancho Garcés m, ti .Vayor
(1000~1035)

O• Sancba,
condesa de Castilla.

1

D• Sancha,
reina ~f': Loóo.

1

D• Teresa,
reina de ' Leónt

,79

memc ce lle des rois du x• siecle; je ne chercherai pas non plus a
fixer historiquement celle des alliances de famille quºils
contracterent avec les rois de Léon el les rois de Caslille. Je
me préoccupe seulemenl de savoir comment le rédacteur cm
l'interpolaleur de la Chronique léonaise a utilisé les Généalogies, qu'il considérait évidemment comme un texle incontestable. Simple pelil probleme d'historiographie.
·
Si done les Généalogies nous olTraient uft ter rain solide, nous
serions amenés a résoudre ainsi la q ueslion hislorique : la
femme de Fernán González, celle qui signe avec son mari el
ses enfants le document de 94 1, pourraiL etre la Doiía Sancha,
filie de D. Sancho (Abarca?)•, roi de Navarre, el successivemenl
femme d'Ordoi,o II Alfonso, puis d'Harrameliz, avanl d'etre
unie au comte ele Caslille Fernán González . - Deux difficullés
cependant toul au moiBs: 1° Commcnl est-elle déja, en 919, la
femme de Fernán González? 2' comment a-1-elle élé entenée
plus tard avec Ordoño II Alfonso et la premiere femme de
celui-ci, Munna Don na, ainsi que le consigne la Chronique
de Pelayo dans l'édition de Flórez, c'esl-a-dire selon le
m&amp;. F 134, mais non selon le ms. F 86, ou tout le passage
manque 2 ? La premiere de ces difficu!tés disparall d'elle-meme
si nous refusons de nous arreter a la date marquée dans le
vidimus de 1255 (voir p . 272). Mais la seconde?
En tout cas, cette Doi,a Sancha ne saurait elre la Doirn
Sancha qui délivra Je comte a Castl'Oviejo, a· moins: 1° que
l'événe'!lenl romanesque ou celle-ci joue le role que l'on sait
ne soit avancé d'un quart de siecle, et 2° que l'on ne supprim~
les fils qui figuren! dans notre Cl:ironique el dans le document
cilé. C'est beaucoup demander !
1. 0n remarquera que pour ce roi et. son successeut il n'y a pas grand'chose de
changé, en cequí touche 8 notre dliicussion, si nous admettons le systeme géoéalog1que ·cte U. Bét.hencourt, les dates élanl a peu prCs les mdmes, abstraclioa faite de
l'interrCgne. L'identification des deux rois seule change, maí&amp; les noms Sancho et
García resLant de part el d'autrc, on peut s'en tendre._Et c'cst bien pourquoi je n'entre
pas dans la discussion relativc aux rois de ~avarrc: nul besoia. Voir rinquiétanl
Lableau des Tariations des historiens ace ,ujol1 drcssé par M. A. Campión dans Enskariana, q• Serie, p. 1,96.
,. Cf. Bull. hisp., 19161 p. 150; tiré 8. part, p. 137. ll s'agit donc1 encore ici, d'uoe
interpolation. Mais d'autre part, on nous dit que Ooiia Sancha, femme de Fernán
Gonzá.lez, íul enterrée avec son mari a San Pedro de Arlanza. (BHhencourt. t. 1,
f· M8).

�,So

HULLETfl' HISPANIQUE

FERl'UN GONZALEZ DANS LA CHRO'i'IQUE LÉONAISE

Ainsi, dans la Chronique léonaise, les données fournies par
les Généalogies, de la valeur desquelles je ne discute point, ont
été tissées !anl bien que mal avec le roman qui se localisait
dens le Valpirre, non loin de la chaussée des pelerins ...
U ne chose me paralt éviden te, e·est que les Généalogies son!
indépendantes du texte de Sampiro-Silos.
II n'es! pas _dou!eux que les quelques dates• qu'elles comporten! aient élé jointcs apres coup. En príncipe, l'auteur ou
les auteurs ne paraissen t pas s'etrc souciés de préciser la
chronologie, mais uniquement de bien spécifier par des détails
hisloriques apparemmcnl noloires ou par des surnoms proba- ,
blement biep connus les personnages mentionnés. Or, une
généalogie est un sysleme, et pour etre juste, il faut qu'il le
soi! comple!ement. La moindre erreur de filiation le fausse a
fond. C'est probablement a cette difficulté que s'est heurté
notre interpolateur quand il a voulu enrichir de Jeurs données
le texte de Sampiro-Silos, sans se douter que peut-i\tre la conciliation n'était pas possible.
Quant aux tradilions auxquelles il a cherché a faire une
place dans le meme texte, elles étaient sans chronologie, en
l'air si l'on peut dire, et sans idenlificalion bien certaine.
Faice de l'histoire avec de pareils élémcnts était une entreprise candi de. A nous de ne pas nous y laisser prendre.
Ces éléments, il convient de les considérer en eux-me'mes;
c'esl seulement la combinaisoh qui en a été faite qui es! a
reje!er. Nous savons ce que fournissait le texte de S'!mpiro~ilos, ce qu'il y avait dans les Généalogies. Ce qui ne se trouve
ni dans l'un ni dans l'autre· vient-il d'une source écrite ou
d'une lradition orale, Nous ne pouvons le dire, mais il y a la
pour nous, une matiere des plus inléressanles. La fa9on dont
l'inlerpolateur a arrangé lesdits éléments esl facilement per9ue
a l'analyse: nous en ferons abslraction, pour réserver notre
attention aux faits allégués.
Non seulemen! la phrase « Iste habuit uxorem Sanctiam ... n
a été insérée a la place qui ne convenai[ pas, mais au s 7,
l'idenlificalion de la Sanctia qui délivra le _comte avec la filie

de Sancho Abarca, veuve d'Ordoño II, veuve ou ex-femme
d' Al var Harrameliz, puis femme de Fernán González, est arbitraire : elle 'n'est pas indiquée par les Généalogies.
C'est d'ailleurs dans ces interpolalions maladroiles que
réside _surtout l'inlérel de la Chronique léonaise. Nous y relrouvons en etTet l'écho de l'épopée, alors en pleine effervescence,
écho d'autanl plus facile a distinguer qn'il se marie moins
bien a la voix de l'histoire.
Mais nous y prenons aussi sur le fait la facon don! toutes
ces chroniques onl été rédigées, sans cesse agrémentées ou
loul simplemen! augmentées de délails mis d'abord en marge
puis passanl dans le corps du texte, si bien qu'il faut, en these
générale, se garder de les considérer comme représen!ant
respectivemenl l'reuvre de l'auteur sous le nom duque! elles
sont connues. Toules sonl, plus ou moins, des miscellanea 1 ,
el aucune ne mérile spécialement d'elre désignée par ce mot,
pas plus la Chronique léonaise qu'une au!re ', con!rairemenl
a ce qu'a imaginé de faire M. Santos Coco dans son édition
du Chronicon Sitense3.

r. Elles manquent dans le Medfonense.

1. Daas l'étaL otl DOus les donnent la pluparl des manuscrits et 011 elles ont été
édilées jusqu'il ces dernicrs temps. C'est seulement. pour la Chronique dile de
Sebastien ou d'Alphonse 111 que nous pouvons mainlcnant remooler, semble-l-il, au
texte primitif, dégagé des addilioos postérieures. Pour les autres · chroniques, ou
bien le tranil est 8 faire, ou bien nous nous trouvons en préseoce d'une miscellanea,
el c'est le cas, j'en com·iens, de la Chronique léonaise, mais c'est aussi celui de la
Chronique dite de Silos.
1. Au surplus, si non seulement chaque éditeur des Chroniques, m11is chacun
des criliques qui s'é'U occupent plus ou moins a fond s'ingénie a leur trouver de
nouveaux litres plus ou moins adéquats, il faudra bieotót renoncer a s'enlendre.
Ne vauL-il pas mieux conserver, autant que po;;sible, et quoi qu'on puisse penser
de leur appropriation, les noms sous lesquels les textes soot connus déj1l, soit par
le jait de l'éditeur, soit pour une autre cause. Cela, bien enlendu, a moins d'une
découverte qui donne le titre original ou le véritable auteur. Je ne crois pas que la
CliroDique de Silos ait été rédigée a Silos : je continue pourtaot a l'appeler Chronique de Silos.
·
3. M. Sanlos Coco ne s'esl pas laissé convaincre par mes arguments au sujet
du seos a donner a Domus Seminis. ll persiste done a prendre ces dem: mots
pour une sorle de périphrase équi,·alant a Silos. Ainsi il faut admetlre que daos le
parler d'alors 1 Silos désignait le monastere. comme on dirait aujoQrd'hui, par
exemple: ((ll est moine 8. Silos. • JI me semble que l'habitude, en latin tout au
moins, était d'énoncer Je mot monasterium, ou coenobiam, ou domus, ce dernier
surlout, comme daos les e::r.emples quej'ai rappelés (Bull. hisp., ~914, p. 17; p. 85 du
tiré a part), ou encore dans ces quatrains latins monorimes sur le monastere, la
• maison • de Roncevaux :
_
Domus ista dicilur Roscidee vallis ....
publiés plusieun fois, et en particulier par le P. Fila (Bol. de la Real Acad. de la Hüt ••
1885 1 p. 172). Avec non moins d'assurance, M. Santos Coco écarte toutes les objec-

�BULl,ETl:i

IIISPANIQUE

Revenons á l'hérolne de Caslroviejo. Si la Chronique générale (texte Marden-Pidal), en fait non pas la sceur, mais la filie
de D. Garcí:J-, c'est sans doule que la vraisemblance et l'intéret dramatique imposaient ce changement, vu la chronologie adoplée.
Sancho de Nava,-re, suivanl celle chronologie (S 69LÍ), •élait
morl en 908 (Era DCCCCXLVI); !'aventure du comle el de
Doila Sancha (§ 710) est placée en 928 (Era DCCCCLXVI).
L'héro'ine, si elle eíl.l élé la filie d'un roi morl depuis vingtans,
n'aurail plus eu le chai•me de la prime jeunesse. Assurément,
il lui fallait une cerlaine expérience pour mater le vilain
archiprelre ;' mais !'aventure étail plus charmanle pour le comlc
el le lecleur dans la mesure ou la libéralrice élail plus jeune.
On comprend c¡ue pareille considération n'ail pas arreté le
tions quo j'ai énoncées, pa.r exemple la constatatioo du fait que le Chronic(Jn ne
figu_re poinl dans le catalogue, dress.ó au unª siCcle, des lines apparteQant au
monastern, oU figure, par conlre, la Vita sandi Dominici, auS&amp;i bien que la Vitasancli
Emiliani; ou ancore le silence étrange gardé par le chroniqueur au sujet du sainl
fondateur de la ;\laison. 1\1. Santos Coco croit répondre suffi1ammenl. en citant le
passage deNicolas Antonio sur la Vie latine de saint Dominique, quel'auteur de la
Bibliotheca vetus n'esL pas éloigné d'attribuer au moine qui a écrit la fameuse
Cbronique. Mais \l. Sao tos Coco aurai(pu se rappeler que l'auteur de la Vie est
Grimald, asse1, coonu, sur.loul. depui~ les publicalions de Dom FeroliD et de !\f. Filz•
Gerald; c'est encare 8. lui, en fail, que :\l. Santos Coco nous suggilre de reconnaitre
la paternitó du Clironicon, simplemenl sur l'autorité d'une conjecture d'Anlonio
qui, comme l'a démontré Dom Férotin (Hist. de l'abbaye de Silo,, p. 2-4), a commis un;
confusinn, Cetle pateroitó reconnue, tout s'c:i.pliquerait: le maine qui avaH consacré
trois livres l. aainL Dominiquo aurait cru inul.ilc de rappeler1 fút-ce son nom dans
une histoire poli tique. Bel esprit de méthode ! Trop beau pour Ctre vraisembJable.
,Jem'étonne que Grimald n'ait pas, daos sa Vie, mis quelques vers comme daos sa
Chronique, qu'il y ail. 6ll un style Yraimenl bien d.ifférenl, qu'enfin nulle partil en
songe 8. employer, pour désigner son mouaslere, cellepériphrue pourtant f lrouvée ,,
de Domin Seminit, et qu'il ail próféré la plate désignation de monasterium &amp;iliense,
Pour moi, je ne puls que maintenir rnes objections, dont aucune certe, ne,m'csl
app~rue par clle•méme comme péremploirc quaod iJ s'agit d'ébraoJer une opio ion
pltuneurs fois séculail'e, mais qui, réunics, me paraissent peser au moins au11i lourd
que les contre-objecl.ioos du dernier édiLeur. Quant a l'établiuement du te.de
silésien, je ne puis que rendre hommage a la conscience el it la bonne préparation
donl il Lémoigne, ne voulant pas m'engager ici dans une diseussioo sur la móthode
employée el sur la valeur des manuscrils. Je les avai11 il pcu prCs tous énumérés
sioon tons décriLs; j'avais méme reproduit des pholographies réduites· et bici;
défl:ctueuscs, mais ~uffisanLes pour donoer une idée des écrituros el des différenccs
de mains (nol.ammenl entre F-181 el X- 190, quoi qu'eo pense M Santos Coco),
J'aurai l'occasion d'y revenir; je m'en liéns pour le mome.nt ace qui louche de plus
prils 8 la Cbronique léonaise, soit la ilfi!fcellanea pour M. Santos Coco, - P.-S. TouL
ccci élail. prdl pour le tirage quand je re~ois l'lnlroducción a la Hisloria Silense de
M. G6mez Morcuo, oll je vais (.p. n:1 eL -,;uiv.) c¡ue mes objeclions ont ou plus d'effet.
Oo rccoonail que la Chronique de Silos ne sor\ pas el ne peul pa. sortir de Silos.
C'est l'cssentiel. Car pour ce qui esl de faire de seminis un nom propre 1 je n'y ai
pensé que faut.ede mieux. M. Gómez Moreno n'a rien trouvé non plus.

FERNAN GONZALEZ OANS LA CURO'.'ilQL'E LÉONAISE

,83

P. Mariana (VIII, 5), qui place les faits auxquels nous faisons
allusion en 958, el marque la mort de Sancho de Navarre en
926, &lt;&lt; salutis anno nongentesimo vigesimosexto 1), ce qui donne
a l'intéressée au moins trente-deux ans, et combien avec !
C'est cel écueil que le chroniqueur a voulu éviler. Je dis le
chroniqueur: il s'agil de celui de la Générale; car celui auquel
11ous devons la Chronique léonaise dans l'état · acluel ne s'est
pas embarrassé pour si peu, encore moins que le P. Mariana.
Les Généalogies lui donnaient la dale de 92iÍ pour la mort de
Sancho. En 960, dale adoplée par lui pour fa capture du
comte, Doña Sancha aurail eu lrenle-six ans, sans compter le
reste ... Le rédacteur de-Ja Générale a eu plus d'égards pour elle .
Il estcurieux que cesoit acelui-ci que soient venus les scrupules, et non au poele. Mais le poete ne s'encombrail pas de chronologie. Parlant, sceur ou filie, peu lui impcirlait: elle ne pouvait, celle qui délivra de ses fers le comte de Casti,lle, celle qui
excita les demiers désirs (combien funestes) ! de l'archiprelre
chasseur, manquer d'etre jeune: elle l'élail nalurellement.
L'idenlification de celle vaillante navarraise, qui rappelle a
!'esprit le souvenir des rudes serranas de l'archipretre de Hila,
étant ou paraissanf impossible avec une Doña Sancha, filie ou
sceur d'un roi de Pampelune, faul-il rejeler simplemenl l'historicité de la légende, meme dans sa forme la plus .réduile,
celle de notre Chronique?
En 960, Fernán González, comte de Castille depuis plus de
quarante ans, élait probablement veuf de Doí,a Sancha,, donl
le nom ne parail point parmi les personnages qui confirmenl
un document du 5 juillet 963, et parmi lesq uels on trouve Fredenandus comes, Urraka regina (sa fille)3, G rsea Fredenandiz
(son 61s).
11 a pu alors, certes, promellre le mariage a une fille deroi
• 1. Les ~eu:i. _derniers documenl.s cilés par Salazar (Hisl. de la casa de Lara, t 1,
p. So) et ou elle figure soot de 947.
~- Becerro Gótico dt Cardeña, p. 13.
3. VeltVe d'Ordoil.o Ul el d'Ordoño lV 1 peu\•etre a cctte époquc remariée a,·ec
Sancho .\barca, si l'on ea croit. le P. Serrano, qui combaL l'opinion conlrairc de
Morcl (Cartulario del lrtfanrado dt! Col}(lrrubias 1907, p. :u.1 et. 38). D'apris la Chronique léooaise, son troisiéme mari aurait Cté un certain Bermudo « scilicet Vcremundo » (S 7,).

•

�•

BULLETIN HISPA '\'!QUE·

ou a loule autre. Ce qui est sur, c'est que les ·acles ne nous
fon! pas connailrc d·aulre comtesse de Castille, épouse de
Fernán González, que Dofia Sancha, et que le nom de celle-ci
dispáralt des documenls a l'époque oii nolre Chronique la

T.... E

S'appelait elle Conslance, comme veul le Rodrigo? La tradilion que représente ce poeme peut avoir des lrails historiques,

RO;\IAN DE SAINTE TIIÉRESE

marie avcc le comte.

a cOlé de défonnations évidentes,

comme le nom donné au roí

de Navarre, Sancho Ordonne:. l\lais Constanra n'est pour nous
qu'un nom de plus, et qu•un embarras de plus.
Tout en admetlant que Doiia Sancha mourut avanl son mari,
Salazar (llisl. de lit casa de Lara, t. 1, p. 5o) écarle deux documenls d·o¡, il résulterait que le comte Fernán Gomález aurait
eu une seconde femmc, du nom d·Urraca; l'un d'eux est de
965: pour le savant généalogiste, il s'agirail la d'un autre
Fernán Gonzále,, comte de Lara (cf. l. 1, p. 44).

Pour les raisons exposées par M. Sanpere y Miqucl (Rev.
de Arch., 1904, X, p. 380), on peut admeltre que les Généalogies furent rédigées en Navarre. n·aulre part, d·apres M. Serrano y Sanz (Noticias ydocamenlos hist. del COlldado de Hibagor:a
hasta /u muer/e de Sancho Garcés lll •, p. 48), les Généalogies
dans le ms. de Meyá - il en juge par les fac-similés de Palomares - scraient du début du x1• siecle; aussi, réagissant sur
une opinion invélérée, mais mal appuiée, en fa¡¡.¡¡ grand cas
(p. r59). Dans ces condilions, il est dillicile de ne pas tcnir
compte de ce que nous en retrouvons dans les Généalogies du
ms. A 189, el c'est le cas pour ce qui cst dit des unions conlractées par Dofia Sancha, filie de Sa11c/ius Garsie::; Maior cognomento Abarca, car cela nous le lrou vons dans le Medianense
comme le A 189 et dans le legiO/lense de Traggia '· L'addition
de a: Legionensis" a pres e, imperaloris 1i el de n comitem »
avant « de Alaba» n'a rien de lrouhlant.
G. CIROT.

( A suivre.)
1.

Madrid, Centro de Estudios hist.,

Memorias _de ln R. Acad.

1912.

~ la 1/ist.,

t. _IV. 31. Campion daas le ,·ol. cité, p. 4¡r,
compa~e le Leg,ontn.se d_o ~ rdgg,a o_t le l/edi11~eflSe; el ll. Serrano (ou,·r. ciló, p, ¡o),
2.

1
Je .1ledtarumst: avoclc e cod1ce de Leon n, q u1 o e~t autre que Je A 189, donl je venais
de pubUcr(1911) le conlenu (je veut. diro la Chron. léouaisc el les Géaéalogies),

PAR

M. EDMOND CAZAL'

En 1908, M. More! Falio, conslalail en ces termes l'une des
plus grandes !acunes de rl1isloire lilléraire d'Espagne :
Nous 11e possédons aucu¡¡ ouvrage importan/ sur la myslique
espagnole au xr,• siéc/e et /out fait prévoir que ce chapilre si
considérab/e de /' hisloire religieuse de la Péninsule ne sera pas
/1-.iilé de longlemps comme on souhai/erail qu·u pfit r, 1tre,
j'enlends par u,¡ esprit libre,
inféodé ,, te/le ou le/le lcole,
mais !léanmoins sympaWiique aux doctrines conlemplatives en
mt!me temps que Iris informé.

"º"

M. Edmond Caza) s'est cru désigné pourcette haute interpré-

tation. 11 a eu l'initiativc d'éludier ladoclrinedesainleThércsr,
non dans la lourde atmosphere d'une bibliotheque, mais au
creur meme de l'Espagne lhérésiennc. 11 a suivi les traces
de la carmélite d'Avil;,. a Medina, de Tolede a Séville, de.
Burgos a Alba de Tormes. Sur son passage, les couvenls du
Carmel se son! ouverts avec une hospitalilé toule caslillane
el M. Edmond Caza! en a profilé pour inlen•iewer sur l'amour
divin les earmélites de bonne volonlé. Le pcre Silverio de
Santa Teresa a bien voulu aider cet enlhousiaste biographe
de son érudilion et de son crédil. Toutes ces ressources pou,. L'élude écrite par ~l. Edmond Cual (Sainle Tltirese, Paris, OllendorO', 3,3 pag~s
in• 1 2), comprend oulre l'avcrlissc~~nt : 1• un~ _bio¡rraphie (145 pages)¡ 2•. uoe séne

d'éludes complémentaires: ,l/yst1cume, hysterie, auto-irotume. le prob~me de la
catalepsieet de l'exlraction du caur. Un plag~t malhear:,eua:: ~m.ur ThérAae de l'Enfant
Jés1U (35 pages); un appendice: La profemon de .sainte Therese, Le caur de samte
Thérbe. Bibliographie {8 pages).
2. les ltcluns de sainte Thértse. Bullt:lin hispaniqut de janvier-man 1908.

Bull, hilpan.
'9

�•
•
BULL6TIN HISPANIQVE
286
vaienl, en effet, nous offrir une étude magistrale 3. la fois
vivante et documenlée, imparliale el pénélranle.
L'échec de M. Edmond Cazal n'en cst que plus décevanl,
el ses erreurs n'en sonl que moins excusables. Commenl ·
Je lecteur de bonne foi, qui ne peul recourir aux sources
originales, n'accepterait-il pas avec confiance la déclaralion
du prologue :

J'ai cherché la vérité avec tout le calme qu'il esL possible de garder
devant une femme aussi passionnanle que ThérCse d'Avila et je
me suis efforcé d'étre un biographe exact, complet et, peut-etre,
impartial 1 •

Hélasl on esl toujours moins imparlial qu'on "': le croil.
M. Edmond Ca~al le sail mieux que personne, lui qui a si bien
défini les posilions respeclives de ses devanciers :
Cette vie exceptionnelle, ils l'ont fait servir 3. la démonslration
étroite et Corcée de leurs conceptionssur certains étals psychologiques,
de Ieurs doctrines sur les caractCres de l'amour divin, de leurs
hypolheses scientifiques SUl' l"hypnose et l'llxtase. La Carmélile
est une sainte 1 une. malade ou une folle, selon. qu'ils étaient aliénistes, médecins ou moines. lls n'ont méconnu que ceci qui est

capital : c'est que Thérese fut d'abord une femme, une ardenle
femme d'amour ...

Or, c'est bien un roman d'amourquenous aolferl M. Edmond
Caza!, un roman de voluplé, de sang et de mort. Et nous lui
en savons plus gré qu'il ne croil. 11 fallaiL pour obtenir ce
résultal des qualités vraiment originales et qui n'abondent pas
chez les thérésiens, je veu,c dire : un enthousiasrne optimisle
pour les choses d'Espagne, ¡•jmagination d'un-arliste el le
talent d"un auleur dramatique . Grace ces ressources, la biographie de sainte Thérese devient une brillante narration,
illustrée d'images vives, animée d'émouvanls dialogues,
rehaussée enfin par un dénouement d'outre-tombe.

a

1.

Sainte Thir!se, p.

A la vérilé, on aimerait connaitre davantage le caractere des
parents de Thérese et l'influence de leur éducation. Mais
M. Edmond Caza! esl pressé de nous présente_r son héro!ne:
Le Pére FranQois de !libera·, jésuite, qui l'a connue et qui fut son
premier biographe, dit qu'ellc avait un teint d'un blanc mat émou~
vant, des chevcux noirs et bouclés, un front large, uni et tres beau,
des ycux noirs prcsque tonjours vifs et gracieux, avec de la profondeur et de la gravité certains moments ... 1.

a

En réalilé, si l'on a tl!cours au lexle de Ribera; on constate
qae le leinl de Thérese, loin d'elre mal, élail « blanc et rose o.
&lt;&lt; Quant aux ·yeux, ils étaient noirs, ronds, a fleur de tete,
pas grands, mais si bien placés, si vifs el si gracieux qu'ils
obligeaienl chacun a rire des qu'ils riaienl toul en devenant
tres graves des qu'~lle voulait que son visage exprima! de
la gravité'. •
Edrnond Caza!, oubliant la réservc de l'honnéle Ribera,
agrandil les yeux de sainle Thérese par de suaves gradations :
Que n'oblient pas de ses amis la Carmélite? Tout cela, rien qu'en·
posanl sur eux'le velour.s profond de ses yeux 3.
Calme, souriante merne, a peine plu~· pille que d'habiltide~ veloutant

aforce de volonté le feude ses grands yeux noirs ... 4,

.i.

•••

:a, P. ~-

LE ROMAN' DE SAINT.E THÉRi:SE

1 •

l\lais celle idéalisation n'esl qu'une faiblesse . M. Maurice
Maindron n'en est pas loujours exempt, comment la reprocherait-on a M. Edmond Caza!?
Ce biographe .nous évoque ensuite, un peu rapidemenl,
Thérese dans son enfance inquiete, sa brillante adolescence
el son pénible noviciat. Le tableau qu'H nous faitdu monastere
de l'lncarnalion .rappelle les reveries romantiques de Calulle
Mendes:
A l'lncarnation, celte perdition devait etre assez facile. Autout des
murs du vaste jardin&gt; toutétait désert. Qu'un Don Juan o5at J'escaladc,
il ne risquail point d'étre vu . A la nonne amoureuse, au galant
t.P.~3.
-Rihera, Vid 11 di 3a,1ta Teresa, lib. IV, cap. 1, &lt;1 Los ojos negros y rc&lt;lon&lt;los s un
p:&gt;cu papujados ... no grand.es, pero muy bien pncslos y ,·ivos y graciosos, que fn
riycndo8e; se royan todos ... y por otra parte muy graues quando ella q_ueria mmlrar
en el rn~L:o grauedad, ))
·
3. P. i78 .
4. P. 186.
:.i:.

�,88

ernpressé, les bosquets offraient de discrcls refuges. Quant aux conséquences, pour si redoutables qu'elles soient, quelle amoureuse y pense
dans l'entraincment de la passion 1 ?

Aussi sommes-nous rassurés d'entendre M. Edmond Caza!,
dont l'intuiLion est infaillible, affirmer la virginité de sainle
Thérese.
A ces jeux, Thérese perdit tres certaiuement sa candeur, mais plus
certainement encare, elle n'y risqua pas sa virginité, qu'elle garda.

Apres ce témoignage d' &lt;e impar,tialité », le biographe, dans
son savoureux chapitre : !'Amante de Jésus, idenlifie, sans
discussion oiseuse, l'amour divin avec l'amourcharnel. JI oublie
que Jésas fait homme n'apparait a Thérese qu'a la fin de son
évolution mystique.
Par son amour, Théresc possédait Jésus fait homme, Pour taus les
sens de son corps, instinclivement a vides, Jésus était une réalilé tangible, visible, odorante, parlante et bruissanle, qui avait au baiser un
go\It déleclable et précis; une réalité aux formes vivan tes qu'elle
serrait sur son sein, qu'elle étreignait et sur la poitrine de qui, souriante et les yeux fermés, elle s'abandonnait,.

Une qÜeslion se pose cependant qui aurait du arreter au
passage M:. Edmond Caza!, expert en pbysiologie sexuelle .
Dés ·1ors, ce que Thérese appelle l'oraison ne sera pour elle autre
chose que l'acle d'amour sous sa double forme :le don etla possession.
Dans l'acte d'amour, chacun des amants se donne et possede, prend
et est possédé. Cet acte, en plus des extases spirituelles, produit une
jouissance cofporelle dont la profondeur, l'acuilé, l'intensilé varient
suivant les qualités physiques des amanls 3,

Apres cette définition péremptoire, on s'attendrait a ce que
l'oraison, si directement intluencée par le tempérament de la
Carmélite, soit parliculierement fervente pendant la période
de jeunesse. JI n'en est rien ·cependant. Apres nous avoir
déclaré que, a !'a.ge de dix-neuf ans, Thérese était déja un « brasier » d'amour, le biographe constate lui-meme que de 1538
a 1555, c'est-a-djre de la vingt-troisieme année a la guaranl.

2.

•

BULLETIN H!SPANIQUE

P. 43.
P. 55.

3. P. 5~.

LE ROMAN DE SAINTE THÉRESE

•

,89

tieme, la Carmélite abandonna l'oraison. A ,¡elle dale seulement (l'i\ge critique, précisc M. Edmond Caza!¡ et jusqu'a
soixante-sept a □ s, elle s'adonnait a l'auto-érotisme. Pourquoi
se serait-elle privée de le faire pendant dix- sept ans, alors que,
d'apres ce biographe, son tempérament, ses leclures, son idéal
religieux la ramcnaient vers des émotions dont elle avait déja
gouté la volupté? 11 semble au contraire qu'elle n'obtint la
plénitude des graces mystiques qu'apres avoir discipliné son
tempérament.
La réforme du Carmel appara!t bien dans la vie de sainte
Tbérese comrne le nrnud de l'action dramatique et il faut
rendre celte justice au narraleur qu'il a décrit, comme elle ne
J'avait jamais été, cetle lutte arden te des amis de sainte Thérese
et de ses adversaires.
Contre le Dieu éternel; contre un saint mort; contre le Pape et le
général de la Compagnie de Jésus bien vivants; conlre un évé.que 1 des
dominicains 1 des jésuites, des prétres séculiers, des gentilshommes
puisso.nts qui ne se montraient pas toujours 1 mais dont on sentait
l'infatigable acli•m; contre toutes ces forces du Ciel et de la Terre
conjuguées, que pouvait le provincial des Carrnes, la prieure de l'lncarnation, quelques centaines de carmes et de carmélites effrayFs par
la Réforme dorrt ils prévoyaient la généralisation, enfin une douzaine
d'hidalgos et leur clientele 1 ?.••

Encore, pour bien comprendre le caraclere de cette réforme,
faudrait-il écrire l'histoire de la réforme générale de l'Espagne
rcligieuse dont l'un des dirigeants les plus actifs paratt ctre
Pbilippe II.
A pres avoir célébré le triomphe de sainte Thérese et la fondation du couvent de Saint-Joseph, M. Edmond Caza! nous
décrit la « formidable né_vrose colleclive" des nouvelles carméliles en r.ecourant aux images les plus impressionnanles de
son laboratoire :
Ce sont les vio1ons et les violoncelles d'un orchestre dont les vibrations1 uniesen crescendo, se poussent, se soutiennent, s'exasperent,
éclatent en une tempéte h:irmonieuse et puissanto; ou bien, c'est Je
bouillon de cuJlure otl toutes les germinations s'enlr'aident, oll e}les.
1.

P. u6.

�BULLETJN BJSPA~IQUE

LE ROMAN DE SAINTE THÉRESE

croissent d'autant plus vite ~t fort qu'elles sont plus nombreuscs el
virulentes; ou encare, c'est l'alambic de vingL liquides amalgamés,
formant un gaz unique d'une énergie sans limites.,.'·

Mais enfin un cri gémissant s'exhala de leurs étres et ilsretomhCrent,
soupirnnts, épuisés, revenant de si loin 1 !

,90

Cependant, la fondatrice sort de sa relraile pour crécr en
Castille et en Andalousie de nouveaux monasleres. Le biographe
reconslituc celte campagne spirituelle avec un cnlhousiasme
communicatif. GrUce a lui, nous savons les épreuves nombreuses dont l'intrépide Carmélile tl'iomphait dans ces lointains voyages .
Malheureusement, le roman passionnel rcnait au chapilre
snivant 2 • Rien n'y manque, ni les homélies improvisées, ni
les portraits moins vrais que vraisemblables, ni les enlrcliens
romanliques de Thérese de Jésus et de Jcan de la Croix :

a

Et le dialogue la fois sombre et passionné &lt;lut se tcrminer ainsi :
Quand, O ma mere~ -- Aussilol que j'aurai la maison et les quatre
rnurs d'un monastere d'hommes. - ~1 'appcllcrai -je alois comme
aujourd'hui? - Non! Tout en vous sera renouvelé . Vous serez Jean
de la Croix 3, n
&lt;1

Et apres avoir expliqué l'amour divin dºaprcs sainle
Thérese, M. Edmond Caza) vcut bien nous éclairer en
quatre lignes sm· la fa~on dont le comprend sainl Jean de la
Croix.
Ne pas dormir. ne pas manger, s'exlénuer dans les agenouillcmcnls
de quaranle-huit heurcs 1 qu'étail cela, en vérité, puisqu'cn plaisant
Ace Jésus qu'elle aimait, il lui plairait a elle! ... 11 cricrait, il balbu•
-tierait dans ses ex.lases : « Jésus ! Jésus ! 1i Mais c'csl: &lt;t TbérCse !
ThérCse ! 1) que gémirait passionnément son creur !r.

ll faut voir avec quelle complaisance, le biographc, - si
.i'ose le nomme,· ainsi, - décrit les « ébals, de la Carmélile
et de son fils spirituel :
Cramponnés aux. barreaux. de la gril1e, face a face, la bouche
entr'ouverte, les paupieres mi-clases, les Jeux révulsés, ils se tendent
l'un vers l'autre, et leur ardeur est si violente, leur allirancc muluellc
est tellement irrésistible que leurs genoux ne touchent plus le sol!

Apres un tel tableeu, la fin du livre serait bien fade si ne
sortait de l'ombre le moine fatal qui va bientot jouer le role
de bourreau el transformer le romanen mélodrame.
Tous les biographcs anlérieurs a M. Edmond Caza! ont terminé leur récil a J°enterrement de sainte Thérese. l\lais l'imparlialitéde notre historien lui fait douter dela mort elle-meme.
11 nous ofire done un épilogue sensationnel en trois tableaux :
Thérese es/ enterrée .vivante, L 'arrachement da ca,ur el la mort,

Le marlyre posUiume.
Nous citons le passage le plus pathétique :
En Yiolant la sépulture (le P. Gratien) avait un but. Il y alla droit, ·
Sans pudeur; il enleva le drap breché d'or, écarla le large scapulaire,
passa les rnains sous le corps étendu, dénoua la robe, la fit glisser
d'un coup, avec les manChes qui se retourn8rent, avec la chemise
qu'il avait en meme ternps saisie. Les converses élaient tombées
Agenoux. Lui, il se penchait 1 de nouveau admiratif, devant le miracle
plus complet que jamais il ne l'eut revé : le bus te, nu jusqu'a la taille,
élait blanc, de chairs pleines et fermes, de formes nm·males, avec les
seins dressés comme s'ils eussent étévivants ! Et pas la moindre puan·
teur de cadavre, non! mais une odeur saine et néanmoins troublante
de femme exlremement propre, un peu grasse. En_ce temps de routes
peu sU.res, les moines eux-mémes ne dédaigoaient pas d'etre armés.
Pourquoi le P. Gralien, grand voyageur, n'aurait-il pase~ sa navaja?
ll sorlit d'une de ses poches le long couteau, l'ouvrit et la lamelarge,

effilée, poinlue, réfléchit en éclair les flammes des chandelles. Les
con\1erscs, rnaintenant apeurées, se cachaient le visage dans leurs
mains. Pour qui n'est pas anatomis_te, le cmur humain se trouve tout
a fait a gauche. Done, le moine n'hésita pas. Et sous le sein, il planta
le couteau . . ThérCse I ThérCse! tcréveillas-tu brusquement, unefoi§
de plus - la dcrniere-3. ~a piqllre et au froid de l'acier ?-Ouvris-tu
les )eux ~ Vis-lu le maine a la fois relors et lémérairc qui int:onscie1nment te tuail 2 ?

Je crains fort que la vision de M. Edmond Caza! n'inspire
mémorable, que l'Espagne ne nous pardonnerait jamais. En allcndant cette consécration populaire,

a Pathé un film

l. P. ! ',l',I.
2. P lii, cl1Jp. \"111, .!/1 chenenls¡1 :1ssio1111is.

3 P. 1¡1.
~. P. 178.

1. P. 191.
~- p, -.a3~-

�BULLETIN BISPA''UQUE

LE ROMA1'4' DE SAIN:TE TBÉR°ESE

nous examinerons la documentation du biographe. Mais il est
d'abord nécessaire de définir sa mélhode el son critérium au
point de vue de la psychologie expérimentale, de la lhéologie
et de l'histoire .

.

•
••
En écrivanl la derniere biographie de sainte Thérese,
M. Edmond Caza! a-l-il tenu ses engagements de n'elre ni
médecin, ni lhéologien, ni philosophe?
Des apologistes et des compilateurs religieux, des psychologues et
des savants, en redingole de lalcs, en soutanes de jésuites, en tuniques
raisin sec de carmes ou en robes blanches de dominicains, sont allés,
- ou ne sont pas allés, - a Avila. lis ont taconté ou commenlé la
vie de sainte Thérese selon une idée, un plan, un but précom;us. lis
l'ont racontée plutót mal. Ilsne l'ont ni bien connue ni bien comprise,
parce qu'ils ne voyaient a traven elle, que leur superstition, ou leur
foi, leurs lhéories, leurs systemes, .. 1.

Apres ce réquisitoire, d'ailleurs justifié, M. Edmond Caza!
est lenu plus que personne de n'avoir ni systeme, ni théorie,
ni superstition. On pourra en juger par cel averlissement
dénué de toul artífice :

,93

ramenant a la neurologie? Tel est bien le point de vue de
M. Edmond Caza! :
Taus les grands mystiques, fernmes et hommes, sont de grands
hystériques. La puissance de leur mysticisme est en fonclion directe
de la gravité de leur névrose 1 •

Celle explication, d'ailleurs un peu désue!e, réunit encore
parmi les neurologues contemporains d'illustres suffrages,
mais pour la bien défendre, il faut une mallrise de tout premier ordre. Les études spéciales des D" Richer et Eugene
Lcroy se limiten! a des observalions de clinique ou a de
simples hypolheses, sans cesse révisées, jamais définitives.
Alors que le D• Jane!, donl la consciencieuse observalfon fait
aulorité, hésite a recourir au mol d'hystérie, qui est décidé.ment d'un emploi dangcreux, M. Edmond Caza! ignore ces
timidités. A trois siecles de dislance, mais en quelques ligncs
péremploires, il diagnostique ayee une étonnante hardiesse
« l'asthénie de sainte Thérese, ses fievres paludéennes, ses
crises d'hystérie, et surloul ses allaques de catalepsie n.
Que serail-ce si M. Edmond Caza! était médecin? Peut-etre
alors prendrait-il ces grands mots moins au sérieux. Celle
foi, un peu nalve, en la science médicale, nous conduil au
précieu,x chapilre : Mysticisme, hystérie, auto-érotisme, ou les
problemes les plus complexes de psycho -physiologie sont
résolus en seize pages inclusivement.

Il n'y avait tout sfmplement qu'fl écrire ceci: &lt;( ThérE:se n'avait pas
la vocation religieuse. n Parfaitement ! Celte jeune filie n,était pas
faite pour la vie conventuelle. Si, a seize ans, elle avait épousé un
homme digncd'elle, qui l'ellt, ou rendue grosse tout de suite, ou emmenée a la cour de Philippe II, ThérCse serait devenue une trCs
bonne mere de famille, ou une tres puissante femme d'Etat. Elle n'aurait pas été malade. Daos l'un ·et l'autre cas, elle eut obéi ala logique
et ala nature qui veulent qu'une jeunc filie d'imagioation et de sang
chaud cesse d'6tre vierge le plus tót possible et qui exige .qu'une
femme intelligente, d'esprit indépendant et curieux de savoir avide
d'autorité, ne soit pas astreinte aux puériles pratiques superstitieuses
d'un couvent 2 •

. Dios, l'invocation: Baise-moi avec le baiser de ta bouche ! » est comme
un leit-motiv . .'Mais on connait assez maintenant l'amour de Thérese ,.

Las! Fallail- il abolir toutes les inte1·prétalions, pour se
rallier ensüite a la moins originale d'enlre elles, je veux dire :
celle du D' Charco!, qui a cru expliquer le mysli.cisme en le

Hélas, non! Apres celte lecture, nous le connaissons moins
que jamais! Si ignorant que soil M. Edmond Caza! de la
méthode d'inlerprétation allégorique, familiereaux théologiens

1

Sainte ThérCse insiste plusieurs fois sur le fait qu'elle s'unissait

a Jésus dans sa tres Sainte Humanité. « En ses Conceptos del Amor de

1.

P. 5.

I.

:i.

P. 29.

2.

P. :152.
Op. cit. J p. :i54.

•

•

�•
&gt;94

1.E ROMAN DE SAUl'TE THÉRi:SE

médiévaux, il n'a pas le droitde faire et primer a sainte Thérese
ce qu'elle n'a jamais voulu dire. Le lecteur qui voudra bien
ou vrir les Pensées sal' l'Amoul' diuin • connaitra l'inlerprétation
que nous donne la mystique sur le Can tique des Cantiques:
La réalilé n'esL-elle pas plus admirable encore ! ~e nous appro-

Si l'on est d'imaginalion pauvre, de nerfs calmes, de. sens lourdement
endormis, l'on n'y trouve que palhos et l'on s'endorL sur de longucs
phrases 1 •

chons-nous pas du tres Saint-Sacrcmcnl? Je me suis m6me demandé
si l1Épouse ne sollicitait pas ici de Jésus-Christ cetle faveur qu'il nous

fait plus tard ...
Apres cela, notre biographe peut inclure le sacrement de
l'Eucharisli·e dans son chapilre : Myslicisrne, hyslérie el au/oérolisme. Mais que devient son impartialilé?
Ce contre-sens prouverait - s'il en était besoin - que
toul historien d'une myslique «catholique orthodoxe • devrait
connallre la doctrine de ses Lhéologieps. Sainle Thérese (il faut .
bien en prendre son parli) demeurrr;t toujours espagnole
et catholique Pour comprendrc sa doctrine, il cst done nécessaire d'éLudier le Moyen-Age espagnol, c·esl-a-dire de faire
lant soit peu de théologie.
Les iecteurs, qui ne sont pas au cournnt de la terminologie ffiJStique,
sont priés de vouloir bien palienter un peu jusqu'au chapitre intitulé:
l'A manle de Jésus et de lire en suite le chapitre intitulé : Mysticisme,
hyslérie, aulo•érolisme 2.

a

N'en déplaise M. Edmond Caza!, pour expliquer la terminologic d'une mystique du xv1 e siecle, ce n'esl pas aux interprétalions médicales qu'il faut recourir) mais bien aux sonrces
lilléraires et historiques de celte terminologie, c·esl-3.-dire aux

théologiens caslillans c¡u·a lus sainle Thérese : Alonso de.
}ladrid, Francisco de Ossuna, Bernardino de Laredo et San
Pedro de Alcántara 3. )l. Edmond Caza] n'ignore pas que' son
hérofae a lu et relu, pendan! dix-huit ans de féconde assimi- /
Jation, le Tl'oisi.eme abécédaire spiriluel, mais il néglige eette
source essentielle :

•

,g5

BULLETU'f UISPANIQUE

Ce sont des livres ala fois décevants et forrriidables, les ouvrages
de mysliques comme un Fran&lt;;ois d'Ossuna et un Jean de la Croix.
1.

TraUuclion d, s Carmélih:s, l. Y, p. ~oo.

~- P. 3~, nole 1.
•
.
3. i\J. ,forel-Fatio a ót.abli celt.e nécessité dans son éLude rnr les f,tctures de samte
1'bérCse. Op. cit.

,.

M. Edmond Caza!, pour ne pas nous endormir, ferme ces
livres redoulables et préfere expliquer la terminologie mystique
d'apres les docleurs " Legué , et « Gilles de La Tourette n ou
encore d'apres le psychologue" Havelock Ellis n.

• ••
L'élude de M. Edrnond Caza! ne rentre pas plus dans le
domaine de l'hisloire que dans celui de la théologie. Certes,
ce biographe a mis a conlribulion les archives du Carmel el sa
biogn1.phic. en témoigne, mais quclle critique a t-il fail subir

a sa

documenlation? Quelles référcnces donne-t-il? Quelles
sont les sources de ses cilations? Sous prélexle qu'une édition
enriehie de tout cela serait onéreuse et réservée aux seuls
" nababs», M. Edmond Caza! s'esl limité a publier ses affirm~tions. Libre au lecleur d'alleren Castille et de recommencer
Ja campagne inlrépide du bi~graphe thérésien. Ribera est cité.
d'apres la défcclueuse traduclion du Pere Bouix et sainte
Thérese, d'apres celle des carmélites de París sans l'indicalion
de la page, du cbapilre, du ,·olume donleslexlraile la citation.
Le naL·ralcur en arrive -

ce qui est plus grave -

a uliliser

les textes pour improviser des dialogues passionnés et des
hon1élies fanlaisistes ou sa pensée se substitue plus ou moins
a celle de la Carmélile. )loins le slyle el l'équilibrc, c'est bien
l'histoire a la maniere de Tite-Live.
On comprend aisémcnl que Ollendorf, soucieux avanl lout
d'éviter les notes el les références, est responsable de la plupart de ces !acunes. Encore fallait-il qu'il lrouvat un_ auleur
complaisant.
Que si l'on s'en tient slrictement aux procédés de raisonnement, sans discuter la qualité de la pe~sée,-011 esl frappé par
de nombreuses cóntradictions. II est vrai - et M. Edmond
1,

P. 33.

�096

BULLETlN RISPA.NIQUE

Caza! ne s'esL pas trompé en le disant - que sainte Thércse
n'avait, a son enlrée au couvent, qu'un mínimum de vocation
rcligieuse. Mais cambien l'exagération de l'expression· nuit
a la vérité en la rendant paradoxale, c'est·a-dire suspecte :
ll cst une chose que tous les biogl'aphes el commenlateurs ont
paru ignorer et qui pourlant vaut qu'on en parle. Monialc arden te et
mystique, et cependant malicieuse et gaie; carmélite et réformatrice
impitoyable du Carmel; séduisante créatrice d'une regle suave, féroce
el logique; hystérique tourmentee par d'insatiables désirs et p3.mée
dans des hallucinations, des suggestions el des ex tases érotiques d'une
violence inouie, Sainle Thér'ese n'ajamais ea la vocation religieuse 1 •

11 semble bien que cette derniere ex pression est prise au
sens. le plus restreint: « Une nonnequi a vraiment la vocation
suit la regle avec calme et y trouve tout son plaisir.,,Quelques
pages plus loin, M. Edmond Caza! nous apprend qu'en 1534,
c'est.a-dire 0. l'fige de dix-neuf ans, ((Thérese et Jeanne, brasiers
ardenls déja, ne pouvaient que brCiler davanlage aux flammes
cachées dans le Troisieme Abécédaire et que loul de suite elles
découvrirent avec la plus vive émotion ,&gt;.
D'aucuns répondront sans doule que la vocation religieuse
des grands mystiques est bien cet ardent désir d'aimer Dieu
et que pour s'enflammer si vite a la lecture du Troisieme
Abécédail'e (« ce sombre pathos ", vous en souvient-il ?), il faille
vraiment ctre prédestiné ...
En r.éalité, si l'on s'en tient au témoignage de sainte Thérese,
aucune de ces deux positions n'est soutenable. Loin de nous
dire qu'elle était a Becedas « un ardent brasier », la carmélite
nous apprend qu'elle est restée de longues années sans comprendre ses lectures .

•• •
Mais que sont ces vices de définitions ou ces !acunes de
documentation a·coté de la sensationnelle découverte d'une
« Thérese enterrée vivante "? C'est elle qui a valu a Ollendorf
i.

P. 7.

LE ROMA.N DE SAfNTE TJ-IÉRESE

le succes lucratif de plusieurs éditions . ll est done nécessaire
de lui consacrer une élude approfondie.
L'on lrouvera dans le chapilre 11, parlie 11, le résumé du severe
travail de recherche et de classificalion documentaire, d'examen critique, de déduction logique et parfois syllogistique auquel je me
suis livré pour arriver ;\ la cerlitu&lt;le de la vérité.

Le caractere de ceUe documentation est surtout négalif.
111. Edmond Cazal-cette constalalion n'est pas une critiquen'a établi sa these sur aucun document nouveau, mais sur une
inlerprélation personnelle du ,premier biographe de sainte
Thérese, Fran9ois de Ribera, des déposilions faites a l'occasion
de la béatification, des cerlificats d'exhumation et de la tradition orate.
M. Edmond Caza!, frappé des nombreuses inexactitudes et
des conlradiclions d11 récit de Ribera, ému, non sans raison,
par l'enterremenl hi\lif de Thérese et les mystérieux appels
que deux carmélites entendirenl résonner .dans le cercueil de
la sainte, en déduit :
1 ° que Ribera dissimule un elTra)'anl secret;
2° que sainte Thérese fut enterrée vivanle a l'état
de
catalepsie.
Une découverte en amene une autre. Notre observaleur,
poursuivant son enquete, fait trois nouvelles constalations :
I o le cceur de sainte Thérese, vénéré a Alba de 'formes, fut
ealevé a une époque indélerminée ;
· 2º il porte a son sommet une cicatrice horizontale, &lt;( valve
d'un trou en estafilade ", que l'imaginalion espagnole a atlribuée a la transverbération;
3° un « inconcevable silence " pese sur le P. Gérome Gratien
pendan! et apres l'enlerrement de sainte Thérese .
Des lors, lout apparatt avec une lumineuse évidence. Ce_ne
sont pas les deux carmélites dont parle la tradition qui ont
arraché le coour de sainteThérese, mais le P. Gratien lui·meme.
Il a du le faire saos adresse, ce qui explique le coup de navaja
en plein creur. 0r, ce geste fut un meurtre par imprudence,
puisque Thérése vivait encore dans son cer.cueil 1•.•
Examinons successivcment les arguments précités.

�098

LE RO.HAN DE SAINTE 'l'HÉRESE

•99
Thércso constaten! que sa vieillesse, inévitablement déprimée
par une vie de combal et de nombreuses infirmités, paralt,
dans les dernicres années, s'ctre libérée de la névrose.
Ribera la décril ainsi sur le lit morluaire:

BULLETIN HISPA:'tlQUt

Les inexactitudes de Hibera sonl beaucoup moins {eqdancieuses qu'elles ne le paraissent. Ce hiogrnphe n'écrivail pas la
Yie de sainte Thérese, d'apres la nouvelle mélhode historique.
Ayant. recours non seulemenl aux lexles, mai" a la lradition
orale, il essa:yait de concilier les témoignages les plus no1nbrcux
el les plus frappanls saos les soumellrc a une critique minutieuse. Ses crreurs n'attendent pas I'enlcrrement el les cxhumations de sainte Thé_rese pour s'accumuler. Elles abondent dans
toul le récit de la vie et en particulier dans celui des Fondations
dont ilélait bien difficile, acetto époq ue, de conlroler les innombrables gestes. Sur ce sujet, je ren voie M. Edmond Caza! a la
biographie castillane du P. iligucl Mir (qu'il ne cite pas dans
sa bibliogrnphie). 11 y lrouvera les nombreuscs coneclions que
l'académicieu espag1&gt;ol csl obligé de faire subir au récit de
!libera. Cette sévérité, d'ailleurs nécessaire, devrait tenir
comple des contingences. Si l'on compare l'muvre de Ribera
a la pluparl des biographies castillanes, on se rcnd comple que
le premier historien de sainte Thércse s'efl'orva,'au contraire,
de réagir contre les tendances générales a l'inexactilude clll'onologique. Sainle Thérese ne nous offre-t-elle pas le meilleur
témoignage de celle insouciance, elle qui se lrompait sur la
date de sa naissance, de la mort de sa mere et dénon~ait avec
sa franchise coutumiere les défaillances de sa mémoire? Les
contradiclions que M. Edmond Caza! releve dans le texte de
Ribera sonl moins concluanles qu'il ne croit. Si !'historien
avait prétendu dissin1ulcr un monsLrueux secret, íl se serait
efforcé de le8 éviter daYanlage. Ce~ argumenl est done, en Soi,
de faible portée.
Tout autre e,t celui de l'enterremenl prématuré. Treize
heures de veillée mortuaire 1 sont insuffisanles pour un sujet

qui a eu des attaqucs de eatalepsic. Encare faudrait-il élablir
celles-ci. Le biographe nous rappcllc que, dans sa jeunesse,
sainle Thérese demeura quatre jours en lélhargie. Mais, a cette
époque, des symplomes caracléristiqucs précédcrenl el préparerent la léthargic. Au conlraire, tous les biographes de sainle
1. lforle un jeutli., le 4 octobre 158 :i, b. neuf he ures du soi1·, !lainte ThérCse ful
enternie le lendemain malio a di:1. heure11.

Des que la Sainte ful morte, son ,isnge parut plus beau qu·a
rorrlinaire; elle était sans aucune ride, quoique, a cause de son iige,
elle en ellt auparavant quelques-un_es. Son corps élait blanc comme
de l'albfi.tre, sa ch.air douce el maniable, ses membrcs aussi tendres et
aussi flexibles que ·ceux d'un enfant,.

Le D' Georges Dumas 11ous a jadis présenté a l'hopital de
Sainte-Anne une cataleptique dont les membres avait une
soup\esse exceplionnelle. Mais cambien de cadavres la présenlent sans l'inlervention de la catalepsie ! Qui d'eotre nous
n'a vu sur un visage aimé celte expression plus vivante_.que

la vie elle-me me el qui semble nier la mort?
Le troisieme argument est celui des coups mystérieux

•

entendus par deme carmélites daos le chmur du couvent
d'Alba.
Elles veillaient et priaient une nuit dans le chceur du couvent
d' Alba ... et brusquement les deux femmes trcssaillirent ensemble
ébauchant a la hite Je triple signe de croix. L'une et l'autre avaient'
entendu. Des coups, des coups assourdis et pourtant retentissants
jusqu'au plus lointain de leur conscience superstitieuse, des coups
rompaient le silence ... Les coups venaient du ca vea u. C'était tout
simplement l'Ame de sainte Thérese qui se manifestait 2 ,

Pour que ce témoignage ail quelque valeur, il faudrail :
1; Fixer la date de l'événement. Notre biographe !'ignore.
« Des jours passent. Cambien de jours ?... on oe sait pas. ,,
2' Établir que ces bruits ne sont pas des hallucinations.
Et c'est ici qu·apparait l'étonnante partialité de M. Edmond
Caza!. A l'exemple d'Havelo9k !Iellis, Leuba et la plupart des
psychologues con lemporains , il interprete les visions et les voix
des mystiques comme des hallucinations. Quels que soient le
nombre des témoignages, le crédit des témoins, les anlécédents du visionnaire, la cause est jugée comme•une expédence
1.

P. 269 ,

2,

P. 226,

�BULLETIN BISPANIQUB

300

de cli niquc. Tout l'appareil critique fonctionne alors pour
réduire les faits aux explications les plus rationnelles.
Faut-il, au contraire, pour les besoins de la these, que tels
bruits mystérieux soient vraiment les appels d'une catalepLique
enlerrée vivante?-M. Edmond Caza! se garde de les allribuer
a de simples hallucinations. Ces deux ca,rmélites seraient-elles
les seules qui échappenl a la« formidablenévrose collectivc»?.
ll n'en estríen, beureusemcnt.
CaLherine Baptiste, quelques jours avanL la mort de la Mere, avait
vu une étoHe d'une extraordinaire grandeur qui descendit du ciel touté

éclalanle el alla se placer au-dessus de l'église du monastere. De plus,
depuis longlemps privée du sens de l'odorat, Callierine Bapliste, en
baisanl les pieds de la MCre aprCs sa mort: avait recouvré la faculté
de sent{r et subodoré avec délices les suavités exhalées par la sainte

dépouille •.
11 va sans dire que la descenle de l'étoile est pour M. Edmond
Cazal une hallucination visuelle et les suavités mysliques une
ha\lucination olfactive. Pourquoi les appels funebres ne sonl-ils
pas des hallucinations auditives? Parce que M. Edmond Caza!
a besoin de les entendre pour ressusciter sainte Thérese.
Cependan t - el !'historien le reconnait lui-rneme - ces
indices, si émouvants soient-ils, ne peuvent faire naitre que
des hypotheses. C'esl !'examen « imparlial » du cceur de sainte
Thérese qui élablira la certitude.
Comme le fond terrible du drame est le creur, le cceur palpitanl de
ThérC:se, on n'en parle que sons le manteau. Dans les documents
officiels, rien ! Le P. Gratien n'en souffie mot. On ne le voit pas sortir,
ce creur. Tout a coup, sans que personne e-0.t dit oll il se lrou,·ait
auparavant, on ne le voit sortir, ala lumiére du jour public, dans un
récipient en cristal, qu'en 1671, plus de cent ans apres le drame,
quand tous les acteurs et confidents plus ou moins renseignés sont
morts dcpuis longtemps '·

D'apres la citation précédenle, on pourrait croire que la
Carmélile es! marte avant 1571. Or, a celle époque, elle était
encare bien vivante sans etre en catalepsie, puisqu'elle n'est
1.

p.

2.

P. :191.

LE ROMAN DE SAINTE TUÉRfSE

3or
marte qu'en r58,. Le cceur a done été découverl quatre-vinglneuf ans el non plus de cent ans apres le drame. Le seul objet
d~ .celte recti~calio'.1 cst de montrer a ]11 . Edmond Caza!_ qui
pretcnd co'.rr~er Ribera- combien il esl facile de se !romper.
La descr1ptwn du cceur, telqu'il es! vénéré a Alba de Tormes
est d'une précision toule réaliste:

'

Le viscere est allongé, racorni, complétement déformé sec et tombant en poudre peu_ a ~eu. Une cicatrice borizontale, val;e d'un trou
en eslafilade, se v01t tres nettement ason sommet 1.
·

Sans autres « faits" que les deux précédents, M. Edmond
Caza! prétend démonlrcr que l'enlevemenl myslérieux du cceur
el sa large « estafilarl.e " n'onl qu'une explication possible : Je
coup de navaja du P. Gratien. 11 a beau jeu de railler les
dévots qui croient au niiracle de la transverbéralion. Ce n'esl
pas sur ce terrain que nous le suivrons. Mais sans recourir
a l'inlervention du miracle, qui est une ques~ion de foi on

peu l examiner d'aulres hypolheses plus vraisemblables 'que
le geste du « moine a la fois relors el térnéraire "· Daos le
domaine des suppositions, les plu's prudentes sont les
meilleures.
M. Edmond Caza! allribue judicieusement les épines de ce
cre~r sa~ré a ~ne supercheric loute cspagnole. Pourquoi Ja
ma111 qm a ose planter les épines n'aurail-elle pas créé J'estafilade,. afin de concrétiser, a sa maniere, l'apparition du
séraphrn?
Le biographe aurait pu s'avancer davaritage encore el douter
de l'anthenlicité de la relique. Existe-t-il 1111 document du
XVI' siecle qui atlribue celle-ci a sainte Thérese? Sur ce SUJ'et
•I
'
lll a sceur Ana de San Bartolomé n'a rien dit ni )'historien
~iber~ n'a rien écrit. Quelque lhérésien du xvn: siecle a peuletre decouvert, dans un reliquaire anonyme, un cceur don! la
hlessure l'a fait r~ver. Par une association bien nalurelle
il a pu évoquer la fleche d'or qui blessa Thérese « jusqu'au~
entrailles ».. . ªien en tout cas, ni le moindre documenl
d'archive, ni la plus vague lradition orale ne permetd'allribuer

:1:17.
1.

P. 273.

Bull. hispan.

'º

�3o,

AULLETL."11 11.lSPANlQUE

LE R.OMA.N DE SAINTE TBÉRESE

la blessure a la navaja du P. Gratien. M. Edmond Caza! n'en
est-il pas réduit a inlerpréter l'absence du carme comme !'une
des circonstances tés plus suspectes de celle ténébreuse affaire?

diflérence appréciable : on chercherait vainement chez l'illustre romanciet· cette apologie toute personnelle ou M. Edmond
Caza! s'accorde délibéréme1it la consécration de la Science
et de l'Histoire :
Les graphies (antérieures) n'existent qu'en fonction de la conlinuelle

Quelle extraordinairc chose que l'absence totale du P. Gratien !
Logiquement, H eut dll présider a toutes ces .exhumalions, défendre
avec vigueur lajusle these du maintien du corps au Carmel d' Avila. Et
on ne le voit point, personne ne parle de Lui. Ol1 est-ilt En ces années
1583- 1588 1 sa vie est e!Tac~e, elle rentre de plus en plus dans l'ombre,

et cela au milieu de l'hostililé générale. Lui-méme, il lulle mal 1 sans
conviclion et sans force , sans intelligence et sans énergie ... Et un
jour, en 159~ , il sera ex.pulsé de la lléfm·me thérésienne ... On dirait
qu'une malédiction pese sur lui ! Pourquoi? Il est comme accablé par
un remords. Lequel? Mais surtoul, pourquoi ne p~rait il, de 1583

a 1588,

pendant ces cxhumations répétées) ... En 1085, il fait une

furtive apparition au chapHre de Pastrana et ensuitc pour reprendre,
aux Carfllélites d'Avila, la main de ThérC:se, qu'il emporta jusqu'8.
Lisbonne ... Et c'cst toul. .. je ne comprend~ pas 1 •

Nous comprenons moins encore que sur de telles hypotheses, M. Edmond Cazal ait osé porter un jugemení définitif.
Résumo.ns celte pénible instruction : Parce que sainte Thérese
,
a connu, dans sa jeunesse, le sommeil léthargique, !'historien
découvre qu'a l'age de soixante -sept am elle fut enterrée
vivante a l'état de catalepsie. Parce que personne ne parle
du P. Gratien depuis l'enterremenl jusqu'a l'exhumation
officielle, il en déduit que ce moine a ouvert la sépulture,
poignardé Thérese encore vivante et an·aché son caiur.
On ne regrettera jamais assez que la carmélite n 'ait été
exposée quelques jou;·s dans la froide église d'Alba de Tormes.
Cette précaution élémentaire ne lui aurait pas rendu la vie,
mais nous aurait épargné les macabres visions de M. Edmond
Cazal. Cerlaines indiscrélions, quand elles demeurent slériles,
ressemblent fort a des indélicatesses. 11 est des Lombeaux dont
on ne devrail pas essayer de se faire un piédeslal.

.

. •.

Ainsi, M. Edmond Cazal, sans elre spécialiste de théologie,
d'histoire ou ·de psychologie expérimentale, s'est serví de ces
Lrois ennemies a la maniere de \Vells . 11 existe cependant une

3o3

inlervenlion divine eL de la croyance au miracle, tandis que mon
travail est éclairé aux lumieres de la raison, d'une patiente et sereine
critique, d'une science enfin qui a particuliCrement distingué, étudié,
c!assé, rendu matiere banale de manuels neurologiqué3 les phénomenes qu'au xv1• si8cleon altribuait, avec une admiration pieuse ou
une horreur épouvanlée, 8 l'amour de Dieu ou al'incubat et succubat

de Sátan, selon que la patiente et le palient étaient puissants ou
misérables , .

Les résultats oblenus par M. Edmond Caza! sont, a la vérité,
bien dilTérents, mais n ·en présen tent pasmoins une réelle utilité.
1° Son livre a le mérile de réagir contre les fad.es apologies
qui ont di minué sa.inte Thérese au lieu de l'agrandir, Les chapitres comacrés a la réforme et aux fondations décrivent l'activité
de la Carmélite, comme elle ne l'avait pas été jusqu·a présen t.
2° La these de Leuba sur l'érotomanie de sninte Thérese et
les assertions d'Havelock Hellis sur son aulo-éroli,me avaient
besoin a·etre stnlhétisées dans un livre qui ea montrat toules
les faiblesses. Saos trop le vouloir, M. Edmond Caza! nous
a rendu ce se1·vice-.
3• Enfin, son insucces lui--m8me ofl're aux thérésiens relí~
gieux ou laiques un a vertissemenl précieux; la person na lité
de sainte Thérese est si vaste que sa biographie nécessile au
préalable la collaboration de · plusieurs spécialistes. 11 est
indispensable de préluder a tout travail de synthese par
l'ing1·ate exposition de la doctrine, l'in(liption précise des
sources el la définition de la terminologie thérésienne.
Apres ces Lravaux de bibliographie el d 'hisloire, les philo•
sophes el les médecins, les théologiens et les psychologues
pourront avancer leurs interprétations.
u C'est une grande cbose, nous dit sainte Thérese, que de
comprendre une ame ... "
G•sToN ETCHEGOYEN,
Membre de l'icole fran~.ii$e do Rome.
, . P. 208 .

�3o5

A PROPOS DE L ..\_ MQ;,iNAlE DE SÉGOYIE

A PllOPOS DE LA MONNAIE DE SÉGOVIE
•
Les premieres machines a frapper la monnaie furent aussi
mal accueillies par les ouvriers monétaires experts a manier
le marieau. et les coins d'acier, que l'avaient été jadis les
premieres presses a imprimer par la foule des copistes de
manuscrits et des enlumineurs de livres d'heures. u Ceci tuera
cela)) ; les Yieux artisans qui} de pere en fHs, se transmellaient
les secrels d'un métier difficile, ne voyaient pas sans déplaisir
les rouages d'un mécanisme se subslituer a la force habile de
leurs bras. Lcur amour-propre était en jeu, leurs intérets
malériels aussi. Dans tous les pays de l'Europe civiliséc,
rusagc des 1nouJins U monnaie ful aussi long a se généralíser.
On vit se dresser contre eux la meme opposition obstinée.
L'histoire de toules les invenlions sé double ohligatoirement
. du récil de la bataille qu'elles eurent a livrer, et des perturbalions économiques ou sociales dont elles apporlaieni le germe,
a l'insu de leurs auteurs . Par cela meme, et a cause de son
contenu psychologique, elle mérile de retenir l'intérel.
Je voudrais d'abord rappeler en quelques mols ce qui s'était
passé en France lors du changement radical de la technique
de l'art monétaire '. Au milieu du x11" siecle, l'autorité ro y ale
s'était émue de voir circuler dans le royaume quanlités de
pieces rognées. Les contours inégaux des Oans monétaires oll
l'on imprimait au marteau les lypes qui conslituaient la
marq,¡e de garantí~ apposée par l'Élat sur le métal précieux,
permetlaienl a une íoule de délinquanls d'emplir leur escarcelle de copeaux d'oretd'argenl, a rinsu des pouvoirs public,.
Henri II, par une ordonnance dalée du 23 janvier 1.550, interdit
le cours des monnaies rognées et prescrivit de les conyertir en
1. Voycz F. Uazerolle, la Monnaie (Collection des Grandes Jnstitutions de France,
Pari;:., 1907). Pour les délails techniques, v. Ch. Frémont: Origine et évolulion des
outi/s (P· 98 ctsq.), daas le,H• .'11émoire publié par la Société d'encouragement al'induslrie
nationale. Cf. A. bieudonné (Revue numismatique, 19 1 3, p. 42li), Lºorigine du balancier,
et F. ~fazerolle, les médailleurs Jran~ais du xv• au .tV!l• si~cle (passim).

nouvelles especes. La Monnaie de Par is se trou vanl insuffisante
a ce surcro1t de travail, la i\fonnaie de Nesle ful fondée. Avec
les coins de Marc Béchot on y frappa les gros et demi-gros dits
de Nesle. L'existence de cet établissemenl fut éphémere; des
dissensions, le manque de discipline furenl cause que des
l'annéc suivante il était réduil a l'inaclion.
C'est alors que, voulant en finir coiite que coute avec les
fraudeurs, le roi s'enquit d'instruments permellant de donner
aux pii\ces une forme régulierc, en assurant une frappe
_perfeclionnée . Charles de Marillac, ambassadeur á Augsboufg,
fil savoir qu'un orfevre de cetle ville avait inventé un procédé
ingénieux qui répondait aux désirs de Sa Majesté. Henri II lui
dé pecha sur-le-cham p le mailre de la Mo_n naie de Lyon flanqué
de Guillaume de Marillac, valel de chambre du roi, frere de
1

l'ambassadeur. On traila avec l inventeur, un certain Marx
Schwab, dit le chevalie,· du Saint-Sépulcre. On fil conslruire les
machines qui, a pres a voir été transportées a Paris, puis essayécs,

furent installées en 1551 au bout du jardiu du Palais, dans la
Maison des Étuves. L'établissement tira d'abord son nom du
moulin de la Gourdaine, dont on se servil pour metlre en
mouvement les appareils, d'ou Alonnaie de la Gourdaine; plus
tard, ou le connut sous le ti tre de .\lonnaie des Etut•es ou Mo111taie
du Jfoulin. Les instrumenlsimportés d'Allemagnecomprenaient
des laminoirs, des barres a tirer, engins tireurs ou filieres, des
découpoirs, des presses ou balanciers, des tenailles. Peu apres,
Aubin Olivier, un habile mécanicien fran9ais devait les
compléter pat· l'invention de la virote /¡risée, qui permellait de
graver une ioscriplion sur la lrancbe de chaque piCce, suppri1

mant par la meme toute chance de fraude .
La perfection meme des produils du nouvel atelicr, la faveur
du roi qui s'altacha (l leur personnel - Hemi 11 avait trouvé,
mis en présence des pieces d'essai 1t la figure et graveure
d'icelles tant singuliere, subtiile et excellenle que, sans grande
apparence de faulceté, il esl impossible de la pouvoir contrefaire, rongner ni alterer 1&gt; leur valurenl immédiatement
la jalousie de la Cour des Monnaies. Des l'abord, la guerre
étail déclarée. Et le dernier mot resta a la rouline. Di\s , 556,

�, 306

BULLETI~ HISPA.:~HQUE

A PROPOS DE 1,A MO:"iNAIE DE SÉGQVJE

la fabricalion monétaire se ralentit considérablement, on
employa la Monnaie du Moulin a frapper mcdailles, jctons et
pieces de plaisir, « L'hostilité de la Cour des Monnaies, dit
M, Mazerolle, avait réussi a arreter complelement la fabricalion
de l'or et de !'argent, qu'elle fil maintenir a l'llotel des

1570, et l'usage de la frappe mécanique ne devinl régulier
qu'en , 662, un siecle a pres les premiers essais,

Monnaies, malgré s-on oulillage imparfait. » En 1585, trenle-

cinq ans apres l'invention de la frappe mécanique, on ne
fabriquait plus pratiquement de monnaies qu'au marleau,
comme dans l'anliquité, au huiLiCme siecle a,1ant notre Cre.

'Nicolas Briol, sous Henri IV, essaya de réagir, les ateliers
furent transporlé_s au Palais du Louvre, dans la galerie du
rez-de-chaussée; puis, découragé par une opposilion persis-

tan le, Briol dut aller oíl'rit- ses services en Angleterre, en 1626,
Sons Louis Xlll, les agissemenls de la Cour des Monnaies,
toujours hoslile aux innovalions, furcnl cause que l'on éiablit
deux aleliers, la )lonnaie des Médail)es - c'élait l'ancien
balancier du Louvre - el la Monnaie des Especes, qui plus
tard fut lransporlée dans !'Hotel du quai Conti, devcnu, en
1878, nolre seul Hotel des Monnaies,
En Angleterre, de semblables difficullés se présenterenl sous
Je regne d'Élizabelh, C'esl en 1560 qu'nn Fran9ais ccllc fois,
nommé Éloi Meslrel, apporla a Londres une invenlion qui
permellait de lransformer l'oulillage monétaire ,_ Éloi Meslrel,
selon loute vraisemblance, n'avait fait que s'inspii-cr des
príncipes venus d'Allemagne el mis en praliq.ue a París peu
d'années auparavanl, Des 1562, on commenra a la Tour de
Londres d'utiliscr ses appareils; les rémllats íurenl excclfcnls
el la frappe parfaile, 11 en coula cher au malheureux inrenleur,
et son hisLoire fat plus lragique que cel le de ses confreres
pari•iens, Quelques années apres, il ful accusé de fabriquer
clandeslinement de la fausse monnaie, a l'aide de ses presses
mécaniques. C'est du moins la version officielle; j'aime

a

croire que des jaloux - &gt;Is étaient nombreux - ne trouverenl
poi ni ce délour pour se venger, Bref, Éloi ful pendo a TI bum,
en 1569, ses 1nachincs ne furent plus gu8re cmployées apres
1,

V. Herberl A. Grueber, Handbook of thi&gt; coins o/ Gnat Britain and [reland~

London, 1889, p. nxvrr.

A Augsbourg, en 1550, l'ambassadeur du roi de France
s'était h.ilé de poursuivre les négociations av~c les orfCvres

allemands, parce qu'on courait le risque, en en différanl
l'aboulissement, de voir l'i,wenleur vendrc sa découverte a
Charles-Quin!, qui, déja, l'cmployait a d'aulres lravaux:
« L'cmpereur, écril Marillac en juin-décembre 1550, pretend
se valloir de cesl artiflice, ayanl a cesl effecl faicl venir d'Espagne leur prcmier maislre en faict de monnoye, pour appren•
dre ce que ledict chevalie,- s~ail faire •, »
11 est done assez surprenanl qu'on ait atiendo en Espagnc
quelque quarantc ans pour faire subir a l'art monétaire 111
rórnlution inauguréc en France, IJ y a d'autanl plus lieu de
sen étonncr qu'on sail la passion de f\hilippe ll J'OUr l'architeclure el pour la mécanique, Aulour du roi prudenl, les Herrera,
le, Gianello della Torre, les Jacopo da Trezzo s'ingéniaienl
a invenlcr lea machines les plus merveilleuses que l'on eul
vues jusque-la, depuis les horloges savantes jusqu'aux appareils compliqués destinés a amener a_ !'Escorial les matériaux
du monaslere de San Lorenzo en conslruction, el a les mettre
en reuvre, jusqu'aux tours hydrauliques qui servaient au
polissagc el a la gravure des pierres fines'- 11 semblerait
nalurel qu'on ail installé a la mcme époque des machines
reposan! sur les memes príncipes et destinées a la frappe dn
numéraire, Pourlant ce n'esl qu'en 1582 qu'on en fit le projet;
el e'esl a celle date que Philippe II fil venit- d'Allemagne les
ouvriers spécialistes donl' il a vait besoi n, "(, Casto M• del Rivero
a fait réeernmenl l'hislorique de la Monnaie de Ségovie,
a l'aide des documenls conservés a Madrid aux Archives du
1 _V. P. de \"aissiCrc, La dCcout•erle d A ugsbourg des insiruments du monnayage moderne et Leur importa/ion en France en 1550, d'oprl!s lrs cUpéchts dfl Marillac, ambassa•

deur. Montpellier 189:i; Maurice Roy, La .ilonnaie du illoulin, in Rcvue Numismatique
11.PO~ p. 187 et sq. - L'achO\'cment du premier malér;el pl'rfeclio11né n'eut lien
qu'en 1553.
2. 0.1 me pcrmctlra de renvojcr a mon arlicle de la Rttuuc de L'arl ancien ll moderne (,i;,d), GiaMllo CW:l ~ T,1rre, lurloge,· de Charles-Qufot et de Philippe 11, p. 2p273. V. aussi Bralli. Pliilippe/f. París, 191-&gt;, p. 67; Felipe Picalo..,le. Apimtes para una
biblioteca cientifica española del siglo .\ l'I. Madrid, 1891 1 etc.

�3o8

BULLETI::¡ HISPAl'UQtE

Palais Royal•. J'ai eu la bonne forlune de lrouver naguere
a la Bibliolheque Nalionale de Madrid el a Si mancas quelques
textes qui me permeltenl d'ajouter plu,ieurs détoils a cette
excellente étude.
II s'agissail d'établir des machines hydrauliques, en d'aulres termes, des moulins, el l'on délibéra longtemps sur le
choix du cours d'eau propre a les aclionner. Le Manzanarés
ful éearlé pou'r les raisons que l'on suppose, el l'Eresma ful
élu. L'Ingenio de la Moneda ful done construit a Ségovir. Des ·
,583 Philippe II visitait les chantiers. L'édifice subsiste encore
de nos jours, transformé en moulin a farine, mais quelques
modifications furent apportées a l'ordonnance des batiments
sous Ferdinand Yll '· Le P . Sigüenza nous a laissé une précieuse description de la mécanique, je demande la prrmission
de la traduire. C'csl a propos d 'une visite du roi a Sé~o,·ie, en
septembre 1583 :
«Dela, [le roi] vinl a Ségovie pour voir cette excellente
invention pour [aire la rnonnaie, invenlion de l'archiduc d'Autriche 3 : l'eau fait mouvoir une roue, el celle-ci, des deux cótés
opposés, a l'aide de l'eau, en meten mouvement deux autres
(c'est la le principe des mécaniques d'Aristote) en passant
entre les deux axes ou roues de celles-ci (qui sonl en aeinr et
sur lesquelles sont figurées et gravées les armes royales, comme
nous les voyons sur la monnaie, !'une portant la face, et l'autre
le revers); une bande ou ceinture d'argent, de l'épaisseur
que doit avoir la monnaie, la laisse empreinte ou sculptée
sur ses deux faces, loul du long, formant des réaux, qui par
la suite sont découpés en rond par un aulrc tour, avec une
grande facilité . C'est une excellcnte invenlion, qui pcrmcl
1. Casto Ma del Ri,·ero, El ingenio CU la moneda de Segovia (extr. de la Revista de
Archivos, Bibliotecas J Jfuseos. l1adrid, 1919) .
~- On en lrouvera la dcscriplion, le plan el les pholograpbic1 dans l'ouuage cil6
de '.\J. del Rivero. Les archilecles furent Juan Je llerrerael Francisco de \Jora. AYant
la conslruclion del' Ingenio de la .lfoneda, il ex islait a Ségovie un atelicr monétaire
connu dé,ormais sous le nom de .1/oneda vieja.
3. 11 s'agit ici de l'archidu c Ferdinand d'.\ulricbe, second fils de l'empereur Ferdinand ¡ar, et par conséquent cousin gcrmain de Phi! ippe JI. C"est gratuitcmcnl que
le P. Sigüeo:za lui fail ici les honneurs de l' « inveotion t. Rien ne ,icot corroborer
'-eS dires. L'archidttc, en sa qualité de comte du Tyrol, avail sans doute patronné les
ingénienrs allemands, sans plus.

A PROPOS DE LA MO:'(XAIE DE SÉGOVIE

309

d'épargner beaucoup d'argent, de réftexion et de temps, mais
la nation cspagnole se soucie peu de ces in ventions, et les supporlc impaliemmenl; ce qu·on pourrail faire aisémenl el sans
lravail, il plall davanlage de Je fail'C a force de bras. On y a
travaillé quelquc peu d'argent, mainlenanl on en foil pcu, ou
plus du toul, pat·ce qu'on dit que cela présenle des inconl'énienls, ou parce qu'on n'en laisse pas arriver 3. Ségovie 1 • &gt;&gt;
On ne jugera sans doute pas sans intéret de me tire en regard
de la dcscription du P . Sigüenza celle qu'écrivit Jehan Lhermite, ce Flamand qui ful un temps cbambcllan de Philippe ll,
et qui rédigea ses mémoires sur l'Espagne en 1602, une fois
de retourcn son pays,.11 visita la Monnaic de Ségovicen 1596.
Sa description esl moins précise que cdle qu·on Yient de tire,
il insiste loutefois sur l'opération préliminaire du laminage,
la préparalion des fouilles de métal - ce qu'on appelail jadis
en France « ballre la chaulde n - par la les deux récils se
completen!:
&lt;&lt; Et encores que pour lors J'on n'y forgeoit nulle monno):e, si y
avoit il aulounes pieces apprestées 1 pour par icelles monslrer audict
comte [Charles de Brandebourg, vicomte d'Esclay, neveu du comle de
Ber1aymont] et ceulx de sa compaingnie, la maniere el la faQOn de la
forger et hallre:_, lequel se faicL tout par la violence d'eaue, en forme
de moulins et roues qui se gouvernent par ladite eaue, tellement que
pour forger le_s planches ou lames d'or, d'argent et de cuyvre, s'y for-

gent avecq ta plus grande facilité du monde; car ne faull que les
mettre sur l'enclume, et les y tenir fermes &lt;lessoubz le martillaige
1. Fr. J. de Sigllenza,'/li.,toria de la orden de S11n Gerónimo, 1605 (Nueva biblioteca de
autores españoles, t. XII, p. 463). Colmenares (J/istoria de la insigne ciudad de Segovia,
1637, cité par ,t. del Rivero, p. •~) doone une descriplion analogue, mais moins
détaillée, sauí en ceci que pour le déCQupage des piCccs. i1 meulionne un Lour: &lt;• lln
torno redondo, de macha y embra. ►) Cf. llaltasar Porrcfio. Dichos J hechos de el señor
rey Dan Felipe S(•gundo. Réimprimé Madrid, 17 118, XII, 103: ;e EdiOcll allí la casa. de
la mone:ia, coo su ingenio para balirla con el mo,·imienlo del agua, obra tan arlificiosa que en un dia se labran treiolo mil ducados de moneda de plala de preciosa
estampa, con bien poca gente. i&gt;
,. l,,e Passe-lemps de Jehan Lhermite, éd. p. Ch. Rueleilr, Anven, 1890, t. 1, p. ,83.
On notcra que les machines de Ségovic di IJéraient notablemen l des machines frao~aiscs, puisque celles-ci se compossicnt essrntiellement d e presscs ou balancier~,
analogues en principe au vnlo11t doot l'usage se généralisa plus lard. A Ségo,·ie il
n'esl question que de roues, mues par la force hydraulique, comme des laminoirs.
GrA.ce au P. Sigi.ienza nous avoos sur ce point un peu plus que de ,·agues indicalions. L'origioedu balancier doit etre cherchée dans la pres~e 8 vis dont se senil
Bramanl~ pour comprimer le plomb des bulles, el Benvenulo Ccllioi pour frapper
ses méda1lles. Comparez l'el:pression anglaisc: the mill and lhe screw.

a

�311

BULLETI~ HISPANIQL'E

A PROPOS DE LA MONNAIE DE SÉGOVIE

d'un gros vilain marleau qui se gouvernc par lesdictes roues, et en
donne dessus avec une si grande roydeur et force, qu'impossíble me
seroit de le dire; de ces planches ainsi forgées se faict la rnesme
monnoic en moins d'un rien, les passans par cel'tain instrument
dnquel elles sorlent loules .monno-yécs du coing, de l'inscriplion et
armes royales, nerestant autre q11e de coupper-jus chasque piece de
par soy, qui aussi se faict avecq certaine industrie f~rt facile, comme
par les mcsmes pieces de monnoye se peult veoir, lesqueJles ont, du
costé de l'éscu des armes royales, ung pctit pont contr.efaict a celluy
de Segovie qui est l'aqueduct, lequcl d'icy allions aussi veoir comme
une des choses plus rares et anciennes de la Yille. i1

lui qui avait fait venit' les ouvriers du Tyrol, par l'intermédiaire deGeorge Gerling, qui est qualiflé de&lt;&lt; son serviteur )J. Il
fut re1&gt;u a Ségovie par l'éveque qui !'invita a des chasses et
aulres parties de plaisir. A u mois de juillet de l'année suivaute,
l'ambassadeur retournail a Ségovie chargé d'une semblable
mission 1 •
Les machines étaient arrivées a Ségovie le 15 juin 1585; les
premieres monnaies qui y furent frappées: ,-ea/es de á ocho,
portent la date de 1586, et, comme différenl monétaire, l'aqueduc de Ségovie . C'ést Clemente Birago qui avait gravé les
coins. On connall ce Clemente Birago; il avail épousé une filie
du célebre Milanais Jacopo da Trezzo, .dont j'ai déja cité le
nom plus haut, médailleur et lapidaire fameux qui eut une
grande part u la construclion de !'Escorial. Birago exer~ait la
meme profession que son beau-pcre, il y gagna une renommée
universelle: on lui allribua l'invention de la gravure du
diamant. ll fournit a la Cour d'Espagne quantité de joyaux, de
gemmcs gravéés, de sceaux et de bagues . 11 mourul en 159,.
Quant" aux relalions de Jacopo da Trezzo avec Kevenhuller,
elles sont allestées par l'exislence d'une médaille a l'effigie de
l'ambassadeur qui porte la signalure de Trezzo '·
Nous avons des renscignement~ précis sur les condilions
memes du monnayage. On fabriquait alors une monnaie dile
de vellón, qui se composait de cuivre additionné d'un alliage
d'argent3. Le marchand se présenlait a la ~Iaison de la Monnaie avec un marc de cuivre, qu·il avait payé 3o maravédis
auxquels il faul ajouler /1 maravédis de frais pour la fon te . De
son marc de-cuivrc, il tirait 1 ,4 maravédis, mais il lui fallait
payer au roi 34 maravédis pour l'alliage d'argent, plus 24 maravédis de frais de brcrssage, et 12 maravédis de droits". Le marchand s'en tirait done avcc unbénéfice net de 10 maravédis. Un
assez nombreux personnel était employé a la mise en aclion

310

L'inventeur du moulin était en elTet un Allemand, peut elre
ce George Gerling, qui arriva en Espagne en 1585 avec toule
une éqnipe d'ouvricrs tyroliens, et que la morl surpfit presque
aussil6t, Barcelone. ll fuL remplacé par Magno Mayz, el voici
les noms de quelques-uns de ses collaborateurs. C'élaient
Martín Fagel, maltrc de la machine, Maestre Wolfo, Mathias
Smincer, Jacobo Sauroban, Ballhasar lllepull, tous envoyés par
l'archiduc Ferdinand d.,\ u lriche; Jorge Grayft, fondeur, Pedro
Ardebeco, e11Yoyé pour tailler les nou,eaux coins, Joachim
Lingue!, essaycur, liaos Liserburgher, Rrabian Holchar, qui
déclarent "qu'ils sonl ceux qui s'entcndenl le mieux a la construction et la conservation de la machine, el qui sont mariés
a des femmes du pays • ».
Philippe TI, lorsqu'il avait formé le dessein d'employer des
procédés modernes a la frappe de ses monnaie.s, avait eu
reeours a Kevenhuller, ambassadeur d'Aulriche, qui fut son
ami el son conseiller en mainte circonstance~ et en parliculier
lorsqu'il s'agit d'acquisilions d'objels "d'art, d'antiquités, de
médailles, de conslruction de batiments.
Le 4 juillet 1585, Kevenhuller, par ordre de Sa Majésté, se
rendit a Ségovie en compagnie de Jacopo de 1'.rezzo, du capitaine Tiburcio Spanochio et d'une nombreuse suite, pour
visiter la Maison de la Mo,;naie; il en passa l'inspection. C'est

a

a

1. Si mancas, Obras y Bosques1 Segovia 1 leg"aj(J 2. Je respecte ici l'orthographe donnés
par le scribo espJ.gnol aux noms a\lemanéis. Pedro Ardebeco est appelé quelques
lignes plus b:ts Pedro Harlepegue. V. le te'lle publié plus loin, n° :i. Cf. Casto M' del
R.ivero, op. cit. p. 26, 27 et c. On trouvera la, cilés aYec d'autres encare, les m~mes
noms, diversemenl défigurés.

1, V. les documcnls que nous publions ci-aprCs n" 4 E:l 5.
2. 'celle médnillocslreslóe ioconr,u }d'Armaad qui n'cn dil mot dans sorl ounage
sur Lt!s .\Jédailleurs ilaliens. J'en connais an moins deux exemplaires, l'un a u ~lusée
archéologique de :\!adritl, l'auLr.c an Cabinet des méd1illes de Paris.
3. Ccl alliage d'argent fut supprimé en 1596. Doc. n• 14 p. p. M. del Rirnro.
A cetlc date, toute la monn·aie de vellón du royauroe ful frappée a Ségovie. Le docu.
menl que j'ulilise ici date de 1594. (N" 3),

..

�..

3,,

de la machi ne. On complait parmi les« officiales mayores» un
teneur de comptes, et un &lt;e balan\ario &gt;&gt; 1 •
Comme le servicc des nouveaux appareils clifl'érait forl de
ceux qu'on employait dans les aulres ateliers monélaires (a
Grenade ou a Tolcde,'p?r exemple), on dul sen remetlrc au
clirecteur de l'entreprise pour la réparlition des sa\airc; suivant les mérites de chacun. Ce maitre recevail un tant pour
cent par marc de mélal el se chargeait de payer les gages des
employés. Chaquc marc de mélal monnayé coulait a Sa Majeslé i 4 maravédis, el lui en rapporlail 56.
On a vu plus baut qu'avec les machines élail arrivée d'Allemagne une équipe d'ouvriers spécialisles allemands. Pourlaul,
il est conslammenl queslion dans les lexlcs contemporains en
1ó90 d'un Espagnol, Miguel de la Cerda, qui aurail été l'invenleur de l'engin'. ll y a done ici une apparcnle contradiclion. 11 esl probable qu ·il s'agil d'un perrectionnemcnt apporlé
au malériel venu d'Augsbourg, ou d'un nouveau mécanisrne
destiné á le compléler. J'a i parlé plus haut de la virote bris¿e
due a Aubin Oliviel'. Peul-étre faul-il en rapprocher l'invention de Miguel de la Cerda, donl malheureusement nous ne
connaissons que le nom : tijera, les ciscaux. C'est a son sujet
que s'éleverenl les proleslalions de l'ancien personnel; un
documenl fort inléressant nous renseigne au sujet du conllil.
JI en ressort que les ouvriers de la vieille monnaie, dirigés
par un cerlain Juan Castellanos et ses freres, s'opposerent de
touies leurs forces a l'établissemenl des nouvelles machines,
del',, ingenio de Miguel de la Cerda 1i, et montrCrent un mauvais vouloir irréduclible, parce que, disaient-ils, s'il en était
fait usage 1 il n'y aurait-pour ainsi dire pas de ce cisaille»,
et qu'ainsi ils perdraient les !,oo ducals qu'ils gagnaienl par
la chaque année, en conséqucncc d'un accord passé avec le
trésorier de Ségovie. Qu'élait-ce done que la cica/la? On
désignait ainsi les déchels ou rognures de métal qui subsislaient, selon les anciens procédés, apres le découpage des
, . Ce dernier ter me est curieux a relevcr; il n'y avail pasa propremeot parler de
balancier,comme nous l'a,·oas vu toul al'hcure.
!L Voyez le docoment que nous publions plus loin, n• 1.

3,3

A PROPOS DE LA MO~NAIE DE SÉGOVIE

BULLETli'f HISPANIQUE

monnaies, ces déchets étaient le partage des ouvriers monétaires, qui les fondaienl et rcce~,aient pour ce travail une

redevance du lrésorier. La machine de Miguel de la Cerda,
plulot qu'a la frappe des monnaies, serrnil done, semble-t-il,
au découpage aulomalique des llans, supprimant radicalemcnt
la source des bénéfices escomptés par Castellanos et ses
collegues. Inde irre.
En novembre 1586 Hans Bella' élail entré au service de la
machine de Ségovie. ll en ful le surinlendanl jusqu'aux premieres an nées du regne de Phil i ppe 111. La íra ppe de !'argent continua en 1587 et, au cours d'une nouvelle visite otlicielle, Philippe 11, l'impéralrice, sa sreur, veuve de Maximilien II, le prince don Philippe, l'iníanle Isabel le et leur suite,
assisterenl au lravail des engins. Nouvelle visite royale en
1592, donl Jehan Lhermile nous a laissé le récit, en nolant
que l'on continuait en « une allre vielle mayson de monnoye
dedans la vi lle" a forger et batlre la monnaie a coups de marteau; les deux ateliers subsislaienl done l'un a colé de l'autre ,
avcc leurs_ personnels spéciaux et indépendants. Cetle fois
encare les innovateurs n'avaient pas eu le dessus, el malgré
la prolection royale, n'avaient pu supplanter sur-le-champ
Jeurs anciens collegues.
En 1596 la non velle Monnaie de Ségovie recut sa charle
conslitulionnelle sous la forme d'une "Instrucción para el
Gobierno del Ingenio» . M. del Rivera a donné minutieusement
l'hislorique de son aclivité. On y frappa des monnaies d'or,
jusque sous le regne éphémere de Lou,s l". Mais les progres de
la frappe mécanique íurenl tels que la machine de Ségovie
parul des le débul du xvm• siecle une anliquilé. Une ordonnancc de 1730 preserivait de ne plus frapper de monnaies d'Dr
el d'argent que dans les ateliers de Madrid et de Sévillc. c·'était
le cou p de grke porté a Ségovie. Pourtan t, on recommenca
en 174 2 a y frapper des monnaies de billon, comme aux premie,·s jours. Les helles man naies de cuivre de Chartes Ill en
son L a peu pres les derniers fruils.
JEAN BABELON.
1.

Ce llJ.ns Bella, ou Bellhac, íut aussi orren-e de Philippe II platero de oro

V. Documentos i11éd.ílos para la hi!loría de España, LV, 464.

'

•

�BULLE'rl.X HlSPANlQUB

1 '·
Señor, esta mañana vino a mi posada Phelippe de Bcnavides, y m~e
traxo una dozena de piezas de reales hechos con el ingenio. de Miguel
de la Cerda y acuñadas con el cuiio nuevo que ha hecho Clemente
Virago: 4 de a dos, 4 senzillos, y 4 medios, que todos van aqui porquo
me dixo que V. ~Id. le havia mandado quando eslu,·o ai que ~o
embiasse las muestras de los cuños. En eslando 1.iechos, dan a entender
los omciales que aun con el uso se liaran mejores. A mi solo se me
offreze que las rayas de las armas y de las letras serian mas a proposito
algo gruesczillas; dixele a I3enavides viendo que nadie pudiera ha ver
hecho como el esta moneda, y que hiziesse corlar luego otros pocos
que se havian acuñado quando estos [para que no quedasen mas que
lexir ]~. Dixome que se havia topado con un acuñador de la casa de
la moneda de Toledo, y que se los hizo acuñar antes que se fuesse
par.a que se pudiessen emhiar a V. ~Id. Tambien me dixo como esta
apunto todo lo que es menester para hazer la experiencia y prueva de
los mili marcos de plata conforme a lo que V. Md. tiene mandado,
y assi 1 en teniendo respuesta deste papel podremos [yr a la casa que
era de Jacobo 3. Juan de Ybarra ~l, por ha verme dicho Benavides que
'V. Md. lo manda assi. Pero hame parezido que tengo ohligacion de
acordar primero a V. Md. que quando hable en_ esla maleria, dixe a
V . Md. qne Francisco Baptista Veyntin me havia advertido que Juan
Castellanos y sus hermanos harian todo quanto pudiessen porque no
se use del ingenio de Miguel de la Cerda, porque usandose del, no
baria casi sizalln, y perderian asi los l1 c ducados que dize en lo
[rayado de la] memoria que va aqui 1 que entoni;es me dijo les vale
cada un año un concierto que tienen hecho con el thesorero de Segovia
para lo del fundir la sizalla que se haze de la plata que se labra en la
casa de la moneda de alli 1 y que se temia que el Sr Juan de Ybarra
eslava inclinado en el pleyto a las cosas de los dichos Castellanos 1 y
que como les yva tanto en esto procnrarian mucho ser ayudados de
Juan de Ybarra en el estorbo de lo del ingenio de Miguel de la Cerda,
-y yo dixe de passo a V. ~Id. que no creya que esto seria estorbo, pei'o
que si a V. Md. le paresiesse, adeJanle podrian )'r.los despachos por
Biblioteca Nacional de MadTirl. Ms. S. 86 1 fol. 4J6. Recueil de leltres et de
copies de lcltres coneernanl principalement la moneda CU vellón et la r.asa de la mon¿da
de Ségovie. Oo ignorC le nom Jo l'autcur aussi bien que celui du destinataire de la
leltre reprodujte ici.
2. Les móls en ilali&lt;¡n~ sonl de~ notes margiutles surajoulées d'une autrc maiR.
3. La Casa que era di.: Jar:ob·i c-L l'alelicr de Jacopo da Trezzo, sis a Madrid, dans la
rue qui [lorle aujourd'ln1i son nom. Jacopo da Trczzo mourut en 1589, mais aprCs sa
morl on continua d'utiliser son alelierpour le service du roi.
4. Juan de YbarraéLait le secrétaire qui avaitla cbarge des affaires de lamonnaie
1.

de SégoY-ie.

A PROPOS DE U. )IQNYAIE DE SEGOVlE

.

315

:Matteo ~asquez, que es secretario de )os arbitrios, y porque tambie,n
se offrcz10 en la platica recuerdo que Malteo Vasquei es thesorero de
la casa de la moneda de Granada, quedo en que la prue,a se hiziesse
entonces en T_oledo, y que despues se miraria en lo demas, y lo dicho
no es mas de para hazcr recuerdo dello a V. Mrl .. y en teniendo
respuesta deslo, luego yremos Juan de Ybarra y yo a la casa que era
de Jacobo ~le .Trezo, de que resultara tratar de los depachos que se han
de hazer SI ' . Md. no mandare otra cosa. Dios guarde a V. Md. Ea
Madrid. ,8 de Octubre 1590.
. Luego que llego de Sevilla el S· Juan. de Ybarra, me di.ceron Bena- •
mdes Y Veynlin que_ nos acadia brev, el examen del ingenio, aqui
despues hablo c~nmtgo, y de alli creo que resallo que tos mismos me
han vuelto a dezu· que les ha hablado bien en lodo lo que a ello loca
despues aca.

Los &lt;( oficiales de la nueva casa de la moneda»
Marlin Fagel, maestro del nuevo ingenio,
Maestre Volfo.
llathiaS Smincer .
Jacobo Sauroban.
Balthasar lllepult.
embiados por el serenissirno archiduque Don Fernando de Austria
Jorge Grayft, fundidor aleman.
.
Pedro Ardebeco, aleman, embiado por el S. A. D. Fernando de
Austna, para entallar los sellos necessarios al nueho ingenio de
moneda.
·
Joachin Lingue!, ensayador aleman.
Hans Liserbur~her y Rrabian Jlolchar, somos los que mejor entendemos en la fabnca y conserbacion des te yngenio ... y estamos casados
con mugeres desla tierra.
Pedro Harterpeque es el qúe obre los sellos.

Conforme á las ordenanzas del Reyno en las casas de moneda el
mercader, de cada marco de cobre, que le questa treynta mrs 4 p~co

�316

BULLE'flN HJSPANIQUE

mas o menos, con mas quatro mrs que le tiene de costa el fundir y la
merma I del cobre, haze ciento y catorze mrs. Su Magestad a de
haver de cada marco lreynla y quatro mrs de la plata que el
mercader dexa de poner, y ve)'nlc y quatro mrs de los derechos
de la labor de cada marco, y doze mrs por la licencia, que monta
todo setenta mrs, por manera que le quedaran al mercader diez mrs
de ganancia.
Por quitar algunos ynconvinienlos y que el yngenio quede del Lodo
asentado, parece conviene al servicio de Su Magestad se labre ladicba
moneda a un lanlo por marco, para que Su Magestad entienda pontualmente la costa que liene en esta manera.
De fundir la Sisalla de presentacion, con la merma della, costara
tres mrs.
Para hazer las herramientas que se gastan en la dicha labor, seran
menester tres blancas 'l.
A los officiales mayores, que son : iicrivano, balanQario y dos
guardas y alcaldes y alguaciles, an de tener sus derechos; parece
que se les podra dar tres blancas, la una, al scrivano, y las dos
rrepartidas entre los demás, cada uno conforme a la calidad de su
officio.
Por ser la orden de labrar moneda en el yngenio muy diferente de
otras casas de moneda, y que no se pueden trepartir los derechos a
satiE,facion de tantos officialés tan desyguales en abilidad, es mexor
pagar a cada uno lo que mereciese, y baver de estar la dicha labor de
la moneda a cargo de ta·persona que eslu"Viere el syrviente3 della;
parece conviene al servicio de Su Uagestad que a la dicha persona se
pague un tanto por marco y quel pague los officiales·por su quenta,
y que, mientras se labrare moneda 1 la dicha persona no tenga salario,
y qnel pague a los officiales assala_riados el salario que al presente
tienen, sin que Su Magestad tenga gasto en ello, parece que se le
podra dar ocho mrs por cada marco de moneda labrada. Por manera
que a toda costa montara lo que ~u Magestad paga por cada marco
catorze mrs, y quedara limpio para Su Magestad cinquenla y seys.mrs
en cada marco, que es la mitad de ganancia de todo lo que Su Magestad
mandare.labrar.
Qqeda a la quenla de Su Magestad el conserbar las rruedas, y el
canal, y pressa, y lo demas que toca a la fabrica del yngenio. C. N. S.
[signature illisible]. A XII de Agosto MDXCJIII•.

,:k

1.

Dcchet.

l.

1

blancas=

1

A PROPOS DE LA. MOl'fNAIE DE SÉGOVIE

1585, A quatro de Julio, por mandado de Su Mageslad, fue a
Segovia con Jaime 'frezo y el capitan Tiburcio Spanocbio y bastante
numero de criados y familia, a visitar la cassa de moneda de Segovia.
Aviendo dado cobro a las cosas de la cassa de la moneda, hizo venir
oficiales del condado de Tyrol, por medio de George Gerling su criado,
que avia acudido y atendido tres añós a esta profesion, y con esperanza
de el premio avía passado a España; pero, como las mas vezes las
mercedes de España caminan con pies de plomo, la muerte que le
cogio le privo de todo. Ullimamente, mientras estubo en Segovia, le
regalo y ospedo el obispo de Segovia, convidandole a diversas meriendas y cazas _en el bosque de Segovia, l1asta que, acabados sus
negocios, bolvio a Madrid a doce del mes dicho.

Año del Nacimiento de Christo de 1586. Por el mes de Julio bolvio
el conde de Franquenburg a Segovia, por mandado de Su Magestad
del Rey Calolico, donde le os pedo y regalo el obispo de aquella ciudad,
y a viendo concluido con su cúmission de la visita de aquellas casas de
moneda, bol vio a Madrid y dio cuanta a Su Magestad de lo que avia
hecho.
1. Biblioleca fli'acional. Ms. J. 150. c. Historia de Joan Kevenhuller de Aichclberg.
seplimo desle nombre, conde de Franquenburg, baron de Landtscroon y Sumcreck,
_ señor hereditario en Hallo Osterwilz y Carlsperg, cavaleri~ mayor perpetuo del
Archiducado de Carialhia, cavallero de la orden del Tuson de Oro, de los consejo&amp; de
los Emperadores Maximiliano II y Rudolpho Ú, gentilhombre de sus camaras,
erribaudoi de Sus Magcslades Cesa reas eó. mut:has occasiones, y en particular en Roma
y en la Corle de España 1 mayordomo mayor y sumiller de corps del Sereoissimp
Archiduque Alberto, y governador del condado de Goritia. En la qual también se
conlienen los mas sefialados successos y negocios que se tralaron y sucedieron en su
tiempo casi en Lodo el mundo. Sacada de sus originales y manuscriplos con tod
brevedad. » P . 5n.
1. Historia de Joan Keveohuller, p. 5&amp;&amp;.

maravédi. (Pragmatique de 1566, citée par A. Heiss. Descripción

las mORedashispano-cristianas. Madrid, 1865, T. I, p. 164.)

3~ Sic.; il s'agit évidemment du personnage qu'on eüt appelé en Franca le surin•
tendant.

Bull. hispan.

.

�CA.TALOGUB DES MANUSCRITS Da H, MOREL-FATIO

819

vembre 1856. - LeUre de D. Xavier Abadia a D' Francisca Bolh de
Larrea, Cadix•lsla, 18 mars 181 r. - LeLtre de D. Juan Agn Ceán
Bermúdez

CATALOGUE
DES MANUSCRITS DE M. M0REL-FATlO
(Suite

1

.)

Paula Pereyra, Madrid, j8 janvier 18t8.

avec une poésie, El soldado herido, datée du 9 février 1860. - &lt;1 Fragmento de Un matrimonie ci lq moda"; par M.. Lafuente (Fr. Gerundio).

- Coplas de El curioso parlante (Mesonero Romanos). - • Sonnet de
sainle Thérese au Chri•l crucifié ... Traduélion de J'espagnol olTerte it
Madame de Saint Auber par son respeclueux serviteur J . M. l\laury. •
&lt;(

178. D. Gonzalo Fernández de Córdoba, troísieme duc de Sesa.

a D . Francisco de

- LeLlre de J" G. de Escalan te a Fernán Caballero, R'onda, 3o septembre 1866. - LeLlre de Amos de Escalante, Madrid, 7 décembre 1863,

Lcttre de Pizarro i:t un inconnu. - Poésie de D. José Marcbena
A Cristo crucificado n. Copie íaite a l'Universidad literaria de

Sevilla. - Lettre de D. Fedcrigo de Madraza, écrile par sa filie
Isabclle, Patis, mercredi i , . - Lettre de D. Vicente de la Fuente

Extraits tirés de la Casa de Lara, d'Antonio Pérez 1 du Comines de
\' i trian 1 de sain te Thérese, etc.

aD. Santiago Tejada. -

179. Dante. Bibliotheque Nationale. Catalogue des a,uvres de Dante
Alighieri conservées au déparlement des lmprimés. Un exemplaire el
une épreuve. - La materia della Divina Comedia ... , de Michelangelo
Caetani, Firenze, 1897. - G. Parodi, La rirría e i vocaboli in rima
nel/a Divina Comedia, 1896. (Bulleltino della Sociela Dantesca italiana,
Firenze, mars-juin 18g6).
180. Autograpbes espagnols et !et tres espagnoles d' Alphonse
de Latour. Lettre de D. Pascual Madoz a « mi apreciable amigo

Guerra au marquis de rtfolíns, Madrid, 27 février 1866. - LeUre du
duc de Valencia. « Lundi i9. St•Lcu-Taverny. » - Trois lettres de

l\osano », Zaiauz, 14 juillet 1850. - u Epigrama Vicenlii Espineli
Hondensis. » - «Cuento &gt;l, commern;ant par: u Acostóse un buen
marido ... n - « Carla inédita del Venerable caballero D. Miguel

Mañara ... , 16n, » Copie de D. Francisco B. Palomo, Sevilla,
,3 avril 1857 (double exemplaire) . - Biographiedu Pcre D. Cayetano
Fernández y Caballo. - , Antecedentes relativos á la V. M. Francisca
Dorotea, fundadora del monasterio qomínico de N. S·• de los Reyes., »
(Archivo Municipal). - « Las cuatro SSSS. Fabula ... 4 set· 1860. » «·El Zarandito. Villan• de Navidad ... Copla.» - o Tonadilla ... Seguidillas. » - Deux lettres de D. Felix José Reinoso. - « La vela de
sebo. A mi querido amigo, el distinguido literato Don Ramon de
Navarrete. )) - Biographie de-D. Tomas Rodríguez Rubi. - Ordre de
la reine Isahelle II conféra+nt a Gas ton d'Orléans, corute d'Eu, la croix
de l'ordre de San Fernando, 6 février 1860, et lettre du général
Leopoldo O-Donnel au ministre de la guerre, 15 janvier 1860. Letlre de D. J. Juaquín de Mou Fernán Caballero. - « Felipe ,• ...
Madrid, 1849. José M• Diaz ». - Deux autographes de Juan Melénd~z
VaJdés. Antaine de Latour a mis: &lt;,de la main de Fern. Caballero.
Ant. de L. ». - Autographe de D. Agustín Durán. Madrid, ,8 no-

a

1.

Voir Bull. hisp. 1 t. XXlll, p . tS et

211 .

Deux lettres du mnrquis de Molins, l'une de

Londres, 14 novembre 1865. -

Lctlre de

ri. Aureliano

Fernández-

D. Antonio Sánchez Moguel, Sevilla, &gt;4 mars 1868; 11 février 1869
el 18 janvicr 187 r. -"--- Letlre du comte deCheste, Madrid, ,5 avril 1865.
- Lettre du comte de Allamira, duc dé- Monlemari Madrid, II fé ...
vrier 1858. - Leltrede D. Cayetano Fernández, Madrid, i,janvler 1866.
- Septleltresde D. Pedro Ant. de Alarcón et une poésie. - Quaranlequalre lellres de D. José M;• Asensio. - Trcnte-septloltres de O. Juan
,l. Ilueno et deux poésies, !'une El Pecho de Gorila, de D. Juan:\.
Gallego, et !'nutre /ti Pastorcito, Leyenda d l•'ernan Caballero, de Juan
J. Bueño. - Huit lellres de D. Eduardo Buslillo. - Sept leLlres du
marquis de Cabriñana el une note concernanL le poC.te Górtgora. Onze Iettres de D. Manuel Caflete. - Deux lnttres de D. Valenlín
Carderera. - Scpl leltres de D. Adolfo de Caslro. - Q11inzc lettres de
D." Antonio Cavanilles. lne letlre de Cavanilles a Fernltn Cáballero,
oll la romanci€:re a écrit: (( Quemela V. despues de leida. Feman. •

Trois Jetlres de .D. José M• de Cerrageria, beau -fils de Cavanilles.. Trente-deux lettres de D. José Fernández Espino et trois poésie9: de
l'auleur. - Vingt-deux letlres de D. Fernand de Gabriel y Ruiz de

Apodaca· et de Dª Elisa Lópei de Morla de Gabriel. - Onze letlres de
O. Manuel López Cepero et deux poésies. - Six Jet tres de O, Alejao-dro Mon. - Cinq lettres de D. Eugenio )luíioz, - Trois leLlres de
D. Guillermo Morphy. - Une lellre de D. Eugenio de Ochoa, une
letlte de D. C. de Ochoa. - Deux lellres de D. Eugenio de Ochoa a
Fernán Caballero et a D. Juan José Bueno, - Cinq letlres de D. Narciso Joaquín Juárez. -

Qnatorze leltres de D. Santiago de Tejada. _.

Six lellres de O. Francisco Mada Tubino.
t8t. Sainte Thérése (en huit paquels).

�3•o

C.I.TALOGOB D88 IU1'VICB.IT8 D'E K. MORBL-PATIO
BULLKTffl BISP.UIQVB

t.

Notes pour le mémoire intitulé : Les leclurts de 1ainle TMre11, ele., dan• le Bulhlin hispanique, t. X, p. 17-67, comprenanl:
lnlroduction, Bréviaire, Bible, Vies-de Saiots, sainl Jérome, sainl
Auguslin (lellre·de M. Paul Monceaux el de D. Ramón Menéndez
Pida!), Ludolpbe de Saxe, l"Imitalion, Fr: Alonso (\e Madrid, Fr.
Francisco .de Osuna, (letlre de D. Daniel Granada, du P. Michel
Ange, capucin, de M. Je.an Saglio), sainl Grégolre, Fr. Bernardino
de Laredo (Ernesl Cordonnier, , Notice sur les M_odu, faciendi, traité
médico-pharmaceulique en tangue espagnole de la premiere moilié du
JCVt- •Ücle e_
l 1ur son auteur : Bernardino Laredo. Tirage parl de
Jaaus, février 1900, avec une carie de M. Lebegue), Fr. Anlonio de
· Góevara, sainl Pedro de Alcántara. - Nolés pour les Lecture,.
2. Necroloula de ... Don Vicente de la Fuente ... por E1cmo s• D. Ale- •
jandro Pidal y Mon, Madrid, 18g8. - Henri Cbérot, S. J., Une nouvelle traduclion franfaiie des Lellre, de sainté Thérue; exlrail des
Étude1 du 20 juin 1901. - llenri Guerlin, L'art el le, saitÍts. Sainle
Thér;se, Paris, s. d. - Fr. Gerardo de San_ Juan de la Cruz, Otra
carta autógrafa de ,anta Teresa (Boletin de la R. Academia de la
Historia, l. LVII, juillel-seplembre 1910). - Fidel Fila, Una carta .
inldila de santa Teresa (Bolet. de la R. Acad. de la Historia, t. LVII,
novembre 1910). - Du m. Una ·carta autógrafa de ,anta Teresa que
po,e, el·Du.que de Gor. Nuevo estudio (Boiet. de la R. · Acad de la //u•
toria, t. LVII, décembre 1910). - Du m. Dos cartas autógrafas de
,anta Tere,a. Recobro y/otograjia cú la ,egunda ( Bolet. dt la R. Acad.
de la Historia, l. LVII, juillel••~plembre 1910). - B. Bernardioo de
Melgar y Abren, marqués de San Juan de Piedras Albas, Autógrafo
epistolar inédito de ,anta Teresa de Jesús en el que narra y detalla 1u
entrevista con Felipe JI. -Do, autógrafos inédüos de santa ·Teresa de
Jesús ... , 1obre perrona,, parente,cos y lugares. - Cuolro autógrafo,
i.nldao• de ,anta Teresa de Jesfu en lo• que narra 1 detalla ·vici8itude1
Í!'lportanles de,;, vida -Autógrafo •pistolar inédilo de ,anta Terúa
de Je,ús en d que reiteradamente alude a su padre DonAlonsoSánchez
de Ctpeda (Bolet. de la R. Acad. de la Historia. l . LXVI, mai 191fi;
t. LXVII, juillel-novembre , 915).
·
3. Laogue de llainle Thérese dans ses am vres,. en six cahiera. M K. Pielscb, Notes on Spanish Folklore, dan_s la Modern Philology,
t. V, o• ,, juillel •9"7·
4. Cours sur saiote Thérese professé au College de Fraoce en 19071909. CEllvres en neur cahiers; lellres en neuf cahiers.
5. Autograpbes de saiote Thérese. - La derniere leUre de,saiote
Tbérese, publiée par D. Manuel Maria Poli!, Quilo, 1901. Copie. Carta de sanla Teresa de Jesus al canónigo Gerónimo de Reynooa.
Copie prise par H. Léonardon ·¡ la Bibliolheque de l'.~cadémie de
l'Histaire a Madrid. - Leures de saiote Tbérese publiées par D. Fran-

a

cisco Herrero y Bayona, Madrid, 1881. ·Copie.--: Acle .de reooncialion de sainte Thérese a la miligalion, avec une lelfre de la Mere carinélite Mario ·de S'-Paul, Aoderlec,h t, 6 avril 191,. Copie. - Lellre a
Cristóbal Rodríguez de Moja. _Notes. - La Jettre de juin 1fi62, qui ·
accompagne la Vida, transcrite sur l'autographe, Copie. - Leltres
fausses. Notes. - Copie de quatre letlres de sainte Thérese conservées au monaslere d' Anderlechl. Les trois premieres onl été copiées
par une carmélite, 1~ quatrieme par moi. - Varios autógrafos
de ,~ Teresa de Jesús, reproducción foto/itogrdjica de su, autógra/o,•par Vicente de la Fuente. Entrega I et ,, Madrid 1884. - Deux
rac-similés de la Vida. - Fac-similé de la sceur Louise de la Miséricorde (La Valliere).
8. Vida, y virtude, y milagros de ·la bienaventurada virgen Teresa
de Jerús, par Fray Diego de Yepes, (:aragO&lt;;H, 16o6. Extraits. - Vida
de la Madra Tere,a por el Padre Francisco de Ribera, Salamanca,
,figo. Extrails. Copie par llené Costes d'.une lellre du P. Ribera
a la Mere Maria de Cristo, telle qu'elle se trouve dans la pnblication
de Herrero Bayooa. - Carta, de santa Terisa .de Jesús ... con nota•
de Don Juan de Palafo1 y Mendoza, Bruxelas, 1674. Ellrails. ·/,..,en/ario dé lo• bienes que qlU/daron e fincaron por fin e muerte del
1eñor Lorenro-de Cepeda. Copie de D. Alfredo Alvarez, avec une lellre ..
- Reforma de los dtscalfº' por el Fr. Francisco de Sanla María.
Extraits. - María de S' Josepb. Exlraits de lellres de sainte Tbérese
i, elle adressées. - Carmel. Bibliographie. - Habil el étiquelle des
Carmélite,; - Mere Anne de Jésus. Lellres de 1ainte Théres~ a elle
adressées. Déposition d'Anne de Jésus lors du proces de canonisatiori
de sainle Tbérese, d'apres Je ms. des Archives Nalionales de París,
L 1046, n• 6o. - Historia del Carmen descalzo por Fr. Gerónimo de
S. Joser, tomo J, Madrid, 1637. Extraits pris par D. Alfredo Alvarez,
avec une "iellre. - Teile de la Vida, d'aprcs les ceuvres de sainle Thérese, publié par Fr. Luis•de León en 1588 el en 158g. - Lettres de
Fr. Luis de León aux carméliles de Madrid. - Comparaison des
éditions ,!i88 el 1fi8g. - ,:anonisalion de· sainte Thérese, d'apres
le ms . de la Bibliolbequc Nalionale de París, Espagnol 3». Nic. de Ormaneto, éveque de Padoue ( Archives du Valican, Nunz.
Spagna, t. 8 el 10), peodanl son séjour a Madrid. Copie de Roberl
Micliel avec une leltre • .!.... Saintc Thérese el le Fr. Julian de Avila.
Edraits. - Testimonio del padre maestro F. Domingo Bañez ... sobre
¡., Yid11 i libros de la madre Teresa ... t591. Eitrails d'apres le ms. de
Ja Bibliolheque Nalionale de París, Espagnol 322. - Allusions a la
Vida de sairile Thérese. - Fray Gerónimo Gracián de la madre de
Dios. Eitraits. - Lellres de sainte Thérese, citées par D. Miguel de
·Lanuu, dans la Vida de Isabel de Santo Domingo, Madrid, 1638.
Exlrails. - Deux lettres de ~- Cuninghame Graham au 1ujel de la

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;n..t.llruallea, .a Collécedef l"9itea. aur ulnte Tbéñlo. p;in.:
cai.len. - Conalitulion dea Cirmélllea. Trou miien. - Qudél 11!11'
la comapoada~ de Nia1e TWrile. Brouilloo lllCOlllpW. - El
ntmto d6 IOllla T,rua por 1). Ati¡el 11. de Bi11cl1, dana la Bo1illlt • •
~"""'1. bibfiofnirl 1 . 1111111#, jeDYitr,févrler 1909. - ieare da
1). Rrhmdo fedro,o l Fem6n Caballero ,ur un potirall 4e Nhlle
eop.. - P. lafoDd, Qa,/,¡ve• porlrmll u famUil,-.ü1aittr.
T~IIHC "'ltJ ~ a n , /wr, levete, Paria, 19.u.
8, llldell del DDDII de- penoq- qui te lrouvtnl dan• lea Iettrea a
fainll Thireee. Dauit c,arlóna et un douier de lícbn,
tfl. J). Carlat ~116m11 de Jqa Blat, CO!IIW dt ranlD •falu..
,.,.....&amp;ion au·Yolume dba Blwl#1 ,ur f/llpagtlr, Parli, tpoo, l. u.
• é!f. 'P• - Notea 1v le prinoe Emanuel de 8ahn llelm eur le am:
• lea'!_loñ, lllr lll dile de-1'1nF1111tai:IÓ, -t11r la COllllt. de Fer:.in N~
- Copie dff lellm.da eornlo de Fern6A Nállea u1illúe1 dau óe
YOiulJIO, - l,tltre de G. l\,ynaud. - Deiilt ldltel de A; d'Al'llelh;
tll, P ~ au RuiuU d# in1trutiotu donnJu au CIMboull·
.,.,., ~ mitúll,.,. ~,-,.,_ ,upui, lu lralUI df W11tpl1a/ilja1qtid U,
IUlíolalioll trcnr,u,,, publié. (1ar A. Morel-Fetlo et H. Léonardoil.
Pui,, •8t4-et, 3 volum1111.
·
•
114. _Lop1 dt Y111 C•rplo (troit· paqueta).
1, V1e de ~ - 31 4- Perao11na,ea énuméréa 41111 Ha OtUYl'IIL
- ti l 7. Cbolea. ll(Blln: - 8. LoeaUléa. Nation1, - 9. 14- monlel
- 10.
11. Utlératore. - 13. Romances. F1D1 el Btllü. 1$-14. VocabQlalra,
.
,
l. ~ - de Lope. L''Pltre oommt!Mlllll par: Cllllldlo1 •i qoinM
4wlir1111poco,, TRDICl'iptload'unlmprlmé (Jlibliót~ue Uimallt
de ~dr141-88-11) • .- L'2pbre comm1111oanl per: Gaipai' ,u,iwiafl'f 1:1111 4oa oarlal, oopie, avcc une lellN ció ll. .\. Reatórt. _
M. l. Deluille le Rouls, - Noi. llU' 1- ipllnia. - Compee
~d11 ~ (»l'QI di ~,,. ,. YfC/11, L i Aku, par A•• Rqt.ori, cknt la
~ far ~ A e Pltiló_logw (cWdiR,tea). - B:e~talatio &amp;pon•
, -... - ~ Jlllio Colambtlrio, 1618, Traucription d'ua imprim6
... i. Biblaol~11• Nllloaalt de llldtid f· 1 &amp;¡34. - DórollO, ID de111

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Carpio, P - • .
1893. - HotJQ l\ennert, 1Apll de Y-,a'1 ooillifti&amp; BQllliag,o ,l ,,,..,

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~ JliMM i~ra, 4" Ülftlliol .,,.,.1e1te 4-m le a.lldül "i•n.tiV••
L llf. p. S18•M7. - Damaa-Htu.-rd, /A GatomuAie 8"
4t1
diau. dan• la ~ iruUP4Adatm, L V1 (1841). - A..-F. OlllMm,

14,..,,..

"· pq¡,,vl dMJn •""'9-nl, dan• le'Cof',.,pondoM du 10 mal 184D.

- DamaaeHinaÑ,

Lo,- de V1g4 (fltv•

imltl~, P• 756-7'/t•

~ di Vffdl Bl 0,,.U,0 a/A
"""""'"' dm1 la Z.U.clirifl,/IJr ro-•lina\rPlrilolofi,, l. XXV, p. 411•
4SS, ,;_ Georg Sleffen1, Rotroll-SlrldlfA l . hM • )lolroa al, naAaA11111' J,o¡,- da l',ga'•, Oppelln, 1891 (dMIAce). - Albert Ladwig,
ü ,..., Dramlll au daM KaroliagiullM&amp; &amp;ag,nknul, lledin,
1'98- - El'Jl!lll Mou\, UM ldw ll!Niw da LDJN ü fffa, dana lea
_.,,,,..uoJl,rtn 111. tmUe Picot, Parla, 1815 (cWdlcaoe). - Cllcb6
del fle.ibol161 du tD6aillire ialiln1': Lu OrigiMa ,. ,,..
V-,.,
18,\2). -

Hago A.lbeít I\Mlnerl, UMI'

Lo,.

*

dlll.,_ BeM• ~Jltlnfftt,. t. VU, p. 38,6S. - Blblioppble da Lope
ile Vep.. ojl!II IUl' le doc de S-.
&amp;tiúllea 111r Lope de Ve¡a (qa•tre rabien). - ·Lelr.ique d• IIIOII
iDIPl)llUII de tope de Vep (ua oahler). - Arlbur Ludwig ll&amp;lefel,
J,an ~ 1Co1NÑI• ,eiM Qaelle• úd NacltGfllnangM, llllltln,
igo,\ (dédicl&lt;:!e), - ldmund l&gt;ffl!r, Die Lop, d, V,go-t.ür,_,.,. lia
~ . Z1lrioh, ,a,, (dédlcacc). -IOl6 ele Arm" y ~
L a ~ u IApl da Yffll, Habana, 1884.
18'. liatrdi dl ■. Fr, GalooiáNlilll, lpreuVN de l'arllcle lnll•
iiil'~ d. P"flllOa di1 Glllthardin dans le Bal/elin ilalÑa, LXV, p. 111u-1. - Conoonlance de l:Millon lac. Corbinelll avec Ju m.orlfl del
0peniMIIUI. - l'lolea sur Gulccianlini. - Prologue de la trad1iellon
de la Sloria tl'llali4 de Guiccianlllli par I&amp; IOl Pbillppa IV, d'apn&amp; le
- ; de la BibliotMque Nationale de Madrid 164 1. TrallllCriplion da
11. F.. IIOUNel -et une lattre. - Lexique dea Jl!III• des Rilordi,

t

d'apna lea o,., IMdite.
tat. D. Lllh lle Bequettaa. ~paratlon au mémoire lnlitul6: lA
PI, ti, D. Llie de Req1111eiu 1 ZWg11, graAd_ COIIIIIIO_..,. G CadUII,
ilana le .Baltlfin / t ú ~ , t. VI, p. 1gó-~M - Note■ 1ur 11aq1111r·
ti - 114reuta. - Copie par D. R, llurlllo de l'lndl'llCÍIIII • nuutra
1,Jlorq Donll &amp;t,pbatúa P""ª ,a hijo Don Luú de B,qu,uu, do mi, ele
16:Billllella6que a&amp;lonale de Madrid G 15D. Carie de D, R. Milrilld,C~e d'u.ne lettre de Dolla Ettepbania l sou tUs, D. Lul1 de l\tqll►
--. d'apns 110 IDI, clu Bri\isb 'llu-m. - D. ConllllllllllO Dooifillo
Buh, bóa lM á Beq!IUflU, 8aíoelom, J88&amp;, - D. Fnncilco
.Bando, .Qoll l.ai,.ü R,,,_,,-,, lladlid, 1909, - l. L. l . . ~ •
,

�3,4

BULLErIN RISPAN'IQUB

Le/tres inédites de Don Luis de Requesens, Utrecht, 1859. - Lettre de
E. Castelot. - Leltre de D. Francisco Barado. - Letlre de D. Francisco Marti Grajales. - Trois letlres de D. José Enrique Serrano y
Morales. - Leltre de D. Manuel Magal!ón et les preuves de noblesse
de D. Juan de Zuñiga y de D. tuis de Requesens. - Lettre de D. Joaquín Miret y Sans. - Copie et épreuve du Testamenl de Doña 'Mencía
de Mendoza, marquise del Zenete, comtessc de Nas~au, puis duchcsse
de Calabre. Burgos, 3 jui!let 1535.
t87. D. Francisco de Quevedo. -Estebanille Gonzalez . Liste des
mots importants dans les reuvres de Quevedo. - Don Francisco de
Quevedo, Obras políticas, históricas y críticas, t. I, Madrid, 1893
(exemplaire annoté). - Suppliquedu duc d'Osuna, d'apres !'imprimé
de la Bibliotheque N'ationale de Paris, Oa 1 98 "'· - Lisie des personnages de la Vida y hechos de Estebanillo González.
t88. D. Diego Hurtado de Mendoza, Guerra de Granad,. Prépa•
ration au mémoire intitulé : Quelques remarques sur la Cu.erre de
Grenade de Diego Jlurtado de Mendoza, extrait de l'Annuaire de tEcole
pratique des _Hautes Éludes, 1914-1915. - Lellres de Mendoza de
1547-48. Recueil d'Aymon. - Sienne en 1552. - Quatre lellres de
Mendoza aZurita, copies de M. A. Pages dans le ms: de la co1leclion
Salazar, A. 1u (Bibl. de l'Acad. de l'Hisloire, a Madrid). - Liste des
personnes mentionnées dans la Guerra de Grana1Ja. - Archivo de
investigaciones históricas, año l tome II, n°~ 1 a3, 5 el 6, Madrid, 1911.
-J. Fesenmair, D. .Diego Hurtado de Mendoza, ein spanischer Humanist
des XVI Jahrhunderts, Müncben, 1884. - Lucas de Torre, Carla del
Bachiller de Arcadia y respuesta del capitán Saldzar, atribuidas á
D. Diego Hurtado de Jlend(fza, Madrid, 1913 (Revista de archivos,
bibliotecas y museos, mars•avril 1913}. - Du m. Don Diego Hurtado
de Mendoza no Jué el autor de la « Guerra de Granada ii, dans Ie
Bo/etln de la R. Academia de la Historia, t. LXIV, mai•juin 1914. Lettre de D. Ramón Menéndez Pida!. - Sept lellres de D. Lucas de
Torre. - Leltre de M. Ernest Mérímée.
t89. D. Francisco Manuel de Mello. Liste de mots importants
dans la Guerra de Cataluña. - Note sur la Guía de casados. - Re/a/ion
da Portugal en 168// (Bibliotheque Nalionale de Paris). - Letlres de
l'abbé Legrand sur le Portugal (Clairamb. 1028). - Notes sur D. Francisco Manuel de Mello et bibliograpbie. - Lettre de Charles Kohler.
- Deux leltres de M. Georges Mus.set. - Sept lctlres et neuf cartes de
M. Edgar Preslage.
t90. D. Gonzalo Fernández de Cordóba y Aguilar. Notes sur son
hisloriographie.
t9t. Christoval de Mesa (trois cahiers). Bibliographie et étude de
ses ceuvres. - Carte de M. Ch. Bémont. - Asajrae nobilissimi Turdelanorurn Baeluriae oppidi du.catusque emporitani breois descriptio ...
1

'

CATALOGUE DES YA:NUSCRtTS DE M. MOREL-FATIO

325

autore Henrico Coquo ... Copie dans le ms . de la Bibliotheque Nationale de Madrid par D. Antonio Rodríguez Villa.
.
t92. D. Gaspar de Guzmán, comte -duc d'0livares. Préparalion
au mémoire intitulé : P. lppolito Camillo Guidi, Caduta del con/e
d'Olivares /'anno M. DC. XXXXIII, dans le Bulle/in italie11, t. XII et
XIII. - Gazelte des Beaux-Arls. Le comte-duc ,tOtivares (Eau/or/e
de Velazquez). - Gravare au burin attribuee a Velazquez. - Carte
de D. Rafael Ballester, avec le portrait du comle duc d'Olivares
(g,lerie de Dresde). - La supplique inlilulée: Catholica, sacra y Real
Jlfagestad, altribuée a Quevedo, transcrite d'apres des imprimés el des
manuscrits de la Gibliotheque Nalionale de Paris, Dupuy, 591, fol. 181,
Oi 197 et ms. espagnol 449, fol. 15,. - D. Juan l'érez de Guzmán,
La labor polílico-literaria del conde-dúque de Olivares (Revista de
archivos, bibliotecas y museos, annec Vlll, aout-seplembre 1904). Ou méme, La caida de un valido, dans la Ilustración española y americana, année 1874, nº" 3!l et 33 . Copie. - D. Manuel Co 1meiro,
Discurso de los polilicos y arbitrislas españoles de los siglos _\ n y .\ v11,
Madrid, 1857. - D. F. Ja,ier de Salas, Informe sobre la obra: Les
mariages espagnols sous le regne de Henri IV ... , por Mr. J . T. Perrens
(Revista de España, 1v~ anné~, t. XIX, nº 74, ~5 m~rs 1871). - Notes
sur le comte•dnc d'Olivares. - Jlita e polilica. - Ferranle Pallavicini.
Carie de M. Arturo Farinelli. Leltre de Ch. Kohler. - Yirgilio
Malvezzi. - Vittorio Siri. - Caduta del comle d'Olivares. - La sloria.
-Notes finales. Table de la Caduta. - Leltre de M. R. Reuss. -Satisfacían que da el conde de la Roca a un agra,:io que se le achaca auer
dicho contra el conde-duque. Copie du ms. de la Bibl. Nac. de lladrid,
T. 195 p. 197. - Extrait des Archives de Simancas, secretaria de
Estado, legajo 3540, sur le comle de la Roca. - D. Juau Antonio de
Vera y Figueroa, comle de la Roca. - Extrail des Fragme[llos hisló•
ricos, pris par M11e Blanchard Demouge dans un ms. de la Bibl. Nac.
de Madrid. - Letlres de Madrid, en italien, mars elavril 1643. Copie.
- Leltre de ~l. E. Rouvy. - Nica~dro. - Minute du comptc rendu
de Martín Hume, trad. frarn;aise de J. Condamin et P. Bonnet. Carie
de M. James Condamin.
t93. D. Gregario Mayans y Sisear. Préparalion au mémoire
intitule: Un érudil espagnol au. xvnl° siecte. D. Gregario Mayans
y Sisear, daus le Rulletin hispanique, t. XVII, p. 157-»6. - Letlres de
~fayans de la colleclion Tiran et table de ces letLres. - lndex des
personnages de ces lettres. - Amis el patronsde Mayans. - Garriere.
Travaux faits ou A faire. - f:tat des lellres en Espagne. - Remarques
sur le slyle. - Ad versaires. Victimes. Ranc1.J.Des. - Bibliograpl1ie. En.seignement de la grammaire et du latín. - Diccionario de autoridades. - Philosophie. - FamiHe. Vie domestique. Oliva. - Droit. Mayans et les grands d'Espagne. - Leltres d'antiquaires espagno/s de
1

�3,G

CATALOGUE DES MA~U~CRlTS OE "M, YOREL-FATIO

BULLETlN AISPA:,-IQUE

la /in du Krul· sil~cle adressées_au comte de Lumiares, de.ns la Bibliotheque de l'École des Charles, t. LVII, p. 64-76. - José Ceva)los et José
Bermúdez, d'apres les ms. de lacollcctionTiran. - Carle de D. Julián
Paz. - Neue spanische Schriflen. Rechlsgelahrtheit und Polizey , dans
le Journal zur l(unstgeschichte, 1 í8o . - Correspondencia literaria de
D. Gregorio Mayans y _Sisear, 1771 -1779 (Revista de achivos).
194. Lettres de Carmélites. Lellrcs de la Mere )larie du S'-Sacrement, de la Mere Marie de S 1-Paul 1 de la MCre Genevieve de Sl-Bernard, '
de la ~!ere Marie de l'Immacult1e-f.onceplion, de Ía Mere Agncs de.

a

Jésus-Marie, du prernier monastCre de Paris,
Anderlecht 1 prCs
Bruxellell-, et du P . Séverin de Sainle Thérese. - Lettre de D. Antonio
Paz y Mélia, de D. Miguel Mir, lellre et deux caries de D. lllanuel
Magallón, leltre de 1\1. L. Lambeau, letlrc et une carle du comte
P . de S'-Phalle. - Em ile Gebhart, L 'originalité de sainte Therese,
dans le Journal des Déba/s du r3 novembre 1907. - Notes pour
servir l'article intitulé: CEuvrrs complfles de sainte Thérese de

a

Jésus, traduclion rwuvelle par les Carméliles du premier monastere de
Paris, dans le Journal des Savants de rnars 1911.
f95. Mystiques. Mysliqucs (ordre alphabétique). - Livres mystiques. - Dª Luisa de Carmjal, d'apres l'imprimé de la llibliotheque
Nalionale de París, Rés. 01 785. Extraits. - Mystiques (Mazarine). l\lystiques a la Bibliolheque d6 Versailles . Note de Ilenri Léonardon.
- Copi_e par Mn~ Lilia Cassis ele la bíographie de Fr. Francisco de
Osuna dans ]a Bibliolheca universal franciscana. - Copie, de la
mérne, de la biographie de Fr. Bernardino de Laredo, dans Fray
Andi·és de Guadalupe, llistoria de la santa provincia. de los Angeles.
- The science o/ To-nwrrow and .1/ediaeval .lfysticism by Mrs Cunninghame Grnham. - ,1a11rice Mignon, Sienne et Catherine de Sienne.
Nevers, 1907. - La vida de la seraphica santa Caiherina de Sienna.
Venundantur in monasterio sanctc Cn.therine de Senis civitatis
Yalentinc. - Traite du purgaloire de sainle Calherine de Gines,
Rome, _1899. - D. Fulgencio Aíán de Hivcra, La virtud al uw
y mistica á la moda, Mallorca, 1813, et M,drid, 1887 (Biblioteca
universal).
f96, Fr. Francisco de Osuna. Extrails de son Abecedario spirilual
et dn ,Yorle de los Estados.
197. Miguel de Cervantes (trois cahiers).
i. Liste des rnols imporlants du Casamiento engañoso et du Coloquio de lns perros.
2. Liste des noms de personne et des noms appartenant a la mylhologie de 1a Galatea. - Cervantes : militaires, soldals, jeu, coches,
destreza de la espada, médecin, gouvernement, justice, arbitristas,
jitanos, mots, expressions, versificution, provinces, rivalités entre
villes et familles, bandoleros, littéralure, poésie, langue, comédies,

espagnols, élrangers, marisques, religion, église, clergé, agueros,
astrologíe judiciaire, noblesse, caballeros, hidalgos, duegnes, donsi
trailemenl de merced, maríage; - Cervantes en Anglelerre. - Un
.faux autographe de Cervantes, dans le Bulle/in dtt bibtiophile, 1905,
n• 4 1 15 avril, p. 155-163 (exemplaire annoté). - Un second exemplaire, tiré part. - LeUre de M. C.-M. Briquet. - Lellrede D. R. J .
Cuervo. - Deux fac-similés du faux exernplaire. - Notes sur cetle
falsification.
3. Cervantes : généralilés. - Carie de M. A. Chuquet. - Émile
Gebhart, Hors de France. A propos d'éludes 1·écentes sur le « Don Quichofe, dans le Journal des Débats du 16 et du 21 juillet 1897. Bibliographie. - Une leLlre et une carie de D. Alvaro Verdaguer,
a,'ec une notice biographique sur D. Leopoldo Rius. - Lettre de
D. Fidel Giró a Murillo. - Novelas ejemplares. - Persifes. - Idées,
biograpbie, etc. - Notes sur Cervantes. - Minute du mémoire intitulé: A propos du /roisieme centenaire de Cervantes par Alfred l\lorelJi'alio, dans la Revue des deux Mondes du 1°'" juin 1916. - Epreu,•es
(exemplaire annolé). ~ Exemplaire de la Revue des Deux Mondes
(exemplaire annoté). - Andrenio, More/ Falio y el centenario de Cervantes, dans la Vanguardia, du 18 juin 1916 (deux exemplaires). C. R. Salamero, Un estudio de M. Morel-Fatio. - Laurent Tailhade,
Don Quicholle a París et dans les franchées par M. Ventura García
Caldero11(L'CEuvre littéraire). - Sainle Beuve, Don Quichotte (/\ouveaux lundis, 9 mai ,864). - LelLre de M~• Hélime Dournic . - Lettre
et -carie de M. René Doumic. - Don Quicholte traauil par César
Oudin. Notes bibliographiques. - Leltre de M. de llarchéville a
M. Émile Mayniel. - Cervantes dans le Calogue genéral des imprimés
de la Bibliolheque nationale. - Lellre de M. Léonce Celier. - Lettre
de M. Joaquín llazailas. - Deux caries de M. H.'Morf. - Lellre de
1\. J. Cuervo. - Pero ~ludo, Los de acá y los de allá (Sobre el centenario del(&lt; Quijote ii, dans El Universo du :.i3 mai 1905. - Préparation au mémoire intitulé : Cervantes el le lroisi/Jme cenlenaire du. « Don
Quiclwtte ._ par .l.lfred More! Fatio, dans l' Archio far das Stadiurn der
neueren Sprachen un'l Literaturen, t. CX.Vf, p. 340-361 . - Letlre du
marquis de Laurencin. - Lellre de D. José Ramón Mélida - El
marqués de Laurencin, Hommaje póstumo d la duquesa de Villahermosa, dans le Bolelin de lci. R. Academia de la /lisloria, mars 1906 . José Ramón Mélida, El legado de Villahermosa, daos le Correo du
3 janvier 1906. - La duquesa de Villahermosa, dans El Universo du
7 novembre 1905.
f98. Catalan (denx cahiers).
i. Copies prises a Palma de Mallorca en 1881 : Collalion du Desconort de Ramon Lull, d'aprcs des mss. de llayorque: Regiment de la
cosa publica ordenal per lo reuercnt meslre Francesch Eximenes

a

�3,8
BULLETIN BISP."\NIQUE

Poésie du

se_qle .\ v, fin,'i al presenl inedita, Barcelona, 1889. - Historia y succes

niz. -

·

.

u.e com e

rge , crontca de autor anonim del

/lamentable de Don Ja_yme de Aragd, comte de l'rgell, segon de aquest
n?':1', cognomenat lo desdil.cat. Copie du ms. de !'Arsenal 83o6 et collallon par M.. Amédée PagCs du ms. de l'Académie de l'IJistoire a

Madrid, copié par Diego de iloníar y Sors, · 163,. Préparation d'une
édtt1on de ce tex_te. -

Copie de diverse.s poésies catalanes, d'aprCs le
rns. _de Carpenlras, n'' 3¡¡. -- Eduard Wecbssler, Die Uomanischen

M~rtenl&lt;iagen, Halle, 1893 (dédicace). - Quatorze lellres de M. Amédee PagCs. -:- Deux lcltres de D. Bato lomé J\funtuaer. 1

Descriplion

par M. Amedée Pages, du ms. Bb 1n de la Bibliotheque Nationale
de Madnd. -

Note sur la liltérature catalane.

2. Copie prise a Palma de Majorque en 1881

a !'Archivo del

Patri-

monio el it I'Archive h.is.lorique de di\·ers documcnts historiques. _

Mort de D. Manuel '11la y Fontanals (16 juillel 1884): articles de
D. G~yet:no Y1~al y Valenciano y de _D. J?. Miguel y Badia. _ J?acstmiles d un~ P_iece,&lt;le moss~n Jordi de sant Jordi et du prologue du

ms. de

!~ 81bltotheque \'at,onale de

París, Espagnol »5, faits par

Joseph lastu. -lsop en catalan. Extraits. -

Descdption des mss.

Baluze &gt;34, ,38 el 039, de la Bibliotheque 'íationale

a Paris

conle-

nant des documenls historiques reJalifs a l'histoire de C;taloo-n~
recueillis par Hieronym PU)'ades. - Notes relalives a l'histoire d; la
langue catalane et des mceurs catalanes. - Lei;on d'ouverle faite a
l'É~ole ?es Hautes Eludes : langue el littérature catalane. - Préparatwn d une chrestomathie catalane: Lettre de change du ~ septem2
1
brc 4oQ, dans la llustracion espaffola y americana du 8 avril 1881
- Regimenl preservalia de la pestilencia composl per meslre Luy;
Alcanys. - Testameni d'En B. Serrad,ell de Vich. - Révolution de
16ft0. - Desconort de Ramnn Lull. Deu, lettres de M. Amédée Pages.

-

CATALOGUE DES MA~USCRITS DE J\I. MOREL-1''ATIO

(Yale~cia, &lt;499). Extraits. - 8pi/l de la vida religiosa(Barcelone, 5 5).
1 1
Extra,ts - La fl ,r l
t d'l' //
·

Proverb,s e d,t de pltilosojs per Jq{uda. Copie du ms. de la lliblio-

tbCque Nalionale de Paris, Espagnol, 55 et variantes du ms. de Ja

Bibliotheque 'íacional de Madrid, L. ,. Carie de M. Neubauer. Fragments del roloquis de m• Crislophol Despuig, caval/er de la ciutat
de Tortosa. Copie de certains passages de ce texte dans la co11ection
Baluze. - Psaum_e VI, d'apres le ms. Espagnol 5 de la Bibliolheque
::Vat1ona!e ~e Paris. -

Doctrina moral d'En Pac!is 1 d'aprt!s les mss.

de la B,bjwtheque Nalionale de París, Espagnol, 54 et 55. -Sompni
d'En Bernat Aleige. Extrails el notes pour l'édilion de. Guardia._

Textes Jittéraircs. Extraits de I'Arbre de sciencia de- Ramon Lull
d'aprCs le. ms. appartenant a D. Gerónimo Rosselló. - Proces~
instruido en 1345 contra el Gobernador Arna/do de Eril/ d'.apres la
copie de D. José Quadrado. - Costumes de Catalanya, d'apres le ms.
latm 10, 15,, f' 3 a 8'" de la Bibliotheque Xationale de París. 1

o~

Yicens Garcia. -

329

Extraits du Dotze·de Cristiá cl'Exime-

En/remes de los labradores . - _0rdonnances de Pierre IV. -

Poésies de Serafi .
f99. Jtaiie.' Notes d'ho!el. - Caries de savants. - Bibliograpltie.
- Carte de j\f. Ernesto Uagusa, propriétaire de l'hótel de Trinacria, -

Lettres de M"º Maria Pilrc. - Le,ltre de M. E. Pércopo . - Lettre
du prince Pietro Lanza di Scalea. - LelLre de M. A. Salinas.
200. Corresponda nce littéraire. 1871-1880 (deux volumes).
t. Années 1871-1878 : Academia de.Ja Historia, Adee (Aug.), Aguiló
y Fuster (D . Mariano), Asenjo Barbieri (D. Francisco). Baumgarten
(ll.), Boehmer (Ed.), Boíarull Sartorio (D. Manuel), Cam¡,illo (D. Toribio del), Cbabaneau (C.), Circourl (c'º Albert de), Coellto (Franc.
Adolfo), Delisle (Léopold), Dilthey, Elias y de Molins (Antonio;,
Escudero de la Peña (D. J. M), Fabié (D. Antonio ~!aria), Fernández
Guerra y Orbe (D . Aureliano), Fierville (Ch.), Féirsler (We~delin),
Fuensanla del Valle (m;, de la), Gabara (J .-B.), Gacbard, Gallardo
y Víctor (Manuel J.), Gatli, Gayangos (D. Pascual de), Georgi (Karl),
Gourncrie (J. de la), Graux (Charles), Grober (Gustav), Guardia
(J.-)1.), Gutierrez de la Vega (D . José), Heinemann (O . van), lleredia
/J.-i\J. de), Hoefler (van), Hofmann (Konrad), Jimenez de la Espada
(Marcos), Knapp (W. l.), Lasso de la Vega (D . Angel), Latour (Antoine
de), Lehr (Esnest), Lemeck (Ludwig). Litchtenberger \Fr.), Luanco
(D. José Ramon), Menéndez y Pelayo (Marcelino), Menéndez y
Pintado (Marcelino.), Meyer (Paul¡, Michaelis (A.\ Michaelis de Yasconcellos (Carolina), Milá y Fonlanals (D. Manuel) Ministerio de
Estado, Molinier (AngusLe), Molins (marquis de), Montoro (D. Rafael),
)lorel-l'atio (Arnold), Morel-Fatio (Caroline), i\forf (U.), Murillo (D.
Mariano), Muro (D. Gaspar), lfussafia (Adolf), 0clavio de Toledo
(J. )l.), Paoli (Cesare), Pasqualucci (Loreto), Pécoul (Augusle), Pella
y Forgas(José), Perojo(José del), Piot (Eugene), Puymaigre (comte de',
l\euss (Rodolplte), Revilla (D. Manuel de la\ Rocbat (Alfred), Rodríguez Villa (D. Antonio), Romero de Castilla y Perosso (D. Francisco),
Rouget, Sancho Rayon (D. José), San~ós (de), Tailhan (Jules), Tamizey
de Larroque (Ph.) Toreno(comte de), Tubino (Franciso Maria), Van
den llergb, Yasconcellos (Joaquim), Vida! y Valenciéno (D. Cayelano),
Viollet'(Paul), Vollmoller (Karl), Vuilleumier, Zarco del Valle (Manuel
l\emon).
2. Années 1878-1880: Academia de l,Í Historia, Arhois de Jubainville (d'), Asenjo Barbieri (D. Francisco), Asensio (J. 1\1"), Asociacion
de escritores y artistas, Baist (G.), Baumgarlen (H.), Bémont (Ch.),
Boehmer (Ed.), Boucherie (A.), Cámara (Fr . Thomas), Campillo
Toribio del), Caslan (A.), Cbabaneau (C .), Claude (C.), Claudia,
Coehlo (l'ranc. Ad.), Cornu (Jules), Costa (Joaquín), Delisle (Léop.),
Denis (Ferdinand), Oeprez (Michel), Ebbardt (Franz), Fabié (D. Anlo-

"

�330

CATALOGOE DES )U.'NUSCBITS DB 11, M.OREL..F'ATIO

BULLBTIN HISPA:,lQUB

nio M'), Fernandez Guerra y Orbe (D. Aureliano), Foersler (Wendelin),
Fuensanla del Valle (m'· de la), Gachard, Gayangos (D. Pascual de),
Gener (D. PompeyoJ, Graux (Charles), Grüber (G,), llarrisse (Henry),
Heredia (J.-~I. de). Hinojosa (D. Eduardo de), Jimenez de la Espada
(Marcos), Knapp (W. J.), Lande (Louis), Letourneur (J.), Majorque
(lellre au sujet de ll. Lull), Malleftlle (L.), Mariategui (D. Eduardo),
Mayniel (Emile), Menéndez Pelayo (D. Marcelino), Meyer (Paul),
Michelant (H.), Milá y Fontanals (D. Manuel', Morel-Fatio (Arnold),
Müntz, Murillo (D. Mariano), Mussafia (Adolf), Navarro (D. Felipe B.),
Nicolas (A.), Niemeyer ()!ax), Oclavio de Toledo (J. M'), Oechsli
(Wilhel ), Otiver (Bienvenido), Paillard (Ch.), Palomo (Fr. de B.),
Paris (Gaston), Pastor, Paz y Melia (Antonio), Pécoul (Auguste),
Pella y l'orgas (D. José), Pierson (Paul), Piñar (BJas Leoncio de),
Poullet, Rache! (Paul), Raynaud (Gaston), Hiant (comte), Rodríguez
Villa (D Antonio), Sanchez Moguel (Antonio), Sanpere y Miguel,
Schuchardt (Hugo), Sorel, Slengel (E.), Suchier (H.), Tailhan
(Jules), Tamizey de Larroque (Ph.), Thomas (A .), Vaesen, Viollel
(Paul), follrnotler (Karl), Withney (James L.), Yriarte (Charles),
Zarco del Valle (Manuel Remon).
20i. Carlistes. Notes sur les Carlistes. - Lellre du marquis de
Laborde. - Lellre de M. Albert Mousset. - Exlrails de Lichnowsky,
de Goben, de Rahden, ele. - Coupure de journaux. - Letlre de
D. Francisco Melgar. - Deux lellres et une carte de M. Albert
Mousset. - Carie de D. Gabriel Molina. - Bibliografía espagnola,
1"' mars 1915 (íactum de Sancho-, Marques). - Deux letlres de
M. l\.laurice Brillant, secrétaire du Correspondanl, avec une lettre de
D. Bernardiho Matin Minguez. - Deux lettres de M. Trogan 1 directeur
du Correspondanl.- Deux caries de Fr. José M. de Elizondo. -Leltre
de D. l\amon Menéndez Pidal avec une consultalion sur la parole
Requeté. - Indiscreciones, par D. Miguel de Unamuno. - Trois
lettres, une dépCcbe et deux carles do marquis de Cerralbo. - Lettre
de !l•• 1. Dáchelelte adressée M. Camille Jutlian. - Deux lellres de
D. Alvaro Alcalá Galiano. - Carie de D. Julion Paz. -Así nos tratan.
Pregunta y advertencia de Aforel-Fatio por el conde de Doña Marina.
- En desagravio, por Francisco Melgar, avec l'avant-propos en
minute. - Découpure de journaux sur l'allitude aliadophile de D.
Francisco )lelgar. - Porlrait et aulographe de D. Francisco Melgar
(America latina,, 15 mars 1oi;). - Deu1 leUres de D. Francisco
}lelgar. - Carie de F,. José M. de Elizondo. - Biblioteca de /a
banderti regional. Bio.1rajla de Don Jaime de Borbon. B. de Arlagan,
Barcelona 1 s. d , anc nne collection de limbres porlant l'effigie de
Don Jaime (Dios patria Rey). - Découpure de journaux. - D. Juan
Vá.sqnez de Mella, El úleal de España. Los tres dogmas nacionales,
Madrid, 31 mai 1915. - C. Irom, Espaiia, graripotencia. Prológo del

a

331

Excmo Sr. D. Juan Vásquez de Mella, Madrid, 1915. - El cardenal
]Jlercier y s1i cilebre pastoral. Opinión de Juan Vásquez de Mella.
Madrid, s. d. - LeUre pastorale de Son Eminence le cardinal Mercier,
archeveque de Maliñ.es, sur le palriolisme et l'endu,.ance, NoCl 1914. El cori"eo catalán et d'autres journaux sur la c~nfércnce du 31 mai 1915
de Juan Vásque,. de Mella.
202. Faucnnnerie eu Espagne. Brouiltori d"une étude sur la fauconnerie en Espagne, de M. Georges de l'rézals etde D. Ramon Zarco
del Valle: 11: l'un lient la plume fran('aise, l'autre les notes espagnoles ,.
- &lt;t Aulrefois, Bibliographie. n Leltre de D. Ramon Zarco del Valle á
M. G. de Frézals, Madrid, ,5 aoúl 1886. - « Aulrefois. llistoire,
chasseurs el faucons. 1) Cinq lettres de D. Ramon Zarco del Valle a
M. G. 'de Frézals, Madrid, 7 juin 1886 - ,. seplembre 1888. t\ Aulrefois. Langue et croyances. il • De nos jours )). Lettre en
anglais a M. ~ - Lilford, 22 février 1886. Qualre leltres de D. Ramon
Zarco del Valle a M. G. del'rézals, 15mars 1886-,6décembre1887.
- « Lois el coulumes . n - « Portugal. 11 - u Prouesses de faucons. n
- Coupure d'un journal: « La hazaña de un azor 11 1 par ~I . Gulierrez
Jimcnez. - &lt;t lconographie. » - 1t Document de fauconnerie des
archives d'Aragon. » - Lettre de D. Manuel de Bofarull a M. G. de
Frézals, Barcelone 1 18 février 1886. Leltre de P. Reman Zarco del
Valle 1, \l. G. de ~'rérnls, n septembre 1888. - «Autrefois, Arls et
lellres . 1i - tt Poésie. i - (t Libro de Cclreria de Cava de a¡;.or 1i,
Salamance, 1565. Extraits. - Documenls sur la fauconnerie extrails
des Archives du Pala is Royal de Madrid, de 159~ a 174,. - Documenls
ex.traiLsdesArchives de Simancas. Casa real, lcg0 44 1 45, 6oet Contaduria
mayor,¡, época, leg" 1017 et 1&gt;13. xv1• siecle. - Leltre de M. G. de
Frézals
D. Hamoo Zarco del Valle(?), 31 janvier 1886. - Sur
plusieurs dossier, il y a:« Vu et lraduit. S. O.» (M1" Sara Oquendo).
203. La guerre de i9i4-1918 (cleu;,; cahiers).
t. Académiciens franc¡ais en Espagne en 1916: u Déclaration de
M. Henri Bergsou » (Le Temps). - Mémoire de M. Aguero, ministre
de la République cubaine en:Altemagne, sur les visées de 1' Allemagne.
(Journal des Débats, 8 juin 1917.) - Alvaro Alcalá Galiano. La
verdad sobre la guerra. Origen J aspecto del conflicto europeo, Madrid,
MC}IXV (dédica.ce). - Altemands en Espagne. August H. Hofer
(Barcelona), Das Deulsehtum in Spanien, dans Der Turmhahn, juillel
1914. - La hora de la comida en la llamada &lt;1 Casa de los alemanes &amp; ,
en Barcelona, dan~ le Nuevo mando, janvier 1915. - Découpure de
journaux. - Leltrn de D. Rafael .\llamira. - D. Rafael Altamira,
Comrnent 1'ulformée en Eó:lpagne l'opinion favorable aux alliés, dans
le Petit Parisien du, juiu 1915. -Conférence de M. Rajall Altamira,
Pa•is, 19 ,3. - F. Martin Caballero, Impresiones americanistas, dans
le Boletin del centro de estudios amei·icanislas de Set•illa, t. 111, uum 8,

a

�33,

BULLETIN HISPA~IQVB

CATALOGUE DES MANUSCRlTS DE M. MORBL-FATIO

- Découpures dejournaux. - Lettres de M.. Quiñones de Lean, me
demandant d'accorder un rendez-vous au lieutenant-colonel Benitez.

Torra{xa, 15 janvier 1915. - Traduction en espagnol de l'article du
Correspondan/ el polémiques. - Cotare/o (D. Emilio). Le bénéjiciaire
de la prime par Pierre et Paul. - Cotare/o es germanójilo, daos El
Debate du 31 aoul 1915. - Rafael Altamira, Giner de los Rios ed1tcador, Valencia , s. d.- Lettrede M. G. Koechert. - Jnstilucion libre de
enseffanza. Programa, Madrid, 1910. - Lettre de D. Ram.ón Menéndez
Pidal.-'-Francisco Giner de los Rios. Datos biograjicos, dans la España.
- Gobineau et les races germaniques. Réponse de la baronne de Gulclencrone, née de Gobineau, dans le Temps du 8 janvier 1915. - Germania, Año I, núm. 3. Coupure de la Germania, año 1, núm. i. avec
« elocuentes manifestaciones para « Gormania &gt; del Excmo Sr. Mar-

- Armée espagnole. Extraits. - Azorin. Lellre et carte d'Azorin (José
Martinez Ruiz). Découpures de journaux oU a éclt Azorin. - Rafael
Ballester. Deux lettres et une carte. - Pio Baraja, De un germanójilo
d un suizo. aleman, daos I'lmparcial, ag octobre 1914. - H. Peseuxllichard, Un romancier espagnol Pio Baraja, dans la Reune hispanique, l. XX!ll (1910). - Basques. Euzkadi du &gt;7 el du 3o septembre
1914. Découpure du Temps. - Corpus Barga. Los personajes de

Francia hablan de España. Visita el Monseí'íor Baudrillart, rector del
Instituto catolico, dans La España, .lO janvíer 19 16'. - A la Belgique.
Manifes/e des catholiques espagnols, Paris, Pion, 1916. - Arturo
Campion, Bélgica, el 2 de mayo y los católicos españoles, Londres,
1916. - Jacinto Benavente, El año germanOfilo. Juicios y opiníoncs de
Vásqaez de Mella, Rodriguez Marín, Cotare lo, Carracido, Commelerán,
Satillas,Bonil/a y San Martín, Peñajlor, Ga_y, Saldaña. Año 1, 1916.
Deux arlicles de D. Jacinto Benavente, De Sobremesa, dans Los lunes
del Imparcial, B et :u février 1915 . - V. Blas.colbañez, Las atrocidades
alemanes . . Valencia, s. 'd. - Le romancier Blasco Iba,'tez dans le
Temps du , février 1915. - Breuil (l'abbé). Deux letlres de l'abbé
Breuil des ,1 el 27 seplembre 1915. La idolatría de lajuerza en Alemania y sus consecuencias par Enrique Breuil.-Calalans.Deux lettres
et une carie de C. ~lonloliu - Leltrn de M. Marius André. - Lellre
d~ M. Alfons Maseras, avec Los Parlamentarios Regionalistas al País
por Catalrtña y la Gran España . - Qualre lettres de M. Brutails . Lctl re de M. Cal melle. - Calalans fideles á la maison dº Autriche, par
Lichnowski. - Montanyes Regalades, janvier 1918, contre M. Bernard
Schaedel el D. Antoni M• Alcover. - La Barbarie a/lemande fiétrie aux Jeux floraux de Barcelone en 1915 ... texte catalan et traduction frant;aise, Toulouse, 1915. - Revue calalane, 9• année, nº 97,
janvier 1915, avec une leltre d'envoi de M. Alíons Maseras. « A Morel-Falio de I' Académie des Inscriplions et Belles Lellres .
Paris. » Manifeste. - Pere Corominas, Per l'amor de la Frant¡a.
Amb les uersions castellana y Jran9esa, Barcelona, 1914 (dédicace). Lellre de M. Alfons Maseras avec l'arlicle: Dans la Castille et dans
la Catalogne, par Eugenio Garzon . - Lellre de M. Alfons Maseras
avec le Manifest deis Catalans daos El Poble Calalá du ,7 mars 1915
(lrois exemplaires). - La propagande germanophile en Espagne, dans
l'lnformation, 6 mars 1915. - Manijesl deis amics de l'Unitat Moral
d'Europa. - Lellre de D. Jaime Massó Torrents D. Eugeni d'Ors.
- Marius André, Carta á Romain Roland. - · Resposta de Romain
Rolland, dans Et Poble Catalá, 25 mars 1915. - Les annales des
nationalilés, 4• année, nº 4, 19l5. - Marius André, la Catalogne el
les germanophiles, Barcelone, s. d. (dédicace). - L'Esquella de la

a

333

qués de Cerralbo i,, tontresignée: (( El conde de Doña Marina». -

E. Gorriez Carrillo, /1 n'y a pas de germanophiles espagnols, clans le
Afatin, 3 avril 1915. - Enrique Granados. Nécrologie par Pierre Lalo
(Temps). - Groupements lalins. La Renaissance du w mars 1915:
Les intellectuels espagnols el la guerre. - Lettre de M. G. LacourGayet. - Journaux espagnols interdils en France ( Postes el télégraphes). Liste de publications ... dont la circulation et la distribution sont
interdites, 1915. - Deux lettres de M. Jusserand, 21 et 13 avril 1915.
2. D. Juan de la Cierva 1 Iniciativas nacionales. Discurso ... en el
congreso el 20 de enero 1915. - D. Juan Madinaveitia, Despues de la
paz, dans España, 26 février 1915. -D. Ramiro deMaeztu, El caso del
D• Afeyer. - La guerra y el alcoholismo. - la guerra y lqs gremios,
dans la Nuevo Mundo. - Alanifesles en Javeur des Alliés : La· Revue
hebdomadaire 1 18 novembre 1916: Les académiciens espagnols en
France, par Raoul Narsy. - Manifiesto de adhesión á las naciones
aliad&lt;ls, dans la España, 1915, n° 24, - La lectura dominical du
17 juillet 1915. - Úl guerra Europea. Palabras de algunos españoles.
-

Lettre de la charnbre _de commerce espagnole

a Paris.

-

Carte

de l'Union fran&lt;¡aise. - Cinq cartes de D. Ramón Mefféndez Pida!. Lettrn de D. Ramón Martinez Sol. -Deux lettres de M. AlberlMousset.
-

Découpures de journaux. -

Visite des Académiciens espagnols.. -

Cultura alemana. Opiniones de/DoctoralemánAdolfoSchullen huésped
de España, dans les Documentos é informes del comité internacional de
Propaganda.- Don Santiago Gómez Santacruz, El Solar numantino ...
Madrid, 1914. - f:douard Harlé, La priorité de la découverte de
Numance, dans L'Anlhropologie, l. XXVI, 1915. - Miguel de Unamuno, LºEspagne, r Allemagne et la France, dans le Temps, du 16 janvier 1915. - Article d'Unamuno, dans la Iberia du 10 avril 1915.. Trois articles d'Unamuno : Deber cívico, La fuerza de la opinión,
Papeletas á la alemana, dans le l\'uevo mundo. - Pages acluelles,
1914-1915. L'opinion calholique et la guerre par P. fmbart de La
Tour ... suivie d'une lellre de Don Miguel de Unamuno, Paris , s. d. Unamuno y Zuloaga en Madrid dans España_ - Maurice Barres, Les

..

Bull, hi5pan.

•

�334

BOLtETffl HISPA.!'flQUE

afflnilés Jranco-espagno/es, dans l' Écho de Paris, du 8 janvier 1915du m. Les voix fran9aises de l'Espagne, dans l'Écho de París, du
g février 1915. - D. Julio de Urquijo, Lettre de protestation adres_sée
a ses collaborateurs de France des Études basques Sl-Jean-de-L1Jz,
16 janvier 1915. - Un traitre arr8le a A,-cachon, dans la France de
Rordeaux el du Sud-Ouest, du 29 septembre 1915. - Deux lettres de
O. Julio Urquijo, de Palacio de Setiaes, Cintra, 10 el 23 septembre
1915. - Minute d'une letlre de M. Morel-Fatio Urquijo du 18 septembrc 1915. - Trois lettres de M. Henri Courteault. -Deux lettres

.BIBLIOGRAPIIIE

1

a

de M. G. Cirot . -

Corpus Barga, Visita al hispanista Morel-Fatio, pro•

fesor del colegio de Francia, llans España du , mars 1916. - Raymond Lantier, La propagande J1·an9aise en Espagne, dans l¡,. Revue
de París, 1"' juin 19 16 (dédicace). - Letlre de M. A. Olorgel, Propa!JOnde espagnole. - Carte de M. lmbarl de La Tour. ;;- Lettre de la
marquise Arconali Visconti . - Deux lettres de M. Boris de Krjefrki.
- Lettre de D. Ramón Menéndez Pidal. - Letti:e de l'Administraleur
de la librairie Berger-Levranlt. - Deux lellres de M. G. Cirot. Lellre de M. Guerlin avec une lettre de D. Felipe Alaiz: - Découpures
de journaux. - Bibliographie.
A. MOREL-FATJO.
( A suivre.)

Fernando de Los Rios Urruti, Vida e instituciones del pueblo de
Ando,·ra, Una supervivencia se11orial. Madrid, 1920, in-8•,
164 pages et une carte.

M. de Los Rios Urruti, professeur

a l'Université

de Grenade, a

beaucoup lu et il aous en fait généreusement bénéficier. Nous vo:yons
défiler sur les pages de son livre, comme sur un écran, en outre de
Léon, de la Navarre, de la Galice, des Castilles, les Grecs, les Romains 1
les Suisses, les Gerrnains et les néo-Germains, les Hongrois, les
Slaves, les Orientaux et le reste. Le droit comparé est une belle chose,
mais qui n'est pas sans danger; que 1 pour comprendre les institutions
de l'Andorre, on fasse appel aux institutions d'un autre pays, ríen de

mieux; encore fa'udrait-il choisir. Toutes choses•étant égales d'ailleurs,
plus l'exemple vienl de loin el moins profonde doit etre l'analogie.
M. de Los Hios invoque, en un passage 1 Aristote, Cicéron, Machiavel
et Montesquieu; je préfererais qu'il se référilt a la jurisprudence des
tribunaux catalans ou meme du parlement de Toulouse.
Cette réserve formulée sur la methode, voyons comment sont
présenlés les faits el les usages dont il s'agit.
Le premier chapitre est un sobre el intéressant aper9u du Milieu
socwl de l'A.,uf.orre.
Le seoond chapitre traite de la J,'ormati.on lústori,¡ue. En 819,
l'occasion de la consécration de la calhédrale, Je comle d'Urgel aurait
donné l'Evéqueles paroisses de J' Andorre. Peut-etrele comle reprit-il
partie de 5.es droits, car, en 1007, il cédait au monastere de San-Cerni
certaines redevances a percevoir daos les Vallées et, en 1133, il
abandonnait l'Eglise toul ce qu'il possédail en Andorre. En 1176, un
accord reconnalt l'Evique Je domaíne direcl sur les Vallées, Cependanli des le xi" siecle, les - prélals baillerent l'Andorre en lief aux
vicomtes de Cabóet 1 qui les transmírent aux Castelhon et a la maison
de Foix . Des contlits furenl réglés, en n78, par la Paréage: cet acte
attribua nommément au comte de Foix certains pouvoirs, que le
comte déclara tenir en fief de l'Evéque.
A pricri, cette these est claire, simple. Elle l'est meme lrop : ainsi
que j'en ai fait l'oboervation ici méme ', la réalité eot heaucoup plus

a

a

a

a

1. Bulletin hispanique, 1918, pp. r86 et ss. ¡ 19~0, p. 31r,

�•
336

BULLETlN HISPANIQUB

obscure et ernhrouillée. En dehors des textes ut.ilisés par l'érudit
professeur, il en est d'autres, plus nombreux, qui comportent des
conclusions contradictoires a son opinion. N'en point parler, c'est
tourner la difficulté, ce n'est pas la résoudre.
:Mais le récit n'esL pas seulementincomplet, il esterroné; la documentation offre des lacunes et le commentaire, deS inexactitude(graves.
L'acte de 819, - don! la v-raie date est 839 •, - a pour objet la
juridiction ccclésiast.ique et nullement le pouvoir seigneurial. Le texte
est formel, et, d'autre part, si on recherche de quels territoires il
s'agit daos celte charle, on se rendra compte que l'ÉvCque n'en a
jamais été le seigneur 2. Voil.i. done ruinée la base de tout le systeme
bistorique édifié par M. de Lo• Rios. J'en viens au documenl de r 133.
Par cel acte, Armengaud VI, comte d'Urgel, fail donationa l'tveque
de tÜus ses droits dans les vallées andorranes ; il concede aux
habitants «en l'honneur dudit comte et de ceux qui viendront, de
posséder ce territoire ad empramenlun 1&gt; 3 1 c'est-8.- dire qu'ils en
déliendraient le domaine utile, le domaine direct étant réset:vé a
l'Eveque 4. Voila, du moins, ce que l'auteur a vu. On me permettra de
comprendre les cboses autrement.
Propter hoc ego prelibatus Ermengaudus laudo et concedo vobis jamdiclis bominibus ut abeatis ad 5 empramentum in meo honore et amparamentum de me et de meis hominibus meisque successoribus 6.
Honor signifie bien-fonds, seigneurie. Je traduis done:

C'est pourquoi, je susdit Armengaud, je Yous accorde, a vous, ci-dessus
nommés, le droit d'usage sur mes terres, ainsi que ma protection, celle de
mes vassaux et de mes successcurs.

En d'autres termes, Armengaud cElde aux Andorrans, non pas le
domaine ulile sur leur tcrritoire, - a qui aurait-il appartenu, sinon
a eux? - mais un droit d'usage 7 sur le sien, , in meo honore )l.
_Toutes les déduclions de 111. de Los Ríos relativement au régime des
alleux tombent du coup.
1. M. Ferran Valls Tabernera fait celte rectification 'dans les Estudis univcrsitaris
catalans, 19 18,
•
2. Baudon de ri-Iony est, ª"ec raison, tres affirmalif (Relalions poWiquts des comtes
~ Foi::c avec la Catalogne, t. I, pp. 58- 59). En 839, les comtes ét.aient-ils assez indépendanls pour constituer des seigneuries?

,7.

3. F. de Los Rios, Vida e,inslituciones, p.
ti •• Meme ouvrage, p. ~¡.
'
5. Baudon de Mony (t. II, p. 11, note), dit que le texte présente

•

a cet endroU un
blanc, &lt;1 enviroo la place de trois lettres :t. Je lis adtmpramentum, en un mot.
6 Baudon de Mony, t. II, p. 1 , 1 et F. de Los Rios, p. 132 .
7. M. de Los Rios renvoie a une Elude sur la loi Straa, oU j'auraís défioi
aulrement le mot emparamentum. Mais: 1" j'ai indiqué plusieurs acceptions possibles;
2" la loi Strate porte emparamenlum, dont on _peut ne pas faire un synonyme de
adempramentam; 3" un méme mot a souvent, daos divers textes, des 1en1
différeots.

�•
336

BIBLIOGJiAPHIE

BULLETlN HISPANIQUB

obscure et embrouillée. En dehors des textes utilisés par l"érudit
professeur, il en est d'autres, plus nombreux, qui comportent des
conclusions contradictoires a son opinion. N'en point parler, c'est
tourner la difficulté, ce n'est pas la résoudre.
Mais le récit n'est pas seulement incomplet, il esterroné; la documentation offre des lacones et le commentaire, deSinexactitudes-graves.
L'acte de 8rg, - dont la vraie date est 83g •, - a pou~ objet la
juridiclion ecclésiastjque et nullement le pouvoir seigneurial. Le texte
est formel, et, d'autre part, si on recherche de quels territoires il
s'agit dans cette charle, on se rendra compte que l'Eveque n'en a
jamais élé le seigneur ,. Voila done ruinée la base de tout le sysleme
historique édifié par 1\1. de Lo, Rios. J'en viens au document de r 133.
Par cet acte, Armengaud VI, comte d'Urgel, fait donation l"J:;véque
de taus ses droil6 dans les vallées andorranes j il concede aux
habitants « en l'honneur dudit comte et de ceux qui viendront, de
posséder ce territoire ad empramenlun n 3, c'est-8-dire qu'ils en
détiendraient le domaine utile, le domaine direct étant réseivé a
l'EvCque 4• Voila, du moins, ce que l'auteur a vu. On me permettra de
comprendre les choses autrement.
Propter hoc ego prelibatm Ermengaudus laudo et concedo vobis jamdictis hominibus ut abeatis ad 5 empramenlum in meo honore et amparamentum de me et de meis homfoibus meisque successoribus 6.

a

Honor signifie bien-fonds, seigneurie. Je traduis done:
C'est pourquoi, je susdil Armengaud, je vous accorde, a vous, ci-dessus
nommés, le droil d'usage sur mes terres, ainsi que ma protectibn, celle de
mes vassaux et de mes successeurs.
En d'autres termes, Armengaud cede aux Andorrans, non pas le
domaine utile sur leur tcrritoire, - a qui aurait-il appartenu, sinon
eux? - mais un droit d'usage 7 sur le sien, « in meo honore l&gt;.
_Toutes les déductions de M. de Los Ríos relativement au régime des
alleux tombent du coup.

a

1.

M. Ferran Valls Ta.berner a fait cette rectificalion "daos les Esludis uniuersitaris

calalans,

•

Baudon de Mony esl, avec raison, tres affirmalif (Relations politiquas des comtes
ck Fou; avec la Catalogne, t. I, pp. 58 · 59). En 839, les comtM élaient-ilsassez indépendants pour constituer des seigneuries?
3. F. de Los Rios, Vida &amp;instituciones, p. 37.
4.• Méme ouvrage, p. 4 i.
'"
·
5. Baudon de Mony (t. ll, p. 11, note), dit que le texte présente a cet endroil un
blanc, e&lt; environ la place de lrois lettres :t. Je lis adempramentum, en un mot.
6. Baudon de Mony, t, H, p. 11, et F. de Los Rios, p. 132 .
7. M. de Los llios renvoie a une Eta/U sur la loi Slrat!, oll j'aurais défini
ª!1lrem~nt le mot emparamentum. Mais: 1"j'ai indiqué plusieurs acceptions possibles;
2 la 101 Strate porte emparamentam, dont on peut ne pas faire un synonyme de
adempramentu.m ; 3' un méme mol a souvent dan 11 d.h'ers textes des sen,
difl'érents.
'
'
2,.

•

1918.

Dans I'accord de 1 ,,6, M. de Los Rios voit la preuve que le
domaine direct [de l'Andorre] appartenait a J:Eglisel)1. Soit, mais
alors comment peut-on prélendre que les familles de Caboel el de
Castelbon avaient l'Andorre en fief? L'auteur, nous le savons, a oublié
des textes: il en res le encore trop pour que· sa démonStration puisse
etre admise.
Au sujet du Pariage, je signalerai, une fois de plus, deux ou trois
inadvertances. que j'ai déjA relevées a plusi_eurs reprises chez d'autres
écrivains. D'abord 1 le Comte tient ses droits de l'Eveque, non pas u en
fief &gt;) mais &lt;&lt; en fief honoré i&gt;.; ce n'est pas la mCme chose. Ensuite, le
Pariage n'esL pas une concession faite au Comte par le Prélat, qui
aurait retenu tous les pouvoirs non compris dans celte concession;
c'est un arbitrage qui énumCre certains droíls attribués a l'une 'ou a
l'autre partie et qui, pour Je surplt.Is, maintient le~dites partiesen )a
jouissance de ce qui leur appartenait déj3. Cetle disposition est
formellement énoncée dans l'acte 2.
L'Orgunisalion polilique fait l'objet du chapilre 111.
Le temps a effacé l'inégalilé proclamée par le Pariage, &lt;1 la souverai•
neté seigneuriale exclusive de l'Eglise,d'Urgel... Une adaptation poli ti~
que aisément exp1icable a donné lieu au modus vivendi actuel, qui est
une co-souverainelé 3. J&gt; Souverainelé seigneuriale. est un terme peu
juridique: la souveraineté est une chose, la seigneurie en est une
autre. Quand mCme l'EvCque ~erait nelternent le suzerain du Comle,
H n'en résulterait pas qu'il est le souverain. Toute une facedu prohleme
échappe á \l. de Los Ríos.
Nous apprenons en passant,6 qu'il existe chez les Andorrans &lt;( un
désir pro.fond • de supprimer les tribunaux ci\lils de tercera sala et
de reporter leur compétence sur les deux viguiers et le juge des
appellations. Comme le juge connait déjh des affaires civiles en
seconde instance, comme il serail appelé, en troisieme instance,
départager les viguiers, on cooviendra que voila une combinaison
impoisible.
(&lt;

a

r. Op. cit., p. 43.
M. de Los Rios écrit, p. 58:

&lt;( Exclusivamenle tiene el conde de Foix. derechos
de caraclcr patrimonial, quedando el resto de los derechos in legro a favor del Obispo
e Iglesia de Urgel.» El p, 92: u Quedando limitado el poder de los representantes
de Foix por este documenlo ,. Or, p. 160 de son livre, il a imprimé la clause suinnte
du Pariage: 1: Nec per banc presentem seu novam compositionem prejudicium
eliquod generetur episcopo Urgellensi ... nec· comili Fuxensi..., circa hec vel in
hiis que quilibet jam recipiébat. in predicta valle seu vallibus et hominibua de
Andorra; sel quilibet ea recipialpaci6ce et quiete, sine contradicto allerius, sicut
retroaclis temporibus recipere i:onsueverunt, etceplis superius declarati:;. » Ce n'est
pas tout: le co~le de Foi1 pourra conlinuer 3 nommer Un viguier, lequel excrcera
les ml}mes fonéhons qu'auparavant (p. 139). Tout cela mel en pleine lumi6rel'erreur
de M. de Los Rios.
3. P. 63.
4. P. 86.

2.

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338

339

BULtETffl BISP AlUQUB

IUBLIOORAPRI:r.

En somme, que! est, se demande l'auteur, le .statut de I'Andorre?
L' Andorren'est pas une Répuhlique, notamment parce que la puissance
souveraine est en partio exercée par des élrangers. Cela est incontestable; ce qui est moins heureux, c'est de mettre en parallOle u le droit
qu·Q l'Etat espagnol de nommer, en qualité de- patron, l'évCque
cl'Urgel et le droit qu'a le peuple franQais de désigner le chef du
pouvoir exéculH)) '· L'Espagne n'a rien voir en Andorre; l'Eveque
n'est pas le mc,ins dn monde, dans les Valh'·es, le représentanl du
gouvernement de Madrid .
L'Andorre est-elle une principauté? M. de Los Rios ne le pense pas :
la principauLé n'est pas une calégorie d.u droit médiéval. « Le litre de
prince d'Andorre peut llatter la vanité de certains 1 mais il ne saurait
se légitimer scientifiqucment ,. n
L' Andorre, juridiquement, est aujourd'bui ceci : u une seigneurie
avec deux coseigneurs. C'est l'u1time survivance d'un régime universellement abolí ; c'est le dernier écho du Moyen-Age et de la lui
vient un vir inlérét archéologique et humain 3,,
Le quatriBme el dernier chapitre porte sur l'Organisation administra'ive: cuarls ou scctions, paroisses, Conseil général. L'auteur exagere sur
plus d'un point l'imporlance de ce Conseil. Ainsi le Conesil don ne« des
réponses pour définir la coutume; or, définir la coutume, c·esl légifé•rer,
lorsque la réponse a une valeur de décision, commeil esl de lradition i&gt; 4.
N'y a-t-il pas lit une confusion, et bien f8cheusc? Légiíérer, c'cst créer
la loi ou la modifier; constater la coutume, ce n'est pas la fairc.
Les dernieres pages étudient l'au tonomie administrativa de~ Vallées ..
La question étant présentement a l'ordre du jour, on peut se dcmander
si le livre n'est pas une ceuvre de circonstance .. Celle considération
expliquerait bien des choses ...
Done, on raconte que l'Andorre jouit de J'antonomie administrative
et de la propriété des biens domaniaux. J'avais fait obsener jndis que
les Andorrans ne produisent pas de litre et que le probleme doit Btre,
en conséquence 1 résolu d'apres les regles générales du droit; ar, tant
en France qu'~n Catalogne 1 les droits ancien et rnoderne nssurent la
propriété des biens domaniaux au souverain ou au seigneur. non aux
populations. La réfutation est intéressante: la France, on objec.te
que ses altribulions sont limilativement énumérées par le P&amp;riage; nous savons que le Pariage dit exactement Je contraire. - Quant
l'EvCque, on lui opposc «des pratiqucs séculaires 5 n1 sans préciser
autrcment, et on avouera que c'est vague.

On pafle de dófendre oontre lesconvoitises « les richesses forestie,,.,
et hydrauliques' n du pays. 11 ne faudrait pas confondre: forets et
rivieres ne sont pas soumises aux me¡nes ri&gt;gles. Que les autorités
locales prétendent a la propriété des bois. c'est ~dmíssible. Le cas est
différent pour les ruisseaux et les mines : ici le probl6me juridique,
plus complexe, se double de diffieultés d'orclre technique inaccessible,
oux Conseils de cuart ou de paroisse ·el méme au Conseil généraL M. de
Los Rios peut en oi:oirn lo vieil Andorran que je suis : les , pratiques
séculaires » ou plutot les prétep.tions dont il se constitue !'a vocal entralneraient de1 consóquences piteuses. 11 impol'le 8 l'intóri\t m~me dei
VaJJées de rejetor ce régime que des imprudents prétendenlinstaurer.
Jé me resume. Si M. de Los Rios avait voulu donner des preuves de
son érudition générale 1 il aurait parfaitement t•éuS&amp;i; mil,is cela n'étaiÍ
pasen question. Sur le point particulier ·qu'il avait l lraiter, a savofr
l'hi!toire et les usages del'Andorre, le savant professeura áté trap vite et
il a pris la plumo avant que son lnformation fut au poinl, 11 eherche le
litre fondamental de la seigneurie andorrane dana un document du
11.• siecle qui ne se rapporte pas aux droits seigneuriaux; il prcte a une
charle de Ir 33 un sons et une portée que cette charle n'a pas; il se.
méprend relativem.ent '11 des clauses essentielles du Pariage de r!178.
Sur l'un des points prir1:oípaux, M. de Los Rios a pleinement raison;
l'Andorre est une seigneurie en pariage 1 une survivance des temps
passés. C'est la vérilé historique; mais alors il e•t de bonna logique
de laisser aux deux seigneun, 1,urtout en matí0ré législalive -et «,:n
matiere dornaniale, le bCnéflce de celle déflnition. u Le Conseil
général, dit l'auteur, pénelro 1a vie oi,-ile da l'Andorre el on nurait du
mal a trouver une fonclion a lnqucllc sa compétence ne s'Ctende
pas,. n Un Parlemenl qui légH6re et qui administre, qui dispose du
domnino 1 qui jugc, pnr surcroit 1 et qui cassé les sentences des
magistrats donl la nomination lui échappe, serait intolérable daos une
République. Dans une &lt;t seig:n,eurie 11, cela ne se oonQoit mtlme pat.
Ratificr les cmpiétements 1 les confusions de pouvoir 1 les Jbus de tous
genres qui se oommeltent conLro l'autorité des coseigneurs, ce n'est pas
do pragmatisrne ou de la démocrntie, c'est purement de l'anarchie.
Constalons 1 une fois de plus, que l'Andorre exeroe sur les travailleurs
un attrait périlleux et qu'il ne suífit pas de parcourir en touriste les
gorges des deu• Vallées pour parler congrument des usages locaux.
Sans doute, M. de Los Rios Urrutl défondrait d'autres theses s'il avalt
priA le tomps de 1e faire une opinion personpelle 1 a.u licu d'ernprunter
~ des Andorrans paasionnés et dépourvus de toute compélence histo~
riq~e des theses qui ne se p~uvent pas soutenir.
J .·A. llRUTAll.~.

a

a

a

r.
2.
3.
4.
5,

P. 89.
P. 91.
P. 93.
P. 108.
P. 125.

•

1,

P.

126,

a, P. 108,

��3b

BULI.J;TIN 111SPA1''1QUE

a
&lt;t

croyance )J,

N" 13: v. 1 : confusion de 'a9ara (9-y-r) ,, rendre to! ou tal» avec
:a9ilra (9-w-r) • briser n.
N~ T4: ajouter majzü'- entre« metrcl) et« baúl'»,
N• 15: v. 6: le poete dit ceci: mon seul désir esL de te satisfaire;
si je cherche en toi autre chose que cela, Dieu veuille me le refuser,
Nº 16 : v. 3, wara{aka, Jire wariiqaka. - v. 7: qilii « haine • el
non e granáeur n; il faudra done « les causes de la hajpe» la place
de « les causes les plus élevéos »; qila ost également mal traduit
n• 15, v. 1, mais il est bien rendu n• 17, v. 37. - v. ,6, ali- 'ilal, Jire
al- 'ita/. - V. , 1 : confusion de mukralu¡" (parlicipe ·passé de
'akraha « forcer, ohliger ») avec makrühu• (participe pasaé de
kariha «détester, abhorrer n). Le sens du vors ost celui-ci: u Ce n'est
pas de bon gré que je mo consola loin de toi, mais je suis forcé de le
faire ... u.
N° 17: v. 13, traduire plutót: • O Abou 'Ámir, ou est done cella
fidélité (amitié), aio1·s que le mauvais destin dormait profondément
et que Jp vie élait heureuse ... ? n. Le poeta reprocho son rival d'avoir
changé de sentiment a son égard, ainsi qu'on le voil clairemont par
les deux vers suivants. ,o : confusion de wafa' u• • fidéJité 11 avec wafdtun &lt;( mort u1 ce qui, naturellemeat, fausse le sens du
vers. Le poete dit lt son rivaL ,&lt;Jo n'ai pas éprouvé de joiede ta fidéliié
(dans l'amitié), ni de peine de ton inimilié,. Cf. v. 13 et i7 ou wafa'11,•
est également mal traduH. - V. n ; 'aradh ne veut pas dire « malchance "; il y a opposition ici entre jauhar « subs~nce n et 'aradh
« accidenl •· - V. ,3: traduire 'aja pa-;: ,, etre effacé n et non par
l(etre touffu n. --. V. 24: confusion de nidhiiJu,n e,. action de lancen1
avec nudhdhiilu 11 &lt;1 vainqueurs )) ce qui rend fausse la, scansion du
vers. - V. 39, traduire plutót: "C'est assez, pour moi, d'avoir
cueil_li les fruits au rooment voulu, et de t'avoir autorisé aramasser
les fruits lombés sous J'arbre "·
N· 19: v. 6 et 7. On n'a. pa"s Jait ici attention a J'opposilion que le
poete exprime daos ces deux vers. « Dis /,, celui qui a pris rnon aban·
don pour religion, el dont l'amour est pour rnoi une religion : O toi
qui es trap généreux (qui fais peu de cas) de ma personne, moi, au
contraire, je suis tres avarede toi ... "· (Cf, n· 4, v. 2),
N· ,o: v. ,, traduction assez éloigqée du sens que voici: " ... Et
je plante mes désirs dans le jardin de ton amour, et, comme fruits de
ma plantation, je cueille la mort! ».

a

•

a

v:

1

343

DIBLIOGRAPBIE

meme au prix de la vien. Le poote dit: tandis que je tiens heaucoup
ton amitié, toi, au oontraire, tu fais peu de cas de la mienne (cf, idée
semblable, n• 19, v. 7).
N• 8: v. 1: a9-9ubh' u, lire li9-r11bh'i,
N· 11: v, 1 _: mad'habu" veut dire ici « maniere d'agin et non

Nº

:;,2:

v. 7 et 8, voici le sens exact:

ll

11 m·a visité en se cacbant.

mais il est bien difficile que la splendeur de la pleine lune puisse iitre
cachée par les ténebres 1 En oITet, d6s qu'il s'avanc;a vers la prison ... ,
sa présence fut signalée par la parure (qui tremblotait) et par Je
parfum qui se répandait. .. n. (cf. idée identique, n• 37, v. 16 ou la
traduction est excellenle) . - V. n,jannahi, lirejannati. - V. 10 et
11,

l'idéedu po6teestcelle-ci:

&lt;•

De mémeque, parmi les astros du ciel,

seula le soleil et la lune s'éclipsent, de m~me le mauvais destin n'accable da ses grands maiheurs que les grands hommes (cf. meme
pensée, nº ~3, v. H),
N• ,3·: v. "et 13, traduire plutot, « L'ancienne joie de ses jours
ne reviondra plus, ni la félicité de ses nuits n'est plus attendre,
moments ou J'échange de salutations ne se faisait pas (comme main•
lenant) par un signe furtif, et
la visite de l'amie n'était pas un
danger. .. 1i. - V. :;i: r, traduire le tn hémisticbe i &lt;t Les vents ont-ils
prise sur les piantes de la torre ... ? n, najmu •
plante sans tige, cf.
n• n, v. 10. - V. 37, takl1n, lire takun. - V. 4,: "Tu es la beaulé
de lon siecle pendant ta vie, el, apres ta n1ort, tu seras l'ornement de
l'hisloire ... ll ....... V. 45, 'dsinun, lire 'asan u", autrement le vers serait
faux.
Nº ,4: 1, qanli, Jire qatlL - V. 10: hawa qabli « lomba avant rnoi •
el non« s'esl élov{i dovant moi lL - V. 11: t'awat du 1'r hémisliche
doit ctre placé au commencement du deuxicme. ~ V, 36, le vers est
fan,; il faudrn saos doute ajouter bihi apres ta/¡fü; il en est de meme
du vers 38, oii il faudra probablement ajouler min avanl ba'd.,.
Nº ~6: v. 7, remplacer ma par wamii aprc)s nakü.nu - V. ~9, traduire t'alama par «que de fois, il y a longtemps que ... • et non
par« il y a longtemps que ... ne pas ,,.
l'\ 0 ~9 : v. 1,, nuhzahu 1 lire nuhzatu; lire aussi (atan «jcune
homme, braven et non/atü'un ((jeunessen. Le poete dit: &lt;tLesjeunes
gens ignorent-ils-que je suis (moi qui suis Jalo.hum= leur brave) la
proie de la tyrannie ... ?». Sur jata•, cf. en particulier Tarafnh,
Mo'allaqa, v. 4,, ~ V. 16, 'innl, lire 'abi.

a

ou

=

Nº 3o : v,

10: tt

O toi qui veux, par ignaránce, me conduire vers un

autre que Jui (sache bien que) la lumiere de raurore rend inutile le
flambeau ii.
N" 3,: Y. 17: ne pas confondre jiddun 11 eífort, travail soutenu »
avcc jaddu 11 « bonheur 1 succCs ». - V. 19, voici le sens: toutes les
fois que le destin fait le mal, il le fait volontairemenl, mais si une fois

il fait quelque chose de bien, il le fait par erreur et comme malgré
lui. - Y. 26: &lt;1 On ne doíl pa, pleurer la mort de l'un d'eux, car, il
est imrnortel par les belles actions, les souvenirs qu'il laisse ... • · V. 70, fad'hahiru, lirefad'hdhiruhu.
N° 32: v. 3, 'asa'a, lire 'isd'atu. - V. 1:J, 'it'dfaha, lire 'a'fdjahü..

�344

,

BULLETIN HISPAlUQUE

- V. 18 : « Apres toi, les malheurs les plus considérables paraitronl
insignifiants (tellement ton malheur est grand) ... ,.
N° 33: v. 8 et g: e: ~oui, sommes inslruits par ce qui arrive aux
autres, máis nos ambitieux désirs nous séduisent, et nous nous Jais•
sons tromper; si la morl doit t\tre le terme de toul vivant, peu importe
que 1a v'ie soil longue ou cour_te ». - V. 15, 'anfas-, lire 'a'anfas~
(cf. n• 5,, v. 13).
N" 34: v. 8, traduire le~$ hémisticbe: (t Comme les nuils éclairées
par la pleine !une sonl au-dessus des (surpassenl les) nuits fajblemenl
éclairées ... n ¡ btdh ul- liyri.ll, ce sont les quatre ou cinq nuits oll
le clair de lune cst le plus vif1 tandis que dura ll"', ce sont le!f trois ou
quatre nuits sombres au commencernent et éclairées vers la fin par
l'apparilion de la \une. C'esl done par inadvertance que dura'u• a été
traduit par (t montagnes &gt;J. - V. 16, il faudra suppriffier 'a!! du
1•~ hémisliche pour que la scansion du vers soit juste.
N· 36: v. 7: « Si un jour quelqu'un, fut-il doué d'une puissante
éloqucnce, essaie de décrire ses hautes qualités, il sera comme un
muet (lellement elles sonl nombreuses). "
N• 37: v. 48: confusion de cha 'wu" « le poinl le plus éloigné,
extrémité )) 1 avec chii'un H moutons, brebis ,,, ce qui, naturellement,
-a faussé horribleme.nt le sens du vers. Le poCle dit ceci: « Demande
aux aulres rois qui le jalousent : quand done le cheval né de vil
étalon (non arabe) a-t-il prétendu dépasser aux coµrses le coursier'
de noble race qui arrive toujours le premier au but? &gt;) - V. 49,
'alaisü, lire 'ala!sa. - V. 51 : confusion de bahat u elle a rivalisé de
bea~té&gt; (3' fo;me de bahii « Mre beau ») avec blihat « elle ,·esl
rappelée n (1" forme, racine b-w-h); 'a!.!juhu" signifie &lt;( visages 11 et
non « apogée •· Le poete veut dire: « En possédanl Benou 'Abbad, la
terre a pu rivaliscr en beauté avec le ciel, car leuts visages sont des
soleils et leurs mains sont beaucoup plus riches et plus généreuses
que les nuages du ciel (qui donnenl la pluie). - V.-68: il s'agil icisi du moins il n'y a pas de faute d'impression - de qunyatu11 • acquisition 11 1 et non de qalnalu" (( filie belle, esclave chanteuse»: &lt;( Pour
lui, la louange esl la chose la plus précieuse qu'on possede "·
Nº 39 1 v. 10, ne pas confondre wa-raqqa « •.. et il devint mince,
diaphane n avec waraqun &lt;1 feuilles ».!
. N· 41: v. ,, 'arafab, Jire ·a~afat. - N· 4,bis: v. 9, jira, Jire
firüri.
N• 44 : v. 1 : « Tu m·as reviltu des plus larges vetemenls de la
maladie ... », c'est-3.-dire u tu m'as rendu tres malade )l.
Nº 45: v. 6, fadii veut dire « écho n et non &lt;&lt; mort ~- Lo sens est
ceci: &lt;e Tu as appelé la victoire, et elle t'a répondu : me voici; tu n'as
pas ressemblé a celui qui appelle et a qui répond l'écho (de sa
voix)».

•

345

BIBLIOGB.APBI.I

N• 51 : v. 14, al- 'ud' ru, lire al-ghadru. - V. 181 but'iinunn,
ire bal' nu'', etc.
Relevons encare quelques erreurs qui. se sont gNssées dans la
premiere partie:
"
Pag 27, note 1, vers t: • AprCs celte séparation, n'y aura-t-il
done plus, pour"'nous, de mayen de nous réunir, afin que chaque
amoureux puisse raconter 3. l'aulre ce qu'il a rencóntré (en fait de
souffrance ... ) l)
P. ,8, note,. Le jcu de mots csl impossible dans le mol Mochlari
planete Jupiter. 11 ne faul pas oublier que le participe muchlari
veut dirc uniquemcnt u acheteur n; c'cst muchlar&lt;i qui signifie
« acheté1&gt; ¡ or, Ja forme muchtarl est exigée ici par la rime, autrement
il faudrail supposer une licence poélique ( 'iqwa 'u") plus que rare.
J/. 42, note 3: confusfon de-'ahiibu (1~ forme) « j"éprouve de la
crainte, du respect n _avec 'ahiiba (4" forme au prétérit) « il a invité, .
On n'a pas réfléchi que le verbe haba fait l"aoriste 'ahabu avec
maintien de - a-.
P. 43, note 5, au lieu de lan, Jire 'an. ll faut done traduire
le i" hémistiche : • O vous donl il nous sera bien pénible de nous
séparer ... &gt;, et non pas e&lt; O vous qui vous étes montré bienfaisant a
notre égard, apres nous etre séparés de vous ... »; car, 'azza 'al&lt;i ne
veut pas dire « se montrer bienfaisant envers ... &gt;, mais seulement
« elre dur, pénible a...».
P. 97, note,. La pensée exacle du poete esl celle-ci: « Si le feu ne
brUlait pas ce qui l'avoisine, on ne reconnaitrait pas la bonne odeur
du bois d'aloes (que l'on brule en guise d'encens) ».
P. 101, note 1. Le seos du vers de Motanabbi ne parait pas completement rendu; car, au lieu de: « Et je n'avale, A me suffoquer, point
d'eau si je ne sais que vers cetle eau a campé une famille d'amis J), il
faudra plutOt traduire: et Et síje me suffoque en avalantde l'eau, c'est
parce que cetle eau me rappelle l'eau pres de laquelle campenl les
parents de mon ami e n, etc.
En terminant, nous prions l'auteur de .voir dans ces quelques
observations, non une critique, mais bien plutót la preuve que son
travail nous a vivement inléressé et que rious l'avons lu tres attenti•
·vement. Nous saYons bien qu'il est toujours délicat d'étudier un texte
arabe, surtoul_quand il s'agit de poésies, et qu'il est difficile d'éviter
dans le délail toute imperfection et faute d'impression. Nous reconnaissons done volontiers la valeur de cette étude et le méri te de son
auteur; nouS souhaitons qu'il poursuive ses ;echerches scientifiques
sur l'histoire des Arabes et qu'il n~us donne bientot f)e nouveaux
travaux qui seront certainement bien accueillis par les cercles
arabisants.
MICBEL FEGHALI.

=

a

�346

BULLETm RISPAlUQUB

BIBLIOGJlAPRIB

S'• Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz (Bocetos psicológicos)
por Juan Domínguez Berrueta, Madrid, Beltrán, 1915, 69 p.
petit in-8•. - S. lean de la Croix '1542-1591) par Mgr Demi-

comme les autres personnages de l'histoire; et cela ne les rapeti&amp;se
point, au conlraire. C'est ce qu'a su mettre en lumiCr~ M. Domíngoez
Berrueta daos le Bocelo psicológico dont j'ai donné ci-dessus Ie titre.
S'il y a un élétnent qui nous échappe, qu'il soit divin ou, en défini•
tive, simplement inexpliqué, mettons-1~ en marge sahs discussion
oiseuse. Faisons, de méme, la part de la légendc en mettant celle-ci
part; et attachons-nous a ce qui est vraisemblable et sllr. Pour un
saint du xv1.. siecle, il me semble que ce n'est pas impossible. Cambien je p1·éíere un de ces épisodes qui marquent la conftance de Jean
de la Croix en Dieu pour ce qui touche aux nécessités Lemporelles;
par exemple celui qui se place
Grenade: les provisions arrivant
juste 3. point, sans qu'U veuiJle qu'on se melle en quCte. Tl faut
aussi le voir confectionner lui•meme la décoration des creches pour
la Noel, Baeza, et diriger la représentation de rudimentaires .autos al
Nascimiento; ou .supporter une·opéralion douloureuse, sans broncber.
Et cette lettre de la Mere Thérese, qui aurait pu elre citée, et ou elle
dit qu'elle s'esl fachée parfois contre lui: elle ajoute, il est vrai, q11'elle
n'a jamais vu en lui uneimperfection (letlre citée par Mir, ll, p. 96).
Thérese se ruchan\ contre Jean de la Croix, contre son Senequita :
voila des saints vivants, et non de saintes images en pierre ou en

muid, Paris, Lecotfre, 1915

(2'

éd. 1916),

210

p. in-24.

La helle collection « Les Sainls •, á laquelle appartient le second de
ces volumes, est jusqu·a présent assez peu orientée vers l'Espagne. Je
note le Saint Fran9ois de Borgia 1 par Pjerre Suau, et la Sainte Thérese
d'Henri Joly. C'esl lout, avec le Saint Jean de la Croix. Raison de plus
pour dire au moins quelques mots de celui-ci, a l'occasion de ~a
2• édition. Espérons que sur ce mystique nous aurons bientOt beau•
coup mieux, et sur sainle 'fhérese aussi. En attendant ne déprécions
pas les amvres de bon ne Coi, méme médiocres.
Dans sa préface, qu'il nous prie instammentde lire, et que j'ai lue
(aucun mérite: elle tient une page), Mgr Démimuid tienta nous faire
savoir que sa principale documen_talion lui a été donnée libéralement
par le P. Grégoire de Saint-Joseph, le lraducleur des Leltres de sainte
Thérese. Dont acte: l'auleur ne pouvait d'.ailleurs mieux recommander son amvre qu'en s'acquittant de cette dette de reconnaissance.
11 se concilie l'attention dCs le début d'une autre maniere: par la
critique qu'il fail des déposilions des témoins qui comparurent lors
des procE:s de béatification, touchant le miracle, par trois fois répété
avec des variantes, auquel le saint 1 enoore enfant, aurait dü son salut.
On aimerait peul-itre pareille indépendance par rapport a la tradilion
qui fait reman ter !'origine du Carmel au propbete Élie. Aulant valait
n'y fair~ qu'une allusion 1 puisquerien n'ohligeait, en somme, ada van•
tage. L'auLeur peut, il est vrai, faire valoir que cette tradition a dti
avoir quelque influence sur son personnage daos le choi:x d'un ordre,
aussi bien que ce qui est raconté de la regle donnée en 12 14 par
Albert, patriarche de Jérusalem et de l'apparition de la Vierge au
pape Honorius. Je dirai meme que le scepticisme, m6me le plus dis..
simulé, eUt été déplacé jci, aussi bien que la discussion sur l'authenticité de pareits faits. Et ce n 1est pas sur ces préliminaires que nous
pourrone juger le travail de Mgr Demimuid, pas plus que ce ne sont
ceux qui nous iqtéressent réellemen\.
Par conlre, on aurait aimé encore plus de réserves (il y en a) touchant les dires des témoins qui déposerent aux proces de béatification,.
ou propos des récits ..plus ou moins extraordinaires qui tendent
prouver des dons ou des pouvoirs surnatu.rels: telle l'histoire de cette
jeune religieutie de l'lncamation qui avail signé un pacte avec le
diable (p . 181). Tout cela est loin de produire la elarté 011 nous voulons voir.m0me les saints: ce n'estque l'ombred'une fantaisiepieuse.
Les 88ints penvent etre étudiés historiquement et d'une fa,¡on critique

a

a

a

a

a

bois I\

Mais ce qui nous attire surtout 1 c'est la partie vraiment historique, l'exposé de la vie active du saint; et nous y arrivons dbs le
chapitre II, avec la réforme des Carrries, dont il fut selon le P. Mir
(11, p. 57) la« premiere pierre fondamentale •. Nous suivons done Jean
de Yepes, devenu successivement Jean de Saint-Mathias-et Jean de la
Croix, á Duruelo (1568, il n'a alors que vingt-six ans)•, á Mancera
(1570), a Pastrana, a Alcalá de Henares (1570), partouL 011 il innove,
par son exemple et de sa personne, la réíorme des Carmes; .i. l'fncarnation d'Avila ( 1572 ), 011 il dirige pendan! cinq ans la conscience des
Carro.élites, oU, en m~me temps que sainte 'Thérese: it aurait eu, suivant une relation, les faveurs du ravissement (Mir, II, p. 223 et s.), et
d'oU vinl l'arracher la fureur des Miligés. Enfermé, a TolE:de, daos un
ignoble cachot, et soumis aux plus odieux traitements, qui justifient
assez les craintes de sainte Thérese .á l'égard du P. Gratien, il réussit
s• enfuir dans des circonstances voisines du:miracle (Mir, 11, p. 432 ),
racontées ici avec une sainte candeur qui en releve le piquant et le
fantastique. La re~anche des adveN3aires, qui emprisonnerent le
P. Gratien et le P. Mariano, l'abandon général ou sainte Thérese
parait alors tombée, semblaient néanmoins avoir eu raison de la
reforme. C'est it ce moment que la volonté de l'hilippe 11, signifiée au
nonce Sega, fit tourner le ven!, Bientot les Déchaussés eurent un

a

1.

Cf. Mir, U, p. 9$.

�348

8ULLETIN HISPA.!fIQUB

supérieur pour eux (sinon a eux, puisqu'il était choisi parml les
Mitigés), le P. Ange de Salazar. Puis, malgré l'opposition des Mitigés
d'ltalie, el grace a l'appui de l'ambassadeur d'Espagne, du cardinal
Sforza et du futur Sixte-Quint (cardinal Montalte), ils obtiennent de
· former une province autonof!le, dépendant, il est vrai, du général de
l'ordre des Carmes, mais gouvernée par un provincial de leur
observance (1580): siluation provisoire qui ne dura que jusqu'en
1587 1 oll Sixte-Quint, les constiluanten congrégation, leur donna un
vi"caire général encare dépendant du Supérieur de l'Ordre; et celle
dépendab.ce se termina en 1553, par la Bulle de Clément VIII, qui
promulguait l'entiere séparation des deux Ordres.
Pourtant, pas plus que-pour le P. Gratien, premier provincial des
Carmes déchaussés, chassé de l'Ordre en 159'.l, cette période d'ascension vers le triomphe n'est, pour Jean de la Croix, celle de la tranquillité. Apres son séjour au Calvaire, oll il est supérieur,
Baeza,
oll il est recteur, a Grenade, son élection comme membre de la Consulte fut l'occasion de dissentiments graves avec le P. Nicolas. Victime des rancunes d'un confrere, le P. Diego Evangéliste, il est relégué, avec·son assentiment du reste, au couventde la Peñuela, Ubeda
enfin, oll il est traité· comm~ un pestiféré par le prieur. Apres sa
mort, qui ne tarde pas (1591), Ségovie et Ubeda se disputent son
corps el se le partagenl (a aucune époque peut-etre on n'eut, en Espagne, ce point la passion des reliques). 11 ne devait litre béatifié qu'en
1675, et canonisé qu'en 1¡,6.
Outre le P. Nicolas Doria, deuxieme provincial et premíer vicaire
général du Carmel réformé, el l'odieux P. Diego Evangéliste, nous
voyons défilet d'autres fi¡;ures: le P. Antaine de Jésus (de Heredia),
C&lt;&gt;mpagnon de Jean de la Croix (les deux faisant, comme disail plaisamment sainte Thérese, un maine et demi, car Fr. Jean était tout
petit et Fr. Antaine assez bel homme) et prieur de Duruelo, le
P. Ambroise de Mariano, le P. Balthazar de Jésus, Jean de la
Mis8re, le P. Jér0me Gratien. Quel Sainte-Beuve nous fera revivré ce
milieu,
Mais la figure qui dominerait, c'est bien enlendu celle de la
Mere Thé,ése. C'esl d'ai!leurs peut-elre
cause d'elle que Jean de
la Croíx nous intéresse le plus (A ÍOrt?), vu ce que nous savons de son
autorilé sur elle ..
On comprend incomparablement mieux la grande réformatrice et
son reuvre quand, au lieu de la considérer dans l'isolement relatif du
premier plan,on s'attache a l'un ou a l'autre des grands seconds róles
qui lui donnent la réplique, si je puis me servir d'une image bien
profane. Suivre taus ses mouvements comme s'il n'y avait qu'elle en
sOOne, c'est bien: mais il faudrait aussi regarder les autres acteurs, si
l'on veut saisir tout entiere l'action qui se déroule. On voit alors,·sans

a

a

a

8IBLIOGIU.PBIE

349

rien rabatlre de l'initiative de la sainte, que le mouvement de réforme
a ~té assez ?énéral alors chez les 8.mc~ d'élile, qu'il était « dans l'airi&gt;.
D autres f~1t~ montrent aus~i que ce mouvement n'esl pas exclusiyeme~t parh_ d ~n has, du cceur de quelques religieux ou religieuses~
ma1s auss1 ,d ~n haut: Parmi ces fai.Ls 1 la venue en Espagne du
P. Rubeo, general de I ordre du Carmel, est un des prodromes lesplus
1mmádiats (cf. Mir, 11, p. 9 et suiv.).
,\. l'oomTe écrite de Jean de la Croix, i\lgr Demimuid, utilisant les
Lellres du P. B~rthier, consacre a peine le quart de son volume C'est
p~u, pour expUquer la protluJtion d'un mystique de cette envergure.
C est_pour~a~t un peu ~e cl arté sur&lt;&lt; les hauteurs oll ceux qui ne sont
pas _1llumm?s o~l pern_e a le suivreo, comme dit bien justemenl
~~: F1t7:maur_1ce-Kell)'(ltllérature espagnole, p. 259). Et ceserait assez,
s tl éta1t vra1 que loulc Ja doctrine de la Subida del A!onle Carmelo
tient en trois quatrains que commente notre guide mais oU pcrce
~urlout, l'imporlance des anlilhCses dans ccttc éthi~ue éprise. cl'absolu. C est assez, en tout cas, pour éalairer déjíl un pcu la vie in lime
de sainte Thérese. Celle crainte des -Ca\'eurS di\"ines, qui lransparait si
souvent dans ses écrits elle, n'est-ce pas ce que préche l'autenr de
Noc_he. esc~ra .del alma? Aussi b_ien la doctrine mystique résumée par
~Jg~ Dem~mmd a~ec une netl~le non trompeuse, j'espere, parait-dle
avoir son 1]1ustrat1on dans mainte pnge de la Vida écrite par la sainte:
on nous_ en donne du reste un exemple froppant (Vida, cb . XX:).
Est ce l'rnfluence de l'un sur l'aulre de ces deux saints~ Esl-ce refftt
de fa logiq4e mf:me des 'choses ~
~ogique et poésie sont cleux éléments essenliels de ce mysticisme.
)la1s Jean de la Croix ne verse pas la poésie uniquement daos ses
vers, oll la sensualité n'est que symbole, et dont la fraicheur a rnallirureusement quelque peu souifert de l'abus qu,on a fait, depuis, des
memes images et des mCmes gémissements :
1

a

1 Oh noche, que guiaste,
Oh noche amable más que el alborada,
Oh noche1 que juntaste
Amado con Amada,
Amada con el Amado transformada J
En mi pecho floridO,
Que entero para él solo se guardaba 1
Allí quedó dormido,
Y · yo Je regalaba,
\ el ventalle de cedros aire daba.

a

El aire del almena
Cuando ya sus cabellos esparcía
Con su 114ano serena
En mi cuello hería
Y
Bull. hi&amp;pan.

todos mis. sentidos suspendía.

�3$o

BIJ~ -

Ll poélle .. IIOUYII ausú datt&amp; .. prole, Mgr tHmlftlllld Clle · Ulle
image, qui, par la jullellJe, ·•11 moine apparenlé, MI • - leialaaanle: !'Ame compaÑe ·aa morceau de bois IOUltlia l faclloa _
du fe11.
lli la penaée de saiot Jean de la Ctolll. klaire la vle el l'o,utte
de •ainte Tbére.1&amp;, elle y trouve auHi tob cot,-ecllf, au molnt .
en ce qui 1oucbe la cootemplatiOD, La saiole ne conrnnil pa1
avec oelle-cl la perfection et ne la croit p11 lodi1pelllllble; l 11nuve
ce oojam,n, di\ l 1a plume 81 voloolien humorlalique el cité ptr
. M. Berrueta daos . IOn OpUICille : • DIOtl DOI llbte de gettltl tan
eeplrilual, que todo lo quiere hacer co111en1pltclon, d6 donde
diere ... •· Sana doute Jeao de la Crolx; en maliere de myetlélsme.
.,., un paychologue et un expériméJltal; mais Tb4Ñllé l"eel enoore
4-vanlagé.
•
.
. . .
Jean de la Crob esl úne dea figures ioléressantes, ma,1 ti a
~ttl auaai une des flg,ires loqulélantee du xn• siecle eepagnol.
Eet-ce parce quºon. l'.avait mal compris, ou parce qu'on avall
défiguré ses écrils~ Toujourt1 eat-11 qu'il n'a paa lnqul6té •~uleinenl de aon vivalll, mais aussl aprés ,a mórt, des gen, qu, lle
coosidéralont pn les queeliooa de doctrine a1ec l"ioaouolance deo ·
pblloaophes et né preoaieot pas a priori II d&lt;!!en1e des my11lquet,
comme oo le fait · Volooliera 11uJourd'bui par dlleltlhtl&amp;me. Dane 1t.
Corre,p0ndanu d4 M, Lollil Tro1110n, troi1iltn1 1up1rkur de &amp;lnl·
SWpice, édittle par J'abbé llerlrand (Paris, 1go4), oous liacm1 ceci Ala
dale de 16g6 :
Lo Jlvre du B. Seen de la Croix est boo, el on a bien éclálrd

lolilés lea

proposlllons qui ae trouvent daos ses ct,uvres, el que quelques pem,nnea
peu m7lllques n'apprOllvalent JIIS (t. 1, p. •67).
·

poa,an

La'. queslion est de sa,oir que! leste lºabbé Troolire ...
Quand il s'agil dºapprécier la • valeur lilléraire de l"~uv": n,
Mgr Demimuid 6'l dérobe rapid?~ent. 11 M conteole _de a_ter
des autorilés qui ne sont pas precitémenl modernea : V1llemun,.
1&gt;emogeot. 11 faudrait connallre toule lt lyrlqu~ espagoole du
xv1• siecle pour mettre A •• Pla&lt;:9 un lel ~ - Ce "61&amp;-la de•~!'
forcément échapper 1 quelquºuo qm y esl ao peu profane, ce qu il
· semble.
La plaquetle de M. Berruela i laquelle j'ai tléjll fakallusion, conlienl
deu, cooCéreooes luea a l'Uoiversilé de Salamaoque el consacréea
ruoe sainle Thérese, l'autre sainl Jean dela Croi1. 11 esl dºaillenn
questioo dea déu, sainls daoa !"une comme dana l'autre. La premihe
esl peul•élre la plus agréable, parce qu'elle fai, ne.oorlir dºune Ca~n
piqnaole le vrai caractens de la oaiale, La - • est pl'!ll&gt;I une

a

a

a

-•!Mi.....

...IQIJI

3&amp;,

~ • \111 li.tllhlltaÍe l iMII elll! 1k11U ljljlOfÍé tul fell-1gllffll6llt
~ ... ai6Ilflahlt !
4ot • ,,,... lfl,i/o Jtalldti, 481
:111■,l111o ti, lfdl81ftt lll!llor 11d Abdft!I, 1161Uf11 da Ullllli-teros •
..... -.11, - tt,lwe. de l'Ulli1'8fslW de llllllln1•aqué; da i&amp;65 l 1&amp;ea,
Gllllllll.,.,,., (M11411111 e, •m), l!i 1111 1911 COllllbe "6h;go •.
G. &lt;lUl.01'.
.

e-•

O ~ t ó 4b

,,.tl/idade,

cU Lula Pella Cru, noira edifáó

· ,o,.Jo,,,. d tk i 6bl I publicada por Edgar Pn!lllage1 éoimbn 1
lmpNBlll-cla tJaiTertldade, •fl•tlt 41 P•

t'bfifl'aa'e tillm¡i,lm6 par 11. Jlresiage ilait de,e11u prééque introu"ilflft. 0A ll'lill c611oalilalt ,¡ue deux exemplaires. 11 nous reoaeigne
jjlf U. ~ód6 lmporiaole de l'blsfolre d'Angola, c¡elle t¡u, va da 1 ~ 1,
dall! iL! l'appaílllon sur la c&amp;le al'riclloe de é:oroefüe Jol, dlt Jambeill,.lkrit, Jdstpi'l la d6Uvrsnoe de Loanda ~t Correia de Sá e lie..avides

ill 11141. C'eal le rkll d'un Wmoln ocule.lre. llaia il tend a aggraver
111 tAtta die HóllmcWs. !:11 outi-e, le catbollclsme exalté de J'auteur

r.11-. cléue bilervmlr fa tlrondeoce. 11 n'est paa douteux, comme
1'lll'lll6 Lata lells !=nu, qne la Colooie tu I altaqude 10 Dl41pria do
dftllc iltls pos, quaníl un lnl6iil COlllmun rapprochait lea l&gt;ro'fÍnoaelfni.&amp; et le l'ortul,ál conll'e fes Espagool1, ao moment ¡,deis oa del
~ 0 1 1 1 ~lent d~l eogapea, apreio l'aveoement de Jean W,
pllUt lé' nlla:bll1aeo:16Dt de la palx el la conctnaion d'une alliaoce
lllll'lliJé.

Pendtnt

les aonéee qu{ suMnnt, la prniaon d'Aogoja,

pf!Wa d6 ,16,tle ooolinttoícalióo

ávec la c6te, meoac4e d'un aouH¡yemeal ~ dee Sobu qui preoaieot le parti du vainqueur, harcelée
par les lacursloiu aubites de la reiDe Ginga, depuia Jonglemps en
molle oovarte, eut de la peine II se maioteoir aMa,;aogaoo. Tut6t
11N ■I CSlldl
Glllldllllh liDmllMtlW fflll. lal lm¡IIINII ud édlledll
■apsieur en nombre, tanlOI, pllllllé a • IIOIII flU MI felllllon1, elle
repmiall lelt armea. Let renforls de la mélropole -ne lui parve11alent
qll'l de ntilé láteñáll,s. 11 6tal1 plus qu'évídenl ctue la ltollaode Íe
rétuuit l U:á:liler l. claos68 du iralkl. L'am,'8 dea ageo!a de la
Connia,nle deo fndes occldeolalea, porteara de m-¡ea pacific¡uu,
an~t preaqae teaJoura de nouveaux -piélemeota, D'aolle

*

,-11,

r~.•·fr.-•

•• Je •'"""- de_poder '8 f6d11Íoa deo 06ra ül ál,Uoo Sa ; _ • la
Cllt (lfts,,o,.., da1II .. Jta1 8'fut • - • d'j¡,fnW61f - léolean dos

. . . . . ' .......... A.a l l l l - llflpltlftlltt 81 lrifde 11111H dfaf
..- _t.,_
de laCroiu,
Dom PI,. CbeTOller dau ua aulre, ialllul, «te Cono&amp;

•-••o

..... opillluel de IOjal ~ de la Crolu-1-U '1&lt;I llllerpoWh lhls Jo don aú mo1ao
..,._. 1111 f'mn...,. ,ta P.
1111 8. 81111-ld, "'-'- " .. f&gt;odM-

&lt;• • .........,1,1l)IIIUl-dl di 11. lewiNll-.

~
- IIIIIW • Mrl/t (....._., 11d~ o6 l'OII llóllWfl ;liñliun .,..__~P4-tlNla&amp;1eaaÑlaGni&amp;.

le

�352

353

BULLETlN •HlSPA!lilQUE

BIBLIOGRAPHIE

le roi de Portugal, craignant de rallurrier la guerre en Europe, s'était
prononcé officiellement pour le slalu quo. Cetle situalion équivoque,
que les deux gouvernements, _ponr des raisons dinrses, évitaient
d'éclaircir, dura sept ans . CoL·reia de Sá, en 1648, avait-il reyu l'ordre,
comme le prétend Cadornega 1, d'expulser les Ilollandais parce qu'on
manquait d'esclaves au Brésil, ou l'avait-on chargé Seulement - c'est
la version du Manifeslo das ostilidades - de se forlifier dans une
posilion d'attenle
Quicombo) Le lcxle réédilé par M. Prcstagc
ne fournit, pour trancher la question, aucun argument décisif. On
peut supposer, néanmoins, que le gouverneur était encouragé par des
·inslructions secretes prendre une initiali-ve donL la monarchie devait
le rendre responsable en cas d'échec . ll est a remarquer, en effet,
qu'il amenait de Rio de Janeiro 700 ou 800 hommes, ·qu'il résolut de
brusquer l'attaque, avec le plein consentement de ses capitaines, apres
un naufrage qui avait enlrainé la perte de :wo faatassins, en.fin que le
combat, mené avec une vigueur exceptionnelle, lui c01lta plus d'un
liers de son elTeclif. Dans la lellre ou Jean IV fail part de l'événement
au marq~is ·de Niza 1 son arnbassadeur, il s~efforce d'établir qu'il y avait
eu provocalion et rejette la faule sur ses adversaires . Ce qui se dégage
netlement de cette narration sans appret, éma-Ulée pourtant de quelques citalions de l'Arioste et de Guarini, c'est l'habileté de Correia
de Sá qui profita, pour surprendre la ville, de l'absence d'un corps
expéditionnaire envoyé contre les Portugais de l'intérieur, qui facilita
la r-etraite des v:aincus par une capitulation avantageuse eL réussit, en
employant tour a tour les pi-omesses et les menaces, a rallier les
Sobas . Tout nous porte a croire que le roi avait préparé savamment ce
hardi c&lt;:mp de main.
G. LE GENTIL.

main. Avec lui nous parcourons les quarlicrs délabrés , les ruelles
tortueuses . 11 évoque le passé des corporations, si prornptésjadis
8 braver l'éveque et la monarchie. Nous les voyons lransporter
leurs pénales de la ville haute a la ville l.Jasse, du fleuvc au largo
de S. Domingos, invoquer l'appui de Jean"l.11 contre les propriétaires
exigeants ou récalcitrants, batailler, pour le maintien de leurs
privilCges,\ avcc les forains et les colporteurs. Parfois ce sont les
fommes qui poussent le cri de guerre et lapidenl les agents du roi.
On peut suiyre ainsi, a travers les si8cles, la vie turbulente et
pourtanl laborieuse d'une pelite bo1lrgeoisie qui ne délCgue se.s
pouvoirs qu'él bon escient et qui défend son droit de contróle avec
une singuliCre Upreté. C'est dans les revendicalions du Conseil des
vingt•qualre, adjoint pour le surveiller au sénat municipal, dans les
démélés de la populace avec les almotacés, fonctionnaires préposés
a l'hygiéne, chargés de fixer le prix des denrées, qu'on découvrirait
les fondements de la démocralie, du libéralisme tel que l'ont compris
Fernandes Tomas et les frt!res Passos. L'auteur, d'anecdole en anecdote, retrayant l'histoire des murailles, des couvents, d·es hópitaux,
de la navi•gation du Douro, des transformations opérées vers la fin
du xvm· siecle par le corregedor de Alroada, passe en revue tous les
aspects du vieux bourg ecclésiastique, depuis le Moyen-Age jusqu'8
l'invasion napoléonienne. Nous souhaitons qu'il ras:;emble ces fragments épars, qui tous ont la saveur de l'inédit, pour en faire, dans un
cadre plus vaste, une véritable reconstitution archéologique, sociale
et Poli tique, dont il possede, d'ores et déjii, les éléments essentiels.

a

a

Carla~ de Passos, Lembran9as da lern,, chronicas hisloricas do
Porto, primeira sede, Porto, _1919, 202 p.
Ce livre· pittoresque 1 formé d'arlicles publiés au jour le· jour el
relevés d'une pointe d'archa·ísme et de régionalisme, rappelle, toutes
proporlions gardées, la maniére du roman historique. L'auteur
s'insurge, comme Garret et Arnaldo Gama, contre le zele iconoclaste
des municipalités entichées de ·progresa l'américaine. I1 a pris a tAche
de réveiller chez les Tripeiros, ses concitoyens, le patriotisme looal.
En attendant il leur enseigne, par une série de digressions humoristiques, le chemin des archives . Sa documentation esl de premiere
1. Outre la relation de Cadornega, compagnon de Correia de Sá et historiograpbe
de la province, consultar Gover110 gual de Angola, Repartü;ilo do gabinete, subJidios
para a historia de A.n1ola, eol/eci;M de documentos, restaw;a~o CU Angola, Loanda, 19.18,

5-1 p.

G. LE GENTIL

le Maroc, publié sous la direction de Marce! Monmarché,
2• édition, 3o caries et 21 plans, xv1-396 p. Paris, Hachette,
1921, 20

francs.

Dans la colleclion des « Guide, bleus • aucun dont l'apparition ful
plus désirable. Nous n'avons pas altendu, cette fois, le Baedeker. Ce
guide, c'est un Franc;ais qui l'a rédigé, sur lJDe documentatio.n réunie
par lui. On lui a laissé l'honneur exceptionnel de voir son nom
figurer sinon sur le litre, au moins au dos du faux-litre; c'était reconnaítre sa méritoire paternité. ll s'agit de M. Prosper Ricard, jadis inspectcur des Arts iodigenes 8 Fez, aujourd'hui chef du mt3me service a
Rabat. 11 a apporté a la confection de ce manuel le meme soin minutieux qu'il met depuis des années a la reconstitution, a la réhovation
de la technique des villes et du bled, ¡jour le plus grand avantage des
ouVriers marocains et par conséquentaussi de·ootre Pª)'S. La ,Médition,
qui est de 191 g, a été sans dou te bien vite épuisée: une seconde a d éj.\

�354

RIBLIOGRAPIIIE

paru1 avec Ja date de J 921. Elle a, de plus que la premi~re, 20 cart.es,
• plans et une cinquantaine de pages. Beaucoup d'additions onl été
faites. L'auteur, et pour cause assurément, avait óté tres succinct sur
quelqucs monuments: les tombeaux des chérifssaadiens8. Marrakech
•
par exemple; il a pu cetle fois fournir plus de details. Des remaniements, meme simplement typographiques, donnenl plus de clarté o la
description. Un tableau synchronique permetau lecteur de se repérer
plus facilement dans la chronologie de.J'empire marocain •. Un AperQu
religieux précede ce lle fois I' Aper~u artistique et littéraire, el/¡ 1' AperQu
adminislratif estjoint un Aper&lt;;u etbnographiquect linguistique, avec
un petitvocabulaire franco-marocain qui fait le pendanl du pelit voca•
bulairc marocain~fran&lt;;ais. Ces amélioralions scraient utilement complétées par une autre, dan, la 3• édition: un lexiquecxplicalifdcs termes lechniquesemployés daos la dcscriptlon des monuments, Jexique
dont M. Brutails a démontré récemrnenl l'exlr~me nlilit~, In plupart
des nulcurs employant les mols dans des sens différents, snrloul
quand il s'agit d'architecture 1 une habitude fAclJeu~e qui doit
remonler la Tour de Da bel.
Los plans Sont aussi clairs que le permellent l'étroilesse C'l l'enchcvCtrement des rues et rueJles, aussi bien que l'échelle forcément
réduitc qu'il a fallu adopter pour eles villes si ótendues. fonnées de
douhles bu triples agglomérations, cornmc Fez, Marrakech, Rabal. la
description des centres touristiques a élé clhis(•c en itinétni1es qu'on
fera bi'e n de suivre, de préférence aux indications des interpretes
(avec 011 sans médaillc), qui n'ont qu'unc idéc, mcner leur client
aux souk.s et gagner une pelite commission sur les achats qu'il pourra
fuiro .
.

Georges Hardy et Paul Aurés, Les grandes élapes de l'histoire du
Alaroc; Paris, E. Larose, 1921. 115 p., grand in-8•.

a

Le ~laroc et l'Aadalousie, pour ne pas dire ausfli la Castille et
l'Aragon, sonl a de multiples égards el ju,qu'a un cerlain point
le meme pays.
La partie dont nous avons assurné le proleclorai cst pour nous une
~aison de plus de nous intéresser a la péninsule ibc'·rique oll tant
d'aflinilés d,_c lout ordre, gJographiques, gáologiques, historiques, clhniques, linguistiques et littéraires, qucl q11e soit J'énorme écart de
ci vilisation actuelle, allirent l'obscrvation el donneront peut-étre Ja
clef de plus d'un problllme. Les éludes marocaines et les études hispaniques sont liées. Je crois d'ailleurs qu'on l'a bien compris ou
Moroc.
G. CIROT.
1. M. llica.rd a publlé en 1919 (Cas3b(anca, Sen ice lo~ographlque du ~hroc) une
plaquelto qui pcul rendre de• icrrices, quols que soienl h:s amcodemenls l y apporter: ,les dynulies marocaines en dix lablrau.r- et un gro1,hique. Lo grapliiquc, lorL irtgfnieux. doune une représcnlation de l'extenslon eL de la d nréo dc:1 dl11éren f('¡¡ rlyna s~
Uos.

•

355

BULLETJN HISPANIQUE

Ouvrage destiné aux maitrcs de l'enseignement primaire du l\laroc,
et conlenant l'essentiel au point de vuc hislorique et artistique. A signaler· ici, car il peut intércsser en Espagne, et i1 ne parait pas avoir
son équivalent en espagnol. Un expos{· sobre, des croquis simplifiés,
tout ytend a mellre en lumiCre "Ce qui est caractéristique et ce qu'il
iaut retenir.
G. C.

Angel Marvaud, L' Espagne au ,.,, siecle. Étude politique el
üonomique. Deuxieme édition, revue. Paris, A. Colin, 1915,
in-16, xv-517 p. Carie en couleur

a 1:

5.000.000, liors

texle.
Le livre de M. Angel Marvaud se divise en quatrc parlies: l'Espagne politique, l'Espagne économique, la Question sociale, l'Expansion espagnole au dehors.
La premiCre parlie cst la p]us longue. L'autcur y e-xpose loulcs les
questions qui intéressent la vie publique du paJS: l'étoblissement du
régime conslitutionncl et parlcmeritaire; - la justicc et radministralion pro,inciale; la ro1auté et les portis politiques; - le mouvement
régionalistc en Catalogne et en Biscaye; - le clergC et la question
religieuse; - l 'arrnée. U monlre la persistance des forces du passé,
l'iníluence des gucrres carlistes, les déformations suhies par le r0gime
représcntatif sous l'inlluence clu caciquisme, la puissnnce énormc du
clergé et de l'armée, seules forces organisées daos le pays.
La seconde parlie lraile des finances publiques, ele la poli tique
douaniCre, de l'agriculture, du sous i;ol, de !'industrie, du commerce et
de la navigation , du crédit, des Yoies de communication et de l'enscignement. On regreltera que l'auleur, dans ce lableau de l'Espagne
au lrarni1 1 n'ait pas tenu assez de comptc de la diHrsité des aptitudes
régiohales, dontil a su, par ailleurs, montrer lC's contrastes (p. 2 a 5;
p. 491 ). Le probleme agricole ne se pose pas dans toules les parlies
de l'Espagnc dans les mémes termes. ll y a des difTérences profondes
qui proviennent du so], du climat, de J'abondance ou de la rareté de
l'eau, du régime de Ja propriété, du gcnre Oe vie des habitanls. ,tames
contrastes dans le domaine industriel. Et la procluctivilé, suivnnt les
régions, s'en ressent. Mais, a tout prendre, J'inlention de l'auleur n'a
pas été de nous donner une clescription géographique de l'Espagne.
Tel qu'il esl, son livre nous fournit un état économiquc tres complet
et tres judicieux. Et les conclusions sont parfaitcmenl exactes (voir

�356

BIBLIOGRAPHJE

BULLBTIN HTSPANIQUE

notammenl ce qui a trait au régime minier, p. 308; 3. !'industrie,
p. 316; aux aptitudes commerciales, p. 337).
La troisieme parlie est volontairement résumée, l'auleur ayant antérieurement consacré la Queslion sociale une élude complete, . ll se
contente d'en reproduire les données essentieJles.
~ La qualrieme ré.sum~ ta· politique étrangere de J'Espagne et expose
la question marocaine. Un chapitre .est consacré a11 mouvemcnt
&lt;i américaniste n, question peu confl.ue de la pluparl des lecteurs
franQais. Enfin uneconclusion générnle résume !'ensemble du livra
et indfque les queslions qui se posent devant l'Qpinion. L'Espagnc
se rel8vera a.la condition de s'allaquer a l'ignorance, de renoncer
au particularisme el de s'eur.opéaniser. La France lui servira d'interm~diaire.
Le Livre de M. Angel Marvaud est done une enquete sur l'Espagne.
Ce n'est pas la premierc. Peu de pays onl provoqué comme nolre voisine la curiosité des franQais. fl serait utile d'en chercher les raisons:
question de voisinage 1 sans doule 1 et communauté des som·enirs
guerriers ou paci(iques; sentimenl aussi, que ce peuple idéalisle esl
a la fois tres dilTérent du nótre et tres rapproché. De la lanl de livrcs
publiés depuis lrois siCcles: le Journal du conseiller Berlaut (1669),
les Mémoire. de Saint-Simon, l'État présenl de l'Espagne de l'abbé
d, Vayrac ('718), le Tableau de l'Espagne moderne de J. Fr.
Bourgoing (1789), l'llinéraire descrtpli(de tEspagne du comle de Laborde ( 1809\ - pour ne citer que les onvragcs qui traitent du gouverneffient des hommes et de l'économie politiqne 1 . Le livre de
M. Angel Marvaud esl une nouvelle maille ajoutée a éetle chai:ne. ll
est un nouveau témoignage de l'intéret que nous prenons a nos voi•
sins el une conlribution a la connaissance de l'Espagne.
Mais il estdilférentde ses prédécesseurs. D'abord il.en estséparépar
tout un sif'cle d'Uistoire. riche en événements de toute sorte. Entre
l'Espllgne du comte de Laborde et l'Espagne d'aujourd'hui, il' )' a
toutC la période rnoderne: la JUvolution, les guerres carlisles l'apparition du parlemenlarisme, la perle des colonies. Une nouvclle
enquét~ était devenue nécessaire. Celle ci 1 loii:i de faire double emploi,
marque le chernin parcouru. Elle vient done a son h!:mre. Mais,
d'autre part, elle est conc:ue dans un esprit assez nouveau. jf. Angel
Marvaud ne nous don ne pas des im pressions de voyage, ni meIDe
une vue personnelle sur Jes choses et sur les hommes de l'Espagne.
L'ol'iginalité de son livre, c.!'cst qu'il e:xprime, bier:i plus que Je jugemenl d'un élranger, l'opinion eles Espagnols sur leur propre pays.

a

1

t. Angel l\larvaud, La Q[ustion sociale en Espagne. Paris, F. Alean, 1910, In-SG,
47j p. Cf. Bull. hisp., 1910 1 p 352.
:.1
On trouvera un exposé de cette lilléralure dans la premiiil'e série des belles
/~ludes sur l' Bspagne de M. ,1orel-Fatio, cha p. I : l'Espagne en France,

M. Marvaud, en efTet, a pu dísposer 1 pour écrire son livre, d'une
tres riche collecllon de témoignages. Au len&lt;lemain de la guerre américaine, il y a eu, en Espagne 1 une vérilable floraison d'écrits, de
livrcs et d'articles. L'opinion publique, tout au moins l'opinion de
]'élite qui pense, s'est trouvée, apres la défaile, en proie l'ioquiétude
et au pessimisme. Préoccupée de !'avenir, elle a cherché les causes de
la décadence et les moyens de l'arreter. Elle a fail son examen de
conscience.' Toute une école d'écrivains, histqriens, juristes, économistes surlout, dont les Joaquín Costa, les Altamira, les Unamuno
sont les plus clairvoyanls el les plus originaux, s'esl appliquée a
l'étude de ce prob!eme. 11s se sont qualifiés eux-memes de lt regenera•
dores )l. Comme au xvm" siecle, au lemps de Jovellanos. cCdanL a ce
goUt des idées générales, a ce besoin d'élaborer des projets grandioses
et de bdtlr la cité future 1 qui est un des traits de la race, les Espagnols
ont mulliplié enquetes, consultations 1 études.
C'est dans celte littératurc que.~I. Angel Marvaud a trouvé les éléments de son enqn8te. Non pas qu'il ait négligé de se renseigner sur
place et directement, ni qu'il ne d&lt;;mne en plus d·un endroit une vue
personnelle des choses. Mais cetle inlervenlion subjeclive est volon•
tairement limitée. Le plus souvent, l'auteur s'efface. Et c'est l'opinion
des intéressés eux-memes qu'il nous don ne. Sa méthode e!Zt érninemrnent objecl~ve.
Le livre y perd probablement en couleur et en pittoresque. Nous
n'y trouvons pas ce que nous avons été habitu-és a trouver chez
)~s visiteurs et les historiens de l'Espagne, la vive lumiere, l'od.eur du
terroir, l'anecdole. Mais ce n'est pas ce que l'auteur a voulu nous
donner. Ce que l'ouvrage perd en piltoresque, il le gagne en exactitude. Ce qui frappe d'un bout a l'autre de ces pages, c'est la sincérité,
l'elTo~t polir etre vrai, pour rester impartial entre les parlis, enlre les
Espagnols et nous. On appréciera avec quel souci de ménager les susceptibililés nationales M. ~Iarvaud parle du clergé et de la queslion
religieuse (p. 161-004), ex pose les atraires du Maroc (p. 44&gt; el 498),
ou les senlimenls des Espagnols pour nolre pays(p. 497-50,). Le livre,
il est vrai, a élé publié a.\'ant la guerre. Écrites quelques années
plus lard, ses concfusions eussent sans doule été un peu différentes.
Elles auraienl certainement conservé leur caractCre de haute impartiaHté.
Les événemenls decesderniCres anilées qui nous ont tenus si souvent les yeux tournés vers l'Espagne, imposent a l'auleur l'obligation,
non de refaire 1 mais de compléter son exposé. Comme il le dit trCs
bien (p. 499), nous mérilons de moins en moins le reproche
d"ignorer l'Espagne. ~lais il reste beaucoup a faire pour renseigner
l'opinion, le monde des affaires et la presse, d'ordinaire si mal informée. Cherchons done a nous mieux. connai:tre encare. M. Angel

a

�-UIQU•

11111
IIIJLl.ffla
~41&gt;1&amp; _ . y aider en 0001 donnanl 11118 nou'ffllle 6dltion de
-11-. U•l"'l1 nmdre UD meilleur -.Ice a
qo'il m
aYeC

lllU d e ~ el de bQane (ol,

la.,._

.

B. CAVAIÍ.I.h. -

, .•. Tai'all,

u

nuna rnoluoi41t,

.1

CBRONIQUE

vol. in-So, 233 , . . .

Baroelone, Benrioh el C0, 191!1,
· L'aulear de 04 livre esl un partiaan de la té«Wnllon iWrlque. Son
eapOir ell de voir, daut une lbérie llbrement uniflée la Catalope
oblenir pour ea tangue el ta cullure propre1, deo gara~lieo analogueo
l callea qu-i l'indépendance a valuea au Portugal, Ansai ae moatre'-il ,parliaan enlbou1iasle de la Société .deo nationa el comecre-t• il la
premin parlie de son livre, el Ja plua Iongue, l en jnalifler l'idée. .
S'il n'en fail pn une élndejnridique, il en raltacbe la créallonll lé&gt;Ule
une rbolullon morale, 1 une • nueva revolución » qui imposera aux
peuplea ooimoe aox lodividns un profond lravall de reforme el de
culture inWrienre,.
On lrouve done dans ce -livre une aynlb~se ingéniense de deux
idéea lres ditrérentes: l'une (p. g5. 163) eaHe droit de la Calalogne
• se rég'8érer, • libérer-dºnne centralisalion oppreSBive, complice
d'nn ·mercanlilisme dégradanl, sa langue el ea culture tradílionnelllll
aa¡aa faire d'ailleun ancun torl a l'unité de la péninaule !Mriqoe;
.l'aotre eal l'aplilode de la Sociéltl des oations garantir anx populalions ih'riquea la possibilllé de jouer lenr r61e daos le monde ooovean. La Sociélé dea nations ae presente d'aillenrs l Taoléur COIDIDI
foadée anr une pénélration tolljoun plus .inlime des denx cultnlalioe el anglo-eaxoone, qui onl taol·d'emprunb l se faire (p. S&amp;). '
Turull eat vl1iblemenl un de ces esprit• ouverb el entboaaiasle1
,vec_qu_i l'oo vondrait communier dan, l'npérance. Son livre fall
comprendre la proronde unité de dedx j&gt;roblemea. que l'opinion
fraoQaÍle n'i¡nore pu, bien qu'ils se posen&amp; ches noos A denx clasaes
d'11pnla tres ditrél,nll, celni da .;gionall■me el celnl dn ilroil .
inlern■lioilal.
·

a

=~-11"1

•

-Lea 4,t6p6t 4,IColnllú ~ ele ._¡pr:,.emn• liul,d•'fllll&amp; /AJ Í'Qllfllllll" le 8 ootobl'e • lardeau 911 - H
l'
JI tl~i,111C11. ,arlllalaa JICIÚI&amp; -di _ .....,d ¡ 11 i ~•

111# ..,...,,.. M-11.dlll , u ~ qaidoil &amp;Yoir liMI

¡...,.

la dioQled prile au -,rh de Siint-~ea.
J4' ~~ de Paria, l.ylia, Grenoble, llootpelliCr, Toialoaa,
IIIJOIIIIO ,1 Biarrilz t'Máienl fai&amp; rejriaenler. péu Ñancea ont 6té
fel!M, 1'111t I la Cba111hnl de commeiee, l'auir. l l'll6tal dé 'Jiih,
11, QIIJ!lrd, pmideal de k Cbambre de commeroe, fort de l'oplidoll
billl '-blle 4et Chambrea de Jonte la régloo, • montré l'ln1'1tt clwi•
· lllllií -' l111.IPUial d'une ent.eale ,commelCiale enlr6 lea c1eoJ. pa;p.
•· Plllll,rn, mm de Bordaaax, a teft .-!ir lea ~ fflldna
ea , ~ ,-r les traval(le,Jn eapepol,; 11, Telnler, dincteur clt la
~ ue c:hemlna de rer da MWI, .e 11. Maxwell, - , ~
a'ia6ral, an nom dn Oomiléd'eooonrapmenlau toarlame, 011&amp;, i-r du
~ prec:1111, ,fixé les icWes aur le mouvement lonriatic¡ne el lu
IIIOJIDS de l'enc3UNP,, · ton&amp; au moiD■ d11 ne i-• l'entraver. 11 -eil
cl'alr que le COl\t du IM!ll8fl0!"', ,1e,é l 61i franca pour alld en Espt,,
gne, tt aalaot pour revenir, el le d~t de 5o.ooo fl'lllCI pour tnnéblr en aatómobile la rronllire ..pa¡nole, ae soat guere de ualure
l esciler ce monvemenl ni daoa un sens ni daos l'aulr6.
D'aolres qnestions, d'ordre social, écooomiq11e ou unlversilaíre, on 1
616 IIOllletlles el i111Crlle■ ao pro¡ramme du congra. IJail la rélolnlloll 11 plas implll'tanle a 6lé Cltlle od'oovrir uoe con1ollalion entre
ie.
quaUIIN des intélits r.,...&lt;¡aia dan• le but el,, préeber
1eara ~ u deólerlll • d'euminer qnellet conceaaiona leur
.,.__l poealblea en •1111 d'arrlver l meUn fin l un 6tat de ten1Jon
~ p r lea clen,. nation1 rolsinu etamiea •· En conséqueaee, lea
11zk Olll~• ■ 1 lioo •,¡ pnmclMl de la "8loD ~ de
'9 lilt
4a W
el ao Comii! de np~mmt ~
U U 1\1111 I , ,:
a. . .1111, reo~ a'-"ire aupria d11
'o i P ol:,t 1 1 ■ .41rC ·114a,1erapproc1i-1de■ n!gio8'
'118 : •·• 11 er :r .tt 1 ;¡a1at.....,011:\411l6.illtt--4uit
__., t ~ - ·; ~ C P o
111 •4s!!C llf
•

••enll•II

:-&amp;

•11

�360

BULLETIN HISPA.NIQU:S

de rapprochement, afin qu"une confrontation des desiderata des deux
~ays p~r_mette d'élaborer rapidement, dahs un esprit de large concilia~100 re?1proque, le programme d'entente dont l'adoption pourrait
etrP. ut1lement recommandée aux Parlements et aux gouvernements
espagnols et fraiii;ais •·
Les séances ont élé présidées par M. Imbart de La Tour el M. le docteur Maure. Ont pris également la parole: MM. Thamin, recleur·
CarrCr~, directeur-fon?ateur de l'Amilié Jranco-espagnole; Oyarzun';
Chevaher, professeur a la Faculté des lettres de Grenoble; A. Marvaud, Falgairolle, Ilossfls, Dours, Tronel et plusieurs membres du
comité de Bordeaux.
Le congres de Biarritz aura lieu le lundi de la Quasimodo, ,4 avril
19,~. Pour les renseignements, on peut s·adresser a M. Alioth secrétaire général du comité de Bordeaux, rue Ducau, ?9·
C.

G.

Erralum: 19,0, p. ,98, l. 15, lire CXXX pages (et non XXX;
19", p. ,38, l. 4, lire mollaqd (an lieu de molqaya); l. 15, Pons
Boigues.

•

TABLE ALPHABÉTIQUE
PAR NOMS D'AUTEURS

B.t.BELO.'.'I (J.). - A propos de la monnaie de Ségo,·ie. . • . • . ~ . • . •
RisSBT (R.). - Gl, Burguete, Reclificacione&amp; hístóricas, De Guad.alele a Couad,mga (bibl). . . . . . . . . , . . , . . • , . . . . . .
l:hu1LLO!t (M.). - Les sources historiques de Zaragoza • • • . • . .
BsRnuim (J.-J.-A.), - Herder et le Cid . • . . . . . . . . . • . •
Paul Ferdinand Fricdrich Buchholz • . . . .
Spanicn, Zeitschri{t Jiir AU$land&amp;kunde (bibl.).
li«UTAtLs (J.-A.). -J. Puig y Cadafalch, L'A.rquileclura roínánica a Calalunya
(bibl.) . , , ,
.•..... , .•.
F. de Los Ríos UrruLi, Vida e instiluciones d.el pueblo de
A11dorra (bibl.) . . . . • . . . • . . . • , •
1, 77,
CmoT (G. ). - •·ernán González dans la chronique léonaise • . . , •
Cervantes el les fr(lres Tharaud • • • • • • . • • , ,
Chronique . , • . . . . . . . • . . , . • . . • . 171, 267,
Duque de Berwick y de Alba, Contribuci6n al estudio de la persona
del ll l duque de Alba (bi bl.) • • . • • • • • • • . • • •
Andrenio, Novela&amp; y novelistas (bibl.) • , . • • . • . . . . . •.
A. de Llano !loza d'e Ampudia, El libro de Caravia (bibl.) • . •.
R. de Orneta, Berrugade y su obra(bibl.) . • . . • . . . • , . .
Cervantes, Novelas ejemplares, Edición y notas de Fr. Rodríguez
Mal'Ín (bibl.). • . . . . • . . . • . . . . • . . . . . . • .
A.-C. Pires de Lima, Traditóes populares de Santo Tirso (bibl.) •.
Analecta Monlserrateruia (bibl.). • . • • • . • . . . . . . • . .
A. Castro y Federico de Onís, Fuero, leoneses de Zamora, Salamanca,
Ledesma y A.Iba ck Tormei; Galo Sáncbei, Fuero&amp; castellanos de
Soria y A lcafá de Henara (bibl.) . , . • . • . . . . . • . . .
Lope de Vega, Teatro, tomo 1, Prólogo de Alfonso Reyes {bibl.}. •
Eugeniusz Frankowsk.i, Hórreos y palafitos &lt;k la península ibérica (bibl.) • • • • . • . • • • . . • • , • • • • • • • • • • •
Miguel de Toro-:,-Gish11rt, Ortología castellana de nombres propios:
Americanos; Los nueuos derroteros del idioma; La ck11.xil!me
annie d'espagnol (bibl.) . . • . • . . . . . • • , . • • .
J. Domíngue1 Berruela, S1ª Teresa de Jesús l' ion Juan de la Cruz;
Mgr Demimuid, S. Jean de la Croi:,; (bibl.) • . . • • • • . • .
M. Monmarché (el Pr. Ricard), Le Maroc {bibl.) . • • . . • • .
G. Hardy el P. Au fes, Les 9randes ita.pes de l'hi!toire du ~laroc (bibl.)
CA.n.1LLEs(H.). - A. Marvaud, L'EspagM au XX• siecle (bibl.}. . • . • . . .
Cosns (R.). - Pedro M.exía, chronbte de Charles-Quinl (sui/e). . . . • • • .
ETCHEGOTElf (G.). - Lo roman de sainte ThérCse par M. Edmond Caial. . • •
FEGUALI (M.). - Aug. Cour, Unpoete arabe de l'A.ndalousie: lbn Zaidotln (bibl.).
LB GEl'ITIL{G.). - Le mom·emenl intelleciuel en Portugal.. . • . • . . . . .
V. Ribeiro, Sousa Viterbo e a sua obra ¡bibl.). . • . . • , .
Revista da Faculdade da Universidade do Por!o(bibl.).
Ántologia portugMsa: Frei Luis de Sousa, Vida d.e D. Prei
Bartolomeu doi mártires; Bernardes, Nova Flor_esta (bibl.).

•

3o4
,35
"9

,80

'"
161

,39
335
::169

57
325

153

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,69
2!1!i

245
251

346

353
355
355
95
285
34a.
49
163

246

�•

362

BULLITIN HISPA~IQUt

LB GEnrt (G.). - Edg. Prestage, O manifesto dai 01Widades de Luis Felis Cru/&amp;ges_
(bibl.) .•• . . . . • . • • . . . . . • . . . , . . • . 351
,
Carlos do Passos, lembranyM da terra (bibl.). , • . • , • • 35.1
MERUfÉE (E.). - llco~y 'fbomas Spanísh and Porluguese Romances of chivalry
(b1bl ) • • • , • • • • • • • • • • • , 1 ,
1~6
N, A. Corli1, lllfu.lstJ Q/Jijote y Fray Uri~fobal de
(hibt.) 1 50
,tiLLA.RDBT (G.) - T, Navarro Tomás, Manw:il de pronunciació1i española (bibl.). .
6g
Moa.EL-F.n1o(A.).-D.Jua,nAnlonioLlorente . . , • • • . • . . . • . . . 117
Catalogue dea livres de M, Morel,Fatio,
15, ni, 3 1 8
J. H. ,viffen. . . . . . . . . . . . . • .
.
1 4:J
PARIS (P.). - Bas-relief ibérique du Musée prol'incial de Cordoue, ~ ,
17 3
llrnET (G.). - Cbronique . . . . . . , . . • . • . .
•
268
R. R. - C. Moráo Bardón, lnvestigacione, acerca de arqu;olog.ía·y ~;eh.isio;ia· d~
&gt; fo región sal'?1antina (bibl.) . . . . . . . • • . . . , . . . . • , . ,
6i
R1c.tRo (1 r.). - R. Velazque1 Bosco1 ilfe4ma Aual1ra y Alam.iriya (bibl.) .
6,
R1cHARO (G.). Turull, La nueva rduoltloión (bibl.).
• • 1 1 • , ,
358
S.1.kRA.1Lu (J.). - Quelques sources du Cádiz de Galdós.
33

TABLE ANALYTIQUE

Fo~s;c~

DES MATIÉRES

l.
p.

ARTICLES DE FO~D.

Autiquilés. - Bas-relief ibériquc au Musée provincial de Cordouc
1 73-179.

(P. Parle),

1/isloire. - rernán Qouzáfez daos la Cbroniquo Jéonaiso (G. Cit'Ot}, p. 1-1.'i,
77-94, 269-28&amp;. - A propos de la monnaie de Ségodc (J. Babelon), p. 304-311.
• 1/islorillyraphie ..... Pedro Mefia, chrohlste de Charles-Quin, (suite) (R. Costes),
p. 95-110,
Hi.,t oire littét-aire. - Le roman de sainte Thér8~c,par M. Edmond Caza! (G. Etohegoyen), p. 285,303. - Herder et le Cid (J.-J,~A. Bertrand), p. 180-no, - raul
Ferdinaod Friedrich Bucbholz (J •. J .-A. Bertrand}, p. ,rr-116, - D. Juan
Antonio Llor~ntc (A. Morel-Fatio), p. 117-1 28. - Quclque!i souTce&amp; du Cddiz
de G-alriós (J. Sarrailh), p. 33-48 ....... Les sourccs hi&amp;toriques de Zaragata (M.11ataillon), p. 129-141. - Le mouvement intellectucl en Portugal (G. Le Gentil),

p. 49-56.

•

Bibliographie. - Catalogue des lines de M. Morel-Falio (A. Morel-Fatio),
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LA RÉDACTIO!i, E. l!ERI\IÉE, A. MOREL-FATIO, P.• PARIS
G. CCROT, secrüaire; .G. RADET, directeur-géranl.
Bordeanx. -

lmprimeries Gou11:ou1LH01J, rue Guiraude, 9-11.

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                <text>Fundado en 1898, el Bulletin Hispanique está editado por las Presses Universitaires de Bordeaux. La revista, actualmente, se publica dos veces al año e incluye reseñas de libros y una lista de obras recibidas. Los artículos dan cabida al ámbito ibérico e iberoamericano, sin distinción de época, área o método y se publican en francés y español, así como en cualquiera de las lenguas de la península ibérica. Revista indexada: HCERES, ERIH, SCOPUS y WOS-AHCI.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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de r•8o, lniUle 1!iro•-4c7; ua
· et iocomplift I faútllle,
l' 'Nlllft!Ailtlfll' ~,IKiNI, • d'9jte.

cleux.

ílonf il 118 .._!'e plil1 ql!e l'■
, pula denHJ~ eux •• ~ 11 ·
~"álfliléée ~ qlll.lle ■ll tilllOll et t
¡llllis81A'U11if'8eéleff1011JeJe,~
Úe • ~ pule en '11fee de íoaet; n est •
tilloa) i pJecl qui a tl'OIIYe au ~ d plfit,
pei de éhoYau:. D■•• fa, liii- ánil!ft di
leimlú! po,1ájlt UQ enf■al 81Jf '9D aeilt (?), et
li.JiÍllil!ia!Ím,

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'INIIWOD~,
lle. (Volr (!laoi!hl,

inoiJls q• éttw-ci ne
I.)

l l'ait ~Wet; le {llie-l!lllief ~ ieulement
jlf't qu11..,. .._,. lpd ~ t une 4ladi!
Ji'-Ue i . _ le lli0$Jlá1DI 9111' leqael it
Je cllíinié, IDOt 'ff'\ ¡,as éW !fft.
•

- ~ ie ~ , üO, )a ilaci_mló Otl
Jl;4tCW., • • &lt;lotdoue et A.lmodovardel Rfe, a1n 1,
vir et en &amp;ce do •edia■ Zahara, la

~aéé 811 llaaee de Ctn'doue l!D 188.6 ''jtff.
'de f.rado, marqaile de Gaada.....
. .1!18J'.

a

~ OD 1881

et l'a IUilrile 10mmaii'e111ent ea

l,wripllo,wim 8 1 , ~ Chri,lil¡nqr'4111 Supp/8-

• V, ,..na 8Jl 401iner 1•1~. Le aavant .altAitnanct
ir reptd~ qa.e ~IIIQt le ba1-~r. car oon

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~ t dee • • avee des p e n o ~ eQ ac&amp;ion
a~ J11aia ""'8•ciJllt il ea ixi.1te, e&amp; il reD\'01- l 4t6 fto!IW• l JitiYJ, Bri-n- .t &amp;:lja. Si le. ~1- '
.... da lllNIIIPblpa chréthl1111 dea ~ l.)fflllitlf •- a'1''-flli111,_ e•• que oelui•oi ,at d'lule époqll'e 4-, ~dijfllid~~:;
GOBlaie ra indiqué llübller. • 0n peut 1uppc&gt;tt'•
u'eat iol l'imilation d'a aui,, plua anoJen el clec ,-1111111!~
pi\,. 111 Qun\ IQ 1uje&amp;, De fau&amp;-il pu W cbeNlaer 11;•-•ai.•~-la¡';"
clan• le eymboliame .cbretieni&gt; d• ...-f r e ~ t-U u
IOauep ~iá, mutyr de aa rol fllithoUque, OOlllllle il
ea&amp;a Ylllpule I.éol'i1Jilde1 Terrible fu&amp;la peMlltioiu
tM.l' a11 Ífllell8rque, q.ui ll''pal'IJ.U métnf pu la Yif 4hl
~ 111,, comre l• OdMea eatholilJaee, Et pclQ1' r•tn1111ab"'""'""'"
da _,, Nlnl "~""oDl8, ~politaia de ~ (Glí7

·•·prime
ka&amp;_...

ablti:

wia ~ Datdel ~ ¡ lllhdiít .._..,
' lieé&amp; V111pit barelice l\ouam; de qao diellar Rldul etn
~ I N 1•te111 fl«r;ll,08111. Qui uperitllle lique llll)lln_ _ _,,_,

!PM ia.v~ doctrine in a!ldi.enlioJD. cordibu peooaii
tor..- aqaarwD, llt l)!!rYelilm
Vi'nlm: •lslOlíll e,1111 IBWDO retrl118tio lilbn«ut.

occidi1 ¡ qai desident ad

n'
la tlOOIJMWIO&amp; n~ke pool'" la dilJ4llller, lll8le
le!Dble 111perlu, cu ~ aoua le lliiHtliet a'a •
Celta ingénieuae eiegbee esl bien sulrtile;

DO)Q

,.J.1p111,..mo&lt;1PolloDIIDl9t!,~.i..,,.-oor1e

-.

~-•·tli

aüole, c'eat,l..4fre ~ t l l ~ 11'!M'81lal!V

q.

.

KfHdr.; épli·:no• NiíU;.
lj,11.._._
l'lreta•r4.-.ffiú-iqo¡,,
en íJo811ft ÍQIIIOl'lln14! lpOllflfnpltie--.
Ja NIMnJale, DIIM• • .,_ Hjj,.
4e lot [ll'lllwfol ~ • la &amp;-a, ofi il a'ocoa_pe
de loija et de 8r.lvieaea, il ne ,cloúa.pee pillee
1('(11(1,;¡r.Q_. di Coffo111, el n'y faU ln&amp;ne P11 allaaion, o;.
. . _ _ , l'opiQÍ(IA de "· M,Uda ,V QQ9 na

dio'"""""°'~

llootla,-1),lod.,oira'ilyal__,oalpiillló 1• - • - . . . . .
•1'illolír.

147) q11i tjoble: • Je ne voJ, pu qm, dua oel&amp;e
IDOAIDtnt p:aine ttó11ver une ••plicalion pin•

dflvoo, ajouter que 181cm oe que aoua a· dlt
.._., i1 n'eel pH kiin d'tvoir obaap d'mt, el
• tte dll 111.0ulqe qo'il • Ali ftNUter ponr le
a.de Madrid d'-iflle la IIOOJplure comm•
a-,.1 •ne l'lliaón 4t plus pour qua noa, ea11yio11•

~dw.

.

k lflidp._,. •tea pierre, ooa,me loutee ltt

-1,.,

~ · - }IIWeal 00D01188, ti 110n ID marbn, et

IN

...-aoathltu Ohl\Uieu tOnt ll8Ml'lltlb8Dt ea

, . _ . . _ . ••• qú'Oll•

vateur relelive, car l'un •

. . .._...,. lilQNit par le R. Pita el ,tudi4t
• • pfent, et•·• j!Ulera-.t le Hal qoi eemblt
npporll 1vec le a6&amp;re.
JIQa Í&amp;llpClrllWlt• e'llt lfUII Jas hoie lllCISlll-ta

.,_••••-ele ..._ ••,...

·,- allril,.. l la 1114me pmode (nou, ne OI\Pn1Juoaa
•
-., Ollai AiJ• e&amp; oehú de Briviesoa) aonl
qne poasible de cel11i de Cordoue. Celal d'&amp;,ija
t llpuatia el par le ~el et par le d}'le, et des
tn pee permelloiú Dl.1118 de le 1'00llllaltn pollr
':ita lrlilti YUIII d'OriellL .ll ne ...~-le qae
. d..
Q ladiaautebl•, COlllme le Bon Pmtea,, Dali4,l
• Uoit., le 8-tf'u:. tf. - . ~ . mait trait6i &amp;rila
Jl'lll~Sltllll . . oequ'Jla le IOlll lllr lea urcophqe, de faotaN
lt• ll&amp;yle, YCIÍOi ae qa'e• cllt JI. 11Qid1 : , Le atyi.
lniclltioa ,. aenli-l de la foJ:111e el Ue
,_.,..... tae l'oa 118 lrou.Ye pudana lol Jiet.

.

.

��lllliQ cfriijte 6llve ton ~ • - Or 08 bCilialw, llOIII . .
conoall80JII bien, et depiril loagtampe, malt 110111 ne l'a~
j11111aÍI ft Oflll"llr daa1 l'al1 bynnUn lli Yklfothiqae. C•.- la
p,UJ lM,uolier rond l lltll6fl dH ™r1111, tel. qV le po,teíit .._
ebiuHQ~ d81 handeau:1 du Loan-e, qaelque■-lllll d8I I O ~
d"Oauaa, oeu:1 dft 11lle1 de Clania, ee11ll de■ monlllleif
• ~ • o'eat oelai anfta d'ane •rande qt¡antiU de _.
peüll ,nrrléra l pied et l cbeval qnl out 6&amp;6 recaeillia pUmi
lea illDOlllbrabl111 flprinea de bronu da 1anc'1lalre de Ca,,-lltfr
• Banli4úlion et d11 aanotnaire du Collado da m Jardil,u cla•
la Sierra Morena, o'eat-a•dire dana une nifio11 att11nanw l -.llo:
d1 Conloue•,
i\Jotit0n1 que l'erma otrenaive qui acoompqoe OQDalalnn(ql
Je peijt bouoliét eat l'épleu; 11mblable l eelai que b ..DdU le
~ d aaerlier, et non la fteohe. Quoique Je pnmls . . . . .,
porte un
11 o'.., bien UD aré que l' 0D YOU derriere 801l . . ..
U lle aomble pes 1'en étre aervi, et o'eat plutat le ■acnnd ... ,
aU.illt le cérr, QOD d'une ft~he, oomm• le dit Je P. Fila, $811
d'Qn llpieu aemblable a oelui qu'll Uent aaOOl'II. Or, i• ~lt
bl'(n1ea nona apprenneot que IODYent lea perrien purtalem
d111• de o.e traita •, ce qui ■'npllque aiMlment. Le P. Fila
inlerpnte antremeut cea detalla : • L'arti■!e, dlt-il,, Caule el•
~ .,a v~u eaqul1aer dam aotiona différeote■ du cavalier,
d'abord oello de lanoer i. ftloho avec ton aro et frapper le liut
l\iatlif, p11i1 celle de 1'emp1Nr de la prole, Je pro"trer aYeo 1e111
bt&gt;uollei- de titw intlidio,o. de la 11111rta que ha cabido. • Nutre
eiplie11tion 0901 paralt moi!l• h111rd1uae.
Bnlln, ea ee qui coacarne la ohenu:1 del oh■-re, oon1&amp;a,.
tofla nulémellt qu'ila ont en guiae de 1ell1 una simple
bQ11119 maintonue par une larra oroupi~re. Ca détoll ae
· retrQ11ve conelamment 1ur lea repréaentalio1ts de mvallan
ibóriqllea, et peur nou1 en tenir anll es-voto de la que.va de IOIJ

aro,

1. R. LaaUer:, ~JI' s..turio ilMri,o • S.U,t,ha, pi. l. ••• 1, 1; 11, Is, •• ..._
I.CahoyJ. Cabri, E.nc~,.Alc C-7 Collcdod, to.Judlu. ( S - - •
hM), •1111, pi. VIII, ll, lll: 1911, pi. VI, VII: t91I, pi. YI, Yllf, - A. Soll\láa,
6nmn1tOIIH .,.,.. /roa o.p...,,.,.,...1111M S..-r4JI......,, Sr, 14,
16, et pi. XllY1, X Ya. - cr. P. Paria, - 4 .......... 1'8,147,pl. ilJ ,111,.a,s,
1. 1, Cabo, flll. lnd.. 1917, pf. VIII, .X.•H... Dllatt, op. ,._,, pi, X, 1, XXV1.

r-

-

a&amp;a-ULID' 1aá'JQot AD Mll&amp;Alt PaOflllCIU D11 _ , .

119

.ftidtnea, noua pouvoll8 clter lea planchea VIII du Mrunoire
~ fouillea ¡le 1918, el VIII et IX di! Mémoire de 1917.

tleate le atyle. S'il n'y anil tea d"8U1 d!lnt nous avóoi tiré ·
eta argumenls qtd nou1 semblent décisifa, serions-noua

eu&amp;óriséa, seulement d'aprea ce style, a parler d'art ibérique ?
Jf eat dilllcile de l'afflrmer, car nous aomrnes eo préaenoe
d'"""' OIIIYre trk bar~re~ &amp;out au mllin11 tres mah1droite, lelle
AQ' Oll peuYeQt produire da119 tona les pays el a tou~• 181
'éJIIJII* d(II ertiaans au:1 inatincts, aull goflls, a la lecboique
,..... primitiCs. DII moina eat-il certain que les personnage1 et
lea ani111au de ce ba1-relief, par s11ite de la rondeuP dt la
1DC11l,a1t des fürmes, du manque de proporlione, d'un ensemble
de dlfáula qu'il aerail oheu:1 d'111alyser, produiaent enctement
i-..
lmpresaion que Jea moua el lourd1 .,peraonn11~ et
de bn,n..,q1li rormeul e11 ·gra11de partie lea collecliona
4, lprin• do Slintiateban et.de loa Jardines. 11 fanl 1eulemeut
..:9lor sur le baa-relief une certoine ju1tea1e avec- 1101 certoille
~ ele 1DQ1lveJQent1 411e l'H ne trouva pea cilios la aérie
..,_ ~Yotó, d'ordinaire flgéa d11111 des 11ttihlde1 oonvention~ - el QJQnotooement rilfldea. Maia oe\to legere aupériorU6
ti,nl 11ao1 dqute au:1 f11cililé1 que donne méme 1t de■ art1,1é.
Q Q ~ lt aoulpture en btt~-relief. Eofln, quelle■ que p11"'opt
ih Ita diJl'éren!)OI, il y • entre la eculpfure de Conlouo et
t't111tQlblo 4111 lllllll pturea cerlainement ibériques un 11ir de
flllllill• qu'il aor11il diflloile d'&amp;:&amp;pliquer 11 Ja prerrliere 61ait
1...vre cl'uu ar«ste poalérieur de pluaieun fl!!Dt&amp;iiaea d'annka,
'et puiJIUlt aea io1piratlon1, cbercbant sea o¡odelea et 1e1
evmplCII d1111 11ne civiliaatilln qui u·avait plus Yr■i111111t
_.._ npl)llrt avec l'autre.
Si nÓ~ C11bChHio111 aont 1dmiae1, n9ui noua féllciterllna
d'avoir revéndiqué pour l'art ibériqae un níobumeol qui eat
bien Joln d'étre UD cl!ef-d'a,uyre, ,mais qui°. le gnmd lnlértt
:.t••1re J1uqu'll p~nt aeul do 100 espece, et d'iuaugurer une
'4tfe JtOnvalle dana nn&amp; cellectlon eocore bien rédulte, mala
q,it a'accrott po11l11nt ohaq•Jour de r,~on preaque loeapém.
Ptaaas PAll.ls.

""lllll
_......_.J:

•

..

�HERDER ET LE CID

JIEHD"ER ET LE ClD
Les légendcs onl la vie dure. Lºhisloire litléraire en est pleine,
qui s'obstinenl a ne pas mourir. 11 es! enlendu, depuis Masson
el son impertinenl pamphlet, que la Frnnce, !out au moins la
France du x-v111c siecle, n'a jamais su comprendre la &lt;( sreur
latine" espagnole. Il es! enlendu,_ depuis Herdér, que seuls les
Allemands • ont aimé avec largeur d'espril et chanté avéc talen!
les choses et les héros de la loin taine péninsule . Des voix savantes
onl contesté quelques-uns des mériles de Herder; la critique alleñrnnde elle-memc admit, la preuve faite, que le Cid de Herder,
qui fait le meilleur de sa gloire poétique, est essentiellement un
Cid fran~ais. N'importe: Herder reste, aux yeúx du plus grand
nombre, l'homme du Cid; le Cidest, pour la plupart, le plus beau
íleuroo de rhispanisme allemand. Nous lisons, dans le l,vre
pourtan I bien beau d'un grand savanl ' : « L' Épopée castillane
a lmvers la liltéralure espagnole ", des lignes bien surprenantes.
. "Herder, sous l'impulsion de son esprit largemenl hu~1anilaire,
sentí! s'éveiller dans son ame, docile a toutes les suggestions
de ce qu'il appelail • la voix des peuples," une sympalhie profonde pour lapoé°sie héro[co-populairede l'Espagne. Son poeme
du Cid es! une heurcuse adaplalion des romances espagnols
consacrés au héros . .. La France, oll le romanlisme était une
i mporlation d' Allemagne et d' Angleterre, commenra elle aussi,
quoique plus tard, a considérer la légende épique de l'Espagne
comme faisant parlie intégrante du romantisme3. i&gt;
1, ll:t quelques Aoglais. Xous limilons aujourd'hui cette enquete 3 l'Allemagne,
mais les conclusions ne seraient pas sensiblemenl dilférentes pour l'Anglelerre.
2. Cette opinion n'est pas isolée. Le Diccionario encir:lopédico Hispano-Americano de
Literatura, ciencias r artes (Barcelone, 1892, l. X 1 art. Herder, p. :rno), dit, par exemple,
e&lt; Dos a1ios antes de su muerte, Herder h'adujoel Romancero del Cid, y esta bellissima
lr.iducción, a la que se han reprochado con exceso ciertas inexactitudes en los
delalles J en el color, es hoy un monumento cl.isico en Alemania. "
3. R; Menérldez Pida!. l'Épopée castillane d travers la littüature espagnole, Trad. de
11. ~lél'imée. Paris, Colia, 1~10. Conférences prononcées a Baltimore du 5 au
16 mars 1909.

Saos aucun souci polémique, ni animosilé nationale, refaisons aujom·d'hui l' en que te. Puisque découverte il y a, voyons
qui, hors d'Espagne, a découvert l"épopée espagno!e du
Romancero. Cette histoire posthume de Cid est curieuse, et la
parl de la France y est assez grande pour qu·il soit utile de
faire valoir ses litres. Le role de Herder reste important, sa
pensée et son ceuvre méritent qu'on en étudle les origines et
le développement. Suivons-le sur la route qui le conduisit au
Cid. Nous y ferons des renconlres intéressantes.

•••
l. Théories de Herder sur le Romance.
Herder n'est pas un spécialiste de liltérature espagnole, il
y est ven u par un détour, encare n'en a-t-il abordé que quelquesuns des rivages les plus ·fréquentés. Ses curiosités s'évcillerenl
lentement.
En 1 767, il faisait allusion, sans plus, aux c1 rimes assonanles n
des Espagnols et au ro.man de Cervantes'. En 1769, il cilait
les poeles fran~ais, anglais, italiens, grecs et allcmands : il
oubliait les poetes espagnols. Ce sont apparemment les conseils
de llamann, son maltre el ami, qui aviverent cet intéret pour
l'Espagne.
En 1772, Herder lit:el commente le Don Quicholte'. En 1773,
il se propase de lire Cervantes dans le lexle espagnol. En
1777, enfin, il étudie effeclivement l'espagnol sous la direction de l'hispanologue déja réputé qu'était Bertuch. Il esl
bors de doute que Herder connut, des lors, tres convenable- menl cette tangue.
Les études d'histoire littéraire ;de l'Espagne commen~aient
a devenir familieres aux érudils allemands. Dieze publia en
1769 sa Geschichle der spanischen Dichlkunsl, traduclion corrigée
,. Je cite, faule de mieux, d'apl"es l'édition publiéc en 1827-18,S cbez Colla,
SluUg.-Tubingen, J.-G. vo11 Herders sümmll. IVerke, l. I, p. 74. Fragmente iiber die
net1e tetitsche Lileratur.
L Sur les rapports de Herder ~t de Cervantes, voir Herders Briefe an Hamann
Berlln, 188~ (q69-1773) et Erinnerungen aus dem leben Joh. G. uon Herders, hrgg.
von Müller, Stultg.-Tübingen, 1820.

�•u- º''?llft
et allnoWe d111 Or(geau 41 la ,,.,._ ~1,11ena de Vela-..,
qui inléresu vivement Herder. Die.te annon\lllit dans 1a prifaee
une 111thologie dea poete, e1p1gnol1, qui denlt contenir en
parUculier lea plus anotena poemea do r:ancioM"° flM-',
m•I• qui ne vil p11 le Jour.
Herder eulvail-avec allentlon cette enquéte en !erre eapagnoH1. !n , 77/1, cllant, a.propoa d'O11lan, dlvera romanoea de
dlYets pays, il négligeall encore le romance espagnol. Mala
lonqu'en 1777-1778, 11 a'atlacha au folklore el puhlla ses célAbres Voix des Peuples, Slúnmen der ViJlker· in Liedern, 11 ren-. ·
contra quelques roniances, 11uasi peo populaires que po31ible,
d"Espagne. Ce f11t une révélation. Romanoe moresque de Giués
Pérez de Hita, romance précleÚse de Góngora, la acience de
Herder ne semble pas avoif été, a celle époqu·e, plu11 loin.11
lraduil un cerlain nom1&gt;re avec un rare booheur. 11 tradull
avec cooacience et lalenl, non saos quelque liberté, supprime
· des longueurs, concentre, ravive. Rylhme lrochaYque, vera de
quatre pieds, slrophe de qualre ven. Ni riml!, ni aHooance. C'eat
141 maniere déftnilive de Herder, A laquelle i1 restera 0dele •.
Herder sou~onoa les richesses cachéea de ce genre qu'il
dé~uvrail i l'insligaU011 d'initialeura anglais et írant11i1. • 11
o•-, a rien de plus ardo; dit-il, que la lraduction d'une si_mple
romance eapagnole. . . En ce qui conceme la romance et la
chansoo, nous avons beaucoup a apprendre ·dana celte lilléralure; peut~lre qu'un jour lleurira a nos yeux ·s ur ce sol tout
un Jardi_n des Hespérides. Je ne connaie, en dehon del'ilalien,
auenne l4ngue modeme qui soit capable de tresser des guirlandes lyriques plus jolles que la lan¡¡ue ihérique, plua sonore
du reale que l'italien •. »
• Lea romances espagnoles, ajoute-1-il, aont les plus narve■,
· les plus anciennes, el, du reste, les premil!res de la lignée fout
entil!re des romances s. » ·
·

"º

•1. SQr Herder el l'ltpeflle, toir, en peruculler, A, f'trln1Ui, ~,,.. Jlr ptl,

u,,,... •

,,.,.,-,. ,ao~. V, p. !19 i J.•J. A. 8'rlrand, CrM#ln,_ rt le .ROfltflAlg,_ """1,ellll, , 1 14,
p. 7' "l•. S•-• w l'llti,r ÍII U.d,,.,,.8. Worlo, édiU.., Colla, ,Sal,-• VII.,-.
deo Qoaais populal"", p. 9a.
3, lbúl., p . 16o.

.

-

ffUICID

D111 ifnorona bon nombre de1 leolures de Herdet. Qael1
IOlllan- Ya-t--il déaormaia trou~er sur son chemin P 1.ea ..stea
•i,cit raree. Herder n ·a JIBI été un cheroheur de tlocuineula,
mail il f&gt;arlicipe ii la vaate enquéte critique qui ae dllYeloppe
. ii lrnera l' AUema¡ue; 11-dévore lea ouvra... d'hi,tolre littéralre qui pa11enl ii aa portée, Sarmien&amp;ó, Rengilb, Huet,
Hermilly, Ockley, Marigny et lea pl'Mt!nfalieles fl'o\l&amp;I■•
L'inlatigable chasaeur d'idées qu'll ful IOÚt au long de ta vle
reunit oo certain nombre de lhéorie1 relalives 1u romanee,
donl il fil la t'orturie,
La culture arahe, infusée anx olvllí88llon1 nal~Uf!le•. du
Midi de l'Europe, leur transmit l'ln1pira&amp;lon orien~le el
lee rormu d'art ancestrales qu'ellc Hlil pulúea .aus
aoureea a1ialiques. C'était une loogue querelle, parml lea
é'rudits, qne )'origine de la rime et de la poosie. Lope de
Vega, daos son Laurel de . A polo, Saumalze voulalent que
nos poésies modernea fussent nées des liltérstorea grecque
· et latine. D'aulres Conl dérh·er la rime des langues germanlques, tudesque•, CÓmme on dlsalt. Huel •,. Masaieu •, el·
a leur suite l'érudil allemand Reiake 3 sºinacrivent en faux
contre cea idées. • Lea Arabes, dit Huel, fonl leura délices
. de la poésie : c'est l'élude la plu1 ordinaire de leun beaux
8ª1}rils.,. C'esl des -Arabea, a mon avis, que noua lenons
l'arl de rimer 4.,. L'Espagne ayant recen enfio le Joug ·deá
Arabes, elle re~eut au~•i leen mreurs, el prit d'eux la coutume
11e chonter des vera d'amour el de célébrer les actions des
granda hommes. • C'élaienl " lea chaola qu'ila nomraoienl
Romanceas» .
Herder reprend ces éonclusion1. Ce sont, dil-il, les Arabea
qui onl inlroduit la rime dans la lillérature européenne; lea
paya les plns altelnts par celte iriftuence Curen! ceux ou

1, ,.,,_ • ........, la 11.,.,,.,_ • • • 1ur le •fel 4a la Prlltet1# di, 00,n, Pari1 ,
1e,I. 8n 171 t pantl la 8• édlUon, qui porte le tll.-e: TraiU U l'o,·lgine dn Ro1tU1111,
.,.. M. llno&amp;.
•• 11,.,.,,_t!Ü,. Pohl.Jf'ftfaiu. Pari1, 17S9 .
a.• Huel, l. a. p. 1.-19,
w......,Ao/1,. •""f,.;,n la.ui,, t. x.
6. Hu«, l. c. p. ali.

-•-.1w-.

•

�BULL&amp;TDI HISPANIQUE

HERDER ET LE CID

les rapporls, amicaux ou hosliles, avec les Arabes onl été te
plus fréquents •.

de Tressan réveilla les cantes el les romans du Moyen-Age
fran9ais, s'aventura, avec une prédileclion symptomatique,
parmi les héros de l'ancienne épopée espagnole. Elle résum~,
a l'usage de ses lecteu1·s, dans le style agréable, spirituel
el lrop habile des belles infideles de l'époque, nombre de
romans, reuvres épiques ou autres, dont l'Espagne afrancesada, elle, se désintéressait : la Gatomaquia, la Célestine,
Mingo Revulgo, le Cupido11, l'flistoire d.es Guerres de Grenade
(de Pcréz de liila), etc. En 1782, 1783 el 178~,elle s'oecupe
de la légende du Cid. Au mois de décembre 1782 1 , elle don ne,
dans une note,.. un romance espagnol, les adieux du Cid a
Chimcne . Dans le denxiemc volume de juillel 1783 (p. 3916:l), parail, sous la rubrique du Romancero « flisloire en
Romru,ces" d'Eseobar, l'hisloire toul entiere du Cid, L'auleur
rend compte el s'inspire du Romancero d'Escobar, mais il
ulilise a l'occasion le Tesoro. escondido, de F. Meige et le
Romancero General de M. de Madl'igal. Qui esl cel auleur~
La pluparl des analyses de la Bibliolheque des Rornans sonl
anonymcs. « Nous avons a peu pres la cerlilude, dil le J\la11ttet
Horel, que cclle premiere lraduclion d'une partie du Homancero esl due a Couchut, qui était tres versé dans la languc
espagnole et qui a íail _connaltre la pluparl des Romances de
la Péninsule :1. &gt;)

Le romance est né de celle influence; il y a pris les deu~
caractCres qui la singularisenl: chcvalerie et galanlerie. On voit
aquel poinl le romance moresque avail .ftappé l'altention de
l'eslhélicien. 11 ne connail en somme qur le romance lyrique,
et ce n'esl que vers la fin de sa vie qu'il découne l'inspiralion
du romance épique espagnol. Et c'esl grace au Cid franrais,
paru dans une colleclion a la modc, la Bibliolheque des Romans.
Les idées de Herder sur la poésic sonl tres sourn1ll emprun- ·
tées. ll emprunle, sans scrnpule, a Vollaire, Oiderol, Ronsseau
et a lcurs disciples franrais. Malgré s&lt;'S allures révolulionnaires, Herder ne fil guerc que répéler el reprend re des theses
fran~aises '· Lorsqu'il voulul illuslrer ses idées, c'esl encore a
la France qu'il alla demander son modele. Son Cid esl une
traduction, non des originaux espagnols, mais de l'adaplalion
fran~aise du xn 11 siecle.
1

11. Le Cid fran9ais du

XVIII'

siécle.

On n'a pas &lt;lit tous les mérites des lellrés fran~ais du
xvm• siecle. Sans doute, ils onl leurs lravers; ils sonl lrop de
leur temps, avec ses préjugés et ses reilleres. Mais une universellc curiosité el une vive intelligence, qui sonl des l'ées
merl'eilleuses, les enlralnerent dans des !erres Joinlaines el
belles, el leur découvrirenl les lrésors inestimables des poésies
oubliées. Tandis que Vollaire ressuscilail Shakespearc, que
l'on relrouvail Dante el Pétrarque el les lroubadours de
Provenee, d'aulres sallachaienl a la lillérature espagnole. La
Bibliolheque Universelle des Rornans3, ou l'aimable et curicux
1. S. W., t. '\.VIII, p. 5 sq. (1801-1803). G. Scblegel condamaait déj3. celle lhCse
dont le succes n'est pas long.
'
i. cr. L. l\eynaud, Jlisloire génirale del'influence fran,;aise en tllemogne, ,, édilion.
Paris, HachellP, 1915, p. h5 sq.
3. Bibliothtque L'nivuselledes Homans. Ouvrage pério&lt;lique, dam. lequel on donne
l'anal:yse raisoonée des Romans ancieas et moclerncs, Fram;:ois ou traduils dans
notre Langue, nec des Andcdotes el des Notices hisloriq_ues et criliqucs concernant les Auleurs ou leun Ounages: ainsi que les :\frours, les Usages du temp~, les
circonstances particulilfres et relatiwcs et les Persoonages connus. déguisés Ou
emblématiquei,; Ellefut íonJée et rédigée de t773 it. 1¡7R par le IJ).arqui~ de Paulmy;
c'est aprfls cette dale qu'elle publia de nombreuses études du comte de Tressan.

,

, . Bibl. des /t()mans, 7 décembrc 178~, p. 39-43, note.
Souveau .1fanuel de Biblir,graphie L'nii,erselle, par 1''. Den is, P. Pin~o, de
"arLonne. Paris, librairic l\oret, 1857, p. 459. Romancero. art. 43,
Abel lhtgo (Romances historiques, 182:1, p. 101), atlribuc, semblc--l-il, ce poCme
en prose au marquis do Paulmy (do Voycr-Argco1,on). Mais il y a 18 cerlainemenL
uae crreur. Le marquisd'Argcnson a quillé la Bibliolheque dts Jlomaru en 1778 pour
fouder en 1779 les .!lélange, tirés d'une grande Bib/iotMquc (1 779-1 787). ·
Voir aU!ól:ii .mr ce poinlA. Farinclli, Zcitsch.Jür vgl. lilgesch. V. 1892, p. 331 sq.
(Spa11ien und die spanisclie Lit. irrt Lichle der d. Krilik und Poesie (:1' art.icle).
Le nom de Couchul est aussi mis en avanl par Romanía. VIII, p. 477. • Cctle
ven;ioo e,;t probablemenl de Couchul, fantastiquc écrivain, passionné pour la
littéralurc cspagoole el collaboraleur de la Bibliotheque des Roman.s. •
Ce Couchut (odhographié aussi Couchu, et méme Cochu) est un obscur compilatcur dll i:v111• siflcle, qui vendait. ses serviccs, prosc el vers, a quelques graod,;
:scigneur:. de lcttres. La Bibliotheque CU llmnam publia de lui en déccmbre 1ín,
p. Jr 178, dcux edraiLs, trrs mécliocrcs, de Partiuuplcs do Blois (d'iiprll, ,·ersions
calalanes). Ces e\'..lrait.s ~onl signés Couchu. Cf. Roquefort : Mémoire su,· l'Htat de la
poésie dans le XII• et le .\IJI• sit1cles. Paris, 1815, in-16, p. 167. Couchut. se mt:la a la
querelle de l'A111adis, soulenanl, coalre Tressaa, que l'Amadis n'et.l. pas d·origine
frani:,;aise, ni picarJe, el que Vasco de Loberia en e~l lc ,érit.ablc au teur. L'érudition
de Couchut en imposa au marquis bcl-e:ipril. (Voir Lettres ai1.1; auleurs du Joúrnal de
:1.

��188

UEI\DER ET LE CID

BULLETl~ HISPA,.''UQUE

Perse, marche a la renconlre du roi Maure Boucar, qui vient
lui dispuler Valence. 11 meurt, léguant a Chimene Valence
et son épée.
On le voil. Ce n'est qu'un extrait de la légende. Maints
épisodes sont a peine indiqués ; d'autres manquent tout a fait.
Les aventures qui se passent sous les murs de Valence sont
sacrifiées. A par! quelques digressions, les quatre romances
zamoranes en parliculier, toute la narralion gravite autour
de l'unique personnage dtt Cid; lout, acles el discours, esl
destiné a éclairer un moment ou un trait de son caractere.
Les délails de couleur locale s'effacenl. Qu'imporle le jour des
Rois, et la fete oú les dames et demoiselles ré\'oivent l'étrennc
du Roi, ! Qu'importc la messe de relevailles et l'habit des
écuyers « en drap de Courtrai !' n. Qu'importenl toutes autres
particularités trop exclusivement espagnoles ! Tandis que les
ambassadeurs de Perse s'étonnent, dans le Romancero, des
riébesses du Cid, notre Fran\'ais, se rappelant Cincinnalus,
affirme que ces ambassadeurs « ne revenaient pas de leur
surprise en voyanl une si grande pauvreté n.
Ce qui intéresse l'homme de notre xv111º sie_cle, ce sonf les
conilils psychologiques, les fines nuances du sentiment, le
développement des. caracteres. Aussi bien notre Cid est-il,
moins un tablean de l'Espagne du MoJen-Age, que l'épopée
d'un caractere.
Le Cid du Poeme et de la Chronique était d'une farouche
violence, guerrier brutal, téméraire, Castillan superbe el
triomphant. Le Rodrigue du Romancero est d'une énergie
plus endiablée encore. N'est-ce pas lui qui brise le tróne du roi
de France ponr mettre au plus haut le lróne de son roi, qui
insulte un duc et menace le pape? Le Rodrigue du Romancero
refuse de baiser la main de son roi et ne la baise que par piété
filiale. « Si quelque autre m'eut dil cela, il me l'aurait déja
payé, mais puisque c'esl vous qui l'ordonnez, mon pere, je le
ferai de bonne gr&amp;ce. )) - &lt;t Ote-toi de ta, lui dil le roi, Ole-loi
1. Primavera y Flor de Romances por J. \Yolf y C. Hofmanu, Berlin, Asher, 1856,t. 1, p. 103 (1\.. 3ob). - Cf. trad. Oarua~ Hioard. I p. :rn.
2, Damas Hinard, 1, P· 45,

de la, diable, dont fa figure est d'un homme el la conduile
d'un lion sauvage 1 • )) Le Cid fran~ais est moins méchant.
Lui aussi demenre en selle el il faut que son pere le prie pour
qu'il baise la main de son seigneur et roi, mais il obéit et ne
commet point d"aulre incarlade. Eh bien, ce Cid apprivoisé
choquait le goul délicat de nos gens du xv111' siecle. « Le Cid,
dit l'anteur, en maniere d'excuse, n'était pas d"un naturel forf
docile. On n'aimera point cette rudesse, car ¡¡ est sur que
nos femmes ne nous font plus que de petits singes'. n II y a
bien d'aulres difiérences. Notre Cid ne menace point Chimene
de couper les pans de sa robe un endroit honleux. Ilnebrise
point le tróne du roi de France, il n'encourl pas l'excommunication _papale. II 1·essenl l'injuslice des acles et des ambitions de son nouveau roi don Sanche, et c'esl lui qui délivre
Alphonse. 11 morigene le roi son maltre, mais le respecte et
lni obéit. II conna1t le remords, le devoir, la loi morale.
C'est avant toul un testarudo, un homme de tete , droit ,
forme, chevaleresque, altier et fier. Mais c'est aussi un
Cid amourenx.
L'amour n ·avait auc_u ne place dans les épopées primitives du
Cid. Le Romancero ne parle guere que des senti,¡nents de
Chimene el de !'infante pour le Cid. Guillén de Castro et
Corncille avaienl magnifié les sentiments du héros lui-meme
el la lutle poignante de l'amour el du devoir. L'adaptateur dn
nrn• sieclc se sonvient du Cid dra~aliquc, il rend a l'amovr
tous ses droils el tout son role, il mele aux ftpres scenes de la
reconquista les mariYaudages de la passion. II fallait bien du
romanesque a la Bi/,/iotheque des Romar,s. On en a mis, et du
pire. Car c'esl en vers que s'exprime l'amour de Rodrigue, et
ces vers son l détestablcs :

a

Oh I qu'elle csl bolle ma ChimCne !
La fleur que le prinlemps ramElnc
Est moins douce a l'ceil des passans.
La rcgardant, on se promCne,
On la vante, le nez aux venls:
Et moi, je l'aime et l'aimerai long-lemps.
1.
""2.

Prima.vera.y Flor ... t. 1, p. 98. Bibl. des Romans, l. c., p. 17 r.
Bull, hispan.

Damas Hi11ard, t. II, p. 18.

'3

�BULLETl:'i: HISPA~JQUE,

Sa couleur esl un peu brunette .
Mais qu'elle porte,_ un jour de féte.
Son jupon verd, ses souliers blancs,
La regardanl, chacun s'arréte,
Chacun la vante, nez aux vents:
Et moi, je l'aime et l'aimerai long-lemps.

Chanson d'opét·etLe, peu digne du héros castillan ' .
Ce n'est pas la seule . Voici un madrigal:
Qu'a votre noble colombier,
Dame charmanle,
Moh épervier
Porte la mort el l'épouvanle, _
De mes dcsscins, c'est le dcrnier.
Dame champetre,
Quand d'une-lettre
On n'ose se fier,
Qu'on ne peut oublier
Et qu'on craint tant de rétre,
Un épervier 1
C'est l'écuyer
Qui dit les desseins de son mattre :
Ah! puissiez-vous, Chimene, entendre le premier ~ 1

Ce deuxieme poeme, si l'on peut dire, est un peu moins plat
que Je premier. Lee tr isime, qui esl un dialogue entre
Rodrigue et Chimene, est plus prétentieux, plus nuancé,
mieux venu.
RODRIGUE,

Voici les lieux charmanls oll man ame repose,
Oú je cherche l'objet qui peul me secourir.
A minuit seulemcnt, c'est l'heure que je l'osc,
C'est l'heure oU je ne vois aucun risque a courir.
CHIMENS

g¡ ce sont la les lieux oll son ame repose,
S'il cherche la Beauté qui peut le secourir,
Que mon cruel Amant me parle, puisqu'il l'ose
Je ne vois que pour moi des risques ii courir.
.

H.
C.
R.
. C.

R.
C.

'

Un curieux peut nous cnlcndre.
Un curicux pourroit nous voir.
~la Chimene, mon doux espoir 1
IIélas ! quand mon camr est si lcndre !
Ah I Rodrigue, c'cst ton devoiri
Le mien esl de ha'ir.
Et tu me hais?
Bonsoir3.

1. Bibl. de! Romans, 1, c., p. 62-63-64.
~. Bibl. des Romaru,.l. c., p. 49.
3. Bibl. des Romans, l. c., p . .'ao.

UER DER ET LE CID

La suile manque, au rneme degré, d'envol el de force. Mais
il y a quclque subtilité et une certaine grace mélancolique.
On y senl l'influence de Corneille. Galanlerie, finesse, lutte
du devoir el de l'arnour, loute cette dialeclique du sentirnent
ou se complaisenl nos héros est de style moderne el de style
fram;ais.
Le caractere du Cid a quelque peo souffert dans la traduclion. Ce sentimenlalisme mievre luí fail du lort el le rend un
tantinet ridicule. Mais dans !'ensemble, le type esl définitivement fixé, tel qu'il vil dans l'imagination populaire du public
mondial, impavide guenier, mauvais courtisan, fidele a son
roí, loyal sans bassesse, sincere, confiant, droit et noble, dévoué
a ses amis, généreux a l'égard de ses ennemis, bon époux et
bon pere, bon chrélien, secourable aux malheureux,admirable
dans le soeces el superbe dans le rnalheur, homrne d'honneur
et de devoir, te! esl le preux du roq;,an francais. Le Cid du
Romancero est un féodal, le nütre est un chevalier, (( honneur
et miroir des braves ))' et c'est sous ces traits idéalisés que
nous aimüns, mCme aprCs Dozy, a nous le.représenler .
Chimene aussi a des aliares moins primilives . La Ximena
espagnole n'cst pas une senlimentale, Elle demande Rodrigue
en mariage, elle le redcmandc, m_ais c'esL par calcul, c'est
aussi par admiration. Nulle passion. Pourtant c'est elle qui
fait la premiere démarche Naire Chimene a plus de savoirvivre. Elle accuse, c'est son devoÍI&gt; elle va meme &lt;f jusqu'8. se
donner pour le prix de la vengeance n. Motif singulier,
empt'Unté a la lradition dramalique, mais dont naire auleur
ne Lire aucun partí. Elle aime Rodrigue, el le lui dit, mais avec
décence :
Tu fais ce que tu dois, si lon coour esl sensible,
Sensible aux pleurs que lu nle fais verser
Pour un Amanl el pour un pi!re;
A.u triste amour que ne peut effacer
Ni mon devoi-r ni ma colúre ...
Quel est celui que doil intéres.ser
l\fa peine? hélas ! ma peine amere!
Et qui doit m'en récompenser,
Si non l'aulcur de ma misCre?
Va-l-cn, Rodrigue.

•

•

�19,

BULLETIN l:USPA?ilQCE

Les dames qui formaienl le public élégant de la Bibliolheque
des Romans n'auraienl pas compr;s que le Cid ne fut point
aimé et que Chi~ene ne fut poinl amoureuse. Mais cet amour
est chasle. Chimene est douce, vaillanle et modesle, digne
compagne du héros sans peur et sans reproche.
Le Romance espagnol faisail une allusiou a un anlre amour,
plus haut et moins beureux, a l'amour de !'infante Urraca:
Que pen~é ca~ar contigo,
No lo quiso mí pecado . ..

Ce qui n'était qu·un souvenir mélancolique devient chez
notre rom~ncier cruel souci et jalousie vivante . Doña Urraca
(O urraca) avoue sa passion : « Ah I le beau Chevalier, ma
mere! que Rodrigue est un Chevaliel' cha!'mant I Ileureuse la
1·oluriere Bergere qui peut le regarder a son aise sans craindre
la médisance ! Heureuse la noble épouse qui sera conduite par
sa mere a ce Chevalier charmant'. »
Doj1a Urraca morigene ringrat avenlureux dont le creur bal
pour une autre. « N·oble Chevalier Rodrigue, jeune et vaillant,
pmdent el fier, charmanl el renommé, que le Ciel le puuisse
et te couvre de honte, audacieux qui viens atlaquer mon cceur,
s::tn!J te souvenir de ce queje suis, de ce que tu es 3. &gt;J
Notre auteur revient a,·ec prédileclion a !'infante el a son
amour malheureux. Il nous montre doi,a Ul'raca pleurant s9n
pere el les défailes de ses freres, el la 1:uine de sa smur, el une
autre douleur qu'on deYine "·
L'entrevuc de !'infante et des pelites fllles du Cid, aussi peu
authenlique, est d'une charmanle inspiralion, lrop jolie peulclre pour de si rudes temps. Elle esl lout entiere de l'invenlion
du traducteur. « Les aimables enfans ·ctu Cid réjouiroienl les
cceurs les plus sauvages, a les regarder seulemeot; d'oll vient
que la belle Infante pleura quand ils lui sourirent~ On ne sail
si elle les haiL ou si elle les aime; elle les repousse avec colere
el les reprend pour les dévorer de baisers ... Elle dérange leur
,. Primauera y Flor de Romances.,., I, p. t17,
Bibl.desRomans,l.c.,p.34.
3. Bibl. des Romans, l. c., p. _54-55.
fi, Bibl. des Romans, l. c. 1 p. 95-96.

HERDER ~T LE CID

jolie parure et croil qu'elles auroienl été parées avec plus de
graces et plus d'amour par ses mains 1. ,&gt;
_ Deux aulres romances on.l été lout entiers imagines par
l'auteur fran9ais, entreliens de salon sur la femme, l'amour el
le mariage. C'est le Roi Ferdinand qui sonde le cmur du jeune
homme et le mel en garde contre les pieges féminins: • Vous
ignorez ce que c'esl que les femmes .. . les hommes ne sont
que les instrumenls de leur empire ... La force des femmes sur
nous, c'esl leur secrel. La distance esl prodigieuse de !'esprit
du plus habile homme a celui d'une jeune filie, el J'ayantage
est pour elle ... C'esl une regle de la sagesse que de ne point
épouser. n Aphorismes auxquels le Cid répond, sans peine,
vicloricusemenl:
« Celui qui fuit le saint lien du maria«e
.
o
déserle nécessairemenl de sa Religion, de sa Patrie, brise le
frein de l'honneur el le lien qui le faisoit tenir a la famille des
hommes ... Jamais femme ne régna sur un homme bien entier
4ans son honneur ... Toules les femmes sonl mauvaises &gt; mais
cha que femme est bon ne si son époux est homme , ... »
L'auteur fran9ais ne se prive done pas d'ajouler. II ajoute ce
qui manque, a son gré, aux légendes espagnoles, l'amour el la
fe°'.me. Ce qu'il ajoule n'esl pas dans !'esprit de !'original,
muis dans !'esprit de la litléralure du xvm• siecle. Les caracteres eux-memes o.nt perdu une bonne part de ce qu'ils avaient
de frusle el de barbare. L'adaplation francaise du Cid a done
quelque chose d'original, qu'on peul ne pas aimer, mais dont
il esl difficile de méconnallre la modernité.
La forme elle-meme de celte pseudo-lraduclion esl nouvelle.
Les qualités de naturel et d'énergie, qui caractérisent le texte
spagnol, s'elfacent. Notre auteur vise au slyle; il recberche la
rapidité, la concentraliqn, l'élégance. Répétilions, anlitheses,
jeux de phrases, co~paraisons, il ne néglige rien pour rendre
la lecture agréable. Tantot, le ton s'élargit. « Honneur, talen!,
verlus, puissance, orgueilleuse pompe du monde, vous n'etes
qu'un soufile arreté pour un moment dans une bulle Jégere 3,
Bibl. des Romatts, l. c., p. 125-126,
Bibl. d•s Roma.ns, l. c., p. 58-fü.
3. Bibl. de5 Romans, l. c. 1 p. 81 .

2,

1,

2.

•

193

�BULLETfN BISPA"'i'IQUE

Tanto\ il s'abandonne a de galantes préciosilés. Les vers sont
en général médiocres el désuets. Par conlre, la prose esl généralement de belle venue, ferme et sobre, ample el grave, a l'occasion nuancée el vibrante. Débarrassée de ses fautes de gout
et de quelques obscurités, ce serail une belle prose fran~aise.
Nous ignorons le sueces immédiat qu'eut cette adaptalion;
il n'esl pas douleux que ce succes n'ait été tres vif, car l'année
d'apres, il fallut, a ·1a demande certainemenl des abonnés,
donner la suite et la fin du Romancero.
La Bibliolheque des Romans avait, en effet, en 1783, dédaigné
l'épisode des infanls de Carrión, épisode « intéressant, disaitelle, mais peu vraisemblable, et d'une longueur mortelle " et
qu'elle se contentait de résumer « en deux mots" •.
Un scrupule lui vint. L'an d'apres, elle se décide a donner
tout de meme cel épisode sous ce litre : E/vire et Sol, Filies du
Cid'·
L'auteur est inconnu. Ce n'esl certainement pas l'auteur du
Cid de 1783. A la fin de la préface, nous lisons une nole, toul
au moins singuliere, et qui est une condamnation. Le traducteur est, &lt;lit la rédaction de la revue, « un homme qui a
quelquefois engagé sa plume dans ce Recueil el a qui nous
n'avons jamais pu donner de !'esprit" 3,
Le style, qui a souffert de l'influence de Rousseau, cst
pénible, filandreux et sentimental, mais passionné. Les idées
sont celles d'un disciple de Rousseau.
La préface nous apprend que les matériaux sont tirés de
différentes sources. « Nous sommes, ajoute-elle, un peu plus
lyriques que nons ne pensons. Nous nous trouvons, malgré nous-memes, sensibles a ces tournures animées, a ces transitions inattendues ou \out a fait brusques des vieilles chansons
militaires ou víllageoises. » lt Les regles classiques sont de
mauvai• vents qui flétrissent toutes les fleurs ... Nous n'avons
pas une bonne piece lyrique dans _notre langue, et les morBibl.
Bibl.
plelement
3. Bibl.
1.

2.

des Romans, l. c., p. 164-165.
des Romans, Octobre, fase. 11, 17~4, p. 7·32, en 13 romances (donl 5 comoriginaux).
des Romans, p. 6,

IIERDER ET LE

cm

ceaux de poésie qui font le plus honneur au sentiment sont
abandonnés aux livres du peuple•."
La lraduction, tanlot liltérale, el lantót trap libre, peche par
les memes défauts. Citons, a litre d'exemple, un des passages
les plus fideles:
Acabado. de yantar
La faz en somo la mano
Durmiendo está el señor Cid
En el su precioso escaño.
Guardándole están el sueño
Sus yernos Diego y Fernando
Y el tartajoso Bermudo,
En lides determinado.

Sa noble face sur sa main, 8 la
suite du déjellné, Je Seigneur Cid
dormoit daos son fauteuil de bois.
Ses gendres le vcilloient durant son
sommeil, ses gendres Don DiE'gue et
Dort Fernand, avec ce délerminé
begue de Bermudo 2 •

Mais ce beau zele d'exaclilude se lasse :
Cuando unas voces oyeron
Que atronaban el palacio
Diciendo : Guarda el leon,
Mal muera quien lo ha sollado
No se turbó don Bermuda,
Empero los dos hermanos
Con la cuita del paYor
De la risa se olvidaÍ'on ..
(Su.ivent 4 uers non traduils)
El menor Feman Gonzalez
Dió principio al fecho malo ...

Ils sont galants el beaux parleurs,
les gendres du Cid. Mais voici des
éclats de voix qui remplissent tout
Je Palais comme un coup de tonnerre: • Gairc du lion, gaire I Maudit soit qui l'a déchatné » C'était un
grand !ion nouvellement arrivé de
ses déserls. Bermudo, tout en con ti+
nuant la joyeuse histoirc qu'il contoit, prit au poing sa longue épée.
Les deux gendres oubliCrent ce qu'il
disoit, et cessBrent de rire. Don Fernand, le plus jeune, commenca la
vilainc action 3.

L'histoire des deux infants esl connue; la version de la
BibUotheque des Romans es\ a peu pres exaclement celle du
Romancero. 11 semble que daos toute celte histoire, assez ignoble et dont la gloire du Cid elle-meme sort un peu ternie, il
y ait peu de place pour des confidences d'amour. L'auteur
fran~ais, séduit par l'exemple de son prédécesseu·r, n'a cependant pas su éviter une aussi invraiseniblable se/me; il invente
lout un dialogue ou les dem: sc:eurs, filies du Cid, découvrenl
les secrets de leur alcóve:
" Diegue est jaloux, di\ !'une, et ne m'aime pas. Si je me
leve la premiere, c'esl par empressement pour un homme; si
Bibl. des Romans, p. S.
Ed. Baudry. Romancero, p. 54. - Bibl. dts Romans, 1¡84, l. c., p. 1 J+u.
3. Ed. Baudry. Romaflcero, l. c., p . 54-55. - Bibl. des Roman,, l. e 1 p. 12,
1.

2.

�BLLLETIN I:USf'A:SIQUE

HERDER ET LE CID

la derniere, c'est pour rever d'un autre que je demeure au lit.
Je lui déplafs par ma gallé, je lui déplais par ma tristesse ... "
Et l'aulre : "El vire, ma sreur, je suis plus malheureuse que
vous. Fernand me parle a toule heure de son amour et je ne
puis ni l'entendre, ni le croirc ... 11 brule, il meurl pour moi,
etje ne puis l'entendre, ni le croire ... 11 me dit partoul qu'il
m'aime. Ilmele dit lejolll'; lanuit, il me le répete ... et moije
ne puis l'enlendre, ni le croire ,'. ))
La page la plus inléressante de cet exlrait est une peinture
du caractere du Cid: " Le Cid ful le meilleur de lous les hommes et le plus déterminé de tous les guerriers, le plus inflexible ennemi . des traltres et le plus prudent Conseil de ses
Rois. » Mais la légende du Cid contient des invraisemblances:
la victoire qu'il remporle apres sa mort; - des taches: son
emprunt a des usuriersjuifs; - des faiblesses: sa mansuétudc
a l'égard des infants de Carrión ; - des exagéralions : son
arrogance devant ses rois. N'imporle: « Si tout ce qu'on dit
du Cid n'étail pas vrai, il faudrail penser qu'il esl bon de le
croire a la lettr,e. Il y a des mensongcs qui sonl bien meilleurs que la vérité, et si c'est un mensonge que les si€lcles
d'honneur et de franchise, il est á peu pres honnele d'clre
la dupe de ces mcnsonges-13. :J. »
Malhelll'euscmenl, la traduclion est mal écrite, d'un style
amphigourique et fumeux. Elle n'esl pas dans le ton du Cid de
1783, ni, en général, dans le ton de la Bibliolheque des Romans.
Elle n'a qu'un mérite: c'est de donner une idée approcbante
d'un épisode grave de la vie du Cid el de compléter l'ceuvre
commencée l'année précédente.
ll est regrettable que ce Cid franc;,ais, tel qu'il est, avec ses
!acunes et ses défauts, n'ail pas été édité en volume, il aurait
sans doute exercé une aclion plus durable. Mais la Bibliothequedes Romans eut un nombre considérable d'abonnés, en France
el hors de France, el un succes considérable. Elle ful suivie,
en Allemagne surtoul, avec le plus vif inléret. \Vieland,
Nicolal, les revues et recueils s'en inspirCrent copieusement.

Grace a elles le Cid, sous son habit a la mode, fil le tour de
l"Europe. Sans doule, ce Cid franc;,ais n'est pas loul a fait
áuthentique, mais le Cid du Romancero ne l'était guere plus.
Son mérite esl d'avofr rajeuni la gloire et la figure du héros.
Tandis que l'Espagne oubliait son passé, c'est la France qui
révcilla sa lradition héro1que. C'est la France qui fil du Cid un
type d'humanité vivante et superbe, qui allait inspirer la fan•
taisie des poeles et l'admiration des a u tres peuples '.

, . Bibl. desRomans, 1784, l. c., p. 16-17.
2. Bibl. des Romans, l. c., p. 3o.

1 97

..

. III. Le Cid allemand.

•

L'adaptalion franc;,aise du Cid ne pouvait passer inapervne.
Le Neuer Teulscher Merkw· de Wieland publia, en février 1792
(p. 199-215), le début de cette traduction, les neuf premiers
romances, sous le til,·e : Rornantische Geschichle des Cid. La
traduction allemande, assez fidele, en prose, est signée S.
(peut-etre SeckendorffJ.
L'auteur ajoulail, dans son avant-propos : « Il esl incontestable que les vieux romances ou vieillcs canlilenes héro"icopopulaires des Castillans formen! la plus belle el la plus
intéressante partie cle.leur lillérallll'e ... il serail fort a désirer
qu'un poele, pénétré de !"esprit des Ch,anls popuiaires de
Herder , nous donnal une lraduclion de tous .les romances
' qui
ont pour sujet le Cid et sa Chimene, traduction dans laquelle
¡¡ s"efforcerait de garder le plus possible de la sublime simplicité, de !'ingéniense éncrgie, de la ravissante na1veté, de la
délicatesse et del 'émotion de !'original.» Tous éloges a l'adresse
du Cid de notre Bibliothi!que des Romans.
1 , Le Cid de la Bibliotheque des Romans, ne disparaiL pas tout enLier dans la poussiere du temps et de l'oubli. Creuzéde Lesser, qui le décou-vré--a son tour etl'imile i.
son tour abondammenl, en fait, dCs 1814, un dithyrambique éloge. &lt;e Peu de livres
m'ont fait une aussi vive impression. Elle le ful d'aulant plus que je m'y attendais
moins. J'étais comme un homme qui, en cherchant un coquillage, vient de découvrir un trésor ... &gt;&gt; (le Ci.d, , .. édition, 1814. = 3• édition, 1836. Préface p. -vu.)
M. H. Tronchan a, dao1 une excellenle élude parue daos la Revue littéraire deBranr:e,
J91 :J (p. 489-533 et 855-883), et dans un chapilre de son précieux ouvrage sur la
fortune intellectuel/c de IIerder enFrance. (These, Rieder, Paris, J920, p. 291 sq),
confronté avec beaucoup de soin le_ texte de Creuzé de Lesser et celui de Herder et
éta.bli que C. de Lesser ne s'est pas inspiré direclemeot du poOme allemand (sauf en

quelques détails secondaires). Ce qui semble d'inspiration herdérienne Yient de
Sismoodi.

�198

JJERDF.R ET LE

8ULLET1N UISPANJQUE

L'invite ful entendue : c'est Herder lui-meme qui se mil
a l'reuvre. 11 chercha des lextes . 11 emprunta des livres
d'espagnol a Einsiedel. Ayanl découverl un exemplaire du
Cancwnero de Roma,ices (Bibliothequede Weimar, édilion 1568,
Anvers), il en recopia 38 romances, dont 10 romances du Cid .
Heyne lni procura le Sepúlveda, des 1793. Herder recut d'autres
romances de Madame de Berg. Il lrouva d'autres ouvrages
espagnols a la Bibliotheque de Dresde. En 1797, il demandait
a Knebel de lui rechercher a Nuremberg et Ansbach des
romances espagnols relatifs au .Cid. 11 ne pul rassembler les
texles nécessaires. Les romances qu'il eut a sa disposilion
étaienl verbeux et confus . Il eul voulu le texle d'Escobar dont il
pensail que le Cid de la Bibliotheque des Romans étail une reproduclion a peu pres fidele. Mais· Escobar resta inlrouvable.
He,·der se résigna, et loules confrontalions faites, préféra s'en
ten ir au Cid francais,.
Il se mil au lravail pendant l'hivcr 1802-1803 '· ll avait déja
presque terminé le 12 juillet 1803 . Un mois plus tard, il
mettait le point final, et achevail une copie de sa traduction .
Ce meme été, il recut d'un correspondan! la Crónica et le
Poema del Cid, trop tard pour en tirer parti .
Le début du Cid (romances 1 a 13) parul dans l'Adrastea
(V. 1, de mai 1803), sous le litre : Der (;id . Geschichle des
Don Ruy Diaz, Grajen von Hiuar, nach spanischea Romanzen.
Herder mil en !rain la publicalion des huit romances
suivants dans l'Adro:stea (V. 2, 1804), mais il mourut le
18 déeembre 1803, avant cette publicalion . Le reste parut en
volurne a pres sa morl, en 1805, avec une préface historique sur le
Cid, qui fil date et qui esl du célebre historien J. von Müller 3,
,. cr. B. Suphan, /-lerders sümtl. IVerke t. 28 1 édité par Uedlich, Berl. 1886. R. Haym, Herder nach uinem ·úben und seirun J.Verken, t. II. Bcrl 1885. - E. Naumano, Der Cid, Geschichte des Don Ruy Dias, Grofen van Bivar, von J.-G. Herder,
Sluttg. 1894.
2. A la mémc époque, Je Cid de Corneille retrouva en Allcmagne des sympalhies.
Schilledui-m8maeut un momentl'intenLion de le traduire. Sophie Mereau, conseillée
par Schiller, en acheva une traduclion qui ne fot pas publiée (Preus:ische Jahrbü,her,
1920, avril . Art. de H. Ameluog, p. 119 sq.). -_Bormann, Der Cid im Drama,Zeit. für
vgJ. Lilg. N. F. VI, 1803.
3. Collection Z. schiin. Lit. und Kunst, t. lll. L'iotroduclion de Müller esL datée
du 3juillet 1805. Rééditiqns en 1832 1 1837, etc. Edition illustrée en 1838 (dcssins de
E. Neureulher~. 1844 1 ele.

cm

1

99

Nach spanischen Romanzen. On y crul. On y a cru longlernps.
La parole de Herder et Jean de Müller pouvait-elle etre
révoquée en doule? EL pourtant, il a bien fallu se rendre
a l'évidence. C'est une reuvre franraise que Herder a traduite,
l'reuvre du probable Couchut.
Herder traduit exaelement le texte francais, rnot pour mol.
Il est vrai qu'il traduil en vers, et dans une forme qui a une
paren té notable avec le rythme dn romance espagnol. C'esl
une traduction de génie, mais c'est une traduction.
Dans !'ensemble, Herder suit, pasa pas, son auteur. 11 garde
le dispositi f général du poeme, la division en trois grandes
périodes - auxquelles il ajoute un quatrieme épisode. Il
garde, sans rnéfiance aucune, les romances ammueux, qui
sont une invenlion du Frani;ais. Les romances sont numérotés
de r a 70. 56 de ces romances sont de source fran~aise. Les
romances apocryphes de l'auteur fran~ais portent les n" II,
12, 13, 111 , 27 et !1o, qui n'onl ríen d'approchant dans les
divers recueils espagnols.
Le récit est exactemenl celui de l'auteur francais, les aventures sont les memes, les détails de la narralion et de la
description sont, en général, une exacte tranecriptíon du
modele fran~ais. Qu'on en juge, des le débul :
Traucrndlief sass Don Diego,
Wohl war keiner je s0 traurig ¡
Gramvoll dacht'er Tag' und ~iichle

Nur an seines 1-Iauses Schmach,
An die Schmach des edlen al'len
Tapfern Hauses der von Lainez 1

Jamais homme ne. fut plus triste
que rétoit Don DiCgue; jour et nuil
il ne faisoit que penser ala hontc de
sa maison. La maison de Laignez
étoit riche, noble, antique, passant
celles des Ignigos et des Abarca 1 •

Das die lnigos an Ruhme 1
Die A.barcos übertraf,
1. IIerder, Der Cid, Rom. 1, vcrs 1 O. 8. Bibl. des Romans, juillet 1 783, t. U, p. 36.
Voici 3. titre de comparaison le tede espagnol et La traductioo de Damas Hinard:
Cuidando Diego Lainez
En la mengua de su casa,
Fidalga, rica y antigua
Antes que liiigo Abarca.

(éd. fran.;aise, El romancero del Cid (Collección de loR mejores autores cspa11oles,
Dramard-Baudry 1 préface de Ochoa, 1870. Rom. 11, p. 1.)
&lt;1 Diegue Laynez pensait tristement 3. l'outrage qu'a re¡,u sa maison, noble, ricbe
et ancienne avant Iiíigo et Abarca ... (Damas Hinard, Romancuo espagnol. Paris,
Cbarpeniier, 1844, t. 1, p. 9).

�wo

HERDER ET LE CID

BULLETI:"i HISPANIQUE

Et plus loin
Nie erscholl ein Ruhm gerechter,
Grószer nie, als Don Rodrigos.
Denn fünf Kónige der Mauren,
Mauren aus der Moreria
,varen ihm Gefangcne .
Und nachdcm er mit Vercidung

In Vasallenpflichl und Zinspílichl

Jamais renommée ne fuL pareille
;\ celle qui couroit de Don Rodrigue
de Bivar, le vainqueur de cinq rois
Ma11res, vrais Maures de la Morisenaille, qu'il venoit de renvoyer dans
lcur Pays, apres avoir pris leur
serment de Vassaux et de Tribulaires 1 •

Sie genommen, sandl' cr a1Le
Wieder in ihi Land .zurück.

Les trois premieres parties sont une version dans !'ensemble
presque liltérale de l'adaptation fran~aise. Quelques variantes,
a l'honneur de Herder. Les slrophes, si plales, de Rodrigue
a Chimene :·
Ob ! qu'C'llc est belle ma Chim6ne

sont abandonnées. Herder supprime aussi les dhisions intérieures (suppression du litre secondaire: « Les quatre Romances
fameuses appelées Zamoranes »). On a découvert quelques
détails empruntés directement a la source espagnole ,, en petit
nombre._Ge ne sont que des détails. Le dispositif général, les
gestes et gens sont empruntés au fra119ais.
La qualrieme partiese compose de quelques romances provenant de !'original fran~ais (n" 4g, 5o, 62 3, 63, 67) et de
romances; au nombre de r 4, puisés directeqient dans le recueil
de Sepúlveda, et qui traitent de la bataille posthume du Cid

el de !'aventure des infants de Carrión. Le litre en est :
Geschichte Cids auj seinem Feldzuge in Valencia'· Herder
connaissait-il la traduction franraise de 1784? Il ne semble
pas. Sa traduction a lui n'a rien a faire, en tout cas, avec le
texte fran~ais de '784. C'est une adaptation directe, tres libre
et beaucoup plus heureuse du romancero espagnol.
Herder, vieilli, est las et désabusé. Sa combativiié s'est
apaisée. La fin du Cid lui parul un tablean assez fidel_e de sa
vie propre. L'histoire des infants de Carrión est pénible.
Le Cid y apparalt diminué, ohligé de quémander, de chatier
des indignes. Herder n'amoindrira certes pas son héros. Son
Cid parle encare en seigneur, les infants son! punis et dés~onorés . Cependant, é'est bien le vieux Cid qu'il nous décrit,
atteint par l'age et le malheur.
Abcr Lhr seyd all geworden,

Guter Cid ... ,

lui dit le roi. Et Rodrigue:
- So viel Sorg' und Kriegsarbeit
Macht schon alt: kaum hatl'ich Rub,
Kaun'l Erholung eillen Tag.

ti porte le deuil et devient tacilurne:
Und war stiller als rnrher.

Mais il n'en garde pas moins jusqu·a sa dernicre heure sa
généreuse bravoure el le souci de ses devoirs. Meme apres sa
mort, le Cid fut bienfaisant:

, . Herders Cid. Rom. 10, vers I a 18. A noter que Herder rélahtil a \'espagnole,
1ulant qu'il le pcul, les noms propres. - Bibl. des Romans, l. c ., p. 53-54.

:Ein WohltiHer für die Armen,
Ein Beschülzcr den Verlasznen
Ward der Cid auch in dcr Grun.

Texte espagnol de Sepúlveda:
De Rodrigo de Vivar
Muy grande fama corría,
Cinco reyes ha ven_cido, ·.

Moros de la morería.
Soltó los de la prision
Do metidos los tenía,
Que da.ron por sus vasallos

Sus parias le promelian.
1

Rom;;incero, Ed. Baudry, p. 6.,

~. VOgclin : Herders Cid, Heilbronn, i879, p. v1u, en cite quelques-uns
~,- 15, v. 77 tiefbe3Chii.mt (francais : aoec un pea de rougeur; espagnol : tolo ~urbado);
R. 22, v. 92, spruche1l Amen (fr. : Maudil qui; esp.: responden Amen), etc. ll y en
a d'autres.
'
3. La derniCre strophe de ce romance est cmprunlt.:e direclement ilu Cid de
_ Sepúlveda.

301

Ainsi llnit le poeme. Et c'est pour nous montrer ce Cid, qui
lui ressemble, que Herder mourant ajouta cette quatrieme
partie.
A part cette fin, a part quelques nuances légeres, son Cid
est une fidele reproduction du Cid franrais. Herder insiste sur
la générosité et l'humanité de son héros (R. 52, vers 8-12), sur
la simplicité de ses mreurs et de sa maison (R. 62, vers 53-54¡,
1.

S. W. (lid. 18:17), 5• partie, p. 170: Der Cid zu \'alencia und im Tode.

�BU!.LETI'.'i lllSPANlQUE

llERD.ER ET LE ClO

avec plus de nelteté que !'original frarn;ais. En somme, la
figure était définitivement fixée dans Je roman de notre
xvm• siecle. Les autres personnages ont sensiblement gardé la
physionomie que leur avait donnée notre romancier. Ce n'est
pas une transformation profonde et générale que Herder a fait
subir a son modele.
Par cóntre, nous relevons de nombreuses modifications de
détail. lnfidéli'tés involontaires d'abord, je veux dire conlrescns pur et simple. 11 y en a de tres caractérisés:

gaucheries de style indiscutables. Les confidences amoureuses
sont écrites dans le jargon sentimental et faux de l'époque.
Herder s'applique a supprimer tous vains jeux d'esprit, a
dégager la vérité humaine et générale. Le ton est plus ".iril et
plus noble.
Herder évite les appellaLions trop vagues de son modele; il
aime le nom propre; il en abuse meme dans quelques romances de la derniere partie ou les noms propres encombrent véritablement le discours. Mais ce n'est que l'envers d'uné qualité.
Herder vise a la précision et a la vigueur, et obLient généralement des effets dont ·r auleur fran~ais ne fut pas capable.
Par contre, il sacrifie fréquemment, parfois sans s'en douler,
des nuances et des finesses. L'esprit du lexte fran~ais, dialogue
de Rodrigue et de Chimene, de Fernand et de Rodrioue
•
e
'
reproches de l'infante, devient chez Herder plus gros et plus
gauche. II force les antitheses, accentue les allusions, précise
et appuie, appuie parfois lrop lourdement. Le style de conversation de !'original, rapide et ·aisé, devienL a l'occasion filandreux. Que l'on compare :

:20:2

Fráulein, einen Mano von Ehre
Leider hab'ich Euch getótel.
Wie Basen.
Leimrut'
Mit Wolfrachen auf den Schilden
Dann veriindcrl ihren Pulz sie
A.Is ob er durch ih re Iliinde
Schóner wurde

J'ai lué votre pere, ~la-dame, jei'ai
tué en homme d'hpnneur 1 •
Comme deux lévriers 2 •
Sur une arbalele de bois 3.
avec leurs écus orlés de gueule ~.
Elle dérange leur parure et croil
qu'elles auroicnl été parées ayee plus
de graces el plus d'amour par ses
mains 5.

La rapidité a vec laquelle Herder du t traduire explique,
excuse assez ces taches, du rc,;te légercs.
D'aulres chang-ements sont voulus et de parti pris. Le Fran{:ais, fils de son siecle, manque as-sez volo_nlier~ de respecta la
religion. Herder, croyant convaincu, qui voyait daos l'épopée
une intime collaboration du divin et de l'humain, conserve
rigoureusement tous les éléments merveilleux et religieux de
la légende .
Les notations réalistes, du réalisrne enjolivé de Greuze et de
Chardin, ne ROnt pas rares dans le Cid de 1783; la noce du
Cid a l'allure el le ton d'une noce de paysans cossus, oii ne
, manquent meme pas les chansons gaillardes. Les héros de
Herder sont plus graves, plus dignes, plus compassés.
IL y a chez le Fran~ais bien des lourdeurs, des préciosités
jnutiles, une accumulation facheuse de termes abstraits, des
r. Herder, R. , 5, rers 78. Bibl. des Romans, l. c., p. 69.
Herder, R. 3o, .ers 10. Bibl. des Romans, l. c., p. 101.
Herder, R. 38, vers 4-5. Bibl. des Romans, l. c., p. 123.

,.
3.
.\.
5.

Herder, R. 39, rnrs 41. Bibl. des Romans, l. c., p. 125.
Herder, R. ~o, rers 38-~o. Btbl. des Roinans, l. c., p. uG.

Eine Billc noch, o Kónig,
\'or clem Ende des Gespriichcs :
Zur \'crmahlung mit Ximencn,
\Yaise jetzt des Grafcn Gormaz
Bilte aus kóniglicher Gnade
!ch mir die Bewilligung.

Et parlant, Sire, je vous prie, si
c·esl votrc plaisir royal, de me faire
épouscr la Chimene, orphelinc du
comte de Gorrnaz 1 !

La quatrieme partie, d'une origine difl'érente, ofTre un caractere différent. Son original espagnol, Sepúlveda, est bavard et
lorlueux. Herder pouvait se permeltre a son éga1·d plus d'indépendance. ll ne s'en fit pas faute. II abrégea de parli pris. I1
écourta !'aventure du lion, il supprirna la guerre conlre le
More Boucar et la sccne de h.\ cheté. L'épreuve du lion suffit
aux Carrión de Herder ; leur vilenie est moins complaisamment établie, mais leur indignité n'en est pas moins coupable. De meme la vengeance du Cid est plus rapide. Les
grandes assises ro~·ales, de couleur bien féodale, sont chez
Herder réduites au simple duel; tandis que chez l'Espa-

•
•. Herder,

n.

13, ,·ers OJ-G¡. Bibl. de$ Romam, l. c., p. ú2 .

�:w4

HERDER ET LE CID

BULLETI~ HISPA~IQUE

gnol, nos infants s'y comporlent avec une bravoure qúi
nous déconcerte un peu, ils manifesLent dans l'ouvrage allemand la plus parfaite pusillanimilé, qai est leur plus vrai
chatiment. Tout cela est évidemment plus drama tique. Tqut y
est action . Le Cid lu\-meme esl au centre de l'action. Point de
réflexions morales a la francaise, cornme au débuL de l'reuvre,
qui retardent, mais un récil sobre et rapide, un récil de résumé.
On sent un peu la hute de l'auteur. J'y trouve pour rna part
une certaine sécheresse, et quelque chose de factice, mais une
belle vigueur épique_ 11 peuL paraitre regrellable, a ce point de
vue, que Herqer n'aiL pu travailler, d'un bout al'autre, d'apres
!'original espagnoL Mais d'au,tre part, combien son Cid n'eul-il
pas perdu, en ampleur el en digniLé humaine, si llerder avail
été privé.de l'adaplalion francaise !
Pourquoi Herder se passionna-t-il póur celte reuvre et pour
ce héros? On en a donné bien des raisons, qui sont toules des
raisons extérieures: amour de Herder pour les poésies primitives, couleur es})agnole du poE!me, romantismc d~s aventures et
des caracteres, chevalerie et chrislianisme, que sais-je encore?
ll est cerlain que Herder trouva dans ce poi\me la confirmation
desesidées littéraires_ Mais il est non moins cerlain que ce Cid
épique avait quelque chosede la nalure meme de Herder, etc'esl le motif essentiel de son gout pour le héros lointain. Protagonisle du Stunn und Drang, il avail dans ses jeunes années revé
d'un type idéal d'humanité supérieure, d'une figure de surhomme sublime par la volonlé et la bonlé du cceur, d'un
grand individu au service d'une belle cause. Un aulrc Slürmcr
und Dranger, Klinger, avait osé metlre le Cid, le Cid de Mariana, sur la sdme, sous le nom de Simsone Grisaldo (1776).
Grethe concut, des la meme époc¡ue, son Fausl, qui est une
aulre personnification d'un idéal paren t. Le Cid, parliculierement le Cid du roman francais, parut au vieux Herder représenler de la facon la plus parfaile l'incarnalion vivan le de ce
reve de force et de verlu, qui avail été le sien loul au long de sa
·vie. Dieu, le roi, la patrie, la famille, tous les devoirs qui rem•
plissent la vie du grand Caslillan el qui étaienL, aux yem:
du philosophe allemand, les lois mcmes de la n,alure humaine.

La mort ne lui laissa pas le temps de dire sa pensée tout entiere.
11 appelle le Cid: « l'épopée de romances la plus sublime qui
existe))' « le premier sujet épique n •~ &lt;1 L'histoire du Cid, dans
les Romances, esl aussi riche en scenes frappantes, en grands
sentiments et en nobles le~ons que - oserai-je le dire? Homere lui-meme. &gt; Herder fut, comme le Cid, un combattant de l'Idée, un champion de l'humanité. Humanus¡'¡ppelle
Grethe . Humanus, te! Herder, eul volontiers nommé son Cid.
Le héros du Romancel'O esf,agnol était trop barbare . C'es( le
Cid franrais qui réalisait supérieuremen t cet idéal de perfection
combative. En somme, exceplion faite de quelques trouvailles
heureuses, la conception générale do Cid, action et caracteres,
_est empruntée. C'est avanl tout une reuvre puissante de l'imaginalion épique de l'Espagne. C'est, de plus, la créalion de
l'intelligence psychologique, de la pensée philosophique et du
goul littéraire de notre xvm• siecle fran~ais. L'allemand
Herder n'a eu qu'a mettre au point. 11 a eu surtout a « Lrouver n
la forme épique moderne qui convenait a celle matiere.
Et c'est surtout la forme qu'on a vanlée dans son poeme. On
découvre sans peine des imperfeclions dans sa métrique et
dans sa langoo. Mais dans l'ensem]:,le, la forme du Cid de
Herder est d'une noblesse et d'une simplicité classiques.
La métrique est irréguliere . Herder adopte en principe,
comme dans ses Volkslieder, le vers trocha,que de romance •
espagnol, le ver~ a quatre pieds. Nous trouvons cependant
quelques variantes : vers lrochaique de cinq pieds (romances
28, 5 1, 63); vers trocha,que de deux pieds, mélangés á des
,·ers de quatre pieds (romance 23); vers iambiques (romance 1 4);
rythmes variés (romance 7)Herder se moquait des elforts de ses contemporains, des
ro man tiques en parliculier, pour acclimater l'assonance dans
la poésie· allemande. 11 se garde, pour sa part, d'y recoin·ir.
Les quelques assonances qu'on peut relever dans son Cid son t
le fait du hasard. La terminaiso_n du vers est de préférence
féminine; mais a la fin des strophes, á la fin des phrases, el,
J•

.'i"ole faisant suite 3. la Lraduclion du Cid daus l'Adrastea, fase, X.).
Bull. hispan.

�106

en général,

BEllDER ET LE GlD

BULLETI'l'( IUSPA..!IIQUE

a toutch~ngement de sens, la terminaison devienl

ma"sculine.
Pour traduire les quelqucs picces de vers dont s'émaille le
modele fran9ais, Herder se serl de la rime. Le petit poemc
An Donna Ximena (romance 7), contient huit "e.rs rimés a a,
h b, ce, d d. Le romance 1/1 est plus compliqué, aa, bcc b,
aabbdb e ea d f fe ff e' ggc' hhi - i aa, curieu:t entreme·
lement de rimes et de rythmes. 11 y a aussi quelques rimes,
9a et la, au rnmance o3·(refrain de "Chimene).
·, La distribution des strophes est disparate. Au début,
Herder essaya visiblcment de rester fidcle a la slrophe
authentique du romance, redondilla de quatre vers. Les
quatre prelniers romances sont toul enliers en slrophés de ce
type. Puis (romances 5 a 11), s'introduisent les strophes
de cinq, de six, de sepl, de huit, de neuf, de dix vers. Puis
la slrophe de quatre ,;ers devient l'exception. La strophe
réguliere fait place a la phrase poétique. Chose curieuse, les
strophes de quatre .vers disparaissent, a peu pres completement, dans les romances de la fin, empruntés directemenl
au modele espagnol.
La langue dn Cid est d;une belle venue, large, aisée, riche,
animée. Le poete recherche les tons archa1ques et populair es
C'est le style des Volkslieder, avec plus de maturité. Herder a
pratiqué les poetcs épiques et s'inspire de leur le9on. 11 s'en
inspire peut-elre un peu trop. 11 use de procédés, tantót
l'interro..,ation tantot l'exclamation, ou la répétition oratoire,
o
'
ou l'interruption et la réticence. 'Ces procédés so11t visibles el
parfois artificiels. Herder n'est pas un grand génie poétique.
On ne saurail, co,mme l'onl fait maladroilement quelques
critiques allemands, le comparer a Grethe, ni meme a d'aut-rcs
poeles de moindre envergure. Mais il connalt admirablemenl
et sa langue el les ressources de l'art. Et l'on s'explique que
son Cid soit apparu commc un poeme presque odginal, comme
l'reuvre presque spontanée, librement adaplée, d'une inspiration proprement allemande.
Les µroches de Herder ne se faisaient aucune illusion.
Wieland el la veuve du philosophe-poele savaient la source de

•

:l07

l'muvre posthnme •. Mais le s·e cret fnt bien gardé. C'élail
nécessaíre pour le succes du liv_re. Et l'on fil au Cid de Herder
un beau succes. La mode étail a l'Espagne, au Moyen-Age, aux
chants populaires. Les romantiques, qui n'élaienl pourtanl pas
les amis du poete, applaudirent, avec quelques réservcs :
" Herder attife bien son Cid de lemps a autre du mantean et·
de la collerette ... , la plus jolie romance est celle ou il s'habil le
pour la nace, puis celle des caisses qu'il envoie pleines de
sable, enfin celle ou, tout mort qu'il est, · il marche contre les
Sarrasins ... Les Espagnols onl un rare talen\ pour reproduirc
loules chuses avec _leur parfnm particulier'.,, Et le coryphée
de l'école, Frédéric Schlegel : " Les romances traduites par
Herder sonl beaucoup plus anciennes que le poeme, mais le
caraclere de la vieille poésie y esl conservé fidelement, et elles
ont dans la tangue de !'original une grace parliculiere et un
naturel qui e.;t un peu moins sensible dans l'!. traduclion
quelque peu négligée 3. »
Simonde de Sismondi, qui subit profondément l'influence
de Guillaume Schlegel et de M"' de Stael, est plus calégorique encare : " Un poete philosophe allemand, Herder, les
a recueillies, iI y a peu d'années, et les a rangées de maniere
a ce qu'elles formen\ une biographie complete du héros el il
les a traduites en vers de meme . mesure, avec cette exactitud e
scrupuleuse que les Allemands apporten t dans Ieurs traduc-·
tions ... (el, en note): Aussi Ja lraduction de Herder, qui
a connu tous les originaux, qui a choisi avec critique et ame
goul les meilleurs, ceux qui se rapportent le mieux a l'ensemble, est-elle supérieure a tous les recueils espagnols 4. n
0n a trnuvé bien d'autres mérites a l'reuvre de Herder:
conscience, indh·idualité du poete, génie épique, philosophie
1. Lettrc duo mars 1905 a. Caroline von Herder. (Voir llcdlich 1 dani, édition
Suphan, t. XXVII, p. 565.)
:1. Achim vou A.roim, a Bren\ano, 1806, Citó par A. 1''arinelli. Revue hisp., 1898,
p. 200 1 note.
.
3. Gfschichte der alten und neuen Litleratur, Wien, 1815, l, p. 301 (couférenccs
faiteseo 1812). - P. Monti (Romancero del Cid, Milano, 1838), repread les réserves
de Fréd. Schlegel (p. 20).
4, De la Litlérature da ,lfidi de l'Europe, t. lll, P¡¡ris, J813, p. 168-169. Cependaal.
la 2• éd.Hion {1819, t, III, p. 171 n.), porte la Lrace de la désillusioa qu'éprouva
Sismondi en confrontantde plus prEls le telle allem¡¡mJ.el le lexte espagnol.

�BULLETl'."i HlSPA'."i:IQUE

HERDER ET LE CID

de J'humanilé, bonhomie allemande: « Eine Nachdichlung,
im h6heren Sinne, dit Haym, qui connall pourtant le fin mol,
mchr Dichlung als Nachdich\ung waren nun aher die Cidro-

avons la certitud~ a fait-son travail. "
La preuve de celle affirmalion fut faite encore en France.
En 1 866, Sainl-Albin éludie la queslion de plus pres el arrive
aux mCmes conclusions, plus catégoriques encore 3•

« Ses romances (de Herder) sonl la lraduclion, souvenl
presque lillérale, d'une imilation fran9aise des romances
espagnols puhliés en 1783." A litre d'exemple et de piece a
conviclion, Sainl-Alhin donne, face a face, une traduclion
d'un romance de Herder et une traduclion de romance espagnol. 11 se refuse, en conséquence, a vanter a son tour l'exaclitude scrupuleuse el le colorís germanique el la fidélilé
hislorique du « grand pbilosophe el poele allemand ".
La critique allemande ful plus lente a se mellre en branle.
En 1806, une voix ti mide avait bien émis une douce réserve:
• Le Cid, disail Merkel dans Der Freimütige (nº 22), apparlienl
aux Allemands. " D'aufres s'inquielent, sans apporler de
solution. En 1856, W.-B. M6nnich étudie parallelemenl le
Cid el les originaux espagnols ' .
En 1860, le célebre commentaleur H. Dünlzer, analysanl le
Ci.d de Herder avec sa précision habiluelle, y constate des
défauls graves dont il n'arrive pas a découvrir l'explicalion.
Peu apres, R. Kohler, slimulé par le livre de Sainl-Alhin,
étudie, dans une dissertation succincte, mais concluante, les
deux Cid, le Cid fran9ais el le Cid allemand, et établil péremploiremenl, mome aux yeux des plus aveugles, que le Cid de
Herder esl en effet, dans !'ensemble, une lraduction de
l'oouvre fran~aise :i.
L'affirmalion de Damas-Hinard n'avail guere fail de hruil.
L'argumenlalion de Kohler troubla la crilique. Herder, palron
de nombreuses doctrines, critique, philosophe éminenl el
¡JOete de renom, régentail encore la recherche érudite. C'était
une profanation que de toucher a sa mémoire. Cependan l, le
doute n'était pas permis. A pres la premiere surprise, le monde
savant accepla le fail et s'effor\'a de l'expliquer, sans -lrop fairc
tort au poete allemand.
A.-S . V6gelin puhlia conjointement une lraduclion allemande, le lexte espagnol du Cid (d'apres le lexte de Kellrr;

R. Haym, Jlerder nacl, seinem Leben und seinen !Verken~ Berl., 1885, t. II, p. 819.
Romancero General oa Reeaeit des Chants p~pulaires de l Espagne, trad. complete,
_
2 k&gt;mes Paris, Delahaye, 1844, p. LXVII, sq.
3. E:nmanuel de Sainl•Albin, La légendedu Cid, comprenant le Pollme_du ~id,_l':s
Chroniques et les Romances. Préface d'Alex. de Saint-Alb_in,_ :i t?mes, Par1s, L1bra1ne
lnternationa!e 1 1 866, t. JI~ p. g-1 :i. Note a :gropos de deux 1m1tabons des Romances.

1. Herders Cid und die spanischer,, Roman;;en, Prorg. Tübingen, 185~.
2. lleinh, KOh\er, lferders Cid und seíne franziJsi.sche Quetk (Leipz., 1867), utilisa le
hrouillon de Herder. Conclusions reprises dans G. Schmidl : Du Cid nach tpa11.
Romanzcn, Leipz . , r868. (Notes de K. Michaelis, p. 127 sq.) Sur R. Kóhler, voir füt·u,·
critique, 18ü7, t. I, art. 44.

208

manzen 1 • )&gt;
1'/otre Villemain meme, dans son Tableau de la lilléralure au
Moye1'-Age, s'y laisse prendre sans défiance : « L'écrivain
étranger qui, par ses éloges et ses lraduclions, a jeté le plus
d'éclal sur ces romances, ¡Herder, an a délruÍI loul a fait la
simplicité par son faux coloris germanique. •
C'esl J'éloge qui l'emporta. Le Cid de Herderapparut comme
un chef-d'reuvre presqne original dans sa fidélilé, - monnmenl unique de la ·pensée el de l'art allema'_;ld, hy'."ne
o-,andiose du culle passionné que l' Allemagne romanltque
"vouait désormais a l'Espagne du passé .
. C:esl un Fran 9ais, Damas-Hinard, qui, en 1844, découHil
la supercherie . Dans la préface de sa lraduclion', il s'inscril en
faux conlre les apprécialions de Sismondi. « Cette lraduclion
(de la Bib/iolheque des Romans) esl spiriluelle, vive, élégante,
el révele une plume habite. Malheureusement, l'écrivain
_anonyme de la Bibliotheque des Romans ne possédail pas a un
degré suffisant la connaissance et le sentimenl du Moyen-Age
espagnol. A la suite de l'imilalion fran9aise, d'autres imilations des Romances du Cid onl élé publiées en Allemagne, en
Jlalie el en Anglelerre. La premiere en date et la plus célebre
est celle du fameux Herder ... Herder a donné plusieurs romances, telles que le.s Romances 3, u, 12, 13 et 14 de son recueil,
dont les originaux espagnols n'existent pas. Ces romances le dirons-nous? - sont tout simplemenl imitées de l'imitalion
de la Bibliotheque des Romans, d'apres laquelle Herder, nous en_

1

2

•

•

•

�BULLETlN HlSPANiQUE

pour les n°• 65 et 70, texte de Duran; pour le n• 70, texte de
F. Meige), le lexte franvais, le lexte de Herder•. 11 conclut,
comme Ki:ihler, mais il se garde de condamner, "Le poete
allemand a, dans sa traduction, ramené en quelque scil'le la
source fran9aise a !'esprit de !'original, le maniéré redevient
s implicité, l'affectation redevient naturel. .. On peul meme dire
que H;rder a, dans ces conditions, créé un plus beau chefd'ceuvre que s'il avait suivi le .texte primitif espagnol '. n Les
travaux ultérieurs n'ont pu que confirmer la these de Ki:ihler.
Aujourd'hui, la cause est entendue. Les Allemands consider,-nt leur Cid comme un chef-d'ceuvre classique. C'est Jeur
droit. La France a le droil a son tour de réclamer sa part.
La France a le droit de parler de son Romancero et de son Cid,
doublement sien. C'est notre xvm• -siecle qui a découvert et
'
rcssuscité l'épopée populaire
d'Espagne. C'e$l a un érudit
anonyme, et peut-etre a jamais inconnu de notre XVI11 siecte
franvais que revient la gloire d'avoiL- fait du preux espagnol
un héros éternellement humain.
J.-J.-A, BERTRAND.

CATALOGUE
DES MANUSCRITS DE M. MOREL-FATIO
(Suite'.)

94. Alfonso Martinez de Toledo. El Corvacho, extraits, d'apres
l'ex.emplaire de la BibliothCque Nationale de Paris, Réserve D 5:u

6

1. Herdus Cid. Dil' franz6&amp;ische unddil spanische Quelle. Heilbrooo, ITenning er, 1879
Cf. critique daos Romania:, VIII, p. 477.
,. L. e-. Préface, p. Y1--v11.

•

•

(Logroiio, 1529;. - Extrails des mss. de l'Escurial_ lll - h - ro. Notes pour l'édilion donnée par D. Cristóbal Pérez Pastor, Arcipreste de
Talavera (Corvacho é reprobacion del amor mundano), por el bachiller
Alfonso Martinez de Toledo, Madrid, 1901 (Bibliófilos españoles).
95. Antaine de Latour. Livres espagnols d'Antoine de Lalour,
Copie. - Catalogue d' autographes composant_ le cabinet de jeu
M. Antoine de Latour, Paris, 1885. - Catalogue de livres composant
la bibliotheque dejeu Af. Antaine de Lalour, París, 1885. - Albert de
La tour, Antoinede Lalour, bibliophile. Préjace du catalogue de sá bibliatheque, Paris, r885. - Catalogue de livres curieux anciens el modernes ...
provenant de la bibliolheque de /eu M. Antaine de Latour, Paris, 1903,
-Théopbile Lanathiere, Panthéon de la légion d'honneur (Antaine
Tenanl de la Tour), Paris, s. d. - Geofl'roy de La,Tour, A la mémoire
deMonsieur Albert Tenant de La Tour, París, 1~ q. -Lettrede M. Albert
lsnard. - Lettre de D. José M' Asensio, - Lettre de M. Eyssenhardt,
directeur de la bibliotheque de IIambourg. ~ Quatorze lettres de
M. Albert de Latour,
96. Marguerite d'York et Perkin Warbeck. Minute et épreuves de
l'article intitulé: Afarguerite d'York et Perkin Warbeck, daos les
Mélanges d'histoire ojJerls a M, Charles Bémont pa,: ses amis et ses
éleves, Paris, 1913, p. 4r 1-416, - Notes sur cet article, - Réplique
de M. James Gairdner. - Extraits de !'Archivo general de Simancas.
97, Alonso Fernández de Avellaneda. Préparation, en trois cabiers,
a l'arlicle : u Le Don Quiclwtte n d' Avellaneda, daos le Bulle/in
hispanique ü'octobre-décembre 1903. - El licenciada Alonso Fernández de Avellaneda; jué Juan Afarti? par J. E. Serrano y Morales, daos
la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, -Madrid, 1904 (dédicace) .
- Lettre de D. J. E. Serrano y Morales. - L'na nueva conjetura sobre
1.

VoirBull. hiip., l. XXIII, p. 1:l.

•

�BULLETl:'i H!SPA...'1JQUE

CATALOGUE DES ,\fANUSCR.ITS DE M. MOJ\EL-FATIO

el aulor del« Quijole "de Avellaneda, parMarcelino Menéndez P~layo,
dans Los lunes de El Imparcial, r5 février 1897 . - Avellanedas ti Don
Quijote i&gt;, sein Verhiillnis zu Cervantes und seine Bearbeitung durch
Lesage, par Martin Wolf, Giessen, 1907. - Juan Millé y Giménez,
Una nueva interpretación acerca de los et articulas » omitidos pnr Auellanedn en su• Quijole" (Buenos Aires, Noviembre de 1919).
98. Luis Hurtado de Toledo. Cours fait au College de France,
1902-1903 . Fac-similé du litre de: TJuys llurtado a la Jllustre, sa/Jia
y graciosa Maria a quien amorosamente estas -cortes son dedicados ...
Lex.ique des Córtes de la muerte. - Carolina Michaelis de Vasconcellos, Versuch über den Rille;roman Palmerin de Inglaterra (extr. de
la Zeilschrift für romanische Philologie, t. VI). - Wilhelm Seelman,
Die Totenlünze des MiUelallers, Norden u. Leipzig, 1893. - Leyes de
Cupido 'dadas por la sabiduría en el Espejo de gentileza. Copie.
99. Diplóme d'Alphonse VIII. Minute et épreuve de _l'article
intitulé : La Nodriza de lY' Blanca de Castilla, par D. Francisco
Simón y Nieto, dans le Bulle/in hispanique, t. V (1903), p. 5-8. Fac-similé du diplome d"Alphonse VIII (École des Charles, Ancien
Fonds, n° 759). - Deux lettres de M. Pierre Paris. - Trois lettres de
D. Franciso Simón y Nieto.
'.100. Epistolae eruditae. Épreuve de l'article intitulé : Clarorum
hispaniensium epistolae ineditae ad humaniorum lillerarum histol'iam
perlinen/es, par Adolfo Bonilla y San Martín (exlr. du Bullelin hispanique, t. IV, p. &gt;76-,8~)- - Notes prises pour cet article. - Table

- La Chronique espagnole de la Pucelle d"Orléans, par le comle de
Puymaigre(extr. de la Revue des questions hisloriques, aYril 1881). Comte de Puymaigre, Jeanne d'Arc. Sa vie par un flalien du xv• sitcle
(exir. de la Revue des questions hisloriques, avril 1889; dédicace). -

des érudits qui écrivirent a D ..\ntonio AgusUn, d'apres les ms. D .292
- (ancien X- 2- &gt;6) de la Bibliotheque de S·. Juan de Barcelone, avec une

Pacheco. - Poésie épique. - Cascales. - Mayans. - Saavedra . Ambrosio de Morales. - 4. Pellicer. - Luzan. - Zurita. - Rey de

&gt;ll

note de M. Bataillon. -

Nebrixa. Extraits de ces amvres. -

Trois

Lettre de E. Piñeyro. -

2.

Garcilaso de la Vega. -

Gregorio Silvestre.

- Sonnels de Gongora . - Lettre du roi Jean 11 de Castille a Charles Vil de France. Arévalo, 24 aout 1450. Copie du ms. de la Bibliotheque Nalionale, lat. 5956. - Practica de las i•irludes de los buenos
reyes d'Espa,ía ... :\lurcia, 1518, d'apres l'exem_plaire de la Bibliothequc
Nationale, Yg 15. - Exlrails du ms espagnol de la Bibl. Nat. 533.
-

Suarez de Figueroa. -

Les Leonardo de Argensola . .-:. Cristóbal

de Caslillejo . - Cervantes . - Juan de la Cueva. - Deux lettres
de R. J. Cuervo. - La Epístola moral á Fabio. - La Epístola
moral á Fabio no es de Rioja ... , por D. Adolfo de Castro, Cadix, 1875.
-

Herrera. -

Yillegas . .:._ Antonio de Guevara . -

PiCces lyriques,

prises dans des ms. du fonds Espagnol de la Bibliotheque Nationale.
- 3. Quevedo, Epislola satyrica. Autre teste du. a M. Le Gentil. Francisco ·de Medina, Prologue du Garcilaso de 1580. - Lettre de
Lope á Marino. - Laurel de Apolo. - Divers écrits de Lope. Bartolomé Leonardo de Argensola . - Valdes, Dialogo de la lengua.
- Guevara, Diablo cOjuelo. - Tamayo de Vargas sur Garcilaso. Manuel de Faria y Sousa. - Argole de Molina. Leltre de D. Leopoldo
Eguilaz a D. Francisco Codera Zaidín. Deux leltres de D. Francisco
Codera Zaidín . Lettre de M. Julien Vinson. - Az~ra sur Garcilaso. -

Artieda . -

Boscan. -

Jerómino de Arbolanche. -

Francisco Sanchez

lettres de D. Adolfo Bonilla y· San Martín.
1.0t. Table, par nom de litre, des Comedias (XVIl -XV1Jlc siecle), de
la bibliotheque de M. Morel-Fatio.
.
102. Lectures espagnoles (quatre cahiers). 1. Juan de Mena. lnquisition. xv• siecle. Copie du ms. de la Bibliotheque Nationale,
latin 129,5. - Pedro Lopez de Ayala, d'apres le ms. de la Bibliotheque
\ationale, espagnol 115. __: Archipretr~ de Hita. - Letlre de
Villalobos, d'apres le ms. Add . 8219 du British Museum. - Jorge
Manrique. - Pavana, d'apres un ms. de la Bibliotheque Nationale.
- Diego Hurtado de Mendoza . - l\lalon de Chaide. - Lope de

de las BrozijS. - Villegas. - Bal'tolorné Leonardo de Argensola. Fr. Gerónimo de San José. - Le connétable de Castille, D . Juan
Fernández de Velasco - Fr. Luis de Leon. - Herrera. - Bartolomé
Ximenez Paton . - Jauregui. - Cristóbal de Mesa. - Mariana.
'.103. Maria Enriquez, duchesse d'Albe. Préparation a l'artide
inlilulé : La duchesse d'Albe Dª María et Catherine de Médicis, daos le
Bullelin hispanique d'octobre-décembre 1905. - Épreuve, du dit

Vega. - Mateo Aleman - Juan Huarte. - Pedro Niño, comte de
Buelna, avec la collation de H. Léonardon, d'apres un ms. de

de Toledo). - C. Douais, Les demieres années d'Élisabeth de Valois,

8

l'Académie de Í'Histoire a Madrid. - Gómez Manrique. - Antonio
Perez, d'apres le ms. Dupuy 705 el espagnol 77 de la Bibliotbeque
Nationale. - Fqeros de Madrid. - Fueros de Navarra, d'apres le
ms. espagnol 43 et 44 de la Bibliotbeque Nationale. - La Poncella de
Orleans, d'apres les exernplaires Rés . Lb

26

198 et Rés. Lb

:16 25:1.

article. - Deux fac-similé de l'écriture de la duchesse, insérés dans
l'article . - Arlicle de Cesáreo Fernández Duro, daos le Boletín de la
Academia de la Historia, juin 1903 (affaire du mariage de D. Fadrique
Toulouse, 1896. -

Archives de _Lille. Chasincourt, dame d'honneur

d"Élisabetb de Valois. Notes. - Lettre de 1\1. Jules Finot. - Trois
lettres de M. Louis Brandin. - Deux lettres de D. Antonio Paz
y Melia.
104. La reine Eléonore, femme de Frangois ¡,r_ Copie de lettres de
la reine Eléonore (Archives Nationales de Paris K 1483 et K 1484). -

••

�214

BULLETIN HISPA~IQUE

Copies de lettres de la reine Eléonore a Fran~ois ]" (Bibliotheque
Nalionale de Paris, Dupuy 211.) - Exlrail de J/uberlu., Thomas
Leodius Annalium d.e vita el reúus geslis ... Frederici JI electoris
Palalini libri 111. - Ch. Paillard, Voyaye dans les Pays-BaselMaladie
d'Eléonore d'A _utriche ... Bruxelles. 18¡9. - Lettre de René Costes
avec une note.

•.

f05. Miguel de Molinos. Catalogue d'ouvrages de Molinos (Biblia•
!beque Nationale de Madrid, Sainle Genevieve, Bibliolheque Nationale
de Paris). - Copie de deux lellres de Molinos a D. Anastasia Marcelino
Uberto Balaguer et a Joseph Ramirez (Bibliotheque ",ationale de
Madrid, rus. 19108.) - Obras de teosofia, etc. Biblioteca orientalista,
Barcelona, s. d. - Gvida spirituale ... del dotlore Michek di Molinos ...
Roma, 16i7. - Miguel de Molinos, Guia Espiritual .. Fué sacada d
la luz en ·1675 por Fray Juan de Santa Maria, y ahora nuevamente,
según su texto, por Rafael Urbano F. T. S. Barcelona, s. d. Exemplaire
collationné sur l'édilion originale. - Letlre de J. Massó Torrenls. Lellre de D. Juliirn Paz.
i06. D, Bernardino de Mendoza. Préparalion au mémoire intitulé:
n. Bernardino de Mendoza. l. La vie. - 11. Les a,uvres, dans le
Bulletin hispa'nique, janvier-juin 1906. - Correspon~ance de Granvelle. - OOuvres. \otes diverses. - Copie de D. Francisco
Barado. (Museo militar, Barcelona, 188&amp;). - Le conseiller Baston. Ode (1 O navis 11 d'Horace, traduite par D. Bernardino de ~tendoza. Notes, tirées de la COrrespondance de D. Bernardino de Men&lt;loza, aux
Archives Xationales de Paris. - Affaire avec le commandeur Frey

Juan de Moreo. - Affaire avec Mareo. Supplément. - La licencia el
le déparl de Paris. - Maladie. - Siego de Paris. - Affaire Ordoñez.
- Mission de La Varenne. - Langlée. - Extraits de la /Vueva Callee•
cion de documentos, - Ordre de S. Jacques. - Alfair~ Oberholzcr. Missions en Angleterre -

Avertissements de D. Juan de ldiaquez fl

son fils Alonso. - Trois letlres de D. Antonio Paz y Melia. Lellre de D.. Francisco llararlo. - Deux lettres de M. Anloine fhomas.
- Letlre de M. Cuvelier. - LelLre de M. Eugene Bocha. - Leltre de
M. L. Thomas. - Lellre de M. Clacs a M. L. 'l'homas, el un extrait
de Los seys Libros de Las Politicas ... de Justo Lipsio, traduit par B. de
Meodoza. - Deu&lt; leltres de D. Antonio Rodríguez Villa. - Lellre de
D. Juan CatMina García. - Lettre de D. Juan Catalina García :\
D. Antonio Rodl'iguez Villa; et letlre de ce dernier.
107. Casa de Alba. Notessur la maisond'Albc -Sepulcro del gran
Duque de Alba en Salamanca (la llustracion espa1iola y americana,
» juillet 1905). - Deux lettres du duc d'Albe au marquis de Velada.
Fac-simHf' et transcription. ([nvenlaire de la collection Édouard

Favre, vol. uxv.) - Un bastardo insigne ,kl gran duque de Alba
(el prinr D. /fernando de Toledo). por D. Angel Salcedo Ruiz,

CATALOGUE DES MANUSCRITS DE M. MOREL-FATIO

Madrid, 1893. - Carie de D. Julian Paz, avec la vue du palais du
duc d'Albe a Piedrahita (Avila). - Lettre de Monseigneur Douais,
éveque de Beauvais, a M. Picard, - A Morel-Fatio, Catálogo de los
colecciones expuestas en las vitrinas del palacio de Liria. Le publica
la duquesa de Berwick y de Alba, condesa de Siru.ela, Madrid, 1898
(dans le Journat des Savanls, février 1899, p. 117-n6).
l.08. Búcaros. Esquisse d'une histoire eles Búcaros. - Notes pour
cette hisloire. - Portugal. - Carie de M. J. Leite de Vasconcellos.
- Bucarophagie. Généralilés. - Bucarophagie. Espagne. - Leltre de
R. J. Cuervo. Trois leltres de M. L. Solon. - Lettre de M. K. Haebler.
Lettre de A. Caillens. - Natá. Deux lellres de R. J. Cuervo. - Le
comte Lorenzo M.agalotti'. - Lettre de Léo Rouanel. - Deux leltres
de M•• C. \lichaelis de Vasconcellos. - Carie de M. José Leite de
Vasconcellos. -

Lellre du directeur de la Manufactut'e nationale de

porcelaine de Sevres. - Pottery \Vorship. The fallen /dais f. The
nobles bucearas, by l1. L. Solon, ,3 octobre 1896(dédicace). - Poltery
Worship. The fallen Idols. Fnssil pottery, 11 janvier 1898 (dédicace).
- Pollery lVorship. The fallen /dols. Terra Sigillala (dédicace), Comer barro, par A. Morcl-Falio (extrait des Afélanges de [Jhilologie
romane dédiés cí Car/ Wahlund, Mácon, 1869).
i.09. Alumbrados. Copie 1 sur cette secte religieuse, d'apres le ms.
Archives nationales ele París, K ·169.li, nº .2:1, année 1539.

t tO. 'fable des mots intéressants du Diálogo y discurso de la vida de
corte, de Cristóbal de Castillejo.
H t. Charles- Quinl ( historiographie de). Notes pour le livre
Histodographi, de Charles-Quin/, par A. More!• Fatio. ( Bibliotheque
de l'École des Hautes-Étu.des, nº ,o,, Paris, 1913.) - Krilische
Beitrage zu1· Geschichle des schmalkadischen l(rieges. Zweiler
'feil. Von dern G. L. Dr. Rudolf Lorenz, Gumbinnen, 188o. Die Darstellung des schmalkaldischen Ifrieges in den Denkwiirdiglceilen J(aiser Karls V. ,on Richard Le Mang. Teil 1. Jena, 1890;
, Teil. Drcsden, 1899; 3 Teil. Dresdeo, 1900. - Die Denkwitrdigkeilen
Kaiser Kar/'s V... von Prof. D' Otto Walz, Bonn, 1901. - Lettre de
D. Julian Pa1..
H2. Espagool mondial. Préparalion au mémoire intitulé: L'Espagnol langue univérselle, dans le Bulletin hispani711e, avril-juin 1913.
- Exemplaire et épreuves. Famoso dis&lt;;urso en castellano de
Carlos V, en Roma, par le P. Miguelez, O. S. A., dans la Ciudad de
Dios, 5 a0Ut_1913. - Ferdinand lirunot, Le preslige de la civilisalion
Jranraise et la pénétration du fram;ais en Atlemagne au .v.rnc siecle,
Paris, s. d. (dédicace). - Du meme, la langue fran9aise en Alsace
apres 1648, extraitde la Revue de Paris du 1" juin 1916. - Letlre de
M. Ferdinand Brunot.
Deux leltres du P. ~liguelez. - Leltre
de M. V. L. Bourrilly.

i

i:

�CA.TALÓGUE DES MA:'iUSClllTS DE M . MOREL-FATlO

13ULLETIN lllSPA.:,tQVE

H3. Marie Mancini (trois cahiers et deux brochures).

1.

Compte

. rendo de A. Morel -Fatio sur Une princesse romaine au x 1,11~ siAcle,
Marie Mancini Colonna . .. , par Lucien Perey, Paris 1 1896, daos la
Revue critique du =i2 mars 1897 (doub]e exemplaire, dont un annoté).
- -Notes pour la biographie de i\larie Mancini : une partie de ces notes

ont été communiquées par Lucien Perey (M"· Luce Herpin). - Galerie
r.otonna. Catalogue . Via Archi della Pilotta, n. 17 , Rome, 1895. Relalione dellafelice morle dell' Eccellenlissimo Prencipe Gran Condestabile del Regno di.Napoli, il sig. D. Lorenzo Onojrio Colonna, Rome,
1689. - Lettre de G. de Manleyer. - Lettrn de M. Ch . Mortel. !L Le connétahle Colonna a Turin (copie) . - Sur Don Francisco ~esla
(copie). - Copie des Curiosilá e Ricer-clíe di storia suba/pina. Noliz_ie et Diari. - Papiers sur la duches.se de Mazarin, copiés a"ux
arclnves de Monaco par M. Lacaille . - Mémoires faux. Cologne 1 1676.
3. La Vérité dans sonjour ou les uérilables mémoires de JI. Mancini,

connétable Colonne (copie). - Lellres de Marie Mancini a Colberl
(copie). - Mariage de Marie Mancini ,. 1661 (copie) . - Archives
Colonna (copie) . - Letlres de Monsieur le marquis de *** escrites
pendan/ son .voyage d'Jtalie en 1669, Paris , 1676 (extraits). - Exlraits
des mémoires de ]a duchesse de Mazarin. - Archivio Vaticano. Nunz.
di Spagna, vol. 139 (copie). - Lettre de M. Lacaille . - Deux leltres
de M. Georges de Manteyer. 4-5 . G. Claretta , La principessa Maria

Colonna Mancini nelle particolari sue relazioni col duca di Sauoia &lt;&gt;:ir/o
Emanuele JI (exir.). A. D . Perrero, La Duchessa Orten,ia Maz zarino
e la principessa Maria Colonna Sore/le .\fancini ed il duca Cario
Emanuele 11 di Savoia , 16¡:J-75 1 daos Curiositcl e Ricerche di storia
suba/pina, vol. II, p. 1-94.
H4. Roman ¡íicaresque (trois cahiers). 1-2. Cours fai~ au college
de France (188,-1883). - 3. El subtil cordoves Pedro de Urdemalas ...
Autor Alonso Geronimo de Salas Barhadillo, Madrid, 16,0 (extraits).
- El gallardo Escaraman. Comedia famosa (extraits) . - El siglo pilGgorico y vida de D. Gregario Guadaña ... por Antonio llenriquez
Gomez (extraits). - Vicente Espinel, d'apres Marcos de Obregon el
d'apres Diversas Rimas (extrait). - Le, relations de Marc D'Obregon
traduites par le sieur d"Avdigvier (extraits). - La muerte entierro
y honrras de Chrespina Marau zmana, gala de Juan Chrespo .. . Paris,
1604 (exlraits), - Lazarillo de Manzanares ... por !van Cortes de
Tolosa ... Madrid , 16,0 (extraits). - Poema tragico del espa1iol
Gerardo . . . por Don Gonzalo de Cespedes y Meneses . .. Barcelona,
1618 (bibliographie). - La sabiajlor' Malsabidilla .•. A11tor Alonso
Geronimo de Salas Barbadillo. Madrid, 16,i (extraits), - La picara
montañesa llamada Ivstina ... Barcelona, 1605 (exlrails). - f,a guarduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas . . . por Don Alonso de Castillo
Solor9ano .. Madrid, 164, (hibliograpbie). - Vida y hechos de Este-

vanillo Gonzalez ... Amberes, 1646 (extraits). - El sagaz Estacio
mariti.o examinado. . . Autor Alonso Geronimo de Salas Barbadillo
Madrid, 16,0 (extraits) .
:
H5. Gongorismo. Notes sur le cullisme espagnol au xvu• siecle.
-;-Mise en prose de Soledades de Góngora. -Lettre.de M. L. 'fhomas.
H6. D. André Maria de Guzman. Préparalion a l'article intitulé :
•Le révolutionnaire espagnol Don André Maria de Guzman dil 11 Don
Tocsinos », dan~ la Revue historique, t. CXXII ( 1916). - Compte
rendu de D. Miguel S. OHver sur l'article précédent, daos la Van guardia, Barcelone, juin 1916. - Lettre de D. Miguel S. Oliver. Lettre de M. Tueley. - Lettre de M. Camille Bloch. - Revista de
historia y de genealogia española, 3.ño III, nº 1, et n1, 15 nov.15 déc. 1914.
H7. Caron et P. L. Farnése . Préparation a l'article intitulé: Dialogue enlre Charon el ['tune de Pierre-Louis FarnAse, dans le Bulletin
ilalien, t. XlV, p. J 16-157. - Archivio slorico per le provincie parmensi. Nueva Serie, vol. VU, Anno 1907. Parma , 1907. - Dialogo
entre Garante y el dnima de Pedro Lu;s Farnesio, extrait des Curiosidades bibliográficas de D. Adolfo de Castro, t. XXXVI de la Biblioteca
de autores españoles.
tt8. Romances. Un romance a relrouve1\ dans la Revista de
filología española, t. 11, p. 371 a 373. - Original de cet article. _
Lellre de D. T. Navarro Tomas. Garle de D. Ramón Menéndez Pida!.
- Los Orígenes del romance por R. Menéndez Pida!, dans la Revisla
de libros. Año II, Núm. VII, janvier 19,4. -Spanische Romanzen auj
fliegenden Blüttern aus dem Ende des 16 Jahrhunderts, von Prof.
D· Christian Fass . Beigabe zum Jahres-Bericht.

1910- 1,.

Louis Koch.

Halberstadl. - Jacques Rosenthal. Librairie ancienne. Baviere
Munich,. Edilions originales de Romances espagnoles. - Ramó~
Menén~ez Vida!, Catálogo del romancero judío-español, Madrid, 1 907 .
-: Z6.wr meznanych Hiszpanskich ulotnych druków znajdajacych sie IV
Bibl!Jolece Jagiellonskiej W Krakowie. poda! D' Edward Porebowicz
(dédicace) . - Pio Rajna, Osservazioni e dubbi concernenli la storia
della romanze ~pagnuole, dans la Romanic Review, vol. VJ, nº 1 (dédicace). - S. Griswold Morley, Are ihe spanish Rommices writlen in
qualrains ? - and other questions, dans la Romanic Review vol. VII
~- 1 (dédicace) . R.' Menéndez Pida!, Endecha de los judíos e,pa'.
noles de Tanger (Revista de archivos).
. 1.~ 9. Memori~l de cosas antiguas. Memorias de cosas antiguas, ,
copiadas de un bbre de mano, que del dean Don Diego de Castilla quedo
en su almoneda quando murio (extraits pris dáns le ms. de Ja Bibliotheque Royale de Bruxelles, nº 14&gt;3).- Bibliotheque royale de Bruxelles. Manuscrits espagnols. - Une lettre et deux cartes de M. Sanz Arizmendi ► qui voulait publier le Memorial dans le Bulletin hispanique.

�218

BULLETl_:'f HISPAYlQUE

120. L'Estoille . Extrait des passages de L·Esloille concernant les
choses d'Espagne.
• 121. Jean Lascaris. Préparation a une lecLure faite a l'Académie
des Inscriptions (Comples rendus, 1916 1 p.114) 1 sur une inventíon de
Jean Lascaris, d"apr8s laquelle il aurait connu le secret d'un na vire qui
pouvait se mouvoir saos voiJes ni rames. - Lettre de Micer Miguel

~lai a Charles Quint, de Rome, le 24 juin 1531 (Noel Charavay, Le/tres•
aulographes el documents hisloriques, n° 80, 967). Copie de ce document et traduction.

122. Renaissance espagnole. Leonardo Bruni Aretino. Bibliographie. -AÚonso de Santa Maria. Notes . - Rodrigo Sanchez de Arévalo.
Notes. - Enrique de Villena. Chanl VI de l'Enéide, copié par G. Daumet. - Les Ilenri d'Aragon. Notes . ~ Les Diaz de Toledo. Notes.
Lettre de Alarcelino Menéndez y Pelayo . - Le prince D. Carlos de
Viana. Notes. Un livre de la bibliotheque de Don Carlos, prince de
Viana, par Léopold Delisle. Lille, s. d. - Le César de Decembri. Notes.
Lellre de M. II. Omont. Prologue du César, en castillan, d'apres le
n· 49 du catalogue de la Bibliotbeque d'Osuna par Rocamora. Nuño de Guzman. Notes. Lettre de M•• Carolina Michaelis de Vascon-

•

cellos avec une note. - Leltres d'humanisles it.alieris. Copie. - Deux
lettres de M. Cesare Paoli. - Poggio Bracciolini. Niceron, Hommes
illustres, t. IX (175,). - A. Morel-Fatio, Une version aragonaise
d'Eutrope faite sous les auspices de Juan Fernandez de Heredia (Romania, t. XVlll, p. 491-93). - Compte rendu pa1 M. Schück de
l'ouvrage de M. Attilio Hortis, Stadj sulle opere latine del Boccaccio.
- ,Notes sur les humanistes italiens et espagnols. - Lettre de
M. Remigio Sabbadini. - Quatre !et tres de 1\1. Vittorio Rossi.
123. Versification espagnole. Notes sur la versification espagnole.

- Nebrija. - La nova art de /robar Jeta per lo magnifich Francesch
de 0/ezu, cavaller, en fany 1538 (Copié en 1881, d'apres une copie
faite par Barte Pascual, d'apfes une" autre copie de D. Joaquin María

Bover; voy. Rapporl sur une mission phi/ologique á Majorque, p. 18). Leltre de M. W. P. Ker. - Lettre de D. E. Piñeyro, contenant une
note sur la Avellaneda. - D. Manuel Milá y Fontanals, Ilistoria literaria del decasilabo y endecasilabo anapésticos, dans la Revista lzisló1" juillet 1875.- D.M. A. Caro, Del verso enneasílabo,
,us variedades, sus origenes dans El repertorio colombiano, novembre
1882 (dédicace). - Francesco d'Ovidio, Dieresi e sineresi nella poesia
italiana, Napoti, 1889 (dédicace). - A. Morel-Fatio, L'arte mayor el.
fhendécasyllabe dans la poésie caslillane da xv• sietle et du commencemenl XYJ', dans la Romanía, t. XXJII, p. 209-231. - Philological

rica latina du

Society. Anatogies belween english and spanish Verse ( Arle mayor),
by Professor W. P. Ker, Hertford, 1899 (dédicace). - J. Saroibandy,
S1Ilabe perdue dan, l'ancienne versijication castillane, dans la Revue

CATALOGUE

ot:s

MA~liSCRLTS DE M. MOREL-FA.TIO

de l' enseignemenl des langues vivantes. Jan vier, 190:i. - R. FoulchéDelbosc, Juan de Mena y el &lt;1 Arle mayor n, traducido, anotado y pre.
cedido de un prólogo, par Adolfo Bonilla y San Martín, Madrid, 1903.
- Sul verso de arte mayor. Nota w,l Dot. John Schmitt, Roma, 1905
- (dédicace). - Om, slafvelserülrnin.gen i vissa fornspanska versarler,

•

af Erik Staaff, dans la Saertryk aj nordisk Tidsslcri.fl Jor jilologi
(dédicace).
124. Auteurs groes et latins traduits en italien et en espagnol.
Notes bibliographiques sur les auteurs suivants : Aristote, Botce,
César 1 Cicéron, Frontin, Josephe, Hégésippe, Juslin, Lucain, Lucien,
Ornse, Ovide, PCres de l'Église, Plutarque, Quinte Curce, Sal1uste,
Sen0que, Suétone, Tite Live, Vatere Maxime, Végece, Virgile. - Littéralure frarn;aise. - Auteurs du Moyen-Age. -Divers auteurs grecs et
latins lraduils en italien et en espagnol.. - Traducteurs espagnols
et humanisles. - Humanisles italiens. - Auteurs italiens traduits
en espagnol. - Vasco. Ramirez de Guzman. - Crónica troyana. Pétrarque . ....; Bocace. - Varia. - Bursario, avec des notes bibliogra-

pbiques de Mario Schitr el une lettre de lui. - Comieni;a el arenga
que jizieron e ordenaron Juan Alfonso de &lt;;:amora ..• Copie.
125. Poésie castillane. Bibliographie ses poetes castillans du
.ne c.111 xnu• siCcles, d'apr8s le Calalogue de la Bibliothe&lt;¡ue Nationale
de P. 1ris, de Sainte•Genevieve et la Mazarine . - ~otes diverses. Collation de H. Léonardon de la Cancion á las ruinas de Jtalü:a.
- Noles sur le sÜnnet : No me n~eve, mi Dios, .. Renseignements du
P. Fita et de D. Marcelino Menénciez y Pelayo. - Fragments d·une

chanson recueillis

a Honstchonk. -

·Notes pour une Anlhologie de la

poésie moderno par E. Piñeyro et une lettre de lui.

126 Gutierre de Cetina. Notes pour le compte rendu : Obras de
Gatierre de Ceíina, con introdaccion y notas del dolor D. Joaquin
Hazañas y la Rua, l. l et ll, Sevilla, 1895, dans la Re1me critique clu
31 aout-7 septembre 1896.
127. Alphonse V d'Aragon, Jean II de Castille et Juan Fernandez
de Heredia. Notes sur ces deux souverains et . sur le grand-ma1tre
de l'ordre de Saint-Jean de JC.rusalem. - Notes, daos le dossier
d'Alphonse V d'Aragon, sur Mic;er Ferrando Valenli et sur les Para-

doxes de Cicéron. espagnols.

Lettre de D. Gabriel Llabré; . - Homanistes

1.28. Centon epistolario . -Brouillon d'un mémoire sur l'Hislorio-

yraphie du reg11e de Jean Il de Caslil/e (cf. l'Annuaire de l'École des
Hautes Eludes, r 895, p. 111 a 122 ). ~ Original et épreuves de la
dissertation de D. R. J. Cuervo sur le Centón epistolario (Diccionario
de construcclon y regimen de la lengua castellana, Paris, 1886, t. I,
p. 2ux-tn1). - M.. de Pida}, Historia literaria ·sobr la legitimidad
del Centon epistolario del bachiller Fernand Come: de Cibdareal, dans

r

�&gt;20

BULLETIN HlSPANIQUE

CATALOGUE DES M:A.~USCR.ITS DE :\J. MOREL-FATIO

la Revista de ambos mundos, juillet 1854, t. II, p. ,57-,80 (exémplaire dédié par son auteur a Ferdinand Wolf). - José Amador de
los Rios, Estudio histórico. El condestable Don Alvaro de luna y sus
doctrinas polilicas y morales, févri.er 1871. - Sobre el Centon epistolario del bachiller Fernan Gomez de Cibdareal y su verdadero autor
el maestro Gil Goncalez Davila por el Excmo Sr. D. Adolfo de Castro.
Sevilla, 1875. - Z11r Cibdareal-Frage. Ein Beitrag zur spanischen
litleraturgeschichte von Prof. Dr Emil Gessner, Berlin, 1885-. ..:_ Zur

Cibdáreal-Frage van Carolina Michaelis de Va~concellos. dans les
Romanischen Forschungen, t. Vll, Erlangen, 1891. - Leltre de
. D. Antonio Paz y Melia . - Notes sur le Centón epistolario.

l.29. Juan de Mena. - Cancionero de Baena. Notes philologiques
sur Juan de Mena et sur le Cancionero de Baena. - P. Niño, Poeta,
antiguos españoles, dans Hojas literarias, año I, tomo II, 3o novembre

1893 (exemplaire dédié a E. Piñeyro).
l.30. Juan de Mena et marqnis de Santillana. Épreuves" de l'article
intitulé : les deux Omero Castillans, dans la Romania, t. XXV,
p. 111-1:;19. - Notes pour cet article . - Lettres et une citrte de
Novati. -

Auteurs grecs, latins 'et frarn;ais traduits pour le marquis

de Santillane. - Bibliotheque du marquis de Santillane.
l.3l.. Jorge de Montemayor. Lexique des mots dilliciles. - Georgelchünherr, Jorge de Monlemayor, sein Leben urtd sein Schüferroman

die • Siete libros de la Diana ,,, Halle, 1886. - Gottfrie~ Baist,
Compte rendu du livre précédent dans la Zeitschriftfw· vergleichende
litteraturgeschichle, Neuefolge, t. 11, Berlín, 1889.
l.32. Gregario Silvestre. Versification de Gregario "silvestre.
f33. Les Argensolas. Cours fait au College de France (, 90,-, 903).
Notes pour ce cours. -Description du ms. Hisp. 9, de la bibliothcque
de Munich, oll se trouveot des poésies des Argensolas. -

Lettre

de M. Henri Merimée, avec une collationde la Satira del Incógnito. L'épltre a D. Nuño de Mendoza. Copie el notes exp!icatives . - Note
sur D. Nuño de Meodoza; cf. J'article du Bu/letin hispanique, t. VII,

p. ,05-,07.

,,

.

134. D. Diego Hurtado de Mendoza. Notes sur la versification des
poésies de D. Diego Hurtado de Mendoza. - Notes pour servir al'article
intitulé : A Morel-Fatio, l' arle mayor et l' hendécasyllabe dans la poésie
castillane au .xv• et au commencemerit du xvr siCcle (Romania, t. X\111,
p . ,09-,31).-Epistola á Don luis de Avila, d'apres le ms . espagnol31,
de la Bibliotheque Nationale de París. - Notes bihliographiques.
135. Garcilaso de la Vega .. Notes sur la versification des poésies
de Garcilaso de la Vega.
136. Juan Boscan. Notes sur la versification des poésies de Juan
Boscao. -

Lex.ique de mots intéressaots. -

la littérature espagnole.

Note sur sa fortune dans

l.37. Fernando de Herrera. Notes sur la versification des poésies
de Fernando de Herrera, d'aprCs l'édition de 1619. - Notes sur son
orlhographe. - Notes bibliograpbiques. - 1'otes pour servir au
mémoire ·intitulé : Fernando de Herrera, L'Ilymne sur lépante, publié
el commenté par A. Morel-Falio, Paris, 1893.

l.38. Juan del Enzina. Extraits du Prohemio en una arte de poesía
castellana, d'apres l'exemplaire Yg 13 Rés., de la Bibliotheque Nalionale de Paris. - Notes.
·
l.39. Pétrarque. lmilation de Pétrarque par les poetes calalans et
surtout par Auzias ,1arch. -

Notes .

l.40. Pierre, marquis de Villars. Notes pour servir

a l'annotalion

de l'ouvrage suivant : ¡}Jarqnis de Villars, llfémoires de la cour

d' Espagne de 1679 a 1681, publiés et annotés par M. A. AforelFatio et précédés d'une introduction par M. le marquis de Vogüé,
Paris, 1893. - .Lelt•·e de H. Léonardon. - Letlre du chef de la
section historique des archives royales de Danemark. - Lettre de
M. Goovaerts. - Deux letlres de l'Archiviste général du royaurne
(Hollande). - Leltre de P.M. Perret. - Lettre et carie de M. le baron
de Saint-Pierre.
l.4L D. Cárlos Gutierrez de los Ríos, cornte de Fernan-Nuñez.
Notes pour les deux ouvrages suivants : A. ~lorel-Fatio y A. Paz
y Mélia, Vida de Cárlos 111 escrita por el conde de Fernan-Nuñez,
Madrid, 1898, , vol., et Grands d'Espagne el petits princes al/emands
au XV!ll siCcle, d'apres la correspondance ínédile du comte de Fernan
8

l\'wiez avec le prihce Émanuel de Salm-Salm et la duchesse de B°éjar,
Paris, 1906, ,. édition (Études surl'Espagne, t. 11). -Trois lettres de
D. Antonio Paz y Mélia. - Une note de D. _Antonio Rodríguez Villa
sur les ministres plénipoteotiaires

a la cour d'Espagne au xv111• siecle.

- LetLre d~ D. Ricardo Fé, - Dott. Agostino Zanelli, Don Cario di
Borbone a Firenze nel 1732, Torioo, 1887.
142. Le duc de Calabre et Germaine de Foix. (deux cahiers).
1.

Notes sur Ferrando de Aragon, duc de Calabre, et sur sa femme

Germaine de Foix. - A spanishfarce of the early sixteenth centu,,-,
dans le Afodern Language, Nouvelle série, t. XVI1 nº 1, mars 1909.
1

PiCce jouée devant la reine Gcrrnaine ,de Foix et le marquis de Brandebourg1 son mari. Extraits. - Lettres du duc de Calabre et d'autres
fonctionnaires, princes et princesses (Archives Nationales de Paris,

K 1628, 1689, 1699, 1700, 1705-07). - Lettre et carie de Novati. ,. Quatre lettres de D. Vicente Vignau. - Deux d'Antonio Rodrigue,
Villa. -Liste de documenls procédant de S. Miguel de los Reyes et se
rapportant au duc de Catabre el a Germaine de Foix. - libro de la
guardarropia de la Reina Doña Germana de Foix ... Testamento de

la serenissima Rey na Doña Germana.1536. -Testamento del Excellentissimo señor Duque de Calabria. 1550. - Inventario de tots los bens
Bull. hispan.

�•

C.\TALOGUE DES ~IA:1'USCR1TS DE ll. MOREL-FATIO

BULLETlN HISPA'.'l'IQUE

e recamara de la S. reyna D• Germana. 1536. - inventario de lo que
dexo el Ex. Duque de Calabria.
143. Juan de Valdés. 'lotes sur Juan de Yaldés. - Lexique des
mots difficiles. - Lellre de D. R. J. Cuervo, avec une note sur
Vsled. - Épreuves du mémoire du P. }liguélez, Sobre el verdadero
autor del" Diálogo de la lengua,, segun el Códice escurialense. -Lettre
du P. Manuel F. Miguélez. . Miguélez (O. S. A.), Sob1:e el verdadero autor del Didlogo de las lenguas, Madrid, 1919.
144. Courtoisie et civilitá (six cahiers et une brochure) : 1. Cours ·
fait au College de France (1895-1896). - ,.-Moyen-Age. Notes sur la
civilité au Moyen- ..\ge. - Te.tes latins. - Textes en Jangue vulgaire.
- Facetas. - Early English Texl Sociely. IVoodcuts for the Babees
Boolc, Londres, 1868. -Reineri J'hagifacetus ,sive, de facetia comedendi
libel/us... recensuit Ilugo Lemcke. Stetin, 1880. - Pamphilus.
Comoedia elegiaca medioaevalis. Ex codice luricensi edidiJ., Jacobus
t:lrich, Zurich, 1893. - Éprcuvcs du mémoire intitulé : Mélanges de
lilléralurecatalane. III. Le livre de courloisit, dans la Romania, t. XV,
p. 19,-,35. - Compte rendu du mémoire précédcnt, par ~l. C. Frati,
dans la Revista critica del/alellerat,ira italiana, mai 1887. - 3. Baldesar
Castiglione, JI Cortegiano. - Notes pour Je COUl'S fait au Collcgc de
France (1895-1896). - 4. Courtoisic. [lalie. - Giovanni della Casa,
JI galateo (extraits). - La Ciuile conversa/ion du S. Etienne Gua:zo
(exl,·aits). - 3abba da Castiglione, Ricordi (extraits). - Notes sur
d'autres llaliens. -

5. Courtoisic espagnóle. ~oles. -

Duc de Calabrc

et Germaine de foix, d'apres fe Cortesano de Luis fülan (exlraits). Biblioteca de la Revista catalana. Regles de bona c1·ian~a ... tre/es de
lo Terf del Crestiá del P . .11. Fr. Francesch Bximenis (seg/e XIV}, per
Joseph Balari y Jovany, Barcelone, 1889. - D. Adolfo Bonilla Y San
Martin El renacimiento y su influencia literaria en España, dans La
'
España moderna, féHier 190:J. -. 6. Courtoisie. Temps modernc. Notes. - Conversalion de l'air galant, Amsterdam, 1685. - Conversation de la polilesse, ,\msterdam, 1685. -Discours.sur la úienséance.
-Des baise-mains. - De Ciuilibus priscae Reverenliae ,J· Urbanilalis
Officiis in vita comm.uni, Amstcrdam, vol. I, 1731. - De la cérémonie.
Hené Bary, f,'Bsprit de cour, 1662. - Le Trésor des Pieces rares ou
inédiles. Les lois de la gatanter:e (16r,',}, Paris, 1855. - Edmond
Bonnaffé, Etudes sur la renais.,;ance. Les livres de cfoililé (Revue des
deux mondes, 1•• juin 18J3). - Émile Gebhart, Un avenlurier fran&lt;;ais
en ltalie au dernier siecle. Le chevalier Gondarl '( Journal des Débats,
18 juin 1895). - Leltre d'Émile Legrand. - 7. Altdeutsche Tischzuchten. Abhandlung ... von D' p.h. Moritz Geyer, Altenburg, 188,.
f45. Baltasar Gracian (quatrc cahiers). 1. Noms propres dans les

.

ceuvres de B. Gracián. -

(neuf carnets) :

1.

2.

ldées chez B. Gracián. -

3. B. Gracián

Bibliographic, avec des lettres de D. .\Hredo ,\Jvarez,

deux carles de ,1. Arturo Farinelli, une Iettre de R. J. Cuervo, une
lctlre de D. Américo Castro; - ,. Jleroe 1; - 3. Heroe ll, Discreto.
- 4, Agudeza. Crilicon:-5. Oraculo, lleroe, Discreto, Fernando. 6. lndex des fiches; - 7, Schopenhauer; - 8. ldées; - 9. Trajano
Boccalini. -4. Notes sur les divers ouvrages de Gracián etde Frant;0is
Filhol. - Ouvrages de Gracián et d'autres auteurs, traduits ou cités
par Amelot dans L'homme de co~r. - Delli de Giovanni Botero.
Rapprochements avec des ouvrages de Gracián autres que El Hefoe.
- Discreto. Variantes et correclions. - Notes pour le Heroe. - Vicerois d'Aragon. - Extraits des ouvrages de Gracián. - Crítica de
rejlexion ... escrita por el dolor Sancho Terzon .y .lfuela ... Valencia,

1658. Extrails. Lettre de A. Rodriguez Villa.-Épreuves de l'article
intituló : liste chronologique des letlres de Balthasar Gracidn dont
l'existence a été signalée ou donl le lexte ir été publié dans le Bulle/in
hispanique, t. XII,. p. &gt;o4-,o6. - Lettres autograpbes de Gracián,
d'apres le ms. de Já Bibliotheque Nationale de Madrid, V, q1. Copie.
- Ballhasa,· Gracian, and the chains of Hercules, dan, le Modern
Language Notes, janvier 1905. - Extraits des ,\faximes de P. de Courbeville. - Gracián, Oraculo, avec les traductions de litres des chapitres d'Amelot, Schopenhauer et Jacobs. - Cours du College de France,
1909-1910, sur les mora/is/es espagn.ols du xVIr siecle el en particulier
sur B. Gracián el la Liste chronologique, etc. (exemplaire annoté). Une description inédite de la demeure de Don Vicente Juan de La•tanosa, publiée par A. Coster, dans la Revue hispanique, t. XXVI
(dédicace). - 1 trallatisli italiani del « conceltismo » e Baltasar Gracian ... da! socio residente Benedetto C,oce (Memoria /ella ali' Academia pontana, Napoli, 1899). -V. Bouillier, Notes sur l'Oráculo manual
de Balthasar Gracidn, dan, le Bulle/in hispanique, t. XIII, p. 316-336.
-A. Coster, An/iquaires d'autrefois (extrait de la Re1Jue des Pyrénées,
1911). - Baltasat.' Gracián, El Héroe ... reimpresión de la edición
de 1639 . .. por Adolphe Cosler, Chartres, 191 1 (dédicace). - Catdloga
de la Librería de José A liaza ... Zaragoza, ÍÓVl'ier 190,. - Die Devisen
und Jfotlo des spüleren .lfitlelallers, von J. V. Uadowitz, Stuttgarl und
Tiibingen, 1850. - D. Ricardo del Arco, D. 1 incencio Juan de Laslanosa, dans le BQlelill de la Academia de la Jlistoria, avril, mai et juin
,910. - Obras de Gracián, dans la Biblwteca de autores españoles. Lcttre d'Antonio Rodríguez ,Villa. - Onze lettres de M. Adolphe
Coster. -Dcux lettres de M. Rodol¡,he Reuss. - Lettre de M. Auvray.
- Lettre de D. Américo Castro.- Lettre de lf. Émile Longin.-Lettre
de M. Ludwig Rosenthal. - Quatre lettres de ~l. Victor Bouillier. Lettre de M. D. S. Blondheim. - Lettre de la Mere Marie de Saint
Paul. - Trnis lettres de D.M. Gómez Gonzalez. - Lettre de D. Gre
gorio Garcia-Arista y Rivera aD. }l. Gómez Gonzalcz. - Deux lettres
de ~l. E. Seilliere. • Lettre de D. Alfredo Alvarez, avec des leltres de

�BULLE'fl~ HISP.l~IQUE

Gracián. - Lcttre de Émile Castelot, avec une note sur les juros
et les censos.
t46. Lazarille de Tormes (cleux cabiers). 1. Notes pour le Lazarillo
(i" et 2 • parlies).- Lexique de mols importanls. - Syntaxe. -Proj_et
d'un.commentaire. - D. Diego Hurtado de Mendoza. - Les fatts
merveil/eux. ensemble la vie du gentil Lazare de Tormes ... Lyoni 1560,
avec une épreuve de Ja PremiAre traduction fran9aise du Lazarille de
Tormes (1660), par M. Louis Loviol, dans la Revue des livres anciens,
t. II, fase. 11. Trois lellres de M. Louis Loviot. - Les classiques fran9ais du Moyen-Age . Le gar9on el l'aveugle, jeu du XIIJ" siecle, édilé par
Mario Roques, Paris, 191.2. - Lazarille de Tormes, par Louis Viardot,
dans La Revue indépendanle, 181,2. - Le poete lean Regnier, bailli
d'Auxerre (1399-1Í169), par Ernest Pelit, Auxerre, 190/1, - Juan de
Luna van Éduard Boehmer, daos la Zeilschrijl fü1· Vergleichende
J,illeralurgeschichte, t. XV, cahier 6, Berlín, 190/i (dédicace). - La
vida de Lazarillo de Tormes. Prospeclus de I' édition gothique publiée
a Barcelone en 1906. - Eugenio Melc, Una traduzione inédita del
« Lazarillo de Tormes" (dédicace). - J. D.M. Ford, Possibleforeign
sources of the spanish novel of roguery, Boston, 1913 (dédicacc). ,. Notes pour le Lazarille (1'" et 2• parties). - Syntaxe. - Descriplion
des plus anciennes éditions. - Bibliographie.- Extraits du Crolalon.
- Le casligado. - Luna. - Danse des morts. - llonra et pundonor . - Carie de M. H. Omont. - Deux letlres de _Paul ~ieyer. Lettre de A. Beljame. - Lettre du D' G. Laubmann. - Deux lettres
du D' Alfred Goldlin van Tieíenau. -Leltrede M. Henri Slein. - Deux
lettres de D. Marcelino Menéndez y Pelayo.
t47. Mateo Aleman (trois cahiers). 1. Bibliographie de ses amvres
en trois cahiers. - Lexique des mots importants . - Épreuves du
compte rendu inséré dans le Bulletin hispanique, t. X V, p. 482, sur
la Primera parle de G11zman de A ljarache, de Julio Cejador. - Notes

pour ce compterendu. -Compte rendo de Julio Cejador par M"• Atice
H. Bushee, dans la Romanic Review, t. IV, n· 3 (dédicace). .2 et 3. Passages des deux Guzman 1 celui d'Aleman et oelui de ~Jateo
Luxan de Sayaved ra.
1.48. Chronique de Sancho Cota. Copie de celte cbronique, d'apres

le ms. espagnol 355 de la Bibliotheque Nationale, par II. Léonardon.
- Autre copie parlielle. - Notes pour cette cl1ronique.
t49. Cronica de D. Francés de Zuñiga (deux cahiers). 1. Préparation al'ar:ticle intitulé : La &lt; Chronique scanclaleuse » d'un.. bou.ffon
du temps de Charles-Quinl, dans le Bulle/in hispanique, t. XI,
p. 370-396. - Notes a la Chronique. - Copie partielle du ms. 1905
de la Bibliotheque Ma,arine et notes sur les mss. de la Chronique . Ueber des Grajen Dón Frances von Viamonle handschrijlliche Chronilt
von Spanien von 1516 bis 1528 van W, Frhrn v. Tettau, dans les

CATALOGUE DES M.AXUSCRITS DE 3-l. l\IO~EL-PAT!O

Jahrbiicher der [(. Airad. gemeinen Wiss. zu Erfurl, 1890. Traduction
allemande. - Cronica de Don Francesilla de Zuñiga, dans la Biblioteca
de aulor,s españoles, t. XXXVII (A . de Castro) . -El Bufón de Carlos V,
D. Francesilla de Zuñiga. Carlas inéditas 1 por Juan Menéndez Pida),
Madrid, 1909 (dédicace). - Genealogía de Don Francés de Zuñiga
y Conlreras, bufan del Emperador Carlos V, por D. Vicente Paredes
y Guillen. Original. -Carie de D. Vicente Paredes y Guillen. -Lettre
de M. Pierre Paris. - Letlre de D. Juan Menénclez Pida l. - Lettre de
Rohert Michel. - Lettre de M. le Direcleur de la K. llof-und Staats

bibliothek de Munich. -

Lellre et une carle du P. José María
a la machine a écrire de la Crónica,
d'apres le ms. !Iisp., 7 de Munich (du a M. H. Léo¡1ardon). --:- Analyse
parlielle en franyais de la Crónica.
150. Charles-Quint (six cahiers). 1. Rela9ion de lo que ha pasado en
la cormmicafion de la paz. - Copia de la tregua que se ha sentado
en Nira, d'apres le ms. Nouv. acq. fr. 5o51i, de la Bibliotheque
de Elizondo . -

:i.

Nationale de Paris. -

Copie

Copie des Archives Nalionales, K 1693, 1483,

11,84, 164,; des Affaires Élrangeres, Espagnol , 17 et »3; de la Bibliotheque Nationalo de Paris, Espagnol 17,; de Dupuy /195; du fonds
franQais 3087, 3006; de M. Noel Charavay. - Lettrc de Guillaume
Vaodenesse a Guillaume des Barres. Original acquis a M. Noel Charavay. - :Notes. - Romanzefecho quando el Emperador Cario Quinto
entro en Francia 1 por la parte de, Flandes, con grand exercito M. D.
XLV años. Copie de Léopold Delisle. -- Trois leltres de CharlesQuinta D. Diego Hurtado de ~Iendoza Metafus cerya de Argel, 2 nov.
1541; Bugia, g nov. 1541; Cartagena, 4 déc. 1541. Copie, d'apres
le ms. A. 1,8 de la Colección Salazar de l'Académie de l'Histoire
3. Madrid, faite par l\l. Lucien Romieri avec une lettre. - Documenls
concernant Charles-Quint de la Celección de documentos ineditos,
t. 11 et lll.
,. Comptes rendus de mon Hisloriographie de Charles-Quint. H. Lonchay, dans les Archives be/ges, ,5 mai 1913 et lettre du méme. G. Cirol et René Costes dans le Bullelin hispanique, t. ~V, p. 350-36,.
- Ed. Barlhelemy, dans le Mercare de France, 1"' juin 1913. - D. R.
Bailes ter, dans la Vanguardia, 18 février 1913 - Lettre de 1\1. G. Cirot.
- Deuxleltres de M. R. B. Merriman. - Deux Iettres et une carte de
M. II. Pirenne. - Lettre de D. F. de Laiglesia. - Lettre d'Eduardo
de Hinojosa. - Lettre de M. Ernesl Mérimée. - Leltre de M. Arturo
Fatinelli. - Lettre de M. Ed. Fueler. - Leltre de M . Georges Gazier.
- Quatre leltres de M. René Costes, avec des exlraits d'une traduction
frarniaise des Epislres dorées de A. de Guevara. - Letlre ~e M. Léon
Dorez. - Leltre de M. A. Chuquel. - Lettre de M. Émile Pico!. Lellre de ~J. M. G. Constan!. - Lettre de Uiguel Mai a CharlesQuint sur l'évCque Paulo Jovio. Copie (Simancas, secretaria de estado,
1

�n6

BULLETfü HlSPANIQUE

legajo 1553, fol. 365). - Coilection Favre a Geneve, vol. l. Copies sur
Charles-Quint, 3 cahiers. - Enfqns de France en Espagne. Copies
d'apres le ms. Espagne &gt;18 des All'aires Étrangeres et les "Archives
Nationales a París, K 1483 (ces derniers ae H. Léonardorr). - Documentos relativos á los Delfines, hijos de Francisco I, dans la Colección
de documentos inéditos; t. ll.
3. Fiches sur Charles-Quint et sur les personnages de son temps.
4, Charles-Qujnt en France, 1539-40. - Lettres de rémission accordées par l'empereur Charles-Quin/ lors de son passage a Orléans
(,o décembre 1539), publiées par Jacques Soyer, dans le Bu/letin historique et philologique, 1908, Paris, 1909. - Lettre de M. Jacques
Soyer . .-.Not~s d'apre.s les ms . fran9ais3o86 et Dupuy 85, 3,5 et 591
de la Bibhotheque Na!Ionale de Paris.
5. Fray Prudencío de Sandoval. - Biographie et biblioaraphie. _
11
Copie de M • Paule Blanchard-Demouge du ch. XXXIV de Fr. Gregorio de Argaiz et de D. Gregorio Fernánde~ Perez, Historia de la
Iglesia y obispos de Pamplona, t. Ill, libr. XI, p. 65. - Notes sur
Sandoval el ses sources. - Lettre et carie de M. René Costos. - Lettre
de D. F. de Laiglesia aD. Julian Paz. - Lettre de D. Julian Paz, avec
des documents extraits des Archives de Sirnancas.
6. Historiographie espagnole, ilalienne et beige de Charles-Quint.
- Histoires Fécentes de Charles-Quint. - Chronistes. Trois lettres de
D. Jtrlian Paz, avec des documents touchant les chronisles tirés des
Archives de Simancas. Notes sur les chronistes. - Juan) Jinés de
Sepúlveda. , cahiers. Trois lettres de M. Léon Dorez. Deux notes de
M. G. Cirot concernanl Sepúlveda. Notes sur J'hístoire de Sepúlveda .
Documents sur la vie de Sepúlveda. - Cronistas aragonais. - D. Luis
Zapata. - D. Lorenzo de Padilla. - Lorenzo .Galindez de Carvajal. _
Florian de Ocampo. - Alonso de Santa Cruz. - Francisco Lopez de
Gomara . Compte reodu daos la Revue historiqÚe, de mars-avril 19 1 3,
des Anals of the emperor Charles V par Roger Bigelow Merriman,
Deux lettres de M. R. B. Merriman. ;'fotes sur l'hisloire de Gómara. Juan Paez de Castro. Notes de M. G. Cirot sur ses travaux conservés
dans les ms . de l'Escurial. - « La forma en que el oo, Paez trataba de •
escrebir su historia"· Copie du ms. 5938 de la Bibliotheque Nacional
de Madrid. - Barnabé Busto. Notes prises par 'l. G. Cirot sur Busto.
Deux lettrcs du P. Miguelez. Notes sur Busto. - D. Luis de Avila et
D. Pedro de Saiazar. Extrails pris par René Costes des Comentarios de
D. Lu_is de ~vil~, d'~pres les ms. de J'Escorial. Lettre du P. Miguelez.
Extra1ls pris d apres le ms. Espagnol 188 des Comentarios de la
Bibliolheque Nalionale de Paris. Notes sur Avila et Salazar. -Alfonso
de ~llo~ (de~x _cah'.ers). 1. Bibliographie.- ,. Manuscrit; et epreuves
de I arltcle ml1lule: Alfonso de U/loa et le comle Pierre-Ernest de
Mansfelt, dans le Bulletin hispanique, l XV, p. 445-450. Lettre de ~l. Lu-

CA.TALOGUE DES MA:'iUSCRlT!¡ DE

,r.

~1011.EL-FATIO

cien Romier. - Leltre· de M. Rodolpbe Reuss. - Notes d'Alphonse
de Ulloa pour les pasliches de l'Epjstola,·io de Guevara. - Pietro Marlire. - Paul iove (deux cahiers). - Girolamo Ruscelli. - Ludovico
Dolce. - Francesco Sansovino. - Frarn;.ois J•r. - Guillaume Snouckaerl. Lellre de M. Pirenne. - Guillaume van Male-:'licolas Mamera
nus. - J. M. de Garamendi, La batalla de Mülbherg (1547), dans la
Revista de archivos, bibliotecas y museos, nov.-déc. 1911. - Documents sur J'expédilion de Charles-Quin! a Alger (151&lt;1), dans la Colección de documentos inéditos para la historia de Espaíia, l. l, p. ~129 -l[fc ·
Copie. - Conde de la Viñaza, Los Cronistas de Aragón_ (discours
a J'Académie de l'Ilistoire de Madrid, 13 mars 1904), ~lad_nd, 1904.D. Juan Menéndez Pida), D. Luis Zapata (discours a J'Académie de
l'llisloire de :\Iadrid), Madrid, 1g 15. - Documents sur Cbarles-Quinl,
lirés des Archives Nalionales de Paris, K 1689. Exlraits. - CharlesQuinl. Bibliographie. - Notes de M. Lucien Romier sur Sleidan.
~ates de René Slurel. - Obra nuevamente compuesta sobre el gran
naufragio que (L la armada del invictissimo y calolico 1elior, el Emperador, Rey y seño,- nuestro le succedió en la conquista d_e Argel en ~l
més de setiemb,·e del año MDXXXXJ. Copie de D. Jose M. Oclav10.
de Toledo. - Compte rendu, daos la Revue Historique, t. XXXVII,
p. /1o5, de llermann Baumgarlen, Geschichte Karls V. - A. M. de
Barci~, Pompa fúnebre del empuador Carlos V (Rev,sta de archmos).
- Antonio Paz y \lélia, El libro de horas de Carlos V (ib1d.). - Portrails de Charles-Quint. - Padillas y .4cuñas en la comunidad de
Toledo (ibid.), etc.
i5f. Don Carlos. Etude biographique en lrois cahiers. - SaintRéal. - Exlrails de Strada. - Exlraits de L~is de Mayerne-TurqueL
- D. Cayelaoo Manrique, El príncipe Don Carlos conforme á los_
documentos·de Simancas, \ladrid, 186¡. - Ezio Levi, La leggenda dt
Don Carlos ne/ teatl'o spagnolo del seicento. dans la Revista de Italia,
juin 1g13 (dédicace). - Comple rendu, dans la Deutsche Literaturzeitung nº 3o, de 1914, de Ezio Levi, Storia poelic~a di Don Carlos,
Pa, ia, 1914. - Deux letlres de M. Ezio Levi. - Leltre de ~l. Henry
Marlia.
!52. Henry d'Arbois de Jubainville. Biographie. Renseignements
pris dans une histoire des d'Arbois de Jubainville1 r~di~ée par ~e
pere d'Henry. -Treize leltres de P.. d'Arbois de Jubamv1lle. Tro1s
Jeltrcs de L. d'Arbois de Jubainville. Carie de ,f. G. d'Arbois de
Jubainville. Deux: Iettres et une carte de· la vicomtesse de Jotemps.
Une carie de )!. el de }l•• F. de la Foil ye de Joux. Lettre de M•• Héli:ne
Samuel Berger. Letlre de Michel Bréal. Carie de M. Ferdinand Lot.
Lettre de M. A. Meillet. Garle de M. J. Vendryes. Tro1s letlres de
M. JI. Gaidoz. Leltre de M•• Cavaignac. '.'fote sur H. c!'Al'bois de
Jubainville par
Prou. Letlrede M. G. Perrol. Trois lettres de M. Bou0

,1.

•

�BULLET~N HISPA:SlQUE

CATALOGUE DES ,u:-.usCRITS DE ,1. ,10REL-FATIO

tillier du Retail. Lettre du D• Alfred Holder. Compte rendu de la
séance de !' Académie des Inscriptions, ou a· été Ju l'éloge sur Henry
d'Arbois de Jubainville. Lettre de Ia"Mere l\larie Réginald M. P. d'Arbois de Jubainville. Lellre du D' Alfred Holder aux membres de la
famille d'Henry. Leltre du professeur E. Windisch aux memes. Dt'.•peche du professeur H. Schuchardl aux memes. Copies. l\otice nécrologique sur M. [Charles] d'Arbois de Jubainville par M. Louis Lallement,
avocat la Co~r d'Appel de Nancy, s. d. - Discours prononcé sur la
tombe de M. Charles-Joseph d'Arúois de Juúainville, ancien bdtonnie,: de
l'ordre des avocats par 11. Depéronne, balonnier de l'ordre des arncats,
Nancy, 1875.
Travaux. Lettre de M. Salomon Reinach. - Lettres de Henry d' Arbois de Jubainville G. Paris et P. ~foyer.
Nécrologie. F. Lol, Revue historique, t. CIY (1910), p. :¡~8-233. Leite de Vasconcellos, Academia R. das Sciencias de Lisboa, abril 1910.
- J. Vendryes, Société d~ linguistique. G. Dottin, Revue des Iktudes
anciennes, avril-juin 1910. Salomon Reinacl1, Revue archéologique.
f:mile Chénon, Bulle/in de la Sociélé nationale des Antiquaires, 1912.
P. d'Arbois de Jubainville, Bihliographie des reuvres de I/enry d'Arúois de Juúainville dans la Revue Cellir¡ue, París, 19n. Guslav Fock,
Romanische Philologie und Lilleratur, Leipzig, s. d., J. Loth, Bibliographie des travaux de M. II. d'Arbois de Jubainvi/lP, Rennes,
avril 19co. M. Ernaull, Notice. J. Lolh, Les Études celliques, leur élat
présent, lezir avenir, extrait de la Revue internationale de l'Enseignement, París, , 911. Ferdinand Lot, Revue hislorique, t. CIV ( 1910),
p. 228-~33. Copie.
.
i53. El libro de Alexandre ( deux cahiers). 1. Texle de la Biblioteca de autores españolas, t. LVII, confrc¡nté avcc le ms. de Madrid
par M. H. ~forf et M. Saroihandy. - Comparaison des strophes du
ms. de Paris el du ms . . &lt;le Mádrid. - Variantes prises dans le ms. de
,\ladrid. - Fac-similé du dit manuscrit. - Note sur le ros. de Paris.
- Passage de l'Alexandre ulilisé par Gulierre Diaz de Gamez, d'apres
El Viclorial de l'Académie d'Histoire de ,tadrid. Copie du comte de
Puymaigre. Deux letlres de D. Antonio Rodríguez Villa avec le passage du ms. Collation de ce ms. par JI. Améaée Pages. - Fragment
de l'Alexandre de la Bibliotheque Jledinaccli. - Deux leltres de
M. A. Paz y Melia. - G. Baist; Eine neue Handschrijt des spanischen
Alexandre, dans les Romrmische Forschungen, t. VI, p. 292. - Carte
de M. Karl Vollrnoller.- Carte de )1. 11 . .\Iorf. - Lettre de D. Ramón
Menéndez Pida!. 2. Six fac-similé du ms. de )Iaé:lrid.
f54. Dª Maria Pacheco. ll:loge de D. Hurtado de .\lendoza par
Paul Manuce, d'apres le M. Tullii Ciceronis De Philosophica Prima
Pars (Bibl. Nat. R 9387). - A. Rodríguez Villa, La viuda de Juan de
Padilla. Relación histórica del siglo XVI, dans la Revista Europea,

a l'article intitulé: Doña .liaría
Pacheco, dans le Bulletin /zispanique, t. Y, p. 301-304:
i55. Dª Mariña de Aragon. Notes pour servir au mémoire intitulé: Doíia Jfarina de Aragon, dans l~s Étades sur l'Espagne, t. III,
p. 75-105, Paris, 1904. - Dem: letlres de D. José Ramón ,\lélida. Lettre de R. J. Cuerrn. - Carie de D. J. E. Serrano y Morales. Deux lellres de E. Castelot. - Leltre de 11. . Jos Yanden Branden.
- Lettre de D. F. Fernández de Béthencourt.
• i56. Dª Maria de Mendoza, femme de Francisco de los Cobos.
i\'otes pour servir a l'histoire de celle dame. - .llemoria de las joyas
que lleva mossen Juan perez á Valen9ia de mi
doña Maria de ,llendoza (Archives Nationales de París, K 1694, nº 16).
157. Poemes de Cock. Copie des Pocmes de Cock qui se trouvent
dans le ros. ,1-20 de la Bibliothcque Nationale de 11adrid, exéculés
par Antonio Rodríguez Villa. - Lisie des fonctionnaires de la cour
de Philippe 11, 1588. Ces listes ,icnnent d'un carnet de D. García de
Loaysa, chapelain et granel- aumonier du roi Philippe U. Copie
d'Antonio Rodriguez Yilla.
i 58. Gallophobie des Espagnols. Spanien Land Leule in den lelzten
Jahrhunderten vo1· Chris_lus von D' Hans Fertig, Bamberg, 1901-1902.
~ UIJsse Hobert, Étal des monasteres espagnols de l'Ordre de Cluny
au .1111•·,n-' siecle, 1ta¡ires les actes des visites el des chapitres générau.r, dans le Boletin de la R. Academia de la Historia, t. XX, 189:¡.
- Marce! Robín, Bemard de la Sauvetal, abbé de Sahagun, archevéque de Tolede(i,. 10'10-11211) el la réforme clllnisienne en· Espagne
au II• et au .w' siecle, dans École /\"alionale des Charles, Posilions de
theses, )l,lcon, 190,. -Joseph Calmette, La France el l'Espagne a la
fin du .u-• sii\cle. Revue des Pyrénées, Toulouse, 1904. - D. Tom.'.ts
)luííoz y Romero, Refutacion del op1ísculo Fueros francos, Les Communes Jranraíses en Espagne el en Portugal pendant la (sic) mayen
&lt;ige, ~ladrid, 1867. - V. n. Friedel, l?tades compostellanes. l. L'époque el le milieu 011 fut composé le Codex Calixtinus. Extrait des &lt;&lt; Olia
Merseiana n, Liverpool, 1899 (dédicace). Carte de U. V. H. Friedel. Ernest )lérimée, Note sur les archives municipales de Burgos et les
travaax historiqaes de M. Anselmo Salud. tpreuves. - Les chansons
des pelerim de Saint-Jacqaes ... par l'abbé Camille Daux, -;\lontauban,
1899. - ,ote sur le pelerinage des Franc;ais
Compostelle. D. Jaime Balmes. i\'otes bibliographiques. Bióliografia cronológica df
Balmes ordenada per Antoni Palau, Barcelona, juin 1915. Carte du
P. José 11" de ElizondÓ. - Anlipatia de Francesi e Spagnuoli... del
dollor D. Garlo Garsia, tradotta di Spagnuolo in italiano da Clodio
Vilopoggio, Yenelia, 1660.
159. Document de Charles VII, ~oi de France, confirmant certains priviléges accordés par Charlemagne aux habitants de la

n8

a

a

a

a

u janvier 1879. - ~otes pour servir

sm

a

�,3o

DULLETIN lTISJlÁNIQUE

CA.TA.LOGUE DES lL\:\'JJSCLHTS DE 11. )!Ol\EL·FATIO

Catalogne, Montils-les-Tours, octobre 1445. Transcription du document d'apr~s Je ms. des Archives Nationales de Paris, JJ 177, n" ,o~.
- Cartede M. A. Thomas . - Notes de M. Rcné Poupardin. - Garle
de M. Frarn¡ois Delaborde. - Deux leltres fte M.F. Valls-Taberner.
- M. FranQois Delaborde, La Vraie Chronique du religieux de SaintDenis, dans la Eibliotheque de l'École des Charles, t. LI, p. 93-r ro.

t . XII et .XIII. Notes sur cet al'liclc. - D. Francisco de Quevedo.
TrÓis cahiers .•- Cami!le Pitollet, Un épisode inédil de la carriere
scienlifique de J. B. Muñoz. Les mss. historiques de Suarez de ftfendo9a,
dans la Revue des langues romanes, t. LV, Vle sér. t. V, novembredécembre rgu. - D. Antonio Elias de Molins, Felipe IV y Galcerán
Albanell, dans kl Revista critica de historia y literatura espa,í.olas,

160, Deux ca:hiers. Bibliographie espagnole . Notes su'r certains
mots 1 personnages et coutumes espagnoles.
i6i. Fernán Caballero. Préparation au mémoirc intitulé: Femdn •
Caballero, d'apres sa correspondance avec Antoine de Latour, daos
Études sur l'Espagne, t. lll, p. &gt;79-370, Paris, 1904. - Correspon-

portuguesas é hispano~americanas, Año Y, avril et mai, 1900. - Discursos leidos anle la R. Academia de la l/isforia, en la recepción pública
del señor D. Juan Pérez de Guiman y Gallo, ,Maclrid, 1906. - F. Eys-

dance de Fernán Caballero a,•cc A. de La tour. Extraits. Cahiers r a 3.
- Famille de F. Caballero. Cahiers 5. - Notes. Cahier 7. - Acte de
bapleme de F. Caballero. Lellre au 8) ndic de La u san ne par~!. Aymar

de Crusaz. - :Xotcs sur Jaques Louis ChALry de la Fosse 1 communiquées par M. Jean Lemoine, d'aprCs les Archives du ~IinistBre de la

Guerre.
,
i62. D' Catalina de Mendoza. Préparation a l'article intitulé, Une'
mondaine conle!nplalive" au .J1 1" sif!cle, Catalina de Jlfendoza, dans le
Bullelin hispanique , t. lX, p'. 238-26&gt;. -- 'lotes se rapportanl a cet
1

-

article · fac-similés du British ~luse □m, ele. - Lettre de D. Eduardo
de Hin~josa. - Une mondaine CDnlemplatiue) etc. (e:s:emplaire annoté) .
163. D. Iñigo de Mendoz3. Nolcs pour la biographie de ce pet·son•
nage. Copies tirées des Archives ~alionales de Paria et du British
Museum. - D. Luis de Mendoza 1 marquis de Mondéjar. ~oles et
copies. - Jacques Flach. Le sieg• de Paris en 1590. Communication
.faite a L'Académie des Sciences morales etpolitiques, le 10 octobre 19/!1,
Paris, s. d. - Charles Valois, Un des chefs de la ligue a Paris.
Jacques de Cueilly .. . Paris, 1910 (clédicace). - Albert Mousset, Un
résident de France ·en Espagne au temps de la ligue (1583-1590),
Pierre de Séguson, Paris, 1908 (Mdicace). - Du rn , Les drotls de
l'infante lsabelie-Claire-Eugénie a la couronne de France, exlrail dn
Bulle/in hispanique, t. XYI, p. 46-79. Trois leltres de \l. A. Coster. -

Leltre de M. Paul \lonceaux. - Leltre de D. Antaine Rodríguez Villa,
avec une copie de sa main, de la Bibliotheque de !'Académie de l'Histoire de Madrid 1 concernanl l'enlerrement de D. ~laria de Mcndqza,

femme de D. Jñigo de }lendoza. - Leltre de D. Hamón Menéndez
Picfal, avec une copie de sa main d'un ms. de la Ilibliotheque du Hoi
aMadrid: "Memorial del Pleylo que se trata en el Consejo enlre el
Señor Almirante de Aragon y Don lñigo de Mendoc;a sobre los estados
de MondejarJ&gt;. - Leltre de D. Angél Salcedo Ruiz.
164. Littérature politique du xvn· siécle ihlienne et espagnole.
Préparalion a l'article intitulé: P. Ippolito Camillo Gµidi, Cadula del
conte d'Olivares l'anno ,1/. DC ..lXXXIII ... dans le Bulletin ilalien,

senhardt, Mitlheilungen aus der Stadtbibliolhek rn Hamburg, 18841889, 1-VI. - Lettre de M. A. Coster. - Deux lettres et une carie de
M. Arturo Farinelli. -

Deux leltres et une carie de ~f ....Paolo Negri. -

Lettre, carte et notes sur lppolito Guidi par M. Amilcare Hamazzini. - Letlre du. Directeur des Archives d'État a Modime.
i65. Historiog.raphie de Philippe II. Dichos y hechos de Felippe JI
por el licenciado Ballasar Porreño, Madrid 1 1663. lndcx des personnages. - Philippe H. Xotes en deux cahiers . Dans Je second, ·minute
d'un cours sur Philippe II. - Jnstruccion y advertencias que embio

Julio Claro al S" D.Juan de Auslria quando el Rey N'" Sº' le embio por
governador de los estados que Su .llago1 tiene en Italia. -

Inslruclion

a la gúarda mayDr de la S" Infante, d'apres les mss. des Alfaires
Étrangeres. Esp . móm. et docum. 237, IT. 185-186. - Luis de
Requesens A Philippe ll. J. de VerQos_a a Philippe 11, Deux notes
de J. de Ver,osa á (;ayas. Copies de M. Lucien Romier, d'apres les
Archives de Simancas, - Carle ele la marquise Arconati-Visconti
(Lettre de Charles IX a Philippe 11, février 1563). - Causes de l'abdication de Charlcs-Quint, d'apres Strada. - Molley. - Ulloa, sur les
campagnes du duc d' Albe aux Pays-Bas. -Chronistes de Philippe U:
Calvete de Garibay. Deux lettres de M. Louis Brandin. - Nolice
sur Luis-Prosper Gachard (1800-1885). Balletins de l'Académie de
Bruxelles. - Émile Longin, Philippe lf, l'histoire el la légende,
BesanQon, 1914 (dédicace). - Liste des lettres de Vargas a Philippe 11
et l'empereur Ferdinand ( r 562), d'apres les Archives Nalionales de
Parisi K 1710. - Vida de los privados (deux cahiers), d'aprCs le ms.
Esp. 338 de la Bibliothlx¡ue 'lationale de E'aris. Copie. - Discurso
critico que contra el gobierno del S' /ley D. Phelippe Jl. . escribió el
judiciario Yñigo Ybanez de Santa Cruz. Copie d'apres denx mss. des
Affaires ÉtrangCres de Paris, m{•m. et doc. Espagne I et :J3g. -,- Dis•
curso crítico, etc. Copie, par M. Albert Mousset, dans le ros. Egerton
3,g du British )luseum. Lettre de M. A. Mous'set. - Estilo que guardó
el Rey nuestro señor Don Phiüpe segundo en el despacho de los negozios

a

desde que comenzo a valerse del secretario Maleo T'azquez asta que

murio. Copie de M. ~lousset, d'aprcs le ms. E~erton 329. - Carta
· escrita del s'º jr. Geronymo Vallejo de la orden de S'º Domingo al rey

�•

BULLETIN TIISPANIQUE

Don Philippe 2°., . Copie de M. Moussel, d'apres le ms. Egerlon
3.9. - Philippe 11 . Testaments el v~ria. Copie. - Philipe 11. Jnstructions. Copie. - Instruclions du 3ojuillet 1596. Copie. - lnslruclions
diverseS. - Instructions, 1598. Copie. y 1\lelia. - Lellre de M. Gustav Turba. -

Cartes de D. Antonio Pat.

D· Gustav Turba, Beilriige
zur Geschichte de,· llabsburger. J. Aus den letzlen Jahren des spanischen [(onigs Philippe ll, Wien. 1899. - Mort de Philippe ll. Notes.
- Palma Cayel. - Loys de Mayerne Turquet. - Traduclion de
Philippe U des Enseignemenls de saint Louis. - II. Fram;ois Delabordc1 Le texte primitij des Enseignements de sainl Louis d son jils,
dans la Bibliolheque de l'École des Charles, t. LXXIII, p. 73 et 237. -

CÁ.TALOGUE DES MA.NUSCRITS DE i\f, MOREL-FATIO

233

Bruxelles, i " décembre 1643. Copie. - Copies de la collection Peiresc
Liste des secrélaires de Philippe IV (1621-1636). -

a Carpentras. -

Mémoire sur le gouvernement de Yalencepar Fray Miguel de Carranza

(Nouv . acq. fr. 5054, de la Bibliollleque Nationale de Paris). Copie.
- Copies tirées des rhss. de la Bibliotheqne Nalionale de Paris. Coupures de journaux.
,

l.71.. Fray Luis de Grenade. Deux exemplaires du comple rendu
(Bulle/in hispanique, t. IX, p. rn3) de Obras de Fr. Luis de Granada . ..
por.Fr. Justo Cuervo, 6 vol., 1906. - Lettre de Fr. Justo Cuervo. Francisco Pacheco, Libro de retratos . - Biographie de Fray Luis de
Granada, avec son portrait. -

a la

Bibliographie des livres de Fray Luis

Antonio de Herrera. Notes. Deux lettres d' Antonio de Herrera (Biblio-

de Granada conservés

theque Nationale de Paris, ms. frarn;aís 23.0511, fol. 116 el 125). Copie
parlielle. - Luis Cabrera de Córdola. Notes. - Philippe II. Cours du

des mots importanls dans les reuvres de Fray Luis de Granada.
l. 72. Karl Vollmoller. Dix-neuf cartes et deux lettres de bl. Karl

Coliege de France de 1913. -

Fac-simil~s du British ,\luscum: Anto-

nio de Herrera, Luis Cabrera. de Córdba, Dl Eufrasia de Guzman,
Calrnlle de Eslrella, la princesse de Ascoli.

f66. Lamothe le Vayer. Notes el bibliographie. - De la contrariété d'humeurs qui se trou.ve enlre cerlaines nalions _el singuliCremenl
entre lafranraise el l'espagnole .•. Paris, 1809 (exemplaire annoté).
l.67. D. Diego Saavedra Fajardo. Copies de lel!res et de consulle_s,
de D. Diego Saavedra Fajardo, d'aprCs lcsArchivesNationalcsdeParis,
· K 1!120. - Azorín, dans El Correo Espaifol du 12-2!¡ janvier 1915
et dans !'A BC de 9-ll janvier 1915.
:168. Medinaceli. Trois épreuves du mémoire intitulé: Les archives

et la bibliotheque des ducs de Medinaceü, dans le Journal des Savants,
1916, p. 385-395. - Notes pour ce mémoire.. -G. Daumet, Louis de
la Cerda ou d'Espagne, dans Je Bulletin hispanique, t. XV, p. 38-67.
- 11. Fran9ois Delaborde, Un arriere µetis-jils desaint Louis, Alfonse
d'Espagne, daos le Recueil des travau.x d'drudilion dédiés (1 la mdmoire
de Juli.en Havet, Paris, 1895, p. 411-42¡. - G. Daumel, Les lestamenls
d'Aljonse X le Sauant, dans la Bibliotheque de l'Éco/e des Charles,
LXVII, p. 70-99 (dédicace). - Deux carles de D. Gabriel llolina. Garle de D. Julian Paz. - Lettre de D. Antonio Paz y i\!elia.
169. Textes latins espagnols d'intéret historique. Alvar Gomez.
Copie et noles. · Paul Jove, Comunidades. Copie.
l.70. Copies de textes espagnols. Inventario del Colegio de San Bartolome de Salamanca (1433-1465), d'aprcs le ms. espagnol 524 de la
Bibliotheque Nationale de Paris . - Colléction Beltrán aux Archives
Nationales de Paris: Testament du comte•duc d'Olivares; Vicente
Marina; Inventario de los bienes temporales del D' Arias Alonlano;

Regalos de boda.

xv111'

siecle; Catalogue des documenls divers de la

Collection Bellrán, par G. Daumet. - Certificat de scrvices donné par
le duc d'Albuquerque a D. Femando de :.'Joroiía, comte de Linares,

Bibliotheque Sainte-Genevicve. -

Liste

Vollmoller. - Prospectos des Mélanges Chabaneau, en franQais el en
allemand. - Rundschreiben an den Verherliehen Vorstand der
Gesellschajt Jür Romanische Literatur. Quatre lettres. - Épreuves
du Libro de Alexandre.
l.73. Le,;on d'ouverlure faite au College de France, en 1907, Copie
qui_ a servi pour prononcer la lei;on au College.

l.74. Candidature au Collége de France (l.906). Leltre de R. J.
Cuervo, de la marquise Arcouati Yisconli (deux), Ji. Felix Naquet,
A. Chuquet, Ch. Ilémont, de Mille Gastan Paris, de M"'" Cavaignac,

M·• Paul Meye,, M. lwulet, 111. E. Mérimée, M. H.Hauvelte, }l. Meillet,
M. Levasseur. Carlesdu gónéral )Iojon, M. Henry Roujon, M. et.llf••G.
Fidiere des Prinveaux. 1 M. W. Foerster, ~I~. Arthur de Boislisle. Articles

du Temps, du Journal, de la Franlifurter Zeitung, de la Nació
catalana.
l.75. Antonio Perez. IV. Lellres d'Antonio Perez, écriles pendant
son séjour en Anglelerre et en · France. Découprires ele L'Espagne
au .xvr et au .rru~siecle, Heilbronn, 1878.-Extraclos de documentos
originales sobre Antonio Penz, por Don Manuel Landeira, Madrid,
1850 (Documentos inéditos para la historia de Espaíía, t. XV, p. 3975ir.3). - csoles sur Antonio Perez el copie de mss. de la Bibliolheque
Nationale de París.
176. Livres de la Mazarine. :'iebl"ija, Jolm Minsheu, Alonso llernandez, Amadis de Gaula, Primaleon, Diego Qrtuñez de Calahorra,
Juan de Palafox y Mcmdoza, Carranza, ele.
i77. Les faux Sébastien. Extratts des carlons K 1676 et 1677 des
Archives N"ationales de Paris.

A. MOREL-FATIO.

( A suivre.j

�BlBLIOGRAJ;&gt;flIE

BIBLIOGRAPIIIE
General Burguete, Rectificaciones hisl6ricas, de Guadalele &lt;Í

Covadonga y primer siglo de la Reconquista ele Asturias,
Madrid, Sáenz de Jubera, Iler·manos, editores, calle de Campomanes, ro; 1915, 321 pages, petitin-8°, avec 6 cartes.
Cel ouvrage se divise en deux parties : l'ei;itrée des Musulmans en
Espagne et la campagne de résurreclion. Le résumé de la premiere
partie, d'apres l'exposilion, j'allais dire le roman, du géñéral Burguele,
est celui ci. Roderic ayanl supplanté les fils de Witiza, ceux-ci voient
leurs prétentions appuyécs 'par Julicn, seigneur de Ceuta,' qui intéresse
á leur cause Mousa et les Arnhes: une premiere expédilion est envoyée
en reconnaissance avec Tarik, qui s'empare de Gibraltar, et, suivant
les indi'éations de Mousa, occupe la sierra de Rondá, position presque
inexpugnable et qui assurela sécuritó de Gibraltar. Pour faciliter son
entreprise, Julien avait par ses émissaires fomenté une révolle chez les
Yascons, au nord de l'Espagne, éloignant ainsi Roderic du point de
débarquement des Musulmans. C'est en voulant les chasser de cette
rcdou~e nalurelle que ce prince leur livra bataille sur le _cours supérieur du Guadalete pres du petit lac de Salado ou de Fuente Piedra,
el non pres du lac de Jánda, situé plus au loin au sud-ouest, reconnu
par tout le monde jusqu'ici comme le théatre du combal, au sud de
Medina Sidonia, et traversé par le H.io Barbate.
Pour arriver démontrer sa these, le général Burguete, qui n'est
pas arabisant, tourne et retourne les textes pour en arracher ce qu'ils
ne'disent pas et raisonne comme pourrait le faire un tacticien des
lemps modernes et pretant aux Arabes un plan arreté : pour un peu,
il nous ferai~ assister au conseil de guerre ou. ce plan a été établi. U ne
se rend pas compte de ce que fut l'expédition musulmane en Espagne;
d'abord simple razzia, saos autre but que le pillage : c'est ainsi que
de l'Égypte les Arabes avaient procédé dans le ~laghrib 1, et que les
razzias, dont la plus connue esl celle de'Abd Allah ben Sa'd, précéder.ent les expéditions régulicres de ;\}o 'aouyah ben Hodaidj et de 'Oqbah
ben Nafi' . . . C'était aussi l'opinion des fils de Witiza et la preuve en
est dans la conduile q?-'ils tinrent pendant la bataille, ainsi que l'a

a

1. CC. Akhbar .1/adjmoua', éd. Lafuenle y Alcanlara, :lladrid, 1867, in-8•, p. 8 du
Lexle; El Maqqari, Analectessur l'histoire et la littératuredes Arabes d'Espagne, Leiden,
1855- 186 r' l YOI. in-8·' l. 1' p. 16,.

bien élabli Dozy 1. C'cst une singuliere erreur de dire (p. 56) que
le comteJulien, suivantloules les chroniques, avait, par des émissaires,
provoqué des révoltes chez les Vascons pour tenir Roderic éloigné
pendan! le débarquem~nt d'un corps d'armée musulman destiné
soutenir les prétentions des fils de Witiza. Il est absolument invraisemblable 'q ue le seigneur de Ceuta, qui relcvail au moins nominalement de l'empire byzanlin •, put amir des relations avec les populations mal soumises du nord de l'Espagne 3. Quanl au plan de la
bataille, il est con&lt;;u d'aprcs celle supposilion donnée comme une
certitudc, qu'elle se livra sur le cours supérieur du Guadalele '1. Celte
certitude est lelle que les opérations militaires sont décrites avec
une précision d'aulant plus singuliere que les chroniques ne nous ont
· laissé qu'un récit asscz confus. Il est nai que le général Durguele
appelle comme garantie « la alta mentalidad del gran Estado major
alemán», qui en savait peut-clre encore moins que lui sur ce sujet.
Un aulre exemple de procédé de l'auteur est celui ou. apres avoir
supposé, d'une fa9on toute graluite, que les prisonn~ers faits la
bataille allerent grossir les troupes musulmanes (p. 67: Es de suponer
que el ejército ... ) il revienl sur cette idée,· non plus sous une forme
dubilalive, mais en l'alllrmanl puremenl el sirnplemenl, p. 78: Envió
candillos ... con tropas mixtas de 90Jos y berberiscos ». Le récit du
siege de ?llérida (p. ~o) nous olfre encore un exemplc de pareilles
assertions hasardées tort et travers : on lit en eífet : re Don .Jalián,
prosiguen diciendo los historiadores arúbigos, es llamad6 urgentemente por Tarik, r¡ue se impacientaba ante la resistencia de J/éri&lt;la ».
Or .Mérida ne ful pas assiégé par Tarih.; et /ous les historiens ·arabes,
l'auteur de l'Ald1bar medjmo11a, lbn 'ldza ri, En Xoua'i~i, Ibn 'uayam
ap. El ?llaqqari, lbn el Athir ne menlionncnl que Mousa ben l\'osair
comme ayant assiégé et pris la ville.

a

a

a

a

0

, . Dozy, Histoire d,,s .lfusulmans d'Espo:1ne, Leiden, 4 Y. in 8' , 1861, l. II, p. 3~.
•· Cí. les argumcn\s réunis par Dichl, l'.lfri,¡ue by=antine, Paris, 1896, in-8•,
p. 586 58í. G'csl égalcment l'opiuion d'fülnardo de Saa\'cdra, Estudio sobl'e /á invasión
de /.is ,trabes en España, ~ladrid, 1891, in-8•, p. 48-\9. Codera (Estulios críticos de
Historia arabe tspa,1ola, 1" série, Zaragoza, 1903, 1 , ol. in-12), y \'Oit (p. 88) « un
Gomera pizanlinizado ,, tandis que Juan :\tenéndez l'idal (Leyendas del último Rey
Godo, \ladrid, 1906, in-8', p. 84), en fail un princc des l3erberes Ghomara.
3. On peul s'élonncrque)l. Burguctc li'ail.pas produit,a l'appui dcsonasscrlion,
le témoignagc de Juan de )folina, lrad.ucteurdc.Ja Crú11ira de los reyes de Aragón, et
du libro: de .1/emorias de las antigurdacle., y cosas notables del monasterio de s. Joan
de la Pe,in, qui font d~ Jnlien nn comtc de Canlahria {cf. Juan '.\lcnéndcz Pida!,
Leyendas del úllirno Rey Gqdo, p. 81, note 5¡. Nolons pourlanl que l'auteur a cu Je
bon seos de rejetcr enlieremeut ta légeode ue la Cava (la filie de Jfilien), que
Fonrnel, malgré sa prudence, arnil aumi&gt;c san, difficulté (les Be,bers, 2 vol. in-4•.
Paris, 18¡5-1R81, L 1, p. Hg).
~- La r¡ueslion é-Lail régtéc depnis les recherches d'F.duardo de SaaYedra (Estudio
sobre la invasión de los trabes e/1 España, p. fió-f.9). 11 etit fallu, puisque ~l. llurguele
reprenail h •1ucslion, discul&lt;Jr lts argumcnts de "iguC'l :\lancheiío, La Batalla del
Barbate, Arcos de la rronlcra, 189a.

�IUBLIOGRAPHJB
BULLE"fl.L"í HlSPA.:'\lQUE

a

•

La seconde partie du livre ·est consacrée
l'histoire de la résurrectionde l'Espagnechrétienne et des premiers rois desAsturicsjusques
et y compris Alfonse II. C'est une des périodes les· plus obscures de
l'histoire de la Péninsule. Comme l'écrit fort juslertlen( Dozy 1 : (( Les
Musulmans se dirent qu'apr0s tout, une trentaine d'hommes (les compagnons de Pélage) n'étaient pas 3. craindrc et que ce serait peine
perdue que de s'aventurer pour eux ·dans cette dangereuse vallée o-U
tant de braves avaient déj8. trouvé une morl sans _gloire. )&gt; Bien
entendu, il n'y a pasa faire élat des di res de Conde, de Viardo\ et des
historiens franyais ou espagnols qui les ont reproduits, mais sans
aller aussi loin que le digne successeur du jésuite Masdeu, Somoza
García Sala, qui, dans son ouvrage, Gijon en la historia general de
Asturias, considere comme imaginaire le recit du cOmbat de Covadonga et n'y voit qu'une imitation de !'affaire de Roncevaux, on peut
le regarder comme sans importance au poinL de vue réel. Ce fut, si
l'on veut, l'étincelle qui donna le signal de la résurrection, mais une
simple élincelle qui faillit s'éteindre plus d'une fois : par un concours
de circonstances favorables, elle atluma l'incendie qui devait consumer
la domination musulmane en Espagne et ne s'éteindre qu~en 149:1.
Apres une longue et minutieuse description des montagnes de la
région des A.sturies, l'auteur oppos~ aux. récits des Musulmans qui ne
dissimulent cependant pas les défaites, les di res de Dulcidio et de
Sébaslien de Salamanque en avouant cependant qu'ils exagCrent un
peu (non exentos tampoco de exageracion) 2 . C'est cependanl sur ces
Chroniques 3 c¡ue s'appuie le général Burgacle 1 pour l'l)istoire de la
reconqu6te, toutefois en les.rectillant par enJroits, a l'aide des lravaux
de Dozy, á qui il rend pleine ,justice (p. ,og). Notons cependant que
l'accord d'AlfÜnse 1~, avec les Berberes méconlents des Arabes est une
simple supposition sans prCuve aucune et que l'opinion de la similitude des doctrines d'Elipand et de Félix d'Urgel (l'adoptianisme) avec
les dogmes des Berbercs non-conforroistes, ce qui aurait amené une
sorte de fusion, est absolument gratuile. L'autcur semblc avoir confondu l'islamisme et le kharcdjisrne; taus les musulmans, ó¡::thodoxes
ou hétérodoxes, peuvent etre considérés comme des adoptianístes.
1. Histoire des .Masulmans d1 Espagne, t. ll 1, p. 2 2'.
,. Le P. Tai!han avait- ccpendant fait justicc déjil des fanfaronnades rclcvécs
daos la Chroniquc d'Alfonsc 111, Vanonyme de Cordoae, chroni&lt;1ue rimée des deruiers
roif de Tol~de. Par is, 1885, in-f", p. 191. On peu t y joindre le_ ro man de .Pélageel de
sa sceur dans la chronique léonaise. Cf. Cirot, La Ghronique léonaise, Bordeaux, 1920 1
in-B•, p. 30"'31 et parliculikrcment la noto ir-onlque, ibid., p. 3o S ,, note 4. De mCmc
l'ouvrage d'A.cacio Pcrez Pral, Couadon9a (Madrid, 1890, iu-8°): ce n'esL, a part u11c
description pittorcsque des Jieux 1 qu'une sórie de légendes sans fontlemen t hislo•
rique. C'esl e11core le résumú de Dozy, J{istoire des Jl[u.sul1nans d'Bspagne, t. Iil,

p. 22-23, qui est le plus exacl.
3. Cf. sur leur valeur et surtoul Jeur inspiration et lcurs tendanccs, Dozy, Recherches sur l'histoire et la litl.érature de l'Espagne pendant le Jfoyen-A.ge,.Leiden, 2 vol. in·S•,
L. l, p. ,4-20.

.

Au reste, ce ne fut qu'en 4o

u'eu .
.
237
rection des kharedjites 7 t ·(
t heu en Afr1que la grande insurnekkarites ou abadhites' e ~ est peu,Rrobable que Jeurs doctrines
PEspagne au temps d'A' l~e us'slent deJa répandues dans le nord d;
.
'
1onse 1~ q e 1
h
.
regner de 739 a 75- et lbn KI Id' u
es e romques latines .font
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rn oun de 75, a 759 E t
au eurs, arabes ou chréticns . d'
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n out cas, les
Vierges, ol.1 l'auteur voit , nten L~ent nen . Pour le tl'ibut des Cent
. ,
une entalive de ra
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e cments maraaatos et b b'
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1 .
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er eres, lCL encare rhypothe
.\
gratu1te et aussi peu adro' 'bl
seest enllerement
mylhe solaire: les nual'J'es o1~sl~s e que c~lle_ de Braga, qui y voit un
d'un theme légendair; b.
apsaras rnd1ennes'; c'est l'application
ien connu au Masen A
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pl us ancien est celui du tr'b t d .
. ge e ont le type le
par les Athéniens au :Mino,tau e Jeunes'gens et de jeunes filles payé
ure.
Dans son résumé du re n d'Al
a m'étendre ici l'auteur a lag .e .,ron~e ll, sur lequel je n'ai pas
bilitaot (p. 28G). Décidé1
tsL~lgultere idée de citer Conde en le réha.
nen , 1 est des morts qu'il f t ,
n est pas seulement Dozy ui a exé
.
.
au qu on tue. Ce
falsifications: c'est a ss·qc d
cu;e .n~agLstralement Conde et ses
, .
u I o era y Za1drn , ll
• ,
a d1sc11Ler la Lhéorie qui fa'L d M .
·
Y aura1t egalement
L'aulcur dit bien qu'il n'a .·' . es ~ ª.1agatos un peuple parliculier.
. •
11enrnvente(p 3o,) M • 1
..
1 s y prend non pas
• .
. . .
. a1s a marnere dont
1
'
memc poursolhc1terun text
•
ce qu'il ne contient pas et .
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e, ma1s pour en Lirer
inspirer de la confiance. co:~l))~rl ad-. es_sus ses hypolhCscs, ne peut
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.
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t e Je e isa1s en commen('!lnl 11
, .
( 3
Y"'
•
en ,a1t
l avcu mvolontáire quand il s''I'
live qui ne s'appuie que sur
p. o4) ~onlre « la critique néga~
beaucoup que de déblai·er le'
?cuhn~entaL,on adéquale. » C'est déji,
.
Lenatn istorique de to l l
qut ont pu s'y entasser· mais
t. .
. .
u es es erreurs
a les remplacer par les 'rantaisi:: et;v:1I serait mut,~le s'il a~outissaiL
par une idée préconQue: ¡¡ suffiL d:li~1y~olheses_d un espnL dominé
}?our s'en conv8.incre.
e es dermeres pages du livre

u::~e

On peutenoutre reprocher al'auteur
.
.
sans savoir l'arabe ce qui 't ·t
d' nonpasd avo1rabordésonsujel
.
.
'
e a1 cepen ant d'une exlrém .
ma1s, malgré cette ignorance de s'Ct 1 , d
.
e importance,
qui suffiraient a elles seules p,our d, r~ ~nce ans des interprétalions
eprec1er sa these Je n
. 1
.
·
e
pu1s
re ever
lGoutes les erreurs : il me suffira d' en d,es,gner
quelq
uadalete ne peut signifier río tercero il
.
ues-unes. P. ;i1,
nrabe vulgaire talit; la note I de la ~(Te aura1t f~llu thalith, ou en
l'auteur confond le nombr
d ' 1 p o _l3 est egalement fautivc:
J'explication de guad'l e or ma _avec le nombre cardinal.- P. :;i4
i uca par {t no de la conllu
.
,
,
admissible; on aurait dit tviidf lliqii '(avec l'article)
Lenc1al
n. n est pa5:
~
•
es
ex1cographes
1
1 · T· Braga, O pouo portugue" · L. bo
2. Decadencia y desopa.rición
l~~ Aal, 1886,:_; "ºl. in-12, t. 11, p. 445·446.
8
12
x
Cf
•
"
niorau~es en España: Zara'"'
,~:i 1,.
• aussi Jacqueton Lf::S A h.
•
,:,oza, 1 99. inP
l' ,l.lr,érie, Alger 189~ in-8'
'8
re ives espagnoles du Gouv~rnement général d;
•
1
,p.9-109.

de

·

Bull. hupan.

�BlJLLETil.'f 1:USPANIQlJB

.áIBÍ.IOGRA.PHiE

arabes ne donnént pas moins de qualorze formes de m.asdar él la pl'OmiCre forme de la VIQt J'ai choisi 1a plus usitée, mais ces quatorze
formes ne désignenl pas le confluenl de deux rivihes: il aurait fallu
cmployer le participe passif de la vu1 6 forme et dire wddí lmolqayá.
El aussi que signifierait le fleuve du confluenl? - Dans la note !l de
la page 23 , nous trouvons « beca en arabe signifie vaca; y Becca, hizo
llorar,,. Baca ne signifie pas vache; c'est baqarah (avec un qa})1
tandis que balw, pleurer (1· forme bakka, faire pleurer) s'écl'it avec
un ka/: les deu:x. racines o'onl r.ion do ·commun. - P. 165, l'auleur
supposeque Ali bab signifie &lt;&lt; porte d"Ali 1) , ce qui est contraire a la
syntaxe ara be : on aurait dit Bab Ali. - P. 007. Avant de dire que les
livres d'lbn Hayan sont perdus en majorité, le général Burguete
aurait pu consulter Brockelmann, Geschichle de,· arabischen Lilleralur 1, t. I, p. 338, ou au moins Codera y Zaidin, Misión histórica en
la Argelia y Tunez2, ou encore Paul Boigues, Ensayo bio-lJibliográjico
,obre los historiadores y geógrafos arábigo-cspaño/,s 3, p. 15,-154.
11 y a a douler de la prélendue origine bel'bere attribuée a des noms
comme Arcenorio , Arcobio 1 Argolibia, Coriscao (p. 2:13) et la liste
donnée p. 14:1:. Je puis affirmer qu 'aucun de ces noms ne se rapporle
une racine berbhe connue. - P. :145. L'étym.ologie de Mouregalo
par mourogato, homme-chat (qalt en arabe du Maghrib signifie chal
et non rasé) est au moins bizarre. - P. 089. lbn ldzari (lbn Adhari )
ne compasa pas une « histol'ia de los Omeyas &gt;) ; son histoire de
l'Afriqueet de l'Espagne, intitulée At Bayan al Moghrib·, !'étend jusque
bien apres la chute des Omayades.
l\ENÉ BASSET.

bout du doigt les théories qui ont cours sur l'archéologie monumenlale et sait les appliquer judicieusemen·t Quand j'aurai ajouté que
l'illustration , souvent ingénieuse, est largement comprise., on se rendra
comple de la valeur du Iivre. M. M:\le, en le présenlant a l'Académie
des Inscriptions, a porté témoignage que l'ouvrage de M. Puig est
l&lt; un des plus intéressants qui aient été consacrés dans ces dernieres
années a l'art du mayen 5ge ».
Dans les pages oll il recherche les origines de l'arcbitecture calalane du x:ue siCcle, l'auleur fait une large part aux influences du Midi
de la France. Pour un Frarn;ais qui est un vieil ami de la Catalognr,
c'est toujours unejoie nouvelle de noler ces affinités Jointaines et profoudes qui unissent intimement les civilisations et les Ames memes
des deux pays.
J.-A. B.

a

a

L'Arquitectura románica á Catalunya, vol. 111. Seg/es

XII

y

XIII,

par J. Puig y Cadalalch, A. de Falguera y Sivilla et J. Goday
y Casals.
Le Bulletin hispanique ne . peut pas laisser passer, sans la saluer
d'un mot de sympathie, l'apparition d'un travail aussi important que
celui de M. Puig et de ses collaborateurs. Avec ce t. III, en deux volumes, l'ouvrage compte ::1.100 pagés et 2.240 figures l
Voila un pays qui possede une tres nombreuse série d'églises
romanes. Le méme pays a eu la bonne fortune et le bon esprit de
conserver des archives d'une richesse admirable, qui permetlenl
d'écrire l'bistoire de ces églises. Un hornme s'est adonné a cette
a,u vre: architecle de talen!, il possede a fond la science technique qui
vivifie l'archéologie; aimant avec passion les antiquités de sa terre
catalane, il s'est fait érudit pour les mieux comprendre, pelerin. pour
les interroger sur place et leur arracher leur secret. Il conna:it sur le
\Veimar-Berlin , ~ vol. in-8•, 18 08- 190~.
2. ~h.1rid, 18!.J 2, in-a• , p. 86 el rnivaoti:s.
. 3. Madrid, 1898, in-8•.
1.

Fueros leoneses de Zamora, Salamanca, Ledesmu y Alba de Tormes. Edición y estudio de Américo Castro y Federico de Onís. /.
Textos. Madrid, 1916, 341 p. gr. in-8°. - Fueros castellanos
de Soria y Alcalá de Henares. Edición y estudio de Galo
Sánchez. Madrid 1919, xv-327 p. gr. in-8°.-Chaque volume
12 ptas. (Publications du « Centro de estudios históricos " -)
La publicalion des grands fueros reprise avec celle du Fol'lun
Turolii, par Fr. Aznar y Navarro, dans la Colección de Documentos
para el ,studio de La historia de Arag6n (t. 11 , 1905) ,, continuée par
celle tlu Fuero de Usagre par MM. Hafael de Ureña y Smenjaud et
A. Bonilla y San Martín (cf. Bul/etinhispanique; 1908, p. roo), puis par
celle du Forum Conche dans les Universily Studies published by the
Universily o/ Cincinnati (nov.-déc. 1909 et janv.-févr. 1910), el clu
fuero de Ayala, par L. M. de Uriarte ( 1910), a été notablement complétée ces clernihes années par celle des fueros dont les titres son t
reproduits ci-dessus. Complétéé n'est pas assez dire, car il semble que
les éditeurs de ces derniers fueros aient adopté une méthode toute .
nouvelle, aussi rationnelle, disons-le tout de suite, au point de vue
philologique qu'au point de vue de. l'histoire du droit. Mais ponr
m'expliquer, je dois dire un mot de l'édition du Foram Conche, due
au professeur américain George II. Allen, et de la critique qu'en a faite,
dans le Boletín d, la R. Acad. de Historio. (rg 17), le maitre espagnol le
plus qualifié, apres Eduardo Hinojosa, M. Rafael de Ureña y Smenjaud, professeur a la Faculté de Droit de Madrid.
M. Allen avait basé son édition critique du texte latin dufuero de
Cuenca sur: lº le ms. dela Bibl. nat. de Paris, fonds latin, nº 1:1:.9~7,
dont M, Morel-Fatio avait donné une description et publié la préface
dans la Revista de Archivos en 1898, p. 195; :Jº l'édition destinée

a

r.

cr.

Rtvue hispanique, t. XIII, p. 631 .

�•4o

!'°"Lfflll RIIPUJQR

servird'appendlceaux M,moria, hu~rico, iN la vida 1; aulonu del Rey
D. AIDMO ,1 Nóbl,, octavo del nombn, r~illtu por el marqua 4e
~ e U,ulrada6 con notiu 1 :a,1lldicu por D. FNIMÍICO C,,rd,d
y Rico (Madrid, 1783), bJeée aur le ms. de !'Escorial Q.m. 23 ~ ~i:"
aenúe· eeolement par troia exem¡,lairea COllllUa, dont un, celnl qai a
aem a M. Alleo, eal le R. 13.56o de la Bibl. Nacional de Madrid; 30 le
mi. Q. 111, 23 lui'Dleme, poor la prérace, la fin do ch. XLIII el tout
le cli. XLIV et dernier; 4º le ma. de l'Eacorial • JU. 14, conleunl le
t""'te lalin du/uro de Baro, qui, d'apree JI. All-,n,
la a liten! cop7 or U.e fruro ot ·cuenca, except that raro ( old tona ol
Haro) has heeo ,ubeUtuled ror Concha (LaUn rono or Cuenca) ud I npua
Dldacl (LaUn ror Dleco L6peo), or lhe ahrenatloo t. D, 1taoda In ~ or
· lbe ldng'a name or UUe.
·
· Au lleu de 18 débarraaaer, avec une _h&amp;te hienveillanle, de l'in,lortM
que l'Académie lui avail demandé, 11. Urella_ y· Smenjaod a
a
euminer de pres l'édilion ainai élaborée. Et 1'11 pouae un fOIIPlr de
,oulagemeol en 1:0mmen91n1 ion·compte réndu de 8• pa~, ce n'~t
pas uniquement parce qu'il eat venu ll boul de sa IAche ; e eat auss1,
,emhle-1,-il, parce qu'il a eu la satisíaction de ae dire el de démonlrer
· que, ai l'oo pouvail raprocher aux Espagnola de laissera dea élran~
leaoin de publier la documeolalion de loor hisloire, loul au moi_oa cea
~mea étrangen oe pouvaieot-ila toujoura ae poser eo mal'1ea illcOD•
tealés pour la m.ilhode acieoU6que el la coonaiasance dea éhoses
d'Eapagne.
11 ealde íait que M. Urelia, qui ae lrouvail avoir rédigé nne étude anr
ce mAme forum de Cuenca el publié en 1916, le Fluro tk Zorita dé ltis
Ctu,a, dérl-,lé. de celni de Cuenca, étail foodé ll reprocher M. A.llen
toul d'abord d'avoir conaidéré un exemplaire d'UBe édition prépaffll
au xnn• aiicle et miae ao pilon, comme l'éqolvalenl dn mannacrit
qu'elle avalt slrlvi, Ól1 éteil cenaÑ avoir suivi ; et enauite de . n'aw '
pa1YU que
,
loo c1oo Cóc11cea lalln111,' el Parlslenae 11917 J el Eacurlalenae Q. 111. 1S,
reprilenlm dos formaa clll'en!ntea, doa momenloo dbllntoe ea la traaarormaclóD éVoluUva del For,un eon.M.

"'.°º

•

a

'

Sur le prenlier polnt, il n'y a qu'i paaaer oondamnalion : 11. Allen
a ev IOrl de a'en rapporter .a une comparaiaon lrop aommalre de l'imprimé et dn manuacril, puiaque dea aondagea poa!Alrieurs ont ~ 6
dee différencea aenaiblea.
.
Sur le aecond pobit, J• dlrai aimplement mon aYia, c'lll que la
&amp;ran1C8ndance méme du poiní de vue d'ou le profeaaeur "8pajplOl ae
plÍée poor Jager le travail du pmf-nr américain et de8nir l'u¡iecl
de la queñlon, ealla meilleure e1cusede la faule commise.
·
~n 1909-1910, 11. AUen 6tail • ~i•tmt Proteasor or Latln » a
l'Unbenité de Ciucinnali. 11 savait 1811&amp; doale commenl oa prepare

iÍÍt WO.

,~

•4•

llrilfi¡úe 4'ua léile ~ t . \ par dea manuléritl· de

~

w,. ,t · · ~ cl~11111ee. B t!tail ~lué i MDlidérw qa'un
M!lttn'lll.nair11(11h'ol,Jet11, remonterau testeprimitlr, telquel'avail
~'«': 111D aulenr. 11. Ure&amp;.a mnt lni dire: « Non, cbacun dé voe
a.oiman~-.eprúente nae forme diO'érente dll Fano; le m1. de

Pátla, I¡ forme primozdiale ; le ms. de rE11COrial, la fol'IDe ayatéma~ • i .- i.¡deiiJDNlllt, mala 11. Urelia, en 'IU•Ilhl de juaiaconaulle, aajl
:1p1'il :t:• Qll8 Yié, une é,olulion necessaire dea te1lel de ce&amp;le aorta, el.
'l'l•·leu..aouacrifa peu~nl ~ t e r , non pu dea coplea pina ou
molnt lldilémenl eskuaet de la rédaclion llriginale, mala dea ~•e-

~ qu; oill cbacune leur va¡,nr reapecUve, lenr exiatence iodivi••re. Voalolr les tondre, c'esl cn!er un texte arbilralre et raux qui
11f nspréilllalli ni 1- unes nl'les autree.
l.....i que ne pán\1 l'ú¡for,M dool Je Yiens de rappeler lea
llp,ea -tleDee, nn aulre/a,ro, celo! de Molioa, avait íait l'ohjet
cl'ue 61ude donl le Bul/. hilp. a rendo compte ( 1919, p. So¡)·; el en
lempa MM. Alllérioo Castro el Federico de On!s publiaient rea
/'li,,ro, lbala de Zulaora, Salamanque, Ledeama et Alba de Tormea.
l'our lea deDlt dernlera, paa de dilllculléa, puiaqu'ils aont repréaenlá
cbacun pat un mannacrit uniqne, d'ailleun incomplel; et celui de
~ : doot llDe parlie dérive d'one des rédactiona do Salammque.
a pn étte oorrigé ulilement grAce ll celta ineme Ndaclion.
qu..1 au deu" premien, l'enatence de ¡_,luaieurs manulCl'ita
~ no problmne qui a élé ~ n , ponr le furo de Zainora, pll' le
dtQb 4u me. qui pÑleollit hl dialectalis}D8 le plus marqué, le texle te ·
~• Olllllple&amp; e&amp; laa lracel nialérieDee lea plua éridentea de maniem11111t;
f,CNir lt/811'.G de'Salamanque, par le chcilx do me. dont pai:aiJaeal
IN deluautree connua. Maia, et c'eal ici qlHNtt l'ianovalioo,
cu, le IDI. ¡rifére eet t'eprodnil 8dMemenl (les abmla~ 'Ñlólu!lll) -conip d'aprii lea aotrea daóale aeulcu d ' - r
fridefe ¡ de pbu, cbacu,n de ces man~ aecondalree est nprodolt
IIUáaliJllleat, on IOl!t au moina lea Yariantea en aonl tnnlea indlq,aea,
qDQd il a'agit d'une copie l peo pna Diot pour mot, comme c'ee&amp; le
ale pnnr un del ms, du/oero de Ledesma. Oo a done au beaola troia

m._

•~ll lClr•
--•den

IUteil ,upel'p(ll6s.
.
En 1019, M•.Galo Sánchez nona a donn6 l 80D toar le /a,ro ou -pr,~ CHllllan de Soria, avec· celui d'Alcala de Henarea enappendiaí.
Le prolilee 18 poaait poor loi cl'nne án\!"l l'ac¡on que ponr MM. Casa et -()oja, pulsque lea denx manuacrita ou se trouve le ./Ulro de
~
. Jiea queJenr arlp18 soit commune, aont indé~ta rq de

r--..

~ - - " - una redacción di.unta del,~ y repnaentao ~011
. . . . . .lea do la emldclóa que hl ourrtdo. Coa ,, .... Ad~~ ~ r elion el leido dé /J.: aquél ,.... una . _ del , _ , _
.,¡ ' . -

�&gt;43

BVLLETIN HISPANIQUE

BIBLIOGR.APHIE

moderna que la dada por éste según demuestran sus peculiaridades jurídicas
y lingüísticas. B es una redacción más técnica y perfecta que A, a la qµe en
ocasiones corrige y rectifica.
lL est permis de voir dans celle constatalion intéressante et capitale 1
un reílet en méme ternps qu'unc confirrnation de la théorie lumineuse
&lt;le M. Ureña louchanl le Jorum de Cuenca. L8 encore, on nous
donne done les textes des deux manuscrits, l'un au-dessus de l'aulre,
avec les variantes dedeux séries de fragments empruntées l'une a un
ouvrage inédit conservé a la Bibl. Nacional de Madrid, l'autre a l'édilion de 1788.
En ajoutant, en appendice, le fuero d 'Alcalá de Henares, apparcntó
a celui de Soria, el a peu pres conternporain, M. Galo Sánchez n'a pas
cru sa tache terrninée. Il a joint une Historia del fuero de Soria, qui
occope 46 pages. Apres avoir disculé la date de la repoblación de celte
, ille, établi l'époque oll elle passa au pouvoir des Castillans, et indi•
qué les-quelques vestiges qui subsistent de son premier fuero, dU saos
doule a Alphonse I d'Aragon, il conjeclure que le fuero d'Alphonse Vlll
date des années I r95-1196 1 étant donné que Soria fut dévastée par
Sancho de Navarre, pendant que le roi de Castillc se faisait battre á
Alarcos (1195): je croirais assez que cclui•ci,quicomrnenc;.a par régler
ses comptes avec le roi éle Léon, et ne s'altaqua au roi de Navarrc
qu'ensuite, ne reprit Soria que vers 1198 et peut-étre plus tard. JI est
en tout cas assez naturel de supposer, comme le fait M. Galo Sánchez,
que•Je fuero fut donné a.u moment du repeuplement (Cf. Chl'Onique
des Rois de Castille, S 16). Quant au fuero real d'Alphonse X, c'est
entre 1 ~s~ et 1 ~65 que cot érudit en place la concession, mais il semble que le fuero local ait continué Btre au moins occasionnellement
en vigueur, ce qui d'ailleurs ne serait pas une ~xception pour Soria.
ll dut y avoir une longue période de lutte plus ou moins sourde contre
cette législation nouveJle et uniforme qui tendait ¡;¡e subslituer aux
anciennes. L'attachement aux fueros ne devait pas ctre moindre au
xm" ou au x1v• siCcle qu'au xue.
Une question tout aussi délicate, et d'une impottance pratique considérabla en ce qui concerne l'histoire et la reconstitution du texte, ou
des textes du fuero. de So ria, c'est celle des rapports entre ce dernier et
le Forum Concl&amp;e, le Liber Judicum, le Fonim Turolii. M. Galo Sánchez
montre par plusieurs exemples l'influetice des deux premiers, 8. l'exclusion du lroisibme. •
Quant au fuero de 8'.lria, son inlluence sur le Fuero real esl mise

en relief égalemenl par des rnpprochements signiflcntiís, aux dépens
de celles du Líber Judicum (Fnero Juzgo). Cetlc conslalalion suffirait
a montrer l'imporlance de la publicalion de M. Galo Sánchez. Et il
sera bon de relire la page 7 de l'introduction de M. Allen, écho des
théories anciennes sur la formalion du Fllero real, pour cornpren&lt;lre
ce qu'a de nouveau cette affirmation de l'érudit espagnol:
... exceptuando el Fuero de Soria, los redactores del Fuero lleal apenas
han tenido presentes n'ueslros C\J.adernos municipales. Tambien es exage-,
rada la importancia quo suele darse al Fuero Juzgo como fuente del Fuero
Real. .. El Fuero de Cuenca, el Fuero de Soria, y el Fuero Real representan
tres monJenlos típicos de la evolución progresiva del derecho medieval castellano. Sólo gracias al segundo puede explicarse el último. G. CIROT.

a

a

1. Et encore ici : , Es éste un asunto que se liga con el problema general de la
formación y eYolución de nuestros fueros, no ectud.iado a!Ín. ~o siempre se redactaban
de una vez: es frecuente, en especial en los edensos, la superposición de capas
distintas, paulatinamente acumuladas gracias a una incesante labor legislati,•o
municipal. Los pueblos procuraban ampliar y majorar sus fueros por lodos fo¡¡
medios Jmagiaables ... » (p. 24:t),

Fr. Antonio de Guevara, Menosprecio de corte y alabanza de
aldea. Edición y notas de M. Martinez de Burgos. Ediciones

•

de « La Lectura". Madrid, 1915.
ll élail dommage que la Bibliolheque Rivadeneyra n'eul pas mis
a la portée du public cel opuscule charmant du célebre !3crivain.
L'édilion qu'en avait donnee M. Julián de San Pelayo Ladrón de
Guevara (Libro llamado Meno,precio de Corle y Alabanza de Corle,
Bil_bao, 1893), avait haureusement comblé cette lacune, en fournissant
en outre une introduction biographique qui, ~ l'heure actuelle, est
encore ce que nous avons de mieux; mais d'éclaircissemenls sur le
texte, pas l'ombre. Et pourlant il n'est pas possibte qu'un lecteµr,
móme espagnol, ne soit pas arrAté par des mots ou des expressions
difficiles a bien saisir 1 a moins qu'il ne se contente de comprendre
par .\ peu pres et m6me de travers.
Avec les notes, du nouvel éditeur 1 il y a réeUement plaisir et profit
a Jire ce texte, aussi curieux par les détails savoureux dont il est farci
sur la vie en Espagne dans le premier tiers du xv1• sib&lt;::le, que pa.r
la maniCre qu'afTecte l'auteur. Le vocabulaire presente quelques
difficultés : M. Marlínez de Burgos a su nous les aplanir par des
rapprochements heureux ou en recourant tout simplement soit au
Tesoro áe Cobarruvias, soit au Diccionario de Autoridades. Les observations grammaticales destinées a éclairer le sens ne inanquent pas
non plus: telle celle de la p. ,33 a propos de le (pronom) pris au sens
pluriel ou indéfini. Des citations de Pedro de Rhua nous avertfssent
utilement du cas qu'il faut faire de certaines affirmations de l'auteur
du More ~urele et des auleurs qu'il allegue .
lJ est regreltable que l'on n'ait pas complél~l'illustralion de ce petit
traité par des extraits de sa contre-partie, l'tiuiso de privados ou Despe,·tador de cortesanos. Peul-Btre veut.on publier intégralement
celui-ci, qui ne l'a pas été depuis le xvnº siecle, et qui complete agréablement le Menosprecio touchant la vie des gens qui suivaient la cgur.

�,44

BULT,ETIN HTSPANIQUE

BlBLIOGR.APJIIE

M. Martínez de Burgos n·a pas oublié de mentionner ]es coplas de
Gallegos qu'onl fail connailre M. Serrano y Sanz, puis l1. Morel-Falio
(Bull. hisp., 1901, p. 1¡-34) •. 11 s'est mis en devoir de se procurer
l'étude que ce dernier avait annoncée sur Ant. de Guevara; elle n'a
malheureusemenl.·pas été terminée, que je sache, bien que des matériaux abondants aient étéréunis et des parties importantes composées,
si j'en juge par le catalogue que M. Morel-Fatio publie de ses propres
manuscrits dans le Bull. hisp. (cf. 19,i ,. p . 3o. n• 88). Peut-étre l'idée
de cette publication a-t-elle été abandonnée du jour ÜU René Costes
s'est décidé a consacrer 3. cet auteur sa these principale, dont j'ai
promis de faire paraitre ce que je pourrais , promesse queje commencerai a réaliser sous peu ici meme.
G. C[ROT.

tirage, et i1 restera un précieux petit volume, avec un prologue de
M. Alfonso Reyes donl le défaut n'est cerles pas la banalité. L'expression
y est neuve et hardie. De Lope on nous dit:
nos aparece como una vertiginosa rueda metafísica que arrojara

Lope de Vega, Teatro. Tomo l . Peribá,iez y el Comendado,· de
Ocaiia. La Estrella de Sevilla. El castigo sin vengan.a. Lo
MCMXIX. Edito ria 1
« Satumino Calleja. »

(Jama boba. Prólogo de Alfonso Reyes,

Ce pl'emier tome fait partie de la jolie et commode Collection
Calleja. Nous allons pouvoir enfin emporter d'un conp daos notre
poche quatre comedias de Lope de Vega : on revienten effet aux petits
fol·mals; c'esl-ii-d.ire qu'on pense enfin aux lect"eurs qui lisenl ailleurs
que dans les bibliothéques. Ce détail tout matériel n·est pas saos
importance pour la culture intellectuelle, non plus que celui de la
re1iure, qu.i 1 hahillant le livre des sa naissance, le rend plus attrayanl,
plus présentable : en pays de tangue anglaise on ne l'accepte
qu'ainsi; broché, nu, il choque.
Seulement il faut veiller a la correction. A ces édit~ons saos notes,
on demande au moins un texle irréprochable. Or, je releve pas mal
de fautes. Je rétablis ainsi :
P. 44. Pero causame risa ...
P. 45.
¡ Que de sólo venir el que ts esposo
de una mujer que quiero, bien me sienta
descolorir j • • •
P. 67.
¡ Si gente no hubiera·!. ..
Itas despertaran 3 tambien.
Et p. 60. segadores; 6 r, tenido, comendador, nuestra villa ; 84, condes.
table; 95, La capa que tienes aqui; etc.

Mais loutes ces menues. imperfections disparaitront

a un ,p:ochain

1. N'est-ce pas cÚtainc page du Menosprecio qui a inspiré a Lope de Vega cetle
jolie lirada du Peribáñez y Comendador /U Oeaña oú l'héroine décril la vie rustiqu e ,
sans oublier le moúl de la vendange ni les ceps pour l'hiver ?
2. La virgole a,·anl bien et non aprCs.
3. lmparfait de subj. et non futur. Au vers suivaol pourquoi ne pas accentuer
hartín, puisque &lt;leux vers plus loin on écrit ra.:ón. L'accenluation esl trCs irn~g.uliere,
je ,·eux d re 5ans rilgle: eocore mCme page, mia el día.

(&lt; • • •

sobre el mundo estético la realidad práctica triturada y desmenuzada.
Yero en los rincones de sus versos, en el 'Secreto acogedor de sus interiores
poéticos, aquella impresión· gigantesca se atempera, se humaniza, y hasta se
resuelve en rosarios de cosas minúsculas y exquisitas que hacen de su lectura
uu continuado deleite,, .

Et del' ceu ~re, des comedias :
• Ningún hombre de mediana cultura puede dispensar'Se de leerlas; pero

et que las ha leído no conoc&lt;' 1 ni con mucho, a Lope, como no conoce el
¡¡_ilómetro el que sólo ha examinado el milímetro .. . ,

Lisons-les done, relisons-les, ces comedias, dans la collection
Calleja, afin de connaitre au moins le millim6tre, qui a cessé d'Ctre
encombrant. Et qu·on nous en donne, de ces millim6tres !
Le choix a été heureux. La premiCre, surtout, des quatre pieces ici
réunies, esl une merveille. C'est bien la tragicomedia, ainsi qu'elle est
intitu1ée a la fin, le type de la comedia de Lope, mixtura, comme Yeut
Ricardo de Turia) de comique et de tragique, avec des lii.bleaux exquis
{la noce &lt;lu début, la scene du peintre faisant le portrait de la jeune
femme a son insu, a Tolfde, le défilé des cornpagnies a Ocaií.a, etc.):
sans compter les deux héros, Peribáñez et Casilda, si vrais et si
nobles tous deux.
G. C.

Anlologia Porlllguesa. Frei Luis de Sousa. l. (Vida. de D. Frei
Bar/olomeu dos Mártires), 310 p. - Bernardes. f. (Nova
Jloresta, Estímulo prático, Luz e calor, Ultimos ji.ns do homem,
Exercícios espiritua_is, cte.). 273 p. Aillaud e Bertrand. ParisLisboa.

La nouvelle collection, que son directeur, M. Agostinho de Campos,
intitule Antologia portuguesa, reprend une tenlative intéressantc ·des
fréres Castilho. Ceux•ci avaient tenlé dans leur Livraria classica, dont
on a profit encore aujourd'hui a se servir, de nous donner, avec une
appréciation littéraire et une biographie, l~s rnorceaux les plus caractéi-isti.ques de chaque auteur. Nous possédons l'équivalenl dans nos
bibliotheques scolaires. Ce sont les pages choisies de la maison Colin
qui se ra.pprochent le plus, pour le programrne et la méthode, de
l'Antologia portuguesa qui se propase non seulement de reproduire les
pass;tges essentiels des écrits réputés classiqnes, mais de _faire une
sélection parmi Les modernes et meme parrni les auteurs Yi vants. La
collection de M. A. de C., comme la série des Cldsicos castellanos qui
jouit en Espagne d'un succes mérité, s'efforce de gagner le public

�HULLETI~ HISPAl'UQUE

BIBLIOGRA PHIE

mondain par une impression soignée, un formal élégant, el en évitant
tout appareil inutilement scolastique. Une inlroduction courte résume
pom· tout écrivain les résullats acquis par l'érudition. Des notes rares
expliquen! les difficultés historiques el philologiques du texte. Quant
aux libertés prises par l'éditeur,.elles se ram0nent 8 changerles litres,
a con den ser les chapitres par la suppression de phrases et de paragraphes, a éliminer chez les auleurs religieux la plupart des citalions
latines et des références. L'orthographe est modernisée et M. A. de C.
s'en excuse par des raisons qui ne manquent pas d'h-propos. Beaucoup de prosateurs et de poetes classiques, dans les éditioos les plus
connues et les plus accessihles, ont été réimprimés avec une orthographe conventionnelle. Ceux dont on a reproduit le texte original
sans négliger aucun des signes typographiques qui ont disparu de
l'usage, se présentent au lecteur a vec un aspect tróp rébarbatif. En fin
le meilleur moyen d'imposer la nouvelle orthographe, dont on peut
discuter 1a valeu:r mais dont il faut reconnaitre l'utilité, c'est encore
de l'employer dans les ouvrages qu'on imprime pour les écoles: u 11
convient de la suivre, dit fort justement M_. A. de C. ou, si l'on prérere, de la supporter, sous peine He continuer ou-d'aggraver l'anarchie
a laquelle elle prétendait porter remede., Ces argurnents, au point de
vue pédagogique et pratique, onl leur•importance. Théoriquement, il
serait préférable néanmoins 1 en ce qui regarde le choix , de retrancher
des paragraphes et non des phrases) en respeclant l'unité de chaque
alinéa, et pour l'impression, de conserver l'orthographe des premiCres
éditions en usanl des signes typographiques employés actuellement. 11
est vrai que c'est encare lli une déformation et qu'une méthode qui
repose sur le sentiment lilléfaire vaut par la fai;on dont on l'applique. En France, nous ne pouvom; que saluer avec un vif plaisir
l"apparition de 1' Antología portuguesa qui répond aux hesoins immécliats de l'enseignement.
Le premier volume qui vient de paraitre sur Luis de Sousa et qui
appelle une suite, renferme seulement la Vie de /'archeulque. L'introduction de M. A. de C. repose a la fois sur le travail critique
d'Alexandre Lobo et sur la biographie 11 romanesque mais sinCCre n de
Frei António da Encarna&lt;;ao
se rappelle que Manuel de Sousa
Coutinho, en religion Frei Luili do Sóusa, fils d 1 un grand seigneur
qui avait servi aux ludes, en Afrique, et acqui&amp; quelque renom daos
les leltres, devint chevalier de Malle 1 fut emmené comme captif
a Alger oll il connut Cervantes, s'inilia, apres avoir été racheté, au
mouvement littéraire valencien et aragonais. épousa enlre 1584 et 158G
D. Madalena de Vilbcna, veuve de D. Joii.o de Portugal, tué ou laissé
pour mort sur le champ de bataille crAlcacer~Quibir, voyagea ensuite
en Amérique et. apres la mort de sa fille se sépara en 1613 de sa
femme, tous deux s'étanl, d'un commun accord , retirés au couvent.

Cet événemenl surprit les contemporains. D'oll la version de Freí
Anlónio da Encarnayílo qui, pour l'expliquer, faít intervenir le retour
du premier mal'i, O. Joúo de Portugal. C'est de llt que Garrett a tiré
toute l'íntriouc de son drame admirable. Ce récit émouvant, ainsi
que l'avait déjU constaté Alexandre Lobo, souleve plus d'une difficulté
historique. JI cst probable que le renoncernent des deux Cpoux s'explique par l'inflnence d'un parent, le comle de Vimioso, qui venait
de donner le mCme exemple et aussi par les désillusions de la vie.
Entré dans l'ordre des domioicains, Luis de Sousa, au líen de se
vouer a la prédication, se consacra, sur le conseil de ses supérieurs,
a des travaux histodques et littéraires qu'il composa, dans un temps
relati vemenl court, 3. .un Bge avancé.
Son histoire de Frei Hartolomeu dos M.irtires, le célebre archev~que
primat de Braga, n'est que la mise en muvre des matériaux informes
rassemblés par un aulre dominica in, Freí Luis deCácegas. Elle futcomposée en dix-neuf mois. On la ~egarde comme un mod6le de pureté,
d'aisance, de grAce et de douceur, comme le symbole des qualités
classiques de justesse, d'élégance et d'équilibre. Le mérite de l'ouvrage
résidc 8. peu pres ex.clusivement dans la forme. ll se ressent, par la
natvetB de certaines anecdotes, des lendances apologétiques qu'on ne
s'étonnern pas de rencontrer dans un ouvrage écrit sur la demande
et sous le contróle des supérieurs de l'ordre. M. A. de C., en supprimant le sixieme livre, qui traite des funérailles, a retenu envirar¡ le
tiers des cinq premiers . D'un choix.judicieux. de passages caractéristiques se dl'gage nettement la personnalitédu saint, que nous définirons
par une formule contrndicloire: humilité combative. Nul n'a poussé
plus Loin, pal' abnégation chrétienne, le désir de se rabaisser. 11
n'accepte l'épiscopat qu'a sou corps déreudanL; il multiplie les démarches pour se faire relever d'une fonclion qu'il juge écrasante; il
conserve le grabat, la robe de hure et l'écuelle des dominicains;
envoyé comme représentant du Pol'tugal au concile de Trente 1 il
voyage incognito, recherche la frugale hospilalité des couvents,
déploie mille ruses innocenles pour éviter les réceplions fastueuses.
Mais c'est le mCme homme qui engage une lutte acharnée contre les
abus, excommunie les officiers du roí, dompte les grands scigncurs
endurcis, tient téle aux..cardinaux . dans les questions de prést'.•ance,
' bl,ime le luxe des pl'inces de l'Église méme a la table du Saint-P0re.
Les chapitres qu'on retiendra surtout, car le piltoresque s') ajoute
a l'onction ecclésiastique, c'est le récit, justement vanté par Camilo,
de la tournée épiscopale dans les terres de Barroso, au milíeu d'un
Pª)'s-age farouche de rochers abrupls, le long des µentes oll les mulets
de charge, tomi.Jant les uns sur les autres, s'écroulent comme des
chllleaux de cartcs, landis que le préla.t, indifférent au danger, insen¡¡\ble aux i11lempéries, chevauche les Uras croisés , les yeux levés au

º"

~

•

�UIBLIOGRAPHIE

RULJ,'&amp;Tl:V UISPAlUQUE

ciel, ne pensant qu'au salut de ces popnlations a dcmi-barbares r¡ui
manifestent leur enthousiasme en improvisant des canliques naivement
hétérodoxes. Ce portrait, malgré la déformation qui lient au panégyrique, reste une helle création litléraire. Du point de vue de la vraisemhlance on reprochera seulement a l"auteur d'avoir exagéré le pieux
machiavélisme de son modele qui déploie, pour se faire humblc, une
ingéniosité qui confine au mensongc. - La réimprcssion de ce texte
s'imposail. S'il date par les sentiments, par ce pcrp{•tuel recours au
mil'acle, il semble écrit d'hier et quelques noles hisloriques et gramrnalicales suffisent pou_r le rendre parfaitement intelligible.
De Bernardes (1644-1710) on sait lout au plus qu'il est entré rlans
la congrégalion de l'Oratoire vers la trentaine et que ses facultés
se sont alfaiblies deux ans avant sa mort. 11 nous apparaH comme le
prosateur le plus souple et le plus riche de la langue, avec le jésuite
Vieira. Victime dans ces derniCres années du dédain oll une grande
parlie de l'opinion tient la littérature mystique, il n'en o.ccupe pas
moins une place considérable dans l"es selecta,,;. Parmi les écrivains
qui comptenl au Portugal et au Brésil, l&gt;eaucoup -se sont formés en
lisanl la 1Vova floresta. ll est singulier qu'un aulenr qui a exercé une
teJle: inlluence ne soit pas l'objet d'étndes préciscs et nombreuses. On
n'apprécie guefe, chez lui, que le style. Encare le.s critiques n'arrivent-ils point a se meltre d'accord sur les points essentiels . Dédaignait-il son ceuvre au point d'en rougir 1 de laisser
d'autres la
correction des épreuves 1 ou n'eSt-il arrivé que par le travail patient de
la lime a l'absolue pu reté? A.-t-il, oui ou non, imité Vieira? Que3tions
que M. A. de C. pose sans les résoudre. Cependant il s'altache 1 comme
son prédécesseur Ca.stilho, a la forme qu'il examine scientifiquement,
du point de vue de la 'grammaire historique, et pratiquemenl, en cherchant ce qu'un étudiant d'aujourd'hui, qui veul s'initier a l'art
• d'écrire, pent tirer de la lecture des classiques. A vrai dire il y _aurait
peut-6tre intéret a séparer plus neltemerit ces d~ux méthodes qui se
confondent par endroits dans l'introduction. Car il importe de distinguer soi~neusement les constructions pénibles imposées par la tradition et la mode (~nacoluthe) des obscurités résultant de l'improvisation
et de la négligence (amphibologie) . Pour savoir, au surplus, ce qu'il
convienl de retenir de Bernardes, il n'est pas inutile de déterminer
jusqu'oll peut a~ler, en maLiCre de vocabulaire et de syntaxe, l'imitation des classiques. Daos cette queslion importante de l"archa"isme,
M. A. de C. adopte une solution moyenne. 11 condamne le travail de
mosaique et de marqueterie qui g.lte une partie de rceuvre de Camilo
et de ses discip]es. Mais il veut réagir, en fin lettré, contre l'iníluence
pernicieuse de l'argot, des langues ,éfrangf:res et des habitudes de
rédactio'n htitive iatroduites par la p·resse. Chez les classique~ il
y aurait lieu, d'apres lui, d'apprendre la sim_plicité, 9u'elle soit natu-

a

relle ou acqulse a force de labeur, pour l'opposer aux défauts d'une
école, en voie de décadence, qui prétend arriver a l'originalité par
l'alfectation On devrait chercher en mCme temps au xvn,. siCcle des
exemples de la grande phrase périodiqtie, dont l'emploi continu
fatigue., a laquelle on a renoncé par imitation du stJle frani:ais
moderne, rnais qui doit intervenir comme élémcnt de variélé dans
toute page bien faite. La préface lrCs suggestive du bCcond ,·oluBle
pose ainsi les bases d'un cnscignemcnl orienté dans le m6me sens
que les livres de M. Albalat. M. A. de C. prévoit le développement
~ulur d~ la tangue portugaise 1 subordonné, d'une part, au progres
econom1que et au peuplement du Brésil 1 de l'autre, au soin que prendronl les éducateurs de sauvegarder la tradition littéraire. Certes les
philologues portugais onl fourni depuis cinquante ans un remarquable
elfort. lis ont recueilli un grand nombre de textes archalques et populaires. lis ont donné ou rectifié des élymolooies , enrichi le domaine
?e l~ phonétique et de la sémantique. Cependant iJ reste beaucoup
a fatre, malgré les bcaux essais de ~nf. Epiphanio Días et Júlio
Moreira, dans celui de la syntaxe hislorique el de la stylistique. C'est
un signe hcureux, qui présage une prochaine renaissance des éludes
lilléraires, que de voil' un professeur du lycée Pedro Nunes orienter
l'enseignemenl dt la langue ,•f.irs l'ulilisation systémalique de la leclure des grands écrivains pour la formation du slyle.
D'ailleurs on n'aura pas tout dit sur Bcrnardes quand on aura
patiemment relevé les artifices qui font.de lui un virluose. Une étude
:s'imposerait sur les sources el la qualité de son érudition. F.:lle est
e,trCmemcnt riche et variée puisqu'elle embrasse l'ancien el le nouvcau Teslament,la patrologie, l'antiquíté gréco-latine, l'hisfoireanecdoLique des ordres religieux, celle de la péninsule tout entiere et m6me
de certains peuples du Nordi les récits des missionnaires de l'lnde
de la Chinei du Brésil, les notions sur la flore et la faune exotique~
rep&gt;ndues par les voyageurs portu¡;ais. EII~ se présente, le plus
souvenl, sous_forme d'anecdotes cboisies pour leur valeur pilloresque,
avec un sentiment trCs juste de ce qui peut éveiller et surexciter
l'aUenti?~· Le me~veilleux, depuis la crédulité 1a plus na'ive jusqu'au
sens ·poehque, y hent la plus grande place. Bernardes fait intervenir
les si renes, les nains de la ll'adition germanique, les génies malfaisants de la mythologie américaine, enfin le diable donnant l'assaut
11 la vertu chancelante des moines. ll aime surtout le miracle quand il
s'accompagne de mille détails invraiseinhlables. Nous retíendrons la
tomparaison ll'Cs ingémeuse que ~1. A. de C. étahlit entre Bernardes
et Anatole _France. 'tvidemment le premíer n'a rien d' un sceptique et
d'un dilettante et l'on ne respire point en lisanl le second un parfum
d'ingénuité. )fais taus deux affectionnent les vieilles bistoires et les
fai;ons de dire savoureuses. En dissertant a perle de vue sur les Yertus

-~

�BULLEtlN HlSPAIHQtrE
250
cardinales· et théologales, le tres docle et tres orthodoxe oratorien
nous fait plus d'une fois penser aux opinions de Jéróme Coign~rd. !l
pratique volontiers l'ironi~, celle du ~oins q_ui ne porte Jamais
atteinte aux croyances, il recueille et cultive les Jeu~ de mots, excelle
a décocber le trait, a introduire daos les propos decousus 1~ ry_thme
et l'harmonie, a transformer en nouvelle pgychologiqu~ le fa1t d1vers.
11 n'hésite meme pas a dénoncer, avec une bonho_m1e pater~~' l~s
pelits abus de la vie ecclésiastique. De ce méla~ge ."'.1prévu d erud1tion livresque, d'expérience mondaine, de credu~1te . enfantt_ne1 de
de raffinement littéraíre, de mahce 1nconsc1ente et
f. rveur reliaiense
o
'
.
d'ironie calculée se dégage un charme puissant. Aucun mystique
ne semble plus capable, sinon de convertir, du moi~s. d'ar_nuser
et d'attacher le profane. Sans doute, a l'exemple de Vieira, d use
ancore dans les sermons de ces procédés d·amplification qu'on a Juste·
ment comparés a des feux d'artifice. Comme direcleur de co~~c1ence,
il abuse, a la mani8re des Espagnols, des métaphores poursmv1es, des
comparaisons poussées jusqu'au symbole. _M,ais la Nov~ ,J!,preslai
d'allure plus familiere, dont M. A. de C. a tire les n_euf dmem~s de
ses extraits, rappelle a la fois Plutarque, Montaigne, _Mass1llon,
La Bruy8re Voltaire et certains contes de Daudet. Ausst les deux
volumes éléganls qui ouvrent la collection del' Antología portuguesa
el qui donneront l'idée de se reporter 3. l'édition com~l8te en crnq
volumes de la librairie Lelo, doivent rester, pour qmconque veut
pénétrer les secrets de la belle prose portugaise, un livre de chevet.
G. LE GENTIL.

251

B1BLIOGRAPHIE

qui en sont falles daos la liltérature classique, ele, Partout des aperQus
nouveaux et intéressaols, qui rnenent l'auleur a cetle conclusion:
&lt;1 Les greníers ~bériques des Asluries, de Galice, du Pays-Basque et
du Portugal do1vent étre considérés comme des vestiges du temps otl
régnail l'erchitecture palafittique qui survit encore en Portugal. ))
Pou~ ce qui est de la prononcialion du mot, n'est-elle pas horrio
au mo1ns daos certaines régions ?
, On m'a affirm_é que cette palafitte (puisque, pour M. Frankowski,
e en esl une), est un meuble, qu'on la déplace parfois, qu'on la
partage méme entre héritiers 1 chacun emportant le morceau ou les
morceaux qui lui reviennent. Est-ce exact? Et y a•t~il des rCgles -pré•
vues dans la législation ancienne?
Je n'avais pas vu d'hórreo dans la province de Santander, M. Frankm~ski n'en a pas_ vu non plus. Mais on lui en a signalé dans les
envuons de la cap1tale de cette province.
Le type de la Galice, nous dit-il, esl distinct de celui des Asturies
(p, ,_7) el présente une grande variété de formes, dont de nombreux
dess_ms ou photographies permettronl au lecteur de se fáire une idée.
Je "g?alera1 en outre une curieuse photographie d'hórreo galicien
dans I Almanaque Gallego para 1907, publié par Manuel Castro López
(Buenoo-Aires, 1906).
L~ (:0~tessc Pardo B~z_án nous en décrit un, mais de fac;on un peu
scltemat1que, dans Buco/tea, un des con tes qlli suivent Un destripador
de antaño:
A un lado de la era, plazoletilla redonda y rodeada de un seto de zarzas
arbustos, se levanta el hórreo, sostenido en cuatro pilastras de granito y
rematado ~or tos_ca cruz de ~adera pintada de rojo. Súbese al hórreo por
una escalerilla de mano, y Man pepa, bajando y subiendo, había sacado de él
h_uen~ cantidad de habichuelas, que iba desgranando sobre un pafio
y

Iiórreos y palafitos de la penlnsula ibérica, por Eugeniusz
Frankowski. Museo nacional de Ciencias naturales, Madrid,
1918, 160 p. gr. in-8, avec planches.
J'ai publié ici en 1916 (p. 2n), une nole sur le grenicr aslurien,
l'hórreo, ou panera, et je souhaitais qu'une étude sérieuse füt faite d_e
celte curieuse constrtlction ¡ le travail de l\-1. Eugeniusz Frankowsk1,
membre de l'Ecole de hautes étudcs hispaniques de Madridi est venu
combler mes vooux, grAce a la JtLnla para ampliación de estudios qui
l'a publié.
. .
.
.
.
On y lrouvera tout d 'abord une descriphon techmque qm ne.la1ss~
rien a désirer 1 avec l'énumération des variantes apportées de ci de la
a la forme de l'édifice, et d'excellentes photog~aphies; puis l'exa~en
des différents types de greniers plus ou mmns analogues que l on
rencontre dans les provinces de Léon, Palencia et Santander, en Galice,
daos les Provinces Basques et en Portugal, ailleurs encore, en Európe.
ou hors d'Europe; enfin, une revue des palafittes dans le monde
antier et de leurs représentations dans l'art préhistorique, des mentions

hmp10 ..•

a

La scene se passe ou est censée se passer Pontela; une des nom-brcuses Fontela de la Galíce,
trois Heues d'une Villa dénommée
~ebre, queje ne.s~tue pas tres blen, mais qui serait elle-m0me cinq
heues,
v~l d 01seau, de Pontevcdra, dont la province a fourni
plusieurs :.chantillons M. Frankowski. 11 esl facbeux que la descriptton de ~1 Pardo Bazan ne pmsse servir de document et ne soit pas
mieux localisée.
Cela ne veut pas dire queje la laxe d'inexactitude: ainsi le détail dé
la croix est relevé par M. Fra~kowski, dans les hórreos de Galice.
~tais je regrette_ q~e J'illustre romanci8re ne se soit pas cr_ue obligée
a plus de dcscr1pt1on. En revanche elle nous en fait entrevoir un
de temps en temps, el dans le paysage qui l'encadre habituellement :
Había amaneddo del todo, disipándose la niebla; el sol doraba ya con
alegre reflejq las cimas de los árboles. 1as aguas de los manantialillos que

a

a

.ª

a

�BULLBTIN HlSP.A.NIQUE

brincaban dei rnonle a la carretera, los cristales de las casitas que de trecho
en trecho se asomaban curiosas, con su cerca, sus .dos manzanos, su emparrado de vid , su meda· de centeno junto al hórreo.

Les paysages asturiens de Valdés en sont. aus.si é~ayés. ~~ns l' ldili~
de un enfermo , nous apercevons, un mallo ele fete, ran 0 es _sous ,lei;
hórreos, sur des comptoirs improvisés , les grandes oulres de v1n i e est
1a que les paysans cndimanchés vicndron~ boirc, conune a la lavernc:

voila une destination 3 noler dans l'étude de ces exlraorclinaires

greniers !
. .
Dans !'Aldea perdida, c·est sous un hórreo pres de l éghse que
'sonnent la gaita el le tambour, et que dansent deux bonnes
re
d'
1 1.
douzaines de jeunes gens et de jeunes filies, tan 1s ~ue p ,us orn ,
, ¡· · 1·~e d'immenses cercles exécutent . la •danza
prima. C est sous
a :iir Iu1 ,
,
, .
cet hórrro que ·Bartolo, le fanfaron, habltuc a mepnser le dan~er,
b it des ver.res de cidre pendant que les camarades se battenti et e est
la qu'il partira pour alter a&lt;;,hever le grand Toribion, mis hors de
combat par i\olo de la Braña,
,
.
.
.
Je dois .M. Feliciano Alvarez, avocal a Madrid etnahfdes Astunes,
une photog:aphie, qui, si elle ne fait pas ~pparait~e. nellement le
rofil de !'hórreo situé pres de la blanche ma1son famthale, donne au
p oins celui des montagnes et du site, ce qui n'est pas saos importance.
m Daos la Quimera, Mme Pardo Bazán fait allusion a l'utilisaLion ~~
l'hQrreo comme pigeonnier, a laquelleJovellanos, clans un passage cite
par ~l. Frankowsk.i 1 avait pr6té altention :
. . y las zuritas, descolgándose de la repisa del hórreo-palomar, bajaban ·
a trancos cortos . . .

d;

a

BIBLIOGRAPHIE

hasta las audaces palomas zuritas del jardín ... habíanse acogido a su
palomar del hórreo ...

Deux savants bordelais 1 M. E. Harlé et le D 0 Lalanne, me disent
qu'il existe daos le Lot-et-Garonne des pigeonniers montés sur des
pieds munis de pierres plates comme dans !'hórreo. ll est difficile d'y
voir des palafitles .
On trouvera deux gravures représentant des paneras asturiennes
dans le curieux travail de M. Aurelio dé -Llano deAmpudia y de Valle,
El libro de Caravia . (Oviedo, impr. Gutenberg, 1919.) Les paneras et
les hórreos ont du reste été repro"duits dans des cartes post.ales qu'il
n'est pas difficile de se procurer. Ils ont réellement un pittoresque
étonnant auquel le site n'ajoute sans doute pas peu de chosc. Et puis ,
témoins de cambien de vies, témoins intimes, plus que l'église, ils onl
certes des secrets, dont quelquei.-uns transpercent, plus ou, moins
déguisés, dans l'oouvre des romanciers 1
C'est Valdés qui, dans La Aldea perdida, nous montre la vieille
Rosenda espionna □ t, de son hórreo, tout ce qui se passe chez le mysté,
rieux D. Félix.
C'est Mm• Pardo Bazán qui, daos un autre des contes qui suivent
Un destripadJr de antaño , a savoir Viernes santo, nous fait d~couvrir
dans un hórreo, le cadavrc en décomposition du pauvre Cristo, la
victime du redoutable cacique Lobeiro, égorgée aprl,s de longs
tourments dont le pauvre corps porte les affreuses traces ... L'hórreo
des Pazos de Ulloa n'a-l•il pas, lui aussi, été témoin d' une triste idylle
et peut.etre d 'un crime? Sa silhouelte surmonté~ d 'une croix rouge,
prCs de l'era otl. )e marquis campagnard brandit le mallo, reste, dans
l'espril du lecteur, liée aux émotions de ce beau roman,
Au Portugal, l'hórreo, semblable /¡ celui de la Galice, s·appelle
efpigueiro ou canastro suivant les provinces. Sur le palheiro, qui en est
une variété, ~f. José Leite de Vasconcellos donne, dans la Revista
lusitana des notes de ses étudiants (1918 , p. 137 , 151, 157), propos
de la Casa portuguesa.
Pour ce qui est des Provinces Basques , M. Frankowski, sur la foi
des correspondants auxquels il s'était ad.ressé, avait cru comme moi
que !'hórreo n'y existait pas. 11 en a découvert a Marquina-Echevarria
et a Barinaga (Biscaye), qui sont fort analogues aux asturiens. Selon
une indication qu'il n'a pu vérifier, il y en aurait m8me un en Navarre,
-• Abarrea Baja, dans la vallée d'Aezcoa. C'est done /¡ lort que j'ai eu
scruplile voir u·n hórreo du type asturien daos celui oU se déroula la
se/me brutale relatée dans les Généalogies des llois de Navarre (Bull.
hisp., 1911, p. 437) :

a

a

Asnarius Galindi accepit uxorem domnam Onnecam, filiam Garsiez Enncconis, filii EnneconisA.riste. Etgenuit llliosCentollen Asnarez, et Galindum
Asnarez , et domnam Matronam,"que fuit uxor de Garsia Malo, filio de
!Jult. hispan.

'7

�BlJLLET[N IIISPA:'IIQUE

Galindo Blasquez, et domnam Faquillo. Et quia illuserunt eum in die sancti
Iohannis Bapliste in horreo, in villa que dicitur Belosca, occidit Centollem
Aznarez, fratrem uxoris sue, et dimisit uxorem, et accepit aliam
domnam( ... ), filiam de Enneco Arista el pepigit fedus cum eo, el cum
Mauris, et eorum auxilio eiecit socerum de comi(ta)tu. Perrexit ígilur,
Aznarius Galindi ad Frantiam, et procidens ad pedes Caroli Magni, conquestus est ei de facto generi. Qui dedil ei populationf}m Cerritaniam et
Oriello, ubi et tumulalus iacet.

Voila qui donne 3. l'hórreo une histoirc, pour laquelle les documents
espagnols manquent un peu, puisque, part les latins qui ont parlé
de l'hof'reum, M. Frankowski ne nous cite gu8re que Jovellanos et
Iturriza.
Je suis un peu élonné, a ce sujet, que M. Frankowski fasse état, il
est vrai a trnvers deux autres références 1 d'un passage de Florian de
Ocampo, pour étayer sa théorie 1 que &lt;( los hórreos asturianos pueden
considerarse como un resto de las construcciones populares de madera
hoy reemplazadas por las casas de piedra y ladrillo» (p . 15). Ocampo
est un historien de haute f.antaisie, je erais l'avoir démontré. Mais je
n'en suis pas moins troublé moi-m0me par l'affirmation qu'il glisse
dans son livre IV, c 0 lll, fol. CXXXVlll de l'éd. de 1543 :
Las cuas tenian en Espalla de madera, segun que tanbien oy día las vsan

a

en todas aquellas montañas, yen Inglaterra las tex.iancon brin bes
atadas en estacas largas y gruessas que hincauan sobre la lierra.

I

y vergas

Peut-~tre Ocampo, qui connaissait a merveille les .textes anciens
authentiques, n_'invente-t-il pas ici. Mais j'aimerais bien connaitre
alors sa source. Autrement son autorité estnégative, plus que négative.
ll exploite dans ce chapitre un passage de la Vi/a Agricolae (ch. XI):
&lt;t Silurum colorati vultus, et torli plerumque crines, et posila contra
Ilispania, Iberos veteres· traiecisse easque sedes occupasse fidem
faciunt)), pure _conjeclure du reste 2 • Mais Tacite ne parle pas des
habitations, que je sache.
G. CIROT.

in-8°; La deuxieme année d'espitgnol, Paris, A. Colín, 1920,

445 pages.
Les Apuntaciones lexicográficas du meme auteur, signalées ici en
191 • (p . 50,), contenaient, dans deux de leurs parties (Del griego al
caslellano et Disquisiciones), le germe des trois volumes de !'Ortología
castellana de nombres propios, d' Americanismos et de Nuevos derroteros del idioma,'tous trois d'une incontestable utilité .
Le premier est destiné a fixer les hésitations dans l'orthographe et
l'accentuation des noms propres. On lui a reproché un défaut de
méthode (Rev. Filología esp., 1915, p. 387); il faut pourtant reconnaitre que l'auteur, s'il a pu se tromper faute de considérer certailfs
éléments d'appréciation, a adopté la seule regle raisonnable la bonne
et sU.re rCgle de Vaugelas, l'usage; et c'est l'usage classÍque qu'il
a voulu fixer, en demandant aux poCtes leur accentuation, puisqu'il1
la donnent sans méme la IIiarquer. - Car si l'on a A choísir entre
l'accentuation latine suivie par quelques-uns pour Clímene, Prosér•
p'ína; Érebo, par exemple, et l'acccntuation grave, plus généralement
adoptée, il faut évidemment se résigner /J. adopter cette derÓiere.
L'étymologie ne peut done nous tirer d'affaire qu·a égalité d'aulorités,
par exemple pour Océano (Oceiinus), et c'est une grave affaire que de
décider: c'est pourquoi on s'en remet généralement aux Académies .
11 s'agit done d'abord de ne pas se !romper sur l'étymologie, et
ensuite de recueillir le plus d'exemples possibles dalls des ouvrages
de valeur; mais lil, c'est l'infini, et il faut amasser sans cesse. Peut~tre M. deToro-Gisbert, qui a consulté !'Isabela de Lupercio Leonardo
de Argensola, aurait-il bien fait de dépouiller aussi ses Rimas, car on
y voit souvent revenir des noms mythologiques. U y aurait trouvé un
bon exemple de Peleo grave et d'Hipólita, qu'il a omis (je reproduis
l'édition de 1634):
Que, por huyr de _Hypolita, Peleo
Casi provó la muerte:

Miguel-de Toro-Gisbert, Ortología castellana de nombres propios,
París, P. Ollendorfl', s. d. (191Q); 493 p., in-8'; Americanismos, ibid., s. d., 287 p. in-8°; Los nuevos derroteros
del idioma, Paris, Roger et

Chernoviz,

1918, 376

p.,

l\lélathese iotéressante de vimbre, devenu d'autre part mimbre.
Ocampo eiploite de móme uue asserti.on d'Annius de Viterbc pour prou\·er
que l'ldaude avait été colonisée par les lberes au temps du rol Brigo; il s'appuie
égalem~nt sur une tradilion d'apr6s laquelle un Espagnol nommé lberno ou Hierno,
aurait été jeté dans cetLe ile Aune époque tres reculée. En tout cas, d8s le n• aiCcle,
nous dit d'Arbois de Jubaimille, la légende irlanda.isa f.ait venir d'Espagne les fih
de M.ilc, anciHres des Irlandais (Cours M liUéralure ultique, t. XII, p. u"),
1.

255

BIBLIOGRAPBIE

Trayendo por disculpa

a su

desseo.

Bien que l'accent ne soit pas marqué sur llipolila, le rythme
demande évidemment la diérese hüyr et l'accentuation Hipolila.
Peu t-étre cette derniere ne lui a-t-elle pas paru pre ter a hésitation
de la part des Espagnols . 11 faut aussi penser aux étrangers.
De meme

:i.

Este que de Pilato se hizo amigo

(p . 92).

ll est bon d'~tre st\r que Pi/ato est grave, alors. que Püades est
esdrújulo 1 ainsi que Pindaro.

�,56

BIBLIOGRAPHIE

BUJ,LETIN HISPANIQUE

Toute inquiétude disparait pour Herodes, qu'un Fram;ais ponrrait
bien avoir la fantaisie de frapper d'un acceµt sur la premiCre:
Este de dos Herodes heredero .. .
Y del tercer Herodes condenada.

On est plus tranquille aussi pour /liturgi quand on lit (p . 88):
Tu famosa Iliturgi (c!lYª gloria
destas varias mudanzas ofendida,
con dudas anduviste en la memoria) . ..

Le beau sonnet « llevó tras si los pámpanos Otubre)) a:.1rait donné
une preuve de plus qu'il faut/béro.
No sufre Ibiro margenes, ni puente.

(p. 72).

Bref, de nombreuses confirmations seraient fournies par ce poete :
Y tratar de BoiJles i CaListo . ..
por guardar a Carlágo la fe d da...
héchura do Galigula arrogante.,.

(p. 3o)-

(p. 88).
(p. 92).

Caligula évidemment.
Viviendo en Flegetonle, i en Coccito ...

(p. 86).

Mais voici des cas oll son autorité aurait pu trancher ou tout au
moins apporter une preu,'e plus nette:
Mira puCs si con esta compañia
._de meSOn en íhesOu querrlln se1uirme
(p. 4,).
las señoras UrJnia, i Polimnia.
Non se1,1lement l'accenl circonflexe mais la rime avec compañia
appuient bien la prononcialion Polimnia 1 malgré le latín Poly_mnYa.
En la Scylhia beber el Tanais frio.
(p. 85).
ll faut bien lire Tánai.s, ce qoi ne ressort pas assez (?111iremenl des
exemples donnés par M. de Toro Gisbert.
Enfin 1 pour en finir avec l'aoliquité, voici une cinquiCrne forme
pour rendre le nom latin Tislpho
Arroja la Corona
del Di~lamo, que tanto abunda en Creta,
injusta Tesifona...
(p. 1~3).
Les noms modernes ne sont pas sans nous gener souvent. M. de
Toro Gisbert veut avec raison qu'on dise Sa11azáro (Lope de Vega,
Laurel de Apolo B. A. E., p. 199, fait rimer ce nom avec claro), Feijoó
(bienqu'on trouve souventFeijóo 1 aujourd'hui, le nom est écrit Feijoó
1. J.a comtesse de Pardo Bazán accenlue Feijóo (Memorias de un solterón, p, 35);
on sait qu'elle a consacré une étude a cet auteur. Azorín également Peijóo (folores
literarios, p. 117). Zerolo, prudent, ne met pas d'accent du tout.

en effet dans les approbations du Thealro universal, au moins dans la
3• édition, 1740, du t. V que j'ai sous la main).
On voit a quel-hesoin répond cette consciencieuse enquéte. L'auteur
de l'édition espagnole du Larouss-e se devait a lui-m~me de l'entreprendre, et il nous doit maintenant une continuation et un enrichissement, saos oubliet les noms géographiques espagnols qui peuvent
préter a l'incertitude.
Americanismo est le développement d'un chapitre de seize pages
(El cas/e//ano en Arrtérica), des Apuntaciones.
Dans le premier cha pitre, El idioma nacional de los Argentinos,
nous trouvons une spirituelle critique de la these d'aprCs laquelle une
langue nouvelle serait en voie deformation daos la grande République
sud-américaine. Si le parler vulgaire y para1t assez distant du castillan
classique, "M. de Toro Gisbert n'a pas de peine a montrer, en reproduisant des élialogues·de Palacio Valdés, de Pereda, de Gabriel y Galán
et d'autres, que le peuple parle un jargon toul aussi peu castizo en
Espagne meme.
Ces premieres considérations sont appuyées, dans le chapitre
suivant 1 par de judicieuses conSidérations sur La lucha de las lengUas
y el separali$mO Lingiilstico. Sans doute les parlers américains out d~s
mots /¡ eux (M. de Toro y Gisbert en releve un certain nombre dans
le chapitre Acepciones nuevas), et ces mols ou leurs acceptions difICrent souvent selon les pays 1 mais par contre, Com)Jien d'autres, qui
sont donnés dans les dictionnaires comme autant d'ameriaanismos se
retrouvent dans les dialectes ou les parlers de la péninsule, dans
l'andalou, par exemple ! Et c'est cette constatalion qu'est consacré un
autre chapitre, Andalucismos y otros provincialismos. Quoique moins
directement, les autres cbapitres de ce livre plein d'intérét et
d'actualité, tendenl a mettre au point la queslion des rapporls
linguistiques entre l'Espagne et ses anciennes colonies. Point de tbese
oulranciCre 1 ni de formules a efl'et, mais la conclusion est bien que
!'on a beaucoup exagéré les différences actuelles et surtout les ditférenciations fulures.
C'est en somme la méme question quj préoccupe l'auteur dans "Los
Nuevos derroteros de l'idioma, compasé de trois parties : El vocabu•
fario moderno, La Gramática y la nueva eJcuela literaria, El porvenir
de la lexicog rafia.
La premiCre est consli tuée par une sor te de dépohillemen t des
oouvres de quinze auteurs différents, sans compter cet.lx de la ,tjeune
littérature américaine )J et ceux del montón, au point de vue du vocabulaire. Travail précieux, et doublement: chaque auteur étant l'objet
d"un chapitre distinct, on constate mieux ses lendances, sa richesse
et aussi ses abus; et l'index qui esta la fin de tout l'ouvrage permet
au lecleur de voh· 1 s'il le désire, quels sont les auteurs qui ont

a

�,58

BlBLIOGRAPHIE

1::ll:JLLETllt H~SPA~IQUE

,59

apporlé ou patronné ou affectionné tel ou te! mol. Des chilfres entre
parentheses indiquent la page du volume, ce qui simplifie et allege
singulierement J'appareil des références . En général, quelques oouvres
de chaque auteur seulen¡ent ont été examinées; et si Blasco lbáiíez,
la comtesse Pardo Bazán, Pío Baroja, Azorín, Unamuno, Rubén
Darío, Enrique Rodó figurent en bonne place, on regrelle l'absenca

avec la préoccupation de démontrer que l'espagool américain n'est
pas aussi dilTérent qu'on l'a dit de l'espagnol péninsulaire actuel, du

de Palacio Valdés, de Pérez Galdós, et de Pereda; mais c'est un cornmenc;ement : de pareils travaux ne se font pas si vite! L'auteur a

américains, qui ont été employés et méme le sont encare en Espagne.

surtout voulu donner une idée de ce que l'Acodémie pourrait et
devrait tirer de la liHératura contemporaine pour faire de son
dictionnaire un lexique vraiment au courant. 11 a voulu aussi démontrer : ,. que l'e¡pagnol ne s'enric)üt pas seulemant en Al)'.l.érique et,
que pareille ingestion de vocables nouveaux se produit parallelement
dans la langue litléraire de J'ancienna métropole; ,. que beaucoup de
vocables qui passaient pour des américanismes sortent a présent du
fo11cls provincial, andalou ou asturien surtout, pour prendre rang
dans la langue écrite des auteurs péninsulaires. Juan Valera aurait•il,
en définitive, raison contre R. J. Cuervo~ N'entamons pas Ja discussion !

Mais quelle que soit la these que-pourront renforcer ces constatations,
il y a pour taus, et surtout pour les étrangers, un intéret énorrne
adistinguer ainsi l'apport de mots ou d'acceptions non classiques; et,

ace seul titre,

le présent livre a sa place daos notre enseignement.

La deuxieme partie du meme volume est formée de onze chapitres
de grammaire, dont l'un, intitulé Moderno di,sparatorio 1 est un relevé
amusant d'erreurs 1 de fautes généralement aggravées par la préten•
tion, un $Ottisier oU l'auteur a en la charité de ne pas meltre de

norns propres. C'esl la que l'on pourrait allonger et rallonger
l'infini. . .

a

La troisiCme par1ie 1 enfin, est une esquisse d'histoire du diélion•

naire espagno( depuis celui d"Antonio de Lebrixa (1506), jusqu'a la
14" édition de celui de l'Académie, avec l'indication des additions
apportées successivement dans la série 'a\pbabétique Balaje-Balín par
Cobarruvias César Oudin, Sobrino, le Diccionario de autoridades, etc.
ll y a la une cul'leuse comparaison des lexiques, et l'amorce d'un
travail qui serait vraiment curieux. Pleins d'inlérét pratique sont
également les ,hapitres qui suivent; E/lenguaje botánico, La Historia
natural y los Diccionarios, El vocabulario anatómico, El lenguaje de
la mQda. Mais je recomrnande particulierement le chapitre intitulé
Reimpresione$, oU l'on fait ressortir avec raison le caract6re arbitraire
1

et trompeur des réimpressions; peut-etre

y aurait-il a discuter

la

qwestion de l'orthographe et de la ponctuation a adoptar : la regle
dépend [orcément du public auquel on s'adresse; mais pour ce qui
est de la fidélité aux originaux, toul a fait d'accord . - Pour finir,
M. de Toro Gisbert étudie les diclionnaires de Garzón et de Segovia,

vrai, de celui qu'on parle, et non de celui du Dictionnaire de l'Aca•

démie.
Il est certain qu'3. ce point de vuele divorce n'est pas si pres d'6tre
prononcé. Beaucoup de mots ou · d'acceptions paraissent purement

Voyez le Libro raro de Gonzalo Picón-Febres (Curazao, Bethencourt,
,• éd., 19u), qui est un lexique des vénézuélismes, p. 83:
¡Coche! - Voz que generalmente se usa en las haciendas et.e varitts
regiones del País para espantar Íos puercos ó cochinos.
Je erais bien! Coche, en espagnol classique, signifiait encare la
mCme chose que cochino: a preuve la plaisanterie que Lope de .Vega,
jouant sur le double sens du mot, a mise sous le nom de Maestro
Burguillos (B.A. E., \. XXVIII, p. 345).

A la Virgen de Atocha
En procesión sin coches, que no había,
La corte, en coches cocha,
Más agua daba al campo que pedía ...

D'ou la plaisanterie de Lope de Vega dans El mejor Alcalde el Rey
sur cochero, pris dans le double sens de cocher et de gardien de
cochons.
Et ce mot coche, qui éxistait en fran~ais des le xm· siecle (cf. Littré),
faisait parlie aussi du vieux vocabulaire espagnol (cf. Cuervo, Apuntaciones crit., 5• éd., S 967).
R. J. Cuervo l'a assez mon.lré dans ses Apuntaciones criticas sobre
el lenguaje bogotano, et M. de Toro-Gisbert, nous l'avons vu, nous
document.e encare ace sujet c'est bien souvent que les texles anciens
1

ou meme les textes classiques apportent la justification de mots considérés un peu hiltivement comme particuliers al'Amérique.

Le mot emprestar, daos le Pequeño Larousse ilustrado de M. Miguel
de Toro y Gisbert est qualifié d'americanismo et de « disparate por

prestar. Or Antonio de Guevara l'emploie dans son Menosprecio de
corte (p. w3 et 135 de l'édilion de la Lectura) avec le sens de presta•.
Peut-etre l'auleur, qui était évcque de Mondoñedo depuis plus d'un an
quand parut cet ouvrage (1539), a+il pris le mol daos le langage du
pays: toujours est-il que J. de Santiago y Gómez le cite daos sa Filologia de la lengua gallega (1918), p. u9. Cuervo le signale du reste,
avec le seas contraire, dans Larra et Fernán Caballero; et il reconnail
que, dans le sens de &lt;( preter n, le mot n·a pas disparu de la langue
vulgaire (Apuntaciones) S 59~). L'américanisme n'est done qu'un
yieux. mol bien espagnol. Zerolo, a vrai dire, le marque comme
ancieñ.

•

�,60

BULLETIN HISPANJQUB

BlBLIOGRAPHIE

Mais les écrivains contemporains se chargent ene.ore mieux d'établir la solidarité des idiomes sud-américains avec l'idiome métropolilain. Dans quelle mesure et dans quels cas est-ce un retour, tout
simplement a la métropole? c'esf ce qu'il n'est pas toujours aisé de
déméler.
Le Larousse donne, commc acceplion particuli6re ay. Chili, canon
au sens de alquiler, ce que confirme Anibal Echeverria i Reyes dans
Voces usadas en Chile (Santiago, 1900), p. 141 : « Cánon. - b(arba·
rismo]. - m[asculino]. precio del arrendamiento.» Or Palacio Valdés
.l'emploie ainsi (El cuarto poder, p. 6?) :

Le Larousse signale comme américanisme engestado, qui est omis
daos Zerolo. La comtesse Pardo Bazán l'emploie dans Memorias de
un solterón (p. g) :

Sus títulos indiscutibles al dominio pleno de los Praducos.. y al directo
que poseía sobre el de las Meana:s, con un canon anual de ciento quince
ducados .•.

Est-ce les indianos qui onl rapporté ce mal d' Amérique? Mais Zerolo
le.catalogue comme terme de droit: « for[ense]. lo que se paga en
reconocimiento del dominio directo de algún terreno}).
Si leLarousse donne, comme d'autres lexiques, hipido, pas plus que
Zerolo il ne signale jipido, auquel M. Gonzalo Picón-Febres, dans son
Libro raro, p. 21 l, atlribue un sens un peu difTérent dans le parler
vénézuélien :
Jipido. - Debe de ~er la corrupción de hipido, pero no tiene la mism."a
significación que este. Jipido es fuerte exhalación de aire que se lanza del
pecho por la boca, doblando el labio inferior sobre los dientes respectivos.
Produce uno ast como silbido bajo y sordo, y es frecuente en los hombres
de los campos para aliviar la fatiga en sus más rudas labores, ó en los cami-.
nantes que,se paran un momento a descans~r.

Et c'r,st bien cette plaisa,_nte définition qui convient au jipido que,
dans le méme roman (p. 262), laisse écbapper Pablito aú nion1ent,
nul1ement plaisant 1 oU son rival, le coifTeur, occupé
le raser 1 Ju
ex pose avec quelle facilité il pourrait « con sólo empujar la navaja)&gt;

a

terminer toute cetle histoire.
Daos le méme romaii encore, un rnot qui, d'aprt!s MM. Echeverria
(p., 10) et Picón Febres (p. , 14), a au Chili et au Venezuela le sens de
te muerte)), du reste enregistré aussi, mais comme familier, dans
le Larousse: c'est pelona. Zerolo dit: «Amer[icanismo] C[olombia].
Ramera.&gt;, C'est dans un troisieme sens que Valdés l'a employé (El cuarto
poder, (p. ó65).:

•

Acabas de pasar una pelona .•. pero ya vendrán tiempos mejores. Tras •
~e lo malo siempre viene lo bueno ...
Le contexte indique assez qu'il faut comprendre « une épreuve terrible». Voila done une expression quelque peu argotique qui comporte,
suivanl les pays, Lrois traductions bien différentes !
·

•

... un retrato al óleo, muy duro y mal engestado, de la duquesa ...

M. de Toro-Gisbert a relevé dans La Catedl'al de Blasco lbáñez
·(p. 10 de Nuevos derroteros), el inséré dans le Larousse le substantif
carraSpeo, qu'ignorent Cuesta et Zerolo, mais non carraspear (en
parlant du chat qui ronronne), employé daos le meme roman, p. :u.
M. Picón-Febres signale (p. 76) Je mol avec le sens de "aclarar la
garganta, por ejemplo, después de tomarse un trago de aguardiente 1&gt;,
et cite un passage de l'Espagnol Salvador Rueda, dans Gusanos de luz:
(t Luego (Roque) carraspeó con la garganta no sé qué ecos de moribundo. )) Ce ne serait done pas un américanisme, non plus que
fer6stica, que le larousse marque comme tel, avec le sens de muy
feo, oll l'emploie la comtesse de Pardo Bazán daos le méme roman
(p. 61). Du reste, Cuesta donne le mot comme équivalent de feo.
Daos Afemorias de un solterón, encare, la comtesse Pardo Bazán
applique l'épithete de pericón !, une jeune filie évaporée qui ne se
soucie pas du qu'eo dira-l-on (p. i24). Je vois bien le mot rendu dans
le Larousse, d'accord avec Zerolo par u el que suple por todos en
cualquier cosa 1&gt;; ce n'esl évidemment pas le cas. Perico y est d~nné
comme signifiant au Mexique (&lt; hablador, charlatán n. Nous sommes
plus pres du sens avec M, Picón-Febres, qui déclare que pel'ico « en
sentido familiar, equivale a chiquillo que habla mucho. Es sinónimo
de picorelo ó picotero i1 ; el que picoreto s'applique au « niño medialengua demasiado hablador o chocarrero, pero con mucha· gracia.
Picorelo ... debe de ser corrupción de picoteroii. Nous y sommes 1 il
semble, cette fois.
Tronado ne figure pas dans Zerolo, M. Picón-Febres l'enregistre
(p. 316), saQs doute parce qu"il y voit un vénézuélisme. « Tronado.
Equivale, tantO como arrancado, a muy pobre ó paupérimo. ,i Or,
le díclionoaire de Cuesta donne le mot comme familier au sens de
&lt;t ruiné, sans le sou 11. Cf. Pardo Bazán, Memorias de un solterón,
p. 19:
Raro es también que a la hora del chocolate no aparezca algún conocido
a traerme la chismografía de la ciudad : quién se casa, quién se muere,
quién está lrMado, a quién destinaron a Filipinas ...
Le meme :\l. Picón-Febres, au mot bandearse, déclare (p. 46),
que:
En Venezuela es.manejarse. r Compadre, te.nga usted la bondad de no
meterse de ninguna manera en este asunto, que yo sabré de qué suerle me

bandeo .

�,63

BULLETD BISPANIQOE

Dl8LlOGRAPHIE

Or, c'est bien précisément le sens, et le seul, que donne le diclionnaire del' Académie de 18:u;

del montón dans Los nuevos derroteros del idioma (p. 1, 7); chacha
(p. 391), u nom que les enfants ont couLume de donner a leurs bonnes
ou a leurs nourrices », dit Cuesta; (hacer) cochinetas (p. 399), expression_ enfantine qui va-ul bien une mention, Aucun de ces sens n'est
dans Zerolo.
N'y a-t-il pas lieu d'enregislrer l'acceplion du mot abocar dans ces
deux phrases de Valdés :

Bandearse, v. r. Saberse gobernar 6 ingeniar para mantenerse. Callide
sibi consulere. rebus sais prospicere. commodis sui, prouidere.

Zerolo est conforme. J'y reviendrai.
Indépendamment de cette question du dualismo naissant, apparent
ou réel, entre J'espagnol d'Europe et celui d' Amérique, il est eerlain
que les dépouillements dont M. Toro-Gisberl nous apporleles résultals
dans ses dilférentes publicalions 1 parmi bien des scories enlrainées
par rimitatlon inconsidérée de l'étranger, par un exolisme souvent
puéril, ont ramené au jour bien des termes qui vivaient sans doute
depuis longtemps dans le langage populaire. 11 y a nalurellement
encare beaucoup faire pour mellre le ]exique au point, cela sans
parler des oublis loujours possibles et bien excusables (par exemple
hontanar, qu'emploie Azorín daos ses Lecturas españolas, p. 23, qui
est dans le Dictionnaire de l'Académie de 1812, daos Cuesta, daos
Zerolo, et manque dans le Larousse, qui ne cite que fontaíiar).
Le dépouillement d'un seul roman de Valdés enrichirait sérieusement les lexiques caslillans. M. de Toro-Gisbert lui-meme y trouvera
de guoi augmenter considérablement son Pequeño Larousse ilustrado
(ce n'est pas moi qui le lui apprendrai).
On n'y lrouve pas torga I largar~ ce mol sinistre qui désigne le
supplice infaman! dont l'Acbille de !'Aldea perdida, Nolo de la Braña,
-venge si terriblement son Patrocle, Jaciolo de Fresneda, qui en a
souITert l'horreur el la honle.
Mais voici, daos El cuarto poder, d'autres mots qui m'ont paru
cet égard assez intéressants.
Je n'ai pas lrouvé daos le larousseespagnol rasante, substantif, que
Cuesla rend par te surface, superficie, ligne d'une rue », et Zerolo a
peu pres de meme.

a

a

Cuando en alguna calle había una o más casas de cualquier socio del
saloncillo y ninguna de sus amigos, hacía que el arquitecto municipal
variase la ra,ante, dejándola más baja. (El cuarto poder, p. 3 r8.)
Pas davanlagepegueta (p. 319) el gacha (p. 397), qui désignent un
gibier de plume; ni zurdada (p. 330), mis en ilaliques par Valdés,
et signifiant, d'aprCs le contexte, une maladresse, une grossiereté¡
cruceta (p . 33:J), qui doit etre le nom de quelque confiserie; cursilería
(p. 371), que M. Toro y Gisbert releve du reste parmi les néologismes
1. Le mol esl d'ailleurs dans le Diccionario de Cuesta, mais pas avec le sens spécial
qu'a mis en valeur Palacio Valdés; il esl aussi dans celui de lil. Toro y Gómez, mais
avec reavoi ~ hort:a. Zerolo: Especie de prisión de madera, que se pone en el
pescuezo a los cerdos y otros animales 1,
e(

Hasta entonces no conocía de lal pasión más que el aspecto material y
grosero, las relaciones fugaces y tristes de las mujeres que le abocaban por
la noche en las calles de Londres y París ( El cuarto poder, p. 39) ?
Los que tenían de él agravios, le murmuraban y evitaban su encuentro ...
Lo! que no, se reían de sus exageraciones y le abocaban con gusto, sin
profesarle gran afecto tampoco (ibid., p. 65).
Le sens est &lt;( aborder )) 1 et Cuervo ne le signale point daos son Dice.
de constr. y ,-¿gimen; il n'en donne l'emploi qu'au réciproque et au
réíléchi, ou a l'actif dans le sens d'approcher une chose d'une
autre.
Qu'est-ce que les cuadros disolventes dontparle le meme auleur dans
le meme roman (p. 76), a propos d'un prestidigitateur?
Ne faudrait-il pas, dans les diclionnaires, rendre l'expression barba
de cazo (p. 157)? Et combien d'autres molsa relever 1
Y las más de las noches viene borracho perdido a casa, y le da cada
sopimpa que la deja por muerta ... (p. 114). - Si pudiéramos darle una
sopimpa, sin escándalo, se entiende ... (p. !UI), e - Quieres callarte ... zapa•
laslrona? (p. 131). - Oiga usted, señor majaderano .... (p. 293). - Hay que
advertir que en Sarrió se llamaba a los habitantes de Nieva mazaricos 1
a causa quizá del gran número de pájaros de esle nombre que allí suele
haber (p. 163).
On voit que le vocabulaire des injures daos ce seulrorrian de Palacio
Valdés ne manque pas de nouveauté 1 puisque les lexiques paraissen t

l'ignorer.
Que veutdire exactement calimoso 2 en parlant du semblante de la
mer (p, 174)? Que sont ces tazas de hortelana qu'absorbe D• Pauln
(p. 183)?
Valdés ne craint pas de consacrer un barbarisme comme palosanto
(&amp;I cuarto poder, p. 135).pour palisandro.
Les dictionnaires donnent seulement desvaído: u Dícese del color
apagado• (Larousse) . Valdés emploie 1'infinitif réflécbi :
Los contornos de los árboles y las montañas se desvaían con suavidad
exquisita (p. 397).
J .

C'es\ par ailleurs le nom d'une loca lité de la Galice.

2.

Faul•il lire t:alinoso~

�BULLETIN HISPA:'UQUE

BlBLIOGRAPHIE

Les dictionnaires font généralement l'économie des diminutifs, mais
quand ceux-ci ne sont pas prévus daos les grammaires, il y aurait
peut-~tre lieu de les signaler; lel monina (p. 399).
Voila pour un seul roman de Valdés. L'épreuve n'oflre pas moins
d'intérét si on la tente avec un roman de la comtesse Pardo de Bazán,
dont la langue doiL beaucoup de son expressive saveur a la richesse et
~ la variélé du vocabulaire. Cette épreuve, M. de Toro-Gisbert l'a du
resle tentée avec bonheur. (Nuevos derroteros, p. :;17), avec insolación.
Je l'ai commencée, a son exemple, avec La piedra angular et les Afemorias de un solterón, et je ne doute pas que l'ooil d'un lexicographe
n'arrive a y faire bien d'autres découvertes:

decoro 1 por respelo a nuestros .semejantes; por coquetería, niquis ...
(p. 139).
... el hijo espúreo, el guripa del arroJo ... (p. 169).

... Hasta media docena de ranchos segui□os 1 compuestos sólo de una
planla baja y un desván galero, ó Jayado 1 , como en \1arincda suele decirse.
(La piedra angular, p. So).
. .. A veces paso por la calle l\IaJor, y están allí muy tiesos y muy fonchos
los señores de la Audiencia, el Fiscal, el mismo sellor Presidente ... (p. :wó ).
... las criadas le se1ioriteaba1t a lodo trapo ... (p. ro3).
... las ruines ta!'imas, - donde sólo con vi daba al suefío flaco gergón
mal surtido de poma(*) o paja de maiz seca ... (p. :165).
... la bahía amplia, majestuosa ... poblada de gentiles minuelas, de chalanas, de pesados lanchones .. .' ( p. :J65 ).
... hacía falta un pandole ('), y nadie lo quería ser; todos aspiraban ·at
lucido puesto de asaltan les (p. 37).
... Dichoso\. para quien los objetos sensibles toman forma de ecuación
ó de algorilmio ' ... (p. 189).
... A ver si le moneas3 conmigo ... (p. 60).
... dió vuelta a la villa !1 del gas, y tomando otra vez su reverbero ...

Dans les Memorias de un solterón:
.. termino las operaciones de aseo 1 me pongo a gusto, en IJaUn, y salgo
al comedor... (p. 18)
... propenderá quien lea estos confesiones a suponer que ... soy de corcho
ó de pastaflora ... p. ,5).
- En cambio posee V, unos bijas superiores. - Favor que V. las dispensa - respondió él babándose 1 con el rostro dilatado y tal expresión de
dicha ... (p. 47).
La sociedad se ha puesto terrible, y vds. recelosísimos, lo que se dice
escamones'··· (p. 94).
Su pelo vive en perpetua insurrección: es el m.ambís más rebelde que
conosco ... (p. 76.)
"ltujer, abróchale bien ese cuerpo, que pareces el trai.no ... (p. 138).
De mis reflexiones resulta que' debe uno arrc&gt;glarse por higiene, por
1.

Zerolo le donne, mais non le Larousse.

(*) En italiques dans le texle.
2. Le Laroussedonae seulement algoritmo et algorítmico. Zerolo ajoute algoritmia.
3. Le larouue don ne seulemenl mo11eaJ' comme neutrc, de mCllle que Zerolo
4 Billa, bien enlendu; mais I'acception est asse1 particuliere pour etre nolée.
5. Daru Zerolo, pas dans le Laro11sse.

Sopicaldo (p. 186) esl évidemment du bouillon, mais qu'est-ce que
cette « sabrosa cachacha » (en italiques dans le volume) dont se délecte
le héros du ro man (p. 01),
Estece par «bloc» qu'il faut traduire peñila daos ce passage :
. .. como las sefiorilas que concurren a· la tertulia ... forman su peñita y
demuestran intenciones criminales, conatos de llevarme insensiblemente,
si yo me dejo, camino del ara santa ... me desvío de ellas ... (p. 77)?

Y a-t-il quelque lien entre pitojear ou pijotear, que Cuervo (Apuntaciones crit., § 79,) rapproche l'un de i'autre et pitoche dans l'expression &lt;t no Le importaba un pitoche 1&gt; (p . 103) ?.
Pourjachoso, le Larousse, donne le sens de &lt;I'. porle agraciado)&gt; (de
meme Zerolo), et, au Mexique, celui de 11 fachendoso, jactancioso,
vanidoso &gt;L -Ce.n'est certainement pas dans ce sens, mais dans celui
que le meme dictionnaire a donné ajachudo (amis dans Zerolo), "ridículamente vestido», que le mot est employé p. 110:
Sí, sí, ya sé que estoy muy derrotada y muy fachosa convirtiendo los ojos a su toilette 1 •

contestó ella

Je ero is m'etre aper&lt;;,u, du reste, que l'on confond parfois, eri
Espagoe, fachenda avecjac1ia .
Les dictionnaires prévoient bien l'expression dejar a uno con tantas
narices, con un palmo de narices; le Larousse traduit par « dejar bur•
lado n. Mais l'expression dar un palmo de narices n'est-elle pas l'équivalent de 11 faire un pied de nez »~
)' medió un palmo de narices, poniendo en ·fila las manos delante de su
remangada naricilla ... (p. 134) .
Le geste en Lout cas ne pelfl Blre mieux décrit.
Pitido (p. n), coup de siffiet de la locomotive.

« Caballeros de trusa y garzota. • (p . &gt;4).
Piececín \p. 37), aimable diminutif de "pie".
Atraquina (p. 120)
c1 atr-acón n.
Pescantinas (p. 1n) (?).
Le Diclionnaire de Cuesta et le Larousse connaissent, comme le
Dictionnaire de l'Académie, bandearse, mais non bandearselas:

=

Es extraordinario ... cómo se las bandea esa muchacha. De un cuarto

hace veinte... (p. 6z).
Zerolo :

u

bandearse las uno como pueden.

Si salen con ella un domingo por la tarde, se van parando en todas las
1.

En italiques daus l'imprimé.

�,66

BULLETIN HlSPANlQUZ:

tabernas del camino, dejándola, si se tercia, a la pobrecilla a la puerta, ...
(Palacio Valdés, El cuarto pode;, p. 114).
.
.
.. , declaro que mi honrado propósito era enterarle, si ,e terciaba la
ocasión, cuando me pareciese llegado el momento ... \Pardo Bazán, Memoria! de un solter6n, p, 5&amp;).

Ni le Larousse, ni Zerolo, ni Cuesta ne menlionnent cette expression .
Je me suis laissé entrainer, a l'exemple et a la suite de M. ·de ToroGisbert. Ces quelques coups de filel au hasard ne me le fonl pas
regretter, car je me suis convaincu moi-mCme de ce qu'il y a 3. faire
en lexicographie el des services que peuvent rendre ceux qui travaillent au Dictionnaire de la Jangue hispano-américaine - ne vaut-il
pas mieux dire simplement espagnole? - L'auteur du La_rousse nous
doit et se doit a lúi-mAme de continuer l'reuvre qu'il a entreprise.
Les publications dont je viens de parler ou dont j'avais parlé précédemment, auxquelles il faut ajouler Enmiendas al Diccipnario de la
Academia (Ollendorf, 1909), montrenl qu'il a vraiment les aptitudes
et l'entiatnement n6Cessaires.
11 n'y a pas actuellement de plus grand service a rendre a no•
études que de nous faire un dictionnaire aussi complet que possible.
Sans parler du vocabulaire de Pereda, qu'ont ·essayé de rendre com~
préhensible aux Espagnols eux-memes MM . de Mugica el Huidobro.
coro bien d'autres auteurs nous présentent des nlOts provinciaux ! Que
signifient au juste repijolero, estozolar, juada, besque, paniquesa,
rebolisero, echar el jubo? toutes expressions qui m'ont ten u en
suspens ala leclure de Tierra aragonesa, de G. García Arista y Rivera
(Bibl. Aragonesa, t.11, 1907)?
1
Plus modeste, non moins utile cst la derniBre publication de 1\l. de
Toro y Gishert, La deuxieme année d'espagnol, faisant suite a La premiere année, et basée comme elle tt sur l'acquisition progressive et
parallele des mols et des regles n. Le systeme des lableaux y trouve
sa part, un peu moins tout de méme que dans les tab\eaux Delmas,
et l'on ne craint pas demettre le mot frarn;ais a cOté du mol espagnol.
On a bien décbanté, dans notre enseignement secondaire! OU- est le
temps oU on ne jurait que par la méthode dite directe? A-t-on assez
Lerrorisé les professeurs et expérimenté sur ]es éleves~ Enfin !
G. CIROT.

CHRONIQUE

-...,.,. Comme précédemmenl, des cours de vacances, sous la direction de M. E. Mérimée, auront lieu cette année
Burgos (4 aollt
15 seplembre). Droits d'immatriculation, 5o pesetas. S'adresser a
M. E. Mérirnée, Institut frarn;ais, Marqués de la Ensenada, 1 o, Madrid,
ou a M. Guillermo Roca, secrétaire des cours, Instituto, Burgos.
Des cours de vacances auront également lieu a Madrid, du
g juillet au :;io aoU.t 1921, sous les auspices de la Junta de ampliación
de estudios. S'adresser, pour les renseignements,
M. le Secrétairc
des Cours pour étr~ngers, Centro de estudios históricos, Almagro, 26,
Madrid.
M. Melgar vient d'~lre fail chevalier de la Légion d'honneur.
Ainsi sont reconnus les services qu'il a rendus fl notre pays en éclairant son parti sur les véritables sentiments de D. Jaime, senliments
dénaturés ou dissimulés par des chefs et une prcsse dont la responsabilité etit été grande si la masse des bra,·es gens qu'on vou1ait
entrainer n'avait pas dbs lors éprouvé quelque hésitation. Quant aux
services qu'il a rendus par 13-méme A son pays en disant la vérité, et
en empéchant peut-étre une triste croisade de se produire, c·est d'abord
a ses compatriotes et a son partí de le dire. Que l'Espagne ail eu son
point de vue pendant la guerre, c'était son droit. ll cut été difficile
que ce point de vue co'incidAt tout ~ fait avec le nótre. Elle n'en a
pas moins eu vis~cl-vis de nous une attitude irréprochable, bienveillanté en somme, et, a un momentdonn"é (décembre 1916-février 1917),
véritablement et efficacement conforme a nos intérCts. M. Melgar a
empeché la mauvaise volonté de gagner du terrain dans les milieux
oU il eut jadís tanl d'influence; il a done contribué 3. maintenir la
politique du gouvernement espagnol daos une direction dont l'Espagne n'a qu·a se reliciler de ne pas avoir dévié. Qu'il soit permis,
quelqu'un qui a vu
l'reuvre el
la peine le grand honnete
homme qu·est M. Melgar, de le féliciler de tout ca,nr.

a

a

a

a

a

G. CIROT.

�BULLETl!'i HISPA!UQUE

- La promolion daos l'ordre de la Légion d'honneur, qu'a motivée
le centenaire de l'École des Charles, contient deux noms qui nous
touchent de pres : celui de M. Alfred Morel-Falio et celui de •
M. Augusta Brutails. Ces deúx savants, qui appartiennent l'un et
l'autre a l'Académie des Inscriptions et Belles-Lettres, ont re~u la
rosette d 'officier.
·
Ce n'est pas aux lecteurs de cette reme qu'on a besoin d'apprendre
les mérites de M. Morel-Fatio, la ñaturé el la valeur de ses travaux,
son long passé de recherche~. Celle belle vie de labeur, de conscience
et de désintéress~ment est de celles qui ajoutent a la supériorité d'un
pays.
Mais, parmi les litres de M. Morel-Fatio, il en est un qui doit etre
particulierement signalé ici : je veux dire l'appui chaleureux, l'aide
généreuse et fidcle que nos initiatives provinciales n'onl cessé de
trouver aupres_ de ce mailre parisien. 11 s'est intéressé des le début au
ullelin hispanique. ll a pris une large parta sa direction. 11 ra soutenu
et guidé. ll lui a réservé le meilleur de son activité intellcctuelle.
Aux services qu'il nous a prodigués dans le domaine littéraire
correspondent ceux que M. Brutails noús a rendus sur le terrain de
l'archéologie. La rare compétence de celui qui rédigea ce modele du
précis exacl et alerte : Pour comprendre les monumenls de la France,
a été pour nous, elle aussi, une force éminente.
Puisque l'occasion se présente de nons réjouir en famille, rappelons
une distinction qui, pour étre plus ancienne, ·ne nous en est pas moins
chere : la croix de la Légion d'honneur accordée a M. Pierre Imbart
de La Tour, chez qui les talents de l'orateur valent ceux de !'historien.
Cette récompense neressemble en ríen a une atlention prémalurée. Le
titulaire esl, comme MM. Morel-Fatio et Brutails, un ami de la premiare heure. Le Ballelin hispanique, auquel il a maintes fois témoigné
un dévouement .efficace, se reprocherait de ne pas unir dans un meme
sentiment de gratitude ces lrois hommes doñt l'efforl aura été si utile
aux choses d'Espagne.
GEOIIGES

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G. CIROT, secritaire; G. RADET, directeur-gérant.
Bordeanic. -

lmprimeries Gou1ou1Laoo, rue Guiraude, g-1 1.

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L.l RÉD.&amp;CTION: E. ~ÉRlllEE; .l. YOREL-FATIO, P. PARIS

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RADET.

26 mai 1921.

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                    <text>��Vol. XXIII.

Avril-Juin 1921

(S uite

1

.)

Si , pour I1itiné raire du comte prisonnier, J'auteur du Ferndn
Gonzdle z et l'interpolaleur de la Chronique se sont inspirés de
tradition s diil'érenles, il est encore deux délails sur lesquels
ils ne sont pa s d 'accord.
D'aprcs le Poeme, délaissé ici par la Chronique générale et
ses dérivés, Fernán González u'était accompagné,
Cirueña ,
que de cinq de ses guerriers, désigués sous le nom de varones,
puis d'escuderos, el lous s 1 e11fuirent quand ils virent qu'ils ne
pouvaient. secourir le comte réfugié dans une er,nila:

a

Tomo Ferran Goor.alez &lt;;inco de su s varones
Todos de buen derecho e ¡;rrandes ynfam;ones,
)luy grrandcs de linage e csfon; ados varones.. . (slr. 583).

Aquestos escuderos que con el conde fueron
Quando a su scnnor accorrcr non pudieron ,
Todos en sus cavallo:, ayna se cojeron ... (slr. 589J.

Or nolre interpolateur dil : « fuit captus et filii eius in
Cirnnia ,, (S ¡ 1): et nous lrouvons plus loin, au S 1 du livre 111,
un rappel tres explicile : « lste Garsias (Tremulosus) cepil
comitem Castelle Ferdinandum Gondissaluez in Cyronia et
filios eius. " Nous avons vu que d'apres les Annales Composlellani le comte fut bien fail prisoanier a-Yee ses fils.
J'ai dil que la Générale et ses dérivés délaissaient ici le
Poeme. En eO'et, aussi bien dans le texte édité par M. Carroll
Marden et par M. Menéndez Pidál (X-i-4) que dans celui du
ms. po,·tugais de Paris (voir plus loin), il est question de cinq
cavaliers, ou chevaliers ( caballerm) , venus avec le comle, et de
i. Cf. Bull. hisp. , 1921, p. 1. P. 10, note 1, l. 1,, a~ lieu d e· «. prCS de Berceo,
dan, le barrio de Berceo 1), lire • do nl fait partie le barrio de Berceo :io .

,tFB., 1V• Sh1s. - Bull. lti,pan., XXIII, 19:u, 2.

6

•

�78

BULLETIN HISPA:,ilQUE

FEll:-IAN GO:'iZALEZ DA:'IS LA CH.1\O:-IIQLE LÉO:'IAlSE

six écuyers (escuclel'os) qui portaient les épécs de celui-ci el des
cinq chcvalict·s. ll faut dire que la strophe 583, ou il est parlé
des cinco varones, qualifiés de grandes ynfwu;ones muy grandes
de linage e esfor~:ados varones est incomplete d'un vers. IL Y
a surement ensuitc une lacune, que le copisle auquel nous
devons le ms. de !'Escorial (le seul auquel nous puissions
rncourir pour ce passage) n'a pas cherché a masquer : sans
explication, ces chevaliers deviennent de simples escudel'OS;
et celui du comte s'étanl approché de la chapelle pour jeler
au comte les épées qu·ils avaienl en mains, tous s'enfuient
sur leurs chevaux :
Fizo su c~cudero a guisa de leal,
Vio vna finicstra en medio del faslial,
Vino poral hermita, metios por el portal,
Echo les sus espadas, que non pudo fer al. (slr. 588.)
Aquestos escuderos que con el conde fueron,
Quando a su sennor acorrer non pudieron,
Todos en sus cavallos ayna se cojeron ... (str. 589.)

U est vrai qu'on retrouve les chevaliers a la slrophe 597 :
Los vassallos del conde dexarle non quisieron ...

Et sur la priere du comte, le roi García consent
donner la liberté :

a leur

Soltolos don Garcia, a Caslyella veniernn ... (str. 599.)

Seul le les du quatrieme vers de la strophe 588 nous avertissait que les chevaliers ont été aveo le comte s'enfermer dans la
chapelle. 11 est clafr que la vérilable version du Poeme, c'est
dans La Chronique générale qu'on la relrouve, et qu'ici il ne
faut pas tenir compte de la leltre des strophes, ou la perle de
quelques vers a amené une confusion. L'opposition entre la
version réelle du Poeme et des rédactions de la Chronique
générale, d'une part, et celle de la.Chronique latine, tient done
surlout a ce fait que dans celle-ci ce ;sont les fils memes de
Fernán González qui partagent son sort.

79

Pas un mot, dans la Chroniquc latine, du comle lombard,
qui Joue un role important dans la délivrance du comte
castillan. Il semble bien qu'il y ait la l'apport toul spécial de
la légende. ~1. Menéndez Pidal a noté (Homenage a Menéndez
Pelayo, t. I, p. 472, n. 2; le rapprochement qui s'irnpose entre
cet épisode et un tout semblable de l'Hernaul de Beaulande;
el le poeme francais parait bien retléter le poeme castillan, en
particulier dans le géant qui y joue le mcme role que le comle
lombard. C'est done sur place qu'il faut chercher !'origine de
l'inLervention du pelerin étranger. Notons qu'il s'agit d'un
pelerin de Saint-J acques, et qu'il vient d'llalie. II a suivi le
chemin le plus direct : il a du venir par Pampelune et Estella
jusqu'a Logrouo, el la prendre la fameuse chaussée, la calzada
qui passe par le Val pirre; mais en roule il a appris la trahison
dont a été victime le noble Castillan, il n'a qu'a se ~étourner
un peu de sa route pour aller le voir ...
Est-il étonnanl que l'idée d'une si romantique visite soit
venue a l'espril d'un poete de cette contrée? Combien de
pelerins arrivanl de l'Est avaienl pris cette chaussée qui les
menait a Burgos, par Nájera et Belorado, laissant a gauche
Clavijo, Castroviejo, Tobia, Cirueña, a droite Bañares, c'esta-dire tous les lieux qui paraissent soit dans le texte latin, soit
dans les textes romans ! Et cette observation ne donne-t-elle
pas au Poeme de Fernán González un trait cssentiel de sa
physionomie,
a savoir le rapport a vec le pelerinage de Compos,
telle? et ce trait ne le rapproche-t-il de nos chansons de geste,
ou l'on sait l'importance du Chemin de SainL-Jacques... ,?
, . Au xu• siecle, c'csl du reste par Roncevaux, Logroiio, Nájera. Sanlo Domingo
de la Calzada el Belorado que passail la roule des pelerins venanlde France. Le Codex
de Saint-Jacques de Compostelle publié par le P. Fila (1884) précise bien cel iliné.
raire, sur lequel voir p. 171 du Pelerinage d'un paysan picard a Saint-Jacques de
Compostetle, par le baron de Bonnault d'Houct, eL la carte. Plus au nord, eL parallelemenl-a la chaussée de Nájera a Santo Domingo de la Calzada, l'Atlas de Coello
(Logroño) marque les vestiges de la Via Aureliana. 11 y a done toujours eu Ht un
grand mouvemenl de voyageurs. ~fail ce qu'il faut noter, c'esl que le chemin de
Compost.elle, le e camino francés, auquel lra,ailla, dil-on, sainl Oominique de la.
Calzada, eal Je- llen entre la Chanson de Rolla ad el le Poeme de Feroán Gonzále~.

�80

BULLETIN HISPA~lQUE

F!R~AN GON1.ALEZ DANS LA CHRONIQUE l,ÉONAISE

Mais ou nous lrou vons une coincidence remarqual!le en lre
la Chronique léonaise et le Poeme, c'est en ce qui concerne
l'héro'inc de l'histoire romanesque que ce dernier contient aux
strophes 576-701.
Cctte héroi:ne, Sancha, a qui sa lante, la reine de Léon,
faitjouer un role inconscient et involontaire dans la trahison
ourdie contre le comte, nous est présentée tres explicitement
et a plusieurs reprises dans le Poeme co~me la srour du roi
de ~avarre García Sánchez :
... o es de mi herma/lo o del moro Almon~or
(Slr. 667 d.)

... por ser ella muger del conde don Fernando,
tener a su hermano cavtyvo e lazrado.
(Slr. 669\.

Le comte voit, dans le roí, son beau-frere, et, quand il le
provoque au milieu de La melée, il l'appelle 11 frere ! » :
El conde orgulloso, de corac;-on lo,;ano,
V~o a su cun11ado en medio de un llano,
Puso se conlra el la lan(.l sobre· mano.
Dixo: e Parla se el campo por nos amos, hermano! •·
(Slr. 694.)

º

a

a

Quant la reine de Léon, qui le Poeme donne le nom
de Teresa (str. 579 b), elle est la sreur de Sancho, pere de
García:
Reina de Lcon, de don Sancho hermana ...
(Sir. 576 J.,.)

De mi donna Teresa a ly el rey Gar{:ia;
Perdi al rey tn padre que yo grand bien queria ..• •

«

(Slr. 5¡9.)

Et la princesse qu"elle a promise au comle est bien sa niece,
Por que finas la guerra le daría su sobrina
(Slr. 577 a.)

Nul doute a cet égard. M. Carroll Marden, dans son index
des noms propres, rectifie : 11 hija del rey D. García de
Navarra, no hermana, como dice el Poema». ll s'en rapporte
évidemment a la Chronique générale (.\.-i-4), qui fait de
Doña Sancha la tille du roí García de Navarre en meme temps

81

que la nicee de Doiía Teresa, laquelle y devient non plus la
sreur de Sancho de Navarre, mais sa fille et la sreur de García.
Il Y a, _eomme on di!. aujourd 'hui, décalage; le lien entre
Teresa et Sancho reste le mcme.
u Mas ante que el conde Fernant Gonvalez se fuesse, fablo con ell
la rey na sobre pleyto de casamiento que! farie dar por su mngier a su

sobrina, fija del rey don García de Navarra . ..
,, A uos don García, rey de Navarra, de mi, donna Teresa, re-vna de
Leon; salut. Bien sauedes uos como nos perdiemos al rey don Sancho
nuestro padre ... » ({·d. Pida!, p. 410 a,3o el b,3; Marden, p. 14o).

Notons la différence. Ici Doiía Teresa parle a García de Ieur
pere Sancho. Dans le Poc,me, elle lui parle de son pere a lui,
com me peut le faire une tan te en parlant a son neveu. La
réflexion de la jeune femme, dans le Poeme, a la vue des
Castillans qui arrivent : &lt;&lt; ce ne peut elre que mon frere ou le
maure Alman~or l 11, est remplacée par ceci dans la Chronique:
· Cuedaron que eran de algara de moros que andauan corriendo et
descubriendo la tierra. (Pida!, p. 415, a, 17; ?!farden, p. 146).
Lorsqu'elle demande l'élargissement de D. García, elle &lt;lit
bien &lt;&lt; mio padrn el rey don García 11. Cependant, quand le
comte provoque celui-ci, il ne le traite ni de beau-frere ni de
'
beau-pere :
El conde Fernand Gony11le:,. quando uro al rey, comenvol a dar
uozes et dixo : 11 rey don Garc;ía, salid aca et parlase por nos amos
esta batalla 11. ( Pida!, p. 4 1 (j a,26 ; rtlarden, p. , 48).

ll semblerait que la -siluation n ·est pas nette, et que le
ehroniqueur en est gené. Il est plus a l'aise quand il fait intervenir les Castillans, qui supplient le comle de rendre le pere
a sa filie, et pour nous montrer les deux nouveau-x époux cómblant d'altentions le roi délivré de ses cha1nes •. Le Poeme
présente ici une lacune, mais le récit doit y etre le meme, avec
la transposition nécessairc : c'est le beau-frere qu'on traite
avec ces égards. Et l'on comprend que, rentré en Navarre, il
,
1. « ... et pedimosuos por merced que dedes al rey don Garcia a su fija donna
!lancha •.. » - « et dalli adelanl fizieroo muchos plazeres el muchos solazes al rey
don García el conde Feroand Gon1,;alez et la condessa don na Sancha, su lija.. ·
(Pida!, p. 416 b, 29 el 43; :\larden, p. 149).
·

�8,

83

BULLETlN HJSPANIQUE

FER;(AN GONZA.LEZ DANS LA CHRONIQUE LÉO:VAISE

se déclare déshonoré lui el ses « omnes onrrados' "· On le
comprendrait moins d'un beau-pere.
Une critique, d'ailleurs purement subjectiYe, nous suggere
que le chroniqueur a corrigé le poeme . Mais pour que! motif?
Nolons que Flórez, dans ses Memorias de las Reynas calh6licas,
donne raison au poete quand il dit que D . Ordoiio Ramírez
épousa Urraca, la filie du comte Fernán González el de sa
femme !'infante de Navarre, Doña Sancha Sánchez, hija del Rey
D. Sancho Abarca'· 11 esl vrai que s'il donne sa source, Sampiro, en ce qui concerne la paternilé de Fernán González, il ne
dit pas ou il a vu que la mere d'Urraca était doiia Sancha
Sánchez 3, Les généalogies du Liber Regum, publiées par lui
en appendice, nommenl bien une Doiía Sancha, filie de
Sancho Abarca; mais elles en fonl la femme du roi Ramiro 4.
La Chronique de San Juan de la Pei,a est d'acord avec elles 5•
Rodrigue de Tolede ne connall pas de Sancha filie de Sancho
Abarca : d'une filie . de celui-ci il fait bien la femme de
Ramiro II, mais il l'appelle Tarasia, cognomine Florentinr, 6•
Tels sont d'ailleurs bien le nom el le surnom de la femme de
Ramiro II dans Sampiro, notre chronique el celle de Luc, qui
a utilisé d'une favon un peu intelligente, il faul le reconnallre 7 ,
l'inlerpolation qui la concerne dans le lexte commun a Sampiro el a ladite chronique 8. Nous reviendrons d'ailleurs sur
ce lle Tarasia.

Le rédacleur de la Générale a done pris sur ]ui de faire de
l'héro'ine du Poemc la filie de García Sáilchez et non de
Sancho. :\l'ais la Chronique de 1344, comrne on peut en juger
pat: le passage que M. Menéndez Pida! en cite dans une ñote
de sa belle étude sur le Romancero de Fernán Gonccílec, persiste
a faire de la jeune femme la smur de Garc[a '· 11 s'agit d'une
addition spéciale a cette chronique, sans équivalenl d'ailleurs
dans le Poeme: le comte voyanl arriver les Castillans les fait
prévenirparun hommequ'ilrencontre, quec'est lui, leurcomte;
qu'il s'esl échappé de sa prison, « e trae consigo por muger la
in fante doíía San cha, hermana del rey don Garvia de "iauarra. ,,
Bien enlendu loul le reste du récil esl d'accord avec ce passage,
e t Sancha y est bien partoul la smur el non la filie de García.

1. Pida 1, p. 417 a, 9; i\tarden, p. 1~9.
2. &lt;&lt; .•. casando al primogenilo Don Ordo,io con la hija del conde Fernan Goa2alez,
y de su muger la infanta de Navarra D01ia Sancha Sanchez, hija del Rey Don Sancho
Abarca. La novia se llamó Doria Urraca, .. , (l. 1, p. 107).
3, Distincte1 bien entendu, selon lui, de la Dn Sanchaqu'épousa Ordo1io 11 (p. 87).

4. • Este rey Sanch Abarca casó con la Reyna Dona Toda 1 e ouo della un tillo et
quatro filias; el filio ouo nombre el rey don Garcia, el tembloso; el de las filias la
una ovo nombre Dona Urraca, la olra dona Sancha . .. Dalia Sancha cai;ó con el rey
Ramiro .•. "(l. l, p. 498).
5. Sauí en ce qu'elle oomme Urraca et non Toda la íemme de Sancho Abarca
(éd. Tomás Ximénez de Embún, p. 35).
6. V, 8 et n. La femme de Sancho Abarca dovieot Thtoda. Zurita (Anales, 1, 11)
reproduit ici Rodrigue, mais semble admettre que la femme de Sancho Abarca était
Urraca (Fernández).
7. e( Adiuuabat his sanctis operis uxor eius Regina Tharasia cognomine Florentina • (Schott, p. 84, l. 33); je corrige d'apÑ.li les ms. Hh g8 de la Bibl. nac. el :i-c-5
de la Bibl. real.
8. • Et Ranimirus qui eral rax milisiimus, ex Tarasia cognomento Florentina
genuit Sanclium et Geloiram n (§ 60).

~o ante q se el conde partiese labio la Reyna con el muy engaúosa
mente como aqlia q le qria muy grant mal por la muerte de su hermano el Rey don Sancho de Nauarra q el conde matara t dixole ansy
conde pase auer de fenir la guerra nfa r; vfa r; de mi hermano el Rey
de nauarra tengo por bie q casedes con mi sobrina la infante doíia
sanchafija del rrey dó séi.cho mi hermano q vos matasles t hermana
del Rey dó gar9ia ... (Bibl. nac. Madrid 1081/i, anc. li-73, folio 137').

Cette parlicularité prend quelque inlérel si l'on se reporte
a la Chronique léonaise. Or si nous admettons la these de
M. Menéndez Pida!, a savoir que la chronique de 13114 a utilisé
un aulre poeme, d'inspiration plus populaire, el de date plus
récente que celui que nous connaissons, nous sommes cond uils a penser que, daos cel aulre poeme, Sancha était bien la
sceur du roi comrne dans le Ferndn Gon:ále, . Quant a la Chron ique générale éditée par Ocampo, de ce qu'en dit M. Menéndez
P ida! dans un aulre endroil de la m&amp;me étude 3, l'idenlilé de
1,

Homenage á Menénde:: Pela.yo, t. 1, p. 436 1 note

1.

11 avait été conduit a la m~me conclusion en ce qui concerne la légende des
lníants de Lara, lelle qu'on la lrouve dans les dC\ll'. ródacliom dislinctes de la
1•• Chronique générale et de la Chronique de 134&amp;.
3. P. 485, a propos du romance 17 (= ¡01 de Dnrán)
El buen conde Fernan Gonzalez
en qua! priaion eslaua,.,
M. Menóndez Pidal a notéd'autre parl(Calálogo dela 11. Bibliotua, p. 83 de la 111 ód.,
p. ,~7 de la 3") que l'auteur de celte réd&lt;1.ction (3•chronique générale) n'a dl.l uliliser
que le sccond tome de la Chronique de 13!14, ,·u qu'on n'y lrouve pas e los episodios
de la historia de Fernán Gonz~lez 6 de -Garci González. caracleríslicos de la Crónica
de 134ti. »
2.

�84

85

ftULL'ITil.'f HISPAl'fTQUE

FERl'fA:'i GONZAJ,EZ DA~S LA CHRONJQl'E J, ÉO~AISE

ccLle rédaclion sur ce point avec le ms. Ese. X-i- 11 peul déja
s'inférer; il en esl bien ainsi en fail :
(I" CCXLVIII) mas el conde don ferran Gon~ale, fablo con la reyna

vigado docode seo miidasse chamar afa]a c6 pouca gente t" hy
opndesse. Aelrrey de nauarra prouue deste egano. Eenuyou se')
rbaxadores aocode do ferna gl'z sobre elo. Ele rrespondeo q lbe p"'zia.
r: tomou. v. caualeyros e mulas desarmados r. fl?ysse ao clia q era
cócertado ·antre eles. Elrrey veeo c6 .A.XX.V. caualeyros acaualo
armados. Quado ocücle vyo q elrrey lhe metyra disse. e maao dia
nac~· poys me ha eganado, Lodoo müdo deuya ssenlyr ta g- nde tray~a.
Eu meesmo me Yrndy ffi:rndo ¡; xpanos. Agora cay no ij me disse o
muge sam paayo. !1º f' ffym nti veen.do out~ rremedio meteosse e hila
h'mida. os cscudeiros q cO ele vijnha ij era seys. auydo seu cclsselho
deJiberarO de hüu deles tornar có as espadas q lcllaua e Cio I demudado. Eos oul~s deo far.ere saber aos castelaaos. \'sto fcc6 elrrey de
nauarra cübalyá ocOde rryjamete. asna deffesa no lhe prestaua. ca
era poucos t" desarmados. t" ouuesse adar. cO tal couee&lt;;:a qo no
malaria nP aos se•J. Dize q esta p~itesya fez elrrey de nauarra, por q
vyo fugir os rscudeyros do cúde. r; cuydou q tijnha p'to algüa gete.
dS amostrou aly seu mylagre auorreyedo aqle maao egano. cao altar
dajg...ia se p'"'tyo p meo. t" ctize q assy esta. O códe foy metido e g·ndes
ferros. r: leuado ahuu castelo chamado castro velho. oc6de disse
aclrrey. q n6 auya por q leer p_sos os se9. Ca por ele ssoo aueria
q . .ntos auya e castela.

doña Teresa maélre del rey don Sancho antes que se fuesse sobrcl
fecho de su casamienlo / ca esa doña Teresa embio por el: t dixol
q le faria dar por muger a su sobrina doña Sancha hija del re)' don
Garcia de Na,•arra que dizien por sobre nombre Abarca ..•
, •. A vos do Garcia rey d' Nauarra d' mi doña Teresa la reyna vieja
de Leo salud como a hermano q mucho amo. Bie sabedes vos como
p.dimos al rey don Sancho uro padre.

Dans la rédaclion que suil Menéndez Pelayo (Obras de Lope
.de Vega, t. VII), Doiia Sancha esl également « fija del rey
don Garcia de Navarra n.
La Chronique de 1344 se distingue done ici par sa fidélité
au Poeme, ou plulól aux deux Poemes.
Quanl a la version portugaise dont le manuscrit de la
Bibliolheque nalionale de Paris nous donnc une des 1·édactioas, elle fail bien de D• Sancha la filie de D. Sancho el la
sceur de D. Garcia, comme la Chronique de 1344.
En voici le lexte pour la partie correspondanle aux chapitres ¡09-7 16 de la Chronique générale éditée par M. Menéndez
Pida! dans la Nueva Biblioleca de autores espa,ioles.
(Fol. 95') C• TTT. llyndo o conde Jlª burgos chegoulhe rrecado
delrrey do sancho de leon q fosse a suas cortes. Ele !he rrespondeo
queo fa ria e dhy alres dias q chegou a burgos p-ljo' pala pedindo ads
qo tirasse da p'ma rlos leoneses. El rrey dó sa~cho sayo arre&lt;;eber
oconde onrradamete. Aarraynha no p_.zia cü ele. porij matara seu
jrmado Elrrey dñ sancho de na1Larra. DespO)'S q acabar6 as cortes
Elrrey se cOlenlou muyto de hüu a&lt;;or r;: de huu caualo do cOde,
E disselhe ijlhos vendesse. OcOde se escusou ofTere&lt;;Cdolhos g -ciosamete. Elrréy no q;s. mas lodauya oafficou Qlhos vendesse; nü · se
podendo acode éscusar disse cjlhp p-zia. cü lal cüdic;a. q selhe. no

desse op~o acerlo dia q dhy adiale oadadia se dol&gt;rasse. Elrrey lhe
deu myl m-cos de p-ta co aqle codi(ii. dandolhe delo g"ndes firmezas.
Acabado ysto pMtiosse oconde . .po ante q p.,tisse falou ·arrª cO ele
di1.edolhe q por sseer tyrada a discordia dantre nauarra r: castela.
aela p"'zeria q casasse có sua sobinl,a (fol. 96) jilha delrrey dó sancho
de nauarra q ele matara. Ocóde lho outorgou. Arrª fez saber ysto
aseu sob'nho elrrey de nauarra. ooteflcandolbe q p aqiuy podia sseer
1.

parlio,

C. Tff l. Os castela~os sabida ap;sam do cOde. pesoulhes como
era rrazó por !1da de tal senhor. EajütarOsse os nobres t" fidalgos,
e det'minarO p cósclho &lt;lr hllu. ~º laynlio q era onrr_ado canaleyro
de fazere hila ymage de pedra e semellü'i\'a do c6de. e qa posessen
e hüu carro. z: oO abandeyra de castela na maao. r: ·q ag.,rdasse aijla
, . trajo (nHemenJ)-

1

�86

BULLETI'i" HTSPANJQUE

ymagc como farifi a seu senhor oc6de. r: q todos morresse ou otirassc
de tsan. Esta ymage foy feíta se muyta tarda,;a. Eajutarasse os
castelaaos todos de hiiu cora&lt;;6 pa fazere oij auyñ det'minado. Emosto 1
dS que no l;rn esqueecido dos seJ f'uydores . nébrousse do c6de dii
ferna gl'z r; rneteo e cora&lt;;O abüu cüde de lübardia q vijnha faz' sua
rromaria asanlyago q fosse ueer oc5de q estaua pto de sen camynho.
t lato rrogou r; deu aos porteyros q lho leixar6 veer. doq"'I ele foy mu~
c5tente asy de sua psern;a como de sua fala. Despoys foy acode de
lornbardia veer ajflanle jrmtia delrrey áe naua,-ra. r; culpoua muyto
por qo mylhor home despanha era pso por causa dela e ¡¡ Il Lodoo
müdo atijnha por molh' desauetiuada por este feyto. t qa l~uuaria
muyto se ela t'"balhasse deo tyrar da p;sam. tcj aueria g·nde merecimelo
ant~ dS. por qo códe do fema gl'z era destruydor dos jnf1ees t acrecCtador da ífe catolica. t q ela no podia seer cO out• home mays
onrradamete· casada por suas v;tudes e por sua valenlia. Passada
esta fala. foysse acode de lombardia. ajlfante no !he esquee,;eo oq
lhe ele dif'a. Eenuyou hiia sua dona a veer ocóde ferna gl'z. t cotarlhe
ai'jlas causas¡¡ lhe díf'a acode de lonbardia . Adona tornou aajlfanle
ca rreposta do code oq'l !he dísseq aela soomete ecarregaua ho(fol. 9Gº)
feyto de sua p'sam. Ca se no fora por casar com ela ele n5 fora preso,
e q ela opodía hem liurar. e q !he ['ya por elo semp abrigado. Adona
dísse aajlfanle i'jo fosse veer. Ela fezeo e disselhe q !he pesaua m1Jylo
de sua p'sam por seer achaque· dela. Pero i'jo quería tirar daly ca
juramcto q casasse c6 ela. oconde dise q !he p'zia . Elogo jurara
ambos de casare víjnda anoyle. Ajlfante foy onde oconde estaua preso
i filhoo pela maao. e disselhe q se fossen t forOsse fora conr' castela .
Oconde hya e Cerros e no podía ben andar. Eajlfante ho 'ajudaua. ·
E asy andarom ataa q amanheeoeo e c5 rreoeo .de no sseere descubertos f6rose meter e hüm mato. e jazendo aly. hüu creligo de
nauarra q andaua aacac;a. veeolhe ho ac;or c5 aperdiz onde estaua
6conde 2 • Evyoo e ajfTante e conhec;eos t disselhes. Treedores nO uos
poderees hyr. q eu uos leuarey aelrrey de nauarra. Oconde !he disse
qo no fezesse e q !he darya e caslela hua cídade. ho crelygo n(i curou
dysso. po p'so da fremosura da jffante. disse q sseo leixasse fnzer sua
vootade ca ela que os leixaria hyr. Oconde no querya. Ajlfante veedo
Sic (le premier o parait avoi r élé íait sur un y): moslro?
Dans le PoCme et la Chronique généralc (texte Marden-Pidal), ce sont Jes
chiens busels (podencos) de l'archiprétre qui condulsent celui4Ci dans le fourrJ ol,
se lrouvent les fugitifs. L'emploi de l'aulour pour la chasse a la pcrdrix 8 peu pr6s
exclusivementest al testé par un texte de Pedro Lópcz de Ayala que cite M. Menéndez
Pida! au t. 11 Qu Cantar de mia Cid, p. 429; et le mCme passage nous apprend que te
plus grand nombre et les mellleurs de ces oiseaux 3. l'élat sauvagc se preoaient
ce en una villa fronlcra de Na,·arra que llaman San La Cruz de Canpe¡;o i), au nord de
l..og-rorio el de la sierra de Codes. Pcut-etre avons-nous 13. pai· conséquent un trait.
bien local. Cf. une note de M. Pitollet dans Je Bull. /iisp., 1902, p. 158, sur le casque
l'on fai~ail des arlll)re1. Plus loin on voil que le comte prend a l'archiprCtre Je sien,
1.

2 .

FERNAN GONZALEZ nAiS U. CITRQ:'\'IQUE LÉO"iAISE

nne~essidade e que era pastos. disse ¡¡ era mylhor de jejüare a((le
pecado que auerem de morrer. e alongousse hiiu pouco do co~de .
oc reliao lnnc;on os brac;os e ela. Ajffante filhouo c6 arnbalas maaos.
di zed; treedor oque cuydas n6 sse fara 1 • t chamou oconde q lhe
acorressc. Oconde veeo e l)'rou ocuylelo do creligo ~ e degolouo.
r: tomou asua mula e os vestidos ¡:; oa&lt;;or3. Vijda anoyte caualgou
njffante na mula. e oconde &lt;letras. e forOsse caminho de castela.
t como foy dia mcler6sse antre huas aruores espessas. Edepoys
q veeo anoyle comeQarO andar r; amanhcec;eolhes C hüu escarpado .
t por tato no leixarO de andar. Ehyndo assy auCdo pouco pass~do
do dia. ryrO vijr abandcyra de castela co os castelaaos q auya ~art1d_o
de belfnrado. Ajlfante qa vyo p'meyro disseº ao corle. g q no sabia
se era de almdyor ou delrrey seu jrmaii.o. nó podendo conhecer
abandeyra desuyar5sse do caminho. Tanto se chegou abandeyra
qo conde conheoeo q era asua. f; disse aajffantc. Senhora esles
sson me') vassalos q me vee buscar. t todos sson vossos assy como
me'), Ela foy muy leda t teueo e merece adS. Oconde vyo hü.u home.
r. clissclhe q fossc aaqla gente q parecía r; q lhes disesse como ele bya
na eles. Os castclaaos foro sobeiamete ledos e foronsse !lªº conde.
;1u yf'onlhe beysar as malios t os pees. Ele disse qo no fezesse~ aelc.
masaajffanle por qo líuarara de marte. Eles asy ho fezercl . d1zen~o
vos ssooes nossa senhora . Ca uos nos auees tyrados de seruydooe
da ndonos nosso senhor q auyamos pdido. Dhy se for6 abelfurado
q era op;meºyro lugar de castela q p"'lya cO nauarra. hy tirar6 os
renos ao cOde t partiróse !lª burgos onde foro c5 g-nde p-zer t honrra
rrecibldos. hoconde e ajffante deceron na ssee dando g'"'c;as ads
r; aasua be aueturada madre. Dhy apouco fez oconde festa de seu
casaméto cO ajfTante dona sancha honrradamete segundo fazºse
deuya.
1. Celle scabreuse scene comporte ici moins de détails que daos le
Pol'mC'
el le texle\~Jardcn-Pidal. Si J'infanle s'y résigne 11ussi facilcment U fairc p_énilence
pou r le péché, elle ne \'ª pas jusqu'it confkr au comle 1!1 iarJe des ,·~lPmenl~
de l'archiprélr&lt;'. Le Poeme représenlc-L-il une amplificatmn de _cet ép1sod_r. si
franchcmenl pic'arNque, ou la version c.i-dcssus cst-clle au conlrure une t'-d1tion
e,:purgée?
2, Cf. Yenéndez Pida!, /lomenage a .Mcnénde:.: "Pelayo, t. r, Jl, !173, n. 1. Dans le
PoC'me. rien n'indique que l'archipretre ait été égorgé a\'CC son propre cou\C'au:
El conde a fa due1ia non podia ayudar,
Ca tenia grrandes !yerros e aon podia andar,
(Su) cuchyello en la mano º''º a ella llegar,
Ovyeron le entrramos al traydor malar. (str. ú5o.)
Su, en admaLlant qu'il ne 5oit pa,, comme propose M. Carroll Mard~n, a relranch cr, ne peut se rapporter q u'au comte. :\1ais dans ~a Chronique1 le--.:te P1dal-'1anlcn,
H y a (ti lego el conde con el su cuchiello del\ arc;;1prcste en la mano, e mala ron le
all i amos a dos)).
•
3. Le rns. X-i-4 ne mentionne pas le; v(:tements, ala difft'rence du PoCme (str. ú:i r):
La mula e los pannos e el mudado a1;or. _

�88

a

Toute cette fin diOere la fois du texte de Pidal (c'est--a-dire
celui de la Nueva Bibl. de Aut. &amp;p.) etde la Chronique de 1344,
au moins quant la lettre (cf. Pida1, Romancero de Fernáll González, p. 476, note). Suivent tes ch. fil. 11 et fíI 111, peu pres
équivalents, respectivement, aux ch. 714 (avec la variante tre,
TM1e, au lieu de trecr 1M1e1) et 715, mais avec cette dift'érence
que D" Sancha parle de D. García comme de son frere:
A condena dona Sancha aueclo g-nde.pesar da p;son de#Ujrmaao
q estaua pso. fallou co os castellaios dizedolhes assy. Amigos bé
sabedes como saqy da p;son ooode vosso seohor e queeo tijnha meu
jrmaao el r!:.~ do g-cia. por q oj~ ~ji dia té de my g-nde qrella. ca
te q por my lhe veo este mal e ~ OJe esta. Eagora oc()nde he muy
hyrado cotra my e no me qr dar ·meu jrmaao ne osacar da p;son.
Por q uos rrogo q uos sejades ta mesurados q uos rroguedes oconde.
e ajades oo elle q me de meu (pi. 97•) jrmaao e eu -euerey q uo1
g-decer semp...
·

a

a

Le chapitre s'arrete sur -les mots : 11 ••• Elrrey dó g-cia
depoys q chegou aseo rreyno foysse pa ca8lella •, ou il faut
lire e,~Ua (cf. texte de Pidal, p. 417, l. 6. Le cbapitre llil. 1111
équiva~t au 715 de Pidal : il manque la phrase « assi como el
agoila fambrienta. en la caca quando se quiere cebar 11. Le
suivaot, la fin· du 714 et au 716 (burueda pour b~rueua; Vul
perrij pour ool pirri) peu pres exactement:
e qif'a .leuar acodessa dona Sancba sea pod'a au' p algüe maneyra
r: eslo por faz' ao conde mayor desonnra. mas g-dous,e ella muy
ben de tal cousa r: no quys sayr a elle ne veello

a

8g

FSBl'CA'..'I 001'ZALEZ D,US LA CBR01'JQUII LÉOJIIAll;I

8ULl,IITDI Bl8P4JIIIQUI

a

Mais au lieu de la transition qui termine daos le texte de
Pidal le récil de la bataille entre Fernán González et D. Sancho
de Navarre e&lt; agora dexamos ... •, nous trouvons l'équivalent ·
de ce que donnent la Chronique de 1344 et celle d'Arredondo
( cf. Carroll Marden, P. de F. G., p. 109, n.· 23):
.•• r: oconde do fernii gl'z lhe deu e esta lide hüaferida de q despoya
morreo.

•• •
Vu la diffusion de la Chronique dile de 1344 avant l'apparition de celle que pul:ilia Oca~po, on · doit s'attendre voir
qualifier Do~a Sancba de 1reur du roi García daos les textes
· antérieurs a cettc apparitioo.

a

Tel est bien en ell'et le cas pour le Valerio de l(!8 historias
ucoláalica, de Diego Rodríguez de Almella, qui ful imprimé
en d87 .et eut tant de vogue peodant un siecle 1• Dans l'édition de 1541, contemporaine de l~ publicaliqn d'Ocampo,
nous lisons au l. VI, litre Vil, 1« de la fe que las mugeres guardaron .a sus maridos ll, chap. III:
En el titulo del amor q ea entre el marido e la muger ea dicho de
como la codessa doña Sancba muger del conde don Fernao Gom;alez
de Castilla guardo e ouo gran fe al sonde su marido en dos grandes
peligros que ella se poso por amor del ; ~ lo libro de priaion e muerte
en ij estaua. El vno fue quando J?.Or ,u hermano el Rey don García de
naaarra estaua preso/ lo fue eJ\a a'ver al castillo. El otro peligro fue
quiido lo libro de la prision "dei réy don Sancho d' leon e quedo ella
enla carcel, y el code aalio con sus paños della vestido.
Et au l. IX, lit_- I, cbap. IV (fol. LXXVIII):
Estando preso el conde feroan gonc;alez d' Castilla en poder d'I rey
don Garcia 4e oauarra en vn castillo llamado castro viejo. Uiendo la
infanta doña sancha hermana del dicho rey don· García como su
hermano auia preso a mala verdad al conde don fernan gonc¡alez ...

a

P}usieurs des historiens qui ont écrit postérieurement la
publicatioo de la Chronique générale par Ocampo, c'est-a-dire
a· l'anoée 15·41, ont naturellement suivi la version qu'ils
y trouvaieot au sujet de Sancha. Vassée, en 1552 •, précise .
bien:•
Tarasia Regina Legionensis, Saoctii Aiaarcae Regia Náuarrae
ftlia, capitali odio in Comitem Castellae incensa... persuasit illi,
vt Sancliam Garsiae Tremu.lijiliam, n.epl.em ipsi,u exfratre, uxorem
duceret. .•
De méme Julián del Castillo, dans son lli.storia de los Reyes
godo, que vinieron de la Scythia d'Europa, etc~, publiée en 1624,
par son fils Fray Gerónirno de Castro y Castillo (p. 173) :

Despues desto, la Reyna doña Teresa, que desamaua-de muerte al
Conde Fernan GonQ&amp;lez, le habló un día, y le dixo, q le baria dar
por muger a doña Sancha su sobrina hija del Rey don García de

Nauarra .••
1. Voir moo liffe Les iu,tou:n généralea d'&amp;pagn,, p. 16-18.
2. Dans Reale, t. 1, p. 6oo-6o1. Volr, sur Vauée, Le, 1",toiru générale1 d'&amp;pagne,
p. 158-168, et rarticle reclillcalií de~- ·Amalio Huarle Echcnique dana la Reti;.la da

an:1u-.

1920.

�91
()O

ftl't.u:n:-.

Hl~l'A'ilQl Y.

Comme on sait, ce sont la des écrivains sans beaucoup
cfautorité ni d'esprit critique. Si nous passons aux grands historiens, nous vo)·ons que ni cerlains délails ni meme l'ensemble du récit de la Générale ne leur ont paru insou'pronnables. Zurita n'est a mentionner ici que pour mémoire : il passe
rapidement sur les premiers roi-- de :'\avarre (Anales I, 11 ), son
sujel étant l'hisloire de l'Aragon; el, pas plus que Rodrigue,
qu'il cite a ce sujet, il ne parle de Doiía Sancha ni de ses aventures. )1ais déja Garibay, dans son C:ompenilio (1571), lout en
résumanl, d 'aillcurs sans la premlre pour son complc, !'aventure du comle el de doi1a Sancha (X, ro; t. 1, p . 529), relevait
l'erreur de la Générale en ce qui concerne les liens de parenlé
de la pri ncesse avec Doi1a Teresa el Don García; malheureusement sa correcliou se complique d'une erreur plus grave,
oii l'a entrainé sa chl'Onologie tres défcctueuse, et qui consiste
a dédoubler les rois de Navarre D. Sancho Abarca el son fils
don García Sánchez, en donnt1nl a celui-ci comme successeurs
un D. Sancho, puis un D. García qui serail celui que l'histoire
désigne ¡lar le surnom de el T1·111bloso • :
. .. refieren mas, que la Reyna doña Theresa, mudrecl'el Rey (O. Sancho) ... trató cautelosamenle casamiento en el aiío de nueuecientos y
lreJnta y dos, segun la comun opinion, con el conde para con la
infanta Doña Sancha .rn hermana, que la chronica General llama
sobrina, deliendo ser hija de Don Garcia el Tembloso Rey de ~¡marra.
El engaño que en esto recibieron los copiladores de aquella chronica,
y como la infanta üoña Sancha era hija d'el Rey Don Suncho Abarca,
y hermana d'e/ Rey Don Garci ::iancltez, y no d'el Rey l)on Garcia el
Tembloso, queda declarado en la historia del Rey do Sancho el Gordo,
y manifestar se ha mas, Dio!:i mediante, en la historia de ~auarra,
donde se ,·crú claro el daiío, que hasta agora han tenido lodos los
1. On vcrra aux chapitrcs \ 11-\1 '\ du lh ro :\ Xll du Compcmtio les ra1!ons alléguées par r.aríh11y en favcur de celtc nnu,cauté.
Voici ea chrouologie pour les rois J e :'iavorre de colle périodo :

1,;ra

ABOÓC,

:-ancho \barca . . . llCCCCX\.\IX,
Garei Saneht: . . • • DCCCCLV/11. ,
Sm,rho . . • . . .

ºº'
920
96/1
!193

,\H'IT • • . • •

&lt;,arela el T cmbloao, ,t'.\:\. XI • ,
M'\X\VIII.
Sancho el :llayor •
Garci Sanchez . • • :IILX\11 •. , •

J

·ººº

r.o3~

auctores, oluidando en la successiun su~a dos l\cJes de ~auarra, que
en su deuido Jugar maniícsLará nuestra chronica (l. X., cap. X; l. I,

p. 5:.19).
En effet, au ch. \.XX.lll du livre lX., oil il traite de D. Sancho
el Gol'do, il relate une premicre fob l'histoire de Doria Sancha,
que mucho5 !&gt;in fu111lamento alguno clizen ser hija d'el Rey Don
Garcia el Tembloso, cre~·Mo ser hermano de la Reyna Doña Theresa,
siendo en effecto el Hey Don Garcia y (sic) Tembloso visnielo d'el Hey
Oon Sancho Abarca, padre &lt;festa lle) na. I::sta infanta Doña Sancha
antes era hermana de la mesma Heyna, hija d'el Rey üon Sancho
Abarca ... (p. 466).
Ambrosio de Morales, qui loue Garibay d'avoir manifesté
de la méfiancc pour les « cuentos de guerras ) - prisiones del
Conde Fernán Goniález 11, ne prend memc pas la peine de
chcrcher ce qu'était en réalité l'héro'ine :
Y Garibay notó muy bien muchas destas cosas desconcertadas y
sin buen tino. Por esto lo dex.o • todo : quien !uniere gusto de leerlo,
en la Corónica General que anda impressa lo hallará, y en otros libros
harto comunes, y públicos sacados della. Todavía quiero poner un
exemplo, para que se parezca mi justa queja en tener mucho de
aquello por mezclado con f:'ibulas, siendo verdadero. Es verdad que
ol l\ey de Navarra prendió al Conde Fornan Gonzalcz y a sus hijos,
porque asi se halla en los Anales Compostelano:;, añadiendo que
habiéndolos prendido en Aronia los mandó lleuar a Pamplona. Esto
dicen aquellos A.nales sucedió el aito de muestro Redentor novecientos
y sesenta, señalado allí por la Era novecientos y noventa y ocho.
Prosigue la Corónica General tales particularidades en la manera de
soltarse el Conde, y voherse a Castilla, que con poca advertencia se
verá el poco concierto y menos rnrisimilitud que en ellas hay. En el
hecho hay estas faltas, epues quantas mas hay en el tiempo, y en las
personas y en los lugares? El que lo prendió, dice, fué el l:\ey Oon
García .\barca. La que lo hizo prender con mal engaño Ooita Teresa,
madre del Rey Don Sancho el Gordo, y hermana del Rey Don García
Abarca. Y todo esto dice sucedió el año de muestro Hedentor novecientos y veinte y ocho. Sin todo esto no han de faltar milagros espantosos, oirse una rnz en el ayre, sin decirse lo que dh.o , )' henderse la
Ermita con su altar por medio, y parar todo en una gran blasfemia
del Conde (Coró11ica general de España, l. XVI, cap. X\:XIY, t. VIII,
p. :.173 de l'édilion Cano).
,. L'éJllion de O. Cano acccnlue de.rú, Je croi~ qu' il faul tire ihro.

�RL'LLl::rJ \

fflSPA'.'tlQUE

Le Hvrc ou Morales, précur.,eur en bien des points ele l'hypercrítique Masdeu, reiette ainsi.. comme une indin-ne lén-endc
"
e,
~
'
le récit de la Généralc, n'a paru qu·en 1386. ,\ ce momenl. le
/Jt' rebu~ llis¡&gt;wtiae de ~1ariana, dont les vingl premiers livres
furcnt imprirnés en 15!)2, élait déja rédigé, et si l'auleur a
marqué « Ambrosius de ~forales ,, sur la liste de ses sources 1
c·cst que ce dernier arnil publié ses sepl premier~ lines'
anlérieurernenl: aussi ne s'csl-il pas an·eté a consirlél'er la
vraisemblancc de l'épisode et sa critique rclarde-t-clle sur
celle de son prédécesseur: on sail du reste qu'il lranscrivait plus de chosc~ qu'il n·e11 croyail ,. 11 corrige · pourtanl le récit de la Générale sur le poinl qui JIOUS occupc :
pour lui Doila Sancha e~l la sa:ur de Doi1a Terc~a ;,¡ du' roi
García:
Praeterca Tlicrnsiac viduac l\t•ginac aslu, cum palris ,·lciscendi
cnpiditate ae~luarel, !'.iandia cin~ surur Co111iti pacta esl: \'rraca
comitis uxor dcfuncta eral. Sancl ia apurl G.irtiiam jralrem \'asconum
Rcgem ... (\'fll, 7.)
Aillcurs (\'Ill, 'i), il compte Teresa el Sauclia parmi les
filles de Sancho Abarca. Heman¡uons en oulrc qu'il place
les fails en !)58-939, et non pasen 927-928, comme la Géuérale.
L'édition de 162í traduit fidelemenl le Iatin:
Demas dcslo, por astucia de la H.eyna viuda doiia Teresa, que
deseaua vengar la muerte de su padre, se concertó que doña Sancha
su hermana casasse con el conde. La 1¡ual esla,a en poder de don
Garcia hermano de las dos, Hey de Navarra: era ya doña Vrraca
muerta, la primera muger del Conde.
Je citerai également le Caifílogo real y genealógico de Espwia,
de Hodrigo i\Iéndcz Silva, paru pour la seconde fois en 1656,
non pas que l'auteur fasse preuve loujours de bon sens, puisqu'il énumcre sans la moindre inquiéludc les rois d'Annius,
mah: parce que lui aussi, faisant allusion au comte Fernán
, . \ oir mo11 .llariana lúllQritn, p. 13¡ el 6~\1, . !bid., p . 296 11 tlil e11corc ailleuro, préci,émont
la fin du lh re VJII, oti il a
raco~1lé le~ avcnt.ure, de Fernún González, de son fil, el de Sancho el .lfay,,r; • Tragrrd,a, scr,~rc ,·,dcor ,';:fabulas: •cd ipsis llispaolac bi,toriis 110n qua si commentilia
s~ tac.ta emsdem gcoerl_s mulla meruoria- suol commendala. no, fidc111 nequc
ad1ung11nus, oo,¡uedclnlumus: quam r11_s merelur eit ,e lectores slaluanl "• {éd. 1591,
p. 398).

a

Gonz,ílez « que murio en Burgos año 9¡0 &gt;, ·parle de sa
seconde femme, doña Sancha,
exemplo de lealtad, ·' amor a los casados, digna de mayores encomios, que Mico!, esposa de David; lsicratea. de Milridales: Sulpicia.
de Lenlulo; y Cornelia, del gran Pompe~o; Era infanta de :\arnrra.
hija legitima del Re)· Don Sancho Abarca (p. 45;.
Pour clol'e cet exposé, qu'on pourrail allonger indéfiniment,
mais sans autre utilité que celle de nous fournir ~faulrcs
échantillons &lt;le la critique des historiens de l'Espagne depuis les
lemps les plus reculés jusqu·a nos joul's, disoni- que Lafuente,
qui rejelle en note et ne relate que pour mémoire les aventures
de Fernán Gonzálcz, fait également de Doi1a Sancha la sccur
de Doña Teresa et la fille de Sancho Abarca (parte 11, libro 1,
ch. XYI, t. 11, p. 270 de l'éd. en 15 tomes, 1861), el que
,\ (. Fernández de Béthencourl, qui ne rclient de l'aílaire ele
Cirueña que· ce qu·en disenl les ,111nales Compuslellani (l. 1,
p. 346), esl du jmemc avis en ce qui concer~e Doi,a Sancha
(t. 1, p. 352-3 el ,'1181: sur ces deux points, il n'a fait que se
conformer a la réservc el a l'érudilion éprouvée de Salazar ~Castro (Casa de l"ra, t. I, p . 4!)).

.. •.
Que diseul les romances: Dans le nn ¡o r de Durán, El buen
conde p,.,.,um Gonrale: en cruel prision eslaua. du au r:almllcro
r:e.wíreo (, 566), l'héro'ine, nalurellemPnl, remarque ~l. Menéndez
PidáJ 1 , esl la .filie, comme dans la Chronique ( entendons la
Chronique édilée par Ocampo), et non la sreur, comme dans
le Pocme. c·esl également hija que disenl les romances ¡02 de
Durán \ En prision eslaua el conde, du au mcme caballero
Ces,íreo (1566), el 698, Haciendo estaba w1asferias 3 , de Fuentes
(, 550); ceux de Sánchez Burguillos, reproduits par M. :Menéndez Pida!\ et suremenl aussi postéricurs a r 5 'ir, puisque
l'auleur, né en 15r2, suil pas a pas la Chronique 3. Quant au
1, llomeM!fe ,; .Utné11,lt: l'tl,,yo. L. I, p. 4115,
,. /bid., n• 18.
3. /bid., n' 11.
\. !bid. , n., 2:i et,@.
o. Ibid.;p. 48jj.

Bu//. hilpan.

11• 1;.

'i

�BULLETIN HISPANIQUE

romance 700 de Durán 1 , Preso eslá Fernan Gonralez, el gran
conde de Castilla, que M. Menéndez Pidal estime inspiré par

l'Estoria del noble caballero el Conde Fernan Gonzalez, con la
muerte de los siete infantes de Lara, parue trente ans avant la

I1EDllO MEXL\, CHRONIS'l1.E DE CHARLES-QUINT

Chronique générale, il n'y est question ni de tille ni de sreur,
mais d'in.Janla; de meme que dans le nº 706 •, Preso está
Feman Gonralez el buen Conde castellano, inspiré la meme
source et consacré a l'emprisonnement du comte par le roi
de Léon, Sancho Ordoí1ez, la fidele épouse n'est désignée que
par le mot de condesa; de sorte que ces deux romances, manifestement plus anciens, et remontant indirectement
la
Chronique de 13H 3, ne décident rien.
En somme, aucun ne présente Doña Sancha comme la sreur
du roi García; aucun ne reproduit sur ce point le Poema de
Ferndn Gon:::rílez, non plu~ que le Rodrigo, qui fait de la jeune
femme, on l'a vu 4, la femme d'un Sancho Ordóiíez, roi de

(Suite'.)

a

a

Navarre, et l'appelle Constance.
(A suiure.)
,. Homena9e, n ° 76.
lbid., nº 7.
3. Jbid., p. 473 el 475.
4. Bull. hisp., 1921, p. 8.
2.

G. ClROT.

APPEl\'DICE

III

Les Emprunts de Sandoval.
Table de concordance avec le ms. 3779 de la Biblioteca Nacional.
[Rclacion de lodo lo sucedido en las comunidades de Castilla y otros Reynos Reynando
el Emperador Carlos V (Anonyme)'.]

Cap. l. - Ce chapitre commence a la mort de Ferdinand et
contient les documents suivants : « Testamento que hic;o el s•· don Fd•
que aya S 1• gloria&gt;&gt; (avec sa lettre au prince Charles)(= S1 L. I, § 62);
11 Carta que ymbio el Príncipe ñro S' al Card 1 despaña » (= S1 L. 11, § 4);
« Carta que ymbio el Principe a la reyna Xermana » ( = S1L. II, § 4);
« Carta que ymbio el Principe ñro S' al Ynfante su hermano 1,
(= s1 L. n, § 4).
Cap. II. - Bvénements de Valladolid, dispositions priscs par le
cardinal Cisneros, troubles qui en résulterent, et« Carta que Valladolid
ymbio al alteza a Flandes» ( = S1 L. II, § 18, 19, 20, jusqu'a: 11 detuvose
el cardenal. .. 1&gt; et L. III, § 6).
Cap. III. - Le couronnemcnt de Charles est représenté it Valladolid
en divertissement (Non suivi par S1).
Cap. IV. = S 1 L. lll, § .:io, plus un passage sur les événements de
Valence el Barcelone.
Cap. Y.= S1 L. V,§ 6, et quelques passages du L. V,§ 9 (p. 31,
depuis: « un hombre cordonero » a « ... priesa que pudo n et p. 3.:i,
depuis: 11 a 5 de marzo salio de su palacio .. . n a : &lt;&lt; reinos »; et depuis :
11 la justicia de Valladolid ... » a la fin du paragraphe).
Cap. VI. - &lt;1 De como se celebraron las Cortes en la Coruña, y
hechas, de lo que mas su~edio » ( = S1 L. V, dernier alinéa du § 11 et
premier alinéa du § 13).
1. Voir Bull. hisp., 1920, p. , et 256.
•· On lit toulefois en marge du ms : « El autor desla Relacion se llama va Ayora
natural de Palencia y noble y siguio las comunid'" y fue de los perdonados. • Puis,
d'une autre écrilure: « este fue de Cordova y caso en Palencia.• [Cf. Boletín de la R.
Acad. de la Htstoria, 1890, t. XVII, p. 445 (art. de Cesáreo Fernández Duro). G. C.J.

�96

BULLETl'.'l HISPA:'IIQUE

Cap. VII. - « Como acavadas las corles su ,1d embarco y los males
que suscedieron en Castilla». S' suil tres peu la Relalion pour l'embarquement (L. V,§ :l8) et pas du tout pour les événements de Zamora.
II le suil pour l'assassinaL de Tordesillas a Ségovie (L. V,~ 31) depuis
la page 85 : « quiso les manifestar la negoc;iacion que traia _ »
jusqu'a la fin, n'ajoutanl que ce simple détail : « Yha (Tordesillas)
encima de una mula y vestido de sayon y tavardo de terciopelo
carmesí 11.
Cap. VIII. - « Como ~ ino a Valladolid el card' de Tortosa pa.ra
remediar si pudiesse es los males&gt;&gt; ( = S' L. V,§ 39, moins les premicrcs
lignes).
Cap. IX. - &lt;&lt; De corno se rebeló la i;iudad de.Guadalajara &gt;&gt; (=S' L. V,

§ 43).
Cap. X. - &lt;• De como se rebelo la i;iudad de Burgos, y de la desastrada muerte de Jufre aposentador».
S' s'est peu servi de ce chapitre. LI rapporte cependanl d'apres lui
(L. V, 4o) les paroles , engcresses de Jufre, mais les allusions au
charbonnier, a \ ivar &lt;1el Cid, a l'ambassadeur de France. au curé el
l'intervention des chevaliers, proviennent d'une aulre source.
Ici se place une longue digression laquelle S' fait allusion (L. VI,
S 12). L'auteur de la Relation écrit en effet: « Porque V" Sria e) sepa
algunas de las cosas, de los juic;ios y algunas Profei;ias de sancto Ysidro
y otros sanctos que halle scriptas de letra antigua de muchos tpos
antes a esta parte acorde de poner aqui algunas aunque al parecer le
pare&lt;;eran cosas espantaQles ... &gt;&gt;. Et il cite successivement plusieurs
u juyzios ». L'un d'eux est ainsi mentionné: « Estas son las cosas que
dixo A.ndres de la Inojossa vzº del burgo de hosma quando se quiso
morir en el hospital de la Trinidad en Salamanca en el año de 1515 ».
Viennent cnsuite « las Profe.-;ias que hizo sant Ysidro y Fray Juan de
Hocac;isla y ~Ierlin y otros doctores ... 1); la (&lt; Profec;ia de S' Juan Dama&lt;¡cno »; « un planto que sancto Y sidro Lloro é hizo sobre España 1&gt;;
la 1&lt; Profe~ia que escrivio maestro Unay frayle menor aleman de la
llorden de Sanctiespiritus n el 1&lt; ciertas profecias glosadas año 15:l 1 , •
L'écrivain, qui a rassemblé toutes ·ces prophéties pour son histoire,
croit fermement tout cela et se juge tres pres de la fin du monde.
Cap. XI. - Contient une lettre que Tolede envoya a Valladolid et la
réponse faite (S' n'en donne que le compte rendu L. V,§ 7, puis une
page pour dire que_ le cardinal envoya Ronquillo sur Ségovie et lit
publier des&lt;&lt; mercedes,&gt; pour maintenir Valladolid dans le devoir.
Cap. X.U. - ce De lo que acaecio en la ciudad de Leon &gt;&gt; ( = S1 L. VI,
§ 1 1 ). C'est a la Relation que S1 fait allusion : &lt;&lt; Dice esta memoria ... » ele.
Cap. XIII. - &lt;( De como se rebelo la villa de .\1adrid. »
R.eproduit par S' L.V,§41, jusqu'a : e&lt; Levantaronse ... n, puis L. V,

s

a

a

a

PEDIIO ,tEXH, CHRO'ili-TE DE CHARI,ES-QUI'-T

~

o-

.'

u Un caballero principal. .. » (p. 131) jusqu'a : (&lt; ... y
desde alli hizo á los de Segovia.... &gt;&gt; (p. r 31 ), et L., , § 46 &lt;'TI cntier.

l14, depuis :

Yient ensuile, dans la Relation, une lettre dr Leon a Valladolid non
citée par S', un passage reproduit par Jui (1 '' alinéa du § /1í, L. Y) et
deux lettres du roi, dont il donne le compte rendu (L.\.§ 42).
Cap. XIV. - &lt;&lt; De ln que hizo el alcalde Ronquillo sobre Segovia ,1

( = S1 L. V,§ 4í).
Cap. \. V. - &lt;1 De como se levantó la ciudad de Murcia y de oomo iue
halla el alcalde Legi&lt;,:arno ~- lo que mas sucedio 1&gt; (= S1 L. n, § r 4, 1., et
:i' alinéa). Le discours de Gonzalo de A)Óra est reproduit intégralement
par S' (L. V,§ 35).
La Relation est interrompue au fol. 75. Quatre chapitres manquenl.
Cap. ~X. - (&lt;Delo que hizo Joan Arias Sr. de Torrejon en favor de
la fortaleza de 1\ladrid y de los daños de Torrejon y otros lugares. 11
Fournil tout le§ l1g du L. Y de S'; el, dans le§ 5o du L. Y, la derniere
phrase sur Ciempozuelos et Alcalit est le résurné de la derniere page
de ce chapitre.
A la fin qu § 49, L. \ . S' rapporte, d'apres la Rclation, la résistance
des habilants de Mostoles conlre Juan Arias qui venait de les piller:
« Acudieron todos sobre ellos cuando salian cargados, y quitáronselo
todo sin querer malar á ninguno n. La Relation ajou le le détail piltoresque suivant : « .•. excepto a un hombre que hiba lan cargado de
ropa como de codicia que apenas podia andar que jamas quiso dexar
la presa y rrobo que llebaba hasla que a lanzadas lo mataron y aun
estando para morir nunca le pudieron arrancar de la mano una
gallina».
Yoici, d'autre part, commen t l'auteur de la Relation raconte les
événements de Ciempozuelos, auxquels S' fait allusion :
&lt;( Otro luga1· que esta &lt;;:erca destos que he dho, llamado Ciempozuelos,
de al pie de 600 vez""', que es de don Fernando de Bobadilla, que
tiene título de conde, se le hal&lt;;:o diciendo que querian ser de la corona
real, y con este apellido los prales labradores convocaror_i tt todo el
pueblo á ello, y como ya todos los cora&lt;;:ones estavan alterados, no
obo mucho que hazer en los levantar, y estavan todos tan c;iegos y
ganosos de andar en mal, que hasta un hombre rico labrador v1,º de
este lugar, el mas rico )' de muy burn seso que abia en gran parte
(que nunca le vieron hazer ni dezir ningun desconcierto), les hizo a
todos un largo razonamiento, y entre otras cosas que prnpuso,
concluyo diciendo : « Ea, ombres, todos procuremos por la liberta&lt;),
&gt;)y¡ viba el rey J la reyna, y muramos todos contra Fernandillo (dicien• dolo par el conde de Chinchon su Señor), y veamos que nos hara ! »
Y con esto, todos fortalecieron su lugar y armaronse rondando y
guardándose lo mejor que pudieron. Y como don Fernando de Bobadillu su Sr. lo supo. allego mucha gente de sus amigos y parientes,~

�98

BULLBTIN HISPANlQUE

PEDRO MEXIA, CHRONISTE DE CHARLES-QUJ"IT

con mucha de su gente y tiros vino sobre ellos y cerco todo el Ju erar
o '
y con el artillería comen&lt;;o á jugar con ellos y derroco algunas casas;

Cap. XXVIIJ. - 11 Que habla de como se hordenaron estos capítulos
de la junta diciendo que hera en favor del reyno » = S1 L. VII,§§ 16,
17, 18, 19.
Cap. XXIX. - « Que habla de la embaxada que trajeron los que la
villa de Valladolid ymbiaron á los 8"' del consejo ,l = S 1 L. \'lll, ~ 20
et § :u, jusqu'a: u Como lo guerra era entre parientes ... »
Cap. XXX. - « Que habla de como se combatio Alaejos. n Pas dans
S 1 (Voir Appendice VI). Contient ensuite la lettre du comte de Benavente Valladolid ( = S1 L. VII, § :n, p. h7), et raconte les efforts de
l' Amiral pour réduire Valladolid ( = S1 L. VII, § n).
Cap. XX.XL - u De como embiaron los capítulos á su W á Flandes
y ele las cosas que en esta corte hizieron y acaescieron en Valladolid.»
Renferme la lettre de la Junta au roi de Portugal (S 1 L. YII, § 13,
jusqu'a: « No he podido saber..• » (p. 397). La Relation ajoute que la
Junta écrivit aux rois de France et d'Angleterre.
Cap. XXXII. - u De los grandes ejercitos que se juntaron de ambas
parteSl) = peu pres S1 L. Vlll,§3, jusqu'a: «El campo de los caballeros ... » (p. 16). Vient ensuite l'« Instruic;:ion que la junta dio á sus
capitanes ( = S1 L. VII, § :.i3) et la &lt;e carta de los capitanes de la junta
( = S 1 L. VIII, § 2).
Cap. XX.Xlll. - 11 De las cosas que subcedieron entre tanto que se
juntaban los exercitos ,1 = a peu pres S1 L. Vlll, § 4, depuis: &lt;( Fueron
el presidente... 11 (p. 2:1), jusqu'a: « En esta coyuntura... 1&gt; (p. '..13), et
L. VII, § 5 et§ 6, jusqu'a: « ... se alzase de Medina. l&gt; (p. 27).
Cap. XXXlV. - &lt;t De como los capitanes de las comunid~des ali;aron
su real de sobre Ruiseco I e los grandes cobraron a Tordesillas y a la
reyna n = S1 L. VIII, § 8, jusqu'a: « El conde de Haro ... n (p. 4o), et
le § 9 en entier.
Cap. XXXV. - &lt;1 De como los capitanes de la comd se vinieron á
Valladolid y de como derrocaron muchas cassas » = S 1 L. YJII,§ 11. C'est en outre á ce chapitre que S1 emprunte (L. Y, § 2) l'alinéa qui
commence: « Que no había moneda en todo el reino ... », jusqu·a:
« Además de esto ... n
Cap. XXXVL - 11 De como los deputados de la junta desvaratados
vinieron a Valladolid e reycieron otra hez sujunta » = S1 L. Ylll, § 12
et § 1 :S, jusqu'a : « con grandísimo contento . . .. n (p. 59).
Cap. XX.XVII. - « De ciertas cosas que acaes9ieron en Valladolid
en este tiempo. n N'a qu'une demi-page. Dit comment la ville voulut
norrnner des « alcaldes ordinarios n et comment &lt;1 los de las casas
de los linages 1¡ ne le permirent pas.
Cap. XXXVIII. - « De lo que acaescio en Cigales y del combate de
Fuentes n = S1 L. Vlll, § 14.

y despues de aver pasado entre ellos ciertas ponadas y portias,
entroles el Jugar por fueri;a y prendio y castigo y justi&lt;;:io a los mas
culpados; y al labrador que dizimos desuso, arrastro y ahorco y
tomole la mitad de lodos sus bienes, que eran muchos en mucha
cantidad, y la otra mitad, por rruego, dejo para sus hijos. ,i
Cap. XXI. - a: Que fabla de lo que acontecio al alcalde Leo-uii;ano
en Murcia ll (= S 1 L. VI,§ 14).
o
Cap. XXII. - &lt;( Que fabla del socorro que vino de Toledo á los de
Segovia y como se partieron el alcalde Ronquillo y D. Antonio de
Fonseca en Medina del Campo y de la quema y destrnii;ion della. &gt;l
A peu pres tout le paragraphe 54, L. V de S1 est la copie de ce
chapitre (depuis: «A. de Fonseca penso hacer. . . », jusqu'a : « Los de
:\fodina mostraron ... », puis de : e&lt; Quemase todo ·el monasterio ... »,
a: « Con esta plaga quedó la villa de :\fodina... » (p. 156).
Cap. XXIII. - « Que fabla de como se levanto Valladolid, y de los
daños que se siguieron. » Conslilue, dans si, le paragrnphe 2, L. VI,
partir de: « A.si juntos 5 ó 6000 hombre ... » (p. q2), et le
paragraphe 27 du meme livre, jusqu'a: « Habló muchas vezes Juan
de Padilla ... &gt;l (p. 2l4).
Cap. XXIV. - «·Que fabla de como se juntaron los pueblos de Avila
a hazer junta y de alli se fueron a Tordesillas y de lo que allí hizieron »
= S 1 L. VI, §§ 28, 29, 3o, 31. Ce chapitre contienl en outre la lettre
du roi
Valladolid pour la nomination des trois gouverneurs (de
Bruxelles, 9 sept. 15lo).
Cap. XXV. - « Que habla de como el card1 de Tortosa se quiso hir
de Valladolid y no le dexo la communidad » = S 1 L. IV, § 3.~.
Cap. XXVI. - « De como se alvoroto Ubeda y de la quema del lugar
de Xada y de como se fue el card1 de Valladolid secretamente» = S1
L. YI, §§ 6, 34, 35.
Cap. XX VII. - 1&lt; Que abla como despues de ydo el cardenal de
Valladolid obo muchas rebueltas en la villa. » Contient un épisode
des troubles de Valladolid non mentionné par S1 (voir Appendice 111),
puis la «carta requisitoria» de la Junta, el ce que la Junta écrivit
a L'Empernur (= S1 L. VII,§§ 1, 12, et L. VI, § 3l). Vient ensuite une
lettre de l'Amiral ir Valladolid (de Cerbere, :n oct.), celle de Burgos
a Valladolid ( = 8 1 L. VII,§ 5), les c1 capítulos de Burgos» (id. S1), la
lettre de la Junta
Burgos 1 ( = S1 L. VII, § 7), la suite des troubles
1
de Valladolid (S L. VII,§ 10), la lettre de Medina del Campo au cardl
de Tortosa (= S1 L. V,§ 54, p. 161), et six pages tres détaillées sur Je
couronnement de Charles Aix:-la-Chapelle (f" 129 de la Relation).

a

a

a

a

1.

La lettr-e de Burgos

dans la Rclation.

a la Junta, donnée

a

a

par Sandoval (L. VU, ¡ 8), n'est pas
,. Rioseco [G. C.j.

· 99

�BUU.ETl:'I HISPA:-IIQUE

100

Cap. \.\\1\. - &lt;&lt; De los dai\os que Valladolid recivia cada dia &lt;le
los de Simanca!' n = S L. VIII,~ 15, jusqu'a: « Con tanta rotura ... ••
et de: u Volviendo pues ... n, a~« Quericndose vengar ... »; puis L. VIII ,
§ ~7, § r 5, et ~ 17, jusqu'a : « Estas y otras razones ... 1&gt; (p. 70).
Cap. \L.
« Del combate que se dio a la fortaleza de Empudia y
de como la tomaron los de la comunidad n = S1 L. Vlll, ~ 16, moins
le dernier alinéa: &lt;&lt; De Ampudia partio ... », et moins la citation de
Guevara.
Cap. \Ll. - « De una carta que embio su Mag-' a Valladolid para
c¡ue saliese ele ella la chan&lt;;illeria e colegios e lo que snbcedio despues l)
= S' L. n ll , ~ 3o, plus le dernier alinéa des paragraphes 16,
31 el 33.
Cap. \ LI l. - u De como eligieron.-, J• de Padilla para ca pitan general e lo que ele aq11i subcedio n
S' L. YIII, ~ 39, et ~ 4o, jusqu'a :
« Lo que mas sentia ... »
Cap. XLlll. - &lt;&lt; De como se quenta que mas subcedio en Burgos
con el condestable))
S' L. \"111, ~ lp, et~ 43, jusqu'a: « Dignos son
de ... • Au début du chapitre se lrouve la lellre ele \'alladolid • á los
S'" cavalleros &gt;&gt; reproduite par S' L. VIII,~ 4o. Le monastere d 'Aniago
(~ 43) est appelé Ciniago dans la Helalion.
Cap. \LIY. - « Que habla de como anda va el concierto. &gt;&gt; Renferme .
la « carta que \" alladolid y mio á los S"· governadorrs y respuesta de
otras » (S' L. \ 111, ~ 3:l ).
Cap. \L\. - 1&lt; De como salio de Caratan Juan de Pad• con mucha
gente sobre Torre [lobaton] » = S' L. VIII,~ 44, jusqu·a: 11 Dieronle
un asalto ... n (¡l. 136), et de: « El sábado adelante . .. » (p. s38), la
fin; puis ~ 41i, depuis : 11 Habiendose concertado... n (,• alinéa), a :
« El almirante, gobernadores ... n. Le chapitre se termine par la lettre
de la "ille de Dueñas a Valladolid ( = S' L. Ylll, ~ !19).
Cap. \LVI. - t&lt; Como entendian personas y cavalleros en la paz.»
Chapilre lres longuement utilisé par S', qui lui emprunle: le dernier
alinéa du paragraphe 46, L. VIII: la fin du paragraphe 1, L. IX,
partir de: u En los dias que digo .. n (p. 160); le paragraphe :l, L. 1:-.,
ju,-.qu'a: « Esta carta ... ii (p. 16:¡); entierement le paragraphe 3, L. IX,
le paragraphe .i, L. IX. (p. 188), et le paragraphe :.i5 du L. YIII. 11
renferme en ontre un petit passage sur le comte de Salvatierra, mais
le récit des événemenls du paragraphe 26, L: Yll. n·est pas tiré de la
Relation.
Cap . .\.L n l. - « De como los de la junta hicieron processo contra
los grandes y los prendieron por traidores y lo qnr. mas sucedio n
= S' L. IX, ~ 6, depuis : « mandaron hacer un gran cadalso ... n,
plus L. 1\, ~ 9. et L. 1\., ~ 1:.1, jnsqu'a: « De esta manera ... ». Yienl
ensuile la • carla de la ciudad de Leon á lalladoliJ ,&gt; reproduile par
1

a

a

S' L. l\,

~ 1:.i.

101

PEDRO \IF.XIA , GHR0'.'11S1 F. DF. CHARI.ES-QUt:H

n

f.ap. \ L 11. - « De lo que el obpo de Osma hrrinano del almirante
hizo en el lugar de ~feneses » = S' L. 1\, § 13, moins le dernier alinéa.
Ce chapitre renf~rme en oulre la lettre de P• Giron que résume S' au
L. IX., ~ 8, et l"essenliel du ~ 14 , L. IX, qni esl généralement copié,
quelquefois résumP. Les « &lt;'apitulos de concordia n sont exaclement
reproduits par S'.
Cap . .\.U.X. - u De como no pudiendo a ver efeto las pazes, las
comunidades se aper1:ivieron otra vez de gente ) de lo que hi&lt;;Ó el
f.ondestable par campos» = ueu de choses pres le paragraphe 15,
1,. I\ de S'; le paragraphe 18, L. [\ ( moins les deux. premiers alinéas);
le paragraphe :ll, L. 1\,
partir de: u desbaratados, pues ... »,
jusqu'au « Perdon •; L. 1\, ~~ :lO, 21 et n, moins le passage, depuis:
« Si bien es verdad que hubo ... », jusqu'á: ll El castigo ... •· Le
chapitre renferme en oulre la substance du dernier alinéa du paragraphe
L. 1\. S' suit encore de tres pres la Helalion au paragraphe 16,
L. 1\. La con, ersation de Juan de Padilla avec le « clérigo l&gt;, ses
fameuses lettres
Tolede et
son épouse, sont empruntée:;
la
l\elation. Celle-ci menlionne également le mouvemenl de colere de
Juan Bravo (L. 1\, ~ 19), et la réponse de Juan de Padilla. Elle ne
parle pas. par contre. de Juan de Ulloa ni de l'alcalde f.ornejo.

a

a

i,

a

a

a

Cap. L. - « Que fabla de como se dieron muchos pueblos á lo~
grandes»
S' L.1\., ~ :l3, premier alinéa,jusqu'a: 11 Solo Toledo ... »,
el la « carta del &lt;\lmirante para\ alladolid ». Pour les événemenls de
\avarre, rapportés par S' au L.\, ~ 5, celui-ci emprunte la Relation
qnelques indications: &lt;1 Segovia dio 1000 hombres ... », etc. (p. 297),
jusqu'a : « Luego ... »
.

a

Cap. Ll. - « Del grande re¡;ibimiento que Yalladolid hho al almirante»
S' L. l\., ~ ll1 , premier alinéa. Puis vienl un long passage
sur la guerre de ~avarre, snivi d'assez loin par S' L. X, § 7.
Cap. Lll. - « De las cosas que aconle&lt;,.'ieron en Toledo estando
rebelada• = S' L. [\, ~ 23 , depuis: « Los gobernadores sentian ... "
( p. 145), a: « Venido el mes ... • (p. 2~6). Le chapitre traite ensuite
des événements de \ a len ce = L. Yl, ~ 37, clepuis : « Precedieron á
este miserable desconcierto ... », jusc¡n'i.i : a: Dije como al tiempo &lt;le
parlir el emperador ... &gt;1
Les dernieres pages du manuscril nr son! pas de la meme écrilnre
el n'obsenenl pas la dh ision en cha pi tres. Elles renfermPnt la
t&lt; Prision ~- fin de D. Ant de Acuña obispo de (:amora » \S' L. 1\.,
~ 25, dernier alinéa; L. YI, ~ 2 1, et L. 1\, ~ 28): u Fin del conde
ele Salvatierra&gt;&gt; ( = S' L. IX , ~ 29. moins le passage depuis: « Q11bole
castigar ... ••
« La muerte... »). et les • Degollados ele Palencia ll
(S' = L. 1\, ~ 27).

a:

�102

BULLETIN HISPANIQUE

PEDRO ,rnxrA , CHRO'ilSTE DE Cl-fARLES-QUl:iT

APPENDICE IV
Les Emprunts de Sandoval. - Table de concordances
avec la Relation d'Ortlz .
1~h. G 62 de la Coilec. L. Salazar (Bibl. de la ll. Ac. de la Jlist. ). -

222

feuillels. ]

Ce manuscrit, qui contienl trois relations se rapportant aux
i,,' est précédé de la note suivante de Ga1lardo: u No
creo que sea la Historia de las Comunidades de Castilla atribuida al
Loledano Pedro de Alcozer, pero que por los bien entendidos se tiene
por del canónigo Vergara ».
Une deuxieme note, signée Benavides, suit celle-ci et en fail
justement ressortir l'étrangeté: (&lt; Se conocen, dit son auteur, u que
el S· Gallardo no leyó este manuscrito. Si le hubiera leido hubiera
visto que en el se contienen 3 relaciones de lo acaecido en tpo de las
comunidades, y cada una de distinto aulor: la primera y la última
cuenlan en resumen lo ocurrido en aquella época desde su principio
hasta el fin; la segunda es una historia estensa aunque por desgracia
no concluida, por terminar antes de la batalla de Villalar; y esta
narracion es de Diego Hernandez Ortiz, jurado de Toledo residente
en la corte, y com[isiona]do por la ciudad en union del regidor
Gaitan para pedir contra los agravios que sufria el reyno. ,,
On ne saurait, en effet, douter de la personnalité de l'auteur de
cette deuxi8me relation, qui s'appelait cependant Alonso et non Diego
Tlernandez; il parle tres souvent de lui dans son histoire, qui comprend 61 chapitres, de meme que son coUCgue G• Gaytan 1 et d~clare
avoir voulu écrire cettc relation : &lt;&lt; Creyendo que aunque personas
d9cta~s se pongan en las escrivir, ninguno podra dar la relacion que
yo como testigo de vista y por quien se trataron las cosas mas señaladas que entonces se ofrecieron».
La relation d' Alonso Ortiz a été connue de Sandoval qui, sans
jamais le nommer (du moins en lant que source d'information) , lui
a emprunté bien des cbapitres du cinquieme Hvre de son llisloire.
Nous donnons ci-dessous l'étendue exacte de ce$ emprunts:
(&lt; Comunidades

Livre V. § 9 = cha p. 1 1 de la relation d'Ortiz .
§ 10 = chap . 14, depuis : &lt;&lt; El domingo despues de haber oido
misa ... ,, (p. 34) •, jusqu'a: ce El Emperador les dijo solamente ... »
(p . 35).
1.

Dans cet appeodice, comme dans les deui: précédents, nous donnons, pour les

cilalions de l'IIisLoire de Saadoval, la pagination d'apres l'&amp;J. de la ltctura.

w3

§ 14 = chap. ~o et cha p. :u, depuis : « ... dos horas despues de
anochecido ... » (p. 45),jusqu'a: "Estas y otras diligencias ... » (p. /i7).
§ 15 = chap. » et ,3.
§ 16 = chap. &gt;4, jusqu'a: "Persuadihon al vulgo ... n (p. 51).
§ 17 = chap. &gt;4 et 25.
§ 18 = chap. 26.
§ 19 = chap. &gt;7.
§ ,o = chap. ,8, jusqu'a: "Con esto se avivó el fuego .. . » (p. 59).
§ 2 r = chap. ,9.
§ n = chap. 3o et 31.
§ ,3 = chap. 32, jusqu'a: • Este favor tan grande ... » (p. 65).
Alonso Orliz ajoute ce délail:
(&lt; Cantavan entonzes ]os muchachos:
Viva la gala de Jn dr Padilla
que quito el pecho a Castilla.
Viva la gala de D" Pedro Lasso,
que hablo con el Rey papo a papo .. . ,.
§ ,4 = 33, '
§ ,6. S' donne d'apres Ortiz (ch. 34) la liste des pet·sonnes du
Conseil qui n'étaienl pas d'avis u que se cobrase el servicio&gt;&gt;.
§ 33. Le premier alinéa est copié cl'Ortiz (ch. 4/i).
§ li8 = chap. 37,
Uvre VI . § 8 =_cha p. 4o.
§ 9. \lentionne d'apres Ortiz (ch. 113) Toro et Ciudad Rodrigo.

APPENDICE V
Un épisode des troubles de Valladolid
pendant les Comunidades.
. Y~ saveis como el cardenal salio de Valladolid y se fue a la viJla de
Rioseco y con el se juntaron algunos de los señores oydores y ofü; iales
del consejo rreal; donde estobieron algunos dias esperando al al miran le
que fuera del rreyno eslava y al condestable, que aper&lt;;ibia quanta
gente podia. En Valladolid avia mucha dibision por aver huello el
cargo de capitan al ynfanté_, y algunos de los de la villa de malas condic;iones y de peor yntencion, urdieron una traicion que ñro señor no
quiso que ubiese efeto; antes pagaron como agora oyreis los que en
la trai&lt;;ion avian seido, y fue desla manera : que escrivieron una carta
a la junta de Tordesyllas ha&lt;;:iendoles saver como en la villa avia parc;ialidades y que no querian obedesver las probisyones de la junta y le
yban a la mano ert todo; que devian de probeher tal persona que con

�!04

BUU.ETIN HISPA'HQUE

gente viniesen a Valladolid para que castigasen y aorcasen a los que
des le bando heran, nombrandoles primero al ~ nfante y a Gon&lt;;alo
Franco y a los diputados de la villa y a todos los que enlravan en la
junta de Yalladolid, que heran muchas personas particulares; que
si a estos aorcasen, que la villa quedaria libre de lraidores, e los que
quedasen harian todo lo que la junta quisyese; y enbiaron a dezir
otras muchas cossas, como las quisyeron componer y hordenar. Y por
otra parte, estos traidores que abaxo oireis llic:ieron entender a la quadrilla de ::\lercado, que hcra una de las mayores de la villa, que estubiesen a punto para dende en tres dias, porque les hac:ian saver que
hera menester, porque se rrezelaban de gente forastera que creían
que hernia a Valladolid; porque tenian concertado de hazer una
rrebuelta en una calle, y entre tanto que hiban a socorrer, avian ellos
de yr a degollar al ynfante de Granada v a Gonc:alo Franco va Jorae
.
.
"
de Herrera y a todos los diputados y a todos los que en la junta de
Sancta Maria la ::\layor entra,an a entender en el pro de la villa.
y a lodos los escrivanos de ª)'tmlamiento y a un Fanegan platero y a
otros muchos; esto todo con favor y ayuda del obpo de (:a mora que
bino de Tordesyllas con mucha gente por lo que le ynbiaron a dezir
los que adelante oireis. El qual vino, y su ben ida se supo por avisso
de un bachiller que se llama Pulgar e de un Francisco Gomez e de
un Saldaña escrivano que la villa avia enbiado a Tordesyllas a la junta
:i ha¡,er saver a los de la junta las cossas que passavan en la villa de
Valladolid ; y estos dieron mandado a la villa para que tu bies en a buen
rrecaudo, porque benia el obpo de (:amora con mucha gente a meterse
dentro en la villa para hazer gran mortandad de los sobredichos.
E como el obpo vino e bio el gran rrecaudo en que estav11n las
puertas e toda la villa, obo efelo que ni pudo entrar ni quiso Dios que
entrasse porque tanbien benia el engañado. Que sy entrara, obiera en
la villa grande escandalo y muertes de hombrf"s, y avía muchos de los
que heran participantes en la rrebuelta que dezian que entrase el
obispo ~- su gente para her lo que avian de hazer. Los otros, como
beyan el mal alojo, dezian que no entrase, porque ValJ no tenia
nezesydad de meter gente, aunque el obpo decía que venia de parte
de Vall" a hermanarse con Vall\ y ansy por estonzes no fue creido
y se bolvio y en la villa quedo mucho desconcierto y diferenc;ias.
Otros estavan atonitos no saviendo el secreto de la traic;ion, e como
ñro señor es justo e lo save todo, no qu:so que pagasen justos por
pecadores e dio lugar a que la traic;:ion fuese descubierta, e fue desta
manera que bos dire :
lín Luis Gomez de ~fercado hera diputado en la quadrilla de Mercado
que dho avernos, e como a veis oido, a\'iase entremetido en estos autos
de la comunidad mas de lo que a su honrra conbenia. En conclusvon
que el hera uno de los que burdieron la traic;ion ya dha, juntam~nte

PEDRO )IEXIA, CIU\ONISTE DE CllARl,ES·QUJiT

105

con un Camargo barbern e con un bonetero, casados. vezinos de
Vall~ y otros muchos que adelante se diran; el qua! se fue a confesar
con un fraile de Sant Francisco y le dixo que por descargo de su
conciencia queria descubrir una gran traii,ion que el y los que dlio
lengo tenian conzertado de hazer a la villa con otros muchos, y despues
que obiesen degollado a los que arriba tenemos dbo, que davan
a sacomano a la trnperia y costanilla y las cassas de Juan de Morillo
y la freneria; y que esto, que lo podrían hazer, entre tanto que la
t1uadrilla de Mercado entendía en defender las puertas, a un rruido
qu&lt;.&gt; avian de travar, e con el favor del obpo de Zamora que avia
de entrar dentro con ellos. Y ansy descubierto, el fraile lo manifesto
a la villa, y un miercoles que se contaron veinte e quatro de otubre
del dho año, prendieron al bonetero y llevaronle preso mucha gente
de la villa e metieronle en la carzel de la villa adonde le dieron tormento, e confesso todo lo dho ~ aun mas y condeno al Camargo
barbero y a otros muchos.
\ luego el dho Camargo vino al monesterio de Prado, adonde
luego este dia fue la comunidad y la justicia de la villa ~ de la canc,illeria y lo sacaron e prendieron e lo truxeron hasta meterlo en la
villa e por milad della con mucba gente de a pie y de a caballo y· con
un tanbor de i;uica, y con grande autoridad lo metieron en la carzel
de la villa, adonde se careo con el bonetero ) confeso conozer al harnero y ya tenia en la carzel un asno y verdugo y pregoneros para sacar
al bonelero y los sacaron ahorcar sin lo traer por las calles, e dieron
con el derecho a la horca y lo aorcaron, y luego confesaron al Camargo
barbero y lo sacaron ansyrnesmo a acrcar en el mismo dia que fue
presso, y lo aorcaron junto con el otro, y ansy los dexaron aquella
noche en la horc~ asta otro dia que los llevaron a enLerrar.
Y ansy fue a eslos castigos y a otros exemplos que hic;:iesen semejantes delitos contra el mundo et contra sus animas et contra dios
ñro señor al qual rroguemos quiera guardarnos de traicion e poner su
bendita mano en l!Uestra Españ.a y en los sus subditos servidores,
e nos traya al buen tiempo pasado para que tengamos paz e mucho
sosiego y nos dexe acabar en su santo servi&lt;:io. Amen.
(l\elacion de todo lo sucedido en las Com••· de Caslilla ...
cap. XX VII.)

APPENDlCE VI
Belle défense de la forteresse' d'Alaejos.
A todos hes notorio ·como la villa e fortaleza de Alaexos quedo
muchos dias en la guarda y tenenc,ia ae Antonio de Fonseca, como
tutor de la marquessa, muger del marques de Zene,te, juntamente con

•

�106

BULLETIN lllSPA.'iIQUE

la villa y fortaleza de Coca y olros lugares, vienes y hacienda que le
dexara a la dicha marquessa (seyendo bella donc,ella) Remando de
• Fonseca su padre. El qua! dho Hernando de Fonseca, su padre, por
enoxo que obo della porque se casara con el dho marques de Zenete
por ~mores, seyendo como hera una de las mas lindas damas del reino,
mando al Antonio de Fonseca su hermano, que tuviese las dichas
fortalezas e no acudiese con ellas a la dha su hija, y así se apodero
dellas e las tubo mucho tpo; que aunque despues el marques de
Zenete su marido se las pidio, diciendo pertenezerle por su muger, no
le aprobecho nada, porque el dho Fonseca hera muy pribado del rrey
e se hac,ia en el 1-reino mucho de lo que el queria y manda va.
Agora saved que como se hallase culpante en estas alterac,iones,
espe&lt;;ialmente en la quema de Medina, por los de la Junta, con acuerdo
de algunos de los estados de las &lt;;iudades del rreino fue acordado de
le dar por traidor y que sus bienes fuesen tomados y aplicados a la
?ha villa para aJuda de los daños que avian rreszibido. Y ansy luego
Juntaron mucha gente de guerra con el artillería de la villa, fueron
sobre Alaexos y pusieron sitio y ayto (sic) a la fortaleza y rrobaron el
lugar e quanlo en el aliaron sin ninguna rresystencia; porque los
vezinos, como supieron su benida, con todo lo mas que pudieron
llevar de sus hac;iendas, se fueron dexando el lugar solitario y syn
defensa alguna. Pero las casas quedaron llenas de pan, bino, &lt;;evada, J
otras cosas que no pudieron llevar,} en el campo mucho pan e bino por
coxer e perdido; ansi que ynchieron las manos cada uno lo que pudo,
y ansi pusieron pretrechos e tiros contra la fortaleza con gran ympetu.
Pero si helios venían esforzados, no hallaron a los de dentro flacos
ni perec;ossos, mas antes comen&lt;;aron á jugar con ellos del artillería,
donde rresc,ivieron mucho daño los de fuera, e por uno que matavan
los de fuera, murian dellos dos e tres hombres, porque tiravan a barrera; e viendo esto hic;ieron mantas de vigas e tablones mucho gruesos
con que se defendían, allegando asta las barreras, adonde rresc,ivian
mucho daño ambas partes; pero desde las mantas asestavan á la fortaleza muchos tiros y derrocavan gran parte de la fortaleza, que a las
bezes davan con lienzo entero en el suelo, y ni aun por esto los de
dentro desmayavan, mas antes se defcndian muy bravamente, rreparando de noche lo que de dia les derrocavan. Pero con esto andavan
algunas bezes en partidos, enbiandoles a dec;ir como no podian escapar
de ser muertos e presos, que se diesen a merced en esta manera que
el alcaide y su muger e criados e hijos saliesen con todo lo que
pudiesen sacar de sus ha~iendas, libres, e que todos los otros se los
diesen para hazer justicia deJlos, porque avían seido en la guerra
y destrui&lt;;ion de ~Iedina; que a estos no les perdonavan las vidas,
y creían por c,ierto que en la fortaleza tenían cassi todo el despojo
e rrobo de Medina.

PEDRO '1EXIA, CIIRONISTE DE CllARLES·QUIYJ'

107

El alcaide, viendo este partido, rrespondio que no quixese Dios
que por salvar a si e a su muger e hijos, condenase e dexase morir
ú sus amigos e compañeros. Pues hiendo esta nespuesta. dioseles
el combate dende en adelante muy mas rrec;:io que nunca, y derrocaronles grande parte de fortaleza, casi todo lo alto y esquinas. Pero
como los de dentro tenían en lo vajo muy grandes fuerzas y rrcparos,
y mucha arina y carnes y &lt;;e&lt;;inas y agua de poc;os y mucho vinp, que
aun el pan amasa van con ello, e muchas otras probisiones e mantenimientos, e rra¡;onable gente que vastava para su defensa, peleavan
como gente condenada a la muerte, y ansy se clavan cruda guerra los
unos a los otros.
¿ Que vos dire? Duro el comba Le mucho tiempo, que nunca los
pudieron entrar, hac,iendoles los synsavores y muertes y burlas que
podían a los de fuera, hasta tanto que un día les hic;:ieron muy gran
daño et muertes de hombres, que fue desta manera : dexaron las
puertas de la fortaleza aviertas de par en par, _e subieron una puerta
levadiza, en lo alto atada, con solamente una muger, en son de dezir
que pares¡;ia en la muralla que hombre chico ni grande no pares&lt;;ia
sino sola ella. Y hiendo esto los de fuera, que uno ni otro dia ni otro
no beian gente, y las puertas avierlas ú la continua, pensaron : sus,
no ay naide, ydos son. Y asi un capitan de la gente de la villa de
Medina, que se dize Bobadilla, con un esquadron de gente, alc,o un
pendon en la mano, y con gran grita y alegria entraron por las puertas
primeras donde esta va alc,ada la puerta con su tranca, y dieron consygo
hasta el patio de la segunda puerta del alcac;:ar, di&lt;;iendo: ¡Viva el
rreyl ¡ viva la rreyna e junta! favor! venc;imiento por la villa de
~Iedina I
Y como los de dentro, que estavan con gran rego&lt;;ijo callando, los
vieron que estavan ya dentro en la prensa, dexaron caer la puerta,
y ansy quedaron todos.dentro; et luego les dieron el combate, que les
echaron en medio tres u quatro qubetos llenos de polvora, con su
Lic,on de fuego cada uno, y ansi andubo la polvora entre ellos, y el
fuego ac,iendoles mucho daño, e por la otra parte salieron los de
dentro y obo entre ellos muy grande y cruda guerra, hasta tanto que
no quedo hombre de los de fuera ni su capitan, que todos murieron,
de que sera gran dolor y pesar para sus mugeres y hijos, que toda su
vida tendran que llorar.
Y con aquesta victoria los de dentro quedaron mucho mas orgullosos
y bravos, peleando y defendiendose mortalmente, como hombres que
no esperavan ya remedio de vida. Pero eque les aprobecha ~ que lodos
ande morir, i les sera dada mas cruda muerte del mundo porque no
pueden mucho defenderse .....
(Relacion de lodo lo sucedido en las comdc, de Caslilla .•.
Cap. XXX que habla de como se combalio Alaejos.)

�rn8

PEDl\O MEXIA, CHRONISTE DE CHA.RLES-QUINT

!09

BULLETlll HISPA'.'HQUE

La posesyon e tomado
deste tan gran benefi~io
De los bienes que e causado.
El Bien(?) bienaventurado
dara a cada qual su oficio.
Quile myll daños malditos,
di remedios ynfinitos;
que tal desborden avia,
que quien menos entendia
daba mayores los gritos.

APPENDICE Yll
Comment l'Amiral de Castilla fut re~u

a Valladolid.

Porqne el condeslablc enlro de noche y el card 1 secretamente, la
villa no le hizo rrevibmiyento, e porque estaban tristes y desgastados
de lo pasado. Pern el almirante, porque beríia algo enfermo, enlro
un dia despues, a donde le fue echo gran rrei;ibimyento, alabiando
las calles por donde abian de pasar de muy rricos paños, con mud1as
dan&lt;:.as y farsas y nuevas ynbinc;iones, que a la persona rreal mexor
no sr pudo hazer. Y entre las otras cosas se hizo una inlroducion en
la manera siguiente:
Bino el cuidado en figura de hombre muy corcoba&lt;lo, con barba
larga, en dispusicion muy biejo, ! dixo asi :
Señores, soi el cu~claclo;
bo) huyendo clcsla villa.
La paz mr lleba forzado,
maltratado, dc¡;tcrrado,
de los n:cJnos de Castilla.
No tengo do rrcposar
dcsla parle de la mar,
11uc es tan bienaventurada.
Como gano mi posada,
deslicrranme del lugar.
Boyme para no bolbcr.
- Beis mi corcoba lamat'ia Mas que ,•ienlo se correr,
nunca, Paz, por no le ber;
jamas bolberc en España.
Pues lu temor me deslierra,
gran poder en ti se• cuzierra.
De lodo, siento lo mas,
que por siempre c¡ued aras
por sc;·1ora de la tierra.
Yiene luego la Paz, mu~ alegre:
Conmigo todo Iloreze;
a las gentes doy solaz;
adonde falta mi paz,
la claridad escureze.
La biela ago crecer,
a los campos florecer;
doy la bista al que es ciego,
á los rricos doy sosiego,
á los pobres de comer.

Bino luego el Rruslico en lugar del pueblo, muy viejo y abillanado,
y dixo ansi :
O cuerpo, de mi poder
el lugar es libertado.
Agora hemos placer;
agora podemos ber
que el tiempo estaba conblado.
) a esla la tierra segura,
con esta buena bentura.
Delante Vfa Excelencia
rrepresenlo la ynorancia
del pueblo en su figura.
Estabamos fatigados,
algo mal aconsejados,
unos clamaban a bozes,
otros mandaban a coces,
andabamos abobados.
Agora que claro hemos
con la paz y paz queremos,
serbimos a Dios y al rreJ,
acre~emos nuestra grey,
y ~ien myll bienes tenemos.
Cuydado é que pensáis?
- Que nuestra ynten~ion erraba.
- Ya nos llebaban alla,
ya nos tornaban aca;
asi la cosa pasaba.... .. .
El con~ejo del lugar
os ha~e gran reveren~ia,
sefíores. Quiero os acordar
que donde bibe el mandar
a de bibir la clemen~ia.
Y luego bino una dueña en lugar de la Jusli¡;ia, muy mesurada y
denodada e de gesto feroz y dho:
En el seno soy criado
de la poderosa vida,
de los malos aborrida,
de los buenos adorada.
Bult. hispan.

8

.

�8ULLETJ:, BISPANIQU8

.\gora en la villa mando,
mi poder bibira ufano:
Tirania ¡ afuera l ¡ afuera l
Luego, señores, se espera
ser mi tiempo soberano.

PAUL FEBDINAND ~'RIEDBICII DUCIIUOLZ

Y rresponde el Rrustico a la Justicia :
Rrcyna de nuestra litiria,
rrcrnedio de 1n discordia,
justicia os mJsericordia,
my~cricordia es justicia.
Atcndcmc dos bocados,
los que gocais de estados.
Lo que bos piden las gentes:
que no paguen myll ynocenles
la culpa de tres culpados.
My!lericordia cst bcritas ¡
obra bcrum sibe justiria,
et dabil oscula Jesus.
(Relacion de lodo lo sucedido en las com•" de
Castilla ... , chap. LI).

RE• É COSTES.

Dans son étude sur le Roman du, Pere Maril,na , , ~I. Cirol
évoque la figure originale d"un polygraphe allemand, historien _laborieux, hispanologue a ses heures, et donl rceuvre forl
diverse n'esl poinl insignifianle: P. F. F. Buchholz.
Sa biog1·aphie est peu mouvemenlée. Ce fut un éludiant
consciencieux, un professeur exact, un érudit. 11 naquit en
1768, a ..Ut-Ruppin, fréquenta les écoles de Perleberg, de
Neu-Ruppin et Berlin, fit ses études universilaires a Halle, oii il
s'occupa spécialemenl de litléralures modernes. En , 787, il est
professeur a Bcandenburg. En 1801 il quilte l'enseignement,
s'élablit Berlin el se consacre la recherche érudile et aux
lravaux de lillérature et d'histoire.
Nous ne le suivrons pas dans tous les domaines ou l'atlire
sa curiosilé multiple. Ce furenl généralement des sujets d'histoire moderne. Bornons-nous a dire ce qu'il a fait en faveur de
l'Espagne.

a

{.V. B. - Les deux documenls compris dans l'Appeodice 1 (1920 1 p. 256-7) onl étó
signalés par ~l. \loreJ.faliO daos son lli.storío9rophiedeCho.rks•Quint, p. 75. Le second
a été déjil publié dans le Boletín de lo. Real Arademia de la Hi.storia, t. XXH (1893),
p. !1261 d'aprCs un cuaderno de cédula, dL la Cámara proven1nt de Simancas, el avec
quclqucs ,·arianlcs saos imporlancc. - G. C.]

a

11 collabore a diverses revues des son arrivée a Berlín. L'Espagne est a la mode. Buchholz se spécialise daos des études
d'histoire espagnole. 11 publie des articles sur Mendoza, l'ordre
des Jésuiles, Mariana, le cardinal Ximenés, Gonzalo Perez,
Antonio Perez', sur l'invasion sarrasine en Espagne•.
A la vérité, il ne borne poinl ses recherches a l'Espagne
L'Italie, l'Allemagne oonlemporaine, la France lui fournissenl des themes fructueux. Mais c'esl l'Espagne qui l'altire,
1.

Bulktin Hi.spanique, ocl.-déc. 1920, XXI r. p. 269 sq.

&gt;. Daos la Geschichte und Politik deWoltmaan. Berlín, Uoger, 1800-1805, fue.

)l.

Diego Hurtado de Mendoza, fase. 111. Geschlchte der Eal.Alehung des Jesuitenordens
bis zom Tod seioes Sliften, fase. IV. Uber Mariana undeinige seiner Werk.e, fase. V.
Kardinal X.imene~ fase. X. Gonzalvo Perez, rase. XVI. Don Antonio Perez, ,Staat.ssecrelar Philipp del! Zweilen, Kónigs voo Spanieo.
J. Dcr EinfalJ dcr Sarazencn ia Spauicn 1 dans Eunomia, 1803, p. 169 a,53.

�l'AUL FERt&gt;J'i \NO FRlf:DBlGII BlC.IIIIOU.
112

1t3

BVLLETI'.'t HISl'A:'\IQl E

a cetlc époque,

tout particulicrement.t ll fréquenle a Berlin des
hispanisants, comme Sandvoss, qui s'intéressenl el collaborent
a ses travaux. Il renconlre des Espagnols de la colonie berlinoise, note leurs impressions, con te leurs souvenirs. Le résultat
de celle cnquete parait dans ses Lclll'es d'un Voyageur espagnol
sur l'Espagne et la Pl'usse

1

•

Ces leltres sont évidemment une ficlion. Buchholz, qui ne
signe pas, se donne pour un simple traducteur. 11 pousse le
scrupule jusqu'a se faire adresser un semblant de préface par
l'aulcur supposé. Mais tout n·est pas invention daos cet
ouvrage. Certains remeignements sont de source aulhentique.
Quel ful J'informaleur de l'érudit allemand~ La légalion espagnole de Berlín comprenail des membres distingués. Gonzalo
O'Farril, venu en 1799, a la place de Ignacio Músquiz, était un
esprit cultivé, parfait homme du monde. Le conseille~ de légation Casa Valencia esl un connaisseur aussi atten tif de la littérature allemande que de la littérature espagnole. C'est dans ce
cercle a la fois savant el mondain que Buchholz dut lrouver les
données les plus précises de sa pseudo-traduction. « Mes compatriotes, ditla lellre du 12 janvier 1801, de la légation berlinoise, ont eu la bonté de m'introduire daos tous les milieux. n
)lais les hautes classes n'intéressent pas notre homme. « lci,
tout bomme de bon ne éd?calion s'exprime en fran~ais•. » Ce
quilui importe, dit-il, « c'est de faire connaissance avec l'esprit
de la littérature allemande ». Aussi recherche-t-il la compagnie
des écrivains. :Mais nolre Espagnol laisse bien souvenl percer
le bout de l'oreille allemande. « Il y a quelque chose de tres
parliculier chez les Allemands, c'e:;t qu'ils sonl les amis de
loules nalions, qu'ils savent en pénétrer et comprendre l'originalité, qu'ils s'en approprienl toul ce qui répond a leur propre
caractere fondamental. » A l'occasion, il daube sur les Espagnols eux-memes. « Des nalions étrangeres ont appelé notre
attention sur une ceuvre de Cervantes, qu'on nous dit excel1. Briefe ein,s reistrnull Spaníer111/l se111en Bruder in .l ladrid über sein Vaterland und
Preus:en. l. Teil. €criL en 1801-,So•. Préface daléedu i avril 1803, Parue Berlín en
180!1. Anonyme (V. K. Goedeke. Grundrw zur Geschichtt der deutschen Dichtalll], t. VI,
p. 385).
, . Jbid., p. &amp;.

a

lente, et, depuis; nous le croyons et nous en établissons de
somptueuses édilions. n
La ne se borne pas l'acliYité de Buchholz. Simullanément il
travaille a· un grand ouvrage. C'est son Manuel de tangue el
de lilléralure espagnoles 1, qui parait en deux pa~ties, en 1 8o 1
et 1801.
« L'ignorance de la langue et de la litlérature espagnole est
si grande qu'on cmbarrasserait bcaucoup de nos saYants si on
leur dernandait ce qu'ils savent d'autres poeles que Cervantes
ou Boscan; encore ne les connaissent-ils dans la plupart des
cas que par des traductiona ou des imilations. •&gt; Quelques
chercheurs, Dieze, Denina, Tychsen, ont heureusemenl aplani
loule une partie des préjugés qui faisaient obstacle a l'étude
des reuvres intellectuelles des Espagnols. Buchholz défcnd
l'Espagnc contre les accusalions traditionnelles. &lt;&lt; On fait torl
a l'lnquisition rn la considéranl comme un comité de J·uoes
. f
o
m ernaux, qui prononcenl des eondamnations mortelles contre loul ce qu'il y a de beau el de grand• ,1. [l s·eo faul que
l'Inquisilion soil si cruclle qu'on le croil &lt;'n Allemagne. Que
reproche-l-on encore a l'Espagne? Sa paresse inlellecluelle? On
imprime moins sans doute en Espagne qu·en Allemagnc,
mais ce n'est pas une preuve qu'il y ail moins d'idées et
que le pays soil moins arnncé. Buchholz renvoie a Anlonio
'
Andreas, etc.
•
La deuxieme parlie confirme ces opinions. Elle aurait d11
parai,re deux années plus l&lt;il. Le reta1·d esl du aux multiples
oecupalions de l'auteur, el au manque de livres. 11 a fort
heureusement re~u depuis des lines de Goeltingue et de
Dresde.
1&lt; On ne doit jamais oublier, quand on lit un poete espagnol, que ce poele est membre de l'Eglise calholiquc romaine.
Des lors, nous n'avons point de peine a comprendre !'esprit
. __ 1. Handbuch der spanischen Spracl,e und Litteratur oder Sammluog inleressanlcr
~lucl,;e .ª"' bt&gt;r~ihmlen spanischen Pro,ai,ten und Oichlern, chronolos;:isch geordnct
_un_d m,L ;\achr,chlen "~º den \ 'crfassern uud ,hren Werl..en beglcileL. l'rosabchcr
feil . Her,hn bey G. C . :SaucJ.. •8&lt;;&gt;1. (PrMace datéc dll ~ jan,icr 1801. Poclischer Teil,
1804, Preíace daléc du 12 fé.-r,cr 180!.. Le nom de l'autenr e,I donné a la tln d
la préíace.)
e
• · /bid., p. VI.

�HULLETr.1 HISPANJQUE

de son reuvre. • TI faut tenir compte de la différence des temps
et elre indulgent aux erreurs du passé 1.
Buchholz voudrait &lt;llre imparlial. 11 ne veut point que l'on
voie dans son livre aulre chose qu'un cfforl de recherche hislorique. L'esthélique n·est pas la meme a toutes les époques. On
ue saurait faire revenir le monde aux: temps révolus et aux

idées morles. Aussi nolre historien maudil-il les discordes des
écoles poéliques el les tendances réaclionnaires. Buchholz
apparall comme un adversaire des romanliques.
Son livre contient de courls aper~us sur les classiques espaoanols ' Cervantes en parliculier el Calderon , ou porlugais
(Camoiins). Il donne des exlraits assez copieux, cinq chapitres
du Don Quichotte, la Se,1ora Cornelia, deux chapilres du Persiles,
le Principe Conslanle, ele.
Ce livre vinta son heure el eul du succes. Kiirner le lut, le
recommanda vivemenl A Schiller. L'Allgemeine Litleralur
Zeilung, !'estime, « dans !'ensemble, ulile » ; « Tres u lile
manuel », dil aussi la Neue Allgemeine Bibliolhek3. M._Farinelli
lui attribue4 quelque influence sur le monde classique et
romantique.
Buchholz avait eu l'inlenlion de donner en ml!me temps
un Aper~a lúslorique de la poésie espagnole, mais il fut
retenu par la crainte que la nécessilé d'etre sommaire ne
ful, pour des lecteurs peu initiés, une cause d'obscurilé. Il
s'en lint la.
Mais son reuvre d'bispanologue n'est poinl sans valeur.
Retenons qu'il y appara!t comrne un ami convaincu de l'Espagne et en meme lemps comme un fidi\le du rolionalisme
philosophique. C'est un e Auíklarer ». C'esl un historien. Ce
n'esl poinl un poele. 11 n'a aucune personnalilé littéraire. A
peine signe-t-il ses ouvrages.
Cependant, il fil, en passanl, une excursion daos le roman.
ll esl vrai que le ro man qu'il composa, a la meme époque, n'est
point davantage signé.
1.

!bid. t.

,. Sept.

n,

p.

1801,

xn.

p. 574.

3. 18o2 . LXIX, p. ,U.
h. Gril/par.:tr und Lope de Vega, 18~~- p . .26 n.

115

PA.UL f'ERDIN'AN'D PRIEDJ\JCH BUCIIJJOLZ

Juan de Mariana, oder· die Entwickelungsgeschichle eines
Jesuilen•, parut sans norn d'auteur '· M. Cirot o indiqué les
sources espagnoles possibles. De toule évidence, Buchholz ou
ses amis espagnols ont connu la biographie et les reuvres
hisloriques du P. Mariana. Cetle fausse autobiographie esl
fondée sur des données précises. Mais le roman propremcnl
dit est tout entier de l'invenlion de l'auteur allemand.
Le fau~ roman espagnol esl forl a la mode en Allemagne, a
l'époque de Buchholz. En 1794 parall une Geschichle des
;ungen Grafen Fernando von Mendoza (Leipzig), en 1798 Die
Eil!siedler von Mur:ia, en 1802, Die Zigeuner3. Les Bohémiens
sont inspirés de la nouvelle de Cervantes, mais sont, quant au
reste, une invention proprement allemande. L'histoire des
Jésuiles excitail particulierernent l'inléret des conlemporains
de Buchholz. On écrit une biographie de Loyola 4. D'autre
parl, il n'esl pas étonnant que notre auteur ail choisi ~1ariana
comme héros. Mariana était réputé, comme historien, en
Allemagne s. Korner en recommandait la lecture a Schiller.
Buchholz lui-meme avail étudié deux de ses reuvres dans la
revue de Woltmann.
Le roman de Buchholz esl con~u dans le style sentimental.
Le roman sentimental íleurissait en Allemagne, comme en
France, comme en Anglelerre. Le Sigwarl, de J.-M. Müller
(1776-1783), contait l'hisloire d'un fils de bailli catholique,
qui se destine au couvenl, mais aime une jeune filie et ne la
retrouve que mourante, nonne el pénitente désespérée. Le
roman de Grelhe, Wilhelm Meislers Lehrjahre(1796-q96) nous
dit !'aventure du noble genlilhomme italien, quiaima sa sceur,
saris la connaltre, et dont cel amour brisa la vie. Tieck,
en 1796, reprend le molif de l'amour incestueux entre frere et
sreur dans Der blande Eckberl. Je ne rappclle quepour mémoire

'

1.

2•

Unger, p . .269 sq.
Dooné, saos autre indic&amp;.tioo, dans la liste dí's ceuHes de Buchholr, par

K. GCPdeke, l. c., p. 3$5.

,

.

3 Ein Roman nachdem Spaniachen. A.rosladt und Rudolaladt, 1802, par \!ulp1us
(le r~tur beau-rrere de Goothe).
4. ú/Hn und w1.11ukrbart .-tbtnlhe!lu rhs trlltn u•d unuugleichlicfut~n alltr fahrtn den
Riller du r6misth katholischtn slrtittndtn Kirche lgna: van loyola. Le1 pi., 1Sn2,
5. Allg, LW. Ztit., 1787. IV. 230,

�llULl,E'l'l'i lllSPANlQUE

le René de Chateaubriand ( 1802). Le roman angla is donnait
d'aulres exemples, tels le Josef Andrews de Fielding (1740),
ou le Voyage sentimental de Sterne (1769), (traduction allemande r 778), ou le Maine de Le-wis ( 1795, traduit en
allemand en 1797). Les amours incestueux, mais point
~riminels, d'un frere et d'une sc:eur, ont été l'un des
themes de prédilection du roman sentimental allemand.
Klinger a conté l'histoire de Giafar le Barmecide ( 1798), Nicolai'.
les aventures de Sebaldas Nolhanker (1773- 1776), Gellert la
Leben der schwedischen Grafin. Dans les deux premiers romans,
l'incesle n'est point consommé, car les héros sont avertis a
temps. Quoi qu'il en soit, ces amours sont un sujet a la mode
autour de Buchholz. II a pu se contenter des exemples que lui
fournissait la littérature romanesque de son époque . Est-ce
!'aventure senlimentale qui piqua l'intéret de Buchholz? U ne
semble pas, car cette aventure était familiere aux auteurs et
lecteurs de romans. Ce qui l'intéressait, c'était la répercussion
d'une catastrophe amoureuse sur la vocation religieuse et la
formation du futur jésuite. L'historien allemand vil dans la
trame et le cadre d e ce roman biographique l'occasion de faire
revivre un moment et un milieu espagnols. I1 laisse bien
souvent percer ses propres idées . Il n'a connu l'Espagne qu'a
travers les récits des voyageurs allemands, les quelques ceuvres
littéraires qu'il put découvrir daos quelques bibliotheques
allemandes en une hative enquete, el des documents historiques encore raresetfragmentaires. Sa peinture estincompleteet
superficiclle. Son roman, comme ses idées, est de son temps.
L'ceuvre de Buchholz n'est certes point de premier plan.
Mais elle n'est point méprisable. Buchholz fut, aux environs
de 1800, un des bons intermédiaires entre l'Espagne et l' Allemagne, un érudit avisé, un esprit du moyen ordre daos un
role de moyenne envergure. Sa seule tentative proprement
littéraire, son Roman de Mariana, dénote un écrivain parfois
habile, mais un penseur sans originalité, - contamination
curieuse, mais confuse, du sentimentalisme et du rationalisme
alors a la mode en terre allemande.
J .-J.-A. BERTRAND .

D. JUAN ANTO~IO LLORE~TE

Depuis la publication, en 188 r, de !"Historia de los heterodoxos
españoles de D. Marcelino M.enéndez Pela yo 1 1 on n ·avait plus parlé du
fameux D. Juan Antonio Llorenle, si non pour dire qu'il fut compris
dans la note des sujets espagnols qui suivirent les Frarn{ais en
aout 1808, et qui furent condamnés par un décret de Ferdinand VII 2 •
Certains documents conservt\s aux Archives Nationales, et daos la
Correspondance d'Espagne au Ministere des AtTaires Étrangeres,
ajoutent quelques données intéressantes a l'adresse de ce personnage,
fort malmené par Menéndez Pelayo, et qui cependant ne le méritait pas
a ce point.
La premiere fois que nous trouvons mentionné, dans ces documents, D. Juan Antonio Llorente est le 3o mai 1808. 11 avait adressé
a l'Empereur un assez long reglement pour l'f:glise d'Espagne, de
seize pages in-4º, avec trois appendices de deux feuillets chacun, d
précédé de ses litres, emplois et mérites; le reglement est en espagnol
et l'exposé en frani;ais 3. Nous reproduisons l'exposé:
Dn Jean Antoine Lloren te est pretre, dignite et chanoine de
l'eglise de Toledo, laquelle est la premiere metropolitaine
d'Espagne.
Noble, chevalier de l'ordre de Charles troissieme.
Docteur dan la jurisprudence civile et canonique.
Academicien de la royale academie de l'bis toire, et di celle
de belles lettres de Sevilla.
Membre des societes patriotiques de Rioja, de Zaragoza , de
Tudela et du pais basque.
II a eté juge et vicaire general de tout le diocese de Calahorra, et chanoine de sa cathedrale.
1. Tome 111, p. 41 8-427.
Mario Mé ndez Bejarano, Historia política de los afrancesad.os, Madrid, 1912,
p. 371.
3. Archives Nationales. A F IV. 1609, piece 294. Ce document a été signalé par
M. Geolfroy de Grandmaison, f,' Espagne et Napoléon, 18/)l¡-180/i, Paris, 1 908, p. 250.
2.

�118

119

BULT.ETIN HlSPA.NJQUE

D. JUAN ANTO'.'UO LLOI\ENTE

11 ecrivit l'an 1797 un ouvrage contre la forme de faire les
proces dans le tribunal de l'inquisition. M' Jovellanos (qui a
eté alors ministre de la justice) le re9ut avec empressement.
La reforme seroit faite s'il aurait continué dans son ministere.
De la les Ynquisiteurs l'aiment tres peu : ils l'ont persecuté
et mortifié l'an 1801; mais l'auteur triompha malgre eux,.
II a ele membre de la congregation du clerge faite l'an , 799
pour deliberer sur les moyens de donner de l'alTermissement
au papier-monoie, qui s'appelle Vales reales.
11 a ecrit d'autres ouvrages entre lesquels le plus estimable
sera toujours celui qui porte le litre de Notices hi,loriques
d'Alava, Guipuzcoa et Vizcaya, parce qu'il est original et premierdans cetle matiere; parce qu'il comprend une tres precieuse
collection diplomatique de monuments historiques anciens et
inedits; et parce qu'il prepare l'opinion publique a recevoir
sans scandale touts les changementsqu'il conviendra fairedans
ces provinces pom· rendre sa legislation uniforme avec les
autres d'Espagne.

nement ancien, avec l'objet de preparer l'opinion publique a
recevoir, sans scandále des provínces exémptes, l'uniformité
de legislatíon, si désiré a present, heureusement etablí dans
notre precieuse constitution; graces au grand Napoleon 1 •
Quand les trois volumes quí restent seront publiés, j'aurai
l'honneur de diriger V. E. l"exemplaire par l'intern:iede dé
M' Dubois chanoine de Bayonne, qui aura le soin de passer les
uns et les autres dans les mains de V. E.
J'ai l'honneur d'etre, Monseigneur, avec toutte la reconaísence et la consideration posibles,

Le roi Joseph nomma Llorente au Conseil d'E:tat le25 juillet 1808,,
et Llore~te ne manqua pas de remercier M. de Champagny, ministre
des Affa1res Etrangeres, en luí remettant ún exemplaire des cinq
volumes de ses Nolic.ias históricas de los tres provincias vascongadas.
Le fran~ais de l'hislorien de l'lnquisition laisse a désirer mais les
compliments 1t l'égard de M. de Champagny sont des plus ~ourtois.

Trois jours apr8s, il témoigne sa reconnaissance
gny, pour sa nomination de Conseiller d'État:

a

J'ai l'honneur, Monseigneur, de comuniquer
V. E. mon
arrivée avéc mon roi pour temoigner ma reconaisence aux
honoe1tetés que V. E. á eu la bon té de me dispenser continuelmenl pendan! mon sejour a Bayonne. Puls je reussir
occassíones d'en donner des preuves efféctives.
Cependent je pris V. E. d'acepler un exemplaire des cinque
volumes publiés de mon ouvrage, ecrite par J'ordre du gouver'· Noticia biografica de D. Juan Antonio Llorente, Paris, 1818, p. S!l-108. ll parle ¡a,
de D. Gas~ar de Jovel la nos, qu'il vit1t Calahorra: e( pero ya en Ión ces estaba preparada
la _extensrnn de su infortuoio á mi persona por haber encontrado onlre sus papeles

m1 obra sobre la lnquisicioo, con algunas cartas mias. »
.'· Noticia., etc., p. 125. - &lt;( Sa .\lajesté a enfin arrñté bier uoe nomination de
lren:e roembres de son Comeil d'Elat actuel. • Madrid, ,fi juillet r8o8 (Correspondance ducomte d, la Portst, Paris, 1905, t. I, p. 188).

a

De V. E.,
tres humble et tres reconaisant serviteur.
Jean Antoine Llorente.
Madrid, 25 juillet 1808.
Monseigneur Champagní) ministre des relalions exterieures 2 •

a M. de Champa-

Excelentme Monseigneur,
Le roi m'3. nomme, Monseigneur, conseiller d'et3.t. Je crpis
q• cette grace provienne des idees que V. E. a eu la bonte de
donner a l'egard de moi: et par cela je vous rende les graces
les plus sinceres, et j'assure avec tout mon coeur que ma
reconaissence aux faveurs re~us de V. E. sera eternelle.
J'aurai la complaissence la plus intime si je puis prouver
1. Les N~icias íurent publiées, le1 trois premiers volumes en 180 , et les deux
7
derniers ea 1808 1 - el non pas en 1806 et 1807, comme il est. dit dans la Noticia biográfica, Les quatre premiers sent édilés: « Madrid, en la imprenta real ll, et le dernier:
« Madrid, en la imprenta de Don Luciano Vallin ))' et il contienl la réponse a
Aranguren, pour le tome I. L'ouvrage avail pour but de démontrer que les Fueros
de Biscaye avaient été consenties1 non comme des pactes, mais a cause du mauvais
étal de la terre, etc. D. Antonio María Fabié et O. Antonio Rodriguez Villa informerenl l'Académie de I' Histoire qu'ils avaient trouvé deux vol u mes laissés inédits par
D. Juan Antonio Llorenle, et l'Académie décida de les publier dans son Memorial
histórico. Jusqu'3. préseol t.lle a'a pas donné suite a ce projet(Boletin de la R. Academia
de la Historia, l. XXXfV, p. 174).
~. Correspondance d'Espagne, t. 675, fol. 170.

�['.10

BVLLETIN HISPANIQUE

effectivem•• q• je parle le memme queje pense en mon anímme.
En fin je sairaí toujours, Monseigneur,
De V. E.
servileur tres reconaissant et tres bumble.
• Jean Antaine Llorente.

' Ex"'• M' le Ministre des relations exter\ M1· Champagní •.
M. Dubois, chanoine honoraire el premier vicaire de la cathédrale
de Bayonne, dirigea les cinq vol u mes de 1\olicias a M. de Champign},
comme en témoigne ce billet:

L'abbé Dubois, chanoine honoraire el premier vicaire de la
Calhédrale,
A Son Excellence Mg' de Champagny,
Monseigneur,
Chargé par mon intime ami D. Juan Anlº Llorenle, Dignitaire de L'Eglise de Tolede, &amp; secretaire d'Etat de S. M. le Roy
dºEspagne, j'ai l'honneur de vous adresser un exemplaire de
son ouvrage intitulé: Noticias historicas de Las tres Pi·ovincias
vascongadas . Je viens de le remettrc la Messagerie de celte
ville daos un caisson l'adresse de S. E., M. Marret Secretaire,
suivant l'ordre quefen ai rei;u.

a

a

.Te suis avec un profond respect,
Monseigneur,
Votre tres humble &amp; tres
obéisst serviteu r.
Du Bois.
7bre

Llorente fut des trente nouveaux députés auxquels fut envoyé l'ordre
de se mettre en route pour Bayonne « immédiatement et saos
excusen , . ll s'excusa, mais voyant un renouvellement du meme
01ure, iL s'exécuta et arri va a Bayonne le 17 juin 1808 2 •
Sa p1·évenance, assez obséquieuse, envers Joseph, pretail un peu a
rire dans le quartier général du nouvel intrus Stanislas Girardin,
premier écuyer de Joseph, nous en a gardé le souvenir: « Parmi les
conseillers d'État, j'ai connu un abbé Llorente; il avait été attaché
l;inquisition; il en connaissait les secrets, il en a dévoilé les horreurs.
Son ouvrage a fait sa réputation, et annonce un mérite que nous
étions fort loin de soup&lt;,onner. Ce pauvre ecclésiastique était attaché
au quartier général, et il y était l'objet de la plaisanterie de tous nos
jeunes officiers 3.
Quatre ans apres, Llorente quilla Madrid, le 10 aofit 1812 1 pour
Valence, avec le roi Josef et sa cour, chassés par la bataille de Arapiles
que perdit le m~réchal Marmont, et il publia Valencequelques opuscules. LaNoticia biográfica ne mentionne pas-pas plus que Menéndez
Pelayo - la Carta biográfica publiée par D. Aléxandro Ferna~dez
de Ruidiaz, neveu de Llorente, oü se trouve une lettre de Llorente
a son ami D. Antonio Alcaráz, du 7 octobre 1812, dans laquelle il
donne un l&lt; indize razonado de sus obras lilerarias » 4. 11 y insiste
surtout sur les Noticias históricas de las lr_es provincias vascongadas
A lava, Guipúzcoa y Viscaya et montre qu'il n'a voulu causer de lort
a personne, d'autant plus que le manoir de sa famille Llorente est
a Ala va, et que d'autres familles, qui lui sont proches, se trouvent dans
le Guipúzcoa et dans la Biscaye. Le nombre des écrits catalogués est
de onze et sous le numéro douze, Llorente dit ceci : « Tengo escritas
varias obras ineditas de que no doy noticia individual, porque tal vez
no llegarán á \'er la luz pública, y necesita de la última mano. Tampoco la doy de algunos papeles en derecho impresos, trabajados
por mí, porque lleban el nombre y firma de otros juriconsultos que
pudieran sentirlo. Valencia. 7 de octubre de 1812. - Juan Antonio
Llorente. »
Lloren te résida a Valen ce j usqu'au mois d'octobre 18 e2, puis il passa
aSaragosse et ne la quitta qu'en juillet 1813, pour aller a Camfran et
Oléron, « fuyant les périls de l'anarchie et de la férocité que je jugeai,
dit-il, prochains en cette cité (Saragosse) et dans d'autres villes d'Espagne, a cause de la retraite de l'armée fran&lt;,aise 5. '&gt; U s'arreta dans

a

1808 2 •

Correspondanced' Espagne, t. 675, fol. 178. - Ces deux le llres ont éle publire,,
pas tres correctement, par 11. Geoffroy de Grandmaison, L'Espagne et Aapo/éon,
/804-1809, Paris, 1908, p. 289.
2. Correspondance d' Espagnt, t. 670, fol. 148.
1.

lll

a

Madrid 28 julio 808.

Bayonne, le 27

D. JUAN ANTONIO LLORENTE

, . Corres¡:,ondnnce du comte de la Forcst, l. 1, p. 92.
Noticia, ele., p. 123-124.
3. Journal et souveni,s, discours et opinions de S. Girardin, París, r828, t, lV, p. 283
4. Carla biográfica la daá luz D. Alexandro Fernande= de Ruidia:, Valencia, 1812 1 10
et 46 p. in-8•.
5. Noticia biogrúfica, p. r47 el 152.
2.

�llULLETll'I BISPA!'IIQUS

D. JUAl'I .lNTO1'1O LLOR!NTE

plusieurs villes du Midi de la France; aussi, ne nous étonnons pas de
voir une lettre de Llorente, adrcssée a D. Francisco Amorós, de Lectoure, 28 septemBre 1813, pour solliciter son envoi a París, Llorente
prétextant qu'il avait a rédiger un travail sur Antonio Perez, dont il
découvrit « avec beaucoup de peine» le proces original dans les
archives de l'lnquisilion de Saragosse. Voici ce qu'il dit dans sa Noticia
biogrd.fica (p. , 73) : &lt;&lt; Tengo tambien acabada otra obra intitulada :
Historia de la vida y sucesos de Antonio Perec, primer secretario de
1.;stado del Rey de Bspaña Felipe Jl. Los acontecimientos estraordinarios
de aquel ministro estan enlazados con otros muchos de la monarquia
española. Las obras que escribió intituladas Relaciones y cartas no
dan toda la luz n~cesaria para sal,er algunas cosas; ni tampoco los
.llanifiestos que escribió para su proceso de Aragon; ni el libro que
se imprimió en Madrid con el titulo de Proceso de Antonio Pere:. El
que se formó de su muerte á instancias de su viuda é hijos, para que
se,le reintegrase la fama, es el que conliene piezas y noticias important•s; ~- el de la lnquisicion de Zaragoza en su ausencia ilustra
muchas dudas. Si tengo tiempo, completaré la obra que debe interesar
á los amantes de la exactitud hislórica De positivo he trabajado la
parte que no puede saberse por los libros impresos ». Dans la lettre
a Francisco Amorós, Llorente dit que Antonio Perez donna a Sully
et a Villeroy les manuscrit§ qu'il n'avait pas cu le temps de publier,
et qu'il lui semble impossible qu'une bibliotheque ou famille, ayant
succédé a ces deux l&lt;,ran~ais, ne lui fournisse pas une copie de ces
pieces. Celle lettre et les deux autres d'Amorós ont été saisies par
la police.
Lectoure, 28 de sete de 1813.
Amado amigo mio: Ya sabes qe habiendo encontrado costa
de mucho trabajo en el archivo de la Inquisicion de Zaragoza
el proceso original del famoso Antonio Perez, me lo traxe
a Francia con animo de escribir la vida verdadera de aquel
varon ilustre, qe puede decirse ignorada, porqe sola consta
la verdad en dho proceso y en otro qe tambien me traxe,
formado en el mismo tribunal, despues de su muerte, para la
restilucion de su fama y buena memoria, a instancia de su
viuda e hijos; cosa qc hásta ahora nadie sabia en España
ni Francia, sin embargo de haberse escrito tanto en ambas
partes.

a

Comencé pues a escribirla con el gusto de prever quan
agradable podía ser a los frances,es una historia qe tiene

123
infinitas relaciones cou los sucesos de su' rey Henrique quarto
q 8 protegía a Perez impoderablemente, se vatio de sus luces
los diez y nueve años ultimos de su vida, y le sostuvo en Paris
con estimacion y conmodidad.
Pero la continucion de mis trabajos me hace conocer qe
. Lectoure no es pueblo proporcionado para dar a la obra la
perfection de qe es susceptible; ya por falta de los libros a que
se deve recurrir en especies importantes aunq 8 incidentes; ya
principalmente porque solo en París pueden hallarse las obras
manuscritas ineditas q 8 Antonio prometio, en las impresas, y
murio sin publicar, haviendolas dado al famoso duque de Sully
y a Mr de Villeroy, secretario de Estado de Henrique quarto.
En estas obras, dixo Perez en varias cartas, que descifraba
varios enigmas y declaraba sucesos ocultos suyos y de Felipe
segundo, para q e sirviesen de escuela politica; principalm'" en
las qe intituló Memoriales y consejos. Parece impossible qe
1leje de hallarse alguna copia integra ó diminuta de tan preciosos manuscritos historicos y políticos en alguna biblioteca,
i, casa qe sucediese a las de Sully y Villeroy.
De aqui me resulta la necesidad absoluta de pasar a Paris
a buscar estos manuscritos, u otras equivalentes, qe me auxilien para llenar algunas lagunas de la historia de Eispaña
y Francia, incapaces de llenarse sino por este medio, en la
vida del que tuvo intervencion activa en todos los grandes
sucesos de su tiempo, tanto en las relativos a Henrique IV
como en los de Felipe II.
Por lo mismo te encargo y estimare mucho qe me consigas
licencia para pasar a Paris con dho 'objeto, pues no dudo qe
manifestando el motivo, se concedera, ~· siendo necesario
consiento q e muestres o presentes ésta carla, haciendole servir
de memorial o de poder segun convenga.
Deseo qe te halles enteramente restablecido de tu indisposicion qe cuentes con la, invariable voluntad de tu amigo
verdadero y compai1ero.
Juan Antonio Lloren le.

y

Exmo Sr D• Fran'° Amoros, consejero de estado de Espaiía •.
1.

Archhe1 Nationale•, Fi 8¡88.

�125

BULLETill HISPAlllQUE

D. JUAN AIIT0'.'110 tLOl\l:NTE

Amorós, qui avait été nommé Conseiller d'État par Joseph, a peu
pres en meme temps que Llorente 1, s'empressa de recommander,
11 comme collegue et ami», la lettre de Lectonre, a M. le duc de
Rovigo, ministre de la police générale, le 16 octobre et le 27 octobre
1813. Sur la seconde leltre, un employé a mis la remarque suivante :
ll joindre au dossier. 11 y a ajournement. n

bibliotheque11 de Paris. Il desire et demande la permission dr
venir a Paris, qui d'alleurs l'a meritée bien par son dévouemenl, par sa réputation, comme savanl et comme homme
public, qui a rendu des grandes services a la dinaslie regnante ...
Paris, le 2¡ oclobre 1813.
Le Conseiller d'Elat de
S.M. C.
Franrois Amorós

Monseigneur,
i\lr Lloren le, conseiller d'État de S. M. C. m'a écriL la lellre
que j'ai l'honneur de presentcr a V. E., en me demandant,
comme college et ami, de lui procurer la permission pour
venir a Paris, a la recherche des ouvrages qu'il doit consulter
dans de grandes bibliotheques pour suivre les lravaux donl il
s'occupe. Ces recherches interessent l'histoire ancienne de la
France et d'Espagne, la filosophie et la politique. M' Llorente
est une personne tres remarquablc pour ses services a la
Dinastie regnanle et par ses talens e' ses écrits. Je m'honore
d'etre l'interprete de ses desirs envers votre Exe et je lui prie
de vouloir bien lui acco1·der le passeport necessaire pour
venir a París. Il se trouve a Lecloure dans le Departemen l
du Gers. París, 16 oclobre 1813.
Monseigneur,
Je vous prie d'agréer les assurances de ma plus haute
considération,
Francisco Amoros.
Monseigneur le duc de Rovigo, ministre de la Police
générale 2 •

M. Llorente, Conseillcr d'État de S.M. C., commissaire royal
de la croisade et Chanoine Dignité de Tolede, a ecrit dilfércnt
ouvrages que l'lnstitut Impérial de France a trouvé fort inléressanles. Le deroier siogulieremen t des Anales de Unquisilion
d' Espagne esl a·son second volume, el pour le continuer il doit
consulter des ouvrages qu'on ne trouve que dans les grandes
1. Daos sa D•claration (París, 1817), Amorós dit que sa nomination est du
• 5 novembre 1808.
2 • •\rcbives Nalionales, Fi 8781&gt;.

1

•

Selon Menéndez Pelayo, Llorenle, surpris par les événements de
1813, ne pul pas continuer en Espagne les Anales de l'lnquisition

d'Espagne et dut faire passer en France les extraits qu'il avait pris
dans les archives et un certain nombre de pieces originales, qu'il
« vendit sans scrupule a la Bibliotheque Nalionale de Paris, ou elles
sonl conservées, reliées en dix:- huit volumes, n. 11 faut avouer que
Llorente se vengea assez spirituellement du décret du 3o mai 181!1,
qui défendail aux Espagnols de rcntrer en Espagne sans la permission du roí, leurs biens etrenles restant confisqués. 11 J'ai supporté
celte peine, dit-il, et j'ai perdu, comme particulier, la bibliotheque la
plus importante de ~ladrid. Elle se composait de plus de httit mille
volnmes, dans lesquels un nombre considérable étaient des rnanuscrils inédits et un nombre plus considérable de livres imprimés, ºrares
el dil'ficiles a trouver 3. n Dans l'Histoíre de l'lnquisílion d'Espagne,
publiée chez Treuttel et Würtz, en 1817-18, le (1 Catalogue des manuscrits qui n'ont pas encore été publiés, et qui ont scrvi pour eomposer
l'Histoirc ct·itique de l'lnquisilion d'Espagne », se monte a quarantehuit. Que sont devenus les trente qui restent et qui conlenaient,
quelques-uns, plusieurs volumes? On ne le dit pas et Menéndez n'en
soufile mol.
Parmi les savanls franvais, Lloren te trouve d'assezchauds partisans.
Ch.-V. d'Hautefort parle de Llorente, dans son Coup-d'reíl sur Lisbonne
et Madrid en1814 4, et en fait le plus grand éloge : u Parmi les érudits
,. Archives jationales, F1 8788. - Llorente vinta París en 1813 ou en 1814, car
il ful présent au mariage entre la filie, Asunción, du fameull voyageur Domingo
Badia y Leblich, et Claude Izonard de Lisie de Sales, le 26 novembrc 1814, a la
mairic du Xte arrondissement de París, en compagnie de Pierre-Samuel Dupoot de
Nemours, coosciller d'Élat, Charles-Marie Pigoatelli de Gonzague et D. ~·rancisco
Amorós (RtaL civil de la Seine. Communication du comte Heori de Castries).
,. Historia dt los htterodo~o• españoles, t. 111, p . .422. - lliblotheque l\ationalc,
~·onds espagnol, 60 a ,í ·
.
3. Noticia biográfica, etc., París, 1~18, p. 15:i. O. A. Paz y )lélia a signalé la visile
faite par l'lnquisitioo des livrcs el de, papicrs de Llorente, en 1814 (Cat&lt;ílogo abre
uiodo de papeúis de inquisicion, Madrid, 1914, n• 613).
4- París, 1820, p. 435._

Bull. hispan.

9

�BULLETl:'l HISPA.!UQUll

U. JUA.ll A.!1'1'0!110 LLOREl'ITE

espagnols que je consulte journellement, je placerai M. Oon Juan
Antonio Llorente, chanoine dignitaire de Tolede, qui séjourne depuis
longtemps a París. Ce docte ecclésiastique, que j'ai eu l'honneur de
voir a Saragosse, m'a été du plus grand secours, surtout en ce qui
regarde la géographie et l'histoire de son pays, qu'il possede a fond
et qu'il a éludiées en homme judicieux : je dois l'avoue_r franchement,
sans son appui, je me serais trouvé fort souvenl embarrassé el hors
d'état de vaincre les difficultés que la connaissance topograpbique des
lieux, l'instruclion et la critique de M. Llorente ont résolues de la
maniere la plus satisfaisante. 11 L'arlicle publié dans la Revue encyclopédique par A. Mahut, peu de temps apres la mort de Llorente
(avril 18:13), et ornée de son portrait 1 , est également fort élogieux.
Depuis 1819, Llorente était un collaborateur de la Revue encyclopédique; il y publiait des nouvelles d'Espagne et le premier qui y figure
est un article sur le Sí de las ni,í.as de ;\Joratin (t. II, p. 497). La revue
protesté contre son expulsion; elle note son arrivée a Madrid, le 7 janvier 18:13, et son déces. &lt;&lt; Ce savant respectable vient de mourir a
lladrid, le 7 févl'ier 11 (t. X.Vil, p. 183 et 419).
Pendant les derniers temps de son séjour a Paris, Llorente écrivait
encore deux lettres : la premiere. du :i:i juillet 18:io, aux libraires
Treutell et Wurtz daos laquelle il lcur propose l'achat de l'édition
du Pro;et de constitulion religieuse considérée comme faisanl partie de
la conslilution civile d'une nation libre indépendante, qu'il considere
comme plus inléressanle que l'Histoire de l'lnquisilion 2 , et la seconde,
du 19 décembre 18:io, ou il proteste contre le décret qui l'a rayé de la
dignité de maestrescuelas et de chanoine de l'église de Tolede; il dit
qu'it renonce au premier litre et, pour prouver son désir de paix, qu'il
renonce aussi au second, mais qu'il exige qu'on lui paie la pension
consentie a des ecclésiastiques avancés en A.ge, c'est-a-dire ayant
dépassé la soixantaine3,
L' Hisloire áe l'lnqui.sition d' Espagne el d'au_tres, nolammen t les
Portraits politir¡ues des Papes, causerent néanmoins un assez gros
scandale dans le monde de la Congrégation, et le gouvernement de la

Restauration dut sévir. Llorente était réfugié et tombaitsous les coups
de la loi. Le cabinet du préfet de police prévint le ministre de l'lntérieur, a la date du 1,1 décembre 1822, qu'il a fait venir Llorente et lui
a &lt;&lt; enjoint de quitler París dans :i4 heures et de sorlir du royaume
dans le plus bref délai •. Cet étranger a demandé un jour de plus, qui
lui a été accordé. 11 a pris son passeport pour l'Espagne, en passant
par Bordeaux et Bayonne. U doit se mettre en route apres demain. n
Le 13 décembre, le ministre de l'Intérieur notifie aux préfets de la
Gironde et des Basses-Pyrénées : &lt;&lt; M. le Préfet, le s· Llorente, espagnol
réfugié, auteur d'ouvrages rédigés dans un fort mauvais esprit, a rei,u
l'ordre de quitter Paris, dans les :i4 heures et le royaume dans le plus
bref délai. 11 doit se metlre en route aujourd'hui 13, muni d'un passeport de la préfecture de police avec direction de Bordeaux et de
Bayonne». Et, a la date du 15 décembre,le cabinet du préfet de police
annonce au ministere de. l'lntérieur· le départ de Llorente de Paris :
&lt;&lt; Le sieur Llorente, pretre espagnol réfugié, est partí hier 14 du courant, a 4 heures du soir, par les messageries royales de la rue NotreDame-des-Victoires. ll a emporté avec luí deux valises et a lail\Sé
a París ses malles et autres effets, que son domestique fera sans doute
partir par le roulage. n 2 Enfin, la derniere dépéche concernant
Llorente est celle du préfet des Basses - Pyrénées au ministre de l'Intérieur, de Pau, 28 décembre, qui le prévient que Llorente u n'a eu de
relations dans cette ville (Bayonne) qu'avec un négociant nommé
Laloi, de qui ii'a rec;u de !'argent : il se rendait a Madrid 3 &gt;&gt;.
Llorente mourut, a Madrid, le 5 ou le 7 février 18:J3.

1. Dans le Catálogo de los retratos de personajes espaíwles ••. de la Biblioteca
nacional, par Angel M. de Barcia, Madrid, 1901, il y a, p. 467 el 753, qualre porlrai_ts
de Llorenle. Le dernier porte J'inscription : « Lilhographié par PierreCamus, d'apres
l'étude d11 portrait historié qu'il a peinl en 1821, qui est mainlenaot Cadi:r. ». Le
porlrait de Llorenle par Goya, qui a été exposé en 1900 par le Minislere de l'lnslruclion publique d'Espagne, apparlienl a un parenl, D. Francisco Llorenle y García de
Vinuesa. 11 a élé reproduit daos la Petite collection d'art Gowans, n• 26, en 1909.
~l. P. Lafond l'a formellemenl contesté (Ga,alte des beaux-arts, 49• année (1907),
,,. semestre).
2. Lettres autographa composant la collection ele M. A lfred Bovet, décrites par Étienne
Charquay. Paris, ,885, p. ~4!)3. Yo el infrascripto Juan Antonio Llorente, presbítero, Ciudadano español, ele. (Bib(,
:Sat. de París, Oo 390).

a

llj

A. MOREL-FATIO.
P.-S. - D. Aurelio Viñas, professeur a l'Université de Séville, et
qui prépare une étude sur Antonio Pérez, a eu l'amabilité de faire
copier la visite faite par l'Inquisition des livres et des papiers de
Llorente, en 1814 (n• 603 du Catálogo abreviado de papeles de
Inquisición de D. A. Paz y Mélia), et de la mettre a ma disposition;
C'est au mois de décembre 1814 que l'Inquisiteur fiscal du Saint
Office eut connaissance que les livres et papiers de D. Juan Antonio
Llorente se trouvaient dans le magasin des biens séquestrés, dans la
calle de Alcalá et dans la calle del Turco, avec les livres du Prince de
,. "Au commencement du mois de décembre 1822, il lui ful enjoint de quitter
Paris sous lrois jours, et la France sans délai. n (Revue encycwpédique, t. XVlll, p . 4 1 ).
2. • M. Llorenle étail dans l'usage de lenir un journal de ses voyagee. On doit
trouver, parmi ceux de ses papiersqui sonl restés aParis, le journal de son voyage de
Madrid a Valence, il ~aragosse et en France; dans ses papiers de Madrid, on lrouven
le journal du voyage de Bayonne, en 1808, qui contienl des renseignements intéressanla sur la révolution de celle époque "· (Revue encyclopidiq11e, l. XVIII, p. 51).
3. .-\rcbhea Nationales. Fi 664,.

�BULl,ETIN HISPANJQUE

la Paix; mais on apprit plus tard, le 14 janvier 1815, grace au mémoire
de l'archiviste de la Real Audiencia de Saragosse, O. Manuel
Rodriguez, que ses livres et paplers avaient été transportés en
France et que le Saint 0ffice se demande s'il serait possible de les
réclamer. II se réfere a la lettre du dit Llorente, datée de Saragosse, le
10 février 1813, disant que, en vertu d'un décret du général París,
gouverneur du royaume d'Aragon, au nom du roi Joseph, il a élé
autorisé a prendre les livres et les papiers de l'ancienne inquisition
de Saragosse. La lettre est signée par Juan Antonio Llorente, conseiller
d'Etat et commissaire général de la Sainle Cruzada, el adressée au
Président de la R. Audiencia d'Aragon. A la suite vient l'inventaire de
ces papiers :
1 • Diverses liasses de proces, in-quarto, se rapporlent aux premiers
temps de l'lnquisiLion en Aragon el qui conespondent aux numéros
60 a 71 du fonds Espagnol de la Bibliotheque Nationale de Pal'is ;
2° Les proces, in-folio, formés contre Antonio Pérez (numéros 72 a 77
du fonds Espagnol de la Bibliotheque Nationale de Paris); 3• Divers
écrits et notes sur les proces formés contre Mossen Francisco Ximenez,
Fr. Antonio Arpall, ele.; 4º Les relations des autos de fé de 1550 a
1623; 5º Les lettres des lnquisiteurs généraux et du Conseil de l'Inquisition jusqu'en '735; 6° Un ancien index du temps de l'établissement
de l'Inquisition a Saragosse; 7° Une liasse de bulles et d'édits anciens
de l'lnquisition; 8° Une autre liasse d'instructions du Tribunal de
l'Inquisition. A partir du n• 3 le catalogue formé par Llorente ne se
trouve pas a la Bibliotheque Nalionale de París, mais on le rencontre
~ peu pres dans Je catalogue du tome premier de l'Histo.ire critique
de l'lnquisilion d' Espagne. La razon, rédigée pour donner décharge a
l'archiviste Don '\ianuel Rodriguez, porte la date du 27 février 1813.
La visite du Saint 0ffice se termine par un assez long rapport de
l'arclliviste D. Manuel Rodriguez, daté d~ Saragosse, le 9 janvier 1815,
qui cherche a sauver les apparences : le Tribunal a, il est vrai, obéi
aux instructions de Llorente, données sur les ordres du général Paris,
mais maintenant que &lt;&lt; le Saint Tribunal a été rétabli daos la plénitude
de tous ses droits », l'archiviste demande qu'on le tienne pour &lt;&lt; bon
Espagnol et catholique apostolique romain ,,, et il prie qu'on tui
donne au moins un rcmerciement. Le Tribunal le lui donna.
A. M.-1&lt;'.

LES SOURCES HISTORlQUES DE ZAHA GOZA

L'étude des sources hisloriques des Episodios nacionales
vérifiera sans doule en gros l'affirmation tranchanle de Pío
Baroja : &lt;&lt; Como investigador, Galdós ha hecho poco o nada :
ha tomado la historia her.ha en los libros» 1 . L'objet de la présen le note n'est pas d'en procurer la démonstralion sur un
ca!\ particulierement favorable. 11 ne s'agit pas, en effet, de
dépouiller Galdós d'une gloire a laquelle il n'a jamais prétendu : les Episodes nationaux sonl une reuvre colossale de
vulgai·isation, et ils sonl aussi une reuvre d'art. II n·est pas
sans intéret de savoir ou Galdós en a pris les matériaux. Mais
. il faut chercher plus avant, et voir comment il les a élaborés:
il y a la, pour qui voudrait préciser sa conceplion du roman
historique, et, plus généralement, entrer dans les secrels de
son art, un travail préliminairc indispensable, que L'élude
direcle des Episodes ne saurait remplacer. c·est une infirne
partie de ce travail préliminaire qu'on a voulu faire ici.
On pouvait deYiner, d priori, que Galdós avaiL lu de pres le
récil de la défense de Saragosse dans la flistoria del levantamiento, guerra y revolución de Espa11a par le comte de Toreno.
En 1874, Górnez de Arteche n'avait encore publié que le premier volume de sa Guerra de la Independencia (1868), el le
second, qui n'arrive pas jusqu'au deuxieme siege, ne devait
paraitre qu'en 1875. Par contre, l'histoire de Toreno, déja classique, venai t d'etre rééditée par Rivadeneyra dans le tome LXIY
de sa Biblioteca de autores españoles ( 1872). La belle tenue
liLtérahe de cet ouvrage en faisait le guide le plus agréable
a suivre parmi la multiplicité confuse des événernents politiques et des théatres d'opérations militaires. Pour reconstiluer
, • Pío Baroja. Páginas escogidas. ~ladrid (Calleja) 1918, p. 37 1.

�r3o

BULLETIN HISPANIQUE

LES SOliRCl!S HISTOI\TQt:E8 DE Z.Hl.4G0ZA

l'hisloire des deu'- sieges de Saragosse, Galdós n'eut garde de
négliger un secours si précieux: il en relint meme, pour les
faire passer daos son roman, quelques visions d'un pittoresque
sobre telles que l'incendie de l'hopilal des fous,
la donquichottesque si1houette de D. Mariano Cereso courant au combat
armé d'un vieux bouclier., et l'épée nue. C'est également
a Torcno qu'il emprunle quelque~ délails relatifs aux événemenls qui suivirent la capitulation: me~rtre du Pere Basilio
Boggiero et de Mosén Santiago Sas, vol des bijoux de, NolreDame del Pilar.
Mai~ une histoire générale de la guerre d'Indépendance ne
pouvait luí donner en quantité suffisante ces détails concrets,
ces précisions de lemps et de lieu donl son roman fourmille.
Allait-il les demander aux documents d'archives? ll eut été audevant d'une déception, si l'on en croit M. Riba y García 1. A la
Gacela de la ville assiégée? C'est une publication fort rare, dont
on ne connaH, d'apres le meme auteur, qu'une seule collection
complete. Gald6s n'eut pasa chercher son information si loin,
car il en trouvait tous les éléments compilés dans la Historia
de los dos sitios que pusieron a Zaragoza en los años de 1808 y
1809 las tropas dr Napoleón par D. Agustín Alcaide Jbieca.
3 vol. in-8°. Madrid, 1830.
L'auteur, témoin oculaire des événements et chroniste officiel, eut a sa disposition non seulement la Gaceta mais une
foulc de documents qu'il emprunta aux Archives municipales
de Saragosse et qu'il négligea de rendre 2 • c·esl de ces documents qu'est formé presque en en tier le troisieme vol u me de
son ouvrage. D'ailleurs les pieces justificatives envahissent
meme les deux volumes de récit, qu'alourdissent, par exemple,
&lt;le longues proclamations de Palafox ou des comptes rendus
du commandement subalterne. Cette chronique confuse et
mal écrite n'est pas défendable au point de vue littéraire: elle
mérite tous les reproches que lui a prodígués, non sans

aigreur, un autre témoin oculaire, le colonel García Marín 1 •
:Mais pour Galdós, c'était une mine inépuisable de détails
précis el d'histoire anecdotique : il y trouvait, oulre la relation
circonslanciée des faits, un catalogue des principaux défenseurs de Saragosse avec J'exposé de leurs ex_ploits, une description minutieuse des lieux, et en fin un plan a grande échelle ou
figurent les ou vrages de forlification, les travaux des assiégeants, les démolitions de l'artillerie, 'les galeries de mines, en
un mot loules les indications de nature a faciliter l'intelligence des opérations. Galdós ne s'est pas fait faute de puiser
dans ce lrésor. D'ailleurs,'s•il ne nomme point sa source, parce
que de.telles références sont déplacées dans un roman, il lui
arrive de la citer entre guillemets (p. 190), en SQrle qu'on ne
saurait l'accuser de vouloir dissimuler la provenance de son
érudition.
Cetle ahondan te documentation lui a permis de réaliser dans
Zaragoza une densité de contenu historique qu'il n'a peut-etre
dépassée dans aucun des Episodios nacionales. Qu'on en juge
par le sommaire des principales concordances que nous avons
relevées soit avec Alcaide, soil avec Toreno. Nous renvoyons,
pour Zaragoza, a. l'édition complete des Épisodes (Madrid,
sucesores de Hernando) C'I pour Toreno, a l'édition Rivadeneyra (B. A. E., l. LXIV).

ou

1. Aparato bibliográfico para la historia &lt;Ú los sitios de Zaragoza, p. 183-184. Cette
bibliographie méthodique se trouve au tome IV des PablicacioMs del Congreso histórico i11temacionat de la Guerra de la Independencia y su época ( 1807-1815), celebrado en
Znragoza durante los días ft, a 20 de octubre de 1908. Saragosse, 1910.
2. Riba y García, op. cit. p. 184.

Ch. T, p. 7. Ruines de Santa Engracia (A. J, !)51).
Ch. 11, p. 11. Exploit d'Esteban López (A. lll, 112). La artillera
(.-\. l!I, 561. D. Andrés Guspide (A. III, 107) . - P. 1:l. Francisco Quílez
(A. lll, 117). D. Felipe San Clemente y Romeu (A. I, 219) . - P. ,3.
D. ,iiguel Salamero (A. III, 65). D. Mariano Cereso (T. 110 b
et 116 a). Défense de Santa Engracia (T. 115 b). - P. 14. Pepillo
H.uiz (A. f, :lo3 ). Mort de D. Antonio Quadros (.\. I, 204). - P. 15.
Incendie de l'hópital des fous (T. 115 b). D. Santiago Sas (A. I, H6).
D. Mariano Cercso, D. Marcos Simonó et Renovales (A. I, 199 sq.
passim). D. Lorenzo Calvo (T. 116 a). Martín Albantos (A. I, 216).
Vicente Codé (A. I, :l 13). D. Vicente ¡\{arraco (A. I, 217). La comtesse
1.

Fe &lt;U erratas y correcciones al estilo, lenguaje, contradicciones y equivocaciones de

a ,,bra ltiitórica ,te t,a cl,s m·-n1nbl~s sitio¡ de Zarago:a, por el Coronel de Infantería
Don Fernando García Marín. - Saragosse, 18H. -Opuscule as,ez rare, dont il existe
un exemplaire a la Bihliotheque du Sénat, de '.'lladrid.

�BULLETJ'I HlSPAIUQUI:

LES SOUl\CE~ BlSTOIUQUF.S DE ZARAGOZA

a

~le Bureta (A. I, 2:11). - P. 16. )fassacre de Frarn;:ais !'Arco de
Cineja (T. T16 a). Départ de Palafox (T. T16 a). - P. 17. Antonio
Laste (A. III, ro8). Hilario Lafuente (A. III, 119). D. Francisco lpas
(A . r, 20:i). - P. 18. Exploit de Codé (A. l, 213) ..
Ch. m, p. 19. Destruction volontaire des olivetles (T. 167 a). P. 23. Les fortifications de l'Ouest (A. III, 205).
Ch. IV, p. 27. ~ Nuestras carnes sólo se cubren de gloria&gt;&gt; (A. U, 9).
Proclama-tion dn 13 décembre (A. 11, 38). Appel aux débris de l'armée
du Centre (A. ll, /10). - P. 28. Arrivée des troupes assiégeantes
(A. 11, 45). - P. 29. Poste occupé par le bataillon de las Peñas de
San Pedro (A. lll, 80). Batlerie des Martyrs (A. 11. 16). Fortifications
adjacentes (A. lll, 206).
Ch. Vl, p. 41. Saint March el O'Neille (A. ll, 46). Liste d'unités
prenant parl al'action (A . 11, 46 sq. passim, et Ill, 74). Abandon de
Monte Torrero. - P. 42. Destruction du pont d'Amérique (A. ll, 47).
D. .losé Manso et D. \driano Walker lA· II, 46). D. Pedro Villacampa
(A. 11, Lt8). Yolontaires de Catalogne (_A. 11, 49). Renovales (A. 11, 46).
- P. 43. Altaque de San José (A . lf, !17). - P. 44. La cloche de la
Torre ~ueva (A. II, 49). - P. 45. Défense de J' \rrabal (A. 11, 48). P. 46. La cavalerie sur la place de la Seo (A. II, 48). - P. !17. Feux
croisés de San Lázaro et du Macelo (A. 11, 52).
Ch. VII, p. 4g. La foule sur le champ de bataille. - P. 5o sq.
La foule l'église du Pilar (A. 11, 54).
Ch.
p. 57. Réponse de Palafox
Moncey (A. lf, 61 el 63).
P. 58. Opportunité des sorties (A . II, 67). Sortie de Renovales
(A . 11, 65). Sorlie d'O'~eille (A. II, 67). - P. 59. Les travaux de la
premiere parallele C'\, 11, 68). - P. 59-6'.l. Sortie du 3 1 décembre
- (A. 11, 69-78). - P. fi1. La cavalerie laille l'ennemi en pieces. Frani;ais bnil~s vifs (A. II, 70). - P. 62. On bat la générale au Mont
Torrero (A. lf, n). La póele de Pirli (A. U. 77). - P. 64. Allégressc
populaire (A . 11, í8). Décoration commémorative (A. IT, 79). - P. 65.
Proclamation (A. II, 79).
Ch. IX, p. 65. Positions du Midi (A. 11, 84),- - P. 66. Juno! remplace Moncey (A. 11, 83). Le réduit du Pilar. Organisation du commandement (A. ll, 98). lnscription du réduit (A. ll, 15). - P. 68.
Escudo de premio y distinción (A. lll, 29). - P. 69. El Padre FraJ
\fateo del Busto (A . lll, 136). D. Pedro Ric \T. 171 a). - P. 71.
Manuela Sancho (T. 168b. - A. ll, 8:i). - P. 74. Casta Alvarez
(A . 111,57).
Ch. X, p. 16. Ouverture du feu (A. 11, 91). - P. 78. Renovales
défend San josé (A. II, 9'.l sq.). Les défenseurs écrasés sous les ruines
tT. 168 b). - P. 79. Allaques du 10 et du 11 janvier (A. 11, 89 sq.).
- P. 80. Feu d' enfer contre le réduit du Pilar; la panique (A. ll, 99).
- P. 83. Proclamation de Palafox (A. ll, 107).

a
vrn,

a

Ch. XI, p. 83. Les Fran&lt;;ais

a San

133

José. Manreuvres d'approche

(A. 11, 102). Proclamation du 1!1 janvier (A. JI, 109). - P. 84. État
lamentable du réduit du Pilar ( A. 11, 111 ). Confection de sacs a terre
(A. 11, r t0). - P. 85. Abandon du réduit (A. ll, 11 :i a 114). P. 86-88. AITTux de fausses nouvelles. Allégresse populaire. Le bombardement redouhle (A. 11, 114-115).
Ch. XII, p. 88. Sortie du 22 janvier (A. II, 126). Défense du moulin
hnile (A. 11, 134) . Cinquante bouches feu (A. ll, 122).-P. 89. Réponse de Palafox Lannes (A 11, 1'.lí)- - P. 90. D. Manuel Lasartesa
(.-\. 111, 28). D. Antonio la Casa (A. lll, 109). D. José '1artínez
(A. III, 1:15). D. Vicente Casanova (A. 111, 144 ). - P. 92. Junta de
Abastos (A 111, 196). D. Juan Gallart (A. III, 130).
C:h. \.11(. p. 102 :\toulin poudre (A. 11, 131). - P. 106. Travaux
de défense du faubourg des Tanneries (A. lf, 130). - P. 1oí.
Description des fortifications de l'Est (A.-11, 13l1-r35 et III, 207). P. 111. Le gibet (A. 11, 173).
Ch. XVII, p. r4o. Trois breches ouvertes. Abandon du moulin de
Goicoechea (.-\. II, 133-134)- - P. 142. Altaque de la maison González
el de la batterie des Martyrs (A. 11, 136).
Ch. XVlll, p. 146. Les FranQais sont maitres de la batterie des
\fartyrs, de S 1• Engracia et des Trinitaires (A. II, 137}.- P. 14(i sq.
La guerre des maisons (A. 11, 139) - P. 148. Premiere attaqne de
Santa Mónica. L'ennemi, échouant, se relranche dans les maisons
voisines (A. 11, 141).

a

a

a

a

Ch. \.IX, p. 156. Incendie de la Andiencia(A. II, 143).
Ch. XX, p. 167. Pendaison de D. Fernando Estallo (.\. II, 173). P. 168-169. Proclamation de Palafox (A. 11, 147). Echec des Fran&lt;;ais
contre Santa )tónica (A. II, 149-151). - P. 169. \'ouvelle attaque et
prise de ce couvent (A. Il, 153). - P. 170. Les derniers défenseurs
perccnt une ouverture pour s'échapper (A. ll, 154). dieta, Paúl. Benedicto, Oliva (A. n, 153).

P. 171. '1en-

Ch. XXl, p. 172. Guerre de maisons du coté de Puerta Quemada
(A. ll, 16í sq.). - P. 180. Contre-attaque au couvenl des Trinitaires
(A. 11, 155). - P. 182. Les Franc;ais font sauter le mur qui séparc
San \gustín de las }tónicas (A. 11, 163).
Ch. XXII, p. 183 sq. Défense de San Agustín(A. 11, 16;l-16l1J.
Ch. XXIII, p. 190. Intentions et situalion de l'ennemi (A. JI, r65).
- P. 197. Palafox aux poinls menacés (A. 11, 14:i).
Ch. XXIV, p. 198. Guerre de mines dans le quartier de la Magd:ilena (A. II, 1rl).
Ch. XXVI, p. 221. Prise du couvent de Jérusalem (A. 11, 172).
Proclamation du 2 féHier (.\.. 11, 17 1). Proclaniation du !1 février
(A. 11, 17'1). Proclamalion du 9 février(.-\.. ll, 181). - P. n2. Les

...

�134

IWLLETI~ HJSPA'ITQUE

Frani;ais commencent a miner en &lt;lirection de l'Hopital el de San
Francisco (A. II, 183-185)
Ch. XXVII, p. 232. Attaques conlre l' \rrabal (A. JI, 179). Bombar•
dement de l'église du Pilar (A. II. 180).
Ch. \XVIll,p.240. SasetLaCasa(A.11, 179). Piedrafita(A.ll, 191).
Escobar (A. III, 115). Leiva (A. ll, 189). Canon de l'Arco de Cineja
(A II, 185). - P. 244. Explosion de San Francisco (A. JT, 185). P. 246. Batlerie de la Subida del Trenque (A. II, 190). - P. 248.
Défense désespérée du clocher de San Francisco ( !\. 11, 187). Casa de
Sáslago (A. II. 189).
Ch. XXIX, p. 249. Destruction de l'Université (A. II, 208), de la
capilla de la Sangre ( A. II, 191 ), de la casa de Aranda (A. II, 210). P. 251. Effondrement de la ruedes Arcades (A. II, 210).
Ch. XXXI, p. :178. \1eurtre de Mosén Santiago Sas et du P. Basilio
Boggiero (T. 171 b). - P. 279. Vol des bijoux de \'otre-Dame
del Pilar (T: 172 a).
L'intéret - et l'excuse - de ce long index de référcnces,
c'est qu'il permet, en feuilletanl le l'Oman de Galdós, d'y faire
immédiatement le départ entre les éléments historiques et les
éléments inventés. Et l'on ne peut se délendre d'un certain
étonneme.nt en voyaot combien de détails intimes qui, a premiere vue, pouvaient sembler depure invention, ont été pris
a la chronique d'Alcaide ou au)( documenls authentiques qui
s'y trouvent inclus. Parmi le butin que Pirli rappol'te de la
sortie du 31 décembre figure une poele « en la cual aún habia
restos de almuerzo, comenzado en el campamento frente a
Zaragoza y terminado en el otro mundo n (p. 62). On ne
s'attendait certes pas a 1·etrouver ce détail dans le rapport de
Renovales : ll .:. habiendo tomado nuestras tropas cuatro
mochilas, seis fusiles, tres mantas, un poncho, una bota. y una
sartén con que estaban guisando de comer n. (A. II, ¡7.) Bien
peu nombreuses sont les précisions de lieux ou de personnes
qui ne reposent pas sur l'autorilé d'Alcaide ou de Toreno '·
Galdós a meme poussé le scrupule jusqu'a consulter attentivement, au tome Tll d'Alcaide, la liste· des unités dont la présence
, . :'ious n·en pou,·ons guere cíter que deut ou lrois : les noms du sous,-lieu~aant
D. \ligue) Gila (p. 12) et du commer,;,ant D. Pedro Pizueta (p. 92); - 1 ex_plml du
marquis de Pino Hermoso ala tele du lntaillon d'Orihuela (p. 243). !\ous ignoran~
rgalement ou Galdós prend l'orlhographe &lt; Cereso» au lieu de, Cerezo• (p. 77, n. 1).

LES S0URCB1' HJSTORTQl'F:S OR lARAl:()7,.4

135

a été conslalée sur les différents poinls du champ de bataille,
et il a soin, en général, de ne faire intervenir le bataillon de
las Peñas de San Pedro que Ht 011 sa présence est attestée. ~i
nous laissons de coté la trahison de la Casa de los Duendes,
inventée de loule évidence pour les besoins de l'intrigue romanesque, nous ne voyons guere dans Zaragoza qu'une invention
-importante superposée a la vérité historique et la·dénaturan t:
la conduile héro'ique de Manuela Sancho ramenant au combat
les défenseurs du _réduit du Pilar (p. 81). Non seulement
Alcaide n'en dit ríen, mais il n·en est pas question non plus
dans les Mémoires du lieutenant-colonel García Marín ', qui fut
l'un des principaux acteurs de ce tragique épisode, puisqu·il
était parmi les officiers qui se lancerent, sabre au clair, audevant des fuyards. Galdós 11 'a pas résisté a la tentation de la
« scene a faire », a l'attrait d'une antithese un peu trop facile
entre l'affolement des soldats aguerris et l'héro'isme d'une
faible fcmme. Le tableau laisse une impression douteuse,
ou le charme désuet de rimagerie populail.'e se mele a la
grandiloquence de certaines compositions rnmantiques.
}iais si Galdós n'ajoule que tres rarement a la matiere
hislorique que lui fournissen t ses sources, il n'est pas moins
intéressant de noler qu'il en retient le ma)(imum de faits et
d'anecdoles, comme s'il avait ,oulu présenter un tableau
complet de la défense de Saragosse. Bien caractéristique a cet
égard est le deux:ieme chapitre, ou le mendiant Sursum Corda
raconte a batons rompus les prouesses du premier siege. On
comprend par quel souci d'unité et de concentration dans le
temps Galdós a circonscril l'actjon de son roman dans les
limites du deuxieme siege; mais on comprend aussi que son
dessein de vulgarisation luí ait suggéré cet artífice pour
brosser un raccourci du premier, en guise d'introduclion.
Zarago:a apparait a'onc ~omme une image épique et libre de
cet épisode grandiose, réunissant tous les traits d .héro'isme ,
, . .lfernorias para servir a la historia militar de la Guerra de la insurrección española,
desde su principin en 1808 hasta su fin en 18H. - Resumen ... del segundo sitio de la
inmortal Zaragoza - Defensa heroica del memryrable reJuclo llama.do del Pilar, ele ...
'danuscril coo~ervé a la 'Bibliotheque du Sénal de ,tadrid. - Sur l',1dition tle ces
mémoires, publiér en 1817. cf. Riba y García, op. cit., p. 273.

�u ;s

BULLBTl!f BISPANIQUlt

toutes les scenes d'horreur, et mat'quant a,·ec une netteté
:mffisante l'enchaincment des événements militaires. Toutefois,
une réserve s"impose au sujet de la fin du livre. Galdós, en
imaginant la trahison de Candiota et son chatiment, a cédé au
besoin de lier étroitement la catastrophe de la défense de•
Saragosse, la catastrophe des amours d'Agustín Monloria.
Mais il a sentí que ce double dénouemenl tragique ne pouvait
etre accompagné ni suivi d'un brillanl récit d'action mililaire
sous peine de diviser L'inléret el de compromeltre l'émotion;
et c·est pourquoi il n'a pas hésité
passer soui; silence
l'attaque de !'Arrabal, qui ful vraiment le dernier coup porté
a la résistance, et, bien plus que la prise de San Francisco,
le fait qui u décida du sort de la ville » (p. 240). Tres habilement, il enveloppe les derniers jours de la défense daos la
brume incertaine d'un cauchemar (u Vele lejos de mí, horrible
pesadilla ... », p . ~67 sq.). Le héros ne sort de sa torpeur
fiévreuse que pour dire adieu aux survivanls de ses compagnonid'épreuve, ombres blemes, exlénuées, enant dans la ville
prise ou regne le silence de la désolation el de la défaite.
On voit quelles inlentions artistiques, d'ailleurs inégalement heureuses, répondent les libertés que Galdós prend avec
l'histoire, soit par · addition, soit par omission. Ces libertés
sonl fort peu nombreuses, et il en résulte que Znrngoza a une
valeur immense comme ceuvre de vulgarisation historique.
Faut-il souligner le caractere forcérnenl artificiel du genre?
Ce caractere éclate si l'on compare les Episodios nacionales
des ceuvres d'une élaboration plus subtile telles que les Memorias de un hombre de acción, que cerlains critiques saluerent,
lcur appari lion , du tilre de « nuevos episodios nacionales ».
Chez Baroja, l'histoire est habilemenl dosée, traitée en fonction
,du héros, vue sous l'angle particulierd' Aviraneta. Chez Galdós
l'histoire est traitée pour elle-meme: Araceli est partout, il
6ait tout, et domine les événements auxquels il assiste comme
pourront le faire les historiens de l'avenir. Mais ce qui est
surprenant, c'est la maitrise avec laquelle Galdós a joué de cet
artífice, l'al't avec lequel il nous fait accepler cette convention,
la Yie qu'il a su communiquer un récil dont presque tous les

a

a

a

a

a

a

•

SOLI\CES HISTOIUQUES DE ZARAGOZA

éléments, et parfois les mols cux-memes, tui étaienl fournis
du dehors.
Quelques citations paralleles monh·eroQt mieux commenl il
cnlend son role de vulgarisateur, et le pal'li qu'il tire de ses
sources.
Parfois son intervention se borne abl'éger sous une forme
plus nerveuse la matiere donnée par Alcaide.

a

ALCAIDE

(II, p. IJ4-ll5).

Ya l'uese que Palaíox tuviese
noticia de que Perena había reunido algunas tropas, o por mejo1·
decir paisanos mal armados, ~a
que en realidad recibiese por
algun conducto papeles de otras
partes, lo cierto es que el , 7 al
medio día dh·ulgaron iba a publicarse una gacela muy interesante ... Su contenido se reducía a
que en Cataluña habían sido
derrotados los francesrs, y que
Reding tenía un ejército de sesenta
mil hombres; que el marqués de
Lazán , de~pués de haber arrollado
las fuerzas que el enemigo tenía
en el Ampurdán, había entrado
en Francia, llevando el espanto
por todas partes y enriqueciendo
el ejército con los despojos; que
venía a auxiliarnos una gruesa
división de Reding y otra del
duque del lnfanlado: que Blak.e
) la Romana con los ingleses
habían derrotado a ~apoleón,
matándole veinte mil hombres,
incluso Berthier y Ney, y herido
a Sabary; y que de sus resultas
estaba aquél sitiado en el Paular.
Ultimamente que habían llegado
a Cádiz para nuestro ejército diez
y seis millones de duros ...

GALDÓS

(p. 86-87).

\o sé si efectivamente llegaron
a Zaragoza tales noticias, o si las

sacó de su cacumen el redactor
principal, que era D. Ignacio
Asso; lo cierto es que en letras de
molde se nos dijo que Reding
venía a socorrernos con un ejército de sesenta mil hombres; que
el Marqués de Lazán, después de
derrotar a la canalla en el norte
de Cataluña, había entrado en
Francia, llevando el espanto por
todas partes; que también venía
en nuestro auxilio el Duque del
Infantado: que entre Blak.e y la
Romana habían derrotado a ~apoleón, maldndole veinte mil hombres, inclusos Berthier, ~ey }
Savary, y que a. Cádiz habían
llegado diez y seis millones de
daros enviados . por los ingleses
para gastos de guerra. ( Qué tal~
eSe explicaba la Gn.cela?

�138

IIULLETIN HISPA.,IQU-E

1.ES SOURCES IIISTORIQUES DE 7.AIUf.OU

11 seraiL absurde de crier au plagiat. Le romancier en use

a l'égard

du chroniste comme celui-ci a l'égard de la Gacela
qu'il analyse : pour Galdós l'histoire d'Alcaide est un docu111ent sur lequel la vulgarisation a tous les droits. - L'exemple
suivant nous offre déja un agencement plus libre des éléments
utilisés.
ALCAIDE

(II, p. 173¡.

En este día apareció a los ojos
del pública un espectáculo sobremanera triste. La noche anterior
cayó una bomba en la casa ustensilios, si ta junto a la plazuela de
la Cebada, y habiéndose incendiado, entraron varios paisanos,
los cuales hallarnn una porción
de camas de las correspondientes
a dicho rnmo, } como los enfermos se iban multiplicando extraordinariame nle y había tantos
hospitales, comenzaron a declamar. No fué necesario más para
proceder contra el guarda-almacén
don Fernando Estallo. Todos lo
apellidaron traidor, lecondujeron
en seguida a la cárcel y en ella
sufrió la pena de garrote. Por la
mañana apareció suspendido en
una horca colocada en la calle del
Coso frente a la subida del Trenque, con un cartel al pecho que
decía : por asesino del género
humano, a causa de haber ocultado veinte mil camas.

GALDÓS

(p. 167-168).

Detúvose el pueblo irritado
junto a la subida del Trenque,
donde estaba la horca, y- al poco
rato uno de los dogales de ésta
suspendió el cuerpo convulso de
un hombre, que se sacudió en el
aire hasta quedar exánime. Sobre
e) madero apareció bien pronto
un cartel que decía : Por asesino
del género humano, a causa de
haber ocultado veinte mil camas.
Era aquel infeliz un O Fernando
Estallo, guarda-almacén de la
Casa - uslensilios. Cuando los
enfermos y los heridos espiraban
en el arroyo y sobre las frías baldosas de las iglesias, encontróse
un gran depósito de camas, cuya
ocultación no pudo justificar el
citado Estallo. Desencadenóse
impetuosamente sobre él la ira
popular, y no fué posible contenerla. Oí decir que aquel hombre
era inocente Muchos lamentaron
su muerte; pero al comenzar el
fuego en las trincheras, nadie se
acordó de él,

a

citations parallelcs de celle longucur. Un grand nombre
des concordances que nous avons notées plus haul se réfcrent
a de simples allusions , a des précisions jetées incidemmenl
duns le récit pour lui donner un air de chose vécue. Assez
souvent, pourtant, Galdós Lravaille sur ses sources historiques
comme sur un canevas, ou comme sur une matiere a développement pitLoresque.

(NoLons au passage l'artifice qui consiste faire dégage1·
Araceli le j ugement moral, la présomptiou d'i nnocence
n 'étaienl qu'implicitcs dans les termes d' Alcaide : « no
necesario más ... )l.)
11 Y~ sans dire qu'on ne pounail pas multiplier a l'infini

par
qui
fué
des

TonENO (p. 115 b-r 16 a).

GALDÓS

(p.

15).

Prendióse fuego, y los enfermos
Los enfermos, viendo que los
que quedaban, arrojándose por las • techos se les venían encima, se
ventanas, c.:~ían sobre las baJ·o- arrojaban por las ventanas a la
nelas enemigas. Entre tanto los calle. Otros se iban arrastrando
locos, encerrados en sus jaulas, y rodaban por las escaleras. Ardían
cantaban, lloraban o reían, según los tabiques oíanse lamentos, y los
la manía de cada uno ...
locos mugían en sus jaulas como
. . Dueños de aquella parle fieras rabiosas. Otros se escaparon
sentaron los enemigos su águilas y andaban porlos claustros riendo,'
victoriosas en la Cruz del Coso, bailando y haciendo mil gestos
templete con columnas en medio graciosos que daban espanto.
de la calle del mismo nombre.
Algunos salieron a la calle como
en día de Carnaval, y uno se subió
a la Cruz del Coso, donde se puso
a sermonear, etc ...
Le procédé d'amplification est tlagrant: c'est un travail volontaire qui, des sobres irul.ications de l'histoire, fait sortir tout le
piltoresque qui y était virluellement contenu. Mais ce qui est
particulierement curieux ici, c'est la dé marche irnprévue et vraiment créatríce par laquelle l'imagination du romancier utilise
celte image de la Cruz del Coso que le récit de Toreno lui
olfrait quelques lignes plus loin, mais sans líen avec la scene.
On pourrait établir une série ascendante, depuis des passages
tels que le précédent, ou la transformation estencore sommaire,
jusqu'a des créations beaucoup plus libres, dont les sources
historiques n 'ont fourni que le point de départ. c·est au terme
de cette série que nous trouverions les plus helles pages de
Zaragoza : le tableau des ruines de Santa Engracia (p. 7),
étonnante transfiguration d'une description précise, mais un

�IQO

BULLETl:"I HLSPAJHQUE

LBS SOURCES HISTORIQUES DE ZARAGOZA

peu seche; le récit épique de la défensc de San Agustín
( ch. XXII), pour lequel Alcaide n 'a donné q u'u n canevas assez
incolore; enfin la scene de Notre-Dame del Pilar (ch. VII), qui
est sortie de cettc simple phrase: &lt;&lt; La capilla de :'\uestra
señora del Pilar al anochecer estaba colmada de un inmenao
pueblo, que concurrió a desahogar sus afectos religioso•. &gt;A
11 est impossible de citer toutes ces pages célebres. Du res~,
nous ne nous sommes pas pt·oposé de suivre l'imagination de
Galdós en plein essor, réservan t nolre attention pour le
moment précis ou elle quitte le sol, 011 elle perd le contact
des textes historiques.
Nous permettra-t-on de mentionner pour finir un drame
d'Antonio Hurtado et Gaspar Nt'ii1ez de Arce, donl Galdós
semble s·etre souvenu en écrirnnt son roman~ \ous ne prétendons pas le ranger parmi les sources historiqucs de Zaragoza.
)fais il s'agit d'un drarne inspiré par le meme épisode de
l'histoire nationale, et Riba y García I omet de le ciler parmi
les reuvres littéraires se rapportant au siege de Saragossc.
La Jota rtragonesa• fit son apparition sur la scene de la Zarzuela
en 1866, I'année meme ou Galdós débutait dans la presse
maddlene comme critique liltéraire et dramalique. II est forl
probable qu'il vit joucr cctte piece. On ne peut tirer aucun
argumcnt décisil' de la ressemblance entre D. José Monloria
et D. Pablo Lizana: ce sont deux typcs rcprésentatifs de
l'Aragon, assez forlement styliséti. Mais la réceplion que
Montoria fait a Araceli et a D. Roque rappelle de bien pres
l'accueil du vieux Lizana aux .soldats qui viennent défendre
Saragosse :

LA

JOTA ARAGONESA

( A. l. Se. l[l).

Pablo.
Mas ai así tan mano a mano
seguimos aquí los tres,
1.
2.

GALDÓS

(p. 21).

Sepan que no me fallan
diez docenas de jamones colgados
en el techo de la despensa, ni
veinte cubas de lo añejo. . . Ea

buena tripa pondrá pues
ese sargento cristiano.
eNo hay un lomo que freír ?
No hay jamón que preparar?
o va en ayunas a entrar
y en ayunas va a salir?
Carmen.
¡ Oh ! no, eso no.

muchachos, entrad adentro y
mandar que frían obra de cuatro
libras de lomo, y que estrellen dos
docenas de huevos, y que maten
seis gallinas, y saquen de la cueva
siete jarros de vino, que yo lambien quiero almorzar ...

Pablo .

Pues dispón,
que hoy cuantos van contra
[Francia
dueños de mi casa son.
Ajoutons que D. Pablo Lizana a, comme D. José MonLoria,
un fils séminariste qui vole au secours de la patrie oppri mée :
il est vrai qu'il n'est ni amoureux ni romantique, et que l'intrigue du rornan se déroule dans un tout autre ordre d'idées
et de sentiments que celle du drame.
Mais il ne saurait etre question d'étudier ici les sources
littéraires de l'intrigue romanesque. Il faudrait entrer daos
le domaine des influences incertaines, des filiations discutables,
et nous avons seulement voulu montrer quelle base solide
l'étude des sources historiques peut donner a !'examen critique
des Episodios Nacionales. Elle devrait etre étendue a !'ensemble
de cette reuvre immense si l'on voulait quelque jour définir
dans toute son ampleur le talent de vulgarisation de Galdós,
démeler les formules diverses selon lesquelles il combine
histoire et fiction. A.u milieu de cette diversité, la cocilparaison
dégagerait sans doute les procédés fondamenlaux du romancier les démarches les plus constantes de son imagination
créa,trice, fournissant ainsi de précieuses indications a qui
voudrait analyser son art dans la tola lité de ses reuVI"es.
~l. BATAILLOi\.

Aparato biblwgráfico . .. p. 2 r 5.
La Jota aragenesa. Drama en !res aclos y en verso, original de Don Antonio

Hurtado y Don Gaspar Núñez de Arce. - llepresenlado en el teatro de. la Zarzuela.
el dia •~ de diciembre de 1866. - ',[adrid, imprenta de José llodríguez, Calvario,
18. - 1866.
Bull. hispan.

10

�.....

f( té _.._ ele lui -.YOlt Jli'N 1a rue '1llliall d-. GarcUuo, publWe
,ve remando de Berren: e wbloh I ha4 mvain-,ht for in ~
ooiW!on• nf'lll."'Dilh boob, bolh pllblic ud ~ato. t:'°51ioQ de

VAllIÉTES

a

J. H. Wi6'en.
. Sauf une cilation tres coorte dan1 la liltérature espagnole de
l'ickoor, ou le 118vant américain traite
dédaigneusement de .la
vie et de la traduclion du Garcilaso de J. H. Witren (trad. allemande
de N. H_. J ulius, t. I, 387 ), je ne vois pas que peraonne ail eJICOre
rend.ujusticea ce remarquable ouvrage, qui, vu 118 date (18,3¡, peot
pasaer pour une précieuse cootrlbulion de l"hiopmisme anglais
au x1x• •i~le. Le volume est inlitolé : • The woru or Gtlrcila110 de-"
Vega, 1urnam~ the prioce or caslilian poeta, ll'llnslated info En¡liah
~ene; wilh • critica) md historical us■y ob spaniah poetry, and •
bfe oí the author. By J •• ff. WiOen. - Loodon: Prinled for Horat,
Robinsen, and Co, 90, Cheapside, and 8; Pall-Mall, 18,3. »
J. H. Wift'en étail ·te frere de Benjamin Barron Witren J'6diteur
'
avec D. Santiago Usoz i Río, des R•/ormi11tu anliglJ06 &amp;pallot.1 ,
do?' .Ed. Boeh~er ~ poblié, en lrois volumee, la bio-bibliopaphie
(Bibliol/uca Wi8"e1W1na. Spanu1t. Reformar, qf lrDo Clllturi#
/rom ~520. Slrasburg el London. Truhner; 18¡4-19(14.) JI mooru&amp;,
noua dit sa filie, Mary laaline W. Witren : • in the noontide ól hu
career J. H. Wift'en was removed by death at the early age ot 45 In
May 18116» (Vie de B. B. Witren; Boehmer, t. I, p. 8.)
• D11111 aa préface, dal6e de• WoburnAbbéy,4 lb llonlh8 lh, 1825 ••
ll se récl•m• de D. José Maria Blauco (depaia !111 conYRnion au
protealanlisme : • the Rev. Blanco Wbite • ), et de J(. Heher. Voici ce
qu'il dit du premier: • I cannot forego lhe pleuure of ftnl acbnowl~ng the great advanlage I bave derived from lhe lr.iDd reviaion of
my MSS by the.Rev. Bla~co White. That genUeman'a dealre lo aid in
any thing lhat might seem to serve lhe reputation or bis counlrylhe country, whoae cualoms and instilullona he ha1 povtrayed wilh
1uch vivid inleresl, originality, and talent, joioed fo bis nalive goodnese of hes~, coold alone bave led-h_im fo volunteer bis -.ices, in a
-eon of sickness, lo one nearl7 a stranger and if I submil lhe
followiog pages to lhe public witb aoy degree of conJldence Íll ¡~
favour, it is from lhe m1ny improvements to wbich hie f'riendly and
judicious crilicisms have led. • Quant au 18COnd, le bibiiophíle Beber,

·••sez

.

t la 6litl l.la BWlotJaeip Nationale de
.,_(Yg. Ris. 41), etlla BlbliollMquede
¡E. 19&amp;-t).
Le contenu du l!YN eat le auinnt : • Ea-, on apani2h pietry •
(1"11a) • « We or Garcilaucu (&amp;5-167); • Versea on the death of
~ , (171-1.,S). Pulscha t.,logues, dN twgiea,desOdea et det
Sonnete, el, la In, DD appeodice, ou
dhe.-- traduotioDs :
d'abol'd J'éloge dee pelitei • - de t'archiprkre de mta, la proph61ie do Tage de Lula de Ltoa, - Abel Hapl'avail imprim6e, dau
la venlon arlglnale, den - plaa lb&amp; , Boma,u;ero • lii11Drla d6l rrr
• B,pdtl Don Bodrlfo, po,lnro tü lol Godo, en laig114ge '!'11111• i
, fllOJJIIDila , - AW Hago. Paria, 18111, - dea po/imM la~ dt
~ . etc. L'a...l aar la poéeie upagaole, qui
dee oritiJlllqD'ai, e "tabli_8D, del hons modMw •• eat rempli de citallou
a Jau de 11-. Sanllllalla, CutilleJo, etc., tradailel • aaglala, al
iJ :me ~ que Jea amateun d'aojollrd'hul feraial bien de a'en
111 plnr. Le Yle de Garcil8lo 811 ~te a'NIC 8andonl, Paul love, i1t
dOOllllen• de Berren Bembo, Zapata dua - lli,CllllanMI, • le
•
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8'ncbez lt (IIOJ&gt;Oa de IOD '11ilioll
ele ~ publiée en 1674. Toot cela indique che&amp; W-lh rz;:hn::ae ,ppriclable de la poÑú' 71p1poleat nne~ nfflMnbl
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11,.r.

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�BlBLIOGRAPHJE

BIBLIOGRAPHIE
Berragaete y su obra, par R. de Orueta. Biblioteca Calleja,
Madrid, 1917.
L'auteur m'en voudra-t-il si je commence par pester contre l'idée
malencontreuse qu'on a eue de réunir dans le meme volume l'édition
castillane de son travail et la traduclion franyaise? Pourquoi n'avoir
pas séparé les deux? Pourquoi alourdir un livre qu'on voudrait
emporler avec soi comme manuel d'excursion aux sanctuaires disséminés qui servent de musée
cet artiste fécond? Cambien de fois
n'ai-je pas regretté, de mCme, que la Gula de Toledo du vicomte de
Palazuelos (comte de Cedilla) doublée elle aussi de sa traduction,
conslitu.1t un de ces fardeaux dont on hésile
bourrer sa valise,
et surlout sa poche ! Allons ! MM. les Espagnols qui écrivez pour
faire connaitre les merveilles de votre pays, ayez pitié des pauvres
voyageurs !
M. R. Orueta s'est fait une spécialité de la sculpture espagnole. J'ai
dit ici-meme l'intérel de son livre sur Pedro de Mena (Bull. hisp., 1914,
p. 492). Il a publié depuis, d'aulre part, une étude sur la sculpture
funéraire en Espagne et il en a annoncé d'autres .
·
Dans la présente ceuvre, il consacre un premier chapitre préliminaire a une esquisse de la sculpture castillane au d ébut du xvx~siecle;
un second chapitre aux influences qui se sont exercées ou ont pu
s'exercer sur Berruguete; un troisieme a une biographie, et un quatriCme au catalogue des ceuvres, y compris les dessins et les ceuvres
douteuses. Une ahondan te bibliographie est jointe au volume, qu'illuslrenl 166 figures hors texte. On voit qu'il y a la taus les élémen-ts
susceptibles de documenter lelecteur, qui pourra adcnirer en connaissance de cause et sur d'assez bonnes reproductions photographiques
l'étonnant Saint Sébastien (cinq planches) et les autres pieces du
retable de San Benito de Valladolid (Musée de cette ville), les retables
de San Andrés a Olmedo, du College des Irlandais a Salamanque, de
l'Adoration des Rois a Santiago de Valladolid, de la Visitation a
Santa Ursula de Tolede, de l'église de Santiago a Cáceres, les stalles
du chreur de la cathédrale de Tolede, les portes de la cathédrale de
Cuenca et de Santa María de Castejón a Huete, la Transfiguration
a l'église San Salvador d'Ubeda, le sépulcre du cardinal Tavera
a Tolede. Des photographies d'ceuvres italiennes (de Micbel-Ange, de

a

a

Giacomo della Quercia, de Donatello, de Ghiberti , de la Chapelle
Sixtine, du Laocoon) suggerent, avec les remarques de l'auteur,
d'uliles comparaisons. Des dessins et deux autographes completent la
collection.
Cet ouvrage de vulgarisation qui s'appuie sur de nombreux travaux
cités par l'auteur et sur ses études personnelles, ne peut qu'etre bien
rec;.u de tous ceux qui aiment a étre éclairés dans l'admiration de
l'art espagnol.
On appréciera sans doute. son prernier chapitre, oll il cherche a faire
saisir Les dill'érences et les analogies d'inspiration et d'expression que
présente l'art espagnol et l'arl septentrional, d 'une pa rt, et l'art i talien,
de l'autre, jusqu'au momenl otl parait Berruguele. IL y a lil un aper&lt;;.u
rapide et général, suffisamment illustré d'exemples pourtant, d'oll
ressort la personnalilé de la sculpture espagnole, encore gothique
alors, forternent impressionnée par l'influence franyaise, mais caractérisée par des tendances visibles et nettes.
On lira avec plus d'intéret encorc le second chapitre, oll avant
meme de nous donner les délails biographiques qui ne sont relatifs
qn·a l'homme, M. de Orueta s'attache a déterminer les influences
subies par l'artiste, particuliCrement comme sculpteur et occasionnellement comme peintre; ses affinités italiennes (Donatello, Brunellesco, Quercia, Gbiberti, c'est•ll.•dire les plus gothiques); ses grands
modeles antiques (le Laocoon); son principal maitrc (~lichel-Ange) ,
dont iL a la tendance a l'expression, au mouvement (spirituel avant
tout). Yoici comment M. de Orueta définit sa maniere:
Lo que a él lo caracteriza es el retablo de San Benito, el de Salamanca,
el de Santiago, el de Santa Ursula y el de Ubeda; esta es su manera pecu•
liar, en la que unos escasísimos planos bastan para componer toda una
figura; con grandes superficies completamente vacías, sobrias, sin el menor
matiz; exagerando la importancia de los contornos; bastándole dos o tres
surcos para dar la impresión de un ropage; dislocando a veces los miembros
y siempre alargando las figuras. Este es el Berruguete personal y vigoroso,
que sabe armonizar la técnica de su ejecución con las direcciones de su sensibilidad. Y lo mismo es el pintor : un contorneador expresivo. que rellena
sus siluetas como mejor puede; su interés y su arle está precisamente en el
dibujo de esta silueta, Lo que quiere es hacer sentir, y ha de enderezar sus
trabajos para que estén en armonía con sus deseos; por eso si aprende la
técnica italiana de su tiempo, no la emplea siempre, prefiriendo la tradicional de los góticos 1 • • •
•
Plus concretes sont les observations qui suivent, touchant la proporlion et l'anatomie des figures traitées par Berrugucle~ les malériaux
qu'il a employés (le bois de préférence), la polychromie, la disposition
1. P. 59. Si je reproduis le passage en espagnol, ce n'esl pas queje dédaigne la
traduction, qui me parail au contraire bieo faite, mais comme je ne suppose pas
qu'elle soil de l\l. de Oruela lui•meme, il me parait mieux de le ciler dans !'original.

�l46

IIULLBTlN HISPA:VIQUE

BlBLIOGRAPHIE

des ensembles. Ce que furent ses disciples, M. Orueta nous le dit sans
indulgence, comme il nous fait comprendre commenl Berruouete est
en somme un isolé daos l'art castillan (3. moins qu'on ne le r:pproche
du Greco, avec lequel il a réellement une parenté bien visible), et
méme peut-étre jusqu'li. un certain point un incompris, de son teIDps
d_u moins; _comment enfin il est le type achevé du style (( baroqne ,,,
s1 le caraclere le plus essentiel de ce style est la suggestion, et la
suggestion par le mouvement.
C'est seulement apres cet exposé doctrinal et d'ailleurs quelque peu
philosophique, que M. Orueta place sa notice biographique sur Berruguete. Né entre 1486 et 1490, saos doute a Paredes de Navas, celui-ci
alla en ltalie, d'ou il était déja de retour en 15,o. Y a-t-il vu les cartons de Michel-Ange? C'est ce qu'affirme Vasar\ selon lequel il aurait
d'autre part exécuté une copie en cire du Laocoon daos un.s;~ncours
ju,gé par Rapbael. En Lout cas, il semble élabli, d'apres M: de Oruela,
que Berruguete séjourna a Florence, oll il éludia les premiCrcs sculptures de Michel•Ange; P.Uis
Rome, oU il s'intéressa surtout aux
plafonds de la Sixtine et au Laocoon; ensuile probablement il alla
il Bologne, Milan, Pavie et Naples . C'est a Valladolid qu'il se fixa ,eut
ses ateliers, et exécuta la plupart de ses cornmandes, - avec le
concours de nombreux aides ou él8ves, selon loute vraisemblance sauf les séjours plus ou moins prolongés qu'il dut faire /¡ Tolede.' ou
le chapitre lui assurait également logis et alelier, et oll il mourut en
r56r, enrichi par son art et son Lravail.
Le catalogue qui suit ces notes biographiques est en réalité une
étude de chaque groupe d'ceuvres; il tient la moitié du livre. n serait
trap long d'en reproduire meme simplement l'essentiel: descriptions,
données historiques, discussions, bypothCses et conclusions sont traitées avec une ampleur suffisante pour l'édification du Iecteur qui veut
surtout se renseigner et non peser chaque assertion d'une main
érudite. Les observations sur le saint Sébastien de Valladolid sont
particulierement intéressant.es en meme temps que sinceres. Et
partout on sent que cet artiste au génie si hardi et si vivant, si turbulent, si l'on peut dire, n'a pas seulement séduit, mais troublé l'écrivain qui, en ces pages attachantes, a cherché. le situer, le classer,
a r ex pliquer .
G. ClROT.

a

a

a

Henry Thomas, Spanish and Portuguese Romances oj Chiva/ry.
- The reviva/ oj the romance of Chivalry in the spanish Península, and its ex/ension and intl!ence abroad. - Cambridge, al
the University press, 1920. -

, vol. in-8°, vm + 335 pages.

Ce volume contient, en sept chapitres, la matitlre amplifiée de six
leyons faites, en cg 16, a1"Université de Cambridge (fondation Normaon

•

Maccoll). L'auteur s'y est propasé d'éludier dans son développement
bistorique, depuis les origines jusqu'.\ sa disparition, la liltéralure
cheval.eresque, qui commence, en Espagne 1 aux approches du
xvte siecle, s'épanouit, puis décline au cours de ce dernier siecle, pour
disparaitre au debut du xvu•. Ce vaste sujet a été souvent touché
et méme traité, l'auleur le reconnait. Mais il ne lui parait pas qu'il ait
été exposé méthodiquement daos son ensemble, du moins en Angleterre. 11 n'hésitera done pas a employer, en les contrólant, les matériaux réunis, et il y ajoutera ce que ses propres recherches lui auront
fourni.
Les litres des sept cha pi tres donneront une idée suffisa11te du contenu
et du plan de l'ouvrage. Ce sont, a peu pres, ceux de Menéndez Pelay~,
au chapitre V des Orígenes de la /\'ove/a. Cha p. l. Le roman de chevalene
dans la Péninsule avanl 1500 [El cavallero Cifar; la (1 malitre de
Bretagne )l; les romans divers de la fin du siecle précédent; Tiranl lo
Blanch, etc., p. 1-41]. - Chap. II. Amadis de Gaule, et ses conlinualions [p. 41-84]. - Cbap. III. Les Palmerins [p. 84-118]. Chap. IV. Les pelils groupes el les romans isolés [E.pejo de principes
y cava/leras; El cava/tero del Febo; El caval/ero det Sol; Don BehanIS
de Grecia· Florando de Inglaterra; El invencible cavallero lepolemo,etc.
[p. 119-147]. - Cbap. V. La grande vague et le déclin de c~ll~ liltérature. [p. 14 7.18o]. - Chap. VI. Exlension hors de la Penmsule,
en llalie, en l&lt;'rance, en Allemagne, en Hollande [p. 180-&gt;41].
Chap. VIL En Angleterre [p. &gt;42-301] .
Suivent deux appendices . Dans le premier, l'auteur recherche lequel,
du Leanrlro el B'el espagnol, qui forme le livre IL du Lepolemo llamado
el cava/tero de la Cruz (1563), ou du Leandro i/ Bello italien (1560),
est !'original, et il conclut que le premier n'est qu'une imitation du
second. Dans le deuxieme appendice, il établilqu'Anlhony Munday et
Lazarus Piott, traducleurs anglais de l'Amadis, ne forment qu'une
seul, et méme personne .
L'ouvraO'e se termine par unebibliographie et un excellent index. Le
lecteur y ~rouvera done tout ce qui lui sera nécessaire pour se rendre
compte de la nature, du développem:nt 1 de l'influence de celte littérature, si populaire jadis, si oubliée aujourd'hui. Taus les éléments
d'un jugement éclairé lui sonl fourn\s dans ce consciencieux ouvrag~.
g¡ 1 avec cela, il a lu au préalable, je ne dis pas tous ces romans (Je
doute qu'il en ait le temps et la patience), mais 1 du moins, les plus
célebres d'entre eux, il aura toul ce qu 'il peut souhaiter pour les
apprécier en pleine connaissance de caus~ et po~r se forrnc,r une
opinion personnelle Car M. Thomas, qm a la s1enne assurement,
semble plus préoccupé de réunir des faits exacts et nombreux que de
discuter les qualités et les défauts, la valeur morale on liltérairede ces
ceuvres 1 comme M. Menéndez Pelayo, par exemple, aim e a le fain¡.

�r48

BlBLIOGl\APHIE

HULT.ETIÍ'C H15PANIQUE

Et je ne dis pas que celte méthode ne soit pas la bonne; elle nous
laisse toute liberté d'apprécialion. Je me permets seulementd'exprimer
un regret tout personnel, que certains lecteurs partageront peut-etre,
el d'essayer d'en indiquer les raisons.
Nous nous trouvons ici en présence d'un fait imporlant d'histoire
liuéraire, bien délimité, s'appliquant a un genre, a une forme d'.invenlion romanesque, qui a ses caracteres propres _et sa signification
sociale, et qui, du début a la fin, a persisté, a peu de choses pres, la
m6me. Cette forme d'art littéraire, ébauchée au siecle précédent,
s'affi.rme tout a coup avec une force irrésistible au xv1" si6cle, dans
la Péninsule. Elle séduit aussitot toutes les imagiaations; elle se propage d'une fac;on prodigieuse, a lel point quede 1608, date de l'Amadis
de Monlalvo 1 jusque vers la septitlme décade de ce siecle, il ne se passe
point d'année oll quelque nouvelle e, chevalerie 1) n'apparaisse pour
le plus grand plaisir d'un public insatiable. Toutes les presses d'Espa•
gne el de Portugal semblent incapables de le salisfaire. - Comment
justifier cette vague? Et comment expliquer qu'elle cesse tout d'un
coup? Certes, M. Thomas n'ignore rien des explicalions données
maintes fois, mais qu'en pense-t-il lui-meme? Nous aimerions qu'un
j uge si bien informé nous le dise, non point en passant, a l'occasion
de t~l ou tel roman, et en prenant, pour ainsi dire, la queslion de
biais, mais en lui donnant toute la place et la valeur qu'elle mérite.
Car, en vérité, on n'a pas dit grand'chose, quand on a remarqué que
cetle littérature était un fidele reflet, sinon des mceurs, du moins de
l'idéal des contemporains . L'idéal chevaleresque n'était-il pas le méme
au sitlcle précédent, et peut-i:tre meme plus conforme a la réalité
historique? C'était cependant un aulre genre de fiction romanesque
qui prévalait alors. Et s'il n'y a qu'une part de vérité dans ce truisme
consacré, il n'y en a guere davantage dans l'opinion - également
consacrée- qui attribue la brusque disparition du genre a l'influence
décisive rlu Don Quichotle, constatation plutOt que cause de cet effondrement. En somme, nous restons perplexes et hésitanls sur les
causes, évidemment complexes, de cette vague comme de ceUe ruine.
Et l'on en peut dire autant de la portée morale et de la valeur littéraire de ces livres tant célébrés· et tantdécriés « aborrecidos de tantos
y alabados de muchos más. » Les moralistes ne tarissent pas sur les
dangers qu'ils font courir aux moours. Taus se font honneur de rompre
quelques lances contre , le monstre 1L On trouvera leurs témoignages
soigneusement réunis au chapitre V. lis sont aussi nombreux que
séveres. Les 1&lt; trufas, patrañas y mentiras caballerescas&gt;) détournent
des lectures édifiantes ou utiles, des Livres saints ou des bons auteurs
de l'antiquité. Elles ~mplissent les imaginations de billevesées ridi•
cules, qµ'on tient pour paroles d'Évangile, et surtout elles induisent
au péché de luxure. Que l'on rendrait meilleur service en répandant

149

le·s sages lec;ons des Ptlres, ou lout au moins celles des Séneque, des
Livius, des Valérius, des Eutrope, etc., etc.! Et la conclusion est toujours la meme: proscrire, détruire ces livres funestes. Cet anatheme,
cel appel la répression qui revient comme un refrain, nous élonne.
Car, s'il faut le dire, lorsqu'il nous prend fantaisie de rouvrir quelqu'un de ces derniers, c'est plus souvenl l'ennui qu'H nous paraU
distiller que ce u savouretll poison, sabrosa pon&lt;¡oña n, duquel les
Vives ou les Mexía, les Guevara ou les Granada, s'eílorcenl a l'envi
d'écarler nos 1evres. Ces in vectives nous parailraient plus a leur place
si elles s'adressaient a H la Mere Célestine » et a sa scandaleuse deseendance qui pullulait en ce sitlcle, ou au théAtre, qui se permettail de
singulitlres libertés, ou aux Picaresques, qui allaient succéder aux
Chevalefles. Que les Amadis, les Lisuarte, les Bélianis et leur innombrable escadron empanaché aient troublé quelques cervelles, avant
celle du bon' Quijada, on le dit; que l'on eul retiré plus de fruil
des pieux ouvrages des proscripteurs, il se peut faire encore.
i\lais, enfin, ce ne sont pas des leQons de dépravation morale, de
bassesse ni de luxure que le bon Chevalier de la Triste Figure y avait
puisées. Sans doute, il s'y peut trouver Qa et ta quelques peintures un
peu vives (l'entrevue de !'infante Elisena et du roi Périon, trop bien
servi par la soubretle Darioleta, les circonstances qui précedent el
accompagnent la naissance d'Esplandian et quelques autres); mais,
en vérité, elles paraissent édifiantes a cOté de celles que la literatura
amena se permettait alors. L'idéal de pureté, d'inébranlable fidélité,
d'ardente mais généreuse passion qui se dégage des amours du
« Doncel de la mar)) et de l'exquise Oriana, comment ne pas le
sentir? Et s'il est vrai de dire que de telles lectures ont brouillé les
idées de Don Quichotte, reconnaissons en revanche que c'est pour
avoir eu toujours les regards fixés sur cet et Amadis, fleur et rniroír
des chevaliers errants » et sur ses pareils, qu'il a pu si bien épurer ses
passions, atteindre a une beauté morale, monlrer une générosité, une
compassion pour les misérables telles que l'on n'en trouve guCre de
plus désintéressées a cette époque. H Peut-etre, écrit Brunetiere, (ces
romans] contribuCrent-ils, en posant, sije puis dire, la religion du
point d'honneur, a réintégrer quelque idée de lajustice dans ce monde
nouveau qui était en train de se fonder alors sur l'intéret, comme sur
sa seule base. 1)
Et si nous nous rappelons, d'autre part, que des hommes tels que
Don Diego de M_endoza furent d'enlhousiastes admirateurs de ces
romans, que Charles-Quint se plaisait a la lecture de Relianis de Grecia,
et FraOQOis ler a celle de l'Amadis, que sainte Thértlse de Jésus
« s'adonna a ces livres de Chevalerie avec tant de passion l) qu'elle en
compasa elle-meme, que saint Ignace de Loyola, qui y goUtail meme
plaisir, «aurait pu, selon l'expression de M. Thomas, au lieu de ]a

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�160

BULLETIN HISPA:,'JQUE

Société de Jésus, nous donner un autre roman de Chevalerie &gt;&gt; (mais
au fait, n'est'."elle pas elle-m6me une Caballería á lo divino?), ~ous n;
po~vons. nous emp6cher de penser que ces livres n'étaient pas aussi
nmrs qu on nous les représente et que leurs éloquents proscripteurs se
complaisaient trap a des lieux-communs chers aux moralistes de taus
les temps. 11 faudrait au moins entendre la contre-partie. Malon
de Chaide, cité par M. Thomas, demande aux amateurs de ces romaas
quel fruit ils en retirent, et il fait lui-m6me la réponse: &lt;i Nous
Y apprenons l'audace et la valeur a la guerre, la bonne éducation, la
courtoi_sie vis-a-vis des darnes, la fidélité et la Joyauté a J'égard du
procham, la magnanirnité et la générosité pour pardonner a nos
ennemis. n Et c'est bien lllque]que chose. D'ailleurs, pour son compte
personnel, le trov spirituel auteur de la Magdalena tient que Cavalleria
et Vellaquer-ia sont deu-x termes synonvmes.
11 n'entrait pas dans les intentions
l'au teur d'l•tudier en détail ]a
valeur littérair~ de ces romans, leurs procédfs d'exposition, ]eur
technique, ni l'inllueoce qu'ils purent avoir sur la prose castillane.
C'est 13. en e!Tet un vaste sujet, rarement ou incompleternent trailé
jusqu'ici. 11 mériteraitdetenterun travailleur patient, ungramrnairien
doublé d'un homme de goUL. En atlendant, on peut s'en tenir a J'opinion autorisée de Juan de Valdés, lequel, dés, 535, estimait qu' AmadiR,
Palmerin, Primaléon élaient de bons modeles de Jangue. 11 y a des
raisons de croire qu'.i cOté et a la suite de la Célestine, l'Amadis
en particulier, a eu, a ce point de vue, une influence prépondérante:
On sait quelle fut la popularité de ces romans dans la Péninsule
et comment ils se répandirent bientót a travers l'Europe entihe. C'est
ce dernier sujet que ~1. Thomas traite dans les trois derniers chapitres. Ils sont parmi les meilleurs et les plus originaux de l'ouvrage,
et constituenl une étude de liltérature comparée, solidement do~umentée et, sur bien des points, nouvelle. Les renseignements bibliographiques sont nombreux; les renvois aux sources, les citations,
empruntées direclement aux lexles originaux 1 en un mot, t011t l'apparat critique donnent L'idée d'un travail personnel, qui, sans épuiser
peut-étre une si abondante matiere, n 'omet cependant rien d'essentiel.
lnutile d'ajonler, puisque l'ouvrage sort des presses de Cnmbridge,
qu'il est présenté de lelle fai;on qu'il ferait douter de la crise du
papier et du livre, en Angleterre du moins.
E. M.

de

Narciso Alonso Cortés, El Jaho Quijote y Fray Crisl6bal de
Ponseca. -

Valladolid, 1920. ,;; pages.

L'infatigable érurlit de Valladolid 1, pour se délasser sans doute du
monumental travail qu'il vient de consarrer a son compatriote José
L. Profilons de l'occasion pour dire que Valladolid vienl de lul rendre uo public
el &amp;oleuael hommage, comme a l'un de &amp;es fils qui lui font Je plus d'honneur.

BIBLIOOAAPHIE

15 1

Zorrilla, nous donne aujourd'hui la brochure dont le litre p_récede. 11 y
yeut démontrer que le pseudo Alonso Fernández de Avellaneda, auteur
de la fausse deuxiCme partie du Quijote, n'est autre qu'un religieux
Augustin, Crislóbal de Fonseca, dont le nom se trouve dans le prologue
de ]a premiere parlie.
Ce serait done. si je compte bien, la seizifJme candidature
a la paternité du faux Quijote. Le seul fait que l'on continue
a chercher prouve que l'on n'a pas trouvé. Ces échecs répétés ne
découragent point M. A. C. 11 revcndique l'honneur de ce faux - si
ho.nneur il y a, - pour son clienl, qui est ce Fonseca. Voyons son
plaidoyer.
U part d'une double affirmation. 1" Cervantes, dans la premiere
partie du Quijote, a attaqué le soi-disant Avellaneda, ou, tout au moins,
ce'dernier le crut, ce qui suffit a justifier sa riposte. 2° Cette attaque
se trouvait dans le prologue de Cenantes. - Pour établir la premiere
affirmation, il suffit de rappeler deux lignes du prologue d' Avellaneda:
"El [Cervantes) tomó poi' tales [medios] el ofender á mí ... » Acceplons ce texte, et ceLte S)'nlaxe, malgré les réserves de M. P. Groussac,
el remarquons que cette attaque paraíl vi ser aussi Lope de Vega, non
nommé, mais assez clairement désigné, assurc-t-on. Quant a la seconde
affirmation 1 a savoir que l'atlaque se trouve dans le prologue cervantesque, cela résulterait de la préface des r,;ovelas ejemplares, oU Cervantes déclare qu'il voudrail.bien se dispenser d'écrire un prologue,
tt parce que, dit-il, celui que j'ai mis. en tete de mon V. Quijote ne
m'a pas si bien réussi que je désire en écrire maintenant un second. ))
Allusion évidente, assure-t-on, it sa querelle avec le faussairede Tordesillas. Meme en admettan t ces deux « bases 1), i I resterait toujou rs it prouver l'équation: Avellaneda= Fonseca. Pour ce faire, :\l. A. C. remarque
que, de tous les contemporains, il n'y en a que deux !qui soient nommés dans le dit prologue: l'évéque de Moridoflcdo et Fonseca; encore
pcut-on laisser de cóté Guevara, qui est hors de cause, puisqu'il était
mort en [545. Reste le seul Fonseca 1 lequel, en effet, esl bien nomm(·.
Pour ma part, et U priori, je verrais volontiers dans ce fait un argument contre la these, car il ne parait pas dans la maniere de Cervantes
de prendre ainsi directement et publiquement a partie ses adversai!'es.
Lope de Vega n'est pas nommé, quoiqne, affirmc M. Rodríguez Marín
u en este y olros lugares Cervantes alude conocidamente d lope de
Vega, con quien andaba enemisLado en 1?04 y 1605. 11 Pent-etre, rnais
Cervanles 1 lui, répondant 8 Avellaneda, s'en défend, et en termes si
formels, qne nous serio ns félchés pour lui que M. Rodríguez Marín ellt
raison. « Ce n'est pasa moi a poursuivrc un prétre, que! qu'il soil, et
moins encore un familier du St-Office ... , car de celui-18. j'adore le génie,
j'admire les oouvres et les occupalions toujours vertUeuses. u - lronie !
réplique l'illustre éditeur de Cervantes, qui a Ju les fameuses letlres au

i

1

�BULLETIN HISPA!HQUE

duc de Sessa. - JI se peut faire, mais, alors, que penser d'une telle
eífronterie? Défions-nous de nos amis.
Quoi qu'il en soit, ce n'est point de Lope, mais de Fonseca qu'il
s'agit. OU est done l'attaque contre ce dernier? - Elle est daos la
satire contre les compilateurs, fes érndits de pacotille, qui émaillent
leur prose, a tort et a tra vers, de citations, de renvois a tous les
auteurs passés ou présents. L'ami (&lt; _gracioso y bien entendido&gt;&gt; i qui
encourage Cervantes a en faire autant, luí explique le procédé el lui
1
indique mCme les auteurs chez lesguels il trouvera tout ce dont il aura
besoin . Et quels sont ces auteurs ? Virgile, Guevara, Ovide, Homere,
Plutarque, César, Léon l'Hébreu et notre Fonseca . Ce dernier ne se
plaindra pas du rnoins qu'on J'ait mis en mauvaise compagnie.
Ce Fonseca avait écrit, en 1592 et 1608 respectivement, un lratado
del Amor de Dios, en deux parties. (( On y trouve résumé, dit l'arnt a
Cervantes, tout ce que vous-meme el l'homme le plus ingénieux pouvez
désirer. ,i Yoila l'allaqi.Je ! - J'ignore ce livre, je l'avoue, et tous
ceux de cet Auguslin. Mais, si j 'en crois i'ifénéndez Pela yo et M. Cortés
lui-méme, c'était une pauvre rhapsodie, ol1 l'on avait compilé, compilé
tout ce que l'on avait dit sur le sujet. Aucune raison d'ailleurs de le Jui
reprocher; car, puisqu'il appartient « la categoría de predicables i&gt;,
c'est-il-dire des répertoires qui fournissent aux prédicateurs leurs
matériaux, nous ne nous étonnerons pas des citations, réfél'ences et
lieux-communs qu'il contient. Parmi ces derniers, il en est jusqu'il
trois qui S!3 trouvent a la fois dans le prologue de Cervantes et dans
Fonseca. lls sont, il est vrai, des plus insignifiants. Quel moraliste n'a
pas dit quelque part: (e Diligite inimicos vestros, ou: Donec eris
.feli::t:... ? - « 11 y en a probablement d'autres. • - Sans doute: les
memes banalités sont du domaine commun. - Mais le Fonseca
s'est reconnu lui-mCmc sous l'allusion du prologue! - En 1608, en
effet, dans la deuxiéme partie de son Amor de Dios, le Pere Augustin
se plaint de ceux qui aboient aprés Jui : &lt;&lt; Nunca falla un gozque
que ladra d un pobre. » Ce roquet, c'est Cervantes, s'il vous plait,
Cervantes qui aimait beaucoup (c'esl prouvé par le prologue de la
deuxieme parlie du Quijote) les histoires de chiens. - Mais Fonseca
pouvait avoir d'antres ennemi-s, en supposant que Cervantes l'ait été.
Et précisément, M. A. C. reproduit, apres Pérez Pastor, un violent
pamphlet contre un autre livre de Fonseca, et il y a la aussi une
anecdota perruna a la maniCre de Cervantes. AL A. C. veut bien
admettre que Cervantes n'en soit pas l'auteur, mais « elle est, dit-ili de
quelque personne en relations étroites avec ce dernier. A moins que
(tout est possible), quelque autre ennemi de Fonseca, connaissanl
l'hostilité qui régnait entre celui•ci et Cervantes, l'ait écrite pour
susciter les soupt:;ons du frere Augustin contre l'auteur du Quijote. Et
c·est pourquoi il prit peut-etre le nom de Aligue/ Ponce de León. ,

a

153

BIBLIOGRAPHIE

- N'est-ce pas, en Ve'r1'te', aller bien loin dans la voie des hypotheses)
- t"
de la
M A. C. est bref sur les preuves que l'on pourra~ 1 irer .
com~araison du style, du vocabulaire et de la grammalfe. 11 a ra1s~~
de s'en défier. Cependant, a défaut d'autres, ,I ne faut pas ~rop_ •1•
. . deux pom
• ts d e compara1son tres prec1s
. .e
dédaigner. Nous avons ic1
.
texte d'Avellaneda et celui de !'Amor de Dios. Je répete queJe ~e
de ce dernier que ce qu'en citent Menéndez Pelayo et. . or s,
n'a ant u me le procurer. Mais je m'en rapporte a eux ~.our
m'i~a i:er qu'il n'y a aucune ressemblance entre les ,d~u_x .mameres
et les !eux slyles. Menéndez Pelayo, peu suspect de sever,1te pour les
mystiques déclare que le trailé de Fonseca est le plus pedant~sque,
Je plus dé;ourvu d'art, le plus illisible qu'il y ait. On ne peut meru~~
conlraire qu'Avellaneda, toul grossier, grotesque et mco;gr: qb
soit parfois ait une verve bouffonne souvent amusante. « a am to. ·1' ',,I • p · Groussac 1 dépose contre son gollt plus•·1que·t con r~1
e ha d e ecn
son t:lent &gt;) Si bien que l'on a peine a comprendre qui_ a1 P.ª ~
:
d
la bure de l'Augustin la souquemllr. banolee
::~~:t compte de Ja diversité des genres. Q~ant a
p a, ses aragones1smes1
,.
catalanismes ou valenc1amsmes,
il faut
la langue
.
.
J
.
'
,
•
t
le
soin
d'en
décider.
Non
ltcet
znler
nos
...
laisser aux specia 1is es
. .
l'
l .e
serais bien étonné cependant si, mCme a ce pomt de vue, ana ogie
apparaissait bien clairement.
.
.
.
J
oursuivrai pas plus avant. En voila assez, Je cro1s, pom
. us~fi:: l~s quelques réserves que j'ai du faire apres la le~ture de cet
) • .
1 "d
Sil'habileettrescompétentavocatquestM. A. C.
rnge_meux :.a:~:r.pas de peine a dissiper mes doutes. Et dans le
a rarsont, .
il sera démontré que 13. oll des hommes comme
cas con ra1re,
. d
t
tres •¡ 'I , dez Pelayo et lui - pour ne rien dtre es qua orze au
'
lt . n- enen
'
1
1 tót de l'éniume
'
o
'
0 nt échoué s'ils n'ont pu trouver le mot, e nom p ~
'd t qu'avec les moyens dont nous d1sposons, elle est
~·estl sbalns E~ua~ors il y a encore, pour les Cervantistes, de belles
tnso u e.
•
· , b 1·
a, o-arder son
lances a. rompre conlre cet t aventurero &gt;&gt; qui so s me e

::lS

~:1;:•~~~~;r:::~
f¡

masque.

E. M.

· '6 n y no ta s de Francisco
Cervantes Novelas ejemplares' Ed ,e,
. .
Rodrígu'ez Marín, 2 vol. de xn-346 et 342 pages. Ed1c1ones
de La Lectura, Madrid, 1914 et 1917.
L'accueil fait par la critique aux huit tomes consacrés da~~ la
. d I
Lectura» dite Clásicos castellanos, au Don QuyoU,
~o~l~ctwn e. a (&lt; i\l Rodrí~uez Marín, n'a pas été aussi unan!me~r.nt
ed1leebtl
des prernieres bénédictions qui ont
favora aenno~e
qu onpar"t
eu p. u l'au:urer
o

�154

BULLETIN HlSPANIQUE

155

8IBLlOGRAPHIÉ

a~u~ illi leur naissance. Objet d'attaqnes passionnément furieuses,
trai~e couramment de zorle el de plagiaire (voir Luis Astrana Marin
El ltbro de las plagios, Biblioteca Ariel), le directeur de la Bibliotec;
:Na~1on~l ~ pu ,se rendre compte que les grandes réclarnes plus ou
moms mteres~e~s et généralemen l aussi hátives que peu autorisées de
la presse quolld1enne ne garanlissent pas le succes définilif et durable
JJ n:en a _pas moins ~éduit plus d'un lecteur par des qualités qui man~
qua1:nt
Clemencm: la mesure dans la dirnensioo des notes, un
esprit agreable, une connaissance assez peu ordinaire de Ja Jangue de
Cervantes et de ses contemporains, l'absence de pédantisme enfin.
Cela. reste._ ~e~ erreurs, des Iacunes, des réminiscences inconscientes
ou, ~ncons1derees en16vent, soit, a ce commentaire une partie du
mente et de la ~aleur que son auleur eUt révé de voir reconnus; mais
da~s tout tr,avaiJ de longue haleine 1 n'y a•t-il pas toujours plus ou
m~ms d~ dechct pour· le panier? ~~t puis, il s'en faut que tout ce
q,u on lu1 .ª reproché soit inexcusable. Quand i1 dit que D. Quichottc,
aJoutan~ a son nom de la llancha « siguió la usanza que había visto
en los libros
~ballerías, por parecerse también en eso a Amadis
de _Cauta, ~el!an1s de Grecia, Celidón de Iberia, etc. &gt;&gt;, il me parait
v_ra1ment severe de le taxer d'inadvertance pom· ce seul motif que «no
Ste~pre los caballeros andantes lomaban el nombre del lugar donde
na~1~n /), et quelque peu in utile de ra ppeler en méme tero ps les dates
de '.1ranl lo Blanch, de Palmerín de la Oliva .. . Mais ce que j'ai &lt;lit
del reuvt·~ de long~e haleine est vrai également des critiques qu'on
peut en fa1re. Ce qm n'emp&amp;be que les critiques sont unechose excellente, sinon agréable pour qui en esl l'objel. Leur plus ou moins de
virulen~ ~te~t a~ tempérament de celui qui attaque et aussi sans
doute a
s1tuat10n acquise par celui qui en est l'objet: elle ne
prouve nen en elle•méme. El jusqu'il ce que nous ayons mieux le
co~1mentair~ de. M. Ro~ríg~ez Marín au D. Quij'ote aura la préfére~ce
s,m ceux qui ex1stent a present, et, cela quoi qu'on puisse penser de
l au teu 1· et de ses procédés.

ª,

?e

!ª

a

Son édi,tion des Novelas egemplares n'est plus I'beure actuelle une
º?.~veaute. Chacun a pu la manier et l'apprécier. Peut-etre y a-t-il
de¡a sous roche quelque suite au Libro de los plagios. Ce n'est pas
dans le Bul/etm hispanique qu'on la trouvera.
Daos u~ court et mordant prologue, l'éditeur exptique ce qu'il
enlend Catre: donner un texte authentique et en éclaircir le seos.
d'abord par une bonne ponctuation, et ensuite par les notes conve~
na bles.
Pour réaliser son premier objet, il n'avait évidemment qu'3. •
Lenir a l'édilion _prínceps (~fadrid, Juan de la Cuesta, i6i3); m,ú: ~:
:o~trefayon ~e ~1~bo~ne, 1614, n'était pas 8 dédaigner, tout au moins
a htre de cur10s1te, s1 ce n'est pour les acnendements possibles, ce qui

pourtant parait bien le cas parfois : nous ne savons pas, apres tout,
dans quelles conditions celte contrefaQon a été exécutée. Ce qui
est sllr c'est que R. J. Cuervo l'avait délibérément écBl"tée pour
l'établissement de son excellenle édition de la Bibliotheca romanica
(1908).
Pour l'éclaircissement du sens 1 nul doute que la ponctualion (souvent &amp;i mal comprise dans les impressions. du temps) une fois établie
d'une facon rationnelle, iL reste encore a faire comprendre nombre
d'allusions, de tournures désuetes. Cervantes est clair ... a condition
de connaitre la langne de son temps, et les choses dont il parle. Si
vraiment il y a des gens qui le comprennent sans l'aide d'un cocnmen·
taire (comme il semble ressortir des railleries de M. Hodriguez Marin)1
c'est qu'ils connaissent tout ce qu'on peut savoir sur l'époque de
Cervantes et le pader usuel de ses premiers lecteurs . Ce sonl des as.
Qui done chez n0us peut se v;inler de comprendre tout Molihe?
Il serait bien étonnant que les Espagnols eussent le privil8ge delire
comme cela leurs classiques, a livre ouvert. M. Rodríguez María
n'avait done pasa se tourmenter sur l'utilité de son travail: elle étail
indéniable.
La Colleclion des Clásicos caslellanos, en principc, comporte des
ceuvres entieres mais non forcément toutes les ooavres d'un meme
écrivain. M. Rodrígt~ez Marín a done été amené 8. fai,re un choix parrni
les Novelas. 11 a pris La Gilanilla, Rinconele y Cortadillo, La Ilustre
fregona (t. 1), El licenciado Vidriera, El Celoso exlremelio, El Casamiento enga,ioso et El coloquio de los perros L. llJ . füen a dire a ce
choix: les trois premiCres et le Coloquio sont les quatre chefs-d'ceuvre.
Cuervo, qui n'en avait pris que cinq, avait choisi les mémes, sauf la
Ilustre fregona et le Vidriera; et c'est bien ce dernier que, pour ma
part, je sacrifierais le plus volontiers. Je regreLLe, en tout cas, que
M. H.odrígue1. Marín ait dtl rnettre de cóté par exemple La Española
Inglesa, oll M. ~- González Aurioles nous a fait entrevoir des indications autobiograpbiques intéressantes sur Cervantes (cf. Bull. hisp.,
191 4, p. 121), et qui, par son caraclere romanesque, tranche assez
nettement sur les autres. Il sera bien facile a M. Rodríguez Marín de
parer, pour un tome ll[, cetle sacrifiée, ainsi que les autres Cendrillons
restées au logis.
·
Bien que la collection des Novelas ejemplares n'ellt pas eu son
Clemencia, elles n'étaient pas toutes restées sans commentaíres. El
Casamiento engañoso et le Coloquio de los perros avaient été édités par
llf. Ag. González de Amezúa ( 19a), dont M. Rodríguez Marín ne se fait
pas faute de proclamer le mérite etd'utiliser les remarques. Cela ne veut
pas dire que lui-m8me n'a pas su trouver quelque chose ajouler:
sur la tangue, par exemph~, a propos de prometer= asegurar, ajar
""" ahajar, que non debiera, acabarlo con ella, se comenzó a santi-

a

•

�156

BULLETIN BISPA.NIQUE

BlBLlOGIIAPHIE

guar, etc. ; sur les usages, tel celui des costumes lu xueux pour
les voyages, etc.
Pour le commentaire du licenciado Vidriera, M. Rodríguez
1\tarín s'est aussi trouvé devaneé, mais d'un an seulement, par
M. Narciso Alonso Cortés, qui, daos la Biblioteca &lt;&lt; Castilia 1), avait
publié en 1916 (lmpr. Castellana, Valladolid), cette nouvelle avec un
prologue et des notes. Tout en déclarant qu'il lui était difficile
d'ajouter quelque cbose de nouveau et de substantiel, M. Rodríguez
Marín a encere su ici instruire le lecteur gr.ice a sa connaissance soit
de la tangue, soit des faits auxquels Cervantes fait allusion . On ne
peut que lui savoir gré de faire remarquer (p. g), a propos de la ler;on
de Tormes que donne 1613. au lieu de del Tormes (1614), que« de
ordinario no se ponía artículo a los nombres de los ríos 1); p. 1 1, que
Jelice et infelice &lt;&lt; fueron comunísimos en prosa )) 1 (comme interese
du reste); p. 1J, que « de la cuesta de La Zambra 6 de zqmbara,
también hizo mención Vicente Espinel. .. »; p . 18, que marchar la
vuelta de équivaut a caminar hacia, ou dirigióse a (M. Cortés dita lort
&lt;1 lo mismo que volver))); p. :J5, que olvidarsele ... de est fréquent
dans Cervantes, comme acordarse/e .. .de; de meme quedando úe
(p. ,6), determinar de (p. 38); p. ,8, que tiempo de mutación signifie
les jours caniculaires (ce qu'avait oublié de dire M. Cortés), ele.
Quand M. Cortés avait mis la note el l'exemple utiles, M. Hodr.íguez
~-larín emprunte la note, non sans signer le reyu; mais il a parfois la
coquelterie de fournir un autre exemple: pour envite (p. 16), il cite le
Quijote; M. Cortés avait cité Espinel. 11 ajoute rl'autres textes a propos
de coches (p. 5o) .
M. Rodríguez Marin a naturellement profité de quelques corrections
judicieuses, - telles que celle (p. 63) de retablos pour re/ralos ( 1613)
ou teatros (1614), - apportées au texte par son devancier. Celui-ci
imprimait, conformément aux éditions 11 venga la macareta, li polastri,
etc. 11, mais observait en note que &lt;1 la palabra macarela del original
parece corresponder a maccatella ... » M. Rodríguez Marín imprime
décidément macatela. U reprend pourtant venéficas (p. 34), au lieu
de veneficios (1613 et 1614), admis par M. Cortés, qui pourrait dire
qu'il y a la un trape bien populaire. Pas plus que M. Cortés, qui
pourtant déclareque la correction exigerait t( que era )1, il n'a corrigé,
p . 48, (( que eran las de sus damas» ; il sernble en effet que que eran
se ra pporle a manos.
L'édition princeps a été généralement suivie par l'un et l'autre
édileur, mais celle de 1614, dont ils révoquent taus deux en doute
l'authenticité, leur a pourtant suggéré quelques modifications a la
premiere. P. 17 1 il me sernble que M. Cortés a raison de subslituer
poner, et non ponerse (16 •4Y, a poder (1613), puisqu'il y a déja se (se
babia de sentar). P. 31, M. Rodríguez Marín a raison son tour de

a

supprime-r viagero, (Jui n'est ni dans ,6i3 ni dans 1614, el d'emprunter a cette derniere la levan cinta au lieu de tinta (p. 58).
ll reste peul-Ctre des obscurités éclaircir. M. Cortés ne nous diL pas
oll esl le sel de la répartie de Tomas Rodaja certaine rope,·a de Salamanque: 1t Filia: Hierusalem, ele.»; M. Rodríguez Marín nous dit : 11 lo
defilios vestros quería decir que no lo eran del marido». Je croirais
plutót que le malicieux licencié fait allusion 3 l'origine juivc de celte
marchande d'habits. - Que veut dirc exactement (p. 47) « que es ver
a un poeta destos de la primera impresión.'»?
Les détails que je viens de relever montrent assezque laconcurrence
de ~l. A. Cortés, assurément redoutable, n'a pas gené M. Rodríguez
Marin et ne rendra pas négligeables ses éclaircissements au Vidriera.
Ces memes d~tails donneront aussi une idée de ce qu·esl le reste de
son édítion.
Pour la Gilanilla (t. 1, 1914), il a bien pu consulter un article de
M. Corlés, paru en 1908, et qui fait voir dans le romance de Preciosa
une actualité concernant les relevaitles de la reine a Valladolid; mais
il a laissé au meme érudit, plus intéressé, il est vrai, a l'histoirc de la
capitale oU il professe, le plaisir de découvrir daus les Fastigimia de
Thomé Pinheyro da Veiga un commentaire des plus curieux (cf. Bull.
hisp., 1918, p. 194).
Du Rinconetey Cortadillo, M. Hodríguez Marín avait déjil donné une
édition critique, laquelle il renvoie de temps en temps (Se-villa, 1905)
le lecteur désireux d'une plus abondante illustralion (cf. Bull. hisp.,
1906, p.116). El celoso extremeño lui avait suggéré un travail tendant
a l'identification du héros, en réalité débordant aux alentours : El
loaysade &lt;1el Celoso extremeño» (Sevilla, 1901). Enfiñ.. une étude sur
La ·segunda parte de la vida del Pícaro (Revista de Archivos, 1908)
avait exploré les almadrabas de Zahara, oll le Carriazo de la Jiustre
fregona acheva son éducation du picaro.
En fait, le commentateur du lJon Quijote était assez bien désigné
pour éditer les Novelas de Cervantes et donner au lecteur les lumieres
indispensables. Mais sa connaissance du parler populaire, en parliculier du parler andalou, est peul-etre ce qui l'a le mieux servi
et inspiré.
11 m'a paru intéres'sant de voir comment ont été lraitées les difficultés du texle par Cuervo et par M. Rodríguez ~tarín. Pour le
Rinconete, ce dernier a eu d'ailleurs dans plusieurs cas l'initiative de
la correction, daos son édition critique de 1906 a laquelle Cuervo
se reporte. De mCme pour un passage du Celoso extremeño.
La pluparl des conections apportées au texle de 1913 par Cuervo
(voir son prologue, p. 1 7-24) se retrouY.ent .dans le texte de la Lectura,
qui toulefois maintient"": l, p. 174, magate (Cuervo, p. ll5, mogate):
U, p. 269 « háceme la barba» (Cuervo, p. :J21, &lt;( hazme la barba ))J ¡

a

a

a

1

�Bl'Lf,ETIN HISPANIQUE

p. 287 1 tt de otros muchos pecados otros J1 (Cuervo, p. 229, supprime
le second otros); p. ,98, Porineos (Cuervo, p. ,35, Pirineos); p. 331
« santo Brial 1) (Cuervo, p . 253, u santo Grial ll). Dans plusieurs
cas M. Rodríguez Marín défend la lei;on par lui conservée: on en
jugara; l'hésitation y est possible, contrairement a ce que pensait
Cuervo.
D'autres corrections ont été proposées par ce dernier avec des
réserves. M. Rodríguez Marín maintient, I, p. 90 1 allende (Cuervo,
p. 75, alinde, bien séduisant, surlout avec la référence de Correas que
lui-mBme apporte)i ~ - 111 u a ti está)) (Cuervo, p. 87, « a ti te está»);
p. 148, c1 en el piadoso lugar 1L (Cuervo, p. 104 1&lt; en el Pedroso,
lugar ... &gt;); II, p. 107 1 asestó (Cuervo, p. r48, acertó correction de
Rosell). P. 3,6, M. Rodríguez Marín juge inutile l'addition de
por distinguirlo} que Cuervo (p. 250) avait cru, apres Clemencín,
nécessaire.
Avec Cuervo (p. 94) M. Rodríguez Marín lit (!, p. u4), pues la
recompensa de habérsela vuelto mayores albricias merecía» au lieu
de recebla. La correction, nous dit Cuervo, date du xvn" siecle et n'est
pas satisfactoria . En eífet. Je comprendrais recebía dans le sens de
11 comporlaiL )) et le maintiendrais volontiers, car merecía est un
pauvre amenclement. P. 116, Cuervo imprime: ({ el que, cuando
alguno de nosotros va -!J.uyendo por la calle . . . uno se pone en medion,
admettant ainsi une correclion ancienne, car 1613 n·a pas alguno;
,\1. Rodríguez . Marín remplace alguno par uno, qu'il supprime devant
se pone, ce qui rend la phrase claire, avec el que sujet (1, p. 177),
P. 138, Cuervo avait adopté la correction de M. Rodríguez Marín dans
son Rinconele de 1905: ua estas y a otros peores semejantes», (Lec•
lura, I, p . .2j8). P. 2.29, Cuervo avait corrigé 11 vuessa merced nen ltes
merced»; M. Rodríguez Marín supprime tout simplement vuessa (11,
p. ,86).
On voit qu'iJ reste, pour les nouvelles incluses dans la collection de
1a Lectura, assez peu de lei;ons sur lesquelles il n'y ail pas accord avec
le lexte de la Bibliotheca romanica; et pour celles-lil il est dilllcile
de trancher.
G. CIROT.

A. C.

Pires de Lima, Tradi9oes populares de Santo Tirso, separata da Revista lusitana, (vol. XVIII), Porto, 1915.

C'e,t en réalité dans le vol. X.Vil (1914) de la Revista lusitana
qu'ont paru les deux articles réunis daos ce tiré a partj une suite
a d'ailJeurs été donnée non seulement dans le vol. XVIII, mais aussi
dans les trois suivants .
L'auteur s'est attaché a recueillir les traditions populaires de Lrois
paroisses, Arelas, Palmei ra, el S. :\iartianho de Bougado, mais il ne
s'est pas enfermé strictement dans ce rayon.

159

klRLIOGftAPlltE

Daos sa premiere série cj'articles, parue daos les vol. \ \'11-\Vlll,
il a adopté les rubriques suivantes: formules et pratiques pour guérir;
amuleltes 1 bons et mauvais augures; sorcieres, sortiléges, mauresques
enchantées; superstitions di verses; provet'bes et expressions populaires; romancero ; cancionero; prlercs; coutumes.
La :¡" série reprend les m~mes titres, en ajoutant Janeiras e Reis
(noels); priores ironiques; légendes et récits; fables.
On voit qu'il y a, lil une mine de renseignemenls. Je ne releverai ici
que le romance de D. Carlos, qui n'est qu'une nouvelle forme du
lheme de la jeune filie qui va a la guerre, dont M. José Augusto
Tavares a donné deu:x. autres rédactions du Traz os Montes (Mac;mres
et Vinhaes) dan, la Revista lusitana (t. VIII), et sur Jeque! M•• Carolina Michaelis de Vasconcellos a trois pages pleines d'indications dans
ses précieux Estados sobre o romanceiro peninsular, Romances velhos
•m Portugal, publiés dans Cullu1·a española (1907-1909), complétant
ainsi le Tratado de los romances viejos de Menéndez Pelayo (t. 11,
p. 511) . Celui•ci en a reproduit du reste la seule rédaction entierement castillane dans son Suplemento d la u Primavera y flor de romances »de Woif (t. X de !'Antología, p. 119), ainsi que la rédaction mi-cata•
lane mi-castillane publiée déja par Milá. La rédaction castillane avait
été recueillie par D. Juan Menéndez Pida!. Menéndez Pelayo comptait
neuf variantes du meme theme, et on le relroQve dans le romancero
judéo-espagnol. M. Pit·es de l,ima note que la jeune filie qui lui
a fait connaitre ce romance lui en a donné sous forme de récit, en
prose bien entendu, une partie ainsi que l'épilogue. 11 oignale
enfin une autre variante
Montalego 1 sous le titre de Leila Mar•
ques . On sait que les différentes formes portent chacune un nom
particuJier. M. Pires de Lima donne une autre variante, sous le titre
D. Martinho, dans le vol. XX, p. 15. M. Cláudio Basto en donne une
de son coté, sous le titre de D. Carlos de Montaluar, dans le vol. XVll,
p. 57. M. J . M. de Cossío en a publié encore une nutre depuis dans le
Boletín de in Biblioteca Men.éndez Pe/ayo,
p. 71.
Ce seul échantillon du recueil des Tradi9óes d, Santo Tirso montrera l'intérl\t du reste, en ml\me temps qu~ l'attrait et J'importance
de la Revue si vaillamment et si consciencieusement dirigée par le
grand savant qu'est M. José Leite de Vasconcellos.
G. CIROT.

a

•~'º•

Boleiín de la Bihlioleca Jlenéndez Pela.yo (año 1, 1919).
Ne serait-ce que par un sentiment de vénl'fation polir le souvenir
qu'elle évoque, et de reconnaissance pour la fondation dont elle est
l'organe, celte revue méritait un~ bienvenue toule spéciale. Elle le
mérite aussi par l'intéret et la valcur des articles par lesquels elle
a \l,ébuté.

�160

.BULLETlN Hl SPAIHQUE

Citons d'abord Algunas omisiones del Qicionario de la A.cademia,
pa_r Ednardo de 1:f-uidobro,

a qui

nous devons un petil lexique

tres

ut,le, Palabras, giros .Y bellezas del lenguaje popular de la Montaña
(Santander, 1907); Un retrato de Fernando Vlf par Uoya, et Iglesias
de la .l!óntaña (San Andrés et Santa )faría de Cayón , San Miguel de
la Penilla , avec planches), par Elías Ortiz de la Torre· Santa María
de Piasca (ms. de 1519, faisant parlie d'une coHection d e plus de cent
volumcs relatifs auX églises et monasteres de la Montaña: c'est un
inventaire des biens possédés par le monasLere de Santa ~laría lors
d'une visite de l'abbé de Sahagúo a la date ind¡'quée), par Tomás
\laza Sola.no; - los papeles de Quadrado (D. José María Quadrado,
dont l\fenendez Pelayo cite souvent le nom , par exemple a propos de
Ja danza prima , Anlologia , t. X, p. 15 , et dont les papiers sont en
possession de sa bibliotheque); - Retrato de Don Pedro de Ceba/los
Sáiz (par Velázquez? avec reproduction), par OctavAo Bianqui et
Anníhal G. lliancho; - Los primeros versos de NuñeZ de Arce, par
Gerardo Diego Cendoya i - Sancho de Muñón. Documentos para su
biograjia (il s'agit de l'auteur de la Tragi-comedia de Lisandro y
Roulia), par Am:-ilio Uuarte; - La influencia de las ideas tradicionales en el arle de Pereda , par John van Home (traduction d'un arlicle
paru daos Jes Pub. of lhe Modern Lenguaje Association of America,
mars 1919).
Deux publications se détachent sur cet ensemble dója estimable. La
premiCre est intitulée Un nuevo poema por la móderna vla , par Miguel
~rtigas_. C'est l'édition paléographique et, annotée d'un po6me casL11lan, mcomplet par le milieu , et copié par une main du XIV SiCcle. ll
est en strophes monorimes de quatre vers qui se décomposent chacun
en deux oclosyllabes , ce qui en fait un type spécial du mesler de
ele.recia. lnspirée par le De contempla m.undi du pape lnuocent lll,
qu'elle suit a peu pres chapitre par chapitre, cetle reuvre esl anonyme, mais l'auteur s'intitule maestro et devait avo ir re&lt;;,u lei ordres.
Le litre latin est Liber de miseria hominis.
L'autl'e publication cst due )1. José María de Cossío: Romances
recogidos de la tradición oral (en la Montaña). Ce sont des romances
recucillis dans la vallée de Tudanca 1 arrosée par le ~ansa , familiere
aux lecleurs de Peñas arriba. A noler surtont une variante du
romance du Prisonnier, sur lequel il ellt fallu renvoyer aux Estados
sobre o romanceiro peninsular de M"' Carolina de Vasconcellos (Cultura española, 190¡-1909, p. 177-181 ); une du Gerineldo, dont il y a
de nombreux exemplaires dans l'Antologla de Menéndez Pelayo(t. VII 1,
p. 28'.i ; lA , p. 140,318; X, p. 32 , 16.2) 1 et oü l'éditeur releve entre
autrns traits l'expression inédite t&lt; mi camarero florido»; puis un
romance sur Bernardo del Carpio, pour lequel M. de Cossío renvoie
au Tratado de los romances viejos, non· saos faire quelques Considéra1

8

a

8

l'ITBLTOGRAPHTE

tions inléressanles; en fin une vel'sion du romance de Doña Angela
donl l'A ntologia (X, p. 136) &lt;lonne une version aslurienne , avec
variante dr Goviendes (Colunga), et qne M. C:ossío préfere U cette dernit're version ainsi qn'/1 la versinn calalane de ,1u.t.

G. r.moT.
Spanien, Zei/sclll'ijl für Auslandskunde, Orgcm des Verbandes
Deulsthland-Spanien, hrgg. vom ibero-ameríkanischen TnstiLul. - Hamboul'g, 1919, fase. /¡; 19-20 , fase. 1-2.
Sommaire:
1919 fase. ~lV. O. \.Vestermann: CEuvres de paix hispano-allemandes en temps de guerre, A. L. Mayer. Le sculpteur Francisco
Gi ralle. - E. Schafer. Fernand Cortes et la conquele d u Mexique. F. ~uypers. Une excursion a Tanger (été 1914). Nouvelles du monde
économique. - Nouvelles littfraires , t artistiques, scientifiques. ~ou vel lrs publications.
19?.o rase. 1-:1. A. Castro (Madrid) : ProgrCs de la science dans
J'Espagne contemporaine. - M. Artigas (Santander): Un poeme espagnol inconnu du Moyen-Age. - A. Salaza (Madrid), et ReifT. L'année
musicale 1918- 19 a Madrid. - G. Richert (Munich) : Tableaux
espagnols daos les musées allemands. - Nouvelles économiques, etc.
Tous, sauf la publication de M. Arligas, articles de vulgarisation.
~ous avons déj3. noté le fait. Spanien veut etre surtout un organe de
grand public, avant toul un agenl de la pénétration pacifique allemande. L'article le plus intéressant a notre égard est celui de Weste·r mann. R.ésumons-le. Alemania vendrá, l'beure de l'A.Uemagne sonnera, dis.ent les germanophiles d'Espagne, plus convaincus que les
Allemands. L'auteur a vecu en Espagne pendant la guerre eL s'est
occupé tres activemenl du rapprochement germano-espagnol. Il nous
raconte la créalion et le fonctionnemenl de l'OOuvre de secours aux
prisonniers de Barcelone 1 fondée en 1915. Cette ceuvre rec;ut de nombrPnx dons d' Espagnols germanophiles et« archi•germanophiles » 1 el
disposa mensuellement d'un budgetde 5.ooo pesetas. Au total, recettes
de ¡00.000 pesetas, envoi de 80.000 colis aux prisonuiers allemamls
des pa~·s alliés.
Pendant l'hiver 1915-1916 1 on institua des séries de cours et coníérrnce:'- i . Barcelone. Conférenciers de nationalité allemande, quelques
Espagnols parlant allemand. L'hiver suivant, nouveau progres. Les
cours sont donnés en allerñar::d, espagnol et catalan. 11 s·y organise
une ligue german&lt;respagnole, les Amicbs de Germania, un comité
composé de trois Allemands el trois Espagnols, une sooiété de conférences. cursos de ex.tensión universitaria. L'hher 1917, il y eut

�BULLETlr. HISPA.NIQUE

Bl8LIOGRAPHIE

16 conférenciers espagnols, ,Q allemands; par conséquent 30 confé~
rences, dans les plus beaux locaux. Puhlic tres nombreux plus
d'Espagnols que d'Allemands. L'année d'apres, nouvelle sé;·ie de
cours, la plupart en espagnol, cours de propagande. De plus, séries
de com·s fermés , cursillos, avec public restreint, visites aux musées
et bibliotheques .

étrangCre de l'Institut ,ibéro-américain, le Cuide en pays étranger
(Amérique du Sud).
Les résullats de cette activité ne seront visibles que plus tard. Des
mainlenant, nous avons le devoir, nous, d'ouvrir l'reil. Le Lravail de
contre~offensive fram;aise est en bonne voie et en de bonnes mains.
A nous de suivre l'exemple allemand, en sonlenant, de nos rangs
serrés et résolus, ceux des nOtres qui mCnent le bon combat.
J.-J .-A-. BERTRAND,

a

Au printemps de 1918, se crée
Barcelone la Société germano~
espagnole, donl le but fut de développer les relations intellectuelles
des deux. pays. Cette société compta, en quelques semaines. plusieurs
centaines de membres. A Tarragone se fonda lout de suite une filiale
do~t le, maire prit Ja présidence. Les cours publics ouverts pal' celt~
soc1été a Barcelone, cours de langue allernande destinés aux ou vriers
et petits employés espagnols, compterent dCs la premi8re année plus
de 100 participants.
La paix a fait ~uelque tort a ces inslituti~ns, mais l'auteur compte
sur la collaboral1on des sociélés hispano-allemandes d'Espagne et
germano-hispaniques d'Allemagne.
Dans le mCme domaine du rapprochement inlellecluel des deux
pays, signalons: 1° La rep1·ésenlalion de piCces espagnoles en Allema~ne, Los intereses creados (en lraduction) de Jacinto Benavente,
Vienne et
Berlín, La Ciudad alegre
confiada et El úllimo
minué, du meme auteur BerJin ·
'
'
'
:lº La création d'un prix de 1.000 francs a l'occasion du centenaire
de Cervantes. et de médailles en faveur des meilleurs travaux relatifs
a I'Espagne ou l'Amérique latine;
3• La publication de Deutsche IVarte ( Atalaya alemana), revue
commerciale hispano-allemande, hebdomadaire, organe de l' Union
économique allemande, section espagnole :\ Barcelone;
/4' La publication de la Deutsche Zeitung.für Spanien, birnensnelle,
Barcelone, de caractere tres varié;
5• L'inLér!\t que l'on prend en Allemagne au développement de
l'enseignement de la langue espagnole.
Les Allemands s'inléressent ii. toutes créalions de sociétés d'études
scientifiques ou de travaiJ économique,
toutes publications espagnoles d'ordre éconornique ou politique. lis se préoccupent des points
de frotlement et des possibilités de conílils futurs entre l'Espagne el
la France. Une bjbliographie tres abondanle, tres riche el remarqua~
blement renseignée (signée F. Krüger), oriente le lecteur allemand
sur les publications les plus importanles relatives soil aux choses et
gens d'Espagne, soit aux rapports intellectuels entre l'Espagne et
l'Allemagne, soit aux progres de l'hispanoiogie aUemande .
D'autres pubLications completent cette revue : la Cultura latinoamericana, revue trimestrielle, destinée a l'Amérique du _Sud , la
Bibliothek der Cultura latino-americana 1 les ou vrages de poli tique

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y

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163

Soasa Vilerbo e a sua obra, notas bio-bibliographicas por Víctor
Ribeiro, Lisboa, Castro Irmiío, 1915 . 253 pages.
Parmi les érudits portngais de la derni6re génération , il n'esL pas
de figure plus respectable que Sousa Vilerbo. Sa vie nous apparait
comme un exemple de labeur probe et désintéressé. Son ceuvre
embrasse toutes les formes de l'aptivité nationale. On trouvera dans
le livre de M. Victor Ribciro un essai biographique tres complet,
accompagné de deux bibliographies, l'une qui suit l'ordre chronologique, l'autre qui groupe les publications par ordre de matieres. Un
syst6me commode de renvois avec numéros permet de les utiliser
concurremment. On peut considérer ce travail comme définitif et
comme indispensable. En effet la plus grande portie de J'oeuvre de
Sousa Viterbo est encare dispersée dans les journaux et les revues
sous forme d'articles dont il n'existe pas toujours de tirages 8 part.
En attendant qu'une réimpression les melle a la portée du lecteur
étranger, M. Victor Ribeiro nous fournit les moyens de nous orienter
dans ce labyrintbe .
On lui saura gré d'avoir fait revivre l'homme, sans craindre d'entrer
dans les détails familiers. Nous pénétrons avec lui au sein meme du
peuple 1 dans un milieu des plus modestes 1 auquel Sousa Viterbo dut
ses meilleures qualités et donl iJ euí le bon esprit de ne pas rougir.
De ces laboureurs de Rebordóes, de ces meuniers de Valongo, de ce
monde de petits commeri;ants au détail ou débuta son pere a Porto,
il conservait, tout en profitant, comme disait Renan, de la sobriété
intellectuelle de ses aleux, cette lénacité qui caractérise le paysan du
Douro et ce besoin d'action qui résistera meme
l'épreuve de la
maladie. Jamais son goU.t pour la vie simple et le travail silencieux ne
se démentit. Sa vocation s'était révélée, comme chez la plupart de ses
compatriotes, par des essais poétiques et romanesques, bien accueillis
dans la presse locale. On peut étre surpris du contraste entre la liberté
d'une improv-isation expansive et l'austérité qu'il afTectera plus tard
dans ses travaux scienlifiques. Cependant, comme le fait remarquer
1res juslemenl son biographe;jusqu'3. son dernier jour il restera poete.
Au séminaire de Porto , dans les hOpitnux oll il exerc;a la médecine,
au bureau de réd.action des grands périodiqnes de Lisbonne, dans les

a

�BULLETHf HISPnIQl"E

· BJRJ.IOGtHPHIE

proíessions qu'il ne fil que traverser, il étail guidé par la flamme intt'·rieure, par une sorte de foi démocratique, sacrifiant les intéréts matériels a ce qu'il jugeait atre une mission et un devoir. 11 refusa méme
les honneurs officiels par un geste U la fois digne et réservé. II ne se
sentit vraiment a l'aise que lorsqu'il ful nommé, sans avoir Osubir les
conditions du concours, proíesseur a !'€cole des beaux-arls. Déj/J il
comptait parmi les habitués les plus fcrvents des archives de la Torre
do Tambo. On nous le représente les jambes entrecroisées dans unealtitude conlrainte dºata:\ique, faisanl monter le:s infolio el les manuscrits jusqu·a son ceil de myope par un mouvement rl•gtilier el mécanique, tandis qu'il poursuivait, ele la mtme t·crilure serrée, d'interminables copies, dont il ne livra presque rien au public penelant dix ans,
el qu'il nºinterrompail que ponr décocher ll ses voisins et confrCres
en paléographie, quelque allusion mordi;mte oú l'on relrouvait, sous
lo. bonhomie du savanl, l'apfeté du journaliste incisif. Cetle assiduité
devait le conduire au mCme dénouement tragique qu'Augustin
Thierry. Dr-ja ses jambes íléchissaient et lui interdisaient non seulement de mo.rcher mais de se tenir deboul quand survinl la cécité.
Autour de lui ce ful nne conspiration de dévo1Jemcnt. Sa famil1e, des
secrétaires, eles amis désintéressés rencouragerent aexploiter une mine
dont la .richesse n·esl pas épuisée dü: ans apri~s sa mort. Une mémoire
prodigieuse l'aidail a diriger les recherches, a guider les bonnes
volonlés. Sa production n ·en l'ut point ralentie el su1· son lit de mort.
quand, aprCs dix ans d'épreuves, úne pneumonie rétoulfait, il songeait
encare a l'article qu·un granel journal de Lisbonne lui réclamait pour
le lendemain. Une parlie de la gloire de Sousa Viterbo revient a celle
qui fut son Antigone, qui soutinl ses pas chancelants, qui lut, copia,
rédigea , corrigea pour lui, que l'admiration des gens de lettres associa
aux honneurs éclatants que l'opinion di'·cernail a son J&gt;Cre. C'est a bon
droit qu'on a pu écrire, en faisailt allusion a M11 • Sopbia de Sousa
Vilerbo: ti Son exemple prouve de nouveau la capaciti'· inQ,éfinie
d'atfeclion el de sacrifice de la fernme portugaise. i¡ Ríen de plus
édifianl que celte carri8re ol1 les vertus familiales s'associenl ft la
probité du chercheur, au sens délicat de l'artiste.
L'activité de Sousa Viterbo s'est exercée dans les domaines les plus
Jivers. 11 est poele, non seulement 8 ses débuts, mais a sa derniere
heure, quand il appelle la morl pour mettre un termc ses soulfrances.
11 est journaliste et poursuit quolidiennement une propagan de socia le
et républicaine. 11 esl critique, aussi bon juge des conlemporains
comme Diniz et Anthero rle Quental que des vie.ux chroniqueurs. 11
apporte sa contribution aux études camoniennes, renouvellela biogra~ ·
phie de plusieurs classlques et témoigne d'une connaissance trCs
précise de la litté,·ature espagnole. Historien, il s'attache plus spéci:1lemenl U l'époque des grandes navigations et fait la part de )'orienta-

a

lisme . Médecin. i1 retrace l'hisloire des sciences oll ses co111palriote~
ont brillé. Professeur, il veille a la conservatioo des reuvres d'art.
prépare le catalogue des expo~itions rétrospectives, reconstitue la
biographif' détaillée des artistes, peintres el sculpteurs. lfais il est un
domaine 01 1 il ne crainl aucune comparaison, qui lni appartient en
proprei c'est l'hL.:.toirc sociale, celle des professions. Tous les métiers 1
depuis l'humble artisan jusqu·a l'arti~te éminent, défilenl dans ses
onvrages. On en a compté j11!:--q11·1\ 180. Dans cetle foule des charpentiers1 des calfats, des ma&lt;;ons, des laillcurs de pierre, des pelleliers,
des armuriers. des dorcurs, deb gra,eurs, des enlumineurs, des physiciens, des astrologues, des escrimeurs el des typographes, il regne.
a vrai dire, quelque confusion, qui tient surtout a la méthode adoptée
par l'émdit. Sonsa Viterbo avait tracé, entre la science el la littérature,
une démarcation infranchissttble. 11 se défendail, lorsqu'il prélendail
inslruire, du ~onci de plaire. C'est par s)·stCme qn'il a l'enoncé aux
exposés brillants. Ses attaches avec l'école positiviste, ses habitudes
critiques de médecin, une ~orle de pudeur qui le détouraait des
sncces faciles, l'obligCrent a arcentuer avec le temps sa maniere volontairemcnt aride. S'appuyant sur les principes incontestés de la méLhode hislorique, il repoussait les matériaux apportés par les écrivains.
que fausse lrop souvent le préjugé et roplique d'une mise au point
oratoire. ll dédaignait toul ce qui n'est pas le document originnl,
reproduil avec ses graphies exceptionnelles. Et dans l'exposition autant
que daos l'investigation. il restait fidele aux memes scrupules,
redoutant la banalité des transitions et la déformation des cadrrs
systématiques. 11 s'esl, par suite, effacé de son &lt;ruvre, préférant en
général l'ordre alphabétique, la forme du dictionnaire. 'folle part, en
elfet, il ne se croit obligé de replacer dans son ensemble connu ce
qu'il apporte d'inédit. ffoll le caract6re fragmentaire el composite
de certaines monographies. On peut regreller qu-·¡¡ n'ait pas essayé
Jui-meme d'utiliser les innombrable:,; matériaux qu'il accumulait.
Quelles furent les moours, les aspirations, les idées, l'originalité de ces
artisans et de ces artisles donl il s'est fait le biographe iníaligable?
Oans quelle mesure ont-ils contribué.a la formation de la nationalilé,
au progres des institutions municipales, 3. l'évolution de l'art? Quelle
part leur revienl dans la civilisation universelle? On trouvera de q uoi
répondre ces qucstions fondamentales dans la plupart des écrits de
Sousa Yiterbo. Mais il a dédaigné le plus souvent d'en extraire lc&gt;
pilloresque el d'en dégager la philosophie. Cependanl nul n'élait plus
capable de domincr celte vasle matiere, qu'u ne mémoire prodigien!-C
Jui rendait sans cesse présenle sous ses aspecls rnultiples. Or il a,nil
110 plan, une idée directrice, qui répondait a ses conviclions inlim('s,
qui s'accordait avec sa campagne humanitairr de journaliste. Plébéien
de race, il l'était aussi de cO'ur el, comme te!, a,ait la fierté de ses
1

a

�166

16¡

BULLETIN BISPANJQUE

BIBUOGf\APJIIE

origines. 11 voulait, par protestalion contre la gloire des artisles de
premier plan ou des capitaines de haute lignée, réhabiliter la foule
obscure, celle des artisa.ns mécoonus, du prolétariat anonyme. GrAce
Alui toute une partie, et non la moins importante de l'histoire nationale, est sortie de la poussi8re des archives oll elle dormait depuis des
si8cles. Aucune consécration officielle n'a manqué a Sousa Viterbo,
de son vivant ou apres sa mort . Il a connu les honneurs du bronze el
de l'éloge académique. On a célébré sa mémoire de la fay0n la plus
efflcace, en publiant ses ceuvres post.humes. Son influence n'a pns
cessé d'agir, tant sur les étrangers, auxquels il prodiguait, avec un
entier désintéressement, les conseils et les renseignernents, que sur ses
compatriotes dont beaucoup, avec le meme dédain du vulgaire,
s'efforcent de rendre la science peu abordable aux foules. Malgré
l'admiration d'une élite, il n'entrera vraiment dans la gloire que
Jorsque les résultats de son immense enqu8te démocratique auront
élé rendus accessibles, par un travail de simplification et de vulgari ..
sation, au commun des lecteurs. D1,1 reste la popularité, qu'il a
toujours négligée, n'ajouterait que bien peu O ses litres réels. Dans
un domaine oU tout est provieoire, il a su édifier 1 avec un acharnement 8 la tAche dont il est morl, un monument cyclopéen qui
survivra aux dentelles de pierre des chefs-d'reuvre trop soignés.
G. LE GENTIL.

dans une ville qui ful la patrie d'adoption de romanciers comme
Camilo et de poetes qomme António :'&lt;/obre. De plus on se rendail
mieux compte, apres les bouleversements inévitablei pour tout pays
qui fait l'expérience d1 un régirne nouvea.u, et surtout apr8s la derni8re
Lentative monarchiste, du besoin de confirmer, par une réforme de
l'éducation, le sentiment de l'unité nationale et la volonté d'agir en
commun. Ajoutons que le Portugal, depuis qu'il est intervenu dans
la conflagration européenne, est moins tenté de regarder la tradition
comme sus pecte. ll consid8re son passó avec plus d'indulgence et plus
de respect: il a repris conscience de son róle historique.
Certes il est imprudent de juger une revue d'apr8s les deux premiers
numéros, quand ils renferment des articles- inachevés, traitanl de
matieres différentes. On peut se demander toutefois si l'activité de la
jeune Faculté des lellres de Porto est orienlée dans le m6me sens que
ses ainées et ses rivales de Lisbonne et de Colmbre. 11 nous apparait,
a premi8re vue, qu'elle dépasse le domaine de l'érudition pure. Le lon
est donné par un article de M. Leonardo Col'mbra sur 1'induction, qui
tient lieu de préface. La plupart des travaux qu'elle publie ont, malgré
leur précision lechnique, un caractCre de généralilé. Les probl8mes y
s~nt envisagés dans leurs rapports avec la science européenne. La
revue, dans son ensemble, rellete des préoccupations philosophiques
et sociales. Elle se place du reste sous le patronage de M. M. Bergson
et G. Dumas. 11 ne nous appartient pas de suivre taus les collaborateurs sur un terrain oU seuls les spédalistes peuvent formuler une
opinion autorisée. Nous signalerons 1 dans le domaine qui nous occupe,
une étude en cours de publicalion sur les sources historiques du
roman anglais Torren! of Porlyngale et des extraits inédits du journal
d'António Nobre. 11 esta soubaitér que les cabiers de ce poCle, qui
rut le plus sincere et le plus touchant de la dernihegénération. soienl
pnbliés intégralement, car ils nous renseignent a la fois sur sa pensée
intime et sur l'importance qu'il attachait au purisme et a l'euphonie.
~otons encare deux articles conc~rnanl l'histoire coloniale de la
péninsule et contribuant a éclairer le probleme de l'Atlanlide. Le
premier, celui de M. -\.. A. Mendes Correa, discute les résultats fournis
par la géologie, la botanique et l'océanograpbie et aboutit 3. une
conclusion négalive. Le second 1 celui de M. Urbano Canuto Soares,
soul8ve la question des langues parlées par les premjers habitanls des
Canaries. On sait qu'clles difJ8rent d'une He a l'autre et l'on s'est
demandé si c'est une raison suffisante pour contester leur communauté d'origine. D'apres un chapitre inédit de l'historien Gaspa r
Frutuoso, l'archipel aurail été peuplé d'abord par des exilés am.quels
on aurait coupé la langue et dont les descendants furent obligés,
dans chaque ile, de créer de toutes píeces un langage différent, puis•
qu'il ne reslait de l'idiorne primitif aucunc Lrace écrite. Les Saudade I

Revista da Faca/dad.e de Letras da Universidade do Porto, ,,~ 1
el 2. Pol'lo 1920.
Cette publicatión marque une étape nouvelle dans le développement
des études littéraires en Portugal. On les avait longtemps sacrifiées,
pour des raisons politiques, a d'aulres disciplines. L'Universilé conserva, pendant la plus grande partie du xix• siOCle, le caractere que 1ui
avait imprimé la réforme de Pombal qui, par réaction contre le
formalisme des Jésuites et sous ]'influence dC' l'Encyclopédie, se
préoccupail de renforcer l'enseignement des sciences, sans perdre de
vue leurs applications pratiques. ll supprima la Faculté des arts et
c'est en 1871 seulement qu'il ful question de la remplacer. La fondalion
du Cours supérieur des lettres, qui dut son prestige aux travaux
remarquables de TheophiJo Braga, répondait 3 une orientation nouvelle des esprits~ La génération montante se passionnait pour les
études philologiques. On comprit bientót que l'enseignement de
l'histoire littéraire pouvaitavoir une répercussion sociale.De Lisbonne,
centre des idées nouvelles, il pénétraR Co'imbre, si0ge de la tradition.
Au lendemain de la guerre on ne formait 8 Porto que des médecins,
des jurisles et des ingénieurs. De bonnes raisons présid8rent l'an
dernier a la création d 'une faculté des lettres. Elle apparaissaitcomme
le développement normal de Loute université prospere. Elle s'imposai l

�168

Bl ■ LIOGRAPHII.

BULLIT(~ HISP.i.l'IIQt.11

da terra apportent, a coté de celte explication fantaisisle, des éléments
d'une valeur historique indiscutable. L'inlerprétation en •era racililée
par le soin que M. Canuto Soares a pris de rassembler ton• les lémoi-

monaslérfl de San Feliu de Guixola (16o6), par le bénédictin Alfonso
Cano, non signalée dans Muñoz; des copies de lravaux du P. Marlin
Sarmiento, en particulier • sobre el vegetable gallego seyxebra 11; vies

gnages concernant la découverte par les anciens et -

de sainles (mains du xvu· s.); « l\epNlsentaciones hechas por el Excmo
Sr. Conde de Florida Blanca a la Augusta :llagestad de Carlos lerceru
y lo ullimamenle expueslo al actual Soberano Carlos 4•,,, une Hisloire
de Montserrat inédile ( 1847) du P. filgueira; llcgle bénédictine el

qu'on nous

passe ce néologisme indisp,nsable - la redécouverte par les modernes
de l'archipel des Canarios. Cest d'ailleurs le propre de l'hisloire de la
péninsule, au moins a l'époque des grandes navigation:,, de poser de~
prohlemes qui inléressent la civilisation mondiale. On voil que la
/levi.da da Faculdade rle letras embrasse un horizon assez vaste. Elle

reste nationale sans étroilesse. F:lle coordonne, par un efforl de
s~·nthese, les résull.ats de disciplines dilférenles. Elle continue le
mouvement initié par les disciples d'Augusle Comle. Elle combat par
l'exemple le préjugé qui reru~e aux peuples de la péninsule les
aptitudes philosophiques. Ces tendances ne sonl pas enliCremenl
nouvelles. On les retrouverait dans plus d'un article publié Lisbonne
ou
Coimbre. mais elles nous apparaissenl iri plus clairement
affirmées. La nouvelle Faculté des lettres de Porto promel done de faire
oouvre originale. On n'attendait pas moins d'une ville qui a joué un
l'Ole de premier plan dans l'évolution économique, politic¡ue el
littéraire du pa~·s.
(;, LE GENTIL.

a

a

Analecta Montserratensia. \fol. l. Any 1917. Moneslir de Montserrat. MCMXVJII. Vol. 11, An~· 1918. MCMXIX.
Celte publication, qui paraitra annuellemenl, a justifié toul de
suite son utililé par des arlicles d'un grand inléret, parmi lesquels il
convient toul au moins de relever les suivants :

la

(Vol. 1). Manu:scrits de
Biblioteca de ,lfonts,rrat, par D. Anselm
M. Albareda. L'auleur, qui prépare le catalogue des manuscrit, de
l'ancienne Bibliothéque conventuelle, donne.la description analytique
de 71 numéros anciens ou d'acquisition récente, dont le plus, énérabJe
et le plus importanl, premiAre vue, parait etre le numéro 1, le Libre
Vermell, signalé par \'illanueva, sorti par bonheur du mona~tere a

a

l'époque des guerres de l'lndépendance, et rachele en 1885. Enlre
autres textes latins et catalans (xlV• et 'tV~ s.), il contient un Can&lt;:oner
monlserrati qui fait l'objet d'un article8 part: des miracles a l'invocacion de la Vierge per universum mundum (il ne s'agil pas des rniracles
de Montserrat, qui précedent el suivent; comme le premier est celui de
la rhasuble de Saint lldephonse,jc suppose qu·on y retrouve les miraeles recueillis par Gil de Zamora el publiés par P. Fila); &lt;'n loutcas il
serail intéressantde faire connaitreen détail celle colleclion dans une
des cotonnes des Analecta); de rudimentaires trailés de géographie,
d'aslronomie, df" monstruosilés humaines, d·enc~·clopédie (le toul en
deux folios). Parmi les autres manuscrits, je note une llistoire du

Constitution&amp; de l'abbr Cisneros(en castillan. mains du xv1• s.); Céri·•
monial el coutumcs de Montserrat (xv• et tvl" s.); « Exercilium el
devotiones fralris Pelri de Ortega,&gt; (1622): deux livres d'heures du
xv·-,VI· s. avec miniatures; copie des Exercice~ spirituels de sainl

lgnace (dat,&lt;e de Si-ville 16o6; divers e1emplaires de la regle de sainl
Benoit; anliphonaire du xr• s.).
C'est le P. Sui'iol, directeur des Analeda, qui s·est chargé d'i"•ludier,
sous le litre Els cants delt Romeas, lr.s chao l13 de f&gt;Clcrins conlenus
aux folios ,21•27 du Llibre vermell:
Por sa anliguilal és el monurnenl méM venerable que des del !M!gle uv
ens conserva uns canls queja alesbore!I cvcn lraditionals. !Pcr la factura
artística són un lestimonide diverses formes musicals,dcs de la aimplíssima
i unissonal del gregoriá, flns una perfecta polifonia a lresparls, o• tri plum••
passant, oi més, per la forma del ballet, del cánon, de la diafonía i del
Mo.lel Pcr qualque anolació meMdica é~ :el primrr documenl que usa a
Catalunya ccrta ~crminologla musical...
Ces chanls, dont deux en caLalan, sont au nombre de dix.. ll y
en avait s1jremenl d'aulres, puisque Villanneva en reproduit un
qui manque actuellement au recueil. De belles planches accompa•
gnent la transcription lillérale et musicale, et l'étude de chaquc mor•
cea u esl poussée fond, avec une science el un senliment arlislique
qu'apprécieront certainemenl les connaisseuns.
Le o~ Jaume Cullell, chanoine de la Seu de Vich, a donoé sa conlribulion en étudiant cette question : Vinf¡ueren a .Jlonserral monjas de

a

Morlle-Cassino a ,nüjans del segle XV, queslion qu'il résoul par l'allirmative.

Suivenl Te.ct,s calala11s del Llibre, pel 11. P . .\rchiver; Alguns
manuscrit, de l"anliga Biblioteca monlserratina communicats pel
D· O. Ramón d'Alós (d'apres le numérn 13.464 de la Bibl. 'lac. de
Madrid); - Reliqwes ijoies antigues de lfontserrat segons un manuscril recenlmenl rlescoberl ; - Fes/es lipi.ques (il s'agit de la fete encorc
célébrée annuellemenl a ~ontserrat, a la Saint•N'icolas, et rappelant
celle de l'Obispillo, donl Fr. José de la Canal signale, au lome \LV de
l'f:,p. sagrada, la représeulalion aGirone).
Le Vol. 11 conlienl d'abord uu magistral lra..ail de D. .\nselm ~l·
.\lbareda, La impremla de .llonlserrat (seg/es u·-u,•¡. Pour l'hislorique de e-elle imprimerie. les témoignage~ anciens sont rares. Le P.

�HUI.LETL'.\ HISPA'.\IQUli:

RIBI,TOGI\APHIE

Aluareda nol"' que Fr. Pedro de Burgos, A qui est·dü le choix du premier imprimeur (1498) et le premier rétablissement, en i5t8, n'en dit
mot dans son Libro de la historia y milagros hechos a invocacion de
Nuestra Señora de Monlserrate, el pas davantage Yepes, qui agite la
question de l'iníluence exercée par l'Exercitatorium de Garcia de
Cisneros, imprimé Montserrat (l5oo), sur les Exercices de Saintlgnace. C'est au P. Benet Ribas, maine el archiviste du monastere,
ami de Villanueva, collaborateur modeste et désintPressé de plusieurs
érudits du lemps, en particulier du P. Méndez pour sa Tipograf,a
Española, qu'il faut s'adresser pour reconstituer cette histoire; il est
vrai que d'autres travaux, énumérés par le P. Albareda, completent
les données (que des découvertes heureuses ont permis d'enrichir
encore); mais la plupart dt'rivent précisément des renseignements
libéralement fournis pal' le P. H.ibas ceux qui les luidema.ndaient.
L'installation d'une imprimerie a i\lontsel'l'at a-t-elle obéi ala n1!cessité de pourvoir de missels et de bréviaires les dix-neuf monasteres
dépendanl de San Benito de Yalladolid, initiateur de la réforme, et
auquel était atlaché .MontserraL depuis 1493 ~ Et si le choix tamba sur
ce dernier couvent, fut-ce pour des raisons économiques? Mais ces
raisons nous échappent, observe le P. Albareda 1 qui conside1·e par
contre comme.décisif a cet égard le rOle de García de Cisne ros, cousia
germain du grand Cisneros, el neuf fois réélu supérieur par Jes moines.
Les deux: premiers imprimeurs avec lesquels il eut contrat furent Jean
Luschner (décembre 1498-novembre 1500) et Jean Rosembach (16181621), aprCs lequel l'imprimerie fonctionna encare quatre ans.
La description, avecreproductions nombreuses(plusieurs en dimensions idantiques) des ouvrages parus a Montserrat, comprend: ,o les
incunables;~~ les imprimés de 1518•15i6, division qui se trouve correspondre aux deux époques otl les presses y fonctionnerent. Les
incunables sont au nombre de 17 ; le premier est le Liber meditationum Vitae Domini noslri lesu·Christi de saint Bonaventure (16 avril
r499). Le Jlfissale Benedictinum découvert au Chili et su,· lequel il y a
un article dans le meme vol u me des Analecta, doit etre de la fin de la
m8me année. Quelques ouvrages n'ont pu 8tre décrits ou mentionnés
que d'apre, les bibliog,·aphes antérieurs; quelques-uns le sont pour la
premie.re fois : tel est le ca.s pour le Miss ale Benedictin.um el pou r le
Directorio de las horas canonicas e&lt; postrimero de setiebre año de Mil
y qinietos ii.
•
Pour ce qui esl du Directorium (en lalin), sans date, et de l'Exercitatorium (traduit en latín par le P. Francisco de Torquemada), lequel
por le la m8me date que l' Exercitatorio en bastillan, 13 novembre r 600,
les objections du P. Albarnda aux scrupules d'Hrebler (n·· 151 et 235),
qui les oonsid8re comme postérieurs, ne paraittont peut-Blre pas tout
afait convaincantes. Le P. Ribas, auqucl se réff:lre l'érudit bénédiclin,

n'a-l-il pu mal interpréter lui-m6me la dale donnée a l'Exercitalorium,
et traduite littéralement de l'édilion castilla ne~
Parmi les impriinés de la seconde époque figurent de nombreuses
images pieuses. Quant a la grammaire de Lebrixa, le seul ouvrage
profane qui figure dans ce catalogue, le P. Albareda ne parait pas
tout fait rassuré cette fois par la mention tres succinctequ'en fait le
P. Ribas.
Le P. Suñol a collaboré a ce ,olume 11 en donnant un travail,
également des plus instructifs, sur la liturgia deis noslres impresos
(seg/es xv'-.rn'). Le caractere un peu spécial de cetle publication,
qui intéresse surtout les liturgistes, est malheureusement un obsl-aclc
assez sérieux. pour le profane qui voudrait en fairc une analysc
fidele et consciencieuse. Bornons-nous morlestement admirer, et
prendre bonne note pour le cas ol1 nous aurions nous renseigner sur
une question pour l'intelligence de laquelle il faut réellement !trc
quelque peu clerc.
Divers documents completent ce méme volume: Noticias del venerable P. Fr. Bernardo Boi/; Embaixada d'E8p,mya prop la Santa
Seu; L/etra del Rei En Joan f (r3go), etc.
Ces indications donneronl une idée, au moins sommaire, de ce que
sont ces Analecta, auxquels nous ne pouvons que souhaiter longue
vie et bonne récolte chaque année.
G. CII\OT.

a

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�•

CHRONIQUE
_ M. Ramón ~lenendu Pidal, en verlu d'un usage qui esl loin
d'etre banal en ~•rance, a re~u de l'Université de Toulom;e le litre de
docteur honori.'i causa. A. la cérémonie qui a eu lieu, a cette occasioo·,
le 18 íévrier. l'Universilé de Bordeau1 . invitée a se faire représenter,
avail délégué le doyen de la ~•acuité des Lettres, M. Dresch , qui. au
nom de ses collCgues, donl beaucoup sont hispanisanlll 3 des Litres
divers, a dil la haute estime, ou plulól l'admiration qu'inspire a lous
l'ceuvre du grand savant et de son école. En :;'associanl, comme
l'Université de Paris, 3. celte maniíe:;ldtion, l'Universilé de Bordeau&gt;:.
a monlré que les liens qui rall.achcnl M. \lenénde1, Pidal a l'Lniver~ilé
de Toulouse, le rattachenl a la France enti8re. On trouvera une relation détaillée de celle solennité dans L',lmitié .francu-espaynole,
publiée a Toulouse (2' année)
Le 11 mars a élé inauguré a la ~.,acuité des Leltres de l'LniYersité de Bordeaux un cours libre de langue el antiquilés basques,
professé par M. Albert Léon, docteur es lellres, professeur au lycéc
de Bayonne. M. l~on a expo::;é, dans sa le&lt;r&gt;n d'ouverture, les· travaux
des érudits qui se sonl appliqués a l'étude du basque, des ~·ran&lt;:ais
depuis Luchaire el le prince Bona parle jusqu'a Vinson, des étrangers
depuis Humboldt jusqu'a van i,;ys , Uhlenbeck, Schuchardl el Wcbster.
ll se propose, dans les leGQns suivanl.es, de lrailer du thé.ltre populaire
bas4ue. Le profcsseur a élé suivi avec beaucoup d'atlention el d'inter~l par de nombreux: auditeurs qui l'ont compris, mCme lorsqu'A la
fin de sa l~on il leur a adressé la parole en basque. 11 n'y a pas lieu
d'en etre surpris: Bordeaux a toujours eu une forte colooie basqne,
dont l'existence sutfirait a garantir le succes de cel enseignement .
......-. Une nouvelle occasion de manifester leurs senlimenls envers la
~'raoce a été olferle au• 1,;spagnols par le Congres leou du 31 mars au
4 avril i, Saint-Sébaslien. La présence d'un ministre espagnol (celui du
Travail) et l"accueil, inoubliable aulant qu'inespéré, que nous réservait la populaLion comme les autorilés dan'i la capitale du Guipúzcoa,
a Orio, Zarauz, Guelaria et Zumaya, oll le peintre Zuloaga a fait les
hooneurs de sa pittoresque demeure, onl comblé tous les vamx des
nombreux Fram;.ais venus pour consliluer définitivemenl les deux
~'édérations franc;aise el espagnole deS comités d'enlente. Nous ne
pouvons pour le m,Pmenl que signaler ces belles journées et les mar~
quer d'une pierre blanche.
7 avril 1921.
L.l RBD.lCTJOR ,~\IERI\IKE:-¡: YOREL - fATIO. P. PARIS
G. CIROT. secritairt: G. R..\OET, diruteur•géraat.
Bord•n1.--

lmprimeries Gou:.-OLll,ttOV, rue Guiraude,

1)-'

1.

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Chroniste de Charles Quint</name>
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        <name>Dans La Chronique</name>
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        <name>Fernan González</name>
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        <name>Juan Antonio Llorente</name>
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        <name>Pedro Mexia</name>
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