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                    <text>La judoca Lenia
Ruvalcaba Alvarez,
Medallista en los
Juegos Paralímpicos
Tokio 2020
I

�UANL
DIRECTORIO
Rogelio G. Garza Rivera
Rector
Santos GUZlllán López
Secretario General
l léctor Alvarado Lumbreras
Director de Comunicación Institucional
José Alberto Pérez García
Director de Deportes
Esperanza Armendáriz Chávez
Edición

Guillenno Jaramillo
Luis Salazar
Norbe,to Coronado
Redacción
EfrainAldama Villa
Eduardo Rodríguez Palacios
Blanca Medina Viezca
Eduardo Loredo
Manuel Gonz,ilez
Colaboradores

Daniel Zamora Aguilar
Jonathan Monsiváis Gaytán
José Luis Macia~ Nicanor
Fotogratla
Diana Alonso Palacios
Corrección
Raúl Guerra Zaleta
Diseño Editorial

U Deportes. Año 5, No. 9, octubre 2021. Fecha de publicación: ocmbre 2021 . Revislll
binleStraJ editada)' publicada por la Universidad Autónoma de Nue\'O León en coordinación
con fa Dirección de Comunicación [nstituciona1. DomiciJio de la publicación: Ave.
Universidad sln, Gudad Universitlria. San Nicolás de los Garza. C.P 66455. Teléfooo: ~5281
832941~0. Editora responsable: Esperall2ll.Am1endáriz Cllávez. Tiraje: 10,000 ejemplares.
DiWlbmdo por: Universidad Autónoma de Nuevo León en coordinación con la Dtreeeión de
Comunicación (nstitucional
Las opiniones y contenidos expresados en Jos ilrticuJos son responsabilidad exclusiva de los
autores_
Prohibida la reproducción toral o parcial. ea cualquier fonna o medio, del contemdo editoñal
de e!).Le nún'W!ro.
Impreso en México Todos los derechos reserv:,dos. O Copyrigh1 2021
udeportes@uanl.mx

El estudiante de FOD de la UANL, Brandon Uriel
González, brindó su experiencia como Auxiliar
Técnico al equipo mexicano de atletismo en los
Paralímpicos de Tokio 2020.
Por Norberto Coronado

etrás de la presentación de un atleta en una competencia,
existe un equipo multidisciplinario que lo apoya, de modo
que el deportista pueda enfocarse solo en su compromiso y
no exista nada que lo distraiga.
Preparadores físicos, nutriólogos, terapeutas, auxiliares, son
solo algunas de las áreas que son vitales para enfrentar un
evento deportivo.
Tal es el caso de Brandon Uriel González Rodríguez, estudiante de la Facultad de Organización Deportiva (FOD), cuyo
trabajo constante y desarrollo profesional lo han llevado a
ser Auxiliar Técnico en la disciplina de atletismo, labor que
desempeñó en los Juegos Paralímpicos Tokio 2020.

D

Tiempo de cumplir el ciclo olímpico
Su acercamiento en la preparación deportiva inició en el 2016,
cuando cursaba la carrera de Actividad Física y Deporte en la
Escuela Industrial y Preparatoria Técnica "Pablo Uvas", y para
realizar su servicio social eligió como plaza el Departamento
de Deporte Adaptado de la Dirección de Deportes de la UANL.
A partir de ahí comenzaron los sueños de González Rodríguez. Cumplió con éxito el ciclo olímpico obligatorio: los
campeonatos nacionales y los Juegos Parapanamericanos,
hasta estar presente en unos Juegos Paralímpicos, los de
Tokio 2020.
En esa travesía, el estudiante de FOD conoció el trabajo del
lanzador de clava Mario Santana Ramos y decidió hacer equipo con él, formalizando su relación laboral en el 2018.

�@DEPORTES

Ese mismo año; asistieron juntos al Abierto Mexicano de
Para Atletismo de San Luis Potosí, pero no fue hasta que
participaron en una competencia clasificatoria en Cuernavaca que el lanzador clasificó a un Campeonato Mundial
de Para Atletismo en 2019 .
"En el Mundial, Mario hizo un gran trabajo y nos trajimos
la medalla de plata, que le dio el pase individual a los Juegos Paralímpicos. Desde el 2019 sabíamos que estábamos
clasificados y ante la pandemia tuve que asistirlo por vía
remota.

Sin embargo, interrumpimos un poco la preparación ante
la incertidumbre de que no se realizaran los Juegos, pero
comenzamos a trabajar en casa y después en el Centro
de Alto Rendimiento de Nuevo León", platicó el Auxiliar
Técnico de la Selección Mexicana de Para Atletismo.u

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Welcome to Japan

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�@DEPORTES

Termina Mario Santana
cerca de la gloria
El lanzador de clava de la UANL, estudiante de FOD, en su participación
en los Juegos Paralímpicos registró su mejor marca hasta el momento
y se colocó en la cuarta posición general.
Por Norberto Coronado

ario Santana Ramos, alumno de la Facultad de Organización Deportiva (FOD), acarició la gloria en los Juegos
Paraolímpicos de Tokio 2020 al terminar en cuarto lugar general y dando su mejor marca (30.25 metros) en su prueba
de Lanzamiento de Clava realizado en el Estadio Olímpico
de Tokio.
Mario intentó dar su mejor marca y lo logró en el tercer intento que lo colocó en el segundo puesto, detrás del ruso Musa
Taimazov, que había impuesto un nuevo récord del mundo
con 35.42 metros.
El estudiante de FOD terminó sus seis lanzamientos y tenía
que esperar los resultados de los últimos cuatro contrincantes para subirse al tan anhelado pódium paralímpico.
Pero el serbio Zeljko Dimitrijevic estableció su mejor marca
de 35.29 para llevarse la plata. Finalmente, el eslovaco Marian
Kureja, desbancó a Santana por 41 centímetros, marcando
35.66 y se llevó el bronce.
''Hay mucho que aprender de esta etapa. El deporte nos
ayuda a entender que no siempre salen las cosas como
uno quiere. Hicimos todo lo posible, todo lo que estaba en
nuestras manos en cada lanzamiento. Tenemos que aprender
a trabajar con todo tiempo de clima, eso es aprendizaje para
nosotros. Al final de la competencia estaba frustrado por el
resultado, pero ya pasó y ya trabajamos para Paris 2024", dijo
en conferencia desde Tokio.
Mario, originario de Villadama, Nuevo León, agradeció los
mensajes de aliento recibidos durante el año así como el
trabajo de su equipo multidisciplinario del Instituto del
Deporte de Nuevo León y del Departamento de Deporte Adaptado de la UANL.U

M

SANTANA

�@DEPORTES

Debuta
Brenda Osnaya
en paratriatlón
renda Osnaya Álvarez, egresada de
la Facultad de Ciencias de la Comunicación (FCC), finalizó en el quinto lugar
general, luego de recorrer 750 metros de
natación, 20 km de bicicleta de mano y
5 kilómetros de carrera en silla de pista;
todo en un tiempo de 1 hora 16 minutos
32 segundos.
"Estoy muy contenta con este quinto
lugar, aunque no me quedo satisfecha,
quiero ir por más. Sé que soy muy buena
nadando, sé que soy muy buena en la silla cerrando, pero tengo que mejorar esa
bici para obtener una medalla en París
2024", declaró Osnaya para la CONADE.
La paratriatlonista Brenda Osnaya Álvarez tuvo un gran debut en la máxima
justa deportiva y cumplió el sueño deportivo.

B

Tras 1 O años de entrenam iento,
Brenda Osnaya debutó en los Juegos
Paralímpicos Tokio 2020, y se convirtió
en la única representante mexicana y
centroamericana en esta justa deportiva.
Por Norberto Coronado

La egresada de la Facultad de Ciencias
de la Comunicación llegó motivada y
con condición física óptima para enfrentar, por primera ocasión, las tres
pruebas del paratriatlón con las que
pretendía subir al pódium.
Brenda se recuperó de una lesión hace
casi un mes y, como todo atleta, sufrió
en los entrenamientos durante el confinamiento, pero gracias a su equipo
multidisciplinario estuvo en gran condiciones físicas y mentales para el reto
de Tokio 2020.
Sobre sus rivales en Tokio 2020, Osnaya Álvarez dijo que ya había competido
contra ellas en Copas del Mundo y Campeonatos Mundiales, por eso todas se
conocen y la presión es general.
Con una trayectoria de 1 O años en dis-

ciplinas no convencionales, la atleta se
decidió por el paratriatlón al combinar
los deportes que más le apasionaban,
sobre todo la natación, que fue el deporte que comenzó a practicar luego de su
accidente del 201 O, ya que combina la
velocidad y la resistencia.
Brenda Osnaya estudió la carrera de Comunicación Organizacional en la FCC y
está consciente de que los estudios son
importantes ya que su carrera deportiva es corta y tiene que estar preparada
para su reto laboral.
"El apoyo de la UANL fue muy valioso al
formarnos como profesionistas y personas. Su programa de becas del Departamento de Deporte Adaptado es muy
valioso para nosotros y eso tiene que
resaltarse y agradecerse", reconoció.U

�Acaricia medalla

Román Ruiz en Paralímpicos

Por Norberto Coronado

reinta y nueve centímetros fue la distancia que separó al atleta José Román Ruiz Castro de obtener una
medalla, al finalizar en la cuarta posición en la prueba
de lanzamiento de bala F36 de los Juegos Paralímpicos
de Tokio 2020.
Ruiz Castro, estudiante de la Facultad de Ingeniería Mecánica
y Eléctrica en la UANL, metió presión a sus rivales desde el
primer lanzamiento y logró una marca de 14.42 metros, a
tan solo 39 centímetros del alemán Sebastian Dietz, quien
registró su mejor lanzamiento de 14.81 metros en su tercer
intento, suficiente para quedarse con la medalla de bronce.
La medalla de oro la ganó el ruso Vladimir SViridov, quien
implantó un récord mundial con su lanzamiento de 16.67
metros, mientras que la plata fue para el turco Yassine
Guenichi, quien, con su mejor marca personal, lanzó la
bala a una distancia de 15.12 metros.
El estudiante de FIME comenzó su historia en Juegos Paralímpicos en Tokio, luego de ser medallista de bronce
en los Parapanamericanos de Lima 2019, competencia
donde también participó por vez primera.

T

TOYOTA '

RUIZ CASTRO

Una historia de superación
Entrenado por Erwin Laverdesque Rodríguez e inspirado por
el lanzador de martillo Diego del Real Galindo, Román Ruiz
se sobrepuso a los pronósticos médicos nada alentadores
al detectársele un tumor en el cerebro en el 2012.
Pero lejos de caerse, decidió buscar ayuda, rehabilitarse y
encontró en FIME un aliado para su recuperación, y en el Departamento de Deporte Adaptado, de la Dirección General de
Deportes, el apoyo requerido para hoy ser cuarto lugar olímpico y el tercer mejor lanzador del continente americano.u

�Gana EXPERIENCIA

rumbo a /J)&amp;J[l!J~ ~@~~

'
Edgar
Barajas, estudiante de FOD que tuvo su primera participación
en los Juegos Paralímpicos Tokio 2020, terminó como número
11 en el lanzamiento de jabalina y reconoció que esta experiencia
será importante para el próximo ciclo 2024.
Por Norberto Coronado

l estudiante de licenciatura en la
Facultad de Organización Deportiva
(FOD), Édgar Barajas Barajas, culminó
de manera satisfactoria su participación en los Juegos Paralímpicos de
Tokio 2020 en las pruebas del paratletismo en las que participó.
En su primera participación en Juegos
Paralímpicos, Barajas se presentó primero, el 28 de agosto, en el lanzamiento
de jabalina en la pista del Estadio Olímpico de Tokio. Ahí se ubicó al final en el
octavo lugar al lanzar 40.25 metros en
la final de la clase F57.
Posteriormente, el 3 de septiembre, volvió a la pista para disputar la final del
impulso de bala, clase F57, en el puesto número 11 de la clasificación con un

E

lanzamiento de 11.33 metros, cerrando
la participación de los paratletas estudiantes de la UANL.
"Me voy con un buen sabor de boca, con
mucho aprendizaje, con mucho qué trabajar, con ganas de seguir entrenando.
Se termina la meta de Tokio 2020, pero
ya le damos vuelta. Hay que analizar y
volver a plantearnos a Paris 2024 ya con
la experiencia. Estoy muy motivado para
buscar el pódium" mencionó Barajas a
su regreso a México.

Lo reciben como héroe
Aunque fue un ciclo olímpico complicado, Édgar no se rindió, entrenó en
su natal Colima y con apoyo de toda

la comunidad de Ocotillo, su lugar de
nacimiento, salió adelante y cumplió su
meta de llegar a Juegos Paralímpicos,
pero reconoce que sin el apoyo de su familia y amigos, no hubiera sido posible.
"Mi familia siempre me apoyó, mi madre,
mis hermanos Sergio, Cristian y Esteban,
parte fundamental en la preparación física, Abel y Miguel Tinaco, al gimnasio
Urbana, a Rafael Mendoza, presidente
municipal de Cuauhtémoc, Colima, a los
doctores Archila y todos los que me alentaron", dijo Édgar Barajas.
Édgar llegó a México y de inmediato se
trasladó a su natal Ocotillo, Colima, donde fue recibido por familiares y amigos
con música de banda y una fiesta celebrando su participación. u

�(!J

PORTES

■

en1a
meda11·
La judoca, estudiante de la Facultad de Orga~ zación Deportiva, subió al podio para
recibir la presea de bronce y hace historia para la UANL.
Por Norberto Coronado
Fotos CONADE

�@DEPORTES
a judoca Lenia Fabiola Ruvalcaba Álvarez, estudiante de
maestría en la Facultad de Organización Deportiva (FOD),
pasó a la historia de la UANL al subir al podio de los Juegos
Paralímpicos de Tokio 2020 y convertirse así en la primera
estudiante-atleta en ser medallista al obtener la presea de
bronce.
Ruvalcaba Álvarez, llegó a los JP Tokio 2020 como campeona defensora en la categoría de -70 kilogramos, pero perdió
su primer combate ante lna Kaldani, de Georgia, por ippon
(combate a un solo punto) en los cuartos de final, por lo que
tuvo que remontar para alcanzar el pódium.
En la lucha por la medalla de bronce, Lenia se enfrentó primero en el Repechaje B a Theodora Paschalidou, de Grecia; por el
bronce a Raziye Ulucam, de Turquía, a quien venció y alcanzó
su tercera medalla en tres diferentes Juegos Paralímpicos
(Beijin 2008, Río 2016 y Tokio 2020).
El imponente Nippon Budokan, sede del judo, deporte nacional, fue el escenario perfecto para que Ruvalcaba Álvarez
alcanzara el sueño olímpico y dedicara el triunfo a su primer
entrenador de la disciplina, el maestro Agustín Cruz, fallecido
recientemente.
Antes de regresar a México, Lenia Ruvalcaba declaró que regresaba (a México) contenta por la medalla obtenida aunque
no satisfecha.
"El último mes fue bastante complicado, no pensé que iba poder
llegar aquí a Tokio por situaciones de Covid-19, y de pronto se
logra esta medalla. Me voy con un bronce, desafortunadamente
no fue el oro que yo quería, pero con todo mi corazón está aquí
este resultado y estoy contenta porque no me voy con las manos vacías", aseguró la judoca en entrevista para la Comisión
Nacional de Cultura Física y Deporte (CONADE).

L

Lenia regresó a México, comenzó los entrenamientos rumbo a los Juegos Paralímpicos de París 2024 y sigue con su
maestría en Cultura Física y Deporte en la Facultad de Organización Deportiva de la UANL.

Tiene México su mejor participación desde el 2004
La delegación paralímpica mexicana cerró su participación en
los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020 con siete medallas de
oro, dos de plata, 13 de bronce; y con sus 22 medallas superó
las 100 medallas de oro en su historia así como las 300 en
la máxima justa deportiva paralímpica.u

El último mes fue bastante complicado,
no pensé que iba poder llegar aquí a Tokio
por situaciones de Covid-19, y de pronto
se logra esta medalla. Me voy con un bronce, desafortunadamente no fue el oro que yo
quería, pero con todo mi corazón está aquí
este resultado y estoy contenta porque no
me voy con las manos vacías", mencionó.

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tuxtc:o

��El egresado de la Facultad de Organización Deportiva de la UANL desea ratificar su exitosa
carrera en la gimnasia en los próximos Juegos
Olímpicos.

Corral Barrón cumplió en Tokio 2020 su tercera participación
en una justa olímpica y seguirá sus entrenamientos de cara
a Paris 2024.

Una carrera de éxitos
Por Norberto Coronado

D

aniel Corral Barrón, gimnasta egresado de la UANL, se
ubicó en el sitio 40 de la clasificación general y en el lugar
25 en el all around de la gimnasia artística varonil, con un
total de 80.898 unidades en su participación en los Juegos
Olímpicos de Tokio 2020.
"Estoy sumamente orgulloso y feliz de haber vivido mis terceros Juegos. Jamás imaginé que a mis 31 años de edad
estaría haciendo gimnasia, pero había algo dentro de mí que
tenía que sanar y reparar. Esa fue la razón principal de emprender nuevamente este viaje después de estar dos años
retirado", escribió en sus redes sociales Daniel Corral Barrón.
"El día de hoy por fin siento ese alivio y esa liberación que tanto anhelaba para poder descansar. Me siento muy afortunado
de poder hacer el último all around de mi vida justamente en
el lugar donde siempre quise: en unos Juegos Olímpicosu,
agregó el gimnasta.

Después de su participación en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, Daniel Corral presentó, como todo estudiante, su
examen de selección para ingresar a la Facultad de Organización Deportiva (FOD), pensando en estudiar la Licenciatura
en Ciencias del Ejercicio.
Durante el 2014 y 2015, Corral participó activamente en los
congresos internacionales de la FOD, impartió varios talleres
de gimnasia y ofreció conferencias motivacionales y deportivas a los alumnos de la FOD.
Su primera participación internacional como Tigre se dio en
el 2013, cuando obtuvo la medalla de plata en la Universiada
Mundial celebrada en Kazán, luego de obtener dos medallas
de oro en los Panamericanos de Guadalajara 2011 y finalizar
en el quinto lugar en la prueba de barras paralelas en Londres
2012.
Posteriormente, obtuvo la medalla de bronce en los Juegos
Panamericanos de Toronto en el 2015 y en los Juegos Olímpicos de Rio 2016 se posicionó en el lugar 25 en barras paralelas, y en el lugar 47 en la prueba de caballo con arzones.u

�ran
La arquera estudiante de FIME de la UANL continuó su camino ascendente
en la competencia individual y por equipos en los Juegos Olímpicos de
Tokio 2020. Tiene un debut muy positivo.
Por Norberto Coronado

na Paula Vázquez Flores, originaria de Ramos Arizpe,
Coahuila, obtuvo en los Juegos Olímpicos Tokio 2020
el lugar 32 en la prueba individual con 637 puntos y llegó los
cuartos de final en la competencia por equipos.
La estudiante de FIME, considerada una de las mejores tiradoras del mundo, buscó con Román y Valencia el pódium
en la competencia por equipos, sin embargo, el viento les
jugó una mala pasada y cayeron en cuartos de final ante sus
rivales de Alemania.
En la competencia individual un contratiempo no le permitió
situarse entre las mejores 18 tras caer ante la brasileña Ana
Marcelle dos Santos, por lo que desde ahora tiene la mira
puesta en los Juegos Olímpicos que se disputarán en París
en 2024.
La estudiante de segundo semestre de la FIME, donde cursa
la carrera de Ingeniería Biomédica, fue la integrante más joven
del equipo mexicano de tiro con arco, pero con una amplia
experiencia que le permitió un buen desempeño en su primera
participación olímpica.

A

Ana Paula llegó a la UANL para representar a Tigres en la
Universiada Nacional, pero la pandemia impidió la realización
de esta competencia, dificultando la preparación de los deportistas nacionales. Aun así, la carrera ascendente de Ana
continuó con el firme propósito de llegar a la máxima justa
deportiva mundial.
Los resultados que obtuvo en la Olimpiada Nacional fueron
ubicándola como una firme candidata a representar a México en los Juegos Olímpicos; primero obtuvo una medalla de
plata en 2013 y luego se mantuvo como campeona nacional
en su disciplina del 2014 hasta el 2019.
Solo un detalle se presentaba como obstáculo para cumplir
su sueño. Los buenos resultados los obtuvo en la división de
arco compuesto, la cual no era tomada en cuenta para las
competencias olímpicas.
De ahí que, en cuanto fue invitada a participar en una modalidad que sí le permitiría estar en unas Olimpiadas, no lo
pensó demasiado y migró a la división de arco recurvo, para
empezar su camino a Tokio 2020.u

�@DEPORTES

Asumen
desafío
olímpico
Egresados de la UAN L, los entrenadores Garrido trabajaron en conjunto para que el
badmintonista guatemalteco Kevin Cordón, se recuperara de una fuerte lesión y volviera
en gran forma a los Juegos Olímpicos Tokio 2020.
Por Norberto Coronado

ocos saben que el cuarto lugar obtenido por el badmintonista
Kevin Cordón en los JO Tokio 2020 fue celebrado con la misma alegría tanto en Guatemala como en tierras regiomontanas.
Y es que el atleta luego de su participación en los JO Río 2016,
sufrió una lesión que lo obligó a parar; la palabra retiro del deporte rondaba en el equipo de trabajo del centroamericano, sin
embargo, Cordón Buezo regresó poco a poco a las canchas.
Kevin encontró un aliado que se convertiría en una pieza clave
para reencontrar su mejor condición: el profesor Marco Antonio
Garrido Salazar, Presidente de la Asociación Regiomontana de
Bádminton.
Garrido Salazar puso a su disposición todo el equipo de trabajo
del bádminton regio, incluidos sus hijos, quienes egresaron de
la Facultad de Organización Deportiva (FOD) de la UANL.

P

Su misión fue tener a Kevin en la mejor condición física de cara
a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Era apenas 2017 y la
aventura con el guatemalteco iniciaba para la familia Garrido.
Kevin Cordón finalizó en el cuarto lugar en los Juegos Olímpicos
de Tokio 2020 en la categoría individual de bádminton.
"En la parte técnica y táctica no tenía ningún problema, pero
en la parte física había una gran área de oportunidad. Él tomó
la decisión de aceptar la ayuda y le hicimos un programa de
preparación física para que se lo llevara a Guatemala e hiciera
temporadas cortas de un mes o dos meses acá en Nuevo León",
explicó Alberto Garrido Esquive!, académico de FOD.
"Le llevamos controles de la variabilidad de la frecuencia cardiaca y el control del entrenamiento de la fuerza, de la resistencia;
todo esto era medible mediante un equipo con el que interpre-

�@DEPORTES
tábamos los datos de Kevin y eso nos ayudó a tener una mejor
supervisión del entrenamiento", agregó el director de Optimiza
Desempeño Deportivo.
El especialista expresó que, al igual que Cordón Buezo, los deportistas mexicanos deben confiar en los entrenadores nacionales ya que existe mucha gente capaz en México.
"A Kevin le medíamos el nivel de fatiga ya que eso nos indicaba
qué programarle en el entrenamiento. Fue un seguimiento muy
exhaustivo, pero es la única manera de poder lograr algo importante en cualquier deportista. Las ciencias aplicadas son lo que
nos va a ayudar a cambiar el deporte en México y se demostró
con él en estos Juegos Olímpicos de Tokio 2020", explicó.

Agradecido con el bádminton regiomontano
Después de convertirse en el primer jugador latinoamericano en
disputar una semifinal y después pelear una medalla de bronce en bádminton en la historia de los Juegos Olímpicos, Kevin

Cordón agradeció en entrevistas y en redes sociales el apoyo
recibido de la familia Garrido.
"En la parte física yo tengo la fortuna de conocer a una familia
de Monterrey, que es la familia Garrido. Ellos tienen a un preparador físico (Alberto Garrido) y Dios me lo puso en el camino.
Me dieron la oportunidad de entrenar con ellos y lo vi con sinceridad y fue la mejor decisión que pude haber tomado", expresó
el badmintonista guatemalteco.
La familia Garrido la integran Marco Antonio Garrido Salazar;
Ramón, Alberto y Marco Antonio Garrido Esquive!, todos con
amplios conocimientos para el entrenamiento de alto rendimiento deportivo.u

�@DEPORTES

Cumple Haramara Gaitán
sueño olímpico
La estudiante de la Facultad de Derecho y Criminología tiene su debut en los Juegos
Olímpicos Tokio 2020 de la mano del entrenador nacional Marco Garrido, quien la
considera una jugadora con gran forta leza física y mental.
Por Norberto Coronado

��@DEPORTES

Repite Everardo García
como juez de judo
Con la designación del entrenador del equipo de Tigres en judo, se premia su constancia y excelente
desempeño como juez en torneos internacionales.
Por Norberto Coronado

E

l árbitro de judo, Everardo García Montelongo, se convirtió
en el primer juez mexicano en participar en dos ediciones olímpicas en esta disciplina, luego de su participación
en Tokio 2020.
Se suma así a la lista de jueces mexicanos que han participado en unas Olimpiadas y que ocupan los oficiales Juan
Roberto Chárteris, Gabriel Goldschmied (Los Ángeles 1984),
Manuel Larrañaga (Sidney 2000) y David Santiago (Beijing
2008).
Ser elegido como juez olímpico no fue una tarea fácil para
el maestro Everardo. Luego de que en 2013 se unió a la lista
de jueces internacionales, poco a poco se fue ganando la
confianza con base en su capacitación, entrenamiento y la actuación, en busca siempre de la excelencia en su desempeño.
"La UANL me apoyó en el inicio de mi carrera como juez y en
el año 2014 pasé a la Federación Internacional de Judo. Es un
gran compromiso y me estoy preparando para tener la mejor
actuación arbitral de mi vida en Tokio", expresó el también
entrenador del representativo de Tigres en judo.

Capacitación previa a Tokio 2020
Respecto a la preparación y la técnica que lo han mantenido
en la élite del arbitraje en el judo a nivel mundial, el maestro
Everardo indicó que busca la constancia en los entrenamientos, en los que la inversión de tiempo es significativa.
"Retomé el judo clásico, las técnicas que toda la vida había
hecho las volví a practicar. Además, después de los Juegos
Olímpicos de Río 2016, tomó fuerza la Academia de la Federación Internacional de Judo y fui parte de ese grupo de
árbitros. Ahí se propone un entrenamiento duro, de hecho,
tenemos peleas entre el cuerpo arbitral, y se presenta un examen para reafirmar los conocimientos de judo", mencionó el
árbitro.
Para Tokio 2020, los jueces tuvieron cuatro capacitaciones
con sesiones de seis horas en las que realizaron todas las
proyecciones y técnicas de la competencia, que luego llevaron a la práctica en un evento cercano al lugar de la capacitación. Por lo pronto, su siguiente parada será Turquía.

El judo y la nueva normalidad
En su faceta como juez internacional, Everardo García Montelongo es un trotamundos, ya que realiza alrededor de quince
o veinte viajes al año a Europa, Asia y África. Recientemente
viajó a Qatar y Brasil, donde las competencias deportivas
se reactivaron, acorde con las nuevas medidas de salud e
higiene.
"El deporte ha adaptado, entre otras acciones para hacer frente al coronavirus, las llamadas 'burbujas' del hotel al lugar de
competencia y viceversa. Todo está bien cuidado. Todos han
adoptado la nueva normalidad", indica el maestro en Ciencias
de la Administración por la FIME.
"Estuve presente en la reunión en que se consideró tanto la
cuestión de la salud como la seguridad general en los Juegos Olímpicos y estamos listos para iniciar nuestra participación".u

�@DEPORTES

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Tu punto de encuentro.
Las mejores historias de la UANL
en un solo lugar.

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                    <text>�f

PERIODICO,

MINISTERIAL, Y POLITICO.
l'JYJ. LJ. UNJON, LJ. PJTBIJ., Y EL REY.

Mas~ya por un beneficio de la prnvidencia digno tfl
ESTÁ -,,. en nuestro poder, el grande, el presioso 11uestra eterna gratitud, despertamos de aquel letargo
instrumento de la ilustracion universal, la Imprenta. profundo, y hemos tornado un mo,,jmiento grande, 6
Los sanos principios el conosimiento de nuestros eter- inesperado acia la felicidad; ¿Quien esperaba en efecto,
DO!I derechos, lu verdades aolid.is, y uti les van a difun- que la opinion, y el sentimiento llegasen al estado en
dirie entre todas las clases ¿el Estado. Todos sus que actualmente se hallan entre nosotros? Sin embargo
PGebfos ván l consolarse con la freqü~ntc noticia de interesa consolidar b opinion, dicipar infund~dos relas providencias paterna!"'!, 'j de las miras liberales,. Y zelos, y per~eguir, combatir los errOl'.eS' hasta en aua
palrioticas de un Govier;. : liP.uefico, prori1l0, infatiga- ultimos atrincheramientos.
ble, y regenerador. La p•1reza, y justicia de sus in ten_
cionea, Lt imbariable .firmeu de su generosa resol u- ,Venid pues, 6 sabios deCbifo, venid,ayudad,fOSt~ned
ción llegará, sin desfigurarse por la calu~nia hasta las con vuestras luces, meditaciones, libros, y papeles,
eatremidwiea de la tierra. Empenrt a desaparecer, nuestros dehiles esfucrsos, y trabajos. La Patria GI
naeatr¿ nulidad politica ; se irl sintiendo nuestra invoca. Toda la America espera algo bueno de nosotrm.
•tenoia civil : ae admirarán los es!aersoa de una ad- Procuremos honrrar la Patria, que nos ha 808tenido.
tíuaistraoina, agh. y activa, y las marabillaa de nue1tra Dejemos á la posteridad algun vestjgio ele ~
~ a . t.. VOllll c1e 1n. razon. 7 eje la wrd•d a.e esistencia. Todo se
·.mP~•11..., ,..._ ~ e t fiel t.rilte, t i,mQfríble ~ Ji, ..wiMi

tata COMenaoi-a dtl peuamiento.qu.áfttü~
tancias nos rodean. deben
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boto ti~tn...
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DO JlUtla
- - ; 1 ig os e an,amaa, y e _ato I savidnr1a tra literaturL
oe.reoordal\ con hoaor, 7 la humam~d llorará sobre
flleltra memoria.
Se hA notado en efecto, qne los grandes acontecimientos pol~ticos, las revoluciones, la variacion de Ju leyes.
~sapareci~ en fin este .triste periodo ; pero aun la gloria de los Estados han comunicado vigor, 7 elevalentimos sus funestas ~fluencias. . La ignorancia cion a los espíritus.
entraba en el plan.el, la opresion. La educacion fue
avaadona~ : la estupidez, Ja insensibilidad ocuparon ~u:indo pues, sin embargo delos pasos inciertcs, 1
en los ammoa el lagar, que se debía al sentimiento de vacilantes de un systcma naciente, se ofrecen A101
au dignidad, al con~imiento de sus derechos : se cor- animos a_tonitos. tanta~ y tan grandes cosas, que no
.rompieron las constumbres, se adquirieron los vicios nos atre\'1amos m aun a esperar: ¿ Que fantasia no se
1 las inclinaciones de loa esclavos ; y aconstumbra&lt;lo; inflama, que corazon no se abre aeaperamaa ·mayores,
_loe Pueblos l obedecer maquinalmente, creyeron que y mas halagüeñas?
í

•~

1aa ~ mu celebres'do
de Inglaterra, de Fr1J1cia,
:.¡_ Alem • h bie
· • • d'

}2s ..era natural sa suerte infeliz. Parecia, que se

hubiese borrado de su (rente el caracter de magestad, ~a fluctnaci~n,_y_ tal vez.variedad de opiniones, que
7. -•~~~nia, qae imprimio el Autor de la naturaleza teman por prmc1p10 un sentimiento acendrado de
eólri1ixb 101 hombre,.
l~altad, q~e se. alarmaba con yanos recelo,, 1 no una
diver¡ellCII de u¡tereaes, ni antiquadoa odios; • ¡i,

1

BIBLIOTECA CENTRAL
U. A. N.a...

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�AtrROIA 'bt CTIJr,F.,
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cnncideracinri rcft..-cch•a dt' q~ un Pueblo &lt;'n Ju actua• SirnphfJORcfa 1:i adn1ini.'11 1ad 'lu rPC1he un ,nn\iu.icnto
Jes circun!lfanciM no :-compromete 1u \'AMl'age j&gt;'lr rna~ eRergico, y ,·im. D,et mil Lanza J,·ra11Cf'lllr,
btlfc~ su -cousen·acion, y au 1eguri,lad en si mismo: trcint11 y 911artro CañnneA ,·inlent'l!\ ••it ot~ ~t•
de que no es inh;rrntc á la ide:t de fa Mon:¡rquia 1,, nii1 incit~s,fltns, y otrne aunitntos•pondrin 'i-..n11t1tra
'tlt 11 arbitrariednrf, y ,tcsp·1timio: Oé qnP 108 mitJribr1&gt;11· fuera attrráda &lt;'D un pie respetable.
de· una ~fona·qu:a moclc•mrla, &lt;JUal &lt;lehia ser la~
¡,afi.,la en fuem 1!cf:u1 antiqr•isi•p:i.c:, y rrricraliles l~r.~ Lit Cra!1 GuardiR N.11cionaf &lt;le Ci'-Ueria, que°""••
de la Nncion, Ron lil1rc~; y de que en fin no t&gt;!I cnm- creible actibidad te ha·erigidn, 11oatendr1 et re¡pet~d..
pa1i! Je crin IR d1gnid11&lt;1 delos rasallos &lt;le u,i gr~_n_ReJ · hido á la primera Magistra ura, dará diciplina áfne
la de~rad:.ntc sej\'idumbrc.
,fcmRí'CUf!rpos de Milicias, que con gr11n num,rn de

RPyn-,, conf'lrme á la ractica naoEl m!'nOpt')i'l destructor ha cemto: nnestrospuE&gt;rtns
se nbr"n á tnifa,; la~ nncir,ncs. V&gt;s li~&gt;r a, fas maqui• 1ferna de los mejores E.xercitoa de fluro1111, y ofrece ri
un destino ho_nrroso á nuestros jo\·enes, nalu,lü&amp;IQII
nal), ha insrrumcntns de ciencias, ·y artes ·te interoao bien dis11uestos.
C.l\'llllOS contiene d

1

aiQ la antiguns uabas.

Aumentada la Falanp de Granader09, la Oaarnicin1i
aueh s ,bre Ja suerte de,~ infelices each,hris,Rntea com• delos puertos &lt;le mar, y el co,•r~, de l\samblea; que ..
pritdl\8, y ,·endidos cr,mo bestia.q, condenados sin ~rimen de difun !irse ¡)f)r las provincias, para cf:cipliur IUI aa•
merosaa .Milicias, noe harau ,·er ain rezclo lo futun.
c!e&amp;le &amp;u 1:ndmicn10 á In JDlls amarga dc•las penas, á ffl

La huinanidarl nndemmará ya lagrima, sin con1

J)i'r¡ictu11 r:niduruhre. \'a son librea quantoe na&amp;Olí1; El plan &lt;fe 0111nisacinn del lmtitutn ettl aprof.do,
bu,., loa auspicios der Co\'if'r.no regentrador. Y. fW J'alexeoucion 9f cnnfia, IA MufticipJ¡dad: O\: rnncJo
r,,. ,e ¡,or &lt;Xecuchn de '"" p:a nea en que IO mcdilol q• no pa,a rí muchn lie1 ,pe, aia qa, .....,. al&gt; ine,
tl'ldn hnmhrc, que alcance arc1pirar el ayr!! de JaPauia, fllfa escuela 110 tleseida. C'.·in #18 fin et dar l la palt-~ libre,
triiMagi1rradoe.1 OlitiafnjJuatm, hace,Ja &amp;ncieote,
1 liur ..a o,.inioa publica_IIObre
.,¡jcf01 fuudamu,_..
-~011:ble el Gnviero-, l t~ 111l1trla ,le w•rn},rea, de·
..
~ .,-esiar ol¡un c-,n~U.elO .i 111 familia, drumpm• ¡ ~wen_ pu~• ¡n.lecir q ~nto ha de t~Jftac:lt, ~
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AMIIIIO
!r~f)u •• a ~ 1otatip'ie ara el _ _, d• 11 ,.,.. , Su
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. oomtumhre1, la 1ioi,l1cion. éluril;.aÜI miru Filliirmpcw VIII I ir.., el \'IClC&gt; n-.
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y '&lt;'l Jecorn. (l(? la lgJecit1, en .cuia. re~t.c~n inftuy!•• ~ ·nso, que tjllron •~ 1gt.1,,rabaa, y. 1 L l'fU e ll'd
tniito t') i!cFintere,, : y la rn1i~r1cnr.t!aa, liberta pr,. , 1glos, tan crueles, é 1ndoleat,1 rllmo tenebrOIGI,
!~m~m~ ue trxJo derecho: ~cleciutico •~ rl~•· lw
lnñT~n.onio~, los entierros sin pompa;
oh-11lar 1,
Ored, Comparriotaa, que nt&gt; diarañ lc,a diit .•n q11t 11
n·.i nutcnci"n regular, y ucscnte d~ Joa Parrocoe, que,¡ l•&lt;~ran-1• fu~ntél de lit 1bunwurci1, dt· l:t riqueza, y ¡m:eac3:t1bleer.rsc,
¡ieridad puhlica. Se eatablect1 án, F1tbcicu, 1ch.1ra.con
krte el tr11h.1j1 de IJa Miuas, 8orecera la agricultura:Los fu~, tes ha 1,itant&lt;'s de lllS qnartro Utralmapus, loo .¡\•;t dtsper-a,1d11•.
Inifos ~ns r·•·"lTlt·tcn una coopC'raciop acth·a ¡,ara re
JlC'hr l.,s in(,.ultns l'Xlrnngcrns, y sostener 1~ derec_h~
Finó nquella epoct detgrar.iAda t'D que nn po&lt;liali
del dec:oraci,1do Frrnamlo. T:ih-éz no du,ta el b1rn
¡)rosperar laa Americat ain detrini~nto de la Metmp·•U.
had •.do ~omento de c:u cnn\'crcion, ci\·iliZ-lcion, y cul·
cstab:, 1trrado el aenodela •~triJ pllrn los ealrangerot
tura. Tah·&lt;'z serán unn de las gloriRs del Directorio looutilu, que nOI hubieraD traicio la inclust~iR, y laa 11~eL
prngr&lt;'S")!I l,tc-mri~, c¡uc hagan en. el i_netituto f()s fo~
~ hn destrozado tate muro de ,eparacirin. Ideas hbeces ingenios de estos musiros compntnotas, y hermR
'ates, UD Go\·ierno tqui atibo, 11abio, y humano, ..oueat~
no•, l!n quienes se conser\'an ¡,uros lo, r41g~ de 11uestro
-caracter hospilal, bhtndo, y justo atrnh..,.in noev01.
camcter naciomil, y primiti,o.
hr,1ws l n11estroa c-Am¡&gt;Ofl ferliles, y sug&lt;'raran 1 la in&lt;luat, ia las ;mxfucciunes de !ns tres R~yn'ls de la n.. turl\.le•
La p.,hi, ,á a clm•se :l un grado inesj,.radn de za, áun inlactas, •llll q"• tan ~!las, Yen~--- :;.:.•
fnrrza, de consideracion, y de cs~lr ndor por la oclÍ\•i• oydn e ,n~I• m•ynr compl &amp;C&lt;'DCta el ~eoenplo Cbil'ldJu, y s"liciroaes infatig.,bles del Dir&lt;'clorio. que :no se erno cn'"'quc con:ierc&gt; el ·ler~cho de c1udad..n01 e
O
apRrl,1 un pun io de fas mirns, y JJl.rnes adoptatJ~ por el 1¡¡ doa exuan¡éroa bciiemento1,
aii tema justo de la libertad dt Ita .'\merica.

1a

•11-

p ~1iilla■d

,rn

!''

AURORA DE CHILE
PERIODICO

MINIST.ERIAL, Y POLITICO.

~:'"B!!!!l!~~9=!~!:!!!!!l~!!!!!!!!~======~===~================~~~~!!!II
Nn.
l.
Ju,vea, 13 de ]lebrero, de-1812.

-

Tomo l:

NOCIONES FUNDAMENTALES SOBRE LOS DERECHOS DE

- . --+·--~-.

~os PUEBLOS.

TODOS los hómbrcs nacen con un principio de so- lencias de los pucbloa \·ecinos, por lu quales obran unoe
c:.,!JiJi!bd, que tarde. ol&lt;'mprano· se descmbueh·c. La sobre otros pnra exten&lt;lerse, yagrandarse a costa del
&lt;fobilidarl, y larga duracion de su infancia, Ja pcrfccti•
bilidad de su espiritu, el am6r makmal, · el agradeci• mns debil ; a menos que cada uno se haga respetar por
r,iento y la te'murn, que tle él J?ace11, la facultad de la la fuerza. Por este principio la histori~ nos presenta ¡\
p..ialir:1, hs ncontecimicntos naturales, &lt;jUe pueden cada paso la esclabitud, los e3fragos, la atroeidad, Ja
nc~rcar, y rcun;; ,!e n,il m01ics a los hombres _errantes miseria, y el exterminio de Ja espesie humana. · De
y libres: todo prueba que el hombre esta destinado por aqui ea que no se encuentra aJgun pueblo, que no haya
sufrido la tirania, In \'Íolencia &lt;l~ otro mas fuerte.
fa nntu:-nlcza a la socicd.1:I.
Este estado de los pueblos es el origen de In monarEl (uer1 infelíz e.q c&amp;i•~r,~·cbo c-stado, si rh;E:ze sin
quia,
por que en la guerra necesitaron de un caudillo,
regla~; sin sujecion, y sin le.res,· 'que conse11·aaen el
órJen. ·&lt;Pero quien poclia 1f11r, y eslnblecer estas IPyes, que los conduxese a la ,·icto:-i3. En los antiguos
c¿innch todos eran iguales? ~in du&lt;ln el cuerpo de los tiempos, dice Aristotcles, el \'alor, la pericia, y la
·-:ociados, que formaban un ¡facto entre ai de aujetarae felicidad en los combates e!e\'a:-on Alos capitanes, por
reconosimiento, y utilidad pública, ¡ la potestad
.i cie.rfas rcg!11s establecidas por ellos mia~01 para con- el
real.
fe,.:ar la tranquilid.,d interior, y Ja permaoencia del
nt:coo cnerp,, que formaban. Ali pua el Ülltinto, y No tuvo otro origen 11 monarquía española.
lfyes Oodol ¿q11t fueaoa
lino C .
·
e loa
·
•¡µta1JJlll'bll,, la
on e mis Compatriota.~ ! i si fuete la aurora de ~• entregb con otra para la reynacn IIWlOI del Arzobiapo,
copioa, luces, precedieu&lt;lo i escritores mas ~~,•oree,: quit'n coronb a S. S. M. l\f. Haytiaou con toda la
dol de ll'I .naturalez:t ! Ya ent'&gt;nces no vmrá m1 pompa, y ceremonias uMdas en tan grandee ocasiones.
nombrc• Sin duda c.,era en olbiJo una ob·a debil, que Así agraciado por l:i diadema a la ·que ellos afiadi1a
solo tendri el merito de haber prec~dido i otras mejo• gracia, este' augusto pár se retiro a la tienda real con
res.; pero no olbidara la patri11. que trabaje por ella el Arzobispo, y algunos de Jos grandes OficiaJc¡ del
quanto cstul&gt;o a mis alcances, y que tal \'CZ prepare de Estndo, y aqui recibieron los santos sacramentoe. Conduido esto, se retiraron a Palacio, adonde tubieron besa
lexos lu mejoras de su suerte.
manos, recibieron los complimientos de la nobfeZ!I, y
t.,mbien de los Capitanes Douglas, y O'Grady &lt;le lila
na\'es Dritanicas que estaban en cl puerto.
!\OTICIAS
Dcapucs del besamanos, y como a lu i de fa t.1rde,
UCAnAs DEL J'ERIODICO l~CLC!, TH~ TI.MES, PUB·
S. S. l\f. M. y la nobleza fueron a una plaza donde
LICADO .EN LONDRES, Cj 3 DE SEPTIEMBRE,
DE 1811.
ba.xo la sombra de r111nadas bien dispuestas. estaba prejmrada una comida que consistia en 600 cuviertos, i la
-♦CORON.\CION
'}Ual fueron com,·idados todos los mercaderes lnglesc1
Lcl R~1 ntn-o de J/11yti (alias), Isla d~ Santo De. y Americanos, y adonde los Capitanes
,.
Douglas, y
,mngo.
-,3
.:&gt;
•
O'Grady tubieron los prim&lt;.'ros lu5 ares rle bono,r. Eu

e,rgriocia

ALA llcgAda del Capitan Douslns á Cabo Hcnrri- mos lo asi, en la costumbre d~ estar subyupda por el d~1poti1que, hallo que se hadan srandes preparativos para la mo. Pero la America parucularmcnte ha 11do el obJcto do

una 1irania de que quid ni, hay uemplo, No ob1taote aco,.
tumbrada
i 1ufrlr cate yugo no se ha recentido, Su iporanci&amp;
• L,. America. lo mi1mo que la cspaña, deado au ducubri•
la
ha
tenido
moviminto. .El ~r, Li1pcr¡1m en lalction del
ll1ta&amp;e Mala ala!_rt ha catado ,vmorgicla en la lporancia, dica• 19 11, timo ,in
en l11 Conu.n

����</text>
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                  <text>Aurora de Chile : periódico ministerial, y político. Se publicó entre el 13 de febrero de 1812 (fecha de circulación de su Prospecto) y el 1º de Abril de 1813, en un total de 69 ejemplares, que se desglosan de 58 ediciones ordinarias, 2 extraordinarias y dos suplementos, en Santiago de Chile por la Imprenta de este Superior Gobierno, por los señores Samuel B. Johnston, Guillermo H. Burbidge y Simon Garrison. Se publicó semanalmente durante más de un año y en cada uno de sus cincuenta y ocho números expuso apasionadamente un franco pensamiento independentista. A través de artículos sobre los más variados temas de la actualidad nacional -tales como la hacienda pública, industria, comercio, la policía, la "civilización de indígenas", la instrucción pública o el derecho constitucional- sus redactores buscaron con afán impulsar el progreso de Chile en todos los ámbitos de interés nacional, confiando en un futuro esperanzador y resplandeciente para la patria.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753529&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
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                <text>Aurora de Chile, Periódico Ministerial y Político, 1812, Tomo 1, No 1, Febrero 13</text>
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                    <text>��•

BUI,L~TlN HISPA 1QU"E

!'f.__,

(ll'aiN,s, h de ~ é •

-Tome XXIII, 1"21, N- 1

80Ml!!dAIHB

Clror, Yelilán Gonzll• daos la Cbroniqae léonaise . • ••
A. llerel-f• :&lt;:.lal!igue des maDUs¡:rits de M. l\hirel,- Fallo
G.

J. Sarralllt,

~ e s sobra,s du Cádiz d Gaidós . . . • • •

G. Le Gentil Le lllouveineflt mteUeclttel en Portugal. Academia das Sc1eóciu de Lisboa: • • • • • • • • • • • • • •

AN!IALES DE LA FACULTÉ DES LE'.lTRES DE BORDEJ.UX

Vuth# Ceñantes et* Freres Thar ud (&lt;l. ~ot), p. 57.
daiver)dtes et e11UigJle111e11t: Progah,uue d s ~un ~alion
~ de cerlificat pour l'année

rp,, I'· 6o.

JJtlJJ'!Bl&amp;pbie: ln~111igacio11er actrc.r tl.arqaeologro y preh4loria ú,,
la reqwn aalm•ttna por el P e 11,;,ú,r BA¡o6,, {R. R.), p. 61; Ric&amp;BDO V.BJ.ÁIQVJ&lt;z Bosco, )tletü.na A zqhra y /amif'iya (Prosper
IJloard), p. 62; - DVQ.lll! DB BK&amp;Wilm. y ns Au&amp;, Conlribucw,i
ellallio dé la pt!rlOIIIJ del JI/ tiuque
Alba (G. illrot}, p. 661...,
boaE1uo, !\ove/as y novefial (G. C ), p. 68; - T. N,1.n11ao Toll,{
Manual de pronanciaciQn upaliD/a (Q., Millprdet), p. 69; - A. o
LI.Affo Rou os AllPvnü, El r,&amp;, de Caravia (0. C.), p 76.

•

BULLETJN HISPANIQUE

•

G11nv... - Itinéraires de Feruán Gaeúlez, p. , , .

DCP~CTIO.N ET ftlÍ:DACTION
IIC B. •

"'!t--,·~-...-;;,_,..,,, _

QJMlÍE, 'f-..,. b - . , de la. . .e et lllb!nluro ..Nnoleo
-ruvenllf de Toulou99, dor• honorunt-de la Faculté dee LeUrea~

'11. A. IIJOREL-FA"llO m mbrodel"lw&amp;,tu prol'e.,.urau CollrpdeF
dln,ct

ur acljolo1 • l'tcole deo Haui.. E:1~dea.

H. P PAIU!I. meolbre ~ liQIUlu~ror._u,
l'Ar\ ti l'Vnh·__,
blipao1qaea l Madrid

.

attb~logie el d'hlolblre

Borde1u.z.. dJreo&amp;eu,- de l'tco)e d• Btut&amp;. Elll

s.,,.,,,;,.

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la páaiquea

111. G. CIKOT. ,,..,_., tft&amp;lldeo bl
facult daol.ellres

a Pul

:-----,-------------BJSLIOiECA CENTRAL.

a

Duwrnr-&lt;MrsAt •
M. G. RADE1\ profe.ueur d"hiltotre ancienaa i l'UrúvenJW
onora.ire de la .Fa ulté de• Lellrea.

U. A. t-;. L
ele Bordeau1,

doy

'

.t p B., lV' SiatE. - Hull. hUpan., XXIII,

1921, 1.

�Anuales de la Faculté des Lellres de Bordeaux
et des Universités du Midi
QUATRIEME SÉRIE

Commune au1 tnirersilés d'Aix, Bordeaux, Montpellier, Toulouse
XLIII• ANNÉE

BULLETIN HISPANIQUE
Paraissant tous les trois mois
sous la direction des Universilés de Bordeaux el de Toulouse

TOME XXIII

1921

Bordeaux:
FERET &amp; FILS, ÉDITEURS, g, RUE DE GllASSI
Lyon:

H1:i.R..1

GEORG, 36-4~,

PA..SSAGR

ns

L'l16TRL-D1su

Marseille: PuL RUAT, 54,.auE P.t.un1s I Montpellier: C. COULET, 5, GaANo'Rus
Touíouse: Énoo.1.RD PRIVAT, 14, !\VE DES A1tTs
lllladri~: E. DOSSAT, 9,

PLA.Z•

os Sun

A1u.

París:
E. DE BQCCARD, I I RUE DE MEDIC!S 1 \'le
ALPHONSE PICARD &amp; FfLS, 82 1 RUE BONA.PAUTE: ,

Vle

�Vol. XXIII.

Janvier-Mars 1921

FERNlN GO~ZALEZ DlNS LA CHRONIQUE LRONAISE

J'ai montré • dans quelle mesure la Chronique léonaise s'intéresse spécialement aux comtes de Castille: 1º par des emprunts au Cronicón de San Isidoro de León, 2° par des passages
qui lui sont propres. L'examen de ces derniers otfre un intéret
considérable.
Arrivons au passage de la Chronique ou il est question de
la capture de Fernán González (II, ¡r):
Huius Ordonii regis anno regni V, era DCCCCX:CVIII, prediclus
comes Fernandus Gonzaluet fuit captus et filii eius in Cironfa, in
ecclesia sancti Andree apostoli, a predicto rege pampilonensi Garsia
Sanctii, et transmissus Pampilem, inde Clauillum, inde Tubiam. Ynde
cum Sanctia eiusdem regis Garsie sorore 1 que prius Ordonii regis legionensis, poslea comitis Albari IIarrameliz extilerat uxor, habens nesciente fratre co1loquium, liberatus est, dato prius eidem sacramento
quod, si eum inde educeret, eam duccrd in uxorem. Quod et fecif.

11 convient de nous y arrcter avec altention, d'abord parce
que l'équivalent ne s'en retrouve pas ailleurs (abstraction faile
des Annales Compostellani, qui n'en reproduisent, je l'ai dit,,
qu'une faible partie); ensuile, parce que nous y voyons
résumé, avec toute la sécheresse, mais aussi toute la précision
qui semble, au moins au premier abord, convenir a un texte
historique et meme le dénoter, le fond essentiel du Poema de
Fernrín Gon:.rílez; enfin, parce que ce morceau, inséré dans la
Chronique au milieu du texte commun aux chroniques diles
de Silos et de Sampiro, semble bien se rattacher aux autres
1. Bull hisp. 1919, pp. 93-102; pp. 150-159 du tiré 8. part(l.a Chronique léonaüe,
Bordeau:1 , Feret, 1920).
L Bull. hi&amp;p. 1919, pp. g3•D4i pp, 150-151 du tiré i part.

�3

BULLETIN BJSPANIQUK

FBR:'fAN GONZALEZ DANS LA CHRONlQUE LÉONA ISE

additions relatives a l'hisloire des comtes dé Castille, et auxquelles nous arriverons ensuite.
Comme les deux autres addilions relatives a la mort du
comle Rodrigo et a celle du comte Diego, additions spéciales, on l'a vu, a nolre Chronique, la capture de Fernán
González est dalée (huius Ordonii regís anno regni V, era
DCCCCXC Vlll}; et il ne peut y avoir de doule sur la date que
l'interpolaleur a voulu marquer, puisqu'il a soin de la préciser en donnant a la fois l'Era el l'année du regne. La date de
955 (Era DCCCCXCIII) pour l'avimement de Sancho I, comme
porte le Sampiro édité par Flórez • ainsi que notre chronique,
s'harmonise bien avec la chronologie marquée par cette derniere pour celte série d'événemenls:

serait done déja d'Ordoi10 IV (el Malo} qu'il serail question.
Mais le P. Fita a maniré« par de tres solides raisons n, remai-que
l'éditeur de ces charles, que le regne d'Ordoño III n'a fini
qu'entre le 3o aoiit et le r 3 novembre 956 •. Admellons que
l'auleur ou l'inlerpolateur de la Chronique léonaise s'est
tro mpé sur les dates; il faul bien faire remarquer toutefois
que les noms d'Ordoño (lll ou IV?) el de Sancho s'enlrecroisenl de bien singuliere fa9on dans la série chronologique des
documenls da tés de 955 a 962. Le Becerro gótico de Cardeffa
publié par le P. L. Serrano, fait figurer, a coté du comle
Ferrán González,

2

Ordoño.

955 . Era DCCCCXClll, avénement de Sancho J.
956. annoque uno regni sui expleto, fuite de Sancho, remplacé par

Sancho.

Ordeno IV « el Malo n.
960. Era DCCCCXCV!ll, cinquieme année d'Ordono IV: capture
de Fernán González .

Ordoño.
Sancho.

D'ailleurs les dates sonl celles qu'indiquent Luis de Salazar
y Castro dans son Historia de /.a Casa de Lara (t . l", p. 48) et
M. Fernández de Bethencourl dans son Historia genealógica de
la Monarquía espai!ola (l. l", pp. 445-6). La dale de 956 pour le
début du regne éphémere d'Ordoiío el Malo lrouverait une
confirmation dans deux charles de Valpuesta publiées par
M. Barrau-Dihigo, (regnanle Domino Ordonio in Legione et
comite Fredenando Gondesalboz in Castel/a/ et confirmerait elle-.
memela date de 957 qui y figure (XV Kalendas decernbres, era
DCCCCLX" V; XIII/ Kalendasjanuarias, erct DCCCCLX'V). Dans
la charle du 1 e, avril 956, qui les· précede dans le recueil de
M. Barrau-Dihigo, et qui présenle a peu pres la meme íormule
(1·eg1wnle rege Ordonio et comite Fredenando Gondesalbii) 3 , ce
1. C'cst bien la date marq1iée dans la 2' comrue dans la 3' éd. du t. XUI de l'Esp.
sagr.; mais peut-étre la ,u a-t-elle la date erronée DCCCCLXXXIII que releve
M. Barrau-Dihigo (Charles de l'église de Valpuesla, Revue hisp., 1900, p. 3~3).
2. lbid., n••XXXIV et X.XXV.
3. Cetle similitude, au surplus, ne prouveraíL rien par elle-m~me, puisque la
charlen• XXXII, qtie M. Barrau-Dihigo atlribue ~ l'année 950 ou 95, et au rCgne

8 et 23 aout 955
23 aout 956
1" janvier 957
14 janvier
l)
23 mars
l)
1•· juin
)l
1" juillet
1•• mai
958

•

Ordoño.

22

juillet

l)

28 janvier 959
))
29 juin
))
4 sept.
3 février 961

Sancho.

'

Ju
l~r

nov.
mars

•

962, etc.

d'Ordoiío Uf, en comporte une semblable. Mais comme la date 950-951 n'est qu'une
correclioo (le te.1.te porle era DCCCCLXXXV ou DCCCCLXXXl/1 selon les copies), on
peu t aussi bien supposer qu'un· X tt été omis: on aurait aiosi l'année 955 ou 957; et
en 957 H s'agirait encare d'Ordofio IV. JI s'y rctrouve les noms de quatre ou cinq des
témoins qui figurent daos les n"' XXXIV et XX.XV, ce qui ind.iquerail assez des
acles contemporains.
1. Bol, de la R. Acad. de la Hist., t. XX.XIV, p. la59. Le P. Fitasignaledes dipldmes
datés du rflgne de Sancho etdu 13 nov. gá6, du 14 janvier 957 (publié par Berganza),
du 13 íávrier 957 (celui que publie le P. Fita lui•ml!me), du ,3 mars 957 (Berganza),
du 1 ,janvicr 958 (E~p. !agr.). Le premiar qu'on puisse atlribuer süremcnt a Ordoiio
el Malo serait du 26 mai 958. 11 es~ ccrtain que tout cela concorderait avec l'indicalion anno uno regni sui explelo de Sampiro·Silos, a condilion d'ajouter un 111. l'Era
DCCCCLXXXXl/1, marquée par ce texle pour l'avenement de Sancho: d'autanl que
le ~6 avril 9Go, ajoule le P. Fila, Sancho dale ainsi : tt anno regni nostri 1111" et de
advenlu Spanie II "; son rllgne n'aurait done bien commencé qu'en 957. Les &lt;, tres
solides raisous,&gt; du P. Fila e:r.igent, en lout cas, que l'on corrige les dates qui ne
s'accommodent pas avec elles.

�4

5

BULLETIN HISPANIQUE

FERNA~ GONZALEZ DA.NS LA CURONIQUE LÉONAlSB

Un tel nottement doit-il s'expliquer et s'amender comme
s'il provenait d'erreurs malérielles? Ne peut-on imaginer un
désarroi bien naturel dans un ro-yaume oll l'usurpaleur n'est
ni parlout ni constamment reconnu, et oll le souverain légitime a pu garder des fideles, surtout parmi les nolaires?

Dans le Diccionario geográfico-hi.s/6rico de la Rioja de Casi miro
Govantes, autrement dit Diccionario geogr. hi.sl. de Esp. por
la R. Academia de Espat1a (prov. de Logroiío), on nous dit, s. v.
Tobia, p. , 92, que « en el volo del conde Fernán González se
no mbra el ria de Tobia »; et p. 193 : « En el voto del conde
Fern án González se nombra así : el rivo de Tubio i&gt; J. puis s. v.
Clavija, que « G"tavijo está expresado en la escritura del voto
del conde Fernán González asi: et Claviggo et ria de Leza ».
L'au teur s"empresse d'ajouter : « Cito este documento por su
anligüedad, prescindiendo de las grandes cuestiones sobre si
~s falso o verdadero ».
Ce document, Morales (Coronica, XVI, 16, 1) et Mariana
(VIII, f), qui semblent d'ailleurs ne le conna1tre que par
l'an alyse qu'en fait Garibay (Compendio, I, 8, t. ]" , p. 52),
l'ad mettent comme authenlique sans guere plus de ,·éserves
que !'historien guipuzcoan. D. Antonio Yepes l'a publié en
appendice (Scriptura XIX) an t. l" de son Chronicon genera/e
Ordinis S. Benedicli. Les passages visés par Govantes se liennen t (p. 5 11) :

Quoi qu'il en soit, nolons la précision des détails qui, dans
l'addition en question, localisent la capture de Fernán González
et de ses 61s : ce ful a Cirueña, dans l'église de Saint-André,
apotre, d'ou il fnt conduit a Pampelune, puis a Clavijo, ensuile
a Tobia .
Si nolre texte dépe.ndait du poeme de Fernán González, ou
tout au moins de la meme tradition, ce n'est ni Pampelune,
ni Clavijo, ni Tobia, qu'il mentionnerait, puisque ces noms
ne figuren! pas dans le pocme, mais Castroviejo (str. 597, 605,
611, éd. Carroll :11.arden), puis Belorado (sir. 665, 68r), oü un
forgeron lui enleve les fers. Ciruefia seul est commun aú
poeme(str. 582, 584) et a notre Chronique •.
Pusieron su lugar do a uistas veniesscn,
Touieron por bien anbos que en &lt;;iruenna fucssen,
De cada parle cinco caberos aduxesscn,
Fablarian e pornian lo que por bien touiessen ...

Fueron pora Ciruenna assi commo mandaron;
Con el cond de Casliella solos seys enbiaron ...
Dentro en Cmlro Viejo al buen conde metieron ...

•

Omnes villas de Riuo de Alesaco

1,

&amp; Riuo de Cardinis, de vertice

aquae vsq; Najara, &amp; de Riuo de lubia &amp; Najara cü iuis villis, &amp; omnes
vill~ de Riuo de Ruegga, Metrano, Bequera, Clauijo ~, rim, de Leza, &amp; riuo
de lubera 3, per horum riuorum omnes villas ex vtraq; parte aqua•
. de vertice vsq; ad lberum, &amp; etiam de Barado, Castro, vsquc sarla
acuta4 1 orones villro ex vtraque parte aquae pcr omnes domus sin•
gulas medidas de vino, &amp; singulos panes in offerla ...

Tornemos en el conde dol auemos dexado,
Era en Castro Viejo en la caree! echado ...
Fues pora Castro Viejo, demando por los porteros ...
Caballeros castellanos, companna muy lazrada,
Fueron a Byl Forado fazer otrra aluergada ..•

Naire Chronique se. trouve done avoir une relation intéressante avec le fameux privilege de Fernán González en faveur
du monastere ·de San Millan: d'autant plus intéressante qu'il

Llegaron de ,·eniJa lodos a Byl Forado,
Aquesta vylla era en cabo del condado;
Un ferrero muy bueno demandaron priado,
El conde don Fernando de fierros fue sacado.

Belorado.

n 'est question, dans ce privilCge, ni de Castroviejo ni de

Alesanco et Cárdenas, au S. et a l'O. de Nájera, et aon loin de Ciruefia .
Ria de Iregua; Medrana sur la rive gauche; Viguera et Cla,·ijo sur la rive
droile.
3. Le Leza e~ le Jubera, qui se réunissent pour se jeter daos l'f:bre.
4. Sartaguda, sur l'Íbre, au N.-0. de Calahorra.
1.

La plupart des localités citées ici et dans les pages suh'antes se lrou:vent marquées roit dans la Carte de France dressée au Dépót des fortifications (feuille XIII), soil
dans la Carte tauri!te de France(feuille XIII), mais les noms y sont parfois estropiés.
Voir de préférence l'Atlas de Coello (Logroño et Burgas).
1,

2.

�6

BULLl!:Tll'( BISPANJQUB

FE!',NAN GONZALEZ DAl':S LA CHR01'fIQUE LÉONAISE

Ce document, Garibay a soin de le dislinguer de I'espece de
pastiche qu'en a publié

On sait de reste que Clavijo est mentionné dans le non moins
íameux privilege de Ramiro I en faveur de saint Jacques
de Compostelle (Esp. Sagr., t. XIX, p. 331) comme lieu de la
balaille livrée par ce roi anx infideles: « pervenimus in collem
qui Clavigium nominalur ». La date de ce privilege serait
l'Era DCCCLXVII, année 829 (cf. ibid., p. 329), soit I05 ans
avanl la dale adoptée par Garibay et Mariana ponr celui de
San Millán (Era DCCCCLXXII, année 934). Mais je ne puis
enlrer ici dans la discussion relative a l'aulhenticité de !'un
et de l'autre docnment •.
Je ferai seulemenl remarquer que dans le second, il est fait
allu sion a nne éclipse de soleil qui dura une heure :

7

~

Alonso de Fuetes en el libro, que escriuió de los Quarenta Cantos ...

dando a entender, que el voto de sant Millian, a que el llama Cogolla,,
otorgó el conde DO Fernan Gon1talez en su señoria de Castilla por esta

victoria, y en la glosa y exposicion del Canto primero de 1~ quarta
parte 2 quiere poner vn privilegio 1 sin data entera, con alguna imi•
tacíon d'el antiguo Romance, que a su parecer, se podia hablar en
este siglo. Es verdad, que en los cosas que despues va tratando sobre
esta materia, pone algunas razones, de las que se contienen en eJ

privilegio suyo, que es el primero d'e\ libro d'el Becerro de Sant
Millian ...
D'autre part, ce meme document, qui est done en tete du
carlulaire de San Millan, Garibay n'affirme pas qu'il ail pour
origine la vicloire de Simancas, a laquelle il ne pense pas que
le comte ait assisté :

Nam in istis fere temporibus talia in terra apparuerunt signa, quod
furor Domini veturus credebatur esse in ea. In era nongentesima

septuagesima secunda XIII!. Kal. Aug. •olis die VI. feria amitlens
lucendi virtutem obscuralü constitit ah hora secüda in tertiam. IIII.
fer. Idus Octob. colorem eiusdem solis multi cognouerunt effectum
palidum, signa magna facla est in coelo 1 vento africo ...

El privilegio, que por razon desta victoria, o por otra qualquiera

que fuesse, dió el conde al monesterio de Sanl Millian de la Cogolla,
que en el libro de Bezerro de aquella casa está escrito en letra bien
crecida 3, con muy largas y copiosas razones, conuertidas en lengua
castellana, tiene al principio estas palabras .. .
1. « ••. puesto en los montes de Oca, i¡ se llamó antiguamente de san Feliz .. . )J 1
note Mariana.
:i.. Je ne puis consuHer aucune des éditions décrites par Durán (Bibl. Aut. Esp.,
l. XVI, p. 685) et Gallardo (n.. :i.269 et -2270), mais je suppose que le Canlo 1 de la
JV• parle n'csl autrc que celui que reprodu it Durán (t. X, n° 69G), el oll, a pres que
Ramiro(I ou ll?) s'est mis sous la protcction de saint Jacques,on rnit l~ coml.cdc
Castillo et le roi de Navarre se tourner vers San Millan:

Y el conde Fernan Gonzalez,
Tambien el rey Don Garcia,

Respondieron : Otro H[!lo,
Muy devoto a maravílla, ~
Hay, que yace en nuestra tierra,

Que san lifillan se decia,
Al cual damos nuestra estado,
porque él nos ampararia ...
3. 11 y en a un du in' siCclc, note FJórez (l. XIX, p. 78) et c'est celui-18. que llerganza a consulté, ainsique Sandoval elle P. ~toret, négligeant l'original, en gothique,
sous prátexle que les • donaciones y escrituras ... del Becerro gothico, como tan
antiguo, estan de calidad, que no se puede h.icer cabal juicio de ellas .• ,, Flórez
ajoute (p. 81) quo le mastro Argaiz eut recours, lui, au Becerro golltico;cf. la note 3
Je la page 280 de la Revue hisp., 1900 (Charles~ l'églis.:de Valput!ta).

Or, notre Chronique ajoute au texte silésien (II, 68) une
date, celle de l'Era DCCCCLXXI, et celle phrase, qui se relrouve,
moins le dernier mol (diei), dans le Sampiro interpolé par
Pélage , :
Tune ostendit Deus signum magnum in celo et reuersus est sol in
tenebras in universo mundo per unam horam diei.

J'ai déja eu l'occasion 3 de dire que celte píuase provient
du Chronicon de San Isidoro, soil les Anales castellanos I pour
M. Manuel Gómez Marlírrez, qui imprime ainsi le texte 4 :
In era DCCCCLXXVII · videlicel die II feria ora llll sic demoslrabit
Deus signum in celum · et versus est sole in tenebris in universum
mundum quasi ora una.
• · Voir les notes despages 112 el 196-198 du t. 111 de l'édilion de l'Hisloria general
de España de Mariana par B. Monfort, Valen ce, 1 787. J.a premiére est tirée des Advertencias de Mondéjar (pp. 77-78 de l'éd.de 1746). Masdcu, bien enlendu lui aussi, considere les deux. documenls comme apocryphes (Hisl. crílica de Esp., t. XII, pp. 140
e t 218). Cf. Barrau-Dihigo, Revue hisp., n• 1 09, p. 64.
2. Cí. Ball. hisp., 1916, p. 143 (p. 130 du tiré b part).
3. Bull. hisp., 1919, p. 102 (p. 15 du tiré a part).
4. Discurso, leido! ante la R. Acad. de la Hist., p. :i.[¡.

�8

8ULLET1N HISPANIQUE

11 semble done y avoir un lien entre ces ditférents textes.
Mais il faut bien se dire que pour créer ce líen, il a pu suffire
d'un emprunt de copiste ou d'annotateur.
El, maintenant, que Fernán González ait été conduit a ·
Pampclune, c'csl ce que consignent également les Annales
Composlellani. Mais j'ai déja. expliqué que ces derniers peuvent
tres bien amir emprunté a notre Chronique.
Dans le Rodrigo, l"itinéraire ditfere a la fois de celui du
Poema el de celui de notrc Chronique; c'est a Bañares que le
comle ful pris lrailreusement, et c'est aTudela qu'il ful conduil;
il n'est pas quesLion de Cirueña:
Et ovo de aver contienda con el Rey don Sancho Ordonnez de
~auarra. EL este Rey don Sancho Ordonnez fizo vistas con el conde Ferr-

nand Gorn;.alez en vn lugar que di&lt;;en Vannarez. E yendo el conde seguro, prissol el rey en enganno. Et lleuolo presso a Tudela de N,tuarra.
Et yazíendo e1 conde presso sacolo donna Coslarn;a, hermana del Rey
don Sancho Ordonnez. Et yaz.iendo el conde en los fierros, tÜrnolo la

infanta a sus cuestas .. Et dio con el en vn monte, e encontraron a vn

•

•Gipresle de ay de Tudela de Nauarra ... El salio del monte priuado ...
(f:d. Bourland,1/evuehisp., 1911, l. \:\IV, p.310.)
C'esl évidcmmcnL un anachronisme que de meltre Tudela
en possession du roi de Navarre a celle époquc. Peut-etre !'auteur du Rodrigo, ou celui dont il s'inspire, avait-il une malice
a cxrrccr contrc un archipretre ou en général contre le clergé
de cetle ville; l'hisLoire peu édifiantc dont le Ferncín González
expose moins sobrement les dé-tails mais ne spécifie pas a ce
point ce héros, serait ainsi dcvenuc une satire presque personnelle. 11 n'y a done pas lieu de s'arreler acelte locali 0 ation du
licu ou le comte aurail été conduit pour etre emprisonné; elle
est arbitraire et tardhe . Au conlraire, le nom de Baí1ares,
petit village a deux licues au nord de Cirueña et a la meme
distance que celle-ci de Santo Domingo de la Calzada, de Bclorado el de Nájera, parait elre une localisation lraditionnelle;
el il est possible au surplus que la capture du comte ait eu lieu
_a Cirueña, mais que la poursuite ait commencé a Bañares. En
d ·autres termes, les deux localisalions ne son t pas i nconciliahles.

f'ER'.UN GON'ZALEZ DA."15 LA CHRON!QUE LÉONAISE

9

Notous que loutes ces localités se trouvenl voisines de la
chaussée qui va de Belo,·ado a Logroño el Pampelune. Cctte
chaussée est ·mcnlionnée dans le poeme (c'est au momenl ou
Fernán Gonzálcz el sa compagne fuient de Castroviejo) :
El camino fran(es ovyerOn a dexar,
YU grrand enQinar,
El conde don Fernando non podia andar,
Ouol ella rn poco a cuestas a llevar.
Tornaron a synieslra por

lis évitent la chausséc pour é, itcr les rencontres et ils passent par la montagne:
Quando se fue la noche el dia quier parcscer;
Enant que ningun omne los podicsse ver
Vyeron vn monte cspesso, fueron se y meter,
Ovyeron alli la noche atender ...

D'autre parl, llañar-es faisait partie de la Junta de Valpierre,
sur laquelle on pcut voir le Diccionario de Govantes (,. v. T'ctlpierre). Or une balaille cut lieu en cel endroil, d'apres le Poeme,
entre Caslillans el Navarrais.
Ayuntaron se en vno en vu fuerte val!Pjo,
Buen lugar pora ca,;a de liebres e conejo,
Cojen .) mucha grana con que liiien bermejo,
Al pye !(' passa Ebro much Jrado sobejo.
Valpyrrel dizen todos, e assi le llamaron ...

Et l\ladoz, s. v. Bwiares, nous apprend que « no lejos de
Bañares, en la llanura llamada de Valpiedra, fueron vencidos
dos mees en , 157 los Navarros ... ". Vatpyrre, Vnlpierre, Val
piedra sont done les formes diJTérenles d'un meme nom, qui
est lié historiquemen l a celui de Baiíares.
11 est vrai que la balaille de Valpyrre, •dans le Poeme, est
postérieure a la capture et a la délivrance du comle: il en est
de mcmc dans la Chronique générale, du moins d'apres le
ms. X-i-4 (Pidal, S 7 16; Marden, p. 15 r ). Mais une autre
batail le antérieure a la capture, et dans laquelle, d'apres le

�10

FERNAN GONZALEZ DANS LA CHI\Q;,JQUE LÉONAISE

BULLETiN HISPANIQUE

Poeme, fut lué le roi Sancho, se serait Iivrée dans un endroit
appelé Era Degollada.
Quando ovo el buen conde su rrazon acabada,
Mando contra Navarra mover la su mesnada;
Entro les en la tierra quanto vna jornada,
Fallo al rey don Sancho al Era Degollada.

Or, comme la note M. C. Marden (p. 217), le ms. X-,-4 porte
(Marden, p. 125; Pida!, S 695) "el
Era Degollada, el es en vall Pirri n el l'auteur de la Crónica
del conde Fernán González, le P. Gonzalo de Arredondo, qui
ful abbé de S. Pedro de Arlanza de 1505 a 1518 (Esp. sagr.,
t. XXVII, p . 54, 2• éd.), ajoute: ce E por la gran matanza y
degollacion que el conde y castellanos fezieron en los
nauarros le mudaron el nonbre y le dexieron la era de
gollada n; il n'y a probablemenl la du reste qu'un grossier
calembourg du a une fausse graphie: Mariana dit (VIII, 5 )
" ad Gollandam oppidum n, " cerca de vn lugar llamado Gol-

a l'endroit correspondant

lada

11

Ainsi Valpierre était lié par deux souvenirs a l"histoire du
comle: cela expliquerait assez la place donnée a Bañares par
le Rodrigo. Une confusion avec Ciruefia, en admettanl que la
capto.re a bien eu lieu dans celte derniere localité, s'admet
aisément. Nous sommes bien la en pays de souvenirs épiques,
en «terre d'épopée }).
Au surplus, précisément parce qu'il n'y a pas concordance
entre les trois itinéraires, on peut dire qu'ils décelent par leur
CJ,au.:uH
_ _ _ _ _ -/J1/Efinir81N¿,,]¾ninf1

... -----------.fH}

-

du Rodd¡o .

_. _ . _ . -/Ch,j . d,M CA_,~ lüN1S,

1) ' ·

1. M.C. Marden cite également Berceo dans son San Millán (1fso3):
Por medio de Valpirri, vn sequero lugar,
Fasta que en Villuvio ovo de arrivar...
Or Viltuuio n'est évidemment autre que le Bilibo dont il est question dam; les vers
précédcnts(texte de Sánchez-Janer, B. A . E., t. LVII, p. 65):
Sopo que sant Felives en Bilibo moraba,
La ora de veerle veer non la cuiclaba,
Non lo metió por plazo nin lo quiso tardar;
Movióse de la sierra, empezós a desprunar ...
11 s'agit du risco de Bilibio, oU saint Félix avait son ermitage, au nord de Haro. Et
poul" y aller de Madrid (pres de Beiveo, dans le barrio de Berceo, a deux lieues de
Nágera, au pied de la sierra de San_ Lorenzo), oU il était né (ibid., str. 3),

Cerca es de Cogolla de parte de Orient.
Dos leguas sobre Nagera al pie de Sant Loreo.t,
El barrio de Berc;;eo, Madriz la iaz present:
Y nació Sant .Millan, esto sin falliment,

le chemin du jeune MillanJtait en effet par le Valpierre. Pour Bilibio, menlionné
aussi dans le privilElge de Fernán González(Termino Cellorico, Villi!Jio, Burde .. . ) 1 voir,
oulre Madoz et l'Atlas de Coello (A.laua), le Dice. de Govantes et le Dice. gcogr.-hi31 .,
de Esp. por la R. Ácad, ~ la Hist., t. Jer, oU. la source de Berceo en cet eadroit cst
indiquée, Braulion: « Dictaverat ei fama esse quemdam eremitam nomine Felicero,
vir11m sanctissimum, cui se non immerito proeberet discipulum, qui tune morabatur in culello Bilibio. Arripiena iler pervenit ad eum. &gt;l (Patr. Iat., t. LXX~
col. 703•4). Seulement Braulion ne dH ni d'oU partit 11aint Emilien, ni par oU n pa 811a,
ni du reste oll il eat né.

/

ensemble une lradition locale. Les divergences marqueraientelles simplement des variantes ou des rivalités de clochers ...
ou de monasteres?
Ni Tudela ni Bañares ne figuren! dans le privilege de Fernán
González.
D'apres le Diccionario de Govanles, le monaslere de Santa
María de Bai,ares fut donné en 1075 a San Millán de la Cogolla,
qui des avant 1020 • avait re~,u celui de San Cristóbal de Tobia;
le chatean de Clavijo apparlenait au monaslere d'Albelda
depuis w33, el Ciruefia, a celui de Santa María la Real de
· Nájera depuis 1052: " Cimniam cum omnibus suis pertinenciis n, est-il dil dan, l'acte de fondation par D. García el de
Nájera '· Peut-on invoque.- les traditions respectives de chacun
de ces trois monasteres pour expliqner celles que refletent
i. En 1014 1 d'aprCs Dom Férotin (Hist. de l'Abb. de Silos, p. 35)¡ saiot Oomioique
Y fu t prieur six mois.
2 . C'est du reste daos les archives de ce cou\'ent que le fuero de Ciruefia était
conservé, selon Moret (Anales de l\'avarra, X-16) cité par le méme Diccionario .

�BULLETl:'i BlSPA:ilQUE
1•

le Poema,

2º

le Rodri{Jo, 3° notre Chronique (et les A11nales

Composlellani)?

L.itinéraire du Poema inléressait Sancta María de Nájera par
Cirueña, et celui du Rodrigo intéressail San Millán de la
Cogolla par Baiíares. Mais celui de la Chronique inléressait
Nájera par Cirueiía, San Millán par Tobia, A.lbelda par Clavija :
cela dn moins dans la seconde partie du xu' siecle. Doit-on
voir la un compromis, une fusion de traditions divergentes?
C'esl possible, maisje ne pnis qn'indiquer ce poinl de vue; el
il esl aisé de constater que l'Hinéraire de la Chronique passe,
en droite ligne et forcément, par Castroviejo, au retonr de
Pampelune et de Clavija . 11 ne fait done qn'allonger celui dn
Poema, qui a pu exploiter de préférence 1111 sonvenir, anlhenlique 011 non, du passage par Castroviejo . Toujours est-il que
la localisalion la plus importante est celle de Cirueiía, commune au Poe,na el

a la Chronique.

J'ai rappelé que le Pocme, suivi par la Chronique générale
(X.-i-4), place daos une chape lle, une« ermita» oü il s'était réfugié, la capture du comte. Or la Chronique léonaise nomme ce
lien saint: « ecclesia sane ti Andree aposloli »; et par Madoz nous
savons que te! élait bien vers 1850 le vocablc de l'église parois-

FERNA~ GONZALEZ DA~$ J,.A CliRONIQOE LÉO;,iAISE

Peut -etre cependant une église ou une simple chapelle
avait-elle élé déja construite ou reconstruile a l'époque ou le
comte castillan fut pris en trahison par le roi de Navarre. C-esl
bien ce que le Poema donnerail a inférer. On poúrrait meme
supposer que ce ful ponr expier la profanalion de cet asile
par son pere que le roi Sancho érigea ce monastere. Mais nous
ne pouvons faire état de telles conjectnres; il est plus prudenl
de ne pas affirmer, jusqu'a. prenve certaine, l'hisloricité des
délail s relalés tant par la Chroniqne que par Je Poeme, el de
nons en tenir a cette simple observation : que sur ce point les
deux textes .sont d'accord et reprodnisent une meme tradilion,
íondée ou erronée.
Dans le ms, 10814 (ancien li-73) de la Biblioteca Nacional
de Madrid, un de cenx qui représentent, pour M. Menéndez
Pida!, la Chronique de 1344, le lieu du rendez-vous et de la
lrahison esl déformé : il devient t;:eruera.
(Fol. 138). Et el conde tomo cinco caüallos de mulas ·, consigo
seys

r;

mas non . de aqllos meiores

q auia

a'ql dia q el puso e 9eruera cuydando
eubi,:tra de;ir. . . ·

syn armas ningunas t fue
ansy coffio lo

q ve'nia y el rrey

siale de Cirueíta, desservie par un religieux du monastere

Santa María de Xájera. Le Diccioll&lt;ll'io, cilant encare le P. Morel
(IX, 4, 10 et X, 1-) rapporle que « el Rey D. Sancho de Pamplonse fun_dó el monasterio de San Andrés de Cirueña en el
dia ,3 de noviembre de la era w10 (aiío 972), repoblando a
Cirueña y dándola fueros».
Au premier abord il semble que la dale de cette fondation
du monaslere de Saint-A.ndré dénonce une erreur dans l"addilion qui nous occupe, puisque celle-ci place dans une église
de Sainl-André apotre une scene qui se serail déroulée en 960
(Era DCCCCXCVIII). On dira que le monastere a pu etre bati
en 972 et l'église exister en 960. Mais l'acte de fondation
du monaslere, en 972, reproduit par Yepes et cité par le
Dicci.onario, porte que le lieu , olim fnil sub imperio pesimorum hret·eticorum habitatum, et a catholicis christianis
deserlum n.

~Iais si Castro viejo esl bien encare l'endroit ou sont condnits
d'abord le comle et ses compagnons, il esl ensuite séparé
d'eux et jeté dans une antre prison. N'avons-nous pas la un
son venir de Clavija 011 de Tobia?
(Fol. 138·). Entonce mando el Rey leuar al conde &lt; los suyos para
Castm viejo r: mandoles dar muy mala prisyon. Et partierO al conde
de los suyos r; lanyaronlo en otra prisi5.

11 est vrai qu·ensnite c·est bien encare a Ct!.stro viejo que le
lronve le comle de Lombardie (fol. 139); c'esl de fa aussi,
natn rellement, que le tire D• San-cha. Taus deux évilent le
cbemin fra119ais .
(Fol. 140 ). Et entorn;es se fueron su camino
fran~s ala mano syniestra por vn monte ...
Ball. hUpan.

~

dexaron el camino

'

�14

' BULLETIN IDSPANIQOE

Enfin c'est

a Bilforado encore que les fers

lui sont enlevés :

(Fol. ,41 ). o ansy llegaron abilforado que era de ally ~erca. Et el
primero lugar-del condado ij partía con nauarra. Et despüs q llegaron
abilforado enbiaron por un ferrero que tiro los fierros al conde . ..

CATALOGUE
DES MANUSCRITS DE .M. MOREL-FATIO

Dans la Chronique générale éditée par Ocampo en 15,\i, on
retrouve Cerueña (f' ccXLvm), Castro viejo (f' ccxux) el
Bilforado (f' ccL').
Enfin dan~ la rédaction que Menéndez Pelayo suit pour
l'illustration de la Comedia de Lope de Vega (Obras de Lope
de Vega. pub/. por la R. Acad. esp., t. VII, 1897), et qui est
celle d'un manuscrit de sa bibliotheque personnelle, c'est
encare á Ciruenna et a Castrovieio que sont localisés ces faits,
ainsi que daos la comedia elle-meme.
Quant aux romances, sur lesquels je reviendrai a propos de
!'Infante de Navarre qui délivra le comte, il n'y a rien a en
tirer, aucun de ceux qui concernent cet épisode n'étant antérieur au début du xvr• siecle, comme l'a démontré M. R. Menéndez Pida! (Homenaje a Menéndez Pe/ayo, t. I, pp. 471, 485, 495,
477, 486, 496). U n'y es! question que de Castroviejo et de
Bilforado.
G. CIROT.

( A suivre.)

J'ai donné a la Bibliotheque municipale de Versailles mes
livres et mes manuscrits. M. Cirot, secrétaire de naire rédaclion, a estimé que, vu les frais considérables réclamés par
le Catalogue des manuscrils des bibliotheques de France, il valait
mieux publier, dans le Bulle/in hispanique, l'inventaire de
mes manuscrits; j'y ai joint ceux de mon ami, H. Léonardon,
mort le 23 novembre 1912, qui furent donnés, comme
les miens, a la Bibliotheque de Versailles, par sa veuve,
M•• H. Léonardon.
Parmi mes manuscrits on trouvera :
,• La préparation a des articles publiés, soit dans le Bulle/in
hispanique, soit dans d'autres ouvrages et revues, avec des
retouches plus ou moins importantes;
2° Des cours au College de France;
3• Des mémoires qui n'étaient point encore en étal d'etre
publiés;
4• Des lettres et autres documents se rapportant surtoul a
l'histoire et a la littérature espagnoles.
Je n'ai conservé, par devers moi, que les notes relatives
a Jean de Quintanadoine, seigneur de Brétigny, le fondateur
des Carmélites en France; la biographie de D. Francisco
Amorós, marquis de Sotelo, le promoteur de la gymnastique
en France; des documents sur les révolutionnaires espagnols,
et une étude sur Mérimée •, espérant, s'il me reste des forces,
les publier, car vita, sine /itleris, mors esl. En tout cas, les
1. Une pelite parlie de cette étude, sous le litre de Mérimée et Ca/ckron, a été
publiée daos la Revued'histoire li,t.iéraire tú la France, t. XXVII, PP- 61 8. 69,

�BULLETI~ HlSPANIQUE

•

notes se rapportant aux quatre sujets en question devront faire
retour
la bibliotbeque de Versailles.
Les manuscrits donnés
la bibliotheque de Versailles ne
pourront etre consultés que quinze ans apres ma mort; ceux
de H. Lé,onardon en 1927.
A. M.-F,

a

a

CATALOGUE DES MANUSCRJTS DE M. MOREL-FATIO

6. Bartolomé de Torres Naharro. - Mceurs. - Mots. - ProYerbes.
- Variantes de l'exemplaire de la Bibliotheque \"ationale lle Paris, Y
6,31 (Séville, 1533).
7. Tragedia llamada Josephinr1 ... trabada por ,lficael de Car1.•qjal ...
J'a precedida de un prólogo ... escrito por D. 11/anuel de Cañete.
Variantes de l'exemplaire appartenant a M. de la Sizeranne (Palencia,
por Diego Fernandez de Cardaba, 1540).
8. Fiches de la Bibliolheque Colombine Sévillc, par Barlolomé
José Gallardo, communiqul•es par llenry Harrisse. - Epreuve et copie
des appendices des Excerpla Colomúiniana de 11. llarrisse. - Lellre
d~ M. Jean Babelbn.
9. Nouvelles espagnoles. Lines picaresques et nouvelles. Gazman de A(farache de Mateo Aleman. - Notes bibliographiques. Catalogues de la Mazarine, de la Héserve de la Bibliolheque Nalionale
de Paris et de D. Pedro José Alonso y Padilla, ele. - Catalogue de
laletlre y, de la Ribliolheque Nalionale de Paris (nouvellesespagnoles).
10. :\'oles sur fAraucana de D. Alonso de Ercil!J y Zuíiiga, d'apres
l'édilion donnée par M. J. Ducamin, Paris, 1900.
H. Copies de la Bibliotheque Nationale. -- Correspondance de
Chifllet, d'apres la Colleclion Baluze 16,. Extraits. - Copies dh·erses.
t2. ProcCs intenté par M. le duc de Frias 3 M. Je baron Pichon,
pour la restitution du saint- ciboire, donnt'' par le roi Jacques 1~r
d'Angleterre, en 1604, a un de ses aneé tres, al'occasion de la paix entre
l'Espagne et l'Angleterre, et que le duc de Frias offrit au xvn• siElcle
au couvent de Santa Clara de Medina del Pomar. D'apres la Gaze/le
des iribunaux de mars et d'avril 1885.
t3. Léopold Micheli ( 1877-19 1o). Dcux lettres de Léopold Micheli. Sept letlres de M. Fréd. Gardy.- Lettre deM. Ernest Muret. - Letlre
de M. Louis Cbavet.
t4. Dialecte navarrais. Chronique de Garcy Lopes de l\oncesvalles.
Copie de la Collection Duchesne
la Bibliotbeque 1iationale de
Paris, 113, fol. »7. - Extraits du fond franc;ais de la Bibliotheque
:'lationale de París, 6539, fol. 3; du fond latín 9,61, fol. 56, etc.
t5. Ate relegata et Minerva restituta, de Juan Perez de Tbledo.
D'apres le ms. fonds latin 876, de la Bibliotheque Nationale de
Paris. Cf. Une comédie de col/ege" Ate relegata el Minerva res titula»,
dans les Éludes sur l"Espagne de A. Morel-Fatio, t. lll, Paris, 1904,
pp. !09-137. - Lettre de D. llamón Menéndez Pida!.
16. Vicente Nogueira. Deux lettres de M. Sonsa Viterbo ºe t un
arlicle du meme, au Jornal da Manha, du 9 décembre 1889. - Letlre
de F. Adolpho Coelbo. - Lettre de M. J. A. da Grac;a Barreta. Lettre de M. Antaine Thomas. -Lettre de M. Joaquín de Vasconcellos.
- Lettre de Mm, Caroline Michaelis de Vasconcellos et un extrait du
Catalogue de la bibliotheque d'Evora mentionnant des lettres de

a

L La Société espagnole au XVIII' siécle (huit cahiers). , . Tab3.c; Afeites; Visites; Refrescos; Tertulias; Monnaies; l\Janger;
Boire. - 2. Madrid; Provinces. - 3. Littéralure; ThéB.trc; Musique;
Danse. - 4. Galanlerie; Cortejos; Allure de la femme et de l'homme;
Majisme. - 5. E:ducalion; Mariage et famille; Domestiques; Classes;
Professions et métiers; Usages, Mobilier, ele.; Toros, Grossiereté;
Jeu; Voitures. - 6 . f:glise; Étudiants; Saleté; Hospicio; ~laladies;
Gouvernement; Soldats. - 7. Mots et expressions; Menaces et
imprécalions; Jurnns et ex.clamations; Noms de personnes; Emploi de
la journée. - 8. Coslume; Étrangers el Modes nóuvelles.
2. La II monja alferez 11 , Da Catalina de Erauso. Copie, par D.
:\Januel Goicoechea, de la Relacion verdadera de las grandes haza,ias
y valerosos hechos que una rmijer hizo en veynle y quatre años q sirvio
en el 1/eyno de Chile. 1625.
3. Anciennes bibliotbéques espagnoles ou bibliothéques lran9aises
contenant des manuscrits en espagnol. - D.. Pedro de Aragon; le
comtc de Villaumbrosa ; l\Iarca; Noailles; Olivares ; Biblioleca
lleberiana; Baluze el le marquis de Mondejar; lnvenlaire de la
bibliothCque de D. Gaspar Ibaíiez ele Segovia, rnarquis de Mondejar;
Sevilla; Extrait de la bibliotheque de Gerónimo Zurita, d"apres les
Progresos de Dormer ; Lanzina; Trichet du F'resne.; Mazarin ;
Th6venot; Duchesne; abbé d'Estrées; Allaemps. - \otes prises pour
le catalogue des manuscrits espagnols el porlugais de la Bibliotbeque
Nalionale de Paris.
4. Sote:, pour la comédic du Pobre honrado, de Guillem de Castro,
publiée par D. M. Serrano y Sanz, dans le Bulleltn hispanique, t. IY,
pp. , 19 et 3o5. - Lettres de D. M. Serrano y Sanz et de ;\,l. Ernesl
~lérimée. - Corrections de Léo Rouanet.
5. Copie d'un roman -d'aventures (Cod. Val. 6966, fol. 68), commenc;ant par: «En el Reygno descocia ovo un escellente Rey complido
de todas virtudes, specialement en ser Justiciero, commo la mesma
Juslic:.ia, el qual en su postrimera hedat ovo una sola bija a quien
despues de sus dias subcedia el Hegno, la qual llamaron por nombre
mirabella ... " Cetle copie a été faite pour M. Adolf Mussafia, qui me
l'a donnée.

17

a

�18

Vicente Nogueira. -

BULLETIN HISPA.NIQUE

Cinq lettres de M. le Prof. Gatti et une copie des

lettres de Vicente Nogueira conservées a la Bibliothf:que Barberiána. Divers documents ulilisés daos la Zeilschrift far romanische Philologie, l. Ill, pp. 1-38. - Boletim de bibliographia portugueza, t. 11,
n° 1 : Série chronologique des Jettres enlre Vicente Nogneira et d'autres

personnages, publiées par M. J. A. da Gra&lt;;a Barreto, d'apres les
originaux ou les copies d' Ajuda, Evora, Torre do Tambo, Bibliolh8que
Nacional de Lisbonne.

17. D. Pedro Calderon de la Barca. Comptes rendus de M. G.
Baist du MáJico prodigioso, de M. Morel-Fatio. Heilbronn, 1877 (Literaturblatt /ü1· german. und roman. Philologie, 1881, n° 6), de D. Jerónimo Borao (Revista de archivos, bibliotecas y museos du 5 janvier
1878), d'anonymes (Magazin Jür die Literatur des Auslandes, La
Academia, 13 mai 1877, Lilerarisches Cenlralblatt, 15 juin 1878,
Revista contemporanea, 3o mai 1877). - El Día: á D. Pedro Calderón
de la Barca ... dedica este número el 25 de mayo de 1881. - Los
últimos autos de Calderon, avec fac-similé de la signature de l'auteur
(La Jlustracion española y americana, 1881). - Neueste deutsche
Calderon-Literalur par Rugo Sch.nchardt (B,ilage zur Allgemeinen
Zeitang, 1&gt;-19 juillet 1881). - Compte rendu des Documentos para
la biograjia de D. Pedro Calderon de la Barca par D. Cristóbal Pérez
Pastor, de M. Wolfgang von Wurzbach (Zeitschrift f. romanische
Philologie).-Biografia de Pedro Calderon de la Barca, Madrid, 1840.Calderon-Literatur par M. Engelbert Günthner (Literarischer Handweiser, n°· rg, 20 1 :¡j, ~3, :14, 1906). - Segismundo's soliloquy
on liber·ty in Calderon·s La vida es sueño par M. Milton A. Buchanan
(Publications oj lhe Modern Language Associalion of America, XXIII,
n ° ,).- Du m. Notes on Calderon : the Vera Tas sis edition; the text o}
La Vida es sueño (Modern language notes. Mai 1907) - Du m. Notes
on the spanish Drama. The date of Calderon's La Vida es sueño
(Modern language notes. Novembre 1907). - Leopold Schmidt, Deber
Calderon', Behandlung antiker Mythen (Rheinisches Museum jür
Philologie, 1855). - D. Adolfo de Castro y Rossi, Una joya desconocida
de Ca/deron, Cadiz, 1881. - Lucien Paul Thomas, la genese de la
philosophie et le symbolisme dans la Vie est un songe de Caldero n
(extrait des /1,félanges offerts a M. Maurice Wilmolte, Paris, 1910). Catalogue des ouvrages de Calderon conservé au département des
imprimés de la Bibliotheque Nationale, Paris, 1905. - Poesías inéditas
de Calderon, Madrid, 1881 (Biblioteca universal). - Poesias de Calderon
de la Barca, Madrid, 1874. - Edmund Dorer, Die Calderon-Literatur
in Deulschland Bibliographische Uebersicht, Leipzig, 1881. - Edmund
Dorer, Beilriige zur Calderon-Lileralur, ¡er et :1e cabiers, Dresden 1
1884. - Trois lellres de M. Karl Vollmoller. - Vita et Martirium SS.
Cipriani el Jastinae ex Simeone Melaphraste, etc. Copie. - Lettre de

CATALOGUE DES MANUSCRITS DE M. ?tlOREL-FATIO

19

D. Cayetano A. de la Barrera yLeirado a Antaine de La tour, Madrid, ,5
aout 1869. Copie. - Biographie de Calderon, d'apres le livre de
D. Felipe Picatoste y Rodríguez. Copie . - Catalogue des comedias de
Calderon, publié par Vera Tassis, dans la Verdadera quinta parle
( 1682), ele. - Memoria para la Biblioteca Nacional para el presente
año 1870, Madrid, 1870. Copie. - Exemplaire des fuc-similés qui
accompagnent le Mágico prodigioso (lleilbronn, 1877). - Papiers
divers . Exlraits d'éditions de la Bibliotheque Nationale de París. Notes
sur la comédie de Calderon, Guárdate del agua mansa, ele.

18. Correspondance d'Espagne. Deux arlicles du Temps, 31
décembre 1885 et 9 jamier 1886. - Deux articles de Revue du monde
latin ( 1886 ), signés Domingo Rostrituerto, sur A. Cánovas del
Castillo et sur Marcelino Menéndez Pelayo. - Letlre de D. A. Cánovas
del Castillo. - Douze lellres de D. Antonio María Fabié. - Lettre de
D. Marcelino Menéndez Pelayo. - Six lettres de Francis de Pressensé.
i9. D. Carlos Coloma. Lettre de D. Carlos Coloma au cardinal
Guid o Bentivoglio, Madrid, .26 juin 1637. Original. - Exlraits de
l'ouvrage de Azevedo Coutinho y Berna!, Généalogie de la famille

Coloma. S. l. n. d. (vers 1770) - Papiers divers pour servir a la préparation de l'article intitulé : Une letlre de l'historien D. Carlos Coloma,
dans le Bulletin hispanique, t. XIJI, pp. 230-,33.
20. Poétes castillans du xv• siécle. Préparation a l'article intitulé
le Débat entre Anton de Aforos el Gonzalo Davila, dans la Romania,
t. XXX, pp. 49 a 64. - Copie des imprimés de la Bibliolbeque
Nationale de Paris, Yg 86 a I Jj, et Y. n. p. Réserve; entre autres :
Unos coplas de las comadres, etc. - Article de M. Karl Vollmiiller
sur le Catalogue of the Manuscripls in the Spanisch Language in the
Brilish Museum (t. l" et II), dans la Zeitschrift Jur romanische Phi/ologie (dédicace).
21. Los proverbios de Salomon. Texle et introduction, d'apres le
ms. Español n' 559 de la Bibliotheque Nationale de Paris. - Lettre
du P. Félix Rozanski.

22 . Gil Bias. Poesías de Don Pedro Calderon de la Barca, con anotaciones y un discurso por apéndice sobre los plagios, que de antiguas comedias
y novelas españolas cometió Le Sa¡¡e al escribir su Gil Bias de Santillana, por Adolfo de Castro, Cadix, 1845. - Essai s«r la question de
l'originalité de Gil Bias ou rw.uuelles observations critiques sur ce
roman, par Charles Frédéric Franceson, Leipsic, 1857. - /Jlémoire
sur l'originalilé du Gil Bias de Le Sage, par M. Eugene Baret, Paris,
1864 . - Die Geschichte der Gil Blas-Frage, von Edmund Veckensledl,
Berli n, 1879. La question de « Gil Bias n, par ~l. Ferdinand
Brunctiere (Revue Bleue, 26 mai 1883). - Autre exemplaire manuscrit du Discurso de Castro. - Bibliographie de la question du Gil
lilas. - Notes bibliograpbiques.

�20

BULLETIN IDSPANIQUE

23. D. Juan Ruiz de Alarcon (deux cahiers), 1. Variantes de la
Parle veynle y dos de las comedias del Jenix de Espa,ia, Lope de Vega
Carpio, d'apres l'exemplaire de la Bibliolheque Nationale de Paris,
Yg 292, et notes concernant 1~ Verdad sospechosa. -

Autre copie,

remise d'Espagne, de la Verda sospechosa, allribuée a Lope de Vega Notes relalives /¡ la scene du duel de la Verdad sospechosa, de 11. Léonardon. - Sept paquets de fiches concernant Alarcón :
2.

21

CATALOGUE DES M.ANUSCRITS DE M. ?tlOREL·FATlO

1.

Biographie:

Langue; 3. Coutumes, modes; 4, Stylc, citations; 5. Classes;

6. Localités; 7. Pensées. - :J. Los estudios universitarios de .fuan Ruiz
de Alarc6n y Mendoza par Nicolás Rangel (Bolelin de la Biblioteca
Nacional de México, año X, núm. 1 y 2, marzo y abril de 1913), avec

deux lettres, l'une de D. Nicolás Rangel. - Cours sur Alarcon fait au
College de France, 1900- 1901, 4 cahiers. - D. Pedro Henriquez Ureña,
D. Juan Ruiz de Alarcon, México, 1914, daos Nosotros, n° 9. Marzo
1914 (double exemplaire; l'un, tiré a parl, avec dédicace). - Noticias

Cujas. - Sanloutius. -

Nom de Galés. - Quatorze letlres de Eduard
Deux lellres de D. Julian Paz. Lettrede M. Emesl \luret. -Lellre de D. José E. Serrano y Morales. Notes préparatoires /¡ l'arlicle de Ed. Boehmer el M. Morel-Falio :
L'humanisle hélérodoxe calalan Pedro Galés, dans le Journal des
Savanls, de juillet a seplembre 190,. - Bulletin de la Sociélé da
Boehmer el une copie en anglais. -

p,-oteslanlism.efram;ais du 15 avril, 15 mai, 15 aollt, 15 septembre 1900.
- Ol"ienliana par Louis Havel (Revue de philolog~e, de liltéralure et
d'hisloire anciennes, X.XVI, 2ª livraison, Paris, 1902). - Elnfalscher

Brief Justinians an Narses von a. 505. Ein J(rilik von Felix Dahn
(Beilage zur Allgemeinen Zeitung, 1902, n° 84 1

tl

avril).

30. Ambrosio de Salazar. Lorenzo Salazar, Sloria della Jamiglia
Salazar, Bari, 1898 (dédicace). - Du m., Sloria dellafamigliaSalazar.

r Sala::ar in Italia, Bari, 1900. - Eugenio ~lele, Tra grammatici,
maeslri di lingua spagnuola e raccoglilori di prove1'bi spagnuoli in

biográficas del dr4malurgo mexicano D. J1zan Rui= de Alarcon, par

/lalia, dans les Studi di jilologia moderna, Anno YII, 1914, fase. 1-0

Nicolás Rangel (Boletín de la Bibl. Nac. de México, vol. XI, diciembre
de 1915, núm. 2), avec une lettre de D. Nicolás Rangel. - J\'uevos
dalos para la bibliografía del insigne dramaturgo D. Juan Ruiz de

(dédicace). -

Alarccín, allega,dos por Francisco Rodríguez Mario. ~1adrid, , 91 2

Espexo. -

(exemplaire annoté).
24. Manuscrits des Augustins de Lyon, cnnservés á la bibliothéque de !'Arsenal. Catalogue des livres manuscrils, tres anliques el

M. le comle d'Oncieu de La Bil.lie. - Leltre de M. A. Perrin. -

curieux sur le velin el papier, etc. Lyon 1 s. d." Copie. -Aulre copie du

diL catalogue fail par Chabaneau a Monlpcllier. - Notes prises sur
les manuscrits des Augustins de Lyon. - Note de D. Antonio
Rodríguez Villa.
25. Arioste. L'Ariosle, caracteres généraux de son reuvrc par
G. d'Hugues (LefOn aouverlure du cours de liUéralure élrangere,
prononcée a la Faculté des lellres, le 9 novembre 1893, dans la Revue
bourguignonne de l'enseignemenl supérieur, t. IV, Dijon, 1894. -

Cours sur l'Ariosle fait au College de France (1896-1R97). -

Notes

prises pour ce cours.
26. Clairvaux en Espagne au xv1• siecle, d'apres les archives de

l'Aube.
27. Alfred Loisy. Notice sur les publications de Af. Alfred Loisy. Alfred Loisy, le&lt;;on &lt;louverlure du cours d'histoire des religions au

College de France, 3 mai 1909, Paris. -

Decoupurcs de joul'Daux. -

Quinze lettres de M. A. Loisy. - Lettre de M. George Foucart, avec
une carte de Gastan ;\!aspero le recommandanl. - Six lettres de la
ma.rquise Arcona ti Visconti. - Deux lettres de M. A. Houtin.
28. Camoens. Cours fait au College de France (1897-1898). - ~o tes
prises pour ce cours.

29. Pe 'ro G1lés. Pedro Galés. -

Antonio Aguslin. -Casaubon:-

Grammaircs el diclionnaires. - Lettre ele D. Eduardo
de Hinojosa. - Notes biographiques. - \'otes bibliographiques. Almoneda general.-Vergel del alma.-Las clavellinas de recreacion César Oudin et autres grammairiens. -

Dcux leltres de

Lellre

de l'archiviste de l'Aube. - Discours sur le déluge de Barcclone. Secretos de la gramalica española. - Floresta de Santa-Cruz. Tres tratados. - Traduclion du Faret. - Espejo de la vida humana. Libro de armas. -

Thesoro de diversa leccion. -

Tratado de las cosas

mas notable, de Paris. - Histoire journaliere de loul ce qui s'esl passé
au voyage du Roy, s. d. - Response apologélique au liúel/e d'un
nommé Oudin (reproduclion de l'exemplaire de la Bibliotheque
Mazarine,

20. 220).

3i. Los nuevos libros de los apologos naturales. Exlraits du ms.
Espagnol 350 de la Bibliotheque Nationale de Paris.
32. Berna! Diaz del Castillo. Notes pour l'explicalion des premicrs
chapitres de la Ilisloria verdadera de la Conquista de la liueva Espa,ia
de Berna! Diaz del Castillo, - Copie des deux lellres de Berna! Diaz
del Castillo /¡ Charles-Quin! et a Philippe lI (Carlas de Indias,
Madrid, 1877) .. - Deux lellres de Mm• de Heredia: - Deux leltres de
M. Albert Dufourcq. -Analyse des sepl lettres de M. Eugene Dufourcq
a José-Maria de Heredia. - Copie des lettres 3 el 4; Guatemala,
18 février 1880, et 27 février 1880, de M. Eugenc Duf"ourcq
i José-~laria de Heredia. - Originaux des sept lettres de M. Eugenc.
Dufourcq a José-Maria de Heredia. communiqués par \{me de Heredia
- Fac-similé du ch. CXXVlll de la Historia verdadera, découverle
par ~l. Eug6ne Dufourcq au Guatemala, et transcription du dil
fac-similé (le fac-similé a élé enlevé au tome IV de la Véridique

•

�n

BULLETIN HISPANIQUE

CATALOGUE DES MANUSCRITS DE M. MOB.EL·FATIO

histoire de la conque/e de la Nouvel/e Espagne, par le capitaine Berna!

41. Lope de Vega 1 Arle nuevo de hazer comedias en este tiempo. -

Diaz del Caslillo, de José-Maria de Heredia, Paris, 1887) . - Séance
de l'Académie des Iascriptions du 10 octobre 191 ::i (Comples rendus .
Bullelin d'oclobre 1912) . - Autre exemplaire. - Figaro, Débals, Temps
du ::io octobre 19, :.i . - ~égocialions pourobtenir du ministre de Franco
l'envoi du Guatemala du ms. de Bernal Diaz del Castillo 011 une

Les unités d'Aristote avant le Cid de Corneil/e. Étude de lillérature comparée, par H. Breitingei\ GenCve, 1879. - Lettre de D R. J. Cuervo.Let tre,de D. A. Bonilla y San .\lartin. - Préparalion a l'article Lope

photographie. - Quatre lettrcs du MinistCre des AfTaires Étrangeres. Trois lettrcs de ;\l. Tausserat-Radel.
33. Cháteaux en Espagne. Chdteaux en Espagne par Alfred MorelFatio, dans les ,lfélanges offerls a ,1/. Emile Picot, Paris, 1913 . -Tro is
lettres de M. Ernesl Langlois. - Lettre de M. A. Thomas. - Deux
lettres de M. Baldensperger. - Lettre de ~l. Marce! Aubert. - Letlre
de M. G. Cirot. - LeLlre de M. René Sturel. - Extraits de cbansons de
geste copiés par M. Bédier. '- Notes prises pour le dit article.
34. Lettre en espagnol de Voltaire á un correspondan! espagnol.

Copie tirée du ms. Add. 20.793, IT. 1-2º, du British Museum. Autre copie. - Leltre de Constantin Lahovary. -lntroduction acette
lettre de Voltaire,
35 . Cbronique de San Juan de la Peña. A. Morel-Fatio, La Chronique
de San Juan de la Peña, dans la Bibliotheq¡¡e de l'École des Charles,
t. LIV, pp. 97-100 (mémoire annoté). - Documents sur San Juan
de la Peña, conlenus dans la collection Bréquigny :.18 : cédule de
Charles l[J du 1"' aoóL 1 773, conférant D. Manuel ,\ bad y Lasierra,

a

moine du monastere, l'autorisalion de visiter les archives des monas teres d'Aragon et de s'occuper de rhistoire écrite par Pedro l\larfilo.
Copie, etc.
36. « La Comedia famosa de la Verdad sospechosa de Don Juan
Ruiz de Alarcon 1&gt;. - Édition critique, incomplete.

37. A propos de l' «affaire"· -

« Lettre

a un

ami de llollande

par un isolé. Cardinalipolis. 1898 &gt;1.

38. La comedia. Trois lettres de M. John D. Fitz-Gerald. - Lettre
de M. Jacob. - Cinq lettres de M. Le Gentil. - Deux lellres de
M. W. P. Ker.- Extraits de D . Carlos Boyl eL Ricardo de Turia, faits
par M. Le Gentil. - Extrails des Cigarrales de Toledo de Tirso de
Malina faits par M. John D. Fitz-Gerahl. - Préparalion de l'article
Les Défenseurs de la Comedia par A. )lorel-Fatio (Bulle/in hispanique
de janvier-mars 1902).
39. Hidalgos. Los hidalgos ( La vida en el siglo xmº) par Martínez
Ruiz 1 ~ladrid, 1900. - &lt;( Dialogo entre Mediano, page,y Juan de Lorca,
mercader, etc. Extraits du ms. espagnol 354 de la Bibl. nat. de Paris. Ex:traitsd'Otalora 1 Summa nobililatis hispanicae, Salamanque, 1559, etc.
40. Paquets de fiches désignant les cilations de l'ouvrage de
D. Gregario Garces, Fundamento del vigor y elegancia de la lengua
castellana 1 Madrid1 1791.

•

de Vega, Arle nuevo de hazer comedias en este tiempo, dans le Bulletin
hispanique d'octobre-décembre 1901. - Compte rendu de ~1. Arturo
Farinelli sur cet artide (Archiv /ür das. studium der neueren Sprachen
und Litteraturen, t. CIX, hefl 3/4, dédicace). - La poétique de Lope
de Vega par M. Camille Pitollet (Le Siecle du 16-18 novembre 1906).

42 . Frangais en Espagne (deux cahiers) : 1. Aper-ru de la géographie générale de l'Espagne par M. Raphaol Bailes ter Castel/ ... conférence
faite a Barcelone le 27 juille! 1914, Barcelone, 1915. - Période du
Moyen-Age; Gallophobie. - 2 . Modes et marcbandises frarn;aises.Bretons . - Pierre et a u tres noms. - F'ran.;ais en Espagne. - Gabachos, Franchutes, Aguadores. - Buhoneros et artisans. - Lamparones. - Juge1nents sur les Frani;ais. - Connaissance du fram;ais.
- Allusions a des usages de France. - J,fonsiures . - Manger et
boire. - Pelerins et mendiants frani;ais. - Mots franc:;.ais .

43. Espagne en France . L'injluence de l'Espagne dans la lillérature
fran9aise, par F. Brunetiere (extrait de la Revue d,s Deux Mondes,
1" mars i'891, pp. ,15-n6). - Études sur les rapporls de la lilléralure
fran9aise et de la lilléralure espagnole au xv11· siecle (1600-1660), par
Gu stave Lanson (Extrait de Ja Revue d'hisloire lilltlraire de la France,
t. 111, pp. 45-70). - La genese d'Ilernani, par Raoul Hosieres (E~trait

de la Reuue Bleue, ,5 avril 1896). -

Moyen-Age. -

L'Espagne en

France au xv1ª1,il3cle. - L'Espagne en France au xvu~ siecle. - L'Espagne en France au xv1nª si6cle. - L 'Espagne en France au xuª siecle.
- Modes espagnoles en France . - Préparation de l'article intitulé:
Comment la France a connu el compris l'Espagne clepuis le Moyen-Age
jusqu'd nosjours, dans }eg Études sur l'Espagne, par A. Morel-Fatio 1
t. J•r, Paris. 1895 1 2ª édition.
44. Pícaros. Pícaros historiques ou légendaires. - Lettre de

D. José 1\1. Octavio de Toledo. - La vida del pícaro, d'aprcs La vida
del Lazarillo de Tormes (éd. D. Joaquín María de Ferrer, Paris, 1807)
et les Rimas de Pedro liñdn de Riaza, Zaragoza 1 187G: La Vida del
P icara, por gafono estilo compuesta en tercia rima. - Deux letlres de
Marcelino Menéndez Pelayo. - Rendez-vous de la picardía-Gueseric.
- Lettre de Gaston Raynaud. - Baldíos, holgazanes, tacaños, bergantes. - Poltron. - Pica,io. - Pícaro de cocina. - Picara et ses
dérivés. - Picardo, picardía, picardear.
45. Charlatans 1 ciegos, etc. Q,-aciones des ciegos. - Ciegos. -

Cbarlatans'. - Pobres fingidos. -

Pauvres en gé~éral. -

Petits rnarchands . -

Gal/ojero,

Ordonnances.

46. Espagnols et Flamands. Lellre de E. Castelot. -

Lettre de

�BULLETIN HISPA1'f1QUE

CATALOGUE DES MANUSClUTS DE :\t . ~JOREL-FATIO

M. G. Huet. - Préparation de la coníérence: Espagnols et Flamands,
dans les Étades sur .f Espagne, par A. Morel-FaLio, París, 1895, t. i",
,• éd. - Articles du Patrio/e et de l'lndépendance beige sur cette

Si . Estampes. Descriptions prises au département des Estampes
5o, 51, 51 •, 5,; Vb 147; Tf &gt;; llf 4,
Bf 4', Bf 4h. - La cuchilleria en España (siglo xvn) por Manuel Rico
y Sinobas.
52. Prostitution en Espagne. D. Pedro Pérez de la Sala, Costumbres españolas en el siglo XVJ, dans la Revista de España, nº' 5,3-537,
1891.
53, Théiitre espagnol (deux cahiers)- 1. Le,on d'ouverture de la

conférence .
47. Suarez de Figueroa,
saillantes.

El Pasagero. -

Mots et expressions

48. La Societé espagnole au XVI• siécle et au

xvn• siécle (vingt

cahiers). 1. Provinces. - !l. Provinces (suite); Portugais; étrangers
en général; Italiens. - 3. Italiens (suite); Flamands; Allcmands;
Scandinaves; Anglais. - 4. Boire el manger; Afeites; Tabac; Jeux;
Carles; Danzas et Bailes; Palacio; Cortesías. - 5'. Soldals; Ordres
mililaires; .J usliceet police; Bandoleros; Voleurs et galériens; ESclaves
et domestiques¡ Venias. -6, Métiers, genre devie(hommes et femmes)

Pallas; Industrie; Épées; Armures (broqueles); Modes d'hommes et
de femmes; Golilla el hahit militaire; Chapines; Livres de chevaleries

a la Bibliotheque nationale: Ob

chaire de littératures étrang6res

al'École des leltres d'Alger,

en 1880.

Cours fait au College de France (1884-1885). -

,. Notes . - Représentations données au ThéAtre de la Renaissance par M º MaTia
Guerrero et M. Fernando Diaz de Mendoza. - Photographies de ces
111

deux acteurs. -

Découpures de journaux.

54. Sigisbéisme italien. Fiches sur ce sujet. - Lettre de M. Bernard Gaudeau, S. J. - / Cicisbei delusi. Dramma giocoso per musica

et Célestines; Nouvelle italienne; Types du théatre populaire. 7. Juifs et ~lorisques; Limpieza de sangre; Inquisition; Bulles et

da rappresentarsi in /?iren:e nel Teatro d~l Cocomero, ne/la Primavera

indulgences; Jellne du samedi; Classes; Hidalgos; Dons, écuJers,
pages, duegnes, Montañeses, caballeros et tilulOs. - 8. Comedia;
curiosités littéraires; Vers dechansons populaires; Études et étudiants:
Religion et clergé; Saint Sacremenl; Immaculée conception ; Saludadores, ensalmado,·es, hechiceros; disciplinan ls; Usa ges religieux,
carnaval, mort; Arrobos. - g. Alcahuetes et Alcahuetas; Rufians;

M(J!urs italiennes, comédie, en un acle, milée de chanls, par MM. Paul
Dupont et f:douard l\:lonnais, Paris, 1833. - Heise van Wien nach

Prostitution; Sodomie: Syphilis; Saleté ( espulgar, sarna); Votos et
reniegos: Gitanos, germania. - ,o. Mols el expressions; curiosités,
personnages historiques . - Cours du college de Franc,_( 1887 e( 1888),
1.

Hidalgos ; Escuderos, Dueñas, Caballeros. -

Limpieza. Madrid. -

~- Juifs, Marisques,

3. Limpieza (suite), Castillans, Burgo ,

del/ anno 1750 ... In Firenze, s. d. - Le cavalier servan/, ou les

Madrid. Berlin, 179,.
55. Sigisbéisme espagnol. Fiches sur ce sujet. - Deux lettres et
une note de M. Bernard Gaudeau, S. J. - El Chichi.sveo impugnado,
por el R. P. lf. Fr. Joseph Harn de San Clemente, Sevilla, 1754
(exlrails pris par H. Léonardon) . - Swna m.orai para examen de curas
y confesores, . . el P. Af. Fr. Vicente Ferrer, Valencia, 1770 {extraits
p,·is par [I . Léonardon). - Obras poeticas de D. Eugenio Gerardo
Lobo, Pampelune, 1729. -

Piflces sur le Cortejo, copiés dans le ms.

Valladolid,

Add. du British Museum, 17.704 el ,0 .790. - Co/eccion de diferentes

4. Madrid (suite), Aranjuez, 'l'olCde, Talavera, Extrema-

escritos relativos al cortejo ... recogidos, por D. Luis de Valdeflores,

dure, Andalous, Séville, Cordoue. -5. Cordoue(suite), Ecija, Osuna,

Madrid, 1764. - Azote del Cortejo . . D. Juan García Jove Llanos,

Pozo Airon, Valence, Catalans, Aragonais, Navarre, Biscaye, Asturies,
Montaña, Sayagues, Galice, Portugais. -6. Portugais (suite), Fran&lt;;:ais.

Madrid, 177~. -Sermon contra el luxo . .. de lns mujeres christianas;

-

predicado en la iglesia catedral de la ciudad de Málaga el Domingo
quinto de Quaresma del aíio de 1781, por Don Locas Campo y Otazu,
Madrid, 178¡. -Arle de manejarse en la corle, Madrid, 1793. - Optica
del cortejo.. . Don Manuel Antonio Ramirez, Madrid, 1796. - El
lechuguino á la derniere . . . D. M. A. J., Barcelona, 1830. - El lechuguino d la derniere ... D. Manuel Andres Igual, Barcelona, 1831. -

7. Fran,ais (suite), Italiens. - 8. Flamands, Allemands, Espagnols
a l'étranger (honra). - 9. Espagnols a l'étranger (suite), jurons. 10, Espagnols a l'étranger.
49. Ruy Bias. Préparation a l'article intitulé: L'Hisloire dans Ruy
Bias daos les Éludes sur l'Espagne, premihe série, Paris, 1888, 2" éd . ,
,895. Coupures de journaux.
50. Marisques u JO de febrero 1581. Lo que parescio se previniesse
para lo de los Moriscos y lo que Su Mag• manda se platique ~obre

expressions. -

ello». Extraits d'un docurnent de la collection Tiran conservé au gouvernement général d'Alger. - Mémorial sur les Marisques de (( Don

L a salire de Jovellanos contre la mauvaise éducation de la noblesse

Gomez Davila de las Ruelas, natural de Toledo». Copie du lexte
imprimé conservé a la Bibliotheque nationale de Paris, Réserve Oa 198.

.llanual del cortejo e inslruccion de corlejanles, Madrid, 1839.

56. D. Ramon de la Cruz. llibliographie. - Analyse. -

Mots et

Notes.

57. D. Gaspar Melcbor de Joveltanos. Notes sur l'arlicle intitulé:

(1787), par A. Morel-Fatio, Bordeaux, 1899 (Bibliotheque des universilés du Midi, 3• fase.). - Letlre de M. E. Pércopo. - Lettre de Léo

�i3ULLÉTIN HISPANIQUE

CATALOGUE DES .MA.i'IUSCRITS DE M. MOREL-FATIO

Rouanet. - Lettre de D. Felipe Pedrell. - Copie de la satire et du
discurso de Jovellanos dans El Censor. - El capitan Iñigo de Arguello
~lanrique, etc. Memorial. Copie. - Romance de la desgraciada muerte
de Joseph Delgado (alias /filio} en la villa y corte de Madrid el día once
de mayo del año de mil ochocientos y uno .. . Publicóse esta hoja
á espensas del Excmo Sr. D. Juan Pérez de Guzman y Boza, duque
de T'Serclaes ... el día" de mayo de 1901.-Reglamenloparajugar
al tresillo por un jugador .. . Madrid, s. d. -Articles sur la satire de
Jovellanos (éd. Morel-Fatio): The Athenaeum du 1"' septembre 1900 ;
Léo Rouanet (Polybiblion, février 1901); Emile Gebhart (Journal des
Débals, 1o octobre 1900).
58. Pan y toros. Pan y toros. Oracion apologica, que ... dixo en
la plaza de toros de .lfadrid D. Gaspar Melchor de Jovellanos, Cadix,
181:1. - Pan y toros. Oracion apologica, que . .. dixo en la plaza de
toros de Madrid D. Gaspar Melchor de Jovellanos, Madrid, 1820. Pan y toros. Bread and bulls, par M. Millon A. Buchanan, dans les
Modern language notes, mai 1905. -- Lettre de M. Milton A. Bucbanan. - Deux lettres et une note bibliographique de D. Marcelino
Menéndez Pelayo.
59 . D. Pedro Pablo Abarca de Bolea, comte d'Aranda. Préparation
ala biographie insérée dans les Eludes su.r l'Espagne t. U, París, 1890;
:.;ie édit., 1906. -Communication sur le comte d'Aranda, par Camille
Pi ton.
60. D. Alonso Pérez de Guzmau -,1 Bueno. j.'réparation l'article
mtitulé : La lellre du rol Sanche IV d Alonso Pérez de Guzman sur la
déjense de Tarifa (2janvier 1295), dans les Études sur l'Espagne, de
Morel-Fatio, Paris, 1904, t. IU, 3-:.;i3. - Extraits pris dans le livre de
Luis de Salazar y Castro, Casa de Lara . - Carla que escrivio el seño r
D. Sancho el Brabo á Don Alanzo Perez de Guzman ... communiquée
par Mm• la duchesse de Medina Sidonia. - Lettre de Mm• la duchesse
d'Albe. - Lettre de D. Antonio Paz y !lelia.
6f. Carlos 11. La Mission de ftf. de Rébenac a Madrid et la mort de
h!arie-Louise, reine d'Espagne, par A. Legrelle (compte rendu de
H. Léonardon, dans la Revue historique, n° 116). - D. Joaquí n
Maldonado, El gabinete negro y sus consecuencias dans la Revista de
España (Año XXJII, n" 5o4, 15 mars); du m. Un secreto de estado
(Año XXlll, n• 5o4, 3o mars); D. Antonio Cánovas del Castillo, De la
desmembración y repartición de la antigua ,lfonarquia española (Época 1
13 janvier 1895). - Notes sur Carlos II.
62. D. Diego de Torres Villarroel. Mots et expressions. - Sup•
plique du D'" Diego de Torres au roi (collection Tiran, nº 595). Don Diego de Torres Villarroel. Ensayo biográfico, por Antonio García
Boiza, Salamanque, 191 1,
63. Partisans de l'Archiduc (Charles 111). Extraits pris dans la
1

a

collection de Lorraine, conservée au département des manuscrits de

la Bibliotbeque nationale de Paris.
64. Dnc d'Uceda. Extraits de la biographie de D. Andrés Tellez
Giron, duc d'Uceda (Archives Nationales T 7g3) . - Notes sur les ducs
d'Uceda au xvn" et au xvrne siecle.
65. Fernand de Cordoue. Maitre Fernand de Cordoue et l' Université
de Paris au xve sifcle, par Julien Havet(extr. de Mémoires de la Sociéle
de l'histoire deParis et de l'/le de France, t. IX (188,), pp. 193-222). Maitre Fernand de Cordoue et les humanisles italiens du xv" sikcle, par
M. A. Morel-Fatio (exlr. de Afélanges Julien/favet, Paris, 1895). -Deux
exemp1aires d'épreuves du précédent mémoire. - Le Forma/aire de
Clairmarais, par M. Léopold Delisle (extr. du Journal des savanls,
mars 1899). - Deux ouvrages inconnus de Fernand de Cordoue, par
René Poupardin (extr. de la Bibliotheque de l'École des Charles, t. LXII
(1901). - Lettre de F. d'Ovidio. - Lettre de M. Remigio Sabbadini .
- Lettre de M. René Poupardin. - Notes pour l'article inséré dans
les Mélanges Julien Havel. - Fernando van Cordova und sein l{ü/ner
Aufenlhalt in der Faslenzeit 1446, von Prof. Dr. Herman Keussen,
19~0.

66. Golilla. El traje de Golilla y el tmje militar, par A. Morel-Fatio
(exlr. de La España moderna, septembre 1891). - Notes sur la
Golilla. - Lettre de M. G. Le Gentil. - Lettre de D. Carlos Cambronero a D. Ramón Menén&lt;lez Pida!. - Lettre de D. Ramón Menéndez Pida!.
67. Voyage en Espagne a la suite de S. A. E/oyale Mgr le comte
d'Artois, par Alexandre Ballet, valet de chambre de JW le comte
de Vandreuil. 1782 (extraits tirés du ms. francais 14.69, de la Bibliotheque Nationale de Paris) . - Notes.
68. Ambassadeurs espagnols, vice-rois, présidents du Conseil
de Castille, etc. Notes sur les deu,, marquis de la Fuente, qui furent
ambassadeurs en France pendant le xvne siecle (Recueil des instruclions. Espagne, t . J••, pp. 496 et 514). - Notes sur les autres ambassadeurs espagnols en France. -

Notes sur les présidents du Conseil

de Castille, etc.
69. Prince de Sanio Mauro. &lt; Copia de algunos de los documentos que tuvo presentes Don Mariano Fernandez de Henestrosa

YMioño, conde de Estradas y de Ofalia para solicitar, obtener y mantener el derecho de la casa de Villadarias al titulo de Príncipe de Santo
Mauro, convertido á su favor en Duque, con igual denominacion, por
Real Despacho de Su Majestad», avec des portraits (communiquée
par le duc de Santo Mauro actuel). - Notes pour les marquis de
Villadarias au xvm" siecle.

70. Duc de Villahermosa. Marcelino Menéndez Pelayo, Lettres
inédites de Beaumarchais, Galiani el d'Alemberl, adressées au duc

�BULLETIN HISPANIQUI

CATALOGUE DES !\fANUSCRITS DE M, MOREL-FATlO

de Villahermosa (Revue d' histoire littéraire de la France, 1.1, p. 330-35, ).
- Lcllre de :llarcelino Menéndez Pelayo. - Copie par Menéndez

e de D. Juan Perez de Guzman sur les documents diploma tiques de

Pelayo de letlres ci-dessus citées et de letlres d'un inconnu. -

imancas dans les Archives de Paris (Época. 3 juillet , 885). -Arlicle

Notes

pour l'article de Menéndez Pelayo.
7t. Entremeses, bayles, loas, etc. Pieces détachées. Table (Bibliotheque Nationale de Paris).-Zur Geschichte des spanischen Theate,s,
par Karl Vollmoller (1885). -Table du recueil, intitulé: Entremese,
y jlor de saynetes de varios autores. Madrid, 1657.
72. FuerÓ de Cuenca. Préparation de l'article publié daos la Revista
de archivos, bibliotecas y museos, tercera epoca, t. 11 (1898),
pp. 193-199. - Extraits du ms. de la Bibliotheque Nationale de París,
latín 1&gt;.9&gt;7. - Cinq lettres de D. Ramón Menéndez Pida!. - Lettre
de D. Antonio l\odríguez Villa.
73. Instruction de Charles-Quint á son flls, 1543. Copie sur
!'original de J'instruction donnée par Charles-Quint a son fils Philippe 11, le 4 mai 1543. -- · Épreuves de cette instruction, qui devail
paraitre dans les M,ttheilu11gen des Instituis Jür iisterr. Gesch,chtsforschu11g. - Lettrede M. B. ~liihlbacher. - Lettre de M. Eug. Lameere.
- Lellre de M. Claudin.- Lettreet piece de D. Antonio l\odríguez Villa.
-

Lettre de D. Vicente Vigoau. -

Copie du xv11" siCclcde l'inslruction

donnée par Charles-Quinta son fils Philippe ll, le 6 mai 1543 (Revue
de; autographes. n• 379,janvier , 9, 3). - Facture de M"' veuve Gabriel
Charavay. - Correspondencia de Juan Valera, t. 11 (1857), p. ,88
(instruction du 6 mai 1543, ms. du xrn• siecle de la Bibliotbeque
impériale de Saint-Pétersbourg). -;-Copie de I' Jnstruccion que el emperado1· Carlos V dexó al principe Don Philippe JI de lo que se hav,a de
guardar en la convernacion de Castilla, mientras eslaria ausente. Su

fecha en Barcelona a 1 de mayo 1543.
74. Copie de documenls se rapportanl a D. Juana de Aragon,
4uchesse de Terranova, lirés des archives de Palerme et ex.écutés par
M. G. Travali.
75. Tirso de Malina (trois cahiers). 1. Modes. - Mots. - Cboses.
_ Pays. - l. Prudencia en la mujer. Fiches. - Préparation al'article
intitulé :

&lt;&lt;

La prudence chez la femme )) 1 drame hislorique de Tirso de

Molina, daos les Études sur l'Espagne, t. lll, pp. &gt;6-p. - Amour,
femmes. - Dictons. - Littérature, cullisme. - Fingida Arcadia. Classes. - El Burlador de Sevilla y combidado de piedra (llibliotbeque
:'lationale de París Y 6380 A. 3). - Lettre de D• Blanca de los Ríos
de Lampérez. -

3. La prudencia en la mujer; édition. -

a l'article intitulé : Études sur le thédtre de

Préparation

Tirso de Molina. - La prudencia en la muger,dans le Bulletin hispanique d'avril-septembre 1900.
76. Simancas. Deux minutes de la lettre adressée au ministre de
l'lnstruc\ion publique,qui sollicite la mission de rédiger et de publier
un inventaire de la collection de documents historiques concernaot

spagne, qui est conservée aux Arclfrves nationales de Paris. - Arti-

onyme .sur les documents historiqnes dans les bibliotheques de

rance ( Epoca, &gt;¡ juin 1885). - Copie de documenls de D. Pedro
ile Ayala Y de son fils D. Juan, archivistes de Simaacas (Bibliotheque
Nationale de París, ms. espagnol &gt;78).
77. D. Benito Pérez Galdós'. Quatre lettres de D. Benito Prrez
Galdós. - Deux lettres de ~laurice Bixio. - Letlre de M. Vi ncenl ubles épreuves de la préface de Misericordia. - - Boris ele Tannenberg, Un grand romancier espagnol. Perez Caldos, dans le Temps du
19 février 1900. - Celebridades españoles contemporáneas. l. B. Pérez

Galdós, Estudio crítico biográfico por Leopoldo Alas (Clarín). Edicíon
Uastrad':' con el retrato y un autógrafo del biografado, Madrid, 1889.
- Menéndez Pela yo, Pereda. - Pérez Galdós, discursos leidos ante la
R. Academia española en las recepciones públicas del 7 y 21 de febrero
lk1897, Madrid, 1897. -Necrología de D. Benito Pérez Galdós, discurso
ronunciado en la Real Academia española, por el Excmo. Sr. D. Anionio Maura. Madrid, cg:w.
•
78. Jaume Roig. Préparation au mémoire intitulé. Rapport adressé

d M. le .lfinistre de l'Jnstruction publique sur une mission philologique
de Valence , suivi d'une étude sur le (1 livre desfemmeS&gt;l,poeme valencien du x v• siecle, de maitre Jaume Roig, París, 1885 ( Bibliotheque de
lEcole des Charles). - Extrails du ms. Cod. Vat. 4806. -Deux lettres
de M. Gio. Gatti. - Lettre de D. José M• Torres - Deux lettres de

D. José E. Serrano. - Livre incomplet, du Libre d; les dones,
Valence, 1531. - Libre de les dones, i, la Bibliatheque de Valence. _
Fac-similés du Cod. Val. 4806, annexés au Rapport.
79. Humanisme espagnol. Giovanoi Bocaccio, Della origine, vita,
coslumi, studii del chiarissimo poeta Dante Alighieri (extrait; D. José
Maria Rocamora, Catálogo abreviado de los manuscritos de la biblio-

teca del Excmo _Señor Duque de Osuna é lnjanlado, Madrid, 188,,
n• 33). - Traduction espagnole du Phédon de Platon (exlrait;
d. llocamora, n• 179). - Epislolas familiares en espagnol, de Leonardo Bruni d'Arezzo (extraits; cf. Rocamora, n• 15). - Enéide de
Villena, d'apres le ms. ll. 16 de la Bibliotheque Nationale de Madrid.
80. Jofre d,e Loaysa. Copie de deux pierres tombales (D Jofré
de Loaysa et de sa femme Jacometa), qui se trouvent dans la chapelle
de San Juan Balista aux Huelgas de Búrgos. - Lettre de D. Anselmo
Sahá a D. Ramón Menéndez Pida!. - Trois lettres de D. Hamón
llenéndez Pida!. - Lettre de D. Francisco Bofarull y Saos. - Lellre

de Pedro

Diaz Cassou. -

Ces leltres prépareot le mémoire intitulé :

lo(ré de Loaisa, _Chronique d,s rois de Caslil/e (1248-1305), dans la
Bibliotheque delº Ecole des Charles, t. LIX (, 898), pp. 3,5-3 78.
Bull. hi.,pan.

3

�CATilOGUS I&gt;. . IWIVIICIIITS l&gt;I: M. MOUL•P.lTIO

st. Fo•len-ault.

&amp;lrsila dea · ardliYea de Fonle"11ull (

e&amp;-J.ou-., arohivos départeme1111lea) ae rapporlaQI a le11rs pos
en E1pape.
111. Ripoll. Exlrsila du catalogue des mea. de Ripoll (Bdme,
- • Copia de carta á Po111ero, Buen Reliro, a 1° de !ebrero_de 1
· (Britilh Múaeum, Eprlo11 6or, fol. 56), - Copie de lellrs
O- G. Reine au Prof. D' Guslaw Hinel, renfennant UQ calelo,ue
bibliotbeque de Ripoll, Leipzi¡, 31 man 11147 (~rap,,UIII, l. Vlll, 1
pp. 81-85).
.
.
83. Refraau, Copie de l"i11lroduction la Philo6op/11a oo/gar
Ju1111 -de Mallara, - Cours profeBBé 1·r.:o1e dea Baulee &amp;ludes
l• proverbea eapapol1. - N°'8 pour ce coun. ·
84. Fray Lni1 de Le6n. Coun fail l'F.:ole dea Hautes ll:t
nolee pollf ce coun. - Leltre de M. Etnest Mérirnée. - Bio~ra/úa
~
Ca,tro, por el-&amp;·. doelor Don Vicente de la Fuenle,
186Q. - Jfni6to augiuUniaito. Podre Muslro Lui6 de L,ón, por
P. FnnCUQOlléndea(n• du li ja11vier el 1ioclobre1881 ). - Trois le
de Fr. Franci1co 8lanco Garcia. - &amp;gw,,do proceso uutruido, f'O"
l11J/UÜÍCion de Valladolid contra Fray Luis de Le6n, coa 11D pró
· n111U del P. fniocit® lllanllO Garola, Madrid, 1896.
8$. laiot Viceat Ftrrer. Nolea 111r ce aaiat. - Lellre du P. F.
- Renaei¡¡nemeol1 Q0111mo11iquéa au P. Fagea aur le cu lle de oa
Vi-1 Femr 1111 Breta,ne et une feoille d'un livre ,ur ce culle.
S,rlllOM de .oaiol Viceol Ferrer par le P. Fagea. - La Céte de
Vicenl Fen-er a Valence (Vicente Blasco lbaflez, Arroz '1
Vemacia, ci., p, 187). - Le calle de aainl Viceol Ferrer en Bni
(exlrsil dea Archivp Naliooales de Paria, K i45o).

a

a

a

u

a:

88. Pré16alic• t Boa, de l'aml&gt;..,.deur fruoaie. Romao
r~: - Coacile de Blle. - Priéminuce du rol
France. - Préséan'lO a l\ome, - D. Di980 Burlado de Mendose.
°"'1 l11llrea de D. lwllóu Menéndes Pidal. - I.tttre de M. Luc·
l\oinier. - Leltre de M. 8ourrilly.
87, Wol'IIII t52t, Pi-épuation l'arlicle.inlilulé: L4 prernür tí
/11141(/I upflliol ,ar fu i"'4rrogaltiru ú Luthér d la ~18 ú Wor
•• fll1ril 1521, daaa le Balletüt hilpallifu de janvie.-man 1914.
Epreuvea de cel arlicle. - Br;.¡,, &amp;puc/Mn und Beriol&amp;la llber Lul
- Wornu•r Reichllagf
VOD Paul Karhoff, Halle, r8g8. -Le
du P. Manuel F. lliguelez.
88. Fr. Antonio de Guenra (lroi.s Clbien). r, Bibliographie.
wique ·de · loutea lea &lt;11uvres. - Sltasp,11 an4 Eapllllum.
Qn adoplationfrom a-re, by Dr F. llandmanll (Reprinled Crom
N.-v Sbueape11re Sociely's Transaclione, 188o-82).-Der Eupkwm
Mi¡¡ We,en, ,eüu QMU.,
Guc4ichu..• YOD Friedrich Lailld.n111111
Gieaaeo, 1881. - Bop"'1u 1M GJ11U01117 oJ toil 6y Jolut. L,17 •• •

1- Cról!ic:11

a

•5•,,

,,itie

Sr

Friédrich Landmann, Beilbrono, 18&amp;¡. - Jol11i Lyl7 and
· m by Clarence Griffin Child, Erlangea und Leipzig, 1894. eompk/4 Workl o/ Jolm Lyly by R. Warwick Bond (compte rendu
F. E. Spingam, dana The Naüon, 10 sept. ,goa). - •· Comianfa

logo·general 1obre el libro llamado Marco Aurelio con el Reloa:

incipe,, etc. Copie. - 3. Coun du College de France, 18g9-rgoo.
reo Aorelio; b~liographie. - Deux leltres de Léo Rouanel. leltrea !le René Costea. - Guevara, Vie. - Lettre de D. J. Gómez
'o. - Memorial á Cario, V, Mejico, · •4 de julio de 1535, d'apres
• T. 190 de la Bibliolbeque Nalionale de Madrid. Copie de
Daumel. - Nomi de penonne• de J'Epistolario . -;- Laogue,
. -Bibliograpbie.-Cboaes. -Epistolario, Meno1precio. - Lieu1.
raduction1. - Gaztelu. - Ulloa . ..:. Pedro Me1ia.
. Copie du Viago jallo dal Card. Ale11andrino, descritw da
· Battista Venturina de Fabriano, d'apres l'exemplaire F. 128 de
lioiheque de Dresde (un cabier; deu1 brochures). - Lettre
.. N. Scborr voa Carolsfeld. - Emilio Nunziante, Un viaggio in
nel seco/o XYI, dans la Rassegna Nazionale du· février et
•• aoul 1884.
. Luiz V6lez de Gun-ara. Préparalion a l'arlicle publié dana
Ü/1 hispani,¡ue, l. V, p. 307-314, sur El dúJblo cojlll!lo por Luil
,fe Guevara. Reproducción de la edición príncipe de Madrid 1641,
Adolfo Bonilla '1 San Martin, Vigo, 1902. - Lellre de D. Adolfo
• la y San Martín. - Algunas poesías i,iMitas de Luu Vélez de
ra, por Adolfo Bonilla y Sao Martín (extrail de la Revúta
ragón). - Bermude. Deu1 tell"'!' de A. Beljame. - Le Monstruo
· . Notes .
. Buguea Cousin, maréchal des logis de Charles-Quiot.
:on au m émoire intitulé: Une húwire inidite de Charlu-Quint,
an fourr;,,r de
coar (extrait des Mémoires de r Acadlmie dt,
ptions et Belk1-Lettre1, t. XXXIX, Paria, 1911). - Cinq lellres
. E. Longio. - Qualre lelln,a de M. G. Gazier el un acle llODcer•
la famille Cousin de la bibliolheque de Besan,;on, - Letlre de
ebvre. - Trois lettres de M. Ch. Bémonl. - Letlre de M. Claudin.
x leltres de M. Ch. de La Ronciere. - Trois lellres de M. L. Lau• - Leltre de M. Max Brochel. - Lellre de M. Palry. - Lellre
11. G. Daumet. - Lellre de M. Mu: Prinel. - Deux lellres de
Pidou1. - l.ellre de M. B. Omoot II la marquise Arconali Vis- ·
•. - Le, rholutions d'Angleterre en 1553 et 1554 racontée, par
arrler de remperear Cltark1-Quinl, par Ch. Bémont (exir. de la
húwrit¡ru, t. ex, 1912; dédicace) . .
Grandeaae d'Bapagae. Gnndesse au1 xVI", xYU•, xvm• siecles.
'ratukza, de &amp;J)4ña 1 tltalo, del reino ... Madrid, 188g. - Repre. n docU11Nn/ada def dUIJru de lledinaceli ,obre precedencia en

,w

0

Pré-

,a

�RULLETl'.'t HISPA'VIQUE

el acto de la cobertura como grande de Esµa,ia, Madrid, 1900. - Critica de la obra del Sr. Fernande; de Béthencourt ... , por Félix Spínola
Grimaldi 1 ~1adrid, it,oo (excmplaire annoté).

- Deux

letlres

D. Francisco l'ernández de Belhencourt. - Lellre du duc de San
\lauro.
93. Bruxelles. Archives de 13ruxelles; papiers d'Élal el de l'Au-

urELQl'ES

sorrw~;s

DI' CADIZ OE G.\LllOS

clience: Rodrigo Catderon, D. Juan de Zuñiga, :\ligue! Juan Gralla,

Sandoval, arche~eque de Tolede, le prince de Ligne. Copie. - Correapondance de Garzia de Loaysa avec l'archiduc Albert. ,;;95-1598.
Copie. - L'infanle Jsabelle. - D. Nuño de Mendoza. - Le marqui&amp;
de \londéjar. -D. Juan de ldiaquez sur Jean l'llermite. - !)• Guiomu
de \!ello. - D. Galccrún ..\lbanell. - D. Francisco de !barra. - El
licenciado \"ermúdez de Pcdraza.

..\. \101\EL-FATJO.
( A suiL•re.)

En 187'1, entrainé par ~on sujet, Pércz Gald&lt;Js, qui avait

déja donné au public les si, premiers rnlumes des Episodios
1K1Cio1wles, étnit amené

a compo~er

son Cádi:. Ainsi l'exi-

geait la chronologie : a pres Bai/én, Zarago:a et Gerona, i 1
fallait Cddi:. Le romancíer de l'épopée moderno espagnole ne
pouvait pas s'abstenir de consacrer une de ses études au pelit
coin de sa patrie qui avait victorieusement tenu tete a l'envahisscur, et ou, au bruit des bombes fran9aises - qui d'ailleurs
n'éclataient pas- les premiers dé pu tés espagnols avaient forgé
la premiere constilution. Mais pour tenter cetlc résurrection
d'un passé tout proche, il fallait a Galdós quelques secoure.
Ou al!ait-il les trouver? On peut bien se douter que les archives
11e devaient pas etre souvent fouillées par un autcur si fécond,
pable d'écrire régulierement qualre Yolumes d' « Épisodes n
cbaque année, ~, dont tout le temps devait etre absorbé par la
~aclion et la composition, plus que par les recherches
tientes. C'est a des travaux de seconde main que Galdús
demande de préférence sa documentation historique. Nous
oudrions indiquer ceux qu'il a consultés pour écrire son
:Cádiz et examiner de quelle maniere il a utilisé l'muvre de ses
prédécesseurs.

Quelques annécs avant l'apparition de I' « épisode,, qui
nous intéresse, on avait publié presque en meme temps des
ltticles de journaux et un volume consacrés a Cadix de l'époue héro1que, c'est-a-dire a Cadix du siege et de la Constilotian. En r862, au moment ou la famille royale d'Espagne
lisitait l'Andalousie, la munícipalité de Cadix chargea Adolfo
Castro d'écrirc l'histoire de cette cité de 1810 a r812 •. Cet
ouvrage luxueusement relié devait etre offert aux augustes
1. Cddit en la auerra de la In/U pendencia. Cuadro histórico, 186~.

�34

BULLETIN UISPA.NIQUE

QUELQUES SOURCES DU CAD/7. DE GALDOS

visileurs. La meme année, dans le journal La América, Alcalá
Galiano commern;ait la publication de ses (&lt; Souvenirs 1&gt;, qu i,
plus tard, étaient réunis en un volume intitulé: Recuerdos de
un anciano 1 • Plusieurs de ces arlicles étaient des peinlures
de Cadix au temps de la guerre d'indépendance. lis avaient
pour litre : Cádiz en los primel'os años del siglo pl'esente,
Com,o se pasaba bien el tiempo en una ciudad sitiada. Un
peu plus tard, en 1870, le gouvernement espagnol s'avisant
enfin de combler une fftcbeuse !acune ordonnait la puhlication
d'un recueil olllciel contenant le compte rendu des séances
des Cortes. C'csl la célebre collection du Dial'io de Sesiones.
Il est inutile de dire que les discussions de I' Assemblée de
1810 sonl analysées dans ce recueil.
Il faut rappeler, enfin, que !'Historia del levantamiento,
guerra y revolución de Espa11a, du comte de Toreno, apparall en 1872 dans la Bibliotheque de Rivadeneyra. Elle
conlient de longs récils des événerri.en ts de Cadix, récits intéressants et bien informés, car le comte de Toreno eut l'honneur de siéger aux premiCres Cortes.
Ainsi Galdós avail a sa disposilion des ouvrages qu'il
pouvait consulter aisément pour la préparalion de son sixieme
épisode. Que leur a-1-il emprunté? Qu'y a-t-il dans son roman
d'original? Ce sont la les deux questions auxquelles nous
tacherons de répondre, apres avoir fait a.u préalable une
remarque importante. 11 est évident que pour bien des
passages de Cádiz, il est impossible, sinon fort malaisé, de
déterminer la detle de Galdós vis-a-vis de ses prédécesseurs .
L'almosphere géaérale de Cadix pendant le siege, la joie de
la foule, les enthousiasmes politiques d'un peuple qui se
déclare souvetain, l'allégresse bruyante éclalant a l'annonce
d'une victoirc remportée sur les arrnées napoléoniennes, tout
cela a élé répandu aussi bien par la lradilion orate que par les
récits écrits. Il est facile, m0me sans sepours étrangers, 8 un
artiste comme Galdós, doué d'une puissante imagination, de
faire revivre ces heures lléro1ques. Un détail lu ou recueilli

dans une conversation a pu ette une suggestion capable de
inettre en brnnle la prodigieuse faculté que possédait le
romancier de recréer le passé, de l'animer .
Aussi nous semble-t-il arnnturé de rechercher les sources
précises, si sources précises il y a, de eertaines peintures,
comme, par exemple, celles des salons de D' Maria ou de
la Comtesse. Les tertulias liLtéraires ou poliliqnes constituaient, en elfet, un des traits de Gadix assiégée aussi caractéri stique qu'universellement connu. De mcme que l'exislence
des clubs des Jacobins et des Cordcliers n'est ignorée d'aucun
Frarn;ais un peu cultivé, ainsi ces réunions a: gaditanes » oU se
retrouvaient députés et hommes de lettres sont bien connues
des Espagnols qui s'intéressenl l'histoire. Galdós avait dii
ccrtainemenl en entendre parler, peut-ctre mcme par des personnes qui avaient été re~ues chez la marquise de Pontejos ou
chez la femme de l'avocal D. M. Ayesa, ou chez D• Margarita
López de Morla de Virnes, ou cbez D• Francisca Larrea qui
avait épousé I' Allemand Bühl de Faber. Alcalá Galiano, dans
se s arLicles de La Arnél'ica, donnc de nornbrcux détails sur ces
réunions, lem,s caracteres rcspectifs et les personncs qui les
composaient Mais l'imitation de Galdós n'éclate pas, comme
pour d'autres passages que nous examioerons bienio!. ll faut
remarquer, en effel, que D• María et la Comtesse qui re,;,oivent
dans leurs salons, !'une les députés avancés, l'autre les partisans de l'absolulisme royal et du catholicisme exalté apparaissenl déja dans les Épisodes précéden ts.
Autre exemple. Tout le monde sait que les habitants de
Cadix montrerent une grande sérénité pendant le siCge; que,
ra rement, la vi lle fut plus animée et plus joyeuse. La fameuse
copla moqueuse composée sur les bombes de Soult est daos
to utes les mémoires. Galdós la savaiL par coour avant d'en
avoir Ju le tcxte dans l'arlicle d'Alcalá Galiano.
Il avait dü bien des fois cnlendre dirc que:

1. Recuerdos de w1 anciano, dans la(&lt; Biblioteca clásica», •878. Plus tard, en ,886,
le fils d'_\\ca\::i. Galiano publicra les .llemorias 1.k san pCre, en deux gros Yolm;nes.

a

Con las bombas que tiran
Los fanfarrones,

Se hacen las gaditanas
Tirabuzones.

35

�36

BULLETI"f HISPANIQUR

Nous pensons done que pour les traits les plus généraux de
la physionomie de Cadii pendan! le siege, Galdós a ulilisé
des souvenirs personnels, dont il serait diflicile de retrouver
la source exacte. 11 les a peut-etre vérifiés en relisant les
articles d"Alcalá Galiana, mais on ne pcut l'affirmer.
Examinons maintenant d'autres passages du Ccídi: et comparons-les a des récits de Castro ou du comte de Torcno
L'influence des prédéccsseurs de Galdós apparaltra ici plus
clairement et, en meme te1nps, on pourra rnesurer la dislance
qui sépare parfois la chronique du roman.
Castro, qu'intéressent surloul les faits el les événemenls,
décril cependant les principaux quartiers de Cadix, ainsi que les
édifices célebres. TI consacrc quelques lignes a la calle \ncha
ou s'agile une foule nombreuse d'oisifs qui commentent les
dernieres nouvelles de la guerrc et des Cortes•. Les mililaires,
aux costumcs variés, ont retenu surtout son attenlion. CalJós
a été intéressé par ce passage. Relisons les deux texles:
A.

DE CASTRO.

u Objeto de festivas alusiones
son entre sí y sus compatricios
los Yoluntarios distinguidos; estos se conocen por vía de mote
con el nombre de guacamayos por
ser rojo el uniforme de gala y
tener vueltas de terciopelo verde;
también se conocen por el de

obispos los artilleros gallegos;
lechuginos se llaman los de artillería de Puerta de Tierra por las
lechugas que se crían en sus
huertas, y peregiles los de infantería; cananeos los cazadores por
usar cananas, y pavos los de las
milicias urbanas por el color de

la ropa y vuellas. n

(Pp. 138-139.)

1 \. de Castro. ou,·. cité, p. 139.

PÉREZ GALDÓS.

« Llamábanse unos los guaca-

mayos, por haber elegido el color
de grana para su uniforme ...
Menos visto~o y deslumbrador

era el vestido de los dos batallones de ligeros á quienes llamaron cananeos, por usar cananas
en vez de cartucheras. Otros, por
haber aplicado profusamente á
sus personas el color verde, fueron designados con el nombre de
lechuginos, si bien hay quien
atribuye este apodo a la ci rcunstancia de pertenecer los tales
lechuginos á los barrios de Puerta
de Tierra y extramuros, donde se
crían lechugas. Con los mozos de
cuerda y trabajadores formósc
un regimiento de artillería; y

QUELQUES SOURCJ:S DU CADJZ DE GALDOS

como eligieran para decorarse el
morado, el rojo y el verde en
episcopal combinación, fueron

llamados los obispos ... otros que
militaron en la infantería y eran
modcstísimos en estatura y traje,
fueron designados con el mole de
peregiles; y a las personas graves
que habían formado una milicia
urbana y exornádose con un levitón negro· y cuello encarnado, sr
les tituló los pavos. 1)

(P. 164.)

On voit que Galdós a suivi son modele d'assez pres. II ne
s'rn écarte guere plus lorsq,u'il raconte les événements dont
nous allons parler maintenant.
Au début de janvier 1810, les Anglais offrent a la Junta de
Cadix de débarquer leurs équipages, afin de renforcer lagarnison de la cité déja menacée par les Fran~ais. Cette proposition est tres discutée et seule l'imminence du péril fait
accorder l'autorisation. Castro rapporte ainsi celle affaire :
« En medio del conflicto que á Cádiz se prepara, el marqués de
\Vellesley y varios generales ingleses solicitan que para salvar á esta

ciudad se permita el desembarco de tropas británicas y se les confíe
su guarnición )' defensa. La Junta de Gobierno oye c~n pre;ención
estas instancia¡f; teme por Cádiz; recuerda como los ingleses se apoderaron de Gibraltar... El general Ca!-itaños... ofrece a estos la
defensa de las fortificaciones de la Isla de León y del Castillo de

llatagorda , . "
Galdós imagine que dans un salon ou sont réunis les personnages principaux. de son rornan on s·entretient de cette

question d'actualité qui a été mise sur le tapis par lord Gray:
« Wellesley ha pedido permiso a la Junta para que desembarque la
marinería de nuestros buques y defienda algunos castillos.,

�,.
38

BULLÉTIN H!SPANIQUE

C'est l'occasion d'une vive discussion. Les &lt;lames respeetables accepteraient bien le secours des Anglais; mais Gabriel
Araeeli combat avee fougue J'avis de lord Gray: le peuple
britannique pourrait se pre11dre d'un amour trap exclusif
pour Cadix:
« Gibraltar casi nos está oyendo y lo puede decir. n

Ainsi le récit de Castro se transforme en une conversation
plus longue et fort animée, liée étroitement a l'aetion meme
du roman. On se rappelle, en ell'et, qu'Araeelí aura par la suite
de bonnes raisons pour détester lord Gray. 11 était done
habite d'avoir, des leur premiCre rencontre, mis aux prises ces
deux hommes.
Au début de mars 1810, une terrible tempete désole Cadix:
« El 6, 7 y 8 de marzo un horroroso temporal aflige á esta población. Desamárranse tres navíos y una fragata de guerra españoles y

van á dar en las costas del Puerto de Santa María y Puerto Real ...
Un navío de guerra portugués y un bergantín inglés de guerra igualmente y veinte buques mercantes son víctimas del furor del viento y

de las olas.• (Castro, p. 67.)
Galdós recueille ce souvenir. Il dit lui aussi que
« veinte buques mercantes y algunos navíos de guerra españoles é
ingleses estrelláronse aquel día contra la costa de Poniente. ,

QUELQUES SOVRCES DU CADJZ DE GALDOS

« Vive la Nalion ».
marche

« cuya letra si bien de ningún valor poético es al menos la expresión
sencilla de un amor patrio sin numen. »

Suit la strophe •.
Galdós raconte de la maniere suivante une partie de la
cérémonie:
« La procesión venía de la Iglesia Mayor donde se había dicho
solemne misa y cantado un Te Deum. El pueblo no cesaba de gritar;
¡ Viva la Nación! ... Y un coro entonó el himno muy laudable sin duda,
pero muy mal como poesía y música que decía ... :i 1)

S'il y a des ressemblances évidentes entre ces deux relations nous avons ha.te de rappeler les trois pages admirables,
pleines de mouvement, dans lesquelles Galdós décrit le départ
des habitants de Cadix pour !'lle de Léon, en ce jour glorieux
du 24 septembre. Rien de cela n'est dans Castro. C'est une
véritable ode en prose, composée de cinq strophes ou chante
l'enlhousiasme patriotique le plus ardent. Chacune s'acbeve
par ces mots entrainants: « 1A las Cortes! ¡Alas Cortes! » l.
Passons maintenant a un événement peu connu, rapporté
par Castro; a l'expédilion de Renovales, organisée a Cadix et
qui doit déharquer daos Je nor~ de l'Espagne afin de tourner
les Frarn;ais. Confrontons les deux récits:
A.

Mais cette description va etre agrandie et amplifiée, afin de
permettre a Lord Gray de s'exalter au spectacle de la nature
en courroux el de chanter un hymne a la Tempete, celle des
éléments et celle de son ame.
Le 24 septembre 1810, les Corles s'installerenl solennellement dans l'Ile de Léon. Castro décrit en quelques lignes cette
oérémonie, les salves d'artillerie, tirées par les canons des
bateaux et des forts; le scrment des dé pu tés, la procession
qui s'avance gravement de la Iglesia M:ayor vers le théatre ou
siégeront les Cortes; les acclamations de la foule, les cris de

39
11 rapporle aussi" que l'on exécuta une

tl

DE CASTRO.

No son

menos raros los

hechos que preceden á la expedición que de Cádiz se dirige á las
provincias del Septentrión, y á
cnyos preparativos con viva fe
ayudan los ingleses. El mando se
confió a D. Mariano Renovales,
oficial guerrillero, valiente hasta
A. de Castro, p. 77.
Cádiz, p. 80.
3. Voir Cú(ftz, pp. 77 8 79.
1.

2.

GALDÓS.

« Es el caso que D. Mariano
Renovales, aquel soldado atrevido
que tan heróicas hazañas realizó
en Zaragoza, fué destinado á mandar una expedición que debía
salir de Cádiz para desembarcar
en el Norte. Renovales era un
hombre mu y bravo; pero con esta

�4o

BULLBTl1" HISPAfflQUE

lo sumo, pero desdichado siempre, sin duda por su impruden-

cia. Publica en la Imprenta Real
y por orden del gobierno la proclama que él había escrito para
sublevar a los pue:blos, en cuyo
socorro ha de ir ... Denomina en
este documento oficial al rey
intruso José Botellas, y pone una
llamada para una nota, en que
aparece una figura malísimamente grabada y queriendo representará José Bonaparte, con una
botella de vino en la mano y me-

dio cayéndose por efeto de la
bebida. Sale en oto,1o la expedición y su fin es harto desgraciado.
Piérdese en los mares del Septentrión una fragata de guerra con

bravura salvaje ... ; valor desnudo
de conocimientos militares ... Había publicado el guerrillero una
proclama extravagant.ísima en
cuya cabeza se veía un grabado

representando á Pepe Botellas
cayéndose de borracho y con un
jarro de vino en la mano y el
estilo del tal documento correspondía {l Jo innoble y ridículo de

la estampa.
» No quiero contar los repe-

tidos desastres de la expedición.
Sufrimos tempestades, ... y parle
de las tropas desembarcadas en
Asturias cayeron en poder de los
franceses. n

QUELQUBS SOUB.CES DU CADJZ DE GALDOS

Mais cetle fois, l'originalité de Galdós est plus évidente: il ne
se contente pas de reproduire un portrait déja tracé par
Castro. II combine les traits les plus caractéristiques de divers
individus qui amuserenl Cadix par leur excentricité. II les
fond ensemble, et en tire le fameux D. Pedro. Galdós d'ailleurs nous renseigne exactement sur la fa,on dont il a composé
ce personnage. II nous apprend qu"il existait a Cadix un
homme aussi noble que ridicule - l'hisloire nous dit son
nom, c'est le marquis del Palacio - et qui s'était imaginé que
I"unique fa,on de corriger les mumrs de son temps consistait
a reprendre l'ancien costume espagnol. II prcchait d'exemple,
et portait le pourpoint, les chausses el la pelite cape. Mais iI
n"était pas le seul atteint de cette étrange folie. 11 avait des
parlisans convaincus, tels un marquis de Jérez, Jiménez Guazo,
el un Ecossais, lord Downie. Tous intéressent Galdós, mais,
dit-il:

los que la tripulan; el temporal
dispersa los demás buques; las
pocas tropas que desembarcan
son completamente batidas por
los franceses, y en medio de
aquel conflicto el extravagante
Renovales logra solamente salvar
la vida. &gt;&gt;

Si nous aviaos recopié tout le passage de Galdós, nous
aurions vu que le romancier a ajouté quelqucs réflexions sur
les dangers qu'il y a a confier des commandements a des
chefs ignorants, bien que tres courageux. II était assez vraisemblable qu' Araceli joignlt au récit d'une expédition a
laquelle il avait pris part un rapide commentaire. Remarquons
d'ailleurs que Galdós n'a ajouté aucun détail précis a ceux qui
sont daos Castro.
C'est encare a ce m~me historien que l'auteur de Cádiz va
emprunter tous les traits qui luí serviront a composer un des
personnages secondaires les plus curieux de son roman, celui
qu'il appelle D. Pedro, « para no ridiculizar un título ilustre».

&lt;t Por no aburrirá mis lectores presentándoles uno tras otro á estos
tipos tan característicos como extraños, he hecho con las personas lo
que hacen los partidos 1 es decir una fusión y 1ne he permitido
recoger las extravagancias de los tres y engalanar con tales atributos
á uno solo de ellos, al mas gracioso sin disputa, al más célebre de
todos,. ))

Voici comment Galdós nous présenle D. Pedro: • Vimos
aparecer a un hombre como de unos cincuenta años, flaco,
alto, desgarbado y tieso. Tenía como D. Quijote los bigotes
negros, largos y caldos. " Suil la description du costume
« á la antigua,, el d·un « tremendo chafarote» que D. Pedro
porte au colé, de celle épée « que fué la que llevó Francisco
Pizarra al Perú~ &gt;&gt;.
Les lraits de ce portrait se retrouvent dans le petit livre de
Castro; mais les uns appartiennent a Jiménez Guazo, les
aulres a lord Downie. Castro nous présente le premier de la
1. Cádit, p. 5o.
,. Cádiz, pp. 49-51.

�lllJLLlm IIIIPAIUQIJI

QDBLQUH

fa~n suiYante: « Su e•lrnapnteveslido, sus grandes bi
una gran espada, especie de mandoble, que siempre 11
ceñida ... le atraen l01 1arca1mo1 de la gente juvenil ... que
da el lítulo de nneYo Quijote•. • Lord Downie, lui, est .•
allo, 'I seco con bigote largo y caldo•· ll poaaecle l'ép4e
Pizarro, qui lui a élé donnée par la marquise de la Conqui
descendante du fameu capitaine •.
Comme non, le disions plus haut, don Pedro se figure q
l'amendement des mmurs est étroilement lié la reprise
oostumes d'autrefoia. Son ami, le journaliste Beña, approu
son opinion et l11 défend dans El Cone;.o. Galdós rep
duit un fragment de cet article. C'est préciaémenl le mé
pusage qui se trouve daua le livre de Castro, et qui avait
oomposé pour défendre les lhéoriea de lord Downie, á
penonnel de 'Bella a.

a

· Pour réaliser sa réforme, don Pedro constitue un corps
quatre cent■ cavaliers, tous désireux de lutter jusqu'a la m
poqr le roi et pour J'J:.:gliae. Tous, naturellement, sont vé
comme au temps de Philippe 11. Ce groupe s'appelle « la C
aada del obispado de Cádiz ». Ce nom est historique, en par
lout -au moins . Ouvrons le livre de Castro. Nous 'I Jisons
Jiménez Guazo avait formé a Séville un corps de troupe
s'appelle « la Cruzada•• et qui comprenait précisément qua
cenia hommea 4• Une fois a Cadix', Guazo entrelient en parfi
6&amp;at aa pqtite troupe
résolue. 11 prend part a pluaie
engagements et se donne oftlciellement le litre de , Coma
dante de la. Cnuada del obispado de Málaga n 5.
Oon Pedro, afio de ·raire aboulir ses idéea, va demander
la Rágence son appui. La scene baroque, que l'on peut li
daos Castro, est passée daos Cádit. Maia la prouesse du •
tesque marquis a beaucoup amusé Galdós qui l'a dóvelop
plus que ne l'avail fait l'hiatorien; ét iJ s'est complu a

trea

Cutro, OUY, cJt., pp. '9-lOO,
Culro, OUY, cil, p. ID'¡.
3. C~, pp. ,56-,S,, et Galdóo, pp. 53-56.
•. Culro, p. gS.
6. Culro, pp. 911-wJ.

:t,

souac:a

DD UD/~ DB GALDOS

4B

le comique. Le récit de Castro est l'esquisse

pu Galdós. Comparons les deux mor-

c,....no.
• ... Seis oficiales acompallaron
JDarqués [del Palacio].
;J:l día 3o, vienen a Cádii vestino de coraceros, pues ni una

coraza se ve, sino con jubon,
n y capa corta á la usanza
ligua. Uega el marqm!s con su
que liene lodo el aspecto
11118 comp.na de teatro. Entra
el salón de corte a liem po que
recibido por la regencia ; slenlo los seis o6ciales ;. . . Adelase al medio del salón, hace
a grao reverencia, oólase unoa
teoJos, desnuda y empuiiÍI la
da, 'I en altas y destempladas
lee unos desaliiiados ver' exhortando á· todos con el
plo ·de su. penona á seguir
costumbres antiguas, á desiar 1.. modernas 'I á contilidiando por la buena causa.
mp.iia sus voces con esgrila espada y tirar golpea al
a diestro y a siniestro. Lo
aí,dario del vestido, lo alto y
brudo del personaje 'I malo
loa versos causan riss á mu-

GALl&gt;Óa.

••• •« Ni él ni los demás llevaban
COl'IWIB,. .. Como divenión de

Carnestolendas, aquello podla
tolerarse ... Entró, pues, Congosto
seguido de cinco de los suyos.•.
.\travesó el salón de corte, y al
encarar con los de la Regencia,
hizo una profunda corteala ...
metió la mano en ql bolsil19 de
los greg(lescos y .con grar;i sor•
presa de los que le veíamos, sacó
unos anteojos de gruesa armadura que se caló sobre la mntilluda nariz ... Metió la otn mano
en el olro bobillo y sacó un
papel... Todos creímos que sería
un discurso¡ pero no, seliores,

eran unos venos ... Dió principio
a la lectura de una aarta de endeca1ilabos cojos, mancos y lltlado1,
tan rematadamente malos, como
obra que eru del IIIÍtmo penonaje que los leía ... Tengo presente
el sentido que se reducía a encomiar la necesidad de que lodo· el
mundo se vi•li~ra á la antigua,
único modo de resucitar el ya
muerto y enterndo heroismo de
' si bi~n se reprime. Retirase .los antiguos tiempos.
rqoés, recorre con su especie
Durante la lectura , babia aacuadrilla de máscar,s la pobla- cedo D. Pedro la eapada, y todas
n, hasta que a la hora de las frases fuertes las acompsiiaba
ecer lollla con ellas el ca- de lajos, Ol4ndobles y cuchilladas
o de la Isla de León •.. u
en el llire, volteando el arma por
(Culro, pp. 6tr70.)
ellCima de au c:ab.,,.., lo cual
remató el grotesco papel que
hacia •.•

�44

BIJLLSTIII 11W'.tJIIQUB

QVIILQUU

Después la gracioea p
recorrió las calles de Cádiz
grande alegría de todo el pu
que se regocijaba con tal mo
extraordinariamente..• •&gt;.

Nous venons d'enminer les pa88ages de Castro qui onl
imilés par Galdós. lis onl trail, on l'a vu, A des événemen
la plupart peu imporlants, .mais souvenl forl pilloresques.
livre de Castro est nne chronique forl minutieuse de la
" gadilane &gt; penda ni le siege. Mais elle laisse dans I' om
·raclivilé des premieres Corte~; elle ne rend pas .compte
séancea si agitées de I' Assemblée Consliluanle espagnole. Po
'lanl Gald6s nous fail assisler aux débals qui se livrent en
lea défenseurs de l'absolulisme el ceux des libertés nouvell
Deux fois il rassemble daos une tribune des Corles lea bé
de aon roman, et mille habilement l'intrigue de Cádiz
récil des discussions parlemenlaires. Ou s'est-il renseign
Pour la premiere séance, il suil de tres pres le comte
Toreno, bien que le romancier préfere le dialogue a la nar
tion hislorique. Analysons le lexle de Gald6s el comparona
a celui de Toreno. Les femmes qui sont avec Araceli d
une galerie s'entretiennent de l'inexpérience politique
dépulés, el des difficullés que, probablemenl, ils ne sauro
pas surmonter.
·• Aquí hablarán más los seglares, y •erá tal el barullo, que ve
moa escenas tan graciosas como la, ¡le un concejo de pueblo
tuero. Amiga, preparémonos á reir ...
- Será un disputar gracioslsimo, porque cada cual pedirá esto y
otro y lo de más allá.
- Con qne salga uno diciendo : « Yo quiero tal cosa • y
responda : • Puea no me da la gana • se animará esta desab ·

reunion.

- Veo con sorpnsa que el presidente no tiene látigo.
- Es que guardarán la■ formas, amiga mía.
- t En dónde han aprendido ellos á guardar formas?•
, . c.tdlz, pp. 11, 84, 85.

souacas

DU CÁDIZ D■ GJ.tooa

45

is, des que les débala son! el).gagés, les personnages de
os s'étonnent de l'habileté avec laquelle ils sont conduits:

eSabe

V', amiga mía, que este cleriguito no lo hace mal?
Muy bien, si lodos hablaran así, esto no sería malo.
Pues á mí me parece lodo lo que ha dicho muy puesto en razón.
sigue. Atendamos. • •

out le sujel de ce vivant dialogue, qui se divise en deux
ies, est daos les lignes suivanles du comle de Toreno:
[La'Regenciaj desestimaba á los diputados, consiaerándolos inexs y noveles en el manejo de los asuntos póblicos; y ningún
io le pareció más oportuno para lograr la mengua y desconceplo
aquellos, que mostrarlos descubiertamente á la faz de la nación,
reándose ya con la placentera idea de qae, a gu.úa d4 escolare,,
á entretener y enredar en/útües cuestio11u 7 ocw,as duputa&amp; •..
an cuerpo nuevo C0/11-0 el ,u las Cortes abandonado á si milmo,
,u reglamento y anteced4nte, qae le ilastrasen '1 1iroiesen d4
, era fácil el descarrío, ó á lo menos cierto atascamiento en
deliberaciones.• ... Maravillárome los expecladores, no contando
aún de lejos, con que los diputad-O,, en vista ,u su inexperiencia,
gasen tanta sen.,atez y conocimiento13. 1,

ar le moyen du dialogue qu'il conlinue a employer, Gald6s
le comple rendu minulieux des divers événements de la
ce: 11 parle d'abord de l'élection du président, puis de
lecture d'un document faissé par le Conseil de Régence. 11
·r a ce pmpos que, apres lecture faite, « los diputado•
an de decir que quedan enterados. • Toreno avail dil :
• Cortes... declararon quedar enteradas. ,, Gald6s cite
uite le premier discours de Muñoz Torrero: « que dice que
prudente adoptar una serie de proposiciones que tiene
rilas en un papelito » 4_ 11 reproduit ces propositions.
no les indique lui aussi, d'une Í8\'on plus complete, et
que Muñoz Torrero : "expuso lo conveniente que sería
). Cádiz, p. 87 .
•· Toreno, p. 287.
J. Toreno, p. 288.
• Galdós ajou&amp;e d'aiUeun que c·ea1 Lujin qui lit le documeo_t.

4

�46

47

BULLBTIN BISP.l.NIQUE

QUELQUES SOURCES DU CADJZ DE GA.LDOS

adoptar una serie de proposiciones ... de las que traía una
minuta extendida en forma de decreto su particular amigo,
D. Manuel Luján •. "
Argüelles intervinl au cours de cette séance : « empezó
a descollar, á manera de primer adalid"• écrit Toreno, sans
analyser son discours. Galdós nous le signale également, mai1
ne le connaissant pas, il se contente d'un commentaire aussi
élogieux que peu précis.
Reste a parler du dernier acte de la séauce: le serment dea
régents. Le récit de Galdós est ici encore conforme a celui de
Toreno. II en reproduit mame un détail, peu connu, rMalif a
Lardizabal. Galdós écrit :

juin de la meme année, jamais ces députés
n'ont pris la parole au cours de la meme réunion. ll snffit
pour sen assurer de consuller la collection du Diario de
Sesiones. García Herreros pronon~a son fameux discours le
·4 juin. Le 6, les a u tres orateurs prirent part. a la discussion.
Le comte de Toreno a fourni a Galdós les rcnseigncments
qui lui étaient nécessaires pour rappeler rintervenlion de
García Herreros. Dans la Historia del levantamiento, en eITet,
on retrouve les memes éloges que Galdós adresse a rorateur.
Torcno écrit :

• ¡Cómo! eTambién jura Lardizabal? Ese es el más fiero, el má1
orgulloso enemigo de la libertad, y andaba por ahí diciendo á todo
el mundo que él se guardarla las Cortes en el bolsillo'· »
Toreno indique les projets criminels que nourrissait Lardizabal contre l' Assemblée :
, Ya entonces se hablaba de planes y torcidos manejos, y de que
ciertos regentes si no todos, urdían una trama, resueltos á destruir las
Cortes, ó por lo menos á amoldarlas conforme á sus deseos. »

Suil une phrase de Lardizabal, aveu complel de ses menéesl,
Arrivons maintenant a l'autre ''séance des Cortes décrite
dans Cádiz. De meme que pour composer son D. Pedro, le
romancier a rassemblé des traits appartenanl a des amis du
marquis del Palacio, de meme, pour dépeindre cette réunion,
il a groupé des faits qui se sont passés au cours de plusieurs,
Galdós, en effel, dans la séance qu'il décrit, et daos laquelle
on discuta la légitimité des survivances féodales, reproduit un
passage du discours de García Herreros, et rappelle !'interven•
tion de Villanueva, d'Ostolaza et d' Argüelles. Or, pendan! Je,
longs débats sur cette question qui durerent du 3o mars 18r1

« Puede decirse que en la discusión se llevó la palma et Sr. García
Herreros, quien con elocución nerviosa, a la que daba fuerza lo severo
mismo y atezado del orador exclamaba ... ►J 1 1

et Galdós:
« La atención del Congreso estaba fija en el orador, uno de los más
1everos y elocuentes ... La palabra de García Herreros ... era enérgica

De plus, Toreno reproduit un fragment du discours de
Herreros, le meme précisément qu'on trouve dans Cádiz 3 •
Le comle de Toreno ne donne pour la suite des discussions
aucun détail précis. On pourrait done croire que Galdós nous
présenle les aulres députés au gré de sa fantaisie, el cela
d'aulant mieux que !'un d'eux, Ostolaza, joue un petil role
dans son roman: il fréquente la lertulia de la comtcsse. Parlan\
l' Assemblée, il pourra apercevoir la jeune Pre sen tacioncita
dans la galerie, et la dénoncer asa mere 4. Pourtant Galdós ne
s'écarte pas trop de l'histoire. U a du feuilleter le Diario de
Sesiones et dans le comple rendu de la séance du 6 juin, il a
pu voir qu'on rappelait les paroles violentes d'Ostolaza et
celles d'Argüellcs. Mais l'imitation n'est pas aussi évidente que
dans les exemples précédents.

a

Toreoo, ouv. cité, p. 357.
Cádiz, p. 181.
3. Cddiz, p. 181.
1.

r. Toreno, ouv. cité, p. ~88.
:1. Cádiz, p. 91.
3. Toreno, ouv. cité, p. :189.

2.

4. Cádiz, p. 199.

�48

BULLBTffl BlSPANIQUE

Ainsi, pour composer Cádiz, Galdós a utilisé principalemenl
l'ouvrage de Toreno el celui d' A. de Castro, chroniques véridiques, mais généralcmenl bien ternes, des événements qu i se
déroulerent dans Cadix assiégée. Ces texles, qui l ui serven! de
guide pour batir le cadre de son roman, il ne les accepte q ue
comme excitateurs de son imagination. 11 anitne leurs phrases
froides en en tiran! des dialogues pleins de vie . Un détail lui
suggcre un mer veilleux développement lyrique. D'un récil
incolore il íail un drame qui passionne. Ainsi s'expliquc le
pouvoir magique des ce Épisodes il oll la fiction se melc si
paríailement a l'hisloire que l'on ne sait plus « ce qui est vrai
el ce qui ne l'est pas n, . Ainsi se justifie le jugement d'un
critique contemporain sur Galdós qui, dit-i l, « a en le mérile,
ph.15 que ['historien, de révéler a l'Espagnc la connaissance
de ses gloires nationales &gt;&gt; :i.
J. SARllAILll.
1 el :i. Andrenio, Novelas y Novelistas.
P .-S. - Voir daos la Revista de LibroJ du mois de décembre 1 919, un fragmen l des
Mémoires de Pérez. Macias, publié par M. Rafael de Mesa. L'autcur des .1/émoires,
ancle do Pérez Galdós, racontc l'expédition organisée par son frCre D. Sebastian, p(lre
du romancier, conlre le!&gt; troupes de :'\apoléon. Ce qui, daos ce fragment, a lrai t a
Cadii: peodant la guerre d'indépendance, n'a pas fourni a Galdós do délail précis
llOUr !'Episodio que nous a,·ons ét.udié. Mais on doit. songer que D. Benito a dU sou•
vent enlcndrc conler par son pere l'histoire des Grenadiers des Canaries, el, comme
le dil M. R. de Mesa ((CS indudable que t.ales narraciones tenía.o que influir en la
mentalidad joYen de Galdós l:.

LE )IOllVEMENT INTELLECTUEL EN PORTl'lrAL

Academia das Sciencias de Lisboa , .
Les publications de l'Académie des Sciences de Lisbonne, ont

Lou-

jou rs tenu dans la vie iotellectuelle du Portugal une place lrCs importan te. Déja en 1816 Ferdinand Denis, auleur d'un précis d'histoire
litléraire qui reste le meilleur ounage de vulgarisation écril en
fra rn;ais par un lusophile, citait a\'ec éloge les lravaux d'Arag7io
\loralo sur le théá.tre, d' Alexandre Lobo sur Camües, les Mémoires de
liUéralure, les Afémoires économiques, les l\'otices pour l'hisloire el la
géographie d'oulre.mer: (( En lisan t cette importante colleclion, on
verra, clisait-il, qn'une nalion intéressanle. que l'on a crue trop
longlemps arretée dans ses progrCs, continue les plu s imporlanfs
travaux avec un zCle que le reste de J'Europe ne sait peut-elre poinl
suffisammenl apprécier. Cette aclivité que les Porlugais avaient
au treíois pour les découvertes, ils l'ont maintenanl pour les sciences,
et dans cette carriCre ils font encare des conquetes. 11 existe parmi
eux un foyer de lum ieres qui aura toujours la plus heureuse iníluence,
surtout dans ce qui a rapport aux sciences et a l'érudition i,, p. 499 .
L'Académie des Sciences de Lisbonne a connu lrois périodes d'aclivité intense, celle qui soit de prCs la fondation, celle qui co'incide
avec le romantisme, enfin celle qui vient de s'ouvrir. Le 3• fascicule
du c 2e volume de la colleclion intitulée Bolelim da Segunda classe
ram Cnc fort a propos l'attention sur ses débuts. Les documenls
rassemblés par ~1. Christovam Ayres nous font assister aux premieres
démarches des rondateurs. Tout le mérite de ceue cn'.•ation féconde
reyient, comme on le sait, au duc de Lafóes . De naissance illuslre
L

l.
11.
111.
IV.
V.

~lonumenlos de literatura dramatica po, luguesa, 1918• 19.
Jorge Ferreira de Vasconcclos. Comédia E1Jfrosina.
A) res Victoria A Vinganra de Agamenom.
Jerónimo Ribeiro . Auto do físico.
Auto das regateira, de Lüboa.
Antonio Feliciano de Caslillo. O médico ú for~a , Comedia ií anliga trasladada
libcrrimamcote da pro¡::a original a redoodilhas portuguezai:.

Roletim da Segunda classe. Aelas e pareceres, estudos, documentos e nolicia~.
\lolume Xll 1 Fasciculo n• 3, 1920,
2. 11 existe une société analogue do fondalion plus récen le, l'Académie des
Sciences de Portugal, présidée par M. Th. Braga. C'esl elle qui a pris l'initialhe de'I
manifeslations en íaveur des alliés doot nous parlioos daos un articlc consacn'
fl M. António Ferriío. Sur l'histoire de l'Académie des Sciencea de Lisbonne, consulter l'étude de M. Fidclioo de Figueiredo (Estados de lilteralura, 1' série).

�5o

OULLETlN HISPA~IQUE

puisqu'il se rattachait a la famille royale par un Mtard de D. Pedro II,
ayant re&lt;;u a Co'imbre une éducation lilt6raire et scientifique plus
soigné&gt;e que -celle des nobles de son lemps. initié pendant un exil de
vingt-sept ansa toules les formes de la civilisation européenne, grit.ce
a des séjours prolongés en Allernagne, en Autriche, en Angleterre,
ami et corrcspondant de Vollaire, il était gagné aux doctrines des
philosophes, a lel point qu'on verra ce grand seigneur recommander
ii. l'égard de la révolulion franQaise la plus stricte neutralité et
s'opposer meme 8 la campagne du Roussillon. Une expérience miHtaire acquise pendant la guerre de sept ans, quand il servait dana
l'armée aulrichienne 1 le prestige qui lui venait de mystérieux voyagea
en Turquie 1 en Egypte, en Asie, en Laponie, une haute culture qui le
mettait en rapport avec les savants étrangers, enfi.n les fonctions
administratives dont H fut investi, lui assuraient une autorité
indiscutable sur les contemporains. Son meilleur auxiliaire, dan•
cette entreprise qui heurtait les forces du passé, fut un pr6tre 1 l'ahbé
Correa da Serra, botaniste, revenant comme lui d'exil et comme lui
membre de la Société Royale de Londres. L'orientation de l'Académie
de Lisbonne· nous appara!t, des le début, comme tres difTérente de
celle de l'Académie franc;aise. Elle ne se préoccupe pas exclusivement, ·
comme les sociétés analogues qui l'ont précédée, !'Academia do,
Singulares ou l'Arcadia, de questions littéraires. Sans doute elle ne
se détache ni de la poésie ni de la langue. Elle aura, elle aussi, l'ambition de composer un dictionnaire. Mais son programrne esl celui
du xvul° siecle tout enlier. Plus ou moins ouvertement elle se réclame
de l'Encyclopédie. Comprenant
!'origine trnis sections, depuis
réduites a deux (sciences naturelles, sciences exactes, sciences morales
et beaux-arts) elle veut embrasser le savoir sous toutes ses formes,
•rassembler des collections, centraliser les instruments de lravail. Elle
dédaignait si peu l'application et la vulgarisation des connaissances
scientifiques qu'elle se chargea de répandre et d'imposer la vaccine,
Ce service ne lui ful retiré qu'a partir de 1835. Les documents publié1
par ~L Christovam Ayres ne sont pas tous d'égal intéret. On ne peut
guere tirer de la correspondance de Correa da Serra et du vicomte de
Barbacena avec Vandelli, professeur de Co'imbre, d'origine italienne,
directeur de la section des Sciences naturelles, que des renseignements
sur l'installation, matérielle de r Académie, les premiBres ressources
dont elle dispose, l'élection des membres titulaires, honoraires, surnuméraires. ll y a plus 3. retenir1 semble-t-il 1 du discours prononcé
le 4 juillet 1780, a la séance d'ouverture, par le P. Teodoro de
A]meida, figure originale de savant et de littérateur, moins connu
pour av~ir enseigné la physique a Bayonne et a Auch que pour avoir
compasé des romans édifianls qui lui valurent le surnom quelque
peu ironique de Fénelon portu~ais et dont le plus célebre, souveal

a

LE MOUVEMENT INTELLECTUBL HN PORTC!GAL

51

aduit d'ailleurs, est intitulé O Feliz independente. Dans ce discours
'apparat, il osait exprimer sans ménagement ses opinions d'exilé 1
attaquer la· tradition, tracer un programme utilitaire de réformes.
Les répliques vives ou sournoises qu'on lui opposa procedent d'un
~rtain patriotisme intolérant, capable d'admellre l'érudilion telle
,qu'on la pratiquait dans les monasteres, mais en reniant l'esprit du
siecle. Fidele au nom que Jui avaient donné ses fondateurs, l'Académie de Lisbonne ne séparera jamais l'aclivilé scientifique du mouvement littéraire.
'
Bien qu'elle ait publié des travaux imporlants de botanique (Flora
Cochinchinensis, Flora Jarmaceutica e alimentar portugueza 1 etc.),
qu'elle se soit intéressée au progrCs matériel 1 au perfectionnement des
arts et métiers (Memorias economicas para o adiantamento da Agricultura, das Artes e da Industria em Portugal), c'est principalement
dans le domainc historique qu'elle s'est assuré, au x1x.• siecle, une
p/ace prépondérante. Elle a voulu édifier avec le concours d'Herculano une ceuvre qui pUt rivaliser avec les Monumenta Germaniae. Elle
a repris a sa charge la colleotion de pieces diplomatiques que le
Yicomte de Santarem avait commencé de rassembler (Quadro elementar). La nature méme des sujets a éLudier lui imposait une
certaine prédilection pour la géographie (Collecciio de noticias para
a historia e geografia das na9óes ultramarinas, Annaes da marinha
porlugueza, Colleccao de monumentos inéditos para a historia das
conquistas dos Portuguezes em Africa, Asia e America). Les centenaires de la Découverle de l'Amérique (189,), de Ceuta et d'Albuquerquc (19 15-iñ) susciterent, dans cet ordre d'idées, une production
abondante. Mais la collection des Monumentos da literatura dramatica
portuguesa, inaugurée depuis deux ans, marque une orientation nouvelle et qui mérite d'etre signalée. ll est encore difficile de se procurer
les textes réputés classiques, malgré les e!Torls de M. Mendes dos
Remedios a Goimbre, de M. Luciano Cordeiro a Lisbonne, de la
Renascen9a portuguesa el de la librairie Chardron- Lelo a Porto.
Comme au temps de Ferdinand Denis, la rareté des livres s'oppose
l une large diffusion de la littérature porlugaise it l'étrangar. Les
cinq publications dont nous voudrions donner un aperc;u contribueront a combler ceLte !acune, bien qu'elles s'adressent moins a la
clientele des écoles gu·aux spécialistes.
La réimpression du texle de 1561 de la Cómédia Eufrosina par les
SOins de M. Aubrey F. G. Bell, auteur des Studies in Portuguese
Literature (Oxford, 1914) répond au va,u que formulait Menéndez
yPelayo dans les Orígenes de la novela (t. 111, p. ccxxx1) a propos de
ia traduction par Fernando de Bal1csteros de la piece justement
célebre de Jorge Ferreira de Vnsconcelos. Nous n'essayerons pas
6'attribuer a cette amvre toulfue et par endroits rastidieuse le mérite

�BULLETIN HISPAl'(IQUE

LE MOUVEMENT lNTELLECTUEL EN PORTUGAL

de l'originalité puisqu'elle dérive de la Celestine. l\lais il est possible
qu'on ne lui ail pas réservé sa vraie place dans l'histoire des littératures Elle devait laisser une longue postérité s'il est exact que le
donjuanesque Cariophilo annonce le protagonisle de Tan largo me
lo fiais. Sans doule le style en est obscur, eµcombré d'allusions
mylhologiquesl d'emprunts a l'anliquilé, a l'Italiel a l'Espagne. On a
déploré parfois que la plupart des personnagess'expriment, meme daos
le dialogue animé, au mayen de proverbes que l'aulcur juge tellement
connus qu'il se borne, le plus souvent, a citer les mols par lesquels
ils commencent. Mais il y a une rare pénélralion psychologique dans
la peinture des deux courtisans, l'un qui fail profossion de cynisme,
l'autre qui incarne 1'5.me élégiaque de la race. Nulle part les senliments qu'on s'habitue a grouper sous le vocable commode de saudade
n'ont été mieux définis. Ajoutons que la piece, si toutefois l'on peut
donner ce nom a une sorte de roman dialogué, renferme des indications extremement précieuses sur la socÍété contemporaine. On y Yoit
défiler toutes les classes, l'arist9cratie de conr, les nobles de province,
les magistrats, la bourgeoisie, le peuple; on y trouve un tablea u des
mceurs coloniales qui rappelle certaines 1eUres de Cam0es, enfin un
élément régional des plus colorés, une évocation dP. 1a vie des
étudiants de Coimbre et de leurs amours avec les moyas de cantara.
L'historien et le philologue auraient avantage
dépouiller cette
cornédie interminable qui, malgré l'affeclation du style et la banalité
de certaines prélentions moralisantes, nous apparait comme l'une des
ceuvres les plus significatives du xv1° siecle portugais, embrassant les
aspects essentiels de la vie nationale, témoignant d'une vaste érudition, d'une ricbe expérience psychologique et d'un sens du pittoresque
bien rarea cette époque. ll est regrettable que la leclure de I'Eujrosine, rn€:me avec le secours de la traduction castillane, qui n'est ni
compléte ni parfaitement exacte, olfre des difficultés redoulables
pour les étrangers.
Au contraire, la tragédie intitulée A Vinganfa de Agamenom (il faul
interpréter: comment l'ut vengée la mort d'Agamemnon) n'intéresse
que les curieux. C'est la tentative la plus ancienne de traduction ou
1
d adaptation d'une piece grecque en portugais. On peut conclure de
l'exUortation finale de l'auteur aux lecteurs qu'elle fut composéc en
1536. Or la Cléopdtre de Sá de Miranda, dont on ne connait qu'un
fragment, est de 155:.1, et la Castro, qui représente le meilleur tilre
de gloire d'António Ferreira, parut en 155¡. Des deux éditions menlionnées par les bibliophiles (la derniere remonte i, 1555). il ne
restait qu'un exemplaire unique, propriété du comte de Samod3es.
M. Francisco :\laria Eslf-wes Pereira l'a reproduit, en étudiant, dans
une iatroduction substantielle, les sources de ce premier monument
de la tragéJie _portugaise. Elle procede, d'apres Iui, non du {ex.te grec,

a

53

. mais d'une adaptation en prose caslillane de l'Eleclre de Sopbocle
par Hernan. Perez de Oliva (15,8). Etanl donné qu'on remarque dans
ces dcux transpositioas les mémes Jibertés prises avec l'original et
qu'on releve des mots espagnols daos les quintilhas de la piCce
portugaise, son argumentation parait décisive. De l'auteur, Anrrique
Ayres Victoria, on sait tout au plus ce qu'il a voulu nous dire luimémc, a savoir que sa tragédie fut composée a Porto. Le pathétiquc
de Sophocle, a travers celle imilation iJ. deux degrés, a subi une
transformation profonde. ll•ne reste plus rien de la couleur antique,
de l'éclat du style, des répliques brCves, du dialogue heurté, ele la
stichomJlhie de l'original. Les morceaux les plus brillanls ont été
résumés ou délayés daos une versification aisée, nuide 1 mais terne
et monotone. Les chceurs sont rcmplacés par un simple dialogue, les
récits abrégés. Anrriqoe Victoria, ou son modele castillan, supprime
ce qui faisait l'éconornie savanle des parties, la puissance dramalique
des contrastes, afln de se rapprocher d 1 un type conveno d'élégance
facile. Ces allérations répondent, évidemment, a un dessein arrClé.
Le traducteur, ou plutót les imitateurs 1 prétendaient concenlrer
l'action 1 dégager l'inléret en réduisant la part de l'&lt;~lément lyrique et
narratif. On y devine comme un pressentiment des besoins du théalre
moderne et de !'esprit de la comedia. La pifce renferme une signification pour qui veut étudier l'histoire de l'humanisme dans la pénin•
sule. Ce qu'on y retrouve, ce n'est poinl J'antiquité admirée pour
elle-mCme, avec une docilité aveugle. mais Jibrement interprétée au
nom d'une conceplion nationale du gollt.
L'Aulo do F{sico est l'ceuvre d'un poete relativement connu 1 Jerónimo Ribeiro, frere d'António Ribeiro Chiado. Devenue tres rare
puisqu'on n'en possede que trois exemplaires, elle avait paru néan•
moins dans un recueil imporlant, avec d'autres pieces de Camües et
d'António Prestes, en 1587. Son intérét vient, pour nous Fran9ais 1 de
ce qu'elle efileure un sujet que Moliere exploitera dans le Médecin
malgré lui, l'Amour médecin et le Malade imaginaire. Gil Vicente, le
premier, avait eu le mérite de meltre les physiciens sur la scCne, de
nous faire assister a une délibération qui réunit cinq d'entre eux 1
Jesquels n'arrivent a s'entendre ni sur les causes du mal, ni sur les
remedes a appliquer. Jérónimo Ribeiro apporte des élémenls nouveaux qui tombcront apres lui dans le domaine commun : déguisement de l'amoureux en malade pour s'introduire dans la maison du
médecin, déguisement du serviteur pour donner en l'absence de son
maitre une consultation burJesque. Les indicalions sur la rnédecine
contemporaine sont du reste tres sommaires. On relCverait a peine
une allusion aux Arabes qui partageaient 1 en matiere de science, la
faveur des Grecs. II n'entre point dans les intentions de l'auteur de
toucher au~ ridicules du métier lui-méqie, Sa piCce est une banale

�54

55

B(JLLETI"i HlSPANIQUE

J.E MOUVEM~NT INTELL'.ECTOEL EN PORTUGAL

comédie d'intrigue, ou le r6!e principal est tenu par la servante Inez,

naire (1878). 11 se proposait d'enricbir le patrimoine national en
prenant son bien a l'étranger 1 mais avec la prétention de ne jamais

Célestine di:! moindre envergure, qui exploite un noble, sous prétexte

de lui facilite l'acces aupres de la filie de son maitre. Celle-ci, trea
vraisemblable dans sa nai:velé enfant rieuse, parfaitement étrangere

a ce manege,

1

accepte, sans l'ombre d'une hésitation 1 le mari que son

pere lui propose, un étudiant frais émoulu de Salarnanque. Vraisemblable encorece type de pecheur qui intervient daos une sclme d'un
comique un peu gros qui annonce les plaisanteries de Moliere sur )es
apothicaires, ainsi que les matantes, aventuriers de la rue, bravaches
de profession, dignes ancetres desfadislas de Lisbonne. Le comique,
somme toute, réside moins dans les siluations et dans les caractéres

que dans les mots.
L' Auto das regateiras de Lisbod'. compasé a une date incertaine,
concerne l'histoire des mamrs encare plus que celle de la littérature.
Bien qu'il figure avec quelques variantes daos dcux manuscrits, !'un
de la fin du xvne siecle et l'autre du commencement du x1x-, il n'.avait
jamais été imprimé. L'auteur est inconnu, car on ne saurait prendre
au sérieux l'indication du sous.titre (um frade Layo) otl nous verrons

une simple plaisanterie a l'égard des moines du couvent dé Saint•
f:loi. M. Esteves Pereira suppose que la piece fut composée entre les
deux dates extremes de r 550 et de r 700. La grossiereté de certaines
plaisanteries ferait croire qu'elle n'a jamais pu etre représentée.

Son originalité, - qu'il ne faut pas du reste exagérer, - c'est d'an•
noncer la maniere des sainetes de Ramón de la Cruz et de faire
revivre le type cher a Gil Vicente (Barca do purgatorio, Romagem de
agravados) et toujours populaire de la regateira, ri~ale de nos poissardes. Au marché de la Ribeira, sur le bord du Tage, nous voyons
l'une d'entre elles aux prises avec sa servante. Des propos de
harengere, elles en viennent aux coups. La querelle se termine par un
arret d'une sévérité extravagante, hientot suivi de pardon général.
riu dialogue, généralement écrit en !angue verte, on peut extraire de
curieux détails sur la vie des classes pauvres. 11 n'est pas indifférent
de noter que ces revendeuses, probablement sous l'intluencc de la
domination espagnole et des chants d'église, émaillent leur conversa•
tion de provcrbes castillans et de latin macaronique. L'Au/o das
regateiras tient le milieu entre le théatre propremrnt dit et la lillérature de cordel.
Quant
la réimpression du Médico a forfa, elle souleve un probleme intéressant dºbistoire liLtéraire: Moliere n'était connu au
Portugal que par deux traductions en prose du capitaiae Manuel de
Sousa: Tartufe (1768), le lJourgeois genlilhomme (1769), lorsque \n•
tonio Feliciano de Castilho entreptit d'adapter successivement le
Médecin malgré lui ( 1869), le Tarlufe (1870), 1'Avare (1871), les.
Femmes savantes (1870), le Misanlhrope (18¡4) el le Maladc imagi-

a

céder au gout fran~ais. Le souci ele l'élégance et de la pureté du style
devait le conduire a en user fort librement avec ses modeles. 11
appliqua d'ailleurs ces milmes procédés de naliona/isalion /¡ d'autres
·wuvres 4ue le théatre de Moliere, notamment au Fausl de Gcethe, ce
qui fut l'occasion d'une retentissante polémique. On ne s'étonnera pas
qu'il ait été défendu par son propre fils, le vicomte Julio de Castilho.
Mais il trouva en la personne du dramaturge Mendes Leal, un
apologiste ardent qui devrait ériger sa méthode en systeme : « En quoi
consiste l'adaptation littéraire? Ce n'est pas une simple version et
c'est quelque cbose de plus qu'une imitation. C'est la transfusion de
la pensée dans ce qu'elle a de plus large et de plus complet; c'est en
somme une nationalisation, comme la définissait mon compatriote,

le grand poete Castilho. Pour tout exprimer et !out résumer sous une
forme plus concrete, la véritable adaptation, c'est une adoption ,.

n

En reproduisant la préface que ~!endes Le&amp;] avait composée pour le
Medico áfor9a, l'Académie des Sciences de Lisbonne ne prétend n\Jllement accepler la responsabilité de ses conclusions. Nous a.urions
mauvaise grAce, "d'a.utre part, a condamner avec la derni0~e intransi-

geance un procédé que Ducis appliquait a Shakespeare. A tout
prendre O Medico á for9a reste une reuvre curieuse et qui méritait les
honneurs d'une réimpression. D'abord les libertés prises avec le texte

y sont moins choquantes que dans les autres adaplalions du meme
auteur. Elle vaut par la qualité exceptionnelle du style. Le rythme
aisé de la redondilha était, de tous, celui qui pouvait le moins gener
le traducteur, une fois admise la singularité de transposer en vers
une comédie en prose•. En rerripla&lt;;ant par des noms réels (Januario,
D. J.uliana) les Géronte et les Lucinde de son prédécesseur, Castilho
donnait a sa piece un accenl de vérité locale et contemporaine. Le 1
décor se précise: on entrevoit, sous les pin0des, une maison blanche

avec le banc de pierre et !'indispensable treille. La peau de houc
a remplacé la bouteille de Sganarelle et les paysans s'expriment, daos
ce cadre rustique, en termes choisis qui sentent• le terroir et qui
amuseraient un dialectologue. Un élément nouveau de comique

inlervient: les proverbes. 11 en est de savoureux. Tout puriste qu'il
a introduire a roccasion un gallicisme
imposé par la mode (bon enfant). Mais dans sa recherche de l'expression pitloresque, il remonte jusqu'au xvn• et au XVI; siecle (pesar de
est, Castilho n'hésite pas

t. Cité par Santa Anna Nery daos un article de la Revue du Monde latin, 1883,
p. ~55. Le sujeta été repris par H. Fidelino de Figueiredo dans une étude qui épuise
la malibre As adaptm;ües do thmtro de MoliAre por Castilho. (Esludos de lilteralura,
i• série.)
2. De meme Filinto Elysio avail traduH. les Afarlyrs en vers.

�56

BULLETlN BISPAIUQUE

minha avó torta) et puise quelquefois aux sources régionales. II ajoute
un acte, modifie l'agencement des autres, force les intentions, attéoue
certaines crudités, et allonge le plus souvent par une continuelle para~
phrase. Une fois le genre admis, il est incontestable que le Medico
d Jorr;a représente un monumenl de la meilleure langue populaire et
familiere.
Comme on le voit, ces éditions ou réirnpressions n'offr.!nt pas le
méme intérét littéraire - il ne peut étre question de mettre en parallele l'Eufrosina et !"Auto das regateiras - mais toutes apportent des
matériaux utilisables pour l'histoire de la langue, des mamrs et du
théatre. Toutes répondent, en ce qui concerne 1'établissement du
texte, les études de sources et la mise au point des renseignements
biographiques 1 aux exigences de la critique moderne. Nous regrettons
seulement que les piCces du xv1~ et du xvue siecle ne soient point
accompagnées d'un commentaire. M. Aubrey F. G. Bell y a songé
puisqu'il a rassemblé dans son appendice non seulement les variantes
des éditions, la liste des noms mythologiques et historiques, mais les
63g proverbes qui ornent jusqu'3. rencombrer la comédie de Jorge
Ferreira de Vasconcellos. Ce travail est d'une inconlestable utilité.
;\lais il ne dispense pas a notre avis du commentaire philologique et
hislorique dont il est extremement difficile de se passer dCs qu'il s'agil
d'muvres anciennes. ll existe, dans ce genre, au Portugal, un livre
qui a fait époque: l"édition de Sá de Miranda. Auparavant Camiies,
par une faveur spéciale 1 a trouvé d'innombrables commentateurs.
Cerlains 1 comme Faria e Souza, valent mieux que leur réputalion.
Mais on ne possede pas encore sur Gil Vicente, malgré la conlribution
tres imporlanle de M. ~Iendes dos Remedios, de travail qui épuise la
maliCre. De ta vient que le créateur du thé.ltre portugais, dont la
biographie a été si souvent et si patiemment étudiée, n'a pas trouvé,
queje sache, de traducteur et que les étrangers ne lui rendent qu'im..
parfaitement justice. II nous semble qu'3. l'avenir les érudits devroot
prendre a tB.che, non seulement d'enrichir le patrimoine natiooal en
é-ditant des manuscrits et en repr◊duisant des livres rares, mais encore
- et nous nous plaQons au point de vue de la propagande - en fac¡.
lilant l'intelligence d'ceuvres classiques qui, pour etre pleinement
comprises, supposent la connaissance approfondie de l'évolution de_la
langue, des mrours, des genres littéraires et des relations internahonales. En attendant, Ja collection des Monumentos da literatura dra~
matica portuguesa fournit la base indispensable de textes solidement
rtablis.
G. LE GENTIL.

VARIETÉS

Cervantes et les fréres Tharaud.
Je crois vraimcnt bien faire en signalanL a l\1. James Fitzmaurice•
Kelly pour qu'il en fasse son pro.fil quand il publiera nouveau sa
Vie de Cervantes 1, un fait qu'il a completement amis de signaler
(comme du reste ses prédécesseurs, Navarrete par exemple) et qui
pourtant n"est pas a dédaigner: le séjour de Cervantes a Salé. Je ne
aais trop du reste si ceux qui l'ont découvert ont eu sous les yeux des
Üocuments nouveaux. L'ont-ils trouvé inscrit daos les cellules de la
medersa délabrée? L"onl-ils apptis en causant avec les lettrés de la
ville sainte? L'ont-ils !u dans quelque Ben Engeli encore inédit, Tout
est possible.
JI s'agit de MM. Jéróme et Jean 1'haraud, qui, dans Rabal ou les
heures marocaines ,, au chapitre intilulé « Un apres-midi
Salé»,
apr6s avoir évoqué le souvenir du pere d'André Cbénier, qui fut
oonsul de France en cette ville, continuent :

a

a

Dans ce dédale silencieux oll je vais a !'aventure, Cervantes, prisonnicr
des corsaires barbaresques, a erré lui aussi, portant dans son esprit les premiCrcs rheries de son extravagant chevalier. Au tournant de quel passage,
a.u sorlir de quelle voúte, daos quclle lumiCre ou dans quelle ombre a-t-il
Yu apparaitrc, monté sur un tout petit ii.ne et lespieds trainant a terre, ce
Sainte•Beuve, ce Renan 3, l'énorme Sancho Pani;a? Parmi les tombes de la
d.une, repose trés probablement l'homme dont il a été l'esclaYc; etje me
mande parfois, en regardant ces picrrcs cou,·ertes de licbens jaunes,
laquelle recouvre ce personnage qui a tenu asa merci la plus belle histoire

du monde~ ..•
Toute cette fin d'apres.midi, j'ai cherché le fondouk oU furent vendus
rvantCs et Robinson Crusoé. Mais bien que le temps ne soit pas loin oú
on trafiquait des esclaves, personne n'a pu ou n'a voulu me dire oU. se
• it la criée.
1. Miguel de Cervantes Saavedra, reseiía documentada ~ sa vida. O.1.ford, University
Press, 1917, g ptas.
2. Paris, !mile-Paul frCre11, 1918.
3. Faul•il soulígaer ce rapprochement, qui ne laisse pas d'(ltre original et inat•

loodu 1

•

�58

BULLETllf lltSPANIQUt

VARIÉTÉS

De ce fondouk, nous trouvons, un peu plus loin, une description
pittoresque et spirituelle. Je n'en retiendrai que ce qui est dit des
chameaux:
Accroupis sur leurs genoux, les cbameaux balanc;aienl, au bout de leun
cous inélégants, des tetes pensives et un peu vaines. ll ne leur manquait
que des lunettes pour ressembler a des maitres d'école surveillant avec
dédaín une troupe d'écoliers folAtres, une récréation d'animaux. On croyait
Jire dans leurs yeux le souvenir de tres lointains voyages, justement aux
pá.ys qu'on youdrait voir. Et cela, tout a coup, leur donnait le preslige que
paraissait réclamer le balancement de leurs tCles solennelles et la moue de
Jeurs grosses tevres perpétuellement agitées. Chameaux, vieux professeura
pensifs, chameaux pelés, chameaux errants, de vos courses poudreuses
qu'avez vous rapporté? Hélas I hélas ! vous ne répondez rien l Votre tete !le
détourne dédaigneusement de mes questions, et vos IeYTe8 contim.ient de
pétrir je ne sais quels discours inconnus. Scriez-vous par hasard stupides~
Vos longues randonnées au désert ne vous ont-elles ríen appris? Ah! que
de savants vous ressemblent I Combien de voyageurs du passé et des livres
qui, d'un pied lent, ont traversé l'histoire et n'ontjamais rien ramené d•

contréés parcourues 1•••

•

Dommage· qu'i1s se soient tus, tes chameaux 1 vieux professew-1
pensifs 1 car peut-Btre le savaient-ils, l'endroit oU l'immortel auteur
du Don Quicholle a gémi dans les geoles mauresques I Mais peut-elie
aussi d'autres professeurs, avec ou sans lunettes, eussent-ils pu le
dire I Que ne les a.\-on consulté,! car j'ai peur que l'reuvre des freres
Tharaud, si réellement réussie comme tableau, si riche d'un coloris
vigoureux et vrai, mosa'ique de déLails miroitants et précis 1 , d'imprea-,
sions pénétrantes et justes 2 , ne présente ici une grosse bévue. N'y
a-t-il pas eu confusion lout simplement enlre Salé et Alger, ou nous
savions qu'en effet Cervantes avait été captif cinq ans?
Pas plus d'ailleurs a Alger qu'a Salé l'auteur du Don Quichotte n'a
été vendu dans unfondouk; il n'a m~me jamais été vendu, avanl son
rachat. Navarrete et, apres lui, M. Fitzmaurice- Kelly nous expliquen!
fort bien comment il ful fait prisonnier en mer par un renégal albanail,
Dali Mami, dont il resta l'esclave jusqu'au jour ou, la suite d'une
tentativo d'evasion, il fut enfermédans le bagne du dey d' Alger, Hassan,
et enfin racbeté a ce dernier par un pere de la Merci, Fray Juan GiJI.

a

1, Je n'en relCverai qu·un,qui montre uoe io(ormation arLislique sér'ieuse: (( $oUI
les riches pavillons des ca"ids el des cheurfas, les scnlteurs allument de gn.odl
cierges de cire dans les hauts chandeliers qu'on fabrique 1i. Manchesler •.. i&gt; C'ed
tellement vrai que j'ai vu les memes partout en Écosse, et les touristés les achCteolt
au Maroc, comme des 1pécimons d'art araba!
2. Voyei la description de Chella.
3. Quant a Robiuson Cruaoé, s'il fut, d'apre, sa soi•dinnt autobiograpbiet
ero.mené capUC a Salé, il resLa, lui aussi, l'eaclave du cona.ire qui l'uait. pris. ll n'eui
done pas l puser par le Condouk..

59

. _11 serai~ ~out de mCme regrettable, alors, que ;elui qui nous parle
1e1, et. qui evoque av~c un _incon.testable lalent cette ville de mystefe
~~ ~e blan~heur, apres avo1r erre parmi les tombes du cimetihe avec
1 ide~ ~xe d Y 1:etrouver la tombe de l'homme qui eut entre les mains les
destmees de l'1mmortel écrivain, ait passé une fin d'aprCs-midi chercher le fondouk oll celui•ci fut vendu ... L'excitation Jittéraire a de
ces mécomptes I j.fais, en vérité, l'bistoire de la captivité de Cervantes
telle que nous la connaissions, n'est-elle pas assez émouvante? Et'
'?rlout, que M. P. Ricard, dans la,• édition de son guide du Maroc,
s1_ excellemmenl_ ~oni;u et documenté, ne se fasse pas le propagateur
d une telle fanta1s1e 1 saos l'avoir bien contrOlée !
, ~an~aisie~ ce u'.est peut-étre que cela: les auteurs ne faisaient ni de
1h1st?1.re m de l érudition ! Mais c?mme leur peinlure n'est pas une
f~nt~1~1e, nous, ge_n~ nai"fs, professeurs ou non, pourrions croire que,
la ou ds parlent d h1stoire, ils prétendent étre exacts encore.

a

G.

cmor.

�•

UNIVERSITÉS ET ENSEIGNEME

BIBLIOGRAPHIE
Programme dila CODooan d'agrigatloa et de cerllllcat
poar l'UIJl6a t92t.
Volci le programme des conconn pour l'• grésation d'eapa
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2 ( té,.;...,,~
d!'unas
--.- conatitue le programme du certillcat ·
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i" Quunoa : Le type du paysan el la peinlure de_la vie ms
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ICO

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A,,....,,. ~!,,.

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u, de Tolldo (éd. Said Armeolo, Blbl.
Tino de Mollna, CI/Jarra
•
3 con la apazlble aus
miento; cigarral primero, depllll p . " r1a' . ·•-rral cuarto d
8
borre su memo •, -e•
'
jusqu'a p. u• •:".i...1reaadeloorecllante11,jusqu'ap.341,1

p.338, «laauon J ,. __ fraglllellls oonl repl"9'iuill daos Com
doojurbdlcdoneu."""
-")
Tir,od, Jlolina. M. Cotan,io y llori, l. I", pp. •ir- •
. .
.
Le
conle
el
l'apologue
en
Espagne,
des
ongines
3• Q U81TI011 •
.
ftn du xYDI" aibcle.
D J
libo.;_ BlcondeLUURAJI", ch, V, VI, V.~• XXIV.
lle
. 1.;_
Bl ,obr,mua 1 alwio U CtJf1Wlllllle,:, •" par '
34 .,_. •• part.le conteo •t• 5 • • 59.
tea 1, 4, 12,,.l.L!.::!.' 1 I•
8·' 1• 11 , ,.1 L JU, 8; l. IV, 14; l.
Samanlego Fcw ..... , • ,
'1 VIII, e18·1. IX, del 16,
- ~ : : : , : ~ , 0•'1, pr:,¡oga.e, s, 6, 8, 11, 18, 31, 43, 58, 63, 66.

°: nmoneda,

:ad

Anteua supplé111entairea :

.

Ida 11, Sanlo Domingo dt, Sillll, éd. FIII-Genld, copl. t-86.

••Campounor,
r....ua

•iaf•

"'1lrelonldo, l. l .. '
La gloria de !U
Paqrr,iio, - • B1 tren expreoo,
tdaa, LGe Buenos 'I !lle Sobioe.
de Rojas, BI

Autear latln :
Tlte-lJ'8, L XXI, 6- ,6, Prile de Sa¡o11te.

ligaciones a~rca ~ arqaeologla y prehi$/oria de la ngi6n
lmantina, por el P. César Morán Bardón, Agustino, Salaanca, 19_19, 131 pages, XVII planches.
P. Morán nouo communiqúe, dan, ce pelit livre, lea résultata
recherches archéologiques qu'il pounuil depuia plu•ieurs années,
une ardeur infatigable, dana les provioces de Salamanque el de
ora. 11 n'eat pa1 possible ici de discnter de pres les hypolbeses
émel au aujel de - lrouvaillea ni d'énumérer el de aignaler en
·¡ ces lrouvailles elles-~mea, dolmeos el sépulturea, débria
itecturaux, fragmenta de céramique, armes, ustensiles, inscrip• monnaies d'époquea diveraea - d'autanl plus que le P. M. a
té l'ordre géograpb.ique, qui évidemmenl pnlaente de aérieux
tages, mais n'eal peul~lre pu le plus scientiftque el rioque de
. er parfois l'expoaé une appareoce de confuaioo. Je me conteni done d'indiquer, parmi lea nombreuaea dkouvertes du P. M.,
qui m'ont paru leo plus iotéreaaanlea. Elles se rapportenl natument aux lrois lypes de civilisation qui ae sonl succédé dans la
11: civilisation préhistorique - autanl que l'on peul parler d'ane
· tioo pnlhistorique el la considérer comme un loul compact, ·sation ibérique, civilisation romaine.
P. M. a rencontré un cerlain nombre de dolmeos, entre )esquela
1 noler celui que lea habitaols du paya appellenl la Oua del
, situé non loin de Ledeama (ch. 11), celui de Sobradillo (p. 70),
uide la Pellacaida(p. 94); pres de ce demierdolmeo a été lrouvée
!dote de la période néolithique (pp. 94·!}5); enfin, le sommel du
del Berrueco préeente une grande abondance de fragmenta
'ques du type de Ciempozuelos (p. 123).
ni a l'art ibérique que se rattache un chapileau trouvé par
Y. lt Sanlibáñy del Rio (p. 35), de méme que la tele fémioine de ·
de Armuña; celle..:i, qui o'esl pu aans analogies avec quelatalues da Cerro de loo Santos, et laquelle il raut peut-&amp;re
er une 1igniftcalion funéraire, est rapprochée par le P. l(. de
conservée au Musée Provincial de Salamanque (pp. 48-So). Le
. a constaté la disparilion- du fameu1 loro de Ledeama et du
de Coalienaa (pp. 57-58). Par co~pensalioo il a découvert

a

a

·~. . .

.

�. . . . .j"li:ijjg: tíf/llil
,~:;,.•;,ce
d m6me tJp8 l Beí1ocial ü l &gt; ~ (11¡¡.
~_r,¡¡~~ e t sur teebemiB.qui va&amp;El 1'ejado

ua-da\l"r•.v,-,

del hrlaeco (pi:

1,rt
•e~•,,.. .,.• ,

111
)•

de °"8miqu.e e&amp; a11 I01lllllel da

!':.~~(p
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•

i1ombreax l -Loe ·,.,..._

BtnlHco{p, •~).
tri del l'IIÍllel rolllainee,
·uD peu _..,.nt
le P.M. a reacoa
il .....,..
..,..- ' d La Atalaya 'Tejaree, ou
•ur....-8
Aldea-Alhama, P'M
la r. taina' qui porte aajourd"hui le
,emt dea baiDa pril de
OD Chtillo de Santa-Cruz, qa'il
,-ate de la Salud (ch: In}, au
)· u l'f. d'HineJoea de
Cj)lllme 1'.,ntlqae Seotica (pp. 40-4•. • a
de profa
de San-Pedro, le P. M. 11gaale une ~ .
...~éraire1 romainee avec ou ~ns inacrip8üon ; i l ) ~
,,__
~ ibélo-romame (pp. 1 aqq. ·
a'ldt la une -v..-e
.
l'une dana un dupo61odo l I'
all0aflldaux-1qaee
-~plmNV),
11W de Zuatb (p. 1• e, . ' l'autle l Caatalleda de 11

~

·e· NW ~ l'Etpagae ne Nlllble,pu ~
Blm qae catte partí
•Andalcullie et la
de we uchéolotrkl0 • que 1
·e11e ne
D r-.
l'imporlance de ces trou...W., qa
ll1ircM, oa 1111t, par .
traire 11a111etueu111111ent, le
tlle com Wilemeat négliaée, au con
· .
· élait l
' ; dit lui-mkne, n'a pn étudier que ce qui
il nou1
hable • dee fouillee ••ur quelquee pointe
• terre; _u ut ~
resultata 118111 valeur. En toat
dlollil ne doDJ181'1JeDl pu 11 •
• aera otile eu ucWo
faut nmercier le p • M., de IOD livre, qm
,.¿.,¡- CM SalaJlldl
·
· a'intáreaae11I l l"hialolre de le •..,...,..
iltl lOUI ceuqm
-'-•'ter de le voir pounuivre-invea

(pp. h-64).

....i.,

4':t

el 1•on ne peut que 10wa1

.

R.

lledilla A-hra 'Y A/amiriya. par D. Ricardo Y6lúqnel
lladrld, 1912.

..u.,. l'empire .muaulman
d'Eapepe, De
A. la lln da 1x• ._,
•
....__.....__
.
•· .
commence cüjl • ae -•ve••
.
p,,mi4re ...,raJIOn,
La coh'81on n'en pu p
~u161 1e forment de loate
dialOlution menace toujOlj
..rtu anhe, ou~re. Une
• .aent
~tés ~ométanes, au _momeut méme oD elles perau
1-plu de pranti• de aolidilé,
lea ·ooea oméladee
D. l'aurore du .,. Mclt cei&gt;&amp;l'.dut,
Pfl Bahmane En
l l!lllblir l'unilé. L'un d en1, Ahd_ Er •
lee
_,
, mi une llituation
11 •-nle que
'·1ouJUI), la1aae • ..
,,__,___ 11 ,_,¡tale,
"' ..,,....
_..,,.,, .-pecté.., 'que ,,._...,...,,
-r·
. . . . IIOlll . . . - •
5
-~-ü-, 3oo
babitents, 11S.ooo mauom, "·000 .....v-i&amp;oo.-.
..._,_. de -1lrellll paleil,
.
. . de_,
. eto,, "' 811 IIDI
~ de l'Occlden•.

i-r;;_llle

iltMñ (tlr..,.,, 1118 d°AM lf B•bNne, 11'1111 pu

mobll
Si dómlaalfon l'-■d • • 111 4ell dt,t !ben, ~t le
~ au ·~ t dea htlrlllilee de Twlla. Si
ft,6,JOol). fila 4'11 Babm, ed d ' ~ tn,p • • • pota lrllp
~ fOIIYeníer, la . . . . . . ..,. par un lnlílülle autofl.
et pnlNant, Dnl Abou Alner El MUIIOUr, •wc lequel l'empire
•111111 d ' ~ .. IOlllient.
'
Nl done tout un • ~ de pN,epérité qui • e aur la pénln1ale.
traduit DIIUNilelnent par 4'ldminblea lr&amp;Y&amp;D:r•.Alnal, d.- g56,
Er Raluuane !lit COllllllellcer, l quelque dlatance de Cordou6, la
ctlou d'un palal,, lledi114 AU'ahra, qui se poursult pendant
q ana, et qni 1e complile encere ayee El Halem. C'est 1A que
-.fa lop son harem (6.3oo femmea avec lea aer-,antea), 11
(S,?5o pages), aes troupes (12.000 hom-), IOnadminiaintiora.
aqu~, dea fonlafnea, dea halns, de1 ontotrea, etc., s'aJoutent
11. Une vllle enlln, peupl6e de 3o.ooo !mee, 1''1eve au Yoillf..
rnr lea deml6rea pentea de la monlipe, le palala appara1t
ceux qui le Ylllite11t, prlncee, ambaesadeura, ,oyageun, p61eC0111me~1a. comme le plua famenx aéjoor du tem¡s : la
14 dea construtllona, la aplendeur du décor, le beauté des
ta aédnlt tout le montle.
1•it1tar 4ea Mllln, le hrlllant mlnlstre El llauoar ~ve égalem911t,
IIOD UNge penonneI et cela! de IOD atoarap, nalment IO:,'al,
a, llouniat 111 Alamiriya «lea d611ce, d'Amer • qui ne le cAde
IUll babllallona lmpérialea pat le cbolx de IIOII alta, le donde aa tempénture, l'abondance de aea eau:r, la ptolbalon de .
11111111'8, la IOIDptuolilé de 10D archftecture, le charme de IOD
lalioD.
eurea.ement, cea mouuments dwireat pea. Lea berbhea de
lel lllmlll l Ne (1010) et il n'en l'Nta lon,iempa que dea
· tion1 flllllboulDialea. A l'aurore do prNent eilJC!e, on n'avait
Jl8I de doanée, certahtee sur leur emplacemant exact .
- . ffY0118 l une ~ ou lea plus pullounanta problhme,
ndable nenlr nona Nllldent paut-6tre plus curiem da capti•
. El depllil llD aiWe, l'humanilé ,xbume de aon sol ou de
lftll une clocwnealatioa qnl enricblt, complke, e:rpllq11e,
dana le d'une plw •ldcte Yérlté, ce ti"- ªººª l&amp;YODI d ..
Ílona ~ - Daa, ce concert de recberchee, l'E1p1gae joue
• Elle 1111 la len'e ou, U y a plu de mlHe ana, l'Orlent et
t .. ~ t . D en réeulta un rnariage qui, comme le
dee uniona, connut du altemativ• de bonhenr e&amp; de malhenr,
118 1ai1ta pa qae d'Atre fbad. Du lol chmd et géomux de
fertilW per le berMre aident, l'anbe YOluptaeu:r, mQaDa IIDe
e&amp; llpleadllle • • ~ . dont la grande mo,qu41e de Cordou,

1..,.

�..

·--.uacin

l'AJhembra d,e Grenade comptenl parmi les plus beanx fraita, si
ne conaidbre que le poinl de -.ue arlialique.
1laia par quelles pbasea ces íruita d'un arl en complete ma
élaieot-ila P,IUÓB? Qoele íurenl aurtoul lea débuta d'une époque
ae &amp;ermina
la brillanle formule d'arl hi•~no-mauresque?.
Voici que d'imporllnles fouilles, méthod1quement condu1les
D. Ricudo Veláequez Boaco, inspecleur général des monume~ta
toriqoee d'Eapagne, archilecle de la calhédrale de Cordou~, ~•en
noua rensei¡ner. Nona devona !'en féliciler h~ule?'enl at_ns, _qu
• Junta para ampliación de estudios y investigac1ones c1enl'.6.
qui a puhlié le travail de l'auleur daos · un tres bel ouvrage tire
papier de iuxe, avec de beaux caracteres typographiques et une
dance inaccoulumée de planches el de deaeins. Nous nous excu
en méme lemps d'arriver si 18rd pour un compte re?du. Si 1~ P .
cation est de 1912, elle n'a rien perdu de son aclualité. Elle _cela,
non aeulemenl le probleme de l'art musulman d'Espagne, ma11 en
celui du Maroc,qui a'ouvre aeulement auxétudes scienliftqu~• soi
Voici la série des faits qui nona intéressenl 1~ plus dana ce hyre :
Au r siecle, la constroction oméiade esl parl'aile. Les murs onl
, metre
m. 5o d"épaisseur et íormenl ainsi un écran i
éprenve conlre les nrialiona de température; appareillés avec
pierrea 18illées suivanl des modos tres dive~, ils son_l d'une tres g
solidilé. Le piaé n'apparall qu'a la fin do 11ecle, mats concu~rem
avec.la pierre de 18ille. Les architecles d"alon sont lea conlmua •
des conalrucleura romeins el byzanlins. Leurs émules aeront ulté
remen! moina scropuleu1.
Aotanl qu'on peul en juger, la batisse ae développe suivant
longnes ailes formées par lrois ou quatre mura parall•!•• reco
par des paroia transversales qui divisen! la surface constru1te en 1
plul61 longa que largea. La formule se relrouve intégralemenl
Maroc, ainon daos les babitalions privées qui a'édi6ent autour
patio, do moins daos les batiments impériaux qui se distri
aotour des grandes cours ou vaslesjardios, tela qu'on lss voil
¡ Fea, Melmes el Marrakech. Qnant a l'étroilease des salles, elle
dictée par la longnenr des poutres qui est elle-méme limi~ . ,
degré de réaistance a l' elforl, aasex faible, et le mod~ tres prum
transport qui ne permet guere le déplacemenl de bots longa de
de 4 metros. L'inlroduclion dans le nord de l"Afriqne de chem·
fer, pois d• bois européens, lres réliatants, el su~ul ,de Cera_a T
i la veille de faire subir des changements séneu1 a des p
-tél ju,qu'ici séculairea.
La décoration du ,.. siecle, pour élre carsclériatiqne, n'eal
encore nellemenl mD11olmane. Empreinle d'inlluences ro •
byzanlinea, -.isigolhea, elle ne íail -que merqner un _ache •

par

a,

66
l'arabaqoe. Lea rinceaox, lea enroolements, lea palmettea t
NIIX lambeaux, lea feuilles tres découpées trahiuenl tonjours
n origines. Dans ces formea si variées, la feuílle d'~nthe foumit
U.eme eaaenllol. n eat curienx d'en voir les méllmorphosea initiales
1 la térie fonmira l'élrange el ai peo réaliste íeuille hispano-mane. Le chapileso anliqoe est soumis a de■ lranaformalions de
nalure. Sor son épannelage non modelé, racanlhe ae traite
la maniere la plus inatlendue : elle ne s'y relroove qu'avec aes
tours el aes nervnres dessinés comme un lacis régulierement
du el maillé. C'est la peut~tre que commence a s'afflrmer a-.ec le
s de fermelé el d'assurance le véritable senlimenl arabesca! de l'arl
mique.
La polygonie n 'eiisle pas encare. Lex•siecle esl encore trop pres du ·
lratum antique. Ce ne sera pas pour longtemps. L'omement
mélrique exiale cependallt, mais les grecques, les zvaslikas, I••
posilions réticulées sonl loin de laisaer enlrevoir les formes polygoes "cristallisées » qui prendronl peo a peo une considérable place
s le décor maureaque.
L'épigraphie apparall. Elle se développe, anguleuse, daos des friaea
gues, mais étroiles. Austero, elle s'adorne /¡ peine, au sommel de
grandes ·1ettres et daos aes vides, de fteurons en germe. Rien ne
se sou~nner le développemenl scriptural ultérieur.
Pour tout, en somme, on eneal au point de départ. C'esl pour celle
o que lea fooilles de Medina Azzahrs el d' Alamiriya sont 1i
reasanles.
L'élude des lechniques présenle le méme allrail. Nous avons déji
alé les remarques suggérées par la conslruclion proprement dite.
pierre et le marbre sculptéa "OOnl plus en faveur que le aloe: on
e el apprécie encore l'elforl. La pierre sculptée s'incruste sonYenl
frsgmenta de terre coite blanche ou rouge : nous ,·oici done i
'gine de la marquelerie, vulgairement désignéa sous· le nom de
!que. Mais la mosaiqne de íaience vernissée, actoellement si en
ur au Maroc, n'apparallra pas avant le xut' siecle.
n connalt alissi les ¡&gt;Ates qui remplissenl parfois les vides creuaéa
1 la pierre &lt;iu le marbre. Ailleura, on peinl ces vides de couleun
• . Ces deo, procédéa se son! transmia juoqu'a nos jours daos
céramiques et les slucs.
s fouillea onl mis a découverl de grandes quantiléa de tessons de
coite el émaillée. Cordoue fabriquail pour aes btsoina. Ses ou vriers
furent pas tous d'une égale habileté, mais elle connot de bons
ns, qui pratiquerenl la peintnre sur émail stanniAre, la peinlore
rves el la peinture i refteta mélalliques. Le répertoire ornemental
-celui du califal, analysé plus haul. 0n s'inspira ausai de produita
rs :-learéminiscences grecqoes sonl assezcourantes. Leapointa

·

�66

BULJ.BTIN' BISPAlUQUB

BIBLIOGRAPHIE

de contact avec les poteries et falences de Tlomcen (Un atelier de pouries el de faiences du X' siecle, A. Bel, 1914) et celles de la Kalaa des
Beni Hammad (Les poleries el faiences de la J(a/aa des Beni Hammad
du xr siecle, G. Marqais, 1913) sont nombreux. Comme le suggere
M. -Velásquez Bosco, il serait intéressant de serrer la oomparaison de
plus pres en conírontant non seulement les trois études qui se rappor•
tenl au sujel, mais encore les fragments recueillis. D'ailleurs, a notro
avis, la comparaison devrait s'étendre aux documents anciens qu'on
trouvera si.irement a Fes. L'actuel quartier des potiers de la capítale
marocaine est établi sur des couches centenaires de vieux tessons.
Le marabout ele Sidi Mimoun, patron des céramistes fasis, esl
aujourd'hui cornpletement enterré dans les débris. l] y a tout lieu de
supposer qu'en effectuant des saignées profondes dans ces détritus,
on a toutes les chances de découvrir des documents qui permetlront
d'étudier et d'étendre le probleme des origines de la cérarnique dan,
le nord de l'Afrique et l'Espagne.
Le Maroc s'ouvre maintenant
la civilisation. U présente trop
d'attrait pour ne pas susciter, en peu de temps, des études dans le
gen re de celle de M. Velásquez Bosco, qui a déja pour émules sur
point, en Algérie, MM. G. ~larQais et A. Bel. II faut espérer que. pour
6tre le dernier connu, il ne sera pas le moins captivant.

Charles Bratli sur Philippe 11. L'a,·gumentation repose sur des textes.
Elle se trouve tellement éloignée de toute déclamation, l'auteur expose
ses idées avec une simplicité si convaincante par elle-rnCme, qu'il est
difficile de ne pas admettre, au moins, que sa fa&lt;;on de voir mérite
considération. Au surplus, il ne nie rien, bien entendu; il ne disculpe
mCme pas, si ce n'est en tant qu'il montre D. Fernando se pl'etant Ja
politique de son .souverain, qui était de rejeter sur luí, gouverneur,
tout l'odieux des répressions et des cxécutions. La statue qu'il se fit
élever a Anvers aurait été peut-Ctre, plutót qu'une satisfaction a sa
vanité, un subterfuge de son abnégation. Elle désignait aux Flamands, comme cause premiere de leur oppression, la. vo]onté du duc
d' Albe, et non celle de Philippe 11, cette « volonté a la fois bésitante et
méticuleuse 1 bien plus responsable, apres tout, des fautes commises
que ceux qu'elle faisait agir et qui en porterent a tort le poids ni.
G'est une explication; elle en vaut bien une autre, et elle n'est pas
en l'air. En tout cas, si telle fut l'intention hérolque de D. Fernando,
on peut dire qu'il a été pris au mol. JI n'est pas jusqu'a l'exécution
de Montigny, bien qu'elle ait eu lieu en Espagne, donl Bratli ne
fasse peser la responsabilité ,, surtout sur le duc d'Albe "·
Mais quelle que soit l'opinion définitive du lecteur, son jugement
moral, il lui restera au moins une connaissance plus détaillée, une
vision plus nette de l'époque, du milieu, de la personnalité du grand
duc d'Albe. Son descendant nous parle en historien, et, ajouterai-je,
avec la simplicité qui convient a l'érudit 2 • Comment ne pas lui Ctre
reconnaissant de tant de données qui font revivre non pas seulement
un grand personnage du xv1" siecle, mais le xv1" siecle lui-méme.
Trois beaux portraits du duc, dont celui qui est l'ceuvre du Titien,
les médailles a son effigie, dont une reproduit la slatue d' Anvers, un
plan de Lisbonne assiégée (1580), etc., forment l'illustration de ce
travail, qu'accompagnent une série de documents et deux séries
de uotes.
Dans sa réponse, le marquis de Lema- a rappelé les publications
auxquelles la derniere duchesse d' Alhe, mere du récipicndaire, a
consacré ses efforts et allaché son nom, Documentos escogidos del
Archivo de la Casa de Alba (1891), Aulóg,-afos de Cri.,tóbal Colón y
Papeles de América (1891), et aussi celles qu'a données le nouvel
académicien, Correspondencia de Gutierre Gómez de Fuensalida; Catálogo de la colección de pinturas del Palacio de Liria; Noticias históricas y genealógicas de los Estados de .lfontijo y Teba. Le discours

a

ce

PROSPER

RICARD,

Inspecteur des arls indigénes, Fes.

Contribución al estudio de la porsona del III duque de Alba.
Discursos leídos ante la R. Academia de la Historia en la
recepción pública del Excmo Sr. Duque de Berwick y de

Alba el día 18 de Mayo de 1919. Madrid, impr. de lllass
y Cía.
La reconnaissance franqaise a l'égard du duc de Berwick y de Alba
suffi.rait a nous dicter, a l'occasion de son entrée a l'Académie de
l'Histoire, des paroles de félicitation respectueuse. Mais son discou rs
de réception, a l'originalité d'ttre une étude sur le grand duc d' Albe
par uµ de ses descendants, héritier de son titre, joint cella d'étre
extrémernent riche en détails de toutes sortes et non pas, comme on
eíit pu s'y attendre, une apologie plus ou moins éloquente du fameux
gouverneur des Flandres . Nous lui devons done un compte rendo
daos notre hibliographie, et non pas seulement une mention danB
notre chronique..
Que cette étude soil tendancieuse, qui s'en étonnerait? Évidemment,
c'est une défense. Mais ce n'est pas une défense d'avocat; c'est une th~se
d'érudit, et beaucoup plus convaincante,
mon sens, que celle de

a

a

1,

2•

Morel-Fatio, La vie de D. Lu.i3 de Requesens y Zúñiga (Bull. hisp., 1 904, p. 113).
U o'est pas jusqu'au style qui ne présent.e une simplicité non dénuée d'élé-

gaoce Jue peut..etre en partie a l'absence de lout que, relat.if ou conjonction, en
dehor; des citations transcritas ou résumóes: il ~• a cu des íantaisies moins sérieuses

daos la lillératurc espagnole.

�68

69

BULLETIN BISPAl'UQUE

BIBLIOGRAPHIE

meme dont vient d'etre donnée lecture est heureusement caracté,.
risé 1 et les conclusions en sont appuyées par une réflexion ~ssez
j udicieuse :

vaincue la valeur du détail, la technique, Je cachet artistique. Auss
le Iecte~r suit-il avec confiance ce guide plein de bonne foi honnéte.
D'autre part, point de phraséologie, point de dithyrambe, point de
formules admiratives. C'est sirnplement déduit, sobre, impersonnel,
clair 1 divisé souvent comme un ex posé didaclique, et jarnais ennuyeux.
11 es t difficile de mieux faire comprendre par exemple les mérites et
tes tendances des romans sur la guerre carlisle de Yalle-Inclán, ou
de Paz en guerra d'Unarnuno, ou des deux nouvelles de la comtesse
Pardo Bazán auxquelles s'atlache Andrenio, La Quimera el La Sirena
negra. En ce quj concerne P~rez Galdós, il sernble que lejugement
esl moins condensé; il s'émielte en eITel forcémenl sur chaque reuvre,
et l'on convoit ici les t.i.tonnements de l'expert a qui incombe la 13.che
de taxer une ga1erie aussi di verse, aussi nombreuse, aussi ricbe. Mais
que d'observations fines et justes, moulées pour ain,si _dire .sur la
plastique mCme du grand romanci.er ! On po~rra ecnre d a~tres
études sur Iui, mais on ne pourra fatre abstractton des pages reellement aiO'uCs el pénétrantes que lui a consacrées Andrenio.
Faire analyse succincte d'un roman, la développer au bcsoin, présentcr les personnages, dire les intentions ele 1'auteur~ mettre en
va leur celles que l'artistc ou le moralisle, par raífinement, par
caprice, se plait le plus souvent a estomper, c'est peut-Ctre une _chose
tres simple; mais lout le monde n'y réussit pas également. Pom_t de
pédantisme ici, pas l'ombre. Des touch~s ~ucces~~ves,_ de~ re~nse~,
da os un laisser-aller d'improvisation qm denote l msp1rat1on 1mmediate et le souci d'arriver a la note juste ... Ces réflexions, on se les
fera particuliCrement aux pages oll Andre~i~ nous expliqu_e Pio
Baroja ,, plus encore peut-iitre qu·a celles ou 11 parle de Galdos. ,De
part et d'autre il semble bien avoir fa1t °:uvre d~ cbromqueur, d un
chroniqueur qui prendrait ses notes au JOur le _Jour, A ~esur~ que
pa raissent les reuvres, qui marquerait ses surpr1ses, _recltfie~:a•t ses
im pressions cherchanl toujours a voir sous leur vra,e lum1Cre ces
. aspecl
productions ' qu'irise la fantaisie arlistique et d ont .le prenner
n'est pas forcl•menl l"aspect réel.
G. C.

Más de una vez of a Don Antonio CánoYas del Casti1lo parangonar el
número de víctimas de París en 1871 con las atribuidas al gran Duque ...
Seguramente que este más exacto sentido de la realidad histórica, ya
advertido en críticos e historiadores belgas, habrá de encontrar triste
corroboración ante el espectáculo de los inenarrables sufrimientos de es te
pueblo, victima de una de las más grandes y descaradas violaciones del
derecho y la independencia de las naciones, y la huella de tan inmerecida
desdicha ... les hará estimar en su debida proporción y apreciar con más
sereno criterio Ja historia de la dominación de los monarcas espafioJes en las
siglos XVI y XVII.

Comme le remarque aussi le marquis de Lema, le duc d' Alba y
Berwick n'avait que }'embarras du choix, parmi ses a'ieux, pou r
trouver un theme historique a traiter dans son discours de réceplion.
S'il a eu le juvénile courage de prendre un theme en apparence auss i
ingrat, vu les circonstances, que celui qu'il a traité, c'esl qu'il avail la
conscience claire du présent en méme temps que la bonne foi sincere
vis-A-vis du passé.
G. CIHOT.

Andrenio, Novelas y nove/islas (Galdós, Baroja, Valle-lnclán,.
Ricardo León, Unamuno, Pérez de Aya/a, Condesa de Pardo
Ba:rín) . Madrid, Calleja, 1918, 333 pp. in-8°.
C'cst surtout pour recommander ce livre en France que nous lui
consacrons, bien tard, quelques lignes de comple rendo. En Espagne
il a vite acquis une légitime réputation; et la mort de Galdós, auquel
il esl consacré pour un bon tiers, ne pouvait que lui donner un rega in
d'actualitó. Les autres noms qui figurent en sous-litre sonl des
vedelles de la littérature conlemporaine. U y manque au moins, attendant leur tour dans un autre volume, Blasco lbáñez et Pala:cio
Valdés. Sur ce dernier, sans doute par cornpensation, M. PeseuxRichard vient de donner dans la Revue hispanique (nº 10:1), un article
compacl et solide, consciencieux et bienveillant, _
Consciencieuses et bienveillantes sont aussi les études réunies ici.
L'auleur s'est refusé le facile lriompbe de la critique plaisante et
agile, mordante et superficielle. U tourne et retourne les c:euvres qu'il
prend en mains 1 avec l'attention sérieuse de l'homme du métier qui
examine le travail d'un confr€lre, et qui sait apprécier la difficu llé
1. 11 ne sera pas hors da propos de rappeler celui que M. Bordei; a. consacré au
méme écrimin daos le pr-emier fascicule du Bulletin hiJpanique (janYier-roars 1899).

l

1

T. Navarro Tomás. - Manual de pronunciaci6n espariola. Publicaciones de la « Redsla de filología espai1ola ». Junta para
ampliación de estudios e investigaciones científicas, Yol. Ill.
Madrid, 1918.
Afin de me mellre a l'aise pour dire de ce livre tout le bien que j'en
pense, je me permettrai d'exprimer avant tout un regret. Paru en J 918,
1. Voir l'article publié par M. Peseux-Richard dans la Revue hispanique (1910,
n• 63), Un romancíer tspagnol, Pío Baroja.

�BULLETffl HISPA!fIQUE

B18LIOGRAPBU:

deux ans a pres le Petit trailé pratique de prononciation francaise de
M. Grammont, le .lfanual de pronunciación española ne fait aucune
mention di recte ou indirecte ni de l'ouvrage franQais ni de son auteur,
Et pourtant, non seulement le plan et l'économie générale du Manual..
rappellent de tres pres le livre de M. Grammont, mais encare le fond
de plusieurs Lhéories qui y sont exposées et la méthode linguistique
elle-mCme qu'emploie M. Navarro, monlrent jusqu·a l'évidencc que
celui-ci doit beau·coup au séjour qu'il a fait daos le laboraloire de
pbonélique expérimenlale de Montpellier, ou il a, pendant plus d" un
semestre d'études, travaillé avec pcrsévérance - en 19 ,3, sij'ai bonne
mémoire - sous la direction toujours présenle et jamais lassée de
món éminent collCgue et ami.
Je sais que M. Navarro estallé ensuite en Allemagne pour s'initier,
¡\ Leipzig, a IIambourg ou aiBeurs encare, aux mélhodes de recherche
d'outre-Rhin. Un scrup~le de (1 neutralité n a d\J l'empécher d'affirmer
en public tout ce que son livre doit aux maitres donl il a pu suivre la
d irection et les conseils. Je sais bien aussi que dans un Jivre elémentaire comme ce Manual, il n'est pas indispensab~e aprés tout que
l'auteur indique sur chaque point traité les sources oll il a puisé.
Mais alors pourquoi, a la page 163 1 M. Xavarro, ayant a caractériser
I'intonation espagnole, n'hésite-t-il pas a citer les Hauplsprachen
unserer Zeit de Scbülz? Le passage que M. Navarro extrait et traduit
de cetauteur n'est point tellement caractéristiqne ni important que le
lecteur averti ne soit surpris de le rencontrer cette page, alors qu'il
a cherché vaiaemenl dans toute cette fin de livre le nom du linguiste
qui, des 1916, exposait d'une maniere a la fois si précise et si neuye la
tbéorie du rythme et de l"intonation dans la pbrase fran~aise, tbéorie
sur Jaquelle est a peu pres exactement calquée celle que développe
M. Navarro a propos de l'espagnol. L'omission est regrettable. Je ne
parvioas pas
me l'expliquer clairement. Comment les scrupules
de 11 neutralité 11 que M. Navarro a oubliés a peine un instant a la
page 163, ont~ils pu se maintenir solides et efficaces durant les
deux cent trente-quatre autres pages du volume? Peut-étre est-ce apres
tout que M. ~avarro a pensé qu'une exception confirmerait la regle
adoptée par lui.
.Quoi qu'il en soit, et cette réserve une fois faite, je n'aurai plus qu'3
louer dans le H vre de M. ~avarro la conception d'ensemble, le plan,
les théories générales el á peu pres tout le détail de l'exposé.
Bien que l'auteur vise simplement a fournir un petit traité pratique
de prononciation espagnole, - but qu·il atteint admirablement, - il
se place a un point de vue nettement scientifique. lla fort adroitemenl
consen-é á son exposé ce double caractere d'un ouvrage a la fois élé·
mentaire et savanl. L'alliage de ces qualités est assez rare, parliculierement chez les étrangers, pour que nous lui en sachions un gre i nfi.ni.

La prononciation décrite avec tant de précision et en méme temps
aveo tant de clarté est ce que l'auteur appelle la u prononciation
oorrecte espa_gnole, qui n'est, cela va sans dire, ni celle des régions
bilingues (Catalogne, Valence; Galice, provinces basques), ol.l le
castillan local apparalt d'ordinaire fortement influencé par la phonétique propre il chaque région ; elle n'est pas non plus la prononqiation
d u·castillan tel qu'il se parle en Aragon, en Navarre, daos les Asturies,
r Extremadure ou méme l'Andalousie, et oll se maintiennent des
habitudes de phonation dues aux dialectes qui jadis prédominaient
largement dans ces provinces. La e&lt; prononciation correcte espagnole »
n'est pas enfin celle du peuple de Ca,tille, des paysans de la campagne
ou des ouvriers des villes . Elle est essentiellement la prononciation
soignée de la classe cultlvée de Castillo, spécialement celle des milieux
universitaires et académiques de Madrid, débarrassée de tout trait vulgaire local propre a la prononciation de Tolede, de Burgos ou meme
de Madrid, exempte aussi de toute alfectation d'un pédantisme qui
viserait des redressements fondés sur l'ortbographe ou l"étymologie.
Cette « prononciation correote espagnole », l'auteur l'a étudiée soit
sur lui-méme, soit sur des personnes choisies dans les milieux convenables. II s'est servi ~ la fois de I'observation directe par les sens el de
l'expérimentation (palais artificiel, inscripteur de la parole, etc.). Les
descriptions sont systématiquement accompagnées de figures, palatogrammes et schémas de diverses sortes. M. Navarro n'a pas négligé
non plus le témoignage d'inégale valeur des autres pbonéticiens,
depuis E. de Arauja et Escricbe jusqu'a Josselyn et M. A. Colton.
AprC.s un exposé rapide mais substantiel des principales notions de
phonétique genérale, viennent tour a tour l"étude des voJclles et des
consonnes considérées d'abord isolément puis en groupes l'intérieur
du mol ou dans la pbrase, l'étude de l'intensité et dela quantité, enfin
l'étude de la hauleur musicale ou intonation.
Bien qu'au S 19 1 page 19, l'auteur déclare que l'analyse de l'intonalion intéresse tout aussi bien le mot isolé que le groupe phonique ou
la phrase, il est notable que le chapitre de l'in tonation ne vise que les
variations de hauteur musicale de la phrase ou d'un groupe pbonique
en général plus développé que le simple mol isolé. Y a-t-il une relatíon
q uelconquo en espagnol entre l'acoentd"intenslté et l'accentdebauteur
de cbaque mot, indépendamment de~ Yariations dues 8. la syntaxe,
c'est ce que l'on aimerait savoir d'une maniere plus circonstanciée que
l'auteur ne l'expose en passant au S i 74.
ll n'en est pas moins vrai que les variations d'intonation affectent
surtout la phrase et tendent, en espagnol CfH;nme dans les autres
langues, A réaliser une expression tres claire et rapidement compré~
hensible des différents modes de la pensée ou du sentíment:
interrogation, affirmation 1 exclamation 1 ordre, priere, parenth8se1

a

a

a

a

���76

BULLETIN HISPA.NIQUE

font que ce chapitre clOture dignement l'ouvrage, qui reste le meilleur
traité de prononcialion espagnole écrit jusqu·a présent, et qui est un
livre sérieux, extremement utile au point de vue pralique et d'une
véritable valcur scientifique. Ufait le plus grand honneur a la .science
espagnole que M. Ramón Menéndez Pidal et ses excellenls-éleves et
collaborateurs ont promue a un rang tout 3. fait distingué .
GsoRGES MILLARDET.

El libro de Caravia por Aurelio de Llano Roza de Ampudia y de

Valle, Oviedo, Impr. Gutenberg, 19r9, 24, pages.
A mi-chemin entre Villaviciosa et Ribadesellas. Caravia, composée
de. Caravia la Alta et Caravia 1a Baja, est une des jolies et des
plus curieuses localités de la cóte asturienne. Aussi l'auteur de celte
monographie bénéficie•l•il d'avance, aupres du lecteur qui a gardé la
vision de ce charmant pays, d'une excellente disposition a la lecture.
Et il la mérite, aussi bien par l'illustration que par l'abondance de
clétails qu'il fournit sur la géographie, la population, la préhi:;toire et
l'hisloire, les travaux champ8Lres, le folklore, les co.utumes. Je signa·
lerai surtoul les nombreuses coplas donl les paysans accompagnent
leurs divers labeurs; les mythes et supec.stitions; les romances et
cantares; les parngraphes sur la ,foguera, el baile del pandero] el
ijujll, et la danza prima. Sur ce dernier sujel, l'auleur complC:tera les
pag1:s intéressantes du tome X de l'Antologia de .~1enéndez Pelayo,
(p. g): il don ne en etrel une variante, beaucoup plus courle d'ailleurs, du romance t( ¡Ay! un galan de esta villa)), recueilli par Juan
, l\1enéndez Pida! (ib. p. 79). Voici quelques vers qui ne se trouvenl pas
dans ce dernier :
¡ A.b I cogiolcs Catalina,
¡Ah! cogioles ora Juana,
De las que 'l rosal tenía,

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Cuatro y cinco en una pilla,
Cinco y cuatro en una caña.
Un amor que yo tenía
Un amor que yo le amaba.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Fundado en 1898, el Bulletin Hispanique está editado por las Presses Universitaires de Bordeaux. La revista, actualmente, se publica dos veces al año e incluye reseñas de libros y una lista de obras recibidas. Los artículos dan cabida al ámbito ibérico e iberoamericano, sin distinción de época, área o método y se publican en francés y español, así como en cualquiera de las lenguas de la península ibérica. Revista indexada: HCERES, ERIH, SCOPUS y WOS-AHCI.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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                <text>Bulletín Hispanique, 1921, Tomo 23, No 1, Enero-Marzo</text>
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                <text>Fundado en 1898, el Bulletin Hispanique está editado por las Presses Universitaires de Bordeaux. La revista, actualmente, se publica dos veces al año e incluye reseñas de libros y una lista de obras recibidas. Los artículos dan cabida al ámbito ibérico e iberoamericano, sin distinción de época, área o método y se publican en francés y español, así como en cualquiera de las lenguas de la península ibérica. Revista indexada: HCERES, ERIH, SCOPUS y WOS-AHCI.</text>
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                    <text>��Vol. XXIII.

Avril-Juin 1921

(S uite

1

.)

Si , pour I1itiné raire du comte prisonnier, J'auteur du Ferndn
Gonzdle z et l'interpolaleur de la Chronique se sont inspirés de
tradition s diil'érenles, il est encore deux délails sur lesquels
ils ne sont pa s d 'accord.
D'aprcs le Poeme, délaissé ici par la Chronique générale et
ses dérivés, Fernán González u'était accompagné,
Cirueña ,
que de cinq de ses guerriers, désigués sous le nom de varones,
puis d'escuderos, el lous s 1 e11fuirent quand ils virent qu'ils ne
pouvaient. secourir le comte réfugié dans une er,nila:

a

Tomo Ferran Goor.alez &lt;;inco de su s varones
Todos de buen derecho e ¡;rrandes ynfam;ones,
)luy grrandcs de linage e csfon; ados varones.. . (slr. 583).

Aquestos escuderos que con el conde fueron
Quando a su scnnor accorrcr non pudieron ,
Todos en sus cavallo:, ayna se cojeron ... (slr. 589J.

Or nolre interpolateur dil : « fuit captus et filii eius in
Cirnnia ,, (S ¡ 1): et nous lrouvons plus loin, au S 1 du livre 111,
un rappel tres explicile : « lste Garsias (Tremulosus) cepil
comitem Castelle Ferdinandum Gondissaluez in Cyronia et
filios eius. " Nous avons vu que d'apres les Annales Composlellani le comte fut bien fail prisoanier a-Yee ses fils.
J'ai dil que la Générale et ses dérivés délaissaient ici le
Poeme. En eO'et, aussi bien dans le texte édité par M. Carroll
Marden et par M. Menéndez Pidál (X-i-4) que dans celui du
ms. po,·tugais de Paris (voir plus loin), il est question de cinq
cavaliers, ou chevaliers ( caballerm) , venus avec le comle, et de
i. Cf. Bull. hisp. , 1921, p. 1. P. 10, note 1, l. 1,, a~ lieu d e· «. prCS de Berceo,
dan, le barrio de Berceo 1), lire • do nl fait partie le barrio de Berceo :io .

,tFB., 1V• Sh1s. - Bull. lti,pan., XXIII, 19:u, 2.

6

•

�78

BULLETIN HISPA:,ilQUE

FEll:-IAN GO:'iZALEZ DA:'IS LA CH.1\O:-IIQLE LÉO:'IAlSE

six écuyers (escuclel'os) qui portaient les épécs de celui-ci el des
cinq chcvalict·s. ll faut dire que la strophe 583, ou il est parlé
des cinco varones, qualifiés de grandes ynfwu;ones muy grandes
de linage e esfor~:ados varones est incomplete d'un vers. IL Y
a surement ensuitc une lacune, que le copisle auquel nous
devons le ms. de !'Escorial (le seul auquel nous puissions
rncourir pour ce passage) n'a pas cherché a masquer : sans
explication, ces chevaliers deviennent de simples escudel'OS;
et celui du comte s'étanl approché de la chapelle pour jeler
au comte les épées qu·ils avaienl en mains, tous s'enfuient
sur leurs chevaux :
Fizo su c~cudero a guisa de leal,
Vio vna finicstra en medio del faslial,
Vino poral hermita, metios por el portal,
Echo les sus espadas, que non pudo fer al. (slr. 588.)
Aquestos escuderos que con el conde fueron,
Quando a su sennor acorrer non pudieron,
Todos en sus cavallos ayna se cojeron ... (str. 589.)

U est vrai qu'on retrouve les chevaliers a la slrophe 597 :
Los vassallos del conde dexarle non quisieron ...

Et sur la priere du comte, le roi García consent
donner la liberté :

a leur

Soltolos don Garcia, a Caslyella veniernn ... (str. 599.)

Seul le les du quatrieme vers de la strophe 588 nous avertissait que les chevaliers ont été aveo le comte s'enfermer dans la
chapelle. 11 est clafr que la vérilable version du Poeme, c'est
dans La Chronique générale qu'on la relrouve, et qu'ici il ne
faut pas tenir compte de la leltre des strophes, ou la perle de
quelques vers a amené une confusion. L'opposition entre la
version réelle du Poeme et des rédactions de la Chronique
générale, d'une part, et celle de la.Chronique latine, tient done
surlout a ce fait que dans celle-ci ce ;sont les fils memes de
Fernán González qui partagent son sort.

79

Pas un mot, dans la Chroniquc latine, du comle lombard,
qui Joue un role important dans la délivrance du comte
castillan. Il semble bien qu'il y ait la l'apport toul spécial de
la légende. ~1. Menéndez Pidal a noté (Homenage a Menéndez
Pelayo, t. I, p. 472, n. 2; le rapprochement qui s'irnpose entre
cet épisode et un tout semblable de l'Hernaul de Beaulande;
el le poeme francais parait bien retléter le poeme castillan, en
particulier dans le géant qui y joue le mcme role que le comle
lombard. C'est done sur place qu'il faut chercher !'origine de
l'inLervention du pelerin étranger. Notons qu'il s'agit d'un
pelerin de Saint-J acques, et qu'il vient d'llalie. II a suivi le
chemin le plus direct : il a du venir par Pampelune et Estella
jusqu'a Logrouo, el la prendre la fameuse chaussée, la calzada
qui passe par le Val pirre; mais en roule il a appris la trahison
dont a été victime le noble Castillan, il n'a qu'a se ~étourner
un peu de sa route pour aller le voir ...
Est-il étonnanl que l'idée d'une si romantique visite soit
venue a l'espril d'un poete de cette contrée? Combien de
pelerins arrivanl de l'Est avaienl pris cette chaussée qui les
menait a Burgos, par Nájera et Belorado, laissant a gauche
Clavijo, Castroviejo, Tobia, Cirueña, a droite Bañares, c'esta-dire tous les lieux qui paraissent soit dans le texte latin, soit
dans les textes romans ! Et cette observation ne donne-t-elle
pas au Poeme de Fernán González un trait cssentiel de sa
physionomie,
a savoir le rapport a vec le pelerinage de Compos,
telle? et ce trait ne le rapproche-t-il de nos chansons de geste,
ou l'on sait l'importance du Chemin de SainL-Jacques... ,?
, . Au xu• siecle, c'csl du reste par Roncevaux, Logroiio, Nájera. Sanlo Domingo
de la Calzada el Belorado que passail la roule des pelerins venanlde France. Le Codex
de Saint-Jacques de Compostelle publié par le P. Fila (1884) précise bien cel iliné.
raire, sur lequel voir p. 171 du Pelerinage d'un paysan picard a Saint-Jacques de
Compostetle, par le baron de Bonnault d'Houct, eL la carte. Plus au nord, eL parallelemenl-a la chaussée de Nájera a Santo Domingo de la Calzada, l'Atlas de Coello
(Logroño) marque les vestiges de la Via Aureliana. 11 y a done toujours eu Ht un
grand mouvemenl de voyageurs. ~fail ce qu'il faut noter, c'esl que le chemin de
Compost.elle, le e camino francés, auquel lra,ailla, dil-on, sainl Oominique de la.
Calzada, eal Je- llen entre la Chanson de Rolla ad el le Poeme de Feroán Gonzále~.

�80

BULLETIN HISPA~lQUE

F!R~AN GON1.ALEZ DANS LA CHRONIQUE l,ÉONAISE

Mais ou nous lrou vons une coincidence remarqual!le en lre
la Chronique léonaise et le Poeme, c'est en ce qui concerne
l'héro'inc de l'histoire romanesque que ce dernier contient aux
strophes 576-701.
Cctte héroi:ne, Sancha, a qui sa lante, la reine de Léon,
faitjouer un role inconscient et involontaire dans la trahison
ourdie contre le comte, nous est présentée tres explicitement
et a plusieurs reprises dans le Poeme co~me la srour du roi
de ~avarre García Sánchez :
... o es de mi herma/lo o del moro Almon~or
(Slr. 667 d.)

... por ser ella muger del conde don Fernando,
tener a su hermano cavtyvo e lazrado.
(Slr. 669\.

Le comte voit, dans le roí, son beau-frere, et, quand il le
provoque au milieu de La melée, il l'appelle 11 frere ! » :
El conde orgulloso, de corac;-on lo,;ano,
V~o a su cun11ado en medio de un llano,
Puso se conlra el la lan(.l sobre· mano.
Dixo: e Parla se el campo por nos amos, hermano! •·
(Slr. 694.)

º

a

a

Quant la reine de Léon, qui le Poeme donne le nom
de Teresa (str. 579 b), elle est la sreur de Sancho, pere de
García:
Reina de Lcon, de don Sancho hermana ...
(Sir. 576 J.,.)

De mi donna Teresa a ly el rey Gar{:ia;
Perdi al rey tn padre que yo grand bien queria ..• •

«

(Slr. 5¡9.)

Et la princesse qu"elle a promise au comle est bien sa niece,
Por que finas la guerra le daría su sobrina
(Slr. 577 a.)

Nul doute a cet égard. M. Carroll Marden, dans son index
des noms propres, rectifie : 11 hija del rey D. García de
Navarra, no hermana, como dice el Poema». ll s'en rapporte
évidemment a la Chronique générale (.\.-i-4), qui fait de
Doña Sancha la tille du roí García de Navarre en meme temps

81

que la nicee de Doiía Teresa, laquelle y devient non plus la
sreur de Sancho de Navarre, mais sa fille et la sreur de García.
Il Y a, _eomme on di!. aujourd 'hui, décalage; le lien entre
Teresa et Sancho reste le mcme.
u Mas ante que el conde Fernant Gonvalez se fuesse, fablo con ell
la rey na sobre pleyto de casamiento que! farie dar por su mngier a su

sobrina, fija del rey don García de Navarra . ..
,, A uos don García, rey de Navarra, de mi, donna Teresa, re-vna de
Leon; salut. Bien sauedes uos como nos perdiemos al rey don Sancho
nuestro padre ... » ({·d. Pida!, p. 410 a,3o el b,3; Marden, p. 14o).

Notons la différence. Ici Doiía Teresa parle a García de Ieur
pere Sancho. Dans le Poc,me, elle lui parle de son pere a lui,
com me peut le faire une tan te en parlant a son neveu. La
réflexion de la jeune femme, dans le Poeme, a la vue des
Castillans qui arrivent : &lt;&lt; ce ne peut elre que mon frere ou le
maure Alman~or l 11, est remplacée par ceci dans la Chronique:
· Cuedaron que eran de algara de moros que andauan corriendo et
descubriendo la tierra. (Pida!, p. 415, a, 17; ?!farden, p. 146).
Lorsqu'elle demande l'élargissement de D. García, elle &lt;lit
bien &lt;&lt; mio padrn el rey don García 11. Cependant, quand le
comte provoque celui-ci, il ne le traite ni de beau-frere ni de
'
beau-pere :
El conde Fernand Gony11le:,. quando uro al rey, comenvol a dar
uozes et dixo : 11 rey don Garc;ía, salid aca et parlase por nos amos
esta batalla 11. ( Pida!, p. 4 1 (j a,26 ; rtlarden, p. , 48).

ll semblerait que la -siluation n ·est pas nette, et que le
ehroniqueur en est gené. Il est plus a l'aise quand il fait intervenir les Castillans, qui supplient le comle de rendre le pere
a sa filie, et pour nous montrer les deux nouveau-x époux cómblant d'altentions le roi délivré de ses cha1nes •. Le Poeme
présente ici une lacune, mais le récit doit y etre le meme, avec
la transposition nécessairc : c'est le beau-frere qu'on traite
avec ces égards. Et l'on comprend que, rentré en Navarre, il
,
1. « ... et pedimosuos por merced que dedes al rey don Garcia a su fija donna
!lancha •.. » - « et dalli adelanl fizieroo muchos plazeres el muchos solazes al rey
don García el conde Feroand Gon1,;alez et la condessa don na Sancha, su lija.. ·
(Pida!, p. 416 b, 29 el 43; :\larden, p. 149).
·

�8,

83

BULLETlN HJSPANIQUE

FER;(AN GONZA.LEZ DANS LA CHRONIQUE LÉO:VAISE

se déclare déshonoré lui el ses « omnes onrrados' "· On le
comprendrait moins d'un beau-pere.
Une critique, d'ailleurs purement subjectiYe, nous suggere
que le chroniqueur a corrigé le poeme . Mais pour que! motif?
Nolons que Flórez, dans ses Memorias de las Reynas calh6licas,
donne raison au poete quand il dit que D . Ordoiio Ramírez
épousa Urraca, la filie du comte Fernán González el de sa
femme !'infante de Navarre, Doña Sancha Sánchez, hija del Rey
D. Sancho Abarca'· 11 esl vrai que s'il donne sa source, Sampiro, en ce qui concerne la paternilé de Fernán González, il ne
dit pas ou il a vu que la mere d'Urraca était doiia Sancha
Sánchez 3, Les généalogies du Liber Regum, publiées par lui
en appendice, nommenl bien une Doiía Sancha, filie de
Sancho Abarca; mais elles en fonl la femme du roi Ramiro 4.
La Chronique de San Juan de la Pei,a est d'acord avec elles 5•
Rodrigue de Tolede ne connall pas de Sancha filie de Sancho
Abarca : d'une filie . de celui-ci il fait bien la femme de
Ramiro II, mais il l'appelle Tarasia, cognomine Florentinr, 6•
Tels sont d'ailleurs bien le nom el le surnom de la femme de
Ramiro II dans Sampiro, notre chronique el celle de Luc, qui
a utilisé d'une favon un peu intelligente, il faul le reconnallre 7 ,
l'inlerpolation qui la concerne dans le lexte commun a Sampiro el a ladite chronique 8. Nous reviendrons d'ailleurs sur
ce lle Tarasia.

Le rédacleur de la Générale a done pris sur ]ui de faire de
l'héro'ine du Poemc la filie de García Sáilchez et non de
Sancho. :\l'ais la Chronique de 1344, comrne on peut en juger
pat: le passage que M. Menéndez Pida! en cite dans une ñote
de sa belle étude sur le Romancero de Fernán Gonccílec, persiste
a faire de la jeune femme la smur de Garc[a '· 11 s'agit d'une
addition spéciale a cette chronique, sans équivalenl d'ailleurs
dans le Poeme: le comte voyanl arriver les Castillans les fait
prévenirparun hommequ'ilrencontre, quec'est lui, leurcomte;
qu'il s'esl échappé de sa prison, « e trae consigo por muger la
in fante doíía San cha, hermana del rey don Garvia de "iauarra. ,,
Bien enlendu loul le reste du récil esl d'accord avec ce passage,
e t Sancha y est bien partoul la smur el non la filie de García.

1. Pida 1, p. 417 a, 9; i\tarden, p. 1~9.
2. &lt;&lt; .•. casando al primogenilo Don Ordo,io con la hija del conde Fernan Goa2alez,
y de su muger la infanta de Navarra D01ia Sancha Sanchez, hija del Rey Don Sancho
Abarca. La novia se llamó Doria Urraca, .. , (l. 1, p. 107).
3, Distincte1 bien entendu, selon lui, de la Dn Sanchaqu'épousa Ordo1io 11 (p. 87).

4. • Este rey Sanch Abarca casó con la Reyna Dona Toda 1 e ouo della un tillo et
quatro filias; el filio ouo nombre el rey don Garcia, el tembloso; el de las filias la
una ovo nombre Dona Urraca, la olra dona Sancha . .. Dalia Sancha cai;ó con el rey
Ramiro .•. "(l. l, p. 498).
5. Sauí en ce qu'elle oomme Urraca et non Toda la íemme de Sancho Abarca
(éd. Tomás Ximénez de Embún, p. 35).
6. V, 8 et n. La femme de Sancho Abarca dovieot Thtoda. Zurita (Anales, 1, 11)
reproduit ici Rodrigue, mais semble admettre que la femme de Sancho Abarca était
Urraca (Fernández).
7. e( Adiuuabat his sanctis operis uxor eius Regina Tharasia cognomine Florentina • (Schott, p. 84, l. 33); je corrige d'apÑ.li les ms. Hh g8 de la Bibl. nac. el :i-c-5
de la Bibl. real.
8. • Et Ranimirus qui eral rax milisiimus, ex Tarasia cognomento Florentina
genuit Sanclium et Geloiram n (§ 60).

~o ante q se el conde partiese labio la Reyna con el muy engaúosa
mente como aqlia q le qria muy grant mal por la muerte de su hermano el Rey don Sancho de Nauarra q el conde matara t dixole ansy
conde pase auer de fenir la guerra nfa r; vfa r; de mi hermano el Rey
de nauarra tengo por bie q casedes con mi sobrina la infante doíia
sanchafija del rrey dó séi.cho mi hermano q vos matasles t hermana
del Rey dó gar9ia ... (Bibl. nac. Madrid 1081/i, anc. li-73, folio 137').

Cette parlicularité prend quelque inlérel si l'on se reporte
a la Chronique léonaise. Or si nous admettons la these de
M. Menéndez Pida!, a savoir que la chronique de 13114 a utilisé
un aulre poeme, d'inspiration plus populaire, el de date plus
récente que celui que nous connaissons, nous sommes cond uils a penser que, daos cel aulre poeme, Sancha était bien la
sceur du roi comrne dans le Ferndn Gon:ále, . Quant a la Chron ique générale éditée par Ocampo, de ce qu'en dit M. Menéndez
P ida! dans un aulre endroil de la m&amp;me étude 3, l'idenlilé de
1,

Homenage á Menénde:: Pela.yo, t. 1, p. 436 1 note

1.

11 avait été conduit a la m~me conclusion en ce qui concerne la légende des
lníants de Lara, lelle qu'on la lrouve dans les dC\ll'. ródacliom dislinctes de la
1•• Chronique générale et de la Chronique de 134&amp;.
3. P. 485, a propos du romance 17 (= ¡01 de Dnrán)
El buen conde Fernan Gonzalez
en qua! priaion eslaua,.,
M. Menóndez Pidal a notéd'autre parl(Calálogo dela 11. Bibliotua, p. 83 de la 111 ód.,
p. ,~7 de la 3") que l'auteur de celte réd&lt;1.ction (3•chronique générale) n'a dl.l uliliser
que le sccond tome de la Chronique de 13!14, ,·u qu'on n'y lrouve pas e los episodios
de la historia de Fernán Gonz~lez 6 de -Garci González. caracleríslicos de la Crónica
de 134ti. »
2.

�84

85

ftULL'ITil.'f HISPAl'fTQUE

FERl'fA:'i GONZAJ,EZ DA~S LA CHRONJQl'E J, ÉO~AISE

ccLle rédaclion sur ce point avec le ms. Ese. X-i- 11 peul déja
s'inférer; il en esl bien ainsi en fail :
(I" CCXLVIII) mas el conde don ferran Gon~ale, fablo con la reyna

vigado docode seo miidasse chamar afa]a c6 pouca gente t" hy
opndesse. Aelrrey de nauarra prouue deste egano. Eenuyou se')
rbaxadores aocode do ferna gl'z sobre elo. Ele rrespondeo q lbe p"'zia.
r: tomou. v. caualeyros e mulas desarmados r. fl?ysse ao clia q era
cócertado ·antre eles. Elrrey veeo c6 .A.XX.V. caualeyros acaualo
armados. Quado ocücle vyo q elrrey lhe metyra disse. e maao dia
nac~· poys me ha eganado, Lodoo müdo deuya ssenlyr ta g- nde tray~a.
Eu meesmo me Yrndy ffi:rndo ¡; xpanos. Agora cay no ij me disse o
muge sam paayo. !1º f' ffym nti veen.do out~ rremedio meteosse e hila
h'mida. os cscudeiros q cO ele vijnha ij era seys. auydo seu cclsselho
deJiberarO de hüu deles tornar có as espadas q lcllaua e Cio I demudado. Eos oul~s deo far.ere saber aos castelaaos. \'sto fcc6 elrrey de
nauarra cübalyá ocOde rryjamete. asna deffesa no lhe prestaua. ca
era poucos t" desarmados. t" ouuesse adar. cO tal couee&lt;;:a qo no
malaria nP aos se•J. Dize q esta p~itesya fez elrrey de nauarra, por q
vyo fugir os rscudeyros do cúde. r; cuydou q tijnha p'to algüa gete.
dS amostrou aly seu mylagre auorreyedo aqle maao egano. cao altar
dajg...ia se p'"'tyo p meo. t" ctize q assy esta. O códe foy metido e g·ndes
ferros. r: leuado ahuu castelo chamado castro velho. oc6de disse
aclrrey. q n6 auya por q leer p_sos os se9. Ca por ele ssoo aueria
q . .ntos auya e castela.

doña Teresa maélre del rey don Sancho antes que se fuesse sobrcl
fecho de su casamienlo / ca esa doña Teresa embio por el: t dixol
q le faria dar por muger a su sobrina doña Sancha hija del re)' don
Garcia de Na,•arra que dizien por sobre nombre Abarca ..•
, •. A vos do Garcia rey d' Nauarra d' mi doña Teresa la reyna vieja
de Leo salud como a hermano q mucho amo. Bie sabedes vos como
p.dimos al rey don Sancho uro padre.

Dans la rédaclion que suil Menéndez Pelayo (Obras de Lope
.de Vega, t. VII), Doiia Sancha esl également « fija del rey
don Garcia de Navarra n.
La Chronique de 1344 se distingue done ici par sa fidélité
au Poeme, ou plulól aux deux Poemes.
Quanl a la version portugaise dont le manuscrit de la
Bibliolheque nalionale de Paris nous donnc une des 1·édactioas, elle fail bien de D• Sancha la filie de D. Sancho el la
sceur de D. Garcia, comme la Chronique de 1344.
En voici le lexte pour la partie correspondanle aux chapitres ¡09-7 16 de la Chronique générale éditée par M. Menéndez
Pida! dans la Nueva Biblioleca de autores espa,ioles.
(Fol. 95') C• TTT. llyndo o conde Jlª burgos chegoulhe rrecado
delrrey do sancho de leon q fosse a suas cortes. Ele !he rrespondeo
queo fa ria e dhy alres dias q chegou a burgos p-ljo' pala pedindo ads
qo tirasse da p'ma rlos leoneses. El rrey dó sa~cho sayo arre&lt;;eber
oconde onrradamete. Aarraynha no p_.zia cü ele. porij matara seu
jrmado Elrrey dñ sancho de na1Larra. DespO)'S q acabar6 as cortes
Elrrey se cOlenlou muyto de hüu a&lt;;or r;: de huu caualo do cOde,
E disselhe ijlhos vendesse. OcOde se escusou ofTere&lt;;Cdolhos g -ciosamete. Elrréy no q;s. mas lodauya oafficou Qlhos vendesse; nü · se
podendo acode éscusar disse cjlhp p-zia. cü lal cüdic;a. q selhe. no

desse op~o acerlo dia q dhy adiale oadadia se dol&gt;rasse. Elrrey lhe
deu myl m-cos de p-ta co aqle codi(ii. dandolhe delo g"ndes firmezas.
Acabado ysto pMtiosse oconde . .po ante q p.,tisse falou ·arrª cO ele
di1.edolhe q por sseer tyrada a discordia dantre nauarra r: castela.
aela p"'zeria q casasse có sua sobinl,a (fol. 96) jilha delrrey dó sancho
de nauarra q ele matara. Ocóde lho outorgou. Arrª fez saber ysto
aseu sob'nho elrrey de nauarra. ooteflcandolbe q p aqiuy podia sseer
1.

parlio,

C. Tff l. Os castela~os sabida ap;sam do cOde. pesoulhes como
era rrazó por !1da de tal senhor. EajütarOsse os nobres t" fidalgos,
e det'minarO p cósclho &lt;lr hllu. ~º laynlio q era onrr_ado canaleyro
de fazere hila ymage de pedra e semellü'i\'a do c6de. e qa posessen
e hüu carro. z: oO abandeyra de castela na maao. r: ·q ag.,rdasse aijla
, . trajo (nHemenJ)-

1

�86

BULLETI'i" HTSPANJQUE

ymagc como farifi a seu senhor oc6de. r: q todos morresse ou otirassc
de tsan. Esta ymage foy feíta se muyta tarda,;a. Eajutarasse os
castelaaos todos de hiiu cora&lt;;6 pa fazere oij auyñ det'minado. Emosto 1
dS que no l;rn esqueecido dos seJ f'uydores . nébrousse do c6de dii
ferna gl'z r; rneteo e cora&lt;;O abüu cüde de lübardia q vijnha faz' sua
rromaria asanlyago q fosse ueer oc5de q estaua pto de sen camynho.
t lato rrogou r; deu aos porteyros q lho leixar6 veer. doq"'I ele foy mu~
c5tente asy de sua psern;a como de sua fala. Despoys foy acode de
lornbardia veer ajflanle jrmtia delrrey áe naua,-ra. r; culpoua muyto
por qo mylhor home despanha era pso por causa dela e ¡¡ Il Lodoo
müdo atijnha por molh' desauetiuada por este feyto. t qa l~uuaria
muyto se ela t'"balhasse deo tyrar da p;sam. tcj aueria g·nde merecimelo
ant~ dS. por qo códe do fema gl'z era destruydor dos jnf1ees t acrecCtador da ífe catolica. t q ela no podia seer cO out• home mays
onrradamete· casada por suas v;tudes e por sua valenlia. Passada
esta fala. foysse acode de lombardia. ajlfante no !he esquee,;eo oq
lhe ele dif'a. Eenuyou hiia sua dona a veer ocóde ferna gl'z. t cotarlhe
ai'jlas causas¡¡ lhe díf'a acode de lonbardia . Adona tornou aajlfanle
ca rreposta do code oq'l !he dísseq aela soomete ecarregaua ho(fol. 9Gº)
feyto de sua p'sam. Ca se no fora por casar com ela ele n5 fora preso,
e q ela opodía hem liurar. e q !he ['ya por elo semp abrigado. Adona
dísse aajlfanle i'jo fosse veer. Ela fezeo e disselhe q !he pesaua m1Jylo
de sua p'sam por seer achaque· dela. Pero i'jo quería tirar daly ca
juramcto q casasse c6 ela. oconde dise q !he p'zia . Elogo jurara
ambos de casare víjnda anoyle. Ajlfante foy onde oconde estaua preso
i filhoo pela maao. e disselhe q se fossen t forOsse fora conr' castela .
Oconde hya e Cerros e no podía ben andar. Eajlfante ho 'ajudaua. ·
E asy andarom ataa q amanheeoeo e c5 rreoeo .de no sseere descubertos f6rose meter e hüm mato. e jazendo aly. hüu creligo de
nauarra q andaua aacac;a. veeolhe ho ac;or c5 aperdiz onde estaua
6conde 2 • Evyoo e ajfTante e conhec;eos t disselhes. Treedores nO uos
poderees hyr. q eu uos leuarey aelrrey de nauarra. Oconde !he disse
qo no fezesse e q !he darya e caslela hua cídade. ho crelygo n(i curou
dysso. po p'so da fremosura da jffante. disse q sseo leixasse fnzer sua
vootade ca ela que os leixaria hyr. Oconde no querya. Ajlfante veedo
Sic (le premier o parait avoi r élé íait sur un y): moslro?
Dans le PoCme et la Chronique généralc (texte Marden-Pidal), ce sont Jes
chiens busels (podencos) de l'archiprétre qui condulsent celui4Ci dans le fourrJ ol,
se lrouvent les fugitifs. L'emploi de l'aulour pour la chasse a la pcrdrix 8 peu pr6s
exclusivementest al testé par un texte de Pedro Lópcz de Ayala que cite M. Menéndez
Pida! au t. 11 Qu Cantar de mia Cid, p. 429; et le mCme passage nous apprend que te
plus grand nombre et les mellleurs de ces oiseaux 3. l'élat sauvagc se preoaient
ce en una villa fronlcra de Na,·arra que llaman San La Cruz de Canpe¡;o i), au nord de
l..og-rorio el de la sierra de Codes. Pcut-etre avons-nous 13. pai· conséquent un trait.
bien local. Cf. une note de M. Pitollet dans Je Bull. /iisp., 1902, p. 158, sur le casque
l'on fai~ail des arlll)re1. Plus loin on voil que le comte prend a l'archiprCtre Je sien,
1.

2 .

FERNAN GONZALEZ nAiS U. CITRQ:'\'IQUE LÉO"iAISE

nne~essidade e que era pastos. disse ¡¡ era mylhor de jejüare a((le
pecado que auerem de morrer. e alongousse hiiu pouco do co~de .
oc reliao lnnc;on os brac;os e ela. Ajffante filhouo c6 arnbalas maaos.
di zed; treedor oque cuydas n6 sse fara 1 • t chamou oconde q lhe
acorressc. Oconde veeo e l)'rou ocuylelo do creligo ~ e degolouo.
r: tomou asua mula e os vestidos ¡:; oa&lt;;or3. Vijda anoyte caualgou
njffante na mula. e oconde &lt;letras. e forOsse caminho de castela.
t como foy dia mcler6sse antre huas aruores espessas. Edepoys
q veeo anoyle comeQarO andar r; amanhcec;eolhes C hüu escarpado .
t por tato no leixarO de andar. Ehyndo assy auCdo pouco pass~do
do dia. ryrO vijr abandcyra de castela co os castelaaos q auya ~art1d_o
de belfnrado. Ajlfante qa vyo p'meyro disseº ao corle. g q no sabia
se era de almdyor ou delrrey seu jrmaii.o. nó podendo conhecer
abandeyra desuyar5sse do caminho. Tanto se chegou abandeyra
qo conde conheoeo q era asua. f; disse aajffantc. Senhora esles
sson me') vassalos q me vee buscar. t todos sson vossos assy como
me'), Ela foy muy leda t teueo e merece adS. Oconde vyo hü.u home.
r. clissclhe q fossc aaqla gente q parecía r; q lhes disesse como ele bya
na eles. Os castclaaos foro sobeiamete ledos e foronsse !lªº conde.
;1u yf'onlhe beysar as malios t os pees. Ele disse qo no fezesse~ aelc.
masaajffanle por qo líuarara de marte. Eles asy ho fezercl . d1zen~o
vos ssooes nossa senhora . Ca uos nos auees tyrados de seruydooe
da ndonos nosso senhor q auyamos pdido. Dhy se for6 abelfurado
q era op;meºyro lugar de castela q p"'lya cO nauarra. hy tirar6 os
renos ao cOde t partiróse !lª burgos onde foro c5 g-nde p-zer t honrra
rrecibldos. hoconde e ajffante deceron na ssee dando g'"'c;as ads
r; aasua be aueturada madre. Dhy apouco fez oconde festa de seu
casaméto cO ajfTante dona sancha honrradamete segundo fazºse
deuya.
1. Celle scabreuse scene comporte ici moins de détails que daos le
Pol'mC'
el le texle\~Jardcn-Pidal. Si J'infanle s'y résigne 11ussi facilcment U fairc p_énilence
pou r le péché, elle ne \'ª pas jusqu'it confkr au comle 1!1 iarJe des ,·~lPmenl~
de l'archiprélr&lt;'. Le Poeme représenlc-L-il une amplificatmn de _cet ép1sod_r. si
franchcmenl pic'arNque, ou la version c.i-dcssus cst-clle au conlrure une t'-d1tion
e,:purgée?
2, Cf. Yenéndez Pida!, /lomenage a .Mcnénde:.: "Pelayo, t. r, Jl, !173, n. 1. Dans le
PoC'me. rien n'indique que l'archipretre ait été égorgé a\'CC son propre cou\C'au:
El conde a fa due1ia non podia ayudar,
Ca tenia grrandes !yerros e aon podia andar,
(Su) cuchyello en la mano º''º a ella llegar,
Ovyeron le entrramos al traydor malar. (str. ú5o.)
Su, en admaLlant qu'il ne 5oit pa,, comme propose M. Carroll Mard~n, a relranch cr, ne peut se rapporter q u'au comte. :\1ais dans ~a Chronique1 le--.:te P1dal-'1anlcn,
H y a (ti lego el conde con el su cuchiello del\ arc;;1prcste en la mano, e mala ron le
all i amos a dos)).
•
3. Le rns. X-i-4 ne mentionne pas le; v(:tements, ala difft'rence du PoCme (str. ú:i r):
La mula e los pannos e el mudado a1;or. _

�88

a

Toute cette fin diOere la fois du texte de Pidal (c'est--a-dire
celui de la Nueva Bibl. de Aut. &amp;p.) etde la Chronique de 1344,
au moins quant la lettre (cf. Pida1, Romancero de Fernáll González, p. 476, note). Suivent tes ch. fil. 11 et fíI 111, peu pres
équivalents, respectivement, aux ch. 714 (avec la variante tre,
TM1e, au lieu de trecr 1M1e1) et 715, mais avec cette dift'érence
que D" Sancha parle de D. García comme de son frere:
A condena dona Sancha aueclo g-nde.pesar da p;son de#Ujrmaao
q estaua pso. fallou co os castellaios dizedolhes assy. Amigos bé
sabedes como saqy da p;son ooode vosso seohor e queeo tijnha meu
jrmaao el r!:.~ do g-cia. por q oj~ ~ji dia té de my g-nde qrella. ca
te q por my lhe veo este mal e ~ OJe esta. Eagora oc()nde he muy
hyrado cotra my e no me qr dar ·meu jrmaao ne osacar da p;son.
Por q uos rrogo q uos sejades ta mesurados q uos rroguedes oconde.
e ajades oo elle q me de meu (pi. 97•) jrmaao e eu -euerey q uo1
g-decer semp...
·

a

a

Le chapitre s'arrete sur -les mots : 11 ••• Elrrey dó g-cia
depoys q chegou aseo rreyno foysse pa ca8lella •, ou il faut
lire e,~Ua (cf. texte de Pidal, p. 417, l. 6. Le cbapitre llil. 1111
équiva~t au 715 de Pidal : il manque la phrase « assi como el
agoila fambrienta. en la caca quando se quiere cebar 11. Le
suivaot, la fin· du 714 et au 716 (burueda pour b~rueua; Vul
perrij pour ool pirri) peu pres exactement:
e qif'a .leuar acodessa dona Sancba sea pod'a au' p algüe maneyra
r: eslo por faz' ao conde mayor desonnra. mas g-dous,e ella muy
ben de tal cousa r: no quys sayr a elle ne veello

a

8g

FSBl'CA'..'I 001'ZALEZ D,US LA CBR01'JQUII LÉOJIIAll;I

8ULl,IITDI Bl8P4JIIIQUI

a

Mais au lieu de la transition qui termine daos le texte de
Pidal le récil de la bataille entre Fernán González et D. Sancho
de Navarre e&lt; agora dexamos ... •, nous trouvons l'équivalent ·
de ce que donnent la Chronique de 1344 et celle d'Arredondo
( cf. Carroll Marden, P. de F. G., p. 109, n.· 23):
.•• r: oconde do fernii gl'z lhe deu e esta lide hüaferida de q despoya
morreo.

•• •
Vu la diffusion de la Chronique dile de 1344 avant l'apparition de celle que pul:ilia Oca~po, on · doit s'attendre voir
qualifier Do~a Sancba de 1reur du roi García daos les textes
· antérieurs a cettc apparitioo.

a

Tel est bien en ell'et le cas pour le Valerio de l(!8 historias
ucoláalica, de Diego Rodríguez de Almella, qui ful imprimé
en d87 .et eut tant de vogue peodant un siecle 1• Dans l'édition de 1541, contemporaine de l~ publicaliqn d'Ocampo,
nous lisons au l. VI, litre Vil, 1« de la fe que las mugeres guardaron .a sus maridos ll, chap. III:
En el titulo del amor q ea entre el marido e la muger ea dicho de
como la codessa doña Sancba muger del conde don Fernao Gom;alez
de Castilla guardo e ouo gran fe al sonde su marido en dos grandes
peligros que ella se poso por amor del ; ~ lo libro de priaion e muerte
en ij estaua. El vno fue quando J?.Or ,u hermano el Rey don García de
naaarra estaua preso/ lo fue eJ\a a'ver al castillo. El otro peligro fue
quiido lo libro de la prision "dei réy don Sancho d' leon e quedo ella
enla carcel, y el code aalio con sus paños della vestido.
Et au l. IX, lit_- I, cbap. IV (fol. LXXVIII):
Estando preso el conde feroan gonc;alez d' Castilla en poder d'I rey
don Garcia 4e oauarra en vn castillo llamado castro viejo. Uiendo la
infanta doña sancha hermana del dicho rey don· García como su
hermano auia preso a mala verdad al conde don fernan gonc¡alez ...

a

P}usieurs des historiens qui ont écrit postérieurement la
publicatioo de la Chronique générale par Ocampo, c'est-a-dire
a· l'anoée 15·41, ont naturellement suivi la version qu'ils
y trouvaieot au sujet de Sancha. Vassée, en 1552 •, précise .
bien:•
Tarasia Regina Legionensis, Saoctii Aiaarcae Regia Náuarrae
ftlia, capitali odio in Comitem Castellae incensa... persuasit illi,
vt Sancliam Garsiae Tremu.lijiliam, n.epl.em ipsi,u exfratre, uxorem
duceret. .•
De méme Julián del Castillo, dans son lli.storia de los Reyes
godo, que vinieron de la Scythia d'Europa, etc~, publiée en 1624,
par son fils Fray Gerónirno de Castro y Castillo (p. 173) :

Despues desto, la Reyna doña Teresa, que desamaua-de muerte al
Conde Fernan GonQ&amp;lez, le habló un día, y le dixo, q le baria dar
por muger a doña Sancha su sobrina hija del Rey don García de

Nauarra .••
1. Voir moo liffe Les iu,tou:n généralea d'&amp;pagn,, p. 16-18.
2. Dans Reale, t. 1, p. 6oo-6o1. Volr, sur Vauée, Le, 1",toiru générale1 d'&amp;pagne,
p. 158-168, et rarticle reclillcalií de~- ·Amalio Huarle Echcnique dana la Reti;.la da

an:1u-.

1920.

�91
()O

ftl't.u:n:-.

Hl~l'A'ilQl Y.

Comme on sait, ce sont la des écrivains sans beaucoup
cfautorité ni d'esprit critique. Si nous passons aux grands historiens, nous vo)·ons que ni cerlains délails ni meme l'ensemble du récit de la Générale ne leur ont paru insou'pronnables. Zurita n'est a mentionner ici que pour mémoire : il passe
rapidement sur les premiers roi-- de :'\avarre (Anales I, 11 ), son
sujel étant l'hisloire de l'Aragon; el, pas plus que Rodrigue,
qu'il cite a ce sujet, il ne parle de Doiía Sancha ni de ses aventures. )1ais déja Garibay, dans son C:ompenilio (1571), lout en
résumanl, d 'aillcurs sans la premlre pour son complc, !'aventure du comle el de doi1a Sancha (X, ro; t. 1, p . 529), relevait
l'erreur de la Générale en ce qui concerne les liens de parenlé
de la pri ncesse avec Doi1a Teresa el Don García; malheureusement sa correcliou se complique d'une erreur plus grave,
oii l'a entrainé sa chl'Onologie tres défcctueuse, et qui consiste
a dédoubler les rois de Navarre D. Sancho Abarca el son fils
don García Sánchez, en donnt1nl a celui-ci comme successeurs
un D. Sancho, puis un D. García qui serail celui que l'histoire
désigne ¡lar le surnom de el T1·111bloso • :
. .. refieren mas, que la Reyna doña Theresa, mudrecl'el Rey (O. Sancho) ... trató cautelosamenle casamiento en el aiío de nueuecientos y
lreJnta y dos, segun la comun opinion, con el conde para con la
infanta Doña Sancha .rn hermana, que la chronica General llama
sobrina, deliendo ser hija de Don Garcia el Tembloso Rey de ~¡marra.
El engaño que en esto recibieron los copiladores de aquella chronica,
y como la infanta üoña Sancha era hija d'el Rey Don Suncho Abarca,
y hermana d'e/ Rey Don Garci ::iancltez, y no d'el Rey l)on Garcia el
Tembloso, queda declarado en la historia del Rey do Sancho el Gordo,
y manifestar se ha mas, Dio!:i mediante, en la historia de ~auarra,
donde se ,·crú claro el daiío, que hasta agora han tenido lodos los
1. On vcrra aux chapitrcs \ 11-\1 '\ du lh ro :\ Xll du Compcmtio les ra1!ons alléguées par r.aríh11y en favcur de celtc nnu,cauté.
Voici ea chrouologie pour les rois J e :'iavorre de colle périodo :

1,;ra

ABOÓC,

:-ancho \barca . . . llCCCCX\.\IX,
Garei Saneht: . . • • DCCCCLV/11. ,
Sm,rho . . • . . .

ºº'
920
96/1
!193

,\H'IT • • . • •

&lt;,arela el T cmbloao, ,t'.\:\. XI • ,
M'\X\VIII.
Sancho el :llayor •
Garci Sanchez . • • :IILX\11 •. , •

J

·ººº

r.o3~

auctores, oluidando en la successiun su~a dos l\cJes de ~auarra, que
en su deuido Jugar maniícsLará nuestra chronica (l. X., cap. X; l. I,

p. 5:.19).
En effet, au ch. \.XX.lll du livre lX., oil il traite de D. Sancho
el Gol'do, il relate une premicre fob l'histoire de Doria Sancha,
que mucho5 !&gt;in fu111lamento alguno clizen ser hija d'el Rey Don
Garcia el Tembloso, cre~·Mo ser hermano de la Reyna Doña Theresa,
siendo en effecto el Hey Don Garcia y (sic) Tembloso visnielo d'el Hey
Oon Sancho Abarca, padre &lt;festa lle) na. I::sta infanta Doña Sancha
antes era hermana de la mesma Heyna, hija d'el Rey üon Sancho
Abarca ... (p. 466).
Ambrosio de Morales, qui loue Garibay d'avoir manifesté
de la méfiancc pour les « cuentos de guerras ) - prisiones del
Conde Fernán Goniález 11, ne prend memc pas la peine de
chcrcher ce qu'était en réalité l'héro'ine :
Y Garibay notó muy bien muchas destas cosas desconcertadas y
sin buen tino. Por esto lo dex.o • todo : quien !uniere gusto de leerlo,
en la Corónica General que anda impressa lo hallará, y en otros libros
harto comunes, y públicos sacados della. Todavía quiero poner un
exemplo, para que se parezca mi justa queja en tener mucho de
aquello por mezclado con f:'ibulas, siendo verdadero. Es verdad que
ol l\ey de Navarra prendió al Conde Fornan Gonzalcz y a sus hijos,
porque asi se halla en los Anales Compostelano:;, añadiendo que
habiéndolos prendido en Aronia los mandó lleuar a Pamplona. Esto
dicen aquellos A.nales sucedió el aito de muestro Redentor novecientos
y sesenta, señalado allí por la Era novecientos y noventa y ocho.
Prosigue la Corónica General tales particularidades en la manera de
soltarse el Conde, y voherse a Castilla, que con poca advertencia se
verá el poco concierto y menos rnrisimilitud que en ellas hay. En el
hecho hay estas faltas, epues quantas mas hay en el tiempo, y en las
personas y en los lugares? El que lo prendió, dice, fué el l:\ey Oon
García .\barca. La que lo hizo prender con mal engaño Ooita Teresa,
madre del Rey Don Sancho el Gordo, y hermana del Rey Don García
Abarca. Y todo esto dice sucedió el año de muestro Hedentor novecientos y veinte y ocho. Sin todo esto no han de faltar milagros espantosos, oirse una rnz en el ayre, sin decirse lo que dh.o , )' henderse la
Ermita con su altar por medio, y parar todo en una gran blasfemia
del Conde (Coró11ica general de España, l. XVI, cap. X\:XIY, t. VIII,
p. :.173 de l'édilion Cano).
,. L'éJllion de O. Cano acccnlue de.rú, Je croi~ qu' il faul tire ihro.

�RL'LLl::rJ \

fflSPA'.'tlQUE

Le Hvrc ou Morales, précur.,eur en bien des points ele l'hypercrítique Masdeu, reiette ainsi.. comme une indin-ne lén-endc
"
e,
~
'
le récit de la Généralc, n'a paru qu·en 1386. ,\ ce momenl. le
/Jt' rebu~ llis¡&gt;wtiae de ~1ariana, dont les vingl premiers livres
furcnt imprirnés en 15!)2, élait déja rédigé, et si l'auleur a
marqué « Ambrosius de ~forales ,, sur la liste de ses sources 1
c·cst que ce dernier arnil publié ses sepl premier~ lines'
anlérieurernenl: aussi ne s'csl-il pas an·eté a consirlél'er la
vraisemblancc de l'épisode et sa critique rclarde-t-clle sur
celle de son prédécesseur: on sail du reste qu'il lranscrivait plus de chosc~ qu'il n·e11 croyail ,. 11 corrige · pourtanl le récit de la Générale sur le poinl qui JIOUS occupc :
pour lui Doila Sancha e~l la sa:ur de Doi1a Terc~a ;,¡ du' roi
García:
Praeterca Tlicrnsiac viduac l\t•ginac aslu, cum palris ,·lciscendi
cnpiditate ae~luarel, !'.iandia cin~ surur Co111iti pacta esl: \'rraca
comitis uxor dcfuncta eral. Sancl ia apurl G.irtiiam jralrem \'asconum
Rcgem ... (\'fll, 7.)
Aillcurs (\'Ill, 'i), il compte Teresa el Sauclia parmi les
filles de Sancho Abarca. Heman¡uons en oulrc qu'il place
les fails en !)58-939, et non pasen 927-928, comme la Géuérale.
L'édition de 162í traduit fidelemenl le Iatin:
Demas dcslo, por astucia de la H.eyna viuda doiia Teresa, que
deseaua vengar la muerte de su padre, se concertó que doña Sancha
su hermana casasse con el conde. La 1¡ual esla,a en poder de don
Garcia hermano de las dos, Hey de Navarra: era ya doña Vrraca
muerta, la primera muger del Conde.
Je citerai également le Caifílogo real y genealógico de Espwia,
de Hodrigo i\Iéndcz Silva, paru pour la seconde fois en 1656,
non pas que l'auteur fasse preuve loujours de bon sens, puisqu'il énumcre sans la moindre inquiéludc les rois d'Annius,
mah: parce que lui aussi, faisant allusion au comte Fernán
, . \ oir mo11 .llariana lúllQritn, p. 13¡ el 6~\1, . !bid., p . 296 11 tlil e11corc ailleuro, préci,émont
la fin du lh re VJII, oti il a
raco~1lé le~ avcnt.ure, de Fernún González, de son fil, el de Sancho el .lfay,,r; • Tragrrd,a, scr,~rc ,·,dcor ,';:fabulas: •cd ipsis llispaolac bi,toriis 110n qua si commentilia
s~ tac.ta emsdem gcoerl_s mulla meruoria- suol commendala. no, fidc111 nequc
ad1ung11nus, oo,¡uedclnlumus: quam r11_s merelur eit ,e lectores slaluanl "• {éd. 1591,
p. 398).

a

Gonz,ílez « que murio en Burgos año 9¡0 &gt;, ·parle de sa
seconde femme, doña Sancha,
exemplo de lealtad, ·' amor a los casados, digna de mayores encomios, que Mico!, esposa de David; lsicratea. de Milridales: Sulpicia.
de Lenlulo; y Cornelia, del gran Pompe~o; Era infanta de :\arnrra.
hija legitima del Re)· Don Sancho Abarca (p. 45;.
Pour clol'e cet exposé, qu'on pourrail allonger indéfiniment,
mais sans autre utilité que celle de nous fournir ~faulrcs
échantillons &lt;le la critique des historiens de l'Espagne depuis les
lemps les plus reculés jusqu·a nos joul's, disoni- que Lafuente,
qui rejelle en note et ne relate que pour mémoire les aventures
de Fernán Gonzálcz, fait également de Doi1a Sancha la sccur
de Doña Teresa et la fille de Sancho Abarca (parte 11, libro 1,
ch. XYI, t. 11, p. 270 de l'éd. en 15 tomes, 1861), el que
,\ (. Fernández de Béthencourl, qui ne rclient de l'aílaire ele
Cirueña que· ce qu·en disenl les ,111nales Compuslellani (l. 1,
p. 346), esl du jmemc avis en ce qui concer~e Doi,a Sancha
(t. 1, p. 352-3 el ,'1181: sur ces deux points, il n'a fait que se
conformer a la réservc el a l'érudilion éprouvée de Salazar ~Castro (Casa de l"ra, t. I, p . 4!)).

.. •.
Que diseul les romances: Dans le nn ¡o r de Durán, El buen
conde p,.,.,um Gonrale: en cruel prision eslaua. du au r:almllcro
r:e.wíreo (, 566), l'héro'ine, nalurellemPnl, remarque ~l. Menéndez
PidáJ 1 , esl la .filie, comme dans la Chronique ( entendons la
Chronique édilée par Ocampo), et non la sreur, comme dans
le Pocme. c·esl également hija que disenl les romances ¡02 de
Durán \ En prision eslaua el conde, du au mcme caballero
Ces,íreo (1566), el 698, Haciendo estaba w1asferias 3 , de Fuentes
(, 550); ceux de Sánchez Burguillos, reproduits par M. :Menéndez Pida!\ et suremenl aussi postéricurs a r 5 'ir, puisque
l'auleur, né en 15r2, suil pas a pas la Chronique 3. Quant au
1, llomeM!fe ,; .Utné11,lt: l'tl,,yo. L. I, p. 4115,
,. /bid., n• 18.
3. /bid., n' 11.
\. !bid. , n., 2:i et,@.
o. Ibid.;p. 48jj.

Bu//. hilpan.

11• 1;.

'i

�BULLETIN HISPANIQUE

romance 700 de Durán 1 , Preso eslá Fernan Gonralez, el gran
conde de Castilla, que M. Menéndez Pidal estime inspiré par

l'Estoria del noble caballero el Conde Fernan Gonzalez, con la
muerte de los siete infantes de Lara, parue trente ans avant la

I1EDllO MEXL\, CHRONIS'l1.E DE CHARLES-QUINT

Chronique générale, il n'y est question ni de tille ni de sreur,
mais d'in.Janla; de meme que dans le nº 706 •, Preso está
Feman Gonralez el buen Conde castellano, inspiré la meme
source et consacré a l'emprisonnement du comte par le roi
de Léon, Sancho Ordoí1ez, la fidele épouse n'est désignée que
par le mot de condesa; de sorte que ces deux romances, manifestement plus anciens, et remontant indirectement
la
Chronique de 13H 3, ne décident rien.
En somme, aucun ne présente Doña Sancha comme la sreur
du roi García; aucun ne reproduit sur ce point le Poema de
Ferndn Gon:::rílez, non plu~ que le Rodrigo, qui fait de la jeune
femme, on l'a vu 4, la femme d'un Sancho Ordóiíez, roi de

(Suite'.)

a

a

Navarre, et l'appelle Constance.
(A suiure.)
,. Homena9e, n ° 76.
lbid., nº 7.
3. Jbid., p. 473 el 475.
4. Bull. hisp., 1921, p. 8.
2.

G. ClROT.

APPEl\'DICE

III

Les Emprunts de Sandoval.
Table de concordance avec le ms. 3779 de la Biblioteca Nacional.
[Rclacion de lodo lo sucedido en las comunidades de Castilla y otros Reynos Reynando
el Emperador Carlos V (Anonyme)'.]

Cap. l. - Ce chapitre commence a la mort de Ferdinand et
contient les documents suivants : « Testamento que hic;o el s•· don Fd•
que aya S 1• gloria&gt;&gt; (avec sa lettre au prince Charles)(= S1 L. I, § 62);
11 Carta que ymbio el Príncipe ñro S' al Card 1 despaña » (= S1 L. 11, § 4);
« Carta que ymbio el Principe a la reyna Xermana » ( = S1L. II, § 4);
« Carta que ymbio el Principe ñro S' al Ynfante su hermano 1,
(= s1 L. n, § 4).
Cap. II. - Bvénements de Valladolid, dispositions priscs par le
cardinal Cisneros, troubles qui en résulterent, et« Carta que Valladolid
ymbio al alteza a Flandes» ( = S1 L. II, § 18, 19, 20, jusqu'a: 11 detuvose
el cardenal. .. 1&gt; et L. III, § 6).
Cap. III. - Le couronnemcnt de Charles est représenté it Valladolid
en divertissement (Non suivi par S1).
Cap. IV. = S 1 L. lll, § .:io, plus un passage sur les événements de
Valence el Barcelone.
Cap. Y.= S1 L. V,§ 6, et quelques passages du L. V,§ 9 (p. 31,
depuis: « un hombre cordonero » a « ... priesa que pudo n et p. 3.:i,
depuis: 11 a 5 de marzo salio de su palacio .. . n a : &lt;&lt; reinos »; et depuis :
11 la justicia de Valladolid ... » a la fin du paragraphe).
Cap. VI. - &lt;1 De como se celebraron las Cortes en la Coruña, y
hechas, de lo que mas su~edio » ( = S1 L. V, dernier alinéa du § 11 et
premier alinéa du § 13).
1. Voir Bull. hisp., 1920, p. , et 256.
•· On lit toulefois en marge du ms : « El autor desla Relacion se llama va Ayora
natural de Palencia y noble y siguio las comunid'" y fue de los perdonados. • Puis,
d'une autre écrilure: « este fue de Cordova y caso en Palencia.• [Cf. Boletín de la R.
Acad. de la Htstoria, 1890, t. XVII, p. 445 (art. de Cesáreo Fernández Duro). G. C.J.

�96

BULLETl'.'l HISPA:'IIQUE

Cap. VII. - « Como acavadas las corles su ,1d embarco y los males
que suscedieron en Castilla». S' suil tres peu la Relalion pour l'embarquement (L. V,§ :l8) et pas du tout pour les événements de Zamora.
II le suil pour l'assassinaL de Tordesillas a Ségovie (L. V,~ 31) depuis
la page 85 : « quiso les manifestar la negoc;iacion que traia _ »
jusqu'a la fin, n'ajoutanl que ce simple détail : « Yha (Tordesillas)
encima de una mula y vestido de sayon y tavardo de terciopelo
carmesí 11.
Cap. VIII. - « Como ~ ino a Valladolid el card' de Tortosa pa.ra
remediar si pudiesse es los males&gt;&gt; ( = S' L. V,§ 39, moins les premicrcs
lignes).
Cap. IX. - &lt;&lt; De corno se rebeló la i;iudad de.Guadalajara &gt;&gt; (=S' L. V,

§ 43).
Cap. X. - &lt;• De como se rebelo la i;iudad de Burgos, y de la desastrada muerte de Jufre aposentador».
S' s'est peu servi de ce chapitre. LI rapporte cependanl d'apres lui
(L. V, 4o) les paroles , engcresses de Jufre, mais les allusions au
charbonnier, a \ ivar &lt;1el Cid, a l'ambassadeur de France. au curé el
l'intervention des chevaliers, proviennent d'une aulre source.
Ici se place une longue digression laquelle S' fait allusion (L. VI,
S 12). L'auteur de la Relation écrit en effet: « Porque V" Sria e) sepa
algunas de las cosas, de los juic;ios y algunas Profei;ias de sancto Ysidro
y otros sanctos que halle scriptas de letra antigua de muchos tpos
antes a esta parte acorde de poner aqui algunas aunque al parecer le
pare&lt;;eran cosas espantaQles ... &gt;&gt;. Et il cite successivement plusieurs
u juyzios ». L'un d'eux est ainsi mentionné: « Estas son las cosas que
dixo A.ndres de la Inojossa vzº del burgo de hosma quando se quiso
morir en el hospital de la Trinidad en Salamanca en el año de 1515 ».
Viennent cnsuite « las Profe.-;ias que hizo sant Ysidro y Fray Juan de
Hocac;isla y ~Ierlin y otros doctores ... 1); la (&lt; Profec;ia de S' Juan Dama&lt;¡cno »; « un planto que sancto Y sidro Lloro é hizo sobre España 1&gt;;
la 1&lt; Profe~ia que escrivio maestro Unay frayle menor aleman de la
llorden de Sanctiespiritus n el 1&lt; ciertas profecias glosadas año 15:l 1 , •
L'écrivain, qui a rassemblé toutes ·ces prophéties pour son histoire,
croit fermement tout cela et se juge tres pres de la fin du monde.
Cap. XI. - Contient une lettre que Tolede envoya a Valladolid et la
réponse faite (S' n'en donne que le compte rendu L. V,§ 7, puis une
page pour dire que_ le cardinal envoya Ronquillo sur Ségovie et lit
publier des&lt;&lt; mercedes,&gt; pour maintenir Valladolid dans le devoir.
Cap. X.U. - ce De lo que acaecio en la ciudad de Leon &gt;&gt; ( = S1 L. VI,
§ 1 1 ). C'est a la Relation que S1 fait allusion : &lt;&lt; Dice esta memoria ... » ele.
Cap. XIII. - &lt;( De como se rebelo la villa de .\1adrid. »
R.eproduit par S' L.V,§41, jusqu'a : e&lt; Levantaronse ... n, puis L. V,

s

a

a

a

PEDIIO ,tEXH, CHRO'ili-TE DE CHARI,ES-QUI'-T

~

o-

.'

u Un caballero principal. .. » (p. 131) jusqu'a : (&lt; ... y
desde alli hizo á los de Segovia.... &gt;&gt; (p. r 31 ), et L., , § 46 &lt;'TI cntier.

l14, depuis :

Yient ensuile, dans la Relation, une lettre dr Leon a Valladolid non
citée par S', un passage reproduit par Jui (1 '' alinéa du § /1í, L. Y) et
deux lettres du roi, dont il donne le compte rendu (L.\.§ 42).
Cap. XIV. - &lt;&lt; De ln que hizo el alcalde Ronquillo sobre Segovia ,1

( = S1 L. V,§ 4í).
Cap. \. V. - &lt;1 De como se levantó la ciudad de Murcia y de oomo iue
halla el alcalde Legi&lt;,:arno ~- lo que mas sucedio 1&gt; (= S1 L. n, § r 4, 1., et
:i' alinéa). Le discours de Gonzalo de A)Óra est reproduit intégralement
par S' (L. V,§ 35).
La Relation est interrompue au fol. 75. Quatre chapitres manquenl.
Cap. ~X. - (&lt;Delo que hizo Joan Arias Sr. de Torrejon en favor de
la fortaleza de 1\ladrid y de los daños de Torrejon y otros lugares. 11
Fournil tout le§ l1g du L. Y de S'; el, dans le§ 5o du L. Y, la derniere
phrase sur Ciempozuelos et Alcalit est le résurné de la derniere page
de ce chapitre.
A la fin qu § 49, L. \ . S' rapporte, d'apres la Rclation, la résistance
des habilants de Mostoles conlre Juan Arias qui venait de les piller:
« Acudieron todos sobre ellos cuando salian cargados, y quitáronselo
todo sin querer malar á ninguno n. La Relation ajou le le détail piltoresque suivant : « .•. excepto a un hombre que hiba lan cargado de
ropa como de codicia que apenas podia andar que jamas quiso dexar
la presa y rrobo que llebaba hasla que a lanzadas lo mataron y aun
estando para morir nunca le pudieron arrancar de la mano una
gallina».
Yoici, d'autre part, commen t l'auteur de la Relation raconte les
événements de Ciempozuelos, auxquels S' fait allusion :
&lt;( Otro luga1· que esta &lt;;:erca destos que he dho, llamado Ciempozuelos,
de al pie de 600 vez""', que es de don Fernando de Bobadilla, que
tiene título de conde, se le hal&lt;;:o diciendo que querian ser de la corona
real, y con este apellido los prales labradores convocaror_i tt todo el
pueblo á ello, y como ya todos los cora&lt;;:ones estavan alterados, no
obo mucho que hazer en los levantar, y estavan todos tan c;iegos y
ganosos de andar en mal, que hasta un hombre rico labrador v1,º de
este lugar, el mas rico )' de muy burn seso que abia en gran parte
(que nunca le vieron hazer ni dezir ningun desconcierto), les hizo a
todos un largo razonamiento, y entre otras cosas que prnpuso,
concluyo diciendo : « Ea, ombres, todos procuremos por la liberta&lt;),
&gt;)y¡ viba el rey J la reyna, y muramos todos contra Fernandillo (dicien• dolo par el conde de Chinchon su Señor), y veamos que nos hara ! »
Y con esto, todos fortalecieron su lugar y armaronse rondando y
guardándose lo mejor que pudieron. Y como don Fernando de Bobadillu su Sr. lo supo. allego mucha gente de sus amigos y parientes,~

�98

BULLBTIN HISPANlQUE

PEDRO MEXIA, CHRONISTE DE CHARLES-QUJ"IT

con mucha de su gente y tiros vino sobre ellos y cerco todo el Ju erar
o '
y con el artillería comen&lt;;o á jugar con ellos y derroco algunas casas;

Cap. XXVIIJ. - 11 Que habla de como se hordenaron estos capítulos
de la junta diciendo que hera en favor del reyno » = S1 L. VII,§§ 16,
17, 18, 19.
Cap. XXIX. - « Que habla de la embaxada que trajeron los que la
villa de Valladolid ymbiaron á los 8"' del consejo ,l = S 1 L. \'lll, ~ 20
et § :u, jusqu'a: u Como lo guerra era entre parientes ... »
Cap. XXX. - « Que habla de como se combatio Alaejos. n Pas dans
S 1 (Voir Appendice VI). Contient ensuite la lettre du comte de Benavente Valladolid ( = S1 L. VII, § :n, p. h7), et raconte les efforts de
l' Amiral pour réduire Valladolid ( = S1 L. VII, § n).
Cap. XX.XL - u De como embiaron los capítulos á su W á Flandes
y ele las cosas que en esta corte hizieron y acaescieron en Valladolid.»
Renferme la lettre de la Junta au roi de Portugal (S 1 L. YII, § 13,
jusqu'a: « No he podido saber..• » (p. 397). La Relation ajoute que la
Junta écrivit aux rois de France et d'Angleterre.
Cap. XXXII. - u De los grandes ejercitos que se juntaron de ambas
parteSl) = peu pres S1 L. Vlll,§3, jusqu'a: «El campo de los caballeros ... » (p. 16). Vient ensuite l'« Instruic;:ion que la junta dio á sus
capitanes ( = S1 L. VII, § :.i3) et la &lt;e carta de los capitanes de la junta
( = S 1 L. VIII, § 2).
Cap. XX.Xlll. - 11 De las cosas que subcedieron entre tanto que se
juntaban los exercitos ,1 = a peu pres S1 L. Vlll, § 4, depuis: &lt;( Fueron
el presidente... 11 (p. 2:1), jusqu'a: « En esta coyuntura... 1&gt; (p. '..13), et
L. VII, § 5 et§ 6, jusqu'a: « ... se alzase de Medina. l&gt; (p. 27).
Cap. XXXlV. - &lt;t De como los capitanes de las comunid~des ali;aron
su real de sobre Ruiseco I e los grandes cobraron a Tordesillas y a la
reyna n = S1 L. VIII, § 8, jusqu'a: « El conde de Haro ... n (p. 4o), et
le § 9 en entier.
Cap. XXXV. - &lt;1 De como los capitanes de la comd se vinieron á
Valladolid y de como derrocaron muchas cassas » = S 1 L. YJII,§ 11. C'est en outre á ce chapitre que S1 emprunte (L. Y, § 2) l'alinéa qui
commence: « Que no había moneda en todo el reino ... », jusqu·a:
« Además de esto ... n
Cap. XXXVL - 11 De como los deputados de la junta desvaratados
vinieron a Valladolid e reycieron otra hez sujunta » = S1 L. Ylll, § 12
et § 1 :S, jusqu'a : « con grandísimo contento . . .. n (p. 59).
Cap. XX.XVII. - « De ciertas cosas que acaes9ieron en Valladolid
en este tiempo. n N'a qu'une demi-page. Dit comment la ville voulut
norrnner des « alcaldes ordinarios n et comment &lt;1 los de las casas
de los linages 1¡ ne le permirent pas.
Cap. XXXVIII. - « De lo que acaescio en Cigales y del combate de
Fuentes n = S1 L. Vlll, § 14.

y despues de aver pasado entre ellos ciertas ponadas y portias,
entroles el Jugar por fueri;a y prendio y castigo y justi&lt;;:io a los mas
culpados; y al labrador que dizimos desuso, arrastro y ahorco y
tomole la mitad de lodos sus bienes, que eran muchos en mucha
cantidad, y la otra mitad, por rruego, dejo para sus hijos. ,i
Cap. XXI. - a: Que fabla de lo que acontecio al alcalde Leo-uii;ano
en Murcia ll (= S 1 L. VI,§ 14).
o
Cap. XXII. - &lt;( Que fabla del socorro que vino de Toledo á los de
Segovia y como se partieron el alcalde Ronquillo y D. Antonio de
Fonseca en Medina del Campo y de la quema y destrnii;ion della. &gt;l
A peu pres tout le paragraphe 54, L. V de S1 est la copie de ce
chapitre (depuis: «A. de Fonseca penso hacer. . . », jusqu'a : « Los de
:\fodina mostraron ... », puis de : e&lt; Quemase todo ·el monasterio ... »,
a: « Con esta plaga quedó la villa de :\fodina... » (p. 156).
Cap. XXIII. - « Que fabla de como se levanto Valladolid, y de los
daños que se siguieron. » Conslilue, dans si, le paragrnphe 2, L. VI,
partir de: « A.si juntos 5 ó 6000 hombre ... » (p. q2), et le
paragraphe 27 du meme livre, jusqu'a: « Habló muchas vezes Juan
de Padilla ... &gt;l (p. 2l4).
Cap. XXIV. - «·Que fabla de como se juntaron los pueblos de Avila
a hazer junta y de alli se fueron a Tordesillas y de lo que allí hizieron »
= S 1 L. VI, §§ 28, 29, 3o, 31. Ce chapitre contienl en outre la lettre
du roi
Valladolid pour la nomination des trois gouverneurs (de
Bruxelles, 9 sept. 15lo).
Cap. XXV. - « Que habla de como el card1 de Tortosa se quiso hir
de Valladolid y no le dexo la communidad » = S 1 L. IV, § 3.~.
Cap. XXVI. - « De como se alvoroto Ubeda y de la quema del lugar
de Xada y de como se fue el card1 de Valladolid secretamente» = S1
L. YI, §§ 6, 34, 35.
Cap. XX VII. - 1&lt; Que abla como despues de ydo el cardenal de
Valladolid obo muchas rebueltas en la villa. » Contient un épisode
des troubles de Valladolid non mentionné par S1 (voir Appendice 111),
puis la «carta requisitoria» de la Junta, el ce que la Junta écrivit
a L'Empernur (= S1 L. VII,§§ 1, 12, et L. VI, § 3l). Vient ensuite une
lettre de l'Amiral ir Valladolid (de Cerbere, :n oct.), celle de Burgos
a Valladolid ( = 8 1 L. VII,§ 5), les c1 capítulos de Burgos» (id. S1), la
lettre de la Junta
Burgos 1 ( = S1 L. VII, § 7), la suite des troubles
1
de Valladolid (S L. VII,§ 10), la lettre de Medina del Campo au cardl
de Tortosa (= S1 L. V,§ 54, p. 161), et six pages tres détaillées sur Je
couronnement de Charles Aix:-la-Chapelle (f" 129 de la Relation).

a

a

a

a

1.

La lettr-e de Burgos

dans la Rclation.

a la Junta, donnée

a

a

par Sandoval (L. VU, ¡ 8), n'est pas
,. Rioseco [G. C.j.

· 99

�BUU.ETl:'I HISPA:-IIQUE

100

Cap. \.\\1\. - &lt;&lt; De los dai\os que Valladolid recivia cada dia &lt;le
los de Simanca!' n = S L. VIII,~ 15, jusqu'a: « Con tanta rotura ... ••
et de: u Volviendo pues ... n, a~« Quericndose vengar ... »; puis L. VIII ,
§ ~7, § r 5, et ~ 17, jusqu'a : « Estas y otras razones ... 1&gt; (p. 70).
Cap. \L.
« Del combate que se dio a la fortaleza de Empudia y
de como la tomaron los de la comunidad n = S1 L. Vlll, ~ 16, moins
le dernier alinéa: &lt;&lt; De Ampudia partio ... », et moins la citation de
Guevara.
Cap. \Ll. - « De una carta que embio su Mag-' a Valladolid para
c¡ue saliese ele ella la chan&lt;;illeria e colegios e lo que snbcedio despues l)
= S' L. n ll , ~ 3o, plus le dernier alinéa des paragraphes 16,
31 el 33.
Cap. \ LI l. - u De como eligieron.-, J• de Padilla para ca pitan general e lo que ele aq11i subcedio n
S' L. YIII, ~ 39, et ~ 4o, jusqu'a :
« Lo que mas sentia ... »
Cap. XLlll. - &lt;&lt; De como se quenta que mas subcedio en Burgos
con el condestable))
S' L. \"111, ~ lp, et~ 43, jusqu'a: « Dignos son
de ... • Au début du chapitre se lrouve la lellre ele \'alladolid • á los
S'" cavalleros &gt;&gt; reproduite par S' L. VIII,~ 4o. Le monastere d 'Aniago
(~ 43) est appelé Ciniago dans la Helalion.
Cap. \LIY. - « Que habla de como anda va el concierto. &gt;&gt; Renferme .
la « carta que \" alladolid y mio á los S"· governadorrs y respuesta de
otras » (S' L. \ 111, ~ 3:l ).
Cap. \L\. - 1&lt; De como salio de Caratan Juan de Pad• con mucha
gente sobre Torre [lobaton] » = S' L. VIII,~ 44, jusqu·a: 11 Dieronle
un asalto ... n (¡l. 136), et de: « El sábado adelante . .. » (p. s38), la
fin; puis ~ 41i, depuis : 11 Habiendose concertado... n (,• alinéa), a :
« El almirante, gobernadores ... n. Le chapitre se termine par la lettre
de la "ille de Dueñas a Valladolid ( = S' L. Ylll, ~ !19).
Cap. \LVI. - t&lt; Como entendian personas y cavalleros en la paz.»
Chapilre lres longuement utilisé par S', qui lui emprunle: le dernier
alinéa du paragraphe 46, L. VIII: la fin du paragraphe 1, L. IX,
partir de: u En los dias que digo .. n (p. 160); le paragraphe :l, L. 1:-.,
ju,-.qu'a: « Esta carta ... ii (p. 16:¡); entierement le paragraphe 3, L. IX,
le paragraphe .i, L. IX. (p. 188), et le paragraphe :.i5 du L. YIII. 11
renferme en ontre un petit passage sur le comte de Salvatierra, mais
le récit des événemenls du paragraphe 26, L: Yll. n·est pas tiré de la
Relation.
Cap . .\.L n l. - « De como los de la junta hicieron processo contra
los grandes y los prendieron por traidores y lo qnr. mas sucedio n
= S' L. IX, ~ 6, depuis : « mandaron hacer un gran cadalso ... n,
plus L. 1\, ~ 9. et L. 1\., ~ 1:.1, jnsqu'a: « De esta manera ... ». Yienl
ensuile la • carla de la ciudad de Leon á lalladoliJ ,&gt; reproduile par
1

a

a

S' L. l\,

~ 1:.i.

101

PEDRO \IF.XIA , GHR0'.'11S1 F. DF. CHARI.ES-QUt:H

n

f.ap. \ L 11. - « De lo que el obpo de Osma hrrinano del almirante
hizo en el lugar de ~feneses » = S' L. 1\, § 13, moins le dernier alinéa.
Ce chapitre renf~rme en oulre la lettre de P• Giron que résume S' au
L. IX., ~ 8, et l"essenliel du ~ 14 , L. IX, qni esl généralement copié,
quelquefois résumP. Les « &lt;'apitulos de concordia n sont exaclement
reproduits par S'.
Cap . .\.U.X. - u De como no pudiendo a ver efeto las pazes, las
comunidades se aper1:ivieron otra vez de gente ) de lo que hi&lt;;Ó el
f.ondestable par campos» = ueu de choses pres le paragraphe 15,
1,. I\ de S'; le paragraphe 18, L. [\ ( moins les deux. premiers alinéas);
le paragraphe :ll, L. 1\,
partir de: u desbaratados, pues ... »,
jusqu'au « Perdon •; L. 1\, ~~ :lO, 21 et n, moins le passage, depuis:
« Si bien es verdad que hubo ... », jusqu'á: ll El castigo ... •· Le
chapitre renferme en oulre la substance du dernier alinéa du paragraphe
L. 1\. S' suit encore de tres pres la Helalion au paragraphe 16,
L. 1\. La con, ersation de Juan de Padilla avec le « clérigo l&gt;, ses
fameuses lettres
Tolede et
son épouse, sont empruntée:;
la
l\elation. Celle-ci menlionne également le mouvemenl de colere de
Juan Bravo (L. 1\, ~ 19), et la réponse de Juan de Padilla. Elle ne
parle pas. par contre. de Juan de Ulloa ni de l'alcalde f.ornejo.

a

a

i,

a

a

a

Cap. L. - « Que fabla de como se dieron muchos pueblos á lo~
grandes»
S' L.1\., ~ :l3, premier alinéa,jusqu'a: 11 Solo Toledo ... »,
el la « carta del &lt;\lmirante para\ alladolid ». Pour les événemenls de
\avarre, rapportés par S' au L.\, ~ 5, celui-ci emprunte la Relation
qnelques indications: &lt;1 Segovia dio 1000 hombres ... », etc. (p. 297),
jusqu'a : « Luego ... »
.

a

Cap. Ll. - « Del grande re¡;ibimiento que Yalladolid hho al almirante»
S' L. l\., ~ ll1 , premier alinéa. Puis vienl un long passage
sur la guerre de ~avarre, snivi d'assez loin par S' L. X, § 7.
Cap. Lll. - « De las cosas que aconle&lt;,.'ieron en Toledo estando
rebelada• = S' L. [\, ~ 23 , depuis: « Los gobernadores sentian ... "
( p. 145), a: « Venido el mes ... • (p. 2~6). Le chapitre traite ensuite
des événements de \ a len ce = L. Yl, ~ 37, clepuis : « Precedieron á
este miserable desconcierto ... », jusc¡n'i.i : a: Dije como al tiempo &lt;le
parlir el emperador ... &gt;1
Les dernieres pages du manuscril nr son! pas de la meme écrilnre
el n'obsenenl pas la dh ision en cha pi tres. Elles renfermPnt la
t&lt; Prision ~- fin de D. Ant de Acuña obispo de (:amora » \S' L. 1\.,
~ 25, dernier alinéa; L. YI, ~ 2 1, et L. 1\, ~ 28): u Fin del conde
ele Salvatierra&gt;&gt; ( = S' L. IX , ~ 29. moins le passage depuis: « Q11bole
castigar ... ••
« La muerte... »). et les • Degollados ele Palencia ll
(S' = L. 1\, ~ 27).

a:

�102

BULLETIN HISPANIQUE

PEDRO ,rnxrA , CHRO'ilSTE DE Cl-fARLES-QUl:iT

APPENDICE IV
Les Emprunts de Sandoval. - Table de concordances
avec la Relation d'Ortlz .
1~h. G 62 de la Coilec. L. Salazar (Bibl. de la ll. Ac. de la Jlist. ). -

222

feuillels. ]

Ce manuscrit, qui contienl trois relations se rapportant aux
i,,' est précédé de la note suivante de Ga1lardo: u No
creo que sea la Historia de las Comunidades de Castilla atribuida al
Loledano Pedro de Alcozer, pero que por los bien entendidos se tiene
por del canónigo Vergara ».
Une deuxieme note, signée Benavides, suit celle-ci et en fail
justement ressortir l'étrangeté: (&lt; Se conocen, dit son auteur, u que
el S· Gallardo no leyó este manuscrito. Si le hubiera leido hubiera
visto que en el se contienen 3 relaciones de lo acaecido en tpo de las
comunidades, y cada una de distinto aulor: la primera y la última
cuenlan en resumen lo ocurrido en aquella época desde su principio
hasta el fin; la segunda es una historia estensa aunque por desgracia
no concluida, por terminar antes de la batalla de Villalar; y esta
narracion es de Diego Hernandez Ortiz, jurado de Toledo residente
en la corte, y com[isiona]do por la ciudad en union del regidor
Gaitan para pedir contra los agravios que sufria el reyno. ,,
On ne saurait, en effet, douter de la personnalité de l'auteur de
cette deuxi8me relation, qui s'appelait cependant Alonso et non Diego
Tlernandez; il parle tres souvent de lui dans son histoire, qui comprend 61 chapitres, de meme que son coUCgue G• Gaytan 1 et d~clare
avoir voulu écrire cettc relation : &lt;&lt; Creyendo que aunque personas
d9cta~s se pongan en las escrivir, ninguno podra dar la relacion que
yo como testigo de vista y por quien se trataron las cosas mas señaladas que entonces se ofrecieron».
La relation d' Alonso Ortiz a été connue de Sandoval qui, sans
jamais le nommer (du moins en lant que source d'information) , lui
a emprunté bien des cbapitres du cinquieme Hvre de son llisloire.
Nous donnons ci-dessous l'étendue exacte de ce$ emprunts:
(&lt; Comunidades

Livre V. § 9 = cha p. 1 1 de la relation d'Ortiz .
§ 10 = chap . 14, depuis : &lt;&lt; El domingo despues de haber oido
misa ... ,, (p. 34) •, jusqu'a: ce El Emperador les dijo solamente ... »
(p . 35).
1.

Dans cet appeodice, comme dans les deui: précédents, nous donnons, pour les

cilalions de l'IIisLoire de Saadoval, la pagination d'apres l'&amp;J. de la ltctura.

w3

§ 14 = chap. ~o et cha p. :u, depuis : « ... dos horas despues de
anochecido ... » (p. 45),jusqu'a: "Estas y otras diligencias ... » (p. /i7).
§ 15 = chap. » et ,3.
§ 16 = chap. &gt;4, jusqu'a: "Persuadihon al vulgo ... n (p. 51).
§ 17 = chap. &gt;4 et 25.
§ 18 = chap. 26.
§ 19 = chap. &gt;7.
§ ,o = chap. ,8, jusqu'a: "Con esto se avivó el fuego .. . » (p. 59).
§ 2 r = chap. ,9.
§ n = chap. 3o et 31.
§ ,3 = chap. 32, jusqu'a: • Este favor tan grande ... » (p. 65).
Alonso Orliz ajoute ce délail:
(&lt; Cantavan entonzes ]os muchachos:
Viva la gala de Jn dr Padilla
que quito el pecho a Castilla.
Viva la gala de D" Pedro Lasso,
que hablo con el Rey papo a papo .. . ,.
§ ,4 = 33, '
§ ,6. S' donne d'apres Ortiz (ch. 34) la liste des pet·sonnes du
Conseil qui n'étaienl pas d'avis u que se cobrase el servicio&gt;&gt;.
§ 33. Le premier alinéa est copié cl'Ortiz (ch. 4/i).
§ li8 = chap. 37,
Uvre VI . § 8 =_cha p. 4o.
§ 9. \lentionne d'apres Ortiz (ch. 113) Toro et Ciudad Rodrigo.

APPENDICE V
Un épisode des troubles de Valladolid
pendant les Comunidades.
. Y~ saveis como el cardenal salio de Valladolid y se fue a la viJla de
Rioseco y con el se juntaron algunos de los señores oydores y ofü; iales
del consejo rreal; donde estobieron algunos dias esperando al al miran le
que fuera del rreyno eslava y al condestable, que aper&lt;;ibia quanta
gente podia. En Valladolid avia mucha dibision por aver huello el
cargo de capitan al ynfanté_, y algunos de los de la villa de malas condic;iones y de peor yntencion, urdieron una traicion que ñro señor no
quiso que ubiese efeto; antes pagaron como agora oyreis los que en
la trai&lt;;ion avian seido, y fue desla manera : que escrivieron una carta
a la junta de Tordesyllas ha&lt;;:iendoles saver como en la villa avia parc;ialidades y que no querian obedesver las probisyones de la junta y le
yban a la mano ert todo; que devian de probeher tal persona que con

�!04

BUU.ETIN HISPA'HQUE

gente viniesen a Valladolid para que castigasen y aorcasen a los que
des le bando heran, nombrandoles primero al ~ nfante y a Gon&lt;;alo
Franco y a los diputados de la villa y a todos los que enlravan en la
junta de Yalladolid, que heran muchas personas particulares; que
si a estos aorcasen, que la villa quedaria libre de lraidores, e los que
quedasen harian todo lo que la junta quisyese; y enbiaron a dezir
otras muchas cossas, como las quisyeron componer y hordenar. Y por
otra parte, estos traidores que abaxo oireis llic:ieron entender a la quadrilla de ::\lercado, que hcra una de las mayores de la villa, que estubiesen a punto para dende en tres dias, porque les hac:ian saver que
hera menester, porque se rrezelaban de gente forastera que creían
que hernia a Valladolid; porque tenian concertado de hazer una
rrebuelta en una calle, y entre tanto que hiban a socorrer, avian ellos
de yr a degollar al ynfante de Granada v a Gonc:alo Franco va Jorae
.
.
"
de Herrera y a todos los diputados y a todos los que en la junta de
Sancta Maria la ::\layor entra,an a entender en el pro de la villa.
y a lodos los escrivanos de ª)'tmlamiento y a un Fanegan platero y a
otros muchos; esto todo con favor y ayuda del obpo de (:a mora que
bino de Tordesyllas con mucha gente por lo que le ynbiaron a dezir
los que adelante oireis. El qual vino, y su ben ida se supo por avisso
de un bachiller que se llama Pulgar e de un Francisco Gomez e de
un Saldaña escrivano que la villa avia enbiado a Tordesyllas a la junta
:i ha¡,er saver a los de la junta las cossas que passavan en la villa de
Valladolid ; y estos dieron mandado a la villa para que tu bies en a buen
rrecaudo, porque benia el obpo de (:amora con mucha gente a meterse
dentro en la villa para hazer gran mortandad de los sobredichos.
E como el obpo vino e bio el gran rrecaudo en que estav11n las
puertas e toda la villa, obo efelo que ni pudo entrar ni quiso Dios que
entrasse porque tanbien benia el engañado. Que sy entrara, obiera en
la villa grande escandalo y muertes de hombrf"s, y avía muchos de los
que heran participantes en la rrebuelta que dezian que entrase el
obispo ~- su gente para her lo que avian de hazer. Los otros, como
beyan el mal alojo, dezian que no entrase, porque ValJ no tenia
nezesydad de meter gente, aunque el obpo decía que venia de parte
de Vall" a hermanarse con Vall\ y ansy por estonzes no fue creido
y se bolvio y en la villa quedo mucho desconcierto y diferenc;ias.
Otros estavan atonitos no saviendo el secreto de la traic;ion, e como
ñro señor es justo e lo save todo, no qu:so que pagasen justos por
pecadores e dio lugar a que la traic;:ion fuese descubierta, e fue desta
manera que bos dire :
lín Luis Gomez de ~fercado hera diputado en la quadrilla de Mercado
que dho avernos, e como a veis oido, a\'iase entremetido en estos autos
de la comunidad mas de lo que a su honrra conbenia. En conclusvon
que el hera uno de los que burdieron la traic;ion ya dha, juntam~nte

PEDRO )IEXIA, CIU\ONISTE DE CllARl,ES·QUJiT

105

con un Camargo barbern e con un bonetero, casados. vezinos de
Vall~ y otros muchos que adelante se diran; el qua! se fue a confesar
con un fraile de Sant Francisco y le dixo que por descargo de su
conciencia queria descubrir una gran traii,ion que el y los que dlio
lengo tenian conzertado de hazer a la villa con otros muchos, y despues
que obiesen degollado a los que arriba tenemos dbo, que davan
a sacomano a la trnperia y costanilla y las cassas de Juan de Morillo
y la freneria; y que esto, que lo podrían hazer, entre tanto que la
t1uadrilla de Mercado entendía en defender las puertas, a un rruido
qu&lt;.&gt; avian de travar, e con el favor del obpo de Zamora que avia
de entrar dentro con ellos. Y ansy descubierto, el fraile lo manifesto
a la villa, y un miercoles que se contaron veinte e quatro de otubre
del dho año, prendieron al bonetero y llevaronle preso mucha gente
de la villa e metieronle en la carzel de la villa adonde le dieron tormento, e confesso todo lo dho ~ aun mas y condeno al Camargo
barbero y a otros muchos.
\ luego el dho Camargo vino al monesterio de Prado, adonde
luego este dia fue la comunidad y la justicia de la villa ~ de la canc,illeria y lo sacaron e prendieron e lo truxeron hasta meterlo en la
villa e por milad della con mucba gente de a pie y de a caballo y· con
un tanbor de i;uica, y con grande autoridad lo metieron en la carzel
de la villa, adonde se careo con el bonetero ) confeso conozer al harnero y ya tenia en la carzel un asno y verdugo y pregoneros para sacar
al bonelero y los sacaron ahorcar sin lo traer por las calles, e dieron
con el derecho a la horca y lo aorcaron, y luego confesaron al Camargo
barbero y lo sacaron ansyrnesmo a acrcar en el mismo dia que fue
presso, y lo aorcaron junto con el otro, y ansy los dexaron aquella
noche en la horc~ asta otro dia que los llevaron a enLerrar.
Y ansy fue a eslos castigos y a otros exemplos que hic;:iesen semejantes delitos contra el mundo et contra sus animas et contra dios
ñro señor al qual rroguemos quiera guardarnos de traicion e poner su
bendita mano en l!Uestra Españ.a y en los sus subditos servidores,
e nos traya al buen tiempo pasado para que tengamos paz e mucho
sosiego y nos dexe acabar en su santo servi&lt;:io. Amen.
(l\elacion de todo lo sucedido en las Com••· de Caslilla ...
cap. XX VII.)

APPENDlCE VI
Belle défense de la forteresse' d'Alaejos.
A todos hes notorio ·como la villa e fortaleza de Alaexos quedo
muchos dias en la guarda y tenenc,ia ae Antonio de Fonseca, como
tutor de la marquessa, muger del marques de Zene,te, juntamente con

•

�106

BULLETIN lllSPA.'iIQUE

la villa y fortaleza de Coca y olros lugares, vienes y hacienda que le
dexara a la dicha marquessa (seyendo bella donc,ella) Remando de
• Fonseca su padre. El qua! dho Hernando de Fonseca, su padre, por
enoxo que obo della porque se casara con el dho marques de Zenete
por ~mores, seyendo como hera una de las mas lindas damas del reino,
mando al Antonio de Fonseca su hermano, que tuviese las dichas
fortalezas e no acudiese con ellas a la dha su hija, y así se apodero
dellas e las tubo mucho tpo; que aunque despues el marques de
Zenete su marido se las pidio, diciendo pertenezerle por su muger, no
le aprobecho nada, porque el dho Fonseca hera muy pribado del rrey
e se hac,ia en el 1-reino mucho de lo que el queria y manda va.
Agora saved que como se hallase culpante en estas alterac,iones,
espe&lt;;ialmente en la quema de Medina, por los de la Junta, con acuerdo
de algunos de los estados de las &lt;;iudades del rreino fue acordado de
le dar por traidor y que sus bienes fuesen tomados y aplicados a la
?ha villa para aJuda de los daños que avian rreszibido. Y ansy luego
Juntaron mucha gente de guerra con el artillería de la villa, fueron
sobre Alaexos y pusieron sitio y ayto (sic) a la fortaleza y rrobaron el
lugar e quanlo en el aliaron sin ninguna rresystencia; porque los
vezinos, como supieron su benida, con todo lo mas que pudieron
llevar de sus hac;iendas, se fueron dexando el lugar solitario y syn
defensa alguna. Pero las casas quedaron llenas de pan, bino, &lt;;evada, J
otras cosas que no pudieron llevar,} en el campo mucho pan e bino por
coxer e perdido; ansi que ynchieron las manos cada uno lo que pudo,
y ansi pusieron pretrechos e tiros contra la fortaleza con gran ympetu.
Pero si helios venían esforzados, no hallaron a los de dentro flacos
ni perec;ossos, mas antes comen&lt;;aron á jugar con ellos del artillería,
donde rresc,ivieron mucho daño los de fuera, e por uno que matavan
los de fuera, murian dellos dos e tres hombres, porque tiravan a barrera; e viendo esto hic;ieron mantas de vigas e tablones mucho gruesos
con que se defendían, allegando asta las barreras, adonde rresc,ivian
mucho daño ambas partes; pero desde las mantas asestavan á la fortaleza muchos tiros y derrocavan gran parte de la fortaleza, que a las
bezes davan con lienzo entero en el suelo, y ni aun por esto los de
dentro desmayavan, mas antes se defcndian muy bravamente, rreparando de noche lo que de dia les derrocavan. Pero con esto andavan
algunas bezes en partidos, enbiandoles a dec;ir como no podian escapar
de ser muertos e presos, que se diesen a merced en esta manera que
el alcaide y su muger e criados e hijos saliesen con todo lo que
pudiesen sacar de sus ha~iendas, libres, e que todos los otros se los
diesen para hazer justicia deJlos, porque avían seido en la guerra
y destrui&lt;;ion de ~Iedina; que a estos no les perdonavan las vidas,
y creían por c,ierto que en la fortaleza tenían cassi todo el despojo
e rrobo de Medina.

PEDRO '1EXIA, CIIRONISTE DE CllARLES·QUIYJ'

107

El alcaide, viendo este partido, rrespondio que no quixese Dios
que por salvar a si e a su muger e hijos, condenase e dexase morir
ú sus amigos e compañeros. Pues hiendo esta nespuesta. dioseles
el combate dende en adelante muy mas rrec;:io que nunca, y derrocaronles grande parte de fortaleza, casi todo lo alto y esquinas. Pero
como los de dentro tenían en lo vajo muy grandes fuerzas y rrcparos,
y mucha arina y carnes y &lt;;e&lt;;inas y agua de poc;os y mucho vinp, que
aun el pan amasa van con ello, e muchas otras probisiones e mantenimientos, e rra¡;onable gente que vastava para su defensa, peleavan
como gente condenada a la muerte, y ansy se clavan cruda guerra los
unos a los otros.
¿ Que vos dire? Duro el comba Le mucho tiempo, que nunca los
pudieron entrar, hac,iendoles los synsavores y muertes y burlas que
podían a los de fuera, hasta tanto que un día les hic;:ieron muy gran
daño et muertes de hombres, que fue desta manera : dexaron las
puertas de la fortaleza aviertas de par en par, _e subieron una puerta
levadiza, en lo alto atada, con solamente una muger, en son de dezir
que pares¡;ia en la muralla que hombre chico ni grande no pares&lt;;ia
sino sola ella. Y hiendo esto los de fuera, que uno ni otro dia ni otro
no beian gente, y las puertas avierlas ú la continua, pensaron : sus,
no ay naide, ydos son. Y asi un capitan de la gente de la villa de
Medina, que se dize Bobadilla, con un esquadron de gente, alc,o un
pendon en la mano, y con gran grita y alegria entraron por las puertas
primeras donde esta va alc,ada la puerta con su tranca, y dieron consygo
hasta el patio de la segunda puerta del alcac;:ar, di&lt;;iendo: ¡Viva el
rreyl ¡ viva la rreyna e junta! favor! venc;imiento por la villa de
~Iedina I
Y como los de dentro, que estavan con gran rego&lt;;ijo callando, los
vieron que estavan ya dentro en la prensa, dexaron caer la puerta,
y ansy quedaron todos.dentro; et luego les dieron el combate, que les
echaron en medio tres u quatro qubetos llenos de polvora, con su
Lic,on de fuego cada uno, y ansi andubo la polvora entre ellos, y el
fuego ac,iendoles mucho daño, e por la otra parte salieron los de
dentro y obo entre ellos muy grande y cruda guerra, hasta tanto que
no quedo hombre de los de fuera ni su capitan, que todos murieron,
de que sera gran dolor y pesar para sus mugeres y hijos, que toda su
vida tendran que llorar.
Y con aquesta victoria los de dentro quedaron mucho mas orgullosos
y bravos, peleando y defendiendose mortalmente, como hombres que
no esperavan ya remedio de vida. Pero eque les aprobecha ~ que lodos
ande morir, i les sera dada mas cruda muerte del mundo porque no
pueden mucho defenderse .....
(Relacion de lodo lo sucedido en las comdc, de Caslilla .•.
Cap. XXX que habla de como se combalio Alaejos.)

�rn8

PEDl\O MEXIA, CHRONISTE DE CHA.RLES-QUINT

!09

BULLETlll HISPA'.'HQUE

La posesyon e tomado
deste tan gran benefi~io
De los bienes que e causado.
El Bien(?) bienaventurado
dara a cada qual su oficio.
Quile myll daños malditos,
di remedios ynfinitos;
que tal desborden avia,
que quien menos entendia
daba mayores los gritos.

APPENDICE Yll
Comment l'Amiral de Castilla fut re~u

a Valladolid.

Porqne el condeslablc enlro de noche y el card 1 secretamente, la
villa no le hizo rrevibmiyento, e porque estaban tristes y desgastados
de lo pasado. Pern el almirante, porque beríia algo enfermo, enlro
un dia despues, a donde le fue echo gran rrei;ibimyento, alabiando
las calles por donde abian de pasar de muy rricos paños, con mud1as
dan&lt;:.as y farsas y nuevas ynbinc;iones, que a la persona rreal mexor
no sr pudo hazer. Y entre las otras cosas se hizo una inlroducion en
la manera siguiente:
Bino el cuidado en figura de hombre muy corcoba&lt;lo, con barba
larga, en dispusicion muy biejo, ! dixo asi :
Señores, soi el cu~claclo;
bo) huyendo clcsla villa.
La paz mr lleba forzado,
maltratado, dc¡;tcrrado,
de los n:cJnos de Castilla.
No tengo do rrcposar
dcsla parle de la mar,
11uc es tan bienaventurada.
Como gano mi posada,
deslicrranme del lugar.
Boyme para no bolbcr.
- Beis mi corcoba lamat'ia Mas que ,•ienlo se correr,
nunca, Paz, por no le ber;
jamas bolberc en España.
Pues lu temor me deslierra,
gran poder en ti se• cuzierra.
De lodo, siento lo mas,
que por siempre c¡ued aras
por sc;·1ora de la tierra.
Yiene luego la Paz, mu~ alegre:
Conmigo todo Iloreze;
a las gentes doy solaz;
adonde falta mi paz,
la claridad escureze.
La biela ago crecer,
a los campos florecer;
doy la bista al que es ciego,
á los rricos doy sosiego,
á los pobres de comer.

Bino luego el Rruslico en lugar del pueblo, muy viejo y abillanado,
y dixo ansi :
O cuerpo, de mi poder
el lugar es libertado.
Agora hemos placer;
agora podemos ber
que el tiempo estaba conblado.
) a esla la tierra segura,
con esta buena bentura.
Delante Vfa Excelencia
rrepresenlo la ynorancia
del pueblo en su figura.
Estabamos fatigados,
algo mal aconsejados,
unos clamaban a bozes,
otros mandaban a coces,
andabamos abobados.
Agora que claro hemos
con la paz y paz queremos,
serbimos a Dios y al rreJ,
acre~emos nuestra grey,
y ~ien myll bienes tenemos.
Cuydado é que pensáis?
- Que nuestra ynten~ion erraba.
- Ya nos llebaban alla,
ya nos tornaban aca;
asi la cosa pasaba.... .. .
El con~ejo del lugar
os ha~e gran reveren~ia,
sefíores. Quiero os acordar
que donde bibe el mandar
a de bibir la clemen~ia.
Y luego bino una dueña en lugar de la Jusli¡;ia, muy mesurada y
denodada e de gesto feroz y dho:
En el seno soy criado
de la poderosa vida,
de los malos aborrida,
de los buenos adorada.
Bult. hispan.

8

.

�8ULLETJ:, BISPANIQU8

.\gora en la villa mando,
mi poder bibira ufano:
Tirania ¡ afuera l ¡ afuera l
Luego, señores, se espera
ser mi tiempo soberano.

PAUL FEBDINAND ~'RIEDBICII DUCIIUOLZ

Y rresponde el Rrustico a la Justicia :
Rrcyna de nuestra litiria,
rrcrnedio de 1n discordia,
justicia os mJsericordia,
my~cricordia es justicia.
Atcndcmc dos bocados,
los que gocais de estados.
Lo que bos piden las gentes:
que no paguen myll ynocenles
la culpa de tres culpados.
My!lericordia cst bcritas ¡
obra bcrum sibe justiria,
et dabil oscula Jesus.
(Relacion de lodo lo sucedido en las com•" de
Castilla ... , chap. LI).

RE• É COSTES.

Dans son étude sur le Roman du, Pere Maril,na , , ~I. Cirol
évoque la figure originale d"un polygraphe allemand, historien _laborieux, hispanologue a ses heures, et donl rceuvre forl
diverse n'esl poinl insignifianle: P. F. F. Buchholz.
Sa biog1·aphie est peu mouvemenlée. Ce fut un éludiant
consciencieux, un professeur exact, un érudit. 11 naquit en
1768, a ..Ut-Ruppin, fréquenta les écoles de Perleberg, de
Neu-Ruppin et Berlin, fit ses études universilaires a Halle, oii il
s'occupa spécialemenl de litléralures modernes. En , 787, il est
professeur a Bcandenburg. En 1801 il quilte l'enseignement,
s'élablit Berlin el se consacre la recherche érudile et aux
lravaux de lillérature et d'histoire.
Nous ne le suivrons pas dans tous les domaines ou l'atlire
sa curiosilé multiple. Ce furenl généralement des sujets d'histoire moderne. Bornons-nous a dire ce qu'il a fait en faveur de
l'Espagne.

a

{.V. B. - Les deux documenls compris dans l'Appeodice 1 (1920 1 p. 256-7) onl étó
signalés par ~l. \loreJ.faliO daos son lli.storío9rophiedeCho.rks•Quint, p. 75. Le second
a été déjil publié dans le Boletín de lo. Real Arademia de la Hi.storia, t. XXH (1893),
p. !1261 d'aprCs un cuaderno de cédula, dL la Cámara proven1nt de Simancas, el avec
quclqucs ,·arianlcs saos imporlancc. - G. C.]

a

11 collabore a diverses revues des son arrivée a Berlín. L'Espagne est a la mode. Buchholz se spécialise daos des études
d'histoire espagnole. 11 publie des articles sur Mendoza, l'ordre
des Jésuiles, Mariana, le cardinal Ximenés, Gonzalo Perez,
Antonio Perez', sur l'invasion sarrasine en Espagne•.
A la vérité, il ne borne poinl ses recherches a l'Espagne
L'Italie, l'Allemagne oonlemporaine, la France lui fournissenl des themes fructueux. Mais c'esl l'Espagne qui l'altire,
1.

Bulktin Hi.spanique, ocl.-déc. 1920, XXI r. p. 269 sq.

&gt;. Daos la Geschichte und Politik deWoltmaan. Berlín, Uoger, 1800-1805, fue.

)l.

Diego Hurtado de Mendoza, fase. 111. Geschlchte der Eal.Alehung des Jesuitenordens
bis zom Tod seioes Sliften, fase. IV. Uber Mariana undeinige seiner Werk.e, fase. V.
Kardinal X.imene~ fase. X. Gonzalvo Perez, rase. XVI. Don Antonio Perez, ,Staat.ssecrelar Philipp del! Zweilen, Kónigs voo Spanieo.
J. Dcr EinfalJ dcr Sarazencn ia Spauicn 1 dans Eunomia, 1803, p. 169 a,53.

�l'AUL FERt&gt;J'i \NO FRlf:DBlGII BlC.IIIIOU.
112

1t3

BVLLETI'.'t HISl'A:'\IQl E

a cetlc époque,

tout particulicrement.t ll fréquenle a Berlin des
hispanisants, comme Sandvoss, qui s'intéressenl el collaborent
a ses travaux. Il renconlre des Espagnols de la colonie berlinoise, note leurs impressions, con te leurs souvenirs. Le résultat
de celle cnquete parait dans ses Lclll'es d'un Voyageur espagnol
sur l'Espagne et la Pl'usse

1

•

Ces leltres sont évidemment une ficlion. Buchholz, qui ne
signe pas, se donne pour un simple traducteur. 11 pousse le
scrupule jusqu'a se faire adresser un semblant de préface par
l'aulcur supposé. Mais tout n·est pas invention daos cet
ouvrage. Certains remeignements sont de source aulhentique.
Quel ful J'informaleur de l'érudit allemand~ La légalion espagnole de Berlín comprenail des membres distingués. Gonzalo
O'Farril, venu en 1799, a la place de Ignacio Músquiz, était un
esprit cultivé, parfait homme du monde. Le conseille~ de légation Casa Valencia esl un connaisseur aussi atten tif de la littérature allemande que de la littérature espagnole. C'est dans ce
cercle a la fois savant el mondain que Buchholz dut lrouver les
données les plus précises de sa pseudo-traduction. « Mes compatriotes, ditla lellre du 12 janvier 1801, de la légation berlinoise, ont eu la bonté de m'introduire daos tous les milieux. n
)lais les hautes classes n'intéressent pas notre homme. « lci,
tout bomme de bon ne éd?calion s'exprime en fran~ais•. » Ce
quilui importe, dit-il, « c'est de faire connaissance avec l'esprit
de la littérature allemande ». Aussi recherche-t-il la compagnie
des écrivains. :Mais nolre Espagnol laisse bien souvenl percer
le bout de l'oreille allemande. « Il y a quelque chose de tres
parliculier chez les Allemands, c'e:;t qu'ils sonl les amis de
loules nalions, qu'ils savent en pénétrer et comprendre l'originalité, qu'ils s'en approprienl toul ce qui répond a leur propre
caractere fondamental. » A l'occasion, il daube sur les Espagnols eux-memes. « Des nalions étrangeres ont appelé notre
attention sur une ceuvre de Cervantes, qu'on nous dit excel1. Briefe ein,s reistrnull Spaníer111/l se111en Bruder in .l ladrid über sein Vaterland und
Preus:en. l. Teil. €criL en 1801-,So•. Préface daléedu i avril 1803, Parue Berlín en
180!1. Anonyme (V. K. Goedeke. Grundrw zur Geschichtt der deutschen Dichtalll], t. VI,
p. 385).
, . Jbid., p. &amp;.

a

lente, et, depuis; nous le croyons et nous en établissons de
somptueuses édilions. n
La ne se borne pas l'acliYité de Buchholz. Simullanément il
travaille a· un grand ouvrage. C'est son Manuel de tangue el
de lilléralure espagnoles 1, qui parait en deux pa~ties, en 1 8o 1
et 1801.
« L'ignorance de la langue et de la litlérature espagnole est
si grande qu'on cmbarrasserait bcaucoup de nos saYants si on
leur dernandait ce qu'ils savent d'autres poeles que Cervantes
ou Boscan; encore ne les connaissent-ils dans la plupart des
cas que par des traductiona ou des imilations. •&gt; Quelques
chercheurs, Dieze, Denina, Tychsen, ont heureusemenl aplani
loule une partie des préjugés qui faisaient obstacle a l'étude
des reuvres intellectuelles des Espagnols. Buchholz défcnd
l'Espagnc contre les accusalions traditionnelles. &lt;&lt; On fait torl
a l'lnquisition rn la considéranl comme un comité de J·uoes
. f
o
m ernaux, qui prononcenl des eondamnations mortelles contre loul ce qu'il y a de beau el de grand• ,1. [l s·eo faul que
l'Inquisilion soil si cruclle qu'on le croil &lt;'n Allemagne. Que
reproche-l-on encore a l'Espagne? Sa paresse inlellecluelle? On
imprime moins sans doute en Espagne qu·en Allemagnc,
mais ce n'est pas une preuve qu'il y ail moins d'idées et
que le pays soil moins arnncé. Buchholz renvoie a Anlonio
'
Andreas, etc.
•
La deuxieme parlie confirme ces opinions. Elle aurait d11
parai,re deux années plus l&lt;il. Le reta1·d esl du aux multiples
oecupalions de l'auteur, el au manque de livres. 11 a fort
heureusement re~u depuis des lines de Goeltingue et de
Dresde.
1&lt; On ne doit jamais oublier, quand on lit un poete espagnol, que ce poele est membre de l'Eglise calholiquc romaine.
Des lors, nous n'avons point de peine a comprendre !'esprit
. __ 1. Handbuch der spanischen Spracl,e und Litteratur oder Sammluog inleressanlcr
~lucl,;e .ª"' bt&gt;r~ihmlen spanischen Pro,ai,ten und Oichlern, chronolos;:isch geordnct
_un_d m,L ;\achr,chlen "~º den \ 'crfassern uud ,hren Werl..en beglcileL. l'rosabchcr
feil . Her,hn bey G. C . :SaucJ.. •8&lt;;&gt;1. (PrMace datéc dll ~ jan,icr 1801. Poclischer Teil,
1804, Preíace daléc du 12 fé.-r,cr 180!.. Le nom de l'autenr e,I donné a la tln d
la préíace.)
e
• · /bid., p. VI.

�HULLETr.1 HISPANJQUE

de son reuvre. • TI faut tenir compte de la différence des temps
et elre indulgent aux erreurs du passé 1.
Buchholz voudrait &lt;llre imparlial. 11 ne veut point que l'on
voie dans son livre aulre chose qu'un cfforl de recherche hislorique. L'esthélique n·est pas la meme a toutes les époques. On
ue saurait faire revenir le monde aux: temps révolus et aux

idées morles. Aussi nolre historien maudil-il les discordes des
écoles poéliques el les tendances réaclionnaires. Buchholz
apparall comme un adversaire des romanliques.
Son livre contient de courls aper~us sur les classiques espaoanols ' Cervantes en parliculier el Calderon , ou porlugais
(Camoiins). Il donne des exlraits assez copieux, cinq chapitres
du Don Quichotte, la Se,1ora Cornelia, deux chapilres du Persiles,
le Principe Conslanle, ele.
Ce livre vinta son heure el eul du succes. Kiirner le lut, le
recommanda vivemenl A Schiller. L'Allgemeine Litleralur
Zeilung, !'estime, « dans !'ensemble, ulile » ; « Tres u lile
manuel », dil aussi la Neue Allgemeine Bibliolhek3. M._Farinelli
lui attribue4 quelque influence sur le monde classique et
romantique.
Buchholz avait eu l'inlenlion de donner en ml!me temps
un Aper~a lúslorique de la poésie espagnole, mais il fut
retenu par la crainte que la nécessilé d'etre sommaire ne
ful, pour des lecteurs peu initiés, une cause d'obscurilé. Il
s'en lint la.
Mais son reuvre d'bispanologue n'est poinl sans valeur.
Retenons qu'il y appara!t comrne un ami convaincu de l'Espagne et en meme lemps comme un fidi\le du rolionalisme
philosophique. C'est un e Auíklarer ». C'esl un historien. Ce
n'esl poinl un poele. 11 n'a aucune personnalilé littéraire. A
peine signe-t-il ses ouvrages.
Cependant, il fil, en passanl, une excursion daos le roman.
ll esl vrai que le ro man qu'il composa, a la meme époque, n'est
point davantage signé.
1.

!bid. t.

,. Sept.

n,

p.

1801,

xn.

p. 574.

3. 18o2 . LXIX, p. ,U.
h. Gril/par.:tr und Lope de Vega, 18~~- p . .26 n.

115

PA.UL f'ERDIN'AN'D PRIEDJ\JCH BUCIIJJOLZ

Juan de Mariana, oder· die Entwickelungsgeschichle eines
Jesuilen•, parut sans norn d'auteur '· M. Cirot o indiqué les
sources espagnoles possibles. De toule évidence, Buchholz ou
ses amis espagnols ont connu la biographie et les reuvres
hisloriques du P. Mariana. Cetle fausse autobiographie esl
fondée sur des données précises. Mais le roman propremcnl
dit est tout entier de l'invenlion de l'auteur allemand.
Le fau~ roman espagnol esl forl a la mode en Allemagne, a
l'époque de Buchholz. En 1794 parall une Geschichle des
;ungen Grafen Fernando von Mendoza (Leipzig), en 1798 Die
Eil!siedler von Mur:ia, en 1802, Die Zigeuner3. Les Bohémiens
sont inspirés de la nouvelle de Cervantes, mais sont, quant au
reste, une invention proprement allemande. L'histoire des
Jésuiles excitail particulierernent l'inléret des conlemporains
de Buchholz. On écrit une biographie de Loyola 4. D'autre
parl, il n'esl pas étonnant que notre auteur ail choisi ~1ariana
comme héros. Mariana était réputé, comme historien, en
Allemagne s. Korner en recommandait la lecture a Schiller.
Buchholz lui-meme avail étudié deux de ses reuvres dans la
revue de Woltmann.
Le roman de Buchholz esl con~u dans le style sentimental.
Le roman sentimental íleurissait en Allemagne, comme en
France, comme en Anglelerre. Le Sigwarl, de J.-M. Müller
(1776-1783), contait l'hisloire d'un fils de bailli catholique,
qui se destine au couvenl, mais aime une jeune filie et ne la
retrouve que mourante, nonne el pénitente désespérée. Le
roman de Grelhe, Wilhelm Meislers Lehrjahre(1796-q96) nous
dit !'aventure du noble genlilhomme italien, quiaima sa sceur,
saris la connaltre, et dont cel amour brisa la vie. Tieck,
en 1796, reprend le molif de l'amour incestueux entre frere et
sreur dans Der blande Eckberl. Je ne rappclle quepour mémoire

'

1.

2•

Unger, p . .269 sq.
Dooné, saos autre indic&amp;.tioo, dans la liste dí's ceuHes de Buchholr, par

K. GCPdeke, l. c., p. 3$5.

,

.

3 Ein Roman nachdem Spaniachen. A.rosladt und Rudolaladt, 1802, par \!ulp1us
(le r~tur beau-rrere de Goothe).
4. ú/Hn und w1.11ukrbart .-tbtnlhe!lu rhs trlltn u•d unuugleichlicfut~n alltr fahrtn den
Riller du r6misth katholischtn slrtittndtn Kirche lgna: van loyola. Le1 pi., 1Sn2,
5. Allg, LW. Ztit., 1787. IV. 230,

�llULl,E'l'l'i lllSPANlQUE

le René de Chateaubriand ( 1802). Le roman angla is donnait
d'aulres exemples, tels le Josef Andrews de Fielding (1740),
ou le Voyage sentimental de Sterne (1769), (traduction allemande r 778), ou le Maine de Le-wis ( 1795, traduit en
allemand en 1797). Les amours incestueux, mais point
~riminels, d'un frere et d'une sc:eur, ont été l'un des
themes de prédilection du roman sentimental allemand.
Klinger a conté l'histoire de Giafar le Barmecide ( 1798), Nicolai'.
les aventures de Sebaldas Nolhanker (1773- 1776), Gellert la
Leben der schwedischen Grafin. Dans les deux premiers romans,
l'incesle n'est point consommé, car les héros sont avertis a
temps. Quoi qu'il en soit, ces amours sont un sujet a la mode
autour de Buchholz. II a pu se contenter des exemples que lui
fournissait la littérature romanesque de son époque . Est-ce
!'aventure senlimentale qui piqua l'intéret de Buchholz? U ne
semble pas, car cette aventure était familiere aux auteurs et
lecteurs de romans. Ce qui l'intéressait, c'était la répercussion
d'une catastrophe amoureuse sur la vocation religieuse et la
formation du futur jésuite. L'historien allemand vil dans la
trame et le cadre d e ce roman biographique l'occasion de faire
revivre un moment et un milieu espagnols. I1 laisse bien
souvent percer ses propres idées . Il n'a connu l'Espagne qu'a
travers les récits des voyageurs allemands, les quelques ceuvres
littéraires qu'il put découvrir daos quelques bibliotheques
allemandes en une hative enquete, el des documents historiques encore raresetfragmentaires. Sa peinture estincompleteet
superficiclle. Son roman, comme ses idées, est de son temps.
L'ceuvre de Buchholz n'est certes point de premier plan.
Mais elle n'est point méprisable. Buchholz fut, aux environs
de 1800, un des bons intermédiaires entre l'Espagne et l' Allemagne, un érudit avisé, un esprit du moyen ordre daos un
role de moyenne envergure. Sa seule tentative proprement
littéraire, son Roman de Mariana, dénote un écrivain parfois
habile, mais un penseur sans originalité, - contamination
curieuse, mais confuse, du sentimentalisme et du rationalisme
alors a la mode en terre allemande.
J .-J.-A. BERTRAND .

D. JUAN ANTO~IO LLORE~TE

Depuis la publication, en 188 r, de !"Historia de los heterodoxos
españoles de D. Marcelino M.enéndez Pela yo 1 1 on n ·avait plus parlé du
fameux D. Juan Antonio Llorenle, si non pour dire qu'il fut compris
dans la note des sujets espagnols qui suivirent les Frarn{ais en
aout 1808, et qui furent condamnés par un décret de Ferdinand VII 2 •
Certains documents conservt\s aux Archives Nationales, et daos la
Correspondance d'Espagne au Ministere des AtTaires Étrangeres,
ajoutent quelques données intéressantes a l'adresse de ce personnage,
fort malmené par Menéndez Pelayo, et qui cependant ne le méritait pas
a ce point.
La premiere fois que nous trouvons mentionné, dans ces documents, D. Juan Antonio Llorente est le 3o mai 1808. 11 avait adressé
a l'Empereur un assez long reglement pour l'f:glise d'Espagne, de
seize pages in-4º, avec trois appendices de deux feuillets chacun, d
précédé de ses litres, emplois et mérites; le reglement est en espagnol
et l'exposé en frani;ais 3. Nous reproduisons l'exposé:
Dn Jean Antoine Lloren te est pretre, dignite et chanoine de
l'eglise de Toledo, laquelle est la premiere metropolitaine
d'Espagne.
Noble, chevalier de l'ordre de Charles troissieme.
Docteur dan la jurisprudence civile et canonique.
Academicien de la royale academie de l'bis toire, et di celle
de belles lettres de Sevilla.
Membre des societes patriotiques de Rioja, de Zaragoza , de
Tudela et du pais basque.
II a eté juge et vicaire general de tout le diocese de Calahorra, et chanoine de sa cathedrale.
1. Tome 111, p. 41 8-427.
Mario Mé ndez Bejarano, Historia política de los afrancesad.os, Madrid, 1912,
p. 371.
3. Archives Nationales. A F IV. 1609, piece 294. Ce document a été signalé par
M. Geolfroy de Grandmaison, f,' Espagne et Napoléon, 18/)l¡-180/i, Paris, 1 908, p. 250.
2.

�118

119

BULT.ETIN HlSPA.NJQUE

D. JUAN ANTO'.'UO LLOI\ENTE

11 ecrivit l'an 1797 un ouvrage contre la forme de faire les
proces dans le tribunal de l'inquisition. M' Jovellanos (qui a
eté alors ministre de la justice) le re9ut avec empressement.
La reforme seroit faite s'il aurait continué dans son ministere.
De la les Ynquisiteurs l'aiment tres peu : ils l'ont persecuté
et mortifié l'an 1801; mais l'auteur triompha malgre eux,.
II a ele membre de la congregation du clerge faite l'an , 799
pour deliberer sur les moyens de donner de l'alTermissement
au papier-monoie, qui s'appelle Vales reales.
11 a ecrit d'autres ouvrages entre lesquels le plus estimable
sera toujours celui qui porte le litre de Notices hi,loriques
d'Alava, Guipuzcoa et Vizcaya, parce qu'il est original et premierdans cetle matiere; parce qu'il comprend une tres precieuse
collection diplomatique de monuments historiques anciens et
inedits; et parce qu'il prepare l'opinion publique a recevoir
sans scandale touts les changementsqu'il conviendra fairedans
ces provinces pom· rendre sa legislation uniforme avec les
autres d'Espagne.

nement ancien, avec l'objet de preparer l'opinion publique a
recevoir, sans scandále des provínces exémptes, l'uniformité
de legislatíon, si désiré a present, heureusement etablí dans
notre precieuse constitution; graces au grand Napoleon 1 •
Quand les trois volumes quí restent seront publiés, j'aurai
l'honneur de diriger V. E. l"exemplaire par l'intern:iede dé
M' Dubois chanoine de Bayonne, qui aura le soin de passer les
uns et les autres dans les mains de V. E.
J'ai l'honneur d'etre, Monseigneur, avec toutte la reconaísence et la consideration posibles,

Le roi Joseph nomma Llorente au Conseil d'E:tat le25 juillet 1808,,
et Llore~te ne manqua pas de remercier M. de Champagny, ministre
des Affa1res Etrangeres, en luí remettant ún exemplaire des cinq
volumes de ses Nolic.ias históricas de los tres provincias vascongadas.
Le fran~ais de l'hislorien de l'lnquisition laisse a désirer mais les
compliments 1t l'égard de M. de Champagny sont des plus ~ourtois.

Trois jours apr8s, il témoigne sa reconnaissance
gny, pour sa nomination de Conseiller d'État:

a

J'ai l'honneur, Monseigneur, de comuniquer
V. E. mon
arrivée avéc mon roi pour temoigner ma reconaisence aux
honoe1tetés que V. E. á eu la bon té de me dispenser continuelmenl pendan! mon sejour a Bayonne. Puls je reussir
occassíones d'en donner des preuves efféctives.
Cependent je pris V. E. d'acepler un exemplaire des cinque
volumes publiés de mon ouvrage, ecrite par J'ordre du gouver'· Noticia biografica de D. Juan Antonio Llorente, Paris, 1818, p. S!l-108. ll parle ¡a,
de D. Gas~ar de Jovel la nos, qu'il vit1t Calahorra: e( pero ya en Ión ces estaba preparada
la _extensrnn de su infortuoio á mi persona por haber encontrado onlre sus papeles

m1 obra sobre la lnquisicioo, con algunas cartas mias. »
.'· Noticia., etc., p. 125. - &lt;( Sa .\lajesté a enfin arrñté bier uoe nomination de
lren:e roembres de son Comeil d'Elat actuel. • Madrid, ,fi juillet r8o8 (Correspondance ducomte d, la Portst, Paris, 1905, t. I, p. 188).

a

De V. E.,
tres humble et tres reconaisant serviteur.
Jean Antoine Llorente.
Madrid, 25 juillet 1808.
Monseigneur Champagní) ministre des relalions exterieures 2 •

a M. de Champa-

Excelentme Monseigneur,
Le roi m'3. nomme, Monseigneur, conseiller d'et3.t. Je crpis
q• cette grace provienne des idees que V. E. a eu la bonte de
donner a l'egard de moi: et par cela je vous rende les graces
les plus sinceres, et j'assure avec tout mon coeur que ma
reconaissence aux faveurs re~us de V. E. sera eternelle.
J'aurai la complaissence la plus intime si je puis prouver
1. Les N~icias íurent publiées, le1 trois premiers volumes en 180 , et les deux
7
derniers ea 1808 1 - el non pas en 1806 et 1807, comme il est. dit dans la Noticia biográfica, Les quatre premiers sent édilés: « Madrid, en la imprenta real ll, et le dernier:
« Madrid, en la imprenta de Don Luciano Vallin ))' et il contienl la réponse a
Aranguren, pour le tome I. L'ouvrage avail pour but de démontrer que les Fueros
de Biscaye avaient été consenties1 non comme des pactes, mais a cause du mauvais
étal de la terre, etc. D. Antonio María Fabié et O. Antonio Rodriguez Villa informerenl l'Académie de I' Histoire qu'ils avaient trouvé deux vol u mes laissés inédits par
D. Juan Antonio Llorenle, et l'Académie décida de les publier dans son Memorial
histórico. Jusqu'3. préseol t.lle a'a pas donné suite a ce projet(Boletin de la R. Academia
de la Historia, l. XXXfV, p. 174).
~. Correspondance d'Espagne, t. 675, fol. 170.

�['.10

BVLLETIN HISPANIQUE

effectivem•• q• je parle le memme queje pense en mon anímme.
En fin je sairaí toujours, Monseigneur,
De V. E.
servileur tres reconaissant et tres bumble.
• Jean Antaine Llorente.

' Ex"'• M' le Ministre des relations exter\ M1· Champagní •.
M. Dubois, chanoine honoraire el premier vicaire de la cathédrale
de Bayonne, dirigea les cinq vol u mes de 1\olicias a M. de Champign},
comme en témoigne ce billet:

L'abbé Dubois, chanoine honoraire el premier vicaire de la
Calhédrale,
A Son Excellence Mg' de Champagny,
Monseigneur,
Chargé par mon intime ami D. Juan Anlº Llorenle, Dignitaire de L'Eglise de Tolede, &amp; secretaire d'Etat de S. M. le Roy
dºEspagne, j'ai l'honneur de vous adresser un exemplaire de
son ouvrage intitulé: Noticias historicas de Las tres Pi·ovincias
vascongadas . Je viens de le remettrc la Messagerie de celte
ville daos un caisson l'adresse de S. E., M. Marret Secretaire,
suivant l'ordre quefen ai rei;u.

a

a

.Te suis avec un profond respect,
Monseigneur,
Votre tres humble &amp; tres
obéisst serviteu r.
Du Bois.
7bre

Llorente fut des trente nouveaux députés auxquels fut envoyé l'ordre
de se mettre en route pour Bayonne « immédiatement et saos
excusen , . ll s'excusa, mais voyant un renouvellement du meme
01ure, iL s'exécuta et arri va a Bayonne le 17 juin 1808 2 •
Sa p1·évenance, assez obséquieuse, envers Joseph, pretail un peu a
rire dans le quartier général du nouvel intrus Stanislas Girardin,
premier écuyer de Joseph, nous en a gardé le souvenir: « Parmi les
conseillers d'État, j'ai connu un abbé Llorente; il avait été attaché
l;inquisition; il en connaissait les secrets, il en a dévoilé les horreurs.
Son ouvrage a fait sa réputation, et annonce un mérite que nous
étions fort loin de soup&lt;,onner. Ce pauvre ecclésiastique était attaché
au quartier général, et il y était l'objet de la plaisanterie de tous nos
jeunes officiers 3.
Quatre ans apres, Llorente quilla Madrid, le 10 aofit 1812 1 pour
Valence, avec le roi Josef et sa cour, chassés par la bataille de Arapiles
que perdit le m~réchal Marmont, et il publia Valencequelques opuscules. LaNoticia biográfica ne mentionne pas-pas plus que Menéndez
Pelayo - la Carta biográfica publiée par D. Aléxandro Ferna~dez
de Ruidiaz, neveu de Llorente, oü se trouve une lettre de Llorente
a son ami D. Antonio Alcaráz, du 7 octobre 1812, dans laquelle il
donne un l&lt; indize razonado de sus obras lilerarias » 4. 11 y insiste
surtout sur les Noticias históricas de las lr_es provincias vascongadas
A lava, Guipúzcoa y Viscaya et montre qu'il n'a voulu causer de lort
a personne, d'autant plus que le manoir de sa famille Llorente est
a Ala va, et que d'autres familles, qui lui sont proches, se trouvent dans
le Guipúzcoa et dans la Biscaye. Le nombre des écrits catalogués est
de onze et sous le numéro douze, Llorente dit ceci : « Tengo escritas
varias obras ineditas de que no doy noticia individual, porque tal vez
no llegarán á \'er la luz pública, y necesita de la última mano. Tampoco la doy de algunos papeles en derecho impresos, trabajados
por mí, porque lleban el nombre y firma de otros juriconsultos que
pudieran sentirlo. Valencia. 7 de octubre de 1812. - Juan Antonio
Llorente. »
Lloren te résida a Valen ce j usqu'au mois d'octobre 18 e2, puis il passa
aSaragosse et ne la quitta qu'en juillet 1813, pour aller a Camfran et
Oléron, « fuyant les périls de l'anarchie et de la férocité que je jugeai,
dit-il, prochains en cette cité (Saragosse) et dans d'autres villes d'Espagne, a cause de la retraite de l'armée fran&lt;,aise 5. '&gt; U s'arreta dans

a

1808 2 •

Correspondanced' Espagne, t. 675, fol. 178. - Ces deux le llres ont éle publire,,
pas tres correctement, par 11. Geoffroy de Grandmaison, L'Espagne et Aapo/éon,
/804-1809, Paris, 1908, p. 289.
2. Correspondance d' Espagnt, t. 670, fol. 148.
1.

lll

a

Madrid 28 julio 808.

Bayonne, le 27

D. JUAN ANTONIO LLORENTE

, . Corres¡:,ondnnce du comte de la Forcst, l. 1, p. 92.
Noticia, ele., p. 123-124.
3. Journal et souveni,s, discours et opinions de S. Girardin, París, r828, t, lV, p. 283
4. Carla biográfica la daá luz D. Alexandro Fernande= de Ruidia:, Valencia, 1812 1 10
et 46 p. in-8•.
5. Noticia biogrúfica, p. r47 el 152.
2.

�llULLETll'I BISPA!'IIQUS

D. JUAl'I .lNTO1'1O LLOR!NTE

plusieurs villes du Midi de la France; aussi, ne nous étonnons pas de
voir une lettre de Llorente, adrcssée a D. Francisco Amorós, de Lectoure, 28 septemBre 1813, pour solliciter son envoi a París, Llorente
prétextant qu'il avait a rédiger un travail sur Antonio Perez, dont il
découvrit « avec beaucoup de peine» le proces original dans les
archives de l'lnquisilion de Saragosse. Voici ce qu'il dit dans sa Noticia
biogrd.fica (p. , 73) : &lt;&lt; Tengo tambien acabada otra obra intitulada :
Historia de la vida y sucesos de Antonio Perec, primer secretario de
1.;stado del Rey de Bspaña Felipe Jl. Los acontecimientos estraordinarios
de aquel ministro estan enlazados con otros muchos de la monarquia
española. Las obras que escribió intituladas Relaciones y cartas no
dan toda la luz n~cesaria para sal,er algunas cosas; ni tampoco los
.llanifiestos que escribió para su proceso de Aragon; ni el libro que
se imprimió en Madrid con el titulo de Proceso de Antonio Pere:. El
que se formó de su muerte á instancias de su viuda é hijos, para que
se,le reintegrase la fama, es el que conliene piezas y noticias important•s; ~- el de la lnquisicion de Zaragoza en su ausencia ilustra
muchas dudas. Si tengo tiempo, completaré la obra que debe interesar
á los amantes de la exactitud hislórica De positivo he trabajado la
parte que no puede saberse por los libros impresos ». Dans la lettre
a Francisco Amorós, Llorente dit que Antonio Perez donna a Sully
et a Villeroy les manuscrit§ qu'il n'avait pas cu le temps de publier,
et qu'il lui semble impossible qu'une bibliotheque ou famille, ayant
succédé a ces deux l&lt;,ran~ais, ne lui fournisse pas une copie de ces
pieces. Celle lettre et les deux autres d'Amorós ont été saisies par
la police.
Lectoure, 28 de sete de 1813.
Amado amigo mio: Ya sabes qe habiendo encontrado costa
de mucho trabajo en el archivo de la Inquisicion de Zaragoza
el proceso original del famoso Antonio Perez, me lo traxe
a Francia con animo de escribir la vida verdadera de aquel
varon ilustre, qe puede decirse ignorada, porqe sola consta
la verdad en dho proceso y en otro qe tambien me traxe,
formado en el mismo tribunal, despues de su muerte, para la
restilucion de su fama y buena memoria, a instancia de su
viuda e hijos; cosa qc hásta ahora nadie sabia en España
ni Francia, sin embargo de haberse escrito tanto en ambas
partes.

a

Comencé pues a escribirla con el gusto de prever quan
agradable podía ser a los frances,es una historia qe tiene

123
infinitas relaciones cou los sucesos de su' rey Henrique quarto
q 8 protegía a Perez impoderablemente, se vatio de sus luces
los diez y nueve años ultimos de su vida, y le sostuvo en Paris
con estimacion y conmodidad.
Pero la continucion de mis trabajos me hace conocer qe
. Lectoure no es pueblo proporcionado para dar a la obra la
perfection de qe es susceptible; ya por falta de los libros a que
se deve recurrir en especies importantes aunq 8 incidentes; ya
principalmente porque solo en París pueden hallarse las obras
manuscritas ineditas q 8 Antonio prometio, en las impresas, y
murio sin publicar, haviendolas dado al famoso duque de Sully
y a Mr de Villeroy, secretario de Estado de Henrique quarto.
En estas obras, dixo Perez en varias cartas, que descifraba
varios enigmas y declaraba sucesos ocultos suyos y de Felipe
segundo, para q e sirviesen de escuela politica; principalm'" en
las qe intituló Memoriales y consejos. Parece impossible qe
1leje de hallarse alguna copia integra ó diminuta de tan preciosos manuscritos historicos y políticos en alguna biblioteca,
i, casa qe sucediese a las de Sully y Villeroy.
De aqui me resulta la necesidad absoluta de pasar a Paris
a buscar estos manuscritos, u otras equivalentes, qe me auxilien para llenar algunas lagunas de la historia de Eispaña
y Francia, incapaces de llenarse sino por este medio, en la
vida del que tuvo intervencion activa en todos los grandes
sucesos de su tiempo, tanto en las relativos a Henrique IV
como en los de Felipe II.
Por lo mismo te encargo y estimare mucho qe me consigas
licencia para pasar a Paris con dho 'objeto, pues no dudo qe
manifestando el motivo, se concedera, ~· siendo necesario
consiento q e muestres o presentes ésta carla, haciendole servir
de memorial o de poder segun convenga.
Deseo qe te halles enteramente restablecido de tu indisposicion qe cuentes con la, invariable voluntad de tu amigo
verdadero y compai1ero.
Juan Antonio Lloren le.

y

Exmo Sr D• Fran'° Amoros, consejero de estado de Espaiía •.
1.

Archhe1 Nationale•, Fi 8¡88.

�125

BULLETill HISPAlllQUE

D. JUAN AIIT0'.'110 tLOl\l:NTE

Amorós, qui avait été nommé Conseiller d'État par Joseph, a peu
pres en meme temps que Llorente 1, s'empressa de recommander,
11 comme collegue et ami», la lettre de Lectonre, a M. le duc de
Rovigo, ministre de la police générale, le 16 octobre et le 27 octobre
1813. Sur la seconde leltre, un employé a mis la remarque suivante :
ll joindre au dossier. 11 y a ajournement. n

bibliotheque11 de Paris. Il desire et demande la permission dr
venir a Paris, qui d'alleurs l'a meritée bien par son dévouemenl, par sa réputation, comme savanl et comme homme
public, qui a rendu des grandes services a la dinaslie regnante ...
Paris, le 2¡ oclobre 1813.
Le Conseiller d'Elat de
S.M. C.
Franrois Amorós

Monseigneur,
i\lr Lloren le, conseiller d'État de S. M. C. m'a écriL la lellre
que j'ai l'honneur de presentcr a V. E., en me demandant,
comme college et ami, de lui procurer la permission pour
venir a Paris, a la recherche des ouvrages qu'il doit consulter
dans de grandes bibliotheques pour suivre les lravaux donl il
s'occupe. Ces recherches interessent l'histoire ancienne de la
France et d'Espagne, la filosophie et la politique. M' Llorente
est une personne tres remarquablc pour ses services a la
Dinastie regnanle et par ses talens e' ses écrits. Je m'honore
d'etre l'interprete de ses desirs envers votre Exe et je lui prie
de vouloir bien lui acco1·der le passeport necessaire pour
venir a París. Il se trouve a Lecloure dans le Departemen l
du Gers. París, 16 oclobre 1813.
Monseigneur,
Je vous prie d'agréer les assurances de ma plus haute
considération,
Francisco Amoros.
Monseigneur le duc de Rovigo, ministre de la Police
générale 2 •

M. Llorente, Conseillcr d'État de S.M. C., commissaire royal
de la croisade et Chanoine Dignité de Tolede, a ecrit dilfércnt
ouvrages que l'lnstitut Impérial de France a trouvé fort inléressanles. Le deroier siogulieremen t des Anales de Unquisilion
d' Espagne esl a·son second volume, el pour le continuer il doit
consulter des ouvrages qu'on ne trouve que dans les grandes
1. Daos sa D•claration (París, 1817), Amorós dit que sa nomination est du
• 5 novembre 1808.
2 • •\rcbives Nalionales, Fi 8781&gt;.

1

•

Selon Menéndez Pelayo, Llorenle, surpris par les événements de
1813, ne pul pas continuer en Espagne les Anales de l'lnquisition

d'Espagne et dut faire passer en France les extraits qu'il avait pris
dans les archives et un certain nombre de pieces originales, qu'il
« vendit sans scrupule a la Bibliotheque Nalionale de Paris, ou elles
sonl conservées, reliées en dix:- huit volumes, n. 11 faut avouer que
Llorente se vengea assez spirituellement du décret du 3o mai 181!1,
qui défendail aux Espagnols de rcntrer en Espagne sans la permission du roí, leurs biens etrenles restant confisqués. 11 J'ai supporté
celte peine, dit-il, et j'ai perdu, comme particulier, la bibliotheque la
plus importante de ~ladrid. Elle se composait de plus de httit mille
volnmes, dans lesquels un nombre considérable étaient des rnanuscrils inédits et un nombre plus considérable de livres imprimés, ºrares
el dil'ficiles a trouver 3. n Dans l'Histoíre de l'lnquisílion d'Espagne,
publiée chez Treuttel et Würtz, en 1817-18, le (1 Catalogue des manuscrits qui n'ont pas encore été publiés, et qui ont scrvi pour eomposer
l'Histoirc ct·itique de l'lnquisilion d'Espagne », se monte a quarantehuit. Que sont devenus les trente qui restent et qui conlenaient,
quelques-uns, plusieurs volumes? On ne le dit pas et Menéndez n'en
soufile mol.
Parmi les savanls franvais, Lloren te trouve d'assezchauds partisans.
Ch.-V. d'Hautefort parle de Llorente, dans son Coup-d'reíl sur Lisbonne
et Madrid en1814 4, et en fait le plus grand éloge : u Parmi les érudits
,. Archives jationales, F1 8788. - Llorente vinta París en 1813 ou en 1814, car
il ful présent au mariage entre la filie, Asunción, du fameull voyageur Domingo
Badia y Leblich, et Claude Izonard de Lisie de Sales, le 26 novembrc 1814, a la
mairic du Xte arrondissement de París, en compagnie de Pierre-Samuel Dupoot de
Nemours, coosciller d'Élat, Charles-Marie Pigoatelli de Gonzague et D. ~·rancisco
Amorós (RtaL civil de la Seine. Communication du comte Heori de Castries).
,. Historia dt los htterodo~o• españoles, t. 111, p . .422. - lliblotheque l\ationalc,
~·onds espagnol, 60 a ,í ·
.
3. Noticia biográfica, etc., París, 1~18, p. 15:i. O. A. Paz y )lélia a signalé la visile
faite par l'lnquisitioo des livrcs el de, papicrs de Llorente, en 1814 (Cat&lt;ílogo abre
uiodo de papeúis de inquisicion, Madrid, 1914, n• 613).
4- París, 1820, p. 435._

Bull. hispan.

9

�BULLETl:'l HISPA.!UQUll

U. JUA.ll A.!1'1'0!110 LLOREl'ITE

espagnols que je consulte journellement, je placerai M. Oon Juan
Antonio Llorente, chanoine dignitaire de Tolede, qui séjourne depuis
longtemps a París. Ce docte ecclésiastique, que j'ai eu l'honneur de
voir a Saragosse, m'a été du plus grand secours, surtout en ce qui
regarde la géographie et l'histoire de son pays, qu'il possede a fond
et qu'il a éludiées en homme judicieux : je dois l'avoue_r franchement,
sans son appui, je me serais trouvé fort souvenl embarrassé el hors
d'état de vaincre les difficultés que la connaissance topograpbique des
lieux, l'instruclion et la critique de M. Llorente ont résolues de la
maniere la plus satisfaisante. 11 L'arlicle publié dans la Revue encyclopédique par A. Mahut, peu de temps apres la mort de Llorente
(avril 18:13), et ornée de son portrait 1 , est également fort élogieux.
Depuis 1819, Llorente était un collaborateur de la Revue encyclopédique; il y publiait des nouvelles d'Espagne et le premier qui y figure
est un article sur le Sí de las ni,í.as de ;\Joratin (t. II, p. 497). La revue
protesté contre son expulsion; elle note son arrivée a Madrid, le 7 janvier 18:13, et son déces. &lt;&lt; Ce savant respectable vient de mourir a
lladrid, le 7 févl'ier 11 (t. X.Vil, p. 183 et 419).
Pendant les derniers temps de son séjour a Paris, Llorente écrivait
encore deux lettres : la premiere. du :i:i juillet 18:io, aux libraires
Treutell et Wurtz daos laquelle il lcur propose l'achat de l'édition
du Pro;et de constitulion religieuse considérée comme faisanl partie de
la conslilution civile d'une nation libre indépendante, qu'il considere
comme plus inléressanle que l'Histoire de l'lnquisilion 2 , et la seconde,
du 19 décembre 18:io, ou il proteste contre le décret qui l'a rayé de la
dignité de maestrescuelas et de chanoine de l'église de Tolede; il dit
qu'it renonce au premier litre et, pour prouver son désir de paix, qu'il
renonce aussi au second, mais qu'il exige qu'on lui paie la pension
consentie a des ecclésiastiques avancés en A.ge, c'est-a-dire ayant
dépassé la soixantaine3,
L' Hisloire áe l'lnqui.sition d' Espagne el d'au_tres, nolammen t les
Portraits politir¡ues des Papes, causerent néanmoins un assez gros
scandale dans le monde de la Congrégation, et le gouvernement de la

Restauration dut sévir. Llorente était réfugié et tombaitsous les coups
de la loi. Le cabinet du préfet de police prévint le ministre de l'lntérieur, a la date du 1,1 décembre 1822, qu'il a fait venir Llorente et lui
a &lt;&lt; enjoint de quitler París dans :i4 heures et de sorlir du royaume
dans le plus bref délai •. Cet étranger a demandé un jour de plus, qui
lui a été accordé. 11 a pris son passeport pour l'Espagne, en passant
par Bordeaux et Bayonne. U doit se mettre en route apres demain. n
Le 13 décembre, le ministre de l'Intérieur notifie aux préfets de la
Gironde et des Basses-Pyrénées : &lt;&lt; M. le Préfet, le s· Llorente, espagnol
réfugié, auteur d'ouvrages rédigés dans un fort mauvais esprit, a rei,u
l'ordre de quitter Paris, dans les :i4 heures et le royaume dans le plus
bref délai. 11 doit se metlre en route aujourd'hui 13, muni d'un passeport de la préfecture de police avec direction de Bordeaux et de
Bayonne». Et, a la date du 15 décembre,le cabinet du préfet de police
annonce au ministere de. l'lntérieur· le départ de Llorente de Paris :
&lt;&lt; Le sieur Llorente, pretre espagnol réfugié, est partí hier 14 du courant, a 4 heures du soir, par les messageries royales de la rue NotreDame-des-Victoires. ll a emporté avec luí deux valises et a lail\Sé
a París ses malles et autres effets, que son domestique fera sans doute
partir par le roulage. n 2 Enfin, la derniere dépéche concernant
Llorente est celle du préfet des Basses - Pyrénées au ministre de l'Intérieur, de Pau, 28 décembre, qui le prévient que Llorente u n'a eu de
relations dans cette ville (Bayonne) qu'avec un négociant nommé
Laloi, de qui ii'a rec;u de !'argent : il se rendait a Madrid 3 &gt;&gt;.
Llorente mourut, a Madrid, le 5 ou le 7 février 18:J3.

1. Dans le Catálogo de los retratos de personajes espaíwles ••. de la Biblioteca
nacional, par Angel M. de Barcia, Madrid, 1901, il y a, p. 467 el 753, qualre porlrai_ts
de Llorenle. Le dernier porte J'inscription : « Lilhographié par PierreCamus, d'apres
l'étude d11 portrait historié qu'il a peinl en 1821, qui est mainlenaot Cadi:r. ». Le
porlrait de Llorenle par Goya, qui a été exposé en 1900 par le Minislere de l'lnslruclion publique d'Espagne, apparlienl a un parenl, D. Francisco Llorenle y García de
Vinuesa. 11 a élé reproduit daos la Petite collection d'art Gowans, n• 26, en 1909.
~l. P. Lafond l'a formellemenl contesté (Ga,alte des beaux-arts, 49• année (1907),
,,. semestre).
2. Lettres autographa composant la collection ele M. A lfred Bovet, décrites par Étienne
Charquay. Paris, ,885, p. ~4!)3. Yo el infrascripto Juan Antonio Llorente, presbítero, Ciudadano español, ele. (Bib(,
:Sat. de París, Oo 390).

a

llj

A. MOREL-FATIO.
P.-S. - D. Aurelio Viñas, professeur a l'Université de Séville, et
qui prépare une étude sur Antonio Pérez, a eu l'amabilité de faire
copier la visite faite par l'Inquisition des livres et des papiers de
Llorente, en 1814 (n• 603 du Catálogo abreviado de papeles de
Inquisición de D. A. Paz y Mélia), et de la mettre a ma disposition;
C'est au mois de décembre 1814 que l'Inquisiteur fiscal du Saint
Office eut connaissance que les livres et papiers de D. Juan Antonio
Llorente se trouvaient dans le magasin des biens séquestrés, dans la
calle de Alcalá et dans la calle del Turco, avec les livres du Prince de
,. "Au commencement du mois de décembre 1822, il lui ful enjoint de quitter
Paris sous lrois jours, et la France sans délai. n (Revue encycwpédique, t. XVlll, p . 4 1 ).
2. • M. Llorenle étail dans l'usage de lenir un journal de ses voyagee. On doit
trouver, parmi ceux de ses papiersqui sonl restés aParis, le journal de son voyage de
Madrid a Valence, il ~aragosse et en France; dans ses papiers de Madrid, on lrouven
le journal du voyage de Bayonne, en 1808, qui contienl des renseignements intéressanla sur la révolution de celle époque "· (Revue encyclopidiq11e, l. XVIII, p. 51).
3. .-\rcbhea Nationales. Fi 664,.

�BULl,ETIN HISPANJQUE

la Paix; mais on apprit plus tard, le 14 janvier 1815, grace au mémoire
de l'archiviste de la Real Audiencia de Saragosse, O. Manuel
Rodriguez, que ses livres et paplers avaient été transportés en
France et que le Saint 0ffice se demande s'il serait possible de les
réclamer. II se réfere a la lettre du dit Llorente, datée de Saragosse, le
10 février 1813, disant que, en vertu d'un décret du général París,
gouverneur du royaume d'Aragon, au nom du roi Joseph, il a élé
autorisé a prendre les livres et les papiers de l'ancienne inquisition
de Saragosse. La lettre est signée par Juan Antonio Llorente, conseiller
d'Etat et commissaire général de la Sainle Cruzada, el adressée au
Président de la R. Audiencia d'Aragon. A la suite vient l'inventaire de
ces papiers :
1 • Diverses liasses de proces, in-quarto, se rapporlent aux premiers
temps de l'lnquisiLion en Aragon el qui conespondent aux numéros
60 a 71 du fonds Espagnol de la Bibliotheque Nationale de Pal'is ;
2° Les proces, in-folio, formés contre Antonio Pérez (numéros 72 a 77
du fonds Espagnol de la Bibliotheque Nationale de Paris); 3• Divers
écrits et notes sur les proces formés contre Mossen Francisco Ximenez,
Fr. Antonio Arpall, ele.; 4º Les relations des autos de fé de 1550 a
1623; 5º Les lettres des lnquisiteurs généraux et du Conseil de l'Inquisition jusqu'en '735; 6° Un ancien index du temps de l'établissement
de l'Inquisition a Saragosse; 7° Une liasse de bulles et d'édits anciens
de l'lnquisition; 8° Une autre liasse d'instructions du Tribunal de
l'Inquisition. A partir du n• 3 le catalogue formé par Llorente ne se
trouve pas a la Bibliotheque Nalionale de París, mais on le rencontre
~ peu pres dans Je catalogue du tome premier de l'Histo.ire critique
de l'lnquisilion d' Espagne. La razon, rédigée pour donner décharge a
l'archiviste Don '\ianuel Rodriguez, porte la date du 27 février 1813.
La visite du Saint 0ffice se termine par un assez long rapport de
l'arclliviste D. Manuel Rodriguez, daté d~ Saragosse, le 9 janvier 1815,
qui cherche a sauver les apparences : le Tribunal a, il est vrai, obéi
aux instructions de Llorente, données sur les ordres du général Paris,
mais maintenant que &lt;&lt; le Saint Tribunal a été rétabli daos la plénitude
de tous ses droits », l'archiviste demande qu'on le tienne pour &lt;&lt; bon
Espagnol et catholique apostolique romain ,,, et il prie qu'on tui
donne au moins un rcmerciement. Le Tribunal le lui donna.
A. M.-1&lt;'.

LES SOURCES HISTORlQUES DE ZAHA GOZA

L'étude des sources hisloriques des Episodios nacionales
vérifiera sans doule en gros l'affirmation tranchanle de Pío
Baroja : &lt;&lt; Como investigador, Galdós ha hecho poco o nada :
ha tomado la historia her.ha en los libros» 1 . L'objet de la présen le note n'est pas d'en procurer la démonstralion sur un
ca!\ particulierement favorable. 11 ne s'agit pas, en effet, de
dépouiller Galdós d'une gloire a laquelle il n'a jamais prétendu : les Episodes nationaux sonl une reuvre colossale de
vulgai·isation, et ils sonl aussi une reuvre d'art. II n·est pas
sans intéret de savoir ou Galdós en a pris les matériaux. Mais
. il faut chercher plus avant, et voir comment il les a élaborés:
il y a la, pour qui voudrait préciser sa conceplion du roman
historique, et, plus généralement, entrer dans les secrels de
son art, un travail préliminairc indispensable, que L'élude
direcle des Episodes ne saurait remplacer. c·est une infirne
partie de ce travail préliminaire qu'on a voulu faire ici.
On pouvait deYiner, d priori, que Galdós avaiL lu de pres le
récil de la défense de Saragosse dans la flistoria del levantamiento, guerra y revolución de Espa11a par le comte de Toreno.
En 1874, Górnez de Arteche n'avait encore publié que le premier volume de sa Guerra de la Independencia (1868), el le
second, qui n'arrive pas jusqu'au deuxieme siege, ne devait
paraitre qu'en 1875. Par contre, l'histoire de Toreno, déja classique, venai t d'etre rééditée par Rivadeneyra dans le tome LXIY
de sa Biblioteca de autores españoles ( 1872). La belle tenue
liLtérahe de cet ouvrage en faisait le guide le plus agréable
a suivre parmi la multiplicité confuse des événernents politiques et des théatres d'opérations militaires. Pour reconstiluer
, • Pío Baroja. Páginas escogidas. ~ladrid (Calleja) 1918, p. 37 1.

�r3o

BULLETIN HISPANIQUE

LES SOliRCl!S HISTOI\TQt:E8 DE Z.Hl.4G0ZA

l'hisloire des deu'- sieges de Saragosse, Galdós n'eut garde de
négliger un secours si précieux: il en relint meme, pour les
faire passer daos son roman, quelques visions d'un pittoresque
sobre telles que l'incendie de l'hopilal des fous,
la donquichottesque si1houette de D. Mariano Cereso courant au combat
armé d'un vieux bouclier., et l'épée nue. C'est également
a Torcno qu'il emprunle quelque~ délails relatifs aux événemenls qui suivirent la capitulation: me~rtre du Pere Basilio
Boggiero et de Mosén Santiago Sas, vol des bijoux de, NolreDame del Pilar.
Mai~ une histoire générale de la guerre d'Indépendance ne
pouvait luí donner en quantité suffisante ces détails concrets,
ces précisions de lemps et de lieu donl son roman fourmille.
Allait-il les demander aux documents d'archives? ll eut été audevant d'une déception, si l'on en croit M. Riba y García 1. A la
Gacela de la ville assiégée? C'est une publication fort rare, dont
on ne connaH, d'apres le meme auteur, qu'une seule collection
complete. Gald6s n'eut pasa chercher son information si loin,
car il en trouvait tous les éléments compilés dans la Historia
de los dos sitios que pusieron a Zaragoza en los años de 1808 y
1809 las tropas dr Napoleón par D. Agustín Alcaide Jbieca.
3 vol. in-8°. Madrid, 1830.
L'auteur, témoin oculaire des événements et chroniste officiel, eut a sa disposition non seulement la Gaceta mais une
foulc de documents qu'il emprunta aux Archives municipales
de Saragosse et qu'il négligea de rendre 2 • c·esl de ces documents qu'est formé presque en en tier le troisieme vol u me de
son ouvrage. D'ailleurs les pieces justificatives envahissent
meme les deux volumes de récit, qu'alourdissent, par exemple,
&lt;le longues proclamations de Palafox ou des comptes rendus
du commandement subalterne. Cette chronique confuse et
mal écrite n'est pas défendable au point de vue littéraire: elle
mérite tous les reproches que lui a prodígués, non sans

aigreur, un autre témoin oculaire, le colonel García Marín 1 •
:Mais pour Galdós, c'était une mine inépuisable de détails
précis el d'histoire anecdotique : il y trouvait, oulre la relation
circonslanciée des faits, un catalogue des principaux défenseurs de Saragosse avec J'exposé de leurs ex_ploits, une description minutieuse des lieux, et en fin un plan a grande échelle ou
figurent les ou vrages de forlification, les travaux des assiégeants, les démolitions de l'artillerie, 'les galeries de mines, en
un mot loules les indications de nature a faciliter l'intelligence des opérations. Galdós ne s'est pas fait faute de puiser
dans ce lrésor. D'ailleurs,'s•il ne nomme point sa source, parce
que de.telles références sont déplacées dans un roman, il lui
arrive de la citer entre guillemets (p. 190), en SQrle qu'on ne
saurait l'accuser de vouloir dissimuler la provenance de son
érudition.
Cetle ahondan te documentation lui a permis de réaliser dans
Zaragoza une densité de contenu historique qu'il n'a peut-etre
dépassée dans aucun des Episodios nacionales. Qu'on en juge
par le sommaire des principales concordances que nous avons
relevées soit avec Alcaide, soil avec Toreno. Nous renvoyons,
pour Zaragoza, a. l'édition complete des Épisodes (Madrid,
sucesores de Hernando) C'I pour Toreno, a l'édition Rivadeneyra (B. A. E., l. LXIV).

ou

1. Aparato bibliográfico para la historia &lt;Ú los sitios de Zaragoza, p. 183-184. Cette
bibliographie méthodique se trouve au tome IV des PablicacioMs del Congreso histórico i11temacionat de la Guerra de la Independencia y su época ( 1807-1815), celebrado en
Znragoza durante los días ft, a 20 de octubre de 1908. Saragosse, 1910.
2. Riba y García, op. cit. p. 184.

Ch. T, p. 7. Ruines de Santa Engracia (A. J, !)51).
Ch. 11, p. 11. Exploit d'Esteban López (A. lll, 112). La artillera
(.-\. l!I, 561. D. Andrés Guspide (A. III, 107) . - P. 1:l. Francisco Quílez
(A. lll, 117). D. Felipe San Clemente y Romeu (A. I, 219) . - P. ,3.
D. ,iiguel Salamero (A. III, 65). D. Mariano Cereso (T. 110 b
et 116 a). Défense de Santa Engracia (T. 115 b). - P. 14. Pepillo
H.uiz (A. f, :lo3 ). Mort de D. Antonio Quadros (.\. I, 204). - P. 15.
Incendie de l'hópital des fous (T. 115 b). D. Santiago Sas (A. I, H6).
D. Mariano Cercso, D. Marcos Simonó et Renovales (A. I, 199 sq.
passim). D. Lorenzo Calvo (T. 116 a). Martín Albantos (A. I, 216).
Vicente Codé (A. I, :l 13). D. Vicente ¡\{arraco (A. I, 217). La comtesse
1.

Fe &lt;U erratas y correcciones al estilo, lenguaje, contradicciones y equivocaciones de

a ,,bra ltiitórica ,te t,a cl,s m·-n1nbl~s sitio¡ de Zarago:a, por el Coronel de Infantería
Don Fernando García Marín. - Saragosse, 18H. -Opuscule as,ez rare, dont il existe
un exemplaire a la Bihliotheque du Sénat, de '.'lladrid.

�BULLETJ'I HlSPAIUQUI:

LES SOUl\CE~ BlSTOIUQUF.S DE ZARAGOZA

a

~le Bureta (A. I, 2:11). - P. 16. )fassacre de Frarn;:ais !'Arco de
Cineja (T. T16 a). Départ de Palafox (T. T16 a). - P. 17. Antonio
Laste (A. III, ro8). Hilario Lafuente (A. III, 119). D. Francisco lpas
(A . r, 20:i). - P. 18. Exploit de Codé (A. l, 213) ..
Ch. m, p. 19. Destruction volontaire des olivetles (T. 167 a). P. 23. Les fortifications de l'Ouest (A. III, 205).
Ch. IV, p. 27. ~ Nuestras carnes sólo se cubren de gloria&gt;&gt; (A. U, 9).
Proclama-tion dn 13 décembre (A. 11, 38). Appel aux débris de l'armée
du Centre (A. ll, /10). - P. 28. Arrivée des troupes assiégeantes
(A. 11, 45). - P. 29. Poste occupé par le bataillon de las Peñas de
San Pedro (A. lll, 80). Batlerie des Martyrs (A. 11. 16). Fortifications
adjacentes (A. lll, 206).
Ch. Vl, p. 41. Saint March el O'Neille (A. ll, 46). Liste d'unités
prenant parl al'action (A . 11, 46 sq. passim, et Ill, 74). Abandon de
Monte Torrero. - P. 42. Destruction du pont d'Amérique (A. ll, 47).
D. .losé Manso et D. \driano Walker lA· II, 46). D. Pedro Villacampa
(A. 11, Lt8). Yolontaires de Catalogne (_A. 11, 49). Renovales (A. 11, 46).
- P. 43. Altaque de San José (A . lf, !17). - P. 44. La cloche de la
Torre ~ueva (A. II, 49). - P. 45. Défense de J' \rrabal (A. 11, 48). P. 46. La cavalerie sur la place de la Seo (A. II, 48). - P. !17. Feux
croisés de San Lázaro et du Macelo (A. 11, 52).
Ch. VII, p. 4g. La foule sur le champ de bataille. - P. 5o sq.
La foule l'église du Pilar (A. 11, 54).
Ch.
p. 57. Réponse de Palafox
Moncey (A. lf, 61 el 63).
P. 58. Opportunité des sorties (A . II, 67). Sortie de Renovales
(A . 11, 65). Sorlie d'O'~eille (A. II, 67). - P. 59. Les travaux de la
premiere parallele C'\, 11, 68). - P. 59-6'.l. Sortie du 3 1 décembre
- (A. 11, 69-78). - P. fi1. La cavalerie laille l'ennemi en pieces. Frani;ais bnil~s vifs (A. II, 70). - P. 62. On bat la générale au Mont
Torrero (A. lf, n). La póele de Pirli (A. U. 77). - P. 64. Allégressc
populaire (A . 11, í8). Décoration commémorative (A. IT, 79). - P. 65.
Proclamation (A. II, 79).
Ch. IX, p. 65. Positions du Midi (A. 11, 84),- - P. 66. Juno! remplace Moncey (A. 11, 83). Le réduit du Pilar. Organisation du commandement (A. ll, 98). lnscription du réduit (A. ll, 15). - P. 68.
Escudo de premio y distinción (A. lll, 29). - P. 69. El Padre FraJ
\fateo del Busto (A . lll, 136). D. Pedro Ric \T. 171 a). - P. 71.
Manuela Sancho (T. 168b. - A. ll, 8:i). - P. 74. Casta Alvarez
(A . 111,57).
Ch. X, p. 16. Ouverture du feu (A. 11, 91). - P. 78. Renovales
défend San josé (A. II, 9'.l sq.). Les défenseurs écrasés sous les ruines
tT. 168 b). - P. 79. Allaques du 10 et du 11 janvier (A. 11, 89 sq.).
- P. 80. Feu d' enfer contre le réduit du Pilar; la panique (A. ll, 99).
- P. 83. Proclamation de Palafox (A. ll, 107).

a
vrn,

a

Ch. XI, p. 83. Les Fran&lt;;ais

a San

133

José. Manreuvres d'approche

(A. 11, 102). Proclamation du 1!1 janvier (A. JI, 109). - P. 84. État
lamentable du réduit du Pilar ( A. 11, 111 ). Confection de sacs a terre
(A. 11, r t0). - P. 85. Abandon du réduit (A. ll, 11 :i a 114). P. 86-88. AITTux de fausses nouvelles. Allégresse populaire. Le bombardement redouhle (A. 11, 114-115).
Ch. XII, p. 88. Sortie du 22 janvier (A. II, 126). Défense du moulin
hnile (A. 11, 134) . Cinquante bouches feu (A. ll, 122).-P. 89. Réponse de Palafox Lannes (A 11, 1'.lí)- - P. 90. D. Manuel Lasartesa
(.-\. 111, 28). D. Antonio la Casa (A. lll, 109). D. José '1artínez
(A. III, 1:15). D. Vicente Casanova (A. 111, 144 ). - P. 92. Junta de
Abastos (A 111, 196). D. Juan Gallart (A. III, 130).
C:h. \.11(. p. 102 :\toulin poudre (A. 11, 131). - P. 106. Travaux
de défense du faubourg des Tanneries (A. lf, 130). - P. 1oí.
Description des fortifications de l'Est (A.-11, 13l1-r35 et III, 207). P. 111. Le gibet (A. 11, 173).
Ch. XVII, p. r4o. Trois breches ouvertes. Abandon du moulin de
Goicoechea (.-\. II, 133-134)- - P. 142. Altaque de la maison González
el de la batterie des Martyrs (A. 11, 136).
Ch. XVlll, p. 146. Les FranQais sont maitres de la batterie des
\fartyrs, de S 1• Engracia et des Trinitaires (A. II, 137}.- P. 14(i sq.
La guerre des maisons (A. 11, 139) - P. 148. Premiere attaqne de
Santa Mónica. L'ennemi, échouant, se relranche dans les maisons
voisines (A. 11, 141).

a

a

a

a

Ch. \.IX, p. 156. Incendie de la Andiencia(A. II, 143).
Ch. XX, p. 167. Pendaison de D. Fernando Estallo (.\. II, 173). P. 168-169. Proclamation de Palafox (A. 11, 147). Echec des Fran&lt;;ais
contre Santa )tónica (A. II, 149-151). - P. 169. \'ouvelle attaque et
prise de ce couvent (A. Il, 153). - P. 170. Les derniers défenseurs
perccnt une ouverture pour s'échapper (A. ll, 154). dieta, Paúl. Benedicto, Oliva (A. n, 153).

P. 171. '1en-

Ch. XXl, p. 172. Guerre de maisons du coté de Puerta Quemada
(A. ll, 16í sq.). - P. 180. Contre-attaque au couvenl des Trinitaires
(A. 11, 155). - P. 182. Les Franc;ais font sauter le mur qui séparc
San \gustín de las }tónicas (A. 11, 163).
Ch. XXII, p. 183 sq. Défense de San Agustín(A. 11, 16;l-16l1J.
Ch. XXIII, p. 190. Intentions et situalion de l'ennemi (A. JI, r65).
- P. 197. Palafox aux poinls menacés (A. 11, 14:i).
Ch. XXIV, p. 198. Guerre de mines dans le quartier de la Magd:ilena (A. II, 1rl).
Ch. XXVI, p. 221. Prise du couvent de Jérusalem (A. 11, 172).
Proclamation du 2 féHier (.\.. 11, 17 1). Proclaniation du !1 février
(A. 11, 17'1). Proclamalion du 9 février(.-\.. ll, 181). - P. n2. Les

...

�134

IWLLETI~ HJSPA'ITQUE

Frani;ais commencent a miner en &lt;lirection de l'Hopital el de San
Francisco (A. II, 183-185)
Ch. XXVII, p. 232. Attaques conlre l' \rrabal (A. JI, 179). Bombar•
dement de l'église du Pilar (A. II. 180).
Ch. \XVIll,p.240. SasetLaCasa(A.11, 179). Piedrafita(A.ll, 191).
Escobar (A. III, 115). Leiva (A. ll, 189). Canon de l'Arco de Cineja
(A II, 185). - P. 244. Explosion de San Francisco (A. JT, 185). P. 246. Batlerie de la Subida del Trenque (A. II, 190). - P. 248.
Défense désespérée du clocher de San Francisco ( !\. 11, 187). Casa de
Sáslago (A. II. 189).
Ch. XXIX, p. 249. Destruction de l'Université (A. II, 208), de la
capilla de la Sangre ( A. II, 191 ), de la casa de Aranda (A. II, 210). P. 251. Effondrement de la ruedes Arcades (A. II, 210).
Ch. XXXI, p. :178. \1eurtre de Mosén Santiago Sas et du P. Basilio
Boggiero (T. 171 b). - P. 279. Vol des bijoux de \'otre-Dame
del Pilar (T: 172 a).
L'intéret - et l'excuse - de ce long index de référcnces,
c'est qu'il permet, en feuilletanl le l'Oman de Galdós, d'y faire
immédiatement le départ entre les éléments historiques et les
éléments inventés. Et l'on ne peut se délendre d'un certain
étonneme.nt en voyaot combien de détails intimes qui, a premiere vue, pouvaient sembler depure invention, ont été pris
a la chronique d'Alcaide ou au)( documenls authentiques qui
s'y trouvent inclus. Parmi le butin que Pirli rappol'te de la
sortie du 31 décembre figure une poele « en la cual aún habia
restos de almuerzo, comenzado en el campamento frente a
Zaragoza y terminado en el otro mundo n (p. 62). On ne
s'attendait certes pas a 1·etrouver ce détail dans le rapport de
Renovales : ll .:. habiendo tomado nuestras tropas cuatro
mochilas, seis fusiles, tres mantas, un poncho, una bota. y una
sartén con que estaban guisando de comer n. (A. II, ¡7.) Bien
peu nombreuses sont les précisions de lieux ou de personnes
qui ne reposent pas sur l'autorilé d'Alcaide ou de Toreno '·
Galdós a meme poussé le scrupule jusqu'a consulter attentivement, au tome Tll d'Alcaide, la liste· des unités dont la présence
, . :'ious n·en pou,·ons guere cíter que deut ou lrois : les noms du sous,-lieu~aant
D. \ligue) Gila (p. 12) et du commer,;,ant D. Pedro Pizueta (p. 92); - 1 ex_plml du
marquis de Pino Hermoso ala tele du lntaillon d'Orihuela (p. 243). !\ous ignoran~
rgalement ou Galdós prend l'orlhographe &lt; Cereso» au lieu de, Cerezo• (p. 77, n. 1).

LES S0URCB1' HJSTORTQl'F:S OR lARAl:()7,.4

135

a été conslalée sur les différents poinls du champ de bataille,
et il a soin, en général, de ne faire intervenir le bataillon de
las Peñas de San Pedro que Ht 011 sa présence est attestée. ~i
nous laissons de coté la trahison de la Casa de los Duendes,
inventée de loule évidence pour les besoins de l'intrigue romanesque, nous ne voyons guere dans Zaragoza qu'une invention
-importante superposée a la vérité historique et la·dénaturan t:
la conduile héro'ique de Manuela Sancho ramenant au combat
les défenseurs du _réduit du Pilar (p. 81). Non seulement
Alcaide n'en dit ríen, mais il n·en est pas question non plus
dans les Mémoires du lieutenant-colonel García Marín ', qui fut
l'un des principaux acteurs de ce tragique épisode, puisqu·il
était parmi les officiers qui se lancerent, sabre au clair, audevant des fuyards. Galdós 11 'a pas résisté a la tentation de la
« scene a faire », a l'attrait d'une antithese un peu trop facile
entre l'affolement des soldats aguerris et l'héro'isme d'une
faible fcmme. Le tableau laisse une impression douteuse,
ou le charme désuet de rimagerie populail.'e se mele a la
grandiloquence de certaines compositions rnmantiques.
}iais si Galdós n'ajoule que tres rarement a la matiere
hislorique que lui fournissen t ses sources, il n'est pas moins
intéressant de noler qu'il en retient le ma)(imum de faits et
d'anecdoles, comme s'il avait ,oulu présenter un tableau
complet de la défense de Saragosse. Bien caractéristique a cet
égard est le deux:ieme chapitre, ou le mendiant Sursum Corda
raconte a batons rompus les prouesses du premier siege. On
comprend par quel souci d'unité et de concentration dans le
temps Galdós a circonscril l'actjon de son roman dans les
limites du deuxieme siege; mais on comprend aussi que son
dessein de vulgarisation luí ait suggéré cet artífice pour
brosser un raccourci du premier, en guise d'introduclion.
Zarago:a apparait a'onc ~omme une image épique et libre de
cet épisode grandiose, réunissant tous les traits d .héro'isme ,
, . .lfernorias para servir a la historia militar de la Guerra de la insurrección española,
desde su principin en 1808 hasta su fin en 18H. - Resumen ... del segundo sitio de la
inmortal Zaragoza - Defensa heroica del memryrable reJuclo llama.do del Pilar, ele ...
'danuscril coo~ervé a la 'Bibliotheque du Sénal de ,tadrid. - Sur l',1dition tle ces
mémoires, publiér en 1817. cf. Riba y García, op. cit., p. 273.

�u ;s

BULLBTl!f BISPANIQUlt

toutes les scenes d'horreur, et mat'quant a,·ec une netteté
:mffisante l'enchaincment des événements militaires. Toutefois,
une réserve s"impose au sujet de la fin du livre. Galdós, en
imaginant la trahison de Candiota et son chatiment, a cédé au
besoin de lier étroitement la catastrophe de la défense de•
Saragosse, la catastrophe des amours d'Agustín Monloria.
Mais il a sentí que ce double dénouemenl tragique ne pouvait
etre accompagné ni suivi d'un brillanl récit d'action mililaire
sous peine de diviser L'inléret el de compromeltre l'émotion;
et c·est pourquoi il n'a pas hésité
passer soui; silence
l'attaque de !'Arrabal, qui ful vraiment le dernier coup porté
a la résistance, et, bien plus que la prise de San Francisco,
le fait qui u décida du sort de la ville » (p. 240). Tres habilement, il enveloppe les derniers jours de la défense daos la
brume incertaine d'un cauchemar (u Vele lejos de mí, horrible
pesadilla ... », p . ~67 sq.). Le héros ne sort de sa torpeur
fiévreuse que pour dire adieu aux survivanls de ses compagnonid'épreuve, ombres blemes, exlénuées, enant dans la ville
prise ou regne le silence de la désolation el de la défaite.
On voit quelles inlentions artistiques, d'ailleurs inégalement heureuses, répondent les libertés que Galdós prend avec
l'histoire, soit par · addition, soit par omission. Ces libertés
sonl fort peu nombreuses, et il en résulte que Znrngoza a une
valeur immense comme ceuvre de vulgarisation historique.
Faut-il souligner le caractere forcérnenl artificiel du genre?
Ce caractere éclate si l'on compare les Episodios nacionales
des ceuvres d'une élaboration plus subtile telles que les Memorias de un hombre de acción, que cerlains critiques saluerent,
lcur appari lion , du tilre de « nuevos episodios nacionales ».
Chez Baroja, l'histoire est habilemenl dosée, traitée en fonction
,du héros, vue sous l'angle particulierd' Aviraneta. Chez Galdós
l'histoire est traitée pour elle-meme: Araceli est partout, il
6ait tout, et domine les événements auxquels il assiste comme
pourront le faire les historiens de l'avenir. Mais ce qui est
surprenant, c'est la maitrise avec laquelle Galdós a joué de cet
artífice, l'al't avec lequel il nous fait accepler cette convention,
la Yie qu'il a su communiquer un récil dont presque tous les

a

a

a

a

a

a

•

SOLI\CES HISTOIUQUES DE ZARAGOZA

éléments, et parfois les mols cux-memes, tui étaienl fournis
du dehors.
Quelques citations paralleles monh·eroQt mieux commenl il
cnlend son role de vulgarisateur, et le pal'li qu'il tire de ses
sources.
Parfois son intervention se borne abl'éger sous une forme
plus nerveuse la matiere donnée par Alcaide.

a

ALCAIDE

(II, p. IJ4-ll5).

Ya l'uese que Palaíox tuviese
noticia de que Perena había reunido algunas tropas, o por mejo1·
decir paisanos mal armados, ~a
que en realidad recibiese por
algun conducto papeles de otras
partes, lo cierto es que el , 7 al
medio día dh·ulgaron iba a publicarse una gacela muy interesante ... Su contenido se reducía a
que en Cataluña habían sido
derrotados los francesrs, y que
Reding tenía un ejército de sesenta
mil hombres; que el marqués de
Lazán , de~pués de haber arrollado
las fuerzas que el enemigo tenía
en el Ampurdán, había entrado
en Francia, llevando el espanto
por todas partes y enriqueciendo
el ejército con los despojos; que
venía a auxiliarnos una gruesa
división de Reding y otra del
duque del lnfanlado: que Blak.e
) la Romana con los ingleses
habían derrotado a ~apoleón,
matándole veinte mil hombres,
incluso Berthier y Ney, y herido
a Sabary; y que de sus resultas
estaba aquél sitiado en el Paular.
Ultimamente que habían llegado
a Cádiz para nuestro ejército diez
y seis millones de duros ...

GALDÓS

(p. 86-87).

\o sé si efectivamente llegaron
a Zaragoza tales noticias, o si las

sacó de su cacumen el redactor
principal, que era D. Ignacio
Asso; lo cierto es que en letras de
molde se nos dijo que Reding
venía a socorrernos con un ejército de sesenta mil hombres; que
el Marqués de Lazán, después de
derrotar a la canalla en el norte
de Cataluña, había entrado en
Francia, llevando el espanto por
todas partes; que también venía
en nuestro auxilio el Duque del
Infantado: que entre Blak.e y la
Romana habían derrotado a ~apoleón, maldndole veinte mil hombres, inclusos Berthier, ~ey }
Savary, y que a. Cádiz habían
llegado diez y seis millones de
daros enviados . por los ingleses
para gastos de guerra. ( Qué tal~
eSe explicaba la Gn.cela?

�138

IIULLETIN HISPA.,IQU-E

1.ES SOURCES IIISTORIQUES DE 7.AIUf.OU

11 seraiL absurde de crier au plagiat. Le romancier en use

a l'égard

du chroniste comme celui-ci a l'égard de la Gacela
qu'il analyse : pour Galdós l'histoire d'Alcaide est un docu111ent sur lequel la vulgarisation a tous les droits. - L'exemple
suivant nous offre déja un agencement plus libre des éléments
utilisés.
ALCAIDE

(II, p. 173¡.

En este día apareció a los ojos
del pública un espectáculo sobremanera triste. La noche anterior
cayó una bomba en la casa ustensilios, si ta junto a la plazuela de
la Cebada, y habiéndose incendiado, entraron varios paisanos,
los cuales hallarnn una porción
de camas de las correspondientes
a dicho rnmo, } como los enfermos se iban multiplicando extraordinariame nle y había tantos
hospitales, comenzaron a declamar. No fué necesario más para
proceder contra el guarda-almacén
don Fernando Estallo. Todos lo
apellidaron traidor, lecondujeron
en seguida a la cárcel y en ella
sufrió la pena de garrote. Por la
mañana apareció suspendido en
una horca colocada en la calle del
Coso frente a la subida del Trenque, con un cartel al pecho que
decía : por asesino del género
humano, a causa de haber ocultado veinte mil camas.

GALDÓS

(p. 167-168).

Detúvose el pueblo irritado
junto a la subida del Trenque,
donde estaba la horca, y- al poco
rato uno de los dogales de ésta
suspendió el cuerpo convulso de
un hombre, que se sacudió en el
aire hasta quedar exánime. Sobre
e) madero apareció bien pronto
un cartel que decía : Por asesino
del género humano, a causa de
haber ocultado veinte mil camas.
Era aquel infeliz un O Fernando
Estallo, guarda-almacén de la
Casa - uslensilios. Cuando los
enfermos y los heridos espiraban
en el arroyo y sobre las frías baldosas de las iglesias, encontróse
un gran depósito de camas, cuya
ocultación no pudo justificar el
citado Estallo. Desencadenóse
impetuosamente sobre él la ira
popular, y no fué posible contenerla. Oí decir que aquel hombre
era inocente Muchos lamentaron
su muerte; pero al comenzar el
fuego en las trincheras, nadie se
acordó de él,

a

citations parallelcs de celle longucur. Un grand nombre
des concordances que nous avons notées plus haul se réfcrent
a de simples allusions , a des précisions jetées incidemmenl
duns le récit pour lui donner un air de chose vécue. Assez
souvent, pourtant, Galdós Lravaille sur ses sources historiques
comme sur un canevas, ou comme sur une matiere a développement pitLoresque.

(NoLons au passage l'artifice qui consiste faire dégage1·
Araceli le j ugement moral, la présomptiou d'i nnocence
n 'étaienl qu'implicitcs dans les termes d' Alcaide : « no
necesario más ... )l.)
11 Y~ sans dire qu'on ne pounail pas multiplier a l'infini

par
qui
fué
des

TonENO (p. 115 b-r 16 a).

GALDÓS

(p.

15).

Prendióse fuego, y los enfermos
Los enfermos, viendo que los
que quedaban, arrojándose por las • techos se les venían encima, se
ventanas, c.:~ían sobre las baJ·o- arrojaban por las ventanas a la
nelas enemigas. Entre tanto los calle. Otros se iban arrastrando
locos, encerrados en sus jaulas, y rodaban por las escaleras. Ardían
cantaban, lloraban o reían, según los tabiques oíanse lamentos, y los
la manía de cada uno ...
locos mugían en sus jaulas como
. . Dueños de aquella parle fieras rabiosas. Otros se escaparon
sentaron los enemigos su águilas y andaban porlos claustros riendo,'
victoriosas en la Cruz del Coso, bailando y haciendo mil gestos
templete con columnas en medio graciosos que daban espanto.
de la calle del mismo nombre.
Algunos salieron a la calle como
en día de Carnaval, y uno se subió
a la Cruz del Coso, donde se puso
a sermonear, etc ...
Le procédé d'amplification est tlagrant: c'est un travail volontaire qui, des sobres irul.ications de l'histoire, fait sortir tout le
piltoresque qui y était virluellement contenu. Mais ce qui est
particulierement curieux ici, c'est la dé marche irnprévue et vraiment créatríce par laquelle l'imagination du romancier utilise
celte image de la Cruz del Coso que le récit de Toreno lui
olfrait quelques lignes plus loin, mais sans líen avec la scene.
On pourrait établir une série ascendante, depuis des passages
tels que le précédent, ou la transformation estencore sommaire,
jusqu'a des créations beaucoup plus libres, dont les sources
historiques n 'ont fourni que le point de départ. c·est au terme
de cette série que nous trouverions les plus helles pages de
Zaragoza : le tableau des ruines de Santa Engracia (p. 7),
étonnante transfiguration d'une description précise, mais un

�IQO

BULLETl:"I HLSPAJHQUE

LBS SOURCES HISTORIQUES DE ZARAGOZA

peu seche; le récit épique de la défensc de San Agustín
( ch. XXII), pour lequel Alcaide n 'a donné q u'u n canevas assez
incolore; enfin la scene de Notre-Dame del Pilar (ch. VII), qui
est sortie de cettc simple phrase: &lt;&lt; La capilla de :'\uestra
señora del Pilar al anochecer estaba colmada de un inmenao
pueblo, que concurrió a desahogar sus afectos religioso•. &gt;A
11 est impossible de citer toutes ces pages célebres. Du res~,
nous ne nous sommes pas pt·oposé de suivre l'imagination de
Galdós en plein essor, réservan t nolre attention pour le
moment précis ou elle quitte le sol, 011 elle perd le contact
des textes historiques.
Nous permettra-t-on de mentionner pour finir un drame
d'Antonio Hurtado et Gaspar Nt'ii1ez de Arce, donl Galdós
semble s·etre souvenu en écrirnnt son roman~ \ous ne prétendons pas le ranger parmi les sources historiqucs de Zaragoza.
)fais il s'agit d'un drarne inspiré par le meme épisode de
l'histoire nationale, et Riba y García I omet de le ciler parmi
les reuvres littéraires se rapportant au siege de Saragossc.
La Jota rtragonesa• fit son apparition sur la scene de la Zarzuela
en 1866, I'année meme ou Galdós débutait dans la presse
maddlene comme critique liltéraire et dramalique. II est forl
probable qu'il vit joucr cctte piece. On ne peut tirer aucun
argumcnt décisil' de la ressemblance entre D. José Monloria
et D. Pablo Lizana: ce sont deux typcs rcprésentatifs de
l'Aragon, assez forlement styliséti. Mais la réceplion que
Montoria fait a Araceli et a D. Roque rappelle de bien pres
l'accueil du vieux Lizana aux .soldats qui viennent défendre
Saragosse :

LA

JOTA ARAGONESA

( A. l. Se. l[l).

Pablo.
Mas ai así tan mano a mano
seguimos aquí los tres,
1.
2.

GALDÓS

(p. 21).

Sepan que no me fallan
diez docenas de jamones colgados
en el techo de la despensa, ni
veinte cubas de lo añejo. . . Ea

buena tripa pondrá pues
ese sargento cristiano.
eNo hay un lomo que freír ?
No hay jamón que preparar?
o va en ayunas a entrar
y en ayunas va a salir?
Carmen.
¡ Oh ! no, eso no.

muchachos, entrad adentro y
mandar que frían obra de cuatro
libras de lomo, y que estrellen dos
docenas de huevos, y que maten
seis gallinas, y saquen de la cueva
siete jarros de vino, que yo lambien quiero almorzar ...

Pablo .

Pues dispón,
que hoy cuantos van contra
[Francia
dueños de mi casa son.
Ajoutons que D. Pablo Lizana a, comme D. José MonLoria,
un fils séminariste qui vole au secours de la patrie oppri mée :
il est vrai qu'il n'est ni amoureux ni romantique, et que l'intrigue du rornan se déroule dans un tout autre ordre d'idées
et de sentiments que celle du drame.
Mais il ne saurait etre question d'étudier ici les sources
littéraires de l'intrigue romanesque. Il faudrait entrer daos
le domaine des influences incertaines, des filiations discutables,
et nous avons seulement voulu montrer quelle base solide
l'étude des sources historiques peut donner a !'examen critique
des Episodios Nacionales. Elle devrait etre étendue a !'ensemble
de cette reuvre immense si l'on voulait quelque jour définir
dans toute son ampleur le talent de vulgarisation de Galdós,
démeler les formules diverses selon lesquelles il combine
histoire et fiction. A.u milieu de cette diversité, la cocilparaison
dégagerait sans doute les procédés fondamenlaux du romancier les démarches les plus constantes de son imagination
créa,trice, fournissant ainsi de précieuses indications a qui
voudrait analyser son art dans la tola lité de ses reuVI"es.
~l. BATAILLOi\.

Aparato biblwgráfico . .. p. 2 r 5.
La Jota aragenesa. Drama en !res aclos y en verso, original de Don Antonio

Hurtado y Don Gaspar Núñez de Arce. - llepresenlado en el teatro de. la Zarzuela.
el dia •~ de diciembre de 1866. - ',[adrid, imprenta de José llodríguez, Calvario,
18. - 1866.
Bull. hispan.

10

�.....

f( té _.._ ele lui -.YOlt Jli'N 1a rue '1llliall d-. GarcUuo, publWe
,ve remando de Berren: e wbloh I ha4 mvain-,ht for in ~
ooiW!on• nf'lll."'Dilh boob, bolh pllblic ud ~ato. t:'°51ioQ de

VAllIÉTES

a

J. H. Wi6'en.
. Sauf une cilation tres coorte dan1 la liltérature espagnole de
l'ickoor, ou le 118vant américain traite
dédaigneusement de .la
vie et de la traduclion du Garcilaso de J. H. Witren (trad. allemande
de N. H_. J ulius, t. I, 387 ), je ne vois pas que peraonne ail eJICOre
rend.ujusticea ce remarquable ouvrage, qui, vu 118 date (18,3¡, peot
pasaer pour une précieuse cootrlbulion de l"hiopmisme anglais
au x1x• •i~le. Le volume est inlitolé : • The woru or Gtlrcila110 de-"
Vega, 1urnam~ the prioce or caslilian poeta, ll'llnslated info En¡liah
~ene; wilh • critica) md historical us■y ob spaniah poetry, and •
bfe oí the author. By J •• ff. WiOen. - Loodon: Prinled for Horat,
Robinsen, and Co, 90, Cheapside, and 8; Pall-Mall, 18,3. »
J. H. Wift'en étail ·te frere de Benjamin Barron Witren J'6diteur
'
avec D. Santiago Usoz i Río, des R•/ormi11tu anliglJ06 &amp;pallot.1 ,
do?' .Ed. Boeh~er ~ poblié, en lrois volumee, la bio-bibliopaphie
(Bibliol/uca Wi8"e1W1na. Spanu1t. Reformar, qf lrDo Clllturi#
/rom ~520. Slrasburg el London. Truhner; 18¡4-19(14.) JI mooru&amp;,
noua dit sa filie, Mary laaline W. Witren : • in the noontide ól hu
career J. H. Wift'en was removed by death at the early age ot 45 In
May 18116» (Vie de B. B. Witren; Boehmer, t. I, p. 8.)
• D11111 aa préface, dal6e de• WoburnAbbéy,4 lb llonlh8 lh, 1825 ••
ll se récl•m• de D. José Maria Blauco (depaia !111 conYRnion au
protealanlisme : • the Rev. Blanco Wbite • ), et de J(. Heher. Voici ce
qu'il dit du premier: • I cannot forego lhe pleuure of ftnl acbnowl~ng the great advanlage I bave derived from lhe lr.iDd reviaion of
my MSS by the.Rev. Bla~co White. That genUeman'a dealre lo aid in
any thing lhat might seem to serve lhe reputation or bis counlrylhe country, whoae cualoms and instilullona he ha1 povtrayed wilh
1uch vivid inleresl, originality, and talent, joioed fo bis nalive goodnese of hes~, coold alone bave led-h_im fo volunteer bis -.ices, in a
-eon of sickness, lo one nearl7 a stranger and if I submil lhe
followiog pages to lhe public witb aoy degree of conJldence Íll ¡~
favour, it is from lhe m1ny improvements to wbich hie f'riendly and
judicious crilicisms have led. • Quant au 18COnd, le bibiiophíle Beber,

·••sez

.

t la 6litl l.la BWlotJaeip Nationale de
.,_(Yg. Ris. 41), etlla BlbliollMquede
¡E. 19&amp;-t).
Le contenu du l!YN eat le auinnt : • Ea-, on apani2h pietry •
(1"11a) • « We or Garcilaucu (&amp;5-167); • Versea on the death of
~ , (171-1.,S). Pulscha t.,logues, dN twgiea,desOdea et det
Sonnete, el, la In, DD appeodice, ou
dhe.-- traduotioDs :
d'abol'd J'éloge dee pelitei • - de t'archiprkre de mta, la proph61ie do Tage de Lula de Ltoa, - Abel Hapl'avail imprim6e, dau
la venlon arlglnale, den - plaa lb&amp; , Boma,u;ero • lii11Drla d6l rrr
• B,pdtl Don Bodrlfo, po,lnro tü lol Godo, en laig114ge '!'11111• i
, fllOJJIIDila , - AW Hago. Paria, 18111, - dea po/imM la~ dt
~ . etc. L'a...l aar la poéeie upagaole, qui
dee oritiJlllqD'ai, e "tabli_8D, del hons modMw •• eat rempli de citallou
a Jau de 11-. Sanllllalla, CutilleJo, etc., tradailel • aaglala, al
iJ :me ~ que Jea amateun d'aojollrd'hul feraial bien de a'en
111 plnr. Le Yle de Garcil8lo 811 ~te a'NIC 8andonl, Paul love, i1t
dOOllllen• de Berren Bembo, Zapata dua - lli,CllllanMI, • le
•
Smt - - - I n
8'ncbez lt (IIOJ&gt;Oa de IOD '11ilioll
ele ~ publiée en 1674. Toot cela indique che&amp; W-lh rz;:hn::ae ,ppriclable de la poÑú' 71p1poleat nne~ nfflMnbl
_._..,_ poor la ..._..pble do pMle.
Gudwlo par Henwa ·ea1

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Pnncl-.

A.

11,.r.

'

�BlBLIOGRAPHJE

BIBLIOGRAPHIE
Berragaete y su obra, par R. de Orueta. Biblioteca Calleja,
Madrid, 1917.
L'auteur m'en voudra-t-il si je commence par pester contre l'idée
malencontreuse qu'on a eue de réunir dans le meme volume l'édition
castillane de son travail et la traduclion franyaise? Pourquoi n'avoir
pas séparé les deux? Pourquoi alourdir un livre qu'on voudrait
emporler avec soi comme manuel d'excursion aux sanctuaires disséminés qui servent de musée
cet artiste fécond? Cambien de fois
n'ai-je pas regretté, de mCme, que la Gula de Toledo du vicomte de
Palazuelos (comte de Cedilla) doublée elle aussi de sa traduction,
conslitu.1t un de ces fardeaux dont on hésile
bourrer sa valise,
et surlout sa poche ! Allons ! MM. les Espagnols qui écrivez pour
faire connaitre les merveilles de votre pays, ayez pitié des pauvres
voyageurs !
M. R. Orueta s'est fait une spécialité de la sculpture espagnole. J'ai
dit ici-meme l'intérel de son livre sur Pedro de Mena (Bull. hisp., 1914,
p. 492). Il a publié depuis, d'aulre part, une étude sur la sculpture
funéraire en Espagne et il en a annoncé d'autres .
·
Dans la présente ceuvre, il consacre un premier chapitre préliminaire a une esquisse de la sculpture castillane au d ébut du xvx~siecle;
un second chapitre aux influences qui se sont exercées ou ont pu
s'exercer sur Berruguete; un troisieme a une biographie, et un quatriCme au catalogue des ceuvres, y compris les dessins et les ceuvres
douteuses. Une ahondan te bibliographie est jointe au volume, qu'illuslrenl 166 figures hors texte. On voit qu'il y a la taus les élémen-ts
susceptibles de documenter lelecteur, qui pourra adcnirer en connaissance de cause et sur d'assez bonnes reproductions photographiques
l'étonnant Saint Sébastien (cinq planches) et les autres pieces du
retable de San Benito de Valladolid (Musée de cette ville), les retables
de San Andrés a Olmedo, du College des Irlandais a Salamanque, de
l'Adoration des Rois a Santiago de Valladolid, de la Visitation a
Santa Ursula de Tolede, de l'église de Santiago a Cáceres, les stalles
du chreur de la cathédrale de Tolede, les portes de la cathédrale de
Cuenca et de Santa María de Castejón a Huete, la Transfiguration
a l'église San Salvador d'Ubeda, le sépulcre du cardinal Tavera
a Tolede. Des photographies d'ceuvres italiennes (de Micbel-Ange, de

a

a

Giacomo della Quercia, de Donatello, de Ghiberti , de la Chapelle
Sixtine, du Laocoon) suggerent, avec les remarques de l'auteur,
d'uliles comparaisons. Des dessins et deux autographes completent la
collection.
Cet ouvrage de vulgarisation qui s'appuie sur de nombreux travaux
cités par l'auteur et sur ses études personnelles, ne peut qu'etre bien
rec;.u de tous ceux qui aiment a étre éclairés dans l'admiration de
l'art espagnol.
On appréciera sans doute. son prernier chapitre, oll il cherche a faire
saisir Les dill'érences et les analogies d'inspiration et d'expression que
présente l'art espagnol et l'arl septentrional, d 'une pa rt, et l'art i talien,
de l'autre, jusqu'au momenl otl parait Berruguele. IL y a lil un aper&lt;;.u
rapide et général, suffisamment illustré d'exemples pourtant, d'oll
ressort la personnalilé de la sculpture espagnole, encore gothique
alors, forternent impressionnée par l'influence franyaise, mais caractérisée par des tendances visibles et nettes.
On lira avec plus d'intéret encorc le second chapitre, oll avant
meme de nous donner les délails biographiques qui ne sont relatifs
qn·a l'homme, M. de Orueta s'attache a déterminer les influences
subies par l'artiste, particuliCrement comme sculpteur et occasionnellement comme peintre; ses affinités italiennes (Donatello, Brunellesco, Quercia, Gbiberti, c'est•ll.•dire les plus gothiques); ses grands
modeles antiques (le Laocoon); son principal maitrc (~lichel-Ange) ,
dont iL a la tendance a l'expression, au mouvement (spirituel avant
tout). Yoici comment M. de Orueta définit sa maniere:
Lo que a él lo caracteriza es el retablo de San Benito, el de Salamanca,
el de Santiago, el de Santa Ursula y el de Ubeda; esta es su manera pecu•
liar, en la que unos escasísimos planos bastan para componer toda una
figura; con grandes superficies completamente vacías, sobrias, sin el menor
matiz; exagerando la importancia de los contornos; bastándole dos o tres
surcos para dar la impresión de un ropage; dislocando a veces los miembros
y siempre alargando las figuras. Este es el Berruguete personal y vigoroso,
que sabe armonizar la técnica de su ejecución con las direcciones de su sensibilidad. Y lo mismo es el pintor : un contorneador expresivo. que rellena
sus siluetas como mejor puede; su interés y su arle está precisamente en el
dibujo de esta silueta, Lo que quiere es hacer sentir, y ha de enderezar sus
trabajos para que estén en armonía con sus deseos; por eso si aprende la
técnica italiana de su tiempo, no la emplea siempre, prefiriendo la tradicional de los góticos 1 • • •
•
Plus concretes sont les observations qui suivent, touchant la proporlion et l'anatomie des figures traitées par Berrugucle~ les malériaux
qu'il a employés (le bois de préférence), la polychromie, la disposition
1. P. 59. Si je reproduis le passage en espagnol, ce n'esl pas queje dédaigne la
traduction, qui me parail au contraire bieo faite, mais comme je ne suppose pas
qu'elle soil de l\l. de Oruela lui•meme, il me parait mieux de le ciler dans !'original.

�l46

IIULLBTlN HISPA:VIQUE

BlBLIOGRAPHIE

des ensembles. Ce que furent ses disciples, M. Orueta nous le dit sans
indulgence, comme il nous fait comprendre commenl Berruouete est
en somme un isolé daos l'art castillan (3. moins qu'on ne le r:pproche
du Greco, avec lequel il a réellement une parenté bien visible), et
méme peut-étre jusqu'li. un certain point un incompris, de son teIDps
d_u moins; _comment enfin il est le type achevé du style (( baroqne ,,,
s1 le caraclere le plus essentiel de ce style est la suggestion, et la
suggestion par le mouvement.
C'est seulement apres cet exposé doctrinal et d'ailleurs quelque peu
philosophique, que M. Orueta place sa notice biographique sur Berruguete. Né entre 1486 et 1490, saos doute a Paredes de Navas, celui-ci
alla en ltalie, d'ou il était déja de retour en 15,o. Y a-t-il vu les cartons de Michel-Ange? C'est ce qu'affirme Vasar\ selon lequel il aurait
d'autre part exécuté une copie en cire du Laocoon daos un.s;~ncours
ju,gé par Rapbael. En Lout cas, il semble élabli, d'apres M: de Oruela,
que Berruguete séjourna a Florence, oll il éludia les premiCrcs sculptures de Michel•Ange; P.Uis
Rome, oU il s'intéressa surtout aux
plafonds de la Sixtine et au Laocoon; ensuile probablement il alla
il Bologne, Milan, Pavie et Naples . C'est a Valladolid qu'il se fixa ,eut
ses ateliers, et exécuta la plupart de ses cornmandes, - avec le
concours de nombreux aides ou él8ves, selon loute vraisemblance sauf les séjours plus ou moins prolongés qu'il dut faire /¡ Tolede.' ou
le chapitre lui assurait également logis et alelier, et oll il mourut en
r56r, enrichi par son art et son Lravail.
Le catalogue qui suit ces notes biographiques est en réalité une
étude de chaque groupe d'ceuvres; il tient la moitié du livre. n serait
trap long d'en reproduire meme simplement l'essentiel: descriptions,
données historiques, discussions, bypothCses et conclusions sont traitées avec une ampleur suffisante pour l'édification du Iecteur qui veut
surtout se renseigner et non peser chaque assertion d'une main
érudite. Les observations sur le saint Sébastien de Valladolid sont
particulierement intéressant.es en meme temps que sinceres. Et
partout on sent que cet artiste au génie si hardi et si vivant, si turbulent, si l'on peut dire, n'a pas seulement séduit, mais troublé l'écrivain qui, en ces pages attachantes, a cherché. le situer, le classer,
a r ex pliquer .
G. ClROT.

a

a

a

Henry Thomas, Spanish and Portuguese Romances oj Chiva/ry.
- The reviva/ oj the romance of Chivalry in the spanish Península, and its ex/ension and intl!ence abroad. - Cambridge, al
the University press, 1920. -

, vol. in-8°, vm + 335 pages.

Ce volume contient, en sept chapitres, la matitlre amplifiée de six
leyons faites, en cg 16, a1"Université de Cambridge (fondation Normaon

•

Maccoll). L'auteur s'y est propasé d'éludier dans son développement
bistorique, depuis les origines jusqu'.\ sa disparition, la liltéralure
cheval.eresque, qui commence, en Espagne 1 aux approches du
xvte siecle, s'épanouit, puis décline au cours de ce dernier siecle, pour
disparaitre au debut du xvu•. Ce vaste sujet a été souvent touché
et méme traité, l'auleur le reconnait. Mais il ne lui parait pas qu'il ait
été exposé méthodiquement daos son ensemble, du moins en Angleterre. 11 n'hésitera done pas a employer, en les contrólant, les matériaux réunis, et il y ajoutera ce que ses propres recherches lui auront
fourni.
Les litres des sept cha pi tres donneront une idée suffisa11te du contenu
et du plan de l'ouvrage. Ce sont, a peu pres, ceux de Menéndez Pelay~,
au chapitre V des Orígenes de la /\'ove/a. Cha p. l. Le roman de chevalene
dans la Péninsule avanl 1500 [El cavallero Cifar; la (1 malitre de
Bretagne )l; les romans divers de la fin du siecle précédent; Tiranl lo
Blanch, etc., p. 1-41]. - Chap. II. Amadis de Gaule, et ses conlinualions [p. 41-84]. - Cbap. III. Les Palmerins [p. 84-118]. Chap. IV. Les pelils groupes el les romans isolés [E.pejo de principes
y cava/leras; El cava/tero del Febo; El caval/ero det Sol; Don BehanIS
de Grecia· Florando de Inglaterra; El invencible cavallero lepolemo,etc.
[p. 119-147]. - Cbap. V. La grande vague et le déclin de c~ll~ liltérature. [p. 14 7.18o]. - Chap. VI. Exlension hors de la Penmsule,
en llalie, en l&lt;'rance, en Allemagne, en Hollande [p. 180-&gt;41].
Chap. VIL En Angleterre [p. &gt;42-301] .
Suivent deux appendices . Dans le premier, l'auteur recherche lequel,
du Leanrlro el B'el espagnol, qui forme le livre IL du Lepolemo llamado
el cava/tero de la Cruz (1563), ou du Leandro i/ Bello italien (1560),
est !'original, et il conclut que le premier n'est qu'une imitation du
second. Dans le deuxieme appendice, il établilqu'Anlhony Munday et
Lazarus Piott, traducleurs anglais de l'Amadis, ne forment qu'une
seul, et méme personne .
L'ouvraO'e se termine par unebibliographie et un excellent index. Le
lecteur y ~rouvera done tout ce qui lui sera nécessaire pour se rendre
compte de la nature, du développem:nt 1 de l'influence de celte littérature, si populaire jadis, si oubliée aujourd'hui. Taus les éléments
d'un jugement éclairé lui sonl fourn\s dans ce consciencieux ouvrag~.
g¡ 1 avec cela, il a lu au préalable, je ne dis pas tous ces romans (Je
doute qu'il en ait le temps et la patience), mais 1 du moins, les plus
célebres d'entre eux, il aura toul ce qu 'il peut souhaiter pour les
apprécier en pleine connaissance de caus~ et po~r se forrnc,r une
opinion personnelle Car M. Thomas, qm a la s1enne assurement,
semble plus préoccupé de réunir des faits exacts et nombreux que de
discuter les qualités et les défauts, la valeur morale on liltérairede ces
ceuvres 1 comme M. Menéndez Pelayo, par exemple, aim e a le fain¡.

�r48

BlBLIOGl\APHIE

HULT.ETIÍ'C H15PANIQUE

Et je ne dis pas que celte méthode ne soit pas la bonne; elle nous
laisse toute liberté d'apprécialion. Je me permets seulementd'exprimer
un regret tout personnel, que certains lecteurs partageront peut-etre,
el d'essayer d'en indiquer les raisons.
Nous nous trouvons ici en présence d'un fait imporlant d'histoire
liuéraire, bien délimité, s'appliquant a un genre, a une forme d'.invenlion romanesque, qui a ses caracteres propres _et sa signification
sociale, et qui, du début a la fin, a persisté, a peu de choses pres, la
m6me. Cette forme d'art littéraire, ébauchée au siecle précédent,
s'affi.rme tout a coup avec une force irrésistible au xv1" si6cle, dans
la Péninsule. Elle séduit aussitot toutes les imagiaations; elle se propage d'une fac;on prodigieuse, a lel point quede 1608, date de l'Amadis
de Monlalvo 1 jusque vers la septitlme décade de ce siecle, il ne se passe
point d'année oll quelque nouvelle e, chevalerie 1) n'apparaisse pour
le plus grand plaisir d'un public insatiable. Toutes les presses d'Espa•
gne el de Portugal semblent incapables de le salisfaire. - Comment
justifier cette vague? Et comment expliquer qu'elle cesse tout d'un
coup? Certes, M. Thomas n'ignore rien des explicalions données
maintes fois, mais qu'en pense-t-il lui-meme? Nous aimerions qu'un
j uge si bien informé nous le dise, non point en passant, a l'occasion
de t~l ou tel roman, et en prenant, pour ainsi dire, la queslion de
biais, mais en lui donnant toute la place et la valeur qu'elle mérite.
Car, en vérité, on n'a pas dit grand'chose, quand on a remarqué que
cetle littérature était un fidele reflet, sinon des mceurs, du moins de
l'idéal des contemporains . L'idéal chevaleresque n'était-il pas le méme
au sitlcle précédent, et peut-i:tre meme plus conforme a la réalité
historique? C'était cependant un aulre genre de fiction romanesque
qui prévalait alors. Et s'il n'y a qu'une part de vérité dans ce truisme
consacré, il n'y en a guere davantage dans l'opinion - également
consacrée- qui attribue la brusque disparition du genre a l'influence
décisive rlu Don Quichotle, constatation plutOt que cause de cet effondrement. En somme, nous restons perplexes et hésitanls sur les
causes, évidemment complexes, de cette vague comme de ceUe ruine.
Et l'on en peut dire autant de la portée morale et de la valeur littéraire de ces livres tant célébrés· et tantdécriés « aborrecidos de tantos
y alabados de muchos más. » Les moralistes ne tarissent pas sur les
dangers qu'ils font courir aux moours. Taus se font honneur de rompre
quelques lances contre , le monstre 1L On trouvera leurs témoignages
soigneusement réunis au chapitre V. lis sont aussi nombreux que
séveres. Les 1&lt; trufas, patrañas y mentiras caballerescas&gt;) détournent
des lectures édifiantes ou utiles, des Livres saints ou des bons auteurs
de l'antiquité. Elles ~mplissent les imaginations de billevesées ridi•
cules, qµ'on tient pour paroles d'Évangile, et surtout elles induisent
au péché de luxure. Que l'on rendrait meilleur service en répandant

149

le·s sages lec;ons des Ptlres, ou lout au moins celles des Séneque, des
Livius, des Valérius, des Eutrope, etc., etc.! Et la conclusion est toujours la meme: proscrire, détruire ces livres funestes. Cet anatheme,
cel appel la répression qui revient comme un refrain, nous élonne.
Car, s'il faut le dire, lorsqu'il nous prend fantaisie de rouvrir quelqu'un de ces derniers, c'est plus souvenl l'ennui qu'H nous paraU
distiller que ce u savouretll poison, sabrosa pon&lt;¡oña n, duquel les
Vives ou les Mexía, les Guevara ou les Granada, s'eílorcenl a l'envi
d'écarler nos 1evres. Ces in vectives nous parailraient plus a leur place
si elles s'adressaient a H la Mere Célestine » et a sa scandaleuse deseendance qui pullulait en ce sitlcle, ou au théAtre, qui se permettail de
singulitlres libertés, ou aux Picaresques, qui allaient succéder aux
Chevalefles. Que les Amadis, les Lisuarte, les Bélianis et leur innombrable escadron empanaché aient troublé quelques cervelles, avant
celle du bon' Quijada, on le dit; que l'on eul retiré plus de fruil
des pieux ouvrages des proscripteurs, il se peut faire encore.
i\lais, enfin, ce ne sont pas des leQons de dépravation morale, de
bassesse ni de luxure que le bon Chevalier de la Triste Figure y avait
puisées. Sans doute, il s'y peut trouver Qa et ta quelques peintures un
peu vives (l'entrevue de !'infante Elisena et du roi Périon, trop bien
servi par la soubretle Darioleta, les circonstances qui précedent el
accompagnent la naissance d'Esplandian et quelques autres); mais,
en vérité, elles paraissent édifiantes a cOté de celles que la literatura
amena se permettait alors. L'idéal de pureté, d'inébranlable fidélité,
d'ardente mais généreuse passion qui se dégage des amours du
« Doncel de la mar)) et de l'exquise Oriana, comment ne pas le
sentir? Et s'il est vrai de dire que de telles lectures ont brouillé les
idées de Don Quichotte, reconnaissons en revanche que c'est pour
avoir eu toujours les regards fixés sur cet et Amadis, fleur et rniroír
des chevaliers errants » et sur ses pareils, qu'il a pu si bien épurer ses
passions, atteindre a une beauté morale, monlrer une générosité, une
compassion pour les misérables telles que l'on n'en trouve guCre de
plus désintéressées a cette époque. H Peut-etre, écrit Brunetiere, (ces
romans] contribuCrent-ils, en posant, sije puis dire, la religion du
point d'honneur, a réintégrer quelque idée de lajustice dans ce monde
nouveau qui était en train de se fonder alors sur l'intéret, comme sur
sa seule base. 1)
Et si nous nous rappelons, d'autre part, que des hommes tels que
Don Diego de M_endoza furent d'enlhousiastes admirateurs de ces
romans, que Charles-Quint se plaisait a la lecture de Relianis de Grecia,
et FraOQOis ler a celle de l'Amadis, que sainte Thértlse de Jésus
« s'adonna a ces livres de Chevalerie avec tant de passion l) qu'elle en
compasa elle-meme, que saint Ignace de Loyola, qui y goUtail meme
plaisir, «aurait pu, selon l'expression de M. Thomas, au lieu de ]a

a

1
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�160

BULLETIN HISPA:,'JQUE

Société de Jésus, nous donner un autre roman de Chevalerie &gt;&gt; (mais
au fait, n'est'."elle pas elle-m6me une Caballería á lo divino?), ~ous n;
po~vons. nous emp6cher de penser que ces livres n'étaient pas aussi
nmrs qu on nous les représente et que leurs éloquents proscripteurs se
complaisaient trap a des lieux-communs chers aux moralistes de taus
les temps. 11 faudrait au moins entendre la contre-partie. Malon
de Chaide, cité par M. Thomas, demande aux amateurs de ces romaas
quel fruit ils en retirent, et il fait lui-m6me la réponse: &lt;i Nous
Y apprenons l'audace et la valeur a la guerre, la bonne éducation, la
courtoi_sie vis-a-vis des darnes, la fidélité et la Joyauté a J'égard du
procham, la magnanirnité et la générosité pour pardonner a nos
ennemis. n Et c'est bien lllque]que chose. D'ailleurs, pour son compte
personnel, le trov spirituel auteur de la Magdalena tient que Cavalleria
et Vellaquer-ia sont deu-x termes synonvmes.
11 n'entrait pas dans les intentions
l'au teur d'l•tudier en détail ]a
valeur littérair~ de ces romans, leurs procédfs d'exposition, ]eur
technique, ni l'inllueoce qu'ils purent avoir sur la prose castillane.
C'est 13. en e!Tet un vaste sujet, rarement ou incompleternent trailé
jusqu'ici. 11 mériteraitdetenterun travailleur patient, ungramrnairien
doublé d'un homme de goUL. En atlendant, on peut s'en tenir a J'opinion autorisée de Juan de Valdés, lequel, dés, 535, estimait qu' AmadiR,
Palmerin, Primaléon élaient de bons modeles de Jangue. 11 y a des
raisons de croire qu'.i cOté et a la suite de la Célestine, l'Amadis
en particulier, a eu, a ce point de vue, une influence prépondérante:
On sait quelle fut la popularité de ces romans dans la Péninsule
et comment ils se répandirent bientót a travers l'Europe entihe. C'est
ce dernier sujet que ~1. Thomas traite dans les trois derniers chapitres. Ils sont parmi les meilleurs et les plus originaux de l'ouvrage,
et constituenl une étude de liltérature comparée, solidement do~umentée et, sur bien des points, nouvelle. Les renseignements bibliographiques sont nombreux; les renvois aux sources, les citations,
empruntées direclement aux lexles originaux 1 en un mot, t011t l'apparat critique donnent L'idée d'un travail personnel, qui, sans épuiser
peut-étre une si abondante matiere, n 'omet cependant rien d'essentiel.
lnutile d'ajonler, puisque l'ouvrage sort des presses de Cnmbridge,
qu'il est présenté de lelle fai;on qu'il ferait douter de la crise du
papier et du livre, en Angleterre du moins.
E. M.

de

Narciso Alonso Cortés, El Jaho Quijote y Fray Crisl6bal de
Ponseca. -

Valladolid, 1920. ,;; pages.

L'infatigable érurlit de Valladolid 1, pour se délasser sans doute du
monumental travail qu'il vient de consarrer a son compatriote José
L. Profilons de l'occasion pour dire que Valladolid vienl de lul rendre uo public
el &amp;oleuael hommage, comme a l'un de &amp;es fils qui lui font Je plus d'honneur.

BIBLIOOAAPHIE

15 1

Zorrilla, nous donne aujourd'hui la brochure dont le litre p_récede. 11 y
yeut démontrer que le pseudo Alonso Fernández de Avellaneda, auteur
de la fausse deuxiCme partie du Quijote, n'est autre qu'un religieux
Augustin, Crislóbal de Fonseca, dont le nom se trouve dans le prologue
de ]a premiere parlie.
Ce serait done. si je compte bien, la seizifJme candidature
a la paternité du faux Quijote. Le seul fait que l'on continue
a chercher prouve que l'on n'a pas trouvé. Ces échecs répétés ne
découragent point M. A. C. 11 revcndique l'honneur de ce faux - si
ho.nneur il y a, - pour son clienl, qui est ce Fonseca. Voyons son
plaidoyer.
U part d'une double affirmation. 1" Cervantes, dans la premiere
partie du Quijote, a attaqué le soi-disant Avellaneda, ou, tout au moins,
ce'dernier le crut, ce qui suffit a justifier sa riposte. 2° Cette attaque
se trouvait dans le prologue de Cenantes. - Pour établir la premiere
affirmation, il suffit de rappeler deux lignes du prologue d' Avellaneda:
"El [Cervantes) tomó poi' tales [medios] el ofender á mí ... » Acceplons ce texte, et ceLte S)'nlaxe, malgré les réserves de M. P. Groussac,
el remarquons que cette attaque paraíl vi ser aussi Lope de Vega, non
nommé, mais assez clairement désigné, assurc-t-on. Quant a la seconde
affirmation 1 a savoir que l'atlaque se trouve dans le prologue cervantesque, cela résulterait de la préface des r,;ovelas ejemplares, oU Cervantes déclare qu'il voudrail.bien se dispenser d'écrire un prologue,
tt parce que, dit-il, celui que j'ai mis. en tete de mon V. Quijote ne
m'a pas si bien réussi que je désire en écrire maintenant un second. ))
Allusion évidente, assure-t-on, it sa querelle avec le faussairede Tordesillas. Meme en admettan t ces deux « bases 1), i I resterait toujou rs it prouver l'équation: Avellaneda= Fonseca. Pour ce faire, :\l. A. C. remarque
que, de tous les contemporains, il n'y en a que deux !qui soient nommés dans le dit prologue: l'évéque de Moridoflcdo et Fonseca; encore
pcut-on laisser de cóté Guevara, qui est hors de cause, puisqu'il était
mort en [545. Reste le seul Fonseca 1 lequel, en effet, esl bien nomm(·.
Pour ma part, et U priori, je verrais volontiers dans ce fait un argument contre la these, car il ne parait pas dans la maniere de Cervantes
de prendre ainsi directement et publiquement a partie ses adversai!'es.
Lope de Vega n'est pas nommé, quoiqne, affirmc M. Rodríguez Marín
u en este y olros lugares Cervantes alude conocidamente d lope de
Vega, con quien andaba enemisLado en 1?04 y 1605. 11 Pent-etre, rnais
Cervanles 1 lui, répondant 8 Avellaneda, s'en défend, et en termes si
formels, qne nous serio ns félchés pour lui que M. Rodríguez Marín ellt
raison. « Ce n'est pasa moi a poursuivrc un prétre, que! qu'il soil, et
moins encore un familier du St-Office ... , car de celui-18. j'adore le génie,
j'admire les oouvres et les occupalions toujours vertUeuses. u - lronie !
réplique l'illustre éditeur de Cervantes, qui a Ju les fameuses letlres au

i

1

�BULLETIN HISPA!HQUE

duc de Sessa. - JI se peut faire, mais, alors, que penser d'une telle
eífronterie? Défions-nous de nos amis.
Quoi qu'il en soit, ce n'est point de Lope, mais de Fonseca qu'il
s'agit. OU est done l'attaque contre ce dernier? - Elle est daos la
satire contre les compilateurs, fes érndits de pacotille, qui émaillent
leur prose, a tort et a tra vers, de citations, de renvois a tous les
auteurs passés ou présents. L'ami (&lt; _gracioso y bien entendido&gt;&gt; i qui
encourage Cervantes a en faire autant, luí explique le procédé el lui
1
indique mCme les auteurs chez lesguels il trouvera tout ce dont il aura
besoin . Et quels sont ces auteurs ? Virgile, Guevara, Ovide, Homere,
Plutarque, César, Léon l'Hébreu et notre Fonseca . Ce dernier ne se
plaindra pas du rnoins qu'on J'ait mis en mauvaise compagnie.
Ce Fonseca avait écrit, en 1592 et 1608 respectivement, un lratado
del Amor de Dios, en deux parties. (( On y trouve résumé, dit l'arnt a
Cervantes, tout ce que vous-meme el l'homme le plus ingénieux pouvez
désirer. ,i Yoila l'allaqi.Je ! - J'ignore ce livre, je l'avoue, et tous
ceux de cet Auguslin. Mais, si j 'en crois i'ifénéndez Pela yo et M. Cortés
lui-méme, c'était une pauvre rhapsodie, ol1 l'on avait compilé, compilé
tout ce que l'on avait dit sur le sujet. Aucune raison d'ailleurs de le Jui
reprocher; car, puisqu'il appartient « la categoría de predicables i&gt;,
c'est-il-dire des répertoires qui fournissent aux prédicateurs leurs
matériaux, nous ne nous étonnerons pas des citations, réfél'ences et
lieux-communs qu'il contient. Parmi ces derniers, il en est jusqu'il
trois qui S!3 trouvent a la fois dans le prologue de Cervantes et dans
Fonseca. lls sont, il est vrai, des plus insignifiants. Quel moraliste n'a
pas dit quelque part: (e Diligite inimicos vestros, ou: Donec eris
.feli::t:... ? - « 11 y en a probablement d'autres. • - Sans doute: les
memes banalités sont du domaine commun. - Mais le Fonseca
s'est reconnu lui-mCmc sous l'allusion du prologue! - En 1608, en
effet, dans la deuxiéme partie de son Amor de Dios, le Pere Augustin
se plaint de ceux qui aboient aprés Jui : &lt;&lt; Nunca falla un gozque
que ladra d un pobre. » Ce roquet, c'est Cervantes, s'il vous plait,
Cervantes qui aimait beaucoup (c'esl prouvé par le prologue de la
deuxieme parlie du Quijote) les histoires de chiens. - Mais Fonseca
pouvait avoir d'antres ennemi-s, en supposant que Cervantes l'ait été.
Et précisément, M. A. C. reproduit, apres Pérez Pastor, un violent
pamphlet contre un autre livre de Fonseca, et il y a la aussi une
anecdota perruna a la maniCre de Cervantes. AL A. C. veut bien
admettre que Cervantes n'en soit pas l'auteur, mais « elle est, dit-ili de
quelque personne en relations étroites avec ce dernier. A moins que
(tout est possible), quelque autre ennemi de Fonseca, connaissanl
l'hostilité qui régnait entre celui•ci et Cervantes, l'ait écrite pour
susciter les soupt:;ons du frere Augustin contre l'auteur du Quijote. Et
c·est pourquoi il prit peut-etre le nom de Aligue/ Ponce de León. ,

a

153

BIBLIOGRAPHIE

- N'est-ce pas, en Ve'r1'te', aller bien loin dans la voie des hypotheses)
- t"
de la
M A. C. est bref sur les preuves que l'on pourra~ 1 irer .
com~araison du style, du vocabulaire et de la grammalfe. 11 a ra1s~~
de s'en défier. Cependant, a défaut d'autres, ,I ne faut pas ~rop_ •1•
. . deux pom
• ts d e compara1son tres prec1s
. .e
dédaigner. Nous avons ic1
.
texte d'Avellaneda et celui de !'Amor de Dios. Je répete queJe ~e
de ce dernier que ce qu'en citent Menéndez Pelayo et. . or s,
n'a ant u me le procurer. Mais je m'en rapporte a eux ~.our
m'i~a i:er qu'il n'y a aucune ressemblance entre les ,d~u_x .mameres
et les !eux slyles. Menéndez Pelayo, peu suspect de sever,1te pour les
mystiques déclare que le trailé de Fonseca est le plus pedant~sque,
Je plus dé;ourvu d'art, le plus illisible qu'il y ait. On ne peut meru~~
conlraire qu'Avellaneda, toul grossier, grotesque et mco;gr: qb
soit parfois ait une verve bouffonne souvent amusante. « a am to. ·1' ',,I • p · Groussac 1 dépose contre son gollt plus•·1que·t con r~1
e ha d e ecn
son t:lent &gt;) Si bien que l'on a peine a comprendre qui_ a1 P.ª ~
:
d
la bure de l'Augustin la souquemllr. banolee
::~~:t compte de Ja diversité des genres. Q~ant a
p a, ses aragones1smes1
,.
catalanismes ou valenc1amsmes,
il faut
la langue
.
.
J
.
'
,
•
t
le
soin
d'en
décider.
Non
ltcet
znler
nos
...
laisser aux specia 1is es
. .
l'
l .e
serais bien étonné cependant si, mCme a ce pomt de vue, ana ogie
apparaissait bien clairement.
.
.
.
J
oursuivrai pas plus avant. En voila assez, Je cro1s, pom
. us~fi:: l~s quelques réserves que j'ai du faire apres la le~ture de cet
) • .
1 "d
Sil'habileettrescompétentavocatquestM. A. C.
rnge_meux :.a:~:r.pas de peine a dissiper mes doutes. Et dans le
a rarsont, .
il sera démontré que 13. oll des hommes comme
cas con ra1re,
. d
t
tres •¡ 'I , dez Pelayo et lui - pour ne rien dtre es qua orze au
'
lt . n- enen
'
1
1 tót de l'éniume
'
o
'
0 nt échoué s'ils n'ont pu trouver le mot, e nom p ~
'd t qu'avec les moyens dont nous d1sposons, elle est
~·estl sbalns E~ua~ors il y a encore, pour les Cervantistes, de belles
tnso u e.
•
· , b 1·
a, o-arder son
lances a. rompre conlre cet t aventurero &gt;&gt; qui so s me e

::lS

~:1;:•~~~~;r:::~
f¡

masque.

E. M.

· '6 n y no ta s de Francisco
Cervantes Novelas ejemplares' Ed ,e,
. .
Rodrígu'ez Marín, 2 vol. de xn-346 et 342 pages. Ed1c1ones
de La Lectura, Madrid, 1914 et 1917.
L'accueil fait par la critique aux huit tomes consacrés da~~ la
. d I
Lectura» dite Clásicos castellanos, au Don QuyoU,
~o~l~ctwn e. a (&lt; i\l Rodrí~uez Marín, n'a pas été aussi unan!me~r.nt
ed1leebtl
des prernieres bénédictions qui ont
favora aenno~e
qu onpar"t
eu p. u l'au:urer
o

�154

BULLETIN HlSPANIQUE

155

8IBLlOGRAPHIÉ

a~u~ illi leur naissance. Objet d'attaqnes passionnément furieuses,
trai~e couramment de zorle el de plagiaire (voir Luis Astrana Marin
El ltbro de las plagios, Biblioteca Ariel), le directeur de la Bibliotec;
:Na~1on~l ~ pu ,se rendre compte que les grandes réclarnes plus ou
moms mteres~e~s et généralemen l aussi hátives que peu autorisées de
la presse quolld1enne ne garanlissent pas le succes définilif et durable
JJ n:en a _pas moins ~éduit plus d'un lecteur par des qualités qui man~
qua1:nt
Clemencm: la mesure dans la dirnensioo des notes, un
esprit agreable, une connaissance assez peu ordinaire de Ja Jangue de
Cervantes et de ses contemporains, l'absence de pédantisme enfin.
Cela. reste._ ~e~ erreurs, des Iacunes, des réminiscences inconscientes
ou, ~ncons1derees en16vent, soit, a ce commentaire une partie du
mente et de la ~aleur que son auleur eUt révé de voir reconnus; mais
da~s tout tr,avaiJ de longue haleine 1 n'y a•t-il pas toujours plus ou
m~ms d~ dechct pour· le panier? ~~t puis, il s'en faut que tout ce
q,u on lu1 .ª reproché soit inexcusable. Quand i1 dit que D. Quichottc,
aJoutan~ a son nom de la llancha « siguió la usanza que había visto
en los libros
~ballerías, por parecerse también en eso a Amadis
de _Cauta, ~el!an1s de Grecia, Celidón de Iberia, etc. &gt;&gt;, il me parait
v_ra1ment severe de le taxer d'inadvertance pom· ce seul motif que «no
Ste~pre los caballeros andantes lomaban el nombre del lugar donde
na~1~n /), et quelque peu in utile de ra ppeler en méme tero ps les dates
de '.1ranl lo Blanch, de Palmerín de la Oliva .. . Mais ce que j'ai &lt;lit
del reuvt·~ de long~e haleine est vrai également des critiques qu'on
peut en fa1re. Ce qm n'emp&amp;be que les critiques sont unechose excellente, sinon agréable pour qui en esl l'objel. Leur plus ou moins de
virulen~ ~te~t a~ tempérament de celui qui attaque et aussi sans
doute a
s1tuat10n acquise par celui qui en est l'objet: elle ne
prouve nen en elle•méme. El jusqu'il ce que nous ayons mieux le
co~1mentair~ de. M. Ro~ríg~ez Marín au D. Quij'ote aura la préfére~ce
s,m ceux qui ex1stent a present, et, cela quoi qu'on puisse penser de
l au teu 1· et de ses procédés.

ª,

?e

!ª

a

Son édi,tion des Novelas egemplares n'est plus I'beure actuelle une
º?.~veaute. Chacun a pu la manier et l'apprécier. Peut-etre y a-t-il
de¡a sous roche quelque suite au Libro de los plagios. Ce n'est pas
dans le Bul/etm hispanique qu'on la trouvera.
Daos u~ court et mordant prologue, l'éditeur exptique ce qu'il
enlend Catre: donner un texte authentique et en éclaircir le seos.
d'abord par une bonne ponctuation, et ensuite par les notes conve~
na bles.
Pour réaliser son premier objet, il n'avait évidemment qu'3. •
Lenir a l'édilion _prínceps (~fadrid, Juan de la Cuesta, i6i3); m,ú: ~:
:o~trefayon ~e ~1~bo~ne, 1614, n'était pas 8 dédaigner, tout au moins
a htre de cur10s1te, s1 ce n'est pour les acnendements possibles, ce qui

pourtant parait bien le cas parfois : nous ne savons pas, apres tout,
dans quelles conditions celte contrefaQon a été exécutée. Ce qui
est sllr c'est que R. J. Cuervo l'avait délibérément écBl"tée pour
l'établissement de son excellenle édition de la Bibliotheca romanica
(1908).
Pour l'éclaircissement du sens 1 nul doute que la ponctualion (souvent &amp;i mal comprise dans les impressions. du temps) une fois établie
d'une facon rationnelle, iL reste encore a faire comprendre nombre
d'allusions, de tournures désuetes. Cervantes est clair ... a condition
de connaitre la langne de son temps, et les choses dont il parle. Si
vraiment il y a des gens qui le comprennent sans l'aide d'un cocnmen·
taire (comme il semble ressortir des railleries de M. Hodriguez Marin)1
c'est qu'ils connaissent tout ce qu'on peut savoir sur l'époque de
Cervantes et le pader usuel de ses premiers lecteurs . Ce sonl des as.
Qui done chez n0us peut se v;inler de comprendre tout Molihe?
Il serait bien étonnant que les Espagnols eussent le privil8ge delire
comme cela leurs classiques, a livre ouvert. M. Rodríguez María
n'avait done pasa se tourmenter sur l'utilité de son travail: elle étail
indéniable.
La Colleclion des Clásicos caslellanos, en principc, comporte des
ceuvres entieres mais non forcément toutes les ooavres d'un meme
écrivain. M. Rodrígt~ez Marín a done été amené 8. fai,re un choix parrni
les Novelas. 11 a pris La Gilanilla, Rinconele y Cortadillo, La Ilustre
fregona (t. 1), El licenciado Vidriera, El Celoso exlremelio, El Casamiento enga,ioso et El coloquio de los perros L. llJ . füen a dire a ce
choix: les trois premiCres et le Coloquio sont les quatre chefs-d'ceuvre.
Cuervo, qui n'en avait pris que cinq, avait choisi les mémes, sauf la
Ilustre fregona et le Vidriera; et c'est bien ce dernier que, pour ma
part, je sacrifierais le plus volontiers. Je regreLLe, en tout cas, que
M. H.odrígue1. Marín ait dtl rnettre de cóté par exemple La Española
Inglesa, oll M. ~- González Aurioles nous a fait entrevoir des indications autobiograpbiques intéressantes sur Cervantes (cf. Bull. hisp.,
191 4, p. 121), et qui, par son caraclere romanesque, tranche assez
nettement sur les autres. Il sera bien facile a M. Rodríguez Marín de
parer, pour un tome ll[, cetle sacrifiée, ainsi que les autres Cendrillons
restées au logis.
·
Bien que la collection des Novelas ejemplares n'ellt pas eu son
Clemencia, elles n'étaient pas toutes restées sans commentaíres. El
Casamiento engañoso et le Coloquio de los perros avaient été édités par
llf. Ag. González de Amezúa ( 19a), dont M. Rodríguez Marín ne se fait
pas faute de proclamer le mérite etd'utiliser les remarques. Cela ne veut
pas dire que lui-m8me n'a pas su trouver quelque chose ajouler:
sur la tangue, par exemph~, a propos de prometer= asegurar, ajar
""" ahajar, que non debiera, acabarlo con ella, se comenzó a santi-

a

•

�156

BULLETIN BISPA.NIQUE

BlBLlOGIIAPHIE

guar, etc. ; sur les usages, tel celui des costumes lu xueux pour
les voyages, etc.
Pour le commentaire du licenciado Vidriera, M. Rodríguez
1\tarín s'est aussi trouvé devaneé, mais d'un an seulement, par
M. Narciso Alonso Cortés, qui, daos la Biblioteca &lt;&lt; Castilia 1), avait
publié en 1916 (lmpr. Castellana, Valladolid), cette nouvelle avec un
prologue et des notes. Tout en déclarant qu'il lui était difficile
d'ajouter quelque cbose de nouveau et de substantiel, M. Rodríguez
Marín a encere su ici instruire le lecteur gr.ice a sa connaissance soit
de la tangue, soit des faits auxquels Cervantes fait allusion . On ne
peut que lui savoir gré de faire remarquer (p. g), a propos de la ler;on
de Tormes que donne 1613. au lieu de del Tormes (1614), que« de
ordinario no se ponía artículo a los nombres de los ríos 1); p. 1 1, que
Jelice et infelice &lt;&lt; fueron comunísimos en prosa )) 1 (comme interese
du reste); p. 1J, que « de la cuesta de La Zambra 6 de zqmbara,
también hizo mención Vicente Espinel. .. »; p . 18, que marchar la
vuelta de équivaut a caminar hacia, ou dirigióse a (M. Cortés dita lort
&lt;1 lo mismo que volver))); p. :J5, que olvidarsele ... de est fréquent
dans Cervantes, comme acordarse/e .. .de; de meme quedando úe
(p. ,6), determinar de (p. 38); p. ,8, que tiempo de mutación signifie
les jours caniculaires (ce qu'avait oublié de dire M. Cortés), ele.
Quand M. Cortés avait mis la note el l'exemple utiles, M. Hodr.íguez
~-larín emprunte la note, non sans signer le reyu; mais il a parfois la
coquelterie de fournir un autre exemple: pour envite (p. 16), il cite le
Quijote; M. Cortés avait cité Espinel. 11 ajoute rl'autres textes a propos
de coches (p. 5o) .
M. Rodríguez Marin a naturellement profité de quelques corrections
judicieuses, - telles que celle (p. 63) de retablos pour re/ralos ( 1613)
ou teatros (1614), - apportées au texte par son devancier. Celui-ci
imprimait, conformément aux éditions 11 venga la macareta, li polastri,
etc. 11, mais observait en note que &lt;1 la palabra macarela del original
parece corresponder a maccatella ... » M. Rodríguez Marín imprime
décidément macatela. U reprend pourtant venéficas (p. 34), au lieu
de veneficios (1613 et 1614), admis par M. Cortés, qui pourrait dire
qu'il y a la un trape bien populaire. Pas plus que M. Cortés, qui
pourtant déclareque la correction exigerait t( que era )1, il n'a corrigé,
p . 48, (( que eran las de sus damas» ; il sernble en effet que que eran
se ra pporle a manos.
L'édition princeps a été généralement suivie par l'un et l'autre
édileur, mais celle de 1614, dont ils révoquent taus deux en doute
l'authenticité, leur a pourtant suggéré quelques modifications a la
premiere. P. 17 1 il me sernble que M. Cortés a raison de subslituer
poner, et non ponerse (16 •4Y, a poder (1613), puisqu'il y a déja se (se
babia de sentar). P. 31, M. Rodríguez Marín a raison son tour de

a

supprime-r viagero, (Jui n'est ni dans ,6i3 ni dans 1614, el d'emprunter a cette derniere la levan cinta au lieu de tinta (p. 58).
ll reste peul-Ctre des obscurités éclaircir. M. Cortés ne nous diL pas
oll esl le sel de la répartie de Tomas Rodaja certaine rope,·a de Salamanque: 1t Filia: Hierusalem, ele.»; M. Rodríguez Marín nous dit : 11 lo
defilios vestros quería decir que no lo eran del marido». Je croirais
plutót que le malicieux licencié fait allusion 3 l'origine juivc de celte
marchande d'habits. - Que veut dirc exactement (p. 47) « que es ver
a un poeta destos de la primera impresión.'»?
Les détails que je viens de relever montrent assezque laconcurrence
de ~l. A. Cortés, assurément redoutable, n'a pas gené M. Rodríguez
Marin et ne rendra pas négligeables ses éclaircissements au Vidriera.
Ces memes d~tails donneront aussi une idée de ce qu·esl le reste de
son édítion.
Pour la Gilanilla (t. 1, 1914), il a bien pu consulter un article de
M. Corlés, paru en 1908, et qui fait voir dans le romance de Preciosa
une actualité concernant les relevaitles de la reine a Valladolid; mais
il a laissé au meme érudit, plus intéressé, il est vrai, a l'histoirc de la
capitale oU il professe, le plaisir de découvrir daus les Fastigimia de
Thomé Pinheyro da Veiga un commentaire des plus curieux (cf. Bull.
hisp., 1918, p. 194).
Du Rinconetey Cortadillo, M. Hodríguez Marín avait déjil donné une
édition critique, laquelle il renvoie de temps en temps (Se-villa, 1905)
le lecteur désireux d'une plus abondante illustralion (cf. Bull. hisp.,
1906, p.116). El celoso extremeño lui avait suggéré un travail tendant
a l'identification du héros, en réalité débordant aux alentours : El
loaysade &lt;1el Celoso extremeño» (Sevilla, 1901). Enfiñ.. une étude sur
La ·segunda parte de la vida del Pícaro (Revista de Archivos, 1908)
avait exploré les almadrabas de Zahara, oll le Carriazo de la Jiustre
fregona acheva son éducation du picaro.
En fait, le commentateur du lJon Quijote était assez bien désigné
pour éditer les Novelas de Cervantes et donner au lecteur les lumieres
indispensables. Mais sa connaissance du parler populaire, en parliculier du parler andalou, est peul-etre ce qui l'a le mieux servi
et inspiré.
11 m'a paru intéres'sant de voir comment ont été lraitées les difficultés du texle par Cuervo et par M. Rodríguez ~tarín. Pour le
Rinconete, ce dernier a eu d'ailleurs dans plusieurs cas l'initiative de
la correction, daos son édition critique de 1906 a laquelle Cuervo
se reporte. De mCme pour un passage du Celoso extremeño.
La pluparl des conections apportées au texle de 1913 par Cuervo
(voir son prologue, p. 1 7-24) se retrouY.ent .dans le texte de la Lectura,
qui toulefois maintient"": l, p. 174, magate (Cuervo, p. ll5, mogate):
U, p. 269 « háceme la barba» (Cuervo, p. :J21, &lt;( hazme la barba ))J ¡

a

a

a

1

�Bl'Lf,ETIN HISPANIQUE

p. 287 1 tt de otros muchos pecados otros J1 (Cuervo, p. 229, supprime
le second otros); p. ,98, Porineos (Cuervo, p. ,35, Pirineos); p. 331
« santo Brial 1) (Cuervo, p . 253, u santo Grial ll). Dans plusieurs
cas M. Rodríguez Marín défend la lei;on par lui conservée: on en
jugara; l'hésitation y est possible, contrairement a ce que pensait
Cuervo.
D'autres corrections ont été proposées par ce dernier avec des
réserves. M. Rodríguez Marín maintient, I, p. 90 1 allende (Cuervo,
p. 75, alinde, bien séduisant, surlout avec la référence de Correas que
lui-mBme apporte)i ~ - 111 u a ti está)) (Cuervo, p. 87, « a ti te está»);
p. 148, c1 en el piadoso lugar 1L (Cuervo, p. 104 1&lt; en el Pedroso,
lugar ... &gt;); II, p. 107 1 asestó (Cuervo, p. r48, acertó correction de
Rosell). P. 3,6, M. Rodríguez Marín juge inutile l'addition de
por distinguirlo} que Cuervo (p. 250) avait cru, apres Clemencín,
nécessaire.
Avec Cuervo (p. 94) M. Rodríguez Marín lit (!, p. u4), pues la
recompensa de habérsela vuelto mayores albricias merecía» au lieu
de recebla. La correction, nous dit Cuervo, date du xvn" siecle et n'est
pas satisfactoria . En eífet. Je comprendrais recebía dans le sens de
11 comporlaiL )) et le maintiendrais volontiers, car merecía est un
pauvre amenclement. P. 116, Cuervo imprime: ({ el que, cuando
alguno de nosotros va -!J.uyendo por la calle . . . uno se pone en medion,
admettant ainsi une correclion ancienne, car 1613 n·a pas alguno;
,\1. Rodríguez . Marín remplace alguno par uno, qu'il supprime devant
se pone, ce qui rend la phrase claire, avec el que sujet (1, p. 177),
P. 138, Cuervo avait adopté la correction de M. Rodríguez Marín dans
son Rinconele de 1905: ua estas y a otros peores semejantes», (Lec•
lura, I, p . .2j8). P. 2.29, Cuervo avait corrigé 11 vuessa merced nen ltes
merced»; M. Rodríguez Marín supprime tout simplement vuessa (11,
p. ,86).
On voit qu'iJ reste, pour les nouvelles incluses dans la collection de
1a Lectura, assez peu de lei;ons sur lesquelles il n'y ail pas accord avec
le lexte de la Bibliotheca romanica; et pour celles-lil il est dilllcile
de trancher.
G. CIROT.

A. C.

Pires de Lima, Tradi9oes populares de Santo Tirso, separata da Revista lusitana, (vol. XVIII), Porto, 1915.

C'e,t en réalité dans le vol. X.Vil (1914) de la Revista lusitana
qu'ont paru les deux articles réunis daos ce tiré a partj une suite
a d'ailJeurs été donnée non seulement dans le vol. XVIII, mais aussi
dans les trois suivants .
L'auteur s'est attaché a recueillir les traditions populaires de Lrois
paroisses, Arelas, Palmei ra, el S. :\iartianho de Bougado, mais il ne
s'est pas enfermé strictement dans ce rayon.

159

klRLIOGftAPlltE

Daos sa premiere série cj'articles, parue daos les vol. \ \'11-\Vlll,
il a adopté les rubriques suivantes: formules et pratiques pour guérir;
amuleltes 1 bons et mauvais augures; sorcieres, sortiléges, mauresques
enchantées; superstitions di verses; provet'bes et expressions populaires; romancero ; cancionero; prlercs; coutumes.
La :¡" série reprend les m~mes titres, en ajoutant Janeiras e Reis
(noels); priores ironiques; légendes et récits; fables.
On voit qu'il y a, lil une mine de renseignemenls. Je ne releverai ici
que le romance de D. Carlos, qui n'est qu'une nouvelle forme du
lheme de la jeune filie qui va a la guerre, dont M. José Augusto
Tavares a donné deu:x. autres rédactions du Traz os Montes (Mac;mres
et Vinhaes) dan, la Revista lusitana (t. VIII), et sur Jeque! M•• Carolina Michaelis de Vasconcellos a trois pages pleines d'indications dans
ses précieux Estados sobre o romanceiro peninsular, Romances velhos
•m Portugal, publiés dans Cullu1·a española (1907-1909), complétant
ainsi le Tratado de los romances viejos de Menéndez Pelayo (t. 11,
p. 511) . Celui•ci en a reproduit du reste la seule rédaction entierement castillane dans son Suplemento d la u Primavera y flor de romances »de Woif (t. X de !'Antología, p. 119), ainsi que la rédaction mi-cata•
lane mi-castillane publiée déja par Milá. La rédaction castillane avait
été recueillie par D. Juan Menéndez Pida!. Menéndez Pelayo comptait
neuf variantes du meme theme, et on le relroQve dans le romancero
judéo-espagnol. M. Pit·es de l,ima note que la jeune filie qui lui
a fait connaitre ce romance lui en a donné sous forme de récit, en
prose bien entendu, une partie ainsi que l'épilogue. 11 oignale
enfin une autre variante
Montalego 1 sous le titre de Leila Mar•
ques . On sait que les différentes formes portent chacune un nom
particuJier. M. Pires de Lima donne une autre variante, sous le titre
D. Martinho, dans le vol. XX, p. 15. M. Cláudio Basto en donne une
de son coté, sous le titre de D. Carlos de Montaluar, dans le vol. XVll,
p. 57. M. J . M. de Cossío en a publié encore une nutre depuis dans le
Boletín de in Biblioteca Men.éndez Pe/ayo,
p. 71.
Ce seul échantillon du recueil des Tradi9óes d, Santo Tirso montrera l'intérl\t du reste, en ml\me temps qu~ l'attrait et J'importance
de la Revue si vaillamment et si consciencieusement dirigée par le
grand savant qu'est M. José Leite de Vasconcellos.
G. CIROT.

a

•~'º•

Boleiín de la Bihlioleca Jlenéndez Pela.yo (año 1, 1919).
Ne serait-ce que par un sentiment de vénl'fation polir le souvenir
qu'elle évoque, et de reconnaissance pour la fondation dont elle est
l'organe, celte revue méritait un~ bienvenue toule spéciale. Elle le
mérite aussi par l'intéret et la valcur des articles par lesquels elle
a \l,ébuté.

�160

.BULLETlN Hl SPAIHQUE

Citons d'abord Algunas omisiones del Qicionario de la A.cademia,
pa_r Ednardo de 1:f-uidobro,

a qui

nous devons un petil lexique

tres

ut,le, Palabras, giros .Y bellezas del lenguaje popular de la Montaña
(Santander, 1907); Un retrato de Fernando Vlf par Uoya, et Iglesias
de la .l!óntaña (San Andrés et Santa )faría de Cayón , San Miguel de
la Penilla , avec planches), par Elías Ortiz de la Torre· Santa María
de Piasca (ms. de 1519, faisant parlie d'une coHection d e plus de cent
volumcs relatifs auX églises et monasteres de la Montaña: c'est un
inventaire des biens possédés par le monasLere de Santa ~laría lors
d'une visite de l'abbé de Sahagúo a la date ind¡'quée), par Tomás
\laza Sola.no; - los papeles de Quadrado (D. José María Quadrado,
dont l\fenendez Pelayo cite souvent le nom , par exemple a propos de
Ja danza prima , Anlologia , t. X, p. 15 , et dont les papiers sont en
possession de sa bibliotheque); - Retrato de Don Pedro de Ceba/los
Sáiz (par Velázquez? avec reproduction), par OctavAo Bianqui et
Anníhal G. lliancho; - Los primeros versos de NuñeZ de Arce, par
Gerardo Diego Cendoya i - Sancho de Muñón. Documentos para su
biograjia (il s'agit de l'auteur de la Tragi-comedia de Lisandro y
Roulia), par Am:-ilio Uuarte; - La influencia de las ideas tradicionales en el arle de Pereda , par John van Home (traduction d'un arlicle
paru daos Jes Pub. of lhe Modern Lenguaje Association of America,
mars 1919).
Deux publications se détachent sur cet ensemble dója estimable. La
premiCre est intitulée Un nuevo poema por la móderna vla , par Miguel
~rtigas_. C'est l'édition paléographique et, annotée d'un po6me casL11lan, mcomplet par le milieu , et copié par une main du XIV SiCcle. ll
est en strophes monorimes de quatre vers qui se décomposent chacun
en deux oclosyllabes , ce qui en fait un type spécial du mesler de
ele.recia. lnspirée par le De contempla m.undi du pape lnuocent lll,
qu'elle suit a peu pres chapitre par chapitre, cetle reuvre esl anonyme, mais l'auteur s'intitule maestro et devait avo ir re&lt;;,u lei ordres.
Le litre latin est Liber de miseria hominis.
L'autl'e publication cst due )1. José María de Cossío: Romances
recogidos de la tradición oral (en la Montaña). Ce sont des romances
recucillis dans la vallée de Tudanca 1 arrosée par le ~ansa , familiere
aux lecleurs de Peñas arriba. A noler surtont une variante du
romance du Prisonnier, sur lequel il ellt fallu renvoyer aux Estados
sobre o romanceiro peninsular de M"' Carolina de Vasconcellos (Cultura española, 190¡-1909, p. 177-181 ); une du Gerineldo, dont il y a
de nombreux exemplaires dans l'Antologla de Menéndez Pelayo(t. VII 1,
p. 28'.i ; lA , p. 140,318; X, p. 32 , 16.2) 1 et oü l'éditeur releve entre
autrns traits l'expression inédite t&lt; mi camarero florido»; puis un
romance sur Bernardo del Carpio, pour lequel M. de Cossío renvoie
au Tratado de los romances viejos, non· saos faire quelques Considéra1

8

a

8

l'ITBLTOGRAPHTE

tions inléressanles; en fin une vel'sion du romance de Doña Angela
donl l'A ntologia (X, p. 136) &lt;lonne une version aslurienne , avec
variante dr Goviendes (Colunga), et qne M. C:ossío préfere U cette dernit're version ainsi qn'/1 la versinn calalane de ,1u.t.

G. r.moT.
Spanien, Zei/sclll'ijl für Auslandskunde, Orgcm des Verbandes
Deulsthland-Spanien, hrgg. vom ibero-ameríkanischen TnstiLul. - Hamboul'g, 1919, fase. /¡; 19-20 , fase. 1-2.
Sommaire:
1919 fase. ~lV. O. \.Vestermann: CEuvres de paix hispano-allemandes en temps de guerre, A. L. Mayer. Le sculpteur Francisco
Gi ralle. - E. Schafer. Fernand Cortes et la conquele d u Mexique. F. ~uypers. Une excursion a Tanger (été 1914). Nouvelles du monde
économique. - Nouvelles littfraires , t artistiques, scientifiques. ~ou vel lrs publications.
19?.o rase. 1-:1. A. Castro (Madrid) : ProgrCs de la science dans
J'Espagne contemporaine. - M. Artigas (Santander): Un poeme espagnol inconnu du Moyen-Age. - A. Salaza (Madrid), et ReifT. L'année
musicale 1918- 19 a Madrid. - G. Richert (Munich) : Tableaux
espagnols daos les musées allemands. - Nouvelles économiques, etc.
Tous, sauf la publication de M. Arligas, articles de vulgarisation.
~ous avons déj3. noté le fait. Spanien veut etre surtout un organe de
grand public, avant toul un agenl de la pénétration pacifique allemande. L'article le plus intéressant a notre égard est celui de Weste·r mann. R.ésumons-le. Alemania vendrá, l'beure de l'A.Uemagne sonnera, dis.ent les germanophiles d'Espagne, plus convaincus que les
Allemands. L'auteur a vecu en Espagne pendant la guerre eL s'est
occupé tres activemenl du rapprochement germano-espagnol. Il nous
raconte la créalion et le fonctionnemenl de l'OOuvre de secours aux
prisonniers de Barcelone 1 fondée en 1915. Cette ceuvre rec;ut de nombrPnx dons d' Espagnols germanophiles et« archi•germanophiles » 1 el
disposa mensuellement d'un budgetde 5.ooo pesetas. Au total, recettes
de ¡00.000 pesetas, envoi de 80.000 colis aux prisonuiers allemamls
des pa~·s alliés.
Pendant l'hiver 1915-1916 1 on institua des séries de cours et coníérrnce:'- i . Barcelone. Conférenciers de nationalité allemande, quelques
Espagnols parlant allemand. L'hiver suivant, nouveau progres. Les
cours sont donnés en allerñar::d, espagnol et catalan. 11 s·y organise
une ligue german&lt;respagnole, les Amicbs de Germania, un comité
composé de trois Allemands el trois Espagnols, une sooiété de conférences. cursos de ex.tensión universitaria. L'hher 1917, il y eut

�BULLETlr. HISPA.NIQUE

Bl8LIOGRAPHIE

16 conférenciers espagnols, ,Q allemands; par conséquent 30 confé~
rences, dans les plus beaux locaux. Puhlic tres nombreux plus
d'Espagnols que d'Allemands. L'année d'apres, nouvelle sé;·ie de
cours, la plupart en espagnol, cours de propagande. De plus, séries
de com·s fermés , cursillos, avec public restreint, visites aux musées
et bibliotheques .

étrangCre de l'Institut ,ibéro-américain, le Cuide en pays étranger
(Amérique du Sud).
Les résullats de cette activité ne seront visibles que plus tard. Des
mainlenant, nous avons le devoir, nous, d'ouvrir l'reil. Le Lravail de
contre~offensive fram;aise est en bonne voie et en de bonnes mains.
A nous de suivre l'exemple allemand, en sonlenant, de nos rangs
serrés et résolus, ceux des nOtres qui mCnent le bon combat.
J.-J .-A-. BERTRAND,

a

Au printemps de 1918, se crée
Barcelone la Société germano~
espagnole, donl le but fut de développer les relations intellectuelles
des deux. pays. Cette société compta, en quelques semaines. plusieurs
centaines de membres. A Tarragone se fonda lout de suite une filiale
do~t le, maire prit Ja présidence. Les cours publics ouverts pal' celt~
soc1été a Barcelone, cours de langue allernande destinés aux ou vriers
et petits employés espagnols, compterent dCs la premi8re année plus
de 100 participants.
La paix a fait ~uelque tort a ces inslituti~ns, mais l'auteur compte
sur la collaboral1on des sociélés hispano-allemandes d'Espagne et
germano-hispaniques d'Allemagne.
Dans le mCme domaine du rapprochement inlellecluel des deux
pays, signalons: 1° La rep1·ésenlalion de piCces espagnoles en Allema~ne, Los intereses creados (en lraduction) de Jacinto Benavente,
Vienne et
Berlín, La Ciudad alegre
confiada et El úllimo
minué, du meme auteur BerJin ·
'
'
'
:lº La création d'un prix de 1.000 francs a l'occasion du centenaire
de Cervantes. et de médailles en faveur des meilleurs travaux relatifs
a I'Espagne ou l'Amérique latine;
3• La publication de Deutsche IVarte ( Atalaya alemana), revue
commerciale hispano-allemande, hebdomadaire, organe de l' Union
économique allemande, section espagnole :\ Barcelone;
/4' La publication de la Deutsche Zeitung.für Spanien, birnensnelle,
Barcelone, de caractere tres varié;
5• L'inLér!\t que l'on prend en Allemagne au développement de
l'enseignement de la langue espagnole.
Les Allemands s'inléressent ii. toutes créalions de sociétés d'études
scientifiques ou de travaiJ économique,
toutes publications espagnoles d'ordre éconornique ou politique. lis se préoccupent des points
de frotlement et des possibilités de conílils futurs entre l'Espagne el
la France. Une bjbliographie tres abondanle, tres riche el remarqua~
blement renseignée (signée F. Krüger), oriente le lecteur allemand
sur les publications les plus importanles relatives soil aux choses et
gens d'Espagne, soit aux rapports intellectuels entre l'Espagne et
l'Allemagne, soit aux progres de l'hispanoiogie aUemande .
D'autres pubLications completent cette revue : la Cultura latinoamericana, revue trimestrielle, destinée a l'Amérique du _Sud , la
Bibliothek der Cultura latino-americana 1 les ou vrages de poli tique

a

a

y

a

a

163

Soasa Vilerbo e a sua obra, notas bio-bibliographicas por Víctor
Ribeiro, Lisboa, Castro Irmiío, 1915 . 253 pages.
Parmi les érudits portngais de la derni6re génération , il n'esL pas
de figure plus respectable que Sousa Vilerbo. Sa vie nous apparait
comme un exemple de labeur probe et désintéressé. Son ceuvre
embrasse toutes les formes de l'aptivité nationale. On trouvera dans
le livre de M. Victor Ribciro un essai biographique tres complet,
accompagné de deux bibliographies, l'une qui suit l'ordre chronologique, l'autre qui groupe les publications par ordre de matieres. Un
syst6me commode de renvois avec numéros permet de les utiliser
concurremment. On peut considérer ce travail comme définitif et
comme indispensable. En effet la plus grande portie de J'oeuvre de
Sousa Viterbo est encare dispersée dans les journaux et les revues
sous forme d'articles dont il n'existe pas toujours de tirages 8 part.
En attendant qu'une réimpression les melle a la portée du lecteur
étranger, M. Victor Ribeiro nous fournit les moyens de nous orienter
dans ce labyrintbe .
On lui saura gré d'avoir fait revivre l'homme, sans craindre d'entrer
dans les détails familiers. Nous pénétrons avec lui au sein meme du
peuple 1 dans un milieu des plus modestes 1 auquel Sousa Viterbo dut
ses meilleures qualités et donl iJ euí le bon esprit de ne pas rougir.
De ces laboureurs de Rebordóes, de ces meuniers de Valongo, de ce
monde de petits commeri;ants au détail ou débuta son pere a Porto,
il conservait, tout en profitant, comme disait Renan, de la sobriété
intellectuelle de ses aleux, cette lénacité qui caractérise le paysan du
Douro et ce besoin d'action qui résistera meme
l'épreuve de la
maladie. Jamais son goU.t pour la vie simple et le travail silencieux ne
se démentit. Sa vocation s'était révélée, comme chez la plupart de ses
compatriotes, par des essais poétiques et romanesques, bien accueillis
dans la presse locale. On peut étre surpris du contraste entre la liberté
d'une improv-isation expansive et l'austérité qu'il afTectera plus tard
dans ses travaux scienlifiques. Cependant, comme le fait remarquer
1res juslemenl son biographe;jusqu'3. son dernier jour il restera poete.
Au séminaire de Porto , dans les hOpitnux oll il exerc;a la médecine,
au bureau de réd.action des grands périodiqnes de Lisbonne, dans les

a

�BULLETHf HISPnIQl"E

· BJRJ.IOGtHPHIE

proíessions qu'il ne fil que traverser, il étail guidé par la flamme intt'·rieure, par une sorte de foi démocratique, sacrifiant les intéréts matériels a ce qu'il jugeait atre une mission et un devoir. 11 refusa méme
les honneurs officiels par un geste U la fois digne et réservé. II ne se
sentit vraiment a l'aise que lorsqu'il ful nommé, sans avoir Osubir les
conditions du concours, proíesseur a !'€cole des beaux-arls. Déj/J il
comptait parmi les habitués les plus fcrvents des archives de la Torre
do Tambo. On nous le représente les jambes entrecroisées dans unealtitude conlrainte dºata:\ique, faisanl monter le:s infolio el les manuscrits jusqu·a son ceil de myope par un mouvement rl•gtilier el mécanique, tandis qu'il poursuivait, ele la mtme t·crilure serrée, d'interminables copies, dont il ne livra presque rien au public penelant dix ans,
el qu'il nºinterrompail que ponr décocher ll ses voisins et confrCres
en paléographie, quelque allusion mordi;mte oú l'on relrouvait, sous
lo. bonhomie du savanl, l'apfeté du journaliste incisif. Cetle assiduité
devait le conduire au mCme dénouement tragique qu'Augustin
Thierry. Dr-ja ses jambes íléchissaient et lui interdisaient non seulement de mo.rcher mais de se tenir deboul quand survinl la cécité.
Autour de lui ce ful nne conspiration de dévo1Jemcnt. Sa famil1e, des
secrétaires, eles amis désintéressés rencouragerent aexploiter une mine
dont la .richesse n·esl pas épuisée dü: ans apri~s sa mort. Une mémoire
prodigieuse l'aidail a diriger les recherches, a guider les bonnes
volonlés. Sa production n ·en l'ut point ralentie el su1· son lit de mort.
quand, aprCs dix ans d'épreuves, úne pneumonie rétoulfait, il songeait
encare a l'article qu·un granel journal de Lisbonne lui réclamait pour
le lendemain. Une parlie de la gloire de Sousa Viterbo revient a celle
qui fut son Antigone, qui soutinl ses pas chancelants, qui lut, copia,
rédigea , corrigea pour lui, que l'admiration des gens de lettres associa
aux honneurs éclatants que l'opinion di'·cernail a son J&gt;Cre. C'est a bon
droit qu'on a pu écrire, en faisailt allusion a M11 • Sopbia de Sousa
Vilerbo: ti Son exemple prouve de nouveau la capaciti'· inQ,éfinie
d'atfeclion el de sacrifice de la fernme portugaise. i¡ Ríen de plus
édifianl que celte carri8re ol1 les vertus familiales s'associenl ft la
probité du chercheur, au sens délicat de l'artiste.
L'activité de Sousa Viterbo s'est exercée dans les domaines les plus
Jivers. 11 est poele, non seulement 8 ses débuts, mais a sa derniere
heure, quand il appelle la morl pour mettre un termc ses soulfrances.
11 est journaliste et poursuit quolidiennement une propagan de socia le
et républicaine. 11 esl critique, aussi bon juge des conlemporains
comme Diniz et Anthero rle Quental que des vie.ux chroniqueurs. 11
apporte sa contribution aux études camoniennes, renouvellela biogra~ ·
phie de plusieurs classlques et témoigne d'une connaissance trCs
précise de la litté,·ature espagnole. Historien, il s'attache plus spéci:1lemenl U l'époque des grandes navigations et fait la part de )'orienta-

a

lisme . Médecin. i1 retrace l'hisloire des sciences oll ses co111palriote~
ont brillé. Professeur, il veille a la conservatioo des reuvres d'art.
prépare le catalogue des expo~itions rétrospectives, reconstitue la
biographif' détaillée des artistes, peintres el sculpteurs. lfais il est un
domaine 01 1 il ne crainl aucune comparaison, qui lni appartient en
proprei c'est l'hL.:.toirc sociale, celle des professions. Tous les métiers 1
depuis l'humble artisan jusqu·a l'arti~te éminent, défilenl dans ses
onvrages. On en a compté j11!:--q11·1\ 180. Dans cetle foule des charpentiers1 des calfats, des ma&lt;;ons, des laillcurs de pierre, des pelleliers,
des armuriers. des dorcurs, deb gra,eurs, des enlumineurs, des physiciens, des astrologues, des escrimeurs el des typographes, il regne.
a vrai dire, quelque confusion, qui tient surtout a la méthode adoptée
par l'émdit. Sonsa Viterbo avait tracé, entre la science el la littérature,
une démarcation infranchissttble. 11 se défendail, lorsqu'il prélendail
inslruire, du ~onci de plaire. C'est par s)·stCme qn'il a l'enoncé aux
exposés brillants. Ses attaches avec l'école positiviste, ses habitudes
critiques de médecin, une ~orle de pudeur qui le détouraait des
sncces faciles, l'obligCrent a arcentuer avec le temps sa maniere volontairemcnt aride. S'appuyant sur les principes incontestés de la méLhode hislorique, il repoussait les matériaux apportés par les écrivains.
que fausse lrop souvent le préjugé et roplique d'une mise au point
oratoire. ll dédaignait toul ce qui n'est pas le document originnl,
reproduil avec ses graphies exceptionnelles. Et dans l'exposition autant
que daos l'investigation. il restait fidele aux memes scrupules,
redoutant la banalité des transitions et la déformation des cadrrs
systématiques. 11 s'esl, par suite, effacé de son &lt;ruvre, préférant en
général l'ordre alphabétique, la forme du dictionnaire. 'folle part, en
elfet, il ne se croit obligé de replacer dans son ensemble connu ce
qu'il apporte d'inédit. ffoll le caract6re fragmentaire el composite
de certaines monographies. On peut regreller qu-·¡¡ n'ait pas essayé
Jui-meme d'utiliser les innombrable:,; matériaux qu'il accumulait.
Quelles furent les moours, les aspirations, les idées, l'originalité de ces
artisans et de ces artisles donl il s'est fait le biographe iníaligable?
Oans quelle mesure ont-ils contribué.a la formation de la nationalilé,
au progres des institutions municipales, 3. l'évolution de l'art? Quelle
part leur revienl dans la civilisation universelle? On trouvera de q uoi
répondre ces qucstions fondamentales dans la plupart des écrits de
Sousa Yiterbo. Mais il a dédaigné le plus souvent d'en extraire lc&gt;
pilloresque el d'en dégager la philosophie. Cependanl nul n'élait plus
capable de domincr celte vasle matiere, qu'u ne mémoire prodigien!-C
Jui rendait sans cesse présenle sous ses aspecls rnultiples. Or il a,nil
110 plan, une idée directrice, qui répondait a ses conviclions inlim('s,
qui s'accordait avec sa campagne humanitairr de journaliste. Plébéien
de race, il l'était aussi de cO'ur el, comme te!, a,ait la fierté de ses
1

a

�166

16¡

BULLETIN BISPANJQUE

BIBUOGf\APJIIE

origines. 11 voulait, par protestalion contre la gloire des artisles de
premier plan ou des capitaines de haute lignée, réhabiliter la foule
obscure, celle des artisa.ns mécoonus, du prolétariat anonyme. GrAce
Alui toute une partie, et non la moins importante de l'histoire nationale, est sortie de la poussi8re des archives oll elle dormait depuis des
si8cles. Aucune consécration officielle n'a manqué a Sousa Viterbo,
de son vivant ou apres sa mort . Il a connu les honneurs du bronze el
de l'éloge académique. On a célébré sa mémoire de la fay0n la plus
efflcace, en publiant ses ceuvres post.humes. Son influence n'a pns
cessé d'agir, tant sur les étrangers, auxquels il prodiguait, avec un
entier désintéressement, les conseils et les renseignernents, que sur ses
compatriotes dont beaucoup, avec le meme dédain du vulgaire,
s'efforcent de rendre la science peu abordable aux foules. Malgré
l'admiration d'une élite, il n'entrera vraiment dans la gloire que
Jorsque les résultats de son immense enqu8te démocratique auront
élé rendus accessibles, par un travail de simplification et de vulgari ..
sation, au commun des lecteurs. D1,1 reste la popularité, qu'il a
toujours négligée, n'ajouterait que bien peu O ses litres réels. Dans
un domaine oU tout est provieoire, il a su édifier 1 avec un acharnement 8 la tAche dont il est morl, un monument cyclopéen qui
survivra aux dentelles de pierre des chefs-d'reuvre trop soignés.
G. LE GENTIL.

dans une ville qui ful la patrie d'adoption de romanciers comme
Camilo et de poetes qomme António :'&lt;/obre. De plus on se rendail
mieux compte, apres les bouleversements inévitablei pour tout pays
qui fait l'expérience d1 un régirne nouvea.u, et surtout apr8s la derni8re
Lentative monarchiste, du besoin de confirmer, par une réforme de
l'éducation, le sentiment de l'unité nationale et la volonté d'agir en
commun. Ajoutons que le Portugal, depuis qu'il est intervenu dans
la conflagration européenne, est moins tenté de regarder la tradition
comme sus pecte. ll consid8re son passó avec plus d'indulgence et plus
de respect: il a repris conscience de son róle historique.
Certes il est imprudent de juger une revue d'apr8s les deux premiers
numéros, quand ils renferment des articles- inachevés, traitanl de
matieres différentes. On peut se demander toutefois si l'activité de la
jeune Faculté des lellres de Porto est orienlée dans le m6me sens que
ses ainées et ses rivales de Lisbonne et de Colmbre. 11 nous apparait,
a premi8re vue, qu'elle dépasse le domaine de l'érudition pure. Le lon
est donné par un article de M. Leonardo Col'mbra sur 1'induction, qui
tient lieu de préface. La plupart des travaux qu'elle publie ont, malgré
leur précision lechnique, un caractCre de généralilé. Les probl8mes y
s~nt envisagés dans leurs rapports avec la science européenne. La
revue, dans son ensemble, rellete des préoccupations philosophiques
et sociales. Elle se place du reste sous le patronage de M. M. Bergson
et G. Dumas. 11 ne nous appartient pas de suivre taus les collaborateurs sur un terrain oU seuls les spédalistes peuvent formuler une
opinion autorisée. Nous signalerons 1 dans le domaine qui nous occupe,
une étude en cours de publicalion sur les sources historiques du
roman anglais Torren! of Porlyngale et des extraits inédits du journal
d'António Nobre. 11 esta soubaitér que les cabiers de ce poCle, qui
rut le plus sincere et le plus touchant de la dernihegénération. soienl
pnbliés intégralement, car ils nous renseignent a la fois sur sa pensée
intime et sur l'importance qu'il attachait au purisme et a l'euphonie.
~otons encare deux articles conc~rnanl l'histoire coloniale de la
péninsule et contribuant a éclairer le probleme de l'Atlanlide. Le
premier, celui de M. -\.. A. Mendes Correa, discute les résultats fournis
par la géologie, la botanique et l'océanograpbie et aboutit 3. une
conclusion négalive. Le second 1 celui de M. Urbano Canuto Soares,
soul8ve la question des langues parlées par les premjers habitanls des
Canaries. On sait qu'clles difJ8rent d'une He a l'autre et l'on s'est
demandé si c'est une raison suffisante pour contester leur communauté d'origine. D'apres un chapitre inédit de l'historien Gaspa r
Frutuoso, l'archipel aurail été peuplé d'abord par des exilés am.quels
on aurait coupé la langue et dont les descendants furent obligés,
dans chaque ile, de créer de toutes píeces un langage différent, puis•
qu'il ne reslait de l'idiorne primitif aucunc Lrace écrite. Les Saudade I

Revista da Faca/dad.e de Letras da Universidade do Porto, ,,~ 1
el 2. Pol'lo 1920.
Cette publicatión marque une étape nouvelle dans le développement
des études littéraires en Portugal. On les avait longtemps sacrifiées,
pour des raisons politiques, a d'aulres disciplines. L'Universilé conserva, pendant la plus grande partie du xix• siOCle, le caractere que 1ui
avait imprimé la réforme de Pombal qui, par réaction contre le
formalisme des Jésuites et sous ]'influence dC' l'Encyclopédie, se
préoccupail de renforcer l'enseignement des sciences, sans perdre de
vue leurs applications pratiques. ll supprima la Faculté des arts et
c'est en 1871 seulement qu'il ful question de la remplacer. La fondalion
du Cours supérieur des lettres, qui dut son prestige aux travaux
remarquables de TheophiJo Braga, répondait 3 une orientation nouvelle des esprits~ La génération montante se passionnait pour les
études philologiques. On comprit bientót que l'enseignement de
l'histoire littéraire pouvaitavoir une répercussion sociale.De Lisbonne,
centre des idées nouvelles, il pénétraR Co'imbre, si0ge de la tradition.
Au lendemain de la guerre on ne formait 8 Porto que des médecins,
des jurisles et des ingénieurs. De bonnes raisons présid8rent l'an
dernier a la création d 'une faculté des lettres. Elle apparaissaitcomme
le développement normal de Loute université prospere. Elle s'imposai l

�168

Bl ■ LIOGRAPHII.

BULLIT(~ HISP.i.l'IIQt.11

da terra apportent, a coté de celte explication fantaisisle, des éléments
d'une valeur historique indiscutable. L'inlerprétation en •era racililée
par le soin que M. Canuto Soares a pris de rassembler ton• les lémoi-

monaslérfl de San Feliu de Guixola (16o6), par le bénédictin Alfonso
Cano, non signalée dans Muñoz; des copies de lravaux du P. Marlin
Sarmiento, en particulier • sobre el vegetable gallego seyxebra 11; vies

gnages concernant la découverte par les anciens et -

de sainles (mains du xvu· s.); « l\epNlsentaciones hechas por el Excmo
Sr. Conde de Florida Blanca a la Augusta :llagestad de Carlos lerceru
y lo ullimamenle expueslo al actual Soberano Carlos 4•,,, une Hisloire
de Montserrat inédile ( 1847) du P. filgueira; llcgle bénédictine el

qu'on nous

passe ce néologisme indisp,nsable - la redécouverte par les modernes
de l'archipel des Canarios. Cest d'ailleurs le propre de l'hisloire de la
péninsule, au moins a l'époque des grandes navigation:,, de poser de~
prohlemes qui inléressent la civilisation mondiale. On voil que la
/levi.da da Faculdade rle letras embrasse un horizon assez vaste. Elle

reste nationale sans étroilesse. F:lle coordonne, par un efforl de
s~·nthese, les résull.ats de disciplines dilférenles. Elle continue le
mouvement initié par les disciples d'Augusle Comle. Elle combat par
l'exemple le préjugé qui reru~e aux peuples de la péninsule les
aptitudes philosophiques. Ces tendances ne sonl pas enliCremenl
nouvelles. On les retrouverait dans plus d'un article publié Lisbonne
ou
Coimbre. mais elles nous apparaissenl iri plus clairement
affirmées. La nouvelle Faculté des lettres de Porto promel done de faire
oouvre originale. On n'attendait pas moins d'une ville qui a joué un
l'Ole de premier plan dans l'évolution économique, politic¡ue el
littéraire du pa~·s.
(;, LE GENTIL.

a

a

Analecta Montserratensia. \fol. l. Any 1917. Moneslir de Montserrat. MCMXVJII. Vol. 11, An~· 1918. MCMXIX.
Celte publication, qui paraitra annuellemenl, a justifié toul de
suite son utililé par des arlicles d'un grand inléret, parmi lesquels il
convient toul au moins de relever les suivants :

la

(Vol. 1). Manu:scrits de
Biblioteca de ,lfonts,rrat, par D. Anselm
M. Albareda. L'auleur, qui prépare le catalogue des manuscrit, de
l'ancienne Bibliothéque conventuelle, donne.la description analytique
de 71 numéros anciens ou d'acquisition récente, dont le plus, énérabJe
et le plus importanl, premiAre vue, parait etre le numéro 1, le Libre
Vermell, signalé par \'illanueva, sorti par bonheur du mona~tere a

a

l'époque des guerres de l'lndépendance, et rachele en 1885. Enlre
autres textes latins et catalans (xlV• et 'tV~ s.), il contient un Can&lt;:oner
monlserrati qui fait l'objet d'un article8 part: des miracles a l'invocacion de la Vierge per universum mundum (il ne s'agil pas des rniracles
de Montserrat, qui précedent el suivent; comme le premier est celui de
la rhasuble de Saint lldephonse,jc suppose qu·on y retrouve les miraeles recueillis par Gil de Zamora el publiés par P. Fila); &lt;'n loutcas il
serail intéressantde faire connaitreen détail celle colleclion dans une
des cotonnes des Analecta); de rudimentaires trailés de géographie,
d'aslronomie, df" monstruosilés humaines, d·enc~·clopédie (le toul en
deux folios). Parmi les autres manuscrits, je note une llistoire du

Constitution&amp; de l'abbr Cisneros(en castillan. mains du xv1• s.); Céri·•
monial el coutumcs de Montserrat (xv• et tvl" s.); « Exercilium el
devotiones fralris Pelri de Ortega,&gt; (1622): deux livres d'heures du
xv·-,VI· s. avec miniatures; copie des Exercice~ spirituels de sainl

lgnace (dat,&lt;e de Si-ville 16o6; divers e1emplaires de la regle de sainl
Benoit; anliphonaire du xr• s.).
C'est le P. Sui'iol, directeur des Analeda, qui s·est chargé d'i"•ludier,
sous le litre Els cants delt Romeas, lr.s chao l13 de f&gt;Clcrins conlenus
aux folios ,21•27 du Llibre vermell:
Por sa anliguilal és el monurnenl méM venerable que des del !M!gle uv
ens conserva uns canls queja alesbore!I cvcn lraditionals. !Pcr la factura
artística són un lestimonide diverses formes musicals,dcs de la aimplíssima
i unissonal del gregoriá, flns una perfecta polifonia a lresparls, o• tri plum••
passant, oi més, per la forma del ballet, del cánon, de la diafonía i del
Mo.lel Pcr qualque anolació meMdica é~ :el primrr documenl que usa a
Catalunya ccrta ~crminologla musical...
Ces chanls, dont deux en caLalan, sont au nombre de dix.. ll y
en avait s1jremenl d'aulres, puisque Villanneva en reproduit un
qui manque actuellement au recueil. De belles planches accompa•
gnent la transcription lillérale et musicale, et l'étude de chaquc mor•
cea u esl poussée fond, avec une science el un senliment arlislique
qu'apprécieront certainemenl les connaisseuns.
Le o~ Jaume Cullell, chanoine de la Seu de Vich, a donoé sa conlribulion en étudiant cette question : Vinf¡ueren a .Jlonserral monjas de

a

Morlle-Cassino a ,nüjans del segle XV, queslion qu'il résoul par l'allirmative.

Suivenl Te.ct,s calala11s del Llibre, pel 11. P . .\rchiver; Alguns
manuscrit, de l"anliga Biblioteca monlserratina communicats pel
D· O. Ramón d'Alós (d'apres le numérn 13.464 de la Bibl. 'lac. de
Madrid); - Reliqwes ijoies antigues de lfontserrat segons un manuscril recenlmenl rlescoberl ; - Fes/es lipi.ques (il s'agit de la fete encorc
célébrée annuellemenl a ~ontserrat, a la Saint•N'icolas, et rappelant
celle de l'Obispillo, donl Fr. José de la Canal signale, au lome \LV de
l'f:,p. sagrada, la représeulalion aGirone).
Le Vol. 11 conlienl d'abord uu magistral lra..ail de D. .\nselm ~l·
.\lbareda, La impremla de .llonlserrat (seg/es u·-u,•¡. Pour l'hislorique de e-elle imprimerie. les témoignage~ anciens sont rares. Le P.

�HUI.LETL'.\ HISPA'.\IQUli:

RIBI,TOGI\APHIE

Aluareda nol"' que Fr. Pedro de Burgos, A qui est·dü le choix du premier imprimeur (1498) et le premier rétablissement, en i5t8, n'en dit
mot dans son Libro de la historia y milagros hechos a invocacion de
Nuestra Señora de Monlserrate, el pas davantage Yepes, qui agite la
question de l'iníluence exercée par l'Exercitatorium de Garcia de
Cisneros, imprimé Montserrat (l5oo), sur les Exercices de Saintlgnace. C'est au P. Benet Ribas, maine el archiviste du monastere,
ami de Villanueva, collaborateur modeste et désintPressé de plusieurs
érudits du lemps, en particulier du P. Méndez pour sa Tipograf,a
Española, qu'il faut s'adresser pour reconstituer cette histoire; il est
vrai que d'autres travaux, énumérés par le P. Albareda, completent
les données (que des découvertes heureuses ont permis d'enrichir
encore); mais la plupart dt'rivent précisément des renseignements
libéralement fournis pal' le P. H.ibas ceux qui les luidema.ndaient.
L'installation d'une imprimerie a i\lontsel'l'at a-t-elle obéi ala n1!cessité de pourvoir de missels et de bréviaires les dix-neuf monasteres
dépendanl de San Benito de Yalladolid, initiateur de la réforme, et
auquel était atlaché .MontserraL depuis 1493 ~ Et si le choix tamba sur
ce dernier couvent, fut-ce pour des raisons économiques? Mais ces
raisons nous échappent, observe le P. Albareda 1 qui conside1·e par
contre comme.décisif a cet égard le rOle de García de Cisne ros, cousia
germain du grand Cisneros, el neuf fois réélu supérieur par Jes moines.
Les deux: premiers imprimeurs avec lesquels il eut contrat furent Jean
Luschner (décembre 1498-novembre 1500) et Jean Rosembach (16181621), aprCs lequel l'imprimerie fonctionna encare quatre ans.
La description, avecreproductions nombreuses(plusieurs en dimensions idantiques) des ouvrages parus a Montserrat, comprend: ,o les
incunables;~~ les imprimés de 1518•15i6, division qui se trouve correspondre aux deux époques otl les presses y fonctionnerent. Les
incunables sont au nombre de 17 ; le premier est le Liber meditationum Vitae Domini noslri lesu·Christi de saint Bonaventure (16 avril
r499). Le Jlfissale Benedictinum découvert au Chili et su,· lequel il y a
un article dans le meme vol u me des Analecta, doit etre de la fin de la
m8me année. Quelques ouvrages n'ont pu 8tre décrits ou mentionnés
que d'apre, les bibliog,·aphes antérieurs; quelques-uns le sont pour la
premie.re fois : tel est le ca.s pour le Miss ale Benedictin.um el pou r le
Directorio de las horas canonicas e&lt; postrimero de setiebre año de Mil
y qinietos ii.
•
Pour ce qui esl du Directorium (en lalin), sans date, et de l'Exercitatorium (traduit en latín par le P. Francisco de Torquemada), lequel
por le la m8me date que l' Exercitatorio en bastillan, 13 novembre r 600,
les objections du P. Albarnda aux scrupules d'Hrebler (n·· 151 et 235),
qui les oonsid8re comme postérieurs, ne paraittont peut-Blre pas tout
afait convaincantes. Le P. Ribas, auqucl se réff:lre l'érudit bénédiclin,

n'a-l-il pu mal interpréter lui-m6me la dale donnée a l'Exercitalorium,
et traduite littéralement de l'édilion castilla ne~
Parmi les impriinés de la seconde époque figurent de nombreuses
images pieuses. Quant a la grammaire de Lebrixa, le seul ouvrage
profane qui figure dans ce catalogue, le P. Albareda ne parait pas
tout fait rassuré cette fois par la mention tres succinctequ'en fait le
P. Ribas.
Le P. Suñol a collaboré a ce ,olume 11 en donnant un travail,
également des plus instructifs, sur la liturgia deis noslres impresos
(seg/es xv'-.rn'). Le caractere un peu spécial de cetle publication,
qui intéresse surtout les liturgistes, est malheureusement un obsl-aclc
assez sérieux. pour le profane qui voudrait en fairc une analysc
fidele et consciencieuse. Bornons-nous morlestement admirer, et
prendre bonne note pour le cas ol1 nous aurions nous renseigner sur
une question pour l'intelligence de laquelle il faut réellement !trc
quelque peu clerc.
Divers documents completent ce méme volume: Noticias del venerable P. Fr. Bernardo Boi/; Embaixada d'E8p,mya prop la Santa
Seu; L/etra del Rei En Joan f (r3go), etc.
Ces indications donneronl une idée, au moins sommaire, de ce que
sont ces Analecta, auxquels nous ne pouvons que souhaiter longue
vie et bonne récolte chaque année.
G. CII\OT.

a

a

fjl

a

a

a

a

�•

CHRONIQUE
_ M. Ramón ~lenendu Pidal, en verlu d'un usage qui esl loin
d'etre banal en ~•rance, a re~u de l'Université de Toulom;e le litre de
docteur honori.'i causa. A. la cérémonie qui a eu lieu, a cette occasioo·,
le 18 íévrier. l'Universilé de Bordeau1 . invitée a se faire représenter,
avail délégué le doyen de la ~•acuité des Lettres, M. Dresch , qui. au
nom de ses collCgues, donl beaucoup sont hispanisanlll 3 des Litres
divers, a dil la haute estime, ou plulól l'admiration qu'inspire a lous
l'ceuvre du grand savant et de son école. En :;'associanl, comme
l'Université de Paris, 3. celte maniíe:;ldtion, l'Universilé de Bordeau&gt;:.
a monlré que les liens qui rall.achcnl M. \lenénde1, Pidal a l'Lniver~ilé
de Toulouse, le rattachenl a la France enti8re. On trouvera une relation détaillée de celle solennité dans L',lmitié .francu-espaynole,
publiée a Toulouse (2' année)
Le 11 mars a élé inauguré a la ~.,acuité des Leltres de l'LniYersité de Bordeaux un cours libre de langue el antiquilés basques,
professé par M. Albert Léon, docteur es lellres, professeur au lycéc
de Bayonne. M. l~on a expo::;é, dans sa le&lt;r&gt;n d'ouverture, les· travaux
des érudits qui se sonl appliqués a l'étude du basque, des ~·ran&lt;:ais
depuis Luchaire el le prince Bona parle jusqu'a Vinson, des étrangers
depuis Humboldt jusqu'a van i,;ys , Uhlenbeck, Schuchardl el Wcbster.
ll se propose, dans les leGQns suivanl.es, de lrailer du thé.ltre populaire
bas4ue. Le profcsseur a élé suivi avec beaucoup d'atlention el d'inter~l par de nombreux: auditeurs qui l'ont compris, mCme lorsqu'A la
fin de sa l~on il leur a adressé la parole en basque. 11 n'y a pas lieu
d'en etre surpris: Bordeaux a toujours eu une forte colooie basqne,
dont l'existence sutfirait a garantir le succes de cel enseignement .
......-. Une nouvelle occasion de manifester leurs senlimenls envers la
~'raoce a été olferle au• 1,;spagnols par le Congres leou du 31 mars au
4 avril i, Saint-Sébaslien. La présence d'un ministre espagnol (celui du
Travail) et l"accueil, inoubliable aulant qu'inespéré, que nous réservait la populaLion comme les autorilés dan'i la capitale du Guipúzcoa,
a Orio, Zarauz, Guelaria et Zumaya, oll le peintre Zuloaga a fait les
hooneurs de sa pittoresque demeure, onl comblé tous les vamx des
nombreux Fram;.ais venus pour consliluer définitivemenl les deux
~'édérations franc;aise el espagnole deS comités d'enlente. Nous ne
pouvons pour le m,Pmenl que signaler ces belles journées et les mar~
quer d'une pierre blanche.
7 avril 1921.
L.l RBD.lCTJOR ,~\IERI\IKE:-¡: YOREL - fATIO. P. PARIS
G. CIROT. secritairt: G. R..\OET, diruteur•géraat.
Bord•n1.--

lmprimeries Gou:.-OLll,ttOV, rue Guiraude,

1)-'

1.

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                  <text>Fundado en 1898, el Bulletin Hispanique está editado por las Presses Universitaires de Bordeaux. La revista, actualmente, se publica dos veces al año e incluye reseñas de libros y una lista de obras recibidas. Los artículos dan cabida al ámbito ibérico e iberoamericano, sin distinción de época, área o método y se publican en francés y español, así como en cualquiera de las lenguas de la península ibérica. Revista indexada: HCERES, ERIH, SCOPUS y WOS-AHCI.</text>
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                <text>Fundado en 1898, el Bulletin Hispanique está editado por las Presses Universitaires de Bordeaux. La revista, actualmente, se publica dos veces al año e incluye reseñas de libros y una lista de obras recibidas. Los artículos dan cabida al ámbito ibérico e iberoamericano, sin distinción de época, área o método y se publican en francés y español, así como en cualquiera de las lenguas de la península ibérica. Revista indexada: HCERES, ERIH, SCOPUS y WOS-AHCI.</text>
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                <text>Université de Bordeaux, Faculté des Lettres et Sciences Humaines</text>
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                <text>Cirot, Georges (1870-1946), Secretario</text>
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                <text>Morel-Fatio, Alfred (1850-1924), Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Chroniste de Charles Quint</name>
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                    <text>��róYinelal ~ Gi:mlóué, l!Qü ff n'II

de r•8o, lniUle 1!iro•-4c7; ua
· et iocomplift I faútllle,
l' 'Nlllft!Ailtlfll' ~,IKiNI, • d'9jte.

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~"álfliléée ~ qlll.lle ■ll tilllOll et t
¡llllis81A'U11if'8eéleff1011JeJe,~
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leimlú! po,1ájlt UQ enf■al 81Jf '9D aeilt (?), et
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jlf't qu11..,. .._,. lpd ~ t une 4ladi!
Ji'-Ue i . _ le lli0$Jlá1DI 9111' leqael it
Je cllíinié, IDOt 'ff'\ ¡,as éW !fft.
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- ~ ie ~ , üO, )a ilaci_mló Otl
Jl;4tCW., • • &lt;lotdoue et A.lmodovardel Rfe, a1n 1,
vir et en &amp;ce do •edia■ Zahara, la

~aéé 811 llaaee de Ctn'doue l!D 188.6 ''jtff.
'de f.rado, marqaile de Gaada.....
. .1!18J'.

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~ OD 1881

et l'a IUilrile 10mmaii'e111ent ea

l,wripllo,wim 8 1 , ~ Chri,lil¡nqr'4111 Supp/8-

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~ t dee • • avee des p e n o ~ eQ ac&amp;ion
a~ J11aia ""'8•ciJllt il ea ixi.1te, e&amp; il reD\'01- l 4t6 fto!IW• l JitiYJ, Bri-n- .t &amp;:lja. Si le. ~1- '
.... da lllNIIIPblpa chréthl1111 dea ~ l.)fflllitlf •- a'1''-flli111,_ e•• que oelui•oi ,at d'lule époqll'e 4-, ~dijfllid~~:;
GOBlaie ra indiqué llübller. • 0n peut 1uppc&gt;tt'•
u'eat iol l'imilation d'a aui,, plua anoJen el clec ,-1111111!~
pi\,. 111 Qun\ IQ 1uje&amp;, De fau&amp;-il pu W cbeNlaer 11;•-•ai.•~-la¡';"
clan• le eymboliame .cbretieni&gt; d• ...-f r e ~ t-U u
IOauep ~iá, mutyr de aa rol fllithoUque, OOlllllle il
ea&amp;a Ylllpule I.éol'i1Jilde1 Terrible fu&amp;la peMlltioiu
tM.l' a11 Ífllell8rque, q.ui ll''pal'IJ.U métnf pu la Yif 4hl
~ 111,, comre l• OdMea eatholilJaee, Et pclQ1' r•tn1111ab"'""'""'"
da _,, Nlnl "~""oDl8, ~politaia de ~ (Glí7

·•·prime
ka&amp;_...

ablti:

wia ~ Datdel ~ ¡ lllhdiít .._..,
' lieé&amp; V111pit barelice l\ouam; de qao diellar Rldul etn
~ I N 1•te111 fl«r;ll,08111. Qui uperitllle lique llll)lln_ _ _,,_,

!PM ia.v~ doctrine in a!ldi.enlioJD. cordibu peooaii
tor..- aqaarwD, llt l)!!rYelilm
Vi'nlm: •lslOlíll e,1111 IBWDO retrl118tio lilbn«ut.

occidi1 ¡ qai desident ad

n'
la tlOOIJMWIO&amp; n~ke pool'" la dilJ4llller, lll8le
le!Dble 111perlu, cu ~ aoua le lliiHtliet a'a •
Celta ingénieuae eiegbee esl bien sulrtile;

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,.J.1p111,..mo&lt;1PolloDIIDl9t!,~.i..,,.-oor1e

-.

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KfHdr.; épli·:no• NiíU;.
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l'lreta•r4.-.ffiú-iqo¡,,
en íJo811ft ÍQIIIOl'lln14! lpOllflfnpltie--.
Ja NIMnJale, DIIM• • .,_ Hjj,.
4e lot [ll'lllwfol ~ • la &amp;-a, ofi il a'ocoa_pe
de loija et de 8r.lvieaea, il ne ,cloúa.pee pillee
1('(11(1,;¡r.Q_. di Coffo111, el n'y faU ln&amp;ne P11 allaaion, o;.
. . _ _ , l'opiQÍ(IA de "· M,Uda ,V QQ9 na

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llootla,-1),lod.,oira'ilyal__,oalpiillló 1• - • - . . . . .
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• • pfent, et•·• j!Ulera-.t le Hal qoi eemblt
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JIQa Í&amp;llpClrllWlt• e'llt lfUII Jas hoie lllCISlll-ta

.,_••••-ele ..._ ••,...

·,- allril,.. l la 1114me pmode (nou, ne OI\Pn1Juoaa
•
-., Ollai AiJ• e&amp; oehú de Briviesoa) aonl
qne poasible de cel11i de Cordoue. Celal d'&amp;,ija
t llpuatia el par le ~el et par le d}'le, et des
tn pee permelloiú Dl.1118 de le 1'00llllaltn pollr
':ita lrlilti YUIII d'OriellL .ll ne ...~-le qae
. d..
Q ladiaautebl•, COlllme le Bon Pmtea,, Dali4,l
• Uoit., le 8-tf'u:. tf. - . ~ . mait trait6i &amp;rila
Jl'lll~Sltllll . . oequ'Jla le IOlll lllr lea urcophqe, de faotaN
lt• ll&amp;yle, YCIÍOi ae qa'e• cllt JI. 11Qid1 : , Le atyi.
lniclltioa ,. aenli-l de la foJ:111e el Ue
,_.,..... tae l'oa 118 lrou.Ye pudana lol Jiet.

.

.

��lllliQ cfriijte 6llve ton ~ • - Or 08 bCilialw, llOIII . .
conoall80JII bien, et depiril loagtampe, malt 110111 ne l'a~
j11111aÍI ft Oflll"llr daa1 l'al1 bynnUn lli Yklfothiqae. C•.- la
p,UJ lM,uolier rond l lltll6fl dH ™r1111, tel. qV le po,teíit .._
ebiuHQ~ d81 handeau:1 du Loan-e, qaelque■-lllll d8I I O ~
d"Oauaa, oeu:1 dft 11lle1 de Clania, ee11ll de■ monlllleif
• ~ • o'eat oelai anfta d'ane •rande qt¡antiU de _.
peüll ,nrrléra l pied et l cbeval qnl out 6&amp;6 recaeillia pUmi
lea illDOlllbrabl111 flprinea de bronu da 1anc'1lalre de Ca,,-lltfr
• Banli4úlion et d11 aanotnaire du Collado da m Jardil,u cla•
la Sierra Morena, o'eat-a•dire dana une nifio11 att11nanw l -.llo:
d1 Conloue•,
i\Jotit0n1 que l'erma otrenaive qui acoompqoe OQDalalnn(ql
Je peijt bouoliét eat l'épleu; 11mblable l eelai que b ..DdU le
~ d aaerlier, et non la fteohe. Quoique Je pnmls . . . . .,
porte un
11 o'.., bien UD aré que l' 0D YOU derriere 801l . . ..
U lle aomble pes 1'en étre aervi, et o'eat plutat le ■acnnd ... ,
aU.illt le cérr, QOD d'une ft~he, oomm• le dit Je P. Fila, $811
d'Qn llpieu aemblable a oelui qu'll Uent aaOOl'II. Or, i• ~lt
bl'(n1ea nona apprenneot que IODYent lea perrien purtalem
d111• de o.e traita •, ce qui ■'npllque aiMlment. Le P. Fila
inlerpnte antremeut cea detalla : • L'arti■!e, dlt-il,, Caule el•
~ .,a v~u eaqul1aer dam aotiona différeote■ du cavalier,
d'abord oello de lanoer i. ftloho avec ton aro et frapper le liut
l\iatlif, p11i1 celle de 1'emp1Nr de la prole, Je pro"trer aYeo 1e111
bt&gt;uollei- de titw intlidio,o. de la 11111rta que ha cabido. • Nutre
eiplie11tion 0901 paralt moi!l• h111rd1uae.
Bnlln, ea ee qui coacarne la ohenu:1 del oh■-re, oon1&amp;a,.
tofla nulémellt qu'ila ont en guiae de 1ell1 una simple
bQ11119 maintonue par une larra oroupi~re. Ca détoll ae
· retrQ11ve conelamment 1ur lea repréaentalio1ts de mvallan
ibóriqllea, et peur nou1 en tenir anll es-voto de la que.va de IOIJ

aro,

1. R. LaaUer:, ~JI' s..turio ilMri,o • S.U,t,ha, pi. l. ••• 1, 1; 11, Is, •• ..._
I.CahoyJ. Cabri, E.nc~,.Alc C-7 Collcdod, to.Judlu. ( S - - •
hM), •1111, pi. VIII, ll, lll: 1911, pi. VI, VII: t91I, pi. YI, Yllf, - A. Soll\láa,
6nmn1tOIIH .,.,.. /roa o.p...,,.,.,...1111M S..-r4JI......,, Sr, 14,
16, et pi. XllY1, X Ya. - cr. P. Paria, - 4 .......... 1'8,147,pl. ilJ ,111,.a,s,
1. 1, Cabo, flll. lnd.. 1917, pf. VIII, .X.•H... Dllatt, op. ,._,, pi, X, 1, XXV1.

r-

-

a&amp;a-ULID' 1aá'JQot AD Mll&amp;Alt PaOflllCIU D11 _ , .

119

.ftidtnea, noua pouvoll8 clter lea planchea VIII du Mrunoire
~ fouillea ¡le 1918, el VIII et IX di! Mémoire de 1917.

tleate le atyle. S'il n'y anil tea d"8U1 d!lnt nous avóoi tiré ·
eta argumenls qtd nou1 semblent décisifa, serions-noua

eu&amp;óriséa, seulement d'aprea ce style, a parler d'art ibérique ?
Jf eat dilllcile de l'afflrmer, car nous aomrnes eo préaenoe
d'"""' OIIIYre trk bar~re~ &amp;out au mllin11 tres mah1droite, lelle
AQ' Oll peuYeQt produire da119 tona les pays el a tou~• 181
'éJIIJII* d(II ertiaans au:1 inatincts, aull goflls, a la lecboique
,..... primitiCs. DII moina eat-il certain que les personnage1 et
lea ani111au de ce ba1-relief, par s11ite de la rondeuP dt la
1DC11l,a1t des fürmes, du manque de proporlione, d'un ensemble
de dlfáula qu'il aerail oheu:1 d'111alyser, produiaent enctement
i-..
lmpresaion que Jea moua el lourd1 .,peraonn11~ et
de bn,n..,q1li rormeul e11 ·gra11de partie lea collecliona
4, lprin• do Slintiateban et.de loa Jardines. 11 fanl 1eulemeut
..:9lor sur le baa-relief une certoine ju1tea1e avec- 1101 certoille
~ ele 1DQ1lveJQent1 411e l'H ne trouva pea cilios la aérie
..,_ ~Yotó, d'ordinaire flgéa d11111 des 11ttihlde1 oonvention~ - el QJQnotooement rilfldea. Maia oe\to legere aupériorU6
ti,nl 11ao1 dqute au:1 f11cililé1 que donne méme 1t de■ art1,1é.
Q Q ~ lt aoulpture en btt~-relief. Eofln, quelle■ que p11"'opt
ih Ita diJl'éren!)OI, il y • entre la eculpfure de Conlouo et
t't111tQlblo 4111 lllllll pturea cerlainement ibériques un 11ir de
flllllill• qu'il aor11il diflloile d'&amp;:&amp;pliquer 11 Ja prerrliere 61ait
1...vre cl'uu ar«ste poalérieur de pluaieun fl!!Dt&amp;iiaea d'annka,
'et puiJIUlt aea io1piratlon1, cbercbant sea o¡odelea et 1e1
evmplCII d1111 11ne civiliaatilln qui u·avait plus Yr■i111111t
_.._ npl)llrt avec l'autre.
Si nÓ~ C11bChHio111 aont 1dmiae1, n9ui noua féllciterllna
d'avoir revéndiqué pour l'art ibériqae un níobumeol qui eat
bien Joln d'étre UD cl!ef-d'a,uyre, ,mais qui°. le gnmd lnlértt
:.t••1re J1uqu'll p~nt aeul do 100 espece, et d'iuaugurer une
'4tfe JtOnvalle dana nn&amp; cellectlon eocore bien rédulte, mala
q,it a'accrott po11l11nt ohaq•Jour de r,~on preaque loeapém.
Ptaaas PAll.ls.

""lllll
_......_.J:

•

..

�HERDER ET LE CID

JIEHD"ER ET LE ClD
Les légendcs onl la vie dure. Lºhisloire litléraire en est pleine,
qui s'obstinenl a ne pas mourir. 11 es! enlendu, depuis Masson
el son impertinenl pamphlet, que la Frnnce, !out au moins la
France du x-v111c siecle, n'a jamais su comprendre la &lt;( sreur
latine" espagnole. Il es! enlendu,_ depuis Herdér, que seuls les
Allemands • ont aimé avec largeur d'espril et chanté avéc talen!
les choses et les héros de la loin taine péninsule . Des voix savantes
onl contesté quelques-uns des mériles de Herder; la critique alleñrnnde elle-memc admit, la preuve faite, que le Cid de Herder,
qui fait le meilleur de sa gloire poétique, est essentiellement un
Cid fran~ais. N'importe: Herder reste, aux yeúx du plus grand
nombre, l'homme du Cid; le Cidest, pour la plupart, le plus beau
íleuroo de rhispanisme allemand. Nous lisons, dans le l,vre
pourtan I bien beau d'un grand savanl ' : « L' Épopée castillane
a lmvers la liltéralure espagnole ", des lignes bien surprenantes.
. "Herder, sous l'impulsion de son esprit largemenl hu~1anilaire,
sentí! s'éveiller dans son ame, docile a toutes les suggestions
de ce qu'il appelail • la voix des peuples," une sympalhie profonde pour lapoé°sie héro[co-populairede l'Espagne. Son poeme
du Cid es! une heurcuse adaplalion des romances espagnols
consacrés au héros . .. La France, oll le romanlisme était une
i mporlation d' Allemagne et d' Angleterre, commenra elle aussi,
quoique plus tard, a considérer la légende épique de l'Espagne
comme faisant parlie intégrante du romantisme3. i&gt;
1, ll:t quelques Aoglais. Xous limilons aujourd'hui cette enquete 3 l'Allemagne,
mais les conclusions ne seraient pas sensiblemenl dilférentes pour l'Anglelerre.
2. Cette opinion n'est pas isolée. Le Diccionario encir:lopédico Hispano-Americano de
Literatura, ciencias r artes (Barcelone, 1892, l. X 1 art. Herder, p. :rno), dit, par exemple,
e&lt; Dos a1ios antes de su muerte, Herder h'adujoel Romancero del Cid, y esta bellissima
lr.iducción, a la que se han reprochado con exceso ciertas inexactitudes en los
delalles J en el color, es hoy un monumento cl.isico en Alemania. "
3. R; Menérldez Pida!. l'Épopée castillane d travers la littüature espagnole, Trad. de
11. ~lél'imée. Paris, Colia, 1~10. Conférences prononcées a Baltimore du 5 au
16 mars 1909.

Saos aucun souci polémique, ni animosilé nationale, refaisons aujom·d'hui l' en que te. Puisque découverte il y a, voyons
qui, hors d'Espagne, a découvert l"épopée espagno!e du
Romancero. Cette histoire posthume de Cid est curieuse, et la
parl de la France y est assez grande pour qu·il soit utile de
faire valoir ses litres. Le role de Herder reste important, sa
pensée et son ceuvre méritent qu'on en étudle les origines et
le développement. Suivons-le sur la route qui le conduisit au
Cid. Nous y ferons des renconlres intéressantes.

•••
l. Théories de Herder sur le Romance.
Herder n'est pas un spécialiste de liltérature espagnole, il
y est ven u par un détour, encare n'en a-t-il abordé que quelquesuns des rivages les plus ·fréquentés. Ses curiosités s'évcillerenl
lentement.
En 1 767, il faisait allusion, sans plus, aux c1 rimes assonanles n
des Espagnols et au ro.man de Cervantes'. En 1769, il cilait
les poeles fran~ais, anglais, italiens, grecs et allcmands : il
oubliait les poetes espagnols. Ce sont apparemment les conseils
de llamann, son maltre el ami, qui aviverent cet intéret pour
l'Espagne.
En 1772, Herder lit:el commente le Don Quicholte'. En 1773,
il se propase de lire Cervantes dans le lexle espagnol. En
1777, enfin, il étudie effeclivement l'espagnol sous la direction de l'hispanologue déja réputé qu'était Bertuch. Il esl
bors de doute que Herder connut, des lors, tres convenable- menl cette tangue.
Les études d'histoire littéraire ;de l'Espagne commen~aient
a devenir familieres aux érudils allemands. Dieze publia en
1769 sa Geschichle der spanischen Dichlkunsl, traduclion corrigée
,. Je cite, faule de mieux, d'apl"es l'édition publiéc en 1827-18,S cbez Colla,
SluUg.-Tubingen, J.-G. vo11 Herders sümmll. IVerke, l. I, p. 74. Fragmente iiber die
net1e tetitsche Lileratur.
L Sur les rapports de Herder ~t de Cervantes, voir Herders Briefe an Hamann
Berlln, 188~ (q69-1773) et Erinnerungen aus dem leben Joh. G. uon Herders, hrgg.
von Müller, Stultg.-Tübingen, 1820.

�•u- º''?llft
et allnoWe d111 Or(geau 41 la ,,.,._ ~1,11ena de Vela-..,
qui inléresu vivement Herder. Die.te annon\lllit dans 1a prifaee
une 111thologie dea poete, e1p1gnol1, qui denlt contenir en
parUculier lea plus anotena poemea do r:ancioM"° flM-',
m•I• qui ne vil p11 le Jour.
Herder eulvail-avec allentlon cette enquéte en !erre eapagnoH1. !n , 77/1, cllant, a.propoa d'O11lan, dlvera romanoea de
dlYets pays, il négligeall encore le romance espagnol. Mala
lonqu'en 1777-1778, 11 a'atlacha au folklore el puhlla ses célAbres Voix des Peuples, Slúnmen der ViJlker· in Liedern, 11 ren-. ·
contra quelques roniances, 11uasi peo populaires que po31ible,
d"Espagne. Ce f11t une révélation. Romanoe moresque de Giués
Pérez de Hita, romance précleÚse de Góngora, la acience de
Herder ne semble pas avoif été, a celle époqu·e, plu11 loin.11
lraduil un cerlain nom1&gt;re avec un rare booheur. 11 tradull
avec cooacience et lalenl, non saos quelque liberté, supprime
· des longueurs, concentre, ravive. Rylhme lrochaYque, vera de
quatre pieds, slrophe de qualre ven. Ni riml!, ni aHooance. C'eat
141 maniere déftnilive de Herder, A laquelle i1 restera 0dele •.
Herder sou~onoa les richesses cachéea de ce genre qu'il
dé~uvrail i l'insligaU011 d'initialeura anglais et írant11i1. • 11
o•-, a rien de plus ardo; dit-il, que la lraduction d'une si_mple
romance eapagnole. . . En ce qui conceme la romance et la
chansoo, nous avons beaucoup a apprendre ·dana celte lilléralure; peut~lre qu'un jour lleurira a nos yeux ·s ur ce sol tout
un Jardi_n des Hespérides. Je ne connaie, en dehon del'ilalien,
auenne l4ngue modeme qui soit capable de tresser des guirlandes lyriques plus jolles que la lan¡¡ue ihérique, plua sonore
du reale que l'italien •. »
• Lea romances espagnoles, ajoute-1-il, aont les plus narve■,
· les plus anciennes, el, du reste, les premil!res de la lignée fout
entil!re des romances s. » ·
·

"º

•1. SQr Herder el l'ltpeflle, toir, en peruculler, A, f'trln1Ui, ~,,.. Jlr ptl,

u,,,... •

,,.,.,-,. ,ao~. V, p. !19 i J.•J. A. 8'rlrand, CrM#ln,_ rt le .ROfltflAlg,_ """1,ellll, , 1 14,
p. 7' "l•. S•-• w l'llti,r ÍII U.d,,.,,.8. Worlo, édiU.., Colla, ,Sal,-• VII.,-.
deo Qoaais populal"", p. 9a.
3, lbúl., p . 16o.

.

-

ffUICID

D111 ifnorona bon nombre de1 leolures de Herdet. Qael1
IOlllan- Ya-t--il déaormaia trou~er sur son chemin P 1.ea ..stea
•i,cit raree. Herder n ·a JIBI été un cheroheur de tlocuineula,
mail il f&gt;arlicipe ii la vaate enquéte critique qui ae dllYeloppe
. ii lrnera l' AUema¡ue; 11-dévore lea ouvra... d'hi,tolre littéralre qui pa11enl ii aa portée, Sarmien&amp;ó, Rengilb, Huet,
Hermilly, Ockley, Marigny et lea pl'Mt!nfalieles fl'o\l&amp;I■•
L'inlatigable chasaeur d'idées qu'll ful IOÚt au long de ta vle
reunit oo certain nombre de lhéorie1 relalives 1u romanee,
donl il fil la t'orturie,
La culture arahe, infusée anx olvllí88llon1 nal~Uf!le•. du
Midi de l'Europe, leur transmit l'ln1pira&amp;lon orien~le el
lee rormu d'art ancestrales qu'ellc Hlil pulúea .aus
aoureea a1ialiques. C'était une loogue querelle, parml lea
é'rudits, qne )'origine de la rime et de la poosie. Lope de
Vega, daos son Laurel de . A polo, Saumalze voulalent que
nos poésies modernea fussent nées des liltérstorea grecque
· et latine. D'aulres Conl dérh·er la rime des langues germanlques, tudesque•, CÓmme on dlsalt. Huel •,. Masaieu •, el·
a leur suite l'érudil allemand Reiake 3 sºinacrivent en faux
contre cea idées. • Lea Arabes, dit Huel, fonl leura délices
. de la poésie : c'est l'élude la plu1 ordinaire de leun beaux
8ª1}rils.,. C'esl des -Arabea, a mon avis, que noua lenons
l'arl de rimer 4.,. L'Espagne ayant recen enfio le Joug ·deá
Arabes, elle re~eut au~•i leen mreurs, el prit d'eux la coutume
11e chonter des vera d'amour el de célébrer les actions des
granda hommes. • C'élaienl " lea chaola qu'ila nomraoienl
Romanceas» .
Herder reprend ces éonclusion1. Ce sont, dil-il, les Arabea
qui onl inlroduit la rime dans la lillérature européenne; lea
paya les plns altelnts par celte iriftuence Curen! ceux ou

1, ,.,,_ • ........, la 11.,.,,.,_ • • • 1ur le •fel 4a la Prlltet1# di, 00,n, Pari1 ,
1e,I. 8n 171 t pantl la 8• édlUon, qui porte le tll.-e: TraiU U l'o,·lgine dn Ro1tU1111,
.,.. M. llno&amp;.
•• 11,.,.,,_t!Ü,. Pohl.Jf'ftfaiu. Pari1, 17S9 .
a.• Huel, l. a. p. 1.-19,
w......,Ao/1,. •""f,.;,n la.ui,, t. x.
6. Hu«, l. c. p. ali.

-•-.1w-.

•

�BULL&amp;TDI HISPANIQUE

HERDER ET LE CID

les rapporls, amicaux ou hosliles, avec les Arabes onl été te
plus fréquents •.

de Tressan réveilla les cantes el les romans du Moyen-Age
fran9ais, s'aventura, avec une prédileclion symptomatique,
parmi les héros de l'ancienne épopée espagnole. Elle résum~,
a l'usage de ses lecteu1·s, dans le style agréable, spirituel
el lrop habile des belles infideles de l'époque, nombre de
romans, reuvres épiques ou autres, dont l'Espagne afrancesada, elle, se désintéressait : la Gatomaquia, la Célestine,
Mingo Revulgo, le Cupido11, l'flistoire d.es Guerres de Grenade
(de Pcréz de liila), etc. En 1782, 1783 el 178~,elle s'oecupe
de la légende du Cid. Au mois de décembre 1782 1 , elle don ne,
dans une note,.. un romance espagnol, les adieux du Cid a
Chimcne . Dans le denxiemc volume de juillel 1783 (p. 3916:l), parail, sous la rubrique du Romancero « flisloire en
Romru,ces" d'Eseobar, l'hisloire toul entiere du Cid, L'auleur
rend compte el s'inspire du Romancero d'Escobar, mais il
ulilise a l'occasion le Tesoro. escondido, de F. Meige et le
Romancero General de M. de Madl'igal. Qui esl cel auleur~
La pluparl des analyses de la Bibliolheque des Rornans sonl
anonymcs. « Nous avons a peu pres la cerlilude, dil le J\la11ttet
Horel, que cclle premiere lraduclion d'une partie du Homancero esl due a Couchut, qui était tres versé dans la languc
espagnole et qui a íail _connaltre la pluparl des Romances de
la Péninsule :1. &gt;)

Le romance est né de celle influence; il y a pris les deu~
caractCres qui la singularisenl: chcvalerie et galanlerie. On voit
aquel poinl le romance moresque avail .ftappé l'altention de
l'eslhélicien. 11 ne connail en somme qur le romance lyrique,
et ce n'esl que vers la fin de sa vie qu'il découne l'inspiralion
du romance épique espagnol. Et c'esl grace au Cid franrais,
paru dans une colleclion a la modc, la Bibliolheque des Romans.
Les idées de Herder sur la poésic sonl tres sourn1ll emprun- ·
tées. ll emprunle, sans scrnpule, a Vollaire, Oiderol, Ronsseau
et a lcurs disciples franrais. Malgré s&lt;'S allures révolulionnaires, Herder ne fil guerc que répéler el reprend re des theses
fran~aises '· Lorsqu'il voulul illuslrer ses idées, c'esl encore a
la France qu'il alla demander son modele. Son Cid esl une
traduction, non des originaux espagnols, mais de l'adaplalion
fran~aise du xn 11 siecle.
1

11. Le Cid fran9ais du

XVIII'

siécle.

On n'a pas &lt;lit tous les mérites des lellrés fran~ais du
xvm• siecle. Sans doute, ils onl leurs lravers; ils sonl lrop de
leur temps, avec ses préjugés et ses reilleres. Mais une universellc curiosité el une vive intelligence, qui sonl des l'ées
merl'eilleuses, les enlralnerent dans des !erres Joinlaines el
belles, el leur découvrirenl les lrésors inestimables des poésies
oubliées. Tandis que Vollaire ressuscilail Shakespearc, que
l'on relrouvail Dante el Pétrarque el les lroubadours de
Provenee, d'aulres sallachaienl a la lillérature espagnole. La
Bibliolheque Universelle des Rornans3, ou l'aimable et curicux
1. S. W., t. '\.VIII, p. 5 sq. (1801-1803). G. Scblegel condamaait déj3. celle lhCse
dont le succes n'est pas long.
'
i. cr. L. l\eynaud, Jlisloire génirale del'influence fran,;aise en tllemogne, ,, édilion.
Paris, HachellP, 1915, p. h5 sq.
3. Bibliothtque L'nivuselledes Homans. Ouvrage pério&lt;lique, dam. lequel on donne
l'anal:yse raisoonée des Romans ancieas et moclerncs, Fram;:ois ou traduils dans
notre Langue, nec des Andcdotes el des Notices hisloriq_ues et criliqucs concernant les Auleurs ou leun Ounages: ainsi que les :\frours, les Usages du temp~, les
circonstances particulilfres et relatiwcs et les Persoonages connus. déguisés Ou
emblématiquei,; Ellefut íonJée et rédigée de t773 it. 1¡7R par le IJ).arqui~ de Paulmy;
c'est aprfls cette dale qu'elle publia de nombreuses études du comte de Tressan.

,

, . Bibl. des /t()mans, 7 décembrc 178~, p. 39-43, note.
Souveau .1fanuel de Biblir,graphie L'nii,erselle, par 1''. Den is, P. Pin~o, de
"arLonne. Paris, librairic l\oret, 1857, p. 459. Romancero. art. 43,
Abel lhtgo (Romances historiques, 182:1, p. 101), atlribuc, semblc--l-il, ce poCme
en prose au marquis do Paulmy (do Voycr-Argco1,on). Mais il y a 18 cerlainemenL
uae crreur. Le marquisd'Argcnson a quillé la Bibliolheque dts Jlomaru en 1778 pour
fouder en 1779 les .!lélange, tirés d'une grande Bib/iotMquc (1 779-1 787). ·
Voir aU!ól:ii .mr ce poinlA. Farinclli, Zcitsch.Jür vgl. lilgesch. V. 1892, p. 331 sq.
(Spa11ien und die spanisclie Lit. irrt Lichle der d. Krilik und Poesie (:1' art.icle).
Le nom de Couchul est aussi mis en avanl par Romanía. VIII, p. 477. • Cctle
ven;ioo e,;t probablemenl de Couchul, fantastiquc écrivain, passionné pour la
littéralurc cspagoole el collaboraleur de la Bibliotheque des Roman.s. •
Ce Couchut (odhographié aussi Couchu, et méme Cochu) est un obscur compilatcur dll i:v111• siflcle, qui vendait. ses serviccs, prosc el vers, a quelques graod,;
:scigneur:. de lcttres. La Bibliotheque CU llmnam publia de lui en déccmbre 1ín,
p. Jr 178, dcux edraiLs, trrs mécliocrcs, de Partiuuplcs do Blois (d'iiprll, ,·ersions
calalanes). Ces e\'..lrait.s ~onl signés Couchu. Cf. Roquefort : Mémoire su,· l'Htat de la
poésie dans le XII• et le .\IJI• sit1cles. Paris, 1815, in-16, p. 167. Couchut. se mt:la a la
querelle de l'A111adis, soulenanl, coalre Tressaa, que l'Amadis n'et.l. pas d·origine
frani:,;aise, ni picarJe, el que Vasco de Loberia en e~l lc ,érit.ablc au teur. L'érudition
de Couchut en imposa au marquis bcl-e:ipril. (Voir Lettres ai1.1; auleurs du Joúrnal de
:1.

��188

UEI\DER ET LE CID

BULLETl~ HISPA,.''UQUE

Perse, marche a la renconlre du roi Maure Boucar, qui vient
lui dispuler Valence. 11 meurt, léguant a Chimene Valence
et son épée.
On le voil. Ce n'est qu'un extrait de la légende. Maints
épisodes sont a peine indiqués ; d'autres manquent tout a fait.
Les aventures qui se passent sous les murs de Valence sont
sacrifiées. A par! quelques digressions, les quatre romances
zamoranes en parliculier, toute la narralion gravite autour
de l'unique personnage dtt Cid; lout, acles el discours, esl
destiné a éclairer un moment ou un trait de son caractere.
Les délails de couleur locale s'effacenl. Qu'imporle le jour des
Rois, et la fete oú les dames et demoiselles ré\'oivent l'étrennc
du Roi, ! Qu'importc la messe de relevailles et l'habit des
écuyers « en drap de Courtrai !' n. Qu'importenl toutes autres
particularités trop exclusivement espagnoles ! Tandis que les
ambassadeurs de Perse s'étonnent, dans le Romancero, des
riébesses du Cid, notre Fran\'ais, se rappelant Cincinnalus,
affirme que ces ambassadeurs « ne revenaient pas de leur
surprise en voyanl une si grande pauvreté n.
Ce qui intéresse l'homme de notre xv111º sie_cle, ce sonf les
conilils psychologiques, les fines nuances du sentiment, le
développement des. caracteres. Aussi bien notre Cid est-il,
moins un tablean de l'Espagne du MoJen-Age, que l'épopée
d'un caractere.
Le Cid du Poeme et de la Chronique était d'une farouche
violence, guerrier brutal, téméraire, Castillan superbe el
triomphant. Le Rodrigue du Romancero est d'une énergie
plus endiablée encore. N'est-ce pas lui qui brise le tróne du roi
de France ponr mettre au plus haut le lróne de son roi, qui
insulte un duc et menace le pape? Le Rodrigue du Romancero
refuse de baiser la main de son roi et ne la baise que par piété
filiale. « Si quelque autre m'eut dil cela, il me l'aurait déja
payé, mais puisque c'esl vous qui l'ordonnez, mon pere, je le
ferai de bonne gr&amp;ce. )) - &lt;t Ote-toi de ta, lui dil le roi, Ole-loi
1. Primavera y Flor de Romances por J. \Yolf y C. Hofmanu, Berlin, Asher, 1856,t. 1, p. 103 (1\.. 3ob). - Cf. trad. Oarua~ Hioard. I p. :rn.
2, Damas Hinard, 1, P· 45,

de la, diable, dont fa figure est d'un homme el la conduile
d'un lion sauvage 1 • )) Le Cid fran~ais est moins méchant.
Lui aussi demenre en selle el il faut que son pere le prie pour
qu'il baise la main de son seigneur et roi, mais il obéit et ne
commet point d"aulre incarlade. Eh bien, ce Cid apprivoisé
choquait le goul délicat de nos gens du xv111' siecle. « Le Cid,
dit l'anteur, en maniere d'excuse, n'était pas d"un naturel forf
docile. On n'aimera point cette rudesse, car ¡¡ est sur que
nos femmes ne nous font plus que de petits singes'. n II y a
bien d'aulres difiérences. Notre Cid ne menace point Chimene
de couper les pans de sa robe un endroit honleux. Ilnebrise
point le tróne du roi de France, il n'encourl pas l'excommunication _papale. II 1·essenl l'injuslice des acles et des ambitions de son nouveau roi don Sanche, et c'esl lui qui délivre
Alphonse. 11 morigene le roi son maltre, mais le respecte et
lni obéit. II conna1t le remords, le devoir, la loi morale.
C'est avant toul un testarudo, un homme de tete , droit ,
forme, chevaleresque, altier et fier. Mais c'est aussi un
Cid amourenx.
L'amour n ·avait auc_u ne place dans les épopées primitives du
Cid. Le Romancero ne parle guere que des senti,¡nents de
Chimene el de !'infante pour le Cid. Guillén de Castro et
Corncille avaienl magnifié les sentiments du héros lui-meme
el la lutle poignante de l'amour el du devoir. L'adaptateur dn
nrn• sieclc se sonvient du Cid dra~aliquc, il rend a l'amovr
tous ses droils el tout son role, il mele aux ftpres scenes de la
reconquista les mariYaudages de la passion. II fallait bien du
romanesque a la Bi/,/iotheque des Romar,s. On en a mis, et du
pire. Car c'esl en vers que s'exprime l'amour de Rodrigue, et
ces vers son l détestablcs :

a

Oh I qu'elle csl bolle ma ChimCne !
La fleur que le prinlemps ramElnc
Est moins douce a l'ceil des passans.
La rcgardant, on se promCne,
On la vante, le nez aux venls:
Et moi, je l'aime et l'aimerai long-lemps.
1.
""2.

Prima.vera.y Flor ... t. 1, p. 98. Bibl. des Romans, l. c., p. 17 r.
Bull, hispan.

Damas Hi11ard, t. II, p. 18.

'3

�BULLETl:'i: HISPA~JQUE,

Sa couleur esl un peu brunette .
Mais qu'elle porte,_ un jour de féte.
Son jupon verd, ses souliers blancs,
La regardanl, chacun s'arréte,
Chacun la vante, nez aux vents:
Et moi, je l'aime et l'aimerai long-lemps.

Chanson d'opét·etLe, peu digne du héros castillan ' .
Ce n'est pas la seule . Voici un madrigal:
Qu'a votre noble colombier,
Dame charmanle,
Moh épervier
Porte la mort el l'épouvanle, _
De mes dcsscins, c'est le dcrnier.
Dame champetre,
Quand d'une-lettre
On n'ose se fier,
Qu'on ne peut oublier
Et qu'on craint tant de rétre,
Un épervier 1
C'est l'écuyer
Qui dit les desseins de son mattre :
Ah! puissiez-vous, Chimene, entendre le premier ~ 1

Ce deuxieme poeme, si l'on peut dire, est un peu moins plat
que Je premier. Lee tr isime, qui esl un dialogue entre
Rodrigue et Chimene, est plus prétentieux, plus nuancé,
mieux venu.
RODRIGUE,

Voici les lieux charmanls oll man ame repose,
Oú je cherche l'objet qui peul me secourir.
A minuit seulemcnt, c'est l'heure que je l'osc,
C'est l'heure oU je ne vois aucun risque a courir.
CHIMENS

g¡ ce sont la les lieux oll son ame repose,
S'il cherche la Beauté qui peut le secourir,
Que mon cruel Amant me parle, puisqu'il l'ose
Je ne vois que pour moi des risques ii courir.
.

H.
C.
R.
. C.

R.
C.

'

Un curieux peut nous cnlcndre.
Un curicux pourroit nous voir.
~la Chimene, mon doux espoir 1
IIélas ! quand mon camr est si lcndre !
Ah I Rodrigue, c'cst ton devoiri
Le mien esl de ha'ir.
Et tu me hais?
Bonsoir3.

1. Bibl. de! Romans, 1, c., p. 62-63-64.
~. Bibl. des Romaru,.l. c., p. 49.
3. Bibl. des Romans, l. c., p . .'ao.

UER DER ET LE CID

La suile manque, au rneme degré, d'envol el de force. Mais
il y a quclque subtilité et une certaine grace mélancolique.
On y senl l'influence de Corneille. Galanlerie, finesse, lutte
du devoir el de l'arnour, loute cette dialeclique du sentirnent
ou se complaisenl nos héros est de style moderne el de style
fram;ais.
Le caractere du Cid a quelque peo souffert dans la traduclion. Ce sentimenlalisme mievre luí fail du lort el le rend un
tantinet ridicule. Mais dans !'ensemble, le type esl définitivement fixé, tel qu'il vil dans l'imagination populaire du public
mondial, impavide guenier, mauvais courtisan, fidele a son
roí, loyal sans bassesse, sincere, confiant, droit et noble, dévoué
a ses amis, généreux a l'égard de ses ennemis, bon époux et
bon pere, bon chrélien, secourable aux malheureux,admirable
dans le soeces el superbe dans le rnalheur, homrne d'honneur
et de devoir, te! esl le preux du roq;,an francais. Le Cid du
Romancero est un féodal, le nütre est un chevalier, (( honneur
et miroir des braves ))' et c'est sous ces traits idéalisés que
nous aimüns, mCme aprCs Dozy, a nous le.représenler .
Chimene aussi a des aliares moins primilives . La Ximena
espagnole n'cst pas une senlimentale, Elle demande Rodrigue
en mariage, elle le redcmandc, m_ais c'esL par calcul, c'est
aussi par admiration. Nulle passion. Pourtant c'est elle qui
fait la premiere démarche Naire Chimene a plus de savoirvivre. Elle accuse, c'est son devoÍI&gt; elle va meme &lt;f jusqu'8. se
donner pour le prix de la vengeance n. Motif singulier,
empt'Unté a la lradition dramalique, mais dont naire auleur
ne Lire aucun partí. Elle aime Rodrigue, el le lui dit, mais avec
décence :
Tu fais ce que tu dois, si lon coour esl sensible,
Sensible aux pleurs que lu nle fais verser
Pour un Amanl el pour un pi!re;
A.u triste amour que ne peut effacer
Ni mon devoi-r ni ma colúre ...
Quel est celui que doil intéres.ser
l\fa peine? hélas ! ma peine amere!
Et qui doit m'en récompenser,
Si non l'aulcur de ma misCre?
Va-l-cn, Rodrigue.

•

•

�19,

BULLETIN l:USPA?ilQCE

Les dames qui formaienl le public élégant de la Bibliolheque
des Romans n'auraienl pas compr;s que le Cid ne fut point
aimé et que Chi~ene ne fut poinl amoureuse. Mais cet amour
est chasle. Chimene est douce, vaillanle et modesle, digne
compagne du héros sans peur et sans reproche.
Le Romance espagnol faisail une allusiou a un anlre amour,
plus haut et moins beureux, a l'amour de !'infante Urraca:
Que pen~é ca~ar contigo,
No lo quiso mí pecado . ..

Ce qui n'était qu·un souvenir mélancolique devient chez
notre rom~ncier cruel souci et jalousie vivante . Doña Urraca
(O urraca) avoue sa passion : « Ah I le beau Chevalier, ma
mere! que Rodrigue est un Chevaliel' cha!'mant I Ileureuse la
1·oluriere Bergere qui peut le regarder a son aise sans craindre
la médisance ! Heureuse la noble épouse qui sera conduite par
sa mere a ce Chevalier charmant'. »
Doj1a Urraca morigene ringrat avenlureux dont le creur bal
pour une autre. « N·oble Chevalier Rodrigue, jeune et vaillant,
pmdent el fier, charmanl el renommé, que le Ciel le puuisse
et te couvre de honte, audacieux qui viens atlaquer mon cceur,
s::tn!J te souvenir de ce queje suis, de ce que tu es 3. &gt;J
Notre auteur revient a,·ec prédileclion a !'infante el a son
amour malheureux. Il nous montre doi,a Ul'raca pleurant s9n
pere el les défailes de ses freres, el la 1:uine de sa smur, el une
autre douleur qu'on deYine "·
L'entrevuc de !'infante et des pelites fllles du Cid, aussi peu
authenlique, est d'une charmanle inspiralion, lrop jolie peulclre pour de si rudes temps. Elle esl lout entiere de l'invenlion
du traducteur. « Les aimables enfans ·ctu Cid réjouiroienl les
cceurs les plus sauvages, a les regarder seulemeot; d'oll vient
que la belle Infante pleura quand ils lui sourirent~ On ne sail
si elle les haiL ou si elle les aime; elle les repousse avec colere
el les reprend pour les dévorer de baisers ... Elle dérange leur
,. Primauera y Flor de Romances.,., I, p. t17,
Bibl.desRomans,l.c.,p.34.
3. Bibl. des Romans, l. c., p. _54-55.
fi, Bibl. des Romans, l. c. 1 p. 95-96.

HERDER ~T LE CID

jolie parure et croil qu'elles auroienl été parées avec plus de
graces et plus d'amour par ses mains 1. ,&gt;
_ Deux aulres romances on.l été lout entiers imagines par
l'auteur fran9ais, entreliens de salon sur la femme, l'amour el
le mariage. C'est le Roi Ferdinand qui sonde le cmur du jeune
homme et le mel en garde contre les pieges féminins: • Vous
ignorez ce que c'esl que les femmes .. . les hommes ne sont
que les instrumenls de leur empire ... La force des femmes sur
nous, c'esl leur secrel. La distance esl prodigieuse de !'esprit
du plus habile homme a celui d'une jeune filie, el J'ayantage
est pour elle ... C'esl une regle de la sagesse que de ne point
épouser. n Aphorismes auxquels le Cid répond, sans peine,
vicloricusemenl:
« Celui qui fuit le saint lien du maria«e
.
o
déserle nécessairemenl de sa Religion, de sa Patrie, brise le
frein de l'honneur el le lien qui le faisoit tenir a la famille des
hommes ... Jamais femme ne régna sur un homme bien entier
4ans son honneur ... Toules les femmes sonl mauvaises &gt; mais
cha que femme est bon ne si son époux est homme , ... »
L'auteur fran9ais ne se prive done pas d'ajouler. II ajoute ce
qui manque, a son gré, aux légendes espagnoles, l'amour el la
fe°'.me. Ce qu'il ajoule n'esl pas dans !'esprit de !'original,
muis dans !'esprit de la litléralure du xvm• siecle. Les caracteres eux-memes o.nt perdu une bonne part de ce qu'ils avaient
de frusle el de barbare. L'adaplation francaise du Cid a done
quelque chose d'original, qu'on peul ne pas aimer, mais dont
il esl difficile de méconnallre la modernité.
La forme elle-meme de celte pseudo-lraduclion esl nouvelle.
Les qualités de naturel et d'énergie, qui caractérisent le texte
spagnol, s'elfacent. Notre auteur vise au slyle; il recberche la
rapidité, la concentraliqn, l'élégance. Répétilions, anlitheses,
jeux de phrases, co~paraisons, il ne néglige rien pour rendre
la lecture agréable. Tantot, le ton s'élargit. « Honneur, talen!,
verlus, puissance, orgueilleuse pompe du monde, vous n'etes
qu'un soufile arreté pour un moment dans une bulle Jégere 3,
Bibl. des Romatts, l. c., p. 125-126,
Bibl. d•s Roma.ns, l. c., p. 58-fü.
3. Bibl. de5 Romans, l. c. 1 p. 81 .

2,

1,

2.

•

193

�BULLETfN BISPA"'i'IQUE

Tanto\ il s'abandonne a de galantes préciosilés. Les vers sont
en général médiocres el désuets. Par conlre, la prose esl généralement de belle venue, ferme et sobre, ample el grave, a l'occasion nuancée el vibrante. Débarrassée de ses fautes de gout
et de quelques obscurités, ce serail une belle prose fran~aise.
Nous ignorons le sueces immédiat qu'eut cette adaptalion;
il n'esl pas douleux que ce succes n'ait été tres vif, car l'année
d'apres, il fallut, a ·1a demande certainemenl des abonnés,
donner la suite et la fin du Romancero.
La Bibliolheque des Romans avait, en effet, en 1783, dédaigné
l'épisode des infanls de Carrión, épisode « intéressant, disaitelle, mais peu vraisemblable, et d'une longueur mortelle " et
qu'elle se contentait de résumer « en deux mots" •.
Un scrupule lui vint. L'an d'apres, elle se décide a donner
tout de meme cel épisode sous ce litre : E/vire et Sol, Filies du
Cid'·
L'auteur est inconnu. Ce n'esl certainement pas l'auteur du
Cid de 1783. A la fin de la préface, nous lisons une nole, toul
au moins singuliere, et qui est une condamnation. Le traducteur est, &lt;lit la rédaction de la revue, « un homme qui a
quelquefois engagé sa plume dans ce Recueil el a qui nous
n'avons jamais pu donner de !'esprit" 3,
Le style, qui a souffert de l'influence de Rousseau, cst
pénible, filandreux et sentimental, mais passionné. Les idées
sont celles d'un disciple de Rousseau.
La préface nous apprend que les matériaux sont tirés de
différentes sources. « Nous sommes, ajoute-elle, un peu plus
lyriques que nons ne pensons. Nous nous trouvons, malgré nous-memes, sensibles a ces tournures animées, a ces transitions inattendues ou \out a fait brusques des vieilles chansons
militaires ou víllageoises. » lt Les regles classiques sont de
mauvai• vents qui flétrissent toutes les fleurs ... Nous n'avons
pas une bonne piece lyrique dans _notre langue, et les morBibl.
Bibl.
plelement
3. Bibl.
1.

2.

des Romans, l. c., p. 164-165.
des Romans, Octobre, fase. 11, 17~4, p. 7·32, en 13 romances (donl 5 comoriginaux).
des Romans, p. 6,

IIERDER ET LE

cm

ceaux de poésie qui font le plus honneur au sentiment sont
abandonnés aux livres du peuple•."
La lraduction, tanlot liltérale, el lantót trap libre, peche par
les memes défauts. Citons, a litre d'exemple, un des passages
les plus fideles:
Acabado. de yantar
La faz en somo la mano
Durmiendo está el señor Cid
En el su precioso escaño.
Guardándole están el sueño
Sus yernos Diego y Fernando
Y el tartajoso Bermudo,
En lides determinado.

Sa noble face sur sa main, 8 la
suite du déjellné, Je Seigneur Cid
dormoit daos son fauteuil de bois.
Ses gendres le vcilloient durant son
sommeil, ses gendres Don DiE'gue et
Dort Fernand, avec ce délerminé
begue de Bermudo 2 •

Mais ce beau zele d'exaclilude se lasse :
Cuando unas voces oyeron
Que atronaban el palacio
Diciendo : Guarda el leon,
Mal muera quien lo ha sollado
No se turbó don Bermuda,
Empero los dos hermanos
Con la cuita del paYor
De la risa se olvidaÍ'on ..
(Su.ivent 4 uers non traduils)
El menor Feman Gonzalez
Dió principio al fecho malo ...

Ils sont galants el beaux parleurs,
les gendres du Cid. Mais voici des
éclats de voix qui remplissent tout
Je Palais comme un coup de tonnerre: • Gairc du lion, gaire I Maudit soit qui l'a déchatné » C'était un
grand !ion nouvellement arrivé de
ses déserls. Bermudo, tout en con ti+
nuant la joyeuse histoirc qu'il contoit, prit au poing sa longue épée.
Les deux gendres oubliCrent ce qu'il
disoit, et cessBrent de rire. Don Fernand, le plus jeune, commenca la
vilainc action 3.

L'histoire des deux infants esl connue; la version de la
BibUotheque des Romans es\ a peu pres exaclement celle du
Romancero. 11 semble que daos toute celte histoire, assez ignoble et dont la gloire du Cid elle-meme sort un peu ternie, il
y ait peu de place pour des confidences d'amour. L'auteur
fran~ais, séduit par l'exemple de son prédécesseu·r, n'a cependant pas su éviter une aussi invraiseniblable se/me; il invente
lout un dialogue ou les dem: sc:eurs, filies du Cid, découvrenl
les secrets de leur alcóve:
" Diegue est jaloux, di\ !'une, et ne m'aime pas. Si je me
leve la premiere, c'esl par empressement pour un homme; si
Bibl. des Romans, p. S.
Ed. Baudry. Romancero, p. 54. - Bibl. dts Romans, 1¡84, l. c., p. 1 J+u.
3. Ed. Baudry. Romaflcero, l. c., p . 54-55. - Bibl. des Roman,, l. e 1 p. 12,
1.

2.

�BLLLETIN I:USf'A:SIQUE

HERDER ET LE CID

la derniere, c'est pour rever d'un autre que je demeure au lit.
Je lui déplafs par ma gallé, je lui déplais par ma tristesse ... "
Et l'aulre : "El vire, ma sreur, je suis plus malheureuse que
vous. Fernand me parle a toule heure de son amour et je ne
puis ni l'entendre, ni le croirc ... 11 brule, il meurl pour moi,
etje ne puis l'entendre, ni le croire ... 11 me dit partoul qu'il
m'aime. Ilmele dit lejolll'; lanuit, il me le répete ... et moije
ne puis l'enlendre, ni le croire ,'. ))
La page la plus inléressante de cet exlrait est une peinture
du caractere du Cid: " Le Cid ful le meilleur de lous les hommes et le plus déterminé de tous les guerriers, le plus inflexible ennemi . des traltres et le plus prudent Conseil de ses
Rois. » Mais la légende du Cid contient des invraisemblances:
la victoire qu'il remporle apres sa mort; - des taches: son
emprunt a des usuriersjuifs; - des faiblesses: sa mansuétudc
a l'égard des infants de Carrión ; - des exagéralions : son
arrogance devant ses rois. N'imporle: « Si tout ce qu'on dit
du Cid n'étail pas vrai, il faudrail penser qu'il esl bon de le
croire a la lettr,e. Il y a des mensongcs qui sonl bien meilleurs que la vérité, et si c'est un mensonge que les si€lcles
d'honneur et de franchise, il est á peu pres honnele d'clre
la dupe de ces mcnsonges-13. :J. »
Malhelll'euscmenl, la traduclion est mal écrite, d'un style
amphigourique et fumeux. Elle n'esl pas dans le ton du Cid de
1783, ni, en général, dans le ton de la Bibliolheque des Romans.
Elle n'a qu'un mérite: c'est de donner une idée approcbante
d'un épisode grave de la vie du Cid el de compléter l'ceuvre
commencée l'année précédente.
ll est regrettable que ce Cid franc;,ais, tel qu'il est, avec ses
!acunes et ses défauts, n'ail pas été édité en volume, il aurait
sans doute exercé une aclion plus durable. Mais la Bibliothequedes Romans eut un nombre considérable d'abonnés, en France
el hors de France, el un succes considérable. Elle ful suivie,
en Allemagne surtoul, avec le plus vif inléret. \Vieland,
Nicolal, les revues et recueils s'en inspirCrent copieusement.

Grace a elles le Cid, sous son habit a la mode, fil le tour de
l"Europe. Sans doule, ce Cid franc;,ais n'est pas loul a fait
áuthentique, mais le Cid du Romancero ne l'était guere plus.
Son mérite esl d'avofr rajeuni la gloire et la figure du héros.
Tandis que l'Espagne oubliait son passé, c'est la France qui
révcilla sa lradition héro1que. C'est la France qui fil du Cid un
type d'humanité vivante et superbe, qui allait inspirer la fan•
taisie des poeles et l'admiration des a u tres peuples '.

, . Bibl. desRomans, 1784, l. c., p. 16-17.
2. Bibl. des Romans, l. c., p. 3o.

1 97

..

. III. Le Cid allemand.

•

L'adaptalion franc;,aise du Cid ne pouvait passer inapervne.
Le Neuer Teulscher Merkw· de Wieland publia, en février 1792
(p. 199-215), le début de cette traduction, les neuf premiers
romances, sous le til,·e : Rornantische Geschichle des Cid. La
traduction allemande, assez fidele, en prose, est signée S.
(peut-etre SeckendorffJ.
L'auteur ajoulail, dans son avant-propos : « Il esl incontestable que les vieux romances ou vieillcs canlilenes héro"icopopulaires des Castillans formen! la plus belle el la plus
intéressante partie cle.leur lillérallll'e ... il serail fort a désirer
qu'un poele, pénétré de !"esprit des Ch,anls popuiaires de
Herder , nous donnal une lraduclion de tous .les romances
' qui
ont pour sujet le Cid et sa Chimene, traduction dans laquelle
¡¡ s"efforcerait de garder le plus possible de la sublime simplicité, de !'ingéniense éncrgie, de la ravissante na1veté, de la
délicatesse et del 'émotion de !'original.» Tous éloges a l'adresse
du Cid de notre Bibliothi!que des Romans.
1 , Le Cid de la Bibliotheque des Romans, ne disparaiL pas tout enLier dans la poussiere du temps et de l'oubli. Creuzéde Lesser, qui le décou-vré--a son tour etl'imile i.
son tour abondammenl, en fait, dCs 1814, un dithyrambique éloge. &lt;e Peu de livres
m'ont fait une aussi vive impression. Elle le ful d'aulant plus que je m'y attendais
moins. J'étais comme un homme qui, en cherchant un coquillage, vient de découvrir un trésor ... &gt;&gt; (le Ci.d, , .. édition, 1814. = 3• édition, 1836. Préface p. -vu.)
M. H. Tronchan a, dao1 une excellenle élude parue daos la Revue littéraire deBranr:e,
J91 :J (p. 489-533 et 855-883), et dans un chapilre de son précieux ouvrage sur la
fortune intellectuel/c de IIerder enFrance. (These, Rieder, Paris, J920, p. 291 sq),
confronté avec beaucoup de soin le_ texte de Creuzé de Lesser et celui de Herder et
éta.bli que C. de Lesser ne s'est pas inspiré direclemeot du poOme allemand (sauf en

quelques détails secondaires). Ce qui semble d'inspiration herdérienne Yient de
Sismoodi.

�198

JJERDF.R ET LE

8ULLET1N UISPANJQUE

L'invite ful entendue : c'est Herder lui-meme qui se mil
a l'reuvre. 11 chercha des lextes . 11 emprunta des livres
d'espagnol a Einsiedel. Ayanl découverl un exemplaire du
Cancwnero de Roma,ices (Bibliothequede Weimar, édilion 1568,
Anvers), il en recopia 38 romances, dont 10 romances du Cid .
Heyne lni procura le Sepúlveda, des 1793. Herder recut d'autres
romances de Madame de Berg. Il lrouva d'autres ouvrages
espagnols a la Bibliotheque de Dresde. En 1797, il demandait
a Knebel de lui rechercher a Nuremberg et Ansbach des
romances espagnols relatifs au .Cid. 11 ne pul rassembler les
texles nécessaires. Les romances qu'il eut a sa disposilion
étaienl verbeux et confus . Il eul voulu le texle d'Escobar dont il
pensail que le Cid de la Bibliotheque des Romans étail une reproduclion a peu pres fidele. Mais· Escobar resta inlrouvable.
He,·der se résigna, et loules confrontalions faites, préféra s'en
ten ir au Cid francais,.
Il se mil au lravail pendant l'hivcr 1802-1803 '· ll avait déja
presque terminé le 12 juillet 1803 . Un mois plus tard, il
mettait le point final, et achevail une copie de sa traduction .
Ce meme été, il recut d'un correspondan! la Crónica et le
Poema del Cid, trop tard pour en tirer parti .
Le début du Cid (romances 1 a 13) parul dans l'Adrastea
(V. 1, de mai 1803), sous le litre : Der (;id . Geschichle des
Don Ruy Diaz, Grajen von Hiuar, nach spanischea Romanzen.
Herder mil en !rain la publicalion des huit romances
suivants dans l'Adro:stea (V. 2, 1804), mais il mourut le
18 déeembre 1803, avant cette publicalion . Le reste parut en
volurne a pres sa morl, en 1805, avec une préface historique sur le
Cid, qui fil date et qui esl du célebre historien J. von Müller 3,
,. cr. B. Suphan, /-lerders sümtl. IVerke t. 28 1 édité par Uedlich, Berl. 1886. R. Haym, Herder nach uinem ·úben und seirun J.Verken, t. II. Bcrl 1885. - E. Naumano, Der Cid, Geschichte des Don Ruy Dias, Grofen van Bivar, von J.-G. Herder,
Sluttg. 1894.
2. A la mémc époque, Je Cid de Corneille retrouva en Allcmagne des sympalhies.
Schilledui-m8maeut un momentl'intenLion de le traduire. Sophie Mereau, conseillée
par Schiller, en acheva une traduclion qui ne fot pas publiée (Preus:ische Jahrbü,her,
1920, avril . Art. de H. Ameluog, p. 119 sq.). -_Bormann, Der Cid im Drama,Zeit. für
vgJ. Lilg. N. F. VI, 1803.
3. Collection Z. schiin. Lit. und Kunst, t. lll. L'iotroduclion de Müller esL datée
du 3juillet 1805. Rééditiqns en 1832 1 1837, etc. Edition illustrée en 1838 (dcssins de
E. Neureulher~. 1844 1 ele.

cm

1

99

Nach spanischen Romanzen. On y crul. On y a cru longlernps.
La parole de Herder et Jean de Müller pouvait-elle etre
révoquée en doule? EL pourtant, il a bien fallu se rendre
a l'évidence. C'est une reuvre franraise que Herder a traduite,
l'reuvre du probable Couchut.
Herder traduit exaelement le texte francais, rnot pour mol.
Il est vrai qu'il traduil en vers, et dans une forme qui a une
paren té notable avec le rythme dn romance espagnol. C'esl
une traduction de génie, mais c'est une traduction.
Dans !'ensemble, Herder suit, pasa pas, son auteur. 11 garde
le dispositi f général du poeme, la division en trois grandes
périodes - auxquelles il ajoute un quatrieme épisode. Il
garde, sans rnéfiance aucune, les romances ammueux, qui
sont une invenlion du Frani;ais. Les romances sont numérotés
de r a 70. 56 de ces romances sont de source fran~aise. Les
romances apocryphes de l'auteur fran~ais portent les n" II,
12, 13, 111 , 27 et !1o, qui n'onl ríen d'approchant dans les
divers recueils espagnols.
Le récit est exactemenl celui de l'auteur francais, les aventures sont les memes, les détails de la narralion et de la
description sont, en général, une exacte tranecriptíon du
modele fran~ais. Qu'on en juge, des le débul :
Traucrndlief sass Don Diego,
Wohl war keiner je s0 traurig ¡
Gramvoll dacht'er Tag' und ~iichle

Nur an seines 1-Iauses Schmach,
An die Schmach des edlen al'len
Tapfern Hauses der von Lainez 1

Jamais homme ne. fut plus triste
que rétoit Don DiCgue; jour et nuil
il ne faisoit que penser ala hontc de
sa maison. La maison de Laignez
étoit riche, noble, antique, passant
celles des Ignigos et des Abarca 1 •

Das die lnigos an Ruhme 1
Die A.barcos übertraf,
1. IIerder, Der Cid, Rom. 1, vcrs 1 O. 8. Bibl. des Romans, juillet 1 783, t. U, p. 36.
Voici 3. titre de comparaison le tede espagnol et La traductioo de Damas Hinard:
Cuidando Diego Lainez
En la mengua de su casa,
Fidalga, rica y antigua
Antes que liiigo Abarca.

(éd. fran.;aise, El romancero del Cid (Collección de loR mejores autores cspa11oles,
Dramard-Baudry 1 préface de Ochoa, 1870. Rom. 11, p. 1.)
&lt;1 Diegue Laynez pensait tristement 3. l'outrage qu'a re¡,u sa maison, noble, ricbe
et ancienne avant Iiíigo et Abarca ... (Damas Hinard, Romancuo espagnol. Paris,
Cbarpeniier, 1844, t. 1, p. 9).

�wo

HERDER ET LE CID

BULLETI:"i HISPANIQUE

Et plus loin
Nie erscholl ein Ruhm gerechter,
Grószer nie, als Don Rodrigos.
Denn fünf Kónige der Mauren,
Mauren aus der Moreria
,varen ihm Gefangcne .
Und nachdcm er mit Vercidung

In Vasallenpflichl und Zinspílichl

Jamais renommée ne fuL pareille
;\ celle qui couroit de Don Rodrigue
de Bivar, le vainqueur de cinq rois
Ma11res, vrais Maures de la Morisenaille, qu'il venoit de renvoyer dans
lcur Pays, apres avoir pris leur
serment de Vassaux et de Tribulaires 1 •

Sie genommen, sandl' cr a1Le
Wieder in ihi Land .zurück.

Les trois premieres parties sont une version dans !'ensemble
presque liltérale de l'adaptation fran~aise. Quelques variantes,
a l'honneur de Herder. Les slrophes, si plales, de Rodrigue
a Chimene :·
Ob ! qu'C'llc est belle ma Chim6ne

sont abandonnées. Herder supprime aussi les dhisions intérieures (suppression du litre secondaire: « Les quatre Romances
fameuses appelées Zamoranes »). On a découvert quelques
détails empruntés directement a la source espagnole ,, en petit
nombre._Ge ne sont que des détails. Le dispositif général, les
gestes et gens sont empruntés au fra119ais.
La qualrieme partiese compose de quelques romances provenant de !'original fran~ais (n" 4g, 5o, 62 3, 63, 67) et de
romances; au nombre de r 4, puisés directeqient dans le recueil
de Sepúlveda, et qui traitent de la bataille posthume du Cid

el de !'aventure des infants de Carrión. Le litre en est :
Geschichte Cids auj seinem Feldzuge in Valencia'· Herder
connaissait-il la traduction franraise de 1784? Il ne semble
pas. Sa traduction a lui n'a rien a faire, en tout cas, avec le
texte fran~ais de '784. C'est une adaptation directe, tres libre
et beaucoup plus heureuse du romancero espagnol.
Herder, vieilli, est las et désabusé. Sa combativiié s'est
apaisée. La fin du Cid lui parul un tablean assez fidel_e de sa
vie propre. L'histoire des infants de Carrión est pénible.
Le Cid y apparalt diminué, ohligé de quémander, de chatier
des indignes. Herder n'amoindrira certes pas son héros. Son
Cid parle encare en seigneur, les infants son! punis et dés~onorés . Cependant, é'est bien le vieux Cid qu'il nous décrit,
atteint par l'age et le malheur.
Abcr Lhr seyd all geworden,

Guter Cid ... ,

lui dit le roi. Et Rodrigue:
- So viel Sorg' und Kriegsarbeit
Macht schon alt: kaum hatl'ich Rub,
Kaun'l Erholung eillen Tag.

ti porte le deuil et devient tacilurne:
Und war stiller als rnrher.

Mais il n'en garde pas moins jusqu·a sa dernicre heure sa
généreuse bravoure el le souci de ses devoirs. Meme apres sa
mort, le Cid fut bienfaisant:

, . Herders Cid. Rom. 10, vers I a 18. A noter que Herder rélahtil a \'espagnole,
1ulant qu'il le pcul, les noms propres. - Bibl. des Romans, l. c ., p. 53-54.

:Ein WohltiHer für die Armen,
Ein Beschülzcr den Verlasznen
Ward der Cid auch in dcr Grun.

Texte espagnol de Sepúlveda:
De Rodrigo de Vivar
Muy grande fama corría,
Cinco reyes ha ven_cido, ·.

Moros de la morería.
Soltó los de la prision
Do metidos los tenía,
Que da.ron por sus vasallos

Sus parias le promelian.
1

Rom;;incero, Ed. Baudry, p. 6.,

~. VOgclin : Herders Cid, Heilbronn, i879, p. v1u, en cite quelques-uns
~,- 15, v. 77 tiefbe3Chii.mt (francais : aoec un pea de rougeur; espagnol : tolo ~urbado);
R. 22, v. 92, spruche1l Amen (fr. : Maudil qui; esp.: responden Amen), etc. ll y en
a d'autres.
'
3. La derniCre strophe de ce romance est cmprunlt.:e direclement ilu Cid de
_ Sepúlveda.

301

Ainsi llnit le poeme. Et c'est pour nous montrer ce Cid, qui
lui ressemble, que Herder mourant ajouta cette quatrieme
partie.
A part cette fin, a part quelques nuances légeres, son Cid
est une fidele reproduction du Cid franrais. Herder insiste sur
la générosité et l'humanité de son héros (R. 52, vers 8-12), sur
la simplicité de ses mreurs et de sa maison (R. 62, vers 53-54¡,
1.

S. W. (lid. 18:17), 5• partie, p. 170: Der Cid zu \'alencia und im Tode.

�BU!.LETI'.'i lllSPANlQUE

llERD.ER ET LE ClO

avec plus de nelteté que !'original frarn;ais. En somme, la
figure était définitivement fixée dans Je roman de notre
xvm• siecle. Les autres personnages ont sensiblement gardé la
physionomie que leur avait donnée notre romancier. Ce n'est
pas une transformation profonde et générale que Herder a fait
subir a son modele.
Par cóntre, nous relevons de nombreuses modifications de
détail. lnfidéli'tés involontaires d'abord, je veux dire conlrescns pur et simple. 11 y en a de tres caractérisés:

gaucheries de style indiscutables. Les confidences amoureuses
sont écrites dans le jargon sentimental et faux de l'époque.
Herder s'applique a supprimer tous vains jeux d'esprit, a
dégager la vérité humaine et générale. Le ton est plus ".iril et
plus noble.
Herder évite les appellaLions trop vagues de son modele; il
aime le nom propre; il en abuse meme dans quelques romances de la derniere partie ou les noms propres encombrent véritablement le discours. Mais ce n'est que l'envers d'uné qualité.
Herder vise a la précision et a la vigueur, et obLient généralement des effets dont ·r auleur fran~ais ne fut pas capable.
Par contre, il sacrifie fréquemment, parfois sans s'en douler,
des nuances et des finesses. L'esprit du lexte fran~ais, dialogue
de Rodrigue et de Chimene, de Fernand et de Rodrioue
•
e
'
reproches de l'infante, devient chez Herder plus gros et plus
gauche. II force les antitheses, accentue les allusions, précise
et appuie, appuie parfois lrop lourdement. Le style de conversation de !'original, rapide et ·aisé, devienL a l'occasion filandreux. Que l'on compare :

:20:2

Fráulein, einen Mano von Ehre
Leider hab'ich Euch getótel.
Wie Basen.
Leimrut'
Mit Wolfrachen auf den Schilden
Dann veriindcrl ihren Pulz sie
A.Is ob er durch ih re Iliinde
Schóner wurde

J'ai lué votre pere, ~la-dame, jei'ai
tué en homme d'hpnneur 1 •
Comme deux lévriers 2 •
Sur une arbalele de bois 3.
avec leurs écus orlés de gueule ~.
Elle dérange leur parure et croil
qu'elles auroicnl été parées ayee plus
de graces el plus d'amour par ses
mains 5.

La rapidité a vec laquelle Herder du t traduire explique,
excuse assez ces taches, du rc,;te légercs.
D'aulres chang-ements sont voulus et de parti pris. Le Fran{:ais, fils de son siecle, manque as-sez volo_nlier~ de respecta la
religion. Herder, croyant convaincu, qui voyait daos l'épopée
une intime collaboration du divin et de l'humain, conserve
rigoureusement tous les éléments merveilleux et religieux de
la légende .
Les notations réalistes, du réalisrne enjolivé de Greuze et de
Chardin, ne ROnt pas rares dans le Cid de 1783; la noce du
Cid a l'allure el le ton d'une noce de paysans cossus, oii ne
, manquent meme pas les chansons gaillardes. Les héros de
Herder sont plus graves, plus dignes, plus compassés.
IL y a chez le Fran~ais bien des lourdeurs, des préciosités
jnutiles, une accumulation facheuse de termes abstraits, des
r. Herder, R. , 5, rers 78. Bibl. des Romans, l. c., p. 69.
Herder, R. 3o, .ers 10. Bibl. des Romans, l. c., p. 101.
Herder, R. 38, vers 4-5. Bibl. des Romans, l. c., p. 123.

,.
3.
.\.
5.

Herder, R. 39, rnrs 41. Bibl. des Romans, l. c., p. 125.
Herder, R. ~o, rers 38-~o. Btbl. des Roinans, l. c., p. uG.

Eine Billc noch, o Kónig,
\'or clem Ende des Gespriichcs :
Zur \'crmahlung mit Ximencn,
\Yaise jetzt des Grafcn Gormaz
Bilte aus kóniglicher Gnade
!ch mir die Bewilligung.

Et parlant, Sire, je vous prie, si
c·esl votrc plaisir royal, de me faire
épouscr la Chimene, orphelinc du
comte de Gorrnaz 1 !

La quatrieme partie, d'une origine difl'érente, ofTre un caractere différent. Son original espagnol, Sepúlveda, est bavard et
lorlueux. Herder pouvait se permeltre a son éga1·d plus d'indépendance. ll ne s'en fit pas faute. II abrégea de parli pris. I1
écourta !'aventure du lion, il supprirna la guerre conlre le
More Boucar et la sccne de h.\ cheté. L'épreuve du lion suffit
aux Carrión de Herder ; leur vilenie est moins complaisamment établie, mais leur indignité n'en est pas moins coupable. De meme la vengeance du Cid est plus rapide. Les
grandes assises ro~·ales, de couleur bien féodale, sont chez
Herder réduites au simple duel; tandis que chez l'Espa-

•
•. Herder,

n.

13, ,·ers OJ-G¡. Bibl. de$ Romam, l. c., p. ú2 .

�:w4

HERDER ET LE CID

BULLETI~ HISPA~IQUE

gnol, nos infants s'y comporlent avec une bravoure qúi
nous déconcerte un peu, ils manifesLent dans l'ouvrage allemand la plus parfaite pusillanimilé, qai est leur plus vrai
chatiment. Tout cela est évidemment plus drama tique. Tqut y
est action . Le Cid lu\-meme esl au centre de l'action. Point de
réflexions morales a la francaise, cornme au débuL de l'reuvre,
qui retardent, mais un récil sobre et rapide, un récil de résumé.
On sent un peu la hute de l'auteur. J'y trouve pour rna part
une certaine sécheresse, et quelque chose de factice, mais une
belle vigueur épique_ 11 peuL paraitre regrellable, a ce point de
vue, que Herqer n'aiL pu travailler, d'un bout al'autre, d'apres
!'original espagnoL Mais d'au,tre part, combien son Cid n'eul-il
pas perdu, en ampleur el en digniLé humaine, si llerder avail
été privé.de l'adaplalion francaise !
Pourquoi Herder se passionna-t-il póur celte reuvre et pour
ce héros? On en a donné bien des raisons, qui sont toules des
raisons extérieures: amour de Herder pour les poésies primitives, couleur es})agnole du poE!me, romantismc d~s aventures et
des caracteres, chevalerie et chrislianisme, que sais-je encore?
ll est cerlain que Herder trouva dans ce poi\me la confirmation
desesidées littéraires_ Mais il est non moins cerlain que ce Cid
épique avait quelque chosede la nalure meme de Herder, etc'esl le motif essentiel de son gout pour le héros lointain. Protagonisle du Stunn und Drang, il avail dans ses jeunes années revé
d'un type idéal d'humanité supérieure, d'une figure de surhomme sublime par la volonlé et la bonlé du cceur, d'un
grand individu au service d'une belle cause. Un aulrc Slürmcr
und Dranger, Klinger, avait osé metlre le Cid, le Cid de Mariana, sur la sdme, sous le nom de Simsone Grisaldo (1776).
Grethe concut, des la meme époc¡ue, son Fausl, qui est une
aulre personnification d'un idéal paren t. Le Cid, parliculierement le Cid du roman francais, parut au vieux Herder représenler de la facon la plus parfaile l'incarnalion vivan le de ce
reve de force et de verlu, qui avail été le sien loul au long de sa
·vie. Dieu, le roi, la patrie, la famille, tous les devoirs qui rem•
plissent la vie du grand Caslillan el qui étaienL, aux yem:
du philosophe allemand, les lois mcmes de la n,alure humaine.

La mort ne lui laissa pas le temps de dire sa pensée tout entiere.
11 appelle le Cid: « l'épopée de romances la plus sublime qui
existe))' « le premier sujet épique n •~ &lt;1 L'histoire du Cid, dans
les Romances, esl aussi riche en scenes frappantes, en grands
sentiments et en nobles le~ons que - oserai-je le dire? Homere lui-meme. &gt; Herder fut, comme le Cid, un combattant de l'Idée, un champion de l'humanité. Humanus¡'¡ppelle
Grethe . Humanus, te! Herder, eul volontiers nommé son Cid.
Le héros du Romancel'O esf,agnol était trop barbare . C'es( le
Cid franrais qui réalisait supérieuremen t cet idéal de perfection
combative. En somme, exceplion faite de quelques trouvailles
heureuses, la conception générale do Cid, action et caracteres,
_est empruntée. C'est avanl tout une reuvre puissante de l'imaginalion épique de l'Espagne. C'est, de plus, la créalion de
l'intelligence psychologique, de la pensée philosophique et du
goul littéraire de notre xvm• siecle fran~ais. L'allemand
Herder n'a eu qu'a mettre au point. 11 a eu surtout a « Lrouver n
la forme épique moderne qui convenait a celle matiere.
Et c'est surtout la forme qu'on a vanlée dans son poeme. On
découvre sans peine des imperfeclions dans sa métrique et
dans sa langoo. Mais dans l'ensem]:,le, la forme du Cid de
Herder est d'une noblesse et d'une simplicité classiques.
La métrique est irréguliere . Herder adopte en principe,
comme dans ses Volkslieder, le vers trocha,que de romance •
espagnol, le ver~ a quatre pieds. Nous trouvons cependant
quelques variantes : vers lrochaique de cinq pieds (romances
28, 5 1, 63); vers trocha,que de deux pieds, mélangés á des
,·ers de quatre pieds (romance 23); vers iambiques (romance 1 4);
rythmes variés (romance 7)Herder se moquait des elforts de ses contemporains, des
ro man tiques en parliculier, pour acclimater l'assonance dans
la poésie· allemande. 11 se garde, pour sa part, d'y recoin·ir.
Les quelques assonances qu'on peut relever dans son Cid son t
le fait du hasard. La terminaiso_n du vers est de préférence
féminine; mais a la fin des strophes, á la fin des phrases, el,
J•

.'i"ole faisant suite 3. la Lraduclion du Cid daus l'Adrastea, fase, X.).
Bull. hispan.

�106

en général,

BEllDER ET LE GlD

BULLETI'l'( IUSPA..!IIQUE

a toutch~ngement de sens, la terminaison devienl

ma"sculine.
Pour traduire les quelqucs picces de vers dont s'émaille le
modele fran9ais, Herder se serl de la rime. Le petit poemc
An Donna Ximena (romance 7), contient huit "e.rs rimés a a,
h b, ce, d d. Le romance 1/1 est plus compliqué, aa, bcc b,
aabbdb e ea d f fe ff e' ggc' hhi - i aa, curieu:t entreme·
lement de rimes et de rythmes. 11 y a aussi quelques rimes,
9a et la, au rnmance o3·(refrain de "Chimene).
·, La distribution des strophes est disparate. Au début,
Herder essaya visiblcment de rester fidcle a la slrophe
authentique du romance, redondilla de quatre vers. Les
quatre prelniers romances sont toul enliers en slrophés de ce
type. Puis (romances 5 a 11), s'introduisent les strophes
de cinq, de six, de sepl, de huit, de neuf, de dix vers. Puis
la slrophe de quatre ,;ers devient l'exception. La strophe
réguliere fait place a la phrase poétique. Chose curieuse, les
strophes de quatre .vers disparaissent, a peu pres completement, dans les romances de la fin, empruntés directemenl
au modele espagnol.
La langue dn Cid est d;une belle venue, large, aisée, riche,
animée. Le poete recherche les tons archa1ques et populair es
C'est le style des Volkslieder, avec plus de maturité. Herder a
pratiqué les poetcs épiques et s'inspire de leur le9on. 11 s'en
inspire peut-elre un peu trop. 11 use de procédés, tantót
l'interro..,ation tantot l'exclamation, ou la répétition oratoire,
o
'
ou l'interruption et la réticence. 'Ces procédés so11t visibles el
parfois artificiels. Herder n'est pas un grand génie poétique.
On ne saurail, co,mme l'onl fait maladroilement quelques
critiques allemands, le comparer a Grethe, ni meme a d'aut-rcs
poeles de moindre envergure. Mais il connalt admirablemenl
et sa langue el les ressources de l'art. Et l'on s'explique que
son Cid soit apparu commc un poeme presque odginal, comme
l'reuvre presque spontanée, librement adaplée, d'une inspiration proprement allemande.
Les µroches de Herder ne se faisaient aucune illusion.
Wieland el la veuve du philosophe-poele savaient la source de

•

:l07

l'muvre posthnme •. Mais le s·e cret fnt bien gardé. C'élail
nécessaíre pour le succes du liv_re. Et l'on fil au Cid de Herder
un beau succes. La mode étail a l'Espagne, au Moyen-Age, aux
chants populaires. Les romantiques, qui n'élaienl pourtanl pas
les amis du poete, applaudirent, avec quelques réservcs :
" Herder attife bien son Cid de lemps a autre du mantean et·
de la collerette ... , la plus jolie romance est celle ou il s'habil le
pour la nace, puis celle des caisses qu'il envoie pleines de
sable, enfin celle ou, tout mort qu'il est, · il marche contre les
Sarrasins ... Les Espagnols onl un rare talen\ pour reproduirc
loules chuses avec _leur parfnm particulier'.,, Et le coryphée
de l'école, Frédéric Schlegel : " Les romances traduites par
Herder sonl beaucoup plus anciennes que le poeme, mais le
caraclere de la vieille poésie y esl conservé fidelement, et elles
ont dans la tangue de !'original une grace parliculiere et un
naturel qui e.;t un peu moins sensible dans l'!. traduclion
quelque peu négligée 3. »
Simonde de Sismondi, qui subit profondément l'influence
de Guillaume Schlegel et de M"' de Stael, est plus calégorique encare : " Un poete philosophe allemand, Herder, les
a recueillies, iI y a peu d'années, et les a rangées de maniere
a ce qu'elles formen\ une biographie complete du héros el il
les a traduites en vers de meme . mesure, avec cette exactitud e
scrupuleuse que les Allemands apporten t dans Ieurs traduc-·
tions ... (el, en note): Aussi Ja lraduction de Herder, qui
a connu tous les originaux, qui a choisi avec critique et ame
goul les meilleurs, ceux qui se rapportent le mieux a l'ensemble, est-elle supérieure a tous les recueils espagnols 4. n
0n a trnuvé bien d'autres mérites a l'reuvre de Herder:
conscience, indh·idualité du poete, génie épique, philosophie
1. Lettrc duo mars 1905 a. Caroline von Herder. (Voir llcdlich 1 dani, édition
Suphan, t. XXVII, p. 565.)
:1. Achim vou A.roim, a Bren\ano, 1806, Citó par A. 1''arinelli. Revue hisp., 1898,
p. 200 1 note.
.
3. Gfschichte der alten und neuen Litleratur, Wien, 1815, l, p. 301 (couférenccs
faiteseo 1812). - P. Monti (Romancero del Cid, Milano, 1838), repread les réserves
de Fréd. Schlegel (p. 20).
4, De la Litlérature da ,lfidi de l'Europe, t. lll, P¡¡ris, J813, p. 168-169. Cependaal.
la 2• éd.Hion {1819, t, III, p. 171 n.), porte la Lrace de la désillusioa qu'éprouva
Sismondi en confrontantde plus prEls le telle allem¡¡mJ.el le lexte espagnol.

�BULLETl'."i HlSPA'."i:IQUE

HERDER ET LE CID

de J'humanilé, bonhomie allemande: « Eine Nachdichlung,
im h6heren Sinne, dit Haym, qui connall pourtant le fin mol,
mchr Dichlung als Nachdich\ung waren nun aher die Cidro-

avons la certitud~ a fait-son travail. "
La preuve de celle affirmalion fut faite encore en France.
En 1 866, Sainl-Albin éludie la queslion de plus pres el arrive
aux mCmes conclusions, plus catégoriques encore 3•

« Ses romances (de Herder) sonl la lraduclion, souvenl
presque lillérale, d'une imilation fran9aise des romances
espagnols puhliés en 1783." A litre d'exemple et de piece a
conviclion, Sainl-Alhin donne, face a face, une traduclion
d'un romance de Herder et une traduclion de romance espagnol. 11 se refuse, en conséquence, a vanter a son tour l'exaclitude scrupuleuse el le colorís germanique el la fidélilé
hislorique du « grand pbilosophe el poele allemand ".
La critique allemande ful plus lente a se mellre en branle.
En 1806, une voix ti mide avait bien émis une douce réserve:
• Le Cid, disail Merkel dans Der Freimütige (nº 22), apparlienl
aux Allemands. " D'aufres s'inquielent, sans apporler de
solution. En 1856, W.-B. M6nnich étudie parallelemenl le
Cid el les originaux espagnols ' .
En 1860, le célebre commentaleur H. Dünlzer, analysanl le
Ci.d de Herder avec sa précision habiluelle, y constate des
défauls graves dont il n'arrive pas a découvrir l'explicalion.
Peu apres, R. Kohler, slimulé par le livre de Sainl-Alhin,
étudie, dans une dissertation succincte, mais concluante, les
deux Cid, le Cid fran9ais el le Cid allemand, et établil péremploiremenl, mome aux yeux des plus aveugles, que le Cid de
Herder esl en effet, dans !'ensemble, une lraduction de
l'oouvre fran~aise :i.
L'affirmalion de Damas-Hinard n'avail guere fail de hruil.
L'argumenlalion de Kohler troubla la crilique. Herder, palron
de nombreuses doctrines, critique, philosophe éminenl el
¡JOete de renom, régentail encore la recherche érudite. C'était
une profanation que de toucher a sa mémoire. Cependan l, le
doute n'était pas permis. A pres la premiere surprise, le monde
savant accepla le fail et s'effor\'a de l'expliquer, sans -lrop fairc
tort au poete allemand.
A.-S . V6gelin puhlia conjointement une lraduclion allemande, le lexte espagnol du Cid (d'apres le lexte de Kellrr;

R. Haym, Jlerder nacl, seinem Leben und seinen !Verken~ Berl., 1885, t. II, p. 819.
Romancero General oa Reeaeit des Chants p~pulaires de l Espagne, trad. complete,
_
2 k&gt;mes Paris, Delahaye, 1844, p. LXVII, sq.
3. E:nmanuel de Sainl•Albin, La légendedu Cid, comprenant le Pollme_du ~id,_l':s
Chroniques et les Romances. Préface d'Alex. de Saint-Alb_in,_ :i t?mes, Par1s, L1bra1ne
lnternationa!e 1 1 866, t. JI~ p. g-1 :i. Note a :gropos de deux 1m1tabons des Romances.

1. Herders Cid und die spanischer,, Roman;;en, Prorg. Tübingen, 185~.
2. lleinh, KOh\er, lferders Cid und seíne franziJsi.sche Quetk (Leipz., 1867), utilisa le
hrouillon de Herder. Conclusions reprises dans G. Schmidl : Du Cid nach tpa11.
Romanzcn, Leipz . , r868. (Notes de K. Michaelis, p. 127 sq.) Sur R. Kóhler, voir füt·u,·
critique, 18ü7, t. I, art. 44.

208

manzen 1 • )&gt;
1'/otre Villemain meme, dans son Tableau de la lilléralure au
Moye1'-Age, s'y laisse prendre sans défiance : « L'écrivain
étranger qui, par ses éloges et ses lraduclions, a jeté le plus
d'éclal sur ces romances, ¡Herder, an a délruÍI loul a fait la
simplicité par son faux coloris germanique. •
C'esl J'éloge qui l'emporta. Le Cid de Herderapparut comme
un chef-d'reuvre presqne original dans sa fidélilé, - monnmenl unique de la ·pensée el de l'art allema'_;ld, hy'."ne
o-,andiose du culle passionné que l' Allemagne romanltque
"vouait désormais a l'Espagne du passé .
. C:esl un Fran 9ais, Damas-Hinard, qui, en 1844, découHil
la supercherie . Dans la préface de sa lraduclion', il s'inscril en
faux conlre les apprécialions de Sismondi. « Cette lraduclion
(de la Bib/iolheque des Romans) esl spiriluelle, vive, élégante,
el révele une plume habite. Malheureusement, l'écrivain
_anonyme de la Bibliotheque des Romans ne possédail pas a un
degré suffisant la connaissance et le sentimenl du Moyen-Age
espagnol. A la suite de l'imilalion fran9aise, d'autres imilations des Romances du Cid onl élé publiées en Allemagne, en
Jlalie el en Anglelerre. La premiere en date et la plus célebre
est celle du fameux Herder ... Herder a donné plusieurs romances, telles que le.s Romances 3, u, 12, 13 et 14 de son recueil,
dont les originaux espagnols n'existent pas. Ces romances le dirons-nous? - sont tout simplemenl imitées de l'imitalion
de la Bibliotheque des Romans, d'apres laquelle Herder, nous en_

1

2

•

•

•

�BULLETlN HlSPANiQUE

pour les n°• 65 et 70, texte de Duran; pour le n• 70, texte de
F. Meige), le lexte franvais, le lexte de Herder•. 11 conclut,
comme Ki:ihler, mais il se garde de condamner, "Le poete
allemand a, dans sa traduction, ramené en quelque scil'le la
source fran9aise a !'esprit de !'original, le maniéré redevient
s implicité, l'affectation redevient naturel. .. On peul meme dire
que H;rder a, dans ces conditions, créé un plus beau chefd'ceuvre que s'il avait suivi le .texte primitif espagnol '. n Les
travaux ultérieurs n'ont pu que confirmer la these de Ki:ihler.
Aujourd'hui, la cause est entendue. Les Allemands consider,-nt leur Cid comme un chef-d'ceuvre classique. C'est Jeur
droit. La France a le droil a son tour de réclamer sa part.
La France a le droit de parler de son Romancero et de son Cid,
doublement sien. C'est notre xvm• -siecle qui a découvert et
'
rcssuscité l'épopée populaire
d'Espagne. C'e$l a un érudit
anonyme, et peut-etre a jamais inconnu de notre XVI11 siecte
franvais que revient la gloire d'avoiL- fait du preux espagnol
un héros éternellement humain.
J.-J.-A, BERTRAND.

CATALOGUE
DES MANUSCRITS DE M. MOREL-FATIO
(Suite'.)

94. Alfonso Martinez de Toledo. El Corvacho, extraits, d'apres
l'ex.emplaire de la BibliothCque Nationale de Paris, Réserve D 5:u

6

1. Herdus Cid. Dil' franz6&amp;ische unddil spanische Quelle. Heilbrooo, ITenning er, 1879
Cf. critique daos Romania:, VIII, p. 477.
,. L. e-. Préface, p. Y1--v11.

•

•

(Logroiio, 1529;. - Extrails des mss. de l'Escurial_ lll - h - ro. Notes pour l'édilion donnée par D. Cristóbal Pérez Pastor, Arcipreste de
Talavera (Corvacho é reprobacion del amor mundano), por el bachiller
Alfonso Martinez de Toledo, Madrid, 1901 (Bibliófilos españoles).
95. Antaine de Latour. Livres espagnols d'Antoine de Lalour,
Copie. - Catalogue d' autographes composant_ le cabinet de jeu
M. Antoine de Latour, Paris, 1885. - Catalogue de livres composant
la bibliotheque dejeu Af. Antaine de Lalour, París, 1885. - Albert de
La tour, Antoinede Lalour, bibliophile. Préjace du catalogue de sá bibliatheque, Paris, r885. - Catalogue de livres curieux anciens el modernes ...
provenant de la bibliolheque de /eu M. Antaine de Latour, Paris, 1903,
-Théopbile Lanathiere, Panthéon de la légion d'honneur (Antaine
Tenanl de la Tour), Paris, s. d. - Geofl'roy de La,Tour, A la mémoire
deMonsieur Albert Tenant de La Tour, París, 1~ q. -Lettrede M. Albert
lsnard. - Lettre de D. José M' Asensio, - Lettre de M. Eyssenhardt,
directeur de la bibliotheque de IIambourg. ~ Quatorze lettres de
M. Albert de Latour,
96. Marguerite d'York et Perkin Warbeck. Minute et épreuves de
l'article intitulé: Afarguerite d'York et Perkin Warbeck, daos les
Mélanges d'histoire ojJerls a M, Charles Bémont pa,: ses amis et ses
éleves, Paris, 1913, p. 4r 1-416, - Notes sur cet article, - Réplique
de M. James Gairdner. - Extraits de !'Archivo general de Simancas.
97, Alonso Fernández de Avellaneda. Préparation, en trois cabiers,
a l'arlicle : u Le Don Quiclwtte n d' Avellaneda, daos le Bulle/in
hispanique ü'octobre-décembre 1903. - El licenciada Alonso Fernández de Avellaneda; jué Juan Afarti? par J. E. Serrano y Morales, daos
la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, -Madrid, 1904 (dédicace) .
- Lettre de D. J. E. Serrano y Morales. - L'na nueva conjetura sobre
1.

VoirBull. hiip., l. XXIII, p. 1:l.

•

�BULLETl:'i H!SPA...'1JQUE

CATALOGUE DES ,\fANUSCR.ITS DE M. MOJ\EL-FATIO

el aulor del« Quijole "de Avellaneda, parMarcelino Menéndez P~layo,
dans Los lunes de El Imparcial, r5 février 1897 . - Avellanedas ti Don
Quijote i&gt;, sein Verhiillnis zu Cervantes und seine Bearbeitung durch
Lesage, par Martin Wolf, Giessen, 1907. - Juan Millé y Giménez,
Una nueva interpretación acerca de los et articulas » omitidos pnr Auellanedn en su• Quijole" (Buenos Aires, Noviembre de 1919).
98. Luis Hurtado de Toledo. Cours fait au College de France,
1902-1903 . Fac-similé du litre de: TJuys llurtado a la Jllustre, sa/Jia
y graciosa Maria a quien amorosamente estas -cortes son dedicados ...
Lex.ique des Córtes de la muerte. - Carolina Michaelis de Vasconcellos, Versuch über den Rille;roman Palmerin de Inglaterra (extr. de
la Zeilschrift für romanische Philologie, t. VI). - Wilhelm Seelman,
Die Totenlünze des MiUelallers, Norden u. Leipzig, 1893. - Leyes de
Cupido 'dadas por la sabiduría en el Espejo de gentileza. Copie.
99. Diplóme d'Alphonse VIII. Minute et épreuve de _l'article
intitulé : La Nodriza de lY' Blanca de Castilla, par D. Francisco
Simón y Nieto, dans le Bulle/in hispanique, t. V (1903), p. 5-8. Fac-similé du diplome d"Alphonse VIII (École des Charles, Ancien
Fonds, n° 759). - Deux lettres de M. Pierre Paris. - Trois lettres de
D. Franciso Simón y Nieto.
'.100. Epistolae eruditae. Épreuve de l'article intitulé : Clarorum
hispaniensium epistolae ineditae ad humaniorum lillerarum histol'iam
perlinen/es, par Adolfo Bonilla y San Martín (exlr. du Bullelin hispanique, t. IV, p. &gt;76-,8~)- - Notes prises pour cet article. - Table

- La Chronique espagnole de la Pucelle d"Orléans, par le comle de
Puymaigre(extr. de la Revue des questions hisloriques, aYril 1881). Comte de Puymaigre, Jeanne d'Arc. Sa vie par un flalien du xv• sitcle
(exir. de la Revue des questions hisloriques, avril 1889; dédicace). -

des érudits qui écrivirent a D ..\ntonio AgusUn, d'apres les ms. D .292
- (ancien X- 2- &gt;6) de la Bibliotheque de S·. Juan de Barcelone, avec une

Pacheco. - Poésie épique. - Cascales. - Mayans. - Saavedra . Ambrosio de Morales. - 4. Pellicer. - Luzan. - Zurita. - Rey de

&gt;ll

note de M. Bataillon. -

Nebrixa. Extraits de ces amvres. -

Trois

Lettre de E. Piñeyro. -

2.

Garcilaso de la Vega. -

Gregorio Silvestre.

- Sonnels de Gongora . - Lettre du roi Jean 11 de Castille a Charles Vil de France. Arévalo, 24 aout 1450. Copie du ms. de la Bibliotheque Nalionale, lat. 5956. - Practica de las i•irludes de los buenos
reyes d'Espa,ía ... :\lurcia, 1518, d'apres l'exem_plaire de la Bibliothequc
Nationale, Yg 15. - Exlrails du ms espagnol de la Bibl. Nat. 533.
-

Suarez de Figueroa. -

Les Leonardo de Argensola . .-:. Cristóbal

de Caslillejo . - Cervantes . - Juan de la Cueva. - Deux lettres
de R. J. Cuervo. - La Epístola moral á Fabio. - La Epístola
moral á Fabio no es de Rioja ... , por D. Adolfo de Castro, Cadix, 1875.
-

Herrera. -

Yillegas . .:._ Antonio de Guevara . -

PiCces lyriques,

prises dans des ms. du fonds Espagnol de la Bibliotheque Nationale.
- 3. Quevedo, Epislola satyrica. Autre teste du. a M. Le Gentil. Francisco ·de Medina, Prologue du Garcilaso de 1580. - Lettre de
Lope á Marino. - Laurel de Apolo. - Divers écrits de Lope. Bartolomé Leonardo de Argensola . - Valdes, Dialogo de la lengua.
- Guevara, Diablo cOjuelo. - Tamayo de Vargas sur Garcilaso. Manuel de Faria y Sousa. - Argole de Molina. Leltre de D. Leopoldo
Eguilaz a D. Francisco Codera Zaidín. Deux leltres de D. Francisco
Codera Zaidín . Lettre de M. Julien Vinson. - Az~ra sur Garcilaso. -

Artieda . -

Boscan. -

Jerómino de Arbolanche. -

Francisco Sanchez

lettres de D. Adolfo Bonilla y· San Martín.
1.0t. Table, par nom de litre, des Comedias (XVIl -XV1Jlc siecle), de
la bibliotheque de M. Morel-Fatio.
.
102. Lectures espagnoles (quatre cahiers). 1. Juan de Mena. lnquisition. xv• siecle. Copie du ms. de la Bibliotheque Nationale,
latin 129,5. - Pedro Lopez de Ayala, d'apres le ms. de la Bibliotheque
\ationale, espagnol 115. __: Archipretr~ de Hita. - Letlre de
Villalobos, d'apres le ms. Add . 8219 du British Museum. - Jorge
Manrique. - Pavana, d'apres un ms. de la Bibliotheque Nationale.
- Diego Hurtado de Mendoza . - l\lalon de Chaide. - Lope de

de las BrozijS. - Villegas. - Bal'tolorné Leonardo de Argensola. Fr. Gerónimo de San José. - Le connétable de Castille, D . Juan
Fernández de Velasco - Fr. Luis de Leon. - Herrera. - Bartolomé
Ximenez Paton . - Jauregui. - Cristóbal de Mesa. - Mariana.
'.103. Maria Enriquez, duchesse d'Albe. Préparation a l'artide
inlilulé : La duchesse d'Albe Dª María et Catherine de Médicis, daos le
Bullelin hispanique d'octobre-décembre 1905. - Épreuve, du dit

Vega. - Mateo Aleman - Juan Huarte. - Pedro Niño, comte de
Buelna, avec la collation de H. Léonardon, d'apres un ms. de

de Toledo). - C. Douais, Les demieres années d'Élisabeth de Valois,

8

l'Académie de Í'Histoire a Madrid. - Gómez Manrique. - Antonio
Perez, d'apres le ms. Dupuy 705 el espagnol 77 de la Bibliotbeque
Nationale. - Fqeros de Madrid. - Fueros de Navarra, d'apres le
ms. espagnol 43 et 44 de la Bibliotbeque Nationale. - La Poncella de
Orleans, d'apres les exernplaires Rés . Lb

26

198 et Rés. Lb

:16 25:1.

article. - Deux fac-similé de l'écriture de la duchesse, insérés dans
l'article . - Arlicle de Cesáreo Fernández Duro, daos le Boletín de la
Academia de la Historia, juin 1903 (affaire du mariage de D. Fadrique
Toulouse, 1896. -

Archives de _Lille. Chasincourt, dame d'honneur

d"Élisabetb de Valois. Notes. - Lettre de 1\1. Jules Finot. - Trois
lettres de M. Louis Brandin. - Deux lettres de D. Antonio Paz
y Melia.
104. La reine Eléonore, femme de Frangois ¡,r_ Copie de lettres de
la reine Eléonore (Archives Nationales de Paris K 1483 et K 1484). -

••

�214

BULLETIN HISPA~IQUE

Copies de lettres de la reine Eléonore a Fran~ois ]" (Bibliotheque
Nalionale de Paris, Dupuy 211.) - Exlrail de J/uberlu., Thomas
Leodius Annalium d.e vita el reúus geslis ... Frederici JI electoris
Palalini libri 111. - Ch. Paillard, Voyaye dans les Pays-BaselMaladie
d'Eléonore d'A _utriche ... Bruxelles. 18¡9. - Lettre de René Costes
avec une note.

•.

f05. Miguel de Molinos. Catalogue d'ouvrages de Molinos (Biblia•
!beque Nationale de Madrid, Sainle Genevieve, Bibliolheque Nationale
de Paris). - Copie de deux lellres de Molinos a D. Anastasia Marcelino
Uberto Balaguer et a Joseph Ramirez (Bibliotheque ",ationale de
Madrid, rus. 19108.) - Obras de teosofia, etc. Biblioteca orientalista,
Barcelona, s. d. - Gvida spirituale ... del dotlore Michek di Molinos ...
Roma, 16i7. - Miguel de Molinos, Guia Espiritual .. Fué sacada d
la luz en ·1675 por Fray Juan de Santa Maria, y ahora nuevamente,
según su texto, por Rafael Urbano F. T. S. Barcelona, s. d. Exemplaire
collationné sur l'édilion originale. - Letlre de J. Massó Torrenls. Lellre de D. Juliirn Paz.
i06. D, Bernardino de Mendoza. Préparalion au mémoire intitulé:
n. Bernardino de Mendoza. l. La vie. - 11. Les a,uvres, dans le
Bulletin hispa'nique, janvier-juin 1906. - Correspon~ance de Granvelle. - OOuvres. \otes diverses. - Copie de D. Francisco
Barado. (Museo militar, Barcelona, 188&amp;). - Le conseiller Baston. Ode (1 O navis 11 d'Horace, traduite par D. Bernardino de ~tendoza. Notes, tirées de la COrrespondance de D. Bernardino de Men&lt;loza, aux
Archives Xationales de Paris. - Affaire avec le commandeur Frey

Juan de Moreo. - Affaire avec Mareo. Supplément. - La licencia el
le déparl de Paris. - Maladie. - Siego de Paris. - Affaire Ordoñez.
- Mission de La Varenne. - Langlée. - Extraits de la /Vueva Callee•
cion de documentos, - Ordre de S. Jacques. - Alfair~ Oberholzcr. Missions en Angleterre -

Avertissements de D. Juan de ldiaquez fl

son fils Alonso. - Trois letlres de D. Antonio Paz y Melia. Lellre de D.. Francisco llararlo. - Deux lettres de M. Anloine fhomas.
- Letlre de M. Cuvelier. - LelLre de M. Eugene Bocha. - Leltre de
M. L. Thomas. - Lellre de M. Clacs a M. L. 'l'homas, el un extrait
de Los seys Libros de Las Politicas ... de Justo Lipsio, traduit par B. de
Meodoza. - Deu&lt; leltres de D. Antonio Rodríguez Villa. - Lellre de
D. Juan CatMina García. - Lettre de D. Juan Catalina García :\
D. Antonio Rodl'iguez Villa; et letlre de ce dernier.
107. Casa de Alba. Notessur la maisond'Albc -Sepulcro del gran
Duque de Alba en Salamanca (la llustracion espa1iola y americana,
» juillet 1905). - Deux lettres du duc d'Albe au marquis de Velada.
Fac-simHf' et transcription. ([nvenlaire de la collection Édouard

Favre, vol. uxv.) - Un bastardo insigne ,kl gran duque de Alba
(el prinr D. /fernando de Toledo). por D. Angel Salcedo Ruiz,

CATALOGUE DES MANUSCRITS DE M. MOREL-FATIO

Madrid, 1893. - Carie de D. Julian Paz, avec la vue du palais du
duc d'Albe a Piedrahita (Avila). - Lettre de Monseigneur Douais,
éveque de Beauvais, a M. Picard, - A Morel-Fatio, Catálogo de los
colecciones expuestas en las vitrinas del palacio de Liria. Le publica
la duquesa de Berwick y de Alba, condesa de Siru.ela, Madrid, 1898
(dans le Journat des Savanls, février 1899, p. 117-n6).
l.08. Búcaros. Esquisse d'une histoire eles Búcaros. - Notes pour
cette hisloire. - Portugal. - Carie de M. J. Leite de Vasconcellos.
- Bucarophagie. Généralilés. - Bucarophagie. Espagne. - Leltre de
R. J. Cuervo. Trois leltres de M. L. Solon. - Lettre de M. K. Haebler.
Lettre de A. Caillens. - Natá. Deux lellres de R. J. Cuervo. - Le
comte Lorenzo M.agalotti'. - Lettre de Léo Rouanel. - Deux leltres
de M•• C. \lichaelis de Vasconcellos. - Carie de M. José Leite de
Vasconcellos. -

Lellre du directeur de la Manufactut'e nationale de

porcelaine de Sevres. - Pottery \Vorship. The fallen /dais f. The
nobles bucearas, by l1. L. Solon, ,3 octobre 1896(dédicace). - Poltery
Worship. The fallen Idols. Fnssil pottery, 11 janvier 1898 (dédicace).
- Pollery lVorship. The fallen /dols. Terra Sigillala (dédicace), Comer barro, par A. Morcl-Falio (extrait des Afélanges de [Jhilologie
romane dédiés cí Car/ Wahlund, Mácon, 1869).
i.09. Alumbrados. Copie 1 sur cette secte religieuse, d'apres le ms.
Archives nationales ele París, K ·169.li, nº .2:1, année 1539.

t tO. 'fable des mots intéressants du Diálogo y discurso de la vida de
corte, de Cristóbal de Castillejo.
H t. Charles- Quinl ( historiographie de). Notes pour le livre
Histodographi, de Charles-Quin/, par A. More!• Fatio. ( Bibliotheque
de l'École des Hautes-Étu.des, nº ,o,, Paris, 1913.) - Krilische
Beitrage zu1· Geschichle des schmalkadischen l(rieges. Zweiler
'feil. Von dern G. L. Dr. Rudolf Lorenz, Gumbinnen, 188o. Die Darstellung des schmalkaldischen Ifrieges in den Denkwiirdiglceilen J(aiser Karls V. ,on Richard Le Mang. Teil 1. Jena, 1890;
, Teil. Drcsden, 1899; 3 Teil. Dresdeo, 1900. - Die Denkwitrdigkeilen
Kaiser Kar/'s V... von Prof. D' Otto Walz, Bonn, 1901. - Lettre de
D. Julian Pa1..
H2. Espagool mondial. Préparalion au mémoire intitulé: L'Espagnol langue univérselle, dans le Bulletin hispani711e, avril-juin 1913.
- Exemplaire et épreuves. Famoso dis&lt;;urso en castellano de
Carlos V, en Roma, par le P. Miguelez, O. S. A., dans la Ciudad de
Dios, 5 a0Ut_1913. - Ferdinand lirunot, Le preslige de la civilisalion
Jranraise et la pénétration du fram;ais en Atlemagne au .v.rnc siecle,
Paris, s. d. (dédicace). - Du meme, la langue fran9aise en Alsace
apres 1648, extraitde la Revue de Paris du 1" juin 1916. - Letlre de
M. Ferdinand Brunot.
Deux leltres du P. ~liguelez. - Leltre
de M. V. L. Bourrilly.

i

i:

�CA.TALÓGUE DES MA:'iUSClllTS DE M . MOREL-FATlO

13ULLETIN lllSPA.:,tQVE

H3. Marie Mancini (trois cahiers et deux brochures).

1.

Compte

. rendo de A. Morel -Fatio sur Une princesse romaine au x 1,11~ siAcle,
Marie Mancini Colonna . .. , par Lucien Perey, Paris 1 1896, daos la
Revue critique du =i2 mars 1897 (doub]e exemplaire, dont un annoté).
- -Notes pour la biographie de i\larie Mancini : une partie de ces notes

ont été communiquées par Lucien Perey (M"· Luce Herpin). - Galerie
r.otonna. Catalogue . Via Archi della Pilotta, n. 17 , Rome, 1895. Relalione dellafelice morle dell' Eccellenlissimo Prencipe Gran Condestabile del Regno di.Napoli, il sig. D. Lorenzo Onojrio Colonna, Rome,
1689. - Lettre de G. de Manleyer. - Lettrn de M. Ch . Mortel. !L Le connétahle Colonna a Turin (copie) . - Sur Don Francisco ~esla
(copie). - Copie des Curiosilá e Ricer-clíe di storia suba/pina. Noliz_ie et Diari. - Papiers sur la duches.se de Mazarin, copiés a"ux
arclnves de Monaco par M. Lacaille . - Mémoires faux. Cologne 1 1676.
3. La Vérité dans sonjour ou les uérilables mémoires de JI. Mancini,

connétable Colonne (copie). - Lellres de Marie Mancini a Colberl
(copie). - Mariage de Marie Mancini ,. 1661 (copie) . - Archives
Colonna (copie) . - Letlres de Monsieur le marquis de *** escrites
pendan/ son .voyage d'Jtalie en 1669, Paris , 1676 (extraits). - Exlraits
des mémoires de ]a duchesse de Mazarin. - Archivio Vaticano. Nunz.
di Spagna, vol. 139 (copie). - Lettre de M. Lacaille . - Deux leltres
de M. Georges de Manteyer. 4-5 . G. Claretta , La principessa Maria

Colonna Mancini nelle particolari sue relazioni col duca di Sauoia &lt;&gt;:ir/o
Emanuele JI (exir.). A. D . Perrero, La Duchessa Orten,ia Maz zarino
e la principessa Maria Colonna Sore/le .\fancini ed il duca Cario
Emanuele 11 di Savoia , 16¡:J-75 1 daos Curiositcl e Ricerche di storia
suba/pina, vol. II, p. 1-94.
H4. Roman ¡íicaresque (trois cahiers). 1-2. Cours fai~ au college
de France (188,-1883). - 3. El subtil cordoves Pedro de Urdemalas ...
Autor Alonso Geronimo de Salas Barhadillo, Madrid, 16,0 (extraits).
- El gallardo Escaraman. Comedia famosa (extraits) . - El siglo pilGgorico y vida de D. Gregario Guadaña ... por Antonio llenriquez
Gomez (extraits). - Vicente Espinel, d'apres Marcos de Obregon el
d'apres Diversas Rimas (extrait). - Le, relations de Marc D'Obregon
traduites par le sieur d"Avdigvier (extraits). - La muerte entierro
y honrras de Chrespina Marau zmana, gala de Juan Chrespo .. . Paris,
1604 (exlraits), - Lazarillo de Manzanares ... por !van Cortes de
Tolosa ... Madrid , 16,0 (extraits). - Poema tragico del espa1iol
Gerardo . . . por Don Gonzalo de Cespedes y Meneses . .. Barcelona,
1618 (bibliographie). - La sabiajlor' Malsabidilla .•. A11tor Alonso
Geronimo de Salas Barbadillo. Madrid, 16,i (extraits), - La picara
montañesa llamada Ivstina ... Barcelona, 1605 (exlrails). - f,a guarduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas . . . por Don Alonso de Castillo
Solor9ano .. Madrid, 164, (hibliograpbie). - Vida y hechos de Este-

vanillo Gonzalez ... Amberes, 1646 (extraits). - El sagaz Estacio
mariti.o examinado. . . Autor Alonso Geronimo de Salas Barbadillo
Madrid, 16,0 (extraits) .
:
H5. Gongorismo. Notes sur le cullisme espagnol au xvu• siecle.
-;-Mise en prose de Soledades de Góngora. -Lettre.de M. L. 'fhomas.
H6. D. André Maria de Guzman. Préparalion a l'article intitulé :
•Le révolutionnaire espagnol Don André Maria de Guzman dil 11 Don
Tocsinos », dan~ la Revue historique, t. CXXII ( 1916). - Compte
rendu de D. Miguel S. OHver sur l'article précédent, daos la Van guardia, Barcelone, juin 1916. - Lettre de D. Miguel S. Oliver. Lettre de M. Tueley. - Lettre de M. Camille Bloch. - Revista de
historia y de genealogia española, 3.ño III, nº 1, et n1, 15 nov.15 déc. 1914.
H7. Caron et P. L. Farnése . Préparation a l'article intitulé: Dialogue enlre Charon el ['tune de Pierre-Louis FarnAse, dans le Bulletin
ilalien, t. XlV, p. J 16-157. - Archivio slorico per le provincie parmensi. Nueva Serie, vol. VU, Anno 1907. Parma , 1907. - Dialogo
entre Garante y el dnima de Pedro Lu;s Farnesio, extrait des Curiosidades bibliográficas de D. Adolfo de Castro, t. XXXVI de la Biblioteca
de autores españoles.
tt8. Romances. Un romance a relrouve1\ dans la Revista de
filología española, t. 11, p. 371 a 373. - Original de cet article. _
Lellre de D. T. Navarro Tomas. Garle de D. Ramón Menéndez Pida!.
- Los Orígenes del romance por R. Menéndez Pida!, dans la Revisla
de libros. Año II, Núm. VII, janvier 19,4. -Spanische Romanzen auj
fliegenden Blüttern aus dem Ende des 16 Jahrhunderts, von Prof.
D· Christian Fass . Beigabe zum Jahres-Bericht.

1910- 1,.

Louis Koch.

Halberstadl. - Jacques Rosenthal. Librairie ancienne. Baviere
Munich,. Edilions originales de Romances espagnoles. - Ramó~
Menén~ez Vida!, Catálogo del romancero judío-español, Madrid, 1 907 .
-: Z6.wr meznanych Hiszpanskich ulotnych druków znajdajacych sie IV
Bibl!Jolece Jagiellonskiej W Krakowie. poda! D' Edward Porebowicz
(dédicace) . - Pio Rajna, Osservazioni e dubbi concernenli la storia
della romanze ~pagnuole, dans la Romanic Review, vol. VJ, nº 1 (dédicace). - S. Griswold Morley, Are ihe spanish Rommices writlen in
qualrains ? - and other questions, dans la Romanic Review vol. VII
~- 1 (dédicace) . R.' Menéndez Pida!, Endecha de los judíos e,pa'.
noles de Tanger (Revista de archivos).
. 1.~ 9. Memori~l de cosas antiguas. Memorias de cosas antiguas, ,
copiadas de un bbre de mano, que del dean Don Diego de Castilla quedo
en su almoneda quando murio (extraits pris dáns le ms. de Ja Bibliotheque Royale de Bruxelles, nº 14&gt;3).- Bibliotheque royale de Bruxelles. Manuscrits espagnols. - Une lettre et deux cartes de M. Sanz Arizmendi ► qui voulait publier le Memorial dans le Bulletin hispanique.

�218

BULLETl_:'f HISPAYlQUE

120. L'Estoille . Extrait des passages de L·Esloille concernant les
choses d'Espagne.
• 121. Jean Lascaris. Préparation a une lecLure faite a l'Académie
des Inscriptions (Comples rendus, 1916 1 p.114) 1 sur une inventíon de
Jean Lascaris, d"apr8s laquelle il aurait connu le secret d'un na vire qui
pouvait se mouvoir saos voiJes ni rames. - Lettre de Micer Miguel

~lai a Charles Quint, de Rome, le 24 juin 1531 (Noel Charavay, Le/tres•
aulographes el documents hisloriques, n° 80, 967). Copie de ce document et traduction.

122. Renaissance espagnole. Leonardo Bruni Aretino. Bibliographie. -AÚonso de Santa Maria. Notes . - Rodrigo Sanchez de Arévalo.
Notes. - Enrique de Villena. Chanl VI de l'Enéide, copié par G. Daumet. - Les Ilenri d'Aragon. Notes . ~ Les Diaz de Toledo. Notes.
Lettre de Alarcelino Menéndez y Pelayo . - Le prince D. Carlos de
Viana. Notes. Un livre de la bibliotheque de Don Carlos, prince de
Viana, par Léopold Delisle. Lille, s. d. - Le César de Decembri. Notes.
Lellre de M. II. Omont. Prologue du César, en castillan, d'apres le
n· 49 du catalogue de la Bibliotbeque d'Osuna par Rocamora. Nuño de Guzman. Notes. Lettre de M•• Carolina Michaelis de Vascon-

•

cellos avec une note. - Leltres d'humanisles it.alieris. Copie. - Deux
lettres de M. Cesare Paoli. - Poggio Bracciolini. Niceron, Hommes
illustres, t. IX (175,). - A. Morel-Fatio, Une version aragonaise
d'Eutrope faite sous les auspices de Juan Fernandez de Heredia (Romania, t. XVlll, p. 491-93). - Compte rendu pa1 M. Schück de
l'ouvrage de M. Attilio Hortis, Stadj sulle opere latine del Boccaccio.
- ,Notes sur les humanistes italiens et espagnols. - Lettre de
M. Remigio Sabbadini. - Quatre !et tres de 1\1. Vittorio Rossi.
123. Versification espagnole. Notes sur la versification espagnole.

- Nebrija. - La nova art de /robar Jeta per lo magnifich Francesch
de 0/ezu, cavaller, en fany 1538 (Copié en 1881, d'apres une copie
faite par Barte Pascual, d'apfes une" autre copie de D. Joaquin María

Bover; voy. Rapporl sur une mission phi/ologique á Majorque, p. 18). Leltre de M. W. P. Ker. - Lettre de D. E. Piñeyro, contenant une
note sur la Avellaneda. - D. Manuel Milá y Fontanals, Ilistoria literaria del decasilabo y endecasilabo anapésticos, dans la Revista lzisló1" juillet 1875.- D.M. A. Caro, Del verso enneasílabo,
,us variedades, sus origenes dans El repertorio colombiano, novembre
1882 (dédicace). - Francesco d'Ovidio, Dieresi e sineresi nella poesia
italiana, Napoti, 1889 (dédicace). - A. Morel-Fatio, L'arte mayor el.
fhendécasyllabe dans la poésie caslillane da xv• sietle et du commencemenl XYJ', dans la Romanía, t. XXJII, p. 209-231. - Philological

rica latina du

Society. Anatogies belween english and spanish Verse ( Arle mayor),
by Professor W. P. Ker, Hertford, 1899 (dédicace). - J. Saroibandy,
S1Ilabe perdue dan, l'ancienne versijication castillane, dans la Revue

CATALOGUE

ot:s

MA~liSCRLTS DE M. MOREL-FA.TIO

de l' enseignemenl des langues vivantes. Jan vier, 190:i. - R. FoulchéDelbosc, Juan de Mena y el &lt;1 Arle mayor n, traducido, anotado y pre.
cedido de un prólogo, par Adolfo Bonilla y San Martín, Madrid, 1903.
- Sul verso de arte mayor. Nota w,l Dot. John Schmitt, Roma, 1905
- (dédicace). - Om, slafvelserülrnin.gen i vissa fornspanska versarler,

•

af Erik Staaff, dans la Saertryk aj nordisk Tidsslcri.fl Jor jilologi
(dédicace).
124. Auteurs groes et latins traduits en italien et en espagnol.
Notes bibliographiques sur les auteurs suivants : Aristote, Botce,
César 1 Cicéron, Frontin, Josephe, Hégésippe, Juslin, Lucain, Lucien,
Ornse, Ovide, PCres de l'Église, Plutarque, Quinte Curce, Sal1uste,
Sen0que, Suétone, Tite Live, Vatere Maxime, Végece, Virgile. - Littéralure frarn;aise. - Auteurs du Moyen-Age. -Divers auteurs grecs et
latins lraduils en italien et en espagnol.. - Traducteurs espagnols
et humanisles. - Humanisles italiens. - Auteurs italiens traduits
en espagnol. - Vasco. Ramirez de Guzman. - Crónica troyana. Pétrarque . ....; Bocace. - Varia. - Bursario, avec des notes bibliogra-

pbiques de Mario Schitr el une lettre de lui. - Comieni;a el arenga
que jizieron e ordenaron Juan Alfonso de &lt;;:amora ..• Copie.
125. Poésie castillane. Bibliographie ses poetes castillans du
.ne c.111 xnu• siCcles, d'apr8s le Calalogue de la Bibliothe&lt;¡ue Nationale
de P. 1ris, de Sainte•Genevieve et la Mazarine . - ~otes diverses. Collation de H. Léonardon de la Cancion á las ruinas de Jtalü:a.
- Noles sur le sÜnnet : No me n~eve, mi Dios, .. Renseignements du
P. Fita et de D. Marcelino Menénciez y Pelayo. - Fragments d·une

chanson recueillis

a Honstchonk. -

·Notes pour une Anlhologie de la

poésie moderno par E. Piñeyro et une lettre de lui.

126 Gutierre de Cetina. Notes pour le compte rendu : Obras de
Gatierre de Ceíina, con introdaccion y notas del dolor D. Joaquin
Hazañas y la Rua, l. l et ll, Sevilla, 1895, dans la Re1me critique clu
31 aout-7 septembre 1896.
127. Alphonse V d'Aragon, Jean II de Castille et Juan Fernandez
de Heredia. Notes sur ces deux souverains et . sur le grand-ma1tre
de l'ordre de Saint-Jean de JC.rusalem. - Notes, daos le dossier
d'Alphonse V d'Aragon, sur Mic;er Ferrando Valenli et sur les Para-

doxes de Cicéron. espagnols.

Lettre de D. Gabriel Llabré; . - Homanistes

1.28. Centon epistolario . -Brouillon d'un mémoire sur l'Hislorio-

yraphie du reg11e de Jean Il de Caslil/e (cf. l'Annuaire de l'École des
Hautes Eludes, r 895, p. 111 a 122 ). ~ Original et épreuves de la
dissertation de D. R. J. Cuervo sur le Centón epistolario (Diccionario
de construcclon y regimen de la lengua castellana, Paris, 1886, t. I,
p. 2ux-tn1). - M.. de Pida}, Historia literaria ·sobr la legitimidad
del Centon epistolario del bachiller Fernand Come: de Cibdareal, dans

r

�&gt;20

BULLETIN HlSPANIQUE

CATALOGUE DES M:A.~USCR.ITS DE :\J. MOREL-FATIO

la Revista de ambos mundos, juillet 1854, t. II, p. ,57-,80 (exémplaire dédié par son auteur a Ferdinand Wolf). - José Amador de
los Rios, Estudio histórico. El condestable Don Alvaro de luna y sus
doctrinas polilicas y morales, févri.er 1871. - Sobre el Centon epistolario del bachiller Fernan Gomez de Cibdareal y su verdadero autor
el maestro Gil Goncalez Davila por el Excmo Sr. D. Adolfo de Castro.
Sevilla, 1875. - Z11r Cibdareal-Frage. Ein Beitrag zur spanischen
litleraturgeschichte von Prof. Dr Emil Gessner, Berlin, 1885-. ..:_ Zur

Cibdáreal-Frage van Carolina Michaelis de Va~concellos. dans les
Romanischen Forschungen, t. Vll, Erlangen, 1891. - Leltre de
. D. Antonio Paz y Melia . - Notes sur le Centón epistolario.

l.29. Juan de Mena. - Cancionero de Baena. Notes philologiques
sur Juan de Mena et sur le Cancionero de Baena. - P. Niño, Poeta,
antiguos españoles, dans Hojas literarias, año I, tomo II, 3o novembre

1893 (exemplaire dédié a E. Piñeyro).
l.30. Juan de Mena et marqnis de Santillana. Épreuves" de l'article
intitulé : les deux Omero Castillans, dans la Romania, t. XXV,
p. 111-1:;19. - Notes pour cet article . - Lettres et une citrte de
Novati. -

Auteurs grecs, latins 'et frarn;ais traduits pour le marquis

de Santillane. - Bibliotheque du marquis de Santillane.
l.3l.. Jorge de Montemayor. Lexique des mots dilliciles. - Georgelchünherr, Jorge de Monlemayor, sein Leben urtd sein Schüferroman

die • Siete libros de la Diana ,,, Halle, 1886. - Gottfrie~ Baist,
Compte rendu du livre précédent dans la Zeitschriftfw· vergleichende
litteraturgeschichle, Neuefolge, t. 11, Berlín, 1889.
l.32. Gregario Silvestre. Versification de Gregario "silvestre.
f33. Les Argensolas. Cours fait au College de France (, 90,-, 903).
Notes pour ce cours. -Description du ms. Hisp. 9, de la bibliothcque
de Munich, oll se trouveot des poésies des Argensolas. -

Lettre

de M. Henri Merimée, avec une collationde la Satira del Incógnito. L'épltre a D. Nuño de Mendoza. Copie el notes exp!icatives . - Note
sur D. Nuño de Meodoza; cf. J'article du Bu/letin hispanique, t. VII,

p. ,05-,07.

,,

.

134. D. Diego Hurtado de Mendoza. Notes sur la versification des
poésies de D. Diego Hurtado de Mendoza. - Notes pour servir al'article
intitulé : A Morel-Fatio, l' arle mayor et l' hendécasyllabe dans la poésie
castillane au .xv• et au commencemerit du xvr siCcle (Romania, t. X\111,
p . ,09-,31).-Epistola á Don luis de Avila, d'apres le ms . espagnol31,
de la Bibliotheque Nationale de París. - Notes bihliographiques.
135. Garcilaso de la Vega .. Notes sur la versification des poésies
de Garcilaso de la Vega.
136. Juan Boscan. Notes sur la versification des poésies de Juan
Boscao. -

Lex.ique de mots intéressaots. -

la littérature espagnole.

Note sur sa fortune dans

l.37. Fernando de Herrera. Notes sur la versification des poésies
de Fernando de Herrera, d'aprCs l'édition de 1619. - Notes sur son
orlhographe. - Notes bibliograpbiques. - 1'otes pour servir au
mémoire ·intitulé : Fernando de Herrera, L'Ilymne sur lépante, publié
el commenté par A. Morel-Falio, Paris, 1893.

l.38. Juan del Enzina. Extraits du Prohemio en una arte de poesía
castellana, d'apres l'exemplaire Yg 13 Rés., de la Bibliotheque Nalionale de Paris. - Notes.
·
l.39. Pétrarque. lmilation de Pétrarque par les poetes calalans et
surtout par Auzias ,1arch. -

Notes .

l.40. Pierre, marquis de Villars. Notes pour servir

a l'annotalion

de l'ouvrage suivant : ¡}Jarqnis de Villars, llfémoires de la cour

d' Espagne de 1679 a 1681, publiés et annotés par M. A. AforelFatio et précédés d'une introduction par M. le marquis de Vogüé,
Paris, 1893. - .Lelt•·e de H. Léonardon. - Letlre du chef de la
section historique des archives royales de Danemark. - Lettre de
M. Goovaerts. - Deux letlres de l'Archiviste général du royaurne
(Hollande). - Leltre de P.M. Perret. - Lettre et carie de M. le baron
de Saint-Pierre.
l.4L D. Cárlos Gutierrez de los Ríos, cornte de Fernan-Nuñez.
Notes pour les deux ouvrages suivants : A. ~lorel-Fatio y A. Paz
y Mélia, Vida de Cárlos 111 escrita por el conde de Fernan-Nuñez,
Madrid, 1898, , vol., et Grands d'Espagne el petits princes al/emands
au XV!ll siCcle, d'apres la correspondance ínédile du comte de Fernan
8

l\'wiez avec le prihce Émanuel de Salm-Salm et la duchesse de B°éjar,
Paris, 1906, ,. édition (Études surl'Espagne, t. 11). -Trois lettres de
D. Antonio Paz y Mélia. - Une note de D. _Antonio Rodríguez Villa
sur les ministres plénipoteotiaires

a la cour d'Espagne au xv111• siecle.

- LetLre d~ D. Ricardo Fé, - Dott. Agostino Zanelli, Don Cario di
Borbone a Firenze nel 1732, Torioo, 1887.
142. Le duc de Calabre et Germaine de Foix. (deux cahiers).
1.

Notes sur Ferrando de Aragon, duc de Calabre, et sur sa femme

Germaine de Foix. - A spanishfarce of the early sixteenth centu,,-,
dans le Afodern Language, Nouvelle série, t. XVI1 nº 1, mars 1909.
1

PiCce jouée devant la reine Gcrrnaine ,de Foix et le marquis de Brandebourg1 son mari. Extraits. - Lettres du duc de Calabre et d'autres
fonctionnaires, princes et princesses (Archives Nationales de Paris,

K 1628, 1689, 1699, 1700, 1705-07). - Lettre et carie de Novati. ,. Quatre lettres de D. Vicente Vignau. - Deux d'Antonio Rodrigue,
Villa. -Liste de documenls procédant de S. Miguel de los Reyes et se
rapportant au duc de Catabre el a Germaine de Foix. - libro de la
guardarropia de la Reina Doña Germana de Foix ... Testamento de

la serenissima Rey na Doña Germana.1536. -Testamento del Excellentissimo señor Duque de Calabria. 1550. - Inventario de tots los bens
Bull. hispan.

�•

C.\TALOGUE DES ~IA:1'USCR1TS DE ll. MOREL-FATIO

BULLETlN HISPA'.'l'IQUE

e recamara de la S. reyna D• Germana. 1536. - inventario de lo que
dexo el Ex. Duque de Calabria.
143. Juan de Valdés. 'lotes sur Juan de Yaldés. - Lexique des
mots difficiles. - Lellre de D. R. J. Cuervo, avec une note sur
Vsled. - Épreuves du mémoire du P. }liguélez, Sobre el verdadero
autor del" Diálogo de la lengua,, segun el Códice escurialense. -Lettre
du P. Manuel F. Miguélez. . Miguélez (O. S. A.), Sob1:e el verdadero autor del Didlogo de las lenguas, Madrid, 1919.
144. Courtoisie et civilitá (six cahiers et une brochure) : 1. Cours ·
fait au College de France (1895-1896). - ,.-Moyen-Age. Notes sur la
civilité au Moyen- ..\ge. - Te.tes latins. - Textes en Jangue vulgaire.
- Facetas. - Early English Texl Sociely. IVoodcuts for the Babees
Boolc, Londres, 1868. -Reineri J'hagifacetus ,sive, de facetia comedendi
libel/us... recensuit Ilugo Lemcke. Stetin, 1880. - Pamphilus.
Comoedia elegiaca medioaevalis. Ex codice luricensi edidiJ., Jacobus
t:lrich, Zurich, 1893. - Éprcuvcs du mémoire intitulé : Mélanges de
lilléralurecatalane. III. Le livre de courloisit, dans la Romania, t. XV,
p. 19,-,35. - Compte rendu du mémoire précédcnt, par ~l. C. Frati,
dans la Revista critica del/alellerat,ira italiana, mai 1887. - 3. Baldesar
Castiglione, JI Cortegiano. - Notes pour Je COUl'S fait au Collcgc de
France (1895-1896). - 4. Courtoisic. [lalie. - Giovanni della Casa,
JI galateo (extraits). - La Ciuile conversa/ion du S. Etienne Gua:zo
(exl,·aits). - 3abba da Castiglione, Ricordi (extraits). - Notes sur
d'autres llaliens. -

5. Courtoisic espagnóle. ~oles. -

Duc de Calabrc

et Germaine de foix, d'apres fe Cortesano de Luis fülan (exlraits). Biblioteca de la Revista catalana. Regles de bona c1·ian~a ... tre/es de
lo Terf del Crestiá del P . .11. Fr. Francesch Bximenis (seg/e XIV}, per
Joseph Balari y Jovany, Barcelone, 1889. - D. Adolfo Bonilla Y San
Martin El renacimiento y su influencia literaria en España, dans La
'
España moderna, féHier 190:J. -. 6. Courtoisie. Temps modernc. Notes. - Conversalion de l'air galant, Amsterdam, 1685. - Conversation de la polilesse, ,\msterdam, 1685. -Discours.sur la úienséance.
-Des baise-mains. - De Ciuilibus priscae Reverenliae ,J· Urbanilalis
Officiis in vita comm.uni, Amstcrdam, vol. I, 1731. - De la cérémonie.
Hené Bary, f,'Bsprit de cour, 1662. - Le Trésor des Pieces rares ou
inédiles. Les lois de la gatanter:e (16r,',}, Paris, 1855. - Edmond
Bonnaffé, Etudes sur la renais.,;ance. Les livres de cfoililé (Revue des
deux mondes, 1•• juin 18J3). - Émile Gebhart, Un avenlurier fran&lt;;ais
en ltalie au dernier siecle. Le chevalier Gondarl '( Journal des Débats,
18 juin 1895). - Leltre d'Émile Legrand. - 7. Altdeutsche Tischzuchten. Abhandlung ... von D' p.h. Moritz Geyer, Altenburg, 188,.
f45. Baltasar Gracian (quatrc cahiers). 1. Noms propres dans les

.

ceuvres de B. Gracián. -

(neuf carnets) :

1.

2.

ldées chez B. Gracián. -

3. B. Gracián

Bibliographic, avec des lettres de D. .\Hredo ,\Jvarez,

deux carles de ,1. Arturo Farinelli, une Iettre de R. J. Cuervo, une
lctlre de D. Américo Castro; - ,. Jleroe 1; - 3. Heroe ll, Discreto.
- 4, Agudeza. Crilicon:-5. Oraculo, lleroe, Discreto, Fernando. 6. lndex des fiches; - 7, Schopenhauer; - 8. ldées; - 9. Trajano
Boccalini. -4. Notes sur les divers ouvrages de Gracián etde Frant;0is
Filhol. - Ouvrages de Gracián et d'autres auteurs, traduits ou cités
par Amelot dans L'homme de co~r. - Delli de Giovanni Botero.
Rapprochements avec des ouvrages de Gracián autres que El Hefoe.
- Discreto. Variantes et correclions. - Notes pour le Heroe. - Vicerois d'Aragon. - Extraits des ouvrages de Gracián. - Crítica de
rejlexion ... escrita por el dolor Sancho Terzon .y .lfuela ... Valencia,

1658. Extrails. Lettre de A. Rodriguez Villa.-Épreuves de l'article
intituló : liste chronologique des letlres de Balthasar Gracidn dont
l'existence a été signalée ou donl le lexte ir été publié dans le Bulle/in
hispanique, t. XII,. p. &gt;o4-,o6. - Lettres autograpbes de Gracián,
d'apres le ms. de Já Bibliotheque Nationale de Madrid, V, q1. Copie.
- Ballhasa,· Gracian, and the chains of Hercules, dan, le Modern
Language Notes, janvier 1905. - Extraits des ,\faximes de P. de Courbeville. - Gracián, Oraculo, avec les traductions de litres des chapitres d'Amelot, Schopenhauer et Jacobs. - Cours du College de France,
1909-1910, sur les mora/is/es espagn.ols du xVIr siecle el en particulier
sur B. Gracián el la Liste chronologique, etc. (exemplaire annoté). Une description inédite de la demeure de Don Vicente Juan de La•tanosa, publiée par A. Coster, dans la Revue hispanique, t. XXVI
(dédicace). - 1 trallatisli italiani del « conceltismo » e Baltasar Gracian ... da! socio residente Benedetto C,oce (Memoria /ella ali' Academia pontana, Napoli, 1899). -V. Bouillier, Notes sur l'Oráculo manual
de Balthasar Gracidn, dan, le Bulle/in hispanique, t. XIII, p. 316-336.
-A. Coster, An/iquaires d'autrefois (extrait de la Re1Jue des Pyrénées,
1911). - Baltasat.' Gracián, El Héroe ... reimpresión de la edición
de 1639 . .. por Adolphe Cosler, Chartres, 191 1 (dédicace). - Catdloga
de la Librería de José A liaza ... Zaragoza, ÍÓVl'ier 190,. - Die Devisen
und Jfotlo des spüleren .lfitlelallers, von J. V. Uadowitz, Stuttgarl und
Tiibingen, 1850. - D. Ricardo del Arco, D. 1 incencio Juan de Laslanosa, dans le BQlelill de la Academia de la Jlistoria, avril, mai et juin
,910. - Obras de Gracián, dans la Biblwteca de autores españoles. Lcttre d'Antonio Rodríguez ,Villa. - Onze lettres de M. Adolphe
Coster. -Dcux lettres de M. Rodol¡,he Reuss. - Lettre de M. Auvray.
- Lettre de D. Américo Castro.- Lettre de lf. Émile Longin.-Lettre
de M. Ludwig Rosenthal. - Quatre lettres de ~l. Victor Bouillier. Lettre de M. D. S. Blondheim. - Lettre de la Mere Marie de Saint
Paul. - Trnis lettres de D.M. Gómez Gonzalez. - Lettre de D. Gre
gorio Garcia-Arista y Rivera aD. }l. Gómez Gonzalcz. - Deux lettres
de ~l. E. Seilliere. • Lettre de D. Alfredo Alvarez, avec des leltres de

�BULLE'fl~ HISP.l~IQUE

Gracián. - Lcttre de Émile Castelot, avec une note sur les juros
et les censos.
t46. Lazarille de Tormes (cleux cabiers). 1. Notes pour le Lazarillo
(i" et 2 • parlies).- Lexique de mols importanls. - Syntaxe. -Proj_et
d'un.commentaire. - D. Diego Hurtado de Mendoza. - Les fatts
merveil/eux. ensemble la vie du gentil Lazare de Tormes ... Lyoni 1560,
avec une épreuve de Ja PremiAre traduction fran9aise du Lazarille de
Tormes (1660), par M. Louis Loviol, dans la Revue des livres anciens,
t. II, fase. 11. Trois lellres de M. Louis Loviot. - Les classiques fran9ais du Moyen-Age . Le gar9on el l'aveugle, jeu du XIIJ" siecle, édilé par
Mario Roques, Paris, 191.2. - Lazarille de Tormes, par Louis Viardot,
dans La Revue indépendanle, 181,2. - Le poete lean Regnier, bailli
d'Auxerre (1399-1Í169), par Ernest Pelit, Auxerre, 190/1, - Juan de
Luna van Éduard Boehmer, daos la Zeilschrijl fü1· Vergleichende
J,illeralurgeschichte, t. XV, cahier 6, Berlín, 190/i (dédicace). - La
vida de Lazarillo de Tormes. Prospeclus de I' édition gothique publiée
a Barcelone en 1906. - Eugenio Melc, Una traduzione inédita del
« Lazarillo de Tormes" (dédicace). - J. D.M. Ford, Possibleforeign
sources of the spanish novel of roguery, Boston, 1913 (dédicacc). ,. Notes pour le Lazarille (1'" et 2• parties). - Syntaxe. - Descriplion
des plus anciennes éditions. - Bibliographie.- Extraits du Crolalon.
- Le casligado. - Luna. - Danse des morts. - llonra et pundonor . - Carie de M. H. Omont. - Deux letlres de _Paul ~ieyer. Lettre de A. Beljame. - Lettre du D' G. Laubmann. - Deux lettres
du D' Alfred Goldlin van Tieíenau. -Leltrede M. Henri Slein. - Deux
lettres de D. Marcelino Menéndez y Pelayo.
t47. Mateo Aleman (trois cahiers). 1. Bibliographie de ses amvres
en trois cahiers. - Lexique des mots importants . - Épreuves du
compte rendu inséré dans le Bulletin hispanique, t. X V, p. 482, sur
la Primera parle de G11zman de A ljarache, de Julio Cejador. - Notes

pour ce compterendu. -Compte rendo de Julio Cejador par M"• Atice
H. Bushee, dans la Romanic Review, t. IV, n· 3 (dédicace). .2 et 3. Passages des deux Guzman 1 celui d'Aleman et oelui de ~Jateo
Luxan de Sayaved ra.
1.48. Chronique de Sancho Cota. Copie de celte cbronique, d'apres

le ms. espagnol 355 de la Bibliotheque Nationale, par II. Léonardon.
- Autre copie parlielle. - Notes pour cette cl1ronique.
t49. Cronica de D. Francés de Zuñiga (deux cahiers). 1. Préparation al'ar:ticle intitulé : La &lt; Chronique scanclaleuse » d'un.. bou.ffon
du temps de Charles-Quinl, dans le Bulle/in hispanique, t. XI,
p. 370-396. - Notes a la Chronique. - Copie partielle du ms. 1905
de la Bibliotheque Ma,arine et notes sur les mss. de la Chronique . Ueber des Grajen Dón Frances von Viamonle handschrijlliche Chronilt
von Spanien von 1516 bis 1528 van W, Frhrn v. Tettau, dans les

CATALOGUE DES M.AXUSCRITS DE 3-l. l\IO~EL-PAT!O

Jahrbiicher der [(. Airad. gemeinen Wiss. zu Erfurl, 1890. Traduction
allemande. - Cronica de Don Francesilla de Zuñiga, dans la Biblioteca
de aulor,s españoles, t. XXXVII (A . de Castro) . -El Bufón de Carlos V,
D. Francesilla de Zuñiga. Carlas inéditas 1 por Juan Menéndez Pida),
Madrid, 1909 (dédicace). - Genealogía de Don Francés de Zuñiga
y Conlreras, bufan del Emperador Carlos V, por D. Vicente Paredes
y Guillen. Original. -Carie de D. Vicente Paredes y Guillen. -Lettre
de M. Pierre Paris. - Letlre de D. Juan Menénclez Pida l. - Lettre de
Rohert Michel. - Lettre de M. le Direcleur de la K. llof-und Staats

bibliothek de Munich. -

Lellre et une carle du P. José María
a la machine a écrire de la Crónica,
d'apres le ms. !Iisp., 7 de Munich (du a M. H. Léo¡1ardon). --:- Analyse
parlielle en franyais de la Crónica.
150. Charles-Quint (six cahiers). 1. Rela9ion de lo que ha pasado en
la cormmicafion de la paz. - Copia de la tregua que se ha sentado
en Nira, d'apres le ms. Nouv. acq. fr. 5o51i, de la Bibliotheque
de Elizondo . -

:i.

Nationale de Paris. -

Copie

Copie des Archives Nalionales, K 1693, 1483,

11,84, 164,; des Affaires Élrangeres, Espagnol , 17 et »3; de la Bibliotheque Nationalo de Paris, Espagnol 17,; de Dupuy /195; du fonds
franQais 3087, 3006; de M. Noel Charavay. - Lettrc de Guillaume
Vaodenesse a Guillaume des Barres. Original acquis a M. Noel Charavay. - :Notes. - Romanzefecho quando el Emperador Cario Quinto
entro en Francia 1 por la parte de, Flandes, con grand exercito M. D.
XLV años. Copie de Léopold Delisle. -- Trois leltres de CharlesQuinta D. Diego Hurtado de ~Iendoza Metafus cerya de Argel, 2 nov.
1541; Bugia, g nov. 1541; Cartagena, 4 déc. 1541. Copie, d'apres
le ms. A. 1,8 de la Colección Salazar de l'Académie de l'Histoire
3. Madrid, faite par l\l. Lucien Romieri avec une lettre. - Documenls
concernant Charles-Quint de la Celección de documentos ineditos,
t. 11 et lll.
,. Comptes rendus de mon Hisloriographie de Charles-Quint. H. Lonchay, dans les Archives be/ges, ,5 mai 1913 et lettre du méme. G. Cirol et René Costes dans le Bullelin hispanique, t. ~V, p. 350-36,.
- Ed. Barlhelemy, dans le Mercare de France, 1"' juin 1913. - D. R.
Bailes ter, dans la Vanguardia, 18 février 1913 - Lettre de 1\1. G. Cirot.
- Deuxleltres de M. R. B. Merriman. - Deux Iettres et une carte de
M. II. Pirenne. - Lettre de D. F. de Laiglesia. - Lettre d'Eduardo
de Hinojosa. - Lettre de M. Ernesl Mérimée. - Leltre de M. Arturo
Fatinelli. - Lettre de M. Ed. Fueler. - Leltre de M . Georges Gazier.
- Quatre leltres de M. René Costes, avec des exlraits d'une traduction
frarniaise des Epislres dorées de A. de Guevara. - Letlre ~e M. Léon
Dorez. - Leltre de M. A. Chuquel. - Lettre de M. Émile Pico!. Lellre de ~J. M. G. Constan!. - Lettre de Uiguel Mai a CharlesQuint sur l'évCque Paulo Jovio. Copie (Simancas, secretaria de estado,
1

�n6

BULLETfü HlSPANIQUE

legajo 1553, fol. 365). - Coilection Favre a Geneve, vol. l. Copies sur
Charles-Quint, 3 cahiers. - Enfqns de France en Espagne. Copies
d'apres le ms. Espagne &gt;18 des All'aires Étrangeres et les "Archives
Nationales a París, K 1483 (ces derniers ae H. Léonardorr). - Documentos relativos á los Delfines, hijos de Francisco I, dans la Colección
de documentos inéditos; t. ll.
3. Fiches sur Charles-Quint et sur les personnages de son temps.
4, Charles-Qujnt en France, 1539-40. - Lettres de rémission accordées par l'empereur Charles-Quin/ lors de son passage a Orléans
(,o décembre 1539), publiées par Jacques Soyer, dans le Bu/letin historique et philologique, 1908, Paris, 1909. - Lettre de M. Jacques
Soyer . .-.Not~s d'apre.s les ms . fran9ais3o86 et Dupuy 85, 3,5 et 591
de la Bibhotheque Na!Ionale de Paris.
5. Fray Prudencío de Sandoval. - Biographie et biblioaraphie. _
11
Copie de M • Paule Blanchard-Demouge du ch. XXXIV de Fr. Gregorio de Argaiz et de D. Gregorio Fernánde~ Perez, Historia de la
Iglesia y obispos de Pamplona, t. Ill, libr. XI, p. 65. - Notes sur
Sandoval el ses sources. - Lettre et carie de M. René Costos. - Lettre
de D. F. de Laiglesia aD. Julian Paz. - Lettre de D. Julian Paz, avec
des documents extraits des Archives de Sirnancas.
6. Historiographie espagnole, ilalienne et beige de Charles-Quint.
- Histoires Fécentes de Charles-Quint. - Chronistes. Trois lettres de
D. Jtrlian Paz, avec des documents touchant les chronisles tirés des
Archives de Simancas. Notes sur les chronistes. - Juan) Jinés de
Sepúlveda. , cahiers. Trois lettres de M. Léon Dorez. Deux notes de
M. G. Cirot concernanl Sepúlveda. Notes sur J'hístoire de Sepúlveda .
Documents sur la vie de Sepúlveda. - Cronistas aragonais. - D. Luis
Zapata. - D. Lorenzo de Padilla. - Lorenzo .Galindez de Carvajal. _
Florian de Ocampo. - Alonso de Santa Cruz. - Francisco Lopez de
Gomara . Compte reodu daos la Revue historiqÚe, de mars-avril 19 1 3,
des Anals of the emperor Charles V par Roger Bigelow Merriman,
Deux lettres de M. R. B. Merriman. ;'fotes sur l'hisloire de Gómara. Juan Paez de Castro. Notes de M. G. Cirot sur ses travaux conservés
dans les ms . de l'Escurial. - « La forma en que el oo, Paez trataba de •
escrebir su historia"· Copie du ms. 5938 de la Bibliotheque Nacional
de Madrid. - Barnabé Busto. Notes prises par 'l. G. Cirot sur Busto.
Deux lettrcs du P. Miguelez. Notes sur Busto. - D. Luis de Avila et
D. Pedro de Saiazar. Extrails pris par René Costes des Comentarios de
D. Lu_is de ~vil~, d'~pres les ms. de J'Escorial. Lettre du P. Miguelez.
Extra1ls pris d apres le ms. Espagnol 188 des Comentarios de la
Bibliolheque Nalionale de Paris. Notes sur Avila et Salazar. -Alfonso
de ~llo~ (de~x _cah'.ers). 1. Bibliographie.- ,. Manuscrit; et epreuves
de I arltcle ml1lule: Alfonso de U/loa et le comle Pierre-Ernest de
Mansfelt, dans le Bulletin hispanique, l XV, p. 445-450. Lettre de ~l. Lu-

CA.TALOGUE DES MA:'iUSCRlT!¡ DE

,r.

~1011.EL-FATIO

cien Romier. - Leltre· de M. Rodolpbe Reuss. - Notes d'Alphonse
de Ulloa pour les pasliches de l'Epjstola,·io de Guevara. - Pietro Marlire. - Paul iove (deux cahiers). - Girolamo Ruscelli. - Ludovico
Dolce. - Francesco Sansovino. - Frarn;.ois J•r. - Guillaume Snouckaerl. Lellre de M. Pirenne. - Guillaume van Male-:'licolas Mamera
nus. - J. M. de Garamendi, La batalla de Mülbherg (1547), dans la
Revista de archivos, bibliotecas y museos, nov.-déc. 1911. - Documents sur J'expédilion de Charles-Quin! a Alger (151&lt;1), dans la Colección de documentos inéditos para la historia de Espaíia, l. l, p. ~129 -l[fc ·
Copie. - Conde de la Viñaza, Los Cronistas de Aragón_ (discours
a J'Académie de l'Ilistoire de Madrid, 13 mars 1904), ~lad_nd, 1904.D. Juan Menéndez Pida), D. Luis Zapata (discours a J'Académie de
l'llisloire de :\Iadrid), Madrid, 1g 15. - Documents sur Cbarles-Quinl,
lirés des Archives Nalionales de Paris, K 1689. Exlraits. - CharlesQuinl. Bibliographie. - Notes de M. Lucien Romier sur Sleidan.
~ates de René Slurel. - Obra nuevamente compuesta sobre el gran
naufragio que (L la armada del invictissimo y calolico 1elior, el Emperador, Rey y seño,- nuestro le succedió en la conquista d_e Argel en ~l
més de setiemb,·e del año MDXXXXJ. Copie de D. Jose M. Oclav10.
de Toledo. - Compte rendu, daos la Revue Historique, t. XXXVII,
p. /1o5, de llermann Baumgarlen, Geschichte Karls V. - A. M. de
Barci~, Pompa fúnebre del empuador Carlos V (Rev,sta de archmos).
- Antonio Paz y \lélia, El libro de horas de Carlos V (ib1d.). - Portrails de Charles-Quint. - Padillas y .4cuñas en la comunidad de
Toledo (ibid.), etc.
i5f. Don Carlos. Etude biographique en lrois cahiers. - SaintRéal. - Exlrails de Strada. - Exlraits de L~is de Mayerne-TurqueL
- D. Cayelaoo Manrique, El príncipe Don Carlos conforme á los_
documentos·de Simancas, \ladrid, 186¡. - Ezio Levi, La leggenda dt
Don Carlos ne/ teatl'o spagnolo del seicento. dans la Revista de Italia,
juin 1g13 (dédicace). - Comple rendu, dans la Deutsche Literaturzeitung nº 3o, de 1914, de Ezio Levi, Storia poelic~a di Don Carlos,
Pa, ia, 1914. - Deux letlres de M. Ezio Levi. - Leltre de ~l. Henry
Marlia.
!52. Henry d'Arbois de Jubainville. Biographie. Renseignements
pris dans une histoire des d'Arbois de Jubainville1 r~di~ée par ~e
pere d'Henry. -Treize leltres de P.. d'Arbois de Jubamv1lle. Tro1s
Jeltrcs de L. d'Arbois de Jubainville. Carie de ,f. G. d'Arbois de
Jubainville. Deux: Iettres et une carte de· la vicomtesse de Jotemps.
Une carie de )!. el de }l•• F. de la Foil ye de Joux. Lettre de M•• Héli:ne
Samuel Berger. Letlre de Michel Bréal. Carie de M. Ferdinand Lot.
Lettre de M. A. Meillet. Garle de M. J. Vendryes. Tro1s letlres de
M. JI. Gaidoz. Leltre de M•• Cavaignac. '.'fote sur H. c!'Al'bois de
Jubainville par
Prou. Letlrede M. G. Perrol. Trois lettres de M. Bou0

,1.

•

�BULLET~N HISPA:SlQUE

CATALOGUE DES ,u:-.usCRITS DE ,1. ,10REL-FATIO

tillier du Retail. Lettre du D• Alfred Holder. Compte rendu de la
séance de !' Académie des Inscriptions, ou a· été Ju l'éloge sur Henry
d'Arbois de Jubainville. Lettre de Ia"Mere l\larie Réginald M. P. d'Arbois de Jubainville. Lellre du D' Alfred Holder aux membres de la
famille d'Henry. Leltre du professeur E. Windisch aux memes. Dt'.•peche du professeur H. Schuchardl aux memes. Copies. l\otice nécrologique sur M. [Charles] d'Arbois de Jubainville par M. Louis Lallement,
avocat la Co~r d'Appel de Nancy, s. d. - Discours prononcé sur la
tombe de M. Charles-Joseph d'Arúois de Juúainville, ancien bdtonnie,: de
l'ordre des avocats par 11. Depéronne, balonnier de l'ordre des arncats,
Nancy, 1875.
Travaux. Lettre de M. Salomon Reinach. - Lettres de Henry d' Arbois de Jubainville G. Paris et P. ~foyer.
Nécrologie. F. Lol, Revue historique, t. CIY (1910), p. :¡~8-233. Leite de Vasconcellos, Academia R. das Sciencias de Lisboa, abril 1910.
- J. Vendryes, Société d~ linguistique. G. Dottin, Revue des Iktudes
anciennes, avril-juin 1910. Salomon Reinacl1, Revue archéologique.
f:mile Chénon, Bulle/in de la Sociélé nationale des Antiquaires, 1912.
P. d'Arbois de Jubainville, Bihliographie des reuvres de I/enry d'Arúois de Juúainville dans la Revue Cellir¡ue, París, 19n. Guslav Fock,
Romanische Philologie und Lilleratur, Leipzig, s. d., J. Loth, Bibliographie des travaux de M. II. d'Arbois de Jubainvi/lP, Rennes,
avril 19co. M. Ernaull, Notice. J. Lolh, Les Études celliques, leur élat
présent, lezir avenir, extrait de la Revue internationale de l'Enseignement, París, , 911. Ferdinand Lot, Revue hislorique, t. CIV ( 1910),
p. 228-~33. Copie.
.
i53. El libro de Alexandre ( deux cahiers). 1. Texle de la Biblioteca de autores españolas, t. LVII, confrc¡nté avcc le ms. de Madrid
par M. H. ~forf et M. Saroihandy. - Comparaison des strophes du
ms. de Paris el du ms . . &lt;le Mádrid. - Variantes prises dans le ms. de
,\ladrid. - Fac-similé du dit manuscrit. - Note sur le ros. de Paris.
- Passage de l'Alexandre ulilisé par Gulierre Diaz de Gamez, d'apres
El Viclorial de l'Académie d'Histoire de ,tadrid. Copie du comte de
Puymaigre. Deux letlres de D. Antonio Rodríguez Villa avec le passage du ms. Collation de ce ms. par JI. Améaée Pages. - Fragment
de l'Alexandre de la Bibliotheque Jledinaccli. - Deux leltres de
M. A. Paz y Melia. - G. Baist; Eine neue Handschrijt des spanischen
Alexandre, dans les Romrmische Forschungen, t. VI, p. 292. - Carte
de M. Karl Vollrnoller.- Carte de )1. 11 . .\Iorf. - Lettre de D. Ramón
Menéndez Pida!. 2. Six fac-similé du ms. de )Iaé:lrid.
f54. Dª Maria Pacheco. ll:loge de D. Hurtado de .\lendoza par
Paul Manuce, d'apres le M. Tullii Ciceronis De Philosophica Prima
Pars (Bibl. Nat. R 9387). - A. Rodríguez Villa, La viuda de Juan de
Padilla. Relación histórica del siglo XVI, dans la Revista Europea,

a l'article intitulé: Doña .liaría
Pacheco, dans le Bulletin /zispanique, t. Y, p. 301-304:
i55. Dª Mariña de Aragon. Notes pour servir au mémoire intitulé: Doíia Jfarina de Aragon, dans l~s Étades sur l'Espagne, t. III,
p. 75-105, Paris, 1904. - Dem: letlres de D. José Ramón ,\lélida. Lettre de R. J. Cuerrn. - Carie de D. J. E. Serrano y Morales. Deux lellres de E. Castelot. - Leltre de 11. . Jos Yanden Branden.
- Lettre de D. F. Fernández de Béthencourt.
• i56. Dª Maria de Mendoza, femme de Francisco de los Cobos.
i\'otes pour servir a l'histoire de celle dame. - .llemoria de las joyas
que lleva mossen Juan perez á Valen9ia de mi
doña Maria de ,llendoza (Archives Nationales de París, K 1694, nº 16).
157. Poemes de Cock. Copie des Pocmes de Cock qui se trouvent
dans le ros. ,1-20 de la Bibliothcque Nationale de 11adrid, exéculés
par Antonio Rodríguez Villa. - Lisie des fonctionnaires de la cour
de Philippe 11, 1588. Ces listes ,icnnent d'un carnet de D. García de
Loaysa, chapelain et granel- aumonier du roi Philippe U. Copie
d'Antonio Rodriguez Yilla.
i 58. Gallophobie des Espagnols. Spanien Land Leule in den lelzten
Jahrhunderten vo1· Chris_lus von D' Hans Fertig, Bamberg, 1901-1902.
~ UIJsse Hobert, Étal des monasteres espagnols de l'Ordre de Cluny
au .1111•·,n-' siecle, 1ta¡ires les actes des visites el des chapitres générau.r, dans le Boletin de la R. Academia de la Historia, t. XX, 189:¡.
- Marce! Robín, Bemard de la Sauvetal, abbé de Sahagun, archevéque de Tolede(i,. 10'10-11211) el la réforme clllnisienne en· Espagne
au II• et au .w' siecle, dans École /\"alionale des Charles, Posilions de
theses, )l,lcon, 190,. -Joseph Calmette, La France el l'Espagne a la
fin du .u-• sii\cle. Revue des Pyrénées, Toulouse, 1904. - D. Tom.'.ts
)luííoz y Romero, Refutacion del op1ísculo Fueros francos, Les Communes Jranraíses en Espagne el en Portugal pendant la (sic) mayen
&lt;ige, ~ladrid, 1867. - V. n. Friedel, l?tades compostellanes. l. L'époque el le milieu 011 fut composé le Codex Calixtinus. Extrait des &lt;&lt; Olia
Merseiana n, Liverpool, 1899 (dédicace). Carte de U. V. H. Friedel. Ernest )lérimée, Note sur les archives municipales de Burgos et les
travaax historiqaes de M. Anselmo Salud. tpreuves. - Les chansons
des pelerim de Saint-Jacqaes ... par l'abbé Camille Daux, -;\lontauban,
1899. - ,ote sur le pelerinage des Franc;ais
Compostelle. D. Jaime Balmes. i\'otes bibliographiques. Bióliografia cronológica df
Balmes ordenada per Antoni Palau, Barcelona, juin 1915. Carte du
P. José 11" de ElizondÓ. - Anlipatia de Francesi e Spagnuoli... del
dollor D. Garlo Garsia, tradotta di Spagnuolo in italiano da Clodio
Vilopoggio, Yenelia, 1660.
159. Document de Charles VII, ~oi de France, confirmant certains priviléges accordés par Charlemagne aux habitants de la

n8

a

a

a

a

u janvier 1879. - ~otes pour servir

sm

a

�,3o

DULLETIN lTISJlÁNIQUE

CA.TA.LOGUE DES lL\:\'JJSCLHTS DE 11. )!Ol\EL·FATIO

Catalogne, Montils-les-Tours, octobre 1445. Transcription du document d'apr~s Je ms. des Archives Nationales de Paris, JJ 177, n" ,o~.
- Cartede M. A. Thomas . - Notes de M. Rcné Poupardin. - Garle
de M. Frarn¡ois Delaborde. - Deux leltres fte M.F. Valls-Taberner.
- M. FranQois Delaborde, La Vraie Chronique du religieux de SaintDenis, dans la Eibliotheque de l'École des Charles, t. LI, p. 93-r ro.

t . XII et .XIII. Notes sur cet al'liclc. - D. Francisco de Quevedo.
TrÓis cahiers .•- Cami!le Pitollet, Un épisode inédil de la carriere
scienlifique de J. B. Muñoz. Les mss. historiques de Suarez de ftfendo9a,
dans la Revue des langues romanes, t. LV, Vle sér. t. V, novembredécembre rgu. - D. Antonio Elias de Molins, Felipe IV y Galcerán
Albanell, dans kl Revista critica de historia y literatura espa,í.olas,

160, Deux ca:hiers. Bibliographie espagnole . Notes su'r certains
mots 1 personnages et coutumes espagnoles.
i6i. Fernán Caballero. Préparation au mémoirc intitulé: Femdn •
Caballero, d'apres sa correspondance avec Antoine de Latour, daos
Études sur l'Espagne, t. lll, p. &gt;79-370, Paris, 1904. - Correspon-

portuguesas é hispano~americanas, Año Y, avril et mai, 1900. - Discursos leidos anle la R. Academia de la l/isforia, en la recepción pública
del señor D. Juan Pérez de Guiman y Gallo, ,Maclrid, 1906. - F. Eys-

dance de Fernán Caballero a,•cc A. de La tour. Extraits. Cahiers r a 3.
- Famille de F. Caballero. Cahiers 5. - Notes. Cahier 7. - Acte de
bapleme de F. Caballero. Lellre au 8) ndic de La u san ne par~!. Aymar

de Crusaz. - :Xotcs sur Jaques Louis ChALry de la Fosse 1 communiquées par M. Jean Lemoine, d'aprCs les Archives du ~IinistBre de la

Guerre.
,
i62. D' Catalina de Mendoza. Préparation a l'article intitulé, Une'
mondaine conle!nplalive" au .J1 1" sif!cle, Catalina de Jlfendoza, dans le
Bullelin hispanique , t. lX, p'. 238-26&gt;. -- 'lotes se rapportanl a cet
1

-

article · fac-similés du British ~luse □m, ele. - Lettre de D. Eduardo
de Hin~josa. - Une mondaine CDnlemplatiue) etc. (e:s:emplaire annoté) .
163. D. Iñigo de Mendoz3. Nolcs pour la biographie de ce pet·son•
nage. Copies tirées des Archives ~alionales de Paria et du British
Museum. - D. Luis de Mendoza 1 marquis de Mondéjar. ~oles et
copies. - Jacques Flach. Le sieg• de Paris en 1590. Communication
.faite a L'Académie des Sciences morales etpolitiques, le 10 octobre 19/!1,
Paris, s. d. - Charles Valois, Un des chefs de la ligue a Paris.
Jacques de Cueilly .. . Paris, 1910 (clédicace). - Albert Mousset, Un
résident de France ·en Espagne au temps de la ligue (1583-1590),
Pierre de Séguson, Paris, 1908 (Mdicace). - Du rn , Les drotls de
l'infante lsabelie-Claire-Eugénie a la couronne de France, exlrail dn
Bulle/in hispanique, t. XYI, p. 46-79. Trois leltres de \l. A. Coster. -

Leltre de M. Paul \lonceaux. - Leltre de D. Antaine Rodríguez Villa,
avec une copie de sa main, de la Bibliotheque de !'Académie de l'Histoire de Madrid 1 concernanl l'enlerrement de D. ~laria de Mcndqza,

femme de D. Jñigo de }lendoza. - Leltre de D. Hamón Menéndez
Picfal, avec une copie de sa main d'un ms. de la Ilibliotheque du Hoi
aMadrid: "Memorial del Pleylo que se trata en el Consejo enlre el
Señor Almirante de Aragon y Don lñigo de Mendoc;a sobre los estados
de MondejarJ&gt;. - Leltre de D. Angél Salcedo Ruiz.
164. Littérature politique du xvn· siécle ihlienne et espagnole.
Préparalion a l'article intitulé: P. Ippolito Camillo Gµidi, Cadula del
conte d'Olivares l'anno ,1/. DC ..lXXXIII ... dans le Bulletin ilalien,

senhardt, Mitlheilungen aus der Stadtbibliolhek rn Hamburg, 18841889, 1-VI. - Lettre de M. A. Coster. - Deux lettres et une carie de
M. Arturo Farinelli. -

Deux leltres et une carie de ~f ....Paolo Negri. -

Lettre, carte et notes sur lppolito Guidi par M. Amilcare Hamazzini. - Letlre du. Directeur des Archives d'État a Modime.
i65. Historiog.raphie de Philippe II. Dichos y hechos de Felippe JI
por el licenciado Ballasar Porreño, Madrid 1 1663. lndcx des personnages. - Philippe H. Xotes en deux cahiers . Dans Je second, ·minute
d'un cours sur Philippe II. - Jnstruccion y advertencias que embio

Julio Claro al S" D.Juan de Auslria quando el Rey N'" Sº' le embio por
governador de los estados que Su .llago1 tiene en Italia. -

Inslruclion

a la gúarda mayDr de la S" Infante, d'apres les mss. des Alfaires
Étrangeres. Esp . móm. et docum. 237, IT. 185-186. - Luis de
Requesens A Philippe ll. J. de VerQos_a a Philippe 11, Deux notes
de J. de Ver,osa á (;ayas. Copies de M. Lucien Romier, d'apres les
Archives de Simancas, - Carle ele la marquise Arconati-Visconti
(Lettre de Charles IX a Philippe 11, février 1563). - Causes de l'abdication de Charlcs-Quint, d'apres Strada. - Molley. - Ulloa, sur les
campagnes du duc d' Albe aux Pays-Bas. -Chronistes de Philippe U:
Calvete de Garibay. Deux lettres de M. Louis Brandin. - Nolice
sur Luis-Prosper Gachard (1800-1885). Balletins de l'Académie de
Bruxelles. - Émile Longin, Philippe lf, l'histoire el la légende,
BesanQon, 1914 (dédicace). - Liste des lettres de Vargas a Philippe 11
et l'empereur Ferdinand ( r 562), d'apres les Archives Nalionales de
Parisi K 1710. - Vida de los privados (deux cahiers), d'aprCs le ms.
Esp. 338 de la Bibliothlx¡ue 'lationale de E'aris. Copie. - Discurso
critico que contra el gobierno del S' /ley D. Phelippe Jl. . escribió el
judiciario Yñigo Ybanez de Santa Cruz. Copie d'apres denx mss. des
Affaires ÉtrangCres de Paris, m{•m. et doc. Espagne I et :J3g. -,- Dis•
curso crítico, etc. Copie, par M. Albert Mousset, dans le ros. Egerton
3,g du British )luseum. Lettre de M. A. Mous'set. - Estilo que guardó
el Rey nuestro señor Don Phiüpe segundo en el despacho de los negozios

a

desde que comenzo a valerse del secretario Maleo T'azquez asta que

murio. Copie de M. ~lousset, d'aprcs le ms. E~erton 329. - Carta
· escrita del s'º jr. Geronymo Vallejo de la orden de S'º Domingo al rey

�•

BULLETIN TIISPANIQUE

Don Philippe 2°., . Copie de M. Moussel, d'apres le ms. Egerlon
3.9. - Philippe 11 . Testaments el v~ria. Copie. - Philipe 11. Jnstructions. Copie. - Instruclions du 3ojuillet 1596. Copie. - lnslruclions
diverseS. - Instructions, 1598. Copie. y 1\lelia. - Lellre de M. Gustav Turba. -

Cartes de D. Antonio Pat.

D· Gustav Turba, Beilriige
zur Geschichte de,· llabsburger. J. Aus den letzlen Jahren des spanischen [(onigs Philippe ll, Wien. 1899. - Mort de Philippe ll. Notes.
- Palma Cayel. - Loys de Mayerne Turquet. - Traduclion de
Philippe U des Enseignemenls de saint Louis. - II. Fram;ois Delabordc1 Le texte primitij des Enseignements de sainl Louis d son jils,
dans la Bibliolheque de l'École des Charles, t. LXXIII, p. 73 et 237. -

CÁ.TALOGUE DES MA.NUSCRITS DE i\f, MOREL-FATIO

233

Bruxelles, i " décembre 1643. Copie. - Copies de la collection Peiresc
Liste des secrélaires de Philippe IV (1621-1636). -

a Carpentras. -

Mémoire sur le gouvernement de Yalencepar Fray Miguel de Carranza

(Nouv . acq. fr. 5054, de la Bibliollleque Nationale de Paris). Copie.
- Copies tirées des rhss. de la Bibliotheqne Nalionale de Paris. Coupures de journaux.
,

l.71.. Fray Luis de Grenade. Deux exemplaires du comple rendu
(Bulle/in hispanique, t. IX, p. rn3) de Obras de Fr. Luis de Granada . ..
por.Fr. Justo Cuervo, 6 vol., 1906. - Lettre de Fr. Justo Cuervo. Francisco Pacheco, Libro de retratos . - Biographie de Fray Luis de
Granada, avec son portrait. -

a la

Bibliographie des livres de Fray Luis

Antonio de Herrera. Notes. Deux lettres d' Antonio de Herrera (Biblio-

de Granada conservés

theque Nationale de Paris, ms. frarn;aís 23.0511, fol. 116 el 125). Copie
parlielle. - Luis Cabrera de Córdola. Notes. - Philippe II. Cours du

des mots importanls dans les reuvres de Fray Luis de Granada.
l. 72. Karl Vollmoller. Dix-neuf cartes et deux lettres de bl. Karl

Coliege de France de 1913. -

Fac-simil~s du British ,\luscum: Anto-

nio de Herrera, Luis Cabrera. de Córdba, Dl Eufrasia de Guzman,
Calrnlle de Eslrella, la princesse de Ascoli.

f66. Lamothe le Vayer. Notes el bibliographie. - De la contrariété d'humeurs qui se trou.ve enlre cerlaines nalions _el singuliCremenl
entre lafranraise el l'espagnole .•. Paris, 1809 (exemplaire annoté).
l.67. D. Diego Saavedra Fajardo. Copies de lel!res et de consulle_s,
de D. Diego Saavedra Fajardo, d'aprCs lcsArchivesNationalcsdeParis,
· K 1!120. - Azorín, dans El Correo Espaifol du 12-2!¡ janvier 1915
et dans !'A BC de 9-ll janvier 1915.
:168. Medinaceli. Trois épreuves du mémoire intitulé: Les archives

et la bibliotheque des ducs de Medinaceü, dans le Journal des Savants,
1916, p. 385-395. - Notes pour ce mémoire.. -G. Daumet, Louis de
la Cerda ou d'Espagne, dans Je Bulletin hispanique, t. XV, p. 38-67.
- 11. Fran9ois Delaborde, Un arriere µetis-jils desaint Louis, Alfonse
d'Espagne, daos le Recueil des travau.x d'drudilion dédiés (1 la mdmoire
de Juli.en Havet, Paris, 1895, p. 411-42¡. - G. Daumel, Les lestamenls
d'Aljonse X le Sauant, dans la Bibliotheque de l'Éco/e des Charles,
LXVII, p. 70-99 (dédicace). - Deux carles de D. Gabriel llolina. Garle de D. Julian Paz. - Lettre de D. Antonio Paz y i\!elia.
169. Textes latins espagnols d'intéret historique. Alvar Gomez.
Copie et noles. · Paul Jove, Comunidades. Copie.
l.70. Copies de textes espagnols. Inventario del Colegio de San Bartolome de Salamanca (1433-1465), d'aprcs le ms. espagnol 524 de la
Bibliotheque Nationale de Paris . - Colléction Beltrán aux Archives
Nationales de Paris: Testament du comte•duc d'Olivares; Vicente
Marina; Inventario de los bienes temporales del D' Arias Alonlano;

Regalos de boda.

xv111'

siecle; Catalogue des documenls divers de la

Collection Bellrán, par G. Daumet. - Certificat de scrvices donné par
le duc d'Albuquerque a D. Femando de :.'Joroiía, comte de Linares,

Bibliotheque Sainte-Genevicve. -

Liste

Vollmoller. - Prospectos des Mélanges Chabaneau, en franQais el en
allemand. - Rundschreiben an den Verherliehen Vorstand der
Gesellschajt Jür Romanische Literatur. Quatre lettres. - Épreuves
du Libro de Alexandre.
l.73. Le,;on d'ouverlure faite au College de France, en 1907, Copie
qui_ a servi pour prononcer la lei;on au College.

l.74. Candidature au Collége de France (l.906). Leltre de R. J.
Cuervo, de la marquise Arcouati Yisconli (deux), Ji. Felix Naquet,
A. Chuquet, Ch. Ilémont, de Mille Gastan Paris, de M"'" Cavaignac,

M·• Paul Meye,, M. lwulet, 111. E. Mérimée, M. H.Hauvelte, }l. Meillet,
M. Levasseur. Carlesdu gónéral )Iojon, M. Henry Roujon, M. et.llf••G.
Fidiere des Prinveaux. 1 M. W. Foerster, ~I~. Arthur de Boislisle. Articles

du Temps, du Journal, de la Franlifurter Zeitung, de la Nació
catalana.
l.75. Antonio Perez. IV. Lellres d'Antonio Perez, écriles pendant
son séjour en Anglelerre et en · France. Découprires ele L'Espagne
au .xvr et au .rru~siecle, Heilbronn, 1878.-Extraclos de documentos
originales sobre Antonio Penz, por Don Manuel Landeira, Madrid,
1850 (Documentos inéditos para la historia de Espaíía, t. XV, p. 3975ir.3). - csoles sur Antonio Perez el copie de mss. de la Bibliolheque
Nationale de París.
176. Livres de la Mazarine. :'iebl"ija, Jolm Minsheu, Alonso llernandez, Amadis de Gaula, Primaleon, Diego Qrtuñez de Calahorra,
Juan de Palafox y Mcmdoza, Carranza, ele.
i77. Les faux Sébastien. Extratts des carlons K 1676 et 1677 des
Archives N"ationales de Paris.

A. MOREL-FATIO.

( A suivre.j

�BlBLIOGRAJ;&gt;flIE

BIBLIOGRAPIIIE
General Burguete, Rectificaciones hisl6ricas, de Guadalele &lt;Í

Covadonga y primer siglo de la Reconquista ele Asturias,
Madrid, Sáenz de Jubera, Iler·manos, editores, calle de Campomanes, ro; 1915, 321 pages, petitin-8°, avec 6 cartes.
Cel ouvrage se divise en deux parties : l'ei;itrée des Musulmans en
Espagne et la campagne de résurreclion. Le résumé de la premiere
partie, d'apres l'exposilion, j'allais dire le roman, du géñéral Burguele,
est celui ci. Roderic ayanl supplanté les fils de Witiza, ceux-ci voient
leurs prétentions appuyécs 'par Julicn, seigneur de Ceuta,' qui intéresse
á leur cause Mousa et les Arnhes: une premiere expédilion est envoyée
en reconnaissance avec Tarik, qui s'empare de Gibraltar, et, suivant
les indi'éations de Mousa, occupe la sierra de Rondá, position presque
inexpugnable et qui assurela sécuritó de Gibraltar. Pour faciliter son
entreprise, Julien avait par ses émissaires fomenté une révolle chez les
Yascons, au nord de l'Espagne, éloignant ainsi Roderic du point de
débarquement des Musulmans. C'est en voulant les chasser de cette
rcdou~e nalurelle que ce prince leur livra bataille sur le _cours supérieur du Guadalete pres du petit lac de Salado ou de Fuente Piedra,
el non pres du lac de Jánda, situé plus au loin au sud-ouest, reconnu
par tout le monde jusqu'ici comme le théatre du combal, au sud de
Medina Sidonia, et traversé par le H.io Barbate.
Pour arriver démontrer sa these, le général Burguete, qui n'est
pas arabisant, tourne et retourne les textes pour en arracher ce qu'ils
ne'disent pas et raisonne comme pourrait le faire un tacticien des
lemps modernes et pretant aux Arabes un plan arreté : pour un peu,
il nous ferai~ assister au conseil de guerre ou. ce plan a été établi. U ne
se rend pas compte de ce que fut l'expédition musulmane en Espagne;
d'abord simple razzia, saos autre but que le pillage : c'est ainsi que
de l'Égypte les Arabes avaient procédé dans le ~laghrib 1, et que les
razzias, dont la plus connue esl celle de'Abd Allah ben Sa'd, précéder.ent les expéditions régulicres de ;\}o 'aouyah ben Hodaidj et de 'Oqbah
ben Nafi' . . . C'était aussi l'opinion des fils de Witiza et la preuve en
est dans la conduile q?-'ils tinrent pendant la bataille, ainsi que l'a

a

1. CC. Akhbar .1/adjmoua', éd. Lafuenle y Alcanlara, :lladrid, 1867, in-8•, p. 8 du
Lexle; El Maqqari, Analectessur l'histoire et la littératuredes Arabes d'Espagne, Leiden,
1855- 186 r' l YOI. in-8·' l. 1' p. 16,.

bien élabli Dozy 1. C'cst une singuliere erreur de dire (p. 56) que
le comteJulien, suivantloules les chroniques, avait, par des émissaires,
provoqué des révoltes chez les Vascons pour tenir Roderic éloigné
pendan! le débarquem~nt d'un corps d'armée musulman destiné
soutenir les prétentions des fils de Witiza. Il est absolument invraisemblable 'q ue le seigneur de Ceuta, qui relcvail au moins nominalement de l'empire byzanlin •, put amir des relations avec les populations mal soumises du nord de l'Espagne 3. Quanl au plan de la
bataille, il est con&lt;;u d'aprcs celle supposilion donnée comme une
certitudc, qu'elle se livra sur le cours supérieur du Guadalele '1. Celte
certitude est lelle que les opérations militaires sont décrites avec
une précision d'aulant plus singuliere que les chroniques ne nous ont
· laissé qu'un récit asscz confus. Il est nai que le général Durguele
appelle comme garantie « la alta mentalidad del gran Estado major
alemán», qui en savait peut-clre encore moins que lui sur ce sujet.
Un aulre exemple de procédé de l'auteur est celui ou. apres avoir
supposé, d'une fa9on toute graluite, que les prisonn~ers faits la
bataille allerent grossir les troupes musulmanes (p. 67: Es de suponer
que el ejército ... ) il revienl sur cette idée,· non plus sous une forme
dubilalive, mais en l'alllrmanl puremenl el sirnplemenl, p. 78: Envió
candillos ... con tropas mixtas de 90Jos y berberiscos ». Le récit du
siege de ?llérida (p. ~o) nous olfre encore un exemplc de pareilles
assertions hasardées tort et travers : on lit en eífet : re Don .Jalián,
prosiguen diciendo los historiadores arúbigos, es llamad6 urgentemente por Tarik, r¡ue se impacientaba ante la resistencia de J/éri&lt;la ».
Or .Mérida ne ful pas assiégé par Tarih.; et /ous les historiens ·arabes,
l'auteur de l'Ald1bar medjmo11a, lbn 'ldza ri, En Xoua'i~i, Ibn 'uayam
ap. El ?llaqqari, lbn el Athir ne menlionncnl que Mousa ben l\'osair
comme ayant assiégé et pris la ville.

a

a

a

a

0

, . Dozy, Histoire d,,s .lfusulmans d'Espo:1ne, Leiden, 4 Y. in 8' , 1861, l. II, p. 3~.
•· Cí. les argumcn\s réunis par Dichl, l'.lfri,¡ue by=antine, Paris, 1896, in-8•,
p. 586 58í. G'csl égalcment l'opiuion d'fülnardo de Saa\'cdra, Estudio sobl'e /á invasión
de /.is ,trabes en España, ~ladrid, 1891, in-8•, p. 48-\9. Codera (Estulios críticos de
Historia arabe tspa,1ola, 1" série, Zaragoza, 1903, 1 , ol. in-12), y \'Oit (p. 88) « un
Gomera pizanlinizado ,, tandis que Juan :\tenéndez l'idal (Leyendas del último Rey
Godo, \ladrid, 1906, in-8', p. 84), en fail un princc des l3erberes Ghomara.
3. On peul s'élonncrque)l. Burguctc li'ail.pas produit,a l'appui dcsonasscrlion,
le témoignagc de Juan de )folina, lrad.ucteurdc.Ja Crú11ira de los reyes de Aragón, et
du libro: de .1/emorias de las antigurdacle., y cosas notables del monasterio de s. Joan
de la Pe,in, qui font d~ Jnlien nn comtc de Canlahria {cf. Juan '.\lcnéndcz Pida!,
Leyendas del úllirno Rey Gqdo, p. 81, note 5¡. Nolons pourlanl que l'auteur a cu Je
bon seos de rejetcr enlieremeut ta légeode ue la Cava (la filie de Jfilien), que
Fonrnel, malgré sa prudence, arnil aumi&gt;c san, difficulté (les Be,bers, 2 vol. in-4•.
Paris, 18¡5-1R81, L 1, p. Hg).
~- La r¡ueslion é-Lail régtéc depnis les recherches d'F.duardo de SaaYedra (Estudio
sobre la invasión de los trabes e/1 España, p. fió-f.9). 11 etit fallu, puisque ~l. llurguele
reprenail h •1ucslion, discul&lt;Jr lts argumcnts de "iguC'l :\lancheiío, La Batalla del
Barbate, Arcos de la rronlcra, 189a.

�IUBLIOGRAPHJB
BULLE"fl.L"í HlSPA.:'\lQUE

a

•

La seconde partie du livre ·est consacrée
l'histoire de la résurrectionde l'Espagnechrétienne et des premiers rois desAsturicsjusques
et y compris Alfonse II. C'est une des périodes les· plus obscures de
l'histoire de la Péninsule. Comme l'écrit fort juslertlen( Dozy 1 : (( Les
Musulmans se dirent qu'apr0s tout, une trentaine d'hommes (les compagnons de Pélage) n'étaient pas 3. craindrc et que ce serait peine
perdue que de s'aventurer pour eux ·dans cette dangereuse vallée o-U
tant de braves avaient déj8. trouvé une morl sans _gloire. )&gt; Bien
entendu, il n'y a pasa faire élat des di res de Conde, de Viardo\ et des
historiens franyais ou espagnols qui les ont reproduits, mais sans
aller aussi loin que le digne successeur du jésuite Masdeu, Somoza
García Sala, qui, dans son ouvrage, Gijon en la historia general de
Asturias, considere comme imaginaire le recit du cOmbat de Covadonga et n'y voit qu'une imitation de !'affaire de Roncevaux, on peut
le regarder comme sans importance au poinL de vue réel. Ce fut, si
l'on veut, l'étincelle qui donna le signal de la résurrection, mais une
simple élincelle qui faillit s'éteindre plus d'une fois : par un concours
de circonstances favorables, elle atluma l'incendie qui devait consumer
la domination musulmane en Espagne et ne s'éteindre qu~en 149:1.
Apres une longue et minutieuse description des montagnes de la
région des A.sturies, l'auteur oppos~ aux. récits des Musulmans qui ne
dissimulent cependant pas les défaites, les di res de Dulcidio et de
Sébaslien de Salamanque en avouant cependant qu'ils exagCrent un
peu (non exentos tampoco de exageracion) 2 . C'est cependanl sur ces
Chroniques 3 c¡ue s'appuie le général Burgacle 1 pour l'l)istoire de la
reconqu6te, toutefois en les.rectillant par enJroits, a l'aide des lravaux
de Dozy, á qui il rend pleine ,justice (p. ,og). Notons cependant que
l'accord d'AlfÜnse 1~, avec les Berberes méconlents des Arabes est une
simple supposition sans prCuve aucune et que l'opinion de la similitude des doctrines d'Elipand et de Félix d'Urgel (l'adoptianisme) avec
les dogmes des Berbercs non-conforroistes, ce qui aurait amené une
sorte de fusion, est absolument gratuile. L'autcur semblc avoir confondu l'islamisme et le kharcdjisrne; taus les musulmans, ó¡::thodoxes
ou hétérodoxes, peuvent etre considérés comme des adoptianístes.
1. Histoire des .Masulmans d1 Espagne, t. ll 1, p. 2 2'.
,. Le P. Tai!han avait- ccpendant fait justicc déjil des fanfaronnades rclcvécs
daos la Chroniquc d'Alfonsc 111, Vanonyme de Cordoae, chroni&lt;1ue rimée des deruiers
roif de Tol~de. Par is, 1885, in-f", p. 191. On peu t y joindre le_ ro man de .Pélageel de
sa sceur dans la chronique léonaise. Cf. Cirot, La Ghronique léonaise, Bordeaux, 1920 1
in-B•, p. 30"'31 et parliculikrcment la noto ir-onlque, ibid., p. 3o S ,, note 4. De mCmc
l'ouvrage d'A.cacio Pcrez Pral, Couadon9a (Madrid, 1890, iu-8°): ce n'esL, a part u11c
description pittorcsque des Jieux 1 qu'une sórie de légendes sans fontlemen t hislo•
rique. C'esl e11core le résumú de Dozy, J{istoire des Jl[u.sul1nans d'Bspagne, t. Iil,

p. 22-23, qui est le plus exacl.
3. Cf. sur leur valeur et surtoul Jeur inspiration et lcurs tendanccs, Dozy, Recherches sur l'histoire et la litl.érature de l'Espagne pendant le Jfoyen-A.ge,.Leiden, 2 vol. in·S•,
L. l, p. ,4-20.

.

Au reste, ce ne fut qu'en 4o

u'eu .
.
237
rection des kharedjites 7 t ·(
t heu en Afr1que la grande insurnekkarites ou abadhites' e ~ est peu,Rrobable que Jeurs doctrines
PEspagne au temps d'A' l~e us'slent deJa répandues dans le nord d;
.
'
1onse 1~ q e 1
h
.
regner de 739 a 75- et lbn KI Id' u
es e romques latines .font
t
¡
rn oun de 75, a 759 E t
au eurs, arabes ou chréticns . d'
.
n out cas, les
Vierges, ol.1 l'auteur voit , nten L~ent nen . Pour le tl'ibut des Cent
. ,
une entalive de ra
b
e cments maraaatos et b b'
. .
pproc ements avec les
1 .
~
er eres, lCL encare rhypothe
.\
gratu1te et aussi peu adro' 'bl
seest enllerement
mylhe solaire: les nual'J'es o1~sl~s e que c~lle_ de Braga, qui y voit un
d'un theme légendair; b.
apsaras rnd1ennes'; c'est l'application
ien connu au Masen A
td
pl us ancien est celui du tr'b t d .
. ge e ont le type le
par les Athéniens au :Mino,tau e Jeunes'gens et de jeunes filles payé
ure.
Dans son résumé du re n d'Al
a m'étendre ici l'auteur a lag .e .,ron~e ll, sur lequel je n'ai pas
bilitaot (p. 28G). Décidé1
tsL~lgultere idée de citer Conde en le réha.
nen , 1 est des morts qu'il f t ,
n est pas seulement Dozy ui a exé
.
.
au qu on tue. Ce
falsifications: c'est a ss·qc d
cu;e .n~agLstralement Conde et ses
, .
u I o era y Za1drn , ll
• ,
a d1sc11Ler la Lhéorie qui fa'L d M .
·
Y aura1t egalement
L'aulcur dit bien qu'il n'a .·' . es ~ ª.1agatos un peuple parliculier.
. •
11enrnvente(p 3o,) M • 1
..
1 s y prend non pas
• .
. . .
. a1s a marnere dont
1
'
memc poursolhc1terun text
•
ce qu'il ne contient pas et .
. I' d
e, ma1s pour en Lirer
inspirer de la confiance. co:~l))~rl ad-. es_sus ses hypolhCscs, ne peut
•
.
'
t e Je e isa1s en commen('!lnl 11
, .
( 3
Y"'
•
en ,a1t
l avcu mvolontáire quand il s''I'
live qui ne s'appuie que sur
p. o4) ~onlre « la critique néga~
beaucoup que de déblai·er le'
?cuhn~entaL,on adéquale. » C'est déji,
.
Lenatn istorique de to l l
qut ont pu s'y entasser· mais
t. .
. .
u es es erreurs
a les remplacer par les 'rantaisi:: et;v:1I serait mut,~le s'il a~outissaiL
par une idée préconQue: ¡¡ suffiL d:li~1y~olheses_d un espnL dominé
}?our s'en conv8.incre.
e es dermeres pages du livre

u::~e

On peutenoutre reprocher al'auteur
.
.
sans savoir l'arabe ce qui 't ·t
d' nonpasd avo1rabordésonsujel
.
.
'
e a1 cepen ant d'une exlrém .
ma1s, malgré cette ignorance de s'Ct 1 , d
.
e importance,
qui suffiraient a elles seules p,our d, r~ ~nce ans des interprétalions
eprec1er sa these Je n
. 1
.
·
e
pu1s
re ever
lGoutes les erreurs : il me suffira d' en d,es,gner
quelq
uadalete ne peut signifier río tercero il
.
ues-unes. P. ;i1,
nrabe vulgaire talit; la note I de la ~(Te aura1t f~llu thalith, ou en
l'auteur confond le nombr
d ' 1 p o _l3 est egalement fautivc:
J'explication de guad'l e or ma _avec le nombre cardinal.- P. :;i4
i uca par {t no de la conllu
.
,
,
admissible; on aurait dit tviidf lliqii '(avec l'article)
Lenc1al
n. n est pa5:
~
•
es
ex1cographes
1
1 · T· Braga, O pouo portugue" · L. bo
2. Decadencia y desopa.rición
l~~ Aal, 1886,:_; "ºl. in-12, t. 11, p. 445·446.
8
12
x
Cf
•
"
niorau~es en España: Zara'"'
,~:i 1,.
• aussi Jacqueton Lf::S A h.
•
,:,oza, 1 99. inP
l' ,l.lr,érie, Alger 189~ in-8'
'8
re ives espagnoles du Gouv~rnement général d;
•
1
,p.9-109.

de

·

Bull. hupan.

�BlJLLETil.'f 1:USPANIQlJB

.áIBÍ.IOGRA.PHiE

arabes ne donnént pas moins de qualorze formes de m.asdar él la pl'OmiCre forme de la VIQt J'ai choisi 1a plus usitée, mais ces quatorze
formes ne désignenl pas le confluenl de deux rivihes: il aurait fallu
cmployer le participe passif de la vu1 6 forme et dire wddí lmolqayá.
El aussi que signifierait le fleuve du confluenl? - Dans la note !l de
la page 23 , nous trouvons « beca en arabe signifie vaca; y Becca, hizo
llorar,,. Baca ne signifie pas vache; c'est baqarah (avec un qa})1
tandis que balw, pleurer (1· forme bakka, faire pleurer) s'écl'it avec
un ka/: les deu:x. racines o'onl r.ion do ·commun. - P. 165, l'auleur
supposeque Ali bab signifie &lt;&lt; porte d"Ali 1) , ce qui est contraire a la
syntaxe ara be : on aurait dit Bab Ali. - P. 007. Avant de dire que les
livres d'lbn Hayan sont perdus en majorité, le général Burguete
aurait pu consulter Brockelmann, Geschichle de,· arabischen Lilleralur 1, t. I, p. 338, ou au moins Codera y Zaidin, Misión histórica en
la Argelia y Tunez2, ou encore Paul Boigues, Ensayo bio-lJibliográjico
,obre los historiadores y geógrafos arábigo-cspaño/,s 3, p. 15,-154.
11 y a a douler de la prélendue origine bel'bere attribuée a des noms
comme Arcenorio , Arcobio 1 Argolibia, Coriscao (p. 2:13) et la liste
donnée p. 14:1:. Je puis affirmer qu 'aucun de ces noms ne se rapporle
une racine berbhe connue. - P. :145. L'étym.ologie de Mouregalo
par mourogato, homme-chat (qalt en arabe du Maghrib signifie chal
et non rasé) est au moins bizarre. - P. 089. lbn ldzari (lbn Adhari )
ne compasa pas une « histol'ia de los Omeyas &gt;) ; son histoire de
l'Afriqueet de l'Espagne, intitulée At Bayan al Moghrib·, !'étend jusque
bien apres la chute des Omayades.
l\ENÉ BASSET.

bout du doigt les théories qui ont cours sur l'archéologie monumenlale et sait les appliquer judicieusemen·t Quand j'aurai ajouté que
l'illustration , souvent ingénieuse, est largement comprise., on se rendra
comple de la valeur du Iivre. M. M:\le, en le présenlant a l'Académie
des Inscriptions, a porté témoignage que l'ouvrage de M. Puig est
l&lt; un des plus intéressants qui aient été consacrés dans ces dernieres
années a l'art du mayen 5ge ».
Dans les pages oll il recherche les origines de l'arcbitecture calalane du x:ue siCcle, l'auleur fait une large part aux influences du Midi
de la France. Pour un Frarn;ais qui est un vieil ami de la Catalognr,
c'est toujours unejoie nouvelle de noler ces affinités Jointaines et profoudes qui unissent intimement les civilisations et les Ames memes
des deux pays.
J.-A. B.

a

a

L'Arquitectura románica á Catalunya, vol. 111. Seg/es

XII

y

XIII,

par J. Puig y Cadalalch, A. de Falguera y Sivilla et J. Goday
y Casals.
Le Bulletin hispanique ne . peut pas laisser passer, sans la saluer
d'un mot de sympathie, l'apparition d'un travail aussi important que
celui de M. Puig et de ses collaborateurs. Avec ce t. III, en deux volumes, l'ouvrage compte ::1.100 pagés et 2.240 figures l
Voila un pays qui possede une tres nombreuse série d'églises
romanes. Le méme pays a eu la bonne fortune et le bon esprit de
conserver des archives d'une richesse admirable, qui permetlenl
d'écrire l'bistoire de ces églises. Un hornme s'est adonné a cette
a,u vre: architecle de talen!, il possede a fond la science technique qui
vivifie l'archéologie; aimant avec passion les antiquités de sa terre
catalane, il s'est fait érudit pour les mieux comprendre, pelerin. pour
les interroger sur place et leur arracher leur secret. Il conna:it sur le
\Veimar-Berlin , ~ vol. in-8•, 18 08- 190~.
2. ~h.1rid, 18!.J 2, in-a• , p. 86 el rnivaoti:s.
. 3. Madrid, 1898, in-8•.
1.

Fueros leoneses de Zamora, Salamanca, Ledesmu y Alba de Tormes. Edición y estudio de Américo Castro y Federico de Onís. /.
Textos. Madrid, 1916, 341 p. gr. in-8°. - Fueros castellanos
de Soria y Alcalá de Henares. Edición y estudio de Galo
Sánchez. Madrid 1919, xv-327 p. gr. in-8°.-Chaque volume
12 ptas. (Publications du « Centro de estudios históricos " -)
La publicalion des grands fueros reprise avec celle du Fol'lun
Turolii, par Fr. Aznar y Navarro, dans la Colección de Documentos
para el ,studio de La historia de Arag6n (t. 11 , 1905) ,, continuée par
celle tlu Fuero de Usagre par MM. Hafael de Ureña y Smenjaud et
A. Bonilla y San Martín (cf. Bul/etinhispanique; 1908, p. roo), puis par
celle du Forum Conche dans les Universily Studies published by the
Universily o/ Cincinnati (nov.-déc. 1909 et janv.-févr. 1910), el clu
fuero de Ayala, par L. M. de Uriarte ( 1910), a été notablement complétée ces clernihes années par celle des fueros dont les titres son t
reproduits ci-dessus. Complétéé n'est pas assez dire, car il semble que
les éditeurs de ces derniers fueros aient adopté une méthode toute .
nouvelle, aussi rationnelle, disons-le tout de suite, au point de vue
philologique qu'au point de vue de. l'histoire du droit. Mais ponr
m'expliquer, je dois dire un mot de l'édition du Foram Conche, due
au professeur américain George II. Allen, et de la critique qu'en a faite,
dans le Boletín d, la R. Acad. de Historio. (rg 17), le maitre espagnol le
plus qualifié, apres Eduardo Hinojosa, M. Rafael de Ureña y Smenjaud, professeur a la Faculté de Droit de Madrid.
M. Allen avait basé son édition critique du texte latin dufuero de
Cuenca sur: lº le ms. dela Bibl. nat. de Paris, fonds latin, nº 1:1:.9~7,
dont M, Morel-Fatio avait donné une description et publié la préface
dans la Revista de Archivos en 1898, p. 195; :Jº l'édition destinée

a

r.

cr.

Rtvue hispanique, t. XIII, p. 631 .

�•4o

!'°"Lfflll RIIPUJQR

servird'appendlceaux M,moria, hu~rico, iN la vida 1; aulonu del Rey
D. AIDMO ,1 Nóbl,, octavo del nombn, r~illtu por el marqua 4e
~ e U,ulrada6 con notiu 1 :a,1lldicu por D. FNIMÍICO C,,rd,d
y Rico (Madrid, 1783), bJeée aur le ms. de !'Escorial Q.m. 23 ~ ~i:"
aenúe· eeolement par troia exem¡,lairea COllllUa, dont un, celnl qai a
aem a M. Alleo, eal le R. 13.56o de la Bibl. Nacional de Madrid; 30 le
mi. Q. 111, 23 lui'Dleme, poor la prérace, la fin do ch. XLIII el tout
le cli. XLIV et dernier; 4º le ma. de l'Eacorial • JU. 14, conleunl le
t""'te lalin du/uro de Baro, qui, d'apree JI. All-,n,
la a liten! cop7 or U.e fruro ot ·cuenca, except that raro ( old tona ol
Haro) has heeo ,ubeUtuled ror Concha (LaUn rono or Cuenca) ud I npua
Dldacl (LaUn ror Dleco L6peo), or lhe ahrenatloo t. D, 1taoda In ~ or
· lbe ldng'a name or UUe.
·
· Au lleu de 18 débarraaaer, avec une _h&amp;te hienveillanle, de l'in,lortM
que l'Académie lui avail demandé, 11. Urella_ y· Smenjaod a
a
euminer de pres l'édilion ainai élaborée. Et 1'11 pouae un fOIIPlr de
,oulagemeol en 1:0mmen91n1 ion·compte réndu de 8• pa~, ce n'~t
pas uniquement parce qu'il eat venu ll boul de sa IAche ; e eat auss1,
,emhle-1,-il, parce qu'il a eu la satisíaction de ae dire el de démonlrer
· que, ai l'oo pouvail raprocher aux Espagnola de laissera dea élran~
leaoin de publier la documeolalion de loor hisloire, loul au moi_oa cea
~mea étrangen oe pouvaieot-ila toujoura ae poser eo mal'1ea illcOD•
tealés pour la m.ilhode acieoU6que el la coonaiasance dea éhoses
d'Eapagne.
11 ealde íait que M. Urelia, qui ae lrouvail avoir rédigé nne étude anr
ce mAme forum de Cuenca el publié en 1916, le Fluro tk Zorita dé ltis
Ctu,a, dérl-,lé. de celni de Cuenca, étail foodé ll reprocher M. A.llen
toul d'abord d'avoir conaidéré un exemplaire d'UBe édition prépaffll
au xnn• aiicle et miae ao pilon, comme l'éqolvalenl dn mannacrit
qu'elle avalt slrlvi, Ól1 éteil cenaÑ avoir suivi ; et enauite de . n'aw '
pa1YU que
,
loo c1oo Cóc11cea lalln111,' el Parlslenae 11917 J el Eacurlalenae Q. 111. 1S,
reprilenlm dos formaa clll'en!ntea, doa momenloo dbllntoe ea la traaarormaclóD éVoluUva del For,un eon.M.

"'.°º

•

a

'

Sur le prenlier polnt, il n'y a qu'i paaaer oondamnalion : 11. Allen
a ev IOrl de a'en rapporter .a une comparaiaon lrop aommalre de l'imprimé et dn manuacril, puiaque dea aondagea poa!Alrieurs ont ~ 6
dee différencea aenaiblea.
.
Sur le aecond pobit, J• dlrai aimplement mon aYia, c'lll que la
&amp;ran1C8ndance méme du poiní de vue d'ou le profeaaeur "8pajplOl ae
plÍée poor Jager le travail du pmf-nr américain et de8nir l'u¡iecl
de la queñlon, ealla meilleure e1cusede la faule commise.
·
~n 1909-1910, 11. AUen 6tail • ~i•tmt Proteasor or Latln » a
l'Unbenité de Ciucinnali. 11 savait 1811&amp; doale commenl oa prepare

iÍÍt WO.

,~

•4•

llrilfi¡úe 4'ua léile ~ t . \ par dea manuléritl· de

~

w,. ,t · · ~ cl~11111ee. B t!tail ~lué i MDlidérw qa'un
M!lttn'lll.nair11(11h'ol,Jet11, remonterau testeprimitlr, telquel'avail
~'«': 111D aulenr. 11. Ure&amp;.a mnt lni dire: « Non, cbacun dé voe
a.oiman~-.eprúente nae forme diO'érente dll Fano; le m1. de

Pátla, I¡ forme primozdiale ; le ms. de rE11COrial, la fol'IDe ayatéma~ • i .- i.¡deiiJDNlllt, mala 11. Urelia, en 'IU•Ilhl de juaiaconaulle, aajl
:1p1'il :t:• Qll8 Yié, une é,olulion necessaire dea te1lel de ce&amp;le aorta, el.
'l'l•·leu..aouacrifa peu~nl ~ t e r , non pu dea coplea pina ou
molnt lldilémenl eskuaet de la rédaclion llriginale, mala dea ~•e-

~ qu; oill cbacune leur va¡,nr reapecUve, lenr exiatence iodivi••re. Voalolr les tondre, c'esl cn!er un texte arbilralre et raux qui
11f nspréilllalli ni 1- unes nl'les autree.
l.....i que ne pán\1 l'ú¡for,M dool Je Yiens de rappeler lea
llp,ea -tleDee, nn aulre/a,ro, celo! de Molioa, avait íait l'ohjet
cl'ue 61ude donl le Bul/. hilp. a rendo compte ( 1919, p. So¡)·; el en
lempa MM. Alllérioo Castro el Federico de On!s publiaient rea
/'li,,ro, lbala de Zulaora, Salamanque, Ledeama et Alba de Tormea.
l'our lea deDlt dernlera, paa de dilllculléa, puiaqu'ils aont repréaenlá
cbacun pat un mannacrit uniqne, d'ailleun incomplel; et celui de
~ : doot llDe parlie dérive d'one des rédactiona do Salammque.
a pn étte oorrigé ulilement grAce ll celta ineme Ndaclion.
qu..1 au deu" premien, l'enatence de ¡_,luaieurs manulCl'ita
~ no problmne qui a élé ~ n , ponr le furo de Zainora, pll' le
dtQb 4u me. qui pÑleollit hl dialectalis}D8 le plus marqué, le texle te ·
~• Olllllple&amp; e&amp; laa lracel nialérieDee lea plua éridentea de maniem11111t;
f,CNir lt/811'.G de'Salamanque, par le chcilx do me. dont pai:aiJaeal
IN deluautree connua. Maia, et c'eal ici qlHNtt l'ianovalioo,
cu, le IDI. ¡rifére eet t'eprodnil 8dMemenl (les abmla~ 'Ñlólu!lll) -conip d'aprii lea aotrea daóale aeulcu d ' - r
fridefe ¡ de pbu, cbacu,n de ces man~ aecondalree est nprodolt
IIUáaliJllleat, on IOl!t au moina lea Yariantea en aonl tnnlea indlq,aea,
qDQd il a'agit d'une copie l peo pna Diot pour mot, comme c'ee&amp; le
ale pnnr un del ms, du/oero de Ledesma. Oo a done au beaola troia

m._

•~ll lClr•
--•den

IUteil ,upel'p(ll6s.
.
En 1019, M•.Galo Sánchez nona a donn6 l 80D toar le /a,ro ou -pr,~ CHllllan de Soria, avec· celui d'Alcala de Henarea enappendiaí.
Le prolilee 18 poaait poor loi cl'nne án\!"l l'ac¡on que ponr MM. Casa et -()oja, pulsque lea denx manuacrita ou se trouve le ./Ulro de
~
. Jiea queJenr arlp18 soit commune, aont indé~ta rq de

r--..

~ - - " - una redacción di.unta del,~ y repnaentao ~011
. . . . . .lea do la emldclóa que hl ourrtdo. Coa ,, .... Ad~~ ~ r elion el leido dé /J.: aquél ,.... una . _ del , _ , _
.,¡ ' . -

�&gt;43

BVLLETIN HISPANIQUE

BIBLIOGR.APHIE

moderna que la dada por éste según demuestran sus peculiaridades jurídicas
y lingüísticas. B es una redacción más técnica y perfecta que A, a la qµe en
ocasiones corrige y rectifica.
lL est permis de voir dans celle constatalion intéressante et capitale 1
un reílet en méme ternps qu'unc confirrnation de la théorie lumineuse
&lt;le M. Ureña louchanl le Jorum de Cuenca. L8 encore, on nous
donne done les textes des deux manuscrits, l'un au-dessus de l'aulre,
avec les variantes dedeux séries de fragments empruntées l'une a un
ouvrage inédit conservé a la Bibl. Nacional de Madrid, l'autre a l'édilion de 1788.
En ajoutant, en appendice, le fuero d 'Alcalá de Henares, apparcntó
a celui de Soria, el a peu pres conternporain, M. Galo Sánchez n'a pas
cru sa tache terrninée. Il a joint une Historia del fuero de Soria, qui
occope 46 pages. Apres avoir disculé la date de la repoblación de celte
, ille, établi l'époque oll elle passa au pouvoir des Castillans, et indi•
qué les-quelques vestiges qui subsistent de son premier fuero, dU saos
doule a Alphonse I d'Aragon, il conjeclure que le fuero d'Alphonse Vlll
date des années I r95-1196 1 étant donné que Soria fut dévastée par
Sancho de Navarre, pendant que le roi de Castillc se faisait battre á
Alarcos (1195): je croirais assez que cclui•ci,quicomrnenc;.a par régler
ses comptes avec le roi éle Léon, et ne s'altaqua au roi de Navarrc
qu'ensuite, ne reprit Soria que vers 1198 et peut-étre plus tard. JI est
en tout cas assez naturel de supposer, comme le fait M. Galo Sánchez,
que•Je fuero fut donné a.u moment du repeuplement (Cf. Chl'Onique
des Rois de Castille, S 16). Quant au fuero real d'Alphonse X, c'est
entre 1 ~s~ et 1 ~65 que cot érudit en place la concession, mais il semble que le fuero local ait continué Btre au moins occasionnellement
en vigueur, ce qui d'ailleurs ne serait pas une ~xception pour Soria.
ll dut y avoir une longue période de lutte plus ou moins sourde contre
cette législation nouveJle et uniforme qui tendait ¡;¡e subslituer aux
anciennes. L'attachement aux fueros ne devait pas ctre moindre au
xm" ou au x1v• siCcle qu'au xue.
Une question tout aussi délicate, et d'une impottance pratique considérabla en ce qui concerne l'histoire et la reconstitution du texte, ou
des textes du fuero. de So ria, c'est celle des rapports entre ce dernier et
le Forum Concl&amp;e, le Liber Judicum, le Fonim Turolii. M. Galo Sánchez
montre par plusieurs exemples l'influetice des deux premiers, 8. l'exclusion du lroisibme. •
Quant au fuero de 8'.lria, son inlluence sur le Fuero real esl mise

en relief égalemenl par des rnpprochements signiflcntiís, aux dépens
de celles du Líber Judicum (Fnero Juzgo). Cetlc conslalalion suffirait
a montrer l'imporlance de la publicalion de M. Galo Sánchez. Et il
sera bon de relire la page 7 de l'introduction de M. Allen, écho des
théories anciennes sur la formalion du Fllero real, pour cornpren&lt;lre
ce qu'a de nouveau cette affirmation de l'érudit espagnol:
... exceptuando el Fuero de Soria, los redactores del Fuero lleal apenas
han tenido presentes n'ueslros C\J.adernos municipales. Tambien es exage-,
rada la importancia quo suele darse al Fuero Juzgo como fuente del Fuero
Real. .. El Fuero de Cuenca, el Fuero de Soria, y el Fuero Real representan
tres monJenlos típicos de la evolución progresiva del derecho medieval castellano. Sólo gracias al segundo puede explicarse el último. G. CIROT.

a

a

1. Et encore ici : , Es éste un asunto que se liga con el problema general de la
formación y eYolución de nuestros fueros, no ectud.iado a!Ín. ~o siempre se redactaban
de una vez: es frecuente, en especial en los edensos, la superposición de capas
distintas, paulatinamente acumuladas gracias a una incesante labor legislati,•o
municipal. Los pueblos procuraban ampliar y majorar sus fueros por lodos fo¡¡
medios Jmagiaables ... » (p. 24:t),

Fr. Antonio de Guevara, Menosprecio de corte y alabanza de
aldea. Edición y notas de M. Martinez de Burgos. Ediciones

•

de « La Lectura". Madrid, 1915.
ll élail dommage que la Bibliolheque Rivadeneyra n'eul pas mis
a la portée du public cel opuscule charmant du célebre !3crivain.
L'édilion qu'en avait donnee M. Julián de San Pelayo Ladrón de
Guevara (Libro llamado Meno,precio de Corle y Alabanza de Corle,
Bil_bao, 1893), avait haureusement comblé cette lacune, en fournissant
en outre une introduction biographique qui, ~ l'heure actuelle, est
encore ce que nous avons de mieux; mais d'éclaircissemenls sur le
texte, pas l'ombre. Et pourlant il n'est pas possibte qu'un lecteµr,
móme espagnol, ne soit pas arrAté par des mots ou des expressions
difficiles a bien saisir 1 a moins qu'il ne se contente de comprendre
par .\ peu pres et m6me de travers.
Avec les notes, du nouvel éditeur 1 il y a réeUement plaisir et profit
a Jire ce texte, aussi curieux par les détails savoureux dont il est farci
sur la vie en Espagne dans le premier tiers du xv1• sib&lt;::le, que pa.r
la maniCre qu'afTecte l'auteur. Le vocabulaire presente quelques
difficultés : M. Marlínez de Burgos a su nous les aplanir par des
rapprochements heureux ou en recourant tout simplement soit au
Tesoro áe Cobarruvias, soit au Diccionario de Autoridades. Les observations grammaticales destinées a éclairer le sens ne inanquent pas
non plus: telle celle de la p. ,33 a propos de le (pronom) pris au sens
pluriel ou indéfini. Des citations de Pedro de Rhua nous avertfssent
utilement du cas qu'il faut faire de certaines affirmations de l'auteur
du More ~urele et des auleurs qu'il allegue .
lJ est regreltable que l'on n'ait pas complél~l'illustralion de ce petit
traité par des extraits de sa contre-partie, l'tiuiso de privados ou Despe,·tador de cortesanos. Peul-Btre veut.on publier intégralement
celui-ci, qui ne l'a pas été depuis le xvnº siecle, et qui complete agréablement le Menosprecio touchant la vie des gens qui suivaient la cgur.

�,44

BULT,ETIN HTSPANIQUE

BlBLIOGR.APJIIE

M. Martínez de Burgos n·a pas oublié de mentionner ]es coplas de
Gallegos qu'onl fail connailre M. Serrano y Sanz, puis l1. Morel-Falio
(Bull. hisp., 1901, p. 1¡-34) •. 11 s'est mis en devoir de se procurer
l'étude que ce dernier avait annoncée sur Ant. de Guevara; elle n'a
malheureusemenl.·pas été terminée, que je sache, bien que des matériaux abondants aient étéréunis et des parties importantes composées,
si j'en juge par le catalogue que M. Morel-Fatio publie de ses propres
manuscrits dans le Bull. hisp. (cf. 19,i ,. p . 3o. n• 88). Peut-étre l'idée
de cette publication a-t-elle été abandonnée du jour ÜU René Costes
s'est décidé a consacrer 3. cet auteur sa these principale, dont j'ai
promis de faire paraitre ce que je pourrais , promesse queje commencerai a réaliser sous peu ici meme.
G. C[ROT.

tirage, et i1 restera un précieux petit volume, avec un prologue de
M. Alfonso Reyes donl le défaut n'est cerles pas la banalité. L'expression
y est neuve et hardie. De Lope on nous dit:
nos aparece como una vertiginosa rueda metafísica que arrojara

Lope de Vega, Teatro. Tomo l . Peribá,iez y el Comendado,· de
Ocaiia. La Estrella de Sevilla. El castigo sin vengan.a. Lo
MCMXIX. Edito ria 1
« Satumino Calleja. »

(Jama boba. Prólogo de Alfonso Reyes,

Ce pl'emier tome fait partie de la jolie et commode Collection
Calleja. Nous allons pouvoir enfin emporter d'un conp daos notre
poche quatre comedias de Lope de Vega : on revienten effet aux petits
fol·mals; c'esl-ii-d.ire qu'on pense enfin aux lect"eurs qui lisenl ailleurs
que dans les bibliothéques. Ce détail tout matériel n·est pas saos
importance pour la culture intellectuelle, non plus que celui de la
re1iure, qu.i 1 hahillant le livre des sa naissance, le rend plus attrayanl,
plus présentable : en pays de tangue anglaise on ne l'accepte
qu'ainsi; broché, nu, il choque.
Seulement il faut veiller a la correction. A ces édit~ons saos notes,
on demande au moins un texle irréprochable. Or, je releve pas mal
de fautes. Je rétablis ainsi :
P. 44. Pero causame risa ...
P. 45.
¡ Que de sólo venir el que ts esposo
de una mujer que quiero, bien me sienta
descolorir j • • •
P. 67.
¡ Si gente no hubiera·!. ..
Itas despertaran 3 tambien.
Et p. 60. segadores; 6 r, tenido, comendador, nuestra villa ; 84, condes.
table; 95, La capa que tienes aqui; etc.

Mais loutes ces menues. imperfections disparaitront

a un ,p:ochain

1. N'est-ce pas cÚtainc page du Menosprecio qui a inspiré a Lope de Vega cetle
jolie lirada du Peribáñez y Comendador /U Oeaña oú l'héroine décril la vie rustiqu e ,
sans oublier le moúl de la vendange ni les ceps pour l'hiver ?
2. La virgole a,·anl bien et non aprCs.
3. lmparfait de subj. et non futur. Au vers suivaol pourquoi ne pas accentuer
hartín, puisque &lt;leux vers plus loin on écrit ra.:ón. L'accenluation esl trCs irn~g.uliere,
je ,·eux d re 5ans rilgle: eocore mCme page, mia el día.

(&lt; • • •

sobre el mundo estético la realidad práctica triturada y desmenuzada.
Yero en los rincones de sus versos, en el 'Secreto acogedor de sus interiores
poéticos, aquella impresión· gigantesca se atempera, se humaniza, y hasta se
resuelve en rosarios de cosas minúsculas y exquisitas que hacen de su lectura
uu continuado deleite,, .

Et del' ceu ~re, des comedias :
• Ningún hombre de mediana cultura puede dispensar'Se de leerlas; pero

et que las ha leído no conoc&lt;' 1 ni con mucho, a Lope, como no conoce el
¡¡_ilómetro el que sólo ha examinado el milímetro .. . ,

Lisons-les done, relisons-les, ces comedias, dans la collection
Calleja, afin de connaitre au moins le millim6tre, qui a cessé d'Ctre
encombrant. Et qu·on nous en donne, de ces millim6tres !
Le choix a été heureux. La premiCre, surtout, des quatre pieces ici
réunies, esl une merveille. C'est bien la tragicomedia, ainsi qu'elle est
intitu1ée a la fin, le type de la comedia de Lope, mixtura, comme Yeut
Ricardo de Turia) de comique et de tragique, avec des lii.bleaux exquis
{la noce &lt;lu début, la scene du peintre faisant le portrait de la jeune
femme a son insu, a Tolfde, le défilé des cornpagnies a Ocaií.a, etc.):
sans compter les deux héros, Peribáñez et Casilda, si vrais et si
nobles tous deux.
G. C.

Anlologia Porlllguesa. Frei Luis de Sousa. l. (Vida. de D. Frei
Bar/olomeu dos Mártires), 310 p. - Bernardes. f. (Nova
Jloresta, Estímulo prático, Luz e calor, Ultimos ji.ns do homem,
Exercícios espiritua_is, cte.). 273 p. Aillaud e Bertrand. ParisLisboa.

La nouvelle collection, que son directeur, M. Agostinho de Campos,
intitule Antologia portuguesa, reprend une tenlative intéressantc ·des
fréres Castilho. Ceux•ci avaient tenlé dans leur Livraria classica, dont
on a profit encore aujourd'hui a se servir, de nous donner, avec une
appréciation littéraire et une biographie, l~s rnorceaux les plus caractéi-isti.ques de chaque auteur. Nous possédons l'équivalenl dans nos
bibliotheques scolaires. Ce sont les pages choisies de la maison Colin
qui se ra.pprochent le plus, pour le programrne et la méthode, de
l'Antologia portuguesa qui se propase non seulement de reproduire les
pass;tges essentiels des écrits réputés classiqnes, mais de _faire une
sélection parmi Les modernes et meme parrni les auteurs Yi vants. La
collection de M. A. de C., comme la série des Cldsicos castellanos qui
jouit en Espagne d'un succes mérité, s'efforce de gagner le public

�HULLETI~ HISPAl'UQUE

BIBLIOGRA PHIE

mondain par une impression soignée, un formal élégant, el en évitant
tout appareil inutilement scolastique. Une inlroduction courte résume
pom· tout écrivain les résullats acquis par l'érudition. Des notes rares
expliquen! les difficultés historiques el philologiques du texte. Quant
aux libertés prises par l'éditeur,.elles se ram0nent 8 changerles litres,
a con den ser les chapitres par la suppression de phrases et de paragraphes, a éliminer chez les auleurs religieux la plupart des citalions
latines et des références. L'orthographe est modernisée et M. A. de C.
s'en excuse par des raisons qui ne manquent pas d'h-propos. Beaucoup de prosateurs et de poetes classiques, dans les éditioos les plus
connues et les plus accessihles, ont été réimprimés avec une orthographe conventionnelle. Ceux dont on a reproduit le texte original
sans négliger aucun des signes typographiques qui ont disparu de
l'usage, se présentent au lecteur a vec un aspect tróp rébarbatif. En fin
le meilleur moyen d'imposer la nouvelle orthographe, dont on peut
discuter 1a valeu:r mais dont il faut reconnaitre l'utilité, c'est encore
de l'employer dans les ouvrages qu'on imprime pour les écoles: u 11
convient de la suivre, dit fort justement M_. A. de C. ou, si l'on prérere, de la supporter, sous peine He continuer ou-d'aggraver l'anarchie
a laquelle elle prétendait porter remede., Ces argurnents, au point de
vue pédagogique et pratique, onl leur•importance. Théoriquement, il
serait préférable néanmoins 1 en ce qui regarde le choix , de retrancher
des paragraphes et non des phrases) en respeclant l'unité de chaque
alinéa, et pour l'impression, de conserver l'orthographe des premiCres
éditions en usanl des signes typographiques employés actuellement. 11
est vrai que c'est encare lli une déformation et qu'une méthode qui
repose sur le sentiment lilléfaire vaut par la fai;on dont on l'applique. En France, nous ne pouvom; que saluer avec un vif plaisir
l"apparition de 1' Antología portuguesa qui répond aux hesoins immécliats de l'enseignement.
Le premier volume qui vient de paraitre sur Luis de Sousa et qui
appelle une suite, renferme seulement la Vie de /'archeulque. L'introduction de M. A. de C. repose a la fois sur le travail critique
d'Alexandre Lobo et sur la biographie 11 romanesque mais sinCCre n de
Frei António da Encarna&lt;;ao
se rappelle que Manuel de Sousa
Coutinho, en religion Frei Luili do Sóusa, fils d 1 un grand seigneur
qui avait servi aux ludes, en Afrique, et acqui&amp; quelque renom daos
les leltres, devint chevalier de Malle 1 fut emmené comme captif
a Alger oll il connut Cervantes, s'inilia, apres avoir été racheté, au
mouvement littéraire valencien et aragonais. épousa enlre 1584 et 158G
D. Madalena de Vilbcna, veuve de D. Joii.o de Portugal, tué ou laissé
pour mort sur le champ de bataille crAlcacer~Quibir, voyagea ensuite
en Amérique et. apres la mort de sa fille se sépara en 1613 de sa
femme, tous deux s'étanl, d'un commun accord , retirés au couvent.

Cet événemenl surprit les contemporains. D'oll la version de Freí
Anlónio da Encarnayílo qui, pour l'expliquer, faít intervenir le retour
du premier mal'i, O. Joúo de Portugal. C'est de llt que Garrett a tiré
toute l'íntriouc de son drame admirable. Ce récit émouvant, ainsi
que l'avait déjU constaté Alexandre Lobo, souleve plus d'une difficulté
historique. JI cst probable que le renoncernent des deux Cpoux s'explique par l'inflnence d'un parent, le comle de Vimioso, qui venait
de donner le mCme exemple et aussi par les désillusions de la vie.
Entré dans l'ordre des domioicains, Luis de Sousa, au líen de se
vouer a la prédication, se consacra, sur le conseil de ses supérieurs,
a des travaux histodques et littéraires qu'il composa, dans un temps
relati vemenl court, 3. .un Bge avancé.
Son histoire de Frei Hartolomeu dos M.irtires, le célebre archev~que
primat de Braga, n'est que la mise en muvre des matériaux informes
rassemblés par un aulre dominica in, Freí Luis deCácegas. Elle futcomposée en dix-neuf mois. On la ~egarde comme un mod6le de pureté,
d'aisance, de grAce et de douceur, comme le symbole des qualités
classiques de justesse, d'élégance et d'équilibre. Le mérite de l'ouvrage
résidc 8. peu pres ex.clusivement dans la forme. ll se ressent, par la
natvetB de certaines anecdotes, des lendances apologétiques qu'on ne
s'étonnern pas de rencontrer dans un ouvrage écrit sur la demande
et sous le contróle des supérieurs de l'ordre. M. A. de C., en supprimant le sixieme livre, qui traite des funérailles, a retenu envirar¡ le
tiers des cinq premiers . D'un choix.judicieux. de passages caractéristiques se dl'gage nettement la personnalitédu saint, que nous définirons
par une formule contrndicloire: humilité combative. Nul n'a poussé
plus Loin, pal' abnégation chrétienne, le désir de se rabaisser. 11
n'accepte l'épiscopat qu'a sou corps déreudanL; il multiplie les démarches pour se faire relever d'une fonclion qu'il juge écrasante; il
conserve le grabat, la robe de hure et l'écuelle des dominicains;
envoyé comme représentant du Pol'tugal au concile de Trente 1 il
voyage incognito, recherche la frugale hospilalité des couvents,
déploie mille ruses innocenles pour éviter les réceplions fastueuses.
Mais c'est le mCme homme qui engage une lutte acharnée contre les
abus, excommunie les officiers du roí, dompte les grands scigncurs
endurcis, tient téle aux..cardinaux . dans les questions de prést'.•ance,
' bl,ime le luxe des pl'inces de l'Église méme a la table du Saint-P0re.
Les chapitres qu'on retiendra surtout, car le piltoresque s') ajoute
a l'onction ecclésiastique, c'est le récit, justement vanté par Camilo,
de la tournée épiscopale dans les terres de Barroso, au milíeu d'un
Pª)'s-age farouche de rochers abrupls, le long des µentes oll les mulets
de charge, tomi.Jant les uns sur les autres, s'écroulent comme des
chllleaux de cartcs, landis que le préla.t, indifférent au danger, insen¡¡\ble aux i11lempéries, chevauche les Uras croisés , les yeux levés au

º"

~

•

�UIBLIOGRAPHIE

RULJ,'&amp;Tl:V UISPAlUQUE

ciel, ne pensant qu'au salut de ces popnlations a dcmi-barbares r¡ui
manifestent leur enthousiasme en improvisant des canliques naivement
hétérodoxes. Ce portrait, malgré la déformation qui lient au panégyrique, reste une helle création litléraire. Du point de vue de la vraisemhlance on reprochera seulement a l"auteur d'avoir exagéré le pieux
machiavélisme de son modele qui déploie, pour se faire humblc, une
ingéniosité qui confine au mensongc. - La réimprcssion de ce texte
s'imposail. S'il date par les sentiments, par ce pcrp{•tuel recours au
mil'acle, il semble écrit d'hier et quelques noles hisloriques et gramrnalicales suffisent pou_r le rendre parfaitement intelligible.
De Bernardes (1644-1710) on sait lout au plus qu'il est entré rlans
la congrégalion de l'Oratoire vers la trentaine et que ses facultés
se sont alfaiblies deux ans avant sa mort. 11 nous apparaH comme le
prosateur le plus souple et le plus riche de la langue, avec le jésuite
Vieira. Victime dans ces derniCres années du dédain oll une grande
parlie de l'opinion tient la littérature mystique, il n'en o.ccupe pas
moins une place considérable dans l"es selecta,,;. Parmi les écrivains
qui comptenl au Portugal et au Brésil, l&gt;eaucoup -se sont formés en
lisanl la 1Vova floresta. ll est singulier qu'un aulenr qui a exercé une
teJle: inlluence ne soit pas l'objet d'étndes préciscs et nombreuses. On
n'apprécie guefe, chez lui, que le style. Encare le.s critiques n'arrivent-ils point a se meltre d'accord sur les points essentiels . Dédaignait-il son ceuvre au point d'en rougir 1 de laisser
d'autres la
correction des épreuves 1 ou n'eSt-il arrivé que par le travail patient de
la lime a l'absolue pu reté? A.-t-il, oui ou non, imité Vieira? Que3tions
que M. A. de C. pose sans les résoudre. Cependant il s'altache 1 comme
son prédécesseur Ca.stilho, a la forme qu'il examine scientifiquement,
du point de vue de la 'grammaire historique, et pratiquemenl, en cherchant ce qu'un étudiant d'aujourd'hui, qui veul s'initier a l'art
• d'écrire, pent tirer de la lecture des classiques. A vrai dire il y _aurait
peut-6tre intéret a séparer plus neltemerit ces d~ux méthodes qui se
confondent par endroits dans l'introduction. Car il importe de distinguer soi~neusement les constructions pénibles imposées par la tradition et la mode (~nacoluthe) des obscurités résultant de l'improvisation
et de la négligence (amphibologie) . Pour savoir, au surplus, ce qu'il
convienl de retenir de Bernardes, il n'est pas inutile de déterminer
jusqu'oll peut a~ler, en maLiCre de vocabulaire et de syntaxe, l'imitation des classiques. Daos cette queslion importante de l"archa"isme,
M. A. de C. adopte une solution moyenne. 11 condamne le travail de
mosaique et de marqueterie qui g.lte une partie de rceuvre de Camilo
et de ses discip]es. Mais il veut réagir, en fin lettré, contre l'iníluence
pernicieuse de l'argot, des langues ,éfrangf:res et des habitudes de
rédactio'n htitive iatroduites par la p·resse. Chez les classique~ il
y aurait lieu, d'apres lui, d'apprendre la sim_plicité, 9u'elle soit natu-

a

relle ou acqulse a force de labeur, pour l'opposer aux défauts d'une
école, en voie de décadence, qui prétend arriver a l'originalité par
l'alfectation On devrait chercher en mCme temps au xvn,. siCcle des
exemples de la grande phrase périodiqtie, dont l'emploi continu
fatigue., a laquelle on a renoncé par imitation du stJle frani:ais
moderne, rnais qui doit intervenir comme élémcnt de variélé dans
toute page bien faite. La préface lrCs suggestive du bCcond ,·oluBle
pose ainsi les bases d'un cnscignemcnl orienté dans le m6me sens
que les livres de M. Albalat. M. A. de C. prévoit le développement
~ulur d~ la tangue portugaise 1 subordonné, d'une part, au progres
econom1que et au peuplement du Brésil 1 de l'autre, au soin que prendronl les éducateurs de sauvegarder la tradition littéraire. Certes les
philologues portugais onl fourni depuis cinquante ans un remarquable
elfort. lis ont recueilli un grand nombre de textes archalques et populaires. lis ont donné ou rectifié des élymolooies , enrichi le domaine
?e l~ phonétique et de la sémantique. Cependant iJ reste beaucoup
a fatre, malgré les bcaux essais de ~nf. Epiphanio Días et Júlio
Moreira, dans celui de la syntaxe hislorique el de la stylistique. C'est
un signe hcureux, qui présage une prochaine renaissance des éludes
lilléraires, que de voil' un professeur du lycée Pedro Nunes orienter
l'enseignemenl dt la langue ,•f.irs l'ulilisation systémalique de la leclure des grands écrivains pour la formation du slyle.
D'ailleurs on n'aura pas tout dit sur Bcrnardes quand on aura
patiemment relevé les artifices qui font.de lui un virluose. Une étude
:s'imposerait sur les sources el la qualité de son érudition. F.:lle est
e,trCmemcnt riche et variée puisqu'elle embrasse l'ancien el le nouvcau Teslament,la patrologie, l'antiquíté gréco-latine, l'hisfoireanecdoLique des ordres religieux, celle de la péninsule tout entiere et m6me
de certains peuples du Nordi les récits des missionnaires de l'lnde
de la Chinei du Brésil, les notions sur la flore et la faune exotique~
rep&gt;ndues par les voyageurs portu¡;ais. EII~ se présente, le plus
souvenl, sous_forme d'anecdotes cboisies pour leur valeur pilloresque,
avec un sentiment trCs juste de ce qui peut éveiller et surexciter
l'aUenti?~· Le me~veilleux, depuis la crédulité 1a plus na'ive jusqu'au
sens ·poehque, y hent la plus grande place. Bernardes fait intervenir
les si renes, les nains de la ll'adition germanique, les génies malfaisants de la mythologie américaine, enfin le diable donnant l'assaut
11 la vertu chancelante des moines. ll aime surtout le miracle quand il
s'accompagne de mille détails invraiseinhlables. Nous retíendrons la
tomparaison ll'Cs ingémeuse que ~1. A. de C. étahlit entre Bernardes
et Anatole _France. 'tvidemment le premíer n'a rien d' un sceptique et
d'un dilettante et l'on ne respire point en lisanl le second un parfum
d'ingénuité. )fais taus deux affectionnent les vieilles bistoires et les
fai;ons de dire savoureuses. En dissertant a perle de vue sur les Yertus

-~

�BULLEtlN HlSPAIHQtrE
250
cardinales· et théologales, le tres docle et tres orthodoxe oratorien
nous fait plus d'une fois penser aux opinions de Jéróme Coign~rd. !l
pratique volontiers l'ironi~, celle du ~oins q_ui ne porte Jamais
atteinte aux croyances, il recueille et cultive les Jeu~ de mots, excelle
a décocber le trait, a introduire daos les propos decousus 1~ ry_thme
et l'harmonie, a transformer en nouvelle pgychologiqu~ le fa1t d1vers.
11 n'hésite meme pas a dénoncer, avec une bonho_m1e pater~~' l~s
pelits abus de la vie ecclésiastique. De ce méla~ge ."'.1prévu d erud1tion livresque, d'expérience mondaine, de credu~1te . enfantt_ne1 de
de raffinement littéraíre, de mahce 1nconsc1ente et
f. rveur reliaiense
o
'
.
d'ironie calculée se dégage un charme puissant. Aucun mystique
ne semble plus capable, sinon de convertir, du moi~s. d'ar_nuser
et d'attacher le profane. Sans doute, a l'exemple de Vieira, d use
ancore dans les sermons de ces procédés d·amplification qu'on a Juste·
ment comparés a des feux d'artifice. Comme direcleur de co~~c1ence,
il abuse, a la mani8re des Espagnols, des métaphores poursmv1es, des
comparaisons poussées jusqu'au symbole. _M,ais la Nov~ ,J!,preslai
d'allure plus familiere, dont M. A. de C. a tire les n_euf dmem~s de
ses extraits, rappelle a la fois Plutarque, Montaigne, _Mass1llon,
La Bruy8re Voltaire et certains contes de Daudet. Ausst les deux
volumes éléganls qui ouvrent la collection del' Antología portuguesa
el qui donneront l'idée de se reporter 3. l'édition com~l8te en crnq
volumes de la librairie Lelo, doivent rester, pour qmconque veut
pénétrer les secrets de la belle prose portugaise, un livre de chevet.
G. LE GENTIL.

251

B1BLIOGRAPHIE

qui en sont falles daos la liltérature classique, ele, Partout des aperQus
nouveaux et intéressaols, qui rnenent l'auleur a cetle conclusion:
&lt;1 Les greníers ~bériques des Asluries, de Galice, du Pays-Basque et
du Portugal do1vent étre considérés comme des vestiges du temps otl
régnail l'erchitecture palafittique qui survit encore en Portugal. ))
Pou~ ce qui est de la prononcialion du mot, n'est-elle pas horrio
au mo1ns daos certaines régions ?
, On m'a affirm_é que cette palafitte (puisque, pour M. Frankowski,
e en esl une), est un meuble, qu'on la déplace parfois, qu'on la
partage méme entre héritiers 1 chacun emportant le morceau ou les
morceaux qui lui reviennent. Est-ce exact? Et y a•t~il des rCgles -pré•
vues dans la législation ancienne?
Je n'avais pas vu d'hórreo dans la province de Santander, M. Frankm~ski n'en a pas_ vu non plus. Mais on lui en a signalé dans les
envuons de la cap1tale de cette province.
Le type de la Galice, nous dit-il, esl distinct de celui des Asturies
(p, ,_7) el présente une grande variété de formes, dont de nombreux
dess_ms ou photographies permettronl au lecteur de se fáire une idée.
Je "g?alera1 en outre une curieuse photographie d'hórreo galicien
dans I Almanaque Gallego para 1907, publié par Manuel Castro López
(Buenoo-Aires, 1906).
L~ (:0~tessc Pardo B~z_án nous en décrit un, mais de fac;on un peu
scltemat1que, dans Buco/tea, un des con tes qlli suivent Un destripador
de antaño:
A un lado de la era, plazoletilla redonda y rodeada de un seto de zarzas
arbustos, se levanta el hórreo, sostenido en cuatro pilastras de granito y
rematado ~or tos_ca cruz de ~adera pintada de rojo. Súbese al hórreo por
una escalerilla de mano, y Man pepa, bajando y subiendo, había sacado de él
h_uen~ cantidad de habichuelas, que iba desgranando sobre un pafio
y

Iiórreos y palafitos de la penlnsula ibérica, por Eugeniusz
Frankowski. Museo nacional de Ciencias naturales, Madrid,
1918, 160 p. gr. in-8, avec planches.
J'ai publié ici en 1916 (p. 2n), une nole sur le grenicr aslurien,
l'hórreo, ou panera, et je souhaitais qu'une étude sérieuse füt faite d_e
celte curieuse constrtlction ¡ le travail de l\-1. Eugeniusz Frankowsk1,
membre de l'Ecole de hautes étudcs hispaniques de Madridi est venu
combler mes vooux, grAce a la JtLnla para ampliación de estudios qui
l'a publié.
. .
.
.
.
On y lrouvera tout d 'abord une descriphon techmque qm ne.la1ss~
rien a désirer 1 avec l'énumération des variantes apportées de ci de la
a la forme de l'édifice, et d'excellentes photog~aphies; puis l'exa~en
des différents types de greniers plus ou mmns analogues que l on
rencontre dans les provinces de Léon, Palencia et Santander, en Galice,
daos les Provinces Basques et en Portugal, ailleurs encore, en Európe.
ou hors d'Europe; enfin, une revue des palafittes dans le monde
antier et de leurs représentations dans l'art préhistorique, des mentions

hmp10 ..•

a

La scene se passe ou est censée se passer Pontela; une des nom-brcuses Fontela de la Galíce,
trois Heues d'une Villa dénommée
~ebre, queje ne.s~tue pas tres blen, mais qui serait elle-m0me cinq
heues,
v~l d 01seau, de Pontevcdra, dont la province a fourni
plusieurs :.chantillons M. Frankowski. 11 esl facbeux que la descriptton de ~1 Pardo Bazan ne pmsse servir de document et ne soit pas
mieux localisée.
Cela ne veut pas dire queje la laxe d'inexactitude: ainsi le détail dé
la croix est relevé par M. Fra~kowski, dans les hórreos de Galice.
~tais je regrette_ q~e J'illustre romanci8re ne se soit pas cr_ue obligée
a plus de dcscr1pt1on. En revanche elle nous en fait entrevoir un
de temps en temps, el dans le paysage qui l'encadre habituellement :
Había amaneddo del todo, disipándose la niebla; el sol doraba ya con
alegre reflejq las cimas de los árboles. 1as aguas de los manantialillos que

a

a

.ª

a

�BULLBTIN HlSP.A.NIQUE

brincaban dei rnonle a la carretera, los cristales de las casitas que de trecho
en trecho se asomaban curiosas, con su cerca, sus .dos manzanos, su emparrado de vid , su meda· de centeno junto al hórreo.

Les paysages asturiens de Valdés en sont. aus.si é~ayés. ~~ns l' ldili~
de un enfermo , nous apercevons, un mallo ele fete, ran 0 es _sous ,lei;
hórreos, sur des comptoirs improvisés , les grandes oulres de v1n i e est
1a que les paysans cndimanchés vicndron~ boirc, conune a la lavernc:

voila une destination 3 noler dans l'étude de ces exlraorclinaires

greniers !
. .
Dans !'Aldea perdida, c·est sous un hórreo pres de l éghse que
'sonnent la gaita el le tambour, et que dansent deux bonnes
re
d'
1 1.
douzaines de jeunes gens et de jeunes filies, tan 1s ~ue p ,us orn ,
, ¡· · 1·~e d'immenses cercles exécutent . la •danza
prima. C est sous
a :iir Iu1 ,
,
, .
cet hórrro que ·Bartolo, le fanfaron, habltuc a mepnser le dan~er,
b it des ver.res de cidre pendant que les camarades se battenti et e est
la qu'il partira pour alter a&lt;;,hever le grand Toribion, mis hors de
combat par i\olo de la Braña,
,
.
.
.
Je dois .M. Feliciano Alvarez, avocal a Madrid etnahfdes Astunes,
une photog:aphie, qui, si elle ne fait pas ~pparait~e. nellement le
rofil de !'hórreo situé pres de la blanche ma1son famthale, donne au
p oins celui des montagnes et du site, ce qui n'est pas saos importance.
m Daos la Quimera, Mme Pardo Bazán fait allusion a l'utilisaLion ~~
l'hQrreo comme pigeonnier, a laquelleJovellanos, clans un passage cite
par ~l. Frankowsk.i 1 avait pr6té altention :
. . y las zuritas, descolgándose de la repisa del hórreo-palomar, bajaban ·
a trancos cortos . . .

d;

a

BIBLIOGRAPHIE

hasta las audaces palomas zuritas del jardín ... habíanse acogido a su
palomar del hórreo ...

Deux savants bordelais 1 M. E. Harlé et le D 0 Lalanne, me disent
qu'il existe daos le Lot-et-Garonne des pigeonniers montés sur des
pieds munis de pierres plates comme dans !'hórreo. ll est difficile d'y
voir des palafitles .
On trouvera deux gravures représentant des paneras asturiennes
dans le curieux travail de M. Aurelio dé -Llano deAmpudia y de Valle,
El libro de Caravia . (Oviedo, impr. Gutenberg, 1919.) Les paneras et
les hórreos ont du reste été repro"duits dans des cartes post.ales qu'il
n'est pas difficile de se procurer. Ils ont réellement un pittoresque
étonnant auquel le site n'ajoute sans doute pas peu de chosc. Et puis ,
témoins de cambien de vies, témoins intimes, plus que l'église, ils onl
certes des secrets, dont quelquei.-uns transpercent, plus ou, moins
déguisés, dans l'oouvre des romanciers 1
C'est Valdés qui, dans La Aldea perdida, nous montre la vieille
Rosenda espionna □ t, de son hórreo, tout ce qui se passe chez le mysté,
rieux D. Félix.
C'est Mm• Pardo Bazán qui, daos un autre des contes qui suivent
Un destripadJr de antaño , a savoir Viernes santo, nous fait d~couvrir
dans un hórreo, le cadavrc en décomposition du pauvre Cristo, la
victime du redoutable cacique Lobeiro, égorgée aprl,s de longs
tourments dont le pauvre corps porte les affreuses traces ... L'hórreo
des Pazos de Ulloa n'a-l•il pas, lui aussi, été témoin d' une triste idylle
et peut.etre d 'un crime? Sa silhouelte surmonté~ d 'une croix rouge,
prCs de l'era otl. )e marquis campagnard brandit le mallo, reste, dans
l'espril du lecteur, liée aux émotions de ce beau roman,
Au Portugal, l'hórreo, semblable /¡ celui de la Galice, s·appelle
efpigueiro ou canastro suivant les provinces. Sur le palheiro, qui en est
une variété, ~f. José Leite de Vasconcellos donne, dans la Revista
lusitana des notes de ses étudiants (1918 , p. 137 , 151, 157), propos
de la Casa portuguesa.
Pour ce qui est des Provinces Basques , M. Frankowski, sur la foi
des correspondants auxquels il s'était ad.ressé, avait cru comme moi
que !'hórreo n'y existait pas. 11 en a découvert a Marquina-Echevarria
et a Barinaga (Biscaye), qui sont fort analogues aux asturiens. Selon
une indication qu'il n'a pu vérifier, il y en aurait m8me un en Navarre,
-• Abarrea Baja, dans la vallée d'Aezcoa. C'est done /¡ lort que j'ai eu
scruplile voir u·n hórreo du type asturien daos celui oU se déroula la
se/me brutale relatée dans les Généalogies des llois de Navarre (Bull.
hisp., 1911, p. 437) :

a

a

Asnarius Galindi accepit uxorem domnam Onnecam, filiam Garsiez Enncconis, filii EnneconisA.riste. Etgenuit llliosCentollen Asnarez, et Galindum
Asnarez , et domnam Matronam,"que fuit uxor de Garsia Malo, filio de
!Jult. hispan.

'7

�BlJLLET[N IIISPA:'IIQUE

Galindo Blasquez, et domnam Faquillo. Et quia illuserunt eum in die sancti
Iohannis Bapliste in horreo, in villa que dicitur Belosca, occidit Centollem
Aznarez, fratrem uxoris sue, et dimisit uxorem, et accepit aliam
domnam( ... ), filiam de Enneco Arista el pepigit fedus cum eo, el cum
Mauris, et eorum auxilio eiecit socerum de comi(ta)tu. Perrexit ígilur,
Aznarius Galindi ad Frantiam, et procidens ad pedes Caroli Magni, conquestus est ei de facto generi. Qui dedil ei populationf}m Cerritaniam et
Oriello, ubi et tumulalus iacet.

Voila qui donne 3. l'hórreo une histoirc, pour laquelle les documents
espagnols manquent un peu, puisque, part les latins qui ont parlé
de l'hof'reum, M. Frankowski ne nous cite gu8re que Jovellanos et
Iturriza.
Je suis un peu élonné, a ce sujet, que M. Frankowski fasse état, il
est vrai a trnvers deux autres références 1 d'un passage de Florian de
Ocampo, pour étayer sa théorie 1 que &lt;( los hórreos asturianos pueden
considerarse como un resto de las construcciones populares de madera
hoy reemplazadas por las casas de piedra y ladrillo» (p . 15). Ocampo
est un historien de haute f.antaisie, je erais l'avoir démontré. Mais je
n'en suis pas moins troublé moi-m0me par l'affirmation qu'il glisse
dans son livre IV, c 0 lll, fol. CXXXVlll de l'éd. de 1543 :
Las cuas tenian en Espalla de madera, segun que tanbien oy día las vsan

a

en todas aquellas montañas, yen Inglaterra las tex.iancon brin bes
atadas en estacas largas y gruessas que hincauan sobre la lierra.

I

y vergas

Peut-~tre Ocampo, qui connaissait a merveille les .textes anciens
authentiques, n_'invente-t-il pas ici. Mais j'aimerais bien connaitre
alors sa source. Autrement son autorité estnégative, plus que négative.
ll exploite dans ce chapitre un passage de la Vi/a Agricolae (ch. XI):
&lt;t Silurum colorati vultus, et torli plerumque crines, et posila contra
Ilispania, Iberos veteres· traiecisse easque sedes occupasse fidem
faciunt)), pure _conjeclure du reste 2 • Mais Tacite ne parle pas des
habitations, que je sache.
G. CIROT.

in-8°; La deuxieme année d'espitgnol, Paris, A. Colín, 1920,

445 pages.
Les Apuntaciones lexicográficas du meme auteur, signalées ici en
191 • (p . 50,), contenaient, dans deux de leurs parties (Del griego al
caslellano et Disquisiciones), le germe des trois volumes de !'Ortología
castellana de nombres propios, d' Americanismos et de Nuevos derroteros del idioma,'tous trois d'une incontestable utilité .
Le premier est destiné a fixer les hésitations dans l'orthographe et
l'accentuation des noms propres. On lui a reproché un défaut de
méthode (Rev. Filología esp., 1915, p. 387); il faut pourtant reconnaitre que l'auteur, s'il a pu se tromper faute de considérer certailfs
éléments d'appréciation, a adopté la seule regle raisonnable la bonne
et sU.re rCgle de Vaugelas, l'usage; et c'est l'usage classÍque qu'il
a voulu fixer, en demandant aux poCtes leur accentuation, puisqu'il1
la donnent sans méme la IIiarquer. - Car si l'on a A choísir entre
l'accentuation latine suivie par quelques-uns pour Clímene, Prosér•
p'ína; Érebo, par exemple, et l'acccntuation grave, plus généralement
adoptée, il faut évidemment se résigner /J. adopter cette derÓiere.
L'étymologie ne peut done nous tirer d'affaire qu·a égalité d'aulorités,
par exemple pour Océano (Oceiinus), et c'est une grave affaire que de
décider: c'est pourquoi on s'en remet généralement aux Académies .
11 s'agit done d'abord de ne pas se !romper sur l'étymologie, et
ensuite de recueillir le plus d'exemples possibles dalls des ouvrages
de valeur; mais lil, c'est l'infini, et il faut amasser sans cesse. Peut~tre M. deToro-Gisbert, qui a consulté !'Isabela de Lupercio Leonardo
de Argensola, aurait-il bien fait de dépouiller aussi ses Rimas, car on
y voit souvent revenir des noms mythologiques. U y aurait trouvé un
bon exemple de Peleo grave et d'Hipólita, qu'il a omis (je reproduis
l'édition de 1634):
Que, por huyr de _Hypolita, Peleo
Casi provó la muerte:

Miguel-de Toro-Gisbert, Ortología castellana de nombres propios,
París, P. Ollendorfl', s. d. (191Q); 493 p., in-8'; Americanismos, ibid., s. d., 287 p. in-8°; Los nuevos derroteros
del idioma, Paris, Roger et

Chernoviz,

1918, 376

p.,

l\lélathese iotéressante de vimbre, devenu d'autre part mimbre.
Ocampo eiploite de móme uue asserti.on d'Annius de Viterbc pour prou\·er
que l'ldaude avait été colonisée par les lberes au temps du rol Brigo; il s'appuie
égalem~nt sur une tradilion d'apr6s laquelle un Espagnol nommé lberno ou Hierno,
aurait été jeté dans cetLe ile Aune époque tres reculée. En tout cas, d8s le n• aiCcle,
nous dit d'Arbois de Jubaimille, la légende irlanda.isa f.ait venir d'Espagne les fih
de M.ilc, anciHres des Irlandais (Cours M liUéralure ultique, t. XII, p. u"),
1.

255

BIBLIOGRAPBIE

Trayendo por disculpa

a su

desseo.

Bien que l'accent ne soit pas marqué sur llipolila, le rythme
demande évidemment la diérese hüyr et l'accentuation Hipolila.
Peu t-étre cette derniere ne lui a-t-elle pas paru pre ter a hésitation
de la part des Espagnols . 11 faut aussi penser aux étrangers.
De meme

:i.

Este que de Pilato se hizo amigo

(p . 92).

ll est bon d'~tre st\r que Pi/ato est grave, alors. que Püades est
esdrújulo 1 ainsi que Pindaro.

�,56

BIBLIOGRAPHIE

BUJ,LETIN HISPANIQUE

Toute inquiétude disparait pour Herodes, qu'un Fram;ais ponrrait
bien avoir la fantaisie de frapper d'un acceµt sur la premiCre:
Este de dos Herodes heredero .. .
Y del tercer Herodes condenada.

On est plus tranquille aussi pour /liturgi quand on lit (p . 88):
Tu famosa Iliturgi (c!lYª gloria
destas varias mudanzas ofendida,
con dudas anduviste en la memoria) . ..

Le beau sonnet « llevó tras si los pámpanos Otubre)) a:.1rait donné
une preuve de plus qu'il faut/béro.
No sufre Ibiro margenes, ni puente.

(p. 72).

Bref, de nombreuses confirmations seraient fournies par ce poete :
Y tratar de BoiJles i CaListo . ..
por guardar a Carlágo la fe d da...
héchura do Galigula arrogante.,.

(p. 3o)-

(p. 88).
(p. 92).

Caligula évidemment.
Viviendo en Flegetonle, i en Coccito ...

(p. 86).

Mais voici des cas oll son autorité aurait pu trancher ou tout au
moins apporter une preu,'e plus nette:
Mira puCs si con esta compañia
._de meSOn en íhesOu querrlln se1uirme
(p. 4,).
las señoras UrJnia, i Polimnia.
Non se1,1lement l'accenl circonflexe mais la rime avec compañia
appuient bien la prononcialion Polimnia 1 malgré le latín Poly_mnYa.
En la Scylhia beber el Tanais frio.
(p. 85).
ll faut bien lire Tánai.s, ce qoi ne ressort pas assez (?111iremenl des
exemples donnés par M. de Toro Gisbert.
Enfin 1 pour en finir avec l'aoliquité, voici une cinquiCrne forme
pour rendre le nom latin Tislpho
Arroja la Corona
del Di~lamo, que tanto abunda en Creta,
injusta Tesifona...
(p. 1~3).
Les noms modernes ne sont pas sans nous gener souvent. M. de
Toro Gisbert veut avec raison qu'on dise Sa11azáro (Lope de Vega,
Laurel de Apolo B. A. E., p. 199, fait rimer ce nom avec claro), Feijoó
(bienqu'on trouve souventFeijóo 1 aujourd'hui, le nom est écrit Feijoó
1. J.a comtesse de Pardo Bazán accenlue Feijóo (Memorias de un solterón, p, 35);
on sait qu'elle a consacré une étude a cet auteur. Azorín également Peijóo (folores
literarios, p. 117). Zerolo, prudent, ne met pas d'accent du tout.

en effet dans les approbations du Thealro universal, au moins dans la
3• édition, 1740, du t. V que j'ai sous la main).
On voit a quel-hesoin répond cette consciencieuse enquéte. L'auteur
de l'édition espagnole du Larouss-e se devait a lui-m~me de l'entreprendre, et il nous doit maintenant une continuation et un enrichissement, saos oubliet les noms géographiques espagnols qui peuvent
préter a l'incertitude.
Americanismo est le développement d'un chapitre de seize pages
(El cas/e//ano en Arrtérica), des Apuntaciones.
Dans le premier cha pitre, El idioma nacional de los Argentinos,
nous trouvons une spirituelle critique de la these d'aprCs laquelle une
langue nouvelle serait en voie deformation daos la grande République
sud-américaine. Si le parler vulgaire y para1t assez distant du castillan
classique, "M. de Toro Gisbert n'a pas de peine a montrer, en reproduisant des élialogues·de Palacio Valdés, de Pereda, de Gabriel y Galán
et d'autres, que le peuple parle un jargon toul aussi peu castizo en
Espagne meme.
Ces premieres considérations sont appuyées, dans le chapitre
suivant 1 par de judicieuses conSidérations sur La lucha de las lengUas
y el separali$mO Lingiilstico. Sans doute les parlers américains out d~s
mots /¡ eux (M. de Toro y Gisbert en releve un certain nombre dans
le chapitre Acepciones nuevas), et ces mols ou leurs acceptions difICrent souvent selon les pays 1 mais par contre, Com)Jien d'autres, qui
sont donnés dans les dictionnaires comme autant d'ameriaanismos se
retrouvent dans les dialectes ou les parlers de la péninsule, dans
l'andalou, par exemple ! Et c'est cette constatalion qu'est consacré un
autre chapitre, Andalucismos y otros provincialismos. Quoique moins
directement, les autres cbapitres de ce livre plein d'intérét et
d'actualité, tendenl a mettre au point la queslion des rapporls
linguistiques entre l'Espagne et ses anciennes colonies. Point de tbese
oulranciCre 1 ni de formules a efl'et, mais la conclusion est bien que
!'on a beaucoup exagéré les différences actuelles et surtout les ditférenciations fulures.
C'est en somme la méme question quj préoccupe l'auteur dans "Los
Nuevos derroteros de l'idioma, compasé de trois parties : El vocabu•
fario moderno, La Gramática y la nueva eJcuela literaria, El porvenir
de la lexicog rafia.
La premiCre est consli tuée par une sor te de dépohillemen t des
oouvres de quinze auteurs différents, sans compter cet.lx de la ,tjeune
littérature américaine )J et ceux del montón, au point de vue du vocabulaire. Travail précieux, et doublement: chaque auteur étant l'objet
d"un chapitre distinct, on constate mieux ses lendances, sa richesse
et aussi ses abus; et l'index qui esta la fin de tout l'ouvrage permet
au lecleur de voh· 1 s'il le désire, quels sont les auteurs qui ont

a

�,58

BlBLIOGRAPHIE

1::ll:JLLETllt H~SPA~IQUE

,59

apporlé ou patronné ou affectionné tel ou te! mol. Des chilfres entre
parentheses indiquent la page du volume, ce qui simplifie et allege
singulierement J'appareil des références . En général, quelques oouvres
de chaque auteur seulen¡ent ont été examinées; et si Blasco lbáiíez,
la comtesse Pardo Bazán, Pío Baroja, Azorín, Unamuno, Rubén
Darío, Enrique Rodó figurent en bonne place, on regrelle l'absenca

avec la préoccupation de démontrer que l'espagool américain n'est
pas aussi dilTérent qu'on l'a dit de l'espagnol péninsulaire actuel, du

de Palacio Valdés, de Pérez Galdós, et de Pereda; mais c'est un cornmenc;ement : de pareils travaux ne se font pas si vite! L'auteur a

américains, qui ont été employés et méme le sont encare en Espagne.

surtout voulu donner une idée de ce que l'Acodémie pourrait et
devrait tirer de la liHératura contemporaine pour faire de son
dictionnaire un lexique vraiment au courant. 11 a voulu aussi démontrer : ,. que l'e¡pagnol ne s'enric)üt pas seulemant en Al)'.l.érique et,
que pareille ingestion de vocables nouveaux se produit parallelement
dans la langue litléraire de J'ancienna métropole; ,. que beaucoup de
vocables qui passaient pour des américanismes sortent a présent du
fo11cls provincial, andalou ou asturien surtout, pour prendre rang
dans la langue écrite des auteurs péninsulaires. Juan Valera aurait•il,
en définitive, raison contre R. J. Cuervo~ N'entamons pas Ja discussion !

Mais quelle que soit la these que-pourront renforcer ces constatations,
il y a pour taus, et surtout pour les étrangers, un intéret énorrne
adistinguer ainsi l'apport de mots ou d'acceptions non classiques; et,

ace seul titre,

le présent livre a sa place daos notre enseignement.

La deuxieme partie du meme volume est formée de onze chapitres
de grammaire, dont l'un, intitulé Moderno di,sparatorio 1 est un relevé
amusant d'erreurs 1 de fautes généralement aggravées par la préten•
tion, un $Ottisier oU l'auteur a en la charité de ne pas meltre de

norns propres. C'esl la que l'on pourrait allonger et rallonger
l'infini. . .

a

La troisiCme par1ie 1 enfin, est une esquisse d'histoire du diélion•

naire espagno( depuis celui d"Antonio de Lebrixa (1506), jusqu'a la
14" édition de celui de l'Académie, avec l'indication des additions
apportées successivement dans la série 'a\pbabétique Balaje-Balín par
Cobarruvias César Oudin, Sobrino, le Diccionario de autoridades, etc.
ll y a la une cul'leuse comparaison des lexiques, et l'amorce d'un
travail qui serait vraiment curieux. Pleins d'inlérét pratique sont
également les ,hapitres qui suivent; E/lenguaje botánico, La Historia
natural y los Diccionarios, El vocabulario anatómico, El lenguaje de
la mQda. Mais je recomrnande particulierement le chapitre intitulé
Reimpresione$, oU l'on fait ressortir avec raison le caract6re arbitraire
1

et trompeur des réimpressions; peut-etre

y aurait-il a discuter

la

qwestion de l'orthographe et de la ponctuation a adoptar : la regle
dépend [orcément du public auquel on s'adresse; mais pour ce qui
est de la fidélité aux originaux, toul a fait d'accord . - Pour finir,
M. de Toro Gisbert étudie les diclionnaires de Garzón et de Segovia,

vrai, de celui qu'on parle, et non de celui du Dictionnaire de l'Aca•

démie.
Il est certain qu'3. ce point de vuele divorce n'est pas si pres d'6tre
prononcé. Beaucoup de mots ou · d'acceptions paraissent purement

Voyez le Libro raro de Gonzalo Picón-Febres (Curazao, Bethencourt,
,• éd., 19u), qui est un lexique des vénézuélismes, p. 83:
¡Coche! - Voz que generalmente se usa en las haciendas et.e varitts
regiones del País para espantar Íos puercos ó cochinos.
Je erais bien! Coche, en espagnol classique, signifiait encare la
mCme chose que cochino: a preuve la plaisanterie que Lope de .Vega,
jouant sur le double sens du mot, a mise sous le nom de Maestro
Burguillos (B.A. E., \. XXVIII, p. 345).

A la Virgen de Atocha
En procesión sin coches, que no había,
La corte, en coches cocha,
Más agua daba al campo que pedía ...

D'ou la plaisanterie de Lope de Vega dans El mejor Alcalde el Rey
sur cochero, pris dans le double sens de cocher et de gardien de
cochons.
Et ce mot coche, qui éxistait en fran~ais des le xm· siecle (cf. Littré),
faisait parlie aussi du vieux vocabulaire espagnol (cf. Cuervo, Apuntaciones crit., 5• éd., S 967).
R. J. Cuervo l'a assez mon.lré dans ses Apuntaciones criticas sobre
el lenguaje bogotano, et M. de Toro-Gisbert, nous l'avons vu, nous
document.e encare ace sujet c'est bien souvent que les texles anciens
1

ou meme les textes classiques apportent la justification de mots considérés un peu hiltivement comme particuliers al'Amérique.

Le mot emprestar, daos le Pequeño Larousse ilustrado de M. Miguel
de Toro y Gisbert est qualifié d'americanismo et de « disparate por

prestar. Or Antonio de Guevara l'emploie dans son Menosprecio de
corte (p. w3 et 135 de l'édilion de la Lectura) avec le sens de presta•.
Peut-etre l'auleur, qui était évcque de Mondoñedo depuis plus d'un an
quand parut cet ouvrage (1539), a+il pris le mol daos le langage du
pays: toujours est-il que J. de Santiago y Gómez le cite daos sa Filologia de la lengua gallega (1918), p. u9. Cuervo le signale du reste,
avec le seas contraire, dans Larra et Fernán Caballero; et il reconnail
que, dans le sens de &lt;( preter n, le mot n·a pas disparu de la langue
vulgaire (Apuntaciones) S 59~). L'américanisme n'est done qu'un
yieux. mol bien espagnol. Zerolo, a vrai dire, le marque comme
ancieñ.

•

�,60

BULLETIN HISPANJQUB

BlBLIOGRAPHIE

Mais les écrivains contemporains se chargent ene.ore mieux d'établir la solidarité des idiomes sud-américains avec l'idiome métropolilain. Dans quelle mesure et dans quels cas est-ce un retour, tout
simplement a la métropole? c'esf ce qu'il n'est pas toujours aisé de
déméler.
Le Larousse donne, commc acceplion particuli6re ay. Chili, canon
au sens de alquiler, ce que confirme Anibal Echeverria i Reyes dans
Voces usadas en Chile (Santiago, 1900), p. 141 : « Cánon. - b(arba·
rismo]. - m[asculino]. precio del arrendamiento.» Or Palacio Valdés
.l'emploie ainsi (El cuarto poder, p. 6?) :

Le Larousse signale comme américanisme engestado, qui est omis
daos Zerolo. La comtesse Pardo Bazán l'emploie dans Memorias de
un solterón (p. g) :

Sus títulos indiscutibles al dominio pleno de los Praducos.. y al directo
que poseía sobre el de las Meana:s, con un canon anual de ciento quince
ducados .•.

Est-ce les indianos qui onl rapporté ce mal d' Amérique? Mais Zerolo
le.catalogue comme terme de droit: « for[ense]. lo que se paga en
reconocimiento del dominio directo de algún terreno}).
Si leLarousse donne, comme d'autres lexiques, hipido, pas plus que
Zerolo il ne signale jipido, auquel M. Gonzalo Picón-Febres, dans son
Libro raro, p. 21 l, atlribue un sens un peu difTérent dans le parler
vénézuélien :
Jipido. - Debe de ~er la corrupción de hipido, pero no tiene la mism."a
significación que este. Jipido es fuerte exhalación de aire que se lanza del
pecho por la boca, doblando el labio inferior sobre los dientes respectivos.
Produce uno ast como silbido bajo y sordo, y es frecuente en los hombres
de los campos para aliviar la fatiga en sus más rudas labores, ó en los cami-.
nantes que,se paran un momento a descans~r.

Et c'r,st bien cette plaisa,_nte définition qui convient au jipido que,
dans le méme roman (p. 262), laisse écbapper Pablito aú nion1ent,
nul1ement plaisant 1 oU son rival, le coifTeur, occupé
le raser 1 Ju
ex pose avec quelle facilité il pourrait « con sólo empujar la navaja)&gt;

a

terminer toute cetle histoire.
Daos le méme romaii encore, un rnot qui, d'aprt!s MM. Echeverria
(p., 10) et Picón Febres (p. , 14), a au Chili et au Venezuela le sens de
te muerte)), du reste enregistré aussi, mais comme familier, dans
le Larousse: c'est pelona. Zerolo dit: «Amer[icanismo] C[olombia].
Ramera.&gt;, C'est dans un troisieme sens que Valdés l'a employé (El cuarto
poder, (p. ó65).:

•

Acabas de pasar una pelona .•. pero ya vendrán tiempos mejores. Tras •
~e lo malo siempre viene lo bueno ...
Le contexte indique assez qu'il faut comprendre « une épreuve terrible». Voila done une expression quelque peu argotique qui comporte,
suivanl les pays, Lrois traductions bien différentes !
·

•

... un retrato al óleo, muy duro y mal engestado, de la duquesa ...

M. de Toro-Gisbert a relevé dans La Catedl'al de Blasco lbáñez
·(p. 10 de Nuevos derroteros), el inséré dans le Larousse le substantif
carraSpeo, qu'ignorent Cuesta et Zerolo, mais non carraspear (en
parlant du chat qui ronronne), employé daos le meme roman, p. :u.
M. Picón-Febres signale (p. 76) Je mol avec le sens de "aclarar la
garganta, por ejemplo, después de tomarse un trago de aguardiente 1&gt;,
et cite un passage de l'Espagnol Salvador Rueda, dans Gusanos de luz:
(t Luego (Roque) carraspeó con la garganta no sé qué ecos de moribundo. )) Ce ne serait done pas un américanisme, non plus que
fer6stica, que le larousse marque comme tel, avec le sens de muy
feo, oll l'emploie la comtesse de Pardo Bazán daos le méme roman
(p. 61). Du reste, Cuesta donne le mot comme équivalent de feo.
Daos Afemorias de un solterón, encare, la comtesse Pardo Bazán
applique l'épithete de pericón !, une jeune filie évaporée qui ne se
soucie pas du qu'eo dira-l-on (p. i24). Je vois bien le mot rendu dans
le Larousse, d'accord avec Zerolo par u el que suple por todos en
cualquier cosa 1&gt;; ce n'esl évidemment pas le cas. Perico y est d~nné
comme signifiant au Mexique (&lt; hablador, charlatán n. Nous sommes
plus pres du sens avec M, Picón-Febres, qui déclare que pel'ico « en
sentido familiar, equivale a chiquillo que habla mucho. Es sinónimo
de picorelo ó picotero i1 ; el que picoreto s'applique au « niño medialengua demasiado hablador o chocarrero, pero con mucha· gracia.
Picorelo ... debe de ser corrupción de picoteroii. Nous y sommes 1 il
semble, cette fois.
Tronado ne figure pas dans Zerolo, M. Picón-Febres l'enregistre
(p. 316), saQs doute parce qu"il y voit un vénézuélisme. « Tronado.
Equivale, tantO como arrancado, a muy pobre ó paupérimo. ,i Or,
le díclionoaire de Cuesta donne le mot comme familier au sens de
&lt;t ruiné, sans le sou 11. Cf. Pardo Bazán, Memorias de un solterón,
p. 19:
Raro es también que a la hora del chocolate no aparezca algún conocido
a traerme la chismografía de la ciudad : quién se casa, quién se muere,
quién está lrMado, a quién destinaron a Filipinas ...
Le meme :\l. Picón-Febres, au mot bandearse, déclare (p. 46),
que:
En Venezuela es.manejarse. r Compadre, te.nga usted la bondad de no
meterse de ninguna manera en este asunto, que yo sabré de qué suerle me

bandeo .

�,63

BULLETD BISPANIQOE

Dl8LlOGRAPHIE

Or, c'est bien précisément le sens, et le seul, que donne le diclionnaire del' Académie de 18:u;

del montón dans Los nuevos derroteros del idioma (p. 1, 7); chacha
(p. 391), u nom que les enfants ont couLume de donner a leurs bonnes
ou a leurs nourrices », dit Cuesta; (hacer) cochinetas (p. 399), expression_ enfantine qui va-ul bien une mention, Aucun de ces sens n'est
dans Zerolo.
N'y a-t-il pas lieu d'enregislrer l'acceplion du mot abocar dans ces
deux phrases de Valdés :

Bandearse, v. r. Saberse gobernar 6 ingeniar para mantenerse. Callide
sibi consulere. rebus sais prospicere. commodis sui, prouidere.

Zerolo est conforme. J'y reviendrai.
Indépendamment de cette question du dualismo naissant, apparent
ou réel, entre J'espagnol d'Europe et celui d' Amérique, il est eerlain
que les dépouillements dont M. Toro-Gisberl nous apporleles résultals
dans ses dilférentes publicalions 1 parmi bien des scories enlrainées
par rimitatlon inconsidérée de l'étranger, par un exolisme souvent
puéril, ont ramené au jour bien des termes qui vivaient sans doute
depuis longtemps dans le langage populaire. 11 y a nalurellement
encare beaucoup faire pour mellre le ]exique au point, cela sans
parler des oublis loujours possibles et bien excusables (par exemple
hontanar, qu'emploie Azorín daos ses Lecturas españolas, p. 23, qui
est dans le Dictionnaire de l'Académie de 1812, daos Cuesta, daos
Zerolo, et manque dans le Larousse, qui ne cite que fontaíiar).
Le dépouillement d'un seul roman de Valdés enrichirait sérieusement les lexiques caslillans. M. de Toro-Gisbert lui-meme y trouvera
de guoi augmenter considérablement son Pequeño Larousse ilustrado
(ce n'est pas moi qui le lui apprendrai).
On n'y lrouve pas torga I largar~ ce mol sinistre qui désigne le
supplice infaman! dont l'Acbille de !'Aldea perdida, Nolo de la Braña,
-venge si terriblement son Patrocle, Jaciolo de Fresneda, qui en a
souITert l'horreur el la honle.
Mais voici, daos El cuarto poder, d'autres mots qui m'ont paru
cet égard assez intéressants.
Je n'ai pas lrouvé daos le larousseespagnol rasante, substantif, que
Cuesla rend par te surface, superficie, ligne d'une rue », et Zerolo a
peu pres de meme.

a

a

Cuando en alguna calle había una o más casas de cualquier socio del
saloncillo y ninguna de sus amigos, hacía que el arquitecto municipal
variase la ra,ante, dejándola más baja. (El cuarto poder, p. 3 r8.)
Pas davanlagepegueta (p. 319) el gacha (p. 397), qui désignent un
gibier de plume; ni zurdada (p. 330), mis en ilaliques par Valdés,
et signifiant, d'aprCs le contexte, une maladresse, une grossiereté¡
cruceta (p . 33:J), qui doit etre le nom de quelque confiserie; cursilería
(p. 371), que M. Toro y Gisbert releve du reste parmi les néologismes
1. Le mol esl d'ailleurs dans le Diccionario de Cuesta, mais pas avec le sens spécial
qu'a mis en valeur Palacio Valdés; il esl aussi dans celui de lil. Toro y Gómez, mais
avec reavoi ~ hort:a. Zerolo: Especie de prisión de madera, que se pone en el
pescuezo a los cerdos y otros animales 1,
e(

Hasta entonces no conocía de lal pasión más que el aspecto material y
grosero, las relaciones fugaces y tristes de las mujeres que le abocaban por
la noche en las calles de Londres y París ( El cuarto poder, p. 39) ?
Los que tenían de él agravios, le murmuraban y evitaban su encuentro ...
Lo! que no, se reían de sus exageraciones y le abocaban con gusto, sin
profesarle gran afecto tampoco (ibid., p. 65).
Le sens est &lt;( aborder )) 1 et Cuervo ne le signale point daos son Dice.
de constr. y ,-¿gimen; il n'en donne l'emploi qu'au réciproque et au
réíléchi, ou a l'actif dans le sens d'approcher une chose d'une
autre.
Qu'est-ce que les cuadros disolventes dontparle le meme auleur dans
le meme roman (p. 76), a propos d'un prestidigitateur?
Ne faudrait-il pas, dans les diclionnaires, rendre l'expression barba
de cazo (p. 157)? Et combien d'autres molsa relever 1
Y las más de las noches viene borracho perdido a casa, y le da cada
sopimpa que la deja por muerta ... (p. 114). - Si pudiéramos darle una
sopimpa, sin escándalo, se entiende ... (p. !UI), e - Quieres callarte ... zapa•
laslrona? (p. 131). - Oiga usted, señor majaderano .... (p. 293). - Hay que
advertir que en Sarrió se llamaba a los habitantes de Nieva mazaricos 1
a causa quizá del gran número de pájaros de esle nombre que allí suele
haber (p. 163).
On voit que le vocabulaire des injures daos ce seulrorrian de Palacio
Valdés ne manque pas de nouveauté 1 puisque les lexiques paraissen t

l'ignorer.
Que veutdire exactement calimoso 2 en parlant du semblante de la
mer (p, 174)? Que sont ces tazas de hortelana qu'absorbe D• Pauln
(p. 183)?
Valdés ne craint pas de consacrer un barbarisme comme palosanto
(&amp;I cuarto poder, p. 135).pour palisandro.
Les dictionnaires donnent seulement desvaído: u Dícese del color
apagado• (Larousse) . Valdés emploie 1'infinitif réflécbi :
Los contornos de los árboles y las montañas se desvaían con suavidad
exquisita (p. 397).
J .

C'es\ par ailleurs le nom d'une loca lité de la Galice.

2.

Faul•il lire t:alinoso~

�BULLETIN HISPA:'UQUE

BlBLIOGRAPHIE

Les dictionnaires font généralement l'économie des diminutifs, mais
quand ceux-ci ne sont pas prévus daos les grammaires, il y aurait
peut-~tre lieu de les signaler; lel monina (p. 399).
Voila pour un seul roman de Valdés. L'épreuve n'oflre pas moins
d'intérét si on la tente avec un roman de la comtesse Pardo de Bazán,
dont la langue doiL beaucoup de son expressive saveur a la richesse et
~ la variélé du vocabulaire. Cette épreuve, M. de Toro-Gisbert l'a du
resle tentée avec bonheur. (Nuevos derroteros, p. :;17), avec insolación.
Je l'ai commencée, a son exemple, avec La piedra angular et les Afemorias de un solterón, et je ne doute pas que l'ooil d'un lexicographe
n'arrive a y faire bien d'autres découvertes:

decoro 1 por respelo a nuestros .semejantes; por coquetería, niquis ...
(p. 139).
... el hijo espúreo, el guripa del arroJo ... (p. 169).

... Hasta media docena de ranchos segui□os 1 compuestos sólo de una
planla baja y un desván galero, ó Jayado 1 , como en \1arincda suele decirse.
(La piedra angular, p. So).
. .. A veces paso por la calle l\IaJor, y están allí muy tiesos y muy fonchos
los señores de la Audiencia, el Fiscal, el mismo sellor Presidente ... (p. :wó ).
... las criadas le se1ioriteaba1t a lodo trapo ... (p. ro3).
... las ruines ta!'imas, - donde sólo con vi daba al suefío flaco gergón
mal surtido de poma(*) o paja de maiz seca ... (p. :165).
... la bahía amplia, majestuosa ... poblada de gentiles minuelas, de chalanas, de pesados lanchones .. .' ( p. :J65 ).
... hacía falta un pandole ('), y nadie lo quería ser; todos aspiraban ·at
lucido puesto de asaltan les (p. 37).
... Dichoso\. para quien los objetos sensibles toman forma de ecuación
ó de algorilmio ' ... (p. 189).
... A ver si le moneas3 conmigo ... (p. 60).
... dió vuelta a la villa !1 del gas, y tomando otra vez su reverbero ...

Dans les Memorias de un solterón:
.. termino las operaciones de aseo 1 me pongo a gusto, en IJaUn, y salgo
al comedor... (p. 18)
... propenderá quien lea estos confesiones a suponer que ... soy de corcho
ó de pastaflora ... p. ,5).
- En cambio posee V, unos bijas superiores. - Favor que V. las dispensa - respondió él babándose 1 con el rostro dilatado y tal expresión de
dicha ... (p. 47).
La sociedad se ha puesto terrible, y vds. recelosísimos, lo que se dice
escamones'··· (p. 94).
Su pelo vive en perpetua insurrección: es el m.ambís más rebelde que
conosco ... (p. 76.)
"ltujer, abróchale bien ese cuerpo, que pareces el trai.no ... (p. 138).
De mis reflexiones resulta que' debe uno arrc&gt;glarse por higiene, por
1.

Zerolo le donne, mais non le Larousse.

(*) En italiques dans le texle.
2. Le Laroussedonae seulement algoritmo et algorítmico. Zerolo ajoute algoritmia.
3. Le larouue don ne seulemenl mo11eaJ' comme neutrc, de mCllle que Zerolo
4 Billa, bien enlendu; mais I'acception est asse1 particuliere pour etre nolée.
5. Daru Zerolo, pas dans le Laro11sse.

Sopicaldo (p. 186) esl évidemment du bouillon, mais qu'est-ce que
cette « sabrosa cachacha » (en italiques dans le volume) dont se délecte
le héros du ro man (p. 01),
Estece par «bloc» qu'il faut traduire peñila daos ce passage :
. .. como las sefiorilas que concurren a· la tertulia ... forman su peñita y
demuestran intenciones criminales, conatos de llevarme insensiblemente,
si yo me dejo, camino del ara santa ... me desvío de ellas ... (p. 77)?

Y a-t-il quelque lien entre pitojear ou pijotear, que Cuervo (Apuntaciones crit., § 79,) rapproche l'un de i'autre et pitoche dans l'expression &lt;t no Le importaba un pitoche 1&gt; (p . 103) ?.
Pourjachoso, le Larousse, donne le sens de &lt;I'. porle agraciado)&gt; (de
meme Zerolo), et, au Mexique, celui de 11 fachendoso, jactancioso,
vanidoso &gt;L -Ce.n'est certainement pas dans ce sens, mais dans celui
que le meme dictionnaire a donné ajachudo (amis dans Zerolo), "ridículamente vestido», que le mot est employé p. 110:
Sí, sí, ya sé que estoy muy derrotada y muy fachosa convirtiendo los ojos a su toilette 1 •

contestó ella

Je ero is m'etre aper&lt;;,u, du reste, que l'on confond parfois, eri
Espagoe, fachenda avecjac1ia .
Les dictionnaires prévoient bien l'expression dejar a uno con tantas
narices, con un palmo de narices; le Larousse traduit par « dejar bur•
lado n. Mais l'expression dar un palmo de narices n'est-elle pas l'équivalent de 11 faire un pied de nez »~
)' medió un palmo de narices, poniendo en ·fila las manos delante de su
remangada naricilla ... (p. 134) .
Le geste en Lout cas ne pelfl Blre mieux décrit.
Pitido (p. n), coup de siffiet de la locomotive.

« Caballeros de trusa y garzota. • (p . &gt;4).
Piececín \p. 37), aimable diminutif de "pie".
Atraquina (p. 120)
c1 atr-acón n.
Pescantinas (p. 1n) (?).
Le Diclionnaire de Cuesta et le Larousse connaissent, comme le
Dictionnaire de l'Académie, bandearse, mais non bandearselas:

=

Es extraordinario ... cómo se las bandea esa muchacha. De un cuarto

hace veinte... (p. 6z).
Zerolo :

u

bandearse las uno como pueden.

Si salen con ella un domingo por la tarde, se van parando en todas las
1.

En italiques daus l'imprimé.

�,66

BULLETIN HlSPANlQUZ:

tabernas del camino, dejándola, si se tercia, a la pobrecilla a la puerta, ...
(Palacio Valdés, El cuarto pode;, p. 114).
.
.
.. , declaro que mi honrado propósito era enterarle, si ,e terciaba la
ocasión, cuando me pareciese llegado el momento ... \Pardo Bazán, Memoria! de un solter6n, p, 5&amp;).

Ni le Larousse, ni Zerolo, ni Cuesta ne menlionnent cette expression .
Je me suis laissé entrainer, a l'exemple et a la suite de M. ·de ToroGisbert. Ces quelques coups de filel au hasard ne me le fonl pas
regretter, car je me suis convaincu moi-mCme de ce qu'il y a 3. faire
en lexicographie el des services que peuvent rendre ceux qui travaillent au Dictionnaire de la Jangue hispano-américaine - ne vaut-il
pas mieux dire simplement espagnole? - L'auteur du La_rousse nous
doit et se doit a lúi-mAme de continuer l'reuvre qu'il a entreprise.
Les publications dont je viens de parler ou dont j'avais parlé précédemment, auxquelles il faut ajouler Enmiendas al Diccipnario de la
Academia (Ollendorf, 1909), montrenl qu'il a vraiment les aptitudes
et l'entiatnement n6Cessaires.
11 n'y a pas actuellement de plus grand service a rendre a no•
études que de nous faire un dictionnaire aussi complet que possible.
Sans parler du vocabulaire de Pereda, qu'ont ·essayé de rendre com~
préhensible aux Espagnols eux-memes MM . de Mugica el Huidobro.
coro bien d'autres auteurs nous présentent des nlOts provinciaux ! Que
signifient au juste repijolero, estozolar, juada, besque, paniquesa,
rebolisero, echar el jubo? toutes expressions qui m'ont ten u en
suspens ala leclure de Tierra aragonesa, de G. García Arista y Rivera
(Bibl. Aragonesa, t.11, 1907)?
1
Plus modeste, non moins utile cst la derniBre publication de 1\l. de
Toro y Gishert, La deuxieme année d'espagnol, faisant suite a La premiere année, et basée comme elle tt sur l'acquisition progressive et
parallele des mols et des regles n. Le systeme des lableaux y trouve
sa part, un peu moins tout de méme que dans les tab\eaux Delmas,
et l'on ne craint pas demettre le mot frarn;ais a cOté du mol espagnol.
On a bien décbanté, dans notre enseignement secondaire! OU- est le
temps oU on ne jurait que par la méthode dite directe? A-t-on assez
Lerrorisé les professeurs et expérimenté sur ]es éleves~ Enfin !
G. CIROT.

CHRONIQUE

-...,.,. Comme précédemmenl, des cours de vacances, sous la direction de M. E. Mérimée, auront lieu cette année
Burgos (4 aollt
15 seplembre). Droits d'immatriculation, 5o pesetas. S'adresser a
M. E. Mérirnée, Institut frarn;ais, Marqués de la Ensenada, 1 o, Madrid,
ou a M. Guillermo Roca, secrétaire des cours, Instituto, Burgos.
Des cours de vacances auront également lieu a Madrid, du
g juillet au :;io aoU.t 1921, sous les auspices de la Junta de ampliación
de estudios. S'adresser, pour les renseignements,
M. le Secrétairc
des Cours pour étr~ngers, Centro de estudios históricos, Almagro, 26,
Madrid.
M. Melgar vient d'~lre fail chevalier de la Légion d'honneur.
Ainsi sont reconnus les services qu'il a rendus fl notre pays en éclairant son parti sur les véritables sentiments de D. Jaime, senliments
dénaturés ou dissimulés par des chefs et une prcsse dont la responsabilité etit été grande si la masse des bra,·es gens qu'on vou1ait
entrainer n'avait pas dbs lors éprouvé quelque hésitation. Quant aux
services qu'il a rendus par 13-méme A son pays en disant la vérité, et
en empéchant peut-étre une triste croisade de se produire, c·est d'abord
a ses compatriotes et a son partí de le dire. Que l'Espagne ail eu son
point de vue pendant la guerre, c'était son droit. ll cut été difficile
que ce point de vue co'incidAt tout ~ fait avec le nótre. Elle n'en a
pas moins eu vis~cl-vis de nous une attitude irréprochable, bienveillanté en somme, et, a un momentdonn"é (décembre 1916-février 1917),
véritablement et efficacement conforme a nos intérCts. M. Melgar a
empeché la mauvaise volonté de gagner du terrain dans les milieux
oU il eut jadís tanl d'influence; il a done contribué 3. maintenir la
politique du gouvernement espagnol daos une direction dont l'Espagne n'a qu·a se reliciler de ne pas avoir dévié. Qu'il soit permis,
quelqu'un qui a vu
l'reuvre el
la peine le grand honnete
homme qu·est M. Melgar, de le féliciler de tout ca,nr.

a

a

a

a

a

G. CIROT.

�BULLETl!'i HISPA!UQUE

- La promolion daos l'ordre de la Légion d'honneur, qu'a motivée
le centenaire de l'École des Charles, contient deux noms qui nous
touchent de pres : celui de M. Alfred Morel-Falio et celui de •
M. Augusta Brutails. Ces deúx savants, qui appartiennent l'un et
l'autre a l'Académie des Inscriptions et Belles-Lettres, ont re~u la
rosette d 'officier.
·
Ce n'est pas aux lecteurs de cette reme qu'on a besoin d'apprendre
les mérites de M. Morel-Fatio, la ñaturé el la valeur de ses travaux,
son long passé de recherche~. Celle belle vie de labeur, de conscience
et de désintéress~ment est de celles qui ajoutent a la supériorité d'un
pays.
Mais, parmi les litres de M. Morel-Fatio, il en est un qui doit etre
particulierement signalé ici : je veux dire l'appui chaleureux, l'aide
généreuse et fidcle que nos initiatives provinciales n'onl cessé de
trouver aupres_ de ce mailre parisien. 11 s'est intéressé des le début au
ullelin hispanique. ll a pris une large parta sa direction. 11 ra soutenu
et guidé. ll lui a réservé le meilleur de son activité intellcctuelle.
Aux services qu'il nous a prodigués dans le domaine littéraire
correspondent ceux que M. Brutails noús a rendus sur le terrain de
l'archéologie. La rare compétence de celui qui rédigea ce modele du
précis exacl et alerte : Pour comprendre les monumenls de la France,
a été pour nous, elle aussi, une force éminente.
Puisque l'occasion se présente de nons réjouir en famille, rappelons
une distinction qui, pour étre plus ancienne, ·ne nous en est pas moins
chere : la croix de la Légion d'honneur accordée a M. Pierre Imbart
de La Tour, chez qui les talents de l'orateur valent ceux de !'historien.
Cette récompense neressemble en ríen a une atlention prémalurée. Le
titulaire esl, comme MM. Morel-Fatio et Brutails, un ami de la premiare heure. Le Ballelin hispanique, auquel il a maintes fois témoigné
un dévouement .efficace, se reprocherait de ne pas unir dans un meme
sentiment de gratitude ces lrois hommes doñt l'efforl aura été si utile
aux choses d'Espagne.
GEOIIGES

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G. CIROT, secritaire; G. RADET, directeur-gérant.
Bordeanic. -

lmprimeries Gou1ou1Laoo, rue Guiraude, g-1 1.

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L.l RÉD.&amp;CTION: E. ~ÉRlllEE; .l. YOREL-FATIO, P. PARIS

Q.

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RADET.

26 mai 1921.

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                  <text>Fundado en 1898, el Bulletin Hispanique está editado por las Presses Universitaires de Bordeaux. La revista, actualmente, se publica dos veces al año e incluye reseñas de libros y una lista de obras recibidas. Los artículos dan cabida al ámbito ibérico e iberoamericano, sin distinción de época, área o método y se publican en francés y español, así como en cualquiera de las lenguas de la península ibérica. Revista indexada: HCERES, ERIH, SCOPUS y WOS-AHCI.</text>
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                <text>Bulletín Hispanique, 1921, Tomo 23, No 3, Julio-Septiembre</text>
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                <text>Fundado en 1898, el Bulletin Hispanique está editado por las Presses Universitaires de Bordeaux. La revista, actualmente, se publica dos veces al año e incluye reseñas de libros y una lista de obras recibidas. Los artículos dan cabida al ámbito ibérico e iberoamericano, sin distinción de época, área o método y se publican en francés y español, así como en cualquiera de las lenguas de la península ibérica. Revista indexada: HCERES, ERIH, SCOPUS y WOS-AHCI.</text>
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                <text>Université de Bordeaux, Faculté des Lettres et Sciences Humaines</text>
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                <text>Cirot, Georges (1870-1946), Secretario</text>
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                <text>Morel-Fatio, Alfred (1850-1924), Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>��Vol. XXIII.

Octobre-Décembre 1921

FERl!N GOXZALEZ D.\~ Ll CHRONIOUE J,tONAISE
(Suile •.)

Il convienl de bien élablir a présenl l'affinilé des inlerpolalions qui, dans nolre chroniquc, sonl relatives a Doña Sanc~a,
avec les Généalogies qui figurenl dans les inemes manuscrils
A 189 el G I de l'Académie de l'Hisloire el que j'ai reproduiles
a la suite. Nous remarquerons d'abord que les Généalogies
énumerenl dans des termes prcsque identiques les lrois
mariages de coite princesse :
Domina Sanclia uxor fuit Ordonii imperaloris Legionensis.
Postea habuit virum Albarum Harramelliz, comilem de Alaua. Ad
ultimum fuit uxor Fernandi comitis.

Dans le lexle de Silos, il n'est queslion que d'une seule
femme d'Ordoño III: Urraca, filie du comlc Ferdinand (S 62
el 6'¡ de Silos, 69 el 71 de la Chronique Iéon. ). La rédaclion
de Sampiro (S 25, reproduile par la Chronique léonaise, S ¡o),
insiste sur la répudialion, simplement · menlionnéc d'une
fa\;on équivoque, el ajoule qu'Ordoño épousa une aulre femme,
Gehira, donl il eul Bermuda (II) « celui qui fol podagre ".
D'Alvar llarramelliz, pas un mol, pas plus dans Sampiro que
daos Silos. Du mariage du comle avec Sancha, pas davanlage.
Pourlanl, que la femme de Fernán González se soil appelée
Sancha, c'esl ce que nous apprennenl des documents ou elle
figure a colé de son mari (nous verrons Iesquels).
Quanl a Alvar Harramelliz, ce n'esl pas un personnage
imaginaire; nous le voyons menlionné dans une charle de
Valpuesta ', en 929, comme comte de Lantaron, forleresse
1. Voir B■ll. hilp., 1921 1 p. t et 77.
2. Barra.u-Dihigo, Rev. hi3p., Jgoo, p. 316; cf. p. 311 et 18o._C'e:.l é,idemmeot
ce document que l'auteur de l'arlicle Lantaron daos le Dice. geogr. hisJ. de Espaiía
(1ecc. 1, t. 1, p. ~ 10), anil en yue quand il ~ignale un Herrera Melliz comme comte
de LaoLaron en 929.

l

BuU, h.....

B I l3 L l O T E. ,:_ A C E N8T R A L
A. N. L

_______ u.

-----

�BULLBTl:S lllSPAJ'ClQUE

sur les fronlieres d. Alava vis-a-vis de la Gas tille. M. BarrauDihigo a relevé a ce sujel dans la Coleccion de privilegios,Jranquezas exeneiones y fueros concedidos rí varios pueblos ... de la
Corona de Castilla de González, "un comte d'Alava du meme
nom ... , mentionné dans une charle du 11 janvier 931 ».
L'ordre donné par les Généalogies pour les trois mal'iages
de Doña Sancha ne peut done tenh·qu'a une premiere condition,
c'est que l'Ordonius imperalor qui ful son premier mari soil
Ordoño II, et non prdoño III. Qr, que nous dil la Chronique
léonaise (au ~ 63), suivanl d'ailleurs Silos-Sampi\·O' Que le
roi Qrdoño Alfonso étanl venu aider le roi Garcfa de Navarre,
épousa sa filie, Sancha " qui lui convenait et lui plaisait ».
C'étail sa troisieme femme, au comple de ce texte (sous la triple
forme que_ nous en connaissons) : la premiere était, selon
Silos, Gelvira , nom que Sampiro corrige en Doña Munnia et

que la Chronique léonaise garde tout en ajoutant celui-ci ; la
seconde était Agaronla , d'apres les trois rédactions. Flórez,
qui parle de ces trois reines, pl~ce le mariage de la troisieme
en 92 3, l'année de Nájera. Si Ordoito II mourul en. 924, elle fut
presque aussitot veuve que mariée. Flórez (Reynas cathólicas, t. l,
p. 88 et 9 ) constate qu'il n'esl plus question d'elle apres la
9
mort du roi, a moins que ce ne soit d'elle que parle Luc de
Tuy quand il dit que Ramiro ll, apres son expédition contre
Madrid, revint se reposer a Léon, ou il étaitavec la reine Sancha
quand il appril l'arrivée d'Aceyfaavecunegrande arméemaure.
Nólons tout de suite que Luc a compris de travers el interpolé
d'une fa&lt;:on bizarre la phrase qu'il lisait dans Silos: il a pris
pour le nom d'un chef le mot arahe lalinisé qui veut dire
armée, et il a compensé la suppression des mots " a Fernando
Gundisalui » en ajoutant « sedente cum Sancia regina ".
SILOS (Florez, t. \.VII, p. 295).
Luc (Scholl, P· 83, l. 4&gt;)·
Legione uero consedenti nuntius
venit a Fernando Gundisalai ex

Legione uero eo sedente cum
Sancia regina nuncios venit quod

azeipha grandi quae properabal
ad Castellam.

Aceyfa cum grandi exercitu Maurerum properabal ad Castellam.

Pareille bévue nous averlil qu'il faut nous méfier de son
texte, au moins ici.

FSH'.'iAN GONZALEZ DA:-lS LA CHRONIQL'E LÉONAISE

271

La Chronic¡ue léonaise se contente d'ajouter au texle de
Silos !'Era DCCCC LXXI (année 933) . Pourc¡uoi Luc a-t-il
introduit celle mention d'une reine Sancha, qui n'est pas la
femme de Ramiro? Ne faut-il pas y voir une interpolation
maladroite provenant d'une addition marginale mal comprise ·
et qui pouvait se rapporter a tout autre chose qu'au roi de
Léon? Qui sait s'il n'y avait pas la la mention du mariage de
Fernán González avec la reine Sancha, veuve d'Ordoño 11 ~
Hypothese tentante·1
Quoi qu'il en soil, c'est peu av~nt cetle date de 933 que
Fernán GGnzález aurait épousé Doña Sancha, si nous nous en
rapporlons a M. Fernández de Béthencourt (Hisl. genealógica,
l. 1, p. 448) , qui dit « por los años 931 ».
En 94t, Fernáu González et sa femme, la comtesse Doña
Sancha, font une donation au monastere de Cardeña•, et ils
mentionnent dans l'acle les noms de leurs enfants, qui sont au
nombre de cinq : Gonzalvo Fernández, García Fernández,
Sancho Fernández, Muño Fernández et doiía Fronilde ,.
Mais en 929 , déja, le comteFernán González, dotant l'abbaye
de San Quirce, menlionne deux fois sa femme Sancha,· " uxor
mea Sancia 3 "; et en 919, l'acle de donation par Jeque[ s'ouvre
Je Recueil des charles de l'abbaye de Silos publié par Dom Férotin, est libellé au nom de Fredenando Gundisalviz et uxor
mea Sancia_4 ".
J. Muiíoz J Romero, Colección thfueros municipales t I p 2 5 d'aprfla B
A.11/igiiedades de Esp.i t, '11, p. 361.
' . , . '
ergania,

2 • Dolla Urraca ne figure pas, sans doute parce qu'elle élail mariée depu is
940
ª~vec ;Ordoño IIL (Saluar, Hist. de la ca!a de La.ra, t. I, p, 5o). Ni Nuñ.o 0 ¡ Doña
Fronilde ne sonl comptés au nombre des eníants du comte par Salazar qui a¡·oute
Doña Nuna (p. 5o).
'
3, Doc. publié ~r Dom Férolin, p. 1~, note, de son Hi.stoire di L'abbaye de Silos,
• Tome 1 &lt;.Par1s, 181n), p. t, Que d'ailleuTs Fernán González, en 919 , ftiL déj3
coml_e, de Cashlle, noua en auriona uno confirmalion dans un document de 1
pu~l10 par le P. Serrano dans le Becerro Gálico de Car/Uña, p. 3og-3 1 o, _ Sal~J;
~Hi.st. dt: la casa de Lara, t . I, p. 10) n'aUCguc pas de document antérieur a 937 oll
igure la comtesse Sancha, femme de Fernán González. Cf. Barrau-Dihigo (Rev ltisp
1 9° 0 , P· 3 18~, _qui cile l'opinion de José Barbosa Canaes de rigueiredo Castello iHanc~
dans 58. 1Voltew c~onologica dos Condes de Castilla, admettant que Fernán Gonzále.z.
fut co1!1le de _Cashll~ avanl mai gh. De Coltc année-13 le P. Serrano, daos son recueil,
produit plusieurs acles, ~ont aucun, en eliet, n'esL antérieur au 1 u· mai (p. 21 3). On
pc":L don~ ae demander 11 le &lt;1 ~'redenando camilo jn Castella, du document de 017
dé st ~~e ~1en Fernjin González . Généralement le patronymique n'esl pas omil· toutefo1s 11 test dans un acle du 28 mai 932 (p. r19 du m8me recueil)¡ el 111, « comil; Fre•

�BULLETl:'.'f IIISPANIQUl.

Si le premier de ces documentsest authenlique el exaclemenl
daté, il esl difficile d'admellre que la veuve d'Ordoño 11 ail
épousé Femán González alors que son second mari, Alvar
Harramelliz, étail encore vivanl (nous venons de voir qu'il
l'étail encore en 931).
Mais si le second ne comporte pas une fausse dale, il faul
toul de suite exclurc l'identificalion de la femme du comle
avec celle d'Ordoño U : la dale proposée par Flórez pour le
mariage de ce dernier avec Doña Sancha, 923, serail difficilemenl reportée avant 919.
Or il y a bien une fausse dale, el Don Férotin l'a constaté
lui-meme. Dans ce document, qui porte a la fin les mots :
&lt;1 Ego Fredenando Gundissalvet et uxor mea Sancia ... 1&gt;, la
date est ainsi libellée : « ... nolum die sabbato, 111 nonas
iunias, eraDCCCCLVII, rcgnantc Domino no siro Ihesu Christo
in celis el prínceps terre huius rex Ordonio in Legione, comile
vero Fredenando Gundisahel in Caslella. " L'éditeur fail
observer q~' e( il doit y avoir ici une erreur de copiste, car en
l'année 919 le lroisieme jour de juin tombait un jeudi el non
un samedi i,; et il proposc de lire « in non. iun. n au lieu
de « 111 non. iun.,. Sans doute, mais qui prouve que ce n'esl
pas l'era qui esl fautive? Le documenl, nous dit encore Dom
Férotin, n'esl pas l'original, mais un vidimus de 1 :a55 !
Ass11rément, a quelques années pres, une correclion de l'era
ne nous avancerait nullement, puisque Fernán González apparalt
ici comme marié avec Sancha du vivanl d'Ordoiio. Mais qui
prouve qu'il ne s'agil pas d'Ordoño III? A l'era DCCCCLVJl
il faudrait substiluer une em allanl de DCCCCLXXXVIII
a DCCCCLXXXXIII. Nous ne savons si a pareille époque
Doña Sancha élail vivante, ainsi que j'aurai i\. le dire plus
loin; mais nous ne savons pas non plus si elle étail morte.
Toulefois, celle correclion admise ou supposée admise,
denando io Caslella )l parall bien dé!!iigner le mCmc persoonagc que le &lt;( comile
Fredinando Gundissalbi,: in Caslclla , du ,documeot du 2! mai 932, ioséré a la
page 333. Jeuote que Gonzaho Fernández, dam ce m1'me recueil, ne parail plu1
apris 915 (p. u6), si ce n'esL par rérérence (en 931, p. 209). 11 faudrait d'autres
pillees oncore pour décider de la question, qui a une groHe importance pour le
problema qui 00111 oocupe.

FER"AN GOXZALEZ DA.:,s LA CBRO:,JQUB LÉO:'iAJSE

nous nous heurlons en sens inverse a une autre impossibililé, qui nous vient de la contexlurc meme de la Chronique
léonaise.

11 es! clair que la dale de 960 assignée par nolre Chronique
i, la capture el a la romanesque aYenlure du fameux comte ne
peut etre admise si la Doña Sancha qui le délivre sous promesse de mariage esl la veuve d'Ordo,io II. Et comme il y' est
di! que le comle ful pris avec ses fils, il sensuivrait que celle
Doiía Sancha esl dislincte de la comtesse signalée par des
documenls antérieurs.

11 y a, de loute évidence, une impossibilité irréductible a
concilier ces données contradictoires.
Au surplus, l'interpolaleur de nolre Chronique, tout en
s'inspirant des Généalogies, n'a pas du lout compris que
l'hérofae de l'avenlure ful la veuve d'Ordoiío II. 11 en a fail la
femme répudiée d'Ordoiío III : c'est dans le chapitre de
Sampiro-Silos consacré a ce prince, qu'il a inséré l'addilion:
Iste habuit uxorem Sanctiam, filiam regis pampilonensis, Sancii
Abarca, que ab illo relicta, nupsit comili AlaÚensium Aluaro,

deinde comiti Castelle Fernando Gondissalui.
Ce qui n'esl pas pour simplifier les choses, ·malgré l'apparence, c'est que les dales de la Chronique générale cadrent avec
celles ou les documents nous menlionnent la Doiía Sancha
historique, femme du comie. 11 convien I de faire abstraction
de celte lrompeuse concordance, que condamne formellement
la date de 940, ma,·quée par celle meme Chronique (S 728),
pour la morl du comte.
Ce qui complique encore, c'esl la Doiía Sancha, filie. de
O. Sancho de :\'avarre et femme de Ramiro II, donl parlent
le Liber 1/egum et la Cbronique de S. Juan de la Peiía , . Elle
parait procéder de la méprise signalée tout a l'heure dans
Luc ', et en loul cas se confondre avec , 0 la Doiía Teresa dont
la Générale (S ;01), comme Sampiro (suivi par la Chronique
Cf. Bull. lli$p,, 1921, p. 82,
Luc n'a peul-~lr-e íait que transcrire un tede erroné ou tronqué. J'ai trouvé
en tout cas la meme phra~e dans les mu. Hh 98 de la Bibl. \ac. el 2-~ de la Bibl.
Real.; ce dernier porte consedent~ (9$edtnte) au lieu de sedente.
t.

2.

�BULLETU. HISPA~IQUE

FEfl"iA,- GO"i'ZALEZ DA.NS LA C_HRONIQUE LÉONAlSE

léonaise) fait la femme de Ramiro II, la mere de Sancho 1 et
de Gelvira, mais de plus (la-dessus la Chronique léonaise esl
muelle aussi bien que Sampiro)la filie de Sancho de Navarre et
la samr de García el Tembloso; 2• Ja navarraise Doiia Urraca,
mere également d'un Sancho Ramfrez et d'une Elvira (affirmation toute spéciale aux Généalogies et a la Cbronique
léonaise) •. II y a done trois traditions louchanl le nom de
celte reine de Léon, femme de Ramiro II : il, s'agit probablement d'une seule et meme princesse sur la tete de laquelle
déja Flórez se résignail a accumuler deux noms, Urraca-Teresa,
et nous voyons qu'il conviendrait, pour tout concilier, de tui
en adjoindre un lroisieme, Sancha •. Nous avons vu, d'aulre
part, qu'il y a deux traditions touchant le lien qui l'unit
a l'hérolne de Castrovicjo 3 • C'est un personnage, en somme,
tres instable, a qui son intervcntion dans la légende a coüté
quelques avatars.
Je ne puis ici (et d'ailleurs je n'y reussirais sans doute pas)
reprendre les discussions de Flórez sur les femmes des rois
léonais contemporains de Fernán González; mais pour rendre
plus claire la question telle qu'elle se pose du fait des interpolalions successives . du texle pélagien de Sampiro et de la
Chroniquc léonaise au texte primitif de Silos-Sampiro, je
réunirai ici, en mettant e¡¡tre [ ] ce qui esta la fois dans le Sampiro de Pélage et la Chronique léonaise, et entre -&lt;&gt; ce qui
n'est que danscelle-ci, les passages qui concernent ces femmes.
On se rendra compte des additions faites au texte primilif
rnprésenté par la Chronique &lt;lite de Silos, tres pauvre, ou tres

sobre, en indicalions de ce genre (on sait que le texle original
de Sampiro s'cst consel'vé plus pur dans celle derniere que
dans la compilation allribuée a Pélage) :

1,

"Ramiro II épousa Urraca, les diplómes l'affirment

i,

Ordonius 11. - invenit reginam [domnam Munniam] domnam Gelviram, defunctam, [ex qua 'genuit Aldefonsum et Ramirum]
(§ 61). Tune accepit filiam eius (Garceani) in uxorem, nomine

Sanctiam, convenienlem et placentem sibi (S 63).
Froilanus II. - [duxit uxorem nomine Munnia Domna ex qua genuit
\ldefonsum , Ül'donium et Ramirum, et genuit Acenare, sed
non ex legitimo matrimonio] (S 64).
Aldefonsus lV. - filius domini Ordonii, [duxit uxorem ex qua genuil

Ordonium, nomine] &lt;Onecam, (Sampiro: Xemenam) filiam
regis Pampilonensis Sanlii Abarca&gt; (S 66).
Ranimirus II. - [ex Tarasia, cognomento /i'lorenlina 1 genuitSanctium

eL Geloiram] (S 69).
&lt;duas habuit uxores. Prima galleca fuit, ex qua genuit
regem Ordonium.
Secunda vero navarra fuit, que uocabatur i -rraca, et ex isla
genuit Sanctium Rainimiri et domnam Elviram 1 Deo devotam&gt;

(S 69).
Ordonius lll. -

i
.1

.¡

·' !

(Barrau-Dihigo, Revu~

hiJp. , 1900, p. 179).

l. E;L up quatriéme, Gimena, si nou, en croyons Sandoval (cf. Flórez, Reynas
Cath., t. J, p. 100),
3. On peut facilement les représenter:
P()eme et Chron, de 1344.
Chron. Gén. (Marden-Pidal).
Teresa, sreur de

·~

1

García.

=---~

Sancho.

Sancho.

1

Sancha,
comtesse de
Cas.llllc.

1

Teresa.

)

1

García.

Sancha,
comteue de
Castille,

~

&lt;habuit uxorem Sanctiam, filiam regis Pampilo,1

nensis Sancii Auarca, que, ah illo relicla, nupsit comiti
Alavensium Albaro, deinde comiti CaslelJe Fernando Gondissalui&gt;.
[Uxorem propriam nomine Urracam filiam íam dicli comitis

1

:1
1
1

Fredenandi reliquit].
[Aliam duxit uxorem nomine Gelviram 1 ex qua genuit Yerrnundum regern, qui podagricus fuiL] (S70).
Santius. - [uxorem nomine Tarasiam duxit, ex qua filium genuit
quem Raimirum uocauit].
&lt;qua defuncla, accepit aliam, nomine Godo&gt; (S 7&gt;).
Ordonius IV. - F_redenandus ... comes.dedil ei filiam suam uxorem,
relictam ab Ordonio Ranimiri (S 71) . lpsa quidem remanens
Urraca nomine alio se sociauit viro, &lt;.scilicet Veremundo&gt;

(S 7,).

Nulle trace, on le voit, dans ces texles surajoutés, de la
Do ita Conslanza, filie de Sancho Ordoñez, qui, dans le Rodrigo,
remplace dans son ·role de libéralrice notre Doña Sancha.
Ignoran!, bien enteodu, que le comle Fernán González avait
pour épouse une Doi'ia Sancho depuis de longues années au moment de sa capture, en 960, l'interpolateur de la Chronique

'!
•

1
1
1
1

• 1

1

�2¡6

BULLETIN HISPANIQUE

léonaise a cru se tirer d'affaire en attribuanl a Ordoño III une
des femmes d'Ordoño Il .
II a done imaginé que Doila Sancha, filie de Sancho Abarca,
el veuve d'Ordoño III en 955, puis épouse d' Alvar Harrameliz,
s'est lrouvée en 960 chez son frere García, libre de nouveau el
en état de se faire épouser par le comte .
S'il a opéré celle lransposition ', c'est qu'il n'avail pas d'aulre
moycn de concilier les données hisloriques que lui fournissaienl
les lextes memes sur lesquels il lravaillait, avcc la légende de
Fernán González, légende alors en voie de formalion, sinon
définitive, embryon de celle que nous lrouvons dans le Poeme
et dans la Chronique généralc. A propos des passages de la
Chronique léonaise qui concernenl le Cid, j'ai déja monlré la
légende ajoulant ses broderi;s a l'histoire,; el il s'a~issait
d'événemenls plus récenl~ d'un siec\e ! La déformalion devail
etre plus avancée louchanl Fernán González; el l'hislorien qui
voulait faire cadrer histoire et légende avait beaucoup a faire .
La critique de notre interpolateur s'est trouvée inférieure a la
tache. Qui s'en étonnerait? 11 fal!ait accepler le nom donné a
la libératrice : Sancha.
Avec son systeme, Fernán González en arrive a épouser la
femme de son gendre (cf. Chron . léon . § 72, note 1, et Généalogies, § 12, note 6). 11 a cru que dans les Généalogies (§ 12), a
l'endroil oú il est dit: « Iste Ranimirus ex alia uxore galleciensi domine (un blanc) habuil filium Ordonium regem »,
l'Ordonius re:c se confondail avec l'Ordonius imperator désigné
un peu plus haul comme maride Doi1a Sancha(Sánchez): « Domina Sane tia uxor fuit Ordonii imperaloris legionensis ». La
ful son erreur. C'esl au § 63, a l'endroit ou le texte de Silos
dil de celui-ci (Ordof10 11 Alfonso): « Tum accepil filiam eius
(Garceani) in uxorem, nomine Sanctiarn, convenientem et
1 . C'est a lui que l'erreur scmhle imputable, - et non a l'auleur des Généalogies
elles-memes, comme je l'ai dita la note G du S 1:1 desdiles Généalogies (p . 79 du
tiré :i parl), ol, il faut done remplacer Ordo1ío III par Ordofio JI. «11 est certain
qu'Ordofio II a eu une femme du nom de Sancha, qui Ctait filled'un roide t'lavarre)),
déclare M. Barrau-Dihigo (Revue ltisp, 1900, p. 79), qui d'ailleurs ne cite a l'appui
que le Codex de Meyá (c'est-11-dire les GénéaJogies) et le lexle de Sampiro (et Silos)
que nous rctrouvons daos la Chronique léonaise et queje discuterai plus Join, loucbanl Je mariage d'Ordoiio JI avec Sancha, filie de García.
2. Cf. Bu//. hisp., 19d, p ..~o, tiré 11. parl, p. 98.

FERNA:"I GO"ZALEZ DANS LA CHRO~IQUE LÉONAISE

placenlem sibi », el non au § 70, relatif au roi Ordoiío 111
_(Ramírez), qu'il eut fallu mellre l'interpolation « Iste habuit
uxorem Sanctiam ... i&gt; etc. 1 .
En fail, pour l'auteur des Généalogies, cetle Doiia San cha ful
la femme d'Ordoiío 112, el non d'Ordoño III . Au premier il
donne le litre d'imperato,·; au second, celui de re:c. ll suivait
sans &lt;loule un usage ou une tradition .
Élant données les dales admises par lui pour les regnes de
Sancho Garcés Abarca et García Sá;chez le Trembleur, il ne
pouvait du res le admelti·e que celle San cha 3 fiit filie du
second. Mais précisément le nom Garceanus que l'inlerpolateur de la Chl'Onique léonaise !l'Ouvait au § 63 empechail
celui-ci de confondre la Sancha de ce paragraphe avec celle
donl parlen! les Généalogies "·
Ce qui paralt cerlain, c'est que D01ia Sancha, femme de Fernán González, comte de Castille 1 était bien filie d'un Sancho :
Salazar (liist. de la casa de Lara, t. I, p. úo) cite un documenl
de 947 oú elle est appelée Sanctia Sanctionis.
M. Fernández de Béthencourt, dans son llisloria genealógica
1. L'addition du S 71, « Vnde cum Sanctia.,., etc., ne spécifie rien, puisqu'elle
porte seulemenl I Ordonii regis legionensis ,.
2. La Sanctia de Luc ne serail autre que celle-13.: c'est ce que supposaiL Flórez
(Reynas Cath. 1 t. 1, p. 99).
3. Une note marginale du ms. du Chronicon Silense dont 1\f. Santos Coco (Crónica
Silense, Madrid 1 1919, p. 48) a tiré son lexte pol"le: « lste Garsias regis Sancii Pampilonensis filius regnavit anuos XXXV et obiitera MVIII n1 ce que nous retrouvons
d'ailleurs, sauf le chiffre XXXVI, au lieu de XXXV,:dansles Gémíalogies{S1 2,cr. note 7);
cela donnait les dates de 93/1 ou 936 pour l'avi:nemeot de ce García Sáochez, et de 970
pour sa morL. Or la date assignée par le texte du Chronicon, reproduiL par notre
Chronique, pour la mort d'Ordoiío 11 est l'era DCCCCLXII, soil 92!1. García Sánchcz
a11rail done donné sa filie acelui-ci avant son propre avbnement. (Le texte silé'sien
le qualifie de rex: il a pu porLer ce litre, en clfet, avant 924, année de la morl de son
pCre Sancho.) 11 y avaitquand mCme quelquc in\"raisemblance 3. ce qu'en 924 il fLil
déj3. heau-p6re d'Ordo1io 11, d'autant qu'il n'élail mort lui-mCme qu'en 970. La difflculté subsiste avec le systCme chronologique de !.\f. d.e BÍ'thencourl. qui place Je
916 a 970 le rCgne du pCre de celte San cha, lequel serait García Sánchez ,111 (cf. plus
loin, p. ::q8, n. 1). Je rappellerai que les Géoéalogies fixenl aiu~i /les dates des rois
de Pampelune qui nous intéres;;ent ici (noler l'inlerrCgne de 924 ~ 934):
Sanctius Garsicz Maior cognomento Abarca 905-924;
Ganias rex cognomento Trernulosus 934-970;
Sanctius Quatrimanus 969 (~oit 970)- 1034 (10351).
4. Le texte de Silos est ainsi corn;u dans l'édition San los Coco: « lnterea nuntii
venerunt ex parle regis Garsiani .. . 11 Précédcmment, le lexte porte (p. 47): « Rex
vero Sancius Garsiani filius ... •• et la Chronique léonaise (S 62) C( Rex vero Sanctius
Garsia filius.,, )&gt;, soit Garsia au licu de Garsiani. Uans le passage qui nou~ occupe
il pourrait y avo ir eu primitivement de part et d'autre Sancii Garsiani ou S. Garsiani.

�FER:'&lt;IAN GONZALEZ DAiiS LA CHRONIQUE LÉONAISE

8ULLE1'l'.1 HISPANIQVB

y heráldica de la Monarquía espa;ro/a (l. I, p. 352 el :l57), dis-

tingue neltemenl les deux Sancha. La femme du comte, pour
lui, esl filie de Sancho Garcés I, el Reparador, qui aurait régné
de go5 a 926; ce lle du roi Ordoiio II serail filie du successeur
de ce Sancho Garcés I, a savoir García Sánchez III roi de
' serait
Pampelune, Alava et Aragon de 926 a '970. La seconde
done a la fois la niece de la premiere par son pere, et sa !ante
par son mariage avec Ordoiio 11, cousin germain (Bélhencourt,
t. r, p. 357) de son pcre. C'est « por los años de 923 » que
M. de Béthencourt la marie a Ordoiio II: pas de difficullé.
Mais est-ce par inadvertance, ou par une faute d'impression
qu'il date, p. 352, « por los aiios de 911 " (d'apres Moret, sans
doute), et p. 41,8, « por los aiios de 931" le mariage de la
premiere?
- II faudrait, au préalable, examiner le systeme généalogique
et chronologique adopté par M. de Bélhencourt•. La discussion n'est pas facile; ceL autcur ne produisanL pas ses textes .
Et je m'excuse au surplus de ne pasen lamer pareille question.
Je dais me contentcr de faire ressortir des contradictions qui
montrenl assez d'elles-memes les difficullés auxquelles les
chroniques donnent lieu. Seuls, comme l'a fait remarquer
judicieusementM. Barrau-Bihigo, les diplomes pourraient nous
lirer d'embarras ... quand la date en esL indiscutable.
Vlais je ne me propase pas de lirer au clair une question
aussi embrouillée que celle des premiers rois de Navarre, pas
1. Le voici, en ce qui concerne les princcs et princos!ICs qui nous inl(•renent dans
la. dynaslie dés rois de Pampelune:
_
Sancho Garcés 1, e!_ Reparador (goS-9~G).

1

1

García Sáochez III
(9,6-970).

-,.,-.;::....

---

Sancho Garcés J J,
Abarca
97o•995).
1

García Sánchez IV,
el Ttmblador
(995-999)
1

Sancho Garcés m, ti .Vayor
(1000~1035)

O• Sancba,
condesa de Castilla.

1

D• Sancha,
reina ~f': Loóo.

1

D• Teresa,
reina de ' Leónt

,79

memc ce lle des rois du x• siecle; je ne chercherai pas non plus a
fixer historiquement celle des alliances de famille quºils
contracterent avec les rois de Léon el les rois de Caslille. Je
me préoccupe seulemenl de savoir comment le rédacteur cm
l'interpolaleur de la Chronique léonaise a utilisé les Généalogies, qu'il considérait évidemment comme un texle incontestable. Simple pelil probleme d'historiographie.
·
Si done les Généalogies nous olTraient uft ter rain solide, nous
serions amenés a résoudre ainsi la q ueslion hislorique : la
femme de Fernán González, celle qui signe avec son mari el
ses enfants le document de 94 1, pourraiL etre la Doiía Sancha,
filie de D. Sancho (Abarca?)•, roi de Navarre, el successivemenl
femme d'Ordoi,o II Alfonso, puis d'Harrameliz, avanl d'etre
unie au comte ele Caslille Fernán González . - Deux difficullés
cependant toul au moiBs: 1° Commcnl est-elle déja, en 919, la
femme de Fernán González? 2' comment a-1-elle élé entenée
plus tard avec Ordoño II Alfonso et la premiere femme de
celui-ci, Munna Don na, ainsi que le consigne la Chronique
de Pelayo dans l'édition de Flórez, c'esl-a-dire selon le
m&amp;. F 134, mais non selon le ms. F 86, ou tout le passage
manque 2 ? La premiere de ces difficu!tés disparall d'elle-meme
si nous refusons de nous arreter a la date marquée dans le
vidimus de 1255 (voir p . 272). Mais la seconde?
En tout cas, cette Doi,a Sancha ne saurait elre la Doirn
Sancha qui délivra Je comte a Castl'Oviejo, a· moins: 1° que
l'événe'!lenl romanesque ou celle-ci joue le role que l'on sait
ne soit avancé d'un quart de siecle, et 2° que l'on ne supprim~
les fils qui figuren! dans notre Cl:ironique el dans le document
cilé. C'est beaucoup demander !
1. 0n remarquera que pour ce roi et. son successeut il n'y a pas grand'chose de
changé, en cequí touche 8 notre dliicussion, si nous admettons le systeme géoéalog1que ·cte U. Bét.hencourt, les dates élanl a peu prCs les mdmes, abstraclioa faite de
l'interrCgne. L'identification des deux rois seule change, maí&amp; les noms Sancho et
García resLant de part el d'autrc, on peut s'en tendre._Et c'cst bien pourquoi je n'entre
pas dans la discussion relativc aux rois de ~avarrc: nul besoia. Voir rinquiétanl
Lableau des Tariations des historiens ace ,ujol1 drcssé par M. A. Campión dans Enskariana, q• Serie, p. 1,96.
,. Cf. Bull. hisp., 19161 p. 150; tiré 8. part, p. 137. ll s'agit donc1 encore ici, d'uoe
interpolation. Mais d'autre part, on nous dit que Ooiia Sancha, femme de Fernán
Gonzá.lez, íul enterrée avec son mari a San Pedro de Arlanza. (BHhencourt. t. 1,
f· M8).

�,So

HULLETfl' HISPANIQUE

FERl'UN GONZALEZ DANS LA CHRO'i'IQUE LÉONAISE

Ainsi, dans la Chronique léonaise, les données fournies par
les Généalogies, de la valeur desquelles je ne discute point, ont
été tissées !anl bien que mal avec le roman qui se localisait
dens le Valpirre, non loin de la chaussée des pelerins ...
U ne chose me paralt éviden te, e·est que les Généalogies son!
indépendantes du texte de Sampiro-Silos.
II n'es! pas _dou!eux que les quelques dates• qu'elles comporten! aient élé jointcs apres coup. En príncipe, l'auteur ou
les auteurs ne paraissen t pas s'etrc souciés de préciser la
chronologie, mais uniquement de bien spécifier par des détails
hisloriques apparemmcnl noloires ou par des surnoms proba- ,
blement biep connus les personnages mentionnés. Or, une
généalogie est un sysleme, et pour etre juste, il faut qu'il le
soi! comple!ement. La moindre erreur de filiation le fausse a
fond. C'est probablement a cette difficulté que s'est heurté
notre interpolateur quand il a voulu enrichir de Jeurs données
le texte de Sampiro-Silos, sans se douter que peut-i\tre la conciliation n'était pas possible.
Quant aux tradilions auxquelles il a cherché a faire une
place dans le meme texte, elles étaient sans chronologie, en
l'air si l'on peut dire, et sans idenlificalion bien certaine.
Faice de l'histoire avec de pareils élémcnts était une entreprise candi de. A nous de ne pas nous y laisser prendre.
Ces éléments, il convient de les considérer en eux-me'mes;
c'esl seulement la combinaisoh qui en a été faite qui es! a
reje!er. Nous savons ce que fournissait le texte de S'!mpiro~ilos, ce qu'il y avait dans les Généalogies. Ce qui ne se trouve
ni dans l'un ni dans l'autre· vient-il d'une source écrite ou
d'une lradition orale, Nous ne pouvons le dire, mais il y a la
pour nous, une matiere des plus inléressanles. La fa9on dont
l'inlerpolateur a arrangé lesdits éléments esl facilement per9ue
a l'analyse: nous en ferons abslraction, pour réserver notre
attention aux faits allégués.
Non seulemen! la phrase « Iste habuit uxorem Sanctiam ... n
a été insérée a la place qui ne convenai[ pas, mais au s 7,
l'idenlificalion de la Sanctia qui délivra le _comte avec la filie

de Sancho Abarca, veuve d'Ordoño II, veuve ou ex-femme
d' Al var Harrameliz, puis femme de Fernán González, est arbitraire : elle 'n'est pas indiquée par les Généalogies.
C'est d'ailleurs dans ces interpolalions maladroiles que
réside _surtout l'inlérel de la Chronique léonaise. Nous y relrouvons en etTet l'écho de l'épopée, alors en pleine effervescence,
écho d'autanl plus facile a distinguer qn'il se marie moins
bien a la voix de l'histoire.
Mais nous y prenons aussi sur le fait la facon don! toutes
ces chroniques onl été rédigées, sans cesse agrémentées ou
loul simplemen! augmentées de délails mis d'abord en marge
puis passanl dans le corps du texte, si bien qu'il faut, en these
générale, se garder de les considérer comme représen!ant
respectivemenl l'reuvre de l'auteur sous le nom duque! elles
sont connues. Toules sonl, plus ou moins, des miscellanea 1 ,
el aucune ne mérile spécialement d'elre désignée par ce mot,
pas plus la Chronique léonaise qu'une au!re ', con!rairemenl
a ce qu'a imaginé de faire M. Santos Coco dans son édition
du Chronicon Sitense3.

r. Elles manquent dans le Medfonense.

1. Daas l'étaL otl DOus les donnent la pluparl des manuscrits et 011 elles ont été
édilées jusqu'il ces dernicrs temps. C'est seulement. pour la Chronique dile de
Sebastien ou d'Alphonse 111 que nous pouvons mainlcnant remooler, semble-l-il, au
texte primitif, dégagé des addilioos postérieures. Pour les autres · chroniques, ou
bien le tranil est 8 faire, ou bien nous nous trouvons en préseoce d'une miscellanea,
el c'est le cas, j'en com·iens, de la Chronique léonaise, mais c'est aussi celui de la
Chronique dite de Silos.
1. Au surplus, si non seulement chaque éditeur des Chroniques, m11is chacun
des criliques qui s'é'U occupent plus ou moins a fond s'ingénie a leur trouver de
nouveaux litres plus ou moins adéquats, il faudra bieotót renoncer a s'enlendre.
Ne vauL-il pas mieux conserver, autant que po;;sible, et quoi qu'on puisse penser
de leur appropriation, les noms sous lesquels les textes soot connus déj1l, soit par
le jait de l'éditeur, soit pour une autre cause. Cela, bien enlendu, a moins d'une
découverte qui donne le titre original ou le véritable auteur. Je ne crois pas que la
CliroDique de Silos ait été rédigée a Silos : je continue pourtaot a l'appeler Chronique de Silos.
·
3. M. Sanlos Coco ne s'esl pas laissé convaincre par mes arguments au sujet
du seos a donner a Domus Seminis. ll persiste done a prendre ces dem: mots
pour une sorle de périphrase équi,·alant a Silos. Ainsi il faut admetlre que daos le
parler d'alors 1 Silos désignait le monastere. comme on dirait aujoQrd'hui, par
exemple: ((ll est moine 8. Silos. • JI me semble que l'habitude, en latin tout au
moins, était d'énoncer Je mot monasterium, ou coenobiam, ou domus, ce dernier
surlout, comme daos les e::r.emples quej'ai rappelés (Bull. hisp., ~914, p. 17; p. 85 du
tiré a part), ou encore dans ces quatrains latins monorimes sur le monastere, la
• maison • de Roncevaux :
_
Domus ista dicilur Roscidee vallis ....
publiés plusieun fois, et en particulier par le P. Fila (Bol. de la Real Acad. de la Hüt ••
1885 1 p. 172). Avec non moins d'assurance, M. Santos Coco écarte toutes les objec-

�BULl,ETl:i

IIISPANIQUE

Revenons á l'hérolne de Caslroviejo. Si la Chronique générale (texte Marden-Pidal), en fait non pas la sceur, mais la filie
de D. Garcí:J-, c'est sans doule que la vraisemblance et l'intéret dramatique imposaient ce changement, vu la chronologie adoplée.
Sancho de Nava,-re, suivanl celle chronologie (S 69LÍ), •élait
morl en 908 (Era DCCCCXLVI); !'aventure du comle el de
Doila Sancha (§ 710) est placée en 928 (Era DCCCCLXVI).
L'héro'ine, si elle eíl.l élé la filie d'un roi morl depuis vingtans,
n'aurail plus eu le chai•me de la prime jeunesse. Assurément,
il lui fallait une cerlaine expérience pour mater le vilain
archiprelre ;' mais !'aventure étail plus charmanle pour le comlc
el le lecleur dans la mesure ou la libéralrice élail plus jeune.
On comprend c¡ue pareille considération n'ail pas arreté le
tions quo j'ai énoncées, pa.r exemple la constatatioo du fait que le Chronic(Jn ne
figu_re poinl dans le catalogue, dress.ó au unª siCcle, des lines apparteQant au
monastern, oU figure, par conlre, la Vita sandi Dominici, auS&amp;i bien que la Vitasancli
Emiliani; ou ancore le silence étrange gardé par le chroniqueur au sujet du sainl
fondateur de la ;\laison. 1\1. Santos Coco croit répondre suffi1ammenl. en citant le
passage deNicolas Antonio sur la Vie latine de saint Dominique, quel'auteur de la
Bibliotheca vetus n'esL pas éloigné d'attribuer au moine qui a écrit la fameuse
Cbronique. Mais \l. Sao tos Coco aurai(pu se rappeler que l'auteur de la Vie est
Grimald, asse1, coonu, sur.loul. depui~ les publicalions de Dom FeroliD et de !\f. Filz•
Gerald; c'est encare 8. lui, en fail, que :\l. Santos Coco nous suggilre de reconnaitre
la paternitó du Clironicon, simplemenl sur l'autorité d'une conjecture d'Anlonio
qui, comme l'a démontré Dom Férotin (Hist. de l'abbaye de Silo,, p. 2-4), a commis un;
confusinn, Cetle pateroitó reconnue, tout s'c:i.pliquerait: le maine qui avaH consacré
trois livres l. aainL Dominiquo aurait cru inul.ilc de rappeler1 fút-ce son nom dans
une histoire poli tique. Bel esprit de méthode ! Trop beau pour Ctre vraisembJable.
,Jem'étonne que Grimald n'ait pas, daos sa Vie, mis quelques vers comme daos sa
Chronique, qu'il y ail. 6ll un style Yraimenl bien d.ifférenl, qu'enfin nulle partil en
songe 8. employer, pour désigner son mouaslere, cellepériphrue pourtant f lrouvée ,,
de Domin Seminit, et qu'il ail próféré la plate désignation de monasterium &amp;iliense,
Pour moi, je ne puls que maintenir rnes objections, dont aucune certe, ne,m'csl
app~rue par clle•méme comme péremploirc quaod iJ s'agit d'ébraoJer une opio ion
pltuneurs fois séculail'e, mais qui, réunics, me paraissent peser au moins au11i lourd
que les contre-objecl.ioos du dernier édiLeur. Quant a l'établiuement du te.de
silésien, je ne puis que rendre hommage a la conscience el it la bonne préparation
donl il Lémoigne, ne voulant pas m'engager ici dans une diseussioo sur la móthode
employée el sur la valeur des manuscrils. Je les avai11 il pcu prCs tous énumérés
sioon tons décriLs; j'avais méme reproduit des pholographies réduites· et bici;
défl:ctueuscs, mais ~uffisanLes pour donoer une idée des écrituros el des différenccs
de mains (nol.ammenl entre F-181 el X- 190, quoi qu'eo pense M Santos Coco),
J'aurai l'occasion d'y revenir; je m'en liéns pour le mome.nt ace qui louche de plus
prils 8 la Cbronique léonaise, soit la ilfi!fcellanea pour M. Santos Coco, - P.-S. TouL
ccci élail. prdl pour le tirage quand je re~ois l'lnlroducción a la Hisloria Silense de
M. G6mez Morcuo, oll je vais (.p. n:1 eL -,;uiv.) c¡ue mes objeclions ont ou plus d'effet.
Oo rccoonail que la Chronique de Silos ne sor\ pas el ne peul pa. sortir de Silos.
C'est l'cssentiel. Car pour ce qui esl de faire de seminis un nom propre 1 je n'y ai
pensé que faut.ede mieux. M. Gómez Moreno n'a rien trouvé non plus.

FERNAN GONZALEZ OANS LA CURO'.'ilQL'E LÉONAISE

,83

P. Mariana (VIII, 5), qui place les faits auxquels nous faisons
allusion en 958, el marque la mort de Sancho de Navarre en
926, &lt;&lt; salutis anno nongentesimo vigesimosexto 1), ce qui donne
a l'intéressée au moins trente-deux ans, et combien avec !
C'est cel écueil que le chroniqueur a voulu éviler. Je dis le
chroniqueur: il s'agil de celui de la Générale; car celui auquel
11ous devons la Chronique léonaise dans l'état · acluel ne s'est
pas embarrassé pour si peu, encore moins que le P. Mariana.
Les Généalogies lui donnaient la dale de 92iÍ pour la mort de
Sancho. En 960, dale adoplée par lui pour fa capture du
comte, Doña Sancha aurail eu lrenle-six ans, sans compter le
reste ... Le rédacteur de-Ja Générale a eu plus d'égards pour elle .
Il estcurieux que cesoit acelui-ci que soient venus les scrupules, et non au poele. Mais le poete ne s'encombrail pas de chronologie. Parlant, sceur ou filie, peu lui impcirlait: elle ne pouvait, celle qui délivra de ses fers le comte de Casti,lle, celle qui
excita les demiers désirs (combien funestes) ! de l'archiprelre
chasseur, manquer d'etre jeune: elle l'élail nalurellement.
L'idenlification de celle vaillante navarraise, qui rappelle a
!'esprit le souvenir des rudes serranas de l'archipretre de Hila,
étant ou paraissanf impossible avec une Doña Sancha, filie ou
sceur d'un roi de Pampelune, faul-il rejeler simplemenl l'historicité de la légende, meme dans sa forme la plus .réduile,
celle de notre Chronique?
En 960, Fernán González, comte de Castille depuis plus de
quarante ans, élait probablement veuf de Doí,a Sancha,, donl
le nom ne parail point parmi les personnages qui confirmenl
un document du 5 juillet 963, et parmi lesq uels on trouve Fredenandus comes, Urraka regina (sa fille)3, G rsea Fredenandiz
(son 61s).
11 a pu alors, certes, promellre le mariage a une fille deroi
• 1. Les ~eu:i. _derniers documenl.s cilés par Salazar (Hisl. de la casa de Lara, t 1,
p. So) et ou elle figure soot de 947.
~- Becerro Gótico dt Cardeña, p. 13.
3. VeltVe d'Ordoil.o Ul el d'Ordoño lV 1 peu\•etre a cctte époquc remariée a,·ec
Sancho .\barca, si l'on ea croit. le P. Serrano, qui combaL l'opinion conlrairc de
Morcl (Cartulario del lrtfanrado dt! Col}(lrrubias 1907, p. :u.1 et. 38). D'apris la Chronique léooaise, son troisiéme mari aurait Cté un certain Bermudo « scilicet Vcremundo » (S 7,).

•

�•

BULLETIN HISPA '\'!QUE·

ou a loule autre. Ce qui est sur, c'est que les ·acles ne nous
fon! pas connailrc d·aulre comtesse de Castille, épouse de
Fernán González, que Dofia Sancha, et que le nom de celle-ci
dispáralt des documenls a l'époque oii nolre Chronique la

T.... E

S'appelait elle Conslance, comme veul le Rodrigo? La tradilion que représente ce poeme peut avoir des lrails historiques,

RO;\IAN DE SAINTE TIIÉRESE

marie avcc le comte.

a cOlé de défonnations évidentes,

comme le nom donné au roí

de Navarre, Sancho Ordonne:. l\lais Constanra n'est pour nous
qu'un nom de plus, et qu•un embarras de plus.
Tout en admetlant que Doiia Sancha mourut avanl son mari,
Salazar (llisl. de lit casa de Lara, t. 1, p. 5o) écarle deux documenls d·o¡, il résulterait que le comte Fernán Gomález aurait
eu une seconde femmc, du nom d·Urraca; l'un d'eux est de
965: pour le savant généalogiste, il s'agirail la d'un autre
Fernán Gonzále,, comte de Lara (cf. l. 1, p. 44).

Pour les raisons exposées par M. Sanpere y Miqucl (Rev.
de Arch., 1904, X, p. 380), on peut admeltre que les Généalogies furent rédigées en Navarre. n·aulre part, d·apres M. Serrano y Sanz (Noticias ydocamenlos hist. del COlldado de Hibagor:a
hasta /u muer/e de Sancho Garcés lll •, p. 48), les Généalogies
dans le ms. de Meyá - il en juge par les fac-similés de Palomares - scraient du début du x1• siecle; aussi, réagissant sur
une opinion invélérée, mais mal appuiée, en fa¡¡.¡¡ grand cas
(p. r59). Dans ces condilions, il est dillicile de ne pas tcnir
compte de ce que nous en retrouvons dans les Généalogies du
ms. A 189, el c'est le cas pour ce qui cst dit des unions conlractées par Dofia Sancha, filie de Sa11c/ius Garsie::; Maior cognomento Abarca, car cela nous le lrou vons dans le Medianense
comme le A 189 et dans le legiO/lense de Traggia '· L'addition
de a: Legionensis" a pres e, imperaloris 1i el de n comitem »
avant « de Alaba» n'a rien de lrouhlant.
G. CIROT.

( A suivre.)
1.

Madrid, Centro de Estudios hist.,

Memorias _de ln R. Acad.

1912.

~ la 1/ist.,

t. _IV. 31. Campion daas le ,·ol. cité, p. 4¡r,
compa~e le Leg,ontn.se d_o ~ rdgg,a o_t le l/edi11~eflSe; el ll. Serrano (ou,·r. ciló, p, ¡o),
2.

1
Je .1ledtarumst: avoclc e cod1ce de Leon n, q u1 o e~t autre que Je A 189, donl je venais
de pubUcr(1911) le conlenu (je veut. diro la Chron. léouaisc el les Géaéalogies),

PAR

M. EDMOND CAZAL'

En 1908, M. More! Falio, conslalail en ces termes l'une des
plus grandes !acunes de rl1isloire lilléraire d'Espagne :
Nous 11e possédons aucu¡¡ ouvrage importan/ sur la myslique
espagnole au xr,• siéc/e et /out fait prévoir que ce chapilre si
considérab/e de /' hisloire religieuse de la Péninsule ne sera pas
/1-.iilé de longlemps comme on souhai/erail qu·u pfit r, 1tre,
j'enlends par u,¡ esprit libre,
inféodé ,, te/le ou le/le lcole,
mais !léanmoins sympaWiique aux doctrines conlemplatives en
mt!me temps que Iris informé.

"º"

M. Edmond Caza) s'est cru désigné pourcette haute interpré-

tation. 11 a eu l'initiativc d'éludier ladoclrinedesainleThércsr,
non dans la lourde atmosphere d'une bibliotheque, mais au
creur meme de l'Espagne lhérésiennc. 11 a suivi les traces
de la carmélite d'Avil;,. a Medina, de Tolede a Séville, de.
Burgos a Alba de Tormes. Sur son passage, les couvenls du
Carmel se son! ouverts avec une hospitalilé toule caslillane
el M. Edmond Caza! en a profilé pour inlen•iewer sur l'amour
divin les earmélites de bonne volonlé. Le pcre Silverio de
Santa Teresa a bien voulu aider cet enlhousiaste biographe
de son érudilion et de son crédil. Toutes ces ressources pou,. L'élude écrite par ~l. Edmond Cual (Sainle Tltirese, Paris, OllendorO', 3,3 pag~s
in• 1 2), comprend oulre l'avcrlissc~~nt : 1• un~ _bio¡rraphie (145 pages)¡ 2•. uoe séne

d'éludes complémentaires: ,l/yst1cume, hysterie, auto-irotume. le prob~me de la
catalepsieet de l'exlraction du caur. Un plag~t malhear:,eua:: ~m.ur ThérAae de l'Enfant
Jés1U (35 pages); un appendice: La profemon de .sainte Therese, Le caur de samte
Thérbe. Bibliographie {8 pages).
2. les ltcluns de sainte Thértse. Bullt:lin hispaniqut de janvier-man 1908.

Bull, hilpan.
'9

�•
•
BULL6TIN HISPANIQVE
286
vaienl, en effet, nous offrir une étude magistrale 3. la fois
vivante et documenlée, imparliale el pénélranle.
L'échec de M. Edmond Cazal n'en cst que plus décevanl,
el ses erreurs n'en sonl que moins excusables. Commenl ·
Je lecteur de bonne foi, qui ne peul recourir aux sources
originales, n'accepterait-il pas avec confiance la déclaralion
du prologue :

J'ai cherché la vérité avec tout le calme qu'il esL possible de garder
devant une femme aussi passionnanle que ThérCse d'Avila et je
me suis efforcé d'étre un biographe exact, complet et, peut-etre,
impartial 1 •

Hélasl on esl toujours moins imparlial qu'on "': le croil.
M. Edmond Ca~al le sail mieux que personne, lui qui a si bien
défini les posilions respeclives de ses devanciers :
Cette vie exceptionnelle, ils l'ont fait servir 3. la démonslration
étroite et Corcée de leurs conceptionssur certains étals psychologiques,
de Ieurs doctrines sur les caractCres de l'amour divin, de leurs
hypolheses scientifiques SUl' l"hypnose et l'llxtase. La Carmélile
est une sainte 1 une. malade ou une folle, selon. qu'ils étaient aliénistes, médecins ou moines. lls n'ont méconnu que ceci qui est

capital : c'est que Thérese fut d'abord une femme, une ardenle
femme d'amour ...

Or, c'est bien un roman d'amourquenous aolferl M. Edmond
Caza!, un roman de voluplé, de sang et de mort. Et nous lui
en savons plus gré qu'il ne croil. 11 fallaiL pour obtenir ce
résultal des qualités vraiment originales et qui n'abondent pas
chez les thérésiens, je veu,c dire : un enthousiasrne optimisle
pour les choses d'Espagne, ¡•jmagination d'un-arliste el le
talent d"un auleur dramatique . Grace ces ressources, la biographie de sainte Thérese devient une brillante narration,
illustrée d'images vives, animée d'émouvanls dialogues,
rehaussée enfin par un dénouement d'outre-tombe.

a

1.

Sainte Thir!se, p.

A la vérilé, on aimerait connaitre davantage le caractere des
parents de Thérese et l'influence de leur éducation. Mais
M. Edmond Caza! esl pressé de nous présente_r son héro!ne:
Le Pére FranQois de !libera·, jésuite, qui l'a connue et qui fut son
premier biographe, dit qu'ellc avait un teint d'un blanc mat émou~
vant, des chevcux noirs et bouclés, un front large, uni et tres beau,
des ycux noirs prcsque tonjours vifs et gracieux, avec de la profondeur et de la gravité certains moments ... 1.

a

En réalilé, si l'on a tl!cours au lexle de Ribera; on constate
qae le leinl de Thérese, loin d'elre mal, élail « blanc et rose o.
&lt;&lt; Quant aux ·yeux, ils étaient noirs, ronds, a fleur de tete,
pas grands, mais si bien placés, si vifs el si gracieux qu'ils
obligeaienl chacun a rire des qu'ils riaienl toul en devenant
tres graves des qu'~lle voulait que son visage exprima! de
la gravité'. •
Edrnond Caza!, oubliant la réservc de l'honnéle Ribera,
agrandil les yeux de sainle Thérese par de suaves gradations :
Que n'oblient pas de ses amis la Carmélite? Tout cela, rien qu'en·
posanl sur eux'le velour.s profond de ses yeux 3.
Calme, souriante merne, a peine plu~· pille que d'habiltide~ veloutant

aforce de volonté le feude ses grands yeux noirs ... 4,

.i.

•••

:a, P. ~-

LE ROMAN' DE SAINT.E THÉRi:SE

1 •

l\lais celle idéalisation n'esl qu'une faiblesse . M. Maurice
Maindron n'en est pas loujours exempt, comment la reprocherait-on a M. Edmond Caza!?
Ce biographe .nous évoque ensuite, un peu rapidemenl,
Thérese dans son enfance inquiete, sa brillante adolescence
el son pénible noviciat. Le tableau qu'H nous faitdu monastere
de l'lncarnalion .rappelle les reveries romantiques de Calulle
Mendes:
A l'lncarnation, celte perdition devait etre assez facile. Autout des
murs du vaste jardin&gt; toutétait désert. Qu'un Don Juan o5at J'escaladc,
il ne risquail point d'étre vu . A la nonne amoureuse, au galant
t.P.~3.
-Rihera, Vid 11 di 3a,1ta Teresa, lib. IV, cap. 1, &lt;1 Los ojos negros y rc&lt;lon&lt;los s un
p:&gt;cu papujados ... no grand.es, pero muy bien pncslos y ,·ivos y graciosos, que fn
riycndo8e; se royan todos ... y por otra parte muy graues quando ella q_ueria mmlrar
en el rn~L:o grauedad, ))
·
3. P. i78 .
4. P. 186.
:.i:.

�,88

ernpressé, les bosquets offraient de discrcls refuges. Quant aux conséquences, pour si redoutables qu'elles soient, quelle amoureuse y pense
dans l'entraincment de la passion 1 ?

Aussi sommes-nous rassurés d'entendre M. Edmond Caza!,
dont l'intuiLion est infaillible, affirmer la virginité de sainle
Thérese.
A ces jeux, Thérese perdit tres certaiuement sa candeur, mais plus
certainement encare, elle n'y risqua pas sa virginité, qu'elle garda.

Apres ce témoignage d' &lt;e impar,tialité », le biographe, dans
son savoureux chapitre : !'Amante de Jésus, idenlifie, sans
discussion oiseuse, l'amour divin avec l'amourcharnel. JI oublie
que Jésas fait homme n'apparait a Thérese qu'a la fin de son
évolution mystique.
Par son amour, Théresc possédait Jésus fait homme, Pour taus les
sens de son corps, instinclivement a vides, Jésus était une réalilé tangible, visible, odorante, parlante et bruissanle, qui avait au baiser un
go\It déleclable et précis; une réalité aux formes vivan tes qu'elle
serrait sur son sein, qu'elle étreignait et sur la poitrine de qui, souriante et les yeux fermés, elle s'abandonnait,.

Une qÜeslion se pose cependant qui aurait du arreter au
passage M:. Edmond Caza!, expert en pbysiologie sexuelle .
Dés ·1ors, ce que Thérese appelle l'oraison ne sera pour elle autre
chose que l'acle d'amour sous sa double forme :le don etla possession.
Dans l'acte d'amour, chacun des amants se donne et possede, prend
et est possédé. Cet acte, en plus des extases spirituelles, produit une
jouissance cofporelle dont la profondeur, l'acuilé, l'intensilé varient
suivant les qualités physiques des amanls 3,

Apres cette définition péremptoire, on s'attendrait a ce que
l'oraison, si directement intluencée par le tempérament de la
Carmélite, soit parliculierement fervente pendant la période
de jeunesse. JI n'en est rien ·cependant. Apres nous avoir
déclaré que, a !'a.ge de dix-neuf ans, Thérese était déja un « brasier » d'amour, le biographe constate lui-meme que de 1538
a 1555, c'est-a-djre de la vingt-troisieme année a la guaranl.

2.

•

BULLETIN H!SPANIQUE

P. 43.
P. 55.

3. P. 5~.

LE ROMAN DE SAINTE THÉRESE

•

,89

tieme, la Carmélite abandonna l'oraison. A ,¡elle dale seulement (l'i\ge critique, précisc M. Edmond Caza!¡ et jusqu'a
soixante-sept a □ s, elle s'adonnait a l'auto-érotisme. Pourquoi
se serait-elle privée de le faire pendant dix- sept ans, alors que,
d'apres ce biographe, son tempérament, ses leclures, son idéal
religieux la ramcnaient vers des émotions dont elle avait déja
gouté la volupté? 11 semble au contraire qu'elle n'obtint la
plénitude des graces mystiques qu'apres avoir discipliné son
tempérament.
La réforme du Carmel appara!t bien dans la vie de sainte
Tbérese comrne le nrnud de l'action dramatique et il faut
rendre celte justice au narraleur qu'il a décrit, comme elle ne
J'avait jamais été, cetle lutte arden te des amis de sainte Thérese
et de ses adversaires.
Contre le Dieu éternel; contre un saint mort; contre le Pape et le
général de la Compagnie de Jésus bien vivants; conlre un évé.que 1 des
dominicains 1 des jésuites, des prétres séculiers, des gentilshommes
puisso.nts qui ne se montraient pas toujours 1 mais dont on sentait
l'infatigable acli•m; contre toutes ces forces du Ciel et de la Terre
conjuguées, que pouvait le provincial des Carrnes, la prieure de l'lncarnation, quelques centaines de carmes et de carmélites effrayFs par
la Réforme dorrt ils prévoyaient la généralisation, enfin une douzaine
d'hidalgos et leur clientele 1 ?.••

Encore, pour bien comprendre le caraclere de cette réforme,
faudrait-il écrire l'histoire de la réforme générale de l'Espagne
rcligieuse dont l'un des dirigeants les plus actifs paratt ctre
Pbilippe II.
A pres avoir célébré le triomphe de sainte Thérese et la fondation du couvent de Saint-Joseph, M. Edmond Caza! nous
décrit la « formidable né_vrose colleclive" des nouvelles carméliles en r.ecourant aux images les plus impressionnanles de
son laboratoire :
Ce sont les vio1ons et les violoncelles d'un orchestre dont les vibrations1 uniesen crescendo, se poussent, se soutiennent, s'exasperent,
éclatent en une tempéte h:irmonieuse et puissanto; ou bien, c'est Je
bouillon de cuJlure otl toutes les germinations s'enlr'aident, oll e}les.
1.

P. u6.

�BULLETJN BJSPA~IQUE

LE ROMAN DE SAINTE THÉRESE

croissent d'autant plus vite ~t fort qu'elles sont plus nombreuscs el
virulentes; ou encare, c'est l'alambic de vingL liquides amalgamés,
formant un gaz unique d'une énergie sans limites.,.'·

Mais enfin un cri gémissant s'exhala de leurs étres et ilsretomhCrent,
soupirnnts, épuisés, revenant de si loin 1 !

,90

Cependant, la fondatrice sort de sa relraile pour crécr en
Castille et en Andalousie de nouveaux monasleres. Le biographe
reconslituc celte campagne spirituelle avec un cnlhousiasme
communicatif. GrUce a lui, nous savons les épreuves nombreuses dont l'intrépide Carmélile tl'iomphait dans ces lointains voyages .
Malheureusement, le roman passionnel rcnait au chapilre
snivant 2 • Rien n'y manque, ni les homélies improvisées, ni
les portraits moins vrais que vraisemblables, ni les enlrcliens
romanliques de Thérese de Jésus et de Jcan de la Croix :

a

Et le dialogue la fois sombre et passionné &lt;lut se tcrminer ainsi :
Quand, O ma mere~ -- Aussilol que j'aurai la maison et les quatre
rnurs d'un monastere d'hommes. - ~1 'appcllcrai -je alois comme
aujourd'hui? - Non! Tout en vous sera renouvelé . Vous serez Jean
de la Croix 3, n
&lt;1

Et apres avoir expliqué l'amour divin dºaprcs sainle
Thérese, M. Edmond Caza) vcut bien nous éclairer en
quatre lignes sm· la fa~on dont le comprend sainl Jean de la
Croix.
Ne pas dormir. ne pas manger, s'exlénuer dans les agenouillcmcnls
de quaranle-huit heurcs 1 qu'étail cela, en vérité, puisqu'cn plaisant
Ace Jésus qu'elle aimait, il lui plairait a elle! ... 11 cricrait, il balbu•
-tierait dans ses ex.lases : « Jésus ! Jésus ! 1i Mais c'csl: &lt;t TbérCse !
ThérCse ! 1) que gémirait passionnément son creur !r.

ll faut voir avec quelle complaisance, le biographc, - si
.i'ose le nomme,· ainsi, - décrit les « ébals, de la Carmélile
et de son fils spirituel :
Cramponnés aux. barreaux. de la gril1e, face a face, la bouche
entr'ouverte, les paupieres mi-clases, les Jeux révulsés, ils se tendent
l'un vers l'autre, et leur ardeur est si violente, leur allirancc muluellc
est tellement irrésistible que leurs genoux ne touchent plus le sol!

Apres un tel tableeu, la fin du livre serait bien fade si ne
sortait de l'ombre le moine fatal qui va bientot jouer le role
de bourreau el transformer le romanen mélodrame.
Tous les biographcs anlérieurs a M. Edmond Caza! ont terminé leur récil a J°enterrement de sainte Thérese. l\lais l'imparlialitéde notre historien lui fait douter dela mort elle-meme.
11 nous ofire done un épilogue sensationnel en trois tableaux :
Thérese es/ enterrée .vivante, L 'arrachement da ca,ur el la mort,

Le marlyre posUiume.
Nous citons le passage le plus pathétique :
En Yiolant la sépulture (le P. Gratien) avait un but. Il y alla droit, ·
Sans pudeur; il enleva le drap breché d'or, écarla le large scapulaire,
passa les rnains sous le corps étendu, dénoua la robe, la fit glisser
d'un coup, avec les manChes qui se retourn8rent, avec la chemise
qu'il avait en meme ternps saisie. Les converses élaient tombées
Agenoux. Lui, il se penchait 1 de nouveau admiratif, devant le miracle
plus complet que jamais il ne l'eut revé : le bus te, nu jusqu'a la taille,
élait blanc, de chairs pleines et fermes, de formes nm·males, avec les
seins dressés comme s'ils eussent étévivants ! Et pas la moindre puan·
teur de cadavre, non! mais une odeur saine et néanmoins troublante
de femme exlremement propre, un peu grasse. En_ce temps de routes
peu sU.res, les moines eux-mémes ne dédaigoaient pas d'etre armés.
Pourquoi le P. Gralien, grand voyageur, n'aurait-il pase~ sa navaja?
ll sorlit d'une de ses poches le long couteau, l'ouvrit et la lamelarge,

effilée, poinlue, réfléchit en éclair les flammes des chandelles. Les
con\1erscs, rnaintenant apeurées, se cachaient le visage dans leurs
mains. Pour qui n'est pas anatomis_te, le cmur humain se trouve tout
a fait a gauche. Done, le moine n'hésita pas. Et sous le sein, il planta
le couteau . . ThérCse I ThérCse! tcréveillas-tu brusquement, unefoi§
de plus - la dcrniere-3. ~a piqllre et au froid de l'acier ?-Ouvris-tu
les )eux ~ Vis-lu le maine a la fois relors et lémérairc qui int:onscie1nment te tuail 2 ?

Je crains fort que la vision de M. Edmond Caza! n'inspire
mémorable, que l'Espagne ne nous pardonnerait jamais. En allcndant cette consécration populaire,

a Pathé un film

l. P. ! ',l',I.
2. P lii, cl1Jp. \"111, .!/1 chenenls¡1 :1ssio1111is.

3 P. 1¡1.
~. P. 178.

1. P. 191.
~- p, -.a3~-

�BULLETIN BISPA''UQUE

LE ROMA1'4' DE SAIN:TE TBÉR°ESE

nous examinerons la documentation du biographe. Mais il est
d'abord nécessaire de définir sa mélhode el son critérium au
point de vue de la psychologie expérimentale, de la lhéologie
et de l'histoire .

.

•
••
En écrivanl la derniere biographie de sainte Thérese,
M. Edmond Caza! a-l-il tenu ses engagements de n'elre ni
médecin, ni lhéologien, ni philosophe?
Des apologistes et des compilateurs religieux, des psychologues et
des savants, en redingole de lalcs, en soutanes de jésuites, en tuniques
raisin sec de carmes ou en robes blanches de dominicains, sont allés,
- ou ne sont pas allés, - a Avila. lis ont taconté ou commenlé la
vie de sainte Thérese selon une idée, un plan, un but précom;us. lis
l'ont racontée plutót mal. Ilsne l'ont ni bien connue ni bien comprise,
parce qu'ils ne voyaient a traven elle, que leur superstition, ou leur
foi, leurs lhéories, leurs systemes, .. 1.

Apres ce réquisitoire, d'ailleurs justifié, M. Edmond Caza!
est lenu plus que personne de n'avoir ni systeme, ni théorie,
ni superstition. On pourra en juger par cel averlissement
dénué de toul artífice :

,93

ramenant a la neurologie? Tel est bien le point de vue de
M. Edmond Caza! :
Taus les grands mystiques, fernmes et hommes, sont de grands
hystériques. La puissance de leur mysticisme est en fonclion directe
de la gravité de leur névrose 1 •

Celle explication, d'ailleurs un peu désue!e, réunit encore
parmi les neurologues contemporains d'illustres suffrages,
mais pour la bien défendre, il faut une mallrise de tout premier ordre. Les études spéciales des D" Richer et Eugene
Lcroy se limiten! a des observalions de clinique ou a de
simples hypolheses, sans cesse révisées, jamais définitives.
Alors que le D• Jane!, donl la consciencieuse observalfon fait
aulorité, hésite a recourir au mol d'hystérie, qui est décidé.ment d'un emploi dangcreux, M. Edmond Caza! ignore ces
timidités. A trois siecles de dislance, mais en quelques ligncs
péremploires, il diagnostique ayee une étonnante hardiesse
« l'asthénie de sainte Thérese, ses fievres paludéennes, ses
crises d'hystérie, et surloul ses allaques de catalepsie n.
Que serail-ce si M. Edmond Caza! était médecin? Peut-etre
alors prendrait-il ces grands mots moins au sérieux. Celle
foi, un peu nalve, en la science médicale, nous conduil au
précieu,x chapilre : Mysticisme, hystérie, auto-érotisme, ou les
problemes les plus complexes de psycho -physiologie sont
résolus en seize pages inclusivement.

Il n'y avait tout sfmplement qu'fl écrire ceci: &lt;( ThérE:se n'avait pas
la vocation religieuse. n Parfaitement ! Celte jeune filie n,était pas
faite pour la vie conventuelle. Si, a seize ans, elle avait épousé un
homme digncd'elle, qui l'ellt, ou rendue grosse tout de suite, ou emmenée a la cour de Philippe II, ThérCse serait devenue une trCs
bonne mere de famille, ou une tres puissante femme d'Etat. Elle n'aurait pas été malade. Daos l'un ·et l'autre cas, elle eut obéi ala logique
et ala nature qui veulent qu'une jeunc filie d'imagioation et de sang
chaud cesse d'6tre vierge le plus tót possible et qui exige .qu'une
femme intelligente, d'esprit indépendant et curieux de savoir avide
d'autorité, ne soit pas astreinte aux puériles pratiques superstitieuses
d'un couvent 2 •

. Dios, l'invocation: Baise-moi avec le baiser de ta bouche ! » est comme
un leit-motiv . .'Mais on connait assez maintenant l'amour de Thérese ,.

Las! Fallail- il abolir toutes les inte1·prétalions, pour se
rallier ensüite a la moins originale d'enlre elles, je veux dire :
celle du D' Charco!, qui a cru expliquer le mysli.cisme en le

Hélas, non! Apres celte lecture, nous le connaissons moins
que jamais! Si ignorant que soil M. Edmond Caza! de la
méthode d'inlerprétation allégorique, familiereaux théologiens

1

Sainte ThérCse insiste plusieurs fois sur le fait qu'elle s'unissait

a Jésus dans sa tres Sainte Humanité. « En ses Conceptos del Amor de

1.

P. 5.

I.

:i.

P. 29.

2.

P. :152.
Op. cit. J p. :i54.

•

•

�•
&gt;94

1.E ROMAN DE SAUl'TE THÉRi:SE

médiévaux, il n'a pas le droitde faire et primer a sainte Thérese
ce qu'elle n'a jamais voulu dire. Le lecteur qui voudra bien
ou vrir les Pensées sal' l'Amoul' diuin • connaitra l'inlerprétation
que nous donne la mystique sur le Can tique des Cantiques:
La réalilé n'esL-elle pas plus admirable encore ! ~e nous appro-

Si l'on est d'imaginalion pauvre, de nerfs calmes, de. sens lourdement
endormis, l'on n'y trouve que palhos et l'on s'endorL sur de longucs
phrases 1 •

chons-nous pas du tres Saint-Sacrcmcnl? Je me suis m6me demandé
si l1Épouse ne sollicitait pas ici de Jésus-Christ cetle faveur qu'il nous

fait plus tard ...
Apres cela, notre biographe peut inclure le sacrement de
l'Eucharisli·e dans son chapilre : Myslicisrne, hyslérie el au/oérolisme. Mais que devient son impartialilé?
Ce contre-sens prouverait - s'il en était besoin - que
toul historien d'une myslique «catholique orthodoxe • devrait
connallre la doctrine de ses Lhéologieps. Sainle Thérese (il faut .
bien en prendre son parli) demeurrr;t toujours espagnole
et catholique Pour comprendrc sa doctrine, il cst done nécessaire d'éLudier le Moyen-Age espagnol, c·esl-a-dire de faire
lant soit peu de théologie.
Les iecteurs, qui ne sont pas au cournnt de la terminologie ffiJStique,
sont priés de vouloir bien palienter un peu jusqu'au chapitre intitulé:
l'A manle de Jésus et de lire en suite le chapitre intitulé : Mysticisme,
hyslérie, aulo•érolisme 2.

a

N'en déplaise M. Edmond Caza!, pour expliquer la terminologic d'une mystique du xv1 e siecle, ce n'esl pas aux interprétalions médicales qu'il faut recourir) mais bien aux sonrces
lilléraires et historiques de celte terminologie, c·esl-3.-dire aux

théologiens caslillans c¡u·a lus sainle Thérese : Alonso de.
}ladrid, Francisco de Ossuna, Bernardino de Laredo et San
Pedro de Alcántara 3. )l. Edmond Caza] n'ignore pas que' son
hérofae a lu et relu, pendan! dix-huit ans de féconde assimi- /
Jation, le Tl'oisi.eme abécédaire spiriluel, mais il néglige eette
source essentielle :

•

,g5

BULLETU'f UISPANIQUE

Ce sont des livres ala fois décevants et forrriidables, les ouvrages
de mysliques comme un Fran&lt;;ois d'Ossuna et un Jean de la Croix.
1.

TraUuclion d, s Carmélih:s, l. Y, p. ~oo.

~- P. 3~, nole 1.
•
.
3. i\J. ,forel-Fatio a ót.abli celt.e nécessité dans son éLude rnr les f,tctures de samte
1'bérCse. Op. cit.

,.

M. Edmond Caza!, pour ne pas nous endormir, ferme ces
livres redoulables et préfere expliquer la terminologie mystique
d'apres les docleurs " Legué , et « Gilles de La Tourette n ou
encore d'apres le psychologue" Havelock Ellis n.

• ••
L'élude de M. Edrnond Caza! ne rentre pas plus dans le
domaine de l'hisloire que dans celui de la théologie. Certes,
ce biographe a mis a conlribulion les archives du Carmel el sa
biogn1.phic. en témoigne, mais quclle critique a t-il fail subir

a sa

documenlation? Quelles référcnces donne-t-il? Quelles
sont les sources de ses cilations? Sous prélexle qu'une édition
enriehie de tout cela serait onéreuse et réservée aux seuls
" nababs», M. Edmond Caza! s'esl limité a publier ses affirm~tions. Libre au lecleur d'alleren Castille et de recommencer
Ja campagne inlrépide du bi~graphe thérésien. Ribera est cité.
d'apres la défcclueuse traduclion du Pere Bouix et sainte
Thérese, d'apres celle des carmélites de París sans l'indicalion
de la page, du cbapilre, du ,·olume donleslexlraile la citation.
Le naL·ralcur en arrive -

ce qui est plus grave -

a uliliser

les textes pour improviser des dialogues passionnés et des
hon1élies fanlaisistes ou sa pensée se substitue plus ou moins
a celle de la Carmélile. )loins le slyle el l'équilibrc, c'est bien
l'histoire a la maniere de Tite-Live.
On comprend aisémcnl que Ollendorf, soucieux avanl lout
d'éviter les notes el les références, est responsable de la plupart de ces !acunes. Encore fallait-il qu'il lrouvat un_ auleur
complaisant.
Que si l'on s'en tient slrictement aux procédés de raisonnement, sans discuter la qualité de la pe~sée,-011 esl frappé par
de nombreuses cóntradictions. II est vrai - et M. Edmond
1,

P. 33.

�096

BULLETlN RISPA.NIQUE

Caza! ne s'esL pas trompé en le disant - que sainte Thércse
n'avait, a son enlrée au couvent, qu'un mínimum de vocation
rcligieuse. Mais cambien l'exagération de l'expression· nuit
a la vérité en la rendant paradoxale, c'est·a-dire suspecte :
ll cst une chose que tous les biogl'aphes el commenlateurs ont
paru ignorer et qui pourlant vaut qu'on en parle. Monialc arden te et
mystique, et cependant malicieuse et gaie; carmélite et réformatrice
impitoyable du Carmel; séduisante créatrice d'une regle suave, féroce
el logique; hystérique tourmentee par d'insatiables désirs et p3.mée
dans des hallucinations, des suggestions el des ex tases érotiques d'une
violence inouie, Sainle Thér'ese n'ajamais ea la vocation religieuse 1 •

11 semble bien que cette derniere ex pression est prise au
sens. le plus restreint: « Une nonnequi a vraiment la vocation
suit la regle avec calme et y trouve tout son plaisir.,,Quelques
pages plus loin, M. Edmond Caza! nous apprend qu'en 1534,
c'est.a-dire 0. l'fige de dix-neuf ans, ((Thérese et Jeanne, brasiers
ardenls déja, ne pouvaient que brCiler davanlage aux flammes
cachées dans le Troisieme Abécédaire et que loul de suite elles
découvrirent avec la plus vive émotion ,&gt;.
D'aucuns répondront sans doule que la vocation religieuse
des grands mystiques est bien cet ardent désir d'aimer Dieu
et que pour s'enflammer si vite a la lecture du Troisieme
Abécédail'e (« ce sombre pathos ", vous en souvient-il ?), il faille
vraiment ctre prédestiné ...
En r.éalité, si l'on s'en tient au témoignage de sainte Thérese,
aucune de ces deux positions n'est soutenable. Loin de nous
dire qu'elle était a Becedas « un ardent brasier », la carmélite
nous apprend qu'elle est restée de longues années sans comprendre ses lectures .

•• •
Mais que sont ces vices de définitions ou ces !acunes de
documentation a·coté de la sensationnelle découverte d'une
« Thérese enterrée vivante "? C'est elle qui a valu a Ollendorf
i.

P. 7.

LE ROMA.N DE SAfNTE TJ-IÉRESE

le succes lucratif de plusieurs éditions . ll est done nécessaire
de lui consacrer une élude approfondie.
L'on lrouvera dans le chapilre 11, parlie 11, le résumé du severe
travail de recherche et de classificalion documentaire, d'examen critique, de déduction logique et parfois syllogistique auquel je me
suis livré pour arriver ;\ la cerlitu&lt;le de la vérité.

Le caractere de ceUe documentation est surtout négalif.
111. Edmond Cazal-cette constalalion n'est pas une critiquen'a établi sa these sur aucun document nouveau, mais sur une
inlerprélation personnelle du ,premier biographe de sainte
Thérese, Fran9ois de Ribera, des déposilions faites a l'occasion
de la béatification, des cerlificats d'exhumation et de la tradition orate.
M. Edmond Caza!, frappé des nombreuses inexactitudes et
des conlradiclions d11 récit de Ribera, ému, non sans raison,
par l'enterremenl hi\lif de Thérese et les mystérieux appels
que deux carmélites entendirenl résonner .dans le cercueil de
la sainte, en déduit :
1 ° que Ribera dissimule un elTra)'anl secret;
2° que sainte Thérese fut enterrée vivanle a l'état
de
catalepsie.
Une découverte en amene une autre. Notre observaleur,
poursuivant son enquete, fait trois nouvelles constalations :
I o le cceur de sainte Thérese, vénéré a Alba de 'formes, fut
ealevé a une époque indélerminée ;
· 2º il porte a son sommet une cicatrice horizontale, &lt;( valve
d'un trou en estafilade ", que l'imaginalion espagnole a atlribuée a la transverbération;
3° un « inconcevable silence " pese sur le P. Gérome Gratien
pendan! et apres l'enlerrement de sainte Thérese .
Des lors, lout apparatt avec une lumineuse évidence. Ce_ne
sont pas les deux carmélites dont parle la tradition qui ont
arraché le coour de sainteThérese, mais le P. Gratien lui·meme.
Il a du le faire saos adresse, ce qui explique le coup de navaja
en plein creur. 0r, ce geste fut un meurtre par imprudence,
puisque Thérése vivait encore dans son cer.cueil 1•.•
Examinons successivcment les arguments précités.

�098

LE RO.HAN DE SAINTE 'l'HÉRESE

•99
Thércso constaten! que sa vieillesse, inévitablement déprimée
par une vie de combal et de nombreuses infirmités, paralt,
dans les dernicres années, s'ctre libérée de la névrose.
Ribera la décril ainsi sur le lit morluaire:

BULLETIN HISPA:'tlQUt

Les inexactitudes de Hibera sonl beaucoup moins {eqdancieuses qu'elles ne le paraissent. Ce hiogrnphe n'écrivail pas la
Yie de sainte Thérese, d'apres la nouvelle mélhode historique.
Ayant. recours non seulemenl aux lexles, mai" a la lradition
orale, il essa:yait de concilier les témoignages les plus no1nbrcux
el les plus frappanls saos les soumellrc a une critique minutieuse. Ses crreurs n'attendent pas I'enlcrrement el les cxhumations de sainte Thé_rese pour s'accumuler. Elles abondent dans
toul le récit de la vie et en particulier dans celui des Fondations
dont ilélait bien difficile, acetto époq ue, de conlroler les innombrables gestes. Sur ce sujet, je ren voie M. Edmond Caza! a la
biographie castillane du P. iligucl Mir (qu'il ne cite pas dans
sa bibliogrnphie). 11 y lrouvera les nombreuscs coneclions que
l'académicieu espag1&gt;ol csl obligé de faire subir au récit de
!libera. Cette sévérité, d'ailleurs nécessaire, devrait tenir
comple des contingences. Si l'on compare l'muvre de Ribera
a la pluparl des biographies castillanes, on se rcnd comple que
le premier historien de sainte Thércse s'efl'orva,'au contraire,
de réagir contre les tendances générales a l'inexactilude clll'onologique. Sainle Thérese ne nous offre-t-elle pas le meilleur
témoignage de celle insouciance, elle qui se lrompait sur la
date de sa naissance, de la mort de sa mere et dénon~ait avec
sa franchise coutumiere les défaillances de sa mémoire? Les
contradiclions que M. Edmond Caza! releve dans le texte de
Ribera sonl moins concluanles qu'il ne croit. Si !'historien
avait prétendu dissin1ulcr un monsLrueux secret, íl se serait
efforcé de le8 éviter daYanlage. Ce~ argumenl est done, en Soi,
de faible portée.
Tout autre e,t celui de l'enterremenl prématuré. Treize
heures de veillée mortuaire 1 sont insuffisanles pour un sujet

qui a eu des attaqucs de eatalepsic. Encare faudrait-il élablir
celles-ci. Le biographe nous rappcllc que, dans sa jeunesse,
sainle Thérese demeura quatre jours en lélhargie. Mais, a cette
époque, des symplomes caracléristiqucs précédcrenl el préparerent la léthargic. Au conlraire, tous les biographes de sainle
1. lforle un jeutli., le 4 octobre 158 :i, b. neuf he ures du soi1·, !lainte ThérCse ful
enternie le lendemain malio a di:1. heure11.

Des que la Sainte ful morte, son ,isnge parut plus beau qu·a
rorrlinaire; elle était sans aucune ride, quoique, a cause de son iige,
elle en ellt auparavant quelques-un_es. Son corps élait blanc comme
de l'albfi.tre, sa ch.air douce el maniable, ses membrcs aussi tendres et
aussi flexibles que ·ceux d'un enfant,.

Le D' Georges Dumas 11ous a jadis présenté a l'hopital de
Sainte-Anne une cataleptique dont les membres avait une
soup\esse exceplionnelle. Mais cambien de cadavres la présenlent sans l'inlervention de la catalepsie ! Qui d'eotre nous
n'a vu sur un visage aimé celte expression plus vivante_.que

la vie elle-me me el qui semble nier la mort?
Le troisieme argument est celui des coups mystérieux

•

entendus par deme carmélites daos le chmur du couvent
d'Alba.
Elles veillaient et priaient une nuit dans le chceur du couvent
d' Alba ... et brusquement les deux femmes trcssaillirent ensemble
ébauchant a la hite Je triple signe de croix. L'une et l'autre avaient'
entendu. Des coups, des coups assourdis et pourtant retentissants
jusqu'au plus lointain de leur conscience superstitieuse, des coups
rompaient le silence ... Les coups venaient du ca vea u. C'était tout
simplement l'Ame de sainte Thérese qui se manifestait 2 ,

Pour que ce témoignage ail quelque valeur, il faudrail :
1; Fixer la date de l'événement. Notre biographe !'ignore.
« Des jours passent. Cambien de jours ?... on oe sait pas. ,,
2' Établir que ces bruits ne sont pas des hallucinations.
Et c'est ici qu·apparait l'étonnante partialité de M. Edmond
Caza!. A l'exemple d'Havelo9k !Iellis, Leuba et la plupart des
psychologues con lemporains , il interprete les visions et les voix
des mystiques comme des hallucinations. Quels que soient le
nombre des témoignages, le crédit des témoins, les anlécédents du visionnaire, la cause est jugée comme•une expédence
1.

P. 269 ,

2,

P. 226,

�BULLETIN BISPANIQUB

300

de cli niquc. Tout l'appareil critique fonctionne alors pour
réduire les faits aux explications les plus rationnelles.
Faut-il, au contraire, pour les besoins de la these, que tels
bruits mystérieux soient vraiment les appels d'une catalepLique
enlerrée vivante?-M. Edmond Caza! se garde de les allribuer
a de simples hallucinations. Ces deux ca,rmélites seraient-elles
les seules qui échappenl a la« formidablenévrose collectivc»?.
ll n'en estríen, beureusemcnt.
CaLherine Baptiste, quelques jours avanL la mort de la Mere, avait
vu une étoHe d'une extraordinaire grandeur qui descendit du ciel touté

éclalanle el alla se placer au-dessus de l'église du monastere. De plus,
depuis longlemps privée du sens de l'odorat, Callierine Bapliste, en
baisanl les pieds de la MCre aprCs sa mort: avait recouvré la faculté
de sent{r et subodoré avec délices les suavités exhalées par la sainte

dépouille •.
11 va sans dire que la descenle de l'étoile est pour M. Edmond
Cazal une hallucination visuelle et les suavités mysliques une
ha\lucination olfactive. Pourquoi les appels funebres ne sonl-ils
pas des hallucinations auditives? Parce que M. Edmond Caza!
a besoin de les entendre pour ressusciter sainte Thérese.
Cependan t - el !'historien le reconnait lui-rneme - ces
indices, si émouvants soient-ils, ne peuvent faire naitre que
des hypotheses. C'esl !'examen « imparlial » du cceur de sainte
Thérese qui élablira la certitude.
Comme le fond terrible du drame est le creur, le cceur palpitanl de
ThérC:se, on n'en parle que sons le manteau. Dans les documents
officiels, rien ! Le P. Gratien n'en souffie mot. On ne le voit pas sortir,
ce creur. Tout a coup, sans que personne e-0.t dit oll il se lrou,·ait
auparavant, on ne le voit sortir, ala lumiére du jour public, dans un
récipient en cristal, qu'en 1671, plus de cent ans apres le drame,
quand tous les acteurs et confidents plus ou moins renseignés sont
morts dcpuis longtemps '·

D'apres la citation précédenle, on pourrait croire que la
Carmélile es! marte avant 1571. Or, a celle époque, elle était
encare bien vivante sans etre en catalepsie, puisqu'elle n'est
1.

p.

2.

P. :191.

LE ROMAN DE SAINTE TUÉRfSE

3or
marte qu'en r58,. Le cceur a done été découverl quatre-vinglneuf ans el non plus de cent ans apres le drame. Le seul objet
d~ .celte recti~calio'.1 cst de montrer a ]11 . Edmond Caza!_ qui
pretcnd co'.rr~er Ribera- combien il esl facile de se !romper.
La descr1ptwn du cceur, telqu'il es! vénéré a Alba de Tormes
est d'une précision toule réaliste:

'

Le viscere est allongé, racorni, complétement déformé sec et tombant en poudre peu_ a ~eu. Une cicatrice borizontale, val;e d'un trou
en eslafilade, se v01t tres nettement ason sommet 1.
·

Sans autres « faits" que les deux précédents, M. Edmond
Caza! prétend démonlrcr que l'enlevemenl myslérieux du cceur
el sa large « estafilarl.e " n'onl qu'une explication possible : Je
coup de navaja du P. Gratien. 11 a beau jeu de railler les
dévots qui croient au niiracle de la transverbéralion. Ce n'esl
pas sur ce terrain que nous le suivrons. Mais sans recourir
a l'inlervention du miracle, qui est une ques~ion de foi on

peu l examiner d'aulres hypolheses plus vraisemblables 'que
le geste du « moine a la fois relors el térnéraire "· Daos le
domaine des suppositions, les plu's prudentes sont les
meilleures.
M. Edmond Caza! allribue judicieusement les épines de ce
cre~r sa~ré a ~ne supercheric loute cspagnole. Pourquoi Ja
ma111 qm a ose planter les épines n'aurail-elle pas créé J'estafilade,. afin de concrétiser, a sa maniere, l'apparition du
séraphrn?
Le biographe aurait pu s'avancer davaritage encore el douter
de l'anthenlicité de la relique. Existe-t-il 1111 document du
XVI' siecle qui atlribue celle-ci a sainte Thérese? Sur ce SUJ'et
•I
'
lll a sceur Ana de San Bartolomé n'a rien dit ni )'historien
~iber~ n'a rien écrit. Quelque lhérésien du xvn: siecle a peuletre decouvert, dans un reliquaire anonyme, un cceur don! la
hlessure l'a fait r~ver. Par une association bien nalurelle
il a pu évoquer la fleche d'or qui blessa Thérese « jusqu'au~
entrailles ».. . ªien en tout cas, ni le moindre documenl
d'archive, ni la plus vague lradition orale ne permetd'allribuer

:1:17.
1.

P. 273.

Bull. hispan.

'º

�3o,

AULLETL."11 11.lSPANlQUE

LE R.OMA.N DE SAINTE TBÉRESE

la blessure a la navaja du P. Gratien. M. Edmond Caza! n'en
est-il pas réduit a inlerpréter l'absence du carme comme !'une
des circonstances tés plus suspectes de celle ténébreuse affaire?

diflérence appréciable : on chercherait vainement chez l'illustre romanciet· cette apologie toute personnelle ou M. Edmond
Caza! s'accorde délibéréme1it la consécration de la Science
et de l'Histoire :
Les graphies (antérieures) n'existent qu'en fonction de la conlinuelle

Quelle extraordinairc chose que l'absence totale du P. Gratien !
Logiquement, H eut dll présider a toutes ces .exhumalions, défendre
avec vigueur lajusle these du maintien du corps au Carmel d' Avila. Et
on ne le voit point, personne ne parle de Lui. Ol1 est-ilt En ces années
1583- 1588 1 sa vie est e!Tac~e, elle rentre de plus en plus dans l'ombre,

et cela au milieu de l'hostililé générale. Lui-méme, il lulle mal 1 sans
conviclion et sans force , sans intelligence et sans énergie ... Et un
jour, en 159~ , il sera ex.pulsé de la lléfm·me thérésienne ... On dirait
qu'une malédiction pese sur lui ! Pourquoi? Il est comme accablé par
un remords. Lequel? Mais surtoul, pourquoi ne p~rait il, de 1583

a 1588,

pendant ces cxhumations répétées) ... En 1085, il fait une

furtive apparition au chapHre de Pastrana et ensuitc pour reprendre,
aux Carfllélites d'Avila, la main de ThérC:se, qu'il emporta jusqu'8.
Lisbonne ... Et c'cst toul. .. je ne comprend~ pas 1 •

Nous comprenons moins encore que sur de telles hypotheses, M. Edmond Cazal ait osé porter un jugemení définitif.
Résumo.ns celte pénible instruction : Parce que sainte Thérese
,
a connu, dans sa jeunesse, le sommeil léthargique, !'historien
découvre qu'a l'age de soixante -sept am elle fut enterrée
vivante a l'état de catalepsie. Parce que personne ne parle
du P. Gratien depuis l'enterremenl jusqu'a l'exhumation
officielle, il en déduit que ce moine a ouvert la sépulture,
poignardé Thérese encore vivante et an·aché son caiur.
On ne regrettera jamais assez que la carmélite n 'ait été
exposée quelques jou;·s dans la froide église d'Alba de Tormes.
Cette précaution élémentaire ne lui aurait pas rendu la vie,
mais nous aurait épargné les macabres visions de M. Edmond
Cazal. Cerlaines indiscrélions, quand elles demeurent slériles,
ressemblent fort a des indélicatesses. 11 est des Lombeaux dont
on ne devrail pas essayer de se faire un piédeslal.

.

. •.

Ainsi, M. Edmond Cazal, sans elre spécialiste de théologie,
d'histoire ou ·de psychologie expérimentale, s'est serví de ces
Lrois ennemies a la maniere de \Vells . 11 existe cependant une

3o3

inlervenlion divine eL de la croyance au miracle, tandis que mon
travail est éclairé aux lumieres de la raison, d'une patiente et sereine
critique, d'une science enfin qui a particuliCrement distingué, étudié,
c!assé, rendu matiere banale de manuels neurologiqué3 les phénomenes qu'au xv1• si8cleon altribuait, avec une admiration pieuse ou
une horreur épouvanlée, 8 l'amour de Dieu ou al'incubat et succubat

de Sátan, selon que la patiente et le palient étaient puissants ou
misérables , .

Les résultats oblenus par M. Edmond Caza! sont, a la vérité,
bien dilTérents, mais n ·en présen tent pasmoins une réelle utilité.
1° Son livre a le mérile de réagir contre les fad.es apologies
qui ont di minué sa.inte Thérese au lieu de l'agrandir, Les chapitres comacrés a la réforme et aux fondations décrivent l'activité
de la Carmélite, comme elle ne l'avait pas été jusqu·a présen t.
2° La these de Leuba sur l'érotomanie de sninte Thérese et
les assertions d'Havelock Hellis sur son aulo-éroli,me avaient
besoin a·etre stnlhétisées dans un livre qui ea montrat toules
les faiblesses. Saos trop le vouloir, M. Edmond Caza! nous
a rendu ce se1·vice-.
3• Enfin, son insucces lui--m8me ofl're aux thérésiens relí~
gieux ou laiques un a vertissemenl précieux; la person na lité
de sainte Thérese est si vaste que sa biographie nécessile au
préalable la collaboration de · plusieurs spécialistes. 11 est
indispensable de préluder a tout travail de synthese par
l'ing1·ate exposition de la doctrine, l'in(liption précise des
sources el la définition de la terminologie thérésienne.
Apres ces Lravaux de bibliographie el d 'hisloire, les philo•
sophes el les médecins, les théologiens et les psychologues
pourront avancer leurs interprétations.
u C'est une grande cbose, nous dit sainte Thérese, que de
comprendre une ame ... "
G•sToN ETCHEGOYEN,
Membre de l'icole fran~.ii$e do Rome.
, . P. 208 .

�3o5

A PROPOS DE L ..\_ MQ;,iNAlE DE SÉGOYIE

A PllOPOS DE LA MONNAIE DE SÉGOVIE
•
Les premieres machines a frapper la monnaie furent aussi
mal accueillies par les ouvriers monétaires experts a manier
le marieau. et les coins d'acier, que l'avaient été jadis les
premieres presses a imprimer par la foule des copistes de
manuscrits et des enlumineurs de livres d'heures. u Ceci tuera
cela)) ; les Yieux artisans qui} de pere en fHs, se transmellaient
les secrels d'un métier difficile, ne voyaient pas sans déplaisir
les rouages d'un mécanisme se subslituer a la force habile de
leurs bras. Lcur amour-propre était en jeu, leurs intérets
malériels aussi. Dans tous les pays de l'Europe civiliséc,
rusagc des 1nouJins U monnaie ful aussi long a se généralíser.
On vit se dresser contre eux la meme opposition obstinée.
L'histoire de toules les invenlions sé double ohligatoirement
. du récil de la bataille qu'elles eurent a livrer, et des perturbalions économiques ou sociales dont elles apporlaieni le germe,
a l'insu de leurs auteurs . Par cela meme, et a cause de son
contenu psychologique, elle mérile de retenir l'intérel.
Je voudrais d'abord rappeler en quelques mols ce qui s'était
passé en France lors du changement radical de la technique
de l'art monétaire '. Au milieu du x11" siecle, l'autorité ro y ale
s'était émue de voir circuler dans le royaume quanlités de
pieces rognées. Les contours inégaux des Oans monétaires oll
l'on imprimait au marteau les lypes qui conslituaient la
marq,¡e de garantí~ apposée par l'Élat sur le métal précieux,
permetlaienl a une íoule de délinquanls d'emplir leur escarcelle de copeaux d'oretd'argenl, a rinsu des pouvoirs public,.
Henri II, par une ordonnance dalée du 23 janvier 1.550, interdit
le cours des monnaies rognées et prescrivit de les conyertir en
1. Voycz F. Uazerolle, la Monnaie (Collection des Grandes Jnstitutions de France,
Pari;:., 1907). Pour les délails techniques, v. Ch. Frémont: Origine et évolulion des
outi/s (P· 98 ctsq.), daas le,H• .'11émoire publié par la Société d'encouragement al'induslrie
nationale. Cf. A. bieudonné (Revue numismatique, 19 1 3, p. 42li), Lºorigine du balancier,
et F. ~fazerolle, les médailleurs Jran~ais du xv• au .tV!l• si~cle (passim).

nouvelles especes. La Monnaie de Par is se trou vanl insuffisante
a ce surcro1t de travail, la i\fonnaie de Nesle ful fondée. Avec
les coins de Marc Béchot on y frappa les gros et demi-gros dits
de Nesle. L'existence de cet établissemenl fut éphémere; des
dissensions, le manque de discipline furenl cause que des
l'annéc suivante il était réduil a l'inaclion.
C'est alors que, voulant en finir coiite que coute avec les
fraudeurs, le roi s'enquit d'instruments permellant de donner
aux pii\ces une forme régulierc, en assurant une frappe
_perfeclionnée . Charles de Marillac, ambassadeur á Augsboufg,
fil savoir qu'un orfevre de cetle ville avait inventé un procédé
ingénieux qui répondait aux désirs de Sa Majesté. Henri II lui
dé pecha sur-le-cham p le mailre de la Mo_n naie de Lyon flanqué
de Guillaume de Marillac, valel de chambre du roi, frere de
1

l'ambassadeur. On traila avec l inventeur, un certain Marx
Schwab, dit le chevalie,· du Saint-Sépulcre. On fil conslruire les
machines qui, a pres a voir été transportées a Paris, puis essayécs,

furent installées en 1551 au bout du jardiu du Palais, dans la
Maison des Étuves. L'établissement tira d'abord son nom du
moulin de la Gourdaine, dont on se servil pour metlre en
mouvement les appareils, d'ou Alonnaie de la Gourdaine; plus
tard, ou le connut sous le ti tre de .\lonnaie des Etut•es ou Mo111taie
du Jfoulin. Les instrumenlsimportés d'Allemagnecomprenaient
des laminoirs, des barres a tirer, engins tireurs ou filieres, des
découpoirs, des presses ou balanciers, des tenailles. Peu apres,
Aubin Olivier, un habile mécanicien fran9ais devait les
compléter pat· l'invention de la virote /¡risée, qui permellait de
graver une ioscriplion sur la lrancbe de chaque piCce, suppri1

mant par la meme toute chance de fraude .
La perfection meme des produils du nouvel atelicr, la faveur
du roi qui s'altacha (l leur personnel - Hemi 11 avait trouvé,
mis en présence des pieces d'essai 1t la figure et graveure
d'icelles tant singuliere, subtiile et excellenle que, sans grande
apparence de faulceté, il esl impossible de la pouvoir contrefaire, rongner ni alterer 1&gt; leur valurenl immédiatement
la jalousie de la Cour des Monnaies. Des l'abord, la guerre
étail déclarée. Et le dernier mot resta a la rouline. Di\s , 556,

�, 306

BULLETI~ HISPA.:~HQUE

A PROPOS DE 1,A MO:"iNAIE DE SÉGQVJE

la fabricalion monétaire se ralentit considérablement, on
employa la Monnaie du Moulin a frapper mcdailles, jctons et
pieces de plaisir, « L'hostilité de la Cour des Monnaies, dit
M, Mazerolle, avait réussi a arreter complelement la fabricalion
de l'or et de !'argent, qu'elle fil maintenir a l'llotel des

1570, et l'usage de la frappe mécanique ne devinl régulier
qu'en , 662, un siecle a pres les premiers essais,

Monnaies, malgré s-on oulillage imparfait. » En 1585, trenle-

cinq ans apres l'invention de la frappe mécanique, on ne
fabriquait plus pratiquement de monnaies qu'au marleau,
comme dans l'anliquité, au huiLiCme siecle a,1ant notre Cre.

'Nicolas Briol, sous Henri IV, essaya de réagir, les ateliers
furent transporlé_s au Palais du Louvre, dans la galerie du
rez-de-chaussée; puis, découragé par une opposilion persis-

tan le, Briol dut aller oíl'rit- ses services en Angleterre, en 1626,
Sons Louis Xlll, les agissemenls de la Cour des Monnaies,
toujours hoslile aux innovalions, furcnl cause que l'on éiablit
deux aleliers, la )lonnaie des Médail)es - c'élait l'ancien
balancier du Louvre - el la Monnaie des Especes, qui plus
tard fut lransporlée dans !'Hotel du quai Conti, devcnu, en
1878, nolre seul Hotel des Monnaies,
En Angleterre, de semblables difficullés se présenterenl sous
Je regne d'Élizabelh, C'esl en 1560 qu'nn Fran9ais ccllc fois,
nommé Éloi Meslrel, apporla a Londres une invenlion qui
permellait de lransformer l'oulillage monétaire ,_ Éloi Meslrel,
selon loute vraisemblance, n'avait fait que s'inspii-cr des
príncipes venus d'Allemagne el mis en praliq.ue a París peu
d'années auparavanl, Des 1562, on commenra a la Tour de
Londres d'utiliscr ses appareils; les rémllats íurenl excclfcnls
el la frappe parfaile, 11 en coula cher au malheureux inrenleur,
et son hisLoire fat plus lragique que cel le de ses confreres
pari•iens, Quelques années apres, il ful accusé de fabriquer
clandeslinement de la fausse monnaie, a l'aide de ses presses
mécaniques. C'est du moins la version officielle; j'aime

a

croire que des jaloux - &gt;Is étaient nombreux - ne trouverenl
poi ni ce délour pour se venger, Bref, Éloi ful pendo a TI bum,
en 1569, ses 1nachincs ne furent plus gu8re cmployées apres
1,

V. Herberl A. Grueber, Handbook of thi&gt; coins o/ Gnat Britain and [reland~

London, 1889, p. nxvrr.

A Augsbourg, en 1550, l'ambassadeur du roi de France
s'était h.ilé de poursuivre les négociations av~c les orfCvres

allemands, parce qu'on courait le risque, en en différanl
l'aboulissement, de voir l'i,wenleur vendrc sa découverte a
Charles-Quin!, qui, déja, l'cmployait a d'aulres lravaux:
« L'cmpereur, écril Marillac en juin-décembre 1550, pretend
se valloir de cesl artiflice, ayanl a cesl effecl faicl venir d'Espagne leur prcmier maislre en faict de monnoye, pour appren•
dre ce que ledict chevalie,- s~ail faire •, »
11 est done assez surprenanl qu'on ait atiendo en Espagnc
quelque quarantc ans pour faire subir a l'art monétaire 111
rórnlution inauguréc en France, IJ y a d'autanl plus lieu de
sen étonncr qu'on sail la passion de f\hilippe ll J'OUr l'architeclure el pour la mécanique, Aulour du roi prudenl, les Herrera,
le, Gianello della Torre, les Jacopo da Trezzo s'ingéniaienl
a invenlcr lea machines les plus merveilleuses que l'on eul
vues jusque-la, depuis les horloges savantes jusqu'aux appareils compliqués destinés a amener a_ !'Escorial les matériaux
du monaslere de San Lorenzo en conslruction, el a les mettre
en reuvre, jusqu'aux tours hydrauliques qui servaient au
polissagc el a la gravure des pierres fines'- 11 semblerait
nalurel qu'on ail installé a la mcme époque des machines
reposan! sur les memes príncipes et destinées a la frappe dn
numéraire, Pourlant ce n'esl qu'en 1582 qu'on en fit le projet;
el e'esl a celle date que Philippe II fil venit- d'Allemagne les
ouvriers spécialistes donl' il a vait besoi n, "(, Casto M• del Rivero
a fait réeernmenl l'hislorique de la Monnaie de Ségovie,
a l'aide des documenls conservés a Madrid aux Archives du
1 _V. P. de \"aissiCrc, La dCcout•erle d A ugsbourg des insiruments du monnayage moderne et Leur importa/ion en France en 1550, d'oprl!s lrs cUpéchts dfl Marillac, ambassa•

deur. Montpellier 189:i; Maurice Roy, La .ilonnaie du illoulin, in Rcvue Numismatique
11.PO~ p. 187 et sq. - L'achO\'cment du premier malér;el pl'rfeclio11né n'eut lien
qu'en 1553.
2. 0.1 me pcrmctlra de renvojcr a mon arlicle de la Rttuuc de L'arl ancien ll moderne (,i;,d), GiaMllo CW:l ~ T,1rre, lurloge,· de Charles-Qufot et de Philippe 11, p. 2p273. V. aussi Bralli. Pliilippe/f. París, 191-&gt;, p. 67; Felipe Picalo..,le. Apimtes para una
biblioteca cientifica española del siglo .\ l'I. Madrid, 1891 1 etc.

�3o8

BULLETI::¡ HISPAl'UQtE

Palais Royal•. J'ai eu la bonne forlune de lrouver naguere
a la Bibliolheque Nalionale de Madrid el a Si mancas quelques
textes qui me permeltenl d'ajouter plu,ieurs détoils a cette
excellente étude.
II s'agissail d'établir des machines hydrauliques, en d'aulres termes, des moulins, el l'on délibéra longtemps sur le
choix du cours d'eau propre a les aclionner. Le Manzanarés
ful éearlé pou'r les raisons que l'on suppose, el l'Eresma ful
élu. L'Ingenio de la Moneda ful done construit a Ségovir. Des ·
,583 Philippe II visitait les chantiers. L'édifice subsiste encore
de nos jours, transformé en moulin a farine, mais quelques
modifications furent apportées a l'ordonnance des batiments
sous Ferdinand Yll '· Le P . Sigüenza nous a laissé une précieuse description de la mécanique, je demande la prrmission
de la traduire. C'csl a propos d 'une visite du roi a Sé~o,·ie, en
septembre 1583 :
«Dela, [le roi] vinl a Ségovie pour voir cette excellente
invention pour [aire la rnonnaie, invenlion de l'archiduc d'Autriche 3 : l'eau fait mouvoir une roue, el celle-ci, des deux cótés
opposés, a l'aide de l'eau, en meten mouvement deux autres
(c'est la le principe des mécaniques d'Aristote) en passant
entre les deux axes ou roues de celles-ci (qui sonl en aeinr et
sur lesquelles sont figurées et gravées les armes royales, comme
nous les voyons sur la monnaie, !'une portant la face, et l'autre
le revers); une bande ou ceinture d'argent, de l'épaisseur
que doit avoir la monnaie, la laisse empreinte ou sculptée
sur ses deux faces, loul du long, formant des réaux, qui par
la suite sont découpés en rond par un aulrc tour, avec une
grande facilité . C'est une excellcnte invenlion, qui pcrmcl
1. Casto Ma del Ri,·ero, El ingenio CU la moneda de Segovia (extr. de la Revista de
Archivos, Bibliotecas J Jfuseos. l1adrid, 1919) .
~- On en lrouvera la dcscriplion, le plan el les pholograpbic1 dans l'ouuage cil6
de '.\J. del Rivero. Les archilecles furent Juan Je llerrerael Francisco de \Jora. AYant
la conslruclion del' Ingenio de la .lfoneda, il ex islait a Ségovie un atelicr monétaire
connu dé,ormais sous le nom de .1/oneda vieja.
3. 11 s'agit ici de l'archidu c Ferdinand d'.\ulricbe, second fils de l'empereur Ferdinand ¡ar, et par conséquent cousin gcrmain de Phi! ippe JI. C"est gratuitcmcnl que
le P. Sigüeo:za lui fail ici les honneurs de l' « inveotion t. Rien ne ,icot corroborer
'-eS dires. L'archidttc, en sa qualité de comte du Tyrol, avail sans doute patronné les
ingénienrs allemands, sans plus.

A PROPOS DE LA MO:'(XAIE DE SÉGOVIE

309

d'épargner beaucoup d'argent, de réftexion et de temps, mais
la nation cspagnole se soucie peu de ces in ventions, et les supporlc impaliemmenl; ce qu·on pourrail faire aisémenl el sans
lravail, il plall davanlage de Je fail'C a force de bras. On y a
travaillé quelquc peu d'argent, mainlenanl on en foil pcu, ou
plus du toul, pat·ce qu'on dit que cela présenle des inconl'énienls, ou parce qu'on n'en laisse pas arriver 3. Ségovie 1 • &gt;&gt;
On ne jugera sans doute pas sans intéret de me tire en regard
de la dcscription du P . Sigüenza celle qu'écrivit Jehan Lhermite, ce Flamand qui ful un temps cbambcllan de Philippe ll,
et qui rédigea ses mémoires sur l'Espagne en 1602, une fois
de retourcn son pays,.11 visita la Monnaic de Ségovicen 1596.
Sa description esl moins précise que cdle qu·on Yient de tire,
il insiste loutefois sur l'opération préliminaire du laminage,
la préparalion des fouilles de métal - ce qu'on appelail jadis
en France « ballre la chaulde n - par la les deux récils se
completen!:
&lt;&lt; Et encores que pour lors J'on n'y forgeoit nulle monno):e, si y
avoit il aulounes pieces apprestées 1 pour par icelles monslrer audict
comte [Charles de Brandebourg, vicomte d'Esclay, neveu du comle de
Ber1aymont] et ceulx de sa compaingnie, la maniere el la faQOn de la
forger et hallre:_, lequel se faicL tout par la violence d'eaue, en forme
de moulins et roues qui se gouvernent par ladite eaue, tellement que
pour forger le_s planches ou lames d'or, d'argent et de cuyvre, s'y for-

gent avecq ta plus grande facilité du monde; car ne faull que les
mettre sur l'enclume, et les y tenir fermes &lt;lessoubz le martillaige
1. Fr. J. de Sigllenza,'/li.,toria de la orden de S11n Gerónimo, 1605 (Nueva biblioteca de
autores españoles, t. XII, p. 463). Colmenares (J/istoria de la insigne ciudad de Segovia,
1637, cité par ,t. del Rivero, p. •~) doone une descriplion analogue, mais moins
détaillée, sauí en ceci que pour le déCQupage des piCccs. i1 meulionne un Lour: &lt;• lln
torno redondo, de macha y embra. ►) Cf. llaltasar Porrcfio. Dichos J hechos de el señor
rey Dan Felipe S(•gundo. Réimprimé Madrid, 17 118, XII, 103: ;e EdiOcll allí la casa. de
la mone:ia, coo su ingenio para balirla con el mo,·imienlo del agua, obra tan arlificiosa que en un dia se labran treiolo mil ducados de moneda de plala de preciosa
estampa, con bien poca gente. i&gt;
,. l,,e Passe-lemps de Jehan Lhermite, éd. p. Ch. Rueleilr, Anven, 1890, t. 1, p. ,83.
On notcra que les machines de Ségovic di IJéraient notablemen l des machines frao~aiscs, puisque celles-ci se compossicnt essrntiellement d e presscs ou balancier~,
analogues en principe au vnlo11t doot l'usage se généralisa plus lard. A Ségo,·ie il
n'esl question que de roues, mues par la force hydraulique, comme des laminoirs.
GrA.ce au P. Sigi.ienza nous avoos sur ce point un peu plus que de ,·agues indicalions. L'origioedu balancier doit etre cherchée dans la pres~e 8 vis dont se senil
Bramanl~ pour comprimer le plomb des bulles, el Benvenulo Ccllioi pour frapper
ses méda1lles. Comparez l'el:pression anglaisc: the mill and lhe screw.

a

�311

BULLETI~ HISPANIQL'E

A PROPOS DE LA MONNAIE DE SÉGOVIE

d'un gros vilain marleau qui se gouvernc par lesdictes roues, et en
donne dessus avec une si grande roydeur et force, qu'impossíble me
seroit de le dire; de ces planches ainsi forgées se faict la rnesme
monnoic en moins d'un rien, les passans par cel'tain instrument
dnquel elles sorlent loules .monno-yécs du coing, de l'inscriplion et
armes royales, nerestant autre q11e de coupper-jus chasque piece de
par soy, qui aussi se faict avecq certaine industrie f~rt facile, comme
par les mcsmes pieces de monnoye se peult veoir, lesqueJles ont, du
costé de l'éscu des armes royales, ung pctit pont contr.efaict a celluy
de Segovie qui est l'aqueduct, lequcl d'icy allions aussi veoir comme
une des choses plus rares et anciennes de la Yille. i1

lui qui avait fait venit' les ouvriers du Tyrol, par l'intermédiaire deGeorge Gerling, qui est qualiflé de&lt;&lt; son serviteur )J. Il
fut re1&gt;u a Ségovie par l'éveque qui !'invita a des chasses et
aulres parties de plaisir. A u mois de juillet de l'année suivaute,
l'ambassadeur retournail a Ségovie chargé d'une semblable
mission 1 •
Les machines étaient arrivées a Ségovie le 15 juin 1585; les
premieres monnaies qui y furent frappées: ,-ea/es de á ocho,
portent la date de 1586, et, comme différenl monétaire, l'aqueduc de Ségovie . C'ést Clemente Birago qui avait gravé les
coins. On connall ce Clemente Birago; il avail épousé une filie
du célebre Milanais Jacopo da Trezzo, .dont j'ai déja cité le
nom plus haut, médailleur et lapidaire fameux qui eut une
grande part u la construclion de !'Escorial. Birago exer~ait la
meme profession que son beau-pcre, il y gagna une renommée
universelle: on lui allribua l'invention de la gravure du
diamant. ll fournit a la Cour d'Espagne quantité de joyaux, de
gemmcs gravéés, de sceaux et de bagues . 11 mourul en 159,.
Quant" aux relalions de Jacopo da Trezzo avec Kevenhuller,
elles sont allestées par l'exislence d'une médaille a l'effigie de
l'ambassadeur qui porte la signalure de Trezzo '·
Nous avons des renscignement~ précis sur les condilions
memes du monnayage. On fabriquait alors une monnaie dile
de vellón, qui se composait de cuivre additionné d'un alliage
d'argent3. Le marchand se présenlait a la ~Iaison de la Monnaie avec un marc de cuivre, qu·il avait payé 3o maravédis
auxquels il faul ajouler /1 maravédis de frais pour la fon te . De
son marc de-cuivrc, il tirait 1 ,4 maravédis, mais il lui fallait
payer au roi 34 maravédis pour l'alliage d'argent, plus 24 maravédis de frais de brcrssage, et 12 maravédis de droits". Le marchand s'en tirait done avcc unbénéfice net de 10 maravédis. Un
assez nombreux personnel était employé a la mise en aclion

310

L'inventeur du moulin était en elTet un Allemand, peut elre
ce George Gerling, qui arriva en Espagne en 1585 avec toule
une éqnipe d'ouvricrs tyroliens, et que la morl surpfit presque
aussil6t, Barcelone. ll fuL remplacé par Magno Mayz, el voici
les noms de quelques-uns de ses collaborateurs. C'élaient
Martín Fagel, maltrc de la machine, Maestre Wolfo, Mathias
Smincer, Jacobo Sauroban, Ballhasar lllepull, tous envoyés par
l'archiduc Ferdinand d.,\ u lriche; Jorge Grayft, fondeur, Pedro
Ardebeco, e11Yoyé pour tailler les nou,eaux coins, Joachim
Lingue!, essaycur, liaos Liserburgher, Rrabian Holchar, qui
déclarent "qu'ils sonl ceux qui s'entcndenl le mieux a la construction et la conservation de la machine, el qui sont mariés
a des femmes du pays • ».
Philippe TI, lorsqu'il avait formé le dessein d'employer des
procédés modernes a la frappe de ses monnaie.s, avait eu
reeours a Kevenhuller, ambassadeur d'Aulriche, qui fut son
ami el son conseiller en mainte circonstance~ et en parliculier
lorsqu'il s'agit d'acquisilions d'objels "d'art, d'antiquités, de
médailles, de conslruction de batiments.
Le 4 juillet 1585, Kevenhuller, par ordre de Sa Majésté, se
rendit a Ségovie en compagnie de Jacopo de 1'.rezzo, du capitaine Tiburcio Spanochio et d'une nombreuse suite, pour
visiter la Maison de la Mo,;naie; il en passa l'inspection. C'est

a

a

1. Si mancas, Obras y Bosques1 Segovia 1 leg"aj(J 2. Je respecte ici l'orthographe donnés
par le scribo espJ.gnol aux noms a\lemanéis. Pedro Ardebeco est appelé quelques
lignes plus b:ts Pedro Harlepegue. V. le te'lle publié plus loin, n° :i. Cf. Casto M' del
R.ivero, op. cit. p. 26, 27 et c. On trouvera la, cilés aYec d'autres encare, les m~mes
noms, diversemenl défigurés.

1, V. les documcnls que nous publions ci-aprCs n" 4 E:l 5.
2. 'celle médnillocslreslóe ioconr,u }d'Armaad qui n'cn dil mot dans sorl ounage
sur Lt!s .\Jédailleurs ilaliens. J'en connais an moins deux exemplaires, l'un a u ~lusée
archéologique de :\!adritl, l'auLr.c an Cabinet des méd1illes de Paris.
3. Ccl alliage d'argent fut supprimé en 1596. Doc. n• 14 p. p. M. del Rirnro.
A cetlc date, toute la monn·aie de vellón du royauroe ful frappée a Ségovie. Le docu.
menl que j'ulilise ici date de 1594. (N" 3),

..

�..

3,,

de la machi ne. On complait parmi les« officiales mayores» un
teneur de comptes, et un &lt;e balan\ario &gt;&gt; 1 •
Comme le servicc des nouveaux appareils clifl'érait forl de
ceux qu'on employait dans les aulres ateliers monélaires (a
Grenade ou a Tolcde,'p?r exemple), on dul sen remetlrc au
clirecteur de l'entreprise pour la réparlition des sa\airc; suivant les mérites de chacun. Ce maitre recevail un tant pour
cent par marc de mélal el se chargeait de payer les gages des
employés. Chaquc marc de mélal monnayé coulait a Sa Majeslé i 4 maravédis, el lui en rapporlail 56.
On a vu plus baut qu'avec les machines élail arrivée d'Allemagne une équipe d'ouvriers spécialisles allemands. Pourlaul,
il est conslammenl queslion dans les lexlcs contemporains en
1ó90 d'un Espagnol, Miguel de la Cerda, qui aurail été l'invenleur de l'engin'. ll y a done ici une apparcnle contradiclion. 11 esl probable qu ·il s'agil d'un perrectionnemcnt apporlé
au malériel venu d'Augsbourg, ou d'un nouveau mécanisrne
destiné á le compléler. J'a i parlé plus haut de la virote bris¿e
due a Aubin Oliviel'. Peul-étre faul-il en rapprocher l'invention de Miguel de la Cerda, donl malheureusement nous ne
connaissons que le nom : tijera, les ciscaux. C'est a son sujet
que s'éleverenl les proleslalions de l'ancien personnel; un
documenl fort inléressant nous renseigne au sujet du conllil.
JI en ressort que les ouvriers de la vieille monnaie, dirigés
par un cerlain Juan Castellanos et ses freres, s'opposerent de
touies leurs forces a l'établissemenl des nouvelles machines,
del',, ingenio de Miguel de la Cerda 1i, et montrCrent un mauvais vouloir irréduclible, parce que, disaient-ils, s'il en était
fait usage 1 il n'y aurait-pour ainsi dire pas de ce cisaille»,
et qu'ainsi ils perdraient les !,oo ducals qu'ils gagnaienl par
la chaque année, en conséqucncc d'un accord passé avec le
trésorier de Ségovie. Qu'élait-ce done que la cica/la? On
désignait ainsi les déchels ou rognures de métal qui subsislaient, selon les anciens procédés, apres le découpage des
, . Ce dernier ter me est curieux a relevcr; il n'y avail pasa propremeot parler de
balancier,comme nous l'a,·oas vu toul al'hcure.
!L Voyez le docoment que nous publions plus loin, n• 1.

3,3

A PROPOS DE LA MO~NAIE DE SÉGOVIE

BULLETli'f HISPANIQUE

monnaies, ces déchets étaient le partage des ouvriers monétaires, qui les fondaienl et rcce~,aient pour ce travail une

redevance du lrésorier. La machine de Miguel de la Cerda,
plulot qu'a la frappe des monnaies, serrnil done, semble-t-il,
au découpage aulomalique des llans, supprimant radicalemcnt
la source des bénéfices escomptés par Castellanos et ses
collegues. Inde irre.
En novembre 1586 Hans Bella' élail entré au service de la
machine de Ségovie. ll en ful le surinlendanl jusqu'aux premieres an nées du regne de Phil i ppe 111. La íra ppe de !'argent continua en 1587 et, au cours d'une nouvelle visite otlicielle, Philippe 11, l'impéralrice, sa sreur, veuve de Maximilien II, le prince don Philippe, l'iníanle Isabel le et leur suite,
assisterenl au lravail des engins. Nouvelle visite royale en
1592, donl Jehan Lhermile nous a laissé le récit, en nolant
que l'on continuait en « une allre vielle mayson de monnoye
dedans la vi lle" a forger et batlre la monnaie a coups de marteau; les deux ateliers subsislaienl done l'un a colé de l'autre ,
avcc leurs_ personnels spéciaux et indépendants. Cetle fois
encare les innovateurs n'avaient pas eu le dessus, el malgré
la prolection royale, n'avaient pu supplanter sur-le-champ
Jeurs anciens collegues.
En 1596 la non velle Monnaie de Ségovie recut sa charle
conslitulionnelle sous la forme d'une "Instrucción para el
Gobierno del Ingenio» . M. del Rivera a donné minutieusement
l'hislorique de son aclivité. On y frappa des monnaies d'or,
jusque sous le regne éphémere de Lou,s l". Mais les progres de
la frappe mécanique íurenl tels que la machine de Ségovie
parul des le débul du xvm• siecle une anliquilé. Une ordonnancc de 1730 preserivait de ne plus frapper de monnaies d'Dr
el d'argent que dans les ateliers de Madrid et de Sévillc. c·'était
le cou p de grke porté a Ségovie. Pourtan t, on recommenca
en 174 2 a y frapper des monnaies de billon, comme aux premie,·s jours. Les helles man naies de cuivre de Chartes Ill en
son L a peu pres les derniers fruils.
JEAN BABELON.
1.

Ce llJ.ns Bella, ou Bellhac, íut aussi orren-e de Philippe II platero de oro

V. Documentos i11éd.ílos para la hi!loría de España, LV, 464.

'

•

�BULLE'rl.X HlSPANlQUB

1 '·
Señor, esta mañana vino a mi posada Phelippe de Bcnavides, y m~e
traxo una dozena de piezas de reales hechos con el ingenio. de Miguel
de la Cerda y acuñadas con el cuiio nuevo que ha hecho Clemente
Virago: 4 de a dos, 4 senzillos, y 4 medios, que todos van aqui porquo
me dixo que V. ~Id. le havia mandado quando eslu,·o ai que ~o
embiasse las muestras de los cuños. En eslando 1.iechos, dan a entender
los omciales que aun con el uso se liaran mejores. A mi solo se me
offreze que las rayas de las armas y de las letras serian mas a proposito
algo gruesczillas; dixele a I3enavides viendo que nadie pudiera ha ver
hecho como el esta moneda, y que hiziesse corlar luego otros pocos
que se havian acuñado quando estos [para que no quedasen mas que
lexir ]~. Dixome que se havia topado con un acuñador de la casa de
la moneda de Toledo, y que se los hizo acuñar antes que se fuesse
par.a que se pudiessen emhiar a V. ~Id. Tambien me dixo como esta
apunto todo lo que es menester para hazer la experiencia y prueva de
los mili marcos de plata conforme a lo que V. Md. tiene mandado,
y assi 1 en teniendo respuesta deste papel podremos [yr a la casa que
era de Jacobo 3. Juan de Ybarra ~l, por ha verme dicho Benavides que
'V. Md. lo manda assi. Pero hame parezido que tengo ohligacion de
acordar primero a V. Md. que quando hable en_ esla maleria, dixe a
V . Md. qne Francisco Baptista Veyntin me havia advertido que Juan
Castellanos y sus hermanos harian todo quanto pudiessen porque no
se use del ingenio de Miguel de la Cerda, porque usandose del, no
baria casi sizalln, y perderian asi los l1 c ducados que dize en lo
[rayado de la] memoria que va aqui 1 que entoni;es me dijo les vale
cada un año un concierto que tienen hecho con el thesorero de Segovia
para lo del fundir la sizalla que se haze de la plata que se labra en la
casa de la moneda de alli 1 y que se temia que el Sr Juan de Ybarra
eslava inclinado en el pleyto a las cosas de los dichos Castellanos 1 y
que como les yva tanto en esto procnrarian mucho ser ayudados de
Juan de Ybarra en el estorbo de lo del ingenio de Miguel de la Cerda,
-y yo dixe de passo a V. ~Id. que no creya que esto seria estorbo, pei'o
que si a V. Md. le paresiesse, adeJanle podrian )'r.los despachos por
Biblioteca Nacional de MadTirl. Ms. S. 86 1 fol. 4J6. Recueil de leltres et de
copies de lcltres coneernanl principalement la moneda CU vellón et la r.asa de la mon¿da
de Ségovie. Oo ignorC le nom Jo l'autcur aussi bien que celui du destinataire de la
leltre reprodujte ici.
2. Les móls en ilali&lt;¡n~ sonl de~ notes margiutles surajoulées d'une autrc maiR.
3. La Casa que era di.: Jar:ob·i c-L l'alelicr de Jacopo da Trezzo, sis a Madrid, dans la
rue qui [lorle aujourd'ln1i son nom. Jacopo da Trczzo mourut en 1589, mais aprCs sa
morl on continua d'utiliser son alelierpour le service du roi.
4. Juan de YbarraéLait le secrétaire qui avaitla cbarge des affaires de lamonnaie
1.

de SégoY-ie.

A PROPOS DE U. )IQNYAIE DE SEGOVlE

.

315

:Matteo ~asquez, que es secretario de )os arbitrios, y porque tambie,n
se offrcz10 en la platica recuerdo que Malteo Vasquei es thesorero de
la casa de la moneda de Granada, quedo en que la prue,a se hiziesse
entonces en T_oledo, y que despues se miraria en lo demas, y lo dicho
no es mas de para hazcr recuerdo dello a V. Mrl .. y en teniendo
respuesta deslo, luego yremos Juan de Ybarra y yo a la casa que era
de Jacobo ~le .Trezo, de que resultara tratar de los depachos que se han
de hazer SI ' . Md. no mandare otra cosa. Dios guarde a V. Md. Ea
Madrid. ,8 de Octubre 1590.
. Luego que llego de Sevilla el S· Juan. de Ybarra, me di.ceron Bena- •
mdes Y Veynlin que_ nos acadia brev, el examen del ingenio, aqui
despues hablo c~nmtgo, y de alli creo que resallo que tos mismos me
han vuelto a dezu· que les ha hablado bien en lodo lo que a ello loca
despues aca.

Los &lt;( oficiales de la nueva casa de la moneda»
Marlin Fagel, maestro del nuevo ingenio,
Maestre Volfo.
llathiaS Smincer .
Jacobo Sauroban.
Balthasar lllepult.
embiados por el serenissirno archiduque Don Fernando de Austria
Jorge Grayft, fundidor aleman.
.
Pedro Ardebeco, aleman, embiado por el S. A. D. Fernando de
Austna, para entallar los sellos necessarios al nueho ingenio de
moneda.
·
Joachin Lingue!, ensayador aleman.
Hans Liserbur~her y Rrabian Jlolchar, somos los que mejor entendemos en la fabnca y conserbacion des te yngenio ... y estamos casados
con mugeres desla tierra.
Pedro Harterpeque es el qúe obre los sellos.

Conforme á las ordenanzas del Reyno en las casas de moneda el
mercader, de cada marco de cobre, que le questa treynta mrs 4 p~co

�316

BULLE'flN HJSPANIQUE

mas o menos, con mas quatro mrs que le tiene de costa el fundir y la
merma I del cobre, haze ciento y catorze mrs. Su Magestad a de
haver de cada marco lreynla y quatro mrs de la plata que el
mercader dexa de poner, y ve)'nlc y quatro mrs de los derechos
de la labor de cada marco, y doze mrs por la licencia, que monta
todo setenta mrs, por manera que le quedaran al mercader diez mrs
de ganancia.
Por quitar algunos ynconvinienlos y que el yngenio quede del Lodo
asentado, parece conviene al servicio de Su Magestad se labre ladicba
moneda a un lanlo por marco, para que Su Magestad entienda pontualmente la costa que liene en esta manera.
De fundir la Sisalla de presentacion, con la merma della, costara
tres mrs.
Para hazer las herramientas que se gastan en la dicha labor, seran
menester tres blancas 'l.
A los officiales mayores, que son : iicrivano, balanQario y dos
guardas y alcaldes y alguaciles, an de tener sus derechos; parece
que se les podra dar tres blancas, la una, al scrivano, y las dos
rrepartidas entre los demás, cada uno conforme a la calidad de su
officio.
Por ser la orden de labrar moneda en el yngenio muy diferente de
otras casas de moneda, y que no se pueden trepartir los derechos a
satiE,facion de tantos officialés tan desyguales en abilidad, es mexor
pagar a cada uno lo que mereciese, y baver de estar la dicha labor de
la moneda a cargo de ta·persona que eslu"Viere el syrviente3 della;
parece conviene al servicio de Su Uagestad que a la dicha persona se
pague un tanto por marco y quel pague los officiales·por su quenta,
y que, mientras se labrare moneda 1 la dicha persona no tenga salario,
y qnel pague a los officiales assala_riados el salario que al presente
tienen, sin que Su Magestad tenga gasto en ello, parece que se le
podra dar ocho mrs por cada marco de moneda labrada. Por manera
que a toda costa montara lo que ~u Magestad paga por cada marco
catorze mrs, y quedara limpio para Su Magestad cinquenla y seys.mrs
en cada marco, que es la mitad de ganancia de todo lo que Su Magestad
mandare.labrar.
Qqeda a la quenla de Su Magestad el conserbar las rruedas, y el
canal, y pressa, y lo demas que toca a la fabrica del yngenio. C. N. S.
[signature illisible]. A XII de Agosto MDXCJIII•.

,:k

1.

Dcchet.

l.

1

blancas=

1

A PROPOS DE LA. MOl'fNAIE DE SÉGOVIE

1585, A quatro de Julio, por mandado de Su Mageslad, fue a
Segovia con Jaime 'frezo y el capitan Tiburcio Spanocbio y bastante
numero de criados y familia, a visitar la cassa de moneda de Segovia.
Aviendo dado cobro a las cosas de la cassa de la moneda, hizo venir
oficiales del condado de Tyrol, por medio de George Gerling su criado,
que avia acudido y atendido tres añós a esta profesion, y con esperanza
de el premio avía passado a España; pero, como las mas vezes las
mercedes de España caminan con pies de plomo, la muerte que le
cogio le privo de todo. Ullimamente, mientras estubo en Segovia, le
regalo y ospedo el obispo de Segovia, convidandole a diversas meriendas y cazas _en el bosque de Segovia, l1asta que, acabados sus
negocios, bolvio a Madrid a doce del mes dicho.

Año del Nacimiento de Christo de 1586. Por el mes de Julio bolvio
el conde de Franquenburg a Segovia, por mandado de Su Magestad
del Rey Calolico, donde le os pedo y regalo el obispo de aquella ciudad,
y a viendo concluido con su cúmission de la visita de aquellas casas de
moneda, bol vio a Madrid y dio cuanta a Su Magestad de lo que avia
hecho.
1. Biblioleca fli'acional. Ms. J. 150. c. Historia de Joan Kevenhuller de Aichclberg.
seplimo desle nombre, conde de Franquenburg, baron de Landtscroon y Sumcreck,
_ señor hereditario en Hallo Osterwilz y Carlsperg, cavaleri~ mayor perpetuo del
Archiducado de Carialhia, cavallero de la orden del Tuson de Oro, de los consejo&amp; de
los Emperadores Maximiliano II y Rudolpho Ú, gentilhombre de sus camaras,
erribaudoi de Sus Magcslades Cesa reas eó. mut:has occasiones, y en particular en Roma
y en la Corle de España 1 mayordomo mayor y sumiller de corps del Sereoissimp
Archiduque Alberto, y governador del condado de Goritia. En la qual también se
conlienen los mas sefialados successos y negocios que se tralaron y sucedieron en su
tiempo casi en Lodo el mundo. Sacada de sus originales y manuscriplos con tod
brevedad. » P . 5n.
1. Historia de Joan Keveohuller, p. 5&amp;&amp;.

maravédi. (Pragmatique de 1566, citée par A. Heiss. Descripción

las mORedashispano-cristianas. Madrid, 1865, T. I, p. 164.)

3~ Sic.; il s'agit évidemment du personnage qu'on eüt appelé en Franca le surin•
tendant.

Bull. hispan.

.

�CA.TALOGUB DES MANUSCRITS Da H, MOREL-FATIO

819

vembre 1856. - LeUre de D. Xavier Abadia a D' Francisca Bolh de
Larrea, Cadix•lsla, 18 mars 181 r. - LeLtre de D. Juan Agn Ceán
Bermúdez

CATALOGUE
DES MANUSCRITS DE M. M0REL-FATlO
(Suite

1

.)

Paula Pereyra, Madrid, j8 janvier 18t8.

avec une poésie, El soldado herido, datée du 9 février 1860. - &lt;1 Fragmento de Un matrimonie ci lq moda"; par M.. Lafuente (Fr. Gerundio).

- Coplas de El curioso parlante (Mesonero Romanos). - • Sonnet de
sainle Thérese au Chri•l crucifié ... Traduélion de J'espagnol olTerte it
Madame de Saint Auber par son respeclueux serviteur J . M. l\laury. •
&lt;(

178. D. Gonzalo Fernández de Córdoba, troísieme duc de Sesa.

a D . Francisco de

- LeLlre de J" G. de Escalan te a Fernán Caballero, R'onda, 3o septembre 1866. - LeLlre de Amos de Escalante, Madrid, 7 décembre 1863,

Lcttre de Pizarro i:t un inconnu. - Poésie de D. José Marcbena
A Cristo crucificado n. Copie íaite a l'Universidad literaria de

Sevilla. - Lettre de D. Fedcrigo de Madraza, écrile par sa filie
Isabclle, Patis, mercredi i , . - Lettre de D. Vicente de la Fuente

Extraits tirés de la Casa de Lara, d'Antonio Pérez 1 du Comines de
\' i trian 1 de sain te Thérese, etc.

aD. Santiago Tejada. -

179. Dante. Bibliotheque Nationale. Catalogue des a,uvres de Dante
Alighieri conservées au déparlement des lmprimés. Un exemplaire el
une épreuve. - La materia della Divina Comedia ... , de Michelangelo
Caetani, Firenze, 1897. - G. Parodi, La rirría e i vocaboli in rima
nel/a Divina Comedia, 1896. (Bulleltino della Sociela Dantesca italiana,
Firenze, mars-juin 18g6).
180. Autograpbes espagnols et !et tres espagnoles d' Alphonse
de Latour. Lettre de D. Pascual Madoz a « mi apreciable amigo

Guerra au marquis de rtfolíns, Madrid, 27 février 1866. - LeUre du
duc de Valencia. « Lundi i9. St•Lcu-Taverny. » - Trois lettres de

l\osano », Zaiauz, 14 juillet 1850. - u Epigrama Vicenlii Espineli
Hondensis. » - «Cuento &gt;l, commern;ant par: u Acostóse un buen
marido ... n - « Carla inédita del Venerable caballero D. Miguel

Mañara ... , 16n, » Copie de D. Francisco B. Palomo, Sevilla,
,3 avril 1857 (double exemplaire) . - Biographiedu Pcre D. Cayetano
Fernández y Caballo. - , Antecedentes relativos á la V. M. Francisca
Dorotea, fundadora del monasterio qomínico de N. S·• de los Reyes., »
(Archivo Municipal). - « Las cuatro SSSS. Fabula ... 4 set· 1860. » «·El Zarandito. Villan• de Navidad ... Copla.» - o Tonadilla ... Seguidillas. » - Deux lettres de D. Felix José Reinoso. - « La vela de
sebo. A mi querido amigo, el distinguido literato Don Ramon de
Navarrete. )) - Biographie de-D. Tomas Rodríguez Rubi. - Ordre de
la reine Isahelle II conféra+nt a Gas ton d'Orléans, corute d'Eu, la croix
de l'ordre de San Fernando, 6 février 1860, et lettre du général
Leopoldo O-Donnel au ministre de la guerre, 15 janvier 1860. Letlre de D. J. Juaquín de Mou Fernán Caballero. - « Felipe ,• ...
Madrid, 1849. José M• Diaz ». - Deux autographes de Juan Melénd~z
VaJdés. Antaine de Latour a mis: &lt;,de la main de Fern. Caballero.
Ant. de L. ». - Autographe de D. Agustín Durán. Madrid, ,8 no-

a

1.

Voir Bull. hisp. 1 t. XXlll, p . tS et

211 .

Deux lettres du mnrquis de Molins, l'une de

Londres, 14 novembre 1865. -

Lctlre de

ri. Aureliano

Fernández-

D. Antonio Sánchez Moguel, Sevilla, &gt;4 mars 1868; 11 février 1869
el 18 janvicr 187 r. -"--- Letlre du comte deCheste, Madrid, ,5 avril 1865.
- Lettre du comte de Allamira, duc dé- Monlemari Madrid, II fé ...
vrier 1858. - Leltrede D. Cayetano Fernández, Madrid, i,janvler 1866.
- Septleltresde D. Pedro Ant. de Alarcón et une poésie. - Quaranlequalre lellres de D. José M;• Asensio. - Trcnte-septloltres de O. Juan
,l. Ilueno et deux poésies, !'une El Pecho de Gorila, de D. Juan:\.
Gallego, et !'nutre /ti Pastorcito, Leyenda d l•'ernan Caballero, de Juan
J. Bueño. - Huit lellres de D. Eduardo Buslillo. - Sept leLlres du
marquis de Cabriñana el une note concernanL le poC.te Górtgora. Onze Iettres de D. Manuel Caflete. - Deux lnttres de D. Valenlín
Carderera. - Scpl leltres de D. Adolfo de Caslro. - Q11inzc lettres de
D." Antonio Cavanilles. lne letlre de Cavanilles a Fernltn Cáballero,
oll la romanci€:re a écrit: (( Quemela V. despues de leida. Feman. •

Trois Jetlres de .D. José M• de Cerrageria, beau -fils de Cavanilles.. Trente-deux lettres de D. José Fernández Espino et trois poésie9: de
l'auleur. - Vingt-deux letlres de D. Fernand de Gabriel y Ruiz de

Apodaca· et de Dª Elisa Lópei de Morla de Gabriel. - Onze letlres de
O. Manuel López Cepero et deux poésies. - Six Jet tres de O, Alejao-dro Mon. - Cinq lettres de D. Eugenio )luíioz, - Trois leLlres de
D. Guillermo Morphy. - Une lellre de D. Eugenio de Ochoa, une
letlte de D. C. de Ochoa. - Deux lellres de D. Eugenio de Ochoa a
Fernán Caballero et a D. Juan José Bueno, - Cinq letlres de D. Narciso Joaquín Juárez. -

Qnatorze leltres de D. Santiago de Tejada. _.

Six lellres de O. Francisco Mada Tubino.
t8t. Sainte Thérése (en huit paquels).

�3•o

C.I.TALOGOB D88 IU1'VICB.IT8 D'E K. MORBL-PATIO
BULLKTffl BISP.UIQVB

t.

Notes pour le mémoire intitulé : Les leclurts de 1ainle TMre11, ele., dan• le Bulhlin hispanique, t. X, p. 17-67, comprenanl:
lnlroduction, Bréviaire, Bible, Vies-de Saiots, sainl Jérome, sainl
Auguslin (lellre·de M. Paul Monceaux el de D. Ramón Menéndez
Pida!), Ludolpbe de Saxe, l"Imitalion, Fr: Alonso (\e Madrid, Fr.
Francisco .de Osuna, (letlre de D. Daniel Granada, du P. Michel
Ange, capucin, de M. Je.an Saglio), sainl Grégolre, Fr. Bernardino
de Laredo (Ernesl Cordonnier, , Notice sur les M_odu, faciendi, traité
médico-pharmaceulique en tangue espagnole de la premiere moilié du
JCVt- •Ücle e_
l 1ur son auteur : Bernardino Laredo. Tirage parl de
Jaaus, février 1900, avec une carie de M. Lebegue), Fr. Anlonio de
· Góevara, sainl Pedro de Alcántara. - Nolés pour les Lecture,.
2. Necroloula de ... Don Vicente de la Fuente ... por E1cmo s• D. Ale- •
jandro Pidal y Mon, Madrid, 18g8. - Henri Cbérot, S. J., Une nouvelle traduclion franfaiie des Lellre, de sainté Thérue; exlrail des
Étude1 du 20 juin 1901. - llenri Guerlin, L'art el le, saitÍts. Sainle
Thér;se, Paris, s. d. - Fr. Gerardo de San_ Juan de la Cruz, Otra
carta autógrafa de ,anta Teresa (Boletin de la R. Academia de la
Historia, l. LVII, juillel-seplembre 1910). - Fidel Fila, Una carta .
inldila de santa Teresa (Bolet. de la R. Acad. de la Historia, t. LVII,
novembre 1910). - Du m. Una ·carta autógrafa de ,anta Teresa que
po,e, el·Du.que de Gor. Nuevo estudio (Boiet. de la R. · Acad de la //u•
toria, t. LVII, décembre 1910). - Du m. Dos cartas autógrafas de
,anta Tere,a. Recobro y/otograjia cú la ,egunda ( Bolet. dt la R. Acad.
de la Historia, l. LVII, juillel••~plembre 1910). - B. Bernardioo de
Melgar y Abren, marqués de San Juan de Piedras Albas, Autógrafo
epistolar inédito de ,anta Teresa de Jesús en el que narra y detalla 1u
entrevista con Felipe JI. -Do, autógrafos inédüos de santa ·Teresa de
Jesús ... , 1obre perrona,, parente,cos y lugares. - Cuolro autógrafo,
i.nldao• de ,anta Teresa de Jesfu en lo• que narra 1 detalla ·vici8itude1
Í!'lportanles de,;, vida -Autógrafo •pistolar inédilo de ,anta Terúa
de Je,ús en d que reiteradamente alude a su padre DonAlonsoSánchez
de Ctpeda (Bolet. de la R. Acad. de la Historia. l . LXVI, mai 191fi;
t. LXVII, juillel-novembre , 915).
·
3. Laogue de llainle Thérese dans ses am vres,. en six cahiera. M K. Pielscb, Notes on Spanish Folklore, dan_s la Modern Philology,
t. V, o• ,, juillel •9"7·
4. Cours sur saiote Thérese professé au College de Fraoce en 19071909. CEllvres en neur cahiers; lellres en neuf cahiers.
5. Autograpbes de saiote Thérese. - La derniere leUre de,saiote
Tbérese, publiée par D. Manuel Maria Poli!, Quilo, 1901. Copie. Carta de sanla Teresa de Jesus al canónigo Gerónimo de Reynooa.
Copie prise par H. Léonardon ·¡ la Bibliolheque de l'.~cadémie de
l'Histaire a Madrid. - Leures de saiote Tbérese publiées par D. Fran-

a

cisco Herrero y Bayona, Madrid, 1881. ·Copie.--: Acle .de reooncialion de sainte Thérese a la miligalion, avec une lelfre de la Mere carinélite Mario ·de S'-Paul, Aoderlec,h t, 6 avril 191,. Copie. - Lellre a
Cristóbal Rodríguez de Moja. _Notes. - La Jettre de juin 1fi62, qui ·
accompagne la Vida, transcrite sur l'autographe, Copie. - Leltres
fausses. Notes. - Copie de quatre letlres de sainte Thérese conservées au monaslere d' Anderlechl. Les trois premieres onl été copiées
par une carmélite, 1~ quatrieme par moi. - Varios autógrafos
de ,~ Teresa de Jesús, reproducción foto/itogrdjica de su, autógra/o,•par Vicente de la Fuente. Entrega I et ,, Madrid 1884. - Deux
rac-similés de la Vida. - Fac-similé de la sceur Louise de la Miséricorde (La Valliere).
8. Vida, y virtude, y milagros de ·la bienaventurada virgen Teresa
de Jerús, par Fray Diego de Yepes, (:aragO&lt;;H, 16o6. Extraits. - Vida
de la Madra Tere,a por el Padre Francisco de Ribera, Salamanca,
,figo. Extrails. Copie par llené Costes d'.une lellre du P. Ribera
a la Mere Maria de Cristo, telle qu'elle se trouve dans la pnblication
de Herrero Bayooa. - Carta, de santa Terisa .de Jesús ... con nota•
de Don Juan de Palafo1 y Mendoza, Bruxelas, 1674. Ellrails. ·/,..,en/ario dé lo• bienes que qlU/daron e fincaron por fin e muerte del
1eñor Lorenro-de Cepeda. Copie de D. Alfredo Alvarez, avec une lellre ..
- Reforma de los dtscalfº' por el Fr. Francisco de Sanla María.
Extraits. - María de S' Josepb. Exlraits de lellres de sainte Tbérese
i, elle adressées. - Carmel. Bibliographie. - Habil el étiquelle des
Carmélite,; - Mere Anne de Jésus. Lellres de 1ainte Théres~ a elle
adressées. Déposition d'Anne de Jésus lors du proces de canonisatiori
de sainle Tbérese, d'apres Je ms. des Archives Nalionales de París,
L 1046, n• 6o. - Historia del Carmen descalzo por Fr. Gerónimo de
S. Joser, tomo J, Madrid, 1637. Extraits pris par D. Alfredo Alvarez,
avec une "iellre. - Teile de la Vida, d'aprcs les ceuvres de sainle Thérese, publié par Fr. Luis•de León en 1588 el en 158g. - Lettres de
Fr. Luis de León aux carméliles de Madrid. - Comparaison des
éditions ,!i88 el 1fi8g. - ,:anonisalion de· sainte Thérese, d'apres
le ms . de la Bibliolbequc Nalionale de París, Espagnol 3». Nic. de Ormaneto, éveque de Padoue ( Archives du Valican, Nunz.
Spagna, t. 8 el 10), peodanl son séjour a Madrid. Copie de Roberl
Micliel avec une leltre • .!.... Saintc Thérese el le Fr. Julian de Avila.
Edraits. - Testimonio del padre maestro F. Domingo Bañez ... sobre
¡., Yid11 i libros de la madre Teresa ... t591. Eitrails d'apres le ms. de
Ja Bibliolheque Nalionale de París, Espagnol 322. - Allusions a la
Vida de sairile Thérese. - Fray Gerónimo Gracián de la madre de
Dios. Eitraits. - Lellres de sainte Thérese, citées par D. Miguel de
·Lanuu, dans la Vida de Isabel de Santo Domingo, Madrid, 1638.
Exlrails. - Deux lettres de ~- Cuninghame Graham au 1ujel de la

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;n..t.llruallea, .a Collécedef l"9itea. aur ulnte Tbéñlo. p;in.:
cai.len. - Conalitulion dea Cirmélllea. Trou miien. - Qudél 11!11'
la comapoada~ de Nia1e TWrile. Brouilloo lllCOlllpW. - El
ntmto d6 IOllla T,rua por 1). Ati¡el 11. de Bi11cl1, dana la Bo1illlt • •
~"""'1. bibfiofnirl 1 . 1111111#, jeDYitr,févrler 1909. - ieare da
1). Rrhmdo fedro,o l Fem6n Caballero ,ur un potirall 4e Nhlle
eop.. - P. lafoDd, Qa,/,¡ve• porlrmll u famUil,-.ü1aittr.
T~IIHC "'ltJ ~ a n , /wr, levete, Paria, 19.u.
8, llldell del DDDII de- penoq- qui te lrouvtnl dan• lea Iettrea a
fainll Thireee. Dauit c,arlóna et un douier de lícbn,
tfl. J). Carlat ~116m11 de Jqa Blat, CO!IIW dt ranlD •falu..
,.,.....&amp;ion au·Yolume dba Blwl#1 ,ur f/llpagtlr, Parli, tpoo, l. u.
• é!f. 'P• - Notea 1v le prinoe Emanuel de 8ahn llelm eur le am:
• lea'!_loñ, lllr lll dile de-1'1nF1111tai:IÓ, -t11r la COllllt. de Fer:.in N~
- Copie dff lellm.da eornlo de Fern6A Nállea u1illúe1 dau óe
YOiulJIO, - l,tltre de G. l\,ynaud. - Deiilt ldltel de A; d'Al'llelh;
tll, P ~ au RuiuU d# in1trutiotu donnJu au CIMboull·
.,.,., ~ mitúll,.,. ~,-,.,_ ,upui, lu lralUI df W11tpl1a/ilja1qtid U,
IUlíolalioll trcnr,u,,, publié. (1ar A. Morel-Fetlo et H. Léonardoil.
Pui,, •8t4-et, 3 volum1111.
·
•
114. _Lop1 dt Y111 C•rplo (troit· paqueta).
1, V1e de ~ - 31 4- Perao11na,ea énuméréa 41111 Ha OtUYl'IIL
- ti l 7. Cbolea. ll(Blln: - 8. LoeaUléa. Nation1, - 9. 14- monlel
- 10.
11. Utlératore. - 13. Romances. F1D1 el Btllü. 1$-14. VocabQlalra,
.
,
l. ~ - de Lope. L''Pltre oommt!Mlllll par: Cllllldlo1 •i qoinM
4wlir1111poco,, TRDICl'iptload'unlmprlmé (Jlibliót~ue Uimallt
de ~dr141-88-11) • .- L'2pbre comm1111oanl per: Gaipai' ,u,iwiafl'f 1:1111 4oa oarlal, oopie, avcc une lellN ció ll. .\. Reatórt. _
M. l. Deluille le Rouls, - Noi. llU' 1- ipllnia. - Compee
~d11 ~ (»l'QI di ~,,. ,. YfC/11, L i Aku, par A•• Rqt.ori, cknt la
~ far ~ A e Pltiló_logw (cWdiR,tea). - B:e~talatio &amp;pon•
, -... - ~ Jlllio Colambtlrio, 1618, Traucription d'ua imprim6
... i. Biblaol~11• Nllloaalt de llldtid f· 1 &amp;¡34. - DórollO, ID de111

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1893. - HotJQ l\ennert, 1Apll de Y-,a'1 ooillifti&amp; BQllliag,o ,l ,,,..,

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~ JliMM i~ra, 4" Ülftlliol .,,.,.1e1te 4-m le a.lldül "i•n.tiV••
L llf. p. S18•M7. - Damaa-Htu.-rd, /A GatomuAie 8"
4t1
diau. dan• la ~ iruUP4Adatm, L V1 (1841). - A..-F. OlllMm,

14,..,,..

"· pq¡,,vl dMJn •""'9-nl, dan• le'Cof',.,pondoM du 10 mal 184D.

- DamaaeHinaÑ,

Lo,- de V1g4 (fltv•

imltl~, P• 756-7'/t•

~ di Vffdl Bl 0,,.U,0 a/A
"""""'"' dm1 la Z.U.clirifl,/IJr ro-•lina\rPlrilolofi,, l. XXV, p. 411•
4SS, ,;_ Georg Sleffen1, Rotroll-SlrldlfA l . hM • )lolroa al, naAaA11111' J,o¡,- da l',ga'•, Oppelln, 1891 (dMIAce). - Albert Ladwig,
ü ,..., Dramlll au daM KaroliagiullM&amp; &amp;ag,nknul, lledin,
1'98- - El'Jl!lll Mou\, UM ldw ll!Niw da LDJN ü fffa, dana lea
_.,,,,..uoJl,rtn 111. tmUe Picot, Parla, 1815 (cWdlcaoe). - Cllcb6
del fle.ibol161 du tD6aillire ialiln1': Lu OrigiMa ,. ,,..
V-,.,
18,\2). -

Hago A.lbeít I\Mlnerl, UMI'

Lo,.

*

dlll.,_ BeM• ~Jltlnfftt,. t. VU, p. 38,6S. - Blblioppble da Lope
ile Vep.. ojl!II IUl' le doc de S-.
&amp;tiúllea 111r Lope de Ve¡a (qa•tre rabien). - ·Lelr.ique d• IIIOII
iDIPl)llUII de tope de Vep (ua oahler). - Arlbur Ludwig ll&amp;lefel,
J,an ~ 1Co1NÑI• ,eiM Qaelle• úd NacltGfllnangM, llllltln,
igo,\ (dédicl&lt;:!e), - ldmund l&gt;ffl!r, Die Lop, d, V,go-t.ür,_,.,. lia
~ . Z1lrioh, ,a,, (dédlcacc). -IOl6 ele Arm" y ~
L a ~ u IApl da Yffll, Habana, 1884.
18'. liatrdi dl ■. Fr, GalooiáNlilll, lpreuVN de l'arllcle lnll•
iiil'~ d. P"flllOa di1 Glllthardin dans le Bal/elin ilalÑa, LXV, p. 111u-1. - Conoonlance de l:Millon lac. Corbinelll avec Ju m.orlfl del
0peniMIIUI. - l'lolea sur Gulccianlini. - Prologue de la trad1iellon
de la Sloria tl'llali4 de Guiccianlllli par I&amp; IOl Pbillppa IV, d'apn&amp; le
- ; de la BibliotMque Nationale de Madrid 164 1. TrallllCriplion da
11. F.. IIOUNel -et une lattre. - Lexique dea Jl!III• des Rilordi,

t

d'apna lea o,., IMdite.
tat. D. Lllh lle Bequettaa. ~paratlon au mémoire lnlitul6: lA
PI, ti, D. Llie de Req1111eiu 1 ZWg11, graAd_ COIIIIIIO_..,. G CadUII,
ilana le .Baltlfin / t ú ~ , t. VI, p. 1gó-~M - Note■ 1ur 11aq1111r·
ti - 114reuta. - Copie par D. R, llurlllo de l'lndl'llCÍIIII • nuutra
1,Jlorq Donll &amp;t,pbatúa P""ª ,a hijo Don Luú de B,qu,uu, do mi, ele
16:Billllella6que a&amp;lonale de Madrid G 15D. Carie de D, R. Milrilld,C~e d'u.ne lettre de Dolla Ettepbania l sou tUs, D. Lul1 de l\tqll►
--. d'apns 110 IDI, clu Bri\isb 'llu-m. - D. ConllllllllllO Dooifillo
Buh, bóa lM á Beq!IUflU, 8aíoelom, J88&amp;, - D. Fnncilco
.Bando, .Qoll l.ai,.ü R,,,_,,-,, lladlid, 1909, - l. L. l . . ~ •
,

�3,4

BULLErIN RISPAN'IQUB

Le/tres inédites de Don Luis de Requesens, Utrecht, 1859. - Lettre de
E. Castelot. - Leltre de D. Francisco Barado. - Letlre de D. Francisco Marti Grajales. - Trois letlres de D. José Enrique Serrano y
Morales. - Leltre de D. Manuel Magal!ón et les preuves de noblesse
de D. Juan de Zuñiga y de D. tuis de Requesens. - Lettre de D. Joaquín Miret y Sans. - Copie et épreuve du Testamenl de Doña 'Mencía
de Mendoza, marquise del Zenete, comtessc de Nas~au, puis duchcsse
de Calabre. Burgos, 3 jui!let 1535.
t87. D. Francisco de Quevedo. -Estebanille Gonzalez . Liste des
mots importants dans les reuvres de Quevedo. - Don Francisco de
Quevedo, Obras políticas, históricas y críticas, t. I, Madrid, 1893
(exemplaire annoté). - Suppliquedu duc d'Osuna, d'apres !'imprimé
de la Bibliotheque N'ationale de Paris, Oa 1 98 "'· - Lisie des personnages de la Vida y hechos de Estebanillo González.
t88. D. Diego Hurtado de Mendoza, Guerra de Granad,. Prépa•
ration au mémoire intitulé : Quelques remarques sur la Cu.erre de
Grenade de Diego Jlurtado de Mendoza, extrait de l'Annuaire de tEcole
pratique des _Hautes Éludes, 1914-1915. - Lellres de Mendoza de
1547-48. Recueil d'Aymon. - Sienne en 1552. - Quatre lellres de
Mendoza aZurita, copies de M. A. Pages dans le ms: de la co1leclion
Salazar, A. 1u (Bibl. de l'Acad. de l'Hisloire, a Madrid). - Liste des
personnes mentionnées dans la Guerra de Grana1Ja. - Archivo de
investigaciones históricas, año l tome II, n°~ 1 a3, 5 el 6, Madrid, 1911.
-J. Fesenmair, D. .Diego Hurtado de Mendoza, ein spanischer Humanist
des XVI Jahrhunderts, Müncben, 1884. - Lucas de Torre, Carla del
Bachiller de Arcadia y respuesta del capitán Saldzar, atribuidas á
D. Diego Hurtado de Jlend(fza, Madrid, 1913 (Revista de archivos,
bibliotecas y museos, mars•avril 1913}. - Du m. Don Diego Hurtado
de Mendoza no Jué el autor de la « Guerra de Granada ii, dans Ie
Bo/etln de la R. Academia de la Historia, t. LXIV, mai•juin 1914. Lettre de D. Ramón Menéndez Pida!. - Sept lellres de D. Lucas de
Torre. - Leltre de M. Ernest Mérímée.
t89. D. Francisco Manuel de Mello. Liste de mots importants
dans la Guerra de Cataluña. - Note sur la Guía de casados. - Re/a/ion
da Portugal en 168// (Bibliotheque Nalionale de Paris). - Letlres de
l'abbé Legrand sur le Portugal (Clairamb. 1028). - Notes sur D. Francisco Manuel de Mello et bibliograpbie. - Lettre de Charles Kohler.
- Deux leltres de M. Georges Mus.set. - Sept lctlres et neuf cartes de
M. Edgar Preslage.
t90. D. Gonzalo Fernández de Cordóba y Aguilar. Notes sur son
hisloriographie.
t9t. Christoval de Mesa (trois cahiers). Bibliographie et étude de
ses ceuvres. - Carte de M. Ch. Bémont. - Asajrae nobilissimi Turdelanorurn Baeluriae oppidi du.catusque emporitani breois descriptio ...
1

'

CATALOGUE DES YA:NUSCRtTS DE M. MOREL-FATIO

325

autore Henrico Coquo ... Copie dans le ms . de la Bibliotheque Nationale de Madrid par D. Antonio Rodríguez Villa.
.
t92. D. Gaspar de Guzmán, comte -duc d'0livares. Préparalion
au mémoire intitulé : P. lppolito Camillo Guidi, Caduta del con/e
d'Olivares /'anno M. DC. XXXXIII, dans le Bulle/in italie11, t. XII et
XIII. - Gazelte des Beaux-Arls. Le comte-duc ,tOtivares (Eau/or/e
de Velazquez). - Gravare au burin attribuee a Velazquez. - Carte
de D. Rafael Ballester, avec le portrait du comle duc d'Olivares
(g,lerie de Dresde). - La supplique inlilulée: Catholica, sacra y Real
Jlfagestad, altribuée a Quevedo, transcrite d'apres des imprimés el des
manuscrits de la Gibliotheque Nalionale de Paris, Dupuy, 591, fol. 181,
Oi 197 et ms. espagnol 449, fol. 15,. - D. Juan l'érez de Guzmán,
La labor polílico-literaria del conde-dúque de Olivares (Revista de
archivos, bibliotecas y museos, annec Vlll, aout-seplembre 1904). Ou méme, La caida de un valido, dans la Ilustración española y americana, année 1874, nº" 3!l et 33 . Copie. - D. Manuel Co 1meiro,
Discurso de los polilicos y arbitrislas españoles de los siglos _\ n y .\ v11,
Madrid, 1857. - D. F. Ja,ier de Salas, Informe sobre la obra: Les
mariages espagnols sous le regne de Henri IV ... , por Mr. J . T. Perrens
(Revista de España, 1v~ anné~, t. XIX, nº 74, ~5 m~rs 1871). - Notes
sur le comte•dnc d'Olivares. - Jlita e polilica. - Ferranle Pallavicini.
Carie de M. Arturo Farinelli. Leltre de Ch. Kohler. - Yirgilio
Malvezzi. - Vittorio Siri. - Caduta del comle d'Olivares. - La sloria.
-Notes finales. Table de la Caduta. - Leltre de M. R. Reuss. -Satisfacían que da el conde de la Roca a un agra,:io que se le achaca auer
dicho contra el conde-duque. Copie du ms. de la Bibl. Nac. de lladrid,
T. 195 p. 197. - Extrait des Archives de Simancas, secretaria de
Estado, legajo 3540, sur le comle de la Roca. - D. Juau Antonio de
Vera y Figueroa, comle de la Roca. - Extrail des Fragme[llos hisló•
ricos, pris par M11e Blanchard Demouge dans un ms. de la Bibl. Nac.
de Madrid. - Letlres de Madrid, en italien, mars elavril 1643. Copie.
- Leltre de ~l. E. Rouvy. - Nica~dro. - Minute du comptc rendu
de Martín Hume, trad. frarn;aise de J. Condamin et P. Bonnet. Carie
de M. James Condamin.
t93. D. Gregario Mayans y Sisear. Préparalion au mémoire
intitule: Un érudil espagnol au. xvnl° siecte. D. Gregario Mayans
y Sisear, daus le Rulletin hispanique, t. XVII, p. 157-»6. - Letlres de
~fayans de la colleclion Tiran et table de ces letLres. - lndex des
personnages de ces lettres. - Amis el patronsde Mayans. - Garriere.
Travaux faits ou A faire. - f:tat des lellres en Espagne. - Remarques
sur le slyle. - Ad versaires. Victimes. Ranc1.J.Des. - Bibliograpl1ie. En.seignement de la grammaire et du latín. - Diccionario de autoridades. - Philosophie. - FamiHe. Vie domestique. Oliva. - Droit. Mayans et les grands d'Espagne. - Leltres d'antiquaires espagno/s de
1

�3,G

CATALOGUE DES MA~U~CRlTS OE "M, YOREL-FATIO

BULLETlN AISPA:,-IQUE

la /in du Krul· sil~cle adressées_au comte de Lumiares, de.ns la Bibliotheque de l'École des Charles, t. LVII, p. 64-76. - José Ceva)los et José
Bermúdez, d'apres les ms. de lacollcctionTiran. - Carle de D. Julián
Paz. - Neue spanische Schriflen. Rechlsgelahrtheit und Polizey , dans
le Journal zur l(unstgeschichte, 1 í8o . - Correspondencia literaria de
D. Gregorio Mayans y _Sisear, 1771 -1779 (Revista de achivos).
194. Lettres de Carmélites. Lellrcs de la Mere )larie du S'-Sacrement, de la Mere Marie de S 1-Paul 1 de la MCre Genevieve de Sl-Bernard, '
de la ~!ere Marie de l'Immacult1e-f.onceplion, de Ía Mere Agncs de.

a

Jésus-Marie, du prernier monastCre de Paris,
Anderlecht 1 prCs
Bruxellell-, et du P . Séverin de Sainle Thérese. - Lettre de D. Antonio
Paz y Mélia, de D. Miguel Mir, lellre et deux caries de D. lllanuel
Magallón, leltre de 1\1. L. Lambeau, letlrc et une carle du comte
P . de S'-Phalle. - Em ile Gebhart, L 'originalité de sainte Therese,
dans le Journal des Déba/s du r3 novembre 1907. - Notes pour
servir l'article intitulé: CEuvrrs complfles de sainte Thérese de

a

Jésus, traduclion rwuvelle par les Carméliles du premier monastere de
Paris, dans le Journal des Savants de rnars 1911.
f95. Mystiques. Mysliqucs (ordre alphabétique). - Livres mystiques. - Dª Luisa de Carmjal, d'apres l'imprimé de la llibliotheque
Nalionale de París, Rés. 01 785. Extraits. - Mystiques (Mazarine). l\lystiques a la Bibliolheque d6 Versailles . Note de Ilenri Léonardon.
- Copi_e par Mn~ Lilia Cassis ele la bíographie de Fr. Francisco de
Osuna dans ]a Bibliolheca universal franciscana. - Copie, de la
mérne, de la biographie de Fr. Bernardino de Laredo, dans Fray
Andi·és de Guadalupe, llistoria de la santa provincia. de los Angeles.
- The science o/ To-nwrrow and .1/ediaeval .lfysticism by Mrs Cunninghame Grnham. - ,1a11rice Mignon, Sienne et Catherine de Sienne.
Nevers, 1907. - La vida de la seraphica santa Caiherina de Sienna.
Venundantur in monasterio sanctc Cn.therine de Senis civitatis
Yalentinc. - Traite du purgaloire de sainle Calherine de Gines,
Rome, _1899. - D. Fulgencio Aíán de Hivcra, La virtud al uw
y mistica á la moda, Mallorca, 1813, et M,drid, 1887 (Biblioteca
universal).
f96, Fr. Francisco de Osuna. Extrails de son Abecedario spirilual
et dn ,Yorle de los Estados.
197. Miguel de Cervantes (trois cahiers).
i. Liste des rnols imporlants du Casamiento engañoso et du Coloquio de lns perros.
2. Liste des noms de personne et des noms appartenant a la mylhologie de 1a Galatea. - Cervantes : militaires, soldals, jeu, coches,
destreza de la espada, médecin, gouvernement, justice, arbitristas,
jitanos, mots, expressions, versificution, provinces, rivalités entre
villes et familles, bandoleros, littéralure, poésie, langue, comédies,

espagnols, élrangers, marisques, religion, église, clergé, agueros,
astrologíe judiciaire, noblesse, caballeros, hidalgos, duegnes, donsi
trailemenl de merced, maríage; - Cervantes en Anglelerre. - Un
.faux autographe de Cervantes, dans le Bulle/in dtt bibtiophile, 1905,
n• 4 1 15 avril, p. 155-163 (exemplaire annoté). - Un second exemplaire, tiré part. - LeUre de M. C.-M. Briquet. - Lellrede D. R. J .
Cuervo. - Deux fac-similés du faux exernplaire. - Notes sur cetle
falsification.
3. Cervantes : généralilés. - Carie de M. A. Chuquet. - Émile
Gebhart, Hors de France. A propos d'éludes 1·écentes sur le « Don Quichofe, dans le Journal des Débats du 16 et du 21 juillet 1897. Bibliographie. - Une leLlre et une carie de D. Alvaro Verdaguer,
a,'ec une notice biographique sur D. Leopoldo Rius. - Lettre de
D. Fidel Giró a Murillo. - Novelas ejemplares. - Persifes. - Idées,
biograpbie, etc. - Notes sur Cervantes. - Minute du mémoire intitulé: A propos du /roisieme centenaire de Cervantes par Alfred l\lorelJi'alio, dans la Revue des deux Mondes du 1°'" juin 1916. - Epreu,•es
(exemplaire annolé). ~ Exemplaire de la Revue des Deux Mondes
(exemplaire annoté). - Andrenio, More/ Falio y el centenario de Cervantes, dans la Vanguardia, du 18 juin 1916 (deux exemplaires). C. R. Salamero, Un estudio de M. Morel-Fatio. - Laurent Tailhade,
Don Quicholle a París et dans les franchées par M. Ventura García
Caldero11(L'CEuvre littéraire). - Sainle Beuve, Don Quichotte (/\ouveaux lundis, 9 mai ,864). - LelLre de M~• Hélime Dournic . - Lettre
et -carie de M. René Doumic. - Don Quicholte traauil par César
Oudin. Notes bibliographiques. - Leltre de M. de llarchéville a
M. Émile Mayniel. - Cervantes dans le Calogue genéral des imprimés
de la Bibliolheque nationale. - Lellre de M. Léonce Celier. - Lettre
de M. Joaquín llazailas. - Deux caries de M. H.'Morf. - Lellre de
1\. J. Cuervo. - Pero ~ludo, Los de acá y los de allá (Sobre el centenario del(&lt; Quijote ii, dans El Universo du :.i3 mai 1905. - Préparation au mémoire intitulé : Cervantes el le lroisi/Jme cenlenaire du. « Don
Quiclwtte ._ par .l.lfred More! Fatio, dans l' Archio far das Stadiurn der
neueren Sprachen un'l Literaturen, t. CX.Vf, p. 340-361 . - Letlre du
marquis de Laurencin. - Lellre de D. José Ramón Mélida - El
marqués de Laurencin, Hommaje póstumo d la duquesa de Villahermosa, dans le Bolelin de lci. R. Academia de la /lisloria, mars 1906 . José Ramón Mélida, El legado de Villahermosa, daos le Correo du
3 janvier 1906. - La duquesa de Villahermosa, dans El Universo du
7 novembre 1905.
f98. Catalan (denx cahiers).
i. Copies prises a Palma de Mallorca en 1881 : Collalion du Desconort de Ramon Lull, d'aprcs des mss. de llayorque: Regiment de la
cosa publica ordenal per lo reuercnt meslre Francesch Eximenes

a

�3,8
BULLETIN BISP."\NIQUE

Poésie du

se_qle .\ v, fin,'i al presenl inedita, Barcelona, 1889. - Historia y succes

niz. -

·

.

u.e com e

rge , crontca de autor anonim del

/lamentable de Don Ja_yme de Aragd, comte de l'rgell, segon de aquest
n?':1', cognomenat lo desdil.cat. Copie du ms. de !'Arsenal 83o6 et collallon par M.. Amédée PagCs du ms. de l'Académie de l'IJistoire a

Madrid, copié par Diego de iloníar y Sors, · 163,. Préparation d'une
édtt1on de ce tex_te. -

Copie de diverse.s poésies catalanes, d'aprCs le
rns. _de Carpenlras, n'' 3¡¡. -- Eduard Wecbssler, Die Uomanischen

M~rtenl&lt;iagen, Halle, 1893 (dédicace). - Quatorze lellres de M. Amédee PagCs. -:- Deux lcltres de D. Bato lomé J\funtuaer. 1

Descriplion

par M. Amedée Pages, du ms. Bb 1n de la Bibliotheque Nationale
de Madnd. -

Note sur la liltérature catalane.

2. Copie prise a Palma de Majorque en 1881

a !'Archivo del

Patri-

monio el it I'Archive h.is.lorique de di\·ers documcnts historiques. _

Mort de D. Manuel '11la y Fontanals (16 juillel 1884): articles de
D. G~yet:no Y1~al y Valenciano y de _D. J?. Miguel y Badia. _ J?acstmiles d un~ P_iece,&lt;le moss~n Jordi de sant Jordi et du prologue du

ms. de

!~ 81bltotheque \'at,onale de

París, Espagnol »5, faits par

Joseph lastu. -lsop en catalan. Extraits. -

Descdption des mss.

Baluze &gt;34, ,38 el 039, de la Bibliotheque 'íationale

a Paris

conle-

nant des documenls historiques reJalifs a l'histoire de C;taloo-n~
recueillis par Hieronym PU)'ades. - Notes relalives a l'histoire d; la
langue catalane et des mceurs catalanes. - Lei;on d'ouverle faite a
l'É~ole ?es Hautes Eludes : langue el littérature catalane. - Préparatwn d une chrestomathie catalane: Lettre de change du ~ septem2
1
brc 4oQ, dans la llustracion espaffola y americana du 8 avril 1881
- Regimenl preservalia de la pestilencia composl per meslre Luy;
Alcanys. - Testameni d'En B. Serrad,ell de Vich. - Révolution de
16ft0. - Desconort de Ramnn Lull. Deu, lettres de M. Amédée Pages.

-

CATALOGUE DES MA~USCRITS DE J\I. MOREL-1''ATIO

(Yale~cia, &lt;499). Extraits. - 8pi/l de la vida religiosa(Barcelone, 5 5).
1 1
Extra,ts - La fl ,r l
t d'l' //
·

Proverb,s e d,t de pltilosojs per Jq{uda. Copie du ms. de la lliblio-

tbCque Nalionale de Paris, Espagnol, 55 et variantes du ms. de Ja

Bibliotheque 'íacional de Madrid, L. ,. Carie de M. Neubauer. Fragments del roloquis de m• Crislophol Despuig, caval/er de la ciutat
de Tortosa. Copie de certains passages de ce texte dans la co11ection
Baluze. - Psaum_e VI, d'apres le ms. Espagnol 5 de la Bibliolheque
::Vat1ona!e ~e Paris. -

Doctrina moral d'En Pac!is 1 d'aprt!s les mss.

de la B,bjwtheque Nalionale de París, Espagnol, 54 et 55. -Sompni
d'En Bernat Aleige. Extrails el notes pour l'édilion de. Guardia._

Textes Jittéraircs. Extraits de I'Arbre de sciencia de- Ramon Lull
d'aprCs le. ms. appartenant a D. Gerónimo Rosselló. - Proces~
instruido en 1345 contra el Gobernador Arna/do de Eril/ d'.apres la
copie de D. José Quadrado. - Costumes de Catalanya, d'apres le ms.
latm 10, 15,, f' 3 a 8'" de la Bibliotheque Xationale de París. 1

o~

Yicens Garcia. -

329

Extraits du Dotze·de Cristiá cl'Exime-

En/remes de los labradores . - _0rdonnances de Pierre IV. -

Poésies de Serafi .
f99. Jtaiie.' Notes d'ho!el. - Caries de savants. - Bibliograpltie.
- Carte de j\f. Ernesto Uagusa, propriétaire de l'hótel de Trinacria, -

Lettres de M"º Maria Pilrc. - Le,ltre de M. E. Pércopo . - Lettre
du prince Pietro Lanza di Scalea. - LelLre de M. A. Salinas.
200. Corresponda nce littéraire. 1871-1880 (deux volumes).
t. Années 1871-1878 : Academia de.Ja Historia, Adee (Aug.), Aguiló
y Fuster (D . Mariano), Asenjo Barbieri (D. Francisco). Baumgarten
(ll.), Boehmer (Ed.), Boíarull Sartorio (D. Manuel), Cam¡,illo (D. Toribio del), Cbabaneau (C.), Circourl (c'º Albert de), Coellto (Franc.
Adolfo), Delisle (Léopold), Dilthey, Elias y de Molins (Antonio;,
Escudero de la Peña (D. J. M), Fabié (D. Antonio ~!aria), Fernández
Guerra y Orbe (D . Aureliano), Fierville (Ch.), Féirsler (We~delin),
Fuensanla del Valle (m;, de la), Gabara (J .-B.), Gacbard, Gallardo
y Víctor (Manuel J.), Gatli, Gayangos (D. Pascual de), Georgi (Karl),
Gourncrie (J. de la), Graux (Charles), Grober (Gustav), Guardia
(J.-)1.), Gutierrez de la Vega (D . José), Heinemann (O . van), lleredia
/J.-i\J. de), Hoefler (van), Hofmann (Konrad), Jimenez de la Espada
(Marcos), Knapp (W. l.), Lasso de la Vega (D . Angel), Latour (Antoine
de), Lehr (Esnest), Lemeck (Ludwig). Litchtenberger \Fr.), Luanco
(D. José Ramon), Menéndez y Pelayo (Marcelino), Menéndez y
Pintado (Marcelino.), Meyer (Paul¡, Michaelis (A.\ Michaelis de Yasconcellos (Carolina), Milá y Fonlanals (D. Manuel) Ministerio de
Estado, Molinier (AngusLe), Molins (marquis de), Montoro (D. Rafael),
)lorel-l'atio (Arnold), Morel-Fatio (Caroline), i\forf (U.), Murillo (D.
Mariano), Muro (D. Gaspar), lfussafia (Adolf), 0clavio de Toledo
(J. )l.), Paoli (Cesare), Pasqualucci (Loreto), Pécoul (Augusle), Pella
y Forgas(José), Perojo(José del), Piot (Eugene), Puymaigre (comte de',
l\euss (Rodolplte), Revilla (D. Manuel de la\ Rocbat (Alfred), Rodríguez Villa (D. Antonio), Romero de Castilla y Perosso (D. Francisco),
Rouget, Sancho Rayon (D. José), San~ós (de), Tailhan (Jules), Tamizey
de Larroque (Ph.) Toreno(comte de), Tubino (Franciso Maria), Van
den llergb, Yasconcellos (Joaquim), Vida! y Valenciéno (D. Cayelano),
Viollet'(Paul), Vollmoller (Karl), Vuilleumier, Zarco del Valle (Manuel
l\emon).
2. Années 1878-1880: Academia de l,Í Historia, Arhois de Jubainville (d'), Asenjo Barbieri (D. Francisco), Asensio (J. 1\1"), Asociacion
de escritores y artistas, Baist (G.), Baumgarlen (H.), Bémont (Ch.),
Boehmer (Ed.), Boucherie (A.), Cámara (Fr . Thomas), Campillo
Toribio del), Caslan (A.), Cbabaneau (C .), Claude (C.), Claudia,
Coehlo (l'ranc. Ad.), Cornu (Jules), Costa (Joaquín), Delisle (Léop.),
Denis (Ferdinand), Oeprez (Michel), Ebbardt (Franz), Fabié (D. Anlo-

"

�330

CATALOGOE DES )U.'NUSCBITS DB 11, M.OREL..F'ATIO

BULLBTIN HISPA:,lQUB

nio M'), Fernandez Guerra y Orbe (D. Aureliano), Foersler (Wendelin),
Fuensanla del Valle (m'· de la), Gachard, Gayangos (D. Pascual de),
Gener (D. PompeyoJ, Graux (Charles), Grüber (G,), llarrisse (Henry),
Heredia (J.-~I. de). Hinojosa (D. Eduardo de), Jimenez de la Espada
(Marcos), Knapp (W. J.), Lande (Louis), Letourneur (J.), Majorque
(lellre au sujet de ll. Lull), Malleftlle (L.), Mariategui (D. Eduardo),
Mayniel (Emile), Menéndez Pelayo (D. Marcelino), Meyer (Paul),
Michelant (H.), Milá y Fontanals (D. Manuel', Morel-Fatio (Arnold),
Müntz, Murillo (D. Mariano), Mussafia (Adolf), Navarro (D. Felipe B.),
Nicolas (A.), Niemeyer ()!ax), Oclavio de Toledo (J. M'), Oechsli
(Wilhel ), Otiver (Bienvenido), Paillard (Ch.), Palomo (Fr. de B.),
Paris (Gaston), Pastor, Paz y Melia (Antonio), Pécoul (Auguste),
Pella y l'orgas (D. José), Pierson (Paul), Piñar (BJas Leoncio de),
Poullet, Rache! (Paul), Raynaud (Gaston), Hiant (comte), Rodríguez
Villa (D Antonio), Sanchez Moguel (Antonio), Sanpere y Miguel,
Schuchardt (Hugo), Sorel, Slengel (E.), Suchier (H.), Tailhan
(Jules), Tamizey de Larroque (Ph.), Thomas (A .), Vaesen, Viollel
(Paul), follrnotler (Karl), Withney (James L.), Yriarte (Charles),
Zarco del Valle (Manuel Remon).
20i. Carlistes. Notes sur les Carlistes. - Lellre du marquis de
Laborde. - Lellre de M. Albert Mousset. - Exlrails de Lichnowsky,
de Goben, de Rahden, ele. - Coupure de journaux. - Letlre de
D. Francisco Melgar. - Deux lellres et une carte de M. Albert
Mousset. - Carie de D. Gabriel Molina. - Bibliografía espagnola,
1"' mars 1915 (íactum de Sancho-, Marques). - Deux letlres de
M. l\.laurice Brillant, secrétaire du Correspondanl, avec une lettre de
D. Bernardiho Matin Minguez. - Deux lettres de M. Trogan 1 directeur
du Correspondanl.- Deux caries de Fr. José M. de Elizondo. -Leltre
de D. l\amon Menéndez Pidal avec une consultalion sur la parole
Requeté. - Indiscreciones, par D. Miguel de Unamuno. - Trois
lettres, une dépCcbe et deux carles do marquis de Cerralbo. - Lettre
de !l•• 1. Dáchelelte adressée M. Camille Jutlian. - Deux lellres de
D. Alvaro Alcalá Galiano. - Carie de D. Julion Paz. -Así nos tratan.
Pregunta y advertencia de Aforel-Fatio por el conde de Doña Marina.
- En desagravio, por Francisco Melgar, avec l'avant-propos en
minute. - Découpure de journaux sur l'allitude aliadophile de D.
Francisco )lelgar. - Porlrait et aulographe de D. Francisco Melgar
(America latina,, 15 mars 1oi;). - Deu1 leUres de D. Francisco
}lelgar. - Carie de F,. José M. de Elizondo. - Biblioteca de /a
banderti regional. Bio.1rajla de Don Jaime de Borbon. B. de Arlagan,
Barcelona 1 s. d , anc nne collection de limbres porlant l'effigie de
Don Jaime (Dios patria Rey). - Découpure de journaux. - D. Juan
Vá.sqnez de Mella, El úleal de España. Los tres dogmas nacionales,
Madrid, 31 mai 1915. - C. Irom, Espaiia, graripotencia. Prológo del

a

331

Excmo Sr. D. Juan Vásquez de Mella, Madrid, 1915. - El cardenal
]Jlercier y s1i cilebre pastoral. Opinión de Juan Vásquez de Mella.
Madrid, s. d. - LeUre pastorale de Son Eminence le cardinal Mercier,
archeveque de Maliñ.es, sur le palriolisme et l'endu,.ance, NoCl 1914. El cori"eo catalán et d'autres journaux sur la c~nfércnce du 31 mai 1915
de Juan Vásque,. de Mella.
202. Faucnnnerie eu Espagne. Brouiltori d"une étude sur la fauconnerie en Espagne, de M. Georges de l'rézals etde D. Ramon Zarco
del Valle: 11: l'un lient la plume fran('aise, l'autre les notes espagnoles ,.
- &lt;t Aulrefois, Bibliographie. n Leltre de D. Ramon Zarco del Valle á
M. G. de Frézals, Madrid, ,5 aoúl 1886. - « Aulrefois. llistoire,
chasseurs el faucons. 1) Cinq lettres de D. Ramon Zarco del Valle a
M. G. 'de Frézals, Madrid, 7 juin 1886 - ,. seplembre 1888. t\ Aulrefois. Langue et croyances. il • De nos jours )). Lettre en
anglais a M. ~ - Lilford, 22 février 1886. Qualre leltres de D. Ramon
Zarco del Valle a M. G. del'rézals, 15mars 1886-,6décembre1887.
- « Lois el coulumes . n - « Portugal. 11 - u Prouesses de faucons. n
- Coupure d'un journal: « La hazaña de un azor 11 1 par ~I . Gulierrez
Jimcnez. - &lt;t lconographie. » - 1t Document de fauconnerie des
archives d'Aragon. » - Lettre de D. Manuel de Bofarull a M. G. de
Frézals, Barcelone 1 18 février 1886. Leltre de P. Reman Zarco del
Valle 1, \l. G. de ~'rérnls, n septembre 1888. - «Autrefois, Arls et
lellres . 1i - tt Poésie. i - (t Libro de Cclreria de Cava de a¡;.or 1i,
Salamance, 1565. Extraits. - Documenls sur la fauconnerie extrails
des Archives du Pala is Royal de Madrid, de 159~ a 174,. - Documenls
ex.traiLsdesArchives de Simancas. Casa real, lcg0 44 1 45, 6oet Contaduria
mayor,¡, época, leg" 1017 et 1&gt;13. xv1• siecle. - Leltre de M. G. de
Frézals
D. Hamoo Zarco del Valle(?), 31 janvier 1886. - Sur
plusieurs dossier, il y a:« Vu et lraduit. S. O.» (M1" Sara Oquendo).
203. La guerre de i9i4-1918 (cleu;,; cahiers).
t. Académiciens franc¡ais en Espagne en 1916: u Déclaration de
M. Henri Bergsou » (Le Temps). - Mémoire de M. Aguero, ministre
de la République cubaine en:Altemagne, sur les visées de 1' Allemagne.
(Journal des Débats, 8 juin 1917.) - Alvaro Alcalá Galiano. La
verdad sobre la guerra. Origen J aspecto del conflicto europeo, Madrid,
MC}IXV (dédica.ce). - Altemands en Espagne. August H. Hofer
(Barcelona), Das Deulsehtum in Spanien, dans Der Turmhahn, juillel
1914. - La hora de la comida en la llamada &lt;1 Casa de los alemanes &amp; ,
en Barcelona, dan~ le Nuevo mando, janvier 1915. - Découpure de
journaux. - Leltrn de D. Rafael .\llamira. - D. Rafael Altamira,
Comrnent 1'ulformée en Eó:lpagne l'opinion favorable aux alliés, dans
le Petit Parisien du, juiu 1915. -Conférence de M. Rajall Altamira,
Pa•is, 19 ,3. - F. Martin Caballero, Impresiones americanistas, dans
le Boletin del centro de estudios amei·icanislas de Set•illa, t. 111, uum 8,

a

�33,

BULLETIN HISPA~IQVB

CATALOGUE DES MANUSCRlTS DE M. MORBL-FATIO

- Découpures dejournaux. - Lettres de M.. Quiñones de Lean, me
demandant d'accorder un rendez-vous au lieutenant-colonel Benitez.

Torra{xa, 15 janvier 1915. - Traduction en espagnol de l'article du
Correspondan/ el polémiques. - Cotare/o (D. Emilio). Le bénéjiciaire
de la prime par Pierre et Paul. - Cotare/o es germanójilo, daos El
Debate du 31 aoul 1915. - Rafael Altamira, Giner de los Rios ed1tcador, Valencia , s. d.- Lettrede M. G. Koechert. - Jnstilucion libre de
enseffanza. Programa, Madrid, 1910. - Lettre de D. Ram.ón Menéndez
Pidal.-'-Francisco Giner de los Rios. Datos biograjicos, dans la España.
- Gobineau et les races germaniques. Réponse de la baronne de Gulclencrone, née de Gobineau, dans le Temps du 8 janvier 1915. - Germania, Año I, núm. 3. Coupure de la Germania, año 1, núm. i. avec
« elocuentes manifestaciones para « Gormania &gt; del Excmo Sr. Mar-

- Armée espagnole. Extraits. - Azorin. Lellre et carte d'Azorin (José
Martinez Ruiz). Découpures de journaux oU a éclt Azorin. - Rafael
Ballester. Deux lettres et une carte. - Pio Baraja, De un germanójilo
d un suizo. aleman, daos I'lmparcial, ag octobre 1914. - H. Peseuxllichard, Un romancier espagnol Pio Baraja, dans la Reune hispanique, l. XX!ll (1910). - Basques. Euzkadi du &gt;7 el du 3o septembre
1914. Découpure du Temps. - Corpus Barga. Los personajes de

Francia hablan de España. Visita el Monseí'íor Baudrillart, rector del
Instituto catolico, dans La España, .lO janvíer 19 16'. - A la Belgique.
Manifes/e des catholiques espagnols, Paris, Pion, 1916. - Arturo
Campion, Bélgica, el 2 de mayo y los católicos españoles, Londres,
1916. - Jacinto Benavente, El año germanOfilo. Juicios y opiníoncs de
Vásqaez de Mella, Rodriguez Marín, Cotare lo, Carracido, Commelerán,
Satillas,Bonil/a y San Martín, Peñajlor, Ga_y, Saldaña. Año 1, 1916.
Deux arlicles de D. Jacinto Benavente, De Sobremesa, dans Los lunes
del Imparcial, B et :u février 1915 . - V. Blas.colbañez, Las atrocidades
alemanes . . Valencia, s. 'd. - Le romancier Blasco Iba,'tez dans le
Temps du , février 1915. - Breuil (l'abbé). Deux letlres de l'abbé
Breuil des ,1 el 27 seplembre 1915. La idolatría de lajuerza en Alemania y sus consecuencias par Enrique Breuil.-Calalans.Deux lettres
et une carie de C. ~lonloliu - Leltrn de M. Marius André. - Lellre
d~ M. Alfons Maseras, avec Los Parlamentarios Regionalistas al País
por Catalrtña y la Gran España . - Qualre lettres de M. Brutails . Lctl re de M. Cal melle. - Calalans fideles á la maison dº Autriche, par
Lichnowski. - Montanyes Regalades, janvier 1918, contre M. Bernard
Schaedel el D. Antoni M• Alcover. - La Barbarie a/lemande fiétrie aux Jeux floraux de Barcelone en 1915 ... texte catalan et traduction frant;aise, Toulouse, 1915. - Revue calalane, 9• année, nº 97,
janvier 1915, avec une leltre d'envoi de M. Alíons Maseras. « A Morel-Falio de I' Académie des Inscriplions et Belles Lellres .
Paris. » Manifeste. - Pere Corominas, Per l'amor de la Frant¡a.
Amb les uersions castellana y Jran9esa, Barcelona, 1914 (dédicace). Lellre de M. Alfons Maseras avec l'arlicle: Dans la Castille et dans
la Catalogne, par Eugenio Garzon . - Lellre de M. Alfons Maseras
avec le Manifest deis Catalans daos El Poble Calalá du ,7 mars 1915
(lrois exemplaires). - La propagande germanophile en Espagne, dans
l'lnformation, 6 mars 1915. - Manijesl deis amics de l'Unitat Moral
d'Europa. - Lellre de D. Jaime Massó Torrents D. Eugeni d'Ors.
- Marius André, Carta á Romain Roland. - · Resposta de Romain
Rolland, dans Et Poble Catalá, 25 mars 1915. - Les annales des
nationalilés, 4• année, nº 4, 19l5. - Marius André, la Catalogne el
les germanophiles, Barcelone, s. d. (dédicace). - L'Esquella de la

a

333

qués de Cerralbo i,, tontresignée: (( El conde de Doña Marina». -

E. Gorriez Carrillo, /1 n'y a pas de germanophiles espagnols, clans le
Afatin, 3 avril 1915. - Enrique Granados. Nécrologie par Pierre Lalo
(Temps). - Groupements lalins. La Renaissance du w mars 1915:
Les intellectuels espagnols el la guerre. - Lettre de M. G. LacourGayet. - Journaux espagnols interdils en France ( Postes el télégraphes). Liste de publications ... dont la circulation et la distribution sont
interdites, 1915. - Deux lettres de M. Jusserand, 21 et 13 avril 1915.
2. D. Juan de la Cierva 1 Iniciativas nacionales. Discurso ... en el
congreso el 20 de enero 1915. - D. Juan Madinaveitia, Despues de la
paz, dans España, 26 février 1915. -D. Ramiro deMaeztu, El caso del
D• Afeyer. - La guerra y el alcoholismo. - la guerra y lqs gremios,
dans la Nuevo Mundo. - Alanifesles en Javeur des Alliés : La· Revue
hebdomadaire 1 18 novembre 1916: Les académiciens espagnols en
France, par Raoul Narsy. - Manifiesto de adhesión á las naciones
aliad&lt;ls, dans la España, 1915, n° 24, - La lectura dominical du
17 juillet 1915. - Úl guerra Europea. Palabras de algunos españoles.
-

Lettre de la charnbre _de commerce espagnole

a Paris.

-

Carte

de l'Union fran&lt;¡aise. - Cinq cartes de D. Ramón Mefféndez Pida!. Lettrn de D. Ramón Martinez Sol. -Deux lettres de M. AlberlMousset.
-

Découpures de journaux. -

Visite des Académiciens espagnols.. -

Cultura alemana. Opiniones de/DoctoralemánAdolfoSchullen huésped
de España, dans les Documentos é informes del comité internacional de
Propaganda.- Don Santiago Gómez Santacruz, El Solar numantino ...
Madrid, 1914. - f:douard Harlé, La priorité de la découverte de
Numance, dans L'Anlhropologie, l. XXVI, 1915. - Miguel de Unamuno, LºEspagne, r Allemagne et la France, dans le Temps, du 16 janvier 1915. - Article d'Unamuno, dans la Iberia du 10 avril 1915.. Trois articles d'Unamuno : Deber cívico, La fuerza de la opinión,
Papeletas á la alemana, dans le l\'uevo mundo. - Pages acluelles,
1914-1915. L'opinion calholique et la guerre par P. fmbart de La
Tour ... suivie d'une lellre de Don Miguel de Unamuno, Paris , s. d. Unamuno y Zuloaga en Madrid dans España_ - Maurice Barres, Les

..

Bull, hi5pan.

•

�334

BOLtETffl HISPA.!'flQUE

afflnilés Jranco-espagno/es, dans l' Écho de Paris, du 8 janvier 1915du m. Les voix fran9aises de l'Espagne, dans l'Écho de París, du
g février 1915. - D. Julio de Urquijo, Lettre de protestation adres_sée
a ses collaborateurs de France des Études basques Sl-Jean-de-L1Jz,
16 janvier 1915. - Un traitre arr8le a A,-cachon, dans la France de
Rordeaux el du Sud-Ouest, du 29 septembre 1915. - Deux lettres de
O. Julio Urquijo, de Palacio de Setiaes, Cintra, 10 el 23 septembre
1915. - Minute d'une letlre de M. Morel-Fatio Urquijo du 18 septembrc 1915. - Trois lettres de M. Henri Courteault. -Deux lettres

.BIBLIOGRAPIIIE

1

a

de M. G. Cirot . -

Corpus Barga, Visita al hispanista Morel-Fatio, pro•

fesor del colegio de Francia, llans España du , mars 1916. - Raymond Lantier, La propagande J1·an9aise en Espagne, dans l¡,. Revue
de París, 1"' juin 19 16 (dédicace). - Letlre de M. A. Olorgel, Propa!JOnde espagnole. - Carte de M. lmbarl de La Tour. ;;- Lettre de la
marquise Arconali Visconti . - Deux lettres de M. Boris de Krjefrki.
- Lettre de D. Ramón Menéndez Pidal. - Letti:e de l'Administraleur
de la librairie Berger-Levranlt. - Deux lellres de M. G. Cirot. Lellre de M. Guerlin avec une lettre de D. Felipe Alaiz: - Découpures
de journaux. - Bibliographie.
A. MOREL-FATJO.
( A suivre.)

Fernando de Los Rios Urruti, Vida e instituciones del pueblo de
Ando,·ra, Una supervivencia se11orial. Madrid, 1920, in-8•,
164 pages et une carte.

M. de Los Rios Urruti, professeur

a l'Université

de Grenade, a

beaucoup lu et il aous en fait généreusement bénéficier. Nous vo:yons
défiler sur les pages de son livre, comme sur un écran, en outre de
Léon, de la Navarre, de la Galice, des Castilles, les Grecs, les Romains 1
les Suisses, les Gerrnains et les néo-Germains, les Hongrois, les
Slaves, les Orientaux et le reste. Le droit comparé est une belle chose,
mais qui n'est pas sans danger; que 1 pour comprendre les institutions
de l'Andorre, on fasse appel aux institutions d'un autre pays, ríen de

mieux; encore fa'udrait-il choisir. Toutes choses•étant égales d'ailleurs,
plus l'exemple vienl de loin el moins profonde doit etre l'analogie.
M. de Los Hios invoque, en un passage 1 Aristote, Cicéron, Machiavel
et Montesquieu; je préfererais qu'il se référilt a la jurisprudence des
tribunaux catalans ou meme du parlement de Toulouse.
Cette réserve formulée sur la methode, voyons comment sont
présenlés les faits el les usages dont il s'agit.
Le premier chapitre est un sobre el intéressant aper9u du Milieu
socwl de l'A.,uf.orre.
Le seoond chapitre traite de la J,'ormati.on lústori,¡ue. En 819,
l'occasion de la consécration de la calhédrale, Je comle d'Urgel aurait
donné l'Evéqueles paroisses de J' Andorre. Peut-etrele comle reprit-il
partie de 5.es droits, car, en 1007, il cédait au monastere de San-Cerni
certaines redevances a percevoir daos les Vallées et, en 1133, il
abandonnait l'Eglise toul ce qu'il possédail en Andorre. En 1176, un
accord reconnalt l'Evique Je domaíne direcl sur les Vallées, Cependanli des le xi" siecle, les - prélals baillerent l'Andorre en lief aux
vicomtes de Cabóet 1 qui les transmírent aux Castelhon et a la maison
de Foix . Des contlits furenl réglés, en n78, par la Paréage: cet acte
attribua nommément au comte de Foix certains pouvoirs, que le
comte déclara tenir en fief de l'Evéque.
A pricri, cette these est claire, simple. Elle l'est meme lrop : ainsi
que j'en ai fait l'oboervation ici méme ', la réalité eot heaucoup plus

a

a

a

a

1. Bulletin hispanique, 1918, pp. r86 et ss. ¡ 19~0, p. 31r,

�•
336

BULLETlN HISPANIQUB

obscure et ernhrouillée. En dehors des textes ut.ilisés par l'érudit
professeur, il en est d'autres, plus nombreux, qui comportent des
conclusions contradictoires a son opinion. N'en point parler, c'est
tourner la difficulté, ce n'est pas la résoudre.
:Mais le récit n'esL pas seulementincomplet, il esterroné; la documentation offre des lacunes et le commentaire, deS inexactitude(graves.
L'acte de 819, - don! la v-raie date est 839 •, - a pour objet la
juridiction ccclésiast.ique et nullement le pouvoir seigneurial. Le texte
est formel, et, d'autre part, si on recherche de quels territoires il
s'agit daos celte charle, on se rendra compte que l'ÉvCque n'en a
jamais été le seigneur 2. Voil.i. done ruinée la base de tout le systeme
bistorique édifié par M. de Lo• Rios. J'en viens au documenl de r 133.
Par cel acte, Armengaud VI, comte d'Urgel, fail donationa l'tveque
de tÜus ses droits dans les vallées andorranes ; il concede aux
habitants «en l'honneur dudit comte et de ceux qui viendront, de
posséder ce territoire ad empramenlun 1&gt; 3 1 c'est-8.- dire qu'ils en
déliendraient le domaine utile, le domaine direct étant réset:vé a
l'Eveque 4. Voila, du moins, ce que l'auteur a vu. On me permettra de
comprendre les cboses autrement.
Propter hoc ego prelibatus Ermengaudus laudo et concedo vobis jamdiclis bominibus ut abeatis ad 5 empramentum in meo honore et amparamentum de me et de meis hominibus meisque successoribus 6.
Honor signifie bien-fonds, seigneurie. Je traduis done:

C'est pourquoi, je susdit Armengaud, je Yous accorde, a vous, ci-dessus
nommés, le droit d'usage sur mes terres, ainsi que ma protection, celle de
mes vassaux et de mes successcurs.

En d'autres termes, Armengaud cElde aux Andorrans, non pas le
domaine ulile sur leur tcrritoire, - a qui aurait-il appartenu, sinon
a eux? - mais un droit d'usage 7 sur le sien, , in meo honore )l.
_Toutes les déduclions de 111. de Los Ríos relativement au régime des
alleux tombent du coup.
1. M. Ferran Valls Tabernera fait celte rectification 'dans les Estudis univcrsitaris
catalans, 19 18,
•
2. Baudon de ri-Iony est, ª"ec raison, tres affirmalif (Relalions poWiquts des comtes
~ Foi::c avec la Catalogne, t. I, pp. 58- 59). En 839, les comtes ét.aient-ils assez indépendanls pour constituer des seigneuries?

,7.

3. F. de Los Rios, Vida e,inslituciones, p.
ti •• Meme ouvrage, p. ~¡.
'
5. Baudon de Mony (t. II, p. 11, note), dit que le texte présente

•

a cet endroU un
blanc, &lt;1 enviroo la place de trois lettres :t. Je lis adtmpramentum, en un mot.
6 Baudon de Mony, t. II, p. 1 , 1 et F. de Los Rios, p. 132 .
7. M. de Los Rios renvoie a une Elude sur la loi Straa, oU j'auraís défioi
aulrement le mot emparamentum. Mais: 1" j'ai indiqué plusieurs acceptions possibles;
2" la loi Strate porte emparamenlum, dont on _peut ne pas faire un synonyme de
adempramentam; 3" un méme mot a souvent, daos divers textes, des 1en1
différeots.

�•
336

BIBLIOGJiAPHIE

BULLETlN HISPANIQUB

obscure et embrouillée. En dehors des textes utilisés par l"érudit
professeur, il en est d'autres, plus nombreux, qui comportent des
conclusions contradictoires a son opinion. N'en point parler, c'est
tourner la difficulté, ce n'est pas la résoudre.
Mais le récit n'est pas seulement incomplet, il esterroné; la documentation offre des lacones et le commentaire, deSinexactitudes-graves.
L'acte de 8rg, - dont la vraie date est 83g •, - a pou~ objet la
juridiclion ecclésiastjque et nullement le pouvoir seigneurial. Le texte
est formel, et, d'autre part, si on recherche de quels territoires il
s'agit dans cette charle, on se rendra compte que l'Eveque n'en a
jamais élé le seigneur ,. Voila done ruinée la base de tout le sysleme
historique édifié par 1\1. de Lo, Rios. J'en viens au document de r 133.
Par cet acte, Armengaud VI, comte d'Urgel, fait donation l"J:;véque
de taus ses droil6 dans les vallées andorranes j il concede aux
habitants « en l'honneur dudit comte et de ceux qui viendront, de
posséder ce territoire ad empramenlun n 3, c'est-8-dire qu'ils en
détiendraient le domaine utile, le domaine direct étant réseivé a
l'EvCque 4• Voila, du moins, ce que l'auteur a vu. On me permettra de
comprendre les choses autrement.
Propter hoc ego prelibatm Ermengaudus laudo et concedo vobis jamdictis hominibus ut abeatis ad 5 empramenlum in meo honore et amparamentum de me et de meis homfoibus meisque successoribus 6.

a

Honor signifie bien-fonds, seigneurie. Je traduis done:
C'est pourquoi, je susdil Armengaud, je vous accorde, a vous, ci-dessus
nommés, le droil d'usage sur mes terres, ainsi que ma protectibn, celle de
mes vassaux et de mes successeurs.
En d'autres termes, Armengaud cede aux Andorrans, non pas le
domaine utile sur leur tcrritoire, - a qui aurait-il appartenu, sinon
eux? - mais un droit d'usage 7 sur le sien, « in meo honore l&gt;.
_Toutes les déductions de M. de Los Ríos relativement au régime des
alleux tombent du coup.

a

1.

M. Ferran Valls Ta.berner a fait cette rectificalion "daos les Esludis uniuersitaris

calalans,

•

Baudon de Mony esl, avec raison, tres affirmalif (Relations politiquas des comtes
ck Fou; avec la Catalogne, t. I, pp. 58 · 59). En 839, les comtM élaient-ilsassez indépendants pour constituer des seigneuries?
3. F. de Los Rios, Vida &amp;instituciones, p. 37.
4.• Méme ouvrage, p. 4 i.
'"
·
5. Baudon de Mony (t. ll, p. 11, note), dit que le texte présente a cet endroil un
blanc, e&lt; environ la place de lrois lettres :t. Je lis adempramentum, en un mot.
6. Baudon de Mony, t, H, p. 11, et F. de Los Rios, p. 132 .
7. M. de Los llios renvoie a une Eta/U sur la loi Slrat!, oll j'aurais défini
ª!1lrem~nt le mot emparamentum. Mais: 1"j'ai indiqué plusieurs acceptions possibles;
2 la 101 Strate porte emparamentam, dont on peut ne pas faire un synonyme de
adempramentu.m ; 3' un méme mol a souvent dan 11 d.h'ers textes des sen,
difl'érents.
'
'
2,.

•

1918.

Dans I'accord de 1 ,,6, M. de Los Rios voit la preuve que le
domaine direct [de l'Andorre] appartenait a J:Eglisel)1. Soit, mais
alors comment peut-on prélendre que les familles de Caboel el de
Castelbon avaient l'Andorre en fief? L'auteur, nous le savons, a oublié
des textes: il en res le encore trop pour que· sa démonStration puisse
etre admise.
Au sujet du Pariage, je signalerai, une fois de plus, deux ou trois
inadvertances. que j'ai déjA relevées a plusi_eurs reprises chez d'autres
écrivains. D'abord 1 le Comte tient ses droits de l'Eveque, non pas u en
fief &gt;) mais &lt;&lt; en fief honoré i&gt;.; ce n'est pas la mCme chose. Ensuite, le
Pariage n'esL pas une concession faite au Comte par le Prélat, qui
aurait retenu tous les pouvoirs non compris dans celte concession;
c'est un arbitrage qui énumCre certains droíls attribués a l'une 'ou a
l'autre partie et qui, pour Je surplt.Is, maintient le~dites partiesen )a
jouissance de ce qui leur appartenait déj3. Cetle disposition est
formellement énoncée dans l'acte 2.
L'Orgunisalion polilique fait l'objet du chapilre 111.
Le temps a effacé l'inégalilé proclamée par le Pariage, &lt;1 la souverai•
neté seigneuriale exclusive de l'Eglise,d'Urgel... Une adaptation poli ti~
que aisément exp1icable a donné lieu au modus vivendi actuel, qui est
une co-souverainelé 3. J&gt; Souverainelé seigneuriale. est un terme peu
juridique: la souveraineté est une chose, la seigneurie en est une
autre. Quand mCme l'EvCque ~erait nelternent le suzerain du Comle,
H n'en résulterait pas qu'il est le souverain. Toute une facedu prohleme
échappe á \l. de Los Ríos.
Nous apprenons en passant,6 qu'il existe chez les Andorrans &lt;( un
désir pro.fond • de supprimer les tribunaux ci\lils de tercera sala et
de reporter leur compétence sur les deux viguiers et le juge des
appellations. Comme le juge connait déjh des affaires civiles en
seconde instance, comme il serail appelé, en troisieme instance,
départager les viguiers, on cooviendra que voila une combinaison
impoisible.
(&lt;

a

r. Op. cit., p. 43.
M. de Los Rios écrit, p. 58:

&lt;( Exclusivamenle tiene el conde de Foix. derechos
de caraclcr patrimonial, quedando el resto de los derechos in legro a favor del Obispo
e Iglesia de Urgel.» El p, 92: u Quedando limitado el poder de los representantes
de Foix por este documenlo ,. Or, p. 160 de son livre, il a imprimé la clause suinnte
du Pariage: 1: Nec per banc presentem seu novam compositionem prejudicium
eliquod generetur episcopo Urgellensi ... nec· comili Fuxensi..., circa hec vel in
hiis que quilibet jam recipiébat. in predicta valle seu vallibus et hominibua de
Andorra; sel quilibet ea recipialpaci6ce et quiete, sine contradicto allerius, sicut
retroaclis temporibus recipere i:onsueverunt, etceplis superius declarati:;. » Ce n'est
pas tout: le co~le de Foi1 pourra conlinuer 3 nommer Un viguier, lequel excrcera
les ml}mes fonéhons qu'auparavant (p. 139). Tout cela mel en pleine lumi6rel'erreur
de M. de Los Rios.
3. P. 63.
4. P. 86.

2.

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338

339

BULtETffl BISP AlUQUB

IUBLIOORAPRI:r.

En somme, que! est, se demande l'auteur, le .statut de I'Andorre?
L' Andorren'est pas une Répuhlique, notamment parce que la puissance
souveraine est en partio exercée par des élrangers. Cela est incontestable; ce qui est moins heureux, c'est de mettre en parallOle u le droit
qu·Q l'Etat espagnol de nommer, en qualité de- patron, l'évCque
cl'Urgel et le droit qu'a le peuple franQais de désigner le chef du
pouvoir exéculH)) '· L'Espagne n'a rien voir en Andorre; l'Eveque
n'est pas le mc,ins dn monde, dans les Valh'·es, le représentanl du
gouvernement de Madrid .
L'Andorre est-elle une principauté? M. de Los Rios ne le pense pas :
la principauLé n'est pas une calégorie d.u droit médiéval. « Le litre de
prince d'Andorre peut llatter la vanité de certains 1 mais il ne saurait
se légitimer scientifiqucment ,. n
L' Andorre, juridiquement, est aujourd'bui ceci : u une seigneurie
avec deux coseigneurs. C'est l'u1time survivance d'un régime universellement abolí ; c'est le dernier écho du Moyen-Age et de la lui
vient un vir inlérét archéologique et humain 3,,
Le quatriBme el dernier chapitre porte sur l'Organisation administra'ive: cuarls ou scctions, paroisses, Conseil général. L'auteur exagere sur
plus d'un point l'imporlance de ce Conseil. Ainsi le Conesil don ne« des
réponses pour définir la coutume; or, définir la coutume, c·esl légifé•rer,
lorsque la réponse a une valeur de décision, commeil esl de lradition i&gt; 4.
N'y a-t-il pas lit une confusion, et bien f8cheusc? Légiíérer, c'cst créer
la loi ou la modifier; constater la coutume, ce n'est pas la fairc.
Les dernieres pages étudient l'au tonomie administrativa de~ Vallées ..
La question étant présentement a l'ordre du jour, on peut se dcmander
si le livre n'est pas une ceuvre de circonstance .. Celle considération
expliquerait bien des choses ...
Done, on raconte que l'Andorre jouit de J'antonomie administrative
et de la propriété des biens domaniaux. J'avais fait obsener jndis que
les Andorrans ne produisent pas de litre et que le probleme doit Btre,
en conséquence 1 résolu d'apres les regles générales du droit; ar, tant
en France qu'~n Catalogne 1 les droits ancien et rnoderne nssurent la
propriété des biens domaniaux au souverain ou au seigneur. non aux
populations. La réfutation est intéressante: la France, on objec.te
que ses altribulions sont limilativement énumérées par le P&amp;riage; nous savons que le Pariage dit exactement Je contraire. - Quant
l'EvCque, on lui opposc «des pratiqucs séculaires 5 n1 sans préciser
autrcment, et on avouera que c'est vague.

On pafle de dófendre oontre lesconvoitises « les richesses forestie,,.,
et hydrauliques' n du pays. 11 ne faudrait pas confondre: forets et
rivieres ne sont pas soumises aux me¡nes ri&gt;gles. Que les autorités
locales prétendent a la propriété des bois. c'est ~dmíssible. Le cas est
différent pour les ruisseaux et les mines : ici le probl6me juridique,
plus complexe, se double de diffieultés d'orclre technique inaccessible,
oux Conseils de cuart ou de paroisse ·el méme au Conseil généraL M. de
Los Rios peut en oi:oirn lo vieil Andorran que je suis : les , pratiques
séculaires » ou plutot les prétep.tions dont il se constitue !'a vocal entralneraient de1 consóquences piteuses. 11 impol'le 8 l'intóri\t m~me dei
VaJJées de rejetor ce régime que des imprudents prétendenlinstaurer.
Jé me resume. Si M. de Los Rios avait voulu donner des preuves de
son érudition générale 1 il aurait parfaitement t•éuS&amp;i; mil,is cela n'étaiÍ
pasen question. Sur le point particulier ·qu'il avait l lraiter, a savofr
l'hi!toire et les usages del'Andorre, le savant professeura áté trap vite et
il a pris la plumo avant que son lnformation fut au poinl, 11 eherche le
litre fondamental de la seigneurie andorrane dana un document du
11.• siecle qui ne se rapporte pas aux droits seigneuriaux; il prcte a une
charle de Ir 33 un sons et une portée que cette charle n'a pas; il se.
méprend relativem.ent '11 des clauses essentielles du Pariage de r!178.
Sur l'un des points prir1:oípaux, M. de Los Rios a pleinement raison;
l'Andorre est une seigneurie en pariage 1 une survivance des temps
passés. C'est la vérilé historique; mais alors il e•t de bonna logique
de laisser aux deux seigneun, 1,urtout en matí0ré législalive -et «,:n
matiere dornaniale, le bCnéflce de celle déflnition. u Le Conseil
général, dit l'auteur, pénelro 1a vie oi,-ile da l'Andorre el on nurait du
mal a trouver une fonclion a lnqucllc sa compétence ne s'Ctende
pas,. n Un Parlemenl qui légH6re et qui administre, qui dispose du
domnino 1 qui jugc, pnr surcroit 1 et qui cassé les sentences des
magistrats donl la nomination lui échappe, serait intolérable daos une
République. Dans une &lt;t seig:n,eurie 11, cela ne se oonQoit mtlme pat.
Ratificr les cmpiétements 1 les confusions de pouvoir 1 les Jbus de tous
genres qui se oommeltent conLro l'autorité des coseigneurs, ce n'est pas
do pragmatisrne ou de la démocrntie, c'est purement de l'anarchie.
Constalons 1 une fois de plus, que l'Andorre exeroe sur les travailleurs
un attrait périlleux et qu'il ne suífit pas de parcourir en touriste les
gorges des deu• Vallées pour parler congrument des usages locaux.
Sans doute, M. de Los Rios Urrutl défondrait d'autres theses s'il avalt
priA le tomps de 1e faire une opinion personpelle 1 a.u licu d'ernprunter
~ des Andorrans paasionnés et dépourvus de toute compélence histo~
riq~e des theses qui ne se p~uvent pas soutenir.
J .·A. llRUTAll.~.

a

a

a

r.
2.
3.
4.
5,

P. 89.
P. 91.
P. 93.
P. 108.
P. 125.

•

1,

P.

126,

a, P. 108,

��3b

BULI.J;TIN 111SPA1''1QUE

a
&lt;t

croyance )J,

N" 13: v. 1 : confusion de 'a9ara (9-y-r) ,, rendre to! ou tal» avec
:a9ilra (9-w-r) • briser n.
N~ T4: ajouter majzü'- entre« metrcl) et« baúl'»,
N• 15: v. 6: le poete dit ceci: mon seul désir esL de te satisfaire;
si je cherche en toi autre chose que cela, Dieu veuille me le refuser,
Nº 16 : v. 3, wara{aka, Jire wariiqaka. - v. 7: qilii « haine • el
non e granáeur n; il faudra done « les causes de la hajpe» la place
de « les causes les plus élevéos »; qila ost également mal traduit
n• 15, v. 1, mais il est bien rendu n• 17, v. 37. - v. ,6, ali- 'ilal, Jire
al- 'ita/. - V. , 1 : confusion de mukralu¡" (parlicipe ·passé de
'akraha « forcer, ohliger ») avec makrühu• (participe pasaé de
kariha «détester, abhorrer n). Le sens du vors ost celui-ci: u Ce n'est
pas de bon gré que je mo consola loin de toi, mais je suis forcé de le
faire ... u.
N° 17: v. 13, traduire plutót: • O Abou 'Ámir, ou est done cella
fidélité (amitié), aio1·s que le mauvais destin dormait profondément
et que Jp vie élait heureuse ... ? n. Le poeta reprocho son rival d'avoir
changé de sentiment a son égard, ainsi qu'on le voil clairemont par
les deux vers suivants. ,o : confusion de wafa' u• • fidéJité 11 avec wafdtun &lt;( mort u1 ce qui, naturellemeat, fausse le sens du
vers. Le poete dit lt son rivaL ,&lt;Jo n'ai pas éprouvé de joiede ta fidéliié
(dans l'amitié), ni de peine de ton inimilié,. Cf. v. 13 et i7 ou wafa'11,•
est également mal traduH. - V. n ; 'aradh ne veut pas dire « malchance "; il y a opposition ici entre jauhar « subs~nce n et 'aradh
« accidenl •· - V. ,3: traduire 'aja pa-;: ,, etre effacé n et non par
l(etre touffu n. --. V. 24: confusion de nidhiiJu,n e,. action de lancen1
avec nudhdhiilu 11 &lt;1 vainqueurs )) ce qui rend fausse la, scansion du
vers. - V. 39, traduire plutót: "C'est assez, pour moi, d'avoir
cueil_li les fruits au rooment voulu, et de t'avoir autorisé aramasser
les fruits lombés sous J'arbre "·
N· 19: v. 6 et 7. On n'a. pa"s Jait ici attention a J'opposilion que le
poete exprime daos ces deux vers. « Dis /,, celui qui a pris rnon aban·
don pour religion, el dont l'amour est pour rnoi une religion : O toi
qui es trap généreux (qui fais peu de cas) de ma personne, moi, au
contraire, je suis tres avarede toi ... "· (Cf, n· 4, v. 2),
N· ,o: v. ,, traduction assez éloigqée du sens que voici: " ... Et
je plante mes désirs dans le jardin de ton amour, et, comme fruits de
ma plantation, je cueille la mort! ».

a

•

a

v:

1

343

DIBLIOGRAPBIE

meme au prix de la vien. Le poote dit: tandis que je tiens heaucoup
ton amitié, toi, au oontraire, tu fais peu de cas de la mienne (cf, idée
semblable, n• 19, v. 7).
N• 8: v. 1: a9-9ubh' u, lire li9-r11bh'i,
N· 11: v, 1 _: mad'habu" veut dire ici « maniere d'agin et non

Nº

:;,2:

v. 7 et 8, voici le sens exact:

ll

11 m·a visité en se cacbant.

mais il est bien difficile que la splendeur de la pleine lune puisse iitre
cachée par les ténebres 1 En oITet, d6s qu'il s'avanc;a vers la prison ... ,
sa présence fut signalée par la parure (qui tremblotait) et par Je
parfum qui se répandait. .. n. (cf. idée identique, n• 37, v. 16 ou la
traduction est excellenle) . - V. n,jannahi, lirejannati. - V. 10 et
11,

l'idéedu po6teestcelle-ci:

&lt;•

De mémeque, parmi les astros du ciel,

seula le soleil et la lune s'éclipsent, de m~me le mauvais destin n'accable da ses grands maiheurs que les grands hommes (cf. meme
pensée, nº ~3, v. H),
N• ,3·: v. "et 13, traduire plutot, « L'ancienne joie de ses jours
ne reviondra plus, ni la félicité de ses nuits n'est plus attendre,
moments ou J'échange de salutations ne se faisait pas (comme main•
lenant) par un signe furtif, et
la visite de l'amie n'était pas un
danger. .. 1i. - V. :;i: r, traduire le tn hémisticbe i &lt;t Les vents ont-ils
prise sur les piantes de la torre ... ? n, najmu •
plante sans tige, cf.
n• n, v. 10. - V. 37, takl1n, lire takun. - V. 4,: "Tu es la beaulé
de lon siecle pendant ta vie, el, apres ta n1ort, tu seras l'ornement de
l'hisloire ... ll ....... V. 45, 'dsinun, lire 'asan u", autrement le vers serait
faux.
Nº ,4: 1, qanli, Jire qatlL - V. 10: hawa qabli « lomba avant rnoi •
el non« s'esl élov{i dovant moi lL - V. 11: t'awat du 1'r hémisliche
doit ctre placé au commencement du deuxicme. ~ V, 36, le vers est
fan,; il faudrn saos doute ajouter bihi apres ta/¡fü; il en est de meme
du vers 38, oii il faudra probablement ajouler min avanl ba'd.,.
Nº ~6: v. 7, remplacer ma par wamii aprc)s nakü.nu - V. ~9, traduire t'alama par «que de fois, il y a longtemps que ... • et non
par« il y a longtemps que ... ne pas ,,.
l'\ 0 ~9 : v. 1,, nuhzahu 1 lire nuhzatu; lire aussi (atan «jcune
homme, braven et non/atü'un ((jeunessen. Le poete dit: &lt;tLesjeunes
gens ignorent-ils-que je suis (moi qui suis Jalo.hum= leur brave) la
proie de la tyrannie ... ?». Sur jata•, cf. en particulier Tarafnh,
Mo'allaqa, v. 4,, ~ V. 16, 'innl, lire 'abi.

a

ou

=

Nº 3o : v,

10: tt

O toi qui veux, par ignaránce, me conduire vers un

autre que Jui (sache bien que) la lumiere de raurore rend inutile le
flambeau ii.
N" 3,: Y. 17: ne pas confondre jiddun 11 eífort, travail soutenu »
avcc jaddu 11 « bonheur 1 succCs ». - V. 19, voici le sens: toutes les
fois que le destin fait le mal, il le fait volontairemenl, mais si une fois

il fait quelque chose de bien, il le fait par erreur et comme malgré
lui. - Y. 26: &lt;1 On ne doíl pa, pleurer la mort de l'un d'eux, car, il
est imrnortel par les belles actions, les souvenirs qu'il laisse ... • · V. 70, fad'hahiru, lirefad'hdhiruhu.
N° 32: v. 3, 'asa'a, lire 'isd'atu. - V. 1:J, 'it'dfaha, lire 'a'fdjahü..

�344

,

BULLETIN HISPAlUQUE

- V. 18 : « Apres toi, les malheurs les plus considérables paraitronl
insignifiants (tellement ton malheur est grand) ... ,.
N° 33: v. 8 et g: e: ~oui, sommes inslruits par ce qui arrive aux
autres, máis nos ambitieux désirs nous séduisent, et nous nous Jais•
sons tromper; si la morl doit t\tre le terme de toul vivant, peu importe
que 1a v'ie soil longue ou cour_te ». - V. 15, 'anfas-, lire 'a'anfas~
(cf. n• 5,, v. 13).
N" 34: v. 8, traduire le~$ hémisticbe: (t Comme les nuils éclairées
par la pleine !une sonl au-dessus des (surpassenl les) nuits fajblemenl
éclairées ... n ¡ btdh ul- liyri.ll, ce sont les quatre ou cinq nuits oll
le clair de lune cst le plus vif1 tandis que dura ll"', ce sont le!f trois ou
quatre nuits sombres au commencernent et éclairées vers la fin par
l'apparilion de la \une. C'esl done par inadvertance que dura'u• a été
traduit par (t montagnes &gt;J. - V. 16, il faudra suppriffier 'a!! du
1•~ hémisliche pour que la scansion du vers soit juste.
N· 36: v. 7: « Si un jour quelqu'un, fut-il doué d'une puissante
éloqucnce, essaie de décrire ses hautes qualités, il sera comme un
muet (lellement elles sonl nombreuses). "
N• 37: v. 48: confusion de cha 'wu" « le poinl le plus éloigné,
extrémité )) 1 avec chii'un H moutons, brebis ,,, ce qui, naturellement,
-a faussé horribleme.nt le sens du vers. Le poCle dit ceci: « Demande
aux aulres rois qui le jalousent : quand done le cheval né de vil
étalon (non arabe) a-t-il prétendu dépasser aux coµrses le coursier'
de noble race qui arrive toujours le premier au but? &gt;) - V. 49,
'alaisü, lire 'ala!sa. - V. 51 : confusion de bahat u elle a rivalisé de
bea~té&gt; (3' fo;me de bahii « Mre beau ») avec blihat « elle ,·esl
rappelée n (1" forme, racine b-w-h); 'a!.!juhu" signifie &lt;( visages 11 et
non « apogée •· Le poete veut dire: « En possédanl Benou 'Abbad, la
terre a pu rivaliscr en beauté avec le ciel, car leuts visages sont des
soleils et leurs mains sont beaucoup plus riches et plus généreuses
que les nuages du ciel (qui donnenl la pluie). - V.-68: il s'agil icisi du moins il n'y a pas de faute d'impression - de qunyatu11 • acquisition 11 1 et non de qalnalu" (( filie belle, esclave chanteuse»: &lt;( Pour
lui, la louange esl la chose la plus précieuse qu'on possede "·
Nº 39 1 v. 10, ne pas confondre wa-raqqa « •.. et il devint mince,
diaphane n avec waraqun &lt;1 feuilles ».!
. N· 41: v. ,, 'arafab, Jire ·a~afat. - N· 4,bis: v. 9, jira, Jire
firüri.
N• 44 : v. 1 : « Tu m·as reviltu des plus larges vetemenls de la
maladie ... », c'est-3.-dire u tu m'as rendu tres malade )l.
Nº 45: v. 6, fadii veut dire « écho n et non &lt;&lt; mort ~- Lo sens est
ceci: &lt;e Tu as appelé la victoire, et elle t'a répondu : me voici; tu n'as
pas ressemblé a celui qui appelle et a qui répond l'écho (de sa
voix)».

•

345

BIBLIOGB.APBI.I

N• 51 : v. 14, al- 'ud' ru, lire al-ghadru. - V. 181 but'iinunn,
ire bal' nu'', etc.
Relevons encare quelques erreurs qui. se sont gNssées dans la
premiere partie:
"
Pag 27, note 1, vers t: • AprCs celte séparation, n'y aura-t-il
done plus, pour"'nous, de mayen de nous réunir, afin que chaque
amoureux puisse raconter 3. l'aulre ce qu'il a rencóntré (en fait de
souffrance ... ) l)
P. ,8, note,. Le jcu de mots csl impossible dans le mol Mochlari
planete Jupiter. 11 ne faul pas oublier que le participe muchlari
veut dirc uniquemcnt u acheteur n; c'cst muchlar&lt;i qui signifie
« acheté1&gt; ¡ or, Ja forme muchtarl est exigée ici par la rime, autrement
il faudrail supposer une licence poélique ( 'iqwa 'u") plus que rare.
J/. 42, note 3: confusfon de-'ahiibu (1~ forme) « j"éprouve de la
crainte, du respect n _avec 'ahiiba (4" forme au prétérit) « il a invité, .
On n'a pas réfléchi que le verbe haba fait l"aoriste 'ahabu avec
maintien de - a-.
P. 43, note 5, au lieu de lan, Jire 'an. ll faut done traduire
le i" hémistiche : • O vous donl il nous sera bien pénible de nous
séparer ... &gt;, et non pas e&lt; O vous qui vous étes montré bienfaisant a
notre égard, apres nous etre séparés de vous ... »; car, 'azza 'al&lt;i ne
veut pas dire « se montrer bienfaisant envers ... &gt;, mais seulement
« elre dur, pénible a...».
P. 97, note,. La pensée exacle du poete esl celle-ci: « Si le feu ne
brUlait pas ce qui l'avoisine, on ne reconnaitrait pas la bonne odeur
du bois d'aloes (que l'on brule en guise d'encens) ».
P. 101, note 1. Le seos du vers de Motanabbi ne parait pas completement rendu; car, au lieu de: « Et je n'avale, A me suffoquer, point
d'eau si je ne sais que vers cetle eau a campé une famille d'amis J), il
faudra plutOt traduire: et Et síje me suffoque en avalantde l'eau, c'est
parce que cetle eau me rappelle l'eau pres de laquelle campenl les
parents de mon ami e n, etc.
En terminant, nous prions l'auteur de .voir dans ces quelques
observations, non une critique, mais bien plutót la preuve que son
travail nous a vivement inléressé et que rious l'avons lu tres attenti•
·vement. Nous saYons bien qu'il est toujours délicat d'étudier un texte
arabe, surtoul_quand il s'agit de poésies, et qu'il est difficile d'éviter
dans le délail toute imperfection et faute d'impression. Nous reconnaissons done volontiers la valeur de cette étude et le méri te de son
auteur; nouS souhaitons qu'il poursuive ses ;echerches scientifiques
sur l'histoire des Arabes et qu'il n~us donne bientot f)e nouveaux
travaux qui seront certainement bien accueillis par les cercles
arabisants.
MICBEL FEGHALI.

=

a

�346

BULLETm RISPAlUQUB

BIBLIOGJlAPRIB

S'• Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz (Bocetos psicológicos)
por Juan Domínguez Berrueta, Madrid, Beltrán, 1915, 69 p.
petit in-8•. - S. lean de la Croix '1542-1591) par Mgr Demi-

comme les autres personnages de l'histoire; et cela ne les rapeti&amp;se
point, au conlraire. C'est ce qu'a su mettre en lumiCr~ M. Domíngoez
Berrueta daos le Bocelo psicológico dont j'ai donné ci-dessus Ie titre.
S'il y a un élétnent qui nous échappe, qu'il soit divin ou, en défini•
tive, simplement inexpliqué, mettons-1~ en marge sahs discussion
oiseuse. Faisons, de méme, la part de la légendc en mettant celle-ci
part; et attachons-nous a ce qui est vraisemblable et sllr. Pour un
saint du xv1.. siecle, il me semble que ce n'est pas impossible. Cambien je p1·éíere un de ces épisodes qui marquent la conftance de Jean
de la Croix en Dieu pour ce qui touche aux nécessités Lemporelles;
par exemple celui qui se place
Grenade: les provisions arrivant
juste 3. point, sans qu'U veuiJle qu'on se melle en quCte. Tl faut
aussi le voir confectionner lui•meme la décoration des creches pour
la Noel, Baeza, et diriger la représentation de rudimentaires .autos al
Nascimiento; ou .supporter une·opéralion douloureuse, sans broncber.
Et cette lettre de la Mere Thérese, qui aurait pu elre citée, et ou elle
dit qu'elle s'esl fachée parfois contre lui: elle ajoute, il est vrai, q11'elle
n'a jamais vu en lui uneimperfection (letlre citée par Mir, ll, p. 96).
Thérese se ruchan\ contre Jean de la Croix, contre son Senequita :
voila des saints vivants, et non de saintes images en pierre ou en

muid, Paris, Lecotfre, 1915

(2'

éd. 1916),

210

p. in-24.

La helle collection « Les Sainls •, á laquelle appartient le second de
ces volumes, est jusqu·a présent assez peu orientée vers l'Espagne. Je
note le Saint Fran9ois de Borgia 1 par Pjerre Suau, et la Sainte Thérese
d'Henri Joly. C'esl lout, avec le Saint Jean de la Croix. Raison de plus
pour dire au moins quelques mots de celui-ci, a l'occasion de ~a
2• édition. Espérons que sur ce mystique nous aurons bientOt beau•
coup mieux, et sur sainle 'fhérese aussi. En attendant ne déprécions
pas les amvres de bon ne Coi, méme médiocres.
Dans sa préface, qu'il nous prie instammentde lire, et que j'ai lue
(aucun mérite: elle tient une page), Mgr Démimuid tienta nous faire
savoir que sa principale documen_talion lui a été donnée libéralement
par le P. Grégoire de Saint-Joseph, le lraducleur des Leltres de sainte
Thérese. Dont acte: l'auleur ne pouvait d'.ailleurs mieux recommander son amvre qu'en s'acquittant de cette dette de reconnaissance.
11 se concilie l'attention dCs le début d'une autre maniere: par la
critique qu'il fail des déposilions des témoins qui comparurent lors
des procE:s de béatification, touchant le miracle, par trois fois répété
avec des variantes, auquel le saint 1 enoore enfant, aurait dü son salut.
On aimerait peul-itre pareille indépendance par rapport a la tradilion
qui fait reman ter !'origine du Carmel au propbete Élie. Aulant valait
n'y fair~ qu'une allusion 1 puisquerien n'ohligeait, en somme, ada van•
tage. L'auLeur peut, il est vrai, faire valoir que cette tradition a dti
avoir quelque influence sur son personnage daos le choi:x d'un ordre,
aussi bien que ce qui est raconté de la regle donnée en 12 14 par
Albert, patriarche de Jérusalem et de l'apparition de la Vierge au
pape Honorius. Je dirai meme que le scepticisme, m6me le plus dis..
simulé, eUt été déplacé jci, aussi bien que la discussion sur l'authenticité de pareits faits. Et ce n 1est pas sur ces préliminaires que nous
pourrone juger le travail de Mgr Demimuid, pas plus que ce ne sont
ceux qui nous iqtéressent réellemen\.
Par conlre, on aurait aimé encore plus de réserves (il y en a) touchant les dires des témoins qui déposerent aux proces de béatification,.
ou propos des récits ..plus ou moins extraordinaires qui tendent
prouver des dons ou des pouvoirs surnatu.rels: telle l'histoire de cette
jeune religieutie de l'lncamation qui avail signé un pacte avec le
diable (p . 181). Tout cela est loin de produire la elarté 011 nous voulons voir.m0me les saints: ce n'estque l'ombred'une fantaisiepieuse.
Les 88ints penvent etre étudiés historiquement et d'une fa,¡on critique

a

a

a

a

a

bois I\

Mais ce qui nous attire surtout 1 c'est la partie vraiment historique, l'exposé de la vie active du saint; et nous y arrivons dbs le
chapitre II, avec la réforme des Carrries, dont il fut selon le P. Mir
(11, p. 57) la« premiere pierre fondamentale •. Nous suivons done Jean
de Yepes, devenu successivement Jean de Saint-Mathias-et Jean de la
Croix, á Duruelo (1568, il n'a alors que vingt-six ans)•, á Mancera
(1570), a Pastrana, a Alcalá de Henares (1570), partouL 011 il innove,
par son exemple et de sa personne, la réíorme des Carmes; .i. l'fncarnation d'Avila ( 1572 ), 011 il dirige pendan! cinq ans la conscience des
Carro.élites, oU, en m~me temps que sainte 'Thérese: it aurait eu, suivant une relation, les faveurs du ravissement (Mir, II, p. 223 et s.), et
d'oU vinl l'arracher la fureur des Miligés. Enfermé, a TolE:de, daos un
ignoble cachot, et soumis aux plus odieux traitements, qui justifient
assez les craintes de sainte Thérese .á l'égard du P. Gratien, il réussit
s• enfuir dans des circonstances voisines du:miracle (Mir, 11, p. 432 ),
racontées ici avec une sainte candeur qui en releve le piquant et le
fantastique. La re~anche des adveN3aires, qui emprisonnerent le
P. Gratien et le P. Mariano, l'abandon général ou sainte Thérese
parait alors tombée, semblaient néanmoins avoir eu raison de la
reforme. C'est it ce moment que la volonté de l'hilippe 11, signifiée au
nonce Sega, fit tourner le ven!, Bientot les Déchaussés eurent un

a

1.

Cf. Mir, U, p. 9$.

�348

8ULLETIN HISPA.!fIQUB

supérieur pour eux (sinon a eux, puisqu'il était choisi parml les
Mitigés), le P. Ange de Salazar. Puis, malgré l'opposition des Mitigés
d'ltalie, el grace a l'appui de l'ambassadeur d'Espagne, du cardinal
Sforza et du futur Sixte-Quint (cardinal Montalte), ils obtiennent de
· former une province autonof!le, dépendant, il est vrai, du général de
l'ordre des Carmes, mais gouvernée par un provincial de leur
observance (1580): siluation provisoire qui ne dura que jusqu'en
1587 1 oll Sixte-Quint, les constiluanten congrégation, leur donna un
vi"caire général encare dépendant du Supérieur de l'Ordre; et celle
dépendab.ce se termina en 1553, par la Bulle de Clément VIII, qui
promulguait l'entiere séparation des deux Ordres.
Pourtant, pas plus que-pour le P. Gratien, premier provincial des
Carmes déchaussés, chassé de l'Ordre en 159'.l, cette période d'ascension vers le triomphe n'est, pour Jean de la Croix, celle de la tranquillité. Apres son séjour au Calvaire, oll il est supérieur,
Baeza,
oll il est recteur, a Grenade, son élection comme membre de la Consulte fut l'occasion de dissentiments graves avec le P. Nicolas. Victime des rancunes d'un confrere, le P. Diego Evangéliste, il est relégué, avec·son assentiment du reste, au couventde la Peñuela, Ubeda
enfin, oll il est traité· comm~ un pestiféré par le prieur. Apres sa
mort, qui ne tarde pas (1591), Ségovie et Ubeda se disputent son
corps el se le partagenl (a aucune époque peut-etre on n'eut, en Espagne, ce point la passion des reliques). 11 ne devait litre béatifié qu'en
1675, et canonisé qu'en 1¡,6.
Outre le P. Nicolas Doria, deuxieme provincial et premíer vicaire
général du Carmel réformé, el l'odieux P. Diego Evangéliste, nous
voyons défilet d'autres fi¡;ures: le P. Antaine de Jésus (de Heredia),
C&lt;&gt;mpagnon de Jean de la Croix (les deux faisant, comme disail plaisamment sainte Thérese, un maine et demi, car Fr. Jean était tout
petit et Fr. Antaine assez bel homme) et prieur de Duruelo, le
P. Ambroise de Mariano, le P. Balthazar de Jésus, Jean de la
Mis8re, le P. Jér0me Gratien. Quel Sainte-Beuve nous fera revivré ce
milieu,
Mais la figure qui dominerait, c'est bien enlendu celle de la
Mere Thé,ése. C'esl d'ai!leurs peut-elre
cause d'elle que Jean de
la Croíx nous intéresse le plus (A ÍOrt?), vu ce que nous savons de son
autorilé sur elle ..
On comprend incomparablement mieux la grande réformatrice et
son reuvre quand, au lieu de la considérer dans l'isolement relatif du
premier plan,on s'attache a l'un ou a l'autre des grands seconds róles
qui lui donnent la réplique, si je puis me servir d'une image bien
profane. Suivre taus ses mouvements comme s'il n'y avait qu'elle en
sOOne, c'est bien: mais il faudrait aussi regarder les autres acteurs, si
l'on veut saisir tout entiere l'action qui se déroule. On voit alors,·sans

a

a

a

8IBLIOGIU.PBIE

349

rien rabatlre de l'initiative de la sainte, que le mouvement de réforme
a ~té assez ?énéral alors chez les 8.mc~ d'élile, qu'il était « dans l'airi&gt;.
D autres f~1t~ montrent aus~i que ce mouvement n'esl pas exclusiyeme~t parh_ d ~n has, du cceur de quelques religieux ou religieuses~
ma1s auss1 ,d ~n haut: Parmi ces fai.Ls 1 la venue en Espagne du
P. Rubeo, general de I ordre du Carmel, est un des prodromes lesplus
1mmádiats (cf. Mir, 11, p. 9 et suiv.).
,\. l'oomTe écrite de Jean de la Croix, i\lgr Demimuid, utilisant les
Lellres du P. B~rthier, consacre a peine le quart de son volume C'est
p~u, pour expUquer la protluJtion d'un mystique de cette envergure.
C est_pour~a~t un peu ~e cl arté sur&lt;&lt; les hauteurs oll ceux qui ne sont
pas _1llumm?s o~l pern_e a le suivreo, comme dit bien justemenl
~~: F1t7:maur_1ce-Kell)'(ltllérature espagnole, p. 259). Et ceserait assez,
s tl éta1t vra1 que loulc Ja doctrine de la Subida del A!onle Carmelo
tient en trois quatrains que commente notre guide mais oU pcrce
~urlout, l'imporlance des anlilhCses dans ccttc éthi~ue éprise. cl'absolu. C est assez, en tout cas, pour éalairer déjíl un pcu la vie in lime
de sainte Thérese. Celle crainte des -Ca\'eurS di\"ines, qui lransparait si
souvent dans ses écrits elle, n'est-ce pas ce que préche l'autenr de
Noc_he. esc~ra .del alma? Aussi b_ien la doctrine mystique résumée par
~Jg~ Dem~mmd a~ec une netl~le non trompeuse, j'espere, parait-dle
avoir son 1]1ustrat1on dans mainte pnge de la Vida écrite par la sainte:
on nous_ en donne du reste un exemple froppant (Vida, cb . XX:).
Est ce l'rnfluence de l'un sur l'aulre de ces deux saints~ Esl-ce refftt
de fa logiq4e mf:me des 'choses ~
~ogique et poésie sont cleux éléments essenliels de ce mysticisme.
)la1s Jean de la Croix ne verse pas la poésie uniquement daos ses
vers, oll la sensualité n'est que symbole, et dont la fraicheur a rnallirureusement quelque peu souifert de l'abus qu,on a fait, depuis, des
memes images et des mCmes gémissements :
1

a

1 Oh noche, que guiaste,
Oh noche amable más que el alborada,
Oh noche1 que juntaste
Amado con Amada,
Amada con el Amado transformada J
En mi pecho floridO,
Que entero para él solo se guardaba 1
Allí quedó dormido,
Y · yo Je regalaba,
\ el ventalle de cedros aire daba.

a

El aire del almena
Cuando ya sus cabellos esparcía
Con su 114ano serena
En mi cuello hería
Y
Bull. hi&amp;pan.

todos mis. sentidos suspendía.

�3$o

BIJ~ -

Ll poélle .. IIOUYII ausú datt&amp; .. prole, Mgr tHmlftlllld Clle · Ulle
image, qui, par la jullellJe, ·•11 moine apparenlé, MI • - leialaaanle: !'Ame compaÑe ·aa morceau de bois IOUltlia l faclloa _
du fe11.
lli la penaée de saiot Jean de la Ctolll. klaire la vle el l'o,utte
de •ainte Tbére.1&amp;, elle y trouve auHi tob cot,-ecllf, au molnt .
en ce qui 1oucbe la cootemplatiOD, La saiole ne conrnnil pa1
avec oelle-cl la perfection et ne la croit p11 lodi1pelllllble; l 11nuve
ce oojam,n, di\ l 1a plume 81 voloolien humorlalique el cité ptr
. M. Berrueta daos . IOn OpUICille : • DIOtl DOI llbte de gettltl tan
eeplrilual, que todo lo quiere hacer co111en1pltclon, d6 donde
diere ... •· Sana doute Jeao de la Crolx; en maliere de myetlélsme.
.,., un paychologue et un expériméJltal; mais Tb4Ñllé l"eel enoore
4-vanlagé.
•
.
. . .
Jean de la Crob esl úne dea figures ioléressantes, ma,1 ti a
~ttl auaai une des flg,ires loqulélantee du xn• siecle eepagnol.
Eet-ce parce quºon. l'.avait mal compris, ou parce qu'on avall
défiguré ses écrils~ Toujourt1 eat-11 qu'il n'a paa lnqul6té •~uleinenl de aon vivalll, mais aussl aprés ,a mórt, des gen, qu, lle
coosidéralont pn les queeliooa de doctrine a1ec l"ioaouolance deo ·
pblloaophes et né preoaieot pas a priori II d&lt;!!en1e des my11lquet,
comme oo le fait · Volooliera 11uJourd'bui par dlleltlhtl&amp;me. Dane 1t.
Corre,p0ndanu d4 M, Lollil Tro1110n, troi1iltn1 1up1rkur de &amp;lnl·
SWpice, édittle par J'abbé llerlrand (Paris, 1go4), oous liacm1 ceci Ala
dale de 16g6 :
Lo Jlvre du B. Seen de la Croix est boo, el on a bien éclálrd

lolilés lea

proposlllons qui ae trouvent daos ses ct,uvres, el que quelques pem,nnea
peu m7lllques n'apprOllvalent JIIS (t. 1, p. •67).
·

poa,an

La'. queslion est de sa,oir que! leste lºabbé Troolire ...
Quand il s'agil dºapprécier la • valeur lilléraire de l"~uv": n,
Mgr Demimuid 6'l dérobe rapid?~ent. 11 M conteole _de a_ter
des autorilés qui ne sont pas precitémenl modernea : V1llemun,.
1&gt;emogeot. 11 faudrait connallre toule lt lyrlqu~ espagoole du
xv1• siecle pour mettre A •• Pla&lt;:9 un lel ~ - Ce "61&amp;-la de•~!'
forcément échapper 1 quelquºuo qm y esl ao peu profane, ce qu il
· semble.
La plaquetle de M. Berruela i laquelle j'ai tléjll fakallusion, conlienl
deu, cooCéreooes luea a l'Uoiversilé de Salamaoque el consacréea
ruoe sainle Thérese, l'autre sainl Jean dela Croi1. 11 esl dºaillenn
questioo dea déu, sainls daoa !"une comme dana l'autre. La premihe
esl peul•élre la plus agréable, parce qu'elle fai, ne.oorlir dºune Ca~n
piqnaole le vrai caractens de la oaiale, La - • est pl'!ll&gt;I une

a

a

a

-•!Mi.....

...IQIJI

3&amp;,

~ • \111 li.tllhlltaÍe l iMII elll! 1k11U ljljlOfÍé tul fell-1gllffll6llt
~ ... ai6Ilflahlt !
4ot • ,,,... lfl,i/o Jtalldti, 481
:111■,l111o ti, lfdl81ftt lll!llor 11d Abdft!I, 1161Uf11 da Ullllli-teros •
..... -.11, - tt,lwe. de l'Ulli1'8fslW de llllllln1•aqué; da i&amp;65 l 1&amp;ea,
Gllllllll.,.,,., (M11411111 e, •m), l!i 1111 1911 COllllbe "6h;go •.
G. &lt;lUl.01'.
.

e-•

O ~ t ó 4b

,,.tl/idade,

cU Lula Pella Cru, noira edifáó

· ,o,.Jo,,,. d tk i 6bl I publicada por Edgar Pn!lllage1 éoimbn 1
lmpNBlll-cla tJaiTertldade, •fl•tlt 41 P•

t'bfifl'aa'e tillm¡i,lm6 par 11. Jlresiage ilait de,e11u prééque introu"ilflft. 0A ll'lill c611oalilalt ,¡ue deux exemplaires. 11 nous reoaeigne
jjlf U. ~ód6 lmporiaole de l'blsfolre d'Angola, c¡elle t¡u, va da 1 ~ 1,
dall! iL! l'appaílllon sur la c&amp;le al'riclloe de é:oroefüe Jol, dlt Jambeill,.lkrit, Jdstpi'l la d6Uvrsnoe de Loanda ~t Correia de Sá e lie..avides

ill 11141. C'eal le rkll d'un Wmoln ocule.lre. llaia il tend a aggraver
111 tAtta die HóllmcWs. !:11 outi-e, le catbollclsme exalté de J'auteur

r.11-. cléue bilervmlr fa tlrondeoce. 11 n'est paa douteux, comme
1'lll'lll6 Lata lells !=nu, qne la Colooie tu I altaqude 10 Dl41pria do
dftllc iltls pos, quaníl un lnl6iil COlllmun rapprochait lea l&gt;ro'fÍnoaelfni.&amp; et le l'ortul,ál conll'e fes Espagool1, ao moment ¡,deis oa del
~ 0 1 1 1 ~lent d~l eogapea, apreio l'aveoement de Jean W,
pllUt lé' nlla:bll1aeo:16Dt de la palx el la conctnaion d'une alliaoce
lllll'lliJé.

Pendtnt

les aonéee qu{ suMnnt, la prniaon d'Aogoja,

pf!Wa d6 ,16,tle ooolinttoícalióo

ávec la c6te, meoac4e d'un aouH¡yemeal ~ dee Sobu qui preoaieot le parti du vainqueur, harcelée
par les lacursloiu aubites de la reiDe Ginga, depuia Jonglemps en
molle oovarte, eut de la peine II se maioteoir aMa,;aogaoo. Tut6t
11N ■I CSlldl
Glllldllllh liDmllMtlW fflll. lal lm¡IIINII ud édlledll
■apsieur en nombre, tanlOI, pllllllé a • IIOIII flU MI felllllon1, elle
repmiall lelt armea. Let renforls de la mélropole -ne lui parve11alent
qll'l de ntilé láteñáll,s. 11 6tal1 plus qu'évídenl ctue la ltollaode Íe
rétuuit l U:á:liler l. claos68 du iralkl. L'am,'8 dea ageo!a de la
Connia,nle deo fndes occldeolalea, porteara de m-¡ea pacific¡uu,
an~t preaqae teaJoura de nouveaux -piélemeota, D'aolle

*

,-11,

r~.•·fr.-•

•• Je •'"""- de_poder '8 f6d11Íoa deo 06ra ül ál,Uoo Sa ; _ • la
Cllt (lfts,,o,.., da1II .. Jta1 8'fut • - • d'j¡,fnW61f - léolean dos

. . . . . ' .......... A.a l l l l - llflpltlftlltt 81 lrifde 11111H dfaf
..- _t.,_
de laCroiu,
Dom PI,. CbeTOller dau ua aulre, ialllul, «te Cono&amp;

•-••o

..... opillluel de IOjal ~ de la Crolu-1-U '1&lt;I llllerpoWh lhls Jo don aú mo1ao
..,._. 1111 f'mn...,. ,ta P.
1111 8. 81111-ld, "'-'- " .. f&gt;odM-

&lt;• • .........,1,1l)IIIUl-dl di 11. lewiNll-.

~
- IIIIIW • Mrl/t (....._., 11d~ o6 l'OII llóllWfl ;liñliun .,..__~P4-tlNla&amp;1eaaÑlaGni&amp;.

le

�352

353

BULLETlN •HlSPA!lilQUE

BIBLIOGRAPHIE

le roi de Portugal, craignant de rallurrier la guerre en Europe, s'était
prononcé officiellement pour le slalu quo. Cetle situalion équivoque,
que les deux gouvernements, _ponr des raisons dinrses, évitaient
d'éclaircir, dura sept ans . CoL·reia de Sá, en 1648, avait-il reyu l'ordre,
comme le prétend Cadornega 1, d'expulser les Ilollandais parce qu'on
manquait d'esclaves au Brésil, ou l'avait-on chargé Seulement - c'est
la version du Manifeslo das ostilidades - de se forlifier dans une
posilion d'attenle
Quicombo) Le lcxle réédilé par M. Prcstagc
ne fournit, pour trancher la question, aucun argument décisif. On
peut supposer, néanmoins, que le gouverneur était encouragé par des
·inslructions secretes prendre une initiali-ve donL la monarchie devait
le rendre responsable en cas d'échec . ll est a remarquer, en effet,
qu'il amenait de Rio de Janeiro 700 ou 800 hommes, ·qu'il résolut de
brusquer l'attaque, avec le plein consentement de ses capitaines, apres
un naufrage qui avait enlrainé la perte de :wo faatassins, en.fin que le
combat, mené avec une vigueur exceptionnelle, lui c01lta plus d'un
liers de son elTeclif. Dans la lellre ou Jean IV fail part de l'événement
au marq~is ·de Niza 1 son arnbassadeur, il s~efforce d'établir qu'il y avait
eu provocalion et rejette la faule sur ses adversaires . Ce qui se dégage
netlement de cette narration sans appret, éma-Ulée pourtant de quelques citalions de l'Arioste et de Guarini, c'est l'habileté de Correia
de Sá qui profita, pour surprendre la ville, de l'absence d'un corps
expéditionnaire envoyé contre les Portugais de l'intérieur, qui facilita
la r-etraite des v:aincus par une capitulation avantageuse eL réussit, en
employant tour a tour les pi-omesses et les menaces, a rallier les
Sobas . Tout nous porte a croire que le roi avait préparé savamment ce
hardi c&lt;:mp de main.
G. LE GENTIL.

main. Avec lui nous parcourons les quarlicrs délabrés , les ruelles
tortueuses . 11 évoque le passé des corporations, si prornptésjadis
8 braver l'éveque et la monarchie. Nous les voyons lransporter
leurs pénales de la ville haute a la ville l.Jasse, du fleuvc au largo
de S. Domingos, invoquer l'appui de Jean"l.11 contre les propriétaires
exigeants ou récalcitrants, batailler, pour le maintien de leurs
privilCges,\ avcc les forains et les colporteurs. Parfois ce sont les
fommes qui poussent le cri de guerre et lapidenl les agents du roi.
On peut suiyre ainsi, a travers les si8cles, la vie turbulente et
pourtanl laborieuse d'une pelite bo1lrgeoisie qui ne délCgue se.s
pouvoirs qu'él bon escient et qui défend son droit de contróle avec
une singuliCre Upreté. C'est dans les revendicalions du Conseil des
vingt•qualre, adjoint pour le surveiller au sénat municipal, dans les
démélés de la populace avec les almotacés, fonctionnaires préposés
a l'hygiéne, chargés de fixer le prix des denrées, qu'on découvrirait
les fondements de la démocralie, du libéralisme tel que l'ont compris
Fernandes Tomas et les frt!res Passos. L'auteur, d'anecdole en anecdote, retrayant l'histoire des murailles, des couvents, d·es hópitaux,
de la navi•gation du Douro, des transformations opérées vers la fin
du xvm· siecle par le corregedor de Alroada, passe en revue tous les
aspects du vieux bourg ecclésiastique, depuis le Moyen-Age jusqu'8
l'invasion napoléonienne. Nous souhaitons qu'il ras:;emble ces fragments épars, qui tous ont la saveur de l'inédit, pour en faire, dans un
cadre plus vaste, une véritable reconstitution archéologique, sociale
et Poli tique, dont il possede, d'ores et déjii, les éléments essentiels.

a

a

Carla~ de Passos, Lembran9as da lern,, chronicas hisloricas do
Porto, primeira sede, Porto, _1919, 202 p.
Ce livre· pittoresque 1 formé d'arlicles publiés au jour le· jour el
relevés d'une pointe d'archa·ísme et de régionalisme, rappelle, toutes
proporlions gardées, la maniére du roman historique. L'auteur
s'insurge, comme Garret et Arnaldo Gama, contre le zele iconoclaste
des municipalités entichées de ·progresa l'américaine. I1 a pris a tAche
de réveiller chez les Tripeiros, ses concitoyens, le patriotisme looal.
En attendant il leur enseigne, par une série de digressions humoristiques, le chemin des archives . Sa documentation esl de premiere
1. Outre la relation de Cadornega, compagnon de Correia de Sá et historiograpbe
de la province, consultar Gover110 gual de Angola, Repartü;ilo do gabinete, subJidios
para a historia de A.n1ola, eol/eci;M de documentos, restaw;a~o CU Angola, Loanda, 19.18,

5-1 p.

G. LE GENTIL

le Maroc, publié sous la direction de Marce! Monmarché,
2• édition, 3o caries et 21 plans, xv1-396 p. Paris, Hachette,
1921, 20

francs.

Dans la colleclion des « Guide, bleus • aucun dont l'apparition ful
plus désirable. Nous n'avons pas altendu, cette fois, le Baedeker. Ce
guide, c'est un Franc;ais qui l'a rédigé, sur lJDe documentatio.n réunie
par lui. On lui a laissé l'honneur exceptionnel de voir son nom
figurer sinon sur le litre, au moins au dos du faux-litre; c'était reconnaítre sa méritoire paternité. ll s'agit de M. Prosper Ricard, jadis inspectcur des Arts iodigenes 8 Fez, aujourd'hui chef du mt3me service a
Rabat. 11 a apporté a la confection de ce manuel le meme soin minutieux qu'il met depuis des années a la reconstitution, a la réhovation
de la technique des villes et du bled, ¡jour le plus grand avantage des
ouVriers marocains et par conséquentaussi de·ootre Pª)'S. La ,Médition,
qui est de 191 g, a été sans dou te bien vite épuisée: une seconde a d éj.\

�354

RIBLIOGRAPIIIE

paru1 avec Ja date de J 921. Elle a, de plus que la premi~re, 20 cart.es,
• plans et une cinquantaine de pages. Beaucoup d'additions onl été
faites. L'auteur, et pour cause assurément, avait óté tres succinct sur
quelqucs monuments: les tombeaux des chérifssaadiens8. Marrakech
•
par exemple; il a pu cetle fois fournir plus de details. Des remaniements, meme simplement typographiques, donnenl plus de clarté o la
description. Un tableau synchronique permetau lecteur de se repérer
plus facilement dans la chronologie de.J'empire marocain •. Un AperQu
religieux précede ce lle fois I' Aper~u artistique et littéraire, el/¡ 1' AperQu
adminislratif estjoint un Aper&lt;;u etbnographiquect linguistique, avec
un petitvocabulaire franco-marocain qui fait le pendanl du pelit voca•
bulairc marocain~fran&lt;;ais. Ces amélioralions scraient utilement complétées par une autre, dan, la 3• édition: un lexiquecxplicalifdcs termes lechniquesemployés daos la dcscriptlon des monuments, Jexique
dont M. Brutails a démontré récemrnenl l'exlr~me nlilit~, In plupart
des nulcurs employant les mols dans des sens différents, snrloul
quand il s'agit d'architecture 1 une habitude fAclJeu~e qui doit
remonler la Tour de Da bel.
Los plans Sont aussi clairs que le permellent l'étroilesse C'l l'enchcvCtrement des rues et rueJles, aussi bien que l'échelle forcément
réduitc qu'il a fallu adopter pour eles villes si ótendues. fonnées de
douhles bu triples agglomérations, cornmc Fez, Marrakech, Rabal. la
description des centres touristiques a élé clhis(•c en itinétni1es qu'on
fera bi'e n de suivre, de préférence aux indications des interpretes
(avec 011 sans médaillc), qui n'ont qu'unc idéc, mcner leur client
aux souk.s et gagner une pelite commission sur les achats qu'il pourra
fuiro .
.

Georges Hardy et Paul Aurés, Les grandes élapes de l'histoire du
Alaroc; Paris, E. Larose, 1921. 115 p., grand in-8•.

a

Le ~laroc et l'Aadalousie, pour ne pas dire ausfli la Castille et
l'Aragon, sonl a de multiples égards el ju,qu'a un cerlain point
le meme pays.
La partie dont nous avons assurné le proleclorai cst pour nous une
~aison de plus de nous intéresser a la péninsule ibc'·rique oll tant
d'aflinilés d,_c lout ordre, gJographiques, gáologiques, historiques, clhniques, linguistiques et littéraires, qucl q11e soit J'énorme écart de
ci vilisation actuelle, allirent l'obscrvation el donneront peut-étre Ja
clef de plus d'un problllme. Les éludes marocaines et les études hispaniques sont liées. Je crois d'ailleurs qu'on l'a bien compris ou
Moroc.
G. CIROT.
1. M. llica.rd a publlé en 1919 (Cas3b(anca, Sen ice lo~ographlque du ~hroc) une
plaquelto qui pcul rendre de• icrrices, quols que soienl h:s amcodemenls l y apporter: ,les dynulies marocaines en dix lablrau.r- et un gro1,hique. Lo grapliiquc, lorL irtgfnieux. doune une représcnlation de l'extenslon eL de la d nréo dc:1 dl11éren f('¡¡ rlyna s~
Uos.

•

355

BULLETJN HISPANIQUE

Ouvrage destiné aux maitrcs de l'enseignement primaire du l\laroc,
et conlenant l'essentiel au point de vuc hislorique et artistique. A signaler· ici, car il peut intércsser en Espagne, et i1 ne parait pas avoir
son équivalent en espagnol. Un expos{· sobre, des croquis simplifiés,
tout ytend a mellre en lumiCre "Ce qui est caractéristique et ce qu'il
iaut retenir.
G. C.

Angel Marvaud, L' Espagne au ,.,, siecle. Étude politique el
üonomique. Deuxieme édition, revue. Paris, A. Colin, 1915,
in-16, xv-517 p. Carie en couleur

a 1:

5.000.000, liors

texle.
Le livre de M. Angel Marvaud se divise en quatrc parlies: l'Espagne politique, l'Espagne économique, la Question sociale, l'Expansion espagnole au dehors.
La premiCre parlie cst la p]us longue. L'autcur y e-xpose loulcs les
questions qui intéressent la vie publique du paJS: l'étoblissement du
régime conslitutionncl et parlcmeritaire; - la justicc et radministralion pro,inciale; la ro1auté et les portis politiques; - le mouvement
régionalistc en Catalogne et en Biscaye; - le clergC et la question
religieuse; - l 'arrnée. U monlre la persistance des forces du passé,
l'iníluence des gucrres carlistes, les déformations suhies par le r0gime
représcntatif sous l'inlluence clu caciquisme, la puissnnce énormc du
clergé et de l'armée, seules forces organisées daos le pays.
La seconde parlie lraile des finances publiques, ele la poli tique
douaniCre, de l'agriculture, du sous i;ol, de !'industrie, du commerce et
de la navigation , du crédit, des Yoies de communication et de l'enscignement. On regreltera que l'auleur, dans ce lableau de l'Espagne
au lrarni1 1 n'ait pas tenu assez de comptc de la diHrsité des aptitudes
régiohales, dontil a su, par ailleurs, montrer lC's contrastes (p. 2 a 5;
p. 491 ). Le probleme agricole ne se pose pas dans toules les parlies
de l'Espagnc dans les mémes termes. ll y a des difTérences profondes
qui proviennent du so], du climat, de J'abondance ou de la rareté de
l'eau, du régime de Ja propriété, du gcnre Oe vie des habitanls. ,tames
contrastes dans le domaine industriel. Et la procluctivilé, suivnnt les
régions, s'en ressent. Mais, a tout prendre, J'inlention de l'auleur n'a
pas été de nous donner une clescription géographique de l'Espagne.
Tel qu'il esl, son livre nous fournit un état économiquc tres complet
et tres judicieux. Et les conclusions sont parfaitcmenl exactes (voir

�356

BIBLIOGRAPHJE

BULLBTIN HTSPANIQUE

notammenl ce qui a trait au régime minier, p. 308; 3. !'industrie,
p. 316; aux aptitudes commerciales, p. 337).
La troisieme parlie est volontairement résumée, l'auleur ayant antérieurement consacré la Queslion sociale une élude complete, . ll se
contente d'en reproduire les données essentieJles.
~ La qualrieme ré.sum~ ta· politique étrangere de J'Espagne et expose
la question marocaine. Un chapitre .est consacré a11 mouvemcnt
&lt;i américaniste n, question peu confl.ue de la pluparl des lecteurs
franQais. Enfin uneconclusion générnle résume !'ensemble du livra
et indfque les queslions qui se posent devant l'Qpinion. L'Espagnc
se rel8vera a.la condition de s'allaquer a l'ignorance, de renoncer
au particularisme el de s'eur.opéaniser. La France lui servira d'interm~diaire.
Le Livre de M. Angel Marvaud est done une enquete sur l'Espagne.
Ce n'est pas la premierc. Peu de pays onl provoqué comme nolre voisine la curiosité des franQais. fl serait utile d'en chercher les raisons:
question de voisinage 1 sans doule 1 et communauté des som·enirs
guerriers ou paci(iques; sentimenl aussi, que ce peuple idéalisle esl
a la fois tres dilTérent du nótre et tres rapproché. De la lanl de livrcs
publiés depuis lrois siCcles: le Journal du conseiller Berlaut (1669),
les Mémoire. de Saint-Simon, l'État présenl de l'Espagne de l'abbé
d, Vayrac ('718), le Tableau de l'Espagne moderne de J. Fr.
Bourgoing (1789), l'llinéraire descrtpli(de tEspagne du comle de Laborde ( 1809\ - pour ne citer que les onvragcs qui traitent du gouverneffient des hommes et de l'économie politiqne 1 . Le livre de
M. Angel Marvaud esl une nouvelle maille ajoutée a éetle chai:ne. ll
est un nouveau témoignage de l'intéret que nous prenons a nos voi•
sins el une conlribution a la connaissance de l'Espagne.
Mais il estdilférentde ses prédécesseurs. D'abord il.en estséparépar
tout un sif'cle d'Uistoire. riche en événements de toute sorte. Entre
l'Espllgne du comte de Laborde et l'Espagne d'aujourd'hui, il' )' a
toutC la période rnoderne: la JUvolution, les guerres carlisles l'apparition du parlemenlarisme, la perle des colonies. Une nouvclle
enquét~ était devenue nécessaire. Celle ci 1 loii:i de faire double emploi,
marque le chernin parcouru. Elle vient done a son h!:mre. Mais,
d'autre part, elle est conc:ue dans un esprit assez nouveau. jf. Angel
Marvaud ne nous don ne pas des im pressions de voyage, ni meIDe
une vue personnelle sur Jes choses et sur les hommes de l'Espagne.
L'ol'iginalité de son livre, c.!'cst qu'il e:xprime, bier:i plus que Je jugemenl d'un élranger, l'opinion eles Espagnols sur leur propre pays.

a

1

t. Angel l\larvaud, La Q[ustion sociale en Espagne. Paris, F. Alean, 1910, In-SG,
47j p. Cf. Bull. hisp., 1910 1 p 352.
:.1
On trouvera un exposé de cette lilléralure dans la premiiil'e série des belles
/~ludes sur l' Bspagne de M. ,1orel-Fatio, cha p. I : l'Espagne en France,

M. Marvaud, en efTet, a pu dísposer 1 pour écrire son livre, d'une
tres riche collecllon de témoignages. Au len&lt;lemain de la guerre américaine, il y a eu, en Espagne 1 une vérilable floraison d'écrits, de
livrcs et d'articles. L'opinion publique, tout au moins l'opinion de
]'élite qui pense, s'est trouvée, apres la défaile, en proie l'ioquiétude
et au pessimisme. Préoccupée de !'avenir, elle a cherché les causes de
la décadence et les moyens de l'arreter. Elle a fail son examen de
conscience.' Toute une école d'écrivains, histqriens, juristes, économistes surlout, dont les Joaquín Costa, les Altamira, les Unamuno
sont les plus clairvoyanls el les plus originaux, s'esl appliquée a
l'étude de ce prob!eme. 11s se sont qualifiés eux-memes de lt regenera•
dores )l. Comme au xvm" siecle, au lemps de Jovellanos. cCdanL a ce
goUt des idées générales, a ce besoin d'élaborer des projets grandioses
et de bdtlr la cité future 1 qui est un des traits de la race, les Espagnols
ont mulliplié enquetes, consultations 1 études.
C'est dans celte littératurc que.~I. Angel Marvaud a trouvé les éléments de son enqn8te. Non pas qu'il ait négligé de se renseigner sur
place et directement, ni qu'il ne d&lt;;mne en plus d·un endroit une vue
personnelle des choses. Mais cetle inlervenlion subjeclive est volon•
tairement limitée. Le plus souvent, l'auteur s'efface. Et c'est l'opinion
des intéressés eux-memes qu'il nous don ne. Sa méthode e!Zt érninemrnent objecl~ve.
Le livre y perd probablement en couleur et en pittoresque. Nous
n'y trouvons pas ce que nous avons été habitu-és a trouver chez
)~s visiteurs et les historiens de l'Espagne, la vive lumiere, l'od.eur du
terroir, l'anecdole. Mais ce n'est pas ce que l'auteur a voulu nous
donner. Ce que l'ouvrage perd en piltoresque, il le gagne en exactitude. Ce qui frappe d'un bout a l'autre de ces pages, c'est la sincérité,
l'elTo~t polir etre vrai, pour rester impartial entre les parlis, enlre les
Espagnols et nous. On appréciera avec quel souci de ménager les susceptibililés nationales M. ~Iarvaud parle du clergé et de la queslion
religieuse (p. 161-004), ex pose les atraires du Maroc (p. 44&gt; el 498),
ou les senlimenls des Espagnols pour nolre pays(p. 497-50,). Le livre,
il est vrai, a élé publié a.\'ant la guerre. Écrites quelques années
plus lard, ses concfusions eussent sans doule été un peu différentes.
Elles auraienl certainement conservé leur caractCre de haute impartiaHté.
Les événemenls decesderniCres anilées qui nous ont tenus si souvent les yeux tournés vers l'Espagne, imposent a l'auleur l'obligation,
non de refaire 1 mais de compléter son exposé. Comme il le dit trCs
bien (p. 499), nous mérilons de moins en moins le reproche
d"ignorer l'Espagne. ~lais il reste beaucoup a faire pour renseigner
l'opinion, le monde des affaires et la presse, d'ordinaire si mal informée. Cherchons done a nous mieux. connai:tre encare. M. Angel

a

�-UIQU•

11111
IIIJLl.ffla
~41&gt;1&amp; _ . y aider en 0001 donnanl 11118 nou'ffllle 6dltion de
-11-. U•l"'l1 nmdre UD meilleur -.Ice a
qo'il m
aYeC

lllU d e ~ el de bQane (ol,

la.,._

.

B. CAVAIÍ.I.h. -

, .•. Tai'all,

u

nuna rnoluoi41t,

.1

CBRONIQUE

vol. in-So, 233 , . . .

Baroelone, Benrioh el C0, 191!1,
· L'aulear de 04 livre esl un partiaan de la té«Wnllon iWrlque. Son
eapOir ell de voir, daut une lbérie llbrement uniflée la Catalope
oblenir pour ea tangue el ta cullure propre1, deo gara~lieo analogueo
l callea qu-i l'indépendance a valuea au Portugal, Ansai ae moatre'-il ,parliaan enlbou1iasle de la Société .deo nationa el comecre-t• il la
premin parlie de son livre, el Ja plua Iongue, l en jnalifler l'idée. .
S'il n'en fail pn une élndejnridique, il en raltacbe la créallonll lé&gt;Ule
une rbolullon morale, 1 une • nueva revolución » qui imposera aux
peuplea ooimoe aox lodividns un profond lravall de reforme el de
culture inWrienre,.
On lrouve done dans ce -livre une aynlb~se ingéniense de deux
idéea lres ditrérentes: l'une (p. g5. 163) eaHe droit de la Calalogne
• se rég'8érer, • libérer-dºnne centralisalion oppreSBive, complice
d'nn ·mercanlilisme dégradanl, sa langue el ea culture tradílionnelllll
aa¡aa faire d'ailleun ancun torl a l'unité de la péninaule !Mriqoe;
.l'aotre eal l'aplilode de la Sociéltl des oations garantir anx populalions ih'riquea la possibilllé de jouer lenr r61e daos le monde ooovean. La Sociélé dea nations ae presente d'aillenrs l Taoléur COIDIDI
foadée anr une pénélration tolljoun plus .inlime des denx cultnlalioe el anglo-eaxoone, qui onl taol·d'emprunb l se faire (p. S&amp;). '
Turull eat vl1iblemenl un de ces esprit• ouverb el entboaaiasle1
,vec_qu_i l'oo vondrait communier dan, l'npérance. Son livre fall
comprendre la proronde unité de dedx j&gt;roblemea. que l'opinion
fraoQaÍle n'i¡nore pu, bien qu'ils se posen&amp; ches noos A denx clasaes
d'11pnla tres ditrél,nll, celni da .;gionall■me el celnl dn ilroil .
inlern■lioilal.
·

a

=~-11"1

•

-Lea 4,t6p6t 4,IColnllú ~ ele ._¡pr:,.emn• liul,d•'fllll&amp; /AJ Í'Qllfllllll" le 8 ootobl'e • lardeau 911 - H
l'
JI tl~i,111C11. ,arlllalaa JICIÚI&amp; -di _ .....,d ¡ 11 i ~•

111# ..,...,,.. M-11.dlll , u ~ qaidoil &amp;Yoir liMI

¡...,.

la dioQled prile au -,rh de Siint-~ea.
J4' ~~ de Paria, l.ylia, Grenoble, llootpelliCr, Toialoaa,
IIIJOIIIIO ,1 Biarrilz t'Máienl fai&amp; rejriaenler. péu Ñancea ont 6té
fel!M, 1'111t I la Cba111hnl de commeiee, l'auir. l l'll6tal dé 'Jiih,
11, QIIJ!lrd, pmideal de k Cbambre de commeroe, fort de l'oplidoll
billl '-blle 4et Chambrea de Jonte la régloo, • montré l'ln1'1tt clwi•
· lllllií -' l111.IPUial d'une ent.eale ,commelCiale enlr6 lea c1eoJ. pa;p.
•· Plllll,rn, mm de Bordaaax, a teft .-!ir lea ~ fflldna
ea , ~ ,-r les traval(le,Jn eapepol,; 11, Telnler, dincteur clt la
~ ue c:hemlna de rer da MWI, .e 11. Maxwell, - , ~
a'ia6ral, an nom dn Oomiléd'eooonrapmenlau toarlame, 011&amp;, i-r du
~ prec:1111, ,fixé les icWes aur le mouvement lonriatic¡ne el lu
IIIOJIDS de l'enc3UNP,, · ton&amp; au moiD■ d11 ne i-• l'entraver. 11 -eil
cl'alr que le COl\t du IM!ll8fl0!"', ,1e,é l 61i franca pour alld en Espt,,
gne, tt aalaot pour revenir, el le d~t de 5o.ooo fl'lllCI pour tnnéblr en aatómobile la rronllire ..pa¡nole, ae soat guere de ualure
l esciler ce monvemenl ni daoa un sens ni daos l'aulr6.
D'aolres qnestions, d'ordre social, écooomiq11e ou unlversilaíre, on 1
616 IIOllletlles el i111Crlle■ ao pro¡ramme du congra. IJail la rélolnlloll 11 plas implll'tanle a 6lé Cltlle od'oovrir uoe con1ollalion entre
ie.
quaUIIN des intélits r.,...&lt;¡aia dan• le but el,, préeber
1eara ~ u deólerlll • d'euminer qnellet conceaaiona leur
.,.__l poealblea en •1111 d'arrlver l meUn fin l un 6tat de ten1Jon
~ p r lea clen,. nation1 rolsinu etamiea •· En conséqueaee, lea
11zk Olll~• ■ 1 lioo •,¡ pnmclMl de la "8loD ~ de
'9 lilt
4a W
el ao Comii! de np~mmt ~
U U 1\1111 I , ,:
a. . .1111, reo~ a'-"ire aupria d11
'o i P ol:,t 1 1 ■ .41rC ·114a,1erapproc1i-1de■ n!gio8'
'118 : •·• 11 er :r .tt 1 ;¡a1at.....,011:\411l6.illtt--4uit
__., t ~ - ·; ~ C P o
111 •4s!!C llf
•

••enll•II

:-&amp;

•11

�360

BULLETIN HISPA.NIQU:S

de rapprochement, afin qu"une confrontation des desiderata des deux
~ays p~r_mette d'élaborer rapidement, dahs un esprit de large concilia~100 re?1proque, le programme d'entente dont l'adoption pourrait
etrP. ut1lement recommandée aux Parlements et aux gouvernements
espagnols et fraiii;ais •·
Les séances ont élé présidées par M. Imbart de La Tour el M. le docteur Maure. Ont pris également la parole: MM. Thamin, recleur·
CarrCr~, directeur-fon?ateur de l'Amilié Jranco-espagnole; Oyarzun';
Chevaher, professeur a la Faculté des lettres de Grenoble; A. Marvaud, Falgairolle, Ilossfls, Dours, Tronel et plusieurs membres du
comité de Bordeaux.
Le congres de Biarritz aura lieu le lundi de la Quasimodo, ,4 avril
19,~. Pour les renseignements, on peut s·adresser a M. Alioth secrétaire général du comité de Bordeaux, rue Ducau, ?9·
C.

G.

Erralum: 19,0, p. ,98, l. 15, lire CXXX pages (et non XXX;
19", p. ,38, l. 4, lire mollaqd (an lieu de molqaya); l. 15, Pons
Boigues.

•

TABLE ALPHABÉTIQUE
PAR NOMS D'AUTEURS

B.t.BELO.'.'I (J.). - A propos de la monnaie de Ségo,·ie. . • . • . ~ . • . •
RisSBT (R.). - Gl, Burguete, Reclificacione&amp; hístóricas, De Guad.alele a Couad,mga (bibl). . . . . . . . . , . . , . . • , . . . . . .
l:hu1LLO!t (M.). - Les sources historiques de Zaragoza • • • . • . .
BsRnuim (J.-J.-A.), - Herder et le Cid . • . . . . . . . . . • . •
Paul Ferdinand Fricdrich Buchholz • . . . .
Spanicn, Zeitschri{t Jiir AU$land&amp;kunde (bibl.).
li«UTAtLs (J.-A.). -J. Puig y Cadafalch, L'A.rquileclura roínánica a Calalunya
(bibl.) . , , ,
.•..... , .•.
F. de Los Ríos UrruLi, Vida e instiluciones d.el pueblo de
A11dorra (bibl.) . . . . • . . . • . . . • , •
1, 77,
CmoT (G. ). - •·ernán González dans la chronique léonaise • . . , •
Cervantes el les fr(lres Tharaud • • • • • • . • • , ,
Chronique . , • . . . . . . . • . . , . • . . • . 171, 267,
Duque de Berwick y de Alba, Contribuci6n al estudio de la persona
del ll l duque de Alba (bi bl.) • • . • • • • • • • . • • •
Andrenio, Novela&amp; y novelistas (bibl.) • , . • • . • . . . . . •.
A. de Llano !loza d'e Ampudia, El libro de Caravia (bibl.) • . •.
R. de Orneta, Berrugade y su obra(bibl.) . • . . • . . . • , . .
Cervantes, Novelas ejemplares, Edición y notas de Fr. Rodríguez
Mal'Ín (bibl.). • . . . . • . . . • . . . . • . . . . . . • .
A.-C. Pires de Lima, Traditóes populares de Santo Tirso (bibl.) •.
Analecta Monlserrateruia (bibl.). • . • • • . • . . . . . . • . .
A. Castro y Federico de Onís, Fuero, leoneses de Zamora, Salamanca,
Ledesma y A.Iba ck Tormei; Galo Sáncbei, Fuero&amp; castellanos de
Soria y A lcafá de Henara (bibl.) . , . • . • . . . . . • . . .
Lope de Vega, Teatro, tomo 1, Prólogo de Alfonso Reyes {bibl.}. •
Eugeniusz Frankowsk.i, Hórreos y palafitos &lt;k la península ibérica (bibl.) • • • • . • . • • • . . • • , • • • • • • • • • • •
Miguel de Toro-:,-Gish11rt, Ortología castellana de nombres propios:
Americanos; Los nueuos derroteros del idioma; La ck11.xil!me
annie d'espagnol (bibl.) . . • . • . . . . . • • , . • • .
J. Domíngue1 Berruela, S1ª Teresa de Jesús l' ion Juan de la Cruz;
Mgr Demimuid, S. Jean de la Croi:,; (bibl.) • . . • • • • . • .
M. Monmarché (el Pr. Ricard), Le Maroc {bibl.) . • • . . • • .
G. Hardy el P. Au fes, Les 9randes ita.pes de l'hi!toire du ~laroc (bibl.)
CA.n.1LLEs(H.). - A. Marvaud, L'EspagM au XX• siecle (bibl.}. . • . • . . .
Cosns (R.). - Pedro M.exía, chronbte de Charles-Quinl (sui/e). . . . • • • .
ETCHEGOTElf (G.). - Lo roman de sainte ThérCse par M. Edmond Caial. . • •
FEGUALI (M.). - Aug. Cour, Unpoete arabe de l'A.ndalousie: lbn Zaidotln (bibl.).
LB GEl'ITIL{G.). - Le mom·emenl intelleciuel en Portugal.. . • . • . . . . .
V. Ribeiro, Sousa Viterbo e a sua obra ¡bibl.). . • . . • , .
Revista da Faculdade da Universidade do Por!o(bibl.).
Ántologia portugMsa: Frei Luis de Sousa, Vida d.e D. Prei
Bartolomeu doi mártires; Bernardes, Nova Flor_esta (bibl.).

•

3o4
,35
"9

,80

'"
161

,39
335
::169

57
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153

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,69
2!1!i

245
251

346

353
355
355
95
285
34a.
49
163

246

�•

362

BULLITIN HISPA~IQUt

LB GEnrt (G.). - Edg. Prestage, O manifesto dai 01Widades de Luis Felis Cru/&amp;ges_
(bibl.) .•• . . . . • . • • . . . . . • . . . , . . • . 351
,
Carlos do Passos, lembranyM da terra (bibl.). , • . • , • • 35.1
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(b1bl ) • • • , • • • • • • • • • • • , 1 ,
1~6
N, A. Corli1, lllfu.lstJ Q/Jijote y Fray Uri~fobal de
(hibt.) 1 50
,tiLLA.RDBT (G.) - T, Navarro Tomás, Manw:il de pronunciació1i española (bibl.). .
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15, ni, 3 1 8
J. H. ,viffen. . . . . . . . . . . . . • .
.
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17 3
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•
268
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&gt; fo región sal'?1antina (bibl.) . . . . . . . • • . . . , . . . . • , . ,
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• • 1 1 • , ,
358
S.1.kRA.1Lu (J.). - Quelques sources du Cádiz de Galdós.
33

TABLE ANALYTIQUE

Fo~s;c~

DES MATIÉRES

l.
p.

ARTICLES DE FO~D.

Autiquilés. - Bas-relief ibériquc au Musée provincial de Cordouc
1 73-179.

(P. Parle),

1/isloire. - rernán Qouzáfez daos la Cbroniquo Jéonaiso (G. Cit'Ot}, p. 1-1.'i,
77-94, 269-28&amp;. - A propos de la monnaie de Ségodc (J. Babelon), p. 304-311.
• 1/islorillyraphie ..... Pedro Mefia, chrohlste de Charles-Quin, (suite) (R. Costes),
p. 95-110,
Hi.,t oire littét-aire. - Le roman de sainte Thér8~c,par M. Edmond Caza! (G. Etohegoyen), p. 285,303. - Herder et le Cid (J.-J,~A. Bertrand), p. 180-no, - raul
Ferdinaod Friedrich Bucbholz (J •. J .-A. Bertrand}, p. ,rr-116, - D. Juan
Antonio Llor~ntc (A. Morel-Fatio), p. 117-1 28. - Quclque!i souTce&amp; du Cddiz
de G-alriós (J. Sarrailh), p. 33-48 ....... Les sourccs hi&amp;toriques de Zaragata (M.11ataillon), p. 129-141. - Le mouvement intellectucl en Portugal (G. Le Gentil),

p. 49-56.

•

Bibliographie. - Catalogue des lines de M. Morel-Falio (A. Morel-Fatio),
p. 1&amp;-32, 2lM34 1 31$-334.

11. VAR[ÉTÉS,
-

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J. n. Wifl'en (A. Morel-Fatio), p. 142-143,

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pour l'année 1921, p. 60.
Chronique. - Albert Léon, R. Menéodez Pidal. Congres íranco-espagnol de SaintSébaslien, p. 1 72. - Cours de vaCances a Effirgo3, a Madrid; Melgar, Morel-Fatio,
Brutails, Imbart de La Tour, p. 267. - Comités Crani;ais de rapprochemeDt francoe&amp;pagnol, p. 359.

III.

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•

�364

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v.

PLANCHE.

Bas•relief ibériquc du Musée provincial de Cordoue.

30 novembre 1921.

LA RÉDACTIO!i, E. l!ERI\IÉE, A. MOREL-FATIO, P.• PARIS
G. CCROT, secrüaire; .G. RADET, directeur-géranl.
Bordeanx. -

lmprimeries Gou11:ou1LH01J, rue Guiraude, 9-11.

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                <text>Bulletín Hispanique, 1921, Tomo 23, No 4, Octubre-Diciembre</text>
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                <text>Cirot, Georges (1870-1946), Secretario</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>A Propos de la Monnaie de Segovié</name>
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                    <text>GRÁFICAS DE GEOGRAFÍA

S. A. l. G. SEIX
.J;;DITORltS

N.º 2

(1).

BARRAL HERMS.
BARCEI.ONA

��Las Gráficas de Geografía
La. presente colección de Gráficas constituye un complemento muy
adecuado del estudio de la. Geografía, del dibujo de mapas y de los
otros ejercicios que puedan acompañar la, enseñanza de esta materia.
Estos cuadernos permiten ofrecer a los niños los secos datos esta.dísticos rodeados de un nuevo interés, pues con ellos ha ele hacer
algo; y además, la finalidad que tienen los citados datos, que no es
otra sino establecer una comparación entre ellos, por el procedimiento de las gráficas queda plenamente asegurada, pues la, compara.ción aquí se hace forzosumente, porque lo más importante que
conviene considerar y retener salta a la vista.
Los editores de los presentes cuadernos se han propuesto facilitar el trabajo del profesor y del alumno, disponiendo los datos y el
cuadriculado de manera, que nada se tenga que ir a buscar o calcular fuera de cada página.
Los da.tos elegidos son todos ellos vitales e interesantes, y lo
mismo convienen a los alumnos de las clases adelantadas de la es,.
cuela primaria, que a los ele las escuelas secundarias y de Comercio.
Lanzamos esta serie en la seguridad ~e que hallará una buena.
acogida en todas las clases en que se enseña Geografía, porque, como
decíamos más arriba, viene ai ser uno de sus complementos mú
ilustrativos, cuyo contenido debe popularizarse y atraer la atención
de todos los futuros ciudadanos,

LOS EDITORES

Registrado, 1D10. - Copyright. - Todo perjuicio será perseguido por la ley.

•

�Gráfica comparativa de los gastos más importantes

Gráfica comparativa de la emigración española

del Estado español (1911)

en el decenio 1900-1910

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Deuda. pública.
409.400.000 pesetas........ . . .
lvlinisterio de la Guerra
188.300.000 pesetas.......... .
Ministerio de Fomento
103.300.000 pesetas.......... .
Ministerio de la. Gobernación
79.300.000 pesetas . ......... .
Clases pasivas
75.000.000 pesetas .......... .

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Ministerio de Instrucción pública.
58.500.000 pesetas.......... .
Ministerio de Justicia
41.200.000 pesetas . . ........ .

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Ministerio de Gracia y Justicia
20.000.000 pesetas..... . .... .

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Ministerio de Estado
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6 .500.000 pesetas.......... . 1 1

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1903

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1904

87.300

1905

126.000

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1906

126.000

1907

130. 500 ; t,._.J.....J--l--+-+-+-l--l~---1--1--+-+-+-+-

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1908

157.500

1909

111.000

1910

161.000

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Personas

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Casa. Real
8.900.000 pesetas.......... .

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Gastos de Contribuciones
38.400.000 pesetas.......... .

Ministerio de Hacienda
18.800.000 pesetas .......... .

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Ministerio de Marina
68.400.000 pesetas .......... .

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Trácense las barras correspondientes que pueden colorarse. Cada cuadradito representa
10 .000.000 de pesetas.

•

Trácense las barras correspondientes que pueden colorarse. Cada. cuadradito representa
10.000 personas.

�Producción española de los principales cereales y leguminosas,
Gráfica comparativa de la población de España dedicada

uvas y aceitunas (1913)

a las distintas industrias y manufacturas (1911)

Obreros

Industrias de vestido y
adorno ...... . ..... .

257.000

Industrias de la edificación .......... . .. .

253.000

Industrias textiles.....
Industrias de la a limentadón .. . ......... . .
Industrias metal úrgicas.

120.000

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53.000

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De manufacturas ..... .
Ind_ustrias de lujo, ciencias, etc ........... .
Construcción de aparatos de transporte... .

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21.000
17.000

Cerámica . ........... .

16.000

[ ndustrias del mueble.

14.000

Cueros, pieles ........ .

13.000

[ ndustrias químicas .. ..

10.000

Qui ntale s
métricos

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Industrias de la madera.

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109.000

Trigo, 30.590.000 quintales métricos; cebada, 14.973.000; avena, 3 .677.000; centeno, 7 .091.000; maíz, 6.385.000; garbanzos, 788.000; habas, 1.67 4.000; guisantes,
153.000; judías, 1.520.000; uva, 29.522.000; aceitunas, 14.868.000; arroz, 2.228.000.

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Producción de fuerza ..
Industrias no clasifica das .......... . .... .

Cada cuadradito representa 1.000.000 de quintales métricos. Ordénense las gráficas de mayor a
menor, escribiendo dentro el nombre del producto.

•
Cada. cuadradito representa 5.000 obreros. Las barras resultantes pueden co1orarse.

�Hectáreas dedicadas al cultivo de árboles de secano (algarrobos, higueras, granados, castaños, nogales y avellanos) en las
distintas regiones agrícolas españolas.

Número de hectáreas dedicadas en las distintas regiones agrícolas de España al cultivo de los siguientes árboles frutales:
ciruelos, albaricoqueros, melocotoneros, guindos y cerezos,
perales y manzanos.
l.ª, Castilla la Nueva, 1.949 hectáreas; 2.ª, La Mancha, 1.401; 3.ª, Castilla la.
Vieja, 4.458; 4.ª, .Al'agón y la Rioja, 5.664; 5.ª, Leoñesa, 1.276; 6.ª, Galicia y Asturias, 13.617; 7.ª, Navarra y Vascongadas, 6.754; 8.ª, Cataluña, 2.883; 9.ª, Levante, 4.258; 10.ª, Andalucía oriental (Granada, Jaén, Málaga y .Almería), 2.392;
11.ª, Andalucía occidental (Sevilla, Cádiz, Córdoba y Huelva), 2.400; 12.ª, Baleares, 1.550; 13.ª, Canarias, 599.

l.ª, Castilla la, Nueva, 2.117 hectáreas; 2.ª, La Mancha y Extremadura, 4.029;
3.ª, Castilla la Vieja, 3.332; 4.ª, .Al'agón y la Rioja, 16.230; 5.ª, Leonesa, 3.579;
6.ª, Galicia y Asturias, 37.37!; 7.ª, Navarra y Vascongadas, 11.056; 8.ª, Cataluña,
40.962; 9.ª, Levante, 184.494; 10.ª, Andalucía oriental (Granada, Jaén, Málaga y
Almería, 24.088; 11.ª, Andalucía occidental (Sevilla, Cádiz, Córdoba y Huelva),
9.644; 12.ª, Baleares, 50.000; 13.ª, Canarias, 1.740.

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Hecliroas

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Cada dos cuadraditos representan 500 hectáreas. Ordénense las gráficas de mayor a menor.
Escríbase encima o dentro de la gráfica el nombre de la región.
Cada cuadradito representa 5.000 hectáreas. Ordénense las gráficas de mayor a menor, ~cribiendo dentro o encima el nombre de la región.

�La producción del trigo en España en el quinquenio 1909-1913

..
Hectáreas dedicadas al cultivo del naranjo y del limonero

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métrico•

Hl09

39.218.000

1910

37.407.000

1911

40.414.óOO

11H2

29.878.000

1913

30.590.000

en las distintas regiones agrícolas españolas
Mancha y Extremadura, 232 hectáreas; Cataluña, 3.950; Levante, 40.649; Andalucía oriental (Granada, Jaén, Málaga y .Almería), 2.231; Andalucía occidental
(Sevilla, Cádiz, Córdoba y Huelva), 2.473; Baleares, 400; Canarias, 142.

Hectáreas

40.649

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Cada cuadradito representa. 2.000.000 de quinta.les métricos.

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La producción de uva en España en el quinquenio 1~09~1913

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Quintales
métricos

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Cada cuadradito representa. 2.000 hectáreas. Ordénense las gráficas de mayor a menor.

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1909

26.883.000

1910

20.714.000

1911

26.963.000

1912

28.355.000

1913

29.522.000

l

+
1

Oada cuadradito representa. 2.000,000 de quintales métricos.

�Valores comparados que alcanzaron las cosechas medias

Producción de aceitunas en las distintas regiones agrícolas

de las siguientes frutas durante el quinquenio 1909 - 1913

en que se divide España (1913)

Ciruelas, 3.400.000 pesetas; albaricoques, 2.875.000; melocotones, 5.029.000;
guindas y cerezas, 2.562.000; peras, 6.497.000; manzanas, 12.377.000.

Pesetas
1

12.377.000

1

1

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l.ª, Central o Castilla la Nueva, 367.000 quintales métricos; 2.ª, La Mancha
y Extremadura, 689.000¡ 3.ª, Castilla la Vieja, 38.000; 4.ª, Aragón y la Rioja, 708.000;
5.ª, Levante (Valencia y Murcia), 25.000; 6.ª, Galicia y Asturias, 663; 7.ª, Navarra
y las Vascongadas, 19.000¡ 8.ª, Cataluña, 1.588.000; 9.ª, Leonesa, 1.474.000;
10.ª, Andalucía oriental (Granada, Jaén, Málaga y Almería), 2.714.000; 11.ª, Andalucía occidental (Sevilla, Cádiz, Córdoba y Huelva), 7.187.000; 12.ª, Baleares, 53.000; 13.ª, Canarias, 597.

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La longitud de un cuadradito representa en la barra un valor de 500.000 pesetas. Escríbase
dentro de cada barra la clase de fruto a que corresponde.
Cada cuadradito representa 250.000 quintales métricos. Or~énense las ~ráficas de _mayor a
menor, escribiendo dentro el nombre de la región y fuera el numero de quintales métricos.

�Producción de uvas y mosto en las distintas regiones agrícolas
La producción de trigo en las distintas regiones agrícolas

en que se divide España (1913)

en que se divide España (1913)

l.ª, Central o Castilla la Nueva, 3.334.000 quintales métricos; 2.ª, La Mancha y
Extremadura, 3.974:.000;· 3. 3 , Castilla la Vieja, 1.421.000; 4. 3 , Aragón y la Rioja,
1.480.000¡ 5. 3 , Leonesa, 968.000; 6. 3 , Galicia y Asturias, 1.637.000; 7. 3 7 Navarra
Y las Vascongadas, 299.000; 8. 3 , Cataluña, 9.276.000; 9. 3 , Levante, 4.101.000;
10.ª, Andalucía oriental (Granada, .Jaén, Málaga y Almería,), 1.140.000; 11.ª, Andalucía occidental (Sevilla, Córdoba, Cádiz, Huelva), 1.600.000; 12. 3 7 Baleares, 215.000;
13.a, Canarias, 72.000.

l. 3 , Central o Ca.stilla la Nueva, 2.941.000 quintales métricos; 2.ª, La Mancha

Y Extremadura, 2.573.000; 3. 3 7 Castilla la Vieja, 5.692.000; 4.ª, Aragón y la Rioja,
2.909.000; 5.ª, Leonesa, 3.500.000; 6.ª, Galicia y Asturias, 783.000; 7.ª, Navarra
Y las Vascongadas, 1.563.000; 8.ª, Cataluña, 2.081.000; 9. 3 7 Levante (Valencia y
Murcia), 2.151.000; 10.ª, Andalucía oriental (Granada, Jaén, Málaga y Almería),
2.487.000; 11.ª, Andalucía occidental (Sevilla, Córdoba, Oádiz y Huelva), 3.298.000;
12.3 , Baleares, 334.000; 13.ª, Canarias, 260.000.

Quintales
métTicos

9.276.000

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Cada cuadradito representa 500.000 quintales métricos. Ordénense de mayor a menor, escribiendo dentro de la barra. el nombre de la. región.

Cada cuadradito representa. 200.000 quintales métricos. Ordénense las gráficas de mayor a
menor colocando el nombre de la región a la derecha de la barra.

�Productos exportados en el año 191 O, en millones de pesetas
Millones

Productos importados en el año 191 O, en millones de pesetas

Mineral d e hierro . ..

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Algodón en rama. . .

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Cada dos cuadraditos representan 10.000.000 de pesetas.

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Simiep.tes .......... .

Legumbres .... ..... .

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Grasas . . .. . . . ..... .

Naranjas .......... .

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La longitud de cada dos cuadradito~ representa 10,000.000 de pesetas.

�EDICIÓN ECONÓMICA DE TEXTOS MODERNOS

El aprovechamiento del suelo en España comparado
con el de algunos otros países

PARA LA ESCUELA PRIMARIA

Tmeno Pradai
lmprocultindo y putos Bosques ductin

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España .... 39 % 20% 21 % 20

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Francia .... 59% 11% 16% 14%
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Alemania ... 49% 16% 26% 9%

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Inglaterra .. 4:8 % 30 % 4 % 18 %

Paralelamente a nuestra gran edición Gramática, la Geometría,'la Leott.wa, la Geode magníficos libros para Escuelas, que grafia y la H iBroria, van distribuida.a en
tan favorable acogida ha tenido entre tres grados (que no hay inconveniente en
los ilustrados maestros, lanzamos al pú- llamar elemental, medio y superior, como
blico una nueva EDICIÓN ECONÓMIOA que, se acostumbra). Es~as materias se complesin perder las altas condiciones de la tan con otras que son: la Zoología, la ~
primera, es decir, la perfección de su nica, la Física, etc., etc., que no van gratexto y la presentación artística, pueda duadas, y que el maestro puede adoptar
penetrar, por su infimo precio, en las Es- siguiendo su propio buen criterio y aeocuelas populares, de modo que los hijos modándose a las posibilidades y condidel pueblo puedan también entrar a par- ciones de la escuela que regente.
ticipar de los beneficios que para su forLa forma en que publicamos esta serie,
ma-ción espiritual representan nuestros pre- permite formar tomos de cursos compleciosos TEXTOS MODERNOS.
tos, organizados según las uecesidades de
Nuestra EDICIÓN ECONÓMIOA DE TEX· la escuela o criterio del maestro (procediTOS :MODERNOS, forma un todo &amp;rgánico, miento patentado), siendo una comodidad
en el cual las materias fundamentales de , y una economía al mismo tiempo, para el
la enseñanza, como son: la Aritmética, la 1 profesor y el discípulo, respectivamente.

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PLAN GENERAL DE ESTAS PUBLICACIONES (Fa pr-)

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Italia ... . .. 40% 25% 16% 13% 1\

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Austria yHungría. 40 % 24 % 20 % o%

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Rusia europea .•. 26 % 10 % 38% 20 %
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Grecia ..... 19% 37%

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Agricultura • • • •
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Instrucción cívica •
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Cantos escolares
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Recitación.
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Gimnasia. • . •
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1 Historia Sagrada
• 1
1 Historia del Arte
1
A dichas obras seguirán otras sobre P&lt;ileonto!-Ogía, Geo!-Ogía, Biología, Geografía Taumana, Biografías históricas, etc., etc.

.

.

.

. . . .

1

. . •
Vida de los Animales. . .
El hombre. Su vida física .

1 Vida de las Plantas

Cartilla (publicada)
Aritmética . . .
Geometría. •
Gramática •
Geografía. • •
Libro de lectura
Historia.
Trabajos manuales
Lecciones de cosas.
Fiüca y Quimica •

•

.

Un buen número de libros instructivos para premios formarán parte de la presente colección.

La ejecución del plan está a cargo de nuestro Director pedagcSgico

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Holanda .... 28% 37 % 8% 27

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S. A. INDUSTRIAS GRAFICAS SEIX &amp; BAIUU.L HERMS.
Jlroyenaa, 919

Construir los nueve rectángulos, cada uno de los cuales corresponde a una. nación. Represéntese
en cada rectángulo la part e de terreno cultiv ado, Ja de prados, la. de bosque y la de terreno inculto.

Cada pa rte puede colorarse con un color distinto.

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EDITORES

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BARCZLO:NA

Remitimos seguidamente, a petición, nuestro Catálogo general de obras para ianza Y educación, juguetes instructivos, trabajos manuales, etc., etc.

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S. A. l. G. SEIX &amp; BARRAL HERMS.
EDITORES

-,

Provenza. 219

-,

BARCELONA

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Libros para Escuelas, educación, wlgarización de ciencias, etc,, compuestos
según los principios que constituyen la base de la moderna pedagogía

GEOGRAFÍA
Geografía Física y Astronómica

(P. V1LA)
Tomo profusamente ilustrado y con un texto lleno de atractivos y de seriedad científica.

Geografía Universal (J. PALAU vea,.¡
Geografía de España y Portugal

(J.

PALAU VBaAl

Estos dos tomos son únicos en su género. Representan el primer intento
de llevar a la escuela el concepto moderno de esta ciencia.

Geografía Humana

(HeRBl!RrsoN)
Un tomo con magnificas ilustraciones. Todo el &lt;rne desee poseer un conocimiento serio de las relaciones que existen entre el hombre y la tierra,
debe adquirir esta pequeña obra maestra.

Ejercicios de Geografía
Trabajo manual y estudios combinados. Colección de siete mapas.

Cuadernos Geográficos
Mapas mudos de silueta, dispuestos para colorar y pera toda clase de
ejercicios.

Gráficas de Geografía
Colección de cuadernos dispuestos pare el trazado de estadísticas gráficas.

Cuaderno !,-Contiene datos estadísticos de Geografía general.
Cuaderno 11.-Contiene principalmente datos estadísticos referentes a la
producción española.

-

Cuaderno 111.-Magnífica colección de mapas, cada uno con su texto correspondiente, dispuestos para el trazado de los itinerarios de los grandes
viajes de exploración del globo.

firandes serlea di libroa 10 prensa ·• PÍOflftS! HU!STHOS CftlftlDfiDS, que enviamos avuelta de correo

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>La presente colección de Gráficas constituye un complemento muy adecuado del estudio de la Geografía, del dibujo de mapas y de los otros ejercicios que puedan acompañar la enseñanza de esta materia. Estos cuadernos permiten ofrecer a los niños los secos datos estadísticos rodeados de un nuevo interés, pues con ellos ha de hacer algo; y, además, la finalidad que tienen los citados da tos, que no es otra sino establecer una comparación entre ellos, por el procedimiento de las gráficas queda plenamente asegurada, pues la comparación aquí se hace forzosamente, porque lo más importante que conviene considerar y retener salta a la vista. Los editores de los presentes cuadernos se han propuesto facilitar el trabajo del profesor y del alumno, disponiendo los datos y el cuadriculado de manera que nada se tenga que ir a buscar o calcular fuera de cada página. Los datos elegidos son todos ellos vitales e interesantes, y lo mismo convienen a los alumnos de las clases adelantadas de la escuela primaria, que a los de las escuelas secundarias y de Comercio, Lanzamos esta serie en la seguridad de que hallará una buena acogida en todas las clases en que se enseña Geografía, porque, como decíamos más arriba, viene a ser uno de sus complementos más ilustrativos, cuyo contenido debe popularizarse y atraer la atención de todos los futuros ciudadanos. </text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753540&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
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                <text>La presente colección de Gráficas constituye un complemento muy adecuado del estudio de la Geografía, del dibujo de mapas y de los otros ejercicios que puedan acompañar la enseñanza de esta materia. Estos cuadernos permiten ofrecer a los niños los secos datos estadísticos rodeados de un nuevo interés, pues con ellos ha de hacer algo; y, además, la finalidad que tienen los citados da tos, que no es otra sino establecer una comparación entre ellos, por el procedimiento de las gráficas queda plenamente asegurada, pues la comparación aquí se hace forzosamente, porque lo más importante que conviene considerar y retener salta a la vista. Los editores de los presentes cuadernos se han propuesto facilitar el trabajo del profesor y del alumno, disponiendo los datos y el cuadriculado de manera que nada se tenga que ir a buscar o calcular fuera de cada página. Los datos elegidos son todos ellos vitales e interesantes, y lo mismo convienen a los alumnos de las clases adelantadas de la escuela primaria, que a los de las escuelas secundarias y de Comercio, Lanzamos esta serie en la seguridad de que hallará una buena acogida en todas las clases en que se enseña Geografía, porque, como decíamos más arriba, viene a ser uno de sus complementos más ilustrativos, cuyo contenido debe popularizarse y atraer la atención de todos los futuros ciudadanos. LOS EDITORES</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>��EXPLORACIONES DEL MUNDO

Las Gráficas de Geografía
La presente colección de Gráficas constituye un complemento muy
adecuado del estudio de la Geografía, del dibujo de mapas y de los
otros ejercicios que puedan acompaliar la enselianza de esta materia.
Estos cuadernos permiten ofrecer a los nilios los secos datos estadísticos rodeados de un nuevo interés, pues con ellos ha de hacer
algo; y además, la finalidad que tienen los citados da tos, que no es
otra sino establecer una comparación entre ellos, por el procedimiento de las gráficas queda plenamente asegurada, pues la comparación aquí se hace forzosamente, porque lo más importante que
conviene considerar y retener salta a la vista.
Los editores de los presentes cuadernos se han propuesto facilitar el trabajo del profesor y del alumno, disponiendo los datos y el
cuadriculado de manera que nada se tenga que ir a buscar o calcular fuera de cada página.
Los datos elegidos son todos ellos vitales e interesantes, y Jo
mismo convienen a los alumnos de las clases adelantadas de la escuela primaria, que a los de las escuelas secundarias y de Comercio,
Lanzamos esta serie en la seguridad de que halJará una buena
acogida en todas las clases en que se enselia Geografía, porque, como
decíamos más arriba, viene a ser uno de sus complementos más
ilustrativos, cuyo contenido debe popularizarse y atraer la atención
de todos los futuros ciudadanos.

LOS EDITORES

Registrado, 1916. - Copyright. - Todo perjuicio será perseguido por la ley.

NAVE ESCANDINAVA

LA NAO " SANTA MARÍA u

NAVÍO DEL SJGLO XVIII

DE COLÓN

'

BIBL.IOTECA

N AV E ROMANA
TRANSATLÁNTICO

CENTRA&amp;.

U. A. N.L

i

MODERNO

�Los fenicios y los cartagineses
De todos los pueblos civilizados de la glesas de Cornualles, y en las costas del
antigüedad fueron los fenicios los que Báltico (la costa de la Prusia actual)
más ensa"n.charon los conocimientos geo- buscaban ámbar.
gráficos. Extendieron sus viajes por el
Los cartagineses, descendientes de fe)far Rojo, y de aquí hasta el país de nicios, tuvieron un célebre explorador
Ofir, que se hallaba quizás hacia la des- llamado Hannon (siglo v antes de Jesuembocadura del Indo.
cristo), que bordeando la costa norte y
En el Mediterráneo fundaron colonias la occidental de Africa llegó hasta el
{Tiro, Sidón, Cartago, Cádiz). En busca golfo de Guinea.
de estaño llegaron hasta las costas in-

¡

•

••

l. Mar Rojo.-2. Desembocadura del Jndo.-3-4. Tiro y Sidón.-5. Oartago.-6. Oádiz.
7. Cornualles.-8. Prusia.-9. Golfo de Guinea.

Ejercicio.- Señalar con lápiz de color los paises visitados por lo,; fenicios. Con lápiz de
otro color señalar el viaje conocido en la. historia. de la Geografía con el nombre de Periplo ds
Hannon.

�Los griegos y macedonios
Los griegos tenían colonias establecidas en las costas del .Asia Menor, en las
del Mar Negro y en las costas mediterráneas de Italia, Francia y España.
Los que más contribuyeron a ensanchar
el horizonte de los conocimientos geográficos fueron .Alejandro Magno y Piteas.
Las conquistas de .Alejandro permitieron explorar todo el país que recorrió
triunfante: el .Asia Menor, la Persia hasta
el Indo, más allá de Nicea. Complemento
de dicha expedición fué la célebre exploración del experto marino N earco, que
desde la desembocadura del Indo fué re-

corriendo la costa hasta llegar a la desembocadura del Eufrates en el golfo Pérsico.
.Al mismo tiempo (siglo IV ante!'! de
Jesucristo) el matemático y astrónomo
Piteas, que era además un afortunado comerciante de Marsella, extendió los conocimientos geográficos de su tiempo, recorriendo todas las costas de España, las
atlánticas de Francia, las de Inglaterra.
y las prusianas del Báltico, en busca de
ámbar. Piteas llegó hasta lo que él llama
Tulé, que es seguramente una de las islas
Shetland.

Los romanos
En el siglo rr, el gran astrónomo y geóLa formación del Imperio romano extendió considerablemente los conocimien- grafo Ptolomeo, que vivía en .Alejandría,
reunió los conocimientos geográficos de
tos geográficos.
Los romanos exploraron parte del Sa- su tiempo y trazó un mapa del mundo,
hara. Nerón envió una expedición en bus- utilizando ya un siiltema de proyección
ca de las fuentes del Nilo. En el norte parecido ¡¡, los nuestros.
En este mapa figura ya el Extremo
llegaron hasta las desembocaduras del
W esser y del Elba y las costas del sur de Oriente, el .A.frica hasta una línea que va
del golfo de Guinea hasta Zanzíbar, las
Escandinavia.
Por el camino de la seda, que atravesaba el islas Canarias (.Afortunadas) y toda Eucentro del .Asia, se comunicaban con China. ropa.

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•

t)·

l. El Sa.ha.ra.-2. El Nilo.-3. Desemboca.dura. del Elba..-4. Esca.ndinavia..-5. China..-6. Extremo
Oriente.-7. Golfo de Guinea..-8. Zanzíbar.-9. Las islas Canarias.

l. Asia. Menor.-2. ,\lar Negro.- 3. Mar Mediterráneo.-!. Persia .-5. El río Indo.-6. Río Eufrates.
7. Golfo Pérsico.-8. Islas Sbetlan'd.

Eje,-cicio.-Seña.lar en el mapa, co n lápiz de color, la parte ocupada. por los establecimientos
griegos. Con otro color seña.lar las e xploraciones que r esultaron de la s conquistas de Alejandro. (El
viaje de Nearco puede señalarse con una línea de puntos. } Con otro color s eñalar el viaje de Piteas.

Ejercicio.- Llénense con lápiz de color las porciones de tierra. de que se tenia. noticia. Y que
figuran en el mapa de Ptolomeo. Señálense además, con lápices de otro color, los luga.l'es que explora.ron los roma.nos.

�Los árabes
Los árabes, continuadores de los griegos, tuvieron grandes astrónomos y matemáticos. Estos inventaron la manera de
determinar la posición de muchas localidades y de tomar la altura de las estrellas.
Los geógrafos más eminentes fueron
Edrisi (siglo xn), .Alboufeda (siglos xmx1v), Ibn Batouta (siglo XIV} y otros. .Al-

Los escandinavos

gunos de ellos realizaron grandes· viajes;
se cuenta que Batouta conoció países tan
alejados como el Senegal y la Siberia.
Los árabes conocieron y extendieron su
comercio por el Báltico, las orillas del
Petchora, la mayor parte del Asia, el Africa al norte de los 10° de latitud y la costa
oriental de Madagascar.

En la península escandinava vivía en
el siglo IX un pueblo, los normandos, muy
dado a la piratería y a la conquista. Las
expediciones normandas llegaron a penetrar en Francia hasta cerca de París,
en España y en el sur de Italia.
En el siglo x, Eric el Rojo puso el pie en
Islandia y de allí pasó a Groelandia, seguramente con objeto de establecer colonias.

Poco después, Leif, hijo de Eric, yendo
de Noruega a Groelandia, tomó una ruta
más al sur de la acostumbrada, y fué a
parar a una costa donde crecía la vid silvestre. Leif llamó a este país V inland,, y
se cree que corresponde a lo que es hoy
Nueva Escocia. Alli se establecieron colonias que fueron más tarde expulsadas por
los indígenas.

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l. Francia.-2. España.-3. Ita.Iia.-4. Islandia.-5. Groelandia..-6. Nueva Escocia.-7. Noruega.

l. Senega.1.-2. Siberia.-3. El Mar Báltico.-4. Río Petchora.-5. Latitud 10°.-6. Madagascar.

Ejercicio.--Seña.Iar con lápiz de color los viajes y descubrimientos de los escandinavos.

Ejercici-0.-Colorar la. parte del mundo que conocieron los árabes.

�Viajes del final de la Edad Media
Durante el siglo xm, el Gran Kan, jefe
poderoso de uno de los Estados mongoles
más importantes, se mostró tolerante con
los cristianos y recibió amablemente a los
misioneros.
En -1 246, el Papa Inocencio rv le envió
a Plan Oarpin, que saliendo de Breslau
llegó a Karakorum por Cracovia y Kiew.
Otros, siguiendo otras vías, llegaron a
Karakorum, residencia veraniega del Gran
Kan, pero el viaje más importante que se
realizó en esa época fué el del veneciano
Marco Polo.
Marco Polo, en el año,1271, cuando sólo
contaba diez y siete años, se embarcó en

Venecia. A pie pasó el monte A.rarat, bajó
a lo largo del Tigris hasta alcanzar el
puerto de Ormuz. Por tierra atravesó el
Pamir, y pasando por Kachgar, Yarkand,
Khotan y el desierto de Gobi, llegó por
fin a Cambaluc (Pekín).
En China pasó veintiséis años ejerciendo
altos empleos y después volvió a Venecia,
trayendo por primera vez noticias de Oipangu (El Japón) y descripciones de la Indochina, islas Malayas, Ceilán y costas de
la India, que fué_el camino que tomó para
su regreso. En este viaje también tocó en
O_rmuz, y de a,-uí siguió a Bagdad y a Trebizonda. Aqm se embarcó para Venecia.

El descubrimiento del camino de la India
Durante el siglo xv, las mercancías procedentes de la India, que llegaban a Europa por mediación de los árabes, alcanzaban elevados precios, y se pensó seriamente en hallar un camino que condujera
a aquel país con objeto de desposeerles de
ese monopolio.
El infante Don Enrique, de Portugal,
consagró a esta empresa todas sus rentas,
y a partir del 1416 organizó una serie de
expediciones que tenían por objeto hallar
el camino de la India por el sur del A.frica.
Hasta el año 1434 no se llegó a doblar
el cabo Bojador; en el 1441 se alcanzó el
cabo Blanco; en 1455 se pisó más allá del
cabo Verde y se descubrieron las islas de
cabo Verde (Alvise de Oa'da Mosto). En
el año 1481, los portugueses habían traspasado por primera vez el Ecuador, lle-

gando al cabo de Santa Catalina a 1° de
latitud Sur.
Durante el reinado de D. Juan II, en
el año 1482, exploraron la desembocadura
del Congo, y en 1485 Diego Oao llegó hasta
22° de latitud Sur.
Bartolomé Díaz (1487) fué más allá, y
arrastrado por una tempestad, se vió alejado de la costa africana. Cuando trató
de volver a ella no la halló, y remontando
hacia el Norte, desembarcó en la costa
oriental africana (Fish River), habiendo
doblado por primera vez el Cabo que después reconoció y lleva el nombre de cabo
de Buena Esperanza. .
Por fin, Vasco de Gama, en 1498 (seis
años después del descubrimiento de América) llegó a Calicut, habiendo pasado por el
cabo de Buena Esperanza y Mozambique.

l. Bresla.u.-2. Cracovia.-3. Kiew.-4. Karakorum.-5. Venecia.-6. )Ionte Ararat.-7. El rio

'Iigris.-8. Ormuz.- 9. Meseta del Pa:mir.-10. Kachgar.-11. Yarkand.--12. Khota.n.-13.
Pekin.-14. Japón.-15. Indochina.-16. Islas Malayas.-17. Ceilán.-18. Indias.-19. Bagdad.
-20. Trebizonda.

Ejercicio.--Señalar el itinerario seguido por Marco Polo.

l. Cabo Bojador.-2. Cabo Blanco.-3. Cabo Verde.-4. Islas de cabo Verde.-5. Cabo de Santa

Cata.Iina.-6. Desemboca'dura del Congo.-7. Grado 22 de latitud Sur.-8. Fish River.-9. Cabo
de Buena Esperanza.-10. Mozambique.-11. Calicut.

Ejercicio.-lr señalando, con lápiz de color, las distintas expediciones de los portugueses. Sobre
cada linea puede escribirse la fecha.

�El descubrimiento de América
Los cálculos de astrónomos y matemáticos atribuían a la Tierra dimensiones
muy inferiores a las reales. Según ellos, la
distancia que separaba la costa atlántica
española o portuguesa de la India por
tierra venía a ser la mitad de la que existía por el otro lado del Globo, entonces
desconocido.
Cristóbal Colón, natural de Génova, amparado por los Reyes Católicos, se decidió a explorar esa parte, en la seguridad,
según él, de hallar la·India siguiendo siempre el rumbo del Occidente.
El día 3 de Agosto de 1492 salió de
Palos con tres ·carabelas, y después de

tocar en las Canarias siguió el camino dei
Occidente, descubriendo por fin el 12 de
Octubre una de las islas del archipiélago
de las Bahamas, llamado Guanahaní y
después San Salvador (se supone que es
la llamada actualmente Watling). Después descubrió Cuba y Haití.
En el segundo viaje reconoció Colón
las pequeñas Antillas (la Dominica, Guadalupe, Puerto Rico y otras) y Jamaica.
En el tercer viaje llegó a la isla Trinidad y a la desembocadura del Orinoco.
En su cuarto y último viaje Colón llegó
a las costas de Honduras, hasta el istmo
de Panamá.

Otros viajes de exploración a América
En el año 1497, Juan Oabot, veneciano al servicio de Inglaterra,
reconoció probablemente las costas
de Terranova y las del Labrador
hasta la Carolina del Norte.
En el año 1500, Pedrálvarez Oabral, que se dirigía hacia la India,
fué arrojado por una tempestad a
las costas del Brasil, hacia los 16° de
latitud.
En el 1502 se reconoció la costa
americana entre los 5° y 25° de latitud Sur. (En estas expediciones se
hallaba Americo Vespucio.)
En el 1513, Balboa atravesó el
istmo de Panamá y vió por primera
vez el Pacífico.
En el 1517 se conocían las islas
Antillas e islas del golfo de Méjico,
algo de la Florida, gran parte de la
América Central a uno y otro lado
del istmo, las costas de Colombia y
Venezuela y el litoral SE. hasta el
Río de la Plata.
Después de la expedición de V erazzano (1523), el cual descubrió la
bahía de Hudson, se reunieron los
itinerarios de los varios exploradores y se comprendió que la costa se
continuaba sin interrupción, desde
el Salvador hasta el Estrecho de
Magallanes.

l. Terranova.-2. Labrador.-3. Brasil.

l. Palos.-2. Las Canarias.-3. Las Bahamas.-!. Cuba.-5. Haiti.-6. P equeñas Antillas.

7. Jamaica.-8. Trinidad.-:). Rio Orinoco.-10. Honduras .-11. Panamá.

Ejercicio.-Señalar con lápiz de color el itinerario de los cuatro viajes de Colón y colorar loa
países descubiertos en cada. uno de ellos.

- 4. Grado 5.-5. Grado 25.-6. Istmo
de Pana.má.-7. El Océano Pacifico.
- 8. Antillas.- 9. Golfo de Méjico.
- 10. La Florida.-11. Colombia.12. Venezuela..- 13. Río de la Plata.
- 14. Bahía de Hudson.-15. Estrecho
de Magalla n es.

•

15

-

E,ercicio.-Señalar con cruces los lugares descubiertos en los años citados~ ~scribiendo las fecha.a,
y con lápices de distintos colores las costas reconocidas después de la expedición de Verazzano.

�Las exploraciones en los mares australes

El primer viaje alrededor de la Tierra
Fernamdo de Magallanes, marino portugués al servicio de España, concibió el
plan de hallar un paso a la India por el
sur de América.
El 20 de Septiembre de 1519 salió la
expedición del puerto de Sanlúcar de
Barrameda, dirigiéndose a las costas del
Brasil. De allí, haciendo rumbo al Sur,
llegó a Montevideo, y pasando por la Patagonia (que él llamó así por creer que
sus habitantes tenían los pies muy grandes) alcanzó el célebre Estrecho que lleva
su nombre el 26 de Noviembre de 1520.
Una vez atravesado el Estrecho, a costa de enormes dificultades, navegó Maga-

llanes con viento favorable por el Océano
Pacífico, descubriendo las islas Marianas
y las Filipinas. En una de estas islas, la
de Matán, fué Magallanes atacado por los
indígenas y murió con algunos de sus compañeros.
López de Carvalho tomó el mando de
la expedición, que tocó en Borneo y en
las Molucas con objeto de proveerse de
especias. De los tres buques que habían
salido de España, sólo uno, el Victoria,
llegó a la Península en Diciembre de 1521,
mandado por el piloto vascongado Sebastián Elcano, después de haber pasado por
el cabo de Buena Esperanza.

A principios del siglo xvn permane- ¡ de Salomón, regresando al punto de parcían inexploradas las regiones australes tida.
del sur de Asia y de América. En 1616,
En el siglo xym (1769-70), Oook, saDirk Hartogsz tocó por primera vez en liendo de Taiti, reconoció la Nueva Zelas costas occidentales de Australia, y lo landa como formada por dos islas y el
mismo hicieron sucesivas expediciones de Estrecho de Cook; luego recorrió la costa
los holandeses; pero se seguía creyendo oriental de Australia. En un segundo viaque esas tierras no eran más que una sa- je (1772-75) atraviesa por primera vez el
liente del gran continente, que suponían círculo polar antártico para desvanecer
ocupaba todo el círculo polar austral.
la idea de la existencia de un continente
En 1642-43, .A.bel Tasman, considerado austral, reconoce las islas Marquesas y
como el primer marino de su tiempo, salió Nuevas Hébridas y descubre la Nueva
de Batavia (Java) con objeto de explorar Caledonia. En un tercer viaje descubre las
los mares y descubre el sur de Tasmania · islas Hawai y realiza exploraciones im(sin sospechar que se trataba de una isla) portantísimas en la costa noroeste de la
y las islas de la Nueva Zelanda. Después América del Norte, viniendo a morir en
tocó en las islas Tonga, las Fidji y las las islas Hawai a manos de los indígenas.

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l. Australia.-2. Isla de Java.-3. Tasmania.-4. Nueva Zelanda.-5. Islas Fidji.-6. Islas de Salomón.

l. Sa.nlúcar de Ba.rrameda..-2. Bra.siL-3. Montevideo.-!. Pa.tagonia.-5. Estrecho de Ma.galla.nee.
6. Islas Filipinas.- 7. Borneo.-8. Cabo de Buena. Esperanza.
Ejercicio.-Tra.zar con un lápiz de color el itinerario seguido por la. expedición de Ma.gallanes.

7. Taiti.-8. Estrecho de Cook.-9. Nuevas Hébridas.-10. Nueva Caledonia.-11. Islas Hawai.

Ejercicio.-Colorar las tierras descubiertas y reconocidas por TaBman y por Cook.

�•
Las exploraciones al Polo Norte

Las tierras y mares desconocidos a fines del siglo XVIII
A fines del siglo XVIII quedaban por
explorar:
En Asia: El interior de Borneo y Sumatra, el interior del Tibet, el norte de
Siberia y los Océanos Artico y Antártico.
En Africa: casi todo su interior.
En América del Sur: la parte sur de la
cuenca del Amazonas, el interior de la
Argentina y los Andes.

En la América del Norte: todo el país
comprendido entre los ríos Misisipí y
Mackenzie y el Océano Pacífico. Además,
todas las tierras heladas del norte del Canadá.
En Oceanía: el interior de Nueva Guinea, el interior de Australia y el de Nueva
Zelanda.

Las exploraciones al Polo Norte han
tenido su origen en la busca de un paso
por el Nordeste, y otro por el Noroeste que
permitiera comunicar el Atlántico con el
Pacífico, sin tener que pasar por el cabo de
Buena Esperanza o por el cabo de Hornos
en América.
Jfoc- alure, en 1853, halló el pasaje N oroeste, pero sólo franqueable con auxilio
de trineos desde el Estrecho de Bering
hasta el Atlántico, pasando por los Estrechos de Bank, Melville, etc.; N ordenskiol,d, en 1878, franqueó el del Nordeste,
pasando del Atlántico al Pacífico.
Muchas han sido las expediciones que

han tenido por objeto explorar el Polo
Norte.
Desde mediados del, siglo XIX se des~
pliega una incesánte actividad por descubrir y poner el pie en el mismo Polo
Norte. Varias son las naciones que organizan expediciones científicas, entre las
cuales citaremos la de Markham (1876),
que alcanzó el grado 83° 20'; la de Lockwood (1882), el 83° 30'; la de Xansen
(1895), el 86° 13'; la de Oagni (1900), el
86° 35'; la de Peary (1902), el 84° 17', y,
por último, la del mismo Peary, que logró
plantar el pabellón americano en el Polo
Norte el 6 de Abril del año 1909.

90°

6

u

l. Borneo.- 2. Suroatra.- 3. El Tibet.-4. Siberw..-5. Océano Artico.-

6. Océano Antártico.7. Cuenca del Amazonas.- 8. La Argentina.- 9. Los .Andes.- 10. Misisipí.- 11. Río Mackenzie.
- 12. El Canadá .- 13. Nueva Guinea.-14. Australia..- 15. Nueva. Ze1'1,nda.

Eiercicio.- Colorar con un lápiz obscuro toda la parte del pla neta que faltaba.-explorar a fines
del siglo xvm.

-

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Ejercicio.- Prolongar ~as b arras in~cada.s de modo que terminen en flec has, cuyas puntas señalen la. latitud que alcanzó cada uno de los exploradores citados . Las barras pueden colorarse y
encima de ellas conviene escribir el nombre del viajero y la fecha.
1

�La exploración
al Polo Sur'
La exploración del Polo Sur ha ofrecido riodo de abandono, se inician nuevas exsiempre mayores dificultades que la del pediciones que tenian por objeto, más que
pisar el Polo, estudiar las tierras y hacer
Polo Norte.
DMvanecida con las expediciones de observaciones científicas. Los únicos que
Cook la creencia en un gran continente se propusieron alcanzar el mismo Polo
austral, fué preciso el estímulo que presta fueron Scott, Shackleton y .Amundsen.
la curiosidad científica para que las na- Scott, en 1901, logra escalar la muralla de
ciones se decidieran a enviar al Polo Sur montañas que dificulta el acceso al Polo
y llega hasta los '80° 17'. Shackleton, en
expediciones de estudio.
Los progresos hacia el Polo Sur fueron el 1907, llega hasta 170 kilómetros del
lentos. En el 1838 empezaron a descu- Polo, y, por último, .Amundsen, el 14 de
brirse las tierras que efectivamente se Diciembre de 1911, alcanzó el mismo Polo
hallan en el Polo Sur; pero los frios, aqui Sur, plantando alli el pabellón sueco que
más intensos que en el Polo Norte, las es el de su patria.
Pocos días después, el capitán Scott,
violentas tempestades y las altas murainglés, alcanzó también el Polo, pero tuvo
llas de hielo dificultaban el avance.
La eXJ?edición de Ross, en 1842, alcanzó la desgracia de perecer en el viaje de
el grado 78° 10', y después de un largo pe- vuelta.

'.Paralelamente a nuestra gran edición
dé magníficos libros para Escuelas, que
tan favora.ble acogida ha tenido entre.
los ilustrados maestros, lanzll,DlOS al público una nueva. EDICIÓN EOONÓJIIOA que,
Jip, perder las altás condiciones de la
~ es decir, la perfección de su
texto y la. presentación &amp;rtistica., pueda
penetra.r, por BU fnftmo precio, en la.a Escuelas populares, de modo que los hijos
dél pueblo puedan también entrar a. pa.rticipa.T de los beneficios que pan su forina,eión espiritual representan nuestros preciosos TEXTOS :MODERNOS.

Nuestr&amp;

EDIOIÓN EOONÓ:MIOA. DE TEX-

TOII MODERNOS, forma, un t.odo orgánico,
en el ~ la.a materias fundamentales de

la ensefla.nza., como son: la Aritmética, la

90°

~

la Geofltdriá, la, .ücfu
grafía y la Hialoria, van distrib
tres grados (que no ha.y inconve
llamar elemental, medio y Bll
se a.costumbra.). Estas m&amp;terias
ta.n con otra.a que son: la, Zoolo
niea, la 1'ísica, etc., etc., que
duadas, y que el maestro pued
siguiendo BU propio buen cri:
modándose a. la.a posibilidad
clones de la. escuela. que i:egen
La forma en que publicamos
permite formar romos de
tos, organiza.dos según la.a n
la. escuela o criterio del maestro
miento patentado), siendo una
y una economia al mismo tiem
profesor y el discipulo, respeeti:

PLAN GENERAL DE ESTAS PUBLICACIONES ~ prema)
Grado■

88º

•

.(publicada) • • • • • . • 1 V"ula de Ja1 Planta• • • • •
• • • • • • • • • • • 3 Vicia de 101 Animal-. . •
• • • • • • • • • • • 3 El hom.'bre. Su vida fúica •

mática. • • • • • • • • • • 3 ~ • • • •• • • • ,,
aafia • • • • • • • • • • • 3 lmtracción dYica • • • • •
l'O

ele lectura. • . • • • • • . 3 Cantos esc:olarn. • • • . • •

ria. • • • •
.• manual-.
• ne1 de coaas.
ilica y Qufmica •

u u
---------------:.. Eicrcicio'.-'--Indicar por medio de flechas las distintas latitudes alcanzadas por los exploradores
citados. Encima de cada flecha escribase el nombre -y la fecha. Pueden colorarse las barras con
un lápiz de color.

•
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. .
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• •.

3
3

Recitación. • • • • • • •
Gimmllia • • • • • • • •

1 Historia Sa«rada • • • • •
1 Historia def Arte • • • . •
.A aichas obras seguirán otras sobre Ptileontología, Geología, Bio'l&lt;&gt;gíg,, Geo
na, Biograf'af hiBtóricaB, etc., etc.
Un buen número de libros instructivos pan premios formarán párt.e de
te colección.
La ejecución del plan nti a cargo ele naestro Director peclas'8ico - -•-511

,

S. A. INDUSTRIAS GRAFICAS SDX &amp; BARRAL
EDITORltS

Remitimoa seguidamente, a petició11, •estro Catilogo general de ol,r• para iianza y educación, japetel iatractiwa, trabajoa ma1111al-, etc., etc.

~

�Provenza. 219

.,

IIAtt:C&amp;~ON

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.-.lpriQCi6b A ciuc"

Jo,-111

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eilu~f

iveraali,:. P
Eapaiia y Po
(J. PAf.
son úitlcos en su género, epresentan
~eta el concepto moderno de esta cien
Uffl8ft&amp; {Hmtllt!RTSoN)
a,nfficas ilustraciones. Todo el quE! desee
•o de las relaciones que e;dsten entre el homb
esta pe(J',leña obra mee~.

de Geografía:

el y estudios combinados. Colección de siete mapas.

Geográficos

oa de silueta, dispuesto■ para colorar y para toda clase

Geografía

·

e cuadernos dispuestos para el truado de estacllsticaa
;..;;Contiene datos estadísticos de·G ~ a general.
ontlene principalmente datoa estadísticos referen
A!SPaiiole.
·
-Magnifica colección de mapa9, cada uno con 1111 texto.;
elitt,, dispuestos para el trazado de loa itlrierarlos de los gtan
e,eitplo~ión del globo.

llrü ■ -

:: Pillll lllffll mi-•11111111•••

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                  <text>La presente colección de Gráficas constituye un complemento muy adecuado del estudio de la Geografía, del dibujo de mapas y de los otros ejercicios que puedan acompañar la enseñanza de esta materia. Estos cuadernos permiten ofrecer a los niños los secos datos estadísticos rodeados de un nuevo interés, pues con ellos ha de hacer algo; y, además, la finalidad que tienen los citados da tos, que no es otra sino establecer una comparación entre ellos, por el procedimiento de las gráficas queda plenamente asegurada, pues la comparación aquí se hace forzosamente, porque lo más importante que conviene considerar y retener salta a la vista. Los editores de los presentes cuadernos se han propuesto facilitar el trabajo del profesor y del alumno, disponiendo los datos y el cuadriculado de manera que nada se tenga que ir a buscar o calcular fuera de cada página. Los datos elegidos son todos ellos vitales e interesantes, y lo mismo convienen a los alumnos de las clases adelantadas de la escuela primaria, que a los de las escuelas secundarias y de Comercio, Lanzamos esta serie en la seguridad de que hallará una buena acogida en todas las clases en que se enseña Geografía, porque, como decíamos más arriba, viene a ser uno de sus complementos más ilustrativos, cuyo contenido debe popularizarse y atraer la atención de todos los futuros ciudadanos. </text>
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                <text>La presente colección de Gráficas constituye un complemento muy adecuado del estudio de la Geografía, del dibujo de mapas y de los otros ejercicios que puedan acompañar la enseñanza de esta materia. Estos cuadernos permiten ofrecer a los niños los secos datos estadísticos rodeados de un nuevo interés, pues con ellos ha de hacer algo; y, además, la finalidad que tienen los citados da tos, que no es otra sino establecer una comparación entre ellos, por el procedimiento de las gráficas queda plenamente asegurada, pues la comparación aquí se hace forzosamente, porque lo más importante que conviene considerar y retener salta a la vista. Los editores de los presentes cuadernos se han propuesto facilitar el trabajo del profesor y del alumno, disponiendo los datos y el cuadriculado de manera que nada se tenga que ir a buscar o calcular fuera de cada página. Los datos elegidos son todos ellos vitales e interesantes, y lo mismo convienen a los alumnos de las clases adelantadas de la escuela primaria, que a los de las escuelas secundarias y de Comercio, Lanzamos esta serie en la seguridad de que hallará una buena acogida en todas las clases en que se enseña Geografía, porque, como decíamos más arriba, viene a ser uno de sus complementos más ilustrativos, cuyo contenido debe popularizarse y atraer la atención de todos los futuros ciudadanos. LOS EDITORES</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>llaldóa
del mtma1 por V'8ques D(u)

AIOill ::
-

NIÚII, 9

MAYO
1920 _ . .

tmp. •EIDERN.l&gt;

RIVIST.l linllUA

Ofk¡,Jlllltnlk - · IZO
- · ... L4
Tolt~ ...... ITII F!D01CIDI DI Ell'IIIIAITU

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l D&amp;!i~tGA, -por el Dr. F6o~
...,.. gB!affi!C08.''-D.B •• •

..ull&gt;ll0808, "

·por A...;..--..10
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ALBERTO TESCIIE

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No fué Pérez Galdós escritor muy dado a cultivar una cómo&lt;la simbología en sus novelas, talvez
porgue siempre tuvo el entero valor de encarar la
reah&lt;lad de su época llamando al pan, pau, y al
vino, vino. Ni en sus Episodios , en los que trató
las más delicadas cuestiones históricas, de esas
que los pueblos veneran como a las imágenes en
los templos; ni en sus Novelas Contemporáneas, en
cuyas páginas mostró viva y palpitante a la sociedad 1 al pueblo espaiíoles de promedios del pasado siglo, co11 sus virtudes y sus defectos, con sus
pasiones incestuosas y sus rigorismos fanáticos,
Jamás don Benito buscó fáciles eufemismos o revesadas alegorías a fin de diluír al uno por mil
sus ideas, que siempre fueron firmes y resuelta~.
Los símbolos, cuando intervienen en sus novelas,
-

I

-

�constituyen un simple recurso artístico, que en
ningun caso perturba o Yiolenta la naturalidad del
asunto. Porque Galdós, como Zola o Tolstoy, tuvo siempre la firme conciencia de su labor, cuyo
profundo y a veces apasionado arraigo humano le
costaron más de una mordeJura y más de una
póstuma reserva de gratuitos enemigos que no pudieron tener esa noble entereza de que dió pruebas
Pereda cuando escribió ccSotileza)} para refutar a
«Gloria&gt;), como don Benito había replicado con
esta su novela a «El escándalo)} de Alarcón.
La acción ideológica que se con vierte en motivo
alegórico o en prédica doctrinaria campea y suele
ser frecuente en algunas de sus obras: ahí están
«La primera república)}, ((Nazarin)), «Tarquemada)), «Miau», «Amadeo I», «El caballero encantado)), (cRealidad)). ccLa sombra)~, en cuyas
paginas puede estudiarse en toda su amplitud la
ideología galJosiana y la realidad del problema
espaiiol, Hombre de su época y Je su hora, don
Benito fué un realista en el más amplio sentido de
la palabra y como tal siempre vivió preocupado
del progreso de su pueblo y del advenimiento de
las nuevas ideas que comenzaban a transformar
las instituciones en el continente.
Ninguno antes que él, ni Feijoo, ni Jovellanos,
ni Larra, sintió más por lo vivo el problema social
y moral de su pueblo: sus Episodios y sus Novelas Contemporáneas constituyen la más alta glorificación y la más dolorosa censura de un país en
cuyos hechos anJuvieron siempre fundidos en estrecho maridage el impulso noble y el ruín fana-

2

--

tismo destructor; que suele volar en alas de las
grandes aspiraciones o arrástrase cegado por la
venganza y la inconciencia.
Pérez Galdós, que fué el más elocuente vocero
de su raza: que escribió la epopeya de un pueblo
durante un siglo, pensó también a tiempo como
Costa y antes de la triste guerra de Cuba, que
Espaua debía ponerle doble vuelta de llave al
sepulcro del Cid.
NAZARIN

¡Nada más triste que un apóstol colocado fuera
del medio que le debió deparar el destino! Nazarin
pudo nacer y vivir en el siglo trece, en los tristes y
obscuros atios medioevales, de inquietas superticiones y fatídicos terrores; pero, en los ajitados
días de la pasada centuria, su presencia no podía
constituír más que un romántico anacronismo.
Nazarin, apostólico, ungido con el óleo de la
Iglesia y arrojado de ella por encubridor de livianos pecadores; Nazarin, capaz de vivir tan sólo
aiiorando días mejores que los actuales de crudo
materialismo; Nazarin, místico empedernido e incorruptible, protector de tristes rameras y de astrosos vagabundos; Nazarin, pobre y piadoso como
el santo de Umbría, es el símbolo del cristiano
puro, del varón evangélico; una especie de Cristo
perdido y claudicante, sin más discípulos que sus
misérrimos protegidos.
Y corno la Iglesia y sus fieles no conciben santidad sin ortodoxia, be aquí que Nazarin no pasa

-3-

�de aparecérsele3 sino como un herege, un simple
prevaricador, que en el severo antaño inquisitorial
hubiera llegado a purificar sus faltas con sus carnes temblorosas tostadas sobre los carbones encendidos del Santo Oficio.
BENJNA

¡Qué obra tan triste y desolada es aquella inolvidable «Misericordia)) del maestro! Casi no se
lleQa a pensar en una novela porque el asunto y
la mtriga no existen: sólo nos la imaginamos como
un cuadro, como una escena animadísima, como
una tajada de vida, que decía el poeta.
Benina, mujei· del pueblo, resignada y querendona, encarna el tipo de la criada fiel. que sólo
vive para la casa en la cual sirve. Tras contínuas
dilapidaciones, su patrona viene a menos y se encuentra en la indigencia y acaso caería en la miseria si Benina no llegase hasta la vecina iglesia
a tender la sarmentosa mano, aguardanuo la
limosma que ella sabrá convertir en el pan de cada
día para el hogar, sin que su patrona logre saberlo. Una maíiana, al regresar Benina, encuentra
la buena nueva de que ha llegado una herencia
providencial y con ella la hora de su infortunio,
porque la arrojan de la casa pagando toda su
abnegación con una dádiva.
Benina, en medio de los mendigos, tiene el valor de un símbolo: es toda la humanidad que aún
se revuelve en la miseria y que, en su inconciPncia, parece ser feliz porque no tiene más preocupación que la del avaro mendrugo.

-4

¡Cuánta ternura) cuánta misericordia íluye de
esta _abnegada y compasiva figura de mujer! ¡Cómo rnteresa y conmueve también, en medio de ese
ambiente popular, la figura resplandeciente del
ciego Almudena, Job astroso con el ce1·ehro poblado de estrellas; estraiío peregrino de todas las
tierras con alma de romero, que sabe de gnomos
y mujeres ir-leales, que nunca vislumbraran sus
pu¡~ilas sin l_uz, J que llega a enamorarse de la ya
anciana Benma, porque ella no es más que una
ilusióu!

T ORQUEllADA
La trilogía novelesca de Torquemada podría tener un subtítulo: historia moral de un hombre a
quien no redimió el dinero. En vano, en su miser~ble vida, recibe a tiempo las terribles anticipaciones de la mue~~e,-cuando caen su hijo ) su
esposa-porque lorquemada, tras una leve inquietud, que se traduce en obscuro remordimiento religioso, vuelve a ser el implacable avaro de
siempre; sigue .sintiendo la nostalgia de su cuchitril de los barrios bajos, que le obsede más que
nunca en los momentos en que Lodos se inclinan
ante él, cuando ha subido más alto y es banquero
y noble y senador y se le consulta y se le adula. No;
Torquemada no es feliz: su naturaleza ruda, su
mezquindad ingénita, añoran la libre miseria de
su madriguera- usuraria, donde no se veía crucificado en medio de las convenciones sociales, a las
que nunca podrá adaptarse. En vano su cuñada le

-5-

�prepara un camino de seda para sus éxitos, le
franquea las puertas más cerradas, le habla del lujo,
de la elegancia, de la opulencia y de los caminos
beatíficos de una salvación ultraterrena, porque el
adusto Torquemada, tras entregarse, se fatiga, se
asfixia, en un ambiente para el cual siente no
haber nacido y muere casi tan impenitente como
ha vivido, tan avaro y tan egoista coino siempre,
porque en su sórdiva comprensión de la vida jamás se &lt;lió a cavilar formalmente en otra posibilidad que en la de sus negocios terrenos, en los
cuales la religión se le aparecía cual uPa simple
transacción, como un contrato bilateral con el Ser Supremo, que para él sólo le significaba el interés de
la salvación, pues su conversión podía ser tanto la
de su alma corno la de sus valores.
Talvez sólo en el caso del Angel Guerra don
Benito intentó tan com_pieta y profunda anatomía
de un alma: el carácter fuerte, amargo y rudo de
Torquemada, estudiado a través de todas sus adaptaciones momentáneas, que no logran aminorar
su codicia ni debilitar su fiero egoísmo, a pesar
de la muerte de su hijo y de su esposa, y a pesar
también de la implacable acción de su cuiiada que
se vale del misionero a fin de ganar para la piedad
aquella alma de prestamista, buscando el último
camino de su futura redención, constituye un estudio sencillamente admirable, una creación imperecedera del maestro.
El alma estrecha y mezquina de Torquemada,
que sólo supo vivir obsedida por los bajos intereses materiales del debe y del haber, no logró lle-

-

6 --

gar a su purificación a través ele ninguno de los
camino.s porque, más fuerte que la muerte, foé su
codicia.
ANGEL GUERRA

Alma f?rjada en el fuego de una pasión, espíritu encendido e~ la f~ de un convencimiento profundo, revoluc.10nar10, descreído, lanzado como
una flecha certera en la dirección de una finalidad,
Angel _G':erra se e~amora un día y abdica ante
el senllmwnto hu1mlde y ante el penetrante misticismo de una mujer. Ella pasa a encarnar un ideal
y este ideal crea en él la religiosidad de un fuerte
amor: Angel ama ~ Leré y Leré le corresponde a
ese su amor ofreciéndole su fé y su cristiana virtud; él ha llegado al amor a través de la divina
sug~sti?n que la belleza
ella ha ejercido en sus
sentrnuentos; su conversión, más que obra del razonamiento, lo fué del amor.
El sentimiento anticipó aquella conversión, ahorrando la necesaria crisis que debió consumir a
A_ngcl Guerra? ¿~c~so la pasión por Leré era el
disfraz d~ una cns1s moral más honda? ¿O es que
la fcme~ma suge~,ti_ón llegó en el momento en que
la reflexión rnetahs1ca haeía consumado la crisis?
No: Angel Guerra se debe a un accidente tan instantáneo como profundo: la influencia de la belleza y de la correspondencia amorosa le mueven a
ser un revolucionario arrepentido, que se ' transforma en un converso melancólico. Su amor no

?e

-

7 --

�se trans1nula en una divina pasión mística, sino
que en un fuerte y real objetivo humano.
LEÓN

Roen

A León Roch le acontece lo contrario que a Angel Guerra: acaso ha partido del mismo punto que
este, ya es un libre pensador tranquilo, escéptico
e indiferente en materia de fé, que sólo sueña en
cumplir con un deber patriarcal formando una familia; pero, al unirse con María Ejipciaca, la mística y santa mujer, que sólo vive para Dios en el
seno de la Iglesia, se da cuenta, aunque un poco
tarde, que ella en realidad no le pertenece porque,
en todo momento , le pospondrá a su deber, a su
esclavitud espiritual, a su vínculo religioso. ¡Pobre indefenso León Rochl ¿Qué podrá él contra
la acción del confesionario, contra la constante
presencia de Dios que embarga la débil voluntad
de la esposa? Sólo el amor podría redimir a Maria
Ejipciaca, devolviéndosela entera, pero el amor se
ha helado en su corazón cediéndole su dominio al
deber, a la obediencia que el sacerdote le impone.
En vano León se desespera y sufre y cavila porque toda una tradición ha moldeado el alma de
María; todo el sentimiento de una familia conformó t;U carácter a una estrecha norma de ccnducta;
sentimiento de una casta en la cual, como tan justamente observaba Clarín, so daba toda esa terrible
variedad del católico, que el novelista estudió de
mano maestra: catolicismo de padres a hijos,

-8-

mantenido antes por sumisión que por libre exámen.
Allá, en lo más remoto de sus sueños, León
Roch había soñado con un hogar tranquilo, en el
cual el dulce contacto de la esposa hubiera mantenido el perfecto acuerdo, el calor del vínculo sagrado que pide la Iglesia; sin embargo, la realidad sólo le hace sentir su terrible aislamiento y la
absoluta ausencia de ternura.
María Ejipciaca no ha sido, no llega ni puede
llegar a ser livíana, pero es indiferente contrariando su temperamento sano y viril: sin quererlo obligará a su esposo, en su completa ausencia mística,
a encontrar lejos de su hogar el amor de una mujer. Y he aquí, entonces, el milagro de la vida y
del amor: en María l!;jipciaca los celos, los celos
encendidos y ciegos, se sobreponen al obligado
misticismo y resucita, en todo su calor, la mujer
que reclama sus derechos, la hembra que ha despertado para arrojarse al cuello de su esposo, de
lo que le pertenece, de lo que nadie le puede quitar; la mujer que defiende los derechos del amor
con toda la fuerza de su instinto, como Fortunata,
la apasionada, la fuerte, la grande, la única: mujer por sobre todos los convencionalismos, por sobre todos los derechos, porque en ella duerme la
vida que se multiplica, el hijo que ha de nacer
de un beso fecundo.
JosÉ MA.níA
José María, el indiano adinerado de «Lo Prohibido», casi vale por un símbolo único: él repre-

9-

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scnta el &lt;linero que soborna, veja, adquiere honras
J troncha felicidades, y acelera el propio sacrificio. José \laría es la fortuna opulenta y la tentación codiciada, en un hogar &lt;le mujeres frívolas.
María Juana, Eloísa y Camita, las tres hermanas,
frenLe al primo adinerado, presentan un cuadro
completo de ambiente social, de una clase pobre
que ambiciona gozar de las prebendas que ofrece
la riqueza. José María enamora una a una a sus
tres primas: María Juana y Eloísa se entregan
porque el para ellas irresistible dinero sustituye
eón ,entajas al amor; sólo Camila, la menor, se resiste~' no se rinde al burlador profesional: su virLud
sencilla y fuerle está a prueba de flaquezas, y su
honestidad tendrá su compensación en el fin poco
edificante de José .\1aría, a quien consume pronto
su sensualidad y le hace presa de horrible parálisis, postrando su cuerpo tembloroso, hasta que
sucumbe al golpe de una muerte demasiado pronta.
lle aquí, encarnado en José :\Iaría, un nuevo
aspecto del donjuanismo moderno, que sabe trocar
los recursos del fácil amor en armas de Satanás.
El indiano, el primo opulento, represen La al buelador práctico, que tan bien se acuerda con la desmedida cuanto amoral ambición del lujo en la
sociedad &lt;le nuestros días. José .\1aría no es el sctlncLor apasionado, sino que el fr:o sobornador &lt;le
la ,irLu&lt;l, que promete boato, htjo, ostentación a
cambio de la honra, del placer sensual, conquistado sin otros esfuerzos que el de un fácil y sucio
convenio. anticipo del vicio y escuela de la prostitución.
-

10 -

Anle el adinerado seductor ,se rinde Eloísa a
cambio de lujo, J de esta manera querrá también
el ricacho obtener la fácil concesión ele Camila,
tras ele seducir a la hermana mayor.
Lms Go:-.zAG.\
Por el , asto escenario en que se desarrolla la
comedia humana en la novela de Galdós, suele
cruzar más de una seráfica figura que, como la de
Nazarin, &lt;leja tras su presencia una estela luminosa. Es el caso místico del ingénuo J adorable Luis
de Tellería, en e&lt; La familia de León Boch», que en
su corta e-xistencia sólo trató de realizar la más
perfecta )' orlo&lt;loja imitación de Luis• Gonzaga, el
san lo.
Temeroso y escoudi&lt;lo de sí mismo, con tremendo cilici~ cc1iido a su cuerpo, buscando c-n
todo la mortificación; anacoreLa consumido por el
apasionado amor de Dios, este nuevo Luis Gonzaga
realiza el raso de la más perfecta e inútil santidad
en el seno de la iglesia. Su religiosidad no hizo
sino buscar por todos los caminos la proximidad
de la muerte, para llegar pronto a gozar de la
eterna bienaventuranza. Como Teresa la santa él
decía a cada instante que moría de no morir: "Si
me envanezco demasiado de morir, queridas de
mi alma, puede que Dios me castigue, condenándome- a vivir algún tiempo más.&gt;&gt;
Gust:iba de la soledad y por las mañanas se pasaba la.s horas muertas de hinojos en la iglesia,
cslrcmando el cotidiano ejercicio purificador de su

-

])

-

�alma blanca. Casi no tomaba alimentos, a pesar
de que su leve cuerpo no los necesitaba, pues no
era más que una lámpara transparente, en cuyo
interior agonizaba la llama de su vida como un
suspiro. Por las mañanas solía advertir la servidumbre que su lecho estaba intacto: era entonces
que Luis había mortificado una \'ez más sus carnes pecadoras durmiendo en el piso duro y helado. Con los ojos fijos en el suelo, jamás levantó
sus pupilas para mirar a una mujer que no fueran
su madre o su hermana María Ejipciaca.
Cuando los médicos le anunciaron el mal irremediable que agostaría pronto su vida, Luis sintió
un gozo inmenso, contribuyendo a acelerar su
próximo fin con toda clase de privaciones y con el
rechazo de las medicinas obligadas.
una noche, sentado en el jardín, en suave plática con su bienaventurada hermana, rindió su
alma en un sÚspiro. «Su cabeza se fué inclinando
lentamente del lado de su hermana, hasta que cayó
sobre el hombro de ésta, como si le rompieran las
vértebras del cuello. Cerró los ojos, de sus labios
salió leve suspiro, y se murió como un pájaro que
se duerme.» Tan edificante como su inútil vida
fué la angélica muerte de Luis.
GLOnrA

Contra el torcedor de su conciencia, que le impone el sometimiento a la autoridad social, religiosa y familiar, se rebela la conducta de Gloria,
mujer que no ignora los convencionalismos que la
-

12 -

rodean. Todos los suyos viven en olor de santidad
y su padre sólo piensa educarla en el sagrado
temor de Dios. Pero, un día llega hasta ella la
revelación presentida en medio de su religiosidad
y de sus lecturas: es el amor inesperado, el amor
triunfante que arriba con el judío Morton.
Más ¿podrá Gloria entregar su corazón a un
hereje, a un impío? Contiene ella su primer impulso; cierra su pecho con doble llave a un sentimiento que, según se lo anuncia el anatema de su
tío el obispo, constituirá su condenación. Calla y
se resigna Gloria, confiando acaso en el lenitivo
del tiempo. Pero el amor es fatal como la muerte
y mientras más se le rehuye está más cerca: si
Morton se aleja de su lado, sabrá tornar pronto llegando a sofocar el pecho virginal de la dulce niña.
Entónces la pasión hinca su garra implacable y
Gloria sucumbe ante el infiel. Es el rayo trágico
que ha venido a estallar sobre los suyos: ILa hija
de un Lantigua deshonrada por un judío, por un
enemigo de su religión! Esa herida es demasiado
honda para no quebrantar las energías más enteras: el padre de Gloria sucumbe, fulminado por
aquel rayo iracundo. iAh, fatalidad ciega e inevitable! cPodrá el amor reitañar toda la sangre de
esa herida en el corazón de Gloria? \!Podrá el recuerdo del padre muerto no llamar cada día a la
conciencia de la hija culpable?
Gloria ha obrado bien porque el esposo elegido
es digno de ella. cAcaso debió rendirse a la potestad paternal, que le imponía la disciplina inflexible de la estéril autoridad religiosa? Más _que ah-

"

�negación el medio le exigía un inútil sacrificio, el
sacrificio de su vida y de la libertad del espíritu.
El exagerado ambiente de falsa religiosidad preparó la catásLrofe de su honra, que tuvo por consecuencia la muerte de su padre, y rebajó en ella el
puro sentimiento maternal de la mujer a quien el
amor dignifica y sublima. Mujer, grande y fuerte
al fin, Gloria comprende que no puede existir para una madre imperativo más categórico que el
amor del esposo y del hijo de sus entrañas: así
cuando, enferma, casi moribunda, huJe del lecho,
camino del convento que le imponen los que prepararon su sacrificio, comprende el error monstruoso que va a cometer y emlereza sus pasos
hacia donde se encuentran su hijo, el hijo de su
amor único y el esposo, que la aguardan rebosantes de ternura. Gloria llega a morir junto a
ellos, donde e~t/Í la mitad de su vida, lejos, muy
l~jos del fanatismo estéril y egoísta.
La primera y la última rebelión de Gloria la
dignifican y la enaltecen: es la mujer, es la esposa y es la madre la que ha abierto los brazos al
que llegó un día al hogar para libertarla del seuo
de la familia de los Lantjgua, donde todo se rendía ante la autoridad familiar o ante la potestad
religiosa. Su caída no fué el desliz de la mujer
liviana, sino el acertado error Je la mujer apasionada que, en foerza de amar ciegamente, sólo llegó a concebir la vida como un acto de amor, divino fuego que todo lo consume y todo lo purifica.

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vivido y trabajado
y eras el cuerpo de un hombre coloso
recio en la planta y nimbado
como todo arquetipo plenam~nte acabado
de una fina dulzura de reposo...
'

II
TRONCO de roble: en duros muñones
llevaste miel de panales·1
'
y cerraste el ciclo de las estaciones;
y hubo para todos, en las profusiones
de tu copa...
Anidaron pardales
en el entronque de tus ramas capitales
y cubrieron del suelo patrio los desaarrones
tus flores y tus hojas otoii;iles ...... "

III
GLORIOSO cráneo, arrebujado
entre los pliegues del paño listado,
sobre el que ful~es como diadema,
hé aquí, en sobrio emblema,
tu vivir figurado:
ta alma que sale a la quietud suprema
por el reBqnicio hendido
del capullo de seda que ella misma ba tejido ......

�Vll

IV

TU En
habías trabajado....
labor de gañán y de obrero,
Artista, empleado
cuotidianamente,
tú habías trabajado;
párroco de la mente
habías sido; y minero;
y, en agrio campo, curvado
sobre los surcos, labrador;
y leñador...... y sembrador;
y anudando al futuro los hilos del pasado,
tejedor;
ambicioso como un coustToctor;
sobrio como- on soldado.
Y así tú qoe, en tos manos, habías sostenido,
por la vida adP.lante, sin buscar un atajo
y en lo más doro más enardecido,
todos los instrumentos de trabajo,
finalmente debfas
descanzar;
y en la paz de tus blancas profecías
11 medio granar,
hoy te duermes, tal v'ez porque ya no podías
trabajar....
V
eterniza
DESCANSA;
tus postreros latidos en quietud de ceniza,
corazón, de latir fatigado;
párate, emplea
toda la eternidad en tu última idea,
cráneo, en el idear, tenazmente probado;
antorcha viva el cuerpo muerto séa,
y en tu final trasiego depura.do,
divinamente quieto, créa, créa....

VI
REA, a IR. luz de estos blandones
que te dan una mística traza.
la amargura de tus segundones
y la orfandad vacía de to raza,
Créa el dolor y el arrepentimiento;
deja de ser, para que te deploren;
la amoutación de tu muerte, un momento
valga,"a tu pueblo, de recogimiento;
y los que no pensaron, haz que lloren.

C

-

18 -

GLORIOSO cráneo, esquilmado
en el desgaste product0r;
noble corteza de un a.&lt;;tro, apaga.do
detrás de una montaña de labor;
arco roto, resorte relajado,
labio calla.do,
manantial detenido en su hervor:
merma el orbe. privado
en tí, de un sentido;
y tu progenie otea lo porvenir, inquieta,
porque. desde hoy, tendrá, en su recorrido,
un camino de menos para alcanzar la meta.
Maestro: tu labio se calla
cuando más fiero a nue~tro lado
el huracán estalla..... .
¿por qué nos has abandonado
en lo peor de la batalla?

VIII

S ~; yenturbia
el aire en un vaho iracundo
gritos de odio y de saña
roC'1piendo están de la tierra la entraña
en parto infecundo,
¿por qué doblar el cuello también a la guadaña
tú, que eraq un gesto del mundo
y una manera de España? ..... .

IX
coautor con Dios de la Patria; preveo
que mañana, en tributo pigmeo
la oficial caravana
hilará vanidades sobre tu mausoleo;
para ella, la piedad de tu ~onrisa humana·
~iempre es pequefio el muro cuando es gra:ide el trofeo;
no queda voz que, de tu gloria invicta,
no tiemble, al peso poderoso;
el silencio es tributo forzoso
cuando muere el que dicta.

v1~

X

en paz: te aguardaremos, en un dolor de ansencia,
perpétuamente a nuestro lado;
y en toda lucha nueva y en toda nueva urgencia,

•

�r&lt;!cordatorio tuyo será. nuestra indigencia;
nuestro miedo. ~eñal de que nos has dejado ..... .
Ahora aprendo en tu labio, aunque no hable;
y leo, aunque hayas muerto, en tu mirada;
y entrego a Españ.a el ejemplo admirable
de tu enilrgfa hasta el final gastada:
«Sembró ciencia / amor, sueñ.os y besos;
«para trillar azul, segó lo bajo;
«hoy da, a la tierra, la piel y los huesos;
uy todo !ll resto se lo dió al trabajo.»
Eduardo MARQUINA

Madrid, Enero de 1920.

Nuestros críticos
J. DENIS LAY

VICTORINO ALONSO

Dentista
Moneda 1164

Dentista-Ahumada 38
Teléfono 2013 Santiago

Ahora trátase de examinar en silencio si ese concepto es sólido o frívolo.
PLATÓN.

S. GARAY

JOSÉ S. GONZÁLEZ

Denti~ta
S. Diego 166

Médico Ciruja110
Matncana 303

MUÑOZ LOBOS HNOS.
LEONIDAS CORONA

Dentistas, Extracciones sin
Laboratorio Clínico
dolor Somnoformo, Puentes
Delicias 868
S. Diego 307-448 Stgo.

G:rr~n s~~t:rr~:tri&lt;&amp;
Ahumada 23-Santiago

Gran Surtido en Casimires
Ingleses y Franceses
-

Eliodoro Astorquiza

20 -

Cuando una personalidad me llama la atención,
sea por sus bondades, sea por sus defectos, procuro explicarme el por qué de sus tendencias y de
las formas en que se manifiestan ... En el caso de
D. Eliodoro Astorquíza he creído comprobar que
toda su modalidad crítica descansa en los siguientes puntales: 1 .º aeasionamientos por el silogismo;
:J.º una fuerte dós1s de catolicismo moderno; 3.°
primer premio de latín . . .. De buenas a primeras,
tales factores parecen carecer de cohesión, pero
ahondando un poco es fácil ~contrarles el nexo.
Como complementos básicos podemos agregar: un
poco de neurastenia y cierta habilidad malabaresca
para jugélr con las palabras (no con las ideas, como parece ser la creencia general).
.2I -

�¿Cómo y en qué forma obrau tales factores? El
latín y su escuela obligada, literatura clásica, han
creado y desarrollado en el Sr. Astorquiza un fanatismo desesperado y exclusi, isla por la claridad,
(el concepto que de la claridad tiene el Sr. Astorq uiza es una de las cosas más divertidas que conozco ), por la línea neta, el sentido recto, en la
labor literaria. Esto, por sí solo, no es un defecto
(tampoco es una virtud) pero sí lo es, desde el
momento en que unilateraliza el espíritu, desde el
momento en que, acostumbrando las pupilas a no
percibir sino tonos fundamentales, contrastes bruscos de blanco y negro, vuélvclas miopes para gustar y avulriar la belleza más esquisita, más impalpable, del matiz; desde el momento en que lo hace abúlico. y lo dota de un dónde preferencia por
cuanto no obliga a rc11exionar, por cuanto «está
hecho&gt;); es sobre todo un defecto, porque atrofia
la sensibilidad, imposibilita la fruición intensa, y
la suplanta por un rigorismo lógico, absolutamente antiartístico. Y ya, con ésto, entramos en pleno dominio del silogismo, que, en el caso presente,
solo sirve de envoltura a una sofist¡quería descarada y u.n más descarado juego de palabras, hermanados a cierta antojadiza interpretación de las
ideas.

•
La obra primera del crítico de Zig Zag, no estuvo al 'parecer, muy influenciada por los antedichos factores. Yo no la conozco. En consecuencia
-

22 -

me referiré solo a la que desarrolla en la actualídad.
Si se trata de la poesía el Sr. Astorquiza apreciará solo aquello donde no necesite ahondar. La
emoción, la sugerencia, la armonía, los extremecimientos sub-espirituales, las angustias caóticas,
tiénenlo sin cuidado; quiere clarrdad, sólo claridad.
(De la lectura de sus artículos dedúcese que en esto de la claridad nuestro crítico procede ajustado
a una lógica abismática: «yo no lo entiendo, luego es oscuro»). Si el Sr. Astorquiza se detuviera
aquí. ..
Pero nó. El Sr. Astorquizaes católico; y católico
lóo-ico. ( Catolicismo y Conservantismo son sinónim~s. ) Por consiguiente, tomando en cuenta su
afán de renovación, sus arrestos revolucionarios,
desterrará a la poesía joven, y la atacará siempre
que pueda; para esto echará mano de todos los
recursos: recortará versos para restarles sentido
(recuerdo un crítico que con tal procedimiento
probó la nulidad poética de V. Hugo) hará chistes, a veces escalofriadoramente ordinarios, a su
costa; y por último apelará al silogismo, el terrible silogismo, para determinar sobre premisas de
su invención, espeluznantes conclusiones. As[,
tomando a los ~oetas Félix A. Núñez, H. del Solar, Cifuentes Sepúlveda y Fernando G. Oldini en
un solo manojo, establecerá entre ellos una hermandad ficticia, basada en el empleo de la palabra carne. Al seiíor Astorquiza le importa un bledo el significado de·los vocablos. (En un reciente
artículo pre~oniza: «no importa que el lector cmn-

�prenda o nó el pen,samiento del autor, con tal de
que esté persuadido ~de que lo comprende&gt;&gt;). De
este modo Felix A. Nú,iez en quien la palabra
carne involucra un estado de renunciamiento a los
sentidos, está aparejado con Cifuentes Scpúlveda en
quien es tristeza de remembranzas maceradas por
un presente acerbo, y con F. G. Oldini en quien
es exaltación actual semi salvaje J un poco sádica. Son antípodas tanto en ideologías como en
técnica. El Sr. Artorquiza no lo ve ... eno quiere
verlo? ... Ahora bien, ya está sentado que se trata
de un grupo de amorales. Esto no es suficiente;
es necesario demostrar las causas de su afinidad
inrnoralista. Al observador más periférico bast~ríale abrir los ojos para darse cuenta de que el estado actual de la vida es un vértigo de lujuria.
Vería esto en las pupilas de los hombres y en las
pupilas de las mujeres; veríalo en las reuniones
sociales, en los paseos públicos, en esa lucha sorda y palpitante del deseo manifestada a toda hora
y en _todo_ sitio donde hay dos seres de sexo opuesto. Ün psicólogo extraería de tal espectáculo, materia para un estudio formidable; y ya Mauclair,
señalando una ruta a los mogigalos, ha realizado
preciosas observaciones acerca de la influencia de
la lascivia ambiente en la pintura. Pero se necesita una fuerte honradez inintimidable para proclamar que los artistas son transparentes sinopsis de
su época, que actualmente la sensualidad va camino de arrojar al mundo en un manicomio, que
de esto no tienen ninguna culpa los poetas, sino
una tradición hipócrita empeíiada en oscurecer,

entrabar y desvirtuar algo tan humanamente natural como el instinto, que la moral en este caso,
como en casi todos, es un absurdo insostenible, y
que, como consecuencia, es indispensable plantear
el siguiente dilema: o la moral hace crísis o la humanidad se hunde. Verdad es que para abordar
tal problema, ad&amp;Ilás de valor, hace falta una
cultura psico-fisio-patológica que quizá el Sr. Astorquiza no posea; verdad también que es más cómodo calumniar a la juventud poética, pero ello
no amortigua lo indecoroso del procedimiento . . .
El Sr. Astorquiza va más lejos. Niega hasta la originalidad de su pecado a la juventud; pero como
no le consta que copie a nadie, funda su predicado en que «sin duda. debe haber otros poetas nuevos&gt;&gt; parecidos a los de aquí, y (más lógico no
puede ser) tanto unos como otros han debido beber
en cmna fuente común» . . . cEs posible llevar la
suposición a tal extremo? eEs posible arrogarse el
derecho de desprestigiar, basándose en un ces in duda debe haver»? Y si acaso esto se debe a accesos
de neurosis ¿por qué los poetas han de estar expuestos a las exacerbaciones atáxicas de los críticos? ...
Si la impermeabilidad emocional incapacita al
Sr. Astorquiza para sentir y apreciar valores artísticos, en cambio ciertos factores de su constitución espiritual predispónenlo a ser un agudo analista de d,sciplinas filosóficas. . . Mas, todo ello se
diluye en palabras, solo en palabras.

�El Sr. Aslorquiza pretende de ironista, olvidándose de que la ironía es un burbujeo fluído de esp,uma ideológica, y no un cabrioleo ~e vocablos.
·\ erdad que con palabras pueden realizarse maravillas; pero es indispensable antes una ingrávida
finura anímica. una elegancia grácil en el manejo
de las ideas, y cierta diafanidad genial en la arquitectura sintáxica, La ironía (se ha dicho tanto!) es sonrisa, la gracia a.e Astorquiza es risa, y
risa demasiado cruda, a ratos. Su preocupación
constante es la de los malos cómicos: hacer reir,
venga o no venga a cuentas. Y esto que en un
principio fué, quizás, síntoma aislado, ha ido tomando poco a poco, caracter diatésico; cuanto toca es motivo de chunga, cuanto toca es fal¡ieado;
nunca en sus escritos hay un intento de ahondamiento.
A veces he querido imaginarme un Astorqniza
profundo; y cerrando los ojos a sus puerilidades,
empei'iábame en verlo martirizado por la búsqueda de un inhallable equilibrio entre la Fé .Y la Razón; por la interrogación sin respuesta a la una y
a la otra. Bastante instruido para negar las evidencias científicas, no dejaba de ver los signos que
aún no han encontrado explicación. . . ¿La encontrarán algún día~ ... Religioso a la manera moderna, veía y pesaba los contrasentidos y lagunas
del dogma; pero egué puede esta evidencia contra
el sordo rumor trágico que viene desde siglos
murmurando dentro de nuestras venas, sin
preocuparse de la lógica, el fracaso de toda sabiduría, la nada de todo humano empeíio, bajo el

soh ... Ah! Si el Sr. Astorquiza fuese esto, cómo
escarbaría en la vida, buscando el granito invisible que decidiera la balanza ... cómo comprendería y amaría fraternalmente a aquellos en quienes
la duda hincó su garra! ... Pero Astorquiza no es
esto. Hay que buscar su definición en una variante sutil del tipo: la de los indecisos.
Ciertos individuos pasado un período de 10quietud, tórnanse positivistas, sin que jamás les
moleste el recuerdo de sus antiguas creencias. Se
han definido. Otros, por convicción o por desengaño del mundo, son deístas y religiosos. Se han,
también, definido Queda una tercera porción'
Estos no son nada, ni siquiera escépticos, porque
el escepticismo implica hondor, y eo este caso se
trata de una simple vacilación entre dos fuerzas oscuras, vacilación no nacida del análisis, como en
el caso anterior, sino debida a cierta falta de valor para romper la equivalencia atractiva; a cierta
cómoda holgazanería que impide decidirse por
uno de los polos. Este tipo ignora el significado
de la palabra: pensar; este tipo se reirá siempre,
así del que duda cómo del que afirma.

¿Armando Donoso cree en el Bien, en la Verdad, en la Belleza? Esto facilicitará a Astorquiza
la ocasión de decir unas cuantas barbaridades!
Como los demás críticos conservadores de Chile no ha perdonado a Donoso la audacia de un
gesto que tiende a libertarnos de nuestra crédula

�No se haga Ud. el sordo.
amigo! Mire que le conviene mucho, n1uchisimo comprar todos sus artículos en la
11

1 FUNDIOION
LIBERTAD

1 1

LIBERTAD 1
53 y

58

ignorancia medioeval. En el asedio puesto a «Senda Clara» el Sr. Astorquiza no podía dejar de tomar un sitio. El se encargó de destrozar el estudio
sobre Lemaitre, y lo hizo tao bien que entre sus
manos es imposible reconocerlo. Podriase jurar
que Astorquiza no ha leído el libro de Donoso.
Analizar una personalidad como la del autor de
«Los Contemporáneos» es tarea dura, larga y
complicada. Donoso, experimentado en esto, después de una concienzuda vivisección llega a determinar que Lemaitre no fué un crítico transcedental; y no lo fué ( si es posible comprimir un volúmen en unas cuantas conclusiones): 1 .º, y sobre todo por su extremada superficialidad; 2. • por «su
absoluta falta de inquietud estética»; 3. º por «su
cultura unilatei-ab); 4.º por el anacronismo de sus
ideas; 5.' por la ausencia de una convicción firme
y de una orientación definida ... El Sr. Astorquiza reduce esta heterogeneidad causal a una sola
frase que nada dice y todo lo trastrueca. Sobre tal
frase sienta la siguiente afirmación capaz de poner
los pelos de punta: «tener una orientación espiritual determinada equivale a ser dogmatico.&gt;&gt; En
seguida deslumbrado con sus propias palabras
imagina un «Lemaitre» nunca escrito por Donoso: y, a rienda suelta, lanzase contra los molinos.
Resultado: afü mación rotunda, con pretensiones
refutativas, de los puntos sostenidos por aquel:
«Lemaitre no fué un gran crítico porque carecía
de profundidad» ...
Donoso, harto de la sistemática acusación de
oscuridad enderezada contra el Simbofümo trata

.

�de demostrar que, cuando menos. en algunos casos, carece de f'undame11lo. Al C'fcclo cita cuatro
versos de R. de Gousmont. El Sr. Aslorquiza, ha entcn&lt;lido esto yo no sé cómo; lo cierto
es que afirma candorosamente: ''yo puedo agregar
que son claros. " cA qué seguir~ Haya o no haJa
leído el libro, es indiscutible el falseamiento del
pensamiento de Donoso. Por lo demás toda la
obra del Sr. Astorquiza aparece llena del mismo
desequilibrio, de la misma arbitrariedad, de la misma incomprensión ... Para juzgarlo sin demasiada inmisericordia no nos queda más remedio que
cerrar los ojos y ... sonreír ...
FERNANDO

G.

ÜLDINT.

RELOJES
de las más afamadas marcas

Joyas con brillantes
Objetos para regalos
-

3o -

�En torno a la muerte de Rodó
(Breves comen1arios)

"Le tenfan por un misántropo, por uu
homb1·e raro y pudi{'11te, quizás por un
a,·aro que por equivocación hubiera caítlo
en el primer hotel de Palermo. Pal'a dat'
una idea del punto a que había llegado
aq_uel ei.píritu lúcido en el abandono de su
penona, bastHrA el crudo detalle de que al
amortajarlo debieron arrancarle las medias
a pedazos, tan adh1:iridas estaban a sua pil:!S.
Su edad parecía oscilar alrededor de los 70
aiios. 11-(Julio.u Nogut!ira.-Como murió
José Enrique Rodó. "El Me1'Curio 11 rle 8

de l!"'ebrero de 1920.)

·

Yo había imaginado de otra manera la muerte
de Rodó, o:el sembrador de estrellas» . Vuelto hacia
el helenismo, a pesar de su facha burguesa, me
complacía en imaginarme a ese filósofo que parecía haber paseado con Platón bajo los plátanos del
/\.cademo, desvaneciéndose en una magnificencia
crepuscular . Imaginaba un atardecer sereno sobre
su frente de visionario, sobre su carne translúcida
y efímera .. . Imaginaba su muerte, no como el

�vulgar final de una existencia, sino como la armoniosa agonía de un canto sobre las colinas de
Grecia.
I sin embargo.
Sus últimos momentos sou lamentables; de una
ironía brutal, desconsoladora y trágica .
Ahora supongo la llegada del viajero des.conocido, al llolel des Palmes, en Palermo. l!Quién es
ese ser estraño y sucio que no habla con nadie,
que permanece sentado horas enteras frente a una
mesita en donde humea una taza de caldo y sumergido en un pensamiento vago y triste? Su ropa
está llena de manchas. raída, cubierta de polvo;
los botines muestran el encarnizamiento del lodo;
la barba crece al modo de la yerba, sobre su rostro; hay en él, eu suma, un evidente abandono,
un dejarse roer por la mugre de la tierra. . . Ese
hombre come frugalmente, y sale todos los días con
un paraguas bajo el brazo. Los faldones de su
chaquet raído, muestran fragmentos del forro,
descosido. Vaga, sin duda, por los alrededores de
Palermo, encorvado su cuerpo, que hace pensa1·
en la decadencia de los septuagenarios. Dicen-oh
formidabls ironía!--que es un avaro, o un misántropo, o un hombre eslraiio y pudiente que se
aisla, que se recoge al · modo de los caracoles, en
su dura soledad. Nadie piensa en Ariel, morador
silencioso de ese cuerpo caduco, que posiblemente
ya empieza a sentir el cosquilleo de la podre, el
«estremccimicuto sombrío)) de los gusanos en su
carne pasagcra y miserable ... Nadie imagina que
está ahí, a dos pasos, el supremo exaltador de

Ariel; el que ha realizado en días más luminosos
la aspiración ~0111110,eJora de llenan: ser por el
contncto de Aric~I_ u~a onda de éter, nn lampo &lt;le
luz, un e\.lremcc1m1t-11lo de los bosc¡11cs J ,olar
sobre los mundos celestes, ane"arse cu serenas armonías y ser verde con ol olivo~ blanco con la nieve de los ventisqueros, casto con la flor del nenúfar . . .

Cuando lo llevan en una camilla del Hotel al
Hospital, Rodó se retuerce en medio de dolores
monstruosos, sin encontrar una posisión que lo
alivie. iEsto es desesperante!
l trato de imaginarme los últimos días de Rodó. Es un estrailo que agoniza en una tierra que
no conserva para él la huella de nin&lt;Yuna
de esas
0
menu d as cn10c1ones que forman la urdimbre de
una vida J que dulcifican la angustia del instante
final. No ha_y a su lado un amigo, un hermano,
una mujer. Está solo, completamente solo. Las tres
o cuatro personas que se apiadan de él, son seres
que la vida pone por primera vez ante sus ojos
que se van a cerrar. fantasmas vagos de un sueIio ... sin memoria, sin alegrías o lágrimas para
su corazón. En ciertos in~tantes la voz de un amigo tiene resonancias profundas en nuestra sensibilidad. Las voces qun resuenan durante muchos
días en los oídos de Rodó, en su permanencia en
el hotel, son como las voces que se oyen en el vagón de un tren en marcha o del otro lado de un
tabiql!e, en comarcas eslrailas: voces sin alma pa1

O

-

33 -

�ra nosotros. inc'-prcsivas. que no hemos oído nunca _y que nos dejan completamente fríos . . .
Su aclitud es eternamente la de un hombre que
conlempla. Permanece fiel a su concepto filosólico
de la vida. élla realizado a.caso la prodigiosa parábola del rei legendario y patriarcal que huye de
los hombres para encerrarse en la íntima estancia
del palacio. a solas con sus pensamientos? Algnno:espíritus penetrantes presienten n11a tragedia bajo
esa especie &lt;le ausencia; un dolor en ese hombre
emejecido y sucio que se aisla, que vaga solo. que
se recoge temprano. al anochecer ... Lo exlraiio
respeto los mantiene a distancia; ese mismo temor
respetuoso &lt;letiene al duciío del hotel &lt;yue quiere
arrojarlo de su establecimiento porque lo considera un hombre contagioso. No ha ordenado-asegura él-un solo baiío durante el mes de permanencia en el hotel.
Todo esto no es más que acidez ... &lt;lolor! Rodó tenía en un bolsillo &lt;le su chaleco-según se
constató después de su muerte-tres mil liras y en
un baúl excelente mucha ropa blanca J algunos
ternos casi nuevos ...

ble para el espfritu, pero en ella ~e remuc,·c c11t1:-tantcmente d dolor J ninguna auguslia es m:ís
horrible que la &lt;le acercarse al término, sin hah,~r
florecido en afectos, en cariiíos, como un árbol en
una tierra estéril. desolada ... "\lientras se tiene
fuerza y esperanzas la vida canta gloriosamente . . .
después la tortura, el sentir que hai uua zona fría
en torno nuestro; el vagar a tientas, el tender in.útilmente las manos, el escuchar voces que nos
llaman ... acercarse y la desilusión de saber que
no era a nosotros .. . Oh! esto equivale a golpearse la frente contra los barrotes de una celda que
nos separa &lt;lcl mundo de los vivos.
Xi una palabra brota de los labios de Rodó. Por
lo méuos la información que nos ha dado motirn
para estos comentarios, no lo dice. Ni una palabra
reveladora. El más impenetrable mutismo sella
esa existencia lun1.ínosa, ese espíritu de selección
y de belleza, que, seguramente, hubiera podiJo
pascar con las Sombras que tanto amó, esa pradera de los asfodelos desde donde se contemplan
la lucha y los misterios de la vida ...
El verso austero y noble de \.lfredo de Vigni
cierra el círculo de su existencia.

Seul le silence est grand, toul le re.sle esl f aible.sse.

El hecho espantoso es la soledad; la evidencia
aterradora de que no queda nada en afectos detrás
de él, de que se ha vivido una vida incompleta,
huérfana.
Las obras pueden llenar una vicla, pero no lasatisfacen. Sin duda, la soledad es II na cosa admira-

- -

34 -

.!uLIAN

Talca, 19:20.

-

35 -

Sonm.

�Norma
El árbol es sonoro porque lo pulsa el viento;
hay una ley oculta que madura las poma:-:
la Jluvia es cumplidora de un sabio mandamiento
al fecundar el vientre moreno de las lomas.
La labor triptolémica al tacto de la tierra
nos limpia de amargura y baña de bondad,
así la forma amada toda belleza encierra;
y vamos caminando a la Serenidad.
Cumplida su misión, fieles a la armonía
del mundo, los árboles se tronchan sin estruendo,
los hombres solamente tenemos la sombría
angustia obsesionante de no seguir viviendo.
Hermano: ten el claro consuelo de la nieve
que baja la montaña en agua cristalina,
más allá del hondor de la tierra, nos mueve
a seguir la armonía la conciencia divina.
LAUTAUO GARCÍA.

L. G.-;-Temperamento fino y múltiple, personal y vigoroso, Lantaro Garc1a es poeta por rnbre todas las cosa8. en el teatro ha triunfado con El Peuco y El Rancho d~l Estero. Sus envios originafüimos a las exposiciones de arte han llamado la atención de los entendidos. Prepara una novela La Huacha y un volúmen de poemas.

-

36-

'''La Senda elara"
El diligente crítico ArmanJo Donoso, acrecienta su reputación de estudioso y de jóven pensador
con esta nueva obra, que es la cristalización de
maduras meditaciones y de dilatadas lecturas .
Repasando los capítulos que consagra a Le Dantcc, Brunetierc, Ingenieros, observarnos su evolución hacia las más sólidas y serias disciplinas del
pensamiento. Con estilo desenvuelto aborda cuestiones científicas que trata con claridad de criterio. Su criticismo filosófico es de buena cepa, porque al razonamiento firme se une la exposición
metódica.
Al comentar la labor cultural de José Ingenieros, aborda el tema de la posible renovación de la
metafísica, como éste Jo manifestara en sus «Proposici-ones relativas al porvenir de la filosofía.»
Donoso expresa que la metafísica rnedioeval estuvo subordinada a la teología, como la metafísica
kantiana a la ética y ahora Ingenieros pretende
que la metafísica pura tenga por objeto formular
hipótesis leg(timas sobre los problemas inexperiencia.les. La metafísica futura será una anticipación a las comprobaciones experimentales y am-

�pliará el horizonte &lt;le las ,erdades conocidas,
aplicnn&lt;lo a lo desconocido los mismo$ proccdirnil'nlos lóg-icos que se usan en la :ncrignación de
lo que se advierte en el rnun&lt;lo físico .. \o cslará
falseada poi· un espiritualismo propio de temperamentos sentimentales, ni por un iutuicionisrno a
lo Ilenri Bcrgson, que don Eurique .\loliua llamara filosofía para poetas y literatos.
Se aplicará el método i11ductivo ) 110 se aceptarán las nociones innatas o primeros principios que
Herhcrt Spenccr se obstinaba en descubrir en to- .
das las esferas de lo conocido J que don Valentín
Lelelier refuta con maestría en el capítulo primero de su Génesis del Rstado.
Con motivo de la puhlicacióu d&lt;' csl&lt;' libro de
Dono50, encendida discusión se produjo en el cotarro inteleclnnl al múrgc11 &lt;le la ocasional revisión Je los , a lores de la ciencia hecha por O mor
Emctli .Y Correa Pastenc.
Omcr Emclh justificó a Bruneticrc declarando
que jamús l,abía proclamado la quiebra de la cie11cia que se le atribuía y que sólo había expuesto
que e11 el terreno moral no había alcanzado el
éxito c¡ue sus paladines le encomiaban. Donoso
expone que Uruneticre antes de su comersión era
admirador &lt;le Darwin ,} de Comlc y euumcra la
serie de lcJes de8cubicrtas por la experimentación
científica &lt;-1ue evidencian que el crítico de La Revista de Am&amp;os lllundos impulsado sólo por su catolicismo ele última hora pudo atreverse a hacer
una afirmación tan paladina. Emeth atacó a los
que salieron a rebatir las argumentaciones de Bru-

-

38

11elicre ) Lu \'O el poco gu~lo d(• corn parar a BcrthcloL con aquel ~1onsieur llomais, de quien F'laubert hizo un símbolo de la humana tontería y al
atacar a Henau de seguro que no habrá oh i&lt;la&lt;lo
el pecado de ésle al hacer legible la Vida de Jesús
prcs~ándolc el encanto de su estilo J dándole como piensa Gonzalez Pra&lt;la, un sabor helénico que
trasciende en muchas páginas a idilio virgiliano.
El seiíor Correa Pasteno, que es un escritor do
estilo cervantino, también lanzó su cuarto a espadas y discurriendo acerca de las hipótesis de la
ciencia. expuso que ésta sería impotente para penetrar hasta las regiones que son &lt;lel dominio de
la fé y de la religión. Criticando los métodos
puestos en práctica por Le Dantec para sentar sus
postulados biológicos, en tono de zumba, expresó
que el sabio francés era un filósofo de la digestión. Basta sólo haber leído la concienzuda exposición que Donoso hace de la obra del autor de
El Egoísmo, para pens'ar que es un humorismo
fúnebre el de este periodista.
Las páginas acerca &lt;le Enrique \1olina, \'ValL
" .hitman y Pío Baroja tienen el encanto suave de
u na emoción cálida que se trasparenta en el estilo
,·ibra&lt;lor.
En Argentina al libro de Donoso se lo han prod igado buenos elogios; Ingenieros ha dicho do él
&lt;JUe es el intelectual jóYcn más roprcscnlatirn de
la Américá Latina y en Panamá, Octavio Mendcz
Pereira, en la ya célebre revista Cuasimodo, lo llama crítico eminente colocándolo a la altura ele
Ho&lt;ló, Francisco García Calderón, etc. En Chi le

�su obra ha sido recibida con espanto lo que demuestra nuestra deficiente cultura cien tífica que
hace vivir a mu&lt;'hos hombres inteligentes atrasados unos cuantos siglos.
PASCUAL

Yml'TumNo.

••••••••
•• •• •• ••

lniciativas docentes
Un argumento de que se han ~alido los _evolucionistas darwinianos para amer1tar la tesis que
sostiene que el antepasado del h?mbr~ fué el mono, se basa en el hecho de la ex1stencrn en ambos
de la aptitud imitativa.
.
.
La irreverencia científica que mega autondad
de «maO'ister
dixit&gt;&gt; al aserto bíblico sobre el orí0
gen del hombre, ha hecho incapié en el &lt;lesar~oll_o
que así en éste como en el mono ofrece la 1m1tación. .
NieO'an unos a Darwin; otros, más hereges,
o
.
,
l
creen que es un cuento para rngenuos aque pasaO'e de la Biblia que narra cómo con barro y un soilo divino, fué fabricada esta arquit?ctura de maravillas que es el ser humano. Prnnsan unos y

otros que han &lt;lado con el Eureka del más intrincado problema antropológico.
Profanos nosotros en tan abstrusas materias no
pretendemos terciar en esta polémica de doctos.
Queremos sólo aprovechar los materiales de
esta discusión, consignando la circunstancia de
que los polemistas están de acuerdo en el hecho
anotado: tiene un gran desarrollo en el hombre
descendiente de Adán o del mono, la aptitud imitativa .
Con frecuencia se repite, en són de crítica
amarga, qu~ nosotros somos muy dados a imitar.
Ya que dicho queda que este es un . ras~o _de
psicología humana antes que de cualq~iera 1d10sincrasia nacional, supérfluo parece decir que negamos importancia a ese reproche.
,
Talvez en el fondo de Lodos nuestros actos haya como razón primera ':1n irnpu~s~ imitativo. ~a
originalidad de toda actitud esp1ntual o material
sólo existe porque ignor:3-mos casi todo lo ~e está
lejos de nosotros en el tiempo o en el espac10. Inconmovible verdad la del filósofo: no hay nada
nuevo bajo el sol.
Los grandes progresos de lahumanidad acaso
se deban en último término, a este rasgo de nuestra psiquis.
Pero imitar puede ser un pecado, y lo es a menudo.
Desde lueO'o lo es siempre, cuando el que imita lo hace si~ conocer en su total amplitud, cualitativa y cuantitativa, el fcnó~cno e~ que repar~.
Sabido es con cuanta frecuencia, legisladores sm

-

61 -

�ma_Hff ,li-:,·&lt;'rnimicnto jurícliro pr&lt;'tPtHh'n implanlar cu su país leyes C:'\.lraugeras, &lt;¡ue cu ac¡uel en
que rigen han dado buenos frutos. para solucio11ar problemas que no se presentan con idénticos
cnractcres en ambos medios.
Estas im i tacioncs nacen coudrnadas al fracaso.
Pero rle ahí a condenar la imitación en sí mism:1
hay &lt;listancia. De eso sólo se induce la justicia del
reproche contra los c¡ue ª) unos de tnlcnlo de ob:;enación al menos, imitan sin disct'rnir la calidad
de los modelos.
1'i el individuo ni las colectividades pueden esperar ser originales en su obra &lt;l~ perfcccionamicuto. \ ucstro deber es elaborar el progreso, y
si en estn tarea se nos presenta algo bueno que
imitar, imitarlo.
~uestra ui,·ersidad necesita modernizarse. Hay
ceutros de cultura superior análogos al nuestro en
Am{-rirn ) Espaiia, para 110 referirnos sino a paí~cs de• liahla castellana, que pudic,·an servirnos de
modelo en m:1s de algún respecto.
cFalta lcaltn&lt;l para rrconocer lo bueno por no
:-cr nuestro? Faltan iniciati\Us en este sc11tido?
Ac¡ucllo, nó; ésto es más probable.
Tal modo &lt;le pensar 110s induce a lomar nota
de u11 ac11C'rc!o &lt;lcl Cons&lt;'jo Dirccti,o &lt;le la Faculta&lt;l &lt;le Derecho ele la l niversidnd de Buenos Aires que merece llamar la atención de nuestras autoridades univNsitarias.
El acuerdo referido consiste en la apertura en
dirha Facultad &lt;le cursos libres C'Üraonlinarios
«sobre materias de cultura jurídica superior, entre

las da~cs li::!nran: 1 .° La Constitnciún Nacional
en la jurisp~udcncia Je la Suprema Corte y en la
interpretación &lt;le los otros poderes públic~s; 2. º
Lcgi:-.lación comparada sobre propic&lt;la&lt;l literaria y
artística; 3." Doctrinas sobre nuevas bases de la
sociedad ) del Estado; /1 .·• Proyectos y doctrinas
sobre sociedad o liga ele las Xaciones; 5.º Nuevas
doctrinas relativas al &lt;lcrerho de propiedad.»
Tales puntos no son sino el enu ncia&lt;lo &lt;le alrrunos de los problemas de 1ntl)0r importancia et~ la
hora actual, que las nuevas doctrinas, conocidas
ampliamente sólo por algunos escasos estudiosos.
analizan desde puntos de vista antes no contemplados.
1
En las aulas universitarias, sobrados adustas y
graves ayer en el estudio de las instituciones jurídicas pa'ra las cuales la política, no siempre atenta a la bondad doctrinal, logró a conseguir el
cxecuatur parlamentario, ) ahora a hallar un eco
las inquietudes espirituales de una generación que
siente la necesidad de renornrse fundamentalmente.
Esta lucha &lt;le los innovadores contra los viejos
couceplos, contra los prejuicios milenarios, que
se saben caducos anlo una cdtica iconoclasta, Ue,·ará hasta allí un poco &lt;le vida nueva. Ya no va
a ser la letra Je los Códigos no más La preocupa&lt;·ión &lt;le profesores y discípulas.
Los maestros y los selectos núcleos Je jtn cntud
&lt;¡ue los escuchen pon&lt;lrún a contrihucióu, aquellos su criterio moldeado en la clisci pli11a de las
ciencias positi, as i (\stos su avidez inlel&lt;'ctnal, pa-

�ra buscar la orientación que deba encauzar por
un ruml.&gt;o seguro el impulso renovador que prende en los espíritus con fuerza incontenible.
Esa fecunda discusión de doctrinas, esa leal colaboración de fuerzas intelectuales en el estudio
de los nuevos problemas que preocupan al mundo, será para la patria en que tal iniciativa fructifica, la póliza de seguros que le permita esperar
confiada en el criterio de los que irán maíiana a
regir los destinos de la Nación.
Ojalá que en nuestra Escuela de Derecho, apegada todavía a los viejos moldes clásicos, se continúe la moder~1ización de los estudios empezada
con la creación de algunos Seminarios, como el
de Bcononía, el de Derecho Privado y el Derecho
Público.
En esta labor puede servirnos de ejemplo la
iniciativa del Consejo Directivo de la Facultad
de Leyes de la Universidad de Buenos Aires.
Imitemos esta vez.
RunECI~no ÜnTEGA

-64-

M.

Del Libro en prensa •la Ciudad Invisible,.-(!)

'Por la ~risteza de tus ojos
Ya es imposible que te llame esposa.
iüh la alegría de tener un hijo
que fuera de tu sangre y de la mía,
que tuviera mis alas y tus ojos!
Un hijo claro como tú! profundo
como el haz de los siglos. Ya no puedo
ni sonreír, mi corazón no sabe
perfumarse de flores en la muerl?.
iDe quién serán mis alas y tus OJOS
en un futuro que no miraremos!
No vagará por los jardines claros
el hijo que sonría por nosotros.
iY tus cabellos no tendrán retoiíos
nadie los besará cuando le mueras!
Hasta la Muerte llorará tu encanto.
Un hijo Luyo para eternizarte!
Su corazón semejaría un bosque,
sonoro y perfumado en el crepúsculo.
Ya es imposible que te llame esposa.
Sufren mis alas entre las estrellas.

65 -

�Lloro por la belleza de tus oios,
y un grito lacerante de mi boca
le dice a Dios: iSc pudrirán sus OJOS,
sus ojos bellos hasta la tristeza.
Y qué encanto tendrá la tierra tuya,
ruda como el lamento de los leones.
obscura como Job iunto a Luzbel! ...

Dolor de evocar el pasado

ANGEL CnucnAGA SANTA MARÍA

(1) En «Nosotros», la mlÍl' alta tribuna ,le la j,w..ntn•I in1..i..ct11al
&lt;lel Plata, se publicaron hace poco algunos po,•111us ,le An¡.:.•I Cr•1cha~a S.
M. con el a11u11cio de la pr6x:i111a aparici611 de su 111w,•o libro. Ahorn el
pueta ha tenido la geutileza de envial'llnS (•sta composición inédita del mismo libro, en prensa en una pre8tigiosa er!itorial de Buenod Aires.
La personalidad r!e .Aug&lt;'l Crucha~a S. M no 1wcesit" 1le comeutm·io~
entre no8otros: el admimble prólogo de Tomás Gnbri.,J Chaza! a Las Manos Juntas, esa primicia re,"eladora tle un gran poeta. definió el temperamento r!e Cruchaga en forma tal que agota todo intento postel'ior en ,,¡
miRmo ,e,ttido.

Lae campanas de voz rancia
y de agostudas laringes
pueblail de ecos 111 distnrl&lt;'ill
abrurnudura de esfinges.
Va lentamente la tarde
desliendo en los valles cif'gos
todos los gritos cobardes
&lt;le los perdidos borregos.
Pl'eludi!I. la fuente clan,
sns inefables que1·ellas ...
La luna pasa ... y encara
las temblol'osns estrellas.
Ruednn las muertas fragancios
de lns rosas del jnl'dín,
y la brisa, en ambulancias,
l'oba aromas de j11zmín.
Y va mi rudo quebrllnto
por el camino insonoro
cie un humilde cA.mpos!lllto
que en mis ausenci11s afloro.
Otofío me brinda unA Alfombra
con sus hojas amarillas,
que snsurrnn en lns sombrns
como medros11s chiquillas ...
Rememoro una celeste
Aparición del p11Sado
y snrge mi idrlio ngreste

-

l.i7 -

�con su perfume olvidado.
Cam¡.,auitas de mail.iues,
las tocatas en la pinza,
un 11roma &lt;le jazmines,
y un humo azul de hogaza.
Surge la aldea sencilla,
cuuita de mis amores
con esa iugéuua chiquilla
que era flor entre las flores.
Y en las glorietas tranquilas
perfumadas de violetas
evoco esas tardes lilas
que me tornabnn poetn ...
Mis besos, c11rici11s rientes,
mezclas de luz y de cieno
y sn espíritu potente
invitándome n ser IJ11eno .. .
Dolor ele evoc»r el pnsndo!
Por qué sentimos tristeza?
Si no nos venció el pecndo,
por qué no nmnr la pun•za ... ?

••
•• ••
•• ••
••

Nadie conoce mis penas!
Suave camiuito agreste
por el que fní, paso 1~ paso,
aquella anrora celeste
cnaudo pregentí e I fracaso.
Gnijarritos clel camino

-

48

y areuita del estero
fina como el oro fino,
bien sabeis por qué yo os quiero!
Pude parecer grotesco
(escondido de la gente
ir a tomc.r el fresco
junto a la clara vertiente)
Bien sabeis por qué yo os quiero!
Vuestros sileucios bendigo .
y yo os pido que si muero
no hableis jamáf! del amigo .....
Nadie conoce mis penas
pQrqne no tuve testigos,
y los que son amigos
saben que mi vida es buena.
Olas de la mar felina
que entre las alas del viento
por besar la arena fina.
dejan oir su lamento .
Bosq nes de biuca.s oscuras,
lóbregas y silenciosas,
que en mis tardes de amarguras
me enseñaron tantas cosas.
Ilnsioues, desencantos ......
Tantos días de quebrantos
para uno de bonanza..
Ptísose negro el velámen
que era blanco cual armiño;
las brisas ya no lo lamen;
de balde les hace un gniiio ... ...

-

49 -

�El marinero está Yiejo:
fn!))a su pipa y recuerda:
era ágil como un conejo
y hasta bailaba en la cuerda ..... .
Bien sabeis por qué yo os quiero:
barcas, playas y bouanzas ......
La caución del marinero,
dijo bien mis esperanzas.
Nadie conoce mis penas
porque no tuve testigos
y los que son mis amigos
saben que mi vida es buen:1.
Barrios bajos de los puertos
podredumbres que se exhiben ......
'faberuas doude los muertos
se ill'lsiouan cou que viven.
Yo desceudí a los suburbios
cuanto sentí Ir. tristeza,
bebí los vinos más tnrbios
y ha\ lé dulce ln. pereza.
Yo vi heteras taciturnas,
viejas cou mirar de uifia,
ofr1•cerse a las nocturnas
bandas de aves de rapiña.
Y o ví en sus senos P,Xha.ustos
morir los rojos claveles,
oílas hablar de faustos
que solo las dejan hieles
...... Por eso cuando he sentido
qne mi vida era uua carga,
calladameuta he bebido
cnalquier cosa.... en copa amarga
y, cobardemente, tristemente, sin querer, sollozo ..... .
mas sieuto que alg'nieu me asiste
y me grita: hay nn reposo......
ENRIQUE PoNcE.

5o -

Impresiones de W ashíQgton
Algunas ciudades han tenido la suerte de ser
fu ndadas en lugares privilegiados, que son como
la embocadura de las corrientes de la fortuna y
adonde llegan fácilmente los elementos para un
gran desarrollo. Con3tantinopla y Alejandría,
constituyen ejemplos clásicos de este hecho en el
Mediterráneo oriental y Londres, París y Hamburgo lo son en la Europa occidental. El Nuevo Mundo nos ofrece casos análogos en las metrópolis gigantescas de Nueva York y Buenos Aires. Washington, la capital federal, no puede figurar en
en este grupo. Ha sido levantada, es verdad, en
una posición céntrica de la región oriental y en un
hermoso terreno llano o de suaves colinas a orillas
del Potomac; pero, ni por sus industrias, que son
pocas, ni por su comercio que es relativamente
pobre, ni por su animación. puede competir con
los grandes emporios de la Unión. Washington es
una ciudad artificial creada por la voluntad del
estado americano para servir de sede al gobierno
de la República, al parlamento federal y a los representantes de las naciones extranjeras. Carece

-

51 -

�de aquellas formas ele vida que resultan del creci micnto esponlúnco de los_ pueblos; pero sí posee
lo que las nquezas ele un fisco falmlosamenle opul~1?to han podido h~cer; y la capital es una poblac1on ~e hell~s avemdas, de parques, de magníficos
palacios oficiales y que cuenta, en cantidad y calidad, con monumentos como no los hay en ninguna otra parle del país. \;na amiga e inteligente escritora chilena me decía con mucha sal que v\ ashi?gton le había parecido una ciudad de día Donnngo.
En uno de los e\.lremos de la Avenida de Pensi lrnnia, que es la principal de" ashington, se alza el vasto J magnífico palacio del Capitolio, donde se hallan instaladas la Cámara de Senadores,
la de Hepresenlantes y la Corte Suprema de Justicia. Esta grandiosa fábrica es de estilo renacimiento y su altísima Y. conocida cúpula se destaca
en el fondo de la avemda como una decoración insuperable,
Del palacio se desciende por escalinaLas monumentales al vasto y hermoso parque que lo rodea.
En los días en que andábamos de visita por ahí,
que eran del mes de Mayo y de insoportable calor,
el parque del Capitolio, como los otros de la ciudad, constituía un refugio para los sofocados habitantes. Se les veía en mangas de camisa, de espaldas en el cesped o sentados a la sombra de los
fron~oso~ ~rboles Y. tirándoles miguitas de pan a
las s1mpahcas ardillas que, con toda confianza,
saltaban alrededor de ellos.
Así como en los países europeos, y especialroen-

y nrenito. Jel e~tero

:fina. como el oro :fiuo,
bieu so.beis por qué yo os quiero!
Pude parecer grotesco
( escondido de la gente
ir a tomc.r el fresco
jnnto a la clara vertiente)
Bien so.beü1 por qné yo os quiero!
Vuestros sileucios bendigo.
y yo os piclo qne si muero
110 hal&gt;leis ja.miIB del amigo .....
Nadie conoce mis pena.1
porque no tnve testigos,
y los que sou amigos
Rabeu que mi vida es bneua.
Olas de la mar felina
que entre las ala!&gt; del vieuto
por besar la arena fiua.
dejan oír su lo.mento.
Bosqnes de hincas o::1cnras,
lóbregas y silenciosas,
que en mis tardes de amarguras
me eu,;eñarou tantas cosas.
II nsiones, desencantos ..... .
Tantos días de quebrantos
para uno de bonanza.
Pú.sose negro el velápien
que era blanco cual o.rmiüo;
las brisas ya no lo lamen;
de balde les hace un gnino ..... .

�El marinero está viejo:
fuma su pipa y recnerda:
era ágil como uu conejo
y hasta bailaba eu la cuerda ......
Bien sabeis por qué yo os quiero:
barcas, playas y bouauzas ..... .
La caucióu del marinero,
elijo bien mis esperanzas.
Na.die conoce mis petJas
porque uq tnve testigos
y los qne son mis amigos
saben que mi vida es bucu:i.
Barrios bajos de los puertos
podredumbres que se exhiben ..... .
Tabernas doude los muertos
se ilnsionau cou qne viven.
Y o desceudí a los suburbios
cnnuto seuti Ir. tristeza,
bebí los vinos ml'is turbios
y hallé dnlce la pereza.
Y o vi heteras taciturnas,
viejas cou mirar de uifia,
ofr1•cerse a las nocturnas
baudas de aves de rapifia.
Y o vi en sus senos P,Xhanstos
moril' los rojos claveles,
oílas hablar de faustos
,¡ne solo lns dejan hieles
...... Por c;;o cnautlo he seutido
q ne mi vida era uua carga,
calladameuta he bebido
cualquier cosa .... cu copa amarga
)', cobardemente, tristemente, sin querer, ~ollozo ..... .
mas siento que alguien me asiste
y me grita: haJ· nn reposo ..... .
ENRIQUE PoNCE.

5o -

Impresiones de Washington

Algunas ciudades han tenido la suerte de ser
fundadas en lugares privilegiados, que son como
la embocadura de las corrientes de la fortuna y
adonde llegan fácilmente los elementos para un
gran desarrollo. Con::;tantinopla y Alejandría,
constituyen ejemplos clásicos de este hecho en el
Mediterráneo oriental y Londres, París y Hamburgo lo son en la Europa occidental. El Nuevo \fondo nos ofrece casos análogos en las metrópolis gigantescas &lt;le Xueva York y Buenos Aires. VVashington, la capital federal, no puede figurar en
en este grupo. Ha sido levantada, es verdad, en
una posición eéntrica de la región oriental y en un
hermoso terreno llano o de su:n es colinas a orillas
del Potomac; pero, ni por sus industrias, que son
pocas, ni por su comercio que es relati,amcnte
pobre, ni por su animación. puede competir con
los grandes emporios &lt;le la Cnión. Washington es
una ciudad artificial crea&lt;la por la voluntad deJ
estado americano para servir dQ sede al gobierno
de la República, al parlamento federal y a los representantes &lt;le las naciones extranjeras. Carece

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51 -

�de aquellas formas de vida que resultan del crecimiento espontáneo de los pueblos; pero sí posee
lo que las riquezas de un fisco fabulosamente opulento han podido hacer; y la capital es una población de bellas a,•enidas, de parques, de magníficos
palacios oficiales y que cuenta, en cantidad y calidad, con monumentos como no los hay en ninguna otra parte del país. Lna amiga e inteligente_escritora chilena me decía con mucha sal que "ashi?gton Je había parecido una ciudad de día Donnngo.
En uno de los extremos de la Avenida de Pensilvania, que es la principal de Washington, se alza el vasto y magnífico palacio del Capitolio, done.lo se hallan instaladas la Cámara de Senadores,
la de Representantes y la Corle Suprema de Justicia. Esta grandiosa fábrica es de estilo renacimiento y su altísima y conocida cúpula se destaca
en el fondo de la avenida como una decoración insuperable, .
.
.
Del palac10 se descwnde por escalrnalas monumentales al vasto y hermoso parque que lo rodea .
En los días en que andábamos de visita por ahí,
que eran del mes de Mayo y de insoportable calor ,
el parque del Capitolio, como los otros de la ciudad, constituía un refugio para los sofocados habitantes. Se les veía en mangas de camisa, de espaldas en el cesped o sentados a la sombra de los
frondosos árboles y tirándoles miguitas de pan a
las simpáticas ardillas que, con toda confianza,
saltaban alrededor de ellos.
Así como en los países europeos. y especialmen-

te en

los del norte, se halla consagrado el estilo
ogival como el propio de los palacios consistoriales y otros de caracter público, en los Estados
Unidos han recibido consagración análoga para las
casas de gobierno los edificios de estilo renacimiento revestidos de gigantescas cúpulas. De esta
suerte encontramos imitaciones más o menos bellas del Capitolio en Oakland, en Sacramento, en
Madison y otras partes.
La Biblioteca del Congreso, ubicada no léjos
del Capitolio, separada de él por un regular espacio del parque mencionado, es también un ámplio
y bello edificio. No tiene las proporciones de grandiosidad externa que distinguen a aquel palacio,
pero en hermosura interior lo supera con mucho.
Los mármoles más ricos y de variados colores han
sido prodigados y artísticamente combinados en
pisos, escalinatas J columnas. Las bóvedas, galerías y salas se hallan decoradas con admirables
pinturas murales que simbolizan los estados más
importantes de la cultura humana. Sirve de salón
de lectura una imponente rotonda octogonal de
j aspe amarillo, extensa, alta y magestuosa como
un templo. A ella puede entrar cualquiera persona que desee consultar o leer alguno de los dos
millones de volúmenes con que cuenta la Biblioteca. A la altura del segundo piso, la rotonda forma uua gulería o tribuna circular a que tienen
acceso los visitantes que no van a leer, y en cuyo
antepecho se levantan como adornos cerca de veinte estátuas de poetas, filósofos y escritores, en
bronce y de porte natural.

-

53 -

�~o vacilo en decir que el vestíbulo es de u na belleza deslumbrante. J que todo el e&lt;li_ficio por su
riqueza y valor artístico debe ser el pr1 mer monumento arquilcrtóniro de los Estados Lnidos. Su
magnificencia solo puede ser comparada con el de
la basílica de San Pedro en Roma o la del Teall'o
ele la Opera de París.
La Biblioteca posee también ri11uísimas colecciones de mapa:; y grabados.
Otro importante edificio &lt;le la capilal, y de especial valor para los latino-americanos, es .el palacio de la Unión-Panamericana. Se ve que se ha
querido darle u 11 canicler reprcseutati, o. La construcción es de un estilo que podríamos llamar tropical del coloniage. El centro de la casa lo forma
un &lt;Yran patio espaiiol en el cual se mantienen como ~'ldornos plantas ~e la zona tórrida. En _medio
de ellas. dan realce a la escena algunos vistosos
papa o-a, os. ~Por qué se ha elegido lo tropical co1110 r~p~'esentati, o ele toda la A.n1érica Latina? eLos
papao·ayos están ahí corno cifras simbólicas de la
supu~sta verbosidad &lt;le los pueblos de este continente } de su disposición a repetir lo que los demás dicen? Quizá no haya habido tal maliciosa
ironía, ) la preferencia en favor de las plantas y
pajarracos ~e la rcgi?n ecuatorial haya !·c_su Ilado
Je que se ªJustan ruCJOr que otros a proposllos dccoratirns en un espacio reducido.
En la coruisa que rodea al patio se destacan los
nombres v los escudos de las naciones latino-americanas y "en una galería ad) acento, puestos en columnas de mármol, se oslcnta11 los bustos &lt;le los

54 -

héroes de la independencia de estos pueblos: Bolívar, San ~lartín, Artigas) tantos otros. lJna columna se ve desocupada en espera de su busto.
¿Fué d~stinado quizá por. un error a un pueblo
desgraciado que no ha tcmdo héroes? Ah! oó. Es
la que debe sustentar la imágen del héroe chileno
O'Iliggins. Mientras tanto, nuestro padre de la
patria, algo del espíritu de Chile, está ausente de
aquella congregación sagrada de mármoles vener ables.
~o podemos ocultar que nos dió pena esta
muestra de tanta negligencia.
Desde todos los puntos que hemos recorrido,
desde todas las calles, playas y parques se divisa
dominante el monumento del héroe epónimo de la
ciudad, del héroe nacional, del gran Wasliino-ton.
0
1Qué concepción más original y grandiosa!
_\fás allá de un umbroso parque en los bordes
de la población por el lado sudoeste, se alza cu
una despejada elevación natural del terreno la colosal obra de granito. Es un obelisco inmenso de
quinientos cincucnLa y cinco piés de alto que se
eleva hasta el ciclo como u11 mástil enorme, cortando la bóveda azulada con sus líneas rectas, magesluosas y ligeramente convergentes hacia arriba.
L:i ideación de este monumento rcxela cierta au&lt;lacia artística e intuición psicológica. No era fácil
:tdivinar en la simple contemplación de un plano
el cfecLo mar1nilloso que iba a producir en la realidad dentro de su extremada desnudez: de aquí
que fuera audacia concebirlo; y por lo mismocorrespondc admirablemente, como talvez ninguna

�otra cosa pudiera haberlo hecho mejor, a la gr~ndcza, sólida sencillez J rectitud del hé:oe que mmortaliza; de aquí su mérito psicológtco. En sus
caras lisas de dura piedra gris, no se encuentra
nin"una inscripción, ningún relieve, ningún medallón representativo. La columna se yergue ~oberana sobre la capital y la planicie corno un gigante silencioso, reconcentrado J bueno, enc~rgado
con su actitud de proclamar por la et~rmdad la
o-loria de un orande hombre; como un g,ganle que
despidiera efluvios bienhechores y obrara en los
espíritus por la evocación de sus val~res morales.
«~o os admireis, parece decir, de mi mudo continente acerca de mi significación . A mí no me
hacen falta caracteres escritos, ni cifras, ni retratos ni vanos adornos. Vosotros que pisais esta
tie;ra del héroe no podeis ignorar por qué estoi
aquí. Miradme, tneditad y elevad vuestros corazones en una oración de civismo.»
E~mQUE

11 11 11

MouNA.

Polvo Dorado.
Del libro "Vuelo en la Sombra".

Como lluvia de flores en campo de armiño,
mis recuerdos alfombran mi ruta soleada.
Soy el mismo muchacho de ayer, y quisiera
ser el mismo muchacho mañana.
Hay un suave rumor de agua siempre viva,
y de hojas que mueve la brisa ligera:
unos labios que besan los míos, y luego
unos ojos que lloran mi ausencia.
Siempre ha sido lo mismo: mis férvidas manos
han formado con plumas de ensueños un nido,
y una tarde cualquiera en que sopló mal viento,
han nevado cenizas de olvido.
iOh, mis manos, princesas de amor y pecado;
oh, mis dedos, si hablasen, dirían imis dedosi
un poema de suaves contornos humanos,
temblorosos de deseo.

-

56-

�Ellos oirá11 mat1ana la misa de requiem
de mi vejez, si baja también a mi huerta.
Mis recuerdos, floridos, el polvo dorado
serán de mis alas inquietas.

A un grillo

Discurso pronunciado por el doctor Santín C. Rossi,
(Adoración)·

en la Recepción académica en honor de los. doc-

Sobre el libro cerrado, en el vientre de oro de
[una O inicial,
se ha detenido el grillo y se ha -eu~s~o a escuchar ...
-En mis ojos un beso y en m1 s1g1lo amor ... ,
dos ópalos bañados en fervorlban ya tantas noches, tantos días,
que cantaba, cantaba, donde y cuando quería¡

tores Osear Fontecilla y León Velazco Blanco.

Grillo, huesped de mis libros y mis versos,
promovedor nocturno de mis divagaciones y en[sueños inconexos;
si supieras quien soy Cendulzarías
con la voz de tus élitros la mía?
csería tu sutileza capaz de resistir
.
el ofensivo aliento de mi humano decir?
· Grillo hermano, grillo hermano,
como un cáliz se abre el"hueco de mi mano.
Verás que, aunque soy hombre, no soj inc?mLPrens1vo,
y que sé no dañar a un ser inofensivo;
te hablaré blandamente,

_.

58 -

Amigos:
Saludamos en vosotros a dos heraldos de la
Ciencia en América.
Por segunda vez venís a testimoniar en Montevideo vuestro fervor por las causas sagradas. Estudiantes , vinisteis a evocar el porvernir del Continente, en un arranque de solidaridad fraternal;
médicos, os sigue preocupando el porvenir de
América, puesto que estáis aquí para ocuparos de
los niños.
Habéis sentido, por dos veces, a largos años de
distancia, el deber de las civilizaciones que se acercan a la edad adulta, ese deber superior de no seguir siendo parásitas de las civilizaciones provectas. La continuidad de vuestro pensamiento es noble augurio de eficacia.
En el estado actual de América, ya no hay de1-echo al parasitismo. La gravedad de la hora es
demasiado intensa para arrojarla toda sobre los

60 ·-·

..

�como a aquélla que en sueiios a m1 espírilu aso.
[ma;
( no en palabras candentes de algún bárbaro idio[ma)
en la lengua que tienen para tí, la borraja,
el trigo, un pliegue, un muro y la brizna de paja.

hombros de Europa, por rohuslos que ellos sean.
Es menester demostrar que el Nuevo Mundo es algo más que un gigantesco mostrador de aduana,
que compra ideas e instituciones con la lana de sus

Grillo hermano, grillo hermano,
hay tibiezas de nido en el hueco de mi mano.
AnM.

CARRILLO RuEDAS.

Docter OSCAR FONTECILLA

corderos y el trigo de sus, -pampas_. '•Pesa com_o
una montaña sobre la Amenca Latma-nos lo dijo nuestro doctor Soca en un discurso memorable
- la acusación de esterilidad. Habría malgastado
sus maravillosas eocrgfas en bajos y fútiles placeres, y nada habrfa llevado al patrimonio común

,
-- 59 -

�de ideas J de emociones que son la fuente y la excusa &lt;le la vida lmmaua".
Repitamos con rubor esle ultraje, en la esperanza de que las jóvenes generaciones de América
tendrán la dignidad de levantarlo. No es que JO
piense que deba hacer una ciencia '' americana"
ui un concepto ''americano" sobre las cosas. porque sé que la vida es maravillosamente única a
lraves de sus mil formas, desde el v~jetal hasta el
hombre, y qu~ así como todos los fenómenos de
la vida pueden reducirse en definitiva a una sola
función, a la función de asimilar, acaso las mil
formas de la vida misma puedan reducirse a un
solo fenómeno, el del equilibrio físico-químico de
la Energía, ley de la célula que no es hombre y
de la molécula que no es célula.
Pero por lo mismo que es discutible la posibilidad de una ciencia regional, es más discutible aún
la necesidad de esperar de otros continentes la revelación de nuestros destinos de hombres.
América está. situada mejor que cualquiera otra
colonia humana para encarar los problemas eternos de la humanjdad, porque ya conoce la senda
de la Montai'ía-la Ciencia - y no sienle a sus
pies la cadena que limita los vuelos dcGnivos, la
Tradición.
Porque el progreso de la humanidad en la ruta
de su evolución es una suma algebraica de Ciencia y Tradición. La diferencia entre ambas entidades es más de métodos que de aspiraciones. Ciencia y tradición son dos esfuerzos nobilísimos que
hace la inteligencia humapa para comprender la

,·ida , solo que donde la Tradición se detiene, creyendo termmada su obra, la Ciencia sigue investigando. La tradición es la Historia que cuenta los
ensayos de los primitivos, mientras la Ciencia aspira a ser una Historia de la Realidad, la historia
natural del Universo.
Se repite en las aulas como un dogma la frase
de Michelct: "La Historia es la maestra de la Humanidad", a pesar de que esa frase es tan falsa
como popular.
Si la Historia fuera la maestra de la humanidad, no hubiera hahido en el mundo un César
después de un Alejandro, un Napoleón después
de un César, ni esa caricatura de Carlo Magno que
van a senLar en un banquillo para responder de
delitos policiales!
La lustoria será la maestra de la Humanidad
cuando no sea la de los hombres, sino la de la naturaleza.
La historia de los hombres tiene el pecado original del Error, porque faltó en sus documentos
el bautismo de la Ciencia: fué hecha por la imaginación ensayista de los hombres, ella si personal
o regional, y cambiante como el temperamento individual que la alimenla. La ciencia es, como la
tl'adición, un proceso humano, pero no tiene la
pretensión do ser origi11al ni creadora; ella queda
sorda a la Imaginación que la empuja desde adentro y vuelve hacia el hombre· desde su puesto exterior de observación.
Esa es la sola diferencia entre ambos métodos
de conocer la Realidad, pero ella es inmensa y de-

-

63 -

�c1s1va. Arrancando a la Naturaleza los secretos de
su conservación J su marcln progrcsiva ,-aunque
se le escaparan siempre los ele su origen,-es como la inteligencia humana podrá un día dar estabilidad a sus ensayos, y dejarlos como instituciones definitivas. La Tradición no procedió así, ni
era posibfe que procediera, falta de instrumentos
&lt;le observación,-y el hombre tuvo que improvisar porque tenía impaciencia por salir del estado
animal &lt;le la primera colonia humana.
Sería infantil acusar al primitivo de no haber
i1n-cntac!o el matraz o el microscopio, pero es tan
infantil exigir de la Ciencia la obediencia a la tradición que ocupó un espacio por oo haberse inventado todavía ni el matraz ni el microscopio.
lloy, el edificio de la civilización tradicional
cruge un poco por todas partes. Y he aquí que
mientras los hombres de ciencia se aprestan al
examen de los muros que se caen, los tradicionalistas se eponen, redoblando de energias para
apuntalar los techos sin cimientos.
La Tradición es muy fuerte todavía porque
arrojó en el terreno más fértil del hombre: el Sentimiento.
Todo lo que constituye la Tradición-obediencia. al pasado, el respeto al Presente, el temor a la
transformación sacrílega-Licue por base la es·poutaneidad de un sentimiento, inconsciente como una
cuna, sagrado como una tumba. Cuando el sentimiento ha dejado de ser espontáneo y se analiza,
la tradición empieza a derrumbarse. Entonces aparecen los renovadores, que no son más infalibles
-

6{¡ -

que los otros hombres, pero que tienen sobro los
otros_ !a -ventaja de que han perdido la fé en la
Tradtc16n, dulce venda sentimental que impide la
visión inteligente. de las co.,as.
Y bien, esta últi ;n:i es la sit:.rnci6:1 de nuestra
A~érica, en lo:. deba~cs del prc3Jute. La propia
ps1colocri.a de la conquista uos auguró esa misión
renovadora. Aqu· vínieron los avculuroros, los rebeldes. los audaces, los segunJoncs desheredados,
y su ~bra primera fu~ desmentir lo.; dogm::u; que
pare~1ao etcruos. As~, practicaban li Rcliiión, que
predicaban la fratermdad y la paz entre los hombres, y ellos mataban; crcian en la Patria como en
una institución divina, y se la arrebataron al natiV? para un amo de ultramar; proclamaban la Propiedad, como un derecho de posesión, y ellos
robaban la ~el indígena, _q_ue pasab:m de señor a
esclavo; cre1an en la fam1ha como en un rito sagrado, y violaban las esposas de los indios, para
luego abandonar sus bastardos en los hogares destruidos.
El Sol de los Incas alumbró todas las má11chas
de la civilizacióu tradicional, y lo que se deduce
d~ _los horrores de la conquista no es tanto la falib1hdad de los hombres como la fragilidad de los
dogmas.
_Esto hace la superioridad de A~érica para examinar los defectos de la· vida actual del hombre.
Tod~ lo_ que la mueve es aj~no, y su mentalidad
propia tiene un poco el aspecto de sus tierras virg~n.es, con algu~a zarza de a·b andono eh la stlt&gt;erfic1e mculla, pero mtacta la poteneia de su fecundidad.

-

65 -

�Si la generación actual no hiciera otra cosa que s?mbrar en la mentalidad americana el culto de la ciencia y el concepto verdadero de la Tradición, ya habría ella puesto la proa del Continente rumbo al
destino.
¿Cuál será ese -destino?· ...
Ya no es profecia augurarlo como el señorio del
Hombre, sobre él mismo y las cosas de su ambiente.
Todo hace suponer que el Hombre, libertado de
las tradiciones que lo sujetan al · error, levantará
sus edificios sentimentales . sobre las leyes de la
Naturaleza. El tema es vasto y la obra es ardua
todavía, pero como la vida es un fenómenó del
equilibrio universal. el hombre mismo tiene que
entrar en las leyes_del equilibrio si quiere seguir
viviendo. Yo tengo confianza en el porvenir, porque observo que mientras todos los ídolos caen, la
ciencia sigue su mar~ha ~riunfal. ~ero, por desg1;acia, los hombres de ciencia son umlaterales todaV1a.
Les falta aceptar el Sentimiento como una fuerza
natural, cuyo poder efectivo ahora desconocen o
desdeñan. Cierto que el Sentimiento no es mensurable, y que siempre quedará por encima o par
afuera de la ciencia, como el color cambiante de
los pétalos queda fuera de las leyes nutritivas de
una rosa.
Pero la Cieneia no se opone en nada al Sentimiento, y en lo único que éste cambiaría si lo
aceptara por guia, seria en tener por cauce la Verdad en lugar del Error. La Ciencia no excluye ·la
existencia de las emociones que e..xplica, como el

-

66 -

botánico no destruye el encanto de la rosa cuando
descr~be el eign~ento que le da color.
~~1, la Ciencia daria como tema al sentimiento
religioso ~l culto de la vida y el amor a los hombres; harta ~mar a la patria la cooperación social
en la conqll:1sta sobre el a~óiente; haría respetar
en la propiedad la necesidad de ubicación en el
espacio y el lejítimo goce del esfuerzo· consolidaría en la familia.!ª abnegdción mutua que dicta
el afecto_ y la emocion de recuerdos que no quieren morir.
La ciencia, en fin, no aspira más que á dominar todos los a_spectos de las cosas que rodean al
Hombre, y a darselas al Hombre para su emoción
señora del mundo. Pero no al Hombre actual:
p_o_bre ~rometeo en~denado á la roca de la tradiocion, smo al Hombre conocido y explicado a su
vez, al hombre completo, libre de los buitres que
é~ mismo
ejendrado, apto para todas las- emocion':5 y digno de toda libertad, porque por haber
do~•-ºª?º todas las formas de equilíbrio tendrá su
e~u~hbr10 supremo: el dominio espontáneo de su
limite .. .
. Sobre ?Sta visión de gloria termino este mensaJe de los mtelectuales de Montevideo a dos hombres de cienci~, de América, recordándoles que el
pu~blo que deJO huella más profunda en la civilizaci?n fu.é aquel que pobló el Olimpo con imágene,s 1deab~adas de _h~mbres y mujeres, dándose
as1 por dioses sentimientos humanos que él no
pudo pcrfeccionar.

?ª

fil

11

�1

Fragmentos de la coAferencia del Dr Fontecilla,
sobre LA FÉ DEMOCRÁTICA.
iCólllo influyen en los juicios humanos. lo.s af'ectQ~ q,ue nos dominan! ICómo los sentimientos invaden ~n impetuoso flujo los dominios de la razón:
como la oscurecen, o iluminan, la orientan o la
pierden! Hermosa página de 1:\ 6losofía es ésta que
estudia las íntimas relaciones y armonías, los con.tra~~tes y conflictos de la raz~m y del afecto. desde
los planos suaves y claros de la normalidad
corriente, hasta ~os, lin9eros si~i~stros de la enfermedad y la locura.
Mucho hablamps de evolución y trasformismo,
Ber? ·es. ~o cierto qu13,, _sin _dii;cutir las sucesiones
filoJenétic~s. en la. historia aparece el hombre
como una especie 6ja, en el sentido de presentar
caracter~s propios tan eminentes y distintos del
mundo orgánico, que ya se exije la formación de
una nueya ciencia, separada de la biología general,
la biología humana, en la cual se descubren leyes
especiales y esclusivas de nuestra vida, sin corres-

-

68

pondencia apreciable entre los seres inferiores. En
efecto, señores, la anatomía de nuestro cerebro
se asemeja mucho á la de otros animales, pero
funcionalmente, hay un abismo entre ellos y nosotro~. El cerebro humano culmina por su función y
el hombre se define por su función psíquica. Nuestros actos se diferencian de los movimientos reflejos y de los actos más o ménos automáticos por la
interposición entre el impulso esterno y nuestra
reacción motora de un elemento psíquico de tal
manera preponderante, que imprime al hombre
un sello específico. Nuestros actos se determinan
sobre todo por este factor interno constituído casi
esclusivamente, segun el comun sentir, por nuestras ideas. ¿Quién no ha oído proclamar como
verdad incocusa este postulado lleno de nobleza:
las ídeas guian al mundo, las ideas conducen a
los pueblos, las ideas arrastran a las multitudes?
Se cree afirmar así la definitiva liberación de la
especie, la gloriosa supremacía del intelecto sobre
las influencias inferiores. Hay, sin embargo, en
esas fórmu las así definidas la supervivencia funesta de un error cuyas consecuencias, múltiples y á
menudo gravísimas en la vida social, en la vida
política y en la vida internacional de los pueblos,
vale la pena poner en evidencia. Pero antes de
tocar este aspecto tan importante de la cu~stión,
debo definir mi propia actitud.
Yo no entro en esta amplia casa del pensamiento co:no delegado de ningun gobierno, como representante de ningun pueblo, como ciudadano de
ninguna república, como discípulo de ninguna

-

69

�escuela, prósélito de un partido, propagandista de
un culto o defensor fanático y heroico de ninguna
bandera! Entro en mi simple calidad de hombre
y me encaro con los fenómenos sociales como ser
libre, autónomo y pensante. Si la verdad que yo
proclame á alguién hiere, amigo ó estraño, miserable ó magnate, nación ó grupo, no es culpa mía
ni de nadie: será una chispa errante que a traves de
mi cerebro llegó a mis labios y como sabeis, señores, la luz viene de arriba y no podemos evitar que
el sol alumbre!
Contra lo que comunmente se cree, en el juego
constante de los influjos psicolójicos, es el elemen- .
to afectivo lo que determina la acción: no es imá.;.
gen o representación en si misma lo que produce
el impulso, sino el tono emocional que la acompaña Lo que equivale a decir que la fuerza es el
afecto, siendo el pensamiento solo su vehículo y
nadie discute ni pone en duda el poder dinámico
de los afectos que intervienen en las relaciones humanas de tal modo que a priori, se puede. asegurar
su soberanía casi absoluta en nuestra vida diaria,
individual y social. La imágen pura, si alguna influencia tiene en el determinismo de los actos, lo
ejerce por intermedio. del tono emocional que la
acompaña. y así afirmamos que las llamadas ideasfuerza son aquellas que producen estados emocionales o pasionales más o . ménos intensos. No gobiernan, pues, al mundo las. concepciones abstractas y de allí resulta lo que podía preverse: no son
los más altos y sólidos intelectos los que acaudillan

y manejan a las multitudes ni son los sabios los
que mayor espacio ocupan en el determinismo de
las acciones colectivas: son los hombres plenos de
pasiones indomables y afectos irreductibles, capaces de despertar por contajio sentimientos análogos en la grei humana; son los evanjélicos y los
santos, que arden y se consumen en la- hoguera
perpetua del misticismo, y son los trovadores y los
poetas, esos sensitivos armoniosos y dulces queparecen evaporar todo su espíritu en la divina fragancia· de sus versos. Son ellos, señores, los que conducen al mundo: son ellos los fuertes. Aun estamos
llorosos por el que acaba de marcharse por los
caminos de la gloria: ( 1) hemos quedado como
sumidos en una orfandad inmensa, y al apagarse
su voz que fué como una caricia suave y purísima,
al cerrarse como en un sueño de justo sus ojos
cargados de divinos y superiores reflejos, se ha
hecho en las conciencias un vacío angustioso y
desolante y nuestro desgarramiento íntimo atei,tigua que se ha tronchado uno de los más sólidos
pilares de nuestra ~lma.
Y no hay para que insistir sobre un hecho cuya
evidencia se impone por sí misma. El afecto es el
gran motor de la sociedad; es la fuente inagotable
de nuestra energía dinámica; es, en rcsúmen, el
impulso, el movimiento, la acción.
(1). Acabab ~ de fallecer en Montev ideo el poet a Amado Nervo

�Ahora bien; el proo-reso se realiza cada vez que
una idea útil se satur~, por decirlo así, de un tono
emocional suficiente p_ar~ ponerla en march:1; Ideas
útiles puestas en movimiento por la emoc10?; eso
es el progreso y prosupone, en consecuencia . un
doble desenvolvimiento: intelectual y afectivo.
Nuestro avance ideolójico exige una evolución s~ntimental adecuada para que se prod,uzca _el meJOramiento. Y nuestro progreso se~•a. umf~rme y
armónico el dia que el desenvolVImtento intelectual y el afectivo fuesen paralelos. Pero este paralelismo no existe.
Empleamos nuestra inteligencia y nuestra a~tividad donde podemos, pero sus resultados vanan
según el punto de aplicació_n. ~sta aplica~ión'. ,en
la naturaleza, produce la ciencia; esta aphcac10n,
sobre la humanidad · misma, produce la moral, y
con la moral, la justicia. Pero de las dos tar~as,
una es más fácil que la otra y va más de :er1sa.
Conocer y dominar a la naturaleza, es un Juego
comparado con la obra de conocer y moralizar al
hombre. Y de esta falta de paralelismo entre laa
dos formas fundamentales del desenvolvimiento
humano resultan todos los conflictos y todas las
crísiis de la sociedad. El desenvolvimiento intelectual tiene como resultante el conocimiento y el
saber ; el dese~volvimie_nto y e~ saber; el desenvolvimiento afectivo se smgulariza por el ensanche
continuo de un sentimiento básico: la simpatía humana. La idea nueva puede ser todo lo atrevida,
todo lo cruel y todo lo peligrosa que se quiera: no
hará daño alguno a la sociedad si se le opone

-

72 -

como defensa el sentimiento invencible de la simpatía humana.
Como dos corceles de desigual vigor y &lt;le empuje desigual, el progreso intelectual y el progreso
moral nos tiran de traves y a veces Jlegan a comprometer en forma grave la ma1:ch~ del conv_oi.
Cuando el retar·do del · desenvolvumento afectivo
es demasiado grande en un grupo civilizado, puede
lleo-arse hasta la aberración do emplear iodas las
fu~·zas de la vida en la producción de la muerte
Ahí está el caso reciente de Alemania.
Acabo de leer el notable discurso de Poi ncaré en
la Escuela Normal Superior; creo imposible que se
resuma con más habilidad el largo proceso histórico que nos esplica la conducta anti-humana de los
imperios centrales. Sin embargo se puede ahondar
más aun el estudio científico de este caso. Recuerda Poincaré la frase de Ernesto Haeckcl en su Antropo(J'enia: «La fuerza prima sobre el derecho,» y
la de Hasse: «La moral del amor al prójimo, que
puede ser admitida entre individuos, no debe ser
tolerada entre naciones&gt;&gt;. A esto hacen coro 93
famosos profesores , hombr~s eminentes, un_iversalmente conocidos. Y en realidad no hacen srno formular las últimas y estremas consecuencias ló~icas
de su ciencia. Allá nos llevaban las deducciones
razonadas de la biología, como podemos verlo en
las propias obras de Le-Dantec: &lt;&lt;Espíritus jenerosos han deseado el adYenimicnto del reino de la
ciencia, porque han visto en él la promesa del ~ei110 &lt;le la justicia. Hay que dcsengaiíarl~3; el rc1_no
de la ciencia, si es posible, si una hum1111dad lógtca

�es capaz de vivi1·, no será el reino de la justicia pues
la justicia no es una yordad científica. Es necesario
ser muy poco clarovidentc para no percibir que la
moral es una supercheria. No se trata ya ele saber
cuál es la causa buena y cuál es la mala. Las armas
decidí rán y el buen derecho será el del vencedor. Los
hombres que c1·een verdaderamente en esta vieja
moral son unos ingenuos. La moral está en quiebra y no -se rehabilitará sinó para los imbéciles. o
hay más derecho que el que se puede defender a
cada instante por la fuerza". De donde fluye esta
conclusión: •'Los descubrimientos científicos contradicen los principios sobre los cuales reposa la
sociedad humana desde hace siglos y que la guerra
actual ha reducido a la nada, mostrando que, en
las grandes ocasiones, todo el mundo se inclina
ante el derecho del mas fuerte».
Pero ecómo la ciencia pudo llegar a proclamar
estas fórmulas monstruosas?
La ciencia positiva contemporánea se halla impregnada y dominada de un lado por el dogma del
trans formismo y la doctrina evolucionista, de otro
lado, por la unidad de las le1e.s de la naturaleza,
desde el guijarro hasta la amiba y desde la amiba
hasta al hombre.
La tendencia general de la ciencia a medida que
progresa, es la de acercarse más a la unidad. Mientras mejor so conocen los diversos cuerpos que
forman el universo, mejor so aprecia el carácter
general de las leyes a que so llega; se tiende asi a
universalizar las relaciones y las leyes que la ciencia esperimental ha revelado y se concluye en el

monismo científico, os decir, en una ciencia única
para todo el universo: cuerpos inanimados, seres
vivos, hombres. I es. esta ciencia única, comun a
todos los cuerdos del universo lo que so, quiere dar
por baso y fundamento a la nuern 6losoüa.
Se l~a estudiado la serio de todos los cuerpos
del umvers~, desde el hombre hasta la amiba y
hasta el guijarro y se ha declarado que idénticas
son las leyes para todos y que es imposible descubrir en un término de la serie, el hombre, por
ejemplo, una facultad que no so halle ya en grado
más o menos desarrollado, en los términos más
inferiores de la serie. Es el antiguo razonamiento
de Diderot: c1 hombre es una arcilla viva; además
es un ser pensante. Por consiguiente, para la ciencia así comprendida, siendo iguales las leyes en
todos los grados de la escala de los seres y de los
cuerpos del universo, no pueden existir para el
hombre reglas do conduela diferentes de las que
rij~n Pª:ª e~ conjunto del mundo: no hay, pues,
mas obligación moral, deberes y derechos, ideas
~el bien y de lo justo en el hombre que en el gui¡arl'O; el uno y el otro obran fatalmente, no hav
más mor·al fara el uno que para el otro: se suprime la mora.
. Para esta misma doctrina, desde el punto de
vista de las relaciones de los in&lt;li, iduos entre sí,
sólo es aplicable e inteligible la ley de la lucha por
la vida, que es la ley darwiniana del universo entero; no hay deber ele solidaridad ) de colaboración para el progreso entre los hombres que entre
las piedras clcl camino y los árboles de uua selva;

�no hay más derecho inlerindividual o internacional que el que crea la fuerza; todas las asociacion:s. humanas so b~san csclusivamontc sobre el
ºo?1s~n? y su capacidad el~ daiiar. Acoplando estos
prmc!p10s se acaba la soc10logía y la moral, o moJ?r dicho, se ll_ega .ª promulgar, con toda la autondacl de una c10ncia sopara de sí misma, una moral _obsolutamente inmora_l y una sociología antisocial q_~e nos condu?1_ría, aplicándola, a la
&lt;lestrucc1on total y definitiva, no sólo do todo el
progreso humano, sino de toda la sociedad humana.
\ bien, set1ores, en estos postulados, cubiertos
con un manto tan augusto, hay un error, error
profu!1do que ton:ia ahora proyecciones trágicas,
san_gnenlas y ternbles. La ley de Darwin no se
ap~1ca en nuestrá sociedad como se aplica en los
amn:ialos porque entre nosotros la modifica sustancialmente una fuerza nueva, poderosísima, de
la c_ual ~an ~fo lomar nota los investigadores y los
sab10s s1 qm~ren . construir la nueva ciencia que
se reclama, s1 quieren construir la biolo..,ía humana. Est~ f~erza, esto factor es la simpatíf lrnmana,
ese senhm1enlo que, romo decimos define en cierto modo nuestro desenvolvimiento afectivo ensanchándose per?nn?rn.enle i &lt;laudo a nuestra especie
su sello prop10, umco y caraclcrístico.

.. É~t;e· ·1~~ · ~~~bl~~ · g~;~fl;1i~;s: ·i i~~~~tabl~
atraso do su desenvo!Yimiento afectivo hizo posible ese co?s?r.cio abominable del orror científico
con un m1shc1smo primitivo correspondiente aca-

so a etapas ancestrales y remotas de la especie.
Esta desarmonía, este verdadero desdoblamiento
de la personalidad, puede revestir tan lo en el índi"iduo como en los pueblos las formas jenuinas
do la vesania y traducirse por actos de verdadera
locura. Felizmente las naciones más civilivadas,
aquellas en que la simpatía humana alcanza el
máximo, lograron encerrar a los pueblos &lt;le tendencia anti-social en una invencible camisa de
fuc-rza. Y como la justicia moderna es no sólo represiva sino pre,enli,·a, como no sólo ve el crímen, sino que estudia al criminal, para comprender la actitud severa de Inglaterra y Francia en
los momentos actuales, es preciso tener presente
que se hallan abocados al grave problema de pre\'enir futuros accesos &lt;lelirantcs y místicos do la
Europa Central. :\o ejercen venganza: hacen la
profilaxia.
Sin embrago, señores, no diríamos la verdád
entera si no afirmáramos que esta. desarmonia existe tambien en ciertas grados en todos los pueblos
de la tierra. Esta desarmonía existe, además en
lodos los hombres. I es más acentuada, más patente, más honda , en los individuos que en la sociedad .Y que en los pueblos, lo que equivale a decir
que la sociedad en su conjunto es mejor que cada
uno de nosotros; la humanidad es mejor que el hombre. En sociolojia, no es cierto que el todo sea la
suma exacta de las partes, y así ocurre que un
ejército puede resultar mejor que sus soldados, así
como el amor. segun la espresión &lt;le ;\fusset, es
mas bello que los amanlc&gt;s.

-

77 -

�Esto es una verdad inconmovible y fecunda: la
sociedad mejor que el hombre, lo toma, lo corrije,
lo moldea, lo levanta, lo dignifica y lo guia. El
individuo solo, aislado, entregado a su propio instinto, el hombre primitivo, en fin: ~o es moles~ado por ningun lazo'. no se halla_ coh1b1do en la satisfacción de su ego1smo por mngun deber, no lo
detiene ningun sentimiento moral. Pero he aquí
que llega la asoci~ción q~e lo libra de su propia
bajeza, de su propia ferocidad y lo defiende contra
la ferocidad de los otros hombres. Esta nueva entidad superorgánica que llamamos sociedad, ~o
sólo lo auxilia y favorece en su lucha con el med10
cósmico; lo abriga tambi~n _contra la agresi?n ~umana. El triunfo del socialismo (tomo el término
en su más amplio sentido) sobre el individual~smo
ancentral, es, pues, el triunfo y la liberación del
individuo, porque, lejos de deprimir la libertad,
permite, por el contrario, su desarrollo, en lo que
ella tiene de superior y de noble, ·
Por consiguiente, la sociedad empuja al hombre
hácia arriba, pero lentamente. El individuo está
en retardo respecto de la sociedad. He aquí una
prueba. Acabamos de celebrar una_grande y hermosa asamblea destinada a estudiar los medios de
conservar y mejorar la raza protejiendo a la infancia. Tengo a la vista las c?nclusiones de es~ c~ngreso: ellas son verdades científicas, son rect1fi_cac~ones justicieras, son medidas santas y humanitarias
que los sabios aconsejan y proponen a la sociedad.
La sociedad americana las acepta, las acoje, las
aplaude. Mas, ¿cuánta parte de este código jeneroso

se aplic~rá en la vid~, cuántas de estas reparaciones escritas se traducirán en efectiva justicia, cuántas de estas verdades se pondrán en marcha? Por
el momento una mínima parte, y trabajosamente,
penosamente, porque el egoísmo individual se defiende con dientes y uñas; el grito feroz de las
cavernas aun resuena en los palacios y el lobo se
pasea, ufano y amenazante, entre las multitudes
que tiemblan y que lloran . . ...... . ... , .... . .

·,·_Ei ii~~b;~· ~~ú -~~ ~~t~~á~.- ·y.~~. i

ó~a~~ Í&gt;;_

litico, es fac1l comprobar que las democracias se
hallan por encima de -_los ciudadanos, pues el sistema presupone una virtud que aún no existe. En
efecto, señores, una democracia exige una fé democrática y en la inmensa mayoría de los hombres estafé está ausente. Verdad particularmente
apli?able a la mayoría de los pueblos latinos. Y a
la vista d_e los hec~os, si debemos aceptar que la
democrac1~ ~sel meJor de los régimenes, convengamos tamb1en en que la pseudo-democracia es el
peor de todos.
La demo~racia se haya escrita en las leyes, pero no se ha incorporado a las costumbres. La República _decreta el régimen, pero la vida no se
adapta smo muy lentamente a esas fórmulas vervales; subsiste el abismo entre la idea y el afecto
cap_az de PºI?-crla en marcha y de convertirla en
meJo.ra efectiva. Y creemos a veces haber alcá.nzado un gran progreso cuando solo hemos hecho
un declaración abstracta. Nacida de la razón y decretada por ella, la democracia aún no cuenta con

-

79 -

�el asentimiento caluroso de nuestros corazones. La
iaualdad que solo es un derecho, muere y se cor~ompe: no hay que decir que somos iguales a
nuestro prójimo; hay que desear serlo. ::\fo se leaisla la fraternidad:
hay que sentirla. ~o podemos
b
•
.
oblirrarnos a ser hbres; tenemos que capacitarnos
y ~erecerlo. La libertad es no solo un derecho:
es una aptitud. Como afirma ,Vilson, hs esperanzas de la especie no pueden mantenerse solo con
palabras, con declaraciones doctrinarias referentes
a la libertad y al derecho: el objeto de las democracias es trasformar estas cosas en vida y acción
sociales, en sacrificios y en renunciamientos. Consiste en que los hombres y las mujeres hagan de
su existencia una encarnación del derecho mediante un servicio social claro y consciente.
Dificilmente se podría resumir en menos palabras y con más elocuencia todo nuestro problema
social: poner en concordancia al ciudadano con el
hombre; poner al individuo en su vida y en sus
costumbres en armonía íntima, real, definitiva con
el réaimen decretado por la sociedad. Hasta ahora
he-m~s unido estos términos por una lógica abstracta, en el derecho, pero no en el hecho. Y mientras esta adaptación no se haga efectiva, por la
moral, mantendremos una vana apariencia de concordancia mediante el mecanismo político y las
declaraciones ideológicas. Nuestras fórmulas, entre tanto, serán letra muerta: si no creemos en
nuestros dogmas, nuestras acciones pugnarán con
nuestros principios, nuestra conducta reposará sobre una mentira perpetua y no curaremos este

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80 -

mal de las democracias latinas: la falta de fé d0mocratica.
IY qué grave y qué peligrosa es esta situació11
de desequilibrio interno! Qué funestas consecuencias va teniendo sobre todas las manifestaciones de
la vida esta democracia ilusoria y falaz! Psicológicamente, crea el igualitarismo; económicamente,
la desigualdad. Del individuo no emancipa siuo el
deseo, pero lo hunde de hecho en la servidumlire .
Este sistema presupone que todos los hombres son
naturalmenLe iguales y que tienen igual derecho a
hacer triunfar sus intereses. Pero como esta igualdad natural no existe, y como las instituciones sociales y la herencia histórica la hacen doblemente
imposible, se sigue que el número de los vencedores disminuye cada vez más, mientras que el _de
los vencidos a los cuales se rehusan las ventaps
de la libertad y los goces de la vida, aumentan sin
cesar. Este sistema crea en los hombres, que se
dicen libres y que s_e sienten escl_avos,. un es~&lt;lo
de ánimo incompatible con la existencia. ¡Cuantas veces, por mi oficio he tenido que asomarme a
esas almas torturadas y dolientes en las cuales la
mentira política, la mentira ec~nómica y la mentira social habían cegado para siempre las fuentes
de la aleoría íntima y paralizado el juego fecundo
de todas las eneraías morales I Eran los tristes despojos que el régi~en de la incoherencia y d~l desequilibrio arroiaba sobre nuestros b~azos 1~poLentes, y viendo salir a uno de estos libres cn~dadanos de la República, tristes esclavos de la Yida,
exclamé con amargura: La pseudo democracia sir-

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81

�cimas del cacrificio, las cumbres de la gloria, las
altura~ del progreso? Porque si el progreso presuve para engendrar la ambición arriba y la inquiepan&lt;:_1de~s y afectos: sentimientos y raciocinios,
tu dabajo; la hipocresía en unos, el cinismo en
1ntehJencia
y fe; y s1 ésta es eterna como la razón,
otros, el desencanto en todos.
'i como la razón, necesaria; si solo cambia de
Avanzamos, pues, en sentido inverso de nuestras ideas: los pueblos aspiran a la democracia,
forma con los tiempos y nunca mucre, ) o me
pero la civilización no la realiza, pues bajo la dipreg?-nto ccuál es la 1:orma nueva de la fe, en qué
consiste la fe de los tiempos nuevos? tCuáles son
visa de la igualdad no hace sino aprobar las desigualdades. cSerá cntónces verdad lo que sostenía
las fuer~as afectivas y cuáles l~s creencias de que
puede d1sponer una democracia para realizarse de
Rousseau cuando decía: «Si hubiese un pueblo de
veras en el corazón de los ciudadanos? éEn qué
dioses, se gobernaría democráticamente; pero un
signo conoceremos, para hacerlos conductores del
gobierno tan perfecto no conviene a los hombres"?
pueblo a aquellos hombres en quiénes arda el
No lo creo. y permitidme, que-mirando al porveamor verdadero del bien público:} cCómo fundar
nir, yo mezcle a mis palabras el soplo de mis anesta nueva religión y cón.10 reclutar practicamente
helos y esperanzas. Abomino de la democracia fala los sacerdotes de la democracia? Se dice que esta
sa, más confío y espero en la jenuina y verdadera:
veo en ella al instrumento irreemplazable de las
no es el gobierno de todos, sino el gobierno de los
mejores. Más vale decir enlónces: la democracia
próximas y gloriosas transformaciones c¡ue se dies el gobierno del hombre por la justicia, y como
señan ya en la sociedad humana. Pero afirmo con
la justicia es una función moral, yo agrego: o conun convencimiento íntimo que para cumplir ese
vertimos la democracia en un objeto de fe y la ininmenso destino, la democracia ha de encenderse
flamos de un aliento espiritual ) místico. o seauiy exaltarse primero en una fé que le falta. La democracia sin fé es algo inconsistente: es un especrá siendo indefinidamente una frase y una ~entro, es una sombra.
tira.
Entre tanto, señores, miremos en torno nuestro;
............. . ... . ............. . .........
Al amargo deber de proclamar estas verdades
mirémonos nosotros mismos: ¿adónde está el
se
combina hoy para mí la gran satisfacción de
principio de abnegación realmente eficaz que p&lt;r
sostener
que entre todos los pueblos latino-ameriseemos? cAdónde está la creencia que alimenta
canos, es el Uruguay el que más rapidamcnte
nuestro espíritu como las sustancias nutren nuesavanza en la transformación mejoradora, pues el
tro cuerpo? . c~donde está el a~ecto que dé vida y
sentimiento de la simpatía humana no solo vibra
calor y mov11niento a nuestras ideas:} e.Adónde ese
en su legislación y en sus fórmulas sino que palsoplo místico que a traves de las edades ha venido
sosteniendo a los hombres para que alcancen las

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83 -

�pita cada vez con más fuerza en el corazón de sus
hijos: la pseudo-democracia se va trocando aquí en
fecunda genuina democracia.
Fué un bello torneo de cultura en 1\Iontevideo, qne con justicia
ha sido llamada la Atenas de América, el Congreso del Nifio, que
motivó al viaje de nuestro distinguido amigo el doctor Fontecilla y
su solemne recepción academica en la Universidad uruguaya.
Con satisfacción y orgn!lo renroducimos el conceptuoso discurso
del profesor Santin C. Rossi, orofundo hombre de ciencia, autor del
bello libro El Criterio Fisiológico, y fragmentos de la conferen&lt;'ia del Dr. Fontecilla, en la imposibilidad matel'ial. de reproducida
íntegra como habríamos dese,,do.
Reciba el estimado doctor nuestra gratitud por su deferencia y
las felicitaciones de Ju veritu•l µo:· su intensa y serena labor social .

De "Los Poemas Cristianos"
Por el desierto de Jud~a.
por las riberas del Jordái. ,
Juan, el Bautista, que a los hombres
viniera enviado de Jehová;
decía , lleno de una santa
indignación y magestad:
Arrepentíos porque el reino
del cielo se ha acercado ya,
quién os habrá enseñado a. huír
de aquella ira que vendrá?

l

Y a él vendrán de lejanas
tierras las gentes a escuchar
la sencillez de su palabra
toda desnuda en la verdad .
Y bautizaba con las puras
y santas aguas del Jordan.
Peludos cueros de éamello
vestía, humildemente, Juan,
tiernas raíces y langostas
y miel silvestre eran su pan.
8t,

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85 -

�Si poderoso ante vosotros
SO) por la gracia de. Jehová,
aquel que viene lras de mí
mucho maJor poder tendrá.
Su amor será una llama roja
que toda cosa abrasará,
y su palabra habrá de ser
para el espíritu, maná.
Su vida hermosa y (lilatada
tendrá la inmensa magestad
de estas serenas, milagrosas
aguas eternas del Jordán.
Aquel que viene tras de mí
mucho mayor poder tendrá,
ni las sandalias de sus piés
digno soy yo de desalar.

De los «Salmos Amorosos».

Generoso fué el destino
que tus pasos impulsó
trayéndote hasta mi vida
triste y ávida de amor.

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86 -

Llegaste, nii\a, y mi vida
que tu arribo presintió,
para que entraras en ella
como amanecer se abrió.
Amada mía, como era
sencillo tu corazón,
encontraste mi ternura
hija de un viejo dolor.
Y mi ternura infinita
gozozamenle te abrió
sus dos brazos maternales
para acoger tu candor.
Bendito sea el destino
que tus pasos impulsó
tra) éndote hasta mi vida
triste y ávida de amor.
ARMANDO

BuN.

�El Pecado de Juventud.

Acto 111
ESCENA I
EnNESTo.-(palernal) Si ~iguel, Ud., no debe
abandonar a Juan Manuel. Su tío lo quiere mucho.
Aquí , a su lado, está su porvenir.
MmuEL.-Es que yo no pienso solamente en
mi porvenir malQrial, tengo ideales, y en este ambiente poblano no se puede vivir, sino brutalmente; nada más que acumulando dinero.
EnNESTo.-Pero quien le iba a exigir que solo
pasase aquí. podría ir a Santiago de cuando en
cuando.
M1ouEL.-(/ranco y rotundo) Sería inútil. o podría dar desarrollo a ninguna de mis ideas , sabiendo que estaba protegido por mi tío. Créame que
me sería odiosa su protección,

88

En:,;EsTo.-Pero Cpor qué le sería odiosa? Hasta
ahora no la ha desdeiiado Ud.
:M1ouEL.-Es que hasta ayer, no era sino uu
simple estudiante. En adelante. podré trabajar
solo.
EnNESTo.-Pero siempre tendrá Ud. una gran
deuda con su Lío.
M1ouEL.-Eso es lo que me duele. Pero creo
que si la suerte me acompaña, podré recompensarle y con creces. todo lo que le soy deudor.
ERNESTo.-No parece sino que le tuviera odio
a su tío .
~1JGuEL.-A él, personalmente, nó; pero es que
no puedo olvidar su caracter sacerdotal. No creo
en nada, ni en nadie , por eso me era odioso aceptarle su protección. En estos últimos tiempos ,
créamelo Ud., me quemaba las manos el dinero
que recibía de él; sentía Yerdadero remordimientos al gastarlo y pensar , que provenía del ejercicio errado, a mi modo de ver , que se hace de las
doctrinas de Cristo.
ER:-.EsTo.-(un poco lerminanle) No quiero ofenderlo Miguel , pero me parece, que no tiene Ud.
derecho de invocar el nombre de Cristo, cuando
está mostrando al desnudo su_ ingratitud, para el
hombre que ha sido su padre.
'1.1GUEL.- o puede Ud. ofenderme. Se que en
este caso no hace sino el triste papel de abogado
de una mala cau sa. (Como inspirado) Padre; nó!
Esa palabra es sagrada para mí. Mi lío, habrá sido
un protector; pero liada más , nada más. Un padre, esabe cómo lo comprendo yo? ( En lo110 emocio-

. -

89 - -

�nado y nerviosamente) Sintie~?-º siem_pre las palpitaciones del corazón de su h1JO, sufriendo con sus
inquietudes, enseñándole de alma a alma, el camino de la vida, haciéndole ver todo el lodo que
hay en ella, toda su idealidad, y to&lt;la su. belleza,
para que así , el hijo adolescente, que se_ siente solo y a pu11to de naufragar enlre los ego1smos humanos, tenga quien le diga la verdadera senda de
elevación que débe seguir noble, ante la peque1iez
del común de la gente.
ERNESTo.-Y Juan ~anael , que ha sido para
Ud. entonces?
MmuEL.-(en tono de tristeza y decepci6n) Un protector frío: todos los primeros del mes, recibia de
él, una carta en que me decía que estudiara, que
no faltara a clases, que me recibiera para tener
aquí, después, una vida cómoda y tranquila.
ERNESTo.-cY que más quería , Ud?
MmuEL.-U&lt;l. e,s de la misma escuela de mi tío.
No puede comprenderme. Yo quería más , mucho
más. Una vez, (confidencialmente triste) le escribí
desde la hostilidad de mi pieza de pensionista,
una carta honda )' dolorosa, le confiaba las primeras inquietudes de la adolescencia, el dolor que
había experimentado al visitar el hogar de un
compauero, donde una madre amante, e~a la buena amiga que seguía de cerca sus estud10s y que
con la comprensión úuica del instinto natural,
sabía, con sus pabLras de filial cari11o. resta1iar la
sangre, que todo corazón joven, siente manar de
él.._ cuando da los primeros ·pasos por el camino

-

90-

del ~mor. Le decía, a u1i tío, en ' esa carta. qu ~ , 11 .,
~enl1a tan solo, que me dolía tanto , saberme huérlano de afectos .
. BRNESTo.-(aparle) El mismo dolor que él ex:penmenta ahora.
M1GUEL.-Y sabe lid. qué me contestó):
~i uria frase que dejara ver un poco de compre_nsión , palabras. vulgares. nada más: que me
resignara , !¡Ue la v1Ja era así, que fuera a la icrlesia , ,que_ con el tiempo sería rico y podría forn~ar,
aqrn, m1 hogar. La carla medió frío, mucl,o frío.
Me sentí desfallecer, pedía mi alma ingenua, un
poco de corazón, J se me hablaba fríamente de dinero y comodidades futuras. ¡Cuánto daño me hizo entonces, mi tío , con ~u _serenida_dl Fué el primer golpe grande en mi v1&lt;la y quizas si a él, le
debo que Ud. ahora, me llame ingrato .. ,.
ERNESTo.-Es que Ld., Miguel, está engai1ado,
no comprende a su tío.
MmuRL.-Tampoco él, me comprende a mí.
ERNESTo.-De modo que está Ud. resuelto a
irse.
MmuEL. -Definí ti va mente resuelto.
ER.NESTo.-·-Y yo le ruego que lo piense mucho,
Juan. Manuel, es bueno, muy bueno y ahora él,
también sufre.
'-1:iGUEL.-Es inútil. El ocupa en este caso, en
mi gratitud, lo que para otros muchachos sin re-:cursos , la Liga de Estudiantes Pobres, un poco
más, talwiz, mi tío.
ERNESTo.-Al hablar con él, Ud. se convencerá

-

91

�de lo contrario. Bueno, perdone que lo haya 1~l0lestado con mis consejos, mi intención ha s,&lt;lo
buena.
.
MiouEL.-Lo comprendo. No ha_r de que.
GUILLERMO BtANCHI.

Del Dr. Mauricio Boígey, de su libro L'Elevage Humain.
( Traducido para "Juventud" por don Deme.trio Salas) .

Educación Física.
HCadn. uno tiPue la 8alud que se
merece: los pueblos, por sus leves;
las familias, por ~u• costumbres
sanitarias, y los individuos, por su
educa~ión moral y física.-( Dr.
Landa11zy) .

G. B.-Guillermo Bianchi (Shanty) como diarista ha he~ho una
labor incansable y honrada y c~m? ~ombre de arte~~ publicado El
Oura Selltimental, simpática pnm1c1a en que la critica saludó una
revelaci6 n.
3
Como autor teatral ha estrenado Pecado de Juventud, drama en
a~tos. y prepara Los Precu,·sores_.
. .
.
Pecado de Juventud fué un trmnfo, "a pesar de la opos1c16n 0?5tinada y inútil de la crítica oficial que ha llevado su rencor mediocre
y pueril basta el colmo de borrar la obra de sus catálogos ann&amp;lel!
ensalzando en cambio a ,us insignificantes corifeos.
Los Precursores, cuyo pTimer acto conocemos. es una obra.tendenciosa y e, tá llamada a triunfar por la belleza de su concepción Y
por la fuenH que su a,utor ha puesto en ella.

La Educación Física debe ser ecléclicá.-Dosificación en
los ejercicios.--El equilibrio físico, condición del
equilibrio moral.-Deformaci6n del cuerpo humano
por la sedentaridad.-El movimiento bajo el sol y
los colegios de atlelas.-El méwdo natural de Educación Física.

De grado o por fuerza, es necesario volver a la
Educación física. La educación inleleclual ha dominado demasiado tiempo casi exclusivame¿te.
Todo se le ha sacrificado. Todas las atenciones han
sido para el espíritu y, poco a poco, el cuerpo se
ha visto despojado de ellas.
Hemos pedido aire en los programas y en las
escuelas; hoy lo exijimos para los pechos. En u-

-

93

�rembero-, e11 I 904; en Lóndres, en 1907, y en
París, ;n 19 JO , los congresos internacionale~ _de
higiene escolar han formulado ya estas tres re1vrndicaciones esenciales.
Los pedao-ogos deben resolver este doble y delicado prnbl~ma: com_batir los exces~~ de_ la sedentaridad escolar y mejorar la educac1on wtelectual
por métodos que pe~mita11 dismin~ir el tieTmpo
consao-rado al estudio o a la ense11anza. «~o es
una afma, no es un cuerpo lo que se modela, decia
Montaio-ne, es un hombre; no se debe dirijir al
uno si1~ el otro, sino conducirlos igualmente como
una pareja de caballos uncidos al mismo carro».
Ya parece existir la convicción profunda_ de _que
los ejercicios, los juegos y los deportes al air_e l~bre
son indi: peusables, no solamente para el crecmuento normal &lt;le los adolescentes, sino tambien para
su desarrollo intelectual y moral. La cultura de
los deportes tiende a resultados hijiénicos y morales; prepara a la vida práctica que es hecha de esfuerzos.
La falta de atención, que a menudo no proviene
sino de la preponderancia de un sistema nervioso
demasiado impresionable, es combatida eficazmente por los hábitos hijiénicos y la disciplina del
cuerpo.
En educación física, el principio fundamental
debe ser el eclecticismo. El esclusivismo está en
oposició_n con las_ leyes, las necesi_dades y las
tendencias de la vida. Lo que necesitan nuestros
nitios no es la hipertrofia del músculo, es la destreza, la flexibilidad, ]a ajilidad, la audacia, la

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94-

gracia J la elegancia, que son los elementos que
concurren a un equilibrio perfecto.
~uestra época es deporti,-a. La edad del músculo revive. Georges Rozet ha descrito elocuentemente sus fiestas. Es la reacción que debía sel)'uir
fatalmente a la crísis sentimental de los cincu~nta
últimos aiíos. La virilidad de la raza estaba comprometida por un feminismo desencata&lt;lo. El menosprecio filosófico &lt;le lo «tri vial» nos ha conducido a la sedentaridad, a la atrofia muscular, a las
enfermedades de la 11ulrición y a la artcro-csclerósis que las termina trájicamenle.
. Et deporte es una_ n~ern relijión qnc tiene __ ~1;1s
sacerdotes y sus d1sc1pulos. La paluLra rehJ10n
no es una metáfora, pues nosotros volvemos insensiblemente por vías múltiples y eslraviadas al
egoti!'lrno antíguo, tan bien caracterizado por la
morfolojía vigorosa de sus divinidades. El renunciamiento de sí mismo, el espontáneo impulso del
alma ltácia los sentimientos altruistas , la inclusión
de todo ideal en el ideal relijioso y la exaltación
moral han pretendido descuidar enteramente el
soporte anatómico de nuestros pensamientos. Los
Cris_tos enflaquecidos del Renacimiento que copian
servilmente nuestros contemporáneos fabricantes
&lt;l_e imájenes ha':1 puesto en evidencia est_as concepcwnes. Ellas difieren de aquellas, más mgenuas y
más verdaderas tambien que representaban al Buen
\faestro bajo los rasgos de un hombre magnífico y
atrayente. Tambien difieren no menos de las efijies
espléndidas de los dioses de la antigüedad.
Los primeros grandes sacerdotes de esta relijión

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95 -

�fueron: en Suecia, Ling; en Francia, Arnoros. Su
acción sobre las masas se reforzó más larde con
totlo el peso del prestigio del trabajo de los médicos. Claudio Bernanl, Duchenne de Boulogne,
Chauveauy Marey estudiaron la función muscular.
Pero el verdadero precursor, hoy desaparecido,
Fernando Lngrange, tuvo el mérito de nilgarizar
las bases &lt;le la ciencia del movimiento. Al mismo
tiempo que él, Demeny, ántes colaborador de Marey , se dedicaba sobretodo a la cinética. En fin
Jorje Hébert, el más jóven , el más popular tarobien entre los iniciadores , hacía el gran paso de la
teoría a la práctica; es a él a quien se debe ol primer trabajo de rejeneración efectiva, la cosecl1a de
los primeros frutos.
·
La nue,·a relijión nos promete la prfo:ima venida del hombre completo. De las múltiples esperiencias, de las lecciones de cosas diarias se desprende que las prácticas deportivas han llegado a
ser una escuela de órden y de reflexión. Una buena
educación física duplicada de una buena cultura
intelectual, hé ahí la fórmula. El culto de llijienc
vuelve a tener sus adeptos, lo que es una felicidad,
pues sabemos que es ella a quien debemos las heroicas y gloriosas falanjes de nuestros soldados.
Los adolescentes del cootijente de 1 916 han mostrado lo que se puede esperar &lt;le un entrenamiento
metódico de la juventud. El hombre está construido para vivir un siglo, y más de la mitad de los
hombres no alcanzan a la cincuentena.
C 11 poco de agua, una cierta temperancia, la
práclica de la marcha: hé aquí cómo mantener la

96

juventud en estado de vigor, dar a la edad madura
un agradable virilidad y prolongar la vejez.
Nosotros aun no hemos jeneralizado el aseo corporal. En nuestros liceos, los cursos de jimnasia
son s~gu_idos por to~~. la clase, es decir, que los
conocimientos adqumdos hacen mérito para que
t&lt;;&gt;dos l~s alumnos hagan la misma clase de ejercicios, así como hacen ortografía o calculo. No se
loma en cuenta ni su desanollo físico , ui su estado
de salud. En los cursos de adultos , en las escuelas
elementales y eu las escuelas normales primarias,
se ha trazado Uii hermoso programa de higiene;
pero no ha sido mas que un cuadro ideal: jamás
so ha realizado.
·
Apesar de los adelantos de la higiene, existen
escuelas donde se obliga a los nii'ios a la inmovilidad y donde se les prohibe correr dui-,111te los
recreos.
Es necesario rnlver al culto &lt;le la enerjía. La
i11iciativa y la actividad de los juegos son· signos
d_e ~ndependencia y de intelijencia. Bajo ol materiah~mo aparente &lt;le las fiestas del músculo se oculta el interes del b~illanle prcstijio de lo bello. El
deporte marca la vuelta a una naturaleza embellecida por la pureza de la forma. Conclu_ye en el
amoldamien'to de la materin evolucionando hacia
la perfección orgánica.
·
El esfuerzo físico siempre ha mejorado a aquellos que lo·practican con puntualidad e intclijcncia.
Deportarse es una anLigua locución del siglo XV.
Era sinónimo ~e hacer deportes y nos ha ve11ido
del otr~ lado de la \ilancha , apesar de que allá lo

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97 -

�han recibido de nosotros. El Lénis y el foot-ball
son antivuos
J. ueo-os
franceses. Nuestros
antecesoo
o
.
res los conocían y a ellos recurr,an para su entrenamiento.
En la educación de Gargantua, Rabelais daba
arande importancia a los ejercicios físicos. Miénfras que Ponócrates instruia a su h~roe en l_a s letras
griegas y latinas, ciencias matemáticas J otras "un
joven jentil-hombre de Turena nombrado escudero
jimnasta, le mostraba el arle de la cahallería, J
este arte es a la vez la equitaci6n, la caza, la natación, el tiro y la jimnástica propiamente dicha".
Recordemos tambieo que Sófocles danzaba el
pean y que Platón debia al atletismo el notable
desarrollo de sus espaldas. En Grecia, los peditribes eran médicos especialistas que se ocupaban
exclusivamente de la cultura corporal.
Quiérase o no, la viriljdad , la energía, el sentimiento de la acción y la necesidad de la independencia no se desarrollarán jamás bajo. un réjimen
que atrofie el cuerpo y que haga de él un est~rbo .. ,
Al contral'Ío, los jóvenes entrenados en los d1feren~
tes deportes son manifiestamente preparados a la
vivacidad y a la iniciativa. Ellos han aprendido a
triunfar de su organismo y a domarlo, lo que es
la mejor garantía para tener éxito en la vida. Tal
juventud es la esperanza del país,
En 1860 no existía sino una sociedad dejimnástica en Francia, en Guebwiller, pequefla ciudad
del alto Rin. En 1869, había quince, tres en París,
una en Espinal, una en Vesoul y d~ez en Alsacia.
Desde 1850, fué necesario bajar dos veces e} míni-

98 -

mu m de la talla de nuestros soldados, J habríam.H
llegado a ser uu pueblo de enanos, si no hubiera
sido aplicado un remedio en_érjico. Los qjerc:cios
de la carrern: el salto, del. disco, de la palestra y
del carro deb1cra11 reco11qu1slar en la vida 111oder11a
l:'I lugar q~e ocupaban e11 la antigüedad.
·: La prnnera conclición. la condición indispensable para tener éxito eu la vida, es ser 1111 lrncn
aniri:iaL". decía socarro1.amente Emerson, y su pensamiento puede ser completado por el de He,·bert
Spencer: '·y la primera condición de ln prospci•idad nacional es que la nncióu sea formada de buenos 'lnimales ''.
En uno de los torneos oficiales que tu\Íeron
lugar un poco ánles de la guerra y que cu 1914
tuvo los honores de la Sorbona )' da la Academia
de Medici 11a , se habló muy seriamente del renacimiento físico. Por dos informes, supe que :Maelerlink era un luchador de mérito, y que otros escritores notables eran enar~orados del box. A todos
pareció que la unión de, cuerpo con el espíritu
estaba realizada y que la cultura del ((JO» se aliaba
perfectamente con la del músculo. _S e 110s preseutó
los ntletas del coronel Cordier; se gustó del método
calisténico de Mlle. Hart, el sistema de R. N.
Duncan y el notable y clásico métoco de M. Demeny. La Escuela de Joinville se superó a- sí misma; y en fin, Jorje Hebert exitó el entusiasmo
general.
Sin embargo, parecía que la dosificación de los
ejercicios físi~os no se habia determinado con exactitud y que los métodos podían ser todavía lacha-

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99 -

�dos de convencionalismos y de un cierto dogmatismo ... Entre todos los otros-y esta fué la causa
del éxito-el de Hebert nos pareció como el más
ecléctico. El ha contribuido, con hombres de una
constitución media y a veces mediocre, a formar
miles de atletas. Ese es el método que nos ha dado
los inmortales marinos fusileros de Ypres.
Los tiempos en que se hacia largas disertaciones
sobre la inutili.dad del esfuerzo ya lian pasado. Un
gran movimiento lleva la juventud hacia el culto
de la enerj ía. Hay todavía otra victoria próxima.
Hemos bosquejado el programa. Es necesario
llenarlo: lo más difícil aun no se ha hecho. Ln
gr~n esfuerzo ha sido realizado y, desde ahora, la
opi'n ión eslá plenamente conquistada. Pertenece a
los poderes públicos obrar. Una ley antigua, de
treinta y tres años; promulgada el 27 de Enero de
1880, cuando Jules Perry era ministro de Instrucción Pública,-y este es historia muy vi~1a-jamás
ha sido aplicada. El Congreso Internacional de
Edu·cación Física de J 9 13 envió una delegación al
Presidente del Consejo de enLónces. quien era al
mismo tiempo ministro de Instrucción Pública, la
que le presentó una lista de las conclusiones que
fueron mejor. acojidas. Se decidió a ésperi10entar
el primer catecismo de educación física en los
alumnos del liceo de Jeanson-de-Sailly. Era u11a
esperiencia más. Otras iónumerables ñabiun sic..lo
realizadas anteriormente. Todas eran concluyentes.
Apesar de todo , parecía que la necesidad de implantar una reforma perdiendo un tiempo preciso
- no se imponía todavía. E_n un informe pues lencJOO

mos a la vista, M. Adiran Veber ha hecho alusión
a este error en término de broma.
«Tan pronto, concluye, como los actos no
siguen a las palabras, el Parlamento deberá transformar la petición en mandato».
Desde 1_880 para los muchachos y desde 1882
para las mflas, la educación física se ha hecho
obligatoria para todos los establecimientos de instrucción pública dependientes del Estado, sea de
los departamentos o de las OOII\Unas. «Pero los
programas de ejercicios no foeron decretados hasta
1_890. Los maestros no r~cibie,ron instrucción es~
cial para su enseñanza smo después de la creación
de un certificado, lo que se hizo por un decreto de
3o de Septiembre de 1907. ,En fin el 1. de Octubre de 1913, a consecuencia 'de las gestiones hechas
por una delegación del Congreso Internacional de
Educación Física, sólo han llegado a formar parte
de los horarios de las clases las lecciones de cultura
física, a razón de tres sesiones de media hora, o
de dos sesiones de tres cuartos de hora por semana, pua cada curso, sin distinción de estemos ni
internos.
Ciento setenta sociedades deportivas de los liceos
y colegios que existen actualmente han añadido al
mínimum oficial un complemento de ejercicios
físicos verdaderamente útil. Ellas demostraron,
sobretodo, que el desarrollo de los deportes, no
solamente ayuda el trabajo escolar, sino que ejerce
una influencia benéfica en la salud, la voluntad y
buen espíritu de los alumnos.
·
Debemos manifestar nuestros roconocimientosa
0

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101 -

�la U. S. F S. A. por el impulso general que ha
dado al movimiento sportivo, por los campconalos
que ha creado )' que pa su,~v~nci?~ado ántes de la
guerra, e11 fin pór la partic1pac10n que ha tomado en los gastos oca§ionadés por la traslación de
los equipos escol~re$. A su vez, el Ministerio de
Instrucción Pública distribuía anualmente alrede-do1· de 12 .oob francos en subvencioóes a los liceos
de hombres. Era 1 demasiado poco. Lo'S •institutores
alutnnos que 110 podían :tecibir en las escuela$ normaleS la enseñanza relativa a los ejercicios del
cuerpo-: hadan uh cúrso en la Escuela de Joinvillel~Pont durante su servicio militar. Esta medida,
murjuiciosa, ha hec'10 d~ •~u~stros futuros m~estros de escuéla ca~s dé mm1ar a todo~ los mños
del pueblo ell los ~rinc~pios esenciales de la Mucá~i611 física.

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· th ,ori , 1

La intel)sidad de la vida· inteleétual, fas necesidades sociales Y' la móda en fas clases acomodadas,
la ta~erna y la dureza de la vida en las clase~ popu lares, !Jejan a los hombres modernos del ,1usto
equilihrio físicb y tno'ral que reinó en las sociedades antiguas! Si el cerelwo griego y el cerébro latinó piensan todavía a tFAVés del cerebro mqderno,
es porq~e -el vigof de plJoducción Í1lt4lectual era
excepciohaltnente potente, pue$ ehcontraba su
sopürle natural• en un equilibrio orgánico pe1•fecto.
·
·
Sería· cruel insistir en las anomalías de las
102

for_mas impresas. al cuerpo humano por la sedentamlad, por la vida moderna; por la alimentación
defectuosa y por la herencia. Tal, es salido de
vientre, tal otro presenta una atrofia del . pecho
que exajera todavía -el levantamiento de los hómóplatos. A causa 'de las ideas recibida~, nosotros no
,nos apercibimos que una persona dotada de una salida abdominal es tan detectuosa y deforme como que
tiene una jibosidad dorsal. Las mujeres y los hombres civilitados han perdido los signos característicos de los relieves musculares de los miembros.
«Se puede decir que los más bellos brazos y los
más hermosos pechos femeninos, en los cindadanos, no son sinó sacos informes, forra.dos en grasa
alrededor de las articulaciones . y en los cuáles es
imposible volver a encontrar las Hneas primitivas
que constituirían su belleza. Sobre este punto,
como sobre tantos otros, el gusto medio está completamente alterado&gt;&gt;. Dr. Francisco Heckel (Culture Physique). Nuestras actitu_des son modificadas por las deformaciones de la columria vertebral,
por la insuficiencia respiratoria., _pór la i11suficien...
cía digestiva y sobretodo por la depresión ner.viosa
de la que los civilizados sufren ká~ que los otros
hombres: Son estos otros tantds' castigos aplicados
aplicados a aquellos que de·spreoian el de!)arrollo
corporal y que 110 se preocupan más que de la cultura intelectual.
Los corazones que desfallecen a la menor fatiga, ,
los estómagos átonos, los hígados y los l'Íiíones
,-!.eficientes son legión. Una cuarta .parte de los falle~idos en París pueden ser imputados a las cnfer-

103 -

�medades del corazón y de los vasos sanguíneos.
La anjina de pecho, la uremia, la hemorragia
cerebral, las várices, la flebitis han llegado a ser
de la más comunes. éPor qué? Porque nuestra
vida se pasa en la inmovilidad, en la posición sentado o acostado, en una palabra, en la sedentari&lt;la&lt;l. El lujo, el confort, todos los perfecciouamieu-.
tos técnicos tienden a la supresión del esfuerzo
físico que es, ~in embargo. indispensable a la
buena salud. Sin él sobreviene la atrofia muscular,
el ret~rdamiento de la circulación, la semi-afixia
permanente por falta de oxigenación, y en fin la
arterio-esclerósis por sobrealimentación. El habitante de la ciud~d está. de pié dos o tres horas
sobre veinticuatro. El resto del tiempo lo pasa
sentado o acostado. Esta existencia lo lleva fatalmente a la tristeza y al pesimi1?_mo.
1•
11.) 1., 11 '" " ,111
il, 111 JJn
1

Por instinto, preferimos el hombre sano, bien
equilibrado. que marcha erguido y con la cabeza
levantada, al deprimido nervioso, irritable, preocupado que codea los muros de la ciudad con un
paso flojo y la frente inclinada hácia la tierra.
No hemos considerado las personas de una
potencia física excepcional, sino solamente ~ndividualidades equilibradas.
Tenemos para mostrar lo que el hombre normal
debe ser, los espléndidos ejemplares de la estatuaria grie 0 a. Son l~s prototipos. Nada han ~rdido
de su vJor documentario y representan todavía en

-

104 -

el siglo veinte los ejemplares más hermosos que un
ser humano pueda realizar.
Entre los profesionales de aLletismo, se encuentran muchos hombres que no tienen de atleta sino
el nombre y que son verdaderos desequilibrados funcionales. Tal no es el estado físico ideal
pues resulta de un entrenamiento excesivo y mal
llevado. El punto al cual debemos dirigirnos es
solamente el de elevar la raza con una enérgica
educación corporal.
Tenemos en nuestra contra el misticismo de
cier~s religiones que _exaltaron siempre la ética en
detrimento &lt;le la estética. Pero, por ciertos síntomas precursores, nos es permitido adivinar que
estas reltj-i.c;_
mes están dispuestas, desde ahora, a
c?nciliar las exigencias del dogma con las asyirac10n~s. de una raza que trata de rejenerarse y quie-·
re VlVtr.
La guerra ha dado un reiultado que no se había
obteni~o ni con las _exhortaciones de los pedagogos, m con las prédicas de los moralista~ Hoy dia,
muchas_ personas, para llegar a ser atletas pasables,
están d1spu~st~s ~ afrontar privaciones y a impo- ·
nerse una d1sc1phna y esfuerzos contínuos.
Los médicJs debieran ser los iniciadores de la
educación física. Pero, encerrados en un tradicionalismo d_e ~scuela inestirpable,_ absorvidos por los
d_eberes diar10s _de una profesión que no les deja
smo muy p_oco hempo libre, no parecen dispuestos,
por lo ménos hasta ahora, a esparcir los principios
de la educación física. Hombres de gabinete cuyo
modo &lt;le vida indiv.iJual no se armoniza con la

-

105 -

�educación sportiva, los médicos están obligados a
menudo a hacer un verdadero esfuerzo, que ellos
consideran como una dura concesión, para aplicar
a ciertos enfermos estos medios de educación y de
reeducación física cuyo empleo es tan frecuentemente coronado por el éxito.
A esta crisis de iniciadores se agregan los errores que no faltan jamás al tratarse de las primeras
realizaciones prácticas de ideas nacidas en la víspera. La gimnástica amorosiana ha reinado durante cerca de un siglo; se la ha reemplazado por un
método venido del extranjero y que, si bien es
cierto que conviene a los ·suecos, no es adaptable
de ninguna manera a nuestra raza. El entusiasmo
fué tao breve -como hab~a sido de vivo. Hoy se
vuelve nuevamente a los procedimientos que pretenden simplemente ayudar al desarrollo físico
normal del adolescente que realiza para el cuerpo
lo que 'el maestro hace en el liceo para el espíritu.
· Saint-Beuve -ya había confesado antes que la
gloria 'de su pontificado literario no podía, en una
justa balanza, equilibrar las alegrías de un teniente de húsares. Ser una bestia robusta es un orgullo que equivale al otró. Los bonos intelectuales
están hoy día a bajo precio. La natur1_1.leza concluye siempre por tomar la revancha. La selección y
el perfec~ionamiento de los sujetos sanos están a
la orden día. Nuestros deseos son volver a una raza escogida tanto en lo físico como en lo moral.

106

éCómo llegar a ello?
Por el equilibrio de todas las funciones orgánicas.
cCómo asegurar este equilibrio)
Por el movimiento bajo el sol.
La Liga de los colegios de atletas y &lt;le los estadios municipales fundada por el Marques de Pollignac ha ten-ido por fin generalizar uu método de
educación física-el ele Jorge [lebert-que ha hecho sus pruebas en Lorient .Y en Reims. Es poco
costoso, fácil J alegre ; utiliza un uú1imun:i de
aparatos.
Si yo insisto aquí de un modo particular sobre
el método de Hebert, es · porque creo firmemente
que en el estado actual de nuestra raz::i , la salud
de la Francia depende Je algunas pistas para ca:rrer, de algunas vallas ·para saltar y de un poco de
iniciativa y de buena voluntad.
En el último Congreso Internacional de Educación Física, realizado en 'París en Marzo de I 914", .
el teniente coronel Roblet, en persona comandando nuestra escuela de Joioville, presentó un informe sobre la educación física según un programll
concebido tomando en cuenta las pruebas obligatorias del método de Hebert. Solo la natación quedaba
facultativa. El añadía -aún el restablecimiento de la '
barra fiia · tan predilecto a Amaros, y qúe. JoinviJle, ayer no más, consideraba como una heregía.
!No se puede concebir algo más ecléctico! '
El teniente coronel Roblet entonaba el de pro-

107 -

�fundi.s de la «Suecia pura,&gt; de la cual Joinville había sido su templo durante algunos años , y cuya
insuficiencia quedó demostrada al tratarse de
educar adolescentes sanos y no conval~cientes.
Hoy sabemos que los sucesos que_ no pr~ct_ican
sino la lección típica sueca no adqmeren m fuerza ' ni ao-ilidad.
Sabemos también que si la Suecia
o
ha produci&lt;lo soldados (y esto, por otra parte, mucho antes que Ling), si en la última olimpiada ha
podido exhibir e~celentes atletas, es que. todos sus
hombres habían hecho otra cosa.
Esta otra cos_~ spn simplemente_ los movimientos naturales frecuentemente repetidos, acompañados de un máxi~um de esfuerzo y amplitud y que
Hebert ha tenido el gran mérito de codificar en su
métoqo natural.
Hemos visto a los fusileros marinos practicar,
con las piernas y el tronco desnudos, ejercicios
gimnásticos que no tienen nada de común con los
del método sueco, como marchar, correr, trepar
la cuerda lisa o subir los pórticos, luchar, saltar,
levantar pesos' de 20 a 4o kilógramos ,_ lanzar la
bala de 8 kilógramos, y todo esto con un ánimo
maravilloso durante cincuenta minutos consecutivos, sin reposo entre un ejercicio y otro, o mejor
dicho, reposando del uno por el otro.
·
En una palabra, en estos ejercicios no hemos
visto nada que se parezca a los movimientos lentos
ni a las actitudes del sistema sueco. Apenas algunos movimientos c&lt;correctivos y científicos», pero
siempre acompañados de un ejercicio activo, marcha o carrera. Nada de inútiles vil:!"ihncins con res#

•

....

-

&lt;.;.;

••

pecto a las «posiciones fundamentales&gt;). Ningún
cuidado de «inmovilizar algun segmento d~l cuerpo
mientras que los otros trabajam). Los monitores,
desnudos como sus hombres, tan pronto vigilan
como corren con ellos, se limitan a corregir los
movimientos demasiado incorrectos. Lo que se
pide a estos hombres no es ejecutar movimientos
racionales, sino obrar lo más energicarnente y del
modo más variado posible.
Para los adoradores del sist.ema sueco, esto parecería un exceso de ejercicio y una locura , lo que,
en verdad, no es más que el entrenamiento regular de todos los medios físicos del cuerpo humano,
y no pieza por pieza, miembro por miembro, a la
manera de una mecánica. Se trata aquí de un conjunto vivo en el cual todas las partes son solidarias.
Los adolescentes y _los jóvenes no pueden todos
frecuentar los colegios de atletas. Para muchos ,
las sesiones de trabajos físicos deben tener lugar
obligatoriamente a domicilio. En semejante caso,
este trabajo será hecho, o a manos libres, o con
pesos ligeros , objetos pesados, ejercitadores, mazas
y máquinas diversas.
El ejercicio en la pieza no debe ser considerado como
el ideal. Es más hien un medio de hacer negocio.
Este procedimiento concluye lo más amenudo por
dar bíceps, pero no acrecienta ni ta· capacidad
respiratoria ni la r~sistencia cardiaca. Sistemáticamente empleado, produce falsos atletas de muscules enormes, incapaces de correr y de producir un
esfuerzo sostenido. Estos fal~os profesionales de
brazos. nudosos, que exhiben todos los días sus hi-

108-

109 -

�pertrofias, están lejos de valer lo que tal clown, o
equilibrista o jugla1-, menos potente, pero más
diestro ) más rápido ...
Por léemino medio, es necesario admitir que
las palanquetas no deben pasar de dos kilógramos
y medio a tres kilógramos para los pesos unilaterales. Su empleo permite un gran número &lt;le movimientos, y esta multiplicidad de jestos tiene precisamente por efecto provocar el desanollo detallado de cada facele muscular.
EL empleo excesivo de palanquetas p~sadas, la
necesidad al principio de cada contracción, de un
esfuerzo completo y brusco, tiene por efecto el favorecer el acortamiento del cuerpo muscular y el
alargamiento del tendon a espensas de este cuerpo
muscular y conduce rapidamente a la globización
del músculo.
El trabajo en los ejercitadores es excelente, pero
a. condición de que los grupos musculares que
presiden a los movimientos de flexión y de esten-:sión trabajen sucesivamente y en las misma·s condiciones de esfuerzo muscular.
Las mazas son sobretodo utilizadas en I ngl~terra
y en Am,Irica. Tienen la forma de ~na botella de
madera terminada por un cuello alargado que facilita la t_:&gt;rehensión J cuyo peso es de una a seis
libras. Son sobretodo útiles para el desarrollo de
los músculos dorsales y pasan con justa razón por
no present~r los inconvenientes de las palanquetas
pesadas.
La técnica propiamente dicha de los ejercicios

físicos es muy delicada ( 1). Todo período de entrenamiento debe ser precedido de un exámen médico muy completo que se refiere sobretodo al estado de la circulación, al estado mismo del corazón,
a la función respiratoria y al aparato locomotor.
El estado orgánico debe ser establecido con toda
conciencia, con toda exactitud, ántes de acordar el
programa de los ejercicios más convenientes. La
repartición de los movimientos debe ser siempre
subordinada a desarrollar desde luego. las partes
visiblemente atrofiadas, después de lo cual, se
comenzará la fase de adaptación a los movimientos de conjunto que tienen por fin desembarazar
al organismo de los residuos de la nutrición J de
eliminar los tejidos· de reserva suplementarios o
inútiles. La fase siguiente corresponderá a la de
entrenamiento propiamente dicho, en la cual el
juego de los órganos se efectuará con su máximo
de expansión y amplitud.
Los ejercicios utilitarios que ponen en juego un
gran número de müsculos a la vez, están al alcance de todos. La prehensi6n desarrolla los antebrazos los hombros y el dorso. El lanzamienlo pone en
juego los músculos deltoides y pectorales. El pegar
desarrolla los hombros J los músculos oblícuos &lt;le
la cintura abdominal. El trepar, ejercicio natural
entre todos, fortifica el antebrazo y el brazo, la
parte superior del tronco y la cintura aLdominal.
Hebert, en su método, no se sirve de otra jimnástica abdominal, tan eficaz le parece la influencia de
( 1). Cuando no se con0cen los fundamentos científicos. (N. del T.)

. _

110

-

11 T

�este ejerócio sobre tales músculos. El levantamiento
de pesos, &lt;lel que Lanto se ha abusado, fortifica
soh_r;todo los músculos de_ los hombros J de la
reg10~ lumbar. En la tracción y desplazamientos
de ob,1etos pesados, hay que guardarse de ir hasta
el ~sfuerzo co_njestivo que puede llegar a producir
accidentes senos, sobretodo en las personas de eda&lt;l,
En fin, la marcha, la carrera y el sallo representan el trabajo muscular fisiolójico por excelencia.
Para ser útil, la marcha debe ser efectuada a una
rapidez de _6 a 7 kilómetros por hora. Ella provoca la amplitud de la respiración, _la aceleración del
pulso y una su&lt;lación eliminadora de tóxicos muy
saludables. Conviene marchar cuotidianamente,
durante un tiempo suficiente, un~ hora. por ejemplo, pero ª?m_ei~tando progresivam~ote la lijereza,
~esde el pnnc1p10 al fin de la ~cs1ón. La marcha
conserva la juveoilidad,_ evita la acumulación de
la g, asa y mantiene la regularidad de las funciones dijestivas. La multiplicidad 9e los medios de
transporte que ha traído como consecuencia la restricción de la marcha, es la causa de que cada día
se encuentren más ob~sos, ~sténicos y dispépticos.
L~ ca~r~ra e~ _el me,1or y má_s completo de todos
los eJerc1c10s f1S1cos. Yo lo he nnpuesto a personas
sanas y aún a algunas alcanzadas de disturbios de
nu~r~ción, y en todo caso no he tenido mas qu¡
felicitarme de ello. La marcha suscita una actividad muscular general, determina la actividad de
los aparatos circulatorio, respira~9rio y glandular,
además que sobreacti va el automatismo nerviosoNo necesila de ningún aparalo, puede ser pracLi ·

cada en todas partes. e11 la ciudad como en los
campos J no deja tras ella ninguna laxitud. Toda
persona que conserrn el hábito de correr cuotidiana1~1enle se s~breoxigena y se dcsintm.ica: dos
acc10nes combrna~as _que tienen por efcclos pri ncipal~s _c~altar la vllaltdad J consenar el , igor , la
llex1 b1 lid ad.
'
Lo~ m~r?cntos del dia que mejor convienen a
este eJerc1c10 son, sea en la maiíana de 6 a 8 0 de
10 a I .2, sea en la tarde de 5 a 7. Igualmente se
ha precon~zado en la noche, antes de acostarse,
pero conviene en todo caso que este ejercicio teno-a
lugar al ménos dos o tres horas d~spués de l~s
comidas.
El :ideal es ejecutar el trabajo físico a pleuo aire,
con el tronco y los miembros inferiores desnudo:5. ~l atleta del ~ire libre es incomparablemente
mas vigoroso y 1~1as res1slente que el d~ lns salas
cerradas. Las s~s10nes de entrenamiento que tienen
l~gar ª. pleno a1~e pueden ser prolongadas si11 fatiga mas largo hempo que'las que se realizan entre
c1:1at_ro muros. En todas partes debíau establecerse
piscinas y pistas, a imitación de las antiguas palestras do?de cada uno podía esperimentar el triple
~enefic~~ de la aereac_c1ón, de la balneación y de la
msola?1on. El coleg10 de los atletas de Reims,
orgamzado según las indicaciones de Jorge Hebert,
era un modelo en .s? género. Allí había pistas,
apara~os que perm1tian ·trepar en todas las formas,
espacios con arena para los saltos, departamentos
para la cura solar, galpones para abri,,ar a los
alumnos contra la lluvia, etc. Es nec~sario, en

-

112

113-

•

�suuw, espacio, árboles, luz y pistas para la apl'
ción del método natural de educación física
nii,o, y la reeducación del adulto. Los simples 1
vi1nientos, 1narcha , carrera , salto, lanzar. trep

para los cuales nuestro cuerpo está constituid
son verdaderamente los solos procedimientos útil8'
Lo que conviene buscar , es ménos el desarrol
excepcional y curioso que la fuerza de resistencia
la destreza y el equilibrio fisiológico.
Pero, durante largo tiempo todavía semejan!
instalaciones permanecerán excepcionales, pues
para que se establezcan reclaman, a falta de la io-lervención del Estado , la de Mecenas inteligen
e inspirados de grande amor hácia la humanidad.

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En su primer periodo, la revista se publicó entre agosto de 1911 y abril de 1912 de manera mensual. En el editorial del número 1 se estableció la necesidad de que la Federación contara con un medio que, de alguna forma, lograra ""despertar el apetito intelectual"" tanto de estudiantes como de estudiosos, por lo que Juventud se propuso como objetivo ""mantener atención constante sobre los ideales y sobre los problemas científicos, sobre la buena literatura nacional y extranjera y sobre toda clase de manifestaciones artísticas".</text>
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                <text>Hacia la década de 1910, en un clima de crecientes movilizaciones sociales dadas por las precarias condiciones de vida de obreros de diversas áreas, la Federación de Estudiantes de Chile volcó en la revista Juventud su preocupación por la cuestión social, al tiempo que reflexionó sobre la modernización del ámbito universitario -que reproducía las divisiones sociales- y del rol del estudiante en el desarrollo cultural del país. En la revista, la Federación dio cuenta de la tarea política de los estudiantes, comprendiéndolos como actores llamados a liderar y encauzar estas transformaciones. En este sentido, ya en el quinto año de existencia de la asociación, Juventud se planteó como una de los medios de esta "juventud estudiosa" para alcanzar los ideales de cambio social e institucional.&#13;
En su primer periodo, la revista se publicó entre agosto de 1911 y abril de 1912 de manera mensual. En el editorial del número 1 se estableció la necesidad de que la Federación contara con un medio que, de alguna forma, lograra "despertar el apetito intelectual" tanto de estudiantes como de estudiosos, por lo que Juventud se propuso como objetivo "mantener atención constante sobre los ideales y sobre los problemas científicos, sobre la buena literatura nacional y extranjera y sobre toda clase de manifestaciones artísticas".</text>
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                    <text>��■ 18LIOTl:CA

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CENTRAL
A. N. '-

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LECTURAS .E LECTA

SCHAHRAZADA

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DE TODOS LOS PAISES:5==

VOL. I.

LICTUa&amp; IILICTA
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HISTORIA PRODIGIOSA
DE LA CIUDAD DE BRONCE
CUBIITO DB

LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

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ben-Barkhia el mando de los guerr,eros humanos, y a
Domriat, rey de los efrits, el mando de todo el ejército
de genios, que ascendía a sesenta millones. y el de los
animales y aves de rapiña recolectados en todos los
puntos del universo y en las islas y mares de la tierra.
Hecho lo cual, yendo a la cabeza de\ tan fonnidabl~
eJército, Soleimán se dispuso a invadir el país de mi
soLerano el rey del Mar. Y no bien llegó, ;ilineó su ejército en orden de batalla.
"Empezó por formar en dos alas a los animales, colocándolos en líneas de a cuatro, y en los aires aposto
a las grandes aves de rapiña, destinada,, a servir de
centinelas que descubriesen nuestros movimientos, y a ,
arrojarse &lt;le pronto sobre los g'.tt:rreros para herirh:5 y
sacarles los ojos. Compuso la vanguardia con el ejército
de hombres y la retaguardia con el ejército de genios: v
m:rntuvo a su diestra a su visir 1\saff ben-Barkhia, y a
su izquierda a Domriat, rey de los genios del a.ire. El ,
permaneció en medio, sentado en su trono de pórfido )
de oro, que arrastraban cuatro elefant,es. Y dió entonce,
la señal de la batalla.
"De repente híwse oir un clamor que aumentaba con
el ruido de carreras al galope y el estrépito tumultuoso &lt;lt los genios, hombres, aves de rapiña y fieras guerreras; y resonaba la corteza terrestr.e bajo el av.:&gt;te forn:idable de tantas pirndas. en tanto qm· relemHaba e: 1
. aire con el batir de millones de alas, y con las exclamaciones, los gritos y los rugidos.
·'Por lo que a mí respecta, se me concedió el nmndo d,,
la vanguardia del ejército de genios sometidos al rey del
20

LA

CIUDAD

DE

BRONCE

Mar. Hice una seña a mis tropas, y a la cabeza de ellas
me precipité sobre el tropel de genios enemigos qtte mandaba el rey Domriat. E intentaba atacar yo mismo al jefe de los adversarios, cuando le vi convertirse de impro,•i~o en una montaña inflamada que empezó a vomitar
fuego a torrentes, esforzándose por aniquilarme y ahogarme .::on los despojos que caían hacia nuestra parte
en olas abrasadoras. Pero me defendí y ataqué con encarnizamiento, animando a los míos, y sólo cuando me
convencí de que el número de mis enemigos me aplastaría a la postre, dí la señal de retirada y me puse en fuga por los aires a fuerza de alas. Pero nos persiguieron
por orden de Soleimán, viéndonos por todas partes ro-deados de adversarios, genios, hombres, animales y pájaros; y de los nue5tros quedaron extenuados unos.
aplastados otros por las patas de los cuadrúpedos, y precipitados otros desde lo alto de los aires, después que les
sacaron los ojos y les despedazaron la piel. También a
m: alcanzáronme en nú fuga, que duró tres meses. Preso
y amarrado ya, me condenaron a estar sujeto a esta cokmna negra hasta la extinción de las edades, mientras
que aprisionaron a todos los genios que yo tuve a mis
órdenes, los transformaron en humaredas y los encerraron e11 vasos de cobre, sellados con el sello c1e Soleimán.
'}Ue arrojaron al fondo del mar que baña las murallas
üe la Ciudad de Bronce .
''En cuanto a los hombres que habitaban este país, no
se exactamente qué fué de ellos, pues me hallo encadenado desde que se acabó nuestro poderío. ¡ Pero si vais
21

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11

NOCHES

Y

UNA

cjos. Y a sus plantas despl,egóse un espectáculo que t
contuvo la respiración.
Estaban viendo una ciudad de sueño.
Bajo el blanco cendal que caía de la altura, eu toda
la extensión r¡ue podría abarcar la mirada fija en los h
rizontes hundidos en la noche, aparecían dentro del recinto de bronce cúpulas de palacios, terrazas de ca~
i,pacibles jardines, y a la sombra de los macizos, brillahan los canales que iban a morir en un mar de metal,
cuyo seno frío reflejaba las luces del delo. Y t:l broa..
ce de las murallas, las pedrerías encendidas de las ~
pulas, las terrazas cándidas, los canales y el mar entero¡
así como las sombras proyectadas por Occidente, amalgamábanse bajo la brisa nocturna y la luna mágica.
Sin embargo, aquella inmensidad estaba sepultada, como en una tumba, en el universal silencio. Allá dentro
ne había ni un vestigio de vida humana. Pero he aquí
que con un mismo gesto, quieto, destacábanse sobre mo.
mimentales zócalos altas figuras de bronce, enormes jinetes tallados en mármol, animales alados que se inm(!•
vilizaban en un vuelo estéril; y los únicos seres dotados
dt. movimiento en aquella quietud, eran millares de in•
mensos vampiros qlle daban vueltas a ras de los edifi•
cios bajo el cielo, mientras buhos invisibles turbaban d
extático silencio con sus lamentos y sus voces fúnebres
en los palacios muertos y las terrazas solitarias.
Cuando saciaron su mirada con aquel espectáculo extraño, el emir Muza y sus compañeros bajaron de la
montaña, asombrándose en extremo por no haber adwrtido en aquella ciudad inmensa la huella de un set
24

LA

CIUDAD

DE

BRONCE

humano vivo. Y ya al pie de los muros de bronce, llegaron a un lugar donde vieron cuatro inscripciones grabadas en caracteres jónicos, y que en seguirla &lt;lescifró y
tradujo al emir Muza el jeique Abdossamad.
Decía la primera inscripción :
¡ Oh hijo d~ los hombres, qué vanos son tit-S cálculos 1
¡La muerte está cercana; no hagas cuentas para el por'Venir; se trata de un Señor del Universo que dispersa
las naciones y los ejércitos, y desde sus palacios de vastas magnificencias precipita a los reyes en la estrechri
t11orada de la ti1mba; y al despertar sit alma en la igualdad de la tierra, han de verse reducidos a un montón de
a,niza y polvo!

Cuando oyó estas palabras, exclamó el emir Muza:
''¡ Oh sublimes verdades! ¡ Oh sueño del alma en la
igualdad de la tierra : ¡ Qué conmovedor es todo esto !"

Y copió al punto en sus pergaminos aquellas frases.
Pero ya traducía el jeique la segunda inscripción que
decía:
i Oh hijo de los hombres! ¿ Por qué te ciegas con tus
jJ1'opias manos? ¡Cómo puedes confiar en este vatu
mundo? ¡No sabes que es u1z albergue pasajero, mia morada transitoria? ¡Di! ¡ Dónde están los reyes que cimentaron los imperios? ¡ Dó11de están los Ctmqitistadores,
los dueños del Irak, de Ispahán y del Khorassán? ¡ Pa:aron cual si nunca hi,bieran existido l

Igualmente copió esta inscripción el emir Muza, y
escuchó muy emocionado al jeique, que traducía la ter-

cera:
25

�MIL

NOCHES

Y

UNA

NOCHE

¡Oh hijo de los hombres.1 ¡He aquí que transcurreit
tu vida hacia eí
término final! ¡Piensa en el día del.Juicio ante el Scñof,
tu Dueno ! J Qué fué de los soberanos de la India . de la
China, de Sina y de N11bia!' ¡ Les arrojó a la nada el
soplo impla,cable de la muerte!

CIUDAD

DE

BRONCE

No pudo el emir Muza contener st1 emoción, y se estuvo largo tiempo llorando coJ1 las manos en las sien.e$,
y decía: ''i Oh el misterio del nacimiento y de la muerte! ¿ Por qué nacer, si hay que morir? ¿ Por qué vivir.
si la muerte da el olvido de la vida? ¡ Pero sólo Alal1
conoce los destinos, y nuestro deber es inclinarnos ante
Éi con obediencia muda!" Hechas estas reflexiones, ~encaminó de nuevo al campamento con sus compañeros,
y ordenó a sus hombres que al punto pusieran manos ~la obra para construir con madera y ramajes una escala'
laga y sólida, que les permitiese subir a lo alto del muro,
con objeto de intentar luego bajar a aquella ciudad sin
puertas.

En seguida dedicáronse a buscar madera y gruesas
ramas secas; las mondaron lo mejor que pudieron con
sus sables y sus cuchillos; las ataron unas a otras con
sus turbantes, sus cinturones, las cuerdas de los camello~, las cinchas y las guarniciones, logrando construir
una escala lo suficiente larga para llegar a lo alto de las
;,;mrallas. Y entonces la tendieron en el sitio más a pro pósito, so~teniéndola por todos lados con piedras gruesas, e invocando el nombre de Alah comenzaron a tre1;ar por ella lentamente, con el emir Muza a la cabeza.
Pero quedáronse algunos en la parte baja de los muros
J,ara \'igilar el campamento y los alrededores.
El emir Muza y sus acompañantes anduvieron durante
algún tiempo por lo alto de los muros, y llegaron al fin
ante dos torres unidas entre sí por mm puerta de bronce.
cuyas dos hojas encajaban tan perfectame•ite, que no
s,: hubiera podido introducir por su intersticio la punta
de una aguja. Sobre aquella puerta apar,ecía grabada en
relieve la imagen de un jinete de oro que tenía 1111 brazo
extendido y la mano abierta, y ,en la palma de esta mano
había trazados unos caracteres jónicos que descifró en
seguida el jeique Abdossamad y los tradujo del siguiente
r,odo: "Frota la puerta doce v,eces con él clavo que ha:'
en mi ombligo."
Aunque muy sorprendido ele tales palabras, el emir
Muza se acercó entonces al jinete y notó que, efectivamc:nte, tenía metido en medio del ombligo un clavo de
oro. Echó mano e introdujo y sacó el clavo doce veces.
Y a las doce veces que lo hizo, se abrieron las dos hojas
dt: la puerta, dejando ver una escalera &lt;le granito roj•J

26

27

lr.,¡., dias, y miras indiferente cómo corre
l.
, 1

i 'A

Y exclamó el emir Muza: "¿ Qué fué de los soberanos
de Sina y de N'ubia? ¡ Se perdieron en la nada!" y deóa la cuarta inscripción:
¡ Oh hijo de los hombres! ¡ Anegas fa alma en los placeres, y no ves que la muerte se te monta en los hombros
espiando tu.s movimientos! ¡ El mundo es como una ttla
de araña, detrás de cuya fragilidad está acechá11dote la
nada! ¿A dónde fueron a parar los hombres llenos de
espcrau;;as y sus proyectos efímeros? ¡ Cambiaron por
l.1 tumba los palacios donde Jwbitan bi,hos ahora!

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1
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j'

MIL

NOCIJES

Y

UNA

C / f, D A

•1ue descendía caracoleando. Entonces el emir Muza !
su&amp; acompañantes bajaron por los peldaños de esta esca,.
lera, la cual les condujo al centro de una sala que daba
a ras de una calle en la que se estacionaban guardias armados con arcos y espadas. Y dijo el emir Muza:
"¡ Vamos a hablarles antes de que se inquieten con nue!l-&lt;
tra presencia !"
Acercáronse, pues, a estos guardias, unos de los cuales estaban de pie con el escudo al brazo y el sable des,
nudo, mientras otros permanecían sentados o tendid0$.
Y encarándose con el que parecía el jefe, el emir Muza
le deseó la paz con afabilidad; pero no se movió el
l•ombre ni le devolvió la zalema; y los demás guardias
permanecieron inmóviles igualmente y con los ojos
fi.jos, sin prestar ninguna atención a los que acababan
de llegar y como si no los vieran.
Entonces, por si aquellos guardias no entendían el
árabe, el emir Muza dijo al jeique Abdossamad: "¡ Oh
jeique, diríjeles la palabra en cuantas lenguas c.on01:tas !" Y el jeique hubo de hablarles primero en lengua
e-riega; luego, al advertir la inutilidad de su tentativa,
le!&gt; habló en indio, en hebreo, en persa, en etíope y en
sudanés ; pero ninguno de ellos comprendió una palabra
&lt;le tales idiomas ni hizo el menor gesto de inteligencia.
Entonces dijo el emir Muza: "¡ Oh jeique ! Acaso est;n ofendidos estos guardias porque no les saludaste al
estilo de su país. Conviene, pues, que les hagas zalemas
al uso de cuantos países conozcas." Y el v,enerable Abaossarnad hizo al instante todos los ademanes acostumb-ados en las zalemas conocidas en los pueblos de cuan
4

2S

J?

DE

BRONCE

tas comarcas había recorrido. Pero no se movió ninguno de los guardias, y cada cual permaneció en la misma
actitud que al principio.
AJ ver aquello, llegó al límite del asombro e] emir
Muza, sin querer insistir más; dij o a sus acompañantes
que le siguieran, y continuó su camino, no sabiendo a
qwé causa atribuir semejante mutismo. Y se decía el
jeique Ab&lt;lossamad: "¡ Por Alah, que nunca vi cosa tan
extraordinaria en mis viajes!"
Prosiguieron andando así hasta llegar a la entrada del
zoco. t Como encontráronse con las puertas abiertas, pe·
netraron en et interior. El zoco estaba lleno de gent,es
&lt;¡ue vendían y compraban ; y por d~lante de las tiendas
se amontonaban maravillosas mercancías. Pero el emir
Muza y sus acompañantes notaron que todos los compradores y vendedores, como también cuantos se hallaban en el zoco, habíanse detenido, cual ' puestos de común acuerdo, en la postura en que les sorprendieron; Y
se diría que no esperaban para reanudar sus ocupaciones
habituales más que a que se ausentasen los extranjeros.
Sin embargo, no parecían prestar la menor atención a
lá presencia de estos, y contentábanse con expresar por
medio del desprecio y la indiferencia ·el disgusto que semejante intrusión les producía. Y para hacer aún 1nás
significativa tan desdeñosa actitud, reinaba un silenci,i
general al paso de los extraños, basta el punto de qu;:
eu el inmenso zoco abovedado se oían resonar sus pisadas de caminantes solitarios entre la quietud de su all. En árabe suk, o sea mercado.
211

��•
Ji/L

NOCHBS

Y

DB

Caudo mcribieroa ... - perpmiaoa ata .
ci6a, que les coamovi6 mucho, fnnqueal'Oll ana

en

que creslaae hablan salido la vlapera de

y

puerta que ae abrla
medio de la pieria,
una sala, en el centro de la cual babia uua bermoaa
de mármol transparente, de donde se eseapaba an
1idor ,de agua. Sobre la pila, a manera de techo
blcmeate coloreado, se alzaba un pabell6n cubi~
colpduras de seda y oro en maticee diferentes,
nados con un arte perfecto. Para llegar a aquella
ti agua se encau,aba por cuatro canalillos trazadoec
el suelo de la sala con sinuosidades encantadoras, y
da canalillo tenía un lecho de color especial: el
tenla un lecho de pórfido rosa; el segundo, de t
el tercero, de esmeraldas, y el cuarto, de turquesas;
tal modo, que el agua de cada uno se teftía del colot
1u lecho, y herida por la luz atenuada que filtrabau
sedas en la altura, proyectaba sobre los objetos de
alrededor y las. ·paredes de mármol, una dulzura de

Nje marino.

°"

Alli franquearon una segunda puerta, y entral'Oll
segunda sala. La encontraron llena de moneda■ ant'
de oro y plata, de collares, de alhajas, de perlas, de
bíes y de toda claae de pedrerías. Y tan amontonado
taba todo, que apenas se podía cruzar la sala y '
¡,or ella para penetrar en la tercera.
Aparecía ésta llena de armaduras de metales pr
&gt;OS, de escudos de oro enríquecidol con pedrerlu,
cascos antiguos, de sables de la India, de lanzas, de
nablos y de coruas del tiempo de Daúd y de Sol ·
y todas aquellas armas estaban en tan buen estado

.

BRONCB

que las fabricaron.
laego en la ~ sala, enteramente ·oca-

QDOS

umarios y

estantes de maderas precioaas, donordenadamente ricos trajes, ropones ■un•
de valor y brocados W...dos de un IIIOdo
Dalle alli se dirigieron a una puerta abierta
116 el acceso a la quinta NlL
. , contenia entre el suelo y el techo mis que
eiaeres para bebidas, para manjares Y para
: tazones de oro y plata, jofainas de cristal
c:opu de piedras precious, baudejas de jade Y
de diveraos colores.
bubiet'on admirado todo aquello, pensaron en
wtire 1111 pasos, y be aquí que sintieron la téntallevarse un tapiz inmenso de seda y oro que
1111&amp; de las paredes de la sala. Y dotrás del tapiz
gran puerta labrada con finas marquet~a_;;
y ébano, y que estaba cerrada con cerroios
ain la menor huella de cerradura donde meter
Pero el ~ue Abdouamad se puso a estudiar
o de aquellos cerrojos, y acab6 por dar con
e oculto, que huho de ceder a sus esfuerzos
la puerta gir6 sobre sí misma y di6 a los viajeacceso a una sala milagrosa, abovedada en
de c:6pula y construida con un mirmol tan pulido,
un espejo de acero. Por las ventanas de
ula, a través de las celoslas de esmeraldas i
filtrábase una claridad que inundaba los obun resplandor imprevisto. En el centro, SOl!e-

sa

�MIL

y

NOCHBS

nido por pilutru de oro,

UN,1

NO

oobre cada nna de lis

babia 1111 pájaro con pi-je de ~ 7 pico
bles, erguiase una especie de oratorio adornado
¡aduras de seda 7 oro, 7 al que 1IDU ¡radu de
unlan al melo, donde ur,a magnifica alfombra,
mente ~cada con lana de rolores gtori~
foOftS sm aroma en medio de su ckped sin aa ·
IOda la vida artificial de sus florestas pobladas
roa 7 aoimates copiados de manera exacta, cc,li ID
natural y sos contornos verdaderos.
El emir Muza 7 sus acompallantes mbieron
f"I~• del oratorio, y al llegar a la plataforma
llmeron mudos de sorpresa. Bajo un dosel de 1
IJ salpicado de gemas 7 diamantes, en amplio
construido coa tapi«s de seda IUJlerpUeSIOS, r
una joven de tez brillante, de párpadoo entornados
~I audio tras UDU larga• pest•ftas combadas, 7
belleza
realzábue con la calma admirable de sus
.
&lt;1ones, con la corona de oro que oellia su cabell
la di~dema de pedrerias que constelaba su frente, Y'
d húmedo collar de perlas qne acariciaban 111
piel. A derecha y a uqaierda del lecho se bailaban
esclavos, blanco uno y negro Otro, armado cada
&lt;'OD un alfanje desando y una pica de ..,.,.o. A loa
del lecho había una mesa de mármol, en la que apar
rabadas laa siguientes frases:

'ª

,s,,.,

/a '11irg...
Y llla ffllllad

Toa,,,,,,, l,ija del ,e, d, lo1 ,A.

Mi citldad / ¡ Pn,d,i ~ ;/,uro o 111 th1to, flÍoj,ro qwe logrtUlt ,,_,,,,.,

IOI,

DB

B((ONCB

,....,.,,._,__6r, __ _

.,.ua ,... ... ewo,da6, ,... ,. ,,.,.,,.,.
emir Mua 1111 repaso de la ....,..cióa que bula prele!lCia de la joven dormida, dijo
: "Ya eo hora de que """ alejlllRIINII dapah de ver coau tan aaombrosu, y
hada el mar en baaca ele loa de
DO

oliltante, Clflel' de -

palado todo

,-ruca: pero guardaoo de poae.- la mano aodel tty o de tocar sos Yellidoi.
dijo Taleb ben-Sebl: "1 Oh emir nuestro,
palacio poede compararse a la belleza do
1 Seria una lútima dejarla ali! en vez de Ue• Damasco para ofrdnela al califa. Valdrb
repJo qne todas las mforaa de efrits del
cmtest6 el emir Maza: "No po •le. "'" tocar a
porque seria ofenderla, y nol atraeriamo:I
" Pero ettlamó Taleb: "1 Oh emir nuestro!
-.ivu o dormldu, no se ofenden mmca por
tales." y tru de babel" dicho estas pa1abru,
a la joven y quiso le-.antarla en ~ Pero
de repente, atraYOl&amp;do por loa alfujes y
de loa aclaYOS, que le acertanra al mismo tiem11 cabeza y en el coruáa.
,aquello d emir Maza no quito permanece.- ni
más en el palacio, y orden6 a ans acompafllle ..Ue.-an de prisa para emprender el camino

11

llegaron a la playa, -

at

;Jf

•

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a _.

�- ......... ________ _
J.llD NOCHBS Y

•

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UN~ NO

,_..., 1 que cou t¡ ediena a Ju n:Z 91• •
y canfOl'llle a la f6ramla m-hnan• Y dijo
Maza el de mú edad entre ellot, y que parecfa
jefe: H¡ Oh venerable jeiqae ! ~ de parte de,
tro daelio d celifa Abdehnelek bm.Vietwú,,
car en mar . . _ cm efrita de tiempoe del
Soleim6n e Pnedea ayudaraoo ea
in•
DOS y explicamos el misterio de esta ciodad
priY&amp;doa de movimiento todos los seres
Y
d --..o: H Ante todo, hijo ll'io, In• ae saber '1ª"
toe ~ w b•II- ea esta playa
la palabra de Alab y ea la de ID Enviado ( cm él
¡;aria y la paz!) ; pero euutos se enc:aeotrao
Ciodad de Bronce están encantados desde la
ciad, y (lfflll9lleCerÚ ul huta el die del Juicio.
a lo&amp; .....,. qne coatieoea efria, nada mu &amp;di
curároaloa, pue81o qv~ poa•tm"41 UDA porci6o de
qoe UDA vez destapados, DOS sirven pera cocer
y alimeatoa. 0a dartm"41 todos loa qoe quuáia. 1
Dlellle ea necesario, antes de destaperloo, hacerlos
PU golpeú,dolc» cm las 1D1D01, 7 obtener de q •
habitan el juramento de que r«ODOcerán la v
la mi1i6n de nuestro profeta Mobammed,
primera falta y ID rebelión contra la aopi'emacla de
leimúa ben-Daúd!" Luego dadi6: "Ademáa,
deseamos daros como testimonio de naeMra,
al Emir de los Creyentei, amo de todos noaotros,
hiju del mar que bemoa pmcado boy mismo, y qae
mi• bellu qne todu fu biju de los bombra."

D-

r

CXJ••

•

Da

.... dicho e1ta1 pcld

BR.ONCB
"t, i,I

aclao -

Maza doce dé cobre, lldlldaa en ploNllo de Solelmia, y laa das biju del - •
._ maraYillosu criatoras de larp cabellos

-

laa olu, de eera ele 1 - y de -

ad-

1 recloo.6oa y doroa CDel goijarroe marinos;
d omlJllp careclan de laa IDllhlOlldades
gmerabnente son patrimonio de las biju
y fu auatltulan con un cuerpo de pez
• derecha '1 • Uqllierda, de la propia las mojera cuaodo adYierten qne • aa puo
la atenci6n. Tenlan la vos mny dnlce, y ID
nmltaba encantadora; pero no eomprendlan nl
ninguno de loa idiomas eonoeidoo, , - . t i , espouder ímicamente cm la -,rila de w
laa prepntp que ae les dlriglan.
¡tiJerou de dar lu graciu al anciano por ID ~1iaadad el emir Muza y aua acompellantea, e m-.
a él y a todos los pescadores qne eatam coa
ea el pala de loa maauhnenea. a Danaaco, la
• las florea, de laa fTatu y de laa ..... dak:e&lt;.
la oferta el anciano y loa peaeadores, Y todol
fllvieron primero a la Ciudad de Bronce pera
,-nto pndieran llevarte de caaa ~ joyel,
'.lodo lo 1;iero de peso y ,-do ele valor. Cargamodo, ., deacolprou otra vu por las marabronce, llenaron sus lllC(II y caja de provilion~
laeaporado botín y emprendieron de nuevo el
ele Damuco, adonde Regaron felizmente al .cabo
larp Yiaje alo inc:jdenciu.
1
17

�MIL

NOCHES

Y

UNA

El califa Abdalmalck quedó encantado y marav'
mismo tiempo del relato t.JUC de la aventura le
el emir Muza, y exclamó: "Siento en extremo no
ido con vosotros a esa Ciudad de Bronce. ¡ Pero iré,
;::i;(

la venia de Alah,

"1

•

admirar por mí mismo esa&amp; ma

llas y a tratar de aclar,r el misterio de ese en
miento!" Luego quiw abrir por su propia mano los
ce vasos de cobre, y los abrió uno tras de otro. Y
aalía una humareda muy densa qut" com·ertíase
t.:n efrit espantable, el cual se arrojaba a los pies del
Jifa y exclamaba: "¡ Pido perdón por mi rebelión
Alah y a ti ¡ oh Scfior nuestro Soleimán !" Y dcsa
rian a travf's del techo ante la sorpresa de todos los
cunstanes. ~o se maravilló menos el califa de la bell
l"Cl'

de las llos hijas del mar. Su sonrisa, y su voz, y
idioma desconocido le conmO\·ieron y le emocionaron.
hizo que las pusieran en un gran baño, donde viví
alyún tiempo para morir de consunción, y de calor
t'J.ltimo.
En cuanto al emir Muza, obtuvo del califa pe
p~ra r-ctirarse a Jrrnsalén la Santa, con el propósito
pasar el resto de su vida alli, sumido en la medit
,1( las palabras antiguas que tuvo cnida,to de copiar
1ius pergaminos. ¡ Y murió en aquella ciudad. des
&lt;le ser objeto de la veneración de todos los ere
&lt;,tuc todavía van a visitar la kubha rlonde reposa ca
raz y la bendición del Altísimo!
Trad11cido dt'l árabt· por ('/

.

V trsión es¡,aiiola dt

EL N U E V O P A R I S
•

POR

J. W. GOETHE,

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flolar ea tl ••-.... . . .
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.. ,atte jf . . . . ., lllirlllla . . . . . . . . . .

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R6picle I Lle Die cambU de ropa¡

al

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r1ICIJli6 "

redeciDa ele colara,

polvadoa calJelJo, ta -

de haberlos daempolndo f u ~ , coa
J1111110 mio. Mlnme a 1111 1'111 ape)o y me
muy bien con mi dwru, macho mú a mi
coa mi rlgiclo traje de c1Qminao. Hice al¡uboe
p i - como lu que ballla •illo a 101
el twn,. Segala mirándome al espejo y
e&amp;saalidad la ima¡eo ele 1111 Dicho qae babia a
palda. SobN, IU blanco fondo - - colpdu
des caerdecltaa, anida cada ana coaaip mlama
a.ocio qae DO Die era dado ftl' cletde lejo&amp;. V:
In ,t- e nente e interropf al viejo acerca del
,w Ju caadai. El, may mnable, dacalp ana
y me la Olllell6. Era un mrd6a de leda verde
faene, CUJ01 cb extremoe, aaidoe por 1111 caen,
CM dos beodidaru le daban Upfflo de un imtl
tn cu,., uso no es may apetccil,le precli-Oldll!
coaa me pueclú crave, y pre¡wuE al mjo qaf
decir aqaello, Me rapoadi6 may lran,¡uilo y a
diciendo que era para loo que ahusaban ele la
,a que siempre se estaba ali! diapaeato a otorcarles.
, i6 a colgar el c:onl6o ea au litio y aie dijo q,1e
gaiera, p- esta vea no me cogi6 de la mano, lino'
caminé libre a IU lado.

.Mi gran carioeidad era labor· ahora d6ade
atar la paena y 411 paeme para atrav-.- la -ja

.

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1i CllrDO ..... pd6i, JI J tuir,
..._ l!end6e m la 4anda-.
1111 cf.._ de prlla • ella: IH' ll-

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me llon6 la fflla, paea

de . . - . plcu.

a telllWar
, aquel atrallD - - - termln6 - que
'Y partellDU

¡

&amp; Wi

... mcllaann - - - - . lo
al dotl aad,- _ , . ele eJérdt!&gt;; arma..
alaiem, lanzarse uao sobre otro. La vis:,... podlan afrlr tal coafuiola Y .._
iadeclblemeaie uadl1oeo faé el ver •
pol cumplew, cabrieron la n.doacloa
formaron el mú soberbio pacnte qa~ Nbc
Abora .., abrfa ante IIIÍII ojoe 1111 paiia-o
'ardla, dividido en eatreluada. hanralee
J formab&amp; 1111 075
!al lallerlnto¡ con verdea guarnJcionea ele ana pluta
qae juab habla lido . . . por mi, y n.,.
de 1111 color diatiato en cada comparti.
apenas levantaban del l!Mllo, coa lo ,..._
firihnentt lu &amp;pu truadu. Aquella
de
pcé al pleno _,.__ del sol.
ojoe, pero cui ao aabla d6nde
-pie,,, pues loa serpenteantl!I oende,os ~

,..i-ite':.

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partaima ualada, que :4_,.., delo en el luelo o _ , .., ehlo re,ol
AnduYe alg6n tiaapo al lado de 1111
1al
clavados ea tierra, balta que adverv
centro de aqael drcalo de' 9llridoa arrlatti,
gran macbo redondo de olpre1e1 Y llainoe,

de -

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a través de los cuales nada -podía verse, porque las
'.11ªs inferiores parecían brotar del suelo. 1'.1i guía.
1'11pulsarme precisamente a tomar el camino más dir ·
to, me dirigía si11 embargo hacia aquel centro, y,
gran sorpresa, al penetrar en medio de los altos ár
vi ante mí el pórtico de columnas de un magnífico
heflón d-e jardín, que parecía tener análogo aspecto
e~trada~ hacia los otros lados. Pero, más aún que .
c:emplar arquitectónico, me encantó una música cel
que brotaba del edificio. Tan pronto me parecía oír
laúd como un arpa, una cítara o algún otro instrum
to de cuerda q~e no era ninguno rle a.quellos tres. I
puerta a que habíamos llegado abrióse al instante
p~és de una leve llamada del viejo; pero ¡ cnál 11 ~ f
mt asombro cuando vi que quien salía a abrirnos
n~•a li~da muchacha idéntica totalmente a la que me
Lia bailado en suefios sobre los dedos! Saludóme
también. como si fuéramos antigi¡os conocidos y
ro_gó que en_t~ara. El viejo se quedó fuera, y yo 1fuí
tras de la ntna por un corto pasillo abovedado con her
ir.osa decoración, hasta la sala central, cuya magnífi
;,!tura, digna de una catedral, atrajo a sí mi mirada
entrar. Y me llenó de asombro. Mas mi vista no p
detenerse allí mucho tiempo, pues era solicitada abaj
¡,or un e~cantador espectáculo. Sobre un tapiz. preci
mente baJo el centro de la cúpula, estaban sentadas
triángulo tres doncellas vestidas &lt;le tres colores diver
sos, una ele rojo: otra, de amarillo; de verde la tercera
los asientos eran dorados y el tapiz un perfecto band
de flores. En sus manos estab¡m los tres instrument
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que yo había podido diferenciar desde fuera; pero, turbadas con mí llegada, habían cesado de tocar.
- ¡ Sed bienvenido!- dijo la de en medio, que est,1ba sentada frente a la puerta, vestida de rojo y con

el arpa sobre las rodillas.- Sentaos al lado &lt;le Alerta,
y oíd, si sois aficionado a la música.

Entonces descubrí en un rincón wi banquito bastante
largo, en el que había una mandolina. La amable mu•
chacha la tomé en sus manos, sentóse y me ofreció sitio a su lado. Veía también ahora, a mi derecha, a la
Ségtmda dama; tenía el traje amarillo y una cítara en
la mano, y si la arpista era de figura espléndida, gran1les rasgos fisionómicos y porte majestuoso, en la citarista se descubría un ser ligero, gracioso y alegre. Era
una esbelta rubia, mientras qne aquélla estaba ornada
\IOT tma cabellera castaña. La diversidad y armonía de
la música no me apartaba de contemplar también a J,i.
tercera bella, con su traj,e verde, cuya manera de tocar el laúd tenía para mí algo conmovedor y desagra.
dable al propio tiempo. Era la que me prestaba may,~r
atención y parecía dirigirse a mí con su música: pern
yo no podía acabar de comprenderla, pues tan pronto
me parecía tierna como intratable, sencilla como ca¡irichosa, según cambiaba de semblante y modo de tocar. A veces semejaba querer conmoverme; otras, bur.
larse de mí. Sm embargo, hiciera lo que quisieta, ga.
naba poco conmigo, pues mí vecinita, que estaba ta11
pró:,cima a mí qtl!e se tocaban nuestros codos. se había
apoderado de mí por completo: y, como en aquellas
tres damas descubría yo manifiestamente las sílfides de
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esos aplastados soldados de plomo que tenemos nosotros,
sino que hombre y caballo tenían cuerpos naturalmen.
te redondeados y estaban hechos de la manera más
perfecta; también era difícil comprender cómo se man ..
tenían en equilibrio, pues se apoyaban sobre sus proa
píos pies, sin ninguna peana.
Habíamos contemplado, con gran contentamiento,
cada cual nuestro propio ejército, cuando la muchacha
me declaró la guerra. También habíamos encontrado
artillería con los soldados: hasta unas cajita» llenas
de pulimentados balines de ágata. Con ellos debíamos
luchar uno con otro, desde cierta distancia; convinien.
do también, con toda severidad, que no se tiraría con
más fuerza de la necesaria para derribar las figura:i,
pues no había que estropear ninguna de ellas. Alterna..
tivamente disparamos la artillería y, al principio, sen.
timos los dos gran contento. M'as, cuando mi rival observó que yo apuntaba mejor que ella, y que, al fine.!,
alcanzaría la victoria, que dependía del número de soldados que hubieran quedado en pie, acercóse más y sus
frmeninos disparos alcanzaban también el deseado éxito. Derribóme una porción de mis mejores tropas, Y
cuanto yo más protestaba, tanto más ansiosamente tira!&gt;a ella. Esto acabó por disgustarme, y declaré qut
haría lo propio. En realidad, no sólo me acerqué mis,
sino que, en mi mal humor, arrojé las balas con mucha
más fuerza, con lo que no pasó mucho tiempo sin que
saltaran en pedazos algtmas de sus diminutas oentau,
rt"~as Ella no lo notó al principio, ~n su acalorrur.iento,
pero yo me quedé petrificado cuando vi que las rotas·

N U E V O

P'.ARIS

rillas volvían a juntarse por sí mismas: amazona y

caballos formaban un todo de nuevo; cobraban vida, y
lanzaban a galope desde el dorado puente hacia lo~

etilos, y, corriendo de un lado a otro, acababan por desaparecer hacia el muro, no sé de qué manera. Apenas
Jo hubo advertido mi hermosa adversaria, cuando prorrmnpió en clamoroso llanto, y dijo que yo le había
tausado una irreparable pérdida, mucho mayor de lo
e podía ser expresado con palabras. Pero yo, que ya

~aba irritado, me alegré de poder hacerle algún dafio, Y torné a arrojar, ciega y víolentament,e, unos baes de ágata, que me habían quedado sobrantes, en
de su ejército. Por desgracia acerté a darle a la
ina, que hasta entonces había sido respetada en nues.
bien ordenado juego. Rornpióse en pedazos, y a sus
inmediatas subordinadas cupo la propia suerte;
pero al momento volvieron a estar sanas y enteras, y,
poniéndose en fuga como las otras, galoparon alegremente bajo los tilos, y desaparecieron hacia ::1
muro.

Mi rival me reñía e injuriaba; pero yo, una vez lan~o, me bajé para coger algunas balas de ágata que
aban sobre las doradas lanzas. Mi irritado deseo era
· uilar todo su ejército: mas ella, nada lerda, saltó
robre mí y me &lt;lió un bofetón que me hizo zmnbar la c:theza. Yo, que siempre he oído decir que cuando nos
una doncella debe responderse con un beso, cogíla
de una oreja y la besé repetidas veces. Ella lanzó un
'to tan penetrante, que hasta a mí mismo me diti
'edo; soltéla, y eso fué mi suerte, pues en seguida no
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.. hlacha1!a. - alu palpit■l,u, IDdo .. eaerpo
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Lu do■ P'-■I 1e lucieron o7r a 111 - • ■e
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El -.in- alado tearé, un 61timo añJeno,
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11 de amor, dapaá ej-.6 IIDI ,..,•íarlj

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detal--.queSalda~-lo alfo del delo, ■e ,.., p6IWa,. .wa.
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-e1-...--,dela¡na~clel
•nqu•¡ en.iad por ello■, e11JC1 !loe 1 c:omr, , - . . . , puato que JO fff a

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dicho - . el ndlelilw muri6. Lu . . primaeho, , _ habla CUlllldo .... IJa.,
almdD, el pajecito de Jo■ callelloe ....... .,
d6ade ettaN el nido. Valtlldn, que era all
plcuo, .. ¡ "" ,t f6,:fJ 11 le el hJlar l
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dlicaltad. ~
acod■du en el balc6n. lo. espen':an coa
Plwfo lhil6 Vafentla, u..ando ti nWcl •
Las IN■ ¡,ec(aell lln tlllll,1h la c:allaa.
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pb~ lmo:
es Taylor, eh? Pero, Taylor, _. . _

a?

t6 Jiijo de la lana. Tieaes - torea
tus"'-; - rayoa W- -W. la
lietes loebelOede- &amp;loa lallioe a loe•la tierra. Todo e11i 111"7 liiee. ~
tienes l6grlmaa. Caaado -6 la laata,
la - de la madre. Cuando le eDlllf mis
conluce loo c:aeutoo con que vrlÍllaha tu llllllct.
eso -,e que eru hijo oa,o 7 mi peqiidlo
- La lana siempre ha lido amip mla,-4jo
-pero no sabia yo que fuese mi madre.
- P,.,,,.N ,mute tu hermana si lo sabe. Los
mae.tw se complacen en woc:erJa por
- ...... taato de las fton,o dndlda11
-Pero ¡ si tenemos madre en qa
mucho para IIIUllencl'IIOI I
-1 Ah I Pero es tu madre entre lu 1lllbol
haae ~ tu vida, 7 la bellc,.a de ta Yida
medida de - cHu.
Mieatras el Dfflo meditaba '!Obre ron a las reju del puqae 7, pa•llldo en fnaee
miciola porterla, salieron al camlao real. Ua

Jo-.

•Cr&amp;ffenor.
. . , JlllliWe,. dijo el parda, riendo.
Ve-.. a ate llitio, Taylor? Pw le 11egac
~ IIIÚ Joco que :,o.
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ha heeho hoJ lfta frues. Si no lo ~
que se YOITm poeta; e inc fiiui ......,.
mado de c:ordara con el fueao de la 1-, •
palad..., Taylor¡
reiw serU bechoo polvo. 0a lo adYiel1o.
aelor. M'117 bien. Pero ahon, tiene llll'ed p

Se~--°"

:MIiio, dijo el hambre - - - - . . . C:aur,a tu
Por la gracia de la Prowlclencla, tocb ...
que e j - autoridad aeciaa. Vala
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                    <text>���LEOPOLDO LUGONES

LOS CABALLOS
DE .ABDERA
CUENTOS ESCOGIDOS

•

LECTURA SELECTA
MEXICO MCMXIX

��LEOPOLDO

LUGONES

LOS e,ABALLOS

DE

ABDERA

se las naturales exageraciones de toda pasión, hasta admitir caballos en la mesa.
Eran verdaderamente uotables corceles, pero bestias al fin. Otros dormían en cobertores de· biso;
algunos pesebres tenían frescos sencillos. pues no
pocos veterinarios i,JOstenían el gusto artístico de la
raza caballar, y el cementerio equino ostentaba en.
tre pompas burguesas, eiertamente recargadas, dos
o tres obras maestras. El templo más hermoso de
la ciudad estaba consagrado a Arió11, el caballo qué
Neptuno hizo salir de la tierra con un golpe de su
tridente; y creo que la moda de rematar las proas
en cabezas de caballo, tenga igual proveneneia;
siendo seguro, en todo caso, que los bajos relieves
hípicos fueron el ornamento más común de toda
aquella arquitectura. El monarca era quien se
mostraba más decidido por los corceles, llegando
basta tolerar a los suyos verdaderos crímenes que
los volvieron singularmente bravíos; de tal modo
que los nombres de Podargos y de Lampon fignrabau en fábulas sombrías; pues es del caso decir que
los caballos tenían nombres como personas.
Tan. amaestrados estaban aquellos animales, que
las bridas eran innecesarias, conservándolas únicamente como adornos, muy apreciadas desde luegG
por los mismos caballos. La palabra era el medio
usual de comunicación con ellos; observándose que
la libertad favorecía el desarrollo de sus buenas
condiciones¡ dejábanlos todo el tiempo no reque-

rido por la albarda o el arnés, en libertad de cru1.ar a sus anchas las magníficas praderas formadas en el suburbio, a la orilla del Kossínites, para
su wcreo y alimentación.
A són ele trompa los convocaban cuando era menester, y así para el trabajo como para el pienso
nan exactísimos. Rayaba en lo increíble su habilidad para toda clase de juegos de circo y hasta de
salón, su bravura en los combates, su discreción en
las ceremonias solemnes. Así, el hipódromo de Abdera 1anto como sus compañías de volatines; su
cabafüría acorazada de bronce y sus sepelios, habían alcanzado tal renombre, que de todas partes
acudía gente a admirarlos: mérito compartido por
igual entre domadores y corceles.
Aquella educación persistente, aquel forzado despliegue de condiciones, y, para decirlo todo en una
pdahra, aquella "humanización" de la raza equina,
il:an engendrando un fenómeno que los bistones
festejaban como otra gloria nacional. La inteligench de los caballos comenzaba a desarrollarse parrja con su conciencia, produciendo cosas anormale; que daba~ pábulo al comentario general.
Una yegua había exigido espejos en su pesebre,
atrancándolos con los dientes de la propia alcoba
pitronal y destruyendo a coces los de tres paineles
crnndo no. le hicieron el gusto. Concedido el caprielo, daba muestras de coquetería perfectamente visble.

6

7

�L E O P O L D O

LUGONES

Balios, el más bello potro de la comare;a, un
blanco, elegante y sentimental que tenía dos campañas militares r manifestaba regocijo ante el recitado de exámetros heroicos, acababa de mori~ de
amo~· por una dama. Era la mujer d&lt;' un general,
dueno del enamorado bruto, y por cierto no ocultaba el suceso. Hasta se creía que halagaba su vanidad, siendo esto muy natural, por otra parte, en
la ecuestre metrópoli.
Señalábasl" igualmente casos de infanticidio,
que, aumentando en forma alarmante, fué recesaria corregir con la presencia de Yiejas mula¡.; adoptivas; un gusto creciente por el pescado y por el
cáliamo, cuyas plantaciones saqueaban los animales; y Yarias rebeliones aisladas que hubo de rorregirse, siendo insuficiente el látigo, por rucdio
del hierro candente. Esto último foé en aumento.
pu.es el instinto de rebelión progresaba. a pesar e~
todo.
Los bistones, más encantados cada vez eon sis
caballos, no paraban mie'ntes en eso. Otros heclrn;
más significati,-os produjéronse de allí a poco. D,s
o tr{'s atala.ies habían hecho causa común contra m
carretero que azotaba su yegua rebelde. Los cab.llos resistíause cada vez más al enganche y al ;\~go, de tal modo que empezó a preferirse el asm.
Había animales que no aceptaban determinado ap•
ro; mas como pertenecían a los ricos, se defería a SI
8

LOS CABALLOS

DE

ABDERA

rebelión, comentándola mimosamente a título de
capricho.
lTn día los caballos no vinieron al són de la trompa, y fué menester constreñirlos por la fuerza ; pero los subsiguientes, no se reprodujo la rebelión.
Al fin ésta tuvo lugar cierta vez que la marea
cubrió la playa de pescado muerto, como solfa sucecln·. Los caballos se 11artaron de eso y Sl' los vió
reirt'f;ar al campo suburbano con lentitud sombría.
::\1Pdia noche era cuando estalló el singular conflicto.
De pronto un trueno sordo y persistente conmovió l'l ámbito de la ciudad. Era que todos los caballos se habían puesto en movimiento a la vez para
asaltarla; pero esto se supo luego, inadvertido al
priÍwipio en la sombra de la noche y la sorpresa
de lo inesperado.
Como las praderas de pastoreo quedaban entre
las mmallas, nada pudo contener la agresión; y,
aña&lt;li&lt;lo a esto el conocimiento miuncioso que los
animales tenían de los domicilios, ambas co,;;as acrecentaroll la catástrofe.
Noche memorable entre todas, sus horrores ~ólo
aparecieron cuando el día vino a ponerlos en evidencia, multiplicándolos aún.
Las puertas reventadas a coces yacían por el suelo. dando paso a feroces manadas que se sucedían.
casi sin interrupción. Había corrido sangre, pues
110 pocos vecinos cayeron aplastados bajo el casco
V

�L E O P O L D O

LúGONES

y los dientes de la banda, Pn cuyas filas causaron
estragos también las armas humauas.
Conmovida de tropeles, la ciudad obc;curecíase
con la polvareda que engendraban; y un extraño
tumulto formado por gritos de cólera o de dolor,
relinchos variados como palabras a los cuales mezclábase nno que otro doloroso rebuzno, y estampidos de coces sobre las puertas atacadas. unía su espanto al paYor visible de la catástrofe. Una especie
de terremoto incesante hacía Yibrar el . suelo con
el trote de la masa rebelde, exaltado a ratos como
en ráfaga huracanada por frenéticos tropeles sin
dirección y sin objeto; pues habiendo saqueado todos los plantíos de cáñamo, y hasta algunas bodegas que codiciaban aquellos co'rceles penertidCA.'l
por los refinamientos de la mesa, grupos de&gt; animales ebrios aceleraban la obra de destrucción. Y por
el lado del mar era imposible huir. Los caballos, conociendo la misión de las naves, cerraban C'l acceso
del puerto.
, Sólo la fortaleza permanecía incólume y empezabase a organizar en ella la resistencia. Por lo
proµto, se cubría de dardos a todo caballo que cruzaba por allí, y cuando caía cerca era arrastrado
al interior como vitualla.
'
Entre los Yecinos refugiados circulaban los más
extraños rumores. El primer ataque 110 fué sino nn
saqueo. Derribadas las puertas, las manadas intrnducíanse en las habitaciones, atentas sólo a las col10

LOS

CABALLOS

DE

ABDERA

&lt;Yaduras suntuosas con que intentaban revestirse,
: las joyas y objetos brillantrs. La oposición a sus
desi~nios fué lo que suscitó su furia.
Otros hablaban de monstruosos amores, de mujeres asaltadas y aplastadas en sus propios lechos con
ímpetu bestial; y hasta se señalaba una noble doncella que, sollozando, narraba entre dos crisis ,;u
percance : el despertar en la alcoba, a la media luz
de la lámpara, rozados sus labios por la innoble
geta de un potro negro que respingaba de place_r
el belfo. enseñando sn dentadura asquerosa; su gnto ele pavor ante aquella bestia convertida en fiera, con el rf'splandor humano y malévolo de i,us
ojos incendiados de lubricidad: el mar de sangre
con que la inundara al caer atraYesado por la f'Spada de un serYidor ...
Mencionábase varios asesinatos en que las yeguas se habían diYertido con saña femenil, despachurrando a mordiscos las víctimas. Los asnos habían sido exterminados, y las mulas subleváronse
también, pero con torpeza inconsciente, destruyendo. por destruir, y particularmente encarnizadas
contra lo~ perros.
El tronar de las carreras locas seguía estremeciendo la ciudad, y el fragor de los derrumbes iba
aumentando. Era urgente organizar una salida, por
más que el número y la fuerza ele los asaltantes la
hiciera singularmente peligrosa, si no se quería
11

�L E O P O L D O
abandonar la ciudad a la
ci6n.
~ hombres empezaron a armarse; mas pasado
el pnn:ie~ momen~o de licencia, los caballos habíandec1d1do a atacar también.
Un brusco silencio preeedi6 al asalto. Desde
fortaleza dintinguían el terrible ejército que se congregaba, ?º sin trabajo, en el hipódromo. Aquello
tardó vanas horas, pues cuando todo parecía d"
pue to, súbitos corcovos Y agudfsimos relinchos c:
ya causa era imposible discernir, desordenaban
profundamente las filas.
El sol declinaba ya, cuando . e produjo la primera carga. T ~ , f ué, si se permite la frase, más que
una demostrac1on, pues los animales se limitaron a
pasar corriendo frente a la fortaleza. En . bº
&lt;¡ueda
ºbºll
cam io,
r . ron acn 1 ados por las ·saetas de lo defensoDesde el más remoto extremo de la ciudad lan;áronse otra v~z, Y su choque contra la defensa
ué formidable . . La fortaleza retumbó entera bajo
aqu:lla tempe tad de cascos, y sus recia muralla
d6n~ quedaron, a decir verdad profundamente
trabaJada .
'
Sobrevino un rechazo, a l cual sucedió
. muy luego un nuevo ataque.
Los que, demolían eran caballos y mulos herrado que ca1an a docenas ; pero sus filas rráb
con e
·
·
ce
an e
ncarmzam1ento furioso, sin que la masa pare12

8 CABALLOS

DE .ABDERA

disminuir. Lo peor era que algunos habian
· do vestir 8118 bardas de combate en cuya
de acero se embotaban los dardos. Otros llejirones de tela vistola, otros collares; y pueen au mismo furor, ensayaban inesperados re-

De las murallas los eonoeian. ¡ Dinos, Aethon,
eo, Xanthos l Y ellÓS saludaban, relinchaban
oaamente, enarcaban la cola, cargando en
con fogosos respingos. Uno, UD jefe ciertate, irgui6se sobre BUS corvejones, camin6 aai
trecho, manoteando gallardamente al aire, como
danzara un marcial balisteo, contorneando el cuecon serpentina elegancia, hasta que UD dardo
le clavó en medio del pecho .•.
Entretanto, el ataque iba triunfando. Las muralaa empezaban a ceder. ·
St\bitamente una alarma paraliz6 a las bestias.
aas sobre otras, apoyándose en ancas y lomos,
garon sus cuellos hacia la alameda que bordeala margen del Kossmites; y los defensores, vol~dose hacia la misma dirección, contemplaron
tremendo espectáculo.
Dominando la arboleda negra, espantosa aobre el
¡Cielo de la tarde, una colosal cabeza de le6n mira• hacia la ciudad. Era una de esas fieras antedilunas cuyos ejemplares, cada vez mis raros, deftltaban, de tiempo en tiempo, los montea R6dope .
Kas nunca se había visto nada tan monstruoso,
18

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de bloq,aw a 99 el
lllp, eont1mporA.ieo de Ju momdu, --1pi6

....... c1ivinicladea.

Y de npate eapes6 a andar, lento el
M.OC..tl-delafrondaquqpeeb.e
...., .. aliento de fnpa que iba IÍD dada •
111' eiadad -1116ndc. en nplo.
.. .-.r de .. ' - - predipa 'T de - . . _
ro, r. •lialloe &amp;blnadaa no reiimeron -□ejan
. . , , tdSn Un 16Io fmpeta laa anutr6 por la
J1t,a, en illNeisi6n a la l!aeehis, 1-1:uMh 1m
~ haraeú de arma y de..,--, pues M
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• llf fortalea 1'ehaaba el púieo. ¡Qaé podifu
eontn eemi,Jante enemigo t ¡Qué re-e de bl'Ollee
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11

r!ll■C
11

�LA LLUVIA DE FUEGO
EVOCACIÓN DE UN DESENCARNADO DE GOl\1ORRA

•

R

ECUERDO que era un día de sol hermoso,
lleno del hormigueo popular en las calles
atronadas de vehículos. Un día asaz cálido
y de tersura perfecta.
Desde mi terraza domini{ba una vasta confusión
de techos, vergeles salteados, un trozo de bahía
punzado de mástiles, la recta gris de una avenida ...
A _eso de las once cayeron las primeras chispas.
Una aquí, otra allá -partículas de cobre semejantes a las morcellas de un pábilo ; partículas de cobre incandescente que daban en el suelo con un ruidecito de arenas. El cielo seguía de igual limpidez; el nunor urbano no decrecía. Unicamente los
pájaros de mi pajarera, cesaron de cantar.
Casualmente lo había advertido, mirando hacia
el horizonte en un momento de abstracción. Primero creí en una ilusión óptica causada por mi
miopía. Tuve que esperar largo rato para ver
caer otra chispa, pues la luz solar anegábalas bas17
2

�L E O P O L D O
tante; pero el cobre ardía de tal modo, que se
tacaban asimismo. Una rapidilima vírgula de
go, y el golpeeito en la tierra. Asi a largos in
valos.
Debo confeaar que al comprobarlo, experim
té un ,·ago terror. Exploré el cielo en una a ·
sa ojeada. Persistía la limpidez. ¡ De dónde ve
aquel extraño ¡rranizo 1 ¡ Aquel cobre 1 ¡ Era e
bre! ...
Acababa de caer una chispa en mi terraza,
poeos pasos. Extendi la mano; era, a no caber d
da, un 11,'ránulo de cobre que tardó mucho en e
friarse. Por fortuna la brisa se levantaba, ineli
nando aquella lhn·ia singular hacia el lado opu
de mi terraza. Las chispas eran harto ralas, a
más. Podía creerse por momentos que aquello había ya cesado. No cesaba. Fno que otro, eso al,
pero caían siempre los temibles gránulos.
En fin, aquello no había de impedirme almor.
zar, pues era el mediodía. Bajé al comedor atraveaando el jardin, no sin cierto miedo de las chispas. Verdad es que el toldo, corrido para e'ritar
el sol, me resguardaba ...
... ¡ Me resguardaba I Alcé los ojos; pero un toldo tiene tantos poros, que nada pude descubrir.
En el comedor me · esperaba un almuerzo admirable; pues mi afortunado celibato sabia dos eo,
sas sobre todo: leer y comer. Excepto la biblioteca, el comedor rra mi orgullo. Abito de mujeres 7
18

LLl'VlA

DE

FUEl/0

poco gotoso, en punto a vicios amables nada _pomperar ya sino de la gula. Comia solo, 1D1enun esclavo me leía narraciones geográfica&amp;.
había podido comprender las comidas en
paiüa ; y si las mujeres me hastiaban, como he
o, ya comprenderéis que aborrecía a los hom(Diea años me separaban de mi última orgía!
e entonces entregado a mis jardines, a mi.a
a mis pájaros, faltábame tiempo para salir.
vez en las tardes muy calurosas, un paseo
)a orilla del lago. Me gustaba verlo, escamado de
al anochecer. pero esto era todo y pasaba meain frecuentarlo.
i. vasta ciudad libertina, era para mi un desierdonde se refugiaban mi.a placeres. Escaaos ami¡ breves visitas; largas horas de meaa ; lectumis peces, mis pájaros; una que otra noche tal
orquesta de ftautistaa, y dos o tres ataques de
•
1
por ano ...
'1'~a el honor de ser cousultado para los bantes, y por ahí figuraban, no sin elogio, dos o
salsas de mi invención. Esto me daba derecho
digo sin orgullo-- a un busto municipal, con
ta razón como a la compatriota que acababa de
tar un nue,·o beso.
Bntretanto mi esclavo lela. Leía narracion,,.. d•
y de ni~ve que comentaban admirablemente,
)a ya entrada siesta, el generoso frescor de las
19

�LUGONES

LEOPOLDO

ánforas. La lluvia de fuego había cesado quizá,
pues 1a servidumbre no daba muestras de notarla.
De pronto, el esclavo que atravesaba el jardín
con un nuevo plato, no pudo reprimir un grito.
Llegó, no obstante, a la mesa; pero acusando con
su lividez un dolor horrible. Tenía en su desnuda
espalda un agujerillo, en cuyo fondo sentíase chir'i-iar aún la chispa voraz que lo había abie-rto.
Ahogámosla en aceite, y fué enviado al lecho sin
que pudiera contener sus ayes.
Bruscamente acabó mi apetito, y aunque seguí
probando los platos para no desmoralizar a la servidumbre, aquélla se apresuró a corresponderme.
El incidente me había desconcertado.
Promediaba la siesta cuando subí nuevamente a
la terraza. El suelo estaba ya sembrado de gránulos de cobre; mas no parecía que la lluvia aumentara. Comenzaba a tranquilizarme, cuando una
nueva inquietud me sobrecogió. El silencio era absoluto. El tráfico estaba paralizado a causa del :fenómeno, sin duda. Ni un rumor en la ciudad. Sólo, de cuando en cuando, un vago murmullo de
viento sobre los árboles. Era también alarmante
la actitud de los pájaros. Habíanse apelotonado en
un rincón, casi unos sobre otros. Me dieron compasión y decidí abrirles la puerta. No quisieron salir; antes se recogieron más acongojados aún. Entonces comenzó a intimidarme la idea de un cataclismo.
20

L A.

DE

LLUVI A

Fr.:EGO

Sin ser grande mi erudición científica, sabí~ que
nadie mencionó jamás esas lluvias de cobre mca~deseente. ¡ Lluvias de cobre! En el aire no hay minas de cobre. Luego aquella limpidez del cielo, no
dejaba conjeturar su procedencia. Y lo alarmante
del fenómeno era esto. Las chispas venían de todas partes y de ninguna. Era la inmensid~d desmenuzándose invisiblemente en fuego. Ca1a del
firmamento el terrible cobre -pero el firmamento
permanecía impasible en su azul. Ganábame poco
8 poco una extraña congoja; pero, cosa rar~: hasta entonces no había pensado en huir. Esta idea se
mezcló con desagradables interrogaciones. i Huir!
¡Y mi mesa, mis libros, mis pájaros, mis _peces q~e
acababan precisamente de estrenar un v1ver~; ~s
jardines ya ennoblecidos de antigüedad -m1s cmcuenta años de placidez, en la dicha del presente,
en el descuido del mañana 1 . . •
¡,Huir?. . . y pensé con horror en mis po_8esiones ( que 110 conocía) del otro lado del desierto ;
con sus camelleros viYiendo en tiendas de lana negra ~ tomando por todo alimento leche cuajada,
trig; tostado, miel agria ...
Quedaba una fuga por el lago, corta f~ga después de todo, si en el lago como en el desierto,
gún era lógico, llovía cobre también; pues no VI·
niendo aquello de ningún foco Yisible, debía ser
general.
No obstante el vago terror que me alarmaba, de-

s:•

n

�LEOPOLDO

L U G O N

cíame todo eso claramente; lo discutía co
mismo, un poco enervado a la verdad por el 1
go digestivo de mi siesta consuetudinaria. Y
pués de todo, algo me decía que el fenómeno
iba a pasar de allí. Sin embargo, nada se pe
con hacer armar eI carro.
En ese momento llenó el aire una ,·uta vib
ción de campanas. Y casi junto con ella, adve
una cosa: ya no llovía cobre. El repique era
acción de gracias, coreada casi acto continuo
f'I murmullo habitual de la ciudad. Eata d
taba de su fugaz atonía, doblemente gárrula.
algunos barri011 hasta quemaban petardos.
Acodado al parapeto de la terraza. miraba
un desconocido bienestar solidario. la animaci
vespertina que era toda amor y lujo. El cielo
gula purisimo. Muchachos atanoaos, recogían
escudillas la granalla de cobre, que loa caldere
hablan empezado a comprar. Era todo lo que q
daba de la gran amenaza celeste.
Más numerosa que nunca, la gente de placer
loría las calles; y aun recuerdo que sonreí va
mente a un equívoco mancebo, cuya túnica
gida basta las caderas •!! un salto de bocacal
dejó ver sus piernas glabras, jaqueladas de ciu
Las cortesanas, con el seno desnudo según la n
va moda, y apuntalado en dealumbrante cosele
paseaban su indolencia sudando perfumes. U
Tiejo len6n, erguido en su carro, manejaba como
22

L 1, l l v / A

DE

J,'UEGO

una vela. una boja de estaño, que con apropintura• anunciaba amores monst':"ORos de
: ayuntamientos de lagartOR con e,snes: un
o 'f nna foca: una doncella cubierta por la dente pedrería de un pavo real. Bello ca":el, a
mla • v garantida la autenticidad de las piezas.
amaestrados por no sé qué hechicería
ra. y desequilibradoa con opio y con asafétida.
leruido por tre• jóvenes enmascaradas, ~asó un
amabilísimo, que dibujaba en los patios. con
oa de colores derramadOR al ritmo de una daneacmas secretas. También depilaba al oropite v sabía dorar las uñas.
Un ;e1&gt;&lt;onaje fofo. cuya condición de eunuco se
vinaba en su morbidez, pregonaba al són de
:;Jil6talOR ele bronce. cobertores ele un tejido singu• que producía el insomnio y el deseo. Cobertocuya alnlieión hablan pedido infructuosamenAt loa eiuclad•nos honrados. Pues mi ciuclad AAbía
...,r, Rabía ,ivir.
Al anochecer recibí dOR visitas que cenaron conJli¡o. Un condiscípulo jovial, matemático _cuy~ vi!111 desarreglada era el escándalo de la ~ienc1a, "!
• agricultor en~iquecido. La gente sent1a neces141d de visitarse después de aquellas chispas ele colillft. De ,·isitarse y de beber, pues ambos se reti~eompletament• borrachos. Yo hice una ráp1!ila salida. La ciudad, caprichosamente iluminada,
labia aprovechado la coyuntura para decretarse

¡~;

23

�LEOPOLDO

LfíGONES

LA

DE

LLUVIA

FUEGO

una noche de fiesta. En algunas cornisas, alumbraban perfumando, lámparas de incienso. Desde sus
balcones, las jóvenes burguesas, excesivamente ataviadas, se divertían en proyectar de un soplo a . lai
narices de los transeu.ntes distraídos, tripas pinti.rrajeadas y crepitantes de cascabeles. En cada tsquina se bailaba. De balcón a balcón cambiá.bansf'
flores y gatitos de dulce. El césped de los par~ues,
palpitaba de parejas ...
Regresé temprano y rendido. :Nunca me acogí
al lecho con más grata pesadez de sueño.
Desperté bañado en sudor, los ojos turbios, la
garganta. reseca. Había afuera un rumor da lluvia.
Buscando algo, me apoyé en la pared, t ·por mi
cuerpo corrió como un latigazo el escBlofrío del
miedo. La pared estaba caliente :_\" conmovida por
una sorda vibración. Casi no necesité abrir la ventana para darme cuenta de lo que ocurría.
La lluvia de cobre había vuelto, pero esta wz nutrida y compacta. Un caliginoso vabo sofocaba la
ciudad: un olor entre fosfatado y urinoso apestaba el aire. Por fortuna, mi casa estaba rodeada de
galerías y aquella lluvia no alcanzaba a las puertas.
Abrí la que daba al jardín. Los árboles PStaban
negros, ya sin follaje; el piso, rubierto de bojas
carbonizadas. El aire, rayado de vírgulas de fuego, era de una paralización mortal; y por entre
aquéllas, se divisaba el firmamento, siempre impasible, siempre celeste.

Llamé, llamé en vano. Penetré hasta los aposentos famularios. La servidumbre se había ido. Envueltas las piernas en un cobertor de biso, acorazándome espaldas y cabeza con u.na bafiadera de
metal que me aplastaba horriblemente, pude llegar
hasta las caballerizas. Los caballos habían desaparecido también. Y con una tranquilidad que
bacía honor a mis nervios, me dí cuenta tle que estaba perdido.
Afortunadamente el comedor se encontraba lleno de provisiones; su sótano, atestado de vi.nos.
Bajé a él. Conservaba todavía su frescura; hasta
&amp;U fondo no llegaba la vibración de la pesada lluvia, el eco de su ~rave crepitación. Bebí una botella, y luego rxtraje de la alacena secreta el pomo
de vino envenenado. 'fodos los que teníamos bodega poseíamos uno, aunque no lo usáramos ni tuviéramos convidados cargosos. Era un licor claro
e insípido, de efectos instantáneos.
Reanimado por el vino, examiné mi situación.
Era asaz sencilla. :No pudiendo huir, la muerte
me esperaba; pero con el veneno aquél, la muerte
me pertenecía. Y decidí ver eso todo lo posible,
pues era, a no dudarlo, un espectáculo singular.
¡lTna lluvia de cobre incandesc~nte ! ¡ La ciudad
en llamas! Yalía la pena.
Suhí a la terraza, pero no pude pasar de la
puerta que daba acceso a ella. Veía desde allí lo
bastante, sin embargo. Veía y escuchaba. La sole-

24

25

�LEOPOLDO

LUGOXES

LA

LLUVIA

DE

FUEGO

Percibíase claramente la combustible lluvia, en
trazos de cobre que vibraban como el cordaje innumerable de un arpa, y de cuando en cuando
~ezclábanse con el~a ligeras flámulas. Humaredas
negras anunciaban incendios aquí y allá.
Mis pájaros comenzaban a morir de sed v hube
de bajar hasta el aljibe para llevarles ag~1a. El
sótano comunicaba con aquel depósito, vasta cisterna que podia resistir mucho al fuego celeste;
mas por los conductos que del techo y de los patios
desembocaban allá, habíase deslizado algún cobre
Y el. agua tenía un gusto particular, entre natrón
Y orma, con tendencia a salarse. Bastóme levantar
l~s trampillas de mosaico que cerraban aquellas
v1as, para cortar a mí agua toda comunicación
con el exterior.
Esa tarde J' toda la noche fué horrendo el espec-

táeulo de la ciudad. Quemada en sus domicilios,
la gente huía despavorida para arderse en las calles, en la campiña desolada; y la población agonizó bárbaramente, con ayes y clamores de una
amplitud, de un horror, de una variedad estupendas. No hay nada tan sublime como la voz humana. El derrumbe de los edificios, la combustión de
tantas mercancías y efectos diversos, y más que
todo la incineración de tantos cuerpos, acabaron
por agregar al cataclismo el tormento ele su hedor
infernal. Al declinar el sol, el aire estaba casi negro de humo y de polvaredas. Las flámulas que
danzaban por la mañana entre el cobre pluvial,
eran ahora llamaradas siniestras. Empezó a soplar
un viento ardentísimo, denso, como alquitrán caliente. Parecía que se estuviese en un inmenso
horno sombrío. Cielo, tierra, aire, todo acababa.
No había más que tinieblas y fuego. ¡ Ah, el horror
de aquellas tinieblas que todo el fuego, el enorme
fuego de la ciudad ardida 110 alcanzaba a dominar; y aquel hedor de pingajos, de azufre, dE&gt; grasa cadavérica en el aire seco que hacía escupir sangre; y aquellos · clamores que no sé cómo no acababan nunca, aquellos clamores que cubrían el rumor del . incendio, más vasto que un huracá11.
aiuellos clamores en que aullaban, gemían. bramaban todas las bestias con un inefable pavor de
eternidad ...
Mi casa empezaba a arder.

26

27

dad era absoluta. La crepitación no se interrumpía sino por mio que otro ululato de perro O explosi~n anormal. El ambiente estaba rojo, ;. a su
traves, troneos, chimeneas, casas, blanqueaban con
una lividez tristísima. Los pocos árboles qu&lt;' conservaba_:1 follaje retorcíanse, negros, de un negro
de estano. La luz había decrecido un poco, no obstante de persistir la limpidez celeste. El horizonte
estaba,_ esto sí, mucho más cerca, y como ahogado
en.. cenizas. Sobre el lago flotaba un denso ,:apor,
que algo prevenía la extraordinaria sequedad del
aire.

�L E O P O L D O

LUG~lf

Bajé a la cisterna, sin haber
tonces mi presencia de ánimo, pero entera
erizado con todo aquel horror ; y al verme de p
to en esa obscuridad amiga, al amparo de la
cura, ante el silencio del agua subterránea, me
metió de pronto un miedo que no sentía -estoy
guro- desde cuarenta años atrás, el miedo ·
til de una presencia enemiga y difusa ; y me
g llorar, a llorar como un loco, a llorar de mi
allá en un rinc6n, sin rubor alguno.
No fué sino muy tarde, cuando al escuchar
derrumbe de un techo, se me ocurri6 apuntalar
puerta del sótano. Hícelo así con su propia
lera y algunos barrotes de la estantería, de
viéndome aquella defensa alguna tranquilidad;
porque hubiera de salvarme, sino por la ben'
influencia de la acción. Cayendo a cada insta
en modorras que entrecortaban funestas p
llas, pasé las horas. Continuamente oía der
bes allá cerca. Había encendido dos lámparas q
traje conmigo, para darme valor, pues la ciste
era asaz lóbrega. Hasta llegué a comer, bien q
sin apetito, los restos de un pastel. En cambio
bí mucha agua.
De repente mis lámparas empezaron a amo
guarse, y junto con eso el terror, el terror pa
.zante esta vez, me asaltó. Había gastado sin
nrtirlo toda mi luz, pues no tenía sino aque
18

LLUVI.A

DE

FUEGO

No advertí, al descender esa tarde, t&gt;n
todas conmigo.
luces decrecieron y se apagaron. Entonces
que la cisterna empezaba a llenarse con el
del incendio. .. o quedaba otro remedio que
; y luego, todo, todo era preferible a morir
o como una alimaña en su cueva.
duras penas conseguí alzar la tapa del sótano
los escombros del comedor cubrían. . . . .
• . Por segunda vez babia cesado la lluvta m. Pero la ciudad ya no existía. Techos, puerpn cantidad de muros, todas las torres, yaen ruinas. El silencio era colosal, un Vt&gt;rdasilencio de catástrofe. Cinco o seis gra~des
redas empinaban aún sus penachos; y baJo el
o que no se había enturbiado un ~o~ento, ~n
cuya crudeza azul certificaba_ mdüerenc1as
, la pobre ciudad, mi pobre ciudad, muerta,
para siempre, hedía como un verdadero ca8•

er.singularidad de la situación, lo e~orme del
meno y sin duda también el regoe1Jo de hae saÍvado único entre todos, cohibían mi doreemplaz~dolo por una curiosidad som~ría.
arco de mi zaguán había quedado en ~1e, Y
dome de las adarajas pude llegar a su cima.
0 quedaba un solo resto combustible y aquello
parecía mucho a un escorial. volcánico. _A tr:
en los parajes que la ceruza no cubrta, bri-

n

�,~ fOPOLDO

'
. . . ..- .. --.;.c1etaep,e1..wn
. . tl ledo clél Werto, napland..ra . . .
·. _. 4-....,. 11D anqal ele eobre. • i . m
-•lao&amp;ra-11911.iel.11eo,i......,"... de ... ec:cl ...._ - tormata.
du la que hl!fan -•tieniclo NIJ)lnble el
iuante el eateotimo. Bl Ni
In--,
114f11111r cdndacl . ers.;-lla a a,obiarme eon
JaNlcla cl9olae16n, eaando llaeia el lac1o c1el pu
J)lll'el"bf a bulto que ftlllba entre la ralna.
11P llcabÑ, y llabfame penibiclo oiertamen-, p

brilla•

- cUl'lcfa •

mf.

N9 ,..__ •«Jemtn aJa,mo de extraa,llep, y á'e;ando por el areo Yino a NPtane
·JPlro. Tratüue de 11D piloto, IAlvado COPIO
en 'ua 'bedep, pm, apulialeanclo a

1a propl,

rio. .A.llalla de •IOt6nele el arna y por ello

Aaeraraclo • eete l81peeto, - ~ • in
le. Toct.. 1- .llarooa ardieron, loa muellee, 1- el
~ ¡ y el lap llabfue vuelto •marro. AIIPlf
adT,rti que llaJll6..... 'a TIIII baja, DO - affli4
'ri ,-fp- por c¡u'- A leYADtar la mfa•
Of"'8e Pli bodep donde quedaban a6n dos doll
.... d e ~ altrnnoa qu.oa, todo el Yino ••.~
De repente Dotam.Ol' 1111a pohareda llaeia el lacl
c1el dlllierto. la PGhueda de una carrera. AJP4
na ;anida que timaban, qlliá, en -•ro, lea
J)lltHetu de ...... o de Seboim.

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L L . U VI ,t

I&gt;- I, ,

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to h ~ de M111uir ~ ...._._ eapectUnlo tan t11Dlaclor IGllio .,...__ · ·
1111 tropel de 1 - , lM . . . . .obhfirl: l E
1h1hrto, . - _.,,_, ,. la ei1ldíld a·•
twiw de Nd, enloqueeidcw de 1""1Mlfa,e
Ncl y no el llaabre era lo que Jea adu • ;
puuon junto a Deaobul IBl aclNttilw. tY.
•'116 eatado Tenfan I Nada ·eU• h!OIGíC,..
tan 16pbfflUJlte la
- eonio gatos - - . ndaeida i:- " · ••
Ul'Ollea la crin, lea ijal'el, en 4ellNiml de c6micoa a medio Telltir, coa ·1a fera
el rabo
y erilpado el de . _
que l117e, lu garru p v ~ , elion1 11do
-todo aquello deefa a la elal'AI - 1"1,
de IJorror llajo el uote oeleate, al utr ele Ju
ru enernu que no habfan eOIJletrl)ido -

.• ~e.

agudo

'lea.

illdaban loa

annidorea -

-

11D

denuf!I

ojoe, y bl"OHl19ente ~
.-n-era en b1J1C&amp; de otro dep61ito, a,otado tam; haata que aentúd- )MIi'. tiiitu ea temo
po,trero, eon el e,ileinado hoeieo a alto, la
11 vagoroaa-de deitolaoi6n y de eternidad, que,
• al cielo, eetoy llel'lll'O, Jllli[iúeme a ragir.
JAia 1. • • nada, ni el f'AtaeliRDO - - hm::or.a,
llet ~lamor de la eiudad moribmufa era taJt lorroeomo - llanto de bema eobte Ju ninaa.
oa rugjdoe tenfan WlA evicleneia de palabra.
O

en -

11

�·il•--

J 1771-lll q1Qá 'alle qft delGNI de
J -de c1eal-. a
di'1'lllidld 11'-n •
Aeinta de la heada a,repba a su
aaerte, él pavor de lo inoomprenaible. 8i
taN lo lllftO, el 101 eaotidiuo, el eielo
inieno t...ñar. ¡par q1t6 • udfan 1 JJOI'
ltabfa apa t. . . Y eueeieaclo de toda idea
lMNa loa •ofrmoa, 1111 llanor era
deeir, IÚII eapantoao. Bl U'lllllpOl1,e de 11t
eJnábalOI a eieri,. f t p Doei6n de
ute aquel cielo de donde había eatado
llu'ria infernal, y 1111 nigidoe pregmmbaD
- t e aleo a la tremoda que oaUNba
4-, ¡.Ali! ... rusidoa, lo tnieo de
• IIIJ8 ..-nabaD a6D aqaellaa iftu
ella: éúl oaemabaD el horrendo Nereto
c:M tnf.,; e6mo interpretaban m III dolor
Dl8dlable la eterna aoledad, el eterno ai'ileDllij

are-

.--.-d...

.

A:q~ no debía durar mueho. Bl metal

•

r•

ai .....,.._ . . . de la

hiri••

771161tiaa-,a1Rlen-,aro-de-

(lrfo,,éehar el apa de la elnerna en mi balo
; 7 deapuá de buaar hlttllmente 'QJl 1ft.
jab6D, darmdl a ella por la II lin■1a que
pan efeetnar n lill.¡,- na
ba - . , . el poao de .,._, 4118 me
un gran bieneetar, apeau turi.do por la
de la mu.ene.
agua ' - 7 la ohaenridad, me deTolriffllll
ffinpp,oaidadea de mi aiatenela de rieo que
de ecmehür. Bunclido iuta el nello, el
de la U:,pi- 1 chloe impnei6D de

. ..--de---.

afuera el lmnoú de faet!o. l'cn,n•1,,_ a eaer -.brGa, De la bodep DO llepaolo rumor. Pereil,f m - UD !dejo de Jla.
iJH entraban por la puerta del 16tuo, el . .
• tufo ~ . , • Llffé el pomo a mi■

cla&amp;9 empu6 a llover de nuev,o, mú
_.. ,-do que nunea.
Ba ~ Rbito deeeemo, aleenemoe a
qu 1- iftu • deab&amp;Ddaban bwando a •

Jo1--.hra■•
•
IJ"CUIOI a la bodep, DO aiD q1le D08
ru al¡1IIIU ehl■pu, 7 eompnndiendo que

nuevo oh!IJ)aff6D iba a

CODIUJDar

la ruina, me

, - , a ~hlir.
11

•

ll

�LA ESTATUA DE SAL

H

E aquí cómo refirió el peregrino la verdadera historia del monje Sosistrato:
Quien no ha pasado alguna vez por el mo1188terio de San Sabas, diga que no conoce la desolaei6n. Imaginaos un antiquísimo edificio situado sobre el J orclán, cuyas aguas saturadas de arena amarillenta, se deslizan ya casi agotadas hacia el mar
muerto, por entre bosquecillos de terebintos y manzanos de Sodoma. En toda aquella comarca no hay
más que una palmera cuya copa sobrepasa los muros del monasterio. Una soledad infinita, sólo turhda de tarde en tarde por el paso de algunos nólllades que trasladan sus re baños ; un silencio colou.l que parece bajar de las montañas cuya eminencia amuralla el horizonte. Cuando sonla el viento del desierto, llueve arena impalpablP ; cuando el
viento es del lago, todas las plantas quedan cubiertas de sal. El ocaso y la aurora se confunden en
lllla misma tristeza. Sólo aquellos que deben expiar
rtandes crímenes, arrostran semejantes soledades.
En el convento se puede oír misa y comulgar. Los
onjes, que no son ya más que cinco, y todos, por ·
35

�LEOPOLDO

L

U G O N
ESTATUA

lo menos, sexagenarios, ofrecen al peregrino
modesta colación de dátiles fritos. uvas, agua
río y, algunas veces, vino de palmera. Jamás ~al
del monasterio, aunque las tribus vecinas los respe-.
tan porque son buenos médicos. Cuando muere alguno le sepultan en las cue-vas que hay debajo a Ja
orilla del río, entre las rocas. En esas cuevas am.
dan ahora parejas de palomas azules, amigas dél
convento; antes, hace ya muchos año~, habital'OII
en ellas los primeros anacoretas, uno de los cual•
fué el monje Sosistrato cuya historia he pro
tido contaros. Ayúdeme Nuestra Señora del Carmelo y vosotros escuchad con atención. Lo que vait
a oir, me lo refirió, palabra por palabra, el hermantPorfirio, que ahora está sepultado en una de 1cuevas de San Sabas, donde acabó su santa vida t
los ochenta años,en la virtud y la penitencia. Dios
le haya acogido en su gracia. Amén.
Sosistrato era un monje armenio, que había r&amp;,
i;uelto pasar su vida en la soledad con varios jóvenes compañeros suyos de Yida mundana, recién.
convertidos a la religión del Crucificado. Perten&amp;cía, pues, a la fuerte raza de los estilitas. Despuél
de largo vagar por el desierto, encontraron un dfl
las cavernas de que os he hablado y se instalarmi'
en ellas. El agua del Jordán, los frutos de UIII'
pequeña hortaliza que cultivaban en común b&amp;ltaban para llenar sus necesidades. Pasaban lo~ díaí
orando Y meditando. De aquellas grutas surgían
36

D E

·s

A L

nmnas de plegarias, que contenían con su esrzo la vacilante bó,eda de los cielos próxima a
~plomarse sobre los pecados del mundo. El sacri' o de aquellos desterrados, que ofrecían diariaEJte la maceración de sus carnes y la pena de sus
os a la justa ira de Dios, para aplacarla, eYin muchas pestes, guerras y terremotos. Esto no
saben los impíos que ríen con ligereza de las pe• ncias de los cenobitas. Y sin embargo, los sacri(Íéios y oraciones de los justos son las claves del
ijJ!ho del universo.
A1: cabo de treinta años de austeridad y silencio,
&amp;aistrato y sus compañeros habían alcanzado la
antidad. El demonio, vencido, aullaba de impotenBa bajo el pie de los santos monjes. Estos fueron
abando sus vidas uno tras otro, hasta que al fin
~trato se quedó solo. Estaba muy viejo, muy petueñito. Se había vuelto casi transparente. Oraba
lrrodillado quince horas diarias, y tenía revelaciofles. Dos palomas amigas, traíanle cada tarde alinnos granos de granada y se los daban a comer
ton el pico. Nada más que de eso vivía. En cambio,
~)fa bien como un jazminero por 1a tarde. Cada año,
él viernes doloroso, encontraba al despertar, en la
aabecera de su lecho de ramas, una copa de oro
a de vino y un pan con cuyas especies comulga' absorbiéndose en éxtasis inefables. Jamás se le
oeurrió pensar de dónde vendría aquello, pues bien
atbía que el señor Jesús puede hacerlo. Y aguar37

�LE 0-P O L DO

LUGONEB

&lt;laudo con unción perfecta el día de su ascensión 1
la bienaventuranza, continuaba soportando sus añoe,
Desde hacía más de cincuenta, ningún caminanft
había pasado por allí.
Pero una mañana, mientras el monje rezaba con
sus palomas, éstas, asustadas de pronto, echaron 1
volar, abandonándole. Un peregrino acababa de llegar a la entrada de la caverna. Sosistrato, después
de s~lu~a le con santas palabras, le invitó a repo.
sar, rndrnandole un cántaro de agua fresca. El desconocido bebió con ansia como si estuviese anonadado de fatiga; y después de consumir un puñado
de frutas secas que extrajo de su alforja oró en
compañía del monje.
'
Transcurrieron siete días. El caminante refirió
su peregrinación desde Cesárea a las orillas del mar
Muerto, terminando la narración con una historia
que preocupó a Sosistrato.
-He visto los cadáveres de las ciudades malditas, dijo una noche a su huésped; he mirado humear el mar como una hornalla, y he contempla•
do lleno de espanto a la mujer de sal, la castigada esposa de Lot. La mujer está viva hermano
mío, Y yo la he escuchado gemir, y la h~ visto sudar al sol del mediodía.
-Cosa parecida cuenta Juvencus en su tratado
"De Sodoma ", dijo en voz baja Sosistrato.
-Sí, conozco el pasaje, añadió el peregrino. .Al·
go más definitivo hay en él todavía; y de ello re-

7

36

l

A

ESTATUA

D E

S A L

sulta qne ]a esposa de Lot ha seguido siendo, fitñológicamente, mujer. Yo he pensado que sería
obra de caridad libertarla de su condena ...
-Es la justicia de Dios, exclamó el solitario.
-¿No vino Cristo a redimir también con su sacriftcio ]os pecados del antiguo mundo ?-replic6 suar~mente el viajero, que parecía docto en letras sag-raHas. t.Acaso el bautismo no lava igualmente el IH~&lt;'a~o contra la Ley que el pecado contra el Evangelio? ...
Después de estas palabras, ambos se entregaron
al sueño. Fué aquella la última noche que pasaron
juntos . .Al siguiente día el desconocido partió, llevando consigo la bendición de Sosistrato, y no necesito deciros que, a pesar de sus buenas apariencias, aquel fingido peregrino era Satanás en persona.
-El proyecto del maligno fué sutil. Una preocupación tenaz asaltó desde aquella noche el espíritu del santo. ¡ Bautizar la estatua de sal, libertar
de su suplicio aquel espíritu encadenado! La caridad lo exigía. la razón argumentaba. En esta lucha transcurrieron meses, hasta que por fin el monje tuvo una visión. Un ángel se le apareció en sueños y le ordenó ejecutar el acto.
Sosistrato oró y ayunó tres días, y en la mañana
del cuarto, apoyándose en su bordón de acacia, tomó, costeando el Jordán, la senda del mar Muerto.
La jornada no era larga, pero sus pirrnas cansa39

�L E O P O L D O

L U G O N

das apenas podfan ~nerle. Al! marchó d
doa dfaa. Laa fieles palomas eontinuaban a ·

,1

Undole eomo de ordinario, y
rezaba mneho,
fundamente, pnea aquella resolución afligfa)e
eztremo. Por fin, cuando 111a pies iban a faltar
laa montañas ae abrieron y el lago apareeió.
Loa esqueletoa de laa eiudadea deatnúdas iban
eo a poeo deavaneeMndose. Algunas piedras
madu. era todo lo que reataba ya: trozos de a
hilerae de adobes carcomidos por la sal ,. eim
dbs en betún. . . El monje reparó apen.,; en
j~tet reatos, que proeuró evitar, a fin de que
pies no ae manchasen a su eontacto. De repente
do su viejo cuerpo tembló. Acababa de advertir
cia el sud. fuera ya de los escombros, en un
de laa montaiiaa deade el cual apenas se los perci
la ailueta de la estatua.
Bajo su manto petriJicado que el tiempo ha
roldo, era larga y fina como un fantasma. El
brillaba con límpida incandeaeencia, calcinando
roeu, _haciendo eapejear la capa salobre que cub
las hoJas de los terebintos. Aquellos arbustos,
la reverberación meridiana, parecían de plata.
el ci,lo no habla una sola nube. Las aguas ama
dormían en su earacterlstiea inmovilidad. C
el viento soplaba, podfa eaeucharse en ellas, d
los peregrinos, cómo ae lamentaban los ea
de las ciudades.
Sosistraio ae aproximó a
40

E S TA

T l' A

D E

S A L

dicho verdad. Una humedad tibia cubrfa au
Aquellos ojos blancos, aquellos labios blanban compietamente inmóviles bajo la inde la piedra, en el sueño de 8U8 siglos. Ni
·cio de vida salla de aquella roca. El sol la
ha con tenacidad implacable, siempre igual
hacia miles de años, y sin embargo, eaa efigie
viva, pueato que audaba ! Semejante sueiio
el miaterio de los espantos blblicos. La códe Jehová babia pasado sobre aquel ser, eaamal~ma de carne y .de peiiasco. ¡ No era•
•dad el intento de turbar ese suelio T ¡ No caepecado de la mujer maldita sobre el inaenque procuraba redimirla T. Despertar el misuna locura criminal, tal vez una tentación
infierno. Sosiatrato, lleno de congoja, ae arro• orar en la sombra de un bosquecillo ...
o se verificó el acto, no os lo voy 'I decir.
únicamente que cuando el agua sacramental
sobre la estatua, la sal ae diaolvi6 lentamente,
los ojos del solitario apareei6 una mujer, vieja
la eternidad, envuelta en andrajos terribles,
lh·idez de ceniza, flaca y tembloroea, llena
·glos. El monje que habla ,isto al demonio ain
o, sintió el pavor de aquella apariei6n. Era el
lo réprobo lo que se levantaba en ella. Eaos
vieron la combustión de loe azufres llovidos
la cólera divina sobre la ignominia de las cin; esos andrajos estaban tejidos con el pelo

es

41

�L E O P O l [) O

ESTATUA

""°"

de los camellos de Lot;
pies bollaron
nizas del incendio del Ererno ! Y la espantoaa
jer le habló con su ,·oz antigua.
Ya no recordaba nada. 86l0 una vaga viaicSia
incendio, una sensación tenebrosa despertaba a
vista de aquel mar. Su alma estaba vestida de
fuaión. Habla dormido mucho, un sueño negro
el sepulcro. Sufría sin saber por qué, en aquella
mersión de p&lt;'ffadilla. Ese monje acababa de sal
Lo sentía. Era lo único claro en Bu visión
te. Y el mar. . • el incendio. . . la catáatrofe ..•
ciudades ardidas ... •todo aquello se desvaneofa
una clarovidente visión de muerte.-Iba a morir.
taba aalvada, pues. ¡ Y era el monje quien la
salvado!
•
Soaistrato temblaba, formidable. Una llama
ja incendiaba SUB pupilas. El pasado acababa
desvanecerae en él, como si el viento de fuego
hiera barrido su alma. Y sólo este convenci ·
ocupaba su conciencia: ¡fo mujer de Lat utaba
El sol descendía hacia las montañas. Púrpura
incendio manchaban el horizonte. Los días
coa .re,·h·ían en aquel aparato de llamaradas. Era
mo una resurrección del castigo, reflejándose
segunda vez sobre las aguas del lago amargo.
sistrato acababa de retroceder en los siglos.
cordaba. Habla sido actor en la catástrofe. Y
mujer. . . ¡ Esa mujer le era conocida 1 ·
Entonces un ansia espantosa le quemó las
42

DE

SAL

8u lengua habló, dirigiéndose a la espectral
'tada:
Knjer, respóndeme una sola palabra.
Habla . . . pregunta ...
_,Responderás'
¡
ble . me has salvado!
' na
'
ta brillaron como si en ellos
ojos del aDBCore
'
. h 1
resplandor
que incendia a as
coneen trase el
ta~s. dime
.
. t e cuando tu rostro se vol-MUJer,
qué Vl8
para mirar.

.

le rea ondió:
p
'
-Oh, no... p o_r Elohim' no qmeraa saberlo.
_. Dime qué V1Ste !
-~o. . . no. . . 1Seria el abismo 1
-Yo quiero el abismo.
-Ea la muert,,. • •
-¡ Dime qué viste 1
-No puedo ... ¡no quiero!
-Yo te he aalvado.
-No ... no ...
El sol acababa de ponerse.

Una voz anudada de angustia,.

-¡ Hab~

1

• ó Su voz parecía cubierta
La muJer se aproDm
.
. ba
.
aba,
ae orepuaculiza , agompol vo; se apag

d

do.

1

-¡ Por las cenizaa de tua pa rea ....

E~=:~ !aquel espectro aproximó su boca al oid

�LEOPOLDO

LUGONE/:J

do del cenobita, y dijo una palabra. Y Sosistrato
fulminado, anonadado, sin arrojar un grito, cayÓ
muerto. Roguemos a Dios por su alma.

FRANCESCA

e

.

ONOCILE en Forli, adonde había ido para visitar el famoso salón municipal decorado por
Rafael.
Era un estudiante italiano, perfecto en su género. La conversación sobrevino a propósito de un
dato sobre horarios de ferrocarril, que le pedí para
trasladarme a Rímini, la estación inmediata; pues
en mi programa de joven viajero, entraba, naturalmente, una visita a la patria de Francesca.
Con la más exquisita cortesía, pero también con
una franqueza encomiable, me declaró que era pobre y me ofreció en venta un documento-del cual
nunca había querido desprenderse,-un pergamino
del siglo XIII, en el cual pretendía darse la verdadera historia del célebre episodio. Ni por miseria,
ni por interés, habríase desprendido jamás del documento; pero creía tener conmigo deberes 11 de
confraternidad", y, además, le era simpático. Mi
fervor por la antigua heroína, que él compartía
con mayor fuego, ciertamente, entraba también
por mucho en la transacción
Adquirí el palimsesto sin gran entusiasmo, poco
45

�L E O P O L D O

dado como soy a las inve tigaciones .hist6ricas;
mas apenas lo tuve en mi poder, cambié de tal modo a u respecto, que la hora escasa concedida en
mi itinerario para salvar los cuarenta kilómetros
medianeros entre Forli y Rímini, se transform6 en
una semana e~tera. Quiero decir 9ue permanecí
siete días en Forli.
La lectura del documento habría sido en extrt'mo
difícil sin la ayuda de mi amigo fortuito: pero éste e lo sabía de memoria, casi como una tradición
de familia, pues pertenecía a la suya desde una remota antigüedad.
Cuanta duda pudo caberme sobre la autenticidad di' aquel pergamino, qued6 dt&gt;svanecida ante
su minucio. a inspección. Esto fué lo que me tomó
más tiempo.
El documento está en latín, caligrafiado con esas
bellas y fuertes g6ticas tan características del siglo
XIII; y que, no obstante un avanzado deterioro, on
bastante legibles, gracias a la cabal individualización
de cadn letra en el encadenamiento de los ren~done , y a la anchura de lo espacios intermedios entre ésto . Hasta se halla legalizado por un '' signum
tabellionis," ciertamente muy complicado con sus
nueve lazadas, y perteneciente al notario Balzarino
de Cervis. Su data es el 12 de junio de 1292.
Si descifrar las letras no era del todo fácil, la lectura del texto resultaba pesadi~ima, por las innumerable abreviaturas y signos convencionales, que

"ª

R

A

N

e

E

s

o

A

brían hecho indispensable la colaboración de un
eógrafo, a no encontrarse allí su ant~guo dueño
o una clave tradicional; pero e a m1 mas abreturas y signos eran preciosos, por otra parte,
mo prueba de autenticidad.
Había entre ellos datos concluyentes. La &lt;&gt; atrada por una línea oblicua que baja de derecha
izquierda significando cum, signo peculiar de los
timos añ~s del siglo XIII, al comienzo del cual,
í como en los anteriores y en lo sucesivos; tuvo
ra. forma : el 2, coronado por una b, a manera
e exponente algebraico, (2h) significando d,~, y agre¡rnndo con su pre encia un dat~ mas,
uesto que las cifras arábigas no se generalizaron
n Europa hasta el siglo XIII; el 7, represen~do
r una A 11in travesaño, como para marcar die~
ición. la palabra &lt;'or¡,111.1 abreviada en su pr1n
'
9
l
mera sílaba y coronada por un 9 (t\or ) Y e vocablo fratribt(S abreviado en .ftbz con un_ ª sup~rpuesta a la_; y una i a la t; amén ~e d1v~rsos signos que omito .• •o quiero olvidar: sm embargo, las
Iniciales de la heroína, aquella J, y aquella R tan
earacteristica también en su parecido con las PP
manuscritas de nuestra caligrafía, salvo el trave1año que laii corta .
. Existen, además. en la margen del texto, a ma-.
nera de apostilla, dos escudos; un? en for~a de aneha almendra. característico también del siglo XIII
1 el otro romboidal, es decir, blasón de dama, sal47

�L E O P O L D O
vo exeepciones rarísimas como las de algunos
conti; pero los Visconti eran lombardos, y eu
época de mi documento, recién conquistaban la
beranía milanesa. Además, los blasones en cu
ti6n se hallan acolados, lo que indica unión c
yugal. Desgraciadamente, su campo no conserva
no partículas informes de la,s piezas y colores
ráldicos.
Lo que dice el documento es imposible de ser
ducido sin desventaja para el lector, pues u
do latín perjudica, desde luego, al interés con
retórica curial, sin contar la sequedad del cono
to. Haré, en consecuencia, una traducción ~n
bre como me plazca, poniendo el original a d"
sici6n de los escrupulosos, con cuyo fin lo he
positado en nuestra Biblioteca Nacional, donde p
de verse a las horas de práctica.
Comienza en estos términos que, como se ve
contradicen al Dante, a Boccaccio y al falso
c.accio, quiene3 coinciden en afirmar la cona
ción del adulterio.
Jamás hubo otra relación que una "exal
amistad'' entre Paolo y Francesca. Aun .sus
nos estuvieron exentas de culpa, y sus labios
tuvieron otra que la de estremecerse y palid
en la dulce angustia de la pasión inconfesa.
El autor dice haber tenido esta comldencia
marido mismo, cuyo amigo afirma que fué.
Francesca tenía dieciséis años (la historia ea
48

R

A

N

e

E

s

e

A

·da) cuando la desposaron con Giovanni Mala- •
, como certificación de la paz concluida entre
Polenta de Rávena y los Malatesta de Rímini.
esposo, contrahecho y feo, envió a su hermaPaolo para que se casara por poder suyo, no atredose a presentarse en persona ante la joven, en
visión de un desengaño fatal y del rechazo con·ente.
Hallábase Francesea en una ventana del palacio
riego, cuando entró al patio de honor la cabalnupcial; y una dama de su séquito, equivocatambién, ·o sobornada quizá por el futuro esposeñal6le a Paolo como al que iba a ser su efeco dueño.
De este error provino la tragedia.
Paolo era bello y joven; culto en letras, tanto
o valeroso caballero:; cortés hasta el rendi•ento y alegre hasta la jovialidad; todo lo con.o de su hermano, cuya sombría astucia rayaba
cruE&gt;ldad, y cuya desgracia física había dado en
torvo pesimismo que es patrimonio de los conhechos con talento.
La joven se desposó, así engañada; y conducida
fué al castillo conyugal, el esposo verdadero
con elJa la primera noche sin dejarse ver, pues
bía entrado a la alcoba en la obscuridad.
reía que, consumado el matrimonio, la altiv~
la dama sería la mejor custodia de sus derechos
esposo, y no se equivocaba ,en ello, por cierto;
41
4

�LEOPOLDO

L U Q O

p.ero el aeto demueatra eoa eJaridad, ui la
..., de na pa.aqpnea, como el frio oüculo flU

&amp;lacerias poma.
Bl d ~ del d ~ fué horri1,Je..
ea fAcil eolegir, para la joven deapoaad&amp;; 7
ooao en¡endr6 desprecio 7 odio haeia el •
ul abUIU&amp; de su bll8Da fe virginal, aereoi6
el amor la simpatfa que por el otro habfa em

• naeer
¡Oúuta 7 eón avos diferencia, en ef
1.te la eurioaa ansiedad del breve noviu&amp;'o,
feeJaa hasta el deleite eon la pre,otam6D cW
prometido¡ el regoeijado orgullo del d.eapcJIOl'j
la pompa religiosa 7 el esplendor DlUD
parejamente reakaban la gallardfa del
7 aquel deapertai- ea loa bruoa del mLons•
,a primer mirada de eapoao amnent6 ya
ultraje de 1lD&amp; deawoo:6anr.a el eruel llnpe
811 fatalidad l
Uno, 11'11 todo reeuerdoe de dieha entre •
atiafaoei6a juv~ de belleza inmolada en
ru; el otro, sólo tiranfa del deber
· •
p!o innoble, fealdad eobarde.
o tenú¡ Jlláa que un rugo de grandea,.
el miedo que Dllpiraba; miedo que en tnílla
JO

deber, euatocliaban au honra como doa
Ftanceaea eai,er.aba uf a encontrar, en
caso de la diclaa legitillla, la dulzura prohi ·
infiemo.

.

A

N

e

E

(J

111 tona ,rima era, qlle la rebelión ele 1ot .eorno dejaba culmne con nieves de reaiglaaPaolo era el rayo de sol que recordaba, únimarchitoe phppolloa.
~ primero, como un peligro, 111 diaereeión
veneido 1u deaconfiauaa, hasta .ubstituir
una fratenüdad melane61iea lu repulsiones del
fingido desdén.
•
eeaca, en su misantropía que la in~ba a
!edad, despu&amp;i de todo grande en el castillo, no
a guato sino eon él; pero s6lo 1e veiaa a la
~el sol, en túito eollffJÚO de no eneontrane
la DOChe.
ovanni, ocupado en estudioa t6cticos quenoa libre-llenaban na horas a medias eon
ia nada advertfa, al parecer; pero loa joro~ tan cel8808 eomo pervenoa, y a, aabienloa jóvenes se amaban, divertíaae en ver- ·
decer. Aquel peligroso juego le -atrafa como
emoción a la vez lancinante y deliciosa, por
que al !in estuviese previsto como una obra de
L
hOl'l'eDdo beso cruzaba a veeea, mgiriendo
ionea por entre aquella tortura de la dignidel 'amor eomo un refinumento del infiereso llevaba diez añoa, eaa perversidad, fordoae de tiempo y de sombra, como el vino.
tras se eontuviesen, aentfaae vengado por la
a de 811 continencia; en caso eontran"o, en
11

�LEOPOLDO

lúGONES

la muerte fatal, aquella muerte CAÍ:-A que el canto
V del poema rememora, adjetivándola con el nombre del círculo infernal mencionado por el XXXIT,
como para mejor expresar su amargura única en lo
anómalo del epíteto. Así habían pasado diez años.
l,7traheroísmos y deberes, el amor hizo al fin su
obra. La misma sencillez de relaciones entre esposa y cuñado, creó una intimidad aun acrecida por
la frecuencia de verse.
Paolo se ingeniaba de todos modos para hacer a
aquella juyentud más llcyadera su clausura en castillo tan lóbrego; y su exquisita cortesía, tanto como su grave ternura, denetían hasta las heces el
corazón de aquella mujer, en quien los refina1nientos, todavía bizantinos de su ciudad nata], habían
profrmdizado sensibilidades.
~o alcanzaba a perder en la ruda prueba su gus1o por las S(.'derías suntuosas, por las joyas y el marfil; y es de creer que en su dulce molicie r11trara
no- poco el espíritu de aquel legendario malvasía,
t1ue consolaba la decadencia de los Andrónicos, sus
contemporáneos, inmortalizando la sombría pequeñez de la helénica Monembasia. Magias de Bizancio, que el viento conducía a través del Adriático
familiar; filtros ele Bizancio diluídos en su sangre
antigua; pompas de Bizancio aún coetáneas en el
lujo y en el arte, predisponíanla ciertamente al
amor; a aquel amor más deseado en lo extremo de
· su crueldad.
52

F

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A

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E

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A

Paolo era diestro en componer enigmas, que el
gusto de la época había elevado a un rango superior de literatura, empleándolos hasta en la correspondencia secreta y en las diYisas del blasón. Su única falta consistía en usar, para los que componía a
Francesca, el único doble tema de su hermosura Y
del amor.
Los primeros pasos fueron tímidos, disimulando
la intención en la vaguedad. El pergamino recuer- ·
da uno de aquellos juegos, cuya solución consistente en una palabra que tuviese sentido, recta o
inversamente leida, daba la soluci6n en legna-a11gel.
Cita igualmente uno, al que llama "la cruz de
amor,'' así dispuesto :
ECATE

J\"'EMEA
AMORE
FURIE
ThIE:NE
O este otro, en palabras angulares, que pueden

ser Mdas lo mismo de izquierda a derecha, que dr
arl'iba a abajo, y en el cual se prrci!::a más el balbuceo del amor:
AMAI

MIME
AMOR
IERI
53

�LEOPOI,DQ

LUGONES

O este último, del mismo carácter, y que el documento llama un enigma en V:

ANIME
AMARO

CUORE
Pero vengamos a la tragedia.
Habían llegado para Francesca los veintiséis
años, la segunda primavera del amor, grave y ardorosa como un estío. Su decenio de padecer, clamapor una hora de dicha; y en la tristeza que la
Juyentud trae consigo al definirse, y que es como el
adiós amigo a la aturdida adolescencia, habíanla
a;;altado miedos de morir sin gustar una vez siquiera el ósculo redentor de toda su vida tan injustamente negra.
Aquel otoño habíalos fraternizado más en largas
lecturas, que eran vidas de santos sangrientas de
heroísmos y singularizadas por geografías monstmosas; pero un día, aciago día, el malvado cuvos
diez años de goce infemal exigían por fin rl dt,;enJace de la sangre, puso al alcance de sus penas la
p,ala11te colección del No,·ELLINo.
i-Cuántas lPycron de aquellas cien narraciones
halladas por ahí, al ar.ar, eu una alacena? Quizá pocns, desde que tanto llc~ó a turbarlos la de Lanzarote del Lago.
Pué en e] baleón que abría sobre el poniente la

?ª

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alcoba de la castellana, durante un crepúsculo cuya divina tenuidad rosa empezaba a espolvorear,
como una tibia escarcha, la vislumbre de la luna.
Desde aquel piso, que era el segundo, se dominaba todo el paisaje condensado como un borrón de
tinta bajo la luz lunar. Las densas cortinas obligábanlos a unirse mucho para aprovechar el esca80 vano abierto sobre el cielo. Juntos en el diván,
el libro unía sus rodillas y aproximaba sus rostros
hasta producir ese rozamiento de cabellos, cuya vaguedad eléctrica inicia el vértigo de la tentación.
Sus pi~s casi se toeaban, compartiendo el esca bel.
Sobre la inmensa chimenea, una licorera bizantina
que acababa de regalarlos con el delicioso licor de
Zara, despedía en la sombra de la habitación el florido aroma de las guindas de Dalmacia.
Ya no leían; y así pasaron muchas horas, con las
manos tan heladas sobre el libro, que poco a poco
se les fué congelando toda la carne. Sólo allá adentro, con grandes golpes sordos, los corazones seguían viviendo en una sombría intensidad de crimen. Y tantas horas pasaron, que la hma acabó por
bañarlos con su luz.
Galeoto fué el libro ... -dice el poeta-. ¡ Oh, no,
Dios mío ! Fué el astro.
Miráronse entonces; y lo que había en sus ojos
no era delicia, sino dolor. Algo tan distante del beso, que en ello cabía la eternidad. El alma de la joven asomábasc a sus ojos deshecha en llanto como
55

�LEOPOLDO

LUGONES

una blanca nube que se vuelve lluvia al fresco de la
tarde. ¡ Y aquellos ojos, oh, aquellos ojos negros
como dos golondrinas tle la Pasión, qué sacrificios
de ternura abismaban en el heroísmo de su silencio! ¡ Ay, vosotros los q_ue sólo en la dicha habéis
amado, envidiad la tortura de esos amantes qué,
en el crepúsculo llorado por las esquilas, gozaban,
padeciendo de amor, toda la poesía de las tardes
amorosas, difundida en penas de navegantes, de ausentes y de sentimentales peregrinos, como en el
canto VIII del Purgatorio:
Era giá l 'ora che volge 'l disío
A 'naviganti, e 'nteneriace íl cuore
Lo di ch 'lian detto a' dolci amici a Dio¡
E che lo nuovo peregrin d 'amore
Punge, se ode aquilla di lantano
Cl1e paia'l gíorno pianger che si muore.

Pálidos hasta la muerte, la luna aguzaba todavía su palidez con una desoladora convicción de
eternidad; y cuando el llanto desbordó en gotas vivas-lo único que vivía en ellos-sobre sus roanos,
comprendieron que las palabras, los besos, la posesión misma, eran nada como afirmación de amor,
ante la dicha de haber llorado juntos.
La luna seguía su obra, su obra de blancura y
de redención, más allá del deber y de la vida ...
l:na sombra emergió de la trasaleoba, manchó
fugazmente el pavimento de lozas blancas y ne56

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Á

gras, se escabulló por la puertecilla que daba acceso al piso, y por él a la torre. Era el enano del
castillo.
Malatesta se hallaba en la torre por no sé qué
consulta de astrología; pero todo lo abandonó, descendiendo la escalera interior hasta la planta donde estaba la alcoba de la castellana; hasta debió
correr para llegar a tiempo, pues era la pieza más
distante de la torre.
El éxtasis duraba aún; pero los ojos, secos ahora brillaban como astros de condenación con toda
la ' ponzoña narcótica de la luna. Aquella palidez
desencajada tenía el hielo inconmovible de la fatalidad, y una pureza absoluta como la muerte, los
aislaba en la excepción de la vida.
Materialmente no habían pecado, pues ni a tocarse llegaron, ni a hablarse siquiera; pero el esposo 'UÍÓ en sus ojos el adulterio con tan vertiginosa claridad, con tal col!-Sentimiento de rebelión y de
delito, que les partió el corazón sin vacilar 1lll ápice. Y el pergamino le halla razón a fe mía.

57

�DOS ILUSTRES LUNATICOS
O LA DIVERGENCIA UNIVERSAL

DRAMATIS PERSONAE:

H. (desconocido, al parecer escandinavo.)
Q. (desconocido, al parecer español.)
Andén desierto ele uua estación de ferrocarril, a las onee de 1a noche. Luna llena al exterior. Silencio completo.
· Luz roja de semáforo a lo lejos. Bagajes confusamente

amontonados por los rincones.
H. es un rubio bajo y lampiño, tirando a obeso, pero singu1armente distinguido . Viste un desgarbado traje negro
y sus zapatos de charol chillan mucho. Lleva un junco de
puño orfebrado que haee jugar vertiginosamente entre los
dedos. Fuma cigarrillos turcos que enciende uno sobre otro.
Un tic le frunce a cada instante la comisura izquierda del
labio y el ojo del mismo lado. Tiene las manos muy blancas¡ no (la tres pasos sin mirarse las uñas. Camina lantando miradas furtivas a los bagajes. De cuando en cuando vuélvese bruscamente, lanza w1 chillido de rata a la
vacía penumbra, corno si hubiese alguien allí; después proaigue su marcha haciendo un nuevo molinete con el bastón.
Q. gallardea un talante alto y enjuto¡ una cara aguilefia, puro hueso¡ hay en él algo a la vez de militar y de
universitario. Su traje gris le sienta roftl; es casi ridículo, pero no vulgar ni descuidado. Trátase a todas luces de
una altiva miseria que , se respeta. Este baee el efecto de
la reserva leal, tanto como el otro causa una impresión de

59

�L E O P O L D O

L UG O.,\.ES

charlatán sospechoso. Van uno al lado del otro; pero ae
advierte que no conYe1·san sino para matar el tiempo.
Cuando llegue el treu, no tomarán el mismo coche. Tamr,oco se han visto nunca. Q. sabe que su interlocutor se
llama H. porque al llegar traia en la mano . una maleta con
esta inicial. H. l1a visto, por su parte, que el otro tiene su
pañuelo marcado con una Q.
·

ESCENA PRIMERA.
H.-Parece que hay huelga general y que el servicio está enteramente interrumpido. No correrá un
solo tren durante toda la semana.
Q.-Locura es, entonces, haber venido.
H.-Más locos son los obreros que se declararon
en huelga. Los pobres diablos no saben historia.
Ignoran que la primera huelga general fué la retirada del pueblo romano al Monte Aventino.
Q.-Los obreros hacen bien en luchar por el triunfo de la justicia. Dos o tres mil años no son tiempo excesivo para conquistar tanto bien. Hércules
llegó al confín de la Tierra, buscando el Jardín
de las Hespérides. Una montaña le estorbaba el
paso Y, poniendo sus manos en dos cerros, la abrió,
dando entrada al mar como se abre, trozándola por
los cuernos, la cabeza cocida de un carnero.
H.-Bello lenguaje; pero no ignoráis que Hércules fué un personaje fabuloso.
Q.-Para los espíritus menguados, fué siempre
fábula el ideal.
60

DOS

ILUSTRES

LUNA 1'100S

H--(volviéndose bruscamente y saludando con su junquillo
la sombra).--:N'o sé si lo decís por mí; pero os adYil'r-

to que no acostumbro comer carnero con los dedos.
Vuestra metáfora me resulta un tanto brusca.
Q.-Aunque no me es desconocido el juego del tenedor en las mesas de los reyes. he gustado con más
frecuencia la colación del pobre. Desde la baya del
eremita al pan del trabajador, duro e ingrato como
la gleba, mi paladar co~oce bien el sabor de las
. Cuaresmas.
H.-Os aseguro que tenéis mal gusto. Por mi parte, compadezco al desdichado, ciertamente. Quiero
la igualdad, pero en la higiene, en la cultura y en
el bienestar: la iguadad hacia arriba. Mientras ello
resulte un imposible, me quedo en mi superioridad.
¿ Para qué necesitamos nuevas cruces, si un solo
Cristo asumió todas las culpas del género humano 1
Q.-Es condición de la virtud indignarse ante
la iniquidad, y correr a impedirla o castigarla. sin
reparar en lo que ha de sobrevenir. ¡ Pobre de la
justiGia vilipendiada, si su socorro dependiera de
un razonamiento irreprochable o del desarrollo de
un teorema! En cuanto a mí, no deseo ni la igualdad, ni nuevas leyes, ni mejores filosofías. Solamente no puedo ver padecer al débil. M:i corazón
se subleva, y pongo sin tasa al rescate de su felicidad, mi dolor y mi peligrt&gt;. Poco importa que esto sea con la ley o contra la ley. La justicia es, con
61

�LEOPOLDO

L

U G O RE -S

frecuencia, víctima de las leyes. Tampoco sabría
detenerme ante el mismo absurdo. Pero cada monstruo que me abortara en fantasmagoría, cada empresa vana que consumiera mi esfuerzo, fueran a
la vez incentivos para empeñarme eontra la amarga
realidad. t,Por qué halláis mal que luchen a costa
,de su hambre estos trabajadores? &amp;No es el hambre
un precio de ideal como la sangre y como el llanto T
H.-Poseéís una elocuencia prestigiosa que me
habría arrebatado a los veinte años, cuando creía.
en los pájaros y en las doncellas.
Q.-Os estimaría que no dierais alcance despectivo a vuestras palabras sobre las doncellas y los
pájaros.
H.-De ningún modo. Los pájaros tienen el mismo paso (da una corridita ornitológica sobre las puntas de
los pies) que las doncellas; y las doncellas tienen
tanto seso como los pájaros. Pero vuelvo a nuestro tema. Los obreros nada lograrán con la violencia. Os advierto, entre paréntesis, que no soy propietario. Los obreros . deben conformarse con las leyes: aprovechar sus franquicias, -elegir sus diputados, apoderarse del Parlamento, cometer algunas extravagancias para despistar a los ricos, como volverse ministros, por ejemplo, y después apretarles
-crac-el tragadero. . . si es ql1e no prefieren tornarse ricos a su vez. Es un sistema.
Q.-Cn sistema abominable. Pareeéisme, a la verdad, un tanto socialista.
62

D OS

I L U S TRES

L UN A TIC O. S

H.-No lo niego; pero a mi Yez os he notado
un poco anarquista.
Q.-N o os ocultaré mis preferencias en taJ f&gt;eUtido. Amé siempre al paladín; y no sé por qué ::rnhelo de justicia desatentada, por qué anormal coraje de combatir uno solo contra huestes enteras,
por qué sombría generosidad de muerte inevitable, en la Inisma obra de la vida que otros gozarán
mejor, sin perjuicio de seguir llamando ..;rimen a la
benéfica crueldad, hallo semejanzas profundas entre los caballeros de la espada y los de la bomba.
Los grandes justicieros que asumen en sí mismos
el duro lote del porvenir humano, son como esas
abejas de otoño que amontonan a golpes de aguijón la comida futura de una prole que no han de
ver. Matan para el bien de la v-ida que sienten germinar en su muerte próxima, arañas y larvas: como
quien dice tiranos e inútiles, quizá inocentes, siempre detestables. Ellas carecen, entretanto, de boca ; no pueden. gustar siquiera una gota de miel. Sus
únic,os atributos son el amor y el aguijón. Su obra
de porvenir finca en la muerte, qu&lt;: al fin es el único camino de la inmortalidad.
H.-6Sois espiritualista?
Q.-En efecto; ¡,y vos?
H.-Materialista. Dejé de creer en el alma cuando me volví incrédulo del amor. (Estremécese con
violencia.).

Q.-¡, Tenéis frío 1
63

�L•0P0l,D0
11.-No¡ p....,¡..-te. • una PNIM!11114Íi
- - , ai queriia, y - la ea- aquel e6he
A Ja ida me pareee un elefante, y a la
hall-.
Q.-(opute). Bita , _ DO d
(alto). Ea mi eofre de viaje. Su color y 111
1:ienen, en efecto, algo de paquidenao.
B.-Ha;r aofrea -ndinavea que pareee
- · (Vaeln .. Hl&gt;"i 4&lt;.I :,)• • aingular, e6mo
eupan eatu e-. Bltaa e-. que uno
n en el oomemo con loa es,eetroa. NotariÜI
- , euando vo;r a pronunciar tal o cual
•l ojo bquierdo ae me mete por equivocaei6a
de la naris. Ea una curioaa diaeordaneia. Bl
de la "erre" me baee vibrar Ju uiiu. 1
qué ehillan tanto mis zapatoa,
Q.-No, por cierto.
B.-BII una moda hm,pra. La he adop

n -rdarme aiempre de que debo pouer I
en el mismo medio de Ju baldoau, 9in piar
junturas. Xanfa que tiene, naturalm
nombn prieo16gico.

-

COJ&gt;- • lo lejoo el relluao ele u-•&gt;·
. 1Ah, el maldito jument.o laútieo I Creo
arranearfa Ju orejas con gran placer, a , - bondad eapeoffiea.
Q.-Yo aao a loa amoa. Son pacientes :r
Su rebuzno diatante, en Ju noches ela~

.,.... ...................... .
JhupHo..

.. ,_ ..... ,.... +•••.-.•
Oü1Jc1dli1 ID

aaet

ll.-,Oll,BO.Qifilale . . .

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Romm-seeJeate;,-..rl

_y_ _ . , . _ _....., . . . . . . . . .
CriÑallf, . . w;,-.•lli•Wble,lattt.

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Noeaqaede:ra.,_,__, Rlst.-laBwfacl, 1111toneee, 11&gt; demnoll. • el •l~.Bll_U......._.la.,_..
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�DOS
LEOPOLDO

f.

[I(}

la manía de silbar vivamf'ntC' cnando Yayáis de noche por sitios solitario-,, Y cierto frío i;ltcrmitcnte
en la. espina dorsal. Pero los cs-peetros dan buenos
co11SeJ0S. Co11ocen la filosofía de la vida. llablal\
como los parientes fallecidos.
Poco a poco os vais :,intiendo un tanto contradjctorio. Cometéis extnwagancias por d placer &lt;le
cometcrl~s. Ya habéis visto lo que me pasa. }lis zapatos chillones Y mis molinetes, son estúpidos; pero ~~y agradables. Son también impc&gt;rahrns categoricos;
,
p
. formas de razonar un ta11to a·n&lt;&gt;rsas.
ero el imperio d&lt;' la razón es tan efectivo en ella:,;
como en la lógica de Aristótf'l&lt;'s.
Luego, os entra. el :fastidio de todo lo que ama y
de todo lo que vive. "Cna individualidad estupei.l.da se_ desarrolla en vuestro ser. Habéis comenzado
r?mp1endo espejos o manchando tapicas con los
p~es llenos de lodo. Luego matáis fríamente de un
pistoletazo
la oreja a vuestra yegua favorita ..
L~ego quere1s algo mejor. Ya estáis a punto. Causáis, entonces, algún mal irreparable a vuestra madre o a vuestra mujer.
Q.-¡ Caballero!
H.-¡ Eh, qué clia blos ! Dejadme concluir. Habéis
d~ saber que yo he amado. Amé a una muchacha rub1~ Y poética; una especie de celestial aguamarina.
Dabale por el canto Y por la costura ; no desdeñaba los cleportrs ; pedaleaba gallardamente en bicicleta. A la verdad, era nn tanto insípida, como la

:?

• 66

ILUSTRES

LUNATIOOS

01YES

perdiz sin cscabecbr. Pero yo la quería con una
pureza tan grande, que me hrlaba las manos. Gustábame pasar largas horas, recostada la cara en sus
rodillas, mirando el horizonte que entonces queda
a niYel con 1mrstras pupilas. Ella doblaba gentilmente la cabeza con una domesticidad dr prima que
aún no sabe. 'l'enía la barbilla imperiosa; lo;; ojos
llenos de un azul juyenil e ignorante, cuando se
los miraba bien abierto;-;; pero habitnalmentc entornábalos soñadOl' desclén. La nariz, con un ligerísimo respingo. La boca un tanto grande, pero todaYÍa sin el más ligero desborde dr ese carmfa vir~inal qlll' mancha los labios sabedores del amor, corno l'l vino a una copa rn que se ha bebido. Eran.
quizá, un poco altos y fü\cos -sus pómulos. Pei11ábasr mny uÍPll. con sólo dos ondas irregulares y flojas de su rubio cabdlo. Lle--vaba siempre descubierta la nuca, rxagrránÜo su desnudez con una incli,nación de lectura. Esta era toua sn coquetería. ¡\O
:-;r distinguían r-;ns st•nos bajo la blusa. Sus manos y
sus -pies Nan más bien larios. La falda "trotteuse ·' dejaba acfürinar sus piernas delgadas y alti,·as de 11adadora. Pues la natación constituía su
r11canto. La natación con prligro de la vida. Prohibiéronselo en ya110. Iba al río con pretexto de coger -violetas y ortigas para adornar su sombrero· de
sol.
Dejé de ai:narla cuando descubrí que pertenecía
a la infame raza de las mujrres. No sé bien si mu67

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&amp;:s.
a
!_
f

�L .E O P O L D O

L

U G

Vuestros propósitos sobre la mujer, son ci&lt;&gt;rti.1t111nt.c'!
intolerables; y no más que por reduciros a la decisión de las armas, os digo que tomo a la luna por
doncella desamparada y que no permitiré a su respecto ninguna insolencia.
H.- ( encogiéndose con un tirita miento enfermizo).
No desconoceréis, caballero, que os he tolerado a
• mi vez muchas impertinencias. La medida está
colmada. La luna es una calabaza vacía y nada mú.
Sé bien que quien escupe al cielo, cáele la saliva
en la cara. Pero tengo la boca llena como un ma~
món que echa los dientes, y veo allá un cartel que
dice: "Es prohibido · escupir en el suelo." (Quégramática!) .Así, pues, oh luna, buena pieza, toma .
(escupe hacia la luna), toma (escupe nue,·amente). toma

'

ÍNDICE
Págs.

J,AS FUBRZAS ltXTRAÑAS

Lluvia de Fuego..................... . . . . . . . . . . . . . . .
Estatua de Sal.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

5
17
35

( escupe por tercera vez).

Mis señas, caballero.
Caballero, las mías.
Q.-(Miranclo la cartulina con asombro.) j El Príncipe
Hamlet!
H.-(leyen,lo con interés). j Alonso Quijano !
Q.-(sacando su tarjeta).
H.-(haciendo lo propio).

LUNA.RIO S)tNTIMRNTAJ,

Francesca ....................... .
Dos Ilustres Lunáticos ........... .

ESCENA SEGUNDA.
DON QUIJOTE alzando los ojos lmeia su interlocutor, ad•
vierte que ha desaparecido.
HAMLRT, bnscanclo con uua mirada a don Quijote, nota
que ya no está.
El lector se da cuenta, a su vez, de que don Quijote 1
IIamlet han desaparecido.

70
71

45
. ....•......

59

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>��Jt1t..1~

�AUTORES MEXICAN OS NUEVOS

BIBLIOTECA CENTRAL

U.A.N.L

�M. SILVA V ACEVES

CARA DE VIRGEN
ORRAS DEI, AUTOR.
ARQU(Ll,A OK l\lARFlI,. -México. 1916,
ASIMOJ.A.

. ..... de pauprrr carJl8imus hort-o.

Srnn1rs.

(lin prensa.)

CAllPANITAS DF. PL"-TA V CkÓNlCA DIU. Rll\"

PCLGARCITO. {J!n preparaci6D, l

LRCTURA Sl!Ll!CTA
~ll!XICO MCMXIX

�4UMP!IONI

,_....,_a..,-.w
y

N - r . ...af™, oWiJliidft&gt;,
CIIYa.J.aOWD16Mu&amp;WIS,
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IIDL&amp;W IOII IIL

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•

L minúsculo genio de la tía estaba conmovido con la relación
que ella misma iba haciendo de
las peripecias y tropiezos de su -viaje
entre Veracruz y Puebla, cuando tenía
quince años. Las palabras alcanzaban
en su boca tonos elocuentes y el ademán
de sus manos temblorosas tenía pen•
dientes de su relato los semblantes inmóviles de sus dos pequeños sobrinos.
En la habitación, que se iluminaba en
aquella hora con las últimas lnces de la
tarde, y un poco apartada del grupo,
estaba también la madre de los niños,
joven y tranquila, haciendo labor de
13

�M.

SILVA

Y

ACEVEB

costura, que sólo ititerrumpía para escuchar a la anciana en los pasajes más
vivos. El viaje se había hecho en diligencia, por caminos montañosos e infestados de ladrones, bajo lluvias torrenciales y entre compañeros que, bien
eran mercaderes cobardes que temblaban a cada peligro, o señores prudenteis que recomendaban a las señoras la
mayor presencia de ánimo. La curiosidad de los niños por conocer todos los
pormenores de aquellas pintorescas escenas de camino, se demostraba en las
preguntas con que interrumpían frecuentemente el relato de la tía. El reloj
de la iglesia vecina hizo sonar las siete de la noche. Una criada había traído
luces para alumbrar la habitación, y el
sillón bajito de la tía, y las sillas de los
niños, y el sofá en que la mamá estaba,
y el gran retrato al óleo de la tía, con
treinta y cinco años menos que al presente, suspendido sobre el sofá, y el lecho modesto y aseado que se veía junto
al muro del fondo, y todo lo demás que
había en la habitación, así como las
personas mismas, hicieron su aparición
14

CAR A

•

D E

VIRGEN

más clara entre un juego de luces y
de sombras bien marcadas.
La puerta que comuuicaba con la
ha hitación contigua se abrió silenciosamente, y dió paso a un nuevo personaje. cuyo andar lento y callado para
nada interrumpió la plática. Era el valiente Almauzor, que reinaba despóticamente en la cocina y se ufanaba con
la ausencia de ratones en los lugares
más obscuros de la casa. Vcnía a traer
el me11saje de la cocinera y, para ser
notado, se adelantó hasta el centro de
la escena y allí, sentado en sus dos pat~s traseras, fué mirando con intención
las caras de todos. Después, aprovechando una pausa, lanzó un maullido,
que era el recurso extremo de su cortesía entre los hombres. El relato dt&gt; la
tía Re interrumpió en buena hora para continuarse después; la labor de
costura se su!lpendió también, y las
ágiles manos lo acomodaron todo cuidadosamente en un cestillo blanco; los
niños saludaron a Almanzor tomándole
las manos y haciéndole danzar, y todos
imlieron por la puerta entreabierta, de15

�.U.

SILVA

Y

AOEVES

jando en la habitación los asientos vacíos y, en medio del silencio y de la
luz amarillenta de la lámpara, una como forma impalpable de la Yida doméstica de aquella casa.

II
Mnrtin Ramos era un joven pintor ...

16

�-UTIN----llll~pha&amp;clr ele provilioi. qae vi'ria •
la Capilal ele n Bitado natal,
- .. faadJie, "'Ollpusta ele .. vieja
.S. i . - , Adela, 1111 jovea .,,_ 1'11lliia,: 4- liilol de ttw 1 eutto dlla,
JNiPtiilbcaate, llePW!eet ~ 1

Ollli per eapdiiho d&amp;la UIÚ, llUido
4e
1111 plúido eaento qua

•~a

--•laiPfaDlli&amp;.
Lfap I tc

1JB&amp;t1t••--·

... __.., . . . . . . l6lo par , . . ~ , 1u 11e11ae hiju a
111141 de - a,riealt,orel, tilnen que P~ • 'rida, ,a MtUdo paadeá l&amp;JI

�.'11.

S l L l' A

Y

A C E V E 8

tras con sombra para el rótulo de mia
tienda, o enseñando a las hijas di' los
ricos a copiar flores para que su educación no quede trunca, o bien decomndo cielos rasos e iglesias, y otras
veres retocando cnadros de sacristía
&lt;'1mc&gt;g-r0cidos con c&gt;l po!Yo . .A todas estas ocupaciones se avenía la humildad
&lt;le l\fartín y de todas su genio había
triunfado: Era el mejor pintor de la
ciudad. con amigos y admiradores en
&lt;&gt;l Gobierno, amistades entre las buenas familias y protectores generosos en
el clero. Empezaba a cobrar alientos
su natural modestia para salir al campo en un bnen día de sol, con su tela
hajo el brazo, ~- rnsa:rnr el paisaje. o
hi&lt;'r1 para logral', por medio de su¡,
anústades. tener r11frente a la más bella de las hijas del afortunado agricultor, resignada y feliz con la ilusión
de un buen retrato, cuando las cosas.
como es frecueute, se ordenaron de
otro modo.
f.Ja casa del pintor Ramos, pobre como su vida, se alineaba con otras muchas, en una calle larga que se veía
20

U A R A

D ¡;;

J'IRGEN

on&lt;lular siguiendo la inclinación suave
de una colina. Su .fondo lo llenaban
los copudos lÍ:rboles del río y el vago
contorno de una sierra azul. Esa calle
atravesaba la ciudad y en lo más alto se alzaba una iglesia, cuyos muros
habían sido los primeros que en la ciud~d se levantaron, y que de tiempo inmemorial había dado nombre a la calle que dominaba : era la iglesia e.le la
Soledad. En el interior de ella se eleyaban las plegarias más sinceras de
los fieles, en su mayor parte campesinos. y la Yirg-en de su advocación era
honrada con una solemnidad qué atraía
peregrinos y mercaderes de lejanas

tü·1-ras.
En la época de que tratamos, la
ciudad-capital de aq_ueUa proYincia
estaba floreciente; r, en la última Semana Santa, todos pudiel'on notar que
rn la iglesia de la Soledad hacía falta una renovación que le permitiera
ser un reflejo fiel de la fortuna y religiosidad de sus habitantes. El Padre
Tiuiz, que era el Capellán, fué el úni1•0 en quien ese pensamiento no germi2t

�M.

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L F A

}'

A

e

E

y

E

s

nó espontáneamente. Y pasada la fiesta de aquel año, f'll que, como siempre,
había tenido la ayuda celosa de las familias prü1cipales; y &lt;leshechos los altares y vueltas las imágenes a sus nichos, y recogidas las limosnas y clasificadas las ceras sobrantes, vuelta, en
fü1, la iglesia a su vida ordinaria, se le
veía todas las tardes. cu la puerta del
atrio, de plática ociosa -:,- regocijada
con los muchachos de la escuela o con
los ncinos que pasaban. Fué necesario que lma comisión formada de comerciantes, obreros y labradores, se le
acercara y le dijera que todas las clases querían ver renovada la iglesia de
la Soledad y mejorado el culto a la
bendita imagen, para que el P. Ruiz
pe11sara en esos complicados asuntos.

III
La piadosa leyenda de Santa Eulalia ....

11

�L

A piadosa leyenda de Santa Eulalia de Mérida había sido elemento importante para que,
desde la infancia, la vocación del P.
Ruiz se decidiera por el sacerdocio.
La de,·oción por esa Santa Virgen le
había sostenido siempre, y tan bella
y levantada pareció a su espíritu la
relación de esa Yida, que adquirió, sin
darse cuenta, el gusto por las leyendas ele los santos. Con esos libros había llrnado, por muchos años, las horas ele sus días cuando era un niño_
de escuela; después, cuando fné un
mozo graduado de Bachiller E'n su
25

�(,' A R ,1

D J,;

VIRGE.Y

Seminario, y, pol' último, cuanclo fué
estndiaute de Teología y sacerdote de
Cristo. Esta afición liter·aria ¡,. salYó
de un mal estilo y dió a su convPrRa-·
ción un color anecdótico, apartán&lt;lo1::t sensiblemente clr la rigicle;,; cles¡;arnada de las formas dialécticas. ::,u g-enerosi&lt;lad y dulzlll'a no en pequeña
J)arte provenían también de allí; y :rn
en el dorado camino ele las leyendas piadosas, su espíritu se enriqueció con otTos
gustos menores que él acogió con simpntía y estaban bien en su fisonomía de
Rabio l:Omo un rasgo indispensable: su
delrit(' por leer en libros raros, su conocimiento de las buenas ediciones, su
amor ])Or las estampas finas y aquella
erudición tan bien nacida que mostraba hablando de pintura Teligio1sa.
El P. Ruiz era también un maestro
pintor, sin ostentación ni vanagloria,
con antigua devoción por el arte, al lado de maestros en su mayor parte eclesiásticos y con un gran empeüo por
llegar a hacer una obra personal. Este era el P. Ruiz a qujen la provincia
sola no llegaba a explicar, sino con-

tando con el genio qur le era propio y
la suerte singular de su educación literaria.
Cuando tuvo alrededor de sí a esos
hombres de caras sencillas y semblantes humildes, no dejó de decirles en
el tono amigable e iróniéo en que solía hablar:
-Todo se hará según vncstl'Os deseos. La arquitectura de esta iglesia
puede cambiarse y las demás artes
pueden veniT a or11amentarla; su campanario será elevado majestuosamente para que puedan sus voces llegar a
los oídos más distantes. Todo esto lo
apreciarán los hombres y se hablará
de vosotros más allá de vuestra ciudad;
despertaréis la emulación en los pueblos, vecinos y ellos también reedificarán sus templos para honrar a sus imágenes. Pero cuando parezca que todo
un clamor unánime de devoción se encanlÍna a los cielos, guiado por vosotros, habrá pasado tiempo para poner
en ruina vuestra obra, y ese vano clamor se quedará en la tierra.
'' La simtuosidad del culto es vani-

~6

'27

�1'!.

SILVA

Y

A OEVES

dad necesaria de los hombres, por eso
escucho vuestra petición; pero creo
que, no sin razón, las leyendas han mezclado en ella una influencia misteriosa &lt;le castigo o de venganza que vaga
incierta entre los santos de Dios y el
Espíritu de las Tinieblas: tan extraña llega a aparecer en un momento la
retmión de los datos y circunstancias
que concurren. Cuentan que San Agustín decía que las construcciones nuevai:; son estorbo para que el espíritu
se abandone a la meditación.
"Yo soy espíritu preocupado para
remover una piedra o para mutilar un
árbo1, porque en el fondo de mi alma
Yive la superstición; y os confieso que
las palomas que anidan en lo alto de
• las grandes ventanas de la iglesia y
cuya forma han tomado para volar al
cielo, en presencia de los mismos verdugos, las almas de las vírgenes que
fueron mártires de Cristo, son el motiYo más serio que tengo para oponerme a vuestros deseos. El "'\'Uelo de esas
palomas y la alegría que comunican
a Jr soledad de la iglesia, me (~?.TI (!01128

O A R A

DE

VIRGE,..\'

fianza en vuestra felicidad. Si las desterráis de aquí, destruyendo sus nidos,
para Clllllplir un propósito v,1110. sentiría que habíais ]Jamado sohl'C:' Y•)sot1·os un caHtigo fatal.'·
En este punto, el tono de su_ YOz hizo que cada uno de sus oyentes meditara sobre sus propios intereses para encontrar sentido en las palabras
del Capellán. Entretanto, el P. Ruiz,
con la monotonía del que no se apasiona y aconseja sólo por caridad, movió
su discurso a otra parte, diciendo:
-Sería lamentable, también, perder, por un deseo -insano. la última
muestra ele arquitectura colonial que
queda en esta Yieja ciudad. Los muros,
ennegrecidos por el tiempo, porlr:hi
cambiarse en otros de piedra blan,:a y
pulida, con simétricas ventanas ojivales y ,-idrios de colores; pero d fspíritu, como las golondrinas, tardará en
anidar allí; los altares de oro viejo,
recargados de moldurns, podrán ser
convertidos en otros de yeso y oro brillante que ningún deleite darán a vuestros ojos; nuestra noble cúpula de azu-

�M.

S 1 T, ,- A

Y

A C E V E S

lejo8, ;,qué crepúsculo habrá que no la
haga aparecer graciosa? Cualquiera
otra que la reemplace, aunque sea
más espléndida, cambiará totalmente la silueta a que nuestras callef: l'.'Stán acostumbradas. Echaremos de menos largo tiempo las torres alegres :v modestas, y el sonido de
sus campanas nos pareberá otro saliendo de las torres orgullosas que intentáis levantar. Y los cuadros venerable.o:; que conservamos, hechos para
decorar nuestra iglesia, y que vemos
toda,ía en los mismof: lugares que los
benefactores les dieron, no los admitirá el templo nuevo, o ellos deslucirían
sus tonos y al cabo serían tratados
impíamente en cualquier forma y trocados por pint~lras nuevas sin valo.r ni
tradiciones. Las preciosas maderas del
órgano, labradas con primor por la fe
religiosa, nunca más las wríamos sino mutiladas y muertas. Es el alma de
las cosas que se defiende de la destrucción envolviéndonos interiormente en
Ulla nube ele recuerdos y seutimientos
delicados, que acaba por apoyar nuestra
30

CA R A

DE

rJROEN

e.xistrncia en la existencia de ellas misma,;. Emplead YUestro celo eu conservar la iglesia como está, como la conoció
Yuestra infancia )' la visitaron vuestro-; abuelos, y no queráis acabar con
t'f;ta casa en que Dios ha vivido satisfrcho."
El f!rupo de va11iclosos hombres de
provincia no contaba con la opinión
del P. Ruiz y quedó desconcertado.
Aquella visita terminó sin réplica alg-una y cada qlJ.i_en, con la mente fi,ja en las palabras que lmbía podido conservar, besó humildemente la mauo
suaYe del Capellán, en señal de desJwdida, y todos salieron de allí cuando las primeras estre11as aparecían en
el ,•ielo de aquella tarde limpia.

�IV
Fué motivo de indecisión para las

clases ricas ....

3

�UE motivo de indeeiai6n para laa
elaaea ricu de la ciudad, durante
una semana, la actitud del P.
Ruis. En la junta inm'ediata en que se
vieron reunidos de nuevo los vecinos
principales, despu&amp; de que fué ganándoles la tranquila violencia del amor
propio, todos convinieron en que el Capellin de la Soledad era obstieulo serio
para la renovación de la igleaia, y babria
que alejarlo Bi se queria eontar con
un templo moderno, digno de la eivilizaei6n de aua habitantes. Alguien
quiao defender al P. Rniz, preaoindiendo de 8118 ideas atraasdaa, y re-

F

36

�M.

8ILVA

}T

AOEVES

cordó a todos el celo que ponía en conservar a la iglesia el noble aspecto de
monumento antiguo y venerable, y aun
citó algún sermón en que todos pudieron apreciar el amor que el Capellán tenía por cuanto era de la iglesia
y de su historia, y terminó recomendando que para lastimar menos los sentimientos del Capellán al separarlo de
su iglesia, se procurara no apartarse
de las buenas formas; que procec1iendo así, la obra piadosa tendría los mejores principios.
Con tan suave opinión, aquellos espíritus fogosos se excitaron y acabaron por consideniT al P. Ruiz como un
enemigo a quien había que vencer y
dt&gt;struir.
Aquella ciudad 110 era cabeza de
Obispado. El P. Ruiz sabía, sin embargo, que los tiros darían en el blanco, como sucede siempre que los fuertes combaten a los débiles. Se propuso, con todo, no defender su puesto,
pensando en el olvido de la mitra y
en que aquel pueblo inculto no era
digno de poseer la vieja iglesia de la
36

C' AR A

J) ¡,;

I' IR U EN

~oledad. Entretanto, se abandonó, en
espera de los acontecimientos, y en su
vida no pudo notarse el menor cambio: su misa temprano, su paseo por
el río, ya entrada la mañana, su café
de siesta en la casa del pintor "Martín
Ramos, su ejercicio de lectura en medio de sus libros, y sus oraciones de
noche, S&lt;' cumplieron con el mismo orden que antes, y sólo en algún sermón,
predicado en esos días, pudo deslizarse un ligero asomo de melancolía que
nadit&gt; notó sino .A.dela, la esposa de
:Martín Ramos, que seguía con atendón eI discurso y conocía el tono familiar del P. Ruiz.
.Adela trnía dicciuue\'e años y el
ca bello de un rubio de oro. Era una
mujer sellC'illa, sin inquietudes espirituales que le fueran propias. pero con
una grau hospitalidad para las inquietudes ajenas. Vivía entregada. por entero a su hogar, en que movían sus risas sus hijos Roberto y Celia y en que
dominaba la voz cascada de su tía Laura. llena de sentencias y consejos, y
eterna &lt;lefensora de los chiquillos.
:n

�M.

r

S I L T' A

A C 1~· V E :-,

Adela, sin encontrar Pll ello vanidad.
llevaba en sus ojos una impresión d&lt;'
i;erenidad tan consoladora, que el P.
Ruiz le había dicho alguna vez. en la.
plática de sobremesa, CJ.Ue las vírgcne&lt;;
tle :M:urillo no te1úau ojos mejores. ni
Santa Eulalia mirara de otra mauera
el cielo desde la hoguera ence&gt;nclida.
De estos o semejantes propós1tos, i;e
seguían algunas Yeces pequeños temas
de conver¡¡ación sobre la manera de
interpretar los rostros de los santos
en la pintura española e italiana,
que no poco admiraban el espíritu un
tanto rudo de ::.\fartín Ramos, hombre
sin suficientes ideas en la materia "!&lt;sin valor para descubrir el fiu de su
vida y consagrarse a él. El P. Ruiz le
estimaba, porque veía eu él un discípulo en quien había despertado algunos entusiasmos y al que pensaba llevar pacientemente hasta donde quisiera seguirlo en el camino de su educación artística. Sentía necesidad de comunicarse con alguien en aquel medio sordo y poco sensillle para recibir
ideas de alguna delicadeza; por esto,

ª"

C .-1 R A

D E

principalmente, buscó la amistad de
Martín Ramos. Afortunadamente se
encontró con gentes sencillas en las
que su espíritu generoso supo despertar bien pTonto firmes simpatía!-, hasta
que llegó a ser el visitante diario cuya
presencia era i11dispens~ble, a la l10ra
de la siesta, para tomar el café.
Dt&gt; e;;ta manera, aquel buen hombre sin
familia, a quien nadie conocía cuando
llt&gt;gó a la ciudad, haría unos diez años,
a r1uieu su modestia nunca abandonó,
ni i,;u tranquilidad, aun en medio de
las dificultades que alguna vez pudo
crearle la fírmer.a de su carácter ante
las volllntac1es ajenas, &lt;;&gt;11 ningmia
amistad. de las que contaba. se confiaba tanto como en la de aquella familia
que a sus ojos se había formado y junto a su iglesia. También allí era donde se sentía más comprenclido, y esta
Pxigcncia, que es de todos. y que él
apr&lt;&gt;ciaha en :-:;u gran valor, le hacía
considerarse como miembro de aquel
pequeño grupo cuya vida le interesaba tanto como la suya propia.

��1
1

'

1

N los cuadros ele este género,
cuido, ante todo, de la armonía
de los grupos y en particular de
las manos y del aire de las ropas,decía con tono de superioridad o
de ironía el P. ,Juan Ruiz a Martín Ramos ~~ a Adela, frente a un gran lienzo en la sacristía de Ja iglesia de ]a
Soledad, donde tenía instalado su taller. Era un lienzo no terminado que
debía figurar en el tablero central de
un tríptico en que estaba representado el martirio de Santa Eulalia de
Mérida, según se refiere en el Himno
de Prudencia, y destinado a decorar

E

"I
1 '

•

43

�JI.

SILVA

Y

AOEVE8

el muro principal de aquella eataneia.
Era la Santa de toda 811 devoei6n 7
querfa dejar en la iglesia eae :recuerdo.
Con - idea no dejaba de e-.,rar
diariamente alg6n tiempo a la ejequ.
ei6n de 811 obra, y ahora que en ella ae
podian ya apreciar loa tonoa dominan.
tea y loa dibujo. mú firmes, la traba a sua amigoa, ineapaa de eontener por mú tiempo el aeereto en que
la conelbi6 y la venia .....,liund11 hasta entonees.
En el tablero de la izquierda
la unta iba eaminan•fo en medio
de la noche, por una senda espinoaa, de hufda de la easa paterna, eon
un rico manto apenaa echado encima
para cubrirse del frío, y el aemblante
animado, indiftrente a las aapereaa
del camino, fijo en un coro de qeles q ne de lo alto le ofreclan, como en
juego de niñoa, instrumentos de martirio. Una luz blanca y dulce ilUIIÚDaba a aquella niña de doce añoa y haela
brillar su cabellera de oro agitada por
el viento. En el tablero central las llamas de una hoguera que ae eonaume

''

CARA

DE

VIR6E

envolvlan el 'cuerpo desnudo de la santa aJ tiempo de morir y l!OIDO aeariei!ndola, llepban a 811 boea y ella pare3fa guatar hondamente de UD plaeer, en
tanto que una paloma blanca abandonaba aquel euerpo y volaba plAeidamente hacia la altura en medio del eapanto de loa verdugoa. Bl tablero de
la derecha l'l!preaentaba UD palaaje de
nie'l'e aobre una ciudad eonvenei-1.
La nieve habla cubierta la hoguera y
el cuerpo de la anta virgen estaba eomo bajo UD cúdido manto. Bn 811 roem, tenla la el[J)Nlli6n de un nifio euando duerme.
--&amp;guramente que- ahon. no guatiña de ella todavfa-dijo a sua vmtantea el P. Juan Rnis, retiri6nd- a la
aanta del tablero central, que era el
6nieo expuesto, y despu6t de un rato
en que llartfn Bamoa anduvo examillindolo de cerea ain podene f - . r
iapreai6n, mienuu Adela permaneela inm6vil eontemplúdolo al lado del
Meerdote.
-¡ Por qu6 hab6ia puesto tanto euiudo, Padre, ma -belleeer aJ verdu-

"

�.A-1.

S I L V A

Y

A C E V E R

go, en tanto que el grupo de fieles que
acompaña a la santa aparece apenas
bosquejado?, preguntó Adela con senciilez.
-En estos cuadros, hija mía. como
eu las vidas de las vírgenes mártires,
lo~ ,,erdugos son siempre gentes de
calidad, gentes ricas que tenían los
primeros cargos del gobierno y cuyo
esplendor omnipotente venía a encontrar m1a pequeña resistencia, una contrariedad, en la virtud heroica de estas cristianas primitivas. Con nada se
irrita tanto la voluntad caprichosa, como con un tropiezo leve que se le
oponga, y llega en su irritación a los
excesos más graves. E'sta verdad se
repite en las vidas eserítas de los santos más de lo que pudo repetirse realmentP en la vida misma, pues seguramente, hija mía, que esos romanos
sensuales y poderosos, cedieron eon
facilidad, en la mayoría de las veces,
a Ja obcecación de las vírgenes cristianas-que tal Jes parecía la virtud
de éstas-sólo por evitarse las molestias de una eseena como la que allí sr
16

&lt;' A R A

Di!:

¡r T R G J~' X

reprl'Senta. Por lo &lt;lemás, la cara plácida de los mártires hac&lt;" dudar mucho, a nn espíritu despreocupado, acerca de la verdad del martirio.
-Entonces, Padre, no me explico,
dijo Adela escandalizada, qué es lo
que queréis pintar, ni qué valor tenga esa tradición tau arraigada de donde nace' toda nuestra devocióu por los
mártires de Cristo.
-Tranquilízate, hija mía, repuso el
P. Ruiz, satisfecho del juego de sus
paradojas. ~uestra devoción nace de
allí efectivamente, porque hemos nacido cristianos y ningún esfu&lt;'rzo nos
cuE&gt;sta entender a la víctima para simpatfaar con ella. Otra cosa es entender al verdugo; para eso tenemos que
culfrvarnos especialmente, ~· a veces ni
así se logra. Para el n1lgo in.culto,
&lt;!lH' 110 ama la fragancia del estudio, estos cuadros se conviC'rten en telas YiYas en qur su alma se Ye representada
~· atormentado su cuerpo frente a unos
penwnajes inexplicables, que en medio de su belleza y su esplendor, tienen
Ja vida más triste, porque mientras
47

��M.

S 1 L 1· A

I'

AOF:í'F:S

-(~ Y cómo ha de Ser eso, Padre Yelijo Martín.
-Intento trasladar el rostro de Adela a ese lienzo que vPis inacabado y,
si tú lo permites, la Virgen Eulalia
tendrá la expresión más fiel que le
imagino.

YI
Con el ag-ua de lluvia que escurría . ...

50

�e

1

ON el agua de lluvia ,¡ne escurría del alero del corredor, fácilmente se formaba en el patio
irregular de la casa de Martíu Ramos
uua pequeña corriente qne iba a perderse en un caño que romunieaba con
el corral_ Aquella tarde Jiabía llovido con fuerza, y después de la lluvia, los niíios, con los pies desnudos,
se divertían en estancar el agua del
pequeño arroyo, oponiénclole una presa de arena. Por entre las maceü1s que
adornaban el corredor y las yedras
,¡ne trepaban por el barandal, podía
verse, en la habitación de enfrente, a
53

�ACfiJVRS

1· I U U E .Y

la tía Laura, calaclos los vieJOS anteojos, leyendo en un libro usado que,
por el forro d&lt;' tela negra que tenía en
la&lt;, pastas, se sabía que era la Historia Sagrada, y, apena&lt;, saliendo de la
penumbra, a Adela, que cosía y escuchaba la lectura. Almanzor, tir~do sohre el sofá, con un ojo entreabie1to v
con el otro dormido, pasaba la siest~
y azotaba regaladamente la cola sobre
su flanco. De cuando en cuando Adela
levantaba la cara y fijaba la vista en
lo alto, buscando una iclea intermedia, que estaba muy lejos, por cierto, del campo de batalla en que hacía
prodigios el valor de Judas l\Iacabeo,
según leía con entusiasmo la vieja

Lo que Adela pensaba era cómo uecir al P. Ruiz lo que su marido, con
grandes reservas, le había escrito desde México. ¿El espíritu del sacerdote sería fuerte para sufrirlo y bondadoso para perdonarlo~
Hacía algún tiempo que el P. Hniz
no Yisitaba la casa de Adela, sin que
ei:;to pudiera atribuirse a la ausencia
de Martín Ramos, que dos semanas
antr&lt;.; había partido para la ciudad de
México, cou motivo de un negocio, según hizo saber, pues ya en otras Yec.es, a pesar de esas ausencias, la visita del P. Ruiz no faltaba en aquella
easa.
Los chiquillos llevaban en triunfo
la rama de madreselva para su madre,
cuando Yieron, desde la puerta del zaguán, Yeuir al buen sacerdote que les
era tan familiar amigo. Corrieron,
pues, a encontrarlo con el regocijo que
solían y él los recibió con el festejo de
costumbre. Así entraron hasta donde
estaba Adela con la tía Laura, quien
ya no pudo terminar el episodio emoci011antt&gt; que a la sazón leía. Adela se

M.

:; I f, V A

l'

tía.
De pronto la niña Celia se volvió a
su hermano Roberto y le dijo:
-Súbeme en tus hombros para alcanzar esa rama de madreselva que
tiene flores y lle,arla a mamá. que le
gustan tanto.
Y el niño la subió y la rama de madreselva pronto estuvo en manos de
Celia.
54

55

�M.

S I L V A

Y

A C E V E S

desconcertó no poco, pero entró en la
confianza de siempre al segundo instante.
-Señoras mías-dijo el P. Rui;,; sin
má!:; preámbulo-no nos habíamos visto, porque siempre huyo de comunicar malas nuevas, aun a costa de los
únicos ntos de alegría que tengo en
este pueblo ingrato. Esperé hasta el
último momento y éste ha llegado.
Nuestra vieja iglesia de la Soledad va
a ser destruida sin otra causa que el
esplendor del culto. Tanto el Gobierno ci ,·il como el eclesiástico, de quien
yo esperaba más cordura, han consentido en la obra y yo soy el vencido.
Mañana partiré de esta ciudad.
Siguió un momento de pausa solemne que la tranquilidad del P. Ruiz
pronto desvaneció, y el ascendiente de
aquel espíritu sobre los otros fué alejando piadosamente de un dese1llace
doloroso la larga plátíca de aquella
última visita. Se habló de la necesidad
de un descanso proporcionado por el
viaje y la distracción; del envío df'
frecuentes cartas; de visitar a Martín
iiti

CA R A

DE

T'fRGgA

&lt;'11 México: de guardar rn aqurlla casa algunos muebles y libros; dr la ~ran
devoción del pueblo hacia rl tríptico
de Santa Eulalia que el P. Rniz había
terminado hacía tiempo y decoraba
una pequeña capilla a Ull lado de la
nave de la iglesia. Acerca de él encargó, especialmente a Adela_, frrcuentes noticias el buen sacerdote.
La despedida fué tierna. Todos se
conmo,ieron y el P. Ruiz, para romper
delicadamente aquel momento angustioso, quiso salir de aquella casa lle·vando la rama perfumada de madreselva en rrcuerdo de los niños.

�Vil
La destrucción de la Iglesia de la Soledad ...

�A destrucción de la iglesia de la
Soledad fué rápida y la reedificación tuvo la lentitud de las
obras que patrocina una empresa cuyos fondos de administración andan
siempre muy codiciados.
El principio de esta reconstrucción,
sin embargo, fué de entusiasmo general por la nueva obra. 'roclo el mundo,
grandes y chicos, ricos y pobres. acarreaba, durante todo el domingo, su
''faena,'' o sea puñados de arena o un
canto de piedra cuyo volumen cada
quien medía por sus propias fuerzas.
Estos materiales se iban acumulando

L

61

�M.

s

I L

v

A

1·

A

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E 1T E s

en un lugar de donde los operarios
pudieran servirse de ellos fácilmente.
Este resto de una tradición muy Yieja, más que un modo de construir, era
símbolo de una devoción general y de
un fervor religioso práctico y activo.
La obra fué avanzando lentamente,
bajo la dirección de arquitectos venidos de la Capital de la República, algunos de ellos extranjeros, q_ue para
dar gusto a aquellos apasionados vec111os, únicos que pagaban, empezarou por alabar su celo religioso y, procurando ajustaTSc a él, presentaron
un proyecto según el cual la iglesia se
levantaría revestida de una suntuosidad y elegancia que opacara a las mejores iglesias de los contornos, aunque
para esto fuera necesario renegar de
toda tradición y mezclar los órdenes
~- buscar los efectos más groseros a
costa de la solidez y de la armonía.
Así fué creciendo el nuevo templo sobre una base de Ol'O y de estulticia.
que no bastó para evitar derrumbes
ni peligros.
La decoración del nuevo templo fué
62

CA R A

DE

VIRGEN

&lt;'ll(•omrudacla a ).fortín Ramos, J· aqurl
¡lrupo de provincianos que encabezaba &lt;'l moTjmicnto para mejorar el culto y administraba los fondos. lo había pensionado pq.ra que en la Ciudad
&lt;le "l\,féxico estudiara el decorado que
eon vendría dar al templo.
El primer año fué &lt;le ·n rdadero fruto para Martín. Se inscribió en la Academia de San Carlos, conoció mae!'itros, empezó a Yisitar con frecuencia
bu; ¡:?'al!'rías de la Academia y los talleres de los discípulos más aYentajados,
él mismo fundó el suyo, y enderezó por
fin sm; ideas hacia el objeto de su mi~ión. Esta labor incesante no le impidió
atender desde lejos a su familia; sus
cartas fueron tiernas y- constantes. ~.\I
final de aquel año vino a la capital de
a&lt;¡uella provincia y supo todavía calmar las inquietudes de Adela, que se resignaba mal con aquella ausencia tan
larg-a; oyó todaYÍa con la ate11Ción de
sirmpre los consejos de la tía Lalll'a
Y fué amoroso con los niños. Sus vecinos admiraron sus talentos y toda la
6:!

�Al.

SIL VA

Y

A CE VES

ciudad, tácitamente, depositó en él su
mejor esperanza para el coronamiento de aquella obra.

VIII
Pero Martin volvió:, la ciudad de México ...

5

�ERO Martín volvió a la ciudad
de México a continuar estudiando sus proyectos de decoración, y en esta segunda vez la vida de
la metrópoli abrió su espíritu a la cu~
riosidad de los placeres que la pequeñez de la provincia y su timidez natural le habían ocultado.
En México, los pintores nunea han
faltado. Durante la Nueva España, llegaron a singularizar la '' Escuela
Mexicana'' que, por las telas que de
,ella nos quedan, se ve como una hija de la fuerte '' Escuela Española.''
Es pintura religiosa en su mayor par-

P

1

67

�M

SILVA

Y

AOEVES

te, hPcha para cumplir un voto, para
honrar un altar, para engrandecer una
devoción. Las iglesias coloniales, siguien_do las modas de la metrópoli,
comb1Uaban felizmente el oro abundante de sus altares con los tonos amables de las telas en que se representaban ya personajes aislados o escenas
edificantes para una sencilla devoción
cristiana. Afortunadamente pueden vertoda vía luciendo estos despojos del
tiempo, cada vez más incomprendidos
de las gentes.

s:

Los estudiantes de pintura de México concurren a la Academia de San
Carlos, noble Y viejo instituto que fundó ~- M. Carlos III, en .... , y cuya
gloria pasada bastaría por sí sola para hacer de México una distinO'uida
ciudad. Allí está la pinacoteca qu: con
el tiempo se ha formado con al.,.unos
originales valiosos de escuelas ºeuropeas, gran cantidad de copias v una
sala especial para la "Escuela ·Mexicana,'' en donde los grandes . lienzos
de lo~ Echaves, los Juárez y Arteagas, Slll llegar a un mérito excelso, Ue68

G AR A

DE

l. I R G E 1Y

nan aquel pequeño rincón de una simpatía íntima.
En este medio, el débil espíritu de
Martín Ramos recibió sólo las primeras
auras de una labor seria. Rodeado de
ami.,.os más jóvenes · que él, alegres y
lige;os, fué dejándose ganar por las
teorías que éstos le hacían, para sacudirle el polvo de la provincia, sobre la
vida que debía llevar un artista de vocación. Su propia timidez fué el mejor
aliado de su vanidad para arrastrarlo a los mavores desórdenes y hacerle olvidar p~r completo sus deberes sagrados.
El P. Ruiz, buscando la soledad y el
apartamiento, en vez de llegar a una
ranchería o poblado pequeño, en donde se hubiera considerado dichoso, vino a ser nombrado para regir el curato de uno de tantos pueblecillos que
rodean a la ciudad de México, entre
gentes pobres y laboriosas, cuyas costumbres tienen una simplicidad muy
primitiva. Son lugares solitarios y
tristes en que el espíritu despierta su
melancolía y la hermosura del paisaa:1

�J,f

&amp; I L V A

Y

A OE V E S

je lo rinde. Hasta allí iban a buscar
al buen sacerdote las cartas de Adela, cada vez más ansiosa por saber toda la verdad acerca de su marido, que
desde hacía muchos meses no le escribía.
El P. Ruiz poco se alejaba de su cura to, en donde tenía libertad y buen
humor para mil ocupaciones diversas.
Sus viajes a México eran, bien para
asmitos de su ministerio, o bien por
mero estudio. Se resolvió, sin embargo, al recibir la última y persistente
carta de Adela, a hacer viaje especial,
para saber con exactitud la vida que
hacía Martín Ramo~. Se habfa propuesto no ver más a éste desde que
supo la debilidad con que aplaudió la
destrucción de la iglesia de la Soledad
al verse encargado de estudiar el pro-'
yecto para decorar el templo nuevo.
La carta que escribió para Adela,
cuando llegó de vuelta a su curato
después de pensarla largamente, mi-'
rando a la ventana abierta sobre un
pequeño huerto de manzanos, decía
así:
70

CA R A

DE

VIRGEN

'' Tu marido, hija mía, está por ahora perdido para ti. Y digo por ahora, porque no desconfío en que el Cielo
le hará mudar de vida, en atención a
tus virtudes y oraciones.
"No fueron sus amigos los t¡ue le
hicieron cambiar, como yo creía al
principio, sino la gran soberbia que
de pronto se apoderó de su espíritu,
apenas supo que los devotos de la Viro-en de la Soledad en tu pueblo le haºbían retirado la pensión que tenía, en
vista de que ya no estudiaba, según
los informes especiales que fueron de
México. Por ellos se llegó a saber también que vivía con una mujer de mala
Yida v en nada más se ocupaba. (Y o he
podido comprobar ahora que, desgraciadamente, estos informes no eran falsos). Si no te escribe, es porque esta
mujer lo absorbe todo entero. Ella
tiene un taller de costura para señoras y él la ayuda haciendo dibujos de
sombreros y vestidos. ¡ En esto vino a
parar, hija mía, la decoración del
templo nuevo de la Soledad ! Por otra
parte, estoy enterado de que el temiL

�"1[

SILVA

Y

AOEVES

plo no adelanta, y de que el retiro de la
pensión se debió también a que el dinero se había agotado. En vez de una
iglesia vieja tendréis, pues, una ruina nueYa.
"Los desvíos de tu marido y la vi- ·
da disipada que lleva, acabarán pronto seguramente. No es hombre pervertido del todo. En esto más bien veo
la mano de un designio más alto. Debes, pues, resignarte a contriblúr con
tu parte para satisfacerlo; mira que
yo también tuve que sufrir cuando tocó mi vez.
'''l'emo, tanto como tú, que aquel
pueblo irritado por las desgracias que
le han sobrevenido desde que destruyó
la Yieja iglesia, se vuelva contra mí
como el causante y el vaticinador de
ellas. y que por ser el tríptico de Santa
Eulalia lo único mío que allá quedó,
sea movido por el demonio a cometer
un sacrilegio en aquella imagen bendita. Hay ya ejemplos numerosos de
esto en la historia del culto. Quisiera,
por tanto, recogerlo o que tú lo guardaras; y si encuentras un medio pa-

CAR A

DE

VIRGEN

ra lograrlo, comunícamelo en seguida.
'' N'o me pidas nue,·amente que me
informe de tu marido y mucho menos
que le hable. No quiero que él se imagine que he olvidado su falta y trato
de probarle que soy su amigo, aun
cuando en la realidad, como ves, lo sigo siendo.
'' Mi parroquia es apartada de la
ciudad, pero tranquila y alegre. Me
deja tiempo bastante para ocuparme
en lo mío. He pintado unos rincones
de mi iglesia y unos paisajes de esta
parte del valle, que mandé vender con
una firma supuesta y tuvieron felizmente buena aceptación.
'' A. la ciudad voy pocas veces; sólo cuando necesito consultar un libro
o cuando tengo algún dinerillo y la
curiosidad me tienta para pasearme en
los mercados revolviendo los puestos
de libros ·viejos y cosas antiguas. Por
cierto que siempre soy tan dichoso que
vuelvo con algo interesante.
'' .A.hora estoy afanado, es(lribiendo la
vida de una mujer indígena que vivió en esta parroquia hace mucho
73

�M.

SILVA

Y

A CE VES

tiempo, y llegó con sus predicaciones
a exaltar tanto la fe de estos campesinos, que una vez, en tiempo de las
siembras, les hizo ver en el cielo, hacia el Poniente, una cruz negra con
alas de cuervo que, según dicen las
leyendas de los naturales, voló hacia
el Oriente, indicándoles que cambiaran de medios ele vida. Desde entonces,
los habitantes, de agricultores que eran,
se convirtieron en industriales y, enseñados por María Antonia de la Cruz,
que así se llamaba esa mujer, se dedicaron a los tejidos de lana y a la alfarería en que ella era extremada.
)iurió y está enterrada en esta iglesia y cada año, en el mes de las siembrns, estas buenas gentes pasean por
el pueblo una gran cruz negra con alas
y la colocan sobre el sepulcro ele l\faría Antonia, para venerarla diariamente. En el archivo pobre de mi parroquia hay relaciones sobre esto, y
todavía se recoge mucho de la tradición oral. En algo se ha de emplear el
tiempo, hija mía, mientras florecen los
manzanos de mi huerto. Adiós."
H

IX
Y aquella pequeña ciudad, capital
de provincia ....

�aquella pequeña ciudad, capital
de provincia, tuvo au peor año.
La peste y loa bandidos la conaumfan a una. Su riqueza ae tornó en pobreza. Loa hacendados y laa gentes de
comodidad huyeron a laa primeras molestiaa, buaeando en otras ciudades mayor seguridad. Quedaron habithdola
vecinos pobres cuya devoción, al principio, lo esperó todo de aua oraciones,
pero el mal no cesaba, y la fe religioaa
se perdió, dando lugar a una desesperación que inflamó el cerebro de muchos, lanz!ndoloa a trastornar el orden. En todo el pala ae hablaba de aque-

Y

77

�.M.

S I L V A

Y

A OE V E S

lla ciudad como de un miembro podrido que se gangrenaba lentamente, y .
todos los auxilios de fuera venían a
perder su eficacia una vez que se aplicaban.
La nueva iglesia de la Soledad a
'
medio hacer, se había arreglado provivisionalmente para un culto raquítico
y pobre que hacía sentir más pesada, en
el ánimo de los escasos fieles, la ruina general. En uno de los muros y con
el solo fin de cubrir de pronto su desnudez, estaba el tríptico de Santa Eulalia en que todavía se leía clara la
firma del P. Juan Ruiz.
Adela, que por la conducta de su
marido era despreciada de todos los
que habían contribuído de algún modo a levantar el templo nuevo, llevaba
una vida de aislamiento que, tanto como los males que todos padecían le
,
'
hacia desear el momento en que abandonara la ciudad para buscar la vida
y la de sus hijos en otra parte. Tratando de- buscar luces que guiaran su
destino, acostumbraba ir por las tar7;,

CAR A

D E

VIRGEN

des a arrodillarse :frente al tríptico de
Santa Eulalia y allí soltaba sus pensamientos libremente y procuraba allegar fuerzas a su corazón. De pronto
alzaba los ojos a la pintura, y mirando el rostro de la santa Virgen, sentía
que su cuerpo entero se abrasaba en
medio de una hoguera; pero al mismo
tiempo ascendía del fondo de su alma una alegría interior que la hacía
caer en un desfallecimiento, sin que
se diera muchas veces cuenta de las
horas que pasaba allí postrada.
Un día de estos, en que así daba descanso a su espíritu, la sacó de ese estado una gritería de la calle. Oyó que
blasfemaban y maldecían, y se dió
cuenta de que las voces se acercaban,
pues cada vez oía más claros los gritos
amenazantes. Se levantó instintivamente y advirtió que 1a iglesia estaba
sola. Corrió a la puerta, y desde la penumbra del cancel, vió que un grupo
de hombres y mujeres del pueblo, harapientos y miserables, con el cansancio de la embriaguez en el cuerpo y
79

�N

SILVA

Y

ACEVES

una ira brillante en los ojos, arrojaba
piedras a dos niños que huían delante,
en los que ella reconoció luego a Roberto y a Celia, que venían de la escuela,
con sus cuadernos y libros, y que con
caras de espanto miraban a sus perseguidores y caminaban corriendo hacia
su casa, que estaba cerca. Adela alcanzó a oír el golpe fuerte de la puerta que le indicó que los niños estaban
en salvo y su pecho pudo respirar. La
escena súbita que acababa de presenciar y el espectáculo de aquella multitud rabiosa que la injuriaba y trataba
de destruir su casa, la llenó de una
fortaleza tan grande, que su rostro
se iluminó con la esperanza de ver
brillar el fuego bajo sus pies; y sola
eu aquella iglesia, que había tomado
un aspecto de ruina bajo las primeras
sombras de la noche, se apoyó resueltamente contra el muro de que pendía
el tríptico de Santa Eulalia; y aquella
cara de virgen en que la serenidad
se había posado tanto tiempo, se volvió con fiereza hacia la entrada, míen-

'"º

CARA

DE

VIRGEN

tras se oían distintamente los golpes
de las piedras contra los vidrios y ventanas y los primeros gritos de la plebe:
-Al cuadro del fraile maldito! ¡ Vamos a quemarlo !

81
6

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blilM o.n. (pablicado) •
... ffCOlldoa de E1111 ■la •• Cutro, tracJa.~da w di
...._ Valeada. ¡__,1 Bnriqae Amalep1. Lai.
{public:ado).
lña seleccionn de Jali6n d•I C.•I, Gulll.,_ '!11
Jallo Henwa ReiNig, Bdurdo lllarquiaa, J. SU
Barique Banch•. de.

cu-

SBCCION B: &amp;CHAHRAZADA.

Loa má belloa
de todoo loa ,....._
caatro n6meroa de esta aecdóa se forma,, u 'IOI. . . . de
400 "'giaao.
al. I N• l. Contiene cu.e-ato. de Goetbe, Gaatier,
. _ , , ( Konunri Vakumo), Amado N•rvo, Ricbanl llllddly H caeutoúabe (al(Olado).
Vol. 1 a6n1eroa 2, ~ y 4 (ea preparación).

La,..._

SBCCION C: VARIA.
~ l o a lle,....._, po&lt; 1-poldo Lagot1N (publlado)
U.ro de Moaelle, por lllarcel Schwub. Trad"""'6a N
Roloel c.-., (ea preporoción).
~ P•, por James 111. 11.rri•- Traducci6n de Julio Tmrl
(ea prepar■ciónJ.

&amp;earuiúa wlcccioan die Ga.ti,rrez N,jera, Rodó, Carl:,le, etc.

SRCCll&gt;N ll: AUTORÉI Ml!XICANOI NUBVO .
DIY■p- Rtenrtaa, po&lt; Josl Vuconceloa (agolado),

e;,,,. lle Vlrpa, por M. Silva y Acett1 (pablicado).
-.,.1rta: Lecc-d• coaaa y otro■ porCeauo ...
:frada y lihroe dej111io Tnrri, AlfonlO Reyo,etc.
Pn,:to drl ejemplar

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toda la R.ep4btlca:

CINCUENTA CENTAVO&amp;.
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jue l■ correapondenci■ al Aportado 1016.-Máko, D.f

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                    <text>���BENITO PEREZ GA.LDOS
Xació en fas Palmas (Islas Canarias), el 10 de mayo de 1843, r murió en llfatlrid, en enero de 1920.
"En la grandeza cuantitativa-dice José Enrique
Rodó-y e11 el inmenso ef!'cto de conjunto. ele la
obra, sólo el maestro de Meclán puede reivindicar, sobr&lt;' Guldós, el primado entre los contemporímeos. Con
nunrn inte.rumpido impulso, la ciudad interior de
esa estupenda fantasía se puebla de nuevas torrl's y
di' nuevas gentes. La fecundidad, que es la más relativa de las cualiclades literarias, equivale a la posesión de un don altísimo cuando escribir significa
crear. !lfodiana condición en el viejo Dumas, es marnvilla en Balzac y en Dickens. La fecundi1lacl de
Gald6s es do la alta calidad de 1a de estos últimos; es
de las positivas y las grandes, porque es de las que
responden a esa irresistible necesidad de producción
quo se manifiesta con el poderoso empuje de llll org~,nismo que desempe:ña la ley de su naturaleza."
Y Menéndez Pelayo dice: "En su modo de ver y &lt;l&lt;i
concebir el mundo, Galdós es poeta, pero le falta al- •
g-o de la llama lírica. En cambio, pocos novelistas
&lt;le Europa le igualan en lo trascendental de las concepciones; ninguno le supera en riqueza de inventiva.
Su vena es tan caudalosa, que no puede menos de
correr turbia a veces; pero con los desperdicios de
ese caudal hay para fertilizar muchas tienas estériles. Si Balzac, en vez de levantar el monumento
de la '' Comedia humana,'' con todo lo que en él hay
de endeble, tosco y monstruoso, se hubiera reducido
a escribir un par de novelas por el estilo de '' Eugenia
Granclet,'' sería ciertamente un novelista muy esti·
mable; pero 110 se1·ía el genial, opulento y desbordado
Balzac que conocemos. Galdós, que tanto se le parece,
no valdría más si fuese menos fecUlldo, porque su fecuudidacl es signo de fuerza creadora, y sólo por la
fuerza se triunfa en literatura como en todas partes''.

i,A ~O\' ELA E~ EL TRA¡\YIA

I

E

L coche partía de la extremidad del barrio de Salamanca, para atravesar todo
~ Madrid en dirección al de Pozas. Impulsado por el egoísta deseo de tomar asiento antes que las demás personas moyidas de iguales intenciones, eché mano a la barra que sustenta la escalera de la imperial, puse el pie en
la plataforma y subí; r ro en el mismo instante, ¡ oh preYisión ! tropecé con otro viajero que
por el opuesto lado entraba. Le miro y reconozco a mi amigo el Sr. D. Dionisio Cascajares
de la Yallina, persona tan inofensiva como discreta, que tuvo en aquella crítica ocasión la
bondad de saludarme con un sincero y entusiasta apretón de manos.
Nuestro inesperado choque no había tenido
consecuencias de consideración, si se exceptúa
la abolladura parcial de cierto sombrero de
paja puesto en la extremidad de una cabeza de
mujer inglesa, que tras de mi amigo intentaba
subir, y que su.frió, 'sin duda por falta de agilidad, el rechazo de su bastón.
)97

�BENITO

I'~REZ

GALDOS

Nos sentamos sin dar al percance exagerada importancia, y empezamos a charlar. El Sr.
D. Dionisia Cascajares es un médico afamado,
aunque uo por la profundidad de sus conocimientos patológicos. y un hombre de bien, pues
jamás se dijo de él que fuera inclinado a tomar lo ajeno, ni a matar a sus semejantes por
otros medios que por los de su peligrosa y científica profesión. Bien puede asegurarse que ,
la amenidad de su trato y el complaciente sistema de no dar a los enfermos otro tratamiento que el que ellos quieren, son causa de la confianza que inspira a multitud de familias de
todas jerarquías, mayormente cuando también
es fama que en su bondad sin límites presta
servicios ajenos a la ciencia, aunque siempre
de índole rigurosamente honesta.
Nadie sabe como él sucesos intei-esantes que
no pertenecen a:l dominio público, ni ninguno tiene en más estupendo grado la manía de
preguntar, si bien este vicio de exagerada inquisitividad se compensa en él por la prontitud con que dice cuanto sabe, sin que los demás
se tomen el trabajo de preguntárselo. Júzguese por esto si la compañía de tan hermoso
ejemplar de la ligereza humana será solicitada por los curiosos y por los lenguaraces.
Este hombre, amigo mío como lo es de todo el
mundo, era el que sentado iba junto a mí cuan1!18

L A ,"Y O T' E L A

P,

N E !, 7' R .,1 S l' 1 A

do el coche, resbalando suavemente por su calzada de fierro, bajaba la calle d" Serrano, deteniéndose alguna vez para llenar los pocos
asientos que quedaban ya vacíos. Ibamos tan
estrechos que me molestaba grandemente el
paquete de libros que conmigo llevaba. y ya le
ponía sobre esta rodilla, ya sobre la otra, y
por fin me resolví a sentarme sobre él, temiendo molestar a la ¡.;eiiora inglesa, a quien cupo
en suerte colocarse a mi siniestra mano.
-¡, Y usted a dónde va ?-me preglllltó Cascajares, mirándome por encima de sus espejuelos azules, lo que me hacía el efecto de ser
examinado por cuatro ojos.
Contestéle evasivamente, y él, deseando sin
duda no perder aquel rato sin hacer alguna
útil investigaei6n, insistió en sus preguntas,
diciendo:
-Y Ful anito, b qué hacé 1 Y Fulanito, ¿ dónde está~ con otras indagatorias del mismo jaez,
que tampoco tuvieron respuesta cumplida.
Por último, viendo cuán inútiles emn su;;
tentatfras pa1·a pegar la hebra, ech6 por camino más adecuado a su expansivo temperamento y empezó a desembuchar.
-¡ Pobre Condesa !-dijo expresando con un
movimiento de cabeza y un visaje, su desinteresada compasión. Si hubiera seguido mis
consejos, no se vería en situación tan crítica.
1119

�BENITO

PEREZ

GALnns

-¡Ah! es claro-, contesté maquinalmente,
ofreciendo también el tributo de mi compasión
a la st&gt;ñora Condesa.
-¡ F'igúrese uste&lt;l,-prosig-uió-qne se han
dejado dominar por aquel hombre! Y aquel
hombre llegará a ser el dueño ele la casa. ¡ Pobrecilla ! Cree que con llorar y lamentarse se
remedia todo, y no. Urge tomar lma determi11ación. Porque ese hombre es un infame, le
creo capaz de los mayores crímenes.
-¡Ah! ¡ Sí, es atroz !-dije j'O, participando
irreflexivamente de su indignación.
-Es como todos los hombres de malos instintos y de baja condición, que si se elevan un poco, luego no hay quien los sufra. Bien claro indica su rostro que de allí no puede salir cosa
buena.
-Ya lo creo, eso salta a la vista.
-Le explicaré a usted en breves palabras.
La Condesa es una mujer excelente, angelical, tau discreta como hermosa, y digna por
todos conceptos de mejor suerte. Pero está casada con nn hombre que no comprende el tesoro que posee, y pasa la vida entregado al
juego y a toda clase de entretenimientos iücitos. Ella entretanto se aburre y llora. ¿Es extraño que trate ele sofocar su pena divirtiéndose honestamente aquí y allí, dondequiera
que suena un piano? Es más, yo mismo se lo
200

LA

X O V EL A EN EL 1'R A,.\' V 1 A

aconsejo y le digo: "Señora, procure usted distraerse, que la vida se acaba. AJ fin el señor
Conde se ha de arrepentir de sus locuras y se
acabarán las penas." Me parece que estoy en
lo cierto.
-¡ Ah! sin duda-, contesté con oficiosidad,
continuando en mis adentros tan indirerente
como al principio a las desventuras de la Condesa.
-Pero no es eso lo peor-añadió Cascajares, golpeando el suelo con su bastón-sino
que ahora el señor Conde ha dado en la flor
de estar celoso ... sí, de cierto joven que se ha
tomado a pechos la empresa de distraer a la
Condesa.
-El marido tendrá la culpa de que lo consiga.
-Todo eso sería insignificante, porque fa,
Condesa es la misma virtud; todo eso sería insignificante, digo, si no existiera un hombre
abominable que sospecho ha de causar un desastre en aquella casa.
- i De veras? ¿ Y quién es ese hombre ?-pregunté con una chispa de curiosidad.
-Un antig-µ.o mayordomo muy querido del
Conde, y que se ha propuesto martirizar a la
infeliz cuanto sensible señora. Parece que se
ha apoderado de eierto secreto que la compro201

�l
el'

I'

1 \

BBNI'l'O

PERI~'Z

GALJ)OS

mete, y con esta arma pretende ... qué sé yo ...
¡ Es una infa:mja !

1

"

1
1

LA S O V E

r,

A

E X

EL T R A X 1· J A

Siguió el ómnibus su marcha y, ¡ cosa singular!, yo a mi vez seguí pensando en la incóguita Condesa, en su cruel y suspicaz consorte,
y sobre todo, en el hombre siniestro que, según la enérgica expresión del médico, a punto
estaba de causar un desastre en la casa. Considera, lector, lo que es el humano pensanúento: cuando Cascajares principió a referirme

aquellos sucesos, yo renrgaba de su inoportunidad y pesadez, mas poco tardó mi mente en
apoderarse de aquel mismo asunto, para darle vueltas de arriba abajo, operación psicológica que no deja de ser estimulada por la regular marcha del coche y el sordo y monótono
rumor de sus ruedas, limando el hierro de los
carriles.
Pero al fin dejé de pensar en lo qne tan poco
me interesaba, y recorrieHdo con la vista el
interior del coche, examiné Úno por uno a mis
compañeros de viaje. ¡ Cuán distintas caras y
cuán diversas expresiones! Unos parecen no
inquietarse ni lo más mínimo de los que Tan a
su lado; otros pasan r c&gt;vista al corrillo con impertinente curiosidad; 1mos están alegres,
otros tristes, aquel bosteza, el de más allá ríe,
y a pesar de .la brevedad del trayecto, no hay
uno que no desee terminarlo pronto. Pues entre los mil fastidios de la existencia, ninguno
aventaja al qne consiste en estar una docena
de personas mirándose las caras sin decirse palabra, y contándose recíprocamente sus arrugas1 sus lunares, y este o el otro accidente observado en el rostro o en la ropa.
Es singular este breve conocimiento con personas que no hemos visto y que probablemente
no volveremos a ver. Al entrar, ya encontramos a alguien; otros vienen después que es-

202

20.1

-Sí que lo es, y ello merece un ejemplar castigo-dije yo, descargando también el peso de
mis iras sobre aquel hombre.
-Pero ella es inocente; ellg es un ángel. ..
Pero, ¡ calle ! estamos en la Cibeles. Sí: ya .-eo
a la derecha el parque de Bucnavista. Mande
usted n.irff. mozo; qnP no soy de los que 1'acen la gracia de saltar cuando el coche está en
marcha, para descalabrarse contra los adoquines. Adiós, mi amigo, adiós.
Paró el coche y bajó D. Dionisia Cascajares
de la Vallina, después de da1·me otro, apretón
de manos y de causar segundo desperfecto en
el sombrero de la dama inglesa,- aún no repuesta del primiti\'o susto.

II

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1

�BENITO

Pb'REZ

tamos alll; unos se marchan, quedándon
nosotl'08, y por último, también nos vamos.
Imitaei6n es esto de la vida humana, en qu~
el nacer y el morir son como las entrada&amp; y
aalidas a que me refiero, pues van renovando
sin cesar en generaciones de viajeros el pequeño mundo qne allí dentro vive. Entran, aalen;
nacen, mueren. . . ¡ Cuántos han paaado por
aquí antes que nosotros!
¡ Cuántos vendrán después!
Y para que la semejanza sea más completa,
también hay un mundo chico de pasiones en miniatura dentro de aquel caj6n. Muchos van
allí que se nos antojan excelentes personas, ynos agrada su aspecto y hasta les ,·emos aalir
con disgusto. Otros. por el contrario, nos revientan desde que les echamos la vista encima: les aborrecemos durante diez minutos¡
en.minamos con cierto rencor sus caracterea
frenol6gicos y sentimos verdadero gozo al verles salir. Y en tanto sigue corrlendo el vehfeulo, remedo de la ,ida humana; siempre recibiendo y soltando, uniforme, incanaable, majestuoso, inaenaible a lo que pasa en su interior; ain que le conmuevan ni poco ni mucho
las mal sofocadas pasioncillaa de que es mudo
teatro; siempre corriendo, corriendo aobre laa
dos interminables paralelaa de hierro, largaa yreabaladiza• como loa aigloa.
20&amp;

:d NOVELA

EN EL TRANVJA

Pensaba en eBto mientraa el coche subfa por
calle de Alcalá, hasta qne me sac6 del golde tan revneltaa cavilaciones el golpe de
• paquete de libros al caer al BUelo. Recogido
instante, mia ojo• Be fijaron en el pedazo
periódico que ser,ia de envoltorio a los
ene,¡, y maquinalmente leyeron medio
g16n de lo que allf estaba impreso. De aúto aentí vivamente picada mi curiosidad; haleído algo que me interesaba, y ciertoa
brea esparcidoa en el pedazo de folletin
·eron a un tiempo la vista y el recuerdo.
ué el principio y no lo hallé: el papel esha roto, y únicamente pude leer, con curioad primero y después con afán creciente, lo
e sigue:
"Sentla la Condesa una agitación indescriple. La presencia de Mudarra, el insolente
yordomo, que olvidando su bajo origen
trevíaae a poner los ojos en persona tan al• le causaba continua zozobra. El infame la
ha espiando sin ceaar, la vigilaba como se
·gila a un preso. Ya no le detenla ningún resto, ni era obstáculo a su infame acechanza
debilidad y delicadeza de· tan e:,¡celente

ora.
"Mudarra penetró a deshora en la habitade la Condesa, que pálida y agitada, aintm

�B E .:Y J T O

l.

I' E R E Z

G A L D O S

tiendo a la vez vergüenza y terror, no tuvo ánimo para despedirle.
-"~o se asuste usía, señora Co11desa-, dijo con forzada y siniestra sonrisa, que aumentó la turbación de la dama ;-no Yengo a hacer a usía daño alguno.
-"Ob, Dios mío! ¡ Cuando acabará este suplicio !-exclamó la dama. dejando eaer sus
brazos con dP-saliento.-Salga usted; yo no puedo acceder a sus deseos. ¡ Qué infamia ! Abusar de ese modo d.c mi debilidad, y de la indiferencia de mi esposo, único autor de tántal&gt;
desdichas!
- " bPor q_ué tan arisca, señora Conde·sa ?añadió el feroz mayordomo-. Si yo no tuviera el secreto de su perdición en mi mano; si
yo no puiliera imponer al señor Conde de ciertos particulares. . . pues. . . referentes a aquel
caballerito ... Pero, no abusaré, no, de estas
terribles armas. -Usted me comprenderá al fin,
conociendo cuán desinteresado es el grande
amor que ha sabido inspirarme.
"Al decir esto, Mudarra dió algunos pasos
hacia la Condesa, que se alejó con horror y repuinaneia de aquel monstruo.
"Era Mudarra un hombre como de eineuc'nta años, moreno, rechoncho y patizambo, de
cabellos ásperos y en desorden, grand•~ y ~olmilluda la boca. Sus ojos 1 medio ocuho.3 tras
200

LA NO V E J, A

EX

EL

T R A .X 1· I A

la frondosidad de largas. negras y espe,,ísimas
cejas, en aquellos instantes expresaban la más
bestial concupiscencia.
-''¡Ah, puerco espín !-exclamó con ira al
ver el natural despego de La dama-. ¡ Qué
desdicha no ser un mozalbete almidonado! Tanto remilgo sabiendo que puedo informar al señor Conde. . . Y me creerá, no lo dude usía :
el señor Conde tiene en mí tal confianza, que
lo que yo digo es para él el mismo evangelio. . . pues. . . y como está celoso . . . si yo le
presento el papelito ...
-"¡Infame !-gritó la Condesa con nohlr
arranque de indignación y dignidad-. Yo soy
inocente; y mi esposo no será capaz de prestar
oídos a tan viles calumnias. Y aunque fuera
culpable, prefiero mil veces ser despreciada
por mi marido y por todo el mundo, a comprar
mi tranquilidad a ese precio. Salga usted ele
aquí al instante.
- " Yo también tengo mal genio, señora
Condesa-, dijo el mayordomo devorando i::11
rabia-; yo también gasto mal geni.o, y cuando me amosco. . . Puesto qu e usía lo toma por
la tremenda, vamos por la tremenda. Ya sé
lo que tengo q_ue hacer, y demasiado condescendiente he siclo hasta aquí. Por última vez
propongo a usía que seamos a:rw-gos, y no me
207

�BENITO

¡

PEREZ

CALDO$

ponga en el caso de hacer un disparate ... con.
que señora mía ...
"Al d reir
. es t.o ,;_r.lU
-.!f' d
arra contrajo la perga.
minosa piel y los rígidos tendones de su rost~o
haciendo una mueca parecida a una sonrisa ;
dió algunos pasos como para sentarse en'
sofá, junto a la Condesa. Esta se levantó de un
salto, gritando :-"No; ¡ salga usted! ¡Infame!
Y no tener quien me defienda. . . ¡ Salga usted!"
"El ma~·ordomo, entonces, era como una fiera a quien se escapa la presa que ba tenido un
momento antes entre sus uñas. Dió un resoplido, hizo un gesto de amenaza y salió despacio
con pasos muy quedos. La Condesa, trémula v
sin aliento, refugihda en la extr.emidad del
binete, sintió las pisadas que, alejándose, "'se
perdían en la alfombra de la habitación inmediata, y respiró al fin cuando le consideró lejos. Cerró las puertas y quiso dormir; pero el
sueño huía de sus ojos aún aterrados con la
imagen del monstruo.
'' Capítulo XI . - El Complot. - Mudarra, al
salir de la habitaeión de la Condesa, se dirigió a la suya y, dominado por fuerte inquietud nerviosa, comenzó a registrar cartas y pa.
peles, diciendo entre dientes: "Ya no aguanto más; me las pagará todas juntas.'' Después
se sentó, tomó la pluma, y poniendo delante

;l

e,;_

208

L A N O 1' E L A

E 1\' R L T R A S V I A

una de aquellas cartas, y examinándola bien,
empezó a escribir otra tratando de remedar la
letra. Mudaba la vista con febril ansiedad del
modelo a la copia y, por último, después de
gran trabajo, escribió con caracteres enteramente iguales a los del modelo la carta siguiente, cuyo sentido era de su propia cosecha Habíu prometi1[r, ,, 11.,ted w111 enlrerista y rne
a¡irrf!11ro ... "

El folletín estaba roto y no pude leer más.

III
Sin apartar la -vista del paquete, me puse
a pensar en la relación que existía entre las
noticias sueltas que oí de boca del señor Cascajares y la escena leída en aquel papelucho, fo.
lletín, sin duda, traducido de alguna desatinada novela de Ponson du Terrail o de Montepín. Será una tontería, dije para mí, pero es lo
cierto que ya me inspira interés esa señora
Condesa, víctima de la barbarie de un mayor. domo imposible, cual no existe sino en la trastornada cabeza de algún novelista nacido pa•
ra aterrar a las gentes sencillas. ¡, Y qué haría
el maldito para vengarse? Capaz sería de imaginar cualquiera atrocidad de esas que ponen
fin a un capítulo de sensación. Y el Conde,
¿qué hará 1 Y aquel mozalbete de quien habla20\l

�BESITO

PEREZ

GALDOS

ron Cascajares en el coche y Mudarra en el folletín, ¡, qué hará? ¿ Quién será 1 ¿ Qué hay entre la Condesa y ese incógnito caballerito YAlgo daría por saber ...
Esto pensaba, cuando alcé los ojos, recorrí
con ellos el interior del coche, y ¡horror! vi
una persona que me hizo estremecer de espanto . .Mientras estaba yo embebido en la interesante lectura del pedazo de folletín, el tranvía se había detenido varias veces para tomar
o dejar algún viajero. En una de estas oca- ,
siones había entrado aquel hombre, cuya súbita presencia me produjo tan grande impresión. Era él, Mudarra, el mayordomo en persona, sentado frente a mí, con sus rodillas tocando mis rodillas. En un segundo le examiné
de pies a cabeza y reconocí las facciones cuya
descripción había leído. N" o podía ser otro:
hasta los más insignificantes detalles de su
vestido indicaban claram&lt;'nte que era él. Reconocí la tez morena y lustrosa, los cabellos
indomables, cuyas mechas surgían en opuestas
direcciones como las culebras de Medusa, los
ojos hundidos bajo la espesura de unas agrestes cejas, las barbas, no menos reTI1cltas e incultas que el pelo, los pies torcidos hacia dentro como los de los loros, y, en fin, la misma mirada, el mismo hombre de aspecto, en el traje,
210

L A ,Y O V E L .A E ~Y E L

T R .A 1Y ¡· J A

en el respirar, en el toser, hasta en el modo de
meterse la mano en el bolsillo para pagar.
De pronto le vi sacar una cartera, y observé
que est~ objeto te11ía en la cubierta una gran
M dorada, la inicial de su apellido. Abrióla,
sacó una carta y miró el sobre con sonrisa ele
demonio, y basta me pareció que decía entre
dientes:
"¡ Qué bien imitada está la letra !'' En efecto, era una carta pequeña, con el sobre garabateado por mano femenina. Lo miró bien, recreándose en su infame obra, hasta que observó que yo con curiosidad indiscreta y descortés alargaba demasiado el rostro para leer el
sobrescrito. Dirigióme una mirada que me hizo el efecto de 1m golpe, y guardó su ca1·tera.
El coche seguía corriendo, y en el breYe
tiempo necesario para que yo leyera el trozo
de novela, para que pensara un poco en tan
extrañas cosas, para que viera al propio Mudarra, novelesco, inverosímil, convertido en
sér vivo y compañero mío en aquel viaje, había dejado atrás la calle de Alcalá, atrave::,aba la Puerta del Sol y entraba triunfante en
la Calle Mayor, abriéndose paso por entre los
demás coches, haciendo correr a los carromatos rezagados y perezosos, y ahuyentando a los
peatones, que en el tumulto de la calle, y aturdidos por la confusión de tantos y tan diversos
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~ ritleuta .., - " . . . . plJr

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Cafay•llrátllú-'f!"ta la@,rioáidadqalr
hiapitabt &amp;gad' - - . 41le a l ~
l!Gllliderer ollJiaG for;iado mlUlli\'á■lell'W ea
..... por la eolneidenela a. mial,
- oaato.daa pnr la ~'Nniiel6n e
~ J1érO que al fin ae me ~ llima 7 de inlfadable realic!ad.
Oaando aali6 el hombre en quien liNI
lwdlile
qued6■ae rst:eao
ll!lddenl:e de la: euia t'■le lo illtplk¡ú a ml
aaa, ao q-ieudo 181' en U. deHOliila
ti61l J■8Íl05 feemido que el noteUata, alltOI!
lo qu :mo.uto. lllllell hllbfa lelclo. X
,-t; a.111t a. ,e■¡r_--.. ae Ji. Caed 11,
ida(1 ea. lfJlaral flqe aa: letra y
una euía- a UtA ochellerito, eoa ~
eno y ló illro y lo de má alli. :In la

_,ordollle,

IJI

IV
OdMclo, Nlafa el eoe1ae 7 7&amp; par
11álór1,lle allflllldlv,e emtfa,p

~immt.11•••r••ft•W•
predaee eiliito . . . t1ll!'

a,,...

lo tdefto • 18 NBtf JI 1 ñ ha
-ill0Wdfll12'-ile~

·-·-------...--

. . . . - " ~..Me 'dlNI~~ . . . . ~ fflltm61ieD44I
111

�BENITO

PERE~

tenía, barbadas lllUII, limpias de pelo laa
aquélla■ riendo, é8tu muy acartonadas y
riaa. Después me pareció que obedeei
la contracción de un músculo com6n,
aquella■ caras hacían mueca■ y guiños, ab ·
do y cerrando loe ojos y laa boeaa, y m
dose altemativamente una ■erie de dientes
variaban deade loe más blancos ba■ta loe
amarilloa, afiladoe unoa, romos y gaatadoe
otro■• Aqnella■ ocho narices erigidas bajo
y seis ojos diversos en color y expresión,
clan o menguaban, variando de forma ; laa
eas se abrian en linea horizontal, produ •
do muda■ carcajada■, o se estiraban hacia
)ante, formando boeicoe puntiagudoa,
doe al interesante roetro de cierto benem
animal que tiene sobre si el anatema de no
der ser nombrado.
Por detrás de aquellas ocho cara■, cuyos
rrendoe visaje■ be de■erito, y al través de
ventanilla■ del coche, yo vela la calle y
eaaaa, loe traueuntes, todo en veloz ea
como si el tranvia anduviese con rapidez
gin-. Yo, por lo menoa, creía que
más aprias que nuestros ferrocarriles, más
loe franee■e■, más que loe ingleses, más que
norteamericanoe; eorrla con toda la vel
que puede suponer la imaginación, tra
se de la tra■lación de lo sólido.
21'

0l'ELA J,JN El, TRANVIA

·da que era más inten■o aquel estado
, se me figuraba que iban desaparela■ casa■, las calle■, Madrid entero. Por
te crel qu~ el tranvia corrla por lo
profunde de loe mares: al través de loe
se velan loe cuerpos de eetlleeoe enorloe miembros pegajoeoe de una multitud
pos de diversos tamaño•. Loe pece■ ebicudlan sus colas resbaladizas contra loe
ea, algunos miraban adentro con sus
ea y dorados ojos. Crusticeos de forma
ocida, grandes moluscos, madréporas.
·u y una multitud de bivalvo■ grandes
orme■ cual nunca yo los babia visto, paain cesar. El coche iba tirado por no sé
especie de nadantes monstruos, cuyo■ reluchando con el agua. sonaban como las
de una hélice, tomillaban la masa Ji.
con su infinito voltear.
visión se iba extinguiendo: después
"óme que el coche corria por loe aires, voen dirección fija y sin que Jo agitaran
· ntQS. AJ través de los eristal•s no se veía
más que espacio: las nubes nos envola veces; Ull&amp; lluvia violenta y r,pentina
rileaba en la imperial; de pronto sallaal espacio- puro inundado de sol, para volde nuevo a penetrar en el vaporoso seno
eelajes i11111ensoe, ya rojos, ya amarillos,
213

•

��R E -,\' I T O

I' r.."~ R E.- Z

G .ALIJOS

¡ Qué atrevimiento! ¿ü5mo ha entrado usted
:1 &lt;j llÍ-!

-Srí'íora-contestó el que había entrado·
joyrn de 1!1UY buen porte.- ¿No me esperab~
u,,;terl ! II(' recibido una carta suya ...
-¡ Una carta mía!- e.xelamó más agitada
la Condesa.-Yo no he escrito carta ninguna.
i Y para qué había de escribirla?
-Seiiora, vea usted-repuso d joven sacando la carta y mostrándosela-; es su letra su
misma lrtra.
'
-¡ Dios mío! ¡ Qué infernal maquinación!elijo la dama con desesperación-. Yo no he
escrito esa carta. Es un lazo qüe me tienden . . .
-Seiíora, cálmese usted. . . yo siento mucho ...
-~í; To comprendo todo ... Ese hombre infame. . . Ya sospecho cuál habrá siclo su idea.
Salg_a usted al instante . . . Pero ya es tarde;
ya siento Ja voz de mi marido.
En ef!.'cto. una voz atronadora se sintió en
la habitación inmediata, y al· poe¿ rato entró
el Conclt', que fingió sorpresa de ver al o-alá.n
~- después. riendo con cierta afectación, Je di~
jo:
-¡Oh! Rafarl, usted por aquí. .. ¡ Cuánto
til'mpo ! • • • Venía usted a acompañar a Antonia ... Con eso nos acompaña-rá a tomar el te.
La Condesa y su esposo cambiaron una mi21

s

L A N O V E L A E 1\' E 1, T R A 1,; V I

A

rada siniestra. El joven, en su perplejidad,
apenas acertó a devolver al Conde su saludo.
Vi que entraron y salieron criados; Ti que trajeron un scrYicio de te y ·desaparecieron después, dejando solos a los tres personajes. Iba
a pasar algo terrible.
Sentáronse: la Condesa parecía difunta. el
Conde afectaba una hilaridad aturdida, ~emejante a la embriaguez, y el joven callaba, contestándole sólo con monosílabos. Sirvió el te,
y el Conde alargó a Rafael una de las tazas,
no una cualquiera, sino una determinada. La
Condesa miró aquella taza con tal expresión
de espanto, que pareció echar en ella todo su
espíritu. Bebieron en silencio, acompañando la
poción con muchas variedades de las sabrosas
pastas Hnntley and Pnlmrr" y otras menudencias propias ele tal clase de cena. Después el
Conde Yoh-ió a re.ir con la desaforada y ruidosa expansión que le era peculiar aquella noche, y dijo:
-¡ Cómo uos aburrimos! -C-sted, Rafael, no
dice 1ma palabra. Antonia, toca algo. . . Hace
tanto tiempo f}Ue no te oímos. Mira. . . aquella pieza ¡fo Gorstchack que se titula '' :'.\'Iorte . . . " La tocabas admirablemente. Vamos, ponte al pimrn.
La Condesa quiso hablar; érale imposible
articular palabra. El Conde Ja miró de tal mo219

��LA XOVEJ,A EX EL 'l'RANVJA

BENITO

PEREZ

GALDOS

-Señora. . . es Yerdad. . . me dormí-contesté turbado al ver que todos los viajeros se
reían de aqurlla escena.
-¡Oooh.1 • • • yo soy ... r,oú1g ..... to decir
Cl)flchman . . • usted molestar. . . mi. . . usted,
eaballero. . . rery shacking -añadió la inglesa
en sn jel'ga ininteligible.-¡ Oooli! usted creer ..
my body es. . . su cama Jor usted. . . to sleep.
¡ Oooh! _qrntrem.an~you are a stupiil ass.

Al decir esto, la hija de la Gran Bretaña,
que era de sí bastante amoratada, estaba lo
mismo que un tomate. Creyérase que la san-.
gre agolpada a sus carrillos ~- a su nariz, a lirotar iba por sus candentes poros. Me mostraba cuatro dientes puntiagudos y muy blane:os, como si me quisiera roer. La pedí mil perdones por mi sueño descortés, recogí mi paquete y pasé revista a las nuevas caras que dentro del coche había. Figúrate, ¡ oh· cachazudo y
benévolo lector! cuál sería mi sorpresa cuando YÍ frente a mí. ¡; a quién creerás 7 Al joven
de la escena sofiada, al mismo don Rafael en
persona. Me restregué los ojos para conven•:erme clf' que no dormía, y en efecto, despierto estaba, y tan despierto como ahora.
Era él, el mismo, y conversaba con otro que
a su lado iba. Puse atención y escuché con toda mi alma.
222

-¡,Pero tú no sospechaste nada '?-Le decfa
el otro.
-Algo, sí; pero callé. Parecía difunta; tal
era su terror. Su marido la mandó tocar el piano y ella no se atrevió a resistir. Tocó, eomo
siempre, de una manera admirable, y oyéndola llegué a olvidarme de la peligrosa situación en que nos encontrábamos. A pesar de los
esfueuos q1=1e ella hacía para aparecer serena,
llegó un momento en que le fué imposible fingir más. Sus brazos se aflojaron, y resbalando
de las teclas echó la cabeza atrás y dió un grito. Entonces su marido sacó un puñal, y dando un paso hacia ella, exclamó con furia : '' Toca o te mato al instante." Al ver esto, hirvió
mi sangre toda : quise echarme sobre aquel miserable; pero sentí en mi cuerpo una sensación que no puedo pintarte; creí que repentinamente se había encendido una hoguera en
mi estómago; fuego corría ·por mis Yenas; la~
sienes me latieron, y caí al suelo sin sentido.
-Y antes, t,no conociste los síntomas del envenenamiento 1-le preguntó el otro.
Notaba cierta desazón y sospeché vagamente, pero nada más. El veneno estaba bien preparado, porque hizo el efecto tarde y no me
mató, aunque sí me ha dejado una enfermedad
para toda la vida.
223

���BENITO

PEREZ

- Lmiatir., luna tic.

,ti.... avffocated.... ¡

JJfy Gm1!

-Si lo sé todo; vamos, no me lo oculte ns
Dígame de qué murió la señora Condesa.
-¡ Qué Condesa ni qué ocho cuartos, h
bre de Dios !-exclamó la mujer, riendo
más fuerza.
-¡ Si cree usted que me engaña a mí con
risitas !-contesté-. La Condesa ha mu
envenenada o asesinada ; no me queda la m
duda.
En e~to llegó r l coche al barrio de Pozas
yo al término de mi viaje. Salimos todos:
inglesa me echó una mirada que indicaba
regocijo por verse libre de mí, y cada cual
dirigió a su destino. Yo seguí a la mujer
perro, aturdiéndola con preguntas, hasta q
s:- metió en su casa, riendo siempre de mi
·peño en averiguar vidas ajenas. Al verme
en la calle recordé el objeto de mi viaje y
dirigí a la casa donde debía entregar aque
libros. Devolvílos a la persona que me los
bía pedido para leerlos, y me puse a pasear
te al Buen Suceso, esperando a que saliese
nuevo el coche para regresar al extremo
Madrid.
No podía apartar de la imaginación a la •
fortuna.da Condesa, y cada vez me con!irma
más en mi idea de que la mujer con quien

A NOVELA EN EL TRANVIA.

mente hablé había querido engañarme,
tan.do la verdad de la misteriosa tragedia.
Esperé mucho tiempo, y al fin, anochecienya, el coche se dispuso a partir. Entré, y lo
· ero que mis ojos vieron fué la señora in.sentadita donde antes estaba. Cuando
vió subir y tomar sitio a su lado, la exprc.. n de su rostro no es definible ; se puso otra
como la grana, exclamando :
-¡Oooh! ...... usted ... mi quejarse al coach. . . usted reventar mi Ji ir ·it.
Tan preocupado estaba yo con mis confusioP/JB, que sin hacerme cargo de lo que la ingleme decía en su híbrido y trabajoso lenguaje, le contesté :
-Señora, no hay duda de que la Condesa
anrió envenenada o asesinada. Usted no tiene
• ea de la ferocidad de aquel hombre.
Seguía el coche, y de trecho en trecho detese para recoger pasajeros. Cerca del Pala•o Real entraron tres, tomando asiento en. nte de mí. Uno de ellos era un hombre al~ t seco y huesudo, con muy severos ojos y un
hlar campanudo que imponía respeto.
No hacía diez minutos que estaban allí,
taando este hombre se volvió a los otros dos
~dijo:
-¡ Pobrecilla 1 ¡ C6mo clamaba en sus últillos instantes ! La bala le entró por encima de
2:?9

�BENITO

PRRJ.:Z

1a

cla víeula derecha y después bajó basta
corazón.
- ¡ Cómo 1- exclamé yo repentinament
¡ Conque fué de llD tiro t ¡ No murió de una
ñalada!
Los tres se miraron con sorpresa.
-De un tiro, sí~ señor,-dijo con
sabrimientQ,t'I .alto, seco y huesoso.
-Y aquella mujer sostenía que había mu
to de una indigestióu-dije, interesándome
cada ,·ez en aquel asunto-. Cuente usted, ¡
cómo fuét
-Y a usted qué le importa f-dijo el o
con muy 8\;nagrado gesto.
-Tengo mucho iuterés por conocer el fin
esa horrorosa tragedia. ¡ No es wrdad q
parece cosa de novela f
-¡ Qué novela ni qué niño muerto f Us
está loco o quiere burlarse de nosotros.
-Caballerito, cuidado con las bromasdió el alto y seco.
-¡ Creen ustedes que no estoy enterado f
sé todo, he presenciado varias escenas de
horrendo crimen. Pero dicen ustedes ,¡ue
Condesa murió de un pistoletazo.
-¡Válgame Dios! Nosotros no hemos hab
do de Condesa, sino de mi perra, a quien
ll!lndo, disparamos inadvertidamente un t
:1110

NOl'ELA l•:N El, TRANVIA
uted quiere bromear, puede buscarme en
litio, y ya le contestaré eomo merece.
Ya, &gt;·a comprendo : ahora hay empeño en
lar la verdad-manifeeté, juzgando que
los hombres quer!an desorientarme en mis
uisas, convirtiendo en perra a la deadiaeñora.
a preparaba el otro su contestación, sin
mis enérgica de lo que el caso requerfa1
do la inglesa se llevó el dedo a la sien, copara indicarles que yo no regía bien de la
. Calmáronae con esto, y no dijeron una
bra m'8 en todo el viaje, que terminó paellas en la Puerta del Sol. Sin duda me ha.
tenido miedo.
Yo continuaba tan dominado por aquella
, qué en vano quería serenar mi espirito;
nando los verdaderos términos de tan emllada cuestión. Pero cada vez eran mayores
confusiones, y la imagen de la pobre seno se apartaba de mi pensamiento. En tolos semblantes que iban sucediéndose dendel coche, creía ver algo que contribuyera
licar el enigma. Sentía yo una sobrexci6n cerebral espantosa, y sin duda el traso interior debla pintarse en mi rostro, portodos me miraban como se mira lo que no
ve todos los días.
0

231

�BENITO

PEREZ

GALDOB

VII

LA NOVELA EN EL TRANVIA
-Sí, señor; y no dudo que la muerte ha si-

do violenta, por más que quieran hacernos

Aún faltaba algún incidente que había de
turbar más mi cabeza en aquel viaje fatal. Al
pasar por la calle de Alcalá, entró un caballero con su señora : él quedó jhnto a mí. Era un
hombre que parecía afectado de fuerte y reciente impresión, y hasta creí que alguna vez
se llevó el pañuelo a los ojos para enjugar
las invisibles lágrimas, que sin duda corrían
bajo el cristal verde obscuro de sus descomunales antiparras.
Al poco rato de estar allí, dijo, en voz baja, a la que parecía ser su mujer:
-Pues hay sospechas de envenenamiento: no
lo dudes. Me lo acaba de decir don Mateo.
¡ Desdichada mujer !
-¡ Qué horror! Ya me lo he figurado también-contestó su consorte. De tales cafres,
iqué se podía esperar?
~uro no dejar piedra sobre piedra, hasta
averiguarlo.
Yo, que era todo oídos, dije también en
voz baja:
-Sí, señor; hubo envenenamiento. Me
consta.
-¿ Cómo, usted sabe? ¿ Usted también la conocía Y-dijo vivamente el de las autiparru
verdes, volviéndose hacia mi

ereer que fué indigestión.
-Lo mismo afirmo yo. ¡ Qué excelente mujer l ¿ Pero cómo sabe usted ... Y
-Lo sé, lo sé-repuse muy satisfecho de
que aquél no me tuviera por loco.
-Luego usted irá a declarar al Juzgado;
porque ya se está formando la sumaria.
-Me alegro, para que castiguen a esos bribones. Iré a'Weclarar, iré a declarar, sí, señor.
A tal extremo había llegado mi obcecación,
que concluí por penetrarme de aquel suceso,
mitad soñado, mitad leído, y lo creí como ahora creo que es pluma esto con que escribo.
-Pues, sí, señor; es preciso aclaTar este
enigma, para que se castigue a los autores del
crimen. Yo declararé. Fué envenenada con
una taza de te, lo mismo que el joven.
-Oye, Petronila,-,-dijo a su esposa el de
las antiparras-; con una taza de te. "
-Sí; estoy asombrada-contestó la señora-. ¡ Cuidado con lo que fueron a inventar
esos malditos!
-Sí, señor; con una taza de te.
-La Condesa tocaba al piano.
-¿ Qué Condesa ?-preguntó aquel hombre,
interrumpiéndome.
-La Condesa, la envenenada.

2a:i

23:l

��•
BENITO

PERBZ

wa earioao !anee fu6 el de haber d
del profundo letargo eu que caf, verdadeia
rrachera moral, producida no Ñ por qu6,
uno de loe puajeroe fen6menoe de euaj
ei6n que la ciencia eatudia con 11'1'&amp;11 eui
eomo preeunore. de la locura definitiva.
Como es de nponer, el nceeo no taYO
1eeuenciaa, porqne el antipitieo penonaje
bauticé con el nombre de M:udarra, ea un
rado comerciante de ultramarinoe que ·
habfa envenenado a condeea alguna. Pero
por mucho tiempo despu6a peraiatfa 70 en
engallo, 1 aolfa exclamar ,-"Infortunada
deaa ; por mú que digan, 70 aiempre sigo
mia treer. Nadie me perauadii'i de que no
baate tUII dfaa a mano de ta iracundo
poso ••• "

Ha aido preciso que tranaeurran meses
ra que las sombras vuelvan al ignorado
de donde nrgirron volviéndome loeo, 1
la realidad a dominar en mi eabea. He
aiempre que reeuerdo aquel viaje, 1 toda
colllideraci6n que antes me inspiraba la
da vfetima la dedico ahora, , a quién
réia f a mi compañera de viaje en aquella

guatiosa expedición, a la iraacible ingl-,
quien disloqué un pie en el momento de
atropelladamente del eoehe para perae¡ruir
npuesto ma7ordomo.

¡VAE VIOTIBI

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TRINDADB COBLHO

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reeuerclo, no le he diello quien era

¡Pm16nemel ¡eata eabea mlal Pero
aellor, NB1IÜ8 ai ~ ¡ 11G . . - ..... de una - · •• ¡Ocmooe aated Pat 81, ú. . . IIObte el 1qo Xa7or. .. Jao¡ qu6 aaruillal ¡no eai oiertof Pd.fl
pailaje de mi affBlun. De la 'ffDtana tW
la vela nbir 7 'bajar por el enplo de 1&amp;
o - bana de buWit; de~ ......
abe, Gll'bnadu, leatu, ollelu,
a1pieD entalla ua . . .l' '1iate 7 11M
en torllO na aroma de llmoll-.

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X&amp;e, le 8Cllltar6 a6mo ~ - :.wa
1111a jadia.. • Pero, ICIÚ le deefa f Ali.
Al¡aella tuéle, ft!81lenlo h!-, teDfa aa
OOll el talle "imperio" 1 mi ti Np111p,
ftN. La bna, a -nee. N11tabt 11a 1'lalti
Mnplla 11B rato ..... el .... 0rw
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quiere 1IJI &amp;fo; .. olTid&amp;. 'Toa. ..
Blrlan'16choc¡qeaeadaamm,
Jlr.86illllban OOll a tenor
"'"· •• Amor,
liarte.
Dllliati
I&amp;

••cmd~ '°

.., ~ pacle . . . . , .. IÍ\1llllr -

•~ onendo 10 elt.6 Tiejl, el Mlllltle

aaerieádu,teaae-aaLYo-i...1

ria 4eap• eomo .i primar at.t l4!l4
s. 'f9ll(a a, la - - . . .

iv•

-

JabiGiitllipupilae.- ■ laJ._

�V.

GAROIA

acercándose hasta qoe su labio pudiera
en mi oido su loeora:
- , C6mo podemos probamos qne noa
mos más allá de la muerte I Mira eata a
queña. Piensa qué dulee seria morir j
Yo no sé qué dije. Mi carne flaca y
ble tu\"o miedo. Tuvo miedo de esos b
querían lle,·arme consigo haeia la som
Tu\"o miedo dr esa boea que debla aer
como la muerte. Pero no lo era, señor.
relr0&lt;•edía aterrado, sentí que dos labios
hacían en los míos, con rl brso ~ cálido,
profundo, más agonizante, má.s terrible .••
como un minuto de desmayo. La ten
voz dijo en mi oido:
-Seré toya y moriremos.
Pero yo, Heñor, con una tremenda c61
c,ílera del náufrago &lt;1ue disputa su sal
a cochilladas, rechacé brutalmente aquel
zo y rrmP. con desesperadas fuerzas,
orilla. :-:os separamos con una e:i:tralla
güeuza y la fatiga de haber vivido sigl
Y \"ea, •eñor, lo más terrible; no
lar seguro de si todo fué soñado ... Dorml
enteros ... alguien decia: "Es un ataque
bral ''. . . Después s61o quedan jirones de
ses, palabras, neblina ... un dolor terrible.
re, he hablado mucho. . . señor. . . tenga
dad ; un poeo de morfina para dormir .••
11112

ENTRE SANTOS

"ª
J. M. MACHADO DE ASSIS

����T
MAGNA.DO

DE

razón de la lepra de la lujuria. Acababa
rellir con au amante, y había paaado la
en lágrimaa. Comenzó rezando bien, 0
mente, pero poco a poco vi su pensamiento
la abandonaba para remontar a ¡111 p ·
deleites. Paralelamente qnedaban ain vida
palab~s; ya_ su oración era pesada, luego
fria, 10consc1eute; loa labios rezaban, y 811
ma, que yo espiaba desde aquf, ya estaba
el otro. Al final se persignó, se levantó 1
f11é, sin pedir nada.
-Mejor ea mi caso.
-¡MejorT-,-pregnnt6 San José con c
s:dad.
-Mejor, y no es triste, como el de esa
bre alma esclava de la came, que ann Dios
drá salvar; a contarlo voy.
Callaron todos, y en expectación incl"
s11s ea,ezas. Yo tuve entonces miedo, te
~ qn~ los santos viesen algún pecado o
men de pecado en el fondo de mi alma.
pronto salí de este estado. San Franciaeo de
lea comenzó a hablar:
. -Mi hombre tiene cincuenta aiioa, y 111
Jer está en cama, con ·una erisipela en la
n!' izquierda. Hace cinco dfaa que vive en
e1ón, porque el mal se agrava y la ciencia
responde de la cura. Y véase lo que puede
prejuicio público: nadie cree en el dolor

no

R

E

SANTOS

ea (que mi nombre lleva) y nadie eree que
ame otra COia que el dinero; por lo que,
e que 811 aflieeión fué conocida, cayóle
ba todo nn aguacero de motea e invectivaa,
faltando quien asegurase qae Jo que hacía
llorar anticipadamente por los gastos de
tierro y sepultura.
-Bien pudiera ser que si, arguyó San Juan.
-Que es uaurero y avaro, no lo niego; UBU·
como la vida y avaro como la muerte; naextrajo tan implacable111ente de la faltriera de loa otros el oro, la plata, el papel y
cobre. Na¡lie amó tanto eÍ dinero, y moneda
e en 8118 manos cae, diflcilmente vuelve a
r la luz del dfa. Lo que le sobra de 8111 calo tiene en nn arca de hierro que cierran
ete llaves. A veces la abre, contempla su dio nn momento, y vuelve a cerrarla de priaa.
Eataa noches no duerme. La vida que lleva
s6rdida. Come poco y ruin, lo índiapenable
no morir. Su familia se compone de 811
ujer y una esclava nrgra comprada hace muos años, a escondidas, porque eran de conbando. Dice que ni 1iquiera la pagó, porque
1 vendedor falleció luego sin dejar nada ea·10. La otra negra murió poco tiempo deaés, y aquf veréis ai este hombre tiene o no
1 genio de la economfa. Sales libertó el caAver ...
lil

������PR.AJYOISCO

HRROZEG

corazón; y decía que habría preferido ser muchacho.
A esto se debía que ella fuese la más ferviente admiradora de las hazañas musculares
que yo realizaba en la verja del jardín, y si alguna vez la engañaba contándola la parte por
mí tomada en las luchas que organizaba con
los muchachos zíngaros en los alrededores del
pueblo, veía lucir en sus oj-0s la llama del más
sincero entusiasmo.
La pobre Vitza experimentaba una adoración sorp1·endente po-r mi húsar de cuero. Constituía el único objeto de sus· sueños, y su amor
hacia aquel militar contristaba hondamente
su infantil existencia.
Cuando quería expresar que una cosa era
bonita, encantadora y aún sublime, decía:
''¡E~ como el húsar!''
Kuestros padres no se fijaban en la extraña
pasión de Vitza. En ·cuanto a mí, estaba bien
seglll'o de que ningún otro húsar, por mucho
que se pareciese al mío, le habría gustado del
mismo modo a mi hermanita. Era el mío, preci- ·
samente el mío, el que la fascinaba.
'Gua vez el húsar estuvo en su poder.
Con ocasión de mi santo, me regalaron un
traje nuevo y un reloj.
En el primer transporte u.e alegría coní a
casa tl:&gt; mi abuela para que me admirara. En el

E

L

H

u

s

A

R

patio de la casa había un inmenso gallinero sobre el cual tenía yo costumbre de subirme para lanzar algún kikiriqní. Hice lo mismo aquel
día y Vitza, que se había quedado abajo. aplaudía con el mayor entusiasmo. Pero nuestra alegría acabó muy pronto. porque. al bajar. ru'.'
enganché en u.n claYO, y me lJice un desgarrón
de cinco _dedos en el codo de mi chaqueta nueva. Yo comencé a llorar y mi hermana palideeió de terror. La abuela adentro estaba confeccfonando unas apetitosas golosinas; pero no
entramos, y con el corazón en un puño, nos
volvimos a casa. La pobre Yi., que caminaba a mi lado, tomaba una parte muy gi-ande en
mi desgracia.
De pronto me cogió de un brazo.
-Oye, Didi, no llores; yo te lo arreglaré.
-Pero,-pregunté yo, con IDla YOZ llena de
desconfianza,-¿ sabes tú coser, Yitza?
-¿ Yo? Vas a verlo; coso tan bien que nadie lo notará.
De vuelta a casa, me oculté en la bodega y
Vitza comenzó a dar vueltas alrededor del cesto de costura de mi madre, hast-a que logró
apoderarse de cuanto necesitaba. Provista de
una aguja, de un ovillo de hilo, de unas tijeras grandes y de un dedal vino a mi encuentro. Me tumbé a lo largo ele una cesta de junco, y Yitza, arrodillándose con un aire grave,
283

1

,'

��.1
IRA.NOIBCO I!EJ¡OZE

•

pudo evitar a 1u alma la angllltia de 11D ci_.
imposible,
Súbitamente ea,y6 enferma.
Declaro que la envidié aineeramente. No !loefa eltado mú agradable que el de enftr.
mo. Le metfan a uno en la cama, le arropaba
con mimo, le eoloeaban mullldoe almohade-.,
pap6 ;y mamA le aearieiaban ;y, en temaD49
una pizquilla de algo que le dieran, inmediatamente ae h-.ofa aoreedor a 11D premio de bombones, ditilea o naranja,.
Para epararnos, me inatalaron en caaa de
la abuela.
La ea.a estaba junto a la iglesia ;y desde
nuestro patio vefame laa doe grandes toft'el
g6tieaa ; el Z1llllbido de laa eampanaa hada ·'librar loe vidrioe de laa ventana&amp;. Desde 1u paredes del cuarto donde dormfa, me miraban
11DU aelioru de largoe cnelloe. Pero lo que m6a
exoitaba mi interá era, sobre la c6moda, UD
viejo reloj de m6aioa. ¡ Qué reloj aquel tu
maravilloso! Debajo del cuadrante, en el aido
del balaneín, una maripoea dorada giraba de
derecha a izquierda. Entre lu doa oolllDIIIIII de
alabaetro, moetñbaae un verdadero jardfn oou
un eaatillo vaseo, UD nrtidor, 1ID08 \ulipanea
rojoe ;y un prado verde oaeuro; en el janla
campeaba un caballero eepañol, mimo eon

-

1,
~ ft . . . .

111111 On't. Ctlll ,i..... ,

...
_,_te
taw del eutillo. «:laaade el aloj aolléa¡

G-lú ~ ....

fijalla III IIW'IIU

.aon

diminuta ~

r•

1111&amp;

llif¡eba aee6.

Jrieemanht, lll fllballmi ._ba 91l ~
el eriaw-1 ondalelo wllll a
'Yueftu 1
brotabe una aclmirabh meloclle utlpa. Yo
-teinplaba
~
~
Pero - olvido hab1llr ele Vita.
Un dfa, la abuela - dijo qae la pobi,eeit,.

w

~-IPIM'lo

...

iba mq mal.
•
-Bueno, pellÑ 70; - q'i!lm deoit q11e le
dan muehoa hombeul.
p 9r la tarde la doncella mo • nuema ~
-. para decirnoe que iba • hlea d: medlei~
naa, ;y que Vita me npba qa11 l e ~ iDl

hwr.
_, Quiere mi ldllr, . .

f-hlbueef
mi llúa1&gt;
;yo.-¡D6nde lo he J)llélllOT Vo;y a bumarle••
Ignoro qu6 demonio petverio - '18pajó,
pe,o entré en el 81111'to1 oault6 mi. h6ar Nlo
la ehaqueta, Y fruquude la verJ&amp;, me p6 por el camp11. Ne - erel lel1l1'0 en
no eatuve lejal, -pl-talP/l!Jte tolo, bajo
Durante 1ar¡o tiempo aaduve el'l'lllte
• ~ orillp del ..-royo. 1Ola, aquella Vita 1
: : , 18 conformaba oon no ir al colegio 1 e9tar
comiendo bombonel todo el dfa, aino q11e, ._.
mis, querfa el húar !

.i.:

-

����</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>GUILLERMO VALENCIA
POBM4.S ESCOGIDOS.

C••----•
......... Pr61,....
11. 5ANIN 1:ANO.

LECTURA SI.UCTA.

NUWf.~0 U.

��LECTURA SELECTA
GUILLBR.110 VALBNCIA

.

.

■ 1 ■ 1.10

�GUILLERMO VALENCIA

POEMAS
ESCOGIDOS
PRÓLOGO DE B. SA,;í,-; CA,;o

DEL AUTOR
RITOS

MEXICO
LFICTURA

SELECTA

1920

�GUILLERMO VALENCIA.
lllei11 tlHÍln, lubes, tMlko,/osu &amp;16sl.

J-1,

E

1 lp. llllllftuia. A•. lb Cl8 ~•Pllembre, 54,

V, llOFMANNSTHAL

L al\o de I Sg6 la capital colombiana oyó hablar por prime•
ra yez: de Guillermo Valencia a causa de un inddente
parlamel'lario insignificante y ruirlo~o. Una mayorla into·
lerante necesitaba dar el ejemplo de una votación abrumadora
en que no contaban con el voto de Valencia. Era menester eliminar e.&lt;e voto para que no lo poseyese la minorla. Se suscitó
entonces la cue,ti6n relativa a la edad del poeta. Qucrlan descali6~rlo porque no tenla los veinticinco allos requeridos por la
ley para ve~tir las insignias de representan1e tlel pueblo. En efec,
to, no tenla entonces veinhcinco allos. Era íá !il probarlo, pero
la misma edad temprana del diputado, su pre encía, la aureola
qae empezaba a formarle su inteligencia, de-armaron a los promotores de este sacrificio. Pasado el incidente, era Val.::ncia una
6pra nacional. Lo babrla sido por unas semanas si no hubiera
tenittomás méritos que la precocidad y la apostura. Tenla, sin
embargo, una sensibilidad nue., que de. envolver y ampliar a los
·ojos de los bárbaros. Tenia un espirita preparado para recibir en
labor tumultuosa las nuevas ideas de su tiempo y para reRejarlas
en una obra ~tica donde hay plginas que devuelven el brillo
de las antorchas con que· fo~ anunciada hace treinta allos una
bllena nueva.
5

�VALENCIA

GUILLERMO

POEMAS

ESCOGIDOS

repetia Valencia revolviendo sus ojos pequefios, húmedos y mór-

bidamente luminosos, sobre el paisaje sentimental frecuentado
por la bohemia de aquellos generosos dias.
No he sabido nunca, ni acaso Valencia, si se mirara introspectivamenle ¡,ara averiguarlo, llegarla a saber qué fuerzas extrañas
le llevaron a impulsar la politica en un cierto sentido y a dejarse impulsar por ella. En 1898 vino a Europa. Puede cualquiera
figurarse cómo recibió por todos los poros las ideas y los sentimientos de que estaba entonces impregnada la atmósfera cultu·
ral. No consentla que forma ninguna de arte le fuera extraña.
Su forma natural de expresión artlstica es el cabo rimado; pero
la música, la estatuaria, la pintura le hacen vibrar con vehemeu·
cia sonora. En el·pequeño tomo de sus versos dado a la estampa
está doc11mentada de trecho en trecho la impresión que las artes
plásticas dejan sobre la masa ph1smable de su alejandrina orgr.nización nerviosa. VolviQ al pais en momentos en que un vértigo de pasiones contenidas y de injusticias escabrosas habla dividido a la nación en dos campos armados, dispue~tos a obrar el
exterminio en las formas más dolorosas y extrañas. Tomó parte
en la lucha de gladiaJores, porque no les era posible en esos
momentos desempeñ:ir el papel de espectadores, ni aun a los filó sofos idealistas. El mundo erá voh1ntad más bien r¡ue representación.
La guerra terminó de súbito. Valencia volvió a su provincia·
Y aqul es necesario apoyar un poco sobre el vigor adquisitivo de
su inteligencia y sobre el influjo que en ella ejercen los hombres
y los libros. Es constante que el trasegar por si~temas filosóficos,
aplicándoles con esmero la lente convexa de las propias impresiones, acaba por desengalíar de las teorías y por inducirnos a
encontrar plausibles todas las explicaciones del universo. Sucede:
también que las lecturas copiosas, en esplritus capaces de someterlas al análisis de la experiencia personal, les quitan a los libros su poder virulento sobre la propia in!eligencia. Valencia ha
recorrido el mapa histórico de la filosofla con la mirada escudrifiadora del que quiere orientarse para dominar los puntos salientes del territorio. Pero el escudriñar menudamente no le ha be·

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Venia Valencia de provincias y acababa de salir de un seminario: dos poderosas limitaciones. Ocupaba en el Congreso un
asiento que le clasificaba entre los hombres del partido conservador. Clasificarlo en un partido era limitarlo más, y señalarle
contornos a su noción del universo dentro de las cercas erizadas
del conscrvatismo era cerrar demasiado el espacio de sus excursiones por el mundo de las ideas. Continúan llamándole así.
Puede diseflarse en la piedra la sonrisa interior con que esta alma de curioso insaciable responde a la sombría dolencia de que
están enfermas Jas greyes cuando sienten la necesidad de ponerles nombres a las cosas.
Cuando terminó esa labor parlamentaria, el espiritu de Valen cia se dif11ndió por los cen:iculos literarios de Bogotá en busca
de las ideas que agitaban el mundo de las letras. Habla en esos
momentos una fermentación de las ideas, complicada con los
signos inequívocos de una renovación substancial en las formas.
Acababa de morir Sil va, cuya acción sobre la vida intelectual bogotana habla sido la del más poderoso excitante. Se habian formado cenáculos. Habla solitarios em~ñados en recoger dentro
de sus cerebros las ondas hertzianas del movimiento intelectual
del mundo. Era el momento en que estudiar parecía un nuevo
vicio inventado para dest['Uir una raza, y en que el objeto más bello de la vida habla sido concentrado en la ardua, complicada y
destructora labor de pensar. En ese medio Valencia encontró
por instantes su natural habitáculo. Conforme a la distribución
geográfica de las deformaciones intelectuales, alli se tocaban la
zona del liquen religioso clasificado por Juan ,de Dios Uribe y
las líneas isotérmicas d.e ese mar interior de cuyas algas se exhalan los venenos de la inteligencia:
Oh/ mere qui crias en ton seín jusU etforl
Calias balan~nt la juture fiole
Des grandes jleurs avec la óalsamiqzu 1nort
Pour le poeíe las que la vie etiole,

�GUILLERMO

VALENCIA

POE.JfAS

ESCOGIDOS

cho perder d.e vista la e~trella misteriosa que se posó en Belén.
Las filosoffas son para él ciertas o plausibles en cuanto no destruyan el imperativo categórico firmado con sangre sobre el Calvario, Y con todo, algunos libros le atraen con fru-cinaciones irresistibles. Algunos heterodoxos de la hora presente han tenido
el privilegio de seft,larle rombos en la existencia. Anandonar 1111
capital coloml,iana e irse a dedicarles toda su actividad y cariño
a las gentes, ideas e intereses de su ciudad natal, foé un pensamiento que le sobrecogió, sm poder remediarlo, al leer las últimas páginas de ese libro ea que Mauricio Barres pormenoriza la
psicologia de los desplantadus. Desde entonces vive en Popayán.
Estudiemos el ambienle de esta curiosa villa, a quien le ha dedicado Val1mcía, a más de sus anhelos de ciudadano, extra:fias
rimas de un sentido recón dito. Los espz;ñoles que et1lraron por
el Sur a tierras de Nueva Granada toparon en la primera parte
del curso del rlo Cauca con un verdadero parafso. Habían pasado por la montaña helada, celosa y abrupta, en viaje de miserias y de desesperación. Cayeron de repente en un clima benigno
una tierra levemente ondulada, fácil a [os cultivos, surcada de
varias corrientes, cubierla de flores y de· hermosos árboles. Alli
fu11daron ua pueblo, cuyas agitaciones posteriores labran hondo
surco en la historia de la comarca.- Ha sido un almácigo de grandes hombres. De ali[ han salido varones a regir la Iglesia colombiana, a llevar el peso del gobierno civil, a dirigir campañas de fama horripilante, a sacudir el candor de las mullitudes
cuando el fuego de la oratoria era elemento de dominio, a difundir enseñanzas vitales por todo el baz de la patria. Una atmós·
fera tiuia, una temperatura constante, sensibilixa exquisitamente los ner.,ios. La vecindad de los allos montes y volcanes, la
dirección de los vientos, tienen de comi nuo I a atmósfera en
má.,dmá tensión eléctrica, que se descarga periódica y frecuentemente sobre el p'lblado en sonoras y luminosas tempe~tades.
Los cerehros parece que se resintieran de la presencia del flufJo:
son vivaces, explosivos, luminosos. La ciudad tiene vfnculos de
hierro con el pasado, a tiempo que carece casi de medios de

comunicación con el resto del mundo. Su situación, la mentafidad de sus hijos, la riqueza uhérrima de la comarca, la han convencido de que se basta a si misma. Las glori:ls del pasado es
pallol las ha. hecho propias, y el esp!ritu maleante de sus veci• s
ha s.eñala lo en su rec1 uto la piedra que cubre los restos in11 ortales del Ingenio-o Hidalgo. Esta ciudad ama a Valencia &lt;-0n
un cariño exclusivo. Le llama su poeta y lo ha condecorado.
El haber nacido en ella no es el solo rasgo que le califica de
vate popaya~ejo. Ilay entre él y su ambiente preclilec10 marcadas consonancias. En esa c1u&lt;lad riñen batalla cotidiana el pasado, el presente y el porvenir. Esa lucha es el e~taclo de esplritu más d1seernihle en Valencia. Dije ya que es un poeta alejandnno. S~ñalemos los distintivos de ese estado de espfntu conocido en filosoífa y ea literatura con el n&lt;,mbre de «alejandrinismo».
«L'a!exandrinimu - dice Faguet - ~•ut la tmdance iJ, un
npos nlatif apres une periudé d'agt"tation.n El critico nonnaliano eMu vo lejos de ser preciso al oírecer esta definición en el
esrndio finls1mo e interesante, destinado a fijar las lineas esenciales de un estado de esplrir u, local ¡ ;or ,u primera manifestación y universal por sus periódicas reapariciones. La palabra relativo parece agreg,da por el critico al revisar las pruebas de imprenta; parece agregada por un alejandri,10 sobre el manuscrito
de un fiiósofo positivista. El alc,jandrinismo es el resultado de una
vi-,a agitación, producida en esplritus selectos por el choque de
-varias civilizac1one,. Es una predispo,icióu a hallar plausibles
todas las teorías y a trazar las líneas si o uosas en que se en lazan
todus los sistemas que se contradicen. Ocurre esta manera de
ver las cosas siempre que se ponen en pugna dos o más formas
de cultura., y cuando el espíritu sufre de la necesídad generosa
de

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Querer- se1ttidt1, vYlo y adivinarlo lodo.

Tal predispo;ición trae consigo una sensibilidad biperestt'!tica;

�GUILLERMO

VALE.1VCIA

una capacidad de percibir preferentemente las medias tintas,
las ideas evanescentes, los conceptos que oscilan muellemente
entre la verdad y el error. La sensibilidad del alejandrino está
en pugna cotidiana con el «bárbaro» ( 1 ). Su estado pem1ancnte
le predispone a sentir que tiene
••• . La frente m llamar y lt&gt;_s pies mtre lodo.
Para acomodar las formas de expresión a la intimidad de sus
sensaciones y fijar los matices más sutiles de ellas, el alejandrino ha obrado siempre transformaciones sobre el coloquio vulgar
que ha recibido en herencia. Franz Susemihl, en su Historia
,u la Literatura Griega en la Epoca Akjandrina, señala con
estas palabras la transformación del dialecto ático: "La lengua
griega misma, tomando poco a poco ur. car.ácter esencialmente
distinto, cayó (bajo el influjo de numerosos escritores no griegos
de origen, o griegos sólo a medias) de las formas áticas; en lasfor.
mas comunes, que se le hablan adherido, pero que no eran en
modo alguno una mera corrupdón del ático, sino más bien una
vegetación nueva, aunque no 1;gurosamente sana, que se dis·
tinguia de la antigua especialmente por una coloración abstracta
y rica en formas, al mismo tiempo que por la invasión de nuevasvoces compuestas y recompuestas y de voluntarios errores gramaticales." Si no se trataxa del siglo tercero o cuarto de nuestra.
era, podríamos presumir que este largo periodo del historiador
alemán era una critica risueña del modernismo hispano-americano. Y afiade, que 11na de las cuestiones ardientes en la primera mitad del siglo tercero, se eJ&lt;presaba en la alternativa
de si "los círculos de la poesía estaban colmados, o si era posible diseñar una expectativa para los poetas modernos." Antes
de seguir citando a este grave autor, importa hacer presente queescribió hace veinte aflos, cuando las contiendas del buen sentí[ 1J GEGBN 01 K BARBAllBN es la dedicatoria de las traducciones qu,.
forman parte cuacterístlca de su único volumen de versos.

10

POEMAS

ESCOGIDOS

do o del gusto servil no habían sido reflidas contra el modernismo.
Otro de los caracteres del alejandrinismo, según Susemihl, es
la aparición en la poesía d;: la nota lntima y personal. El yo
que llamaron odioso en tiempos d~ Fene)ón, el análisis de lo
subjetivo, era una dolencia alejandrina.
Hay, además, un detalle social de la époc~. alejandrina, sefia•
lado por este autor, que nos lleva de la mano a fiju en cifras históricas la reintegración de Valencia a sus patrios solares. ºToda la vida espiritual se refugió en las pequeñas monarquías donde el lazo común de la religión y de las costumbres helénicas
antiguas le cedian el paso a un cosmopoliti$IDO invasor, y en las
cuales el individuo pod!a, para su propia educación y p&amp;ra el
desarrollo de sus intereses privados, seguir su personal iniciativa
con menos trabas que en las viejas repúblicas." "La mayor parte
de los poetas alejandrinos se limitaron, con sentimiento adecuado, a la poesla de contenido estrecho, y en ella lograron crear
mucho nuevo y genuinamente poético, especialmente en la descripción de la vida individnai interior (individud!en Seetenleóens), en la graciosá representación de tiernas, sentimentales y
apasionadas sensaciones."
Oigamos a Valencia:

Ruurja ya el paúaje cubierto de neblina
Que a los fulgores trhnu!es áe lumbre vespertina
Mis ojos vüron con amor,
Buscando consonancias para mi ser enfermo
Sobre la tierra estéril de aqutl infausto yermo
Lleno de mu,1gos y de horror.
Yo cifro el mudo lago de la mdancolia . .... .
"El individuo -sigue diciende Susemihl- se refugiaba en su
11

�GUILLERMO

VALENCIA

interior, y esta inconmovilidad del espiritu, la apatía o ataraxia
era la más alta mir::l del esfuerzo humano" (1)
En las Cir-íieiias Blancas, en Los Camellos, los poemas de más
honda y tranquila vi~ión intelectual que debemos a Valencia, está calcada como adrede esta sentencia del critico alemán.
La nota caracteristtca de la poesla de Valencia, es su predilección por los tonos suaves y por las sensaciones Yagas, casi inexpresables; es su timbre más definido para figurru- entre los alejandrinos.
Su color favorito es el blanco o el gris; cuando sube un poco
en la gama de los tonos vivos, se complace en las suavidades
del azul. Cuando echa mano de colores más intensos, es en frases que le son adversas, como él mismo dice, o para evocar con
el contra~te, matices más delicados.
Los Camellos y Las Cigiidlas son unaorgia de blanco, y no solo en los colores, sino en las sensaciones del tacto, en los sonidos y perfumes, su sensibilidad parece limitada a lo exquisitamente atenuado. El silencio, la sombra, el recuerdo. los ecos
mudos, frecuentan su poesla como una antigua mansión abandonada:
1 Oír los mudos ecos que pueblan los santuarios
Amar las hostias blancas, amarlos inunsarios.

Exangiie como un fllármol de lo dorada Almas.

La ,¡ue robó al piano m las veladas frías
Parejas voladoras de blancas armonías.
La luna como un nimbo de Dios, desde d Oriente
Dibuja sobre el llano la forma ennescente.
11) Geschlchte der Orlechlschen Lltteralur In der Alexandrlner Zelt
von Fra.ni Susemihl, 1892.

12

POEMAS

ESCOGIDOS

Resurja ya t!l ¡,aisa;e ,¡ue reflejó mi tnenle
Como refleja 11!jo,zdo de llmpida corn'mte
El gris del turbio anockecer».
Es digno de notar en e.~tas citas el trueque de las sensaciones.
El sentido de la vista le suministra al del oído términos para cnnquecer la gama de las sensaciones. E,te procedimien10 rigurosamente alejandrino, les ha sido inctepado a los poetas modernbtas con igual amargura que ineptitud. A más de corresponder
a un estado de alma alejandrino, es uno de los recursos del espíritu humane para enriquecer la~ lenguas. Suave, corresponde
originalmente a una sensació11 de tacto: la le11gua ha e1&lt;pandido su significación aplicándola a todas las otras sensaciones. Leve, es sensación tactil por excelencia: el sonido, el color. han
menester de este calificativo para aumemar sus aplicaciones a la
descripción de las sensac;oncs. Dttlre, que es un calificativo
del gusto, es aplical,le a casi todas las sensaciones.

Las uaclucciones contenidas en el volumen de poesías de
Valencia, documentan su sensibilidad con la misma precisión que sus onas originales. Algunas de ellas son un milagro de rep,oducción. El simbolo de vastos alcances escondido entre las rimas erntéricas dd Señor de la Isla, de Stephan
George, aparece con todo &gt;U µres1 igio en la versión ins1&lt;pcrable
de Valencia. El Siuiio vivido, de Hofmannsthal, es otra maravilla de transcripción. César Borgia, de Verlaine, no ha podido
ganu un mtérprete mas concienzudo ni más hábil.

•
Valencia calla hace algún tiempo . El instinto de conocimiento, que en él a,ume proporciones tiránicu sobre el resto de
las funciones vitales, le ha ido arrebatando, sin dudá, la propensión a fijar en rimas complicadas el treno de sus sensaciones.

13

�VALENCIA

GUJLLERlrIO

La capacidad asimilativa y el placer de adquirir nuevas nociones en el trato con los hombres y con los libros, desvía tal vez,
las fuentes de inspiración. Sus amigos le suponen entregado en
este momento a la meditación de un poema dionisíaco, en que
quiere resumir completamente su noción de la vida. Con esa
obra y sin ella, la poesla hispano-americana les ofrecerá el ncmbre de Valencia a los criticas del porvenir para determinar el influjo que en esas comarcas ejercieron las corrientes renovadoras
en o, últimos días del $Íglo XIX.

POEMAS ESCOGIDOS
CIGUEI\AS BLANCAS.

B. S,rniN CANO.

Ciconia pielatis cultrix.

(La Rwisla de Amhica, 191.3)

PETRONIO.

D

cigüeñas la tímida bandada
recogiendo las alas blandamente
paró sobre la torre abandonada
a la luz del crepúsculo muriente;
hora en que el Mago de feliz paleta
vierte bajo la cúpula radiante
pálidos tintes de fugaz violeta
que riza con su soplo el aura errante.
Esas aves me inquietan: en el alma
reconstruyen mis rotas alegrías;
evocan en mi espíritu la calma,
la augusta calma de mejores días.
Afrenta la negrura de sus ojos
al abenuz de tonos encendidos,
y van los picos de matices rojos
a sus gargantas de alabastro unidos.
Vago signo de mística tristeza
es el perfil de su sedoso flanco
E

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15

�VALENCIA.

GUlLLERJ,fO

que t&gt;voca, cuando al sol se despereza
las lentas agonías rle lo Blanco.
Con la veste de mágica blancura,
con el talle cic:: lánguido dist-ño,
semeja en el eiopacio su figura
el pálido estandarte del Ensueño.
Y si, huyendo la ¡;:irra que la asecha!
el ala encoge, la c11b.-za extiende,
parece un arco de rojiza flecha
que oculta mano en el espacio tif-nde.
A los fulgores de sirlért&gt;a lumbre,
en el vai,;en de su ran-;ado vuelo,
fingen, bajo la cónc;iv;i techumbre,
bacantes del azul tbrias de citlo ....

Esas an::s me inqui.-uin: en el alma
reconstruyen mis rotas al.-grias¡
evocan en mi espiritu la c11lma,
la :iu¡{Ust;i calm;i de mej0rt-s rl1as.
Y restauro del mundo los al&gt;rilf's
que ya no volverán, hor:is risueñas
en que ligó sus ansi11s juvt-niles
al 1.-nto crotorar ele las cigüeñas.
Ora dejando las helacl;is brumas
a Grecia piden su dorado asilo;
ora baten t-1 ampo ele i:us pluma!!
en las fangosas márgt-or!' dt-1 Nilo.
Y .. eo el Lacio los cárment-s de Oriente
olvidan con sus lagos y palmares
16

P

r&gt; E JI A

~

E~CVGIDOf;

para velar en éxtasis ardiente
al Dios de la piedad en sus altares.
Y junto al numen que el romano adora
abre las alas de inviolada nieYe;
en muda admiración, hora tras hora,
ni canta, ni respira, ni se mueve.
Y en reposo silente sobre el ara,
con su pico de púrpura encendida
tenue lámpara finge de Carrara, _
sobre Yivos colores sostenida.
¡Ostro en el pico y en tu pie desnudo
ostro también! ¿Corriste desalada
allá do al filo d,;: puñal agudo
huye la sangre en trémula cascada? •••.
Llevas la vestidura sin mancilla,
-pre:i en el Circo- de doncella santa,
cuando cortó la bárbara cuchilla
la red azul de su gentil garganta.

'l'oJo tiene sus aves; la floresta,
de mirlos guarda deliciosos dúos;
d torreón de carcomida testa
oye la carcajada de los buhos;
La gloria tiene al águila bravía;
albo coro de cisnes los Amores;
tienen los montes que la nieve enfría
la estirpe colosal de los candores;
y de lo Viejo en el borroso escudo
-reliquia de Yolcado poderio-

17

�a

l' / !. I, J,,' H M O

¡- .1 L R S

su cuello cri~•: en ,·l espacio mudo
ella, la nnvia láng-uida dd l'rio!
La cigüeña e. el alma del Pasado,
es la Piedad, es el ,-\mor ya ido¡
ma. su velo también está manchado
J el numen del candor, enn·jecido.
¡Perlas, cubri&lt;l el ceñidor oscuro
que ennegrece la pompa de us gala
¡Detén, O1\'idu, t:I oleaje impuro
que ha manchado la albura de us nla~.

*
'I urban su ,·uelós la ,·olubl calma
del nrenal - un cielo incandescente y c:n el durado límite, la palRJa
que tue ta el rojo luminar: ¡Oriente!
'I ú que adoraba In cigüeña blanca,
¿supiste su virtud? Entristecida
cuando una mano pérfida le a,·ranca
u \'agarosa lil)!:rtad, no anida.
Sacra vr:,,tal de cultos inmonale
con la no talgia de u altar caído,
e acoge a las vetusta· catec.lrale
y entre sus grietas enmaraña d nido;
abandona la húmedas floresta.
para ouscar las brisas del ver:ino,
r remonta veloz llevando a cu sta,
el dulce pe~o de su padre :mciaoo.
l~s la ami~a discreta de Cupido,
qu' del a tro nocturno a lo. fulgorc ,

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1•

I .1

POEMA.

;;.·ao

G

rn º·"

oye del rapazuelo entretenido
hi torias de su. íntimos amores:
con la morena de ceñida boca,
altos senos, febril y apasionacla,
de exangües manos y mirar de loca
que enen'a como flor mponzoñada¡
o con la niña de pupilas hondas
- luz hecha carne, floración ele cielo! .....
1 1ue al \'iento t&gt; parce las guedej s blundas
y e~ 1, carnal animación del hielo! ......
con la nibia de cutis perla y grana,
emítica nariz y azul ojera,
&lt;¡ue parece, al tra\•é de su \'catana
ca ta \'irgen de gótica \'idriera .••.

Esas .a,·cs me inquietan: en el nlma •
recon~truyen mis rora. alegria.;
t\·ocan en mi e-p1ritu la calm::i,
la au,.,.usta calma de meJ0rt:s días.
Simoolo fiel de artísticas locuras,
arra trarán mi ueño eternamente
con su remo· que azotan la alturas,
con sus ojo que Lu •-an el Oriente.
Ella , \'Orn@ la tribu desolada
que boga hacia el paf &lt;le la (luimera,
atravie an en mmica bandada
en busca de amoro. a Prima\'ern;
y no ,•en, cual lo pálido« cantare ma alli de lo. ag"rios arenales,19

�VAl~E.YCJA
gélidos musgos en lugar de flores
y en vez de Abril las noches invernales.
Encanecida raza de proscritos,
la sien quemada por divino sello:
náufragos que perecen dando Kritos
entre faro de fúlgido de tel10.

....... ············-··········· ....
Si pudiesen, asidos de tu manto,
ir, en las torres a labrar el nido;
si curase la llaga de su ci.nto
el pensamiento de tuturo olvido;
¡ah! si supic en que el soñado verso,
el verso de oro que les Jé la palma
y conquiste, vibrando el Universo,
¡oculto mucre sin salir del alma!
Cantar, soñar....• conmovedor delirio,
deleite para el vulgo; amarga.'! penas
a que nadie responde¡ atroz martirio
de Pctronio cortándose las venas ••••
¡Oh Poetas! Enfermos escultores
que hacen la forma con esmero pulcro,
¡y consumen los prístinos albores
cincelando su lóbrego sepulcro!
· Aves que arrebatáis mi pensamiento
al limbo de la forma: divo soplo
traiga desde vosotras manso ,.¡ento
a consagrar los 61Qs de mi escoplo:
amo los vates de felina zarpa
que acendran en sus filos amargura,
20

E ;· C O G I D
y livido corcel, muc,·cn el arpa,
a la histérica voz de su locura.
Dadme el verso pulido en alaba11tro,
que, ragi&lt;lo y exangüe, como el ciego
mire sin ojos para ver: un astro
de blanda luz cual cinerario luego.
¡Bu co las rimas en dorada lluvia¡
chispa, fuente , cascada, lagos, ola!
¡Quiero el soneto cual león de Nubia:
de ancha cabeza y resonante cola_!

•
Como el oso nostálgico y ceñudo,
de ojos dolientes y velludas garras,
que mir.a sin cesar el techo mudo
entre la c.irccl ele redondas barras,
esperando que salte la techumbre
y luz del cielo su pestaña toque;
con el delirio de subir la cumbre
o de flobr en el nevado bloque:
del fondo de mi lóbrega morada,
coronado de eneldo soporoso,
turbia la vista, co el azul clavada,
alimento mis sueaos, como el oso¡
y digo al veros de mi reja inmota
pájaros pensativos de albas penas:
¡quién pudiera volar a donde brota
la avía de tus mármoles, Atenas!
De cigüeñas la úmida bandada,
desplegando las alas blandamente,
21

t&gt;

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U I L L E R JI

o

l' A L ¡.; X ,, I A

vol&lt;'&gt; de de la torre abandonada
a la luz del crepúsculo naciente,
y saludó con triste algarabía
el perezoso despenar del día;
y al esfumárse en el confin del ciclo,
palideció la bóveda som brfa
con la blanca fatiga de su vuelo ••••

A. ARKOS.
Dt lodo lo eurilo amo s()/amrnlt
lv 1/111' d /,01116rr turiJJ,,¡ co• su propia s,1-cre. Eun"6e ron smigre y
nprtlWrrás ,¡ut la sa,rgr,· es upiri/11.
FllDElllC(l

E

11:TZSCHE.

N el umbral &lt;ie la polvosa puerta,
suci~ la piel y el cuerpo entumecido,
be VJSto, al rayo de una luz incierta,
un perro melancólico, dormido.
¿En qué sueña? Tal vez árida fiebre
cual un espino sus entrañas hinca
o le finge los pasos de una liebre
que ante sus ojos descuidada brinca.
Y cuando el alba sobre el Orbe mudo
como un ave de luz 1e despereza,
ese perro nostálgico y lanudo
sacude soñoliento la cabeza
y se ceba a andar por la fraga~ ,·ia,
22

I' o B JI .1

f.' •· (' O O I D O

con su ceño de inváli.to mendigo,
mientras mueren la rafagas del día
para tomar a su tangoso abrigo.
Hundido en la cloaca
la agita con sus manos temblorosas,
y de esa tumba miserable, saca
tiras de piel, cadáveres tic cosa11.
Entretanto, telices compañeros
obre la falda azul de las princesas
y en las manos de nobles caballeroi1
comparten el deleite de las mesas;
ciñen collares de valioso broche,
y en las gélidas horas de la necbe
tienen calor, en tanto que el proscrito
que- va sin dudio entre el humano enjambre,
tropieza con el tósigo maldito
creyendo ahogar el hambre,
y en las hondas fatigas del veneno
ee:bado sobre el polvo se estremece,
fatídico temblor le turba el seno,
y con el ojo tímido, saltado,
sobre la tierra sin piedad fallece.
Todos vuelven la faz, nadie le toca:
al bardo sólo que a su lado pa a,
atedia la frescura ele su boca
"donde nítidos dientes
se enfilan como perlas refulgente'!. - .. "
Misero can, hermano
de los p:uiac;, tú ini,·ias la cadena

�GUILLERHO

T" ,1 L EN C I A

de los que pisan el erial humano
roídos por el cáncer de su pena;
es su cansancio igual a tu fatiga,
como tú se acurrucan en los quicios,
o piden paz, sin una mano amiga,
al silencio de oscuros precipicios.
Son los siervos del pan; fecunda horda
que llena el mundo de vencidos. Llama
ávida de lamer. Tormenta sorda
que sobre el Orbe enloquecido brama.
¡Y son sus hijos pálidas regiones
de espectros que en la noche de sus cue,·as,
al ritmo de sus tristes corazones
viven soñando con auroras nuevas
de un sol de amor en mistica alborada,
y, sin que llegue la meatida crisis,
en medio de su mísera nidada
los degüellan las ráfagas de tisis!
Los mudos socavones de las minas
se tragan en falanges los obreros
que, suspendidos sobre abismo loco,
semejan golondrinas
posadas en fantásticos aleros.
Coa luz fosforescente de cocuyos,
trémula y amarilla,
perfora obscuridad su lamparilla,
solJre vertiginosos voladeros
acometen olímpicos trabajos,
y en tintas de carbón ennegrecidos,

24

POEMAS

HSOOOIDOS

se clavan ea los fríos agujeros,
como un pueblo infeliz de escarabajos
a taladrar los árboles podridos.
Sus manos desgarradas
vierten sangre; sarcástica retumba
la voz en la recóndita huronera:
alli fué su vivir; allí su tumba
les abrirá la bárbara cantera
que inmóvil, dura, sus alientos gasta,
o frenética y ciega y bruta y sorda
con sus olas de piedra los aplasta.
El minero jadeante
mira saltar la chispa de diamante
que años después envidiará su hija,
cuando triste y bamb I ienta y haraposa,
la mejilla más blanca que una rosa
blanca, y el ojo con azul ojera,
se pare a remirarla, codiciosa,
al tavés de una diáfana vidriera,
do mágicos joyeles
en rubias sedas y olorosas pieles
fulgen: piedras de trémulos cambiantes,
ligadas por artistas
en cintillos: rubíes y amatistas,
zafiros y brillantes,
la perla obscura y el topacio gualda,
y en su mórbido estuche
de rojizo peluche
como vivo retoño, la esmeralda.
25

�n

I

I J, L E R JI O

V ...J. [, E S C I A

La joven, pensafü·a,
sus ojos cla\·a, de un azul intenso,
en las joyas cautiva,
de algo c;¡ue duerme entre el tesoro inmenso;
no es la codicia sórdida que labra
el pecho de los viles:
es que la dicen mística palabra
las gemas que tallaron los buriles:
ellas proclaman la fatiga ignota
de los mineros; acosada estirpe
que sobre recio pedernal se agota,
destrozada la faz, el alma rota,
sin un caudillo que su mal extirpe:
El diamante es el lloro
de la raza minera
en los antros más hondos ele la hullera:
¡loor a los dolientes campeones
que vertieron sus lágrimas
entre los socaYont"s!
Es el rubí la sangr~
de los héroes que, en épicas faenas,
tiñeron el filón con el desangre
que hurtó la vida a sus hinchadas venas:
¡loor a los valientes campeones
que perdieron sus \·idas
entre los socavones!
El zafiro recuerda
a los trabajadores de las simas
26

•

I'OR.MA,'-

J,j 8 r. O

(J

/

el último girón de cielo puro
que vieron al mecerse de la cuerda
que los bajaba al laberinto oscuro:
¡loor a los se~ultos campeones
que no verán ya el cielo
·
entre los socavones!

Y el topacio de tinte amarillento
es recóndita ,ira
y concreciones de dolor; lamento
que entre el callado boquerón expira:
¡loor a los cauti\'os campeones
que como fieras rugen
entre los socavones!
La joven pordiosera
huyó .•••
¿Qué formidable voci-río
pasa volando por la azul esfera,
con el lejano murmurar de un río?
Es una turba de profetas. Vienen
al aire desplegando los pendones
color de cielo; sus cabezas tienen
profusas cabelleras de leones.
En sus labios marchitos se adivina
el himno, la oración y la blasfemia;
llama tebril sus oj'Os ilumina
de sacros resplandores:
pálidos corno el rostro de la Anemia,
27

D O S

�6

ILLEBIIO

VALE

llegaron ya: aOll los CoaqaWadora
del Ideal: ¡dad puo a la Bobeeiat
Ebriot t.odoc de an viao t ~
qae DO bebee lo. b6tban&gt;e, y eavaeltoa
ea aadrajoe. 8Clll almaa de cololo,
que 1reparáQ a la impaaible altara
doade afilan m hojas loa laurelea
coa que ciftca de olímpica Yea4aia
ea tu TU«, proecenio
a loa uacidoa de tu Crf..., ¡oh Genio:
Aquél mueatta aa aljaba
de~ombate, repleta de piaceléa:
el otro Tlbra, como rada clan,
UD cuadrado martillo J doa c:iacela;
te Íllkm&gt;p01 N dícaa 8U proyectos
de obras qae ~ etenao.a nagoa:

auaqae eaa mectoa,
el IÚnDOI ., el piacel lea harma atroa.
Ua acaltor ofrece
pulir la piedra como fiao eacaje
para velar • aeno que florece
bajo la tenae morbidez del traje;
aquése de foafórica papila
que las del pto iguala,
disdrre solo en actitud traaquila
coa el uul cuaderno bajo el ala;
y el bardo decadente,
el bardo mirtir que suaclta mofas,
levantará la frente,
airo nido de férvidu estrofas,
11

E

OGIDO

1 de 1118 labios, que el reir no ale¡ra,
brotari e l ~
como aa ágaiJa negra,
con las alu eoormea
deaplepdaa al Yiellto,
paracaatar la Venus Vaotorioaa
cuya violenta jueatad encarne
el espfrita atecre de la dioea
ea lu melaacolfu de la carae.

El IDIWeo, doblalado la cabeza
sobre la cl6bil cajJ.
d~•flOliDaoaon&gt;.
dice la TOS qH de loe cielot baja
como a ~ del jwéUa doGl'O,
1 , apmaao del cuello e d a ~
altilico~,
lo hace pilar C0D ripo alarido,
y coa alaogadoa arámaloa aimula •
el soUozo 4e - minir ~ - qaeJ&amp;
bajo et negro &amp;,g.a que to aenmpla:
y sobre todoa lota,
como UD aaef(t de amor ea aocbe larga, •
la pu del ane qae • duelo embotJ
y aa 8-gado coruóA embar¡a.

Deneatmada tn"ba
de miaerablea, weatro easaeio ffllO
vuela sólo eatre sombna como welaa
las grullas ea tu IJ()Chea de ver&amp;110.

•

�GCTJLLERMO

l"ALE

Eaa lamlwe uesiDa de los focos
que doran las aober1&gt;ia capilales,
arderá Vlft!etraa freat:ea iaaortales
y Yaelltraa alaa de za8r, ¡oh Locos!
Sia pan, ni amor, ni l"Uta
donde dormir vuestra febrile boru,
acumb&amp; a la bárbara cadena,
in máa visión que Ja c:bafada ruta

•

que os empaja a loa ~mot del Sena ••••
¡Canes, minero, artistas,
el luido recinto que o encierra
cOIISUllle vuestros miael'oa despojos;
y ea el agrio Sabara de la tierra
sólo hallaateia el aaua .... de loa ojo !
¡Huid como uaa banda tenebrosa
de pljaroa aocturaot1 que entre rama
bieadeo la obscuridad sin voz ni huella;
morid: para voaotro
no se despierta el dia
ni se cqlwnpia ea el Zenit la estrella
que llamaron loa hombrea Alegria!
Cuán lejos de vost'tro ae levanta,
sobre
. columau de marfil bruñido,
la audad de los Amos, 41onde canta
su canto d ventura.
el gozo entre las almas coodido.
Allí todol olvidan
vuestra angustia. Los árboles no dejan
-de silencio cargados y de florcsllegar, de los vencidos que se quejan,
30

E

o

ID O

el treno faaeral de au dolc)tel;
alli, cual ua torreate
que de au ondas a dormidas charcas,

resbala friameate
coa nrido IIOIIOf'O
1 oro, a loe aWamos de lu arca&amp;
AUi ... sedas c:rujeo
como crujen las carnea sacudidas
por las tieru: soa fiera que no ragea
los eres sia piedad.
ed como pua

sabre el marmóreo saeto,
con su capa de pieles, la hembra clPra
cual un oso gigaote sobr:e hielo.
,Por qué se abren 908 ojos
deamCS\11'8dameate?
¡ bl 8i es qae apaata coa ~ ro;o
el astro de la saop por Oriente.
Bajo e odio del vieato y de la lluvia
por la frigida este~ ae adelaatu
lo domadorc de la &amp;;tia r:1Hir,
yal perro sarnoaoa
e tornaron chacales. De ira ciego
el minero de ayer
precipita
sobre loa trancos. ¡Un airado fuego
entre sus manos trémulas palpita,
,. orda a la niites, al llanto, al ruego.
~e la tempesead de clmamita!
¡Son los hijo de Anarkosl Su mirada,
coa reverberaciones de locura.
evoca ruinas y predice males:
31

�r; U I L /, E R M O

r

AL E

parecen tigres de la Selva oscura
con no talgia, de ,·fctima y juncalc!I.
1:.1 furioso caer de sus piquetas
en trizas torna la vetusta arcada
que erigieron al 8ien nuestros mayores¡
y por la red de las enormes grietas
va filtrando, con tintes de alborada,
un sol de juventud su resplandores.
Aquél un arma ruda
pide, que parta huesos y que exprima
el verbo de la cólera¡ filuda
por el trabajo, recogió su lima
de fatigado obrero,
y bajo el golpe de Lucheni, ¡muda
cayó la Emperatriz como un cordero?
Pini, \ 'aillant, Caserio y Angiolillo,
vuestro valor ante la muerte espanta:
negros emperadores del cuchillo,
que rendís la garganta
como débil mendrugo
a las ávidas fauces del verdugo:
de duques y barones
no circundó plegada muselina
vuestros cuellos. Allí donde culmina
el dorado listón de los toisones
os diú la guillotina
. u mordisco glacial: vendimiadora
que la tez y las almas decolora.

E ,lf .-1

COGIDO

E

Aun parece vibrar en mis oídos
la voz de Emíle Henry; ya bajo el hacha
iba a rodar su juvenil cabeza,
como la flor al soplo de la racha,
y exclamó: •GERMINAL,•
y de su he1 i,la
&lt;:orriú una fuente de licor sagrado
que bautizó la historia dolorida
de los siervos, con óleo ensangrentado.
Y ;..se fué dulce al comenzar, renuevo
de razas de alto nombre.
¡,Quién me dirá si un huevo
e de torcaz o VJ"bora? La mente
no sabe leer lo q11e en el tiempo asoma:
el hombre, como el huevo,
¡en nido de dolor será serpiente,
en nidos de piedad será paloma!
Por dondequiera que mi sér camine
Anarkos va, que todo lo deslustra:
¡un rito secular que no decline
ante d puño brutal de Bakunine,
y el heraldo feroz de Zarathustra!
No puede ser que vivan en la arena
los hombres como púgiles: la vida
es una fuente para todos llena;
id a beber, esclavo• sin cadena;
potentado, ¡tu aiervo te convida!
¡Nada escucbanl Los pabres, a la jaula
de la miseria se resisten fieros,
33
3

�G

r·

I !, l g R ~1¡ O

l'ALFJXCIA

y con brazos de adustos domadores
y el ojo sin ternurá, ¡los enjaula
la codicia sin fin &lt;le los sefiores!
¿Quién los conciliará? Tibios rdlejos
de una luz paternal y vespertina
visten de claridad el linde vag0:
es que el Patriarca de los Ritos Yiejos,
de sapiencia cubierto, se a,·ecina,
con la nen·iosa p::lidez de un mago.
Es flaco y débil; su figura finge
lo espiritual¡ el cuerpo es una rama
donde canta su espíritu de Esfinge¡
y su sangre, la llama
que lo~ miembros cansados transparenta;
de su nariz el lóbulo movible
aspira lo invisible.
son sus patricias manos una g-arra
ftlml y amarillenta:
¡es ele los g-riegos la gentil cigarni
que con mirar el éter se aliment;,!
Impalpablt:: se irgue
-melancólico espectroy de la n11::nla blanca
a su místico plectro
la melodía arranca.
Impalpable se irgue:
hay algo de felino
en su trémula marcha,
hay much,) de di,·ino
34

POEMAS

ESCOGIDOS

en la nitida escarcha
que su cabeza orea.
Cruza sin otras galas
que la túnica nívea
que semeja las alas
rotas de un genio de celeste coro
y sobre el pecho una
cruz de pálido oro.
Alza el brazo. La Europa
lo aguarda romo a antiguo caballero,
debajo de una hóveda de acero¡
calla sus labios la soberbia tropa
de esclavos y señores:
el Pontífice augusto
trae el bálsamo santo r.¡ue redime,
y calma la batalla de panteras;
revalúa lo justo;
ya va a decir el símbolo sublime .•..
y de sus labios tiernos
salió, como relámpaio imprevisto,
a impulso de los hálitos eternos,
esta sola palabra:
u _I &amp;SUCRISTO. »

35

�GUILLERMO

V AL E

ESCOGIDO

SAN A TO 10 Y EL CJ.: TAURO.
Y .A1111111io, ,pu Aa61a rslado d,ua,uatuü,
rrw/adlt, n,po 9w Aa6ú, tllTP "'""fa/la111a,fo Pallo-m,uAo ,,u.for ,pu 11, a f#Ínl
tlr61a vúilar. Y ti Wlln'a/Jlt
fl/O.YtU/11
,,, UII 6,úul,, l/1le soslnda IIU dJl,iJu ,,,;,.,.
6ros, r111J&gt;r..ó a snuir deseo dt ir ""sa6ii, dnd,. Y J&gt;r&lt;&gt;"Cf'la n, d &lt;-i110 &lt;&lt;&gt;•mudo didffld11: •CrN n, mi Dios: El "" Jla ,,.,
t11#1/rar6 ni &lt;1,mpallno ,pu 11,r Aa promrlúlo.•
A¡,n,as J&gt;r-•m alas j&gt;ala6ras, vil, a Ao1Hl&gt;r, n, /arfr adJallo, a 911ic11 los /«fas
dr111&gt;mi-6a11 Hijlo&lt;nua11ro. Al ÚU/411/t
d
m frn,t, '"" la stlla/ tk la Crra, y
tliu al t11011sln,o: •,·llola! tE• ,p,J }arlt Aa/Jila ,.,,.. 119111 d si~o ,/1 DitJs/» Y ,J "'"'"·
/n,o, Aacin,do ruAi11ar 110 si flll dt /Jór6aro
y lrihlra11d11 las pa/t,Jrm más /Ji,11 9111 j&gt;ro11u11dállliolas, /Juuó ntlrr 111 A6rritla l&gt;«a Jiu11rs,1 /Jlnlldo Jart1 rtspo,,der: txlnldi,i /,u.
go la
tJnr,.-Aa, 11101tr4 al - ~
"" y, smujnHlt a avr, dtsttj!lr«iJ • 111
':lista lllrtl'llrtt1t1do los ilut,n,sos ct1•J,os.

rr

-na-,

"""ª

"'""Í'

ti,_,-_

"'ª""

La paz reinaba en torno:
cálidos cOuvio , por sus bocas de horno
aspiraba el Desierto. Ya no volaba una
tola pareja de ibis rojos. La luna.
lbriéndose ancho paso tras cenicienta franja,
ja sobre el polvo su amarillo naraDJa,
guida por un astro (dorada mariposa
e en derredor girase de una pálida rosa).
Súbitamente el monje, creyendo oir muy lejos
rumor, se detuvo, y a los blancos reflejos
1 astro melaac61ico vió la extraia figura
un monstruo que, a galope, cruzaba la llanura,
removiendo aren&amp;s se venía derecho
él; su cuerpo Oaco tembló como un helecho
e el aura mece; •acaso esa bruta carrera
e fuego diabólico¡ '81 vez hambrienta fiera. , • •
a llega! y trente a írcnte del vital e queleto
del monje, un sér no visto, desmelenado, inquieto,
'R pira. El ermitaao y el monstruo se interrogan,
, ui, bajo la calma de la noche dialogan:
EL CENTAURO.

SAN }KlONDIO.

A

In vita Sa•eti Pnllli er1111il,r.

el Ccnobiarca del
para templar los duelos de
en una helada cue,·a donde
marchóse en altas horas a visitar a
el mis viejo cremita.
NTONIO,

36

silencioso Egipto,
u vivir- proscripto
retoza el DiabloPablo,

Yo soy el viejo Hippofos: el último Centauro
que circundó sus sienes con el augusto lauro
cido entre las grutas del Sagrado Archipiélago;
y un hijo de Grecia, que, atravesando el piélago,
,ino a buscar la sombra de bosque escondidos
ara llorar la fuga de sus dioses vencidos.
Y soy la Fuerza alegre; mi brazo poderoso
37

�r; U 1 /~ L E H .ll O

VALEXC:IA

sabe peinar la ninfa y estrangular el oso;
y eo mi pecho, que tiene l.a aHpereza &lt;lel cardn 1
st: doblan las espadas y se despunta el dardo,
y, cual rodada pieJra que
Je topi::: en tope 1
;;ol,re las rocas dura-. n:\'ienla mi galope;
hasta los dioses tiemblan cuand0 la ceja enarco;
vo rompo dos encinas µara forjarme un arco,
y cifro la alegria de \·ivir. Soy un hombre
&lt;¡ue sueña, q11iere y puede, y a la p:ir llt"\"ll nombre
de monstruo_; tengo mente, y endurecido callo:
soy malo como el hombre y á.g-il como el caballo,
y velo extriüio simliolo. Soñador y lascivo,
quien conozca mi esencia conoce un adjetivo,
comprende el adjetivo uoi\·ersal y humano
que eatre su seno oculta la palabra: jPAGAN01

"ª

Tu nombre dí, f.'antasma que dialogas conmigo.
SAN ANTONIO.

Yo soy Antooio,

sicn•o del Señor tu enemigo,
que atempera :;ms pasos a la cele•ne norma
de Jesús, y proscribe la diabl1lica forma
que corrompe los seres, arrebata la mente
y hace perder el alma del hombre eternamente ..•.
No soy púgil: mis brazos no soportan el peso
de un ánfora colmadil.; se diría de yeso
mi figura unas vece!!, Cll otras aparenta
los contornos ch:: una raíz amarillenta.
frente, que no ciñe frr!sco l!'3jo, si.n ,;•ello
finge tan sólo el árid2 rodilla dd camello.
Soy un heraldo mudn de la roja \'icroria
lin

.'vu

38

J'

O ¡,; M ,.¡

ESOUU!DOS

!'obre d Olimpo. Digo la beldad y la ~loria
de Cristo con los seres qu.: son ele Polo a Polo.
liL CEXT.\UlW.

::-Jo p11e1le \·11e,;trú Cristo competir cun Apolo,
c·on el hijo snl.ierbio ild C:t'.ñudo y Latona,
que en los Lrazo~ de Dafnis al arpor se ahan&lt;lona,
,1 lle\·a el j~·nco c,u-ro que volcó Faetonte
por los campos azules dd abierto horizonte.
i-,:1 olímpico auriga dr la eterna carroza
donde l~ebo, ce,iido ,i,; lrrnn:.les, 1·et0¿a
con las Horns &lt;lt:snuJas, los sonoros tropeles
por el i'.ter dirige &lt;le sus raudos corceles.
Van caremln las soml,ras liajo el danlo ccrtc::ro
dd Anjuero divino; por el ancho sendero
1ue siguiú la ca1 roza, cruza el sol, pasa el día,
r la lu1. \"a regando su dorada a1·mon111.
Ese numen risueñu que iino,·ó la tri¡;teza
y ba rendido al Olvido su robusta cabeza,
es el paJre del Verso: con su mano divina,
al pulsar los lior,lones del arpa elt:fanciaa,
vnga, dulce, :tmomsa y simbólicamente,
ha forjado una patria más hermosa que Oriente,
donde yerra el perfume qut al ,!olor nfls arranca
y a do -vuela d sl1'1piro de amor-alondra hlam:a
qUt: sobre el píen llern la miel de un beso rojo .
De allí parten los yambos como flechas tlt: hinojo
dd artista con ct·los, que siiuiendo la huella
de :!.farsyas, lo cauti\·a, lo \·ence, lo desuella.
39

�G l' 1 L L E R JI

t)

VAL El\'CJ.A

Por la senda más agria riel adusto Parnaso,
con la crin en desorden, a la luz; del ocaso
subiendo Pegaso, ponador en sus ancas
dcl cantor Musagcta, de las Yírgenes blanc-as.
Y en la fiesta del mármol, sobre el bajo relieve,
entre dioses ri11ueños y Afroditas de meve
cuyas bocas ensayan las sonrisas eten1as,
se irgue Apolo: la carne de sus pálidas piernas;
el torso alabastrino donde la gracia ondula
c.n cadencioso11 planos¡ la frente que simula
un ara donde ofician la l¿uz y la Alegria,
y de su cuerpo iodo In ,·ivida armon1a,
parece &lt;¡uc suspiren por el khril contacto
1de efebos y de ninfas de delicioso tacto!
Al Crinado cantemos!

,a

SAN ANTONIO.

l&lt;::S un ídolo yerto,
es llo nombre en el mundll del csplritu, mu&lt;"rto.
F.L t:R.NTAl' RO,

Un dios más ucllo muestra que Apolo y Citerea.
SAN i\NTONIO,

' El triste, el dulce, el pálido Nabí de Galilea.
l&lt;::s el profeta jo,·en: como dorada llu,·ia
tiembla su pelo díicil, fluye su barha rubia:
El sabe lo que dice la voz de las colmenas,
40

E S O O U J D
'f ama los canes tristes como las azucenas;

7 100 sus ojos grandes, melancólicos, vagos,
y en su fondo rdlejan, como místicos lagos,
el divino silencio de las noches tranquilas;
y, cual besos que miren, sus absortas pupil.a.s
aprisionan la calma del azul horizonte;
10n !IUS manos delgadas como lirios de monte¡
por su \'OZ habla el eco de un arrullo divino,
y en ,·ez de lauros lleva la toca del rabino.
Es triste cuando ''ªKª cual un pastor extraño,
en busca de la O\·eja perdida del rebaño,
y cuando gime a solas por el amigo muerto;
e1 triste cuando, extinta la luz en el desieno,
con la cabeza baja y los ojos cerrados,
medita entre una fila de comellos cansados.
Si entre las frondas negras del olivar espeso
el de Kerioth le besa con su marchite beso,
aabiendo que su soplo sobre el Ungido \"ierte
la hez de la perfidia y el \"abo de la muerte;
cuando la vieja mano de Dios le desasiste
en el postrer instante de so dolor: ¡es triste!
Y si a la tibia sombra de la copadu higuera
sentado por las tardes, al pueblo que lo espera
le dice la parábola, y en delicioso abrigo
bajo la vid en fruto de Lázaro, su amigo,
a Maria-la tierna-y a Marta -la sentidaenseña a amar el Alma y a despreciar la ,·ida;
cuando, caudillo inerme de la legión futura
de mártires, levanta la mística figura,

u

t&gt;

S

�Gl ILLERMO

V

obre el paciente lomo de la borrica tarda,
y ca medio de las voce. del pueblo que le aguarda
entra a Salcm, de angustia y amor el alma llena;
cuando ea las hora1 grises de la última Cena
no ya la pecadora su casto pie le enjugay mientras Juan-el virgcn-tompane su lechuga,
el Rabbi d olado por la melancolía
¡es dulce, e dulce, e dulce!
La blanca l:,;ucari11tía
palpita entre su manos¡ con la mirada alumbra
los ti11tes nebuloso de tímida penumbra
que va llenando en olas aquel ereno asilo, ·
y, deak-ozado mártir al parecer tranquilo,
suscita sobre el tena cristal de su memoria
la pena sin orillas de u futura hi toria,
y oye vibrar el beso del hombre &lt;JUC le entrega
y la cobarde excusa de Kcfas que le niega,
y, como los retumbos de sorda catarata,
lo Mrbaros aullidos del pueblo que le mata,
mientras el ancho marco de la ventana hebrea
recorta azules tranjas del éter de Judea,
que está.diciendo al mártir de faz entristecida
•Cót,w jnlede ser li/Jre,ftkil, sensual la flida!
Coatcstame: ¿qué trágico calzó mejor coturno
que aquel Crucificado de rostro taciturno
que, erguido sobre el Gólgota, desde la cruz pasea
los ojo por su caro país de Galilea
que no verá en el tiempo, y en lánguido desmayo
se va muriendo exangüe? Cuando vestía el sayo
42

POEMA

coa1vu

E

de punzador ultraje, cuando cargó la carga
de su futura gloria, cuando probó la amarga
bebida el virgen labio dolorido y angricnto,
y oyó que su lamento se perdía en el viento,
¡fué el ~ágico sublime! La flor de los dolores
regb desde ese instantes~ cálidos_~lores,
y como banda nívea de CI ne f~m1ltarcs,
al arenal sin limites huyeron a millares
las vírgenes de Oristo, que ca u mansión de palma
bailaron lo que Grecia no aupo ver: ¡el Alma!
Alli, más victoria O que el orcomenio atleta,
con sus pasiones lucha vetusto anacoreta,
creador en el silencio de abruptas soledades,
de goce~ no sentidos, de volap-.osidades
que acendra el abstenenc Y oculta la tristeza;
allá desde las cruces levantan la cabeza
lo mártires heridos - sedientos gladiadores
que secan con su boca el mar de los d~lores.El impasible Ko moa de vuestra faatasaa
perdió tal vez su curytmia, 11 Olimpo, u alegria;
en cambio nuestras alm&amp;11 trocarOD la Quimera
por un país excelso donde el amor impera
Y· ...
Súbito el Centauro, doliente, silencioso,
se fué sobre la arena coa paso pere&amp;011o,
alejando, alejando• • •Y cutre la gris llanura
borró para los hombrea u helénica_ fi~, .
mientras el ,·iejo monje - con su baculo ~cierto con el signo de gracia borraba en el dcS1erto
las huellas del Centauro• • • ·

'ª

�GCILLERMO

Vd L E A' C I .A

POEMAS

E

" O O

a

1 D O ,"

y de doble mandoble, sin robarle un gemido,
del atlético tronco desgajó la cabeza.

LAS DOS CABEZA •
•'Om11is plaga trisll'tia rtJJdis rst d
c,11111i.r 111alitin, 1tt'911ilin mu/in-is."
F.L F.O,ESIA TICO

JLIUITH Y UOLOFKRNES.

B

(T.-sú).

senos, redondos y desnudo11, que al paso
de la hebrea se mueven bajo el ritmo IIOooro
de las ajorcas rubias y los cintillos de oro,
vivaces como estrellas sobre la tez de raso.
LANCOS

Su boca, dos jacintos co indecible vaso,
da la sutil escocia de la voz. Un tesoro
de miel hincha la pulpa de sus carnes. El lloro
no dió nunca a esa faz languideces de ocaso.
Yacente sobre un lecho de sándalo, el Asirio
reposa fatigado, melancólico cirio
los objetos alarga y proyecta en la alfoRtbra..•
Y ella, mientras reposa la bélica falange
muda, impasible, sola, y escondido el alfanje,
para el trágico golpe se recata en la sombra.

*
Y ágil tigre que salta de tupida maleza,
se lanzó la israelita sobr'1 el héroe dormido,

"

Como de ánforas rotas, con urgida presteza,
desbordó en oleadas ti carmín eoc4:ndido,
y de un lago de púrpura y de sueño y de olvido,
recogió la homicida la pujante cabeza.
En el ojo ap:igado, las mejillas y el cuello,
de la barba, en sortijas, al ungido cabello
se apiñaban las sombras en siniestro derroche
sobre el lívido tajo de ,~olor de granada ...
y fingía la negra cabeza destroncada
una lóbrica rosa del jardio de la • oche.

SALOMÉ Y JAOKANANN,

(.-l11t11ds).

Con un aire maligno de mujer y serpiente,
cruza en rápidos giros Salomé la gitana
al compás de los cr6talos. De su carne lozana
vuela equívoco aroma que satura el ambiente.
Danza todas las danzas que ha tc:jido el Oriente:
las que prenden hogueras en la sangre liviana
y a las plantas deshojan de la déspota humana
o la flor de la vida, o la flor de la mente.
Inyectados los ojos, con la faz amarilla,
el caduco Tetrarca se lanzó de su silla
tras la hermosa, gimiendo con febril arrebato:
45

�G {jff,LERMO

J' AL E

"Por la miel de tus besos te Jaré Tibcriades,•

Y ella dícele: "Ea .cambio de tus muertas ciudades,
dame a ver la cabeza del Esenio en un plato."

.

.

EM.A

01.A

Como viento que cierra con raquítico arbusto
en el TieJo magnate la pa ión se desata,
Y al guiñar de los ojos, el escla,·o que mata
apercibe el acero con su brazo robusto.•

Y hubo ~ave silencio cuando el cuello del Justo,
uelto en cálido arroyo de fugaz escarlata.
ofrecieron a Aotipas en el plato de plata
que él tendió a la irena con medroso disgu to.

unca pruebe , me dijo, del fic:or fememon,
e ea licor de mandrágoras y destila demeACia;
Jo bebes, al punto morirá tu conciencia,
larán tus cancion , errarás el camino.
a~egó: lo qne ahora vas a oir no te asombre:
mujer es el viejo enemigo del hombre;
cabellos de llama son cometas de espanto.
Ella libra a la tierra del amante vicioso,
Ella calma la angustia de su ed de reposo
el jugo que vierten laa beridak del .asto.

A POP YA••

Una lumbre que viene de lejano infinito
da a las sienes del mártir y a su labio marchito
la blancura lloro a de cansado lucero.
V - del mar de la muerte melancólica espumala cabeza sin sangre del esenio e esfuma
en las nubes de mirra de sutil pebetero.

*
LA l'.o\LABRA DE DIOS.

(~Wlllnis).

Cuando vió mi poema Jonatás el Rabino
(el espíritu y carne de la biblica ciencia),
con la risa en los 'labios me explicó la sentencia
que soltó la Paloma sobre el Texto divino.
46

COGIDO'

¡ Gwrifi,al, la Cillá ft,orulal
OAB&amp;lltU D 1 A MU ZIO.

mármole épicos, claros de lumbre y coronas,
ni muros invictos,que próspero hierros defiendan
y guarden leones de tranquila postura triuofal,
erectas pirámides -U1'Da 111 genio propiciasgaificamente tu fama dilatan, sonora,
a voces eterna , ¡fecunda Ciudad maternal!
1

tE1ttática, lúgubre, las procelosas cuadrigas
ueño sacuden, nostálgico pozo tic olvido!
jas de J ooia melifican del irbol en flor
e nutre , y al águila, ebria de luz y viento,
garras febrilc-a y el pecho tremente de luchas,
acan tus gélidas aguas de amargo a.bor.
'7

�r;(JfLI4BR.Uo

l'ALEXG/,t

Tú vives del silencio ... Cércante ,igílantes colinH 1

•Jo el Monte puro bajo el azul dc-stella.

Soh·eoas tu rio, alma ,·i,·a del gesto fugaz,
y t:I ánfora esbdta, ri"a de s,1ngre augusta,
perenne dcrramat 1 al brillo de estrell3!1 insomnes ....
¡y brotan la-. bélica, palmas en lirico haz!

J"ü vives del pasado. Púrpura de ratas sobcrLias
en prófugo io-.t;,ntc \'Olaba f1ucmanJo tui homOro~,
y en púbcrc-&lt;i gajos '-e rcian las pomas de miel. ...
¡Levanta! ¡la túnica tul ge de húnor y heridas!
Acudan tus buenos, y el ostro marchito reRtauren,
¡y mullan tus sendas con hojas de nue\"o laurel!
Y vivc!ól del futuro. Lag árticas hrumas del Tiempo
rasgas¡ con ojos !labio!I interrogas la Noche;
tus hijos epúnimos magnifican el pristino azur
con trémulos halo~, y miraa cu raza ventura
feliz en la fuerza, feliz en sondar el Misterio
•¡ue puso to el éter el místico Signo del Sur ....
Tú vive, de tus glorias. En himno sin tér-mioo vudan
tu soberbia esperanza con alas de Victoria,
tus bruñidos escudos, tu gladio de fosco metal.
Coo numeroso verbo tus triunfos el ágora enalba,
y, cutáli&lt;la íuentc, si',lo por ti murmulla
del htroe aquilino la. próJiga voz de cristal.
Y vives de tus dones. Tu misera gente africana
por- ti las manos muestra, sin hierros, a la Vida,
y, en férvido ahinco, monumentos de forma sin fin
erige con el bronce vivo de sus progenies
48

POJ.:.IJ..t.,

E ..,

e• ()

U 1 JJ O S

11ue en móvile!l grupo,, de toscas o nobles figuras,
relievao tu hazalla - ¡del uno huta el otro confín!. .•
Y vives de imposibles. Al óptimo, audaz Caballero,
Señor de la Man&lt;"ha, de escuálida, triste figura,
sepulcro le diste, bajo un roble de añosa virtud.
¡Pat~rico hidalgoJ de prez tus armas brillan:dos veces tus pares probaron al orbe !IIU temple:
en trigico golfo, tu yelmo, tu lanza, en Cuaspud.

Tú vives del martirio. Monótono arroyo de ungrc
aftuye de tu pecho al ávido mar sin orillas ....
¡Del Orto al Poniente glorifica tu 1ino - la cruz!
Al ara fatídica llcvan 1 cual eterno holocausto,
su geoio 1 tu Prócer: el mútilo toreo, Camilo;
tu victima sacra, sus púdicos lirios de luz ....
Y vives del orgullo. Colérica tril,u de azores
cus marchas pre!llide. Las víboras mudas se tuercen
al golpe moroso de tu cetro de insigne marfil.
A ti los relámpagos cifteo radial corona¡
a ti Lu cempestadcs rindco sus espada~ de oro¡
conquistas evoca tu rostro de fiero perfil
Y vif"et con tu •if'lo, libélula errante, cogida
entre las redes que urde la luz de monte a monte.
- La tarde se mustia ... Figuras cefüdas de tul
agrúpanse pávidas •.. Arde implacable hoguera:
el cóncavo cruzan torbellinos de nácares y oro,
y el Rey degollado, mil vccci. purpura c1 Azul ....

Ea lóbregas simas tu 8avia la plebe concentra
como el carbón sepulto la chispa milenaria.
411
4

�GUILLERMO

OBMAS

Tus bíblicas madres, cual upigu al beso de abril,
ioclinaasc gri.vidu ... ¡Fluyan eteraameatc,
como las aguas muda■ entre las ■elvaa mudu,
aa1 pr6ceros gérmcne■ de fausto Ti¡or juTcoiII

Ni mármoles épicos, claro■ de lumbre y coroou,
ni maros invictos que próspero■ hierros de&amp;cndaa,
y raanlea leones de tranquila postura triunfal,
ni erectas pirámide■ - arnu al genio propicio aarmficamcate tu fama dilatan, ■onora,
coa voces eternas, ¡fecunda Ciudad maternal!

Estática, lúgubre, lu proceloou cuadrip1
ta sudo aacudca, nostálgico pozo de olvido...•
Abeju de Joaia meli&amp;caa del árbol ea ftor
qme autre1, y al iguila, ebria de luz 7 viento,

laa prraa febriles y el pecbo tremente de lucbu,
aplacan tus gélidu aguu de amargo aabor.

LOS CRUCIFICADOS.
O ,rw.r, at,

,;u ##Ka!

negra, ■oa hnl canas,
¡oh Trágico sombrío!
1 mur dulce morir aales que Uepe

M

UY

la trémula vejez cavu?lta ea frío.

¿A qué ■eguir coa tacitumo puo
de camello,?.... Dormid al pi&lt;- del Monte
para no ver manchado el borizontc
con el ávitla 1ombra &lt;Rl Ocaso . ....

h

ESCOGIDOS

•
Ea lu audosu cruces

acoamn los mirtires; el brillo
roba el dolor a sua biachadoe ojos,
que miran a los imbitos deaiertoa
con la turbia fijeza de fos muertot.
Fuélea la tierra dolorosa: ea baces
brotó para sus 1ienea rama iadócil
de puntas erizada¡ clavo, &amp;los
que los írágilea hueso, taladraron;
para 1u cáliz, de amargura Ucao,
ta rida,-iamensa flor-audó veneno.
Ea la ■ cruce&amp; aodosu
se retaercea tu victima■, tocadq
de martirio lu tcara■ luminosu

por lividos perfiles coronada■•
Láapidameatt ea bilo■ tembladore1
tibia la 1aaire por sa íaz chorrea
y humedece loa pú'padoe, gotea
sobre la barba que ea rdlizos gramos,
cual en bronce tallada, se oscurece.
Y de 1u■ crineos la aoberbia roca
no bate ya, coa laa írementea alu

el grifo laminoso de lo eterno •••..•
Y se eutarbi6 la linfa b'lllllpUHte
de w &amp;laacas papilas,
claros pozos de lumbre
que del vivir el tedio rdlejaroa,
11

�POEMA,
G CTll,LERMO

V.AL ENOJA

y e mudo el labio que de cumbre en cumbre
vibró en la lid relámpagos de acero .•••
¡Oh martircs! ¡oh ruinas
qoc marcasteis el áspero endero
con gajo alterno de laurel y espinas!

Eo torno &lt;le las cruces
do murieron las victimas, aullando
se amontonó la plebe enfurecida
como un tropel de deslomadas hienas.
Y abajo, los zarzales por alfombra
. el Numen, el Amor la Calma·
'
y arnba,
'
1
los márbres, en medio,
rasgando-muertos-la terrena sombra
al blando golpe de su fresca palma.

¡Oh videntes. oh mágicos cantorc !
abogad el himno, que la cruz aguarda
vuestras manos febriles¡
huid rompiendo el arpa cristalina,
a refugiaros en las sombras. Llcgu
los salvajes de puño sanguinario:
cuando co la viña del luror se anegan
. a Dio1 CD el Calvario!
'
¡ase aoan
El verso, cual la tenue lamparilla
que entre las tumbas ocultaba Roma
alumbre mudo vuestras almas. Hick&gt;
llcvái sobre el espíritu cansado,
Y a los Libros-el Arbol de dolores12

E

COGIDO

del matador que insulta vuestro duelo
610 llegan los bárbaros clamore1.
Pobres muertos que co hórrida solumbra
durmiendo están: la ¡-afaga de gloria
sobre sus frentes pálidas no alumbra.
¿Qué imp0rta si mallana el Orbe acude,
el Orbe acude entero
a recoger los huesos polvorosos
del mártir que murió sobre el madero?
El libro quedará cual leño unto
de 1eca sangre por doquier teñido .•.••
y a la victima, en tanto,
sofocará la zana del Olvido.
Muy negras son tus canas,
¡oh Trágico somhrio!
y muy dulce morir antes que llegue
la trémula vejez envuelta en frio.
¿A qué 11eguir con taciturno paso
de camellos?. • . • • Dormid al pie del Monte
para no ver manchado el horizonte
con el ávida sombra del Ocaso..••.
En las cruces nudosas
perecerán los mártires. Doliente
el Ideal, las alas fatigosas
plegando en el azul, lánguidamente
descenderá sobre la tierra, herido¡
y como el Genio del silencio mudo,
las almas tristes lo verán caído
sobre el sangriento marco de su escudo •....
53

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Uijeron lu P1ram1des que el , iejo iml re11calda:
.amamos la fatiga con inquietud sf'creta ..... •
y TÍeron desde entonces correr sobre: una espalda
•liada en carne, ,i\"&amp;, su triangular silu&lt;"U•

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LOS CAMELLOS.

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1 ¡ji,U,

Los átomos de oro que el torbellino csparc"
quisieron en sus giros ser grácil vestidura,
y unido11 en collares por invi11ible engarce
vistieron del giho110 la escuálida figura.

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E B C O &lt;i 1 D O S

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os lánguidos camellos, de elisticas ce .

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•
n,ces,
e ver es OJOS claros y piel sedosa y bia
los cuellos recogidos, hinc:hada!I las ~ '
a grandes
.
nances
pasos rruden un arenal de Nubia.
,
Alzaron
.
• la caben para onentarse,
y luego
e 1 ~~ohento avance de sus vellosas piernas
- ªJº el rojizo dombo de aquel cenit de fue opararon silenciosos' al pie de 1as cisternas
.
g
....•
Un lu!ltro
• e1 uul magnifico
•
. apenas cargan bªJº
y ya sus OJOS quema la fiebre del tormento·
'
tal v~, leyeron, sabios, borroso jeroglifiCC:
perdido entre las ruinas de iJlíausto monumento.
Va:an~o taciturnos por la dormida alfombra
cu~n o c~erra los ejos el monbundo día,
'
baJ~ la virgen negra que los llevó en la sombra
copiaron el desfile de la Melancolía •.•..
Son hijos del Desierto: prestólcs la pal
un largo cuello móvil que sus vaivenes ítn;:"'
1 en sus marchitos rostros que esculpe la Q'.
¡10pló cansancio eterno la boca del Esfingei°'mera

u

,,

Todo el fastidio, toda la liebre, toda el hambre,
la sed sin agua, el )enno sin bernbra!!, los despojos
de cara vanas ..• huesos en blanquecino f'njambre ....
todo en d cerco bulle de sus dolientes ojos.

1\
11

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1 :

1

Ni las sutiles mirras, ni las leonadas pieles,
ni las ,·olublf's palmas que ri&lt;"gan sombra amiga,
ni el ruido sonoroso de claros cascabelee
alegran las mirallas al rey de la fatiga:

1

¡Bebed dolor en ellas, flautistas ,de Bi:r.ancio
que amáis pulir el dáctilo al son de las cadena■,
sólo esos ojos pueden deciros el cansancio
de un mundo que agoniza sin sangre entre las vcnaa!
¡Oh artistn'I! ¡Oh camellos de la Llanura , asta
que vais llevando a cuestas el sacro Monolito!
¡ l'ristes lle Esfinge! ¡novios de la Palmera casta!
¡Sólo calmáis vosotros la sed lle lo infinito!

1
'

\

'

1

¿Qué pueden los cd'ludos? tQué logran las melenas?
de las zarpadas tribus cuando la sed oprime?

1

55

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11

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!':.
..

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�6ti1LLBRJIO

COGIDOS

E

&amp;lo el poeta • lap sobre ate mar de arenq,
aólo 811 arteria rota la Hamaaidad redime.
Se pierde ya a lo lejos la errante can.....
dejNdome -caaeUo qae cabal¡6 et &amp;idio ••• ¡cómo buscar aua huella, al sol de la mdaaa,
eDlre lu oadu grisea de lóbrego fastidio!
¡No! buac:aré dos ojoa que be visto, flleate para
hoy a mi labio uhaaata, y aguardaré paciente
bata que suelta en biJoa de mfadca dulzura
refraqae 1aa entrdu del Hrico dolieate;

Y ai a mi lado cruza la sorda machedumbre
aaieatru el n¡o foado de eau pup&amp;a miro,
did que Yió ua camello coa boada peaadamdre,
ainado lileacioeo doa fuentes de aa&amp;ro ••••••

ca,aa blaaca ..... flpr'OII loe piacelea

a

.U rdnsdoe diacfpnloa deApelee:
aa llado maaojo qae ea AS cJaroe lucia
. . . . . . ndac:ea de la Crieop8a;

c:wpoa de serpiente clila1M lu - - ~ deecle el - · marp acecban laa 111111úaculu- - - pc,r los bol-des c:ammoa plateadoa
1eiitoe caracolee. baboaos y caneados.
el poema heroico ■e Tia alli la espada
a 1e6a por ~ y contera labrada,
e ewc:ó ~ formas del ciclo legeadario

~ torrea y grifos uo pincel lapidario,

la dama pdca de rectilúaea cara
por 1u reju de la vileta ran;

lu hadas triltea de la paaióa ucelu:
t6r'fida .,_, la aaapirada Elaa.

V

LEYENDO A SR.VA

-

traje suelto de recamado biao
ea Yoluptuoaoa pliepea de 1111 color indec:ieo,

BSTIA

y en el dmn tendida, de rojo terciopelo,

su

manos. como Yina pariaitaa de hielo,

aoateaiaa uo libro de co~ fino y largo,
aa libro de poemas delicioso y amargo.

pitidos la tibia yema blanda
ro&amp;aba tenuemente c:on el papel de Holanda

De aquellos dedo

.

los mell'08 raros de mmicalea t.imbrea:
m6Yilea y largos como ja¡oaos mimbrea,

dWimoa, que 'fiatea la idea ki••.-C
ta. alba l!lij• an rio traapan11tela Vida llora y la llaerttl sonrle,
el Tedio, como • ic:ido, coruoael dalle ••••

c:ul casto papo ele dbilea Ci_cera
IIIIIJl&amp;blLD eD aileacio 6pru de IDIIJ~
fflieroa . . Yiclaa, iDYioladu y aolu
la esputa ~ que circuada lu ola:
1T

�o

QUILLER
la naa de ojoe c6lidos y de bnmo cabello
pu6 coa m piaeelea de mna y ele ~

la qae rob6- al piaao ea lu •eladaa frias
pareja voladoru de b1aacu armolliu
qae fa.-oa por loe viea1m perdiéodoae 111111 a ...
.....,.., eanelta ea ■ombra■, ■e atristaba la laaa,. •••
Aqaeu, el pie de■Dado, gira como aaa aoaabra
qae tia hacer ruido pisara por la alfombC'a

de aa templo...y como el a e 11ae ciega el a■tro diaao
coa mirada Dicl6Jopa iluaioa el N,.,._

do al falipdo beso de laa vibrutea cliaea
11D aire triate '1 neo preladiaa doa Tioliaea •• - •

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ..

la....,....._acre......

eDa n baacaado • kilrmuo
- - a&amp;ta rotU

IJ8

1M bn ■ H,

por ella. •• «PuemM. e■ta doraeate hoja
mi aá- acon,te0ta, qllf'- mi aerelo ac:oafOja,•
entre ai la dama del recamado biao
fl&gt;Juptaoa&gt;■ p1iepea de color iaded■o,

proaipió del Hbro laa hoju volteando,
au1za ~ áareP rimu de 90ll &amp;tditl# 1 blaado
pmuaea de OrieDie. lo■ fflidoa rabies
lo■ joyeros mórbidoa de aedu cume■aea.
y6 venoa que parda como 1aatadóa ecos
.oca muerta; caatioa. nailetea ■eCOI

La Jau, como aa nimbo de Dio■• de de el Orieate
clbaja aobre el llaao la forma ennucaate...
de 1111 láapdo mmcebo qae el tardo puo pía
como bmcaado aa alma, por Ja pampa ocia.
B-..ea a au bermaaa; UD tifa la oqra Sepdora
-■obre la miea qae el beao primaTeral edoraabatielldo ■as •la■• ... alas de marciéla¡o,
biri6 a la virgen p6Uda ■obre el dorado piélap.
que cayó como UD trie'o... Amigaitu llorosas
la mtieroa de lirioa, la cüleron de roaa■;
céfiro de la■ tumba■, an banlo iarae6ta
le CUl6 canto■ trittea de la raza maldita
a ella, que ea aa lecbo de gaau y de bloadu,
ae uemejaba a Ofelia mecida por las onda■:

l DO

bacea cnqir, al tactO c6llc:ea iaodoroa;
que repreclacea loa 1eaeb1$Ddoa coro■

BJ••

la■ locu campaaaa qoe ea
Di/MIM
._,.;__ coa ■a■ ocea loe amettu c:ejijmltoa,
doa CD racimoa eatré Jaa ■epaitaru
bebene la sombra de ■aa DOChes o■curu- • • •

·---··········-······
teDdida. de tojo terciopelo,
maaos, como 'fÍft■ puúitaa dt- hielo.
laroa teatuaeate la págiaa poetren
iqllC, en gri■, mostrabe n caeno sobre aaa calanra.••
~ ■e quedó pensando, pcmudo ea la ama~
..y

c,a el di-ria

c¡ae acendran anacbu almu; peuaado ea la figura

•

�G U 1 L 1, E R M O

l' A L E N O l A

POEMAS

E

·oo,.;JDO -,

i:lcl bardo, que en la calma de una noche sombría,
puso fin al poema de su melancolía:

sentir en el espíritu brisas primaverales
• - monJeS
· . y los ro·1os misaletj
ante los VICJOS

¡exangüe como un mármol de la dorada Atenas,
herido como un púgil de itálicas arenas,

tener la freotc en llamas y los pic&lt;J entre lodo;
querer sentirlo, verlo y adivinarlo todo:

unió la faz de un Numen dulcemente atediado
a la ideal Relleia del eatigmatizado!.. ..

eso fuiste, 10b poeta! Los labios de w herida.
blasfeman de los hombres, blasfeman de la vida

Ambicionar la túnica que modelaba Grecia,
y los desnudas senos de la gehtil Lutccia;

modulan el gemido de las dc,;csperanzas,
1
¡oh rnistico sediento que en el raudal te lanz~-. • ....

.................................. : ...
,.

pedir en copas de ónix el ático nepentes¡
querer ceñir en lauros las pensati\·as frentes;

·Oh Señor Jesucnsto! ¡1or tu herida del pecho

ansiar para los triunfos el hacha' de un

;pe;d6nalo! 1perd6nalol ¡de ciende basta su h!cho

Arminio;
buscar para los goces el oro del triclinio;

amando los detalle I odiar el Universo;
sacrificar un mundo para pulir un ,•er11O;
querer remos de águila y garras de leones
con qué domar los vientos y herir los c,muones;
para gustar lo l!Xótico que. el ánimo idolatra
esconder entre flores el áspid de Cleopatra:

de piedra a despertarlo! Con tus man?s divinas
enjuga de su saogre las ondas purpurinas ....
p s6 mucho: sus páginas suelen robar la calma;
en
· 1 lma·
sinti6 mucho: sus versus saben partir e a
'
amó mucho: circulan rafagas de misterio .
entre los negros pinos del blanco cementerio ... .

................ ·....................... .

seguir lo ideales en pos de Don Quijote
que en el Azul divaga de su rocio al trote¡

No manchará su lápida epitafio dolienk:
tallad un verso en ella, pagano y deca,lente,

esperar en la noche fas trémulas escalas
que arrebaten ligera a las etéreas salas;

digno del fresco Adonis en muerte de Afro~ita:
o el hálito de una rosa marchita,
uo verso c Om

oir los mudos ecos que pueblan los .antuarios1
amar las ho tías blancas; amar los incensarios

ue llore s~ caída, que cante su bellez~,
'
q
.
.
•os ·que diga su tristeza ..•..
que cifre sus cnsuen , 1
••••••••••

(poetas que diluyen en el espacio inmenso
sus ritmos perfumados de vagaroso incienso)¡

ea voluptuosos pliegues de color 1odcciso.

eo

;~~~~; ~~~ ~~ ·d·a~~ ~-~- ;~~~~~~ -~~~-- .
el

�G

r

l 1~ /, J,,' R Al O

J' A 1, J: N C I A

¡Dolor! dijo el poeta: los labios de su herida
blasícmao de los hombres, blasfeman de la vida
1

modubn el gemido de la desesperanza·
1
fué el místico sediento que en el raudal se lanza.
Su muerte fué la muerte de uoa lánguida anémona
1
se c,•aporó su vida como la de Desdé.mona·
1

ebrio del vioo amargo con que el dolor embriaga
Y a los fulgores trémulos de uo cirio que se apaga.,..
;Así rindió su aliento, bajo un sitial de seda
el último nacido del ,·iejo Cisne y Leda!.... '

CROQUIS

B

el puente y ~I pie de la torcida
} ango!lta caUe1uela del !luburbio,
como un reptil eo busca de guarida,
pasa el arroyo turbio .••.
Mansame,;te
bajo el arco de reda contextura
que el tiempo afelpa de verdosa lama
sus ondas grises la corriente apura,
y en el borde los ásperos zarzales
prenden sus redes mó,iles
al canto de los yertos peñascales.
AJ•O

Al rayar de uo crepúsculo, el mendigo
que era un loco tal vez, quizá uu poeta,
62

POE]t[AS

b'SOUGIDOS

bajo el candil de amarillenta lumbre
que iluminaba su guarida escueta,
lloró mucho .• •·
Con honda pesadumbre
corrió al abismo, se lan:r.6 del puente,
cru:r.6 como un relámpago la altura,
y entre las piedras de la sima oscura
ae rompió con estrépito L, frente.
Era al amanecer. En el vado
temblaba un astro de cabeza rubia,
y con la \"ieja rátaga de hastío
que despierta a los hombres en sus lechos
vagaba un ,·iento desolado y frío¡
se crispaban los frágiles helechos
de tallo!! cimbradores; lluvia densa
azotaba los tecboll:
¡eomadccia la ciudad inmensa!
y me dije: ¡quién sabe
.
si aquellas tenaes gotas de rocm,
si aquella casta llu, ia
son lágrimas que vienen del vacio,
de11de los ojos de la estrella rubi:i!
Rubia estrella doliente,
solitario testigo
de la fuga del pálido mendigo,
¿fuiste su ninfa ausente:
¿eres su no,•ia muerta,
a los albores de otra lu:r. despierta?
~

�GU!l,LERMO

•

VA LENOIA

Rubia ei;trdla, te tigo
de.la muerte del pálido meodigo,
cuentame a solas u pasión secreta:
¿fué él acaso tu fén·ido poeta?
¿en las noches doradas
b .
,
ªJº el quieto follaje de algúo tilo,
tus mano delicadas
le_ entornaron el párpado tra.nquilo,
truentras volaba por su faz inquieta
tu fértil cabellera de violet.,?
Rubia estrella doliente,
~olitario testigo
&lt;le la fuga del pálido mendigo ....

.......... .............

Va cayendo la tardi=. So~!~·~~~&lt;~· · •
de insólita pai,·ura
mana del fondo de la sima oscura·!
el cadáver, ya frío,
se ha lle\·ado en 9us ímpetus el río.
Entre la zarza un can enflaquecido
lame con gesto de avidez suprema
el sílex negro que manchó el caído
con el raudal de sus arterias rotas:
luego el áspero hocico relamido ·
frunce voraz, y con mirada aviesa
temeroso que surja entre la gente'
alguien que anhele compartir su presa
clava los turbios ojos en el puente .•••'

P O E JI .A. S

ESCOGIDOS

MOISES.

l
LA ESTATUA.

y

dijo al mármol iVÍvd De las entrañas duras
surge el Profeta irguiendo su centenario busto
con las pupila, hondas, inmóvil.es y oscuras
cavadas en el hielo dr su semblante augusto.
Las siene., calcinaclas del rayo en las alturas,
la planta, vencedora dd arenal aduuo,
y de su añosa barba las vividas alburas
la mdjestad le dieron de un Hércules vetusto.
CeñiJo el rudo torso de piel sedeña, un manto
veló, de níveos pliegue:\, su gigaotez de roble;
con musculoso .. dedo'! asió la ley del Santo
solire ancha piedra escrita; y t"n ademán sereno,
alzada al infinito quedó su faz inmoble,
como escuchando el sordo repercutir de un trueno ..•

n.
ltL SÍMBOLO,

¡Salve, pujante macho! Vigor de prima\'era
cri~e en altas ru,·vas tu c;irne floreciente,
y porque al man1io asoml,re tu :mciaoidad de fiera
a Pan de Arcadia robas el nimbo de tu frente.
65

�GUJI,LRR/,JO

V d L R 1\' &lt;, 1 A

'I ú ci ras, como d hombre que vió la luz primer;.,
la san6re de los lJrutos y la divina mente:
co ti palpita el I.weh de la estrellada esfera
y en ti destella el 1-'auno de la pa •aaa gente.

Ere Fuerza, ere Alma, eres Valor tranquilo:
en ti se hum;rna d Kosmo ¡ tu!&gt; brazos de gigante
saciaron d aguas ,·ivas los áridos desierto .
¡Cómo okirlane, oh \·iejo libertador di!! • ºilo,
i el tiempo nos mediste coa etern:,I cua\lrante,
si desgarró tu mano Ja noche de los mue-rtos!

CABALLEROS TEUTO. ES.

D

u ·roico si~:fo en apartado día
cruzaba una part&gt;ja de teutones
por las llanuras de la vieja Hungría,
olvidados con nol,le l,izarr1a,
de e cudos, capacetes y trotones.
K

Tan sólo a sus cinturas eslabona
pesarlo anillo la marcial tizona
que a sus puñ0s de acero confió el rito:
bajo el limpio metal que la aprisiona
no ha turbado sus sueños t I delito,
ni en baj~ lid con la mesnada oscura
jamá:. melló sus filos tajadores,
ni, de su temple y su ,·irtud segura,
se abatió nunca a combatir 1:, impura
falange de malsines y traidores.
66

P O E .ll A

E,' (, O

a

I J&gt; O S'

Zur,la banda de pillos y gañaue
con la pareJa solitaria cierra,
que:, entre la grita audaz de lo rufianes
y al golpe de su.; toscos l!"Ua)iacanes,
en sangre moj;¡ la manchada tierra.
A destrizar la sórdida ga\'illa
b;istaba la teutónica cuchilla;
pero la ley caballeresca manda
perecer sin defen a eo la emancla
antes que herir a gentes de trabilla.
Lustre consigan los honrados fueros,
de la altivez al genero o brote;
a e. tilo de los bravos Caballeros,
¡prefiramos caer bajo el garrote
a mancillar los ínclitos aceros!

SURSUM.

P

cirio su plegaria ;eza
delante del altar¡ un incensario
alza nubes, y llora el campanario ....
¡voluptuoso ambiente de tristeza!
ÁLIDO

Allí, como el galán de la Pobreza,
desean a en el Señor un solitario,
que entre las negras fauces del osario
dejó caer su lán~ui,Ja cabeza.

. ................................ .
67

�9UILL&amp;BJIO

V.A.L&amp;NOI

¡Dadme a potar la miel de lo dmio,
...... a leer el -riejo perpa1ao
COD

-lliaaarioe de perfilea ro;.:

POEMAS DISPERSOS

q,,iero ..... a la iapaeiNe 'lllaa
daade le alooca CD las la IIOcl,e _ .
I)' mira Dio. coa ualea ojoel

_
,.,__ ~--""''
LA VISITA.

,........... ~,_,...... _.,,.

,,_,.,.
.'~"- ,.,,
--,1--..¡,,.,.•
e-... • -tr-•B.
r..,,-.,,-_,;,,,_...,_,.,.,

TllRRJS RIIURNEA.

(

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n ..., Torre ele -■rfil, • paertaal

A

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SM,-

El aal J el blea, loa .......,_ J la
atiaoalc--.lllelamor qae
roba tapa• coa eape,- ..nu.

~

...
'""-'-"•----,

&amp;I critico 8atu, ....... Jertu
'J el .-io &amp;bro ta dooel DO Mida¡
■i a la triba de lacu dolooida
aailaroa - bé,yedu . . . . , _
Vift a ta...,.,., la Beleaa: - - .
iapulñle, pc:iol; olhlma dieque oraó de mino el amoroeo criecoi

10 -como el ne qae Miaffft eocadaqaiero en la 1-bo-e de aa fa• ndioaa
¡apaceatar •

clraoloo ele fuesol

.

u_,... r""-, ~

JV.UI IVJOL.

. ...-

¡O,I_,. _ _ _ _

L

A -116poli . , _ 7 r,ne, ucaclla
ario aa,al - la prima.era
que ■il c,uadaa de oro 1 púrpura eatreabria
el éter 7 el ■ar '7 oobre la pradera.

aa

Al feaecer de ua ella,
,necieado aaa lalrCida, tuláatica eac:alera,
Mn....6 el -bt-al del Solitario
- 1,ombn, que yeafa
• apartada rqi6ll eotnnjera.

•

•

�-¡Emersonl-dijo al verle, el Kaestro, y al punto
- ¡Carlyle!-exclam6 el huésped •••• y fué tode.
El ■ilencio

aabe
cubrir a t.• eatatuu olvidadas •.••
Sentados frente a frente cabe la■ llamarinlas
del bogar, inclinaron las glorio as cabeza11,
Y comenzó un excelso coloquio sin vocshlos:
¡el coloquio de aquellas dos grandeza,!

Pcasad en el poder de dos fieros venablos
sin rozarse en el ímpetu de su febril porfia;
pensad en dos esferas siderales
que recorren ■DI seada■ eternales
alumbrándose, mudas¡ influyéndose, solas;
meditad en doe nubes preladas de tormenta
que cruzan por instantes sus espad&amp;H
•~ restallar de trueno 9ue revienta¡
ea dos esbelta■ áuforas colmadas
(dejen brillar su plenitud gozosa
CD perlas que se fundan sin ruido
en un pozo dormido)¡
meditad ea dos águilas rivales
trazando en el azal sus espirales
gigantescas por cima del abismo:
meditad CD dos poiaos de gracia deleitasa
que dejen mezclar, libre, por el sutil ambiente,
ID poder eacacial ca tímidos efluvios;
penad en doa amantes: con emoción ardiente,
70

y en plácido mutismo
remira cada uno la imagen floreciente
como i en un eapejo se contemplara él mismo.

se cambian su retrato,

Y en silenciosa actividad fiuía
la ar~ del reloj, y esos dos sentimientos
y esas do11 elaciones en aquellos gigantes

lo■ envolvía como la yedra

que hclcn ciegos a la lcjsnia

coaIDó

E

G U I L L E R .lf O

/

mudoa, eternizaban los instantes
.
entre un casueflo vago de vagos pcasam1eatos.
La ennegrecida pipa del escocés alzaba
teooe espiral que al ascender fingía
humo de un corazón que e abrasaba.
Emcnoa . . . . meditaba •. , •
La realidad dormía •..
y aquellas dos mudeces eran el libro abierto
donde cantaba el uno la augusta epifania
del otro; dos palmeras tlel desierto
que se fecundan desde velada lejanía.
Y ca ilcnciosa actividad ftufa
la arena del reloj. Y así puaron
horas sin cuento. La poatrera brasa
crepitó; al atinprsc, despertaron
loa absortos,
En fúlgido derroche
titilaban los orbca. en el ciclo.
¡Oh fecundo silencio!
¡Oh silencio gemelo de la noche!
V cacicada la escalera fantástica y torcida,
Emcnoo se alejó y el Solitario exclama:
•·Qué noche tan feliz entre las de- mi vidab
1
• 1
¡Amor que para herir no necesita el gnto

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V.ALEi\'CIA

EL CABALLERO DE EMMAUS.

Y

aconteció que al declinar d día
caminaban los dos tímidamente
hacia la polvorosa lejanía
de Emmaús, que en el limite surgía
como un dado de piedrwteluciente.
Y evocaban con dejo compasivo
del buen Maestro la final escena:
su dolor, su desmayo fugitivo
y el anuncio que el Hijo del Dios vivo
hizo al grupo feliz de Magdalena.
Y he ahí que por el árido sendero
súbito se acercó, sin ser oido
de los dos, un extraño compañero.
Y era el mjsmo Jesús, como un viajero
que cruzase país desconocido,
y dijoles:-¿Qué pláticas son éstas
que entre vosotros concertáis andando
y estáis tristes?
-Tú sólo de las fiestas
-dice Cleofas-retornas ignorando
el prodigio de cosas manifiestas,
mal peregrino!
Y el Señor responde:
-¿Qué cosas?
Y ellos:-Pues del Natareno,
cuya gloria sin par ya nada esconde,
74

l'

o ¡.;

M A S

BSCVG/JJ08

de Jesús el Rabino y el Profeta,
grande entre todo!!, entre todos bueno.
Del mismo que llevaron al suplicio
los príncipes del templo y fariseos,
y recibió condenación de muerte;
que en nosetros prendía los deseos
de ir tras su huella; del caudillo fuerte;
·dd Salvador del pueblo! Mas ahora
1
•
todo acabó, y es el tercero d1a
del suceso.
También unas mujeres
nos dejaron angustia aterradora
al relatar que del sepulcro babia
desparecido el cuerpo, y sobre el canto
vieron visiones de ángeles, ceñidos
en túnicas de pliegues luminosos;
que les trocaron en placer el llanto
¡diciéndoles que vivcl
Presurosos
al oírlas, los nuestros a porfia
arrancaron, y Juan llegó primero
y sólo halló la cavidad vacía,
¡pero no vieron al Señor!
Severo
les dijo entonces Él:-¡Oh raza impía,
tarda de corazim, a la fe dura!
¿Ignoráis el profético relat_o . .
.para Israel, y su triunfal historia~
&lt;Cómo se cumplirla el gran mandato
en Cristo, sin la cruz y sin la gloria?
75

�IIOEJIAB
8U/1,LERJIO

VALENCIA

Y cual leyendo ca historiado muro,

apaso use aus alma■ uombrada■
el libro diriaal de iaír\clO 1eUo,
dude lloiaés ea el puado o■curo
huta el hombre de pelo■ de camello.
Y fué puntualizando ea el llleaía1,

ESC06ID08

lo baila,- ea el aire perecrmc&gt;
con qae ftortiera
...---- el pan aobre la - •
10h pulcritud! i()h ■ello ~ • o
que aa admúa elimer&lt;&gt; eten,isul
i()b disúecióe que al ml■ere fUUII"
alas .-i1tel 10b ■ipo aobrebumaao,
tú la divinidad esterioriaaal

ea Si mismo, el anuncio milenario
que ciírabaa lu ardua, proledao,
J le■ moab'Ó, por fin, aobre el Calvario

al YHÓlf D&amp; DOLORBS de baíu . ..
Y eatre el blando coloquio lia teatiro■
-tinta■ ya lu rálapo po■trerao,­
bajo el murmullo de lo■ cabrahiro■
J el moroao nioréa de lu palmeras,
llegaron a Emmaú1 lo• tres amigos.
Y Él hizo amaro• de ■el[Uir.
Coa viva
iaquietad le detienen, y a 1u frente
le hace ■enw la humilde comitiva.
Parte el pan-la .,;,adl peooati..J ello■ le reconocen de repente.
Y aote ■us ojo,, de pa•ur turbado,,
Jeaút despareció, mientra■ decían:
•(No aos eatremecimo■ inflamados
cuaado al venir, ■u labio■ iaapirado.
los misterios recóndito■ abrian) •
Y e1o■ que ea el coloquio veapertiao,
• ■u ruda ignorancia moatañesa
DO

achirtieroa el hilito di•iao,
78

,,

�P O E JI

(1OQID'O

E

--f'

VERSIONES.
. EL SdOR DE LA ISLA.
(De STUAl'f GBOaGB.)

E

Seaor de la &amp;la
que hay ea el Sud, noa dijo la leyeada
que narraba sencillos pescadores,
a la luz del hopr bajo aa tienda:
L

Ea la Jala dorada,
~onde perfuman como abiertoe pomos
ncu roqau y verdea ciaamomos;
ea la lila tilente,
doade, al canto de Umpida corriente,
brftlan Ju ¡emu de color ailave
hubo aa cxtraio morador: ¡un av~I
De pies en la ribera,
•a pico de marfil descogollaba
la
alta palmera;

'

mu

cuando •iu alas, rojas
como sangriento caracol de Tyro,
turbaban el murmullo de laa hojas
al revolar ca el ambiente puro,
lentas, pcaadaa, flojas,
asemejaban nubarrón oscurg.

78

Dé dia eleapi'e oculu!
bajo 1u ,._, .i
la wde
pasibase del mar ea 1M orillu,
donde mezclaba el oriento
del ave rara el ilaateado acento
y el olor de las atgu .....,;ua..
Sacando la cabeza, lol delfines
amadores del caato
Ue¡abao de loe iltiaael coa&amp;aea
ea constelado ®'°1
,
y al ,olpe mutical de au aletaa
cruaban por e l . ~0 ~
chispas doradas y pbna¡es de
1

A.tÁ

oro.

'fi.tó loa aiglqa. ~ t o

el ojo de l a ~ criatura
no la midió, Yiolaadó l a ~ :
el náufrago tao 161n
que de HS ~ 161,rep Eolo
arrojó sia piedaél. tal ea la oyera
can1aÍldP en la ribera
al morir de una tarae áileadoa&amp; • • • •
Cuando por va priineA
llevó 11111elo ea ágil oavegaate
a 1a Isla dlatute,

se puso el ave a ~piar a aolas
le triste de la eatela
ea las iDtaetaa olas

donde fl9t&amp;ba la donnida vela,
'19

�,.1............. .....

-~---ftllel---

- ..,,........
............
•

- . . , . qgerida,

1,.,,••...,......
.................

....... 11 Ji Ali,
1, S. .... --■ ti

•

.
... ---~-·.....
,,...
..
.
.
....,....

et"-ido-..o

.,.._.....qll,I._..IIW
~

JIOZO DB ALDltA.
(De nua ca.o.GL)

E

..wo...,., de aldea

.............._
l.

e1--•

yrmel~ldl

ldh

alutl'iba~blljoellipQ,~.-....ca- c1i6 .. tu a illlllldU - - ......

Olladoaaereelaol.••-•4irip. Mdl!•ílc • mea■a

...................
l!ael--~e1 ... PIID

. . . . . . . . . . qae, - maene,
• Dioa ofrecieron el alma;
elotronftr'tad OCillla
lobaalafáebrelOMda

cle.......,

qae - - - ;..ao .... nea■
•crapo .....
oclkelu ■-clatcoereJu

••dcieeelNdelenciadu

LAS GUAC'MlítY

(Denu.d...,.._)

•cuc-~~..-.
peaaclloedlDcdoi'da__.~
y,ealre-~ . . . . . .
eoteillMarGIIM.-.rlL

· - - - 111 . . . . . . .
ylualalao._.,ea~

• gucaaa,-

blucu _ . .

CQDedlclM\8ea ., . . . . . . . . .

qae •lea ...... de aoc:lle
ca coaqufata •Ir ,.,.n y agua •••.

•

'

�GUILLERMO

VALEI\'CIA

ANlVERSARlO.

H

(De

STEFAN GEORG&amp;.)

toma el cántaro
de tierra gris;
no olddes la costumbre, y vente luego
en pos de mí:
Hoy ha siete veranos que lo vimos:
recuerda ... En tanto
que El hablaba, nosotras en el pozo
hundíamos risueñas nuestros cántaros!
Después ... un mismo día
nuestro novio perdimos: Hoy, hermana,
iremos a buscar en la llanura
la fuente que sombrean
dos álamos y un baya,
para que aJli
llenemos en silencio nuestros cántaros
de tierra gris ....
ERMANA,

POEMAS

ESCOGIDOS

¡leza de esta poesía? Yo la siento solamente... Si
usted tuviera la bondatl de contármela.,,
El respondió: «Lo bello está en la sencillez de la
tristeza. Los novios murieron, dice el poeta. Las novias dicen sencillamente: a El día del aniversario iremos
a traer agua de la tuente, en el cántaro de tierra gris,
en aquel sitio de la pradera en que se alzan dos álamos y un haya.» «Gracias," dijo Paulina.
Y luego añadió: «¿En qué está la tristeza de esta
poesía?»
« En nada. La tristeza es así. Sucesos de la vida
diaria, pensamiento silencioso a la orilla de la fuente,
en la pradera, dónde hay dos álamos y una baya.»
Silencio....
·
Paulina se 1nclinó un poco hacia adelante, con las
manos puestas sobre las rodillas, y dijo: «¡Tiene usted
una manera de explicarlo! Da una con lo triste, lo
palpa. ¡En verdad, usted es el poeta!»
«¡Ciertamente, yo soy el poeta!»
«¡Ah! ... Y ¿qué es Stefan George?»
"El poeta.»
«¿Y yo?»
Cl El poeta. ¡Los tres juntos somos el poeta!»

INTERPRETACION.

E

(De

PETER ALTENBERG.)

joven estaba leyéndole a la dama joven y pálida el ANIVERSARIO, de Stefan George.
u Lec usted de una manera, dijo ella. ¡Tal
parece como si fuera el poeta! ¿En dónde está la beL

82

83

,..

�GUILLERMO

VALENCIA
POEMA

om.

p-

(De PBTBR ALTBNBBRC..)

aDOllO al hombre todo,
¡menoa Ja lucha estéril! En silencio
cobre tu faz ¡oh César de la vida!
cuando ese Bruto pálido-la Suerteágil, leroz, certero,
entre tu corazón hllllda el acero.

Quedad, esfuerzos vanos, •
para la hembra, esclava de la vida,
que si rompe la tabla carcomida
y se despeña, en negro parommo
crispa sus manos débiles
¡eomo para agarrarse del abismo!

,

LA BALADA DE LA VIDA EXTKRIOR.

COGIDO

E

-como ruedan. los pájaros muen.osee caen de noche, de las quietas ramas,
yacea pocoa dw
o se pudren luego ■obre la hojarasca.

Y soplan 'J soplan 'J aoplu 1u ráfagas,
y siempre y de nuevo nosotros oimos
palabras,

palabras que hablamos,
y siempre, de nuevo, sentimos
el placer y el cansancio que sieutea
loa miembros ea todas las razas.
Y corren camino• por entre la yerba,

y, desparramadas,
bay ciudades que prenden antorchas,
y viven entre árboles,
y tienen cisternas que nos amf'nazaa,
fatídicamente sin agua:

¿Y por qué las hicieron? ¿Las unas
a las otras ciudades igualan?

Y

(De RUGO VOlf HOFMANlfSTBAL.)

crecen los niños con ojos prohmdos que ao ...
(ben nada,
y crecen y mueren, y todos los hombrea imitan
(su marcha.
Y crecen los árbolea,.
y las frutas ásperas
ea dulces devienen, y lu frutas dulces
86

¿son pocas? ¿son muchas? ¿su cifra es muy larga]
zy de dónde vienen loa cambios que alternan
la risa con lágrimas?
l.Y de dónde vienen
las mejillal pálidas?
y con todo dio
lo■ hombres ¿qué ganan?
lqué ganan
estos juegos sublimes y eternos
pue somos nos¡,tros, que aon nuestras almas?
86

�G U 1 LLE R .'1

o

VA l,ENCIA

¿Seguimos siquiera
la meta deseada?
¿de qué pueden servirnoli las cosa
las innúmeras cosas miradas? ..... .'

· · ··Y, con todo, muchísimo dice
el que dice: ¡la Tarde! pRlabra
que destila sentido muy hondo
Y un raudal de tristeza que mana
cual la miel que en suaYísimos grumos,
de los huecos panales resbala ••.•.•

SUEÑO VIVIDO.

POEMA ...

E::00GJDO

v en corrientes ,;le tinte anaranjado
:__como tibios lulgores de topaciouna luz que pintaba la flore:sta,
de triste claridad amarillenta,
y todo e taba lleno por las ola
,le una rara cadencia melancólica.
Y sin lograr iquiera comprenderlo
mi turbada razón, pero sabiéndolo,

clamaba sin cesar entre mi mente,
que aquella realidad era la lucrte. • • •
Y la Muerte hecha música¡ la hermana
de los hondo anhelos; la que ama

seres que viven, y los busca,
toda vigor entre la noche adu u.

a lo

(De

E

HL'GO VON HOFMAN. 'STHAL.)

Valle del Crep1ísculo llenaban
perfumes grisc- de color de plata,

L

como cuando la luna se tamiza
por catre nubes de borro as tiota,;.
No era la noche sin embargo. Presto
con los aromas de matiz de argento
se d1 iparoo en el valle o curo
mis vagos pensamiento de crepii,culo,

Y entre las aguas de una mar tranquila
me hundí callado ... y e me fué la vida.
Vi cálices de flore mi terio~as
Y negras, que brillaban en Ja sombra·,
S6

Y en silencio y ol'ulta entre mi alma
lloraba por la viJa una • 'ostalgia,

y lloraba y Ilornba, como llora
el que se va-lle\•ado por la ola.,
en una enorme embarcación marína
de fantásticas velas amaritl.isque a lo tenues fu\n-ores del oca o,
desde las agua. d un azul opaco
con igue divisar en la ribera
todo el cariz de la ciudad paterna:
y se oírccf'n las cnlle II su ojos
y percibe el murmullo de lo po:ws,
~7

�G CJl,LERMO

VALERC'JA

y de los caros bosques familiares

E"COGJDOS

P0Elt1A

a pira los aromas otoñale~,

El negro que en los ojos, cabello y ropas brilla,
contra ta, bajo el oro de una tarde amarilla,

} se finge de pies entre la arena,
como en las horas d la edad primera,

con el pálido mate de una faz altanera
de tre cuartos pintada y so:gún la manera

transido de inquietud, con las pupilas
arra ada en lágnmas e quivas,

de artista. españoles como de venecianos
cuando trazaban a lo nobles y soberanos.

y ve el roto cri tal de u ventana

y tra. ella, su alcoba iluminada ..••

La nariz, recta y fina, palpita. opl&lt;&gt; duro
de su boca menuda y roja, obre el muro

Pero la enorme ernbarcncibn marina
que no urte Jamás en la orillas,

los damasco agita, y en lo vago distante
perdida la mirada turbadora y errante,

sigue adelante en el . ilcncio mudo
que hacen las aguas de un azul oscuro

cual la cogieron tantas de la. viejas pinturas,
hormiguea en anhelo. de enormes a,·coturas. • • •

obre lo ,iejos má•aile tendidas
1melancólicas velas amarillas! .••.

!.,a ter a y ancha frente que urce inmcn!'o labra,
medita en. ansias loca, y en la brutal palabra

baJO la grácil gorra cuya pluma se mece,
¡sujeta al broche donde un rubí re plandece!

CES R BORG!A.
(De

PAUL YERLAINll.)

D
R

la, somura que sumen el vestíbulo ausonio
donde el busto de Horacio y el uusto de Pe-

N

(De

PAUL VERL,\L'IE,)

(tronio
de perfil y abstr,údos, ueuan en má,mol blanco la siniestra en la daga, con la diestra en el flanco 11

o ya mi ser conturban, equívo~ unh·er:.o,
tu campo:-, ni los eco de roJa ¡,astoralcs
antiguas, ni el reflejo de pompas aurorale.-;
ni el ol de!&lt;pcdazado y en el azul Jispcrso.

y una dulca onrisa que el mo tacho realza,
del fiero duque e¿. ar, la figura se alza.

Quiero de todo ahora reirme: &lt;le hombre y verso,
y de los templo~ griego y de las catedrales

s

89

�GUILLERMO

l' A L EN C. I A

P O E M A 6'

¡;::aoGIDO,

que buscan el \'acio con locas cspirale~:
ya de mi copa beben el ·aoto y el perverso.

APARICIO:--:.

¡No creo en Dio,! ahuyento de la memoria mía
el peo amiento; nunca me nombren la ironía
llamada amor que a tantos y tantas enardece;
con usto de morirse, con el ,;\'Ír cansado,
cual un e. quife roto del viento arrebatado
¡sobre el abismo negro mi csp1ritu se mece!

MUJER Y GATA.
(De l'AUL

VRRl,AINE.)

L

sorprendí jugando con su gata,
y contemplar causóme maravilla
la mano l&gt;lanca con la blanca pata,
de la tarde a la luz que apenas brilla.
A

¡Cómo supo e. conder la mojigata,
del mitón tra~ la negra redecilla,
la punta de mJrfil que juega y mata 1
con aceradoa: tintes de cuchilla!
Melindrosa a la par ~u compaiiera
ocultaba también la garra fiera;
y al rodar (abrazad3s) por la alfombra,
un sonoro reir cruzó el ambiente
del salón .... y brillaron de repente
¡cuatro puntos de ió ·foro en la sombra•
90

{De STÉPHANE MAI,LARMÉ.)

L

luna se ye]aba. Serafines llorosos
con el arco en lo dedos, adolorida el alma,
pensaban en la &lt;'alma
de las dormidas flores de tallos 'l"aporosos,
A

y heric1as por sus manos, las moribnnt!as \·iola
rompían en sollozos de un albor invisibli'",
c¡ue rozaban, r-0zaban
el azul apacible de las tíbi:ts corolas:
¡Era el día bendito de tu beso priml!ro!
La febril fontasia que las almas consume,
por bcrirme, a sabiendas se embriagó del perfume
de tristeza que lanza
la c&amp;secba de un sueño, sobre el sér que lo alcanzo.
tientras miraba el suelo con mirar ::ibstraíd,),
en la calma, en la tardc-, te me has aparecido
como una hada ñente,
como el hada risueña de mis tiempo· meJores,
como el hada riente que-de blanco fulgores
coronada la frentt:pasaba ante mis ojos,
pasaba ante mis ojos turbados dulcemente
dejando que su. manos regasen, m::il cerrada.,
¡nevados ramilletes de estrellas perfumadas!
91

�6lJI,LER.l!O

POEMAS

b'!iOOGJDO::.

¡• ,t L E X O I A
tDuermcs? la djjc. (Duermes? N,1da 1 n:.Ja ... ao
El lienzo funeral no era más 1-laoco.
Sobre la tierra de los hombres, ¡nada

UN SGE.\O.
verá el ojo, más blanco r¡ue ª'{lld l,lanc '
(De

GABRl~LK D'ASN'UNZIO.)

E

muerta, sin calor L.a henda
era ,·isi&amp;le apenas en el llaneo:
¡r-srrccha futa para tanta vida!

STAPA

El lienzo foni:-r,.! no era más blanc:
que e· cadá,·er. Jamás humana cosa
,·en el OJO, má .. Ulanca que aquel blanco.

\rd,ia Primavera impctílosa
os rristalcs 1 do cinifes inermes
go1pcaban con ala rumori 53 •• ,

\De

1

GABRIRLR l&gt; A~Nl1NZIO.)

e

que ya la música mi c~pi.-itu fatiga,
y el ideal me can,a como nos can!-a t.1na
bebida, cuya fuerza se disipó; ninguna
ficción, ninguna magia mi laxituc1 mitiga.
&amp;SAO!

••

Huyó de IWa el calor. Yo dije: ~Duerme&lt;;?
l •.&gt;n ua salvaje sonrdr \"Íolcnto

má!i cerca rcpctíJe: ¿Ducr'llcs? ¿Duermes?
~Ducrml"s? y al rccurJar que aquel acc.nto
n ... e!'"a e-1 mio, me crispe, de pavura..

'scuchr. ~¡ un murmullo, ai un acento.
Cautivo d~ la roJa arquitectura
se "databa t:n el bochorno un fuc,rte
oior a destapada sepultura.

él b.i.tito invÍsible de la muene
me estaba sofocando &lt;!n la cerrada
habitación. A la mujer inerte,
92

A7'1MAL TRISH:

Con cuánto aí:i.n al carro la juvcnturi se liga,
1ue llev;m los amores y rige la fortuna;
no importa que ~ea móvil la hcmLra cual la luna,
!lerá la misma siempre, ya ébano o espiga.
Otoños y veranos, ,ovicrno~, prima\'era!;,
interminables hora! somLrias, lastimeras,
a vuestra gris imagen mis tedios van unido~.
El indecible tedio de ver sobre la frenU!
un ciclo siempre el mismo, clemente o inclemente

¡ah, quién pudiera darme otros nuevos sentidos!

93

�G l' I J, L E R .ti O

VA LENOJA

I

ONETO.

(De

OLA\'O BILAC.)

P

Guillermo

oco me importa i burláis riendo
e tos versos purísimos y santos,
pue en esto de amor e íntimos llanto ,
de alabanzas del público no entiendo.

.I.T

DI

E

aleocia • • • • · · · · · • · · · · · · · · · · · · • · ·
POEMAS ESCOGIDOS
DB. "RITOS."

el.n-ñeñas hlanc:is. • • · · · · · · · ·
¡Hombres de piedra! alguno habrá entre tantos,
(uno tal vez) que esta pasión sintiendo,
aquí se ponga a remirar, midiendo
la vida que palpita en otros cantos.
Ese será mi público. De cierto
ellclamará: •Puede ,•ivir tranquilo
quien ama as, y es, a su tumo, amado.a
Y pensará, de lágrimas cubierto,
que aqueste ,·iejo cuento sin estilo,
¡jamis oyó con tanto ardor contado!

· ·· ···········
.. ........ .
Aoarko • • • • • · · • · • ·' • • · • • · • • · · · · · ·
...•
San Antonio y el Centauro . . . . • .. : : : ~ ..
Las dos ~abcus · · · · · · • · · · · · ·
. . .•..
.........
A Popayáo................
. .
. ..... .
Los Crucificados• · · · · · · · · · • · · .........••
Los camellos . • ·
· · · · · · •••.......
Leyendo a Silva • • · • · • · · · · · · · · · · ·
....••.
Croquis ... ••••·····················
............
Moisés••···· · · · · · · · · · · · · · · · · ·
....... .
Caballeros teutone11 ................ ."........ •
Sursum. • · • · · · · · · · · · • · · · · • · · • • · ·
.•••
Turns Ebúrnea •••.•..••...•..•••••..•.
6....

POEMAS DISPERSOS•

. . . -........ -..

La visita.•· · · · · · · · · · · · · · · · ·
....... .
La Guerra.••········· · • · • • · • • • • • • •
••..
A Jcaucristo. • • • · • • · • • • · • • • • · · • · · · · · · · • •.•
El Caballero de Emmaús .•••...•.........
95

15
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54
56

62
65
66

67
6

�VERSIONES.

El Señor de la hla..... . Sk/1111 Gtt&gt;rp... . . . . • •
Moio de aldea •...••••• EJ
Las guacamayas .•..••. El mÍl#lo... . • . . • . • • • .
Aniversario ....•••.••• El mismo. • • • . . • . . . . . .
Interpretación .....•.•.. hkr Alknberr... • . • . .
Oíd ..•••.••..•...•.•. El mismo . . . . . . . . . . . . .
La balada de la vida extcrior •.•........... H"K" vo11 Ho/11111111Ut/uzl.
Sueño vivido • . . . . • .. El mismo. • • • • . • • • • • • •
César Borgia..•.....•• P&lt;lld Ver/ai,u. • • • • • • • •
l\coaia. . . . . . . . . . . . . /11 ais1'1(). . • . . . . • • • . • •
llajer y gata . ......... El__, . . -. - - . . . .
Aparici6n. ........... -~Mallan,,/.....
Un 1ueño •••.•••.•••• •Gdritú U Á""""6ÜJ...
Animal triste•••••••... . /ll tnismo.. • • . . . . • • • • •
So.eco ............... Olll'll" Bilae...........

•il•". ... .........

Nra.

78

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81
lb
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84
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94

�LECTU~A SELECTA
91BLJOTICC.A DS DITU....aCJó• Llft■.aau
P1JaL1C1.1D.a roa r. ao &amp;.i.La aoa.aaa.ao

POBJU.8
AaadO Keno.-POBIIAB JUIOOGID08. (1 edkdmn,
a,otaclu).
BllMn Darlo.-POEJUB B800GD&gt;08 (11otac10).
Bqento 4e Outro.-POBKAS BEOO&amp;lDOB.
Oulllermo Valmda.-POEIU B BBOOGmos.

80BAIIBAZADA.
La

mu belloe cuentoa

de todOI IOI palleL

VoL L ntm. 1.-c'UBNTOS lle: "Lu JIO NocJIN 7
maa aoche", Ooetlae, ClaltUer, Lalca4~o Beana
(]tcdnm1 Tümno), Am&amp;clo Heno. Blchard Jllcl&amp;.

toa. ( ~ ) .
Vol L afun. 2.---ouBlffOS . . CHa Girdon71, Pal&amp;clo Valül. Gionmd. PaplDI, BacbUde, Urmoatof,
Pe4ro-BmWo OolL
Vol L nfun. S.--OUBXTOB 4e Páes Oalcl61, 'l'mclacle Ooelho, V. Garcia Oalcler6D, Jl&amp;cbado de Aa-

-

Jllrcui.

VABU

Leopaldo LqcmN.-L08 OAB4Lir08 'DB ABDBB.4.
•
(Ouentoa NCOSiclol),

zoJ Enrique Bo46.-PABABOLAB.

.4.lJTOBBB JIBXIOANOB llnJ'BVOB:
Zoe6 VucoaceloL-DIVAOAOIONBB LITDABU.I.
(Agotat.).

K. aftiva y ACeTe&amp;-OABA DB VIBGD.
.4.ltouo 11e7..,_UT&amp;Afl)8 JlBUBB B DU.ODrA·

moa.

•

Pree.io de eada n6mero en toda la Rep6bll,a:
60

OBNfA VOS.

:No N llrYe ninpn pedido lll no Tiene aeompaflMlo
de ID Impone.Apartado poetal 1018. lláioo, D. F . f
\

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                    <text>R.SITY
CHICAGO, ILLINOIS,
•

t¾iivenity Prae, ut1Mt1; "I'lle ~
KJ'I•• hhiú•, &amp;t1tl1ti;
' '

A.
•

�MODERN· PHILOLOGY
A JOURN'AL DEVOTED TO RESEARCH IN
MODERN LANOUAGF.s AND LITERATURF.s

Editors
M. MANLY, General Editm
WILLIAY A, NITZE, Managing Editm
CHARLES

R.

BASKERVILL

Júru. PlETSCB
GEORGE T. NORTHUP
T. ATKI~N JENKINS

$TARR W. CuTI'ÍNo

FRANe1s A. Woo»
JAMES R. HULBERT
ERNEST H. WII,KINS

JEFFEBSON B. F'LETcHER

E.

PRESTON DARGAN
VoLUME

GEORGE

FREDERIC

L.

KITTREDGE

U.A.N.L

Modern Philology

Tou PEETE CROSS
GEoRGE W. SBERBURN

Advisory Board
JAMES W. BRIGHT

CENTRAL

----

1

••

JoHN

BIBLIOTECA

I. CARPENTER
FREDERICK

XIX

November I92I

NuMBER :2

t GEORGE HEMPL
M. wARREN

tDeceaaed.
VOL.

XIX

CONTENTS FOR NOVEMBER 1921

No. 2

The Fundamental Ideas in ~erder's Thought. III .
Martin Schütze 113
Imperfect Llnes in Pearl and the Rimed Parts of Sir Gawain and tlw Green Knight
Oli~r Farrar Emerson 131
Spenser's Use of the Literature of Travel in the Faerú Queene
Ltm Whitney 143
Thomas Comeille's Re-working of Moliere's Don Juan
. Aaron Schajfer 163
~evedo, Guevara, Le Sage, and the Tatler
. W. S. Hendm 177
Observaciones sobre la Comeaia Tidea
M.Romera-J\?8b4611 187
Does Emilia Love the Prince? .
W illiam Diamond 199
The Dat.e of W innere and W astoure .
J. M. Steadman, Jr. 211
Le Doulile Mont in French Renaissance Poetry
Paul Shmeg 221.
George Hempl, 1859-1921
Starr Willard Ctdting 223
Modena Philolon III J!Ubliahed qµart,erly by the Unlvendty of Obicago at the Univendty ~ 5'760 Bilis
Avenue, Ohlcago, IIl. 1The subacnption prlce 11114.00 per year; the prtce ot single coplea III SUJO~·Order11
tor aervlce ot leas than a balt-year wlll be charged at slngle-copy rate. 1 P ~ 111 prepa.ld by the
Uahen

on &amp;ll ordera trom the Unlted Stat.es, Meslco, Ouba, Porto Rico, Panama Canal Zone, Republlc

Panama,
Boll'ria, Colombia. Honduras, NiC&amp;l'agQ&amp;. Peru, Haw&amp;Uan Ialands, Phlllppine Islands. Guam, Samoan Ialands,
SJumgbal. 1POBtage III charged extra as follows: For Canada, 20 cents on annual subecrlptlons (total 14-20),
on ~ e copies, 5 cents (totál 11.05); for &amp;ll other countrlea in the Postal Unlon, 35 cents on annual sobamip.
ttons totl!J $4.35), on single coplea, 9 cents (total 11.09). 1Pat.rons are requested to make &amp;U Mllfttancee
payab e to The lTnlverslty ot Chlcago Presa in postal or expresa money orders or bank dratta.
'l'1ae fol1cnriDc are aathorlzed to quote tbe prlcee lndlcated:
For the Brltlsh Emplre: Ts11 CA11aaroo11 Umv11q¡TT PB11ae, Fetter Lane, London, E.O. 4, Eqiand.
Yearb' subllcrlptions, includhut ~ e . 29,. 6tl. eacb; sinlde coplea, includlng. 1&gt;08t&amp;ae, '7,. ltl. eacli.
For Japan and Korea: '.l'sa MABUHN•KABUBB11&lt;1-K.uasA, 11 to 16 Nilioobááhl Tol1 Sancbome;
Tokyo, Japan. Yearly subacrlptions, includlng postage, Yen S.liO eacb; 's ingle copies, lncludlng l)08tage,
Yen2.15eacb.
For Ohlna: Ts11 MI88ION B001&lt; O0IIPANT, 13 Nortb Szecbuen Road:..Sbanghal. Yearly subacrlp.
dona, 14.00; single coplee, 11.00, or thelr equivalente in Obineae money. rostage extra, U malled dlNCt
out.alde ot Sbangbal, on yearly subscrlptlons 35 cenia, on single coplea 9 cents.
CJaima for mlulq nambera sbould be made withln the month followtng tbe regular month ot publleatlon.
The publishers expect = p l y millslng numbers free only when Io.m have been susta.ined in tranal.t and wbeo
tibe reserve stock will
t.
Bulnea cornapoadence sbould be addreased to The Unlvenñty of Obicago Presa, Chlcago, m.
c-DIIIDlcationa for tlle editon and manuacrlpt,a should be addressed to The Managing Editor ot '.MODH•
PBILOLOOT, The Untverslty ot Chlcago, Ohlcago, ru.

Bntered u aecond-claas matter July 13, 1903, at the Post-offlce at Ohlcago, Illlnoill, under the Act of Man:h 3,
18'79. Acceptance for malllng at apedal rate of postage provlded for in Section 1103, Act ot October 3, 191'7,
, authorlzed on July 15, 1918:
PJUIIITIID

IN TBB U,l,A,

THE FUNDAMENTAL IDEAS I N HERDER'S
THOUGHT. 111
Chap. 11
EXTENSION OF THE PRINCIPLE OF PERSONALITY

The essence of personality is spontaneity, conceived by Herder
as an individual force, which is the "true and real source" in the
Leibnitzian definition, or the " first cause," of action. His principie
of personality is thus a synthetic unity involving the two abstract
elements of individuality and spontaneity. In the interpretation
and application of this principie it is of the first importance to
bear in mind Herder's fundamental axiom, which was seen exemplified in the eleventh chapter of his first W aldchen, 1 and which
dominates the entire order of his thought, to wit, that concrete
individualities are the primary facts of reality and that generalizations are derivative.
He did not limit the principie of personality, as was the custom of eighteenth-century ideology, to an abstract, absolute atomic
unit called man, but endeavored to trace it in every important,
concrete relation which an unequaled gift of specific discernment
revealed to hirn. Ali of which comes to this, that he was the first
to realize and fully set forth the fundamental t ruth that the essence
• See p. 298 of chap. i of tbis essay, M odern Philolou11, XVIII (October, 1920).
[MODEBN PBlLOLOGT, November, 1921) 113

�114

MARTIN SCHÜTZE

THE FuNDAMENTAL IDEAS IN HERDER's THOUGHT

of personality can be found, not in any abstract conception of
individuality, but only in a synthetic unity (which one might liken
to the molecular entities of physics) of characteristic traits. The
eighteenth-century atomism really destroyed the substance of
individuality by eliminating the characteristic part of each concrete
form of personality. It was Herder, in transforming Leibnitz' too
abstract conception of the monad, who attained to the idea on which
rests the fundamental belief of modern humanism, and which is its
only fortress against the forces of regimentation which are growing
ever stronger in the present age-the belief that every concrete
individual is essentially different from every other and can never be
replaced.
In Herder's view, the synthetic principle of personality as
individuated spontaneity is primary but not absolute; it is universal, yet infinitely differentiated; it is an integral part of the
general physical, physiological, biological, in short, the entire mechanical, organism of nature and yet embodies a wholly spontaneous,
autonomous, and responsible force. The one problem at the roots
of all his ideas was, therefore, to trace the empirical forms of personality in all their chief relations and to define the spontaneous part
of each of these forms as the characteristic residue which could in
no manner, except by overgeneralization and indiscriminate assumption, be reduced to the terms of mechanical science or rationalistic
objective abstraction. He has thereby fixed the problem of personality in philosophy as well as in science. Neither philosophers nor
biologists have to this day been able to add material clarification to
the problem of the primary relations between the principles of
spontaneity and physical mechanism. There is no scientific or
philosophical proof that spontaneity may or may not be an integral
part of the mechanism of nature, and vice versa.
The relations which Herder indefatigably pursued throughout his
enormous intellectual activity, form three main groups, namely: the
relation of collective extension, involving particularly the conceptions of Volk and Humanifiit; the physiological relation of physical
growth, organization, and function; and that of ultimate identity or
idealization, the metaphysical relation, which culminates in the
conception of God.

Herder's gift of specific discernment and virile sense of relevance
in the interpretation of each concrete detail ,of these varying relations is unsurpassed. His fundamental problems are substantially
the problems of present humanism. And with his extraordinary
power of imagination and criticism he combined a tireless energy and
an indefatigable zeal which have made him both the most philosophic
and the most inspiring critic. Many of the details of his information are now obsolete, much of his history is wrong, many of his
scientific hypotheses are now merely rudimentary guesses, as all
concrete facts of information become either commonplace or false
in the course of time, yet his methods of analysis, his standards of
relevance and specific bearing, his genius for seizing upon the crucial
part of the expressions of personality remain substantially unassailable. He has revealed the principal factors of individual spontaneity
in its characteristic activities, and laid down, once for all, the essential forms of combination and the criteria of these entities. Thus he
is, to a far higher degree and, above all, to a much more specific·and
definitive effect than the present age realizes, the father of modern
humanism.
The subject of the present chapter is the collective relation of
Herder's principle of personality. Discussion of the other two
relations will follow next.

1

115

"VOLK" AND "HUMANITAT"

Herder's greatest critica! competence and principal imaginative
interests lay in the field of literature. Regarding, as he did, language
as the chief associative function of the mind, and literature as the
"discourse of perfect sensibility, " i.e., the discourse in which the
activities of all the senses attained fullest unity, he could not but
judge representative literature the truest and most characteristic
expression and record of the spirit of man. His first task was,
obviously, to discover the criteria of representativeness in literature.
He proceeded by analysis and comparison oí those works of literature
known to his age which were generally . accepted as the greatest.
His aim was thus inductively to ascertain both the principal qualities characteristic of each ethnic, which roughly coincided with
each linguistic, group, and those common to all these groups. The

�116

MARTIN

ScHÜTZE

THE

former would furoish the character of each ethnic personality,
the latter, what might be considered as the essential character of
humanity.
Herder's conception of spontaneity as the integral expression of
all the powers of personality associated him historically with the
general romantic naturalism of his age, which culminated in Rousseau's identification of spontaneity with nature, and later degenerated
into the extreme Romantic animistic dream of a sensationalemotional monism, in which spontaneity, while verbally raised to
infinite power, was actually reduced to a purely passive function
of the physiological mechanism of temperament in the guise of an
individual gesture of an absolute animistic fate.1 Misled by the
superficial resemblance between Herder's and Rousseau's uses of
spontaneity and nature, critica! opinion has generally acquiesced in
the assumption that Herder was really the founder of German
Romanticism, whereas in ref!,lity even when Goethe leaned strongly
toward Romanticism and Schiller wavered, at the time of his
aesthetic poems, Herder throughout maintained his uncompromising opposition to the arbitrary subjectivity essential to the
Romantic mind. By this false generalization, attention is diverted
from the most important fact that Herder was the first aesthetic
theorist since Aristotle to assert and establish with surpassing
acumen and variety of exemplification the dependence of any theory
of poetry and art on the creative processes and therewith the
necessity of directing aesthetic inquiry inductively toward these processes rather than toward absolute generalizations, whether in the
impersonal terms of Rationalism or in the subjective terms of Romanticism. Herder stood apart from both these one-sided movements.
He aimed at the fundamental subjectivity, which is the source of all
poetry and art, but he pursued his aim by the impersonal methods
of induction.
Herder1 while he differed with Aristotle in most of his particular
conclusions, yet was in essential agreement with the methods of the
founder of inductive logic, a circumstance which alone suffi.ces to
dispose of the view which groups him with the Romanticists.

FUNDAMENTAL IDEAS IN HERDER's

TuouoHT

117

He was the first modero critic and poet to collect the best and
most representative poetical productions of all the peoples to which
he had access. This, the first interoational thesaurus, he translated
with great skill and fidelity, and analyzed with the discriminating
sympathy and the enthusiasm, both disinterested and purposeful,
which distinguishes the great humanist. He hoped thus, by precept
and example, to awaken the genius of his own people, and with it
that of all the others, to a new springtide of creative idealism.
His conception of the natural man is not, as the Romantic conception, an a priori, absolute postulate but a generalization based on a
comprehensive and finely discriminating examination of all the
evidence available, and, therefore, conditioned by concrete reality.
Natural man, according to him, is a generalization derived from
comparison of the collective personalities of the existing ethnic
groups as embodied in their representative literatures.
If, now, folle personality is the primary creator of poetry, then
it must, in accordance with his and Aristotle's principles of aesthetic
induction, be also the ultimate judge of it. In other words, only
that part of a people's poetry is properly representative of it, is
properly informed with its essential collective personality, which ha.s
been approved and permanently accepted by its collective judgment.
In Herder's term, all "folle literature" must be "literature of the
people." It must be volksmassig. Herder originated the term
Volkslitteratur or V olkspoesie in its modero meaning. He alteroated
the terms frequently with Litteratur or Poesie des Volks, emphasizing
now the originative, now the appropriative, relation.
It is in this test of Volksmiissigkeit, agreement with folk character,
that difficulties enter, which, though they complicate sorne of the
detailed applications of the term V olk, are yet readily analyzed
and interpreted as consistent aspects and functions of collective
personality.1
The term V olk, "folk," has at all times been subject to much
vagueness and contradictoriness of usage. Most of this confusion
1 Thls questlon is fully discussed by Dr. Georgiana Simpson, one or my students, in
her dissertation on Be(der'• Conception of "Das Volk," which is soon to be publlshed.
The subject of the present paper, which is the collectlve aspect of Herder's theory of
personallty, involves only the essentlal criterla of tolk personality whlch determine hls
conclusions.

1 Soo for thls characterlstic Romantlc corruptlon of t he idea of spontaneity my
paper. "Studies in the Mind of Romantlclsm," M odern P hiloloq¡¡ (German Sectlon). XVI
(February, 1919), 123 ff.. 130, 131; XVII (June, 1919), 32 ff.

i

�118

MARTIN ScHÜTZE

THE FmmAMENTAL IDEAS IN IlERDER'S THOUGHT

can be removed by the observation that the difficulty is not so much
one of definition as one of valuation. That is, actually Volk is to
almost everyone a generalization of the less sophisticated part of an
ethnic or political group who work for their living and are distinguished by the qualities of mind and character associated with a more
or less simple, wholesome, laborious, responsible, sober, and unstrained
mode of life. But as to the valuation of this coliective type, two
sharply antagonistic points of view have alternately been dominant
throughout history. It was especialiy the age of Pope and Dryden,
of Louis XIV and Boileau, and foliowing Boileau's example, that of
Opitz and Gottsched in Germany, which regarded the folk and its
creative, especialiy its literary, products, with contempt and. derision,
as lacking in refinement, learning, mastery of diction, and subtleness
and elevation of thought. This aristocratic attitude toward folk
literature is characteristic of the Rationalistic movement.
The Romantic movement of the eighteenth century, on the other
hand, especialiy since its culmination in Rousseau's doctrine of the
natural man as the embodiment of perfect spontaneity as proceeding directly from the hand of the Creator, tended to idealize
the people as the highest embodiment of man, as the union of t~e
true•children of God.
In the clash of these two valuations appeared most of the
characteristics of the two movements, the Rationalistic and the
Romantic. Herder was offended by the one-sidedness of the one
as much as of the other. He was bitterly opposed to the aristocratic
sterility of Rationalism, but he was no less intolerant of the subjective
narrowness of Romanticism. He finished by combining what was
best in both, into his profound and rich synthesis, which formed
the foundations of what for several generations was, and may again
become, the motive of a new era of humanity.
Spontaneity was his touchstone. Only those types of character,
the spontaneity of which is not corrupted or weakened by false
refinements, conventions, or habits, or, on the other hand, by mob
brutality, and only those types of mind, the spontaneity of which
is not impoverished and crippled by false inteliectualism or the
egocentric emotionalism of Romanticism, or deadened by stupidity,
ignorance, and mob hypnotism, are to him truly representative of

the people. This conclusion was not, like the assumption of Rationalism and Rousseau, arbitrary and a priori, but it was derived and
substantiated by his inductive analysis of the body of literature
which he accepted as the literature of the people.
Now we see the deeper relation bet ween Herder's conceptions
of personality and of Volk, of spontaneity and Volksmiissigkeit.
They are merely different terms for the same quality as it appears
in Volkslitteratur. They are the characteristic aspects of the highest
degree of harmony between the personality of the individual author,
his subject, and the coliective personality of his native audience or
ethnic environment.
Herder concludes that ali poetry, no matter under what circumstances or by what agents it is produced, which embodies this inner
identity, is the true folk poetry. Folk poetry, therefore, is to him
the highest type and the final standard of ali poetry.
The test of folk poetry, in Herder's conception, is not that of
origin nor of form alone nor of content nor of intense stibjectivity of
feeling or objective truth of idea, but of fullest, most complete and
spontaneous, and most cherished embodiment of a people's soul in
accordance with its own permanent historical judgment. Folk
literature is the standard utterance of a people. He says:

119

. . . . It remains eternally true that that part of literature which refers
to the people must be 'Dolksmassig, or it is mere classical air bubble. It
remains also eternally true that unless we have a Volk, we lack also a public,
a nation, a language and a literature that are ours and live and work in us.
Unless our whole life is founded on the Volk we write eternally for desk
students and tiresome critics, out of whose mouths and stomachs we receive
back what we have put into them; we make romances, odes, heroic epics,
church and kitchen songs, which no one understands, no one desires, no
one feels. Our classical literature is a bird of paradise, so gaily colored, so
pretty, ali flight, ali elevation, but never with a foot on the German earth.1

He applies the same test to the folk drama. In Shakespeare he
says: "The form [of a 'living drama'] is of secondary importance.
A Fastnachtspiel or a marionette play may be true drama if it attains
a dramatic end with the people."
All works of literature, no matter when, where, by whom, or
under what circumstances they have bee'n produced or taken their
1

Üb.,. di• .J.hnli chk•it der mittltren englischen und deutachen Dichtkunat.

�120

MARTIN ScHÜTZE

THE FUNDAMENTAL IDEAS IN HERDER's TuouGHT

final forros, provided they are accepted by the V olk, are to him folle
literature. He sharply distinguishes ethnic person¡¡.lity from that
of the crowd. True folle creations and judgments have depth and
permanence and are above mere vulgar and temporary popularity.
"People," he says, "does not mean the rabble of the alley, which
never sings and creates, but roars and mutilates."1 In full consistency Herder inchides in the cla"8s of V olkspoesie, the Song of
Songs, Genesis, the Book of Job, the Old Testament, generally;
Homer, Hesiod, Aeschylus, Sophocles, Sappho, and other classical
Greek poets, including those of the Greek Anthology; Chaucer,
Spenser, Shakespeare (" who built on the faith of the people and
from it took their materials and creations"),2 Percy's Reliques, songs
from the Elizabethan dramatists generally; Parzival, Melusine,
Magellone, Artus, The Knights of the Round Table, the Legend aj
Roland in their German versions as well as in their Romanic
exemplars; the German Heldenbuch; MacPherson's Ossian, which he
in cq_mmon with his contemporaries regarded literally as ancient
Celtic poetry; the Eddas, the Scaldic poetry, which was at his time
considered primitive poetry; Minnesong; Bürger's poetry, Klopstock's at its best; church hymns, also, the "universal legends,
fairy tales, and mythologies of the peoples " 3-in short, all dramatic
and lyrical poetry and all the various metrical and non-metrical
forros of narrative adopted by the usage of a people into the common
treasure of its language.
Hís principal conclusions, which form a homogeneous whole, are
summed up in a highly synthetic arrangement in three essays,
entitled: Auszug aus einem Briejwechsel üher die Lleder alter Volker,
1773; Shakespeare, 1773; and Über die Ahnlichkeit der mittleren
englischen und deutschen Dichtkunst, 1777, in which latter he assembled
the ideas written down since 1773 and originally intended as an
introduction to his collection of Volkslieder, published in two parts
in the following two years. 4 The subject of the first and third is

folle poetry, including both the lyrical and the narrative forros;
that of the second, folle drama. For the particular substantiation
and further development of these conclusions we have to examine a
number of other works, part of which had preceded those cited, and
were therefore presumed by him to be known to his readers. Further
extensions of his theory of personality in folle poetry appear especially
in-Über den Geist der Ebraischen Poesie, in the Ideen, in his essays on
the epigram and the fable, and in many of his later collections of
papers, especially the Humanitatsbriefe and the Zerstreute Bliitter.
The subject, being basic to his view of life, occurs in one aspect or
another, but essentially unchanged, in all his serious work.
Herder's critical method, simple in principle but infinitely varied
and flexible in application, is inherent in his theory of personality.
He applies the test of individual integrity, not only to the matter
of literary discourse, but to every part of forro, from the general
principles of structure and diction to every detail of technique. All
forro is secondary to the specific individuality which it invests and
to which it holds an integral, organic relation analogous to that of
the shape of a tree with respect to its nature. All fixed, external
standards and rules of forro are rejected. With this inevitable conclusion, the antagonism between his and the pseudo-classical or
rationalistic theory of aesthetic becomes irreconcilable.
Sorne characteristic applications of the relativity, which he
attributed to all parts of the genuine manifestations of personality,
appear in the following conclusions: If an individual spirit, forming
and appropriating a true expression, is rugged or savage, the forro
must be likewise; if simple and downright, so must be the utterance;
if complex, like the "natures" of the personalities of the Shakespearean age, the forro must be analogous; and so forth.
Herder thus is the first to carry the principle of individualization
to its proper conclusions. He stands in direct opposition to the
formal principles of Rationalism, which were the necessary consequences of the rationalistic philosophy; the crucial shortcoming
of which is the falsely objective overgeneralization exposed in the
first W aldchen. This misplaced objectivity is the product of the
absence, or at best of a merely accidental and rudimentary development, of the sense for specific individuality. This lack commits

• "Volk helsst nicht der Pobel auf den Gassen. Der singt und dichtet niemals sondern
schreit und verstü.mmelt."
• Über dit Ahnlichkeit der mittleren t ngliachtn u n d deutacht n Dichtkunat, . . . • "auf
dem Glauben des Volkes bauten, daher schulen und daher nahmen."
• . . . . die allgemeinen Volkssagen, Ml!.rchen und Mythologieen."
• Unfortunately aflllcted by a later ed1tor with its present redundant and sentimental
title, Stimmen der V iilktr in Litdtrn.

121

�122

MARTIN

SCKÜTzE

Rationalism to a commonplace and false absolutism and precludes
the organic criteria of spontaneity and integral forro.
Herder's literary theory is a theory of organic relativity. It cannot be doubted that such a conception, provided it avoid the false
simplicity and purely subjective conception of integrity pertaining to
Romanticism, that is, provided it include, as in Herder's investigations
it did, all the proper factors, both objective and subjective, is the
ideal of a true interpretation of Geistesgeschichte, of the history of the
characteristic manifestations of the human mind, wbich is the essence
of humanism. For it is, as Herder never tires of asserting, in this
creative method, that the production and the interpretation of folle
literature in the bighest sense, are identical.
Tbis creative and critica! identity of the personalities of author
and audience is in Herder's view the specific character of classicity.
Tbis classicity Herder identified with "nature."
It follows that classic literature is identical with folle literature.
Classic literature is, therefore, not produced by imitation of the
masterpieces of other ages, nations, classes, and individuals. The
doctrines of the pseudo-classicists, like Boileau and Batteux and
their followers in France, and Gottsched in Germany, can lead only
to sterile perversions of the classics of past times but not to the
creations of classics for a living age. Thus it was Herder who
formulated the fundamental issues of the modern conflict concerning
literary forro.
Before proceeding farther, it is well to sum up the characteristic
results of Herder's view of folle literature so far presented. His
identification of folle literature with the classic or standard, i.e.,
the representative and best part of the literature of a people, and
also with "nature," involves an idealization, i.e., a selection determined by a judgment of value. It also implies that the collective
personality embodied in folle literature is the bighest form-of personality. We are here confronted with a very profound and interesting
problem. It is impossible to dispose of it by the simple expedient of
assuming, as is generally done, that Herder's final basis of judgment
is aesthetic. For that term itself is not as simple as it appears to
the rationalistic mind. Herder's conclusion of the integral union
of all matters of literary and artistic substance and forro with indi-

THE Fum&gt;AMENTAL IDEAS IN lIERDER's

THouoHT

123

vidual personality has removed aesthetics from its position of independence and isolation and made it an organic part of the entire
problem of personality.
The idealization involved in Herder's results is therefore not of
a purely formal character nor determined by a subjective choice,
such as is supposed to be characteristic of a purely "aesthetic"
judgment, but it is the verdict of the totality of one's judgment of
the bighest values of life itself. Herder's conclusions compel a
fundamental synthesis of ultimate etbical with purely formal values,
conditioned not by arbitrary subjective preference but by all the
concrete facts of reality or the laws of nature. In other words,
this idealization is itself the result of the same method and the same
comprehensive reach of induction wbich are characteristic of Herder's
other inquiries. They too are inherent in bis primary principle of
personality.
His argument throws an interesting light upon the final break
between Herder and Goethe in the early nineties, which was caused
by the incompatibility of the purely formal interpretation of
aesthetics developed by Schiller, who was then in the ascendent
with Goethe, with the deeper and richer view of Herder, shared by
Goethe in previous years and now misinterpreted as one-sidedly and
odiously moralistic.1
Herder's identification of the individual peoples on the one hand,
and of all humanity on the other, with nature, produces an apparent
vagueness in the meaning of the latter. Tbis vagueness, for wbich
he has been much criticized, exists, however, only ü we, as bis critics
do, assume in accordance with technical rationalistic philosophy the
primacy of the general term, that is, in tbis case, if we suppose that
an assumption of a general "nature" is the standard for all humanity
and therefore for each "natural" individual. The matter becomes
clear, however, if we bear in mind the essential principle in Herder's
order of thought, which is inherent in bis inductive method, to wit,
that the more general is secondary to the more concrete conception,
and therefore not absolute but relative. Herder attributed authenticity only to the conclusion.s substantiated by concrete reality and
within the limits covered by the latter. He followed the scientific
1

This break wlll torm the subject ot the penultlmate chapter ot thls series.

I

�124

TuE

MARTIN ScHÜTZE

method of induction wbich was first laid down in Bacon's N ovum
Organum aod is now the indisputed pride of modern science, from
wbich it gains almost daily confirmation. 1
By applying tbis principie of Herder's thought we reach the conclusion that Herder's conceptions of the particular "natures" of the
different peoples are derived from and conditioned by the extent of
bis induction from all the available manifestations of their collective
personalities. His general conception of the nature of man, bis
"natural" man, is no more than a generalization composed of those
characters common to all the individual folk personalities known to
him. It is no absolute or primary conception but limited by the
evidence from wbich it is derived.
From bis examination of folk poetry Herder concludes that the
discourse of the people in its purity is distinguished by ingenuous
sureness of expression, concreteness of vision, immediacy of contact
with reality, authenticity of perception, incorrupt originality of
thought, disinterestedness, avoidance of intellectual sopbistications,
such as symbolical or allegorical "verbal meanings, " faultless and
naive discernment of essentials, directness of attention and concentration, unfailing mastery of the substantive term, unpremeditated
firmness, and force of expression.
These qualities determine both substance and forro of folk
discourse, down to every part of structure and diction, and detail of
technique. Forro is subordinate to it. Independent principles of
forro are alien and false.
The personality embodied in tbis poetry, the ideal folk man, is
distinguished then by a perfect organic co-ordination of all bis powers.
He thinks and acts immediately, without need of deliberation,
conscious analysis, abstraction, mental division, and recombination, in short, of all the processes of ratiocination. He has perfect
integrity of consciousness, acting totally and instinctively. Whatever he does, he does, in Hamann's phrase, "with bis entire heart
and bis entire soul."
The antithesis of this ideal of personality is the "modern" man
of a later age. The epigone has lost the integrity of bis ancestors.
He has eaten of the tree of the knowledge of good and evil. The
1

See for the flrst assertlon of thls principie, his ftrst W 4ldchen, chap. xi; above, p. 113.

FuNDAMENTAL IDEAS IN HERDER's THOUGHT

125

unity and harmony of primitive man has given way to division and
dissension within him. He is confused, baffled, self-conscious,
irresolute, uncertain amid bis warring native powers. Shackled by
the makesbifts of externa! rules, wbich have to take the place of
the instinctive motions of bis now disrupted integrity, sopbisticated,
entangled in artificialities, severed from bis original source of both
creation and unified judgment, sterile and finical, lost in the trivialities of formalism, ridiculous in bis pedantry and scholastic conceit,
driven forth from the Eden of complete being into the desert of
Rationalism-there he stands amid the husks of bis false learning
and the patter of bis shallow and irrelevant disquisitions.
It is obvious that tbis ideal of the true man with its rationalistic
antithesis took its origin from Rousseau. But it receives a very
different development. It is not, as with Rousseau, an absolute
postulate, but a real induction from the whole of what Herder
conceived as the literature of the people. 1
The following quotations are from the most significant passages
of bis interpretations of folk poetry. It has seemed proper to make
such substantial selection and rearrangement from the vast mass of
Herder's writing, in order to exemplify bis main applications of bis
fundamental theory of personality.
His method of presentation in these essays differs from the first
W aldchen and from sorne others, as, for instance, that on the origin
of language, in its extremely synthetic arrangement, wbich without
the clue offered by the theory of personality is likely to lead to misunderstanding and to give an impression of confusion. His mind,
passionate and creative, gifted with an immense capacity for assimilating knowledge and with a very vivid and energetic power of specific
discernment, together with an extraordinary vision embracing a
multiplicity of interconnections between details superficially far
apart---a vision that, as it were, continually hovered over the whole
range of knowledge and legitimate inference; sensitive to every
glint of analogy and quick in the pursuit of the specific suggestions
borne by the latter; ceaselessly illumined by flashes of insight and
surprised and delighted by new avenues of surmise and combination;
sparkling with the ever varying play of secondary but interesting
1

A crlt!cal discusslon of thls concept!on 1B deferred to the second part ot this chapter.

�126

MARTIN ScHÜTzE

detail, multitudinous as the ripples in a sunlit sea; prompted by
an untiring and rich poetic imagination-a mind so abundant
found a strictly analytic forro of statement, in which each important idea could be expressed only once, too bald and rigid. He
desired to assert the whole synthetic mass of his main ideas again
and again in each group of its ever augmenting combinations and
ever ramifying distinctions. He craved to hold in one inspired,
simultaneous image, in one living and continuous focus of unity,
the sum of his knowledge.
Herder's statements, at their best, are clear and beautiful,
rich and pregnant, and convey a fuller and more varied conception
of the endless interrelation of the ideas pertaining to the focus of his
interpretation than an analytic statement could make. It must be
said, however, that at other times they are vexatious, requiring sorne
efforts of simplification. A number of misinterpretations of his
work have arisen from a complexity of presentation, caused not by
the exigencies of the synthetic order, but rather by inadequacy of
means of expression and arrangement, an inadequacy which is the
inevitable burden of every thinker who leaves the beaten track to
find new paths. By far the greater number of misunderstandings
are, however, the results of attempts, inherited from the rationalistic
and especially the Kantian critics of Herder, to force his interpretations and generalizations into the very forms of thought which it
was the primary motive and character of Herder's critica! labor to
challenge. The theory of personality is fundamentally incompatible
with the objectivé absolutism of Rationalism, and any attempt to
subject it to the standards of the latter involves a petitio principii,
i.e., an assumption of the principie at issue. Rationalism, before
applying its characteristic tests to Herder's principie, is obliged to
justify anew its primary assumptions in so far as they are at variance
with the crucial tests demanded by Herder's view. 1
The blemishes adhering to Herder's mode of statement do not in
themselves justify the common assumption, shared by both philosophical and literary critics of Herder, that his critica! methods
are confused. A synthetic, even a congested, forro of statement is
1 The logica.l lssue ralsed by Herder's theory is the subject of the last chapter of this
series.

THE

FUNDAMENTAL IDEAS IN HERDER's ToouGHT

127

not necessarily proof of lack or confusion of analysis in critica!
method. Even in his most complex statements, patient scrutiny
will reveal the persistence of his leading ideas and a power of discrimination, which rarely commits, and almost never persista in,
essential errors.
The following passages are indispensable for a comprehensive
and adequate grasp both of the substance of Herder's views regarding folk poetry and of his characteristic methods of interpretation
and exemplification.
He says in Ossian:
The spirit which actuates [the old songs] the rude simple, but great,
magical, solemn manner, the depth of the impression made by each forceful word, the freedom of the projection [der freie Wurf], by which each
impression is produced-all these characteristics of the ancients should not
be considered in the light of curiosities or oddities but as Nature. 1

And again:
You know from nature-descriptions how forcefully and firmly savages
always express themselves. They always visualize concretely, clearly and
vividly the things they wish. to express; they are directly and precisely
conscious of their purpose in speaking, not distracted by shadows of conceptions, half ideas or symbolical word meanings, nor corrupted by artificialities,
slavish expectations, timid and sneaking politics and confusing meditations;
blissfully ignorant of all these weaknesses of the mind, they grasp the compl,ete
thought and the compl,ete word, simultaneously. They either are silent or
speak in the moment of interest with unpremeditated firmness, sureness
and beauty, which all educated Europeans h.ave at all times been counseled
to admire.2

All this has been lost by our modern "pedants."
Who would find among ourselves the remnants of this firmness, must
not look for it among the pedants. Unspoiled children, women, people of
good natural understanding, formed more through activity than speculation, these are, if I have properly described eloquence, the only and the
best orators of our time. . . . . In ancient times, it was the poets, skalds,
scholars, who knew best how to join to this firmness and sureness, also
dignity, euphony and beauty of expression, but since they thus closely
united soul and tongue, instead of confusing, they supported and aided each
other, and so produced those works of singers, bards, and minstrels, which
are to us almost miracles.3
a Ouion, ch&amp;p. vili.

1

Ibid.

�128

MARTIN SCHÜTZE

THE FlmnAMENTAL IDEAS IN HEnoER's T nouaHT
Modern man has been miseducated till his knowledge has become
"falsity, weakness and artificiality 11 ¡ till we
ma.ke poems on subjeots on whioh we do not know how to think, still less,
how to meditate, and least of ali, how to exeroise our imagination; till we
pretend to passions that we do not have and ape faoulties [Seelenkrafte]
that we do not possess.1
. ... Homer, the greatest singer of the Greeks, was also their greatest
follc poet. The whole of his glorious work is not épopée, but epos, fairy tale,
Iegend, living follc tale. He did not sit down, on velvet, to write a heroio
poem in twioe twenty-four cantos, aooording to the rules of Aristotle, but
sang what he had heard, portrayed what he had seen and vividly grasped.
The same is true of the compositions of Hesiod, Orpheus, of the
chor uses of Sophocles and Aeschylus, as much as of the "little
ditties, table songs, and light airs II of the Greek A.nthology. After
sorne laudatory passages on folk poetry, he says in bitter irony:
But who would be suoh a barbarían that he should oonoern himself
with the rude people, with the dregs of oivilization, represented by fairy tales,
prejudioes, songs, rugged language ? Why-he would be like an owl among
the pretty, particolored, singing fowl, to defile our olassioai, syllable-counting
literature.
Take one of the songs which occur in Sha.kespeare or in English
oollections of this [i.e., MacPherson's] sort and strip it of its lyrical forros, of
euphony, rime, word order, the obscure progress of the melody [des dunklen
Ganges der Melodie], so that you leave nothing exoept the meaning, translated in such or such a manner into one or another language-is it not as
if you had tumbled the notes of a melody by Pergolese or the type of a print,
in disarray over a page ? . . . . How else does the poet reoeive the imprint
of the inner emotion exoept through the impression of the externa], the
sense forros, in sound, tone, melody, shape, of all the obscure, unnamable
things which flow in song as in a stream into our souls . . ..2 the more
wild, i.e., the more vivacious, the more spontaneous (je lebendiger, je freiwirkenderJ a people is, the more wild, i.e., the more vivid, free, concrete
[sinnlichnerJ, lyrioal, active, must be . . . . its songs. The more remote a
people is from artificial, scientific ways of thinking, language and literary
manner the less are its songs dead literary verses, made only for paper.
The nature, the purpose, the whole wonder-working power by which follc
songs beoome the delight, the inspiration, the impulse, the undying hereditary
treasure of a people, depend on their lyrioal character, the vivacious and, as
it were, danoelike movement of the songs, on the living presence of the images,
Übor di• Almlichkeit d, , mitUeren engliah•n und deutach,n Dichtkun,t.
• Ouian, chap. iv.

1

129

on the unity and as it were pressing abundanoe [vom Zusammenlw.nge und
gleichsam NoldrangeJ of the oontents, the emotions, the symmetry of the
words, the syllables, in many even of the letters, on the course of the melody
and a hundred other things which come and go with the living word, with
gnomic verse, and with national song. These are the arrows of this wild
Apollo, with which he pierces hearts, and on which he fixes souls and
memories. The longer a song is to endure, the stronger, the more concrete
[sinnlicher] must be those soul awakeners, in order that they may defy the
forces and the changes of time.
He asks in another passage,

Is it really true that such vivid breaks, abrupt transitions, and turns,1
are to the soul of the people, which is chiefly concrete oomprehension and
imagination,2 so outlandish and inconoeivable as our learned men and connoisseurs are trying to make us believe ?
On the contrary, they are characteristic of the peopl~: "the more in
t he character of the people, the more vivid, the holder, the more
abrupt. 113
We may add, in the spirit of Herder's comparison of folk poetry
11
with that of the "Iearned, the "pedants, 11 "the pretty, particolored
singing fowl of our classical syllable-counting literature,"4 that aII
vital and living literature is impatient of the minor connecting
thoughts in a train of large ideas, and of the minor refinements of
form in a great st r ucture of art.
There are in Germany also, Herder continues, many virile poems
in which speaks the spirit of the people. The young German poets
should write in this spirit. He quotes, among many examples,
"Haideréislein," adding a fine discussion of formal qualities, elisions,
inversions, and other forms of the compactness, vividness, and
reality characteristic of folk poetry. 5
"The folksinger," he says farther on, "does not discourse, he
paints with words and motions every circumstance and condition,
for all are parts of the picture in bis soul. 11 "That cannot be taught¡
11
it is nature.
"A vivid fol.k cannot express in song a general idea,
an abstract truth, except in that bold, vivid, and concrete manner. 11
1

Ibid., chap. ix" . . . . lebhafte Sprünge, WUrte, Wendungen."
• lbid., " . . . . slnnllcher Verstand und Einblldung."
• Ibid., "je volk:srollsslger, je lebendiger; desto kühner, desto wirkender.

• P. 28 above.
•See Introductlon to my editlon of Go,the'• Po,m, (Boston, Ginn &amp; Co.), and notes

to "Ralderllslel.o," pp. :.avUl, 187 fr.

�130

MARTIN ScHÜTZE

Even the religious hymns that truly express the soul of a folle and
so are follcsong, share in this character. The Germana have many
such, "but not any more so and more mighty than those composed
by Luther."
Of all the forms of folle poetry Herder has attempted a definition
only of song. He saya:
I do not believe that it is a composition as a picture is a composition of
pleasant colors ¡ nor that the polish and external finish is its only and main
distinction. The latter is characteristic of only one species of songa, which
I would rather call cabinet or boudoir pieces, namely, sonnets, madrigals
and the like¡ but it cannot be applied to song generally without qualifications and exceptions. The essence of song is singing, not picturing; its
perfection lies in the melodic progress of passion or emotion, which one
might name by the excellent ancient expression, air [Weise] . . . . A song
must be heard, not seen; heard with the ear of the soul, which &lt;loes not
count and measure and weigh separa.te syllables but desires the progresa of
the tune and floats on with it.
MARTIN ScHÜTzE
UNIVERSITY OP

CmcAoo

[To be concluded]

IMPERFECT LINES IN PEARL AND THE RIMED PARTS
OF SIR GA W AIN AND THE GREEN KNIGHT
There are sorne thirty lines of Pearl which are internally imperfect
in the MS, as compared with the usually regular character of the
poet's verse. Most of these, too, may be made to correspond with
the poet's normal lines by very simple means, while sorne, if not all,
may be attributed to a careless acribe.
For example, in line 72 aduhmente may be assumed to be adubbement because of the forro which appears in four similar lines of the
refrain (84, 96, 108, 120). Similarly John must be supplied in 997
~d gret in 1104 from the refrain in the stanzas of their respective
groups. In 363 and 977 an I, absolutely necessary to the sense,
has been dropped after a final vowel which a careless acribe might
have supposed sufficient for the meter. Line 1117 has been assumed
to be imperfect, but may be read with the stress on the first syllable
of delyt, since the word sometimes so alliterates in other poems.
Compare Wars of Alex., 265, 3743; Piers Plow., A, II, 68; deliteable
(delitable, dilitable) in the former at 4303, and in the latter at A, I,
32, B, I, 34; also delited in Piers Plow., A, B, I, 29. See also Pearl,
1153 in which delyt may alliterate with drof in an aabb line, of which
Northup ("Metrical Structure of Pearl," Pub. Mod. Lang. Assoc.,
XII, 326) admita twenty-five examples. Osgood emends 1201 by
inserting hym between sete and sa3te, but the expression sete sa3te
seems to me complete in itself and needs no pronoun of reference.
Line 690 is metrically perfect enough, but the sense requires sorne
emendation, as that of Gollancz or Bradley.
There remain twenty-three lines requiring emendation in order
to be as regular metrically as most lines of the poet, less than 2 per
cent of those in the poem. They are 17, 51, 68, 122, 225, 286, 381,
486, 564, 586, 635, 678, 683, 709, 825, 990, 995, 999, 1000, 1004,
1036, 1046, 1076. These di.ffer from the lines so far discussed in
that they may be made metrically perfect by the addition of a final
unstressed e to sorne one monosyllable of each line. Of them Gollancz emended in the manner suggested all but five, that is, 68,
[MOD■RN

PBILOLOOY,

November, 1921) 131

�132

ÜLIVER

F ARRAR

EMERSON
lMPERFECT LINES IN "PEARL" AND

683, 709, 825, 990, 995, but without adequately discussing the reason
for the change. Indeed, he says in bis note to hert (17):
There are sorne 60 or 70 instances of the sounding of the final e throughout the poem; most of these I have noted, in many cases restoring the metre of
the line. A consideration of these instances leads me to the conclusion that,
as far as this point is concerned, the dialect of the poem is an artificial one.

Northup, in bis excellent and painstaking study of metrical structure
mentioned above, briefly suggested adding e finally to a monosyllable in each of the lines above, except 825 and 990, wbile he
would also so emend additional lines 497, 616, 771, 776, wbich will
be discussed later.1
Osgood, in bis edition of Pearl (Introd., p. xliii), noted eighteen
lines in wbich an unstressed syllable is lacking, that is, 17, 51, 72,
122, 134, 188, 225, 286, 381, 486, 564, 586, 678, 709, 825, 990, 999,
1036, but emended only 72, adub[beJmente. He justifies retaining
the MS readings by tbis statement:
At fust sight this restoration [that is of final e in some words] is justified
by Chaucer's practice, who never omits the unstressed syllable in this metre
(Ten Brink, Chaucers S'[YT'ache und Verskunst, 2te Aufl., sec. 299), and that
of his contemporaries (Schipper, Eng. Metrik, I, 278-79). But the verse of
the North is freer, and the irregularity here considered is perfectly natural
in a poet whose usual medium is the alliterative long line; furthermore, the
omission occurring regularly in fourteen cases at the opening of the fourth
foot, and in the four other cases after the caesura, indicates that it was
intentional. I have therefore retained the MS re adings.

Leaving this somewhat extraordinary view of the poet's language
for the present, lines 134, 188 seem to me to need no emendation,
since not lacking in an unstressed syllable. They were not emended
by Gollancz or noted by Northup as belonging with the others in
requiring an additional final e in any word. No word of either line
requires an additional final e for infiectional or other linguistic
reasons.
1 It would be less necessary to consider these Unes if Northup's study had been more
fully a.ccepted, as by Osgood in bis edition of Pearl. The latter, however, has disregarded
Northup's recommendations entirely, and thus is at variance wlth Gollancz's emendations
also. Osgood also rarely recognlzes the final • as an lnflectional or synta.ctlcal element in
monosyllables, as in the dative of nouns, the datlve, weak form, and plural of adjectives,
the lnflectional or other endings of verbs. For example, in bis glossary he glves the form
a , k tor the verb, when aske is the form in ali cases but 564, and that must be so emended
for the meter. The adjectives blake, blayke are plurals in the examples occurring in the
poem, blak the singular of the flrst belng found in Clann esse, 1017. Many other examples
might be clted to prove the polnt.

"Srn

GAWAIN"

133

The assumption by Gollancz of an "artificial dialect," because
of the syllabic quality of certain final e's, and that of Osgood regarding the influence of the alliterative long line are at variance with
what we should naturally expect of any writer. We should first
try to explain apparent peculiarities of any writer's language on a
natural basis, and resort to other explanations only when the natural
one fails. When a writer is clearly imitating a language not bis own,
as in late hallad imitations, or in the Spenser imitations of the
eighteenth century, the imitation is usually clear enough in itself.
I wish to show, therefore, that emendation of all the twenty-three
lines mentioned in the third paragraph is merely a regularizing on
the basis of what may reasonably be inferred from the language
itself, at the time of the poet's writing. The final e wbich is needed
to make each line regular may be fully accounted for on the basis
of earlier forms of the words, wbich were still sometimes, if not
always, preserved. In other words, the writer was using bis native
tongue in a natural, rather than exceptional, manner.
The language of the fourteenth century, as is well known, was
in a state of transition regarding the pronunciation of the final
unstressed e. The result was a double pronunciation, especially of
many monosyllabic words, as shown by the language of Chaucer,
who has been most carefully studied in tbis respect, and of other
writers. Monosyllables with final unstressed e historically or analogically in early Middle English had sometimes lost that vowel as a
separate syllable, so that the same word might be used in either of
two forros at the pleasure of the speaker or writer. Perhaps it would
be better to say that, while the shorter form of the word was the
more common, the dissyllabic form was still sometimes used in
certain idioms.
Far from being an unusual condition, the same tbing was true
of the language of the sixteenth century. Consider in tbis respect
final -ion of nouns, wbich might be either dissyllabic or monosyllabic,
final -ed of past tenses and past participles, wbich might be syllabic,
less commonly final -es of genitive singulars, as in moones, whales of
Shakespeare. Later modern English has its analogies in many
double forros like l'll, don't beside I will, do not, many clipped words
in slang or colloquial speech, and such occasional doublets as incog,

�134

ÜLIVER

F ARRAR

EMERSON

pro tem, for incognito, pro tempore. The main difference between
English of today and that of the fourteenth century is that fewer
of these double forros are of inflectional character, for the very good
reason that we have fewer inflections. Yet the genitive singular of
monosyllabic nouns ending in s, as Jones's house, Sims's tailoring,
may still be monosyllabic or dissyllabic at pleasure, while the doublets
my-mine, your-yours depend for their use on syntactical considerations.
As compared with Chaucer, in whose language we have come to
recognize such double forros as common, the language of the Pearl
poet had fewer such doublets because he belonged to a region in
which the final unstressed e had been more commonly lost. But
this &lt;loes not mean that no such double forros should be recognized
as used by him. Absence from the MS may be easily accounted for
because the scribe of the MS belonged to a still later time than
that of the poet, while he was notably careless in other particulars.
A final unstressed e, not appearing in the MS but needed for the
meter of the line, may therefore be reasonably inferred to have
belonged to the poet's language, if it represents (1) one historically
or analogically belonging to the word in early Middle English; or
(2) one belonging to it inflectionally or syntactically, as in the dative
of a noun or adjective, the plural or weak forro of an adjective, the
inflectional ending of a verb. In such cases, either of two formsori.e with or one without unstressed final e-is possible, if required
by the meter. On this basis let us examine the needed emendations
in the Pearl Iines mentioned above, as well as those metrically deficient in the rimed lines of Sir Gawain.
In six of the lines enumerated as now imperfect the nouns hert
(17, 51), tong (225), blys (286), step (683), glas (990), if emended to
forms with final e, would make the lines entirely regular. Of these,
hert, tong, step had a historical final e in early Middle English, and
herte appears and is clearly dissyllabic in 128, 176, tonge in 100, while
stepe is the forro of that word in Clannesse, 905, the only other time
in which it seems to be found in the poems of this author. Blys is
an Old English feminine which in early Middle English had regularly
assumed an unstressed final e by analogy, and blysse not only occurs
sixteen times (not fourteen times as Osgood enumerates) to blys five

lMPERFECT LINES IN

"PEARL"

AND "SIR GAWAIN"

135

times in Pearl, but is clearly dissyllabic in 397 and 611. Besides,
Iike hert (51) it is a dative in 286, the line under discussion, and on
this account alone might have retained an earlier syllabic final e.
Again, in all other instances of the word within the line it appears
before a vowel, weak h, or an unstressed syllable, and would be
monosyllabic on those accounts whether written blys or blysse.1 At ·
the end of lines 372, 384, 396 it may have been a dissyllable. Glas
is an Old English neuter which, like other such neuters, sometimes
assumed final unstressed e by analogy of obligue cases and plurals.
It appears as glasse twice in the poem, once (1025) before an unstressed syllable and therefore monosyllabic, once (1106) at the end
of the line and then possibly a dissyllable; see also examples of the
dissyllabic forro in Matzner. On all accounts it seems to me better
to read glasse in 990 rather than to supply a new word before burnist
as &lt;loes Gollancz. To sum up, there is ample reason to emend the
nouns hert, tong, blys, step to herte, tonge, blysse, stepe in the lines
suggested, and probably glas to glasse.
In thirteen lines monosyllabic adjectives without final unstressed
e in the MS, if emended for one linguistic reason or another, would
render those lines entirely regular. These are the adjectives fyrst
(486, 635, 999, 1000), hy~ (678), ilk (995), long (586), rych (68, 1036),
self (1046, 1076), Prud (1004), wlonk (122). Of these all but ryche
and possibly hy~ are monosyllabic adjectives which may be emended
on inflectional or syntactical grounds. Thus wlonk, monosyllabic in
the singular in 903 and 1171 and regularly in the poems, is a plural
in 122 and should be wlonke for that reason. Four of the remaining
monosyllabic adjectives require the weak forro with final syllabic e in
eight instances. Fyrst and jJryd are ordinal numerals and regularly
weak, so that on that account should be fyrste, jJryde (or prydde) in
the lines in which they occur. These are the only examples of the
former as an adjective, but jJryde (jJrydde) is dissylabic in 833, and
probably in 299. In ali these examples of fyrst and jJryd they are in
dative phrases, and this is an added reason for emending with final
e. Ilk appears in the weak form ilke and dissyllabic in 704, and
there is no reason why it should not be of the same ·forro in 995.
1 Thls implies that bredf-ul is stressecl on the second syllable in 126, but blt1• may
there be explained. as a monosyllable before the caesura.l pause.

�136

ÜLIVER

FARRAR

&amp;fERSON
hiPERFECT

Self is usually an intensive pronoun in the poems, but in three
instances is an adjective and in two of them weak (1046, 1076), so
that it should be emended to selfe (selve) . Compare the weak selve
in Chaucer, Troil., IV, 1240; H.F., 1157; C.T., A, 2584, among
other examples. In the remaining example of the word as an adjective (203), it occurs in a dative phrase in which case self or selve may
be read, but it is there probably unstressed and doubtless for that
reason a monosyllable in the MS.
One monosylla.bic adjective, long in the da.tive phrase f or long
3ore (586), should read longe in keeping with its forro in many similar
expressions; compare my Mid. Eng. Read., sec. 139, Clannesse, 769,
a.nd Chaucer's B. of D., 20, 380. For other monosyllabic adjectives
with inflectiona.l syllabic e in dative phrases, see brode (650), same
(1099), tenj)e (136), and in Gawain, fyne (1239),j)rinne (1868).
Ryche had final e historically and in the examples 68, 1036 is a.
plural, so that for both reasons it should become ryche. In all other
instances in the poem the word occurs before a. vowel, weak h, or an
unstressed syllable, and thus might ha.ve been written either rych
or ryche. In Gawain, 586, however, ryche is dissyllabic in a dative
phrase. Hy3 (678), originally monosyllabic as was OE heah, also has
the dissyllabic form hy3e by analogy of obligue case and plural
forms, as in 401 and Chaucer's Troil., 111, 1207.1 The MS hy3,
therefore, may stand for a plural of the monosyllable or for the
disyllabic form, but in either case should be hy"5e. So its dissyllabic
weak form in 395, 1051 may be accounted for in the same way. The
weak hy"5e of 596, 1054 may be dissyllabic, but, on the other hand,
these exa.mples of hy3e Kyng, hy3e God ma.y be retentions of the
Old English compounds heah-cyning, heah-god, with final e not syllabic before the second element of the compound. Compare for
similar possible compounds hy"5e masse (Pat., 9), OE heah-nuesse;
hy3e tyde (Gaw., 932), OE heah-tid, and with the last hy"5 seysoun of
Pearl, 39. In a.U these examples the first element alliterates, while
the second element is less fully stressed, as usually in compounds.
, Skeat accounts for a dissyllablc h•iuh• In the Troilua pa.ssage (see glossary under
h•iuh) as a "def. torm. therefore read the helghe." In thls I thlnk he is mlstaken In
talling to note that OE ha11h became both ME h11 (h•iuh, h113) and h11• (h•iuho, h11o•l wlth
11.nal • by analogy. Besldes, the Troilu, hoiuh• uod Is exactly equlvalent to OE hlo.h-uod
as used In the OE Psa.lm 66 :2 (Grein-Wlllker, Vol. III, Partil, p. 91) ic cl•o"Piu• to ho11h-god•
(d,um 11Uiuimum), and need not be regarded asan example of h•iuh• in a weak form.

LmEs

IN

" PEARL"

AND

"Srn GAwAIN"

137

In three and perhaps four lines an inflectional final e, if added to
verbal forms, would make those lines metrically regular. Two of
these verbal forms are carp (391) a.nd ask (564), the first appearing
as carpe and dissyllabic at 949, the second as aske and simila.rly a.
dissyllable at 316 and 580. In the only other case in which either
word could ha.ve syllabic e, carpe of 753, a. past tense form with
omitted or absorbed final d, the e is a. separa.te syllable. Aske (910)
precedes a vowel and is necessarily monosyllabic. Besides, as
Northup points out, three other infinitives within the lines of the
poem ha.ve syllabic final e, hyre (507), take (552), sete (101), and I
may add from Gawain, holde (1043). The past tense wro3t (825)
should be wro;te, a final e being sylla.bic in the pasts 0"5te (341),
herde (873), glente (1000). In Gawain the past made is dissylla.bic
in 687, and perhaps herde in 690. In all other examples of the past
tense wro"5t, it occurs before an unstressed syllable or syllables and
would have been monosyllabic whether written wro"5te or wro3t.
Line 709 has been regarded as unmetrica.l, though not altered
by Gollancz or Osgood. Kolbing, on the other hand, thought it
required emendation, and proposed arede for rede, while Holthausen
(Arcltiv für neueren Sprachen, CXXIII, 242) suggested inserting so
before con. It may be pointed out that con might be assumed to be
a subjunctive cone (conne) instead of the usual indicative, and thus
be in accord with the subjunctive loke in the next line. The subjunctive cone (conne) would then be dissyllabic and supply an extra
unstressed syllable before rede, as the subjunctive dele is dissyllabic
in Pearl 606. Compare also stod in Gawain, 1768, which is subjunctive and should be stode in rime with the plural adjective gode of
line 1766.
The additiona.l lines which Northup proposed to alter by adding
an unstressed e to your (496), gret (616), kyn (771), much (776), can
be read as they stand, and thus do not require emendation in the
sense of the lines already discussed. If emended to youre, grete,
muche, these adjectives would take the stress from the comparatively unimportant words in (497, 776) so (616), thus making the
lines somewhat smoother in their metrical flow. Yet this alone
does not seem to me a reason for the cha.nge. It is more to the
point that your and much, if emended, would be explained as not

�138

ÜLIVER FARRAR EMERSON

impossible datives in dative phrases. We ha.ve no further data in
the poem on which to determine the emendations, since in all other
ca.ses of the words within the lines, nine for your and eight for much,
they are either themselves unstressed, or appear before a vowel,
weak h, or an unstressed syllable. They could not be dissyllabic
in such situations.
Gret, on the other hand, has no final e historically or as a rule
if ever for a.nalogical reasons, although grete at the end of line 637
may be a.n insta.nce. In the twenty-three examples of the word in
the poem, not counting 1104 in which it must be restored, gret (grete)
occurs before a vowel, weak h, or an unstressed syllable, so that we
ha.ve in them no data for th~ a.ssumption of grete in this ca.se.
At the end of a line grete is a plural in 90 and a dative in 560, but
whether the final e is syllabic in these cases dependa upon the
question of the syllabic character of final e in other places. In
Clannesse the singular is regularly gret. All things considered it
seems doubtful whether gret in 616 should be emended.
Kyn (771) is an Old English neuter which sometimes becomes
ME kinne by a.nalogy of obligue case and plural forms, so that it
may be emended here. In the two other examples in which it
appears in the singular, 755 and 794, it occurs before a vowel or
wea.k h and could therefore not be dissyllabic. In both these
insta.nces, however, quat kyn, the same expression as in 771, is
stressed on the second element. If such st ress belongs in the line
N orthup proposed to emend, as I think it does, the emendation to
kynne is inevitable. To Northup's example of kynne in Piers Plow.,
B, V, 639, may be added B, XI, 290, but that in Orm 1051 does not
seem to me a case in point.
While considering t he lines which may possibly be emended by
addition of a final unstressed e to a monosyllablé for inflectional
reasons, we may note that 87 may belong here. In this line, if
jlavore'5 is to be stressed on the first syllable, as seems likely from
the alliteration, then the plural adjective frech before it must become
freche (fresche) , as in Gawain, 122. The line may be read, however,
with stress on the second syllable of fiavore'5, in which case frech
would rema.in monosyllabic before an unstressed syllable. It is
impossible, therefore, to expresa more than one's general choice of

!MPERFECT LINES IN "PEARL

11

AND

"SIR

GAWAIN 11

139

two possibilities. My own would be, beca.use of the probable alliteration of the line, to emend the adjective in accorda.nce with principles la.id down for the plurals of other monosyllabic adjectives in
similar instances.
To turn to our second poem, in Sir Gawain and the Green Knight
there are 404 rimed lines, not counting the 101 tail rimes which close
the irregular, unrimed stanzas, and are separately numbered by
Morris. A very few of these rimed lines are metrically deficient, as
84, 249, 736, and perhaps 1016, which seem to require an added
word. Thus in 84, soth should probably be sothly, no adverbial
sothe appearing in the poems, the scribe perhaps mistaking soth for
the noun or adjective. Some such addition as word or speche would
appear to be needed after cast in line 249, and some such word as
ry'5t before wel in 736. Perhaps a Pe should be supplied before
trumpe'5 in 1016. But I am now especially interested in lines which
are metrically deficient by the probable omission of an inflectional
or syntactical final e, as in the lines of Pearl already discussed.
Taking these in the order of nouns, adjectives, and verbs involved,
the noun M e'5el,.mas in 532 should be M e"5el-masse. The last part
of the compound, OE m&lt;llSse, has final e historically, and usually in
these poems; compare masse in Cl., 51, and Pat., 9; Kryst-masse in
Gawain, 37,734; crysten-masse in Gawain, 502, but crysteTHnas, 985;
and even mas in rime (Pearl, 1115), in which masse is possible. The
parallel form messe in rime (Pl., 497) is also in point as more likely
the Old English variant messe than the OF messe; cf. messe-quyle
in Gawain, 1097.
In line 35 the adjective lel is plural and should be lele on this
account, as well asforthe meter. Similarly, in line 1177 the adjective
derk is weak and for this reason should ha.ve the form derke,. thus
completing the line metrically. In verbs there are ·no examples
within the lines which require change for metrical reasons, but in
three instances changes of verbs in final position should probably be
made. Thus in 1146 the past plural '5od should probably be '5ode
to rime with the plural adjective gode in 1148. As already indicated
a.hove the subjunctive stod of 1768 should be stode for inflectional
reasons, and the rime word of 1766 is the plural adjective gode as
in 1148. In 1975 the infinitivefionk should probably bejJonke, as the

�140

ÜLIVER

F ARRAR

IMPERFECT

EMERSON

L1NEs IN "PEARL" AND "Srn GAwAIN"

141

twenty-four before the second stress. In any case the reason for
more omissions of syllabic final e before the fourth stress than before
the second or third is simply that there was more opportunity for a
careless scribe to make such omission. Moreover, the proportion of
omissions in the two places is essentially the same, as we should
expect it to be if it were a matter of careless copying. The argument
from intention on the part of the poet falls to the ground completely.
Again we may rea.son with confidence that the emendations, justified
as they have been from the point of view of infl.ection and syntax,
are not barred by any intention on the part of the poet, whether in
imitation of another literary form or not.
The purpose of this paper is to emphasize the relation of linguistic
facts to the metrical irregularities of Middle English poetry, through
application to two poems belonging to the same time and district,
and generally believed to be by the same author. Such examination
would seem to be unnecessary but for the frequent disregard of such
essential facts of language in the Middle English period. Many
glossaries of Middle English works are prepared with slight regard
for them, notwithstanding such care in this particular as Skeat exercised in the glossaries to Piers Plowman and Chaucer. Questions of
metrical regularity or irregularity are often discussed with little
consideration of their importance, as in the otherwise valuable
editions of Pearl by Gollancz and Osgood. It is hoped the paper
may also call attention to the importance of further investigation of
linguistic problems in this important period.

rime word wlonk, a plural of the adjective, should probably be wlonke.
For the latter compare the suggested emendation of Pearl, 122.
In conclusion let me return to the reasons Osgood suggested for
retaining the MS readings in most of the P earl lines he was discussing. His first suggestion, that the poet was perhaps infl.uenced
by the long alliterative line, rests, it seems to me, on a wrong assumption. It implies that the poet, when working in the medium of the
long alliterative line, would use a language somewhat different from
that naturally spoken by him and others in bis age and district.
Now I know of no reason to believe that the language of the long
alliterative line ever differed essentially from the language of ordinary life. That it was not as regular syllabically as the line of four
stresses used in Pearl rests upon its previous bistory and later development, but that does not indicate that the language used in the
two forms was different in any important particular. Only if the
poet were consciously imitating a form not naturally his own, could
this be true, and of tbis no proof has been offered or I think can be
presented.
Again, Osgood argued that, in the lines he cited, the omission
of e in the unstressed syllable "was intentional," because in fourteen
of the instances it occurred "at the opening of the fourth foot, and
in the four other cases after the caesura." Yet in contravention of
bis own point he amended adulrmente (72) to adubbement, because the
longer word is shown to be correct by its use in similar position at
the end of the four succeeding stanzas. Omission of the e in tbis
case, far from being intentional, must have been merely a scribal
error.
The argument from the frequency of omission before the fourth
stress rests on no more certain basis. Osgood failed to note how frequently the final e which might have syllabic value is preserved before
the various stresses. An examination of the first 200 lines of the poem
shows some thirteen instances in which a final e is still preserved
before the fourth stress, as compared with four instances before the
second, and at most only one (rourde 112) before the third. If the
proportion holds good for the remaining lines of the poem, as. we
may reasonably believe it will, then there are at least seventy-eight
instances of final e before the fourth stress, compared with some

ÜLIVER
WESTERN RESERVE U NIVERSITY

•

F ARRAR

EMERSON

�SPENSER'S USE OF THE LITERATURE OF TRAVEL IN
THE FAERIE QUEENE
I
Although this article aims chiefly to describe that curious interwea.ving of the mythical and the real which produced the voyage of
Sir Guyon to the Bowre of Blisse in the twelfth canto of the second
book of the Faerie Queene, it may be of interest to note by way of
preface that there are scattering and fragmentary references throughout the Faerie Queene to the voyages of the sixteenth-century seamen,
to the countries new found by them, and to curious and interesting
facts about the inhabitants. There is clearly an attempt to utilize
bits of the current travel lore for artistic purposes.
Among the passages which merely mention such new names as
Peru and America, the best known is probably Spenser's famous
"defence" of the Faerie Queene in the Prologue to the second book.
Some people, Spenser fears, may account "all this famous antique
history" as only the "aboundance of an idle braine," but, he goes
on to say, other things would have been thought impossible a generation or two ago which are now proved true:
Who euer heard of th' Indian Peru t
Or who in venturous vessell measured
The Amazons huge riuer now found trew?
Or fruitfullest Virginia who did euer vew?
Yet all these were, when no man did them know.1

Spenser might well defend on this ground the wonders that he tells,
for many of them are drawn from the relations of the voyagers themselves. Incidentally these lines fix the date of this Prologue as not
earlier than 1584, for that was the date of the first voyage to Virginia
by Amadas and Ba.rlowe.
• Faeri• Qu,en,, II, Prol. 2, 3. Other rerenmcee are: II, x, 72, arererence to America;
II, x:1, 21, stanza on the bows and arrows o! the Indlans; III, ü, 6, "the Atrick Ismael and
the Indian Peru"; V, x, 3, "the Americke shore, the utmost margent of the Molucu."
[MODHN PHILOLOOT, November, 1921)
143

�144

Lo1s W HITNEY

More interesting is Spenser's second reference to the river of the
Amazons (IV, xi, 21, 22) :
And that huge Riuer, which doth beare his name
Of warlike Amazons, which doe possesse the same.
loy on those warlike women, which so long
Can from all men so rich a kingdome hold;
And shame on you, O men, which boast your strong
And valiant hearts, in thoughts lesse hard and bold,
Y et quaile in conquest of that land of gold.

Spenser, then, was familiar with the tales, and there were many of
them, of the Amazons in America. The very first voyagers brought
back stories of islands "in whyche dwell only women, after the
manner of them, called Amazones."1 With the descent of the
Amazon River by Orellano in 1540-41, the Amazons were henceforth
associated with that region. Thevet, in bis Singularitez de la Franr,e
Antarctique, translated from the French and published by Bynneman
in 1568, devotes a chapter to telling "How certaine Spanyardes
arrived into a country, where they found Amazons," but Spenser
must have heard, rather, some such stories as those referred to by
Herrera in bis General History of the Western Indies, 1601-15, Decade
VI, Book ix:
Captain Orellano, by means of a vocabulary which he had made, asked
many questions of a l!aptured Indian, from whom he learned that that land
was subject to women, who lived in the same way as the Amazona, and
were very rich, possessing much gold and silver. They had five houses of
the sun plated with gold, their own houses were of stone, and their cities
defended by walls; and he related other details, which I can neither believe
nor affirm, owing to the diffi.culty of discovering the truth.2

Spenser, however, seems to have made little or no use of these stories
for bis Amazon episode in the fifth book.
Spenser describes the feather dresses of the lndians in the stanza
on Fancy (111, xii, 8):
His garment neither was of silke nor say,
But painted plumes, in goodly order &lt;light,
Like as the sunburnt Indians do aray
Their tawney bodies, in their proudest plight.
• Richard Eden, A treat11ae o/ the newe India . . . . a/ter the deacription o/ Sebaatian
MQnater, London, 1553, in Edward Arber, The Firat Three Engliah Book, on Americe&gt;
(Edinburgb, 1885), p. 30. Otber references to tbe Amazons are to be found in tbe same
work, p. 24, and in tbe Decadea o/ the newe worlde o/ We,t India, pp, 69, 70, 177, 189.
• E:z:pedition, into the VaUe11 o/ the Amazon,, trans. and ed. by C. R. Markbam
(Hakluyt Society edition), p. 36.

THE

LITERATURE OF TRAVEL IN THE "FAERIE QUEENE"

145

There are a number of descriptions of the feather dresses in the travel
books. Perhaps the following one from Eden's Deoodes suggests the
"proudest plight" as well as any: "Whereuppon they which were
sente to lande . . . . makynge a great shoute for ioye of their
•
victory, sette them selues in order of battayle,
and so keping their
array, returned to the shippes laden with spoyle of those prouinces,
and shynynge in souldiers clokes of fethers, with faire plumes and
crestes of variable colour."1 It is barely possible of course that
there had remained associated in Spenser's mind three facts from the
Discouerie of Morum Bega, which was included in Hakluyt's Divers
V oyages, 1582. There is in this account a description of a number
of tribes. Of one we are told that they were "clad with the fethers
of foules of diuers colours"; of the next that "they &lt;lid not desire
cloth of silke or of golde, much lesse of any other sorte"; and of the
next that "the people differ much from the other. . . . . They
cloth themselves with Beares skinnes, and Leopardes, and sealles,
and other beastes skinnes."2 Note now in connection with Spenser's
description of the feather dress the first line of the stanza quoted
above, "His garment neither was of silk nor say," and the description
of Daunger, three stanzas below:
With him went Daunger, cloth'd in ragged week,
Made of Beares skin, that him more dreadfull made.

The coincidence is interesting, but not entirely conclusive.
Spenser has a number of descriptions of savages. There is the
savage man with a gentle disposition in VI, iv, and there is the
nation of cannibals in VI, viii, both of which have so many counterparts in the travel books that it is needless to point out specific parallels. More interesting, however, is the "wilde and saluage man"
(IV, vii, 5-7), the various aspects of whom represent an ensemble
from diverse sources. He may be in part a reminiscence of the folk
character of the wild man, or "wode man," who figured in Elizabethan
pageants.3 This wild man was usually hairy (cf. IV, vii, 5), carried a
1 Arber, op. cit., p . 160.
Otber descriptlons are to be found In Tbevet, op. cit., p. 39,
and Girolamo Benzoni, Hi&amp;tor11 o/ the New World, shewing hi• Trn•els in America, from
A.D. 1641 to 1668 (Hakluyt Society edition), p. 178.
• Di..ra Vo11ao••• ed. by J. W. Jones (London, 1850), pp. 63, 65, 70.
a Robert Witbington, Engliah Paoee&gt;ntr11 (Cambridge, 1918), p. 72 ff. Frederick S.
Boas, Uni•erait11 Drama in the Tudor Aoe (Oxford, 1914), p. 161, gives a quotation from a.
diary !or January 8, 1582, wbicb mentlons such a "savage."

�146

Lo1s WmTNEY

THE LITERATURE OF TRAVEL IN THE "FAERIE QUEENE"

wooden club (cf. IV, vii, 7), and was "with a wreathe of yuie greene
Engirt about" (cf. IV, vii, 7). He was not, however, large-lipped and
long-eared as is Spenser's wild man. 1 Hairy men are of course frequently met with also in the travel books, but large lips and long
ears are of rarer occurrence. Spenser writes:

The pilote which owre men brought owt of the llandes of Molucca toulde
them that not farre from thense, was an Iland named Arucetto in the which
are men and women not past a cubite in height, hauynge eares of such byggenesse that they lye uppon one and couer them with the other.1

His neather lip was not like man nor beast,
But like a wide deepe poke, downe hanging low,
In which he wont the relickes of his feast,
And cruell spoyle, which he had spard, to stow.

Marco Polo, describing the inhabitants of Zanzibar, writes, "They
have large mouths, their noses tlrrn up toward their forehead, their
ears are long, and their eyes so large and frightful, that they have
the aspect of demons."2 This description taken in connection with
the rest of Spenser's picture, is fairly close, but there is a closer
parallel in Mandeville: " And in another isle be folk of foul fashion
and shape that have the lip above the mouth so great, that when
they sleep in the sun they cover all the face with that lip."1 This,
to be sure, is the upper lip, but the transfer was a simple matter.
Spenser, it is true, may be following a Celtic tradition here. In the
story of Kilhwch and Olwen, Gwevyl, the son of Gwestad had lips
so large that he could drop one below his waist and cover his head
with the other.•
As for the ears, Spenser's lines are:
And downe both sides two wide long eares did glow,
And raught downe to his waste, when up he stook,
More great then th' ea.res of Elephants by Indus flood.

In Mandeville, a few lines below the description quoted above, is
found: "And in another isle be folk that have great ears and long,
that hang down to their knees." Eden has two references to long
ears. In his translation of Sebastian Münster the Spaniards are
told that there are men
not onely with hanging eares, but also with eares of such breadth and length,
that with one of them they myghte couer theyr hole head. But the Spanyardes, who soughte for gold and spyces, and not for monsters, sayled
directly to the llandes of Mollucca.
• Withington, op. cit., p. 54, mentlons the fact that tbe pagea.nt figure of the glant
sometlmes had '"large ears" and " big mouths." but he cites no examples.
• Th• Tr4•el• o/ M4rco Polo, the Veneti4n, ed. by Thomas Wrigbt (London, 1854),
p. 432. Cf. Eden, op. cit., p . 23.
• The Tr4v.Z• o/ Sir John M4nd ..ille, ed. by A. W. Pollard (London, 1900), p. 196.
• Th• Afobinoqion, ed. by Alfred Nutt (London, 1904), pp. 112-13.

147

And in his Decades:

Spenser seems to have made use of either Marco Polo or Mandeville also for an ítem in his description of Maleger. Maleger, we are
told (II, xi, 26), fled on a tiger:
And in his flight the villein turn'd bis face,
(As wonts the Tartar by the Caspian lake,
When as the Russian him in fight does chace)
Unto his tygres taile, and shot at him apace.

Mandeville writes:
And ye shall understand that it is great dread for to pursue the Tartars

ü they flee in battle. For in fleeing they shoot behind them and slay both
men and horses.2

And Marco Polo:
When these Tartars come to engage in battle, they never mix with the
enemy, but keep hovering about him discharging their arrows first from one
side and then from the other occasionally pretending to fly, and during there
flight shooting arrows backwards at their pursuers, killing men and horses,
as ü they were combating face to face.3

This characteristic is less frequently mentioned in sixteenth-century
treatises. It is scarcely possible that Spenser could have seen a
reference to the custom in a manuscript copy of Giles Fletcher's
Of the Russe Common W eaUh, a book which was the fruit of a diplomatic mission to Russia in 1588, but which was not however published until 1591.
To mention a final example, the picture of Disdain (VI, vii, 43)
goes back in part either directly or indirectly to travel books of a
different class :
He wore no armour, ne for none did care,

As no whit dreading any liuing wight;
But in a Iacket quilted richly rare
Upon checklaton he was straungely dight,
And on bis head a roll oí linnen plight,
Like to the Mores of Malaber he wore;
With which bis locks, as blacke as pitchy night,
Were bound about, and voyded from before.
• Op. cit., pp. 34-36, 260.

• Op. cit., p. 165.

• Op. cit., p. 136.

�148

Lo1s WmTNEY

THE LITERATURE OF TRAVEL IN THE "FAERIE QUEENE"

The keynote phrase in this passage is the "Mores of Malaber."
There are many descriptions of Malabar in the travel books, but in
few of them are the inhabitants referred to as Moors. Even Marco
Polo is too discriminating to give them that name. The phrase is
probably to be traced back to sorne Portuguese travel book, for the
Portuguese writers had the habit of referring to all Mohammedans
indiscriminately as Moors. Especially is the Book of Duarte Barbosa
full of the phrase, "the Moores of Malabar." This travel book was
probably completed about 1518 and was translated into Italian by
Ramusio and included in his collection of voyages. Spenser may
possibly have gleaned his description of the dress of Disdain from
Barbosa. Following is Barbosa's description of the costume of the
kings of Malabar: "Sometimes they clothe themselves with short
jackets open in front, reaching halfway down the thigh, made of very
fine cotton cloth, fine scarlet silk, or of silk and brocade. They
wear their hair tied upon the top of their heads, and sometimes long
hoods like Galician casques." 1 Elsewhere he speaks of the use of
cloth of gold (Spenser's "checklaton "): "They go very well attired in
rich cloth of gold, silk, cotton and camlets. They all wear turbans
on their heads, these turbans are long like Moorish shirts."2
Fragmentary as these passages are, they indicate clearly one of
the more remote and curious ramifications of Spenser's interests.
Whether Spenser actually read the Book of Duarte Barbosa or Thevet's
Singularitez, or Eden's Deoodes, or got his material from them by
sorne indirect means, is a relatively unimportant question. The
interest in the strange and exotic forros of life and manner of living
so picturesquely set forth by them remains.3 In the following section

we shall see how he blends material from the travel books with various
legenda and fictions and creates from the combination a faery voyage
peopled with "shapes that haunt thought's wildernesses."

1 A deocription o/ the Coaat&amp; o/ Eaat A/rica and Malabar in the Beginning o/ the 18 c.
b11 Duart• Barbo•a, trans. by the Hon. H. E. Stanley (Hakluyt Sociéty edition), p. 104.
• Haklu11t Societ11 edition, Ser. II, Vol. XLIV, p. 120.

• It is interesting to note in this connection that Gabriel Harvey, Spenser's close
friend and gulde in matters intellectual, had apparently a very considerable acquaintance
with the travel books. In Pierce' • Supererogation we read: "But read t he report of the
worthY Westeme discoueries, by the said Sir Humlry Gilbert; the report of the braue
West-Indian voyage by the conduction of Sir Fralncis Drake; the report of the horrible
Septentrionall discoueryes by the trauail o! Sir Martin Forbisher; the report of the
pol!tlque discouery of Virginia by the Colony of Sir Walter Raleigh; the report of sundry
other famous discoueryes and aduentures, publlshed by M. Rychard Hackluit in one
volume, a worke of importance," etc. See Gregory Smith, Elizabethan Critica! Easa11•
(Oxford, 1904), II, 261-62. The possible lnfluence of Sir Walter Ralegh on Spenser need
only be mentloned.

149

11
It is perhaps generally recognized that the voyage of Sir Guyon
under the guidance of the Palmer and with the help of the "heedfull
Boateman" to the Bowre of Blisse in the twelfth canto of Book II of
the Faerie Queerw resembles in certain respects the medieval Legend of
St. Brandan, but the points of similarity between the two have not, I
believe, been pointed out in detail, nor have there been discussed
certain other possible sources, which I should like to offer, for various
passages in this canto.
Let us consider first the Legend of St. Brandan and its possible
relation to the voyage of Sir Guyon. The legend was easily accessible to Spenser. It seems to have been very popular in the Middle
Ages, for it survives in many versions. There is a Latin version
which has been edited by Jubinal from "les manuscrits de la Bibliotheque du roi," together with a twelfth-century French prose translation and a French metrical version from the thirteenth-century
Image du Monde of Gautier de Metz. 1 This Latin version is
somewhat longer than the Latin version of Capgrave in the Nova
Legenda Angliae. Capgrave's version was published in English
by Wynkyn de Worde in 1516. There is also an English prose
version of the legend in the Golden Legend. The text from which I
quote is from Wynkyn de Worde's 1527 edition of the Golden Legend.
Besides the English prose version in the Golden Legend, there is a
Middle English metrical version in the Southern Legend CoUection
of the late thirteenth century or early fourteenth century. 2 There
are various other Latin, French, and Anglo-French versions, 3 but I
1 A. Jubinal, La Ugt nde latine de S. Brandaint&amp;, a•ec une traduction inldite en prose
et en P°'•i• Romanea (Paris, 1836). There is another Latln MS, edited by Schrllder,
1871, which I have not been able to see. For references to critica! papers on the subJect
see Best, Bibliograph11 o/ Irish Philolog¡¡ and o/ Printed Iriah Literature (Dublln, 1913),
p. 115; and Wells, Manual o/ the Writinga in Middle EnuZiah, p. 806.
• Both the Engllsh version of the Golden Legend and of the Southern Leuendary have
been edited by Thomas Wr!ght in t he "Publlcatlons of the Percy Society," Vol. XIV.
The metrical version 1s from M S Harl. 2277, fol. 41, v°.
• Schirmer, Zur Brandanua-Legende (Leipzig, 1888).

�150

Lo1s WmTNEY

shall only mention further the Celtic "Life of Brenainn" in the Book
of Li,smore. 1 Of these various versions the one most readily accessible
to Spenser was the English prose version in the Golden Legend, and
that seems also to be as near to the passage in the Faerie Queene as
any, although the English prose and metrical versions are so like that
it is diffi.cult to decide between them.2 I find nothing in the longer
Latín version, edited by Jubinal, parallel to the voyage of Sir Guyon
which is not also in the English of the Golden Legend. The Celtic
version deals more largely with the early life of St. Brandan, or
Brenainn, and less with the N avigatio, and is perhaps the least like
the passage in the Faerie Queene.
What, then, are the parallels between St. Brandp,n and Book II,
canto xii, of the Faerie Queene? In the former we have the story of
a voyage in quest of the Land of Promise, a long voyage beset with
many dangers from tempest, fowl, and sea monster, a voyage past
many marvelous islands, "the which were a very great wonder,"
as the sixteenth-century seamen were fond of saying. In the latter,
likewise, we pass with Sir Guyon and the Palmer a series of marvelous
islands and escape a succession of similar dangers. In the former
voyage, St. Brandan is the controling Christian spirit who holds his
roen in check, warns them of the fl.oating island, and prays for help
when they are attacked by whale and "grype." So in the latter, the
Palmer guides the boat safely past the Rock of Vile Reproch, past the
singing mermaids, past the "seemely Maiden, sitting by the shore,"
and scatters the multitude of fi.sh with his "vertuous staffe." Both
voyages end in a kind of happy otherworld, the former in the Londe of
Byheest that "Adam and Eve dwelte in fyrst," and the latter in the
Bowre of Blisse, which partakes largely of the nature of the Londe
of Byheest but is modifi.ed in accordance with Spenser's moral airo
into a bewitchingly lovely bower of temptation.
Examining the correspondence between certain of the episodes
more closely, it is perhaps sufficient merely to mention in passing the
episode of the fl.oating islands, for the parallel in this case is not
1 Whitley Stokes, Lioea o/ Sainta from the Book of Liamore (0:dord, 1890), text, pp. 99-116; translation, pp. 247-61.
• It is entirely possible that Spenser knew both the English prose and the Middle
English metrical versions, for, while the canto seems on the whole nearer to the prose
version, tbere is at Ieast one passage, wbich I shali note later, that more nearly resembles
the metrical version.

THE LITERATURE

OF

TRAVEL IN

THE

"FAERIE

QUEENE"

151

close. In the legend the monks, ali but the wary St. Brandan, go
upon an island to prepare their dinner. When the fi.re becomes very
hot the island begins to move. The monks, fl.eeing back to the ship,
"mervayled sore of the moving. And saynt Brandon comforted
them, and sayd that it was a grete fisshe named Jasconye, which
laboureth nyght and &lt;laye to put his tayle in his mouth, but for
gretnes he may not." 1 The fl.oating islands which Sir Guyon and
the Palmer pass are real islands which lure the voyagers by the
pleasantness of their woods and dales. Spenser may possibly·have
taken his original conception from the legend, but if so he modifi.ed
the type of island considerably. We shall have more to say later
on the subject of fl.oating islands.
The next analogous episode is that of the fi.sh. There are two
fi.sh episodes in the legend, (1) the attack by the whale, and (2) the
threatened danger from the multitude of fi.sh and their dispersa! by
St. Brandan. There is a single episode in the Faerie Queene, but
that one episode partakes of the nature of the two in the legend,
fi.rst in the description of the waterspout caused by the fish, and
second in the surging of the multitude of fi.sh about the vessel and
their dispersa! in this case by the Palmer:
And soone after carne to them an Suddeine they see from midst of a.U
the Maine,
horryble fysshe, which followed
the shyppe long tyme, castynge The surging waters like a mounta.in
rise,
so moche water out of his mouth
into the shyppe that they sup- And the grea.t sea puft up with proud
disdaine,
posed to have ben drowned.
. To swell aboue the measure of his
[Op. cit., pp. 46-47.)
guise,
As threatning to deuoure ali, that his
powre despise.
[Sta.nza 21.]
And then anone ali the fysshes Ali these, a.nd thousand thousands
manymore,
awoke and carne aboute the shippe
so thicke, that unneth they myght And more deformed Monsters thousand fold,
se the water for the fysshes.
With dreadfull noise, and hollow
rombling rore,
Carne rushing in the fomy wa.ues
enrold.
[Sta.nza. 25.]
'St. Brandan, ed. by T. Wright, "Publications of the Percy Society," XIV, 39.

�152

Lo1s WmTNEY

And whan the masse was done, all
the fysshes departed so that they
were seen no more.
[Op. cit., pp. 47-48.)

Tho lifting up his vertuous staffe on
hye,
He smote the sea, wbich calmed was
with speed,
And all that dreadfull Armie fast gan
fl.ye.
[Stanza 26.)1

Again, both parties of voyagers pass through a dark cloud before
they come to their destination:
And after this they tooke theyr
shyppe and sayled eest xl. dayes,
and at the xl. &lt;layes ende it began
to hayle ryght fast, and therewith
carne a derke myst, wbich !asted
longe after, wbiche fered saynt
Brandon and bis monkes, and
prayed to our Lord to kepe and
helpe them.

When suddeinly a grosse fog ouer
spred
With bis dull vapour all that desert
has,
And heauens chearefull face enueloped,
That all things one, and one as
nothing was,
And this great Uniuerse seemd one
confused mas.
Therat they greatly were dismayd,
ne wist
How to direct their way in darkenesse wide
But feard to wander in that wastful
mist.

And soone after that myst passed
awaye, and anone they sawe the
fayrest countree eestwarde that
ony man myght se.

Till that at Jast the weather gan to
clear,
And the faire Iand it selfe did plainly
show.

And than anone carne theyr procuratour, and badde them to be of
good chere, for they were come
into the Londe of Byheest.
[Op. cit., pp. 54-55.)2

Said then the Palmer, Lo where does
appeare
The sacred soile, where all our perils
grow.
[Stanzas 34, 35, 37.)

• Compare with this the metrical version which seems sllghtly closer:
l. Berninge fom out of his mouth he caste,
The water was he,ere than here schip bifore hem at eche blaste.
2 . The flsch sturte upe with here so~. as hi awoke of slepe
And flote al aboute the schip, as hit were at one hepe;
So thikke hi flote about bi eche half, that now other water me ne se3
And bisette this schip al aboute, ac hi ne come ther se.;.
So thikke hi were aboute the schip, and suede hi evere so,
The while this holi man his masse song, forte he hadde i-do;
And tho the masse was i-do, eche wende in his ende.
(Op. cit., pp. 19, 21.)
There are, however, other parallels to this passage, to be noted later, which Spenser may
ha.veknown.
• I have transferred the order of the last two quotations. There is another descriptlon o! this cloud at the beginning of the legend, p. 36.

THE

LITERATURE OF

TRAVEL

IN THE

"FAERIE

QUEENE"

153

In the passage in the Faerie Queene the voyagers are attacked while
the darkness is upon them by an "innumerable flight of harmefuil
fowles. . . . . Even ali the nation of unfortunate And fatall birds."
This does not occur in any of the versions of St. Brandan that I have
seen, but at another point in the voyage St. Brandan and his monks
are attacked by a "grete grype, which assayled them and was lyke to
have destroyed them."1 It is possible that Spenser put the two
episodes together.
Finally, certain features of the Londe of Byheest are similar to
those of the Bowre of Blisse. Both luxuriate in flowers and fruits
and pleasant meadows, and "there was alwaye daye and never
nyght, and the londe attemperate ne to hote ne to colde."2
Such are the similarities between the medieval saint's legend
and Book II, canto xii: correspondence in the general scheme of the
voyage past marvelous islands; in the róles played by St. Brandan
and the Palmer; and in certain details of the development. But this
by no means accounts for the whole of the canto. Even taking into
consideration the obvious classical borrowings-the Charybdis, the
song of the Sirens, the Circean animals-all of which have been
sufficiently pointed out in the annotated editions, and the borrowing
from Tasso's Garden of Armida which have also been pointed out,ª
there is much that is unaccounted for. What of the magnetic
rocks? of the ship stranded on the sand ? of the lure of the "seemely
mayden" ? of the ivory gates and the golden fruit, the bed of roses?
Was Spenser using any other sources ?
• Op. cit., p. 47. The appearance of supernatura.l beings in the form of birds is a
oommon oonvention in Celtic legends. Cf. the list of references in T. P. Cross, "The
Celtlc Origin of the Lay of Yonec," R evue celtique, XXXI, 437-38, n. For the convention
of the mist surrounding the Celtic otherworld, cf. A. C. L. Brown, "The Knight of the
Lion," PMLA, XX (1905), 677-78, n.
• St. Brandan, p. 55.

These features are characteristlc of otherworld descriptions.

• There are references to the borrowing in Schramm, Sp•n••n Naturachilderunu•n
(Leipzig, 1908), p. 22 ff.; in Koeppel, "Die englischen Tassoübersetzungen . . . . , 11 B:
Spensers Verhllltnis zu Tasso," Anulia, XI, 341-62; in the annotated editions, especially
those of Todd and Kitchln, and in R. E. Neil Dodge, "Spenser's Imitatlons from
Ariosto," P M LA, XII, 151. Dodge here says that "theBowerof Bliss (Book II, canto XII)
is taken bodily from the Geruoalemme liberata (c. XV, XVI)," a statement more sweeping
than accurate. While lt is true that Spenser probably borrowed more from Geruoalemme
liberata than from any other single source, the fact remains tha.t he and Tasso are working
on the basis of different conceptions of the fairy otherworld. Tasso is uslng the convention of the mountain, possibly oriental in origin, a.nd Spenser the more typical Celtic
oonvention of the island. Cf. H. R. Patch, "Medieval Descriptions ot the Otherworld,"
PMLA, XXVI (1918), 606-19.

�154

101s WmTNEY

There are severa! other possible sources. In the first place St.
Brandan, or Imram Brendain, to use its Celtic title, is one of a series
of imrama, or tales of sea voyages which follow much the same
lines as St. Brandan.1 There are strange and remarkable islands in
all, supernatural events, and often wondrously beautiful women who
lure the voyagers into the land of the unreal (especially in Imram
Brain mac Febail, and Imram Curaig Mael,duin). It is possible
and not in the least improbable that Spenser, with his interest in
fable and legend of every sort, may have picked up sorne of these
tales during his long residence in Ireland.2 It is possible also that
he became acquainted with the happy otherworld as it appeared in
numerous other Celtic legends. Perhaps he had heard the story
of how the fairy maiden lured away Condla the Fair to be "an
everlasting king, without wail or woe" in the Land of the Living where
it is ever summer and the flowers ever bloom.ª Possibly also he
knew of the voyage of Teigue, son of Cian, in which Teigue touches
on a fairy otherworld almost as beautiful as Spenser's own and in
many respects similar to it.4 There are "delicate woods with
empurpled tree-tops fringing the delightful streams" (cf. Spenser,
st. 58); there is a marvelous "minstrelsy" of birds; a wonderful
fragrance (Spenser: "That still it breathed forth sweet spirit and
wholesome smell," st. 51); there are luscious grapes (sts. 54-55),
superlatively lovely women, and rich workmanship in gold and
silver and precious jewels.6 Before one draws any hasty conclusions,
however, it should be remembered that many of these features,
1 For a Ust of the imrama see Best. op. cit .• or Thrall. "Vergil's A eneid and the lrish
Imrama: Zim.mer's Theory," Modern Philoloqy, XV, 450.
• There is no evidence that Spenser read Irish. He would ha.v e to get these tales
second hand.
• The "Adventure of Condla the Fa.ir," trans. by J. O'Beirne Crowe, J ournal o/ th•
Ro¡¡al Societ¡¡ o/ Antiquaries o/ Ireland , XIII, 129 ff.
• S. H. O'Gra.dy , SiZ.a Gadelica: The A d• enture, o/ T eique, Son o/ Cí an (I,ondon and
Edinburgh, 1892), 11, 385--401.
• For a summary of the fea.tures of the Celtic otherworld which was to be found
across the sea, see Alfred Nutt, "The Happy Otherworld in the Mythico-Romantic Literature of the Irlsh," in The Vo¡¡aqe o/ Bran, Son o/ Febal, to the Land o/ the Lioinq, ed. by
K. Meyer (London, 1895-97), 1, 229-30; Zim.mer, "Keltische Beltrti.ge, 11," Z./.D.A.,
XXXIII, 280-81; and A. C. L. Brown, "lwaln," Haroard Studie, and Notes, VIII, 82-94.
Westropp has polnted out ("Brasil and the Legendary Islands of the North Atlantic,"
Proceedinua o/ the Ro¡¡al Irish A cadem¡¡, XXX, 255) that this happy otherworld, called
variously Magh Mell, the Isle of the Living, the Isle of Truth, the Isle of Joy, etc., was
associated wlth the legendary island of O Brazil which was sought by early marlners, and
actually placed on the charts from 1320 down to 1865.

THE

LITERATURE OF TRAVEL IN THE

"FAERIE

QUEENE .~

155

especially the fragrance, the music, the equable temperature, and
the beautiful landscape, are conventions which are common not only
to Celtic but to non-Celtic descriptions of the happy otherworld.1 In
the Vision of Saturnus, for example, mention is made of the "unspeakable sweet odor"; in the Visio Pauli, of the wonderful fruits
and vines and of the "land more brilliant than gold and silver"; in
the History of Barlaam and Josophat, of the clear music of the trees
and the delicate fragrance. 2 And the Old English poem, The Phoenix,
has an elaborate and beautiful description of an otherworld scene in
which the temperateness of the climate and the beauty of the country
are as elaborately set forth as by Spenser and very nearly as ably.
Even the grotesque Land of Cockayne has most of the common conventions.3 It is hard to conceive that as wide a reader as Spenser
coúld have been unacquainted with at least sorne of these accounts,
but their very multiplicity makes it utterly useless to attempt to set
up any one of them as a direct source.
The situation seems to be slightly different, however, in the case
of a possible Greek source, the True History of Lucian, the tale of a
voyage across the ocean and through space to many wonderful
islands and countries, among them the Isle of the Blest. While
there is no single parallel between Spenser's account and the True
History significant enough in itself to establish a definite relationship
between them, there are enough similarities in details to make out a
fairly good case. The True History was easily accessible to Spenser.
There were a number of Latín translations of the W orks, two Latín
translations of the True History, one published in 1475 and one in
1493, and there was a French translation of the Works, published in
1583.
There was, however, another source of material which Spenser
had at hand besides the Celtic and non-Celtic mythical voyages to
the happy otherworld, and that was the sixteenth-century travel
1 Cf. A. C. L. Brown, op. cit., pp. 133-47, for a discussion of the happy otherworld in
romances and lays.
• There are quotations !rom these three works in Nutt, op. cit., pp. 248-49.
• Nutt has discussed certaln classica.l treatments o! the happy otherworld idea,
op. cit., I, 258 ff. See also a work not mentioned by Nutt, the Oceanica ot Iambulus,
retold by Diodorus, ii. 4, and by Purchas in Purcha• his P ilqrim••• Bk. I, chap. viii.
Iambulus sails across the ocea.n to a marvelous island which has a temperate cllmate,
wonderful fruits and flowers, etc.

�156

Lo1s

WmTNEY

lore with which, as we have already seen, Spenser undoubtedly had
some acquaintance.
Let us turn back to the beginning and consider some of the
episodes in the light of these other possible sources.
Stanzas 4, 7, 8: "The Rodee of vil,e Reproch. "-This rock, composed
"of mightie Magnes stone," that draws passing boats toward it, is to
be met with in the tales of the travelers. André Thevet, in bis Singu1,aritez, writes: "Likewise in this same sea are found Ilands named
Manioles . . . . nere to the which there are great rocks that draw
the ships unto them, be'cause of the yron wherwith they are nailed." 1
There seems to be a closer parallel in Mandeville, however, if one
takes into consideration the continuation of the description m
stanza 7:
On th' other side, they saw that perilous Rocke,
Threatning it selfe on them to ruinate,
On whose sharpe clifts the ribs of vessels broke,
And shiuered ships, which had bene wrecked late,
Yet stuck.
In Mandeville, chapter xxx, we find:
For in many pleces of the sea be great rocks of stones of the adamant,
that of his proper nature draweth iron to him. . . . . I myself have seen
afar in that se~, as though it had been a great isle full of trees and buscaylle,
full of thorns and briars great plenty. And the shipmen told us, that all
that was of ships that were drawn thither by the adamants, for the iron
that was in them. And of the rotten-ness, and other thing that was within
the ships, grew such buscaylle . . . . and of the masts and sail-yards.2
Stanzas 10-13: The wandring iswnds.-Spenser's reference in
this passage to the island of Delos suggests a classical source for the
idea,ª but it is worth noting that there was still a widespread belief
in the sixteenth century in the existence of floating islands. They
were usually referred to as St. Brandan's Isle, or sometimes the
Isles of St. Brandan, and often appeared on the early maps in various
parta of the Atlantic.4 So firm was the belief in such an island as
t Op. cit., p. 90.
• Op. cit., pp. 178--79; see also pp. 109-10.
• Besides the lsland of Delos here referred to, there are classical allusions to the
Cyanean Islands, or Symplegades, Herodotus !v. 85; Plndar P11th. Odu iv. 371, etc.
See, further, the classical references in the passage from F. Colon to follow.
• Westropp, op. cit., pp. 241-45.

THE LITERATURE OF TRAVEL IN THE

"FAERIE

QuEENE"

157

St. Brandan's that various expeditions were sent out to find it, and
it was said by the Portuguese, Louis Perdigon, that the king of Portugal had ceded the island to bis father "if he could discover it. " 1
Perhaps the best exposition of the sixteenth-century ideas on the
subject occurs in Ferdinand Colon's History of the üfe and Actions of
Admiral Christopher Colon, first published in Italian in 1571. The
question of whether or not this is a forged document need not concern
us here. Columbus is reported by the author to have doubted the
discovery of certain islands, thinking that
perhaps they were some of those floating islands that are carried about by the
water, called by the sailors Aguadas, whereof Pliny makes mention in the
first book, chap. 97, of his natural histocy; where he says, that in the northern
parts the sea discovered sorne spots of land, on which there are trees of deep
roots, which parcela of land are carried about like fl.oats or islands upon the
water. Seneca undertaking to give a natural reason why there are such sorts
of islands says in his third book, that it is the nature of certain spongy and
light rocks, so that the islands made of them in India, swinl upon the water.
So that were it never so true, that the said Anthony Leme had seen sorne
island, the admiral was of opinion, it could be no other than one of them,
such as those called of St. Brandam are supposed to be, where many wonders
are reported to have been seen. . . . . Juventius Fortunatus relates, that
there is an account of two islands towards the west, and more southward
than those of Cabo Verde, which swim along upon the water.2
Further, John Sparke in his narrative of The Voyage made by Master
John Hawkins . . . . in 1564 mentions "certain flitting islands," in
the neighborhood of the Fortunate Islands. Finally, there are
floating islands in the True History of Lucían:
We had proceeded something less than fifty miles when we saw a great
forest, thick with pines and cypresses. This we took for the main land;
but it was in fact deep sea, set with trees; they had no roots, but yet remained
in their places, fl.oating upright as it were.3
Stanzas 18- 19: "The Quicksand of Unthriftyhed" and the goodly
ship stranded thereon.-If Spenser had in mind some particular ship in
this account- and considering his general tendency toward specific
allegory, it is likely that he did have--it may very well have been
1 Jubinal, op. cit., p. xvil.
• Pin.kerton, Gen eral Collection o/ Vo11aou and Tra•el• (London, 1812), XII, 14--15.
See also the reference to the Isle of St. Brandon in Caxton, M irrour o/ the World, Part II,
chap. xill.
• Op. cit., p. 170.

�Lo1s WmTNEY

THE LITERATURE oF TRAVEL IN THE "FAERIE QuEENE"

Sir Humphrey Gilbert's vessel, the "Delight," which was stranded
on the sands and there wrecked by the waves in 1583. It will be
remembered that Ralegh was particularly interested in this expedition
to plant colonies in the new world and had shared in the undertaking
to the extent of sending along a ship of his own, which, however, was
forced to abandon the voyage. Spenser, if he had not seen or heard
an account of this disaster elsewhere, could have got it from Ralegh
himself. Edward Rayes, in his account of the voyage writes,
"Betimes in the morning we were altogether run and folded in amongst
flats and sands." The breaking of the waves upon the sands made
Master Cox think that he had seen land. (Compare with Spenser's
"That quicksand nigh with water couered; But by the checked wave
they did descry It plaine," st. 18, vss. 6-8.) After the "Delight"
grounded,

"boyling and roaring through the multitude of all kind of fish" ;1
and in Thevet's Singularitez we find:

158

ali that day, and part of the next, we beat up and down as near unto the wreck
as was possible for us, looking out if by good hap we might espy any of them.
This was a heayy and grievous event, to lose at one blow our chief ship
freighted with great provision, gathered together with much travail, care,
long time, and difficulty.

etc.1 (Compare with Spenser, st. 19.) There is no other stranded
vessel quite so well known as this or quite so similar to Spenser's
"goodly Ship." In The Famous Voyage of Sir Francis Drake . . . .
begun in the year of our Lord 1577, there is a description of a stranded
ship, it is true, but this ship was stranded on the rocks and it was
saved by the mariners.
Stanzas 21- 26: The episode of the sea monsters.- Although this
episode is generally parallel with two episodes in St. Brandan, it will
be remembered that there was nothing either in the prose or metrical
version of the legend quite comparable to the description of the
"dreadful noise, and hollow rombling rore" as the fish "Carne
rushing in the foamy waves enrold" (st. 25; see also st. 22). There
are, however, descriptions parallel to this in the travel books. In
the "True and Last Discouerie of Florida" printed by Hakluyt
in the Divers V oyages, 1582, there is a description of water which was
1 Th• Principal Na, igationa (Glasgow, 1904), VIII, 65-67.
Spenser proba.bly did
not see this particular a.ccount of the wreck, for it wa.s flrst publlshed by Ha.kluyt 1n
1589. I give the quota.tlons to illustra.te the simila.rity in the situa.tion.

159

About this lyne [Equinoctiall] is founde such abundance of fishes of
sundry and divers kindes, that it is a marvelous and wonderful thing to see
them above water, and I have heard them make such a noyse about the ships
side, that we could not hear one another speke.2

Stanzas 43- 45: The wall and the ivory gates.-Spenser tells us
concerning the Bowre of Blisse that "Goodly it was enclosed round
about," and that there was a gate which "framed was of precious
yuory, That seemed a work of admirable wit." One of the commonest devices of the Celtic imrama and legends is that of the walled
island. Gold and silver ramparts abound in the otherworld descriptions. In the Imram Curaig Maelduin there is an island with four
walls, composed respectively of gold, silver, brass, and crystal,8
and in the country visited by Teigue, son of Cian, there is a palisade
of gold about inis Patmos, the abode of the saints and holy men, anda
silver rampart about the abode which was prepared for the righteous
kings of Ireland.4 It is unnecessary to multiply examples. Spenser
may or may not have had these descriptions in mind. The ivory
gates are to be fo_u nd in the True History. The passage is this:
"At last we reached it [the Isle of Dreams] and sailed into Slumber,
the port, close to the ivory gates where stands the temple of the
Cock." 5 The suggestion for the picture on the gates Spenser probably got from the elaborate silver doors in Gerusalemme liberata,

XVI, 2-8.
Stanzas 54-57: The intoxicating fruit.-In the Bowre of Blisse is
an arbor of grapes, some "empurpled as the Hyacint," sorne ruby,
sorne emerald, and sorne like burnished gold, and there is a "comely
dame" who takes this fruit, "scruzes" it into a cup of gold, and
offers the wine to passers-by. St. Brandan and his monks stop
at a "lytell ylonde, wherein were many vynes full of grapes,"6 but
these grapes are not spoken of as intoxicating. Intoxicating fruit,
however, is frequently met in other Celtic voyages to the otherworld.
• Op. cit., p. 29.
Op. c_it., p. 98.
• R..,ue celti que, IX, 487; see also X, 51.
• Siha Gadelica, 11, 391, 893.
• Lucia.n, op. cit., p. 166. The idea. doubtless goes ba.ck to Homer Od11•••11 xix, 562 ft.
1 Op. cit., p. 47.
1

�160

Lois

The following illustration from the Imram Curaig Maelduin is
typical. Maelduin
squeezed sorne of the berries into a vessel and drank [the juice] and it cast
him into a deep sleep frorn that hour to the sarne hour on the rn~rrow. And
t?ey knew not whether he was alive or dead with the red foarn round his lips,
till on the rnorrow he awoke. [Then] he said to thern: "Gather ye this
fruit, for great is its excellence."1
There are also intoxicating grapes in Lucian's True History. The
voyagers come upon a vine, half-human in quality, the very kiss of
whose grapes on the lips of the roen is intoxicating.2 I find no
descriptions of golden fruit, but golden and silver foliage is found
in a number of descriptions of the Celtic otherworld.3
Stanzas 63-fJ9: The e¡Jisode of the bathers.-Although this passage
is undoubtedly an imitation of Gerusalemme liberata, XV, 58-66,
it is interesting to note that there is an episode in which a
somewhat similar device is used in Imram Curaig Maelduin (Sec.
xxviii), and there is a kind of grotesque analogy in the Land of
Cockayne:
The 3ung nunnes takith a bote
And doth hern forth in that riuer
Bothe with orís and with stere.
When hi beth fur frorn the abbei,
Hi rnakith harn nakid for to plei,
And lepith dune in-to the brimme,
And doth harn sleilich for to swimme.4
Stanzas 70-76: The music.-This passage, again, seems to be
drawn chiefl.y from Gerusalemme liberata, XVI, 12 ff., but there are
certain details not to be found in this source. Spenser describes
the "most melodious sound" as being compounded of the music of
"Birdes, voyces, instruments, windes, waters," which idea he
develops charmingly in stanza 71. In the following stanza he
mentions a choir of "Many faire Ladies, and lasciuious boyes."
Tasso blends rnerely the song of the birds and the winds:
The wind that in the leaves and waters played
With rnurrnur sweet, now sung, and whistled now;
Ceased the birds, the wind loud answer rnade,
And while they sung, it rumbled soft and low.
1

THE LITERATURE OF TRAVEL IN THE "FAERIE QUEENE 11

WmTNEY

Reoue celtique, X, 71.
• Op. cit., p. 139.
• ESpecially in "The Adventure of St. Columba's O!erics," R e•u• celtique, XXVI, 139;
The Voyage o/ Bran, I, 20.
• Matzner, Alten¡¡lische Sprachproben, I, 147-52, 11. 152 fl.

161

Even the solo in his version is sung by a bird. But in .Lucian there
are the following descriptions:
Sweet zephyrs just stirred the woods with their breath, and brought
whispering rnelody, delicious, incessant, frorn the swaying branches; it was
like Pan-pipes heard in a desert place. And with it ali there rningled a
volume of human sound, a sound not of turnult, but rather of revels where
sorne flute, and sorne praise the fluting, and sorne clap their hands commending flute or harp;
and,
During the rneal there is music and song. . . . . The choirs are of
boys and girls. . . . . When these have finished, a second choir succeeds,
of swans and swallows and nightingales; and when their turn is done, all
the trees begin to pipe, conducted by the winds.1
Stanza 77: Acrasie represented as reclining on a bed of roses.This detail does not occur in Gerusalemme liberata which Spenser is
following rather closely in this passage, but in the True History,
again, the guests in the banqueting place "recline on cushions of
fl.owers." There would, of course, be no significance whatever in
the resernblance in this minor detail if it were not for the nurnerous
other corresponding details.
I should be sorry to seem to imply that Book II, canto xii, is
nothing more than a laborious cornpilation from a number of specific
sources, and that Spenser himself was incapable of inventing even
minor elaborations on the general scherne. It has been my only
purpose to attempt to illumine somewhat a very small portion of
the vast background of tale and legend which must have contributed
at sorne time or other to the storehouse of Spenser's mind before he
wrote the Faerie Queene. About the common theme of the voyage
and the fairy otherworld there becarne associated in his mind such
facts and fancies as lingered there from rnany and varied sources,
ideas which carne into play when he started to write his own voyage
to the Bowre of Blisse. Fairly certainly one of these contributing
tales was sorne version of the St. Brandan legend. Possibly certain
other Celtic rnyths and legends contributed. Without doubt some
of the very prolific tales of the travelers helped to rnake up the
background whether or not Spenser got his material directly frorn
the specific sources noted. Possibly there remained associated
• Op. cit., 156, 15!Hl0.

�162

Lo1s WHITNEY

together in his mind a group of details from the True Historythe ivory gates, the blended music, the couch of flowers, the floating
islands. Finally one of the sources which he knew the most intimately, or possibly had read the most recently, was the description
of the Garden of Armida from the Gerusalemme liberata.
Lo1s WmTNEY
UNIVERSITY OJ' MINNESOTA.

THOMAS CORNEILLE'S RE-WORKING OF MOLI~RE'S
DON JUAN
In his very thoroughgoing work, La Légende de Don Juan-son
évolution dans la littérature des origines au romantisme, 1 Georges
Gendarme de Bévotte devotes considerable space to Moliere's Don
Juan ou le Festin de Pierre, and to the Don Juan playa which preceded
and followed it. Of those which followed Moliere, the first play to
be mentioned is the Festin de Pierre of Thomas Corneille. In some
three or four rather sketchy pages, Gendarme de Bévotte points out
the principal alterátions introduced by Corneille into the Moliere
version, and the difference in tone which pervades the two plays.
It would seem, however, that he might well have elaborated on sorne
of these points and that he might have attempted to drive them home
by the quotation of parallels from the two works; and perhaps it may
not be amiss to try to fill in this gap, especially since there are a few
matters of technique and detail which Gendarme de Bévotte does not
consider at all in his study; The object of this present paper will be
to bring the Don Juan of Moliere and the Festin de Pierre of Thomas
Corneille into closer juxtaposition than has hitherto been done.
On February 15, 1665, Moliere's Don Juan ou le Festin de Pierre
was presented, for the first time, at the Théiitre du Palais-Royal;
the play was in five acts and in prose, and was called by its author a
comedy, despite the fact that it concludes with the death of the
central figure. The presentation of Don. Juan aroused a storm of
protest, as had that of Tartuffe before it, the author being accused of
rank impiety. The comedy was attacked with especial bitterness in
the Observations sur une comédie de Moliere intitulée le "Festin de
Pierre" (1665), the author of which concealed his identity in the
various editions either under the initials B.A.S.D.R. or under the
• Pa.ris, Ha.chette, 1906. Thls work wa.s crowned by the French Aca.demy, and has
slnce been reprlnted in abrldged torm. with an additlona.l second volume in which the
study Is carrled down to our own da.y (Pa.ris, 1911).
[MODERN PHILOLOOY, November, 1921] 163

�164

AARoN ScHAFFER

THOMAS CoRNEILLE's MoLIERE's "DoN JuAN"

pseudonym of B. A. sieur de Rochemont. This writer1 says, among
other things:
The Emperor Augustus put to death a buffoon who had made sport of
Jupiter, and he forbade women to attend plays that were far more modest
t~ those of M?li~re. Moreover, Theodosian condemned to death by
wild beasts comedians who derided sacred ceremonies in plays which did not
even remotely approach the Festín de Pierre in violence.2

of criticism to which Don Juan had given rise. He followed the
original very closely, he tells us (and as we shall soon have occasion
to see for ourselves), save that he took a few liberties with the third
and fifth acts. These alterations, which we shall consider here, are
of three kinds: first, those which were forced upon Corneille by
the mere fact that he was converting a prose comedy into a drama in
alexandrines¡ second, those which he expressly introduced for the
purpose of moderating the tone of the original¡ and third, those
which were effected for reasons of style or technique. 1
Let us first, however, casta glance at the dramatis personae. We
at once observe that Corneille retains almost intact the cast of
Moliere. The only changes to be noted are these: Corneille suppresses the pauper (Francisque), one of the three valets of Don Juan
(Ragotin), and the veiled specter of Act V¡ on the other hand, he
introduces three female characters who do not appear in Moliere,
and who are responsible for the alterations in the third and fifth
acts-a country damsel (Léonor), her aunt (Thérese), and her
"nourrice" (Pascale).
When we arrive at a consideration of the text of the two plays,
we soon perceive that Corneille's verse sounds exceedingly stilted
and "mouthy" when compared with Moliere's vigorous prose, and
that the best passages in the former are those which correspond
almost word for word with the latter. This is particularly true of
the speeches which issue from the mouth of Sganarelle, Don Juan's
unwillingly faithful squire. Compare these two passages from the
very first scene:
SganareUe: J'ai peur qu'elle ne soit mal payée de son amour, que son
voyage en cette ville ne produise peu de fruit, et que vous n'eussiez autant
gagné a ne bouger de la [Don Juan].

He cannot refrain, continues the writer, from expressing his astonishment that the king and queen should prove so indifferent in the
whole matter. Nevertheless, Moliere had his defenders, who maintained that Don Juan had been thus warmly attacked sµnply because
it was the work of the author of Tartujfe, that plays on the same
subject were produced in Spain and in Italy, with the knowledge and
consent of the Inquisition, and that the Italian players and even the
"théatre fran9ais" had done as much in París. The king was sensible
to the claims of these latter and to the genius of Moliere, to whom he
gave the title of "comédien du roí." However, Don Juan was not
to the taste of seventeenth-century French audiences; it was produced only fifteen times, and was then removed from the stage, for the
time being, in the form in which it had left the pen of Moliere.3
In 1673, the year of the death of Moliere, Don Juan was recast
by Thomas Corneille into a five-act comedy in alexandrines, the
main title of Moliere's play being suppressed and replaced by its
sub-title, Le Festin de Pierre; the drama was successfully staged, four
years later, at the theatre of the rue Guénégaud. Aimé-Martin
tells us that Corneille made this remodelling at the request of Moliere's
widow and that the alexandrine version of the play was produced thirteen times. In his "Avis" to the Festin de Pierre, Corneille says
simply that it was at the solicitation of friends that he undertook
the revision, and that he had done so in order to allay the outburst
For the authorship of this pampblet, cf. Gendarme d e B6votte, op. cit., pp. 144--46,
and R. Allier, La Cabale de, déoota (Paris: Armand Colin, 1902), p. 402. The former,
startlng from the generally accepted conclusion of M. Cb.-L. Livet (" Problilmes molieresques," Moniteur Uni,erael, March 14, 1878) tbat the autbor was the well-known .Jansenist,
Barbler d 'Aucour, formulates the opinion that the Obaer•ations were the work of another
.Jansenist, Pierre Roull6; Allier, on the other band, is convlnced that the author is not
a .Jansenlst at ali, but either a .Jesuit or a frlend of the "Compagnie de .J6sus."
• The translatlon is the present writer's own, made from the text reprlnted by
L. Alm6-Martin In his Molillre edltion, París, 1824.
• Tbe play was " revived" on the stage of the Thélttre Natlonal de l'Od6on on
November 17, 1841.

165

SganareUe:

.... mais tout voyage coüte;
Et j'ai peur, s'il te faut expliquer mon souci,
Qu'on l'indemnise mal des frais de celui-ci

1

[Festín de Pierre] .

This last verse, with its clumsy circumlocution, is undoubtedly
much weaker than the blunt asseveration of Moliere's Sganarelle.
1

In the followlng discussion, Molillre's play wlll regularly be referred to as Don

Juan, and that of Cornellle as Featin de Pierre.

�166

AARON SCHAFFER

A little farther in the same scene, we encounter a passage which
undergoes similar weakening in the hands of Corneille. W e read:
Sganarelle: Tu vois en Don Juan, mon mattre, le plus grand scélérat que
la terre ait jamais porté, un enragé, un chien, un diable, un hérétique qui ne
croit ni saint, ni Dieu, ni loup-garou, qui passe cette vie en véritable bete
brute, un pourceau d'Epicure, un vrai Sardanapale . . . . [Don Juan].
Sganarelle:
Que c'est un endurci, dans la fange plongé,
Un chien, un hérétique, un turc, un enragé,
Qu'il n'a ni foi, ni loi; . . . .
Il est ce qu'on appelle un pourceau d'Epicure
[Festin de Pierre].

Finally, we can gain a good insight into Corneille's method by
examining the concluding line of Act IV, scene 15, of the Festin de
Pierre, which reads:
Ah, pauvre Sganarelle, ou te cacheras-tu?

If we look at Don Juan (Act IV, scene 11), we shall see that the line
occurs here in the very same forro. In other words, what happens
is that Moliere, in reality always the poet, cannot help writing a sort
of rhythmic prose, which occasionally, as here, falls into the mold of
the alexandrine, and that Corneille is quick to take advantage of this
fact by preserving such lines in their integrity.
Let us now consider a few of the alterations effected by Corneille
for the purpose of moderating the tone of the original. In the
third scene of Act I, we find the following passage:
Done Eluire: mais sache que ton crime ne demeurera pas impuni, et que
le meme ciel dont tu te joues me saura venger de ta perfidie.
Don Juan: Sganarelle, le ciell
Sganarelle: Vraiment, oui. N ous nous moquons bien de cela, nous autres
[Don Juan].

This was far too strong for Corneille, who omits the last thunderbolt.
Done Elvire:
Et que ce meme ciel, dont tu t'oses railler,
A me venger de toi voudra bien travailler.

TooMAs CoRNEILLE's MoLIERE's "DoN JuAN"

167

Sganarelle (bas):
Se peut-il qu'il résiste, et que rien ne l'étonne?
Monsieur. . . . .
Don Juan:
De fausseté je vois qu'on me soup&lt;;onne
[Festin de Pierre].

Two slight changes, in the direction of refinement, may be noted
here. That they are improvements is more than questionable.
In scene 2 of Act II, Don Juan says to Charlotte: "Que je voie un
peu vos dents, je vous prie. Ah! qu'elles sont amoureuses, et ces
levres appétissantes." Of this Corneille makes the following:
.•.. Et vos dents? 11 n'est rien si parfait.
Ces levres ont surtout un vermeil que j'admire.

Again, in Act IV, scene 1, Moliere makes Don Juan say to Sganare_lle:
"Ecoute. Si tu m'importunes davantage de tes sottes moralités
. . . . ," whereas Corneille puts into bis mouth the weakened
expression:
Ecoute. S'il t'échappe un seul mot davantage
Sur tes moralités. . . . .

Of all the many modifications of a ~imilar nature that Corneille
introduced into bis version of Moliere's play, three stand out with
particular proininence, and it is to these that ~e may _now turn _our
attention. The first scene of Act III, in which Moliere puts mto
Don Juan's mouth the celebrated diatribe against physicians and
which Corneille takes over virtually intact, contains the well-known
cross-exainination of Don Juan by Sganarelle which confirmed the
opinion that the "comédien du roi" was an atheist and which particularly aroused the spleen of the sieur de Rochemont, to whose
Observations we have already had occasion to refer. The passage
,in question reads:
Sganarelle: Je vewc savoir un peu vos pensées. _Est-il possible que vou~
ne croyez point du tout au ciel ?-Don Juan: Laissons cela.-Sganarelle.
C'est-a-dire que non. Et a l'enfer?-Don Juan: Eh!--:-Sg~narelle: Tout
de meme. Et au diable, s'il vous platt ?-Don Juan: Ülll, Olll.-Sganarelle:
Aussi peu. Ne croyez-vous point a l'autre vie ?-Don J1:°'n: Ah! Ahl_ Ah!Sganarelle: Voila un homme que j'aurai bien de la peme a convertrr. Et
dites-moi un peu, le maine bourru, qu'en croyez-v:ous, _eh ?-Don Juan:
La peste soit du fat!-Sganarelle: Mais encore faut-il crorre quelque chose

�168

AARoN SCHAFFER

THOMAS

da.ns le monde. Qu'est-ce done que vous croyez ?-Dm Juan: Ce que je
erois ?-Sganarelle: Oui.-Dm Juan: Je crois que deUJC et deux sont quatre,
Sganarelle, et que quatre et quatre sont huit.-Sganarelle: La belle eroyance
et les beaUJC articles de foi que voila! Votre religion, a ce que je vois, est
done l'arithmétique?

It would seem bighly likely that Don Juan is here the mouthpieee
of Moliere himself; the mere fact, as has frequently been pointed
out, that Sganarelle, the valet, is the champion of tradition would
indicate that it is not the latter who is voicing Moliere's views.
Be that as it may, Don Juan's reduetion of religion to the elements
of mathematies would certainly not be calculated to please the ears
of hearers accustomed to the sermons of a Bossuet and a Bourdaloue.
W e can well imagine with what amazement and anger the foregoing
dialogue must have been received, and it is not at all surprising
that many Moliere editions print only an abbreviated variant scene
in which Don Juan nips in the bud, by the threat of a blow of the fist,
all of Sganarelle's questionings. And the reason is clear for the
abbreviated version that Corneille offered the courtiers of the Grand
Monarque-a version that might pass almost unnoticed.
Sganarelle:

Que eroyez-vous?
DmJuan:

Je crois ce qu'll faut que je eroie.
Sganarelle:

Bon. Parlons doueement et sans nous échau.ffer.
Le ciel. . . . .
DmJuan:

Laissons cela.
Sganarelle:

C'est fort bien dit. L'enfer. . . . .
Don Juan:

Laissons cela, te dis-je.
Sganarelle:

II n'est pas nécessaire
De vous expliquer mieUJC: votre réponse est ela.ire
[Festin de Pierre].

Of course, one can infer almost anything one pleases from tbis
"réponse claire" of Don Juan; indeed, one might almost credit him
with pure ultramontanism as a result of bis statement that he

CoRNEILLE's MoLIERE's "DoN JuAN"

169

believes "what it is necessary for bim to believe." In any event,
Corneille here succeeds in bis purpose of rendering Don Juan more
palatable to the stage public of the day, though scarcely to the
advantage of Moliere's original.
The second scene of Act III of Don Juan likewise offended the
ears and the consciences of Moliere's audiences. In this scene,
Don Juan and Sganarelle encounter the pauper, Francisque, who
begs an alms. The following dialogue ensues between Don Juan
and Francisque:
Dm Juan: Que! est ton occupa.tion ?-Le Pauvre: De prier le ciel tout
le jour pour la prospérité des gens qui me donnent quelque ehose.-Don Juan:
Il ne se peut done pas que tu ne sois bien a ton aise ?-Le Pauvre: Hela.s!
Monsieur, je suis dans la plus grande nécessité du monde.-Dm Juan: Tu te
moques; un homme qui prie le ciel tout le jour ne peut pas manquer d'étre
bien de ses affaires.

After vainly attempting to bribe the pious pauper into uttering an
oath, Don Juan gives him a louis d'or, "pour l'amour de l'humanité,"
and rushes off to the assistance of someone who is being beset by
three ruffians.
Tbis scene of mocking raillery was too harsh for the age. Here,
again, it appears probable that it is Moliere himself who speaks from
the mouth of Don Juan, whom he makes the trumpet of bis own
philosophy of epicurean Pyrrhonism. Corneille avoids the diffieulties
presented by the scene just cited by simply ignoring it completely
and by substituting for it three scenes of his own invention (Act 111,
scenes 2, 3, and 4); in the first, Don Juan cajoles Léonor, an innocent
country miss of fourteen, into promising to become his wife; in the
second, Sganarelle, in the disguise of a physician, prescribes a remedy
for the asthma of Thérese, the aunt of Léonor, thus distracting her
attention while Don Juan fixes a rendezvous with his latest conquest;
and in the last, Sganarelle again avails himself of the opportunity
of taking Don Juan to task for his polygamous proclivities and
for bis duplicity toward the sex, but, as usual, bis words pass unheeded. And only at tbis point in Corneille's play &lt;loes Don Juan
become aware of the m~lée in the course of wbich Don Carlos is
being hard pressed by three scoundrels; he rushes off to the assistance
of the sorely beset Don, leaving Sganarelle determined to protect

�170

A.ARON SCHAFFER

THOMAS CoRNEILLE's MoLIERE's "DoN JuAN"

his skin as best he may. This altered version of Corneille's, though
it adds another unedifying episode to a play that was already sufficiently unpalatable, would naturally not prove so offensive to the
taste of the audience, inasmuch as it adheres strictly to the Don
Juan tradition and only makes him commit another act that is of a
piece with his entire character. In a word, seduction, which belongs
to the traditional Don Juan role, was, at the court of the "roi soleil,"
a far less heinous crime than blasphemy.
Before examining the last important revision of the kind we have
thus far been considering, we may cite two passages in which
Corneille's effort to tack the moral to the Don Juan fable is very
apparent. In scene 11 of Don Juan we read:

to invite Don Juan to dine with him, Corneille puts into his mouth
two platitudes. W e read:

Don Juan (se metta.nt a table): Sganarelle, il faut songer a s'amender,
pourtant.-Sganarelle: Oui-da.-Don Juan: Oui, ma, foi, il faut s'amender.
Encore vingt ou trente ans de cette vie-ci, et puis nous songerons a nous.Sganarelle: Oh!-Don Juan: Qu'en dis-tu ?-Sganarelle: Rien. Voila
le souper.

Corneille was not satisfied with this easy acquiescence on the
part of the valet, whom, as ever, he makes the "advocatus Dei."
The version in the Festín de Pierre runs as follows:
Don Juan:
Va, va, je vais bientót songer a m'amender.
Sganarelle:
Ma foi! n'en riez point; ríen n'est si nécessaire
Que de se convertir.
Don Juan:
C'est ce que je vewc faire.
Encor vingt ou trente ans des plaisirs les plus dowc,
Toujours en joie, et puis nous penserons a nous.
Sganarelle:
Voila des libertins l'ordinaire language;
Mais la mort.
Don Juan:
Hem?
Sganarelle:
Qu'on serve. Ah! bon! monsieur, courage!
Grande ch&amp;e, tandis que nous nous portons bien.

The final scene of Act IV is padded a bit by Corneille, for the same
purpose. Thus, whereas Moliere makes the statue speak only once,

171

La Statue du Commandeur:
C'en est assez, je suis content de ton repas.
Le temps fuit, la mort vient, et tu n'y penses pas.
D&lt;m Juan:
·
Ces avertissements me sont peu nécessaires.
Chantons; une autre fois nous parlerons d'affaires.
La Statue:
Peut-étre une autre fois tu le voudras trop tard.

We have now arrived at the last and crucial act of the play.
Corneille takes considerable liberty with this act. In the first scene,
he introduces two additions: (1) he makes Don Juan pretend to be
preparing to enter a monastery in expiation of the sins of his youth;
and (2) he makes Don Luis express his gratitude for his son's
repentance by offering to pay all his debts. Scene 2 is essentially
the same in both, save that allusions to the two additions just mentioned occur in Corneille, and that the latter considerably shortens
Sganarelle's endless Baralipton syllogism that brings the scene to a
close. Don Juan's violent exposé of the hypocrisy that reigns at
court and the use of the cloth as a cloak for secret acts of wantonness (one thinks, perforce, of the digression in Milton's úycidas,
written some thirty years before Don Juan) is retained almost in its
integrity by Corneille. But, "en revanche," Corneille changes the
final scenes of the play practically at will. The encounter of Don
Carlos and Don Juan, in which the latter practices, for the first time,
the hypocrisy he has determined henceforth to employ is, apparently, too much for Corneille, with its frequent invocations of
Heaven; in its place, Corneille substitutes the meeting of Don Juan
with Léonor, who comes accompanied by her nurse, Pascale, and
who is on the point of yielding to the ravisher's solicitations when
the statue of the Commander intervenes. Moliere's veiled female
specter, which warns Don Juan to depart before it is too late and
then metamorphoses itself into a representation of Father Time, is
omitted by Corneille. And finally, Corneille lengthens somewhat the
"Thou art the man" speech of the statue with which the play is

�172

AARoN ScHAFFER

THOMAS CoRNEILLE's MoLIERE's "DoN JuAN"

virtually brought to its close. In Moliere, the statue of the Commander utters the following words: "Don Juan, l'endurcissement
au péché trame une mort funeste, et les graces du ciel que l'on
renvoie ouvrent un chemin a la foudre." Whereupon Don Juan
pays the price for all his violations of the moral law: "Un feu
invisible me brüle," he exclaims, "je n'en puis plus, et tout mon
corps devient un brasier ardent." In the Festin de Pierre, the
statue utters these words:

Corneille was not slow to grasp the evasiveness of this conclusion,
and, consequently, he closes with a moral:

Je t'ai &lt;lit, des tantot, que tu ne songeais pas
Que la mort chaque jour s'avan&lt;;ait a grands pas.
Au lieu d'y réflécbir, tu retournes au crime,
Et t'ouvres a toute heure abtme sur abtme.
Apres avoir en vain si longtemps attendu,
Le ciel se lasse: prends, voila. ce qu'il t'est dft.
And Don Juan is swallowed up into the earth, without having been
a ble to repent; for this is clearly the significance of his final words
in the Festin de Pierre:
Je brfile, et c'est trop tard que mon Ame interdite ....
Ciel!
It is plain that Moliere, in making Don Juan the victim of his
own crimes, is really pandering to the tastes of his public, which his
play had already more than outraged. Proof positive of this fact is
furnished by the words of Sgnarelle which bring the drama to its
termination :1
Voila, par sa mort, un chacun satisfait. Ciel offensé, lois voilées, filles
séduites, familles déshonoreés, parents outragés, femmes mises a mal, maris
poussés a bout, tout le monde est content. II n'y a que moi de malheureux, qui,
apres tant d'années de service, n'ai point d'autre récompense que de voir a
mes yeux l'impiété de mon maitre punie par le plus épouvantable chatiment
du monde.
1 In the editions of 1683 and 1694, this speech of Sganarelle begins with the exclamation: "Ah I mes gages, mes gages," and ends with the words "Mes gages" uttered three
times after the word "malheureux:· at wbich point the speech in the varlant form termlnates. It Is these words that Edmond Rostand uses in the prologue to his last completed
play. LIJ Dern~re Nuit de Don J uan, published for the llrst time in its ful! form in the
Illu,tr1Jtion (Paris) for February 5. 1921; the prologue had been printed, by special permlssion, in ComoedilJ (Parls) of the preceding day.

173

Sganarelle:

.... II est englouti! J~ cours me rendre hermite.
L'exemple est étonnant pour tous les scélérats,
Malheur a qui le voit et n'en profite pas!
Before bringing our study to a close, we may consider a few of
the remaining differences noticeable in the two versions, differences
introduced by Corneille for purposes other than those which have
already been discussed. The stylistic changes are frequent, and
very rarely to Corneille's advantage. In the first scene of Act II,
for instance, Corneille retains more than faithfully the patois spoken
by Pierrot and Charlotte, often giving a slight turn to the dialectical
expressions used by Moliere. Thus, Moliere's "stapandant" (for
"cependant ") becomes, in the Festin de Pierre, "stanpandant."
In Don Juan, we find Pierrot saying: "Je te dis toujou la méme chose
parce que c'est toujou la méme chose; et si ce n'était pas toujou la
méme chose, je ne te dirai pas toujou la méme chose." This excellent
bit of rustic simplicity of phraseology is changed, to its detriment, in
the Festin de P .erre, where we read:
Pierrot:
Si j'te la dis toujou, c'est toi qu'en es la cause;
Et si tu me faisais queuque fouas autrement,
J'te &lt;liras autre chose.

The third act of Don Juan is freely rearranged by Corneille.
The third scene, in which the debtor, M. Dimanche, appears to
dun Don Juan, is placed, in the Festin de Pierre, after, and not
before, the appearance of Don Luis, the father of Don Juan.
Corneille is forced to improvise sorne lines of his own (scene 11)
between the departure of M. Dimanche and the arrival of Done
Elvire, who comes on unannounced. Moliere, on the other hand,
announces (scene 8) the arrival of a veiled lady (Done Elvire).
Finally, Corneille makes more apparent the connection between the
scene in which Don Luis hurls his objurgations at Don Juan and that
which follows. In Don Juan, we read: "Mais sache, fils indigne, que
la tendresse paternelle est poussée a bout par tes actions¡ que je

�174

A.ARON SCHAFFER

Tu011us CoRNEILLE's MoLIERE's "DoN JuA.N"

saurai
prévenir sur toi le courroux du ciel, et laver par ta
punition la honte de t'avoir fait naitre. (Scene 7-Don Juan,
Sganarelle.) Don Juan (adressant encore la parole a son pere,
quoiqu'il soit sorti): Eh! mourez le plus tót que vous pourrez, c'est le
mieux que vous puissiez faire." In the Festin de Pierre, the version
reads:
Don úuis:

According to Gendarme de Bévotte, Corneille's emasculated version
of Moliere's play "fit fortune"; nevertheless, it did not long retain
its popularity, and today the "administration" of the ComédieFran~aise deems it wise to leave Don Juan unproduced rather than to
offer the public a milk-and-watery variant of the play which, perhaps
more than any one other of his plays, is the document of Moliere's
ironic philosophy.1
AARoN ScHAFFER

C'est tropl Si jusqu'ici dans mon coeur, malgré moi,
La tendresse de pere a combattu pour toi,

Je l'etoujfe; aussi bien, il est temps que •.••
Je prévienne du ciel les justes chAtiments;
J'en mourrai, mais je dois mon brasa sa colere
[scene 6-Don JUA..n, Sganarelle] .

Don Juan:
Mourez quarul vous voudrez, il ne m'importe guere.
Finally, in the last scene of Act IV, Corneille makes the statue of
the Commander invite Don Juan to dine in the tomb of the former
the same evening, whereas the Commander, in Moliere, says: "Je
vous invite a venir demain souper avec moi." The reason for this
change is clear. In Don Juan, Moliere disregards the three unities
completely; each act takes place in a different setting, the time that
elapses is certainly more than twenty-four hours, and the plot is
hardly unified. Corneille, on the other hand, tries as far as possible
to make the play conform to the three unities.
We have had, by now, more than sufficient opportunity to
observe the closeness with which Corneille follows the text of the
original. I wish to give one final parallel from the two plays, in
order that we may be able to visualize this phenomenon by way of
conclusion. In the sixth scene of Act III of Don Juan, we read:
Sganarelle: Seigneur Commandeur, mon mattre, Don Juan, vous demande
si vous voulez lui faire l'honneur de venir souper avec lui. (La statue baisse
la tete.) Ah!-Don Jwn: · Qu'est-ce1 Qu'as-tuf Dis done. Veux-tu
parler?

In the Festin de Pierre, the same passage runs:
Sganarelle:
.. . . Monsieur le Commandeur,
Don Juan voudrait bien avoir chez lui l'honneur
De vous faire un régal. Y viendrez-vous?
(La statue baisse la tete, et Sganarelle, tombant sur les genoux, s'écrie:
"A l'aide :)

Don Juan:
Qu'est-ce 1 Qu'as-tu 1 Dis done.

175

UNIVERSITY OP TEXAS
1 Sincerest thanks are due Professor H. Ca.rrington Lancaster, of The Johns Hopldns
Universlty, for suggestlons oll'ered durlng the preparation ot this papar.

�QUEVEDO, GUEVARA, LESAGE, AND THE TATLER
The popularity of Spanish literature in England in the latter
part of the seventeenth and the beginning of the eighteenth century
is well known. But although at least one man1 has recognized
that logically Lucian's "imaginary letters" and "detached observer"
together with such ~orks as Quevedo's Sueños (1627), and Le Sage's
Diable Boiteux (1707), an adaptation and translation oí Guevara's
Diablo Cojuelo (1641), should have resulted in such creations as the
Tatler, Spectat&lt;rr, and Rarnbler, no one apparently has hitherto made
a comparative study of these Spanish and French writers and the
aforementioned English periodicals.2
The object of this article is simply to point out certain parallels
in thought, but rarely in words, between the Tatler and the Spanish
and French writers named. Other Spanish writers and other English periodicals are left for later studies.
It should be recalled that Spanish picaresque literature was
popular in England before and at the time of the publication of the
first Tatler, April 12, 1709. For instance, by that date, L'Estrange's
translation of Quevedo's Sueños had gone through at least twelve
editions.3 In 1707 LeSage's Diable Boiteux had gone through four
editions.4 There was an English translation called The Devil upon
Two Sticks in 1708.6 Steele had certainly seen this translation, for
in Tatler No. 11 he mentions it, and in a way which indicates that
he expected his readers to know it. In his Diable Boiteux Le Sage
called attention to the debt he owed Guevara and dedicated it to the
• Upham, The Typical Forms of English Literature (New York, 1917), pp, 128-29.
• A passing mention is made of Pacolet's relat ion to the diable boiteux of Le Sage in
The Cambridge History of English Literature, IX, 39 (Harold Routh). Chandler, Literature of Roguery, II, 330, mentions in one paragraph the Diablo Cojuelo and the Spectator,
but he does not connect the two works in the manner in which they are studied here.
:r. Fitzmaurice-Kelly, The Relatfons between Spanish and English Literature (1910), p. 26,
says: "The translation of Quevedo's Sueflos made by Roger L'Estrange--through the
French-ran int o many editions, but left no permanent mark on English literature."
• See Chandler, Romances of Roguery, p. 457. See ibid., pp. 399---469 for details on
other translations of Spanish picaresque novels into English.
• !bid., pp. 464-65.
• Chandler, Literature of Roguery, II, 319.
[MODERN PBILOLOGY, November, 1921]
177

�178

W. S.

HENDRIX

1

Spaniard. The Diablo Cojuelo had not been translated into English
at that time, but the dedication of the French work forcibly called
attention to the Spanish original, and men of the linguistic attainments of Addison and Steele would have had no difficulty in reading
Spanish. That they probably did so, we shall see presently. It
should be kept in mind also that the Tatler appeared three times a
week, and that in all probability the writers of the paper read whatever was popular, not only for the ideas they might obtain, but also
to keep informed about the subjects which pleased the public.
Our attention will be directed, first, to the idea of the power of
the astrologer, the conjurer, etc., which is closely connected with
Pacolet, who seems to be derived from the Diablo Cojuelo and the
Diable Boiteux; secondly, to the similarity of certain visions in the
Tatler and Spectator to sorne of the Sueños of Quevedo, and to certain
passages in the Diablo Cojuelo and the Diable Boiteux; thirdly, to the
"courts" of the Tatler and the premáticas and similar satirical scenes
in the Discursos festivos of Quevedo; and fi.nally, to the parallelism
between the Diablo Cojuelo, the Diable Boiteux, and No. 243 of the
Tatler, in which the devil is replaced by the "magical ring."
One is struck, on reading the earlier numbers of the Tatler, by
the frequent references to necromantic power, to astrology, or to a
familiar (see Nos. 1, 3, 12, 13, 14, 15, 20, 21, 22, 23, 26, 27, 28, 40,
47, 48, 61, 64, 71, etc). While the sources of the passages referred
to may not be Spanish, they strongly suggest the atmosphere of
Quevedo's Sueños, Guevara's Diablo Cojuelo, and Le Sage's Diable
Boiteux. Especially is this true of the episodes dealing with Pacolet,
who, for a time at least, is Bickerstaff's guardian angel. Pacolet
first appears in No. 13, where he tells Bickerstaff of his experiences
with three former masters. (Recall that in No. 11 Steele mentions
The Devil upon Two Sticks.) This conversation with Bickerstaff is
merely a device to satirize these masters, and reminds one of Lazarillo
de Tormes, and other Spanish picaresque characters, whose biographies are satires on the masters they have served. In No. 15 Pacolet
describes the treatment he received as an infant, which caused his
death when he was only a month old. These experiences recall one
of Quevedo's Sueños; El entremetido, y la dueña y el soplón (B.A.E.,
• Edition Garnier Fr~res, Paris, n.d., pp. 386-87.

QUEVEDO, GUEVARA, LE SAGE, AND THE "TATLER"

179

XXIII, 363), where a demonio describes the experiences he will have
if he is born again. The description of the demonio begins before
birth and continues until death. He mentions being whipped at
school and the sufferings of being in Iove along with other disagreeable
experiences of life. Pacolet says that by being drowned he "escaped
being lashed into a linguist until sixteen, running after wenches until
twenty-five, and being married toan ill-natured wife until sixty." His
nose, he afterward learned, belonged to another family; the demonio
suggests the possibility that he may not be legitimate, his nose is also
characterized as an alambique, a still. In both cases the child hears
a lullaby, has a wet nurse, and resents the treatment to which he is
subjected. Also in both cases the speaker is a demon. 1
Pacolet throws a powder around Bickerstaff and himself so that
they may be invisible (No. 15; see Diable Boiteux, pp. 312-13);
serves as a messenger to carry and obtain information (Nos. 22, 23,
26, 28, 40, 64, 70; Diablo Cojuelo [edit. Madrid, 1910] pp. 46-47);
acts as a guide in visions (Nos. 81, 119, 167, 171) just as do the
Spanish and French devils. Steele and Addison, possibly at the
initial suggestion of Swift's Bickerstaff, began the necromantic elements in the astrologer Bickerstaff, but soon added (No. 13) Pacolet,
who may have been borrowed from the Diablo Cojuelo or the Diable
Boiteux, or both. Having read the English translation, The Devil
upon Two Sticks, the essayists possibly read the Diable Boiteux, saw
the dedication to Guevara, and then read the Diablo Cojuelo. This
first venture into Spanish in the original was perhaps ·followed by
reading Quevedo, who at the time was very popular in England. In
addition to the translation of his Sueños, the translation of his
Comical Works appeared in 1707, another edition in 1709,2 and
the translation. of his Marco Bruto, as a document in behalf of
Dr. Sacheverel, was printed during the latter's trial in 1710.3
1 For a vague trea.tment of the sa.me theme see Torres Naharro's introito of the
"Comedia Jacinta," in Propaladia, II, 76-77; for a better trea.tment, see "La vida del
hombre" ot Breton de los Herreros, Obras, V, 323--46, especially 323-28.

'British Museum Catalog, Vol. XXIX.
• The Controi,erav about Reaiatance and Non-reaistance discuaa'd, in moral and political
reftections on Marcu.a Bru.tus, who slew Juliua Caesar . . . . written in Spanish bu D[on]
F[ranciscoJ d• Q[ue••do] V[illegasJ, tran,lated into Bnglish and publiahed in defens• of Dr.
Henry Sach ..erel, b11 order of a noble Lord who •oted in his behalf (London, 1710), Briliah
Museum Catalog, Vol. XXIX.

�180

W. S.

liENDRIX

Other points of contact between Quevedo and the Tatler may
be noted. No. 12 has a caustic comment on the use of slang. Quevedo frequently attacks incorrect or questionable use of words and
phrases (B.A.E., XXIII, 367, 371, 430-31). The description of a
gentleman (No. 21), of a pretty fellow (No. 24), of the rake (No. 27),
and of fops (No. 108) may have been suggested by the English
"character," but it is paralleled in Quevedo's Discurso festivos; for
instance, figuras artificiales, figuras lindas, etc. (B.A.E., XXIII,
460 ff.) True, Quevedo's types are of the lower classes, while the
Tatler' s are of the better classes, but this is in keeping with the tone
of the respective works.
Visions as a literary device to present certain ideas, especially
satire, occur frequently in the Tatler and Spedator. 1 As is well
known, and as Quevedo points out in one of his Sueños (B.A.E.,
XXIII, 298a), visions were used by the classic authors and by Dante.
The authors of the essays in the Tatler and Spedator were familiar
with these examples of the use of visions, of course. But it can
hardly be said without reflection on Addison and Steele that they
were unacquainted with Quevedo's Sueños, the translation of which
had been so popular before 1709. Certain parallels between Quevedo's Sueños and the visions of the Tatler and Spedator would seem
to indicate that Addison at least did know t he Sueños of Quevedo.
Curiously enough, the parts of Quevedo's Sueños paralleled by
Addison in the Tatler and Spedator are omitted in the L'Estrange
translation. (The copy I am using is of the edition of 1702.) It is
probable that the editors of the Tatler and Spedator knew of these
omissions from the L'Estrange translation, for Captain John Stevens,
in his Preface to The Comical Works of Quevedo, published in London
in 1707, says:
I will not say much of his [Quevedo's] Prose, his visiona have already
gain'd him a reputation: Tho with respect to the Memory of that great
Man, whose name is prefixt to the Translation [L'Estrange had died in 1704],
I must Declare, they are far short of the Original. For not to descend to
other Particulars, there are in severa! places whole Pages entirely omitted,
and in others, the Sense either mistaken or willfully alter'd to no Advantage,
but rather for the worse.
• The visions o! the Spectator are included in this study.

QUEVEDO, GuEVARA, LE SAGE, AND THE " TATLER "

181

Captain Stevens' book was sold by John Morphew, who, as is well
known, was the agent of the Tatler. See, for instance, Nos. 11,
56, 103.

In the Tatler No. 237 Addison reads Milton's Paradise Lost,
where Ithuriel with his spear touches the toad which is trying to
deceive Eve, and causes it to return to its proper shape, that of the
devil. He then goes to sleep and dreams that he has the spear.
This vision and the types satirized in it may be compared to Quevedo's Sueños: El mundo por de dentro (B.A.E., XXIII, 330b-31),
in which a cuerda casts a shadow which reveals what the person
really is when in the shadow, and La hora de todos y la fortuna con
seso (B.A.E., XXIII, 384 ff.), where at a certain hour each becomes
what he deserved to be. For purposes of comparison the English
and the corresponding Spanish passages are given below.
Tatler No. 237
The first person that passed by me was a lady that had a particular
shyness in the cast of her eye, and had more than ordinary reservedness in
ali parts of her behaviour. She seemed to look upon man as an obscene
creature, with a certain scorn and fear of him. In the height of her airs I
touched her lightly with my wand, when to my unspeakable surprise, she
fell into such a manner as made me blush in my sleep.
El mundo por de dentro
The first person to pass under the cuerda was
Aquella mujer alli fuera estaba más compuesta que copla, más serena
que la de la mar, con una honestad en los huesos, anublada de manto; entrando aquí ha desatado las coyunturas (mira de par en par); y por los ojos
está disparando las entrañas a aquellos mancebos, y no deja descansar la
lengua en ceceos, los ojos en guiñaduras, las manos en tecleados de moño
[B.A.E., XXIII, 330b-31a].

T aller No. 237
. . . . My eyes were diverted from her by a man and his wife, who
walked near me hand in hand after a very loving manner. I gave each of
them a gentle tap, and in the next instant saw the woman in breeches, and
the man with a fan in his hand.
El mundo por de dentro
¿ Viste allá fuera aquel maridillo dar voces que hundia el barrio: "cierren
esa puerta, qué cosa es ventanas, no quiero coche, en mi casa me como,
calle y pase, que así hago yo," y todo el séquito de la negra honra? Pues

�w. s.

182

HENDRIX

mírale por debajo de la cuerda encarecer con sus desabrimientos los encierros
de su mujer [B.A.E., XXIII, 331].

Tatler No. 237
It would be tedious to describe the long series of metamorphoses that
I entertained myself with during my night's adventures.

La hora de todos, etc.
This Sueño has forty metamorphoses, and if Addison had it in
mind when writing the essay in the Tatler he would probably recall
many other changes that he had read in the Spanish.
Other parallels with the two sueños of Quevedo follow:

Tatler No. 100
In the "Vision of Justice"
A voice is heard from the clouds, declaring the intention of this visit,
which was to return and appropriate to every one living what was his due.

La hora de todos
Quoting from Jupiter:
. . . . está. decretado irrevocablemente que en el mundo . . . . se
hallen de repente todos los hombres con lo que cada uno merece [B.A.E.,
XXIII, 385b].
Tatler No. 100
The next command was for . . . . ali children "to repair to their true
and natural fathers." . . . . It was a very melancholy spectacle to see
fathers of very large íamilies become childless, and bachelors undone by a
charge of sons and daughters. . . . . . This change of parentage would have
caused great lamentation, but that the calamity was pretty common, and
that generally that those who lost their children, had the satisfaction of
seeing them put into the hands of their dearest friends.

El mundo por de dentro
¿ Ves aquel bellaconazo que allí está vendiéndose por amigo de aquel
hombre casado y arremetiéndose a hermano, que acude a sus enfermedades
y a sus pleitos, y que le prestaba y le acompñaba? Pues mírale por debajo
de la cuerda añadiéndole hijos y embarazos en la cabeza y trompicones en
el pelo [B.A.E., XXIII, 331b].

Turning to the Spedator, the "Vision of Mirza" (No. 159)
pictured a genius who, like the diablo cojuelo and the diable boiteux,
carries the spectator to the highest point and shows him scenes and

QUEVEDO, GUEVARA, LESAGE, AND THE "TATLER 11

183

people.1 The spectator is carried "to the highest pinnacle of the
rock," while the observer in the Spanish and French works is taken
to the top of the tower of San Salvador. The "Vision of the Sea,.
sons" (Spedator No. 426) has a genius who explains the whole situe.tion to the observer.
Another device common to Quevedo and the Tatler is the use oí
mock courts and edicts, in which the frailties and foibles of human
nature are satirized. Quevedo calls certain people incapaces de raz6n
(B.A.E., XXIII, 442b). In the Taller they are "dead in rea.son"
(No. 110). The Tatler has "courts of honor" (Nos. 250, 253, 256,
259,262, 265) . These "courts" may be compared to the premáticas
of Quevedo in their use of legal verbiage, mock seriousness, and
frequent satire of the same type of thing. The following quotations
will serve to illustrate the latter characteristic.
Taller No. 110
The next class of criminals were authors in prose and verse. Those of
them who had produced any still boro work were immediately dismissed
to their burial, and were followed by others, who, notwithstanding some
sprightly issue in their life-time, had given proofs of their death by some
posthumous children that bore no resemblance to their elder brethren. As
for those of a mixed progeny, provided they could always prove the last
to be a live child, they escaped with life, but not without the loss of limbs:
for, in this case, I was satisfied with the amputation of the parts which were
mortified.

Premátiro of Tiempo
Ítem, habiendo visto la multitud de poetas con varias sectas, que Dios
ha permitido por el castigo de nuestros pecados, mandamos que se gasten
los que hay, y que no haya más de aquí adelante, dando de término dos afios
para ello, so pena que procederá contra ellos como contra la langosta, conjurándolos, pues no basta otro remedio humano [B.A.E., XXIII, 439a].

Tatler No. 110
These were followed by . . . . defunct statesmen; all of whom I ordered
to be decimated indifferently. . . . .

Premátiro
Item, declaramos y desengañamos a todos los reyes y señores deste
mundo, que no piensen ser ellos los mayores de todos, porque solo lo es el
'Di ablo Cojuelo. p . 14; Diable Boiteu:i:, p. 14.
4:5, 8 .

Of. temptatlon of Ohrist. Matt.

�184
calor, . .
439b].

W.

S. HENDRIX

. delante de los reyes se cubren los grandes [B.A.E., XXIII,

Tatler No. 243 has a series of experiences wbich may be paralleled
by scenes from the Diablo Cojuelo and the Diabl,e Boiteux. Gyges'
ring in the Tatl,er seems to play the role of the diablo cojuelo and the
diable boiteux in their respective works. The quotations follow:
Tatl,er
~bou~ a week ~o, not being able to sleep, I got up, and put on my
magical nng; and, with a thought, transported myself into a chamber where
I saw a light.
Diablo Cojuelo and Diabl,e Boiteux
At the beginning of the Diablo Cojuelo (pp. 9-10) and at the
beginning of the Diabl,e Boiteux (2), the hero, to escape from a trap
set for him by a courtesan, runs along the roofs of the houses until he
sees a light, and enters the room where the light is.

Tatl,er
I found it inhabited by a celebrated beauty, though she is of that species
of women we call a slattern. Her headdress and one of her shoes lay upan
a chair, her petticoat in one corner of the room, and her girdle, that had a
copy of verses made upan it but the day befare, with her thread stockings
i_n the middle of the floor.
'
The author, shocked by what she says in her sleep, leaves the room.

Diablo Cojuelo
Pero, ¿ quién es aquel la Habada con camisa de muger que . . . . haze
roncando mas ruido que la Bermuda . . . . [p. 17].

Diable Boiteux
J'aperc;ois dans la maison voisine deux tableaux assez plaisants: l'un
est une coquette surannée qui se couche, apres avoir laissé ses cheveux, ses
sourcils et ses dents sur sa toilette: l'autre un galant sexagénaire qui revient
de faire l'amour. I1 a déja óté son oeil et sa moustache postiches, avec sa
perruque, qui cachait une tete chauve (p. 17).
The second scene referred to in the French apparently suggested the
next scene in the

Tatler
I left the apartment of this female rake, and went into her neighbor's,
where there lay a male coquette. He had a bottle of salts hanging over
his head, and upan the table by his bedside Suckling's poems, with a little

QUEVEDO, GUEVARA, LESAGE, AND THE "TATLER"

185

heap of black patches on it. His snuffbox was within reach on a chair·
but, while I was admiring the disposition he made of the several parts of
his dress, his slumber seemed interrupted by a pang that was accompanied
by a sudden oath, as he turned himself over hastily in bed. I did not care
for seeing him in his nocturnal pains, and left the room.

Diablo Cojuelo
Tbis same "male coquette" is to be found in the Spanish work:
Mira aquel preciado de lindo, o aquel lindo de los mas preciados, como
duerme con vigotera, torcidas de papel en las guedejas y el copete, sebillo
en las manos y guantes desacabeyados, y tanta paM en el rostro, que pueden
hazer colacionen él toda la quaresma que viene (16).

Tatl,er
I was no sooner got into another bed-chamber, but I heard very harsh
words uttered in a smooth, uniform tone. I was amazed to hear so great
a volubility in reproach, and thought it too coherent to be spoken by one
asleep; but, upon looking nearer, I saw the headdress of the person who
spoke, which showed her to be a female, with a man lying by her side broad
awake, and as quiet as a lamb. I could not but admire his exemplary
patience, and discovered by his whole behaviour, that he was lying under
the discipline of a curtain lecture.

Diable Boiteux
. .. je découvre, dans un petit corps de logis, un original de mari qui
s'endort tranquillement aux reproches que sa femme lui fait d'avoir passé
la journée entiere hors de chez lui (128).
Again referring to the same man:
il s'est ... mis au lit sans dire un mot [p. 135].

In the next paragraph the author says he was entertained in
many other places by this kind of nocturnal eloquence, and mentions
sorne of the things he sees people doing. If he had read these French
and Spanish works, which contain other nocturnal scenes, he would
be likely to recall similar scenes wbich he does not describe. The
next picture in the Tatler is that of a very sick man, whose wife has
the undertaker waiting for him to die that he may take bim away.
In the Diable Boiteux there is a description of an old man dying, surrounded by relatives who are impatiently waiting for bis death that
they may secure bis property (pp. 204-5).

�186

W. S.

HENDRIX

Taller
~s I w~ going home, I saw a light in a garret, and entering into it, heard
a vo1~ crymg, and,. hand, stand, band, f anned, tanned. I concluded him
~y this, and the fi_irmt~e of his room, to be a lunatic; but upon listening a
little longer, perce1ved 1t was a poet, writing a heroic upon the ensuing peace.

Diablo Cojuelo and Diable Boiteux

. ~ the Diablo Cojuelo a poet arouses the guests of an inn by recitmg his verses (pp. 37-39). The French version has the following
passage:
, ... j~ ferais l'inventaire des meubles qui sont dans ce galetas. II
n Y a q~ un grab~t, un placet et une table, et les murs me parraissent tout
barbouillés de nou:, Le pers~nn~e qui loge si haut est un poete, reprit
Asm~dée; e~ ce qw vous para1t n01r, _ce sont des vers tragiques de sa fa.Qon,
dont il a tapISSé sa chambre, étant obligé, faute de papier, d'écrire ses poemes
sur le mur (p. 21).

Tatler
. It was no~ toward morning, an hour when spirits, witches, and conJ~rs are obliged to return to their apartments, and, feeling the influence
of _1t, I ;"as hastening_ home,_ when I saw a man had got half way into a
ne1ghbor s. house. I immediately called to him, and turning my ring,
appeared m my proper person. There is something magisterial in the
aspect of the Bickerstaffs, which made him run away in confusion.
Diablo Cojuelo and Diable Boiteux

The Spanish work has a scene in which two thieves are entering
a rich foreigner's house, but run away, greatly frightened, when they
see him (p.17). "Voleurs de nuit" are seenin the French work (p. 23).
The fact that every scene described in the English essay has
a more or less exact parallel in the Diablo Cojuelo or its French
version, the Diable Boiteux, and that the observers in every case
were invisible, could go wherever they pleased, and went at night,
would seem to rule out of court the theory of coincidence.1
Omo STATE UNIVERSITY

W. S. fuNDRIX

1
I wish to thank my formar colleagues, Protessor R. A. Law and Professor R. H.
Griffl.th, of the Uni':'ersity of Texas, for reading this article in manuscript and for making
helpful suggestions.

OBSERVACIONES SOBRE LA COMEDIA TIDEA
La Comedia Tidea de Francisco de las Natas, publicada en 1550
y reimpresa por Cronan,1 ofrece considerable interés por combinarse
en ella el influjo de la Celestina, de las églogas de Juan del Encina y
de las comedias de Torres Naharro.
Las noticias bibliográficas de esta comedia son bien escasas.
Nicolás Antonio no menciona a Natas. Ninguna referencia a éste,
o su comedia, hallamos hasta llegar a Moratín.2 El último da la
comedia por publicada en 1535, la titula Fidea llama a su autor
Francisco de las Navas; cuyos tres errores recoje y copia el conde de
Schack.8 La Barrera4 declara respecto del autor, sin el menor fundamento: "Su apellido parece burlesco, así como el título que se da en
la pieza de "beneficiado en la iglesia perrochial (sic) de la villa
Cuebas rubias, y en la iglesia de Sancta Cruz del lugar de Rebilla
cabriada." 5 Añade, por única noticia, que fué prohibida en los
Indices expurgatorios de 1539 y 1583. La primera fecha es indudablemente errata de imprenta por 1559, pues el primer catálogo de este
género, conteniendo libros heréticos impresos en Alemania, con
algunas adiciones, no aparece hasta 1551, y Comedia Tidea se incluye
en el lndex et Catalogus l.Ábrorum prohibitorum, primero peninsular,
publicado por el inquisidor general D. Fernando de Valdés el afí.o 1559
en Valladolid, así como en el lndex de 1583. Gallardo6 cita una
traducción de la Eneida hecha por Francisco de las Natas: "Siguese
el segundo libro de las Eneidas de Virgilio, t robado en metro-mayor
de nuestro romance castellano por Francisco de las Natas, c}erigo
presbitero beneficiado en la iglesia parroquial de Santo Tomé de la
villa de Cuevas-rubias, y en la iglesia de Sancta-cruz del lugar de
Revilla-Cabriada, de la diocesis de Burgos. (Al fin.) Fue impreso
Teatro espal\ol del aiulo XVI (Madrid, 1913), pl\gs. 1--80.
• Origen• • del teatr o eapal\ol, en Bibl. A ut. Esp. (Madrid, 1846), t . II, pl\g. 193.
1 Historia, etc. (ed. de Mier, Madrid, 1885), t. I, pll,g. 345.
• Catálogo del teatro antiguo espal\ol (Madrid, 1860). pl\g. 283.
• Claro es¼ que porrochial no es burlesco, ni mucho menos requiere el sic, sino voz
antigua que trae el Diccionario de Autoridades en la forma substantiva de perrochia,
as! como Covarrubias en su Tesoro con la variante ortogr!l.flca perroqoia, y que se encuentra
a menudo en las obras del siglo XVI.
• Enaauo de una biblioteca e,pal\ola (Madrid, 1888), t. III. columnas 951-52.
1

[MODERN PHII,OLOOY,

November, 1921)

187

�188

M.

ROMERA-NAVARRO
OBSERVACIONES SOBRE LA "COMEDIA TIDEA"

en Burgos por Juan de Junta, impresor de libro~, a 3 de agosto
de 1528 años." 1 Menéndez y Pelayo2 y Creizenach3 le dedican
media docena de líneas a Comedia Tidea, que parecen demostrar,
aun siendo pocas, que ninguno de ellos tuvo ocasión de leerla.
Ni por razón del pensamiento o de la forma, es grande la poesía
de esta comedia. La sintaxis aparece dislocada en unos pocos pasajes,
pero en general la forma es correcta, y apropiada y natural la expresión
de los afectos. El estilo es mediocra: ni resalta por el color y brío ni
fatiga por frío y desmayado. Natas, fácil versificador, no es verdadero
poeta, pero sí hombre de teatro, diestro en el manejo de los recursos
dramáticos. La mayoría de sus contemporáneos fueron, por el
contrario, buenos poetas y pésimos dramaturgos. La ejecución es
tan acertada en la Tidea que bien merece figurar esta comedia, por
su traza armónica, por su desarrollo regular, por su diálogo rápido
Y vivo, por su arte escénico, entre las más felices de nuestro primitivo
teatro. La observación aguda, el modo impersonal del autor, su
seguridad en los trazos, la sobriedad en el epíteto y la ausencia de
toda nota excéntrica que rompa la naturalidad de los caracteres o la
armonía del conjunto,4 revelan una mentalidad lúcida ·y grave, rica
en experiencia. 5
1

Gallardo reproduce a continuación parte de la dedicatoria y varias estrofas.

• Orfgenea de fo nooela (Madrid, 1910), t. III, plig. cxlix.
1
Geachichte de• neueren Drama, (Halle, 1903), t. III, plíg. 158.

• Es digno de nota, en este punto, la absoluta ausencia de pedanterias humanísticas
de r~ferencias his~ricas y mito(ógicas, de q1;1e tan recargadas se hallan todas las pro'.
du001ones dramlíticas de aquel s1glo-y del Siguiente--eon la sola excepci6n acaso de las
de Torres Naharro, cuyo buen gusto nuestro autor sigue también en esto. En lo que se
aparta de él, y en lo que estriba la capital diferencia en cuanto a la forma entre su comedia
Y la Celestina-nuestro más rico tesoro de refranes, sin excluir el Quijote--es en no traer
Comedia Tidea ni siquiera un solo refrlin.
• Si hemos de juzgar por la dedicatoria de su traducción de la Eneida, por las coplas
en que el traductor se despide del lector, y por el absoluto silencio que acerca de él guardan
sus coetlineos, no era Francisco de las Natas un profesional de las letras, sino aficionado
que en ellas ocupaba su pluma en los ratos de ocio. En la dedicatoria, al abad de Berlanga
Y de Cuevas Rubias, consigna: " ... Yo, señor, como los dias p asados estuviese vaco
de algun ejercicio, acorde ocupar mi rudo ingenio en algun acto virtuoso ... y fue en
esta obra ... " Y en las coplas de despedida expresa:
"Si silaba falta segun que verdad
Aquesto repugna por limite llano
Allende si sobra por mas de lo sano,
Ad •ensum y verso suplic'os mirad.
Tambien si les falta la sonoridad
Porque esta se pide por orden directo,
Cualquiera mas sciente segun que discreto
Aquesto corrija con gran igualdad.
" Que en esto mi fuerza se halla tan baja
Que mas no penetra por sumos labores,
Ñi menos se empinan mis sensus actores
Por vellos tan broznos segun que la saxa.
Y aquesto si hice, sentid sin baraja
Que no fue por fama ni gloria tomar,
Son ver mi sentido que pueda domar,
Que al ni.llo muy rudo le cedo ventaja. ... "

189

El sistema dramático de Francisco de las Natas es el mismo de
Torres N aharro, al que sigue en todo con el mayor celo. Natas da
por título a su comedia el nombre del protagonista, ~deo, llamán~ola
Comedia Tidea, como de los protagonistas-de sus piezas dramáticas
había sacado Torres Naharro los títulos de Comedia Aquilana,
Comedia Himenea, etc. Torres Naharro había dicho en el prohemio
de la Propaladia:1 "La division della [la comedia] en cinco actos, no
solamente me paresce buena, pero mucho necesaria; aunque yo les
llame jornadas, porque más me parescen descansaderos que otra
cosa." Y Natas le sigue igualmente en la división y nombre de los
actos. Había declarado el maestro: "El número de las personas que
se han de introducir, es mi voto que no deben ser tan pocas que
parezca la fiesta sorda, ni tantas que engendren confusion ... el
. h ast a d oce personas." 2
honesto número me paresce que sea de seis
Y once es el número de los interlucotores que figuran en la Comedia
Tidea. Esta empiez~, como todas las de Torres N aharro, con un
introito, aunque considerablemente más breve, puesto en l~~ios de
un rústico y desvergonzado pastor que manifiesta sus habilidades,
saca a colación sus nada ejemplares amoríos y, tras las acostumbradas
chocarrerías, expone el argumento de la comedia y termina solicitando
el silencio y compostura de la audiencia.
Aparece luego Tideo, el galán lamentándose del amor en unos
versos, cuya naturalidad y trasparencia, excepto en dos o tres líneas,
aumenta el metro-coplas de pie quebrado, que es el de toda la
comedia, y el mismo de Torres N aharro-, y los cuales principian así:
Circundederunt me,
dowres de amor y fe;
ay! circundederunt me.
Cercaronme de tal arte
las passiones del amor
que la vida se me parte
muy agena de fauor.
O amor!
O que profundo dolor!
O que furia tan crescida,
que imprime tu valor
al que sigue tu guarida!
, Edición de Cañete y Men6ndez y Pelayo (Madrid, 1880-1900) , t. I, plíg. 9.
• Ibid,, plíg. 10.

�190

M.

ROMERA-NAVARRO

Léese en el Invitatorium de la Egloga de Plácida y Vitoriano, de
1
Juan del Encina los mismos tres primeros versos, recitados por
Vitoriano:
Circumdederunt me
Dolores de amor y fe;
iAy! circumdederunt me ...

Y sigue una lamentación de amor cuyo modo de expresión no
guarda ninguna analogía verbal con la de Tideo, aunque los sentimientos, por ser universales, habían de corresponder. Por lo demás
no señalo aquellos tres versos como un plagio de Francisco de las
Natas, sino como muestra de su conocimiento de la labor de Encina y
del influjo más o menos manifiesto del último. Encantáronle a
Natas, como a todos nos encantan, aquellas hermosas coplas del
Invitatorium que rematan siempre con el estribillo iAy! circumdederunt me como eco funeral del corazón angustiado, y lo tomó para
encabezar su queja amorosa, a modo del que glosa, pero cuidando
poner los tres versos en letra bastardilla, como hace cualquier autor
que cita la frase de otro.
Tideo, como el Calisto de la Celestina, confiesa su dulce dolencia
al criado, y éste, cual Sempronio a Calisto, le propone valerse de
una "vieja barbuda" que en ambas obras vive en la vecindad. La
tal vieja, Beroe, ejerce los mismos famosos oficios de la Celestina:
labrandera, perfumera, falsificadora de la virtud femenina por excelencia, hechicera y alcahueta; beata, codiciosa y bebedora también lo
es, Y en ella al igual que en su prototipo han clavado las garras los
siete pecados capitales. Y así puede Tideo repetir justamente el
mismo concepto que ya había expresado Melibea, en la Celestina:
"No me maravillo, que vn solo maestro de vicios dizen que basta
para corromper vn gran pueblo."2 Y Tideo dirá
que vna tal
hazer puede tanto mal,
so color de piedad
y ser causa muy final
destruyr vna ciudad.3
1

T eatro completo de J uan del Encina (Madrid, 1893) , pj¡g, 326.
• La Celestina (ed. de Cejador, Madrid, 1913), t. I, pj¡g, 184.
Jornada 1, p!Lg. 26 de la ed. d e Cronan.

OBSERVACIONES SOBRE

LA

"COMEDIA TIDEA"

191

Grande es la semejanza entre ambas obras desde el momento en
que Beroe se presenta en escena, cuando Prudente interrumpe la
conversación con su señor exclamando tan expresivamente que nos
parece ver como entra la vieja en escena:
hela, hela, do assoma
su rosario muy colgado ...
La entrada de la vieja celestinesca, hablando consigo misma, lo
que dice y el modo de decirlo, su mezcla de preces y diablescos conceptos, lo bien caracterizada, en fin, que queda desde el primer instante, constituyen acaso el mayor acierto de la comedia; y en ~do
caso el más fino análisis de un carácter. No puede ser este tipo
de éeiestina más justamente concebido ni más sobria y apropiadamente presentado que en el siguiente monólogo:
Aue Maria, gracia plena;
Dominus teco, señora;
no mirays que buena est.rena
para lunes en buen hora;
benedicta tu,
hora veys que tu por tu
me trataua la bouilla,
pues ventris tui J esu,
tu vernas, doña loquilla;
sancta Maria,
tu, madre ·de Dios, me guia
aqueste mi buen viaje,
que aunque alcagueteria,
passos son de romeraje.
Quiero ver
que me encargaron ayer
los que tengo por sumario;
ya me acuerdo que he de her
sin mirar mi calendario.
Vn galan
en la calle de san.t Juan,
ya me acuerdo donde dixo,
este me dio vn balandran,
mas dara delo que trixo;
y tambien
aquestotro, ya se quien,
que hable a Mariñilla,
y Perucho de setien
aquellotra Isabelilla.

�192

M.

ROMERA-NAVARRO
OBSERVACIONES SOBRE LA "COMEDIA TIDEA"

El sacristan,
el cura y el capitan,
me rogaron ayer tarde
que me acuerde de como estan
muy pobres de nueua carne·
'
que andada!
estos no me dieron nada.
mas dexame hora her '
'
no porne yo mi jornada
sino pagan mi texer;
pero andar,
algo quiero procurar
porque buelua descansada
porque quando mi yantar '
algo quede reposada.
Por agora
yre por Nuestra Sefiora
ala fuente (h)a me sentar
que alli vienen a tal hora'
las loquillas a parlar;
quando no,
tornare muy prest.o do
sera bueno mi camino.
Digo que tornare yo
do me harte de buen vino.
que alegra
Y abiua los pies y quiebra
t-0da mala voluntad
toda la passion arri:dra
es liquor de gran bondad
'
yan xarabe,
quel medico bien sabe
apazible con mis dias
vn ~umbre que dessabe
estas secas de enzinas.1
1

Las tres primeras coplas de tal
61
fuese incluida esta comedia en los
.,:~~:~eron lasLque motivaron, sin duda, que
comedia contiene (versos 524 Y 582) eran lugare: orios.
as dos puyas clericales que la
que a nadie asustaban n1 ponfa.n de malhumor comunes en aq_u?l siglo_ del era.mismo,
como las rocinadas carnales del pastor del intr
que la Inquisición de¡aba pasar, asi
de parecerle a aqulllla la nada reverente mezcf~ d. l p~~sa de mayor gravedad debla
humano, en dichas coplas.
e O
o con lo mM abyecto de Jo

Ind1:1c~:•

Acércase Tideo a ella y, como Calisto a la Celestina, háblale con
extremado elogio y reverencia :
Tideo:
Madre mía,
o que ayre y que alegria!
o que disposicion y tez 1
En verdad que yo diría
que nunca viste la vejez.

Ca/,isto: ... 10 vejez virtuosa! 10 virtud enuejecida! 10 gloriosa
esperan-;:a de mi desseado fin! ...1

Con notable efecto cómico, en Comedia Tidea, al igual que en la
Celestina, el enamorado galán cae de rodillas ante la barbuda tercerona, implorando su ayuda y buena voluntad. Naturalmente
quedan ambas concedidas. Es de tener en cuenta que Beroe, cual
Celestina, había residido en otro tiempo en el mismo barrio de
la dama que desean seducir. Y por ello, al presentarse la primera
en casa de Faustina, la heroína, y la segunda en casa de Melibea,
son acogidas con idéntica pregunta:
Faustina:
... qual Dios te traxo aca
por estos barrios estrafios ?2
Lucrecia: ... ¿ Quál Dios te traxo por estos barrios no acostumbrados.3

A tal pregunta, Beroe responde:
Hija mia, necessida
que me acresce con los años;
vn hilado
traygo y vendo muy delgado

Y la Celestina:
... E tambien, como a las viejas nunca nos fallecen necessidades ...
ando a vender vn poco hilado.

.i

I

193

1 Ed. citada, t. I, p6.g. 91.
• Jornada III.
• Ed. citada, t. I, p6.g. 159.

�194

M.

ROMERA-NAVARRO

Entrambas viejas prorrumpen en encendidas alabanzas:

Beroe:
O mi rosa,
O mi perla muy preciosa!
O ymagen singular 1
En mi fe vengo ganosa
por quererte abrayarl
Celestina: 10 angélica ymagenl 10 perla preciosa, e como te lo dizesl
Gozo me toma en verte fablar.
Después de quedar solas, Celestina con Melibea, Beroe con
Faustina, decláranles que el objeto de su visita no es precisamente el
hilado, mas antes de manifestarles el verdadero, tratan de captarse
las simpatías de las doncellas con alabanzas, y atenuar así la posible
tormenta de su indignación:

Beroe:
Con aquesso que te oy,
mi señora, escucha:
gentil dama,
tu gran linage y fama,
tus virtudes y prudencia.
el sentido me derrama,
que no vse su potencia.
del hablar ...

Celestina: iDonzella graciosa e de alto linaje!, tu suaue fabla. e alegre
gesto, junto con el aparejo de liberalidad, que muestras con esta pobre vieja,
me dan osa.dia a. te lo dezir.1
Los tfrminos vagos, deliberadamente ambiguos, que las dos
trotaconventos emplean antes de exponer resueltamente su embajada
causan confusión, aunque no recelo, en el ánimo de las damas:
Faustina:
Tu razon
me pone tal confusion,
que me tiene muy turba.da;
di, madre, tu peticion;
tenla ya por otorga.da..

Melibea: Vieja. honrra.da.1 no te entiendo, si más no declaras tu demanda..
Por vna parte me alteras e provocas a enojo; por otra me mueues a compasion.... Assí que no cesses tu petición por empacho ni temor.
• Ed. citada, t. 1, pllg. 174.

OBSERVACIONES SOBRE LA "COMEDIA TIDEA"

195

No bien han acabado de declarar ambas Celestinas su pensamiento, cuando las doncellas les replican con la más profunda y
agresiva indignación, amenazfuldolas coléricas, calificfuldolas allí y
aquí de alcahuetas, hechizeras, enemigas de honestidad, maluadas, etc.,
así como de locos y nescios a los galanes que las envían,
si penso
este dia. que me vio
labrando a. mi venta.na,
quel campo por el quedo
con su platica liuiana,
dice Faustina, como ya había. dicho Melibea:
si pensó que ya. era todo suyo e quedaba por él el campo.1

A sus amenazas de muerte, mientras dura la tormenta, las
astutas maestras del vicio no replican sino entre dientes.
Faustina:
... habla claro, halda.rrona;
di, que parlas entre dientes?
Melibea: lAvn hablas entre dientes, delante de mi? ...'
Beroe, como Celestina, se disculpa en ser sólo mensajera:

Beroe:
... que la pena no obliga
al correo o mensajero,
como a mi
que manda.da. vine aqui
Celestina: ... E si el otro yerro ha fecho, no redunde en mi dafio,
pues no tengo otra culpa, sino ser mensajera del culpa.do.ª

Las doncellas, como sangre joven y ardorosa encendida por la
ofensa, prosiguen hablando rápidas, centelleantes. Las Celestinas
ni se amilanan por ello ni pierden su confianza en la victoria final.
Beroe (Aparte):
Como esta. hecha Boecio
la loquilla! como pugna!
no soys hija del gran Decio;
que lo fueras no repugna,
que otras mas
han seguido tal compas,
hijas de grandes señores.
Celestina (Aparte): IMas fuerte esta.ua Troya e avn otras mas bravas
he yo amansa.do 1 ..•
• /bid., pllg. 180.

• !bid., plig. 178.

• /bid., plig. 182,

�196

M.

ROMERA- NAVARRO

Las oportunas y sapientísimas alcahuetas hacen, en ocasión
propicia, la alabanza del amor y el elogio de los galanes, pintándoles
llenos de gracia, valor, hermosura, gentil,eza, etc. Finalmente, en la
primera entrevista Beroe, y Celestina en la segunda, logran de las
damas una cita, para aquéllos, a las doce de la noche.
En la jornada segunda vemos también claramente el influjo
de Encina. Dos pastores, Menalcas y Damon, al servicio de Rifeo,
padre de la protagonista, refieren las burlas y tundas de que acaban
de ser objeto a manos de los mozos del pueblo; en particular Damon
ha sido fieramente repelado, mantea.do y soplado con un fuelle en
salva sea. la parte por los escolares, en la plaza del mercado. Los
rasgos de los personajes, su lenguaje y la situación recuerdan vivamente el Auto del Repelón de Juan del Encina. Esta escena de los
pastores la usa el autor para dar la nota. ligera y festiva. Falto
de verdadero y fecundo ingenio humorístico, Natas recurre a la
estereotipadas chocarrerías de los pastores, cuyo solo lenguaje y
actitud hacia la gente de la ciudad bastaba para causar seguro
efecto cómico en una audiencia. Lo jocoso no era el fuerte de
nuestro autor. Ni un solo rasgo de jovialidad y gracia tiene la
comedia, aparte las bufonadas de los pastores. Y esto, a pesar de
que el coloquio entre Prudente y Fileno, criados de Tideo, y en
otros pasajes, la fina ironía propia de un ingenio perspicaz y analítico,
como Torres N aharro por ejemplo, hubiera tenido apropiada ocasión
de ejercitarse.
El humorismo de Francisco de las Natas es el mismo de Encina,
bien distinto del humorismo de Torres Naharro. En las obras de
aquéllos hay exageración; en las de éste, interpretación. Allí campea
el rudo humor de los pastores; aquí, la fina crítica de los criados.
Los primeros se proponen hacernos reir; el último, aun por boca de
los pastores del introito en ocasiones, hacernos pensar, acaso enmendarnos. Es un humorismo de superior categoría porque es más
honda la observación, y más universal; detrás de los chistes y
sátiras del autor de la Propaladia hay una filosofía moral, un sentido
ético, una personalidad. En el humorismo de Encina y Natas no hay
ningún propósito hondo, y por eso pueden arrancarnos la carcajada,
pero sin rozarnos el alma ni prendernos en ella la simpatía: es el
genio de las cosquillas. i Cuán superior en esto, y en todo, le es a

ÜBSERVACIONES SOBRE LA " COMEDIA TIDEA"

197

ellos y le es a todos sus contemporáneos e inmediatos sucesores,
incluso Lope de Rueda, el insigne Torres N aharro !
Por lo demás, la escena de los pastores encaja bien en la comedia,
y no cabe considerarla a modo de paso, porque, a parte su brevedad,
está enlazada con el desarrollo del asunto principal: la soberana
tunda que los pastores han recibido es lo que les hace esconderse,
temerosos, al ver aparecer a los criados de Tideo, y así presencian
las idas y venidas de unos y otros, escuchan los planes para la fuga
de Faustina con Tideo, y pueden avisar al padre de aquélla, contribuyendo al desenlace de la comedia.
El debate sobre el amor que, a continuación de dicha escena,
mantienen Fileno y Prudente, criados de Tideo, recuerda en sus
conceptos lo que sobre el poder del travieso y fulminante diosecillo
dicen Mingo, en la Egloga de Encina que empieza " i Ha Mingo!
¿ quedaste atrás ?," 1 y el personaje alegórico Amor, en la Representaci6n en honor del Principe D. Juan .2 Mas no insist imos en ello;
este terreno de las imitaciones es resbaladizo, y tan a menudo han
dado por él de cabeza los críticos de nuestra litera.tura., tomando las
más leves y naturales coincidencias de dos autores por imitación o
por plagio, que de no ser clara y palmaria la imitación, es criterio de
sensatez y justicia suponer sólo una coincidencia de inspiración.
Además, en tema tan universal como el amor, cuya gama de sentimientos, siéndonos a todos conocida, ha de inspirar conceptos parecidos, cabría probar que los escritores no han hecho sino repetir con
variantes lo que escribió el primero que sobre el amor escribiera;
cabe probar que Natas ha dicho lo mismo que Encina, y éste lo
mismo que los poetas de los Cancioneros, que a su vez repitieron lo
dicho por el Arcipreste de Hita, como éste lo dicho por Ovidio, y
retroceder en la cadena y concluir falsamente que ab uno disce omnes.
En Comedia Tidea, como en Comedia Aquilana de Torres Naharro,
el enamorado galán resulta ser, si no príncipe, un gran señor, que
oculta su verdadera calidad. Y cuando sorprendidos los amantes en
el momento de la fuga, puesto él en prisión, restituida ella al hogar
paterno, uno de los criados de Tideo se ve obligado a declarar la condición de su amo, la escena es muy semejante a la correspondiente de
Teatro, etc., plg. 119.
• I bid., plgs. 161--62.

1

�198

M. RoMEru.-NAvARRo

Comedia Aquilana El desenla
.
. de los amantes
·
ce, con el matrimoruo
y a gusto de todos, es el mismo en una y otra comedia, ajustada 1~
de Natas en esto, como en todo lo demás, al patrón que Torres
. a a~ro había dado en su proemio de que la comedia es "artificio
mgeruoso de notables y finalmente alegres acontecimientos."

:r:

UNIVERSITY OP PENNBYLVANU

M. ROMERA-NAVARRO

DOES EMILIA LOVE THE PRINCE?
In 1841, seventy years after Emilia Galotti appeared, Riemer
published his Mitteilungen iiher Goethe. This work contains a random
remark of Goethe's on Lessing's tragedy, which is as follows:
The fundamental mistaka of this piece is that it is nowhere expressed
that Emilia loves the Prince, but that it is merely hinted at. If that were
the case (that is, if Lessing had clearly indicated that Emilia loved the
Prince), we should then know why the father kills her. Her love is indeed
suggested, first in the way in which she listens to the Prince and then by
the way in which she afterwards rushes into the room; for if she did not
love him, she would have repulsed him; finally it is also expressed, but
clumsily, by her fear of the Chancellor's house. For either she is a goose to
be afraid, or a loose woman. But if she loves him, she must prefer to ask
for death itself, in order to escape that house.1

Goethe was tbe first to suggest that Emilia !oves the Prince,
althougb the drama had been a bone of contention for the critics
ever since its appearance. But no sooner did Goethe point the way
than a bost of critics took up the hint and wrote elaborate articles
and commentaries to prove Emilia's love for the Prince. Does it
not seem strange, however, that this universally known tragedy of
the great master of dramatic art should have had to wait nearly
three-quarters of a century for its right interpretation!
And yet, Lessing was not one of those authors who believe in
hiding anything from the reader. He says in the Forty-eighth Paper
of his "Hamburgische Dramaturgie" :
I by no means agree with most of the writers on dramatic art that the
development of a play should be hidden from the spectator. I rather think
that it would not be an overrating of my powers if I set myself to write a.
play whose development reveals itself in the very first scenes and whose
most sustained interest arises from this very circumstance. For the spectator
everything must be clear.

Lessing wrote this while he was working on Emilia Galotti, and
therefore it seems highly probable that, had he intended to portray
• Riemer's Mitteilun gen &lt;lber Goethe, II, 663. Translation by Professor Max Winklerin his Introduction to Emilia GaloUi , Heath &amp; Co., p. xx.
[MODERN PHILOLOOY, November, 1921)
199

�200

WILLIAM DIAMOND

Emilia as being in love with the Prince, he would ha.ve done it in
such a. wa.y tha.t there would ha.ve been no room for misunderstanding,
and the drama. would not ha.ve ha.d to wa.it for seventy years for its
true meaning to be discovered. Wha.tever faults Lessing may ha.ve
had, he wa.s never obscure or a.mbiguous. Everything he wrote was
a.lways clear and to the point. Over and over again he repeats: "For
the spectator everything must be clear." Emilia Galotti especially
is his maturest drama.tic production, the work of his strongest critical
and creative faculties, and it is consequently one of the most carefully constructed plays in the whole range of modern literature.
Lessing worked upon it, off and on, for fifteen yea.rs and considered
and reconsidered every minutest detail. "Never," one critic writes,
"was such a piece of drama.tic algebra put on the boarda as is Emilia
Galotti. Every line, almost every word, betrays calculation on the
111
part of the author.
Lessing wrote it with the direct intention of
giving a model drama to the German people and of exemplifying
the high standards which he had established in his critical writings,
especially in his Hamhurgische Dramaturgie. Accordingly, when
Goethe complains that the fundamental mistake of the piece is tha.t
it is nowhere expressed that Emilia loves the Prince, it must be said
that I;,essing could hardly be blamed for not expressing what was
not felt.

In a letter to his brother, Leasing himself indirectly characterized
Emilia. "The maidenly heroines and philosophers," he said, "are
not at all to my taste. . . . . I know of no higher virtues in an
unmarried girl than piety and obedience."2 It is these virtues of
piety and obedience that are the most essential traits of her cha.racter.
They are fully manifest in her first appearance upon the stage. She
shows herself as possessing a childlike pious hea.rt, being intensely
religious, and loving her parents with the deepest affection.
Emilia is the daughter of higher middle-class parents. "By na.ture
she takes after her father rather than her mother, and it is he who
had the greatest influence upon the development of her moral cha.racter. It was he who inculca.ted into her those severe lessons of
virtue, that distrust of things worldly and tha.t proud disdain for
1

O. von Klenze, Modern Lonouao• Notu, IX (1894), 427.

• uuin11'• Work,, Hempel od., xxl, 482-83.

DoEs

EMILIA

LoVE

THE

PBmcE?

201

life itself when honor is at sta.ke, which determine her a.ction in the
most tragic moments of her life." 1 Of her almost divine beauty we
get ample evidence in the scene between the Prince and the painter,
Conti. Up to her early womanhood she lives in the simplicity and
retirement of country life. To further her educa.tion she goes with
her mother to the capital town. Her father, however, has an
instinctive dislike for the city life and the court, where servility,
fiattery, and licentiousness prevail.
In the capital Emilia meets óount Appiani, a man of sterling
character, and they become engaged. One evening a.t a gathering a.t
the house of Chancellor Grimaldi she also meets the reigning Prince,
a thoroughly unscrupulous and depraved tyrant, a splendid example
of those scourges with which many of the smaller states of Germany
were afllicted in the eighteenth century. He falla in love with her,
and from the opening scenes we leam that he soon forgets his former
mistress, and tha.t he is thinking only of how to obtain Emilia. And
so on her wedding day, while pra.ying at church, she hears someone
confessing love to her. Turning round she finds tha.t it is the Prince
himself. "Mute, trembling, a.nd abashed, she stood before me," the
Prince tells Ma.rinelli, "like a criminal who hears the judge's fatal
sentence. Her terror wa.s infectious. I trembled also and concluded
by imploring her forgiveness." 2 Frightened and indignant she flees
from church as if pursued by furies. She rushes into her mother's
arms exclaiming: "Rea.ven be pra.isedl I am now in safety." Her
mother too is frightened looking at her. "What has happened to
you, m~ da.~ghter? And you look so wildly round, and tremble in
every limb." With difficulty Emilia tells her mother of her experience a.t church. And then,
As I turned, as I beheld himClaudia: Whom, my child?
Emilia: Guess, mother, guessl I thought I should sink into the earth. lt
was he himself.
Claudia: Who, himself?
Emilia: The Prince.1
l Ma.x Wlnkler. lntroductlon to Bmilia Galolli, He&amp;th &amp; Co., p.
• Btnilia GGlotti, III, ill.
• Ibid., II, vi.

ll.

�202

WILLIAM DIAMOND
DoEs EMILIA LovE THE PRINCE ?

And it is this fear and confusion of Emilia that is interpreted
into !ove for the Prince! It is especially this "he himself" that
the critics take as proof that she has the Prince constantly in mind
because she !oves him. But why not take a simple thing simply?
Is it not more natural that her fear and confusion are due to her
extreme youth and inexperience, to the suddenness of it all, to the
religious and moral shock that she, the a.ffianced of another, should
on her wedding day be obliged to listen to a sinful confession of
licentious love from the lips of no less a person than the Prince himself, the despotic ruler of the land, the hated and despised enemy of
both her father and her lover? Why not take the Prince's own
words of her attitude toward his love professions ? "With all my
flattery, with all my entreaties I could not extract one word from
her. Mute, trembling, and abashed, she stood before me like a
criminal who hears the judge's fatal sentence." By "he himself"
she does not mean the Prince as her lover, but the Prince she met at
the gay and frivolous house of the Chancellor, the depraved, autocratic tyrant who does what he pleases. Such a man could not
inspire anything but contempt in a woman like Emilia. She must
have realized the Prince's intention to make her but another of
bis mistresses. 1
Emilia is determined to tell Appiani everything that happened in
the church. "The Count must know everything. To him I must
tell all." But her mother advises her not to, nay, pleads with her.
And Emilia is not "almost glad to follow her mother's advice," as
Professor Max Winkler and others would have us believe, but only
very reluctantly she obeys her mother because it is her mother's wish.
"You know, dear mother, how willingly I ever submit to your
superior judgment. . . . . And yet I would rather not conceal anything from him." ''Weakness! Fond weakness!" her mother exclaims. "No, on no account, my daughter! Tell him nothing.
1

C!. Marlnelll's remarks regardlng the approacbing marrtage o! Emilla and Count
Appianl. "A girl witbout fortune or rank has managed to catch bim In her snares.
. . . . He will retire with bis spouse to bis native valleys o! Piedmont and lndulge himselt In hunting chamols or tralnlng marmots upon the Alps. What can he do better 7
Here bis prospects are blighted by the connection he has formed. The ftrst circles are
closed agalnst bim." I, vi. Countess Orsina tells Emilla.'s !ather: "I am Orslna, the
deluded, forsalcen Ors!na--perhaps forsaken only tor your daughter. But how Js sbe
to blame? Soon sbe aJso will be !orsaken; then another, another, and another." IV,
v:IU. At the very time the Prlnce Is lntatuated wlth EmiUa, arrangements are belng
made !or bis approacbing marrlage with the Prlncess of Massa.

203

Let him observe nothing." And finally Emilia consents. "Well,
then, I submit. I have no will, dear mother, opposed to yours." 1
Thus it is against the voice of her own heart that she agrees not to
tell Appiani of her experience at the church.
Her mother tells her furthermore that she has taken the whole
matter altogether too seriously, that the Prince's so-called !ove
protestations are nothing but mere gallantries. "The Prince i~ a
gallant," she tells her, "and you are too little used to the unmeamng
Ianguage of gallantry. And thus in your mind a civility becomes an
emotion-a compliment, a declaration-an idea, a wish-a wish,
a design. A mere nothing, in this language, sounds like everything,
while everything sounds like nothing." To which Emilia joyfully
exclaims: "Oh, dear mother, I must have been completely ridiculous
with my terror! N ow my good Appiani shall know nothing of it.
He might, perhaps, think me more vain than virtuous."2
N ow, if Emilia had the slightest !ove for the Prince, she would
not have been made so happy by her mother's assurances that
the Prince was not serious, that bis utterances to her were mere
gallantries signifying nothing. On the contrary, according to all
Iaws of human nature, such assurances would have disappointed her
painfully. It is hard to believe that Lessing could be guilty of overlooking such an essential trait of human nature. This alone should
be complete and convincing proof that Emilia does not love the
Prince and that any such supposition is entirely contrary to the
autho;'s conception of the play and the character of Emilia.
After the attack by the bandits Emilia is taken to the Prince's
summer place. As soon as she learns where she is, the whole ~itter
truth dawns upon her. "That the Count is dead! And why 1s he
dead! Why!"ª Her father tells her that he is not perm.itted to take
her with him, and that she will be taken by the Prince to the house
of the Chancellor Grimaldi. But to that house she will not go. She
is no longer the weak child listening to her mother's advice against
her own inclinations. She will no longer compromise. The day's
experience has changed the inexperienced, timid_ young girl .in~ a
strong and determined woman. She will rather die than rema1D With
the Prince or go to Chancellor Grimaldi's house. Thus her mother
1

Emilio Galotli, II. v:I.

• Ibid., V, vll.

�204

Wrr,LI.AM DIA.MOND

aptly says of her: "She is the most tiro.id, yet the most resolute of her
sex¡ incapable of mastering her first impressions, but upon the least
reflection she is calm and prepared for everything." 1
This determination to die rather than to go to the Chancellor's
house convinces her father that she is absolutely innocent. It will
be remembered that his confidence was somewhat shaken by Countess
Orsina. He is now again convinced that her innocence is safe and
above all force. "But not above all seduction," she replies.
Force! Force! What is force? Who may not defy force? What you
ca.ll force is nothing. Seduction is the only real force. I have blood, my
father, as youthful a.nd as warm as any other girl. My senses too are senses.
I will answer for nothing. I will guarantee nothing. I know the house of
Grimaldi. lt is a house of revelry. One hour spent in that house under
the protection of my mother, and there arose in my soul a tumult which
all the rigid discipline of religion could not easily quell in whole weeks.
Religionl and what religion? To avoid no worse snares thousa.nds ha.ve
leapt into the waves and now are sa.ints. Give me the dagger, then, my
father, give it to me. 2

It is Emilia's fear of the Chancellor's house that is also cited
by the critics from Goethe down to the present as supreme proof that
she loves the Prince. First the critics take for granted her love
for the Prince to explain this passage; then they use the passage to
prove her love for the Prince. Such arguing in a circle has no
value.8
Emilia is afraid of the Chancellor's house not because she loves
the Prince, but because "it is the house of revelry." It was in that
house that she first carne into contact with the gay and frivolous
world which conflicted so strongly with her moral and religious
principies, and it cost her a severe effort to overcome its seductive
influence. After what has happened this day, to go back to that house
seems to her nothing less than the loss of her salvation. It is this
fear that animates her soul, and not any love for the Prince. "To
avoid no worse snares thousands have leapt into the waves, and now
1

Bmilia Galolli, IV, vill.

• Ibid., V, vü.

• Ot. Kuno Flscher, Leuino al, Re/ormator der deut,chen Lileratur (Stuttgart, 1881),
p. 210. Flscher, Düntzer, and Stahr do not belleve that Emilla loves the Prlnce.

DoEs

EMILIA LoVE THE

PRINCE ?

205

are saints." In her voluntary death, alone, she sees the possibility
of escaping from eternal damnation, and hence it becomes for her
a religious duty.
Another argument used by the critics to prove Emilia's love for
the Prince is Lessing's conception of tragic characters. In his Hamburgische Dramaturgie, Lessing accords with Aristotle's dramatic
theory that the tragedy must rouse in us pity and fear, and for that
reason.the hero or heroine must be neither a faultless character nor
a thorough villain. In the Eighty-second Paper of the Dramaturgie,
he writes: "The wholly unmerited misfortune of a virtuous man,
according to Aristotle, is not fit material for a tragedy, because it
is terrible." And again, "A man may be v~ry good and yet have
more than one weak point, commit more than one mistake through
which he throws himself into immeasurable misfortune which excites
our pity and sorrow, but which is not in the least horrible, beca.use
it is the natural result of his mistake." And emphatically he repeats
the statement, "We must not let any perfect man suffer in a tragedy
without any fault on his part, for this is too terrible." This required
weakness or fault the critics point out to be in Emilia's case her
love for the Prince.
Of course, Emilia has her weakness or fault as required by
Lessing's theory of tragic characters. But it is not her love for the
Prince. It is the fact that she allowed herself, against her own feelings, to be influenced by her mother not to tell Appiani of the meeting
with the Prince in the church. If she had told everything to Appiani,
as she wished to do, Marinelli's plan would have failed in the beginning. The scene between her and Appiani follows right after the
church scene and immediately precedes the one in which the intriguing
Marinelli delivers to Appiani the Prince's proposal to go at once as
an ambassador to the court of Massa and make final arrangements
for the marriage of the Prince with the Princess of Massa. This
arrangement of scenes was not the result of mere chance; it is more
likely that it was carefully calculated to serve a definite purpose
in the play. It was Emilia's only opportunity of telling Appiani of
her meeting the Prince in the church. Count Appiani would have
answered the Prince's proposal differently, had he known of the

�206

WILLIAM DIAMOND

latter's designa on Emilia. By listening to her mother rather than
to the dictates of her own heart, Emilia missed the opportunity of
telling Appiani what he should have known. As a result, the unsuspecting Count is assassinated, and Emilia is in the hands of the
Prince and Marinelli. lt is this failure of Emilia to tell Appiani of
her experience at the church that fulfils Lessing's theory of tragic
guilt. Emilia's love for the Prince would be more than a weakness
or fault. lt would make her an accomplice of the Prince, and she
would deserve the suspicion of Countess Orsina that she was not
violently abducted and that the attack was prearranged with Emilia's
knowledge.
Accepting Goethe's dictum that Emilia loves the Prince, the
critics must, to be consistent, proceed to misinterpret the other
characters of the play. Instead of admitting that the Prince is an
unscrupulous and thoroughly depraved tyrant, surrounded by fl.attering parasites, knowing no desire but to give himself to sensual passion
and enjoyment, they tell us that he is an accomplished and handsome
young man and of a very attractive personality, just the kind that
Emilia would fall in love with. However, this is not the Prince as
Leasing portrayed him.
Count Appiani, on the other hand, is characterized by the critics
as a brooding and sentimental individual, just the kind that Emilia
would not fall in love with. Accordingly, Professor Max Winkler
tells us: "The relation between Appiani and Emilia is not based upon
deep passion. They are merely good friends." And again: "What
a contrast there is between the brilliant personality of the Prince and
that of Appiani! From the latter she probably never heard any such
words of passion as the Prince utters in the church and in Dosalo, for
even on his marriage day Appiani approaches his bride with a strange
melancholy and aforeboding of evil."1 But &lt;loes not Professor Winkler ignore the real character of Appiani? Even the Prince, Appiani's
mortal foe, must say of him that he is "a very worthy young man, a .
handsome man, a rich man, and an honorable man."2 Emilia's
father, himself a man of immaculate honor, considers the approaching
Professor Max Wlnkler, Introduction to Bmilia Galotti, Heath &amp; Oo., p. nxiil.
• I, vi.

1

DoEs EMILIA LovE THE PRINCE ?

207

marriage of his daughter with Appiani as the height of happiness.
"I can hardly await the time," he says, "when I shall call this worthy
young man my son. Everything about him delights me." 1 Emilia
herself calls him "my good Appiani" and in the only scene between
her and the Count she shows how deeply she &lt;loes love him.
It is true that Appiani "approaches his bride on the marriage day
with a strange melancholy and foreboding of evil." But that is the
only time. Professor Winkler's even implies the opposite, which is
not true. Appiani himself wonders why he feels so downcast on this
of all the days of his life. He cannot explain the reason. Then, too,
Emilia's dreams about the pearls, which she says signify tears,
intensify his melancholy mood and strange premonition of evil. But
Appiani's forebodings and Emilia's dreams were designed by the
author to prepare us for the tragedy that soon overtakes them both,
and not to characterize Appiani as a melancholy and gloomy person.
With just as much justice one might speak of Shakespeare's Desdemona as a "melancholy person with a strange foreboding of evil"
because she feels like singing the sad Willow Song on the fateful
evening before she is strangled.2 The critics misinterpret Appiani's
character. They paint him in the darkest colors and the Prince in
the brightest-and all to make it plausible that Emilia loves the
Prince.
But to return to Emilia. Against her own will she allowed herself to be persuaded not to tell Appiani of her meeting the Prince in
the church. That is her weakness or fault. 8 When she finds herself
in the Prince's summer place, she realizes her fault. Hence the
tragic words: "That the Count is dead! And why is he deadl
Whyl"
II.1v.
• Dreams a.nd premonitions are commoniy used by dramatists to foreshadow events
and to create the proper atmosphere in the play. Other examples from Shakespeare
are Antonio's unusual sadness In the opening of Th• Morchant o/ V•nico, Clarence' and
Stanley's dreams in Richard III, Juliet's words In Romoo and Juliot:
"I have no Joy of this contract to-night;
It Is too ra.sh. too unadvls•d. too sudden,
Too llke the Jlghtning, which doth cea.se to be
Ere one ca.n say lt llghtens."-II, 11, 117-20,
and many others.
• A somewhat similar fault or weakness constitutes the tragic gullt of Shakespea.re's
Desdemona. I mean when she fails to tell Othello that she lost the handkerchief.
1

�208

WILLIA.M DIA.MOND

DoEs EMn.1A LoVE THE PRINCE?

Accordingly, the whole question centers around this one point:
Was Emilia's silence due to her weakness in obeying her mother's
wish rather than the dictates of her own heart, or was it due to a
secret, sinful passion for the Prince? It has been pointed out above
how reluctantly she obeyed her mother's advice, and that her silence,
therefore, was not due to any love for the Prince. Furthermore,
Emilia would not have been made happy by her mother's assurances
that the Prince was not serious, and that his so-called love professions
were but mere gallantries, if she had loved the Prince.
It is also noteworthy that out of the forty-three scenes in the
play Emilia appears in only four and not in a single monologue.
There is nothing hidden in her nature that needs to be revealed in a
monologue, and least of all a secret, sinful passion for the Prince.
Goethe's random remark should not have been taken, in this case, as
unimpeachable wisdom and expanded into a commentary on the
tragedy. Goethe's great reputation by no means rests upon his
critica! remarks. N ot a single one of his literary criticisms stands
out pre-eminently. Most of them have merely an extrinsic value due
to the fact that Goethe wrote them. Friedrich Schlegel, in his
review of Goethe's Wilhelm Meisters Lehrjahre, says of Goethe as a
literary critic: "He revela too much in the enjoyment of his own
perfectly beautiful soul to be able to explain with the faithful impartiality of an unassuming investigator the works of another poet."
But merely because Goethe, in his old age, made that remark concerning Emilia's cha.racter, it was taken up by the critica as a divine
oracle and accepted as final. Nearly all the subsequent interpretations of the play are amplifications of one sort or another of
Goethe's random and misleading remark.
As already mentioned, Leasing himself said in regard to Emilia:
"I know of no higher virtues in a young unmarried girl than piety
and obedience." It is these virtues that predominate in her and
are the cause of both her weakness and her strength. If she had
been a little less obedient, she would not have listened to her mother's
advice. Again, the child who at first has no will but her mother's
is at last able to make the stronger will of her father submit to hers.
She will not go to the Chancellor's house. One hour spent there

209

m.ade her feel its seductive influence, and it required the severest
religious discipline to overcome that influence. If she had been a
little less pious, she would not have been so scrupulous. But then
she would not have been Emilia as Lessing portrayed her in the play.
WILLIA.M D IAM:OND
UNIVEBSITY OI' CmCAoo

I

�THE DATE OF WINNERE AND WASTOURE

In a review1 of Professor Israel Gollancz' edition of "A Good
Short Debate. between Winner and Waster"2 I stated that, in my
opinion, Professor Gollancz had "established at least a very 'Strong
probability for the date 1352-3." This opinion was based partly
upon the evidence presented by the editor and partly upon an independent study made before the appearance of his edition. Since
this study, made from a different point of view, arrived at the same
date, the additional evidence it affords constitutes a corroboration
of Professor Gollancz' date. Since some of the evidence cited by
Professor Gollancz is open to objection and since it is presented
somewhat briefl.y and casually, I wish to rearrange his evidence
before taking up my own argument. The question of the date
of W innere has such important bearings on the study of the whole
group of alliterative poems that I think it will be desirable to establish its date even more conclusively than Gollancz has done.
The arguments presented3 may best be surveyed in three groups.
I. One group of references merely shows that the poem was
written sometime between 1351 and 1366:4
l. The Order of the Garter, referred to in lines 59--68, was founded
in 1344, but was not instituted until 1349.
2. Reference is made, line 103, to the knighting of the Black
Prince, which occurred in 1346.
3. Edward's "bery-brown berde," line 91, is a reference to a
man "in early middle age, that is about forty."
Mod. Lan¡¡. Not.,, February, 1921, pp. 103-10.
• Select Earl11 En¡¡liah Poema, III. (Oxford University Press, 1920.)
• See Gollancz' edition, Preface, pp. 2-6, and notes to 11. 130, 141, 189-90, 286, 292,
461-65.
• Professor Hulbert, Mod. Phil., May, 1920, pp. 34-37, set these limits before the
appearance of Professor Gollancz' edltion, basing his arguments upon Gollancz' two
editlons of The Parlement of the Thre A11••· But much of Professor Hulbert's article
applles equally as well to the llrst group of references I sball cite from tbe edition of
,, innere. In a letter of April 6. 1921, however, Professor Hulbert wrttes: "You may.
if you careto, also say that detailed comparlson of 'Wlnnere and Wa.stoure' with 'Piers
Plowman • convinces me now tbat the latter need not have preceded the former, and that
I'm incllned to agree with your date."
[MODERN PBILOLOOT, November, 1921]
211
1

�212

J. M.

STEADMAN,

Ja.

4. "The reference at the end of the poem to sorne period when
the truce with France was broken, after the taking of Guines in
1352. . . . . The poem well fits into the months from September
1352 to March 1353."1
This group of references, then, points to the general period from
1351 to 1366.
II. Another group of references fixes the date of the poem at some
time after 1351-52:
l. The Statute of Treasons, 1352, is mentioned, lines 124-33,
evidently as a recent enactment.
2. The allusion to "Ynglysse besantes," line 61, refers to the
new issue of gold coinage in 1351.
3. "Questions of labor, wages, prices, dress, food, which called
forth the Statute of Labourers, 1351, and various sumptuary and
economic enactments of about this time."2
4. Lines 143-48, 460-70, allude to the growing hatred of the
greedy friars and to the policy of the Pope. This hatred found
expression in the Statute of Provisors, 1351.
III. The last group of references constitutes the most important
evidence for date:
l. The Pope referred to "was evidently Clement VI, who died
December 6, 1352," for his successor, Innocent VI (1352-62), opposed
the methods in vogue for raising money. This reference would put
the action of the poem before December, 1352. And since the
poem is primarily a pamphlet of the hour, it must have been
composed also before December 6, 1352, or soon after that date.
2. Edward III is said, line 206, to have fostered and fed the
disputants "this fyve and twenty wyntere." Though this may
be regarded as a round number, we must presume, until there is
1

But it seems clear, as Professor Hulbert 1&gt;&lt;&gt;ints out, op. cit.• p. 37, that the pa.ssage
lndicates a period when there was no active tlghting. Moreover, Gollancz does not
Btate why tho referonce must be to a perlod alter the taking ot Guines in 1352. Tho
paasage could reter to any ono o! the numerous truces during the war between Eng)and
and France. or indeed to the period alter the Treaty ot Bn!tlgny in 1360. See Hulbert
and Longman (Hi1tor11 o/ Bd1.0ard III, I, 313, 321, 352 ff.J for dates of these truces.
Longman points out that in spite of the nominal truces Edward was conBtantly prepar1 ng tor further invaslons and that in 1353 he secured from Parllament a subsidy ot
wool for three years, which was later ext.ended to six years.

• See ll. 230-34, 273, 288, 407; 270-76, 392 ff., 410 ff., 425; 290-93, 368 ff.

THE

DATE OF "WINNERE AND WASTOURE"

213

definite proof to the contrary, that the author meant what he wrote,
the twenty-fifth year of Edward's reign, l351.
3. Heraldic allusions, lines 69-80, to the combined arms of
England and France point to a period after Edward IIl's great
victories and before July, 1353, when Edward offered to give up his
claim to the crown of France. Since Mr. Hulbert has shown, op. ci.t.,
page 37, that nothing can be made of this point, I shall not refer to
it again.
4. Repeated allusions are made to questions resulting from the
Black Death of 1349 and to the weather, lines 252, 312 (idle lands,
ll. 234; 288; dress, ll. 270-71, 392ff., 410 ff., 425). This point will
be fully discussed below.
5. The mention of profiteering in wheat and the prophecy, lines
368-74, of a fall in prices refer specifically to the year preceding
Michaelmas 1353-Michaelmas 1354, a period when the price of
wheat was very low and when prices were still falling.
6. Direct reference is made by name, line 317, to William Shareshull, who was head of the Court of the King's Bench from 1350 to
1357. While this allusion may point to any date between these
years, I hope to show that it would have most point in the years
1352-53.
This last set of references, then, is the most significant in the
poem. The references to Pope Clement VI, to profiteering in wheat,
to the twenty-fifth year of Edward III are specific and refer only
to the period 1351-52. The description of the quartered arms of the
king furnishes no conclusive evidence as to date. 1
Whatever objections may be raised to the ambiguous references
listed above in the first group, the essential evidence for date remains
untouched. For it is important to remember (1) that there are other
references which refer only to a definitely limited period, and (2) that
the date established by this evidence does not contradict a single
other time reference in the poem.
Moreover, the significance of all these references becomes much
more important when we remember that Winnere and W astoure is
primarily a poem on contemporary social and economic problems.

u

, But Gollancz is right in his reasoning on this polnt, this alluslon would date the
poem betore July, 1353.

�214

J. M. STEADMAN, JR.

The effect of the poem, therefore, depends largely upon the timeliness
of its allusions.1 I hope to show what is implied but not clearly
pm:ed by Gollancz, namely, that these allusions to contemporary
affarrs not only fit the winter of 1352-53, but that they fit this date
and no other.
The most important of these allusions are those to the twenty-fifth year of Edward's reign, to the Statutes of Labourers Treasons
Provisors, to the weather, the dearness of food, the Iow pri~e of whea{
.and the pro~hecy of still lower prices, the new gold coinage, Shareshull, and disturbances of the peace. · Since this is a topical poem1
these references have little point unless they refer to current questions
to problems of the hour.
'
References to these problems are to be found not only in the poem
but also in the chronicles of the period and in the acts of Parliament.
A study of these latter sources, then, ought to throw considerable
light on the econornic and social unrest leading to the petitions of the
Com.mons and motivating the action of the poem.
In _looking for such a clue I used Longman's History of the Lije
,an_d Times of Edward III; J. Barnes, History of Edward III (Cambridge, 1688), which is very valuable for the use it makes of the
-chronicles and the rolls of Parliament; the Chronicon Angliae· and
the c~onicles of Capgrave, Knighton, Robert Avesbury, and Thomas
W alsrngham. I of course paid most attention to such matters of
&lt;lomestic legislation and econornic unrest as may be referred to in
Winnere. Since the Com.mons and those who elected them knew best
what grievances were most oppressive and what conditions needed
remedying, their petitions are important evidences of popular
unrest and protest.
Of füe parliaments froi:n 1351 to 1366, that of 1352 is by far
the most 1mportant as regards social legislation. And the acts of this
.Parliament, and those of no other of the period, as will be shown
fit the allusions in the poem. According to Rotuli Parliamentarur:i
(II, 236-37) and Barnes (pp. 455-58), the chief causes for the summoning of this Parliament, as stated by Lord Chief Justice William
1
Gollancz, Pretace, p. 6, says: "His poem is in fact a topical pamphlet in alliterati
verse on the social and economic problems ol the hour, as vivid as present day dlscussl ve
on Uke problems."
ons

THE DATE OF "WINNERE AND WASTOURE"

215

Shareshull, were: (1) the desire to complete the unfinished business
of the Parliament of 1349, which had been brought to an abrupt
close by the Plague; (2) a consideration of the war with France;
and (3) the pressing matters of domestic legislation.
One of the most important acts of this Parliament was the release
by the king of half of the provisions appointed to be collected by
his purveyors. This release, a most unusual act for Edward III, was
due, no doubt, to the great dearth. The powers of purveyors were
lirnited by act of this Parliament and also again in 1363. Edward's
desire to keep money within the realm led to the act perrnitting
only merchants to export money. The Commons petitioned that
the subsidy on wool cease and that merchants be relieved from the
payment of export duties. Strict laws against forestallers and
regraters, who were greatly despised because they were thought to
cause the scarceness of provisions and the increase in prices, were
passed. A "Statute of Provisors" and a "Statute of Treasons " 1
were also enacted at this time.
Of the important allusions made in the poem the following are
paralleled in the acts and petitions of the Parliament of 1352; the
weather (the drouth), the Statute of Provisors, the Statute of
Treasons, high prices, scarceness of food, the coinage, the twentyfifth year of Edward III, labor conditions, Shareshull, and disturbances of the peace. It is apparent that in the year 1352-53
Winnere would be a most timely poem of the hour. But let us see
whether or not it may not be as timely for sorne other year.
The Parliament of 1353 met to consider the removal of the wool
staple to England. This Parliament granted to Edward III a
subsidy on wool for three years.
The Parliament of the next year is mentioned by neither Barnes
nor Longman.
1 Further statutes were passed in later parliaments to limit t he power of the Pope,
for this quarrel became increasingly prominent as the century advanced. But this
Statute of Treasons still continues in force. Longman (1, 345-46) explains this statute
as follows: "In order to defraud the nobility and gentry of the escheats of lands, forfeited to them . . . . by their vassals, in certain cases of felony and misdemeanor, and
to vest the same in the Crown, the judges had mult!plied the crimes which they called
treason to a most expressive extent." There are numerous allus!ons in the poem to
disturbances of the peace. And in U. 317-18 Shareshull, who was Lord Chief Justice
and part of whose ofllclal duty it was to state to Parliament the reasons why that body
had been summoned, is mentioned directly by name in connection with such a charge
of disturbing the peace.

�216

J. M.

STEADMAN,

JR.

The chief questions in 1355 were the wool staple and the conduct
of the war. Since both of these questions were discussed repeatedly
throughout the second half of the century, they furnish no evidence
for date. As was seen above, the wool trade is not mentioned in the
poem, and the end of the poem may refer to any one of the severa!
truces. 1
The causes for the summoning of Parliament in 1362 were:
matters of the church, the discussion of French relations, the Iow
price of wool, and Scotch affairs.2 I can find in the poem no reference to the quarrel between Edward and the Pope, to Scotch affairs,
orto the low price of wool.3
The Parliament of 1363 dealt with the price of wool and with
cornering the food market (regraters and forestallers). The Iatter
reference is one significant parallel between the acts of Parliament
and the economic allusions in the poem. But this is the sole bit of
evidence the acts of Parliament present for the date 1363. Against
this sole bit of evidencé we have the numerous parallels between the
poem and the acts of the Parliament of 1352.
The sessions of 1365 and 1366 were concerned almost entirely
with the quarrel between Edward 111 and the Pope and with the
dispute between the universities and the friars, matters which are
not once alluded to in the poem.
This survey of the parliaments from 1351 through 1366 shows
clearly that if we are to look in the records of Parliament for a
1
One reason for the su.mrnoning of Parllament was Edward's desire to obtaln money
for the conduct of the war. A subsidy on wool was a common forro of grant.
• The wool staple wa.s removed to Cala.is and the exportation of wool wa.s permitted
in the hope that the price would be enhanced and that Edward would thereby recelve
more money. During thls Parliament the exportation of money was &amp;galn forbidden
and the value of clothing was strictly limited. The Commons proteSted so vigorously
that the la.tter law wa.s repea.led In 1364. Attacks upon extrav&amp;gant dress, such as are
made In the poem, are so common as to furnish no conclusive evidence for date. See,
for example, Rich. R edele38, III, 138 Jf.; Castell o/ Peraeoerance, E.E.T.S., 151, 2489--90;
Regement o/ Princ.. , sts. 61, 67, 77. Gollancz In his note to l. 411 cites three parallels.
The polnt of the references In W innere is that they are made In regard to the extravagance
of the friars and the new-rich cla.ss, not In regard to the infringement of personal liberty.
• Bradley, Athenaeum, 1903, 1,498, points out that the speech of Wa.ster, U. 294318, impreca.tes both churchmen and judges, and that the banners of the judgea and
the friars are both in the same army. As he shows, the circumstances whieh la.ter made
the judges &amp;dversaries of the church and which led to the excommunication of Shareshull
and the other judges and to the bitter quarrel between Edward and the Pope had not
yet &amp;risen. Neilson's argument, Athenaeum, 1901, 2,157, 560-61, that the reference is
to this quarrel of 1356--58, therefore, becomes absurd, especi&amp;lly so wben one remembers
that the Pope and the judges are on the same side.

THE DATE OF "WINNERE AND WASTOURE"

217

discussion of the social and economic evils attacked in Winnere,
the Parliament of 1352, and only that of 1352, has any considerable
significance in relation to the allusions in the poem to current topics of
discussion. This Parliament, moreover, is mentioned more frequently in the contempora~ chronicles than is that of any other year.
The chronicles also mention other topics alluded to in the poem.
Again, as in the records of Parliament, the significant parallels not
only are found in the entries for 1352-53, but are also confined to this
period. The results of this survey may easily be seen from the
following table of the entries year by year:
1351: increased prices (Chronicon).
1352: a serious drought, followed by famine and high prices
(Capgrave, 1 Knighton, Walsingham, Chronicon); a long and cold
winter (Knighton, under 1353); the Statute of Labourers (Walsingham, Chronicon, under 1353); a popular uprising in _Chester growing
out of just such economic conditions as are mentioned in the
chronicles; in the acts of Parliament, and in the poem (Knighton,
under 1352, where Shareshull is mentioned by name in connection
with this uprising).
1353: a storm.2
1356 : storm.2
1362: a storm.2
1363: a great frost; increased prices; regulation of dress.
Taken alone, these parallels suggest 1351, 1352, and 1363 as the
only possible dates for the poem. It is essential to note, however,
that the poem distinctly refers to low prices, whereas the chronicles,
under 1351 and 1363, mention increased prices. The regulation of
dress has been discussed above.3 The simple process of elimination,
then, leads to the conclusion that, if the similarities between the
poem and the chronicles show anything, the parallels cited point
conclusively to the year 1352-53. Both the evidence of the acts of
Parliament and the evidence of the chronicles establish 1352-53 as

a

, "In the XXVII yere was there swech a droute In the lond that from the month
of March on to .July fel not a drope of reyn on the grounde; for that cause the gres
and the corn was evene dreid up. So Ynglond . . . . was feyn to be fed with otber
londis." Gollancz, p. 5, quotes Knlghton' s account under the year 1352.
• Slnce the poem cont&amp;ins no reference to a storm, thls polnt demands no dlscussion.
• See p. 216, n. 2.

�218

J. M.

STEADMAN,

Jn.
TBE DATE OF "WINNERE AND WASTOURE

the dat.e of the poem. And there is no reference in the poem which
contradicts this date.
Still another bit oí evidence may be cited in confirmation of this
date. We have seen that the great dearth of food, the high prices,
and labor unrest were discussed in the Parliament of 1352, and that
Edward, presumably because of the unusually severe economic
conditions, released the Commons of half of the provisions to be
collected from them. Such conditions in England led to uprisings
and protests, as we have seen, from the Commons and those classes
most affected, especially the agricultura! classes, which play an
important róle in Winnere. Knighton's account of such an uprising,
referred to above, is given under the year 1353. Dunn-Pattison1
describes the uprising as follows:

In Cheshire they rose in open revolt and attacked the servants oí the
Prince, who were entrusted with supervising his interests. . . . . Accordingly, in addition to sending Sir Richard Willoughby and Sir William Sharshull, the itinerant justices, to sit in Eyre, at Chester, the King was obliged
to despatch the Prince, the Duke oí Lancaster, and the Earls of Stafford
and Warwick, with a strong force, to restore order and support the judges.
Against such an imposing array the men of Cheshire could do nothing, and
were glad to compound with the Prince their lord for five thousand marks.

• R. P. Dunn-Pattison, The Black Prince (New York, 1910), pp. 127-28.

219

in the poem and that it occurred in 1352, the date which all available
evidence fixes as the date of the poem.
In conclusion, while sorne of the references in the poem may refer
to any year between 1351 and 1366, I feel that the specific statements
concerning the twenty-fifth year of Edward's reign and the you~h
of the Black Prince, the unmistakable mention of Shareshull 1:11
connection with an uprising against precisely such bitter economic
conditions as existed in their most extreme forro in the winter of
1352-53, and, most important of all, the repeated references in the
poem, in the chronicles, and in the acts of Parliame~t to _the w~ther
and to the social and economic conditions descnbed m Winnere,
furnish definite and conclusive proof of the date of the poem as the
· ter of 1352-53 the only year of the period 1351-66 which har::Uzes with the ~otivating dispute and the economic significance
of the poem. If we assume any other date, the purpose, t~e a~legory,
the definite references to topics of the day, in short, the tuneliness of
the poem and its significance as a pamphlet of the hour are at once
considerably weakened, if not rendered quite meaningless.

J. M.
EMoRY UNIVERSITY

Winnere and Wastoure was written by a man who speaks of himself (11. 8 and 32) as a western man, and it is entirely possible (though
Ido not assert that it is probable) that, living in the West of England,
where this uprising occurred, he had heard of Shareshull's connection
with this disturbance of the peace and that he knew something of
the ca.uses of this disturbance. It is significant, I think, that Shareshull and the other judges, the Prince, King Edward, and the yeoman
play important parts both in this uprising and in the poem, and that
the cause of the uprising and the central theme of the poem is fundamentally the same economic one. Whether or not the author had
this particular uprising in mind is a matter of no great consequence
for the dating of the poem. Nor does Shareshull's connection with
it prove more than that he was Lord Chief Justice at the time it
occurred. The importance of the account consista in the fact that
this uprising was dueto just such economic conditions as are outlined

,,

STEADMAN,

Jn.

�LE DOUBLE MONT IN FRENCH RENAISSANCE POETRY

Joachim du Bellay complimenting Héroet in the Recium de Poésie
writes:
Ta. muse des Graces amie,
La. mienne a te louer semond
Qui sur le haut du double mont
As erigé l'académie.

Le Franc in his useful article on "Le Platonisme et la Littérature en
France 1500-1540" (Revue d'Hist&lt;rire Litt. de la France, 1896) conjectures here a reference to a hypothetical literary academy on the
hill of Lyons. He says "Sceve Dolet, Rabelais, Macrin, SainteMarthe Fontaine . . . se rencontrerent a bien des reprises sur la
colline de Fourvieres." This I think is a misconception of the
meaning of the passage and one more illustration of the value of a
little acquaintance with the classics to the critic of comparativa
literatura. The double hill is Pa.rnassus, the Muses' mount so designated in one of the most familiar of Renaissance Latin quotations,
the line of Persius' Prologue: neque in bicipiti somniasse Parnasso.
And the meaning of du Bellay's compliment is that Héroet has
transferred the academy to Parnassus, i.e., treated Platonic philosophy in poetry. With a somewhat similar conceit La Fontaine
speaking of his Psyche says "quatre amis dont la connaissa.nce avoit
commencé par le Parnasse lierent une espece de société que j'appellerais académie si, etc." If le d-Ouble mont requires further confirmation we may compare Du Bartas (The Ark II Semaine):
si le Laurier se.eré, qui m'ombrageoit le front
esueillé se flétrit: et si du double mont
ou loin de cest Enfer vostre Vranie habite,
Ma. Muse a corps perdu si bas se précipite.

which Sylvester, perhaps not understanding double, translates
And if now banished from the learned Fount
And ca.st down headlong from the lofty mount.
(MOHRN PBILOLOOT,

November, 1921)

221

�222

PAUL SHOREY

A specialist in Renaissance French literature could doubtless cite
~any other examples. I will add one from English. Drayton in
bis Elegy of Poets and Poesie has:
Methought I straight had mounted Pega.sus
And in his full career could make him stop
And bound upon Parnassus bi-cliff top.
"Bi-cliff"
is Pers·ms' bicipi
· ·t·i wbich m
· turn reproduces the Greek
.
di~phos applied to the plateau of Parnassus above Delpbi .

m

Eur1p1des' Bacchae 307.
UNIVERSITY OF ÜHICAGO

PAUL SHOREY

GEORGE HEMPL, 1859-1921
Through the untimely death of George Hempl, Professor of
Germanic philology in Leland Stanford Junior University, the causes
of linguistic research and of educational leadersbip in America suffer
an inestimable loss. He was born in Whitewater, Wisconsin, received
the baccalaureate degree in 1879 from the University of Michigan,
and in 1889, the doctorate from the University of Jena, after three
years of study at various German universit.ies.
As principal of the Saginaw (Micbigan) High School, 1879-82,
and of the La Porte (Indiana) High School, 1882-84, he gained
practica} insight into the vital relation of secondary school education to the work of college and university. Tlús experience was
permanently helpful to him in articulating bis subsequent work as
a university teacher with that of the preparatory school. Two years
as teacher of German in Johns Hopkins University, 1884-86, seventeen years as teacher of English, English philology, and general
linguistics in the University of Michigan, 1889- 1906, and fifteen
years as professor of Germanic philology in Leland Stanford Junior
University, 1906- 21, make, with the secondary school experience just
mentioned, a total of forty-two years of most stimulating and fruitful pedagogical leadersbip. There was something peculiarly winsome
and inspiring in the personality of the man. No one who knew
Professor Hempl failed to be impressed by bis genial bearing, bis
generous estímate of the work of other men, bis infectious interest
in the problems of language and of teaching, and his undaunted
courage that kept him steadily and cheerfully at work in spite of
serious accident and failing health. He was a man of heroic mold.
His Old English Phonology, 1892, bis Chaucer's Pronunciation,
1893, bis German Orthography and Phonology, 1897, bis Phonetic
Text of Wilhelm Tell, 1900, together with bis numerous papers upon
problems of Germanic philology, are among the most valuable
published expressions of bis own research. As a phonetician of
[MODERN PBILOLOOY,

November,

1921)

223

�224

STARR

w ILLARD

SOME PUBLICATIONS IN

CUTI'ING

recognized ability and as a student of the history of alphabetic writing he became in the year 1908-9 especially interested in attempting
to decipher Etruscan, Hittite, and other inscriptions of the Mediterranea.n basin. The record of his work in these fields is still
largely in manuscript. The discoveries, however, which he believed
he had made, are sufficiently numerous and important to make the
world of scholars eager to examine bis evidence and reasoning in
detail. His reputation as a keen observer of speech phenomena, as
a conservative and fair-minded judge of the facts observed by him,
and as a lover of the truth, singularly devoid of pet prepossessions
about the truth, encourages those who knew him and his work to
expect much of permanent value from these latest lines of bis
research.
The death of Professor Hempl meaos for Modem Philol,ogy the
loss of one of the ablest of its Advisory Board of Editors.
STA.RR WILLARD CUTTING

MODERN ·pffJLOLOGY
j

ENGLISH

GERMANIC

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ffluatrative and Explanatory Notes and a
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the M ~ of the 12th to the I ~
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Questions on the following plays haye been
issued in pampblet form, one olay to a oamJ&gt;hlet: "A M1dsum.mer-Niaht~s Dream,'' "I
llenry IV," "11 Henry IV,'r."The Merchant
of Venice," "Much Ado about Nothing," "As
You Like lt," "Twelfth Night," "The
• Tempest." Each, postpaid, 17 cents.

1

The Hlldebrmdlllied. Translated from the
Old High German into Engliah ADiterative
Verse. ByhANCISA. WOOD. iv+upagea.
16mo, paper; postpaid, 21 cents.
(1) Vemer'a Law ia Gotllic. (2) The Reda•
plicatlq Verba ia Germanic:. By FliRCJS
A. WOOD. 44 pages, royal $vo, paper; poet-

paid, 28 cents.
Repetition of a Word u a Meau of Swenn
in the German Drama under the lldlaeace
of Romantidam. By M.u.TDl SCB1trn. sS
pages, royal 8vo, paper; postpaid, 28 centa.
Grillparzer'a Attttude toward Romanticiaa.

By EI&gt;wARD JoBN WII.LWISON. 76 pagtl,
royal 8vo, paper; postpaid 53 cents.

ROMANCE
The lPrenc:ll Verb: Ita l'onu and Teue u....
By WJI.LIAK A. Nnu and EunT B.
WILXINs. 40 pages, Svo, paper; postpaid
28 cents.
Prench Verb Blanb. Designed by Eu.-, ·
H. WILKJNS. Per pad, 25 cents, poetpaid 35
cents.
Prancesco Petrarca and the ReYOJ1atloa of
Cola di Riemo. By M.ulo E. CosuzA.
xiv+330 pages, 12mo, cloth; $1.50, postpaid
$1.65.
Petrarch'• Letter■ to Cluslcal Aathon: A
Translation of Selected Etislolae with Notes.
By MAUo E. COSENZA. :i:iv+2o8 pllpl,
12mo, doth; $1.00, postpaid $1.15.
Boccacdo and m. Imitaton ia Geran, Baallsh, French, Spaniú, ·and Italian Llteratare.

By FLOU:NCE N. JONES. 46 pages, 8vo,
paper; postpaid, 53 cents.

THE UNIVERSITY OF CHICAGO PRESS
.CHICAGO, IWNOIS

1

�THE UNIYF.RSrry OF CHICAGO ~
~.lWNOJs

�</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>��I
SlSL.IOiECA

CENTRAL

U.A.N.L

VOLUMEN PRIMf&lt;.RO

I 1J

o; ,(--f

MADRID
I

9 2 O

..,

�.....

-·

•

1

-

ÍNDICE DEL VOLUMEN I

1920
coronas, reyes
«.Ca pluma es la que asegura castillos,
y la que sustenta leyes.&gt;

IMPRENTA ARTISTICA, DE SÁ.EZ HEJI.MANOS
NORTE, 21 , MADRID : TELÉFONO

17-65 J.

NOMBRO 1.0 (JUNIO)
Dos palabras que no están de más .....•......................
Enrique Dlez~Canedo: Madrid, poesías . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Manuel Azaña: A las puertas del otro mundo. . . . . . . . • . . . . . . . . . .
Pedro Salinas: Voz de jugar, poc:sfas.. ..... .. ............... ..
Adolfo Salazar: Apuntes para una geografía musical de Europa:
l. Francia....... . . • . . . . . • . . . . . . . . • . . • . . . . . . • • . . . . . . . . . .
La Dame de Cceur. Crónicas de..............................
El paseante en Corte: ...castillo famoso. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
~ - Alfonso Reyes: América.... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Libros y Revistas: Ramón del Valle lnclán: Et pasajero. Farsa de
la Enamorada del Rey.-Luis Bello: Ensayos e imag{nadones
sobre Madrid.-Ramón Pérez de Ayala: las Mdscaras.-Manuel Azaña: Estudios de política franctsa contempordnea.-Renner (A.) y Castro (A.): Vida de Lope de Vega. -Paul-Louis Couchoud: Sages et polles d'Asie..............................
Gacetilla ..... • ...•. • .. , .....•. , • . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

3
6

23
25
31
33
37

42

48
n¡

�LA PLUMA

LA PLUMA

NOMBRO 2.0 (JULIO)
Alfonso Reyes: El abanico de Mlle. Mallarmé., . , , • , • •: , • • • · • · · ·
C. Rivas Cherif: Alegoría de Narciso, o El mundo visto por un
agujero ...............••.....•... •, •, • • • • • • · · · · · • · · • · · •
Ramón Pérez de Ayala: La cendolilla que danza, poesía.,••••••••
G. Borrow: El camino de Finisterre, ...•......•. • • , • • • • • • · • · · •
La Dame de Cceur: Crónicas de .....••....... , • • • • • • • · • • · · · · •
El paseante en Corte: ... castillo famoso ... , ...•. •., • • • • • • • •. · ·. ·: ·
Manuel Azaña: El espíritu público en Francia durante el arm1st1cio.
Libros y Revistas: Pío Baroja: Divagaciones sobre la cultura. La
caverna del kumorismo.-Eugenio d'Ors: La Bien plantada.Rafael Calleja: Rusia. Espejo saludable para uso de ~o~res :Y efe
rlcos.-Auguste Breal: Velázquez . . Luis N ueda: De n_ius1ca. Epts•
tolario de un melómano.-Ernest Newman: A Musicce Motley.Danie1J. Mason: Contemporar§ Composers. - Camille Mauclair: Les keros de l' Orckestre.-A. O&amp;sorio: El alma dt ta toga.
Gacetilla .....•• , ..........•.•........... • • , • • · · · • • · · · · · ·: ·

NUMBRO 3.0 (AGOSTO)
Ramón del Valle Inclán: Farsa y licencia de la Reina Castilcl. Jornada 1.ª•••••••••••••••••.••••••• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •
C. Rivas Cherif: Divagación a la luz de las candilejas...•..... •••
Miguel de Unamuno: Polvo de otoño, poesías ..•... ,,.,••,••• • •
Adolfo Salazar: Guía musical de América ...... , • , , • , • • • • • • • • • ·
La Dame de Cceur. Crónicas de ..•.....•••.... , . • , • • , • , • • • · · •
G. Lipparini: Las violetas, poesia .......•••... , • , • • , • • • , • • · • • ·
Alfonso Reyes: América .........•............ , , , • • , • • • • • • · · ·
Jorge Guillén: Poemas de circunstancias prosáicas.... , • • •, • •, • • •

49

54
58
6o

Libros y Revistas: Ramón del Valle Inclán: Divinas palabras.Ramiro de Maeztu: la crlsi.r del Humanismo.-J. Maynar Key•
nes: Tke economlc consequmces o/ tke peace.-León Felipe: Versos y oraciones de caminante.-Martinez Corbalán: Caminos.Luis Fernández Ardavin: Ld.minas de folletit. y de múal--Re
vistas .•.•..••.•..•• , •. , , • • • • • • • • • · · • · · • · · · · · • · · • · · · · · · ·

137

74

78

NUMBRO 4.0 (SBPTIBMBRB)

82

88
99

I

Ramón del Valle lnclán: Farsa y licencia de la Reina Castiza. Jor•
nada 2. ª ..........•.....................•.•........ , ...
Francisco A. de Icaza: Versos de I1ietzsche .• . ......•..........
Manuel Azaña: Jorge Borrow y la Biblia en España. . ........... .
El paseante en Corte: ...castillo famoso ••.•.•.••.•.............
Antonio Espina: Don Cacique, poesla.. . . •. . ...••... .. . . ... . ..
Libros y Revistas: R. Blanco Fombona: Dramas minímos.-Valery
Larbaud: Poltes espagnols et kispano-americains contemporains.
Cla11dio de la Torre: La huella perdt"da.-Manuel Ugarte: El
porvenir de la América española.-Manuel Conrotte: La intervención de España en la independencia de los Estados Unidos
de Amlríca.-Tomás Morales: Las rosas de Hércules . ....... .
Gacetilla ................•......•.•......................•.

186
191

97
ll3
120

NOMBRO 5.0 (OCTUBRB)

123

128
131

132
IJ6

La condena de Unamuno ..••..••.•.••..•••...•.....••..... ,. .

193
Luis Araquistain: Italia _e n 1920, poe~ía.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 194
Ramón del Valle Inclán: Farsa y licencia de la Reina Castiza. Jornada 3.• . .•....................... , ....._.............. .
195
V

IV

I

�LA PLUMA

LA PLUMA

Adolfo Salazar: Apuntes para una geografia musical de Europa.
II. Rusia ..•...•..•..•.•.....•.••.•••••.•...............
Juan Ramón Jiménez: 1920, poesías ......••..•.....•.•...••...
Mario Puccini: Letras italianas .•..........••..•.•.•.••.•...•.
Jorge Guillén: La amistad firme en los mares caóticos, poesfa.....
Un critico incipiente: Teatros ....•...••••.••••••.....•...•...
Maria Enriqueta: Ojos grises, poesla ••.••.••.•.•..•.....••....
Antonio Espina: Inciso, poesla. . • • . . • • • . • . . • . • . . . . . • . . ..... .
Libros y Revistas: J. Moreno Villa: Vtlázqtuz.-A. de la Sota: Divagadones de un tranuuntt.-Eugenio d'0rs: Glosas.-Strindberg: El viaje de Pedro, el afortunadc.-Les amis de Proudhon:
Proudhon et not,e tnnps.-Revistas ..•.•......•..•••..•....
Gacetilla ... , ....••...............•..•..•..•.••....•.......

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262
26~
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NOMBRO 7.0 (DICIB.MBRB)
Rubén Darfo: Versos inéditos•.•...•.....••........•.•.......

NUMBRO 6.0 (NOVIB.MBRB)
Antonio Machado: Apuntes y canciones .......•....••...•.....
G. Jean-Aubry: Mérimée.......•..........•..•......•........
Nilo Fabra, poeslas .•.••.......•..•...•.......•.•........•.
La Dame de Creur: Crónicas de ...•.......••...•.......•.....
Pedro Salinas: Onematógrafo, poesías • . . . . . . • • • . • . . • . . . . . . . . .
Francis Jammes: Los trabajos del hombre, poesía . . • . . . . . . . . . . .
Adolfo Salazar: Proposiciones sobre el Hai-Kai............ . . . . .
El paseante en Corte: .,.castillo famoso.. . • . . . . • • . • . . . . . . . . . . . .
C. Rivas Cherif: Soneto blanco...............................
Francisco Vighi: Ferias en Cervera, poesla.....................
Ada Negri: El muro, poesia................ . . . . • • . • . . . . • . • . • .
Un critico incipiente. Teatro , ..•........•.......•. , . . • . . . . . .
Libros y Revistas: Pfo Baroja: La sensualidad pervertida.-Alfonso
Reyes: El plano ohlicuo.-S. R. Caja!: Chácharas de café.-Fran•
a

dsco Giner: Ohras completas. -Julien Tiersot: Un demi·-s{ecle
dt Musique FraníaÚe.-Paul: Landomry ,Brahms.-Carl van
Vechten: Tht mu.{ic o/ Spain ............................. .
Gacetilla..•.•......•.•.••.........•....•............•......

J. R. Jiménez: Edad de oro ................................. .
J. Moreno Villa: Cargos, poeslas............................. .
L. y A. Millares: El Viejo........•.•........•...............•
E. Vighi: Calendario, poes!a ..••.....•....•........•..•..•..
L. G. Bilbao: Melodlas lfricas................................ .
A. Salazar: Apuntes para una geografla musical de Europa. 1920.
ll. Italia .............................................. .
C. Rivas Cherif: La costumbre .............................. .
X. Improntu ..•................... .'..........•.............
Un crlttco incipiente: Teatros. PigmaHón ..•......•......•.....
Libros y Revistas . ......................................... .
Gacetilla.•.•.•..•....•.........•......•......... l.......•..

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3J 1
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26g

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275
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279

m

�AJl.o l.

11

Madrid, Ja.aio 1920.

l

ERRATAS

Oos pa(abeas que
no están de más.

.

~d~ subsanarse a tiempo, apaPor un e1Tor de aJuste, que no p .
e· matógrafo&gt; págil
de Pedro Salmas, e me
'
rece trastrocado e poema
t h que intercalar entre los
nas 26~ 268.º Pdaeralalep;gtl?n:º~~c~~:~ ~os ª;ersos de la página 267, a
versos 2. y 3.
,
partir del 3.0 , y quedará así:
.
con dos líneas horizontales.
y el caos tomó ante los ojos

!

etcétera.
á ·
68·
Tras el 2.º verso de la página 267, cóntinúa en la p gma z .
que vivieron en valles floridos de la tierra
y besaron labios lzumanos.

Página 275 soneto blanco: 6.o verso d.t ce·. las cosas señaladas C01I
'
. l
as señaladas con un nombre.
mi nombre. Debe dectr: as::e· fiormar lo nuestro. Debe decir: buscar
Página 3171 verso 14
·
lo nuestro.
TI.U

periódico, que hoy por vez primera, desconocido lector&gt;
llega a tus manos, apenas te dará en su forma actual el bosquejo de nuestras esperanzas sin límites; pero quisiéramos
que desde ahora se defendiese ante ti con algo más que la buena voluntad de sus fundadores.
Mientras fué sólo un designio, pábulo de nuestra fantasía doproyectistas, lo adornábamos con todas las perfecciones imaginables
y nos parecía muy bueno; por haber distraído unas horas nuestro
tedio y habernos hecho reir de gozo alguna vez pensando en et inesperado suceso de su nacimiento, nos es caro. Al arrojarlo, por decreto de nuestra providencia, a los embates del mundo, se emancipa~
toma puesto en la vida pública, y en cierta medida ya no nos perteaece; pero antes de echarlo a volar, clavámosle este cartel, para qu•
STE

,.

�LA PLUMA
todos sepan qué criatura es ésta y lo que se esconde bajo su titule,
y cuáles fines nos han movido a extraerla de la nada. Si después se
tuerce o descarría, la culpa será suya, no de sus primeros hacedores,
que se acogen, como es propio de su papel divino, a un augusto misterio y no darán más explicaciones sobre su obra.
LA PLUMA será un refugio donde la vocación literaria pueda vivir e11
la plenitud de su independencia, sin transigir con el ambiente; agrupará en torno suyo un corto número de escritores que, sin constituir
escuela o capilla aparte, están unidos por su hostilidad a los agentes
de corrupción del gusto y propenden a encontrarse dentro del mismo giro del pensamiento contemporáneo; romperá el silencio, astuto
-0 bárbaro, en que la producción literaria languidece; las letras, proscritas de casi todas partes por los empresarios, alimentarán estos coloquios, donde no se dará al olvido ningún esfuerzo personal que
nazca de aspiraciones nobles y se presente con el decoro formal indispensable para merecer la atención de inteligencias cultivadas.
LA PLUMA no es otra torre de marfil, como se usaban-de alquiler la•
había-hace años; léijos de eso, sueña con adquirir una difusión proporcional al ímpetu de que nace. Si LA PLUMA vive, la unidad de s11
obra será más que aparente y mostrará esa faceta de la sensibilidad
española actual, que, al adopt:u el modo literario, enfrena los retozos
del temperamento y ve en la sobriedad, pureza de lineas y claridad,
los estigmas inconfundibles de la obra del talento acendrado por la
disciplina.

MADRl
Quietud, pereza, sol; la vi.da
se paró de repente.
Las
. voces, como de otro mundo·,
t-rreal, pasa un tren por el puente.
Un organillo, y otro, y otro,
mezclan su alegría extraurbana
Pobres porfiados, no cefan
'
en su petición chabacana.
Uno Y una al fin se deciden
como de limosna, sin gana.

y otros después: a todos los mece
la musiquitla embaidora.
Con el ri'tmo de las pare.fas
da vueltas, st"n huir, la hora.
Altá lefos, en el horizonte
ólanca y azul, la Sierras; evapora.

�LA PLUMA

Sttena"o... Luego, dando tum!Hs,
pasa un simón desveneqado.

LA PLUMA

BRONCA

\
l.,

Espesas, como el vino tinto,
como los naipes resobados,
como el puñetazo en la mesa,
resonaron las palabrotas.
Y tembló el mechero de gas,
y en los frascos medio vados
del anaquel, y en el cinc sucio
del mostrador, y hasta en el negro
eafón lleno de calderilla,
se contestaron sordamente
el soez insulto y el golpe.
Pero todo los repelía.
Saltó la puerta, se hizo añicos
un vidrio, se lanzó a la calle
todo el grupo forcefeando.
Voces, blasfemias, y, prudente,
¿a curi·osidad en la acera: ·
trasnochador~s, prostitutas.
Unos arrastran al más dócil.
Al otro, despet"nado, terco,
un borracho, con voz pastosa,
le dice frases que no escucha.
Vuelven los dos a la taberna.
La calle, otra vez sol#aria.

~1eoo
Arrabal de la canalla.
Mis pasos; no hay otro ruido.
Un /aro/junto a una valla
trémulo, solo, perdido.
Corta el sz"/encz·o la tralla
de un pavoroso silbido...
Me detengo, estremecido...
La nocht, siniestra, calla.

BNRIQUB DIBZ-CANBDO

s

�LA PLUMA

A las puet?tas del oteo mundo.

I

vejez del prof~sor Benedicto, do la ~acuitad de Cie_ncias,
babia sido labonosa, setena como su vida entera. Un noclaro, de sesgo curso, de márgenes llanas, tal le parecía, al volver la vista atrás, el medio siglo ofrecido a su vocación docente. La
falta de peripecias no le inducía a lamentar la brevedad del camino,
tan corto en la perspectiva: habíalo medido paso a paso y gustado
el sabor de cada minuto merced a la insaciable voracidad de su pensar. En el umbral del último sueño, Benedicto iO persuadía de no
haber rehusado a su inteligencia en tiempo, cebo ni ejercicio, cuanto
pudo darle sin hartura, y estaba contento. Gozó su espíritu de libertad
precoz: una madurez temprana le eximió del arrebato, desquite de la
juventud, que se anticipa al ser; la disciplina sofocó las llamas de la
fantasía, horno de su vida interior; una ·prevención taimada, reliquia de su progenie rural, le mantuvo distante de los émulos. Emancipado de la ambición y del amor, túvose por el hombre más independiente del mundo. Su libertad interior le permitió arribar a la
contemplación y reducir toda su actividad al juicio. Estaba contento
y no le remordía el despilfarro de la vida porque había asistido at
paso de la realidad, externa e interna, como al de un raudal sobro el
que el entendimiento vigila y medita.

'

A.

Benedicto se insertó con lealtad en la vida , de su tiempo. Benetlicto era leal, pero no ingenuo; la lealtad no excluye la cautela. Fundó
■na familia, desempeñaba un cargo público, y cumplió siempre con
parsimonia los deberes, a veces enojosos, nacidos de su nombradía.
Pensaba poco bien de las personas, sin inquina: la capacidad deconcebir una Humanidad mejor no le ensombreció el carácter, ni se
nlió de su propia excelencia para ceñirse las ínfulas de conductor
de pueblos ni de escultor de almas. Conducíase a veces con timidez
siempre con reserva. Su obra maestra era el silencio, asilo de su dis:
ereción, creado por su voluntad tenacisima, que poco a poco dominó
1 apagó las explosiones de ira con que de joven acogía los renuevos
de la estupidez verbosa, pululante en torno suyo. Menos tardó en
conocer su falta de originalidad: equel talento vasto y rápido, certero
no ~bía inventar. Benedicto no se descoyuntó, ni se embadurnó par¡
fingir lo que no era; por pura decencia se libró del histrionismo. Encerr~do_en sus límites, ~ada dejó dentro.de ellos sin explorar. Y así
habt~ visto pasar los a~os, sin prisa ni susto, indiferente a los signos
exteriores con que el tiempo va contando la rapidez de su andadura.
La vejez, limpit1. Y ágil, ya tan dilatada, habíale traído en recompensa-pensaba Benedicto sonriendo-un descubrimiento inesperado:
en contra de las prevenciones juveniles y de la edad viril se ufanaba
do vivir una vida valiosa.
'
. Toda España conocía de nombre al profesor, pero muy pocos sabian a qué atenerse respecto de su persona. Cultivaba una ciencia
abstrusa, _s~n provecho actual ni clientela de discípulos y aficionados
que le hiciesen coro. Su nombre no servía p~ra exhibirlo en hilera
eon otras glorias del país al evaluar la aportación española a la cultur~ europea. Benedicto era popular por motivos aj:mos a la sabi•u~1a. Recordábas~ que había estado en las Cortes de 1869 a 1873
•~hado a un partido antiborbónico, no se sabía cuál; la Restauración le apartó de la política y \'Í vió I uengos años en la obscuridad

•

•

�LA PLUMA
sin más ocupación que la cátedra y los libros. No iba a misa; en la
Universidad y en la Academia votaba siempre con la oposición; teníasele por hombre muy de la izquierda. Al morir los caudillos de la
Revolución y de la República, la figura del profesor Benedicto comenzó a iluminarse y a ocupar la atención, como resto venerable de mejores días. Él no alteró su vida ni consintió en salir de su soledad
gustosa; pero en la presidencia honoraria de todos los Comités de
reorganización posibles leíase su nombre; los manifiestos renovadores
carecían de autoridad si no los suscribía Benedicto; los jóvenes aprendieron a venerarlo en el Ateneo al oir contar los fastos de la casa, y
los periódicos liberales moderados comenzaron a discernirte el título
de «insigne república». Benedicto no entendía bien lo que eso quería
decir, ni tampoco el mote de «maestro de maestros, que sus enemigos le arrojaban al disponerse a fallarle al respeto; pero dejaba hacer,
abroquelado en su indiferencia por las cosas ajenas a su vocación,
hostil a cuanto no pudiera remozar sus ideas o su ingenio. Su silencio parecía amenazador, o astuto, o profundo. Los hombres de orden, no oyéndole gritar, se hartaban de llamarle sensato. En la Academia solían decirle: «Si lodos fueran como usted, ya podíamos
aceptar sus ideas.» Benedicto, alarmado, trataba de adivinar cómo
parecería él a los demás para merecer tamaño elogio.
Nadie sabía si la vida del profosor era decente o pecaminosa, nadie sabía si Benedicto era ladrón, incendiario, estuprador o sodomita;
pero como no se le había visto cometer ninguna de las pequeñas
ruindades que en la vida pública van consagrando a tantos hombres
al odio, al desprecio o a la mofa de los demás, una admiración humillante dominaba a casi todos; la virtud de Benedicto pareció sobrehumana; los informadores políticos escribían: el austero profesor. Tan
sólo los hombres ebrios de ideal pero sedientos de soluciones concretas le zaherían: «¡Es un hombre puro; pero es un ideólogo!» Era,
en fin, Benedicto una especie de mito, un símbolo tanto más venerado
1

LA PLUMA
cuanto más vetusto; como el sol y la lluvia doran las piedras, así la
.admiración y las injurias de los hombres le habían por igual cubierto
de prestigio. Ni siquiera era seguro que para muchos fuese un hombre vivo.
Una noche la muerte le salió al través del camino y sin pedirle
licencia se le puso al lado. Benedicto, viejo y todo, no la esperaba
todavía; nunca la había visto tan de cerca, y la miró dudoso antes
de reconocerla, mientras su corazón, soliviantado por la incertidumbre, quería·escapársele del pecho. Iba por Recoletos oon mucha pausa,
atento a la delicia de la noche, noche de la recién nacida primavera
-de milagrosa dulzura, oreada por el húmedo aliento de los campos:
En los claros del cielo, de azul transparente, límpido, ardían pocas es1rellas. Mirábalo Benedicto, y su alma, al contristarse de súbito, exhaló sobre la belleza del mundo un vaho de lágrimas, porque había
entrevisto la inminencia de la despedida. Sintió en su cuerpo la mor-dedura de un accidente amer.azador; tal vez aquello no sería nada;
pero antes de apelar a los recursos defensivos de que podía echar
mano en su apuro, sudó y se angustió, atosigado por el pavor de la
-carne, como una bestezuela en la agonía: tuvo la evidencia dolorosa
&lt;1~ su fin próximo, Y como si lo leyese en caracteres de metal, cuyas
anstas se le clavaban en el cerebro, vió que aquel mal inexcusable
era el mal absoluto, sin enmienda ni desquite, y que los arbitrios a
-que los demás, Y acaso también él, pobre hombre, acudirían para su
consuelo, no eran sino engañosos afeites y lenitivos para ar.1inorar la
feal~ad Y aspereza del trance. Sondeó el abismo que la razón no podía
medir; saboreó:la amargura de aquel daño infinito; padeció en un segundo la tristeza de toda la eternidad en que iba a no ser. La sombra
volcaba sobre Benedicto un silencio frío, denso, tan grave, que el profesor dobló la cerviz y siguió andando en su insólita compañía.
A poco se serenó con un esfuerzo que le hubiera enorgullecide
menos de haber visto cobijada en lo profundo de su alma la espe-

•

�LA PLUMA
ranza de errar en el pronóstico. La dudafué su reírigerio bienhechor. Eo
la noche jocunda, de tan amorosa ternura, los negros pensamient~s sedeshacían como el humo: el dolor parecía abolido, la muerte una idea
anacrónica. Benedicto, riéndose de su pánico, se dejó _contaminar por
la infantil frivolidad del mundo y aguzó los sentidos. Sóplaba el viento,
en frescas bocanadas, trayendo olores campesinos, olor a yerba jugosa a tierra mojada. En el cielo bogaban nubes negras, espesas, bajas, de bordes plateados por la luz de l~ invisible luna. Barrunta~do
la lluvia, el pecho se dilataba cgn el ahento de la noche. Benedictorespiraba a pulmón lleno, se golpeaba el tórax con la palma de la
mano, pisaba recio. Llegó a su casa cuando las primera~ gotas de
lluvia se enterraban en el suelo polvoriento. Tan confiado iba, que searriesoó a la prueba de subir a pie, y echó escaleras arriba con paso
ligero~ sonriendo de su calaverada: Cerca ya de su piso,_el terror, más.
que el agotamiento físico, le paraltzó. Su corazón trabaJaba como un
fuelle roto; le pareció sentir inflársele las venas, en las que pugnaba.
por abrirse paso con punzantes latidos la sangre embalsada-. «¡E_stoy
deshecho-pensó-, estoy deshecho!&gt; Subió casi a gatas, poqm~o a
poco, los últimos peldaño~, estupefacto con el éxito d~ su tentativa.
El profesor rehusó por mucho tiempo darse a pa~bdo. Cuando la
esperanza no fué posible, Benedicto se amputó heroicamente el a~etitn de vivir, sin improperar a la vida ni al mundo ni cerrar los OJOS
a su hermosura. No fué rápida la amputación, ni menos, placentera.
La ruina fulminante de su cuerpo le irritaba, como la deserción de
unas fuerzas auxiliares, hasta alli serviles. Sus hábitos éranle cada
vez más caros y se aferraba en cultivarlos, aun los muy penosos.
Cumplía con ostentación sus deberes oficiales. Se dispus~ a ~o~mar
en los tribunales de la Universidad, e intrigó como un prmc1pianteambiciosuelo para que el Gobierno le enviase a cuchichear con otros.
sabios recónditos en cierto Congreso de Copenhague. Otra embestida del miedo le decidió a consultar con el médico.

LA Pi..UMA
En un día suspenso, ap1tcible, salió de su casa a la hora habitual
J bajó a la Castellana. Anduvo despacio, deleitándose en la súbita

aparición de los jardines. Aunque ya corría mayo no los había visto
tan frondosos y exuberantes como ese día. Creyó verlos por vez pri-mera en el momento de plenitud de su nueva vida. Era un milagro.te la luz. Nubarrones obscuros, preñados de agua, estaban suspendidos en el cielo, velado por celajes blanquecinos. Una luz igual, sin
reflejos, sin brillo, sin fuego, hacía valer con suavidad las líneas y
tonos de los segundos términos. Sobre las fachadas innobles de )as.
casas, a lo largo de las calles, r~bosando de las verjas o en los parques opulentos, los árboles se enseñoreaban del ámbito, desalojado.
por el sol deslumbrador. Las masas de verdura adquirían un valor
inusitado. Sus formas temblorosas, ufanas, lanzadas en el aire, se esponjaban en reposo. Benedicto apacentó sus ojos atónitos, dejando
escapar de sus labios exclamaciones de contento; parecíale no haber
gozado nunca un placer sensual tan puro; pero en su ánimo, traba-jado ya por la tristeza, trasminaba una emoción suave, una dulce congoja, muy semejante a la gratitud. Veíase como nunca en las cosas
que amaba: eran su imagen, casi su obra, donde se le aparecía su vida,
concreta. En esta elevación de amor, proyectaba sobre el infinito por-.enir el haz luminoso del entendimiento, y al pensar el mundo sinil, se desolaba.
Benedicto creyó siempre muy en serio vivir transido de humanismo; pero esa comunión terminaba en la muerte; su próximo fin manifestaba los límites de su don de simpatía. Su acabamiento persona) era la extinción del placentero fenómeno que llamamos realidad
exterior. Benedicto podía concebir el mundo sin él, pero no a él sin
el mundo. Sin temores ni esperanzas, aferrábase a lo que daba testimonio de su propia vida. En su emoción ante las cosas descubría
ahora un fuerte caudal de amor de sí mismo, y empezó a creer que
llabia vivido mucho menos encastillado y remoto de lo que siempre,

�LA PLUMA
',i&gt;ensó. Reconocerlo así, era de su parte, un acto grande de humildad.
Desahuciado por el médico, Benedicto halló que su hábito de ne
rebasar con el deseo la realidad, cautelosa prevención de su egoísmo,
exigía de él por una vez un esfuerzo ímprobo; pensó que ese sacrificio réscataba con creces las pequeñas fruiciones solapadas que la abstención Je granjeó en su vida. Lo cumplió a ojos cerrados, como quien
•pasa un brebaje; en fin de cuentas, lo que hacía era disminuir su dolor. Su enfermedad era una cárcel, o más bien la capilla de un reo,
de la que se fugaba por la imaginación. Esas evasiones le alegraban;
pero luego moría mil muertes, y Benedicto, como Juan Jacobo, quería
morir una sola vez. La soledad del verano le fué propicia. Cuando al
reanudarse el curso se supo en la Universidad que Benedicto no pro,fesaría más, los que habían de ser sus alumnos se alegr!lron, porque
era meticuloso, preguntón y, como un dómine antiguo, obligaba a
empollar.
.
.
Benedicto había dado el paso más dificil al aceptar su mmedlata
-destrucción; en las disposiciones que tomó luego y en las palabras
•que dijo para prevenir d desorden en su familia y templar su dol?r
y el de sus amigos, puso una serenidad fría, como si fuese de cor~on
duro y seco. Su mujer, muy devota, se escandalizaba de aquella lmpasibilidad, que le parecía simplemente pagana; sus hijas lloraban a
~scondidas; sus amigos visitábanle rara vez, por no alarmarle; pera
nadie dudaba de la proximidad de su fin, del que Benedicto no volvió a hablar ni permitía que le hablasen, para evitar todo riesgo do
,enternecerse y de parecer sentimental.
.
Un periódico salió cierta mañana «con la gravedad del sabio B~nedicto&gt;; el gran público se tonvirtió en espectador de aquella ag~nía. Que su enfermedad postrera y su muerte ascendieran con celen-dad a la categoría de sucesos públicos, contrariaba la displicencia del
profesor. Benedicto creía tener bastante con la desgracia de morirse,
y no podía pensar sin repugnancia en la curioiidad frívola de las gen12

LA PLUMA.
tes que peñoraba con millones de ojos los muros de su casa. Postraclo ·en un sillón, miraba Benedicto a través de los cristales declinar el
sol de cada día de invierno y desteñirse las nubes rojas del poniente
en el azul blanquecino del cielo. Una similituJ fácil presentábase a su
espíritu, y gustaba de estar solo, en silencio, para contar con melancolía los últimos latidos de su corazón y decir adiós a la vida, amable
aón como una esperanza antigua que no hubiese llevado fruto. La esposa de Benedicto no pudo ni quiso respetar el recato del moribundo. Sacó primero de la curiosidad pública una manera de consuelo
.
'
persuadiéndose que el mundo no había hecho hasta entonces cabal
aprecio de los méritos de su marido; pero la notoriedad del trance
agravó en el ánimo de la esposa el sentimiento de su responsabilidad ..
La muerte de Benedicto podía ser un ejemplo, y aunque sabía bien a
qué atenerse respecto de la irreligión del catedrático, era pecado no,.
esperar, Y pecado también no hacer todo lo posible para evitar al roer.os un escándalo. Mucho pensó y maquinó la buena señora; al recordar que Benedicto tenía amistad con un cura, correspondiente de
la Academia a que el profesor pertenecía, le hizo venir y con pocos
preámbulos le introdujo en la alcoba. Benedicto le sonrió y con el
cesto le invitó a sentarse. Parecía que le aguardaba.
_-Yo no quería venir, qwerido maestro-prorrumpió el cura-;.
me1or dicho, me hubiera privado del gusto de venir para no alarmarle sin motivo. Estos hábitos nuestros, cuando entran en casa de un
enfermo, parece que anuncian un peligro inminent~, y causan miedo;.
tal_es el mu.ndo. Pero mi deseo de hablarle era tan vivo, y aquellos
senores se mteresan tanto por usted, que me ·he decidido. Usted no.
es un hombre vulgar con el que hayan de tomarse muy en cuenta esas
preocupaciones, ¿verdad?
. -Ha hecho usted bien en venir, si era su gusto-repuso Bened~ct_o-, Y ~i mujer ha hecho mejor rompiendo la consigna de no recibir a n1d1e. Será tal vez lo último que yo haga en obsequio de us--

•s

�LA PLUMA
ted ... Para saber lo que tengo encima y lo que me espera, no aguarda·ba, es claro, la venida de usted; me basta con el médico y con míi
-observaciones propias. Yo no había previsto conexión algu~a entre
.mi muerte y la presencia de usted aquí; si usted no me lo dice ... nt,
hubiera caído en ello.
-¡Oh alma serena! Si yo no fuese cristiano y además sacerd~te,
tendría que admirar la tranquilidad de usted. El mundo aplaudirá,
porque ve en ello valentía y orgullo, pero yo no ap~ueb_o, ami~o mí~.
Ese desprecio por la vida es el resultado de la sab1duna; es_a 1m~as1bilidad ante la muerte es fruto de la irreHgión. Sólo la creenc1~ ~n
:Dios podría estremecer y caldear su alm~, aprisi~~ada en un esto1c1smo rígido, casi extrahumano; la creencia derrehna su corazón e~durecido cuando se acercase ese instante de comparecer ante su Juez,
•que hace temblar a los más justos.
.
..
.
-·Entra usted en materia sin rodeos! ¡Muy b1en!-d1Jo Benedicto rie~do-. Evíteme usted una polémica tardía. Si tiene usted un
fuego comunicable, abráseme, yo no me opongo, pero no me as~sto
•un argumento. y 0 no quiero defenderme, nunca me he _defendido;
no tengo sistema, no tengo ideas sobre el otro . mun~o °,1 sobre ~¡
destino. Sólo sé lo que encuentro al explorar m1 conc1enc1a:·· Per~iame usted que le rectifique en un punto: yo no dt:sprecio la v1da
ni estoy impasible ante la muerte...
.
.
,
-¿Teme usted el más allá? ¿Lo desconocido? ¿Temena usted ... •
Dios?
-¿Temer? ¡No! Hubiese querido vivir aún ~lgo más; no estoy
cansado, no he concluido... La vejez me ha ensenado a gustar el valor de la vida; hoy la encuentro más bella que nunca. ¿Cóm? s~rá
sin mí después de muerto? Desde el fondo de un cuarto sohtano,
entre papeles y libros, puede uno insertarse en la trama del ~mndo
con más vigor que sus apasionados dominadores. El ~estmo, la
Naturaleza, el Dios de usted, ¡quien sea!, son crueles conmigo Y coa

LA PLUMA
tantos otros que quisieran y merecerían vivir. Doblo la cabeza ante
la necesidad y de su mismo rigor inevitable extraigo la calma; no
tengo dolor, ni rebeldía, ni conformidad; tengo tristeza... La muerte
misma no es nada. Después de mi hora, bien sé que no me tentarán
las cosas que dejo aquí.
-Voy a rezar por usted y por mí; rezaré por los dos. Yo tengo ese
fuego que usted dice, porque tengo fe; si no acierto a comunicárselo a usted es que soy un gran pecador. ¡Sí!, yo tengo fe en Dios, en
Jesús vivo, que nos juzgará a todos, a usted también; conozco su justicia infinita y su misericordia, que ni a usted ni a mí nos abandonará si se lo pedimos de coraz9n. Usted no cree: ¡yo rezaré por los
dos! Abandone usted, amigo mío, esa pteocupación por las cosas tenenales que le ciega a usted. Si en su vida-vida retirada, tranquila,
:austera, según el mundo-no encuentra usted caídas graves, si ha
c~mplido usted incluso con lo que su conciencia racional Je pide,
piense que su deuda para con Dios no está pagada...
-¿Mi conciencia? Verá usted. Mi conciencia de nada me acusa ·oh
.
'¡
•
no me mire usted así!, ni me condena, porque no es un juez ... Es
una crónica donde se empalman los fastos de mi vida. Me miro en ella
Y veo cómo fui, cómo soy; es como una cinta que va arrollándose por
-una de sus puntas. Ni sé quién la puso en marcha ni cuándo se romperá. Mis gestos van pintados a lo largo de ella. Unos me parecen
plausibles, otro~ ridículos, feos. A Jo más que llego es a desear que
algunos no hubiesen existido; pero ¿acusarme?· 1de qué por qué ante
'é ?
't
,
'
quin
_-Plausibles unos, feos los otros. ¿No está usted viendo ahí la acusac1ó~? ¿Y cómo pueden ser ungs plausibles, otros no, sin una regla
supenor que sirva de contraste, y cómo... ?
-Amigo mío-interrumpió Benedicto-, no se sofoque; si no, la
c?nversación dejará de ser gustosa para los dos. Yo le estoy describiendo a usted un sentimiento mío, que es así como yo se lo pinte,,

•s

�LA PLUMA

LA PLUMA
sin que de mi parte pueda ser de otra manera. Usted me quiere replicar con un raciocinio; es perder el tiempo. Ni la ocasión ni mi gusto
se prestan tampoco a eso. Sepa usted, además, que esa regla superior
de que habla, yo la poseo. Tengo una moral. Cuando le he dicho a
usted que unos actos míos me parecen feos, no lo he dicho a tontas
y a locas. La fealdad y la inmoralidad se confunden.
-¿Y cuál es su moral, si puede saberse?
-Sí, sí. Mi moral es... ¿cómo decir?, la moral del bien ajeno, la sumisión a lo que pide el grupo en que uno está enclavado: familia,
,iudad, nación; el sacrificio, la anulación de los apetitos e instintos
personales ante la regla del bien colectivo ...
-¿Una moral de sacrificio sin Dios? ¿Una moral que pretende
domar las pasiones sin ofrecer recompensas ni amenazar con el castigo? ¡Qué absurdo y qué fracaso, amigo mío! ¿En nombre de qué esa
sumisión, en qué aras ese sacrificio?
-En nombre y en las aras de nuestra condición humana, de la
cual nace esta aspirabilidad sin límites que nos entristece, per0 también nuestro orgullo noble. Somos la conciencia del Universo. Frente
a mí, la Humanidad es eterna. Mis actos valen si concurren a aumentar esa vida de la especie y amplían la inteligencia y la libertad.
-¡Palabras, pedantería, orgullo tan antiguo como el mundo! Afeites con que la impiedad quiere encubrir su rostro corrompido. Debajo
de esas fórmulas vanas, de las que Dios está ausel)te, ocultáis vuestro egoísmo, vuestros apetitos adorados.
.
-Amigo y señor-dijo Benedicto extendiendo un brazo hacia el
-cura-, yo le he tenido a usted siempre por hombre despierto Y de
buena fe. Más candoroso que inteligente, lo digo con sinceridad, pero
libre de la impertinencia proselitista, libre, sobre todo,de aquel abyecto fanatismo que niega al disidente toda rectitud, toda pulcritud Y el
honor. ¿Será usted un cura absolutista, un cura guerrillero, ca~~ de
edio, capaz de perseguir, refugiado hasta hoy en las matematicas?
1i

t,erá usted de aquellos que a un error de la inteligencia le atribuyen
por causa una perversión moral?
-¡Perdóneme usted, perdóneme usted! He sido orgulloso no he
tenido caridad. Yo soy el más pecador de los dos. ¿No quer:á Dios
servirse de mí para esta obra? ¡De rodillas le pido a usted perdón!
No con palabras, con mis lágrimas quiero volverle al sentimiento cristiano...; es mi deber... , es mi más vivo deseo. ¡Me pesa haber sidoduro'y violento al hablarle!
-¡Oh, o~! ¡Basta... í ¡Qué escena! ¿No ve usted que me altera, que·
me hace sufrir? ¿Para esto ha venido usted? ¡Qué ofensas ni qué perdón! Serénese. Me desagrada que nadie se rebaje o se humille ante
mí ni por _causa mía. Si yo no tengo fe, no es de usted la culpa.
~en~?1cto entornó los ojos, fatigado. El cura se rehizo un poco y
pros1gu10 con voz más grave:
-Si no tiene usted fe, ¿le pesa no tenerla? ¿No desearía creer?
-Nunca me he sorprendido la menor veleidad de ello.
-¿Y no ec~a usted de menos a Dios, un Dios de amor a quien
ofrecer ~us acc10nes buenas, y aun ese mismo dolor que ahora siente al deJar este mundo?

-Sinceramente, no lo echo de menos. La actitud de los incrédulos que van por el mundo lamentando su incredulidad y envidiando
su fe a los creyentes me parece una superchería necia.
~~etlexione u~ted siquiera en la posibilidad, nada más que en la
pos1bll~dad de e~mvocarse. Examine la posibilidad de que haya Dios,
Y un cielo! un mfierno... ¿Qué sería de usted? ¡Vamos! ¡Conteste!
-Habna hechv un malísimo negocio.
-~ntonces, ¿no cree usted que vale la pena de pensar en ello y
de excitarse a la f~ Y a la penitencia, ya que no por amor, por miedo?
-La prudencia más elemental lo aconseja así. Pero dígame: ¿es
que no tengo que hacer sino tomar un salvoconducto expedido por
usted?
2

'

�LA PLUMA
LA PLUMA
-Tomarlo, sí. ¡Habiénd0lo merecido! Confiese sus culpas y arrepiéntase de ellas.
-Confesarlas, fácil es. ¡Hasta donde mi memoria alcance! Arrepentirme, no sé si sabré. Cuando repaso los sucesos culminantes
de mi vida encuentro muchas cosas que quisiera no haber hecho,
por ejemplo: alguna vez me he quedado con bienes ajeno~. ¡Oh, no
crea usted en un hurto infantil, no! Antes de ser catedrático, ante~
de casarme, cuando yo era un misterio para los demás y
mt,
unos cuantos miles de pesetas del Tesoro público, que yo tema que
administrar en un destinillo, pasaron a mi bolsa. Mal hecho, ¿verdad,
Pues mire usted, sobre eso se funda mi vida entera: ese dinero ~e
permitió vivir independiente, viajar, tener buenos libros, esp~ra~ ano
tras año mi aqvenimiento a la cátedra ... Yo ~reo que he restituido a
la sociedad con mi trabajo aquel anticipo forzoso.
-iQué abismo de sorpresas es la vida! Usted tiene a su carg•
un hecho así, y está sereno.
-¿Un hecho así? ¡Y algunos otros que le sorprenderían a u~ted
más! Todos ellos 00 me han impedido ser un hombre honrado. Mt corazón no se ha corrompido, siempre quise ser mejor Y me esforcé
por serlo.
-Si sus fechorías llegan a divulgarse, habría dado usted en la
cárcel con su honradez; el mundo Je habría despreciado...
_
-Ya me lo figuraba yo; por eso tuve buen cuidado en ocultar~•
delito. Lo conseguí. Era hombre honrado, y la justicia ~edía que mis
faltas no me perdiesen. Los delitos de los hombres h_onrados-es decir, de los que no han roto el equilibrio de la morahdad en favor del
mal-deben quedar, y casi siempre quedan, en la sombra.
-¿ y su conciencia? ¿Y su moral del bien ajeno?
.
.
-Mi conciencia se limita a recordarme eso que hice a mis vemte
años. Si ojease un periódico de entonces, recordaría los sucesos que
más me llamaron la atención y reconstituiría una parte del mundo

Pª;ª

11

exterior en que viví, como rehago un poco de aquel muchacho ya
olvidado. Muy bien sabía yo entonces que lo hecho era malo; tal vez
mi inteligencia me lo hacía ver así; pero no luché, no me atormenté.
Medio siglo después, ¿quiere usted que me aflija por lo que hice? Si
hoy poseo una norma de conducta elevada es que he progresado;
he vivido en el estudio, en la meditación, soy casi otro hombre.
-Sea usted cristiano un segundo al menos; vea su miseria, mire
que está a punto de oír su sentencia y piense que será terrible. ¿No
siente haber ofendido a Dios,
-¿Dios? ¡Desconocido!
-¡Infeliz! ¿Quiere usted condenarse?
-De ninguna manera, ya se lo he dicho. Una eternidad de tormentos es un peso superior a la resignación y a la ironía. ¿Qué hacer?
Recorniéndeme usted, por si acaso, a las potencias celestiales.
-¡Haga un acto de fe, dígame que cree en Diosl
-¿Basta decir si, aunque por dentro no crea?
-¡Oh! Aprovéchese al menos del terror de la carne. ¿No sabe
usted que va a morir, que su fin está próximo, más próximo de le
que cree, que tal vez esta conversación es la última tabla que la misericordia de Dios le arroja para salvarle? La hora llega, es inminente
despertar en la otra vida, ¡y qué vida si es para padecer sin fin!
-Me asusta usted, sí; me asusta usted; creo que me hace sudar
de miedo. Sería un destino bárbaro el mio; pero no me enciende usted
la fe, no estoy contrito; y yo no me niego, yo estoy bien dispuesto.
¡Qué más quiero que no ir al infierno, si lo hay!
-Satanás habla por boca de usted.
-No lo crea; soy un hombre de buena fe. ¿Volverá usted otro día
a continuar su obra? Hoy estoy cansado, muy cansado.
-¿No quiere ·usted humillar su orgullo, pedir perdón para que yoie absuelva?
-Absuélvame si puede y quiere; yo no roo oponge.

,,

~

�LA PLUMA
-¡Dios mío, Dios mio! ¡Qué obstinación! Ofrézcame al m:nos
hasta que yo vuelva que pensará en estas cosas, que se esforzara en
tener buena voluntad, que deseará lo mejor para su alma y se pon- ·
drá en las manos de Dios.
-Lo que yo le ofrezco es no cortar el hilo de mis pensamientos.
Su rumbo no sé cuál será. Y ahora, hasta más ver. Escuche: como
hombre y como sacerdote, prométame una cosa: usted no entrará aquí
sino mientras pueda conversar conmigo.
-¿Cómo?
-Que si pierdo la cabeza o el habla o los movimientos, usted no
pondrá más aquí los pies. '¿Estarnos?
.
·-sea. ¡Que se cumpla la voluntad de Dios!
Después de llorar con la esposa la contumacia del incr~dulo, el
cura se retiró sin perder por completo la esperanza. Su candad era,
por decirlo así, belicosa; quería expugnar el corazón de Benedicto
como una fortaleza guarnecida por Satanás. Y una voz secreta, la voz
.de su celo cristiano, decíale que aquella obra la cumpliría él, instrumento, aunque indigno, de la bondad celestial. Pe~cibió señales_ del
an eJ·emplo que Dios quería hacer en la conversión de Benedicto;
gr uelta al redil iba a ser notoria, como su descarno.
. p or vias
. mis
. tesu V
.
" .•
· sas se esparció la noticia de que Benedicto habia pedido
no
. co01es1on.
e Ya le han metido un curángano en la alcoba&gt;, decian unos, rechinando los dientes, en lo que se conocía su espíritu _infernal.
c·Oh la muerte les baja a muchos los humos!», decían otros, con
1 de
' triunfo, como si en la conversión d el enemigo
.
. an el
sonrisa
v1er
desquite de una humillación antigua.
Al día siguiente un periódico católico aludió veladamente _al suceso: cConforta el ánimo pensar-decia-que, como ha escnt~ un
gran historiador de nuestra gloriosa literatura, muy pocos espanoles
mueren en la impenitencia.•
El cura se preparó con muchas meditaciones y rezos para el nue-

LA PLUMA
vo combate de aquel dia; en lo mejor de su piadoso ejercicio paróse
a considerar la hedionda miseria del corazón humano, aun en sujetos
de vida pulcra en apariencia, como su amigo. ¡El austero profesor era
ladrón! Había robado, y pretendía además explicar y justificar su
desafuero con razones al alcance de cualquier salteador. Comenzaba
a sentir el cura, ante la iniciada confesión de Benedicto, un fervor
compasivo, cuando una idea de inspiración diabólica se enseñoreó
de su mente. El profesor ¿habría mentido? Toda aquella historia del
robo, el glacial cinismo con que la contaba, ¿no serían embustes improvisados para burlarse de su furia apostólica? Al cura le repugné
la idea y empezó por desecharla; pero era impaciente y soberbio; en
la posible chanza de Benedicto vió un agravio person:il, según el
mundo, y se consideró en ridícula. Coligió todos los rasgos del carácter de su amigo que abonaban sus sospechas, y pronto fueron casi
certidumbre. Después de todo, el tal Benedicto, ¿no había sido siempre un egoísta desalmado, un zorro, un burlón frío, en quien se prolongaba «el último eco de la risa de Voltaire?» El cura concluyó por
indignarse, y se lanzó a la calle encaminándose a casa de su amigo,
resuelto a poner las cosas en claro. Benedicto le deparó el chasco
final. El profesor había muerto dos horas antes, !:in pedir nada ni h1tblar con nadie, llevándose el secreto de su austeridad. El cura sintió
derrumbarse su cólera; sobrecogido de pavor, rezó ante el cadáver.
No se habrá olvidado aún el alboroto de que fué ocasión el entierro de Benedicto. La Iglesia, ayudada por la familia, reclamaba s~
despojos; los librepensadores querían, por su parte, hacer propaganda con el muerto. La disputa, breve, fué intensa, tanto, que se pensó arreglarla incautándose el Gobierno del cadaver para enterrarlo
con pompa militar. Al fin, Benedicto era una gloria nacional. e El espíritu ecuánime del Presidente del Consejo-decía un periódicoaccederá seguramente a_lo propuesto, con lo que se daría además una
prueba del amplio criterio liberal del régimen.&gt; El testamento de Bo21

�LA PLUMA
nedicto zanjó la cuestión: «Prohibo que me vistan después de muerto-decía-; prohibo los honores de toda especie. Quiero que me
entierren en el cementerio civil, en un hoyo sin losa ni nombre.•
Así se hizo, una tarde de márzo en que el vendaval, duro como granito, arrastraba locamente por el cielo jirones de nubes. Los secuaces de Benedicto congregáronse a mHlares para tributarle el homenaje postrero. Los más acérrimos subieron al piso, se apoderaron del
ataúd, y sin admitir que lo cargasen en el carro, se dispusieron a
eumplir el rito a que están sujetos los hombres de tal categoría. Consiste en llevarlos a los lugares que más frecuentaron en vida para figurar el hecho de la separación material causada por la muerte. A Benedicto le pasaron por delante de la Universidad y de la Academia,
por delante del Ateneo y del Congreso. Este rito, probablemente
local, no implica ya ningún sacrificio sangriento: se ha perdido la
costumbre de degollar, para enterrarlos con el muerto ilustre, a un
cierto número de sus colegas, camaradas y conmilitones. El paseo por
Madrid es sólo fatigoso; aquella vez lo fué como nunca. El frío arrancaba lágrimas a los portadores del muerto. La muchedumbre fué aclarándose. Ya anochecía cuando el cortejo llegaba a la carretera de las
,ventas. ~ntonces se echó de menos el carro fúnebre que los entusiastas habían despedido casi con amenazas. Dejaron el ataúd en la
cuneta, refugiáronse algunos en los ventorros del camino, volviéronse los má&amp; a Madrid, y cuando pasó un coche fúnebre, de regreso
del cementerio, se consiguió que recogiese a Benedicto ~ lo llevase,
ya Roche cerrada, al depósito, donde lo dejaron tendido. Pero Madrid había visto en sus calles una manifestación grandiosa. «Pueblo que así honra a sus muertos-escribía el redactor de un periódi•o-se honra a si mismo.&gt; El redactor tenia-y en gran manera lo
admiraban por ello-el don de elevarse de lo particular a lo general, que es en esencia el don de la sabiduría.

MANUEL AZA~A

Esta 11,ocke se me ha hu1'dido
casti'/lo de naipes.
El juego era serio. Un
casti1/o de naipes puede
ser albergue bienhadado
por toda la viaa. ¿Acaso
110 ltay hombres (Jut ta/tan mármoles
y ponen pi·edras encima
de piedras, supremo arte
que llaman de arquitectura?
Yo iba poniendo los naipes
u110 al lado de otro, todos
trabados por voluntad
y no por su peso propio.
Pero el azar pudo más:
a/tí estdn las cartas todas
desparramadas, y dicen '
fut ellas son para jugar,
para ga,iar lo perdt''do
u,, víspera
1se

�LA PLUMA

y perder lo que se gana
otro día. Nada más.
Para deshacer y hacer
como las aguas del mar.
«¡Jugador, fzuga tu carta
seriamente, que ya está
preparándote un castillo
mefor que et tuyo, el azar.. .!
¡Si es que ganas...!»
Pero yo p1:enso en que tengo
mue/zas cosas que guardar.
Y mientras el alma oye
voz de fugar y dudar,
las dos manos
sobre los naipes se van
a salvarlo todo, y vuelven
a empezar.
PBDRO SALINAS

APUNtes
paca una geogcafía musical
de eucopa.
(1920)
- Trrrcrrrrrrrr...
-¡Ras! ¡Rasl
-Se ha déscorrido el telón. lQué se ve en el escenario?
-Un cielo limpio, una luz suave, unos arbolitos tiernos, un arroye
daro.
-¿Será un paisaje nuevo o una segunda parte de la misma~
-La escena se ha cambiado, el ambiente es otro, los personajes soa
gente bisoña. Todo es distinto. No se quiere proseguir más la comedia
vieja. Conceptos, creencias, sentimientos, voluntades, todo titme un norte
diferente; se ha mudado de orientación. Hay otros dioses en los altares y
son más armoniosos los sacrificios. El nuevo mundo es una isla alegre, luminosa y florida en medio de un mar pagano. No profundo, sino transparente. No grandioso, sino lleno de reflejos. El aire es tibio y perfumado.
Corazón liiero y vinos claros.

I

Francia.

.

En estos apuntes para una geo~afla musical de la Europa contemporánea, Francia se lleva la papeleta más extensa. Ayer se la hubiera lleva-

ª•

�LA PLUMA

1
1

LA PLUMA

do Rusia; antes Alemania, Italia, Francia otra vez en tiempos más viejos.
No ahora, sino antes de la tormenta, Francia se babia preparado ya para
el cambio; virtualmente lo habla realizado ya, pero sólo después del
estruendo es cuando esto se comprueba, cuando se ve que el arte nuevo ha
p erdido todo contacto con el de antes de la guerra.
La transformación se opera en Debussy. Nos basta detenernos en Debussy sin remontarnos más atrás. La revolución debussysta es la primera
fase del cambio. Vamos a ver cuáles son sus aspectos diferentes; esta primera parte, o sea el periodo debussysta, es una protesta de la sensibilidad.
Primero, contra el cobjeto•, esto es, el asunto tratado. Segundo, contra los
«medios•, esto es, los procedimientos para tratarlo. El asunto fué, pues,
en slntesis, una protesta de orden estético; la cosa protestada fué el almacén sentimental del romanticismo y la técnica alemana con que se expresaba.

**•
Con Debussy la música cambió de clima, de atmósfera, de perspectiva.
Otro paisaje y otro ambiente.
Después de Beethoven, la música adquirió un valor de 01'den ético totalmente distinto al que tuvo en tiempos de Mozart y, con más razó:i en
tiempos anteriores. En este nuevo aspecto, el arte musical llevaba una ganancia y una pérdida. Parecidamente a lo ocurrido con la pintura, el arte
se elevaba en «consideración&gt;, pero bajaba al mermar su función natural;
decoración, embellecimiento de la vida. La «pintura de museo• se emparejaba con la «música de concierto•. Ganaba diariamente en intensidad, en
intimidad, en agudeza; pero se hada especialidad de competentes. To.davla
en tiempos de Mozart y de Haydn el arte de salón era sensiblemente el arte de la calle: no había diferencias profundas; los compositores se diferenciaban sólo por la calidad de alma. La «sinfonía• fué el vehfculo de la transformación. En la «danza•, elemental de construcción, comenzaron a trastro•
carse los términos. Se dió sin cesar cada vez más importancia a la trama y
menos importancia al bordado. Nada eso que se llama el «tecnicismo&gt; por
los profanos y el «sinfonismo• por los profesionales. La música se hacia
~

llD arte

de mover el corazón (valga la frase) en vez de ser un arte de tren-

.zar los pies. Beethoven le dió patente de trascendencia; y luego todo el si--

glo XIX se cebó furiosamente con el pobre arte sonoro, al que hizo exclusivo intérprete de sus enervamientos y lo utilizó de alcahuete.
La reforma debussysta es de una incomparable depuración y dignidad.
~brió las ventanas, entró el sol y el aire claro. Su música fué una música,
sensual que reemplazó a la música sexual y a la música intelectual del siglo
caduco. Quería volver a ser, como en tiempos del clave, un arte ingenuo
J valedero por su estructura sonora. Todavía, sin embargo, estaba lleno
de petulancias del mil ochocientos. Es verdad que babia acercado la
música más a los nervios y a la sangre, más al juego divino y eternamente·
nuevo de los sentidos; pero lo hizo precisamente con el mismo procedimiento vicioso de los románticos: por especialización, no generalizando.
Es verdad que habla abierto las ventanas, pero eran las ventanas del museo. Hizo entrar la luz clara en el salón, pero no sacó al jardín la estatua..
Llevó el fauno y la tarde de julio al concierto, pero no consiguió desnudarnos y llevamos al paisaje griego.

. Al lado de_ Debussy, que es el agente transformador, el más grande·
agitador artlstico después de Beethoven, existen dos factores muy notables
en el proceso de la renovación musical francesa. Además del valor puramente particular de cada uno de ellos, tienen una importancia general y
es la de haber hecho continuar el movimiento, dentro de su mismo pals,.
cosa no ocurrida en otros, según se verá más lejos.
Probablemente esos dos músicos a quienes nos referimos no aceptarlan de buen grado este papel de colaboradores. Entiéndase bien que no
lo~ señalamos nosotros como colaboradores del debussysmo. Nada más
lejos: lo que entendemos es que por ellos dos continúa el movimiento de
reforma, el proceso de evolución, la transformación, en una palabra, aún,
no conseguida.
Uno de ellos-Mauricio Ravel-, porque no se considera influido por·
la técnica ni las ideas de Debussy-y a muy ju,;to título. El otro-Erik.
27

�LA PLUMA
LA PLUMA
Satie-, porque en cierto modo se considera un' precursor de Debussy.
Y aun el ver citados juntamente a ambos artistas parecerá a muchoa
cosa chocante. En efecto, objetivamente, sus obras son profundamente diferentes y el concepto respectivo sobre la •categoría• del arte también.
Para Ravel el arte es t odavía la superhombria: por caminos de perfección
se encuentra el Olimpo. Satie es un tipo de nihilista. ~Superioridad? Hace
una mueca y se sonríe. Pero ambos creen en la profunda necesidad de la
construcción y de la depuración de todo lo supérfluo. Sólo que en Ravel
la complicación •material&gt; es natural y en Satie su sencillez aparente es el
extracto de un complicado alambicamiento. En el límite, ambos representarían la cristalización pura e inmácula de un tipo: esto es, el academis1110
en su más elevado concepto. El aspecto burlesco de uno y otro, el frío
sarcasmo que sus obras aparentan es, en cambio, un trait-d'union menos
importante de lo que pudiera creerse; pn'meramente, porque la ironía en
que se mueve casi todo el arte actual es una resultante de su puntó de
vista respecto a la triple posición del creador sobre el arte (antes), como
realización (en) y respecto al público (después); segundamente, porque la
ironía en Ravel está in adjecto y en Satie in objecto. Ravel hace muy seriamente su broma. Satie toma muy irónicamente su seriedad.
La importancia de Ravel, como copartícipe de la transformación podría definirse: consagra la radicalidad en el procedimiento. Pero la de Satie es mucho mayor: prepara al cambio de concepto ético, defunción y lo
thace precisamente afirmando la sustancialidad del principio clásico. En
casi todos l,os dichos y los hechos de la más joven gente francesa hay el
,mismo doble anhelo: quüar importancia y equilibrar como k,s c/dsícos.
0

•••
Los últimos retoños del laurel francés son gente bisoña que se ha agrupado alrededor de Erik Satie. Se titulan los •nuevos jóvenes», o mú corrientemente los •seis&gt;. Tienen un portavoz: Juan Cocteau (1).
1( 1) Véase su op6sculo Le Cog el r Arleguin. Lo qu.e citamos entre comillu
pertenece a este librito tan rico de sentido.
28

,Qné harán los •seis,? Extremar las cualidades que ~encontramos en el
arte post-debussysta: llevar cada cosa hasta lo colindante con el absurdo.

Al criterio de libertad técnica oponen un no-euclidismo aún más radical,
por eso, por ir a lo más interno de la rali. A la pretendida ekvación de
pensamiento, una buscada trivialidad, un caire fácil&gt;, sin grandezas ficticias; las sonatas de Poulenc son el mejor ejemplo. No quieren comprar
•valores firmes•; esto lo consideran en un joven como una verdadera vergüenza. Ni tampoco debe ponérselos en la piedra de toque; •todo valor
que se prueba es un valor vulgar•. Esto lleva consigo un renunciamiento
a la historia. Es· verdad y es trabajo costoso. • Es duro el tener que negar,
sobre todo, las obras nobles. Pero toda afirmación profunda necesita una
negación profunda.•
•Nada de sueños; pero sobre todo, si te afeitas la cabeza no te dejes.
tupé para el domingo.• •No se trata de cambiar de traje. De cambiar de
piel es de lo que se trata.• No se preocupan de adoptar una actitud de
vanguardia meramente decorativa. Saben que hay que ir escalón por escalón, so pena de tener que volver a subir para bajarlos. Están donde deben estar; •si una obra parece avanzada sobre su época, es simplemente
porque la época retrasa,.
Hombres vivos y artistas póstumos, proclama Cocteau. Les interesa, sobre todo, este aspecto de la vida ligero, fácil, gracioso, divertido, al dfa,
•música a la medida del hombre. Nada de nubes, ni de olas, ni de acuariums, ni de ondinas, ni de perfumes nocturnos. Una música a ras de tierra es lo que precisa; una música de todos los días,. •No más músicas en
las que uno se deja flotar largamente; quiero que se me construya una
música en la que pueda vivir como en una casa.» Satíe respondió escribiendo su •Musique d'ameublemenb .
Si están ya lejos de Debussy es porque velan que el impresiQnismo no
era más que el •contrecoup• del romanticismo, los últimos rumores de la
tormenta. Y su música es aún de la que hay que escuchar con la cara
entre las manos. No. Una música de tal índole es todavía sospechosa. Lejos, lejos del teatro y del teatralismo. cEl teatro está siempre corrompido;.
el café-concierto a menudo es puro.» Conviene adoptar una cierta actitud
frlvola. ~Comienza la gente a reírse? Buena señal. cNo es que todo lo que
29

�LA PLUMA

' que l1J bello y nuevo excita
haga reir a la gente sea bello o nuevo, sino
, fatalmente la risa de la gente.•
.
En Darius Milhaud acaso el más granado de toda esta cosecha, aun
verde; en Francis PouÍenc, acaso el más frescamente jovial, el más puro
(su rapsodia negra es netamente bella, y los trozos de. pi~º.º y las sonatas
positivamente deliciosos); en Georges Amic, el .•~ás mc1~1vo, más agudo
y más perspicaz; en Mlle. Germaine Tailleferre-lmsmo pn":1avera_l, verde
·-tierno- en Luis Durey, en Honneger, hay además de sus mtenc1ones un
rico val~r •objetivo•. No creo que su obra pueda ser con,iderada como
un movimiento sin consecuenci~.
.
Ciertam,.nte no es cosa tormentosa al buen viejo estilo romántico: ea
cosa simple y sonriente. Viento suave que ondula el mar dorado. C~b•ado
•el sentido de la •importancia•, ésta no se hace ya en hondura stno en
superficie. Los •nuevos• aspiran a hacer del arte un objeto de t~d?s loa
dias, que 'ayude al agrado del momento y que contribuya al ah_v10 del
trabajo cotidiano. Si se permite el juego de palabras, su obra quiere s~r
, profundamente ligera, en contra del romántico, que no pasaba de ser ligeramente profundo.
ADOLFO SALAZAR
• 1

de "la Dame de Cozue".

II

Dame de C&lt;.r.ur está en Madrid. No la busque:1 ustedes en Parisiana, porque esa no es la verdadera, y porque podrfa saltarles otra
figura u otro color. Bien cerca la tienen: ella misma les sale al encuentro en estas columnas impresas, si no con el corazón en la mano, con
dos corazoncitos gemelos en sendas esquinas del naipe.
Estos dos corazones se los ha dado el azar, padre suyo muy respetado, si no del todo respetable, para que corra por la vida como cumple a
una señora de su alcurnia. La Dame de Creur, como Magdalena, ha amado
mucho; lo cual equivale a decir que ha sufride mucho. Pues, en una época
en que tuvo que hacer de mecanógrafa, cuando vivía en Londres y la llamaban Miss Proserpine Garnett, se ocupó, aprovechando raros momentos
de ocio, en clasificar amores y penas por orden rigurosamente alfabético,
y en guardar los unos en un corazón y las otras en el corazó n de la otra esquina. Pero nunca pidió a su musa-la Musa de la Mecanograffa, claro está,
A

U1tjiort

en- famore
t jJtr fodio una s&lt;Ulta,

porque amores y sufrimientos no llegaron a dejar semilla de odio en nin-guno de sus corazones: los dos están igualmente floridos.
Sin querer, y dejándose llevar por su alma, femenina al fin y a la postre, la Dame de Creur ha sido indiscreta. Ha faltado, para empezar, a
la elementalfsima discreción que manda callar lo propio y sólo hablar de lo
Jl

�LA PLUMA
ajeno. ¿Quién le mandaba a ella decir que ha sido mecanógrafa? ¿No la
hará desmerecer tal profesión en el concepto de las lectoras linajudas?
Para consolarse, no le queda otro camino que el de una nueva indiscreción. a expensas propias: recordar otros tiempos, más lejanos aún, por
desgracia, en que fué pajarita de ciudad y atendía por Mimí Pinson. Entonces le importaban poco cuna y linaje: lo que le hace sentirse orgullosa de
aquellos días,
ce n'estpas, on se l'ímagíne,
un manteau sur un écusson
fourré d' her•nt'ne.

Advierte ahora la Dame de Creur que desde entonces le ha quedadocostumbre de acompañar su trabajo·con cancioncillas en boga; sólo que,.
para andar entre literatos, gente asaz burlona, lo disimula citando a los.
poetas-en el buen sentido de la palabra. P«rdónesele esta debilidad en
gracia a la sencillez con que la confiesa.
Otro grave defecto tiene aún, y este sí que teme que no se lo han de·
tolerar las gentes graves de la revista: es charlatana hasta dejarlo de sobra.
No necesitará probarlo de manera más elocuente que con este primer articulo, en el cual ha dicho de si misma cosas que a nadie le i~portaba
saber, y no ha llegado, en cambio, a decir nada de lo que se proponía..
Achaquémoslo a falta de espacio, puesto que ya, como todos los escritores, y aunque no tenga ni la idea más remota del original acumulado en la
revista, sabe que con esa excusa siempre se acaba bien un articulo.
En los próximos hablará de cosas más sustanciosas, si Dios no lo remedia. Y cuando no halle a mano asunto de actualidad palpitante, le bastará
echarla a uno de sus dos cor:azoncitos, que no han dejado de palpitar, y
extraer un recuerdo de amor o de pena, con que, lectoras mías, os pongáis
soñadoras. Ya sabéis que están perfectamente clasificados. De lo que nunca os hablará, tenedlo por seguro, es de los bailes de Tórtola Valencia;.
tampoco de trapos, plumas y modas: eso es cosa de hombres.

LA DA..'113 DB CCBUR

•·· castillo famoso.

I

no me insp_ir~ una afición violenta. Si el amor propio de mis.
paisanos. no se 1mta, añad"iré que Madnd
. me parece . ó d
desapacible y en la ma
1nc mo o,
Madrid es un poblachón
I yor parte de sus lugares, chabacano y feo
ma construido en el que
b
•
pita!. Madrid se apelmaza e
'
se es oza una gran cal
n unas costanillas en u
d
b
o alto de unas colinas (yeso d V 11
, ..
nos er~um aderos, en.
justicia) y no se atreve a esp::cir: ecas,. guIJiu:os. puntiagudos, sol de
(Prado-Castellana), es como plaza dee,: saltr de s1 m1sm_o. Su gran Coso
a contemplarse; no le sirve ara ir p eblo, a la que baJa Madrid a verse►
tad (asila llamaron unos c:nce·a1~ ~arte a_lguna: la Avenida de la Liberotras avenidas madrileñas
1
~publtcanos) desemboca, igual que
, en un rastroJo Más de u
'lió d
d orosos se debate en la angostu d
.
n m1 n e cuerpos su. i r
ra e estas calles grit
in e ices bestezuelas que se hubiesen d .
,
a y se atropella, 1,:omo
En Madrid lo único es el sol La 1 . ~Jado coger en una jaula sin salida_
ria, y se abate sobre las co~s couz :~~ a~able descubre toda lacra y miselas aniquila. Por el sol es M d "dn a una, que las incendia, las funde
n una población
J
•
d eI eorpus: suspensión del ªtráf:
.
para ueves Santo O d(a.
dos desfiles... (y en las casas
tiendas cerradas, formaciones, pausafresca penumbra con las ,dqw as ya las esteras, está el comedor en
'
ma eras entornada h
nn de la Castellana). Mad "d
s, asta que las niñas vuelMadrid cambia menos de lon no ~e parece alegre, sino est111endoso.
3
que se piensa. Cierra los ojos, lector: lqUé
ADR_ID

ª:d

u

�LA PLUMA

LA PLUMA

1

1

ves al acordarte de la villa? La mole blanca de Palacio y unas torres y cú•
pulas bajas perfilándose en el azul, sobre las barrancadas amarillas que
bajan al rio y dominan el Paseo de Melancólicos. .
Basta lo dicho para saber que yo no soy madrlleiiista. El madrileñisroo es necedad importada de la periferia. Hace años, un catalán que le
vendla adoquines al Ayuntamiento, quiso ser concejal, y en sus carteles
electorales se tituló madrileñista. Era una idea de empresario; después la
han hecho suya algunas casas de juego. Pero sin que el madrileñismo me
ciegue, conozco que Madrid solicita al desocupado paseante con alicien •
tes muy gustosos. Primero, en Madrid no hay nada que hacer, ni adonde
ir, ni (para un madrileño) nada que _ver, porque no es cosa de llegarse
todos los días al Museo a preguntar si han cambiado de sitio Las Meninas. Segundo, Madrid es un pueblo sin historia. Una «vieja ciudad• histórica empieza por infundirme un recelo provisional que se torna en ale•
jamiento definitivo en cuanto la historia que revela es, como acontece,
apestosa de estupidez. En Madrid nunca ha pasado nada, porque hace
más de dos siglos que en Espafia no ocurre casi nada, } lo poco que ha
ocurrido ha sido en otros sitios. Toda la historia de Madrid son unos besamanos y unas intrigas de cámara y alcoba regias. Con las Mmwrias de
Mesonero, la Estafeta de Palado, y la colección de Crímenes cllebrts, se
conocen todas las fuentes de emoción de los madrileños durante siglo y
medio. Entre Madrid y una ciudad histórica, hay la misma diferencia de
calidad que entre la Píazza de San Marcos y la calle Ancha de San Bernardo. Reconozo que el no ser Madrid una «vieja ciudad prócer&gt; es acaso
el más elegante atractivo que para mi tiene este pueblo.
Como en él he de pasar la vida, quisiera verlo acomodado del todo a
la honesta moderación de mis gustos. Yo no voy al teatro. Desde que los
gorilas escriben comedias para los analfabetos, asistir a un teatro es ac•
ción vergonzosa de las que se abstienen las personas pulcras. No voy
tampoco a las tertulias, donde la amistad es rara y la camaraderia irrespetuosa. No cuento en la tribu de los melómanos ni en la de los taurófilos, ni soy casinista, peñlsta o ateneísta, y hace muchos años que por higiene corporal y mental me abstengo de aquellas frecuentaciones a las
que mi lozana juventud debió las más violentas efusiones sensuales, enO

J4

tr~veradas de sentimentalismo
miento que de mozo me
exasperado. {Aludo al pasmo
no duermo .
produdan las funciones de . l .
y arrobati
, o1 leo, o me resigno al fastidi d
. ig esta.) Las horas que
empo, o paseo solo por las caU
o e m1 hospedaje, si hace m
&lt;l~a en invierno, de noche casi sie: y los alrededores de este Madrid :~
gusto
pre en verano. Debo a tan tno,ens1vo
. " '.
M
d · una rara erudición en personas
b a nd, por lo menos al todo Madrid y cosas madrileñas. Conozco a todo
~es y la mayor parte de su historia que sale a la calle; s~ sus costun
m sospechan mi existencia pud' . ¡A cuántos millares de personas
•
;uya y demostrarles que nada h:;:::tcontarles ep_isodios secretos
ero a un paseante 1 .
o para la mirada d 1
las calles El
e importa sobre todo la di
. . e que callejea!
·
reposo de la . d
spos1c1ón y el as
serenidad del es ¡ .
nura a y la comodidad d l
.
pecto de
apacible. M d .dP ntu ~ue devanea, y permite
e_ os pies, labran la
.
a n necesita enmenda
.
n cammar con descuido
porte me haga sufrir menos
rse y me1orarse para que mi ú . d
L
d. .
·
meo ea con ictón irritable de los ma .
::~ :e;estral razonador y sentencio:1:::• ~¡ del señorito alalo como
a ~umor a un defecto de la RAZA· amfiesta. Pero yo no atribu
otro motivo seria comer! 1
, hablar de la RAZA
yo
valla en torn .
. e e terreno al señor Alta .
con ese u
Homb
o, yo atribuyo ese mal humor 1
mira, que ha puesto una
re no tuvo d d
ª empedrad s·
de posar los pies : : ;u:er:~r ~a cabeza, el hijo de Mad:d n10e!:ijo del

d;~:

;=:::~.·:·.:·.~"í:!:ff·,:¡,::~:..:'/;:,=:.:::~::::::;
m:~~~~:

ª:~:::;

~~se~::::~:: ~:::an mejore~
;~:0
:uese más el~t~:o~
al
. .
sas y 1os monument
marga más la vida
p _paso. M1 existencia callejera ha tra os ~ue a cada instante nos salen
c:::e~as~achadas «modernistas» en lan~:m: entre la aparición de las
iru,
e orreos, con la apertura de I G e
yor, y la terminación de la
. ortunada época de perverso
a ran Vfa a manera de e iso .
1~, albote, dei"m0 .;';;:
. orresponde a la é oca
o el «estilo español del .
rhccer la cupletista francC:a en qluoe enblo grotesco teatral empieza al siglo
ambra
b
s ta lados d A
apa' y aca a en la entronización d 1
. e c_tualidades y de la Ale a MaJa castiza de Goya, articulo

=•

~coocluye, pot hoy, co!:;~;;:::; ;•oce

35

�LA PLUMA
exportable, en el que ya no somos tributarios del extranjero. Esa •reintegración del gusto nacional en lo decorativo&gt; corresponde, por otro lado,
a un movimiento de ideas que va desde la desolada adjuración de lo español hace veinte años, a la xenofobia y patriotería incubadas por la
guerra.
..
.
Al atravesar por esas calles, el paseante se afhJe. Tantos pmáculos, coiomnillas y voladizos, tantas lineas rotas, tantos insultos a las leye_s de la
proporción, tamaña arbitrariedad, tal violencia, manti_enen el ámm? ~n
susto perpetuo y nos hacen saludar con alegría cualqwer caserón trivial
de la calle del Sacramento, que al menos no pretende torturar nuestro
gusto sometiéndolo a un canon indemostrable: Mad~d, ~n vías de_transformarse, es la capital del abandono, de la 1m?rov1sac1ón, de la mcongruencia; el paseante sería feliz si viese los· corr.ienz_os de_una era de moderación, en que el sentido critico, por recobrar su 1mpeno, refrenase l~s
ímpetus del genio frustrado y la audacia de los falsificadores, a caza de n-

1.-Para loa

...

amigo■

de Rub6n Darlo.

(Rubén Dario, Ejis/11/ario, con un estudio preliminar de Ventura García Calder6n. París, 1920, s.•,
73 páginas.-Biblioteca Latino-Americana, dirigida
por Hugo D. Barbagelata.)

., ,¡

eo• nueTOI.

BL PASBANTB BN CORTB
de prólogo al libro una traducción española del excelente artículo sobre Darlo que V entura García Calderón publicó en el M"curt &lt;k Franct del I de abril de 191.6. Hay cartas a Unamuno; entre
ellas, la célebre carta-célebre por tradición oral entre los amigos de Darío-con que contestó a cierta salida de mal humor del maestro de Salamanca, quien-si la tradición no engada-se dejó decir cierta vez que los
americanos traíamos las plumas debajo del sombrero. La carta de Darlo
comienza: •Le escribo a usted con una pluma que acabo de quitarme de
bajo el sombrero.&gt; Y acaba: • Usted es un espfritu director. Sus preocupaciones sobre los asuntos eternos y definitivos le obligan a la justicia y a la bondad. Sea, pues, justo y bueno.&gt; Hay también cartas a Julic,
Piquet, •Buen Samaritano de nuestro gran Rubén&gt;, escritas desde Mallorca, donde el poeta logró en sus últimos años-tan atormentados-algunas horas felices. Hay un fragmentQ de carta a Gómez Carrillo, que
Ventura dice publicar •no sin reservas mental~&gt;, por si Gómez Carrillo
hubiere colaborado con Daño al hacer la copia del fragmento. Hay algunu
cartas a Alberto Ghiraldo, que fué buen amigo del poeta. Finalmente, hay
1RvE

3f'

�LA PLUMA

I

1

1 1

11 1

,,
1
1

1

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1 1

1

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una carta a Piquet de Juan Sureda, escrita en Mallorca-enero de 1914-.
que se ha crefdo conveniente publicar a titulo de docqmento sobre la
vida que hacia el poeta en la isla. ¡Ayl A trayés de esa carta ingenua vemos a Darlo, una y otra vez, presa de lo que él mismo, con respetuoso
acatamiento del Hade, llamaba sus «crisis&gt;,
Puesto que no se ha retrocedido ante esto, bien pudo Ventura haber
recogido en el tomito unas cartas-sé yo que las posee-cambiadas entre Dario y Luis Carlos López, el originalísimo poeta colombiano, con
motivo de la colaboración de éste en el Mundial Magazine. Darlo se
puso solemne, y López lo despertó con gracia al sentidq del humorismo.
También sé yo de alguien que hubiera podido proporcionar interesantes
cartas de Dado a Amado Nervo, y acas0 acaso algunas dirigidas a otro
poeta mejicano que se refieren a un curioso incidente entre Dado y Salvador Rueda.
Según resulta de este pequeño epistolario, Darlo tuvo el propósito de
émprender, en América, al estallar la guerra, una cruzada por la paz, «que
es la única voluntad divina&gt;. Quería comenzar por los Estados Unidos,
«y el Méjico devastado por fraternales rencores&gt;. Las iuchas internas de
Méjico siempre le preocuparo'n como cosa propia. (En una carta a Piquet,
quejándose de sus males, dice: «A mf se me han declarado ya francamente Panchos Villa intestinos y riñones.&gt;)
Salvo algunas de las dirigiclas a Unamuno, las cartas son de carácter
francamente intimo. Se habla aquf de las «crisis», de los teóricos deleites del régimen de agua pura; de Francisca Sánchez y los ciento cincuenta francos que el poeta le obsequia para comprarse un abrigo; de las dificultades que nacen de la diferencia ~e caracteres, a pesar de catorce años
de unión; de enviar al chico a la escuela vecina... El libro sólo debe llegar
a manos de los amigos de Darío, para quienes parece destinado.
Días pasados he tenido ocasión de releer todas las cartas que nos quedan de Góngora. Salvando distancias, la nota fundamental de aquéllas se
repite en las cartas de Rubén Darlo: ¡La pobreza, la horrible inseguridad
económica, que es uno de los peores enemigos del almal «¡No tengo UD
reall»-exclama el poeta cordobés-. Y «¡No tengo un reall&gt;-contesta,
a través de los siglos, el poeta nicaragüeño-. Quién sabe qué pasa; que
38

LA PLUMA
no le pagan puntualmente los Guidos. «El Mundial no es mio-escribe a
Ghiraldo-. ¡Las cosas de siempre! Si yo hubiera tenido capital para esto,
estada muy rico dentro de poco ... &gt; Y más adelante: «... mi magazine Mundial. Digo mfo porque soy director. El negocio es para los capitalistas, ya
se sabe.» Y luego, lo de la Argentina no es seguro; ni siquiera lo de La
Ntu:ión, diario ,benemérito de las letras hispanas, que merece la gratitud
de tantos escritores. Verdad es que los libros producen dinero, sí; pero
· no para el autor, sino, como él mismo dice, e para este o el otro bandido». Y es que sólo queda una disyuntiva: o hacerse rico a toda costa,
como todos los que se hacen ricos, o acabar cuanto antes con el actual régimen del dinero: anular, neutralizar para siempre el problema económico.
Dejad pasar la noche de la cena
-¡oh Shakespeare pobre, y oh Cervantes manco!y la pasión del vulgo que condena.
Un gran Apocalipsis horas futuras llena:
Ya surgirá vuestro Pegaso blanco

II.-ijn memoria de José de Armas.
Ha muerto recientemente en la Habana, adonde habla sido llamado,
tras de varios af'los de ausencia, para dirigir un periódico, el escritor cubano José de Armas y Cárdenas-hermano de Augusto de Armas y Colón,
el de las Rimas bizantinas-, «Justo de Lara», por nomiy-e literario, y
Pepillo en la intimidad.
Pepillo foé huésped de Madrid durante mucho tiempo, y alguna vea
dió conferencias en el Ateneo sobre Shakespeare y Cervantes. Era muy
versado en literatura comparada de España e Inglaterra. Deja varios
libros de critica e historia literaria. A propósito de él, escribe José Maria
Chacón:
«Vivió Armas, durante los años de su niñez, en un impresionante ambiente polemista y luchador. Fué su padre un gran periodista, que ponía
el mismo ánimo de violencia y combate en las páginas polfticas, que mucho tiempo escribió para los principales diarios de la Habana y en el exa39

�LA PLUMA

'il

I'
1

men retórico de las poesías completamente inofensivas y completamente
-0lvidadas de López de Briñas.
&gt;Eran aquellos tiempos, en Cuba, de exaltación tribunicia: sus cualidades coinciden con las de la España de la Restauración. Armas, sin embargo, y como nuevo ejemplo de autodidactismo americano, realiza en ese
tiempo una obra de información segura, de espíritu sobrio, de critica mesurada y certera.
&gt;Su conferencia sobre Lope de Vega, sus páginas sobre La Doroúa, su
examen del falso Quijote, no fueron sólo una obra de utilidad critica, sino
la afirmación de una modalidad distintiva· en su pr:oducción, que es también singular característica en un selecto grupo de escritores cubanos:
la moderación, la clar,idad, el sentido preciso de la palabra adecuada .
Contra una aparente tendencia de las letras cubanas, que pudiéramos
designar con el pintoresco nombre de tropícalismo, estos escritores, dispares en el tiempo y en la obra realizada (Domingo del Monte, Nicolás
Heredia, José de Armas, Enrique José Varona ...), evitan todo matiz oratorio en su estilo, aspiran a una perfecta sencillez en la expresión, consiguen una justa correspondencia entre la idea y la palabra, dando a,i a su
obra un vivo sentido de claridad y armonía.
&gt;Armas, en su contrastada vida de escritor, fué depurando más y más
estas cualidades. Su excelente libro sobre Cervantes-obra divulgadera.
en gran parte, pero con capítulos muy personales y atrayentes-expresa
el momento de máyor perfección en este proceso. Y junto a las nobles
cualidades del estilo, en correspondencia con las notas más espirituales de
:la producción, hay en el escritor una curiosidad fecunda, un deseo fervoroso de contemplar con libertad la vida. En la lista de sus ensayos vere- ,
mos los temas más peregrinos para ser tratados por una pluma española
o americana: el Fausto de Marlowe, el diario de Samuel Pepys, el humorismo de Sterne. Ya, entonces, adquiere un pleno dominio de la lengua
inglesa, ejerce el periodismo en los l:stados Unidos, escribe largos años
en Tlze Sun, hace frecuentes viajes, como redactor del Herald, de Nueva
York, por América y Europa. (En uno de estos viajes, por su solo prestigio de periodista, consolidado en los Estados Unidos, salvó de una muerte
cierta a un presidente de Haitl, con su Consejo de ministros, sentenciados
40

1,

LA PLUMA
,a en juicio sumarísimo. Estos viajes, descritos con un sentido directo, en
la forma atractiva de conversación con el amigo a quien hacia tiempo no
veíamos, son unas de las páginas literarias más bellas, más llenas de intimidad que dejó Armas.)&gt;
Usted, amigo Diez-Canedo, recordará seguramente a Pepillo: solíamos
ir juntos a saludarlo. Vivía, casi desterrado, en un hotelito de la Guindalera. ~No es verdad que su trato era cautivador, y que no aparentaba los
muchos años que ya tenla, en aquella su complexión robusta de Júpiter
bondadoso? Se enteraba con el · mayor interés de los cvalores nuevos•, y
manifestaba sus opiniones con una sinceridad que no caía nunca en rude.za. No se adaptatia muy bien a la vida española._Sospecho que no llegó a
conocerla. Ya he dicho que vivla como desterrado, en destierro que compartía con él su hijo, el pintor; en destierro impuesto por los males de su
-esposa. La pobre señora padecía una enajenación mental que, a veces,
producía efectos exquisitos y encantadores. Su locura era la locura de la
.afabilidad, de la solicitud: le daba por ser maternal y hospitalaria con todo
-el mundo. Y como conservaba aún destellos de inteligencia, el resultado
-era tan hermoso que hacia preferir la locura a la cordura. Y el pobre Pepillo la contemplaba y llevaba con paciencia, con respeto, sin atreverse a
gustar de aquellos deliquios de bondad que no eran hijos de la razón: com~
se soporta un mal sagrado. La contemplaba y llevaba con paciencia ... pero
¡ya no podía escribir! Fuera de su obligatoria tarea como corresponsal del
New York, Herald, le resultaba muy dificil cultivar la viña del alma, amargad~ por el dolor y la ausencia. Además, una sorda enfermedad lo minaba.
Se pasaba los d[as en cama; en cama recibfa a los pocos amigos de su
confianza. Cuando se sentla muy solo, era frecuente que recibiera uno
alguna esquelita con una letra regular y clarísima, recordándole el caminG
de La Guindalera ... ¡Pobre Pepillo, tan superior y tan bueno, que viviend•
,en Madrid no vivla en Madrid, y teniendo una compañera amorosa no tenla
-compañera! Los hombres de su tiempo hablan muerto en gran parte. Y
cuando al fin, como Rip Van Winkle, regresó a su patria, fu~ sólo par•
-regr~sar a la patria de todos. Descanse en paz.

ALFONSO RBYBS
41

�LA PLUMA

1

vierte en su prédica ese tono de dómine fastidioso que acos~umbran algunos .
ensayistas a la violeta. El estilo limpio, claro, suavemente teñido de dulce ironía, nos gana, apenas abrimos el libro. Lo leemos sin sorpresa, pero sin reparo, no subyugados, mas sin desconfianza ni empacho. No es un maestro quien
nos habla; e~ un ami~
•
··C. R. C.

1

-

l t B RO S

1

11

'I

Y Re O t S t AS &lt;i&gt;

Ramón del Valle-lnc14n.-El Pasajero. Claves lírfras.
Farsa de la EnamfJT'ada del Rey.-Sociedad General de Librería, 1920.
•Este gran D. Ramón del Vallc-Inclán me inquicta,-~ijo el gran Darío-.
y la inquietud espiritual, el perpetuo afán de rcl!1ozam1ento, son a nucst~os.
ojos las virtudes cardinales de este a quien no vacilamos en ll~mar el más JO·
ven de los escritores españoles. Ved, si no, lectores de sus últu_nos poemas Y
de esta farsa en que la invención del Boceado cobra una gracia actual, una
estilización modernísima de las formas antiguas, ved cóm_o a ~- ~amó1;1 del
Valle-lnclán no le sirve la maestría adquirida en una expencnc1a htcrana_de
cinco lustros, sino de trampolín divino en que apoyar un salto, más parecido
cada vci: a uo vuelo.
C. R. C.

.

Ramón Pérez de Ayala.-Las Máscaras.-Vol. I y 11.-Biblioteca
Calleja.

,,,

Reúne Ramón Pérez de Ayala en estos dos tomos su labor de crítica teatral, dispersa en diferentes periódicos y revistas de 1910 a la fecha. Mas con
haber nacido sujetos a la actualidad de las representaciones que los sugirieron,
no adolecen estos ensayos de esa efímera liviandad característica de las usuales crtf,ricas de estrenos. Antes bien, cobran a ojos del lector la unidad de concepto con que fueron escritos, la norma estética a que se ajustan, su teórica,
compostura, en fin, cualidades difíciles de considerar a primera vista en la intermitencia con que vieron la lw: primera en la Prensa.
Pérez de Ayala es ua escritor clásico. Y no se quiere decir con esto que nos
limitemos a gustar en él un estilo cuya principal virtud, a nuestro entender,
reside en la graciosa ironía que templa su nabtral elocuencia. Es clásico. en
cuanto no traza rasgo su pluma, por muy al vuelo que improvise, que no obedezca a un criterio propio, sí, pero nunca caprichoso ni mudable a par del
viento que sopla. Porque nutrido de buenas letras, cultivado su temperamento castizo con saludable disciplina británica, propóncsc en su literatura miras.
universales y trascendentes.
C. R. C.

Luis Bello.-Ensayos e imaginaciones sobre Madrid.-Biblioteca
. Calleja.
Está dedicado el libro a D. Benito Pércz Galdós, patriarca de Madrid. Ocupan buena parte de él las páginas dedicad~s a c?n~idera_r el Madrid de 1º!"'
Benito. Apunta de nuevo Bello con ese mohvo la ms10uac1ón ~e _a~gunos cnhcos al juzgar la obra de Galdós a la hora de ~u !lluertc. El m~r,lemsmo, ¿ha restado universalidad a nuestro novelador del s1gloxor?En realidad, con estos ~enísimos Ensayos e imaginaciones no se propone su autor otra cosa q~c suscitaren el ánimo de los lectores la propia preocupación. ¿Cómo compagma el amor
filial por Madrid con la conciencia de ciudadano del. mundo? Has~a aquí la
villa y corte no ha hecho sino pugnar contra el frío aliento de la sierra .Y el
soplo asfixiante de la Mancha, que alternativamente la p:15man y calc1nan.
Bello predica optimista la cruzada civil contra esas dos Furias. Pero no se ad(1) Daremos cuenta en esta sección de todo¡¡ los libros de que se nos remitan dos ejemplares.
•42

Manuel Azaña.-Estudics de política francesa contemporánea. La,
política militar.-Madrid, 1919. Biblioteca Calleja.
Este libro, del que apenas se ha ocupado la crítica, es el primero de una
serie que, bajo los títulos específicos de: l. La politica militar; II. El:lai&amp;ismo,.
y lll. La organiuz&amp;ión del sufraKJo, ha de tratar temas básicos, alrededor de los,
cuales ha girado la política fram:csa de fines del pasado siglo y principios del
presente
El propósito del autor al publicarlo no ha sido, como él mismo nos dice,
•abordar ciertos temas rigurosamente militares tocantes a la preparación técnica de un ejército para la guerra: tratamos-añade-de p0lítica militar, comprendiendo en el vocablo polítka no sólo aquellos hechos que atañen por modo•
inmediato a la gobcrnaci6o, sino cuantos puedan revelarnos la opinión de un
país y las fluctuaciones del espíritu público&gt;. Tales fluctuaciones de la opinión
pública se ordenan en la obra que nos ocupa con relación a una sola medida:.
43 ,

�LA PLUMA
·1a política militar, y así, viene ést.t a ser el hilo conductor que guía al Sr. Au.!1a
en su excursión a través de la vida pública francesa de los últimos cincuenta
años. Pero si el propósito o plan del trabajo eli el que se indica, otras son tu
razones que el autor tiene para escribirlo, y en el prólogo que Jo encabezaadmirable programa político, pleno de energía y de modernidad-quedan perfectamente determinadas.
Entre las obras que la exaltación provocada por la pasada guerra y sus problemas concomitantes ha sugerido, ocupan lugar preferente, en mi opinión, el
libro de Ramiro de Maeztu, La crisis del humanismo y estos Estudios de pollti&amp;a
francesa, de Manuel Azaña. Una y otra obra son como la refracción que en dos
espíritus selectos sufrió todo el caudal de pensamientos y emociones que la
magna contienda suscitara. Mas en tanto que la obra de Maeztu es un ensayo de
,.fundamentar filosóficamente una teoría de derecho público, mostrando los nuevos aspectos que en él introduce el principio funcional, el libro de Azaña, es,
-en esencia, una obra de historia, llena de interesantes indagaciones literarias
y de finas observaciones acerca de la vida intelectual del pueblo francés. Y he
aquí otra de las coyunturas del trabajo del Sr. Azaña, tal vez la más importante de todas, desde el punto de vista político, sobre todo para nosotros los españoles, acostumbrados como estamos a que la gobernación de nuestro país siga
rumbos desconcertantes, coyuntura que articula el libro entero y le presta UD
interés verdaderamente dramático, vivo y humano; y es que su autor ha tratado, yo creo que con singular complacencia, de poner de relieve el nexo que
existe en Francia entre la política y la inteligencia, esa inteligencia y sensatez que tanto echamos de menos en la dirección y cuidado de nuestros asuntos
•comunes.
El propósito del Sr. Azaña ha sido, en efecto, •descubrir la conexión de loi
hechos notorios, resonantes en la vida cotidiana, con los impulsos inteligentes
·&lt;J.Ue aspiran a dirigirlos o a crearlos•. Pero cuando se logra establecer una relación de dependencia, aunque sólo sea a título hipotético, entre los impulsos
espirituales que determinan una acción y sus resultados prácticos, se hace
•obra de verdadera historia, y este es, repito que a mi juicio, el mérito principal y singularísimo de los Estudios de polftica francesa, en los cuales los hechos
quedan explicados por Jo que hay en el hombre de original y de creador, por
sus ideas y sentimientos, sin escamotear el drama que resulta del choque de
tales ideas con el elemento pasivo o neutro de la realidad o de la vida. Así, y
para decirlo de un modo quizá demasiado conciso, los hechos quedan explica.dos por los hombres, frente a esa otra interpretación de la hiMoria en la que
los hechos se explican por las cosas.
No siento el menor escrúpulo, antes al contrario, tengo verdadero gusto 'f
,satisfacción en declarar públicamente que no he leído libro alguno en estos
ftltimos años que me haya producido mayor inte~és }'. deleite qu~ la obra d_e
Azaña de que tratamos. A una cantidad extraordmana de mat~nales_ reum-dos para llegar a la determinación de los hechos y de sus causas inmediatas y
remotas, a una copiosa y variada lectura y un conocimiento p~ofundo de. la
-vida pública y privada de la Francia contemporánea, une este hbro un es~~
.admirable, índice de la exquisita sensibilidad de su autor, en el que la 1lenb1-

,.

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1 '

44

11

¡,

LA PLUMA
lidad y la sencillez se combinan para producir un conjunto armonioso. Nada hay
en él de afectado, de barroco o deslumbrador. Es un libro francés, del mejor
francés, no ya por su asunto sino por su orden y proporción internos. El método y la claridad, esas dos virtudes cartesianas, lo presiden. Capítulos como
eLa restauración del optimismo•, o como •La teutomania y la guerra de 1870,,
o como •Reforma de la oficialidad: el espíritu militar,, están escritos con un
buen gusto, una sagacidad y una visión tan firme de las cosas, a que no estamos acostumbrados. Del mismo modo, el capítulo quinto, en el que se estudian y entresacan las opiniones antidemocráticas de Renán y Taiue, y las
nacionalistas de Barrés y Maurras, constituye el más feliz ensayo que conozco
de sistematización de las ideas de aquellos hombres, representantes de un extenso sector de la vida intelectual francesa.
Y junto a los análisis penetrantes y minuciosos, junto a las afortunadas reconstrucciones filosóficas, al lado de cuadros estadísticos y cifras de efectivo&amp;
'f reservas, el Sr. Aiaña va poniendo una velada y suave nota de ironía y de
buen humor, esa disposición espiritual, ya perdida, de los españoles de otras
épocas; porque, como el autor nos dice, •no hay que estar siempre a mal con la
frivolidad, pues es a veces una a:anera amable que tiene el talento de no darse importancia a sí mismo&gt;.

J. ÁLVAUZ PASTOR
Renner (A.), C. de la R. A. E., y Castro (A.), del Centro de Estudios Históricos: Vida.cu Lope cu Vega (1562-1635).-Madrid, 1919(12 pesetas).
Hay en la literatura española un alto monte inexplorado aún en toda su incente Y Pª".ºr.?sa mole: l_a obra de Lope de Vega. Su obra y su vida, aunque

los a~o~tec1m1entos más importantes de ésta, los más públicos, y también los
más 10timos, hayan hecho correr mucha tinta. En el siglo pasado, un erudito,
D. Cayctano Alberto de la Barrera, edificó, en las vertientes de aquella monta~a colosal! una imponente fábrica, poco menos intrincada y frond0sa que ella
m_1sma. Abnéndose _p~o en~re s_us macizos, apoyado en la lab&amp;r de otros estud10110s y en la pr?p1a 10vestigac16n, un norteamericano, Mr. Hugo A. Rennert,
lev~nt~. en la misma ladera, una mansión mb clara y ventilada, de accc-so.
fácil, ª!º secretos._ Esta obra, The Life of Lope de Vega, es la que se propuso .
~aducir D. Aménco Castro, acabando por refundirla, complementarla y precisar!~. Es ahora, en su versión castellana, mucho más cómoda y al gusto del
día, s10 _que le falte n~da sustancial; y todavía el Sr. Castro, en una parte suya
en totalidad, el apénd1ce B, ha añadido a la casa una glorieta o belvedere desde-·
donde se otean persp_ectivas y se descubren senderos y veredas. El que en
adel,ante baya de estudiar a Lope, deberá tener presente este libro, en que está
al d1a cuanto se sabe-y no es poco-de la vida del F enix de los Ingenios, y en
'l\le IC ap1U1tan, por obra del autor caatcllano, 1011 problemáll e11tético11 y Iitera45

�!1
111

LA PLUMA

LA PLUMA

'I'

.rios que su enorme producción suscita. Muchos habrá que quieran y deban
empezar por ahí a leer este buen libro.
E. D.-C.

Paul-Lui1 Couchoud.-Sages et Poetes d' Asie.-París, CalmanLevy.

¡

1

Y asf un centenar de hJikais en este sugestivo libro. El Halkai, estrofa de
tres versos-el segundo, de siete sílabas, los otros dos, de cinco-, son siempre, como se ve, apuntes gráficos de color y emoción populares, al alcance de
todos, y viene a representar la reacción frente a la poesía clásica y profesional. Como todo arte japonés, viene influyendo en Europa desde el siglo pasado. En España mismo podríamos citar algún influido.
Pero en Francia, durante la guerra, se ha cultivado mucho. Realmente, para
los momentos de emoción y peligro, nada se presta como el apunte, el /r.aikai.
·· Los otros capítulos del libro están destinados al ambiente japonés, al Japón
en armas y a Confucio. En todo rige un i-spíritu selecto y evocativo.
J.M. V.

No te hieles
-mamá ya no tiene dientesiarrito de agua.

-Rodó y sus críticos (Clarín, Valera, Rubén Darío, Jesús Castellanos,
Unamuno, Francisco García Calderón, Maria Eugenia Vaz Ferreira, V.
PérezPetit,MaxHenriquez Ureña,Ricardo Rojas, A. Gómez Restrepo, Pedro Prado, G. Zaldumbide, Alfonso Reyes, F. de Miomandre, C. Le Senne, C. de Castro). París, 1920, 8.0 , 348 páginas.-Biblioteca Latino-Americana dirigida por H. D. Barbagelata.
-Carmen Lira, Los cuentos de m{ Tía Panckita, San José ,te Costa
Rica, ediciones de J. Garcfa Monge, 19191 8.•, 16o páginas.
-Enrique González Martinez, Los cim mefores poemar de..., con un estudio preliminar de Manuel Toussaint, México, «Cultura&gt;, 1920, 8.º,
1 52 páginas.
-ldem, Jardines de Francia (traducción de poesías francesas), 2.a
edición, México, «Cultura&gt;, 1919. 8.•, 174 páginas.
-Rómulo Tovar, En el taller del platero, San José de Costa Rica, edición J. Garcia Monge, 1919, 8.°, 54 páginas.
-José Vasconcelos, Dívaraciones literarias, México, «Lectura Selecta&gt;, 19191 8. 0 , 100 páginas.
-Omar Kbayyam, Ruba~at, traducción en verso por José Castellot.
Prólogo de José Juan Tablada, Nueva York, 1919, 8.0 , 94 páginas,
-Artemio de Valle Arizpe, Ejemplo (novela). Dibujos de Roberto
Montenegro, Madrid, 1919, 8.•, 280 páginas.

El viento tendido
desordena las sabias rúbricas
de las gaviotas en el espacio.
Sobre una rama pelada
un cuervo tieso.
Fin de Otoño.

11

¡Olt, luna brillante!
¡Quisiera renacer
pino sobre una loma.

El autor, un discípulo de Anatole France. El libro me interesa especialmente por el capítulo titulado «Epigramas líricos del J~pón•, poemitas enanos, d_e
47 sílabas, que aun perdiendo mucho al ser traducidos, hacen su efi-cto. Poes1a
-discontinua, nada oratoria, ni explicativa, tal como la soñaba Mallarmé. Un
tanto insuficiente para el público latino, acostumbrado a vivir en el foro, llenándolo de ademanes y frases ampulosas. Aconsejaría su lectura a todo flOeta
español, sin embargo. No como diciéndole que nuestra poesía debe se: esto
-esto, es la poesía japonesa-, sino para que guste la belleza de l,a sobned~d,
y vea la perfecta armonía que reina en todas las cosas d,e un pa1~ con estilo
propio. Verá cómo se corresponden exactamente _la poe~1a y su p_mtura._Rara
vez los elementos visuales van mezclados con los 1deológ1cos: son unpres1ones
breves, y al mismo tiempo extensas, de la Naturaleza. El gran saber de los
orientales radica en la esquematización; así en la gotita de agua vemos reflejar·se el panorama y el carácter de todo el país.

¡Espanto!
He pisado en el cuarto
el peine de mi mujer muerta.

,\

Acosada por el joven,
la criada
traza una espiral.

Preñada de nueve meses
vientre adelante,
ella planta el arroz.
Al menor viento
las hojas tiemblan:
joven bambú.

,,.

Libros americanc,s

47

�,LA PLUMA

Gacetilla.
Parangón.-En Le Correspondan/ del 25 de enern de este año, M. Marius
André, hablando del lugar que corresponde a la obra de Gald6s en la literatura española, escribe: «La Prensa conservadora y cat61ica rindi6-con una sola
excepción, a lo que creo-un homenaje justo, al par que mesurado en sus reservas, a aquel que no obstante sus errores y sus faltas quedará en la historia
como una de las más grandes figuras de la literatura española. El homenaje iba
dirigido al talento del autor, a su dilatada existencia de obstinado trabajo, y
también a una sinceridad, a una probidad superiores a toda sospecha, a una dignidad, gracias a las cuales, aun en la época de sus peores extravíos, cuando
proveía de armas a los enemigos de la sociedad, de la familia y de la religión,
supo conservar la estimación personal y la amistad de un Antonio Maura.•
Cervantismo. - La idolatría cervantista y el culto católico se van contaminando bajo los auspicios de la R. A. E. Leemos en un peri6dico:
«Con motivo del aniversario de la muerte de Cervantes, se celebraron ayer
mañana en la iglesia de las Religiosas Trinitarias, donde yacen los restos del
glorioso alcalaino, solemnes exequias por las almas de cuantos escritores cultiyaron las Letras patrias.
En el centro del templo se elevaba un severo túmulo, que ostentaba en la cabecera, sobre un almohad6n de terciopelo negro, cuatro tomos de una de las
primeras ediciones de «El Quijote&gt;, rodeados de laureles.
Una Comisión del Cuerpo de Inválidos, formada por doce mancos, daban
guardia de honor al túmulo, en recuerdo del famoso Manco de Lepanto.
La presidencia del duelo la constituían: el director de la Academia Española, D. Antonio Maura; el ministro de Gracia y Justicia, Sr. Guarnica, en representación del Gobierno; el general Fidrich, por el Ejército; el censor de la Academia y el secretario.
Las Madres Trinitarias cantaron una misa de «Réquiem&gt;, en la que ofició un
fraile dominico, asistido por dos capellanes del convento.
Terminada la misa ocupó la sagrada cátedra el obispo de Vitoria, que pronunci6 una sentida oración fúnebre ensalzando la vida épica de Cervantes y su
maravillosa obra literaria.
Después se cantó un solemne responso y se di6 por terminado el acto reli¡ioso con que todos los años conmemora el aniversario de la muerte de Cernntes la Real Academia Espafiola.•
Palinodia-Esta Revista NO CUENTA CON u cou.Bouc1ó11 de D. Mariano de
Cávia, D. Jacinto Benavente, D. Pío Baroja, D. José Ortega y Gasset, D. Ricardo
Lc6n, D. Julio Camba, D. Eugenio D'Ors, D. José Martínez Ruiz (Azorín), la
condesa de Pardi&gt; Batán, ni, probablemente, con la de D. Gregorio Martínez
fil=a.
Imponiéndonos cuantiosos sacrificios, hemos adquirido la SC"11'idad de que
•• colaborará en LA PLUM.A.
DON JULIO SENADOR GÓMEZ

A:R'O J.

1

MADRID, JULIO 1920.

1

NúM. 2.

e( abanico de MUe. MaUaemé.

-~ , •,

A

~

ve_ces, deDtodo un jardín sólo conservamos las alas de una ma
nposa. e la hija de Stéphane M 11
,
conservamos ya el recuerdo d
b . a arme, apenas muerta, sólo
tro le ha dedicado el busto d e,su 8.. ª?1co. En la poesía que el maes,
e a senonta Malla ,
d' .
entre las curvas electrizadas
t
rme se a ivma, etéreo,
que raza en va· é
b .
retrato casi invisible y s , l
'
iv n , e I a amco. Es un
•
'
era e menos pereced • meJor aun, trazo en el aire N
ero. raya en el agua, o
neutraliza los símbolos del ; o p_arece hecho de palabras: el poeta
ideas como si llevara alas enerl1ogutaJle, saltando sobre las puntas de las
s a ones La po ,
.
bro que una brisa leve d .
.
es1a es casi un requieeJa caer en los oíd d
Pero circula por toda ella
1 .,
os e una dama inefable.
una pu sac10n anh J
d el abanico. El abanico, encandilad
e osa, como el agitarse
zalete, y crea poco a poc
t
o, revolotea sobre el ascua del brao, en orno a la da
.
·
te (¡y tan dinámico!) donde . 1 b
ma, un espacio envolven.
,
vis um ramos u
•
_
mecidos; la mano fina que merece
. . nos OJOS sonadores, adorto de aire; la comisur~ de la boca apns1onar un ala; el pecho sedienY, tal vez, en un parpadeo, el brazo

�</text>
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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>,LA PLUMA

Gacetilla.
Parangón.-En Le Correspondan/ del 25 de enern de este año, M. Marius
André, hablando del lugar que corresponde a la obra de Gald6s en la literatura española, escribe: «La Prensa conservadora y cat61ica rindi6-con una sola
excepción, a lo que creo-un homenaje justo, al par que mesurado en sus reservas, a aquel que no obstante sus errores y sus faltas quedará en la historia
como una de las más grandes figuras de la literatura española. El homenaje iba
dirigido al talento del autor, a su dilatada existencia de obstinado trabajo, y
también a una sinceridad, a una probidad superiores a toda sospecha, a una dignidad, gracias a las cuales, aun en la época de sus peores extravíos, cuando
proveía de armas a los enemigos de la sociedad, de la familia y de la religión,
supo conservar la estimación personal y la amistad de un Antonio Maura.•
Cervantismo. - La idolatría cervantista y el culto católico se van contaminando bajo los auspicios de la R. A. E. Leemos en un peri6dico:
«Con motivo del aniversario de la muerte de Cervantes, se celebraron ayer
mañana en la iglesia de las Religiosas Trinitarias, donde yacen los restos del
glorioso alcalaino, solemnes exequias por las almas de cuantos escritores cultiyaron las Letras patrias.
En el centro del templo se elevaba un severo túmulo, que ostentaba en la cabecera, sobre un almohad6n de terciopelo negro, cuatro tomos de una de las
primeras ediciones de «El Quijote&gt;, rodeados de laureles.
Una Comisión del Cuerpo de Inválidos, formada por doce mancos, daban
guardia de honor al túmulo, en recuerdo del famoso Manco de Lepanto.
La presidencia del duelo la constituían: el director de la Academia Española, D. Antonio Maura; el ministro de Gracia y Justicia, Sr. Guarnica, en representación del Gobierno; el general Fidrich, por el Ejército; el censor de la Academia y el secretario.
Las Madres Trinitarias cantaron una misa de «Réquiem&gt;, en la que ofició un
fraile dominico, asistido por dos capellanes del convento.
Terminada la misa ocupó la sagrada cátedra el obispo de Vitoria, que pronunci6 una sentida oración fúnebre ensalzando la vida épica de Cervantes y su
maravillosa obra literaria.
Después se cantó un solemne responso y se di6 por terminado el acto reli¡ioso con que todos los años conmemora el aniversario de la muerte de Cernntes la Real Academia Espafiola.•
Palinodia-Esta Revista NO CUENTA CON u cou.Bouc1ó11 de D. Mariano de
Cávia, D. Jacinto Benavente, D. Pío Baroja, D. José Ortega y Gasset, D. Ricardo
Lc6n, D. Julio Camba, D. Eugenio D'Ors, D. José Martínez Ruiz (Azorín), la
condesa de Pardi&gt; Batán, ni, probablemente, con la de D. Gregorio Martínez
fil=a.
Imponiéndonos cuantiosos sacrificios, hemos adquirido la SC"11'idad de que
•• colaborará en LA PLUM.A.
DON JULIO SENADOR GÓMEZ

A:R'O J.

1

MADRID, JULIO 1920.

1

NúM. 2.

e( abanico de MUe. MaUaemé.

-~ , •,

A

~

ve_ces, deDtodo un jardín sólo conservamos las alas de una ma
nposa. e la hija de Stéphane M 11
,
conservamos ya el recuerdo d
b . a arme, apenas muerta, sólo
tro le ha dedicado el busto d e,su 8.. ª?1co. En la poesía que el maes,
e a senonta Malla ,
d' .
entre las curvas electrizadas
t
rme se a ivma, etéreo,
que raza en va· é
b .
retrato casi invisible y s , l
'
iv n , e I a amco. Es un
•
'
era e menos pereced • meJor aun, trazo en el aire N
ero. raya en el agua, o
neutraliza los símbolos del ; o p_arece hecho de palabras: el poeta
ideas como si llevara alas enerl1ogutaJle, saltando sobre las puntas de las
s a ones La po ,
.
bro que una brisa leve d .
.
es1a es casi un requieeJa caer en los oíd d
Pero circula por toda ella
1 .,
os e una dama inefable.
una pu sac10n anh J
d el abanico. El abanico, encandilad
e osa, como el agitarse
zalete, y crea poco a poc
t
o, revolotea sobre el ascua del brao, en orno a la da
.
·
te (¡y tan dinámico!) donde . 1 b
ma, un espacio envolven.
,
vis um ramos u
•
_
mecidos; la mano fina que merece
. . nos OJOS sonadores, adorto de aire; la comisur~ de la boca apns1onar un ala; el pecho sedienY, tal vez, en un parpadeo, el brazo

�I'
1
11

11
I

LA PLUMA

LA PLUMA

1

blanco. El «país• (¿crepúsculo de rosa y oro quizá?), como el abanico
aletea, se borra. Del varillaje sólo queda un vago relámpago. Y
creemos escuchar, a modo de madrigal, el ris-ras del abanico, cuando
se deja caer en vuelo blanco.
La poesía de Mallarmé, tan recóndita como se quiera, nos aparece,
4esde luego, dotada de cierta innegable «belleza fisicu-primera condición que debiera exigirse siempre a los versos. La traducción en
prosa, tan literal como lo consienta la índole del idioma, nos permitirá «entender&gt; todo lo que haya que entender: trazar la línea de las
oraciones, y fijar la escena dramática que hay en todo poema (escena
dramática: escenario, personaje y acción). La segunda traducciónrítmica-nos acercará más al calor emocional, que no viene sólo de
«entendeu. La idea original, redibujada, irá entrando más en nuestros hábitos de expresión poética, merced a las infidelidades ligeras
que aquí-como en todo-son indispensables a la verdadera fidelidad. Así, además de entender, podremos gustar. Finalmente, la tercer
traducción procura crear de nuevo la poesía de Mallarmé, sujetándo·
se a la ley severa de su estrofa, con una equivalencia que esté más
allá de la literal. Algo perderemos de camino (lo que va de cparadis
farouche• a «huraña ventura&gt;), y no es extraño: ya saben los técnicos cuánto cuesta reducir a nueve sílabas castellanas las ocho sílabas
francesas. No me jacto de perfección; me conformo con saber que aspiro a la perfección.
I
O reveuse, pour que je plonge
au pur délice saos chemii:1,
sache, par un subtil mensonge,
garder mon aile dans ta main.

U_ne frakheur de crépuscule
a chaque battement
dont
le
co
·
. recule
l'h .
up pnsonnier
onzon délicatement.
te v1ent

Vertige! voici que frissonne ,
l'espac
.
e comme un grand baiser
qw, fou de naitre pour
ne peut . 'lli .
personne,
Jat r m s'apaiser.
ai S~ns-~u le paradis farouche

ns, qu un rire enseveli
se couler du coin de ta b
h
au r, d d ,
ouc e
on e I unanime pli?

Le sceptre d es n. vages roses
stagnants sur les soirs d'or
,
ce blanc vol fermé
, ce I est,
contre le feu d' bque tu poses
un racelet.

n
Oh soñadora para
en la pura deJi~·1 . que !º me sumerja
ª sin cammo
sabe, por una suti"I mentira
.
,
guardar mi ala en tu mano.'
te

~=

frescura de crepúsculo
-.,a a cada compás
cuyo golpe prisionero hace
el horizonte d 1· d
retroceder
e ica amente.
¡Vértigo! He aqu(
el espacio como
que se estremece
un gran beso

50
51

�LA PLUMA

LA PLUMA

que, loco de nacer para nadie,
no puede estallar ni apaciguarse.
¿Sientes el paralso feroz,
lo mismo que una risa enterrada,
fluir del ángulo de tu boca
il fondo del pliegue unánime?
El cetro de las riberas rosa
estancado sobre las tardes de oro, éste lo es,
este blanco vuelo cerrado que tú dejas posarse
contra el fuego de un brazalete.

III
Oh, soñadora, para hundirme
en la pura delicia sin senda,
aprende, con sutil error,
a guardar mi ala en tu mano.
Una frescura de crepúsculo
te llega, entre palpitaciones,
cuyo latir opreso ahuyenta
delicadamente el horizonte.
¡Oh vértigo! Ya se estremece
el espacio como un gran beso
que, loco de nacer en vano,
ni estalla al fin ni se apacigua.
¿Sientes el fiero paraíso,
como una risa subterránea,
fluir del rincón de tu boca
hasta el fondo del pfü·gue unánime:

He aquí el cetro de las playas rosas

suspensas en tardes de oro:
¡vuelo blanco que cierras y posas
junto al fuego de tu brazalete!

IV
Oh soñadora, para hundirme
en delicioso vuelo arcano
quieras-sutil error-asi:me
del ala, cogida en tu mano.
Hay frescor de ocaso en la lenta
pulsación Y, al preso latido
delicadamente se ahuyenta'
el horizonte estremecido.
¡Oh vértigo! Ya, tembloroso
el espacio un beso parece
,
que,
loco de nacer ocioso,
.
ni estalla ni se desvanece.
¿No sieni.es la huraña ventura
-y sorda como risa exánime-

que mana de la comisura
de tu labio hasta el pliegue unánime?
¡Oh cetro de la tarde rosa
que, en oro quieto, reverbera:
~!aneo vuelo que al fin se posa
Junto al ascua de la pulsera!

ALFONSO RBYBS

�LA PLUMA
-¡Pero si tienes todavía pegado el cascarón! ¡Qué has de saber
1

ú, infelizl ¡Si no has visto el mundo por un agujero!

1

Luego había un agujero para ver el mundo.
1

'

II

1

11 1

111

Alegoeía de }iaeeíso o el
mundo oísto poe un agujeeo.
1

.
llamaba doña Prudeucia.
abuela de Narciso se
·¡¡ Porque la buena señora ciEl nomb_re 1~ cudat::n~;:~ª:n:~ cuantos refranes y máxifraba su expenenc1a e
mas tormento de su nieto:
. - s hablan , cuando las gallinas mean.&gt;
«'1os nmo
«Cuando seas padre, comerás huevo.&gt;
hay ropa tendida.&gt;
«Callarse, que
d
casi siempre en menoscabo de
y otras advertencias por e1 or en,
. o «de los mayores en
. 'dad de Narciso1 naturalmente enem1g
.
1a CUflOSI
•

L

A

edad, saber y gobierno&gt;.
b. a su abuela se lo debe.
· Narciso es hoy un sa 10•
t d
Con o o, s1
·. to día sus imberbes dereEllo fué que defendiendo el nmfio _c1erde la vida sin esos limites
,
ti · ción en los bene c10s
chos a la par c1pa
ducación absurda, doña Pruarbitrarios de edad, inventados por ~na e
dencia le replicó con sorna compasiva:
54
1 .

A Narciso se le ocurrió en seguida que, pues el mundo era tan
ancho y los árboles estorbaban la contemplación del panorama, sin
duda el agujero a que su abuela se refería había de estar en alto.
La torre de la iglesia tenía cuatro ojos abiertos a los cuatro puntos cardinales. Se captó la voluntad del hijo del sacristán, valiéndose
como señuelo, por disimular su ambición, de los nidos que colgaban
del alero del campanarie, y una mañana de primavera hicieron «novillos&gt; a la escuela y se aventuraron por la retorcida escalera, fría y
oscura, que daba acceso a las campanas.
Una vez arriba, quedóse Narciso suspenso, prendida el alma en
aquella atmósfera azul y verde del cielo y del campo. Del mundo subía un rumor confuso en que triunfaban los gritos agudos de las golondrinas volanderas.
Allí estaba el mundo entero ante sus ojos. De un lado cerrábanlo
altas montañas, que se entraban por las nubes, sosteniendo el firma_
mento, de otra parte daba en el mar conf~ndido a lo lejos con el cíe_
lo en un beso azul; por la falda de los montes abajo corrían cien
arroyos de plata viva, reunidns al pie en un ancho río que, partien·
do la tierra en dos, vertíase al cabo en el mar.
Ya iba Narciso a cantar victoria. Cuando l!egó en esto a su oído el
eco distante de otras campanas cuya voz casi se perdió en el aire.
~1irando entonces hacia el lugar ile donde el eco procedía., acertó
a ver en lo más alto de la sierra que limitaba el horizonte terrestre
otra torre más elevada que la de su pueblo.

�LA PLUMA
LA PLUMA
Pasaron los años. Narciso, ya mozo, pudo comprobar desde aqueya torre serrana que el mundo de su niñez no era sino el angosto
valle natal, y que del otro lado de la cordillera, anchos campos y vastas ciudades perdíanse bajo la niebla que el alta torre rompía.

. Los carabin~ros leyeron en el pasaporte el nembre de Ja fugitiva:
Irene. Y la deJaron pasar el puente. Narciso le ofreció su automóvil.
V

III

'I'

Andando andando, Narciso, dueño de sí (que ya no tenia abuela), llegó otro buen día a la entrada de una caverna. Se metió de rondón por ella y siguió a través de una galería cada vez más estrecha
y oscura, hasta que, aguzada la luz que de fuera llegaba en sutilísimo hilo que apenas si horadaba la tiniebla, Narciso tuvo que volver
pasos atrás.
En el pueblo vecino contrató un zapador, por ver de abrir en las
entrañas de aquel monte la boca opuesta a la caverna, el agujero en
fin, por donde columbrar la variada extensión del mundo.
_
Pronto no bastaron dos zapadores, ni tres, ni ciento. La berra,
cada vez más dura y negra, resistíase al asalariado ahinco del ejército de minadores.
Así descubrió Narciso su mina de carbón.

IV

Tan~o bailaron_ Irene Y Narciso al compás del último vals tzigano
Y del pn~er rag-ttme de jazz-band en el hall del Gran Neutral-Hotel,
que los romeros levantaron los puños en alto.
Al des~ertar de un nuevo día, Irene se marchó, portadora de una
rama de oltvo, a reinar católicamente entre los príncipes cristianos.
VI

Narciso tomó el primer billete Cook de la nueva era.
Hasta llegar a una ciudad
t
- .
.
, cuya es ampa prod1g1osa conocía por
las taq~tas postales. Venecia contemplaba su morbosa hermosura en
el espeJo de la laguna.
1

Y .ª c~bo, Na_rci~o, como se asomara al pozo del gran patio ducal
t
con dtS raida cunos1dad de turista, luego sintió que le tomaba el
alma la fría sirena que en su fondo duerme. Absorto en la lejana luz
q~e del ~gua muda fluía, acertó a ver en el hondo agujero sus propias puptlas.
Así descubrió Narciso el mundo de su abuela.

Narciso se compró un Roll-Royce para acortar el tiempo.
Y un mal día, al llegar a un puente, cerráronle el paso los carabineros. Del otro lado del río fronterizo, venía corriendo, destrenzado
el cabello, una mujer, cuya túnica color de bandera, empujada por
furioso vendaval, ajustábasele al cuerpo en pliegues contrarios a
ritmo de la Victoria de Samotracia.
56

C. RIVAS CHBRIF

~

57

�1

1

"1
1

LA PLUMA

Oeesos oiejos.
(De un libro en prepat?ación.J

r ··-

"'J:,. •.;.

•..... ' ........................- · - - ... -~ ,.;v- •

la cendolilla que dan~a
Eres cándida y perversa,
llena de gracia pri'mz'tiva,
llena de grada natural,
llena de gracia z'rreflexz"va.
Eres como una brisa salitrosa
y atemperada que desde ta mar
viene y pasa riendo sobre la tz"erra seca,
que eso es mi alma.
.Sabes de las malicias, sin haberlas gustado,
adormeces los ofos lúbricamente;
toda entera palpz'tas, como una llama:
y eres fría y no sientes latir la carne,
esa carne que yo deseo.
A tu gracia espontánea de anz'rnal foven
¿quién le ha enseñado el gesto torpe, lascivo?
¿Por qué no te sonríes, como los ángeles,
con tu boca divina, que yo he besado,
yo solamente... sin que tú me besaras?

' 1
!

1
111

1

1 '1
1
1

1

1

' 1

Te adoro; yo te adoro, virgenci'ta
insensible y alada.
Te adoro por tu alacridad maravillosa
'
cuando en torno mío giras,
cuando en torno mío danzas
-como ante un sultán viefo una esclava
enamorada de un, pastor ausente-,
cuando brincas con pies rítmicos
alocadamente,
ebria de la danza
ebria de ti misma,
con las nariátlas rosadas tremantes
al aire los brazos como al.as·
el incipiente seno, fadeante ...
luego te apoyas en mí y tu alz'ento me halaga.
¡Oh, cómo te amo cuando en torno mío gzras y danzas,
Y me envuelves de anz'malidad z'nocente
Y como que me abres los sentidos a los días remotos
del padre Adán Y las selvas intactas:
la primera salida del sol
)

)

)

...

)

)

)

el mullz'do de la yerba tierna, infantil,
por donde volaban las prz'meras mariposas
que Dios crió Y luego te había de dar por pensamientos•
1910

RAMON PBRBZ DB AYALA

58
59&gt;

�LA Pi-UMA
Sabía yo que mis caballos nu servían en modo alguno para ir a Finisterre, porque los caminos y sendas corrían por barrancos pedregosos, por

el camino de Finistecee. '

1
'

L

a Padrón al caer la tarde, de vuelta de Pontevedra y de ~igo.
Tenía el propósito de enviar a mi criado con .l~s. c~ballos a ~an~ago
y alquilar un guía que me llevase a Finisterre. D1f1c1l m~ .serla Justifica~
con alguna razón plausible el ardiente deseo que tenia de ~ISltar e~te lugar,
pero recordaba que el año anterior me babia librado casi por milagro de
naufragar y perecer en los peñascales que bordean aquel punto extremo
del Viejo Mundo, y pensé que llevar el Evangelio a un_lugar ta~ apartado
y agreste sería acaso una peregrinación acepta a los OJOS d,e m1 Hacedor.
Verdad es que sólo me restaba un ejemplar de los que hab1~ llevado con~
migo en esta última etapa; pero tal reflexión, lejos de desa~1marme en mt
proyecto, produjo el efecto contrario: consideré que el S~nor, desde que
se reveló al hombre, se había servido siempre para cumphr la~ a:iás ~andes obras de medios insuficientes en apariencia, y pensé que el umco eJemplar restante podría por sí solo causar tanto bien com~ los otros cuatro
mil novecientos noventa y nueve de la edición de Madnd.
LEGUÉ

1

'

1

.
Giménez
Fraud, editor
(1) A punto de pnbhcarse
en la co1ecc1'6n GRANADA
ofrecemos
a nuestros
lectola
primera
versión
caste!la~a
dde
T
l~b
E
Bl~LE
~e~:gAINe
Borrow
de
cuyas
andanzas
-r es un capítulo car actensttco e 1 1 ro .e
,
,
por la Península hablaremos en el próximo numero.

ásr,eras y empinadas montañas; resolví, pues, dejarlos atrás con Antonio,
a quien tampoco quería yo exponer a las penalidades de un viaje como
aquel. Sin pérdida de tiempo mandé buscar un alquilador y le expliqué
mis intenciones. Díjome que tenía a mi disposició'l una excelente jaca de
montaña y que él en persona me acompañaría; pero al propio tiempo aña- .
dió que el viaje era terrible para hombres y bestias, y esperaba que se lo
pagase con largueza. Consentí en darle cuanto me pidió; pero con la expresa condición de acompañarme él en persona, como me había ofrecido,
pues no tenía yo gana de internarme en las montañas con el último bigardo del pueblo que se le antojase buscar, y que sería muy capaz de jugarme una mala pasada. Replicó con la frase que los españoles usan invariablemente para desvanecer la desconfianza o la duda: «No tenga usted cui- .
dado, yo mismo iré.&gt; Arregladas así las cosas satisfactoriamente, a mi parecer, tomé una cena ligera y me retiré a dormir.
Había yo eacargado al alquilador que me llamase a las tres de la mañana siguiente; pero no apareció hasta las cinco; supongo que se dormiría, .
pues eso fué lo que me ocurrió también a mí. Me levanté de un brinco;
me vestí; puse unas cuantas cosas en la maleta, sin olvidar el Testamento
que pensaba regalar a los habitantes de Finisterre, y luego salí, encontrando a mi amigo el alquilador, que tenía por las riendas la jaca en que había
yo de hacer la excursión. Era un animalito muy bueno, fuerte y sano, al
parecer, sin un solo pelo blanco en todo su cuerpo, negro como las alas.
del cuervo.
Detrás permanecía en pie un bípedo de singularísima catadura, en
quien por el momento no puse atención, pero del que he de contar mucho en lo sucesivo.
Pregunté al alquílador si estaba todo listo, y obtenida respuesta afirmativa, me despedí de Antonio, puse en marcha la jaca y con paso vivo.
salimos del pueblo, tomando al principio el camino de Santiago. El tipo
aquel de quien he hablado antes venía pegado a nosotros; pregunté al al-quitador quién era y por qué motivo nos seguía, a lo cual respondió que •

60

61

�1
1

1

LA PLUMA

,,

1,

1

1

,,
1

1

era un criado suyo y que nos acompañaría un rato para volverse luego.
Continuamos a buen paso, hasta llegar a menos de un cuarto de milla del
convento de la Esclav#ud, un poco más allá del cual, según me habían dicho, tendríamos que dejar el camino real; en tal punto, el alquz"lador se
detuvo bruscamente, y al instante todos hicimos alto. Pregunté la razón de
la parada, y no obtuve respuesta. El alquilador tenía los ojos clavados en
el suelo y contaba, al parecer, con intenso cuidado, las huellas de las va&lt;:as, mulas y caballos estampadas en el polvo de la carretera. Repeti mi
pregunta con voz más fuerte, cuando, después de una larga pausa, alzó un
poco los ojos, aunque sin mirarme a la can,, y dijo que creía que yo estaba en la idea de que me iba a acompañar hasta Finisterre, y que, si era así,
lo sentía mucho, por ser cosa imposible de cumplir, pues ignoraba completamente el camino, y además era incapaz de hacer un viaje tan largo
por tan mal terreno, no siendo ya el hombre que antaño había sido, y que
él estaba comprometido a llevar aquel mismo día a Pontevedra a un caballero que le aguardaba.
-Pero-continuó-como me gusta quedar siempre &lt;;orno un caballero
con todo el mundo, he tomado mis medidas para no dejarle a usted plantado. He hecho un ajuste con este individuo-añadió señalando al tipo
raro-para que le acompañe. Es de toda confianza y conoce muy bien el
camino de Finisterre, pues ha ido allá muchas veces con esta misma jaca
que usted monta. Además será un buen compañero de viaje, porque habla
•francés e inglés muy bien, y ha recorrido todo el mundo.
El hombre cesó al cabo de hablar; su engaño, desvergüenza y villanía
me produjeron tal efecto, que pasó algún_ tiempo antes de poder hallar una
•respuesta. Le reproché en términos muy duros su falta de palabra y le
dije que se me pasaban muy buenas ganas de volver al instante al pueblo
y denunciarle al alcalde para que le castigase a toda costa. A esto replicó:
-Señor caballero, con hacer eso no se encontrará usted más cerca de
,Finisterre, adonde tiene tantas ganas de ir. Siga mi consejo: meta espuela
a la jaca, porque, como usted ve, se hace tarde, y hay doce leguas largas
a Corcubión, donde pasará usted la noche; y desde allí a Finisterre, tam1poco es grano de anís. Con este hombre no tenga usted cuídado: es el me62

LA PLUMA
jor guía de Galicia, habla inglés y francés, y le servirá de agradable compañia.
Ya entonces había yo reflexionado que con volver a Padrón sólo conseguiría gastar tiempo, y que el intento de hacer castigar al individuo
aquel no me reportaría ventaja alguna; además, como me parecía un tunante :n toda la extensión de la palabra, tan buena era la compañía de
cualquier otra persona como la suya. Manifesté, pues, mi resolución de
segui~ a~elante, le diJe que se volviera, y le conjuré por Dios a que se
arrep~ntlese de sus culpas. Vencedor en este punto, pensó sacar nuevas
ventaJas; se colocó a una vara delante de la jaca, y me dijo que el precio
que yo me había comprometido a pagar por el alquiler de la jaca (todo
lo que me pidió, dicho sea de paso) era muy poco, y que antes de continuar había de prometerle dos duros más, pues sin duda estaba loco 0
boi:racho al hacer el t~ato conmigo. La cólera me dominó por completo,
Y sm pararme a reflexionar metí espuelas a la jaca, que le derribó en el
P?lvo ~ le pasó p_or enc_i~a. A cien varas de distancia volví la cabeza y le
VI en_ pie en el mismo sitio; el sombrero caído en el suelo, y que sin dejar
d: m1rarnos se santiguaba con mucha devoción. Su criado, o Jo que fuese,
leJos de socorrer a su principal, en cuanto la jaca se movió echó a correr
a .su lado, sin proferir palabra, 01· h acer otro comentano
· que golpearse
vigoro~mente u~ muslo con la mano derecha. No tardamos en pasar de
Esclavitud, Y un ln~tante después volvimos a la izquierda, metiéndonos
por ~n sendero desigual Y pedregoso que llevaba a unos maizales Pasamos Junto ª varios caseríos, Y llegamos, al fin, a una cañada cuya~ laderas estaban cubiertas de bl
'
.
ro es enanos, y que descendía suavemente hasta un nachuelo obscuro somb d
,
rea o por los árboles, que atravesamos por
u~ tosco puent~cillo. Ya entonces había tenido tiempo de examinar detem damente de pies cabeza a mi singular compañero. Su estatura estíráo ose todo lo posible quizá h b'
11
'
d
'
u tera egado a cinco pies y una pulgaª• pero el hombre tenía ciert t d ·
habla dotado de in
a en e~c1a a encorvarse. La Naturaleza le
que entre la . mensa cabeza, ponténdosela a ras de los hombros, por•
cuello A
t:zas q~e entraron en su composición faltó, por lo visto, un
.
a os se alanceaban unos brazos largos y musculosos. Era,

ª

lo:

63

�LA PLUMA

LA PLUMA

·i :

1

61" d como la de un atleta. Sus.
en conjunto, de armazón tan fuer!e
~ :u rostro, largo, largo, hubiera
P iernas eran cortas, pero muy gi e '
t o humano a no haber la
t
me1·anza con un ros r
,
.
guardado cierta remo a se
do su sitio natural a la nanz,
hos o1· os parados usurpa
b
boca tuerta y los anc
, de tres prendas: som rero
. . • 'bl Su vestido se compoma
que era casi mv1s1 e.
d I
ie1·0 y andrajoso; una esped
a y angosto e a as, v
'6
portugués, ancho e cop
b d Quise trabar conversac1 n
lzones de tela ur a.
é
cie de camisa, y unos ca
·¡ dor me había dicho, le pregunt en
con él, y, recordando lo que el alqu1 ª1 fi . de guía Al oirme volvió los
b . d ·empre en e o c10
.
6
inglés si babia tra aJa o ~1 .
clavándomelos en el rostro solt
ojos ~acia mí c?,n expresión s~~!~~:~ :res veces por encima de su cabeuna nsotada, d10 un salto y p
,
e babia entend'd
1 o,. r epetí fa pregunta en francés,
za. Comprend1 que no m
1 . el salto y las palmadas. Al cabo, en
y me respondió de nuevo con a nsa,

'

' 1

1

l.¡¡,
1 11

'

'

1

1

mal español, dijo:
de Dios y le entenderé a usted,
h bl n español por amor
,
Oí 1
-Mi amo, a e e
'
d prometerle otra cosa.
0
Y mejor aún si habla en gallego; no lpue o embustero de la tierra, y le
'lado
.
pero
es
e
mayor
lq
que le decía el a uz
r, al rometerle que le acompañaría. A su serengañó a usted en eso, como p
l hora dejé el profundo mar y
vicio estoy por mis pecados; que en ma
me dediqué a guía.
.
de oficio y que había pasado
de Padrón marinero
,
1 .
Me contó que era
'
d
-ola· sirviendo en el a, v1rte de su vida en la Escua ra espan ' la mayor pa
d la América espanola.
sitó Cuba y otras muchas p~rtes ~ d"
usted que yo sería un buen
-Cuando mi amo-contmuó- ed llJO ~ . verdad que ha salido de
. . 1 d" la verda , a umca
d
compañero de v1a1e, e lJO
11
. Finisterre se habrá uste
. ucbo antes de egar
su boca en un mes, ~
1 amo haya venido con usted; m1 amo
alegrado de que el cnado, y no e
,
d
do y yo soy como uste ve.
es muy torpe y muy pesa , 1
l ió a reirse a carcajadas y a pa1Dió dos o tres saltos morta es, vo v

ª

•

motear.
continuó-que ayer vine de La
-Seguramente no se figura usted- 11
os a Padrón a las dos de
•
uy buena carga· egam
h
Coruña con esa Jaca y m
.
' o estamos dispuestos a acer
la madrugada, y, a pesar de eso, la Jaca y y
64

este nuevo viaje. Como dice mi amo, no tenga usted cuidado; nadie ha tenido queja de la jaca ni de mi.
Hablando de esa suerte recorrimos un buen trecho del camino, por
terreno pintoresco, hasta llegar a una aldea muy linda en la falda de una

montaña.

-Este pueblo-dijo el guía-se llama Los Ángeles, porque su iglesia
la hicieron los ángeles hace ya mucho tiempo; debajo de ella pusieron
una barra de oro traída del Cielo, y que había servido de viga en la propia casa de Dios. Va por debajo de tierra desde aquí hasta la catedral de
Compostela.
Atravesamos el pueblo, que, según me dijo también el guía, tenía unos
baños muy visitados por los santiagueses. Torcimos hacia el Noroeste,
dando la vuelta a una montaña que alzaba majestuosamente sobre nuestras cabezas su cumbre coronada de peñascos desnudos; a nuestra derecha, en otra orilla de un valle espacioso, corría una elevada cadena de
montañas, que iba a enlazarse con las del Norte de Santiago. En la cima
de esa cadena alzábanse unas torres almenadas, llamadas de Altamira, al
decir de mi guía, restos de un antiguo castillo, ya en ruinas, que fué en
otro tiempo la residencia principal que los condes de ese titulo tenían en
la provincia. Volviendo después hacia el Oeste, no tardamos en encontrarnos al pie de un puerto muy empinado y escabroso, que conducía a
uaa región más alta. La subida nos costó cerca de media hora, y las dificultades del terreno eran tales, que más de una vez me alegré de haber
dejado nuestros caballos y de montar aquella intrépida jaquita; acostumbrada a los caminos, trepaba con mucho ánimo. y nos puso al fin, sin
daño, en lo alto de la subida.
Allí entramos en una choza gallega para reponer nuestras fuerzas y las
del caballo. El cuadrúpedo comió un poco de maíz, y los dos bípedos nos
regalamos con /n-oa } aguardíente, servidos por una mujer que encontramos en la choza. Salí fuera unos minutos a observar el aspecto del país,
Y al volver encontré al guía profundamente dormido en el banco donde
le dejé. Estaba sentado, muy tieso, con la espalda apoyada en la pared y
las piernall colgando a unas tres pulgadas del suelo, porque eran dema-

s

�LA PLUMA
él Cinco minutos lo menos estuve contemplansiado cortas para llegar a .
.
l de la muerte. Su rostro
f ndo y tranqmlo como e
.
do su reposo, tan pro u
fi
omías de santos y monJes que
h esas singulares son
me recordaba mue o
.
d los muros de los conventos en
tr en las hornacmas e
bl t
a veces se encuen an
. 1 b de vitalidad en su sem an e,
ruinas. No babia ni el _m_ás ~ge;~¡;;: ;:re~:r de piedra, tan informe y tan
que por el color y la ngtde p d
. d de Icolmkill que han desafiado
de esas cabezas e pie ra
,
e
tosco como una
.
Mirándole estuve hasta que empece as nlas intemperies de doce siglos.
ºd
d' haber huído de aquella malensando que la v1 a po ta
l n
tir cierta alarma, p
dí on fuerza por un hombro, y e trecha y extenuada máquina. L~ sacu cb do y luego los cerró. Durante
tó abrió los OJOS asom ra ,
,
d
tamente se esper ,
ºd . dóndé estaba. Le di voces
o con toda ev1 eoc1a,
unos momentos no sup ,
, d
·endo en luoar de llevarme
urmi
,
"'
b
P reguntándole s1• pensaba pasarse el dia
b l piernas arrebató el som rero
l .
se dejó caer so re as
,
.
a Finisterre; a o1rme,
r ó por la puerta corriendo y gnque yacía en la mesa, y en el acto sa 1
tando:
,
en un
-Sí, si, ya me acuerdo; s1game,
cap1ºtán , y le llevaré a Finisterre
vuelo.
.
todo correr la misma dirección que anLe seguí con la vista y tomó a
M vas a dejar aquí con la
e
tes traíamos-. Es pera-le grité-·' espera.
t ¿ Espera-.
Pero no volVI.ó l
1
J•aca? Espera; aún no hemos pagado e gas
to se perdió de vista. La
. h os
cabeza ni un instante, y en menos de ua
l mmu
h
comenzó a dar relmc
rincón
de
a
e
oza,
J·aca atada al pesebre en un
. de un modo extrano.
'
terroríficos,
a manotear y a erizar la cola Y 1a cnn
!ara
·
?
1
al ue temi que se estrangu
Tanto tiraba de ram , q
d qué significa todo esto
.
,
1 é ¿dónde anda uste Y
1
- Mu1er!-exc am - ,
·n t bién, y aunque recorn 1a
Pero la huéspeda había desaparec1 o am
obtuve respuesta.
choza dando fuertes voces, no
.
l s tirones que daba al ramal
Continuaban los relinchos de la ¡aca, y o
e ran cada vez más fuertes.
. do sobre la mesa una
~
ºté y arro1an
1
-¿Estoy rodeado de _ocos.-~n:rle el bocado, pero no lo consepesela desaté el caballo e tntenté p ó 1 . a a tirar hacia la puerta,
gui. Apenas solté el ramal comenz a 1ac

º:

66

ª

LA PLUMA
a despecho de cuantos esfuerzos hice para impedirlo.-Si te escapas
-dije -mi situación va a ser divertida.-Pero todo tiene remedio; de un
brinco monté en la silla, y un instante después el animalito me llevaba, en
repido galope, por un camino que supuse sería el de Finisterre.
La situación, divertida para el lector, era para mí bastante apurada.
Hallábame a lomos de un caballo fogoso, sin medio alguno de gobernarlo,
a todo correr por un camino peligroso y desconocido. No parecía ni rastro
del gula, ni encontré a nadie a quien pedir noticias. La verdad es que,
dado caso de alcanzar a un pasajero o de cruzarme con él, apenas habría
tenido tiempo de dirigirle la palabra: tan veloz era la carrera del caballo.
c¿Estará este animal enseñado a estas cosas?-pensaba yo-. ¿Me llevará
a una cueva de ladrones, que me corten el cuello? ¿No hace más que seguir por instinto a su amo?» No tardé en desechar ambas suposiciones.
La velocidad de la jaca amenguó; al parecer, había perdido el camino.
Miró en torno con inquietud; al cabo llegó a un arenal, pegó el hocico al
suelo, y de pronto se tumbó, revolcándose de una manera verdaderamente caballuna. No me hice daño, y al instante aproveché la ocasión para
ponerle el bocado, que antes llevaba colgado del pescuezo. Volví a montar y me puse a buscar el camino.
No tardé en encontrarlo, y seguí adelante. El camino iba por un yermo poblado de brezos y tojos y sembrado de pedruscos. El sol, ya muy
alto, calentaba de firme. Encontré alguna gente, hombres y mujeres, que
me miraba sorprendida, maravillándose, probablemente, de que una persona como yo anduviese sin gula por tales sitios. Pregunté a dos mujeres
si habían visto a mi guía; pero no me entendieron o no quisieron entenderme, Y después de cambiar entre sí unas pocas palabras en uno de los
cien dialectos de Galicia, siguieron su camino. Luego de atravesar el
descampado, llegué de improviso a un convento al borde de un profundo
barranco, por cuyo fondo corría un rumoroso arroyo.
. El lugar era bello y pintoresco; espesas arboledas poblaban las vertientes del barranco; del otro lado surgía una montaña alta y obscura. El
convento, muy capaz, parecía abandonad~. Pasé junto a él, y al instante
llegué a una aldea, tan desierta, por las muestras, pues no hallé ser vivien67

�LA PLUMA
LA PLUMA
te, m siquiera un perro que me saludara con sus ladridos. Me detuve en
una fuente de piedra, que vertfa sus aguas en una pila. Sentada en la pila,
con los brazos cafdos y los ojos clavados en la montaña vecina, estaba una
figura humana, que aún se presenta frecuentemente a mi fantasla, sobre
todo cuando duermo y me oprime una pesadilla: era mi fugitivo gula.
Yo.-Buenos dfas tenga usted, caballero. El tiempo está caluroso, y ese
agua exquisita convida a beberla. Tentado estoy de apearme y regalarme
con un trago.
EL GUfA.-Su merced no puede hacer mejor cosa. Hace mucho calor,
en efecto; lo mejor es que beba un poco de agua. También yo acabo de
beber. Pero le aconsejo que no dé agua al caballo, está jadeante y muy
sudado.
Yo.-Ya puede estarlo. He venido galopando lo menos dos leguas en
busca de un individuo que se comprometió a llevarme a Finisterre, pero
que me ha abandonado de la manera más exrraña del mundo: tanto, que
he llegado a creer que era un bandido, no un hombre honrado. ¿No le ha
visto usted, por casualidad?
EL GUfA.-¿Qué señas tiene?
Yo.-Bajo, grueso, muy parecido a usted, giboso y, con perdón de usted, muy feo.
EL GUfA.-¡Ja, jal Le conozco. Hemos venido corriendo juntos hasta la
fuente, y aquí me dejó. Caballero, ese hombr1t no es un ladrón; si algo es•
es un nuveiro, un hombre que anda por las n ,bes, y que, a veces, un soplo de viento se lo lleva. Si alguna vez vuelve usted a viajar con ese hombre, no le permita beber más de una copa de anis cada vez; de lo contrario, se subirá a las nubes, le dejará a usted y andará por ahi corriendo
hasta que dé con un arroyo, o pegue con la cabeza en una fuente; entonces, con un trago, vuelve a ser lo que era. ¿De manera, señor, que va usted a Finisterre? Pues vea usted qué rareza: un caballero !muy parecido a
usted me ajustó esta mañana para que le llevara allí también; pero se me
ha perdido en el camino. Me parece lo mejor que continuemos juntos hasta que encuentre usted a su gula y yo a mi amo.
Podian ser las dos de la tarde cuando llegamos a un puente, largo y
68

~inoso, muy antiguo al parecer, llamado, según el guia, puente de D
onso. ~travesaba una ensenada, o más bien una rfa, por ue el m on
estaba leJos; a nuestra derecha quedaba la pequeña ciudad ~ N
ar no
-Cuando at_ravesemo~ el puente, capitán-di" 0 el uf _::. oya.
a país desconocido, porque yo no he pasado nun~a d gNa , llegare~~s
terre, no sólo no he estado allf
. . . e oya, Y de Fm1s•
preguntado a dos o tres
nunca, pero nt siquiera he oído hablar. He
personas, desde que nos pus·
saben tanto como yo. Sin embargo bien . d
imos en camino, y
es seguir hasta Corcubión a u ' .
mira o todo, creo que lo mejor
,
nas cmco leguas de aquf d d
.
antes
de
cerrar
la
noch
.
d
,
a
on
e
quizá
11eguemos
.
e si amos con el cam·
quien nos gule; porque, como ya le h d" h
mo o encontramos
soluto.
e •c o, yo lo desconozco en ab. -~n buenas manos he caído-res ondl- C
Jor es ir a Corcubión y allf qu· á
p
. reo, en efecto, que lo me'
tz sepamos algo d F" ·
tre un gula que nos lleve.
e imsterre y se encuenEntonces, con nuevos brincos
b .
pido, deteniéndose a veces en
y ; ; nolas, echó a andar con paso ráformes, supongo yo aunqu
una e za con el propósito de adquirir in,
e apenas entendí una palab d 1 .
Y
sus
interlocutores
hablab
ra e a Jerga en que
él
an.
A poco llegamos a un terreno por demás a rest
mos y bajamos barrancos· vad
g
e y montuoso. Subi'
eamos arroyos y nos a ñ
1
manos en las zarzas, deteniéndonos a v
,
ra amos a cara y las
que había cosecha abundante p
e~es a coger moras silvestres, de
despacio. La jaca iba detrás d. 1 orí cammo tan duro avanzábamos muy
en el hombro con el hocico
gu, a, tan pegada a él, que casi le tocaba
.
.
pa1s era cada vez má á
que de1amos atrás un mor
.
s greste, y una vez
molino estaba en el fo dmod, ya no v_imos rastro de vivienda humana. El
n . e h una
hondonada, som breada por grandes
'
árboIes, y sus ruedas, al girar,
acfan un ruid tr·
.-¿Llegaremos a Corcubión esta n
o iste y monótono.
salir del valle, nos encont
oche?-pregunté al gula cuando al
ramos en un descamp d . lf .
'
L GUIA.-No· no pod
a o sm m1tes, al parecer
1E
'
emos, y este desea
d
.
so va a ponerse en seguida e
mpa o no me gusta nada. El
remos a la Estmka.
'y ntonces, como haya niebla, nos encontra-

;I

°

69

�LA PLUMA
LA PLUMA

1 .

1

'¡
'1

Yo.-¿Qué es eso de la Estadea?
EL GufA.-¡Qué es eso de la Estadea! ¿Me pregunta mi amo qué es
la Estadi'nha? No me he encontrado a la lfstadz'nha más que una vez, y
fué en un sitio como éste. Iba yo con unas mujeres, y se levantó una niebla muy espesa. De pronto empezaron a brillar encima de nosotros, entre
la niebla, muchas luces; había lo menos mil. Se oyó un chillido tremendo,
y las mujeres se cayeron al suelo, gritando: ¡Estadea, Est~a! Yo también me caí y gritaba: ¡Estadinha! ¡Estadinha! La Estadea son las almas
de los muertos que andan encima de la niebla con luces en las manos. Con
franqueza, mi amo, si encontramos a las almas, me escapo y no paro de
correr hasta tirarme de cabeza al mar. Esta noche ya no llegamos a Corcubión; mi única esperanza es que encontremos por aquí una choza donde
podamos defendernos de la Bstadt"nha.
La noche se nos echó encima antes de atravesar el despoblado; pero
no hubo niebla, con gran contento de mi guía, y un pico de luna alumbraba parcialmente nuestros pasos. Estábamos, sin embargo, en una situación muy triste: aquel era el páramo más desolado de la provincia más
agreste de España, ignorábamos el camino y apenas si sabíamos adónde
íbamos. porque el guía me dijo repetidas veces que no creía en la existencia de un pueblo llamado Finisterre, que sería, todo lo más, alguna montaña
solitaria señalada en el mapa. Si me ponía a reflexionar sobre el carácter
de mi guía, no encontraba grandes motivos de tranquilidad ni de aliento;
en el caso más favorable, era evidentemente un hombre medio tonto, SU•
jeto, por confesión propia, a ciertos paroxismos que no se diferenciaban
e!'!encialmente de la locura. Su insensata huida de cerca de tres leguas,
aquella misma mañana, sin causa aparente para ello, y últimamente su
loco y supersticioso temor de encontrar a las almas de los muertos en el
despoblado, caso en el que se proponía, según me dijo, abandonarme y
correr en busca del mar, me impresionaron fuertemente. Pensé también
en la posibilidad de que no estuviésemos en el camino de Finisterre ni en
el de Corcubión, y resolví acogerme a la primera choza que encontrásemos, para no correr el riesgo de rodar a un precipicio y rompernos la
nuca. Pero no se veía cabaña alguna; el despoblado parecía intermina-

ble, y por él anduvimos hasta que se puso la luna, dejándonos en casi
total obscuridad.
Al cabo llegamos al pie de una cuesta muy escarpada, a la cual subía
un agrio sendero.
-¿Será este nuestro camino?-pregunté al guía.
-No nos queda otro, capitán-respondió el hombre-. Subiremos, y
cuando estemos arriba veremos el mar, si es que está cerca.
Eché pie a tierra, porque subir a caballo por tal sendero en plena
obscuridad hubiese sido locura. Trepamos en hilera: primero, el guía; detrás, la jaca, con el hocico pegado, como de costumbre, al hombro de su
amo, a quien quería apasionadamente, y yo a retaguardia, agarrado con
la mano izquierda a la cola del caballo. Dimos muchos traspiés y más de
una caída; cierta vez rodamos todos por la falda del cerro. A los veinte
minutos llegamos a la cima; miramos en torno, pero no vimos el mar; un
páramo obscuro, apenas entrevisto, se extendía, al parecer, por todos
lados.
-Vamos a tener que acampar aquí hasta mañana-dije yo.
De pronto mi guia me tomó una mano.
-Allf hay lume, senhor-decla-; allf hay lume.
Miré en la dirección que me indicaba, y después de esforzarme un
r~to, me pareció ver a cierta distancia, muy por bajo de nosotros, un débil resplandor.
-Eso es luml'-exclamó el guía-, y procede de la chimenea de una

choza.

A la bajada del cerro vagamos sin rumbo no poco tiempo, hasta que
nos encontramos en medio de seis o siete chozas negras.
-Llama a la puerta de una cualquiera-dije al guía-y pregunta si
pueden darnos asilo por esta noche.
Así lo hizo, Y al instante apareció un hombre con una tea encendida
en la mano.
-¿Puede usted guarecer a un cabalhet"ro contra la noche y la estadeaJ
-preguntó el guía.
-Sí puedo, gracias a Dios-dijo el hombre.

�11

LA PLUMA

,,

I ¡

1'

l.

1

,,

Era de figura atlética; no llevaba zapatos ni medias, y, en conjunto, le
encontré muy parecido a los campesinos de los pantanos de Munster.
-Hagan el favor de entrar, caballeros; podemos acemodarlos a ustedes y también a la cabalgadura.
La choza donde entramos estaba dividida en tres compartimientos; en
el primero había yerba, en el segundo estaban las vacas y en el tercero la
familia, compuesta del padre y la madre del hombre que nos babia abierto y de su mujer e hijos.
- Usted es catalán, señor caballero, y va a buscar a sus paisanos de
Corcubión-dijo el hombre en regular español-. ¡Ah! Ustedes los catalanes son buena gente y tienen muy buenos establecimientos en las costas
gallegas; la lástima es que se llevan todo el dinero fuera del país.
No tengo, en cualquier circunstancia, el menor inconveniente en pasar por catalán; en aquel caso más bien me alegré de que una gente tan
salvaje creyera que yo tenía en las vecindades amigos poderosos y compatriotas que estaban, acaso, aguardándome. Favorecí, pues, su error, y
empecé a hablar, con fuerte acento catalán, de la pesca en Galicia y del
impuesto sobre la sal, El guía me miró ua momento con expresiói:i singular, entre seria y burlona; sin embargo, no dijo nada; se dió un palmetazo
en el muslo, como de costumbre, y pegó tal brinco que casi dió en el techo con su risible cabezota. Preguntando, supe que aún faltaban dos
leguas hasta Corcubión, y que el camino, por cerros y páramos, era
difícil.
Nuestro huésped nos preguntó si teníamos hambre; le respondimos que
sí, y trajo una docena de huevos y un poco de tocino. Mientras se aderezaba la cena, mi guía sostuvo con la familia una 13:rga conversación; pero
como hablaban en gallego no pude entenderlos. Creo que principalmente
se referían a brujas y hechicerías, porque nombraban mucho la estadea.
Después de la cena pregunté dónde podría descansar; el huésped me señaló una trampilla en el techo, diciendo que encima había un desván a
propósito para dormir, y en él encontraría paja limpia. Por pura curiosidad
pregunté si no habla en la choza ninguna cama.
-No-replicó el hombre-; ni las hay hasta Corcubión. Yo nunca me
72

LA tPL UMA
he acostado en cama, ni nadie de mi familia; dormimos en el suelo O en
la paja con el ganado.
Como viajero experto me abstuve de lamentarlo; subí por una escalera al desván, bastante ancho y casi vacío; puse la capa por almohada y
me tend( en las tablas, prefiriéndolas por más de un motivo a la paja. Durante un buen rato estuve oyendo a la gente aquella hablar en gallego, y
~ntre los intersticios del piso vefa los resplandores de la lumbre. Las voces se extinguieron poco a poco; el fuego se fué apagando y dejé de verlo. Me adormecí, desperté, me adormecí de nuevo, y caí por último en
profundo sueño, del que sólo desperté al segundo canto del gallo.

G.BORROW.
(Traducci611 de Manuel ~aiía.)

73

�LA PLUMA
1

l1

desprende un amigo, tendiendo la mano, a hablar de todo menos de
arte. Lo mismo que la Exposición Nacional.

11

I'
1
1

1

1

* *

Ceónicas

1

'

1,

de "la Dame de Cozue".

Para verla hemos tenido que volver otros días. La Dame de Creur
no ha perdido aún todas sus ilusiones. Todavía se figura que lamaravilla está acechando detrás de una puerta, y que sólo aguarda a que
la busquemos para mostrarse. ¡Ay! ¡Malogrado optimismo, expuesto
sin cesar a los golpes más rudosl
Cn «amigo del arte»-en el pequeño sentida de la palabra-,.
acompaña a la Dame de Creur.

Sa(ón.

E inauguró

1,

I

1

'

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-Enséñeme usted lo esencial de la Exposición, lo indiscutible, lo
nuevo.

1

lo que llaman Exposición Nacional de -~ellas Artes
el 1.º de junio. En los jardines, todas y todos, se apmaban frent~
a las escalinatas inaccesibles aún para resolver, cada cual
s1,
una seria duda: ¿Está el Rey más pálido? ¿Está más delg~d:i. la Rema?
Cuando aparecieron en el pórtico, entre uniformes y levitas, Y desfiló la tropa, y resbalaron hasta el pie del palacio los charolados ~~tomóviles, ya la duda estaba resuelta, Poco después t~dos se precipitaban al asalto de las salas francas, dejando sola, banada en la verde
luz de las frondas, con raros manchones de sol en el cuerpo, a la Serenidad de Ciará que no se atrevía a seguir al público.
Un primer vi~tazo a las salas justifica plenamente 1~ actitud ~e la
diosa. Cierto que hay allí, visibles desde la entrada, mas c~mpaneras
suyas; pero sin duda las conoce bien y lo demás no le mteresa. A
nosotros, francamente, tampoco. Buscamos, entre la muchedumbre,
una sonrisa de amiga, una toilette, no un cuadro: a veces, por entre
dos cabezas, asoma un lienzo espantoso; pero ya, por fortuna, del
todo Madrid que se apretuja, sudoroso y risueño, entre los cuadros, se
74

Pº:

Él vacila un poco y se para delante de un Julio Moisés, un retrato
. de mujer joven, con ciertas pretensiones de elegancia. La Dame de
Creur ha debido hacer una mueca, porque su acompañante ha pasado de prisa a otro asunto. Ahora están los dos ante Za Senda, de·
Alcalá Galiano:

-A usted como mujer le interesará esto.
¿Como mujer? ¿Qué idea de la mujer tiene mi encopetado amigo?
A una mujer pueden interesarle las monjas, y hasta puede ser monja
ella misma, cosa imposible para un hombre, fuera de los cuentos de
Lafontaine (1).Pero ¿éstas.. .? ¡Ni pintadas! Es decir, ni aunque estuvieran bien pintadas. Esas monjas, ese mar, esa fantasmagoría de lu:c
que no parece sino el gabinete iluminado por bombillas rojas de las
casas cursis, no son de este mundo. Más de pintor hubiera sido el baño
de las monjas. Pero, para un asunto así, hay que tentarse la ropa... y
quitársela al modelo.
El acompañante quiere mostrarnos un Huidobro que nos rubori(1) ¡Qué horror de cita! ¿Qué pensarán de mí los eruditos? Dése por retirada.
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.za, a pesar de que estamos curada (así en singular) curada de espanto, y huimos, no tan de prisa como de otra sala, para imitar a la S11!0mé, que, en el fondo de ella, huye para ocultar una cabeza que ha robado, o quizá para que no vean 'iUS malas formas.
Hemos sonreído a unas criaturac; cte Hermoso que nos enseñan
los dientes, nos han atraido como en una tienda de chamarilero los
•. cacharros talavereños, los encajes de Lagartera, de Ramón de Zubiaurre, y en un gran Vázquez Díaz se ha encendido de repente a
nuestros ojos el arabesco de llama del San Mauricio de Teotocópuli;
sólo que aquí es una llama de alcohol, muy tenue. Pero éste es un
pintor. Si sus toreros no bastaran, véase un retrato de mujer, metido
en un rincón por el clarividente Jurado. Un retrato superior a casi todos los del concurso, al de Piñole, a la Madre de Grosso, a los de Zaragoza. Algún Llorens, algún Frau, algún Gómez Alarcón, algún Meifrén (sin que se enteren mis amigos, que no me lo perdonarían nunca) me atraen. ¿Y los Solanas? Si el ~amigo del arte• me dejara verlos
bien, yo los preferiría a toda la Exposición ... Pero me lleva ante unos
paisajes que le extasían y le hacen abrir mucho la boca: Regoyos.
.¿Regoyos? Migajas de Regoyos, honradas ahora por los mismos que
le colgaban, vivo, en la sala del crimen.
Pregunto:
-¿Y los maestros?
He ahí a Chicharro, distinto esta vez de su manera habitual, me
-dicen. A mí me parece que si Dolor no fuese de Chicharro merecería
serlo; y me parece con su mesa rústica y sus enlutadas figuras de
pueblo, tan artificioso como el tríptico de Armida. Ahí está Rusiñol,
con un paisaje, para no hacernos olvidar sus lienzos en que la Naturaleza se quedaba encantada, y Mir, con obras de menos quilates que
otras veces, bastantes, sin embargo, para sorprender al que no le conozca. Y nadie más...

LA PLUMA
Los maestros ya no van a las Exposiciones, o van por compromiso, o por la medalla de honor. En la Exposición de este año hay obras
estimables: faltan los diez o doce cuadros que hacen una Exposición
y a cuya sombra los mediocres parece que ganan.
Comparada con la pintura, la escultura es aún más mezquina. Ciará es imponente; el torso de Inurria me ruboriza; los otros... ¡Hace
tanto calor y está tan lejos y va tan poca gente al palacio de cristal!

***
-Una eximia escritora-no hemos de nombrarla-fué, hace años
elegida para la presidencia de una sección liter~ria en cierta doctt
casa que tampoco mencionaremos. Cuéntase que, reunidos por ella
en su morada particular, los individuos que formaban la sección detuviéronse a contemplar un busto de la dama, hecho tiempo atrás' por
un artista de renombre.
. L~ eximia escritora, dirigiéndose a uno de sus compañeros de sec
ción, llustre autor dramático, y mirando complacida la obra de arte
le preguntó:
'
-¿Verdad que entonces era yo muy hermosa?
El autor de Canción de cuna-ya dijimos que no nombraríamos a
nadie-, un poco azorado, contestó:
-Señora, y todavía...
En esta Expos1c10n
· · · Nac10nal
·
1 las Artes parecen formular una pre- guata análoga:
-¿Verdad que todavía somos bellas?
La Dame de Creur se azora y no sabe qué contestar.

LA DAME DB CCBUR

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177

1 1

�LA PLUMA

... castillo famoso.

M

está sin hacer porque lo hemos pensado po~o. M~drid crece en libertad, como zarza al borde de un camtno. S1 pensásemos más en él , Madrid seria una proyección de nuestro espíritu; a
fuerza de explicarnos Madrid unos y otros, acabaríamos por crearlo. Lo
contrario sucede hoy; cuantos aceptan el Madrid carreteril y polv iriento
que la espontaneidad desenfrenada va formando, y pretenden extraer de
la pobreza triste de lo pintoresco madrileño un valor duradero, se encierran, con abnegación poco envidiable, en una perspectiva no más amplia
que el horizonte de la calle de Tudescos y llevan a su esplritu, por todo
fermento, un puñado de broza municipal. El apetito de una mente activa
es sobreponerse al medio que la rodea, y transformarlo, adaptándolo a su
norma.. Mi ambición, es claro, no llega a tanto: la indolencia me retiene,
y el alma de déspota constructor que llevo dentro, dormita. Pero si yo
pudiese derribar Madrid (sin exceptuar la fachada del Hospicio, ¡qué diablo!) y, cediendo al insinuante Tentador, me comprometiese a reedifi-:arlo
en tres días, no iba á formarlo a imagen y semejanza de un concejal. Sin
ofensa de nadie, el alma de un concejal es el último arquetipo a que uno
quisiera acudir. La mente crea, por decirlo así, la realidad, y el concejal es un ser increado que se inserta en ella sin que nadie le llame y, por
,añadidura, la administra.
AL&gt;RID

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78

Años hace, hablaba yo con un edil no del todo mal intencionado. Le
conocí de vista mucho tiempo antes de su advenimiento a la concejalía: corpacho musculoso, poca alz.ida, bigotes foscos y mofletes colorados. Vestido con una blusilla a rayas azules, y liado a la cintura un mandil
/ verde, cruzaba a diario por mi calle a la misma hora, de vuelta del matadero. Acompañábale un camarada y llevaban al hombro uno5 dornajos,
llenos, al parecer, de las sustancias innombrables de que hacían provisión para su casquería. Avanzaban con andar solemne, echando a compás
los remos protegidos por gruesos zapatones, y departían en un castellano
cazcarrioso, difícil de reconocer bajo aquella prosodia de la periferia. Pasado algún tiempo, le vi una noche en el palco municipal del Español:
más gordo, con piedras preciosas en los dedos, raya hasta el cogote y
mostachos corniveletos, mal domados por las tenacillas. Era cacique electorero, miembro de no sé qué partido histórico y primera vara del Municipio. Pasaba por ser un tipo madrileñisimo y él se lo creía. Ante todo,
estaba por Goya, y con ferocidad de hiena pugnaba por desenterrar el
cuerpo del pintor para llevarlo a la rnargen del rio, donde, a su parecer,
se pudriría más a gusto, arrullándole el sueño los pianos de la Bombilla.
Era entusiasta de la BANDA MUNICIPAL, cuando aún nos la envidiaba
el extranjero, y todos los veranos, durante la época de su mando, organizaba por Santilgo un desfile de la e histórica guardi I amarilla., tropel de
bigardos que daba escolta a una procesión de barrio, ofreciéndonos un
trasunto emocionante de nuestras vetustas glorias. En cuanto me aventuré a decirle que 1~ verbenaa son fiestas horrendas, tan faltas de amenidad como sobrada~ de aceite frito, se enfadó y me echó el fallo, llamán•
dome intelectual, con lo que me di por muerto en su aprecio. A pesar de
este fracaso, podría rehacerse Madrid metiendo en el cerebro de sus cachicanes lo que otros han pensado. Ninguna imposibilidad racional se
opone a ello. Si el filósofo animaba una estatua acercándole una rosa a la
nariz, podría probarse a poner un entendimiento concejil al alcance de
una idea; por mucho que digan, acaso le hiciera tanto efecto como al
bloque de mármol la fragancia de la flor. La dificultad nace del número.
Tan enteco y desmedrado está Madrid que no es capaz de digerir y asi79

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LA PLUMA

LA PLUMA
milacse el aluvión irrestañable de seros «primarios• que de todos los ámbitos de la Península viene sobre él y le pasa por encima. «Todos los días
entra un tonto por la puerta de San Vicente•, se decia antaño; esa estadística, establecida acaso por un timador, me parece fraudulenta; pero
aun siendo exacta, Madrid no tiene solera bastante para ennoblecei; al
tonto que viene por la puerta de San Vicente ni a los que entran por las
otras puertas. Madrid no es un hogar prei.tigioso. Es un parador. O si se
quiere, un campamento donde lai. generaciones se suceden como caravanas, y cada una encuentra por todo legado de las precedentes los tres
cantos ahumados en que se pone a hervir el put:hero.
Si no existe una idea de Madrid es que la villa ha sido corte y no capital. La función propia de la capital consiste en elaborar una cultura radiante. Madrid no lo hace. Es una capital frustrada como la idea política
a que debe su raniº· La destinaron a ciudad federal de las Españas, y en
lugar de presidir la integración de un imperio no hizo sino registrar hundimientos de escuadras y pérdidas de reinos. No conoció los tiempos de
esplendor. Carecía de fuerza propia, al revés de aquellas repiblicas de
mercaderes que arribaban a la cultura superior ahítas de riqueza. No tuvo
tampoco un tirano de gran estilo, de esos que sacian su amor a la yloria
levantando monumentos. Iba a ser emporio de dos mundos y quedó reducido a sede de una dinastía de locos, albergue de millares de frailes,
donde pululaban unos burgueses famélicos a quienes se permitía vivir
en casuchas inmundas emparedadas entre los conventos y los palacios
de la grandeza. El pueblo siempre ha estado ausente de la historia de
Madrid, salvo para gritar de hambre; y salvo también aquel día, madrileño como ninguno, en que se sublevó al saber que le ral?taban un infante que por casualidad era imbécil. Madrid, macerado por la pobreza
y aislado del mundo, no ha conocido más gloria ni diversión que las pompas regias. Tres siglos se ha pasado comentando los saraos palatinos,
los bailes de la grandeza y los entierros, corridas y bodas reales.
Madrid, extasiado ante las carrozas de los reyes, admiraba el esplendor
luiscatorceno de los arneses con orgullo apenas velado por una sonrisa
de superioridad benévola, como si alabase con ligereza elegante blasones
So

propios. Y ahora que la corte se ~ierde cada vez más en la baraunda de
la villa en auge, nos cuesta trabaJo captar la admiración y el respeto de
las tribus alcarreñas.
Pero el caso es que España necesita un Madrid Part1·endo de
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de Espana,
~ Ma d n·d se obtiene
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por pura deducción· Co
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drid participa de la perennidad de una idea que t l.
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a vez nunca se reahce.

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el espícitu público en fcan::
cía ducante el atmistícío.
1.-Rawn de una ac.titud peesonaL

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no pretendo que desde hoy se tome por defi~it~v~ mi punto
de vista, creo que se puede hablar del año d~l ar~1st1c10 como de
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lar por que ha pasado la conc1enc1a francesa, y del
l\ln momento smgu
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más leJ·os. El tiempo que media entre e 1n e as
que cada dia está
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tifiicación de la paz es una etapa de mcertt um re y
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1 . d No era ya la guerra; pero la sociedad movilizada para la e ensa
::1t~dÍa volver a sus antiguos quicios con
misma pron~itud que los
dej!, ni era tampoco posible que los combatientes, ya estuviesen ena~decidos por la victoria, 0 exasperados por las penalidades de la· campana, o
• lemente deseosos de soltar la pesadumbre de las armas, se acomodasimp
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ran de buenas a primeras al blando descuido de la v1 a c1v1. arec~ co
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111• entre e ¡ momento el.e abandonar la trinchera y el de zambulhrse
nuevo en la oficina O en el taller hubiese habido una parad~, un s1lenc10
solemne, en que el espíritu público, recogido sobre sl mismo, esperó.
Subsistía la tensión de las almas; los pechos se hablan esforzado tanto
UNQUE

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que albergaban naturalmente la esperanza en una paz de grandeza moral
equivalente el sacrificio cumplido en la guerra. La opinión pública se cebaba de ilusiones y proy!ctos: el pais, salvado de la destrucción con tanta gloria (ignorábase aún a cuanta costa) iba a inaugurar una vida grandiosa. Germinaba el deseo de renovarse; más que deseo, era la convicción
de la ne~sidad de inventar. Todo tendria que ser nuevo: la economía, la
democracia, la universidad, el arte, el ejército; todo nuevo, y muy francés;
decíase que la nación, por salir depurada de aquel trance, y luego de hacer un leal examen de conciencia, iba a consagrarse, al amparo de garantfas razonables y con el apoyo mural y material de sus aliados, a enmendar yerros antiguos y a restañar la sangre de sus heridas.
El mundo nuevo engendrado por los diplomáticos tardaba en nacer; y
al irritarse las primeras esperanzas insatisfechas se acentuaba la impresión de vivir en lo interino y provisional. La lentitud y el sigilo de las
negociaciones, el prestigio intacto aún de ciertos hombres, a cuya sombra se agrupaban ya intereses bastardos que pretendían alzarse con la representación del interés general, y el incansable celo de la censura, manten:an en suspenso el juicio público. Los tópicos de la guerra subsistian,
y aunque eran inútiles o falaces, casi nadie echaba de menos otros. La
gente se dejaba gobernar por consignas caducas: unión sagrada, silencio,
aplazamiento de las discordias políticas; durante un año, la acción de los
directores de Francia ha consistido en aplazar la discusión de los problemas planteados por la paz. Al despertar de una pesadilla de cuatro años,
la gente mostraba un buen humor y una conformidad inverosímiles. Cada
cual a su manera se puso a crecuperar el tiempo perdido,: o trabajando
o divirtiéndose. El ansia de innovar no era menor que la avidez de goces;
asl fué de fascinador el espectáculo de la capital en esos meses. Nunca
ha sido París más olvidadizo y jubiloso. Un himno a la vida parcela levantarse de entre las ruinas; costaba trabajo descubrir, bajo la máscara risueña, la fatiga y el aplanamiento verdaderos.
Si se quiere dar a la interinidad que representa el año 1919 su significación propia, debe ser mirada como el tiempo que le ha hecho falta al
espirito nacional para percibir, entre las alegrias y los bienes de la paz,
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el costo de la guerra. El terrible contenido de la paz, es decir, el problcde rehacer un país arruinado y exangüe, ha tardado en revelarse a la
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conciencia francesa tanto como tardó la guerra misma en ap~rec rsele en todá su magnitud. Mas por fatigada o distraída que estuviese la
atenc1·ón pu'blica , se ha visto al fin compelida a echar ciertas
. cuentas;
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. hoy
.
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&lt;Yn"ra
en
Francia
la
pesadumbre
de
la
carga.
La
msmuac1ón
se
ya nad 1e 1.,, v
•
•
•
ha ido haciendo poco a poco, por cammos muy diversos, ya que la sen~1bilídad para una misma cuestión es diferente según la _zona de la ~oc1edad que observemos. Desde la_ comprobació~ de~ despilfarro de vidas !
.
s hasta Ja del fracaso de ciertos valores 1mphcados
en la causa
antib1ene
.
.
.
alemana, pasando por la incomodidad actual de la vida, por las 10ext~1~ables dificultades económicas y por las amarguras y reveses de la pohuca
interna y exterior, no hay ahora ninguna consecuencia de
guerra que
no h aya Producido ya su máximo efecto en el ánimo..colectivo. Yo no he
hablado con ningún francés que no vea en las cond1c10nes de la paz un
chasco penoso. El sentir general ha ido moviéndose des~e la co~fiaoza
al desengaño. Si la unión de todos los franceses se cambió en untó~ de
todos los buenos franceses, hasta declarar «fuera de la ley de_ la nación»
a los proletarios intransigentes, la preven_ción contra lo_ extranJero ha paado a ser manifiesta hostilidad. El entusiasmo por el aliado generoso (en:usiasmo momentáneamente superior a las irreductibles diferencias de los.
caracteres nacionales) y la frialdad, entre burl?na y recelosa,_ con el neutral, son ahora aversión y desprecio. Las dificultades crecientes, al socavar la confianza y difundir la inquietud, hao incub~do un hu~or quebradizo, pesaroso, no limpio de encono. Quien descnba los cammos por
donde tal mudanza se ha operado, habrá escrito, en cuanto afecta a la
opinión francesa, la historia del armisticio.
.
El solo intento de esbozarla pone ante el curioso un caudal de hech~s
tan. fecundo en enseñanzas, que al escoger para estas notas lo~ más capitales me he visto en un apuro del que no sé si he logrado sahr. Trátase..
en suma , de sorprender el momento en que el país recobra
. la libertad para
.
uzgar y somete a discusión el azote de la guerra con ánimo de descubnr
~uién se lo ha impuesto y por qué motivos, o de parangonar los estragos

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•

84

LA PLUMA
materiales y morales causados por la guerra con el principio que obliga a
participar en ella &amp;in consultar la conciencia individual, o de sopesar los
frutos obtenidos de tan terrible trabajo, aun habiéndolo aceptado con
mansedumbre o con gusto. Por desacordes que estén las respuestas que
cada cual obtenga, y por intrincados que sean los numerosos problemas
de orden histórico, o económico, o politico, que al liquidarse la guerra se
- plantean, la preocupación mayor es de orden moral. Se trata de valorar la
guerra. El hombre-en este caso el francés-, rebelde a su destino, interroga al ídolo que le devora. Escogeré, pues, ante todo, un cierto número
de testimonios, ya sean juicios proferidos directamente sobre la guerra,
ya estén formulados por modo indirecto en obras de imaginación. Es ajeno
a mi propósito examinar la influencia de la guerra en la literatura; las novelas y comedias en que se estudia los conflictos morales por aquélla suscitados, obras compuestas bajo la impresión de los sucesos por quienes los
han visto y sufrido, tienen valor excepcional en esa galería de testimonios;
sólo por ello las citaré aquí. Igual motivo nos lleva a hacer el alarde de
ciertas cuestiones de orden político, cuyo fondo es, en definitiva, una apreciación de la guerra, propuesta, no por un observador solitario, sino por
masas en movimiento.
No estoy seguro de que a todos interese tanto como a mí esta cuestión,
que además de su importancia intrínseca me solicita con la emoción retrospectiva del camino recorrido para proponérmela. Pero no voy a asociar a
nadie por capricho a un mero episodio de una biografía intelect11al.
¿Adónde nos ha llevado la guerra? ¿Qué ha destruído en nosotros? Estas
son cuestiones de interés general. Las devastaciones más terribles no son
acaso las que se ven en los campos de batalla, sino los estragos en los espíritus, que no se podrá reparar. La observación del caso en Francia es el
medio de abarcar una cuestión que importa a todos, aislándola en un campo de experimentación local. No es la primera vez que procedo asi. El
examen de la sociedad española contemporánPa me ha llevado, como a
muchos, al de otra u otras sociedades europeas más robustas y activas.
En las cuestiones de orden moral y práctico, en las que la persona que
observa es a la vez actor y espectador, conviene buscar los lugares en que
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�LA PLUMA

1

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la razón pueda ejercer con frialdad su función crítka para que el deber de
probidad intelectual no se quebrante en provecho de otros apetitos, también nobles, que nos estimulan a la acción. De las diferentes vocaciones
que pueden ofrecerse en la vida, yo preferiría siempre aquella que más
en derechura me llevase a ser con plenitud hombre de mi tiempo, es decir a incorporar a mi vida personal todos los problemas que agitan el
m:dio social en que me muevo. Es más dificil de lo que parece conseguir•
lo. El desdén, la timidez, pueden despistarnos. Hay que confundirse y dejarse confundir; hay que aceptar de antemano las limita~iones que e~a
sumisión impone. Si la romería pasa por el llano, prefiero 1r en la romena
a epilogar sobre ella desde un otero; prefiero ir en la procesión a repi.car
en la torre. Puestos a considerar las cosas de España, lo que más me importa es determinar bien mis relaciones personales con el medio; ?radúo
los sucesos que me circundan en lo que valen como pábulo de mis apetitos. La confluencia de la vida intelectual, puramente interior, con la vida
social y exterior, hecha entre todos, es el torbellino donde uno quisiera
estar siempre, como en el foco donde se condensan todas las actividades.
La síntesis formidable en que la idea es una pasión y los conceptos banderas, quisiera verla realizada en cada minuto. Si el deber es discur~ir con
pulcriturl y ahinco, paréceme que en el orden de la acción lo heroico es
proceder como un sectario, conocidas de antemano las relatividades Y con
la resolución de agotarlas. El riesgo es aminorarse hasta perder de vista
el punto de partida y deformamos engañándonos a nosotros mismos. Pero
en las cuestiones de orden político, en cuanto la razón se aplica a ob11ervar lo que al corazón no le interesa, el placer intelectual puro arriba sin
obstáculos al primer plano. Observar un medio con el que no est'á uno ligado por ningún interés personal, en busca de una verdad o de una información, cualquiera que sea el fruto que pueda dar, es un ejercicio indispensable para que el equilibrio no se rompa; ejercicio que he practicado
por instinto en más de ur.a ocasión.
Nacido en pafs llano, cuando por vez primera, siendo niño aún, estuve
en país montañoso, lo que aprendí a conocer no fué tanto la montaña
como la llanura. Al comparar la sociedad española con cualquier sociedad
86

LA PLUMA
europea robusta, que viva plenamente en el fragor de la vida contemporánea, lo que se descubre es el tardo paso de nuestro pueblo, aspeado,
rezagado, divagador; y el contraste entre el destino normal de un español
y el de otro europeo, nos enseña que la prerrogativa que gozamos o el
permiso que nos tomamos para zigzaguear, dispersándonos sin esfuerzo
por entre las mallas de una sociedad sin cohesión ni disciplina, no es
compensación suficiente del fracaso cierto de nuestras vidas.
El azar, tanto como mi gusto personal, me llevó años hace a tomar la
sociedad política francesa como pantalla sobre la que proyectar la silueta
española, y ver qué tal parecía. En aquel tiempo Francia vivía según ciertas normas que eran la trasposición de la ideologia que uno fraguaba cuando, puesta la vista en España, se entregaba al placer de rectificar lo tradicional por lo racional. Parecía el ámbito donde sin menoscabo del fondo
peculiar de la nación, más hueco se abría a 'lo universal humano. La autoridad concedida al espíritu critico placía a la soberbia intelectual. Reconociamos en tales normas algunas de esas verdades que uno acepta a fuer
de hombre y por las que, intransigente y violento, quisiera combatir como
español. La pasión que a todos nos mueve en cuanto nos vemos implicados en los problemas nacionales y la atrac•ción irresistible de una verdad,
superior a las contingencias locales, juntaban así sus fuerzas. La oposición
de intereses en política se transforma en un fanatismo espléndido cuando
se combina con el desprecio hacia el hombre a quien vemos sumidv en
un yerro intelectual.
Al preguntarnos ahora lo que ha devastado la guerra en el espíritu
francés, queremos averiguar lo que permanece en pie de aquella ideologia, no sólo en Francia, sino en nosotros; cuál era su fuerza de resistencia
y hasta qué punto han cambiado, no sólo el pensamiento, sino nuestra capacidad de entusiasmo y nuestros móviles de acción.

87

�LA PLUMA

Pío Batoja.- Lti caverna del humoris1M, Madrid, 1919.-Rafael
Caro Raggio, editor.

ltBROS y ReOtStAS
Pío Baroja.-Divagacio1tes Jobre la cu/tura.-Madrid, Caro Raggio, 1920.

Una conferencia leída en Bilbao y convertida en opúsculo por el editor. A
muchos literatos desencanta la Ciltuna fase de Barnja; yo no puedo considerarla sin emoción. E\'idcntcmcntc se viene preparando de tiempo atrás. Sorprende a muchos este deseo de conocer y buscar en campos ajenos al arte, propios
de la filosofía; pero, ¿no les sorprende que en estos ensayos ideológicos, el lenguaje sea positivamente el más apto que pndiéramos soñar para la conducción
del pensamiento? El literato, en Baroja, venía trabajando ya de antiguo, sin
darse cuenta tal vez, su prosa didáctica (muy lejana, sin embargo, del lenguaje
científico). Una p1osa clara y recta, sin anfibologías; e,1 cierto modo clásica,
puesto que no emplea mas que lo necesario para tocar la inteligencia o la sensibilidad.
Este opúsculo y el libro anterior La caverna del humorismo, se apoyan en dos
interrogaciones: ¿qué es :a cultura?, ¿qué es el humorismo? Parte de preguntas
como los filósofos; pero en el libro, por estar más cerca tod:wía de sus producciones lit&lt;!rarias, anda vacilando entre lo arbitrario y lo serio, mientras en el
opúsculo se encara con la pregunta severamente. ¿Viene de aquí el desencanto
-de alg~mos? Baroja, en efecto, tira por la borda la última taracea, el último sistema ornam~ntal. Ya la teníamos libre de todo convencionalismo retórico; pero
le quedaba la pirueta intelectual, el pensamiento giratorio y divertido. ¿Hace.
bien?, ¿hace mal? No creo necesarias estas preguntas. Baroja cambia. Sigamos
a ver lo que anda y lo que re:;bte. Lo interesante es la inquietud que con ello
revela. Por de pronto, acomete con brío juvenil los problemas que debieron
abordar ya los técnicos o documentados. Acaso no tuvieran interés sus aportaciones en un país extranjero-lo cual sería grave desde el criterio de universalidad-; pero en España tan remolona, ¿quién duda que camina sobre tierra
virgen?

J.

M. V.

En la dedicatoria a una joven lectora, excúsase Baroja de no poder ofrecerle
Falerno ni Cécubo guardado en cántaros sabbos, y sí sólo una bebida fantasista
más agria que d~lce y con más esp~ma que alcohol, elaborada por él mism~
con los frutos ácidos de su huerta. Smcérase después con un joven literato.
«Todos los escritores-dice-tenemos un ciclo parecido y vamos, tarde o temprano, a pasar por el mismo signo del zodiaco. Yo ya he pasado por el de la
novela, el del cuento, el de la crónica y el de la autobiografía. Ahora estoy en
el de las teorías estéticas.•
. Para expo~erlas se vale. de una ficción literaria sin intriga novelesca. Vanos cxcurs1omstas a las_ rcg1?i1e~ ;&gt;ola~es_ e_ntre los cuales el doctor Guezurtegui,
profesor a~~egado a la 1mag1nana Umvcrs1dad de Lezo, sorprendidos al rcgre•
s? de su v1aJe por J~ guerra, son internados en un c~mpo inglés de concentración. Descubren alh cerca la caverna de Humour-pomt, y con las conferencias
que dan otros profesores tudescos, compañeros suyos de amable cautiveria
Y sus i~pres_iones personales, e~vía el doctor Guezurtcgui sus comunicacione~
a la Umvers1dad de Lezo, escritas en los respaldos de las facturas del hotel.
en los prospectos de las sombrererías o los music-halls.
f:a caverna de Humour-point, confortabilísima, con calefacción central, con•
vertida en musco del humorismo, está comprendida, con el antro de Trophonius,
el antro de Baco, la caverna de Platón y la cueva de Zuaarramurdi en la espc1cología espiritual.
"
'
Al doctor Guezurtegui le parece que en el fondo de toda obra humana no
h~)'. sino egotismo y ~istema. Y se le antoja absurdo que sabiéndose cosas lejan1~1mas de astronomia, no sepamos qué es el humorismo. El doctor Guezurtc•
gu, n_o se sa~isface_ con las teorías de Bergson y de Kant acerca de lo cómico y
el ongen p~1cológ1co de Ja_ risa. De lo cual deduce que e hay que marchar, pues,
a la casua!1da~, tomar la idea del humorismo en bloque y llevarla de la dere~ha a la 1zqu1er?a, empujándola, y_ a ver si, a medida que se avanza en esta
taiea, v!n _apareciendo puntos de vista nuevos•, método que él mismo reconoce pnm1ttvo y malo, pero al cual impresionismo se entrega a falta de agarradero mejor.
. ;stima el catedráti_co in~enta?o por Baroja que el humorismo da, más que
nm.,un_a
otr_a for~a l1terana, la impresión de algo temperamental. Y así, cada
1
hu~ onsta literario le hace el efecto de una isla, sin comunicación con sus se
1~eJantes. De ~onde_ tenemos la isla de Shakespeare, la isla de Cervantes, la
s_la d_e Rabela1s, _la isla de Juan Pablo y la isla dt• Dickens. No dicen el doctor
n! .su mtérpr~te s1 en ese vago mapa tales islas constit,1yen al menos un archip1t:lago estético o moral.
El h~morismo para Guczurte¡:ni es un arte de contrastes violentos, un arte
suhvc-rsivo de los valoreg hum auos. •La tesis está c:n d humorismo· la antítesis
en el romanticismo; la ~ínte;.is en el humorismo. »
'

�LA PLUMA
Por otra parte, cel humorismo es improvisaci6n, la ret6rica es tradición. La
una aspira al orden por la sujeción, el otro al orden por la anarquía.&gt;

Al cerrar el libro, el lector ingenuo acaba por hacer suya la opiai6n que Baroja atribuye a su protagonista¡ es decir, que ccomo no tenemos un acuerdo definitivo para el uso de las palabras- o por lo menos, pensamos nosotros,
para el modo de usarlas el doctor Guezurtegui-ni un diccionario de conceptos
exactos y bien determinados, todas nuestras nociones son :mixtas y confusas.•
c. R. c.

Eugenio D'Ors.-l.a Bien plantada dé Xenius.-Traducción del
catalán por Rafael 1farquina.-Colección Universal Calpe. MadridBarcelona, xcxxx.
La Colección Universal inaugurada por la Compañía Anónima Calpe en julio
de 1919, con amplio criterio de divulgación popular, quizá desmedido, pero
plausible y alentador, inserta en el número 176 de los 20 correspondientes al
mes de marzo, La Bien plantada de Xenius.
Hace ya algunos años que este censayo teórico sobre la filosofía de la catalanidad• vió la luz paulatinamente en los Glosari que su autor publicaba en
La Veu de Catalunya. Suscitó entonces el interés de los círculos lite,·arios.
y a l decir de Ors en el prólogo a esta segunda edición castellana, pasó
luego a desordenar las mentes de algunas mujeres que con el delirio de
creerse la Bien plantada se albergan hoy en algún manicomio de Cataluña.
No se decidía, pues, Eugenio D'Ors a reeditar su obra. temeroso de contribuir
con ella a envenenar el ambiente. De 1912 acá no se había reimpreso. Si ahora
consiente en ello, es por creer que ha empezado a mejorarse ya e l gusto catalán. •perdido antes entre las abominaciones de un arte radicalmente reñido
con Jo clásico y con la simplicidad•, y que en esa mejora puede haber influido
algo la Bien Plantada.
¿Quién es la Bien Plantada, que tanto preocupó antaño a los habituales lectores de los Glosari, de Xenius?
La Bien Plantada es un arquetipo de mujer catalana, mide un metro ochenta y cinco de altura, viste a la moda holgada- del verano de 1911 1 tiene buen
apetito, es dormilona, poco dada al rubor, callada, y de tan distraída, casi sonámbula; no Je importan los hombres, pero le gustaría tener criaturas que fuesen suyas; llega, de improviso a veranear con su familia en un pueblecito de
la costa. Se llama Teresa, nombre lleno de gracia cuando se pronuncia a lamanera de los catalanes, «nombre simbólico, ardiente, amarillo, áspero• en Castilla, pero que adquiere otro sabor en la tierra del Sr. Ors, cun sabor a un mismo tiempo dulce y casero, caliente y sustancioso como el de la torta azucarada•.
Teresa es la segunda de tres hermanas. «La razón humana-dice Xeniushalla un profundo placer en distribuir cada una de las realidades que contempla, en tres partes ordenadas. Así tenemos: Esparta, Atenas, Macedonia- Es-

LA PLUMA
quilo, S6fo?es, Eurípi~es-..-~.-y Florencia, Roma, Venecia- ...y en la vida
v~get~l, _primavera, esho, otono», etc. Y Teresa siete amigas, nó.mero que «tamb!én satisfac7 a la razón&gt; ~ semejanza del número tres y sus múltiplos, que pres1?en la gracia ~e la Beatnz dantesca de la Vita Nor)(i. «La Bien Plantada: a la
G1oconda: La Gwconda: a Botticelli•.
En resumidas cuentas, Teresa tiene un novio y acaba por casarse con él.
«La Anécdota devora la Categoría.• Porque la bien Plantada era un símbolo de
la raza cat~l~na. La Bi~n Plantada, _com? alguna prima espiritual suya del otro
lado del P1rineo-Xenrns no nos dice s1 el padre de Teresa es algo pariente
de la madr~ de Colette Baudoche-! ~s como un árbol, raices en tierra y raices en el cielo-las ramas-. cLa d1vma carne en que está fabricada Teresa
bebe la noble savia de todos los muertos de su raza, que·es la nuestra, y d~
su cultura,.
•
_Se casa, en fin, la Bien Plantada, y asciende' a la gloria de las puras entelequia_s. _Se casa _con un _buen moz~, y al perderse en la vida cuotidiana, cobra
meridiana claridad a OJOS de Xemus, que al pensar en ella piensa en la danza
de la sardana, en_ Ampurias, en la escultura de Ciará, en el Canto Espiritual de
Marag~l, en el Liceo ~e Barcelona, en los grandes Trabajadores, capitanes de
Industria, y en el Presidente de la Generalidad, es decir, Repó.blica de la gentes de Cataluña.
. Eugenio D'Ors, dimitido recientemente de la Dirección de Instrucción Pó.b!1ca de la Ma~comunidad catalana, ha publicado hace un mes en La Jnterna&amp;tonal de Madrid una carta al subsecretario francés M. Emmanuel Brousse renegando, con ocasión de la visita de Joffre a Barcelona del catalanismo ofi~ial
opuesto al suyo, que no qu iere saber nada de catalane~ contra castellufos po r ~
que el suyo es el de Pí, el de Maragall, el de Arago.
'
C. R. C.

Rafael Calleja. - Rusia. füpejo saludable para uso de pobres y de
ricos. Madnd, 1920.-Biblioteca Calleja.
_Este libro es el primero de su autor, copropietario de una de las casas editonales ~spañolas más antiguas y fuertes. En el título, araciosamente literario
Y s~es~1vo, m~éstr~s~ ya la prindpal virtud del texto: ia sinceridad.
.
~biérale sido facll al Sr. CalleJa, como hacen otros empresarios de concienc~a me.nos escrupulosa, unirse con voz de falsf"te al coro de alabanzas revolu~ionanas en loor de los soviets de Rusia. Podía por el contrario haberse
acogido. C6 mo_d ame!l t e al seguro beneplácito de los conservadores
'
a •ultranza,
0 afil_iarse hteranamente a la Acción Ciudadana Pero el Sr Calleja es un ese,~
~mtu hbera_I, ~an consciente y organizado, en su caÍidad de bu~gués, como puea serlo _el ultimo de sus obreros, un hombre de buena fe.
«Considero tan justas-dice-las leyes que rigen la vida industrial, tan a decuadas a la naturaleza humana, tan beneficiosas para el interés común, que mi

�LA PLUMA
LA PLUMA

cVeláz~e~ pinta lo que ve, )?ero escoge lo que le gusta en lo que ve y sabe

10 que pue .e 10tentar reproducir¡ es uno de los secretos de su genio

visi6rt del problema social y de sus soluciones consiste en aplicar esas leyes
industriales a toda la vida social; que no será, o será siempre una lucha por
la vida, un predominio del más fuerte.•
Pero la fuerza cuyo predominio afirma el Sr. Calleja, no es la del ciego despotismo. Antes bien, el valimiento del vencedor en un régimen de nonesta
concurrencia.
Avaloran el ensayo del Sr. Calleja los apéndices que lo ilustran, en apoyo
de su opini6n. Complétalo el curioso esbozo de progrnma reformista, que cierra cumplidamente las 500 páginas del texto.
Lo afean cierta prosopopeya y esforzada altisonancia que en algunos pasajes entorpece su fácil lectura, tanto como en otros un mal disimulado desaliño
con apariencias de sencillez. Pero defectos son éstos de primerizo. No es el estilo literario cosa que se improvise, sino que requiere aprendizaje duro. Tiempo sobrado tiene por delante el Sr. Calleja para adquirir la maestría que hoy
le falta, pero que el lector ve suplida con cualidades harto raras, como son la
.ingenuidad, la valentía, la probidad, en fin, de que hace gala el joven autor de
Rusia. Espejo saludable.

C. R. C.

Auguste Bréal.- Velázquez.-Avec huit phototypies et un fac-simiJe.-París.-Edition George Crés et C.ª-xcx,x.

1

·•

La primera edici6n de este ensayo se publicó en inglés hace quince años.
'Había sido escrita a la vuelta del primer viaje de su autor a España. Al cabo
de diez años de estancia en Sevilla ha variado un tanto la impresión que:en
tonces le produjo la contemplación de la obra de Velázquez. Prefiere dejar, sin
embargo, sus anotaciones tal y como las escribiera a la sazón. El libro no pretende ser sino una invitación al viaje.
Cuenta M. Bréal en el prefacio una anécdota sabrnsa y por demás significativa. Todos los datos que le han servido para su estudio están tomados de Steveosoo, de Beruete y, sobre todo, del Diego Ve!ázquez y su siglo, publicado p&lt;;&gt;r
Car!Justi, en Bonn, en 1888, cuyas novecientas páginas de texto han contnbuído no poco a la boga europea del pintor espaijol. Ahora:bien, como M. Bréal
sintiera ciertas dudas acerca de la autenticidad de un Diario de Velázquez extractado por el erudito alemán, pregunt6le a éste reiteradafueote referencias
detalladas de tan curioso hallazgo. Al cabo, Justi confes6 que se trataba de una
composición suya ;obre documentos de la época, sin otro propósito que el de
seguir el ejemplo pe los histo1 iadores romanos y de su imitador Macaulay.
Muy otro es el procedimiento de M. Bréal. Doscientas páginas de clara prosa bástanle para trazar una preciosa introducción a la pintura de Velázquez.
cDisc 1tían-dice-cierto día dos críticos acerca del arte de la pintura, ante Corot, que les escuchaba con respeto y asombro. Quitóse, al cabo, la pipa de la
boca y dijo suavemente: La pintura no es una cosa tan complicada como ustedes dicen. Y se puso a pintar.
92

&gt;~~os. o¡os mai:avillosos, abiertos ante un país de luz.• Tal es la ·definición
que e pintor sevillano da este pintor francés.
C. R. C.

Luis Nueda.-De música. Epistolario de un melómano. Madrid,
1920.

ner~~ libro ~ifícil ~e co~entar con una noticia bibliográfica: pertenece al é1
ción en~r:º~~i~~e:: ~ eP1stolar en el que.llega pronto a hacerse difícil ]a distYn1
creencias del autor d 1u\pro~ne Y quién es el que rebate las teonas o las
1 ro. ay, desde luego, un tono general y es, con la
admiración total ha .
cosas y las ideas I cm ág~r y su ob~a, una simpatía también general por las
de •libelos, a Josa em~~s. o ~~nta, sm embargo, que no Je permita calificar
No es
. ~os hb,os de Nietzsche contra aquel gran dramaturgo musical·
un exc 1us1v1sta aunque no tema s J0 ¡ S N d
tra «interesantís·
'
er , e r. ue a, Y por eso eocuento nada vulgan
•i;u_ybellas¿, •muy originales•, •reveladoras de un talenky Rimsk R
r as ~ gmas de ebussy, de Strauss, de Borodin, de Strawins1
ge~io y el~~lea;e • "tch pero no pue~e por ellas modificar su opinión sobre el
por excelencia~~ que_ ace que cons!dere a Wágner como el •genio musical
Nueda. Todo eli' o m1smdo que D. Juho C~sares, que prologa el libro del señor
•bello y lo subt razon~ º. en vanos cap1tulos, en los que distingue entre lo
creadora» y la ~me»Ít d sc1erne ac~rca de _la ~emoci6n estéti~•. la •facultad
H
. • acu a cqmprens1va musical».
juicioi ::;~ libro de_l Sr. Nueda una cualidad esencial: el entusiasmo. Si sus
que se fea conn no stabs~acteréa algunos, la virtud simpática de su literatura hace
gus o e 10 er s su obra.

\vi

~1t;tt•

s.
Brnest Newman.-A Musical Motley.-London. John Lane.

1920.

Muy pocas de las obras qu
bl ·
, .
verdadero sentid d
be se pu .1can sobre mus1ca son •obras» en el
fondo y la raz6 o e 1a pa1a ra. Son libros en la .forma, y periodismo en el
la m6~ica y la dffi~~t~g~ra:ente, la ~alta de ?º concepto. estético general de
pio de unidad .
a
e. acer un libro &amp;~X:1~meote crítico y con un princilector general s; q~e ese hbro no resulte d1fic1l, pesado o sin interés para el
libros que habie s c ~ro ?ue .e~ Espafia este elector general, no existe para
el del Sr. Newm~ns°E reI a tus1ca, ~unque sea.de un modo fácil y variado como
ba creído n
. · . n _ng aterra 51• Y en cantidad abundante. Por eso el autor
ae trata sol=~esa{'od¡ustificar el ~arácter misceláneo de su libro advirti~ndo que
que su carácte:ºg: e ~na tcáoldecfinc1~n de_ artículos de periódicos diarios, r.on lo
ncra ea
e ido: ligereza y brevedad. De cincuenta artícu93

�LA PLUMA

LA PLUMA
los se compone esta colección, algunos en serie, como los que tratan del •pequeño poema musical,, los tres muy ingeniosos sobre •T~e elastic l~~uage•,
la «Música sin sentido común• y el ensayo sobre •Colocación en su s1t10•, de
los clásicos.
Newman es uno de los escritores sobre música más agudos y más perspicaces de su país. Su estilo es incisivo, rápido y seguro. Ve las cosas inmediatamente y atina siempre cou su lado flaco. Un ¡::olpe certero_ y desp~és un c~mentario irónico. Ha pasado el tiempo de la literatura musical dulcmea al estilo de Mauclair. Hoy el crítico tiene forzosamente que ser mordaz; le invitan a
ello tres cosas: la psicología de los compositores, siempre elemental aunque
quiere parecer complicada; el len~uaje de la ,ºb:ª• osci!ante entre_ la ~andidez
o la pretensión, y, por fin, el púbhco, este pubhco musical, con su mstmto para
escoger con toda exactitud la posición más desacertada.

s.

Daniel J. Mason.-Contemporary Composers.-New-York.-The

;

1

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!
1

1

!,,,

"'

Macmillan Company.
Este libro no es absolutamente reciente. Su «copyright» data de 1918, pero
como hasta ahora no ha llegado por nuestras longitudes ni se ha visto antes de
ahora su anuncio por los periódicos americanos, podemo~ dar cueuta de é) co~o
nuevo. En rigor, su novedad no es tampoco mucha: consiste en una recopilación
de artículos de revista que viene a completar la serie de obras en las que Mason recorre la historia del arte musical. Después de «Ileetboven and bis forerunners•, de «Tbe Romantic Composers• y «From Grieg_ to Brahms,, el volumen actual presenta a las figuras contemporáneas más sa!tentes: Strauss, Elgar,
Debussy y D'Indy, según el oraen seguido por el autor, que prece_de a sus ~ocetos crítico-bio&lt;1ráficos con un ensayo sobre cDemocracy and Mus1c• y termina
su libro con un :rtículo informativo sobre la música en la América del Norte.
Mason no es un «ecléctico•, felizmente para él, pero no es un intransigente,
felizmente para nosotros, que no participamos en sus entusiasm~s por Strauss,
Elgar y D'Indy. Ese escritor pertenece a la clase «mesurada• que mvoca el erespeto para las ideas ajenas• en compensación a su suave desdén para a9uellos a
los cuales son sus propias ideas las «ajenas,. En todo caso, se lee con mterés y
no sin cierto provecho. No deja de tener puntos de vista acertados y una buena
ponderación de valores, que es, en resumen, la base de la crítica.

s.

Camile Mauclair.-Les kéros tk l'Orchestre.-París, Fischbacher,
1919.

Con este título aparece un volumen parejo a aquel de la • Religión de la
Música• que, hace algunos años, constituyó un casi Nuevo festamento de los
aficionados. Ahora, ambos volúmenes llevan el título general de «Ensayos sobre la emoción musical&gt;. Es la misma literatura blanda, cálida, confidente, muy
94

para e) _u!o instit';1cionist~ y de estudiantes residentP.s. Camile Mauclair fundó
esta religión musical, ~ap1lla de 1~ otra religión de la belleza ruskiniana; pero
los santos que Mauc_la1r revercwc1a ~an sufrido un rudo golpe después de la
gu~rra. «No~ posso 10 cantar comm 10 soleva•, y el autor nos advierte que el
ruido del canón ha asustado al Hada. Si ahora publica recuerdos del tiempo
pasado, laud~s en aquellos m_ismos tonos que en su volumen primero, adviertt
que es en calidad de bomenaJe sobre la tumba de los genios, que en otro tiempo fueron el encanto de una tarde de conciertos.
. _Tales ecos de lo pasado son aún esa literatura convencional y ya desprestigiada ~or su exceso. •Escuchando la Novena•, ,La misa en re mayon, •Beethoven f Miguel Ang~h, «Al margen de J. S. Bach,. Ante las tumbas de Schumann
d~ Liszt, de _Chopm, de Pugno... «Un pcu de trop•, todo esto. Pero está muy
bien ese articulo sobre Gluck, músico checo, y es curioso otro sobre Karsavina
Y Mallarmé, per? DO aseguraríamos que les complaciese a ella ni a él.
Ya estaban ~ien en 1908 los artículos de un recelo antiwagneriano. Hoy noson más que evi_dentes. El gran pedan_tón de Baryeuth ha pasado a la gloria con
Meyerbeer,Berhoz y los de~ásteatrahstas románticos. Sic transit... , La de Wág.ner, para muchos, es todav1a un artículo de fe.

s.
A. Ossorio.-E/ alma de la toe-a.-Madrid, Pueyo,

1920.

h La Universidad_ no forma científicamente al alumno. La Facultad de Dere~o~m•a~Ylroduce smo v~gos, rebeldes, destructores, anarquizantes y hueros. La
los ab n de~ hombre Viene después.• Para contrihuir a ella, el autor ofrece a
.
og~dos Jóvenes el fruto de su ya dilatada esperiencia en punto «a la func~6n social_del _abogado, sus tribulaciones de conciencia, sus múltiples y heterogAbneas obligacwnes, la coordinaci6n de sus deberes a veces antaaónicos» es el que dema nd ª JUS
· t·1c1a
· an t e 1os T nbunales
·
·
"su consejo
·
d ogado
y dispensa
Ior ~oral tanto como
técnico, en los conflictos de intereses y de pasione~
sabre parti_cl!lares. Rl norte del abogado no ha de ser la ley, sino la justicia, y
er perc~?irla en cada caso es la suprema maestría. El Sr. Ossorio habla de
una sensac,on d.e .JUS
· t· ·
·
.
.
.
definid
teta, ~specie de revelación interior, que por no estar bien
á ti ª s¡ par_ece demasiado a la corazonada vulgar o al ojo clínico del médico
~~ \ ~- venguado que la justicia está de su parte, debe el abogado servirla
«h: 0 os 1os !ecursos que le sugiera su ingenio al manejar los textos legales:
deb~ que ser~ir_ el fin bueno aunque sea con los medios malos.• El abogado
u hé confi;~ unicamente en la fuerza interior; no ha de ser solo un docto sino
n roe.
cuadro que sirve de fondo a este parangón es desconsolado; y re::an~estro ánimo l?s posos de una aversión antigua. El Sr. Ossorio
Sal/suele ~ nza por la Magistrat~ra, que no es tan incapaz como dicen: «en cada
pañol a n/ber _más de un m~gistrado que atienda y discurra.• El letrado esd
pe 5 lee, el Sr. Ossono le aconseja que se gaste cuando menos diez
couros anufles en literatura. En lo económico, los abogad~s DO pueden l~char
mo exp otados frente a los explotadores; no pertenecen a una ni otra casta·

e!/ª

::v:

.

9S

�LA PLUMA
hay en sus filas proletarios subyugados y patronos abusivos. «Se comprende la
sindicación de aquéllos contra éstos; pero la de todos juntos, ¿contra quién?•
El libro es muy personal, escrito con brioso desenfado, a veces excesivo; no
h,.biera perdido nada con filtrar un poco más ciertas ideas, como en Jo relativo
a la especialización en las «profesiones científicas•; ¿y qué significa aquello del
«doctrinarismo que siembra la duda y el sensualismo que perturba nuestra
moral?•
M. A.

*

* *1920), Jules Romains inserta una nota
En la Nouvelle Revue Fran;aise (abril
acerca del «movimiento de los espíritus• en Cataluña. No pretende atraer las
reflexiones ni la simpatía del lector sobre la situación política del Principado,
ya que los franceses se han afanado durante un siglo en descubrir naciones
oprimidas y no es seguro que los resultados hayan sido buenos. El nacionalismo catalán, además, no es una doctrina de catástrofe; los catalanes no preparan metódicamente una guerra civil; piensan que una civilización elevada y armoniosa es un arma poco menos eficaz que la artillería. Veneran su poesía y su
lengua. Un pueblo ignorado, negado, se agrupa en torno de su centro espiritual
y comprueba su razón de existir ai contacto de su poesía. La nueva Cataluña
ha sido fundada por los libros. Una antología francesa de la poesía catalana
mostraría al lecter francés que la concepción corriente del carácter español,
aun despojada de ciertos rasgos de burda composicion, evidentemente falsos,
no puede aplicarse a los catalanes. La amistad intelectual de Francia y Cataluña se recomienda, además, porque en la obra de reconstrucción que ha de
hacerse en Europa para equilibrar u11a gran civilización intelectual, debe Francia buscar con cuidado a los que por sus dotes naturales y sus aspiraciones espontáneas son sus colaboradores inmediatos. Los catalanes poseen buen sentido, optimismo, gusto por la vida, sin el énfasis ni la ligereza meridionales,
justamente odiadas por los hombres del Norte. l'ero no es seguro que sean in vulnerables a las malas intluencia&amp; que puedan corromperlos.

Gacetilla.

1,

Gracias sean dadaa.-A todos los colegas que han acogido con palabras
corteses el nacimiento de LA PLUMA. Muy ruborizada, porque es jovencita, LA
Purra promete acentuar sus cualidades, y, ya que no pueda suprimirlos del
todo, promete al menos cambiar de defectos, que es también un modo de mejorar.
Nos place haber hallado en Castrovido, qur. nos dedicó en El Pafs un saludo tan inteligente y cordial. un coadyuvante para nuestra campaña de urbanismo madrileño. Llamado a colaborar en un diario más joven aún que LA
PLUMA, Castrovido abre una sección con el mismo título que la de nuestro Paseante en Corte. ¡Muy bienl Espernmos que dentro de poco todos los periódicos
reconoce~án a la estética de la villa la importancia que nosotros le hemos dado.
96

AÑO J.

1

MADRID, AGOSTO 1920.

NÚ.M. 3,

Fansa Y licencia de
(a

Reina Casti~a :: ~
APOSTILlÓN

~ovte tsabeUna. ~ Befa Setembvina. ~ i:;at?sa de
muneC05 •'--'J•i.a
M~rtctososecos~delossemanaeios
.
~.

eevo(ucion:irios ~ la Gotda, la flaca Y ec ~
Blas.• ~
Mt musa
.
.
b
d moderna ~ enat?ca la pierna,~
se( cim
va,
se
on.
ula,
_
se
comba
se
ac"u(a
.
•
,
lJ
~ con
e t?tngot?vango .._. titmico del tango ~ Y t?eeoge la
falda dettás. ~
PeRSOJ'iAJes
Re·la Reina. ~
· e{ Re"
.. eonso,t e. ~ lucel!o, JY[anolo, compadl!e de {a
ma.
~ JY[a11i=JY[o11ena, Aaafata. ~ e1 e,an Preboste -.. Un f
7
· -.IU U::
97

�</text>
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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>Azaña, Manuel, 1880-1940, Redactor</text>
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                <text>Rivas Cherif, Cipriano de, 1891-1967, Redactor</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>LA PLUMA
hay en sus filas proletarios subyugados y patronos abusivos. «Se comprende la
sindicación de aquéllos contra éstos; pero la de todos juntos, ¿contra quién?•
El libro es muy personal, escrito con brioso desenfado, a veces excesivo; no
h,.biera perdido nada con filtrar un poco más ciertas ideas, como en Jo relativo
a la especialización en las «profesiones científicas•; ¿y qué significa aquello del
«doctrinarismo que siembra la duda y el sensualismo que perturba nuestra
moral?•
M. A.

*

* *1920), Jules Romains inserta una nota
En la Nouvelle Revue Fran;aise (abril
acerca del «movimiento de los espíritus• en Cataluña. No pretende atraer las
reflexiones ni la simpatía del lector sobre la situación política del Principado,
ya que los franceses se han afanado durante un siglo en descubrir naciones
oprimidas y no es seguro que los resultados hayan sido buenos. El nacionalismo catalán, además, no es una doctrina de catástrofe; los catalanes no preparan metódicamente una guerra civil; piensan que una civilización elevada y armoniosa es un arma poco menos eficaz que la artillería. Veneran su poesía y su
lengua. Un pueblo ignorado, negado, se agrupa en torno de su centro espiritual
y comprueba su razón de existir ai contacto de su poesía. La nueva Cataluña
ha sido fundada por los libros. Una antología francesa de la poesía catalana
mostraría al lecter francés que la concepción corriente del carácter español,
aun despojada de ciertos rasgos de burda composicion, evidentemente falsos,
no puede aplicarse a los catalanes. La amistad intelectual de Francia y Cataluña se recomienda, además, porque en la obra de reconstrucción que ha de
hacerse en Europa para equilibrar u11a gran civilización intelectual, debe Francia buscar con cuidado a los que por sus dotes naturales y sus aspiraciones espontáneas son sus colaboradores inmediatos. Los catalanes poseen buen sentido, optimismo, gusto por la vida, sin el énfasis ni la ligereza meridionales,
justamente odiadas por los hombres del Norte. l'ero no es seguro que sean in vulnerables a las malas intluencia&amp; que puedan corromperlos.

Gacetilla.

1,

Gracias sean dadaa.-A todos los colegas que han acogido con palabras
corteses el nacimiento de LA PLUMA. Muy ruborizada, porque es jovencita, LA
Purra promete acentuar sus cualidades, y, ya que no pueda suprimirlos del
todo, promete al menos cambiar de defectos, que es también un modo de mejorar.
Nos place haber hallado en Castrovido, qur. nos dedicó en El Pafs un saludo tan inteligente y cordial. un coadyuvante para nuestra campaña de urbanismo madrileño. Llamado a colaborar en un diario más joven aún que LA
PLUMA, Castrovido abre una sección con el mismo título que la de nuestro Paseante en Corte. ¡Muy bienl Espernmos que dentro de poco todos los periódicos
reconoce~án a la estética de la villa la importancia que nosotros le hemos dado.
96

AÑO J.

1

MADRID, AGOSTO 1920.

NÚ.M. 3,

Fansa Y licencia de
(a

Reina Casti~a :: ~
APOSTILlÓN

~ovte tsabeUna. ~ Befa Setembvina. ~ i:;at?sa de
muneC05 •'--'J•i.a
M~rtctososecos~delossemanaeios
.
~.

eevo(ucion:irios ~ la Gotda, la flaca Y ec ~
Blas.• ~
Mt musa
.
.
b
d moderna ~ enat?ca la pierna,~
se( cim
va,
se
on.
ula,
_
se
comba
se
ac"u(a
.
•
,
lJ
~ con
e t?tngot?vango .._. titmico del tango ~ Y t?eeoge la
falda dettás. ~
PeRSOJ'iAJes
Re·la Reina. ~
· e{ Re"
.. eonso,t e. ~ lucel!o, JY[anolo, compadl!e de {a
ma.
~ JY[a11i=JY[o11ena, Aaafata. ~ e1 e,an Preboste -.. Un f
7
· -.IU U::
97

�LA PLtJMA

LA PLÜMA

11

diante sopiSta. e.-,c.... Don Gaogárabete, 1'ta,qu~ Lecbugutno, amante de (a
Reina. e.-,c.... Don t,inito, Genti(,,)1omb11e del Re1,1. ~ toln!o ba, fo11obado
guitan!sta, faoo11ite del Re1,1. ~ el estudiante eon düf•a~ de lego. ~
La lnfanta fiianc!sca. ~ El Ma11011 Gene,al Don 't11agatundas. ~ el ln,:;
tendente del Re1,1. ~ Dos camall!stas de la Reina. ~ Dos Damas de la
lnfanta. e-,.... Ronda de mafos calamucanos. ~

oeCOAACIÓ)'i

LucERO DEL ALBA.

Mil.1-MORBNA.
LucBRo DEL

ALu.

MARI-MORBXA.
LUCERO DEL ALBA.

n oet?de y eosa, una tfotesta ""?&gt; de fatdines u suetido:::
ie~. ~ los oioline, de la ovqucsta ""?&gt; ()acen papel de
,msenot?es. ""?&gt;
~ Cala la luna los follajes. ~ Y albea e( palacio eea( ~ que
act?obático en los mh!afes ""?&gt; del lago, da un salto moetal. ""?&gt;

e
,·

MARI-MORENA.
LUCERO DEL ALBA.
MARI-MORENA.
LUCERO DEL ALBA.

JORNADA PRIMERA,:,.- ESCENA PRIMERA

o::-

MARI-MORENA.
LUCERO DEL ALBA.

J l'N Manolo y

V

una azefata ..a- conversan bajo los negrillos.
Muere la tarde. Serenata~ de ranas y grillos. ,o.::,
MAiu-MORENA.

LUCERO DEL .ALBA.

MARI-MORl,NA.
LUCERO DEL ALBA.
MARI-MORENA,
LlJCERO DEL ALBA.
1

1

MARI-MORENA,
LUCERO DEL ALBA.
MARI-MORENA.

¡Con que está la señora soberana,
mi comadre, tan guapa y repolluda!
¿Y hay novedades?
Para la semana,
mediante Dios, saldremos de la duda.
Pues que nos traiga un príncipe.
¡Así sea!

LUCl!RO DEL ALBA.
MAII.I-MORENA.
LUCERO DEL ALBA.

Recibido el recado, acá roe vine.
¿Qué se ocurre?
Tuvimos una idea.
Puede que sin decirla la adivine.
¡Vaya que nol

MARI-MORENA.
LUCERO DEL ALBA.

r
98

Me llama la Señora
porque sabe que en mí tiene un te~plado,
que carga su trabuco en toda hora
para ~Ha. ¿Es verdad? ¿Fué bien hablado?
1Chap1ón, hablaste como un loro viejo!
No me hagas cambalaches con el nombre
El que llaman Chapión es un pendejo,
•
y Lucero del A!ba todo un hombre.
Perdona, Chapión.
. .
1No haya un disgusto!
AntoJa ir de mantón a la verbena
la Señora.
¡La Reina es de mi gusto!
¿Y cuál es mi incumbencia en la fae ?
L
d.
na
uego ispone ir de tapadillo
a un baile de candil.
, .
tViva la Pepa!
¿Tu tienes quien nos guarde?
El Tempranillo
el Zaino, el Mengue, el Toño Y Paco Che~a.
Los de siempre. ¡La flor!
¡Ténlo secreto!
Como el dar pasaporte a un cristiano
y para no olvidarte del respeto
.
hay _que ver de no estar calam:cano.
Mari-Morena deja que presuma
un poco, al escuchar tus dicharachos
El Lucero del Alba, si se ajuma
•
es más fino que el Rey de los g~bachos
¿Y cuál ~aile ha de ser el preferido?
.
El que vieras mejor.
¡Todos son buenos!
El del Rango, el Manolo, el Buen Cumplido...
99

�LA PLUM.A
MARI-MORENA.

·'

LUCERO DEL ALBA.

No faltan en ninguno calvatruenos..
Yo me najo. Pudiera el Gran Preboste,
si en conversa nos ve, ca~r de la luna.
Caso de preguntar, ni oste ni moste.
¡De mi nadie sacó verdad alguna!

E

L talle.ondulante con ondulaciones ,:,,e, de gata,y pimpante-=-=- rit11zo de tacones - .huye la azafata, y su risa fresca ,.. en la escalinata canta picaresca. ,:,,e,

'"'ESCENA II -

E

'L fraque azul abotonado, media guedeja, ,:,,e, y la gavina tkrribada
sobre ia oreja, -=-=- pintando chirlos en el aire con el bastón ,:,o

hace su entrada el Gran Preboste: un fantasmón. ~ Tose su excelencia, un ojo guiñado -=-=- bajo la humareda tk su
tagarnina. e,:, Con~toses, Lucero se marca,y alzado -=-=- el catite, a su
excelencia se avecina. EL GRAN PREBOSTE.
LUCERO DEL ALBA.

...
EL GRAN PREBOSTE.
LUCERO DEL ALBA.
EL GRAN PREBOSTE.
LUCERO DEL ALBA.
EL GRAN PltEBOSTE.
LUCERO DEL ALBA.

EL GuN PuaosTE.

LUCERO I,)EL ALBA.
EL GRAN I'ItEBOSTE.
LUCBRO DEL ALBA.

¡Me parece!

S ALUD~ y se a~eja Lucero

e,,,:, con marchoso compás de pies
apretandost pinturero -e,:. a la cintura el marsellés ,::-=,

~

¡Tú por acá!
Me tira aquella prenda;
la ando por camelar, y es piedra dura;
lleva sobre los ojos una venda,
y no sabe apreciar esta pintura.
¿Y aquellos barrios cómo están?
Lo mismo
que una balsa de aceite.
¿No hay barruntos
de jollfn?
Al que chiste lo descrismo,
y me engraso las botas con sus untos.
Si algo observas...
No tenga usía canguelo.

Allf nadie conspira. Por ahora
en su olivo se está cada mochuelo.
Saben que es mi comadre la Señora.
¿Quiere usía un cigarro? Es contrabando
de Gibraltar. ¡Tabaco peluquillal
Precisamente yo lo estoy buscando!
¡Procúrame una buena pacotilla!
No quiero despistarte de la caza
amorosa que sigues.
Se agradece.
Cuando observes jaleo por la Plaza
de Antón Martín, me avisas.

~

ESCENA III =

R EV?LANTE el suelto manteo ~ y al aire el tricornio, un So.. pon, salta en la arena del paseo -.:. con .flexible g-enu.fierzon.-=-.:Et SOPÓN.

EL GuN PREBosrn.
EL SoPóN.
EL GRAH PREBOSTE.
ELSoP6N.
EL CuN PREBOSTE.

Perdone su excelencia si interrumpo el discurso
genial de sus ideas, y en falta soy incurso.
Pero el ser pretendiente justifica mi falta
que la liebre se ha de matar en donde s;lta.
¿Tú me tomas por liebre?
Metafóricamente.
Prescinde de metáforas para ser pretendiente.
Al colgarme ese mote, también fuí metafórico.
¡Plaga de Salamanca es tu verbo retórico!

100
IOJ

�LA PLUMA
LA PLUMA
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE,

EL SOPÓN.
EL GRAN PllEBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE,
EL SOPÓN.

EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.

...

EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE,
EL SOPÓN.

¡No olvidemos Sevilla!
¿Eres tú sevillano?
Bautizado en la misma pila que Cayetano.
Bachiller in utroque.
¡Sopón! Y a lo que veo,
por alcanzar la sopa, arrastras el manteo;
despacha en tres palabras lo que quieres, taimado.
En tres palabras solas: ¡Quiero un arzobispado!
¡De oir tal insolencia, mi bastón se enarbola
para romperte el cráneo!
¡Es muy dura esta bola!
Sal de aqui, que pudiera costarte tu insolencia
tratos con el verdugo.
Espere su Excelencia
que exponga mis razones, y verá si hay pupila
al pretender el Arzobispado de Manila.
¡Sin duda que eres loco!
¡Loco! ¡Y la sinecura
pretendo de una mitra!
¡Ahf está tu locura!
Repasad este escrito.
¿Quién lo firma?
Paquita.
.
Da en la carta una cita.
¡Nunca tuvo estos rasgos la real escri~ural
¡A voces pide un trato de cuerda tu impostura!
Ese papel es copia.
¡Qué cosas la Señora
escribe! ¡Reconozco su pluma pecadora!
Pues la carta es trasunto de otra que está en recaudo;

EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL

GRAN

PREBOSTE.

EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.

EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.

EL

GRAN

PREBOSTE.

¡El nombre de la Reina!

si merezco la mitra declare V'Qestro laudo,

EL SOPÓN.
EL GRAN PRE:aOSTB.
EL SOPÓN.

EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN hEBOl!TE.

No te daré la mitra, pero haré tu fortuna,
si esas cartas me entregas.
¡Yo sueño con la luna!
¡Sólo os daré las cartas vestido de encárnadol
¡No admito condiciones, cuando estoy enfadado!
¡Entrégame esas cartas!
¡A cambio del anillo!
¿Pero estás ordenado?
¡He sido monaguillo!
Con el tricornio llevo oculta la tonsura.
Dame las cartas, deja dormir esa locura,
y no quieras que en una mazmorra te sepulte.
¿Dónde están esas cartas?
Permitid que lo oculte.
¡Despidete del dial
¡Le hago mi reverencial
Hablarán las gacetas de mi caso, Excelencia.
Les pondré una mordaza.
Jugando del vocablo,
puede el gacetillero asestar su venablo.
¡Meditad!
Si me pides la Insula Barataria,
te doy su virreinato. Pero a la estrafalaria
pretensión de una mitra, hazle cruz de renunoio.
Si te nombro arzobispo te pone veto el Nlmcio.
Señor, hay precedentes.
¡No seas embustero!
¡Mi palabra!
¡Es posible! ¡Los desconozco! Pero
si existen precedentes, ya no es un desatino.
Obispo de Pamplona ha sido el Valentino,
con sólo la tonsura, que luego fué casado.
¡Pues no tengo noticia yo de ese desahogado!
IOJ

�LA PLUMA

LA PLUMA
¿Quién hizo el n0mbramiento?
Su padre, que era Papa.
Tú llevas él Demonio debajo de la capa.
¿OíHeis de César Borgia, Duque del Valentino?
¿Ese que los poetas nuevos llaman Divino?
¡Con el hijo de un Papa te quieres igualar!
Atended que la mitra la pido en Ultramar.
¿Quieres ser Intendente?
Arzobispo es bastante.
Más gana un Intendente.
Pero queda cesante.
Pues te zumba esa mosca borriquera en el cráneo,
irás con ella a sepultarte en un subterráneo,
y educarás ratones, mientras te pudres vivo.
Permitid, Excelencia, que antes tome el olivo.

EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL S@PÓN.
EL GRAN PRJ,;BOSTE.
EL SúPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.

EL SOPÓN.

CE salva por pies = con el ¡fú! del gato = y

U

gro garabato.

EL GRAN PREBOSTE.

...,

=

el manteo es .., ne-

1

¡A ese tuno que escapa! ¡A ese del manteo!
¡A ese del tricornio! ¡A ese... 1 ¡No le veol
Haré que me lo arreste esta noche la poli
y recobre las prendas de una pluma panoli.

,e.e,

ESCENA IV=

'ACI ¡Tac! ¡T:Jc! Don Gargarabete ~ surge con fatuo taconeo .-c.
y el bastón con un moliuete
bajo las sombras del paseo.-.
¡ Tac!¡ Tac!¡ Tac! D~n Gargarabete.

T

EL GRAN PREBOSTE.

1'

DoN GARGARABETE.

=
=

¡Al veros, don Gargarabete,
sin querer se fruncen mis cejas!
¡Dejad, que me sigue el copete!

EL GRAN P1tRBOSTE.

Esperad que os diga mis quejas.
Ved esta copia. ¡Os han robado,
señor mfo, el originall
DON GARGARABETE.
¡Nunca a mi mano fué llegado
· este mensaje!
EL GRAN PREBOSTE.
¡Hay un rival!
DoN GARGARABETE.
¡Mañana le paso un florete!
¡No lo tolero!
EL GRAN PREBOSTE.
¡Calma!
DON GARGARABETE.
¡Por
mi gracia de Gargarabete
le llevo al campo del honor!
EL GRAN PREBOSTE.
Querido amigo, a lo hecho pecho.
¿Su merced en quién para mientes?
DON GARGARABETE.
En uno del Circo sospecho.
EL GRAN PREBOSTE.
¡Esas mallas concupiscentes!
DON GARGARABETE.
¡Los caprichos de la Señora!
EL GRAN PREBOSTE.
¡Y si la atajo en sus caprichos,
me lava la cara y me llora
con unos golpes y unos dichos!
¡Pero me extraño del secreto!
DON GAR.GARABETE.
¡Ha puesto los ojos tan bajo!
EL GRAN PREBOSTE. Convengamos que ese respeto
no hace honor a su genio majo.
Do;x GARGARABETE.
¡Y el Rey Consorte esto tolera!
EL GRAN PREBQSTE.
¡Para esto es el Rey Consorte!
DON GARGARABETE.
¡Y no le rompe la mollera!
EL GRAN PREBOSTE.
¡No son los usos de la Corte!
DON GARGARABET.E,
¡Aun ayer con sus embelecos
me retenía en los rincones!
¡Qué idilios en aquellos huecos!
EL GRAN PREBOSTE.
¡Qué ejemplos para los ratones!
DON GARGARABETE,
Vos pebiérais de poner coto

�LA PLUMA
a los idilios cortesanos.
Y promoviera un alboroto
inútil. ¿Quién ve tantas manos?
DoN GARGARABETE.
Pues el motln se viene encima;
todo el mundo protesta.
EL GRAN PREBOSTE.
¿Pero
porque la Reina se comprima
van a echar carne en el puchero?
Sin las intrigas de Inglaterra
no se moviera aquí una paja,
yo conozco mucho mi tierra,
pero el oro inglés Je trabaja.
Hoy tenemos ya puritanos
que hablan en contra de los toros,
de los garrotines gitanos
y nuestra indolencia de moros.
Puritanos que a toda hora
sacan a cuento la moral,
sin comprender que es la Señora
una Reina Meridional .
Esos tontos de mojigata
pretenden un grano de anís:
¡Que tenga la sangre de horchata
la Señora, como una mis!
DoN GAI!tGARABETE.
¡Pues está la gente que arde!
EL GRAN PREBOSTE.
Para acallar esos babeles
irá a les toros una tarde
con pañolón y con claveles.
No tratan con ningún doctrino;
he sido antes tabernero
y sé poner el agua al vino.
Este pueblo es muy novelero.
¡La señora tiene qna falta!

LA PLUMA
¡Una no más! La incontinencia
epistolar. ¡Su 'pluma exalta
el amor, con una inocencia!
Las palabras las lleva el viento,
pero las cartas son traidoras,
no dejan de hablar un momento,
son voces de todas las horas.

EL GRAN PREBOSTE.

IQ6

R

VMOR de risas. La fronda . . cruzan con paso sutil= dos tapadas,y la blonda -a,o, de sus mantillas enronda - con un misterio ti perfil.~
EL GRAN Pttl!BOSTE.

DoN GARGARABETE.
EL GRAN PREBOSTE,

DoN GARGARABETE.
EL GRAN PREBOSTE.

C

Allá van dos de zagalejo,
las caras con el rebocillo
muy cubiertas. Me llega el dejo
de un enredo de tapadillo.
¡Válgame Dios, una es la Reina!
No se irá sin darle un consejo.
Si acaso llora o se despeina,
vos tan terne.
¡Soy perro viejo!
¡Ingrata! ¡Perjura! ¡Traidora!
Es preciso llevarla el son.
Os ha tratado la Señora
igual que a la Constitución.

=

ON la ckiste,-a de soslayo - y un grito terrible m falsete
se
eclipsa Don Gargarabete o:. para no hacer un Dos de Mayo. -::;::.

�LA Pt tJ,MA

LA PLUMA
1, 1

~ESCENA

LA SEÑORA,
EL GRAN PREBOSTE.

LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.
!,.A SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE,
LA SEÑORA.

1111

1
1

' 1
1

EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.

1

'",11

...

EL GRAN

'L palacio entre los ramajes o-&amp;o del jardín se muestra y recata; -.:.
tiembla invertida en los mirajes . . de las fuentes, su columna:a. ~

EL GRAN PREBOSTE.

,. ,

LA SEÑORA.

E

1

'

ti:t GRAN Pitnosn.

v ..

¿Adónde se encamina la Señora,
me pudiera decir?
No te lo digo
porque vas a reñirme.
¡A buena hora
os acuerdan mis rifíasl
Ven conmigo.
¿Pero adónde, Señora?
¡Ven y calla!
¡Sin saberlo no voyl
¡Qué terco eres!
A un baile de candil.
¿Y esa canalla?
¿Quieres que vayan solas dos mujeres?

=

E

PREBOSTE.

LA SKÑOR.A.

EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PREJSOSTB.
LASEÑou.
EL GRAN P_REBOSTI.
LA SEÑORA.
EL GRAN PRnOSTE.
LA SEÑORA.

Et GRAN PREBOSTE.
fa. GRAN PREBOSTE.

EL GRAN PitEBOSTE.

LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.

LA SE~ORA.

A

MONADA la escolta cabecea .::-e- y bajo el cielo del jardín, levanta
una grotesca imagen de Y udea r.;:,. como aquel Paso de
Semana Santa~ que un indiano 1'8faló a mi aldea.~
108

=

¡No es sensato!
Mañana me presentas el decreto.
Hay Prensa, y puede darnos un mal rato.
Con la censura guardará el secreto.
¡Ya no hay nadie que crea sus embustes!
¡Ojalá fuera así!
¿Vienes conmigo?
Hay un asunto grave.
¡No me asustes!
Dos cartas que escribisteis a un amigo.
¿Y son, sin duda, comprometedoras?
¡Son cartas incendiarias!
¡No me cuentes!

¡Las cartas que escribimos las señoras

'N la sombra se inicia ia patrulla de jaques
que a Lucero del
Alba pidió Mari-Morena. ,.. Y en el claro de lun&lt;J los huecos meriñaques oo abren su rododendro sobre la blanca arena. ._
¿Pero sabéis, Señora, que en los bailes
de candil el Diablo hace las suyas?
¡No seas camastrón! ¡Harto los frailes
me cantan ese pliego de aleluyas!

¡lmagino que todo es una chanza!
¡Muy mal imaginado, señor mío!
Pues si alguno se entera de la danza
nos arman en las Cortes el gran lío.
Se disuelven las Cortes.

LA SEÑORA.

LA SEÑORA.

en cierto estado de delicuecentesl
¿Y qué piden por ellas los mambises?
¡La Mitra de Manila!
¿Dénde es eso?
Viene a caer allá por los palses
de Ultramar.
Les daremos ese hueso.
¡Y los vaticanistas son capaces
de arrancarnos los ojos!
rAy, qué empeño
por aguarme la noche! ¡Y qué incapaces
todos, para sacarme de un empeño!
Si no le das la Mitra, lo haces Duque,
Embajador, Ministro, General.

�LA PLUMA
EL GRAN PREB09I'E.
LA SEÑORA.

EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.

LA SEÑOR.A.
EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑOR.A.

EL GRANPuBOSTE.

L•- SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.

.

:Í...A SEÑORA.
EL GRA,, PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PRBiOSTE.
LA SEÑORA
EL GRAN PREBOSTE.

LA SEÑORA
EL GRAN PREBOSTE.

LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
110

Mi amada Reina no se me en(urruque;
haremos a ese tuno concejal.
¡Dichosas cartas de un corazón tierno!
¿Y a quién van dirigidas?
Aún se ignora.
¡Yo escribo muy formal por el invierno!
¡Serán de este verano!
¡Son de ahora!
De ahora no son.
¡Se tratará de un timol
¡Y tú eres el gatera, el de pestaña,
el que las ve venir! ¡Valiente primo!
¡Mira que haberte dado esa castaila
No me enojara de que fuese engaño,
aun cuando la Señora me moteje.
Serán cartas antiguas.
Pero el dailo
lo hacen igual.
¿Y quién será ese peje?
De estudiante sopón lleva bayetas.
¡No pudiste buscarme amor más bajo!
Pensé fuera disfraz.
Las enjaretas
con un maravilloso desparpajo.
¡Es favor que me hacéis!
No seas irónico,
y dime alguna frase de esas cartas.
Vuestro verbo de amor es anacrónico
en la boca de un viejo.
¡Ya me hartas!
¡Quién puede retener en el meollo
aquel volcán de vuestro diccionario!
¡Dime, al menos, qué trazas tiene el po llol

LA PLUMA
EL GRAN 1&gt;.REBOSTE.
LA SESORA.

MARI-MORENA.
LA SEÑOR.A.

MARI-MORENA.
LA SEÑORA.
MARI-MORENA.
LA SEÑORA.
Mur MORENA.

EL GRAN PREBOSTE.

MARI-MORENA.
fu. GJtAN PREBOSTE.
MARI-MORENA.
EL GRAN PREBOSTE.

l&gt;ues las trazas de ser un perdulario.
Estoy por recordar, y cuando creo
que voy a conseguirlo, doy de bruces
y se_ me va la idea de paseo.
Man-Morena llega a darme luces.
¿Qué manda la Señora?
,
Llega, hija.
¿Tu recuerdas si tuve una novela
en un baile de Poi?
Un estudiante.

No estoy muy fija.

¡Ha sido en la Zarzuela!
¿Hubo algo, verdad?
Un ramalazo
sanguíneo, que os duró sólo tres días.
Ya me acuerdo, mujer, de aquel pelmazo
¡Qué memoria la tuya ea cosas mías!
.
¡Ramalazo ~e sangre! ¿Y no diquelas
lo l1_ue requiere el caso, Mariquilla?
¡Yo, no señor!
¡Un par de sanguijuelas!
¿Dónde, señor?
¡Sobre la rabadilla!

LA f

alrulla calamucana -=-:. ba:fo la luna hace .
,
JO de la fontana . . al zambullido de la
zzg-zas oc. y el esperana -=o hace ¡cltás! ~

VoCEs oa T.A PATRULLA. ¿Qué ocurre? Q
LUCERO.
A .
¿ ué sucede? ¡Preveaidosl
EL
¿ qu1é11 hay que diñár 1
GRAN PREB9STI!
¡Qué ab d
se a, Excelencia?
LA Sl!ÑO!lA.
"
sur o es éste!
Con tus alaridos
los despertaste, Y es la somnolencia.
111

�LA i&gt;L u1iA

l

t de rer
J. ,1,,ona -=-=- bermeja
'NFLA la luna los carrillos -:,c. y su caro~
de risa detona ,e-e- por encima de los negrillos. -

EL GRAN PREBOSTE.
LUCERO.

EL GRAN PREBOSTE.
MARI-MORENA.
EL GRAN PREBOSTE.

LUCERO.
EL GRAN PREBOSTE.
MARI-MORENA.
LA SENORA.

Guarde la buena gente cortesla.
Ha sido un sobresalto motivado
a tanto tener ojo en la vigia
de la Señora.
¡Ya me he penetrado!
¿No gasta usla reloj.&gt;
Lo gasto, pero
no lo saco de noche entre estos pillos.
1No hay uno que no sea un caballero!
l 1
¡un caballero de cortar bolsil os ?
¿Y por qué antojas tú saber la hora
Porque el baile ha de estar en su momento
y no debe perderlo la Señora.
.
¡Siempre tienes mi mismo pensam1entol

Divagación a (a (ua
de las candilejas. ==

.

L

,110 • ..,
VCERO se precia con toses de guar
=-c. Rie la comadre feltz Y
carnal - y un temblor cackondo le baja del papo a1 anca
fondona de yegug, 'real. Ven , Lucero, a mi lado, y dame rosca.
LA St!ÑORA.

EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.

L

¿Disolveré las Cortes?
1Ya lo creo!
¿No te di mi palabra?
¡Que otra mosca
no pique a la Señora en el paseo!

A luna desde su ventana -=-=- celeste, contempla _el ran~afe ...~ : .
salta bu1lona la rana-=-.:- en la lttz de un móvil enca¡e. .:-::
la
un volatin .,.. en
na l a arquesta _,_ los grillos o=- y kace la luna l'
cima de los negrillos, - que le sirven de trampa m. ,_

=

PIN DE LA JORNADA PRIMERA.

RAMON DBL VALLB-INCLAN
Il:Z

Espejo de costumbres llaman al teatro los retóricos. ¡Qué mucho si los
moralistas fruncen el entrecejo considerando los espectáculos al uso! Y no
es que yo quiera romper lanzas ni cañas en pro de ningún pudoroso bombero de servicio. La moralidad de mis reflexiones es muy otra.
Pornefandas que puedan parecer las costumbres reflejadas en la escena,
nunca lo serán tanto como la de llenar el público los teatros donde todo
mal gusto tiene hoy aberrado culto. Y si, por lo quf' de otras partes hemos visto o nos cuentan, la epidemia ha prendido en el mundo civilizado
en general, en España adquiere ya los mismos caracteres endémicos que la
grippe, pongo por universal azote.
Nunca como ahora ha habido tan poca afición al teatro. Basta considerar los innumerables que funcionan, incalificables todos, con pingües rendimientos, sin duda. Desde la altiva Princesa a la ruin pesquería de la
Chelito, por no citar sino los coliseos madrileños de que toman bárbaro
ejemplo los de provincias y América, no hay un solo lugar donde distraer el ánimo de las miserias cotidianas.
En España no hay teatro, con sobra de ellos. Faltan el autor dramático, el cómico y el público. Con el género chico ha desaparecido el último
vestigio de literatura teatral, siqaier fuera de baja estofa la de los saineteros que en estos tiempos de pan llevar acertaron todavía a crear una
generación de intérpretes y espectadores, en la fecha postrera de un teatro iniciado por el batihoja Lope de Rueda, y culminante en la producción dramática del XYlIJ.
8
lll

�LA PLUMA

ol
ITT''

La decadencia actual del espíritu público, el derrumbamiento de la
-sociedad española, el desolado ambiente en que se consume la burguesla
de la Restauración y la Regencia, adviértense sobre todo en los espectácu¡os. No soy de los que juzgan más triste que otro alguno el del Congreso
de los Diputados, ni más vergonzoso el de las corridas de toros. Peores
me parecen el oropel, la ñoñez, el caótico escándalo que infestan los escenarios; sobremanera abominables las infames mixtificaciones a que suele darse el nombre de uatr,s artistícos. Contra ese mercantilismo de
mala fe debemos esforzar la voz cuantos defendemos en el arte un patrimonio común del artista y el público.
Los llamados teatros de arte, de que no hemos tenido en España
sino tal cual parodia esporádica, nacieron varios lustros ha, en pleno éxito del realismo escénico francés, al triunfar en el Boulevard los autores y
actores educados en el Teatro Libre de Antoine. Surgieron entonces los
teatros de arte como protesta estética contra el verismo fin de siglo. Opusieron al naturalismo la estilización. Ello ha dado lugar al romanticismo

dec01 ativo de ahora.

..

Estos términos antagónicos no se:emplean aquí de una manera definitiva, ni se pretende con ellos clasificar estrictamente las últimas tendencias de las artes escénicas. Diferenciadas en esencia, aseméjanse muchas
veces en tantos detalles exteriores cuantas son las influencias recíprocas
entre las formas tradicionales y las modernísimas normas. Intento señalar tan sólo las manifestaciones que jalonan, en la época critica que vivimos, el camino del porvenir.
Wágner, con su concepto sinfónico de las bellas artes, puestas a contribución en el drama sin esa supeditación de valores, esa jerarqula que
presupone todo teatro cldsíco, inaugura en la segunda mitad del pasádo
siglo la confusión estética en que se afanan hoy vanamente_ los direc~o~es
de escenas &amp;rtísticas. Al querer fundir la plástica, la dramática y la mus1ca
en la suprema slntesis de Bayreuth, erige una nueva Babel. La pretendida
armonia degenera en tumulto. Perece la idea monstruosa y sólo el músico se salva.
De los despojos del wagnerismo, de la simiente esparcida aqul y allá
114

LA PLUMA

;J

por los vientos antiwagnerianos
.
Renace remozada la danza· Lo'1· geFrllllllnanl nuevos modos del arte teatral.
•
•
e u er sadora D
sentido musical a los antiguos cá
d'
uncan, prestan color y
ra Imperio y Antonia la Ar en:one~ e la estatuaria. En España, Pastoprodigiosa intuición a que s·g
oáa epuran el zapateado de tablao con
.
,
1rve m s que de
ñ
c1ón que les dispensan literatos
f
cose anza de acicate la atenbailes rusos.
y ar istas. Corren Europa en triunfo los
. ~l apogeo del ballet difunde la afición a 1
.
mfluJo en el arte dramát·
.
a pantomima decorativa cuyo
1co anuncia la bo
d
'
ahora relegado a unos cua t
.
ga e1 teatro artístico, hasta
. .
n os escenanos de Mos , d M .
el prestigio de los cuales debf
ás
cu, e umch, de Parls
•
ase m a su rareza q
fi
.
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e d ucac16n estética del p 'bl"
L
ue a su e cac1a en la
u ico. os nombres d
R •
antagonista Gordon Craig i"lust
e un e1nhardt, o de su
•
ran una nueva mod p
, .
no, las vastas escenas y com licada m
. . a. ero en ultimo térmificticia sencillez del otro i
_aqumana teatral del uno, como la
la decoración sobre el te~t:~;:::t~cn:. inversión nefasta: el predominio de

¡.

. La restauración de la paz ofrece dil d
.
c1onado al teatro Por do .
l
ata o campo a la cunosidad del afi.
quier, sa vo en Espa~
d .
terés por ver de hallar el es ectá
na, ~e a vierte el mismo inpúblico removida por la gup
clulo corres~ond1ente a la sensibilidad del
erra Y a revoluc1ón E F
·
te, tenemos este año diversos
. n rancia, especialmendramaturgia de los ti"
ensayos teatrales, susceptibles de incubar la
.
empos nuevos. No suel
p
para tnvenciones arduas d
. ,
e ser arfs lugar adecuado
.
e mnguo orden en c
t
• .
na se eJercita. Fiel guardad
.
uan os 1a actividad humaora, en cambio de un t d" "6
ea grado sumo la facultad d d"
.
,
a ra 1c1 n crítica, posee
•¡
e 1scern1r y elabor
f.
•
m1 able, la primera materia a t' ti
.
ar, en orma fác1Imeote asifrancesas. Tal es su prioci
i~ c~ import~d~ de allende las fronteras
donde el ciudadano un·
pla v1prtu -tal as1m1smo su limitación-. Por
.
1versa , en arfs mejo
c1clopédico resumen de los I b t .
r que en otra parte, halla ena ora onos del mu 0 d 0 d
.
tura experimental.
Y e toda exótica aven-

t

. Asf, pues, vemos a Lugné-Poe reanud I
.
ve10te años con el c1·cto "b .
ar a labor emprendida hace
•
1 semano que ha co ft 'd
.
la temporada actual del teatro de 'z•o
ns i u1 o casi exclusivamente
euvre, amén de tal cual novedad de

�LA PLUMA

1

.1

'l

..

segundo orden. La representación de Casa de Muñeca, interpretada este
invierno por esa Nora, cuyo temperamento sólo admite parangón con el
patetismo de Eleonora Duse, por esa colaboradora póstuma del propio
Ibsen-he nombrado a Suzanne Despres-bastarfa para justificar la obra
de Lugué-Poe que persistente en una tradición propia, aunque un tanto
estricta, rehuye el gran público, limitando el número de espectadores de
su teatro, a semejanza de algunas sociedades inglesas importantísimas en
el movimiento dramático contemporáneo; práctica beneficiosa para suscitar
la comunicación entre el escenario y la sala, pero que puede degenerar en
una especie de pseudo aristocraciaartistica, perniciosa para el arte mismo.
Opuesto al pequeño teatro ideal de l'Oeuvre, Fermln Gemier, Shylock
imponderable en el Mercader de Venecia que poco antes de la guerra le
consagró entre los primeros directores de escena, propónese lograr esa
comunión de actores y público en la obra dramática que constituye la virtud esencial del teatro antiguo. \Jno de sus primeros empeños ha sido el
de romper el marco habitual de los escenarios, guiado de una opinión fecundísima en futuras posibilidades, ya que no cierta en su realización ac.
tual; la de que la escena imprime carácter y suscita un género obligado. Y
así, ensayando grandes representaciones con numerosas comparsas en que
figuran gimnastas y atletas, movidas con un criterio plástico y musical, con
amplia arquitectura por fondo, en el anfiteatro de un circo, pretende crear
un espectáculo que corresponda a la conciencia social contemporánea en
la misma medida que el teatro y los juegos de la antigüedad clásica resumían artísticamente el espíriru del pueblo congregado para presenciarlos.
Si el resultado no responde a la intención de Gémier, débese a un error
de concepto, hijo de la confusión wagneriana antes aludida. La decadencia del teatro no consiste tan sólo en el aislamiento material del escenario, en el alejamiento tradicional de la perspectiva, en el estrecho marco
de la embocadura usual. Prueba de ello es que Gémier, suprimiendo los
prejuicios exteriores de la ficción teatral, en las tres obras represeatadas
esta temporada bajo su dirección en el teatro Antoine y en el Circo de Invierno, ha roto la divisoria entre las tablas y la platea, ha hecho que en
diversos pasajes de la representación los personajes circulen por entre el
116

,

LA PLUMA
. público, e incluso reciten desde un palco·
tisfechos o no del espectáculo h
, y c?n todo, los espectadores, sa, an permanecido a1·eno I d
,
s a rama, sin abandonarse por un momento a la e mociº6 n comun
que Ge .
tar. Pero es que ni la Maria d. l C.
mier pretende suscide Murcie-, ni el Edi"o rl'11 'Ieabrmedn'.fide Feliú y Codina-A~jardlns
.
-r , -J
as, i uso que no ref d'd
ta Samt-Georges de Bouhélºier en un .,,also estil d
. un. i o por el poe•
la Gran Pastoral adaptada de 1
• o e misteno medioeval, ni
as representaciones
1
podían tener para el públi·co d p f
popu ares de Provenza
e ar s más que u · t é •
'
de teatro de la Naturaleza s·10 ., d
nin er s pintoresco. Mezcla
•
,on o natural de j
lí .
dio, de escena clásica sin tragedi 1
,
uegos o mpicos sin esta.
a, e ensayo de Gém ·
más, h fbndo producto de la confus'ó d l
ier es un monstruo,
El Vimx-Colombler-que d 1 i~l e as artes, no de su armonía.
inicia vict~riosamente una reac;ió: sal:d:~l~ue se alza toma su nombreponderancia de la obra dramát"
S d'
en los teatros de arte: la pre.
tea. u irector artísti J
presande de toda representac1'ó . t'ó .
co, acques Copeau,
n pie nea del lu
d 1
•
ma, Y encomienda a la luz y 1 .
gar e a acción del dra.esHlo del autor, el sugerimie:t~u~:~ad: los a~tores, fieles servidores del
absoluta, tal es el camino La b
ecoración. De no ser esa la verdad
·
o ra de arte no
l
.
cosmos, pero sf la sugestión qu 1 .
.
es a representación del
pectador para que éste co
e e .amsta eJerce sobre el ánimo del esta contemplación que aquélmlponfga ideCalmente los términos que faltan en
e O rece. uando el h b ·
nuevo el universo se pierde en l
. . . om re intenta crear de
bidurfa clásica.
e caos. La hm1tac1óo es fuente de toda sa .

;.e

. El teatro del Vieuz-Colombler quizá adol
.
literaria, capaz de reducir verbi
.
ezca de excesiva contención
ámbitos de la catedral gó't·
glrac1a, el a~to sacramental propio para los
ica a as comedidas
·
.
proporciones de una capiUa protestante. Acaso Shak
espeare necesite más lib
d
con el vulgo, que no el tono en d
¡
erta , más contacto
tores harto cultos; tal ve h
emas a erudito y meticuloso de unos acque el austero recogimie:toa~a ~eo~ster el tabladillo al aire libre, mejor
ción de su nombre s·
be a se ecta asamblea educada en la venera•
Colombier paréce~e 110 e; argo de lo cual, la orientación del Vieuxtioción de géneros y ta s aclerlt~da, en cuanto implica ante todo la disco a 1teratura dramática.

7e

117

�LA PLUMA

~,

.· li!

;,¡

Más audaz, aunque menos consistente, existe ya en germen un teatro
futurista, es decir, que mira al porvenir. Sólo un espectáculo-concert ha
dado hasta ahora bajo la dirección del esteta Jean Cocteau. Hace ya
unos años, Marinetti-que ensaya hoy en Italia un teatro sumamente sintético, de acción quintaesenciada-proclamó en delirante programa la
supremacia del music-hall, expresión purísima, a su entender, del arte teatral contemporáneo. El intento de Cocteau y sus amigos, influido de los
bailes rusos, de las teorías de Gordon Craig acerca de la inferioridad de
la mímica del actor respecto a la máscara, y del marinettismo susodicho,
ha tenido brillante [realización, merced al apoyo de los ricos de pronto
y a los intérpretes de la pantomima, escogidos entre los mejores acróbatas y payasos, finamente caracterizados con grotescas cabezas de cartón,
y adiestrados en una mecanización humorística de verdadera gracia decadente. Porque, en último término, semejantes modos de arte revelan un
espíritu aristócrata gastado en agudas elucubraciones escépticas. La época
critica que el mundo atraviesa exige la creación de ese teatro social,
que de antaño apunta en diferentes tentativas. Tal se proponen las Fiestas
del Pueblo, organizadas recientemente en París con progr~as musicales
propios para grandes multitudes. En el pasado abril, los coros_de obreros
y la orquesta formados por monsieur Doyen bajo su batuta, interpreta·
ban en la sala del Trocadero la Novena Sinfonía ante una muchedumbre
fervorosa.
En España, la Escuela Aueva de educación socialista ensaya un teatro
fundado en el mismo criterio por que se rigen actualmente las escenas
efidalu de la República rusa. Pues que todo nuevo teatr_o propónese. ~l
renacimiento del drama legendario, de los graµdes mitos, cifra de cada c1v1lización, en tanto no surge el poeta trágico capaz de plaamar la historia
de su tiempo, menester será levantar el ánimo público con las representaciones heroicas de los tiempos caducos. Y que los grandes griegos, el
inglés único, los monstruosos españoles, los claros franceses, los ro~ánticos alemanes, el noruego fuerte, los rusos delirantes, abran caIWno al
futuro.
La reciente representación de Un enemigo del pueblo, de Ibsen, interu8

LA PLUMA
pretado por actores bisoños, ante un público popular, en el Teatro Español, con motivo del último Congreso de la Unión General de Trabajadores, ha revelado hasta qué punto es fácil la regeneración de nuestra
escen.a a base de.actores y espectadores no contaminados por el ambiente.
.Mientras subsista la organización actual de la sociedad, corresponde al
artista ~antener el fuego sagrado del arte puro, es decir, trascendente. Ha
de suscit~r la creación del tipo cómico universal, en el espectáculo de
cuya pasión purgue la Humanidad su afán, el Arlequín, el don Juan, el
Char~ot. Para ello es preciso luchar sin tregua contra el rebajamiento in~uStnal del teatro. Hay que orear la escena, organizar espectáculos al aire libre, fundar cooperativas de cómicos y autores en sustitución de las empresas explotadoras del negocio teatral, reeducar al cómico y al espectador libertándolos de los hábitos adquiridos en una rutina ayuna de ideal.
~ordon C.raig pr?pone como remedio la sustitución del actor, que humaniza excesivamente las proporciones y el tono de la obra dramática por
I
.
•
'
.ª manoneta mgrávida. Entre nosotros, D. Ramón del Valle-Inclán cuya
Juvent ud mtenor
·
· reverdece a cada primavera, ensaya con mano maestra
'
e.n su teatro la farsa heroica fuera del tiempo y el espacio de los escenanos actuales. Se habla de la posibilidad de contratar por una temporada
el Teatro del Pic,o'·
.
.
~· ~z, d e R orna, cuyas r~presentac1ones
descubnrían
como
antaño, los b a1·1es rusos, nuevos horizontes
.
'
a nuestros ojos cansados
de
tanta pobretería y desamparo artísticos.
'
. Pero nunca se insistirá bastante sobre la necesidad de fijar bien los térmmos y señalar difierenc1as,
·
· ·
.
en ev1tac1ón
de las confus10nes
a que suele
dar lugar nuestra ignorancia de las cosas más elementales. Hay que tener
: cuenta que en Madrid, donde no halla empresario para sus obras don
iguel de Unamuno, se llama todavía teatro popular al ~·an &lt;ros!. de
J,.
J•
,
Joaquín fficenta (padre), que aún se forman Compañías capaces
de representar los dramas imberbes de Joaquín Dicenta (hijo) y que de cuando en
cuando se e tr
.
.
'
. '
,
s ena, con pretensiones de renovación artística, una tragedia
del Sr. Grau.

C. RIVAS CHBRIP.

�.~.....:••-,•Mltt•Ye7. . . . .~........ ~ ~ - - - - • • ._

Poloo de Otoñ
...,. . .

............................,...•• •.I.

.... -~·--•"-~

I
Alza el viento otoñal sobre la lierra
potvo que antaño palpz"tó de vida,
y la nube reseca nos convz'da
-memento-a meditar; pero se cierra
con los ofos la mente, que en la guerra
no hay que pensar en paz, y la partz'da
sz'endo a muerte, la muerte el alma olvida
y a luchar por luchar no más se aferra.
Diríase que el corazón del mundo
se paró de latir, y en un momento
bafo el pálz'do cielo moribundo
nos llama al polvo seco el bafo vúnto
con sz'lbo de agonía gemebundo
en ocaso de otoño amarillento.

II
Es ocaso de otoño; dulcemente
va el río-una ola sola, llana y lenta120

LA Pi.UMA
llevándose la manta amarz·llenta
de las hofas que el viento del poniente
arranca de los chopos; contra elpuente
presa el agua entre pt'edras se lamenta
y el sol al enterrarse la ensangrienta
de luz; el delo pésame en la frente.
Las horas todas son una sola hora,
hora amarilla y tierna, hora de ocaso,
tinta en sangre que presto se evapora;
abierto al delo el corazón es vaso
donde la noche su rocío llora
cuando nos abre, al fin, el postrer paso

III
Postrer paso que vienes de ta cuna,
vas cediendo ya al canto que te briza;
el viento del otoño al agua rzza
con rzzo en que se rompe de la luna,
.que nace llena-¡espefo de fortuna!-,
el retrato en el agua; se agudiza
el oído al silencio y se enhechiza
d alma, lz'bre de z'lusz'ón alguna.
En este atardecer del tardo octubre
terrz'ble paz espesa, zrrespz'rable,
121

�LA PLUMA

como polvo de plomo el cielo cubre;
el mundo calla para que nos hable
este viento otoñal que nos descubre
las heces del reposo inacabable.

1 11

•
IV
Del fondo del reposo que no acaba
brotaste, mi alma llena, a contemplarte
sola y desnuda de universo, aparte
de la vida de muerte que se traba
con el polvo otoñal; se coronaba
de almas el cielo-espefo-al asomarte
y era el espefo celes#al del arte
tu creación, de que te hiciste esclava.
Pronto otra vez desnuda, tse testigo
potvo i·nerte ha de hacérsete, y el poso
de ese polvo será tu último abrigo,
quieto, mudo, i·ntangi·ble y tenebroso,
y a él llevarás lo que nació contigo
y arma fué de tu lucha y blanco)! coso.

...

MIGUBL DB UNAMUNO
Salamanca 24-9-1919

quía musical de Amécica
o

indigenismo y eut?ope1~ac1on
.,

., JI

D

de una temporada de orientalismo agudo y de más largo·
tiempo aún de orientalismo más tranquilo-y más convencional-,
comienza a quererse en la música un color «occidental• que no sabemos
todavía con clarid~d qué es lo que sea, pero que no nos ilusiona demasiado si lo que se entiende por «occidental&gt; en música es poco más o
menos el «color europeo&gt; con que se distinguieron siempre las consecuencias del germanismo musical.
ESPUÉS

Precisamente este exceso de europeización fué lo que provocó la•
reacción orientalista. Los pueblos que tenían música de un color propio
se resistían bastante bien a la intrusión germánica. Ésta se verificaba en
los planos pretendidamente superiores de la actividad artística de cada·
País; es decir, que los músicos so{-disants sabios, debían serlo por hacer
música alemanizante. No así los compositores de menor cuantía, que se •
refugiaban en la música popular. Tenidos en menos, gozaban, en cambio,
de los beneficios de la inmunidad. Y, por eso, cuando los efectos de la
inoculación germana se dejaron sentir con violencia y cuando, para antL.

12.1
123

�LA PLUMA

..

doto de ella, se pregonó el «nacionalismo», fueron aquellos músicos
menospreciados quienes se convirtieron en modelos para la gente que
vino después.
Tal fué lo ocurrido en Rusia. Munich y Leipzig se habían colado en la
vida musical rusa con grandes aires de plancheta; pero la reacción fué
fuerte y aquellos músicos rusos que hadan «música para cocheros» limpiaron bien el ambiente viciado. Como abrieron las puertas de Oriente,
todo un mundo nuevo de color, de melodía, de ritmos se derramó por su
país como una avalancha, y tan grande, que no sólo los inundó a ellos
sino que se extendió por toda Europa, tan beneficiosamente como un
desbordamiento del Nilo.
Estas curas de exotismo son remedios admirables, pero son remedios
heroicos: a vida o a muerte. Hay que reaccionar pronto; si no, se sucumbe.
Y Europa, después de asimilarse todo ese orientalismo, se afirmó vigorosamente en un retoñar simultáneo del arte musical de cada una de esas
naciones.
Y por eso se habla ahora-como consecuencia de ese impulso- de
buscar algo que pueda considerarse como típicamente occidentalista.
No sin peligro, porque el exagerado creerá necesario para mostrarse
«occidentalista&gt; el abominar del orientalismo anterior y caerá en un cerebralismo seco y frio, casi peor que el germanismo aquel que aborreda. El
occidentalismo nuevo paréceme que lleva malas trazas. Ya lo examinaremos en otra ocasión. Pero por el momento pensamos: ¿y si este movimiento hacia Occidente fuese tan vivo que impulsase a los músicos más
allá del Atlántico? Pues he aquí una nueva cura de exotismo que podría
volver a atemperarnos.
.
-Siempre y cuando que América fuese considerada como cosa exótica y no como la sucursal de Europa. (Artísticamente, a lo menos.)
Ahora bien, habría que decir a los americanos: Si nosotros hemo~ de
ir a buscaros, haced el favor de no venir a nuestro encuentro. Amencanizaos bien vosotros mismos, evitad las inoculaciones europeas.
Yo creo que esto lo sienten ya algunos músicos del doble continente.
,Hay aún muchos que con la cara negra o los rasgos aztecas se ponen cuello
124

LA PLUMA
planchado y fabrican música europea. 1Qué error profundo! ¡Como si no
fuera mucho más interesante ser negro o ser azteca! Mientras que Darius
Milhaud hace un coktail de ritmos del •quartier chocolat• neoyorquino
y de machichas auténticamente negro-brasileñas, pues hay cada ColeridgeTaylor que sueña con los ciclismos franckistas y canta a Hyawatha con
un romanticismo alemán que da tristeza. ¡Si a lo menos nos hubieran
sabido hacer un romanticismo longfellowiano, menos mal! Para el norteamericano de los Estados interiores, una música basada en las costumbres
aviejadas de esos Estados podría ser un buen descubrimiento. Encontrar
hoy la sensibilidad de hace un siglo y sus modas, 1qué cosa interesante!
. Más aún los negros auténticos, cuya música es prodigiosamente sugestiva: (Desde Dvorak hasta nuestros días de cabaret, el negrismo nos ha
enviado buenas cantidades de •color&gt; a los europeos.) Mayor confianza tenemos en Henry T. Burleigh y en Will Marion Cook, con sus «espirituales»,
tan llen~s de carácter y de fuerza-alegría y nostalgia en rara y exquisita
proporción-que en compolsitores como Charles-Martín Loeffler, que
ponen en música a Maeterlink (La Morte de Tintangiles), siquiera Loeffler
sea,con Parker-Carpénter y alguno más,un compositor muy distinguido.
El peor de los males musicales de los Estados U nidos es su furiosa
importación. Sus revistas de comercio musical dan vértigos a fuerza de
retratos, reclamos, bombos zepelinescos y la más absoluta vaciedad en el
fondo. Aunque desfila por todos sus Estados una tropa de virtuosos de
toda calaña, la labor de un Kurt Schindler, por ejemplo, haciendo cantar
~úsica regional, música negra, música de todos los países de Europa que
tienen algún carácter-España, Escandinavia, Rusia, Irlanda...-es mucho
más sana y más fecunda. Si la iniciativa cundiese por el interior de la gran
república podríamos ver multiplicados ejemplos análogos a la colección
de • Viejas canciones inglesas en los Appallachias del Norte&gt; y a colecciones de música indígena.
***
Esa riqueza indígena parece ser extraordinariamente grande en Méjico~
Algunos escritores como Manuel M. Ponce han hecho estudios interesan125

�LA PLUMA

..

,tes que nos informan de los bailes y tonadas que llegados de Europa
hacia el siglo xvm se aclimataron allí, mientras que se perdieron o poco
menos en España. Tal el «jarabe• descendiente probable de nuestro «zapateado• 0 de las «seguidillas» manchegas, mientras que hacia la costa, los
«&lt;lanzones•, «tangos• y «guajiras•, parecen haberles llegado de Cuba. La
vida musical de Méjico es hoy bastante activa. Conocemos los nombres
de muchos compositores y críticos. Escriben música y escriben artículos
que parecen di-stinados a demostrar que alli no s~ les pasa ~ada_ de lo que
,corre por Europa. ¡Lástima que esta preocupación les d1stra1ga en su
interés de lo que queda quieto allá al fondo de su tierra! En los libritos
que escriben leemos mucho sobre Beethoven, sobre Chopín, sobre Mussorgsky inclusive, junto a una constante loa a la_ músic_a. universal. ~l d~a
que la señorita Alba Herrera Ogazón pueda añadir a su mteresante h1stona
del arte musical mejicano un capítulo dedicado a los «músicos autóctonos•
(passtz le mot...) nos alegraremos vivamente.
.
¡Y cómo debe sonar esa manigua antillana! Cuba y Santo Dommgo
tienen una riqueza espléndida en música indígena, de un carácter y de una
originalidad potentemente acentuada, algun?s ~e cuyos acen~os no n~s
son desconocidos a las gentes de Europa, s1 bien se hayan ido desvirtuando a lo largo de nuestras costumbres coloniales. Ni Persia ni Arabia
•tienen más vivos colores ni más deliciosas inflexiones, ni ritmos más insinuantes1 ni timbres instrumentales más llenos de sugestiones. Un músico
genial y sin educación sofística podría crear con ellos algo tan rico y tan
, espléndido como un Borodino o un Rímsky...
.
.
Las Repúblicas Centrales reconstruirián a buen seguro una preh1stona
musical si estudiasen los instrumentos indígenas encontrados, y aun hoy
si vigilasen las costumbres musicales de sus indiÓs. La músic~ i~cásica, de
la que algo se ha recogido, está llena de interés, y las descnpc1ones qu_e
.se nos hacen de sus danzas y de sus instrumentos populares. En el Peru,
algunas colecciones de • Yaravies• quiteños han servido a compositores
españoles, y creemos que a alguno de su país. En cambio :n Santo
Domingo, junto a la «media tuna• y al «punto y llanto•, acompanados por
«cuatro• (guitarras pequeñas), al aristocrático «galeron• y al «zapateo»,
120

LA PLUMA
-~~rente del'd: Cuba, se encuentran aú::i en vigor los «areitos» típicamente
indios... También la «danza» de Santo Domingo, aun semejante a la habanera, conserva su original irregularidad rítmica. Muchos músicos dominicanos-la educación musical en Santo Domingo fué con la universitaria la
más antigua de América-ensayaron a llevar la «danza• al terreno artístico, Y muchos nombres sobresalieron en ese empeño, llevando la • danza
tropical» a Méjico, a Cuba (donde cedió su puesto al «danzón» de ritmo
más monótono y elemental) y a Colombia, donde se mezcló con el «bambuco» (otro pariente cercano de la habanera), a las «cumbias• características de los negros de la costa, a los •pasillos» y demás típicas canciones
-de los llanos Y a los ligeros «torbellinos» netamente colombianos y uno
de los más claros ejemplos del primitivismo constructivo en la músita
popular.
Algunas muestras de la música cultista de Chile han figurado en programas dedicados exclusivamente a músicos argentinos. Hoy es probablement: la Argentina la República que más trabaja por asimilarse en sus producci~nes «de arte• el canto pampero; pero es, creemos, la más pobre en
melodta popular. •Gatos» y «vidalitas» animan la ya abundante cantidad
de ~úsica debida a artistas del país que alternan en los programas de la
Sociedad Nacional de Música de Buenos Aires, quienes siguen ávidamente el movimiento de renovación musical de Europa y vigilan el rumbo
de las nuevas tendencias. Y como éstas son francamente contrarias a los
viejos dogmatismos, a los anquilosados criterios y a los formalismos caducos es seguro que la mejor lección que sacarán de ello será la de comprobar que es dentro de la misma América donde sus musas tienen el refugio.
Para ellos Y para nosotros, entre la decrépita Euterpe de nuestras longitudes Y la virgen musa cobriza inca, azteca o araucana, la elección no
parece dudosa.

ADOLFO SALAZAR

127

�LA PLÚMÁ
las otras! Algún día hablaremos de ellas.) Tengo todo eso que he dicho,
y tengo más: tengo cuatro veraneos en el magín y todos tiran de mí con

furia.

Ct?ónieas

dé "la Dame de
,Cuándo se va usted2 o el
vet?aneo de Bucidán. ~
. tos de conversación, todavía los ojos
no llevamos tres mmhu
·do por entero en ese exa.
. n nos habla no nos an recorn
'
.
e qw: .d
hostil sobre todo de las mujeres, que le deJa a u~o,
men r p1 o y
'
. d
ced de la sonrisa de aprobación
a no ser que toro!! la misma acti~~ ': ~::tiva y ya salta la irritante prepasajera o del signo de compas1 n e
,
gunta:
-¿Cuándo se va USt ed?
lo diga desde el
0
Porque es necesario que uno se lmharche&lt;Íici:e ~:n veces a la misma
.
d calor y aunque se e aya
. .
pnmer asomo e
,
b
firme de las conv1cc10-·
persona la fecha fijada, como para compro ar 1o
nes, nunca deja de preguntar:
.

T

•

ODAVÍA

d

-¿Cuándo se va usted?
.
rta A cualquier parte fuera de
Cuándo y no adónde. Esto poco impo .
Madrid. Al cabo Norte o a Pozuelo:
' y o sé cuándo, porque no sé·
Yo yo no sé cuándo he de irme.
n
.
la
, ···.
un kilométrico intacto; unos ahorrillos, porque. soy
adonde ir. T:ngo . ,
. . libertad tan completa, que m se me
escritora me1or retnbu1?~ que e(Px1ste, las otras?, se me preguntará. ¡Ah,.
ocurre pensar en el femm1smo. ero, ¿y
128

Oeeaneo oasc.J
La babia es de juguete; la playa, también. Pero el puerto, ría adentro,
es una cosa seria. Negra, apestosa como todo lo serio. Sobre la bahía de
jyguete, unas montañas, las únicas salidas al mundo, por donde va la carretera. Aquel lado, a la estación. Por allí viene, bamboleándose, cargado
de gentes, de baúles y cajas y de más gentes encima de las cajas y de los
baúles, el automóvil grande, a dejar en la plaza unos veraneantes afanosos, En los días de fiesta hay música en la plaza y los bailarines van y viene]J sueltos, altas las manos, de un lado para otro, con una rapidez convulsiva; primero se agitan los más cercanos al quiosco de la música; luego
· los inmediatos; y así se van contagiando, de grupo en grupo, todos, hasta
los chiquillos en los alrededores, como una aureola de la danza. La noche
es tranquila. Una voz de barítono en la fonda. Quizá, por la otra carretera, los vivos focos de un automóvil rápido. En las bajas sidrerías un doble
coro marinero. Y las luces del muelle, trazando la limpia curva, todas
iguales, menos las dos de la boca, más altas y de más profundo reflejo,
una verde, otra roja.

'

Oeeaneo leoantino
Sin movimiento, se suda. La tierra un horno, el mar un ascua, el cielo
como la imagen de la impiedad. Hay que tener cerrados los postigos, vestir trajes leves, conservar el abanico en la mano, poner los ojos en el cantarillo rezumante. Se van muriendo las moscas sobre el papel vinoso; parece que todas las del mundo vienen a ver morir a las elegidas por el destino. A lo lejos, el cabo se mete en el mar, coronado de pinos de alta
copa; la mirada cala el pinar por entre los troncos. Al anochecer, bajo las
frondas negras hay un incendio que no las consume. Por la parte llana,
9

�LÁ PLUMA
LA PLUMA
una nube de polvo es la carretera; dos palmeras, un huerto, una palmera,
otro. Nada más se levanta del suelo. Todo el día es una larga espera de la
noche divina, sin rumor, con todas las estrellas arriba, o en el plenilunio,
con una lechosa claridad que penetra hasta los huesos y deja transparente el alma, perdida, con la luz, en el cielo, en la tierra y en el mar.

Oe eaneo bl!itánieo

~

,¡
·11!•

.1....,.,,,,
111

,:111 ~

1
..

Pero aquí ¿no hay tierra? Suave felpa verde es el suelo combo; verde
la luz de las enramadas espesas, verde el rfo cortés, casi artificial. No hay
más que dos colores, el verde y el blanco: son blancas las canoas, blancos
los trajes de sport, blancas las aves, que al posarse en el cesped parecen
más blancas todavía. Y un cielo que no se atreve a ser azul, que no logra
ser verde o blanco y se mantiene gris, neutral. Los amigos recién afeitados, al aire los antebrazos musculosos, hechos a la raqueta y al rem~, las
sonrosadas amigas de rubio pelo y boca chiquita, del tamaño de una pasta para el te, y capaz, sin embargo, de tragarse, entero, un ensangrentado
rosbif, me aguardan. Y va volando la canoa por el río tardo, impelida por
el rítmico esfuerzo unánime, y salta la pelota casi rasando la red, y ·,asa
la bandeja substanciosa, complemento del trabajo abrasador, y la carne
roja pasa en el plato. Deporte, alimento, salud. Todo lo demás es cortesía.

Oe.eaneo septcmtrional
Dejamos el fijord de Trondhjem a bordo de un recio bergantín-el

Bjornstjerne o el Kong Haakon-y vamos, como los. vikings, hacia el botín, en demanda del sol de media noche. La costa, como partida a golpes
de hacha. El mar, como un mediterráne0. El crepúsculo lento, lento, lento. Conversación erizada de nombres raros, que luego correspoden a lo
más sencillo, a lo más patriarcal. Y, compañeros inseparables, los prismáticos. Todo Julio Veme renace en nuestra memoria; ¿habrá pemmícan suficiente a bordo? ¿Nos veremos atacados por el escorbuto? Y este aire, que
130

ho podríamos soportar más que aquf y en 1
ta, duro, el verano... Un día se a b, 1 e ~ue, a pesar de todo, palpi.
ca a e contmente· 1
claro; a tierra; más más arriba El k d k
.
, e mar se abre, más
'
·
o a , el hbro de
ver lo que nunca hemos visto.
apuntes ... Vamos a

* **

Estos son los cuatro paisajes que tiran de mf
.
potros de fuego. No sé cuál preferir Al l d d , descuartizándome, como
Buridán, que se muere de hamb É.l
a o e los potros veo al asno de
re.
se muere de h b
ceur se queda en la corte.
am re y la Dame de

e

Pero no se lo digan a nadie, por n·10S•••

LA DAMB DB CCEUR

li.tS OtOlet~s
Cuando en los huertos paternos vivía yo au'n
.
u ·
b
,
Y mz seno

P ro ignora a el ajan y las venganzas de amor,

una mujer tras la cerca pasaba a menudo· vol ,
lueo-o , 'l',,
,
vza
º mas pa zua, y eran como violetas sus ojoJ.
Mazos de violetas eran ba7J·o las ce1·as s
.
D'.
J
us OJOS.
z;e: ¿Por qué has de volver todas las tardes asír
Dijo, riendo: Un día sabrás este dulce mi., .
Nada
s,erzo.
en eI mundo es tan dulce: Y esto te basta por hoy.
Luego se fué sonriente. Yo busco lafiuente Y m
.
todos l d'
,
e mzro
os zas, por ver las violetas brotar
.
.

GWSBPPB LIPPARINI
(Tr. de B. D-C.)
131

�LA PLUMA
As( tendrá una continuación la maravilla del Exodo.
Hasta pronto, pues, y ah( le envio eso para la revista.
Suylsimo siempre.-Rubén.

Número 3.

Pata los amigos de Rubén Dacio
el primer número de L., PLUMA dimos cuenta de ~na pequeña cole~ci6n
de cartas de Rubén Darío, publicada por V. Garc1a Calder6~ en P~ns.
A título de colaboración, para la nueva edición de ese ep1stolano, publicamos once cartas de Rubén Darío a Amado Nervo, encontradas entre los
papeles de éste.
A. R.
N

E

Carias de Rubén Oa1?1o

De París a México.-Par!s 28 junio 1904.
Querido Amado: Estas Hneas son un post-scriptum de mi carta de ayer.
El articulo enviado servirá de prólogo a un (tachado: «pequeño•)
volumen de versos de Blanco-Fombona, titulado Pequdia Opera Lírica.
Vale et me ama.-Rubln.

Número 4.
Parls II noviembre 1905.
Mi siempre querido y admirado Amado: Fué en verdad una mala ocurrencia de la suerte el que, estando en España juntos, no 001 hayamos visto.

Número 1.

Su carta me ha traído su recuerdo y una prueba más de una de las
pocas amistades, entre iguales, que yo haya encontrado.
Mentalmente, es inútil que le diga que le he seguido a través de tiempo
y espacio, y que veo en usted al más admirable, sin discusión, de nuestros
poetas.

De Madrid a México.-(Recibida en México _el 21 de febrero de 1904)
Al Sr. D. Amado Nervo.-México.-Mi quendo poe_ta: Le ~ando_ un
O Estoy aqui con Francisca. He tenido un chico que tiene siete
gran ab raz •
·
b ·¡ y le
meses.-Me Voy a Africa • y estaré en París de vuelta en a n . - a
escribiré largo y cosas.-Ri,bén.

Su coto no es pequeño como usted dice. Caben en él montes y lagos
de la más pura belleza, que yo me he complacido en visitar.
Ya nos veremos, porque estamos a un paso.
No me deje de escribir cuando pueda.
Le abraza, Rubén.-Francisca le envia sus buenos saludos.

Número 2.

Número 5.

De Paris a México.-30,.rue Feydeau.-Parls, Junio 27, 1904.
Querido Amado: ¡Un gran abrazo! ¡Me dice Quintanilla que usted ven·
drá pronto! ¡Soberano!

30, rue Feydeau.-Paris 16 abril 19()6.
Querido Amado: Siquiera un saludo, ya que me encuentro relativamente mejor de mi dolencia. Acabo de leer dos preciosas cosas suyas en
los dos últimos nümeros de la .Revista Moderna.

a Amado ~evo + + +
•

132

133

�LA PLUMA

LA PLUMA
¿Cómo sigue usted? Ye tengo grandes ganas de ir a Madrid para que
hablemos¡ largamente. ¿Cómo sigue eso? ¿Publicó Chocano su libro? ¿Qué
«potins&gt; nuevos hay? París, por su parte, goza de su primavera.
Le abraza su, R. Dario.-.-¿Sabe usted si V. Vila está en la corte?

Número 6.
7 octubre 1909.
Querido Amado: Recibí su «mot&gt; a mi vuelta de París, donde he
pasado cerca de un mes. ¡Viaje indispensable!
Cuando quiera echar un párrafo, venga a la calle Claudio Coello, 60
-señas sólo para usted-, de preferencia por la tarde, tempran_o. Y quiero
saber también cuál es su hora en su casa.-Muy suyo siempre, R. Darío.

Número 7.
Claudio Coello, 6o.
Querido amigo: Voy a partir definitivamente dentro de poco, y antes
de irme tendría gusto en verle y despedirme. Me encontrará usted a cualquier hora. Suyo afectísimo, R. Dan.o.

Número 8.

' .,

(En papel del Mundial Mag-azz·ne.)
París 3 julio xgn.-Sr. D. Amado Nervo, Madrid.
Mi &lt;:J.Uerido Amado: Vamos siguiendo con Mundtal. ¿Cuándo me envía un cuento o versos? Mándeme cosas. Cuentos ·sobre todo. Harl
pagar al recz'bír.
¿Cómo lo trata el «Nuevo&gt; México? Yo, de mí, no sé nada aún. Más
bien malos barruntos, según algo que hablamos con Gamboa. Ya veremos.
¿Conoce usted al npevo Ministro de Instrucción Pública?
No he recibido los ntmeros de Revista Moderna. De todos modos, que
no nos traten tan duro, que no hemos hecho ná.
«Au revoir&gt;. Suyo afectísimo, R. Darío,

Número 9.
(En papel del Mundial.)
4 rue Herschel.-Paris 8 septiembre 19n.
Querido Amado: Sus Filosofías me encantan, y es, sobre todo, porque las mias son muy semejantes. Nos encontramos ante las cosas, y cambiamos una mirada de vaga iniciación.
A lo práctico: ¿Querria usted escribir una de esas «cosas&gt;, pero con
destinación plutot femenina, para Elegancías? Además de esto, ¿cuánto
cobraría usted si fuese esa colaboración fija, una página para cada número?
Esto es, dos al mes. Si ello está dentro del presupuesto de la Administración, crea usted que el «affaire&gt; está hecho. Y comience a enviar.
¿Es cierto que Pichardo ha desaparecido? ¿Qué hay de eso?
Su afectísimo y viejo amigo, R. Darío.

Número 10.
(Papel de Mundial-Elegancias.)
133, rue Michel Ange.
Querido Amado: Recibí sus nuevos versos. Ya vería los otros publicados. «Ella&gt; le inspirará más, igualmente bellos.
Un ruego: hágame el favor de averiguar si el Gobierno de Nicaragua¡a quien envié una nota conminatorial-en vez de enviarme a mí mis cartas de retiro, las ha remitido al Gobierno español. Le digo esto, entre
otras cosas, para saber si no me registrarán mi equipaje aún ... Es decir: si
sigo siendo tenido como miembro del Cuerpo diplomático en España.
El 25 salgo para Barcelona; diez días después estaré en Madrid. ¡Ya
nos veremos! Muy suyo, R. Darlo.

Número 11.
(Papel de Mundíal-Eiegancz'as.)
133, rue Michel Ange.
Excmo. Sr. D. Amado Nervo, Encargado de Negocfos de México,
Madrid,

�4A PLUMA
Mi querido Amado: No he podido antes de ahora anunciarle mi venida. Espero que haya algo de más calma en su justa tristeza.
Estamos muy gozosos de su continua colaboracién en Mundial y
cElegancias•, y esperamos se sirva seguir favoreciéndonos.
Durante mi viaje, tuve el pesar de saber la muerte de D. Justo. Sentí
no estar en París para que Mundi'al hubiera hecho el homenaje que aquel
buen maestro se merecía.
Querido Amado, mándeme sus bellos versos y sus lindas prosas.
No se extrañe de que esta carta no vaya escrita por mí, pues me
encuentro en este momento en cama, sufriendo una de aquellas crisis que
usted conoce, desde nuestra antigua intimidad.
.
Soy, mi querido Amado, su amigo de siempre, Rubén Darío.
París 28 diciembre 1912.

llBROS y ReOtStAS
Ramón del Valle-Inclán.-Divinas palabras.~ragicomedia de aldea. Opera Omnia. Vol. XVII.

PO€MAS oe CtRCUJ'lSíAJ'{ClAS PR0SAlCAS
es

UttA fACtUAA

..

Sueño roto por el Extraño
-tan pertinaz ante la puerta,
inmóvil quizá todo un mio
en su tintineante alerta
si de un vuelo no despestaño
la pupila en el alba muerta-:
reverencia al sabio e.rmitañB,
durmiente en su cueva sin puerta,
sueño roto por el Extraño.

JORGB GUILLBN
136

Don Ram6n del Valle-lnclán ha avalorado la edición en curso de sus obras
completas con esta tragicomedia que s6lo conocíamos, ridículamente mutilada,
con un criterio de sábado blanco, al publicarse antaño en El Sol. La obra ahora
aparece restituida en las frases y pasajes que la irrespetuosa direcci6n del periódico consider6 necesario supri11J.ir entonce¡;_
Un primer impulso reflexivo muévenos, sobre todo, a comparar las nuevas
lecturas que Valle-lnclán nos ofrece con el resto de la producción española actual. Contingencias, sin duda, del mercado de libros, han decidido en estos últimos años a coleccionar en serie sus obras, a escritores en plena madurez,
cuyo propósito no puede ser en modo alguno el dar su labor por cumplida, con
proporcionar al lector una visi6n de conjunto, que induce, desde luego, a la
crítica definitiva. La circunstancia, sin embargo, de pertenecer esos escritores
la generacz"ón del 98, obligado jalón en la Historia de España, y en la litera.
na por ende, ayuda a considerar semejante empeño editorial, como ese a
modo de público examen de conciencia, que corona con la numeración de sus
obras la vida activa del literato.
. En efecto, las recopilaciones de Azorín, de Pío Baroja, sugieren cuándo la
idea de caducidad, de agostamiento progresivo y prematuro, cuándo la del voluntario retiro al remanso de la serena crítica, en el caso más favorable, o de
la perdici6n en políticos sofismas indefendibles. La emoción que volvemos a
sentir leyendo las felicísimas promesas de una juventud que parecía pletórica,
apasionada, llena de esperanza, se quiebra gustando los frutos de ahora, sin
virtud germinativa, tristes ecos de un grito moceril, perdido luego en el propio vacío interior.
Muy otro es d caso de D. Ramón del Valle-Inclán. Gusta él de ponderar risueño su lozanía, y a fe que no le engaña la confianza en sí mismo. No hay en

ª.

in

�LA PLUMA

...

LA PLUMA

en España escritor más joven; condición, ajena al correr del tiempo, cuyas excelencias estimamos en más que todas las sabidurías que los años enseñan.
Como todo aquel que en el propio ~sfuerzo se complace, Valle-Inclán experimenta de continuo la necesidad de proponerse una nueva dificultad que vencer. No se abandona jamás a la e.noción circunstancial, ni se rinde a la hacedera repetición de lo ya logrado. Una vez que trascienden a su mirada, cobran
las cosas un sentido taumatúrgico, se desdoblan, se nos revelan en cambiantes
insospechados, se trasmutan por arte y gracia del creador que nuevamente las
saca de la nada en que la ceguera espiritual de los hombres las tiene sumidas.
Pero no obedece simplemente al capricho de la fantasía descarriada. Incluso en
las extravagancias a que se entrega alegremente, un concepto puro preside la
divagación. He aquí por qué nos parece de los raros escritores de conciencia,
para quienes la literatura se confunde con la moral más alta.
El escenario de Divinas palabras es el mismo de las Comedias bárbaras, perfumado de los mismos A1·omas de leyenda que difunde la música d~ la Sonata
de Otoño. La clásica unidad de lugar tiene en la obra de Valle-Inclán una intención más comprensiva que la¡eñalada en las retóricas. La decoración no varía:
las tierras de Galicia. El tiempo permanece asimismo detenido en la perenne
continuidad del paisaje que encuadra los sentimientos primitivos del hombre.
La acción está regida por las leyes naturales. En cada escena se desarrolla un
drama, insertado a su vez en la general tragedia. Cambia, eso sí, la luz intelectual que el autor proyecta sobre los temas eternos de la historia del mundo.
Ha querido D. Ramón del Valle-Ioclán en Divinas palabras extender el dictado genérico de tragicomedia, dándole una acepción más en consonancia con
el espíritu moderno, que la de mera sucesión de acontecimientos fatales contrastados con otros livianos, llamados a cortar con la risa la tensión dolorosa
que aquéllos suscitan en el ánimo. Ha intentado depurar esa norma, deduciendo la emoción tragicómica, no de la parodia que sigue a la escena grave, sino
del monstruoso desacuerdo entre la acción dramática y la contemplación del
público. Es decir, que en tanto los actores se rinden al espanto con que la terrible fatalidad los domina, el espectador ideal se siente movido a risa. Mientras que cuando los personajes del drama se elevan con hiperbólica ironía sobre las circunstancias macabras de la intriga, el espectador se siente sobrecogido. Efecto que consigue con una contrapo~ición de perspectivas sentimentales.
·
Y aún resuelve en Divinas palabras otro problema que solicita la atención
del crítico: el del estilo, quintaesenciada armonía en que se funden con un vigor
representativo, sobriamente obtenido, los tonos peculiares de la paleta de Valle-Inclán. El trabajo de eliminación, de condensación, de simplificación, con
que ha castigado la pluma, en una labor cada vez más consciente, ha reducido
ya el concepto casi dialectal de su prosa a los límites de la expresión pura.
Las palabras, henchidas de un sentido popular sutilizado, adquieren esa virtud
universal capaz de imbuir en cualquier efímera fi~ura humana el alma bíblica
de un mujik.

C. R, C.

Ramiro de Maeztu.-La crisis del Humanismo

B"br t
derna y contemporánea.-Barcelona EditoriaÍ-M' I 10 eca de Cultura mo'
10erva, 1 92 0 .
La obra de Ramiro de Maeztu es •
't" d
tad como fundamentos del Estado :n ~na en ica . e la autoridad y de la liberdes en el principio de función&gt; Una ?d erno Y u~ intento de basar las sociedaa este libro, a saber: cla de u~ los h~;a centra -y nu_eva-;-sirve de armazón
unos con los otros, como crien las escu bres
1 !1° se asoc)an mmediatamente los
ser genérico transindividual como m t: ª5 h~erales, m están asociados en un
que están asociados y se as¿cian en
ienen as escuelas _conservadoras, sino
en bienes colectivos y últimamente e11 as lcomune:, materiales y espirituales,
duce el autor la doctri~a ue llama 'L va_ ore~ umversales•. De esta idea detenida por el Renacimienio en la fó • \Pn¡naci~ de las cosas•, frente a la sostítulo, algo equívoco, de la obra.
rmu a • a pnmacía del hombre•. De aquí el
Al descubrir el Renacimiento el gra
, • .
.
didad, por lo menos en el campo de la n pr1n_c1_p10 de relatividad, cuya fecuntrasladaron los humanistas al homb si c1e~c1as exactas, no_se ha agotado aún,
creerse en la existencia de una mo rf o~ e1es todos de la vida moral. Dejó de
en sí mismas y porque participó.hara dob¡et~va, en la que las cosas eran buenas
absolutos• de Ja física de
. n . e ª ondad suprema. Con los «lugares
Renacimiento fué la crisiss~~f~ec;tr?n los &lt;v~lores absolutos• de la ética. El
Tras el_ período orgánico que si:ai&amp;!faºE~e~u~r~! Y de la f: en lo absol_ut?.
tada, viene, como dirían los sansimon.
ª ~ ia coi;i _su vida alegre y hmina, que todavía no ha llegado a su fin'.anos, el periodo critico de la edad modei-Una moral subjetiva reemplazó a ¡
t·
se as:ntaron los principios autoritari: anl;gua ¡nora! p~atónica y sobre aquélla
dos diferentes organizaciones de la S .Y d der;._ que sirven de fundamento a
mente por haber olvidado que el ho oi1e a . mbas han fracasado definitivapasada guerra es un reciente test' m. re es, por naturaleza, un pecador; y la
¿Sobre qué bases sería u
i°:10010 que confirma una vez más esta teoría.
La respuesta a tan rav~ p es, posible e:tablecer una organización social firme?
Sr. Maeztu Como v~rsad¿reg~?-t~ c~nSht~ye la parte constructiva del libro del
contestación sin cimentadae~e;~1p mas losóficas, el autor no aventura una
los capítulos: •Rebasamiento de \aª~in~t)Son fundamei_itales, a este respecto,
las cosas• y •Funciones y valores •.) e1 a y de la autoridad•, «La primacía de
Sobre el fondo de una fil
f' . r
. .
lucha en las escuelas medioei:1~ ra rea ista, idénh~a a la que suscitara áspera
con valor intrínseco-el Poder 1 Je~~~~ ue se ~J_an en cuatro los universales
tu profesa una moral ob'eti ,
.
' a Justicia y el Amor-, el Sr. Maezbién. Según éste nirigfu{h/\qu~_su·vedde apoyo a un derecho objetivo tammismo le ocurre' a un Esta rn re iene erecho a nada, corno tal hombre, y lo
nacen de la función ue de~~- Los_ derechos del Estado, como los del hombre
mial destinada a sustltu·
mpenan. De aquí, una sociedad sindicalista O gre~
1
Roma, en los dos siJJare:Jei3.im~~~i~~!11aldmelnDte e:Ó_sten, fundadas, como la de
-r
Y e omzmum.
.,_ He
. intentad o t razar como un
esquema
·
,. t
1 libro del Sr. Maezt
• muy imper,ec o por su brevedad,.
u, esquema o resqmen que no deja traslucir el profundo

:::S

!•

=

1

�LA PLUMA

LA PLUMA
interés y el singular valor de esta obra, que constituye, sin duda, el esfuerzo
más considerable realizado por un español en el extenso campo de las ideas
filosóficas desde hace mucho tiempo. De estricta justicia es reconocerlo, y si
las presentes líneas tienen algún propósito, aparte del de contribuir a la mera
propaganda de la obra, es el de estimular a su autor para que escriba otras,
animándole con el convencimiento de que sus palabras no son acogidas con
zafia indiferencia, sino con el respeto y la atención que merecen.
Libros análogos a La Crisis del Humanismo-que no es, por otra parte, cla
obra de un periodista atareado•, como modestamente dice su autor, sino labor
de largos años de incesantes estudios y de viva agitación espiritual-debieran
publicarse en nuestro país, al menos uno cada tres meses, y mientras así no
suceda, por lo que revela la falta, tanto como por la falta misma, España significará muy poco en el comercio intelectual del mundo, por mucha oceanogra•
fía o por mucha filología que se ha~a.
J. A. P.

***

J. Maynard Keynes.- Tite economic consequences of the peace.-London, Mac•

millan, 1920.
Este libro, de universal resonancia, se dirige a demostrar que las condicio•
nes de paz impuestas a los alemanes en Versailles son una violación de la p~labra dada y de la moral internacional comparable a la violación que c?metió
la propia Alemania al invadir Bélgica, y además, en el orden _económic~, de
imposible cumplimiento. Alemania rind~ó las armas en la creenci~ de que_ iban
a aplicarse los cCatorce Puntos» de Wdson; las notas y mensa¡es cambiados
entre los beligerantes para llegar al armisticio constituían un pacto obligatorio
para ambas partes. Pero la Conferencia de París, .Y e! Consejo de los Cu~tro,
en vez de limitarse a regular los •detalles de aplicación• del programa wilsoniano, cimentaron una •paz púnica», estran¡tulando a los vencidos, sin nin¡tuna
preocupación de humanidad ni de reciprocidad, y sin enterarse siquiera de lo
que pedhn el porvenir y la vida de Europa. Las causas de tamaño des~str~ son
principalmente de orden psicológico. ?.fr. Keynes_ muestra cói:n? han 1d~ influyendo en las resoluciones cde los Cuatro• la presión de la opim~n pó.bhca_ sobreexcitada, las combinaciones electorales de Lloyd George, las ideas arcaicas
de Clemenceau y la imprevista inferioridad de Wilson. Las P,áginas en que míster Keyoes describe los propósitos y el proceder de cada uno de los miembros
del Consejo de los Cuatro, sus métodos de discusión, y su manera de obtener
cfórmulas» que salvasen las apariencias, son fortísimas y de sabor muy amargo. El autor no habla de oídas: era representante oficial de Ja_Teso~e~í~ inglesa en la Conferencia, y dimitió el cargo al convencerse de la i!11pos1billdad de
obtener una modificación real de las proposiciones de paz. El libro es una acusación abrumadora: la incompetencia y la impostura se reu~iero~ para reorganizar el mundo, entre sorbos de te y las boutades de un a oaano violento y d_es·
ilusionado. Ya estamos viendo que el mundo no se somete; pero cla ~elegac16n
germánica-escribe Mr. Keynes-no acertó a exponer con palabras inJlamadas

y proféticas la cualidad que principalmente distingue a ese Tratado de c . t

· 1a ms~ncendad,.
· ·
•
uan las
os
1e han prece,d1_'do en 1a h'1st ona:
Mr. Keynes deja a 11n lado

cláusulas po!1t_1cas del Trata?o; estudia solo su parte económica.
~as cood1c1ones de paz henden ª. destru!r el sistema económico alemán,
arrumando ~us fundamentos: comercio exterior, explotaciones mineras, transpo~es y régimen aduanero. Per? después de arruinar a Alemania, el Tratado
le impone una cuenta de rep~rac1one~ que podrá llegar a doscientos mil millones. _Mr. Keynes, con estad1sticas cop!osas, p~u~ba que no se ha dejado a Alema~ua rec~so~ para pag~, y acaso m para v1v1r. Rectifica, además, la cuenta
de 10demmzac1óo por danos, y no es ésta la parte menos interesante de la ob
Por último, tras una _descripción del estado en que ha caído la Europa ceotr:t
y_que amenaza también~ ~os vencedores, Mr. Keyoes propone ciertos remedio~, que abarc~n: }a rev1s1?n del Tratado; el finiquito de las deudas interaliadas, el empréstito mter~ac1onal y reforma de la moneda, y las relaciones de
Europa central con Rusia.
El l!b_rp (Evangelio de_ l?s revisionistas) debe ser leído y difundido. Hay ya
~na ed1c1on francesa (Edzltons de ta Nouv. Rev. Fr.) y veo anunciada otra italiana. No será en Francia ~onde menos impresión cause el libro de Mr. Keynes,
que ~xpone en forma sencilla y con calma verdades que era imposible formular sin ser tachado de bochojite y defaitiste de la paix.
M.A.

León-Pelipe.-Versos y oraciones de caminante.-Madrid, , 9 20.
La apari?6n ~e un nue1:o poeta señálase siempre en los fastos del tiempo.
1:,os anales hterar!os del ano que corre datan ya con piedra blanca el primer
libro de León-Felipe. Se ha celebrado su advenimiento con inusitado aleluya
en este pozo del silencio que suele ser ttladrid. Bienvenido sea este poeta que
pretende permanecer «lejos de toda escuela y tao distante de los aotig11os ortodoxos ret~rico~ como de los modernos herejes•, porque e Mi voz-añadeC;l opaca y sin brillo y vale poca cosa para reforzar un coro. Sin embargo me
sirve muy bien para rezar yo solo bajo el cielo azul... ,
'
~on todo, pese a la soledad que desea para sus oracione31 como reza bajo
el cu:lo azul,__y; no en obscura capilla, le toma el alma cierto vago anhelo de comunión espmtual con sus hermanos los hombres:
•Poesía...
tristeza honda y ambición del alma..•
¡cuándo te darás a todos.. a todos...
al príncipe y al paria,
a todos...
sin ritmo y sin palabras!,
. No quiere •el verbo raro ni la palabra extraña,, sí que sus versos tengan el
mismo corte de recio paño que 1el manto de Manrique, coplero de su padre
141

140

�LA PLUMA
Chirrían los goznes rotos de una puerta;
el viento vellones de la nieve arranca,
y la vieja calle, dormida y desierta,
parece una cinta de seda muy blanca.

á dolo él coa un gesto propio, nuevo. Quiere que de su
muerto,una
auaqued
llehvecaho, so'lo queden, como de la rosa, el brillo y el aroma.
verso,
vez es
«Así es mi vida,
piedra,
como tú, piedra pequeña.

Una luz opaca de las sombras sube,
y el reloj-pupila de un monstruo de mitolas horas recita con voz destemplada.

.. . .. ... .. ········· ....... .

~¿~~

t~; 4~~ ~~- ii~; ·;~r~ict~-.

En el cielo negro se rasga una nube,
y por la ventana que da al infinito
se asoma la luna, curiosa y helada.•

para ser ni piedra
de una lonja,
.
.
ni piedra de una Aud1enc1a.

...........................

...........................

como tú,
que, tal vez, estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera.•
.
·
t
mo un balbuceo, silabeando casi las
Cortado el ntmo constantemea ~ co
t h mildad mal avenida sin
.
F ga de cierta compues a u
'
emociones, Le6 n- e 11pe se P~
. d
do Pero cuyos acentos nos ganan
duda con el clamor revoluc1oaano e 1 mua •
desd~ luego con su austero lirismo.
C. R. C.

* *
.
C
balán
"aminos
.Martinez or
.-..,,
•··-(Poemas.)-Editorial Levante.

...

é
r donde el poeta nos lleva, aliviándo•
No son ciertame_nte nuevo~ éstos po ellos las huellas de otros pasos, los
noslos con sus canciones. Adv1 r~enfes ~:ales vamos harto próximos. Pero se
ecos de otros can\ores, a la zag~ e ? ·tual para glosar temas marchitos ya_ en
da tan buena gracia nuestro gwa espvi
suave música a la letra conocida,
fuerza de repetidos, tan agudamde~te 1e p~:eescasa afición a descubrir nuevos
que no po_demos por menos de iscu par
.
sendei;os ideales..
.6
. ide los Poemas diversos, los Poemas s:n·
Una gran digmdad de exp~es1 n pres n Caminos ... A veces, el acierto p1ctimentalea, los Poemas ~eblil!Jdeddio fire~~~~s :a humorismo lírico de la mejor ley.
tórico revela una sens1 1 a
m:;i '
Tal el soneto Nieve:
«En las altas horas, el viento remueve
de los ventanales la cristal&lt;:ría. ,
La iglesia del pueblo es, baJO la, meve,
de una arquitectura de confitena.

C. R. C.
***
Luis Pemández Ardavín.-Láminas de folletín y de misal.-Editorial Pueyo.
Madrid,

1920.

Pocos poetas han logrado, como Ardavín, tan halagüeña fama con el primer
libro de versos. Ved la lista de sus obras, que preside esta nueva edición de
sus poesías, publicadas en diversos periódicos de 1914 a la fecha, y comprobaréis que el r~ombre de que goza se cimenta en Medit.:zciones y otros poemas,
' volumen publicado seis años hace, y ea una pieza dramática, La campana, representada por Enrique Borrás con aplauso y editada en 1919.
La labor de Ardavín es harto más copiosa, sin embargo. En ese mismo
tiempo ha estrenado un drama en colaboraci6u con Federico García Sanchíz, y
dos comedias musicales con el maest,-o Vives. No sé si la exclusión de estas
producciones en el somero catálogo susodicho significa voluntaria desconsideración a modo de feliz expurgo, o se debe a circunstancias ajenas a la autocrítica. No podemos sustraernos a la inquietud de semejante duda. La estimación
que por Ardavín sentimos no es, en modo alguno, independiente de su virtud
poética. Vemos en él un compañero de fatigas. No queremos que se rinda a la
primera sonrisa fácil del éxito falaz, ni al blando calorcillo del sol que más
caliente. Nos causa ~rto espanto que pueda ser presa de las malas compañías. La de Catalint13árcena-tan mal acompañada a su vez-, la del autor de
Bohemios, temas de sus versos actuales, llevan, ¡ay!, quizá a continuar la historia de España ante el abono de Za Princesa. Una vez estropeado el paladar
¿cómo discernir el buen gusto? Pasan los figurines de las modas y sólo la belleza queda. Todo el resto es ¿lite1·aturar Protesto: también la hay buena. El
autor de Meditaciones y otros poemas, el autor de La campana, sabe dónde está
la verdad, cuya amistad no excluye la nuestra.
c. R. c.

* * •

En Les Marges (junio d·e 1920), M. Camille Pitollet cuenta sus impresiones
de Avila. ¡Qué de sensaciones re~erva a sus devotos la tierra de España! En
punto a notación de paisajes hay que volver siempre al Viaje de Gautier; pero
143

�LA _PLUMA
Gautier no vió Avila; algunos dioses menores se han aplicado a manifestar sil
reacción espiritual frente a la ciudad de la Santa: así Martinenche, en sus Propos d' i:!,spagne, y P. Suau en su Espagne, Te,·re d'epo/le, entre otros. M. Pitollet,
que fué profesor de lengua y literatura españolas en Hamburgo, trató hace
años de sintetizar los rasgos específicos de una ciudad de Castilla en una conferencia titulada: .Muy noble, leal y lteroica ciudad. Ahora quisiera hablar de Avila
en su realidad objetiva. Dejemos a un lado, por de pronto, a la Virgen de Avila. Santa Teresa es un hecho de historia que cada cual puede interpretar seg6n
sus propias teorías. Dejemos también la arquitectura. Las murallas se desmoronan, escandalosamente abandonadas, en torno de esta Siena en decadencia,
cdonde las calles son horribles, donde las viviendas, de granito grisáceo, hielan
el alma; donde la catedral es una fortaleza, donde nada es del presente, ni
siquiera las dos posadas con pretensiones de hotel, que uno se apresura a abandonar por el oasis de Madrid, donde, al menos, el Palace y el Ritz constituyen
dos islotes de vida europea en ese gran aduar de prostitución, de caciquismo,
de haraganería y de verbalismos.• En Avila florece la miseria castellana rural;
unos cuantos señoritos iletrados perpet6an, sobre la plebe harapienta y pueril,
el antiguo sistema de explotación de la ignorancia y de la superstición en provecho de una casta que ni siquiera tiene la excusa de monopolizar la elegancia
del espíritu. Quiere recordar tao sólo que en Avila, además de Torquemada,
inquisidor general, duerme su &lt;iltimo sul"ño El Tostado; con ellos se completa
el tríptico: Teolog{a, Inquisición, Misticismo, en que se resume la expresión espiritual de Avila.

• ••
Grecia.-Revista decena! de literatura.-Director: Isaac del Vando-Villar.Madrid.
Ha reaparecido en la corte esta revista literaria que antaño se publicaba en
Sevilla. Ultraístas, creacionistas, dadaístas colaboran en ella, más que con ardor
apostólico, con académica insistencia. Traducen al español el último grito europeo, del cual nos Jlega amortiguado el eco a través de los Pirineos-todavía
los hay-. Pero revelan, pese a todos los distingos que pretendamos oponerles,
y aun a su pesar a veces, un sincero afán revolucionario por trocar los medios
de expresión que la antigüedad clásica nos ha legado con el Renacimiei:to, del
que las artes viven.
·
No todos los humoristas líricos de Grecia solicitan por igual nuestra atención. Gerardo Diego, Adriano del Valle, la gnbadora en madera Norah Borges, y especialmente Jacques Edwards nos parecen dotados de cierta personalidad, difícil de destacar entre las estrechísimas reglas de la nueva estética.
Bien venida sea Grecia, juvenil vanguardia de la batalla que compartimos
contra las fósiles fortalezas en que adolece nuestra literatura contemporánea,

c. R. c.

ARO l.

1

HADRID, SBPTIÉMBRB 1920.

Nú.M.

4.

fat?sa Y licencia de

la Reina Castiu

==

JORNADA SEGUNDA
OeCORAClÓJ"l

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144

1.45

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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                    <text>LA _PLUMA
Gautier no vió Avila; algunos dioses menores se han aplicado a manifestar sil
reacción espiritual frente a la ciudad de la Santa: así Martinenche, en sus Propos d' i:!,spagne, y P. Suau en su Espagne, Te,·re d'epo/le, entre otros. M. Pitollet,
que fué profesor de lengua y literatura españolas en Hamburgo, trató hace
años de sintetizar los rasgos específicos de una ciudad de Castilla en una conferencia titulada: .Muy noble, leal y lteroica ciudad. Ahora quisiera hablar de Avila
en su realidad objetiva. Dejemos a un lado, por de pronto, a la Virgen de Avila. Santa Teresa es un hecho de historia que cada cual puede interpretar seg6n
sus propias teorías. Dejemos también la arquitectura. Las murallas se desmoronan, escandalosamente abandonadas, en torno de esta Siena en decadencia,
cdonde las calles son horribles, donde las viviendas, de granito grisáceo, hielan
el alma; donde la catedral es una fortaleza, donde nada es del presente, ni
siquiera las dos posadas con pretensiones de hotel, que uno se apresura a abandonar por el oasis de Madrid, donde, al menos, el Palace y el Ritz constituyen
dos islotes de vida europea en ese gran aduar de prostitución, de caciquismo,
de haraganería y de verbalismos.• En Avila florece la miseria castellana rural;
unos cuantos señoritos iletrados perpet6an, sobre la plebe harapienta y pueril,
el antiguo sistema de explotación de la ignorancia y de la superstición en provecho de una casta que ni siquiera tiene la excusa de monopolizar la elegancia
del espíritu. Quiere recordar tao sólo que en Avila, además de Torquemada,
inquisidor general, duerme su &lt;iltimo sul"ño El Tostado; con ellos se completa
el tríptico: Teolog{a, Inquisición, Misticismo, en que se resume la expresión espiritual de Avila.

• ••
Grecia.-Revista decena! de literatura.-Director: Isaac del Vando-Villar.Madrid.
Ha reaparecido en la corte esta revista literaria que antaño se publicaba en
Sevilla. Ultraístas, creacionistas, dadaístas colaboran en ella, más que con ardor
apostólico, con académica insistencia. Traducen al español el último grito europeo, del cual nos Jlega amortiguado el eco a través de los Pirineos-todavía
los hay-. Pero revelan, pese a todos los distingos que pretendamos oponerles,
y aun a su pesar a veces, un sincero afán revolucionario por trocar los medios
de expresión que la antigüedad clásica nos ha legado con el Renacimiei:to, del
que las artes viven.
·
No todos los humoristas líricos de Grecia solicitan por igual nuestra atención. Gerardo Diego, Adriano del Valle, la gnbadora en madera Norah Borges, y especialmente Jacques Edwards nos parecen dotados de cierta personalidad, difícil de destacar entre las estrechísimas reglas de la nueva estética.
Bien venida sea Grecia, juvenil vanguardia de la batalla que compartimos
contra las fósiles fortalezas en que adolece nuestra literatura contemporánea,

c. R. c.

ARO l.

1

HADRID, SBPTIÉMBRB 1920.

Nú.M.

4.

fat?sa Y licencia de

la Reina Castiu

==

JORNADA SEGUNDA
OeCORAClÓJ"l

N

ocf)e de oe1!ano. ~ luna en la t
Ho f1!agante de t?osa Y faam{n
4 ' Un pa::
ca la t,~mula tnaaa ~ con fuegos dsu encafe cal=
e baldosín~
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mpa1!as quieb1!an
~. U en t1!t.S palpita el C1!istal ~

J l,

:/:-a;a·

144

1.45

�LA PLUMA

LA PLUMA

-

-----

-=- ESCENA PRii\1 l{RA -=DoN LINDO.
·I
1

P

'LATICAN en el estrado -= bajo el círculo dorado -=- 'Y trén,u/o
de la luz . . Don Lindo, y un jorobado, o=. guitarrista de ta-

EL JOROBIITA.

ólado - . tn el género andaluz. o=EL JOROBETA.

DON LINDO.
EL JOROBETA.
DON LINDO.
EL JOROBETA.

DoN LINDO.
EL JOROBETA.
DoN LINDO.
EL JOROBETA.

..

DoN LtNDO.
EL JOROBETA.

DoN LINDO.
EL JOROBETA.

DoN LtNDO.
EL JOROBETA.
DoN LINDO.
EL Jea.OB&amp;TA.
146

I

Parece que esta noche pendonea,
en un baile de trueno la patrona,
la veremos llegar con una pea.
Si te diese lo mismo decir mona.
Cómo te pagas del hablar finústico.
No se aviene conmigo el modo chulo.
Del castellano sarraceno y rústico,
prefiero recibir la coz de mulo.
A ti te gusta la extranjera parla,
corbatas de París, te de Inglaterra,
y donde esté una furcia anonadarla
diciéndola: pardón. Nombre de perra.
¡Ay, Torraba\ ¡Torraba, yo me muero!
¿Qué tienes, Querubín?
¡Que mi alma llora!
¡Torroba, ya no estoy en candelero!
¡Iguales el Señor y la Señora!
Torroba. en prenda de amistad...
Supongo
que pretendes tocarme la joroba
para mudar la suerte, y no me opongo,
que la amistad la entiende asi Torraba.
En h desgracia se agradece un acto
tan lleno de ternura.
No seas niño.
Yo pongo a tu servicio mi artefacto,
y tú me das un duro. ¡Ole el cariño!
¿Por qué no hablas al Rey en mi provecho?
Ya no atiende el patrón mis letanias.
Confórmate a tu suerte: a lo hecho pecho.
Tú privas siempre aqui.
Son tus lllanias.

DoN LlNDo.
EL JOROBETA.

DON LINDO.
EL JOROBETA.

DON LINDO.
EL JOROBETA.

DON LINDO.
EL JOROBETA.

DON LINDO.
EL JOROBETA,

DoN LINDO.

EL JOROBETA.

DoN Lnmo.

¿Te figuras que a estar en capitales
me t_ocas por un duro la joroba? •
¿Que es un duro, gachó?
Veinte reales.
¿Y e~o es P~gar su mérito a Torroba?
Aqu1 no existe protección al arte
Y tendr~ que volverme a los cafeses
con la tior~a. Oyeme un aparte:
me está sahendo el Rey, Plata-Meneses.
Los reyes son volubles.
¡Ya lo veo!
¡Pero luciera yo cuatro entorchados!
Tal como soy, a nadie aguanto un feo
y tengo hecha_ la cruz a estps estrados'.
Pero _tras la m1 cruz de Caravaca
me Vln? con empeños cierto Ieg~
que_ quiere hablar al Rey, y naturaca,
Ulp1ano To~roba que haga el ruego.
¡Poco que tienes tú la cara dura
para saber negarte!
¡Asi se pasa!
No has gastado conmigo esa fi nura.
La, finura del hombre es en su casa.
¡T_u estás con el patrón en candelero!
Mientras le traigo historias del Casino
o de las Cucas. Acabando, cero.
A _otr? le cuentas ese cuento chino.
Mi remo fué una nube de verano
aun ~uando no lo creas. La tortllla
volv1óseme en un vírame la mano
Y hoy nada pinto con la Camarilla'.
Por lo cual, me verás tomar soleta
tan y cuanto al patrón y al lego a;iste.
No volverás a 01rme una falseta.
En los cafeses ganaré mi alpiste.
Tu lego es un fantasma.
Cuando veas
al lego entrar.-Si el Rey le otorga audiencia
que si le otorgará. Sé sus ideas
'
en par~cidos casos de conciencia.
¡No quieres ayudarme!
147

�LA PLUMA
EL JoROBBTA.

LA PLUMA
Mira, niño,
una venda le pones a tu herida,
pues nunca vuelve, si se fué, el cariño
¡Torraba sabe mucho de la vida!

-ESCENA TI-=-

E

=

L Rey sale de su alcoba:
calzones de mameluco, .._ melifula
voz de eunuco, -=-:- saludo amable de coba. -=--=-

EL

REY CoNSORTE.

EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.

Et

REY CONSORTE.

EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JCJROBETA.

EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.

EL

REY Co:-.soRTE.

EL JOROBETA.
I'

EL REY C&lt;:&gt;NSORTE.
148

¡Buenas noches! ¡Me alegra tu visita,
Ulpianol ¿Por dónde se flanea?
Por el mundo ganándome la guita.
¿Y por el mundo qué se ~hismorrea? .
¡Hay de todo, Señor! Chismes de hamo~
chismes de vecindad, de portería,
y hay alguno también, extra()rdinario,
que tiene premio de la lotería.
¡Ya me lo contarás!
.
Tengo un amigo,
que me deja a mi chico, si lo cuenta.
En la antesala está, vino conmigo.
Deja marrullerías, y revienta.
Es el caso, Señor, que con el ruego
de hablaros, me ha venido un franciscano~
varón de mucha ciencia, aun cuando lego,
Que da consultas para el Vaticano.
¿Y sabrá divertirnos?
¡Se diquela!
.
¿Y en la antesala está?
Matando un sueño.
¿Queréis que le haga entrar?
¿Y esa novela
merece oirse?
¡Mi palabra empeño!
1Dos cartas extraviadas! ¡Dos palomas
que llegan a posarse en vuestro alerol
¡Ulpiano, no gastes esas bromas!

EL JOROBETA.

[

EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL RE·, CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

EL JOROBETA.
EL REY CoNSORTB.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

¡Os las quieren vender!
¿Cuánto dinero?
Ha de pedir para sacar su escote,
que es un tío más listo que Cardona.
¿Le has metido los dedos?
Por el lote,
un millón pagará la Real Persona.
Rebajará si es hombre de conciencia.
No es sujeto cerrado a las razones.
¡Tendré que revestirme de paciencia!
¡Le sacais al Gobierno dos millones!
¿Trae encima las cartas?
¡Es muy guaje!
Veré de averiguarlo.
¡Justamente!
Si las trae le enfrío de un viaje.
Don Lindo, hazle pasar. Tú sé prudente.

-= ESCENA III

-✓~

LAS

alabardas con sus regato11es -=-z- baten. Sale una bruja de e,rtremés. ,oo, En las manos, calzadas con mitones,= alzado pulcramente el guardapiés. -

UN ü]IER.
LA INFANTA.
EL RRY CONSORTE.
LA INVANTA.

EL JOROBETA.
LA INFANTA.

EL JOROBETA.

LA INFANTA.

¡Su Alteza la Infanta Francisca!
¡Me vengo aquí con mi calceta,
y a echar una mano de brisca,

hasta perder una peseta!
¡Estoy sin humor, abuelita!
¡Jesús, con tus malos humores!
¿A ti qué te pasa?
¡La guita
que no le da sus resplandores!
¿Ese, quién es?
Un tío camama.
Y sobre todo un atrevido.
Tú guardas silencio.
149

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL JOROBETA.
LA INFANTA.

EL REY CONSORTE.
LA INFANTA.
EL JOROBl!.TA.
LA INFANTA.
EL JOROBETA.
LA INFANTA.

EL REY CONSORTE.
LA INFANTA.

EL JOROBETA.
LA INFANTA.

~

EL REY CONS..)RTB.
LA INFANTA.

¡Madama,
perdone vu si la he metido!
¿Dónde hallaste a ese jorobeta?
¡Abuelita, Ulpiano Torrobal
¿Es tocador?
Es un chancleta
que a la guitarra le da coba.
¿No sabes callar?
¡Soy San Bruno!
Y aunque me ahorquen no hago chis.
¿De dónde sacaste a ese tuno?
Me lo han mandado de París.
¡Yo recuerdo a este jorobeta!
Fué punto fijo mi joroba
un año entero en la saleta.
¡Mi amigo Ulpiano Torrobltl
Ven, echaremos una mano
de malilla, ya que mi nieto
está de non.
Con Ulpiano,
quería tratar un secreto.
Para decirme que me vaya
no me vengas con fah1edades;
me voy sacudiendo la saya,
que yo soy Doña Oaridades.
oo

ESCENA IV

-:.o

EL

Sopón,_fingido lego me~dica_nte, r.-:. asoma m la puerta, humildes
los o;os. r.-:. La alfor¡a a la espalda llena de rebojos . . y po,la capucha oculto el semblante. .:::e

LA INFANTA.

EL RBY CONSORTE.

LA INFANTA.
EL JOROBBTA.

LA INFANTA.
150

¿Oye, ese lego franciscano,
quién es? ¡ Me parece un bendito!
Es un pariente de Ulpiano.
¡Qué gracia tiene!
¡Baila el vito!
Como el lego de aquella historia,

EL JOROBETA.

Et
LA

SOPÓN.
INFANTA.

EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.

EL JOROBETA.
EL REY

CONSORTE.

EL SOPÓN.
EL REY CONSORTE.
EL SOPÓN.

EL REY

CONSORTE.

EL SOPÓN.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JIJROBETA.
EL REY CONSúRTE.

EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
EL R ,;:y CONSORTE.

EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

que bailando por los mesones
llenaba la alforja. ¡Y la gloria
ganó con esas oraciones!
¡Hay que ver la sabiduría
que se guarda en esa sentencia!
¿Mucha verdad?
¡Mucha Misia!
¡San Pedro es un pozo de ciencia!
Una limosna te prometo:
pasa por mis habitaciones.
Os dejo con vuestro secreto
y con vuestras conspiraciones.
¿Cuántas reverencias debo hacer, hermano?
Tres reverencias es bastante.
¿Diga, hermano, debo besarle la mano
al Rey?
Si os la pone delante...
Llega, buena pieza; bésame la mano.
¡Ya tus intenciones por Ulpianol
¿Esas dos palomas que de tu capillo
vienen a posarse sobre mi bolsillo,
en cuánto las tasas?
Piden dos millones.
¡Jesús!
La pareja.
¡No me desazones!
Hijo, te las llevas; pues no tengo antojos.
¿Verdad que es muy caro? ¡Pídeme los ojos!
Os las regalara, si fuese su dueño;
pero un penitente me metió de empeño...
Tú no me la pegas.
Aquí sabe mucho.
¡Las cartas! ¡Las cartas!
Le entró el arrechucho.
¡Con tu regateo me das un sofoco!
Vea, hermano lego, de bajar un poco.
Son las instrucciones de mi penitente.
¡Pero ese sujeto debe ser un ente!
¡Y la otra, la tonta de la pandereta!
¡Se pierde de buena!
¡Y de algo coqueta!

sé

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL SOPÓN.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

EL SOPÓN.
EL REv CONSORTE.

O

¿Tú no la conoces?
¡A bien que uno es lego!
¡Y la susodicha encubre su juego!
Hablemos, hermano, sin hacer sondajes,
y sin chalaneo. ¿Cuánto son sus gajes?
Corriendo el peligro de extralimitarme,
cincuenta mil duros.
¡Igual que matarme!
Esas escrituras pondrás en mi mano
mucho más baratas. ¿Verdad, Ulpiano?
¡Verdadl Dos millones son mucho dinero.
Con uno es bastante.
¡Calla, majadero!
Uno es justamente cincuenta mil duros.
¡Con tus metimientos me sacas de apuros!
¿Dónde están las cartas?
Donde las esconde
aquel penitente.
¿Y quién me responde
de que no es engaño? Trata tú, Torroba,
el negocio, y mira cómo le das coba.

VN un mohín adecuado = hace mutis el monarca,
beta se enarca
como un Ministro de Estado.

EL JOROBETA.

EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓ,,.

=

=

=

EL JOROBB1' A.

EL SoPóN.

EL JOROBETA.

EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.

No haga cucamonas.
Ulpiano Torroba, ve por el talego,
y tendrás lo hablado de mano del lego.
Verás un milagro de lo más sencillo:
que las susodichas vuelan del capillo.
Me asalta una duda, y he de ver primero
si son milagrosas, igual que el dinero,
mis manos. La chunga aquí finiquita.
¡Afloja las cartas!
Afloja la guita.
El hábito al suelo.
¡Me quedo en pelota!
¡ 1 a mí qué me importa esa chirigota!
¡Jesús qué impudencia!
¡Dame esos papeles!
Guárdatelos, hijo, que para babeles
me basta el convento. A mi penitente,
de lo aqui pasado, le póndré al corriente.

=

ESCENA IV=-

y el jorfJ-

¿Diga, hermano lego, rezan aquel cuento
de la buena pipa, allá en su convento?
Si esconde las cartas en la bocamanga,
sáquelas, hermano, para que haya changa.
Siempre aquel que paga pone condiciones.
¡No se encuentran en la calle los millones! ·
¿Se permite, hermano, que pregunte al lego?
Diga usted, hermano.
¿Dónde está el talego?
No se apure, hermano, porque está en recaudo
contra los rateros.
¡Previsión que aplaudo!
¿Y cuál es el cuño?
Onzas peluconas.
¿Quiere las contemos?

'T'RABANDOSE en los hábitos, el lego se escabulle, . . y sale corre-

J - teando el Rey, del camarín.= La vágula libélula de la sonrisa bulle
sobre su boca belfa, pintada de carmín.

=

=

EL REY CONSORTE. ¡Te dejó las cartas! ¡Se fué sin dinero!
EL JOROBETA.

¡Le vuelvo su fama, que es un caballero!
Me dijo: cTorroba, las pongo en tu mano.
Cobra, que en mi celda te espero, Ulpiano.•
Y al hombre que pone esa confianza
en mi, no le juego una mala chanza.
EL REY CONSORTE. ¡Pero yo no tengo tanto numerario!
EL JOROBETA.
Se pide al Gobierno, como extraordinario.
EL REY CONSORTE. No he visto las cartas, y no sé siquiera
el valor que tienen.
EL JOROBETA.
¡Una friolera!
¡Valen dos millones, como dos pesetas!
EL REY CONSORTE, ¡Tanto!

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL JOROBETA,
EL REY CONSORTE,
EE JOROBE.TA.
EL REY CONSORTE.

EL JOROBETA

E

¡Tienen golpes, que ni los poetas!
¡Dame que las Jea!
¡Os dan un sofoco!
SI son como dices, quizá pida poco.
Hazme tú lectura de algunos renglones.
¡Mala letra tiene en las ocasiones!

L Rey f)one en la oreja-:-=- la mano, en curvatura, -:-=-y con la voz
perpleja, -=- Torraba hace lectura.

=

EL JOROBETA.

EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE,
EL JOROBETA,
EL REY CONSORTE,
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

e Ayer te he guipado, yendo de paseo,
&gt;Y esta pavitonta cegó e~ t~_mante?·
&gt;¡Me muero por verte, rn1 mno grac1osol
&gt;¡Te quiero por tuno y por asqueros~l&gt;
¡No sigas! ¡~o sigas\ ¡Conozco su est1l?I
¡Viene una metáfora que levanta en vilo!
¿Se dice metáfora cuando hay un descaro?
¡Metáfora! ¡Vaya un boquible raro!
Para el Gran Preboste escribí este pliego.
Pido dos millones.
Uno para el lego.
Y según te explicas, quizá pida poco.
¡Pedidle la luna!
¡Dirá que estoy loco!
Pido dos millones.
Quien pide la luna,
en buena gramática, pide una fortun_a.
Pido dos ir.iliones, que es lo categónco.
Al pedir dinero, no hay que ser retórico.

"RUZÁ Don Lindo la azotea_. y melancólico_solfe~ ~ !'Uspiros.,
que al viento se van. .a- Y el Rey con som zsa aszatica o.::- aco•
ge la melodramdtica o-::- desesperación del galdn. -.i.

O

EL REY

CONSORTE.

¡Ven acá, Don Lindo! Llama a mi Intendente.
Quiero consultarle, que es hombre prudente.
Y a Don Tragatundas pasa igual recado.
Quiero consultarle, que es hombre bragado.

-= ESCENA V=
R

ECHINA una puer~a:

-=-:- Sale repentino o-::- un viejo la~ino . .
que estaba debas. ~ Y enfrente aparece, -=o torciendo el
mostacho,-=-=- otro mamarracho-=-=- al mismo compds.-=-:-

A vuestro real deseo el Intendente
acude. Y por allí Don Tragatundas.
EL lNTENDl!:NTE.
¡A la orden del Rey me bago presente!
¡ Yo saco mis pistolas de las fundas!
TRAGATUNDAS.
EL REY CONSORTE. ¡Ya llegará ocasión!
¡Ni oste ni moste!
TRAGATUNDAS.
EL REY CONSORTE. Mándale sacar filo a la matona.
Quiero envidarte contra el Gran Preboste.
¿Y qué voy a hacer yo con esa mona?
TR.AGATUNDAS.
¡A mi hombres duros y de pelo en pecho
¡A mi los demagogos proletarios!
Uno por uno me los escabecho,
y que haga la Prensa comentarios.
¡A vuestros pies está vuestro Intendente!
EL INTENDENTE.
EL REY CONSORT&amp;. Reclamo tu consejo de hombre cuco
para sacar el máximo cociente
de ciertas cartas que me &lt;lió un frailuco.
EL INTENDENTE.
¿Hay cartas otra vez?
¡Con indulgencia!
EL JOROBETA.
EL INTENDENTE.
¡Ya pesqué esos rumores por palacio!
¿Y qué hay que hacer?
EL JOROBETA.
Estúdielo vuecencia.
Bueno es pensarlo y resolver despacio.
EL INTENDENTE.
Llfs dos palomas portan en los picos.
EL JOROBETA.
Dos ganzúas que abren las gabetas
del Gobierno. ¡Llegó la de ser ricos!
TRAGATUNDAS.
¿Qué se puede pedir?
¡Muchas pesetas!
EL JOROBETA.
EL REY CossoRn. Al Gran Preboste mand o este despacho
conminatorio. Pido dos millones.
EL INTENDENTE.
En el pedir no debe haber empacho.
TRAGATUNDAS.
Se piden tres, y son tres particiones.
DoN LINDO.

1 55

�LA PLUMA
LA PLUMA

O

VERA el Intendente el pliego -=- con un guiño de gitano,
cobrarlo, palaciego, ~ al Rey le besa la mano. -

EL

JOROBETA.

TRAGATUNDAS.

EL JOROBETA.

TRAGATUNDAS.

EL JOROBETA.
TRAGATUNDAS.

El. JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

EL JOROBETA.

oc-

y al

Mi general, c:mmigo no se cuenta.
¡Ahora reparo ~n ti, Domingo Siete!
Desarruga ese ceño de tormenta,
que a mí no se me asusta con membrete.
Yo no suelto las cartas sin la guita
de un millón, para el lego franciscano,
y a quien no esté conforme se le invita
a tomar una copa con Ulpiano.
¡En presencia del Rey no hay desafíos!
¡Es un convite!
No te pongas jaque.
Te doy un puñetazo de los míos,
y revientas igual que un triquitraque.
Pruébelo su merced.
¡Que está empalmado!
¡Ulpiano Torroba, no me irrites,
que estoy de tu joreba jorobado!
¡Buena correspondencia a mis convites!

=

ToRNA el l1ltendente
con andar pausado,= solemne la fre11J te ~ y el cuello estirado. ?=EL INTENDENTE.
EL REY CONSORTE.

EL INTENDENTE.
EL REY CONSORTE.
EL INTENDENTE.
EL

REY CONSORTE.
DON LINDO.
EL REY CóNSORTE.

156

Hice del dos un tres.
¡Perfectamente!
¿Hallas bien los conceptos, la manera... ,
lo del impedimento dirimente
y del divorcio ...?
¡Todo de primera!
¡Es un escrito digno de la Historia,
¡Me complace que sea de tu agrado!
Yo me lo aprendería de memoria,
si no estuviese tan desmemoriado.
¡Don Lindo!
¡Majestad'
Al Gran Preboste

TR.t.GATUNDAS.

D

lleva este pliego. Aguarda que lo lea,
y vuelve aquí.
Que sepa ese armatoste
que si niega los cuartos, hay pelea.

ON LINDO toma el Mensaje ,:.e. e indinándose, suspira . .::--:- Y
Si, Majestad-un guaje- ~ sopla haciendo tararira. e-::-

~ESCENA VI._.

L

=

LEGAN dando voces atorbellinadas
la Infanta Francisca y
dos de sus dueñas,~ torcidos los moños, las lenguas trabadas,
- y un mimo grotesco de niñas pequeñas• .:-.:LA INFANTA .
UNA DUEÑA.

LA ÜTRA DUEÑA.
LA lNFANTL
UNA DUEÑA.
LA ÜTRA DUEÑA.
LA INFANTA.

EL JOROBETA.
LA INFANTA.

Et. REY CONSORTE.
LA

INFANTA.

¡Qué espíritu mundano! ¡Qué sacrilegio!
¡Disfrazarse de lego de San Francisco!
¡Y qué hablar renegado(
¡Su florilegio,
Son las fulminaciones de un basilisco!
¡Vengo muerta del susto! ¡Jesús qué lucha!
¡Yo le arañé la cara!
¡Yo el colodrillo!
¡Yo traje entre las uñas, con la capucha,
esta tripa con pelos!
¡Toma el cerquillo!
¡Qué endiablada ocurrencia la de ese tuno!
¡Si parece un Demonio de pesadilla!
¡Ay, si con él no sueño, mañana ayuno!
¿Qué gritan esas lenguas de taravilla?
Manda hacerme una taza de malvavisco,
pues vengo con el pulso sobresaltado.
¡Aquel lego no era lego francisco!
¡Un pícaro muy grande, y un deslenguado!
¡Las barbas que llevaba, barbas postizas!
¡El cerquillo lo tiene puesto Ulpianol
¡Y las cartas! ¡Las cartas! ¿No te horrorizas?
¡Dos cartas que te afectan, tiene en su mano!

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL REY

C()NSORTELA INFANTA.

EL JOROBETA.
LA INFANTA.

EL REY CONSORTE.
LA INFANTA.

EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.

E

L REY CONSORTE.

¿Dónde visteis al lego?

EL }OROBErA.

Fué a visitarme.
Me vendía las cartas por cierto pico.
¡Vino como el Demonio para tentarme!
Ya no tiene esas cartas.
¡Cállate el picol
Entre las tres logramos meterle preso.
Lo guardo Pn un armario, bajo esta llave.
A mis años no pueden achacar eso
a una concupiscencia. ¿Verdad?
¡Quién sabe(
¡Mi honor inmaculado[ Le daré suelta.
Ya no paso la noche con ese pillo.
Hay que mirarse mucho, que en cada vuelta,
sacándonos los trapos, hay un corrillo.
¡Heroico Tragatundas, corre a salvarme!
Es el segundo armario que hay en el fondo.
¿Adónde vas, Torraba?
Voy a e&lt;:lipsarme.
¡Aún ha de regalarnos tu cante jondol

LA INFANTA.
EL Jo1toBEfA.
EL REY CONSORTE.
LA INFANTA.

EL JOROBETA.

LA

INFANTA.
CONSORTE.
LA INFANTA.

EL RJty

EL JOROBETA,.

LA INFANTA.

=

=

EL REY

CONSORTE.

LA INFANTA.

EL REY CONSORTE.
EL, JOROBETA.
LA INFANTA.

EL JOROBETA.

LA

INFANTA.

¡Explícame, abuelita, qué pretendías
tP.niendo en un armario cerrado al lego!
Esta noche bailarnos unas folías.
¡Qué preguntas las tuyas, y qué borrego!
La gazuza le hiciera cantar de plano
dónde esconde las cartas de esa simplona.
¡Si las dichosas cartas tiene Ulpianol
¿Me permite ausentarme la Real Persona?
¡Que tú tienes las cartas! Dámelas, niño.
Toma, para que fumes, una peseta.
Se agradece, Misia.
Si es un cariño.

COLTANDO el naipe sobre el tapete= s; alza una dueña de mal
cariz,
y la otra dueña grita en falsete, -=-o- y acompañando su
sonsonete ~ abre los palmos en la nariz. .:-o

U

C'ONANTES las espuelas, que despiertan los ecos
fabulosos dt
tantas hazañas en Marruecos.= parte Don Tragatundas, ti bigote teñido.= R.etemblón en la adusta brama de im resoplido.
Y
entretanto las dueñas de la lnfanta Francisca, . . apartadas dtl
corro, se entregan a la brisca. ~

U

¿Oye, vendrán las cartas a mi estafeta?
Irán magnetizadas.
¿Cuándo?
Mañana.
Si las tiene escondidas en el capacho.
¡Pide un millón por ellas este Juan Rana!
¡Llega acá que te huela! ¡Tú estás borracho!
Niño, como no busques que te remoje,
vas a darme las cartas. ¡Yo las reclamo!
El ejemplo del lego me sobrecoge;
pero quiere las cartas el Rey mi Amo.
¡Mira que otros más listos no te las roben!
Ya las tengo escondite.
¡Dios alabado!
Tú no puedes leerlas, que eres muy joven.
Ya sabe lo que dicen.
¡Te habrás volado!

=

UNA DUEÑA.
LA ÜTRA DUEÑA.
UNA DuEÑA.
LA ÜTRA DUEÑA.
UNA DUEÑA.
LA INFANTA.
LA ÜTRA DUEÑA.
UNADUBÑA.
LA ÜTRA DUEÑA.

¡Te gané! ¡Te gané!
¡Qué tramposa!
No se puede jugar contigo.
¡Te gané! ¡Te gané!
¡Qué gran cosa!
¿Tú nunca pierdes?
¡Y lo digol
Mari-Rosita, cuando pierde
siempre se enoja unas migajas.
¡No me enojo!
¡Y está que muerde.
Lo que digo es que no barajas.

�LA PLUMA

LA PLUMA

= ESCENA

VII -

E

NTRA Don lragatzmdas, una mano aferrada oe. del espantadt&gt;lego, en la cerviz rapada.= Y exprimiendo los ojos,y doblando
,I zancajo ~ saca el iego la lmgua a modo de badajo.
Aflojad un poco la mano,
que voy a escupir el galillo.
Lo tengo en los dientes.
Hermano,
TRAGATUNDAS.
se lo traga, y es más sencillo.
EL REY CONSORTE. ¡Parece que fuiste a la guerra!
¿Sales del saco de los gatos?
EL JOROBETA.
Eso granjean en mi tierra
LA INFANTA.
los terceros de malos tratos.
Yo no m(:rezco ese reproche
EL SOPÓN.
por proponeros un negocio.
Quisiste estafarme esta noche.
LA INFANTA.
Te ganó la mano este socio.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
:Ulpiano, no seas iluso!
Tú sólo guardas una copia.
¡Me la has pegado! Y por tu abuso
EL JOROBETA.
otra vez me sumo en la inopia.
Yo pido a todos mil perdones,
EL SOPÓN.
pues el amor a la Corona,
más que el amor a los millones,
me trajo aquí.
Y esta persona.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
Del negocio nada se saca,
divulgado que sea el secreto.
Haya prudencia.
¡Naturacal
EL JOROBETA.
Tiene pupila este sujeto.
EL SOPÓN.
Dejemos el guiño de engaño,
hablemos con claras razones,
y sin jugar a hacernos daño.
¡Muy buenas amonestaciones!
EL JOROBETA.
Procedamos honradamente
EL SOPÓN.
repartiéndonos los dineros.

=

EL SOPÓN.

1

160

EL bITUIDENU.
ELSoPóN.
El.JOROBETA.

¡Se juntó demasiada gente!
¿Pues cuántos somos, caballeros?
Tres y no más. El Rey Mi Amo,
este lego de San Francisco,
y el que le trajo.
LA lN:P'ANTA.
¡Yo me crispo!
EL INTENDENTE.
¡Yo me hago cruces!
TRAGATUNDAS.
¡Yo me inflamo!
LA INFANTA.
~Quién ha cerrado en el armario
a este tuno?
LAS Dos DUEÑAS.
¡Con nuestra ayuda!
LA INFANTA.
¡Un lnctimiento innecesario!
Me bastaba sola.
EL SOPÓN.
·¡Sin duda!
TRAGATUNDAS.
¿Quién ante el Rey te puso ahora?
EL INTENDENTE.
¿Quién dió el consejo más prudente?
EL SOPÓN.
,!Y quién inflamó a la Señora? ·
UNA DUEÑA.
¡Ay, qué lego concupiscente!

ROMANT!CA se desmaya, _.Y com_o ~iern s de Ayuno, . . al pe.
cado dando baya o:, un zanca10, inoportuno, . . asoma bajo
la saya.=
LA INFANTA.

Ex. REY CONSORTE.

,;

EN

¡Ay que le ha dado un patatús,
a esta niña q•le quiero tanto
por tu culpa! ¡Jesús! ¡Jesús!
No enseñes las piernas!
¡Qué espanto! :

=

ESCENA VIII -

el salón, con una morisqueta, ~ atortolado irrumpe et majadero-=-:. que portó al Gran Preboste la estafeta - del Rey,y el
casó erplica aspaventero. Do:N L1Nno.

¡Traigo turbados los sentidos!
¡Qué juras y qué palabrotas!
¿No os cantan, Señor, los oídos?
¡Ay, que viene! ¡Siento sus botas!
161

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL REY CoNSOlt.TI!.

RANDO hacia la puerta, .o-e, en zoeobrante alerta, ~ calla l11
reunión. oc, Las pisadas, con eco~ difust1, por ti hueco . .
rodaban cu/ salón. .oo Ponía un estr11,mbote
al re.&gt;onante trote .,.

M

=

EL SoPÓN,
LA lNrANTA.
EL SoP6N.

EL JoaOBBTA-

¡No es oportuno que me vea!
¿Te conoce?
¡Seguramente!
1Tú has tenido la mala idea
de ir con las cartas a ese ente!
¿Qué has pedido por las mi6ivas
al Gran Preboste?
La bicoca
de un destino en Oases Pasivas.
¡Con poco sellaba tu bocal
¿Y dinero?
•
¡Ni una moneda!
1Mas ved que me atrapa!
Te escondo
de mi meriñaque en la rueda.
¡Pero sé formall
¡Yo respondo!
oc,

E

se oculta el lego Francisco . .oo Lleta
el Gran Preboste: Llamas
y bramas cu basiliseo . .::-o

EL GRAN Pn»osTB.
LA INFANTA.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN. •

=

¡La docta tertulia del Amo!
¡Faltabas tú!
¡Y acudo al reclamo!
¡Cúcúl

• VUELTA de fantoche,
del viejo 11iandónl

'

oc,

oc, golpe

=

de bastón,

Deja ese gesto de amenaza.
LA INFANTA,
EL GRAN PREBOSTE. ¡No se burla nadie de míl
Es el cuclillo en 'a terraza,
LA INFANTA.
que se alegra de verte aqui,

t

S

=

ACA las orejas, ,=,o guiña la pu1&gt;i/a
otra vez se asila.
r , ,.. .11 cabe las viejas -

LA INFANTA.

ESCENA IX . .

N el ruedo de las damas

~EBOSTE.

?º~

tlgolpttkl bastón• .,,..
EL SOPÓN.
EL R.Ev CoNsoan.
EL SoP6N.
LA INFANTA.

Por mi nota est4s al rrl
Una ofuscación
co ente...
se os puso, Señor, en la frente
como un moscardón.
EL REY CONSOlt.TE. Teng~
cartas de una damL
LA INFANTA.
¡De ptttmtnfl
EL REY CONSORTE. Y tú, celoso de su fama
me das a mi...
'
EL GRAK Pauosn. Por la camama
un potosi.
¡So.~ dos carta" falsificadas!
LA INFANTA.
¡D11olo Bias!
EL JOROBETA.
¡Yo tengo las cartas!
EL GRAN Pu»osn.
.
Copiadu
de man? aJena las tendrás.
En la pista de esa impostura
he dado orden de prisión '
contra un tuno que en su frescura
pretendía la sinecura
de una mitra.
EL SOPÓN.
¡Era la ocasión!

EL GRAN

No te inquietes: Es uipiano
EL JOROBETA.
que hace dos voces.
'
EL GRAN PREBOSTE Las
t
¡De chipén!
CONSORTE.. ¿Pue~~eª~:i~~?n de su mano.

iL ~RY

E~ R!:Nc::;Bosu. De. un_ escritor republicano.
EL GRAN PRE~~:~~ C1~ueopc1eosas q~e e~toy en Belén!
·

,a.e,

mirada ftrocht . .

n conc1enc1a
qu~ estáis tocando el violín.
EL REY eONSORTE. 1N t un. dfa más en evidencia!
LA INFANTA.
Hoy pido el divorcio.
EL REY CoNSORTK
L
.
¡En latín!
EL GR p
· 1 e escnbo al Papal
1 AN
REBOSTE.
~
R
No hari caso
•
S enor y ey.
Pongamos las bestias al paso
Y hablemos a ley.

�LA PLUMA

SOS OE Nlet2SCttE
Et REY CONSORTE. Mi nota no cierra el camino
de una transacción.

(Páglna1 de un Hb,o en p,enaa.)

Et GRAN PREBOSTE. Pero lo hace tan supino,
Et RBY CONSORT&amp;.
Et GRAN Paimosn.
Et REY CoNSORTE.
Et GRAN PREBOSTE,
LA MANTA.

Et GRAN PREBOSTI!.
Et JoROBBTA.
Et REY CONSORTE.

que no siendo del Club Alpino
es imposible la ascensión.
Siento decirte que no es cuerdo
buscarle al gato los tres pies.
Tomaré en Consejo el acuerdo
de meteros en Leganés.
~Te niegas a todo convenio?
¡Claro que sil
¡Abusas! ¡Conoces su genio de gilll
Me vendían por un destino
esas cartas, y no piqué.
Si no ha picado en un comino,
imagino
que voló el parné.
¡Mi divorcio, como otras veces,
no quedará en conversación!
1Apuré las últimas heces!
¡Mi pundonor hizo explosión!

C'us regios ojos el velo .::-::- de las

u·

lágrimas ofusca, .::-::- y en la faltriquera busca,.::-::- para sonarse, un pa,iuelo. -=-o-

Et GRAN PREBOSTE. Bebed uná taza de tila,
Majestad.
Y tras una noche tranquila
meditad.
Con vuestra venia me retiro
y os beso los pies.
LA INFANTA.
¡Tragatundas, pégale un tirol
No lo dejes para después. ·
Et REY CONSORTE. ¡No, Tragatundasl ¡Me horroriza
que corra la sangre por mí!
¡Una pali'za,
eso sn

EL

Rey vuelve la pupila;,.... mete, como el avestruz,,::,:, el pico baj•
la axila ,::,:, y se le apaga la luz . .:o
PIN DE LA SEGUNDA JORNADA

16-.

RAMON DBL VALLB-INCLAN

Beomas, Aedides y Oenganzas

Probad mis platos, señores,
comiendo abriréis la gana
y os parecerán mañana
me.fores.
Repetid, os aconse.fo
(JUe mezcléis con apetito
lo reciente con lo añe.fo
os t'nvr:to.

Ayer me cansó buscar
hoy encuentro;
y cuando el viento me azota
si navegar contra el viento.

�LA PLUMA

LA PLUMA

-----COlOQUlO

¿Estuve enfermo? ¿He sanador
~ Y quién mi médico Ita sidor
¡Ah! si todo lo he olvidado:
mi médico fui el olvido .
t1A6lA el PROOER610

Sená'llo y raro, dulce y severo,
pulcro y astroso, fi,no y grosero
ser todo quiero.
Y que se cuente:
Hombre viviente
fué loco y cuerdo;
era paloma, era serpiente
y, a veces, cerdo.
ttecce ttorrto

Soy la llama; soy la llama,
y al alumbrar me consumo,
y lo que toco se inflama,
y queda ceniza y humo.
¡Soy la llama, soy la 1/amaJ
166

el PR011MO

Quien del pró;imo se fú
un guía a su lado aguante:
yo voy solo, que me guíe
quien t¡ztt"era, pero delante.

el

l16€Rt0

Me detengo y escucho
el latir de mis venas:
m rumor me Iza engañado;
pensaóa oír cadenas,
¡qué mucho
si" estuve encadenado!

ett oeRAtlO
"Hay que comer nuestro pan
,on el sudor de la frente",
te dirán:
¿Sudandor ¡Qué desatino!
/ Vaya un consefo imprudente!
Con el sudor de la frente
hay que beber nuestro vino.

�LA PLUMA

LA PLUMA
LOS MUY SU'ttLeS

Entran mefor de puntillas que a gatas:
por el ofo de la llave y no por la puerta fra,ica.

¿lnvestigarr ¿Cómo, cuándor

y auNp,U escribo a grandes bazor
cada ras{fo es una falta.
En cambio, lo que concibo'
de un modo que no se usa
jcon qué claridad transcribo,
Al que leerme rehusa
¿qué más le da si es confusa
la letra con que lo escribor

Al peso
del libro impreso
r,as arrastrando tu vida
y cayendo y levantando
lzasta la última caída.

El que ha de llegar, llega, porque puede

y porque le place,
y nada le importa que diga la gente •
si es temprano o tarde.

Mi pluma no corre, salta
voy escribiendo a pedazos

Una mufer me decía
al despuntar la mañana
¡Si eres feliz en ayunas
qué será si te emborrachas!

Cuando hablo,
para no cansarte, amigo,
con las cosas que te digo
me pongo disfraz de diablo:
nzas no me sirve de nada
el diabólico disfraz,
fa bondad de la mirada
no la cubre el antifaz.
Traduoclón do

PRANCISCO A. DB !CAZA

�LA PLUMA

Peeegeinos cueiosos
1oege 8011~ow y + +
la Bib(ia en españa

T

Borro~, de familia de labradores, establecida desde muy antiguo
c~rca de L1skeard, en Cornwall, se fugó de su casa, siendo todavía mozo,
por esqmv_ar las consecuencias de una fechoría juvenil, y sentó plaza de soldado
en 1783. Diez años más tarde, cuando era sargento, se casó con Ana Preferment
hija de un agricultor de East Dereham, Norfolk, de abolengo francés prnbable~
mente. En 1798,_ ~omás Borrow obtuvo el grado de capitán, del que no pasó
en su carrera w1htar. En 1800 le nació un hijo, Juan Tomás, que fué pintor y
solda_d o y acabó por emigrar a Méjico en busca de fortuna, murie ndo en aquellas berras e? 183~. El S de julio de 180~ nació, en East Dereham, el hijo segundo del m~tnmomo Borrow, Jorge Enrique, el cual, treinta y tres años más
tar~e, ha~1a de ser popular en Madrid con el nombre de Don '.Jorgit, el znglés.
La rnf:mcia de Jorge transcurrió en diferentes poblaciones de Inglaterra y de
Escocia, ~ ~;ce~ a los cambios de guarnición del regimiento en que se rvía su
padre. V1a¡o primeramente por las provincias de Sussex y Kent, y en 1808 y
1810 estuvo otra vez en su pueblo natal. Jorge era •un niño triste que gustaba
de permanecer horas enteras en un rincón solitario, con- la cabeza caída •sobre
el pe~ho, dominado ror ~n abatimiento peculiar; a vece~ sentía una impresión
de miedo muy extrana, sm causa reah. Sus padres le de¡aban vagar libre mente
por los campos. En 181~ conoció a Ambrosio Smith, el gitano a quien después
repre s1;ntó en sus escritos con el nombre de Jasper Petulengro, y se juraron
f~atermdad. El_ desarrollo mental de Jorge fué algo tardío. Comenzó los estudios ~e humamdades en Dereham, y los continuó en Edimburgo, después en
Norw1ch, Y el_ a~o 181 S en la «Academia. Protestante , de Clonmel (Irlanda),
adonde e l re gumento de su padre fué destrnado. La vida escolar Je curó de su¡
OMÁS

"'70

hábitos insociables y de su reserva. A Jorge le gll6taban los estudios pero no la
sujeción de la escuela. Sentía inclinación natural por los idiomas, /Ios aprendía con desusada facilidad; su memoria era descomunal. Amaba la vida al .iire
libre y los deportes. Las aventuras, propias o ajenas, reales o soñadas1 encandila?ªº su imagin~_ción. En Irl~nda, además de aprender la_ lengua del país, se
babia hecho gran Jinete. Termmadas las guerras napoleómcas y licenciado el
regimiento, los Borrow se establecieron en Norwich. Jorge leía griego en la
Gramma,· School, y de un emigrado francés tomaba lecciones de este idioma
de italiano y de español; cultivaba, además, la caza y el pugilismo. Los gusto;
y las costumbres de Jorge Je hicieron antipático a su padre; no se Je parecía en
nada; ten~ale por un verdadero ~itano, y, desentendiéndose de él en Jo posible, le deJaba hacer cuanto quena. En 1818, Jorge se encontró de nuevo con
Ambrosio Smitb, o Jasper Petulengro, y, yéndose con él a un campamento de
gitanos, los acompañó por ferias y mercados, se inició en s 11s costumbres y
aprendió su idioma.
Llegado el momento de adoptar una profesión que le diese para vivir, Jorge, dudoso entre la Iglesia y el Foro, se decidió por el último; así se lo aconsejó un amigo en situación semejante a la suya, diciéndole que la abogacía cera
la mejor carrera para quienes (como ellos) no pensaban ejercer ninguna, . El
padre de Jorge le costeó el aprendizaje, colocándole en 1819 de pasante en casa
de 11.nos curiales de Norwich. Pel'.O Jorge debía de tener mediana afición a los
.pleitos. Aprendió galés, danés, hebreo, árabe, armenio, y en el despacho de sus
maestros trabajaba en traducir de esas lenguas al inglés; su amigo William
Taylor le enseñó el alemán. Así vivió el pobre cinco años, amarrado a un oficio tan opuesto a su vocación. Quizá la lectura de libros de viajes y aventuras
le fué entonces más gustosa y necesaria que nunca, como desquite de la aridez
de su empleo. A Jorge Borrow le gustaban mucho Gt1 Bias, el Peregrino d&lt;Bunyan, Steroe, el Chi!de Harold, y, sobre todos, De Foe. ,¡Oh genio de De Foe,
yo te saludo!-exclama en su autobiografía- . ¡Cuánto no te debe el mío pobrísimo!,
En 1824, el capitán Tomás Borrow murió, dejando por heredera de sus escasas rentas a su mujer. Jorge, que llegaba entonces a la mayor edad, se marchó a Londres a buscarse la vida en cuanto terminó su contrato de pasantía.
Llevaba por todo capital un legajo de traducciones; pero sus esperanzas eran
muchas. Su primera estancia en Londres fué poco placentera. Luchaba con la
escasez, con la falta de salud, con la inseguridad del trabajo, y padeció además
la crisis característica de la juventud al encararse indefensa con la vida y las
amarguras de la vocación, que busca a tientas su camino. Jorge se interrogaba
acerca del valor de la existencia y de la verdad. «¿Qué es la verdad? ¿Qué es lo
bueno y Jo malo? ¿Para qué he nacido? ¿Todo perecerá y será olvidado, todo es
nnidad?&gt; Y no encontraba respuesta. satisfactorid. El futuro misionero era en!onces ateo empedernido; su amigo Taylor, además de enseñarle el alemán, le
inculcó la irreligión. La tristeza y el descorazonamiento de Jorge fueron tales,
que sus amigos temie ron verle poner fin a sus días. Por aqueJla época publicóBorrow algunas traducciones de poesías e xtranjeras (var ios romances espa-.
171

�'
LA PLUMA
LA PLUMA
fioles) (1); escribió, por encar~ de un editor, una colección de «causas c61ebres• (2), y tradujo para una revista fragmentos de leyendas danesas (3). Pero
en ,825, el periódico en que escribía desapareció; riñó, además, con el editor
que le daba trabajo y se quedó en la calle con sus manuscritos y un puñado de
-dinero. Supónese que el ammcio de un librero le indujo a escribir, para zafarse de sus apuros del momento, una Vida y aventu1·as de José Sell, obra publicada, al parecer, con otros cuentos y narraciones en una colección que hoy no se
aabe cuál fué. Vendida la obra, Borrow se marchó de Londres, abandonando la
literatura, y viajó a pie en busca de salud corporal y de paz para su ánimo.
Cuatro meses duró su vida errante. Volvió a encontrar a Jasper Petulengro, y
se fué con él a vivir en hermandad con los gitanos, trabajando en hacer herraduras, y preso en las redes honestas de una linda moza de la tribu. Dt"spués
compró un caballo y recorrió Inglater,ra e~ b~s~a
aventuras. Cuando cst~s
\•iajes concluyeron, Jorge Borrow tema vcintidos anos. Era alto, flaco, zanquilargo, de rostro oval y tez olivácea; tenía la nariz encorvada, pero no demasiado larga; la boca bien dibujada y ojos pardos, muy expresivos. Una canicie precoz le dejó la cabeza completamente blanca. Las cejas, prominentes y espesas,
ponían en su rostro un violento trazo obscuro.
·
Jorge Borrow, al escribir, andando el tiempo, sus narraciones autobiográficas se empeñó en rodear de misterio ciertos años de su vida (1826-1832), y con
alu~iones más o menos veladas quiso dar a entender que se había visto envuelto en misteriosas aventuras y dado cima a dilatados viajes por países como la
India, China y Tartaria. lgnórase, en efecto, lo que Borrow hizo en esos años;
pero en sentir de sus biógrafos más autorizados, es excesivo tanto misterio. Probablemente, Borrow vivió todo ese tiempo sin ocupación fija, viajó un poco y
escribió por gusto y por encargo. En 1826 se publicó una colección de sus traducciones del danés (4) con otras composiciones suyas. Dos años más tarde apareció una traducción de las ,Memorias de Vidocq (s; atribuída a Borrow; insertó en
-algunas revistas trabajos de menos importancia. Viajó por la Europa occidental y parece que estuvo en Madrid, pero este viaje no pudo entrar en el marco
de La Biblia en España.
.
Un gran cambio sobrevino en la vida de Jorge Borrow durante el año 1833,
que decidió de su destino. Conocía Jorge Borrow a una familia residente en
Oulton Hall, cerca de Lowestoft (Suffolk), de la que formaba parte Mrs. Mary
Clarke, de treinta y seis años, viuda de un marino. Un reverendo pastor, relacionado con esa familia, indujo a Jorge Borrow a solicitar de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera un empleo donde pudiera utiliz~r su conocimien-

d:

(1) cBcroard's Address to his army•, aballad from the Spanisb; cThe aingiqg Mariner•, a balla4
from the Spanish¡ cTbe French Pcincess•, a hallad from the Spanish. En cMonlhly 'M agazine• , vol. S1
(1S.4),

, ,

.

,

.

(2) cCelebrated Trials, and ~Remark..able Cases oí Cr1manal JUns.prudence, from the earhe1t recorda to the year 1825&gt;. 6 vo1s. Knigbt and Lavv, London. 182s.
(3) cDanish Traditions aod Superstitions.• En cMontbly lfagazine&gt;, vols, sS, 59, 6o.
(4) cRomantic Ballads&gt;, translated from the Dinish, and Miscellaneous pieces, by Geor,e Bonow; Norwich, S. \Villdn, 1826.
.
(s) c)1emoirs of Vidocq&gt;, principal agent of the P'rcnch police unli\ 1827. Wntco by him■elf
translated from the French, 4 •olt, London. Whittaker Treacber and Arnof, 1828•19.

to de los idiomas. Jorge se fué a pie a Londres, y en veintidós horas recorrió

una distancia de ciento veinte millas. En su frugal pobreza, Jorge sólo gastó en
el viaje cinco peniques y medio, en un litro de cerveea, medio de leche, un pedazo de pan y dos manzanas. Los señores de la Sociedad Bíblica, después de
examinarle de lenguas orientales durante una semana, le preguntaron si estaba dispuesto a ap1ender en seis meses la lengua manchú. Aceptó Jorge, y con
un buen viático se volvió a Norwich, ya en diligencia; estudió con ahinco, y a
los seis meses triunfaba en las pruebas a que sus futuros jefes le sometieron.
Por aquellos mismos días, Jorge Borrow se retractó de su ateísmo; ya fuese
por influjo de Mrs. Clarke, o porque las ideas que le inculcó su amigo Taylor
arraigaron poco en su espíritu y se marchitaron al acercarse la treintena, lo
cierto es que Borrow profesó un protestantismo t.m fanático como el ateísmo
que abandonaba. No tardó en asimilarse el «tono misionero• ni en adoptar la jerga propia de sus patronos. Cuando aún se hallaba en curso su nombramiento, uno
de los secretarios de la Sociedad Bíblica censuraba así el estilo de una carta de
Borrow: «Perdóneme usted si, como sacerdote y mayor que usted en años, aunque no en talento, me atrevo, con la mejor intención, a hacerle una advertencia
que podrá no ser inútil.&gt; Acota una frase que ha llamado la atención de alguno de
dos excelentes miembros de nuestro Comité•: aquella en que «habla usted de
la perspectiva de ser útil a la Divinidad, al hombre y a usted mismo. Sin duda
quiso usted decir la perspectiva de glorificar a Dios, pero el giro de sus palabras
nos hizo pensar en ciertos pasajes de la Escritura, tales como Job, XXI, 2, cte.•
La respuesta de Borrow debió de ser tal, que el mismo reverendo le escribía:
«El espíritu de su última carta es verdaderamente cristiano, en armonía con
aquella regla sentada por el mismo Cristo y de la que Él dió, en cierto sentido,
tan prodigioso ejemplo, que dice: «El que se humille será ensalzado.• Finalmente, la Sociedad Bíblica aceptó los servicios de Borrow y le envió a Rusia,
para donde salió sin dilación, a mediados de año, a colaborar en la transcripción y colación del manuscrito de la Biblia, traducida al manchú, y en la impresión del Nuevo Testamento en la misma lengua.
Jorge Borrow estuvo en Rusia hasta septiembre de 1835. Sirvió con celo y
buen éxito a la Sociedad Bíblica; visitó Moscú y Nowgorod y proyectó t1n
viaje a China, a través del Asia, para distribuir el Evangelio por el Oriente. El
Gobierno ruso le negó los pasaportes. Ese proyecto de viaje fué, en opinión de
uno de sus biógrafos, el único motivo que tuvo Borrow para creer, y hacérselo
creer a sus lectores, que había estado en el Oriente remoto (1). Durante su
estancia en Rusia tradujo al ruso unas homilías de la Iglesia anglicana, y publicó en San Petersburgo dos colecciones de poesías traducidas por él al inglés:
Targum (2) y el 1 alismán (3).
(1) «¿No le ha chocado a usted nunca-le escribía en una ocasi6n su amigo el danés Hasfeldt-cuánto
se parece usted al buen hidalgo Don Quijote de la Mancha? A mi juicio, podría· usted pasar fácilmente
por hijo suyo,&gt; W. Knapp cLife, writings and correspondeace oí George Borrow&gt;. London, Murray
1890, Vol, I, pág. 1qo.
(2) cTargum, or metrical translations from thi rty Janguages and dialects•, by George Borrow. St. Pe,
tersburg, Schulz an Beneze, 1835.
(3) cT?ie Talisman», from the Rusiam of Alexander Pu1hkio 1 with other pieces. St. Petersburg,
Se bulz and Benere, 1835.

173

�LA PLUMA
En octubre de 1835 volvió Jorge Borrow a Inglaterra, y, apenas llevaba un
, mes en su país, la Sociedad Bíblica decidió utilizar de nuevo sus servicios, enviándole a Lisboa y Oporto con encargo de acelerar la propagación de la Biblia
en Portugal.
Ni la Sociedad Bíblica ni Jorge Borrow preveían entonces que sus campa. das en la Península iban a tener la importancia que después adquirieron. Para
la Sociedad, el envío de Borrow a Portugal era un empleo interino, en espera
•, de que se decidiese su viaje a China. Borrow ignoraba si tendría o no en Portugal libertad suficiente para lanzarse a una propaganda intensa ni si el ánimo
,de la gente se hallaría bien dispuesto para recibirla.
Jorge Borrow se embarcó en Londres el 6 de noviembre de 1835, y llegó a
,Lisboa_&lt;;! 13 del mismo mes (1); visitó los alrededores de la capital, hizo una
excurs1on por el Alemtejo, y de estos viajes y de sus conversaciones con el representante de la Sociedad Bíblica en Lisboa nació la determinación de aplazar
· sus trabajos en Portugal. Borrow resolvió pasar a E~paj'ía, Salió de Li,boa para
Badajoz el I de enero de 11361 cruzó la frontera el día 6, detúvose-en Badajoz
·-diez días, y por Mérida, Oropesa y Talavera llegó a Madrid. Por el camino fué
madurando su plan de campaña: le pareció necesario, ante todo, hacer una
tirada de la Biblia en castellano, porque sólo podían circular las impresas en
el reino. Pero lo difícil no era eso· lo difícil era obtener permiso para imprimirla sz'n notas, Desde la invenciód de la imprenta, hasta 1820, no se había impreso en España ninguna traducción de la Biblia descargada de comentarios Y
notas. y que fuese, por tanto, de tamaño manual y de precio reducido, accesible a todos. En 1790 apareció la traducción de Scio, en diez volúmenes en folio,
y en 1823, la de Amat, en nueve volúmenes en cuarto. Al amparo de la fugaz
libertad política instaurada por la revolución de 1820, se imprimió en Barcelona (1820) el Nuevo Testamento, traducción de Scio, pero sin notas; desde entonces, hasta la llegada de Borrow a España, nada más se había hecho. La J:&gt;ropaganda de las Sociedades Bíblicas no consiste1 esencialmente, en predicar
una confesión determinada, sino en difundir la lectura de la Biblia, poniendo al
alcance ~el. mayor número el texto genuíno de la Escritura. Como, en opinión
de l&lt;?s cristianos reformados, los dogmas y prácticas de la Iglesia romana con·
trad~cen la letra y el espíritu del libro sagrado, basta la lectura de su texto aut~nhco, y la :estauración del sentido propio en su inteligencia e interpreta•
c1ón, p~ra m(nar J.as bases de la dominación papista. Así, Borrow, abundando
e_n las 10tenc1ones de sus directores, y con autorización expresa de ellos! ge~tionó desde !~ego el permiso que necesitaba para imprimir el Evange!t&lt;? sin
-notas, y_, ,vencidas no pocas dificultades, se dispuso a reimprimir en Mad~1d la
tr~d~1cc1on del Nuevo Testamento, de Scio, editada sin notas po,r la Soc1ed_ad
Bibhca en Londres, 1826. Borrow y la Sociedad lilíblica desconoc1an las vers10•
~es caste!l~nas de la Biblia, hechas por los antiguos reformistas españoles,
libros rans1mos entonces.
•
Borrow se fué de Madrid a los pocos días de la revolución de La Granja
(r¡ Fechas establecidas por Mr. Knapp, separándose de las que Borrow da en cThe Bible •
.:".5pain•.

174

LA PLUMA
-estuvo en Granada y Málaga (viaje no referido en La Biblia en España) se embarcó en Gibraltar, llegó a Londres el 3 de octubre, instó en la Socrcd¡d Bíblica la inmediata apertura de la campaña de propaganda en España, y, aceptados sus planes, se reembarcó el 4 de noviembre, llegando a Cádiz el 22 del
mismo mes. Por Sevilla y Córdoba se dirigió Borrow a Madrid, adonde llegó
·el 26 de diciembre. No perdió el tiempo. En 14 de enero de 1837 firmaba con
~d_rés Borrego ~l cont:ato para la impresión del Evangelio, y en I de mayo
-s1gu1ente se publicó el libro (1). Borrow obtuvo de la Sociedad Bíblica autorización para repartir en persona la obra por los pueblos, y, dejando en Madrid
encargado d&lt;: sus as.untos a don 1:uis Usoz y Río, emprendió, acompañado de
s? famoso cnado gnego, el larguísimo viaje por Castilla la Vieja, Galicia, Astunas Y, Sa_ntan?e:, que duró· desde mayo a noviembre de 1837. De regreso en
Madrid, 1mpnm1ó dos nuevas traducciones parciales del Nuevo Testamento·
u~a traducción _del Evangelio de Sao Lucas al caló (2), hecha por él, y otra dei
mismo Evangelio al vascuence, por un señor Oteiza (3).
La publicación del Evangelio en caló, la apertura tic un Despacko de la Sociedad Blílica en la calle del Príncipe, los métodos empleados por Borrow para
llamar la atenció°: del público hacia su obra y ciertas imprudencias de otros
agentes de la Sociedad en España, provocaron la intervención de las autorida~es y desencadenaron u?a borrase.., en la que naufragá la propaganda evangélica, f, a la larga, puso fm a los trabajos de Borrow en España; de ella nació
también 1:1n primer disentimiento entre la Sociedad y su agente, disentimiento
que termmó en ruptura. En enero del 38 el jefe político de Madrid secuestró
los libros existentes en la tienda abierta por Borrow; en mayo fué preso Do,i
Jo, ge por desacato a un agente de la autoridad y por vender libros impresos
fuera del reino, introducidos en España con infracción de las leyes vigentes.
Borrow ~uen~a en La Biblia en_ España la historia del secuestro y de su prisión;
pero om_1te ciertos hechos que mfluyeron grandemente en aquellas resoluciones
del Gob1,erno1 hechos que Borrow no conoció hasta después de salir de la cár-cel. Hab1a por entonces en España otro agente de la Sociedad Bíblica llamado
GraY,don,_q~e operaba principalmente en las provincias de Levante. Graydon,
-q1;1e _1mpnm1ó en Barcelona una edición del Nuevo Testamento y otra de la
B1b!1a (A: y N. T.), sin notas, en 1837, no se limitaba como Borrow a propagar
el libro, srno que repartía folletos, prospectos y opú~culos atacando al Gobierno moderado, y al clero español y sus doctrinas. Esta conducta produjo algunos
( 1)
l:l Nuevo Testamento, traducido al español de la Vulgata Latioa, por .el Rmo. P. Phelipe Scio
:e S. M...iguel, de las Escuelas Pías, obispo electo de Segovia. ~fadrid, imprenta a cargo de Don Joaquia
e laBarrera1 1837. En s.•, 53-4 páginas.
r·
( 2)
Embeo e ·Majar6 Lucas. Brotoboro rodado andré la chipé grie¡a, acána chibado andré o Roma·
a6 o chipé es Zincalés de Seoé.
El Evangelio. según S. Lucas, traducido al Romani, o dialecto de los gitanos de España1 Madrid,
2837. En 16."1 177 páginas.
Se¡unda edición: Criscote e Majar6 Lucas, chibado andré o Roman6 1 o chipé es Zincalés de SeséEl Evangelio según S. Lucas, traducido al Romaní, o dialecto de los gitanos de España. Lund.ra_.
1872. En 16."1 177 págs.
(3) Evangelio a San Lucas en Guissan, El Evangelio según S. Lucas, traducido al vascuence, [Ma,
?\d 1 imprenta de la Compañía Tipo¡rá6ca, &lt;838. En 16.º, 176 pá¡1•

175

�LA PLUMA
LA PLUMA
escándalos en Valencia, Murcia y Málaga; y como Graydon se pro~amaba, no
sólo agente de la Sociedad Bíblica, _sino íntim~ colaborador y asociado de Borrow, dió pretexto para que el Gobierno, mov'.do por lo~ _curas, desfogara su
inquina tratando a ~o~ Jorge ~on _extrema~o ngor. La pns1ón de Borrow y las
reclamaciones del mm1stro bntámco produ1eron, com&lt;? ~ucdc sup':m~r~e, una
reunión precipitada del Consejo de ministros, un ofrec1m1cnto de d1m1s~ón por
parte del jefe político e interpelaciones en las Cort~s. ccnsur_and? al Gobierno...
por su lenidad. Excarcelado Borrow, supo por el mm1s_tro británico la par~c que
la conducta de Graydon había tenido en sus pers~cuc1onc;5, -y se le ocur~1ó es•
cribir sendas cartas al Correo Nacional y a la Sociedad Bibhca des~utorizand~
y condenando el proceder de su_ colega. En la ca_rta al Correo_ Naeton~l, publicada el 27 de mayo, se titula «~mco agente autorizad~ en Espana d~ la~· B.• E~
la carta a sus directores de Londres, luego de rcfenr la&amp; entrevistas del ministro británico con Ofalia, dice respecto de Graydon: •Hasta ~I ~omento P:C·
sentc, ese hombre ha sido el ángel malo de la c~u~a de la B1bha e_n Espana,
y también el mío, y ha emple_ado tales proccd11_n1entos .Y :scog1do de ta~
modo las ocasiones, que casi siempre ha conseguido dern~ar IE&gt;s planes h~
cederos trazados por mis amigos y por mí para la propagac~ón del Evangelio
de una manera permanente y segura.• La respuesta de la Sociedad fu~ 1;1n cruel
desengaño para Borrow: rcconocíase en ella que Graydon era tan le~1ttmo representante de la Sociedad Bíblica como él; no se accedía a desautorizar Y con•
dcnar su proceder, y, además, se le advertía a Borr?w que en adelante se abs•
tuviese de publicar cartas como la del Correo Nacional. Por su _parte, el Go•
bierno español, tras algunos artículos oficiosos en que ~e. le exc1ta_b~ a proce•
der •con mano dura• contra los escarnecedores de la rehg1ó11, proh1b1_ó de Real
orden (25 de mayo) la circulación y venta del Nuevo Testamento editado por
Borrow.
En relaciones poco cordiales con sus jefes,, y frente.ª la hostil ida? resuelta
de los gobernantes españoles, Borrow no pod1a ya realizar en la Penmsula una
obra duradera ni fructífera. Aquel verano del 38 anduvo Don Jorge por la Sagra y por tierras de Segovia. El 24 de agosto llegó a sus manos_ la orden de sus
jefes llamándole a Inglaterra, y allá se fué, a través. de Fr_anc1a, Y en. tres o
cuatro meses que permaneció en su país zanjó sus d1fer~nc1as con los d1rect~res y logró que Je enviaran a España por tercera y última vez. El 31 de d1•
cie~bre de 1838 desP.mbarcó en Cádiz, y, salv? los tres _primeros meses qu_e
pasó en Madrid dedicado a la propaganda, casi todo el ano 39 est~vo en ?evilla, en relativa inacción. Allí fueron a buscarle l\~s. Clarke Y( su h1Ja, a qu~e!1cs
instaló en su propia casa de la Plazuela de _la Pila Seca. _Hizo, solo, _un VJaJC a
Tánger, donde Je alcanzó la orden del Comité de la Sec1edad Bíblica, dando
por terminada su misión en España, y en Tánger se aca~a brusc.-m_ente _la narración de sus aventurns. De retorno en Sevilla, anunció su matnmomo con
Mrs. Clarke (la Señá Biuda con Don Jorgito et Brujo), y comenzó l&lt;?s prepar~tivos para volver a Inglaterra. Una disputa con un alcalde de bar~10, en Sevl•
lJa, le costó ir a la cárcel, donde le tuvit:ron treinta hor~s; todav1a ~stuvo en
Madrid gestionando las reparaciones debidas por el agravio, Y en abril de i84o
176

.e embarcó para Inglaterra con Mrs. Clarke y su hija y su corcel árabe. Apen~ tomó tierra, se casó y fué_ ª. instalarse en Ou/lon Coitare (Lowestoft), pro~•edad_ de su esposa, donde VIVIÓ muchos años entregado a las pacificas tareas
hterarias.
~ primero que publicó foé su obra sobre los gitanos (1), en la que había
t,:abaJad~ m_ucho durant~ su perma~encia en, España. Contiene una descripc16n prelimmar de los gitanos de diversos pa1ses, y un estudio de la historia y
costumbres _de los de España, compuesto de observaciones personales y extractos de hb~os referentes a ellos. Siguen una colección de poesías populares
en caló, ~ecog1das verbalmente por Borrow, y un vocabulario. En Tñe Zincoli
se aprecia cuna fuerte personalidad y una observación extraorclinaria&gt; ( 2 )·
per~ cualquiera puede advertir el desorden con que está compuesto el libro'.
Es importante para conocer las costumbi;:es de los gitanos, y completa además
algunas aventuras que en La Biblia en España sólo están indicadas.
La publicación de Tñe Zincali puso a Borrow en relación con Ricardo F ord
docto en cosas hispánicas, que preparaba por entonces su Manual de Espa:
ña (3). Ford acons7jó a Borrow que publicase sus aventuras personales y se deJara.de ~xt~ac~ai: libracos españoles.. Al saber!que tenía entre manos una Biblia
en
!ns1shó en sus advertencias: nada de vagas descripciones, nada d~
erudición libresca; hechos,_ muchos hechos observados directamente; arrojo
para no caer en las vulgandedes; no preocuparse del buen decir· evitar las
g~oñerías y la declamación. Borrow se aprovechó de esos con~cjos. En su
r~t!ro de Oulton ordenó y completó los materiales de que disponía: diarios de
na1e, cartas a la Sociedad Bíblica, y en diciembre de 1842 se publicaba la
obra (4), que velozmente le llevó a la celebridad.
. S~ triunfo fué inmenso. En el primer año se agotaron seis ediciones de a
nul eiemplares en tr_es volúmenes, y una e~ición de diez mil ejemplares en dos
tc:imos. Dos veces reimpresa en Norteaménca aquel mismo año 43, fui'. tradu~a al _alemán, al francés y al ruso: en 191, iban publicadas más de veinte edi~ooes mgle?as de la obra. Borrow saboreó la popularidad; sus escritos postenores contribuyeron poco a sostenerla. Sus aventuras en España despertaron
en el p~blico un deseo muy vivo de conocer otros hechos de la vida del «héroe•. lt1cardo Ford le aconsejó que es~ibic~ su auto~iografía. Don Jorge, sin
levantar m~no, compuso el Lavengro, historia de su miíez y juventud, continuándola anos después (5), hasta la fecha en que comienza aquel misterioso pe-

lu/'!"ª•

h) The Zioeali, • · An Accouot of the Gyp1ie1 of Spain With an orifinal colleclion of their Sonp
ud Poet,y,and a cop,.,us DictionaryoftheirLanguace. ByGeor¡e Borrow ... ID two volwnes. London

Joha

M.urray, 1141.
'
t vol. London Chapman and Hall , u .
9
(3) • ~Hand-Book_ for Travellers in Spaln and Reden at Home.• London: Murray, ,s45 , •· ; 0 1. g,•
Laa ed1c1onea postenorea ~,tán abreTiadas o adaptadas a 101 itioervioa del ferrocarril. El •erdadero
•Jlord, no ha vuelto a parecer•. (Knapp.)
(4j Th_e Bible in Spain, or the Journeya, AdYeDture., and lmprisonements of u Eollilhman io a.o
• ttempt to c1rculate the Scripture1 in tbe Pen insule. By Georce Borrow, author of •The GypaÍea in
8 paln,, ln three To!ume,; London Jobo Murray, 1843.
1
.a.... (s)
Lano¡ro; the Scbolat"the Gypsy-the Priest. By Geor¡e Borrow... In three -,olume1, Lon•
_,,Lo, Jobo Murray, 1'51.The Romany Rye; a aequel to La...nrro. By Georie Borrow... h two •olumea
ndoa. John Munay, 1857.

(•) E. Thomu: George Borrow, the man and bis book1.

,

�LA PLUMA

LA PLUMA

.
a se hizo mención. La obra defraudó las esperanzas del
ríod&lt;? de su v1d,a_de que Y . . d" nación del autor, pronunciaron sobre cl!a un
público: los cntlcos, con gran m tg
"6 ri urosamentc veraz, y aparec1a un
fallo adverso; se aguardaba u?a n~rra~t má~ uc suficiente para desorientar
revoltijo de sucesos reale\ ~ ~~!11:;~~e de lo\ue algunos llamaron su !fracaal lector. Borrow se.~onso -~ 1 t\ntribuir a suavizarle el humor, cada d1a más
so•. La vanidad hen a n:&gt; i ~ a c . c·a la vida sedentaria de escritor. Sentía,
.áspero y.agri?· Llevaba ~o.n tm?ac1cn
uos • terrores• le atormentaba~. Bo.además, i~qu~c~udes rfh1tsas, ~~~0ufra de su patria: misiones li~e.ranas en
rrow quena v1a1ar y so ic1 emp . ero sin resultado. Hizo un v1a1e por el
Asia, el Consulado de Ho~g-Kong, pdatos acerca de la vida y lenguaje de sus
-oriente de Europa, Y recogt~ nuevos .
Macedonia Anduvo también por su
amigos los gitanos en H~ngna, V~aqu1a y y recogió parte del fruto de estas
país; visitó Gale~, Escocia y o¡rosl u~1~f!s~ obra importante que publicó. Desde
jornadas en un libro (1), que /é .ª -~ catorce años sin producir nada después de
1860 r~s~día en L~nd~s,l don e 1~v~oen tanta obscuridad, en tal silenci&lt;?, que &amp;!·
la apanc1óo de W1ld a es,_sum
or el deseo de conservar su antigua pr1guoos le creían m~erto; Estimulado
cultivaban ya con diferente método, se
macía en los estudios gitanoS, qu~ ~ r. ( ) del dialecto de los oitanos ingleses,
lanzó a publicar en 1874 un vocat_u ard10 E2 suma· Borrow se ,.sobrevivió; tan
·
• d perd"d
1 a.
obra que, al apareCcr , -•ra yaKana 1cua
_ a.odían devolverle
la notoneda
sólo la muerte-observa Mr. n pp p
hó de Londres en 1874 y se refu•
La muerte tardaba en llegar. ~orr&lt;?wdse dm=~~ 1869 El arriscado Don Jorge de
gi6 en su casa de Oulton;_ esta a v1u o e
ue v·ivía tr;ste y solo en una casa
otros tiempos era ~o anciano de ::~~:~~1~ q por el jardín recitand? poemas
de campo mal cuidada, Y se P
I dad y «sus conversaciones con
de su cosecha. S~ extraño c.o!1tincnte,ai~~nsfaefinca, crearon en torno s~yo una
los gitanos, a quienes permit~a a~am~n viéndole pasar le gritaban: ¡Gitano! o
especie de leyenda. Los fc ac ~-~• stra fué con su]~at:ido a vivir en su com•
¡Brujo!• Muy ce:,ca ya d~ 6md:u•uJi de 1881 el matrimonio se fué a Lowestoft
pafüa. En la man~na de 2
J m letamente solo; mucho les rogó quc,no se
a sus asuntos, de1ando ,ª Bor~~~ co o 1e di" eroo que ya otras veces hab1a exfuerao, p_orque se sen?afmo~u~~~~o alguJo. Cuando volvieron, a las pocas hopresado igual temor sm un ª
ras, se lo encootra.1:on ?1uert~.
f
en tér'lninos absolutos, el mejor libro
Aunque Tlle B1ble in Spain no uese,
diferencia respecto de sus otros
de Borrow, sería en t,odo caso, c~n eoo::~ción de nuestro público. El mérito
~scritos, el que. más bful~s tefdna ;;:ación de España le hicieron pop ula: en
intrínseco del libro y a.s1ogu ar re. do en varias naciones de Europa, motivos
Inglaterra y Nortearnénca y _conoc1_
e nuestro aís con más el de ser los
también valederos para ~u d1vulga~1ón a~te ioterefada'. actol'CS en las escenas
~spañoles, no lectores distantes, smo p

s"

:¡

tos

f

B Geor,:e Borrow... ¡,. three -.ol11m•.
(r) Wild Wa!es: its people, Lao,:uare, and Scenery. 1
•
Londoo, John Murray, ,~6_•1.' W d·B k ofthe Romany, or Bn,:li1h Gypsy Lan,:uar;e••. By G9oll
(2)
Romano Lavo•L1 .
or
oo
Borrow. London, John llurray, 18H·

y su tierra marco de aquella narración. No es muy honroso para nuestra curio-

sidad que hayan transcurrido cerca de ochenta años desde que vió la luz, sin
.ponerlo hasta hoy, traducido, al alcance de todos.
El libro fué compuesto, en su mayor parte, en los lugares mismos que describe. Borrow redactaba un diario de viaje, y remitía, además, a la Sociedad
Bíblica, cartas de relación de sus aventuras y trabajos. La Sociedad prestó a
Borrow las cartas luego de cerciorarse de que, al aprovecharlas, no cometería
ninguna indiscreción. c¡No he revelado los secretos de la Sociedad!» decía después Borrow; en efecto, no mienta su desacuerdo con los directores, y tribut?
a Graydon, el «ángel malo• de la causa bíblica, ardientes elogios. Las cartas d e
Borrow a la Sociedad Bíblica (1) son tan extensas como la mitad de Tlze Bible
in Spain; pero sólo aprovechó la tercera parte de ellas en la composición del
Jibro; lo demás salió de sus diarios, fundiéndose todo al calor de su espíritu
cuando recordaba y revivía a distancia las impresiones indelebles recibidas.
Tres son los temas de la obra: la difusión del Evangelio, Don :Jorge el inglés
y Espaiia. Los tres se enlazan en un conjunto armónico; la propaganda evangéJica es el propósito deliberado de que remotamente trae origen el libro, y
constituye su armazón interior; todas las idas y venidas de Don Jorge, todos
sus pensamientos van encauzados a la divulgación de la palabra divina. Los
homb1·es y las tierras de España, materia de su experiencia, constituyen, no
sólo una decoración de fondo, asombrosa por el relieve y el color, sino el ambiente en que se mueve y respira un personaje extraordinario, algo distinto
de Borrow, pero que es Borrow mismo, despojado de toda vulgaridad y flaqueza, elevado a la categoría de semidiós. De esos temas, el evangélico es el que
nos importa menos. España, país de misiones, España, país de idólatras, era
un punto de vista nuevo, dentro de nuestro solar, en 1835, e irritante para
quienes, dueños de la religión verdadera, habíanla exportado durante siglos.
No será hoy menos irritante para buen número de personas el antipapismo d e
Borrow; pero es improbable que los españoles descontentos, los no conformistas, rompan a gritar: ¡Al &amp;ampo, al &amp;ampo, Don :Jorge, a prnpagar el Evangelio de
Inglaterra! En el fondo, la preocupación de Borrow es de la misma índole que
la de los e idólatras•, sus enemigos. La regeneración de España por la lectura
&lt;lel Evangelio sería un programa que acaso hiciera hoy son reir.
El mayor número ~eguiría una opinión análoga a la de Mendizábal, que a la
insistencia con que Bonow solicitaba el permiso para imprimir el Testamento,
salvación única de España, respondía: «¡Si me trajese usted cañones, si metrajese usted pólvora, si me trajese usted dinero para acabar con los carlistas!.
Pero Don :Juan y Medio, y los liberales que hicieron la desamortización eclesiástica, no se atrevían a permitir que circulase el Evangelio sin notas. Aunque
movido por un fanatismo antipático, en favor de Borrow hablan su osadía personal, la consideración de que luchaba contra un poder omnímodo, irresponsable, y la de que formalmente pugnaba por un mínimo de hospitalidad y de
Hbcrtad, sin las que los hombres en sociedad son como fieras, y eso está siem(1)

•Letters oí Georre Borrow to tbe Bible Society•, edited by T. H , Dar!ow, 1911.
1 79

�LA PLUMA
pre bien, hágase como se haga. El libro de Borrow es un precioso documento
para la historia de la tolerancia, no en las leyes, sino en el espíritu de los españoles.
The Bi/Jle in Spain es un libro autobiográfico. cEl principal estudio de Borrow fué él mismo, y en todos sus mejores libros él es el asunto principal y el
objeto principal.. (1) No emplea en esta obra las confidencias, no se confiesa
con el lector; su procedimiento consiste en dejar hablar a los que Je tratan
para pintar el efecto que su persona y sus hechos causan en el ánimo del prójimo; asomándonos a ese espejo vemos la imagen de un Don Jorge muy aventajado: subyugaba y domaba a los animales fieros; los gitanos le adoraban; era
la admiración de los manolos; temíanle los pícaros; confundía al posadero ruin
y a los alcaldillos despóticos; encendía en sus admiradores devoción sin límites; era afable y llano con los humildes; trataba a los potentados de igual a
igual y hacía bajar los ojos al soberbio; nunca se apartaba de la razón, ni perdía
la serenidad; en suma: el héroe y el justo se funden en su persona; es un apóstol que propaga la palabra de Dios, pero sin el delirio de la Cruz, sin romper el
decoro; es un caballero andante que se compadece de la miseria, y a cada momento cree uno verle emprender la ruta de Don Quijote, pero ._sin burlas, sin
yangüeses, en una España que creyese en él y le tomase en serio. Apóstol y
caballero están bajo el amparo del pabellón británico.
Borrow se colocó, o colocó a su héroe en un escenario sin segundo, de tal
fuerza que, para nuestro gusto, el aventurero se borra, se disuelve en el paisaje o queda a la zaga de la muchedumbre española que suscita. Es difícil encontrar otro caso en que un escritor haya triunfado con más brillllntez de la
hostil realidad presente. Borro-:v lucha a brazo partido con la realidad española, la asedia, poco a poco la domina, y con la lentitud peculiar de su procedimiento acaba por poner en pie una España rebosante de vida. No se atuvo a
una realidad de cguía oficial&gt;. Lo que le importaba era el carácter de los
hombres, y no de todos, sino de los de la clase popular, donde los rasgos nacionales se conservan más puros. Labradores, arrieros, posaderos, gitano3, curas de aldea, monterillas, mendigos, pastores, pasan ante nosotros, y al verlos
gc&amp;ticular y oírlos hablar, creemos encontrarnos con antiguos conocidos. Unos
son pícaros, otros santos; unos son listos, otros muy zotes; casi todos groseros, muchos con sentimientos nobles, y unidos, en general, por un aire de familia inconfundible, y la verdad es que, con todas sus picardías o su zafiedad,
no puede uno dejar de quererlos. Tuvo además Borrow una espléndida visión
del campo, y lo sintió e interpretó de un modo enteramente moderno. Así.
Don Jorge descubrió y pintó, en realidad, lo que quedaba de España. Arranca•
dos los árboles, agostado el césped, arrastrada en mucha parte la tierra vegetal, asomaba la armazón de roca, con toda su fealdad y su inconmovible fll'•
meza.
El lector de La Biblia"en España apreciará seguramente el novelesco inte·
rés de algunos pasajes que parecen arrancados de un libro picaresco, el moví-

LA PLUMA
miento de ciertos cuadros propios de un cepisodio nacional&gt; el sabo d O tr
csce_nas de cos!umbres,
bosquejos de tipos y caractere; con t r e
as
méntos que es mnecesano ,eñalar; pero lo mismo ante ellos que ant:i~~sdo~ros
tos del_ hbro, y frente a la repulsión que ciertos juicios-ex resos
e ec~ntend1dos_-del autor puedan suscitar en el ánimo de un es _P 1
~ sobreta~ Pf.tv_emdo para no i?currir en las descarriadas apreciad~~~~ q~~n:;:~c:
e~ ~ 1 1~ se han proferido en nuestro país. La Bibita en Espaiia es un libro de
v1a1es, c~erto; pero _hay que entenderse acerca de su calidad. No es un informe
a la Sociedad Bíblica acerca de los progresos del Evangelio en Es - 01·
•cuadro
del
político,
~ana,
un
'é
d estado
·
- social' etc· • • de la naci'ón , 01• u n 1•t·merano
para rec1 n casa os, 01 una resena de las catedrales v otros monumentos p
- d
para ueo de lo~ snobs de ambos mundos; La É_iblia en España es unae~t~:ªd:
a~e, una creación, y con ª:reglo.ª eso hay que ¡uzgar de su exactitud del par •
czdo del retrato y de las «10venc1ones• del autor. Los paisajes los 1u' ares 1:a
figuras, están notados co~ puntua~idad; es excelente en la inteligencia le las'cos~~mbres y no hay en 4:l hbro ca11catura ni falsificación de sentimientos. Episo1os ~ompuesto~, no vistos por Borrow; personajes inventados a Jutinando rasgo~ d1sper~os, sm duda los na de haber; pero eso ¿es ilícito? PudYera compararse a creac~ó1;1 de Borro~ a una estatua de mayor tan,año que el natural La
verdad arlíshca del con1unto y su efecto conmovedor son innegables El Úb 0
no es s6 lo verdadero; es, en ciertos puntos, revelador.
·
r

!ºª

d~

-MANUEL AZA8A

.'

(1) 'Bd. Thomu, cap. IL

18o

11

�L.A PLUMA

-· castillo

M

famoso.

sin ser todavía el reino de Dios, es ya el Edén de los mendigos. Madrid incuba pordioseros, acoge a los de fu~ra, los pro!ege, los retiene. Circular por Madrid es he°:dir masas de m1serables-c1egos, tullidos, pustulosos-, 9u_e acosan, o g_1men, o cantan, o blasfem?n, o
insultan, o profieren amargu1s1mas seotenc!as sobre _el valor de la_ vida Y
de los bienes de este mundo. El paseante, s1 no mendiga, parece un mtruso
en ese vasto coto de la hermandad de la roña: los dueños son los pobres.
y en cuanto llegado el estio se marchan de ~adrid l?s. dos ~ocenas de
familias a quienes su fabulosa fortuna les p~rm1te no v_1v1r de hmosna, las
calles de la capital quedan por su,as. Madnd es un asilo suelto.
.
Sería un exceso decir que envidio a los pordioseros; pero los _admiro,
como a gente capaz de adaptarse sin vacilación al géoe~o. de vida más
acorde con el ambiente. En Madrid, donde todo está proh1b1do, cada :ual
hace lo que se le antoja. Recontar las vejaciones a que uno vive suJeto,
desde la Constitución del Estado hasta el minúsculo deber de conservar
los billetes del tranvfa, pasando por los mandamientos de la S~nta Madre
Iglesia y el Reglamento de la SocIEDA~ ~ILARMÓNICA, es operación penosa
y aflictiva. Un madrileño observante v1v1ría emparedado entre ordenanzas.
Pero Madrid es incoercible: el buen madrileño «se mata con su pa_dre• ~or
mantener su prestigio personal, fundado, como se sabe (remm1scenc1as
del fuero de hidalgufa), en el privilegio de hacer alguna cos~ q_ue al
común de los mortales se le prohibe. La cualidad de madnleno se
adquiere poco a poco a medida que se -aprende a quebrantar condesenvoltura normas que sólo acatan las gentes si? importancia. ~ -yida en
Madrid es un compromiso, renovado a cada mmuto, entre arbitrariedades.
ADRID,

18 2

individuales. Los mendigos perfeccionan el sistema. Quienes, saltando
sobre los falsos respetos humanos, profesan la mendicidad, abrazan una
vida libérrina, sin Dios, sin Estado, sin Trabajo, vida anterior al pacto
social, y se mueven con holgura entre dos infinitos de arbitrariedad: la
limosna y la policía.
Los pobres de pedir cuentan en la villa con el apoyo de la opinión
pública. Ante todo, por la secreta admiración de quienes no se atreven a
mendigar y quisieran una libertad ígual para su orgullo. El público protege a los pobres contra la autoridad cuando de tarde en tarde pretende
darles caza para encerrarlos en un asilo. El público (y no hay que decir los
pobres, que se defienden a mordiscos) acierta. Se sigue la angosta senda
de la mendiguez por conservar el albedrío, prefiriendo a la pitanza la
libertad. Encerrar a los pobres es malear la profesión. Si algún estadista
ininteligente, abundando en la manía de ordenarlo todo, hiciera de la pordiosería un organismo oficial, con su cuerpo de aspirantes, ingreso por
oposición, escala cerrada, jubilaciones y derecho a usar uniforme, nadie
querría, en términos tales, ser mendigo. Después, los madrileños amparan
y respetan a los pordioseros por motivos de religión. Los pobres son de
Dios. Un pobre es el arquetipo del cristiano. Veinte siglos de cristianismo son aún más fuertes que veinte siglos de literatura, y aun en el incrédulo la vista de un pobre remueve no se sabe qué confusos remordimientos y pavor, reliquia de emociones fenecidas. Perseguir a los pobres les
parece una impiedad tan grande como quemar los muertos.
Los pobres se reparten el imperio de las calles e imprimen sobre el
rostro de Madrid sus dedazos mugrientos. Hay pobres de puesto fijo,
que Madrid está habituado a ver como partes integrantes de los inmuebles junto a los cuales posan; si un día. los quitasen, el taadrileño no se
encontraría a gusto en sus calles, le faltaría algo, como si la fuente de la
Gbeles desapareciera por ensalmo. Sirven para computar el paso rápido
del tiempo, y uno se da cuenta de la brevedad de la vida al observar cómo
engorda y encanece la ciega del jardín de Riera, y cómo se le apaga la voz
al tullido de San Luis, y cómo, en general, se estragan y arruinau los más
recios ejemplares de la cofradía. Un puesto de pedir limosna, con su zona
de influencia bien definida y su parroquia fija, es uno de los negocios más
pingües a que pueden aspirar los jóvenes talentos sin empleo; y las familias que por ventura poseen algún monstruo y consiguen un lugar céntrico
para exhibirlo, ya no tienen que preocuparse del mañana. Menos importantes son los pobres que no están fijos, sino sometidos a un movimiento
de traslación rigurosamente medido, como el de los astros: pasan por los
mismos sitios a las mismas horas: la ciega gorda y sentimental, que aún
no ha concluido de cantar al son de su guitarra el vals que empezó hace
183

�LA PLUMA

....

veinte años; el ciego de la ocarina; el empresario de teatros arruinado
(según proclama el cartel que lleva al pecho); ese otro ciego misterioso
que recorre solito todo Madrid sin más que imprimir al brazo derecho un
giro natatorio; el chicuelo que clava en el cráneo de sus clientes un horrible cantar, a grito herido (voz impostada en el entrecejo), mientras su
acompañante, mocosa soñolienta, pasa el platillo de latón (¿hay algo para
el pobre ciego...?) y se restrega los párpados: tales son los más notorio$
de esta categoría. Debajo pululan las tropas ligeras de la hermandad, que
libran batalla a toda hora y en cualquier terreno, saquean al liberal y asedian al escaso, se desplegan entre dos esquinas, se concentran sobre un
café, envuelven a las familias dadivosas, cortaa la retirada al transeunte
esquivo. Son tantos y enseñan tales miserias, que algunos días Madrid
parece una ciudad atacada de la peste. Los muñones, las llagas, las cicatrices, por muy horrendas que sean, no pueden esconderse: son el orgullo
y la mejor arma de los pobres: hay que resignarse a verlos, como _nos
resignamos a ver los caballos destripados en la Plaza para que haya
fiesta.
No a todos les repugna la miseria astrosa. Hay quien come y bebe
en la terraza de un café, conversando amigablemente con un mendig&lt;1
que, en pie a su lado, paga con chuscadas la limosna. La buena armonía
en que viven ciertos pobres con los señoritos madrileños es un espec táculo único en el mundo. Ea los cafés de moda, donde se reúne la gente
aficionada a exhibir sus módicos placeres, circulan los mendigos por
entre las mesas, se mezclan en la conversación de la clientela, conocen
algunos de sus enredi\los, le sirven de correveidiles, hablan el mismo lenguaje y, en el fondo, tienen las mismas aspiraciones e ideas. En la otra
punta de la escala, el señorito es también un caso de adaptación cabal al
ambiente. En Madrid, para no chocar, hay que ser mendigo o señorito, y
de hecho, un señorito suele ser un pordiosero en vías de hacerse.
La mendicidad presta a la vida de Madrid un tono patético que por
otros lados no tiene. El hecho trivial de rehusar un periódico se complica
con emociones penosas cuando una voz lastimera nos dice que es cpara
ayuda de un panecillo•, o e para dar de comer a estos niños•; ·al salir del
café, en las noches de invierno, se tropieza con turbas de chicuelos desnudos que brincan de frío en el asfalto y hacen chistes a costa de su hambre; y si es en verano, ccuando los pobres viven•, no falta ninguna noche
esa pareja de ciegos que con voces cavernosas canta: • ¡Shiquiya, shiquiya.. .l 1Shiquiya delarmamiáa ...l• Y uno se aflige pensando que la copla, la
guitarra, las voces y el imbécil expresionismo de los ciegos, despiertan en
los oyentes una congoja placentera... En fin, los mendigos están en Madrid para curarnos de vanidades. Pero ellos, personalmente, no sufrea
184

LA PLUMA
nada; su vida no es menos fecunda en ioces que la de cualquier mortal.
Hace años andaba todavía por esas calles un mendigo monstruoso, cargado de años y de enfermedades, en verdad horrible de ver. Se arrimaba a
l?s transeuntes, y recreándose en el asco que producia, rezongaba: cSe!ionto, t_engo más _hambre que _un oso;·· Est?Y ~ás aburrido que la virgen,
señontol• Alguien le aconsejó un d1a: cMira, tu ya no puedes vivir mucho:
y para lo que haces en el mundo... ¿Por qué no buscas la celebridad? Coge
una bomba y tírala desde el galliaero del Real...&gt;
-¡La vida es muy amable, señoritol-respondió.

BL PASBANTB BN CORTB

Don Cacique (óleo)
Personaje torvo
MalJín
Alfondo la dramática Sierra tk Pancoróo
Sobre la nariz
Espe_juelos verdes
Donde se o_jeriza tu1 bio mal carl,:
Tipo de Satán
Mano de Caín
Muy Rey tk los NaÍIJes ji m~ sacn'stdn
El semblanteJalde
Capisayo gn's
Empinada m alto la vara de Alcalde

y

A pesar de eso
Un breve infeliz
De malas costumbres y muy poco seso.'
Personaje torvo
De un pueblo de la áspera Sierra de Pancorho
(Oh!
Lejos _de Parls...)

ANTONIO BSPINA GARCÍA

�LA PLUMA.

llBROS Y ReOlStAS
R. Blanco-Pombona.-Dramas mínimos.-Biblioteca Nueva.

...

«En estas cortas historias-nos dice su autor-trasudan el dolor y la imbecilidad del hombre en campos, pueblos y ciudades de América; en campos,
pueblos y ciudades de Europa. Lo más corriente en estas historietas-dramas
mínimos-ha sido observar al hombre viviendo su vida y con sus costumbres
peculiares en el país donde el autor nació. Pero como el autor ha salido de su
país y conoce otros pueblos, pudo, en otros pueblos, ver al hombre, y procuró
observarlo.
&gt;Ha descubierto, y en todas partes, cosa igual: un fondo idéntico de estupidez, de maldad y de dolor.•
De los cuentosji·anceses, y,¡nquis, de cualquier parte, americanos-el campo,
los pueblos, la ciudad-y españoles, en que divide su colección de D,·amas mínimos el Sr. Blanco-Fombona, los americanos nos interesan espedalmente, y si hu•
biéramos de elegir uno entre todos, el titulado El Catire llevaríase la preferencia, incluso sol;ire Los salvado1n de la Patria, sátira cruel de un levantamiento
revolucionario en Venezuela. Tal vez no consigue el Sr. Blanco-Fombona la variedad que se propone, en detrimento acaso de la fuerza con que se acusan los
caracteres que le son más familiares. Quizá ese fondo de estupidez, de maldad
y de dolor com6n a todos sus cuadros produce en el lector la impresión de un
prejuicio más que de una experiencia. En todo caso, sólo después de cerrado
el libro le es dado reaccionar al crítico. Tan sugestiva es la lectura de estas páginas, escritas en un estilo animadísimo, cortante, apasionado, cuya v;olenta
ironía recuerda a veces la de otro americano pesimista: Luis Bonafoux,
C. R. C.

*

*

Valery-Larband.-Poétes espagnols et lzispa110-américains contemporains.-lA
Nom,elle Revue F,·an;aise.-I 'Juillet 1920,
El Sr. Valery-Larbaud, distinguidísimo escritor francés, cuyas novelas, y so•
bre todo cuyas notas y traducciones de literatura inglesa, constituyen uno de
186

los .Pr!ncipales, atractivos_ de la Nouvelle .Revue Fran;aise, dedica en el númerode ¡uho un articulo muy 111teresante a algunos poetas españoles. No sin excu·
sarsc modestamente por tratar un tema extraño a sus estudios habituales
lle.vado de su :tmor a la lengua castellana y en atención al afectuoso requeri~
miento que ?esde las ~olumnas de F.sjaña le hiciera Enrique Díez-Canedo
Le symbol,sme_ fran;a,s et la ¡,_oésie espagnole moderne, libro del Sr. Zerega-F ombona, sug1érele algunas atmadísimas observaciones, tal la que apunta
como más eficaz en los poetas españoles la curiosidad que despertó la lectura
de Los Raros, de Rubén Darío, que la influencia directa del gran americano. No
obstante ser és.ta tan grande. Muy acer_tada nos parece, asimismo, la invitación
que hace a D1ez-Canedo-a quien diputa primero entre los críticos españoles ~onternporáneos-alentándole al estudio de que no es, en todo caso sino
prefacio el del Sr. Zerega-Fombona.
'
Habla d~spués con gran elogio de Ricardo Guiraldes, cuya novela Rauclzo
(Buenos A_1res, 1917), como antes su libro de versos El cencerro de cristal
(Buenos_ Air~s, 19!6), le co!oca entre los primeros, y el primero acaso, de la
generación hterana argentma más reciente.
Y por último, c_on ~olivo de Et humo dormido, de Gabriel Miró, insiste en
proclamar su ad_m1rac1ón por _Raf!1Ón Gómez de la Serna, de quien ya se había
ocupado, Y a quien
traducido incluso (Hispania, núm. 3, 1918, y Litteralure;
scptembre, 1919). Miró y Gómez de la Serna, con Juan RamónJiménez le pare
cen los más notables poetas españoles.
'
Y aquí se nos ocurre una reflexión, que no es esta la primera vez que nos
a.salta. ¿Cóm,o espírit_u~ tan franceses como_ e_l :del Sr. Valery-Larbaud (y entié~~ase aqu1 por espmtu _francés ~se claro JU1c10 de que Francia se enorgullece
lcg1timame_nte en sus escntores) pierden al contacto con la realidad española su
característico sentido de la justicia literaria?
Compartiendo, como compartimos, con el Sr. Valery-Larbaud la admiración
por Ju~n Ramón Jiméne~, .por.?abriel ~fir?, por Ramón Gómez de la Serna, ¿no
se advierte luego la prec1p1tac1on que s1gmfica,no ya el preterir algunos nombres
más! que acaso no conoce, no ?~stante s'-! larga estancia en España, pero aún
la cita en un solo haz de prestig10s tan dispares? Y si en ciertos aspectos .Miró
le.puede parecer un Jamm~s español, ¿cómo comparar su lírico preciosismo humilde con la pompa y sonondad d'annunzianas, pretendiendo asimilar la labor de
uno y otro en sus respectivos idiomas?
He~10s de congratularnos, con todo, de que la literatura española empiece
• .cons1_derarse allende el Pirineo con un criterio menos limitado que el de los
laispamstas de cátedra.
C.R. C.

?ª

•••

Clandio de la Tor.re.-La lzuella ¡,erdida.-Rafael Caro R:tggio.-Editorial
Madrid.

Es es~e el segundo libro de su joven autor, cuya asidua colaboración en el
IICm~nano España muestra la fina distinción espiritual característica de Et can1• diverso, volumen de poesías con que se dió a conocer recientemente.

�LA Pi..UMA
LA PLUMA
En el prólogo de La huella ;erdida sincérasc con graciosa modestia del
aparente desorden que preside sus páginas. Gustaba, dice, cuando niño, de ha•
-cer pequeñas escapatorias a cierto lu~ar llamado los Arenales, junto al mar de
su tierra canaria. Y al volver pretend1a 1 como ahora en sus .andanzas literariaa,
descubrir la propia huella, que ya no encontraba.
Revela desde luego tal preocupación cierto empeño, juvenil por excelencia:
el de renovarse para no morir en prematuro agostamiento. Y con ser pocos los
años-de 1914 a la fecha-que separan los cuentos e impresiones reunidos CD
este tomo por demás simpático y sugestivo, adviértese en La kuella pe,-dida el
propósito de condensar e intelectualizar cada vez más la expresión. Pero no
hay en realidad el desorden de que, excesivamente riguroso consigo mismo, se
.acusa. El tono sentimental es el mismo, y muy de nuestro tiempo, en las dos•
dentas páginas del libro. Un buen tono en que el sentimiento lírico corrige dignamente todo exceso con cierta prudente ironía, templada a su vez con cierto
romántico decoro. El apunte titulado Florín e Hijos (Compañía ilimitada) 5
quizá el más representativo del límpido humorismo de Claudio de la T_orre
acaso el primer escritor en quien empieza a vislumbrarse una posible literatura canaria, caracterizada en la sensualidad nativa del cuento Sur, que el comer•cio inglés de las islas, inteligentemente dirigido en un afán espiritual, atempera a la sonrisa del mundo civilizado.
c. R. c.

•••
.Manuel Ugarte.-EI pon,enir de la A.mlrica e~añola.-Valcncia, Editorial,
Prometeo,

....

1920.

«Un político ad usum-escribe el Sr. Ugarte-es un hombre que dice las
,cosas oportunas que pueden serle útiles. Un escritor, en la alta acepción de la
palabra, ...dice las cosas necesarias, aunque éstas puedan perjudicarle.• Guiado por esa idea de su profesión, el señor Ugarte no les escatima las verdades
.a sus compatriotas al hablar de los peligros que amenazan el porvenir de su
tierra, como no se las escatimó a los españoles, hace años, al escribir sobre Es•
paña. El señor Ugarte da la voz de alarma a los hispanoamericanos, excitándolos a defenderse contra la ascendente marea anglosajona. Agrupados los
hechos capitales de la política exterior de los Estados Unidos durante un siglo
-como los agrupa y repasa el señor Ugarte-es difícil sustraers:: a la impre•
sión de que el peligro es cierto y creciente: sean ejemplo Méjico, Cuba, Pana•
má, Santo Domingo. Y desde que la obra se publicó por vez primera-afirma
,el autor en el prólogo de esta edición, la definitiva-la salvación se ha hecho
más difícil.
En la composición del libro, como en toda la propaganda que ha hecho en
América y en Europa, el señor Ugarte se inspira en un patriotismo continental
y de raza, superior a las divisiones arbitrarias del territorio americano en. estados independientes. «No es posible hacer brotar de cada una de las veinte
repúblicas, nacidas de divisiones convencionales, una razón superior y diferell·
188

te que au1_1c la voluntad c,n _vista de un e&amp;fuc~zo seguro y un fin alto.• Esa ra•
aón superior ?rota de_)a unidad de raza y de idioma; por tanto, desde la frontera septentrional meJ1cana hasta el cabo de Hornos (incluída la variante O -.

tuguesa) ,debe formarse un bloque único-salvando en cuanto sea precisnp l~s
autonom1as locales-para oponerse, moral y materialmente al bloque sajón d 1
Norte.
'
e
Los sentimient~s del ~eñor Ugarte. respecto de España y sus opiniones
acerca de la her&lt;:nc1a espanola en América nos parecen justos; cualquier español de buen sent~do los aceptará. ~o.ternos que del programa de remedios propuesto po~ el senor Ugarte en la ultima parte de su libro, resulta que los hispano~mencanos, para no ser devorados por los yanquis, necesitan curarse de
los m1sm~s defectos y desechar er~ores muy ~arecidos a los que, según opinión
gene~al, t_1enen post~ada y desvalida a Espana. No somos bastante doctos en
amencamsmo pa~a Juzga~ de la e~~ctitud de la pintura, ni, sobre todo, de las
esperanzas de meJora! quizá el leg~tlmo temor al predominio de los sajones no
~aste para f!Oner en_Pte una América española robusta y unida: como que el pehgro yanqui no es smo el &lt;"xponente de la debilidad y desgobierno de nuestros
~ermanos de ultramar. En la contienda que el señor Ugai-te bosqueja, a Espana le cabe p~co que hacer, hoy por hoy; pero ningún español leerá sin cierta
ª!Dargura el hbro d:l ~ñor Ugarte, escrito con pasión contagiosa; como ocurre
s1empr~ que un esp1ntu noble concibe una mejor ordenación de las cosas que,
luego, implacablemente, no son.
M.A.

•• •
Manuel Conrotte,-La intervendon de E~aña en la independencia de los Esta.., dos Unidos de la América del Norte.-Madrid, Suárez,

1920.

¿Cuáles fu:ron, en definitiv~, la cuantía y la eficacia de los auxilios prestados por Espana a los colonos mgleses de Norte América rebelados contra la
metr?poli? Al proteger, andando el tiempo, las insurrecciones de las colonias
espanolas, en la forma y con los resultados que nadie olvida, los Estados Unido! fueron general~e!1te acusados de ingratitud. La excelente monografía del
senor Co1!r~tte se dmge a esclarecer aquella cuestión, y, de rechazo, muestra
que este ultimo cargo carece de fundamento «por haber sido la intervención
que España tuvo en la eman&lt;;ipac_ión de los Estados Unidos tan secundaria, que
sólo puede tomarse como ep1sod1O de escaso relieve en sus crónicas nacionales., Contien_e el lib~·o. una puntual .relación sacada de fuentes originales ( correspondencia de f!lm1stros y embaJadores_ de los países interesados, y notas
r~servadas de_ Flondablanca), de las negociaciones que precedieron a la conce116n de los pnmeros_socorros, de los térmi~?s y modo como se concedieron, y
de los pl~nes y conc1e~t?s, ya de orden m1htar, ya político, que los beligerantes estudiaron o suscribieron, hasta llegar al ajuste de una paz en la que todos,
ulvo los colonos rebeldes, salieron perdiendo. El auxilio a la insurrección ame181)

�LA PLUMA

LA PLUMA
·ricana fué para las dos Cortes borbónicas uo episodio de la dilatada contienda
con Inglaterra, disputándole la supremacía naval, España consideró que el teatro principal de la guerra estaba en Europa y concentró sus esfuerzos en dos
objetivos de carácter nacional: .Mahón y Gibraltar. Lejos de sentir el Rey simpatía por la causa de los rebeldes, el proyecto de auxiliar poderosamente a los
americanos en su propio país tropezó con la oposición decidida de Carlos 111:
cel reparo... de la inconsecuencia y mal ejemplo que el Rey daría para sus propios súbditos revoltosos del PerCi, Río de la Plata y Nuevo Reino de Granada,
era absolutamenk invencible sin faltar a lo que Su .Majestad debe a las más estrechas obligaciones de su soberanía.• La política de España en todo este negocio pecó de indecisa en los procedimientos; el hecho de que la potencia católica y conservadora por excelencia ayudase a unos revolucionarios protestantes y liberales implicaba una contradicción radical que el malhumorado don
.José Moñino no podía resolver, y menos podía sustraerse a las dificultades
de una política invariable, heredera de tradiciones ¡:randiosas y empeñada cu
sostener un programa mundial, pero sin súbditos, sin industria, sin dinero; asl,
· al final de cada aventura no cosechaba más que sinsali&gt;ores. El siglo que· pretendió regenerarse, continuó en demasiadas cosas la historia de España, ya esquilmada. La verdad es que, salvo la restauración de algunos estudios o la introducción de otros nuevos, nos interesa poco el siglo xvm español, tan melan· cólico y apagado como los Sitios Reales de sus monarcas cazadores.
M. A.

•••

.

Tomás M.orale1.-Las rosas de Hércules.-Madrid, Librería Pueyo, XCXIX
La mu a de este poeta no va vestida a la moda del día, mas tampoco se adorna con carnavalescas antiguallas. Si no está desnuda no ciertamente por pudor.
antes bien por mejor encendernos el deseo con los pomposos laureles que decoran más que encubren su mitológica monstruosidad. La musa de Tomás MoTales es una sirena arribada del más puro mar latino a las africanas playas canarias.
En cuatro partes se divide este segundo libro de Las rosas de Hércules (en
cuyo volumen primero, todavía inédito, anuncia su autor la reimpresión, con
otros nuevos, de los Poemas del Amor, de la Gloria y del Mar, publicados en
1908); Los himnos fervorosos; Alegorías; Epfstolas, Elogios, Elogios fúnebres; Paemas de la Ciudad Comercial, amén de un Preludio y un Envío a Leonor, su com·
pañera. La disposición exterior-incluso las viñetas de Nestor y Miguel de la
Torre y las guardas de Hurtado de Mendoza-recuerda li inspiración de lo_s
Laudi de D'Annunzio; la dignidad musical de los versos está -;in duda aprend!·
•-0a en la pauta cosmopolita de Rubén Darío; no pretende el poeta desmentir
su buena casta. Pero sin duda habría que buscarle más segura genealogía en algún robusto lírico español del siglo de oro, cuyo sentimiento se aviene me-

j~r a los poderosos ecos de la trompa épica que a los plácidos sone1 de la
hra.
Y así canta en la Oda al Atlántico:
cEl mar, el gran amigo de mis sueños, el fuerte
titán de hombros cerúleos e inenarrable encanto.•
y ve al otoño que
,Desnudo bajo el húmedo verdor de la espesura
la rubia sién corona con detonantes flores
y un sarmiento flexible que arrolla su cintura
deja caer uo pámpano que cubre sus pudores.•
y le reza a cRubén,
arca del sacro pensamiento latino!,
tu índice iluminado nos señaló un camino.•
-o llora serenamente En la muer/e de Fernando Jiortún:
cEspíritu apacible,
fino mancebo de la faz hermosa,
¡a qué lugar sensible
se partió, milagrosa,
tu juventud, que era como una rosa?•

..:r~·

¡; ;~~1;; ~4~¡1¡; ...

~i&gt;~~ii~~á~,' ~~~que en el mundo tuviste,
y a un mismo tiempo, era cortés y triste... •
Siempre acordada la voz elocuente al rumor sonoro del mar, que baña la
clara ciudad de la Gran Canaria, patria del poeta, cantor en ella de un vasto
horizonte surcado de velas latinas y humeantes chimeneas de acorazados britanos.
c. R. c.
Libros recibidos:

-E. Ontañón: Breviario sentimental, Madrid; Pu"yo, 1920.
-C. R. Avecilla: Mademoiselte Gris, Madrid; Sociedad G. E. de Librería.
-Luis Esteso: La Lujuria, Madrid; Pueyo, 1920.
-Luis del Valle: Emociones, Editorial «Atheneum•, 1950.
-Juan Sin Tierra: Ante la a'llalancha, Málaga; 1920.

Gacetilla.
La infanta Paz, los bolcheviques y la critica salmantina.-Hace
ya algunos días recibimos una carta de un amigo nuestro que escapaba de
Vai:sovia, y entre otros detalles menos interesantes, nos decía: cEn Varso191

190

�LA PLUMA
Tia se ha quedado-al menos esa era su (iltima palabra-dofia Sofía Casanova.
El embajador-un ave rara entre nuestros diplomáticos, que se preocupaba inteligentemente de cada español que a él acudía-y yo, hicimos lo imposible por
convencerla de que saliese de Varsovia. Un automóvil tuvo a su disposición,
mientras centenares de pobres mujeres esperaban toda la noche a las puerta
de las agencias de viaje por ver si conseguían aún un billete&gt;.
La infanta doña Paz se quedó, pues, en Varsovia para poder contar lucio
en el A B C horrores bolcheviques.

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-Lo que ustedes oyen. Años ha, de paso Su Alteza en Salamanca para Alba

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de Tormes, donde a la sazón propugnaba la construcción de una basílica, obsequió a lo principalito de la población con un té literario. Una de las señoritas
invitadas, felicitándose con otra de la admiración que juntas- profesaban por
dofia Paz de Borbón, entonces colaboradora de La Correspondencia, insinuó:
-Escribe unos artículos preciosos, sobre todo los que firma con el pseudónimo cSofía C.,asanova•.
Por cierto que la señorita en cuestión, a quien en vano buscamos _pan
ofrecerle la crítica literaria en LA PLUMA, como le presentaran luego a un distinguido escritor, de tournle de feria por aquellos días con la Compañía Guerre•
ro Mendoza:
-¿Cómo?-exclamó ingenuamente-. ¿Don Gregorio Martí11.ez Sierra? ¡Y a
mí que me tenían dicho que era un pseudónimo de su señora!

Nosotros, no.-Ambos interesados nos han contado el caso en sendas cartas publicadas en los periódicos. La Internacional publicó una Balada de los /J,u.
nos burgueses, escrita por D. Pío Baroja, quien al saberla denunciada por el fis•
cal de Su Majestad solicitó de su amigo el Sr. Azorío que intercediera, dadas
sus relaciones con personajes influyentes, por ver de arreglar el asunto. Ello
es que el juez, oída declaración al Sr. Baroja, ha procesado al director de L,z
/nternacio11al, Sr. Nuñez de Arenas(!!!), quien, acostumbrado a padecer persc•
cución por la justicia en calidad de socialista, ha aceptado sin protesta el endoso
Pero el Sr. Baroja, soliviantado por uo justo comentario del semanario España, se confiesa cobarde (quizá por emular a otro amigo del Sr..Azorío, Mon
taigne, no por su cobardía glorioso, sino por filósofo), y aún dice que el señor
Nuiiez de Arenas no es un Cid...
El A B C manifiéstase conforme con el insigne escritor. Nosotros, no.

A1'i O l.

1·

MADRID, OCTUBRE 1920.

NÚM. 5.

la condena de Unamuno

S

se midiera el valor de los sucesos por la atención y el espacio
que les consagra la Prensa diaria, nos parecería, al recordar ahora la condena de Unamuno, que desenterrábamos un tema fabuloso.
Pero el le~tor sabe que la lesión inferida por aquel fallo al derecho
justo no se ha reparado, el escándalo perdura. ¿Y en qué ha de mostrarse más tenaz el escritor sino en la defensa de la libertad de escribir? No por franquicia profesional. Combate por un derecho que no
es sólo de su gremio, sino investido naturalmente a la conciencia
humana.
En España se disfruta virtualmente de cierto número de libertades: a condición de no usarlas. Así la de emitir el pensamiento. ¿Qué
importa proclamarla en una ley, si luego los intereses de una familia, de una corporación, de una compañía la aniquilan a fuerza de
definir como delitos todos los embates posibles de un juicio independiente? La condena de Unamuno descubre a los más distraídos lo
monstruoso de esa legalidad. Tan monstruosa, que no se atreverá a
llevar hasta el fin sus rigores. Tiraniza, pero se esconde si la opinión
I

193

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753230&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>LA PLUMA
Tia se ha quedado-al menos esa era su (iltima palabra-dofia Sofía Casanova.
El embajador-un ave rara entre nuestros diplomáticos, que se preocupaba inteligentemente de cada español que a él acudía-y yo, hicimos lo imposible por
convencerla de que saliese de Varsovia. Un automóvil tuvo a su disposición,
mientras centenares de pobres mujeres esperaban toda la noche a las puerta
de las agencias de viaje por ver si conseguían aún un billete&gt;.
La infanta doña Paz se quedó, pues, en Varsovia para poder contar lucio
en el A B C horrores bolcheviques.

-m
m
-Lo que ustedes oyen. Años ha, de paso Su Alteza en Salamanca para Alba

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...¡.
- 11

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de Tormes, donde a la sazón propugnaba la construcción de una basílica, obsequió a lo principalito de la población con un té literario. Una de las señoritas
invitadas, felicitándose con otra de la admiración que juntas- profesaban por
dofia Paz de Borbón, entonces colaboradora de La Correspondencia, insinuó:
-Escribe unos artículos preciosos, sobre todo los que firma con el pseudónimo cSofía C.,asanova•.
Por cierto que la señorita en cuestión, a quien en vano buscamos _pan
ofrecerle la crítica literaria en LA PLUMA, como le presentaran luego a un distinguido escritor, de tournle de feria por aquellos días con la Compañía Guerre•
ro Mendoza:
-¿Cómo?-exclamó ingenuamente-. ¿Don Gregorio Martí11.ez Sierra? ¡Y a
mí que me tenían dicho que era un pseudónimo de su señora!

Nosotros, no.-Ambos interesados nos han contado el caso en sendas cartas publicadas en los periódicos. La Internacional publicó una Balada de los /J,u.
nos burgueses, escrita por D. Pío Baroja, quien al saberla denunciada por el fis•
cal de Su Majestad solicitó de su amigo el Sr. Azorío que intercediera, dadas
sus relaciones con personajes influyentes, por ver de arreglar el asunto. Ello
es que el juez, oída declaración al Sr. Baroja, ha procesado al director de L,z
/nternacio11al, Sr. Nuñez de Arenas(!!!), quien, acostumbrado a padecer persc•
cución por la justicia en calidad de socialista, ha aceptado sin protesta el endoso
Pero el Sr. Baroja, soliviantado por uo justo comentario del semanario España, se confiesa cobarde (quizá por emular a otro amigo del Sr..Azorío, Mon
taigne, no por su cobardía glorioso, sino por filósofo), y aún dice que el señor
Nuiiez de Arenas no es un Cid...
El A B C manifiéstase conforme con el insigne escritor. Nosotros, no.

A1'i O l.

1·

MADRID, OCTUBRE 1920.

NÚM. 5.

la condena de Unamuno

S

se midiera el valor de los sucesos por la atención y el espacio
que les consagra la Prensa diaria, nos parecería, al recordar ahora la condena de Unamuno, que desenterrábamos un tema fabuloso.
Pero el le~tor sabe que la lesión inferida por aquel fallo al derecho
justo no se ha reparado, el escándalo perdura. ¿Y en qué ha de mostrarse más tenaz el escritor sino en la defensa de la libertad de escribir? No por franquicia profesional. Combate por un derecho que no
es sólo de su gremio, sino investido naturalmente a la conciencia
humana.
En España se disfruta virtualmente de cierto número de libertades: a condición de no usarlas. Así la de emitir el pensamiento. ¿Qué
importa proclamarla en una ley, si luego los intereses de una familia, de una corporación, de una compañía la aniquilan a fuerza de
definir como delitos todos los embates posibles de un juicio independiente? La condena de Unamuno descubre a los más distraídos lo
monstruoso de esa legalidad. Tan monstruosa, que no se atreverá a
llevar hasta el fin sus rigores. Tiraniza, pero se esconde si la opinión
I

193

rl
t1

:...

�LA PLUMA

.
1

general, más sensible que la ley, sirve a Unamuno de salvaguardia.
Lo deja para otra ocasión, para víctimas menos notorias. Mas la vejación subsi,c;te. Ni deja de ser cierto que unos jueces han marcado a
Unamuno para cliente del penal. Eso es abominab!e.
Nosottos no pedimos perdón para Unamuno. En un periódico
que publicaba el facsímil del autógrafo de un parricida, hemos leido
una reverente petición de indulto en pro de Unamuno. ¿Qué dejaremos para el parricida, la víspera del garrote reparador? Q1.üen sale
condenado de esta aventura es la ley. Quítenla. Pero la sentencia
debe quedar, por cualquier medio que se busque, soberanamente incumplida.

ltalía en 1920

A D. Ramón del Valle-Inclán.

,,

El aire está impregnado, en Italia, de acre aroma
de sangre humana. Un viento de social cataclismo
agita almas y fábricas. Es q;,_e la vieja_ Ro~a,
la vieja loba, muerde a su lttJO, el ~apztalwno.
Por Oriente, otra vez el evangelio asoma
como hace veinte sirlos asomó el cristianismo,
y otra vez esta tierra, en su mágica redom~,
futtde emoción y nfJrrna, la ley y el bolchevismo.
Aquí la vida Iza roto su _se~ular durez_a,
y sólo tiene como el Re1taczmzento, u,n dique
de gracia, perfecéi-ón, equilibrio y bellew.
.
Vos, don Ramón, que sois el primer botchevique,
y el último cristiano- que sois fuego y juste~aconsentidme que nuev~ tan buena os comunique.
Lu1s
Milán 26 de septiembre de 1920.
194

JORNADA TERCERA

LA PLUMA

En estos días Luis Araquistaio viaja por Italia. Desde allí le ha enviado a
D. Ramón del Valle-Inclán el soneto siguiente, que nosotros publicamos-sin
licencia del autor, merced a la complicidad amistosa del destinatario-porque
en él se condensa la emoción que los albores de la revolución italiana han suscitado en su espíritu:

,,,'

facsa y licencia de
la Reína Castiza ==

ARA.QUISTAIN.

oeCORAClOJi

e

ande(abeos con. algaeabía ~ de eefleíos. Consolas de
pan2.a ~ y ~n los mueos bailando una dama ~ (os
reteatos de la Oinastía~
~ Gean. ~otonda. Oos damas caducas ~ ag~upadas a(
pie del beaseeo ~ picotean con pico agoeeeo, ~ tembloe.Jsas las tueetas pelucas~
~

ESCENA PRIMERA

=

H

'ABLA una Dueña. Gesto de intriga, - la voz un leve rumor áivulga, =Y la otra Du,e,ia, bajo la liga, - con un remilgo
caza una pulga. ,-...

UNA DUEÑA.

¿Mulliste las almohadas y has hopado
bien el edredón?
1

9s

�LA PLUMA

ÜTRA DUEÑA.
UNA DUEÑA.
ÜTRA DUEÑA.
UNA DUEÑA.
OTRA DudA.

UNA DUEÑA.
ÜTR A })UEÑA .
UNA DUEÑ A.
OT.11A D uERA.
UNA DUEÑ A.
ÜTRA Dui,;R •\.

UKA Dm:ÑA.
ÜTRA DUEÑA.

..

UNA DmtÑA.

,

ÜTRA D UEÑA.
UNA D UEÑ A.
ÜTRA DUEÑA.

¿Está dispuesto el ponche? ¿Lo has cargado
de azúcar y ron?
¿Pusiste en la cama dos garrafas
por calientapiés?
¿Y dos vasos de agua? ¿Y unas gafas?
Hoy no es el marqués.
Tú sigues esa cuenta. Yo me pierdo.
Lleva apuntación.
¿Pero tú no lo fías al acuerdo?
¡Qué exageración!
¡Ya las luces del alba, y la Señora
sin dejarse ver!
¿Le habrá ocurrido algo?
La demora
me da que temer.
¡Y en la casa parece que hay jaleo!
¿Qué malicias tú?
Que aquel rufo del tufo y del manteo
demanda alhajú.
Quiere vender dos pliegos de aleluyas
con corona real.
¿Qué ha pedido?
¡Un millón!
¡Las cosas tuyas
me dejan mortal!
Yo presiento un escándalo.
¿De veras?
Tengo para mí
que el Rey Mambrú tramó con sus gateras
un atraco aquí.

LA PLUMA

C ÚBITA

U

bulla resuena; . . las madamas se hacen cruces - y hace su entrada en escena ... 111 Señora, entre dos luces. _

UNA DUEÑA.

LA SEÑORA.

¡Santo Dios! ¡Santo Fuerte! ¡La señora
con un almirez!
¡Qué mareo de luces! ¡Es traidora
la viña de Jerez!

~

ESCENA II

-:.=.

M

ARIMORENA de ganchete-=, con el majo de Lavapiés . . y el
señor don Gargarabete -=-e- aparecen dando traspiés. ~ Con
risa chispona conjuga._. la alegría del peleón-.:. la Señ~ra. Y es su
pechuga -=-e- hiperbólico acordeón. .:-=LA SEÑORA.
LAS DUEÑAS.
LA SEÑvRA.
LAS DUEÑAS.
LA SEÑORA.
LAS DUEÑAS.

LA SEMO.R.A.

DON GARGARÁBUE.

LA SEÑORA.

¡Cuánto me he divertido, bailando el agarrado!
¡Pero es posible! ¿Cómo? ¿Con quién?
Con un soldado.
¡Me convidó a buñuelos y copas de aguardiente!
¡Mañana se despierta General, de repente!
¡Me habló mal de la Reina! ¡Y del Rey, un espanto!
¡Qué infamia! ¡Qué insolencia!
¡Nunca me reí tanto!
Pues como era un cobista, me dijo: Barbiana,
tú eres la que debía ser nuestra Soberana.
¡Y marcó unos compases de la polka-habanera
entornando los ojos, que me dieron dentera!
Y don Gargarabete en un rincón, más soso,
dormitando...
Señora, porque estaba celoso.
Pasemos a mi alcoba, pues tengo humor reumático
y corre un gris más fino que un joven diplomático.
1 9T

�LA PLUMA
LA PLUMA

_. ESCENA III -=
'óLO quedan en la rotonda .-o el manolo y Marimorena. -=- Él
como un (falto hace la ronda. .:-e- Y ella ríe de la faena . . .

S

LUCERO DEL ALBA.

MARlMORl'.NA.
LUCERO DEL ALBA.
MARIMORENA.

Lucno

"

DEL ALBA.

MARIMOR1tNA.

LUCERO DJ:L ALBA.
MARIMORENA.

LUCERO DEL ALBA.
MARIMORENA.
LUCERO DEL ALBA.
MARIMORENA.

LUCERO DEL ALBA.
MARIMORENA.

LUCERO DEL ALBA.
MARIMORENA.

LUCERO DEL ALBA.
MARIMORENA.

¡Vaya que la comadre se trajo una faena
con aquel militar, de lo más macarena!
Y la que tú con mangue trajiste, no se diga.
Y ahora me alegro verte bueno. ¡Dios te maldiga!
¡Lucero, yo contigo espántome la murria!
Estuviste templada, igual que una bandurria.
¡Pues sí que me camelas!
¡Y te camelo un poco!
¡Vamos, mírame, niña!
¡Lucero, tú estás loco!
Con ser taa resalada, eres un caramelo.
Descifra esto que digo, que no es ningún camelo.
Agradezco, Lucero, tan finas alabanzas,
pero ahueca.
¡Gitana!
Acabaron las chanzas.
¡Ahueca!
No me voy, por menos de un abrazo.
¡Ahueca, mala sombra:
¡Me das el jicarazo!
En durmiendo la curda, se te pasa el berrinche.
¡Dame un beso, paloma!
¡Te lo daré por chinche!
Uno y no más, Lucero.
Con tal que sea muy largo.
Tú no me pongas prisa.
¡Tú no hagas un embargo!

ALE una Dueña de improviso -= y da en la puerta una espdntada ..:-. poniendo en las cejas el viso
temblón de su mano anugada . .:-=-

,S

LA

DUEÑA.

MARIMORENA.

LA DUEÑA.
MARIMORENA.

LA

DUEÑA.

LUCER0 DEL ALBA,

LA

DUEÑA.

LUCERO DEL ALBA.
LA DUEÑA.
LUCERO DEL ALBA,
MARIMORENA.
LA DUEÑA.
LUCERO DEL ALBA.

LA DUEÑA.
MARIMORENA.

=

¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús! ¡No he visto igual descaro!
¡Perdiste la cabezal
¿Dar un beso es tan raro?
¡Réplicas todavía!
Pregunto.
¿Tú no sabes
que al juntarse los picos hasta pecan las aves?
Y qué puede saber, si acá es una chiquilla.
Cuando menos, las máximas del Barón de la Andill a
¡Qué corrupción de tiempos y qué contaminados
los jóvenes de ahora! ¡Qué siglo de pecados!
Diez años fuí casada, y ese beso imprudente
no le di a mi marido. Le besaba en la frente.
¡Pero no son iguales todas las criaturas)
Pues que tengan recato, y que besen a obscuras.
Oye, Marimorena, yo no te predicaba
esa doctrina.
¡Cierto! Pero es una tan pava.
¡Qué ejemplo escandaloso en los mismos umbrales
de la cámara regia!
Somos dos criminales.
Pero usted nos perdona, señora doña Pepa,
y nos guarda el secreto para que no lo sepa
la Comadre.
¡Es posible que le diese un insulto
al saberlo!
¡Ay, mi madre, el Rey llega en tumulto
con toda la caterva de su tertulia!

�LA PLUMA
LA DUEÑA.
MARIMORENA.
LA DUEÑA.
MARIMORENA.

LA PLUMA
¡Cielos!
No falla, que a la Reina viene a pedirle celos.
Misia doña Pepa, hay tremolina en ciernes.
¿Si quiere entrar, qué hacemos?
Decirle que hoy es viernes.
~

CON

ESCENA IV-=-=-

=

su camarilla llega
el Rey. No falta ninguno: ,_. Don Tragatundas, el Tuno-.... con sus hábitos de pega,-=--=- Torroba con
su talega.-= El Intendente, la arisca-=, Infanta Doña Fraucisca y sus madamas chillonas-= con las mismas cucamonas= que en el·
juego de la brisca.

=

EL REY.
LA DUEÑA.

/ 1
..,, 1

Buenas noches, señoras damas.
Buenas las tenga el Rey mi Amo.
¿Qué os trae, Señor?
Las dulces llamas
de Himeneo, con su reclamo .
Abridme la alcoba.
LA DUEÑA.
¡Imposible!
MARIMORENA.
Hoy es viernes con abstinencia.
INFANTA FRAN'.CISCA. Lunes, niña.
MARIMORENA.
Me es muy sensible
oponerme a vuestra creencia,
y sosteneros lo contrario.
Hoy es viernes.
INFANTA FRANCISCA.
¡Qué disparate!
MARIMORENA.
Eso reza mi calendario.
DON TRAGATUMDAS. El calendario de un orate.
EL REY.
Est6y aquí con mi derecho.
de Rey Conso rte.
200

¡Celebrándolo!

MARIMORENA.

EL REY.

Y quiero llegar hasta el lecho

de la Reina.
¡Jesús qué escándalo!
¡Hoy es viernes!
¡Qué paparrucha!
Hoy es lunes.
LA DUEÑA.
¡Vaya un antojo!
MARIMORENA.
Hoy es viernes y está malucha
la Señora.
EL JOROBETA.
¡Mírame este ojo!
Abre la puerta de la alcoba
para que entre el Rey Consorte,
que al Rey sostiene la joroba
de Torroba.
LUCERO DEL ALBA.
¡Vaya un soporte!
Pues el peso de estos diateles
Sostiene el Lucero del Alba.
EL JOROBETA..
Lo celebro, que sus laureles
me voy a poner en la calva.
Luc.rno DEL ALBA. Sueña usted con la Lotería,
compadre.
EL JOROBETA.
Y acierto en los sueños.
LUCERO DEL ALBA. Usted tiene la fantasía
de todos los hombres pequeños.
LA DUEÑA.
MARIMORENA.
EL JOROBETA.

EL

-:-o

ESCENA V=

=

Gran Preboste acude
blandiendo su bastón,
elude ,_ el Rey tras un sillón. -=--::•

=y

la figura

EL GRAN PREBOSTE. Con este paso inverecundo
habéis colmado la ancha copa
201

�LA PLUMA

LA PLUMA

de mi paciencia. Todo el mundo
fuera de aquf. ¡Vaya una tropa!
Ved
que los pleitos se transigen
EL SOPÓN.
donde la gente oye razones,
y éste cortabais en su origen
para siempre, con dos millones
¿En
dónde vi tu catadura
EL GRAN PREBOSTE.
antes de ahora?
¡Qué pupila!
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE. ¡Tú tenias la guilladura
de ser prelado de Manila!
Señor, reconozco mi yerro.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE. Lo vas a pagar en el palo.
Tened presente que en mi entierro
EL SOPÓN.
os hará la Prensa un regalo.
EL GRAN PREBOSTE. Yo me río de esa amenaza
encubierta. Con un plumazo,
a la Prensa pongo mordaza
y a las Cortes doy cerrojazo.
Si declaras en dónde escondes
las susodichas escrituras
eres libre. Si no, respondes
con la vida de tus diabluras.
EL SOPÓN.
Dejad tranquila la garrota,
que por romperme a mi la crisma
no adelantábais una jota
en la solución de este cisma
TRAGATUNDAS.
Señor Gran Preboste, los fueros
del Rey defiendo.
EL GRAN PREBOSTE,
¡Para chasco
que a mí me asustasen tus fieros,
Tragatundas, y tu charrascol
¿Qué pretende la Real Persona?

EL REY.

MARIMORENA.
EL REY.
MARIMORENA.
INFANTA FRANCISCA.
EL GRAN PREBOSTE.

EL REY.
EL GRAN PREBOSTE,
INFANTA FRANCISCA.

EL GRAN PREBuSTE.
EL REY.
EL JOROBETA.
EL GRAN PREBOSTE.
TRAGATUNDAS.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
LUCERO DEL ALBA.

M

ETIENDO mano a la faja= escupe por el colmillo, - y el
muelle de la navaja,= ¡crac!, ¡crac!, canta como un grillo.=

EL JOROBETA.
202

•

Dar un escándalo esta noche,
porque estoy hasta la corona,
cansado de hacer el fantoche.
¡Abrid esa puerta!
¡Imposible!
¡He de entrar; estoy decidido!
No seais, Señor, irascible.
¿'{ sus títulos de marido?
Con un decreto en la Gaceta
mañana os declaro demente.
Vuestra pretensión indiscreta
me obliga imperativamente.
¿Por qué te mostraste avaro
para mis justas pretensiones?
¡Si no hay un cuarto!
¡Qué reparo!
Recarga las contribuciones.
No diseutas lo indiscutible
Me va faltando la paciencia.
¿Quién es ahora el irascible?
No lo puede negar vuecencia.
¡Qué colección de botarates!
¡Defendemos al Rey Consorte!
¡No consiento que los maltrates!
¡Habrá un escándalo en la Corte!
¡A quien Cristo se la depare,
que San Pedro se la bendiga!
Señor Jorobeta, repare
que no le pinche la barriga.

¡Será lástima que en la jeta

�LA PLUMA

LA PLUMA

le pinte a usted otro lucero!
LUCERO.
Usted, compadre, es un poeta.
EL JOJWBETA.
Y usted, compadre, un embustero.
EL REY CoNSOR.TE. ¡Ulpiano, no seas Quijote,
que con la sangre me desmayo!
INFANTA FRANCISCA. Ya desenfunda el chafarote
Tragatundas. ¡Qué Dos de Mayol

CON

simultáne~ !ªpateta,= como en un drama JaJ:~nés, -=-i:- se derrumban d Jorobeta
y el mam,lo del Avapzes. -=---

=

EL GRAN PREBOSTE. Se viene al suelo la Monarquía,
como ,ma vieja, de un patatús.
Vuestra celosa monomanía
tiene la culpa.
EL REY CONSORTE.
¡Jesús! ¡Jesús!

..

·'

Q

r

=

=

eJ

=

LA REINA.

¡Me despertasteis con el ruidv!
¿Qué es lo que ocurre?
Quiere pasar
a saludaros vuestro marido.
Ya oi los trinos de su cantar.
¿Y estos dos muertos?
¡Una desgracia!
¡Qué cosas pasan!
¡Un aire fuél
Para llevarlos a la farmacia,
ponlos derechos de un puntapié.

MARillfORE'&lt;A.

EL REY CONSORTE.

¿Entre dos muertos ahora, qué hacemos?
¡Quien daba coba se va de aquí!
TRAGA.TUNDAS.
Con los fusiles gobernaremos.
EL REY CONSORTE. Se necesita de un maniqul.

MARIMORENA.
REINA.
MARIMORENA.
LA REINA.
LA

C

=

=

ON los nudillos
tras de la puerta,
golpe de alerta ,:;c. pide
atención.
Marimorena
tose, pretende
que tenga el
duende~ contestación . .=-z.

=

=

¡Con nuestros gritos ya la Señora
se ha despertado!
EL REY CONSORTE.
¡Pobre de mi!
EL 1NTENDENTE.
De arrepentirse pasó la hora.
MARI MORENA.

204

~

ALE la Se1iora, con la papalina
puesta sobre un ojo, y da11do
gzei1i.:das.
Las fofas mantecas, tras la muselina ~ del
camisón blanco, tiemblan sonrosadas. -=--=,

UiEBRA el b11stón en la rodilla
y se filtra por un t~piz -=saludando a la camarilla
con el pulgar m la narzz. .a-:-

,

¡Ya no podemos salir de aquí
¿Y aqul qué hacemos?
T.1tAGATUNDAS.
Estar alerta,
y no movernos.
EL REY CONSORTE.
¡Válgame Dios!
Ya mi consorte tras de la puerta
está llamando con una tos.
Me pongo enfermo.
TRAGA.TUNDAS.
Si desertamos,
habremos hecho tan sólo el buey.
Quedad. Ahora somos los amos
y mis espuelas dictan la ley.
EL REY CoNSORT:1.

=

RESUCITADOS por la punta con una mueca cejijunta

EL JOROBETA.

=

del chapín de Marimorena
saltan los muertos en escena.

=
-=-i:-

Me resucito bajo la coba
205

�LA PLUMA

EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA,
EL REY CONSORTI!.

LA REINA.

e

LUCERO DEL ALBA.

....

de tus pedales. ¡Vaya calor!
¡Con peteneras, vuelves, Torroba,
del otro mundo!
¡Cuestión de humor!
Esto me barre las telarañas.
Me habéis tomado por maniquí.
¡Marido mío de mis entrañas,
me congratulo de verte aquí!
La luz apago con el trabuco
como en el baile del Avapiés,
y desenredo con este truco
todos los hilos del entremés.

Apuntes
paea una qeogcafía musical
de eucopa.::1920.
1:1i

{(

LA VOZ DE UN CIEGO EN LA PLAZA:

¡Extraordinario a la Gaceta con el nombramiento del nuevo arzobispo
de Manila!

REGONES y campanas el alba simboliza, ~ aptJ;ga d~ ,·epe_nte
sus luces el gitiñol,
y en el reino de Babia de la Reina Castiza ~ meda por los te.fados la pelota del sol.

P

=

=

FIN DE LA FARSA

RAMON DBL V ALLB-INCLAN

206

RUSlA

N

o se pretendfrá que Rusia, que fué quien comenzó la revolución musical que hubo de renovar totalmente el ambiente, dando fin a la
hegemonía alemana, haya arreglado ya sus asuntos artísticos de manera que
sea fácil para el observ,idor trazar un cuadro de su estado presente y examinar su porve111r probable. Lo fácil es, sobrevenido un cambio, ver cual
era el sistema de ideas o de cosas que el cambio da por canceladas y, establecido su programa, definir la orientación que quiere seguirse. Pero estas
intenciones siguen luego cauces muy distintos de los proyectados, empiezan
a embarullarse las líneas de conducta trazadas en un principio con tanta claridad, surgtn tendenchs de todas clases y en todas direcciones y el final es
un conjunto perfectamente complejo, cuyo factor común es la voluntad de
cambio respecto al primer estado de cosas.
La reja del arado de Glinka y Dargomijski penetró muy profundamente en el suelo musical ruso. Los cinco artistas de la Koutchka no fueron
sino los primeros sembradores en ese terreno tan hondamente removido. Y
la colecta fué espléndida; ningún pafs de Europa puede oponer una más
rica consecuencia a una revolución artística; ni aun Alemania, que verificó
con Beethoven el más grande cambio de concepto estético que haya sufrido
arte alguno.
.
·
El estado musical en Rusia durante la épo:a de los &lt;cinco&gt; es de una
definición fácil: dos ramas, una cada vez más poblada, que era la de los nacionalistas innovadores. Otra, cada vez más escuálida: la de los occidenta207

�/
LA PLUMA

..... .

listas, en la cual, sin embargo, ~e daban brotes de una notable riq~eza; tal,
Tschaikowsky. Más tar_de, sobrevieQe la época de los contemponzadores:
gente de raíz vieja que acepta un barniz moderno y gentes de procedencia
Izquierdista que aceptan puestos oficiales y comienzan a pregonar el moderantismo.
Por haber aceptado Rimsky un puesto er. el Conservatorio de Petrogra.
do, comenzó a relajarse el fuerte espíritu de comunidad que unía a los cinco. Y sin embargo, aunque puedan discutirse ciertos escrúpulos técnicos
suyos y aunque sus óperas sean ya para el artista ruso actual un tipo
de música envejecida, pocos músicos han llegado al fin de su carrera con la
juventud de inspi_ración que dictó el Gallo de ~r~, obra que nos sirve de
partida para considerar el periodo actual de la mus1ca rusa.
Giasunof fué la hechura perfecta de ese eclecticismo á que aludíam os, y
traza un camino en el que se encuentran músicos capaces, pero cuya influencia nos parece exigua en el arte del siglo nuevo: Taneief, el gemelo de
Glasunof; Rebikof, que pretende un titulo de precursor por sus atrevimientos de escritura; Rachmaninof, Medtner, Tcherepnin, en quien se hace más
visible la nueva forma del antiguo «eclecticismo• a lo Tschaikowski; Grechaninof, cuyo eclecticismo tiene mayor percentaje de s¡mpatías • kutchkistas•· en fin otros varios, cuya personalidad no levanta del nivel medio.
Este art'ículo no es simplemente informativo. Así, pues, estos músicos,
más o menos notables, no entran en nuestra consideración, hoy, más que
que n o entraron en la papeleta pr\~era de estos Ap_untes. l~s nombres,
mucho más sobresalientes, de los mus1cos que en Francia se s1tuan entre los
fundadores de la Societé Nationale y los de la Societé lndependante, esto
es de Fauré, Saint Saens y Franck, hasta Debussy y R3vel.
' Nuestro objete-acaso convenga repetirlo-es, simplemente, 1:1 ~e trazar
el ambiente musical de la época de guerra, y ver, después, los mustcos que
comienzan la época nueva. Pocas son las ideas anteriores a 1914, que han
resistido al vendaval. Son las figuras que han podido resistirlo las que nos
interesan: la época nueva, la de la músic~ 1920, comienza con ellos Y de
ello!'" vienen los músicos de hoy, confiesen o no, les agrade o no, esa
genealogía.
.
.
Igor Strawinsky parece haber nacido del h~evo eng endra~o por el
Gallo de Oro. Ejemplo alquitarado de las mas puras . esencias_ rusas,
Strawinsky mira ansiosamente hacia Europa, donde es mas conocido que
en su propio país.
_.
.
Alejandro Scriabín pare.:e conc~ntrar en ~us am?1c1ones de pr?fundtd~d
todo lo que fué núcleo del arte omdental, e tnfundulo en su ardiente misticismo moscovita. Scriabin es el repatriado ,espiritual que vuelve a Rusia
cargado de ideas europeas.
208

LA PLUMA
Strawinsky y Scriabin, marcan los lfmites extremos del mapa musical
ruso. Poderosamente renovadores, son, cada uno en su puesto las más
altas fi_guras d~l arte ruso en la época guerrera. Pagano el uno: hasta la
barbane. Místico el otro, hasta la barbarie también. La desenfrenada sensualida~ ~n uno_, es ardiente continencia en el otro. Vuelca Strawinsky todos
los arcoms posibles en su orquesta. Scriabin se limita hasta una monocromía monástica.
En su inquietud por recónditas complejidades del espíritu, Scriabin se
entenebrece; su música se hace obscu ra de lenguaje, confusa en la intención
y negra de colorido. Resplandores rojizos al fondo· llamas sombrías
rosas negras, titula a sus obras, en busca siempre del éxtasis de la divin;
embriaguez prometeica.
Strawinsky, en cambio, como el príncipe de su cuento, salta alegre al
país de la fantasía. Pocas fantasías más ricas que la suya, pletórica de imágenes extraordinatias, de paisajes maravillosos, en una verbosidad inagotable, con un singular cuidado de la precisión y de la claridad, del t ono puro
del tra~o ~alien~e y decidido, de la expresión mordaz, aguda e incisiva. '
Scnabm sena a la Edad Media, lo que Strawinsky al Renacimiente.
¿Y no fué, precisamente, toda esa ideologíc1 y sentimentologfa medioeval
lo que la guerra arr~stró, para dejar más ciará la atmósfera? Apenas comenzó esta frontera ternble del mundo de ayer y del actual, Scriabin moría de
un envenenamiento de la sar,gre. Acaso sus ideás no fuesen más que un
síntoma. Y fué, en 1914, cuando el «Ruiseñor» de Strawinsky comenzó a
cantar sus trinos, nacidos en la flora exquisita de jardines lejanos.
*

*

*

Es solamente en el aspecto exterior de su música, esto es, en el colorido,
en las formas generales de su melodismo, de su instrumentación, en el
•corte» de su estilo, en Jo que Strawinsky muestra ser un discípulo de
Rlmsky. Pero el íntimo carácter de esas obras suyas, la estética que yace
en el fondo de ellas, le acerca más a Mussorgsky. Conforme el admirable
autor de «Petruchka» avanza en su carrera, más clara se hace en nuestro
concepto esa filia.:ión con el genio que escribió «Boris Godunoh. Las primeras obras de Strawinsky son, claramente, las de un discípulo del autor
de «El Gallo de Oro•; alguna de ellas está basada en las mismas leyendas
en las que su maestro halló fundamento para las suyas; a veces los personajes son los mismos de la pintoresca tradición popular; otras, hasta son
las mismas melodías, sacadas del común acervo. Pero después de La
Consagración de la Prímavera, de la segunda redacción de El Ruiseñor,
209

�LA P L U ~1 A

......

l1

-

LA PLUMA

de las piezas pequenas para teatro o para instrumentso, apenas qued~ .Y.ª
un lejano aire rimskiano para dejarnos ver, clara y desnuda, una sens1b11tdad pareja a la de Mussorgsky.
y aun, seguramente, es la personalidad de Modest~ Mussorgsky la más
grande más profunda y más intensa y a la vez la más ignorada, después de
Beetho~en. No llevó un arte ya maduro a la exalta_ción más brillante--:como
\Vagner hizo con el romanticismo post-beethovemano-, pero removió su_s
cimientos estéticos de una manera tan profunda como el autor de la Her_oica; con unas consecuencias menos inmediatas, porque su _obra estaba JeJos
de poseer la necesaria perfección técnica, y porque su¡¡ ideas corrían. ~or
cauces muy lejanos a los que seguían las grandes corrientes de la mus1ca
europea.
i
ta · d
Estamos mal acostumbrados, además, a j~zgar de 1a. mpor nc1a e un
artista por lo que consigue y no por Jo que sugiere; prefenmos una obra perfecta, aunque de una estética caduca-tal el wagnerismo~a un~ obra nue~a
que ensanche considerablemente el horizonte-tales Berltoz, L1szt, Chopm
mismo-. Los casos como el de 13eethoven y el de Debussy, 1enovadores y
perfectos, son poco abundantes.
.
.
.
Realismo y nacionalismo, a Jo que puede atiac!use otro factor. -~umonsmo, son los cimientos de Mussorgsky, ya preparados por Dar~?m11sky. ~stos tres datos, ¡han sido tan mal entendidos! Una fal~a c_oncepc1on ~el r~absmo mussorgskiano se extravió en el «verismo• a la 1taha~a; el nac1ona!!smo
de los Cinco, visto de un modo superficial, engendró lo •pintoresco• _regional
en que abunda la música espai'lola. En cuanto al humor, es una piedra de
toque para los espíritus: su finura o su grosería salta al punto.
Sólo después de comprender bien el alcance de las obras pequ~ftas de
Mussorgsky-el Cuarto de los niños, sobre todo-, es _c~ando com_1enza a
verse con claridad el arte moderno: verdad en la ex~res1on,_ naturalidad en
la manera expresiva, sinceridad en el acento, ause!'c,a d_e ltteratura-(¡qué
fácil es el reproche de quienes creen que la ausencia de )t~era~ura excluye la
imaginación, concediendo sólo el naturalism?l)-sl~~l1f1c~c1ón en los pr~cedimientos, desdén por los dogmas escolá~llc~s, ehm!n~~ón de superflut•
dades· en total una aspiración hacia la virgmahdad pnmtt1va.
E;, precisa:itente, Jo contrario de Scriabin y Jo !undamental ~e Strawinsky. Los jóvenes músicos de Francia no andan leJOS de esta tesis. Veamos si no, nuestra primera papeleta.
.
Tres razones alejan a Strawinsky del impresionismo fin de siglo: pnmera, su concepto de la limitación y del equilibrio e~ la f~r~a, adecuada armonfa de continente y contenido; esto es, un «souci• clas1co; _segunda, claridad, justeza y verdad-a veces elementalldad-e!l l~ ~xpres1ón: otra norma
clásica; tercera, fantasía y humor. Acaso este pnnc1p10 sea el más honda:zJ()~

mente clásico de los tres; pero nos ahorraremos hoy la impertinente exé¡es~;l vez el propio músico, hombre de agudo cultivo espiritual, definiría
esos tres principios diciendo que eran: el primero, clásico; el si:gundo, primitivo; el ttrcero, arcaico. Protéstese si se quiere. Ya volveremos sobre esto
en alguna ocasión.

** •
Strawinsky, que del nacionalismo «tradicional» de Et pájaro de fuego y
Petruchka pasó al nacionalismo •sustancial» de La consagración de la
Primavera, muestra en sus últimas obras un nacionalismo «elemental&gt;, es
decir, de las «esencias• que forman el carácter de un pueblo. No es otro el
nacionalismo de Mussorgsky o el de Beethoven o el de Debussy.
Los músicos que le siguen no podían caer en el «nacionalismo programlstico•, que siendo la conquista de los cinco es hoy tan antl::uado y trivial
como t-1 programa romántico de los «poemas sinfónicos». Añadamos como
inciso que solamente van en Espaf!a más allá de eso Manuel de Falla y Osear Esplá. De los músicos posteriores a Strawinsky, ninguno que yo sepa
puede llé,marse discípulo suyo. En rigor, alguno puede haberle sobrepasado en la agresiva exteriorización de sus inspiraciones; pero me parece que
nadie en su pafs ha aguzado más que él su sentido estético. La influencia de
Strawinsky se ejerce más en Francia, en Inglaterra, en Italia y en Espai'la
que en la misma Rusia. Los dos músicos jóvenes de Rusi~, Sergio Prokofief
y Nicolás Roslavetz, no han tenido aún tiempo de llegar a esa fina depuración del último Strawinsky, alquitaramiento que, como en Ravel, casi podía
llegar a considerarse como una cristalización académica, en su noble significado.
Hay aún en ellos ciertas confusiones, especialmente técnicas, de procedencia scriabiniana, ambiciones de trascendencia estética contrarias tanto a
Strawinsky como a los •seis• franceses; pero estas ambiciones no son nada
«literarias•, sino puramente musicales, acercándose en esto a Schoenberg y
a algunos italianos, que son tambien simpáticos a los jóvenes fran~eses. Esta
atracción, sensible en Roslavetz, no lo es apenas en Prokofief, cuyo furioso
anti-occcidentalismo corre parejas con su feroz vocabulario y lo agresivo de
sus modos de expresión. Este indómito autor de la Suite escita se une al
Strawinsky del Sacre du Primptemps, en cuanto a nacionalismo «sustancial&gt;. Y, sin embargo, acepta sin grandes protestas los bastidores europeos
de forma, como hicieron los músicos viejos de su país de los que antes se
habló.
Roslavetz prefiere los pequeftos moldes de la música de cámara. Partida -

,

211

�LA PLUMA
rio, al parecer, de un cierto impresionismo constructivo, su música no es tan
rebelde como la de Prokofief; pero en cambio, no tiene su poder rítmico, y
su poco agradable colorido no va suplido por lo enérgico de la expresión,
má!: bien incierta, nebulosa, tefiida de una incertidumbre mística y visionaria.
Algún escritor ruso considera a Nicolás Myaskowsky como representativo
de una «derecha&gt; moderna, y a Miguel Gniessin como el de una «izquierda&gt;
strawinskista. Lo poco que de ellos conocemos nos hace mirar con escasá
confianza esta opinión; más viejos ambos que los otros dos músicos mencionados nos parecen también mtlnos representativos de una tendencia «actual&gt;, contemporánea, 1920. Con mayor simpatía mirábamos a otro joven,
Stantchinsky, que murió apenas comenzó la guerra sin hacer más q11e promesas, aunque bien atractivas. Se nos habla de otro Nicolás Oboukov
(sus Poemes liturgiques han hecho que un critico f~ancés le considere como
una especie de «Dostoiewsky musical&gt;), como del verdadero producto
«post-guerre&gt;. Acaso lo sea.
Hemos hecho omisión de un sin fin de nombres de menor interés al que
Roslaveti y Prokofief presentan para las consideraciones que guían estos
Apuntes. A la hora en que los escri bimos nos parece ver claro que el músico nuevo de Rusia, posterior al vendaval guerrero, el músico de 1920 es
todavla lgor Strawinsky.

ADOLFO SALAZAR

CMlSC&lt;::LÁ)'i&lt;::A)

' ' 1920
(libco inédito)

''

I

JAmocl
las rosas son la misma rosa,
¡amor!, la únz"ca rosa;
y todo queda contenzao en ella,
breve imafen del mundo,
¡amor!, la únz"ca rosa .
TODAS

....

-

2

(la verdad y Gtiünewa(d)
LA pena te defó
sin alma, como muerta.
Y te caúte, iºngrávi~a y pesada, entre los brazos
de quien te lastimaba,
en una concesión total de vzaa y muertt.

212

�LA PLUMA

LA PLUMA

¿Qué flor marchita
más tristemente bella así, az"ucena
de carne exacta y leve, dulce nardo de este mundo,
entonces casi estrella de otro mundo;
nardo de entre dos mundos?
No cuerpo con el alma en ascensión,
sino alma caída de cuerpo celestial
parecías allí, en el suelo negro
-mal tenida ;or brazos
que no te comprendían - ,
¡lunar de luna errante
sobre la miserable escoria;
lunar de luna errante!

J
Canción
COJEREMOSflores

y nos las daremos.
Los ¡adi"ós! serán
-¡alegres/para al punto vernos:
¡Qué qui"etos los OJOS
en tos OJOS grandes!
Besos porque sí.
214

¡Si'fendol
Los divinos árboles.
De oro será el río,
si"empre, aunque anochezca.
Si vamos al delo
por algo,
diremos: ¡Espera!
4
¡JlfISERIA del iºnstante!

Pensé destrozar todo
el diºvi'no trabafo de tantos días puros
-de tantas horas solas,
de tantos máJi"cOs mi·nutos
y de tantos segundos innni"tos-;
desbaratar en un instante, ¡ay!,
por inúti"l, por feo, por absurdo,
el camino de fue.

Y echarme al barro
miserable y con#nuo ...

Y dí gopes a bellas JºYªs fráfiles,
y maldife el amor y la hermandad,
y me gustó comer, hablar, dormir ...

�LA PLUMA

LA PLUMA

5

estío

'

¡EL salto!
¡Qué gozo en las blancas piernas,
gradosos brazos!

IJ

Debafo, el agua.
¡Son flores;
flores del prado y la carne;
secretos, voces!

sobre mz"s manos sangrientas
y aplastadas de las moles
que tienen que separar,
que soportar, que rafar,
hasta sacar la sonrisa,
la floredlla, la estrella,
la lágri·ma, la üusión!

7

Anoebeeee
(Beisa y agua)

Corri·endo, el agua.
¡Son lunas;
henas del cuerpo y del delo,
mufer desnuda!

6

líbet?tadoe
¡(ON qué dz1/i,cultad, tz"empo,
te voy robando tus foyas
-¡tantas foyas, tantas!,tus silendos-entre carro
y grz"to, entre bailoteo
y luz agria!¡Cómo brülan
216

\

RIILLOS tenues, puros,
en lo oscuro corren
-red plata en lo azul-,
trayéndome flores ...
-¡Ay, el agua eterna,
por la #erra negra;
la infinz"ta brisa,
por la sombra fría!··· Trayéndome estrellas;
y estoy en lo oscuro,
como un árbol lúgubre
nutrido de mundos.
217

�LA PLUMA

LA PLUMA
8

el solo amigo
No me alcanzarás, amigo.
Llegarás ansi·oso, loco;
pero yo me habré ya ido.

,v

~.

qué espantoso vacio
todo lo que hayas de_¡ado
detrás, por venir conmigo!

¡Madre mía, tierra,
sé tú siempre ;oven,
y que yo me muera!
- Y tú, mt"entras, madre
mía, con más frescas
hofas en las piernas.-

-¡Y

¡Y qué lamentable abismo
todo to que yo haya puesto
enmedio, si·n culpa, amigo!No podrás quedarte, amigo..
Yo quizás volveré al mundo;
pero tú ya te habrás tao.

~,

__; ¡

1

"'"e1

9

·-1

Pcímaoeea total
¡MADRE mía, #erra,

otra vez más verde;
más plena, más bella!
- Y yo, mientras, hifo
tuyo, con más secas
hofas en las venas.218

y

IO ·

AL lado de mi cuerpo muerto,
m·Z: obra viva.
¡Oh día
de mi' vida completa
en la nada y el todo,
-la flor cerrada con la abZ:erta flor-;
el día del contento de alefarse,
por el contento de quedarse,
-de quedarse por ale_;arse-; el día
del dormi'rse gustoso,sabiéndolo,por si'empre,
tnejable dormt·rse maternal
de la cáscara vana y del capullo seco,
al lado del eterno fruto
y ta in/i,nita mariposa!
JUAN RAMÓN JIMBNBZ

�LA PLUMA

leteas italianas.

(t)

Oiscuvso pt?e(ímínae.

Q

quiera, de una ojeada comprensiva y sintética, abrazar los
varios fenómenos y diversas corrientes de la literatura italiana del
día, sin asomarse un momento al pasado, a fin de indagar, aunque
no sea sino aproximadamente, las causas psicológicas e históricas que han
influido sobre los escritores de hoy, llevará a cabo un esfuerzo estéril. E1
p asado próximo está por entero lleno de un nombre, que fué asimismo
fenómPno moral y psicológico de toda una generación: nombre y fenómeno que se llamaron d'Annunzio. Este escritor, durante. un periodo
de cerca de treinta años, ha tenido nuestra literatura sometida a su férula,
impidiendo a otros escritores originales y fuertes el contacto con el público, y, por tanto, la luz de la fama. No parezca esto absurdo. La producción
de d' Annunzio en los años que corren del go al grn fué tan continua y·
férvida, que el público, y no sólo el italiano, de nadie más que de él se
preocupó. Únicamente cuando su producción se debilitó, y las crónicas,
empezaron a abandonarle, se oyó alguna otra voz; y no siempre voces
nuevas, frescas, del momento.
UIEN

(1) Inaugura hoy LA PLUMA su colaboración extranjera con una crónica italiana de Mario Puccini.
En poco más de treinta años de edad, puede Mario Puccini presentar una
obra que tiene valor sustantivo. En espera del libro Essere o non essere, que
está a punto de publicar, hablan por él dos volúmenes recientes: La Vergine e
la Mondana, novela, e I Bn"vidi, cuentos y narraciones breves;; hay en ambos
páginas rpuy bien logradas, trasunto de existencias humanas directas, vistas y
vividas. Mas acaso en obras como Jioville, de 1914, o en los p,1isajes y cuadros
de guerra publicados en uno de los cuadernos de eLa Voce•, Come ho visto il
Friuli, aparezca mejor que en esos antes nombrados, libros de público, ante
todo, la sensibilidad refinada y moderna, en el pensamiento y en el e-stilo, de
220

La fama de Giovanni Pascoli, de Giovanni Verga, de Alfredo Panzini, de Luigi Pirandello, de Adolfo Albertozzi, puede decirse que es de
ayer; y tened en cuenta que los tales son contemporáneos de d' Annunzio,
o desde luego bastante más viejos que él. Giovanni Verga, por ejemplo, que
es nuestro más grande novelista vivo, ha cumplido en septiembre ochenta
años. Cierto que su fama es más antigua que la de d'Annunzio; pero sus.
obras más fuertes, e incluso las dos maestras: I Mala voglía y Mas/ro Don
Gesualdo salieron a la luz precisamente cuando se delineaba el fenómeno
d'Annunzio; de suerte que sólo algunos críticos y un público restringido se
dieron cuenta de que Verga, con aquellas dos novelas, se unía de pronto
a la gran tradición manzoniana, fuera de toda escuela o programa. Apagada un tanto la fama de d'Annunzio, o por mejor decir, una vez acallada un
tanto la curiosidad de críticos y lectores en torno al poeta de los Laudi y
al novelista del Fuoco, en la aclarada atmósfera de la república literaria
italiana, surgieron casi de pronto algunos de los escritores hasta entonces
en la sombra. Mas, como sucede en los momentos de rebusca, presto se
cayó del énfasis d'annunziano a melancólica pobreza de tonos y sonidos. Los
poetas que antes habían imitado a d'AnnuAzio, repitiendo sus defectos con
mucha modestia y sin originalidad, se acercaron a los poetas de FrdnCia y
de Bélgica, a las 1zón famosos, a Jammes, a Maeterlinck, a Rodembach. De
los cantos heroicos se pasó, sin tránsito lógico, a los humildes cantos de
las cosas pequeñas y modestas. Pascoli, poeta, encontraba en tanto imitadores y lectores; y en la prosa narrativa empezábanse a silabear los
nombres de AUredo Panzini, de Luigi Pirandello, de Adolfo Albertozzi
este escritor italiano. Foville es, con justicia, en opinión nuestra, el más celebrado de sus libros; novela en que el accidente y el episodio tienen menos significación que la resonancia de los más leves acontecimientos exteriores en el
alma del personaje central; la dolorosa agudeza de ks impresiones y el indeciso fluctuar del alma adolescente son expresadas por Puccini en páginas de
segura belleza.
Actualmente sigue con atención la literatura española en los cuadernos de
la Rivista d'Italia. Sus crónicas de LA PLUMA tendrán, por tanto, a más de su
importanci;, particular, el atractivo que ha de comunicarles un escritor que conoce las letras espaiiolas y sabe cuáles son las corrientes que hoy dominan en
nuestro espíritu.
E. D. C.

•

221

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LA PLUMA

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-

LA PLUMA

y de Federico De Roberto. Ahora bien, unos cuantos años antes
de la guerra hubo un verdadero despertar artístico, por obra, sobre
todo, de una revista batalladora, La Voce, de Giuseppe Prezzolini.
Esta hoja, de apariencia modesta, surgía de las cenizas de una revista noble y luchadora también, el Leonardo, donde habíanse adiestrado escritores originales y de fuerza, como Papini, Soffici, Cecchi, Borgese, Jahier, el
propio Prezzolini. Las batallas de La Vc,ce quedarán en nuestra historia literaria como un índice de renovación de las conciencias. Muchas famas, y
no ciertamente la última la de d'Annunzio, fueron discutidas con severidad
y justicia, y se dieron a conocer, señalándose a la admiración de los jóvenes, muchos escritores hasta entonces obscuros. Como la revista estaba
hecha por jóvenes y a los jóvenes hablaba, su éxito fué enorme. Contribu•
yó indudablemente a mejorar el gusto del público y a dar a los jóvenes
en formación una dirección coherente con los tiempos. Desaparecieron
,como por encanto, o quedaron adocenados los escritores falsos, los imitadores de d'Annunzio, los novelistas de vena fácil, y la atención de los lectores inteligentes se volvió al grupo aquel que, por imprimirse la revista
en Florencia, se llamó florentino . Papini, antes ignorado o poco menos,
fué buscadisimo, y los nuevos libros que escribía o los de antaño reimpresos, encontraron lectores a millares; Soffici, Jahier, Prezzolini, obtuvieron
-en poco tiempo notoriedad y fama. Pero la eficacia de La Voce no sólo
reverberó sobre los escritores de quienes la revista emanaba, sino que diremos que benefició a todos los artistas nobles de Italia, y más que a na-die a Croce, a Di Giacomo, a Panzini, a Lucini, a Chiesa y otros escritores
honestos y olvidados. Los jóvenes en ;ría de formación sintieron en sus pulmones un aire que no era el mismo que al nacer habían respirado, y casi
.automáticamente se propusieron algún problema !erio, y no los últimos, el
estilo y el conocimiento de sí mismos.
Incluso aquellos que habían sido arrastrados por la verbosidad de Marinetti y aceptado las cláusulas que Marinetti imponía a los adeptos del
futurismo, renegaron los dogmas del ruidoso jefe futurista por un arte menos eléctrico y tonante, más de acuerdo con su temperamento. Comenza•
ron, en fin, en tal momento a tomar cuerpo los pocos escritores que hoy
222

•

cuentan algo. Había, es verdad, el caso Gozzano, poeta enfermo de
tuberculosis, que, en pleno d'annunzianismo, había cantado con arte finísimo _pequeñas cosas tristes de provincia; el caso Lucini, poeta enfermo
también, todo cerebro, que había reaccionado, puede decirse que por sí
solo, contra el d'annunzianismo, y el caso Cena, poeta sobrio encerrado en
u~a vis!ón ~lásica y fiel a los antiguos ritmos; pero potente ~n la concepción e icástico en el estilo; los más de los jóvenes, sin embargo, y de los
~u~ Y~ no lo eran, buscaban todavía un camino a fuerza de pruebas, de
1m1tac1ones, de calcos.
Tal el período de ante•guerr~, que pudiéramos decir, aunque de transición, felicísimo; porque cada día marcaba un nuevo descubrimiento. Cier•
to que d~spués muchos jóvenes de aquel tiempo murieron en la guerra 0
reaparecieron después muy cambiados; no obstante lo cual quedan de algunos el nombre y tal cual pequeñ.i joya. Palazzeschi, Serra, Govoni Linati, Onofri, Pea, Cecchi, Jahier, Baldini, Cardarelli, Cicognani, Rébora,
Ungaretti, Saba, De Robertis, Pancrazi, Moretti, Boine, Moscardelli, etcétera, quiénes en un campo, cuáles en otro, despertaron no pocas esperanzas e hicieron en verdad pensar que se acercaba para nosotros también
una hora dichosa. Pero del mismo modo que mató La Voce, la guerra dispersó estas fuerzas jóvenes y bien dispuestas. De todas suertes, ese período, si no ha dado a Italia un gran poeta y un verdadero gran prosista, ha
apagado el énfasis, que habla llegado a ser la expresión natural de quien
hacía versos o novelas. Y mientras que de la guerra volvían inmutables,
Y aun con nuevas fuerzas en cierto sentido, los Soffici, los J ahier, los Baldini, otros jóvenes se libertaban de la imitación y volvían a la prosa y a la
~oesía con una simplicidad de medios de expresión y de imágenes que
sin duda alguna indicaban un progreso sobre los balbuceos de la anteguerra.
Pero los beneficios de la guerra no paran aquí. Aquella necesidad de
honradez y de orgullo, aquella inquietud y aquella ansiosa rebusca de la
J&gt;elleza, se reflejaron, como era natural, en todas las expresiones del ingenio, y aun puede decirse que en todas las esferas de la cultura. Las casas
editoriales, antes cerradas en torno a los autores propios, y deaicadas a ·
223

�LA PLUMA

LA PLUMA

un comercio tranquilo y metódico años hacía, buscaron fuera de Italia y
en lejanas épocas obras dignas de ser conocidas por el público curioso; y
mientras Laterza, de Bari, se convertía en editor de Benedetto_C~oce _y
de algunas colecciones perfectas como el f:~rpus ~e ~os Scrltton d /taita,
los Jtiloso.fi antichí e moderní y los Classzcz stra~teri, y ~arabba, de Lanciano de colecciones fáciles y modernas, a módico precio, como los Antíchí ; moderní, Scrittori n,,strí y Cultura delfanima (dirigida po~ Borgese
la piimera, y por Papini las otras dos), en las cuales velan la luz ignoradas
obras de otras literaturas y de la nuestra, Treves, Bemporad, Sandron,
Barbéra, Lemonnier, Lattes, Formiggini, Ricciardi, todas las demás grandes casas editoriales que pareclan encerradas de cincuen~a años atrás en
un programa inmutable, despertaron_ publi,ca~do obras de Jóven~s y de extranjeros, y acogiendo con sincera s1mpatta, mcluso a los escntores más

.. ,◄

...

-

J

audaces.
· d
La guerra entretanto hacia aumentar aut~má~came_nte las tira as.
Mientras antes de la guerra el editor italiano no 1mpnmfa smo 1.000 ó todo
lo más 2 _000 ejemplares de un volumen, durante la guerra, y despu~ sobre todo, !as tiradas se elevaron a un mínimum de 3.000 y a un máXJmum
de 6.ooo, y los libreros afirmaron que nunca como entonces habla estado
tan buscado el libro.
Por desgracia esta avidez no siempre era noble. Leían más ~os jó~enes,
si; pero leían más también las mujeres, los des~cupados, q~1enes Jamás
habían abierto un Libro y ahora lo buscaban por simple necesidad de entretenerse· de suerte que, terminada La guerra, y aún dura, comenzaron a
prevalece: sobre los buenos escritores los med_iocres, los que halagan los
bajos instintos humanos y escriben novelas fáciles, de lectura agradable Y
ligera. Cierto que no toda la producción actual es de ese género; que
casas editoriales como La Voce, de Roma (nacida por obra d_e Pr_ez~oh~1
• as de Ja anti'gua revista)·' Vallecchi, de Florencia; R1cc1ardi,
sob re 1as cemz
ú
de Nápoles; Treves, Bemporad y otros de la vieja guardi~, que dan al P a.
blico obras de arte y sanas tentativas; pero no es menos cierto que la m •
yor parte de los lectores se nutre de malas novelas _Y. cu:ntos menos qu~
mediocres. Para un libro de Alfredo Panzini, de Lmg1 P1ran_dello, de
zia Deledda, de Federico de Roberto o de Adolfo Albertazz1, que es sie •

~ª!

?:

224

pre una obra de arte digna y seria, ¡cuántos volómenes de conocidos o ignorados manipuladores de drogas eróticas no ostentan los escaparatcal
Algunos jóvenes, seriamente dotados, reaccionan, y se comprende, contra
literatura tal, fácil y adocenada. Y hay UD Marino Morctti, prosista de
raza, con una visión modesta, pero sentida, de la vida; hay un Michele Saponaro, que en sus no•elas, todo sol, hace vivir a sus campesinos puglieses con vigorosa sensualidad agreste; hay un Guido da Verona, escritor
que imitaba en sus primeros ensayos a d'Annuazio y que ahora ha encontrado su drama en una nostálgica rebusca de mundos y horizontes lejanos, •
y habla un Federigo Tozzi (muerto en Roma a los treinta y siete año1)
musculoso, sólido, el prosista más robusto que ha tenido Italia después de
Verga, y otros que es inútil recordar puesto que tendremos ocasión de
encontrarlos en nuestras crónicas futuras.
Jóvenes serios y fuertes no faltan, en fin, y mientras los Panzini, los Pirandello, los Albertazzi, es decir, los ya célebres y que tienen un público
fie,, continúan imprimiendo uno o dos libros al año, los escritores de
treinta años trabajan febril e intensamente y superan muchas veces a los
viejos en productividad.
Giovanni Papini, que durante cuatro o cinco años ha sido el ídolo de
los jóvenes, calla desde hace algunos; pero corren voces de que su silencio preludia un trabajo ferviente, su obra maestra. Esa lit~ratura fácil y de
tono erótico a que hemos aludido, tiene por ahora su centro en Milán
tanto que algún critico que la combate culpa de toda esta enfermedad literaria a la gran ciudad lombarda, que enriquecida con la guerra tal vez alimenta natural e inconscientemente el cáncer del erotismo. Nosotros creemos, sin embargo, que el mal es más profundo y que está menos localizado, y que debe buscarse más que en una ciudad, en toda la nación, a la
desbandada aún en busca de un apoyo firme y moral. Roma, entretanto
da prueba, literariamente al menos, de mayor seriedad, y algunas casas edi:
toriales surgidas en la capital en estos últimos años, primera entre todas
la de Arnoldo Mondadori, que es al par tipógrafo de finísimo gusto, parecen contraponer la seriedad de su obra a la fácil labor de las casas edito•
riales milanesas. Entre estas últimas, ha adquirido mucho crédito y públi-

us

�LA PLUMA

...

....

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..

co la Vitagliano, dirigida por Cavacchioli, poeta y autor dramático de ágil
ingenio. Pero todos estos fenómenos y tentativas, repetimos, son transitorios y de prueba; y, por lo demás, lo que importa es que de veras nazcan
el gran poeta y el gran prosista, que hoy por hoy no aparecen aún en el
horizonte. Hay en Roma una revista, La Ronda, que lucha a su vez por un
principio de sana reconstrucción. Sus tres o cuatro redactores no hacen
las primeras armas y todos tienen grandes dotes de ingenio y preparación;
pero si el retorno a las fuentes clásicas que los escritores de La Ronda
propugnan es laudable, no me lo parecen tanto las prosas y poesías de
estos poetas, que escriben con fidelidad y nitidez italianas, pero que tienen
muy poco o nada que decir. Son ingenios bien educados y despiertos,
pero con la sola excepción de Baldini acaso, esterilísimos. De todas suertes la tentativa de La Ronda es un fenómeno ·de este trabajoso momento
histórico que no hay que olvidar, porque representa el esfuerzo, en una
hora de obscuridad, por mantener viva, aunque no sea sino con medios
pobres, de poco aliento, la luz de la tradición. Todo consiste en ver si nace,
mañana o cuando sea, el poeta potente que refuerce esa luz y la levante
más en alto.

MARIO PUCCINI

...

-

lA AJY(lStAO flRJY(e eJi lOS JY(ARes CAÓtlCOS

.Ea amistad, firme en los mares caóticos,
-ola indecisa entre ser y no ser,
vagos vientos de versátiles rumbos,
impulsores de velas simultáneas,
tropel de nubes en flúido tránsitoes un frágil esquife zozobrante
en las aguas precisas de los puertos.
JORGE GUILLEN

teAtROS
lnaugut?ación de tempoeada
en efecto, el espectáculo dentro del espectador? Bien puede ser que
haya algún aforismo cierto. La3 circunstancias concurren a evidenciarlo a nuestros ojos, por lo que hace a los teatros de Madrid. Volved la
vista atrás en cuanto alcanza vuestra memoria de los fastos teatrales y
convendréis conmigo en la fatal vulgaridad de afirmar la excelencia de cualquier tiempo pasado sobre los que ahorá, más que correr, se arrastran lánguidos. Un dilema se ofrece a nuestra consideración: o es mustio collado,
en verdad, lo que fué Itálica famosa, o los campos de soledad que Fabio
con dolor contempla no son sino la ruina del propio ánimo, mejor dispuesto antafio a distraerse con mentidas ilusiones. .,El caso es que la solemnidad ritual de que aparece rodeada en nuestro recuerdo la inauguración
de la temporada en los teatros ha perdido todo prestigio, y apenas si solicitan nuestra atención las falaces promesas que los carteles pregonan por
las vallas de los derribos .
No hace tantos afios que la apertura de la Comedia, precedida de profusos programas con la efigie fotográfica de la primera actriz coquetonamente apoyada en frágil góndola de boudoir, suscitaba nuestra avidez por
asistir a los estrenos en que había de seguir luchando con la indiferencia
del público pagano-profano-e\ autor que entonces significaba la europeización, por decirlo así, de la escena espaflola; europeización que consistía en imitar el amsiente bulevardero, favorable a las toi'lettes del modisto
Antoine, con que realzaba su natural encanto la susodicha primera actriz.
Hoy, clasificado ya aquel dramaturgo innovador en el primer puesto de
una escala de mutuas claudicaciones con su público actual, desaparecida o
punto menos aquella primera actriz, la inauguración de la Comedia ha ido
perdiendo poco a poco el ficticio empaque de que se envaftecia el circulo
STÁ,

E

227

�LA PLUMA

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estrecho de sus abonados, hasta perecer del todo a manos del Sr. Mufioz
Seca, principal proveedor de la casa.
Se me antoja, sin embargo, que en tal desmerecimiento hay alguna ventaja para el arte, por más que pueda parecer paradójico lo que digo. 8s
ésta: creían antes los Intérpretes del Sr. Benavente, ponio por caso, que
estaban representando comedias cuasi divinas en fuerza de humanas, lo que
no era cierto. Los cómicos condenados a aprenderse los papelones del seftor Muftoz Seca saben que aquéllo no tiene sentido común. Procedimiento
exclusivo para ir discerniendo cuáles son las obras buenas.
1 Y conste que, en punto a las llamadas astrakanadas, discrepamos de la
mayor pane de cuantos críticos y gacetilleros ilustran nuestro desayu~o
con referirnos el resultado del estreno de la noche antes. Es decir, de qmenes se pronuncian, ante las comedias del Sr. Muftoz Seca, en contra del
género grotesco. De una vez, y para siempre, nos complacemos en afirmar
que entre una atrocidad del autor de El rayo o un bombón empachoso,
mal oliente a perfumer~a barata, de los que con :a.moroso empefio co_nyugal
nos sirve con torpe insistencia el ~utor de Cancion de cuna, prefenmos la
producción del hijo predilecto del Puerto de Santa Maria. Claro que el seftor Mufloz Seca parece hallar un gusto especial en revolcarse en la barbarie
seftoritil que le ofrece el público de la Comedia. Pero la farsa es un género
literario siempre más digno que las ñofieces escritas pensando en los padres
de las hijas de familia.-Las hijas suelen tener un gusto más cerca del bueno cuanto más natural.
Es posible, pues, que el Sr. Escudero, que, en legitima defensa de sus
Intereses de taquilla, tan diver~os gé~eros ha ensayado en el.teat_ro de q_ue
es empresario, no haya procedido guiado de la menor conve~1e~c1a artística
al imprimir a la Comedia el carácter que lo disting-uia estás ultimas !emporadas. Pero había conseguido formar un cuadro de Compaflfa bufa cien veces mejor como escuela de actores, que las hechas ai manerismo verista propio de lo~ de Lara, feudo por derecho de conquista del Sr. Linares Rivas,
verdadero representante de la beocia espaflola contemporánea. El Sr. Escudero ha prescindido este afio de las primeras figuras de su Compaftia por
cuestiones de índole económica, en que toda la razón estaba de parte de los
actores. Ha contratado otros más jóvenes y ha ascendido merecidamente a
algunos como la seftorita Redondo, lindísima, graciosa, y que tal vez sea
de tas p~cas damas de que podría hacer una buena actriz un director artí~
tico que tuviera alguna idea de las posibilldades del teatro moderno. Lástt•
ma que, como es de temer, se malogren esas esperanzas con representar
comedias sin sentido.
No es fácil, por otra parte, ballar un director artístico que tal nombre

LA PLUMA
merezca. Desde que el Sr. Martfnez Sierra se dedicó de lleno al pingüe ofi.
do de mixtificador teatral, amparado ante el público tras el éxito de la excelente ingenua Catalina Bárcena, se ha puesto de m~ el que las CompHfas
se anuncien dirigidas por un literato. Apenas•si se aprecia resultado propicio para el arte. El pabellón, lejos de cubrir la mercancía, arrastrado por las
tablas se mancha, o se descolora cuando menos. Leed los carteles de la
temporada recién abierta. ¿Qué ofrecen, no ya de sugestivo, de meramente
decoroso?
Se ha descentralizado de pocos aflos a esta parte el arte dramático espaflol, en cuanto los teatros de provincia se ven más frecuentados por los
primeros actores y actrices que, erigidos en capitanes no bien oyen el pri•
mer aplauso de la claque en un muús, constituyen en torno suyo un eúnco
de aprendices y se lanzan a representar un repertorio trasnochado. Imitan
semejantes_Compafilas el procedimiento usual en las italianas que antafto
nos visitaban asiduamente de paso para América. Imitación que trae consigo, claro está, el defecto característico de aquellos cómicos: la propensión
a exagerar el tipo central del protagonista, en detrimento del conjunto escénico, sin que, por otra parte, nuestros actores sientan la misma neceslda&amp;
de renovar el repertorio, antes bien repitiéndolo precisamente en cuanto tiene de deleznable, sólo porque la maestría de un Novelli o de un Zacconi
ilustraron la representación de un Papá Lebonnard o de un Oswaldo.
Y no se me escandalice el lector al ver equiparados personajes taR dispares. El Oswaldo de Los espectros que representan nuestros cómicos adolece de la grave enfermedad con que lo deformó, ¿para siempre?, a nu~stros
ojos la genialidad de Ermete Zacconi. Tal como se hace desde que lo mterpretó este gran comediante, el drama de lbsen puede alternar en el cartel
con La carcajada, pongo por melodrama. El público, sometido al error de
los actores, no ve más que la imitación repugnante de una parálisis progresiva. Se siente sobrecogido como cuando en la calle se detiene a contemplar
los espasmos de un accidentado. Habrla una manera fácil de probar mi opinión. Bastaría repres~ntar la obra sin primer actor, con cualquier galán joven discreto, desempeftando, en cambio, una primera actriz el papel de la
madre. Tal vez el drama recobrara su virtud perdida.
En la confusión ayuna de todo criterio con que comienzan este año los
teatros de Madrid, presa los principales de Compa~las de paso, atenta~ tan
sólo a la seguridad de las buenas entradas del domingo por la tarde, sm la
menor preocupación por dar a su trabajo una dirección ordenada, obsérvase, no obstante, un curioso fenómeno: la coincidencia en querer honrar la
memoria artística de D. Benito Pérez Galdós-tan a duras penas soportado
por los directores artísticos y empresarios en vida del maestro-dando

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�LA PLUMA

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pomposamente el nombre de homenaje a la simple representación de aquellas de sus obras que menos necesitadas estaban de una revisión, bien porque el públko háyalas recibido siempre con aplauso entusiasta, ya porque significaban en su labor no tanto el punto culminante de su batalla con
los espectadores habituales de los teatros, como la propensión a condescender, en menoscabo de la propia personalidad, con ciertas prácticas viciosas
de la época. Ni Borrás, ni Morano, ni la sefiorita Palou han intentado una
representación cuidada de Realidad, de La fiera, de Alma y vida, atentos exclusiva y equivocadamente al lucimiento personal que supone el hacer los protagonistas de El abuelo, de Amor y Ciencia, de La de San Quintín. Hora es ya de que vayan enterándose los directores de que, no obstante la excelencia de los dramas y comedias de D. Benito Pérez Galdós sobre
los de su tiempo, en el mundo hay más, y, sobre todo, de que es sobremanera ridículo el jurar en vano por su glorioso nombre, y sacarlo, como el
cuerpo momificado del santo Patrón de Madrid, en abono de la propia holgazanerfa artística.
·
¿Cómo ha respondido el público a las insinceras solicitaciones que con
motivo de la inauguración del Centro, de la Princesa, de Eslava.se le han dirigido en sueltos de Contaduría y recensiones oficiosas? El público ¡e ha limitado a ir al teatro, sin más, pervertido por su afición a ver los cómicos,
no las obras, que en la constante feria provinciana que es ahora Madrid, se
sostienen en los carteles un número de veces más en relación con el censo
de forasteros que con su mérito literario, o con el gusto-de los espectadores. Sin embargo, menester es confesar el deprecio de la producción sentimental, de la alta comedia, como se decfa hace algunos afios, que se observa con la vuelta al teatro que en términos generales podemos llamar
romántico, clasificación que damos aquí en su sentUo más amplio, y que en
el repertorio qae estos días se hace, tanto lo representa el drama de Víctor
Hugo con que abrió sus puertas la Latina-tan favorable por su situación
a un ensayo de verdadero teatro popular-como el Don Alvaro, los amantes de Teruel, el Cyrano del Circo de Price, o las pellcultu habladas del Cómico. Refúgiase la comedia burguesa en Lara y el Infanta Isabel, campa la
opereta infecuada en el Reina Victoria y la Zarzuela y agoniza el género
chico en Apolo y los teatroa de barrio.
¿Será cosa de cantar unas honras por la eterna salvación del género chico? Sea. Pero con una condición, con la de que esté de veras muerto. En
pleno florecimiento del sainete lírico en Apolo, cuando había en el teatro de
lá calle de Alcalá una Com pafifa tan adecuada a las obras que se hacían en su
escenario, que sus primeras figuras fuera de aquel marco no han prosperado
artísticamente, la alta crítica discutía en serlo los engendros de D. José

LA PLUMA
Echeiaray, y menospreciaba los cuadritos de D. Carlo~ Arniches. Nos amenaza el peligro contrario. Es posible que de la Restauración a láfecha el mayor
precio de la literatura dramática espafiola esté en los pequeftos modelos de
o Ricardo de la Vega. Ahora bien; desde que el achabacanamiento d~I gén~ro inundó Espafia entera de chulos sensibleros exportados de Madnd en
piececitas de hora, de cuya sensibler!a ~ueda~ ¡~7! nefand~s rastros en boca
de tas tonadilleras al uso, dió esa publica opm10~ que se 1_mprovisa e~ las
redacciones de los periódicos en considerar el s~mete cas:tzo con la misma
actitud prosopopéyica que una novela de D. R1c~rdo Leo?, valga por E~paña tradicional, y combinado todo ello con las fiestas sat~etescas, las peinetas, las mantillas, el Goya de cuadro vivo, lo_ falsamente pmtore~co en fin,
se ha inventado una aureola absurda a un~ ltteratura! c~yo ménto era la
simplicidad, la gracia popular, el buen sentido de lo com1co..
Muy bien nos parece, por tanto, que ~I grupo de •Amigos de Vallelnclán&gt; que tiene anunciado para este invierno un ensayo de teatro docente, es decir, dirigido a intentar una restauración de la buena literat~ra ~n la
escena, se proponga comenzar sus tareas r~presentando ~r~ actos s1gmficatlvos de una estética modernísima, depuracton de un clas1c1smo generalmente ignorado como tal: La guarda cuidadosa, de Cervantes; el Manolo, de
D. Ramón de la Cruz; El hombre del destino, de B~rnard 5haw.
. .
La concisión, la brevedad son notas caracterfsttcas del actual mov1m1ento artlstico en todos los órdenes; un drama de Shakespeare ?ºs parece _más
una novela que una obra escénic~. De ~u~vo cobra oportuntdad la antigua
discusión entre clásicos y románticos, s1 bien los térmmo~ en q_ue antaflo se
apoyaba estén hoy subvertidos. Será menester tantear, ~tscerntr !?ara ver de
hallar la fórmula de colaboración entre el autor dra111:áttco, sus tntérpretes
y su público. Esa colaboración no puede producirse sm una buena ~oluntad
y una buena fe de que carecen los empresarios, los autores, los cómicos, los
espectadores de los teatros abiertos en Madrid.

UN CRITlCO INCIPIENTE

231

210

�LA PLUMA

LA PLUMA

Ofos gcises
Me place mt'rar tus ojos,
porque mirándolos, veo
pat'sajes entrt'steet'dos
bajo encapotados delos,
con horizontes lluviosos
y con árboles escuetos...
Me place ver tus pupilas,
porque son vivo reflejo
de las mañanas de norte
junto al escampado puerto,
mientras combaten las olas
desgarradas por el viento...
Como los de los 'lttarinos,
qtu Jaben mirar muy lej'os
y descubrir en las rutas
más distantes los veleros,
ius ojos, grt'ses,profundos,
absortos, ausentes, bellos,
parecen estar mirando
a la distancia, un ensueño...
Por eso adoro tus ojos;
y aunque no me quieran elfos,
he de contemplarlos siempn,
porque mirándolos, creo
atravesar los paises
que son mi amor y están lq"os;
porque mt'rando tus ojos
vimen a mt' pensamiento,

un las tempestades /oroas
M los cantdbricos puertos,
los ancl,os mares de Islandia
bajo el reposo de inflierno...

.MARIA BNRIQUBTA

tnciso
.Amo a tas mujeres con cara de chico,
de nervz"os modernos y at're comercial
(la que hace cake/a esa me es igz.al).
&amp;usto de las damas del cheque§ del éter,
las que nunca olvidan que siempre es un rato
(la gatita tímida, esa... para el gato).
Adoro a la Eva de sensorio equivoco
que al amor prefiere el turbio amorío
(las z'ntelectuales de los eztrav{os).
Las que ,;on la borla de sus ojos dt'cen
qui morbo es la clave de nuestro apetito
cuales los resortes de nuestrDs delt'tos.
La mujer lzt'stn'ónica maquülada y frívola
que sabe angustiarme y sabe embrujarme

y sabe reirme y sabe engañarme
y siendo honorable es cocotte y artista,
de nervz·os actuales y aire comerdal,
la que nunca olvida que siempre es un rato.
( La gatita tímida para Don Torcttalo.
LA que hace caketa para Don Vital.)

ANTONIO BSPINA GARCIA

�LA PLUMA
A. de la Sota.-Divagaciones de un transeunte.-Con pró)og~ de Joaquín ~e

•u

llBROS Y ReDIStAS
.J. Moreno Villa.-Velázquez, con 39 fotograbados.-Colección Popular de
Arte.-Calleja, Madrid.

_

Sincérase el autor de esta interesante monografía en las Breves consideraciones -/inale~ de haber seguido, en gracia a la idea divulgadora de los editores

..

.. 1

de la colección en que figura, el camino tradicional en estudios más extensos
;as líneas c~onológic~s trazadas por el Sr. Beruete (padre), del que le separa l¡
mterpretación estética.
¿Cómo resume la suya el poeta Moreno Villa, sutil exégeta de Velázquez?
Dos tipos hay de pintores, según Wickoff: los que buscan la Naturaleza, lascosas, y los que buscan las impresiones de las cosas (naturalismo e ilusionismo).
El proceso de Velázquez va del naturalismo al ilusionismo, de sus primeros bodegones, en que aprendió a dar carácter propio, material, a las cosas, a sus cuadros _de_ apogeo, e!l que proyecta como un realista y pinta como un ilusionista.
Siguiendo la vida y obra del pintor desde los estudios de sus maestros sevillan_os Herrera y Pacheco a su postrera elevación al cargo de aposentador de
Palacio, apunta Moreno Villa la influencia innegable que en el carácter flemático de "."elázquez ejercieron Italia, los Países Bajos y, directamente, no obst~nte el mdocto no sepa apreciarlo, el Greco. De Velázquez en adelante, todo
pintor, en vez de copiar la realidad, inventa un convencionalismo para dar la
impresión de lo que ve. Deducimos, pues, del ensayo de Moreno Villa que ese
punto de culminación del arte pictórico qqe señalan el retrato de Inocencio X,
o Las meninas, estriba en que resumen la composición clásica, a la que añade
Velázquez la pintura de la atmósfora.
Nos parecen discutibles algunos curiosos extremos de la teoría que Moreno Villa extrae de la contemplación del gran pintor español. Tal, por ejemplo,
la negación de cierto sentido irónico en el Esojo y el Menijo del Prado. Agudísima nos parece, en cambio, la observación relativa al estatismo de los Borra-

chos-cóacanal paralftica&gt;.

C.R. C.
2,94

• **

Zuazagoitia.- Ilustraciones de Aurelio Arteta. -Editorial Vasca. - Bilbao, 1920.
cSi yo acertara a dar a las cosas un aire importante, podía titular este ~r_ólogo cDe:cómo descubrí un humorista&gt;, nos dice D. Joaquín de Zuaza_go1ba.
cEsperemos que estas y otras muchas páginas-aún no escritas-de Aleian_dro
de la Sota sean con el tiempo como los pequeños anales de nuestra generación,
de esta generación unida, como pocas, eR un mismo amor hacia su pueblo Y en
un mismo deseo de su engrandecimiento espiritual.&gt;
Las crónicas recet::idas en las Divagaciones de un transeunte nos muestran a su autor como hombre joven, simpático, fino, de mundo, del verdadero
gran mundo. A través de sus páginas, veréis que no pr_etende deslumbraro?,
abrumaros ni imponer su gravedad sobre nuestro descuido. Mas ta_mp?co solicitará constantemente vuestra risa, ni el disloque de vuestra adm1rac1ón ante
paradojas, chistes, ocurrencias más o menos literarias. Es simplemente_ un observador amable de su pueblo, a la vuelta del extranjero. Un hombre b;en edu_cado, en toda la extensión de la palabra. Ni os dirá todo lo que sabe as1 de primera impresión, ni ocultará su afición por descubrir en las cosas m~nudas, en
la vida diaria d~ su pueblo, cierta trascendencia, apenas apuntada, Jamás traspuesta en exageradas hipérboles.
.
Adolece su estilo de localismo, inevitable acaso, pero aun eso le da c1crt&lt;&gt;
gracioso desgaire, que, lejos de irritarnos, nos seduce por su lige~eza. ~• lo que
es más, se advierte en todo el libro un sincero deseo por hallar hteraname~te
la fórmula, encontrada ya por el magnífico dibujante Arteta, cuyas ilustra~10nes, sobre todo la que acompaña a la dedicatoria, rev~lan esa p~rfecta unión
de la tradición clásica con la emoción del momento, mconfund1ble sello del
arte grande, del Arte simple.
c. R. c.

Eugenio D'Ors.-Glosas. Páginas del Glosario de Xenius (1906-1917).-Versióo
castellana de Alfonso Maseras.-Biblioteca Calleja.
Nada menos que cder Socrates des modernes SpanienS• cuenta el trad11;ctor
de estas Glosas, que llamó a Xe:iius un crít_i~o alemán; de «sumn~a d~ los tiempos nuevos&gt; parece que las calificó un cnhco francés. «En el 1ardm de Academo ha aparecido el prescriptor por excelencia, p~nsado_r y poeta a la vez,
moralista y rápsoda, constructor y conductor, a u!1- mismo tiempo, de un pueblorejuvenecido. Este prescriptor, este filósofo y artista, este constructo:. Y normalizador es nuestro Eugenio D'Ors•, dice su introductor al lector espanol, D. Alfonso Maseras.
Semejante ditirambo nos parece excesivo y desde luego induce a que el lector se prevenga en contra del libro. Eugenio D'Ors, ha hecho popular en Barcelona, desde las columnas de La Veu de Catalunya el seudónimo_ de Xenius,
con que ha firmado diariamente, durante algunos años, el GIDsari de que nos.
235

�LA PLUMA

LA PLUMA

....

ofrece ahora la Casa Calleja escogida muestra. El suceso cotidiano, la noticia literaria, el acontecimiento internacional, hallan en Xenius un comentador siempre agudo, justísimo a veces, y (l,rbitrario las más. Arbitrario se proclama el
propio Xenius en un sentido filos6fico. Las pretensiones filos6ficas de Eugenio
D'Ors son quizá el motivo de que la lectura de sus glosas no despierte entre él
y nosotros esa corriente de simpatia que precede a la captaci6n del lector por
parte del autor de un libro. No pretendemos discutir su sistema; es cosa que
DO Dos compete, ajenos como somos al cultivo científico de la filosofía. Pero
hay en la literatura de Xenius, pese a su deseo de universalidad, un sabor inconfundible, que para cuantos no han nacido en el Principado, le sitúa en su
verdadero lugar: el sabor catalanista. Ese sabor, al par que le confina dentro de
la Mancomunidad política en cuyo servicio, tan mal correspondido en fin de
cuentas, se han malgastado basta ahora los más puros anhelos de Eugenio
D'Ors, hace desmerecer su obra, en la cual se adviene esa desproporción entre la apariencia y el fondo, característica de muchas obras del separatismo, literario o no.
Por lo demás, ¿cómo no estar de acuerdo con la teoría clásica que Xenius
pregona en contra del sentimentalismo romántico? Es muy posible que en líneas ge.e.erales aceptemos su programa literario, ya que no su tono magistral.
Valdría la pena de estudiar comparativamente la influencia de Xenius en Cataluña y la del señor Ortega y Gasset en tierras de Castilla; influencias que no
sabemos si serán tan divergentes como la direcci6n respectiva de sus corüeos,
pues Xenius aspira a la serenidad clásica y el señor Ortega se anega en barroquismo.

c. R. c.
Strindberg.-Et viaje de Pedro, el afortunado. Traducido del sueco por Rafael
Mitjana.-Colección Grnnada. Jiménez Fraud, editor, Madrid.
La personalidad literaria de Strindberg es aún poco conocida entre nosotros. De sus numeresas obras, creo que es esta la primera que se traduce al
castellano. El viaje de Pedro, el afortunado, a través del mundo de sus deseos
para hacer la experiencia de la vida, llevado por el ímpetu de una juvenil generosidad, es ameno, interesante, satírico y tiene un desenlace moral. Resulta
pues, un viaje... entretenido. A pesar de t&lt;,&gt;dos los desengaños que el héroe sufre, la vida sigue llamando ardientemente a su corazón; y el mundo continúa
poblado para él de cosas maravillosas, llenas de ir6nicas significaciones, que
dialogan entre sí, animadas por una superabundancia de energía.
La belleza de la obra de Augusto Strindberg me parece que radica no sólo
en la espontaneidad y viveza del diálogo, ni en el sostenido movimiento de la
acci6n, rápido como el vuelo de la fantasía, sino en el espíritu que la informa,
optimista, de confianza en un más allá mejor. El caso de un hombre que pretende realizar la felicidad, individual o colectiva, y fracasa, y que encuentra su
salvación en sí mismo o en el amor, aunque lo último sea tan difícil como el
ll6

propio autor nos dice, es ciertamente un caso que ofrece poca novedad. Lo
que nos interesa de todo ello es la fácil resignaci6n con que el héroe acepta las
lecciones de la experiencia y el entusiasmo con que acomete nuevas aventuras, puesta en alto la espada de la esperanza, cuando aún no se ha repuesto de
los descalabros que acabara de padecer.
La traducción ha sido hecha por Mitjana con gran respeto al original, según se desprende de las r.otas que la acompañan en un castellano correcto y
sobrio. Un estudio literario de Strindberg la precede.
J.A.P.

*

* et*nofl•e temjs.-Un volumen. París, ChiLes amia de Proudhon.-Proudlwn

ron, 1920.
En los primeros años de este siglo las enseñanzas de Proudhon, eclipsadas
por la difusi6n del marxismo, recuperaron la atenci6n de algunos sociólogos y
economistas franceses considerables, y fueron «utilizadas• por antidem6cratas
militantes, venidos de campos opuestos. Se form6 un grupito de gentes (radicales, socialistas, sindicalistas) que tenían de común su amor a Proudhon, al
país y a su tiempo. Se constituy6 también un Ce,·cle Proudhon, donde algunos
teorizantes del sindicalismo revolucionario y los más notorios propagandistas
del nacionalismo integral colaboraban para extraer de los escritos de Proudbon
un sistema, o siquiera argumentos, cuando no diatribas contra la democracia,
Los trabajos de aquel Cercle nos han dejado, por lo menos, un volumen: Ca/ziers du Cercle Proudhon (París, Nouv. Lib. Nat., 1913). Los «amigos de Proudhon, , que pretenden servirse del espíritu proudhoniano para ayudar a la democracia francesa a reorganizarse, no para conducirla a renegar de sí misma,
han empreudido la publicación de una serie de monografías en que se estudia
el pensamiento del fil6sofo en función !le los problemas de reorganización social derivados de la guerra. En este volumen de que hablamos colaboran
MM. Augé-Laribé, Berthod, Bouglé, Guy-Grand, Harmel, W. Oualid, R. Picard,
G. Pirou y J. L. Puecb. El valor del orden político frente al econ6mico y profesional, la formación de una ideología de la tendencia revolucionaria, la enseñanza técnica y la organizaci6n del taller, el socialismo y los problemas agrario~, y otras cuestiones del día se ilustran en este librito con la aportación de
las doctrinas, planes y previsiones de Proudhon acerca de ellas. Nos han interesado especialmente el estudio de M. Pirou (Proudlzonisme et Marxisme), que
al revisar el pensamiento de Jaurés, tentativa de conciliaci6n entre Proudhon
y Marx, rehace con brevedad un capítulo de la historia de las ideas socialistas
en Francia antes de la guerra; el de M. Puech (Proudhon et la guerre), que restituye su sentido exacto a la filosofía de la guerra de Proudhon, de quien se
había intentado hacer un apóstol de la violencia, y el de M. Bouglé (Proudhon
fédéraliste), que admite como problable un ensayo de soluciones federativas
por reacción contra los resultados de la concentración política y econ6mica,
reprobadas por Proudhon. Nos placería ver restaurados en España los estudios
proudhonianos, puesto que el pensamiento de Proudhon habría de ocupar en
una historia de las ideas de nuestro país en el siglo xix un lugar importante,
M.A.
237

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LA PLUMA

Reviata de libros.-Enero- .11arzo rpzo.

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.&gt;v

En el ambiente morbosamente antiliterario en que se asfixia la vida española, una revista como la que Luis Bello dirige con tan acertada orientación es
elemento de primera necesidad.
No obstante el retraso, ofrece este último número singular interés. Y de
entre la lucida colaboración crítica, destácase especialmente a la consicteraci6n
del lector un artículo, muy sugestivo, del propio Luis B~llo, sobre La n011el#I
rus• 1n España.
El tema es por demás atractivo. De las innumerables traducciones de que se
surte, con exceso, a nuestro entender, el actual mer,:ado de libros, las novelas
rusas llévanse la palma en el favor del público. Es natural que así~ea. Bastaría
la revolución social de Rusia para justificar tal curiosidad. Luis Bello atribuye
gran parte d1&gt;l éxito a lo que pudiéramos llamar el dinamismo iliterario de la
literatura rusa, a su aparente falta de composición, a su bárbaro naturalismo, o
ausencia de las cualidades clásicas de la novela francesa.
¿Hasta qué punto es esto cierto? Y, dado que lo sea, ¿hasta qué punto puede
,ser beneficioso? Se cierne sobre la literatura española un grave peligro, el del
hechizo eslavo, proverbial en todo el occidente- de Europa de tiempo atrás. Aficionados como solemos ser a tomar, cual vulgarmente se dice, el rábano por
las hojas, es de temer una reacción antiliteraria promovida por los :r.isrnos lite•
ratos, iafluídos tal vez del exceso de intelectualismo que en Francia, por ejem
plo, se observa, pero que en España ha de·tardar todavía muchos años en constituir un mal cuyo remedio sea la invocación a la barbarie.
Luis Bello no hace más que plantear, en esta primera parte de su articulo,
tan considerable problema. Creemos que es cosa de meditar las consecuencias
-de abrirnos incautamente a la invasión del caos rus6filo. ·
C.R. C.

'*

* '· *México y sus luchas internas. Bilbao,
Libros recibidos.-Luis F. Seoane:
1920.-Kahlil Gibran: El loco. Costa Rica, 1920. García Moage, Ed. «El Convivio,.-Alberto J. Ureta: Florilegio. ,Costa Rica, 1920. García Moage: Ed. «El
Convivio•. - Ricardo Fernández Guardia: La miniatura. Costa Rica, 1920.
García Monge, Ed.-K. Hamsun: Hambre. Madrid, 1920, «Editorial América•.E. Heine: Literatura alemana. ldem, íd.-W. Shakespeare: Ensuei,o de ur,a noche
de ve,·ano. Idem, íd.-E. ~escltanel: Las cortesanas griegas. ldem, (d.-D. F.
O'Leary: El Congreso Internacional de Panamá en I8Z6. ldem, (dem.-Vice~te
Lampérez. Los grandes monasterios espa,ioles. Colección Popular de Arte, Madrid,
Calleja.-Ramón Pérez de Ayala: Promete@, Luz de domingo, La caída de los
limones. Novelas poemáticas de la vida española. Biblioteca Calleja.
*

* *
Revlstas.-Hermes. Bilbao, septiemb1e.-Spanien.
Hamburgo, números t
y 3.-Hispania. París, junio.- Vida Nuestra. Buenos Aires, julio.-D1e Aktion
Berlín, septiembre.- Tlida. La Coruña, agosto.-España y América. Cádiz, sep·
tiembre.-España. Madrid.-.Revista de libros. Madrid, enero-marzo. -Pegaso.
Montevideo; julio.-Ariuitectura. Madrid, marzo.
2

238

Gacetilla.
Los preTlsores del poi:venir.-Se asegura que el Sr. Muñoz Seca, no
contento con inundar los esce11arios con las flores de su fecundo ingenio para
e dilatar el bazo• a las generaciones actuales, se ha precavido contra la esterilidad de la vejez. •Ahora que tengo talento-ha dicho a unos amigos suyos-escribiré treinta argumentos y los guardaré en un cajón, para hacer otras tantas
comedias cuando ya no se me ocurra ainguna intriga.• La anél"dota, aparte de
la amenaza que encierra, sirve para probar que el Sr. Muñoz Seca ha cceído
tener talento una yez en su vida.

***
Non voglio raggiouar niente di novo ...-Se va a dar en el Español La
Bofetada, de Novo y Colson. ¡Ahí nos las den todas! El director de la Academia
Española,deseoso de reverdecer los laureles de sus colegas, ha influ(do-dicenpara que esa obra se represente. Si el Sr. Novo, adelantándose al ejemplo del
Sr. Muiioz Seca, hubiese escrito hace treinta años dos docenas de comedias de
reserva, no estaría tan borrado de la memoria de los hombres. «He tenido doce
éxitos verdad en el teatro-dice el Sr. Novo en una página autobiográfica-;
pero sólo de una obra mía he logrado ver la rep1'ise•. Para disponernos a presenciar la de La Bofetada nos hemos acercado a un volumen en 4.º, de cerca
de 900 páginas, titulado Teatro de Novo y Colson, con prólogo del Sr. Fernández
de Bethencourt. El prologuista se disculpa con el lector en este estilo:
e Un muy sincero afecto, la fraternidad académica, una idea, por su parte, de
mis medios literarios, te lo aseguro, y por ti mismo lo verás, de todo punto superior a la realidad, parecen ser la razón única de esta sinrazón, que hace que
Teas al pie de este prólogo, o lo que result&lt;1re, el nombre de un modesto historiador... • Las razones que a juicio del prologuista justifican la publicación del
cTeatro• del Sr. Novo deben de ser las mismas que van a justificar la nprise
de La Bofetada: • ...los más de los que llenan de su producción nuestros teatros, en lo que les permiten y toleran franceses, belgas, italianos y hasta suecos y noruegos, o traducen descaradamente de los primeros, o piensan en francés y en francés hablan. La poesía nacional, no la remilgada, tísica, contrahecha y deforme de nuestro absurdo modernismo, apenas se refugia en tres o
cuatro, cuyos nombres simpáticos me cuesta mucho trabajo no estampar aquí
con todo el elogio que les es debido.• Tras el prólogo hemos leído La Bofetada. Es muy buen drama. En la imposibilidad de reproducirlo aquí todo, ofrecemos al lector, íntegra, la escena IX del acto I:
«MARQds.-¡Alberto!
ALBKRTO.-¡Padre!
MA11.GAIUTA.-¡Ah!
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�LA PLUMA

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ALBERro.-¡Ellal&gt;
y un trozo de la escena X. Alberto, oficial de húsares, regresa de la guerra
carlista y describe una carga de caballería:
cALBERTo.-Mi puño vigoroso movió el acero como un relámpago lejos y
cerca, sin tregua ni piedad y en sangre tinto. La gente, acobardada, ensanchó
el cerco; lancé el caballo, y un jefe enemigo se interpuso. Empuñaba un sable
como yo; el furor le cegaba como a mí; sus ojos brillaban como los míos...
¡Plaza!, gritamos, ¡Plaza!, y nuestros aceros chocan y chispean prontos al quite.
De un tajo cercené su mano izquierda al par que él con su diestra armada deshizo la testuz de mi caballo.
MARQUÉS /muy agitado).-¡Caballos había muchos!
AtBERTo.-El mío me arrastró a tierra.
l'l!ARQUÉS (con ansiedad).-Pero un tigre salta.
ALBERTo.-¡Y salté como un tigre!&gt;
La crítica estuvo acorde al proclamar el triunfo del drama: •Todo el mundo
estaba conforme-escribía El hstandarte-en que la obra del Sr. Novo y Col•
son pertenecía a las que poseen el raro privilegio de acallar los gruñidos de
los descontentadizos, de los envidiosos•. Pero no lo estuvo al apreciar su tendencia: «El Sr. Novo y Colson-decía D. José de Laserna en Et Imparcial-no
fué anoche a plantear en el teatro Español ningún problema jurídico, ni sociológico, ni teológico, ni de ninguna clase, como viene siendo uso y costumbre
en estos últimos tiempos». Ea cambio, para el Sr. Ruiz Contreras: «Dos problemas tenebrosos perturban a todas horas nuestra sociedad, amenazando el
pedestal en que ésta se apoya: la familia. Estos dos problemas, enunciados
concisamente, se reducen a estas interrogaciones: Si el hombre duda, no ya del
amor de su mujer, sino de la concepción de su hijo, ¿cómo .se cerciora?, ¿cómo
castiga? Si el hombre, seguro de la concepción de su hijo, no fía en la pureza
de su mujer, ¿cómo se decide,, ¿cómo perdona? En uno y otro caso faltarán
siempre definitivas pruebas. El primero de estos problemas ha servido al s.e ñor
Novo para escribir un poema tan abundante de verdad y poesía que seduce y
convence.,
Nosotros deducimos que la importancia del drama del Sr. Novo estriba en
haber propuesto un medio de prueba (cuando menos sorprendente), para cerciorarse de la «concepción del hijo»: abofetearlo.

AÑO l.

1

l\'.IADRID, NOVIEMBRE 1920

NÚM. 6.

Apuntes y canciones.

I

f.lCay una mano de niño
dispersa en la tarde gris,
o en la tarde gris se borra
una acuarela infantil.
tJtoño tiene en el sueño
un iris de abril.
...no sueñes más, cazador
de escopeta y galgo.
'1/a quiebra el albor.
241

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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