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                    <text>L UNDO LU5TN0DO

AL

Año XI-Tomo 1-Número 4

PUERTO

MEXICO, ENERO Z(de 1904

Director: UC.IRAFAEL REYES SPINDOLA

Subserlpel6n mensual foránea ...... $ 1.60
Idem
ldem en la Capital.$ 1.25

Gerente: LUIS REYES SPINOOLA
Registrado como art!culo de segunda clase, en 3 de Noviembre de 1894.

DE

VERACRUZ
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Mandamos á vuelta de Correo todas las muestras que se nos pidan.
Remitimos, FRANCO DE PORTE, los pedidos mayores
de 25 pesos cuyo peso no exceda de 15 kilos.

Signoret,, Honnorat y Comp.
Una Hija del Rhin,
(Colecciór, Pelli.r,clil)i.)

�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO llUSTRADO

J Esus Urueta., delicadísimo artis-

ta. es un hombre todo lleno de miserichrdia. Como el otro Jesús, el
que derramó toda la hiel de su a.ngustia. huma.na. y toda la. dulzura.de
su naturaleza divina en el &lt;Huerto
de los Olivos&gt;, ba dicho: &lt;dejad que
los niños se acerquen á mÍ&gt;, y ha
llevado de la. ma.oo á los pequei'ios,
para que depositen en los santos
alta.res del arte las flores frescas de
su admiración infantil y entusiasta..
La. obra. de Urueta. es una obra. de
amor y misericordia. Ofrece sucora.zóo, como un gran vaso de perfume y de ambrosía, á todos. los que
quieren a.breva.r su sed de ideal ardiente, inacabable. Porque la poesía es a.mor, y es dolor y es misericordia·, y un poeta, de los vuelos de
Jesús, lleva en sí una fuente ioagota.ble de bendición, cuy as linfa.s
limpísimas a.pagarán muchos a.nhelos y fecundarán muchos de esos
&lt;campos interiores&gt; en los cuales
el ideal surgirá como una gran 1·osa.
de fuego.
En nuestro país hemos padecido
inteosa y permanente sed de arte.
En nuestras épocas escolares no
hemos encontrado quien nos guíe
por los senderos floridos doodeban
marcado la. huella de su pie los
grandes artistas.
.
. P'
Panzudos burgueses, deo1os miopes y anhelos porcinos, enfermos
crónicos de tiña. litera.ria., nos hablaban de arte y se erguían sobre
el pedestal de su insignificancia.,
para. vociferar en cualquier reunión sobre asuntos que desconocían. Toda. una generación de pequeiios era. sometida. á la. dura
obligación de aprender de memoria. algún texto imposible.
Se descuidaba por completo todo
aquello que sigoiñcara algo de a.rte, y si alguno, en la escuela., sentía. el beso de la Musa., si alguno
mostraba. tener un ligero conocímiento innato acerca de cómo se
monta. á. Pega.so, si algun_o la.oza.ba
su fantasía por los ubérrimos ca.mpos donde florece el ideal, Y sabía.
cómo ir á esa región de ensueílo Y
de quimera, los compañeros, los
roa.estros, todos, le herían con la.
sátira. burda y soez, le impooí_a.o
nombres denigrantes, le desprecieba.n.
Y los predestina.dosi los que sentían arder en sí la flama voraz de
un a.mor al arte inagotable y profundo, dirigían al cielo tropical

sus largas miradas de a.chelo, in- no. Apenas si ha llega.do, displicen- llenos de flores, y de gorjeos y de
tensas y la.rg:a.s mira.das, como si te y nostálgico, y ba. posado sus frescura., que, de distancia en disquisieran empaparse el alma. del labios ligeramente, muy ligera.men• ta.ocia, esma.l ta.o el desierto de
azul divino, como si temieran que te, sobi·e la frente morena de nues- nuestra. existencia. metropolitana.
tanta sombra. y tanta imbecilidad, tra patria.
de los conciertos que la
les hubieran anegado' el espíritu
Quédase mejor en los países del Despuésperseverancia.
del maestro
para. siempre.
Norte. Gusta de coronar las chi- asidua
Meneses nos ofreció, ha.o venido
Quien haya sufrido tal tormento, meneas de blancos encajes y de fi- los
de uno de los discípulos del
precisa.mente en la. época. en la. cual ligrana.s cristalinas, que son un mismo
maestro, y bien puedA dees el cerebro humano capaz de im- milagro de delicadeza. En nuestro cirse
que es á la labor del maestro
presionarse con facilidad mayor, país no encuentra. chimeneas.
comprenderá cuán grande, cuán
La hirviente sangi·e la.tina. se Meneses á la que somos deudores
los pocos momentos de tranquimeritoria. es la. obra. de Orueta.. El compadece poco con los paisajes de
la.
satisfacción
lleva. de la mano á los pequel'los á invernales. Gustan al Padrelnvier- dado saborear. estética. que nos es
los templos marmóreos donde se no. las lenguas rígida.~ y gutura.l~s
Sea. en persona. el mismo maesrinde culto á la. Belleia.¡_~l abre las de los &lt;bárbaros del Norte&gt;, y a.01puerta.s de oro, iovita'oaó á. todos, "lrña. toda. su .floración de nieves y de tro, sea en su nombre sus discípupara que penetren al santuario.; escarchas l~~ calles d1r·1as aldeas los mejores, ellos son los que basta
donde luce la majestad soberana sajonas, en las que juegan los pe· hoy lleva.o muy alta. la noble bandel Arte; sirve de guía á los que quel'!os muy rubios, y los campos dera del arte musical. De no ser
serán mafia.na hombres, y les llev~ septentrionales, en donde lanzan por ellos, por sus esfuerzos, por
á los floridos bosq uecillos donde el 1as máquinas h0rribles y prácticas, sus labores incesantes, quedaríamos eterna.mente entregados á la
mirto simbólico abre sus sa.ngrien- sus ríspidos pujidos de va.por.
tos pétalos, como labios sedientos
Nuestro país tiene muchas flores, ignominia. del género ínfimo.
de besos.
demasiadas flores que marchitaría
Hemos tenido en las escuelas la. nieve; tiene paisajes espléndidos
***
hambre, intensa. hambre de Arte. que jamás lucirían si se cubriera.o
Tenemos la promesa de un artisMás que en cualquiera otra época de esa inmensa sábana de blaocude la vida, es en l a. pubertad en la ra que el lápón atri.viesa con sus ta y de un sabio, como valiosa esque buscamos ansiosamente algo largos &lt;sky&gt; rápidamente. Sólo en peranza. en un futuro próximo. El
de luz para nuestras almas. Des- nuestras moot!l.ílas, allá en las al• . Doctor Ga.rna.ult, que habla. y se
pués vendrá la lucha; apagará los tas regiones en donde impera. el hace escuchar lo mismo en la.sacaentusi~smos la ola de merca.ntilis- ave sacra jupiteriaoa, sólo en las demias ceñudas y pomposas que
\ Jmo que caracteriza. las modernas
quiebras elevadas y solitarias de en la. cátedra de arte, el Doctor
sociedades. Quedará solo, en los la montaña, extiende sus galas el Ga.rna.ult, que tanto sabe de la.ciencia. de curar, como de la ciencia
altares, el Becerro de Oro, y las al- Padre Invierno.
mas que jamás haya.o soñado, enEn nuestras latitudes jamás el del buen decir y del buen pensar,
durecidas y aoq uilosadas en la a.i'lo es viejo. Muere como morimos nos ha prometido una serie de conatmósfera. oprobiosa. de una vena- nosotros mismos, antes de que el ferencias acerca de la. historia. del
lidad irredimible.
frío de la. vejez cuaje nuestra san• arte.
Será un evidente progreso. Las
Jesús Urueta ha sentido su alma. gre en Ia.s venas; quédese para los
invadida. por una. inmensa. piedad; países grises del Norte el espec- conferencias literarias de Urueta
ha recordado que la.Poesía. es a.mor, táculo infinitamente triste de la ne- y la.s cooferenci a.s artísticas del
y es piedad y es misericordia, y se vasca.
Doctor Ga.roault, se completan y se
ba. dispuesto á derramar sobre la
harmoniza.o. ¡Felices los escolares
legión inmensa de los deshereda.modernos que bajo ta.les auspicios
dos del Arte, toda. la miel y la. dulcomienza.o la vida!
***
zura. de su ta.lento privilegiado.
Los
conciertos
últimos
de
Vil!
aMerece un sincero apla.us'ó. Los
que, como él, tienen el dóo del ver- seiior fueron la. confirmación de lo
***
bo y llevan en el alma todos los que aoteriorme.nte dije. La musa de
En esta temporada, solamente la
perfumes de una primavera. lujú- este artista es una musa sabi a., que noche tiene 11lgo de invernal y de
riosa y viril,. iienen cierta, obliga.- ha pasado tardes crepusculares y hermoso. Cuando en las altas hocióo hacia los'líu'érfaoos y los po- noches inmensas en contacto ínti- ras el sue!'io reina en la. ciudad
con el genio de los grandes múbres. La misma que tienen los mo
como un déspota. africano, brillan
sicos.
magnates respecto á los mendigos,
las estrellas en el cielo, como si un
La
sociedad
ba
recibido
de
Viy los sabios hacia los ignorantes.
Buckingham misterioso hu hiera
lla.sei'lor
las
primicias
de
su
talenSu obra es buena., y es misericoratravesado los abismos siderales
to
y
de
su
estudio.
Se
adivina.
fádiosa. y es santa.. Debe estar satiscilmente la constante labor que ha derramando per 1a.s.
fecho.
sido necesaria. para. que el virtuoso se hay a. elevado á tal altura.
*
**
Los conciertos que acaba. de da.r en
Decidida.rµeote no es nuestro país el Teatro Arbeu, forman uno de
de los predilectos del Padre Inviar- esos pequei'los oasis, deliciosos,

Necrología
8 L. SR. DR. O. CARL.OS Te:J8DA

En los primeros días del presente mes dej6 de existir en México el Sr. Drf Don Carlos Tejeda, Profesor de Clínica Quirúrgica
de Pediatría, ~n la Escuela Nacional de Medicina., y uno de los facultati vos m ás estimados en los círculos científicos, por sus vastos
conocimientos y su amor al estudio.

*
**
El Sr. Dr. Tejeda era originario de Jalacingo (Veracruz); hizo su carrera con notable aprovechamiento, y poco después de haberse recibido, emprendió un viaje á Europa con el fin de perfeccionar sus estudios
en Francia, bajo la dirección de los eminentes facultativos Pajot y Galezowski.

I

Cuentos de Manicomio
CRUCIFICADO
Amo á Cristo.
Odio el martillo y los clavos, tao profundamente como odio la. Cruz.
Ha. sido esta. mai'laoa. cuando ha. entrado en
mi alma ese odio infinito, y ya. nunca. se a.pa.rta.rá de mí.
Afirmaba. el termómetro que tenía. 42 g rados
de fiebre~ y sentía en proximidad al, estalli(l,o,
mi pobre cráneo torturado por la implacable
jaqueca..
y se ha metido en la. cabeza-seguramente
imbécil,-de un sirviente del hotel, poner sus
manos á remachar clavos sobre la tapa de una
resonadora. ca.j a de madera..
¡Martirio! El ruido hl!- sido dese~pera.nte,
ahora que extraordinaria.mente, m1la.gros~meote la fiebre seme ha ido del cuerpo, no stn
deja.r~e antes su huella d_olorosa y debilitante,
recuerdo y odio aquel ruido enloquecedor.
¡Cuá.nt~s siglos duró aquel hombre para.clavar la. ca.¡a.!
El ruido se repitió, en efecto, pocas veces, pe•
ro tuvo doloroso eco en mi pobre ca.be11a., un
millar de sucedidos.
.
¡Oh martillo odioso! ¡Ob clavos a.bomtoa.·
bles!
¡
¡Cuántas veces he pensado en a.que res_peta.•
ble y venerado adorador de la Huma.D;1da.d,
compa.fiero mio compaílero sólo por lo iluso,
or lo soñador 'en imposiJ:&gt;le~, no por el a.mor
la. Humanidad, porque si bien específica.!Deo•
te soy como todos los hombres iofluen~i~ble
por las compasiones para todos los sé~es v1 v10Otes · como todos los anima.les, acce~ible á los
am~res oa.ra. los semejantes; en con¡uo_to, aborrezco á. ratos, y á ratos sólo despremo al_ género huma.no, y lo aborrezco por fementid?,
por crimina.!, 1por huma.no! como me desprecio
ó me aborrezco ¡p~r horuJ:&gt;r~I
y he compadecido cr~stiaoamente-só!o ~
Cristo corresponde la Caridad ~erfecta,-s10 fi_
nes egoístas sin espera de ulterior recompensa.,
or eso se c~ee que no fué h~mª!lº. a.bsoluta.~ente, que no perdió su génesis_ div100; sólo á
El corresponde la. sana compa._s1óo,. la verdadera. Caridad, la verdadera. v1rtlJ:d' he compadecido á aquel sublime loc_o C~uc1fica.do.
Sin embargo para sentir s10cera.meote esa
misericordia. h~ necesitado que el eg~ísmo me
la despierte que la. egolatría. me 1~ excite-¡so1
hombrel-q~e el sufrimiento propio !1&amp;ya. venido á recordarme, como sie~pre, el a1~n~; comi
siempré viene también el a¡eno suf_rimiento
hacerme sufrir por el recuerdo propio pasa.do,
ó or el temor futuro, en caso análogo.
bon ese martilleo, co_n ese cl3:ve~o que me ha
dolido más que á la ca¡a. que v1ct11naba. la ne·
cesidad del hombre, qu~ perforaba .la. torpez:i.
de ese mi martirizador mcógmto, ha llegado el

i

•

Permaneció en el extranjero dos años; Y
habiendo obtenido por opQsici6n, á su regreso, el cargo de Profesor de Clínica Interna
en la Escuela de que había sido uno de loe
alumnos más aprovechados, volvi6 á Europa en 1890, con una importante comisión
del Gobierno.
Afio y medio permaneció en París nueva·
mente el Sr. Dr. Tejeda, concurriendo du·
rante ese período á las clínicas de los más
renombrados profesores.
De Francia se dirigió, por último, á Londres y Berlín y á las principales ciudades
de Italia, con el objeto de visitar los hospitales de niños y fundar, á su regreso, una
nueva clínica en la Escuela.
Además, el Sr. Dr. Tejeda concurrió, como
delegado de México, al Congreso Universal
de Medicina celebrado en Moscow, y fué
miembro, durante algunos años de la socie·
dad médica Pedro Escobedo. '
La muerte del distinguido facultativo ha
sido muy sentida.

/
~lb,~

i ~~:~i
~,-, if
,-~)
.,

/

·

NTONIA

lll ~ 6UAO/\LAJA

amor á Cristo por el camino de la compasi?º·
Si yo fuera Cristo, y si á_míme a.mara 3:lguie,n
por compasión yo le odia.ría, porque s1emp1e
he preferido qJe me odien á que me 11_meo por
cvmpa.sión; que me amen ó que me o_dieo, pero
ue no me compadezcan: amar y od1ar:-Yª lo
ia.n dicho muchos intelectua.les-;es digno de
almas grandes, y el a.mor y el odH? están he·
chos para los que algo va.leo, 1:131eotra.s que
&lt;Compasión&gt; fué sentimiento fabricado en a.1guoa. alma pei·versa. que quiso disfraia.rse de
buena para los seres pobres, pa.~a. los hombres
inválidos para la. gente despreciab)t.
Siempr¿ he preferido que al referirse á ~í,
profieran, acompa.fia.ndo á mi nombre, una .m·
juria.; y no que la acompa.i'len con el despectivo
&lt;Pobre&gt;.

***

Sí Cristo; yo te he compa.d~cid?, y~ me he
reco~ciliado contigo de tus m1seri~?rdia.s pe~1· udicia.les para. ti, yo me !1e reconciliado cont~=
0 de tus caridades estériles para la. Humaoi
\ía.d, que contra tus sue!'ios e~ los cuales pervertiste á, Spencer, º? va. cami_no de la. Fra~r=
nida.d y del Amor unt ver~3:l, stno antes s~ p1er
de en el crimen, se esteriliza. en el De!i~, y'
por fortuna., se degenera y agota. en el V ic10; la
única perfección para el género está en la.
muerte. Yo he sufrido en una maña.na tod~ la.
locura. de tu martirio; cada golpe_ de martillo
sobre la. férrea cabeza del cla.vo-!'.&gt;por qué 00
me fabrica.rían• en hierro't--:ba. sido un go1pe
sobre mi cabeza. humana., y me ha. causa.do el
tristemente misera.ble dolor humano que se ~r~duce en el espasmo y que, á las veces, se ridi•
culiza. en el gemido.
.
Cuando sentía yo sobre la cabeza el martillazo golpea.do sobre el cráneo del clavo, cuando me estremecía. sobre el cerebelo el ~olpe
aventa.do sobre el remache del fierro que iba. á
a.se ura.r contra los humanos deseos de robo,
unldecena de botellas de cerveza, he pensado

en Cristo, lo he a.me.do por el ca.mino de la
compasión. l\Ie ha. calenturea.do el cerebro la.
ilusión-delirio de tanta. grandeza-de que yo
era Cristo, sólo que mi suf_rimieoto era m~yor
que el suyo· tendido en mi cama de a.lquller,
en la. cama que en el hotel da. exi~uo rep~so á
mis temblorosos miembros ¡he sido crucifica•
do! Cada golpe del martillo vulgai· que no _sa·
crificaba, '1ue no divinizaba. á un Cristo, s100
que empaquetaba. 12 botellas de lupuloso y alcohólico líquido espumaote, me caía sobre el
cuerpo y me fijaba. sobre la Cruz.
Y sentía. sacrificados los pies, ya. me dolía.o
a.tra.vezada.s las manos, cuando vino aún á
engrandecer mi suplicio, sólo explica.ble por
mi fiebre la. coronación de espinas; sentí cuan·
do me intrudujeron la. corona. en la c3:beza de·
lira.ote; y lo que fu~ pe?r, ¡;y-o be sufrid_o ~ás
que Cristo, yo he sido 10fehz! Ca.d~ espma.que
me perforaba la ea.beza, cada espma. que me
castigaba el cráneo, era una culpa, era. una.
maldad, era. un vicio mío. ¿No sufría. más quf
Cristo? El moría. por las culpas de l?s hombres
y ámí me sacrificaba.o las mías; Cristo, amante de l a Humanidad, moría ~or ella, Y Y&lt;?,\
amante de mí mismo, me sacrificaba por mis
culpas por mi odio a.l género huma.no.
y seguía el claveteo; los judíos, en este ca.si;&gt;~
los justicieros verdugos, que me p~na':&gt;an mis.
culpas seguían crueles en su ci·ucificción, y e.!
golpe~o era más decidido y más frecuente, cp_::o
mo si ~stuviera.n á ca.da segundo más cor.veo• .
cidos de su razón, más satisfechos de su casti,-•
go, más seguros de mi culpabilidad.
Yo sentía deseos-¡oaturalmeote!-de escapar al castigo, y pensaba que podí3: hacerlo,
que podía huír al claveteo _que s?ooriza.b3: contra. una caja de cerveza. el imbécil a.morta.¡ador
de 12 ca.seos del lupuloso, alcohólico y espumante líquido que á los teutones encanta.: pero
no podía. huír· no podía. yo excusarme al frío
de los pies, a.i estremecimiento, al .s~dor del
cuerpo entero, á la. calentura y al ~eh~io. .
Por fin vino el salvador, el misericordioso
golpe de ~Longino&gt; y saltó la sangre. Entonces yo, ¡el Cru~ifica.do! resucité, volví á la vida, y amé á Cristo.
.
Eso sí· desde esta mañana entró en mi alma
el odio para el martillo, la repulsión para Jo~
clavos; el aborrecimiento para la, Cruz; y el
amor para Cristo, aunque por cammo d&amp; la
compasión.. .. .. .
Amo á Cristo y odio el martillo y los clavos
tan profuoda.m~nte como odio la Cruz.

Francisco Zárate CJ?.uiz.

�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

LA ORDEN DE

COETZAL.\N,-CAÍDA DE LOS REMEDIOS.
ZACAPOAXTLA.-CAÍDA DE XILI1' A.

FUENTES DE RIQUEZA
f;L DISTRITO D6 ~AGAPOI\XTLI\

L

A ciudad de Zacapoaxtla, cabecera de Distrito del mismo nombre,
situada á doce kilómetros de la estación «Zaragozai, del Ferrocarril Interoceánico, está llamada, indudablemente, á ser uno de 101:1
piincipales centros industriales, mercantiles y agrícolas de la zona
conocida con el nombre de ((Sierra de Puebla.»
Be halla en una meset:i. limitada al Este y al Oeste por las cuencas
hidrográficas del rfo de Texpilco y arroyo de Teacalco; la circundan
hermosas campiñas y extensos bosques cuyas maderaB podrían ser
objeto de explotación, pues entre ellas abundan las de ciprés, haya,
encina, pino y liquidámbar, que produce una recina medicinal; ayacahuite, tepeilite, ailite y otras varias resistenteH, compactas y de
hermoso color, como la de capulín, aguacate, moral, nogal, etc. i etc.
No soh menos abundantes los productos minerales, pues hacia el
Sur de la región se encuentran algunas velas plomosas con pinta de
plata, hallándose también al Norte, en un punto denominado dnfiernillo,i, yacimientos de carbón de piedra, y en general otros varios
productos, como el tizar, la tierra casel, el asfalto, el yeso y la arcilla blanca.

Pero una de las riquezas más notables, sin duda alguna, de dicha
región, son las numerosas caídas de agua que posee, siendo las principales la de Tepetitlán, de un a altura considerable y que puede proporcionar una poderosa fuerza motriz; la de Apulco, me:nos alta que
Ja anterior, pero de un caudal de agua mucho más vasto; la de Atehuetzian, muy inmediataá la población, y otras varias que hay en
todo el curso de los ríos de Texpilco, Xilitan y Apulco, y que podrían servir para la instalación de varios establecimientos industriales, como fábricas de hilados y tejido~, fábricas de loza, curtidurías,
aserraderos de madera, etc.. y otros que podrían implantarse utili,
zando las materias prima, que abundan en el distrito y que hasta
hoy han permanecido ignoradas.
A fin de que nuestros lectores tengan una idea de la importancia
de las caídas de agua á que nos referimos, publicamos en estas páginas las fotografías de cuatro de las que más fácilmente pueden aprovocharse en la industria.

Efitre los distintos cuadroi&gt; qu e
fueron hace poco encontrados en
la Escuela Nacional de Bellas Artes, figura uno de pequeñas dimensiones, pintado al ó leo, que
representa la ceremonia efectuada en noviembre de 1853 en la
Colegiata, con motivo del restablecimiento de la Orden de Guadalupe creada por decreto de la
Junta Soberana Gubernativa de
20 de febrero de 1822.
El Decreto que restableció la
Orden, aparece firmado por el
General Don Antonio López de
Santa Anna, «benem érito de la
Patria, General de División, Caballero Gran Cruz de la Real y
Distinguida Orden Española de
Carlos III y Presidente de la República Mexicana» ; fué publicado
en el DIARIO OFICIAL de fecha 14
del mes y afio referidos, y contiene, á guisa de «Considerandoi,, un
párrafo en que se señala como
el fin vrincipal del restablecí.
miento, el de «perpetuar el gloriorn recuerdo de la Independencia», premiando, al mismo tiempo, «la virtud, la lealtad, el valor, el
patriotismo y las accionef3 meritorias eli todas las clases y jerarquías de la Nacióni,.
Además, y conforme á los Estatutos respectivos, la Orden quedó bajo el patrocinio
de la Virgen de Guadalupe, siendo Jefe Supremo de ella y Gran Maestre el mismo Presidente de la República.

***
La ceremonia que, como antes decíamos,
se efectuó en la Colegiata, fué solemnísima;
comenzó á las 12 del día y concurrieron á
ella todas las tropas de la guarnición, las
distintas corporaciones civiles y eclesiásticas
residentes en la. capital y los representantes
de las naciones extranjeras acreditados cerca
del Gobierno mexicano.
Junto al altar mayor y bajo un riquísimo
dosel de seda con bordados de oro, se colocó
la mesa ante la cual debía instalarse su «Alteza Serenísimai, el sefior Santa Anna, y á lo
largo de la nave del centro, una doble hilera de sillas, que ocuparon los frailes de las
diferentes órdenes religiosas y los personajes
á quienes iban á ser conferidas las insignias
de la de Guadalupe. Sobre la mesa se encontraban un crucifijo, dos cirios encendidos y
una bandeja de plata cincelada, con los títulos, collares y cruces respectivos. El gasto
eroaado con motivo del restablecimiento de
la Orden, fu é de $16,000.
En el grabado que publicamos, que reproduce el cuadro encontrado en la Escuela de
Bellas Artes y que se conserva en el Museo
Nacional, aparece el General Santa Anna poniendo en manos de un religioso el título de
Gran Cruz.

***
COETZALÁN.-CAÍDA DE COHUATICHÁN,
Z ACAPOAXTLA. -CAÍO-A D E TEPE'l'ITL ÁN.

Ya que hablamos de la Orden de G uadalupe, nos parece oportuno dar á conocer los
nombres de algunos de los personajes más
notables que á ella pertenecieron en las tres

GUADALUPE

todos que figuraron en la época
del segundo imperio, en primera fila .

***
Por último, el Archiduque
Maximiliano r estableció la Orden
de Guadalupe, extinguida ya,
nombrando Grandes Cruces á
Don José María Gutiérrez de Estra da, Presidente de la Comisióh
que fué á Miramlr á ofrecerle la
corona de México; á Don Juan
N. Almonte, á Dou Tomás Mejía, á Don Leonardo Márquez,
f~if;
al Arzobispo Labastida, á Don
Mariano Salas, á Don Santiago
Méndez, á Don Ignacio Aguilar
y Marocho, á Don .José López
:Jff
&lt;:-S
Uraga y á otros de sus partidarios, igualmente acreedores á la
distitdón de que fueron objeto,
ya por sus trabajos Pn pro del establecimiento de la monarquía en
México, ya por los servicios personal es que habían prestado al
mi!'mo Archiduque.
Los títulos de Grandes Oficiales, Comendadores y Oticiales, conferidos por Maximiliano, fueron muy numerosos.

-~

ti

·11~

::;t~fa~:·:~;:~!~E;;}·~&amp;~~::distintas épocas en que estuvo establecida,
es decir, en tiempo de Iturbide. en tiempo
de Santa Anna y en tiempo del llamado Emperador Maximiliano.
Bajo el imperio de Iturbide pertenecieron
á la Orden: como Grandes Cruces, el Obispo
de Guadaliijara, Don Juan Ruiz de Cabañas;
el Obispo de Puebla, Don Antonio P érez; el
Obispo de Guatemala, Fray Ramón Casaus;
el Obispo de Oaxaca, Don Manuel Isidro
Pérez, y el Obispo de Nicaragua, Fray Nicolás García; como Caballeros Grandes Cruces, D. Anastasio Bustamante, Don Vicente
Guerrero, Don Manuel Velásquez de León,
Don Pedro del Paso y Troncoso y otros hombres prominentes de la época; y como Caba1:eros de Número, entre otros personajes,
Don Nicolás Bravo, Don Vicente Filisola,
Don Antonio López de Santa Anna, D. Juan
Cayetano Portugal, célebre Obispo de Micboacán, Don Miguel Ramos Arizpe y Don
Juan Francisco Azcárate. A la lista, muy
numerosa por cierto. de Caballeros de Número, se agregó una de ((Caballeros Supernumerarios», en la cual aparecían los nombres
de personas muy distinguidas en los círculos
políticos y en las altas clases sociales.

***
Santa Anna, por su parte, nombró: Grandes Crurei&gt;, á Do!l Nicolás Bravo, Don Agustín Iturbide ( hijo) , Arzobispo de la Garza y
Ballesteros, Don Clemente de.Jesús Munguía,
Don Manuel ·Díaz de Bonilla y Don Teodosio Lares. su Secretario de E~tado, considerando como vivos, «para perpetuar su buena
memoriai,, al Emperador Iturbide, á Don Vicente Guerrero, á Don Guadalupe Victoria y
á Don Juan 0' Donojú.
Entre los Comendadores y 1os Caballeros,
iae contaban personalidades tan salientes en
la esfera política como Don Mariano Salaf'I,
Don Pedro EFpino, a, Don I ~nacio Aguilar y
Marocho, Don Joaquín Velásquez de León,
Don Juan B. Ormaechea, Don José López
Ur¡i.ga y Don Juan N. Almonte, individuos

***
A título de información, reproducimos en
otro lugar los retratos de Don Agustín de
Iturbide, el primer «Jefe Supremo de la Ordeni,, así ·como el de su esposa, Doña'Ana de
Huarte, á quien se consideraba, en ·su época, como una de las mujeres más hermosas
dfl país.

( DE IVAN TUR_GUENEP )
(GLOSA )

l ba yo por cier ta calle melancólica y estrecha,
y un m endjgo me d.:tuvo r.abe el borde de J.a acera,
robosando de a margura, de cansan cio y de aflicción ;
no decrépito mendigo, con los ojos como brasas,
c·on 105 I:ibios como adel fes. carcomidos por las llagas
ha rapiento y destrozado por las garras del dolor.
'
¡Cuán horriblemente habla quebrantado la m iseria
á aquel \'lejo tembloroso de faz triste ,. macilen ta,
,\ aquel vie¡o que imJ.&gt;loraba con pesada y ronca voz!
Me alargó una mano¡a roja, nna mano hinchada y sucia
y al pedirme algl!n socorro, ,;ollozaba de amargura,
'
npoyándose en el ma ngo tosco y r ecio del bordón.
Y busqué por mis bolsillos; pero en ellos ¡oh pobreza?
no guardaba ni un centavo, n i un pailuclo ta n sJquiera.
¡Y el mendigo continuaba sollozando su dolor!
Y min\ndomc con ojos ralcinados por la fiebre
esperaba el sin ventura que mi mano al fin le diese
la limosna que pedla con pesada y ronca \'Oz.
Y confuso, avergor,zailo, sin saber lo que me h acia
en presencia de aquel homore cuyos Ie bios daban grima,
eijtreché su roja mano con protunda compasión.
Luego ale~ la vista al cielo por las lágrima.s nublada,
y le dije al triste viejo desde el fondo de mJ alma:
-Ten paci~ncia, hermano mio, y perdóname por Dios.
En mis ojos fijó el ,icjo sus fosfóricas pupilas.
,. sonriendo con dulzura, estrechó mis manos llmpia.s,
sl~mpre limpias de la infamla y del dolo triunfador.
-Está bien, hermano-dljo con su ,·oz pe,ada y ronca,q ue C&amp;IS m anos compasivas son también una Hmosna,
porque alivian mis tortu ras y dan tregua á nri aflicción.
Y al ver yo que por la a ngosta., negra calle se alejaba,
cxclam~ con voz fervien te desde e l fondo de mi alma :
-¡Dios te alumbre con ~u gloria y te dé fuerza y valor!
¡Dios te ampare y te redima, pobre hermano lastimoso,
q ue ese a!i,•io que tú sientes es tam bién como un socorro
de piedad para mi alma r de inmensa compasión!
GONZALO PIOON F EBRES.

1903.

�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

SAFO

Brillante desarrollo de tas siembras de atgo~ón-árbDI

I

E

L cultivo del algod6n-árbol de que en lo~
últimos meses se ha hablado tanto, paso
ya de su período de prueba 6 experimen.taci6n y entra de lleno á formar parte activa
de la industria nacional.
Notable ha sido el éxito alcanzado en las
siembras verificadas desde hace año y medio en las que si ha habido alguno que otro
fra~aso, es á consecuencia de varias causas de
segundo orden, cuales eon: la extremada sequía de la tierra al brotar las_ plantas, la
abundancia de lluvias que ocas10na?a la ~odredumbre de la semilla , 6 la de1?as1~d.~ tierra con que fué cubierta y que 1mp1d10 ~u
germiflaci6n.
Pero estas causas son comunes á todos los
vegetales y el mal se ha remediado plantando nu'evas remesas de semillas.

•No más, no más! Por la inocencia mía
qu~ yo inmolé, Fa6n, á tu hermosura;
por ese filtro de let:11 dulzura , .
que bebo en tus muadas todavia,
por el raudal de i~tensa poesf~
con que ensalcé m1 amor y m1 vent~u
-amor que aún arde en llamarad~ impura,
ventura muerta como flor de un &lt;lrn,y por aquellos ósculos de. fuego.
. .
que en la em~ri~guez de 1mpú&lt;l!cas delicias
dejaban en m1 piel marca ~angnenta,
que pongas fin á mi furor te ruego.:.
y hasta el Cielo me lleven tus canc1ai-,
6 al Averno mis celos y mi afrenta! ,

II
PLANTAS DE .H.GODÓN-ÁRBOL .

canzan en la actualidad un desarrollo de más
de tres varas de a lt ura, presentando además
un hermosísimo aspecto.

*
*'*

La introducci6n y propagaci6n en la República de la semilla de algodón--:árbol, ~s
debida á los e~fuerzos del Jabonoso agncultor Sr. Don Hilario Cuevas, de San Luis
Soyatlán (Jalisco), quien, luchan~o durante año y medio con una constancia y tenacidad dignas de encomio, y alentando á su
vez á los demás agricultores, ha logrado
obtener los magníficos resultados de que ya
hemos hecho menci6n.

¡Vanos mi ruegos y mi lloro han sido!
A ti me acojo, Léucades bravía;
Safo en tu sirte milagrosa fía
que encontrará la muerte 6 el o~vido.
Duélate mi pasi6n, diosa de Gmdo!
Y si en hora feliz la füa mía
vibr6 en tu prez mitiga en mi agonía
el amargor de ~i po~tre~ gemido:
¡Hijas de Lesbos! S1 m1 cuerpo 1~erte
llevai,;e á vuestros pies la onda traidora,
cubridlo de verben11s y amarantos,
y aplaque en él su cólera mi suerte;
pero el fuego q~e el. m~r apag_ue ahora,
rojo esplendor 11rad1ara en mis cantos!

Ricardo del !!Monte.

o
Muchas veces los hombres buscan .lo q ue
saben, y otros muchos no eaben lo que buscan.

~

PLANTAS DE ALGODÓN-ÁRBOL.

il 11· .

lt

j,

Son l os hipócritas y los viciosos quienes
már, se escandalizan de las flaquezas de sus
pr6jimos.-SAN ~GUSTIN.

***

Sé padre de las virtudes, y padrastro de
l os vicios.-F1uus.

En poblaciones donde el plantío se ha
hecho con más práctica 6 mejores .elementos
atmosféricos, los resultados han sido en extremo satisfactorios.
En Teloloápam (Guerrei·? ), se obt,uv:o
una brillante cor,echa en noviembre prox1mo pasado; en Tlacotálpam (Veracruz) los
plantíos se encuentran ahora en pleno período de fructificaci6n, y en Durango las plan·
tas sembradas á fines de marzo pasado, al-

ltESUM.EN.-1'~1 porvenk de Servla.-lnútUes esfoerzos.- J&lt;:i nieto de Jorge el Negro.
-La expansión d., ltusla.-En Oriente y en Occidente.- La disputa por Corea.
-La. preponderancia sobre Chlna.-El ºhombre enferrno" del Oriente remoto.-La actitud brltánica.-Slempre lgual.-Las reformas de Cha.mberlaln.Su porvenlr.- Su próximo triunfo.

T

RISTE y mísera condición la que ofrece el reino de Servia, azota1o
por el encrespado oleaje de las pasiones! ~bscuro y enlutado por·
venir el que le aguarda, en medio de las . tormentas desencadenadas
sobre su cabeza, suscitadas por el odio y fomentadas pqr el rencor!
Palpitantes todavía é insepultos los ensangren~ad~s despojos de los so·
beranos reinantes,después de la tenebrosa consp1ramón de Belgrado,1con·
tr a l a casa de los Obrenovitch, sube al trono mancillado un representante de las antiguas rivalidades entre los primitivos creadores de la monarquía y se·sienta bajo un solio salpicado con la sangre de las víctimas,
Pedro, l:Íijo de J.orge el N~gr?, comerc\ante en cerdos Y. guerrillero. afortunado de la antigua provrnma balkámca.. ¿,Qué ha podido hacer el nuevo
soberano que inaugul'aba su reinado bajo auspicios tan sombríos'? qué
podía hacer, ante los asesinos triunfantes, que ponían p~r primeras condiciones de su sumisión, quA su tremendo delito q--edara impune, á pesar
de todas las protestas de los pueblos estremecidos y horrorizados ante la
roja visión de l a tr3:gedia palaciega de Belgrado? ~ada, y así fué: costeando agrios arremfes, saltando obstáculos del primer momento, bordeando sirtes profundas, y procurando llegar á puerto, el pobre rey
Pedro ha guiado una mezquina embarcación tripulada por piratas; pero
pronto cansado de la brega fatigosa, trata ya de abdicar su ruin corona de ;spina.s, y dejar á las potencias l µ. tarea de darle un sucesor en su
mengua.do trono.
No se hará esperar la solución; el pa.nslavismo que parece adormecido
en Europa, despertará muy en breve, y tomará bajo su protección á los
servios que son carne de su caro.e y sangre de su s.angre, para._hacer de
ellos un satélite más en el gran sistema solar que gira en torno· del esplendoroso astro de San Petersburgo. Así acaecerá, sin duda, S!.1;11? interpone su veto ese otro agregado de pueblos y de razas q11e se.11:a,fua..el
imperio de Austria-Hungría.

fluencia, sino que cada cual aspira á disminuir la de su contra.río; en
estas condiciones, aunque por de pronto se encuentre una solución pacífica, quedará suspendida una nube sombría sobre ellos, que en cualquier momento puede estallar en horrenda tempestad.

***

Y en medio de esas concupiscencias apremiantes sobre el infeliz «hombre enfermo» de China, se na provocado un medio que parece destinado
á resol ver la cuestión de un modo trágico, y á precipit&amp;.rla desde Ja.s serenas regiones de la diplomacia en que hasta ahora se h-a agitado: los
motines amenazantes en Corea que, una vez desencadenados, harán que
l os pueblos contendientes se precipiten á las armas, cualquiera que sea
la noble ambición de paz qne anime al autócrata de Rusia.
Dícese que los emisarios extranjeros, interesados en la cuestión,se mueven á la continua para provocar nuevos disturbios y motines nuevos, que
obliguen á las potencias preponderantes en la región á deselJlbarcar
tropas en Corea, y por ende, á despertar las rivalidades del contrario, y tal vez á determinar un «casus belli» que baga desenvainar la
e,pada á los dos pueblos que al parecer se respetan mutuamente. Si es
verdad que existen tales manejos, debemos creer, fundados en los antecedentes del soberano moscovita, que no es él quien acude á esas malas
artes para buscar una solución armada, · que parece muy lejos de sus
sentimientos, patentes hasta ahora al mundo. Quédense para los que conservan todavía algo de sus viejas costumbres feudales esas maquin~ciones; quédense para ellos esas al'terías de dudosa justificación; que el promotor del Congreso de l a Paz, estamos seguros, no ha de acudirá, medios bastardos, para defender tiu derecho ó para sostener sus pretensiones.Entre tanto,los aprestos de guerra continúan por ambas partes; siguen
los movimientos de buques, la concentración de provisiones, la actividad
feli.ril en los arsenales, y por todas partes, la acumula"ión de energías
pb.ra lanzarlas en un momento dado contra las fuerzas del enemigo.
~ ._ ~f•'· .: .

. _ ~.~:~-. _,_ ·~. t ·

~,;;¿*

4

Y la Gran Bretaña, que de todo espera sacar provecho, la pérfida Al·
bión que dicen los poetas decadentes, se envuelve en su espléndido aisy mientras en Servia se prepara otro acto de su drama escarlata, y lamiento, que la resguarda de todo accidente, y se promete después del
los revueltos hijos del difunto rey &lt;rastacuer&gt; se disponen, tal vez por combate, recoger los frutos de una victoria que nada le ha costado, pero á la cual ha contribuído con sus sugestiones y ha fomenta.do con sus
extrañas inspiraciones, á, oponerse en cuanto de su par-te esté á la insu- falsas
esperanzas.
rrección que se prepara furibunda. en Macedonia, contra el secul ar y
Y mientras l lega esa hora de aprovechar un triunfo que no le pertenedespótico gobierno de Turquía, para segregar otro jirón de su Y:a bien
cercenado territorio, los poderosos moscovitas, en su afán de conservar ce, mientras llega el momento de ver lo que pesca en el revuelto mar de
sin tacha su preponderanqia en el lejano Oriente, ceden ante las exi- las dificultades ruso-jap&lt;_&gt;nesas, y asegurar para sí un puesto mejor enel
Extremo Oriente, ya se prepara por medio de su temido ex-ministro de
gencias del Japón, pero sin mengua ?e su. pr~pio pres~igio.
Entre las di versas y hasta contrad1ctor1as mformac1ones que á diario las Colonias, por medio del antiguo director d&lt;&gt; su política de expansión
á rec¡rganizar de modo nuevo las relaciones comercia.les de
se dan á la publicidad, difícil es seguir las diferentes fases del embrolla- imperialista,
la Metrópoli con las inmensas colonias del mundo británico.
do conflicto, donde á las veAyer el célebre Chamberlaiin,
ces parece próximo el rompien aplaudido discurso, se premiento, y otras se ve todo
sentó ante el público de la
arreglado de modo satisf~cgrancle y populosa Lond,res
torio para las dos potencias
á defender sus reformas fiscacontendientes. Procura.remos
les, que hace poco sirvieron
resumir la cuestión de la mepara separarlo del gabinete;
jor manera posible, pa.ra.f~nayer, ante animado concurso
dar mejor nuestras opm10se dejó llevar de sus proyecnes.
tos imperialistas, haciendo
*
* * Japón, casi.
ver la realidad posible de sus
Convencido
pretensiones proteccionistas.
hasta la certidumbre, de que
Y habló de las enseñanzas de
el noble soberano de todas
la historia, y se refirió á la
l:i.s Rusias no quiere ir á la
caída de Venecia, y al cuasi
guerra. á, menos que á ello
hundimiento de Holanda, y á
:,e vea ·obligado por las _pro.,-~-'i,J~
.
la desaparición del poder de
vo0aciones de sus enemigos,
las Ciudades anseáticas1 y
crece y crece en sus _exigenapoya.ao en esos da.tos, pidió
cias, y á cada re~oluc1ón c?n·
nueva forma en las relac·10nes
ciliadora del gabmete de t-&gt;a.n
,mercantiles, que en lo sucesiPetersburgo, parece contesvo deben unir á Inglaterra.
tar el gobierno de Tokio con
~. ·•·
con su dilatauos dominioS"couna nueva demanda. Algo
•
·--:
;'loniales.
hay, sin embargo, entre los
p:riunfará al ~~ el antig.u o
asuntos disputados que no
m1mstro,convert1do ahora en
puede resolverse por de pronagitador por virtud de lascirto, y que, tarde ó_ temprano,
cunstrancias? Ta.l vez; no me- •
l levará rusos y Japoneses á,
nos de veinte años duró la
hostilidades activas: es la
lucha iniciada por Huskisson
preponderancia absoluta que
y sostenida por Cobden p·ara
cada cual pretende ejercersoh11,cer triunfar el libre-cambio
bre el &lt;hombre enfermo» del
de los viejos procedimientos
Extremo Oriente.
del proteccionismo. ChamberAsentó Japón suplanta venlain tiene fuerzas bastantes y
cedora. en la península de
energías suficientes para luCorea; levantó sus tiendas Ruchar veinte y más años en fa.
sia sobre la comarca deMandvor de sus reformas; y acaso
■ TROPAS ✓APONESAS t:,C{IA/?DIAS TfLEi 'l?#'.S.JAl'.s ... . FERROCARRILES
churia., y vigilantes los dos
triunfará en no lejauo día·
O ' ; , • RllSAS { o rllt'J/[:/"'S RUSOS'-LIMITES OEL FENROCANRIL
en el golfo de Petchilí, aun~uizá presencie su triunfo 1~
. &lt;1D1!D Bll(JUES RUSOS "8ó' CUARTELESCENERALES ..... LINEA PNOPllESTA PllR lfUSIA
que haya en esas risueñas
,,. _generaoió'n actual.
'
. .,- 1, JAPQNESES~&amp;DEPOSITOSIYAVAUó, - ·- TEI.ECNAf'O JAP0/1/ES
costas centinelas avanzadas
.,,,
. c i, ,.•,•_!!VClESfS ,
11111111 TERRITORIO TOMADO PONRIIS!A .. ,•
de las otras potencias, no
· 2Ó dé enero de 1904.
·
quieren reconocerse mutuam'.lnte l_lsfera,s limitadas de ÍQ•
X, X, X,

***

'11¡

Retratos de Don l\gustín de lturbide y
Doña llna de ttuarte de lturbide.
Erutentes en el l\Iuseo NaoionaL

."

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

.~1 Gonflicto Ruso-Jüponés

Las Ametralladoras Hotchkiss

BUQUES PRINCIPALES DE U ESCUADRA JAPONES!
TAKASAGO,

AZUl\IA,

ASAlllA.

YAKUl\10,

NUEVA ARMA PARA EL SERVICIO DEL EJERCITO

FUJf.

/

¡

***

::IUKASA.

SHTKISHú\IA,

Su mecanismo es tan sencillo como ingenioso: un cañón reforzado
con un irradiador destinado á absorber una parte del calor, cuyo interior, semejante al de un fusil común, tiene perpendicularmente á
su eje una pP,rforación que comunica directamente con la cámara de
gases; un aparato de carga que lleva un carrete giratorio con dos estrellas, un cerrojo con aguja de percusión y un pequefio extractor
con un émbolo de rernrte recuperador; todas estas piezas, que están
encerradas en un cajón metálico, constituyen el mecanismo.
Los cartuchos poseen una bala de plomo endurecido, con ca-q¡isa
, metálica, y se colocan horizontalmente en un cargador de latón.
El arma está colocada en un tripié de compases de acero huecos.
El asiento destinado al artillero apuntador, repoi::a en uno de los
compases colocados detrás de la ametralladora, siendo solamente
necesarios dos artilleros para manejarla.
El artillero ~puntador tira de una palanca exterior al mismo tiempo
que un artillero proveedor presenta al aparato de carga un carga-

ASAHr.

BUQUES PRINCIPALES DE U ESCUADRA RUSA
ASKOLD,

POBIEDA.

dor· la palanca en su movimiento arrastra consigo el émbolo,
que' á su vez mueve el carrete y comprime el resorte recuperador; al
girar el carrete,presenta el primer cartucho á la recámara, estando
desde luego dispuesta el arma para fundonar automáticamente.
Oprimiendo el ~isparador el resorte que está comprimido, _lanza
el mE&gt;canismo hacia adelante, arrastrando un cartucho que mtroduce en la recámara, al detenerse, la aguja que se mueve libremente
entre el cerrojo, y sigue su movimiento haciendo el disparo simultá. neo al tocar la cápsula \fel cartucho.
.No teniendo 1os gases otra salida que la perforación del cañón, pasan á la cámara de gases y
ejercen presión sobre el émbolo hacia atrás; éste,
en su movimiento, saca el cartucho quemado, y
haciendo girar el carrete, presenta un nuevo proyectil.
Los cascos quemados sofi arrojados por un orificio
y
van
á
chocar
contra
un cojinete de caucho que los lanza á dos
J: NTRE las máquinas de guerra metros de distancia, mientras
que el apuntador da al arma un moL, más perfectas y modernas, desvimiento
horizontal,
para
formar
el fuego de «abanicoi,.
cuellan las ametralladoras Hotchkiss, que la Secretaría de Guerra y
:1:**
Marina adquirió últimamente por
Para
hacer
más
interesante
nuestra
información, publicamos en
conducto del Brigadier don Manuel
Mondragón. Dichas máquinas son de invención americana y fue- estas páginas una serie de fotografías relativas al manejo del arma
y á su conducción á lomo de mula.
ron construídas en los talleres de Saint Chaumond (Francia) .
Al ser recibidas en esta capital, una comisión técnica, nombrada
por la misma Secretaría, emprendió un detenido estudio sobre el particular,y tras una minuciosa serie de puebas y experimentos, se
obtuvieron los resultados más sorprendentes y safafactorios.
Lás mencionadas bocas de fuego, tienen por peso total cuarenta
y un kilogramos. Dos acémilas son suficientes para transportará lo'llo
una ametralladora, llevando un cofre de piezas de respeto y ocho
cofres de municiones con RUS respectivos cargadores.
Puesta la máquina en batería., puede en un momento dado disparar simultáneamente y sin interrupción, en siete
minutos, dos mil cuatrocientos cartuchos, ó sean
trescientos cincuenta cartuchos por minuto, consumiendo cartuchos iguales á los del fusil Maüsser,
reglamentario en el ejército, lo que facilita en extremo el aprovisionamiento eJ?, los Parques y Secciones de Municiones.

SISSOI VELnu; ·
OSLIABYA.

SEVASTOPOL, .

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�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

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""~-~~~-::-:'f ,'.:'! .~LAS AME.TRALLADORAS IIOTCHKISS. - ESCUADRA EN:uoLUMNA. - LAI CONDUCCIÓN DE ', HERRAMIEN'l'A s.

TOLSTOI
Después de la muerte del Nazareno _b?hem~o, ningún otro sublime v1s10nano ha desafiado el Gólgota.
L~s pasados ~iglos no vieron
surgir otro nuevo Redentor. La
casta salvadora estuvo estéril por
muchas centurias.
Nadie trató de hacerse mártir
p~r los vi~jos dolores humanos.
Ninguno mtent6 protestar ante la
crueldad de los chacales para con
los albos corderos.
Pero el siglo ha cambiado su
panorama desolador y terrible.
¡No son iguales los tiempos!
Un sacrosanto tronco eslavo ha
dado á la humanidad triste un
nuevo Salvador.
Los mártires tienen ya un mo-

-.

de_rno rabino que. enjugue sus lá~
gn.mas.
La melancolía tiene consuelo
el frío pieles, el hambre pan. '
El alma del eremita nuevo está iluminada por el mismo s~l de
Nazaret.
El evangelio viene hoy de las
estepas de Siberia.
El apóstol es ruso.
Viene armado de la rebelde corn"amusa pastoril-en sus labios
pálidos está la palabra formidable
que habrá de hacer lucir nuevas
auroras.
. Tiene toda la neurosis de los
d~oses, y los enigmas de los magos
hierofantes de la salvación'
Tiene nombre de fiera y ~l alma
de Jesús.
¡Salve al Le6nl

Fotog1•ct fias d e Arriaycr.

JUAN D' SoLA.
LA AMETRALLADORA EN BATERÍA. - PECHO EN TIERRA.

M

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·" ,. . " ...

ELITA y Jorge se hallaban muy tristes
desde que Jack, el fiel Jack, había sido
arrojado ignominiosamente de la casa.
¿Por qué aquel noble é inteligente animal, que
tantas muestras de fidelidad diera á sus amos,
que tomaba parte en todos los juegos de los niños y velaba día y noche por la seguridad de
la apartada cabaña, había sido, de repente,
objeto de tamaña ingratitud?-Porque es un
mal perro - había dicho Juan, el padre de Melita y Jorge, como única explicación de su conducta.
A Rosa, la mujer de Juan, la había causado
también mucha tristeza aquel acto, pero la ferocidad de su marido la obligaba á callar, temerosa de recibir algún maltrato ne parte de
aquel hombre inhumano; y cuando los niños,
acercándose á su madre, que cosía sentada en
el dintel de la puerta de entrada, ó preparaba
la cena para el esposo ausente, 1a preguntaban:
¿por qué Jack no vive ya con nosotros?, Rosa
les respondía: Porque así lo ha mandado vuestro padre y es preciso obedecerle. Y procuraba en seguida un nuevo entretenimiento para
hacerles olvidar su pena.
Los niños tornaban á sus juegos, pero bien
pronto, en cualquier momento del juego, la presencia de Jack hacíaseles indispensable, habituados como se hallaban á que el buen animal
tomase parte en todos sus pasatiempos.
¡Cómo se acordaban entonces de la primera
vez en que aquél se ha.bía presentado á la puerta de la cabaña, cual un pobre mendigo que demanda calor y sustento! Era el invierno, la
nieve caía.ten blancos copos, el viento helado
de la noche lu~cía cruFr los árl¡oles de_la.

selva cercana y los niños acurrucábanse cerca
del fogón, . contemplados tiernamente por su
madre amorosa. De pronto, escuchóse un rumor, como: si la puerta hubiese sido empujada
por algúien,'y los niños se estremecieron.
-No temáis- murmur ó la madre, estrechándoles contra su pecho,-es el viento el que ha
empujado la puerta.
Nuevamente el ruido se hizo escuchar, esta
vez acompañado de un débil gemido.
-¿Es el lobo, mamá?-preguntó Jorge.
- Dormid, dormid-replitló la buena mujer,~
que~está bien¡cerrada la puerta, y el lobo no
podrá entrar.
Los gemidos continuaban; Rosa acercóse de
puntillas á mirar por la rehendija: afuera, la
silenciosa. luna dt:,slizábase en el azul recamado de e~trellas, retratándose sobre las aguas
del río que cruzaba á pocos pasos de la cabaña y separaba á ésta del camino que conducía
al pueblo cercano.
-¿Qué miras, mamá ?- interrogaron los niños.
-Miro á vuestro padre que llega por el camino y ha desamarrado la barca, para pasar
en ella.
A los pocos momentos, Juan entró, seguido·
por una sombra que se arrastraba trabajosamente. Era un pobre perro de unos cazadores
que habían pasado por ahí dos días antes, y
al_ cual habían herido, dejándolo abandonado
en medio del bosque.
-Arrojad á ese animal!-gritó el padre.
-Papacito-respondió Melita,- míralo cómo
está. Lo curaremos primero. ¿Quieres?
Y tanto y tanto rogaron los niños, á quienes
su madre había predicado la piedad para con
los antmales, que el padre consintió, á condición de que una vez sano, el animal sería arrojado de la casa.
Pasado el tiempo, el perro sanó, pero los niños no se atrevían á necírselo á Juan, temerosos de que éste recordara la promesa hecha.
Como que el huésped había acabado por ganarse el cariño de Melita y Jorge, lo mismo
que el de la buena Rosa. Desde su alivio,
J ack ( así le habían puesto por nombre) aprovechaba la menor oportunidad para demostrar su cariño y agradecimiento: él vigilaba
por la ~Qc~e1 ll,l red~\!Qr \le lll, cabaña, p11,ra. im•

pedir que el lobo entrase al gallinero· él era
quien acompañaba á los dos hermani~s, cuando su madre les enviaba á cortar yerbas para
sazonar la comida, llevando la canasta entre
los dientes; él quien hacía veces de caballo
arrastrando el carrito con que solían divert.ir~
se Jorge y Melita; ó bien, cuando el viento y
la lluvia arreciaban fuera, ¡con qué grata
docilidad prestábase á todos los juegos de
los niños y se dejaba vestir la vieja chaqueta, y el cuello de papel, y la gorra y las antiparras, contento con la ruidosa alegría que su
facha provocaba en el ánimo de sus pequeños
amos!
Pero una vez en que Juan, después de haber
bebido más de lo regul ar en unión de sus amigos, llegó á la casa, tropezó con Jack, que se
había adelantado á recibirle. Su cólera no tuvo límites, y, 1,.cordándose de lo ofrecido, tomó
un enorme garrote y arremetió ciegamente contra el desgraciado animal, expulsándolo para
siempre de aquel albergue.

***
Desd~ entonces Jorge y Melita se hallaban
muy tristes. J ack rondaba día y noche cercad
láa cabaña, y, cuando la puerta se cerraba, ib:
ec~arse enfrente de ell a, gimiendo sin cesar.
Cierta noche, J'uan, que entretenido por ·sus
amigos, había tardado más que de costumbre, ll~gó por el camino, y desamarrando la
barqmlla, penetró á ella, para pasará la otra
~argen del río. Mas su torpeza le hizo perder
bien pronto el equilibrio, la barca zozobró
. f ,
' y
J uan ue arrastrado por la corriente.
Jack, que había visto esto, acercóse en dos
saltos al río, echóse á nado, y, afianzando por
las ropas al náufrago, logró sacarle victoriosamente hasta la orilla.
Cuando _esto supieron Jorge y Melita, recor. daron !l,l punto la máxima de Jesucristo, tantas veces·r.epetida por Rosa·· «Amad á vuestros enemigos; haced bien á los que os aborrecen.:»
Tacubaya.
A. GONZÁLEZ C ARRASCO.

�EL KUNDO ILUSTRADO

El rODER DE UNf\ GUNf\
POR \V. R LIGHTON

Arreglo del inglés Pl4'ª
''.El Mundo Ilustrado,"

En una pequefia ciudad del oeste americano,
volver á los primeros días de su vida, ~e su
era conocido, y lo era también en veinte leguas
existencia libre y aleg1'e de hombre trabaJador
á la rednnda, por lo menos, Bill Ansley, pay
pobre.
triarca de los buenos tiempos; vecino de los
Otra vez fué á visitar al administrador de
más antiguos y millonario, según decían las
mente triste por la forma en que había crecido
viejas de la localidad.
sus bienes. Señaló entonces á la que llevaba su
su hijo. Era evidente que Billy se avergonzaba
mismo apellido ciertas rentas, que le permitirían
Era uno de esos tipos viriles que, á pesar de
de su padre. Y una tarde, cuando tomaba el
vivir elegantemente, y pareció olvidarse de que
haber pasado ya la marca de los cincuenta
fresco el viejo Bill en la acera, vió que, entraexistieran sobre la tierra un hijo suyo y una
años, permanecía tan fuerte-física y moralje de etiq neta, su hijo y otros varios meq uetremujer que le pertenecía.
mente-como si hubiera vivido tan sólo cuatro
6 cinco lustros.
fes de su edad, entraban á una cantina. Queriendo saludarle, porque hacía tiempo que no
Había sido un rudo trabajador. Cuando los
le veía, atravesó también él y se presentó ante
indios amenazaban constantemente á los pocos
el grupo de elegantes.
blancos que se atrevían á instalarse en la reNo había pasado un año, cuando se rumoró
-Billy-aijo,-yo pago esta copa.
gión, y cuando era preciso al inmigrante cocon insistencia que Billy, después de haberse
-Yn.
te
he
dicho
que
cuando
me
veas
con
menzar por desmontar sus tierras, para hacerse
embriagado en todas ].,.s tabernas y de haberse
gente decente. , ..
luego un campo y una choza, en esos lejanos
exhibido en ridículas situaciones, se disponía
No acabó la frase el presumido. Indignadítiempos, Bill se había distinguido por la enérá casarse también. Por supuesto que la novia
simo, ardiendo en ira, el viejo le dijo en alta
gica. actitud que conservaba en todas las cirera una señorita elegantísima y tonta, que se
voz,
para
que
le
escucharan
todos:
cunstancias de su existencia, no siempre muy
preocupaba solamente por la forma en que de-Me has cansado con tu actitud irreverente.
feliz ni muy tranquila por ende. Los buenos
bería llevarse la falda 6 por el tamaño que
Soy tu padre y deberías acordarte de que es
tiempos lo habían visto igual que los malos.
marcaba la moda última para los sombreros 6
precisamente mi dinero el que tanto gastas y el
los abrigos.
No parecía haber cambiado porque en su casa existieran á la feEl· viejo Bill supo el casamiento
cha comodidades, ni porque en el
de su hijo por un vecino que se
pueblo se le llamara respetuosapreocupó lo suficiente para ir á
mente el «señ:or Bill». Era siemturbarlo en su aislamiento y copre el mismo hombre, franco, a biermunicarle el suceso. Ni un múscuto, lleno de afecto para sus amigos
lo de la cara del viejo se movió al
y de adora&lt;1ión para el trabajo.
saberlo.
Había sido casado. Pero la pobre mujer que lo acompañó en la
***
época de prueba, que guisó para
Pero cuatro años después, sila comida de él y de su hijo en las
guiendo por las mismas calles, á
quiebras de la montaña, amenazala misma hora, conlsu mismo traje
da por los lobos, no había podido
de trabajador, su paseo cuotidiano,
vivir lo suficiente par·a ver cómo
tropezó con una señora joven, herel pueblo se hacía villa y la villa
mosa, pero con un resabio de malse convertía en una hermosa ciudad
dad en los ojos, elegante, pero con
progresista, industrial, rica. La
,.
cierta suma de efacatción en toda
pequeña casa en la que había pasasu persona.
do su vida de hombre casado, era
La señora llevaba un niño, pepara Bill objeto de culto reverente
queñito y enfermizo, que lloraba
y, para poder dejarla intacta, una
desoladamente. La señora, irritayez que la buena madre de su único
dísima, lo arrastraba materialmenhijo hubo muerto, construyó en el
te, para que, con sus débiles piercentro de la población un h0gar á
nas, lograra sPguir su marcha rála moderna. Pero muchos días los
pida. El viejo Bill tuvo un arranpasaba en atenta observación, en
que y se acercó al pequeño, llasu viejo hogar, como si quisiera
mándole la atención á la madre.
evocar la sombra de aquella comNi uno ni otro se conocían.
pañ:era de su vida de miserias y
Pero al preguntarle al niñ:o su
de trabajos.
nombre, el viejo quedó estupefacUn pesar amargaba su existencia
to. Era su propio nieto, al que no
y lo hacía más rudo, más arisco ·
conocia, de cuya existencia sólo teaún que lo que siempre había sinía una vaga noción, por haberle
do, al decir de sus camaradas de
comunicado el hecho ali¡ún vecino.
cincuenta años atrás. Su hijo úniPero jamás se había detenido Bill
co, Billy, como en toda la ciudaC:
á pensar que era abuelo.
le decían, parecía no haber sido
Al ver á la criatura,con sus granhijo de aquel valiente hombre de
des ojos inteligentes y llorosos,
labor y &lt;le aquella señora dignael anciano sintió rápidamente que
mente miserable. Parecía mejor un
su naturaleza toda se removía.
señorito, y sus amistades así lo haLas afecciones descuidadas años
cían notar, burlándose de su oriatrá~ no habían muerto. Se engen.
contraba súbitamente en presencia
Bill, el padre, era un hombre
de su nieto. Y creyó que el mundo
adusto. Conservaba los mismos vestodo cambiaba, cuando las miratidos baratos y amplios que toda
das del pobre niño enfermizo se
su existencia había llevado. Unas
fijaron en él con la dulce confianbotas altas de recio cuero; un pantalón de pana,
za de la inocencia.
que te permite rodearte de amigos elegantes. En
siempre de la misma forma; un sombrero de
-¿Te quieres ir conmigo?-le preguntó.
lo futuro seremos dos extraños; absolutamente
anchas alas, y su cam.isa de franela. Tal era
Y el niño quiso. La madre lo golpeaba y
extraños.
siempre su vestido, tal era su atavío. Lo mismo
cualquiera que en esos momentos se hubiera
Y abandonó silencioso la taberna.
cuando en un terreno árido y seco se encorvaba
ofrecido á amarle, hubiera sido seguramente un
bajo los rayos de un sol ardiente, que ahora
salvador para él
.
que en su despacho existía una caJa fuerte, la
No
tuvo
inconveniente
la
señora cuando el
más sólida y la más bien provista de la locaviejo Bill, diciéndole quién era, le pidió perPor varios años el pueblo entero vió cómo
lidad; lo mismo cuando ponía sus «vales» al
miso para llevarse al pequeño, en concederlo.
cada día era más triste la actitud del viejo Bill.
único tendero de la villa, por unos cuantos cenTenía demasiada prisa por llegar á la parte
Pero una sola palabra de desconsuelo jamás
tavos de abarrotes, que ahora que ponía sn
céntrica de la ciudad, en donde debería gastar
escucharon sus amigos. Jamás se le vió detefirma bajo documentos que valían mile~ de pealgunos dineros en las tiendas de novedades.
nerse, ni dirigir una mirada cuando por casuasos; siempre, en todas las estaciones, Bill llevaba la ropa descrita.
lidad se encontraba en la calle con el hijo. Apenas había' salido de.la taberna el día del suceso
Había enviado á· su hijo á la hermosa.Acafata.l, que tanto le envejecía, se dirigió á su
demia Militar que en aquel entonces existía.
El viejo Bill tomó cuidadosamente á la criaadminbtrador y le dió órdenes para que cierta
I,e había dotado espléndidamente de modo que
tura y la colocó en sus brazos. Recordaba
suma, cada mes, le fuera entregada á Billy,
tuviera no solamente lo indispensable, sino muemocionado la época en que su hogar estaba
«Ni un centavo más», le dijo,
cho de Jo superfluo. El resultado no se hizo
completo, vi vía su primera esposa y su hijo e1 a
Pero era evidente que el enorme hoirar nuevo
esperar. El muchacho creyó que sus padres
tan pequeñito que le podía llevar en los b1·azos.
era demasiado grande para aquel pobre homeran unos millonarios neoyorquinos, elegantes
Mientras el chico, que había adquirido confiany refinados.
bre solitario, en la decadencia de su vida.
zi. al verse tratado de tal manera, decía en su
Cierto día, los vecinos se decían, alarmados,
Cuando volvió de la escuela, en vez de pedir
infantil lenguaje plagado de preguntas inge«que Bill estaba porcasarse&gt;j y hasta se citaba
al padre que se fuera á descansar y ponerse él
nuas, todo lo que sabía acerca de su casa. Contó
el nombre de una vhda que se había distinguial frente de los muchos 1.e,;ocios, se sintió de, que su padre iba rara vez á su bogar. Que se
do por la largueza que empleó para gastar el
ilusionado por la baja a,curnia de sus progepresentaba ebdo frecuentemente; á veces pegadinero de su primer marido. La cosa era cierta,
nitores, evitó salir á la calle con ellos, y como
ba á la mad1·e. y el niño decía tener entonces
el padre no tasaba sus gastos, acabó por irse · según se supo después, pero esto sólo fué el día
mucho miedo. El viejo Bill se sintió indignado
mismo en que el viejo Bill y la conocida viuda
del brazo de algunos elegantes amigcs semasólo al considerar que un hombre que llevaba
se presentaron ante el juez.
nas enteras, sin comparecer en el hogar pasu propio ·apellido, fuera capaz de pegarle á
terno.
Sucedió entonces lo que muchos habían preuna mujer. Se acordó de la escena de la tabervisto. La esposa de Bill solamente se preocuna, en la que, años atrás, había quebrado por
paba por la manera de gastar dinero en .excen·
completo con su hijo. Y preguntó al niño:
tricidades, y el viejo marido volvió á encerrar- Dime, ¿no sabes que tienes un abuelo?
se en el mutismo que le caracterizaba, después
Bill, aunque nada decía., estaba profundaEl niño lo ignoraba. Nadie se había cuidado
de unas cuantas semanas en las cuales pareció
de decirle quiénes eran sus parientes. Bill se

EL MUNDO ILUSTRADO
l
. t'ó orno si su nombre fuera el de un
sintió angustiado al safe.~
1 ºj 0sii \ 6 ~ue la criatura hablara de todo,
hombre
muerto
ya.
Y
o
:
ªí
·
mientras su pensamiento segu a.en e¡ anos puntos ' en la pasada historia
de su Yidi. ya muy larga.
. • B'll
6 que el sol alumCuando_ llegaron á la casa, anttesb soltta;J.1:~ d:coi~i~s. La charla del
braba me¡or, que los cuartos es a an m
h
pequeño era suficien~ para alfgr~ todo ;\uf~~~~iso que la criatura se
Pasaron muy rápidamente as oras u parte tampoco deseaba volfuera. Bill envió al pequeño, que por s
ver á su hogar.

i8 ·

***

t

.
á enviar al netezuelo. Pero la
1
1 1•
Esperaba el ~i~jo Béildl qdu~ e vo :~fen Un amigo semanas después,
noticia que rec1b1ó fu e 1versa n
· b
f • ' • que el radre hafué á decirle «que el peq~ñ~e~~
s:se:~º
~t1::a~r!ns:~!idntraba
en el ca.ro1
1
cía
algunos días
no 1 aam1g_as
• • c »· Añ:adió
que el niño' en su delirio, le
po ya
visitando
á algunas
.
1
ua'ma_ba, y que ¡la ~~fe':-Tfªturªlf!
~~~~ª·del hiJO desconocido. Dej!5
1
Olvidó
todo
e
v1e10
d.í
.
pre
á la cabecera del pequeño deltpasar las noches y los as, siem
rante. y así pasó una semana. d. do or el insomnio y la angustia, el
Ciert3:
~oche,
cuandoba,yaperct
re~b!16 c~rto ruido en la puerta. Su hijo,
pobre
vteJO
se doblega
el padre de sul nie:ecilii teu=~~º~!rfab~;;t:.en~.guramente ba~ía paLlevaba
en eanter10r
ros _ro srn
. d ormir.
. A pesar de ello' ni una sola idea de
sado
la noche
venganza pasó por el cerebro del abu~o.la inmensidad de su deshonra
y le 1~ª:ín~r~l\g:t:~l
d!l~o:~e,~;:;Jitª
1/pb:~r:i!~ºdi!~:cir~td!á~.clent~~ó
que
yac a e pequenue
? •
.'
cariñosamente
la mdeano¡'·
d1ménNdol!e'
despiertes· Velaremos juntos á su
-Y a está fuera
pe 1gro.
o
lado.

o
b da ligereza. aunque la lealtad muevaSleo~~~t~~sª~,U~~~sef~~~!zcón\seºnc~do de los má.s hidalgos sentimientos.

*

1
aal irascible· empiecen por contemplarle algo
lo~~u~e sei~:nti~~ué ~!~e~~e,d3:d_padec~; no le irriten; no le puncen; concédanle siquiera lo qu&lt;i en 1ustte1a se le debe.

*

No se ha de buscar en el irascible solo el remedio co;tra. c~rtás.:e:;
afinaciones de su temperamento, sino también en la1 pru enc1a e qui n
se le acerquen y le traten.
*
Con dar la razón al que la tiene, no se agravia á :n¡i.die y se evita que
las cuestiones se caldeen. ·
*
Fruto que no alimenta, ¿de qué sirve en la heredad sino de estorbo?
JOSÉ M. PEREDA.

NUESTRO PAÍS.-PUENTE DE ZARAGOZA (COLIMA),

�EL :rrrom,o ll.USTBADO

I

EL MUNDO ILUSTRADO

~PAÜl~AS Dt LA MODA~
- ToGados Modernos\

\
\

\

'\
\

\ ....

Creo que con lo expuesto
bastará para que mis lectoras se formen una ligera idea
de los tocados, y procuren
emplearlos con toda coirecci6n, pues como dije en un
principio, nuestras damas
n o fijan toda su atenci6n en
esta parte de su atavío.

llevar pedrería cuando asistan á bailes
de etiqueta 6 representacionos teatrales de 6pera 6 conciertos.
Como el presente asunto es más extenso de lo que parece y debe ser tratado de varias maneras, lo amplearé
en las páginas de la moda que aparezcan en lo sucesivo en este semanario.

'írví)~

tL NlflGflRft

D

algunas líneas en este número al estudio del tocado femenino. A primera v.ista
salta la imp01tancia del asunto
desde el memento en. que nuestros damas, y tengo que decirlo
con toda franqueza, desatienden
un poco este arte. Lo llamo arte,
porque es el nombre que le ~orresponde; en efecto, se neceeita
un verdadero trabajo de imaginaci6n, una cerebr&amp;ci6n en toda forma, para confeccionar un tocado
sencillo y elegante.
No todas las cabelleras son igualmente abundantes, ni todos los
cráneos tienen la misma forma, ni las estaturas de las dam&amp;s son todas iguales ni son unas mismas las circunstancias de la vida para
usar un soÍo tocado. De aquí depende la diversidad de peinados que,
si no raya en lo infinito, si está muy pr6ximo á lo ini:ontable.
Designar «a priori" cuál es el tocado que ~ebe usarse, seria pei:der
el tiempo lastimosamente y no conseguir mngún resultado práctico.
Así pues eli las presentes líneas haré una ligera descripci6n de los
to~dos que m ás en boga están, y advertiré, como lo advierto desde
ahora, que las damas deben usar el tocado que más cmadre con su
estatura, abundancia de cabellera, etc.
E DICARÉ

***
Los numerosos modelos que presento á la consideraci6n de mis
lectoras en estas páginas de la moda, son apropiados para llevarse
en diversas ocasiones. Así es como encontraréis tocados para teatros,
bailes conciertos, soirés, «five 6 clock,,, etc.
Par~ puntualizar más mi cr6ñica y apropiarla á los modelos que
tenéis á la vista os diré que actualmente se usan, por regla general,
los peinados de'resplandor, es decir, aquellos en que la cabellera circunda por completo el cráneo, aumentando ficticiamente sus di~ensiones y formando lo que se llama una «gran cabeza.,, Estos pernados sientan perfectamente á las señoritas de dieciocho á veinticinco
años, y se llevan en paseos y visitas.

Los peinados «bajos,)) es decir,
aquellos en que la cabellera se
trenza y se acondiciona en la par•
te posterior del cráneo, son apropiados también para señoritas de
dieciocho á veinticinco años; pero s6lo deben usarse en visitas de
pésame, pues su natural confec·
ción indica languidez y displicen·
cia.
Los peinados de «raya,, so~
aquellos en que la cabellera se divide en dos á mitad del cráneo,
haciéndola caer á ambos lados,
rizándola ~obre la fi~ca y orejas, y recogiéndola con gracia para fo~mar un pemado «baJo" en la parte posterior de la cabeza. Estos pe1~ad_os, aunque ~6lo sient~~ bien á las niñas, pueden llevarlos las senontas en reumon~s fam1hares y bailes de confianza.

J OSEFINA.

Como en supremo arranque de heroiswu,
salta el tropel de espuma alborotada,
de peñón eu peñón , de grada en grada;
y revienta en perpetuo cataclismo.

Sigue el tropel en épico alboroto,
como un inacabable terremoto
que ingentes peñas.arrancó de cuajo.

(oj

Pf\Nf\Mfl
¡No! Tú no eres Corinto, en el que un día
se disputa.tan el laurel pagano,
en ardua pugna, hermano contm hermano,
hasta cejar alguno en la porfia.
Istmo de Panamá, no:en la bravía
lucha persigas el asombro)rnmano,
sino en hacer de dos sólo un oceauo;
que eso es paz, y es unión y es armon!a....
· • - ~ - ~..............,.__. ._ . _ _ __ _ ~

'Q

Ave hay que se abre el seno en los prolijos
cuidados de su amor: ¿de qué te ext ra.ñas,
si es por calmar el hambre de sus hijOS'I

¡Y, oh poder de un alambre, ese torrente
sólo llega á servir humildemente
para,mover las ruedas del 'l'rabajo!. .....

Tú, como esa ave, con tu propio acero,
te vas también rasgando las entra.ñas,
para darle la vida á un mundo entero! ...

..,.,,,. ,.ii~Ji\MtlA)'

***
El peinado de bailes de etiqueta 6 soirés de alto tono deben ser
serios y _apropiados á la fiesta en que_deben lucir. Los peinados de
«raya,,, o «baJos,&gt;J son porcompleto madecuados á estas reuniones¡
los que se llevan en tales circunstancias, son altos es decir formad os con toda la cabellera, de modo que esta se halle,
en su' mayor
'
parte, sobre.la cabeza, reservando algunas ccmatas)) para los lados Y
parte posterior. Estos tocados deben llevar un rizado compacto y fino,
d_e manera _de nacer que el cab~llo aparezca como «quebrado,)) es decir, como rizado al n atural. Sm estas condiciones el tocado de reu•
niones de etiqueta desmerece en lo absoluto de 1~ elegancia del traje y del carácter de la fiesta.
Los tocados de naturaleza diversa que no hayamos mencionado
en. estas lineas, los podrán ver n uestras leqtoras en los grabados
adJuntos. Por lo que hace á los adornos de los tocados manifesta1é
á mis lectoras lo que ya deben saber, es decir: que nada sienta tan
b!en al t?cado de una_señorita, como una rosa blanca prendida con
cierto deJo y con grama¡ que las señoras no deben llevar flores en el
tocado, á no ser que se trate de fiestas campestres, y que deberán

0)~

~~~~

Se revuelve el caudal sobre si mismo:
y tinge ante la extática mirada,
la ilotante melena enmitrañada
de un león que ruge en el profundo itbísmo.

~~~º

Cada volcán levanta su figura,
cual si de pronto, ante la faz del cielo,
suspendiesen el ángulo de un velo
dos dedos invisibles, de la altura.
La cresta es blanca y como blanca pura,
la entraña h ierve en inflamado anhelo;
v sobre el fuego aquel contrasta el hielo.
~ual sobre una pasión un alma dura.

Cruje el taladro; el garfio que se aferra
destroza el pedernal: salta el cascajo;
y á cada s6n que repercute abajo,
lo que va abriendo el hombre,el mar lo cierra.
El agua se hace fango y miasma luego;
y envuelta en ese miasma se desprende,
como una irradiación de las montañas,

Los volcanes son túmulos de piedra,
pero á sus pies los valles que florecen,
fingen alfombras de pintada yedra;
y por eso, entre campos de colores,
al destacarse en el azul, parecen
cestas volcadas derramando flores!....

'

Contra Natma en formidable guerra,
triunfa la eucaristla del trabajo:
antes de unir dos mares con un tajo,
se unen todas las razas de la tierra.

,

la fiebre tropical, garra de fuego,
con que la Madre Tierra se defiende
del que le va arrancando las entrañas...

José Sanws Chocano.

�EL J4UNDO llUSTlW&gt;O

LOS VIEJOS
Agoniza en el mísero aposento
1a llama del bogar. Un melancólico
fulgor oscila al pie del blanco muro
y alumbra tristemente los contornos
de las combadas vigas.
A intervalos
sopla el viento sus lúgubres rezongos
por entre las rendijas de la puerta,
y entonces de la hoguera se alzan rojos
fulgores que en la sombra se dilatan
con.,o miradas de terror que á poco
se extinguen en un súbito desmayo.

***

Cae la lluvia . .Rómpense los chorros
en las s~noras charcas y chasquean

de la fugaz corriente. Un calofrío
estremeció los descarnados troncos,
cuyos ganchos sin hojas se agitaron
en un espasmo convulsivo, como
si fueran á romperse ...... »
Con voz suave
la anciana dice tristemente:
«Somos
en nuestra soledad como los viejos
árboles sin follaje. En el otoño
de la vida perdimos nuestras galas.
Del cierzo de la muerte al frío soplo
cayeron nuest!'OS hijos, como al viento
caen las hojas otoñales. Solos
estamos en el campo de la vida
como esos negros y torcidos troncos
que las rachas combaten.
Uno á uno
se fueron nuestros hijos al i¡:moto
país á donde van viajeros p á lidos

de la sombría estancia, se quedaron
mudos también, y sus abiertos ojos
se dilataron en la negra sombra,
y mirando sin ver, en cruel insomnio,
quedáronse pensando en otros tiempos ...
... Cuando vertía el sol sus rayo, de oro
sobre la limpia choza, y era buena
la vida, y florecía el campo y todo
respiraba contento. Cuando alegres
resonaban los cánticos sonoros ·
de los rubios muchachos que corrían
entre las flores del jardín y en torno
del alero volaban gorjeando
risueñas golondrinas . . ..

***

Cuando el alba
filtró un tenue reg_uero luminoso
por el resquicio de la puerta, siempre
los dos viejos tendidos en el fondo
de la estancia sin luz, permanecían
mudos y sin cerrar sus turbios ojos ....
M. MAGALLANES MOURE.

••

RUTA
En la escala gloriosa del arte
en estancias el alma comparte
el sendero de mágica lumbre;
el placer, que las rutas inicia,
el amor, que eh la brega acaricia,
y el dolor, que conduce á la cumbre.
Es efebo, el placer, que sonríe
al perfume inicial qne deslíe
en el alma la flor del deseo,
y á su influjo, se anima y palpita
la sensual concepci6n de Afrodita,
del color 6 del mármol trofeo.
El amor es audaz v1s1onnrio
que persigue Bethleen 6 Calvario
y en el alma fecunda su empeño
que en la malla del arte aprisiona:
simbolice capullo 6 ma&lt;lonn
de la rima y del ritmo es en;urño.

ll:L MUNDO ILUSTRADO

TU CONFESION
Te estoy mirando de hinojos
del confesonario al pie,
y hay tal unción en tus ojos,
que el que te ve siente antojos
de hacer lo que hacer te ve.
Eres un bello argumento
de fe para el corazón;
con santo r ecogimiento·
te adora mi pensamiento,
ángel de la contrición'.
Mas .... bajo el fervor d ivino
yo no sé qué alcanzo á ver:
aun divisar'imagino
tras del ánge;l peregrino
el Luzbel de la mujer.
Y en ese velo que, puro,
cual un piadoso conjuro
protege tu confesión,
estar viendo me figúro
retozar l't tentación.
Sube de pronto tu duelo,
tu confesión larga va ....
y alcanzo á ver tras el velo
cierto rubor .... ¿Es el Cielo
quien tales rubores da?
Tus linda, manos ahora
con golpes de pecadora
hieren tu pecho á. porfüt,
¡en mala parte, á. fe mía,
das esos golpes, señora!
Te haces la ci-uz. No diré
si bien ó mal hecha fué;
Mas, si con verdad te hablo,
mucho me temo que esté
detrns de la cruz el diablo.
Aún no te levantes, no,
Que un consejo voy á dart1 :
por si algo se te ol vidó,
Juzgo muy prudent~ yo
que vuelvas á coafpsarte.
R&lt;ifael Po»ibt&gt;.

México, D. F.
La prime&gt;ra Médica Cirujana de
la EscueladeMéxico, DoctoraMatilde P.Moatoya, baescrito y firmado lo siguiente, que bien merece ser
leído:
«Ea esta époC'a y en este país, en
donde ta.ato abundan los niños escrofulos0s y débiles, difícilmente
h·•brá un médico que no recete todos los días la Emul~ióa de Scott,
que por el aceite de bacalao y los
hipofosfitos que contiene, se considera como uno de los más preciosos remedios en la terapéutica i nfantil».

Et tEst.11mEnto

del Ilmo. Sr. Arzobispo Fechan

"SflNTfl FE" ~flMEJOR RUTfl

Los bienes fueron valuados en $125,000.

A D~nver, Kansas City, St. Louis, Ohicago, New York,
San Francisco y Los Angeles

La ma!}'Or parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mutua", Compañía de Seguros sobre
la vida, de Nueva York.

Hace pocos dfas que ee practicó
la aipertura del testa.mento del Ilustr!simo Sr. ArzoMspo D. Patricio
A. Feehan en la ciudad de Ohicago,
Illiaois. La fortuna doeQ distinguido
prelado ascendió á ,cerca de . . .
$125,000 oro americano; y según el
i,n ventario que se ha publicado, los
bienes que dejó fueron como sigue:
Dos póli:z,as de "La
Mutua,"
Compañia
d.e Seguros sobre J.a,
Vi,da, de Nuev,a York,
por $25,000 oro cada
una, ó sean. . . . . $ 50,000 oro.
Divid•e ndos acumnlaidos
,s obre una d•e las pólizas. . . . . . .
9,329 oro.
Ot11a póliza de seguro. 14,000 oro.
Acciones en efectivo y
en·Baaoos . . . . . . 37,000 or.o.
Entre los disposiciones del señor Arzobispo, en su t-estam•ento, se
hicieron ésl.as:
A su hermana, señorita Kate
F'eehan, que estuvo siem1¡1re coa él
hasta su muerte, $40,000 010 en bonos y $25,000 oro en unai de las pólizas de seguro; á la señora A,na A.
F'E&gt;ehan, viuda d~I s,eñor doctor
Eduardo L. Feehan, hermano del
señor Ll\rzobispo, $25,000 oro de
otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efeclivo; á la Academia d·e San Patricio de Ohicaigo, de la qu,e es preceptora su hermana, Madre Maria
Catalina; $10,000 oro de la ú.Jtim,a
póliz.a; :i la escuela "Santa Mar!ai"
doe enseñanza prá.ctica para va.rones, de Fe€ib.a.nvme, Illinoi,s, que
era la institución por la que más se
interesaba, el señor ArzobiS'PO, &amp;e
entregaron los $4,000 resta,nt,e,s de
.Ja última póliza.

b \:· 1t:.:, c1 ,,.,,. t:i..l 11u..:, c11 \..,a,1 1·v 1..., u 11uau µ"'n:t. Luuus lus lJUutos eu

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El dolor es tirano que oprime
6 Jordán ideal que r&lt;idime ......
¡pero siempre en el alma perdurn!
y á su imperio tenaz que reclama
al llegará la meta, se inflama '
rima y ritmo, color y eRcultura !

la llustrMión
ts~añola
Americana.

FEDERICO DRRBA~H.

Es en su clase el Periódico
de más circulación en México.

00
Pensamientos
P ? co hec_ho y trabajado est(t el lenguaje literario espanol, pat·a asimilarse los matices de •
la conversación cori-iente.-PÉREZ GALIJÓS.

*
Las diferencias entre la manera de escribir y
la man.era de hablat·, son desesperación y escollo del novelísta.-PÉ1rnz GALD6s.

*

¡Una limosnita.....!
( Fot.

las gotas que con ímpetu rabioso
arroja el vendaval contra los vidrios.

***
En la mísera estancia, al melancólico
resplandor de la lumbre agonizante,
hundidos en su.; lechos haraposos,
los viejos hablan muy pausadament e.
Dice el anciano como en un sollozo:
«A la tarde, hoy be visto desprenderse
las postrimeras hojas. Poco á poco
cayeron, y como aves moribund&amp;.s
trazaron amplios círculos en torno
de los desnudos árboles. El cierzo
vino después y las echó al arroyo.
Entonces yo las vi cómo subían
y bajaban flotando sobre el dorso

L nr,el'cio.)

que no vuelven jamás.
En el otoño
de la vida, como árbole, perdimos
nuestro follaje único ..... .
Los troncos
volverán á cubrirse en primavera
de nu_evas hojas verdes .... y nosotros,
por siempre nunca recobrar podremos
nuestras hojas caíd as .... »

***

En el lóbre"'o
aposento la llama moribunda º
del hogar se apagó. Los bulliciosos
chasquidos de la lluvia se extinguieron ·
del viento se acallaron los rezongos
'
y, en medio del silencio de la noche
los dos viejos, tendidos en el fondo'

Sea cual fuere l a categoría de un ir:dividuo
su talento, instrucción, etc., es un contrasenti~
d? ~l llamarl~ honrado 6 decente, si tiene el
victo de embriagarse. Envenenador de su proP!ª sangre y d~ la de aquellos á quienes da la
vida; desmoralizador de su familia; malversad?r del _propio y,_ muchas veces, también del
aJ_eno drner1; envilecedor é inutilizador de sí
unsmo; .escandalo de la sociedad de que por
desgracia forma parte: verdugo de quienes están. bajo su abo~reci_ble imperio, es indigno el
ebrio consuetudmar10 de que se le apliquen
aquellos tan honoríficos calificativos. -OIINET.
¼

No solamente la parte intelectual sino también, y en gran manera, lo merame~te material
de la prensa de un país, da una idea bien clara
del actelanto por él alcanzado.-BRYAN.

Publleación predilecta de las damas americanas como la mfts completa y 11til,
&lt;1ue ft la vez que constituye un repertorio de educación y de recreo, lnspiraido en
la moral mfts estricta, permite armonizar la economía con el decoro y la elegancia.
Contiene selectos grabados de modas, Yarindisimas labores, art!stlcos figurines
Iluminados, l1ojas de patrones trazados al tamaño natural, dibujos para bo1•&lt;i:ados.
Publica novela-s, crónicas de teatros y salones, poesías, müsica, recetas, &lt;:ontes•
taciones ft consultas, etc., etc. Cada n11mero consta de ocho pftginas, un figurín iluminado y una hoja de patrones, labores ó bordados.
ANO

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Revista de Bellas Artes
Literatura y Actualidades.

LA ILU::.'l'RACIO~ ESPANOLA Y A~IERICA;,,A, i.evista de Bellas Artes, Ll•
tera tura y actualidades, se publica los dfas 8, 15, 22 y 30 de cada mes, constando
cada ano. d:e sus números de una cubierta y dieciséis p!iginas, v,ulas de ellas con selectos grabados, debidos al 1'1.plz y al buril de los primeros artistas.
Consecuente con su trtulo, que es al prop:o tiempo su programa, LA ILUSTRACI0:--1 reproduce por medio d el grabado, del fotograba.do y ó:e otros procedimientos moñ·ernos, ,los sucesos Importantes del mundo entero que atraen la atención
general, ~uadros y esculturas notables de todas las escuelas, monumentos arquitecLXII DE PUBLIOACION.-SE PUBLICA LOS DIAS 6, 14, 22 y 30 tónicos antiguos 6 modernos, ren,atos de los personajes de reconocida notoriedad, etc.
La E.ecci6n literaria, confiada ft los mis distingul&lt;fos escritores, contribuye efiDE CADA MES. PRECIOS DE SUBSCRIPCION
cazmente !l. hacer de esta publlcacl6n una verdadera en'Ciclopedla ó:e nuestra época.
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Cuando la abundanda ó el interés de los asuntos artlsticos y de actualWad lo reclaFRANCO DE PORTE
ma, se qistrlbuyen Suplementos gratis para los señores Subscriptores, los cuales son
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tiene nombrados Agentes en las principales poblaciones; é.~tos ha&lt;:en entregas, cobros, etc., ete., asi qne cua'.quier reclamación que haya re&amp;pecto del -servicio, debe
bacet·se al Agente en cada población, y de no ser atendida, ;l. la Agencia General.

Los señores Agentes en lo~ Estados, ~ebcrán cobrar
los precios" arriba expresados.

PRECIOS DE SUBSCRIPCION, PAGADEROS EN PLATA POR ANTICIPADO EN M,EXICO Y SUS 'ESTADOS, FRANCO DE PORTE

Un año, $15.00

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Toda sub_scripcl6n hecha por año, gozará d:e 1'::--' ALMA;,,AQUE ARTISTICO publicado por LA ILUS'l'RACION ESPANOLA Y AMERICANA. Las subscripciones por
seis meses, de la preciosa novela del eser! tor
m~xlcano,
Don Jes1ís Urueta,
"I!'RESCA."

Ag~ncia General en la República Mexicana,

Herrero Hermanos,
MEXIC0.-10, Callejón de Santa Clara, 10.-Apartado 671.

�Año XL-Tomo L-Númer 5,

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Enero 31 de 1904

Precio del Ejemplar, 50 centavos',

LMUNDO
LUSTRADO

�UNDO LUST~ílDO
Año XI-Tomo !-Número 5

·JII Pu~rto ·a~ u~racruz
Grandes Almacenes

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de Ropa y Novedades.

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MEXICO,ENERO31 de 1904

Subscrl¡icl611 me11sual forá11ea ......$ 1.50
ldem
ldem en la Capital,$ 1.26

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA
Registrado como art!culo de segunda clase, en 3 de Noviembre de 1894.

Gerente: LUIS REYES SPINDOLA

Segunda Monterilla

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LA PRIMERA L.ECCION

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l ?ot. de EL JEUNDO I LUS1.'1U .DO

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>México</text>
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                <text>Siglo XVIII</text>
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                <text>Siglo XIX</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>p41acio·dt fiitrrot s.

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14.00

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~ex l. JTJ:Xr \. D E REVO LUC IONA.R IOJ u osos EN PAUIS

�El ffllftllO 11u tralle

ti Testamento

t)el lllmo. Sr. ArfobispoFeehan

Cuando usted Envejezca

--+Las bienes 1u·eron n luall&amp;s en S 125,000

.

L¡¡ may or parte oe lo test a oo·

co,

s istía en dos pólizas Qe $25,00I
cada una, t omadas en. "La M,
Exa mon de adml•lón
tua," Comp af,ía de Seg uros lit
Reservista: No existé ningún colegio ó
bre la vid a. de Nueva York.
academia que se ocupen exclusivamente
de preparar á lqs jóvene; que 111gres ,n al
Hace pocos dfas que se pract.ict
Cole)!:10 Milit,rr. Despu~s de terminar la
la apertur a del teso.men to del Ilus
ln~truccion Prinwria Superior, alguna pertrfsl.mo Sr. Arzobispo D. Patric1,
sona e11 lo part1-:ular puede e11c,1rgarse de
A . F eeh a n e n la ciudad de Chlcagn
impartirles los cono-:imientos ne-:e~arios.
Illinols. L a fortuna del dlstingulJt
según lo, reglamentos respectivos. En
prelado ascendió,. a. cerca ele. . .
cuanto al tiemro neces:irio para el apren1.11Zaje, suele calcularse en dos ó tres me$125,000 oro a m ericano; y según P
ses.
inven tario q11e se h a publicado, lo,
Para destr uir gdflos
bienes que dejó fu e r on como sig•1p
Namikó: Se toman
gramos de jabón,
Dos pólizas de "La M uigual cantidad de azufre, é igual de seta~
tila," Compañia de Se~ilvestres, y se pone todo en 10 litros de
agua. Se hace hervir la composición, y una
guros s obre la Vida.
vez fria. se rocian con ella los sitios frede Nueva York. por
cuentados por los animaiillos, s iendo és$25,00 oro cada una,
tos destruidos Tápiqamenk
ó. sean. . . . . . . . $50,000 or•
E"iéitaclón nerviosa
Dlvidendos acumulados
,s . O,lena: El cansancio céret&gt;ral' y las
sobre una dEI 1"s póllpesadillas, s ueños agitado,. etc.. procelizas . . . . . . . . . . . 9.::w or:., den las más veces de ,iigestión difici l. ToOtra póliza de seguro. 14,0Q.O -or,
me Ud. jarabe de bromuro de potasio y a lgunas pildoras laxant es.
Acciones en efectivo y_
en Bances . . . . . . a7,000 a r,
Berro, , pocas, y ospl nlllu .-EI juego de
Entre la s diS1)osiciones del 1,
ba,e-ball
flor Arzobispo, en su testame::m
Maria Pontones: Los barros. pecas y
espinillas, dependen algunas veces del
se .hicieron és t as:
cutis, cuando e5t e es reseco ó, por el conA s u he rmana, se ñorita Kate
t rario. muy grasoso, ek. pero ot ras muF eehan, que estuvo s ie mp r e con (-,
chas tienen _su origen en afecciones intehasta s u m uerte, $40,000 oro en 00
riores.
Si s u sangre esta enferma, de nada le
nos y de $25,000 oro en una 'de la~
sirve usar pomadas y preparaciones al
pólizas de seguros: á. la señor.
,
e'
x
terior, sino que debe Ud. seguir un méAna A. F eeha ó., viuda del se ño;
todo curativo para la anemia y la clorosis,
•· Doctor Edua r do L. F eehan, herm a_
y cuando la sangre haya recobrado los
no del señor Arzobispo, $5,000 ori
elementos que le falt aban, desaparecerán
de otra de las póUzas-, y f5,000 oo:
los barros y espinillas, que r ara vez se encuentran en las personas sanas.
en efectivo ; !!. la Aca demia de Sa1;
-Las señoritas mexican¡¡.s no juegan a l
Patricio de Ch icago, de la que e1
base-ball, porque además de ser demasiaprece ptora su h e rmana, Madn
do fuerte este juego para su organismo, es
Ma rta Catalina, $10,000 oro de lo impropio para s u manera de ser y sus cosültima póllza ; á la esc uela " ~ m h. tumbres.
Marta" de enseñanza práctica ¡&gt;a
Uso d~I egue pa'ra blanquear la cora.- Manra va rones, a e· FEl"eh1lnv1lle, Illno1~·
. ·chn'de faerro. - Enfermedades de los
dientes
que era la institución por la qm
1\ \: L. R. : El agua para bla nquear la
m!!.s se tnt eresaba el s e ñor Arzo
bispo, se entre garon los $4,000 re,
tantes- de la últ.lma· nl'lllza

,o

:r 1ABON

APOLO

cara se aplka con una esponjit a, después
de naherse lavado con agua t ibia y jabón:
luego se enjuga con la tualla y en seguida
sepone polvo.
-Debe ·decirse dismteria. y no '·desentéria" ó '·disentéria."
. -Las manchas de fierro se quitan mopndo el lugar manchado con una solución
dti sulfuro de potasa: cuando la mancha
se ha puesto Ob$cura, se vierte sollre ella
una gota de ácido clorhídrico, dilatado en
agua: luego se lava con agua y jabón.
- La enfermedad de los dientes llamada
piorrea. consiste en que se supuran las
encias. Es contagiosa.
Conservación do acoitunu y alcaparras

Los C_h_ícharos: La única manera de que
los bam htos ni absorban la hu medad ni
dejen evaporarse s u contenido, haciendo
rese~ar las aceitunas y alcaparras, es
barmzarlos con alguna s ubstancia que los
l)aga impermeables.
Las aceitunas y alcapa rras s e conservan en agua salada, s uprimiendo el vinagre, que es el que fo rma esa capa blanca
de mal aspecto.
Orzuolos ó perrillas.-Grletas en los labios

Edelmira: Los orzuelos, lla mados vulgarmente f&gt;drrillas, s on pequeños t umores
inflamatorios con se.:redón purulenta
que se f_orman en la orilla del párpado.
ben aplicarse sobre ellos lociones mucilagino~as de raíz de altea y cataplasmas
emohenles de harma de !maza; s i el dolor
fues_e muy vivo, se agregan algunas gotas
cte lauda no.
-Para que desapa rezcan las grietas de
los labios, se usa una preparación de 1
pary:e de ¡j,cido bórico dis uelto en 2_¡ de gljcenna, se añaden 7 partes de lanolina anhidra y 70 de vaselina, dando color con un
poco de carmfn y aromatizando ligeramente á voluntad. Se aplica sobre las grietas
varias veces al día.

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sale en ella un olor de claYo muy fuerte
que poseen sus flores en un grado muy su-oerior. Es verenne. ele raíz leñosa y ramosa. l ' su tallo.algo tendido, nudoso y ramoso, se e leva ,L la altura de ('uarenta ó cincuenta centímetros. y e~lá vestrd&gt;L de much,t.s hojas nersistentes. opueshL";, lineares,
largas, vunt iagudas, a canal"das, lampiñas y blb11&lt;1 u eeinas.
De los nudos superiores del tallo, salen
alg unos 1·amos s 1&gt;ed ú11culos más delgados
terminados por una ó dos flores, compuestas de un cáliz permanente de un:, Pieza,
tubuloso, cllíndrico, ¡,artido en cinco dientes agudos y cubiertos en s u ba.se por cua·
tro esca.mas exteriores vet1ut:ffias .r aova.das, de una corola do cinco vétalos casi
t riang ulares. con sus u1á.1·gencs redondeados . recortados y festonados l' de color de
rosa ó encarnado. con uñas blanquecinas,
tan larga,, como el cáliz l. contenidas dentro de él. Tienen diez estambres y un germen con dos estilos y dos estigmas re,·ueltos Que se con,· ierten Pn una caja. aovada.
cilfnclrica, de una celda, que se abre por
su ápice en cuatro ventallas s encierra.
muchas blmlentes com1&gt;rimidas y redoncleadas.
T r ansportada esta 1&gt;lanta Clesde los c•amvos á los jardines de llores, se ha iclo mt•·
jorando sucesivamente por mcclio del cultl vo, hasta llegar al alto grado de ver fec·
clón en c¡ue hoy la vemos.
Esta. es la flor más ta ,·orlta dl' lo,; españoles: bien es verdad que reúne toclas las
cualidades (JUC pueden hacer recomendable una ilor, concurriendo en ella las propiedades de hrillantez, ,·iveza y ,· arieclad
en sus matices, ~.., lu. fr agancia. y suavidad
de olor. circunstancia s las más apreciables
y que más se desea n en ias flores.
Pero J,i frágil y pa.,ajer :i belleza de estas
llores renuier e un cuidado tlmto más delic-ado y asiduo par a su conser vación, cuanto estas plantas están expuesta., 011 su cultl vo á un número consiclerahle de contratieml)Os y enfermedades, como son la falta
de buen terreno y su m a la Posición, el excesl vo calor 6 frío, ia poca ó demasiada
humedad. l os d años q ue rcci!Jcn de los Insectos, y últimamente otr as varias contingencias á que están expuestos los veget&lt;LJes. Así oue, par a Poder conse1·vtLr e n los
jardines estas flor es dig-nas de lodo nuestro cuidado y atención , vamos itexl)Oner á
los Uoricullores un método de cultivo fácil y seguro, tundado en la experiencia de
muchos años~- a~reditado wr la práctica.
Clnt'fllí11a.- sc cla el nomb1·c• ele rlar rl/i11«
:i todas las castas adt111lridas ¡}()rsimientt',
sean dobles, sencillas ó reventonas; conservan en lo sucesivo este mismo noml)re
de clavellinas, aun cuando sigan verpetuánclose las castas vor acodo ó es&lt;1ueie.
siem1ne que las flores sean medianas. no
r e ,•ienten el cáli,s no necesiten 11:olilla para reco¡rcr sus pétalos caídos sin orden.
salen, sin e mbargo, de la clase de clave!li11as. si ])01' falta del competente cuidado y con tinua. asistencia se dej an revenbLr Por rulpa del llorlcuitor. P or lo expuesto se deduce ouc tod;L J101• sencill a . se·
midohle l ' doble, de tamaño mediano, se
conoce con ei no mbre de l'!a,·ellirn~ entre
ios jardineros: esto no obstante, los curiosos y ,1ficlonados llanrnu indistintamente
clavel á tocla clrwellina dohle, y ;t los claveles les suelen llamar cl avelones.
f'l&lt;u•c/1.,.- Distinguimos con el nomhre de
rfol'f'lts las castas &lt;JU(.~ prod uceu llor es dobles grande s. y c'ul·os cálices es necesario
ayudará fin de que les pétalos se extiendan con sime tría y orden. Estas castas se

"º

PARA EL BAÑO.

CA

ele
mérito c,uando se halla
Es enplanta
estado silvestre, y solamente sobre-

W. S. Farns&lt;DJorlh, Agente General.

•
~

1t &amp;aa l'nmc1aco, nóm. ,. l!l6:doo.

o. r.

de semilla , á pesar de que algunas castas
son avtas igualmente vara producirlas.
J&lt;~ntre los claveles ios hay de un solo cáliz
.r los hal· que pululan l' tienen dos y tres
cálices 6 llore s proiífera.~ contenidas unas
en otras. Estas son de mucho mérito, slemp1•e que se hagan bien. es decir, cuando se
desarrollan los 1&gt;étalos y sé extienden verfectamente y sin confusión . I.iay claveles
unidos de un solo (olor. ya sea blanco. co·
lor de caña. de leche, encarnado: morado,
achocolatado, canela, color de rosa, ele
sangre, de fuego l ' otros más 6 menos sub!·
clos. Los hay listados ó rayados de diversos color es. ~- finalmente, moteados y dls·
ciplinados 6 salpicados con variedad de colores.
·
Para clasificar los listados y moteados,
se ,Ltiende al número de colores, señalándolos POl' clases de dos, tres, cuatro. cinco
(S más colores distintos. Asimismo se cli[erencian en claveles que tienen el borde de
los vl'taios entero, recortaditos finamente,
festonados ó repic1ueteados, y reventones.
que son los claveles más pequeños, grandes para. clavellinas.~~ muy pequeilos 1&gt;ar a.
co!o.-arse en el número de los claveles. Los
ha.\' tempranos y t,u·dfos: al¡:m1os &lt;1ue se
asolanan prontamente, l. otros &lt;1ue duran
más tiempo.
Los nombres que se clan á los chwelcs
son ele fantasía, y no tienen más regla q ue
el capricho de cada floricultor. Son innumerables hL~ especies &lt;1ue se cultivan y
diariamente se adquieren otras nucyas
pos semilla, al paso que las antiguas se
van perdiendo ya vor Yicja.s, por las intempe1·ies, y por ciert as casualidades inesperadas, ó 1·a también l}()l'Qucse desechan
nor malas resp&amp;•t.o de otras ele mejor calldad que s e consideran más dignas del c ul-

El

-Painki\\ei

Cura CALAMBRES

C

LICOS
DIARREA

Jo ae confunda el

VERDADERO

PIPPERMINT
de a ET Hermanos
deREVEL
(Francia)

con los vnlgma PEPPERIIINT.
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enl1 hpolicion Uninml dePari1,1QOO
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El Jabón de Reuter es un tra.ta.mienh&gt;
completo del cutis en forma. do jabón

ENRIQUE G. SCHAFER.
APARTADO 271.
MEXICO, D. F.

~~

vigor '!t. hermosura, es de cloce años; pasa-

do este tiempo, comienz,i á deterior,u·se ~deca.er de s u antiguo esplendor. ~o todas
las castas nuevas a.dc1uirida.s por simiente
llegan siempre á esta duración ; muchas. 6
las más de las que anualmente se destinan
en los cuadr os para claveles, verecen a n"
tes del cuarte, aiio, ó de¡:eneran, de manera que has c¡ue desecharlas.
Lascualidacles de un buen clavel son las
siguientes: los vástagos. ó cañas, jugosos.
gruesos, r ectos 1· de más de cuarenta centímetros de altura: las lior es, anchas de
ocho centímetros de diámet ro, compuestas ele 11ume1·osos pétalos. arreglados de
manera rJue en el centro de la flor se eleven algo más, bien dispuestos. sin co nfusión J)Or su mucho número, anchos. obtusos ,t su extremidad . de c·onsistencia ('arnosa, enteros, csvecialmente los exteriores, disminu1·cnclo en t,imaño progresl vamente hacia el centro de la flor: y los más
apreciados son los blancos, de colores tuer tes 1· manchados.
l'ar:L la clasificación de todas las &lt;'astas
se forman cuatro di visiones ó secciones
principales. que son: I') ('laveilinas. 2\' Reventones, 3~ i-'erretas, y+\\ Claveles. '!'odas
éstas se subdh·iden en nue vas secciones.
r1ue so arreglan al color.

Los relojes se mandan contra giro postal ó C. O._D. La
calidad A se garantiza por escrito por 5 años, B, por l Oaños.

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1 t apa níckel par a h ombr e . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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1 tapa níckel de tornillo, para hombre vidr io grueso con
l ocomot ora. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
1 tapa acero para hombre, extraplano - . ............. .. . ...
1 t apa plata, p a ra hombre, extr aplan o . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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EN TODOS LOS BUENOS ESTA-

'

O

~

,.

li\'O.

( MA T A DOLO R)

d e PERRY DAVIS,

~J -"

El término medio de lo nuo dura por lo
común toda casta de ci:wel en su mayor

engollllan, esto es. se Introduce enLre el

cáliz y los pétalos un círculo de papel fuerte, cartullrn1 ó naipe, que mant iene la flor
bien abierta y extendicla.
El cáliz se reYlenta, y los pétalos son anchos, numerosos l ' carecen r egularmente

-

su cut is parecerá joven ,- si
lo h a conser vado así con
el uso d el J abón de Reuter.
E l contacto dia rio con el
J a b ón m edicado de Reuter ,
conserva los p oros sa1udab les y p ur os ; refresca
y enr oj ece la sangr e,
-dando color á las
mejillas; y evit a la s
~ arrugas imp id ien do
la sequedad del cutis .

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EMESJIOBve;::.:~.:?~:~~l.
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S&amp;VO:N

clopelar el cntts, Enclr e l

, 11

9, Fau bg, St. M ariín,P arís (loe )

Tom6n rílaoras ttu6hara

�El m11u10 Ttutrallo

El fflHdO nutra..

Sieml:mui. se propag:m estas vlanta.~ de
clavel l)Or sus semillas, I)Or acodo Y por
esQueje; se siembra.u en tierra ó en tiestos
al aire libre; para esto deberá ser la tierra su,tanclosa y beneficiada con mantillo
..1
_ ,._.
_
_.,__ 1
·
1
.
.
.
e'I'· vegetal y animal que esté bien repodrido,
7
exceso
,e
1.-.:i:wr
S.llfil,:;-J.11ua.
as
secreciones,
o
que
o-rígim
•
.,
álln
de Que tenga consumida la. acritud
El
di&lt;hs orgánicas de importancia, no reparadas por la. alimen,tación, ~~i!~r]g_ial Que ),)Osee est,mdo reciente Y
· te, puesto que por e1 cal· or f a lta el ape tito y j deLuego
Que se hayll. ni velado la superficie
~orque és,._
.,.. no es suficien
la tierra. se riega; y cuando se haya em·
l
·
· d
·
.
bebido el agua,apare&lt;:en las semillas; desel est6mago no l ngiere a cantid'.ad nec:e&amp;LI1a e alimen,tos. El aparato pués se extiende sobre ellas como un cen.
·
·
• •
. , .
1tímet1·0 de mantillo cernido, y si se notara
digestivo no cumple .con .sus funciones; los moVlllllellltos penstalt1cos algq de co,tra en la suverticle. se hu!I'ede- ¡
•
_
•
•
,
.
, .
cera un poco vara Que nazcan las tltlrnas
ron débiles ó nulos; la secreción del Jugo gastrico ó pwcrea,tico no ca plantitas sin ninguna diticulta.d: tam~ién
•
,
•
•
•
,
1 se pueden serubrar en macetas ó terrtna.s
suficiente, y por último, el lllltestino delga.do, en razón de la a.toma del mismo modo; el tiempo más á propósl.
. .
to para la siembra es debde ma.rzo á mayo. 1
q.w expenmenta por el calor, no absorbe la cantidad suficiente de ali• advirtiendo Que la mayor varte de las
.
plantas Que nacen son bencilla.s, debiendo
mentos digerido a. Todas estas circunstancias reunidas contribuyen po- a.rrancarse éstas, y sólo dejar Las dobles
•
para recoger las semlll•ts.
derosa.mente al empobracimlento de la. s&gt;1no-re
ó anemia' que traie como rablemente
Hay mu&lt;:llas castas que vrenden adml- 1
~- '
I&gt;Or esQueje y otras cuya trlconsecuencia. la. &amp;generación de los t.eJ'idoo' el adel"azarrnienito
ránido
plicacion debe ejecutarse I&gt;Or acodo. En
b
rgeneral se advierte Que la mayor parte de
del enfermo' impotencin,
debilita.tlriento de loo :funciones inrt:elootuales' 1as
varled¡¡des de las ch,vellinas Y de las
-,
serretas prevaleceo me¡or multil)hcadas
y al ,..~
cabo de corto tiempo• la tuberculosis' que :es el '32JOte de todo or"a,.l)Or
esQ.ueje Que vor acouo. Y en_los más de 1
0
los claveles sucede lo contrario. a.unQue 1
n:i&amp;no agotado
algunas de estas especies se con,iguen ,
•
lgu11lmente por ambos métodos. y otras se ;
Para combwtir esta.a e.f.eccion e.s, que son más frecuelllbes en el ve- castas
aumentan &lt;eon mucha dificultad. En l_as ;
difíciles de vrovagar l)()r esQ.ue¡e,,
irano
y
endémicas
en
loa
países
tro
pieales
como
el
n'llleStro,
la
ciencia
deben conservarse todos los tallos tiernos ,
¡
Que nacen de la raíz, les cuales darán los 1
ha. descubiert-o, como eficaz a.ntidotn.--, el VINO DE SAN GERMAN acodos
más vigorosos
fértiles.y a::odos es 1
El tiempo
de sacar yes11uejes

EN EL VERANO

•dcl Doctor Lait:our Ba-umetz, tónico :reco:nsitituyent e que, debido á sus
1 'bn'o de las funcionies orgánicas, tonifielementos, r~-'-ble"'-"'
"' el eq-'
=w.
w.kl
·~-•
_. __,
tito
á "d _,___._
•c a el 6:1.~J.llll, nervlOOO, aume:nui. tu ape
Y 0ea r pl ª.lJ..IJtllil"" carne
·
'tir
-1 .:,_
11
d
1-- te"d
y &amp;a:I1.gre,-sm perml U.L uwa.rro.uo e w-,, Jl OS gra.sooos, que son 106
.,___ d la, b __,.,_ .J
'C8:US8íD:i.a, '.a
O ~
~,,,.,. Adri~d"'
Ga"ay,
El Doutv•
wi
"
•

v&amp;1ta.josamente co.nocido como
ho:rn.bre de ciencia, Profesor de
An..;~omía en la Eseuel.a. N acional de Medicina, Cirujano de los
Hoopitales J uál'l:lz y Español, Presidente de 1-a Sociedad Médica
''Pedro Escobedo," lo recomí.enda
y prescribe, y al manifestar su opinión, dice:
"He usado en viarios de mis enfel"Illos el VINO DE SAN GERMAN, y lo co.nsidero urna medicina
excelente; es uin tónico poderoso,
de sabor agrarlabl8&gt; y muy eficaz
para los anémicos, linfáticos, tubeoouJosos, convaJecientee, etc."

El Doctor Patricio Soee., de Mé¡rida,\ pe.is em.irumtemenrt:e oa.lientta,
y que conoce los estragos que hMe
el paludismo en la. Ill&amp;QI. de la polblaci6n, dice:
"La especial composición del
1INO DE SAN GERMAN en el
q-ue se eMUentra.n los tónicos r.e&lt;:onstiituyenites más poderooos, haoen de est.a prepruración una de la:,
más propias pc,ra el trntamic.nto
de las enfermedades en las que prcdom.ia:ra. la. pobreza de la sangre,
a.si como en 111. anemia., tuberculo,llia Y. lin.fa.tismo.
Igualmente noo hon.ra.mos en reproducir en nuestras columnaE
el retrato del eminente Doctor Manuel N a'Va, Profesor de Anatomía
Topográfica y Jefe del servicio d':!
Desinfección en la Inspección de
Salubridad Pública de San Luis
Potooí, cuya opinión es la. siguiente:
'' Recomiendo el empleo del
VINO DE SAN GERM.AN como
un remedio eficaz para enfermedad-es crónicas de la piel, tisis pulmonar, a.DJemia, impotencia, et;c. El
uso que he hecho del mismo, desde
haoe varios años, ha comp~ba.do
su poder curativo en los casos en
que está indicado."

.1

I

desde
octubre
á .marzo,
pero el más vro- .
pio
es el
de febrero
á ma.rzo.
Los
terr.,no~
vara
esta
operación
rán estar resguardados dd
mucho debe·¡
,ol, Y
en particular del de Poniente; para este 1
fin se de,tinarán los terrtnos contiguos á
algunapartJd Que mire al Mediodia óse
1nc1me algún tanto á Levante; tamblén es 1
bueno doftlnderlos enteramente de los rayos del sol hasta que bay,m barbado, Y va· ¡
ra esto hay .,ue hacer sombrajes vai·a .l)O· I
der resguardar los cogollos del calor durante e1 dia, lo Que fa.el.lita su vronto arra!·
go. Es menester Que baya mucha ventila·
ción en estus depó,itos y Que-pueda correr
el aire libremente debajo de las cublertas,
á fin de Que no padezcan y se ahílen las
plantas; los esQuejes l/Uestos en sitios naturalmente sombrios, prosveran mejor Que
los Que tienen Que r esguarda.t·se del sol im·
provisando sembrajes; para esta práctica
se necesita arrtJglar ó disponer unos '"ªiones de madera ó de ladrillos, y llenarlos á
la altura de Quince á veinte centímetros
de arena muerta con alguna parte de mantillo. y formar unos cuadriláteros de ruetro y medio de largo por uuo de ancbo; y
uua. vez llenos estos cajones ó balslt,LS de
la mezcla antes dicha, bien apretada y ni·
vela.da la suverficie, se riegan, Y después
dé embebida. el agua, se clava.rán los esQuejes con un va.lito cuya punta forme
lo mismo Que un esqueje en la varte del
tallo Que , e ha desprendido de la madre;
la distancia Qu e han de guardar al plantarlos es de cuatro á cinco centímetros
uuos de otros, y desvués de clavados se repetirán los riegos con alguna frecuencia á
!in de mantener una humedad contmua.
.llecutecc1D11 &lt;le ,rimientei!.-Sin embargo de
Que se recogen solamente tas simientes de
las clavellinas.hay algunaslcastas de clavel
une la producen, en cuyo c&amp;so no deben
dejar de aprovecbarse; siemvre Que los
esta.robres y pistilos de la flor no se conviertan en pétalos, son avtos vara granar.
Los Que están dotados de germen y pistilo, aun cuando carezcan de esta.robres,
pueden fecundarse artiticialmente sacu·
diendo sobre el estigma el p0lvo de esvaro·
bres fecundos de cla.velllnas dobles.
Uayigualmente mucllas castas de clavel
distintas de los órganos vara. la madurez
de la simiente, cuales son todas las Que no
tleneng.,rmen y las Que pululan; e,to es,
QUe contienen dtlntro del cáliz exterior
otro ú otros dos más vequeños. Nunca cuaja la simiente en los &lt;:h•veles Que la. producen, con la facilidad y abunda.ucia que en
las clavellinas, pero vrovorcionan generalmente especies nuevas de mérito superior.
Las especies de clavel Que tienen largo
el cáliz, Que cuajan bien y se visten medianamente de pétalos anchos, dilatados
y sin aserradura.~ y Que tienen ~u germen
perfecto, son las que deben destinarse para la recolección de simiente, no l)Or otro
motivo ~ino l)Orser más aptas vara granar.
Las especies más verfectas. de colores
más hermosos y abigarrados.con más igual·
dad, son las Que dtiben destinarse prmcipalmente para. la recolección de slmlente.
Luego QUe no reciban más jugo de la
planta y pardee l&gt;L caja, se sacará la simiente y se aguardará basta Que resulten
bien enjutas las pl!mtas. dejando quemadure la simiente con toda verfección en la
misma planta. no recogiéndola hasta Que
no esté bien nutrida.
Es útil recoger separadas las simientes
de cada casta pa.ra saber lo Que dan de sí
las planta~ de siembra.
Enjerm.edades.-Son varias las enfermedades Que padecen las vlantas de clavel y
clavellina; pero las más contrarias y verjudiciales son las del cáncer, el sarro, la
acedía, el derretirse los tallos y el a.centellarse las plantas. El cáncer proviene de
la cu-masiada humedad y de falta de ventilación; consiste éste en manchas lívidas
y amoratadas que se manltiestan en las
bojas y tallos. y es mal contagioso Que se
comunica á las demás plantas; I&gt;Or lo uue
se Quitarán las euterruas de la proximidad de las sanas, y se remedia cortando
vor lo sano toda la parte daña.da. El sarro
lo causan las nieblas, la.~ escarchas. las
lluvias ó los fríos, y con,lstc en manchas
veQueña.H, negruz&lt;:as ó pardas. que se advierten á nmnera de excremento de moscas. Es enfermedad Que se vropaga de unas
plantas á otras, vor cuya razón se separarán Las dañadas de las que &gt;Lún se mantengan sanas; para at ajar esta enfermedad
se cort,uán en su principio las partes intecclonadas; igua.lllienteconviene limpiarlas con agua.
La. demasiada humedad, la mucha sombra y los parajes muy húmedos, ocaslon=
la acedía en las plantas, y se conoce esta
, en.fu-medad cuando se l)Onen descoloridos,

' ¡~{1(~
"1/7~..
1(Z/~o

,~r1mei-. "'lat~
"Eequtn• Aloaloer1a

MBXJCo

YAJIUAS ~drdMtsA
Dt. LOZA Y l'OftCfll.M
lllMGlla y ~
Boldlu y Dloolc.&amp;1'icu1oi
14c &lt;rilt&amp;I. dcodc clu&lt; ..
hutalamúfln&amp;.

c-,v-.

JUBGE&gt;S.
LAVAMANes.
ESeUPIOERAS,

-

en Vl.rit.d&amp;d que no

K IC"\J,l..la

m ~

lulo y f&amp;nwl&amp;l
oi&gt;oequlol,
l.p-cloalln&amp;r,.al.

NÓC\,lo, ck

¡,ropo&amp; paro

pronthmente. No son menos perjudiciales
los gorriones. aue se comen en la primaver a los cogollos tiernos.
Las hormigas se aprovechan del derrame
de la. savia oca.i;lonado vor los demás insectos: vero jamás acuden á una planta
sana: roen los cálices. el gPrmen :r secomen las slmient&lt;&gt;S;:, eu la tierra junto á
las clavellinas. se establecen y minan la
tierra hMta dejar las raíces desnudas: lo
mismo sucede en las Que e%án en maceta.

,.marlllentos y enfermizos los t:l.llos y bojas de los claveles. Esta enfermedad ,uele
desarrollarse cuando se encharcan las
aguas de los rieg0s. La enfermedad de derretirse los tallos. es parecida al cáncer en
sus efectos, y se yeriflca cuando se convierten Ja.s hojas y tallos del clavel en una
sustanci&gt;L blanca, ocasionada .l)Or la podredumbre. El único remedio es el de cortar
p0r Jo sano y Yi vo toda la varte dañada, y
regularmente perece la planta.
El acentellarse ó el blanco de los claveles, procede de los bochornos. falta de ventilación y extremado calor; es más senclble esta enfermedad, si se ba.11:in colocados al "brigo de una espaldera situada á
Poniente ó Mediodfa, blPn estén plantados
en tierra ó en macetas. y e.sta enfermedad
es muy contagiosa.
Todos los remedios Que se Quieran apll·
car para curar esta enfermedad. son enteramente inútiles. El único remedio es pre·
servar las plantas de todas las cau~as Que
las desarrollan. teniendo igualmente mucbo cuidado en Quitar todas las bojas y tallos secos. m•rchitos, enfermizos y podridos aue se adviertan en la.s vlantas. Entran igualmente en el número de las enfermedades el asolanarse y el ahilarse las
plantas del clavel. La 11rimera es causada
.l)Or el excesi ,,o c,üor. y la segunda l)Or falta de ventilación~• mucha sombra.
Enemigos.-El cortaplCO'l es perjudicialísimo enemigo del clavel; corta los tallos.
bojas. pétalos y g"rmen de la flor: en ob·
servando sus estragos. se debe buscar sin
dtlacióu para r,•itar m:iyores daños. pues
si llegan á apoderarse de una clM·ellina.
ocaslomm destrozos Irreparables en muy

-+--

COCINA
Saua ele

lllCllPlll'l'll8

Pónganse en una cacerola 125 gramos de
buena manteca, é igual veso de harina; incorpóre.•e esta sustancia con la manteca
por medio de una cuchara de madera, á
fin de obtener una pasta: agréguense luego dos va.sos de agua fría, un PoCO de sal.
algunos granos de pimienta. un ramillete
de perejil y el jugo de dos limones: revuélvase la sais,t sobre el tuell,"(', retirándola
así que hierva; bátase con algunas yemas
de huevo y cuézase la mezcla sin que llegue á hervir la salsa: agréguese después
un trozo de manteca~- un puñadlto de alcaparras, y l)Óngase en una salsera caliente.
Salea bor&lt;IPle•a

~?¿'h~~tinsect-0s huyen de la luz del dfa;
hacen sus daños de noche y se esconden, al
amanecer.en los para.les frescoH· sombrlos
deb,tio de las l1oja.s. entre las cortezas de
los árboles. debajo de las piedras y en las
rendija.~ de las ptLredes: se destruyen colocando canutos de caña en las Inmediaciones de doiade se advierten sus daños: allí
se guarecen y recogPR á la venida del día
y se matan con facllldad.
Los pulg0nes negros y verdes Infeccionan las extremidades tiernas del clavel, Y
en particular su germen la varte baja del
cáliz y en h• haz Inferior de las hoJa.s nuevas. uue roen y la.stiman. Se multiplican
con n otable rapidez. ]'.)Or lo Que deben des·
trulrse al paso que se manifiestan en la.s
planta.~: para su destrucción se despachurran entre los dedos. lM·ando además las
bojas con una brocha fina mojad:i en Infusión de tabaco. ó bien cuando aún conservan las plan tas el rocío. se es vol vorean
con volvo de tabaco, con lo Que mueren ó
se ahuyentan.
Las oruga., pardas y verdes roen y de,·o·
ran los tallos y hojas, J" cansan grandes
destrozos: dejan sucias las plantas con
unas sall va.~ de notable acritud aue corroen los tallos )' hojas. á no limpiarlas

Para obtener este condimento se echan
en una. cacerola pl&gt;Lna ,'l ó 4 decilitros de
salsa oscura: se pone ésta á cocer para aue
se reduzca: se la re,-uelve á menudo y se
va mezclando paulatinamente un:i parte
de caldo de ostras y de seta.s, aue se habrán prepai•ado de antemano cuando haya
de aderezarse un salmón en la forma Que
en su lugar se describe: después se agregan tres decilitros de burdeos tinto, ó de
buen vino de pasto e.~pañol, hervido pre·
vi.amente en un ca.so de cobre sin estañar,
y . l)Or último, se agregan dos cu~harada.~
dp, vino Madera ú otro análogo. y una .l)O·
ca de vi mienta de Gua:,ana antes:de colar
y vreseqtar la salsa.
Salsa á la mayone•a

Pónganse en una tartera a ó 4 yema.s de
huevo cruda.~; bátanse con una cuchara
de m1tdera: a"ll,"régue~e un I&gt;OC&lt;• de mostaza
molida)' sal : incorpórense 3 decllltros de
aceite de primera, pero paulatinamente Y
sin dejar de revolver la masa: adiciónense de vez en cuando algunas gotas de li·
món ó de vinagre, para uue se Ponga compacto el comvue.~to; sazónese fuertemen·
te. y la mayonesa queda:rá corriente, agregando, si así se desea, un I)OCO de perejil y
estragón picado.

Trajes intantlles.-Abrlgos de estío.

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Año XII. Tomo II

· México, Julio 23 de 1905
ldelaFá.br!cadeSanRafael.
Registrado como arttc:ulo de f!8&amp;1llld&amp; ela.se el 3 de Noviembre de 189i Impreao en pape
LA MANIFESTACION EN HONOR DE JUAREZ

Usada por todas- las grandes artistas y
las · damas aristócratas. es la mejor
preparación entre todas las de su clase

conservar el

CURA LAS EXCORIACIONES,
: ERUPCIONES·,1SARPULLIDO Y
GRANOS; SUAVIZA, PERFU-·
MA, HERMOSEA Y REFRESCA LA PIEL; DISIMULA LAS .
ARRUGAS Y LE COMUNICA
EL BRIL·LO ATERCIOPELADO
DE LA JUVENTUD.

~

DE .VENTA EN ,TODAS LAS
DROGUERIAS Y PERFUMER(AS

'

D6DóSltO 66n6ra1:

UIHLE NJ SUCE SORE s::
OEND6DRO
OLISEO NUEVO. No. 3

El Sr. Presidente de la República llevando su ofrenda á la tumba del Benemérito,

Número 4

�Fundador, editor y propietario,
LIC. RAFAEL REYES SPIIOOLA.

Director,
LUIS 11. URBIU,

Gerente,

Secretarlo de Redacción,

LUIS REYES SPINDOLA.

JOSE C:OIIEZ UURTE.

Subscripción foránea, Por trimestre.......... 84.60
En la capital, a.l mes.................................. 1.26
Los asuntos de redacción deberán tratarse directamente
con el Secretarlo.
llo so do,ruol,ron orl1lnalos.

Lf\ SE,Mf\Nf\
JULIO

Da 14.-La mañana está pura, llena de claridu.d, con blondas reverberaciones en el aire
y azules lejanías en el horizonte. Es una mañana que parece hecha ad, hoc para una fiesta
fran~sa. Es un fondo de Corot, un paisaje de
Foucher. Esta atmósfera diáfana parece dorada á propósito para que en el a resalten ccmfetti y serpentinas, y para que los estallidos
del contento no encuentren ni una sombra de
bruma que les impid11, el paso. La risa gala, la
contagiosa., la hermosa risa gala necesita. un
ambie te así, risueño y luminoso, donde la.n·
zar sus pirotecnias sonoras; necesita del sol
para que la. acompañe en sus travesuras y escarceos. con deslumbrantes gritos de luz.
En las calles principales, las fachadas, vestidas de banderas tricolores, de cintas de musgo y de escudos floridos, se matizan, con chilla.utes tonalidades, en los áureos reflejos del
día. Vi~ desde la Plaza de Armas, el bultvar
presenta. sus muros paralelos, erizados, de
arriba abajo, de estandartes y gallardetes,
en cuyas lanzas y puntas metálicas se pierden
las margaritas de oro de la mañana.
l:Iay una animación dominguera. por todas
partes; la ciudad parece perder su aspecto colonial y tristón, y sonreír, como una. monJa
dentro de la tupida reja del claustro, á la alegría que pasa.
Porque nuestra ciudad, con ese cielo tan
azu•, con esas avenidas tan rectas, con esas
vías tan arnplias no está hecha, sin embargo,
para el placer callejero y escandaloso, pa.ru. el
regoci•o anónimo de la muchedumbre, para la
bande joyeuse de la. ilusión; y, á pesar del progrt,SO incesante, de la. renovación de la pfodra.,
de la lenta destl'Ucción de nuestras viejas y
monumentales casas solariegas, conserva. su
arcaico y severo g, sto castellano, su aspecto
conv1intua.l y místico, su antigua y aristocrática actitud de pueblo que va. á misa muy
temprnno, hace,~ puerra.cerra.da y enel patio;
sus fiestas fa.miliares, toma chocolate por las
tardes, y reza el rosario por las noches.
Es encantadora. esta metrópoli española., que
no obstante su,i nuevas col, niati moderuistas
y ia. in esante barreta. del arte nuevo, que más
bien la a.fea que embellece, y el tr11jín co .. tinuo
delco mopoliti~mo, y la. invasión bárbara del
gusto yankee, se aferra en conserv~r SJ grave
y solemne ca.r~cter, su golpe de vista ruilitar
y religioso, las almenas de sus palacios, las
torres empingorotadas y las cúpulas policromas de sus iglesias, sus gruesas paredes agujeradas por ventanas estrechas y sus sefloriales
caserones, carcomidos por el salitre y patiqados por la lluvia, donde una imaginacinn poética puede ver pasar al ceñudo conquistador
lleno de orgullo, de crueldad y de nobleza.
En este día, la curiosidad se rejuvenace, se
moderniza. y se atavía coqueta.mente. Es que
Francia., la más comunicativa de las naciones,
la que desde h11ce tantos allos derrama sobre
el mundo sus alegrías y sus dolores, y en ellos
inunda. á todos los espíri us civil izados, ha.
despertado hoy en nuestra. memoria un recuerdo: el de sus luchas con la. libertad. Y esas luchas y esa libertad son nuestras; las hacemos
nuestras; las hemos vivido y ensalzado. Nos
pertene, en.
Y por eso. en esta mañana brillante, este rinconcito del mundo, como todos los otros, se
engalane.. Y antes de que se ponga el sol, antes de que en el tivoli la kermesse propague á los
cuatro vientos su car,·ajada olímpica, sentimos en las calles del bulevar el vivo deseo de
juntarnos en un orfeón universal, para entonar
á voz en cuello el canto que en s11s bélicas notas enciei:ra el milal(ro victorioso de desperte.r
nuest, os ideales: il.llons, enfants . .... .

***
DI~ 18.-Hace cuatro días el sol cantó la
MarsellPsa.. Hoy, á poder hacerlo, ca.ntaría
una marche. fúnebre. Porque hay oue tener en
cuenta que el sol, en ciertos casos • suele tener
una. conducta irreprochable. Este día ha dado
buena. prueba de ello.

Es ~sta una maíiana opaca, gris, un poco
amarillenta en los horizontes. Una mariana á
propósito para la ceremonia burocrática· una.
mañana de duelo nacional.
'
Miro atrávesar el corteJo: mucha gente· muchas coronas;mucho entusiasmo, como velado
coro~ ensombrecido por un gran pensa.ruient¿
de tristeza. Las clases van confundidas en esa
comitiva: los ricos, los pob1·es, las altas person!i-lidade~ políticas, los ooreros, las corporaciones científicas, las sociedades mutualistas, ~dos llevan su recuerdo al sepulcro del
patriarca. En este mar de cabezas, que corre,
de a~ra. á acer~ de la calle, puede distinguirse, si uno se fi¡a, la satisfacción. Van estos
h?mbres contentos de sí mismos. Van convencidos de. que dentro de cada uno de ellos alienta una vida del pasad~. Van á cumplir el deber
de honrarl';I-, de glorificarla, de divinizarla.
Y se encamman rumbo al sepulcro de Juárez
en esta hora matinal, opaca y tibia....
'
Enternece ver esta procesión. Y se agolpan
11!-s remembranzas despertadas por el enterne•
cimiento.
p-n indio puro, nacido bajo el techo de carrizo de una choza, creció nutriendo el ideal
sa!!rado de la Patria en su corazón infantil.
Tenía la conciencia limpia, la voluntad inflexible, el alma serena. Combatió sin tregua. por
el bien, por la libertad y por el derecho. Su
país se ~etrasaba en la caravana del progTeso:
él em~uJÓ á su país para colocarlo á la van•
g~ard1a; el derecho estaba encarcelado: él rompió sus cadenas; la República agonizaba 11,hogad_a por manos de ilusos y traidores: él resucitó á. la República. ¿El solo hizo todo eso't
~í; ~l Y s~ grupo. Juá.rez es ahora un personaJe Sllllbóhco; se ha fundido en una época· la
resume y la representa; la vida lo enalteció'· el
amor lo coronó i, la muerte lo purificó. Es 'un
santo de la Patria.
La comitiva a.travesó la ciudad llevando sus
~ronas, su entusiasmo, su devoción por el patriarca .... y un gran pensamiento de tristeza
que pare~í~ engendrado por esta mai'lana. gris,
opaca, tibia, por esta mañana de cenit nublado y de horizontes amarillentos.
MANUEL J. OTHON.

--Que no se olvide el retrato de Manuel Othón
Y mientras lo decía yo, pensaba en este insig:
ne poeta en cuyos versos viven nuestros campos, nuestros cielos, nuestros espíritus. Gran

. Y a.1 escribir este cordial elogio, pienso pers1sten~mente en el hombre, en el pastor de la
Arcad111., e~ el niño envejecido á qnien no logró contaminar la maldad y que tiene siempre
a~or y perd~n en los ojos amables y en la sonrisa. compasival
LAS FUNCIONES DE CARIDAD.

Méjico está derrochando su caridad. La está da.ad? á manos llenas; entregándola sin tasa.. El eJemplo es de los má!I bellos. El sufri°:1iento nos ha unido. Por aquí y por allá se
ti~nden manos que socorren. Se convoca á la
piedad como á un culto.
En esta semana, la función promovida por
un grupo de damas distinl(uidísimas á cuya
cabeza se encontraba la Sra. Romero Rubio
de Díaz, revistió los caracteres de un acontecimiento. L3: virtud y la. belleza levanta.ron su
altar en el rito del Bien.
LUIS G. URBINA.

00
Fr~gmento de un poema inédito
"Per .ne si va nella cltt!t dolente.
I)Cr me si va ne!" eterno dolore.
oer me si va t~a la oerdutta gente.
Dante.-ll\'FIEmm.-Canto IfI.

¿,Que vienes del infierno? Bien venida
si á mí te acercas en divino vuelo
r el consuelo traés para mi vida,
del país del eterno desconsuelo.
¿Cómo venir de la nación perdida
de
del infinito duelo ,
'
, la ciudad
.
tu, que tienes á. mi alma sumergida.
en luz de auroras y esplendor de cielo?
Pero i ay! que á veces, cuando á ti se lanza
como los condenados al abismo
'
deja. mi corazón toda esperanza'..... .

Et m11ao llatrado

¿CUAL ES EL 1-\EJOR SRORT?

•

o~ ejercicios deportíi:os [que diría D~ Emi-

.

L

ha; pero que á mí no me agrada decir]
resp&lt;:&gt;nden á necesidades de actividad y
de e?tpansión del orge.nismo físico, cuya satisfacción es un placer y de los más legítimos
é intensos. Si~ !3-Ctividad de los órganos no
hay d~senvolvim1ento ~i perfección; el instinto,
especialmente ~n la mñez, nos sugiere hacer
trabaJar y funcionar á nuestro organismo físi o, mental y moral, en variedad de formas y
en diversidad de modos, de tal suerte que á
poco_ andar, los órga~os se fortalecen, y las
!unciones se perfeccionan, y el niño hace
¡uga.ndo y por sí mismo lo mejor de su educación.
Corre, salta, levanta fardos, se impone ta·
reas. se finge obstáculos para tener el placer
~e domin_al'los,_ se plantea problemas para tetir la. sausfacc1ón de resolverlos, y se crea dificultades para sentir el orgullo de allanarlas.
Un niño que juega. se 11fana más y se impone
voluntaria.mente más tareas y más penas que
un bombre que trabaja, y lejos de protestar,
de I enegar y de ~ufrir como él, se siente gozoso y fohz; rendido, pero satisfecho; destronc&amp;.do, pero contento; satisfecho, inconscientemente, de haber llenado su programa. y cumplido su misión.
Lo que en el niño es juego, en el hombre es
"sport," es decir, actividad, ejercicio de órganos, desenvolvimiento de facultades. Y desde
el punto de vista del placer que la actividad
produce, tan legítimo es el foot-ball que desnuca, como el ajedrez, que embrutec'e.
. Si consideramos, pues, el "sport" como un
simple placer, que cada cual escoja el que más
le agrad1i: éste ·'la solitaria,·• aqi;él el "jaripeo," el de más allá las charadas "animadas"
ó inanimadas, y el de mRs 'acá el "encaje de
bolillo" ó el ·'deshilado."
Pero más allá del placer actual y del goce
''inmanente," el "sport" debe buscar algo más,

y en este particular, como en todos, la razón
debe guiar a.l instinto, y lo empírico y espontá•
neo debe ceder el puesto á lo racional y á lo
meditado.
Y desde luego, fii el origen y la justificación
del ''sport'' es el desenvol vimientofísico, caben
distinciones y preferencias, y el "sport" más
aceptable y mejor, se: á el que mejor y más ampliamente desenvuelva la organización física,
integralmente y en su conjunto.
Aquí dos escuelas se disputan la palma. L1.
una, de origen francés, como todo lo que es
vistoso, armonioso y bello, preconiza la.gimnasia atlética, con todo su concurso de barras fijas, tr11,mpolines elásticos y anillos oscilantes.
El Torso de Belvedere parece SH el bello ideal
de esa gimnástica, toda encaminada á crear
pectorales como montañas, bíceps como colinas y deltoides como mamelones.
La gimnástica sueca, empero, alza la frente
pálida y reflexiva, coronada de cabellos rubios hasta el albinismo, comparece y dice:
·'El atleta es un monstruo artificial, musculado, pero ininteligente; vigoroso, pero torpe;
ágil, pero imperfecto. Yo soy la ciencia aplicada á la fisiología y el silogismo gobernando el desarrollo humano. ¡Ay de los atletas
frente á. los hombres sanos! Yo soy la higiene,
la s¡¡,lud, el porvenir de las razas, la gimuásti•
ca democrática y cuasi socialista. ¡ Soy la.
gimnástica de la igualdad ante la salud, y
camba.to la. aristocracia del músculo como los
revolucionarios han combatido la aristocracia
de la sangrel"
En este conflicto, Inglaterra no podría dejar
de intervenir, ni tampoco Norteamérica.
Su alegato es, más ó menos, de esta forma.:
''El •'sport'' es un medio y no un fin. Un medio,sin duda, de alcanzar la salud, el vigor y la
belleza físicas; pero un medio también de adiestrarse en la lucha por la vida y de darse probabilidades de victoria. El "sport" debe, sin

duda, desenvolver, educar, perfeccionar al animal humano; pero debe igu,.lmente enseñarle
acto¡¡ y a áestrarlo en ejercicios de aplicación
útil y práctica. Ni el acrobatismo, ni la gimnasia sueca, ni el ''sport" estético llenan directa
y plenamente ese tia, y si el "sport'' ha de ser
una verdadera enseñanza, debe.satisfacer estos
dos requisitos: desenvolver facL1ltades y enseriar á. servirse de ellas."
En este sentido, la equitación, la natación,
el tiro al blanco, la lucha, el box y la savatte
va.len más que le. "subida de Hércules" y el
''brazo de hierro", y más t..mbién que todas
las gimnásticas suecas y de salón imaginables.
Saber correr, saber saltar, saber cabalgar,
cazar, nadar, luchar, boxear, es, á la vez que
adquirir fuerza, destreza, sangre fría y valor,
darse medios prácticos de vencer obstáculos,
de repeler agresiones, de defender la vida, de
hace1· eficaz el trabajo, de crear defensores del
derecho propio y paladines del derecho ajeno,
de la patria., de la libertad, de la propiedad y
de la justicia.
Con sablazos y disparos y no con machincuepe.s y geometría esportiva, se defienden la
propiedad y la vida personal y colectiva, y
las paralelas, ¡;or sí solas, son impotentes para
hacer la independencia de un pueblo ó rehacer
su dignidad y su autonomía..
Al ''sport" decorativo de Josfrancesesó á la
gimnástica geométrica de los suecos, substituyamos e~ "sport" aplicativo y práctico de ·1os
anglosa¡ones.
~¡ mejor "sport" será siempre el que permita
tener, en un momento dado, mayor suma de
obreros, de jinetes, de me.rinos, de soldados y
de luchadores, etc.
Con esos elementos hicieron su poderío la
Grecia y la Roma antiguas.
Imitémoslas.
DR. M. FLORES,

Mas vayas á la muerte ó á la vida
es lo mismo. ¡Te a.doro! Y es lo mis~o
que vengas del infierno. . .. ¡Bien venida!
Cd. Lerdo.

ML. JOSÉ ÜTHÓN.

&lt;&gt;O
A MANUEL JOSÉ OTHON
IINEDITOl

"En ese sosegado apartnmiento"
donde vi ves del mundo retirado
compl_ád:iroe saber que has enco~trado
esp11cio en que 11gitar el pensamiento.
No sé qué misterioso arrobamiento
me embarl!a al ver tus versos de inspirado·
cada pai~aje tuyo está empapado
'
de ternura, y amor y sentimiento.
Tu imitas de la gran Naturaleza
los distintos arpegios y rumores
que exhala en horas de tormenta ó calma,

sorlador es éste, grande y bueno. porque no ha
cantado únicamente las cosas grandes sino
también las bondadosas.
'
E-tas líneas que esc_ribo evocan su recuerdo.
Estoy contemplando á Manuel Othón. Es un
niño entrado en aflos; un niño al que se le ha
marchitado un poco la. cara, y otro poco se e
han emblanquecido los cabellos. Pero¡ qué ojos
tan ~ristalinos, ~an claros, tan amables! ¡qué
sonrisa, que quiere ser escéptica.. con el afán
óel chicuelo que c_¡uiere usar bastón, como pa~á•. Y que no es smo angelical, y amable y optumstal
El poeta es excelso: el hombre es bueno. Es
un pastor d'8 égloga. Vive aleja.do de las ciudades y, por lo mismo, no se ha contaminado
de _sus insanias. Claro que es una fuerte alma.
abierta á las sublimes impresiones; de recia.~
alas. de poderoso vuelo L11, poesía. de Othón
es una maravilla de verdad de energía de
sentimiento de la vida. Su obra., que es d~ las
que he.o vencido, será de las que perduren. Es~á pensada. y sentida en la serena altura del
ideal; está tallada. en mármol. Es grandilocuente y caudalosa. como le. Naturaleza.

Y alzas un himno magno á su grande1.a,
que, á la. vez que amortigua los dolores
hace que llore y se estremezca el alma! '
JUAN

B.

DEWADO.

Hda. de Joqueque, á 10 de junio de 1899.

''EL MUNDO ILUSTRADO"
prepara una edición extraord111aria
de gran lujo para Septiembre.

00

El viento de la selva, ese constante
arrullo de las frondas,
es un gran redentor de redentores
que mece nidos, acaricia flores,
y besa los cristales de las ondas.
El nido es redentor porque es promesa;
la flor porque perfuma;
y el lago y el torrente en la represa
predican evangelios de pureza
con los blandos encajes de la espuma.
Pero esta trinidad no es suficiente
á redimir los vicios del boscaje,
porque falta el ambiente
para esparcir su caridad salvaje.
Y llega el viento y se completa todo:
el lago y el torrente no hacen lodo
porque el aire los mueve;
'
las alas, cuando surjan de los nidos,
tendrán apoyo y fuerza que las lleve
á los campos fioridos;
y allí, pródigamente,
el aroma de flor será bastante
no sólo á embalsamar aquel an:biente,
sino hasta el bosque ajeno más distante.
Por eso es redentor de redentores
el viento de la sell'a,
porque hay esparcimiento,
porque hay amor; y el bosque se redime
con la sublime
caridad del viento.
Los troncos, cual serpientes retorcidas
contemplan el dolor de sus heridas
•
como huellas de lanzas

que dejaran profundas cicatrices;
y al pálido color de sus barnices,
los árboles parecen esperanzas
atadas á la tierra con ralees;
pero llega la savia y es consuelo
de su desolación y sus congojas,
porque asl, las ralees en el suelo,
sostienen á los troncos,
y los troncos las ramas.
y la~ ramas las hojas,
y las hojas, con caridad sincera,
¡refrescan ramas, troncos y ralees,
agitando su larga cabelleral
Que pródiga también, esa frescura,
va a entibiar el ambiente de los nidos
suavemente prendidos
en la finura de los brotes nuevos
como ornamento de bruñidas galas;
y su calor fermentará los huevos
de donde surjan redentoras alas.
Asi el germen redime los dolores.
Asi es la caridad: fuerza sublime
que cubre heridas reventando flores.
El amor nos redime cuando es humanitario.
Jesucristo en la cumbre del Calvario
fué un ejemplo de amor;
y en el martirio
que conmueve y exhorta,
fué su bondad tan grande como el lirio
que perfuma la mano que lo corta.
También la gran Teorla
que va de puerta en puerta y dla por dla

alargando las ,manos
por dar una caricia á sus hermanos
y algunana extrem:i unción en su agonía,
es ejemplo de amor una armonía;
de caridad nos mueve y nos levanta
á la cum~re de nuevas redenciones
donde gimen las almas solitarias.
Y de cada tormento redimido
surgirán bendiciones, bendiciones,
y plegarias, plegarias y plegarias ....
Que el alma que consuela y se consume
prodigando su amor, es tan gloriosa
como un cáliz de rosa
marchito á fuerza de regar perfume;
como e viento que llora y que se arrastra
embalsamando la planicie rubia,
para subirá desgranar sus cantos
en ~I fino cordaje de la lluvia;
como el hue,·o que humilde se revienta
para que haya plumaje;
como el perdón sobre la cruz, que afrenta;
como una bendición tras de un ultraje.
¡Oh Caridad! Contigo, la vida será buena.
Y sufre, que el martirio de amor es necesario.
No habrá arrepentimiento si falta ,\\agdalena
ni existen rendentores sin cruz y sin calvario!
JOSE F. ELIZONDO.

�El m,1110 llutrallo

.,

El ffllldO Tiastrado

'

~-..

..

(;

Político ~xtranjero

"

0

.

~

~

mediados de agosto se abrirán las negociaciones de paz en Portsmouth. La delegación japonesa será presidida por el barón Kamura, Ministro de Negocios Exterior~s, y ia de Rusia por Witte. nno de los hombres que mejor conocen las condiciones socia-

fl

..

~vj

1

\

~..:
¡,. ~

'

"

B. Kamura, Jefe de la Delegación iawnesa.

)

AMOR Y F6
Yo sé _que no m~ olvidas, que me mandas
En las humed~s brisas tus suspiros;
Me lo ~1ce11 le¡anas armonías.
Ecos sm fin, y cadenciosos ritmos
Que en las silentes noches me convidan
A pensar en tu amor y mi martirio.

***

¡Eres !11i so)o pensamiento, llama
.Que q1s1pa m!s SO!'Jbras y mi duelo;
La mas pura 1lus1on de mi existencia
De_! soña!10_1deal bello recuerdo!
'
1Tu de m1 vida el éxtasis sublime
Que me mostró la gloria de los sueños!

*

* *y mi tesoro.
Eres mi adoración
Te llevo en cada pulsación del alma
Como vi~al corriente que á mi pecho'
Hace latir con extrañeza mágica
Y nu~tros corazones son dos olas
Que ¡untas van hacia la misma playa.

***

Ta\ es la fe; si brilla en nuestro cieÍo,
A los 010s devuelv_e el prisma diáfano ....
Un sol respla!1dec1ente siempre vemos
En el dulce mirar del bien amado
Y com_o _ave de luz, el alma vuelá
A la d1vma claridad del.astro.

***

. ¡Pero ¡ay! si al cqraz~n hiere el destino ·

Sm comprender sus mfimtas ansias!

¡Ay del que cruza el mar de las pasiones
Y en la tormenta su bajel naufragai
Entonces, el am_or llorando tiende ·
A la obscura mansión sus niveas alas.

***
Y_cu~! _nota que vibra y que se pierde

En la mv1s1ble lira de las hadas
Tan fiera sensación á nuestro espiritu
Un sollozo, una queja nos arranca
Resolviéndose luego en la pupila '
Perla sutil, en amorosa lágrima. '

EMILIA CASTELLANOS.

Mixcoac, D. F. 5 de junio, 1905,

les de su p.ueblo y la situación actual en· el
Extremo Oriente.
El nombramiento de Witte para esta comisión, que ya se había confiado á Muravieff, es
un hecho significativo. Witte es el est -dista
ruso más apto para el puesto de plenipotenciario, y sorprende que el zar ponga en sus manos este negor·io, porq ne si el jefe de los delegados obra de acuerdo con sus antecedentes de
reformista y amigo de la paz, no habrá aceptado instrucciones dictadas por el partido de
los grandes duques. E~tos tenían ya su pleni
potenciario, Murevieff, antiguo ministro del
zar y actualmente embajador en Roma . Por
su ignorancia del problema ruso y las tendencias de su espíritu, Murevieff era el hombre
más á pronósito para llevar á Portomouth una
C?nsigna de la autocracia, á guisa de instrucciones, y sostener la discusión diplomática con
dialéctica de monosílabos. Witte ha declarado
~ue no ac~ptará 1~ paz á _toda costa y que lo
hga un phego de instrucciones indeclinables.
No podría expresarse de otra manera un plenipotenciario; pero si lo que él dice significa que
esas instrucciones no fueron inspirada.s por el
partido de la paz y de las reformas, la separación de Murevieff no sería sino una intriga con,
tra. la reputación de Witte. Ligado á la autocracia por responsabilidades solidarias 1 el
partido de la paz quedaría desautorizado. Pero por fortuna e~to será imposible si Witte
obra dentro de ~a lógica de su carácter.

EL "CENTR.O TABASQUENO"
Co¡no ofrecimos en uno de nuestros diarios
tene~os el gusto ~e publicar ahora una repro:
ducción de la tar¡eta artística con que el "Centro Tabasq~eño", de esta capital, felicita al
señ?r Emba¡ador de México en los Estados
u,mdos de A~érica, Lic. D. Joaquín D. Casasus, con motivo de su reciente nombramiento.
La entrega de ese obsequio será la primera
p_arte del progra~a que tiene acordado la Sociedad y que empieza á cumplir con exquisito
gusto.
Sinceramem.e aplaudimos á los hijos de Taba.se?, _que ~emuestran cariñosa afección por
su distrnguido conterráneo.

ffi

F. Ta.kahlra, Delega.do Jawnés.

Rusia es la n~ción vencida, y sin embargo,
cuando el presidente Roossevelt se dirigió á
los contendientes para decirles que en su con- ·
. cepto había llegado la oportunidad de un arreglo pacífico, no fué ella, sino el vencedor,quien
aceptó primero las invitaciones de los Estados
Unidos, sin oponerles tachas ni limitar sus
efectos. Como las indicaciones del Presidente
Roossevelt ·no tenían el carácter coactivo de
una intimación, y en sentido estrictamente diplomático no son siquiera lo que se llama buenos oficios, sino un voto humanitario cuyo valor
nace de la autoridad moral de quien la expresa,
p·odfarr dai-le oídos- los beligerantPs . sin detrime~to p_ara la _dignid~d ni taxativas para la
acción. El gobierno Japonés dió pruebas de
ller há.bil negociador al manifestarse de11eo10

de ~oncluir la guerra por respeto á los pueblos
occidentales, cuya piedad se subleva -contra
los sufrimientos de una guerra prolongada.
Por lo demás, nada perdía el Japón. Es cierto
que cada día puede ganar mayores ventajas,
y le favorece la prolongación de las hosi;ilidades. Pero la invitación del presidente Roossevelt no implicaba necesariamente ·un armisticio. Puede el Japón consumar sus operacio:
nes y presentarse en Portsmouth con títulos
para mayores. exigenci!ts. Esta há. sido su conducta. Mientras los plenipotenciarios se encaminan á los Estados Unidos,emprende con éxito
la ocupación de la isla de Sakhalien, frontón
que encierra en la estrecha Manch11. de Farakai la parte meridional de la provincia marítima de Siberia y pone á merced de los ,japo·
neses el país que depende militarmente del
puerto de Vladivostok.
Si. Rusia, ó para hablar con exactitud, si la
bur?cracia que deshonra y oprim11 á Rusia,
hubiese querido una paz menos humillante,
debió haberla solicitado después de Mukden.
Menos ruinosa aún, la habría obteni&lt;lo después de Liaoyang Pero destrui:da totalmt.,-nte
su marina, ¿en que podría modificar las exi ·
gendas del vencedor una derrota episódica á
las fuerzas del mariscal Oyama? Si suponemos á Linevit&lt;"h vencedor en una !!'ran batalla,
que no le costaría menos de 60,000 hombres,
eso no impediría que su situación fuera desesperante al cabo, porque con fuprzas mermadas. es decir, con menos de 300.000 hombres,
tendrfa que presentar nueva acción, ó rendir-.
se, ó morir de hambre con su gente, circunva-

l\I. Witte, Jete de la. Delegación rusa.

laqo por las fuerzas, siempre númericamente
superiores, de un enemigo que es dueño del
mar y está á un paso de su base de operaciones.
Es, por consiguiente, candorosa la política
de Lamsdorff, y prueba de baja mentalidad su
primera respuesta al presidente Roossevelt.
El zar, decía Lamsdorff, aceptaba sólo en
p1'incipio la invitación dél presidente, pues los
delegados que enviara Rusia no serían
plenipontenciarios, sino simples comisionados
para escuchar y comunicar á su gobierno las
proposiciones japonesas. Si el zar, en su serena sabiduría y en su alto poder, estimaba
que eran de aceptarse las pretensiones de Rusia, podría entonces procederse á negociar un
tratado, en cuyos preliminares se habría visto
por primera vez desde que hay guerras ínter'.
nacionales, al vencedor, solícito, y al vencido
ai-rogante. Y el gobierno ruso, autor de est~
insensata manifestación, se cree defensor de la
cultura europea. La prensa de San Petesburgo
conmina á las potencias occidentales para
que intervengan en defensa de la nación que,
moralmente regenerada y materialmente rehabilitada, volverá otra vez á ser misionera de
civilización en el Extremo Oriente. Una de las
publicaciones más autorizadas recuerda que
cuando terminó la guerra turcorrusa, no sólo
impidieron las potencias que el vencedor entrara triunfante en Constantinopla, sino que
se opusieron á que la paz se hiciera por negociaciones directas entre los interesados. Un
congreso, como el de Berlín, debería hoy arrebatar al Japón el premio de sus victorias.

fensa de China era un fuerte estimulante para
su codicia. Francia no hacía sino seguir á su
grande,y, entonces, poderosa alia,da.
Hoy Francia está con Ingl&gt;1terra. amiga del
Japón, y Alemania arremete cont1·a Francia en
Marruecos. Italia y Aus~ria-Hungría no son
naciones con voto decisivo en el Asia Amarilla. Los Estados Unidos nada temen y mucho
esper.an del Japón. Todo le favorece, pues. y
Rusia, ya sin aliados, no tendrá defensores,
porque los puntos debatidos se refieren á intereses nacionales sin importancia para el resto
del mundo. La única consecuencia de interés
general que nuede producir un tratado de paz
sin mt rvención de terceros es la apertura de
nuevos territorios al comercio occidental, y
como esto favorece n los que Rusia quisiera
tener de su parte, resulta que, hasta hoy, no
se ve nada que im¡¡ida los efectos naturales de
la j!uerra.
El gobierno japonés no sigue una pol_ítica
conjetural. Su punto objetivo es p1·eciso y lo
definen con franqueza sus estadistas. El Conde Okuma, que ha sido jefe del gabinete en tres
ocasiones, formula con lucidez perfecta los
propósitos del Japón. De acuerdo con ellos,
debe desaparecer toda huella de influeLcia
moscovita en Manchuria y reconocers~ formalmente el protectorado japonés en Korea.
Estos ~on los puntos esenciales para la paz.
:b:l Japón quiere extender su influencia económica sobre esos países. Sus pretensiones no
son de conquistador que quiere señalar fronteras, 6 sea, líneas de exclusión, en un mapa,
sino de colectividad lab ,riosa que d!:·sea dar
desarrollo á las fuerzas nacionales, contenidas y pujantes. Cuando se abrió el país á las
relaciones ioternacionalcs, tenía el 'J apón treinta millones de habitantes. Hoy la población ·es
de cincuenta ·millones, y sigue creciendo con la
misma rapidez.
La producción agrícola es insuficiente, aun
en años de abundancia. El pueblo_ ,:,ufre y a los
efectos de esa situación, descrita por Malthus,
y qu,., corresponde, según la interpretan actualmente los economistas de la escuela bistórica,
.á cierto período de iniciación en la vida indus- ·
tria!. El Japón explota toda la superficie cultivable de su suelo. La ha dividido y subdivi. dido, y sin embargo, el Japón no viviría con
el trabajo de sus tenaces agricultores. Aun en
los años . más abundantes, importa cereales y
leguminosas de Korea y Manehuria.
Estos son para el japonés los países afortu~
nados. En ellos la población es poco densa y
hay tierras libres, sueño del laborioso japonés. Natural es que quiera derramar su excedente de población en esos campos sin cultivo.
La tierra es para el' hombre que la utiliza, nó
para el que la acota, eriaza y estéril. Europa
no puede protestar contéa esos planes, ni llamar peligro amarillo á un nuevo ensanche de
la civilización. Solemnemente ha ofrPcido el
Japón practicar la política de la puerta franca
en los territorios que caen bajo su influencia,
y á esto tampoco se le podrá llamar' peligro
amarillo.

•

**

.Tales son los puntoa vitales dela contienda.
La indemnización es cosa secundaria. Como se
ve, Rusia dejará de ser factor preponderante
en el Extremo Oriente. No podrá serlo sin armada. Perdidos todos sus buques, Rusia desaparece por algún tiempo coro.o potencia marítima. ~or otra parte, en los tratados de paz
podí~ 1:ll3;POnérsele, ya una limitación, ya la
prohibición total de que reconstruya su marin~ de-guerra, durante cierto tiempo. Además,
srn puertos, en Korea y en el golfo de Liaotong
¿cómo podría Rusia dominar en los mares

d;

***

Pero en esta ocasión Europa no presentabase para una .coalición que refrene á la nacj.ón
victoriosa. El predominio del Japón en el Extremo Oriente, como potencia marítima, no es
una causa de alarma general. En 1895, los intereses rusos formaron~una tri]:}le alia.nza. que-invalidó las ventajas obtenidas por el ,Tapón en
el tratado de Simonosaki. Rusia y Alemania
pudieron unir1111 contra el .Tapón, porque la de·

1\. Rosen, Deleirado ruso.

�8 fflHIIO llatrallc
Oriente? Todo su sueño ha sido tener puertos libres de los hielos que 11bstruyen á Vladivostok
d ura nte dos meses del año, y hoy, acaso, aun
sin ese m ismo puerto de Vladivostok pod rá quedarse, si .-1 Japón impone su desmantAlamiento, como parecería probable después de ocupada la isla d e Sakhalien.
R usia quiere, siempre ha .q uerido, adueñarse
de mares libres, y no puede llegar al Archipiélago en Europa,ni sostenerse en el Mar Ama1·illo. Hoy r etrocede á sus tierras intei:iores después de haber construído el ferrocarril transiberiano, obra de pasmosa tenacidad política y de
violencia contra los instintos del pueblo ruso.
Busca éste su expansión natural en las cuencas
ubérrimas del Obi y del Yenisai, y la razón de
estado lo empuja á la Transbaik.alia. á enfang arse en la, tierras paatanosas del Amur.
Acaso la derrota que pone en liquidación á la
autocracia, con sus grandes duques, sus cléri·
gos y sus gendarmes, producirá la concent ración moral del espíritu ruso y una concentración geográ fica del pueblo en las profundidades de sus territorios siberianos. Acaso la
nación, libre de sus directores actuales y dueña de sí misma, encontrará su orientación, y
no pensará en países desviados de su ruta, ni
en andanzas aventureras.

** *

Mientras cae la autocracia y se consolida
una nuiwa Rusia, tiempo habrá para presenciar muchos acontecimientos. No quiero referirme hoy á los que se desarrollan dentro del
imperio, sino á los resultados de la guerra en
el orden diplomático. Rusia no es en estos momentos :fuerza activa en la política europea, y
Francia, su aliada, debe buscar otros elementos para mantener su prestigio y realizar sus
empresas. La toma de Mukden encontró al gobierno francés ocupándose en la organización
de un p,otectorado para Marruecos, y sin pérdida d~ momento, el Emµerador de Alemani11,
se dirigió á Tánger, y en la forma teatral que
singulariza todas sus decla, aciones, dijo: "Esta visita mía á Tánger ha tenido por objeto que
se c,mozca mi resolución de sostener eficazmente
los intereses alemanes en Marruecos, con todo
el poder de que dispongo. Considero a l Sultán
como soberano dueño de una independencia ab
soluta. y deseo entenderme con él sobre los medios propios para obtener el resultado que deseo." Así apartaba., de un codazo, la influencia
exclusiva de Francia , obreun país que esta potencia.creía asegurado en virtud del acuerdofran
coinglés. Pero el acuerdo francoinglés que el 12
de abril de 1904 le p11,recía al cancilleralemánM.
de Bülow tan aceptable que no hallaba razones para temer que Francia desconociese 6 lesionase los intereses que ti~ne Alemania en
Marruecos-intereses económicos, agregaba,
mercantiles ante todo,-seis meses después pone en alarma al Emperador. Y esta mudanza
cnincide con la toma de Mukden. La destrucción que sufren las fuerzas de la aliada de
Francia, es la señal para que el Emp~rador alce la voz. ¿Qué pretende en Marruecos? En realidad no puede formular objeciones serias contra el protectorado de Francia en Marruec,os,
si quedan en salvo los intereses mercantiles de
Alemania. Pero el pretexto de que se t oge es
bueno : Francia é Inglaterra. han dispuesto de
un país sujeto á la convención firmada en Madrid hace veinticinco años. en la que tomaron
parte,no sólo Francia, Inglaterra y Alemania,
s ino Italia, España y los ~stados Unidos. Por
más que se aparente re..petar en el acuerdo anglofrancés !11, cláusula de l a nación más favorecida que contenía el convenio de 1880, en_beneficio de todos los signatarios, esta cláusula
no se armoniza con un protectorado, pues al
expirar los treinta años que se concede como término para que gocen de las ventajas de
nación favorecida, quedarán todas ellas excluídas de Marruecos por voluntad de Francia
é Inglaterra. Y esa exclusión futura que en
a " ril de 1904 no tenía significación para el canciller Büllow, cobró importancia el día en que
Francia quedó sola por las derrotas de su
aliada.
En re11,lidad, Alemania no se engañaba cuando dijo que el acuerdo anglofran&lt;'és podía
acepta r se s in recelo, como hecho consumado.
Pero los v icios jurídicos de ese tratado, que
está en contradicción con la convención de M adrid, presentaban la mejor coyuntura para afirmar la preponderancia que repentinamente
cobra Alemania como potencia continental,
por la debil idad de sus vecina•. Sydney Brooks
llama á Guillermo II el dictador de Europa.
Por lo menos lo es de la Europa continental.
Y el dictador d e Europa pretende hacer del
Imperio alemán u tia potencia mediterránea;
quier e, como R 1sia s alir á los mares del Sur,
y a por el A driá tico , y a por el E geo. Para extender sus em presas en Siria y en la Mesopotanmia, aspira á convertirse en protector del
mundo musulmán. L as declaraciones que hizo
en Tánger contienen esta. frase si ~ni ficativa: "Por lo que se _r efiere á las r eformas que
el Sultán [de Ma rruecos] tiene la intención de
introducir en este país [bajo l a ,pr esión fran ce-

sa] , creo que ·deb e p r oceder con much as pre·
cauciones y res peta ndo los sentimientos r eli·
giosos de sus súbditos, á fin de que el o r den
público no se perturbe. " Esto hace a parecer
á Guillermo como un defenso r de los creyP,ntes
musulmane, contra los propósito s de intervención f , ancesa. El efecto de las p alabras del
emperador debe de haber sido singul a rmente
depresivo para el prestigio de Francia, y más
aún p ara su infl.ut ncia en la corte del sult án
de Marruecos.
Los hecbos han ido má s allá . S e discute en
l3Stos momentos si la acción diplomática de
Guillermo II es un triunfo cierto, pues algunos creen que está destinada á fracas ar. Lo indudable es que el primer movimiento d el emperador desconcertó al gobierno francés y
trajo una crisis en la que fué sacrificado el
ministro Defoassé, á quien detesta Guillermo
con s ingular encono. La permanencia de M.
Delcassé en el ministerio de Negocios Extranjeros, era ya imposible aun siu necesidad de
que el emperador determinara el rompimiento
entre el ministro de Negncios Extranjeros y M.
Rouvier, jefe del gabinete. Pero su dimisión es
un triunfo para Guillermo.
M. Delcassé es un tipo de ministro á la antigua, silencioso y concentrado. Durante los siete años que lleva de servicios, ha sido árbitro
de la política exterior en cuatro gabinetes:
Brisson, Dupuy, Waldeck-Rousseau y Com·
bes la dejaban en s us manos. M. Delcassé,
aunque meridional, no gusta de hablar sobre
los negocios que despacha. Es todo lo contrario de un ministro de mayorías parlam ntarias, que obtiene todos sus efectos por medio de
calculadas indi,creciones, de esas indiscreciones deslumbrantes que fueron la especialidad de Lord Salisbury. Interpelado, M. Delcassé leía sus respuestas, para no exponerse á
un diálogo con las multitudes, y mil veces prefería dar explicacion~s priv adas á los jefes de
grupo, para no presentarse en la Cámara Legislativa. Ministro de antaño, rep •to, para
quien la diplomacia es negocio personal y se-

€1 fflllllO nu~do
creto, que n o admite solidar id ades de gabinete
ni destemplanzas parlamentar ias.
E l jefe del nuevo gab inete es t ambién hombr e de vo luntad, q ue tiene ideas per sonales. Su
especialidad son las finan zas, y aplic~ ndolas
á los negocios extranjero s, cree q ue F rancia. se
perj udicará si contin úa s ostenien do á Rusia
con un cré dito ilimitado . De ahí l a primera
desavenencia con M. Delca ssé, fa vorecedor de
los empréstitos ruso s. No ta r d ó f D p resentar se
oca&amp;ión par a el rompimiento final, y rv,:. Delcassé i,alió del g ab inete.
El Ministro de Negocios Extranjeros hubier a
quer ido envo lver en su s mallas de negociador
sag az y paciente al irritable emperador y al
canciller B ü llow; M. Rou vier ha preferido salir al encuentro del demandante, in iciando con
franqueza las concesiones. Es inútil hacer predicciones, que casi siempre son deseos en forma de profecías. Atengámonos á los hechos
consumados. F rancia ab r e las negociaciones,
debilitada por la falta. del apoy o r uso y por la
ausencia de un ins igne diplomático que tal vez
no será substituido en los consejo s del gabinete por otro ministro digno de sucederle.
Rouvier es amigo de las soluciones pacífi~
cas, pero Delcassé también lo era. Evitar la.
guerra con Alemania es el objeto de todo dip lomático patriota.; pero no se trata sólo de
evitar hoy una guerra, sino de prepararse para la de mañana. La cuestión marroquí no es,
en sub, tancia, sino una manera indirecta de
plantear las incompatibilidades angloah manas en los países levantinos. Francia no puede
permanecer neutral, á menos que se resigne á
vivir indefensa, bajo la garra prusiana. Está
en un momento crítico de su historia. Por fuerza deberá elegir el punto de apoyo para un
nuevo equilibrio europeo. De este acto decisivo, Francia saldrá engrandecida ó rebajada,
con una alianza que la fortifique, ó con una
protección que la envilezca.
Méjico, 17 de julio de 1905.

•

D. Miguel Bolaños Cacho pronunció el discurso oficial, y el Sr. J uan B. Delgado recitó
una hermosa composit-ión p oética que le fué
muy aplau d id a . L a notable banda de Poli·
cía. que dirige el m11estro Preza, contribuyó
al ma1 or lu&lt;.&gt;imiento del acto tocando una
obertura de Litoff y dos números de Keofar,
del inspirado compositor mex icano Felipe Villa.nueva.
Concluida la ceremonia, el Sr. Gral. Díaz,
se dirigió á v isitar la tumba de Juárez, llevando II llí como ofrenda una hermosa corona
de gardenias y laureles. Los Sres. Secretarios
de Estado dejaron también coronas bellísimas ante el monumento sepulcral, , así como
los innumerables manifestantes que fueron ese
día á ofrecer al Benemérito el homenaje de su
admiración.
El mauseleo fué de•pejado desde la víspet a
de la gran cantidad de coronas dPposita.das el
año pasado. para. dejar lugar á las que depositaran en esta. ocasión, y que fueron tan numerosas, que cubrieron por completo el monumento. El adorno de éste fué hecho, como lo
ha_n acostumbrado desde hace tiempo, por los
horticultores indígenas de Xochimilco.
Desde las 8 de la maña.na basta. las 6 de la
tarde hicieron guardia ante el sepulcro los jefes de alta graduación del ejercito, celebrándose por la noche una tenida blanca que organizó el Rito Nacional Mexicano.
Entre las ofrendas florales había algunas
verdaderamente notables, contándose entre
ástas las de la Colonia Francesa, el Comité
Patriótico Liheral, los Poderes de la Unión
y los Gobitrnos de los Estados.

El Sr. Gral. Díaz yJ oS:Sres. Ministros de la Guerra., de ,Justicia y;de'.Fomento en le. p lata.forma de honor.

Entre los socios del "Olímpico" ·hay muchos
jóvenes que están en condiciones de ser muy
en breve verdaderos atletas. Varios entre ellos
se han distinguido ya en diverRas exhibiciones,
y creemos muy cercano ese día en que tengamos que apuntar sus nombres en la lista de los
vencedores.
El Club "Olímpico," que cuenta en su local
coa todos los aparatos y la Parafernalia necesarios para una perfecta y bien entendida cultura física, no ha descuidado un punto interesantísimo: el ejer&lt;'icio "out-doors," al aire
libre, y ha organizado, baio la dirección del
inteligente "sportman" A . Lozano, unan vena
de base-hall que posee muy notables elementos y que dará muy interesantes juegos sobre
el diamante en la próxima temporada.
Con el "Culttlra. Física Ugartechea," que tiene por jefe al único campeón indiscutido de la
República, y con él un serio cuadro de atletas,
con los gimnasios de la "Asociación de Jóvenes," es hoy el "Club Olímpico" un núcleo de
''sport," perfectamente con,.tituído, de gran
porvenir. y que colabora eficazmente en la
magna obra de regeneración y perfecciona.miento de la raza.
·
L as fotografías que hoy publica ' 'El Mundo
Ilustrado" rlarán á, los lectores una elocuente
idea del valioso personal con que cuenta el
simpático "Club Olímpico." Estas fotografías
fueron hechas durante los ejercicios efectuados
ú ltimamente con el C'oncurso de un grupo de
alumno;. del Colegio Militar , en honor del Sr.
Ministro de la. Guerra.

CARLOS PEREYRA .

GRAN MANIFESTA.CION ENHONOR DE JUA.REZ

E

jueves 18 se efectuó una ceremonia conmovedora, consagrada á la memoria del
Bene,11érito Juárez; el pueblo acudió á tan
noble manifestación, no con el silencio y la
tristeza de un duelo, sino con el entusiasmo
de quien celebra la glorificación de un nombre
que supo engrandecer á su patr ia poniendo á
su servicio todas sus energías.
Reunidos los manifestantes en la Pla·z a de la
Constitución, organizaron una ordenada columna,que desfiló por las avenidas principales
dirigiéndose al PantE&gt;ón de San Fernando; se
dividió la procesión en grupos y al frente de
cada uno iba una banda militar entonando
himnos marciales.
En primer término marchaba el Comité Patriotico Liberal; seguían la comisiones del
Congreso de la Unión, de la Suprema Corte de
Justicia, del Gobierno del Distrito, de las Prefecturas foráneas, del Colegio Militar, la
L

agrup ación "Defensores del 47", uiversas sociedades científicas, literarias y mutualistas,
y por último, el profesorado y los alumnos de
las Escuelas Nacionales Primarias.
El panteón est&gt;1.ba decorado con lujo y sobriedad, habiendo gran cant dad de .llores, fes·
tones y J(uías. En la parte exterior, formando
ángulo, se levantaba una amnlia tribuna adornada con muy buen gusto, encontrándose haci a el fondo la mesa y los sitiales destinados
al Sr. Presidente de la República y su comi,iva. A los lados tomaron asiento los miembros
de la familia del Benemérito y las comisiones
oficiales.
A las 10 ½ de la mañana llegó el S r . P residente acompañado de los Sres. Vicep,esidente,
Secretarios de Estado y Gobernador del Distrito, dando principio la ceremonia acto continuo, conforme al programa acordado y que se
cumplió en todas sus partes:el Sr. Magistra do

..

Los manlfesta.ntes frente á la. tribuna

¡¡,

El Club "Olímpico"
de reciente formación-pocos meses
cuenta de vida, -el Club "Olímpico" se ha
colocado pronto en primer a línea. Figuran
en su personal profesores de nota, descollando, entre ellos, Rafael David (ir), profesor de
esgrima. Fernando Colín, instructor de box, y
Ale¡andro Escudero, á cu vo cargo está la enseñanza de las gimnasias suE&gt;ca. y francesa.
Como maestro de armas, Rafael Davirl. (jr.)
tiene abolengo y hereda de su parlre su escuela
elegante y clásica, habiendo adquirido por su
personal y perseverante esfuerzo, grandes cualidade:1 de resisten&lt;.&gt;ia y el dominio perfecto de
sus facultades.
Fernando Colín es con Salvador Esperón el
genuino l'ep e~enta.nte en México del arte pugiHstico, el m&lt;l.s viril, el más útil, el más pasioname y el más c"mplAto de los ejercicios
atléticos. Tiene Colín singulares cualidades
como boxeador, entre ellas &lt;'iencia, ligereza
y una grandA y rara energfa. Alguna vez,
cuando el noble "~port" del "ring" sea. más
popular entre nosotros. el público podrá apreciar la habilidad de Colín, ca ,az de culminar
sobre la talla de los simples amateurs y de figurar diguamente. p or sn c iencia y su ''eta.niña," al lado de los verdaderos "price-fighters."
Alejandro Escudero, en las ú ltimas exhibiciones del "Olímpico," ha presentado muy correctos grupos de gimnasia sueca, y tiene ?un
buen nombre como profe11or en a.pa.ra.tos .

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UNQUI&lt;:

0

En bouor de Ju(Lrc,.- 1.0 , manirc,tantes trente al Jard ín Guerrero.

•

La. Ban da. de le. Gendnmería,

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El m1n110 TIPtrll10

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CLUB OLIMPICO
A&lt;álto á f1
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' ?te l)Or los Sres B
zano y ñar~~~d1e B!)x po,." los ¡rejo y A,
oor los Sres l R"·:-ª· Asa 11 o á res. Loguez -4 ¡.-: · ,vera l' D D sable
¡,. Í&gt;or ·al¡erclcio• en bar ?mllínumnos d 1
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(EXTRACTO DE UN ARTICULO DE LUCIEN DESCAYES)

saber de qué fuerzas dispone el
movimiento revolucionario en Rusia; pero
esto es bastante difícil, los agitadores tienen interés en guardar su secreto y toman muchas precauciones contra los agentes que los
rodean.
El año pasado seguí durante algún tiempo
una pista que me condujo, al otro día del asesinato de Plehwe, á la pequeña ciudad de Ibermance, situada á la orilla del Lago Lemán, en
la frontera de Francia. Allí visité una villa
llamada ''El Nido," donde se reunían los socialis·tas revolucionarios rusos; pero todas mis
investigaciones se estrellaban ante una reserva inquebrantable.
Todo lo qu~ puede ser revelado de nuestras
acciones-me respondieron los r¡,fugiados que
yo interrogué-lo encontraría Ud. en nuestros
periódicot.---1!,stE: consejo, que parecía evasivo, me ha sido precioso.
La agitación revolucionaria se extiende fuera de Rusia, y aun en Rusia misma, gracias al
contrabando, por media docena de periódicos
publicados en París y en Londres, y por innumerables hojas de propaganda, impresas é introducida&lt;, clandestinamente en Rusia.
El Osi·oboydenie, órgano de los liberales constitucion&gt;tlistas, que dirige M. Struve, y El L~ha, órgano del pa•tido socialista demócrata,
cuyos tres principales inspiradores son Plekhanoff, Axchrod. y la célebre Vera Zassoulitch, son los principaleR periódicos.
Hay otras varias publicaciones de menor importancia, pero también encaminadas al mismo objeto.
A la misteriosa organización de combate se
imputan los atentados contra el ministro del
Interior Sipiaguine, contra el gobernador de
Oufo, el príncipe Obolensky y el gran duque
Sergio.
¿ Dónde se encuentra esta asociación? Todo
se reduce á suposiciones; la más temeraria cree
que está en el extranjero el Comité central ejecutivo. En realidad está en todas partes y en
ninguna. El asesino de Plebwe, Egor Sa:rnnoff,
dijo en su declaración:-Sí, yo soy miembr'o
de la asociación del Combate del partido socialista revolucionario; pero esta asociación
no es independiente, es un órgano constitutivo del partido, un órgano subordinado, por su
posición particular, al conjunto.
La policía rusa, en sus constantes pesquisas
en las caqas de sospechosos, ha descuhierto
hojas de propaganda y números de "La Rusia
Revolucionaria," que proceden de Suiza y son
llevados á Rusia por contrabanclo. No sólo
estas publicaciones circulan en Rusia; otras
muchas obras subversivas, opúsculos, proclamas, salen de imprentas clandestinas.
El descubrimiento de· una de ellas está lleno
de riesgos para los policías.
MPORTARIA

1

,..

1

***
La revolución ha tenido también sus heroínas: Vera Figner, que fué encerrada en una de

No todos los condenados tienen fuerza moral y física para soportar como ella 20 años de
cautiverio, y muchos recurren al suicidio. Un
detenido político de 22 años de edad, Nikiforof
regó petróleo sobre sus ropas y les puso fue~
go, muriendo al cabo de tres días, después de
horribles sufrimientos.
La situación de los prisioneros políticos no
es menos triste en las provincias, donde tienen
hambre y tienen frío, y la censura prohibe á.
los periódicos tratar de ellos ó acudir en su
a'uxilio. Y, entre tanto, el sistema de espionaje se ha extendido á las casas particulares, lugares públicos, cafés, restaurantes, paseos, y
hasta á los liceos y escuelas secundarias.
El movimiento obrero hizo célebre al sacerdote Gapone, antes desconocido.y la figura del
viejo TolstoI casi ha sido eclipsada por el joven Gorki, cuya gloria se debe más á su arresto y prisión que á sus libros. Para él fueron
reservadas las severidades del poder. TolstoI
pudo impunemente en una carta dirigida al
Zar, á quien llama su hermano, darle hasta
consejos íntimos, mientras que á Gorki se le
puso preso, simplemente porque escribió su
nombre al pie de una petición.
En verdad puede decirse que nuevas energías
se manifiestan y se desarrollan en Rusia, y
que ahora, como nunca, cabe recordar este
verso de Víctor Hugo:
L' espoir changea de camp,

le comúat changea d'ame.

N. de la R.-Al lado de las ilustracione3 relativas al articulo anterior nos parece oportuno reproducir una. que representa á la delegación de la Douma que fué hace poco recibida por el Zar, y otra en que aparecen algunos
de los de Zemtsvo3 Moscou.

o
Una página de la historia de Tolstoi
nJltJl[TJI SJltllet;nJI

TcbertkoU, Gorkl lT Tolstoi.

las espantosas prisiones rusas durante 20 años;
Vera Zassoulitch, Sofía Perowskai:a é Ibessa
Helfmann son entre ellas las figuras más sobresalientes. Vera Figner desplegó una actividad prodigiosa para hacer penetrar las ideas
socialistas en el ejército, y ganó á su causa
muchos oficiales. Traicionada por uno de los
suyos, fué condenada á. muerte, y luego perdonada para ser enterrada viva en un calabozo,
durante 20 añoi:s. Era hija de un general y recibió una educación brillante. Las autoridades
juzgaron que Arkangel no era un lugar suficientemente alejado, y la enviar0n más al Norte, á quién sabe qué rincón desierto y helado.

mediados del siglo último se veía correr por la aldea de Kabarovka una niña
groseramente vestida, descalza, pero fresca y alegre. Era Natachka, la hija oe Sawa, el
tocador de clarinete. Para recompensar los
servicios de Sawa,y á petidón suya, mi abuelo
tomó á N atachka en su casa, y llegó á ser una
de las criadas de mi abuela. Se distinguió por
su dulzura y su celo,y cuando nació mi madre,
Natachka fllé escogida para ser su niñera.
Mostró en estas nuevas funciones una actividad y un afecto á su joven lima, que le valieron elogios y recompensas. Los cabellos em.
polvados, los calzones cortos y los zapatos
con hebillas del oficial de boca, Foca, entonces joven y galán, hicieron impresión en el corazón sencillo pero amante de Natacl,ka. El
servicio de ambos los ponía en relaciones con·

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Rusla.-Una sesión de la Tlouma de S. Petersburgo.

La. Policía rusa descubre;una imprenta clandestina.

tinuas. Natachka fué subyugada y tomó por sí
misma la rePolución de ir á pedir á mi abuelo
permiso para casarse con Foca. Mi abuelo se
incomodó, la trató de ingrattt, y la envió en penitencia á cuidar el corral en un caserío de la
estepa. Al cabó de seis meses, como era imposible de reemplazar, se la hizo volver á la casa. Llegó dPl destierro con su traje de corral,
fué á presentarse á mi abuelo, se echó á sus
pies y le suplicó que la perdonara, que le devolviera su benevolencia y olvidara un momento de locura que no volvería más, lo juraba. Y mantuvo su palabra.
Desde aquel día, Natachka fué Natalia Savichna y usó el gorro de las doncellas. DPdicó á su amita los tesoros de ternura reunidos
en su corazón.
Cuando llegó el momento de dar un aya á
mi madre, N atalia recibió las llaves de I a lencería y de las provisiones. En todas las cosas
desplegaba el mismo celo y la misma adhesión.
No vivía más que para los intereses de los
amos, por todas partes veía derroche y trabajaba por todos los medios para impedirlo.
Cuando mamá se casó, quiso recompensar á
Natalia sus veinte años de buenos servicios.
La hizo venir, le expresó su cariño en los términos más halagüeños, le entregó un papel que
contenía su acta de manumisión y añadió que
unía á ello una pensión de trescientos rublos,
quedara ó no Natalia en la casa. Nataliaescuchó aquel discurso sin decir una palabra, luego cogió el papel, lo miró con aire furioso, refunfuñó algo entre dientes y se fué dando un
portazo. Mamá no comprendía nada de aquello. Esperó algún tiempo: nadie. Entró entonces en el cuarto de Natalia, á la que encontró
sentada en un baúl, enrojeci&lt;los los ojos, ocupada en dl'sgarrar su pañuelo de bolsillo mirando fijamente los pedazos del acta de manumisión esparcidos por el suelo.
-,:.Qué es lo que tienes, mi buena Natalia
Savichna?-preguntó mamá cogiéndola lamano.
-Nada, madrecita. Aparentemente la he disgustado á Ud., puesto que me echa ..... Está
bien; me voy.
Retiró su mano con fuerza tratando de contener sus lágrimas y quiso salir. Mamá se lo
impidió, la abrazó, y las dos se echaron á llorar.
De lo más atrás á que alcanzan mis recuerdos, me acuerdo de las pruebas de ternura y
las caricias de Natalia Savichna, pero sólo
ahora las sé apreciar; cuando era niño no tenía ninguna sospecha de lo que valía aquella
r

anciana; no sospechaba que era una criatura
adorable y como hay pocas. No sólo no hablaba nunca de sí, pero ni siquiera pensaba en
ello: toda su vida no fué más que amor y abnegación. Estaba yo de tal modo acostumbrado á su afecto desinteresado por nosotros, que
no imaginaba que pudiera ser de otro modo y
no se lo agradecía del todo; jamás pensaba en
preguntarle si era feliz y si estaba contenta.
1•· A veces, en clase, pedía yo salir, pero era
un prl'texto y corría al cuarto de Natalia. Me
sentaba y comenzaba á soñar en alta voz,

Vera Zassoulltch. re,·oluciouarla rusa.

sin que me embarazara su presencia. Jamás
estaba ella sin hacer nada. En tanto hacía media, en tanto revolvía en los cofres de que estaba. lleno su cuarto, en tanto apuntaba la ropa. Yo le contaba que cuando fuera general
me casaría con una mujer de maravillosa belleza, me compraría un caballo alazán, me
construiría una casa de cristal y escribiría á
Sajonia para hacer venir á los padres de Karl
Iva.novitch. Ella escuchaba todas mis tonterías, repitiendo de cuando en cuando: ''Sí,
pa.drecito mío, sí." De ordinario, cuando me
levantaba para irme, abría un cofre azul celeste, sobre cuya tapa (¡cómo lo recuerdo!] había
pegados un húsar iluminado, una estaropita
procedente de un bote de pomada y un dibujo
hecho por Volodia. Sacaba de aquel cofre un

braserillo. lo encendía y lo agitaba en el aire.
"Esto, padrecito, procede de Otchakov. Cuando su difunto abuelo de Ud.-Dios tenga su alma-fué á batirse contra los turcos, lo trajo.
No queda mh que este pedacito. Se ha concluído"-añadía con un suspiro.
En los cofres. de que estaba lleno su cuarto,
había de torlo. Cuando faltaba no importa qué,
se decía: ·'Vamos á pedit' á Natalia Savichna.", y, en efecto, ella revolvía en sus cofres,
encontraba el objeto pedido y lo daba diciendo: •'Es una felicidad que lo hi,,ya guardado."
Tenía así centenares de objetos de todas las
variedades imaginables, ne los que nadie, excepto ella, conocía lit existencia ni se cuidaba.
Una vez me incomodé con ella. He aquí en
qué ocasión:
Estábamos comiendo. Al echarme kl:as, volqué mi copa é inundé el mantel.
-Llamad á Nata.lía Savichna-dijo mamá,es preciso que admil'e á. su favorito.
Llegó Natalia Savichna. Al ver mi lago, movió la cabeza. Mamá le dijo algo al oído y salió dirigiéndome un gesto de amenaza.
Después de la comida estaba yo muy alegre
y me dirigía saltando hacia la sala, cuando
de pronto Natalia Savichna salió de detrás de
una puerta, con el mantel en la mano, me cogió, y á pesar de mi resistencia desesperada,
me restregó por la cara el sitio mojado, repitiendo: "¡No manches los manteles, no manches los manteles!'' Esta conducta me pareció
de tal modo ofensiva, que aullé de rabia.
"¡Cómo!-me decía yo paseándome por la
sala y ahogándome á fuerza de llorar.-¡Natalia me tutea y además me frota con un mantel mojado, como si yo fu~ra un siervo! ¡Esto
es horrible!"
Cuando Natalia Savichna me vió babear de
cólera, se escapó corriendo. Yo seguía paseando por la sala pensando en el medio de vengar la injuria que me había hecho aquella imprudente N atalia.
Al cabo de algunos minutos reaparec-ió Natalia Savichna. Se acercó á mi tímidamente:
-B!!.sta, padrecito mfo, no llore Ud . . . . .
perdón ..... be sido estúpicl&lt;\ ..... perdón, picboncito mío . .. Esto para Ud.
Sacó de debajo de su pañuelo un cucurucho
de papel rojo, que me alargó con !amano temblorosa. Dentro había dos caramelos y un higo seco. No tuve valor para mirar la cara de
la buena vieja. Cogí el cucurucho volviéndome. y mis lágrimas corrieron con más abundancia, pero no era ya de cólera: era de ternura y de vergüenza.-LEÓN T0LST0I.

I

l!f'!U.

Rusla.-Pei,ortados Políticos en Siberln,
Grul)O de t&gt;Ollcías:rusos.

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1'·'

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~-

El asesinato del;Gran:UuQ.ue Ser¡rlo.

#r

.

Orup&lt;&gt; de Intelectuales rusos acusados de excitar el movimiento revoluc!onario.-Pr!s1oneros rusos en Moscou.

El año pasado, un socialista fué detenido en
el momento en que fijaba proclamas revolucionarias, fué sometido al tormento, y confesó al
fin, dando la dirección de una imprenta secreta establecida en un taller. Los gendarmes se
pr~sentaron allí y fueron recibidos á tiros de
revólver; el coronel, su ayudante y un comisa·
río cayeron muertos; otros policías fueron heridos; dos tipógrafos lograron escapar. Y no
es éste un hecho aislado, cada semana lo menos una imprenta clandestina es dedunciada y
descubierta, lo que no impide que á ios pocos
días se dis~ribuyan millares de ejemplares de
manifiestos revolucionarios.

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LOS REVOLUCIONARIOS RUSOS

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nusia.- Cn ¡¡TUl)O d e Zemt&amp;vos.

�e1 manllo Jlutrallo
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(

y mil quinientas incandescentes. ¿Qué ha.rí a.is
para resguardaros de una '' vía de agua" '!
¿Cuá ntas bombas hay á bordo?
-Ni una.
-Son menester bombas. ¿Cómo tomáis el
agua para los pasajeros y para los animales'/
-Con cubos, por las ventanas.
- -Eso no es a dmisible .... ¡,Cuál es vuestra
fuerza motriz?
-¡,Fuerza ... . . qué'l
-Fuerza motriz. ¿De que os servís para hacer caminar vuestro barco'?
-De nada.
-Necesitáis ó velas ó vapor. ¡,Cómo está
instalado vuestro timón?
- No tenemos.
- ¡,No tenéis barra'!
-No, señor.
- Entonces, ¿cómo os gobernáis'?
-No nos gobernamos.
-Procede un timón convenientemente instalado. ¡,Cuántas anclas?
-Ni una.
-Urgen seis. Esta prohibido permitir la salida de un buque de esas dimensiones sin dicha garantía.. ¡,Cuántos botes de salvamento?
-Ni uno , señor.
-Son menester veinticinco. ¿Cuántos aparatos sal va vidas'/
-Ni uno.
-Deben ser dos mil. ¿Qué tiempo va á. durar vuestro viaje'?
-Once ó doce meses.
-Onceó doce meses: eso es un poco largo;
pero tendréis tiempo de llegar á. la ~xposición.
1,De qué está forrado vuestro bar co'! ¿de cobre?
-Su casco no tiene forro de ninguna. clase.
-Pero, buen hómb1·e, los animalillos del
mar que r uen la madera van á. agujerear vuest ro bdrco como una criba y á vaciarlo antes
de tres meses. No puede partir en esas condiciones; es necesario blindarlo. Una palabra
más ... . . . ¡,Habéis reflexionado que Chicago es
una ciudad interior y que un barco como éste
no puede llegar basta allá'/
-¿,Chicago? ¿Qué es Chicago? Yo no voy á
Chicago.
-¡,De veras'? Entonces, permitidme que os
pregunte: ¿qué vais á hacer con todas esa s fiera.si'
- Que se reprodu!'!can.
:....¡Oh! ;,no os basta con las que tenéis?
-Ha.y bastantes para las necesidadades actuales de la civilización; pero como los demás
animales van á abogarse en el diluvio, éstas
servirán para perpetuar la especie.
- ¡,El diluvio'!
-Sí, señor .
-¿Estáis seguro?

I
1 -

f

EL ARCA DE NOE
(Traducción para ''El Mundo Ilustrado", )

NCALCULABLES son los progresos llevados á cabo en la construcdón naval, de Noé
á la fecha. Es preciso confesar que en aquellos remotos tiempos las leyes de la navegación
se veían al poco más ó menos, y que, en cambio, en los actuales '5tán más "regladas" que
un papel de música.
E l buen No&lt;! no podría emprender en esta.
época. lo que se le permitió entonces: la. experiencia nos ha enseñado á manejar con mayor
escrupulosidad la vida de nuestros semejantes.
En los tiempos que corren, se prohibiría. á
Noé salir del puerto de Bremen. Los inspectores encargados de pasar visita. al arca, le harían toda clase de objeciones. Cualquiera que
conozca Alemania., puede imaginarse la. eqcena
y todos los pormenores del coloquio que tendría lug ar.
He aquí al inspector, o•ntando su brillante uniforme militar, impresionando por sumajestad y por su corrección; completo caballero; pero inmutablecomola estrella polar,cuando se trata del estricto cumplimiento de su conal¡na. Obligaría á Noé á decle.rar: el lugar de

I

su nacimiento; su edad; la
secta religiosa. á Ia cu al
perteneciera; el monto de
sus rentas; su grado y posición sociales: la índole
de sus ocupaciones; el número de sus mujeres, de
sus hijos y de sus criados,
así como el nombre, sexo
y edad de cada uno de
elloq, En caso de que no
estuviera provisto de un
pasaporte, lo intimaría. á
proveerse de uno inmediatamente; después pasaría
al Arca.
-¡,Longitud'?
-SPisc1entos pies.
- ¡,Cala?
- Sesenta y cinco.
- ¡,Manga?
-Cincuenta á, sesenta.
- ¡,Construida de .... ?
- Madera.
-¡,Qué clase?
- Cedro y acach.
-¡,Decoraciones exteriores é interiores?
-Alquitranado por dentro y por fuera.
-¡,Pasajeros?
- Ocho.
- ¡,De qué sexo?
-Cuatro machos y cuatro hembras.
-¡,Su edad'?
- Los más jóvenes, cien años.
-;.Y los más viejos'?
- Seiscientos aflos.
- ¡Ah! Vais ,í, Chicaio, ¡buena idea! ¡,Cómo
se llama el médico óe á bordo?
- No tenemos médico.
-Es necesario que busquéis uno, así como
un agente de inhumaciones; eso es absolutamente indispensable: personas de esa edad deben estar rodeadas detodo lo necesario para
vivir. ;,Tripulación?
- Las mismas ocho personas.
- ¡,Las mismas ocho personas?
- Precisamente.
- ¡,Y a.demás, cuatro mujeres'?
- Sí, seí'Ior.
-¡,Han servido en la marina?
- No, seflor.
-1,Y los hombret.?

-Tampoco.
-¡,Ninguno de vosott-os ha navegado?
-No, señor.
- ¡,Dónde, pues, habéis vivido?
-En un cortijo, todos.
-Como ese navío no es de vapor,debe tener,
cuando menos, una tripulación de ochocientos
hombres. Es necesario procurárselos á la ..n11.yor b~evedad; además, precisa, asimismo, que
tengáis cuatro ayudantes y nueve cocineros.
¿,Quién es el capitán'?
-Yo soy.
-¡,Hacé~s Yuestro "debut" en la empresa?
- Sí, senor.
-Me lo figuraba. ;,Qué carga.mento lleváis?
-Bestias.
- ¡,De qué especie?
-¡,De todas las especies?
-¡,Salvajes ó domésticas?
- Sobre todo salvajes.
-¡,Exóticas ó indígenas?
-Especialmente, exóticas.
-¿,Cuáles son vuestras principales bestias
salvajes?
. -Megaterios, ele~a.ntes, rinocerontes, leones,
tigres_, lobos, serpientes; todas las especies
sal va¡es de todos los climas .... . . y un par de
cada una de ellas.
- ¿Sus jaulas son bastante sólidas?
-¡Pero ~i no tenemos jaulas!
-Precisa que las tengáis. ¿Quién da de comer ~ beber á toda esa "ménagerie"?
-Nosotros ....
-¡,Vosotros, personas de tan avanzada.
edad?
·
-Sí, señor.
- Eso es tan pelig roso para las fieras como
para las personas. Es menester que esas bestia~ sean cuidadas por mocetones robustos que
entiendan de ello. ¿Cutí.ntos animales lleváis
á bordo?
- De los ¡¡-randes, siete mil; grandes y chicos, PO co_nJ~nto, noventa. y ocho mil.
-;-Necesitáis para ellos unos mil doscientos
cuidadores. ¿,Por cuántas aberturas recibe luz
el navío?
- Por dos ventanas.
-¡,Dónde están situadas?
- Cerca del techo.
11 t únel de seiscientos
_-¿Dos ventanas para un
pies de largo por setenta y eiuco de profundidad? Urge la.luz eléctrica., lámpara.a de arco

Completamente seguro. Lloverá cuarenta.
d ías y cuarenta. noches.
- No os apuréis por .ello, querido seilor, eso
acontece aquí muy á. menudo.
-Pero se trata de otra clase de lluvia. Esta
cubrirá la cima de las montailas; no se verá
tierra.
-Aquí ínter w,s (y esto lo digo oficiosamente), lamento que me hagá is tal revelación. No
puedo deja1os elegir entre la vtla. y el vapor,
debo imponeros d vapor. Vuestro barco no
puede llevar la ::entésima parte de agua necesaria para los animales durante once meses . ...
Necesitáis una máquina. para destilar el agua.
- ¡Pero si ya os dije que la tomaré por las
ventanas, con cubos!
-Bonita contestación: antes que el diluvio
haya cubierto las crestas de las montañas, el
agua dulce, por infiltración del agua de mar,
se volverá. salada. Presento á Ud. mis respetos, señor. ¿Me engaño al presumir que éste
es vuestro primer ensayo de arquitectura. naval'/
-El primero, justamente, se.ñor; palabra. de
honor. He construido esta arca sin poseer la
menor noción de construcciones navales.
-Es una obra notabilísima, señor, notabilí•
sima . Estimo que 1JO se encuentra sobre el haz
de los ma1·es un barco de un carácter tan nue·
vo como extra.vagante.
-Favor que me hacéi~, querido señor; me
lisonjeáis infinitameL te. Creed que guardaré de
vuestr a visita un recuerdo im1,e1·ecedero. Mi
más profundo agradecimiento, ~eñor; mil gracias de nuevo y ...... ¡ adiós!
-¿Adiós'/ ¡No tanto! h:J inspector alemán,
con una cortesía. infatigable, reiteraría á Noé
toda clase de protestas de amistad; pero no le
permitiría hacerse á la mar dentro de su arca.
MARK TwAIN,
[SAMO EL

L. CLEME~S.]

00
CAR.DO
.Tomó en sus brazos entristecida
al pobre niilo, débil criatura
que va matando la calentura.
-vibora negra y enfurecida.
Abrió sus ropas enloquecida,
y á los impulsos de su ternura,
del t ibio nácar, brotó la pu1·a
miel a lbicante, que ofrece vida.

EL RETBATO,-DlbuJo de Glbtoo,

¡Pero es en vano, que la criatura
no abreva el néctar que la convida
con los panales de su dulzura,
y en un espasmo, muere, destruida
por aquel áspid-la calenturajunto á las fuentes que ofrecen vida!
ALBERTO HERRERA.

La Hue r t a
Del libro "Cármenu," ulllmamente publicado.

Haré que en amplio cauce,
cual linfa bullidora,
surta en fugaz corriente,
armónico y gentil,
el almo verso rústico
de rima vibradora,
con pompas,, omo octubre,
con flores, como abrí!.
Esta heredad yerdea
tan opulentamente,
que so las gruesas ramas
hojosas, al trasluz,
no carda el sol sus rayos,
y en un brumoso ambiente
se envuelven los troncones
privados de la luz.
Sólo cuando sacuden
los vientos nemorosos
la arca.da de verduras
con resonante son,
se filtran en los claros
los haces temblorosos,
pintando en la boja1·asca
fugaz constelación!
Aquí el caimito ;ergue
su tienua bic~lora.,
el haz de un verde obscuro
dbuelto en un barniz,
y con mullida. felpa
su pardo envés decora,
pasando en tornasoles
del sepia mate, al gris.
Aquí sus lanzas verdes,
•
con ledas resonancias,
en pugna con lhs brisas
esgrime el platanar;
y en: 1·ico despilfarro
de eróticas fragancias,
los limoneros abren
sus urnas de azah'.;.r.
Sohre pretiles recios,
rectas mamposterías

�€1 fflHIIO ll■strado

€1 ffl•nllo Tl•strado
brindan á la onda glauca
cauce garrulador;
y, como red de arterias,
las blancas cañerías
derraman en los surcos
el riego oienhecbor.
La noria, entretejiendo
sus dos ruedas chirriantes,
eleva de sus cubos
la sarta circular,
y vierte el agua fresca
en chorros borbollantes
que giran, se encarrujan
y danzan sin cesar.
Un mágico concierto
en jubilosa escala
-temblor, susurrv, trino se eleva por doquier:
aquí el agua que bulle,
allí el batir de un ala,
allá el fruto que esparce
semillas, al caer.
La luz que reverbera
vibrando en el frondaje
y acendra el verdor grácil
de la boja que brotó;
el ave que destroza
la poma en el ramaje;
el agua que en la guija
temblando borbotó ....
Harán que en amplio cauce,
cual linfa bullidora,
surta, en fugaz corriente,
armónico y gentil,
el almo verso rústico
.
de rima vibradora,
¡Jugoso, como octubre;
florido, como abril!

El Sr, Vizconde La Tour v el Comité de las fiestns del 14 ele .lullo, en el Tfvolt.

de "El Bu n Tono", los de confetti, tarjetas
postales y juguetes, que estaban atendidos por
hermosos señoritas. En el fondo del tívoli estaban los j11egos: caballitos de vapor, acróbatas, tiro al blanco, el teatrito y una casita donde se exhibía un presdigitador, y de otro lado
los salones de baile, el restaurant, y los puestos de cerveza, dulce• y 11guas minerales.
E .. la. tard~ aumentó la concurrencia, formada de distinguidas familias de nuestra sociedad y muchas norteamericanas, alemanas, espailolas é inglesa&lt;1, acumulándose en el centro
del parque,donde se trabó una pintoresca batalla de confetti y serpentinas. La iluminación
nada dejó que desear,completando el lucimiento de la fiesta las bandas militares de artillería
y el 99 regimiento.
0

LAS CASAS DE COMERCIO

Grande es el contingente que presta el comercio en estos festivales p,·oporcionando sus mejores efectos y no economizando gastos para
la construcción y adorno de los puestos.
DULCERTA DE' 'EL GLOBO"

JOSÉ I. NOVELO.

00

La acreditada dulcería y pastelería de "El
Globo" presentó sus excelentes productos en la
fiesta, levantando para ello en el centt-o del
tívoli un puesto adornado con banderas francesas, con ventanilla" de cortinas de papel de
China. llenas de farolillos japoneses policromos. Este puesto fué uno de los más concurridos durante todo el día por el público de buen
gusto, que sabe por experiencia que los exquitos dulces y sabrosos pasteles elaborados en
esta casa son de los mejores y que han alcanzado más fama en la Capital. Mme Tenconi
atendió al público con suma cortesía, ayudada por las seiloritas Gorletti, Sánchez y Miotte,
que lucían coquetos delantales blancos.
"TOPO CHICO"

Las fiestas del 14 de Julio

E

mismo entusiasmo que reina. todos los
a.ilos para celebrar el H de Julio hubo
. ahora¡ casi ~oda la ciudad de 1\1é~ico se
umó á la. s1mpát1&lt;·a colonia fra°:cesa, para conmemorar una de las célebres Jornadas de la
gran revolución que hizo sentir sus efectos en
todo el mundo. Desde la víspera se engalanaron la_ mayor parte de las casas de comercio,
Y el v1erues á las 9 de la mañana. se abrieron
las puertas del tívoli de~ "Elíseo," para dar
paso á numerosa y escogida concurrencia.
La fachada del tfvoli representaba la fortaleza de la Bastilla; á la entrada se colocó un
~usto dorado, representando la República, ba10 un elegao_te dosel rojo con las al'mas y es~udo de Francia; en los árboles lucían guías de
flores y farolillos, habiendo por todas partes
gran profusión de banderas francesas y mexicanas.
L

Otro de los puestos que ocupaban lugar preferent~ en el tfvoli era. el de las aguas minerales de "Topo Chico"; su adorno era vistoso
y gallardo; coJ)sistía en orij!'inales juegos de
bandera.s y faj ts de tela tricolor, figurando ~'L
los lados grandes rótulos con las afamada.s
marcas de •'Iron Brew", "Ginger Ale" y "Zarzaparrilla'' ,que eran buz.cadas con afán y consumidas con avidez por el numeroso ¡,úblico.
El Sr. David Labansat y sus dependientes apenas sd dieron abasto para atender la continua
venta de las excelentes aguas minerales de
"Topo Chico."

Puesto ele las ai::uas ele Topo C'hlco en el Th·oll.

En resumen, deben darse mil plácemes á. la
Colonia francesa y al Comité por el buen éxito y gran lucimiento de tan animada fiesta,que
se repetirá. el 1:l de agosto con motivo de la rifa de beneficencia que se ha organizado.

&lt;&gt;
POSTAL

Nuevo judín en .s. Juan Bdutista
una fotografía del jardín "Be•
nito Juá'rez," de San Juan Bautista, Estado
de Taba.seo, inaugurado el 16 de Septiembre
de l!IOt.
Esta obra fué iniciada por el Sr. Gobernador, Gral. Abraham Banda.la, llevándose á
ca.bo bajo la dirección del Jefe Político, Tenil'nte Co1·onel Nicolás Pizarro.
Todos los gustos necesarios fueron costea.dos por el Ayuntamiento de San Juan Bautista, del cual era Presidente el Sr. Diputado
Salvador de la Rosa.
F.I costo de la obra se ha valuado aproximadament~ en $10,000.
puaLICAMOS

\Para "El )fundo llustratlo."l

¡Oh playa, donde el turbión
ahuyenta al ave cansada
que se posa en el peñón ..... .
¡desierta orilla olvidada!. .... .
por tan triste y desolada
semejas mi corazón! ..... .
MARÍA E-.IHQUETA.

EN LA LEGACION FRANCESA

i-n aspecto &lt;lel TívoH durante la Kermesse.

E l representante de Francia, Sr. Vizconde
de la Tour, dió una recepción en el edificio de
11!' cail~ de la. ~xposición, que ocupa la legación. Concurrieron los miembros del comité
los franceses más prominentes de la colonia
alguno,s mexicanos.
El Sr. Luis H. Labadie, Presidente del comité, tomó ~a palabra para felicitar á nombre de
la colon~a francesa al Sr. Vizconde de la
Tour, qmen contestó con elocuencia en términ?s encomiásticos para nuestro país. El Sr.
Lic. Pablo Macedo, que presidía la comisión
del Comité Patriótico Líber.a l, pronunció en
correcto francés una salutamón que le valió
calurosos aplausos, y que fué contestada por
el Sr. de la Tour; después los concurrentes pasaron al comedor, donde se sirvió un luncbchampagne, habiendo brindado por su patria
y por México el Presidente del Círculo Francés, Sr. Pdul Saint Mauc.
Después de hacer una visita al hospital y á
la E sc_uela Comi:rcial, el Sr. representante de
Francia y los m1emb1·os del Comité se transladaron ~l tívoli, donde fueron recibidos por
los entu.-nastas acordes de la Marsellesa que
entonaron las bandas militares.
'
Una comisión acompai'ió á dichos caballeros
Y_la guardia. militar de la escuela referid~
hizo los honor.e~ al Sr. de la Tour, quien fué
salu~ado y felicitado por una comisión norteamericana! presidida por el Sr. Peeler.
La comitiva recorrió el parque visitando
todos los puestos y diversiones y á la una y
media se sirv_ió al Sr. de la Tou~ y á los miembros del comité un espléndido banquete.

y

/

LOS PUESTOS

Uo ::ruPo de concurrentes á la. Kermesse.

El aspecto que ofrecían los puestos era en
ex~reJ?O hermoso y art~stw;:o, distinguiéndose
pr(nc1palmente un g racioso alcázar de estilo
oriental construido por la fábrica de cigarros

Decorado de la tachada del Tívoll,

Puesto de la dulcería y I&gt;astelería "El Globo."

�€1 fflHdO Tlastrado

Páginas de la Moda

Explicación de los figurines
Núm. 1.-Traje en cachemir crema; falda de pequeños pliegues
fijados con cinta ó cordoncillo, haciendo cuadritos. Bolero de
largas solapas. adornadas con botones; chaleco de seda blanca.
Manga. de un bull6n y un pequeño globo de "chiffon" recogido
en puño.
Núm. 2.-Traje de lanilla violeta. Falda de pliegues huecos,
adornada con cintas. Corpiño ahuevado. en torno del canesú;
chaleco de punto de Alenzón. Manga fruncida en ahuevados
sobre el hombro y al unirse al puño ..
Núm. :}.-Traje de
medio luto. Falda de
seda negra plegada.
Corpiño cerrado con
un adorno de pasamanería negra y blan
ca.Manga estrechando hasta formar puño, que termina en
varios rizados de seda blanca.
Núm. 4.-Elegante
traje en l u isina color
heliotropo. Falda de
pliegues guarnecida
de volantes en forma
deabullonados. Corpiño adornado de
tres volantes dispues

TEMPORADA CAMPESTRE.-TRAJES
VAPOROSOS, SOMBREROS DE
ESTIO.-REBOZOS.

x esta época de estío, de maña-

E

_)

..
,

.

nas tibias y tardes calurosas
el aire sofocante de la ciudad
nos ahoga y se siente la necesidad
del ambiente puro y fresco del campo.
Por eso en cuanto la prima,era
se va y llega el estío. multitud de
familias dejan sus cómodas y elegantes habitaciones del centro, para ir en busca de la atractiva frescura de nuestras encantadoras poblaciones campestres; y cuando no • ·
es posible ir ,í. vivir en una casita
de algún pueblecillo durante los
meses de calor, entonces se organizan cuando menos entusiastas partidas y alegres excursiones los domingos, cuando se supenden los
trabajos y se busca agradable distracción en familia.
Es ésta una de las más hermosas
épocas del año ea nuestro país; las
calzadas y caminos se ven invadidos por alegres grupos de jóvenes,
que, cantando y riendo, van á gozar
de las delicias que ofrecen los pintorescos parajes de los alrededo·
res.
Y con la estación presente vieoe
el reinado de las telas ligeras y
vaporosas, y el predominio de ciertos figurines: el linón liso 6 bordapo, la etamina, la muselina de la
India, lucen en graciosos trajes
adornados de encajes sutilísimos
que parecen copos de espuma, y de
brillantes y suaves listones. En estas últimas semanas ba habido una
gran demanda de telas floreadas,
que sobre vivos colores y con los
nuevos figurines llenos de a.bullo-'
na.dos y pliegues, recuerdan las airosas "toiletetes 1 • de la época de la
Pompadour, que se completan con
los sombrerillos de alas¡¡_tendidas,
adornados con sencillas; guías de
llores.
La seda líberty sigue privando
en los vestidos y sombreros, ya en
tela, ya en listones, aunque le ha
aparecido en estos días una rival
que no es remoto que la destrone y
usurpe su puesto: la luisina.; esta
tela fina y suave no tiene el aspecto de la líberty, cuya tersura. re •
cuerda los peta.los sedosos de las
rosas: pero no se arruga con facilidad como ella, y es más accesible
ea su manejo y confección. Muchas
blusas de los últimos modelos de la.
moda francesa, vienen en luisina,
y cuando las parisienses, las mujeres más elegantes y de gusto más
exquisito en el vestir, adoptan una
tela, ésta no dilata en tener plPna
aceptación en el mundo entero.
La luisina, aun11ue es de seda, es
ligerísima y suave, y se adapta
perfectamente á las exigencias de
los figurines de esta estación.

***

Grepúsculos
Era en la tarde. En el nubloso cielo
agonizaba el sol. Sobre las rojas
manchas de luz, la. noche, entre con"ojas,
0
tendió su enorme, funerario velo.
En torno de los dos, con leve vuelo
giraba el cierzo; y al mover las hojas,
parecía tocar sobre las flojas
cuerdas de un arpa músicas de duelo.
Solo estaba el jardín; y, pensativa,
á, mi palabra. se mostraba esquiva.,
en una obstinación de sus enojos.
Cuando, de pronto, llama. vencedora,
su comprimido amor, como una. aurora
encendió la. gran noche de sus ojos.
'

Junio, 1905.
DARIO HERRERA..

LOS POETAS SENSITIVOS

Tº~s
esos poet~s son del_icadísimos y complicados, á, quienes su misma delicadeza enfermiza ahuyenta de las realidades brutales de
la vida; á quienes lastiman á cada paso las
piedras del camino y durezas de los hombres
y que se refugian en sus sueños. Débi es par~
11:i' lucha de los sexos, que es el amor, son vencidos en ella; soñadores de felicidades eternas
exigen de este sentimiento voluble una. dura.:
ción infinita; rinden un culto casi místico al
Femenino Eterno, y cuando vuelven de sus éxtasis, encuentran á la mujer que los fascinó con
la elegancia del porte, con la. belleza de las
formas, con el perfume sutil que de ella emana?ª• ~on la dulzura. de los largos besos, y á,
quien idolatraron de rodillas, inferior á sus
sueños mismos, que se han desvanecido al ponerse en contacto con la realidad. Se detienen
á meditar junto á. las tumbas viejas, donde no

hay una piedra que diga el oombre del muerto;
se dejan fascinar por el brillo fantástico de las
constelacione~ en las noches transparentes;
p1·estan oído á todas las voces de la Tierra, como deseosos de sorprender los secretos eternos, Y como aquello no les dice la última pa·
labra, como la Tierra no les habla como ma•
dre, sino que se calla como la Esfinge antigua ,
se refugian en el Arte, y encierran en poesías
co~tas, llenas de sugestiones profundas, un in·
fimto de pensamientos dolorosos.
JOSÉ ASUNCIÓ!'&lt; SILVA.

Los sombreros han tenido algunas m'ldifica.ciones: su tamaño se
ha reducido sin hacerse pequeño,
las copas casi desaparecen, y la
falda levanta de atrás, á pesar de
que el caído sobre la parte posterior de la cabeza fué recibido con
unánime entusiasmo por nuestras
clamas y vivió mucho tiempo. Al
lado de Ja,¡ llores han llegado sútilPs fliynttc~ que dan un tono de
• gracia y majestad á los sombreros.

***

Pa.ra las excursionistas que g-usta.n de explorar los campos, de trepar por lw s montailas v reposar á
la sombra de los corpulentos árboles, hay primorosas telas de indiana en color crudo ó gris, que con
un sombrerillo redondo, cubierto
por amplio y tupido velo que baja
sobre el ro_stro, completan el verdadero traJe de excursión.
Parece que se han dado cita en
las alama las de los pueblecillos
esas prencfa s netamente nacionales Y 4';10 sólo el garbo y-¡i1·acia de
las mexicanas saben lucir: los rebozos.

En los pa eos vespertinos y en
las serenatas, puede verse el con·
junto encantador que ofr8(',en sobre
las tra,;¡sparentes muselinas los
artísticos cruzados del rebozo, cuyas puntas se enredan entre los
volantes de la falda.
Los de tinte tornasol quedan
bien sobre cualquier vestido: pero
los de un solo color no han de ser
muy distintos del matiz dominante
del traje, porque harían mal efecto.
Hay que lucir los trajes ligeros,
porque no tarda 1a moda de entretiempo en traer sus figurines más
serios, y con ellos telas que nos recuerdan las lluvias y los v•entos del
otoño; entonces los campos quedan
tristes a.l suspenderse las partidas,
y hay que entretener las horas leyendo tras de la vidriera. ó en la
butaca del teat1·O.
MARIA LUISA.

�El fflll40 Tlasrrado
tos en berta, canesú y guarnición de las mangas de encaje fino.
Núm. 5.- Traje de tarde, en vaporoso linón
ble.neo. La fa.Ida. se sujeta. con cuatro hileras
de pequeños ahuevados y se adorna. con volan•
tes en forma. y rizado de seda. blanca.; entre los
volantes va.nancbos entredoses ca.lados. El corpiño lleva dos vueltas del mismo adorno que
la falda, con un corselet.e de seda; las manglis,
de un solo bullón y con alt-0s puños de guipure. El fondo del vestido se hace de raso azul
pálido.
Núm. 6.-Tra.je estilo sastre de estío. Falda
y chaleco de piezas encontradas. Chaquetilla
de seda negra con vueltas de terciopelo en los
puños. Pechera y cuello de cambray, y corbata
de seda.

reuniones, carreras, exposiciones y teatros, por
las elegantes parisienses, y luego proclamada
por las crónicas y revistas femeninas.
¿Por qué cambia la moda en cada estación?
¿Por qué las mangas que se alargaban hasta
el puf'io, ofrecen ahora hombros abullonados,
y las fa.Idas, ayer estrechas, son a.hora tan am·
plia.s'I Lo que desagrada este ailo, el pasado
encantaba., y lo que ahora gusta, ma!l.a.na es
rechazado.
Si se entra una tarde á. las cinco en la casa
de uno de los grandes modistos, cuyas venta-

cunas
llUt~o Surtido dt

~

--------------------1
~

y~

Para lliños

camitas.

00

LAS MODAS

Mecedora colgante de hierro y
lona

LOS QUE LAS HACEN Y LOS QUE LAS PUBLICAN

moda es un tira.no que impone sus caprichos á todas las mujeres: es crea.da por los
grandes modistos, lanzada. al público en las

L

A

Es fuerte, es cómoda, es, lo mis=
mo en un jardín, que en un corre=
dor ó galería, el más agradable
asiento para la presente estación.
Peinador y Rasurador (am=
has cosas) niquelado, giratorio,
y susceptible de colocar su es=
pejo á la altura que se desee.

.. ...
.....
a.-

~~
~~

~

a..

c..

E
......

Fi,rurlnes números 4, ~ , 6.

...

nas dan sobre la ca.lle de la Paix, sobre la. plaza
Vendome, ó sobre el bulevar Ha.ussman'l, el observador nota. la. vida intensa. y febril que corre á. través de infinidad de salones. Parece que toda. la elegancia. y lujo de París se ha. concentrado allí.
Las deliciosas parisienses van y vienen, pasan Y
vuelven á pasar, entran y salen, con brillantes mi·
radas, é indican la alegría de vivir, la coqueter~a. de
ser bellas, el sentimiento de adulación que inspiran.
Desfilan portando los últimos modelos, son ma.•
niquíes vivos, destinados á. hacer valer el encan~
sutil de una ''toilette'', el delicado corte de un corpiño, 1á. flotante envoltura. de una falda..
Allá, ante un espejo, la elegante se somete una ,ez
más al dulce y terrible suplicio de prol&gt;ar; presa. de
manos que ele.van alfileres, las telas la. van en~·olviendo poco á poco y lucha. contra. el cansancio Y
sonríe. Algunas veces, el gran costurero, superior·
mente chic, aparece, y cortando aquí y allí, entre
cumplidos y regaños, la. toilette se transforma.,la. manga. se abulta., el ta.lle se hace más gracioso: e_ste ca.ba.l!ero artista es el más rápido y más infa.hble de
los mágicos.
Es él el que crea. la moda; combinando modelos
nuevos,hace obras maestras, destinadas h llamar la
atención en las carreras, en los teatros.
Muchas veces en enero, época. en que se piens~ ~n
las modas de prima.vera., en abril, tiempo propicio
á. la. elaboración de las modas de estío, en plena.
canícula., hora. favorable á la invención de la.s mo·

Tambores de alambre de acero, clase extra, bien para
camas de hierro, de latón ó de madera.

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echo a pique le p1rar¡ua enq11e naveqa/Ja.
pie r/eunª:bol, sulh;gfoelfuror delosmoscos. sino_ quuer.nbrósuspm/ir/as energías.

[ti

fl({
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'')t\'.

el

FePo cu1ndc/J;;:,,1¿de s11desc---jr/mienlo.· cuanAprovecl1antlo ar¡uella Peacc,on.empnr,ifió el Ller¡iJdo a su,011eólo, con 'ó Si/t mara;11llrJas a- do tli¡o fue dr¡uef:íme CANEI/ 1URApuedev1Í'il'
11er¡nso a supais. manteniéndosedul'anleelca- venlul'/Js,caus11nóo!11-aom1rac1on dt&gt;~ 711elles ,'lf',,fec/,...~"1J'nle si?c·otteP,loto-111ronporlocoy
lo ll,¡~aNJ,I
mino.exelus1vamente.conelhumo tleCAKEU1//RI buenas qe.1/es
,,,. ¿¡/man/1omio.

1\1~' ==~

das de otoño y de invierno, el gran
costurero se recoge, toma entre las
manos la cabeza pensativa, llama
los r6?urso_s de_ su ingenio é implora su nnagmac,ón, Ante sus ojos
baila en letras de fuego su famosa
divisa: "¡Nuevo, más nuevo, siempre nuevo!"
Y para ayudar su imaginaclón
ab1;e su á_lbum de v_iejas estampas:
est1lo Luis XV, Lms XVI, Luis Felipe; busca inspiración, de pronto se da un golpe en la frente, entrevé cosas un poco indecisas, indicaciones vagas, llama á su dibujante preferido, y la indicación
vaga se precisa, se determina, después se corrige y se ejecutan variantes, y así el gran modisto cna
la moda, Una vez hecho el modelo,
hay que lanzarlo al mundo; ¿de qué
manera'/ Existen "lanzado~as de
modas," profesionales. Mujeres conocidas por su elegancia, que poseen en alto grado el arte de lucir
una traje; el modisto las atavía por
su cuenta con la sola obligación de
mostrarse en público, en las carreras, paseos, exposiciones, donde
los fotógrafos las retratan, publicando después copias en revistas y
periódicos que recorren el mundo
entero, siendo adoptados incondicionalmente estos modelos, pues la
moda es el único tirano á quien
nunca se ha exigido una constitución.
Al lado de las ''lanzadoras de
modas" figursn las "reinas de la
moda," mujeres elegantes que saben llevar los trajes con mucha
gracia, y que como tienen muy buenas relaciones, cuando adoptan un
modelo, es rápidamente copiado;
entre éstas se encuentran mujeres
de teatro: MlL Sorel, Marcelle Lender y Mlle. Demarsy, cuyo chic tan
conocido da mayor realce al lujo
de los figurines.

Abi.,oal'IJpl'Oóa,•su a,serlo. se sv¡elóalexpert - Tr¡nscurrído elp!azo,pal'IJ de,r;oslrar que no /J fntreyandoser/espaes álos mas ~,'tl/er;los emenlo, ,-:,11nlehfehl/ose .JOd,as sinprobaróoci/ - óía,oerdir/Jsuv/9"91', oíó ur; ql'/Jn asalto de esqri- jereicios de la eq11ilsehn
ma mane¡ano'o un/Toretequepesaba ?5 falos
do.y fumando umcamenle CANE!A PIJR/1
'+&gt;

-

Estomáquica, Antiséptica, Tónica, Reconstituyente y Febrífuga

La QUINA LAROCHE, que contiene la totalidad de los principios
bienhechores de las tres especies de quina más renombradas, posee naturalmente las propiedades medicinales de dichas cortezas, meJoradas en
el más alto grado, mer?6d_ á_ su fori:na líquida y á la hermonía que preside á la unión de los prmcip10s activos.

Umco Kepresentante en la República.:
JUAN DOSE

ffltxico, Jlpartado 567.
y Cajones

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'
o
•
1;con&lt;kEn ser¡u,da bailó en el alamól'e eunla mayor Yacabópo~e¡ecular_alqunas suerles del to- t:~rid~conlagrilPCrvl o'e _"flHamóre."t¡&amp;r/Ó,IJl'3t:t3I
Peo. que haó1a ap,•endidoenunwa¡epor f.s,oa- aCAlif!A PUl1A.end,spos1C1ondenacerser1~•0,yde
(lef'lei:c1on. el famoso cake walk h/11/ado
ña
,nmcr!alilarsun11mórtcan /annolaAle experimenlo.
'fl 81/[II TONO' S A

1l B!!!f TONO. '1.4 tiene re.qistrada conforme ala le.11lapropiedadde estos anuncios.

Salea jerónima (bechamel)

Comiéncese Por derretir 17i\ gramos de
manteca en una caceroht:agNÍguense otros
tantos de harina y 100 de jamón crudo. cortado en forma de dados. Ténga.~e cociendo la harina durante 10 minutos sobre un
fuego moderado. removiéndola constante·mente é impidiendo (Iue a&lt;l(Iuiera color;
1·etírese del fuel?O y deslíase PoCO !t ¡JOCO
con leche caliente, J)ero evitando oue se
formen grumos, dejando que la salsa conserve ~u consistencia. Después de Ponerla
á her,•ir nuevamente, l'etírese á un lado
del fuel?O, ai:rréguese un ramito de perejil
con una hoja de laurel, l' ·échense algunos
granos de pimienta:, de cebolletas escogidas. Efectuada esta adición, se pone ::t cocer la salsa durante 20 minutos y se parn
en Se:?uida pQr el tamiz á otra cacerola: se
h, coloca bajo la acción de un fuego vivo,
revolviéndola con frecuencia,~- se incorJ)Oran á ella J)OCO á 1&gt;0CO varias &lt;'ucharadas
de nata 6 crema cruda. Cuando la salsa
esté esJ)esa, su gusto sea bueno y su asJ)ecto de crema, se la pondrá á enfriar,

"'ma''I"UI.""ª
PORQUE provoca la secreción de la saliva,
\. t activa las funciones del estómago y excita las
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PORQCE los taninos y resinas que contiene,
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llevando su acción
á las células encargadas de
€$
absorber el líquido nutricio, le comunican una _vi~ali~ad nueva, aum~n\.,\1

\.

\.\.-\1

] \.

tando en proporcio1;1es enormes su J?Od~r de asnnilac1ón, La sangre circula con mayor rapidez, y por consiguiente, aporta .con mayor frrnuencia en el mismo tiempo, 10s elementos de regeneración y de acrecentanli~nto á los tejidos que irriga. Los glóbulos de la sangre adquieren una
gran riqueza, el oxígeno se lija con mayor facilidad, y de ello resulta
una sangre más generosa,

'Z:~br'1fU"a
PORQUE cuantas veces el aumento de 1~ tempe' \.
t ratura coincida con un estado infeccioso, como,
Es
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~

del E3tóm&amp;go.

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será reforzado por las propiedades antisépticas. que al diri~ir su acción
á la causa misma de la enfermedad, es decir, al microbio y a. los venenos
que secreta, aportan un elemento importante al feliz resultado de la medicación,
Por parecernos de actualidad, reproducimos algunas opiniones de
periódicos científicos y de eminentes médicos que han estudiado detenidamente la QUINA LAROCHE.
Del Morimiento :Jlidico de París:
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economía, y sobre todo, para combatir las fiebres perniciosas, disenterla, etc."
"El que subscribe, Jefe de Clínica de la Facultad en el Hotel "Dieu"
de París, Médico de cárceles del De¡,artamento del Sena, certifico: que
he empleado con muy buen éxito, desde el año 1853 hasta la fecha, la.
QUINA LAROCHE, y afirmo q~e habiéndola _us~d? en mi propia persona muchas veces, le he reconocido desde el pr10c1pio hasta hoy las misma cualidades y las mismas propiedades, como mEdicamedto agradable,
tónico y febrífugo. - Dr. De B eauval. ''
"El que subscribe, Doctor de Medicina de la Facultad de París, certifica que la QUINA LAROCHE posee las cualidades de una muy buena
preparación contra las liebres, y que como tónico da los más brillantes
resultados,- D1·. Garrigat."
"El que subscribe, Doctor en Medicina dela Facultad de París, Miem·
bro del Jurado Médico de la Dordoña, certifica que ha.hiendo prescrito la.
QUINA LAROCHE, ha que-:lado satisfecho de los buenos resultados que
da como febrífugo, tónico y digestivo, y estima que está. llamad .. á prestar muy útiles servicios á la terapéutica.-Dr, Limo?.Lsin."
''Uaramar (Alta Geronne), 2 de octubre de 18.- Seiior: Le agradecería
á Ud. mucho se sirviera envia,me dos frascos de su QUINA LAROCHE.
Esta excelente preparación me d;¡¡. muy buenos resultados, ya personalmente, ya. en mi clientela, y no sé cómo agradecer á. Ud, los frascos que
me ha. enviado,
"Sírvase aceptar mis sentimientos de.gratitud y de 11.fecto.-Dr, B a-

quie.''
"Limoges, 5 de noviembr~ de 1897,-Sei;lor: He obtenido excelentes resulta.dos con la QUINA LAROCHE, ferruginosa, que se ha servido Ud
enviarme en el mes de agosto último, y que he usado con mucha frecuen:
cia desde entonces.
''Deseando que la aprovechen algunos enfermos indigentes le agradecería á usted infinita.mente se sirviera. enviarme una. ó.dos botellas,
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>El Mundo Uustrado
dlfo Dolores; ¿tambl6n lo compraste? ¿Có·
mo se seotulan las selloras en estas si·
llas tao altas?
-Aqal voy i etbu un moblllulo oueveelto, sin esas cortinas destellldas, continuó Mootellaoo. Voy A forrulo todo de
pelache. SI esto parece una sacrlstla donde da miedo hablar recio; cuando mucho,
se puede comprar este bau lito por 10&lt;1 suncbos deplata; y volviéndose !lacia Roberto, que Impaciente y oen•loso se mordla
IOll labios:
-Amigo Avlla, ¿me lo vende?
Roberto babia estado observando cómo
disonaban, en ese ambiente senorlal de
cosas deste!lldas y suaves, el cuerpo de
M.ootellauo, que pareclaformado • hachazos; el color de ladrfllo de su fisonoml1;
su voz estentórea, acostumbrada á la Inmensidad de los llanos y á la soledad de
los bosques; sus braseas movimientos, su
manera de plantarse y de respirar, sus
gestos de campesino. Los ples acostumbrados A andar libremente 1ntre guijas y
troncos, deforman los botines; la mano
velluda, al sellalar los obJetos, aprieta y
blande un bastón disforme.
UN REGALO S.\LVA LA VIDA
A UN OBRERO

N Gestro distinguido amito el señor
don Herminio D.laz, de MixtUn, Jal.,
México, hablando de las afamadas
Píldoras de Vida del doctor Roas,
dice: cHacía algún tiempo que venía
padeciendo de una afección aJ hígado, hasta el grado de impedirme el
que me dedicara á mi ocupación de
zapatero.
cUn día pasé á la casa del señor
don José Concepción Rodríguez:, comerciante de este lugar. Dicho seii.or
se sorpreudi6 al ver mi aspecto cadavérico, se compadeció de m1 y me
regaló un frasquito de PUdoras de
Vida del doctor Ross, acousejándome que las usara según las direccio·
nu adjuntas á dicho frasquito. Las
tomé, y gracias á Dios y á las benéfi·
cas Píldoras de Vida del doctor Ross,
estoy testablecido por completo&gt;.

-Pasemos á ouo cuarto-dijo Roberto.
Y sublenclo y bafando escalones, abriendo mamparas de cuero, pasando por pnertas, muy angostas unas y muy anthas
citras, atravesando pasillos oscuros, recorriendo la casa de¡amueblada y sola,
cuarto por cu.uta.
-Aqul-&lt;&gt;bservaba Montellaoo,-puede
ser mi escritorio; .t esto hay que darle luz;
tus piezas pueden quedar en este lugar.
Cambiar esta ventana, quitar las baranr
das, envldrlar el corredorancbo.... ¡hum ....
bum . .. . 1 esto va A costar un pi atal.
Dejaron el piso alto y bajaron al jardln,
q111 abarcaba un lomPnso espado.
Montellano, vuelto de cara hacia el muro, abiertos los brazos para co¡tr el bastón por ambos e:i:trrmos, Iba abso1to á lo
largo de las paredes, tomando medidas.
Uno ....dos ...tres .... sels ....ocbo ....dlez.
Entretanto RobeJto y Dolores circulaban
por entre los arcos de los rosales.
Ella Iba altgre, como en su elemento,
oor las calles del far&lt;IID, admlraooo las
ti ores, arr1ocando algunas, dilatando c.on
.1elelte las ventanas !le la narlz para resvirar Intensamente los aromas de los cla,reles. Sentla á veces uo tlronclto en la
r&amp;Ida ó en la mantilla, y, con ojos de te.
rror y boca de risa, ethaba atrh la mirada
y ti cuerpo, mientras Roberto la libraba
!le algOn rosal que, como ena.morado, parecla querer retenerla.
En los cuadros se enmara flan tallos desgarbados de malvarrosa, cubiertos de flores de un rojo luminoso; rosales viejos,
con tronco de arbusto, gajos verdes y p1111.
pollos morados; Itrios blancos, novios encendMos como brasas, flotantes en ondas
de verdura; macetas de claveles, fucclas
que cuelgan como goterones de sangre,
azucenas como vasos de alabastro: y por
el suelo, desbordando de los cuadros . los
regueros de leche de las lilas. Descuellan
sobre las flores un papayo de verde Imperecedero y un naranjo, cuyas bojas deslustran y encartuchan las telaranu.
-Ptro mira, papA, no faltan ni plantas
medicinales: saQco, toronjil, yerbabuena,
albahaca.
Don Ramón, Impasible, hablando para
si, tomaba medidas y medidas con el bastón, y hacia nlimeros en los puf!os de la
camisa.
-El rastrojo hay que echarlo todo al
suelo. Voy A pasar la escalera al centro,
y , meterle A la casa dos almacenes has-

ta el fondo. Le voy .t hablar para que me
baga el plano, al doc:tor Karlonoff, lngenJero que me recomendó mucho el doctor
Alcón.
-¡ Y este rosal tan precioso que se enreda en el balcónl-exclamó Dolores encantada.
Por la orilla de la puerta se alzaban,
agarrAndeise en to&lt;l,s 115 grietas, los tallos de un rosal antiguo que Iba á retorcer
sus gajos en los balaustres !le uo balcón
alto y .t. cubrir el marco con un pabellón
de hojas. Sobre el fondo verdluegro se
destacaban, como una constelaclOo, las
rosas de Castilla, tan pálidas que pareclan
estar muriendo de nostalgia. Al rozarlas
el viento, temblaban con temblor femenino
y exbalabao de sus cálices de nieve un
aroma arbtocr.ttlco, com? aroma de otros
siglos.
Roberto se adel111tó, tomó algunas rosas y las ofreció .t la hlja da Muntell•no.
-Estas rosas-dijo- tienen su historia.
En el siglo XVII vino de Ca~tlUa doila
Agoeda de León, mujer del oidor de Avlla;
la castellana se vino con dolor de abandonar su tierra, y en recuerdo trajo un ple
de este rosal, que conservó con esmero
durante la luga travesta; lo sembró aqul,
y cua.ndo crmó, ella no encontraba m6s
consuelo Asu nost.ilgla, que respirar el
pe,tume de estas flores en que hallaba el
pelfume de la patria. En los aniversarios
de sus bodas se adornaba con ramllletes
de estas flores . Cuando murió la cubrieron con sus rosas queridas.
¡Qué Interesante historia!
-Como la casa y el rosal son ya suyos-afladló Roberto con una sombra de
melancolla,-• usted pasa el derecho de
llevar las rosas de Cutllla tn su velo de
novia. Dolores se sonrojó, clavó en Robuto sus ofazos oe¡ros; sonrió, quJso contestar; permaneció callada.
A todo esto, Montellano vagaba por el
jardln, haciendo sus ctlculoa en voz alta,
tomando medidas A pasos largos é lgu•les. A derecha 6 Izquierda descargaba
mandobles, tronchando lirios y 1zucenas.
-fato estorba aqul,-dljo al acercarse
al rosal, y obedeciendo ,t un atavismo de
zapador de montafla. frunció las tejas,
contuvo el resuello, se echó atrAs, apretó
la empul\adura del bastón y descargó sobre el rosal un tajo formidable.
Tembló el troaco, mostrando una ancha
herid•; crujió el ramaje IO&amp;ubremente, los

¡ajos se estremecieron, s1 balancearon en
el aire, como si una sensación de dolor
corriera por sus fibras. y una llnvla de
flores blancas cubrió A Dolores y ARoberto.
Roberto, despu6s de mirar al cabronazo
de Montellano con la cólera y el desprecio
de diez ¡e_neraclones , cubrió su tmoclOn
con una carcajada seca y gutural.
-Ya tiene usted su velo de novia, todo
de rosas de Castllla,-exclamó suav izando l,a expresión y dlrl&amp;ltndo5e á la Joven .
-Papa: este rosal es mio, qulMo conserurlo. Nadie lo qulta-a&amp;regó con acento
y adem.tn Imperioso.
Roberto, con una venia, le dló las gracias, se despidió y salió rapldemente.
En el zaguAn se detuvo vacll,nte; queria antes de arrancarse de alll , echar una
llltlma mirada al patio de la casa paterna.
Hasta él llegó, como voz de despedida, la
voz amiga del a¡ua en el tazón de piedra ,
que parecla Uour la deserción de los
amos.
En la calle, sus ojos se fijaron en el ucudo de familia, tallado sobre el arco de
entrada; en la piedra carcomida por los
1flos leyó la vieja lnsalpdón: Gloria y
JJ11,1n.
LO RENZO MARROQUIN.

de

NAFÉ

LANORENI
contra

la Tos, el Catarro
la Bronquitis

México, Noviembre 4 de 1910.

A "La Latino-Americana" Mutualista, Compañía de Seguros sobre la Vi•
da.-Calle de Cadena, 21.-Ciudad.
Muy Señores míos:
Hago constar, por medio de la presente, h, her recibido de entera conformidad la cantidad de V e¡ n.
te mi I pesos, importe de la póliza número 3,082, bajo la cual estuvo asegurado el señor Don Andrés
Eizaguirre y Oancbegui, á favor de sus hijas Ana y Josefa Eizaguirre y Leguía Darqui, menores de edad; y séame
permitido dar las más expreEivas gracias al Señor Licenciado Don José Luis Requena, actual Presidente de esa bonoc
rabie Compañía, por haber ordenado se me pagara la póliza en el momento ~e presentar el certificado que me acre•
dita como tutor de las beneficiarias; Jo que ha tenido verificativo ~ in dificultad alguna, pues á las cinco de la tarde
presenté el citado documento y á las 6, ó aea una her-a después, me ha entregaª
do la cantidad mencionada su digno representaotr, Señor Don R:1món Pérez Carreño.
Como esta conducta es digna de todo encomio, autorizo á ustedes para que hagan de la pnsente el uso
que más convenga á sus intereses.

Roberto Yrizar.
Rúbrica.
Hemo~. sido test!gos del pago de $2~,000 que ha hecho ''La Latino-Americana" Mutualista, Compañía de Se•
guros ~obre la \_ida, al Senor Do~ Roberto Ynzar, como tutor _de la~ menore~ Ana y Josefa Eizaguirre y Leguía Darqui,
beoefic1ar1as designadas en la póhza ntímero 3,082; .Y con satisfacción consignamos haberse verificado este pago una
hora después de presentados los documentos relativos, por lo que aprobrunos se publique la presente pues conviene á
los asegurados de esa acreditada Compañía estar enterados de la conducta altamente elogiable con que ha procedido
"La LatiooªAmericana."

Erne5to Pogibet.
Rúbrica.
Director Genera] de "El Buen Tono."

Lle. lndalecio Sánchez Gavito, hijo.
Rúbrica.

c.,Año XVII .-Tomo 11

~éxico, 4 de Diciembre de 1910

Número 32

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QUINA LAROCH~
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Debilidad, Agotamiento, Dispepsia,
Falta de Apetito, Convalecencias,
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•
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BIOIVIEIOS

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•------·•

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_____., J:::I.D

�El Mundo Ilustrado
El ,Mundo Ilustrado
·

Calendario de la Semana

1

LaSaludTrae Consigo
La Felicidad.
La mala salud es la caus a
de los sufrunientos y no proporciona ningún placer. T oda
mujer que padece algún desarreglo de sus órganos femeninos
se puede convertir en vigorosa
y hennos,1 con el Compuesto
Vegetal de la Sra. Lydia E.
Pinkham. A continuación publicamos la carta que escribe á la Sra. l' ínkham, la Sra. Rhona
McCoy de Gran Caimán, East End, Antillas Inglesas:

DOMINGO
4
(rq de mes y 2 ~ de Adviento ). San Pedro Crlsólogo. obh po confesor, y doctor
de la ir;lesla, (su fiesta el dla siguiente).
Santa Birbara, 'I' lrgeo mArtl'I, especial
abogada ¡;ara morir con los auxilios espirituales. san Meleslo, obispo confesor.
-Oficio y misa de la Dominica: rito semidoble y ornamento morado; se hace con•
rnemoraclón de Santa e,rbara.-EI Evan ·
gelio refiere el testimonio que dió el S• l·
vaclor de su divinidad , San Juan Bautista.-( ? . S.)

LUNES

El Compuesto Vegetal de lydia Es Pinkham
"Por muchos años fu{ víctima de la menstruación dolorosa, sintiendo un fuerte dolor atr:m~s de mfa espald as y
caderas ; y habiéndome recomendado una amiga el Compuesto Vegetal de Lydia E. P inkh:im como ensayo. me
decidí á esc1ibiile primero y pedir su consejo. Inmed iatamcnl!.' principié á tomar el Compi1esto Vegetal y
desde que acabé la novena botella 110 me siento nada..
Un millón de ~aci::is por lo que me ha hecho á mí y
no fallar.E en rccomend:.u lo á las mujeres qne padecen."

5
Sao Pedro Crls0logo, obispo confesor v
doctor (del dla aoterlor).-S1.n SabAs.
abad, Santa. Crisploa y los beatos Jeró·
nlmo de Ao¡ells y Simón Jempo, mArtlres.

6
Sao Nlco!As, 11.rzoblspo confesor.

MIERCOLES

l1 reparndo en los Labomlor ios de

Ll:DIA I!:. l'IXKH.A.111 JIIBDICINE OO•• L ynn, Jlfass., E. U. de A.

7

I

.A los Señores
JESUS M. T.A.BOADA.-Box 5. Bronswille, Tex. ,

U. S. A.
FELIPE DE J. RUIZ.-2l!o F)Ores, 4.. Agua.scaliente6,

Ags.
JOSE R. TIJERJNA. - Calle Ju6rez, 35, Monterrey,

N. L.
M. t MENDEZ.-Apartado 09, Hermosillo, Son.
RAFAEL Y. CRUZ.- Tulancingo, 51/a Hidalgo, letra
B., Hilo.
JESUS RIVERA.-Calle de Morelia, 9, Hermosillo,
8013,

SRITA. AMADA QUINONES.-Tulancingo, Hgo.
JUAN RODRIGUEZ F.- Antes en Frontera, Tab.Abora en Coa.tzacoalcos, Ver.
ISAAC PINA.-Jefe de la oficina telegráfica en Durango, Dgo., antes en Hermosillo, Son.
VICENTE F. GUZHAN. - 3~ Real de San José 8,
Puebla, Pue.
Les suplicamos manden liquidar las cuenta que con
nuestra Administración tienen pendientes, por ejemplares de nuestros semanarios que les remitimos durante el
tiempo que fueron nuestros agentes. Nos dirigimos á
ellos por este medio, en vírtud de no baberrecibidocontestaoi6n á ninguna de las muchss y repetidas cartas que
sobre este asunto Les hemos escrito.

(id. Uitora Na(ionaf, s. A.
México, D. F.

11tilizarlos, es menester extraer el
fierro ú oro de la piedra mineral.
Lo mismo p11ede decirse d el acei'º do hígndo do bacalao pnro.
Sus virtndes no ao encuentran en
sus materias grasosas y mucho
méuos en su asqu eroso sabor y
&lt;Jlor. , ns efectos sobre los n er do", l:~ rrpugna'1.:;in. con que lo
•¡•cil&gt;e el estómago, son mfls que
~11ficientes pnra contra.restar, en
l.t urnyorí11, do las gent es, su s
buenos efectos como m edicin a, y
e1,o sin lomur en cuenta que es
1lo dificil digcsli6n. Sin embarqo, siempr e hemos t enido m oLivo para creer, que emrnelto en
los elementos que compon en el
Lceite de ba&lt;:alao, se encontr aban
propiedades curativas del m ás aJ.
1o v:ilor. Pero fu 6 n ecesario sepa."arlns d o su n auseabundo. matriz
_•n qu e est::tban combinados, y eso es lo que con gdu éxito se hn
efectuado en la elaboración d e la

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LA CIUDAD DEL PORVENIR

ANTES DE POOER ,

V1gllla de la Purlslma). Sao Ambrosio,
ob spo cooresor, padre y doctor de la lgle·
sia lat!oa.-A las tres ymedlade la tarde
~e cantan en catedral las vlsperas; sl¡ue
la salve, maitines y laudes.

JUEVES
8
La Purlsima Concepción de Maria Sao•
t(slma, patrona principal de la América.
San Eucario, oblsno coofesor.-Oficlo y
misa. de la fiesta del dla: rito doble de primera cl11.se coa octava y ornamento uul;
se conmemora la feria ocurrente.-Funclón solemne é lndulgencla plenaria en
catedral.-Funclóo titular en la Concepción, Jesús Nuareno, Salto del A¡u1.,
Coocepclóo Tec¡uipehuca y Concepclóo
lxoabuatonio.-Tambléo hay faoctóo eo
la. Profesa, Corpus Christl. Santa CI ara,
Jesds Maria , Sao Miguel. Santa Catarlna,
Seíior San José, Sao Pablo y otros mu·
cbos templos.- En la baslllca funcl0o de
la diócesis de Tulanclogo.-lodulgencla
plenaria en 1as iglesias que tengao el
nombre de alguna de las advocaciones de
Maria Santlslma.-Vlsperas cantadas por
la tarde ea catedral.-(?. S. )

en cuyo eficaz r emedio, t an sabr oso como la miel, t en emos t oda
la esen cia del Aceite d e Bacalao
puro, combinada con J arabe de
H_ipofosfitos 0ompuesto, Ext ractos de Malta y Cerezo Silvestre.
Est oE ingredientes, constituyen
un reconstructor de tejidos, an
pur ificador de la sangre, y un reconstit u yen te gen eral incomparable. A nte este remedio, la enicrmedad se r etira con una eficacia
y ra.pidez, r;ne asombra á los facultnti v,,r ~:mto como deleita á
los enfermos. En los casos da
Escrófula, Diarrea Crónica, AfeoJiones Pulmonares, j amás d eja de
proporcionar u n nhvio y cur ar.
·' E l Dr. N . Ramirez Arellano,
Pr ofesor en la E scuela N acional
le Medicin:1 do México, dice : La
Pr eparaci ón do Wampole ee do&gt;1omente eficaz en las Afeccio1es Pulmonares, por la acción de
·os p rii,cipios nutriti vos del aceito do hí~ado do bacalao."
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(Ayuno ) . La traslación de la santa
casa de Loreto. san Melqulades, papa
m!rUr,
'

.

EL PERFUME ROSE DE CHIRAZ

d, b cm P. Wolff J Soa, maerda la lrapacia snn
de In rosu de Pma.

Soberanos contra la Jaquena, las
Almorrn11as, las cnfern11~11:ic1os del
111:,racto y con1-ra todas las nrecclono~
!le Intestino~.
L.-J. GUJNET, ÍllDIRtAutlUI, 1, ru&amp; Saulnler.
PARJS
.

No vamos á. hacer conjeturas, más ó
menos aventuradas, acerca de las ventaJas y comodidades que el constante
progreso ha. de procurará. los habltantes de las oluda.nes dentro de un si
glo. Se trata de algo má.s positi vo y
nada. fantástico. La ccludad del porvenir» tiene y_a un nombre: se llamaré
Routevllle. Los planos están ya. traza.dos, sus materia.les dispuestos y las
ca.sas que toda.vla no están oonstrui
das, tienen ya. lnqu1llnos.
Ti.les milagros sólo se producen en
América..
Un Ingeniero de Nueva York, Mr.
Edga.rd 0ba.mbless, ha tenido l&amp; idea
de construir, al borde de una gran carretera, uno de esos edificios monstruos de oaarenta pisos que constituyen el orgullo de la. metrópoli del
Nuno Munc!o, y aplicar en un plano
hortzoutal los prlnotpios de esas gigantescas colmenas humanas, cuyos
últlmos pisos se pierden de vista. en la
bóveda celeste. Es decir, en vez de
prolongarse en sentido vertical, se pro
loogara.n horlzonta.lmente.
Imaglnáos una. casa de dos pisos de
altura y cuya fachada tenga. un kilómetro y medio de Ja.rga.¡ proveed é. los
lnqu111nos de agua, de luz, de calefacción, de tuena. motriz¡ reemplazad los
ascensores por un ca.mino de hierro
de un solo ra11, que no producirá a.l
marchar ruido a.lguno y por una. acera movible. Dividid esa. ca.sa. sin flo en
oompa.rtlmientos Iguales, 6 instalad
en cada uno de ellos un montacargas
destina.do á hacer llegar á poder de
cada lnquUJno su equipa.Je, sus encargos y su alimento cot..ldlano. Imagl•
náos todo eso y t,endréls una idea exacta de cómo han de ser l.&amp;s casas de la
ciudad de Ronteville.
Este género de construcción ofreeerá.
los mismos agra.dos que los edificios
de muchos cientos de metros de altura,
donde milla.res de tnquliinos enouentra.n reunidos ba.joel mismo techo todas
la.s cosa.snecesa.rla.s p&amp;ra la. vida, y aparte de otras ventajas, el nuevo sistema.
tendrá. la de costar mucho menos caro.
En el momento de sentarse á la me11a, cada fa.mflia pedirá. por teléfono
al restaurant central el cmen11» de su
comida y un ingenioso sistema. de ce.minos de hierro y de montacargas lle•
va.rá. directa.mente los manjares al co
medor. T,mnlnada. la comida, los platos suoios y los cubiertos serán reexpedidos por el mismo procedimiento.
Este sistema representa. un desea.oso
para. la duel'la de ca.sa., y permite á. las
familias modestas el prescindir de la
servtdambre. Sin emba.rgo, las antlguas recetas de cocina., esas que requier9n u.n cuida.do exquisito, una seguridad de gusto tmpeca.ble, una precisión y un ouida.do excepolona.les,
dt1s&amp;pareceré.n fatalment e de esta cootn&amp; industrial y tendrá que condl.
menta.r diaria.mente una. comida abundante y poco refina.da para doscientas
veinte fa.m1Lla.s á la. vez.
Pa.ra. una. persona. que conceda. poca.
lm.portancla á. los pla.&lt;.'eres d e la. mesa,
una ca.sa de R out.ev11le1 á las vent.aja.s
de la sa.lubr1dad absoluta y del purl
almo aire del campo, unirá todos los
elementos de bienestar y de ,confort&gt;
que no se encuentran sino en los pa.laolos de los mlllona.rtos ó en las casas
de treinta. ó cua.reota. pisos, ouya.cons
trueclon exige un capital enorme y
donde los a.lqulleres a.lcanzan, por oonéigulent.e, precios exorbitantes.
En la. ceiuda.d del porvenir&gt;, la. civilización no se preocupa ú nicamente
de lo agrada.ble, sino también de lo
útil. La d1strlbuclón de la. fuerza.
motriz á domlciHo permitirá, ya sea á
u.n mat.dmonto que trabaje en comú n,
ó á la mujer sola si el marido tiene
una ocupación ó un empleo fuera. de
casa., el eje.roer un&amp; de esas pequeflas
Industrias pa.ra las que no se necesitien má.q11lnas poderosas ó aparatos
detx!'asta.do compU-éacfcs,

Gobernador de Mlchoacán.

El Jardín de México
de Mlchoacán, uno de
ELlosEstado
mAs florecientes de México,

adornado de perpetua prima.vera. y
enouy&amp; tlerra extremosamente fértil crecen los árboles mAs frondosos del mundo. es muchas veces llama.do el ja.rdín de México.
La Repú blica. de México se abre
rápida.mente campo ent.re las na•
clones más poderosas del mundo.
Cuando se pneda.n a.preciar generalmente las asombrosas 1lquezas
y vent ajas nat ura.les de est&amp; grao
R epública, entonces el Estado de
Mlchoacá.n, con Morelia., su hermo-

sa ca.pit a! y su tan activo gobernador, seflor Mercado, será prominentemente conocida. en todo el
universo.

Pe-ru•na en México
El medica.mento legitimo de familla es u na de las cosas mAs ltn•
portantes de la vida moderna. Tener á la mano un re1redio para curar los padecimientos más comunes
causa.dos por los cambios del cllma
es nna. medida económica..
P a.ra. todas las enfermedades catarrales en países cá.lldos ó frlos,
la Peruna ha llegado á ser el remedio principal.

Condiciones cat arrales de la cabeza que producen ob9trur.clóo y
descargo de la nari z.
Catarro en la garganta que pro•
duce ex peotoraoión y ronquera;
Cat a.no en los bronquios, qoe
produoe tos y falta de respiración¡
Catarro en los intestinos, que
produce disenteria y dta rrea.;
Catarro en los rlfl.ones, que produce desarreglos en dichos órga,.
nos.
Todas estas formas de ca.tarro,
que prevalecen más ó menos en todas partes, pueden ser pronta.mente corregidas ó mitigadas por la
Peruna.

La Peruna se vende en todas las droguerías, en dos tamaños, de $1 .00 y $2.00 botella
S-igún los oUoulos de los ingenieros,
el preci o tot:.a.l de 220 casas del género
proyectado, se elevará á. la.. su ma. de
cuatro mlllones ciento setenta francos.
Eo esta. cif ra. está.o Incluidos los gastos de instalación del ca.mino de h ierro, ace,a. movible, servicio de a.gua,
calefacción, elle., etc .
E l total de los gastos anua.les del
personal entretenlmlenro de esta.a
casa.a ser , segúnlos cálculos ,de416.250
t rancos, que rep\\rt idO§ ept,re desolen -

l

tas velntd fa.mtlias, represantan, oara
cada. una de ellas, u n alq uiler de 1,892
francos al afio. No es mucho para.
América.
M.r. Edga.rd 0 hunbless asegura. que
los citados gastos dlsmlouirén á me•
dida que se a.umente el número de
casas, y entonces losioqulllnos dist.ru•
ta.rán de la doble ventaja de alquiler
mln imo con el máximum post ble de co•
modldades.

Los cristales de las ventanas, fregado, con agua y vinagre, quedan más
relucientes y se conservan limpios por
má., tiiempo que cuando se lavan con
agouola.
Después de lavarlos, ae frotan oon
un pafl.o suave ó con una. gamuza.
Para. ta.par las grieta.a de las paredes conviene emplear yeso blanco a.masado con vinagre.

�...

GRANDES ALMACENES DE NOVEDADES

UNO.O LUSTRADO

EL CENTRO
MERCANTIL
s.
y etR., sues.

t º ••

Registrado como articu lo de s,'gunda clase en 3 de No,•!embre de 1894 .- I mpreso en 1&gt;a1&gt;el de la.ii FA.~rlcas de San Rata.el

·--

RE)BERT

Año XVII- Tomo I1

.LOS MAS GRANDES Y MEJOR SURTIDOS EN LA REPUBLICA

1

México, 4 de Diciembre de 1910
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Sobretodos casimir ingl~s con forro de alepín, para niños de 8 á
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Número 32

-. .

�DIRECTORIO '

"EL MUNDO ILUSTRADO"
Se palilica
COMPAFIIA

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EOlTORA NACION'-L

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LIO. JOSÉ LIJIS REQUHNA

Director GeneralLlO, ERNES'r() CHA. VERO

Oerente.
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NO SE DEVUELVEN ORTOTI-Al,ES

TOLSTOI

•1QUE resut.ntn
Ju sonoras trom·
de oro; que vibre
marpas

Ja

cha fúnebre de loshéroes,cntonada por los hombres, en
tanto qae en los ciclos ctévanse, en hooor al apóstol,
cantos angélicos 41ebiennenturanza y de amor!
¡Tolstoi ha muerio! ¡Ha muerto León Tolstoi,
el espíritu más puro, el alma más irandc, el mb
apo1tólioo genio que vieron modernos tiempos!
¡Ha muerto como vi vió--Job,cuán gtoriosamente!pobrc y sereno, en una humilde choza campellioa
de A1tapova, en mitad de la estepa CDbierta por
blanco sudario ne•oso! ¿Qué poesía más grande,
4116 belleza más tiernamente dulce podría imagi1ia1'Se para el momento de la agonía de un bom•
bre ilustre, y más en concordancia con sn vida y
co11 su obra que la que rodeó al conde Leó11
Tolstoi en sus últimos i11stantcs?
Amaba á los pobres, á los miaerablcs,á los des•
heredados, á los tristes, con el amor de 1111 Fra11oisco de Asís, y á semejanza de ellos murió. Por
ellos, por la piedad que le inspiraba. el sufrimiento del humilde, abandonara su casa de Y asoaya
Políana, deseando acaba~ sus dfas en el silencio
de un monasterio lejano .. .. Allá iba,cn lacrncldad del in•ierno, bajo la nieve y bajo la lluvia,
el viejo augusto de la •encnble barba blanca, de
las cejas hirsutas, de los ojos penetrantes y claro•, inclinado al peso de su ancianidad divina ...
Allá iba, lleno el corazón de la amargura del
manclo, rebosante de piedad por sus hermHos
los hombres, á rematar una eristencia de justicia
y de bie11, en la paz monástica . . .. !Pero la muerte, que de años atrás estaba en acecho, le detuvo
en su camino, y en la cabaiia perdida en la inmensa silbana bla11ca, dulcemente, qa.ietameote,
como la de un ni fío, su alma despojóse de la •estidua mortall Sus últimas palabras fueron de
piedad para fo1 oprimidos:

-No os ocupéis de mí. cuando ha y tantos que
sufren.
Y e11 torno á la cabaña, los campesi11os, los •ata.bandos, los pobres, los tristes, derramaron las
pdmcras Ugri.mas,

.

••
Con León Tolstoi desaparece de la tierra el
1i11ico hombre que en ella cxistia moralmente
perfecto.
No al pensador profn11do, 110 al artista tenial
del presente, sioo al apóstol, u al qac hay que
admirar más co ese espíritu mara•illoso. Como
tal oo ticoe más que un semejante: Cristo.
N11nca, desde los tiempos del iluminado de
A.sis, que alc1nzó la santidad cuando, en una
completa abdicación de su yo, besara las llagas
del leproso, había asombrado al mando nn sér
moral mb acabado que el de León Tolstoi. Pero
ea Tolstoi el caso es aún más interesante: No
fcleron los tiempos de San Fra11cisco los en que
I• tocó oaccr. San Francisco '\livió en uoa sociedad primitiva, iugeoaa, mística; Tolstoi :agitósc
co arobicutes ea que el egoísmo, el afán de la d ·
quu y la incredulidad reínao. Aote él se alzaron, mí~ tuc1bles que para los solitarios de la
Tebaida, las tentaciones supnmas: la fortuna, la
f,ma , la nobleza . .. . A aa alrededor, como uo
circulo de hierro, estrcchóse el egoísmo humaoo, enemigo de todo renaDciamicnto. En su hodzontc rcvol .,itronsc como hidras los modernos
problemas sociales. Y, á p~sar de todo, sahando
lo• trcmcndo:robstáculos, contra su interb personal, contra el espíritu de su tiempo, abordando los problemas en cuya solución está la felicidad hnmana, hié lo que fué : un grande artista
apóstol.
A su condicióo de artista debió Tolstoi el pri·
mer impulso que había de llevarle al estado de
la gracia. A la Tisión de la belleza artfsüc.a s11cedió la de la belleza moral, que en ti fuodiéronsc en ooa sola. Obras de apostolado y de ar•
te son, á un tiempo mismo, sus grandes 11ot"clas:
Gaerra y pa~. Ana Karenína, Resurrección. Y es
q 11e aau en !os tiempos CD qae, como bue11 criS•
tiaoo, quiso ohidar~e de su aicnio, ser humilde
de verdad, como escribe Lcopoldo Alas, (at mis
poeta, más artista qucnuoca, sinqucrcr¡cporque
ta gracia que Dios quiso llcnr á su corazón,
tambito la derramó sobre su arle, pensara en dio
ó oo el artista, pues le h2.bía de servir para edificn las almas co11 el seüaclo de la hermosura&gt;.
Eo Tolstoi- caso raro-el sociólogo y el filósofo oo perjudiuron al artista. Al cootrario de
otros prfocipes de lu letra~, en los cuales la tendencia docente dijérasc que opaca, que deslace
y aun, á las veces, anula la realización de arte,
en ti el pensador iba uoido al :artista de modo
tan estrecho que no podemos separarles al uno
del otro. Hacía obra hermosa á la par que evangélícil. En este concepto, los personajes de sus
tres libros capitales constituyen la representación estética de su modalidad de pensador; y toda la doctrioa que en tales libros hay, es inseparable de la bclltza.

...

Se ha esparcido la creencia de que Tolstoi fué
algo asl como un anarquista utópico, sahlrado
de apocalípticos aaeiios, que ansiaba reformar la
sociedad moderua aún en el orden material, mediante 110 retorno á lo primitivo.
El escritor ruso fa t , simplemente, un cristiano. Sosteoia, como muy bien observó el sagaz
critico español va citado, que lo sustancial en
nuestra •ida, lo que no es engaño, aparic11cia y,
en dcfiniti va, dolor, es el olvido del yo para dedicarnos al bien de los demás. Sólo puedo ser feliz cuando no busco mi felicidad en mf, sino co
la felicidad de los dcmá:1. El mal que los demás
me hagan, no es mal-para mí¡-en cambio , lo es
el que yo lea haga á el los•.
¿No predicó lo mismo Cristo?
En· lac teoría dc-Jr felil:idad por medio de la
desaparición del egoísmo, de honda paren cristiana, se basa la obra genniaamente apostólica

de Leó n T&lt;&gt;lstoi. Qa.cría la redención; aspiraba á
uoa inmensa reforma social.
Mu, á d ifereucia de la ta.rba de libertarios y
reformadores qa.e aod,n por :ah{¡ á d ií,reincia de
los Jaurés v de los Ig lesiu qoe van en lujosos
trenes á los coogrcsos á predicar la igualdad so•
cial, y comen ui ici\~o, y b~be:u champañ1, llablando, con adem;ln solemne, de lascrei •indic.ciones&gt;, Tohtoi, aotes de pretender la reforma
social, se reformó á si mismo. Y en esto reside,
j11stamente, l• mil, gcande de sus conquistas; y
por ello Logró, ya pusta cu el camino de la per•
f,cción, ser admirado como 1111 apóstol A.otes
q ne hacer buenos i los otros, cmpeuba por ser
bueno ti ; antes qac lanur teorías para 1110 de
los demás, comenzaba él mism.o por practicarlas.
En noble y ab Hcó d: su1 derechos nobiliarios;
era rico y abdicó de sus bienes¡ era ame, J seiior
y de su condición de amo abdicó, •isticndo, co •
micndo y ,..¡ •iendo como vi •fau 111.1 antigaos
sicr•os.
T•n estupenda dlsciplins espiritual, tao bella
escuela de fortalua, está reflejada en el príncipe
P&lt;:dro de Gaerray paz; en el Lc•in, de Ana K«·
renína; y, sobre todo, en el príncipe Ncklio.dotf,
de Re~arrecci6n, el sednctor que preteadía redimirá la proatituta Mulow.11 y, pita conscgairlo,
comprendió que necesitaba principiar por sC
mismo, por su reforms interior, inspirada ca el
Serm6n de la montaña.
Vida de cusel!.anza y de ejemplo ha sido la de
Tolstoi¡ obra f::110.ia aeri su obra, andando loa
iños, cuando la simiente qa.e derramaron sus
manos generosas fructifique.
La humanidad t.&gt;d1 se ducubre ante 1■1 des-pojos¡ y los labios. temblorosos de cmoci60~ 110
pueden menos de repetir: ¡Co11 Tolstoi •esapare-cc de la tierra la coo.ciellCi&amp; mb pura y honrada;
el genio mi.s severo de nuestro tiempo; el único
apóstol! ... . . .

•h e l p1!1.o limpio, la bacil rcboaando espuma
j ,bc,aon, las navajas rcoitn pasadas, de corte
sutil, y los peínu primorosamente desengrasados .. . . Lo que h1y de afición á las comodidades
y ;l cierto rafi oam.iento en todo francés , hlzo que
los o fi ciales se deshiciesen en elogi os y gal.a nterías, que, dirigidas á los ojos de la mocita, n•c!ao, en realidad, de admiración al aseo de aquella bubcda invex,osímil. Ellos ignoraban que el
patrón, el señor Gil AntoHncz, era hombre e11
eso tan remirado, q uc en el pueblo y donde.
quiera se le conocía por el remoquete de On.ta
d• oro ....

.,

1

, rOLUNTO
IN darse caciit.a de ello, o.aturalme11te, Napoleóu cometió
aoa •ez e11 sa vida señalada
imprudencia. La cosa ocarrió en España, donde bien
p11diera decirse que no cometió esa sola el conqaistador del mundo, sieodo ta primera y trascendental haberse metido en ratonera semejante.
Sin embargo, la impra:dcucia á que me. re6cro
foé doblemente grave, amén de inexpli~ble, 'f
sólo la ex :usa, ó h excusarla ante la Hist~ria, ti
la Historia la conociese, esa mágioa y prestigiosa
seg11ridad que ticuc11 los grandes hombres de
qne el azar est;l en ÍllYor suyo, aun cu•ndo en
España bien pudo entender el htrot de Austerlitz que la suerte empuaba á cansarse de prodi•
gart e caricias locas.
N,1da sabe la Historia de que, al paso por 11.D.
paeblccillo de Cntilla, donde hizo noche el capitán del siglo, algunos oficiales de su estado
mayor siotieron el deseo, m11.y natural, de aíeitarse, los que se a fcitaba11, y recortarse el pelo J
bub1 casi todos. Ttuían sus barberos en cada
regimiento; pero habían visto al pasar una barbería muy pulcra, caso extrafio, OOD 111 yelmo de
Mambrino de reluciente azófar cnlgado á la paerta catre dos sartas demuelas dispuestas coquctonam ente, sin que faltase en el escaparate un frasco donde 8otaba11 verdes y flacas saoguijaelas
y dos 6 tres bc,lccíllos de pomada de rosa. FDI:
voz geoeral q ae el F1gu-o debía de saber 111 ~bligación, y, en efecto, la oficialidad llenó la tiendeci11a reclamando scnicios, y salió 7 encutada
de la destreza del barbero español y de la gracia
con que su hija, m ereoita de veinte aiios, le acr-

,

La grata impresión pudo tanto en el ánimo de
los franceses , que se mostraron muy benignos
y hasta obsequiosos y nu causaron la más le•e
molestia, lo cual se deberla también á la presencia del Emperador. Alguno pro.uanció ante
éste un elogio al Fí¡fuo, y .Napoleón dispuso que
se le llamase al alojamiento, que era la Casa
Consistoríal. Y allá se fa é Gil Antolfocz, con su
toalla, sn bacía, sus jabones de olor y su hija y
ayudante, á tener el honor de raaarar aquellas
mejillas de figura de medalla griega, que ya hablan perdido el diseño marc11do y clásico de la
época consolar.
Antes de sentarse para proceder á la operació11
birberil, el co11qaistador clavó su aguileña mirada e11 el rapista. No esa que desco11fiue ni que
recelase cosa alguna: era un hábito¡ el Emperador gustaba de advertir y á veces de saborear los
efectos de su mirar hondo. Le complacía impresionar, admirar, sentir el movimiento de samisió-n del alma de sus interlocutores. Pero nada
semejante á asombro ni á humildad •ió en 111
cara cenceñ11 de respiogada nariz y cortas patillas, de aquel hijo de malagadi.o recriado e11 tic·
rra castellana. El barbero sostenía la ojeada con
curiosidad, allá interiormente desdeñosa, dcta•
llaodo la corta estatura, las ngordctas formas y
la faz casi lampiña del terrible guerrero . El físico de Napoleón no había iospirado á Gil Ao toUo.ez ningún respeto.
Y en decto, mientras ataba el paño al pescuezo corto del Ogro de Córcega, he aquí lo que el
b~rbero pensaba:
- Pues vaya una facha la del tío éste ... . Si
p:irece un canónigo .. . . Y dirán que es valieo te
. Si le ponen noa escofieta, el ama del cura
de mi pueblo . .
La comparación ínvohantaria entre el Emperador y los gallardos oficiales, sus clientes anteriores, hizo que Gil AntoUoez abriese con íntimo
desprecio la reluciente, afiladfsima 11anja, mientras continuaba el monólogo Último:
- Para lo que tieoe que afeitar .. . Con un al·
filer de á ochavo sobraría . . . .
Al paso ligero del jabón siguió la aproxi mación del acuo, cuyo frío sutil estremeció un
instante al Corso; estremecimiento meramente
Hsico, pues la idea de ua peligro ni crazaba por
su meote altanera, en la cnal bullían aún tantos
planes y tan tempestuosas ambiciones. A mil
leguas estaba de suponer que aquel frío de Ja
nnaja podía ser el abanicazo de una ala negra.
El señ or G,l Antol ínez acababa de sentir, de impro•iso, la tentación, inexplicable , insensata, la
impulsión repentina, que brota ardi ente, que
■alta de lo secreto de nuestro str psíquico.
Era una fiebre, un acceso de calentura, un deseo desatado, inmenso, un apetito que del alma
descendía á la con•ulsa mano, corriendo cite•
t ricamentc después hasta la hoja brillante, que
ansiaba morder la piel y bañ arse en la saogrc
h ir,-ientc .. . . No acer~ría i decir el sciior Gil
AntoHnez- ni supo explicarlo nanea cuando ya
en los an os de su vejez, evocaba este rccacrdoá qut sentimiento obedecía aquel ansia de degollar que surgió obscura, fatíd ica, furiosa, No era
Gil Autolío.ez de los p-atriotas exaltados. No se
le habla ocurrido irse coa los guerr illeros. No
padecía el sublime fanatismo de la resistcucia al
invasor. Los franc eses que había rasurado por
la tarde le eran hasta simpáticos. Y, sin embargo, su mano y su pulso vibraban ansiosos de

-

.

Ultimo retrato del Excmo. eetlor Tam Puk hum,
vistiendo traje de charro

apretar, de dar el tajo feroz, de ver doblarse la
cabeza pálida y amarillenta , gorda y clerical, del
•;lrbitro de Europa. Si tal hiciese, ¿quién más fa moso , quitn más celebrado qae el señor Gil, el
humilde barbero? Lo que no habían podido balas 11i sables, lo que cambiaría la faz del mando,
lo hada el obscuro rapista de un poblacbón con
~ólo un movimiento de su puño der echo ....
Pues bien ; el señor Gíl afirmaba que ni a ún esto
se le había ocurrido. No eran reflexiones, no
cra11 pensamientos lo que en aquel inslante her•
v ía en su co nciencia: era sencillamente el ín1tinto1 q ue no se razona, si bi en procede de los
razonamientos t ideas a11teriores¡ pero reviste
su forma propia, s11 brava forma de arranque
instinti•o, con todos los caracteres de lo sombrío, de lo ani mal. El señ or Gil daría su viday de dar la vida se trataba¡ pero et- buen hombre
no lo recordaba siq u iera- por ver brotar súbitamente, con J!luJ!l" fatfdico, el chorro de sangre
de las sciadas arterías. iOh, qué gozol La sangre
cálida empaparía su mano .. . . L a muerte del
Corso sería in stantánea: el barbero, con la prác•
tica de su o ficio, sabría muy bien ctón•c el tajo
era necesariamente mortal, Un corte • ioleato y
vi vo como un relámpago, de derecha á i zquierda , empezando bajo la barba .. . . Y ya buscaba
con los utraviados ojos el mejor sitio, cuando
la muchacha, Toiiuela, Umídamcute, viéndole
suspe11so, le acerc6 la br ocha, suponiendo q ue
faltaban á la imperial ras11.radnra dos 6 tres pases de jabón . . ..

Faé como si el señor Gil AntoUncz despertase.
En v isión clarísima se le presentó la pobre criatura cosida á cuchilladas, h echa un mont ón de
carne sanguinolenta, que los soldados p ísotea11
y ultrajan todavfa brutalmente . . .. Y l úcido ya,
empezó á a fei tar al Emperador. Nunca mano tan
suave y navaj a tan delicadamente respet uosa
se habían paseado por el rost ro augusto ...
Napoleón notó algo. El temblor de la mano, la
indeci sión pri mera del Fígaro no se escaparon á
su penpicacia. Momentos después decía á un
:ay udante:
- ¡Qué conmo•ido estaba ese pobre d iabl o!
No hay que sor prender se; el día de hoy scri una
fecha en su vida .... De susto y de veneración
al pronto, no sabía ni qué hacer . .. , Le costó
t rabajo empezar ... Que Je den dos luises y que
consene 1, navaja como recuerdo¡ que no afeite
á nadie má, con ella . . .. . .
LA COIIDl!SA DEPAROO B AZÁN,

~

�opo

VENU/

•

/

,POT

Ru_iydrd Kplme;;
l!Lw'lra,&lt;;tQTte/ de Q

Entre los adoradores de la Venus Anno Domini
se contaba el joven Gayersoo.
Se le daba el nombre de &lt;el muy joven Gayuson&gt; para distfogoirle de su padre, á quien le
llamaban &lt;el joven Gayerson&gt;. Era un funciona•
rio civil de Bengala, que afectaba los modales de
la juTentud, y que, por lo demás, parecía jo..-en
de corazón.

Y los anos pasaron, c,&gt;mo pasan los
ai\os; pe.ro nuestra gran Diana aparecla
siempre nueva, fresca como en flor, y
blonda y bla.nca, con sus ojos azúreos,
con sn dorada cabellera, y todo el mundo, los que Iban y ventan, ofreclaola el
homenaje de sos eloi:los en la medida de
su deseo.
Diana de Efes&lt;:,

ADA tiene ella de común con el número
18 que s encuentra en el Braccio Nuevo
•n
del Vaticano, entre la Ceres de Visconti
y el dios del Nilo.
Era uua divinidad exclusivamente hindúe, una
divinidad anglo-bindúe se entiuide, y la llamábamos la Venus Anno Domine para distinguida
de otras Aono Domini del mismo orden eterno.
Según una leyenda que corría en las montafias,
ella había sido antañu joven; mas no se conocía
hombre viYiente que pudiese declarar abiertamente que la leyenda era verdad.
Viajeros lletaban á caballo á Simia, y se marchaban, y se aacía una reputación, y ellos, tras
de cllJDplir con los cotidianos deberes del vivir,
tornaban para encontrará la Venus A nno Domini
tal y como la dejaran.
Era tan inmutable como las colinas, aunque no
bn verde, sin embargo.
Cuanto puede hacer una muchacha de dieciocho afl.os en materia de equitación, de andar á
pie, de baile, de almuerzos sobre la hierba, en
una palabra, de ejercicio ex.aguado, la Venus
Anno Domini lo hacía sin fatígarse jamás, sin
que el tedio la traicionara nunca.
Amén del dón de la eterna juventud, ella había descubierto, al decir de los hombres, el secreto de la eterna salud , y su fama habíase extendido por la comarca.
Simple mujer al principio, acabó por elevarse
á la c.ategoría de una institución, á tal punto, que
ningún hombre considerábase completo si antes
no babia rendido pleito homenaje en el santuario de la Venu., Anno Domini.
Era única, por más que tu viera numerosas imitadoras.
Seis aiios, á sus ojos, tenían la misma duración
que seis mese:s para las mujeres ordinariu, y diez
alios dejaban en ella huellas menos visibles que
una fiebre de una semana en cualquiera otra mujer.
Todo el mondo la adoraba, y ella, por su parte,
mostrábase agradable y cortés para todo el mundo.
Había hecho de la jnventnd tal costnmbre, que
no podía prescindir de ella. Por lo demás, no
comprendía que renunciamiento semejante pudiera ser una necesidad, y escogía á los jóvenes
para su sociedad predilecta.
~

~

El "muy joven G1yersoo" no se limitaba á un
culto tranquilo y de pul,'a forma, como los demS.s
jóTenes, á una danza ó una conversación con la
Venas Anno Dominí, y á mostrarse tan humilde,
tan reconocido como coonoía.
Era exigente.
La Venus Anno Domini le atormentaba,
Por ella sufría, por cualquier cosa, hasta sen•
tirse enfermo. Su fidelidad y su seriedad le hacían aparecer ora tímido, ora fastidioso y rudo,
segÚJl su humor, al lado de personas que habían
doblado la rodilla ante la Vena• Ánno Domi11i.
Ella estaba disgustada con n
Le recordaba á un adolescente que, veiotitris
años antes, había proclamado su adhesión sin
límites á ella, y por el cual había experimentado,
durante más de una semana, ciuta debrndad.
Peroeladolescente había partido, caSillodose con
otra mujer, menos de un año después de los felices días en que la adorase¡ yla Venus Anno Domi•
ne había easi- -ca.!Í di_~o- eoteramente olvidado
su nombre.
El "muy joven Gayenoo" tenía los mismos
grandes ojos azules, el mismo gesto del labio in•
íerior cuaudo estaba alegre ó triste. Pero la Venus Anno Domini no po• eUo dejaba de llamarle
al orden.
Los celos extremados no eran de su aprobación. Más la placía la d11lce y contenida tero un.
El "muy joven Gayerson" era harto desdicha•
do, y no procuraba, por cierto, ocultar su suíri•
miento.
Pertenecía al ejército, á un regimiento de línea
si mal no recuerdo, y su figura era un upejo, y
su freute un libro abierto. A causa desu ioocencia, sus compañeros de armas le hacían pecosa
Ja vida y agriaban su carácter, naturalmente d11l•

ce.
El "muy joven Gayerson" e»ael único que sabía qui edad ''el muy jono Gayerson" atriba{a
á la Venus Ánno Domini, y á nadie hada partícipe de sus pensamientos.
¿Acaso la atribuía veinticinco aiios ?
¿Acaso le había ella dicho que tal era 111 edad?
El "muy joven Gayerson" era capaz de atraTesar el Gagger crecido, tan sólo para lleTar un
billete de elJa, porque en ella cnía con re ciega.
Todo el m'Dlldo amaba al jonn. "/ todo el mundo sentía que estuviese á tal punto esclaTi:zado
por la Ven11.1 Ánno Domíni.
Por lo demás, nadie reco11oda qae de ella fue.
ralo culpa, porqae la V"n11s Anno Domini difería de Mistress Hauksbee y de Mistresa Reiver
en que jamás había movido 1IJl solo dedo para
atraer á un hombre.
Eran los hombres los atraídos hacia ella, como
hacia Ninon de Lenclos.
Se podría admirar á M.istress Hauksbee, mos-

l 1//o.

tnr desdén hacia Mistress Rei ver; mas era ine vitable adorar á la Venaa Anno Domini.
El papá del ' 'mny joven Gayerson" dirigía
una división, ó no se sabe qué, en una región de Bengala singalarneote desagradable, en
razón de hallarse repleta de periodistas que publicaban en los periódicos que el ''joven Gayerson" era 11111 Nerón•, •un Scylla,, 1ao Carybidv,
y á más de la de los periodistas, ser comunes en
la región otras pestes: las de disentería y de có•
len, durante nueve meses del año.
"El joven Gayersoo," que coobba aproximadamente cuarenta y cinco años, gustaba de los
periodistas porque le divertían ¡ pero, á su ver,
la diseoteda nada tenía de agradable, y en C11an•
to pudo e.s capar, marchóse lo más de prisa posi•
ble á Darjeeling.
El joven no estaba muy contento que digamos.
Dijo á la Venu., Anno Domini' que su padre iba
á venir.
Ella enrojeció levemente "/ replicó que queda·
r(a encantada de conocerle.
En seguida lanzó una larga mirada pensativa
al "muy joTen Gayerson," pues seoHa una grande, una profaoda pena por él, y consideraba que
él era un grande, 110 muy grande estúpido.
-Mi hija llegirá dentro de quince dia5, stñor
Gayerson, dijo.
-:lSu qué .... ? preguntó él.
-M.i hija, dijo la Venus Anno Dominí. Hace
un año que marchó á Inglaterra, y deseo que vea
de nuevo la India. Tiene diecinueve años y considérola como la mis sensata señorita.
El ·'muy joven Gayerson, " que tenía menos de
Teintidós años, estovo á p ,nto de caer e11 su silla al e~cuchar la sorprendente noticia, porque
se empeñaba en creer, contra toda verosimilitud.
en la juventud de la Venus Anno Domíni.
Ella, volviendo la espa Ida á la Tentaoa cubierta por los cortinajes, espiaba el efecto de sns
frases, sonriendo.
El papá del "muy joven Gilyerson ·• arribó doce días después, y no contaba todavía veinticuatro horas de encontrarse en Simia, cuando dos
Tiejos amigos suyos ya le habían enterado de cómo ''el muy j oven Gayersoo" se conducía.
"El joven Gayerson" rió mucho, y preguntó
quién podría ser 1a Venus A nno Dominí.
Lo cual prueba que había vivido en Bengala,
donde nada se sabe de lo que pna, como no sea
eo materia de netocios barsátilu.
Entonces dijo:
-Los oiüos, niños han de ser.
Y habló del asunto con su hijo.
Afirmó el " muy joven Gayenon" que se con
sideraba desgraciado, miserable, y el "jo vei: Gayerson" respondió que le disgustaba haber en•
geodndo á semejante brato.
Dió á entender que su hijo hada mejor eo abre·
Tiar su liceoch. y Tolver al servicio.
Esto dió motivo á una respuesta que nada tenia de filial,
Eofriároose las relaciones, basta que "el joven
Gayerson" propuso que juntos visitaran á la Vemis A nno Domíni. El "muy joven Gayersoo" encamioóse á casa de ella en compañía de su papá,
sintiéndose á la par descontento y humillado.

La V!!nas Anno EJomini les recibió graoiosamcn •
te, y el ''joven Gayersoo" dijo:
-¡Por Júpiter! iSi es Kitty!
El " muy joven Gayersoo" hubiera desudo de
buena gana una explicación, ~¡ en aquel instan•
te no estuviese enfrascado en amu1a charla con
una buena moza tranquila. clegaotrmrote ataviada, que la Vrnas Anno Domini le presentara
como su hi ja.
Veía á aquella á tal extremo envejecida ■hora ¡
era tao reposada su aparieuciil, que el " muy joven Gayersoo" desesperóse.
Séhilamente escuchó á la Venas A nno Domini
que decía:
-¿Sabe usted que su hijo es uno de mis más
entusiastas admiradores?
- No me admira, dijo "el joven Gayerson."
Y, alzando la voz:
-Sigue las huellas de su padre. lPor ventura
no adoré, hace mucho tiempo, el suelo que usted
pisaba, Kitty, y desde entonces usted no ha cambiado? ¡Cosa más utraiía !
El " muy joven Gayerson" no murmuró palabra.
Daraote todo el resto de la visita, su conversación coo la hija de la Venus A nno Domíní Iué
entrecortada.
- Hasta maiiaoa á las cinco, pues, dijo la Venas Anno Domini; y sea usted exacto. se lo ruego.
- ¡A las cinco justas! dijo el "joven Gayerson."
Hijo mío, supongo que tendrás un buen caballo
que prestará tu •iejo padre, ¿110 es cierto7 Voy
á dar un paseo mañ lna, despuéJ de mediodía.
-Perfectamente, dijo el "muy joven Gayersoo,"
y yo parto también mañana al servicio. Mis p o
neys están .f. sus 6rdeots, señor.
La Vt'nas -lnno Dom ini Je miró á través de la
p enumbra de la habitación, y sas grande&amp; ojos
grises se humedecieron.
Levantóse y le tendió la mano.
- Ad iós, Tom, le di jo en voz baja la VenusA n110
Domini.
R UOYABD K lPLI NG.

(T raducció n especial para E l Mundo flasfrado).

UN AMIGO EN DESGRACIA
Es terrible ignorar et nombre de no amigo ín·
timo. A diario nos vemos forzados á retener en
la memoria nombres de personas que nos iolere•
san . . . . Pero, en fin, la jgnoFaocia del hombre
no constituye una dificultad infranqueable. Cada cosa que existe en nuestro conocimiento adq11iere una forma especial y adjetiva¡ para oosotroll es &lt;no», precisamente &lt;eso&gt;, aun cuando
para todos los demás sea lo contrario. La cos•
tnmbre inflaye tanto en los crit erios humauos,
que una fnerte emoción, al repetirse, se desvir•
táa. Por eso, teniendo en cuenta las nomerosas
vece1 que ignoro cosas que deseara saber, quiero
templar la fnerza de mi primera afi rmación: no
conocer el nombre de un ami~o í.ntimo es UDa
destracia terrible y frecuente.
Después de vivir dos años frente á él, en la
calle Miromesnil, viéndole todas las maüanas en
la Sorb~na, y muchas tardes tn la biblioteca,
en e l sitio más lejauo del gran calorífero, á pesar
de la gélida furia del in Tierno, yo le llamaba el
sabio. ¡,No bastan á justificar esta nominación el
voluminoso manuscrito qae le vi escribir, los
raros infolios que consnltaba, las vi&amp;ilias acusa·
das por la luz oscilante que hacía parecer su
ventana el ojo de un monstruo rectilíneo1 Además, mi amigo tenía arrugas en la frente, el pelo
exiguo y gris, los ademanes ídameote torpes, escasas hs palabras ... H asta pasado el primer
aiio de nuestra intimidad no logré oir su voz.
F aé en no concierto, comentando con 110 acento
franc és parisino, el «Capricho español&gt; de Rimsky K orsakow, y &lt;En las estepas del Asia central&gt;, de Borodioe. No será preciso aclaru el
concepto &lt;amjgo fotimo&gt;. Li1ré ba hablado con
penetración de los amij!os desconocidos. Se llama intimidad la compenetración de vidas, el
trato asiduo, el ioteri •, aunque no sea mutuo.
Yo sólo he dicho que era amigo say o, sin afirmar la reciprocidad. Continuamente pensaba en
él. Antes de dormir me asomaba al bilcón para
ver si trabajaba; en la biblioteca yo llegaba siem·
pre el primero para poder guardule su sitio;
suírl.a frío por permanecer cerca de s11 asiento;
cuando se le caía una hoj a de l]apel, jamás acudió á tiempo par a privarme el placer de ofrectrsela¡ en las conferencias de la Sorbona, a l
término de nna frase feliz del catedrático, mis

ojo~ buscaban los suyos para fortificar mi juicio
con su aprobación. La similitud de nuestras afi •
ciooes y algo misterioso que palpitaba en su
figura eníermíza-¿no he dicho aún que parecía
un eterno convaleciente?-excitaron bacía él mi
interés. No conociendo á nadie que pudiese ser
intermediario para trocar en amistad nuestra
simpatía, traté, en vano, de aceroarme á él. Pero
era obstinado en su si lencio. Ni siquiera para
responder á mi ademán aJ ofrecerle las hojas
caídas se aventuraba fuera de los parcos límites
de unas «gracias&gt;. U n día, recuerdo que fné en
el mes de Mayo, me dijo: &lt;Muchas gracias&gt;¡ es la
vez que le he oido mh elocuente. Su terquedad
en el mutismo hacíame pensar en esas puertas
que, á pesar de no abrirse nunca, hacen suponer,
á disgu,to de su tenacidad de no dejar ver, un
patio florido , encuadrado de azulejos claros.
¿ Y bastaba todo esto para j azgar de su sabiduría? Y o he conocido hombres mediocres que
asisten con igual asiduidad á las fiestas i ntelectuales que á los entierros¡ en la Biblioteca Nacional de Madrid vi .i un caballero encanecido
copiar, durante cuatro meses, á mi lado, los versos prosaicos de Jas comedias de Camprodóo y
la partitura de Marina. Mas, desdeñando los pre·
cedentes , vo tuve la certeza de no equivocarme.
Y , los dos años de am istad sólo sabia de él qne
hablaba el francés como idioma propio y escribía en caracteres diícreotes á los Jatioos-¿~riegos, ger mauos, turcos?-No lo he sabido hasta
mucho más t ude. Poco aotes de verle por última vez, cuando hacía los p reparativos para regresará mi país, la port era me cedió una tarjeta
de mi amigo, 4. ue le servía de gnía para recibir
s u correspondencia. Sobre la cartulina, los caracteres ex traños formaban 110 nombre tricompuesto. Debajo no había nada indicador de profe sión: ni siquiera &lt;Miembro del Instituto&gt; ó
cP.ilmas Académicas&gt;. Mi amigo no era oficialment e nada.
Y ha s ido alg noos añ os después, cuando leyendo Le Journal con esa s impatía que nos liga á las
noticias de los países donde hemos vivido, los
c aracteres exóticos, Tist os la primera vez sobre la
tarjeta , hao sorprendido mi mirada, trayéndome,
en un momento, la evocaci ón de su figura. Car,1cteres cuyo Talor no sé, y que me dicen, sin embargo, una cosa concreta é iocoofuodible; sitnos
ignorados que hubiese distinguido entre mil se•
mejaotes¡ jeroglíficos magos, á caya vista h antigua amistad ha r enacido fresca y Bor lda, al igaal

�de esos ríos qne, lnego de marcharalgnna distan•
oia bajo la tierra, se noe mnestran m,.s claros y
hondos cuando reaparecen .... La noticia, prolija
de detalles, me descubre á mi amigo como centro
de nna conspiración contra las máximas autoridades rnsas: circuido de una au.reola de hombre
de cienr.la y de hombre de ensueños¡ qneriendo
hacer triunfar ~ns utopías de igualdad con Dna
alqnimia formidable.
Despuh del primer estupor, gocé unos insti&amp;n·
tes la alegría de saber i mi amigo grande en los
errores, astuto en la intriga, enorme en las aspiracioue!I de bienes cimentados en catást-roíes,
q nilllérico• como un apóstol, tenaz como la gota
de ag11a -y potente como UD volcán. Luego, dejándome guia de esos·inslinto1 que dominan á las
ideas hechas por el cerebro, olvidé todos mis
principios de hombre de orden, cerré mi airea i
la piedad por c11antas víctimas hubieran aquellos explosivos podido inmolar -y, sobre la sangre de niños inocentes, de idilios cortados, sobre
el criroen gae entraña arrojar un ci,go instrumento de exterminio, 1-1111 sobre mi amor ínrioso
á la vida exp11esto á perecer en una hecatombe
estúpida, la fuerza de mi simpaUa tri11nf6 basta
torturarme con 110.a augustiosa compasión hacia
mi amigo. Le vi cantando el tema del poema sinfónico de Borodine, oamino de la Siberia trágica. Ali{, en la vastedad del silencio, la mort.,ja
de la nieve oayendo encima de sus quimeru le
mostrará la esterilidad desu volum.j110so manuscrito, trabajado i la luz de la biblioteca, y de sus
planes v sus explosivos, elaborados en la sombra
de su habitación. Y estoysatisfeobode este amor
puro, exento de interés, hacia mi amigo: es l:l
mayor prueba de hombre bueno que he encontrado en mí, pues para qne ese amoT subsista, olvido mi odio á. los enemigos de la paz. Hasta me
complace, por no mancillar la pu.reza de mis sentimientos con espcranz1s du:estitución, que allá,
en la soledad del destierro, él no se acuerde del
jo'f'en q ae sufría frío l)llra gua-rdarle el sitio y recollferle las páginu caídas .. . . Tengo la certeza de
qne no he de volver i •erlo nunca.
AL.ONSO H:EB.NÁNDEZ

e.ni.

Campeonato de Tenis

-

.... \... ..

,~enredares en el campeonato de la11 n- ten.is del "Junior Club"
·rurin b_a sido censurada en la primera novela:
La cittá /orle. Pronto apa.recerá, á su vez, la con-

ff
La obra literaria de Dora Melegari
La revista italiana Naova Antología acabl de
publicar una nueva novela de Dora .Mel~gari, que
tiane por título La citfá del ~i~lío (La ciudad del
lirio).
Esta ciudad es Florencia. Zola escribió una
serie de novelas que llamó Les frois vi/1es: Lourdes, Roma y París. Dora M.elegari se ha propuesto un empefto análogo y su Cittá del .fitlio es el
segundo volumen de una serie de tres novelas: las
tres capitales. Trátase de tres ciudades italianas
que b.an sido, una tras otra, capitales del reino
de Italia, durante el l)&amp;rJodo del risortimento nacional (18.39-1870). Son Tur!n, Florencia y Roma.

sagrada á Roma.
Scipio Sighele estudia la obra y las ideas de
la célebre novelista en un interesante trabajo,
que también publica en laNtrovaAniolol!ía. Desde
las primeras llneBS el crltico nos dice que dicha
escritora se levanta por encima de la turbamulta de las obras mejores que se escriben, .no solamente por la ele\'aoión de su genio, sino también
por la originalidad de su pertil i.ntelectual.
"Italiana por nacimiento y de corHón, es también, en cierto sentido, cosmopolita, porque ha
vivido mucho tiempo en el extranjeTO, porque ella
ha visto y observado mucho y porque ella asf ba
completado, por la percepción de loe más vastos
problemas sociales. es&amp; agudeza psicológica ínna,
ta que, de otro modo, hubiese permanecido encerrada entre las estrecheces de un solo ambiente
moral."

Su padre, Luii, Amadeo Melgari, era el íntimo
amigo de Marrim y de Gioberti y de otros factores de la independencia y de la Uvidad itahanae.
Dora M.elegari, más tarde, habla de contribuir A
la historia del Risorti.rnenfo, rublic:ando en francés Leltres ínlime5 deJosPph Marriní, y en itali11no unB gran obra, la joven Italia y La ;oven Europa.

La serie "Las tres .:apitales" formará también,
al mismo tiempo que una colección de DO\'elas,
un estudio histórico sobre las últimas tases de la
Unidad italiana.
La Revae des Dert;1c Mondes, de Parla, fué la
11rimera revista que dió á conocer la novelista.
La primera novela, Expiafion, estaba firmada
"XXX" y obtuvo un gran éxüo. Después apare
ció Marfhe de Thiennes, que llevaba por firma el
seudónimo "Forsa11."

&lt;,;a.pode alumnos dd Colegio 'reree_iano tle M:ixcoac que re ·ibieron eus pr~mios el domi.ugo ú ltimo

�~a~teltaua
o

LOS

Sa principio es legeDda.t:io. 5'&gt;n de origeD

l■buloso,

CABALLOS

a

Q11e surgió al correr la sangre de Medusa en con'fuhión,

Las ne-vascas les ofrecen un deporte en los lrioeos¡
Y lanzando sus collares argentinos tintineos,
Van y vienen por el hielo con monótono ttotar¡
Mas liru de los carrnajea es el colmo de sus gozos·
lr braceando, arqueado el cuello, alt■Dcros, donairo&amp;cs,
Sob.re el terso y duro asfalto de un henchido boulevard,

De sus padres los centauros aún coDservan las pasiones,
A Q11irón deben el timbre de ostentar CD sus blasones
Al ftecbero S1gitarlo, qae es un signo iodiacal;
Y de Hlplí¡!riío ;,qai ¡!a.ud•n? Los instintos pujfalados
De las águibs reales, y el bono12 de ser montados
Por los htroes, semidioses cayo nombre es inmortal.

En las próvidas partidas ci.negélicas, los días
Pilan ágiles, corriendo tras famélicas jaurías,
Su atención puesta en las trompas por vencer en el ardid;
Apostur-a de guerruos demandando Jo• honores,
T.-man yendo en los dufilu, al batir de los tambores,
Cundo fénida la Po\tría conmemora alguoa lid.

Les di6 vida el dios Neptuno, y, con ímptlu fogo!&lt;&gt;,
De su concha iban tirando por los mares de Aquilón,
Son de alfa v noble alcurnia, y descienden del Pegaso,
El aHgero viajero de las cumbres del P.irnaso

En las artes y en lu letras son el tema constuñido.
Los tnnslorma en tranmaturgos de c:ar:lc1er agutrrido
La leyenda prodigiosa, de otro tiempo evocatriz¡
Son amados de to, dioses, y, por eso, los preside
Marte fiero en los combates, cuyos triunfos U decide,
Y en la oaza, Diana púber, la doncella impecatrh,
En &lt;La Ilíada&gt; Homero encomia sns proezas de intrigante;
cEI Q11ijote&gt; proverbiza su lealtad en Rocioulh¡
Cuauhtemoc se asombra al verlos en ]as huestes de Cortts¡
Y galopan y galopao coa el peso de Mazzepa,
En el canto de Lord Bpron, por Jos 1t1rcos de la estepa,
Y Alejandro y Bonaparle á ellos deben honra y prez.
Dc:l pioccl de los maestros siempre Iaeron pnieridos,
D.iado vida á las escenas de más bellos coloridos¡
No hay estudio ni museo que no adorne su perfil;
La estatuaria. ha perpet111do su gentHica belleza,
Y en el bronce y en el mármol la. altivez de su realeza
Brilla al soplo genitivo de una técnica sutil.

Sus efigies toman vida y romper quieren s11 inercia
Eo. las viejas constcacciones troglodíticas de Persia,
En Persépolis la. heroica, en la Roma de Nerón,
Ea las rninas memorosas de los p11eblos del Oriente,
Ea los templos majestuosos de la Grecia decadente
Y en el ático y los frisos del divino Par-tenón,
Los cabi.llos, seres nobln y orgullosos, se apasionan
Por la caza y los comb•tes¡ tienen rasgos que pr,gonau
Al hidalgo enamorado de la gloria ó de un ideal;
Tau variado es su cuácter, como e.l medio en que se agitan ;
Son valientes 6 cobudu, son sumisos 6 se excitan,
Aristócratas, plebeyos, practicando el bien ó el maJ.
Son joviales cuando llevan ea s11 lomo á las hermosas,
Porque •oman actitudes y posturas armoniosas,
Movimientos de felioa y estudiada pulcrilad¡
Y se vuelven juguetones, bulliciosos, iníantUts,
Y retozan incansables, alocados y pueriles,
Si los niiios su1 ijares espoleau coD inquietud.
Graves son en los sepelios, enjaezados con luchaosa
Mautellinas y penachos, co.ndaciendo lu carrozas
Con el aire contristado de nn:1 crutl desolación¡
Y en los cuerpos de bomberos corrrn, corren azorados
Por las amplias avenidas, Ct1al si fueran desbocados,
Presintiendo que el pellgro tiene al bombre en aflicción,

En los cosos parten plaza pruidiendo á lo~ toreros,
Con jinetes alguaciles como heraldos vocingleros¡
En la lidia tom ■-n parle so~tenlendo al picador;
Y como haz de raudas flechas, b.f.bilmeute disparadas,
En hipódromos y pistu, con loa jockfys á horcajadas,
Saleo rápidos, ligeros, á un lhopl Jbiural atronador.
S;,n tambléo funambulescos. En los circos, las palmadas
De la gente los conturba¡ hacen l!odas bníooadas,
Corren, saltan, cabriolean con notable intrepidez¡
Y alsona.r de cascabeles y timbales, con delicil,
Galopando por el ratdo, sienten qne es una caricia
De una ecúyere, en las ancas, los pequeños leves pies,
D.&gt;ndcq11iera sa aila.eta descubrimos, Smrge adusto,
D.: ovalada! herraduras, entre 1,tigos, su busto,
Como emblema de la cau, como blpico blasón¡
Su figura anda en alfombras, gobelinos y tapien,
Eo Jo, naipes y en las piezas de ajedrez, con la.s c:rvices
Casi siempre levantadas por indómita elación.
Ya aparecen b,jo tl polvo que los siglos amontonan
Sobre objetos que curiosos antic111rios colec:cionan
Pa.ra gusto de poetas amadores del ayer;
Ya se ostentan esculpidos en arcaicos camafeos,
Ya en escudos nobiliarios, coa heráldicos arreos,
O en medallas que con!erva.n numism,tico valer.

~

MAXIMO 0ORKI EN CAPRI

Cerca de cinco ai!o, bace que Máximo Go,ld,
el célebre novelista roso, -.ive u1 la isla de Ca·
pri, en la oual lleva 11na vida. de retraimiento y
soledad casi iuexpuioabln, Se ha aislado de tal
manera, que nunca, h■ sta ahora, b;,.bía sido polible penetrar á su villa, por lo coaJ estos iníor,
mes se pn.eden oonsidenr como de actualidad,
a11nq11e d establecimiento de Gorki, en Capri, date de varios años.
Cultiva el escritor raso una gran 1mi1tad con
Braceo, el célebre dram■ tur,:o y novelbta italiano, y, gracias á esa amistad, podo penetrará la
residencia-cerrada herméticamcntt-el 1eprcse11.tante de un puiódico parisiense.
Luego que se ba franqueado la puerta del por•
tal, la que raramente se abre, se disipan todas las
leyen.d as fantásticas qne se han. hecho volar á
e:rpensu del e.rpatriado ruso. Se siente un am•
biente de simpatía y de recogimiento, y nadie
creerla haJlarse en la casa de un hombre qne ha
revuelto el imperio más grande del muodo y que
llevó, durante muchos aii.os, iina vida agitada v
peoou; llD hombre caya vida de a.zar poso en
c:ontacto coo las dolorosas escenas, obsuvaci6o
que tanto le ha de beneficiar en su labor literaria,
Vive Gorki una existencia apacible, d~dicada
al trabajo y al estadio deotro de su gabfoete,ocu·
pado, en s11 mayor parte, por un mnndo de libros
arreglados con 11n orden perfecto, En medio de
I ■ severidad de la biblioteca, se ve_n las notas ale•
gres de alguna planta de sombra, una armad un
antigua 6 alguna fotografía encuadnda primorosamente; entre ellas 6gara, en lagar prominente,
la de Braceo. Todo este coDjanto forma un her•
moso co_ntraste con la terrau que se abre sobre
el deslumbrador fondo de la &lt;Marina Grande&gt;,
Gorki 110 puede convernr en itaHano: es una
lengua que no ha podido aprender en los aiíos
que lleva de habitar e.o Italia, y para entenderse
con su buen amigo Bracco1 líene que servirle de

intérprete su espoi.a, majer que tiene adoración
por ti, y que, con su talenlo, h.a sabido bacrrae
indispensable p.. ra el gran cicritor, Ella tndii•
ce lentamente y en un i,ali ■ no muy puro, las palabras de Gorki, y da á hte nna sí.nteslJ abrevia•
da de lo que dicen sus interlocutores.
Gorki no habla nunca de su vida de a"leoturu
ni de su pasado¡ tampoco guthi hablar de su arte y se molesta ca.ando se insiste en que hable
de su poderosa iJlliuencia en R111u.; tal modestia
es admirable de su parte ,
El periodista que le entrevüló quilo oír 111,
opinión acerca de Njpoles, Ila1i1, su arte y su Jj.
teratara, sus artistas, dcUna¡ ;:I escritor habló

sobre todos los asuntos qae no pugnan con los
mencionados anteriormente, y habló, sobre todo,
acerca de su tran deseo de que se estrechen las
relaciones intelectuales y comerciales eotre Rusia é Ttalia para evlt■r la ioflaencia de Alemania
eo los dos pa.fses citados.
Sorprende ver hasta qui paoto est, eoterado
y venado ca. esos asunto• un hombre qi,e parece

-

esperamos qoe responder.f. al U■-mado nrgtnte de
la patria literatura,
Quizás su decisión de permitir que se visite
su villa por primera -vez, d1apuh de vivir en
ella por mb de cuatro años, h1dique el que est,
decidido á figurar en el mu_ndo de la poHtica y
de la literatura¡ quizás dentro de poco tiempo se
rffll1e•e la asombrosa activldaddeque dióejemplP durante 1■ revoluci6.n rusa; loja1á que utas
naestras esperanzas se realicen y que las letras
ruaas no queden hutrfanas á la muerte del gran
TolstoH

El Cervecero que llegó á General
LA VERDAD ACERCA DE SANTE~RE

Porta.! de la "villa'· de Ciorl&lt;l en Capri
absorbido en el alto arte, Proíefl un verdadero
cnlto por las &amp;lorias de ltali.a en todos los ramos
de la acti vid».d humana,
Según dice :Bracoo, Gorki es un. hombrt verdaderamente inlantil, y esta alma, de temple de
acero, tiene geqcilJecu y debrndades de niño ti.mido.
Despu,is de Ju terribles tempestades qae han
pasado por esa cabeza, ha ueot■ do en ella una
gran calma, la cual no puede alterar ningano de
los torme11t01os re011erdos del pasado.
Tal es Ja vida que lleva ac.taalmente d hombre
que esti llamado á ocupar el primer lugar en la
literatura rusa , la muerte de Tolstoi¡ ahora falta saber si aceptará ese primer hgar 6 Jo dejar,
vacante después de la desaparición del Conde
León. Creemos que las letras rusas Jc{llam1111 y

En el mn..ndobansidomu:cboshombres á qnie• nes la Historia, juzgando sólo por las apariencia~, nos ha retratado con rasgos muy d.He111rntes
de los que realmeute tavieron, colgándoles
unas 'fcces beroícu hnañas, crímenes borrrudos otras, aiu que realmente hnieran en tales
crímenes ni en hazañas tales otra participacjón
que aquella á que fatalmente lts arrastraron las
circunst■ncias. Uno de estos hombres íué Sanh:rre, el célebre general revolucionario, de qoien
injusta:mentese ha querido hacer un demagogo
cruel y aa.nguinario, cuando realmente no fué
más que 1111 desfraciado, víctima de un poco de
vanidad personal, después de todo muy francesa,
Antonio Santerre era oervcc:cro¡ más aúa, descendía de toda una dinastía de cerveceros cuyo
nombre era cilebre cu tod■-s las provincias del
Norte de Francia, y que con su industria habían
adquirido tanto oro como fama. Pero á la vez
que l.Jldustrial honrado y activo, nuestro hombre en., á 111 modo, un genio. Su padre le babia
hecho estudiar en el cCollt°!ge des Gusains&gt;, y
il npo aplicará su profesión el fr11to de sus es•
ludios, introduciendo en la fabricación de la
cerveza importantes iunovaciones, tales como el
empleo de ca.tbón de cok para desecar la cebada,
las observaciones termomHricas riguosas en
vez del tanho, Ju lámparas de presión, invento
de su amigo el farmac:éntico Quinquet, en lugar
de las bujías ... .
Santerre trabajaba i la vez perla introdacció11,
en las leves, de reformas que hablan de faciJjtar

En los mb absurdos cuentos, en historias estupendas,
Eu obscuras y remotas mitológicas leye11du,
Nos cautivan sus bazañu de 110 tabor casi inJantH·
E bistoriógrafQs, poetas, dibojantcs y escoltoru, '
En el Jib,o, en eJ poema, en el bloqt1e, en los colores,
Su figura han prestigiado coo espJritu viril.
Los caballos son el tipo mis hermoso de animales.
Vedlos: blancos, brunos, trises, de oolbrea desiguales,
De sedeña piel y crines que la luz hace brillar,
Se eocabrit■ o, Jnego piafa.o, estornudan, cabecean¡
Retroceden ensanchando la nariz¡ caracolean¡
Se recubren de alba espuma para alegres relinchar,
Y corriendo 6 al galope y con trote acompasado,
Allá van tirando airosos de los cochea, sin enfado,
Sobre el terso y dllJ"o asfalto de n_n henchido boalenrd.

LUIS CASTILLO LEDON.

Uorki oo ~u eatut.lio

~

lior ki y Hra,·co en la terrn1.tl de la 1\'illa•

�Inauguración del Nuevo Per-íodo Pr-esidencial

el más amplio desarrollo de la industria cervrcera¡ se preocupaba también del bienestar de los obreros de su fábrica¡ era, en fiJ1, un verdadero protector de la profesión
qH le enriquecía. La Ruolución francesa díó al traste con todo ello.
Santerl'c, intcligeote y bueno en el foodo, era en lo físico un verdadero Sansón:
alto, robusto, con una J11111culatura de hiuro, capaz: de domioar y aun derribar al
caballo más fogoso, ejercicio al que, dicho sea entre paréntesis, era muy aficiooado .
Sus vecinos le querían y le admirabao á la vez. Al día siguiente de la toma de la
Butilla, cuando se trató de elegir oficiales para la naciente gaardia naciooal, la pre•
sencia y e;l vigor físico eran los únicossigoos que podfan revelar aptítades militares,
y' Santerre se encontró de la noche á la mañana convedido en jefe de batallón. Esto
era poco para su estatura¡ tres años mb tarde, la jornada del 10 de Agoslo, durante
la cual el buon cervecero no b.izo otra cosa que paToueane sobre un caballo enorme,
le elevó al rango de general en jefe de la guardia nacional parisiense.
Esta fué realmente su pcrdicióo. El que jamás dtbió ser otra cosa que un indastrial honrado y próspero, ante cate golpe inesperado de íorhma, sintió que su amor
propio tomaba nueTos derroteros y se creyó un verdadero soldado. Galopar ante la
multitud blandiendo el sable, dando órdenes, dominando todos los gritos y todos
los rumores con su voz de trueno, fué desde entonces la única preocupación de su
•ida. Y realmente no hizo otra cosa en toda su carrera militar. Pero la Historia,
como quiera que era el jefe de la guardia nacional, le ba atribuido, no sólo todo
lo que la guardia nacionRl hizo, sino todo lo que hicieron los hombres cuyas ideas
defendía la guardia nacional.

El. Pannm " M AR.~TliOS-" M E'&lt;JCA ~o.-,Taan Rufa. vencedor en primer ln¡rar, recibe su pnmio.- Ru iz en la calle de JeEús.-Rui1. llegando f !ti. .meta
J uan :"liedraao, segundo lugar. - Gueta\'O Ramírez, tercer Jugar.-La gran carrera de cuarenta kilómt troe se corrió el domingo último.

l!,'l .w i'ior 0-eiwrrtl J)Íftz ller¡ando á 111. l'ám,, r11 d1· JJiputadoN.- Et cuupo ,7:p/omáti,•o.-El 8t1io¡• flr, ·.~i,7, 11te sa/1e11dv
de la ('á,,uira rle.~pu/s rle la protesta. - Et sei1.m· J&gt;
ri:aidente rumbo al Palacio .,_Yacio11al.-Los lí( íi01•es rliputado11 saliendo de la Utímara - l!..'/ lft1ñ01· P,·aídente Ralu1/ando r,l pueblo

�Poult
dt Espada
dt tombatt

Los sefiores Bnche Alcalde y Rég,goon, tirando
Los tres vencedores y el profesor M.érignac
O•ganizada por el seiior don Luciano Mérigoac, dinclor de la Esc11ela Ma1istral de Esgrima, se dcchió el dbado de Ja scmaua próxima pasada la poule final para el CJampeonato de espada de combate en ternaos
del &lt;Polo Club&gt;,
Catorce personas too-aron parte ca la po11le, la cual íué muy reñida 1
H11bo sesenta y seia asaltos para decidir le, pues dos de ellos se empataron.
Al fin obtuvo el primtr lugar el señor don Joaquiu Bauche Alcalde
d segundo el señor don Alfredo Bablot y el trrccro el sefio.r don An'.
tonio Régagaon.
Desp11b de los asaltos se procedió á la re:partición de Ju recompeosu, las cuales fueron como sigue: primer prunio, copa de plata cedida
por el señor .Ministro de Bélgica don Jorge Allart, quien la entregó personalmente al vencedor¡ el ugnndo pnmio fué una copa de plata tam•
bién, obseq11iada por el señor don Prdro Cercan-a¡ el te.rceTo fut uru\ ar•
tístioa cigarrera de plata dorada, obsequio del profeior )Hritnac.

El sc.iior B¡¡uche Alcalde recibiendo su premio

"El Idilio de un Príncipe.''---La Opereta
H, HEIDELBERG, la una, la risaefia jave otud alemana que canta, que
bebe y que ríe! El alma toda de 11n
país está allí, en la vieja Uninrsi•
dad, en Ja ciudad medioeval en cuya colína :Uzase el histórico castíllo, ycuyas puderas baiíael do ser•
peantc y también ri~uciio,-al que á la mañana
el sol arranca rtflejos de oro y que por la noche
seme ja aoa ancha, una fulgurante ciota de plata,
perdiéndose á lo lejos, bajo los pueoies, e11 el
remoto horizonte.
¡He:idelberg! La metrópoli feliz: de la ciencia
y de a alegrh,; la dudad íormadora de hombres¡
la de los rústicos jardines; la de las j ocundas
cervecerías al aire h bre ¡ l a de los amores y la de
los besos, saludables UDOS y olios como brisa
campestre ...... ¡Heidelberg! Mágica palabra que
s11ena á música celeste ea o ldos germánic;os, aún
en aquellos de los gue antaiio lucran estudian·
tes y ahora ven pasar la vida, traba jadores y afanados, en tierras de América .. ;.
¡Heidelberg! ¡Heidelberg! ¿Qné asunto mejor
para una comedia de inteosa -vida alemana, que
las avenh1ras, los goces, los brindis, las correrías
y locuras de los estudiantes rn d gran centro
uni vcrsitario?
Meyer-Focster lo comprendió así, y por eso su
célebre comedia es una de las que, pudiéumos
decir, encierra mucho de representativo y geoui110, entre las de la nueva escuela. Viejo Heidelberg aparece como la obra teatral más absoluta.
más profandameute alemana de cuantas se han
escrito en a11estros !lías. Absoluta y pr.'.lfanda•
mente, porque del espíritu alemán encierra lo
mis delicado-lo intelectoal,-así como lo mb
caracterbtíco,-cl dón de la jovialidad V de la
risa sin nervios ,-discntamentc iluminado por
un sentimental é iugenuo romanticismo.

¿El asunto?
Encantador de sencillez y de hísh za melodio·
sa-.si cabe aplicar el adjtfrvo,-ya qoc basta
ea los sentimientos existe la música :
Culos Eariq11e, príncipe herede-ro del trono
de Bniera, va de C:,borgo á Heidelbe:rg, con el
pro pósito de iaic:iuse en los cursos de la Univeuidad. Acompáiialc un boca doctor, uno de
esos amabh:s y sesudos doctores germánicos,qDe
tanto g1utan de hondas filosofías como de espameantes bol!ks.
Edocado dentro de la ctiqncta severa de la cor•
te, ca la atmósfera de adulación y se:qued,d cortesanas; -verdadera víctima de i.u propia nobleza,
Carlos Enrique, que de la Tida no conoce más
que las falsas ceremonias, las proJondas reverencias, los fin¡¡idos afectos, sufre un desl11mbramlcnto en el ambiente de Heidelberg, saturado
de cordialidad y buen humor juveniles. E s Dn
dormido que despierta. Despierta al són de las
regocijadas canciones, escuchadas á la noche, en
la terraza llena del marmullo de los árboles y
del aroma de las flores, cuando Kety, la de los
blancos y redondos brazos, le ofreoe democrátiamente un vaso de -vino del Rbia. Abre loa ojos,
su corazón palpita, rebosante de 1111 sentimiento
nuevo: el sentimiento del amor, inspirado en los
besos sonoros que da á la buena muchacha en
las mejillas sonrosadas¡ el sc11timicnto de la alegda, reflejado en los ¡burrasl de los estudiantes;
el sentimiento de la amistad ,!simbolindo poT el

tarro rcboaaotc de nltida espuma que le ofrece
Arte ves¡ el senlimieuto de la alegria, cuando. l'e•
conocieodo en la inquieta juventud que Je rodea
á nn ejército de camaradas, trueca al scmburo
de viaje por la gorra dd estudiantt ... . . . ¡Es la
vida que Jhga¡ h. -verdadera vida q-ue cnfra á raad.a les en ti, casi sofocándole, con 1111 u:cuo de
emoción!
Y Carlos Enl'iqacsc olvida de que es p.rfucipe,
de que es heredero de 11n trono.-Lc complace
imagioarse igual á aquellos otros, á los libres co•

había de venir en qne e l trono le reclamase, por
eofer_me:dad de su tfo el duque; ignoraba queBa·
-viera, al verse sin mandatario, Uamuíale , uranc;indolc del paraíso de sus sueños.-¡Y el día fa.
tal llegó! ¡Adiós cancioJJes, adiós patriarcales
cost11mbres scnciJJas, adiós Kety, la de los blancos brazos y de los labios rojos y del alegre corazóu; adiós nocturnas serenatas á Ja sombra de
los árboles , de los foll ajes argentados¡adiósami•
go!I, camaradas francotes y risueños ; adiós vida,
adiós todo!

\'irginin Fáhregas en " El T11iiio de un rrínripe"
mo los pájaros, á los felices que no estáu sometidos por la razóo de Estado, i Ja regocijada chi·
quillería que bebe, q11e grita, q ue ama, que canta, que estudia ... . Ama á K ety¡ ama las canciones joviales, la ccrven, las correrías por el cam•
po, los cursos .... Entrégase en cuerpo y alma á
la vida. Es un hombre, Vibra. Sicote. La vieja
Heidelberg, la maravillosa ciudad alentado ra de:I
espíritu. alemáJJ, ba penetrado intensamente en
su espíritu.
1Ah, pobre Cario, Enrique! T¡!noraba q ue d ía

Y Carlos Eorique, llorando.como au cllíquillo, se Ya.
Vedle dos ilios dup ués, en una noche de tristes recuerdos -Es ya jefe de un Estado. Es y a el
prisione:ro de una corte, el esclavo de uoa prin•
cipcsca herencia, el esoépti co de la vida y de los
hombres. La nostalgia de su vieja Heidelberg no
le abando11a. El anciano Kcllman, anti&amp;uo conc.•
cido de tiempos estudiaotilts, va á visitarle, c:11.
demanda de una merced. Y Kellman es la per•
sonific:ac-ión viva del recuerdo: es Kety, es la

�NUPCIAL
Universidad, es el pasado .•. Y el príncipe, en
la severa estancia, a,nte la vuita oa abierta i la
noche, llora por sa perdida juventud. "¡Salud,
amigo!'' -dioe, bebiendo á la memoria del bueno
y viejo doctor, su compañero de huailu en
Heidelberg, ahora maerto,-¡Saludl"-Y ea un
arranque de pasión irresistib!e, decide volver
-por la última v,ez á la amada ciudad, á la vieja
Heidelberg de sus sueños.
Hde ahí, en la casa de los Müller, anle el cas•
tillo ruinoso, ante las pHdcras regadas por el
Neckar .... Sos ojos contemplan los mismos sitios
q11e aobiio amó. Allí están los árt.oles de cuyas
ramas pendieran los multicolorrs farolillos en
las noches de fiesta¡ ali{ las muas y los bancos
en que bebi6. ¿Pero d6ode Bitonde y Artevu'l
l,Dónde los buenos camaradas qui: tanto quiso?
iAV, el pasado, sn recuerdo, su vtsión de antaño,
había. muerto! Las mismas eran las cosu, pero
diversas las gentes. Del pasado sólo restaba
Kety, la linda, la dkhanra moz..- heroína de
su primer amor.

aplaudido en el tu~ro de la calle de Donceles:
trátase de un arreglo qne de dicha obra hizo, con
el Uhdo de El idilio de un prlncipe,donAdelardo
Feroández Arias. El arreglo, i:n sí, es bueno;
bastante correcto, auEque no depurado, el diálogo. Yo aplaudo al señor Fernánder. Arias su loa·
ble idea Je dar á conocer en castellaEo u11a obra
tan bella como la dtl gran comediógrafo alemáo.
Lo ún.ico qne le reprocho es eso: que hiciera un
aneglo y no una simple vc:rsión, omitiendo el
nombre dd verdadero autor en los pre gramas, el
cual debía ñgurar-porque de él es la gtoria,antes qne el suyo; y cambiando el tltnlo original
de la obra, que es Víeio HeídelberJ, ¡,or el de El
idUio de un prlncipe. El nombre de Viejo Heidelberg lo expresa todo, sintetiza la honda filosofía
de la comedia¡ el de El idilio de an príncipe, en
cambio, no dice nada, porque únicamente atüc:
:i l1Il iocideute de ella. El gra.n personaje moral
de Meyu-Fürster, el q11e todo lo 1obarca, el que
sintetiza la idea-eje de sn obra, no es Kety, sino
la Universidad de Heidelbng.
Y nada digo de cortes ni adap·
taciooes, ni haré hincapié tampoco en la lll'llliladón que en d aut·
glo español ha sufrido el personaje quizá mis profundo :le la co•
media: el del do.::lor, compañero
del príncipe. Bástemeasentarqne,
en mi concepto, las ob,as maestras no toleran arreglos uí enmen•
datoras: deben respetarse, contra
la fea costumbre de años atrás establecida en España de entrar á
saco en los teatros e:draoje1os,
sio ningún miramiento ni escrúpulo,

Viuda Alegre y el Sueño de WI Val&amp;, hermanos
gemelos de la aplaudida Princesa del D&amp;lar.
Menee la bnen.a acogida qne se la ha hecho la
compañía de los artistas españoles. En s11 géoe·
ro, y en castellano, es lo mejor que hemos visio
en México en los últimos tiempos. Gnsta, sobre
todo, por sn homogeneidad, por la rxcelc:nte dirección escénica que luce de ella un conjunto
discipJíuado.
Emilio Sag(-Barba, por su voz agrad-abilísima
por sn gracia, por su deseo fado, ha llrgado l\ ser
el cíavorilo&gt; del público. Luisa Vtla canta muy
bien la opereta: posee el dolllinio de 1 género.
Mencionaré coo elogio, cutre Ju obras repre•
sentadas, La Viudo Alrgre. E,t• Viuda Alegre de
la compañía &lt;Sag{- Buba&gt; ha sido uca novedad
en Mé.xico.
¡Y de baena gana quisiera enr&lt;dar más frases
sobre el iogtniosoco11de Daailo, y la alf gre Sonia,
y tl barón M.irko, á quie11u en bue.n cutellano ba
hecho hablar Linares Rivasl Pero, aunque tinta
y b11en• intención sobran, el espacio falla ....
MAESE PEDRO.

AJEDREZ
Problema núm. 26, por T. King Parks
NEGRAS

A pesar de todo-lo repito,-el
arreglo del srñor Fer-oáodu Arias
nos da una impresión bermosfsima de la obra original, v por ello
hemos de quedarle agudecidos.
AiMdase á i:sto la baena inter•
prelación: pocas veces, como abo·
ra, la compañía me.xlcana se ha
esmerado ta oto en el estreno de
uoa comedia. Descuella, entre los
arlistas, Virgi.nia Fábre~as. Entiende admirablemente el tipo de
Kety; Jo borda, &lt;lo ltabla&gt;,-como
se dice ea la jerga teatral,- de ma·
n.er¡¡ deliciosa. Del principio al
fin está en su papel. Señalaré, sobre todo, las escenas C01l el pd.11ci pe, al final del segllO.do acto: sor•
prende gratamente en ellas por su
naturalidad, por la simp¡tia que
:-:~ñor Baltasar Bauqnelle, primer bajQ de la compai'iía. 1$sgí•Barba1 derrallla. Lo único que cabe censurarla es sn e:rceso de fuego JaVedla venir. Está todavía m11y lioda. Trae 11n
tin.o, qae en ocasiones la lleva á la e~ageración,
haz de rosas frescas como sas mejillas de rosa.
como en la escena de la primera despedida. No
Pero ha sufrido mucho¡ ha llorado mucho ...•
hay duda, sin embargo, de que la de Kety puede
Se hablan, se besan, evocan ..•. Es un transporconsiderarse como una de las mejores interprete amoroso; on retocoo á los días que fauoo.
taciones de la señora Fá.bregas; tan baeua como
Mu suena la hora de la separación. El tren
la de Safo y como la de María Victoria.
a(aarda al príncipe para llevarle á sus Estados.
Muy bi1m el ssñor Nieva, qne 1:11 esta vez ocu.El se casará más tarde con una princesa que oo
p6 el se)!lllldo lugar. So Carlos Enrique es harto
conoce ni ama. Ella, Ktty, irá muy lejos, á Aasdiscreto, por más que caiga, en determínada.s
tcia, doode la espera s11 pro01ctido pobre.
esce-nas, e11, el mismo defecto de la Kdy : ht fo-¡Adiós, Kety, ú11ico amor de ml vida!
gosidad e.rouiTa.
- ¡Adiós, Carlos Eoriq1a!
Con.tribuyeron, uimismo, al buen éxito, con
su labor, los señores Mntio, Eor' qae Niev,, Váz•
quez y Solares, y dió la nola característica del
Yo confieso que pocas comedias, como esta, me
cuadro una tarba de estudiantes-de estudiantes
hin conmovido tao hondamente. La verdad do•
auténticos-de nuestras escnelas, llenando el
lorosa que anima al Viejo Heidelberf!, dicha por
escenario con el cascabeleo de sa alegría y de
Meyer· Fiinter de modo tan delicado y tan sua•
sus risas.
ve, es de aquellas universales, comunes á todos
La mise en scene, de primer orden.
los países y á todos los hombro. ¡Ay, nosotros
todos hemos tenido oucstro Viejo Heidelberg!
•
Porhnto,el buen acuerdo de la compailía &lt;Fábregas&gt;, al estreoadaenMé.xico, me parece digno
La compañia &lt;Sag{ Barbo con\inú-a en pleno
de calurosa alabanza,
auge en el 1Arbeu1.
. No es, ciertamente, 110a vusióa exacta del Vie•
La frívola, la bullanguera, la amable opereta,
jo HeidelberJ de Mcycr-Forster, la qui: b.emoa
triunfa en el tablado. Por éste han des-filad.o La

.• ..

••

Seilora Guadalupe Ba.rrena de Bustos
y seuor Javier Bustos
F'of. l}fock

BLANCAS

Las blanC&amp;Jt j 11egan y dan mde en tres jugadas

ITE, MISSA EfJT

Solución al problema número 24,
por H. F. W. Lane
BLANCAS
104A
~

, si 'l'
1

D 4 R (mate).

2

D 5 A (mate).

2

C 7 A (mate).

si T XC

l 1,j

Yo adoro 11 unn sonámbula con alma il!'
(Eloísa,
Viricen coruo la nieve y honda como la mar;
Su e~piritu es la bostia de m1 n111oro1,a m i~11
Que nl~o ni són do uoa rlulce Liracrepuscular.

&lt;n

C X T (mate).

2

A Aeynaldo de Rafael

NEGRAS

'f S A

Seilora Luz M. Verái,logui ele llodecla
Fol. flfaC'k

ALBUM f[ME INO

Ojos de evocadora, gesto ele protelis11 1
En ella hay la sagrada frecuencia del altar;
Su risa es la sonrisa suave do Monna Lisa
us labios son los únicos labios para besar'.

LA MUJER
r si R 5 A

2

C (4 Dl 4 C ( matf ).

Hao mandado solución exacta los seiiores Luis
Nava y J. G. Gutiérrez Topete, de México; B. Ca•
marena,de Perote, Veracru1; Olallo Rubio, de Cana·
nea, y José Maria Guerra Cisneros, de Monterrey.
Al número 23 se recibieron varias soluciones, siendo exacta únicarnrnte la del sei'ior Olallo Rubio, de
Cananea.

Partida Jugada en Oxford entre los sei'iores doctor
Smith y Wainwright

V1éodola. en sus divinas metamorto,is,
se comprende su prestl&amp;lo Irresistible. No
es un sér como nosotros, oo; no es una
criatura. natural. Es una. creadOo compll.:adlslms, ea la que bay algo de Joya¡ algo
de flor, algo de p•J•ro y algo deserp ente.
Es uua cosa. lumloor a, pulida., su a.ve, olorosa, ligera, etérea, vibrante, variable,
ondulante, casi alada y tan sonriente.
Además, es la eoearoaclóo del eterno eolg•
ms. Las almas que se ahogan en sos ojos,
aumentan su misterio; y sus labios, tintos
en sa11gr11 de corazones varoniles, son como rosas m,gicas. Es uo abismo que

atrae.

E. GOMEZ CARRILLO.

1 he de besarla un d la con rojo beso ar·
(cliente;
Apoyada en mi brazo como con\Oaleciente
Me mirará asombrada con íntiwo pav~r;
La enamorada eEfinge quedará estupefac(ta
¡Y la faunesa antigua me rugirá de amor! '

A pagaré la llama de la "estal intacta

Seiiora Guadalupe Vértiz de l!&gt;saurdia.-Fot.!Mack

Ruubf DARIO.

�CRONICA
F N estas bellas tardes, lectoras
LJ mías, al contemplar las blancas cimas de oucsh:os volcanes coronados de nieve dorada por el sol, las hojas de los
árboles que tienen 110 brillo
metilico á la hora del crcpúso11Jo, y el ciclo color de CJJomeolvides&gt;, han
venido á mi recaerdo algunos llbros leídos hace
Y-' larg;, tiempo, pareciéndome que el diiíaoo
mdiz del horizonte evocaba en mi memoria escenas, frases, impresioJJes, todo un mando fantástico y encantador, Por esto ahora, lectoras mías,

ciéndooos vibrar con aj,nas pasionn, llonr con
las 16gdmas de seres imaginarios y gozar con las
dichas de quienes no las gozaron en la realidad.
Y esta noble ficción hace que ilnmcnte la actívi•
dad de la vida interior. Pero tal vei e.s uu srror
calificar de ficción toda obra literaria, pues quizá
muchos antores relatan su propia historia en sus
producciones, Bécquu, el poeta apasionado de
las tapias mnsgosas, las golondrinas errantes y
las ruinas florecidas, ha dicho: cConozco á mu•

Ademb, los libros leídos en días lejanos es·
tán llenos, pan nosotros, de reminiscencias queridas, de goces, impresiones y dolores pasados,
y en sus hojas puede leerse, entre renglones,
otra historia, otro poema: el nuestro, pues la no•
'fela está tomada de la existencia en que vivimos,
y porque todas las almas se asemejan entre sí,
aunque parezcan muy diversas¡ del mismo modo
confundimos las estrellas, por más que unas espleudeo vivamente y otras apenas irradian,
Y las almas también tienen luz, sólo que algu•
na.s está11 veladu porque los cuerpos son dema•
aiado impuros y las oscurecen, pero nunca llelfan á apagarlas del todo.
Cuando leemos esos libros, ya saboreados en
otro tiempo, recordamos idilios Cogaces, dichos
rulizados ó des, acantos incurables. y despiertan mochas impresiones que, como cbellas durmientes&gt;, reposaban bada muchos años en la
espesa selva de nuestros recnerdos. Y evocamos
de nuevo co11 esa lectura, reconstruyendo el ensueño, ilusiones blancas como las hojas del satinado papel, ó tristezas obscuras como sus letras,
al traer á la memoria algiÍll duengaño cruel,
cnando nos hirió profundamente el silencio de
aquel corazón al cual llamamos en v¡¡no, ¡cómo
que dentro no habfa nadie!
He conversado con vosotras, mis qnerídasami•
gu, más de lo que pensaba. Ya las blancas cimas
de nuestros volc.-ncs se han opacado; ya el cielo
perdió su inefable color de «nomeolvides:,, y la
noche, como una enlutada melancólica, se acerca
lentamente para asistirá una cita mish:riosa
Me despido de vosotras hasta muy pronto,
pues ya asoman en lo alto, tímidas y cnriosas,
las primens estrella~ . .. , ..
4

deseo hablaros, micnlras la tarde muere lentamente, de esos libros amados, ¿No os parece que
ellos son amigos buenos, ñeles y dignos de ser
queridos? Acompañan nuestras penas y nuestras
alegrías¡ nos curan, en muchas ocasiones, de la
tristeza, de la inquietud y del hastío, prodig~odooos alivio piadoso de nuestra propia vida,
pues la lectura es una ddlc:iosa ausencia de sí
mismo.
Los libros bellos y buenos dicen lo que hemos
anhelado eipresar, dan forma á ideas vagas dormidu en nuestra inteliJ!eooia, definen idealtt
indeterminados, precisan sueños flotantes, ha·

chas gentes á quienes no conozco:,. ¡El misterio
oculta tantas cosas!
De todos modos, los líbros hermosos y de sana
inspiración, son altamente gratos y benéficos,
porque deleitan, consuelan y enseñan; vierten
en las almas cansadas un bálsamo piadoso de pu
y de descanso, refinan el g usto, afirman el critedo y educan el oído para percibir la música
vasta y sugestiva de la palabra¡ la música verbal
que arrulla como la brisa, encanta como las melodías vagas pero eloouentcs del agua fugitiva,
que ruge como la tempestad, y embriaga como el
sua'fe perfume de lu flores, en las frases de
amor.

•

pelerina, hecho en encaje antiguo de Mitin, y
rodeado en la parte superior por una linda guar•
ni;i6n de ccublll, constituye todo el adorno, que
como verán nuestras lectoras , JJ0 puede ser más
sobrio y elegante.
Un modelo de manto, digno de ser citado, es
de tisú color de perla negra, recogido por un
lado en drape:ría Bex1ble y graciosa. El cuello de
satén negro es muy ancho, y en la orilla inferior
lleva una franja de piel de zorro, negra . Las
mangas tienen unas altas vueltas de satén neiro,
adamadas con la misma piel. Otro de estos man•
t&lt;'s, verdadenmente original y lindo, es de satén
gris claro, gnarneoido con galone.s de terciopelo
negro, bordados de plata antigua. Los delanteros
se cruzan por arriba del talle, abriéndose en la
parte inferio• del abrigo, y la espalda cae en
pliegues rectos hasta la orilla del traje, Las mangas son rectas, y tanto á lo largo como en las bocas, llevaQ una franja de ese mismo galón. Por último, un modelo de estos abrigos, sumamente elegante, es de liberty color de gtraQio, guarnecido
con hermosos bordados de oro y plata eQ estilo
de &lt;camafeo:,, terminando en bellotas á la orilla
de la aplicación. Una arrogante drapería que
comieoza en el cuello, por la espalda, y viene á
caer sobre el delantero pasando por arriba del
hombro, forma el principal adorno de tan original y hermoso abrigo. Esta drapería tiene en la
orilla un ancho bordado de plata y oro, el cual
se repite en el cuello y en la parte inferior del
manto. Mangas rectas y largas, gaarneoidas con
una franja de estos bordado,.
M.uchos otros modelos de abrigos podría citar
6 mis lectoras¡ pero aún quedan varias novedades de otoño y de invierno, á las cuales es preci•
so dedicar nuestro interés, como lo haremos, sin
duda alguQa , en la próxima ocasión.

Arreglo ydecorado de las habitaciones

"*

Es indudable que mis lectoras deseado tener
algunas noticias sobre los elegantes mantos que
se llevarán durante el i nvierno. Actualmente el
gran trilu1fo se declara en favor de los mantos
confeccionados en liberty negro. Para salidas de
teatro y baile, se usan muy largos y amplios
con mangas cortas y extensos en la pnte Íllferior, Ja cual lleVa casi siempre una franja de
piel, generalmente de zorro ó de topo, cuando no
se emplea una piel cara y exquisita, como la zibelina, marb, chinchilla ó armiño, si el manto
es blanco, Cui todos estos abrigos terminan eu
un gran cuello formando capuchón, el cual ha
destronado por completo al cuello marinero, y
dicho capuchón se adorna en la orilla con bdlotas de seda. Otros mantos propios para atavíos
de etiqueb, y hechos en muselina de seda en tonos claros, están cubiertos por lindos bordados
de:: perlas, color de marfil. En cuestión de bordados, no se admiten ahora más que aquellas de
matiz opaco 6 mate, y es preciso confesu que
tanto en negro como en blanco, este adorno tiene
un aspecto algo lúgubre,
Nada más elegante, sin embargo, para completar el conjunto distinguido y hermoso de los
mantos, que la guarnición de pielu, pues se en•
cnentran en tales combinaciones verdaderos pr ¡.
mores de arte, y á fin de convencerá mis lectoras de esta verdad, citaré varios modelos de dichos abrigos. El que representa nuestro grabado
es 1111 gran manto de terciopelo color de cereza,
guarnecido con chinchilla y hermosos bordados
de oro en relieve, Otro es de terciopelo negro,
cortado en forma recta y se•cra,_Un gran cullo

La. «toilette• fementoa requiere un luga.r ~
propósito para ha.cerse con toda comodidad y
discreción: un gablnetea.pa.rtado, elegante, dls-

puesto con arte y gracia., á. .fin de que la dueña.
de él encuentre un marco apropiado para su
belleza.. Una de las principales condlcltines para que este a.posento resulte cómodo y práctico, es 1a acertada elección de la luz, pues ésta
debe ser intensa., á la vez qu, discreta.; los matices con que se decore deben también elegirse
con cuidado; en una. palabra, todos Jos objetos
que allí se coloquen, han de llenar su papel de·
llcadamente.
Muchas veces puede depender el éxito de una
«toilette• de las buenas ó malas condiciones en

que esté el gabinete de tocador,
pues si el ma.tlz de los muros, muebles, eto., ayuda ó eatorb&amp; al color
del traje que se tenga puesto, es
muy dificil formarse una idea exacta. de él, y t&amp;l vez se asocie con un
tono que, visto en dicha. estancia.,
nos p&amp;recló muy bien, y al observarlo en l&amp; ca.lle ó en otra. parte, notamos lo mal que dicha comblnac1ón resulta.
Así pues, para. que nuestras lectoras puedan tener un gabinete de
ct.ollette&gt; lindo y apropiado, damos
boy un bonito modelo representan•
do esta. habitación tan importante,
deseando que dicho grabado les sea.
útil. Ha.remos una. breve descripción de él, á. fin de faclUtarlesaún
más la elección de muebles y tapices. En el
muro de la derecha vemos una. -ventana a.Ita
luciendo varios tiestos con llores y una cortina.
blanca. de linón ó tul. .A.bajo de la ventana.está
la. mesa-tocador, adornada. con unas cortinas
de tul ó muselina. blanca bordada. de tonos verdes secos y con fondo de satén gris plata. La
cubierta es de cristal grueso y encima vemcs
el estuche con loo¡ útiles para peinarse y unos
floreros con rosas. E l espejo es del tamaño de la
mesa con marco de plata C1Ildada. Un cómodo
sillón de madera, Iacado de gris, puesto sobre
una piel blanca, está delante del espejo. Las
paredes van tapizadas de papel-tela., gris, plata. El la.mbr[n es da madera.esmaltada de gris.
En el muro del frente vemos otra amplia ventana con vlslllos y cortina,¡ de muselina 6 tul
y una mesita de madera esmaltada con cubiertas de mármol á un lado de aquélla . En el muro izquierdo de la habitación está una. e-amir.di ván, luciendo coberturas de raso gris con bordados de sedas y aplb&amp;clones. El coj!n es igual
al que tiene el sillón y ambos están hechos con
seda gris, adornados con tiras de raso blanco
bordadas de plata. Oaa:iros, repisas, tibores y
otros objetos artlsttcos completan el decorado
de este pequefio Y lindo aposento. E l color gcls
plata. que domina en todo él es muy favora.ble
á los ata.vios, color de la tez y cabellos de las
damas , pues permite que éstos se destaquen
libremente, sin participar de au matiz, Jo cual
no sucedería si se eligiese un tono rosa verde
olio ó rojo, porque estos colores hacen ~aHde·
cer ó cambiar de matiz li los demás. En suma,
hay que preterir los tonos suaves ó secos; por
e ¡~ mplo: marfil, verde seco, grls perla, lila
pálido, etc.
Ya nos bemos ocupado, lectoras mfas,
de lo que pudiéramos llamar el «iantuario
de la bellez.a&gt;; dedica.remos un momento
á otra esta.ocia., á la que consideraremos
•templo de la inteligencia&gt;, En efecto,
mh queridas lecwras, para aquellas de
vosotras que ded iquéis vuestras energías
á los estudios, ya sean artfstlco, ó cien,
tificos, será muy interesante la elección
y el arreglo de un lindo gabinete de trabajo, por lo cual damos hoy un elegante
modelo, pYoplo para.este objeto. Las paredes y el piso son de madera clara en~erada. Lu venta.nas luceneort1na&amp; y visillos de etamina color de marz, recogidas
por en medio con listones de color cbaudróo. La mesa. de labor, un peque!Io banco y los sillones, son de madera aojo de pája.ro,,
tapiza.dos éstos con felpa chaudrón. Dos jardineras de mimbres, soportando unos ttbores de
porcelanacon plantas de sombra, ponen una
nota de frescura en el cerrado gabinete. Un
pequeflo llbrero y &amp;lgunos cuadros, propios del
lugar, completan el sencillo y eleg&amp;nteestudlo,
en donde podrá dedicarse Ja bella lntelectua.1 á.
sus trabaJoa favoritos.

Usos de Sociedad
La "toilcttet' de las damas
La elegancia en materia de loiletfe, no es el 111·
jo de las telas y 1.- riqueza de las joyas, sino el
arte de vestirse, según las exigencias de su posi·
ción y las conveniencias del momento.
Las :revistas de modas indican, con suficiente
claridad, el destino de cada uno de sus modelos;
los alm1cenes especiales y las modistas 110 confundirán el vestido de calle con el de reunión;
parece, pues, que seda la cosa mb senciJJa del
mundo vestfrse según la etiqueta, Sin embargo,
no hay na.da que exija más"tacto y buen gusto, á
cansa de las mil circunstancias accidentales que
modifioan las reglas adoptadas,
Así, pue,, será muy impropio poDerse 1111 traje
de visita cuando se va de compras; uo obstante,
está admitido que entre dos visitas 6 antes y
después de ellas, se Vil.ya á hiloer algún encargo
ó á examinar las novedades de un almacé n. Para
algan.as personas esto sera una contradicción ma•
oifiesta; sin embargo, dicha contradicción no
existe. Si un almacén no es un lugar que exija
semejante traje, como no se falta á nintnna convtnie11cu, la ra zón mayor jns1ífioa plenamente
su uso en aquel momento.
Si hay necesidad de asistir el mismo día, casi
á las mismas horas á una boda y á una vhita, la
persona á quien se ha de visitar tcodda motivo
para resentirse si, al salir de la boda, se faese á
cambiu de baje apresuradamente para irá su
casa, y, sin embarto, semejante traje estada Cuera de logar si sólo sirviese para hacer la ,.isita.
Si hay necesidad de ir eJ mismo día i una
boda y á un entierro, dicho se está que sería im•
posible presentarse en la boda con traje de dqelo ó en el duelo con traje de fiesta. Si no se puede cambiar de tnje entre ambas ceremonia,, vaJe más excusarse con los recién casados y asistir
al dacio preferentemente.
A este teQor se presentan en la vida social circunstancias en que se está obligado á desviarse
de las reglas admitidas para camplirdebidamen•
te con los usos de mundo.
Las toí/eltes ó trajes se edifican por su género: trajes de casa, de visita, de comida, de reunió!.\, etcétera, Pero cada género comprende otras
subdi • is iones. La bata, es decir, el vestido ilotante que se toma al dejar el lecho, no d ebe llevarse sino hilsta la hora de almorzar,
El vestido de casa, que se confunde frec uentemente con la bata, sin tener la soltara de ésta,
permite á las damas dedicarse cómodam,nte á
sus trabajos de vigilancia y arreglo del hogar.
Este es el traje por excelencia de la madre de
Camili•, cuidadosa de su salud y del bienestar de
los suyos, pues es suficientemente ajustado para
qne pa.eda recibir á cualquiera persona y, al
mismo tiempo, holgado y sencillo,
La mujer verdaderamente educada no se pondrá nanea un tra je de oallc en su casa,ni mucho
menos saldrá 6 la calle en traje de casa.

�TRAJE DE BAI LE ó RECEPClÓN.-Hecho en seda liberty

Elegante !,raje de eda blanca, cubierlio de tul bordado de perlas. Grande estola de gasa blanca con bordados
ele plata y seda realzada.

color de marfil._ Larg3:Júni~a de tul, bordado de lentejuela
de oro y guarnecida con. galñn de oro.

�El Mundo Ilustrado

IMPOSIBLE
(Bocoto para un ouento)

rcrtSULT
NOTICIAS

M. A. M: Me parece que su manteleta quedaría más booita adornada con una fr.wja de piel,
J&gt;DCS esta guarnicióo es la pre !erida durante d
iD'Yiemo.
En cuanto .i la pregunta que me hace refue-nle al estache, tal vez podría encontrarlo en alguna de las ferreterías más acreditadas de esta capital, porque en dichos establecimientos hay
muy grande variedad de artículos á ese respecto.
Estoy profundamente agradtcida á la bondad
que tiene usted para mí y correspondo á sus Ira•
ses afectuosas con el mismo cariño, deseando :i ae
no sea la última carta suya ésta, á la cual contesto ahora, pues la circunstancia que usted me re
ñere, no es un obstáculo para continuar sn correspondencia, siempre que me en ví.e sus cartas
con la misma dirección de las anteriores.

RALAS 0RMRS
los que me pide, á fin de coafeccionar un som·
brero y nn abrigo propios para la e~tacióu de in.
vierno. El paletó es de terciopelo negro, g11aruecido con piel de zorro, gris. El cuello es de satén. gris acero, y los delanteros se cierran con
unas presillas diagonales de pasamanería de se.

VARIAS NOTICIAS

Alcohólico: Segúo algunas opiniones de médi•
cos competentes, bay varios casos de alcohólicos.
en que se obtiene li'n feliz resultado, cuando seles somete á deternl-inado tratamiento. Y además de éste, existen ciertas preparaciones con
las cuales se alcanza
éxito completo á ese respecto. Se pueden poner esas substancias eu loSalimentos y así se consigue la curación del enfermo, aunque no teug, voluntad de aceptar ningún
régimen en ese sentido.

un

-La atrofia del nervio de las muelas 1:11 fer mas.
se logra aplicándole curaoiotics de ar~énico¡ pe•
ro es peligroso no recurrir al dentista tn estos.
casos.
-Respecto de la íórmuJa fotográfica á que asted
se refiere, le prometo informarme y daré á asted
noticias sobre ella á la mayor brevedad .

RESPUESTA

•

Carmen Lozano: Hay algunas almas, mi querida amiga, que tienen la absoluta necesidad de un
ideal para sosteuer sus energías, y usted es una
de esas almas. Así, pues, yo le aconsejo que uo
se haga demasiada l'iolencia, á fin de prescindir
de ese amor intetisc, el cual fo1ma ~u más grata
esperanza, sino que ponga un plazo, ccmo usted
misma ha pensado acertadamente, para ver si
con el transcurso del tiempo se reaJi.za ese ideal.
Pero, durante dicho plazo, viva usted pensando en
que va á alcanzar su objdo, porque de esta manera no amargará su u:iitenda inútilmente, en
el caso de obtener un feliz resultado, y si, por
desgracia, sucede Jo contrario, habrá embellecido todo ese tiempo con la perspectiva de un eusueño feliz. Es necesario cvivir al día&gt;, sufrir
las penas del momento y uo aumentarlas con la
previsión de las que nos esperan en el porvenir,
las cuales acaso nunca llegarán¡ la situación pre•
sente puede cambiar por completo, 6 lo que es
mb probable, nuestro mismo corazón !e truforme totalmente, mudando de anhelos y de aspiraciones.
Espere usted con calma y csueiie despierta&gt;,
pues esta es una dicha muy perso11al, C11Y• pose•
sión nadie puede arrebatarle.
Yo deseo para usted, mi buena amita, la realización completa de esos sueños de ventura.
DOS MODELOS

Alicia; Tengo el ¡!uto de ofrecerle los mcde•

GUANTES. COSMETICOS

L. P.: Los guantes á que asted se refiere para
preservar las manos de grietas y aspertzas, se preparan del modo siguieute: Se baten dos yemas de
huevo y dos cucharadas de aceite de almendras
dulces¡ ae riega esta mezcla con media OllU de
al(ua de rosas, añadiéndole dos dracmas de tintura de benjuí. Se mojan ó empapan los guantes
vueltos aJ rnéJ en esta composición y se ponen
por la noche. Cada par de guantes puede servir
quince días¡ el resto de la pomada se aproncha
en fricciones para las manos.

da gris, y grandes botoues ferrados con la misma
seda. El sombrero es de fieltro gris plata, y la
copa va coronada por un grapo de grandes plu•
mas blancas de avestruz.
Si estos modelos le parecen bonitos y eltgautu, quedadn complacidos mis de5eo1.

También es muy eficaz, para conservar la piel
de los brazos y de las mauos suave y delicada,
la siguiente preparación, con la cual se frobn
éstos al acostarse. Se toman dos onzas de aceife
de almendras dulces, tres dracmas de cera virgen, tres dracmas de esperma de ballena muy para, y se hacen calentar estas tres substancias &lt;n
vasijas diferentes; después se vierten todas jun•
tas, teniendo cuidado de mezclarlas exactamen·
te, es decir, por iguales partes. En se_guida se ponen en una vasija con atua fresca y se continúa
agitando la _pomada, madátidole el agua hasta
que se baya puesto enteramente blanca.
Se ootisena en agua de rosas, que se cambiará
diariamcute.

MARGARITA..

e

El gran sombrero de encaje, ornado ooo helechos y pequeffasrosa~
ailvest.res, velaba. con leve sombra
los rizos cast&amp;tlos de la. frente )
envolvl&amp; en una penumbra propt
ola el fulgor de los bellos ojos gar
zos. La booa, pequena y dibujad,
ooo firmeza., t,enla el violento colo,
bermejo que dan los arettes, y la
blancura. del óval.o puro del rostr,
era una. blancura muerta y art1fl
clal, obteold&amp; en el tocador. Toda
la. belleza. de aquella linda. y delicada. figura de mujer a.parecla. tao
tuera de lo real y sostenida por el
a.rtlfloio, que so aspecto era por
completo semejante al de una de
esaa grandes mullecas de cera, dt
0Jo1 pa1adoe y fij,,a en un punt.o y
sonrisa. toamovlble, que ae ven er,
Ju vit.rtnas de las modistu. E t
traje rojo, muy justo &amp;I encorsetado ta.lle; los largos guantes blancos
a.prJslooando el brazo y la pequellez
elegante de las manos; la. !a.Ida de
corte Irreprochable; loa ples arqueados y chiquitos oalzadoa con
coqueterla; el blaucor inualtiado dt
la t.ez en cuello, muffecas y mejlllu .... todo le daba la apariencia
de una grande y bella. mufieca lmpa.alble y cruel, hecha para. seradorada sobre un sollo por algó.n opulento sultán ó rey del petróleo,
que derrochara po.r ella sus rtquezu, pagando sus e:itrava¡antes caprichos de ldolo.
Sin embargo, esta semidiosa de
piel de cabrltiilla y cabelles de uo
raro y dorado color castallo, no tba
en ningó.o pesado pa.lanquln ni barroca atila de manos, nJ ldquJera en
el vulgar cupé de las fortunas medianas. sino que posaba. la. rigidez
a.feetada y distinguida. de au &amp;demin en el vu lgar asiento de mlm
bres de un carro el6ctrlco. A. su
lado la madre, una anciana de faz
colgante y :arnnoulosa, muy dada
de blanquete, con toca y lutos de
-viuda., entredormfase, amodorrada
por el oa.lor de la hora meridiana.
Pero Román Beoitiez sólo tenJa
ojos para la preciosa. muf!eoa, que
al pa.s&amp;r junto é. él, dejando un rastro len d1 perfume exótico, Je habla remoddo toda. la. sangra de sus
venas, haciéndole saltar el corazón.
No habla. venido él, por cierto, á
la capital de au grado y voluntad,
sino obUg&amp;do por la cura. "e algu.
nos intereses que trala.n por aoá á
mal traer ciertos corresponsales suyos. A. &amp;quel muchachote tímido,
de !a.z rojiza., no cuente de ró.stlca
belleza, le asustaba la gran ciudad
y se sentla. mal en el barullo de sus
o&amp;lleatntermlnables y tumultuosas,
que le pareclan estreobas y sofocantes, haciéndole allora.r la extensión y anchura espléndida de su
campitla natal.
En los hombrea censuraba. la. preelpt taclón de maneras y afemina•
miento en el hablar; en las mujeres ba.llaba. atrevlmi1nto1 de vestido, de ademé.o y de to01do que le
espantaban. Vaga.mente alié. en su
lmagloaoión comparábalas 11. grandes Dores seductoras y venenosas ó
11. diablejos disfrazados con los atrl
bur.01 lumtnoaos que se conceden á
101 11.ngeles.
Y hete a.qui que tasoloa.do por la
mú muneca, por la más dlabóllo&amp;,
por la mú tóxJoa de las cit.&amp;dloas,
no acertaba á. separar los ojos de
ella y se avergonzaba.de tr am, vestido oon 1u1 ga.las de campe1nno
aco!llodado, que ta.o gallardo le ha.,
cían en opinión de las chicas del
pueblo; y temla. que ella le mirue,
La vió apea.ne en uu calle lejana, y como al entrar por el portón
de una vieja. cua de aenra aparlenoia, 8.Jara Indiferente en j§} loa
ojos, Romb II alnt1d oonmo-vldo y

Usada por todas las grandes art~tas ylas damas aristócratas,~ la mrjor preparación,entre todas la:; de su da6e,
~~ C:(QtNSli!'"'.RNt~IR
IL 6;U~I'

nes, Sarpullido
s. Suaviza.
ffel yle Comunica
Juventud.
sotooado, como una do.ncelllca é.
quien por primera vez obsequia. un
caballero.

.

••
Su vida no tuvo ya. quietud ni
contento y fuá el hombre por México, agitado y febril, devorando
en los placeres comburentes que
ofrece la ciudad, los dineros par.
oamente ahorrado, por su madre,
la austera ~leja. laboriosa que ae
levantaba á laa tres de la man:ana.
pu-a v1gllar la ordena, y que a.ntes
de gastar un par de pe&amp;os en galas
para las hermanaa de Roml\n, lo
meditaba. hasta aeta meae1.

DEPÓSITO GENERAL"

ilosé
lJihlein,
Sucs.
Almacén de
Drogas

COLISEO NUEV0,3. MEXICO

Hlzo amigos, bebió, ofreció comi lonaa. contrajo equJvocas relaciones femenlnu,anduvo deun espectáculo i otro, siempre al n.stro de
la. linda nlf1a cuya. presencia le daba saat.o y contentamiento á un
tiempo mismo, y cuando al fin y&amp;
no hubo d inero en los bolslllo11, ni
pretexto para permanecer un día
más en la. capit al, vol •1ó 6 11u pueblo, desesperado, sin haberse jamás
atrevido á Intentar acercarse á. su
ldolo, é. quien aupooia muy lejos
de j§J.
En su ha.clend&amp;, la callad&amp; paz de
los campos, la regularidad mecánica de la -vida laboriosa y n1st1ca, no

le volvieron 1&amp; tranqutlldad. Torvo
y melancólico, cnmplla sin gusto
los usuales trabajos de campo. que
antes despertaban en él una ale~ría. eoérgtoa y vigorosa, mJrando
destacarse, sobre los terrones del
barbecho ó en los apretados y obscuros follajes del huerto, la silueta
elegante y agudamente femenina
de su adorada.
Las rollizas y sanas bellezas del
pueblo no le mereclan una. mirada,
y sentfa. que su esplritu se af!Dab&amp;,
produciéndole un punzante malestar que le empujaba á ~a. bebid&amp;, como l'lnJoo refugio para 1u pena. no
confesada.

VINO DE SAN GERMAN
(SAINT GERMAN)

De LATOUR BAUMETS
En esta preparación se hallan en perfecta solución los remedios más eficaces contra las enfermedades procedentes de la pobreza de la sangre
y afecciones pulmonares.
Está preparado de tal manera, que su asimilación con el jugo gástrico, en vez de neutralizar

sus efectos, aumenta su intensidad, y por consiguiente, su acción benéfica en todo el organismo.
Es de una eficacia soberana contra la tisis pul"He usado con excelentes reaultadoa el vino de SAN GERMAN en ca~oa de tisit pulm'Onar, de anemia y de
enfermedades cr6nic.ae de la piel. "

DR. BA.i.~DERA,
Profeaor de Flsloloda. t!n la. Escuela.
N&amp;olo11al de Medicina de lllhlGO,

monar y le trae en abundancia las células de sustitución, designadas para reformar el tejido pul•
monar, roído por la tuberculosis, cavado por las
cavernas.

�El Mundo Ilustrado

,...... SOZO.dOn t

dentÍfrlcoa

El dentífrico favorito del turistapues se conoce y vende hasta en el
Último rincón del elobo. Limpia y
da belleza á la dentadura y purifica
la boca cual nin~ otro dcodfrico.
Nuevo envase de lata pateotadaque excluye la suciedad y conserva
el aroma.~ No tiene dc1pcrdicio, no

El Mundo Ilustrado

Un, tarde saltó al oa.mpo en un
potto i medio desbravar, dejó el
llatUJ, é Internándose en los cerros
cubiertos de monte bajo, olavó las
espuelas en los flancos del animal y
emprendJó una. ca.rrera loca. y desbOcada. por entre los troncos rngosos de los mezquites centenarios,
que le abofetea.banal paso el rostro
con sus ramas espinosas y le daban
rudos golpes en el torso.
El bruto espantado y furioso, rebotando por entre los Inmóviles
obatAculoa, al bajar undecllve, lan•
zó por flo por sobre las orej1s á
su enajenado caba.llero, que quedó
muerto sobre nna gran piedra, con
la vidriosa. mirada fija en el cenit,
como 111 alll viera impasible y fina
la silueta elegante y agudamente
!emeotoa de su adorad&amp;.

se derrama.

•

**

A.hora ofd la segunda pa.rte de
esta historia:
Beatriz Caen, la hermosa olfla de
belleza artificial, que enamorara
tan protunda.'lleDte, con sola su
presencia, al rústico Román, era la
hija. de uno de eatos que llaman al•
r.os empleados, gente de rostro gra·
,e. gr&amp;Il chistera y levita muy cum
Pro,-~cr.trord
pltda, que flgura en todos los actos
efi{~; 1t:'f.1~f~~~~
oftcla.les y loa decora con su presencia; pero cuya vida intima ea pre.
ca.ria. y dolorosa, a.brumada por la
tocert.tdumbre del !utuio y hostiga.da por las estrecheces del pre.
pero insistan en
sente. Casas son esas en que se de•
jade poner para oomprarun enea.je
y se ayuna pa.r&amp; pagar un coche.
La bonita muchacha, en esa.existencia de penuria y a.rtlflclo, había
crecido adquiriendo aquellos rll!I·
gos finos de belleza. delicada. y pato•
lógica.. Tenla amigas ricas y dlstln•
guidas, su nombre anda.b&amp; en eró
oleas y resellas de reuniones ell3•
lf&amp;ntes; su figura er&amp; de las que lle•
gan i ser tammares en los sitios
mejor frecuentados de México, y su
alma pueril 6 lnconststeote de da.que es la original y
verdadera
mita elegante, se &amp;limeotaba vo,
!unta.ria. de todas las brillantes nasalsa inglesa " W orcestershire."
deriu y va.n1dades qoe constituyen
la expresión auténtica. de la alta
OJO.- Busquen la firma de LEA &amp; PERRINS
clase socl&amp;I.
Su delicado empaque de mulleca.,
en blanco :ltravesada en la etiqueta roja. Sin
su frágil belleza. de Jlor cultivada
con forzados cwda.dos, la haclao
ésta ninguna es verdadera.
inapreciable para flgura.r en las raras reuniones y en los bailes de la.
socied&amp;d distinguida. y las invita•
clones menudeaban en la casa, en
lluvia. sllecclosa., de vitelas y cartulinas.
Aleccionada. por la madre, Beatriz sabia. que su obllga.ción era obtener un marido rlco1 para pasar
sin solución de continuidad, de la
Su presión de
vida. estrecha y de brillantes apa•
las inyecciones.
rlencta.s de la. casa de sus padres, :i
otra vid&amp; holgada y llena de satlsfa.cciooes, en la. que las apariencias
Tratamiento
del pres11nte se trooaran en dorael mas facil
das y cómodas realidades . .A. fuerza
de pensar en ello y de prestar oldo
y el mas discreto.
1
á las sugestiones de su madre, el
_,.._
tipo de marido posible para ella
llegó á encarnar en un «hacendado
del interior&gt;, con muchas tierras,
muchos ganados, mucho dlnero;
aunque algo rudo al principio, ella
le adiestrarla. en las artes sutlles é
Intrincadas de la sociedad, y a::a
baria. por manejar!, como á un
de lo~ flujofl antiguos ó recientes
perrillo educado, dando lustre y
Ca.da c!psula
Cada clp~ula
Jdistlnclóo á sus dineros y ensel'!án
lleva el nombre
lleva f.! n(lmbre
Desconfiar de las Falsificaciones.
dole i vivir vida. de hombre c!v!l,
con notorio provecho de él y de ella
mlsma.
EN roo,s LAS FARMACIAS
~'
Cristalizado así su pensamiento,
ya no hubo fumito con aspecto de
acomodado en quien ella no fijara
al disimulo su mirada. interrogadora, y cuando el cunal encuentro del
t,raovfa, Román se la. quedó viendo
Solo TOPJOO
deslumbrado, Beatriz, con la rápl
r•1111plnudo al
CARNE· QUINA - HIERRO
hego tia dolor DI
cai.4&amp; dtl pelo, cura
El mas Reconstituy11nte soberano en da. perspicacia de la. mujer metro
politaoa, entendió muy bien la im,
raplda -, te~• ••
los casos de : Clorosis, Anemia
).. ColWH,
presión que en 61 babia causado.
-,lol&gt;~
funda, Malaria, Menstruaoionee
Después volvió á verle en diversos
'l'Orcedlll'U.•~
dolorosas, Calenturas,
a.nlalYOJNeellolugares póblicos, y como llL gente
lffO 111mtj01"1bk.
caue 1ucneueu, 28, Paria.
que los trecue¡,ta en México torma
TODAS J'AlUIIACl•• •
1'1111.11&amp;,Ru, S41onoiiJ todu fum1cia
un grupo t&amp;n reducido, no !altó

No pidan simplemente
' por " Salsa Inglesa "

&amp;~

SALSA

LEA &amp; PERRINS
sola

1

CURACION RAPIDAy RADICAL

1

La Cabeza
Duele
CuiUldo loa nervios del cerebro
ae encuentran en una condición

excitada ó irritada. El dolor no
es otra cosa que el grito de un
cerebro cansado. Pronto alivio
se obtiene por medio de las pildoras Contra-dolor del Dr. Miles
(Anti-Pain Pills). Ellas suavi.
zan los nervios, y cuando esto
se obtiene, el dolor disminuye.
Este es el modo natural y razonable de curar un dolor. Ningún
trastorno puede sobrevenir si se
toman de acuerdo con las direcciones. Tome una prontamente
al primer indicio del dolor, y
evite asi el sufrimiento.
• ''He usado t)Or cinco a.ffoa lu Plldoraa
del Dr. Miles Contra-dolor como remedio para le. Ja.qu-. Antes me molestaban loa dolores de cabes&amp;; pero e!l
la actualld&amp;d tueco que tenso un ataque
siempre tomo un&amp; da 1aa pflc!oraa ta.
cuales jamú dejan c!e allv1&amp;rme. Ta
no teneo dolor de eabeu !recuente .,
slemp~ conservo lu ptldoraa 4 la JD&amp;D0
., l&amp;a recomiendo a. 109 demlla."
C.
De

E,,.,..

NlLES, Parls, Teua.

MILES MEDICAL CO.,

Elkhar-t, E. de Indiana, Eatado■ Un'rlo~

quien la lntorma.ra que el hombre
era cun fueretl:o rico,: ¡el fuereflo
esperado! Slntlósamudamenteado.
rada, sio dejar entender, por el má.'3
leve stgno, que lo conocfa, sabiendo
cuánto asusta y repele alp11r11·ne;o,,o
la desenvoltura en la muJer y, de
Improviso, cuando esperaba ella
que el lance tomara Interés, el fu•
r,fio desapareció como tragado por
la. tierra.
En la banal agitación de la vida.
mundana, el lncideote quedó pron•
to olvidado¡ pero algunos meses
deapuél, cuando el m&amp;l latente que
la hacia tan bella.se desarrolló con
la ra.pfdez y la violencia del incendio, recluyéndol&amp; enel hueco de un
balcón, desde donde vela con tedio
y pena. las escenas Iguales de unl\
c1lle poco !racuent&amp;da, se aferró á.
su mente con aquel agitado imaginar y sentir peculiar de algunos
cardf&amp;cos, el pensamiento de que su
felicidad habla pasado rozándola
con su imperceptible a.Jetazo de en.
mera; que aquel rudo y fuerte garzón, que fijaba en ellr. mJradas de
extraviada. pasión. babrfasldo para
ella la salud, Ir. vid&amp; ...
Contemplaba con desgano y disgusto el Interior cerrado de la sa.11ta. en que pasaba sus tristes díu; y

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que blanquea la pll!l y des,111:;e
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,. J&gt;"c,, .............. ........ . ........ Frs. 19.
CneJlo•Babera aoutchuoo,
OOIOOldo la noche,
redUCd la, barbu dobles )' 41'r\1-

VINO AROUD

ij

Becúilcad~faé·¡¡·¡¡¡;~i=~;;,~.JcÍ::.i;

pro- 1

á i.a d lme11.&amp;lon l!&gt;! d a una pequeña narl• grlelfft

de aa¡ie.:lo m.ts ¡oven, . . . •. .•. . •. . F r ... •~•

En,10 .,, ,.. aroducto,, /r,neo do porte todo, a.,,.,
c. rilo cllrrwo, b/1/tldl dt b1Mo 6 oh"'"''•

l

Sm : pedid el lllélado de beU,u lllG&amp;lrado. rrm.o :
L. OL.IMPl.a, 10, f'Ue O•tllon, ""AAI•.

amado con la sonrisa en los ojos y
en los labios,
Y cuando loa de ambos se juntan
en un beso desfallecido de pasión,
un leve estremecimiento sacude el
cuerpo de Beatriz, y de su boca entreabierta. se escapa, el dlttmo allen•
to con un ligero estertor... .á la
El Financiero Wm. J. F. Rey, mlsm&amp;
hora en que &amp;llá, en el monte solitario, b1jo l&amp;s opacidades cá r
nolds No Podía Caminar. denas
de un crepúsculo trágico,
.lomá.a se rompe el cráneo cont,ra
EL REMEDIO DE MUNYON una pella y su corcel escapa. hlrlen
do el aire con un h1gubre relincho.
PARA EL REUMA-

TfSTf MONIO D! UN

BANOU(HO RiTIRADO

TISMO LO CURÓ.

CARL OS

TORO.

••
JOYAS ESPAÑOLAS

Mt. Wm. ]. F. Rernolch, llanquero ,...
tirado r financiero, cacribo: "1'hiladelphia
Oct. 2!&gt;, t907.-E11&amp;ba perf«tamcnle inútil
.:~n el rcumatlemo, no l)Odl.a andar, catar dr
p1i! '1 tenb tan lnffamaao, la. plh, los tobi•
1lo1 '1 lu rodillu que por mil de un afio no
tabla Jo que era descansar durante la noche.
Tomi todoe los remedio• conocido, sln aentir
allYlo. Un ami¡o me acon.scj6 que toman
el Remedio de Munron para el Reumatismo.
El sol en O,tubre, A las tres de la tarde,
lo que luce de mu7 mala aana · d prime:
fraaqulto me proporcion6 ati•lo comprt como un grao velo de sangre, arropa la
ciudad.
Bajo ti Incendio del sol, Cvacas
01ro, '1 ante, de terminar con el uaundo
nea~• perf!'ctamente Cl!rado. Nunca me be se amodorra. Y los follajes mustios de
1enhdo me¡or en ml •ida como &amp;horL"
los Arboles, los lentos carros d1 los tran"Tendré tfempre mucho placer en dar vlas, los cochero! que dormitan sobre el
l'!formc, de lo marnllloso que ea d Reme oescaote
de los toches, los perros que
d!o de MllnJon para el Reumatismo '1 lo qur
b,zo por mi, l lnYito cordialmente , loa out roncan en la sombra ap■clble de las aceras,
las
mismas
campanadas sol'lollentas
au fren que me ucrlban pr.,iruntando aolm
ti particular."
del reloj de la c■tedr■ I , que apenas tienen
"WK. J. I'. REYNOLDS,
f Jtrn para romper el crlst■ I del aire coa
":u4 S. Broad St." sus frAglles alas sonoras, todo lo adorml·
11:L IUIIIJCDIO D111 111111fTOl'f p AR.a
.IDL REUIU.Tl!JllO

""'ª

rara ea la
que falla éll alMu en 4oe 6
,...,, •oru, 1 cura eo pocoa dlaa.
El Re~dfo de M,an7on para la Dlepcpale
~ pranhn que cura toda fol"IDJI 4e lndlca116n 1 doleno.. del eat6maao
El Remedio de M'.un7.on pa~a lo, Rlllone,
cw-a con prontitud loa d.o lons en la, c.dcru,
en loa mwloa ó en tu lnclu, 'I toda form1
de mal de lo■ rlllonea.
El Rcmedio de M:1tn7on , - el Dolor dt
Caben detiene el dolor de cabe&amp;&amp; en trCJ
mlnutoa.
El Remedio de lllun7on para la S■nl(NI
ellmlna todu au, lmpure.zu.
El R~dlo de Muo7on para loa Rufria•
dos pn:cnc contra b pulmonla , cwra un
,.,tfrlado en pocu •oraa.
El Ungüento de Mun:,oo pan lu Almo!u.cura poaitiY&amp;mc.nle Cll todaa IW

f~:.

El VMficador de Mun7011 de'IUdft i lo■
aombru drbilea el ri¡or perdido.
JIU!fTOl'f REMEDY CO., e
. . . . . .Jelll'f'HOll s, •. , Pbfla••l•.....
Pa., lll. V. de A.

Agentes Generales: J . Labadie Sucs.
y Cia. Profesa, 6. México, D. F.
sus muebles tr,gtles, dorados y pre•
teoc1osos, sus pesadas cortina.s, sus
rlcu lá.mpa:raa de cristal y porcelana, ans cuadros de doradoa marcos,
la su¡erí&amp;n la visión de interiores
c&amp;mpeslnos que ella sólo conocfa de
oldas: grandes habitaciones con Ju
paredes encalada.a y al en'f1gado ne·
gro de hamo, a.muebl&amp;doscon algunas sillas de t,ule deaperdlgada.s
junto á los muros; aquí y a.111 ape•
ros de labranza y arreos de montu•
ras; cuadros viejos de santos y, por
la puerta &amp;ncha y derrengada., un
paisaje de cielo azul y oollnas verdegueantes, por donde T&amp;n lasyuo,
tas agulj1Ldas por los peonll! laborlos011 y en el que sopla un viento
vivo y oa.rga.dos de olores tt!rr,os y
vegetales que penetra con rudeza á
los pulmones, acabando y destruyendo todo garmen morboso.
Y en ese paisaje ha.y una. figura:
un hombre vigoroso y fuerte, de
enérgica. belleza de nrón, que en
nada. se parece a. los adamados á. la
moda de que :Beatriz h&amp; estado ro,
deada. siempre y que tieue mudas
adoraciones y va.rooiles ca.ricias pa.ra la criatura en quien ct:fra. y encierra la flna.llda.d de todos los a.otos de su vida.
Soffa.ndo, soflando, la muchacha,
Incapaz de moverse de su 111160,
pá.llda y herida. de muerte, tlnire
11scenas domésttca.s y, con los ojos
cerrados. se mira fuerte y activa,
vendo de la casa al corral, donde un
ruidoso y aleteante averío ae lanza
á su encuentro pldtéodola alimento, al huerto donde los árboles
brinda.u isus pomas generosos y la
acarician la frente con su follaje, á
la oasa. en cuya puerta la e1pera 1u

los "armólliums," y de mil y mll instrumentos muslcalea que, cuando vibran pul•
c;ados por las bAbtles manos de s11s due.
nos desconocidos, Ignoran el secreto que
animan sus mQsleaa, en cuyas frases locomprenstbles y confusas correo 111 IAttrlmas, se escuchan los sollozos, vnelan
los suspiros y St rompen los besos de las
Infinitas g1oer1clones desaparecidas en el
abismo del tiempo.
Y muchas nces qulrts , los Instrumentos ni cant,n, ni sollozan, ni suspiran,
~loo que lanzan, rebelc!es A las manos
que las pulsan, rooc.,s socorlaades. bAr·
baros arpegios, que es sin c!uda la manera como traducen Los violines y 111 arpas las dolorosas Imprecaciones c!e la
cama vetusta, al enclenque y degenerado
-tescendfente q11e traficó con ta madera
preelosa y sagrada en docc!e hablan nacido sus 1otepas1dos ...
otra tarde, en compal!la de un poeta
amigo que ama lu cosas viejas, entré A
la Iglesia de San Fr1meisco. La Iglesia 1s
para nosotros adorable por s11s altares
vlajlslmos c!e madera esculpida, en c!onde
el oro, ennegrecido por el polvo, empaflado por la edad, lanza un triste reflejo
amortiguado de vino viejo.
De altu en ■ltar, mirando los oros mo•
rlbundos, recorremos las anthas naves
sonoras, de cuvu baldosas narece aue
surgiera no sé qu~ extrallo frescor. Uo
ruo perfume sutil vuela en 11 atmósfera,
perfume en el cu•I u mezcla el aroma ca•
pltoso del Incienso, con el dellc■do, fino,
voluptuoso, de los trajes femeninos .
Admirando los altares, admiramos en
ellos toda la c!ellcadeza con q11e la piedad
los enjoya. El pallo de los altares es de
una batista casi Irreal, de una bl1.Dcura
Imposible, como tejida por 11na hada, en
110 claro del bosq11e. con los mts finos
rayos dt la luna. Los atriles en donde
descansan los ¡racc!u misales, cuyas
mayQ,culaa pensativa ■ tienen una eclgmttlca actitud. Los cirios apagados, lar·
gos y tristes como IAfrlmu, y porQltlmo,
• un lado del altar, balo un bumllde marco
de oro, el evangelio de San Juan abre 1111
su corola de nieve, como una rara flor de
as agua, ....
-A las Iglesias católlcas cuando esttn
vicias y sllenclosas,-me dice mi ■migo ,
debemos acudir los artistas A solíar los
temas de nutstros poemas. El ambiente
que aqul se respira no puede ser más
propicio para •guur los nervios y predls·
ponerlos á la misteriosa labor i!e la crea•

lado y pere1oso de la hora callglnosa y
pesaila, hace pensar en aquella Caracas
de actllio, en aquella Caracas, la vlej&amp;,
,illenclou y muerta, en qui 11ul!stros sabio&amp; abuelos, Ignorantes del Fot ball y ele
los figurines y las iuodas francesas, se recostaban majestuosamente, después de
atrancar las pesaclas puertas de sus ca·
su solariegas, en sus monumentales y
orgullosas camas de caoba Incrustadas
de toroasol&amp;dos nAcares y de amarillos
marfiles, mientras el sol, por sobre los te1ados, dejaba caer su gran velo terrible
color de sangre, tejido de llamaradas .. . . .
Me Imagino ahora la historia romtotlca
v triste, la llrlca leyenda de una de esas
camas monumentales y soberbias.
En la tau de mi amigo habla 1101 de
esas camas. Era una cama vleflslma, to·
tos al, gr1odlos1, cuyo posesor se remont&amp;ba A uno de sus lllmtmorlales abuelos.
De familia en familia h&amp;bla llegado basta
!l. En ella habla nacido, lo mlsmo que su C(ón.
abuela y su m,dre. La cama, al parecer, le
venla en herenda por la linea materna.
Aq11ella CIDII habla d■do abrl¡o bajo sus
pesadas colgada.ras A mis de diez geneJ'I•
doces que se hablan dasvaneddo en la
sombra y en la muerte. Y, sin duda, en
las noches nupclales babia stdo confiden·
te Impasible de besos finos como flores ,
de muraullos teoues como alas, de cart·
das leves como sec!as, y de suspiros de
dicha y placer dulces como miel y rosas ..
Y sin duda h1brl1 recogido también el
llanto primero de los recién nacidos, lo
mismo que las postreras 1Agrl1Das de los
moribundos, los sollozos y las deprecaclo·
nes, In IAttrlmas de despecho de las espo·
~as eng1J11d1s, las reconvenciones, las
queja.s , y en suma, besos, los Infinitos besos de amor y desesperación, de llanto y
olacer, de Incontables generaciones difuntas.
Pero dla por dla, hora A hora, ano tras
ano, la cama hsbla Ido perdlenc!o su prl·
mlt1vo prestigio. Lentamente fué perdiendo su poderlo, hasta que al fin s11stltulda,
al correr el tiempo, por otras ca.mas c!e
moderna construcción, fu6 arrofada del
dormitorio prlnclpal, hasta que de cu•rto
en cuarto h&amp;bla Ido A parar A un des tu
talado desv6n, en dond1 en compaffla de
Infinidad de trastos lcservlbles y desveoeqados, y m11ltltud de retratos destelll·
dos c!s abuelos oMdados, sólo sirvió ya
oar• que las viejas y silenciosas aralias
tendieren en ella sus iotaPglbles y milagrosos taolces color de polvo.
Alll habla permanecido por largo tiempo
olvidada y silencios ■, tal como una reina
destronada, como la sole1Dne tristeza de
In cosas ennoblecidas por el tiempo, re·
cordando qulits los pasados dlas esplendorosos , Uoraado tal .-er lentas 14grlmas
lnvfslbles de deseiparaclón y 11margura.
but■ qus un dla le llegó la hora de morir
dtfinltlvameote.
Un dla l11 vleJ• cama leyendarla y heroica. l• vlel• cama monumental y soberbia,
lué vendida por su fina y preciosa madera
dec11oba. por sus Incrustaciones rlqu lslmas da tornasolados nAcares Y marfiles ,
A un ronstructo!' de Instrumentos de mú~1c,. L«s ricas maderas y los viejos marfiles de la suotuosa cama foeroo 4 formar
tntocces el vientre 4e las guitarras, el pecho fino y enjuto de 101 vloll'lts, 1• c•J•
armonlou de las mandolina■ , los bruos
de lu arpas , las vibrantes co1tlll11 de

Y pensudo de esta suerte, miramos de
pronto, en un rincón c!1 la 12'.lesla, una
Joya hasta ectonus oculta l. n11estros
ojos.
La Joya as un confesonario. Pero un
confesonario monumental y llcantesco,
triste y severo como un slttaJ; un confe•
sonarlo gigantesco, toscamente labrado,
lleoo de m111ch11 y mohos; un mu••llloso confeson&amp;rlo, tal vez construido eo
Espa!la, ea la 6poca robusta de las cruzadas, y venido t Am6rlc1 para al¡dn con•
vento de monjas ó para alg11na catedral
famosa. La robust, y formidable, la pesa.
da y tosca construcción del v1eJo mueble
mlstlco da Idea da los pecados d1 la tpoea, y dice tal vez, con mayor elocuencle,
1q111ll1 cosa •leja y triste, que los complicados párrafos de la prosa del mtstlco
pslcóloa:o.
Y el severo cocf11sonarlo, en la l¡lesla
sllenclosa, en esta edad muelle y refina•
da, respira una gran melancolla. El eran
confesonarlc suena qll11h en 1019 pecaclos
de 1ct1l'l0, en los aotl¡uos crlmenes enormes de los que ya murieron, en 111 paslo•
nes volctnlcas de aquella edad pasada,
heroica y lírica. Ya no se arrodillan ante
61 las terribles mujeres esp ■flolas de pupilas como carb11ntlos, to doode tiemblan
las lágrimas, A decir sus ardientes pecados de amorosas enamoradas; ni los donceles feroces y dtllc:ados. que sablac matar como morir por ,mor. Hoy ni u ama ni
se peca como aotatlo. Hoy para el amor
bemo!I Importado una palabra c!1 lc¡laterra. Hoy se flirt,a.
Viendo el monumental :onfesocarlo mi
amigo encuentra un tema para un raro y
bello poe1Da y me dice:
- Voy 4 escribir uno9 versos q111 expresen tod ■ s esas cosas IAnguldas y tristes
y cuyo titulo sed sin duda: Las conjidm •
cios d, un eonf,sonario. ¿Te gusta?
A. Fl!.RN!NDl!Z GABCÍA.

-

LA LECHE
EFÉLICA 6 CAN
pura 6 oon agua,

dl■ipa

PE&lt;a.S, LENTE.U..$
TEZ .&amp;.SOLEAD.A.
.A.RRUG.A.8 PRECOCES
BABPULLIDOB '!o.o
--

~

\\1"~ ...~

,...

"

La pureza .ts la PEPTONA CHAPOTEAUT $
la 11.a hecho adoptar por el
INSTITUTO PASTEUR

VINO DE PEPTONA
de CHAPOTEA UT
Contiene la carne de vaca digerida por ia pepsina.
Se recomienda en las enfermedades del estómago, las
digestiones pembles y la insuuciencin de alimentación.
Con él se nutre á los Anémicos, los f onvalecientes,
los J'isicos, los A11cia11ns y á toda persona desNanada,
á la qne repugne.o lus alimentos ó no puede soportarlos.
PAIIIS, 8, rue Vivienn1&gt;, y en todas las Farmacias.

�•

..
El Mundo Ilustrado

SUAVE Y Ol{AVE

CONSEJOS UTILES

Es el bello tiempo de primavera. En el
manto azul de la reina de los cielos florecen los Uses y vuelan las abejas de oro.
L1 luna, cual 1101 mlstlca rosa, se destnJa
y los pétalos luminosos 10 el parque
flu1ean ea tas fontanas; dibujan en la are•
na de las avenidas las irónicas figuras de
un biombo Japonés y arrebujan en randas
arlstocráttcas sdiorltu.
una charanga militar eJecuta la retreta:
en el ambiente ondulan las aotas de una
danza de aire lánguido, Intenso; uaa melodla [turbadora) de una capciosa dulceJarabe de Zarzaparrilla compuesto. . . . . . . . . . . . . . . 60 gramos
dumbre, que sugiere un loco ldlUo en Ias
Jarabe de Hipofosfitos co.mpuesto.. . . . . . . . .. . . . . . 45 tramos
frondas floridas. El hálito ardiente fnftama fa sangre que corre por las venas enEztraeto c:ompaeato vegetal Arveliaa... . . . . . . 15 tramos
tonando una alegre canelón voluptuosa.
Se toma una cucharadita de la mezcla desputs de cada comida y al
Y pasa ella, suave y grave; se desliza
acostarse. Sacildasc la botella antes de tomar cada dosis.
más que anda por la arena da las avenidas. Se dijera una madona de un pintor
primitivo en un fresco de una ermita de la
Umbrla. La sombra de los ilrboles da á sa
rostro una 1tracla nueva, Infinitamente
deliciosa, y, bajo lae amplias 44
es la reina de las pomadas porque siempre cura, siempre alivia y
sombre.ro, sus ojos y la sonrisa tienen el
siempre es eficaz. MillarPs de personas curadas por ella te:;tiflcan
c!odtdo eoc1nto del alba. Va lentamente,
sus maravillosos resultados, y por eso es que se ha hecho la presuave y e:ran; y mis labios, oprlm.ldos por
ferida·del ptiblico. Basta usarla una vez para tenerla siempre en
an silencio pleno de altas y nobles palaprevención. Produce efectos segur1simos en
bras, murmurao, con la unción lie una pleORANOS, TIJMORl!S, ALMORRANAS, Hl!RIDAS, l'IJSTULAS, LLAGAS,
garla, el epigrama de Meleagro de Godara.
ULOERAS, QUEIIAOURAS, FISTULAS, ElfUl'OIONl!S, ETC,, ETC,
"¡Oh, tierra madre unlnrsal, salud. S!
01! Vl!NTA l!N TODAS L.,tlS DROQUERIAS Y SOTIOAB,
hl, paes, ligera il esta virgen ya que tan
poco peso sobre tfl"
Para los Jura~ ?o:de:o~~e:C~n~~~ d ! : ~~~co~: pnrte, en vi.ando
¡Oh, Rosal Al pasar Jonto á mi, semcon el pedido lln sellos de correo eo SO cvs por oada caja y por docena $2.52, al Depobraste en mi alma un prodigioso germen
1ltr.rlo general, SR, RAFAl!L. B. ORTl!QA.
CAL.LE 01! MANR/QIJE N9 82,
Al'ARTADO 4641.
desuellos¡ ¡oh, Beatrlzt que has hecho
Ml!XIOO, O, F.
florecer en mi espirita los rosales: tos manos no celifrán nunca , mi frente el laurel
•1----■----------·----·----------· y el mirto entretejidos, ni tus 16grlmas
Utilidad militar de los aeroplanos ser6n aljófares de mi Jardlo en la hora
trllfc1. Sua.ve y 1trave, en aquesta. noche
Sacando deducciones claras y comen- de primavera te proclam6 la más fermosa,
tando las hazaiiae liltimas de los aviado- ¡oh, Dalclneal y jur6 conquistar para tl
res franceses, en lo que se llamó el "Cir una violeta de plata y una espuela de oro.
cuito del Este," el comandantePaul lta
TULIO M. CASTERO.
nard escribe unos comentarios muy ati
nados en la Revae Hebdomadaire, de f'a
ria.
Oree que los aeroplanos pueden pres- VUELA POR EL ORBE EIS'l'ERO
tar grandes servicios á los ejércitos. Si
es necesario practicar reconocimientos
cLa. fama. de las Pfldoras de Vid&amp;
11 seiscientos kilómetros de distancia, es del doctor Rosa vuela por el orbe
to no es siempre indispensable y loe re eotero. adquiriendo cada. dia. m4s
corridos de JO() á 200 kilómetros, dada prestigio l)or las curaclooes marasu brevedad, con la presencia de un pi
villosas que hacen. Asf se expnsa.
loto y un solo observador, pueden ser de la. sefiora. El odia B. de Sil va, de
una inmensa utilidad.
Santa Maria de Guadalupe, Jal.,
Estoe reconocimientos se pueden prac- México. y babla.odo sobre estas afa.ticar aisladam~nte; pero se pueden tam ma.das Pildoras, continúa.: cYo pa,.
bién emplear aeroplanos y dirigibles é decl de acidez en el estómago tola vez. Los aeropla.nos son más móvile~ dos 10s dias, y me comenzaba. cuany más fáciles de pilotar que un enorme do tomaba. el desayuno y la.e demás
Para los auclaaos, persoaas delicadas,
lnválldos y débiles en «eneral, la Leche ctirigi ble. F.! llenar los depósitos de eeen comidas. Era. desagradable y seguiMalteada ele llorllck les oro11orctona ali cia y de aceite y el poner en marcha el do por un dolor en el mismo estómento saao y ~ec11ado. E➔ leche x,ura. y motor, constituyen los iínicos preparati
abundante en 011.ta, combinada con ex- vos; todo esto sólo exige poco personal, mago, que se meourócon toma.rlas
Plldoras de Vida. del doctor Ro~~&gt;
tracto malteado de tr!,ro, tácll de prepa.rar y de d!ierlr. Muy sup11rior como bebi- en vez de una compallla. Puede, pues,
da de mesa,.¡ café, té y chocolate, y reem- enviarse un aeroplano para averiguar s1
plaza ventajosl\Dlente á la leche corrleate es necesario ordenar un gran reconc,ci
ele vaca, Que muchas veces coatlene lm•
purez•s aue ocasionan dlsturbloe dt,restl- miento de dirigiblee¡ 101:1 aeroplanoepue
,.os. Nose ace11te otra. que 1.. de ·Bor- den es-~oltar á éstos, separaree á cierta
llck," F&amp;brlcantes: Horllck's Malted Mllk distancia y volver para sefialar los punOo.-Raclnes. W!s., U. s. A,
..... c.nlel: YINCENTY BNOS. A,utau tos que interesa observar ó aquellos des
de los cualee es necesario proceder con
.._. IZ36. láice, D. F.
precauciones, á fin de estar fuera de la
Unea de fuego de las baterfas enemigas.
LOS PELIGROS TIE LA. ALI- De ahora en adelante tienen un empleo
MENTAC!ON ARTIFICIAL se realmente práctico estos aparatos bajo
evi~a.n, mejor que eou n1nirún otro el punto de vista militar, sin que sea pre
proeedtmlentio, alim.eJ1tando á !ns ciso esperar á que posean todos los pernlllos da pecho con cKuteke&gt;. No feccionamientos neceearios para hacer
ha.y preserva.ti vo mejor contra. a fec- de ellos instrumentos de guerra propillelooes tan temidaa como el cólera mente dichos.
lnfr.ntll, el catarro intestinal, la ''El feliz resultado-escribe-del "Cirdiarrea, ete., como cKu reke&gt;, el que cui o del Este," hará época en la hiato
ba sJdo reconocido como una pre- ria de la conquista del aire; nosotroe popar&amp;elón excelente por la.s primeras demos aplaudir sin reserva y congratu
larnos en particular de los progresos
&amp;utorlda.des médicas. .
notorios de nuestra aviación mlli1ar; pe
ro sin que esto quiera deeir que olvide
moa la flota de dirigibles.
l:li lo queremos, si sabemos continuar
oon perseverancia en el camino por don
ANIMIA
de hemos entrado, po~eeremos, dentro de
nuau, DE1ltLDIAD
poco, la .flota aérea del mundo, y de nos
ltl ,no, •conomloo
otros ha de depender nuestra superiori'
N d ll11lco 1114Un-llbw. ~
i&amp;. aa, CH ltaaa-4111. IMlll
dad.
No paede decirse que goza de salad perfecta una persona que padece
coustantemente de jaqaecas 6 dolores de cabeza. Hay hombres y mujeres
qur: pasa11 la vida sufriendo horriblemente de ese mal. Recurre cada semana, ó cada dos 6 tres semanas, y es atribaido 6 á la oc11paci611 6 á alguna
causa inevitable. A la verdad que no hay cosa másUcil qae evitar la causa, y así lo ha descubierto todo r:l que ha consultado un buen JDidico. El
qae e1to escxibe era victima de esos sufrimientos, y hablando con un midico amito, faé informado que el mal radicaba en la sangre y que una rrceta muy sencilla, que cualquier farmacia J)odía despachar, les J)Ondrfa
tirmino. Pruebe la receta todo el que la necesite. HcJa aquí:

------------·----·----,----·
La Pomada Balsámica Maravillosa

1

1

1

s•

1

Un Buen Apetito
Una Buena Digestión
Un Higado Sano
Un Cerebro Activo
y Nervios Fuertes

Estos son mejores que las grandes
riquezas, y usted puede
obtener estos beneficios inapreciables
por el precio de un
frasco de Zarzapa•
rrilla del Dr. Ayer. Es
b medicina más eficaz
que p'l~dc comprarse con
&lt;linero. Si el apetito de usted
o.=i escaso; si su digestión es tardia ó imperfecta y se siente usted
nervioso y débil, lo convendrá temar

La Zarzaparrilla
del Orª Ayer
Pone rica y r&lt;·J:1 la i;angre, y comunica fuerza y vigor á. los nervios.
8i se siente u:,;ted ligeramente indispuesto, ó enfermo de gravedad, el
medio más seguro de re~tabl ecer
su salud es la Zarzaparrilla del Dr.
Ayer- el depurativo de la s:ingre
más perfecto conocido de la facullad
médica. (.No contiene alcohol)
Codn fN111ro (),1UPJ1/ ,, '"' ff;r1tiul11 flll t(f.
,•c;tu.latn, Frct1111dr ,oop,I. 11 litt ,,,.;dko lo
1¡uti opi;,.a do lt, Zun,111a 1•1·ill.u del .l.Jr,

.Jue•··
frepQ.l'ada. por el DB. J. C. AYER y CIA.¡,
Lowell, Maaa., E. U. de A.

OTOÑO
A la mlÍllpiu señorita ltri1 Ruiz

El sel!or Verano desocupó el campo para dejtrselo al sellor Invierno.
Aquél se despidió haciendo conmonr á
ta sellora Naturaleza, y é•te hizo su entrada envolviéndola en un tenue manto
de bruma y baffAndola con el hilllto de su
onda fria y desapacible. Despedid• y entrada de m11cho aparato, como corres poode
Asenores hgeodarlos de tan alto rao¡o.
Alos panoramas dlAfanos y vibrantes,
los calores estivales, los '1tpllsculos entre diluvios de luz y rloctladas multlcolores, ha sucedido e somnoliento Otol!o
con su corteJo de a,elancollas, con ,us
atavlos desfa.lledentes, con sus cteloa
grises, con sas crepQsculos opallpos y
misteriosos, con la trlr.te canción de las
hojas secas.
Lu 1aqlal1 loq, d., ttiolon1 J, l'aulomH
Btrcf.aC mon rotar G'a.ne lo:n111r.ur monoton,

¡Otollol Estación de las lndecislonu,
de los desalientos, en que el alma, estremecida de misteriosa angu!t.tla, presiente
las dolorosas certidumbres del ma!lanal
10tollo delicado y cruel como una muJtrl
Otofto, lago de ,guu dormidas, en cuyo
fondo reposan p•lldas OfeUas coronadas
de flores: las esperen:res o•utragasl
Balo e¡ dosel ceniciento del cielo se balancean Infinidad da nubes que ocultan
en sus senos raudales de agua. El viento, con sus a.las humedecidas, las Impele
, junbrse hasta formar un Inmenso velo
fuoerarlo pesapo é ln111óvll, triste cgmo
la duda, descoosolador como la esperan•
za fugitiva .
Un d~s ■llento doloroso flota en nuestro
esplrltu, tout pasu. tout lasJI, prei:lntlendo las tristes ceitldombres del mallaoa.
Otoll.o, amigo de los,que suíren, ¡bienvenido seasl
Bienvenido seas, hl c¡ue estJs en armoniosa consonancia . no con la trlden
que se dlbuJa A flor de epidermis.sino con
el dolor que muerde y dugarra las fibras
del coruón.
J . Coub DuPÁN.

c.,Aiio XVII.-Tomo I1

c:JHéxico, 11 de Diciembre de 1910

Número 33

I

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>�FRAGMENTS DU NARC I SSE

..
~
~
i•)

... Ce corps si pur, sait-il qu'il me puisse séduire ?
Dt quelle profondeur songes-lu de m'inslrnirt,
Habitant de l'abime, hôte si spécûux
D'un ciel sombrt ici-bas précipill des âmx ?...
0 lefrais ornement de ma triste tmdanu
Qu'un sourire si proche, el plein de conjidenct,
Et qui prtte à ma lh!re wu ombre de danger
Jusqu'à me fairt ffaittdre tm désir llrauger !
Quel souffle vient â l'onde offrir ta froidt. rose?...
f aime... J'aime 1... Et qui donc peut aimer ature cbosé
Que soi-même ?...
Toi seul, ô moti corps, mon cher corps,
Je t'aime, tmiqt~ objet qui me défends des morts!

.•
•

Formons, loi sur ma lèvrt, et moi, dans 111011 si/mu,
U11~ priere aux dimx qu'émus de tant d'amour,
Sur sa ptnle de pqurpre ils arrêtent le jour ! ...
Faites, Maitres bturmx, Peres des justes fraudes,
Dites qu't1ne lueur de rose ou d'émeraudes
H

�J 14
LA • OOVElLB REVUE FRANÇAISE
Qur des songes du soir, votre sceptre reprit,
_Pure, el toute pareille a11 plus pur de f esprit,
Attmde, au sein des cieux, que ltt vives et ·veuilles,
Près cle moi, mon amour, cboisir 1m lit de feuilles,
ort1r tremblant du flanc de la nymphe au cœur froid,
Et sans quitter mes yeux, sa11s cesser d'tire moi,
Te11dre la /rmne fraiche, el celle claire écorce ...
Ob! le saisir, enfin! ... Prendre ce calme torse
Plus pur qru tl'une fi me, et 11011 j01'mé de fruits ...
..\Jais, d'une pierre impl est le temple ou je suis,
Où je·uis ... Car je is mr tes leures a·uares ! ...
0 mon corps, mon cber corps, temple qui me sépares
De ma divinité, je uoudmis apaiser
Votre bouche ... Et bientôt, je briserais baiser,
Ce peu qui nous défend de l'e:x:trbne e j lence,
Celle tremblante frïe, el pimse distance
Entre moi-mbne et ro,uü, d mon dme, et les dimx !...
Adieu ... S ns-111 frémir mille flottants adieux?
Bientot va Jrissanner le désordre des ombres!
L'arbre aveugle vers l'arbre ttend se membres sombres,
Et cherche affreusement l'arbre qui disparait ...
•M.011 dme ainsi se perd dllns sa propre for/l,
Où la puis ance lehappe a ses fi rm upr me ...
L'dme, l'dme aux yeux noirs, touche aux ltnèbre mémes,
Elle se fait immense et tte renro11lre rien ...
Entre la mort et soi, quel regard est le sien !

FltAGMF.NTS DU .·ARCJSSE

fic"!

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515

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Que des songe
Pure, et tout
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L'dme, l'dme aux yeux 1101rs, tv&lt;&lt;-~•Elle se fait immense et ne rencontre rien ...
Entre la mort et soi, quel regard est le sien!

BIBLJOTac

u. ~:.. ~ E N 't RA L

5Il . . _

FI!,AGMENTS DU NARCISSâ

Dieux! de l'auguste jour, le pdlc et tendre reste
Va des jours consumés joindre le sort funeste;
Il s'abime aux enfers du pr(?/011d souvenir !
Hélas! corps misérable, il est temps de r'unir ...
Penche-toi ... Baise-toi. Tremble de tout ton üre !
L'insaisissable amour que tu me vins promettre
Passe, et dans im frisson, brise Narcisse, et fuit ...
PAUL VALÉRY

I

�DOCUMENTS SUR LE D~PART DE TOLSTOÏ

DOCUMENTS SUR LE DÉPART
ET SUR LA MORT DE TOLSTOI

Paris, le

22

avril

1922.

MONSIEUR LE DIRECTEUR,

Vous me demandez si les documents publiés par la Revue la

Pensée russe• dans son numéro de janvier-féwier 1922 sont authentiques. La lettre de Léon Nicolaîevitch Tolstoï à la Comtesse
Sacha est conforme à la copie que m'a remise le II février 1911
la fille aînée de Tolstoï, Madame Soukhotine. Ma copie commence aux mots· : « je n'ai pris aucun parti », contient une
phrase assez obscure après les mots « je ne veux prendre aucun
parti», et omet quatre lignes ( d' «impossible» à« imprégnée»).
Je crois le fragment du journal parfaitement authentique. Mais
je suis moralement certain que la responsabilité de la publication
de ces deux textes ne saurait incomber à aucun des membres de
la famille Tolstoï.
Vous désireriez d'autres documents. Je me crois autorisé à
vous en fournir deux: une lettre que m'a écrite Marie Nicolaïevrla Tolstaïa, sœur du Comte, entrée en religion, et le récit
simple et sincère du paysan Novicov: Dernière nuit à Iamaia
Poliana, rédigé peu de temps après la mort de Tolstoï.
Permettez-moi d'ajouter ceci. J'ai passé quelques jours à
lasnaïa Poliana à la fin de juillet 1910. La Comtesse Tolstoï
1.

La Pensle Russe a reproduit la lettre de Tolstoï à sa fille et le frag-

ment de son journal d'après la revue russe les Œuvns et les jours,
no

I.

517

était déjà alors une femme malade. L'une des causes de sen
état nerveux était de toute évidence la présence dans le voisinage de M. Vladimir Tchertkov. Je suis reparti avec le .sentiment bien net que je quittais un foyer détruit, et détruit en
grande partie par cette présence.
Ou trouvera dans les documents que vous publiez des expressions dures, elles devraient être commentées. Il faudrait entrer
dans des explications que je ne crois pas en ce moment devoir
fournir. Vraiment, je ne m'en sens pas libre. Mais je puis vous
4_onner mon sentiment personnel: en quittant Iasnaïa .Poliana, ·
Léon Nicolaïevitch voulait s'éloigner aussi bien de certains
amis que de sa maison.
Développer l'amour et la paix autour de lui avait été son
constant souci. Sa présence n'était plus une cause d'amour et de
paix, il se sentait l'objet d'un âpre et tragique débat. Et enfin il
est parti pour ne pas compromettre en Juiet autour de lui l'effort
de toute une vie .
Avant de quitter pour toujours Iasnaia Poliana, Léon Nicolaïevitch voulut dire adieu à l'une de ses disciples, la vénérable
Maria Alexandrovoa Schroit. Il lui confia son projet. Elle lui
dit : « Eh bien ! c'est une faibiesse. » Et le Co~te lui répondit
d'un mot, mot de demi acquiescement : &lt;( Pojaloui. » « Peutêtre avez-vous raison.»
Je puis vous l'affirmer, Madame Schmit, une sainte femme,
voyait comme moi en la Comtesse Tolstoï une malade. (Qmme
moi elle la plaignait. Au matin du départ elle se portait à son
secours et restait à son chevet. Quant au Comte, son maître,
vous le voyez aussi, elle le jugeait capable de faiblesse.
Pourquoi vouloir, comme certains, faire du Comte Tolstoï un
héros et un saint ? Pourquoi voir dans ce douloureux départ
une sorte de fuite au désert?
les faiblesses d'un homme de génie, les souffrances d'une
femme, ne peuvent que les rapprocher de nous: comprendre et
aimer l'homme de génie, plaindre la femme nous est d'autant
plus facile que l'un aura été faible et I'àutre malh~ureuse.
CHARLES SALOMON

�518

LA, NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LETTRE DE LÉON NICOLAIÉVITCH A SA FILLE
ALEXANDRA LVOVNA
29 O,tollre 191a. Ermitage d'Optino.

te dira tout sur moi, Sacha, ma chère amie. C'est
difficile . Un grand accablement, voilà ce que je ne puis
pas ne pas éprouver. Le principal- ne pas pécher - et là
est la difficulté. J'ai été un pécheur, je continue de l'être,
c'est évident; mais que je péche de moins en moins!
C'est cela le principal, ce qu'avant tout je désire pour
toi. D'autant plus que, je m'en rends .compte, tu as à
résoudre un problème horrible, au-dessus de tes forces, i
l'âge où tu es. Je n'ai pris aucun parti, je ne veux prendre
aucun parti. Tu verras par la lettre à Tchertkov r, je ne dis
pa.5 ce que je pense mais ce que je sens. Je compte beaucoup sur la bonne influence de Tania i et de Serioja.
Puissent-ils surtout comprendre et chercher à lui 3 faire
entrer dans l'esprit que pour moi cette manière d'être
tout le temps à l'affût et aux écoutes, c;es reproches incessants, cette façon de disposer de ma personne à sa
guise, cette éternelle surveillance, cette haine affect~
pour l'homme avec lequel je suis le plus intime et qm
m'est le plus nécessaire, cette haine pour moi et cette
comédie d'amour - que tout cela, je ne dis pas, m'a
rendu la vie désagréable, je dis nettement impossible, et
que pour ce qui est de se noyer, ce ne serait pas à elle
mais à moi ; que je ne désire qu'une chose - être libéré
r. Sur Vladimir Grigoritch Tchertkov, voir Cormpo11da11ce de
l'Unio11 Jx1ur la Virilé, no 4, 1er janvie,~ 19n, p. 207. C'est 1~ ~ont
Tolstoï écrit quelaues lignes plus bas qu il est son ami le plus mttme
et l'homme qui lui l!St le plus nécessaire.
. .
. .
2 . Tania, diminutif de Tatiana, fil le ainée du Comte. Séno1a, dirmnutif de Serge, soo fils ainé.
3. A Sophie Aodréievoa.

DOCUMENTS SUR LE DEPART DE TOLSTOÏ

d'elle, du mensonge, de- la simulation et de la méchanceté
dont tome sa nature est imprégnée.
U va de soi qu'ils ne pourront lui faire entrer cela .dans
l'esprit, mais ils peuvent lui faire comprepdre que toute
son attitude à mon égard non seulement ne marque pas
d'amour, mais semble bien viser clairement à me tuer, ce à
quoi elle arrivera, car j'espère que le troisième accès qui me
menace la délivrera comme moi de l'état horrible dans
lequel nous avons vécu et auquel je ne veux pas ret0urner.
Tu vois, ma chérie, combien je suis mauvais. Je ne
dissinrnle pas avec toi. Je ne te fais pas encore venir, mais
je te ferai venir dès que ce sera possible et ce sera très prochainement. Donne-moi des nouvelles de ta santé. Je 't'embrasse.
L. TOLSTOI
EXTRAIT DU JOURNAL DEL. N. TOLSTOI
25

octobre

1910 ... -

Sophie Andreievna est touiours

aussi agitée.
27 octobre 1910. -Levé de bonne heur-e. Toute la nuit,
j'ai eu de mauvais rêves.... Les relations devienne.nt de
plus en plus pénibles.
28 ocwbre 1910. Je me suis couché à II h. 1/ z. J'ai
dormi jusqu'à trois heures. Je me suis réveillé et,. comme
les nuits précédentes, j'ai entendu ·des portes qu'on ouvrait
et des pas. Les nuits précédentes je n'avais pas regardé à.
ma porte, cette fois-ci j'ai jeté un coup. d'œil et re vois par
les fentes une vive lumière dans le cabinet et [je perçois]
un bruissement. C'est Sopbie Andréievna qui cherche
quelque chose et qui probablement lit. ·
La veille elle avait demandé,. exigé que ie ne ferme pas
les portes. Ses deux pol"tes sont ouvertes de sorte que le
plus léger mouvement que je fais est perçu d'elle . Il faut
que de jour comme de nuit tous m~ mouvements,. toutes

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISR

520

mes paroles lui soient connus et que je sois sous sa surveillance.
De nouveau des pas, la porte s'ouvre avec précaution, et
elle passe.
Je ne sais pourquoi cela provoque en moi un irrésistible
mouvement de dégoût, de révolte. Je voulais m'endormir.
Je ne puis. Je me retournai dans mon lit une heure environ. J'allumai la lampe et m'assis.
La porte s'ouvre, entre S. A. s'informant de ma « santé&gt;&gt;,
et exprimant sa surprise que j'eusse de la lumière qu'elle
avait vue chez moi.
Le dégofit et la révolte augmentent. J'étouffe, je compte
mes pulsations : 97. Je ne puis rester couché et tout d'un
coup je prends la résolution ferme de partir.
Je lui écris une lettre ; je commence à emballer les
objets les plus nécessaires, que je puisse seulement partir. Je
réveille Douchan 1 , puis Sacha, ils m'aident à faire mon
paquet. Je tremble à l'idée qu'elle pourra entendre, sortir
de sa chambre - scène, crise de nerfs - avant déjà pas
de départs sans scènes.
A 6 heures tout est à peu près emballé. Je vais à l'écurie
donner l'ordre d'atteler. Douchan 1, Sacha, Varia 2 terminent
les paquets. Il fait nuit, on n'y voit goutte. Je perds le
chemin qui mène à la dépendance, je m'égare dans un
fourré, je me pique, je me heurte à un arbre, je tombe, je
perds mon bonnet, je ne le trouve pas, je me tire de là avec
peine, je vais à la maison, je prends un bonnet et à l'aide
d'une lanterne je gagne l'écurie, je donne l'ordre d'atteler.
Arrivent Sacha, Douchan, Varia. Je suis tout tremblant,
dans l'attente d'une poursuite.
Douchan Pétrovitch Makovitski, tchèque, médecin et disciple de
Tolstoï, son plus sûr et fidèle compagnon. Parfaitement désintéressé.
Aimé et apprécié de toute la famille Tolstoï. Il recueillait au jour le
jour les moindres propos de son maître.
2. Varvara Vassilievna Téocritova, placée par V. G. Tchertkov à
Iasnaïa Poliana, en qualité de secrétaire dactylographe, elle était toute
à sa dévotion et très liée avec Alexandra Lvovna.
1.

DOCUMENTS SUR LE DÉPART DE TOLSTOÏ

521

Mais enfin nous sommes partis. Nous attendons une
heure à Chtchekino et chaque minute j'attends qu'elle surgisse. Mais nous voilà en wagon, le train marche.
La peur s'en va. Un sentiment de pitié pour elle m'envahit, mais pas un sentiment de doute sur ia question de
savoir si j'ai fait ce qu'il fallait. Peut-être est-ce gue je me
trompe en me donnant raison, mais il semble bien que
j'aie sauvé - non pas Léon Nicolaiévitch 1 , mais que. j'aie
sauvé ce quelque chose qui, si peu que ce soit, existe en
moi ...
29 Octobre. - Chamordino .... En wagon, je n'ai cessé
de penser à l'issue de la situation, de la mienne comme
&lt;!e la sienne et je u'ai pu en trouver aucune : et cependant il y aura une issue, qu'on le veuille ou non, il y en
aura une, et ce ne sera pas l'issue prévue. Et pu1s il ne faut
penser qu'à ceci : ne pas pécher. Advienne que pourra. Ce
n'est pas mon affaire. j'ai trouvé chez Machenka • le cc Cycle
de Lectures 3 » et voilà que, en lisant la lecture du 28, j'ai été
frappé de trouver la réponse directe que comporte ma
situation : il me faut l'épreuve, c'est bienfaisant pour moi.
LA COMTESSE MARIE NICOLAIÉVNA TOLSTAIA
A CHARLES SALOMON
Couvent de Chamordino.
r5 décembre 19 rr (sic) [lire janvier].
MONSIEUR,

Votre lettre m'a procuré un grand plaisir, une lettre de
Paris qui est venue me chercher dans ma paisible retraite
1.. Ce passage ~st a rapprocher d'une phrase du projet de testament
.:ons!gné dans le Journal de Tolstoï sous la date du 27 mars 1895 :
« J'ai eu des moments où je me suis senti le fil conducteur par lequel
passait la volonté divine. "
2. Diminutif de Maria. C'est la sœur de Léon Nicolaiévitch. Tourguéniev, dans l'un de ses romans, a tracé d'elle un délicat portrait.
3. Recueil composé d'extraits de différents auteurs, pour servir de
lecture quotidienne, rédigé par Tolstoï.

�5i22

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

523

DOCUMENTS SUR. LE DÉPART DE TOLSTOÏ

du couvent de Chamordino. Voici près de vingt ans que
j'y suis sans entendre un mot de français ; mais je crains
que vous ne sauriez déchiffrer mes pattes de mouche, vue
mon écriture impo!,sible&gt; si je vous écrivais en russe. Vous
désiriez savoir ce que mon fr re est allé chercher au couvent
d'Optino ? Serait-ce un starets ' doukhovnik ou un homme
sage et ~ivant en retraite avec Dieu et sa conscience qui le
comprendrait et pourrait offrir quelque soulagement à son
grand chagrin ? Je suppose ni l'un ni l'autre : gore égo byw

vous remercie, monsieur, enc.ore une fois pour votre livre
qui m'a vivement intéressé~ tout y est vrai et sincère 1 • J'espère que cette lettre ..:ous trouvera à Pétersbomg et que
vous 01e procurerez. le plaisir de venir passer quelques
jours à Chamordino comme vous le dites dans votre lettre.

sliclikom slojno; on prosto khotiel ouspokoitjsa i pojitj v tichoï i
doukhovnoi obstanovkié ~. - Les fâcheux malentendus qui

(2-1 octobre. 1-910)

ont les derniers temps obscurci l'existence de mon frère
avec sa femme ont à la
éclaté en catastrophe inévitable: plus Léon rc.ontait avec toute son âme et son esprit
au ciel, plus elle plongeait dans son cher terre à terre !
Pauvre, cher Léon, comme il était content de me voir ;
-comme il désirait s'établir chez nous à Cbamordino, c&lt; esli
tvoi monachki rntnia né progoniat } &gt;1 ou à Optino. Je ne
pense p.i$ qu'il voulût redevenir orthodoxe, No ia nadie-

un

ialas cbto nach starets kotoryz· na vsiekh neotraz._imo dieistvoval
svoei krotkost;'iott i lioubov1iou, voz.boudit Olt nievo tchouvstvo
oumileniia douchovnavo, kotoroe ou nevo éschtcho né bylo, no
kotoroé ouje bylo bliz)w k némou poslieànéé vremia. - I vot on
ouiéchal, i oumér rn.ilyi dorogoi moi llvotchlia, kak ia privykla
égo z..vatj. Chto b110Li Sacha (sa fille) skaz..ala, kogda ona
priiechal.a, ot teheuo on tak v-niéz.apno ouiéchal, nikto, ia daje s
nim néprostilas, né z.naiou (sic). Ne mogou boljchtf pisatj 4 . Je
1. Starets, confesseur. Voir sur ce mot, Unio11 pot11:) a VùiU, Correspondance, 1er janvier 191 J, n° 4.
2, Sa douleur était trop cornple3e ; il voulait tout simplement .se
calmer et vivre dans un milieu tranquille, spirituel. ·
3,. Si tes nonains ne me chassent pas.
4. Mais j'espérais que notre starets qui avait une action irrésistible par
sa douceur et son amour réveillerait en lui le semiment d'humilité spirituelle qu'il n'avai~ poi~t encore mais dom il n'était pas éloigné dans
les derniers temps ; et voici qu'il est parti et qu'il est mort en route,
mon Lévotchka, comme j'étais habituée à l'appeler. Ge que. Sacha _luia

SŒUR MARIE TOLSTOÏ

DERNIÈRE NUIT A IASr AIA POLIANA
RECIT DE MICHEL NOVICOV, PAYSAN

2

Le monde est orphelin : l'homme qui depuis 20 années.~
après avoir renoncé à vivre pour lui-même, luttait avec
l'injustice de la vie et pour nous tous cherchait quel en
ttait le sens et le but - cet homme là n'est plus. Quelle
douleur, quelle amertume I C'est comme si. on avait arraché un morceau de mon cœu_r, comme si en moi quelque
chos.e s'était brisé, s'était détache, s'était cassé.
Tant qu'il vivait on avait chaud à l'âme, on sentait en
lui je ne sais quel soutien invisible. Il y avait dans le
dit ~uaod ~ile_ est arrivée, pourquoi il est parti si subitement, personne
- 1e ne lui ai même pas dit adieu, - ui moi-même ne le sait. Je. ne
peux plus écàrc.
r. Cf. Documents sur les derniers jours de Tolsto'i. Article de la
Correspondance de l'U11io1i pour la Véritl, 1er janvier r91i, no 4.
Signé C. S. et D. H,
. 2. Michel Novicov, paysan. Novicov est un paysan petit propriétaire
du Gouvernement de Toula. li apprir à lire à Moscou où il fit son
service militairé, à l'école du régiment. Il a raconté dans un article
f:ettres ~'un pays1in publié par M. Serguiéenko (.J.lmanach tolstoien
11iternat1011,il de 1909) trais visites qu'il fit à Tolsroi. Novicov a écrit
des rédts populaires dont la fraîcheur naïve séduisit le grand écrivain.
Léon Nicolaïévitch voyait en Novicov non seulement un disciple ru.ais
un confrè~e. Boulgakov, _secrétaire dévoué et discret de Tolstoï, note
dans son Journal (Chez. Tolstoï. la dernière a111'1.ée de sa vie), à la -date du
22 octobre 1910, que Tolstoï lui a dit: « Novicov le paysan est venu.
Vous savez qui c'est? 'Comme il est intelligent.!. •• »
_

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

monde, cela était évident, un homme qui pensait pour
nous, qui- luttait avec l'injustice : en arrachant l'homme à
la vie animale et basse pour ramener à un degré supérieur
d'humanité, pour en faire un fils de Dieu, il épurait et
anoblissait la vie.
Il est malaisé de parler sur une tombe encore fraîche, de
choisir des mots pour exprimer la douleur invisible qui ne
cesse de vous oppresser le cœur. Paix. aux cendres de celui
qui était notre conseiller et notre maître.
Je n'ai point envié ta gloire : tu n'as pas envié mes douleurs et nous nous aimions.
Il n'y a pas longtemps, - c'était le 2 I octobre, une
semaine avant le départ d'Iasnaïa Poliana - je fus pour la
dernière fois chez Léon icolaïévitch et- comme d'habitude - je restai pour la nuit. J'avais fait sa connaissance à
Moscou, il y a 17 ans, quand j'étais _soldat. Nos âmes
s'étaient apparent~es et &lt;lès lors jusqu'à sa mort rien n'est
venu rompre nos relations. Cher, très cher Léon Nie-0laïé·
vitch, c'est-à toi que je suis redevable de ma nouvelle naissance spirituelle et de ce qui est la conséquence nécessaire
de ce renouveau, de la lumière projetée surtout un côté de
ma vie. Tu ne m'as pas dit comment je devais vivre, tu
m'as dit seulement que chaque homme est libre, qu'il peut
et qu'il doit organiser sa vie le mieux possible, comme il
l'entend, sans considération pour la façon dont ceux qui
l'entourent vivent eux-mêmes ou apprécient sa façon de
vivre, sans se laisser déterminer par tout le patrimoine spirituel que chaque homme tient en h.éritage du passé.
C'est là tout ce que tu m'as dit. Mais ce peu que tu m'as
dit s'est développé en moi au point &lt;le ne plus laisser place
à toutes sortes de futilités, de caprices de la mode, de
superstitions, de superfluités. Tout cela pesait sur moi
comme une pierre, comme cela pèse sur d'autres et m'em·
pêchait de vivre : et cette nouvelle évaluation des valeurs
dont j'avais hérité s'est trouvée si juste et a si bien résisté

DOCUMl!NTS SUR LE DÉPART DE TOLSTOÏ

que je ne me suis pas laissé tenter par la vie des villes :
insensible à son charme j'ai habité toute ma vie la campagne; j'y ai vécu du travail de mes mains, j'en ai nourri
moi et ma famille.
Cette fois-là, je partis de Toula à pied, et tout le long de
la route je sentis quelque chose de lourd qui m'oppressait.
Je pensais : j'arrive et voilà qu'il est malade ou déjà mort!
Je ne reçois pas de journaux, aussi je ne savais rien de sa
santé. Mais quelle fut ma joie quand Ilia Vassiliévitch ' me
dit : cc Le vieux Comte n'est pas là, il est parti à cheval avec
le docteur 2 • » A cheval, pensai-je, il est donc en vie et en
santé - les malades ne montent pas à cheval. J'entrai dans
la chambre de Douchan_ Pérrovitch. J'attendis-plus d'une
heure leur retour et m'enfonçai dans le« Cycle de lectures»
au point que je ne les entendis pas rentrer. D'habitude
Léon icolaïévitch montait dans sa chambre au premier et
me faisait appeler. Cette fois-là, il entra sans bruit dans la
pièce où j'étais et d'un geste gamin me frappa sur l'épaule.
Je sursautai. Il était là devant moi, alerte, en santé et la
main joyeusement tendue. Et ie ne fus pas long à penser :
c&lt; Eh bien ! Dieu soit loué, nous en avons bien encore
pour cinq bonnes années, mon bon vieux. &gt;&gt; Léon Nicolaïévitch ne manqua pas comme d'habitude de me demander des renseignements sur ma vie, ;ur la famille. Il entrait
dans to_us les détails, voulait savoir quelles relations j'entretenais avec les voisins, avec le clergé et si mes enfants
allaient à l'école ?
Entrèrent Douchan, le Docteur, puis deux jeunes
hommes du village qui avaient reçu l'ordre de se présenter
au bur~au de recrutement. La conversation s'engagea.
Lé~n N1colaïévitch det?anda à l'un de ces garçons, nommé
Polme ;, ce qu'il ferait s'il était jugé bon pour le service ?
I.
_2.

Domes.tiq1;1e depuis longtemps au service de ta famille.
Makov1tsk1, le Docteur qui quelques jours après partait avec Tols-

to1.
3· Potine a consigné cette conversation. Son récit est entre les
mains de W. G. Tchertkov.

�526

''

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Poline répondit qu'il était social-démocrate et qu'il servirait non pas le trône et l'autel, mais l'Etat et la nation. Léon
Nicolaïêvitch me demanda : « Qu'en penses-tu ? Peut-on
s'enrôler sous ce drapeau là ? »
Je répondis que les gens qui faisaient des sottises ou
commettaient des crimes fût-ce au nom de l'Etat, voire
même au nom de Dieu, n'en étaient pas moins un fléau
dans la vie.
cc C'est un point de vue», répliqua Léon Nicolaïévitch, et
je demanderai à Poline où commence, où finit cet Etat
pour le service duquel il se déclare prêt à apprendre le
métier des armes: au delà du village, par delà Moscou, de
l'autre côté de la Volga ? )&gt;
« S'il veut absolument parquer ses frères dans une frontière comme aujourd'hui, au delà de cette frontière il y aura
toujours des ennemis auxquels il lui faudra bon gré mal gré
faire la guerre et c'est à faire la guerre que l'amènera son
service. Tandis que s'il considère que la terre entière est sa
patrie, son service devient inutile : il n'aura plus avec qui
combattre. »
Le camarade I de Poline dit alors : « Nous avons lu qu'il
existe des sectes où l'on refus~ de faire le service. Ces dissi&lt;ients invoquent fa Sainte Ecriture qui contient une
défense. Moïse a dit : Tu ne tueras point et le Christ a
prescrit d'aimer même ses ennemis. n
« C'est un terrain peu solide, n répliqua Léon Nicolaïévitch, « il existe beaucoup de textes. Moïse avait écrit :
Tu ne tueras point. Mais Napoléon écrira: Va et tue! Ce
n'est pas parce que Moïse ou le Christ ont défendu de faire
du mal au prochain ou à soi-même que l'homme doit s'en
abstenir. C'est parce qu'il n'est pas dans la nature de l'homme
de se faire ce mal ou de le faire aa prochain - je dis de
l'homme, je ne dis pas de la bête, prenez-y garde. C'est en
~toi même qu'il te faut trouver Dieu afin qu'il règle tes
I.

Ce camarade a de son côté rédigé ce dialogue.

DOCUMENTS SUR LE DÉPART DE _TOLSTOÏ

527

actions et qu'il te fasse voir ce qui est bien et -ee qui est
mal, ce qui est possible et ce qui ne l'est pas. Mais tant que
nous nous laisserons guider par une autorité externe Moïse
et le Christ pour l'un, Mahomet ou le Socialiste Ma:X pour
un autre, nous ne cesserons d'être les ennemis les uns des
autres et nous n'arriverons aucunement à nous entendre. »
Puis la conversation dévia : on parla de ceux qui sortent
de l'F..glise Orthodoxe, des dissidents, de ceux qui ont
renoncé à 1a foi de leurs pères.
« Il est aisé, dis-je, de naître et de mourir sans l'aide du
clergé. Mais il peut y avoir des difficultés, là surtout où il
Y, a peu de g~ns sortis de l'Eglise, quand il s'agit du mariage
d enfants qu1 ne se rattachent à aucune confession. n
Là-dessus, Léon Nicolaïévitch, avec vivacité : « Le mariage serait-il le seul but de 1a vie ? Je crois que non seulement Marx, mais Moïse ni le Christ n'ont rien écrit de sembl~ble .. Bi~n au contraire, l'idéal évangélique est la chasteté
et Je sais bien des femmes qui ne se sont pas mariées. Elles
on; eu t~t de besogne avec leurs sœnrs, avec leurs frères
qu elles, n ~nt pas ,eu le loisir de penser à leur vie personne_lle. J esum_e qu aux yeux de Dieu ces vies-là ont plus de
pnx _que la vie des gens mariés. Voyez ma Sacha 1 - et ces
derniers mots furent dits avec tendresse - elle a 2 6 an
et elle n'a point encore songé à se marier. »
s
• Pui~ après un instant de réflexion : cc Je ne conteste point
~ mats ~ne c_hose me paraît claire : si un homme vit selon
D1;u, et St toujours et en tout il agit avec sens, peu importe
.qu tl se rattache ou non par le baptême à une confession
q uelconqu~, _et pour sûr l_a vie lui apportera une part plus
grand~ de _JOtes. » Et _plaisantant : cc J'ai quelque idée que
les céhbata1res ont morns d'ennuis que d'autres. »
, Ent~~ Ale~ndra Lvovna. Elle raconta que ~les paysans
d Iasna1a Pohana venaient, eu assemblée 2, de décider la
r.

½plus jeune des fi lles du Comte.

2.

C est le Skhod, réunion des paysans de la Commune.

�528

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS_E

création d'une coopérative de consommation, et avaient
fixé à 5 roubles le versement initial. Elle ajouta qu'au village de Roûdakov, pas loin d'ici, il y avait depuis deux
ans une boutique de ce genre.
« Qu'en pensez-vous,&gt;, me dit Léon Nicolaïévitch, c&lt; les
paysans tireront-Îls de là quelques avantages ? n
Je répondis que, pour ma part, je ne voyais aucun
inconvénient à ces magasins coopératifs et que j'avais le
projet d'en créer un dans mon village. Au contraire, je
craignais les sociétés de crédit comme le feu et je n'en
attendais aucun bien.
&lt;&lt; Et pourquoi donc?», me dit Léon Nicolaïévitch, « voilà
qui m'intéresse fort. Ces sociétés sont en vogue et chacun
proclame que le grand malheur du paysan c'est l'impossibilité où il est d'emprunter quand il est dans la gêne. »
&lt;&lt; Nous autres paysans, répondis-je, ne savons pas conserver le sou qui nous a causé la plus lourde peine à
acquérir. Le paysan dépense à tort et à travers la moitié de
ce qu'il gagne en œuvres de démon, en réjouissances, en
parrainages, en festivités et pour l'acquisition de nouveautés - impossible de lui porter secours avec de l'argent qui
n'est pas le sien. Bien sl'.lr il ne sera pas lorig à l'accepter,
mais il le dépensera encore plus vite et aussi inutilement
que sa propre pécune. n
c&lt; Parfaiteme1H, parfaitement», reprit Léon Nicolaïévitcb,
« j'ai peine à ne pas pleurer quand je les vois célébrer un
mariage, une fête ou des funérailles. Ils y dépensent leur
dernier sou et cherchent à se surpasser l'un l'autre : on
dirait vraiment qu'ils se sont solidairement engagés à faire
des sottises. Le sou acquis par le travail est une parcelle de
celui qui l'a acquis et de sa vie même, et c'est cela qu'ils
jettent à droite et à gauche. C'est toujours comme ça chez
nous : on se figure qu'on peut porter secours en commençant par le bo1J.t, au lieu de commencer par où il faut : un
corbeau paré d'une plume de paon, n'en reste pàs moins
un corbeau. Souvenez-vous de la tristesse du Christ qui

DOCUMENTS SUR LE DEPART DE TOLSTOÏ

529

disait : Voici, la moisson est grande&gt; mais il y a peu d'ouvriers. Et, semble+il, jamais on n'eüt si grand besoin d'ouvriers qu'à cette heure. Chez tous la vie est absorbée par
l'extérieur. Et on a encombré la tête du peuple de superstitions ortbodo:r:es ; les usages de la ville, les boutons luisants [ des uniformes] r, le tabac lui sont en tentation et
quand il s'est laissé contaminer on l'assiège d'offres diverses:
huile de ricin, poudres médicinales ou encore sociétés de
aédit et propriété privée. Un enfant comprendrait, semblet-il, que tout le mal vient d'en-haut et on veut me faire
croire le contraire. &gt;&gt;
Resté seul avec moi, Léon Nicolaïévitch continua à m'interroger sur ma famille, sur la façon dont les paysans considéraient ma sortie de l'église orthodoxe et le fait que mes
enfants n'étaient pas baptisés. Tout d'un coup, il me dit:
« Et je n'ai jamais été vous voir au village. »
&lt;&lt; Bien des fois vous m'avez promis votre visite et vous
avez oublié votre promesse.»
« Eh bien, dit-il, maintenant je suis libre et je puis la
tenir n'importe quand. »
Je crus qu'il plaisantait et je dis: &lt;c Vous souvenez-vous
Léon Nicolaïévitch qu'il y a deux ans vous avez répondu à
mon appel : « Même si je le voulais, je ne pourrais aller
vous voir. &gt;&gt; Je n'ai pas compris jusqu'à présent, pourquoi
-vous. ne pouviez pas. » Léon Nicolaïévitch m'arrêta, plaisantant : ç&lt; C'était à une autre époque, époque de sévérité.
Mais maintenant nous avons une Constitution. J'ai fait la
part des miens - ou comme on dit chez vous, n'est-ce pas:
je suis sorti de la famille. Je suis de trop ici maintenant,
comme vos vieux quand ils atteignent mon âge - et par
.conséquent je suis complètement libre. »
Il remarqua que je prenais la chose en plaisanterie et
-que je l'écoutais sans conviction. Quittant alors le ton de
x. Ils'agitsans doute des boutons d'uniforme. Les anabaptistes d'Alsace avaient eux aussi, il n'y a pas fort longtemps, un préjugé contre
¾es boutons : ils les r$:mplaçaiem par des épingles.

34

�L,\ ~QUV.ELLE REVUE PRANÇA.fSE

la plaisanterie, il dit : « Si, si, croyez-moi. Je vous parle
sincèrement. Je ne mourrai pas dans cette maison. J'ai
-résolu de partir pour un l~u inconnu où on ne saura qui je
suis. Et j'irai peu.t,êtr.e tout droit à votre chaumière pour y
mour..ir. Seulement, je le. sais d'avance, vous me rudoieœz:
nulle, part on n1aime .les vjeu:s:. fai vu ~eJa dans vos
familles paysannes, et ie suis devenu si incapable de tout, si
inutile, » Sa :voix tombait en disant ces dernier,s mots.
Il lui fallut un grand .effort pour r.etenir ses laoues. L'.aveu
qu'il faisait lui était évidemment pénible.
Longtemps nous gardâmes le silenc.e. Enfin Léon Nîcolai'évitcb ·me dem.aada :
(&lt; Vous passez la nuit chez nous .comme toujours? &gt;)
Je répondiP que j'avais honte de déranger et de forcer à•
s'occuper de moi, mais qu'autre.ment je serais bien embarrassé car j'avais peur d'aller de nuit à la gare.
« Voilà qui va bien &gt;J, dit-il. « Vous coucherez ici.
Quand un beau jour j'entrerai chez vous, je passerai la nuit
chez vous à mon tour et n,ous serons quittes. » Il réfléchit
un instant et dit : &lt;c Se peut-il faire que vous craigniez quelqu'un la nuit ? »
~ Je ne crains ni les loups ni les homm.es, mais je crajns
les soulards et pour cause : au village, j'ai eu beaucoup à
en souffrir. »
- C'est à quoi je ne cesse de penser», m.e dit-il, « si les
hommes croyaient à une vie spirituelle, s'ils coQform.aient
leur vie à cette croyance, des gens ivres et la somme consi-- dérable de soutfrances et de mal qui ,kçompagne nécessairement l'ivrognerie, tout cela serait-il possible ? Bien
mieux que moi qui de la demeu.re seig:Jieuriale où je s1ûs
ne vois et n'entends que de loin, vous savez évidemment à
quoi vous en tenir sur ce ~au ; vous, vous trom·ez les
ivrognes sur votre chemin et je comprends la peur qui vous
étreint. Autrefois, dans ma jeunesse, j'aimais beaucoup les
gens soûls ; i1s sont toujours si disposés à tout vous dire,
leur âme vous est ou'lerte; et peut-être aussi la raison de ma

DOCUMENTS SUR LE DEPART DE TOLSTOÏ

531

sympathie était-elle que moi aussi alors je menais une vie
mauvaise. »
Il m'accompagna et; comme d'habitude) prit congé de
moi le soir même : longtemps il ne lâcha pas ma main
wmme s'il se disait que c'ét,lÏt pour la dernière fois et
cependaiat il me répétait :
« Nous nous verrons bientôt ... Dieu veuille que bientôt nous nous ,·oyions. »

J'étais au lit, j'allais m'endor~ir, j'entendis près &lt;le moi
des pas légers. Je le voyais de nouveau dans une demiobscurité. La légèreté de ses mouvements que n'accompagnait aucun bruit était telle que j'ét~is prêt à croire gue
c'~tait son ombre. Je tendis la main vers la lampe _pour
donner plus de lumière. Ce que voyant, Léon Nkolaïévitch arrêta mon bras. Assis près de moi sur mon lit, il
,dit d'une voix basse et entrecoupée ;
cc Non, c'est inutile, comme ça c'est mieux, je suis venu
vous trouver pour une minute. Je suis content que vous ne
donniez pas. ]'ai dit à Douchan de nous laisser seuls.
« Quant à vos manuscrits, continua-t-il, je viens de les
lire. J'écrirai à Anoutchine et aussi à Korolenko ; seulement je vous conseille, et j'y insiste, de ne pas vous éparpiller, de ne pas vous épuiser sur des choses qui n'en
valent pas la peine - il faut vous borner à décrire votre
vie. Elle est si pleine ·et si instructive que je suis tout p-r~t
à vous envier. Racontez-la, il le f;,tut, et même je vous.en
prie. &gt;J
Puis après un silence :
« Ce que vous avez eu -en abondance, toute ma vie m'a
fait &lt;léf~t. Allons., adieu ! »

�53 2

I"

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il al)ait sortir, mais immédiatement il revint, se rassit
sur le lit et - précipitant les mots :
cc Je ne voulais pas vous parler de moi. Mais à l'instant
j'ai senti que j'avais eu tort de ne pas vous dire pourquoi
alors, pourquoi jamais, je n'ai pu aller chez vous. Pourtant
je ne vous ai jamais caché que cette maison est pour moi
un enfer où je brûle; toujours j'ai pensé à partir, toujQurs
j'ai désiré aller n'importe où, dans la forêt, dans la maison
du garde, au village, chez un être dénué et solitaire, pour
l'aider, être aidé par lui. Mais Dieu ne m'a pas donné la
force de briser avec la famille - c'est ma faiblesse, peutêtre mon péctié - mais je ne pouvais faire souffrir, même
les miens, pour le contentement de mon désir personnel.. . »
cc Cependant», dis-je, cc pour voir les amis, vous n'aviez
pas bes~in de quitter la famille, cela n'est que pour quelques jours... »
Il m'interrompit: cc Voilà précisément le malheur. C'est
de mon temps aussi bien que l'on entendait ici disposer à sa
guise. Partir en cachette, ce n'était pas possible sans
esclandre et la famille en aurait souffert. Quant à consentir
à ce que j'allasse chez vous ou chez tel autre, ma femme ne
l'admettait pour rien au monde. Et si j'avais insisté, ç'aurait
été des crises nerveuses qui ne sont pas exceptionnelles
dans notre milieu. Et à cela je n'ai jamais pu me faire : je
me sentais toujours coupable. »
Tout surpris : « Mais si vous étiez tout de même parti»,
dis-je, cc qu'en serait-il résulté de si fâcheux ? »
- Sophie Andréievna serait partie à mes trousses et nos
entretiens auraient été gênés par elle. C'est arrivé plusieurs
fois, Ainsi quand j'ai été en Crimée chez les Panine 1 ~t tout
récemment à Kotchéty \ ma femme est arrivée tout de suite

I.

A Gaspra, en Crimée. Tolstoï malade y passa deux hivers,

./

533

et il n'y a plus eu de paix. Quant à vous arriver à deux ou
trois dans votre maison de paysan, f~ire toute une histoire
po~u vous dire : bonjour ! et une heure plus tard : adieu 1
- pour vous cela aurait été une gêne et pas plus, mais
pour moi, tout simplement, une bêtise sans raison d'être. »
Il y eut un moment de silence.
Je dis: cc Léon Nicolaïévitch, laisse~moi vous parler de
quelqu'un » - je nommai la personne - « de quelqu'un
que vous connaissez comme moi - et ce que j'en dirai
n'est pas pour vous froisser, n'est-ce pas ? Vous le savez, sa
femme était alcoolique. Elle a eu pendant 20 ans des accès
pendant lesquels elle buvait une semaine, deux semaines et
même plus que ça. Vingt ans il porta cette croix et il se
disait toujours que sa femme finirait par avoir pitié de lui.
Tant qu'il a été un sot, il a fait dire des prières, il achetait
des images saintes pour l'église, il allait en pélerinage dans
l'espo~r que Dieu corrigerait sa femme de son vice : mais
les accès étaient de plus en plus prolongés : l'année dernière
il n'y tint plus. Il prend son fouet. Et d'y aller deux fois sur
la soularde. Eh bien ! l'effet obtenu a été plus efficace que
celui de l'intervention des saints. Elle a presque cessé de
boi~e ; quant aux. accès - plus question. Et avant, il avait
beau la prier, il avait beau la supplier ! Chez nous, dis-je,
l~s querelles avec nos babas• ont une conclusion des plus
s1~ples - .q~ant à des accès de nerfs, ça n'existe pas. Je ne
sws pas, dts-Je, partisan du fouet et jamais je n'y ai eu
recours. Mais on ne peut pas cependant en passer par tout
ce que veulent_Jes babas. &gt;&gt;
Léon Nicolaïévitch rit de bon cœur ; il appela Douchan
Pé_trovitch, lui raconta ce que je venais de dire, puis l'ayant
pné de retourner dans sa chambre, il me parla avec simplicité et franchise :
.

1901

et 1902.
2.

DOCUMENTS SUR LE DEPART DE TOLSTOÏ

Propriété de son gendre, aux confins des Gouvernements d'Orel

et de Toula. Tolstoï y chercha le re,os du
1910.

r. Paysannes.

15

aoQt au

22

septembre

�H4

LA NOUVElLE REVUE FRANÇAISE

cc

J'ai porté· ma croix et .Yai enduré 30 ans, c'est plus que

DOCUMENTS SUR LI! D"fil&gt;ART DE TOLSTOÏ

~

l'homme que vous connaissez. » Et se montant -µn peu, il

ajouta :

Evidemment si, ne fftt-ce qu'une fois, je m'étais
permis c.fe bousculer ma femme, de lui crier après, elle se
serait soumise, bien sûr, comme-se soumettent vos femmes.
Mais ma faiblesse ne me permettait pas de supporter les
crises de. nerfs et quand il s'en produisait je me disais (}Ue
je n'avais pas le droit de faire souffr~r un être qui m'aime et
qui, à sa manière-, veut mon bien. Nous avons vécu
50 années famour, nous nous sommes fàits l'un à l'autre ,._
Ma femrtre ne m'a jam~is trompé-. Jene pouvais pour mon
propre plaisir m'en aller n'importe où et lui causer une
douleur. Seulement quand les enfànts ont été grands et
qu'ils ont cessé d'avoir besoin de nous, je I1ai engagée à
mener U:ne vie simple. Mais elle redoutait plus.que n'importe quoi de passer à' un état de simplicité - œ n'était
pas son â~e qui le repoussait - e-lle le repoussait d'instinct. ll
Il "s'arrêta, réfléchit et reprit :
-« Je ne suis pas parti pour-mon seul contentement et j'ai
porté ma croh-•.... Ici on mapprêciaft en roubles et• on
di'sait que jè rûinais 1a famille. » Et il dit retenant ses
larmes : « Cest vrai, on se préoccupait de ma· personne
avec amour : on veillait à ce que mon repas ne se refroidît point, à ce- que- ma blouse que- void filt propre et
aussi' ces pantalons, &gt;&gt; - et il montrait ses genouX' «- mat$, . à part Sacha, personne n'avait cure de ma vie
spirituelle ». Et tendrement . : &lt;&lt; Sacha seule me comprend, vit de ma vie ; je compte sur elle, elle ne me
laissera pas seuL Et puis » - afouta-t-il-&lt;E-je ne pouvais
voir les amis qu'on n'aime pas ici et en particulier
T chertkov. &gt;&gt;
« Vous connaissez Vladimir Grigoriévitch », - sans me
laisser le temps de répondre: « C'est notre ami à tous deux.
&lt;&lt;

r. Plus exactement 48 ans. Le mariage est du 23 septembre 1862-.

Il emploie tour s-on temps et S&lt;?ll argent à la diffusion de
mesœuvres-. Je l'aime. Et m·a femme ne peut Ievoir. Elle
juge que c'est à cause de lui que je ne vends pas mesi œll:vres. C'est comme ça : pour le voir, il me faudrait ou endurer des reproches et des larmes, ou tromper ma femme,
aller soi disant à la promenade et me rendre chez lui. Et
puis encore ce prix', l'argent ... Je voudrais me préparer
à la mort dans le calme et eux m'évaluent en argent ... Je
m'en irai, pour sîir je m'en irai ... » Sa voix était sourde et
te rlétait guèreà moi qu'il adressait ces mots:.
Il y eut une minute de si.le·nc-e-,- pui:s avec. chaleur l
(! Pardonnez-moi, je V'OUS_ èn ai trop dit. Cest que rà~:ri's
un t~l désir que v_ô us me &lt;:onipre.niez, que vous ne ·pensiez-pas de mal de moi. Encore deux mors ; je- vôus T'ai
dir, à présent. 1e suis libre ; ctoye~-nim, }e 11e plais-ante pas,
avant peu nous nous verrons certainement.. ChêZ vuus-, che:z
vous, dans votre chaumière», aiouta~t-il à fa hâte et remarquant ma surprise : « En vérité, j'ai: quitté ma famill~.- i,
Et plaisantant : &lt;r C'est seulement mon âme qui- l'a quimre
- et sans, dédsion de la commu-rre oommtt chtz vous
a-otres 2 • Je ne l'ai pas fait et_ne pou:'lais le faire dans, man
seul intérêt. Mais maintenant je vok que cela vaût mieux
pour les miens aussi : ils autont ll1ôins d'occasion de·se
querellèt et de pécher à cause de m&lt;5i. i&gt;
Et en me . disant adieu, Lé'on Ni,olaïévitcb de répéter
enw_re : &lt;~ Bientôt nous : .ous verrons- et peut-êt1'e plus tôt
que re ne le pensé. ~
Il fit' qnelques p.ïs, s'.arrêra. et s-e: retourna .. Et,. me dési..
~ant par mom non1 propre et par ~lui de,moo pèi:e i,, il
dit:
I. ~e pr!x Nobel. Son attribution éventuelle à Tolstoïdoonait lieu à
des discussions : que ferait-on du montant du prix ?
~- Le paysan ne pouv-ait quitter le vilfage- sarts nne dëcisfon du

Mir:.

, 3· San~ do_ute Tolstoï appelait Novicov de son petit nom, Micl;Jel.
L appellau.on maccoutumée : Michel Pétrovitch donne à la déclaration
de Tolsto1 quelque chose de solennel.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSB

Si je vous ai dit tout cela, Michel Pétrovitch, c'est que
j'aï la conviction que vous partagez ma manière de voir et
que vous êtes avec moi en complète sympathie. &gt;&gt;
&lt;(

1

1

Mon agitation était telle que, de toute la nuit, je ne
réussis guère à m'endormir. Et puis j'avais honte aussi de
l'avoir en quelque sorte incité à se confesser à moi ; et en
même temps j'éprouvais de la joie : l'homme qu'il était ne
m'avait rien caché de ses faiblesses et de ses douleurs morales. Ce trait me l'a toujours fait particulièrement aimer et
m'avait lié spirituellement à lui.
Mon cher, mon cher bon vieux ! Aurais-je pu penser
que tu vivais dans cette maison tes derniers jours et d'une
pareille vie l
Je rentrai chez moi à la campagne. Quelques jours se
passèrent et le 26 octobre je reçus sa chère, et précieuse
lettre datée du 24 octobre ~.
Jamais je ne me pardonnerai la négligence que j'ai apportée à y répondre. On a su depuis que cette réponse, il
l'attendit 48 heures. Lorsqu'il la reçut, il était couché,
malade dans la gare d'Astapovo. Sans cela peut-être, qui
sait, sa vie aurait été prolongée de quelques années : la
chaumière requise, la chaumière chaude et propre était
libre ; il semblait qu'elle attendît son hôte. Cher Léon
Nicolaïévitch, tu me pardonneras, car tu l'as toujours su,
je t'aimais, j'étais franc avec toi et si j'ai tardé à répondre,
c'e;t sans arrière-pensée .
Au reçu de la lettre, je ne me pressai pas de faire ce
qu'il demandait. Je réfléchis plusieurs jours: comment le
1.

Voir cette l~ttre page 537.

DOCUMENTS SCJR LE DÉPART DE TOLSTOÏ

537

dissuader de quitter pour toujours Iasnaïa Poliana ? Je le
voyais vieux, débile, tout à fait impuissant - il le disait
lui-même, et je devais reconnaître qu'un changement de
toutes les conditions extérieures de sa vie le tuerait du
· coup : sacrifice inutile en soi et sans utilité pour personne.
C'est en ce sens que je lui répondis le 27 au soir ; ce soir
même où, en se cachant des gens de sa maison, il faisait
son paquet et se préparait à passer du moride de la vie
dans un autre monde. Je lui disais que ce cc départ &gt;&gt;aurait eu une signification dix ou vingt ans auparavant.
A l'heure actuelle, ajoutais-je, vous ne faites qu'abréger
vos jours.
Et voici que cet homme qui était grand et que tous
aimaient, n'est plus.
Son rêve - vivre encore un peu, loin du monde et de
ses rumeurs, mourir dans la chaumière du paysan - son
rêve, à quelques jours de sa réalisation, s'est brisé.
·
Paix à tes cendres, maître qui ne sera pas oublié, que
ton souvenir demeure à jamais et aussi bien ta gloire l
MICHEL

OVICOV,

Iasnaîa Poliana,

24

octobre

paysan.

1910.

Michel Pétrovitch, je vous adresse encore la de~1ande
suivante qui se rattache à ce que je vous ai dit avant votre
d_éparr. Au cas où, en fait, j'arriverais chez vous, ne pournez-vous p~ me trouver, près de vous, dans le village,
une chaum1ere, ne fût-ce q~e la plus petite, mais indépendante et chaude, afin que je sois le moins longtemps possible
une gêne pour vous et votre famille? J'ajoute que si j'ai à
vous télégraphier, je ne le ferai pas sous mon nom mais
sous cel~i de T. Nicolaïev. J'attends votre réponse, j~ vous
serre amicalement la main.
LÉON TOLSTOI.

�538

LA NOUVELLJ! REVUE FRANÇAISE

Ne. perdez pas de vue que tout ceci ne doit être su que
de vous seul.

Cette lettre a été publiée par P. A. Serguiéenko (Lettres de
L. N. Tolstoï, 1848-1910. TolstO!ky Almanaklr, 1910, t. l,
p. 345).

PREMIÈRE JOURNEE A RUFISQ_UE
(FRAGMENTS)
TRADUCTION CHARLES SALOMON.

·

TOUS DROITS IŒSERVES.

. .• Je me suis réveillé pendant l'appareillage de la Pan-

toire. Mon premier sentiment a été celui de la fatigue et

...J

cette fatigue ne m'a plus quitté jusqu'au soir. Elle s'est
incorporée à ma journée, qui lui doit peut-être les couleurs fantastiques qu'elle a revêtues.
J'ai d'abord pris possession par mon hublot de cette
matinée du vendredi 6 mai et de toutes les merveilles que
le destin voulait bien mettre sur ma route.
La brise soufHait de terre; sa force n'avait pas calmi
avec le jour; mais le temps s'était nettoyé; plus de boucaille, un soleil blanc et fort sur toutes choses.
Toutes choses, c'était d'abord une mer de plomb
bouillant, terne et agitée ; c'était ensuite une demidouzaine de cargos au mouillage, vers qui notre manœuvre
nous dirigeait; c'était surtout, là-bas, - obfet de ma
curiosité dévorante, - une côte plate, apparemment boisée,
parsemée de constructions pâles, et cernée d'une plage
fauve le long de laquelle le flot faisait courir de grands
rouleaux d'écume.
Les cargos ont grossi, la côte s'est approchée; j'ai alors
distingué quantité de détails qui m'avaient d'abord
échappé : tout un plumage de petites voiles carrées, qui
filaient au ras de l'eau; des cotres un peu plus gros, couchés sur la lame ; et deux remorqueurs minuscules qui
pagayaient de-ci de-là; leur cheminée maigre et sale se

�540

LA

OUVELLE REVUE FRAN ÇA1SE

fleurissait d'une risible petite cage à étincelles en treillage
métallique.
Les constructions pâles ont pris forme; la côte s'est
ordonnée sur plusieurs plans; quatre wharfs ont eu tout le
mal du monde à ~'en détacher; je les ai lentement démêlés
des accidents confus de la rive sur laquelle mon œil les
laissait aplatis. C'est alors que j'ai vu s'isoler_ les uns des
autres plusieurs bouquets de grands arbres gns, et se modeler un horizon de forme très molle.
ous avons doublé par l'arri ère quelques vapeurs dont
je n'at,rais jamais cru que j'oublierais l:s no?1s. Qua~d j'ai
constaté que nous étions près de mouiller, Je me sms levé
et j'ai déjeuné à la hâte.
.
.
Le commandant en pijama a surgi comme J'achevais :
« Vous venez à terre avec mai, Monsieur B/6 ? - Bien stir,

Mo11siettr Chabaneix . Mais, dites voir, est-ce qu'il faut mellre
le casque? - Le casque ? Bè, je crois bien ! - Vous tles sâr
que ... ? - Stlr que quai? - Sûr que ce ne sera pas de la ta1·tarinade ? »
Le commandant qui allait de long en large, s'est arrêté
net; il m'a regardé et a reniflé avec indignation : « Eh ~è,_

ne le mettez. pas le casque, .1\.1onsieur B/6, et vous verrez le JOlt
coup de bambou que vous allez.. prendre. - Bon, bon. Je ne peux
pas m'emplcher de trouver la chose tm peu ... Mais ça va alors,
on le mettra. »
Une demi-heure plus tard, j'allais vérifier avec une
certaine inquiétude, dans la grande ~lace du carré, _la
touche que me donnait ma figure de nen du tout, pnse
sous le grand casque des Indes que J. m'a prêté. Ce
n'est pas sans un effort que je me suis résolu à déboucher
dans cet affublement sous le soleil de Dieu et sous les yeux
de l'équipage.
La curiosité générale était ranimée par l'approche de
cette terre, nouvelle pour beaucoup, quittée par d'autres
depuis plµsieurs années; tout le personnel du bord,
officiers, matelots et chauffeurs, était rassemblé autour de

PREMIERE JOURNÉE A RUFISQUE

54(

la coupée. Mon arrivée a été saluée par ce murmure
mélangé d'amitié et d'ironie qu'excite toujours l'apparition
d'un de nos semblables dans une tenue seyante et fraîche.
C'était la prernière fois, depuis des semaines, que j'abandonnais mon chandail et les sombres couleurs de l'hiver;
le casque en outre produisait son effet.
Mais ce qui m'a d'abord frappé la vue, spectacle qui
primait tous les autres, cela a été M. Chabaneix, haut, large,
bombé dans un complet de flanelle blanche à petites raies
bleu pâle, les pieds chaussés de souliers blancs, son visage
cé arien encadré dans un casque kaki d'une forme heureuse, et serrant sous son bras (seule tache foncée de cet
ensemble vraiment étincelant) son portefeuille de maroquin bruni. Je n'ai pu retenir une exclamation : « Oh,
· vous !tes mperbe ! » C'était la vérité. Aussi a-t-il joui profondément de cet hommage spontané et s'est-il senti, s'il
était possible, plus à l'aise encore dans sa peau.
Le canote était armé et dansait déjà dans la houle; trois
matelots le maintenaient péniblement éloigné de la coque
et de l'échelle.
Je vous ai dit que la brise venait de terre et soufflait
grand frais. A peiue débordés, nous avons eu la vague
dans le nez; le canote n'ayant point de quille de roulis,
le commandant n'avait pas osé mettre à la voile ; les trois
rameurs avaient tout le mal du monde à nager ; je me
souviens du reste avec reconnaissance de l'air de paniculière bonne humeur qu'ils avaient ce matin-là.

** *
Je crois que les Instructions Nautiques donnent au
mouillage de Rufisque le nom de port ou de rade. Mais
rien ne rappelait l'idée que nous nous faisons de l'un ou de
l'autre.
Une brume blanche, mélange de vapeur d'eau, d'écume
et de sable, nous cachait le grand arc que la côte dessine

�54 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

au nord et qui défend .effectivement le .mouillage contre
les alizés du nord. C'est en vain que je cherchais à distinguer, du côté dé la haute mer, l'ergot du Gap Manuel, la
· double bosse des Mamelles et l'emplacement &lt;le Dakar. Je
n'apercevais autre chose s-inon devant moi, à une distance
de deux ou trois miUes, la ligne droite, inhospitalière, de
la plage, sur laquelle la mer brisait avec fureur.
Aussi bien le p1aisir q_ue j1éprouvais n'a-t-il pas tardé à
se mélanger d'un .autre sentiment; la suite de mon voyage
devait m'en faire rougir.
Je vous ai dit que le mouillage était parcouru de cotres
rebondis; le vent les poussait avec rapidité; les uns arri. vaient de terre et tail.laient devant eux en courant au plus
près; parvenus sous le vent du va_peur qu'ils chargeaient1
ils viraient avec une précision gracieuse et venaient exactement l'élonger. D'autres, à peine déb2;rrassés de leur cargaisoµ , hissaient leurs deux. voiles, s'inclinaient sur la
lame et regagnaient les wharfs en tirant de grandes bordées.
En outre, des ,gabares ventrues, chargées à ras bord et
privées de tout moyen de propulsion, dérivaient lentement à travers le clapotis;' elles s'en allaient ainsi jusqu'au
moment où, passant auprès, un des deux remorqueurs.
poussifs leur jetait une vieille amarre de chanvre et les amenait à destination. Vides, elles entreprenaient de regagner
terre par le même procédé; on les voyait emportées' _par·
la dérive à de très grand.es distances. ; mais U!} des deux
serviables et actifs petits vapeurs finissait toujours par le&amp;
découvrir; ni l'un ni l'autre ne rejoignait jamais les wharfs.
sans traîner derrière lui, vaille que vaille, un long chapelet
de ces impuissantes péniches.
Enfin, dans tous les interstices de cette circulation, on
voyait, minces et promptes comme des flèches, filer de
petites _pirogues indigènes, montées par &lt;leux hommes ; la
brise les couchait sur le côté; un des horp.mes gouvemi}.it
au moyen d'une longue rame; l'autre se dressait tout
debout sur l'étroite et tranchante lisse; il levait à bout de

PREi,UÈRE JOU.RNEE A RUFISQUE

543

bras, dans une attitude magnifique, une perche qui faisait
office de vergue et .maintenait ·au vent le carré de linge
rapiécé qui servait de voile_. Un bout de m ât compose,
avec une ficelle et une poulie, le gréément de ces embarcations minuscules, dont la largeur ne va pas à un mètre et
dans lesquelles les mandiagos font des rraversées de cinquante milles.
Tout cela produisait en rade une animation exrrêmement
pittoresque à la contempler du haut d'un solide cargo en
acier. (Juelle fausse honte m'empêcherait d'avouer que, du
fond d'une coquille de 11oix_, rendue très peu maniable par
la houle, ce spectacle n'a pas tardé à me paraîtr.e .assez
impressionnant? D'autant plus impressionnant que, à y
mieux regarder, l'équipage de tous ces bâtiments - cotres
'
'
gabares, pirogues et remorqueurs, - était exclusivement
composé de noirs.
Je ~anquajs alors de la moindre notion sur les capacités
nautiques des indigènes. Je n'apercevais d'eux que leurs
gesticulations, leurs clameurs confuses et leurs corps suspendus en chapelets après les fardages ; quand un coi:re
passait près de nous, au-dessus de nous, à trembler, faisant
sifiler l'eau et nous éclaboussant d'écume, j'avais juste le
temps de fixer le souvenir des yeux sanguinolents que le
timonier dardait droit devant lui· avec une intensité
d'expression presque hagarde.
cc Nage, nage I » criait M. Chabaneix à oos trois matelots; et chaque fois que ceux-ci voyaient grossir un autre de
ces monstres, dans un tourbillon de cris menaçants ils
s'arc-boutaient sur leurs avirons à les faire plier. Je se~tais
no~re lent et frêle canote entièrement livré à l'humanité,,
au coup d'œil, au sang-froid et ~ l'habileté manœuvrière
des
., . étranges animaux déchaînés sans contrôle sur cette rade•,
Ja1 trouvé tout à coup mon destin précaire et misérable.
Je devais plus tard apprendre que les noirs de ces parages
comptent parmi les meilleuxs marins du monde, que leur
audace et leur adresse sont estimées sans rivales.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

544

Mais à ce moment un soulagement m'est venu à voir
l'attention de ~- Chabaneix se fixer sur un des cargos près
desquels notre route nous poussait. Un hurlement ~•a pas
tardé à lui échapper:
&lt;c Mais c'est la Meuse, ce bateau-là, c'est la Meuse! Nage,

naue
;·e vais demander si Fabrechong est à bord.
b &gt;
- Vous connaissez: quelqu'un mr ce bateau-là?
- Hè bé, FabrteÎxmg. C'est là un des deux bateaux d'Andrade, de Bordeaux. Fabrecbong, qui le c.ommande, était second
stir Vistule, l'année q11e j'y ai embarqué comme lieutenant. Voits
allez. voir l'homme que c'est. Nage, nage I »
Nous accostons le cargo ; je fais connaissance avec la
poussière d'arachide; elle souille la muraille, elle s'amasse
dans les anfractuosités des hublots, elle couvre d'une cendre
grise les blancheurs du château. Un jeune homme blond,
sans col et en casquette sale, nous sourit d'en haut et
nous apprend que M. Fabrechon est à terre. _H _n'import~ ;
M. Cbabaneix a ses desseins; d'ailleurs sa cunos1té est éveillée · il me jette son portefeuille, attrape l'échelle de pilote
qu'on déroule à sa rencontre et d1spara1t comme un singe.
ous l'attendons, amarrés à un bout, qui est un cordage, et
qui se prononce boute, tout comme canot se prononce canote;
nous sommes durement secoués; le canote tape et râcle la
noire falaise du vapeur, contre laquelle nos mains tendues
à plat servent bien faiblement de défenses. Tout à coup
des cris éclatent d'en haut, de l'avant, de l'arrière; je me
retourne; un des deux remorqueurs indigènes vient de
doubler l'arrière de la Metise; il débouche à vingt mètres de
nous, suivi de deux gabares lourdement chargées ; il les
mène à accoster précisément là où nous nous tenons; nous
sommes si bas sur l'eau que le timonier ne nous apercevra
pas. Mes trois matelots s'affairent à déborder le canote
sans casser les avirons contre les tôles de la Meuse. Ils Y
réussissent au moment où l'étrave du remorqueur va nous
atteindre; encore nous a-t-il fallu saisir un moment favorable entre deux levées.
'

•

JI,

•

545

PREMIÈRE JOURNÉE A IUFISQUE

Enfin nous voici amarrés plus loin vers l'avant, à un
autre boute qu'on nous a lancé. Je suis désagréablement
impressionné par ces incidents, par ces équipages agités, pa.r
ces manœuvres hasardeuses. Les rafales qui veulent m'arracher mon casque me forcent à le tenir enfoncé ; il est un
peu étroit, presse sur les tempes et ajoute la migraine à
ma fatigue. Je sui$ trempé, mais le soleil devient plus
brôlant à mesure qu'il s'élève ; j'ai plutôt envie d'être à
bord qu'à terre, mais surtout d'être n'importe où ailleurs
que sur ce canote, et l'Afrique ne me plaît pas.
0 Colleone, où êtes-vous ?

•••
... Rufisque avance dans la mer quatre wharfs courts et
trapus ; celui que nous accostons est grouillant d'activité ;
les cotres, les gabares, les canotes des steamers pullulent
tout alentour. Chaque levée, en s'en venant du large, soulève ces rangées d'embarcations les unes après les autres
avant d'aller s'écraser sur la plage, cinquante mètres plus
loin, en produisant un bruit d'écroulement brutal et profond.
Tandis qu'ayant empoigné d'une main les échelons rouillés de l'échelle, je grimpe en assujettissant de l'autre mon
casque sur ma tête, je vois se pencher au-dessus de moi
une vingtaine de noires figures, plissées par la curiosité ;
elles dessinent le long du wharf une frise d'yeux brillants
et de dents proéminentes. En même temps, un verbiage
d'une vélocité incroyable fait connaître à tous présents et
absents que, derrière l'impressionnant cap'taine du grrand
bateau arrivé dans la nuit, débarque un petit toubab maigre
et rasé, qui ne peut à première vue s'identifier ni avec un
administrateur, ni avec un « opérateur ))' ni avec un
shipshandler, ni avec un cap'taine de bateau, ni même en dépit de sa vareuse - avec un officier de terre ou de
mer.
35

�54.6

,111

'
LA llOUVELLB tEVUE Fl.A'NÇ41SE

J'étais tncore à ce moment-là. sur mon éc~U_e, ~ctement sospendu .à mi-chemin entre notre civiltSJ.non et
- 1•autire.
·
La situ.ation aù je -me trou\.'.ais ~it exact!ement œll
d'un lézard qu.e je regardais hier ~scensioooer le mur d'u:n
petit perron. Parvenu près ,du rebord· de la pll\te-forroe~ il
s'est arrêté il a avancé la t!œ, il a proc6dé .à un examen
circonspec; de ce qui pouvait !~ttendre surie mori?e hori-,
zontal; puis, ayant fait, il a pris le courage de se nsqucr à
la surface de ce nouvel étatJe choses.
r
Quand mon nez a eu dépassé les poutres en ibétoo du
wharf et la tranche de son plancher, j'ai moi aussi jeté un
regard sur la surface de ce nouveau continent et j'ai commencé à m'instruire.
Je me suis d'abord trouvé perdu dans une for~tde lon~es
jambes noires, d'une maigreur d'échasses, émaillées de cicatrices et de plaques; elles sortaient de jupes ou de toges
assez longues et dépenaillées ; les pieds qui les terminaient étaient cornés, poussiéreux, inconciliables a-vec les
canons de l'esthétique gréco-roma.ine.
Continuant à m'élever, j'ai constaté que la plate-forme
du wharf était couverte d'un empilage grandiose de sau_
d'arachides entre lesquels quatte voies Decauva.U.e se
frayaient pl!niblement un chemin ; une d.e ~ piles était la
proie d'une équipe d'hommes en toges et en JUP~ de ao~leurs qui la précipitait pièce par pièce dans leude; mus
·l'extrémité d'un mât se balançait tout auprès J cbacune des
vagues, en passant, le soulevait à $0D tour, .avec-a n.e b~squerie de hoquet, et me laissait sup~ser que.. le vide
était occupé par nn cotre en chargement.
Outre 1es manœuvres qui démanteiaient œt édifice, une
abondance incroyable d'êtres gisaient de tous les côtés, couchés sur des sacs vides, assis sur des sacs pleins, a:ccrciopis.
entre les raits et sur 'les planches, fumant de longues pipes'
minces, grignotant des caca.ouettes, jacassant avec une
fureur aiguë, riant de toutes Jeurs dents, et prêts, me

PREt,UÈn:

JotTRtŒE

A. IUFI9QUE

54 7

semblait-il, à accepter pour valable la premièr-e distraction
qui leur écherrait.
En l'espèce, la distraction Jenr a été fournie par le oommaœfant Chabuieix.et par moi.
Mon com~gtmn avait pris quelque avance; je le voyais
s'éloigner de son pas npide et autorisé. Sa prestance en a
fait instantanément le point de mire cl.es noirs; quand je
l'ai rattrapé, ils l'assaillaient déjà de leurs interpellations:
« Hé, boniourr cap'taine I Hi hé, monsieur, "hé cap'tain, bcnjourr I »
Il leur répondait avec une assurance et une jo"e que je_ ne

Lui avais jamais vues, quelque habitué que je fusse à ses
manières. Mais il ne faut pas oublier que son père a été,
pendant toute la fin de sa canière, .ce qu'on appelle un des
v-œux « Séoég:alais &gt;&gt;, c'est-à-dire un de ces capiitaines s~
cialisés dans la navigation de la colonie, familiers avec ses
barres et ses ad.es foraines, à la toule de ses usages, de ses
tr~cs et d~ ses secret~ ravitailleurs essentiels des .comptom. en pouns et en primeurs, de la métropole en sirJges,
fauves, et oiseaux, intermédiaires gaillards pour toutes
sortes de missions publiques ou tacites, licites ou illicites
finissant par avoir transporté je ne sais .corn bien de fois tou;
les blancs et toutes les blanches que leur destin fait vivre
dans ce malheureux pays; bref no de ces capitaines dont
à la l~ngue, le nom, l'humeur, les aventures, les capacit~
nou~1ssent une d«:5 co~versa~ons essentielles de l'Afrique
Occ1dentale, et qu1 méritent bien le titre qu'ils se donnent
de Rois du Sénégal.
'
Lui-même, le Chabaneix que je connaissais, avait fait
le _Sénégal sans interruption, de 19II à 191-6, un an sur
Ymule, quatre sur Mau.ritanie, torpillés .depuis. Sur vingt
phrases que prononce M. Chabaneix, cinq commeocent
par ce préambule qui suffit à reconstituer autour de moi
toute l'atmosphère de l'Atlantique et de la Pantoire :
&lt;&lt; Quand j'étais lieutenant su,- Mauritanie l) ou bién :
« Quand filais second mr Mauritanie ». Combien de fois

�S48

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSE

au juste a-t-il remonté le fleuv~jusqu'à Kayes, touc~é
Dakar, Rufisque, K.aolakh ou pénétré en Cazamance, Je
l'ignore ; mais qu'il ait rapporté de ce long cabotage une
connaissance intarissable des passes et des mœurs de la
colonie et une préférence secrète pour la vie qui s'y mène,
c'est une chose qui ne peut pas se nier.
(&lt; Vous verrez., vous verrez., Monsieur Bld, _quand nous ·
serons arrivés au Sénégal, vous verrez si je n'y suis pas connu '
de tout le monde. »
Je pensais : (( Nous n'en sommes pas, Monsieur Chabaneix,
à une galéjade près. »
Me doutais-je que je verrais sa prédiction se réaliser si
pleinement ? Car si beaucoup de noirs jouaient avec lui au
jeu qui leur plaît tant, de parler pour entendre le son de
leur voix, pour zézayer quatre :.nots français et pour induire
un toubab à attacher une importance particulière à leur
salutation, ma surprise devient grande d'en voir deux,
trois, quatre se dresser tout debout, lever les bras en l'air,
écarquiller la figure d'un plaisir qui n'est plus feint, et
s'écrier :
(&lt; Hé hé, Moussié Chab'nesse, hé hé cap'taine, Moussié Chab'nesse, moussié Challrzesse ! »
_
On le reconnait. Surprise plus grande encore, il reconnaît ; il s'arrête, se retourne, et, sans une hésitation, met
des noms sur les noires figures.
« Té, Abdoulla, té, Boukfall, té, vieux, tu n'es donc pas.
mort ?
- Hé hé, cap'taine, hé hé, moussié Chab'nesse I &gt;&gt;
Ils se dandinent en tapant leurs_mains l'une dans l'autre;
je vois leurs yeux rieurs s'humecter de la pure félicité d'avoir
été désignés par leur nom, signalés entre tous par ce toubab
superbe.
« Hé hé, Moussié C hab' nesse, second Maurita~ie? Hé hé?
.:_ Non, non, plus second sur Mauritanie, je suis maintenant
cap'taine du grrand bateau là-bas.
- Hé hé ! Hé hé!

PIŒMIÈRE JOURNEE A RUFISQUE

549

· - Et ta femme? Elle couche toujours avec ton frère? Tasœur
fait toujours la garbo et toi le vieux c. ? »
Abdoulla, Boukfall ou Mahmadou comprennent mal
ce torrent de paroles un peu bredouillantes ; ou, s'ils le
comprennent, ce sont de fat?eux diplomates, car leur visage
n'en laisse rien paraître. Leur satisfaction prend un accent
pointu et chevrotant :
« Oho, Moussié Chab'nesse, rnoussié Chab'nesse / »
Leurs congénères se sont rapprochés; ils se pressent maintenant en un cercle compact, où les uns jacassent sans
arrêt, pendant que les autres se bornent à tendre en avant
leurs dents blanches, et leurs lèvres qui rient de contentem~~t. Et moi qui perce leur foule à ce n~oment pour
reiomdre le commandant, je commence à humer une odeur
é~œu~a~te et . douceâtre, qui m'est . nouvelle, mais que
b1entot Je serai sûr de ne plus jamais oublier.
S'il était supetbe surle pont de la Pantoire, tout à l'heure,
M. Chabaneix, combien il l'est davantage ici, gonflé moins
de la vanité d'être reconnu que de sentir jouer si parfaitement les heureux mécanismes de ses facultés. Vraiment
tel qu'il m'apparaît là, ce sont les parties napoléonienn~
d~ son ma~que qui ont raison ; une fois de plus, il me
fait ~ense_r a N., mon ancien capitaine au front; celui-là
aussi avait été entraîné par son goût à servir en Afriq9e •
celui~là aussi ~vait contracté à l'endroit de l'indigène cett;
affect10n rnépnsante de négrier; en entendant les phrases
ou.olof se former spontanément sous le palais de M. Chabane1x., qui ja~ais n~a é:udié aucune langue et qui n'a plus
~arlé celle-ci depuis cmq années, je me rappelle la verve
m~puisable avec laquelle mon autre paresseux, là-bas, entre
~m~pes et Souain, reproduisait le piaulement arabe du
t1ra11l~ur, son sabir, ~es prières et son caquetage.
. Mats M. Chabane1x est pressé; ce qui l'amuse dans l'in~~gè~e, c'est ce qu'il en fait, lui, Chabaneix, et aucunement
l 1~digène. Aussi fend-il la presse et continue-t-il à grandes
eniambées, tandis que j'allonge le pas pour rester à sa hau-

�/
LA NOUVELLE Jl.EVOE FRANÇAIS&amp;

teur e'tqti'autourc de nous repnmd le dangereux tonnerre
des wagonnets.

... Les quatre w~rfs de Rufisque prennent racine dans
le sable même de la plage, mais à une hautem su:ffisa,nte
pour échapper aux effets des levées ordinaires ; qlilant à la
marée, elle est presque insignifiante-sur ces côtes-là..
La. plage.est donc bordée- par _un terre-plein sableux assez
large, où pourrissent les. résidus habituels d'un port. Les
mes de la ville viennent déboucher sur ce q-uaii naturel.
Nous garant donc de; wagonnets, nous avons d'abord
été arrêtés pai: un douanier noir; U s'est rnootré devant
une guê1ite de éiment, avec cette allure désabusée qu~ est
de. i.ègle en Franœ dans sa profession ; il avait l'œil triste
et la figure mélancolique ; il habitait sans ridicule une sorte
d'1wmiforme ,omposite d'où sortaient par en bas ses deux
pieds nus.
11 a.. mis peu de mots et peu de gestes à .rafraîchir les
s0t1venirs topographiques de M_ Chabaneix. Mon superbe
capitaine n'enduraiit toutefois qu'en piaffant la position
subalterne où ce court. incident le plaçait vis-à-vis d'un
indigène par ailleurs philosophe et vite résig.n é.
.
La première chose que R.ufistiue me montrait pendant
ce temps éta~t une perspec;tive rectiligne assez vide ; une
voie Decauville la parcourait sur toute sa looguem et des
constructions basses la bordaient. L'angle que cette me
formait avec le quai était occupé par une maisOL1 sans
étage d'une blancheur offensante ; une de ses fenêtres était
ouverte ; il s'y tenait une- figure que je n' oublieraii Lamais
p_lus, tellement c'était celle-là même que mdn ~nfanœ e.t
mes romans d'aventure devaient députer à ma ren,ontre.,
Imaginez la fiction du vieux. empirique noir, du vteil
esclave de wuleur que toutes nos lecturés nous orut, depuis
Fenimore Cooper et Beecher-Stowe, rendue famil:i_ère.
Essayez de ressusciter cette face camuse,. œs ye~ saogui-

55 1

PREMIBRB JOURNÉE; A RUFISQUE

nolents,.,cette lippe ·un peu pendante

di

ces cpntours qu'ei-

filoche une barbe blanche clairsemée. La crêpeluœ des
cheveux surmontée d'un vieux chapeau de paille, le bras
gauche posé sur l'appui-fenêtre, il fumait sa pipe en examinant le mouvement du port avec une expression curieuse
et bien.veillau~. Par l'embxasme de la fenêtre passable.ment
jl.Îrélevée,. on apercevait un mob.ilie, du Faubourg Saint"Anroine, un lustre, des bibelots de tombola; il ne faisait
aucun doute que le boohoçnne se carrait sur une chaise
Henri Il, émanée en droite ligne de chez Dufayel. Son
habilleme11t était d'un ancien pilote,. linge blanc et vareuse
marine . Il était parfaitement immobile et nous .regardait en

fumant.
La maison se con.tinuait.à. mai.nt gauche par un mur de
la même aveuglante blancheur,. qtientai.l.lait une porte en
bois plein.. Un gigantesque laurier-rose débordait le mur· et
surplombait la rue avec l'encoi:bellement de sa verdure
sombre et de ses fleurs. Nous avons ainsi défilé sous les
yeux. attentifs dtL vieux. sorcier tèa.vesti, qui me donnait
d'nne façon si mystérieuse et personnelle le salut de
t'Afrique.
·
.La courte rue.latéule que. nous avons prise s'engageait
entre deux entrepôts. Les pierres dont ils étaient faits semblaient n'avcm subi aucune des douleurs du travail ,· leur
ivoire gardait son éclat natif, et les murs offraient encore
cette réverbération nacrée qu'on ne voit qu'aux: fronts
d'attaque des carrières. Ces hautes parois ~obiles
-l'ésoanaie.nt toutefois d'une activité intérieme, pour ainsi
.dire mentale, où dominait le roulement martelé des
diables, coupé de la chute claire et flexible des sacs d'au..dµdes.
· Cent pas plus 1-0in, aous débouchions à angle droit dans
,la rue Gambetta._
Celle-ci est le type même de la v~ie moderne, telle que
font rêJ.rée et réalisée les colons de Rmisque ; elle est non
·seulement fartère centrale de la vfüe européenne, mais le

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

modèle sur quoi tout le reste essaye de se conformer. Et ce
modèie est, à certains égards, une réussite.

* **
Rufisque est tracée à l'américaine, par perpendiculaires
et parallèles; la rue Gambetta s'en va, comme un trait de
tire-ligne, du principal wharf jusqu'au jardin public et
à la gare, ce qui fait environ huit cents mètres.
C'est une vraie rue, propre et parfaitement adaptée à
l'unique fonction de la cité, qui est 1e stockage et l'etnbar·quement des arachides. Aussi, d'un bout à l'autre, la
chaussée n'.est-elle qu'une carapace, légèrement bombée,
de ciment épais, entretenu avec soin. Trois voies Decauville
parallèles sont encastrées dans ce dallage, à'. la façc»( des
voies de tramways dans le macadam des villes les plus
brillamment civilisées. Chaque rue 'transversale se ' présente avec sa même chaussée de ciment et son même
Decauville. Les bifurcations des carrefours et leurs aiguillages sont nets et en assez bon état. Des voies de raccor•
dement se détachent à droite et à gauche et vont s'engloutir
dans les entrepôts des différentes sociétés. Les trottoirs
sont bien établis; ils présentent un jeu réduit de ces petits
regards en fonte, à quoi se trahissent nos exigences et notre
asservissement.
Nous remontions à présent cette rue. Les' maisons qui
la bordent sont proprement construites. Deux couleurs
dominent dans les badigeons qui les recouvrent; le lait de
chaux, et un ciment d'une nuance ha,,.ane assez ardente
qui rappelle l'Italie.
Du côté du soleil, on abaisse de grandes toiles 'q ui
viennent s'assujettir à des anneaux scelléi dans la chaussée;
elles embrassent ainsi le trottoir, et forment, par endroits, '
les amorces d'un chemin couv&amp; t, plein d'ombre et de
soulagement. On s'étonne que les colons n'aient pas eu
l'idée de doter toutes leurs maisons de portiques en maçon-

PREMIÈRE JOURNÉE A RUFISQUE

553

nerie et de constituer ainsi, le long des rues, un abri perpétuel contre le soleil ou les. tornades.
Le sirocco faisait clapoter ces tenies avec un bruit marin,
et les bureaux ouvraient, sous leur protection, tout ce
qu'ils pouvaient ouvrir de portes et de f~nêtres. Dans la
-demi-obscurité où luisaient le chêne verni et le cuivre bien
fourbi, j'apercevais des silhouettes en bras de chemise ; au
fur et à mesure que nous passion~, elles tournaient vers
nous, avec une lenteur exténuée, des façes blanchâtres et
tra.nspirantes, privéès de toute espèce de curiosité sensible;
j'emportais avec moi et j'additionnais une à une ces images
·de souffrance et d'abattement. Mais aussitôt sortis de la
protection d'un de ces tunnels, nous nous retrouvions
plongés dans la circulation démoniaque des wagonnets.
Pleins ou vides, ils se suivent et se croisent en files aussi
continues que les tramways de Broadway sur les photographies de New-York. Ils se réduisent d'ailleurs à de simples
plates-formes; on les charge aussi haut que l'on peut; le
centre de gravité s'en trouve surélevé au-delà de tout ce
,qui est raisonnable; cela communique à l'édifice un branle
grotesque et inquiétant dont leurs conducteurs paraissent
se réjouir infinime.nt.
Ces montagnes de sacs blonds accouraient donc les unes
derrière les autres en jappant successivement des ~eux
essieux sur chacun des joints de la voie, et en émettant ce
bourdonnement continu, tout spécial à la vibration de
l'acier dans le ciment.
. Derrière chacune d'elles trottaient deux grands beaux
d1ables ; la lumière brûlante les enveloppait sans rémission•
le _vent q-qi s'enfilait dans la rue le~r plaqua!t au corps leur~
liaillons disparates; la plupart avaient la tete, les bras, une
épaule ou une partie du torse nus; on les voyait arriver la
:fi~ure levée, la bouche ou\terte, les yeux dilatés, riant,
~1aot, cour~nt, s'appelant, et ayant bien plutôt l'air de
Jouer au tram que d'accomplir un travail salarié.
Leur idéal était, sans aucun ·doute, de rejoindre le

�1:A- NOtn!EllEi .RRVUR ~

-wagonnet précédent etj de le tattiponnœ le plu&amp; bruyam;..
ment possible. Le pas~e -Iles -biforl:zàti0ra~ où les joinq,
,sont plus ou., moins- mal :ajustés,- constituait- aûssi ,des
-incidents fort div~issants, car un i chemin-rd fer »-n'est
pas complet s'i} est vendu sans u:i s..ystèmeï,perfectioi:mé
iraccid.ents ;- auss.i pour franchir les cioïsemeats,. lan.çaie~
·
ils · leurs wagonnets .à toute., y1tesse
~ l',a.vexrtur-e I pouva.1"t
tourner bien; il pouvait se &amp;ire aussi que les roues d'avanit
prissent apcpui mr les e)l'.ttèmîtés d'-un mil aomtne sur u11
·providentiel tr~pHn d'acier; la plate-forme .en profi~
sans r.etani pou:r essayer d'a'tl petit saut en hautem; mais
les cinq ou six .cents kilos d'arachides qui lui pesarent sur
les reins. calmaient aussit6t cette belle ambition; en tqi .
clin d'ail tout retombait, dér,aillait et basculait. Eda~
de 1eire et glapissements -de redoubler '; le's wagonnew sui-vants accouraient, environnés de vociférationsj dans le
louable dessein de caramboJer l:i.. v-icti"me de cetfe catas;trop-he ; que d'aventure un convoi se présentât .à q!
-moment par la , vore ttans'i'ersale, et la. disn;action ét~it
1)0rtée à son comble. Cela. durait ainsi tusqu'à ce qu'inter~
vint, à grand fracas &lt;le ·gosier, un cont1emaître iQdigène,
qu'éperonnait l'apparition, au bout de la: nie, d'un coin.mis
européea de la maison. Alors on se mèttait il dix:, à vingt;
c'était occasiàH aux l'iellcs musc\1htures de luire et de touer,
occasion .;;i-ussi aux langues de marcher ; }ëç; wagonnets
- étaient remis sur rail, r,chargés de Jeurs, sacs, et les b11ms,santes files de petits tramways reprenaient leur course ,vers
la mer -0u vers tcS--enttepôts.
Et déjà je rommem;a-is à me cüre: &lt;c,Je -vois bicn-,Je queldté

la fwa, de quel côti est la -tiiohtssë,1 mais .est-ce qf/J4je nvvot.r
pa,s aussi clairement de quel cvré edt itt lihe-Ptt, de ,qu-eL côtt.la

erl

joie:?',,

.

Cependant, .sur les trottoits; dtculah gravement U1il
ttoisiême aspect-de la- question ; il émit figuré par -de,maies·tueux personn::iges. de race. blanche dont . le -ventre bedminait soÙ.5i ~le burnous; ils avaient le fezi sui; · li tête, la

555

PJlEMIÈRE JOURNÉE A: RUFISQUE

canoè à la main; des oo~uches âe prix les shaussaîent ;
ieurs yeu1: veloutés dfédai~aietit les, ba:ga-rres puériles•ac h
ch:russéc; leur masque -cmpât-é, d'un teirit ëistre et légèrement bfüeu-x, ne trahissait que des prébcca.pMîons de
grandes personn,es. &lt;&lt; Des Mârocai111s, , me .répond M. G:habanéix, comme }e les lui désigne du menton, fes plus g-ror

eommerça1ttt du Sb/égal aprls nouJ.

»

-

-l:.!n

quatrième aspect de la questiOl'I' se montre- tout
aussitôt : robe sombre et sordide, d~marcne souple et
glissée, tignasse ébouriffée, peau grise, teint mat, faœ
longue, bras maigre!;, mains- de prince, œil de houri, mirie
de bandit: « Vazde{_-vous VfJzr un Maure? me dit M. Chabaneix, en m'attrapant le couie. Orfevres, chamelier, et

dtftrausseurs de µm,d chemin ; tout leur

&amp;S&lt;t

b&lt;Jn, ils sonf bons

à tout; les g'uts les plus inttlligents du Sfnégal. » Et plus ra.rd
quelqù'un ajoutera: « Si ce n'était pas nous qui tenions le
Shiégal, ce serment les Maures. &gt;&gt;
•
_A~ moment oû nous arrivons sur une petite place provn1c1ale, plantée de douze arbres en carré et du buste d'on
monsieur, J'ai encore le temps de distinguer un cinquième
aspe~, de la question. C'est assurément un Européen,
ce~u1-la, avec son kaki de toile; son casque français, sa
mm~ cre~se et sa démarche fatiguée; et pourtant je sens
au_mt?t, a quelque chose qui m'écha!ppe, que cela pour- 'rait b1en tout de même n'être pas un Européen. La fate
assuré~e_nt est bla?dîe ; mais le tei-m est une îdèe trop
Jl]at,. 1 çeil u:op n01r, la pupille trop humide, la paupière
:rop meurtrie. Le casque est bien la haute poire que les
images des guerres coloniales ont gravée dans nos mémoires
d'enfants; m:i.is il est une idée affaissé et maculé; l'ajustement_ de la tenu~ se~ble au,ssi manquer par quelque
endroit sa~s que Je pmsse men prendre précisément à
aucun détail. Pendant ce temps, M. Chabaneix est entré
dans le bureau du Port; cent pas plus loin, il entrera dans
les bureaux de Maurel frères, qui sont nos affréteurs et
ma curiosité, ma gêne plutôt, restera un temps insatisf;ite.

�556 .

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Pourtant j'en croiserai beaucoup de cette espèce-là, ~
si semblables à nous, et à la fois si imperceptiblement différents - avant que je sois confirmé dans mes soupçons;
ceux ~ue ie viens de voir passer là représenten~ b~en u~e
race intermédiaire. Ils n'ont point l'aisance del' Afncam, noir
ou blanc, qui 'se meut dans son ambiancè natale; ils n'ont
point l'assurance du Français qui a reconstitué a~to~r de
lui, dans la mesure où il l'a pu, les entours qui lm sont
· indispensables. Etrangères aux sujets, étrangères aux
maîtres étrangères au climat et au continent, ces ombres
tristes ' fiévreuses et dépaysées représentent l' extrème
point~ lancée par l'Asie en terre d'Afrique; j'apprendrai un
jour que ce sont des Syriens.
Ah, que l'envie me vient donc de connaître les deux
Amériques et l'Australie pour constater de mes rux co_mment s'y fait, réellement et en profondeur, 1adaptation
d'un homme à un pays qui ne l'a pas vu naître! Car mon
regard finit par se Mtourner malgré moi de tous ceux q~e
j'ai croisés pendant ces dix minutes de marc~e,. Fr~nça1s,
Marocains, Maures et Syriens; une force mvmc1ble le
ramène à celui qui pourtant représente ici la défaite et
l'asservissement ; à celui qui, étant le vaincu, le sujet, le
manœuvre, l'exploité, le guenilleux, le prolétaire, n'en est
pas moins le seul qui ait la mine de viyre d~ns _son propr:
pays, et y fasse figure incontestable de propnétaire; à .celm
qui, avec évidence, est le roi de cette rue, - · au nègre.
JEAN-RICHARD BLOCH

LE CAMARADE INFIDÈLE

PREMIÈRE PARTIE

(suite)

1

V

Se méfiant des bancs établis sous les fenêtres, Vernois
propose une promenade, mais à condition que Clymène
fasse choix de la route. Elle prend par · la main le plus
jeune de ses garçons et désigne le vieux chemin qui,
remontant le cours d'un ruisseau, s'enfonce dans les

.

~~

- C'est vrai, dit-elle avec plus d'enjouemeht que jusqu'alors il n'en a remarqué chez elle, vous n'avez rien vu
du pays. Et le plus prodigieux c'est que vous semblez y
être venu sans connaître personne, alors que vous pouviez
choisir entre cent lieux plus séduisants.
Il affirme qu'il est sensible aux noms des endroits et que
celui-ci l'attirait.
- Si donc ses trois syllabes avaient été différentes, je
n'aurais jamais su, dit-elle, que la fidélité au souvenir, si
naturelle à nous autres femmes (ne riez pas; disons : à
grand nombre de femm~s) mais qui n'est guère chez nous
qu'une faiblesse de plus - que cette fidélité pût prendre
une forme virile et raisonnée. Car ce que je crois. discerner en vous (je suis bien hardie de vous interroger
I.

Voir la Nouvelle Revue Française du

rer

avril.

�LA '.NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ainsi) n'est-ce pas de la haine pour la lâcheté de tous les
sentiments oublieux et un point d'honneur . à ne pas les
tolérer?
- Oh, dit-il, ne voyez pas de système là où il n'y a
que des passions assez confuses. Si je suis plus lent qu'un
.autre à quitter les pensées du temps de ~uerre, c'est simplement peut-être que j'ai d'abord eu plûs de peine à les
accepter.
- Voulez-vous dire qu'avant la guerre vous étiez très
.différent ?
- Celui qui est entré de plain-pied dans la bagarre en
est sorti de même : ie général de Pontaubault par exemple.
. Ou encore ceuJt qui ont subi, les événements en fa isant le ·
gros dos, sans laisser entamer leur insouciance et leur
optimisme. Soyez sûre qu'Heuland .revenant de la guerre
n'.aurait l'as eu besoin de se r,accli~ter.
1
· - Je veux bien le ,croire, dit-elh;. Il o'était guère
changé d'une permission à l'autre Jet j'~ éprouvais de 1a
-sécurité.
- On ne pouvait imaginer deux natures plus opposées
q,ue· les n6tres. 11 se moquait de ce qu'il appelait ma philosophie,_ qui ,n'é,tait qu'un besoin _de ne pas n;ie leurrer.
Vernois, disait-il, calcule à quatre , dé~irnales _ pr~s, les
c~ances qu'il a de mourir demain. Et il est bien vrai q1,1.e
je me sens dans les ténèbres et que j'ai peur de toutes les
surprises, tant que je n'ai p~ soupesé l ~.p~r~.; c'e{t seulement quand il est accepté que je puis retrouver du courage.
Ils longent une vaste prairie et s.e laissènt aller l'un et
l'autre au fil de leurs pensées; puis Clymène reprend :
- J,amais en ma présence, même indirectement, même
par plaisanterie, il n 1a..la.-issé pet;cer l'idée· q_u'il pourrait disparaître. Et pour-tant son lapgag~ nié~ it pas dicté par la
pçur ,d t m'émouvoi~.
U répond q.ffectueusement :
- Soyez sûre que tous les miracles, mêrrie les pluJ
offensants pour l'esprit, lqi semblaieot,plus ~aciles à ;co,nceJ

·

559,
voir 4u'an aocident d'où sa ·bonne étoile· ne le tirerait pas.
- Cet aveuglement, dit-elle, n'est-cc· pas ·la plus belle
gr1c.c qui puisse,être accordée au soldat,?

LB CAMA.llADE INFIDÈLE

Veroois l'épliquè au boµt d'un instant ; •
.
- La plus helk, je ne sais pas ; la plus misérsicordieuse
en tout ·càs. Ceux qui ne l'ont .Pa$ réçue sont' tout rompus
par l'effort ~vant d',a.voir seulement ·regagné le nive~u des
autres. TT.ouver ~es raisbm pour acceptt'ir d'être to:µt à
l'heure·un cadavre! Les j&gt;Iemières' fois, il y~ l'élan, la contagion.. M~ x:es ressorts-là ne jouent bie-Q.tôt plus. Les
misons ne manquent pas,. ·évidemment : la fierté, i'hor,œur
&lt;i',ê,t,tc; inférieur ~à sa tkhe, ,.et 4 .Fr~nçe tout simpk,m.~µt.,.
Mais si fortes qu'on les suppose, ces raisons ne trav.aiUent
pas toute!t senlei;. n faut terriblement les interto_g,er, ies
r,et6urner, les sophistiquer même.. Il fam en faire &lt;tuelque
chose de tellement s.acré que tout autre argument toi:qbc
de lui-même. Car recommencer t0ujours le sacrHiçe et se
raccrocher à k ,vie quelques ' heures après, &lt;,ela ne ya pas,
c:.'est au-dessus des forces. ·Mieux vaut prendre son parti, une
fois pour toutes, et de telle sorte qu'i1 n"y ait plµs à y
revenir. Seulement cette ·torsion qu'on s'ést f.ait subir., on
ne la -d étord pas .d ',m jour; à l'autr~. On n'a fait don de soi
qu'au pri'x d'une extrême violenœ : on ne se ,reprend. pas
au premier commande.ment_; et ce qu'on a eu tant de mal
à s'împoser ,c omme inviolable, on ne peut pa.s le considérer
tout ,à coup comme -insignifiant.
Vernois s'aperçoit qu'il tai.t de l'éloquence, mais, contrairement à ce qu'eût été son mouvement habituel, il ne
songe pas à s'en excuser. Sur la j;oue qu~elle ~perçoit de
profil, Clymène remarque un pli qui tantôt n'y était pas.
- J'a~ vu, dit-eHe, l'incompréhension de l'arrière pour
tes angoœses du front éveiller des sentiments tr;ès amers
chez ~uelques blessés dont j'ai suivi la ,eon~.ales&lt;:ence ; ~
tel pomt que la colère et la rancune les aidaient à vaincre
la crainte Ai'un nouve.au départ.
Jamais_Vernois n'.t connu le plaisir de sentir une autre

�LA NOUVELUt REVUE FRANÇAISE

pensée venir si vivement au devant de Ja sienne; il en
oublie sa taéiturnité.
- Déjà pendant nos permissions, dit-il, nous flairions le
malentendu ; mais on avait tant d'intérêt à ne pas nous
décourager qu'on usait de quelque prudence. C'est seulement une fois tout danger passé qu'on a cyniquement
jeté les masques. On pouvait enfin tout dire et tout faire,
et rire de ces lieux communs, bien râpés, bien usagés,
dont on avait tiré un si beau rendement. Dieu · sait si !e
' retour nous soulevait d'ivresse, et pourtant ces premiers
moii. de liberté restent dans notre souvenir parmi les plus
sombres, ceux où nous nous sommes posé les questions
les plus découragées.
L'âpreté de ce grand homme hâlé qui marche à côté
d'elle inquiète un peu Clymène. Va+il, par son exaltation, enlever de leur prix au:ic. propos qu'il a tenus sur
Heuland?
- Ce retour, dit-elle, ne l'aviez-vous pas attendu trop
impatiemment et pendant trop d'années pour qu'il pût ne
pas vous décevoir?
_
- Non, cc n'est pas cela; mais il reste, entre les gens
du front et: ceux de l'arrière, un de ces réseaux de fil barbelé qu'on tendait par précaution derrière notre dos et qui
nous isolaient si _rigoureusement du reste de la vie. On
parle deux langages différents et l'on ne se comprend plus
de part et d;autre de la barrière. Pour nous qui avons vu
tous les garçons d'un canton couchés par terre en un quart
d'heure ~t des villages s'effacer de l'horizon comme des
fumées, mort signifie mort et anéantissement dit ce qu'il
dit. Mais pour ceux qui ne sont pas sortis de leurs
meubles et de leurs habitudes, comment voulez.-vous que
ces mots soient autre chose que des façons de parler?
Quand l'alternative de chaque jour est d'être ou de n'être
plus, les perspecri ves se simplifient ; les hommes aussi
bien que les objets se classent en deux ca.tégories :· ceux
qui nous ont aidés à rester vivants, depuis notre couteau

LE CAMARADE INFIDÈLE

· et nos bons souliers jusqu'à tel service bien organisé ou
tel chef intelligent ; et puis -il y a les autres, les encombrants, les inutiles, qui ne nous flattent quand tout va
bien que pour mieux nous trahir dans les mauvais jours,
ceux qui nous ont énervés, découragés, et ceux dont l'inertie
pesait sur nous autant que tout notre paquetage. Naturellement, dans une vie plus nuancée, ces jugements paraissent un peu raides, irritants même. Je ne me fais pas d'illusions. Tenez, le fossé où vous avez tout à l'heure cueilli
ces brins de menthe, ma première pensée n'a pas été de
me demander s'il est propre à faire son office de fossé,
mais s'il est assez profond pour qu'on y saute et s'y défile.
Vous n'imaginez pas combien notre œil est devenu vif pour
remarquer une déclivité de terrain, pour interpréter l'aspect d'une lisière. Jusqu'au ridicule et à la manie. Mais ces
déformations d'esprit nous ne les avons pas cherchées ; ce
sont des blessures comme les autres, qui ont leur dignité.
Qu'on fasse un pas au devant de nous. Ce qui nous aigrit
éest notre solitude.
Il s'arrête brusquement :
- Je vous demande pardon. Je vous parle indéfiniment
de moi, sans voir que votre petit homme se pend à votre
main. Si on l'asseyait un mom ent ?
Un tronc tiré d'une clairière voisine est couché sur le
bord du chemin. Tout en y installant le bambin, Clymène
&lt;lit, non sans causticité:
=-- J'envie les hommes qui savent comme vous cacher
leurs sentiments sous un voile de pensées. Vous parlez de
&lt;léformations d'esprit là où nous avouerions tout de suite
&lt;les chagrins personnels, et -vous dites simplement cc solitude » au Heu que nous raconterions je ne sais quelles
histoires d'affection déçue.
Il sourit de se voir si vivement ramené à terre:
- Vous êtes terriblement perspicace. Evidemment il
s'agit d'affection ...

Ce n'était pas, dit-elle, une ruse pour vous interroger.
30

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Mais puisque vons m'avez si bien dépisté, il but que
j.e Ql,'-explique, car Dieu sait qùel roman ous me prêteriez:.
H _s'assie4 à côté d'elle, sur lè chêne écorcé :
- Au fon.d, c'est bien une -hist0i1'e d'amour. Il faut vous
dii;~ qile, d'un pr~mier lit, mon père avait un fil-s beau,-coup pl.us âgé q1;1e moi, déjà majeur et même marié quand
à huit ans je suis resté _orphelin. Ce frère est l'être du.
mot}de que j'ai le plus aimé et je puis affirmer que, de bien,
loin, _personne ne lui est aussi cher que moi. Mais par un
malheur ~ssez singulier, ce n'est pas dans le même temps
que cette gra.11.de tendr~sse ; jailli chez tous les deux. Il
était, à mes yeux d'enfant, ce qu'on - peut concevoir de
plus digne d'enthousiasme. J'admirais tout, ~ carrure,. si
force, sa parole, la lumiêre de son regard e.t ju?qu'à cette
passion qui lui .avait tout fait l;,raver en faveur d'un mariage
dont j'étais la première victime. Car absorbé par ce sentiment, il ne pouvatt guère être attentif à un enfant qui _se
s.\Vait de trop dans la maison e-t qui tâ-çhait de u-c pa,s
prendre de place. S'il s'était douté de l'em-pire qu'avait Ja.
moindre de ses louanges, il aurait sans- doute &amp;té plus
expansif; Je ne me .souviens pas de ïawir vu fâché contre
.moi: je crois que· )e me ser,a.is tué de désespoir. Puis j'ai
grandi; tout naturellement j'ai clie.rcl}é au dehors des
sujets d'intérêt, des points d'appui; et il se trouve que
l'époque où je commençais à me suffire, est précisément
celle où mon frère Thomas, bien démQli mais enfin rendu
à lui-même, reportait s4r i;noi toute son affection e-t son
59in. Je crois qu'il était mieui fait pour s'attacher à un
esprit déjà raisonnable qu'à un enfant encore en chrysalide, mais tes événements ont toujours é,té contre lui:.
Cest une des plus belles ititelligences et des plus géné~
reuses qu'on puisse rencohtrer. Il possède une cult1;u:&amp;
inattendue chez on mat.bé!llaticien et qui, sur. certains
}?Oints, s'enfonce très avant. Mais on ne subit jamais impunément la prédominance de l'enseignement mathématique ; !e jugement en garde quelque chose de mal adapté,

LE CAMARADE INFIDÈL.E.

de rigide.. Sa magnifique .loyauté le -conduit p.ai:fois -à,des
partis simplistes et.. sa passion dè la· lqgique le., pfive: de
flair.. Avant mon serricre- militaire_, ÎLJ! a. biein., dou.e;e ans
déj:à-7 nous avicinB touché. t01.1s le.s pDÎ-n:~_,,. les uns ,aprê:s
les autres, snnlcsqueiLnos espnits
pouvaient se rejoindre.
So.n.chagriruen..avait été profund,,.,car. il est .de ces hommes
p.our q.ui. les...d.ivergenœs• d.'idœs sent les plus- diffo.iles...à
passer sous silence. Puis la guerre est v,e.iw;e:1Ji'ai _&lt;i!JÛ. désapprendre oeauc:oup; etJ p1ïéc:isément: de ce qu'il nous restait
encore ea..commnn. Il ruv.air-- assidûment médité les problèmes, iuterna.tiomrux et avec une rarn -i ngéniosité, . mais
pas tl'lle de· ses., p1ié»isi.orus n-e sks tl'ouvée juste. Netez
que presque t0m .le mond.e. s'est trom~, Si mes erreu.rs
ont été moindres- q:ue les, siennes, j-e ne le - dois qu'à ma
paresse et à ce que je n'avais pas fait grands efforts pou_T
rien préciser. Il n'en a pas mo:ios r:essentli de l'humiaia.tion.
Il est deveD.llt timitid:e-, non pas .eomme un homme.ébr-anlé
dans ses convfations. profondes, mais par crainte de ~mpromettr.e ce ql.Ül garde dé cré..dit sur mo1. Sou-v~nt ~
prudences me font pei~.; j-e. préf.érais ses anci.enn&lt;ts intransigeances. Il est tr.iste d'.aimer plus que l'autre:. Notez que
b pl.te qu.'il tienn dans mon affection reste la ~re1nière ;
elle ne peut sembler réduite qu'en regard de mon fl'lraltation d'enfant (j)l.l; de cette passion patei:neHe et, un -peu
jalouse qu'il concentre aujourd'hui sur moi. Tous les d.eux
dimanches,, j.t; vais à Paris air il est JJmfesse.uty et je lui
soustrais. ·bien peu de son temps. Moi qui -visi :sttul dans
une petite vallée, avec la vingtaine d'ouvriexs, de men
usine, je ne pourrais pas trouver ailleurs l{t n:OUJïr:ihtte que
sa: conversation me. doirn~. Mais: ae· n'est pasl un ]tomme
q.u'on leurre a'Vec des_ geniil~ses ;. il .n'est .œntent· que
lorsqu'il o.b.tii.e01r 1-ai parfuite:i adhésion de lî.espritr" Jeiv,audram
vous le faire connanm:e ::- vous,, seciez forcée .à&amp; L'aimer.
-Ah,. dit-elle:,.vous\rerrez sou&lt;Vent à Paris:
Comme on est s.ur lepoint.de i:epartir, il songe-au,.regud
interrogateur q:ui v.a. saru; doute se. filer sur lu:.i âès le

ne

�56-4

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

perron de la villa et qu'il aurait chagrin de décevoir. Il
contemple la main que Clymène pose sur le tronc, une
main nerveuse et intelligente à l~quelle il semble si facilè
de se faire compre-ndre. Mais le gros brillant et la perle
qui luisent à côté de l'alliance lui remettent -en mémoire
l'air méfiant de M. de Pontaubault à l'idée qu'un homme
de médiocre condition soit trop familièrement mêlé aux
affaires de sa famille.
- Ce que je vous ai dit m'excusera peut-être de ne
pouvoir considérer avec indifférence les peines des enfants. J'ai manqué de confidents lorsque j'étais petit,
aussi me suis-je toujours promis d'être le plus attentif
des hommes si jamais un enfant s'ouvrait à moi. On dit
parfois à un passant ce qu'on n'ose p2s confier à un père
· ou une mère.
·
- Antoine vous a parlé, s'écrie-t-elle.
- Ne vous effrayez pas. Un enfant vit entouré d'obstacles imaginaires! Votre fils s'est mis en tête que jamais
vous ne comprendriez combien, pour un garçon, il est
morne de travailler sans camarades.
- Ah, fait-elle soulagée; œ n'est que cela !
- C'est beaucoup pour un écolier qui passe tant d'heures
devant ses livres.
- Il vous a dit sans doute qu'il n'aime pas Mlle Gas- ·
sm.
- Il me l'a dit avec tant de passion que je ne vois pas,
tout experte qu'on la suppose, quel bénéfice il peut retirer
de ses leçons.
Elle riposte, assez mordante :
- A quoi je ne m'attendais pas, c'est à vous voir. plaider la même cause que le général. Je ne puis vous donner
d'autres raisons qu'à lui, rna.is certainement vous les trouverez meilleures. Peu de jours avant son dernier départ-de
la maison, comme nous parlions des enfants,_mon mari
s'est étendu avec une insistance toute particulière sur ~son
désir de les voir rester le plus tard possible à la maison i

LE CAMARADE INFIDÈLE

Il énumérait tous les inconvénients des écoles, et comme
j'alléguais de mon côté certains défauts de M11e Gassin,
il affirmait les connaître aussi bien que moi, mais désirer
que rien ne fût modifié jusqu'à son retour.
Tout ce qui sent l'hypocrisie bouleverse chez Vernois
un fonds de candeur prompt à l'indignation.
- Heuland voulait dire trois mois et non trois années,
répond-il avec une rudesse qui surprend Clymène.
- Ce n'est pourtant pas vous qui allez me reprocher de
respecter sa volonté !
- Il aurait eu trop &lt;le bon sens pour s'obstiner. Accomplir une volonté superstitieusement, c'est parfois ne pas
l'accomplir du tout.
Le désarroi se marque toujours chez Clymène par de la
distance:
- Je suis étonnée ...
Elle ne voudrait pas discuter, se méfiant de l'avantage
qu'ont les hommes par leur dialectique, mais il lui échappe
quand même:
- Si vous saviez comme on m'a fatiguée de cet argument. Comment ne voyez-vous pas qu'il permet de couvrir
tout ce qu'on veut ?
Et aussitôt :
-- Nous allons manquer l'heure de la marée. Si· nous
rentrions.
Pour couper court, elle s'adresse à son petit garçon et,
tout en marchant, lui montre à cueillir un bouqueL Mais.
elle sent la faiblesse de sa défaite et ne peut s'empêcher de
reprendre:
- M11 e Gassin .ne s'est guère corrigée de ses défauts.
Il y a en elle quelque chose de jaloux et de malheureux qui détruit l'effet de la peine qu'elle se donne.
Mais à force d'attendre ensemble. les nouvelles, de nous
inquiéter ensemble, nous nous sommes rapprochées. Lors.
de la catastrophe, seule avec ma pauvre belle-mère elle
a laissé paraître une émotion véritable, C~la ne se' con-

�5·6:6

LA :NOUVEI!IJE lŒVUE "FRA:NÇAISB

tllefait :pas... Son vasage ét~t simrère. .• ·Cela ne s1uùblie pas'
non plus ... Peut--àtre ce qm;e, je dis. là n~st-il pas très fé,..

mioin.. ..
Vernois voucl;rait l'empêoher 'di •ponrsnivt'B' ; il bal-

butie:.:

, •

- Je

comprends ·bienu; Simplement 'je ·~o11llai-s dine ...
que 1ses enfants sont la partie Tu p1us. opréoiewse ~e ce
quj reste â.e ·lui.~ plus précieuse. encme que soo s.ou-=

v;enir...

r

ri

Elle répète d'un ton qui semble distr.l:it, à -moins,qu'u·Jil
regret ne 'SJ' cache :
·
- ,Oui ... je sais .bien..... la plus·précieuse-~

VI
Du ,bar où ï'1 est ;assis., rda.ns la pleine ltrmi:ère rl'Ull
réflecteur, Vernois. considère le manège ·des quelqu:es.
femmes qui erre.ru- snr la terrasse du casino. Au pied des
ni1trohes .c:onduisarut au jm-d:in ,et que \dent de faver r~'lil.
de la dernière averse, il aperçoit une forme enveloppée
d'un manteau gris. Il n'a pas tout de snite 1re.co1111u
Mil• Gassî,n, rmais aussillôt tapir.ès il tir-e un carnet de
sa poche et fait semblant d'écrire : quand il relève tes
yeux, ,elle a .dispar.rr; Un peu plus tard il la rrewit, aissm.ulél'! •deniène la dmpe · de briquë, 'h~sita!nte, le che()dla.n&lt;t.do rregard,: ':tl~OS:ltlt pas ~van~ tra;t}S la clarté. El:Ici
s'en va, pour revenir encore, indifférente à la ·boue, fük
égarée let .si_~ lailse q.11e'., "ilonteoo:, Vernois -se .èlécid•e à la
rejoindre. Elte joue lamentablemenlt :la irom&lt;Mie de ·fa. sm'
~rise et perd ,iittoptinè!iU 1a t~te ::
,_ V0us.:en qn.i j'awis 'mis. toute·w wrlfiarrre, m'atta:.!
quer, .avec- cmnt de p~ficlie, rdtei:cfo:r -et' mlévincer d',:me
maiso.E. :Où fai cônn.u·•,mon setTt ho11heut. 'Ce &gt;S.dirt:, là U
première.- iôbsedati:oti; iA:n.toU1B ' tr1'a., d~etar6 tq_;u.'ih- ser1tiént
D

LE CAMARADE INFIDÈLE

bientôt tous les trois au lycée. Soyez sans crainte : il
ne vous a pas vendu, mais à cef âge, on a le honheur insolent.
- Ce bonheur, interrompt Vernois, :c'est ma secle
préoccupation.
·Elle cri-e :
- Non, non, nem ! Ne croyez pas ca.cher vos mani,.
gances. Votre persécution est Batteuse, car ie ne pensài:s
pas être un témoin avec lequel il fallût prendre tant de
pré:cautions.-:&amp;t-ce elle que je gêne dans l'aveu de ses sentiments ou vous dans ·vos assiduités ? Depuis quatre jours
que vous la voyez· tous.les après-midis. ..
Il lui coupe la parole par un si violent ordre de se uire
qu'elle recule d'un pas sur le gazon mouillé.
- Voilà bien votre imagination de· femme! Je ne me
pardonnerais pâs de voas répondre !
Le mépris la redresse-; elle dit entre ses dents :
- Les faits parlent à Yotre pJace.
- Vraiment? Est-ce qu'on fait la cour à une femme
en allant réYeiller le souvenir de son mari? :Pourqum
suis-je venu sinon pour défendre la mémoire d11n camarade?
- J'ignore si Don Quichotte lui-même ...
Le mot le pique au vif.
- Pensez de moi ce que vous voudrez, mais je vous
défends d'y mêler en rien Mm• Heuland.
Du moment qu'il discute, M 11• Gassin n'a pros peur.
- J'aimerais mieux une autre vie, ;e vou's. assure, que
rle l'observer &gt;du matin au soir. Mon métier m'a placé.e près
.d'elle et non le gbi1t de l'espionnage. }'entends te-qu'à table
elle nous rapport~de:vos-entretiens, je vois l'attmte'Où elle
esr de vos visites.
- Elle m'attend, pourquoi ? P:u:ce que je lui ai r.aconté qu,elques anecdot:es .où certaines quafüés d'Heuland
se faisaient voir ; pàrce que j'ai tâché de lui montrer sous
son vrai jour un esprit qu'autour d'elle on ·a toujours

�1.A NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tourné en ridicule et un milieu qu'elle n'osait pas apprécier équitablement.
- Milieu qui est le vôtre aussi bien que celui de
son mari. Et quels sont les fruits de votre apostolat ?
Cest que, sur les quatre photographies dont elle ne se
séparait pas, il y en a une de remisée dans un tiroir.
Parfaitement ! Sur sa table il n'en reste que trois. Combien de temps vous faudra-t-il pour en faire tomber une
seconde?
Ce harcèlement l'exaspère, mais il est intimidé par tant
d'ingéniosité dans la haine et par cette plume du chapeau,
qui froissée et chargée de pluie bat le visage de la femme
sans même qu'elle s'en aperçoive.
.
- Je ne vous souhaite pas de déception, poursuit M11.Gassin. Vous ne seriez d'ailleurs pas le premier à qui
elle en aurait causé. Il arrive que ces femmes exaltées
ne soient plus que glaçons quand on les tient dans ses bras.
Ne me regardez pas avec ce dégoût. Ce n'est pas ma faute
si les hommes sont vite lassés d'elle et plaisantent ensuite
s.es manières, ses soupirs ...
Vernois ne fait"pas un mouvement. Elle se méprend sur
ce qui se passe en lui:
- Je vous demande pardon si je froisse vos sentiments ...
- Il ne s'agit pas de moi, riposte-t-il. Je savais Heuland bavard et indiscret, mais tout de même ...
- Evidemment, c'est un trait que vous ne mettrez pas
dans le panégyrique. Reste à savoir si l'image que vous
arrangez est plus attachante que la vraie. Pour celles d'entre
nous qui ne se piquent pas d'être sublimes, une indélicatesse commise en notre faveur nous paraît rarement
monstrueuse. Que voulez-vous ? Les êtres que la vie n_'a
pas gâtés, on les flatte et les attendrit à peu de frais.
Vernois fait quelques pas pour échapper à l'égouttement
des feuillages :
- C'est tout ce que vous aviez à me dire ?

LE CAMARADE INFIDÈLE

Elle murmure sans oser le rejoindre :
- Ce n'est pas pour cela que j'étais venue ... Je me suis
affolée ... Pardonnez-moi.
Il ne s'atten:iait pas à la voir tout à coup si misérable :
- Voyons, Mademoiselle, ne restez pas dans cette
flaque.
Elle avance un peu et répète :
- Dites que vous me pardonnez ...
- Je vous en prie, voilà qu'il recommence à pleuvoir et vous êtes déjà trempée. Laissez-moi vous commander un grog.
Mais la plume brisée s'agite de droite et de gauche :
- Je me suis déjà beaucoup trop attardée ... J'étais
venue pour vous reparler de ces lettres ... L'autre jour
j'avais l'impression que vous saviez où elles étaient, mais
que vous ne vouliez pas me le dire ... Naturellement vous
refusez de me répondre. Vous avez toujours à la bouche
le souvenir de votre ami, le culte de sa mémoire ; mais
l'affection qu'il avait pour moi, vous essayez de l'effacer.
De quel droit, puisqu'il y tenait ? Vous la trouvez moins
noble que l'autre. Toujours la même hypocrisie !. .. Non,
je n'avais pas l'intention de vous faire de reproches ... C'est
ce mot du petit qui m'a bouleversée... Je vous en pne, ne
m'en veuillez pas ...
Et Vernois la voit s'enfuir sous la pluie.

VII
Bien qu'il n'ait fait que hausser ·les épaules aux insinuations de M11e Gassin, Vernois se rapproche de la
table à écrire. Sur un point l'institutrice n'a pas menti :
le chasseur au brocart n'est plus là. Intrigué malgré
tout, il cherche des yeux la photographie, espérant

�57°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇ:AISE

-provoquer une explication de Clymène, qu':il o.btient
.aussitôt.
- Oui, j'ai mis à l'écart uu des -pomaits. C'es.t v-ous
qui voyiez jus.te · il n'est pas ressemblant.. Je m'étonne
-de l'avoir eu si longtemps sous les yeux sans y rem~tquer
je ne s:ai.s. quoi de ,mffis.mt, de ,5arisfa.it, qui répond eien
' mal à ce qu'était vraiment votre ami. Et vous a,viez
-encore raison : c'est le portrait.,e n uniforme. qui est le plus
vrat.
Il rectifie comme pour lui-Ulê:me .:
- Qui estl:e pl'1il5 beau.
- N'est-ce pas la même chose ? dit-elle naïvemer.iL
Et com:me il sourit :
·
1, . , - On nous enseigne pourtant, repreml-.eJ.le, qu'il suffit
-de s"être élevé p.endant une-s~le n;ximtte à ·un panait .degré
d'atbnégacinn ou a'héroïsme pour que œtte minute efface
tout le reste et nnu; vaille. la vie éternelle ou la _gio.ire..
C'est l'instant le plus heau_qùi .c.ampte seul. Je tœ sais
mmment vous raire entendre ce q:ue ·je ve:ux dir:e. Ab, -si
vous aviez grandi à Follebarbe, vous comprendri ez! "
1i 'Veut sa.voir pourquoi ..
- Cela rre peut .pas s'"CX.pli~,.iei::. C'est l'es.prit même
:q.-u'on r.espire dans la maisôn... Tenez,. pour pn!il;rdre un
e\Xemple, ·parfois notre père nons dis:aitinopinément: « -si
"je vous lisais quelque chose ? &gt;&gt; Or dans !a· .hibliotbèqrre
du salon il y avait ;plusieurs rangées de volumes, mai:s ·sauf
un seul _ouvrage on n'y touchait que pour les épousseter.
Lire ne s'entendait chez nous que des tragédies de Corneille. (Mon père tenait ce .9.oût de notre grand'mère ~t
le plus clair de notre éducation s'est borné là.) Parfois
-cette envie le prenait par une matinée de pluie ou, le soir,
q-uand nous tenions. déjà. 1-1os: bouge&amp;rs pour monter ~ous
roucher1. Mais-,_ à quelque h'eure que ce fût, nous poussmns
des--cris .de joie, 11.0u's battions des mains; .bien .que toutes
ces tragédies nous les erlssions',entendues cl:.ix ·Jois, ~même
celles tlont anjour.d'1mi personq_e né sait plus·les norp.s,:I:l

LB CAMARADE INFIDÈLE

57I

s'installait dans son g.rand.f.aw:euil de 1a:pisserie, nous à ses
pieds, et -il commençait à lire avec une. emphase .q tû vous
.aurait peut-être parue tout à. fait c.omique, mais qui uous
transpottait dans un monde merveilleux. Je crois que cetli~
fuçon de décfamer les ve:rs remontait à hi 'pl'.llS 'ilieille tradition ; en tout cas nous n')1Nons. jamais pu preadt:e plaisir
à .les entendre lire diftéremment et un jour "qu'on nous .a
conduites au théâtœ, nous avons pleuré de: déc.eption-. .
Eh bien, ce qui se passe dans ces trngédies t'est .tonrours
la même chose. L'héroïne ou le héros triomphent de -leur
:faiblesse. Ils disent du moins qu'ils en triomphent et leur
vaillance dure juste -assex .de temps ponr qu'ils p-rerment
une décision irrévocable. Après, que se passer.a-1.-il ? Une
femme qui, par devai-r, a repoussé un grand:am.onr ne·peut
pas échapper à des pensées ttonbb, imrmuables même,
à. des éhncemeots de regret. Mais là-dessus on 1u.i doit Je
silence; on ferme le livte. S.a victoire sS11hsi5te seule ,.· .cm
n:e p~ut plus l'-en dépouiller ; c'ies.t sur sa victoire qu'elle
-sera lugée. En tout &lt;:as è est ainsi .que. nous j.ugi011s à Fa.Lleharbe ;, et vous ne sauriez croire .à quel pnint, là~bas, il
semble naturel d.e faire crédrt à l'héroïsme. Ah-~ je suis bien
de chez nous !
Un .rel langage a pour- Vemois des résonnances si
neuves qu'il n'ase y .tépondre tout .de suite e.t qu'il dit

-d'abord~
- Ne.me montrerez.-vous pas Folle barbe 2 Je vais vous
quitter ce soiT, eto ·je n.e pourrai pas me représenter l'endroit que vous aimez tan.t.
Elle v.a décmclrer du mur un petit cadre, mais hésite à
le lni remettre :
·

. .~ C'est 1èllemerrt1Jlus beau qu'on. ne peut le deviner
1Cl.

•

Il lui prend l'objet cl.es mains et c-Onsidèœ l'angle ~un
coirp~ de logis, coillè· d1on baui toit d'ardoise, et enserré
.fu, si. près par les arbres que leurs bra:nches d0im!nt 1ouoo.er
ks murs, Entre les .chaânages d.e granit, le crépi se:m.hle

�57 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE CAMARADE INF!DÈLE

verdi par la mousse. Malgré les chaises de jardin qu'on
aperçoit sur l'herbe, tout sent l'humidité, l'abandon. Mais
la hauteur des fenêtres aux petites vitres carrées suffit
pour conserver au vieux bâtiment son air d~ noble~s~.
Vernois songe à la mesquine décence des maisons ou 1l
a vécu dans l'est, à leur laide commodité. Et tandis qu'il
revoit les festons de zinc du petit auvent qui surmonte
l'entrée de son habitation actuelle, il trouve ce qu'il voulait
répondre à Clymène :
- Puisqu'àFollebarbe on ne veut considérer que l'~nsrant
le plus héroïque, on nous y donne raiso~ à ~ou~ qm ré~lamons pour les sacrifices de la gu~rre u~e ius_uce a P,~rt. C est
le contraire de l'esprit mercantile qm, lm, ne s mtéresse
qu'aux moyennes et qui, toujours, avant d.'admirer, trouve
du passif à déduire, des faiblesses à défalquer. Tel combattant a fait don de sa vie ; oui, mais il avait manqué de
eonrage trois ans plus tôt ; cela se balance, et l'on se croit
quitte avec lui. C'est ce que nou_s n'admettons pas. Tout
l'arrière s'applique à ces soustractions, de peur que la vertu
dépensée pendant la guerre ne rompe J'équilibre et ne mette
sur les épaules de ceux qui survivent un trop écrasant fardeau de reconnaissance.
- Mais comment expliquez-vous que mon onde ?...
- Je ne sais pas ... Il n'a cessé de m'étonner depuis
je suis ici ... Il faut croire qu'il se sent en place dans le v1e!l
équilibre et qu'il ne souhaite pas _ qu'on y ~hange grandchose. Et puis, il a d'autres raisons, plus d1rec:es. Il tra~
vaille ( comment dire ?) à l'épuration de sa famille.
Eli~ rougit ; il sent que le mot trop brutal l'a blessée et
il en éprouve d'autant plus de contrariété qu'il voulait,
dans ce dernier entretien, tenter un nouvel effort en faveur
du petit Antoine. Il se rattrape du mieux qu'il ?eut :
- Peut-être suis-je dur pour le général, mats vous savez
par quels sentiments de vénération j'ai débuté. Je ne me
pardonnerais pas de vous avoir mise en défiance. Sur un
point tout au moins j'ose vous supplier de ne pas vous

~u:

573

opposer à son désir ... c'est en ce qui touche l'éducation de
VOS

fils.

Elle le regarde avec étonnement. Est-ce pour lui marquer qu'il abuse ? Non, car c'est plutôt d'un ton découragé qu'elle lui répond :
- Je vous ai déjà dit .. . pourquoi je ne suis pas libre ...
Et comme elle voit son front se durcir :
- Je vous promets que j'y réfléchirai ... Mais ne soyez
pas impatient ... Je suis franche avec vous ... Si j'ai plus de
confiance en moi que par le passé, c'est à vous que je le
dois ... Je ne vous en remercie même pas, car cela dépasse
ce dont on peut s'acquitter par des paroles ... Vous voyez
que je me rends presque à discrétion ... Mais ne me demandez pas tout de suite la désobéissance à une volonté formelle .. .
Il la voit battre plus vite des paupières. Elle ajoute,
encore plus anxieuse :
- Ai-je dit quelque chose ... qui ne soit pas raisonnable ? Vous semblez ...
- Pardonnez-moi, répond-il ; c'est un vieux travers.
J'ai toujours, après coup, peur d'avoir mal fait en pesant
sur la détermination d'autrui.
Elle retrouve un peu de son enjouement :
- Même lorsqu'il s'agit de l'éducation des garçons ?
Il rit à son tour :
- Je suis certain, n'est-ce pas, de trouver Antoine
sur la plage ? J'aurai juste le temps d'y passer avant de
prendre mon train.
Mais quand il entend que le général de Pontaubault vient
&lt;l'emmener sur mer ses petits-neveux et qu'ils ne rer,itreront
..qu'après dîner, il ne comprend pas lui-même d'où vient la vivacité de sa déception.
- Antoine va croire que je n'ai pas pensé à lui ... Expliquez-lui bien ... Dites que j'irai le voir à Paris.
Mais il sent que c'est à la mère qu'il aurait dû d'abord
exprimer le désir d'une nouvelle rencontre. L'.absurdité de

�514

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE:

tout ce.qu'il a fai depuis huit jours l'irrite et le rend impatient d'être parti. Mais vainement il fait mine de prendre
congé,.Llymène semble ne pas comprendre. Elle enchaine
une pJ.uase à l'autre. Les voici pourtant près de la porte;
alors elle se décide :
. - Hiei; je n'ai pas osé vous le demande:r, et, tantôt
encore, je compt:ris.. vous écrire da:ns les Vosges ... Mais
c:'était u:n peu lâche._. Vous savez que mon mari passait
beaucoup de temp:d. mettre au point une ou deux inventions dont il était fier. Depuis sa mort, personne n:a repris
son travail en main. Peut-être est.-ce dommage, mais je ne
sais qui commit.tu: .._
Il voit immédiatement où elle veut en veoit, mais il ne
l'aide µas ; .après .t ant d'hésitations, est-:ee, vr.aiment tout ce
qu'elle trouve à lui. demander ? Il se représente si bien ce
q-ue peuvent être les inve:ritions d'Heula,nd !
- Alors je me suis dit que peut-être.... si vous l'en
priiez... votre frère copseJ:J..t irait ... Le brave hommae dont
je vous parlais l'autre jour pourrait lui porter les pièces..-.Le cœur de Vernois :se serre à la voir dev.ant lui si humble et déconcertée. Il inscrit l'adresse de l'ouvrier et promet d'aller le voir dès le lendemain. Mais il a trop fait
attendre à Clymène ce.mouvement de bonne volonté ; .elle
n'ose: plus. s'écarter d~ -q~.elq.ues phrase§- dictées par la
politesse.

vnr
Thomas n'a posé que peu de questions.
- Avoue, mon vi~ux-, dit Vernois, que tu n'aimes pas
beaucoup cetre histoire. Tu penses que je m'abuse- innocemment sur les mobiles qui m'ont conduit à men mêler,
_ et que ces fümmes n'ont pas eu de peine à.me prendre dans
leurs filets. Si tu pouvaine douter combien tu t.c trompes~
L'origine de tout €ela, c'est une lettre qui- traînait dans la
vareuse d'Heuland. Nous en av.ons lu, des lettres d"épou-

LE CAMARADE INFIDÈLE

ses, trouvées dans les poches .des pauvres bougres qu'on
identifiait, des lettres de mfa1~ères1 ou de femmes d'affaires, ou de paillardes ; mais une lettre de ce ton-là non
jamais. Je voudrais te la montrer ; je l'ai chez mo/ Oui,.
vieux, je ne me suis pas permis de lire les- autres, mais
celle-ci, je l'ai gardée. Ce n'est pas qu'il y soit question de
rien d'extraordinaire ; au contraire, la vie de tous les jours,
des nouvelles des enfants, quelques pJ.u-ases de tendresse.
~'est justement ces phrases qui m'oat ému. On ne peut pas
dire un langage d'amoureuse, bien que l'amour soit évident. Pas de protestations; une égalité, une discrétion qui
ne peuvent s'expliquer que par la plus belle confiance. Des
mots tout à fait simples, mais de cette simplicité fière
délicate, qui suppose de la noblesse de cœur. Heuland nou;
parlait souvent de sa maîtresse, guère de .sa femme. A Ja
lecture de cette lettre, je me suis cru certain qu'il avait été
bavard sur ce qu'il considérait comme un amusement mais
que, sur le reste~ il avait g.ardé le silence d'un honnête
homme -qui sait le prix dé ce qu'il possède. Or je me
trouve connaitre l'endroit où il avait l'étourderie de cacher
sa correspondance avec l'institutrice. Un jour ou l'autre,
M111• Heuland peut découvrir cette liasse. En me laissant
présenter dans la maison, je cours la chance d'ern pêcher une
catas~rophe. _Je le dois bien à ce garçon qui peedant deux:
ans s est touiours montré serviable.
Enfoncé dans son fauteuil, Thomas ne peut s~ retenir
d'objecter :
- Tu crois qu'il te saurait beaucoup
que tu prends pour sa femme ?

de gré

des soins

~ Ah, ,P~uv:e_vieux,. s'écrie Vernois, que tu peux être
stupide ! J a1 failli reparttr sans même l'avoir vue. Il a fallu
pou~ me fai_rc intervenir, le zèle cynique de toute un;
fu°:111~, ap~liquée à détruire le souvenir de mon camarade.
Mais Je crois avoir assez bien rétabli Ja situation.
- Je comprends, poursuit Thomas, qn' ou s'attache à
un compagnon d'armes et qu'on app0rte à ces amitiés. de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

guerre une loyauté ailleurs exceptionnelle. Mais pourquoi
la mémoire de cet Heuland te tient si fortement à cœur,
c'est ce que j; vois mal. j'ai peine à concevoir qu'il ait pu
être honnête homme et perdu son temps à des niaiseries
comme ces deux machins que tu m'as montrés tout à
l'heure.
Vernois demande sans trop d'assurance :
- Est-ce vraiment si sot ?
Cette fois l'aîné se fâche :
- Comme si tu ne t'en étais pas aperçu tout seul !
Voyons, mon petit, tu te moques. Ou bien tu n'as pas
regardé, ou bien c'est un parti pris.
- Il faut croire que j'avais mal regardé.
Mais rarement Vernois s'obstine lorsqu'il voit à son
frère un certain coup d'œil attristé.
- Eh bien, oui, je serai franc. Ces mécaniques sont
de l'enfantillage. C'est par acquit de conscience que je
te les ai montrées et me voici d'autant plus embarrassé
pour te faire corn prendre mes raisons. A vrai dire, je ne
sais trop comment les mettre bout à bout. C'est cette satanée optique de l'arrière. Rien qu'à voir les portraits d'Heuland, j'étais tout dérouté, car il n'avait plus rien, sous ses
vestons civils, du gaillard droit et bien pris à côté duquel
j'ai vécu deux ans. Mais il y a plus grave. Il y a mille
petites choses déplaisantes (je ne passais pas de jour sans en
découvrir), des manques d'éducation, de ces riens qui trahissent l'absence de caractère. A mesure qu'on me parlait de
lui, le personnage s'en allait en lambeaux; et ce qui est
d'une ironie assez cruelle, dans le même temps Mme Heuland
cessait de voir ces petitesses pour ne plus conserver que
l'image apportée par moi.
Thomas réfl.échit un instant puis demande :
- Croyais-tu rendre à cette femme un grand service en
l'exaltant sur un fantôme ?
- Mais, vieux, s'il a existé dans le bien-être un Heuland
.sans vigueur d'intelligence ni de volonté, la guerre en a fait

LE CAMARADE INFIDÈLE

577

surgir un autre, plus solide, plus dévoué - je ne dis pas
un héros, mais un brave type, envers lequel on demeure
endetté. Assurément, il montrait encore des traces de faiblesse ; mais c'était un homme soulevé par la violence de
l'épreuve. Il serait retombé peut-être; ·toutefois, puisqu'il est
mort à son plus haut, qu'il y reste pour nous.
Thomas secoue la tête :
·

i '
1

- Les feuilles qu'emporte un tourbillon ne sont que
des feuilles; toute la force appartient au vent.
- Eh, je le veux bien ! Mais comment dissocier ce que
les événements ont confondu ? Comment séparer ce que
nous valons par nous-mêmes et ce que la guerre a mis en
nous ? Si nous nous sommes fait illusion sur nos forces
qu'est-c: que ça fait, puisque, par ce moyen, nous avon;
accompli ce que nul n'aurait osé demander à des hommes?
T'imagines-tu qu'on serait monté sur le parapet de la tranch_ée ~ns s'étourdir de faux espoirs: sur la destruction des
nutra1lleuses, sur le terrain qu'on pourrait gagner, et sur
la fin de la guerre, et sur ce que vaut la France elle-même
pour un soldat qui sera mort dans cinq minutes? Qu'estqui était à nous de notre courage, qu'est-ce qui était à
l ivresse ? Et qu'est-ce qui subsiste en nous de l'ivresse ?
Nous_avons goûté à quelque chose de mêlé, mais de si fort
que nen de ce que nous avons retrouvé depuis ne peut
plus nous satisfaire.

~7

Tho_~as s'est rapproché de son frère, de sorte que Jeurs
deux s1eges se touchent :
- A~, peti_t gars, voilà justement ce qui m'épouvante,
ces émottons s1 fortes auprè~ desquelles tout est sans goût,
à co~mencer par le seul bien que rien ne remplace, la
p_robité ~e la pensée; Crois-tu que les grandes civilisations
aient pén par une autre cause ? Quand les meilleurs ne
sont plus résolus à la défendre, la droiture de l'esprit est
perdue, et son tranchant, et sa justesse . car ce sont de
d:a:
,
s
conqu:tes tro? uuci!es à maintenir dès que les plus courageux s en désintéressent. Mon petit, j'ai chagrin à plaider
A

37

�LE CAMARADE INFIDÈLE
LA NOUVELLE' BEVUE l'JlANÇAISE

contre toi cette cause ingrate. Mais crois-moi, on ne gné·
rira qu'.en assainissant un point après l'autre, en redressant
chaque noùonfaussée.
Vernois réplique doucement :
- ,Ce n'est pas cette VCFtu-là qui amait barré la route
aux Allemands.
- Dieu merci, vous en aviez d'autres ! Mais aujour-

d'hui...

r

Le cadet reprend :
- Ces autres-là, j'ai eu trop de peine à les acquérir; je
m'y tiens. En octobre ou novembre r4, quand on a pu
souffier et qu'on a cru se mettre à réfléchir, va, faî: senti
que je tenais de toi bien plus que je n'a ais soupçonné : le
besoin d'éplucher les nouvelles, de nager à contre cour:mt,
et œ fatigant souci d'être juste! Mais c'est un effort qu'on
ne peut pas soutenir; il faut s'en remettre à ceux que ça
regarde. Défends ta peau et ta tranchée, cela suffit. Un
vigoureux rétabLissem nt dans les sentiments simples,
communs à tout Je pays, une haine b" n élémentaire. Ah,
qu'on est soulagé ! Mais ce tour de gymnastique vous casse
les jointur s ; on ne le recommence pa deux fois.
Thomas se tient co.inme un médecin qm ne sait comment soulever un enfant malade.
- Il faudra pourunt bien ...
on, non. Adressez-vous à la génération sui ante.
Celle-la ne demandera pas mieux.
ous avons fuit notre
service.
L'aîné répète :
- Il faudra bien ... On dit qu'on ne pourra j'3.mais, et
pourtant il n'y a pas d'autre issue. .. Rends-moi justice :
tant que ro. étais sous le coop d'un ~rêt de mort, je n'ai pas
ouvert la bouche. J'étais reconnaissant à tout ce qui pouvait te soutenir, et mieux valait te savoir sous n'importe
quel masque qu'avec ta libre respiration dans un air empoisonné. Mais poi:sque tu es revenu ... Mon petit, laisse-moi
parler ; je ne t'ennuierai pas deux fois de mes réflexions. Je

579

te jure que je n'ai pas bronché, quelques périls que tu aies
courus. Je n'avais pourtant pas lourd d'espérance et peo- ·
dant les heures pa.ssi::es sur le bord des routes à surveiller
mes ~ntonniers, j'ai eu tout loisir d'en ra.battre encore.
Mon imagination ne m'avait pas épargné grand'chose, mais
les camions qui passaient pleins de blessés m'ont fait voir
des mutilations que je n'avais pas eu le ·courage de me figure~. Tout ce que la chair humaine peut endurer, je me le
sms représenté d~os ton corps à toi. Eh bien, je le dis en
pesant les mots, 11 y a plus tragique que tout cela : il y a
la déchéance d'un être droit qui se gangrène dans le mensonge.
Vernois veut protester, mais son frère l'arrête :
, - Je sais_cedonc je parle ... Je le sais par le dedans ...
C est plus misérable qu'on ne peut l'imaginer. Je ne prét~nds pa~ mettre en regard tes expériences à toi, dont tu as
li u de tuer de la fierté, et les miennes qui sont inavouables. Et pas non plus nos deux natures. Avec ton bon sens
tu ne te serais_ia~ais laissé glisser aussi loin que moi ...
Encore une f01s, Je parle en connaissance de cause ... Or il
est d ~ de se _libérer.Je n'ai presque rien fait par moi-même.
Je d~~ tout a la bonne tempête qui m'a jeté sur la côte.
A:uss1 1e ne comprends que trop le besoin qu'on a de subir
violence. Et c'est pour cela que je te tourmente ... Et si tu
n: te ~éfends _pas bien brutalement ... ru auras du mal à me
faire lacher pnse.
Vernois sait que son frère ne lui demande pas un acquiescement des lèvres et que le silence est encore la réponse la
plus émue. Tbomas s'est levé; il replace quelques livres sur
les rayons d~ la bibliothèque.
' - Vieux, dit Vernois, on a déjà sonné à deux reprises.
c est frobablement l'ouvrier qui ient reprendre s~
appareils.
En efietThoma.s introduit dans la pièce un homme à
~arbe ~lanche, modeste et propre, à qui sa vieille a dü pour
occasion, repasser son meilleur faux-col. li porte à la.ronde

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un regard inquiet et son sourire s'éteint aussitôt, car il
aperçoit les paquets tout ficelés.
.
- J'ai bien examiné les deux modèl_es, ~1t Thom~
d'une voix bienveillante. L'exécution est mgémeuse, mais
l'idée première laissait à désirer. Pour le premier a~pareil,
il en existe déjà d'analogues, mais beaucoup plus simples,
qui enlèvent à celui-ci tout intérêt pratique .. Quant à l'autre, il peut tourner à l'aide d'un souffi~t, ~alS dans _le vent
qui ferait pression sur toutes ses parues, tl resterait parfaitement immobile.
L'homme est devenu très pftle:
- Peut-être que si je vous avais expliqué moi-même ...
- Mon ami, je suis un vieil habitué de ces choses. N'ayez
pas trop de regrets. Il faut beau~oup d_e tenta_tives infr~ctueuses avant qu'il en sorte une 10vent1on véntable, et 1on
a toujours raison d'avoir essayé.
Mais l'effondrement est trop soudain pour que de
bonnes paroles puissent adoucir le choc. L'homme balbutie :
- Vous dites qu'on ne peut rien en faire? ... même
avec des perfectionnements ?.. .
.
Il cherche les yeux de Vernois qui se dérobent et 11 comprend qu'il n'a pas de secours à espé~er.
.
,
_ Heureusement que M. Robert n est plus la pour 1entendre ... C'est bien la première fois, je vous l'assure, que
je trouve heureux qu'il ne soit plus là.
Il rajuste l'e~ballage d'un_ paquet, q_ui laiss~ apercevoir
par une déchirure un coussmet de cm r~ ~01.gne~sem:nt
astiqué. Sa détresse est plus forte que sa t1m1d1té ; 11 plaide
encore:
- Si ce n'était qu'une question d'argent... des fois
Mme Heuland n'y regarderait pas ... D'abord les pièces
ne coûteraient rien à exécuter ... car pour un vieux
comme moi qui a sa retraite .... ça serait une distraction ...
- Je voudrais, dit Thomas, vous répondre d'une ma-

LE CAMARADE 1 FIDÈLE

nière plus encourageante, mais je ne ferais que vous préparer de nouvelles déceptions.
Sans défense contre un malheur qui l'accable avec tant
de calme, l'ouvrier a juste la force de garder bonne contenance. Tout en l'aidant à prendre sous chaque bras un de
ses lourds paquets, Thomas lui dit :
- Je sais ce qu'on éprouve quand il faut renoncer à
un grand espoir. li m'est arrivé de me tromper comme un
autre ...
Mais ses paroles produisent une réaction inattendue.
L'homme riposte d'une voix qui tremble:
- Si vous vous êtes trompé ... excusez la hardiesse ...
vous pouvez vous tromper une fois de plus. Vous êtes
s1vant, mais vous ne voulez pas prétendre que M. Robert,
lui, ne l'était pas... Il arrive qu'un savant dit blanc et
l'autre noir ... Si vous aviez entendu parler M. Robert ...
On l'aurait aidé rien que pour l'entendre encore ... Vous
n'allez pas dire que c'était un blanc-bec ...
Alors, n'y tenant plus, Vernois s'avance;
- Ce que je puis vous affirmer, c'est que M. Robert
était le meilleur camarade que j'aie rencontré. li aurait
pu se mettre à l'abri; il ne l'a pas fait ; cela mérite qu'on
ne l'oublie pas. Si mon frère vous a dit son avis avec franchise, c'est parce qu'entre hommes on se doit la vérité.
Mais tout le monde n'est pas de force à la supporter. Vous
penserez comme moi qu'il vaut mieux ne rien dire à
Mme Heuland ... II y a des gens ·qui n'aimaient pas son
mari ; nous n'allons pas leur fournir des armes.
Le regard de l'ouvrier est celui d'un homme qui revoit
' le jour. Pour serrer la main de Vernois, il pose ses
fardeaux ; et quand, sans avoir rien trouvé à dire, il les
reprend et gagne la porte, il semble ne plus en sentir le
poids.
C'est le plus jeune des deux frères qui, rompant le
silence, attaque le premier:
- Tu voudrais sans doute aussi qu'on explique à

�582

LE CAMARADE INFIDÈLE

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Mme Heuland comment son mari la trompait. Tu lèves
les épaules : mais je ne vois pas, en bonne logique,
pourquoi tu t'arr!tes à mi-chemin. Tu as bien tâché de
détruire chez ce pauvre diable la seule raison de fie~
qu'il eût, le seul joint par lequel sa vie a pris contact avec
quelque chose de désintéressé, sa seule vertu, qui est d'être
fidèle.
- Et toi, dit Thomas, tu mets de l'-acharnement à
brouiller ce qui est clair, à confondre ce qui est distinct.
Parce qu'un homme a été brave et bon camarade, tu l'im-·
poses comme inventeur et comme bon mari. Que signifie
cet escamotage ? Ce que j'y vois le moins, c'est cette justice
dont tu parles sans cesse.
ernois se radoucit :
- Ab, vieux, il est bien vrai que j'ai toujours ce mot à
la bouche. C'est ce que vous m'avez le mieux appris, père
et toi. Je ous avons cela dans le sang. Rappelle-toi les s.:rupules de père, forcé de rédiger une note défavorable sur un
de ses gardes et ne pouvant se résoudre à l'envoyer parce
qu'il avait cet homme en a ver ion. Et quel garçon un peu
sen ible à la géilérosité n'aurait pas été gagné par cette
manière que tu as de faire beau jeu à l'adversaire, d'aller
au devant de ses -arguments, non pas en attitude de défense, mais comme s'ils pouvaient t'apporter des parties de
vérité qui te manquaient. Car tu as souci d'être équitable
jusqu'à te montrer moins exigeant pour les preuves du
contradicteur que pour les tiennes . Oui, vieux, ce son
là des luxes dont il a fallu lestement se d habituer,
des luxes qui supposent la paix jusqu'aux confins du
monde.
Thomas secoue la tête :
- Les seuls, veux-tu dire, qui puissent rétablir la paix
du monde.
- Mais puisqu'il faut, continue Vernois, un luxe dans
la vie de chacun, laisse-moi celui qùi a toujours été le seul
embellissement de la guerre, une sorte d'héroïsme dans la

camaraderie. S'il est vrai que nous avons perdu de la valeur
et de la hardiesse dans le plan de la raison, nous pouvons
les retrouver dans celui de l'amitié. Crois-tu qu'avec un
~nti~ent de loyauté un peu jaloux, un peu exalté, nous
n aurions pas maintenu nos alliances tout autrement que
nous. n'avons fait, ~t qu'à l'intérieur nous n'aurions pas crêé
des hens dont la discorde ne serait pas facilement venue à
bout ?
Mais Thomas ne se laisse pas gagner :
- Mon peàt, tu vaux mieux que ,cela. Tu vaux mieux
que ton amitié même, qui s'adresse au-dessous de toi et
dont ta probité fait tous les frais. Laisse aux femmes ces
fi,délit~s-là. Mêm~ l~ politiciens en sont parfois capables, et
cest b1~n mauv~1s signe. Je sais que je suis ombrageux et
tyran_mque, mats tu es ce qu'il y a de moins manqué dans
ma vie . Aussi, puisqu'il s'agit de 1uxe, ne puis-je me contenter pour :oi que du plus pur et du plus viril; ,et sa formule est le v1eux principe d'identité : &lt;&lt; Une chose ne peut
pas être et n'être pas ... »
Vernois songe un moment :
. - Ne crois-tu pas, dit-il, qu'il y a une forme d'injustice et même d'insiocérité sans laquelle l'hér-oïsme n'est
pas concevable ; et que nous autres, gens de l'est, nous
manquons peut-être de race et par conséquent de liberté
pour oser bondir jusque-là. Un jour Mme Heuland m'a
parlé de Corneille ...
Mais il voit sur le visage de son frère un froncement
fu?itif q~i l~i coupe_ la p~ole. Thomas comprend tout de
SUite qu 11 s est trahi ; matS à quoi bon nier ce dont il a
le cœur plein ? li se contente de dire :
. - Si /étais un homme qui prie, je n'adresserais à
Dieu . qu u~e seule demande, mais celle-là je l'en fat.iguera1s matm et soir : « Seigneur, préservez-moi du mensonge l 1

(A mi.-ure)

J~

.SCRLUMJlERGER

�OIRONIQUE DRAMATIQUE

.,

CHRONIQ_UE DRA~ATIQUE
-

OnfoN: Molière, pièce eo 3 actes et 6 tableaux, de MM. Jean .
José Frappa ét Dupuy-Mazuel. Musiqu_e de sc~ne de Lulli, Charpentier et Vuillon.
·
RENAISSANCE: Molière et son ombre, à-propos en un acte, err
vers, de M. Jacques Richepin. Amphytrion de Molière.
l'.HÉATRE DE L'ŒuvRE : Dardamelle., pièce en 3 actes, dè
M. Emile Mazaud. Les Derniers masques, pièce ~n un acte, de
-M. Arthur Schnitzler, tradu2tion de M. Maurice Rémon et
Madame Noémie Valentin.
·RENAISSANC"I! : La: Femme masquée, pièce en 3 actes, de
M. Charles Méré.
THÉATRE DE L'ŒuvRE : Ubu-Roi, d'Alfred Jarry.
On a joué, il y a quelques ,années, à l'Odéon, une pièce fort
amusante à voir, intitulée Rachel. C'était l'histoire, découpée en
tableaux, dé l'illustre tragédienne. On la VO)?it d'abord, tout
enfant, dans la roulotte de son père, le bohémien Félix, prenant
là, en pleine campagne, ses premières leçons de. théâtre. Ensuite, au Théâtre Molière, petite scène d'études où se préparaient à l'époque les élèves du Conservatoire. Ensuite, chez
elle, après ses premiers succès, déjà célèbre. Ensuite, sur le plateau de la Comédie française, pendant une représentation d'Horace. C'était en même temps, dans le domaine du théâtre, toute
une époque qu'on voyait revivre. On voyait arriver sur la scène
de la Comédie, pour complimenter la tragédienne à un entr'acte,
Chateaubriand vieilli accompagnant Madame Récami.er aveugle,
Victor I:Iugo jeune et déjà chef d'école, Lamartine, Vigny,
Musset, et à leurs côtés les grands acteurs du temps, Samson,
Beauvallet, Saint-Aulaire, Frédérick Lemaitre, Ptovost. On

entendait, au tableau de Rachel chez elle, un de ses camarades
lui lire le feuilleton que venait d'écrire sur elle, dans les Débats,
le grand critique dramatique de l'époque, Jules Janin. Les cos•
turnes du temps, le physique des personnages reproduit le plus
fidèlement possible par les artistes de l'Odéon, - jusqu'à mo"iitrer la verrue que l'un avait à la joue gauche, ou à parler du ne,:,
comme parlait un autre, - ces illustrations des lettres et du
théâtre qu'on voyait réunies sur la scène, une mise en scène
étonnante, par exemple le plateau de la Comédie française, vu
derrière les décors, et, dans le fond, visible comme elle l'est des
coulisses, la salle avec l~s spectateurs ... Tout cela était bien
un peu Musée Grévin. On avait beau ne pas oublier qu'on était
au théâtre. On se laissait néanmoins aller à une certaine illusion.
On était intéressé, amusé, presque pris. De combien de pièces,
que leurs auteurs considèrent comme bien supérieures à ce
genre de théâtre? pourrait-on en dire autant ? Pour ma part, si
on reprenait Rachel à l'Odéon, je ne manquerais pas d'aller la
revoir, et on sait si les pièces·· sont rares qui peuvent me faire
me déranger deux fois.
Le Moliere, de MM. Jean José Frappa et Dupuy-Mazuel, que
l'Odéon a représenté, aurait pu être une pièce de ce genre. Songez donc ! Une pièce sur Molière; ayant Molière pour principal
personnage, nous le montrant dans tout le cours de sa vie
d'homme, depuis ses débuts jusqu'à sa mort ! Une pièce qui met
en scène presque tous les personnages au milieu desquels il
vécut, depuis ses compagnons de jeunesse jusqu'à ses camarades
de théâtre, depuis ses maîtres Gassendi et Bernier jusqù'aux
seigneurs et courtisans de la cour de Louis XIV et Louis XIV
lui-même ! Une pièce qui nous montre Molière prenant ses
premières leçons avec l'illustre Scaramouche, et nous le montre,
dans la Cérémonie du Malade imaginaire, défaillant, en prononçant le fameux juro, du mal qui va remporter quelques heures
après 1 Une pièce dont tout un acte nous montre les jardins de
Vers~illes, lors d'une représentation que Molière donne pour
le rot, avec tous les personnages de la cour arrivant un à un,
tous autant de modèles passés ou futurs pour Molière, qui les
no~me, retiré dans un coin avec son frdèle Chapelle : le marquis de Soyecourt: Dorante le chasseur, - parmi quelques
. femmes : Cathos et Madelon les précieuses, - la duchesse de

�LA NOUVELLE REVUE F~ANÇA"ISH

Richeli.eu : Arsinoé, - Madame &lt;le Lamoign©'n : Madame Pernelle, - Mesdames de Guénégaud et d' Aigulllon : iles dévotes,
- Desmarets ck Saiot.:Sorlin : Tartufe, - le comte de Guiche~
Acaste, - La Feuillade, Lauzun, Marcillac : l~s marquis ndîcnles, - Vardes: don }uan, - le d-uc-de Montaasier: Alceste.
Et encore, au cours de tes trbis actes, ~assend+, Cyrano, Chapelle, . Bernier, Mignard, Perrault, La Rochefoucauld, Madeleine et Armande Béjart, Lagrange et Mademoîselle de 13rie,
Mad.tme ,de La,Fayette et la sernnte Laforêt, Lcnôtre et SaintAignan, Comléet Villarceaux. Certes, c'est là, comme Rachel,
un peu du Musée Grévin. Ce~t là du théâtre un peu gr05. Mais
é'est aussi du théâtre amusant, et l'amusant a son prix. Le théâtre n'a-t-il pa.s é1é, 1à son origine, la mise à la scène de' persqnnages illustres, qu'on faisait revivre là dans leurs actions les y rus
mémorable~ ? Si vous voyiez aussi comme le public, qui pour-' tant n'est guère 4"enseigné sur eux, est sensible à tout cet étalage
de grands per.sonnages ! Si vous voyiez ce silence, dans la salle,
à l'acte des jardins de Versailles, quand un officier, paraissant
au haut d'un escalier, après que toute la cour -est venue se ranger, ann.once d'un ton solennel: le roi. Il y a un temps. L'officier descend l'escalier. On sent' que quèlqu'un vient, va paraître
à son tour au haut de Yescalier, le descendre et venir prendre sa
place à son tour. Toutes les figures sont tendues 'dans l'attente.
Ce quelqu'un paraît enfin : Louis XIV. On croirnit que c'est Iui
.pour de bon, tant il flotte d'admiration et de respect chez les
spectateurs. Brave public ! Sa bêtü,e est éternelle. Un roi ne
sera jamais pour lui un homme ce:.mme un autre. Il a des trésors de soumission et de crédulité infinis. Il faut qu'il se courbe
devant quelque chose. Il n'y a plus de roi. On offre aujourd'huî
à sa dév-0tion la superstition la plus malfaisan!-'C, qui. le trouve
toujours docile, aveugle, idupe et victime aussi. Ce queje ·dis là
n'~t pas pour le plaindre. Il ne faut plaindre que ceux qui sont
contraints. Ceux qui s'offrent d'eox-mêmes au couteau·n'oi'it
que ce qu'ils méritent. Pour en revenir à Molière, -a:'ec t?ute-sa
galerie de personnages, cette piè_çe eiit été nne bon-ne pièce, le
public s'y serait amusé tout à fait, et même aurait pu y prendre_
une leçon d'histoire littéraire.· Moi-même je m'y serais amusé
comme j'ai fait à R&lt;Iohel.
Mais voilà ! Non seulement Molit,re n'est pas . ia pièce quelle

CHRON[QUE DRAMATIQUE

aurait pu kre, m.,ais c'est encore une fort mauvaise pièce. Les
auteurs-ne l'ont pas seulement manquée. Ils y ont encore fait de
la fantaisie, ils ont dénaturé leur sujet, ils ont multiplié les
erreurs et les fautes grossières. C'est ainsi qu'ils ont inventé un ~
personnage de belle iru:onnµe, dont le nom n'est pas prononcé,
- ils eussent été bien embarrassés pour nous le dire, - et
qu'ils nous montrent le 'l.!i.sage s.ans cesse caché par un masque.
Avec ses amis Chapelle et Cyrano, Molière, .encore jeune
homme, un soir sauve la vie à cette dame, sur le Pon Neuf,
dans une attaque de mailandrins. 11 .en devient-amoureux. pour
le restant de sa vie, sans pouvoir la revoir qu'au moment même
qu'il va mourir. Nous avons cette fois une transformation deMolière lui-même, transformé en beau ténébreux et en amant
transi. Cette femme n'.a jamais existé dans la vie de Molière et
on ne voit en rien son intérêt dans .la pièce. Ce n'est pas trop
dire _que cette invention est une pure niaiserie. Les démêlés
conjugaux de Molièrë, quelques traits de sa liais~n avecMadeleine Béjart eussent été autrement intéressants et les auteurs
seraient restés dans la vérité .. La .pièce- que M. Maur:i~.e Donnay
a écrite sur Molière et que l'Odéon a représentée ég.alement '
n'était pas fameuse mais au moins il n'inventait pas et on restait dans l'his~oire vraie du personnage. J'en dirai autant pour
la scène de la mort de Molière dans la pièce de.MM. Jean José
Frappa et Dupuy-Mazuel. Ce tableau était facile à composer,
avec tout ce -qu'on a écrit sur ce sujet. Là. encore ces messieurs
ont préféré innover. Ils font mourir Molière comme un commis de nouveauté atteint 'de langueur amoureuse. Molière. est
presque ay moment d'expirer. Comme cela se passe -toujours
sur le théâtre en pareil moment, il parle beaucoup. La belle
inconnue_ arrive en courant, toujours masqué~ et toujours
muette. « Et voici ... voici ... le bonheur impossible !... » murmure alors Molière, dont ce sont les derniers mots. Les auteurs
se sont mépris. Parce qu'ils mettaient àla sc~ne un auteur comique, ils ont voulu le faire mourir de façon comique. C'.est
excessif. Ce n'est pas tout. Là langue comptai.t, dans une pièce
de ce genre. il n'y _aurait eu_ aucun inconvéniept à employer
plus ou moins celle de l'époque. MM. Jean José Frappa et

1.-: Je crois que je me trompe et que c'était à la Comédie française.

�588

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Dupuy-Mazuel trouvent-ils la n6tre plus élégante et plus parfaite ? Ils n'ont pas craint, en effet, d'employer les plus mau~
vaises toutnures-du style d'aujourd'hui. Que pensez-vous de
- Molière s'exprimant ainsi : « Il n'y a qu't).n bon~eur, voye~vous, c'est l'amour ... Etre pauvre, ignoré ... avec, a c~té de sm,
une femme qui vous aime !. .. » Vous serez peut-être de mon
avis : rien que d'entendre cet avec si élégamment placé, toute la
pièce est par terre. Qu'est-ce que vient faire également, dans la
bouche de Molière, cette allusion aux soi-disant découvertes de
M. Pierre Louys? « Mes_ confrères répandent toutes sortes de
calomnies à mon sujet, et l'un d'eux, dernièrement, a même
écrit que je faisais faire mes pièces par Co;neill~. » C'e~t du
domaine d'une revue, cette allusion, et non dune pièce s~neuse.
Il est vrai que MM. Jean Jos·é Frappa et Dupuy-Ma~uel nou~ '
ont prodigué leur esprit. Ils l'ont même prêté à Molière,_ qm
n'en eut pas à ce point. Au tableau des jar~ins d~ V~rsailles,
avant la représentation qu'il va donner au Rm, Molière JOUe une
sorte de parade, dans laquelle il moque les personnages présents et qu'il sait être ses ennemis. Le tour arrive de Desmarets
de Saint-Sorlin, le moaèle de Tartufe, paraît-il. Molière, sous
les aspects d'un marquis de la cour, fait allusion au com~~ot que
Desmarets dirige contre lui. « Vous pensez que sous 1impulsion d'un pareil être, notre complot ne peut man,quer de réussir. Tout est prêt et bientôt l'affaire ne va pas tarder à.•· à
démarrer J•.•• )). On ne peut être plus fin. M. Paul Bourget nous
a appris réceminent que Louis XlV étai_t inc~pable de juge~ du
talent littéraire de Molière. Ce grand roi aurait peut-être mieux
go-Oté cet ingénieux calembour ?
t
.
On pouvait vraiment faire une bonne pièce, avec un _pareil
sujet, la musique de Lulli _metta_nt ç~ et .là ses cadences vives et
rapides ! Il aurait fallu M. Sacha Gmtry.
.
Il faut nommer, dans l'interprétation, M. Vargas, qm a composé un Scaramouche très réussi, et M. Raoul Henry, dans le
r61e de Louis XIV. On n'est pas plus royal par le physique
et par les. manières. Les gens qui ~eul_ent un roi, quand ils
seront décidés, pourront s'adresser a Ju1. Ils ne trouveront pas
mieux.
·
Madame Cora Laparcerie a donné à la Renaissance une exc~l~ lente représentation d'Ampbytrion. C'était parfait comme mise

CHRONIQUE DRAMATIQUE

en scène et comme interprétation. Amphytrion, c'est l'apothéose
du cocuage, en quelque sorte. Jupiter prend les traits d'Ampbytrion, couche avec sa femme et s'amuse de leur mystification à l'un et à l'autre. Il y a dans les vers de Molière, dans cette
œuvre, avec une grâte et une sensualité infinies, une moquerie
et une bouffonnerie irrésistibles. Les artistes de la Renaissance
ont exprimé cela à merveille. Madame Cora Laparcerie ellemême, qui dit si mal les vers quand il s'agit de poésie et qu'elle
en veut faire, a dit le mieux du monde, avec une sorte de gamineri-c et toute la lascivité voulue, les vers d'Alcmène. Ce n'est pas
un mince mérite, chez tous les artistes de ce théâtre, d'avoir si
bien rendu cette œuvre de MolièFe.
On connaît les derniers vers d'Amphytrion, que So~ie vient
dire au public, tout au bord de la rampe, après que Jupiter,
du haut de ses nuages, a consolé de son mieux Amphytrion
d'avoir été cocu, ayant eu cette bonne fortune de l'avoir été fait
par un dieu:

'

Messieurs, voulez-vous bien suivre mon sentiment?
Ne vous embarquez nullement
Dans ces douceurs congratulantel';
C'est un mauvais emba1·quemmt;
Et if une et d'autre part, pour im tel compliment,
Les phrases sont embarrassantes.
Sur telles ajjaires toujours
Le meilleur est de n'en rie11 dire

J'avais autour de moi, à l'orchestre, quelques ménages litté- raires dont les maris ont été amphytrionnés autant que le mari
d'Alcmène, bien que par de simples mortels. Je 1es 'regardais
pendant que Sosie leur servait ainsi la mcrale de la pièce. Ils
avaient bien l'air d'être de son avis que le mieux, en pareil cas,
est de garder pour soi son infortune et de n'en rien dire. Ce qui
n'empêche pas qu'on le sait.
Cette représentation d'Amphytrion était précédée d'un àpropos moliéresque de M. Jacques Richepin dont j'ai complètement oublié le titre. L'intention de l'auteur n'était pas
mauvaise. Il nous montrait Molière, un moment endormi dans
son fauteuil, voy-ant en songe lui apparaître tous les person-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

59o

nages de son œuvre, et une sorte de Gloire, auprès de lui, le
ra,surant sur les arrêts de la postérité. Mais c'était le vocabulaire qui n'était pas fameux. M. Jacques Richepin évoquait à un
moment le roman comique dé Molière à travers toute la
France, promenant sa troupe de ville en ville, encore simple
· comédien, lui qui devait être un jour le pr.emier de nos auteur.s
comiques. L'image obligée était là, : le fameux ch~riot de
Thespis. Je ne me rappelle- pas le vers dans son ent1er. Il Y
avait trois fois le mot chariot, avec un adjectif différent
chaque fois :
Chariot ..... , char\ot ..... , chariot surhumain!

Reconnaissez là le style ridicule, la pathos mis •à la mode,
en poésie, par ce grand phraseur de Victor Hugo. Je vous
demande en quoi un chatiot peut être surhumain et s'il peut
y avoir le moindre rapport entre cet adtectif et ce substantif.. Ce
sont des niaiseries de ce genre qui me faisaient éclater de nre,
quand, fort rarement, et je parle d'il _Y a long~emps, car c'est
bien fini aujourd'hui, j'ouvrais un livre de Victor Hugo. Par
exemple, à la fin de la tirade de Ruy Blas, le pauvre oiseau .
plumé qui cuit dans une « marmite infâme ». Il est vrai qu'il
n'y a rien de plus comique que le théâtre de Victor Hugo.
C'est un vrai Guignol. Ces niaiseries se voient aujourd'hui
partout, à propos des moi_ndres choses. Un monsieur assassi~e
son concierge. 11 enferme le corps dans une malle et expédie
celle-ci dans une destination quelconque pour s'en débarrasser.
L'affaire est découverte. On fait revenir la malle. Les journaux
racontent le crime dans tous ses -détails. Ils donnent à leurs
lecteurs une photographie de ladite malle. Vous savez comment
ils la désignetlt, la qualifient : la malle tragique ! La malle
tragique ! Je vous demande en quoi une malle peut être tra·gique, eût-elle contenu dix concierges au lieu. d'un Une
action peut être tragique, un geste, un~ phys1onom1e; un
' discours. Mais une malle ? Enfin, on peut toujours rire.
Je viens de retrouver le titre de l'à-propos de M. Jacques
Richepin. Cela s'appelait Molière et son ombre.
On a joué, au Théâtre de l'Œuvre, une bien jolie pièce,
curieuse et amusante, de M. Emile Ma,zaud. Cet auteur dramatique a débuté l'année dernière, al;I Théâtre du Vieux Colombier,

!

CHllONIQUE DRAMATIQUE

591

.avec une pièce en un acte : La folle journk, qui était également
une petite chose parfaite. Je subissais une éclipse, due à &lt;le
bien sots lecœur.i, dans mes fonctioru de critique dramatique.
J'en ·aurais dit sans cela tout Je bien qu'elle méritait qu'on en
dise. Dardamelù, c'est un mari auquel sa femme, dans un
moment de chicane, apprend qu'il est cocu, et qui, passé la
minute pénible de la nouvelle, prend la chose avec gaieté,
ironie, sarcasme, je crois pouvoir résumer tout cela en disant :
avec la ·plus c:xtrême et la plus sage fantaisie. Il entend désormais que quiconque vieadra ponr le voir soh introduit par la
bonne le plus aimablement du monde avec ces mots : « Prenez
la peine de vous useoir. Le cocu va bientôt rentreT ,&gt;. Il se
peint un merveilleux écriteau, en capitales fonnidables, véritable enseigne : Cocu DE 1re CLASSE, et le fait accrocher audessus de la porte de sa maison. Il n'est pa, un détail de la vie
courante qui ne lui fournisse l'&amp;:casion d'une allusion aussi
amusante que sensée à son infortune de mari. Sa réputation de
cocu s'affirme et se propage s.i bien, grâce à lui-même, que les
enfants, dans la rue,, devant sa porte, jouent au cocu et se disputent à qui sera Dardamelle, et qu"un érudit du cocuage vient
le consulter dans l'espoir d'apprendre de.lui un détail nouveau
sur la question, qui n'a guère fait de progrès depuis qu'il y a des
maris et qui sont trompés, attendu qu'on n'est pru; cocu de nos
jours autrement qu'on l'était .dans la plus lontaine antiquité,
toutes chose.s que Dardamclle se déclare d'ailleurs enchanté de
connaître. Ne croyez pas, après cela, qu'il tire la moindre vanité
de saréputation bien établie de cocu. Ure.ste infinimenrrnodeste
et lui: fait-on compliment sur sa célébrité, il se to:irrne vers s:
femme et fait remarquer, avec raison, combien tout le mérite
lui en revient à elle seule. Si bien que c'est elle, pour l'avoir
trompé, gui anive à souffrir d'être la femme d'un cocu, tandis
que lui se pavane, tranquille, souriant et glorieux. Il y a dans
toute celte pièce une fantaisie extrêmement plaisante, un comique irrésistible et pourtant profond, et sous ce ton de farce
apparent, l'humanité1a plus vraie. Elle vaut d'être vue et méri1..
ferait_ d'avoir un ·grand succès. Elle montre une fois de phrs
comb.ten des théâtre.s comme l'Œuvre et le Vieux-Colombier
sont utiles, nécessaires. Qui sait, en effet, sans eux, si M. Emile
Mazaud aurait pu faire jouer ses deux premières pièces, les

�592

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

théâtres ordinaires accaparés par tous les fabricants dramatiques
qui se tiennent entre eux, organisent leurs succès à force de
réclame et ferment les portes aux nouveaux venus? Je ne ferai
qu'.un reproche à M. Emile Mazaud. C'est d'avoir employé au
début de Dardamelle, à s'y méprendre, la langue de Molière. Il
semble vraiment, pendant tout le premier acte, qu'on entende
des répliques du Médecin malgré lui. Cela nuit à la spontanéité
du dialogue. On sent l'artifice, la fabrication. Cette imitation
surprend d'autant que M. Emile Mazaud ne la montre plus dans
la suite de sa pièce. Il n'est pas possible qu'il ne l'ait pas fait
volontairement. Cela n'enlève du reste rien aux grandes qualités
de son œuvre. Une a;tre observation que je ferai, mais celle-ci
sous toutes réserves, affaire de gotît uniquement, en reconnaissant que l'auteur était meilleur juge que moi, c'est sur le dénouement. Sur les instances des notabilités de la ville, - la pièce se
pas~e en province, - Dardamelle consent à pardonner à sa femme
et à quitter son jeu. Il reste un moment seul avec elle. « C'est
entendu, lui dit-il. Je pardonne. Mais ne recommence pas. Car
alors il se pourrait bien que l'un de nous deux meure. - Quoi!
lui réplique-t-elle. Tu me tuerais ? - J'ai dit : l'un . de nous
deux, répond Dardamelle. Je n'ai pas dit que ce serait toi ».
Certes, cette fin est touchante. Elle étend sur toute la pièce une
émotion qui se cachait, ou presque, pendant trois actes, sous
la fantaisie la plus divertissante. Je me demande pourtant si la
pièce n'e-Ot pas gagné à garder jusqu'au bout cette fantaisie, ce
qui ne lui eô.t rien fait perdre de sa vérité. M. Emile Mazaud
a peut-être trop obéi au besoin de finir ? Sa fin est d'ailleurs
plus vraie que la fantaisie continuée. Mettez Dardamelle dans la
réalité. Vous sentirez cela tout de suite.
Il faut faire les plus grands éloges de l'interprétation.
M. Jacques Ba~mer a été Dardamelle en person_ne. Le physique,
le ton, les attitudes, les jeux de physionomie, la simplicité,
le naturel, la malice cachée, l'étonnement feint, on n'imagine
pas le personnage sous un autre aspect. De même, Madame
Jeanne Chevrel a été à la perfection l'épouse infidèle, ahurie,
niaise, dépitée, vexée et bien punie de son infidélité. Le rôle
comprend une grande partie muette, toute faite de jeux de physionomie. Cette comédienne y est excellente. Je regrette bien
de ne pas savoir au juste le nom de l'artiste qui joue un visiteur

CHRONIQUE DRAMATIQUE

S93

et qui, accueilli par la bonne de la façon que j'ai dite, trouve la
1:hose si drôle qu'il ne s'arrête plus de rire et communique sa
gaieté à toute la salle. Cela n'a l'air de rien dt: rire ainsi. C'est
pourtant fort difficile, et cet acteur y a été merveilleux,· avec le
plus grand naturel.
J'avoue que j'ai peu de goût pour les pièces macabres du
genre des Derniers Masques, de M. Arthur Schnitzler, qui accompagnait Dardamelle. Ce malade d'hôpital, qui va mourir et le
sait, et qui demande à voir son plus ancien ami pour lui révéler
qu'il a été l'amant de sa femme, et qui, qevant les bonnes paroles
de cet ancien ami, renonce à lui faire sa révélation, après avoir
auparavant répété la scène avec une sorte de jeune phtisique
fantasque et trépidant ! Cela me paraît fabriqué en diable.
On a joué àla Renaissance une nouvelle pièce de M. Charles
Méré, qui s'est fait connaître par une petite œuvre dramatique
fort pittoresque : les Trois Masques, tirée d'ailleurs par lui d'une
légende corse. Cette nouvelle pièce a pour titre La Femme masquée. C'est absolument sans le moindre intérêt. Cela relève tout
au plus du cinéma, tel qu'il est et tel qu'on l'a fait, et je n'entends pas là faire son éloge, je ne me cache pas Je le dire.
Quand je lis dans les journaux toutes les tirades qu'on fait sur
le ~inéma et qui ne cac~ent que des intérêts commerciaux, je
plams les naïfs . qui croient aux belles paroles d'art qu'on leur
prodigue à cette occasion. Le cinéma est devenu uniquement
l'apothéose du cabotinage et du roman-feuilleton, quand il
aurait pu être un spectacle du plus haut intérêt et de la plus
grande utilité. La nouvelle pièce de M. Charles Méré y trouverait sa place toute naturelle. Si c'est là tout ce qu'on peut
.attendre de ce jeune auteur, il n'y a pas à lui en faire compliment.
Le Théâtre de l'Œuvre a repris Ubu-Roi d'Alfred Jarry. On a
beaucoup parlé, et de différentes façons, tous ces derniers
temps, de cette œuvre et de son auteur. J'ai vu, pour ma part,
Ubu-Roi, autrefois, au Théâtre des Pantins, rue Chaptal, chez le
musicien Claude Terrasse, joué au moyen de marionnettes
mises en mouvement par Jarry lui-même. Lui seul avait la voix
et savait les intonations qu'il faut pour donner à cette farce
toute sa saveur caricaturale et bouffonne qui est réelle et à
. endroits, d'un caractère très humain. Je l'ai vu ensuite
' '
certams

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
1jouer

par ,M. Gémier et _Lollise France. Il m'a paru curi-eui
,d'envoyer l'entendre,au.joutd'hui \JO jeune éctivain ne wnaais~
sarft de li pi~ce et de -son aùreur que te qui -en a été dit -et
,til.C-Q.l'lté, cette ·sorte de lëgende qui ento).!.re déjà rune iet r~utre,
M. Georges Pillement a bien voulu accepter cette mission.
Voici ses impressions :
_ «Ainsi. c'est tela Ubu,Rûi? Nous ne l'avions ni lu ni "YiU
jouer. Mais nous · savions que des poètes que nous aimions-i
cotnme A;polllnaire, s'apparentaient à Jarry. Or, nous avQns
.été ,déçus et il nous a paru qu'il y avait un abîme entre l'humour
d'Apollinaire et la,gi:osse oiltlser:iie d'Ulm-~oi.
« Somme
. toute et très. franchement, ·Ja représentation n'est
pas-amusante. On itt'cnd toujours quelque chose et on :reçoit
en pleine figure des mots tels que : « le pays appelé Germanie ·,
.ainsi nommé p~r.ce que les habitants de ce .pays s0nt tous cou.sins germains &gt;&gt;. Ce n'est pas très .satisfaisant.
« Certaines scènes, comn;ie la scène de la. bat-aille, sont pleines
-d'un ba:vàrdage assez cocasse. C'est ce qu'on appelle la 'truculente .de Jarry et qui l'a fait-com_pa~er i Rabelais. Mais cela ne
va Jamais très loin. -Evidemment Jarry avait un -génie particulier pour inventer \.fn vocabulaire, et il y a une certaine .puis.sance &lt;lans ces créations de g-idouille, de voiturins à ,phynanm
et de pttits bâtons pointus à enfoncer dans ·les oneilles. Sa conversatüm devait ê,t-re ahurissante. Voilà, je crois. le:grand point :
l'homme a dfl étonner ses contemporains. Salégende a'Cnchanté
une génération. Tout ce qu'on nous a raconté de l~li\Îstence de
Jarry me semble merveilleux.. Celui-là n'a pas baillé ·sa vie : il
l'a.rie, si j'ose dire. Et yusqu' à en mourir. li y a de . .l'héroïsme
dans le cas de Jarry, dans cette extravagance soutenue jusqu'au
bout. Mais Ubu n'est pas un chef-d'œuvre. C'est une blague d:e
collège où l'on ne sent qu'un écho de la fantaisie vivante de
.}arty. Pourtantïl y a le Père Ubu. Il y a,œ nom qui est une de
oes trouvailles de mot dont Jarry avait le secret. C'est un nom
qui s'impose et qui vivra. Ce personnage est taillé grossièrement, d'une façon très simpliste. C'est un pantin., un p0lichinelle. Mais il existe. rll restera, mêlé au -souvenir_ étrange
d'Alfred Jarry. ~
Un pa'r~raphe a sauté -daBS ma ,dernière -chronique à propos
de l'interprér.ition du Misa.utbrope. au :fhéâtre du V.ieu1-Colom~

~

595

CHRONIQUE DRAMATIQUE

bier. M. Jouvet, lui aussi, a été parfait dans Philinte. Non seulementparson débit nuancé, tranquille, moqueur, exprimant à
merveille toute la philosophie sceptique du personnage, mais
encore par ses attitudes, les moindres expressions de sa physionomie, d.tns les .scènes muettes de son rôle. Quels yeux amusés,
quel regard indulgent, quel sourire indifférent ! Il exprimait
dans sa personne tout le comique des gens autour de lui qui
s'emportaient, médisaient ou faisaient des grâces. Je ne sais si
j'étais sous l'effet d'une illusion, mais M. Jouvet, dans ces scènes
muettes, c'était pour moi le visage même de Moliè,e.
On se rappelle ce que j'ai -dit de Nt Paul Souday, dans cette
même dernière chronique, à propos de la manière de jouer
le Mîsanthrope et généralement le classique. M. Paul SoJ.1day
m'a très aîmablement réponèiu dans Comœclia én ces termes:
C'est justement pour jouer Molière avec' nature1 et d'une façon
vivante qu'il faut 11n long -appr~missage. Ce -sont manffestement les
. novices qui dt:'bitent le classique comme une leçon. C'est prétisément
le grand art de 1e jouer comme si l'on improvisait qui ne s'improvise
pas, JA moins d'.un. génie =eptionnel, œt encore I tous les grands
interprètes du clas.sïque s'y -étaiJ!nt prépa;o:!_S-par de patientes études.

Cela ne manque pas de justesse .
MAURICE BOISSl\.1W

.

l

.)

1 ,

�HO'l"BS

597
gne él~quemment de ses méditations. Il est beau qu'un poète
apparaisse tourmenté, mais on aime que son chant lui soit
comme une évasion . Cet énigmatique reptile qu'on voit
... parmi l'itinullemmt
De sa queue éternellemen;
Et,mellement le bout mordre.

NOTES

LA· ,POÉSIE
LE SERPENT, poème de Paul Valéry, bois gravés par
P. Véra (Éditions de la Nouvelle Revue Française) .
On ne se flatte pas d'ajouter, par un commentaire critiqu~
au plaisir que les lecteurs de cette. revue ont pris à lire, l'an
passé, cette Ebauche d'un serpent qui vient de paraitre en "Tolume.
Mais toute œuvre nouvelle de M. Paul Valéry fait événement
parmi les amateurs de poésie, nombreux à redouter que l'auteur
de la Jeune Parque ne retourne à la longue et silencieuse retraite
rompue par lui naguère, pour notre joie.
Il faudrait mal connaître M. Valéry ou l'avoir lu plus mal
encore pour imaginer qu'il veuille usurper en faveur de son art
le prestige et la vertu des voix qu'on sait ne plus devoir entendre et par lesquelles on est ainsi plus sûrement touché. U a
hérité de Mallarmé le tourment d'absolue perfection et le désir
de donner aux mots la souplesse d'une :i.ile, l'âclat des pierres
et la transparence du cristal. Mais u11 savoir étendu aux sciences
et à la philosophie lui a permis de renouveler son inspiration
et de délaisser enfin le motif pour aborder le iujet. A cet égard
le Cimetière Marin a marqué une phase nouvelle de cette évolution mesurée, pudique et si émouvante à suivre. On conçoit
foftbien qu'une idée aussi haute et ardue de son art dispose le
poète à quelque découragement et que M. Paul Valéry puisse
parfaitement se convaincre, son poème achevé, qu'il n'écrira
plus d'autres vers et que ceux-là sont le chant du cygne. Cette
sorte de pessimisme n'est-elle pas plutôt parnassienne que classique? Telle est la question que M. Valéry ne pouvait manquer
de se poser e_t sa belle préface à !'Adonis de La Fontaine témoi-

cette image ne devrait pas demeurer l'emblème d'un art à·
·
l'é
•
1ama1srep I sur so1. 71uda_nt les tâc~es qui lui semblent trop communes_ comme d expnmer une idée abstraite au moyen d'images
sensonelles, M. V:i.léry se plaît à faire l'opération inverse. Par
exemple, Eve prête à cueillir le fruit de cr l'arbre des arbres

m

•

la graude urne
d'où va fuir le consentement ;

et quelques vers plus loin, le Serpent prétend
voir le l0t1g pur d'un dos si frais
frémir la désobéissance.

Tout n'est po~nt propre à être exprimé d'une façon rare ni avec
d_es mots précieux et le moindre inconvénient de cette précios~té es; de rompre le rythme intérieur du poème. la complication n ~st p~s le mystère et l'obscurité n'est point propice à la
muse _d1dacnque. C'est ce que j'aurais voulu objecter au serpent
hégélien de M. Valéry si je n'avais craint d'interrompre le
déroulem~nt pailleté des strophes dont son corps luisant est
formé, m s~rtout de déranger la radieuse apparition de la.
femme édemque,
toute oj/erte aux regards de l'afr
l'âme ent:ere stupide et comme '
interdite au seuil de la chair,

à qui le savant reptile adresse un si charmant discours:
Tu es si belle, juste prix
de la toute sollicitude
dèS bons et des nui/leurs esprits /
Pour qu'd tes livres ils soûnt pris
li leur suffit que tu soupires I
Les plus purs s'y penchent les pires,
Les plus Jurs sont les plus meMrtris.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇ.&amp;12

ROTES

Pour ma partfC,pri$ccettesim éloquenr.e,.légèrementalt~e
par une émotion persoonelle•ct secrète; pin h:mtque la rliétof.
rique la plus.,mgénieuseetla plus- fl:cmie. M. Val&amp;y connût
trop bien la fable pour n'avoir pas présent à l'esprit le destin de
celui dont le funeste privilège fut de changer en or tout ce que
touchaient ses mains. li sait qu'il est des o&amp;ie.ts et des pensées
auxquels conviennent leur apparence un peu commune et leur
touchante- banalité.
ROGl?R ALU]{l)

HUMORESQUF.S, par Tri.stax Klingsor (Bibliothèque
du Héris.son).
Pourquoi les dames d'un certain âge ne sautent-elles plu~ à la:
corde ? Pourquoi les messieurs sérieux ne jouent-ils plus à sautemouton ? Pourquoi viemir ? Pourquoi la vie eit-elle ennuyeuse,
quand on oublie de iy auur ci ? Questions. Le cré~Ul', appa,,
remment, dédaigne d'y répondre. On a un peu besoin de voui,
monsieur l'enchanteur Klingsor. On n'oubliera pas, du moins,
que votre aïeul Nicolas se rendait à la Wartbourg par la voie
des airs. Tradmon de famille, et bien charmante. Il n est p-as
mauvais d'être un homme en l'air, quand en est sftr de son
~rrissage-, quami on sait d où l'on pan, où n&amp;essairement
ton revient: .
Id parler dToü
Pa,tout cbudlote. :
§.21, m dise.tu, Gailltiafe l
Oui, cela est sans méfancolie, en dépit cl'u temps qui pa5se et
des légères amours qui s'en vont. Il y a une Provîdeoce pour
les poètes, petits et grands, s'ils chantent fa chanson française.
11 y a quelque fraîcheur gaillarde dans les rondes de nos grand'mères. Même, il y a du rose dans le« Klingsors schwarzer Ton ,
de l'aïeul dont nous sourions •..

Et moi aussi malgré
La rose à jamais morte "4ns- l'aulcnme d'or•
Et que &lt;Ù plas ,n plus ce poil gri.s pcus.s,,
Je chante erre«,
Et comme un l&gt;aladm q,ui.f.ait dOASer u.n 011J1s
Sur le pré._
Je traine ,n sourianl 1m arur iUsespird.

Un vers-. Ce qui s'appelle un beau vers Mais n&gt;
plutôt tort de vous émouvoir. Des poètes ~agu.1.

59'
.

au nez
la &amp;n, lité ·
,,
,
1:r~ ont poussé
o
1usqu: a nous faire verser des lamies.. Qci'ils

reposenL

As-ttt VII l'éclipse

La Tulipe ?
Je t'invite
À ltl'l(tr k

tJei'. art pl,u vite.

Les Htiltmoresques de Tristan Klingsor, chanteur français sont
un recue poétique d'un har
é .
,
c

me pr cis, tendre et plaisant_

*

IIUiLOT DO

DY

C~US~ DE CHÊNE, par Pitrri Reverdy (Éditions de la
ga Iene iman).
M. Vandéretnremru:queavccregret• uele e1

!u

d .
lent::~: d~'~:~::

~oèt~s qui se_mblait parti à.bonne allure
uce s est égaillé chacun d'
·
poésie n'a que faire Ce n'e:t' sc~ant à u~e aventure où la
camoullés qui b •
d' pa
as pour 1auteur des Jockeys
'J'
' ien avant autr~ s'était révélé
·
forme, et qui au1·ourd'h .
' .
. 'avait conquis sa
C
u1 encore SU!t sa piste
·eu œur de c~e'ne n'est pas une malle pleine de. cailloux ni un
J de. phySJq ue amusante ; c'est de la belle et saine.,poé .
romantique :
s1e
... et sous les ruissea11x d'ombre le souffte de la tiuit
bat encore par moments .. .

Au physique, Reverdy a l'air d'un sculpteur

lu
'
poète. Son œuv~e est plastique esseotieUem~i,
dp~r
ses qualités exténeu
·
•
fuutier.
res, suivant les recettes d'antiqu:lire de
ÙmoW11ement 1'étei11t
le br11it 1011~ la terra,
l.s litnes du cbnn.in s'en v&lt;mt
l'ho»1111e 4.1t en

~i"'-··

••• des éclai'rs étoujfls
dts 'llisa[U"de pldtrt

et des
1.

cm i'lcbiré,...

Revue de France du I 5 mars

I 922.

e: ;~:

�600

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE:

Personne n'est moins • intelligent » que Reverdy ; personne
ne s'opprime moins pour arriver plus facilement à une perfection. Mais c'est un des plus rudes dHricheurs de ces grands
terrains que les poètes modernes ont conquis sur le néant.

•••

PAUL MORAND

LE CYPRÈS ET LA CABANE, poèmes par Jean Ltbrau
(le Divan).
Qui voudra tracer un tablea~ de la poésie française depuis.
vingt ans, n'aura garde d'oublier l'Ecole du Divan, où règne un
ton de fantaisie discrète et de romantisme contenu, à b fois
tributa;re de la grande mémoire de Moréas et des ombres charmantes de Teulet et de Pellerin. C'est ainsi que M. Jean Lebrau
célèbre, d'une voix blessée mais paisible, les charmes de la
mélancolie rurale, en un pays de vignes et de cyprès :
Le rosier refleurit qu'on avait çru mcurant
n suffit que l'enfant revienne lui sourire.
Et le vent rafraichi qui da11s les pins soupire
Agite par mo111ents le beau clxwr od,m:mt ...
Les stances brèves, les épigrammes descriptives ne souffrent
pas les brisures de la ligne mélodique ou faux. traits qui
peuvent plaire dans un poème en forme de récit. Les genres
mineurs ne vivent que de perfection.
R. A.

*
* *

NOTES

601

POÈME D'AMOUR SUIVI D'EXIL, par Jeanne tf Ophem
(Société mutuelle d'édition).
. La peste soit _de la mutualité qui favorise l'impression à plusieurs ex.em~la1res de poèmes où il est fait me·ntion o: d'un

scar~béc qm dort dans les bégonias :o, d'une « enthousiaste
gl~c~ne » et d'un « hérisson qui se promène sans crainte _
SUIT! de son petit :o.
R. A.

**•

J~

GLERIES, par André Harlaire (Bordeaux,

1922).

Mie~ vaut en effet jongler avec des bulles de ,avon qu'avec
des pouh 1:11qu~s. M. Harlaire apprendra vite à jongler avec les
1!1ots. Il dit déjà e~ se jouant : l'aimable cécilé des hommes,
I bymne déloyal du printemps, le bonheur sacrilege des étés. :o
•·· De ton ardeur la force vaine
Ira s'unir au bruit amer
D,s mois wla11t d perdre halei11r.
« Il n'y a pas de thème poétique qui soit usé :o affirme
Georges Gabo ry en épigrap
·
he. Bien
· sôr, mais les versions!.
'
..

•

R. A.

* *

POINT DE MIRE, par Céline Arnauld (Collection
Povolozki).

z,

l

LES TENDRES AMIESJ par Philippt Chabanûx (Librairie des Lettres).
Audacieux. et frivole, M. Philippe Chabaneix est un poète de
vingt ans qui assume une singulière originalité. Les trente-six.
pages de sa première plaquette ne contiennent ni trolley, ni
cocktail, ni érotisme à la Lautréamont. Seulement, queique
part, « un couteau luit au fond d'un bouge » en l'honneur de
Francis Carco. M. Philippe Chabaneix est un gentil disciple de
Musset ; c'est peut-être une manière d'être un précurseur,
quand aura tourné la girouette nommée « Esprinouveau :o .
R. A.

** *

1 ~n joli portrai_t de l'auteur, par Halicka, retiendra longtemps
e ecte~r au semi de ce recueil de poèmes. Pas assez longtemps
toutefois. Entrons dans le vif du sujet :
La clé des histoires enfantines est une cravate étroite qui serre 1~
paroles. La mélancolie croquemort des pays sans vin
le
.
éventail des négresses dans un bol de lait...
sounre en
··: Le_ curé a soldé la rivière de ses yeux. Le crocodile couchant du
soleil lui est desc~ndu dans les sabots. Les palmes de son estomac
J)¾mées en panoplie, etc ...

Bon 1Mm• ~nau!d ti_ent ~ gamme. Qu'elle se surveille pourtant. Faute d attention il lm arrive d'être naturelle
. .. Un rayon se penche sur l~ bord de la fenétr~ et la 1·eune
femme Y plonge ses cheveux pour les dorer.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

60,.3,

Alfons, Madame., r.e:mpfaç,_on:s· wït « fe11êttc » p;ir « ~artinicocktail » et « jeune femme )) par " pyi:og~e :o., et enchalnon~ 11
enchaînons !
R. A.

trouvons. en présenc~ d'un fait nouveau. dam, l'hiatoi.re du
m.onde:;, dapuis quiexiste-nt les socittés, humaines,, on n'avait
i,amais vu tow les petits enfants d'un aontiaent' soumis, à, uni
pétrissage de cette nature.
Et,, à quelques indices,. trous surprenons.- déjà l'.influenœ de
c.ettc J?Iod,igieuse élabo11ation : la dern-ière gu~re nQus offrirait
là-dessus certaÎ.n.5' ex-cmples. &amp;ur lesquels la réfiexio.n ~ourraiu
utilement·s'ex-ercer;,e.ten des sens variés.
Mals pour no.us limiter à l'aspect fra12~ais de. ce grand
pxohlème, remarquons- d'abord que c1est par ces humbles
détour:s q,ue la Morale Sans Obligation Ni Sa,r,i,"tion a propagé,_ depuis quarante ans, ses fi.ères et mélanc0liqu:es,mat-imes,~
.i.'est dans ces,pe.tits-auvrages négligés, du phikisophe, qu.e tant.
de r_ïgides consciences enfantine&amp; ont twuvé lem type· de héros :
le crtoy.cn stoïque i c'est pa-r ces voies in:.t.ttndues-que l'histoire
Je Pasteur" neuf cent mille. fois;réimprim.ée, a donné au nou'le.m saint laïque, issu des conceptions r.a'&lt;lica1es, et maçonni,.
ques., la figure d'un .),:uologiste vertueux,, et,, eKaltant.le laberudisintére$é, subordonné le Gaprice i.n.divi.d1J.e,l l. l'intéiêt.de la
communauté.

LE ROMAN
LB CANTIQUE füES CANTIQUES-, par Pierre Hamp
(Editions de la Nouvelle Revue Française).
Leibniz nous a appris que nous ne pouvons murmurer une
syllabe sans que l'impératrice de la Chine n'en. ait, - si
imperceptiblement que vous le vouliez, - t'"oreille frappée.
Quel réfoP111ateur a,, de so,n côté, pesé les- répercussi'ons lointaines de la réf.orme _qu'il précmnisait ? Et, pour en venir .au
-fa-rt, qu-i avait prévu que Fcnganisation, de l-'enseigneme-nt pri~
maire :rrn:ait des consé'q uences plus fnattend'ues que d'élever les
citoyens à la fierté -d~ sa,voir
l.eurs comptes et parler le
français du Petit Parisien ?
Les pédagogues- qui ont codifié le~ programmes de l'école
:eublique étaient des âmes loy~les, pleines de révérence pour
les, grands dogmes de la. morale, de la science et de l'art offi_ciels. Ils ne pensaient pas faire autre chose sinon dresser leurs
nourrissons spirituels à une pareille - soumission. Et dans ce
but ils se sont mis à composer ces recueils de lectures édifiantes,
ces l~çons de vulgarisation scientifique, dont c.elles de Jean
Macé demeurent des modèles fameux.
. Aux yeux de ceu~ qui les rédigeaient, ave~ un enth_ousiasme
modeste et touchant, ces ouvrages ne devment servrr qu:e de
passage et d'initiation à des connaissances plus- hautes. Mais
ces maîtres avaient compté sans l'extraordinaire tendtesse &lt;l'e
l'imagination enfantine.
Coneevons, dans cet immense publi-c des êcoles, une nature
particulièrement ardente et sensible. A la maison, point àe
plancl'rette à livres ; le cinéma n'est pas encore né; le théâtre
reste cher et inaccessible ; le petit manuel cartonné va former
le seul aliment offert à la voracité de son esprit, les seuls
modèles, les seuls cadres ptopasé.s à. la1 ré-verie et au drame
intérieurs.
Les cons.équew.:es de cet é\!éatment GQn.t incakulables. Nous
commençons à peine à les diicemer. Songeons q,ue nous, nous

te.nu:

Mais cett-e cw:ie:we avetrture. ne s'arrêt:e pas là. Toute plate
qu'elle soit, cette littérature s'est trouiVée- assurée d'un c!AbitLD.tarissable ; elle a bientôt constitl.ié, à- soi seule- un gerue. Ce
ge~re_ n'a pas, tardé.à se.don.net ses, règles et à.faire: prév~o.ir se&amp;
~s. ln.ternes-. Le moyen, s-'est pris- lui-même. p0o,r ab:iet. Et
~si,, de ~épasscment en tl:épa&amp;sement,_une pédagogie d.'i,aten~
tians médrocremtnt utilitaires a fini pan offrir d~s forrnes,nou..:.
velles à l'œu.vre d'art.

Dicouvertes, de. Vildrac~ nous fnur.niGlit un exempte ex:cellentl
de ce que deviennent ces influences- lorsqu'elles sont élaborées,
pu ~n éc.civain. d'un goût exquis et d'1J.ne rate puisssance
6nouve. Découv.ertes n'est autre chose qu'un beat1, livre de prose:
pure, conçu sous l'influence inconsciente de cent manuels delec.tares mru:ale,s_
Et l'œuv.re entière. ~ Piene H~p · nous révèle un autn
~ t de cette influence.
·

Ce qui domin.e. i.ci~ ce n'est plus. seulement le livre de morale
~milière, c'est aussi k m.anuel de lectures s.cienti.nques ; ce;
neu plus hl s.eule. fi:liatio.n de Guy-au~ mais à, la fuis celle de

�LA NOUVELU,: REVUE FRANÇAISE

Paul Bert. Forcerai-je beaucoup les termes si je dis que la
Peine des Hommes est une transposition, dans une architecture
presque grandiose, de la modeste Histoire d'une Bouchée de Pain,
- délices de notre enfance?
L'écrivain qui entreprend de peindre le travail dans le mon_de
a le choix entre deux procédés : décrire le producteur ou décrtre
l'objet produit. Zola s'est arrêté au premie.r. Choisissant l'o~jety
Pierre Hamp y gagne de ~ubstituer au tableau psycholog'.que
d'un groupe d'individus un tableau écono~ique ~e la,soc1été,
telle qu'elle est répartie en class~s et en h1érarch1es. Cest proprement changer de -valeurs, remplacer les faits isolés par des
rapports. Et Hamp parvient ainsi à dbnner une image fr~~pante
de cette.servitude moderne, ou la place de chaque act1V1té est
devenue à la fois si nécessaire et si limitée.
Dans son premier ouvrage, celui gui a commencé à établir sa
renommée Pierre Hamp suivait les avatars d'un lot de soles
'
.
'
depuis le chalutier
Marie Rose, du port de Boulogne, 1usq1.uux
tables d'un restaurant célèbre des Boulevards. Et à l'actif de nos
jouissances gastronomiques il opposait un passif de peines
humaines ; au délicat qui parfume sa bouche avec l'arome du
filet de sole Ouvrard, il rappelait la longue chaîne des
angoisses et des misères qui' conduit ~ ce ~laisir de guelgu~s
secondes. Peintre minutieux des métiers, il nous promenait
parmi les mareyeurs du port, dans le poste_ d'aiguilleurs de
Boulogne-Triage, sur la machine 2638 du train chasse-mar~e,
sur le carreau des Halles, aux cuisines pendant le coup de teu
du dîner; et, chemin faisant, il nous donnait le traitement du
sous-chef de gare ( dix-oeuf cents francs par an, diminués du
blanchissage de deux cols par jour), les salaires des matelots,
des plongeurs et des rôtisseurs.
.
.
Par là se trouvait exprimée la double hérédité dont est sortie
la conception de la Peine des Hommes, - celle de l'humanitarisme socialisant, et celle de !a vulgarisation scientifique.
Mais servi par une sensibilité neuve, dure, personnelle, l'humanitarisme a dépo_uillé son ton prêcheur, il a pris un accent
péremptoire où passe par moment la fierté insurrectionnelle
des vieux blanquistes, et, par moment, comme un tambour
voilé le roulement lointain de la révolution . Appuyée sur une
curi;sité
ao-ile
et infatigable, sur une amère expérience de la
1
b

NOTES

605
vie et des hommes, sur le don des formules tranchantes, la
vulgarisation atteint à la hauteur de l'art, le récit documentaire
se mue en drame, le manuel en création, le tract en roman.
Le Cantique des Cantiques porte, chez l'éditeur, le numéro
d'œuvre Douze. Depuis Marée Fraîche, Pierre Hamp s'est donné
~uelquefois_ licence de se distraire. De là sont sortis quelques
hvres précieux, ces Contes écri~ dans le Nord, cette Vieille
Histoire qu'il n'a publiée qu'en l'enveloppant d'excuses, et qui
restera peut-être un de ses meilleurs ouvrages, enfin ces notes
de gu~rre, ~es _trois volumes dont le premier est l'incomparabie
Travail Invtnczble, témoignage pathétique et sobre.
:°?uzième étape vers la réalisation d'un plan majestueux, poursu1v1 avec une sorte d'âpreté, le Cantique des Cantiques vient à
son tour et trahit une étrange fidélité aux influences qui ont
naguère modelé l'imagination de l'écolier. Ce grand et fort
r~man nous ramène à la technique des débuts littéraires de
P1e:re _Ha_mp, à celle de Marée Fraiche, - qui est aussi celle
de 1Histowe dune Bouchée de Paitt.
1

Mais le Pierre Hamp de 1922 est aussi devenu un homme
avisé. Sa passion ne le mène plus sans qu'il !a contrôle et la
devance . Il a su choisir un thème habilement actuel. .
Dans cette Europe d'après guerre, qui gambillait avec la
f~én_ésie que vous vous rappelez, le parfum devait servir à
dissimuler les suites naturelles et presque inévitables de la
dan~e. Vous m'entendez assez. Pierre Hamp avait donc le
choix, pour une étude, entre deux objets étroitement associés,
la danse et son correctif.
Mais la danse n'est pas une industrie. Elle est, selon qu'on 1a
rega_rde, un art ou un commerce. Or le commerce n'est pas à
la taille des conceptions de Hamp, et l'art n'est pas en soi son

SUJet.
.

'

'

~e parfu?1 est_ une industrie, et une industrie d'autant plus
attirante qu elle tient, par sa naissance, aux origines les plus
:abuleuses de l'humanité. Aujourd'hui encore, elle participe
.i tous les étages de la civilisation. Elle tire ses essences des
-fleurs, dont les unes, comme la lavande, sont demandées aux
procédés primitifs de la cueillette en montagne, les autres
=sont, comme la rose, sélectionnées d'après les recherches les
,plus savantes de l'horticulture et de la physiologie végétale.

�606

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Puis intervient le labor-atoire où }e chimiste dose, isole, combine et élénatnFe. P11is l'11sine où les-es&amp;ences les plus diveises
sont à leur tour ssociées èt contrarié~, où scmt créés les parfums de grande marque. Enfin les boutiques renommées où,
tians un décor de chapelle, les flacons incantatoires sont d~HV'!'és
:nu. belles mains patriciennes par les fines venlleuses, nées -dans
l~s quartiers ouvriers pour les 1abeur-s de lm1e et-là sa-lacité des
oisifs.
Devrons-no~ regretter que Pierre Hamp ne se soit pas contenté des ressources naturel~ et innombrables que lui ofirait
un pareil sujet ? Il ne s'est pas avisé que,le lyrisme spontané de
son thème en était le principal danger. Entraîné -par lui, il ne
s'est pas défendu contre la tentation d'introduire une histoire
d'amour dans une histoire où déjà les graissew et les pétroles
rivalisaient avec les œillets et lea jasmins.
Histoire d'amour? Tout au plu-s une aventure d'épiderme .
Nous en dép1orons la -présence d'autant plus que 1a langue de
Pierre Hamp, rugueuse et brillante, manqu-e des regi-sms que .
demandent la · volupté des sem et celle de l'esprit. Peut~être
comparable en cela à la musique de Vincent d'Inay, -elle est
plus à l'aise dans l'expression de la force ou de la mélancolie ;
l'ironie, 1a pltié ou l'indignation l'inspi:rent mieux que la
tendresse.
Pierre Ham-p a en outre adopté, pour la première p:trtie de
son ouvrage, une composition qui n'est pas sans évoquer celle
de la Ma,zdragore ou de la Cavalière Elsa; le motif voluptueux
réapparaît en incidentes régulières ; il rompt, à la manière d'un
rappel ·et d'une obsession, la chaîne des chapitres narratifs. Le
procédé reste trop visible. Tant de coucheries répétées nous
blannt. Les plus belles nudités fatiguent qu:md efles sont
prodiguées.
Transportée à Paris, et rhabillée, l'héroïne nous agace par son
insignüiance spirituelle. L':mtcur se montre un peu naïvement
ébloui par le luR dont il se plaît à !',environner ; telle saHe de
bains, décrite a:vec une minutie lyrique, nous fait sourire. Un
repas -sardanaptlesque te-.l'mtne le roman ; il marque la suprême
péripétie de cette HisftJif'e d'u,i Flacvn d'Odeur; trop fidèlement
inspiré de C'l!S Tepas 'fameux où les journalistes et-les clercs de
notai.refont assaut chez Balzac de brio, de traits et de paradoxes

WOTES

à prétentions éblouissantes, il constitue à 1 [, .goût ~tu.ne erreur de oompos.ition.
a ois une faute de
. M_a.is tpJe ces réserves ne dissimulent as I' d . .
inspire uoe œuvrc d'un tel
'd
.~
a nu.rat:tonquenous
Quelques semaines de tnéd~o, . s et d une saveur ~j violente.
itat:Jon et une rév.i .
1
geante de son manuscrit
.
s1on p us exi.
auraient permis .à Pierr H
corriger les quelques défauts u~.n
, e amp de
volumes. Les qualités u'on q
. a trouvés a ces deux
seule réflexion ni d'u q 1 b y vo~t ne relèvent o.i de fa
n a eur uniqueme t b . é
demandent un tempérame
t d"
.
n o stm . Elles
·
n
une richesse exce ti
Il
pu1SSance constructive ui asse l'
. .
p onqe e, une
siasme intellectuel et q Pd
ord1~a~e, une sorte d'entbou'
ce on de v1s1on ynthét"
1
ique grâce
.aI'uque. la Peine des Rommes fiormera un ·
lttérarre auquel le recul d
Jour 11D. monument
de donner sa pleine valeur. u temps permettra seul sans doute
JRAN-IUCHAJtD llLOCR.

ODVERT LA NUIT, par Paul Morand (Ed' .
Nouvelle
Revue França1se
. ).
mons de la
Six nuits, - ,six feux d'artüi d
peu ivre. Palaces b
d
. ce o.nt on reste ébloui -et un
re
, ars, . anc1ng:s sleepfog
ux électriques dans la nuit d ,l' ès s-cars en gerbes de
ncux. de cinéma éclatant dans :.om°fr: -guerre. Ecrans l~~
pins. Eatr'actes noirs
où nul ne se reconnait
, retour au chaos et
. .
goutt~ltttes chaudes du
é
a.u rut ong1oels,
.
sang r pandu s
.
,.
no_nale rouge et l'internationale fardé
ans raison, _l ~~temaqu1 s'engouffre au néant d
e, toute une ctvihsation
parfum d'éthe r et d' opmm
.
ans un• tumulte de jazz-band , un
détraquement des sens des • ~ne t~resse de cocai'oe, tout le
emportées par le
, ru! ne s_ et es cerveaux. Six femmes
ch
gra
tourbillon du Ca.bel
,· oses, sans résist:ince, roulées de l'idéal é
p~uvres
"t.ce, d Un palais granducal à
·11
r vo ~uonua1re au
~chantant à la s
un gn -room éqwvoque, d,un
et de bras en b yn~ogu~ de leur enfance, d'oubli en oubli
l'hygiène s-alvatcicer~e/:u àetc~ui .d'un ruffian assassin, de
du lit d'hôtel Six&amp;..
ps_ :es arues à la petite secousse
·
œmmes qw sont J'imag
Ad
vtau pauvre
,
I
e lDta1.1e e ce nonalcools et ~u =p~r::d;~~;Jo~~d'hui ~t qui demarule aux
, ..u.c sa misère. « C'est une

r~e,

�608

LA NOUVELLE REVUE FliNÇAISE

devenus
génération sacrifiée, Madame, 1es hommes
fi Il
Lesont
destin
y a
les femmes sont devenues o es.
)
soldats,
. r lot de catastrophes. » (p. 104 .
ajouté encore avec un JO I M
d 'amuse . ces années
. ·1 d
gémir ? oran
s
,
• Faudra1t-1
one
,
et la vie humaine sans
ù 1
erles sont 1ausses
.1
faisandées o
e_s p . e le ra m1t. Il plaisante, il ironise, et l
cesse menacée, il en a1m
g
. par intervalles, dans
faut bien tendre l'oreille pour percevoir
me le bruit d'un
l'éclatement des bouchons de champagne, corn
léger sanglot.
d h
. de ces récits tout en mousse
Tel est le food, le f~nl ;~:~~té apparente baigne dans la
et en dentelles, don~ a . l autant que du Pierre Hamp,
technicité et l'économie soc1a e . 1· nt le long de notre
anière et qui g isse
mais d'une autre .m
• fi .d 'tal comme la perche sur
époque, lui empruntant son u1 e v1 ,
son trolley.
. , ût il pas ce su bstrat d'humanité &gt; Ouvert la
• Nuit,
Mais n y e - .
é 't complète la réalisation parn'en serait pas moms une r us~ e
Nous ~ommes déshabitués
faite d'un classicisme ultra-mo e~ne . nous sommes tentés de ne
de la perfection et, plu_s ou modms, fr
ents. li faut nous
.
' bl à réussir que es agm
• . d
croire poss1 e
d l 'il est en pleine maltnse e
résigner à accepter Moran_
qu cap . 'analysant, composant,
ses moyens, armé de pie en . •~st qu'à lui à l'aide de
peignant, écrivant d'une façon ~~1 n de peinture' et de style
dé d' alyse de compos1t1on ,
h
procé
s au appropn
,
'é.s l' un a' l'autre , se complétant armoadmirablemeut

t

nieusement l'un l'autr~. d
.
qu'un poncif nouveau de
orte nen e moms
d '
Moran nappe et une dé marc h e n ouvelles dans l'artdeconter,
style, une coup
d
1 littérature exotique, un renouun renouvellement ans a
fin une façon nouvelle
d
l'étude de mœurs et en
0
vellemen~ ans
.
N ï Nordique). Est-ce là peu ? n
-Oe faire nre et sounre (~ ui
T t pis pour les imitateurs.
.
t aux 1m1tateurs. an
.
frémit en pensan
.
il faudrait remonter 1usl . f . une comparaison,
d'
S'il, fal ait
airede. mon mou 1·m Pour trouver mutatis mutan JS
Lettres
quaux
.
l'équivalent d'Ouvtrt la Nuit. . ( t cela on le chercherait en
d ·· eot de découvnr e
é
Moran v'.
rose familière d'après-guerre, m vain dans Giraudoux) la p
. t d'argots de toute
·
de bonne compagme e
lange d'un certain ton
D udet avait Mcouvert la prose
sorte
exactement comme a

HOTES

familière Second-Empire. Prose familière, tout à fait d'aujourd'hui, mais ailée de fantaisie poétique, bariolée d'images
neuves, trop neuves et trop nombreuses peut-être ( comme
disait Marcel Proust dans sa préface de Tendres Stocks, (I' pas
toujours inévitables »), mais si agréables qu'on ne songe pas à
leur résister. 11 faudrait insister longuement sur la qualité picturale de la prose de Morand, sur son don d'assembleur de
couleurs et de lignes.
Pour se rendre compte de la nouveauté de sa façon de
conter, il suffit de songer à tous ses grands prédécess.eurs, Il
n'y a pas présentement dix façons de conter en France, il y en
a trois qui avec toutes les différences possibles, s'apparentent
soit à Maupassant, soit à Kipling, soit à Marcel Schwob,
Morand nous en suggère une quatrième. Comment la caractériser en quelques mots? Papillotement cinématographique, procédés synthétiques dans l'analyse des sentiments, encerclement
de l'objet à évoquer au lieu de l'attaquer de front, ellipses, allusions, désarticulations, énumérations.
L'exotisme de Morand ? Il est fait d'une prise de contact
directe avec le pays, soigneusement préservée de romantisme,
d'une connaissance pratique de l'étranger qui s'étale sans aucun
respect humain. Comparez à Loti ou à Bourget, vous sentirez
la différence. Hermant, Larbaud ici ont précédé, il est vrai,
Morand ; Larbaud descend plus profondément que lui dans les
particularités de la race et des individualismes nationaux, mais
Morand évoque avec plus « d'immediatezza » l'atmosphère présente de chaque pays d'Europe, dont il excelle à noter à la fois
la façon ou'il a d'être international et les survivances nationales.
L'étude de mœurs, telle que la conçoit Morand, confine à la
sociologie et à l'ethnographie. Particularisés à l'extrême eu apparence, chacun des héros de Morand se classe en définitive dans un
chapitre de géographie humaine. Ces anecdotes rares s'élargissent jusqu'à la grande légende et jusqu'à ces mythes où le savant
découvre l'influence des saisons, du climat, des grandes invasions et la marche des Dieux nouveaux de l'Orient à l'Occident,
Paul Morand, pour sa part, travaille lui aussi à nous délivrer
de l'bistoricisme. Le xxe siècle sera le siècle de la géographie,
en art aussi bien qu'en science et en économie politique,
comme le xix• fut le siècle de l'histoire.
39

�610

LA NOUVELLE REVUE FRANÇruE

Et il sera '.aussi re·· S!ièïtle--dlime _.gaiieté ncmveBe. ·-•On n'.a
pas ri en Fl'ance depuis ·cent ans. Voici le 'tire .qui fuse Jcie

tonte part, .comme après tous r;œs _c.atatdysmes . . Les poètes
fantaisistes .rient, runanimisme rit 1 rappelez-vous le grllilld rire
.cosmique de Claudel dans Protee, Jacques .Cbp;eau ticlame des
farrces pour son trkteaù dn Vieuit-Colomlii.e~ Crommelynck,
Mazaud en écrivent. 1Panl -Morand nous d.onne Aïno ou -la
Nuit Nordique, ou il retrouve, en le raflin-ant, le -rire de Ra~
belais.
·
Ouvert la Nuit, qu1 est l'~bôutissement heureu-x tle Lampes à
Arc et TendrdStoc-ks, ~t donc en même-temps - et ·c•est cie
quoi il convient de sè réjouir, - un pdi.'11t 'd e départ. Que les
mauvais prophètes se ra-ssUTent, Pau.J Morand 'n'est pas homme
à piétiner sur place.
BENJAMtN' · CRÉ-MFEUX

ae

. * "'
DU VILLAGE A LA qTÉ.,
(Delalain).

par

Jean,

Marquet

En prenant un'e pl.ice de plus en plus grande, la littérature
col'Oniale ne ,se corrige pa~ toujmus -d'nne c-ecrtafoe-facilité tas-:
sa·nte qui nous illet automatiquement èn gara-e contre ellemême. Ce qui ne veut pas dire que le-s écr-ivains d'Asie et
d'Afriq1:1e -manquent d-e talent ou de pénétration, mais bien qtïe
le champ qu'1ls d'éfrichent nous apparaî't~'avànce lelletnérft fertile qu'il n'y faut, 'préjugeom;-nous, ni graad effort ni 1,i,sque
méritoixe . Par aillelH"s, jaunes ou noirs se ressemblant tant~
à nos yéux trop rapides d'Européëns- ·il nous paraît que ce
sont toujours les mêmes gens qu'on ~non -peint', et sur,l'imprévu 'même de mœurs et d~ climats. nouveaux~ une
mo □otonré s"'instalde · ,qui prépare 'notte indifférencé et notre
injnstiae.
-,,
Ge livre-ci, de M. Jean Marquet, rous-tj'tré « mekurs -anna:mites », ajou'îe à cette infériorité apparente la-mauvaise figUTe
d!une petite couverture triste manquant d'.a:ir .dans son cadrel
do11ble--filet -et d'une typographie d-e,.:hef.:li.eu .à:e canton, encre
pâle, sur têtes de clous. A~sS'i · a'eo e'st~on -que plus ·heureux et souliagé aussi - -q'.uand les petits- tableaux upidès dù dëb.ut
dépa:ssés, les personnages prenneùt souèlain cor:ps et langne -et
vivent sous nos yeu.x, coritinuellemenl aidés et mis en lumière

NO'I:ES

6n
par 1a b'ienve1·1 lance compréhensive d'
bl
.
bi-en, certes, tn&lt;ljs aussi les aime.
~n anc q:ui les coanaît
. Cc mman ,de la révolt~, sournoise ou ai ë
,,
mtéressée, semble• su,1:tout un é
' ' gu , bénéN"ole ou.
à notre léger désavantage - c~r re_Kte ·~: aut1mr pour én,idier,
les causes contradictoires du m~i~1 est un~ belle pr.ohiti. . ,. .
"";use annanute. Cette .r~ .
de d eux c1vihsat10ns,
qu'un jaune et un . bl
,.
u;CtlQ!J
même philosophie « à deux fronts
L
L anc gu!dés par une
. d
&gt;) c.uerc.uent à s'expl1'
'
adoucrr, emeare irréductib·1e
d
. quer et a
!J. sans
oute du m ·
1
temps encore. Mais il est b
d'
'
oms pour ongon apprendre qu'
rnmédier, et que l'aide de notre d
. '
on Y pourrait
a versa1re moment é
tnanque pas quand nous pr
1
..
an ne nous
, .
enons a pe-ine de
ce:l u1-c1 et d'estimer celle-là.
comprendre

r/

Pour animer ce livre qui ne com ort ' .
conclusion, M. Jean Mar uet
e d ailleurs ,pas que cette
caractères d'Asiatiques d'ude f
h~euplé de quelques beaux
,
ranc 1se et d'un
é
·
qua bles. Les symboles n'y
e nettet remarmanquent point no
I
h
-e t cac és, profonds sans insistance . et s.
n p us, rapides
&lt;}Uelque fierté à savoir que le . G ' d l le bla?c peut éprouver
.
ran Pont d H
..
é
aux g émes du c-iel de la terre t d "
.
ano. i a r sisté
,, l .
'
e e ~ eau Il e t d .
,ue u-1 rappeler que se l 1
'
s a roit et loyal
.
u e a pagode d S
C
"tru1te d'après les lois d'une
hi
e am- o, « cons~
arc tectur,e oubl'é
l . "bJ' l
a1 Ir es coups de bélier du typhon. ,
I e », a reçu sans

*
* *

.R.EMÊ-liiAIUE ff E!Q{ANT

LE SOURIRE BLESSÉ, par Albert

&lt;ie la Nouvelle Revue Fra . )
.
nça1se .

.,

Thterry (Ed:îtio.us

cc lei j'entends trop le jazz-band de
.
. .
quait hier un Anglais de passage a' p ~otrLe ,lutérature », remar'
'
ans
étrano·1
grace a son recul a certai'11e
h
.
"'ber&gt; i est vrai
'
s c an ces de b'
d·
'
l
va eurs. On citerait de n .
.
ten iscerner les
.
os Jours une dem1-d
.
' . .
de peintres,
de sculpteurs do t l'
ouzame d '.écnvains
i
. .
n
œuvre pr,end h
d
'
oute sa s1gmfication avant d'att . d
ors e Franae
diffusion qui lui est promise S eb1~ re en France même à la
é
· no tsme :i No
L
pas~ es, ce n'est plus le jazz-band u ,·
n. es frontières
bruits de la foire aux vanités a
q . ~ 1on entend, et les llliÙe
' d'
, ux amitiés au · . . ,
a istance, des naroles pl .r
'
x 1111m1t1és; il faut
r
us 10rtes et
· , d
,
l 'homme.
'
qui _sa ressent à tout

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

612

B'
·
La . d'Albert Thierry a cette f oree . Henry Bryan mns, a
voix
. 1 . d' 't un mot du Sourire blessé sans soupquelqu'un qm ut. 1sa1 . d l'auteur répondit par l'envoi de
çonner qu'il pô.t nen savoirb e.
poème daté de 1917 y était
1
de vers Novem er · un
son vo ume
.
. d Thi rry Il avait suffi de la lecture
consacré à la glonficatl~n e
e 11 .mer à Londres chez un
des Conditions de la PaCtx' ~oéur baev~sous les obus en mai r915
.
beau feu e trait ac
. Il .
mconnu un
.
simple soldat qui a ait y
dans la mêlée de la Sotme .P;r ::ait et se déclarait content
mourir trois jours apr s, qui el
dement du canon », était
1 h t de l'alouette et e gron
« entre e c an
d p l Desjardins. Il la faut lire pour
précédé d'une préface e Thau_
' Et d'autres viendront qui
à mesurer»
rerry ·
·
commencer
«
'Il'
Ils rassembleront les éléments
achèveront « de la re~ue1 t~.''. éritablement « une fondation
épars d'une œuvre qui est ien v
dans l'ordre de_la pensée \rée et sauf un ènsemble de poèmes,
Elle n'est pomt toute_ pu ~t , êts il semble qu'elle ne doive
'
que l'auteur 1ugea1 pr '
d
un rame,
d I uprême hésitation d une cons. l'êt toute à cause e a s
d
P?mt
~e
our elle-même. Et elle n'agit encore que e
c1ence exigeante p
d l'Homme en proie aux enfants •,
clique Le roman e
f
açoo ~para '
.
. ée une Educa/ion syndicaliste, les proses,
les articles ou est esqu1ss
l'extraordinaire vision d'une
è es donnés aux revues,
h'I
l
es po m
. é cuvelles dans le testament p I oson
' ·1
Europe, d'une humamt
. . d la Paix ont labouré le sol ou 1 s tomph_ique ,des ~onditi:::oe explosif qui apporte on ne sait quel
ba.ieot. a la a~on D lecteurs dont il ne se souciait guère,
pouvoir fécon ant. é Mesais surto~t et cela lui importait, il a
Th'erry
en a trouv •
'
é
1
~
Le plus curieux est que sa pens e
suscité en eux une ervedubré. .
aussi diverses que celles de
.
t 'ner des a s1ons
ait pu en rat
. d'
Charles Andler, Pierre Hamp et MauPéguy, Paul Des1ar ms,
rice Barrès.
.
, 't pas de ces attaches qui si elles
C'est qu' Alb~r~ Thierry n :v:~nu font aussi qu'on le tient àsa
aident à accue11l1r le nouvlea .
e ne se laisse que malaisément
Une fürure comme a s1enn
.
l
p ace.
o
·11
. 'tu Ile » et il est assez piquant
ranger dans une « fami e spm e
'
hi
de l'Union pour la Vérité, reprises
Éditées en 1916 aux Ca ers
rff
9 1 8 par Olleodorff.
en 21. Cahiers de la Quinzaine, puis Olleodo .
Y.

61;

que des orateurs de droite - ceux de gauche l'auraient pu faire
mieux - se soient réclamés d'elle à la tribune du Palais-Bourbon. A vrai dire, dans le tumulte des passions qui ne sont que
d'un jour, elle surprend ceux qui la rencontrent. Tumultueuse
elle aussi, et passionnée, mais comme venue de plus loin, tombée à la façon d'un William Blake, d'un point hors de notre
temps et de notre espace.
u Vertigineux et tendre», ces noms vont aussi bien à Albert
Thierry, qu'à tel personnage de son Sourire Blessé. Sa tendresse
était de celles qui épousent mille vies contradictoires. Mais sa
complexité m~me, son inquiétude, étaient libératrices - nul
n'aima plus, nul ne fut plus détaché - et la multitude des contradictions, qu'il ellt dédaigné d'arranger, ne le déchirait point
trop. Si l'on cherchait une catégorie où le ranger, il faudrait
!'apparenter aux rares esprits qui inventent non la vie, mais une
façon nouvelle de la vivre. Ce qui d'elle irrite, blesse les autres,
ils n'y trouvent qu'excitatioa. L'instinct du fort les pousse à
l'obstacle d'où ils doivent rebondir. A leur naissance ils trouvent
un monde qui se dit vieux, une morale, une religion qui se
disent sûres - de l'air qui a été respiré déjà, et ils aiment mieux
l'aventure intellectuelle, le danger de la découverte.
L'adolescence paraissait à Albert Thierry un état de grâce.
Dans l'expérience dont les adultes sont fiers, alors qu'elle leur
6te cette grâce, il voyait parfois une révélation, le plus souvent
une série de déformations, d'accidents douloureux et qui enlaidissent. Le titre de son roman lui a été inspiré par le sourire de
l'enfant qui à peine ouvert se referme, se flétrit au vent aigre
dont est traversé le tout premier printemps de l'homme.
Quand il s'écriait : « Quel miracle qu'un enfant ! » ce n'était
pas foi naïve en la bonté d'une nature [à la Rousseau que la
société viendrait gâter. Tous ses personnages ont bien ce trait
commun d'être arrêtés par elle dans leur élan juvénile ; leurs
lèvres invariablement se contractent sous la blessure que la vie
vient infliger à chacun d'eux. Pourtant la source de douleur ils
la portaient en eux, leur visage s'épanouissant était celui de la
vie déjà, non pas pur comme on peint celui des anges, mais dès
l'origine troublé de désirs, - de beaux traits disjoints par la
concupiscence, des yeux limpides où les rêves fous de la puberté
mettent une ombre. Un garçon de treize ans a plaisir à mentir,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à inventer p-otw .ses.. cam.-rrades le rem an du m:artyre que lui fait
subir wn père,. à.ienfon.cer lentenrent d:2m l'ean froide ou les
grands retrou.veronnm. petit.cadavre.
autre se. grise. de la
liber.té machinalement couquise err fuyant la maison_ où on
l' «élève)) ;. nouveau Rimb1iu-d il danse c;j:e jore en brôlani: ses.
li-\tres, en huinant l'air des berges, des_ routes vierges de'\tant lui.
Un troisième avec une cruauté admirablement ludde dénoncè
au maître le plus aimé le mensonge d!mre édncation 'qui avait
prétendu l'approcher de 1a b:eauté, de la joi:e. spirituelle défendues ~u. pauvre. Une fr1:lette en. qui la femme. s'éveille: savoure
avec l'e:tpression lwgoureuse du désespoir tom à; tour les
figues volées, qni ont:la "'101:1ceur d'une inipuisahle éponge de
tni&lt;l, et le contact hrscif, d'un éphèbe-de banlieue, tout endéfe1r~
dant son corps, son cœur ; de ses ciseau'X elle lui crève 1es yeux
lnrsqu1iLve.ut la prendre, et puis longuement elle baise err. un
vertige la-face qù'ell'e--mêine defigur.a.
Pecversi'On&amp; que. l'ante-Or :na point recherchées oomme. un
snjl!trnrt. EU~s soatrlans la mtture même. 1..e coûp dé maitre
était d:e le-s analyser i l1â.ge indécis où. l'enfant d.éwnvœ en soi
a(Vl!C urr dé'lice mêté d'horreur l'homme, la femme que son:t
tout homme et route Tomme. avan&lt;r·de prendre le masque.
Je ne s-aini. Fwud a.. passé p,u;. là - Thi:erryétafa un prodigieux lecteur - mais voie±; fouillées: de.la. p:-ait$te, l:t p·}µs aiguë,
ltrs parties troubles cle l?~me qui réser:ventde si richès- surprise&amp;
dès que l'on. y vent regatder:. Et elles s-'en trouvent réhabilitées.
Tàn:t d'équivoq:tre 1 d'obscurité ~y nuit paa à. tant de lumi~re. Le
mal, s'il est intérieur, n'apparaît ici que comnr,e une énergie
naissante encore incertaine de sa, pente, et nnè s&lt;DTte d:e vertu
vraiment, le ~tulliulant d'une "2.ctivit~ béUe et tragi'}ue·. Activité
q,ui-n'est pas: le pi'.opte de-s- êtres d'exceptiom L'exceptionnel est
qu?cile duré chez quelques,c,uns, à l&amp;vvie çlesquels elle donne mi,
caractère héroïque. 'Pour les autres les mœu;rs se chârgent de la
réduire.
Albeft Thieny auraitipu être tenti: de · traiter ée s:tlljet selon
l'ordinaire corrception du rCJ1.llan·, et d10hir un seul héros, lui·
donner peut-être quelques-uns de ses -p•r opres traits . D'autarit
plus qu'il livrait une part de lui,.'.même. Mais il ,s'a:gi&amp;Sait précisément d'un moi si com-p-H:x.e, qu'il et1t été malaisé de le pn6~
senter se tenant selon une CO!l,Stru-:tion, logique. Et puis en

Un

NOTES

observant le~ ado~escen:s qu'il enseignait ·du ~&lt; long regard
appuyé que l OJl d01t ~ux etres et aux choses », il les avait trou,..
~6 -si riches qu'.il eût par le procédé commun fait injure à leur
uchesse. Il a préféré les assel'l'.tbJer en .une sorte de· mnae où
chacun passe eu lan,çant sa note. Unis en apparence par le lien
léger de la danse et de la musique, ils le sont aussi par un lien
profon~. L'~bservateur qui a c.ette qualité d'attention passionnée
~t auss1ian1mateur. Et sonlivren'estplus ni chapelet de contes,
DI ~oman selon la tormule. cQnnue, mafs une sorte de cycle
lynq.u e, de cbant ou des voix que.J'on n'avait pas.·enco.re entendu.es se répondent. Il n'est pas prose seulement ou seulement
poésie, réalité_ qui tue le rêve, ou rêve qui échappe au réel. Des
choses contr~es se mêlent dans. .ç.es pages ,de. Thierry, comme
dans ~s notatlons psy.cholog.i:&lt;]!ùes,.les, image.s d~ Giel ,etc.elles d~
l:'es_pnt, comme dans sa , langue· les mots doux et Jes mots
~mers, san:.vouloi:r se c.0ncilier, ni s:'ex.clure~ Ou:tte la f.orce,
1œuvre est d'une exquise fraîcheur. Nul doute que en
tro~vepour le renouvdl.-ement de la vision ei;théti-que des indica.tions à retenir..
F.ÉU.X B:ERTADX

,r n'y

. t *~

, NINI GÇ&gt;DACHE,

rion).

par· Charles-Henry Hirscb (Flamma-

Charles-H~y H.irscli.fot, sauf erreur, le premier àifoti;ibuec
ses ro~ans dans un quotidien par tranches hebdom'àdaites. Ses
~-,i~n.c:h_s " &lt;lu Journal orit été un exemple suivi par beaucoup,
L~sto1 re des l.ettres, françaises. aq début du xx_e. siècle devra
tcntr compte de cette coutume ~ estimer d-am, qu.eHe mesure
elle a contribué à prolonger l'existence~du rnm.ari naturaliste.
~s romans. ainsi d.écoupés ne peuvent en efliet;iêJr,e quenatuNi les longues analyses du. mman psycltolo:gigue, nU~
t.bondrs.s.ements :incessants da .roman dfaventures,ne supp.ortent ce m~rcellement et ces intem1ptions . .Uo. r~m.a-n na;turaliste
an contOUlie
· ·
de ta bl eauxrJ:our à t§Yur ·pitt{)resques '
·
, suocesswn
émou.v..ants, dramatiques► se plie aisément à cette pFésentatio~
é~ag.ée . ILy ga_gne même parce·qu'il est forci de s'alléger, de
~~érer, de sacrifier toutes les in.utilités dont ,il aimait s'e-ncom1.!f:et.
~ '
D'alllre part la. nécessité de m~nagec dans .i:haque chapitre

~nste~:

�616

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

une quantité minima d'intérêt le contraint à utiliser des éléments nouveaux. Ce sont précisément ces éléments nouveaux
qui, en enrichissant le vieux naturalisme, l'ont modifié jusqu'à
le défigurer. Symbolisme, humorisme, criticisme ( celui-ci issu
d'Anatole France), toutes les formules littéraires de la fin du
siècle dernier servent de reconstituant tonique au roman n~turaliste épuisé, rajeunissant surtout le détail du récit, la façon de
le filmer, de le présenter ou de l'écrire, afin de le rendre plus
piquant. Le théâtre fournit aussi sa quote-part, et surtout le
Grand-Guignol, renouvelant le sujet et les milieux. Le subjectif,
sous forme d'humour, d'ironie ou de pitié, se superpose peu à
peu à l'objectivité originelle. Au lieu de s'évader du natura:
lisme, on élargit ses frontières, on lui annexe des territoires,
des colonies de plus en plus éloignées, on l'impérialise quitteà
ce que des Dominions autonomes se constituent bientôt, dont
les liens avec lé régime de Médan s'amenuisent jusqu'à parfois
se briser.
Charles-Henry Hirsch est un des plus curieux exemples de
cet impérialisme néo-naturaliste. Dans Nini GodlUhe qu'il republie, si l'on regarde d'un peu près, on découvre un esthète
mallarmisant de la Revue Blanche, un impénitent styliste flaubertien sous le narrateur des humbles fastes de la famille Godache. Une image, un tournant de phrase, une lueur de raillerie
haussent jusqu'à l'art ce qui pourrait n'être, raconté par un autre,
qu'un feuilleton mélodramatique. Les descriptions de la blanchisserie de la rue du Poteau procèdent un peu du « j'aimais
les peintures idiotes, dessus de porte ..• » de Rimbaud. Il y a dans
le parti-pris de conter des scènes populaires ou canailles, d'évoquer des sentiments médiocres ou bas en un style limé, poli,
truffé de vocables rares et de tournures difficiles, de chercher
pour chaque plus simple chose des alliances de mots inédites
une sorte de mysticisme de l'expression qui ne s'était plus
rencontré depuis les Goncourt et Huysmans.
Mais, par un contraste curieux, ce pur jeu littéraire se double
d'une sensibilité et d'un humanitarisme qui met à chaque
instant et, à la minute même où il semblait le plus se rire d'eux,
!'écrivain cœur à cœur avec ses pauvres ou tristes héros. Il en
a. déjà peuplé toute une galerie : apaches, bourgeois veules,
paysans âpres, escrocs, sadiques, espionnes. Mais son person-

NOTES

617
nage favori, c'est celui de la jeune fille pauvre de Paris aux
prises avec l'amour et la vie.
Ce n'est point un talent simple que celui de Charles-Henry
Hirsch : c'est là ce qui fait son intérêt. Ecrivain de chapelle
il _s'est v?ulu ( ou le °:1al~eur des temps l'a fait) écrivain populaue. D o~ ces r~ahsat1ons. composites et toujours un peu
troubles ou se refl.etent les mille certitudes littéraires et morales
dont les premières années de ce siècle se plaisaient à masquer le
gouffre proche.
BENJAMJN CRÉMlEUX

LETTRES ÉTRANGÈRES

LETTRE D'ANGLETERRE.
Comme préambule à un examen de l'état de la littérature
anglaise à l'~eur_e présent~, il est nécessaire de hasarder quelques gé~éra!1sat10ns, - d exposer avec franchise un point de
vue - mév1tablement contestable en soi - afin que le lect~ur p~isse se rendre compte du degré de confiance qu'il convient d accorder au chroniqueur, ainsi que des limites et des
préjugés qui lui sont personnels. Lorsqu'il s'agit de discuter
le présent il ne suffit pas d'avoir du jugement et du goût ; il
fau~ posséder aussi une foi et une faculté de prévision qui
vanent avec chaque individu. Car le présent se compose de
~e~ucoup de passé et d'un peu d'avenir; il renferme une maJOn:é de gens qui ne sont que l'écho du passé, et un très
petit ~ombre d'écrivains qui représenteront notre époque
dans cmquante ans, mais qui aujourd'hui constituent plutôt
une portion de l'avenir. Si l'on veut donc donner une vue
équitable de la situation présente, ...:... telle qu'elle apparaît à
un ~ontempo:ain, - il est nécessaire de commencer par la
partie la plus mgrate du sujet, je veux dire par le vaste arrièreplan de mort sur lequel se détachent les figures solitaires
de_ l'avenir ; il est nécessaire de partir du procès d'Oscar
Wilde.
, Devant, un auditoire étranger on ne saurait trop souligner
l effet qu exerça ce procès sur la situation littéraire en Angle~er;e·. En pleine société victorienne un petit groupe d'Ang~ais et~Jt parvenu à s'émanciper, à un très haut degré, des
pues vices anglais : ses membres n'étaient ni insulaires, ni

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

S'cnâornür· satisfait de la pos-sess,i an. d'un mérite aussi
simple, - ,ç-oîl,à. qui. Q.l"a-ctérrse bien Péwk de voofi.cateurs
que représente M. Driokwater. Osc:rr Wi:ld~ et ses confrères
ne. se satisfaisaient pa:s à si boll &lt;.ompte:. Malheureusement,
plusieurs, autres parm.ir les membres les p:lus brillants du groupe·
ao·nnurent des fins diversement clésastreuses, et fa petite suciété
disparut.
.
.
Les quelques écriv:ains. sérieux: qui $rvérurent où. firent
leur apparition dans la vacu:t1Ze cl.es; an.nées qui suivirènt,
apparaissent soudain como1e. e.;trê.J;nement isolés. Thomas.
Hardy était défi. un survivant &amp;une époque· ·antérieure ; Henr;y
James et J.os:e-ph Conra:cf sont des figure:,; solitaires. · Le caractère le plus notable èe la p.ériude qui part d:e r896 résida
dans un surjr&gt;urnali.ime actif, popu'Jairtt;, et ass:ez- vulgaire.
Ce reproche toutefois ne saurait. être. appliqué' à aucun de-s
~rivains l:es plus eu vue dé cette époque- sans qu'on le qua:
lifü:t. Wells et Bennett possède11t l'un; er l'autre une...smte de
géni:e; qui leur a, permis de produire.. qtr~lies livres rernarquab!e:s, et quel'qu:e-s p.a:s:sages remarq11ables dans des· livres
inférieurs. Shaw, qui est Irlandais et qui de· plus bénéficia
de l'avantage.- ~avoir fréquenté le cercle de Wilde nrest un
f?11r:na.lî ste qu:e dai.rS' sa méthode : les mobiles de ~ ·productIGln sant au contraire d'un sérieux fnterrse, _ mais d'un
s~rire~ qui n:~ que m:eme.nt le -sérieux propre à, l'artiste
litt~:nre. Parnu ces é.c.riv':rins· Le plus douteux est probablement Cb-esterto:n:, et .même: ëhesterton fait montre· à focc:.is~n de péné.tratiorr. Cependant, en dé:pit du mérite ind1v1d'llel .et d.e .la très g:rffiide diversité: qui existe entre leurs
personnalités, l'influence eJ;;e'rd:e par tous ces hommes a ·
teu_d~ :l. mon_ avis., dans urre même di.recti:on; la vul.gari~uen G!e la littérature. Chez des éGrivains. qui ne possèdent
pas, leunic mérites, l'ahs-ence de tnut cdtérium élevé devient
intolérable.

puritains, ni prndents : un scaruhle public élimina :à: jam.ais
leur chef ; et, dissous, le groupe perdit ~rame influence sur
la civilisation angl:rise. Wilde et son . cercle. Ieprésentai.ent
quelq.u~ c;;hos:e de oemc.oup p:lus imp.ortant qm? ehacm1 des
me.m.bres. du gronpe · pti:s isolément : ils ·i epœsenta:ient un
ceJ:l:ain type de· culture dont ies. traits esse11tiel, .étaient l'urbmité, féducarion d'Oxford, la. tradition eau. bien-écrire, le
point: de vue cosmopolite ~ ils: étaient en cnntact :ur.ec le
rontin.ent, et certains des membres les plus im.portant!r du;
grot:1pe étaient des Irlandais. Bien entendu, en tant qu'écrivains, ils avaient -des faiblesses qui ne sont -que trop visibles
aujourd'hui : je me trompe fort si Dorian Grey est autre chose
que de la camelote et si le merlleur de WH.de ne se trouve
pas dans Intentœns: A mes yeux, le p.hrs vand mérite. de ces
hommes. ne rés.ide p:.s: dans leurs écritsT tnais plu.tôt d~ns
une qualité morafu qui lem: é.tail· comm1rne à. tous, : ils po.ssédhient 1.tne curiosité, une audace, une. i:ndifférena aux com5éq.r.cences qui: :s'opposent par nn contraste violent à cette
partie: de · 1:a. littérature actuelle que je qualifiab: de déjà:
morte.
·
·
A la page 65 d'une an~hologie. récente qui, pius em:ore
qu'elle. n'est mauv.:ais.e,, est dépourvue de tonte· signification
{An Anthoiogy of Modern V:e.rse : Methuen &amp; Co)~ s.e trouve
un po:ème d'Ernest .Dowson, - un contemporain de Wilde
qui a, laissé quelques pièces d'une grande h.eauté ~ Ce poème
nf..es-t pas tin de ses. meillruirs : il est plem,de.•cliahés de l'épo~
quC' qui ont lent origim,e dans Swfuburne; Dowson n'é&amp;it
pins- d'.aillew:s ·un poète très inte:lleduei' ; . cepend,a nt, loi:squ.'on: ~e compare ,aux vers contemporn'Îos. qui 1'eita:mre:nt
dans eette anthologie, c'·est: précisément par une dignité: inteirettnellecque le. poete . d:e D.ow.son se distingue. Il èst imm·édiatemMt sûivà pa:!! 0 un poème de notre contemporain
M. John Dcinkw.mer: •c.kmt le vi:de: .a. pôut! couronnement les
deux vers qui le terminent :

.'. Une fmme qhaeknn&lt;J ue de dégfoéres~en:ce-. déBorde souvent
J~sqn~ sur 1:a::pér~de sn:i~ant.e,
il n'est même pas rare què
ce 'S~ alors qu:elle donn.e nwisanq: à se.s produits les plns
emœssifs,
àJ ccnx. quf attine.nt le pl~ k regard
· ·
.
. . La. vu 1gan-

:t

I turn to sleep, content d1a{ jron/ my slre's
1 dt aw the Uf&lt;R1d o(E~gfantfs ''!i'lmort s11ires
~

_,,

,..

)-

..

/, )f

Je m'endors, ·sat(sfait de 'tenit âe m~; -père~
qtu sont aù t'œul' de î'Ahgleterre. »' ~ , .
,,,
~. &lt;&lt;

ff sang d~ comtés
•

,,

·

s-ao_ou commerciale don:t je parle a progressé assidument,
ct ' l111©.tre plus grand eapoi.r résidè dans la poss.ibilité qi.e le.

�620

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

succès même qu'elle rencontre atteigne des proportions si
manifestement absurdes qu'une réaction s'ensuive. De ce
point de vue, l'accélération finale, la plus heureuse peutêtre, est due à l'extrême popularité dont jouit la poésie pendant la guerre. Je ne fais pas seulement allusion à « la poésie
de guerre » (bien que celle-ci ait connu une vogue particulière), mais à la poésie qui a trait aux sujets les plus
innocents, à des sujets bucoliques. Je sais bien que les poètes
que j'ai ici en vue objectent parfois à ce qu'on les classe
dans un seul et même groupe. C'est un sujet pénible et sur
lequel j'espère n'avoir pas à revenir. Mais des écrivains qui
possèdent en commun des défauts flagrants, et qui ne se
distinguent l'un de l'autre que par de légères nuances de
sottise, doivent s'attendre à ce qu'on les critique en bloc. Le
premier en date d'entre eux, et aussi le plus en vue, était
Rupert Brooke : on trouve dans ses vers un certain goût
d'amateur lequel joint à la beauté de l'homme faisaient de
lui une figure attrayante. li semble aussi que, différant en
cela de beaucoup de ses admirateurs, Brooke n'ait pas pris
son mérite trop au sérieux. M. Drinkwater, lui, est devenu
presqu'un personnage trop officiel pour faire encore partie
du groupe. (Il m'apparait comme un candidat éventuel au
poste de poète lauréat le jour où disparaîtrait Robert Bridges :
ce dernier, d'une génération antérieure, d'un mérite très respectable, et d'une science exceptionnelle dans le domaine de
la technique.) La majorité de ces poètes font montre d'intérêts locaux à l'excès et d'une culture toute provinciale.
Comme chacun d'eux. possède une très faible faculté de développement, il est naturel que les générations littéraires de
ces poètes se succèdent a'\"ec une grande rapidité, et que les
nouveaux venus se dévoilent encore plus inefficaces que leurs
prédécesseurs. Signaler individuellement• des écrivains dont
j'estime qu'ils n'offrent pas le moindre intérêt pour un public
étranger serait superflu ; je les mentionne en bloc parce qu'on
les rencontre à chaque pas dans les revues anglaises, et aussi
parce que je désire rendre bien clair à quel point, du fait
de leur existence, s'accuse le caractère de nouveauté de tout
ce qui est authentiquement nouveau. A l'heure actuelle, les
forces qui représentent le progrès ne sont pas en nombre

NOTES

621

su~sant pour influencer plus de quelques-uns parmi ces écrivams de second ordre qui imitent : seuls aujourd'hui les plus
forts survivent.
Dans cette vue d'ensemble il est nécessaire de tenir compte
également des changements qui se sont produits en Irlande
et en. Amérique . Il y a trente ou quarante ans, l'Irlande
exerca1t s_ur Lo_ndres une influence puissante et précieuse.
Après la _d1ssolut1on de la société dont Wilde était Je membre
le_ plus important, M. Yeats se trouva le principal survivant
B~en qu'il continuât à habiter Londres, M. Yeats s'en absen~
tait souvent non seulement en esprit, mais aussi en fait pour
se cons_acrer à l'œuvre entreprise par le théâtre de !'Abbaye
à ~ublrn. Londre~ n'o~ra_it que peu de tentations pour induire les Irlandais à l eKJI, et par suite les écrivains irlandais
de second plan demeurèrent pour la plupart en Irlande . l'on
cé~ébra en Synge un artiste irlandais traitant des sujets \rtandais, et l'activité littéraire de ces années-là en Irlande doit
êtr~ co~ptée au nombre des causes qui inspirèrent la révolut~on 1rlandaise en 1916. Cela semble fantastique à énoncer
mais cela souligne ce que je désire marquer ici : à mon avi:
le procès d'Oscar Wilde contribua à l'établissement du libre
état d'Irlande.
A 1a ~ême époqu~, ou plutôt à une époque postérieure
- en fait dans ces dtx dernières années - une autre action
~entrifuge a;vait eu pour résultat de séparer l'Amérique de
1Angle~erre. Au cours du xix• siècle, l'ensemble de ce qui
co?1pta1t _dans la production littéraire américaine n'était guère
qu u~ dénvé local_ de la littérature anglaise ; avec une dignité
étudiée, elle restait à sa remorque, et si j'excepte quelques
hommes de grande importance - Poe , Whitman, Hawthorne
-. e_lle se bornait à la suivre sans apporter de contribution
ongmale ou de départ nouveau. L'absence d'un nouvel effort
créateur en Angleterre, le fait que le contrôle exclusif des
lettres américaines cessa de se concentrer en un groupe de
rnt!~men de Boston qui avaie~t de proches attaches avec
?n 1~ers1:é d: Harvard, le déclm du prestige du professeur
d UniYtrs1té, l accroissement dans la population des éléments
non anglo-saxons - ces causes variées se sont combinées
pour donner naissance à des styles qui ne se réfèrent plus en

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇMSfi

.,

r.icn_à des modèJes aogJ4 is ,cc,m te~oralns.. Si l'on jauge leur
impolita.nce artistique véi:itab-le, j,e·ne siûs ,p as enclin à acco1:der
.à nos contemporains en Amérique autant de valem q-u 'ils s'en
attribuent. Leurs œ.uvres sont intéressantes, - et l'on se rend
bie-n C011lpte pourquoi 1pour de1, Américains -elles ont une hnport.ance sçm,ver.aine- mais elles· s.ont intéressantes en tant que
symptômes. On y sent une précipitation, une liberté, une
-espérance peut-être illus0ir.e. Certains des poètes .américains
les plUB en v_ue me paraissent, .de,ri~e une nklu.veauté et
~ouvent u,ne ingénuité de forme;., ,donner e1.pre-s-5ion à des
pensées f!lÜ émanent d'esprits ordinaires et coovenüop.nels :
je ciIBrai M. Masters, M. Sandburg, et M. Lindsay. Il y a en
Amér ique plu-sieurs romanc,iers de talent d' un ii;itérêt Joçal ;
phrs~ars critiques de grand talent, mais dont les forces
s'emploient sur.tout à ramener à l'ordre les .f ic.es et la stupi.dité de leur _propre nati0n. C'est _là uµ travail fort utile à.
at:complir, auquel nous devrons peut-être un jour des fruits
précieux, mais qui ne présente pas _grand intérêt pour
l'étroanger.
-Le lecteur se rendra compte par ce ré_sumé gue la littérature
anglaise est dans un état de désintégration qui se .réso.ud pour
le moins en trois variétés de provincialisme ; - .e t si }'QD. s.e
reporte à l'histoire de l'empire romain, il semble qµe ce
processus ait commencé très tôt. Il est certain que ,nous
sommes dans Ùne période instable, mais les faits sur lesquels
j'ai appelé l'att-ention me paraissent correspondre à une aberration temporaire, et il suffirait de l'apparition d'un no.u:vel
écrivain de premier rang pour arrêter .cette dbli.ntégration.
Je ne vois ,pas comment la littérature irlandaise _pourra survivr-e à l'existence de l'Ulyss.e d.e -M. James Joyce: un livre
,aussi irlaudais qu' il -se puisse qu.ant aux matérfaux, mais un
livre d'une telle signification dans l'histoire de la langue a.I,lglaise qu'il ne peut pas ne pa.s prend,re sa _place .comme _partie
intégrante de la tradition Je cette lan,gue. Un livre de ce,t
wdre ne donne pas seulement forme à des p.o ssibilités incluses
dans la langue et jamais enGpre ess.ayées : iLr.evivifie du même
coup l,a totalité de -son passé. « Tout écriv.ain qui irouve la
fangue anglaise inadéquate li, ce qu'il veut exprimer », _;me
disait un jour M. Joy,ce, &lt;&lt; n'est qu'un cas du m.auv.ais ouvtje,r

'10TES

qui ne troüvera jamais de bons outils. » Je rewiend·r ai sur
Ulysse_; eo:11111,e_ artid_e d"'information et de pénétra-nt~ inter-pré-t atwn, Je ,n--a-1 · bes01n que de renvoyer Je lecteur à l'article
de M. Larbaud qui a un .go-ô.t et ù-ne connaiss;moe' de la füté-rature anglaise moderne que l'on ne rencontre que raremen~
mê~e en Anglete:re. Je me borl,1-e ici à signaler qu'une œuvre
de l 1~p~rtance d Ulysse pose aux écrivains irlandais comme
u_n cntérrnm de styi-e aflglais. TI e-st-évîdent qu'il ne saurait contmuer à y avoir trois critériums pour trois nations gui parlent
la m.trn~ langue; l)Wjt vaudront lès écrivains dans les trois pays,
et plus ils a-uront -en commun . .
A un~ ép?que co_mme la nôtre, .l'.écriy;iîn .:de ~ecOJ;1d or~re.,
-:- ~-elm :qui produ'.t des œuvres c.hannantes, intelligentes -et
distmg;m.ees~ - do;1,t S:Urtout être pris ea ç;onsidéra;t1on dans l{l
mesure où ~ œ~vres se rneu~ent dans la m~e direction que
celles des fon-va1ns du ,pren11er ,ran.,. •et là flanquent Cett
é. c;J • ,
o
.
e
.P r10 e-_c1 n -~st pas 1:1n_e période &lt;;&gt;u nous p1:1ission 1,- nous permettre de dir.e CH1 ·b~èn ~e' ~eaurniap -d'om'r l!ges passables.
Nous nous sentons auiourd hll! tr.ès abandonnés. Kipling (qui
est devenu complètement l'équivalent anglais du pompier},
We!J.s, Bennett,, Chesterton, ·Shaw , sont séparés de n(ilus pa:r
un gou~e ; dans leur$ œuvres nous ne _p ouvons plus puisey
de subsistance. En pépit de notre admiration, ni James, ni
Co11_rad ne s om tr-ès pr_oches de nous. Ce n'est pas., ai'nsi q-u' 0 n
dit souvent, _que
littérature anglaise ait toujours- été un.e
~Llllple collection d hommes de g-énie is-o lés et capricieux •
:1 Y a eu une longue tradition qui part de .Ben Jonson et
a travers Dryden. :v~ JUsqu
·
"a Sa mue1 Jo.bnson et peut-être
même un peu aµ-delà ; il J' a eu une aut:!e tr,aà.ition qui p.art
de rL?ck~. La période act_ue!Je est au contraire particulière -par
le '.ait ae se rattacher s1 peu à la précédente.: Walter Pater
éta'.t un héri~:r d'Arnold et de , Rm1kin, et Wilde à son tour
était u~ hént1er ~e, .Patet;. J'~i jugé que ,ces prolégomènes
pourraiern:_ être ,utiles pour m:1eux saisir la signification d
figiares vraim~.t s-i-gnifitat~ves de notre ép0que.
~s
. Pour tentuner par ,quelques pi;:é.cisions, je -citerai comme
exellljple des vers ,américains contemporains les m;in; intéressants ' ,._1 a -M-!~ A mencan
. . R'r{}e ..-w,,,
Vl:l-.. , .,.
J ,u ,aftcou rt et Barce Ne •
Yoà) J
d ·
,
w
, . ·e.ne ois ~. .om.e,1:tr-e d.e mentionner la publication

.l:

1:

qui

eu

.'

�624

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de !'Ulysse de M. Joyce (Shakespeare &amp; C0 , Paris); celle de
la revue de M. Wyndham Lewis, The Tyro, à Lon_dres Çfh_e
Egoist Ltd) et la publication récente par la même maison d éditions des Poèmes de Miss Marianne Moore.
T. S. ELIOT

•* •
TRIVIA, par Logan Pearsall Smith, traduit
par Philippe Neel (Bernard Grasset).
.

• 1

qe

l'anglais
.

Tous les amateurs de poésie seront reconnaissants à Daniel
Halévy d'avoir admis ce petit recueil de poèmes en prose dans sa
offre
uné cas
co li ec t.100 des ci Cahiers Verts». Trivia nous
,
.
· assez·
dans l'histoire littéraire : le cas d un livre cnt pour
rareHeureux Petit Nombre » et connu seulement d' une él'1~e d~ns
l'o:
son pays d'origine, et qui, trois ans à peine après sa pubh~at1on
et sans que rien soit venu attirer l'attention du grand public_ sur
lui ou sur son auteur, passe, grâce à une excellente traduction,
dans la littérature d'une autre nation . lmagine-t-on Gas~ar~ de
la Nuit, ]es Poe.mes en prose de Baudelair:, et les Illummat1ons
traduits en anglais et publiés à Londres trots ou q~atre ans après
leur apparition en France ? Quelle id~e nous aunons, alors, d~
flair et du courage des éditeurs londomens, et du got\t du public
lal·s l 11 est vrai que chez nous le poème en prose, grâce aux
aog
·
· partie
· ,dé sorma1s
· de
grands recueils que je viens de citer,
fait
notre tradition littéraire, tandis qu'en Anglet~rre c est ~ne oouveautl: qui semble, au premier abord, contraire au gé01e même
de la langue nationale.
. ,
Dans Ja préface que j'ai eu l'honneur - honneur, Je 1avout",
li. "té _ d'écrire pour ce livre, j'ai dit simplement
S0 lCI
l' h de ,quelle
riaçon -,
·
connu
r.,1·via
et
comment,
grâce
à
ent ous1asme,
J avais
J. 1
,
Ût u talent et au dévoOmeot de plusieurs lettrés, 1œuvre
au go &gt; a
.
l' f
. J
d L gao Pearsall Smith avait pu attemdre le pub 1c rança1s. c
e
o
.
.
b
tà
me suis abstenu de toute considération cnt1que, me ornan
décrire l'impression que m'avaient faite les quatre ~oè~es_ de
L.-P. Smith,_ lus par hasard dans The Owl - qm m avaient
· sur 1a p'iste du livre. Ces impressions, cette heureuse
mis
•
d surd·
·
_
différaient-elles
beaucoup,
à
un
siècle
environ
e
pnse,
•
1
d1stance, de celles que durent éprouver les premiers ecteurs es
Essays of Elia de Charles Lamb ? Peut-être que oou, parce que

NOTES

beaucoup de grands livres se présentent à nous ainsi : trivialement, sans apparat, sans mystère et sans cr façons » d'aucune
sorte, et nous parlent, d'une voix qui nous semble familière,
des choses que nous pensions connaître le mieux et qui, à notre
avis, « allaient sans dire. :o Mais d'autre part, à lire Trivia, on
sentait bien que tant d'autres choses avaient cr passé par là »
depuis Charles Lamb : Walt Whitman, les foules de Piccadilly
et d'Oxford Street, la photographie des astres, Charles Darwin,
les danses et les chansons nègres, et surtout ce très ancien et
très moderne désenchantement, sans tristesse, de l'intelligence,
ce fin et délicat état de la sensibilité, pour lequel on a détourné
de son sens primitif, en l'inclinant du côté du langage des
.Beurs, le mot : mélancolie.

**•

VALERY LARBAUD

LETTRES DE VOYAGE, par R11dyard Kipli12g (Payor).
Ces lettres sont de bonnes correspondances adressées à des
journaux, les unes de 1892 à 1895, les autres en 1908 et en r913.
Un voyage au Japon à travers le Canada, un second voyage au
Canada et une excursion en Égypte. Beaucoup de · renseignements contenus dans ces lettres n'ont déjà plus qu'un intérêt
historique ; mais la curiosité de Kipling a quelque chose d'aigu
q~i, sans pénétrer très profondément dans une âme étrangère,
satt en tirer avec humour et vivacité tout ce dont un Ano-lais
peut faire son profit ; c'est donc surtout un aspect de l'Ao0o-leterre, Reine des mers, que nous trouvons dans ces co;espoodancês. Pour le Japon, les lettres que Kiplino- écrivait
en 1889 et dont Louis Fabulet a donné une tradu~tion sont
plus complètes ; lire cependant dans ce nouveau recueil Je
tableau d'un crack financier, « Tremblements de terre». Cest
~ur le Canada que l'information est la plus copieuse; elle s'élève
a une vé~itabl~ largeur de .~ue p~litiq~e dans le dernier chapitre
de la séne, qui dénonce I rncune pacifiste où vit ce Dominion
riche proie insoucieuse de se défendre et qui s'en remet entière:
ment de ce soin à la métropole. Il faut lire également la dernière _correspondance d'Égypte, écrite sur les lieux des défaites
~ngla1ses du temps du Mahdi: noms qui furent cruellement
illustres et qu'on ne connaît déjà plus, traces à demi effacées

40

�626

LA ~OUVELLE REVUE FRANÇAlSE

de l'effort militaire, rails et baraquements aba~donnés, souven!r
déjà oublié des-sacrifices qui furent néce_ssa1res pour_ réta~hr
la situation et rouvrir le Soudan à la ténacité du fonct19nna1re
ao.gl.ais . Aujourd'hui que l'équilibre, se mcxlifi.e ~ne fois ,de plus
en Égypre, ~s pages ont un a.cce1i1t1de méfaucpl:e ;tssez, amer.
JEAN SCHLUM{l'.ERGE.R

GERHART HAUPTMANN ET SES DERNIÈRES
ŒUVRES 1 •
Il y a quelque chose de tragique dans la destinée nuéraire de
Gerhart i Ha.uptmaun. :Ou commeuceqie,nt à la fü1 elle. a l~s.
allures d'un de ces drames du nat:u,rali-sme allemand où continue de se dérouler l'écheveau du romantisme. L'individu s'y
débat contre le milieu qui pèse sur lui à la façon de la fatalité
antique. Partagé entre des inclinations co~traires, tant6t il
s'abandonne aux griseries de l'entourage, -q m momentanément
le tran~portent, l'aident, semble-t-il, à gran~ir; tantôt il sent
son moi se dissoudre, se confondre avec mille choses ténues
qui l'absorbent, et dont il finit par éprouver la médiocrité. Ni
le moi ·social.,. ni le moi national qu'il a l'ilh,1sion d'épouser, ne
le dédommagent assez du re1,1oncement }- sa propre pers.onne.
I-1 rêve de se détacher, de s'appartenir encore. Mais. ce . n'est
que rêye, ce ne sont q_ue soubresauts .&lt;l'u~e d;ll,qit_es.se blessée,
L'être en. présence ,d'une force à laquellt 11 na pomt donné sa
totale adhésion, IJ,1.ais dont il n'a pas non plus résolument
tâché à se délivr;ei;, succombe; le poëî~ est réduit à tirer son
i,~spir.ation d'une part donnée de l'univers, au Heu de i;hoisir
son chant de faire se lever l'univers à sa v-oix.
A moi:s qu'il ne soit un très grand poëte - utl. Nietzsche.
Mais où ~Gcrhart Hauptmann, né réceptif et féminin, eôt-il
trouvé l; terrible courage qu'.il fallait pour s'arracher au milieu
de l'ère impériale, pour aller chercher ailleurs, et à trois mille
t. Œuvres complètes, S. Fischer, Berlin., tomes 7 et 8,_ {Pet«
Brauer, 1911. - Festspiel, 1913. - Der Bogen des Odysseus, 1914. _Winterballade, 1917. - D~r Ketz.er von. Soana, 1918. - J?er we1sse
Heiland, 1'920. - lndipohdi. 1920. - A-nt~a, 1921.)
. .
A cette liste il faut ajouter ?hantom, en cours de pdbhcat1on-dans•la
Berliner 1/1111t-riérte Zeiturrg.

NOTES

pieds au-dessus des hommes, son climat intellectuel ? Mar ué
pa~ uu destin intér_i.eur il devait n'être que !'écrivain représ~ntatlf de sa g~néra~on., celle du quart de siècle &lt;4ui a précédé
1914. Que 1on ait so_ogé, p9ur son soi;antième anrùversaire
(qui tombe en novembre 1922), à faire de lui un Président de
4 ~épublique allemande, il y a là une ironie qµi échappe à ses
a~~ateur~ .. La couronne serait dérisoir!'!" qu'ils apporteraient
a1ns1 a une vie passée à « représenter"» allJjeu d'être soi. Mieu
vaut
luj laisser
l"espèce de grandeur qu'elJe aJ q·ui tient, anta,DKt
,,
,
qua ce qu on y trouve de réussi, a ce qu'on y découvre de raté
raté par la force de l'atmosphère allemande d'alors, · d-0nt le;
courants entrainaient à ras de teue les isolés, satis qu'aucun fût
assez fort pour poser son moi en face d'eu.x et leur imprimer sa
direction.
Gerhart H~uptmann ne cessa guère d'être l'inconsciente
victim~ des -suggestions d'une fausse grandeur_. Il faut se
souv:711r d~ ce personnage de son Atiantist s'émerveillant
~e I énormité du paquebot que l'All~migne !ance s.ur
1O~an : devant les pèrspectiyes romantiqu~. qu'entù&gt;u~
vrait la luue du géant contre_ les él~e,nts, l'imaginatio~
échauffée de l'aqteur voyait pâlir toute poésie. Ce pdx
attaché aux proportions de la matière, aux réalisations de la
technique, ce dédain des pures conceptions de l'esprit, dont
Hauptmann oubliait parfois que sans le-viers sans machines il
'
.tn od1'fi e lui a-ussi la vie, l'esprit et. la vie s'en' sont vengés. Son
Lo~h, le mauiste-, le darwiniste de Vor So~rnenaufgang, a pu
fro1deme~t, durement, renoncer } épouser Hélèn~ qui l'aimait,
pai:.ce_ quelle ne lui eôt pas donné d~ enfants C01!ÇUs selon la
doctnu.e deJa .séJection naturelle. En. la repoussant ce n'en ~st
~as ~o~ns _la v_ïe tout entièi:e qu'il a rejetée, alors q~'elle
8 offrait a lm,. q~ elle réclamait une étreinte spontanée. Le .coup
de co~tea~ qu il pousse Hélène l se porter, par préjugé, par
subo_rdina.tion a.ux idées régnantes, Hauptmann lui-i;nême a
continué de le ressentir dans sa chair. ,
Ayant tranché JeJien. qui attache l'hqm(Jle à la vie profonde,
~e tenant plus qu'à ce qu'on appelait autour de lui• &lt;&lt; civilisation », qui n'était qu'un accident du devenir et qu'on prenait
P.0 ~ la fin. de ce devenir, il s'est ,t rouvé ne pouvoir pfos concevoir nettement le monde sous d'autres e~pè-ces que celles de la

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

machinerie allemande, comme sa Hannele, la petite pauvresse,
qui ne se représentait pas le Paradis autrement qu? l'image de
la ferme de son oncle où l'on tuait tous les ans trots porcs gras.
Et pourtant l'idée de ce que peut être ce monde entrevu à
d'autres profondeurs, par delà les apparences d'une éphémère
organisation, revenait quand même le hanter. C'es_t à propos
des Tisssrands que Gide disait à peu près ceci : qu'ils cessent
d'avoir faim, ils cessent de m'intéresser. Mot bien juste en ce
qu'il déniait à l'auteur les dons de l'artiste qui avec de nouvelles
formes engendre de nouvelles valeurs, mai~ aus~i ~ien dur.
Comme la faim du corps taisait crier les ouvriers silés1ens, une
faim, spirituelle celle-là, n'a cessé d'arracher à Gerhart Haupt~
mann des accents assez émouvants. Ils résonnent à travers son
œuvre, sur des lèvres de héros manqués, qui écoutent de mystérieux appels, cèdent à l'énigi:naüque attrait d'ê:res étranges, à
demi femmes, à demi forces des eaux et des bois, que le rude
visage de la réalité fait s'évanouir et dissipe. Leurs parole~
tentent de rendre ce qu'il y a au fond de l'àme obscure, et qui
y restera, inexprlmé, indélivré. Aussi ne sont-elles que comm~
une musique lointaine, un chant de la « Sehnsucht » qui
accompagne les actes impuissants, une berceuse de la douleur,
de la nostalgie.
On perçoit encore l'écho de ces aspirations inassouvies dans
les dernières œuvres. Le poëte vieilli se retourne secrètement
vers ses jeunes années dont tant de promesses ont menti.
Mélancolique et désabusé il laisse parler Peter Brauer, le peintre
bohême qui veut crever seul derrière un buisson, Anna,
l'amoureuse, que d'odieuses nécessités ont ravie à l'adolescent
Luz le ruffian de la Winterballade, que poursuit le fantôme de
cell; qu'il aimait en l'assassinant, et dans der weisse Heiland,
Montezuma, à qui l'écroulement de sa. chimère coô.te plus que
celle de son empire. C'est là, et non dans la forme de plus en
plus làche et alanguie, qu'est. l'intérêt, da~s cette fin d'u~
drame intime qui en est au dermer acte et qui pourtant ne finit
pas. La seule fois où Gerhart Hauptmann tenta de s'affranch_ir
de la réalité allemande, du présent allemand, dans le Fe.stspzel
qui en 1913 évoquait une c&lt; Athene_ Deutschland» e~1pruntant
son inspiration à la Grèce, à la lumière, à la beauté, 11 manqua
son geste. La guerre aussitôt le démentant, lui ôta, semble-t-il,

NOTES

629

la foi qu_i l'avai_t jusque-là à _demi soutenu. Rien de surprenant
dès lors a cette immense lassitude que l'on croit deviner où on
le voit,. dépossédé et de son moi et des biens qu'il avait 'parfois
cru temr en échange, errer ombre parmi des ombres, demandant pour réchauffer la cendre un reste de flamme à Gœthe à
Shakespeare, à Homère.
FÉLIX BERTA~x

.

·* *
AU NOM DE GŒTHE.
~ ?1aison paternelle de Gœthe à Francfort, la noble maison
p~t:1c1enne du_ (f Hir~chgraben », menace ruine. Ses poutres,
v1e1lles d_e plus.1eurs siècles, sont atteintes de cette pourriture
sèche qm peu a peu réduit en poudre les trop vieux bois. Les
r~mplacer serait, paraît-il, par les temps qui courent, travail
s1 co11teux que le budget d'une ville même de millionnaires
' ·p
•
comme l est rancfort, n'y suffirait pas. Aussi un cri d'alarme
a-t-il retenti à travers l'Allemagne. Afin de réunir les fonds.
nécessaires à sauver le sanctuaire national, une semaine de
G°:tbe fut organisée dans l'antique ville libre des bords du
Mai~'. groupa~! ~our quelques jours, autour de spectacles.
cho1s1s, une élite rntellectuelle que relevait encore la présence
de quelques poètes et musiciens parmi les plus fameux. Au
programme, Tasso, Egmont, !'Iphigénie de Gluck et la Flûteenchantée, chacune de ces représentations précédé~ d'un discours .d?nt le but direct était de faire appel à la générosité
Pfcu~mre· des assistants, mais qui tous se défendirent de.
n avoir que des visées aussi matérielles.
Gerhardt Hauptmann, le doyen de la génJration naturaliste~
Thomas Mann, dont les racines y plongent mais qui ne dédaigne
p~s de pousser vers des lendemains un peu inattenqus cer~ames. de ses branches plus récentes, Fritz von Unruh, le.
Jeu~e iconoclaste, le fougueux poète de la défaite, d'autres
mo'.ns connus, parlèrent à tour de rôle, reprenan, sur de;
registres différents le thème de la maison à rebâtir non point
ta~t_ de la maison temporelle du fossé aux cerfs, que 'de l'édifice.
spir!:1"1el de la culture allemande en fonction de Gœthe.
S 11 est assez naturel que l'Europe se montre fort préoccupée
et à divers titres, de la chute du mark et de ses conséquence~
pour le monde, il est un autre spectacle qui mériterait cepen-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISH

dant aussi quelque a-ttentimr: ôeist celui de- r'effondrement des
principales valeurs' iM:i1es 'dônt un pays aussi grand et aussi
puissant que l'Allemagne mir fait les bases è1e-. son. système
moral et éduéateur, et &lt;l'es ëfforts de relèv:eme1:i-t qm se font
jour dans ce dômaine-là aussi, gauches. d'aillems, faibteset incohérents autant qu'ils sont, dans le domaine économique,
adroits et organisés, - indéniibles néanmoins.
Les discours de la Gœthe-Woche sont à ce point de vue
assez révélateurs pour valoir qu'on les sjgna1e.
Hauptœann se mdhtte avant tout so1,Ideux de l'unité allemande : « L'idée d'unité, disait-il dans son infrod1.1ction au
drame d' cc Egmont », c•es{ dans l'âme du peuple qu'elle doit
d'abord exister. Il y a, de ce qui es.t national, d'autres symboles
en{)ore que l'épée. » Puis, plus loin: c1 Rien ne ·pourra _faire
perdre aux Allemands l'amour' qu'ils ont pour le~rs poètes »
(diese niir-riscbl'} LidJe fii.r ihren Dîchtern). _L'ancieh régime l'a bien
prouvé, qui a' fait l'impossible pour cefa.
Mais ne serait-ce pas plutôt aux rorces 1rançaises de la riv.e
gaudie qu'il pense quàn'd ü -constate que K les, Alba .ont toujours tort», faisant :illusion au du€ d'Albe, ce représentant-de
la manière forte dans le&amp; Pays-Bas: qui est' un des principaux
personnagés d'Égmont ? -On pe1,1t-se demander si cette 'Vérité
le frappait autant lors.que les armêes allemandes pressuraient hl
Belgique. D'autre part il faut avouer que la plate-forme est
singullèrement étroite que les événements, les fautes de leur
pays et, dans unè certaine mesure, l'attitude des alliés a laissée,
pour s'y tenir sans bassesse, aux Allemand's, soucieux élë clairveyance poHtiqueèt de loyauté vis-à-vis cre'l'ennemi vainqueur,
a-ut:an-t (}lie préoccupés cl.e Yintérêt -et de la dignité de leur pays,
-et que pour peu~'u'ils fassent litière de ces derniers, .ceux qui
d'abord en , France· Iés mépriseront et les a-cw,seront âe p1atitude
seront le plus souvent les mêmes qui leur auraient fait, d'une
partialité inverse, le pire dès griéfs.
C'est là un dilemne 'dont on Fre voit guère comment se tireront les méilleurs parmi ks Alleniands. Ce n~est d'ailleurs que
pour eux qt{il existe.
'
'
·
Thomas Mann ne fit ,eas-, aux actualités, d'allusion ~ussi
directe : il avait pris pour thème Gœthe comme éducatee1r et
l'influence capitale sur lui, d'e Jean-Jacqués R:.ousseàu . M

NOTES

631
s'efforç;i de prouver qu'.;mtobiograpbes l'un et l'autre ce n'est
pas pur has~rd si tou~ deux se sont également trou:és péda~
gogues pass10nnés, et 11 démontra avec ingénicsité comment le
grand pwfe.sseur le plus souvent se double d'un gi;and éduca;eur. Ce qu'il y a d'un peu ~urprenant, et cependant de difficile
a ré_futer, dans la. ~hèse que Th. Mann développa ce soir-là aux
au~1teurs de 1~ Flute~eµchantée, c'est que dans les rapports étroits
~u1 rattachent, ·Goethe ~ Jean-Jacques, la pensée organique~
l ~rdonnanc~ cons~rva:~1,ee, 1a piété, bref !'.-élément appolli•
men à la fms, et 1ntu1t1.(, s_e trouverait représenté par le poète
~lemand et non pas, par !'écrivain français. Le radicalisme
mca~né par Rousseau, et dont Mann ne conteste _pas d'aiJ,leurs
la raison d'être ni les possibilit_és de noblesse, procède de la
~éthode purement logique et déductive qui, appliquée au
\11:7ant, forcément doit finir par mener à l'humanitarisme anar--cb1ste en matière de politiqtre, à l'anarchie in.divlduali-ste en
matière d'éducation.
Dans le '.11.ême ordre d'idées., Mann Ieprend, pour tâcher
de le réhab1lrter, le _~on~ept d~ la culture allemande, tJUe
le scandaleux abus de 1 ancien régime avait couvert de honte et
d'opprobre, il n'emploie plus le terme de cc Kultur » mais celuâ
de _« Bildung » ch.et à Gœthe, et dont la langue franç:ise ne nous
donne pas réquivalen1 (polll".Ja raison peut-être que la chose
eS t . en Franhe plus qu'ailleurs naturelle ?). Littéralement
". Bildu~g » signifie « formation, information», mais le mt'lt est
ncbe d un sens de structure, plastique. à la fois et spirituel,
que_le mot culture ne renferme pas. à ce degré.
Si ces dtux discours expriment Jes façons de penser les plus
élév~es que peut encore fournir un passé de cc Bilduno- » bien
terni par la « Wilh.elmirtiscbe Epoche », voici mà~tenant,
avec Fritz VOJ;J. Unruh, en des .accents vraiqient modernesJ les
postulats de de:qiain :
« Ne croye.z pas, s'écrie-l:-il~ que je sois venu ici pour lancer
le no~ de Gœthe, comme une fanfare de réclame pu delà nos
frontières, ainsi que le &lt;tisait si a01èrement Nietzsche » _ et
ce sonr_ptesque des injures do~t i.J foudroie son auc!itoir~, une
°:1ercunale passionnée, pleine de reproches, d'appels à la conscience et d"
é ·
,
apres v ntés. Il leur rappelle que tout récemment
encore le prem ·
d
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1er gran navire 1ancé depms la paix par le

�632

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Lloyd ne portait pas le nom de Gœthe ou de Bach ou de
Kleist, mais bien celui d'un général prussien, tout comme
avant. Et, quêtant pour remplacer quelques vieilles poutres, il
les fait souvenir de la facilité avec laquelle six millions furent
signés en un clin d'œil, lorsque, peu de temps avant la guerre,
le premier Zeppelin était devenu la proie des flammes. « Tu
entendis, peuple », s'écrie-t-il avec une grandiloquence impressionnante, « le ronflement au-dessus de toi de l'hélice, mais
tu ne perçus pas l'élan que dans ses chants "Gœthe imprima
à ton âme. Lui qui nous donna, pour toute la durée pendant
laquelle des hommes hanteront cette planète, la certitude du
divin, tu ne le vis point, et c'est la machine qui dans l'air
retint ton attention.
» Pareil à Faust aveuglé par les soucis, tu prenais le cliquetis
des bêches de Méphisto pour le bruit du travail béni d'une
communauté - alors qu'en réalîté c'était Satan creusant dés
toinhes : la grande fosse commune de la guerre.
D Veillez )), enjoint-il encore à ceux de la vieille génération,
à ce qu'un singe ne se glisse dans la dépouille du tigre,
et qu'une seconde fois vous ne vous trouviez frustrés de votre
âme. ))
Du reste il ne semble se promettre rien de bien efficace de
cette vieille génération, et il ne se radoucit que lorsqu'il s'adresse
~ux jeunes:
« Vous, mes camarades; jeunes filles et jeunes gens, qui avez
dans le sang un autre rythme que vos aïeux d'il y a cent ans, ne
vous lais:,ez pas intîmider par la majesté de la noble harmonie
classique ... D'autres voies vous mèneront à Gœthe, à travers
votre cœur, qui bat co'mme battit le sien, et s'arrêtera comme
le sien s'est arrêté ... Nous ne voulons. plus souffrir la mort
.romantique de Werther, ni nous laisser brimer par les An_tonio
de la réalité 1 ••• En plein esclavage politiqu_e, relégués par:mï 1~
rebut des peuples, c'est fart qui fera de vous des hommes
libres, gardiens de l'esprit immortel. Ah! que qans l'brage de la
défaite, vous puissiez être du côté ·ae Gœthe, quand, après Iéna
et Auerstiidt, aux désespérés qui vinrent lui annoncer le désastre
1. Allusion à l'homme de cour et d'Etat, qui finit, dans Tasso, par
l'emporter sur le poète infortunê.

NOTES

en ces termes : « Monsieur le Conseiller secret, la Prusse est
perdue, l'Allemagn_e est perdue )), il répondit avec hauteur :
« Comment osez-vous dire que l'Allemagne est perdue, alors
que je suis là devant vous? &gt;&gt; •
Ce jeune homme aurait-il tr.ouvé la solution du dilemne indiqué plus haut ? Si quelques Français ont par hasard assisté
à cette haute manifestation de l'intellectualité allemande, peutêtre se seront-ils demandé combien a derrière lui de troupes
le Junker ihtrépide et un peu arrogant de la révolution, Savonarole d'un régime dont ses pères furent les piliers, et qui
peut-être n'aurait pas parlé aussi hardiment si précisément il
n'étai.t pas de ceux-là.
Mais ils n'auront pu rester insensible.s à l'emportement lyrique,
à l'élan sauvage et pressant de ce discours qui introduisait si
étrangement la plus racinienne des pièces de Gœthe.
Et si, d'une pareille manifestation, il n'était pas téméraire
de tirer quelque conclusion, ce serait sans clou.te celle-ci, que
seuls les jeunes, de l'autre côté du Rhin, comprennent le fait, et
admettent la nécessité d'un changement de régime, en morale
aussi.
A.LAIN DESPORTES

*

LE COURRIER DES MUSES.
On a déménagé Barbey d'Aurevilly dont les héros faisaient
l'amour sur u!'le lame de sabre, se souffletaient avec des cœurs
encore tout chauds et semblaient faits pour réaliser, par anticipation, le rêve de Rollinat :
... Fumer l'opium dans un crdne d'enfant,
Les pieds nonchalamment appuyés sur un tigre.

Barbey d'Aurevilly, le burlesque capitaine de cavalerie, n'habitait plus son « pachalic de Lorrette )) d'où il datait les· lettresécrites à Trébutien, mais une petite chambre, rue Rousselet,
au Cherche-Midi. Pauvre capitaine ! Que dira son ombre si
.
'
Jamais elle apprend qu'on a profané le tournebride ?
Un événement plus grave est à signaler dans le monde artistique, un signe des temps, d'ailleurs comme tous les événements
qui se produisent. Je ne plaisante pas. 11 est question de faire
payer l'entrée au Louvre. Le projet serait exécuté rt&gt;tte année,

�6J4

ltl

1 ••

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

malgré l'opposition de quelques rapporteurs aux Beaux-Arts. Je
ne voudrais faire ni le prophète, ni le pédagogue, mais il est
certain, il est probable, si l'on veut, qu'une telle mesure peut
nuire gravement à l'éducation artistique de la jeunesse. Vraiment, on oublie trop le jeune homme pauvre, qHi 1J.'a pas
toujours la chance de reocootrer un Octave Feuillet pour Je
célébrer.
La République n'encourage pas les arts. Elle ne protège pas
les po~tes, mais si eUc se refu.se à leur accorder gratuitement
le pain du corps, veut-elle encore leur faire payer le pain de
l'Esprit ? On m'a dit que cette nouvelle tax.e ne jetterait pas dans
les caisses de l'Etat plus d'un million de francs chaque année.
Je n'a-i pas d'opinions politiques et je me soucie peu du contrat
social, mais je regrette qu'un Gouvernement songe à prélever
11n impôt sur lal3eauté. Notre époque va bientôt ressembler
à celle qu'imagimt Guillaume Apollinaire, dans le f'oète Assassi.né. Le laurier doit servir à la cuisine.. On va sans doute constnüre des ma-chines à penser. La plupart des écrivains n'ont
pour sujets d'entretiens et de méditations que les gros tÎrages,
les milliers d'exemplaires vendus, etc. Une grande revue .offre
en prime à tous ses abonnés le livre d'un académicien, signé
par l'auteur. Un faux Apollon se prostitue dans les tavernes.
On se réunit chez Mm• Lara pour y tenir une conversation sur
l'état présent de la poésie. La devise de- Mm• Lara, muse d'Art
et Action, est qu' « il vaut mieux faire un faux pas en avant que
de bien faire et de rester en place ». Au mque d'être peu
galant, j'avoue que cette devise n'est pas la mienne. Je n'ai pas
pris part à la conversation sur l'état présent de la poésie et je
ne sais si l'on a trouvé qu'il était satisfaisant, mais tous ces
faux pas qu'on fait faire à la poésie ne me paraissent pas la
suvir. Tel ou tel poète « en liberté » de qui le grand secret
est d'ignorer la syntaxe et la grammaire ne me semble- pas gêner
la gloire des poètes du XVII" ou des Romantiq:u.es. Tel autre~
;eune poète perpétuel - je ne le nom.me pas parce qu'il abuse
du droit de réponse et que je veux. épargner sa prose aux, lecteurs de la N. R. F., qui sans doute ~e reconnaitront bien tel autre~ cette année, revient àla Rose et pastiche Jean Mocéas,
Son disciple - il n'en a qu'un - le juge supérieur à Ronsard,
à Malherbe et à Baudelaire. Faut-il s'irriter ? Pour combien

NOTES

d'écrivains la cam.rraderie et la publicité remplacent-elles le
travail et le talent? Tout cela est peu inquiétant. On oubliera
bien des poètes modernes et malgré leurs œu'VJ'es, le deroi~r
souvenir qui me \lienne à propos de la Poésie, c'est d'avoir;
entendu lire l' Adonis de La! Fontaine hns un cercle d'ami$ et
de femmes charmantes.
Les subtilcis causeries qu'Ahdré Gide a faites, dans la bioliothèque du Vieux-Colombier, où Dostoïevski ne fut parfois qu'un « prétexte :&amp; à 1évélations psychologiques me permettent
de croire que je peux parler encore d'une nouvelle toucha.nt
le o: grand romanciet russe », com:oie disent les journalistes.
Un télégramme lancé par les agences Ha.vas et Radio annonçait qu'on aurait découvert à Moscou dix manuscrits de Dos•
toïevski, inconnus et inédits. Dix manuscrits de Dostoïevski !
Lui qui, toujours harcelé par la misère, vendait ses œuvres aux
éditeurs, sitôt qu'il les avait écrites ! Une telle nouvelle pouvait
sembler suspecte, elle est vraie cependant.
Dostoïevski est remis à la mode par la psychanalyse. Le
Professeur Einstein._ est arrivé trop tard. C'est fa saison dernière
que les belles dames voulaient tuer le ·temps - celui-ci d'ailleurs prendra sa revanche ! mais cette saison, daas les saloni
parisiens, chacun raconte ses rêves et quelqu'un les explique.
On se parle tout bas d'actes manqués, de refoulements; les jolies
femmes demandent timidement la clef des songes et chez une
dame polonaise, savante et convaincue, un petit cénacle choisi
se réunit parfois le soir, qu~on a surl!ommé déjà « le Oub de·s
Refoulés».
GEORGES GA.BORY

,. *.

LE CABINET DU DOCTEUR CALIGARI, au CinéOpéra; VOYAGE AU CENTRE DE L'AFRIQUE, au
Gaumont-Palace.
Dès le début de Caligari, le. public se voit prévenu que la
forme absurde ou cubiste du décor tient à la folie du personW1gc
qui l'imagine. Ce scrupule moral retire.au film la plus grande part
de son intérêt: le spectateur devrait croire- jusqu'au dernier
instant, comme dans l'Incident au pont d'Owl Creek, que tout
arrive: assassinats, enlèvement, sadisme.
Les &lt;lécors cubistes sont d'ailleurs la partie la plus touchante

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NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

du film; la plus « ressemblante » aussi. Le terne Voyage au
centre de l'Afrique, qu'a tourné la Svenska-:film, prouve de reste
qu'il ne suffit pas d'avoir « pris )') des girafes, des danses de
nègres ou les m~mes nègres dévorant un hippopotame cru pour
retrouver sur l'écran de vraies girafes et de vrais nègres.
QJ.ielques cônes et pyramides nous font mieux croire à la kermesse où le docteur perfide présente son sujet Césare, l'assassin
endormi.
Les personnages de Caligari sont moins déformés que les
décors ; ils ne le sont pas assez : on leur voudrait des masques,
ou des échasses. Ils r;.mpent, gesticulent et expriment les
divers sentiments, qui ont l'habitude d'agiter les acteurs .

LES REVUES ET LES JOURNAUX

Nous n'entendrons plus ta cb,mson,
Marcbande, « Belles fraises »
Ni ta trompette d l'aigre s011,
Doux rempailleur de chaises .
-

Prépare l'omelette au lard, ,,.
Je vais plier les nappes.
- Oh / les écharpes du brouillard
Sur mon quai de Jemmapes 1
- Où sont les restes du pdté ?
- Où tes rires, faumsse 7
- f ai perdu la passoire à thé.
- J'ai vécu ma je1messe.

.

JEAN PAULHAN

LES REVUES ET
LES JOURNAUX

Une nouvelle revue « pour les enfants de neuf à quatorze
ans » : LEs PETITS BONSHOMMES r publie des contes qui ne sont
pas tous nouveaux, mais dont aucun n'est sot, et de délicieuses images d'Halicka, et d'Albert Uriet : mousses, corail de
prairie, fleurs des herbes.

LE SOUVENIR DE JEAN PELLERIN
Henri Martineau, qui a su mieux que personne parler de
Toulet, consacre au souvenir d'un autre mort : Jean Pellerin,
le dernier numéro du DtVAN (février).
Francis Carco écrit :
Vingt fois, près de s'abandonner à de soudaines détresses, une sorte
de stoïcisme l'en empêchait. Je veux dire que Jean Pellerin reprenait le
dessus et que, si le terme de stoïcisme peut nous paraitre un peu bien
solennel, le poète écrivait :
Écartez. les mots qru j'aimais
De votre bouche lasse.
Le dieu 11ous parle à voix trop basse :
On ne fetilend jamais ...

Or - qu'on le veuille ou non - ce stoïcisme qui n'acceptait aucun
systéme et o'c:mpruntait qu'à sa mesure, dans la sensibilité du poéte,
des moyens d'échapper au ridicule, eSt la clef de son ceuvre. Par lui,
Jean Pellerin rompt avec le désordre des pseudo-romantiques et le
fatras du symbolisme. Il s'en sert comme d'un réactif puissant. C'est
sa sauvegarde et il ne l'igo.ore pas.
Ailleurs l.'on rappelle le poème que Jean Pellerin écrivit ~ur
un déménagement, et ce dialogue entre lui-même et son amie :

.

Le prix de la Renaissance pour l922 a été dédoublé: Henry
Jacques le reçoit pour un recueil de poèmes : La Symphonie
héroïque, et Pierre Mac Orlan pour son roman: la Cavalière Elsa.

• **
D.o\NS 1.E MONDE DES LETTRES
L'on sait qu'une grave querelle littéraire s'est élevée récemment entre trois écrivains bien connus : MM. René Doumic et
Binet-Valmer, et Mme Gyp.
M. René Dournic s'étant plaint en effet, dans le GAULOIS
(5 Mars), de la médiocrité des jeunes auteurs :
Avec les personnages de Feuillet on se sentait vraiment en compa:gnie choisie, on respirait l'atmosphère de la meilleure société ..... [Au
lieu qu'à présent] il n'y a jamais eu autaot de prix pour les romans.
Seulement on ne trouve plus de romans pour leur donner des prii.,

M. Binet-Valmer réplique dans CoMŒDIA (6 Mars), non
sans citer &lt;c ses camarades» Henri Barbusse, Erlande, Escholier,
r. 2 I, rue de Presbourg, Parif•

�LA }1O:liJVELLE REVUE FRANÇAISE

René Bizet, Malherb-e, Duhamel, Dorgelès, Louis Bertrand,
Léon D:mdet, J.-J. Thara_1.H:i, Claude Farrère .... :
Nous vous prions de ne pas p-arler de nous comme si vous nous
aviez 1us. N'est-il pas vrai, mes camarades? En 1906, quand nous faisions nos premières armes, la francci était-elle ,pl1,1s riche qu'aujourd'hui en romanciers? Allons dom: 1Monsieur Doumic, ... ce n'est pas les
romanciers français qui sont à bout de -soufflè.i €!est vous qui êtes
fini !

]\{me

Gyp n'hésite pas à répliquer

M. Binet-Valmer, qui est Suisse de naissance, se reconnait et
en.voie :le 18 mars à Mm• Gyp une copie de ses citatfol:ls e.): des
décrets quiJ'ont n:ommé chev.ali-er et officier d-e la Légion
.d'Ho1meur.
Mme Gyp riposte (COMŒDIA, 27 Mars) :
... Comme vous avez si~oé 1'envoi de vos citations : « Binet-Valmer ►
cuisinï-er français "• VOUS' m'obligez: à vous rappeler que ni un acte
enregistré dans une chancellerie, ni un séjour continu dans un pays □ e
modifient la-ràce.
C:tHJUL m'ét:onna. très fort, c'est que le: &amp;ésideni: d'nae ligue qll i
n'est pas apparemment défaitiste eût cette. idée bii:arre de recomrnand.er à J'admira,.tion l'auteur du Feat et de Cla,,té.

M. Binet Valmer r.é{}On-d dn tac au tac:
Tout cuisinier que je sois, je mets au-dessus de mes passions politiques et même françaises l'amour de mon art et" je dis que 1'-aute.nr du
-Feu est un grand écrLv.lin, je dis que M. Paul _Reboux .a du talent, Je
dis ,que la-Gl!oi.-e de M. Mamice R!Ostand est une œuv.re de Vàlcmr. •
..... Av"nt de cop.clure je répéterai à Mm• Gyp qu'il est vraiment
laid de s'~briter ·derrière son-sexe .et son âge :POllr traiter d'étranger uu
éérivain -trois fois blessé pour notni pays.
.... Je dis notre pays comme uo autre de mes compatriotes, Benjamin
Constant, disait de la France« mon pays &gt;&gt; .

(CoMŒDIA, 28

Mars) :

.... On reste ce que l'on est. Benjamin Constant était Suisse profondément.
Un Français n'eût pas fait Adolp~.

Il n'y a.vait pas moyen d'aller pius loin.

,. * *
DANS LE MONDE DES SCIENCES

M.n• Gyp intervient à son tour dans fe-Gct:rLOIS (16 Mars):
Des sept ou huit livres remarquables, gui ont paru depuis quelques
années, quatre sont écrits par des femmes ,..-,. Les pauvres hommes 1
Pour l'instant, je ne me souviens que de trois jeunes à qui je trouve
des qualités de premier ordre : ... Paul Cazin .... René Benjamin et
André i,3,eumie.i; (sùi!).
A propos de ça ne trouvez-vous ~s q~e c'est cocasse de prepdre 4tparole aµ ppm des éqivainsJr.ançais, pour !ouer M. Barb1t5se etattaque.r
un académiciep très lettré, qiµnd on est étr:wger et qu'on écrit soi~1ème un français de· cuisine ?
~

639

LES REVUES ET LES JOURNAUX

On peut lire dans

l'A.'IN0"AfRE OFFI-CIEL- D'E r.'INSTITUT DE

FRANCE ( 1921):

ASTRONOMIE

Prix Pierre Guzmari

(100.000 /ra.ncs).
Ce prix sera donné, sans exclusion de :nationaltté, .à celui qui trou-

vera le moyen de communiquer avec un astre, c'est-à-dire de fâire un
signe à un .astre et recevoir r.éponse à ce signe. - ) \exclus,, a spécifié la.
fondatrice, la planéte Mars, qui paraît suffis~mment .connue.

•

* •

DANS LE MON.DE ·DES THÉATRES
T~ois discours ont été prono~cés sur la tombe _d'Henry
Bataille. M. Robert de Flers, de l' Acadéi;n..i.e Française, a dit :
Le ttîHtre et la poésie, que l'on a peu accoutumé de voir porter les
mêmes deuils, son· frappés aujourd'hui d'un même malheur. Ce miracle, car c'en est un, il fallait, pour l'accompliï, l'accord parfait de resprit le plus rare et de la sensibilité la plus frémlss.10te :·il fallait l'ardente
union de l'observation passionnée e.t du lyrisme intérieur, il fallait
Henry Bataille. Jamais ensemble de dons plus éclatants ne fu.tdiscipliné
par une intell.igènce plus lumineuse.

Et M. Emîle Fabre, au nom du Théâtre-Français :
Un artiste et un poète, en même temps qu'un des plus r.ares di;aia1aturges du temps présent, voilà ce que fut Henry Bataille ; un artis~e à
l'imagination. ardente, toujours en éveil, aux. nerfs sensibles, et, si on
peut dire, en vibration perpétuelle ; un poète, pour qui tout ce qu'il
'Voyait et entendait, se tOuroait tout nanu::ellement en poésie.

M. Henry Bernstein en.fin:
Icirepos.e le plus pur d'entre nous.
II n'aura convoité qu.e la gloire !

Le journal

CoMŒDIA

(7 Mars) décrit ainsi la cérémonie :

�LA NOUVELLE REVUE FltANÇAISE

Une nef toute tendue de draperies noires écussonnées d'argent. Un
catafalque couvert d'immenses couronnes de roses, de lilas, d'orchi&lt;iées : voici celles du Théâtre de Paris, du Vaudeville .... ; voilà celles
des amis et des admiratrices du poète disparu : A Henry, Yvonne; A
Henry, u11e Amie, M. L.-H. ; A Henry Bataille, Tbyra de Marlier ....

Une foule nombreuse, si nombreuse que la chapelle de l'avenue Malakoff ne peut la contenir : les amis d'Henry Bataille, ses interprètes, ses
confrères, et mille curieux indécents qui ne craignent pas de se jucher
sur des chaises, en pleine église, qui se bousculent pour mieux voir,
pour voir quoi ? je vous le demande : une famille éplorée, une femme
accablée par la douleur, des amis ·profondément affligés par la disparition prématurée de l'un des plus grands auteurs dramatiques de ce
temps.

*

* *

MEMENTO

L'AMOUR DE L'ART (Mars) : Despiau, par René Schwob.
LE CORRESPONDANT (ro Avril) : L'Embellissement de Paris et le
démantèlement, par Louis Dimier.
LE DIYAN (Avril) : La mort de Nane, par P. J. Toulet. (Avril):
Patrice, par Pierre Girard.
LES ECRITS NOUVEAUX (Mars): La ceinture, par Paul Valéry; Montagnes russes, par John Rodker.
EssAIS CRITIQUES (1er Avril): Le Misanth1:ope au Théâtre Edouard VII
et au Vieux-Colombier, par Azaïs.
LES ETUDES (5 Avril) : La Cbristian Science, par Lucien Roure.
INTENTIONS (Mars) : Hommage à Flaubert, par Jules Roi:nains ;
Quatre images d'album, par Marcel Jouhandeau; (Avril) : Etrange et
daulou1·euse raison d'un projet de mariage; par Marcel Proust.
L'ŒUF DUR (Mars): Anna et les autres, par Robert Honnert.
ŒuVRES UBRES (Avril) : Journal inidit de Tolstoï.
LA REVUE DE GENÈVE (Mars): Journ,11 de voyage de H. Keyserling;
Méditation sur Baudelaire, par Ch. du Bos.
LA REvuE HEBDOMADAlRE (1er Avril): Gustave Flaubert, par A. Thibaudet; (15 Avril): La mort cl'Hippolyte, par J. de Lacretell'!.
LA REVUE DE PARIS ( 15 Mars-1er Avril) : Journal intime de Sully
Prudhomme; Stendhal, Balz.ac et fn Chartreuse, par P. Arbelet.
LA REvuE UNIVERSELLE ( 1 5 Mars) : La langue française et ses périls,
par A. Thérive ; A la recherche du style moderne, par Roger Allard.
(1•r-15 Avril) : L'amour, les muses et la chasse, par Francis Jammes.
LA SEMAINE LITrÉRAIRE (8 Avril) : Le succès d'André Gide, par
Ch. Clerc.

•

::_DER NEUE MERKUR (Février) : Marcel Proust, par E. R. Curtius.
LE GÉRANT : GASTON GALLIMARD .
ABBEVILLF, - IMPRIMERIE F. PAILLART.

SODOME ET GOMORRHE OU
MARCEL .PROUST MORALISTE

Il Y a entre M. Marcel Proust et Zola un trait de ressemblance : T?us deux ont été, sont et demeureront probable,?1ent t~uJours admirés à contre-sens par certains lec-,
t~urs et pré-Jugés par les personnes déterminées à ne pas
hr~ ~es ouvrages sur lesquels il leur plait de garder u,;i.e
o_pm1on de rencontre. A quiconque trouverait irrévérencieux P?U~ l'auteur de Swan, ce rapprochement a.vec le
romancier naturaliste, je dirai que, retourné récemment à
Nana et à la Curée, j'ai trouvé à la lecture de ces deux
rom~s, su:tout du second, plus ·d'agrément que ·;e -n'en
es~~ra1s . .C est en éprouvant une satisfaçtion imparfaite
qu il me devint sensible que M. Proust possédait justement
tous les dons ou plutôt le ·charm_e dont Zola est si cruelle~
ment dépourvu. Par"la•SJ.lite, lisant Sodome et Gomorrhe, je_
fus spontanément conduit -à imaginer ce que fussent devenus, entre I_es doigts qui-_fon::èrent les &amp;,errures bourgeoisesde ~ot~Bomlle, un tel suJet et de-tels personnages, puis à
considérer le sens moral de l'œuvre de M. Marcel Prousf
. Sodome, c'est M._de. Charlu~et Gomorrhe c'est Alber~
tlne: Entre _ces deuxt figures, chacune étant le centre d'un~
trag1-coméd1e dQnt le speçtate1J.r ne ,fait que percevoir 1~
éc~os mêlés, le _héros du li,vi:e, celui qui parle à la pré-:
mière perso11ne, poursuit son voyage a la recherche
temps perdu.
-

du

Le soi? qu'il a. dé placer-le m_o t de vice, lorsqu'il s'en _:;~r;
pour désigner les goûts de M; de Charlu_s, entre de.s guill_e41

�LA NOUVE~LE REVUE FRANÇAISE

mets qui lui ôtent tout sens péjoratif et toute signification
morale, marque bien que, dans sa pensée, l:i, tendance des
êtres de cette espèce n'a rien d'une perversion. Il suffit du
reste de se reporter aux quarante premières pages de Sodorne
et Gonwrrhe et au tableau des hommes- femmes d'un mouvement &amp;ratoire;si ;mple- 'et-s1 èrillant.
·
Le h&amp;osde M. Pnoust t ieÇ9it avec répulsion les avances
du baron de Charlus, mais après que l'aventure du giletier
lui a révélé la nature vraie de son noble ami, il lui voue
une sympathie bizarre, qui prend des nuances changeantes,
selon qu'il y mâle plus d'admiratiœrae pitié ou d'it:ohie.
- Qu'il nous dépeigne M. de~Charlus, avec ses theveux
gris, sa-moûstache leinte et ses 1èvres. fardées, opérant, sur
le &lt;JUai tk li!- pétite gare, sa.., première conjonccitm avec le
vi'o1on'iste M(}rel, c'est di'aborcl. un trait uc peu .caricatoral et
œmique. A'ûss-i l'intérêt ·que: nous portons à ces personmges, la curiosité· qui• nous attache au développement de
leur· caractê.re, au jeu de l!!ui·s dêsirs, -ht:ef, tous les sentiments qu'ils , pimvent inspirè!' .au 1ect:eur doivent nécessaitement, tmvetser un,e :.premièr-e· • zone· de .coca1serie où
iiaventure- dépotiiUe- toute équivoque mystérieuse et to-qte
atnbiguité esthéüque.
"
- "Un sembfable souci B'est-il-• pas comparable :à ieelui que
Molière eut, à n'.en pas douter; de- fake aimer l'honnête
misaethr91)'i:e d'Alceste, ·sarns pour oeü le p0~er-,en maroo reprouvé, ni le pr-0poser.. erf exenipie . ., -;-. , ·,
Lôrsqu\l waite tles qualités du. :cœur et de 1'.esprit, d~s
vet,tus sociales,'de l'adaitié, &lt;les tomments délicien~~tî'engeadre la dëlitatesse duigoot, &lt;le 1'aptitrn!.'e d:es êtres à1 rec~~ t ou â donner le -Èioi:l.beÙ.r et ia.iomfr:mce, M. Marcel
Prbùst juge et•;dédde ave-c· v.i plus -grande nettete, A:u:ssi
bién ne laisse-t-il pasSé,t auœn~ oc,casion '&lt;le venger, avec
l'èsprit -qui est le -sien, les griefu , oomm'tilfs&lt; ii' :.tous les
hommes sensibles et bons.
.. ·,Les seuls êtres à l'endroit desquelir ii laisse percer ..un
mépris sarcastrque sont cetm qu'il 11ous représente tmmme

tyr;

SODOM.E ET GO,MpRRHE OU MARCEL PROUST MORALISTE

643

incapable$ de souffrir eu.x~m~m~s ou d'êtr:e .une source de
plais.ir. pour autrui. Au ;CGotraire, ,Jvl. de Charlus, Je duc de
Guei;m~ntes, le. violoniste Morel, même lorsqu'ils prêtent
à rire par les aven_tures bi~yr~&amp; et grotesques ou les entraîne
leur penchant, nf sontp~s moiQs éloqu~ts_, ni U1oins. touchants_ qu~ le,s rnis er Jes .princesse/&gt; &lt;!,e ·Ri,lGÏne. On rema;quera Justement q,ue -d~ns SOJ:! _derniez: ouvrage,, M. Proust
a multiplié les citations &lt;l'Esther et d'.rA.thalie. C'est, à vrai
dire_, _dans une intention de parodie, mais ge semblabl;s
allusions, auraient un air insolite et choquant si le, lecteur
ne pouvait retrnuver quelque chose de r.acinien. da.ns ]es
passions qui agitent Je~ héros de Sod~me et Gomor.,,-, k. ··
L'indulgence que l'on sent chez M. Mar~el Proust n'~st
pas faite de ~ceptidsme, -elle est comme le reflet-de l'intUU:e
-satisfaction que &lt;lonue au moralist; la sûreté vérifiée de
.sou diagn05tic, aloip qµe chez d' autres pScyd~-0logues, une
.amertume c-0nst_ante trahi-t le trouble où les jette le voj~inage qes passiOJ'!S .dont ils ne eeuvent se détacher p1.mr les
considérer 'à loisir, 0_1l dqnt l'attrait leµr demeure incompréhensible.
, .
- "
.
_,
lJ
~1en n'est plus sigqificarif, ,.à -c-et égard, que les gracieux
t~.uts de pJun;1Nlo_qt )M.. Broust,s~ plaît à fleurir la, pointe
June pen~ée tr-0p aiguë .. N!,1l ne sait mieux rafraîchir . ;i.
propos le lecte~r oppres~é par la révélation d'un instinct
,obscur, pudique\llt}Ot ffi#connµ. Loin de se c9mplaire da-1+,5
le trouble qu'il a 9uscité,il nol!S rend, grâce à la poésie des
mots, à l'.invenûcm. d\111e im.ige divertissante par sa justesse même~ le g9ût dt; respirer la, lumière et l'air libre,
tel PeUéas à la-s~ttie &lt;lu :SOuterrain.
Par exemple, -s'il ve~t expri~r,. -que le désir physique
nait parfois au ipilieu , d'un \:hagtin encore tout vi(,
M. Pi;ou&amp;t écr~ra ,: 1&lt; Ne woit-on~pas, dans la chambre même
« où ils ont ,perdu un epf°g-nts,des 'époux, bientôt de nou·« ~eau enlacés, ~onger U\11 fr.çire au petit mort. » U serait
facile ·d e montrer COfI1-0Ïen ..,µn tel ~m est le contra.jre du
naturalisme et de l'iwpre,ssionajs01e,,,, M. 1 Prgust ne décrit

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

les paysages que pour y faire apparaitre ce que ses héros y
mêlent de leurs propres passions et maint détail pittoresque est là comme une pierre de touche où ils viennent
éprouver la valeur et la force de leurs sentiments. Si l'on
nous fait voir le petit chemin de fer côtier, la mer, la plage
et les falaises, ou l'hôtel de Balbec, c'est toujours à travers
le désir, l'angoisse ou le regret d'un des personnages du
drame. Tout ce que peint, tout ce que raconte Proust semble
être vu reflété dans leurs propres yeux. Sites ou visages, il
ne décrit pas, il révèle. Ainsi surtout d'Albenine: La voici
dansant avec une autre jeune fille dans la salle du casino
de Bal bec : « ... Je venais de l'entendre rire. Et ce rire
« évoquait aussi les roses carnations, les parois parfumées
« contre lesquels il semblait qu'il vînt de se frotter et dont,
« âcre, sensuel et révélateur comme une odeur de géra&lt;c nium il semblait, etc. » Je ne sais comment, mais cette
odeur de géranium semble la matérialisation même du
soupçon qui nous est suggéré des mœurs d'Albertine. uUe
autre odeur ne convenait mieux à cette sorte de nostalgie
des exilées de Gomorrhe, partout et toujours inquiètes
de se reconnaître et de se rejoindre.
Et ce rire d'Albertine qui sonne« comme les premiers
ou les derniers accords d'une fête inconnue» ! Jamais on
n'avait rendu d'une manière aussi vive, aussi µoigoante, la
sensation qu'un être dont on jouit sans le posséder, est
animé d'une vie lointaine, étrangère, mystérieuse aux jeux
de laquelle on n'a point de part, et qui pourtant peut devenir pour un cœur jaloux et tourmenté la source d'une
volupté inavouable. Qu'on me montre dans Adolphe, dans.
Dominique, des beautés aussi fortes que cet endroit du livre
où le héros de M. Proust écoute dans le téléphone, avec
la voix d' Albertine, les bruits, l'atmosphère nocturne de
l'endroit où elle est, qu'il ignore, et ou il sait qu'elle gotite
certains plaisirs que lui-même ne peut lui donner.
Avec quelle finesse et quelles nuances nous est peinte sa
jalousie, et ce sombre et doux masochisme qui vient, de

SODOME ET GOMORRHE OU MARCEL PROUST MORALISTE

64 5

temps à autre, redonner du ton à un amour plus conscient
qu'enivréet trop perspicace. Aussi longtemps qu'il demeure
incertain des mœurs d'Albertine, nous voyons le héros
prêt à s'abandonner à la lassitude, presque au dégoût.
Mais c'est dans l'instant même où le doute ne lui est plus
permis, où mille petits faits se groupent, où tant de
chemins suivis et perdus se recoupent au même point
brillant et douloureux qu'il puise dans la certitude même
du vice soupçonné en elle, la résolution d'épouser son
amie.
De telles analyses passent les bornes de la psychologie
romanesque. Elles déposent en nous tout un résidu d'inquiétudes et de remords. Il semble qu'à tous les détours du
labyrinthe charmant où M. Proust nous entraîne, des miroirs
inattendus sollicitent nos regards, pendant que le guide
impassible continue son commentaire fleuri. Mais la noblesse de cœur, la qualité suprême d'intelligence dont
témoigne l'art de Marcel Proust a pu faire illusion sur le
vrai caractère de sa morale. Le mot de relativité se présente
naturellement à l'esprit de quiconque réfléchit à la portée
de cette découverte psychologique, celle d'une vérité soumise non seulement aux lois du temps et de l'espace, mais
encore au rythme plus ou moins accéléré de la vie et de
la passion, chez tel ou tel observateur.
Il est évident qu'à la triangulation de Laclos, M. Proust
a ajouté des théorèmes nouveaux et des solutions élégantes;
faut-il dire qu'il a bouleversé la psychologie, comme on
dit qu'Einstein a fait la physique ? Il paraît que certains
critiques ont comparé l'œuvre de Proust à celle du savant
allemand. Etant de ceux qui n'entendent point les théories
de cet illustre mathématicien, je ne puis vérifier la justesse
d'un tel rapprochement. Dirai-je pourtant qu'il a quelque
chose d'assez séduisant pour l'imagination ? Si la notion
de relativité morale peut être déduite d'une œuvre d'imagination et de psychologie, n'est-ce pas de celle de Marcel
Proust où les points de vue sont multipliés à l'infini, ou

�• L~ NOUVELLE' REVUE FRANÇAISB'

l'indépendance :dés• sentiments à l'égard des, 'înœllrs,'est1
ren&lt;l:ue sensible,.. Yù-les terres inéonnues de l'inconscient
sont- réduites-à une ceinture mince \:om'fne u'ne Hgne d':bo-

ri-zen-.

LA CONF}2SlON DE STAVROGUJN}:
,

r,

~

Parmi les différents documents et manuscrits &lt;fe Dostoïevsky
découverts récemment dans l~s archives de l'Académi~ , ires
Sciences de Petrograd se trot1._vai-r le mannscrft d'un chàpfrte
inédit des Possédés, intitufé- Da"Cànfess?rtn, -de Süturoguine, cèhH-là
même que Katkov, le direcren'i de- la revue le Mes5ager Rùste
( où parurent en 18-70 les ·Possédés), ' &lt;avait refusé de puhlier et
qu'on croyait défi:nitivelileot égaré.: Ce,ma:nuscrit est une copie
faite entièrement de li maiq tl.e fa femme ,~e Dostoïevsky. Le
texte russe a été publié il y a quelques semaines dans le premier
fascicuJ.e d~s Dac!"ments pour fet'Vir à l'biftoire de la littérature
(Moscou),, ainsi que dans les journaux le Nouveau Monde (de
Riga) et Iê Gouvernail (-!3erlin ). La,trad\\ction allemande a paru
àans la Gazette àe Fran_cfort,. Nous donnons. ici pour Ia premrère
fois la traduction ' françài'sê- de ces pages extraordiriairès qui
devaient former le neuvième chapitre dè' la seconde partie d'u
roman. Nicolaï Vsiévolodovitch Stavrognine est fe personnage
principal des _P&lt;médés; l''évêqut 'Tîkhoù, son interlcrcmeur-r ·ne
paraît,qué dans cet épisode qui ·fofule mi tout 1J0mplèt.
J

(N,ote1du,. 1'1aducteu,r) ,rr

CHAPITRE ,LX
..J

ŒlEZ

;rurno~

Nicolaï VsièvolodovitcllJ çn~_,tlormit pas .œue nui:t~là,_ iil
"testa jl.'1$!}iau: jour ·aissÎ.S · S:W: _son - div!ln,. -d,irigean.t, pazfuis

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un regard fixe vers un seul point, vers un coin derrière
la commode. Sa lampe bn1la toute la nuit. Vers sept
heures du matin il s'endormit, toujours assis, et lorsque
Alexéï Egorovitch, selon une habitude depuis longtemps
prise, entra chez lui à neuf heures et demie sonnantes avec
le café du matin et l'éveilla, ouvrant les yeux, il parut
désagréablement surpris d'avoir pu dormir si tard. Il but
. rapidement son café, s'habilla et sortit d'un pas pressé.
A la question prudente d'Alexeï Egorovitch : « Quels
seront vos ordres ? » - il ne répondit rien. Il traversa
les rues, les yeux baissés, profondément absorbé ; par
moments seulement, levant le regard, il semblait en proie
à une agitation mal définie, mais pénible. A un carrefour,
non loin encore de la maison, un groupe d'une cinquantaine d'individus traversa sa route. Ils avançaient, calmes,
presque en silence, maintenant un certain ordre dans leurs
rangs.
Près de la boutique où il dut attendre un instant quelqu'un lui dit : « Ce sont les ouvriers de Cbpigouline. »
Il y fit à peine attention. Enfin, Yers dix heures et demie,
il atteignit la grande porte de notre couvent de la Vierge
de Spasso-Evfimi, à la limite de la ville, près de la rivière.
Il s'arrêta alors brusquement comme se souvenant de
quelque chose, tâta rapidement et anxieusement sa poche
de côté et sourit. Etant entré dans la cour, il demanda au
premier novice qu'il rencontra, de l'introduire auprès de
l'évêque Tikhon, en retraite dans ce couvent. Le novice
le conduisit ayec force saluts. Au bout d'un long bâtiment
à deux étages un gros moine à cheveux gris s'empara impérieusement de sa personne et le conduisit à travers un
long corridor, sans cesser de le saluer (comme il était très
gros, il ne pouvait s'incliner bas, mais il secouait la tête
d'un mouvement court et régulier). Bien que Stavroguine
le fît spontanément, il l'invitait sans cesse à le suivre. Il
ne cessait aussi de poser des questions et parlait du père
archimandrite; n'obtenant aucune réponse, il se faisait de

FÉOOOR MIKH AÏLOVITCH DOSTOÏEV KI

Supplêment Il la Nou ,;e/u Revu, Fra,,çair, du ,er Ju in r922.

�LA CONl'BSSIOH DE STAVlOGUIHE

plus en plus respcct11eux. Scavroguine remarqua qu'on le

connaim.it dans le couvent, bien qu'autant qu'il ptît se
rappe~r, il n'y eût plus pénétré depuis son enfance. Quand
lea deux hommes furent parvenus à la porte au bout du
corridor, le moine l'ouvrit d'une main autoritaire, demanda
&amp;milièrement au domestique immédiatement accouru si
l'on pouvait entrer et sans même attendre la réponse,
ouvrit largement la porte et s'inclinant laissa passer • son
cher hôte •· Remercié, il disparut immédiatement, comme
s'il avait pris la fuite .
.•. Nicolaï V~ièvolodovitch entra dans une chambre
étroite, et presque aussitôt dans l'encadrement de la pone
de la chambre voisine apparut un homme grand et maigre,
~é d'une cinquantaine d'années, vêtu d'une soutane
grossière, l'aspect quelque peu maladif, le regard étrange,
timide, un sourire indécis sur les lèvres. C'était ce Tilc.bon,
dont Nicolaï Vsièvolodovitch avait entendu parler pour la
pmniàe fois par Cbatov et sur le compte duquel il avait
ensuite recueilli plusieurs renseignements. Ces renseignements étaient contradictoires, mais aîaient tous un trait
commun : ctux qui aimaient Tikhon et ceux qui ne
l'aimaient pas (il y en avait aussi) taisaient quelque chose
en lui : ceux qui ne l'aimaient pas - par dédain, et ses
partisans, même ardents -.- par une sorte de discrétion ;
on semblait vouloir cacher cenaines choses en lui, une
faiblesse, une manie innocente. Nicolài Vsièvolodovitcb
apprit qu'il habitait au couvent depuis six ans déjà et
qu'on venait souvent l'y visiter (des gens du peuple,
mais aussi des personnes du plus haut rang), qu'il avait
d'ardents admirateurs, même à Petersbourg, mais surtout
des admiratrices. Mais il entendit aussi déclarer par un des
membres les plus lgés et les plus importants de notre club,
pu un homme vraiment religieux : « Ce Tîkbon est
presque fou ; c'est en tout cas un être tout à fait nuJ et
sans doute un ivrogne. • J'interviendrai ici pour dire
que cette dernière accusation était complètement injus-

�6 50

l.A NOUV·BLL:E REVUE FMNÇ;A.I.SB

tifi.ée, et 41i1e Tikhon ne souffrait qJle &lt;C~n rJmmatisme
dans les jambes et, quelquefois, de,convulsons nervt:uses.
Nicolaï Vsièv0lodovitch apprit aussi que~ ,&amp;Oit pàr ~uite .4e
sa fail,les~e-de caractère~ soit par suite d'une distraction
ine"t-cusable et incompatible avec sa .« dignité-)) l'évêque
en retraite n'av;\it pas réussi à ig:rposer au ,c,ouvent m.1
g.rand respect~ On disait même que le pèt:e•~arc;,hi~an~rite,
homme austère et très strict en tou.t ~e q,ui oon@t"Oa.J.t se;s
devoirs de p,i;ieur,. et qui, de plqs, était conn~ pour 53 sde~~e,
·
· sen1:t1.
· 1Jeot d'l·1os••
nourrissait contre T1khon
un certam
...hté
et blâmait (à vrai dire pas directement) .sa vie r_elâc-~é-~ et
ce q;u'il appelait « se} hérésieSi ». Le_s- m_oines aussi t~·a1taient
l'évêque malade, sinon avec c:,lédain, t:emt au m.0.1,QS. avec
un~-cenaiu~, f:am~liarité,
,1
,
1.es deux cham 1.5:c~ ,qui fonnaiént l'appartep1e)!.t,,, de
Ti.khon étaient meublé~ qmilque- peu étit.&gt;1.~ment. Près
de meublJ:ls ·anciens et J6urds: .,ga1mis- de ·cuir ér~ülé-~ on
remarquait quelques jolis objets : uoâauteuil très ~_ç~ ~
i;onfortable, une grande ~ble à écrire d'un travaüA4Clllrable, 1.me élégant-e armoire à livres, ?es t:hleft,_ de$ é~
gères. C'étaiçnt autant de cadeaux. A coté d un _-m:,be tapis
de BoukbaJa des nattes étaient jetées, IL y av;ut quelques
gravures « mondaines », mythologiques et, occupant tout
un coin des icones recouvertes d'.o r et d'a,rgent,, t\t dont
une tr~ ancienne, contenait des reliques. La, b.ibliothèque
disai,t-on, était composée avec trop d'édec~sm{j; _à.
côté de.s ~vres des pères de l '.église.tt des sainU., Ü Y~va.i.t
lài de~rpiàg:s de, théâue « et peut-être pis encore »• 1 • •
Api;ès lC$; premiers compliments, éc~g~_. ?n ne SMt
pGUrquoi, . a,yec une gêne évidente et -tr.ès_ rndistiQctem~nt,
TikbQn -dit entrer son hôte dans leJ cab1twt de travail et
le fit asseoir $ll" le divan,_ en; face de la t;i.ble · lui-~ê~s'installà tout près, tla.t)s· uo fauteuil en ~siec. N1co~,
Vsièvolodovitcll dominé par une émotion intérî.,_ijure,*~~t
u11 wair irès .distrait. Il semblait Ji.'fQir pris une d~slOJ&gt;.
extraordinaite,. inéluctable, mais, en . rnê~1 temps' .irttaJ

~;i,

LA CONFESSION ..DE STAVROGUINE

lisable. Son regard parcourut· la chambre ; mais il ne
remarquait pas ce qt.Lil voyait ; il songeait, mais ne savait
œrtainement pas à quoi. Le .silence le réveilla et il lui
sembla soudain que Tikhon, confus, avait abaissé les
yeux et qu'il avait même eu un sourire étrange,,,inutile.
Cela souleva. immédiateman-r en lui un dégoût. Il voulut
se lever et partir, d'autant plus ~que Tikh.on, à son. aris,.
était complètement ivre. ,.Mais celui-ci .le'\èa tout .à coup
le.s yeux et le regarda d'un i:egard. s-i ferme,. si chargé d.e
pensée et, en même temps, si inattendu, si énigmatique,.
qu'il tressaillit presque. Il lui s.embla que Tikhon savait
déjà pourquoi il était venu, qu'il étaiL déjà pr.évt:JllL
(bien que personne an monde ne- .pût connaître la raison
de sa visite) et que, s'il ne parlait pas le premier, c'était
parce qu'il le ménageait;ret craignait de l'·humilier..
Vous me connaissez ? .questionna-t-il brusquement, d'une voix saccadée. Me suis-je présenté au non
en entrant: ? Je suis si distrait .••
- Vous ne vous êtes pas présenté, mais j'ai eu le plaisir ·
de vous voir une fois, il y. a quatre. am, de cela, dans œ
même couvent, par hasard.
Tikhon parlait très lentement, d'une voix égale, douce~
prononçant chaque mot clairement, distinctement.
~ Vous, dites que je:.suis venu ici il y a quatre ans?
répondit Nicolaï Vsièvolodovitch presque grossièrement:'
Je n'y suis venu que lorsque j'étais encore enfant; vous
n'y étiez donc pas...
·
- Peut~être avez-vous oublié a observa prudemment
et sans insister Tikbon.
- Non, je n'ai pas onblié; ce serait ~ridicule de ne
pas se .souvenir, insista il-Vec. une sorte d' exagéra.tion.
Stavroguine. Vous avez entendu. parler de moi probablement, vous vous êtes fait une certaine idée; et.maintenant
vous vous imaginez m'ayoir vu. ,
Tikhon se tut. Nicolaï Vsièvolooovitca. remarqua alors
que son visage était parcouru parfois par une sorte de

�LA CONFESS[Olo: DE STAVROGUINE

652

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

frisson nerveux, indice d'une ancienne faiblesse nerveuse.
- Je vois seulement que vous n'êtes pas bien portant
aujourd'hui, dit-il, et il vaudrait mieux, peut-être, que
je m'en aille.
Il se leva même.
- Oui, hier et aujourd'hui, j'ai ressenti de violentes
douleurs dans les jambes et j'ai peu dormi cette nuit.
Tikhon s'arrêta. Son hôte retomba brusquement dans
sa vague songerie. Le silence dura longtemps, deux minutes
à peu près.
- Vous m'observez, demanda tout à coup anxieusement
et avec méfiance Stavroguine.
- Je vous regardais et me rappelais les traits du visage
de votre mère. Malgré la dissemblance extérieure il y a une
grande ressemblance intérieure, spiritue~l:.
- Aucune ressemblance, surtout spmmelle. Ab-sa--lument aucune, fit, s'alarmant de nouveau et sans aucune
nécessité Nicolaï Vsièvolodovitch, qui insista exagérément, sa~ savoir lui-même pourquoi. - Vous dites cela
comme ça ... par compassion pour ma situation. Bêtises! ...
)ança-t-il soudain. Mais quoi ? est-ce que ma mère vient
chez vous?
- Oui.
- Je ne le savais pas. Jamais elle ne m'en a rien dit.
Souvent?
- Presque chaque mois ; et plus souvent parfois.
- Jamais, jamais je n'en ai rien su. Rien. Mais vous ?
vous avez certainement appris d'elle que j'étais fou ? ajoutat-il brusquement.
.
.
- Non, elle ne m'a pas parlé de vous tout a fait
comme d'un fou. D'ailleurs, j'ai déjà entendu parler de
cette chose ; mais cela venait d'autres personnes.
- Vous avez certes une bonne mémoire si vous pouvez
vous souvenir de pareilles vétilles. Et du soufflet, n'avezvous rien entendu dire ?
- Si, quelques mots 1

- C'est-à-dire tout. Vous avez beaucoup de temps de
reste. Et du duel, vous en a-t-on parlé ?
- Du duel aussi.
- Vous apprenez beaucoup de choses ici. Voilà où
les journaux sont inutiles. Chatov vous a-t-il parlé de moi ?
Eh bien?
- Non. Je connais Monsieur Chatov, mais il y a longtemps que je ne l'ai pas vu.
- Hum ! Qu'est-ce que cette carte que vous avez là ?
Oh I La carte de la dernière guerre. Quel besoin en avezvous, vous?
- Je l'étudiais avec le texte en regard. C'est une description extrêmement intéressante.
- Montrez ! Oui, ce n'est pas mal décrit. Etrange lecture, pourtant, pour vous.
Il attira le livre vers lui et y jeta un regard. C'était une
histoire très détaillée et très bien faite de la dernière guerre,
écrite d'ailleurs d'un point de vue non spécialement militaire, mais général et littéraire. Il tourna et retourna le
livre, puis le rejeta avec impatience.
- Je ne sais décidément pas pourquoi je suis venu ici,
prononça+il d'un air dégoûté en regardant Tikhon droit
dans les yeux, comme s'il attendait de lui une réponse.
- Vous aussi vous ne paraissez pas bien portant.
- En effet, je ne suis pas bien.
Et soudain il se mit à raconter, en courtes phrases entrecoupées difficiles même parfois à comprendre, qu'il avait
d'étranges hallucinations, surtout la nuit, qu'il voyait parfois, ou sentait auprès de lui une sorte d'être méchant,
railleur et cc raisonnable » qui lui apparaissait sous diftérents aspects, avec différents caractères, « mais c'est toujours
le même, et j'enrage toujours ... »
Bizarres et confuses étaient ces révélations qui paraissaient vraiment être le fait d'un dément. Mais Nicolaï
Vsièvolodovitch parlait en même temps avec une franchise si extraoi:dinaire, avec une sincérité si étrangère à

�1.A , NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

-son car:actère qn~l semblait que l'homme ,auden avait
complètement et 51.ÙlÎ1Iement disparu en lui. li ) n~eut aucune honte à exprimer la crainte que lui causait ' ISOn fantôme. Mais ·trout cela aè dura ,qu:nn iastant et ces dispositions disparurent .:russi inopinément • •qu'elles étaient
apparues.
- Des bêtises tout éela, dit-11 avec dépit, en se ressai.sissant. J'irai voir le docteur.
-Allez-y, il le faut:absolttment, .confirma Tikhon.
- Vous ,parlez bfen...affinmativement. V6us en, avez .vu
des gens comme moi, avec ce genre d'hallucin~tion?
'- Oni, j'en ai.-v:{!, ·macis·.très rarement. Je m 1en ~appelle
un; c'était un officier, après Ja.;:iperte de sa fen1me qui
-a.viit été pomdui une emnpagrre .incomparahle!1J'a1 entendu parler d'un autre. Tous les demrnnt été,guéris;ià l'éttan.ger ... Y a-t-il longtemps .que vous êtes sujet' à, ces choses
là !.-:: --'- Unan à peu près. Mais.tout ceia.;ee sont .des bêtises.
Jirai chez le docteur. ~tisesrJ~B-êtises ridicules ~Cest tnoimême sous différents aspects., et voilà tour. 'Puisque
:viens d'ajouter cette _pht-ase; · vctusi&lt;al.lee ice.ri:ainemenJ penser quejecdntinue ::udouter~et&lt;41re je; ne suis pas 6Ûr que
.c'est vraiment moi., et non pas lërdiabte. ,1r•
Tikhrn.1 le regatd~ intet-rogativ.e.ment.;• '
- Et ... vous le voyez rteliement, demanda-t-il, . je veux
,dire .sans conserver d~ tout !°idée que ·c'est une ':hatlucinaoon mensongère ennaladive ;•1voyez-vtms téèllement mre
•image quelconque·?
, ri ,,
. - C'est étrange ..que "V'ons insisriez là-dissus, quand je
v.ous ai déjà ex.pliqrré ce ;que je voyais) TéponditSta.-vroguine
dont fürritation croissait .de ri.ouvea..u à chaque ,met ... Je
vois certainement, comme jer .11.ous vois .. ;, Parfois ie vois
· et ne suis pas sûr de, voir, bien que je sache qu~ .&lt;='est la
vérité.: c'est moi ou 'bien· !.iuL.. Bêtises ·1 Mais est•ce qu'il
vous estjmp.ossibte de supposecr qut c'est véritablement le
diable? ajout2.-t-:il. è.n- rriant'et en rumbant trop brusquement

-~e

U. OONPESSlON DE STAVROGUINE

dans un ton' railleur. Ce serail plus conforme à votre profession?
- La ·ma1adie J!St plus pPohable, pourtant... .i ,ü · - Quoi, -pourmnt.?
; ··
~ Les démons.existèht; sans auctin doute; mais ôh ,peut
les concevoi-r tle..difféï'ent.es façons.
.11
·r, " '
- Vous avez ~e nouveau.baissé.les yeux; ·reprit Stavrogoine sur un ton irrité et moqlié11r, parce que· 'lJOus êtes
honteux pour .moi qûe je -puisse croire au füable- ·et que,
j.ou~nt fincrédulit&amp;, jer"vous pose .astucieoserm::ni: la question : Existe-t-il réellerr1enl-0u. non ?
,(. • · · ;, •
Tikhon eut un sourire vague.
r,
- Et v-ous savèz•? Gela ne ·vous. va p;1s du .t'ont- de
baisser les yeux : ce n'est pas naturel, c'est ridicule, c'est
maniéré. Eh bien, pour compenser cette grossièreté Je vous
dirai sérieusement, avedmpudence: oui, je crois au diable.
Je crois caboniquement ; - j-e crois au diable personnel,
et non allég.orique; et, je n'ai.nul be~,ùî·o de· questionner;
voilà, c'est tout. Vous d.é1tez .être .éxt.raor.dirutiremeni h!mreux. - Il éclata d'un rire forcé, nerveux. Tikhon 1e fix-a
currt!usement d'un regard très.-doox, quelque peu timide,
sembla-it-il.
.i
- Croyez·vous en Dieu? jeta brusquement-5tavroguine.
- Je crois en Dieu. - Mais• il est dit: si tu .crois e•i:-si tu ordonnes à la montagne de marcher, elle marcher.à ... Bêtises d'ailleurs ! Je
suis ctrrieux de lesavoit pourtant": pouvez-vous faire marcher la montagne ?
- Oui, si Dieu !~ordonne, .prononça a~ec douceur et
iéserve Tikhon, abaissant de nouveau les yeux.
- Alors c'est comme si Dieu lui-même la mettait en
mar. che.. Non, vous-même, vous-~me, en r&amp;ompense
de votre foi en Dieu ?
- Peut-être que oui.
- Peut-être ! - Ce n'est pas , mal. .Pourquoi doutez-

vous?

�656

LA NOUVELLE REVUE FRA,NÇAISE

- Je ne crois pas tout à fait.
- Comment? Vous? Pas tout à fait?
- Oui ... il se peut que ma foi ne soit pas parfaite.
- Mais au moins vous croyez qu'avec l'aide de Dieu
vous la ferez marcher ; ce n'est pas mal. C'est tout de même
mieux que le c&lt; très peu» d'un archevêque, il est vrai, sous
le couteau. Vous êtes certainement. chrétien?
- Que je n'aie pas honte de ta croix, Seigneur, fit Tikhon presque ·dans un murmure, avec une sorte de passion
et en inclinant la tête encore plu_s bas. Les commissures-de
ses lèvres se mirent tout à coup à trembler ne-rveusement.
- Mais peut-on croire au. diable tout en ne croyant pas
tout à fait en Dieu ?
- Oh, c'est très pqssible et cela arrive souvent. Tikhon releva les yeux et sourit aussi.
- Et je suis èertain que vous· considérez une telle foi
comme plus respectable que l'incrédulité complète. Oh
pope t - éclata de rire Stavroguine. Tikbon lui sourit de
nouveau.
Au contraire, l'athéisme complet est plus respectaBle que l'indifférence des gens du monde, répliqua-t-il
gaiement et simple.ment.
- Ho ! p.o ! comme vous y allez 1
- L'athée parfait occupe eav;tnt-dernier échelon- qui
précède la foi parfaite (fera-t-il ou noµ ce dernier pas ?
c'est autre chose); l'indifférent au· contraire ne possède
aucune foi, mais seulement une mauvaise crai.nte.
.,
.-:: - Pourtant, ,vous-même.. . vous avez lu !'Apocalypse?
-Oui.
- Vous·souvenez-vous: « Ecris à l'Ange de l'Eglise ·de
Laodicée»?
- Je me souviens. Charmantes par:oles !
- « Charmantes» '? Quelle étrange expression ,p our un
évêque. En général, vous êtes un original. Où est le lhrre ?

LA CONFESSION DE STAVROGUl!.'lE

s'agita tout à coup Stavroguine, en cherchant des yeux le
livre sur la table. Je voudrais vous lire ; y-a-t-il une traduction russe ?
- Je connais ce passage, je m'en souviens très bien, prononça Tikhon.
- Vous' le connaissez par cœur ? Lisez !
Il baissa vivement les yeux, mit ses mains à plat sur ses
genoux et, tendu, s'apprêta à écouter. Tikhon prononça,
se rappelant chaque mot :
- Et écris à l'Ange de l'Eglise de Laodicée:
c&lt; Voici ce que did'Amen, le témoin fidèle et véritable,
•le commencement de la création de Dieu :
« Je connais tes œuvres. Je sais que tu n'es ni froid ni
bouillant. Puisses-tu être froid ou bouillant ! Ainsi, parce
que tu es tiède, et que tu n'es ni froid, ni bouillant, je te
vomirai de ma bouche. Parce que tu dis : Je suis riche, je
me suis enrichi, et je n'ai besoin de rien, et parce que tu ne
sais pas que tu es malheureux, misérable, pauvre, aveugle
et nu, je te conseille d'acheter de moi de l'or éprouvé par
le feu, afin que tu deviennes riche, et des vêtements blancs,
afin que tu sois vêtu et que la hànte de ta nudité ne paraisse
pas, et un collyre pour oindre tes yeux, afin que tu voies. i&gt; ,
-- Assez, interrompit Stavroguine; c'est pour le juste
milieu, n'est-ce pas, pour les indifférents ? Vous savez, je
vous aime beaucoup.
- Et moi aussi, répondit à mi-voix Tikhon.
Stavroguine se tut et brusquement retomba dans sa rêverie de tantôt. Cela se r6pét?-it pour la troisième fois, comme
une sorte d'accès. C'est dans une de ces crises qu'il jeta à
Tikhon : c&lt; Je vous aime. » En tout cas, ce fut d'une
façon inattendue pour lui-même. Plus d'une minute se

passa.
- Ne te fâche pas - murmura Tikhon, effieur_al'}~ à;
peine du doigt le coude de Stavroguine, et comme §i luimême· avait-peur. Stav_roguine eut un sursaut et fro_nça les
sourcils, irrité. .,

�658

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Pourquoi avez-vous pensé que jlétais fâché? demandat-il rapidement. Tikhon voulut parler, mais il l'interrompit, saisi d'une émotion incompréhensible:
- Pourquoi assez-vous supposé que j'étais nécessairement fâché? Oui, j'étais irrité, vous avez raison, et justement parce que je_vous àvais dit-que je vons aimais. Vous
avez raison. Mais vous êtes un cynique grossie,r. Vous avez
une opinion trop basse de la nature humaine. Cette colère
aurait pu ne pas s'éveiller si vous aviez eu à faire à un
. autre que moï ... D1atlleurs, il ne s'agilê pas d'un homme
quelconque, mais de moi.· Et, totlt de même, v~us êtes un
original, un innocent.
·
.... Il s"excitait de plus:en plus et, chose étrange, n'avait
plus de retenue dans ses- paroles.
- Ecoutei bien, je n'aime pas les psychologues-, et les
espions, ceux d'entre eux, an moins, qui veulent s'introduire dans mon âme. Je n'appelle pèrsonne, je n'ai besoin
de personne, je m'arrangerai tout seul. Croyez-vous que
j'aie peur de vous ? - Il éleva la voix et releva la tête en un
mouvement cl.e défi. Vous êtes tout à fait certain, que&gt; je
suis venu vous confesser 1:1n terrible secret et vous t'attendez
avec toute la, curiosité monastique dont vous êtes capable.
Eh bien, sachez que je-ne vous découvrirai rien, aucun
secret, parce que je n'ai- nul besoin de Yous. ,
Tikhon le regarda fermement.
-- Vous avez été frappé de voi:r que l'Agneau préfère les
froids aux tièdes, dit-ii, vous ne voulez pas être tiède. Je
sens qu'une décision extraordinaire, horrible peut-être, slempare de-vous. Si c'est ainsi, je vous en supplie-, He vous tour.mentez plus- et dites t'out 'ce dont -vous étiez plein en
venant.
- Et vous êtes sûr que je suis venu avec quelque
chose?
- je Ya-I deviné ... èflaprès vôtre- visage, murmura&gt; T ikhon, , Jes ·yeux- baissés. Nicolaï Vsrèvolod&lt;:&gt;vitch était! un
peu pâle, ses mains tremblaient légèrement. Pen&lt;kint"quel-ri,.

LA CONFESS[ON DE STAVROGUINE

ques secondes il fixa silencieusement Tikhon,. paraissant se
décider défioiri-vement Enfin, i,I retira ,de la. poche de côté
desaredingote des fenillets-impriméstt.les posa.surla table.
- Ces feui11ets sondestinés à être répandus, prononça:t-il d'une voix quelque peu entrecoupée. S'ils sont lus ne
fût-çe que par une personne, sachez bien que je ne les
cacherai pas et que tous les liront. C'est décidé. Je n'ai nul
besoin de vous, car j'ai tout décidé. Mais lisez•.. Pendant
que vous lirez, ne dites.rien et quand vous aurez fini, ditesr
tom ..
- Faut-il lire ? demanda Tikhon, indé:cis.
- Lisez! Je suis parfaitement calme depuis longtemps
déjà.
- Non, sans lunettes je ne distingue rien; les caractères
sont très petits; cela a, été imprimé à.}' étranger.
- Voilà les lunettes.,- Stra..vroguin.e les prit sur la table
et les lui tendit; purs rI se rejeta en arrière et s'appuya ao
dossier du divan,
.
Tikhon se p.longea:. dans la lecture. :
C'était cinq feuilles. brocnées.de,pa.pier à lettre, de petit
format qui avaient été en effet imprimées sectt:ètemenr à
l'étranger, probablement dans une :imprimerie russe clatr.:destine ; â première vue les feuiUets i:essemhlaient Hemcoup à des proclamations. En tête: on lisaitr: ·d, la part.de.

Stavroguine..

,

Je cite ce document texrnellement darrs ma. chronique (il ,
faut croire que· beaucoup le connaissent déj~ maintenant}.
Jet me suis permis seulement-de comger les fautes d'.orthographe, assez nombreuses, et qui m'ont même étonné · car1'
,
auteur était malgré tout un .homme cultivé et qui1avait
beaucoup de lettnre (comparativement) .. Qua.nt au style,.. jel'ai laissé tel quel, malgré ses incolï.recrions er même ses
incohérences-. Il est évident en tout·.ca.s que fauteur n'est"
pas. nn écrivarn_ Je·me permets em:ore, une antre observa ·
tion, en devançant ainsi les faits-.
A mon aivis ce document est l!œuvre de la maladie,-

�660

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'œuvre du diable qui s'était emparé de ·cet homme. Ainsi)
un malade souffrant de .douleurs violentes s'agite désespéré-.,
ment dans son lit cherchant une position qui, ne fût-ce qué
pour un instant, calmera sa douleur ou, si elle ne l'allège
pas, la remplacera'. tout au moins par une autre, pour une
minute au moins. Et alors, il n'est évidemment plus question de savoir si ce changement est beau ou .raisçmnable.
Ce qui domine dans ce document,, â'est le besoin formidablé, sincère de châtiment, la recherche de la croix à porter, du châtiment public. Mais cette soif de crucifiement vit
dans un être qui nla_ pas foi dans la croix. « Rt èela seul déjà
représente une idée », comme s~exprima un jour Stepan
Trofimovitch, à propos d'autre chose d'ailleurs.
D'autre part, il y a dans ce document q.uelque chose de
violent, de provocant, un certain défi, bien qu'il ait. été
édit dans un tout autre dessein. L'auteurdédare qu'il &lt;( n'a
pas pu )&gt; ne pas écrire, qu'il a été &lt;&lt; obligé 1&gt;, et cela est fort
probable. Il aurait été heureux de pouvoir écarter de lui
ce calice; mais cela lui a été vraiment impossible, et alors
il a encore profité de cette occasion pour donner cours à sa
violence. Oui, le malade s'agite dans son lit et essaye de
remplacer une souffrance par une autre. Et voilà qu'il lui
semble que la lutte contre la société lui apportera un cer:tain soulagement et il, lui lance son défi. Le fait même
d'avoir écrit ce document est un défi inattendu, un manque
de respect envers la société. -Il s'agit pour l'auteur: de- provoquer au-plus vite un adversaire quelconque ...
Et qui sait, il se·_ pe4t fort que tout cela, c'est-à-dire
ces feuillets destinés à être publiés appartiennent au même.
ordre, de. faits que la morsure à l'oreille du gouverneur! .
Pourquoi cette idée me · vient-elle aujourd'hui, quand
tout s'est déjà -expliqué; je ne peux le comprendre. Je
n'apporte , caucune · preuv.ci d'ailleurs et ne peux affirmer..
que le document est faux, c'est-à-dire imaginé de toutes
p1eces. Le plus vraisemblable est que la vérité est eot-rJ! '
ces: extrêmes. :~ D'ailleurs, je devançe trop les faits; il

LA CONFESSION DE STAVROGU1NE

661

vaut mieux s'en référer au document même. Voilà donc
ce que lut Tikhon.
&lt;c De la part de Stavroguine.
c&lt; Moi, Nicolaï Stavroguine, gfficier en retraite, j'ai
passé les années 186 ... à Pétersbourg en m'adonnant à la.
débauche dans laquelle je ne trouvais pas de satisfaction.
J'eus alors pendant un certain temps trois logements : dans
l'un je demeurais moi-même avec une domestique qui
faisait mon ménage ; Marie Lébiadkina, aujourd'hui ma
femme devant la loi, y habitait égalemern. J'avais loué
les deux autres logements pour y recevoir mes maîtresses :
dans l'un je re.:evais une dame qui m'aimait et dans l'autre
sa femme de chambre, et mon désir ,en -ce temps-là était
de les faire se rencontrer toutes les deux, la dame et la fille,
chez moi. Connaissant bien leur caractère, j'augurais
beaucoup d'agrément de cette stupide plaisanterie. Afin de
préparer à l'aise cette rencontre, je devais me rendre souvent dans un de ces deux appartements, situé dans une
vaste maison, rue Gorokhovaia ; c'est là que venait la
femme de chambre. J'y occupais chez des petits bourge.ois
russes, une chambre au qu,atrième étage. Mes propriétaires
en occupaient une autre, plus petite, si petite même
que la porte qui nous séparait devait toujours rester
ouverte; c'était justement ce que je voulais. Le mari, en
long caftan, barbu, travaillait dans un bureau ; il partait
le matin et ne revenait que la nuit. La femme, âgée d'une
quarantaine d'années, cousait et réparait les vieux habits ;
elle sortait souvent vendre et porter son travail chez ses
clients. Je restais donc seul avec leur fille, une enfant.
On l'appelait Matriocha. La mère l'aimait, mais la battait
souvent et criait sur elle comme c'est l'habitude chez ces
femmes. Cette petite me servait et faisait ma chambre derrière le paravent. Je déclare avoir oublié le numéro de la
maison. Maintenant, ren&amp;eignements pris, je crois que la
vieille maison a été démolie et que sur l'empla~ment de
deux ou trois maisons anciennes, on en a bâti une nou-

�66:2

LA. NOUVELLE REVUE .FRANÇAISE

YeUe, tr.ès grande. J'ai également oublié le nom de mes
propriétaires ; il se peut d'ailleurs que je ne J'aie jamais su.
Je me souviens qu'on appelait la femme Stepanida ; quant à
son nom 'à lui - -je ne me le rappelle pas. Où sontils m.3:inteoant.? - Je ne le sais pas du tout. Je .suppose
que s1 l',on se met à chercher et à r:ecuei:llir des renseignements à la police de Péter.sbourg, on finira. par retrouver
leur trace. Le ilogement donnait sur la cour; il en occu;pait un coin. Cela se passait en juin. La maison était
peinte ea blw pâle.
Un jour mon anifdispamt de ma tahle; je n'en avais
&lt;l'ailleurs pas besoin ; il ne me servait à rien. J'en parlai
à ma propriétaire, ne supposant nullement• qu'elle fouetterait sa fille; mais elle :venait de crier sur elle à cause
d'un torchon disparu et .dont elle.soupçonnait que l'enfant
,s'était .set-vie pour f.abriquer une poupé_e ; elle l'avait même
tirée par les cheveux. Quand 1:e même torchon se retrouva
plus tard sous la nappe, la fillette ne voulut pas prononcer u.n mot de repr-0che et resta silencieuse. fobservai
qu'elle le faisait exprès etm'en souvins, parœ ·,que ·c'est
alors -&lt;rue pour la. première .fois je remarquai Je . visage
,de l'enfant qui jusqu'ici ne faisait que p.asser devant mes
-yeux. Elle éta:i.t d'un blond pâle, avec des taches de rousseur ; un visage ordinaire; mais il y avàit en lui quelque
chose de très. enfantin et de Cllme, d'extrêmement doux:
.et ,calme. La mère était 1111écontente qu'elle ne luî fît pis
de reproches et se tftt; c'est alors justem~n:t qu?arri'va l'h~
toire du canif. La fetnme fut prise de rage d'at&gt;oir pour
la première f.ois bat-tu injustement ·sà fille ; .elle saisit .des
verges dans un bala.f et s0us mes yoo'i: même elle foueh.a
l'enfant 3usq_:u'au sang -bien qu'elle· entrât ,déj-à. dans sa
douzième- année. Matriocha ine cria. tpas sous les ver,ges
pa-r-.::e que j'étais là debout - ..certainement ; mais â
,,chaq_µe -coup elle $anglotait -étrangement ; elle continùa à
=--sanglotet en~or.e pendant toute uneheme. L'exécution t:e~
-minée, 1e &lt;lécGUvris tout àlCl'.'lUp Je-carrifrsur tnan lit, .dans

LA CONFESSION DE STAVROGUThlE

663

la couverture ; je le mis cm silence dans la poche de mon
gilet et quand je fus dehors, je le jetai loin dans la rue,
afin que personne ne sût rien. Je sentis immédiatement que
je venais de commettre une lâcheté, mais je sentis aussi un
certain plaisir car une idée me trave.rsa brusqùement ~t
me brûla, tel un fer rouge, et je m'y attardai. Je remar-guerai à ce propos que maintes fois déjà j'avais été possédé presque jusqu'à la démence par divers mauvais sentiments dans lesquels je m'obstinais passio~nément, màis
jamais jusqu'à m'oublier complètement. iorsque m.ême
leur ardeur me consumait, je pouvais toujour.s les
vaincre, les arrêter, mêf!1e lorsqu~ils atteignaient leur plus
puissant àéveloppemen_t; mais il est nv.:e que je voulusse
le ·faire. Je déclru-e en même temps que je ne cherche pas
à plaider l'irres12onsabilité, en me référant à l'influence du
milieu, ou bien aux maladies.
J'attendis ensuite deux jour~. Après avoir pleuré, l'enfant devint encore plus silencieuse; contre rpoi, j'en suis
sûr, elle n'avait aucun mauvais, sentiment, bien qu'elle
ressentît certainement quelque honte d'avoir été · ain~i
punie sous mes yeux. Mais, en enfant soumise, elle s'accusait-elle-même pour cette hoµte. Je l'indique par.ce que
c'est très important pour -mon ·récit ... Je _Rassai ensuite
trois jours dans mon appartement principal. C'était une
maison meublée, où l'on respirait, une mauvaise odeur de
mangeaille, toujours plein(; de monde : petits fonctionnaires, èrnployé~ sans plue, médecins sans-dientèle, toute
sorte de Po_lpnais, toujours empr~sés autour de moi. Je
me souviens de tout. fa vivais _dans cette Sodome trè$
solitaire, solitaire intérieurem.~nt, mais to~jo-urs · entouré
d'une bande bruyante de « ,camar~des »,. exti:êmement
dévoués et i:JUi m'adoraie,nt Rr~sque à cau~e de mon porte~onnaie. Je pense que hous faisions beaucoup de vile~1-es; les àutres locataire~ av~ient même p~ur de nous,
C'C$t-.à-dire. qu'ils -c,ontjJ.)uài(;nt à ~tre aimablts malgré nos
polissonneries et n~s .bêtises, _parfois même impardonna-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

I"

bles. Je le répète. Je car.~ssais même avec un certain
p1aisir l'idée d'être déporté en Sibérie ; je m'ennuyais
tellement que j'aurais pu même me pendre ; si je ne me
pendis pas, c'est que j'espérais encore quelque chose,
comme durant toute ma vie. Je me souviens que je m'occupais alors de théologie, et très sérièusement même. Cela
arriva à me distraire quelque peu; mais je m'ennuyais
encore plus après. Quant à mes sentiments sociaux, ils se
réduisaient au désir de placer de la poudre aux quatre coins
et de faire tout sauter à la fois, si seulement cela avait valu
la peine. D'ailleurs, sans nulle méchanceté, mais simplement
parce que je m'ennuyais beaucoup; pas autre chose. Je ne
suis nullement socialiste. Je suppose que c'était une maladie.
A ma question plaisante : « N'existe-t-il pas de gouttes
quelconque pour activer l'énergie civique ? » le docteur
Dobrolioubov, échoué, sans place, avec une nombreuse
famille dans notre maison meublée, me répondit une fois :
« Pour exciter l'énergie civique, il n'y en a pas, je crois,
mais en ce qui concerne l'énergie criminelle, il s'en trouverait, 2eut-être. » Et ce calembour lui fit grand plaisir,
bien qu'il fût terriblement pauvre et chargé d'une femme
enceinte et de deux petites filles affamées. D'ailleurs, si
les gens n'étaient pas satisfaits d'eux-mêmes, personne ne
voudrait vivre.
Trois jours se passèrent encore et je retournai à la
Gorokhovaïa. La mère se préparait à sortir avec un gros
paquet; le père n'était pas à la maison, naturellement ;
je restai donc seul a\·ec Matriocha. Les fenêtres (dans la
cour) étaient ouvertes. Il y avait beaucoup d'artisans,
dans la maison et tous les étages retentissaient du bruit
des marteaux et des chansons. Une heure s'était déjà
écoulée. Matriocha était assise le dos tourné dans son coin,
sur un petit banc; elle cousait quelque chose. Tout à
coup elle se mit à chanter, doucement, très doucement;
cela lui arrivait parfois. Je tirai ma montre; il était deux
heures. Mon cœur se mit à battre fortement. Je me levai

LA CONFESSION DE STA\. ROGUINE

et commençai à m'approcher d'elle. Les fenêtres étaient
garnies de géraniums ; le soleil était ardent. Je m'assis
silencieusement à côté d'elle, sur le plancher. Elle tressaillit, eut épouvantablement peur au premier instant et
se dressa brusquement. Je pris sa main et l'embrassai, la
fis se rasseoir sur son banc et la regardai fixement dans les
yeux. Que je lui eusse embrassé la main - cela la fit rire
comme une enfant ; mais un instant seulement, car elle se
dressa de nouveau, saisie d'une telle épouvante qu'une
convulsion passa son visage. Elle me regarda avec des
yeux atrocement fixes, tandis que ses lèvres se mettaient
à trembler comme si elle allait pleurer. Mais elle ne cria
pourtant pas. Je lui embrassai encore une fois la main et
la pris sur mes genoux. Elle eut alors un mouvement subit
de recul et sourit honteusement, mais d'un sourire oblique.
Tout son visage rougit de honte. Je ne cessai de rire et de
lui murmurer quelque chose. Enfin, il se produisit une
chose si étrange que famais je ne l'oublierai et qu'elle me
frappa d'étonnement. La petite fille entoura mon cou de
ses deux bras et se mit elle-même à m'embrasser ardemment. Son visage exprimait le ravissement. Je me levais
presque furieux; cela m'était désagréable de la part de ce
petit être, et puis, j'eus aussi subitement pitié ... »
Le feuillet finissait là et la phrase s'interrompait. Il se
passa alors un fait qu'il est nécessaire de relater.

(A su-ivre)
Traduction

BORIS DE SCHLOEZER

DOSTOÏEVSKI

�-STANCES A LA RIVJERE SORGUE

·Ainsi
J

t

STANCES A LA RIVIERE SORGUE

/tf · fépanchais,

et l'unanime espace
Où ton nom s'accomplii1
Laissàit, d'un prompt regard, ttumter ti la sùrface
La hauteur de ton lit.

Si bien qu'on ne savait, ou de ta transpa,rence
Ou de ton élément,
Qui des dèux imprimait à leur commune essence
Le premier nwuvement..

Swgue, belle riviére allongée et glissante,
Qiii romps il, tes contours
Les chemins et l'omGrage où ton onde pressante
·,
Commence son décours;

Et t'est alors, penché sur la molle prairt"e
Aux flexibles réseaux, ~Dont la cime innombrable a ton courant nourrie
S'incline sou.s les ,eaux,

Irai-:je -une.autre fois m'a;seoir sur cette ri11e,
Et ton mfroir secret,
Poùr,rai-je ntrouver la c0ul6Ur fugitive
_ Qûe le vent lui prttait l

Qu'elle afflewra 1Jers moi c611ime une ombre ait pas:sàge,
Celle-là qui depuis,
Tient tout 1/'torrttreJ avec son onâuleuse imag,e,; ;
Plein d'amoureux enmds.

Cest là ' non
loin /iu /:;,uouffre où tu reprends naissance,
.
Qüe, pat un jour d'été,
Pou.r mieux voir à travers ta liquide abondance,
Je me suis arrtté.

Elle avait la longueur si'nueuse et timide
Des Sources aux beaux ibras
Que Jeàn G'rfujon cotûait dans leur marbre'fluide', •
Et leur- chasteérnbarras,

Là, sans jamais tarir, tu t'amasses, formée
De cent ruisseaux épars
Qui viennent par surcroit ta nappe accoutumée
Grossir de toutes parts.

Ces négligentes mains, tes membres que decore ·
La grâce, de ses traits,
Et qui vont e1nprnntant a. leil·r contrainte encore ·ï.
De plus ra'tes attraits, '

Puis, à toi seule enfin convertie et rendu-e,
Tu montres jus.qu'aii fond
Leur confuse affiuence égale et répandue
Sur ton bassin profond.

Et ces jambes àussi •de chasseresse antique,
Ces pudiques genottx '
Qu'on devine plutôt au-pli de la run'ique,
Sous leur voile jaioui. _

6"7

�668

LA NOUVELLE REVUE FR.ANÇAISE

STANCES A LA RIVIÈRE SORGUE

Tantôt, à mtme fonde et sa fuite indplente,
N'ayant, sqns aûtres soins,
Que sa blancheur native aux nymphes ressemblante
Et moi pour seuls témoins,

Et je doute, aujourd'hui q'f,l.e son lointain visage
En moi pleure et sou,rit,
Quelle forme entrevue, ou quel autre mirage
Me ravissait l'esprit,

Je la voyais se fondre et tantôt transparaître
Au soleil de nouveau,
Puis, {évano.uissant, l'instant d'aprçs -renqître
De son glauque berceau,

Sinon toi-même, Sorgue, au regard devenue
Ton fantôme charmant
Et l'intime reflet de ta naïade nue
Qui scintille un motpent,

Ou bien droite, et son oorps supportant tout entière,
Sur point{ (lancé,
Sa beauté tout ense111b/,e et noble et f amiliére
A son orteil dressé.

Avant que d'aller faire une fin ·magnanime
Au fleuve immense et fier
Dont la course avec lui t'emporte vers I'abîme
De l'éternelle mer.

sa

Mais lorsque, de plus près) pour la sentir pressée
Et souple entre mes doirts,
J'eus, vers ses jeunes fiancs, dans le vide avancée
La m_oitiê de mon poids,

FRANÇOIS-PAUL AUBERT

Au lieu de ramener l'enfantine sirène
D'en bas contre mon sein,
Rien_qu'un peu d'eau, mêlé d'un peu d'herbe incertaine,
Me resta dans la main.

Rien navait retenu ses traces expirées
En im.1isibles jeux.,
Ni cette joue étroite et ces boucles dor'é.es,
Ni l'azur de ces yeux,
Ni cette lente épaule, et ces lèvres muettes
Dont la tendre la.nguwr,
Comme un baiser gonflé de larmes toutes prêtes,
S'enfonçait dµns mon cœur.

"

�PIER~ BENOÎT.

PIE:RRE BENOIT
·•
11

1

Tenter de discréditer Pierre Benoît est une entreprise
vaine de la part d'un cFitique. 11 risque le reproche de
spéculer sur la célébrité de l'auteut de l'Atlantide pour s'y
tailler quelque réclame personnelle et, loin d'enlever un
seul lecteur à Pierre Benoît, .sans doute lui en procureraitil de nouveaux. Il y a dans ·le Manuel de Ïittérature française de M. Gustave Lanson au moins une phrase qui
mérite , de durer,-,c'est celle qui a trait au démolissage de
M. Georges Ohnet par Jules Lemaître. « A partir de ce
moment, dit M. Lanson, on n'en lut pas moins Ohnet,
mais personne n'osa plus s'en vanter. » Les cultes prohibés.
sont, comme on sait, les plus redoutables pour la santépublique. On jugera Pierre Benoît, si l'on veut, dans vingt
ou dans cinquante ans. L'intéressant aujourd'hui, c'est de le
définir, d'expliquer ses origines et sa prospérité.
Le salut de Benoît- et l'une.de ses supériorités -c'est
qu'il ne prend au sérieux ni ses romans, ni lui-même. La
perte - en même temps que l'une des infériorités - de"
ses détracteurs, c'est de ne point se souvenir à son sujet
de cette parole de Renan, recevant à l'Académie française
M. Jul es Claretie: &lt;&lt; Il faut fuire une part au sourire et à
l'hypothèse que la vie ne serait pas quelque chose de bien
sérieux &gt;&gt; et de cet autre propos du même Renan : cc Pour
écrire librement, il faudrait que rien de ce qu'on écrit netirât à conséquence ».
Un si~cle de romantisme et de cc culte du moi &gt;&gt; nous a,
accoutumés à exiger du romancier, comme du poète lyrique,.

qu'il se, mette tout entier, cœur et âme, dans son œuvre,.
ou du moins à le 1uger cemme s'il s'y menait t0ut entier.
Stendhal et les Russes, eo devenant -à la ruode, ont renforcé cette tendance. Une des originalités de Pierre Benoît,
c'est précisément de, n'être ni un ,Stendhal, .ni un Dostoïevski.
Mais Le Sage se « donnait-il &gt;i tout en·tter lorsqu'il cri.vair Gil Bla1, Montesquieu, les parties légères des Lettre;
P,rsanes ou Mérimée, Carmen ? Si, pour une part, le
roman moderne .est l'aboutissant du poènw épique . ou
héroï.-comique, il .est, pour une a.u,tre p.art~ un -succédané de
l'histoire ; « l'histoire de ceux qui n'ont pas d'histoire »,.
a-t on pu le définir·
.Pierre- Benoît r.oma-ncier, et qui se qualifie lui-même de
&lt;' romancier de l'histoire ?l, ignore le feu de l'inspiration,
qui soulè\Te un Balzac jusqu'au rydrnJe de l'épopée; il travaille à. froid sur une·table couverte de fiches méticuleusement compilées et d'après un plan méthodjque, longuement mÔ'ri; hi.en arrêté, qui ne se modifiera plus-au cours
de la i:édattion: La · rédacti~n en effet ne faü . point corps
amcyenx de Pierre Beo.0.rt a!Ve.c ta creâti~n lit:téraire proprement dite, c'est une tâ.c~e q.u i lui est postérieure, un
épiphénomène, qui a: certes plus-,d'importance~_ que la dactylographie ouJ'i:mpressîow de l'0uvrage, .m.ais qui est du
même ordre, subordonnée au seul souci d'n:ne présentation décente.
·· ·•
~ ,_
Procédé d'historien .e.tr d'historien ,d'aujourd'hui,. Cest·
ainsi, ont enseigné à Pierre Benoit les deux tnaîtres dont il
procède, MM. Aulard et Seignobos, que l'Qn compose de
bonnes thèses et de solides ouvrages historiqµes. Que fautil pour qu'une thèse der doctorat soit excèllente ? Qu'elle
soit bien documentée et-bien.mrriposée. Le stylé et l'ém°= .
tion humaine n''Y sont point nécessaires. 'fous ¼:s romans dçPierre Benoît, dont cha:cun wntie,nt la parodie d'.une thèse
possibr.e, ont au.· plus. hmt degré ces .de1a vertu.s sorbonniques :-ils- sont supérieùrement documentés et comwsés.

�67'2

LA NOUVELLE REVUE fRANÇAlSE

La méthode, c'est pour un universitaire la qualité
suprême, pour Pierre Benoît également. Ne dis~t-il pas de
lui-même dans une récente conférence : « Kœmgsmarck eut
ce qu'on est convenu d'appeler un succès d'esùme. Pour parler franc, peu m'importait LL'e-ssentiel, c'est que je m~ sentais en possession d'une méthode. »
On ne dira jamais assez en vérité ce que Pierre Benoît
doit à l'Université dont il est le fils prodigue, ce qu'il doit
à cette (l Nouvelle Sorbonne » tant flétrie par son ami
Agathon. Il ne l'a point oublié du reste : s'il raille ses
anciens maîtres, c'est avec l'attendrissement. d'un Renan
pour Saint-Sulpice. Le professeur au Collège de France
&lt;le la Chaimée des Géants, le professeur en Sorbonne de
Kœnigsmarck, le bibliothécaire de l'Atlantide sont légèrement ridicules, mais sympathiques.
L'Université, la Faculté des lettres ont marqué Be?oît
d'un tatouage indélébile. Il réalise le type du normabenlittérateur d'autrefois, il a la tournure d'esprit cœnmune par
exemple à un Edmond About et au Jules Lemaître d'En
marge des vieux livrts; pl us exactement encore il a été façonné
par cette survivance des vieilles h.umanités qu'es~ la(: cagne»,
la classe de rhétorique supérieure préparatmre a la rue
~'Ulm . Toute sa vie, Pierre Benoît sera un &lt;&lt;cagneux». A
jamais il est condamné à voir la réalité à travers les liv es, à
contempler les êtres et les choses à travers des s~uvemrs et
des réminiscences littéraires, à mouler ses sen11ments sur
ceux de ses poètes et de ses prosateurs favoris, à être la proie
de l'imprimé. L'amour de l'histoire et l'irrespect envers les
personnages historiques, le goût pour les anecdotes volontiers scabreuses, pour les anachromismes, les rapprochements
ingénieux, les allusions, le pittoresque fuit d'un savoureux
,détail inédit, la rêverie qui suit le seul énoncé d'un grnnd
nom la présentation d'un grand homme en déshabillé ou
dans' une posture ridicule, la recherche de c&lt; l'astuce &gt;&gt; . et du
« fui tuyau », tout cela est unive_rsitaire et_« cagneux ».
Universitaire, enfin, sa façon de rire, de plaisanter, de se

7

PIERRE BENOÎT

moquer, son art de pince-sans-rire, sa manière de lancer
sa pointe avec une gravité imperturbable.
Les exemples abondent. Il y a les fameux plagiats
,, chausses-trappes », purs c( canulards )&gt; normaliens. Il y a
le télégramme de Gambetta dans le Lac Salé, et sa réponse
en italien à la table tournante dans la Chaussée des Géants.
Dans Pour Don Carlos, Benoît nous présentera« MM. Littré
et Jules Ferry, de la loge « la Clémente Amitié &gt;&gt; prenant
le train pour Versailles». e&lt; Le soin de régler l'addition, ajoutera-t-il un peu plus loin, fut laissé, d'un accord tacite, au
bon M. Littré, qui avait été heureux d'annoncer la cinquantième édition de son très remarquable Dictionnaire de
la Langue fra11çaise. » S'il nous parle d'un atlas, ce sera
avec l'ironique gravité d'un catalogue pour bibliophile :
« Atlas de M. Delamarche, ingénieur hydrographe, Paris,
1856 » et tout ce qui s'ensuit. li n'omettra pas, dans la
Chaussée des géants, à propos de l'étude du mingrélien à
laquelle se livre son héros, de nous renseigner sur les particularités linguistiques des dialectes caucasiens qui « ont en
commun la numération vigésimale », (ce qui est d'ailleurs
une grave inexactitude, les dialectes lesghe, tcherkesse et
laze utilisant la numération arabe). Il met un écusson au
col des soldats qu'il introduit dans ses romans : dans Pour
Don Carlos, il fait intervenir sur la frontière espagnole le
49• d'infanterie qui, en 1875, faisait campagne en Algérie
et ne tenait pas encore garnison à Bayonne, erreur vénielle,
mais erreur qui se répète dans la Chaussée des géants où il
est question d'une 22e section d'état-major existant à
Paris : c'est 20• qu'il eût fallu dire, la 22• est une section
de corn.mis et ouvriers.
Voici encore dans ce genre un raccourci des guerres
civiles d'Espagne à l'aide d'une simple énub.1ération : « Pepa,
la belle Pepa Samaniego ... Elle a sauté sur les genoux de
Lannes et de Palafox. Elle a offert des fleurs au duc d'Angoulême, servi à boire à Zumalacarreguy et à votre serviteur, puis à O'Donnel. » Parfois même l'émotion est
43

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

empr~ntée au nom de simples héros de :roman comme dans
le poème qui commence ainsi :
Uii ,saii qu'e'je dînais cbe.~ 11:n:nu Karéni:tta,
]1; ·m, tra-uuais'ass,is- pres dt&amp;:-tomte Wnmski. ,
r.

, Cette forma1ion ):iistoriq,ue et u.ni_xersiraii;e, en donna.nt
libre co.1.u:s à œ~te imaginauion de bi):,li'Othè.q.ue,, a fortifié
chez Benoit un t~lem i~né de mosaïste~ don.t il avaitd'abord,.
obéissant à, sa nature,pr~fonde,,-.tiré parti inconsciemment
et dont il a eia: l'habi.kté et, l'art de: se fuire eusuiœ une
originaJitt. ün 'ttou~-e dans la, Chaussée des· Géants» son,
dei.ni~r livre -qu! ~t (a,ve,c le Iittc Sa}é) le p1us conscient
Gie. tous œtut 4a'il a éG-Iits,, ~-~lu,i, où rl a le mieu1t deminé sa:
matière, où chaque ligne est inteotionne~. - deux révé1ations sw: son art .qui .v:üen_t:: &lt;l'être soulig_i1.é~ parce qu'elles
montr,ent à q~el poiat Pi.erre. Ben-0ît connaît §és possibilités et ses fonites. « Une associatiQn di'idées un peu liivres9iuei én:it~il page 190) venait de me tenir lieu d'imagination. ,:. !!t page 216~ ,rz' est un vé:ritah.te p~aid0yer prq_-domo
q~'il accrod1e à,·~n éleg,e de Tris.tram Shan.dy _: " Que1
curieux li v:.~ ! E.a},dais _et. Molière avaient passé pa,r là, le n(i)m
d'un des ·héros é:ti-it pris à Sbakespeare ... Je le savais.,_ e i~
.1:1e __pouvai&amp;. m'empêcher malgré tqut de troùver q:. Tr.istram
Shandy un livre s.ympathique, original même. Et comme je
chercliais )es. raisons,d,'une aussi grav,e iu-\i:onséquence.,_ fen
"ins à mera,pp,ûer le cadeau 9iue m',avait fait vingt ans plus
tôt, à Marseill.e 1 une jeune dame blonde, aux che'Jeuxcoupés court : un ieu de œbes géog_raphiques. Avec les-_mêroes
cubes, les mêmes, selon qu'on les disposait diiffétemment,,
onauivait à obtenir, tom àrtom, les G::aires.des deux Amériq1J.e&lt;, d'Asie, d'Europ~1 d'Afrieii,~e, tl' Océanie, du·_monde.
entier elilfin. &gt;i r _
.. ~Les cubes Elue PieriJ: Benoî..E as&amp;en:r\&gt;t-e I sont_ to-us. emprnq.tés ~ l'hist©Î.reOl;l&lt;~à 1-'i~gip,ation. d-'-aattui .. L'oo. peut
~ns paradox.~ rarumer que BenQÎt ,est de t\t!US)es fian~is

PIERRE BENOÎT

vivants le moins doué d'imagination. Est-ce à, dire qu'il
plagie, comme on t'en a accusé ? Sans aucune hésitation, il
faut répondre cc non ))' ou bien considérer que tous nos
grands dassiques, et Racine.,. et Molière e.t plus encore Là
Fontaine, dont chaque fable a:. eu deux ou trois« sources ii,
sont des: pfo.giatres. IL semble prOU'Vé que YAtlantide ne
doit'rien à. Slre de; Sir Ridder Haggard, mais l'idée première
de Kœnigsmarck est empruntée à Blaze de Bury, L'idée première dePoitr Don. Carlos au chapitre intitulé c, La Haine
ern,porte Wa/Jt dans Dit sang, de:. la rmlupté et de la. mort de.
Barrès, celle· du Lac Salé à une noùvelle de Stevenson,
celle de la Chaassi!e des Géants à une documentation fournie à Benoît pai: l'lt:landa.is Gavan Duffy.
, Le vrai, c'est que le point de départ chez. Benoit n'est
pas l'essentiel et peu importe donc qu'il soit emprunté à
autrui, au lieu d'être inventé. Et que ce cane~ initial soit
enrichi d'ainfres canev.is extraits. d'autres lectures, peu
importe enéoi:e. L'intérêt est dans le rapprochement de ces
thèmes. Pour reprendre l'image de la Chaussée. des géant.; :
dans l'assemblage de ces cubes. Avec tout ce ma.téviel épars
qu'il rassemble, iL réalise chaque fois UJ.1e œ11vre honr.ogèoe,
coWrell'te; -v-vaimeE.t sienne. Il ne plagie. donc pa,s, i1 a des
sources; ü n'invente pas, il ju.11.tapose, il compose; pour donner à ce mot tooté sa for.ce étymofogiqùe, on écrirait vol on.tiers : il com-pase:.
Il se défend à: b9i;i: dwit d'être un- romancier d;irnagination. Dire de lui~4rtîil est-un « romancier de· méme,ire &gt;i
serait tendre urr hommage -à sa.~aste culture et à ses-facultés mnémoniques, dont-H a la coqnetterie, mais ce serait en
même temps l'aècnser de manquer de personnalité, et il y
aurait là une.véii:itable injustice . .La définitiôo li plus exteBsive et la, p}ns cciin préhwsive à. la f.ois pour Be1wh serait de
le catatoguer « romancier d'assodati'on 11, signifia-nt par làson excellen.ce- à 2.Ssocier les tronvailles d'autrui et la
richesse de ses. associations d'id.é~ personnelles qui Lui permettent de rapprôcher et d.efon.dre des éléments.aussi éloi.-

�''I

6ï6

1,

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!!

gnés et en apparence aussi hétérogènes que possible, la légende de l'Atlantide par ex~mple et l'histoire de la conquête
française en Afrique. Cette puissance d'association d'idées
qui chez un grand poète se traduit par des métaphores inattendues, chez un grand savant par des découvertes (Claude
Bernard et l'urine des lapins) ou par des hypothèses (Newton), se manifoste chez Pierre Benoît en coups de théâtre
imprévus et inespérés.
C'est bien là qu'est son génie propre et aussi dans une
faculté extraordinaire de vision à rebours. Ses scénarios de
roman se déroulent forcément en lui lorsqu'il les compose, en commençant par la fin, à la manière de ces films
des premiers temps du cinématographe qui, après nous
avoir montré des baigneurs plongeant du haut d'une échelle
dans la mer, les faisaient soudain, contrairement à toutes les
lois de la pesanteur, s'envoler de la mer jusqu'au haut de
leur échelle de plongée. Le don que possède Benoît de se
soustraire aux lois de la pesanteur intellectuelle, d'embrasser
d'un coup tous les détails d'une action compliquée et riche
en péripéties, d'en combiner tous les ressorts, est un don
extrêmement rare. Dumas père n'en possédait pas l'ombre.
Ses romans sont cc à tiroir » comme les romans-policiers
d'aujourd'hui. Mais les romans de Pierre Benoît ne sont
pas des romans à tiroir, ils sont agencés comme des mécanismes d'horlogerie. Les ressorts tendus par Benoît pour
varier et soutenir l'intérêt ne sont certes pas tous de première qualité. Le critique aperçoit et démêle aisément les
« ficelles » qu'il emploie, mais le lecteur emporté par l'action ne songe pas à bouder son plaisir et il faut lui donner
raison, car c'est toujours un miracle que de voir cc marcher »
une machine construite par un homme, que d'entendre
sonner une pendule ou se dérouler d'une allure légère, traversée des rebondissements les plus aisés, un roman de
Benoît. Ce don du mouvement est le troisième grand mérite de Pierre Benoît et ses ouvrages valent tous par l'art de
la combinaison, leur solide armature et leur mouvemJ:nt.

PIERRE BE~OÎT

Mais les combinaisons du genre que chérit Pierre Benoît
lui fourniront-elles une matière inépuisable ·? Il semble vain
de l'espérer. Si on laisse de côté Kœnigs111arck où Benoît n'a
pas encore trouvé sa formule définitive, on s'aperçoit sans
peine gue le Lac Salé est le pendant de l'Atlantide et la
Chaussée des géants une réplique de Pour Don Carlos. La
femme fatale de l'Atlantide entre deux hommes devient dans
le Lac Salé, un homme fatal entre deux femmes. En ce qui
concerne la Chaussée des géants et Ponr Don Carlos, le parallélisme est encore plus frappant: François Gérard est entraîné
malgré lui dans le mouvement sinn-fein comme Olivier de
Préneste dans le mouvement carliste; l'irlandais fanatique
Térence, c'est le Mignoac carliste; le comte d'Antrim est
une sorte de Don Carlos irlandais, Allegria et Antiope, les
deux héroïnes, sont chacune à sa façon des « Jeanne d'Arc »
d'insurgés, des cc cavalières Elsa» au petit pied. L'élémer1t
équivoque est dosé avec la même légèreté dans les deux
livres : Lucile de M.e rcœur, fiancée d'Olivier, nourrissait
pour Allegria un sentiment assez trouble; Reginald, amoureux d'Antiope, est un fervent d'Oscar Wilde.
·
Toutefois Pierre Benoît a introduit dans la Chaussée des
géants un élément emprunté à l'art du vaudeville qu'il
n'avait encore jamais mis en œuvre : la substitution des
personnes. Tout l'intérêt de son dernier roman repose sur
trois quiproquos : ce n'est pas le professeur au Collège de
France, Ferdinand Gérard, ccltisant notoire, invité par les
Sinn-Feiner à assister au soulèvement de l'Irlande qui
répond en réalité à leur invitation, c'est, par le curieux effet
du hasard, un de ses homonymes François Gérard, galant
cavalier français; en second lieu, la comtesse Antiope
d'Antrim n'est pas Antiope, morte deux ans auparavant, c'est
sa femme de chambre; enfin le professeur suisse Stanislas
Grütli n'est autre que le policier anglais Walker Joyce.
Ce recours à des procédés vaudevillesques marque le
terme d'une évolution déjà sensible dans Pour Don Carlos,
qui s'est accentuée dans le Lac Salé et atteint son pa-

�678

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

il'Oxysme dans la Chmissée des géants. Benoît vise.ide moins
en 1noins à l'émotion, il vise de plus en plus à la satire .et
à la drôlerie. C'est sa faç-011 de donner ·r.aison â. ceux de ses
'.lmis qui le proclament un «classique)&gt;.
La sensibilité qui J;e répand.ait dans Kœmgsmar.ck et dans
l'J:'1.tlantid-e ( et dont l'écho se retrouve dans mus les poèmes
,de D.iaàu;mi:n.e et nombre de pièces des Suppl,iante.t) .é tait
une s.en-sibilité nettement post-romantique, assez 1prnche de
œlle d'Alh.ertSamain, à base de « femme fatàle ,&gt; et d'èx:rl. · ration masculine. L'érotisme de Benoît ne ,dépassait pas le
mussehisme et l'hngolâtrie d'un adolescent bien informé,
mais encore chaste. Au romantisme de ces passions, Pierre
13enoit a substitué dans ses trois derniers romans une galanterie et une charnalité-assez basse, mais qui le préservent de
tomber dans un galimatias qu'ilredcmtait. Il s'est lancé dans
la satire .poli.tique. Il a pris en même temps le -parti de railler
légèrea:nent ses héros, ce qui lui épargne de les analyser.

.

.

*

* *
C'e5.t là une des faiblesses, la plus gr~uül.é faiblesse de
Pierre Benoit. Il est incapable {l'animer· des personnages
vivanrs·, humains. Tous ses héros sont -des fantoches purement conventionnels. Connaissant son incapacité à décrite
et à ex:pii.quer :des sentiments, il a, dans :le Lac SàU, tenté
d~ se.iustlfier en soutenant qu'un romancier .d'àction n'avait
point à se souoier de p~ychologie, les résultats seu-ls lui
important. On oonnaît- la fameuse phrase-.mda ba1lle qui
pour ,atteindre son but n'a pas besoin d.e ctmtkître là nomenclature des pièces du fusil qui la tire,, et sur la' revue de
détail des ,sefiti-tnents·. Dans la Chaussk fk, gêitntt, Benoît
essaie -d'un autre procédé. Il emprunte à &lt;le-s n'l.aîtres psy·
chologu-es les senti.ments qu'il attribue à ses: perscmnages:
« Une des pagçis les plus achevées du Jardin de Bérénice,
écrira-t-il, éGt consacrée au trouble qu'on é'pt.ou-ve à retrouver devenue fe~1me celle que l'on ,a connulë enfant, etc ...~

PIERRE BENOI""î:

'C'était au spectacle ide œtte transformation que j'étaïs à
présent convie. )&gt; Et ailleurs : « Julien: Sorel se jttre âe
&amp;iisir, dans nn délai .déterminé, là triste main pendante ,de
Mme de Rén~L Je m'étais juré, moi, d'appeler- dès notre
première entrevue par son prénom· la comtesse. » Pius
foin encore ·: «· Mathilde de la Môle sait à merveille, etc...
Je pus constater que Lady Flora possédait de façon pa-rfiiite
cet art ,d e se rocoiffer. »
Dans œ domaine de ia psy.chologie, il y a plagiat
~voué cum. grano salis. Mais l'·üonie ne masque pas l;impuissance ...
Que te roman d'action p1.1isse · s'ac--c-ommo-der de psychologie, que des personnages puisseol traverser 1es péripéties
tes phis invraisemblables -en ·reia-ntahumains, la preuve en
est faite depuis longtemps. L'Arioste, qui reste le maître
du roman d'aventures, combinait les plus eictravagantes
équipées, mais 1es héros de ces équipées soat &lt;les hommes
qui vivent, jouissent et souffre-1.it comme nous-mêmes à
!'-intérieur de -leur monde enchanté. Stevenson et surtout
Conrad ont réussi de même à faire v-ivte leurs aventuriers
&lt;le la vie la -plus profonde et la plus ,gé~rale. Les hfros ~de
Pierre Benoit -soot· -t ous taillés sur
patrons &lt;l'ùpéra.
Ces emprunts faits -ouvertement aux maîtres &lt;le ·1a psychologie ont pour pendant - les « - chausse-trappes ~&gt;, les
passages -démarqués ·d 'auteurs connus et â.estinés à faire
crier au plagiat le critique-malavisé.•On en trouvait dans
Pour 1Jon .Cairlos,-on en trouvait ,dans le Lac Salé, on en
trouve èncore dans la Cbam-sée des g,éants. Cette phrase de la
Clxlussée : cc Je regardais le -ooleii, ée sâ1e-i1 ja&lt;lis témoin &lt;le
nos adieux -et qui allait .être, au m~me poi-nt de -sa c-our-se,
le témoin de notre Tèanion ~;, •est-elle -de Bernardin, de
Chateaubr:j_and ou de Lamartine? Cette· autre: -&lt;&lt; Quelles
mystérieuses conflagrations du. cerveau et des sens allaient
éclater .en spectacle pour ces grands murs noirs » n'est-elle
pas de Hugo? .Or.i peut être · assurt en tout cas que ni
l'une ni l'autre n'est de Be.ra.o'Ît.

des

�680

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

Là encore, l'habileté de Benoît est vaine. Sa seconde
grande faiblesse, c'est qu'il écrit mal. Le Sage, Montesquieu, Mérimée soignaient leur style. Le premier devoir
d'un littérateur a·nti-romantique, qui ne peut se targuer
d'offrir au public le jet bouillant de son inspiration, tout
çhargé de scor1es, c'est d'avoir un style. Pierre Benoît en
manque.
Il écrit sans rougir: cc Alors, dans quel but? - Eh! mon
cher confrère, dans le mime but que vou~ ... » Il commet
jusqu'à des solécismes dans l'emploi du subjonctif passé :
cc La veille, au cours de la soirée qui s'était prolongée
après que le comte d'Antoine se fût retiré, nous étions restés
ainsi. .. &gt;&gt; ou dans l'emploi de ne : c&lt; Je mentirais bien
inutilement en niant que l'impression qu'elle fit sur moi
ne ftU profonde '. &gt;&gt;
Négligence, dira-t-on. Admettons-le.. Mais par1er
cc d'une forêt de...
champignons... qui s'entrechoquaient 2 », écrire : cc Que cette voix de M. de Magnoac
est perforante i », ou bien cc La portière s'ouvrit. Le
marche-pied s'abaissa. - Place :Beauvauj aussi vite que
possible. - La voiture partit au grand trot 4 », ou encore,
comme dans l'Atlantide: cc La nuit tombait à grands pas »,
c\~st n'avoir aucun don de style et c'est se contenter d'un
.style pis que mauvais, terne et médiocre de roman-feuilleton.
Quant aux chausse-trappes~ s'il faut s'expliqu'er à leur
sujet en toute franchise, elles dissimulent mal les fréquents
recours de Pierre Benoît à ses cahiers d'expression. Si l'on
voulait id être méchant, en restant vrai, on pourrait dire
qu'il s'agit non point à)a vérité de plagiat, mais de kleptomanie'. ·Lorsque, parodiant le « ]'aime, que dis-je aimer,
j'idolâtre Junie », Benoît fait dire par Don Carlos: ,« J'aime,
que dis-je aimer, j'idolâtr.e Mademoiselle de Mercœur 5 », il
peut encore soutenir qu'il s'amuse. Mais lorsqu'il reprend
La Chawsée des géants, p. 195, r 33, 145,
3-4-5. Peur Don Carlos, p. 183, 10, 152.

1-2.

20.

681

PIERRE BENOÎT

une tirade de M. Homais, changeant les noms, mais cariservant les sonorités Flaubertiennes et le mouvement de
la phrase et ,qu'il écrit : cc Mon Dieu à moi, c'est le Dieu
de Rousseau, d' Anacharsis Kloots, de Raspail et d'Alain
Targé' i&gt;, où Flaubert écrivait (le début des deux tirades
est aussi à confronter): « le Dieu de Socrate, de Voltair~,
de Franklin et de Galilée », on prend Benoît en flagrant délit
de mimétisme.. S'il fait défiler des soldats espagnols, une
réminiscence de Hugo le contraint à les chausser d'alpar- ·
gates. Et chose plus curieuse encore, il obéit ·même à des
réminiscences de la « théorie J&gt; : cc Les soldats libéraux qui
étaient derrière leurs faisceaux formés à droite- de la
route 2 • &gt;&gt; Formés a droite _de la route, comme le prescrit le
règlement de service en campagne.
On trouverait des échos plus subtils encore de ses lectures (plus difficiles à démontrer aussi) en lisant de près
Pierre Benoît. Ainsi le vers c.ité plus haut :
.,/

Un soir que je dfoais che1, Anna Karbii11e

est-il autre chose qu'un écho du vers de Baudelaire :
Une nuit que j'étais près i/!imp affreuse Juive.

C'est là pour Benoît le revers· de la médaille. Ce don
opportun de la mémoire qui le sert si heureusement dans la
construction de ses livres le dessert fâcheusement dans
leur rédaction. Qualité en deçà, erreur au-delà, mais
dénotant la même curieuse structure mentale.
Elie est pourtant le signe de la culture de Benoît,
cette culture d'humaniste amusé et de chart1ste narquois
qui, quoi qu'en disent ses détracteurs, en dépit de sa
pauvre science psychologique et de la faiblesse de son
style, le préservera toujours de tomber au bas niveau des
feuilletonistes. Cette culture partout sous-jacente oblige
à pardonner ses plus impardonnables négligences à l'auteur

c

1-2.

Pour Don Carlos, p. 90, 28 5.

�682.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇt\l SB

de l' Â-tiantide-, car :il en.. fait l'usag.e le plus divertl&amp;'ia-rrt et le
plus- cocasse qui soit. Sotï.. .esprit primesautier-, , son ·bon
garçon:nisme, ,sai _(1 vielUe gaieté française »-, ,-q_uLtiennent à
fa nature-de Benoît, 0nt été sans-.ammn,&lt;l-0utemt1fu-m.és,et
dévek&gt;ppés,.; pai: cette 'forme Je :eulwre. Dépo.nil:lé de son
-' romantisme d.e· pacotille, ~1 aipparaîtt désormais . sous so11
véritable ,aspeet/ td ai d:un bc;ute-en-ttain sans préte:ntion.
Pourquoi lui· -résister -dès lors qu'il
veuv pas, s'en. faire
-accroire et ne prétend qu'à amuserl &lt;&lt; Qu~il fasse, son
mlt4er, qu'iL -nous amuse1 » ~omme il le disait de . lnimême •Ô-at:ls sa .conférence du 3· mars dernier.
La pface ~oujouts plus grande qu'il fait dans son œuvr.e
à la ga,ieté et à la" s~ttre laisse entr-evoir la :possibilité. pou;r
Benoît de nous amuser: lo-ngtemps entor.e. -Mais il faut
qu1avet: --sa luci.clité--coutumière il .en cv.ienne à. se. rendre
c-ompte qu'il risque ,d,e -cl.ev,ea,it monotone et. ennuyeux
en se répétant. Après 'P.()ur Don Carlos, la C/Ja.us"Sle des
géants, soit, mais il n,e .faudrai~ pas que Beqoît coulât un
troisième livre dans ce moule qui a deux fois servi.
H y a-dans ta Cha-Ùsséé des géànès des .trpuvail1es~omiques
irrésistibles ( t&lt; la salle Raffin--Dugens ~. &lt;~ le,boudoir Albert
Thomas &gt;&gt; dans la maison d'un snob britannique), il y a
des drôleries sati:tiquês d'ü-ne remarquable cocasserie. Si on
-l es rapproche du_· cbaphre sur le « Glub -des Chev.aulégers &gt;&gt; de Pot.ir Don Carlos, on se convai-n:c qü'Andr-é
BiHy a tout à fait raîsoril;rsqu' il cléfinit Benoît un auteâr
gai et i'on en vîent -à se deriunde~ si· Pierre Bendît n'est
pas destiné à nous âonner un. jour le rofoa,n comique et
-sa!:-rrique de 1~1&gt;d&amp;nocratie -d"après-guetre, -uneJbeuffonnerie
qui 1&gt;otmait tenir de Rabelais _par-1'-abondancé &lt;l-es péripéties, de V~1taire par la fine ,-causti~ité ·et qut ,se'l'.'ait · peutêtre un chef-~œuvre autbentiq-ue.

C

✓

LE CAMARADE INFIDÈLE

ne

B'EN JA.'MîN -CREMIEUX
•

l

D-EUXIÊME

p AR'I'IE

I

I
Ni les caisses qui encombrent J'anticha,mb,re, ni les
meuble~ ~éjà déplacés, ni l'absence de Clyrn:ène
c.ette
a~rès-~rda de dégel,, ne causent de surprise à, Vernois. Il
drt qu il.. attendr~ et, ~ans quitter son pardessus, gagne le
salon dép dé_garru. ~e bibelots. Il écoute s'éloigner la femme
?e chambre, l'entend refen;ner ia porte d'une offi~. Alors
ri va vers le pi~no, écoute ~ncor.e_, puis vite, saisissant le
meu_~le P:r une ~e ses poi_gnées, l'écarte du mur, passe
dernere, s agenomlle pour tâter la bojserie, trouve la serrure d'un pëtit placard, y .introduit 1me clef qu'il tire de
sa poche et qu'H parvient à fa.ire tourner. Iî tâtonne et sa
main tom.be sur ce gu'il cherchait, cinq ou six liasses de
lettres ficelées. Il glisse les premières dans ses poches, serre
le reste sous son bras, entre sa veste et son manteau
pousse la porte et se relève. M11 e -Ga~in ést trois pas d~

par

à

lui.
, Il sor_t au~sit.ôt ' la phrase ~u'il avait préparée pour le os
d une surprise :
_
- J:ai_ laissé ,tomber une {Ji~ce de mon.nait! qu{ a. roulé
sous ce piano ... Quelle poussîçre !. ..
1 • V?it les ~uméros à~ la Nottvelte Revue·Françaisè âes
1~ ma1.
.
;) _

-1er

avril et

�684

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

11 se met en devoir de ramener l'instrument à sa place,
mais avec peine, n'ayant plus qu'un bras libre. M11• Gassin
pousse un cri en reconnaissant, au bord d'une de ses
poches, la couleur du papier à lettres.
- Qu'est-ce que vous avez dans vos poches?
--:- Mais comme d'habitude, des papiers. Aidez-moi à
repousser le piano.
Elle ne bouge pas :
- Où avez-vous trouvé ces lettres? ... Il y avait une
cachette là derrière ?.. . Vous saviez où elles étaient? ...
C'est donc pour cela que vous êtes venu sans prévenir ?
- Il était temps ... Mm• Heuland m'écrivait, il y a deux
jours, que les déménageurs avaient commencé ... J'ai craint
d'arriver trop tard.
Il est parvenu, d'une seule main, à faire rouler le
meuble. Encore un coin de tapis à redresser et tout est en
place. M11e Gassin commence à prendre peur de son air
buté.
- N'était-il pas plus simple, dit-elle, de m'indiquer
l'endroit ... à moi qui suis toujours dans la maison ... Pourquoi ne l'avez-vous pas fait pendant tout cet hiver?
Elle n'ose pas encore comprendre :
- Donnez-les-moi!
Mais il boutonne plus étroitement son manteau :
- Je vais sortir le premier. Vous me rejoindrez au coin
du boulevard. Nous irons ensemble chez mon frère et j'y
brûlerai tout cela devant vous.
Elle s'élance vers lui :
- Jamais, jamais! Vous n'avez pas le droit! Ces
lettres m'appartiennent ! Elles sont tout ce qui me reste de
mon bonheur ...
Elle essaie de saisir un des paquets, mais il le retient
avec trop de force pour qu'elle ait espoir de s'en emparer.
Alors elle s'accroche à ses vêtemepts:
- Donnez-les-moi! Je vous · jure que je n'en ferai pas
mauvais usage. Croyez-vous que si je voulais démontrer

LE CAMARADE INFIDÈLE

la vérité, je ne saurais pas trouver d'autres preuves? Pourquoi faites-vous le cruel, vous qui êtes bon?
Collée à lui, elle a passé les bras autour de son cou, et
soudain elle lui baise éperdûment la figure. Il se dégage
avec brusquerie et peu s'en faut qu'il ne tire son mouchoir
pour s'essuyer. Ils se dévisagent, mais comme dans un
brouillard, aucun d'eux n'étant sûr d'avoir compris ce qui
vient de se passer chez l'autre.
- N'allez pas croire, murmure-t-elle ... Donnez-moi
seùlem·ent mes lettres ...
Ab, s'il pouvait entendre tout à coup le ronflement des
chaudières et rouvrir les yeux sur les éclatants tissus 'qui
sortent tout ruisselants des bains colorés! Il finit par
répondre:
- Mademoiselle, je ~e suis pas fat ... Et si vous saviez:
comme j'ai peu de loisirs ... p~ur rêver à ce qui n'est pas
mon travail !...
Elle reprend, sans plus oser le regarder:
- Ce n'est pourtant pas votre travail. .. qui vous ramène
ici tous les quinze jours.
- Ce n'est pas l'amour non plus, Mademoiselle ...
La gêne de chacun des deux s'augmente de ce qu'il croit
avoir en face de lui un adversaire parfaitement maître de
ses moyens.
- Etant petit, reprend Vernois, j'ai trop souffert des.
contrecoups de la passion pour ne pas la détester et la
craindre ... J'ai vu des hommes que j'aimais, trop cruellement humiliés ... Je bénis mon frère d'avoir osé me dire,
quand je n'étais encore qu'un très jeune homme, qu'on
doit céder au corps ce qu'il demande, pour qu'il ne dévore
pas les sentiments ... Pardonnez-moi de vous parler avec
cette crudité ... Je tâche d'être sincère avec vous.
- Vous réservez le mensonge pour Mme Heuland, ditelle rétractée par l'humiliation, et plus que je n'imaginais.
d'abord ... car non seulement vous lui brodez un mari
qu'elle n'a jamais eu, mais vous vous servez du mari pour

�686

,,,

LA NOUVELLE REVUE 'Fl.ANÇAISB

LE CAMARADE INFIDÈLE

687

l'émouvoir, tout en prétendant ne Iien .ressentir vous-

Ce rep.roche remue Vernois plus qu'il ne vottdrait le

même.
Il riposte- irrité:
- Si j'éprorrvais quelque chose de pius que de l'amitié,
je m'interdirais d'entrer dans cettemai.sQn..
- Mais vous Y- êtes, s'écrie-t-elle d'une voix mordante.;
sauvez,..vous vite !
- Ah, Mademoiselle, finisscrns-en L.r Renoncez. à füe
dans les cœurs;. vous n'y êt.es pas clairvoyltnte. •. Habillezvous et sortons.
- Lire da.ns votre. cœur à vous n'est eni effet pas facile,
tmtl il famt vous supposer de rouerie ouT sans cela, de.
naïveté.
Elle ne croyait pas atteindre, si juste, un petit point vulnérable en cet homme dépourvu de vanit-é.
- Si j'étais .aussi naif que vous Je dites, je vous aurais
crue dès l'abord, et je n'aurais seulement pas souhaité mü::
Mme Heuland.
- Vous préférez donc qu'on vous tienne pour fourbe-et
intéressé?
Il s'écrie:
- Est-ce que mon intérêti,si. j'avais une arrihe-pensée,
n'aurait pas été de lui laisser: découvrir la vérité, de placer
dans la serrure de ce placard la clef trouvée dans la cantine
de son mari et de m'en aller en laissant faire rua bonne
étoile ? Si je voulais avoir le champ libre, je n'avais qu'à
m'en remettre à-vous pour la détacher dn passé.
- Croyez-vous donc que vous ne l'en ditachez pas av~c
vos manigances ? Quand,ie me· rappelle ce pauvre.garçon,
pas trop .raffiné soit dit entre nous· et qui,. après a&lt;;1oir bien
mangé, riait des p]us mauvais ca:lemboars; et quand je
songe au petit saint par lequel vous essayez de Je remplacer, eh! bien je trouve qae vous l'avez. trahi, et.je suis fière,
moi, de penser q_u'il m'ai aimée avec son gros. rire. Vous
avez si bien fait qu'il ne I:ui reste plus, à lai da.rue, que de
la fumée!

laisser paraître :
- Raison de p:1us, dit-il, pour lui abandonner cé qu'elle
a; c'est tout ce que je vous demande. En respectant son iUusion - si tant est que .ce mot soit )TuSte - vous maintenez
entre elle et moi uu mur infranchissable. Ne di-tes pas qu'il
vous Sffait. indifférent de le voir tomber. Vous êtes trop
perspicace pour ne pas discerner au premier coup J.'œil
qu'il n'y a pas d'autre tactique. Mais puisque nouS-désirons
là. même ch~, pourquoi lUJ:tons~oous? Ne vaudrait-il
pas mieux faire alliance? Ecoutez-moi : je liec'.OJfn.ais, que
j'ai eu tort de compter sur mes piécl)ncions au lieu de
faire simplement appcl¼ votre oo.nn.e foi. Vous désirez..ces
lettres, eh bien prenez-les. La condition, je-n'ai même pas
besoin de l'énonc.ei: c'est que votre secret reste impénétrabte. Sommes-nous d'accord ?
Elle Ms.ite un peu, puis dit~
}1
- Soit.
Il prend les liasses ~qu'il -avait sous spn bt:aB._ mais
s'arrête- :
- Laissez-moi vous demander e.nrnre une chose. J'ai,
plus que vous ne croyez., li souci de t1e pas vous nuire.
Vous continuerez à surveiller les études des enfants,; mais
persuadez Mm• Heuland qu'il est l;emps de conduire Antoine au lycée. Ce- déménagé ment facilite; bien des choses....
Elle l'iot-errompt:
- Vous voulez vous moquer de moi. Comme si vous
n'aviez pas plus, de crédit ...
- Pas sur ce j)Otnt. E1le iovoquèun désir de son mari ...
- Et vous voilà coincé. Vous ne l'avez pas volé. Permettez-.moi de rire.
, -:-- Tant qu'il vous plaira. Mais j'ai promis à.ce petit del aider et je mettrai tout en œuvre pour lui tenir. _parole.
Mon obstination -peut vous-paraître- pl.lérile ..
~ Plus rien ne me paraît puéril chez un homme qui
manie le ch~n.tage, comme vous le faites.

�688

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Elle lève sur lui un regard où luisent le défi et la
volupté d'être maîtrisée.
_ Eh bien, murmure-t-elle, c'est entendu; vous êtes le
plus fort.
Il lui remet, l'up après l'autre, les paquets de lettres.
- Je vous en prie, dit-il, portez-les vite dans votre
, chambre. Je crois qu'une voiture vient de s'arrêter devant
la maison.
Elle ne semble pas pressée :
- Comme il y en a, mon Dieu ! Comme nous nous
sommes écrit en quinze mois !
Deux coups retentissent au timbre de l'entrée.
- Mais dépêchez-vous donc! Prenez ce journal et enveloppez-y tout cela !
Il l'aide à rouler un paquet, juste achevé quand la porte
s'ouvre. Les joues rosies par l'air vif, dans l'élan et l' animation de sa surprise, Clymène n'aperçoit tout d'abord
que Vernois.
- Comment avez-vous pu, s'écrie-t-elle, changer, sans
m'en avertir, la date de votre voyage ! Moi qui étais par
les rues à perdre mon temps d'une façon stupide ...
Elle est essouffiée ; on ne saurait dire si c'est par
l'émotion du plaisir, ou de la contrariété, ou pour avoir
couru à travers l'antichambre.
- Et sûrement vous ne viendrez pas dimanche prochain ... Les garçons sont si déçus... Ces hommes qui ne
peuvent pas écrire un billet !
.
- C'est hier après-midi seulement qu'un de mes fournisseurs m'a donné rendez-vous pour ~e matin.
- Il y a le télégraphe et vous pouviez ...
Elle s'arrête brusquement en apercevant M11• Gassin.
Ses lèvres demeurent entr'ouvertes; toute vie s'éteint sur
son visage.
.
.
- Je vous demande pardon, balbutte-t-elle ... Je sms
entrée comme une étourdie ...
Vernois tâche de la plaisanter; mais, comme un homme

LE CAMARADE lNFIDÈLE

dont la tête tourne et pour qui le carrousel paraît s'arrêter
tandis que les maisons se mettent en mouvement, il voit
celle qui devait se retirer, immobile à l'endroit qu'elle
occupe, et Clymène au contraire fléchir, céder, regarder
vers la porte.
- Non, non, s' écrie+il, ne vous en allez p&lt;1,s. Il y a
une glace ici pour ôter votre chapeâu.
Elle enlève les épingles, pose le chapeau, et dans le
_pénible silence, n'osant plus se retourner, elle fait semblant
de rajuster ses peignes. M 11• Gassin avance d'un pas, mais
c'est du côté de Vernois; et le paquet qu'il faudrait dissimuler, elle le tient en évidence. ·
- Monsieur Vernois ... (et elle attend que Clymène ait
fini par regarder vers elle) je préfère reprendre ma liberté ...
Voici vos lettres ... Faites-en ce que vous voudrez.
Il reste les mains ballantes, sentant qu'il est à sa merci.
- Ne rougissez donc pas comme un petit garçon, continue+elle, et ne faites pas !'abasourdi, avec cet air
d'ignorer ce qu'il y a dans ce paquet ...
EUe a beau trern bler elle-même et parler d'une voix
qui chevrotte, elle est si forte en regard de ses adversair:e:s
qu'elle peut se donner le triomphe de faire traîner leur
supplice:
- Allons, prenez ... Je ne peux pourtant pas donner
ceci à Mm• Heuland .. .
- Comme vous voudrez, balbutie-t-il.
Mais son nom prononcé a redressé Clymène :
- Je suis de trop dans vos explications ... Attendez que
je sois sortie ...

- Oh, Madame; s'écrie Mil• Gassin, il n'y a jamais eu
matière à aucune expliçation entre M. Vernois et moi. Il·
m'a détestée dès le premier jour. Vous nè voudriez pas que
depuis l'été il m'eût écrit toutes ces lettres. Non, non, elles
ne sont pas de lui ...
S'accrochant encore à l'espoir qu'elle n'ira pas jusqu'au
44

�LA NOUVELLE:...RE.VU-.E: 1:RAK(j'.AISE

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- Je pense que vous me donnei:ez raison; M:adapn:e.,-Je
l'ai ~rlliPê~hé :4,{t:ffelr4Let .%UX:J:€nJ:S:-\ettli~~-de M,R_g.hçirt- Cette fois, laissant -~Pt( h;- paq1,1~t q'-!i,
1~i:tr_sse,..
'{erl)Ra bpp4ifryersi~ll;\ 131ai~ d'~~ écarJ ç~e aj écJ1aIJ.lî! :
J ;r:t. ~ar 'r\tJ.-~ affo.lk.e~t.l ic:e;,t vqUft
!ui fe~ei :5;,:w,Je
q_uf'.-.~p~mati N p.u. nja.~n;i,er 1,. _, . • . r ; .
_u. 1i;
-:!~ lu~ ,$;~r :r,,..fua:ieu;,~rµ~qt l'~y~t-b:i;a.s~ _a rforcsJ:P}}}y~r~;
mais pour voir l'effet du _&lt;;QUB. q,u.'e,Ue N;!'pt,; de -::p~r,,
ene 5~~}1t'ô 'sn-,q&amp;i~ ~: ~Ëi ia,s . i~ter:·, Cf½ .~tc~n~Je

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est~ débÔ~t ~ ,'et '. tdrt( Jli . r~ga;i~détQurn( 'avet,to'ut- ce
'l ,. •&lt;½:i :,;;
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rh~\{lJ'BÔJger; i 6~ê-i i,eine rigatct'ef v~1r? dxrheJi~~ï,
rep'tlééJcfainJ ~J' îaii.t;i'.iiP,r~èt~~e son moJdfüir tut ;{f,;Îl,Che,
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plus ... Otez celle qui est là tout près...
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Alàtts._ il. .s'c!pex:.ço.it quel les liàssès: 9.nt :i.oulè ,tlhfüs àu
jdlnrilak eu :qllloa'e.itf Sli.i Eun.eJ d:eile~ '.qèr l~witw:etde.Jiam
malljÎ s1:r décliiiffii:~ de1 lG.iŒi, ~elle conti'lllné cd!atta:c:h~,;•,son
rega:r.d.tlL lest ra:mas.5.e, préei:pit:am:mént;.. l'l'.WS'.né sait qufeDJ,
faire ; puis il songe à 1a cheminée et se. dirige 00-{C't!a:/lté~'
Cl~~~ ~t.iompJiis,.ét)1Mobl!l\L ~ ,,
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cfeLson; brfütrer. lhfrrté'nd' Ofyruéhe
rntiftm-1:i.tei cFune ;vdix -pfüscpre-ssarl e : ..
- · ·Nô'i!d n':t\;oni pâ!f 'le droit:.. C esr tdn' écritute·.:. .,.. •·
•~ette·foi •H:~ésirei::JI,_e?t ·se t~dré èl: s'é~6tte(~a. ~éné,~
rosi~é d~; _9~~1e~e,,,,ma1s 11 :e do~t de lui épargtiét cette
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p-êhibk
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'Ie~- fic'ell es q_ut·
.,.~ .. ~ktou•è.
-~ u • !E•plaê~ la' .lfamttre
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cecrerlt, et··11;:·ful pretia aux pfetn:réts feui1Iets. . . i • '),, .,·,
Il _ne s:r:~d~~t pas à ce 9-ue l'incinération ,fû,t si long /
Qti~n:cl'. tl &lt;trBît "erl avait' fini ·d~ ée b'a\'fât'dàge.,, liiffihi-?iix: il
c~~1lle en,co:e, _du bput des . ~i_ncettes, . des~p\rgès ·-en(ièrés
qur,~o_m arpélpe-nt&gt;rrtiè's-, pqi~'d~s rr~grrlent de p?J.gës, puis
cfes fadrbeabx OÜ des 11101:S ~cmr totijotlfr Ji:siblés. Sur
cendres même on 1ecom1;rf,t les-êc:_
rlttiri!, JceUé dll1hdi11.me
c(
gtôs rire')) jet les ·éfégàn:i:e~ ~pprêtie(de' sa pa~terîii"le.
Il 1~~~ne yn~e_curioJi~é·4éso1ée•poî.}S1i~1;irClymène, fqrsque
tou_r dhrmrra. ·dari lfa ù'l':iisuti~ à pé'rré_?~Jt·•~J9s_c_e't{ê pi~ce _
et a se pencher sur ces cendres. AUSSI .r~s tetotWJe:t-H 1~s
écrase-t-il.
: , -· .:~., , , u '" ~ .
Sa tâche t1er_mi~r,e, }l se; rapptodi.e\ _,effe'g_ê tieflt ie~ ;yêux
fertrtés er fè-s· '?~1trs&lt;t'i~Üs ~W s'e's ge-rrdfrl ·n s'as~i1;d · oùt
p'rés- d''elle et d irfe,1 il 'tiffe ·fndiha1s~rftlé ~éfe, qu'êtte·fûî!
est reconnaissante de sa présence. 'Jfmùihl!ire.:;··
- Ce n'est pas vrai que vou,s savl~ï? '.'_, '
'· .
.- M.ris· l'orgu6it fa rlidif ettf/&gt;°ré. fl s~n?·hiéfi qti1lrf atltre
que lui prendrait dans les ~ierirtè.s lês-mafa;lfè ceite femme
mai-s il ès't titrdde, ~t '~i f'éüf amltiê 'a ~des· hardiesses ell;
est sans abandon.
'
l ' r .
i~~Je-vo~~r~is-tp1e:1voµ' ~prüptèrtilz, iepre~d-il, 1e clêsarrol
~o-m.Mhla,rtt, · te1 efilafr1ntê~ ·ptongéés; ce1 :rè&amp;onté'è_s--à' !;i.1urµi~re·= w,..i ip'fès~t~tîr a'é 'prêvâffôhs, Ia fd1i fvèc
la.gtŒIIe ◊~ sé je'tre s:tir~tl~lque~ joufs' de 1ibertf • ·
Elfe- ç"~~vi-.e' tôûj611rs' 1p1rs lt$ y~M;.et git 'précîpitaffl..
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- Les droits, il les avait,
tous, .tous! ,
;
- Il ·ne s'agit pas de droits, mon amie, mais df vqtr!!·
chagrin.
·
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Âlors, avec une extrême diffip1lté, elle p~rvient J dire:- Autrefois, un pareil chag,rin .•. m'aurair.J paru plus
affreux 9.ue la mort même ... mais vous ~•a,Yez appris: -~
_ Elle ne trouve pas à formuler quoi ,e t reprend ,au bout
d'une minute .: .
- Vous nlavez montré que m;n mar( méritait ge l'affection .. . pour plus de raisons qu'on i;ie le cr,oyait aµtour
de lui...
~
Il sent qu'elle l'attir~ vers, uµe p~nte où il s'est promis &lt;le
ne plus glisse~ :
·
•
1
- La wemière de ses raisons, dit-il, c'est qu'il. ne f est
pas défendu luirmême~ puisqu'il estresté sur le front .; c'est
donc à nous qu;incombe sa défense. ~
t
Mais l'argument est l;,ien abstrait ;, c'est un _réconfort
plus sensihle qu'elle mendie. Il ajoute•:
,
- Dans un 1µo_rid~ où presque pe~sonne n·e l'est, il s~ st
montré dévoué, affectuei,µ .
.. ' J
•
Il
,
Elie a bon de aussitôt :
- Il était egcessivement b.on. ,
Malgré 1a pitiè qu'il ressent, l'e; pr~s~_io1;i l'agace. I;&gt;our.quoi les femmes ei:pploient-elles ~oujours,: -les mots les uns
pour les autres? Il rectifie : ,· ,
·
- Extrêmem·ent bon ...
M~is, dans sa détresse, Clymène ne peut y voir qu'une
approbation qui la fait poursuivre :
·
- Et parce qu'il était modeste, comme on a ca1omI)ié
son inteiligence !
Cette fois Vernois sent les mots se refuser. Il se leurre
de l'espoir qu'elle n'attend pas de réponse précise; mais la
voilà ql.li commence à trembler et -ses mains à lutter l'une
contre l'autre. Ce n'est pas de tendresse qu'elle a besoin
après l'humiliation de tout à l'heure, c'est dè fierté. Est-ce
·en un jour pareil qu'il va lui dérober son soutien? Alors ~n
~

,,.

1

1

-

-

LE CAMARADE rn'FIDÈLE

marchandant le plus qu'il peut et en parlant bas, comme
si? de_la ~orte; il enlevait aux mots une partie de leur plé111tude, il commence à lui répéter, dans l'obscurité tom~
~ante, ce qu'il lui disait l'eté précédent, sur l'esprit d'invention, sur la noblesse du travail industriel. C'est un peu de
ce qu'elle demande, un peu seulement; et c'est déjà tro~
pour lui.
Dès qu'il croit le pouvoir, il lui dit:
.- Laissez-moi surveiller le départ de cette femme.
Elle tourn~ vers lui un visage qu'il distingue à peine et,.
posant la mam sur.sa manche, elle dit vivement.:
- Ne partez pas !
Mais il se lève :
- Je n'ai pas pu vous é"pargner la morsure de cette
vipère, mais je jure que vous ne la rencontrerez plus. ,
Alors il sent se détacher de loi la main .de Clymène.
-- Moi qui m'étais imaginée, murmure-t-elle, que vous
lui faisiez la cour!
,

II
Quand Thomas a vu reparaître son frère, le dimanche
suivant, il s'est gardé d'aucune remarque. C'est seulement lorsqu'est passée l'heJJ.re à laquelle il a coutume de
le voir prendre son chapeau, qu'il demande :
• - Tu ne sors donc pas?
Vernois fait signe que non, et soudain sa confession lui
échappe:
- Ah, vieux, que ne t'ai-je écouté! J'y viens, mais trop
tard. Depuis mon exploit de d'rmanche dernier, quelle
figureferais~je chez Mm• Heuland? &lt;&lt; Pardonnez-moj, j'avais
bonne intention ... » Non, j'ai perdu la partie ; je ne puis
plus que m'effacer. Je l'avais perdue depuis longtemps,
depuis le jour où j'ai voulu mettre de l'ordre dans l'absurde éducation des petits et où je me suis heurté à mon

�LE CAMAllADE îNFJDELE

694

.

LA NOUVt:\-4~ ,R~VUE. J:MNÇAISJ

œuvre mê.rne, au •pres}ig§ que ,l;ij'y~oAfé• cl~f1~\~ •av_;tit
rèpris; .. Ce qui m1e cha.gri-1).era hw\~;,A'~tid~,ne .pas!r..evoir
Jes enfants. Jii: 1:r,ois qv.~ là~ je ·0;1:1.v~i§ pa.s, ~rihgu~~ -~~ -q_~e
leurdnère tllle,m.ê:Ule .i,ùtl!îJ ·le d;ttlihl..'M., p(tn,4rt ug p~1'.
d'ombrage. De q11oi q'âjlleur-s n'fl-*lle pas li~ù -4ti lll:e:,..J.
voulair? Sans moi, mal~.é: tou son c_ouragf, elle gfo,.&lt;;ai-ç
peu à peu vers l'apaisement ; et si elle avait décou~f!ri,Jt
vérité, elle n'en aur-ait,ph1s reçu qu'un ç_oup ..S:\PS force,, le
coup que peut&gt; port!'lr une ombre déi~ ,pdv4e de contour et
de visage. Elle •a dit q4ft.Jl~,-5awa.it . 4~j~, iu;i.it!, G~ 11'e t pas
vr:ii. Parce qu'elle ;.ts:ti 011gt1till~use,- -el~- a ..vpU1M•c-ctnfqn9J-e
la créature qui la bravait, mais en réaJ,ité✓.~H~ sQhissait
l'humiliation la plus mortifiante ... Je ne·(;Ü,guèré· par~ du
peti! Antoine, pour qu~ tu oe prételides l?a~ qu'il est- un
simple préttxte .. .., on, pardo";i ttt; t,1'_aurijis ~ iên ditr tAAÎ.S
tu l'aw:a1s p.ens~, relt cela n'aumit !!té ql.le plus irdtll.nf., Du
reste, ce qùil y-a.ide oo.o, ~•est·qu'ic;Jitre o'&lt;Jus ,le.s :rna.Ientendus sont finis, et c'est dire que somme toute j'y gagne
encore, mon bon Thomas ... La donzelle m'a traité de Don
Quichotte, et je n'ai seulement pas eu le bon sens d'en rir~
avec elle... Désormais je tn'en tiendrai à blanchir des
toiles. Tu dis toujours que le salut ne peut venir que des
métiers 1et je .crois volontiers qu'on· est plus utile en ·livront
dé beaux prodnits ·J:nnsciencieuseùient tra.v;iillé? qu'ep
s'évertuant· à conjurer un mçrt' do.n.t~rperrofu\e&gt;·:o;i p.l.q:;
besoin ... Si je _suis à Paris c'est parce--&gt;&lt;1.ue,, j':ai.rJleçu uu mot
du général de Pontaubault qui demande à me_·\!.oir. Ce
qu'il me veut, je lé devine. Peut-être _agit-il de son propre
mouvement, pour en finir avec un gêneur qui lui tire di:JJ.S
Jesjambes,depuis siLm-o..is. Peut-être est-.ceelle qui'l'a prié
d~ervenfr . . · JJ_
,"
'
Thomas dit ·au. lhmni d'une seconde: ·
- Jene penserpâs que ce .soit el-k.
- Pourquoi ne le penses-tu pas ?
- •
L'ainé soup'èse erl.core mre fois la résponsahiiité. qrCil as·
sume.

- Elle est venuè me v.oir.
Vé.mois riépèfi! av&amp;. .stqem;
- iEUe'.eSt:\-'.enue ·?... ~
.,.· - Jeudi ckrnier.
- ·. - · A qud propos ?
- Pour me deman.der si je -connaîtrais
.laboratoire
auquel foutillage trouvé dans l'ate1iet de .son m&lt;1ri,poutrMt
être utile. Maisice n'était qu'une..enn:ée .en m~ière.
-=--- Que ·voulait-elle ?
· ~ Mon petit, je ne m~ten.dais ~s à .être si ému. Elie
était, ell~-~~me très intimidée, mais on voyait qu'elle
ne sen irait pas sans avoir posé doucement nettement
. .1~s questions qu'elle il.Jta:it .p.tépat&amp;s.. Et' mol je me'
tou~s~~1s d~vmit eüe un peu ho11te1ta.:; 'à .cause des idies ,què
1.a1 s:ur les~mme!l en génér:ü,..et à .cause de .ct lles que j'.ai
pu me_Iorger à son endroit: Ce ,qui m'a 1e ,plus remué
-c'e~t de v.(!,i.r qri'eUe ne posait flas de ces quc~ionsquiqu~
tent. une .l'.ép.bnse .rassu'f.ante, des. question.s , e1'l forme de
harpon~ Elie hésiiatt, cherchait ses mots, 'ne 1-es trol:tV!âit
pas toujours.; mais la -question qu'elle aniv.ait à formuler
avait une pointe sans barbelure, celle du vrai désir .de conreûtre (.snr ce. point on me me .tro~ pas); c'_est...à-füre
qu'elle n'évitait pas, m.a'i:s..,bien s'efforçait ,.dé sonder le pire.
- -Et sur quoi t'intei;:rogèait-elle ?
- Sur toi, .parbleu; et plu&amp; précisément ~ur ta véracité.
Le ,filUJg. monte au visage .de Vernois comme si eile étàit
:présente ; _
,_ Alors quoi ? nrnrmure-t-,il. Si re suis 'Vant ard .à. mon
to~r 1 Si je ina.nœuvne ponr :cpuvrir de: pitoyables galanten~s?
·
.
- Elle cherchait à préciser ce que nous app:eilericms
la rlédim.ison rquc chez ooi les. sentiments ou la volonté
font&lt;Subir à 1a traiectcire d'une :id.te.
- . Tu ne vas pas &lt;lire qu'elle par1ait ainsi !
- :AYec -plus de déli-r.atesse évidemrnl!nt avec de6
détours et des biais ingé;ieux. ••
'

un

J

.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Mo~ vieux, · que c'est pénible ! Je ne puis pas y
penser de sang-froid. Et qu'est-ce que tu lui répondais ?
- Je tâchais de lui faire comprendre le désot:dre où vous
êtes, le dégoût, l'incertitude qui vous porte à violenter les
problèmes plutôt qu'à les résoudre ... Ecoute-moi tranquillement ou je me tais !. .. Je lui montrais ce qu'il peut y
avoir de nohlesse dans cette déformation, tant qu'elle est
récente, angoissée, tant qu'elle est un effort et non une
capituhttion - à la différence de ce qu'elle risque d'être un
jour, si elle devient habitude, principe, '.dépérissement, fin
de tout.
Vernois s'essuie le front :
- Que veu;x:-tu maintenant qu'elle pense de moi ?...
Oui, je te remercie de rp'avoir défendu et d'avoir même
un peu triché en ma faveur ; mais dans ces conditions, tu
penses bit:n que je ne me soucie pas de la revoir. Qu~est-ce
qu'elle peut conclure de ce que tu lui as dit ? Que je mentais en affectant de l'aversion pour M110 Gassin ? Nous
pataugeons dans les soupçons, les indiscrétions. Non, la
situation est inextricable ; tant mieux si le général y met
le holà.
Il a dans .les yemt des larmes de dépit; Thomas fait
comme s'il ne les avait pas aperçues :
- Mes pauvres enfahts, dit-il, je vous vois vous débattre dans vos fidélités, vos points d'honneur. Mais comment ne pas se demander si ces renchérissements, ces défis,
si toute cette chevalerie n'a pas déjà dépassé le moment de
sa fraîcheur, ,autrement dit, si déjà vous n'en êtes pas à
l'amour-propre de la gageure, à l'obstination dans une
lettre qui n'est plus tout à fait vivante. Ton affection pour
ton camarade ...
- Dis loyauté, c'est bien suffisant. Non, ne ~e par~e
pas de lui. Depuis six mois que je fréquente sa ma1~on,' J_e
crois que je serais soulagé, L'animal, en le dotant, s 11 eta1t
là, de la bonne paire de cornes qu'il a si bien méritée. Il
n'y est plus malheureusement!

LE CAMARADE INFIDÈLE

Thomas reprend :
..- Quant à ses sentiments à elle ....
- Eh bien?
- Je suis trop soupçonneux pour être tout à fait
lucide ... Et pourtant ... Est-ce vraiment le passé qui l'intéressait? Je me trouvais devant un être encore tout ébranlé,
à qui l'articulation de certains mots faisait mal. Mais ses
questions ne tendaient pas à découvrir de nouveaux faits
soit à la charge soit à l'excuse de son mari ; elles visaient
b~aucoup plus à pénétrer les mobiles de ta dissimulation ...
Je t'ai dit que Mm• Heuland ne mendiait rien. Elle n'implorait pas de raisons pour te justifier, mais soJ enquête
même, qui visiblement lui coûtait tant d'effort, s'expliquaitelle sans une admiration pour toi ?...
Vernois se fâche :
- Je t'en supplie !. ..
- ... sans une admiration ingénue qui fait qu'à ses
yeux tout s'effc:mdre si tu viens à chanceler.
- Non, non, ne me rends pas ridicule. D'ailleurs voistu ça que tes suppositions soient justes et qu'il faille leur
donner le sens que tu indiques ! Qu'après ces beaux débuts,
et ces scrupules, nous soyons si piteusement dupés par
nous-mêmes et que nous finissions, après tant de tracas et ,
d'embarras, par _où deux enfant_s auraient eu l'intelligence
de commencer. Même si le danger n'est qu'imaginaire, tu
as bien fait de m'avertir. D'ailleurs elle est charmante, elle
n'est pas niaise, elle a une fierté qui me plaît, et des mains,
et un beau ~ourire, et plus encore d'intuition et de doigté
que je n'aurais cru, puisqu'elle a su te retourner en moins
d'une heure, mais il ne s'ensuit pas que je l'aime. Je suis
même certain du contraire. Et si je découvrais qu'elle s'intéresse à moi pour d'autres raisons que celles qui nous
ont rapprochés, j'ai idée que du coup je cesserais d'éprouver de l'admiration pour elle.
- Tu soutiens parfois, dit Thomas en le considérant,

�-6,9'f,

LA NOUVELlCE ' REVlIB r:RAN,çAISE

que les mathématiques émoussent notre :.pwspicacité Rans
les choses humaines.. ..
·
..,
- C'est vrai.
su~~
pas :à ex.pli-, - Pour.tant se -que.tu ,en ,a~..a;Hp.ds ne
quer.. .,

r-

-.

J

'
m
· Le to;~ de M. de Pont~~b~ult .est cl.;.~e as ~ ,.trouver
chez lui 4u~ d'~!:&gt;ord 1[~rq.ois sy présente; et !Grsqu'il
le :reçqit 11epda ~ryle l,a -journte,.ij .ne conwJe:'1d :p.as -as~z
vire,.4 ,détresse..qu'il .,pour,rai}. ~ettre à :Pr.o~t- _';
~ ~
. - J'am..ais ma11v~e .grâ:~e, ,dit-.il,_ moi .qui 1~ p.remitr
vous aï parlé de ma -~~' ~ 0\1-e il?}aindre
}'.infl.u~nc~
que vous avez prise sur son esprit. Ni . ".,Qtre. ~9~ne fo1, 1:1
votre délicatesse ne sont en cause. A mon ~g~. -00 devrait
savoir qu'aupr~s d'une jeune fem.me, tes paroles .~n~ ~l~s de
prestige dans une bou~he 4e trent~ ans que ·~de ~01xa_n te.
Mon étou,rderie méritait une leçon que vous _avez eu I-a
courtoisie de ne pas
donner. To;_1t a~ ,plus P~_,u :rais- je
invôquet le fai~ qu"'a notre tabf; l~~i servitude~ au com~a~aemént me forçaient -à. parler plus que vous ; les d1fferences 'd e nos points de vue,' ;,ous étiez .donc cetuî qui les
connaissait le miemç'.
r
· .
~ •,
Malgré la protestation que soufève en lui chacune I de
ces· phrases, Vernois resle tëfu~ié dans le sil~n. ~~ plus
rigoureu,x gardé-à- voµs; et M. de _Pontaubau1t s énerve
peu, sentant.que la guëti~e oû les subordonnés me.ttent
leur amour-propre 'à l'abri des offenses, k1:r four1:1~ du
même coup une retraite o\'i la persnasion ~ peut les
pôursuivre.
l . .
.
..1
•
'VôèlS savet, reprend-il, ·1e~ seQ.tlments que j°ai pou:
M'ln• Heuland,' sentiments ~lus part,iêu.lfers . q'!+~ ~~eux qm
me lient à mes autres nièces. El1é e~t pl1;1s ci1;:~' lpa filleule,
presque ma fille. Nous no.11s spmmes toujo_~ rs ·enteh~us à
demi-moi. Je retrouvais en elle, avoc plus de reheî et

ge

·me:

7~

'Un

LE Gi\.td.ARADE INFIDÈLE

..d'ampleur -qu'en ses ~urs, certaines. vertus -et certarns
défauts de notre famille. Son mariage n'avait pas compromis notri.t jptîn:üté, Je in·e pbtrvais exiger de son mari qu'il
!le Ht. pas N"4}o4 aupr-ès ti'elle ses prppres idées ; mais je lui
rends .igrâce de s'y être toJ.1iours pris -disorè~meot. S'il est
in.terv~u avec quelqne -ra.ideiui:: entre sa .femine et moi
c'est, cho~ paradoxal.e;, ~p.uis qu'il est disparu. Je préciserai ,:-surtout depuis six mois ..
.'·-:. ,Qsei;a,i.-je, dir V~roois, vous demander par quoi :.Se
marque plus procisément-êe que vous app$!-lez l'intcr~ention
d'Heuland?
- Si je vous réponds : par ·un es.pût de révolte, vous
risqqe2i d_
e voir ,el;l 0101 ce mau.ia~ué de l'autorité qu'on
imâgil'le en tout iniilitai_re ; -niais les ciroonlocutions -~e
fer-ai.~nt ,que reQ.dJe av,ec moiru; de uetteté le sens de ces
mots-là, Je fais fa part de la ,dou:leur, mws je suis t:hagriné
p~ 1'-wiertume. M"'• HeuJ.and n,se~t pas de ces fen;imes qui
formu.lent voJontiers t~µ~-s précyçq.1p.ations. U:ne phr.1Se
fortu,iœ, une iotidente lai~~ i~pinément apetce._voir le
.tra-vail q·u i s'est fait ~U: :.clle. ~ sqP.,t dtts éclats presque.$ans
voix ni regard, mais qui dé_npten,v !'inquiétude, le _mafoise,
,et -qui, nJe sèm ble+il. ·se, .,s{)p't ,. Il}Ultipliés· ces · derniers
œm-ps. .
_
Piqué par un mauv~is sourire que Vernois n'est pas
-atteraif /41._r~primer, le généra.l poursuit :
- . Ç; qui m'in:i.t~;, te n'est pas telle eu telle idée, mais
J;i p.1.}pif.estation. de kndances - tout à fait étrangères à la
v-tii~ nature de m&lt;!, nièce. D'entre .nous t-Q.us, elle est la
plus aristocrate, car elle l'est en profondeur. Elle est la plus
ra-cte. Jaµia.i.s elle n'avooera combien elle a. dû souffrir
au,près de c~ pa,uvf4 Jleij._-l,aQd, :el!~ q_ui n'a., pas le goût de
la fortune mais qui pousse jusqu'à, la préçiosité certaines
élégances du cœur. Nous ne l'&gt;a.v,&lt;&gt;I\S compris que ttop
tarJ. : elle était faite pour -êpmaser un hqmme de. ,même
éduçation qu'elle, d~ ll).êrtJe~ préjugé$~ , si le mot vous
paraît plus sincère ; un homme qui eût des hérédités plus

�700

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

fines, auxquelles ne supj&gt;léeot ni la bonne volonté ni l'intelligence.
Avec la morne volupté de la délivrance, Vernois laisse
descendre en lui ces paroles dont chacune le déchire ; mais
son silence commence d'inquiéter- M. de Pontaubault.
- Si j'ai souhaité cet entretien, ce n'était pas pour vous
dire tout ceci que vous aviez certainement deviné. Mais
puisque vous voulez bien montrer à ma nièce de l'amitié,
j'espérais en votre ;ide pour lui rendre uoe paix dont elle
a besoin. Ce ne sera pas la première foi!i que nous collaborerons.
Vernois se décide enfin;
- Mon général, je pense comme vous le faites que mes
quelques rencontres avec Mm• Heuland n'ont pas coo~ribu~
à son bonheur. Si \'"ous aviez tardé quelques sem:imes a
me demander cette explication, vous auriez constaté qu'elle
n'avait plus d'objet. Il était dans mon intention d'interrompre toutes visites et de ne jamais paraître dans la nouvelle maison ot'.1 Mm• Heuland s'établit. Je ne me trompe
certainement pas en pensant que c'est la manière la plus
dEcace dont je puisse vous aider.
Ce qui sommeille dans le !1obereau de méfiance pa~sanne
lui fait d'abord flairer un piège. Il cache assez bien sa
stupeur et commence par quelques protestations ; mais
Vernois refuse de se laisser payer par de faux semblants.
- Non, mon général, c'est la solution que vous n'avez:
pas voulu me demander, mais qui s'accorde le ~lus
parfaitement avec vos désirs. J'ajoute : avec les miens
aussi.
- Je reconnais là votre décision et votre droiture. C'est
ainsi qu'entre hommes les questions doivent se régler. Eh -~
bien soit je vous remercie.
n'tcnd 'une main que Vernois se donne l'air de ne pas
apercevoir. Ce ton lui rappelle trop la martiale tranquillité
avec laquelle, naguère, le général acceptait le sacrifice deses hommes.

LE CAMARADE l. FIDÈLE

701

- Auparavant, mon général, je voudrais pourtant renir
une prome·» e faite à Mme Heuland l'été dernier. Je dois la
mener sur le front.
- Je l'y ai conduite moi-même, dit M. de Pontaubault,
et je ne vois pas de profit à lui faire renouveler un aussi
pénible pélerinage.
- Je me suis trouvé mêlé de plus- près que vous, mon
général, au détail des événements. Je puis les lui faire
comprendre d'une manière plus vivante. fy tiens pour la
mémoire de son mari.
Les soupçons de M. de Pontaubault prennent brusqu ment corps:
- Ah ça, dit-il revêchement, quelle nouvelle révélation
lui ménagez-vous ?
Vernois blêmit :
- Je ne comprends pas, mon général.
- Il ne vous suffit donc pas de lui avoir fait connaître
les frasques conjugales de ce vaurien. Vous voulez encore,
à l'endroit où il est tombé ...
D'un bond Vernois est sur ses pieds :
- Vous parlez de mon amitié pour Mme Heuland et
vous me tenez pour capable ...
- Mon ami, les hommes les plus délicats ne le restent
pas toujours quand 1 s intérêts d'un senùment sont en
Jeu.
- Non, non I Dans ces conditions il n'y a rien de fait.
Celui qui cherche à liquider Heuland, ce n'est pas moi.
Non, permettez, mon général : un point doit être établi
tout d'abord, avant quoi toute parole est inutile. Ces
« frasques conjugales», est-ce elle qui vous en a parlé?
- P~u importe. Toujours est-ce par vos soins qu'elle
en a eu connaissance.
- Il importe si bien, que je refuse de m'effacer au cas
ou elle devrait garder de moi l'idée que vous exprimiez
tout à l'heure. Je veux bien être un sot, mais pas ce que
vous dites. Au reste, je ne sais pas pourquoi je me tour-

�LA NOUVELLE REVUE- l"B.A-NÇklSB

mente car les mots- quevotrs ~ploJez. sentent tetrib-le. ,
'
ment la lettre anonyrtle'.
, .J
,v •
.,
.J
En M. de Pontaubault le diplomate repirtl:lcl~lèl desln:ISl .-'-~- LI n'entraiit pas ·-~aM· mon ,espri.11 dt} ~us, t&gt;less~.
Noo l'auteur de la- déht.tfon a signé- sa leme, et volis ~ez:.,
bien' deviné qu'il ne pouvait s'agir que de; Mil• GaSshL ;
Tel est le S'0ulaguf1ètitl de Veroois quei t°.ut -!16n• visages'en éclaire, détente-~ue le gétltral mtt--aussitôt t }?rE1fü-:
, - Voyons, m_oi:i :ra~i, nou~ nàlfs- compr€-ndrMs"·sa:ns
beaucoup de phrases. Lts .caprices de -éel! imbé'dlt! a-ut:riént
gagné-à rester seci:etS:, miis slitl- dht .transpiré' c'est- •èrrct3re
un malheur dont on se relèvera. Il n'en va pas dè' mêœe
pou~ tes ·pétdbles. clrtoosrances que veus coannssé.t am~i
bien que moi...
: " '
· :
- J'ai toujours soutenu, mon général, que le-rectit:'dui.mt
lequel il est tomM .. .:, ·
·
:'
.
- ·Mon chèr Vetnois, ·né d1s1::ut0îfs! p~. ·Mtme• si:- le
uralhttm a tout fait, . U vaut mi,t1ax: .;1e, eacher q~nd il,_,
\, - , 1·•ea.uerru-s
! _ ,,l-:·
. ~ .. '
ressemble si cruellement à autre cuose.
Cf:uc,
sur! ·
ce point, la réputatiôll dé men œvell' nè- !fdit p~-'è\'l~mée.
Groy:ez-moi : tenGf'.ttet à c.ettè, v:isité- )du dilin::l'.p de
bataille.
· -' ·
Jt 1
' •
t.,
~~ Je .ne puis - pits.~fai' mûremétttl •rëft~chi àux termes
qu:e yettfploidtllfÎl, att ,d.1emirl -qne no'Us suivt-Ons:. w
•
•
- Mon ami, vous vous couperez. Trouvez quelq~
pn!œxtèl pour ~bantio?'11e.r ê~ preje~, l\'~U~s':,bte'à~ ~li, "."°'?s
nèltiïrnrgin@~.' J • • :J, ..
~,.,,.J .. °J •
• .,_ _
_
1
'Mai&gt;s -ph:ts ~
n, a ;c'.édlî jüsq_ufâ 1&gt;f~sen\l) pli!S _vemo1s . se'
rêvO'lte .d~nt d ltte &gt;éxigctncaèl -1 - •0 - 1 1. ., • _ ·., • • ':_ ·
~ s~ je ne .vaia ,~as: ;r~c:i él.te ~ltliëah&gt;ù ,s6;1' mà? ·e'9t
mort~ t~ 1:1'.e pui son.g~r ~ voo~·-~n'èP. ~~t1~n- :.sàr- ~:s _
autres points. C'est par_ ma faute qu·e, ~~s- ht so~v~
qu'.éll(!-gatde &lt;fe,lu~!; l'ku.l~n~a. su~it ~ 'tfne~ll-t'ct èt J -m:e
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J • ., 'J..

LE CAiMARAD.E INFIDÈLR

,

_; Non,.. man, généml, mais-- bien de lui ·ren:d-re sa1pl.a.ae
entre elle etmoi.
.:.,
Pendant quelques secondes, M; de Pontaubault ga:r.d le
si,k.n.ce 1 m~.au-œ.cnnfont·de , Vernais, .iLoe.sem:hfu pas
avoir compris _
,
, ,
,.,- .,.
~:- wmm.e vous. v.omhe~imopami. J.e ne prétendàfs q-1:1e
VQUS averfu-"'J&lt;;;œeri g;udë!.io;i moi.ps: V'lltt~; pnol'l!ltrSSC ,,'
- _E)b.;_paro.on, j-cl n,ài rien:pmmis.. Je..v(!lu.ç :ui&gt;. dit man
iniention.,, mais: je ne...-suis pas seul en cairse:
~ - Voyons, v:oyons, ne. vomd.âchez .pas.. Cette: collitbo~f,
ration dont nous avians f~it le. ·projet· et -quË'.devnir.repren:dre nos bonnes traditions des temps héroïques...
. , .. " .,
Cette füîS: Verm.M s:€1 rure iont.à fuit" IL :f.rutr,qu'iL sâtisfasse un besoin de vengeance. Pourtatrl"Ôest presqu~1isur
un to1tplaisant qu'il .tepàrtÎ11:::...
~ ,.)
- La •coH{llboortio.a du temps; de guerre· niètait qu'uh
nom flatteur" do~t on réco.mp-emait .DXlt.œ .obéissance-~ .. :~stnous qui emfaision.s taùs.-lés'-fpii5 .•Mais-ces..miradës' &amp;abnégation ne-se.. prd.duiront pas, deux fois. Le 11ressau~~t irus.é; ..
Si.pu: malhen:ôl vous.. fau.1ü errco:œ faire appel à; nous" jèri
grand'pe111i que wusr ne;, s:rchi.ez. :pas le rie.tendre. Je. v.aus,
pi:és~ m~.s.-œ.spects, mou gépér.al.
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soas Yh.erhe- foBe qui ne par.vïen: pas ;à. en a:b&lt;!1Hrde.iui::i:C'é:; ·
lefantônie duLClienùn, qu.f')se sont di&lt;qrùf:é, dem::rn1ontle.s
s'enfonce e ligire,&lt;lroite so.us.t:la.. broù&amp;5aillè ·de fil :de:fer,
et,. mcottt i.mpra-uicabl é allll' viv:nits,,. .st:llID]e
voie _Sblen~lle rGSetl.rte ·au p.iiuip½o :des. ombœ,sivl.ai .,rlrontée'., d ' 'la-,
cô.te a été 5-ile.ncieuk eti n_ppressée-. lb·Jie.ti: .Aat.oiaaerfui.., '
même,: dot1 t Jr.ous d.ë'nei QD tt désu:éla .prëseir.a; n~ pas .posé.
une-quesfimr. M~wl~q:ue,,atte'ignanrle _soœmew iR voifflr
s'ouvrir:autour d'el.llld}ünmèruœn ofüud:e, et,. ooiE aei dëfu:at.

w1

�704

,,.:

LA NOUVELLE REVÙE FRANÇAISE

soleil de mars, l'échelonnement à perte de vue des collines
en friche, la majesté, du lieu endort un instant l'angoisse
, de Clymène.
- Comme rherbe a poussé, murmure-t-elle. Il y a un
an, l'endroit était encore si terrible.
- Nous allons v~rs ce mamelon, là-bas, dit Vernois.
Nos lignes le coupaient par le milieu. Il s'agissait de les
pousser jusqu'au commencement de la déclivité, même
pas jmqu'à ce rocher que vous voyez- d'ici; deux cents
mètres à peine. Ah) que cela paraît maintenant peu de
chose! Prenons par ce sentier qu'on a taillé dans les
réseaux.
Elle le remercie d'un regard encore plein de la crainte
qu'elle n'osait avouer :
- Alors nous ne serons pas forcés de suivre la tranchée ?
Elle était déjà presque obstruée quand mon oncle m'y a
conduite ... Au retour nous nous sommes perdus ...
Ce qu'elle ne dit pas mais qu'il sait par M. de Pon!aubault, c'est que, dans un couloir, il a fallu franchir un
éboulement d'ou émergeaient deux chaussures, et qu'au
retour, voulant lui épargner de passer par le même endroit,
&lt;:'est à grand'peine que le général l'a ramenée jusqu'à
la route avant la chute du jour. Vernois la rassure: les
Jaunes ont minutieusement battu la zone de combat ;
&lt;l'ailleurs il a lui-même reconnu le chemin. Et marchant
le premier, signalant les obstacles, les mauvais pas, il s'en·
gage dans le maquis des piquets, des cerceaux et des
che..vaux de frise. Mais le souci que ses compagnons ne se
blessent dans les détours des chicanes ne le distrait pas de
l'évocation vers laquelle toui son esprit est tendu.
- Que de fois j'ai surpris Heuland à contempler cette
vallée, du seuil de .son gourbi, au coucher du soleil, ou le
matin. quand la rivière commençait à luire dans la brume.
Car il était sensible à la nature, plus qu'il ne le savait luimême. Devant le spectacle de cet horizon, il nous arrivait
&lt;l'oublier les ennuis ou l'insécurité du,secteur; et pourtant

LE CAMARADE INFIDÈLE

aucun de nous n'avait pu lever la tête assez haut par-dessus
les réseaux et les remblais de la crête pour apercevoir,
comme nous le faisons d'ici, les deux versants à la fois.
Nous ne savions pas que notre position avait tant de grandeur. Ce que nous en apercevions, toutes ces pentes et ces
replis du terrain, semblait aussi vide, aussi mort qu'aujourd'hui, à part les éclatements qui tout à coup jaillissaient du
sol, tantôt un seul, tantôt par quatre, ou qui couvraient
brusquement une zone entière. On aurait dit parfois que plus
rien ne vivait dans le pays, hormis ces végétations de
fumée, qui se dissolvaient au bout de quelques secondes.
Quant à l'immense population de soldats cachée dans -les
creutes et les terriers de notre versant, on ne l'aperce:vait
pas plus qu'on ne devine à présent la foule des morts qui
occupe la même place. Il n'y a de changé qu'un peu
d'herbe ... et le silence !
La croupe qui paraissait toute proche s'éloigne à mesure
qu'ils s'enfoncent dans les ronciers et que, coude après
coude, le sentier se referme derrière eux. Puis soudain,
lorsque Clymène se croit encore loin de l'endroit qu'elle
appréhende de revoir, Vernois s'arrête:
- C'est ici ·que. le front de la division commençait. La
souche dont il _reste quelques débris à notre gauche, était
dans ce temps-là un arbre visible de loin. La bdgade
d'Heuland devait passer entre cet arbre et le sommet de
l'épaulement. J'ai pu retrouver la tranchée de départ.
Venez par ici.
Il les emmène par un passage plus étroit encore et plus
tortueux, jusqu'à un boyau si comblé qu'un homme n'y
serait pas caché plus haut que la ceinture.
- C'est là qu'étaient massés les hommes. L'endroit,
depuis, a été pilonné et les Allemands ont renversé le sens
du parapet. On avait taillé des marches dans la terre. Et
à cinq heures moins dix, quand on commençait tout juste
à distinguer les · objets les plus proches, c'est_ d'ici qu'il a
entendu le terrible signal, le petit coup de sifilet ...
45

�_,/

LA NOUVBL-U 1ŒVUE FRANÇAISE

7u,o

.

Vernois n'a -pas compté avec cette ~ ~ e,caœssante, m
prévu .cmµbien des li-e-lilx ,aux contours .Sl effacés manque~aient de langage p:anr qui ne 'les :.a ipas connus d.ans le\lll:

.

état premier.
_ Le boyau que mous ,lJ.lons à ~u~lques, mèttes devao~
nous n'existait pas. sils .ont p.u cmmr 1:u-squ au réseau _ane
nd là où
Les premiers fils de ferJ .Ils iront trav~rsé
ma '
,
• •1s ~ t - au.té ra preroLète
sans beaucoup_ de pewe, puis n u= s

sont

tranchée.
. • 1 b
Vernois siàvanœ em.tte des cratèl'es creusés par es o.mbardements .p.os:térieurs. Mais dev.ant Je _visage de_ iClym~ne
il sent toutes les ,explications iintempest1ves. Il ·aioute simplement :
.
,
· d
- C'est ;uste à }~endroit où nous sommes qu un tir e
barraoe les.a ëcras.és.
Al~rs, comme un soldat touché, ,elle chance~l.e un ipe1:,
tombe à genoux. Paur respecter s~ reoue~emeJ1t, il
recule de .quelques pas, -violemment tué en _arnè11e par le
petit Antoine .dont les doigts tiennen.t les s~ens serrés. 11
· Cl ène prendre de la terre dans.ses mams, la soulever
vort . ym
• l 1·
comme si elle allait la -porter .à ses lèvres., puis a aisser
re tom bex. Et aussitôt.il sent Yenfani se mettre
. Là trembler,
. ,.
·
1
.r0 .-t Il veut le faire asseoir, .roa1s e pettt :ti~t
tirer p us ..1
d
œs yeux fermés et refuse _de .se tourner- du .coté e sa
1 "

•

•

•

mère.
·
.
_ Antoin.e,.mon bonhamme,Jui d:i:.t:doucemeut Ver_ne&gt;1s,
est-ce que tu n'oserais seulement pas rega:~er ce ctm1 de
terre o:ù ton père a bien eu le .c;onra-ge de, s,élanc~ .r~ec 1Ses
hommes au dev.ant des grenades et d un.e m1ttailJeuse
qu'on n'~vait pas pn détruire? Cé.tait pl~ ~ayan: de
fraru:bir ce petit espace que de traverser ~ Afnque ~ une
extrémité à l'autre.
.
Mais l'enfant reste . replié, les mains sur son ·visage.
Vernois pt.éfèrerait :une crise ·de dése_sp_oir où _le .cœur du
petit s'ouvrirait et recevrait un souverur indélébile.
- Je y.ais te dite •une chose que ,p resque 'Perso..nue .ne

LE CAMARADE INFIDÈIJE

707

sait~ il ne •faudra pas 'la répéter à ta mère, par.ce qu'elle en
serait trop bouleversée ... ·
Mais, toujours sans lâcher la main de son ami An toi-ne
relève· la .r:ête, regarde en .arriève et dit avec un ;entiment
d'horre,~ qui ne, peut laisser place à d'autres impressi0ns:
- Ja1 cru quelle voulait manger la terre ...
Et il .ajoute aussitôt:
- Si nous nous en "1llons, il fau'1ra bien q.u'elie
viesne.
A.-u bout d',-un moment, Cl,y mène se relève et demeure
tournée vers la barrière de collines qni . clôt .l'horiion -du
.côté du nord. Quand Vernois la rejoint et .rencontre ses
yeux, il n'y voit aucune trace de pleurs, mais un rega-rd
dur et perplexe. Avec lassitude elle soulève nm peu les bras
et dit, si bas qu'il l'entend .à peine:
- Je n'ai plus rien ...
Il se méprend et répond :
- ;Mon arnie, .il vpus a laissé trois beaux- enfants.
Mais elle secoue la rête, désigne vaguement l'espace
autour d'elle et murmure plus bas encore:
- Je ne fe vois plus.
Et très vite elle ajoute:
_:. Mon onale ne m~avait pas montré cet endroit..•
C'était un emplacement plus ,découvert.
- Nan, dit Vernois, èest bien ici qa'il est tom'bé.
- Je V-OUS cr.ois, mon ami, je ne doute pas
vous. ..

ae

Mais au coup d'œil hésitant qu'.elle ~ette alentour, .il
comprend que Faspect d'.1.m lieu tant soit peu différent a
brouillé les anciens souvenirs et que fümagination décue
ne sait plus sur quoi se poser. Soudain Clymène se baiss; et
ra.masse prévipitamment un ob}et qne dans .le creux de sa
main eUe chei.;che à dégager de la terr.e .adhérente. Ses
doigts se ferment comme sur un talisman.
- Qu'est-ce que vous avez 't rouvé?
- Un boutm1,- dit:-.elle sans rouvrir la. main.

�708

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Puis elle se- décide à le lui tendre, mais comprend aussitôt l'absurdité de son espoir.
- Ma pauvre amie, un bouton allemand ...
C'est trop pour elle que le surcroît de cette petite déconvenue. Elle a hâte de quitter ces fondrières désolées. Elle
remonte vers le premier sentier, mais avant de l'atteindre
se retourne encore une fois du côté de la vallée abrupte
où durant tant d'années, a commencé la terre interdite.
Ce' décor, du moins, avec ses pentes rousses et ses falaises,
est commun aux deux emplacements entre lesquels hésite
et se déforme fimage qu'elle poursuit vainement.
- C'est en regardant cela qu'il est mort, murmure-telle.
Par pitié Vernois s'abstient de répondre; mais, dans son
désarroi, elle a besoin de certitude :
- Faisait-il du soleil comme aujourd'hui?
- Du soleil... Non.
Aussitôt il comprend que toute imprécision lui est suspecte et que la vérité est moins dangereuse:
_
- Il faisait un léger brouillard qui a permis l'effet de
surprise ... Jamais Heuland n'a vu cette vallée ... que sur
les cartes.
Il reprend la tête de la petite colonne. Dans la charmante clarté, les questions d'Antoine se pressent, se bousculent, parmi des cris à demi-voix, poussés devant les
débris de toute sorte qui déjà ne trouvent plus de place
dans ses poches. Qui sait les épouvantes que l'enfant a
craintes et qu'il sent COl)jurées ! Etourdi par la réaction, il
n'est plus qu'ardeur et confiance. 11 insinue:
- Est-ce qne les Annamites ont aussi ramassé les
casques?
Après tout, la m_é moire d'une chasse heureuse peut aider
à défendre de l'oubli l'émotion de cette journée, et Vernois
se tourne vers Clymène :
- Si vous vous reposiez un mome11t. Nous entrerons
dans les réseaux pour tâcher de trouver un casque.

lE CAMARADE INFIDÈLE

Il tire de sa poche une cisaille et se dégante, ce qui
laisse voir la peau déchirée de ses mains.
- Vous vous êtes blessé I s'écrie-t-elle.
- Ce n'est rien.
Et pour côuper court, il remet ses gants. Mais elle
insiste:
- Qu'avez-vous donc fait?
- Il y a huit jours, je suis venu frayer le dernier passage que nous avons suivi .
.Elle dit, les larines aux yeux :
- Vous avez pris cette peine!. .. et vous allez encore
vous mettre en sang.
- Il ne s'agit pas de moi, répond-il avec impatience;
et ce n'est pas un lieu où s'apitoyer sur des égratignures ...
Allons, mon gars, grimpe sur mon dos, ou tes mollets
resteront dans le barbelé.
La recherche dure plus longtemps qu'il n'avait prévu.
EH~ est récompensée, à défaut du casque, par une ample
mmsson de cartouches, de fusées et de bidons. Un instant
ils croient s'être égarés, car sur le sentier ils ne retrouvent
pas Clymène. La voici pourtant qui revient; ce ne peut
être que du champ d'entonnoirs où elle est retournée, mue
par quelle attente ou quel repentir? Elle matche les yeux à
terre, la robe déchirée, tenant un petit bouquet de fleurs
jaunes déjà pendant et flétri. C'est à peine si elle sourit à
la joie d'Antoine, et pressant le pas pour passer devant,
elle ne prononce pas un mot jusqu'à la route.
Ce point ou la chaussée fait dos d'âne et coupe le chemin
de crête, c'est là, Vernois le comprend bien, que sa
mission s'achève et qu'il devrait dire à Clymène : « La
voit~re vous ~ttend au bas de la côte; vous n'avez plus
~esom de m01. Descendez sans vous retourner, et quànd
!e ~ous _aurai vue disparaître au premier coude, je m'en
t:at m01-même par l'autre versant.» La voici qui pose le
pied sur la route, qui s'arrête pour reprendre souffie,
échappée au cauchemar des nappes de fil de fer; elle

�710

0:-

LA NOUVELLE R,EVUE l'î.l\.NÇAISE

semble lui donner juste le temps d'.engager la phrase, à
l'endroit qu'il faut . Mai&amp; comme une goutte tombée
au point précis où les eaux se partagent et dont un grain
de sable décidera l'hésitation, la phra:',e reste suspendue
entre deux pentes . .Si Clymèpe n'avait ce mouvement
· de têt'e qui semble un commencement de départ, si elle ne
laissait pas tomber ses fleurs fanées,, ·sans duute pu&amp;rait-il.
Mais déjà.c'est trop tard. Pour la pretnière-fois il la prend
par le bras ; il sent sur sa manche ce coude et dans sa ma in
ce poignet qui s'appuient. 11 faudra pourtant bien qu;avant
l,a fin de la descente clarté soit fa1te enue. eu~.
- Mon amie, commence-t-il, yous ne me- vernez pas
.avan·li longtemps~
- Pourquoi ? demande-t---elle ingénument.
- Mon travail ue va. plus me permettre. d'abS&amp;nc.es.
Elle dit avec la soumission de la' fatigrte-~
- Je vous ai déjà-coûté beaucoup trop de temps. Mais
g.u and ce serait dans deux ou tr.ois. mois, dires quand
vous reviendrez~
- Je ne sais pas encore.
Alors elle s'alarme :
- Ne me. fuites pas pe.ur !. .. Dites m.oii bierr e.x.octem~
sans rien de plus ni rien de moins•. . Je ne puis me méiie:r
de tout le 'mon.de ... . et de '-lous encore !
- Vous êtes entourée de meilleurs conseils que 1-es
µriens. Je ne suis que trop intervenu dans votre vi:e.
Elle riposte avec âpreté-:
__,.., Je ne suis entourée que-d!êttes qui.me dtttesteo.t r
Il croit avdir mal enteodui:
_,_ Votre ondedésirerait, ..
M© ll oucle ni mes sœurs- ne désirent mon bien, m a1 s
seulement que j-e fasse leur volontfr.
Les barrières de sa fierté cèdent à la: la.ssil!ude ; elle poursuit:
,
- Si je i.--egard-e \le11s le passé, aussitôt il:s s'efforcent de
le ternir ... Et si je regarde ailleurs .. ·ils, ont .encore pem

LE CAMARADE" INFIDÈLE

,que·je ne leur t-:FiapP,e ... Vous seul ne m'avez pas trompée ...
Il murmure entre. ses dents : ·
- Qu'en savez-vous ?
De ln tête.ellè fait signe qu'elle sait b.ien que non;._ et à
bout de force, elle répète ce geste comme pour empêcher
que Vernois n'insiste. Mais à l'entrée du village en ruines,
où déjà la Yoiture est eœ vu.e, elle reprend, très bà:S :
- Croyez-vous que vos pauvres ruses n'étaient pas
transparentes ..~ Ce n'est pas votre faute ... si mon mari...

Il dit:
- Je ne vous ai conduite lei que pour vous Cbntraindre
à lui, pardonner.
Alors elle fe regarde bien droit et ditav&lt;ec déso~tion:
- Comment ne voyez-vous pas ... que cela m!est devenu
faèile ?
Elle étouffe un sanglot, très vite, car Antoine se .rapproche. Et tandis que l:e petit saute au mu de Vernois, elle
fuit vers la voiture.
·
1J
&lt;

J

~

•

V

Ne.tilt-ce que par ruririecpour M. de Po:n.tau.bau.lt ;. ne fûtce-que pour aémontrer à Th0mas la rutïveté de s~s, &lt;mnseils •
ne fût-ce que par cynisme et par· d.érl:sion. de lui ·m:&amp;me '
Vernç&gt;is est.revenu dès la semaine suivante~ et dans le
d'crne cour tranquille, il est satisfait de soo.ner à hi. porte
de cette maison où il s 1ét-ait promis de ne- jamais pénétrer.
Clymène lit près d'une fenêtlla; elle n:e renrend pas
entrer.
- C'est moi, dit-il; j'ai. voulu vous montrer. ce que
valent mes résolutions.
.
Elle. ne s'écrie pas. Ou dirait que la présence de ,Vernois
ne la force qu'à peine à changer de pens~
- J'avais tellement èspéré, diL-ellc ..•
Il lui baise les deux mains 1 mre après' l'autre.

fond

�712

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

_ Je viens en homme raisonnab~e qui ;ous _deman ~_e
pardon de tout ce qu'il a fait ou dit depms le iour qu 11
vous a vue ...
Elle voudrait l'arrêter, mais il lui baise encore les
1

mains.
.
_ Pauvre amie, avons-nous assez quintessencié ~t
coupé des cheveux en quatre. C'est votre.. faut~ aussi:
Pourquoi me braviez-vous avec votre hér01s_me . li faut
croire que c'est bien français ce goût des acrostiches de se~timents. Si nos voisins en font des gorges chaudes, 11~
n'ont pas tort. Mais il y a, Dieu r:::erci, notre bon sens, qm
finit toujours par avoir raison. Alors c'est entendu, n estce pas? Désormais nous serons sincères.
Elle essaie de dégager ses mains :
_ Je le veux bien, dit-elle d'une voix qui tremble un
peu.
.
1 fi
_ C'est-à-dire que jamais nous ne Jouerons :u P. us n
-l'un ave~ l'autre. Il faudra terriblement changer d hab1tudes.
Enfin nous nous y efforcerons, si vous voulez.
Comme il lui a rendu la liberté de ses mouvements, elle
reprend de la hardiesse :
. .
.
_ On croirait que nous d1ss1mulons des sentiments
bien honteux... C'est entendu : nous essaierons. Mais
d'abord dites-moi que cette pièce est joliment aménagée.
Il en fait le tour avec des remarques· sur les meubles. ~ls
discutent une couleur, heureux tous deux de ce réf1t.
Arrivé près de la table, il prend le livre qu'elle y a laissé
grand ouvert :
- Que diable lisiez-vous?
Il regarde le titre.
_ Comment, vous si vraie, pouvez-vous trouver du
plaisir à une pareille sottise ?
- Peut-être parce que je suis sotte. Mais ce roman estil plus absurde qu'un autre ?
- Essayez de me raconter ce qui s'y passe.
- Non, c'est trop ridicule.

LE t:AMARADE INFIDÈLE

713

-:-. Vous voyez bien. Il y a naturellement qu~lqu'un
qut aime éperdument, dont c'est la grande, l'unique affaire.
Comme si réellement l'amour tenait dans la vie un rang si
éminent. C'est pour s'aveugler sur la laideur de l'amour
qu'on lit des romans.
- Mon ami, dit-elle agacée, laissez l'amour, puisque
-nous ne sommes amoureux ni l'un ni l'autre.
- Voilà déjà que vous manquez à nos conventions.
- C'est un peu fort !. ..
---:- Nous ne sommes pas épris, je le veux bien, mais nous
sommes un homme et une femme qui courent grand danger de s'émouvoir ... ·
Il observe qu'elle pâlit.
- •··. comme cet -accident peut arriver à n'importe qui.
Alors mieux vaut, ensemble, étudier la nature de la menace.
Mettons-nous sur ce canapé et causons en amis à qui les
mots ne font pas peur.
- Il ne faut jamais contrarier, dit-elle ni les ivrognes
ni les fous. Alors ?
'
- Eh bien, je pense qu'il existe deux sentiments hon•
nêtes, nettement définis, et qui n'essaient pas de se donner
pour ce qu'ils ne sont point, dont l'un est le désir ·l'autre
l'amitié. Le premier est compris partout, mais l'h;pocrisie
v:ut_q~~on le_ déclare grossier. Le second jouit de la cons1dérat10n umverselle, mais presque personne ne s'y intéresi;e. Toute l'attention, tout le bavardage, toute la littérature, toute l'éducation sont tournés vers le mélange des deux
qui, comme tant de métis, a de la séduction et les vices
superposés de ses deux parents.
- Je vous écoute.
- Or cet amour qui a tout usurpé, qui s'est fait recon'"
naître ~n c~ractère quasi sacré, devant lequel on veut que
to~t p!1e, c est de tous nos sentiments le plus louche, celui
qui fait commettre le plus de vilenies.
Elle tâche de lui tenir tête :
- Ce que vous dites n'est pas très neuf.

�LA NOUVEJ;.LF.: :REVUE.' FRA'.l'IIÇAIBE

- · Raison de. plus, pour que ce soit vrai. Voici- par
exemplti un homm.e, qui finrrodnit auprès d1une. jeune
femme sous pnétexte d?e~alter ht mémoire de .s0n œarb...•.

Déj-à ell.e
-

es!. debout :
Parlez de l'amour tant que vous· ~ndnez, mais,!$

de. nous.
Il la rattrape par le poignet et la aontraint à se r.assooh:.
-Admettons que cet homme n•a:it: été poussé que par
l'indignation devant la facilité avec lae:ruelle on élimine les
disparus. Son cas n'en stira que plus sigaificatif. Or que
füit-il ? Pa:r ses habiletés et ses maladresses, il n'aboutit
qu'à désagréger peu à peu le souvenir de son camarade: ..
- Si quelque c~ose, s'écrie-t-elle, €datait aux yeux,
c"'est votre l,onne foi I
- Il n'y a que la bonne foi pour réussir de si crélî:ca:tes
perfidies. Car le zèle qu'il apportait à fai.re l'él'oge de ce
pauvre garçon l'amenait, par un subtil détour, à se mettre
lui'.-même en valeur, à suggêrer d'es cotnparaison's.
Elle est à bout de patience :
- Sï c'était pour me dire cela, il v-alait mieux ne p,as
venir.! Allez-vous-en\
- Si je m'en vais à cette heure, ie n'aurai même plus,
pour excuser une autre visite, le faible argument d'aujou_rd'hui. C'est maintenant ou jamais qu'il faut arriver à voir
clair.
Elle le supplie :
., - Il vaut miei,u- pas!.. ..
- Je croyais que mon. frère vous avah cor;i,vaincue.
Nous prendrons les questions rune aptèS: l'autre.
Alors elle s'écrie:.
- Pourquoi, me tourmentez-vous ai.,n:si ~ Vous êœs-a~S'ez
perspicace. pour _mener t0ut seul, \lOtre affreuse enquête.
S'il y a quelque chose à découvrir, v:ous le savez d'epuis
longtemps. Pourquoi me for~er à wus dire ce que je. ne
veux pas?

LE CANU.RA;DE, INFIDÈLE"

F5

Pendant le silence qui suit, ils ne. font un: n.muvem.ent
ni l'un ni h'autre.
·
- Vous voyez bie:m., ma pauv.1:e.. amie,. re.prend.-it dou,'.
cernent, q.ue nous sommes, tousJes&lt;lwx pins. atteints.qu'il
ne paraissait d'.aibor.d
.,
ll ajoute a"ec ulifficulté:"
- Et nous _ne pou.;70ns plus feindre de cro.itG!.~. 9.ue c-e
quJJ ~ous ra.pproche c est vrai1nent la. pe.rn:sée d'Heufand ...
Je sais bien quiiLestr.ridi:cule de parler à un.e. femLllle comme
ie 1~ fais ... Il ~st même pennisi de tnD.uver que e.'est'. un peu
go.upt. •. Mon f:nère préteJiJrl qu'il riy a plus che-x MUS
9-ue de la hr~v.:ade. •. et que le. rnofrrdre sentiment natf,
~Qntan.é, serait plus 1onmhe que no·s µoints: d'honnelilr..Elle murmnœ :
,
·
-:- Votre frère a été très-b:on-. Je l'ai. vu plusiJmrs fois.
Ilrm ai donné- Je COliLrage de liegarder en m0i-même~.
- C'est tout ce qu'il s'agit de faire. Ce&gt; qu1érait Heu.la:nd
dans ~a réalité, la question n'est! pas lit: (}m. reste,, nous
~edev1en~rons plus sensibles à S;1( j~Ul'Iesse, àrncrn b(i);ll.c cœur,
· ~ s~n désmtére:sement, lorsque, nous, ferons a.vec simplicité
1ave.u d_e ses . msu~sances.) L important, c'est de ne. pas
nous _meprendre sur c.e,que. nous a~ons éprouvé po:u:r Iui.
Vamcue d'avanc~ par .tant de méthode, elle semble
a:tendre un arrêt. Vernois porte la mam à. la p.ache inréneure de so_n veston, y palpe une elll,vel@pµ-œ.:.
- Je dois vous avouer d'abo.rd. nrrahus de a.onfiance.'
Avec les effets de votre mari, v@us avez reçu toutes &lt;!elles
de vos lettres qui se trouvaient daaas .som Tuagao.ft•,
toUles '
b')
sauf une que vo ilà.
Au bout d~ ses doigts, l'enveloppe. bla:n~he vaci:llemn pen.
- 11 fallait sawoin à qui i;etou.rner_ces fuwes: c'est mon
excuse pour avoir ouvert celle q,ue· je tïell$.. Je nlen .ui
guère pou: l'avoir lue jusqu'a~ bout;: j'en: a:i mo.itISdi!ncore
pour l av01r gardée. Et quand je dis que l'iutirêt d'Hœu-la-nd
a été ,le ~remi:r. n1,-obile de mon iaterventioi:r, cela. n::es:tr ,pas
tolU a fa1t vrai ; le tout premier c'est cette lettre.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Je ne comprends pas...
,
.
- Une femme dont la tendresse trouvait pour s expnmer des mots si simples, si touchants, la savoir menacée
d'une révélation brutale et s'en tourmenter : c'était peutêtre romanesque. Votre prénom l'est bien un peu, et je me
souvenais d'une photographie où l'on ne distingue que
votre profil... Assurément je ne songeais pas tous les jours
à cette petite armoire où votre mari cachait sa correspondance, car quel espoir avais-je de pouvoir me m?,n_trer
utile? Mais je ne l'oubliais pas; et lorsque, cet été, J at pu
prendi:.e inopinément quinze jour~de repos, cett,~ idée m'a
conduit sur votre plage ... Il faut vous figurer l ignorance
où presque tous les homm'es sont d'une femme vér_itable.
Cette lettre de vous, que j'ayais surprise, représentait pour
moi ce que l'amour peut avoir de plus fidèle et de plus
charmant. Et c'est justement pour cela qu'il faut qu'aujourd'hui vous la relisiez.
Elle le regarde avec effroi :
- Comment pouvez-vous demander? ...
- Il le faut. C'est le seul témoin que nous ayons du

.
.
Traquée, elle réplique avec 1,1ne hardiesse balbutia~te: .
- D'abord qui vous assure que chaque mot ... était écnt

~~

comme il aurait dû ...
Il n'a pas l'air de comprendre.
- Que jamais je n'essayais, malgré m01 ... de tromper
un immense besoin d'admiration ...
Et comme il reste muet :
- Ah que vous êtes cruel! Je ne puis pourtant pas
m'humilier davantage ...
- Si ce jour-là vous n'étiez pas sincère, murmure-t-il,
désespérons de l'être jamais...
·
Il retrouve cependant ce qu'il faut dire:
.
- Nous avons toujours soutenu que le courage ... était
inconcevable sans un peu d'aveuglement ... Ne croyez pas
que vous veniez de faire une horrible découverte et que le

LE CAMARADE INFIDÈLE

passé en soit ·compromis ... Vous ne consentez pas à relire
cette lettre ? Je n'ai même pas besoin d'ouvrir l'enveloppe.
Ecoutez : c&lt; Encore une journée passée sans toi, ni triste
ni gaie... »
- Non, non, non !
Elle se jette en avant et tâche de lui fermer la bouche.
Il se tait, ?ose, l'env~loppe sur la table. Mais il a de plus en
plus de peme a dommer son raisonnement.
- ~videmment, ce n'est pas notre faute ... si la guerre a
répart.1 la mort au hasard ... et c'est se moquer que de rien
prétendre compenser avec notre petite justice ... On ne sait
pas pourquoi, lorsque tous ont repris leurs commodités ...
no~s seuls nous resterions guindés dans le sublime ...
9u un, ancien sold~t s'éprenne de la veuve d'un disparu,
c est d un ordre meilleur que s'il épousait une fille et elle
un enrichi ... Mais que nous deux précisément ...
. Leurs regards n'osent s'appuyer l'un à l'autre ; ils parviennent pourtant à ne pas s'éviter.
:- J'ai dit que personne n'a respect de l'amitié. C'est
m~me ?our l'amour une gloire de plus quand on peut la
lm s~cnfier ... Que voulez-vous ?... J'ai toujours autrement
sent~··· No·n que mon amitié pour Heuland ait parfaitement
ménté ce nom ; mais les événements suppléaient à ses
manque_s·:·. Croyez-moi : depuis huit _jours'j'ai pesé toutes
les ~oss1b1lités, même cette idée folle que vous pourriez
hab1ter ma maison, si étriquée, si ouvrihe, si resserrée
entre la ro~;e et !a _montagne ... Les obstacles, je vous
assure que J en fa1sa1s bon marché, la consternation de
votre famille, et le scandale, et jusqu'à ma crainte de vous
décevoir. Mais il restait un point sur lequel je n'étais pas
fi:r de
triomphe ... Quel malheur que nous ayons.
de buté s1 bien!. .. Il est malaisé d'oublier cela ... Nous
av?ns notre orgueil t_ous les deux, mon amie, et le go-ût de
lm donner e~ nournture· ce qui nous tient le plus à cœur.
~e très 1~m, avec peine, elle ramène sur son visage un
pémble sounre :

1:10~

�LA NOUVEI..LiE REVUE FRA ÇAISB

-

Hélas, oui, nous sommes orgueilleux.•.
Il sent qu'il ne faudra pas grands coups de cravache pour
qne, l'un et l'autre, ils reprennent le dessus.
- Je réunis parfois mes apprentis, le dimanche soir, et
je leur fais une lecture. Eh I bien, l'autre jour, pour mieux
imaginer votre présence, j'ai voulu voir l'action qu'aurait
sm eux .•. vous devinez quoi ... une de vo tragédies ...
Elle l'interrompt avec un premier retour de crânerie :
- Comme vous deviez la lire à contre·sens I Car malgré tour, mon pauvre ami, vous êtes un peu trop raisonnable.
- Si je l'étais vraiment, je prendrais ma part de butin,
sans m'occuper d'autre chose. Je permettrais qu'on rie
de ce champion de l'amitié, qui pour mieux servir les
intérêts d'un camarade l'a supplanté à son foyer. Tant pis
si mon exemple servait à prouver que tout homme peut
être réduit par l'amour comme tout peut s'acheter pour de
l'argent. Et si l'on s'étonne que cette veuve assez jalouse
de son cb:1i:,rrrin ...
Il savait qu'elle répondrait bien au défi.
- Je n'ai pas encore besoin, dit-elle, que Yous me
défendiez.
- Si l'on s'étonne qu'elle se soit consolée pnr un bonheur sans beaucoup de gloire. ..
Elle lui coupe la pard!e:
- Décidément vous avez l'imagination pathétique. Je
crois que vous vous êtes un peu vite alarmé.
L'ironie les rafraîchit comme de l'eau sur le visage.
- Les scrupules e:«:essifs sont dans les règles du jen,
chère amie; 011 ne saurait tre trop pointilleux. Quand
vous verrez le général, dites-iui que je uis venu Yous
faire mes adieux; mais pour que sa joie ne soit pas trop
humiliante, ajoutez que nous nous sommes séparés en
plaisantant.
os adieux ? s'écrie-t-elle.
- Pour aujourd'hui nous aurions de la peine à nous

LE CAMARADE INFIDiLE

7'1 9
entretenir de choses indifférentes; et la :prouesse dont nous
venons de nous donner le plaisir, nous ne la renouvellerions pas tous les dimanches 1
Elle dit bouleversée :
fais je ne pws me passer de votre amitié !
-. Non, non ! Vous ne me forcerez pas à discuter. Je
ne fa1s pas vœn de ne jamais pJus vous revoir. Dans six
mois, un an, il se peut que je vous apporte des fleurs
ou _des fruits confits. J'obéirai, cda va sans dire, au
momdre ap~el de vo;tre pan, mais tâchez que ce ne soit pas
tout de smte. Maintenant ..dites-moi oû se trouve la
chambre d'Antoine.
Elle balbutie:
e me laissez pas seule!
- Mon amie, je ne ,·ous reconnais pas. 1ous nous
devons de la tenue et même une fa.ç-on d'allégresse. e
répondez qu'à la question que je vous pose : où se trouve
le petit?
-

- Puisque vous l'exigez ... ie vais vous y conduire.
Dans sa terreur d'une sc ne attendrissante, il réplique
durement:
Je vem y aller seul. Où est-ce ?
Mais elle court à la porte et l'ouvre:
- Antoine ! Antoine !
- Je ne veux pas. Devant vous je ne saurais pas comment lui pacler.
-

Elle continue d'appeler :
- Antoine! Mon petit! Vite! Vite!
11 faut que l'acrcent de la voix lui ait paru bien inaccoutumé pour que l'enfant obéisse avec tant de promptitude. On l'entend qui glisse le long de la rampe, en reprenant élan à chaque palier. Vernois murmure:
- Qu'est-ce que vous avez fait, mon amie!..,
, Antoine s'arrête sur la dernière .marche, intimidé par
1aspect des adulte~. Le plus sûr serait de lui dire adieu,
comme chaque dimanche, sans rien lui laisser deviner.

�720

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
LE CAMARADE INFIDÈLE

"

.

.,

Mais cela, Vernois n'en a pas le courage. Du moins veut-il
être ferme et bref:
,.
- Mon petit, ta mère t'a fait descendre parce qu il f~ut
que je te dise adieu. Je ne pourrai revenir ni la semame
.
ni le mois prochain ' . ni .peut-être avant très
proc h ame,
.
longtemps ... Même s'il arrive ~ue J~ma1s ,tu n~ ~e rev01es,
il ne faudra pas croire que jet oublie ... J aurais ?1en v~ulu
rester toujours près de toi, mais voilà que c'est 1m?oss1~le.
Un sourire gêné paraît sur le visage du peut. C est
comme si les mots ne l'atteignaient pas,. au fond des
fraîches ténèbres où vit l'enfance. Vernois ne peut se
résoudre à partir sans avoir obtenu ne fût-ce qu'un regard
affectueux :
.
.
Si jamais tu as de la peine, ou des ennuis, ou s1m:
plement s'il te manque un camarad~, à ~ui ~aconter ce qui
t'intéresse, rappelle-toi quetu n'as qua m écnr:. Je te répondrai tout de suite ... Et maintenant, comme il n_e faut pas
. manque mon train , serrons-nous. la marn
que 1e
h . brave· d
ment. Et n'oµblie pas ton vieil ami qm a du c agnn e
s'en aller.
.
Les dojgts du petit se laissent prendre ~istra1te~ent:_On
dirait qu'à la seule annonce de la sép~ration, son u:1aomation s'est résignée et déjà regarde ailleurs. Vernois c~mprend que cette docilité du cœur fait la grâce d_e cet ag~,
mais il en éprouve un cruel pincement. Du moms peut-~l
sans danger prendre dans ses mains la tête de l'enfant; il
l'embrasse :
_ Adieu, mon bien cher petit.
Mais l'imprudence est faite. Les bras se sont noué~ au;our
de son cou. I1 sent qu'il ne s'en libérera qu'au pnx dune
violence déchirante :
. .
- Allons, lâche-moi. Ne me serre pas ams1.
L'enfant crie à sa mère :
- Fermez la porte à clef! Fermez pendant que je le

~Ml

-

Mais quand il voit que, réfugiée dans une embrasure,

721

elle ne bouge pas, le désespoir efface en lui le sentiment
de sa faiblesse. Il se met à lutter comme avec un éaa1 · il
b
,
se pend aux vêtements de Vernois; il le tient par un bras
et, de toute sa force, y enfonce ses ongles. Ilue sait pas ce qui
arrive, mais les mains de l'homme sont molles; sous
l'attaque sa masse chancelle et, une seconde après, tous
deux se trouvent assis sur l'escalier. Sans lâcher prise, avec
de la colère et des larmes, Antoine essaie encore une fois
de trouver de l'aide :
- Mais, Maman, ne le laissez pas partir!
Elle balbutie :
-

Mon pauvre petit, c'est lui qui veut s'en aller.
Pourquoi ? Mais pourquoi donc ?

Vernois tâche de se cramponner à quelque débris de sa
résolution:
- Ne tremble pas ainsi, mon petit ... Je t'aime beaucoup
plus que tu ne peux l'imaginer ... Il faut croire ce que je te
dis. Si je m'en vais, c'est que je ne puis pas faire autrement.
Mais dans le rêve où il se débat, Antoine vient de conn&lt;1ître l'ivresse extraordinaire de faire ployer des volontés •
il poursuit à mots entrecoupés et impérieux:
'
- Vous ne pourrez pas vous sauver. .. D'abord ça ne
vous serviraît à rieJ?,-... Nous serons à la gare aussi vite que
vous et nous monterons dans votre train ...
Ramené contre la poitrine de Vernois, la joue écrasée
contre sa chaîne de montre et les boutons de son gilet, il
entend les coups sourds du cœur de l'homme et, très loip
la voix faible de Clymène :
'
- Mon chéri, laisse-le ... Il n'aura pas pitié de toi ...
~fais cette voix est couverte par une autre, plus forte~
qui murmure près de son oreille, avec une sorte de rire
à la fois terrible et rassurant :
- Tu me tiens, mais c'est moi qui refuse maintenant
de te lâcher. Je t'emporte aveè moi. Tu veux bien, dis? Ta
mère a deux garçons, ça lui suffit. Dis, tu veux bien ?
Passant un bras sous les jambes de l'enfant, il va le ·sou46

�'722

LE CAMARADE INFIDÈLE

LA NOUVEI,.LE REVUE FRANÇAISE

-

lever, m~is Clymène -est .iccourue, A genoux.auprès-de -.son
elle 1le .:ouvre de 1baisers:
- ' Ne troispas-ce-qu!ll te dit. ·~!il t'aimait Vérit;rbletnent,
;i l sait ·oien qu'il, pourrait te revoir ici ... :J'aurais soin qu'.il
'ne me rencontre pas, ·puisqu'il ne :peut plus soufüir.m-a
•présenee ...
Ven1ois veut la for.cet à s·e' t-aire :
- Ne jouons pasœtte,:iffreuse coni~die.
- Que faisons-nous d'autre depuis .trois mois~? Mais il
vous fallait ce coùp de théâtre ·et volis avez . eu le sang-

- Vous ne vo.u1ez pourtant
.
parce que j'aurai cra1"nt d - . . pas que •Je reste, dit-il,
.
e sortir nu-tête &gt;
- Si vous promettez de venir di
1· ....
.
mence Antoine...
manc 1e procham, corn-

froid ...

Mais Clymène lm met l
.
prend qu'il faut être di~c a mam sur la 'bouche. Il com-

Il étaft lâéhe et fou de venir. Je .ne me le ,pardonne
pas. Mais le sang-frnid,ihélas !.. . 1Dix fois .en ull4Jheure--j'ai
-

b::r!~,

out rémis en question.
- Pour augmenter l'honneur de votre victoire, .:ar 'lors-

'que votre amour-propreiest en jeu .•.
Il riposte ave-e e0lè~e :
• - L'amom-propre d'un homme échoué ;sur le bas de
·votre esGal~r ! ··
- 1\lors-que 'direz-!;\ 'bùs -de moi.qui -suis à,vos.genoux·?
- Mais, mên amie, •si je prenais au. sérieùx ce que vous
ëlisiez tout à l'bcmte ...
La parole 1ui esu:oupée par Antoine. ·Ils ne seront pas
aperçus que le petit; se coulan1-à .terre, .s'est échappé de
·leurs bras. )Il vieh.tse rasseoii:, enfa:çat1t sa mère..:
-- Maman, ,n'ayé-z --donc pas peur ... M~lintena:nt il ne
peut plus partir,
- Chéri, tu ne le connais pas ...
Malgré une-larme qui n'a pas enco('.e séché sut sa j,oue,
fenfant la rega.rtle ttvec assu'mnce et malice. iEU·e ne peut
s'empêcher dij s'éGriér :
- Pourq,uoi dis-tu cela ?. .. Qdest-ce qui :te 1:e fait

- Vernois deman'de:

.;
·1

7 3

Antoine se retourne avec rancune :
- Vous pourrez le chercher longtemps.
- Voyons, mon petit, rends-le~moi
Un tel ordre ne demande as à êt. .b .
.
parfaitement. D'ailleurs V p . ,. re_ 0 éi, le petit le sent
tiraille un de ses gants.
erno1s n ms1ste _pas. Il froisse et

'fils,

. ?
cr01re
....
Le petit ménage -son -effet ·~
- Où estJson chapeau-? -dit-il enfin:

2

Où l'as-tu mis?

•

coup. Vernois garde le fr~~~
tout deman~er d'un
ne fait pas mine de se le
C .
,~ne g~sse q~e, mais
. d
v_er. omme sils cra,o-na'knt
1
mom re mouvement d ·é 11 1
"
' par e
mère et l'e f.
/ e t ver er a volonté mauvaise la
n ant retiennent leur souffle L
,_ ·,
,sur les marches A
.
·· · e gant tombe
'
. ntome avance prudemment la m . , ,
..sen enware ... Vernois ne bouge .tou1·ou.r s pas...
ain,~-t .~, •

J

_( Copyright by Librairie Gallimard)

J

JEAN SCHLUMBEROER

.J

�RÉFLEXIONS SUR LA LITŒRATUR.E

REFLEXIONS SUR
LA LITTERATURE

LA CRITIQUE DU MIDI
J'écris ce mot à propos de deux livres de critique fort remarquables, les Œuvres dans les Hommes, de M. Léon Daudet, et
les Mam1ais Maitres, de M. Jean Carrère. Et je vous supplie de
croire (sans espérer absolument vous convaincre) que je n'y
mets pas la moindre ironie. Il y a un soleil du Midi, un langage
du Midi, une poésie du Midi, une politique du Midi. Pourquoi
n'y aurait-il pas une critique du Midi ? La France est une synthèse du Nord et du Midi ; elle porte sur le ord et le Midi
comme un homme sur ses deux jambes. Et il faut éviter deux
excès également condamnables : l'excès du Parisien ou de
l'homme de l'Est qui parle du Méridional comme d'un Français
inférieur ; l'excès du Méridional, qu'excusent les mauvaises
plaisanteries du premier, et qui consiste à affirmer son point de
vue comme une émanation de la pure raison et de la France
éternelle, à s'indigner de tout ce que l'observateur y découvre
de local et de partial, c'est-à-dire de vivant .
Rien de plus conventionnel, d'ailleurs, que la fausse image de
l'esprit méridional qui circule dans l'atmosphère littéraire de
Paris, et qui tiendrait à peu près dans cette définition : j'appelle
Midi tout ce qui n'est pas sérieux. A une plaisanterie de ce
genre M. Maurras, justement en colère, opposait les noms de
Gassendi, de Vauvenargues, de Guizot, de Renouvier. Il eût pu
y ajouter ceux de Montaigne et de Montesquieu, qui sont des
Gascons, et la Gascogne fait bien partie des pays de langue d'oc.
Il y a chez les Méridionaux beaucoup plus de sens cri.tique,

d'esprit d'o_b~ervation et de froideur que ne le suppose la
légende pa:1s1enn:· Et auss! de sérieux. Marseille ne m'a jamais
paru ~ne _v1ll; vraiment gaie, et ceux qui connaissent bien Jes
Marse1lla1s m affirment que leur fond c'est la tristesse (M. Camille
Bellaigue faisait là-dessus, dans une récente conférence sur la
P.r~vence et la . ~usique, d'excellentes réflexions). Ce sont
d at~l~urs les M~r~d1onaux _déracinés qui ont créé à l'usage des
Pans1ens u~ Midi de fantaisie, comme Offenbach leur a apporté
le Gerolstem d~ ~o~ opérette. Ils ont tiré sur la mère grand.
Les reproches 101uneux dont les Méridionaux ont été victimes
p~ndant la guerre paraissent un peu une conséquence de Tartarin. La chasse à la casquette, la venette continuelle de TartarinSan~ho, le Ne l'acculons pas !, la Défense de Tarascon et le reste
o?t unpl~oté en d'innombrables lecteurs cette idée que le Méri:
dton~~• d apr_ès son ~ropre témoignage, manquait de vaillancet
et qu il devait se temr devant l'ennemi comme Tartarin devant
le lion, le chamois et le canon anglais. La légende littéraire a
engendré la légende militaire.
Ce n'est pas à tr2scrs ces légendes qu'il nous faut reo-arder ce
q~~ nous avons appelé la critique méridionale. Elle: prouvé
d aille~r~ son sérieux par son influence. En bref, appelons-la
~ne ~nt1que du :omantisme. Le mouvement anti-romantique de
1fction Française, mouvement politique et littéraire, peut
s appeler un tumulte méridional, dans le sens point défavorable où M. Barrès a appelé le boulangisme un tumulte national. M. Maurras et M. Daudet figurent le type authentique du
blan_c ~u Midi. Alexandre Dumas, débarquant à Avignon, et
assailli par les offres des portefaix, corporation célèbre qui a
malheureusement disparu de la gare, ne remit sa valise à l'un
d'e~x qu'en lui di1sant : « Jt! veux bien t'employer. Mais tu vas
me Jurer que tu n as pas assassiné le maréchal Brune ! » Un
Lorrain ou un Bourguignon aurait toujours envie de demander
à M. Daudet, avant de se confier à lui, le même engagement
que ce!ui-ci ne ~ourrait prendre peut-être qu'avec une certain;
mauva1se conscience. M. Lasserre, qui est Béarnais a lancé
dans le Romantisme français un manifeste méridional' comme
Burke dans ses Consit!Jrations sur la Révolution franÇtdse avait
lancé
manife~t: si spécifiquement anglais. Le rythme ~ropre
à la cnuque méridionale est ce qu'on pourrait appeler un rythme

~?

�LA N01JVELL li REVUE FKA:KÇAISR

: le p2S6age d'un Euf.er à un Paradis par un l?urgatoue. Enfe
Mommitisme. Paradis = Mistral. (M. Lasserre a
l~tit 11n Mistral eo valeun: lumin uses comm-e il a fuit son
R'&lt;muinlis,111, ~ valeu~ sulfu.r ses.) Le Purgatoire c'est une.
abj11.rotion d~ttrte.ur:&amp;1 l pas~ge tfun tempérament romantiqllé,
maladie quel'~ du si cle trouve daas sa triste hér.éclitti, à
nae raison et1 à une forme alassiqn-es, dont la p-oésie de :Mistral
a·ppar.tît com.m'&lt;l hc.~atricc ou la. Lucie. Les Amants de Vmiso
e~ment- œrt:tittt, chants de cc Purgatoire. On. en trou..-erait
imesi-1 i tythrnes dans les livres de M. Daudet, l' Hérédo et le
jantesq

=

Mrm1h: tks lmag•s.
11 est naturel et jus~ que Mistral occupe pour w1 Méridional
lit pfa e de Dante pour un Italien, de Shakespeare pouru.n
:AngTais, peut-être de Mol'ère pour un Français du Nord. Il est
nàturel aussi qu'un très grand poète soit tenu. pou11 une source
d'inspiration politique et morale. Sur le modèle du célèbre
ac Alin1er Molière ... 1&gt; de &amp;iinte-Beuv-e, on écrirait un : « Ai met
Mistral ... » Et après tout on l'a écrit, et non seulement 1 ,
politiques méridionaux, mais M. Barrès, ou tourau moins Galtant de Saint-Phlin. M. D:iudet et M. Carrère ontl'un et l'autre
onsacré d·a ns leurs livres de beaux et enthousiast.es chapitres
au poète de Maillane, et les deux 01.IVrages semblent rédigés
sous son signe et son invocation.
Mais· !~ livre de M. Carrère ne s'appelle pas le JJon Maitre. Il
s'appelle les Motivais Maitres. Et le Mistral ou le Génù Eq11i/ibré
de M. Daudet' esr èncadré entre un Victor Hago ou la Llgende
,i'u11 Siècle et un Emile Zola lm le Ro111a11tisme àe l'égout, qui font
de Hugo et de Zola les titulaires de deux- loges dans !'Enfer littéraire, politique et moral. Comme amateur de bonne langue et
de style savoureu je ne m'en plains pas. L'in ective abondante
et imagée de M. Daudet nous- rappelle, avec sa santé drue, ses
muscles roulants, son contact vi..-ant avec la.langue parlée, celle
de Barbey d'Aurevilly et de Léon Bloy; elle a moins de flamme
romantique, m111s pl~- de substance et d'observation, et sé rapprocherait, à ce point de vue, de celle-de Veuillot. Il est cttrieux
que ces quatre ll'.iaitt.es de l'invective (on p0-ürrait y joindre, l
une certaine distance, Drumollt) aient tous. été der bla.ncs,
originels ou convertis, furieux catholiqtles, mais fort ennemis
de la charité chrêtiennc. Lé'oo Bloy lui rendait hommage à peu

REFLEXIO. S SUR LA LITTÉRATURE

près comme Rollon baisa le pied de Charles le Simple, en l'élevant jusqu'à ses lèvres- et er, jetant le roi sur le dos : « Ce qu'on
peut souhaiter de plus charitable à ce puant, écrit-il à propos de
Zola, c'est de crever demain, de pareils maudits ne pot1vant
qu'aggraver l'inexprimable rigueur, des chfttiments éternels. »
Et M. Daudet doit se reconnaître en cette femme dont parle
Saint-Simon, laquelle avait supprimé de son Pater le passag{l
sur le pardon des injures. Ce qu'un pamphUtaire de cette nature
apprécie en l'Egfüe, c'est qu'elle a un enfer. Les polémistes de
gauche sont handicapés par la mauvaise qualité de leur enfer,
aussi médiocre que leur paradis et terrestre comme lui. La Terreur, la Commune, le bolchevi me, ces pauvr s petits enfers
terrestres ne supportent pas la comparai~on. Les rouges de
Paris ont eu pendant tr nt ans leur polémiste en Rochefort :
un néant ! Le seul grand écrivain que ce côté politique ait produit, c'est Vallès. M. Vanderem signalait ~\'ec raison l'oubli
dont il est victime, oubli scandaleux, qui d'ailleurs s'explique
par des raisons étrangères à hr littérature : l'au.tellr de l'Eufanl
aura évidemment moins de lecteurs et surtout de lectrices
qu l'auteur de Monsimr, Madame el Bébé J Mais fermons cette
parenthèse, et revenons à Mistral. La critique du Midi, ceJlé
de M. Maurras, de M. Lasserre, de M. Daudet, de M. Carrère,
aime Mistral, considère Mistral c;omme un centre d'iotelli,
gel)ce et d'action, formule une discipline mistralicnne. Mais
ensuite, ou plutôt d'abord, et surtout, die -aime Mistral
contre quelqu'un, elle le prend comme point d'appui dan une
attaque, elle fornmle une doctrine anti-r0mautique. Les étrangers, qui s'étonnent de nous Yoir continuer aujourd'hui des
disputes vieilles d'un siècle entre le classicisme et le romantisme,
voudront bien considérer que c'est là, en partie, un rythme de
notre vie intellectuelle française au xrxe siècle, un moment
naturel dans l'exi tence d'une naüon qui constitue un ména.ge
du Nord et du .Micli, un dialogue jamais acbeYé entre le , Tord
et le Midi.

Je ré~ssirais-assez mal à définir le Midi littéraire par ce qu'il
est,_ t•t 11 m'y faudrait tout un livre. Mais je mettrais beaucoup
moms de temps à le définir par ce qu'il n'est pas. Le Midi n'est

�728

,

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pas romantique. Les écrivains roman~iques ~nt été fournis par
les pays du nord de la Loire. Le géme de Victor Hugo, métal
de Corinthe du romantisme, n'est pas une synthèse du Nord et
d u Midi mais Lorrain et Vendéen, une synthèse de l'Est et de
l'Ouest. ' Certes' la Renaissance provençale du xrxe s1'èc1e peut
être considérée comme un contre-coup du romantisme : le
i:omantisme, en restaurant la poésie dans la langue française, l'a
restaurée dans toute l'âme française, et la langue d'oc en a profité. Mais la poésie des Félibres ne subit à peu p_r~s aucun~
influence livresque romantique. Mistral est resté aussi etranger a
Huo-o à Vigny à Baud elaire, qu'il put l'~tre à Nietzsche et à
b '
'
•
'
Edgar Poe. Son culte pour Lamartine n'implique aucune 10sp1ration lamartinienne. Rien dans Mireille. ne rappelle Jocelyn.
Et l'analoo-ie de Mireille et d'Hermann et Dorothée, si instructive,
s'explique°par ce fait que les -çeux poèmes sont pareille~ent
construits en dehors du romantisme, à une époque romantique,
mais consciemment chez Gœthe qui traite le romantisme en
adversaire qu'il porte en lui, et par prétérition chez Mistral,
qui se contente d'ignorer superbement le romantisme.
M. Daudet nous apporte sur cette prétérition des remarques
fort intéressantes et justes : « D'un petit épisode, il faisait jaillit
un enseignement général,, san~ appuyer, co_mp~éta~t s~ démon_stration d'un sourire, ou d un nre léger, qm lm plissait le corn
de l'œil demandant à celui-ci et celui-là une explication corn'
.
plémentaire, prenant à témoin sa fem~e, la servante, son mterlocuteur, un personnage légendaire et historique, et demeurant
grand amateur de précision ... L'homme du Mi~i a h~rreur du
vague, et, quand il aborde le mystère, il le fait méucu'.e~sement. Rien d'abrupt dans les fresques majestueuses de Mireille,
de Nerte, de Calendal. Le Poème du Rhône est un itinéraire dramatique à travers les âges et le long du fleuve de la civilisation. »
Le « fleuve de la civilisation » manque peut-être un peu de
mesure. Un Méridional, quand il dit cela, entend bien que la civilisation a remonté ce fleuve, qu'elle ne l'a jamais descendu. Et
pour M. Carrère, la véritable épopée mistralienne, c'est la troisième conquête, après César et Numa Roumestan, de la Gaule
par les Latins : « En réalité, s'écrie-t-il dans l'épilogue de ses
Mauvais Maîtres, l'esprit classique, dans tout ce qu'il comporte
de lumière, de sérénité, de force, d'allégresse heureuse et d'ins-

RÉFLEXIONS SUR LA LIITÉRA'rURE

piration élevée, est restauré en France depuis un demi-siècle. Et
celui-là même dont le génie solaire nous a rendu la pure clarté
de l'hellénisme est aujourd'hui dans tout le rayonnement de sa
gloire et dans la vigueur de son influence : c'est Mistral... Il
faut donc en prendre son parti, puisque c'est la vérité : la
renaissance provençale provoquée par Mistral :mra èu pour
corollaire une renaissance du pur esprit français. » M. Carrère
écrit de Rome et prend un peu son rêve latin pour une réalité.
La poésie de Mistral, qui n'a subi à peu près aucune influence
française, n'a non plus exercé aucune influence sur la poésie
française . .L'exemple de Mistral a eu un rayonnement politique,
et il est curieux de voir l'auteur de la Comtesse et de Calendal
au fond si hostile à l'unité française et à la figure de la conti-'
nuité historique française, fournir au nationalisme français
cer[âins de ses éléments les plus élégants et les plus purs. Peutêtre eût- il fait la grimace si on lui avait expliqué comm·ent, ici
encore, le diable a porté sa pierre à Dieu. Mais, littérairement,
ce n'est pas la Provence de Mistral qui a pu être francisée, c'est
la Provence de Roumanille et de l'Armana. Alphonse Daudet
et Paul Arène y ont fort bien réussi. Leur Midi n'est pas tout le
Midi, n'est peut-être pas le .vrai Midi ; c'est en tout cas un Midi
vivant, et qui a passé dans notre courant littéraire. Quant au
grand Midi solaire qui illumine les intelligences, dissipe les
erreurs, enfante les chefs-d'œuvre, restaure la tradition civilisatrice de la Grèce et de Rome, il reste un mythe oratoire pour
les banquets de la Sainte-Esteliè et les articles de journaux.
« Après cette invas-ion d'idées troubles et de styles désordonnés
que Je romantisme avait précipités sur notre littérature en
ouvrant, toutes grandes, par le Nord, la porte des barbaries
tumultueuses, il nous fallait la purification de la Méditerranée et la vigueur réconfortante du soleil helléno-romain ,,
dit M. Carrère. M. Maurras avait dénoncé en termes plu:
modérés « l'échancrure de Genève et de Coppet ». Mais
enfin le Nord est là, avec ses portes et ses échanerures,
avec ses ouvertures sur le Rhin, la Manche, le Léman. II
fait partie de la France. On ne peut pas le tuer. Paris
est même, si je ne me trompe, une ville du Nord. Les
Girondins perdirent la tête ( qu'ils n'avaient déjà pas très solide)
à vouloir le réduire à un quatre-vingt-troisième 'd'influence, et

�73°

,;;

Lk NOUVELL~ . REYU.E . FR.ANÇAlSE

bjen que certaines « barbaries tumultueuses ,, s'y soieJlt _do_n~é
tendez-vous, nous avonJ; moihs de mal que n~ le préd1sa1~ le
houillant,Provençal Isuard à che.rcl1er. sur les _nves de. la Seine
]:endroit où il a:. existé, Les Méridionaux, qm n'entençl.en_t p.as
toujours bi:en la: plaisanienie, s~ sont sc~n,dalis_és des- ~alé1ades
d1speptiqne_s d'liuysmans, qm regrettait que· le Nord de la
Fran:ce ne fô.t pas resté aux Anglais, et rêvait d'un r.oyaume.
angle-français, purifié d'éléments- méridionaux, ~ù. l'ail non
contentrd'être si fâcheusement exclu. des gigots P-ans1ens, ~e. se
füt plus trouvé, comme en Su~.de:, que ~hez les phar;.11.aciens,.
Huysmans et M. Carrè.te. nous disent par.~illement, ave; Sga,nar
relle : Voilà ·un~ . jaml5e que je me ferais _couptr !• Lup ,eut
couper- la droite et: I'autre. la.ga~chè.. ·Qu'ils aillent a~ 'di-able. ~
B'cmrguio-non l'écnancrure de Genève e.t de. Coppet· m est pres
q1.1e aussi pré~ieuse que Lyon appelée par, Rou1:nanille la porte
d:'.br et de soie du Midi.
Les Méridionaux qui, en dénonçant. la mala.d-ie ro01antiqu-e,
veulent nous. amputer d.'une jambe:, ne sont plus bien diaccord
sur-la hauteur. à Jaqudle il faut couper.. Un jour,_dans 1~ c.h armante station de Montmirail où il allait volontiers faire une
saison conune on dînût sous les platanes~ Mistral s'entretenait' avec Je Përe XavLer, des p..apesi :- un petit abbé, qui écou!"'
tait r~spectueusement le poète et le fr~~o.ntré, é.t~nné da
c.ertaines affirmations, demanda w:ec t1m1dité •: &lt;I Mais, mo~:sieJir Mistral, de quels papes parlezfvous donc ~ -. D~s vr:u:&amp;,
répondit le poète, ceux d!Avjgrron l ~' Je ne. sa'.s s.1. MJstra~ et
Dom Xavier de Foùrv.ières, s'entendaLent fott bien, à-_ ce SJlJCt,
m-ais il me semble que-pour M. D:au.det &lt;c les vrais )X ne sont pa_s
les mêmes· que pour M. Carrère:- d'Avignon à Vilfen.e:u.ve,. il
n'y a, qt1'un pontr ( et où l'on danse) et cependant l on: change
de département.
,
.
M. Canèrn appelle&lt; Mati.vais Maitres, Rousseau,. Chate~ùa
bri:tndy Balzac, Stendhal, George ,Sand, Musset, Bandèl~rr~,
Flaub:ert, V,erlaine~ Z.ofa. Il place·même parmi tes Jnam1ais
malttes du passé ·son compatriote~Montaigne ( c quL man~
qu'il ne faudrait pas: l'accuser de fanatisme lo.ca]), lI~-neJes
combat pas sur fü terrain littéraire. 11 reconnaît le .géme de la
plli.patt a!eBtte euix mais consirlère la beautfde Jeurs œa.v.re.s
comnre; ~w.tan.tl pl~ perpici.euse:. qu'elle est plus parfaite. n

REFLEXIONS SUR LA LITTERA:TURE

n~en.tend pas· par· ~au.vais maîtres de faup. maîtres, mais des
maîtres dangereux. « Le u0n maître est celui, qui, nous emporte
,ers un idéal de force et de lumière ; le mauvais est celui qui
nous berce· dans le trouôle de l'espri.t et dans le frisson deSl
sens. » i Sa critique est donc une critique morale, ou plut6t
moraliste, 011. encore civique, et son livre une étude ( et non la
première) sur.la maladie cfu xrx• siècle, comme un des prnchains
livnrs de M. Daudet, homme aux épithète.s excessives, en sera
une sur ce siècle &lt;&lt; stupide &gt;&gt;. Parmi les bons maîtres, les maîtres
réconfortants., il cite Lamartine, Vigny, Hugo, Ibsen, Tolstoï,.
Wagner (ce qui fait bieri des-tempéraments au inéridionalisme
qJ.ùrboraient les phrases oratoires, de tout à llheure ). Pout
M. D'aude.t, au contraire, Hugo est.le-ty,pe du, roauvais maître,
2:ola représente le romantisme· de l'ég,out. M. Carrère plaee
bien: Zola dans,, son Enfer, mais en l'admirant profondément, et
aYe.c autant de .regret qu'en éprouve., Dante de \\::&gt;ir ~ez lo
diable son ·maître: vénéré Brunett0 Latini. M. Carrère, plus
méridional iai (j'allais dire plus toulousain) 4ue M. Daudet,
estime err Zola le rhéteur latin, l'homme· qui bâtit, c.omrrre
&lt;::icéron Branquebahne, des aq11educs romains., La Cloaca
Maxima, rectifierait M. Daudet. Mettons un aqueduc d'eau
lmucbeuse. Jaurès, Gasquet, onh appartenu à ce Midi, , et ils cmt
littérairement souffert du dëdassement des valeurs~oratoi11es
depuis l111 clémi-siède. M. Carrère,. critique ·orateur, aime les
écrivains orateurs. Le beau courra.nt 0ratoiie de son livr,e, nous
le fait lire, d'un bout à.l'autre, sans un, 1110mént de fatigue..;
toute son•étude sur, Flauliert lè Viking est· un morceau entraînant et é'clatant, qui ellt r.a'vi· Taine., 'et que les fl.aubertistes
auraient bien tort -de néglig.er.
' &lt;Dn doit en- di.r.e· autant, 'à plus forte r-a-ison, de M. Daudet.
On. p:eut.faire. des-repwch.esi à sa: cr.itique, et je n'y manquerai
pas:, ,nais. pas en tout eas celui d!êtm ennuyeuse. Elle nou~
amuse co·mme mr roman:, et il se v:oit qµe M. Daudet, s'e~t
amusb àd'é.crii;e pluS' pcut~être qu'à écrire·un , roman. Quand il
nous annonce. que ses études seront « d'uJ1e complè.te obje.cti:vité » et .qu'il ne nous., dira, pas : , « j'aime· ou je n'aime pas! &gt;&gt;,
noru nous· aontent.ons de &lt;t zuzer u.n peu » ce que no~
lii&gt;ions, si, elles; étaient11subjecrives- et frÎ elles !}Ons e,xpos~ent
.bo11nement les· amours et les. haines- de leur auteur ! Le titr~

�73 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

donné par Zola à des essais critiques : Mes Haines, pourrait
flamboyer à bien des pages de M. Daudet. Il hait en Vic~or
Huo-o une idole de la démocratie, en Zola l'homme de l'affaire
Dr~,fus, et il ne se prive pas de le dire. Mais_ ~n aurait_ grand
tort de voir dans sa critique seulement une cnt1que de 1oum~liste politique. Elle se rattache ~~rtout à ce q1u'on P?urra1t
appeler la critique artiste, la c:1uque :elle quelle na1:, _très
vivante, très pittoresque, très pnmesauttèr~, da~s des m1heux
d'artistes. Ecrite en une langue parlée, mobile, unagée, savoureuse fraîche elle est déposée par une tradition orale qui date
'
· corps dans le
d'une' soixantaine
d'années, celle qui a pns
grenier d'Auteuil, ces conversations des Flaubert, des ~oncourt, des Daudet, des Zola, des romanciers naturalistes,
toute cette critique animée que nous puisons joyeusement,
à pleines mains, dans la correspondance_ de Flau~~rt et d~ns _Je
journal des deux frères (vivement la suite!). Cr~~que qu_1, d1~férant tellement de la critique livresque, de la cnttque ~ruvers1taire, vit avec elle, au foyer littéraire, com~e le chie~ ~t le
chat, _ comme chien et chat: mais il faut bien à la cnuq~e'.
comme à tout, une droite et une gauche, un Nord et un M1d1
hostiles.
..
,.
Cette tradition formelle n'implique pas une tradtt1on d idées,
elle l'exclûrait plutôt. Dans un tel courant ~es idé:5 se_ renouvellent vite vieillissent vite, les générations littéraires se
pressent et :e renversent. M. Daudet, qui a toujours besoin de
penser, de parler, d'agir, d'exister con~re quelqu'un, _s'.est formé
contre ces mêmes écrivains du Grenier dont sa cnt1que continue la conversation. Il n'est arrivé à son style parlé d'aujour:
d'hui qu'après s'être essayé, dans ses pr:miers rom~ns, a
l' a écriture 'l&gt; d.es Goncourt. Il a déclassé v101emment 1 esthétique de Flaubert. Il ne traite du pilier de Grenier qu'était Zola
que comme il ferait d'un wagon de poisson5, ~a-r;, pendant
q11.inze jours au gr-0s soleil. Et précisément par la 11 s m.c~rp~re
d'autant mieux à ce cercle, à cette suite tumultueuse d histoire
littéraire ow. ont vécu des passions Littéraires, où se sont.formées,
comme ~bez les peintres de la Renaissance, des haines et des
sympathies d'atelier. Quand on_con~acrera à M: D~udet l:érod_e
impartiale et attentive qu'il ménte, 11 faudra v01r s tl ne s expliquerait pas un peu comme un type d'écrivain porphyrogénète.

WLEXIONS SUR LA LITIÉRATURE

733

J'emploie le mot au sens ou Saint-Simon parle des bourgeois
porphyrogénètes, des dynasties ministérielles de Colbert, de Le
Tellier, de Phélypeaux. Ces familles littéraires, si exceptionnelles autrefois, n'apparaissent guère de façon courante qu'après
1850 - littérature fraternelle type Goncourt, littérature héréditaire type Dumas. Elles constituent aujcurd'hui un cas assez
fréquent pour qu'il soit temps d'en faire la psychologie particulière. Sous ce titre de Pophyrogénètes je vois assez bien le curieux
roman ou le livre intéressant de critique qu'on écrirait.
M. Daudet lui-même, depuis Héeres jusqu'à l' Heredo a été attiré
là comm·e par un problème personnel. Né dans l'ombre des
statues, il en est évidemment. sorti, mais les gouttes de cette
ombre se mêlent encore à son soleil.

Critique du Midi d'une part, critique par tradition d'artiste
et de Grenier d'autre part (il existerait de même, chez tels ou
tels, une critique de salon et une critique de café, l'une et
~autre méritant attention), M. Daudet s'affirme des deux côtés
critique anti-romaotique. Mistralien il estime que le romantisme n'est pas de chez nous, - dans l'espace. Familier des
i .coles artistiques ( ou plutôt d'une école), il juge que le romantisme n'est plus à la page, - dans le temps. Et depuis l8 50
il est ordinaire que toute doctrine littéraire s'arbore comme
une réaction contre le romantisme, mais que chacune de ces
réactions soit accusée par la réaction concurrente ou la réaction suivante d'être elle-même une réaction romantique. Je
n'irai pas analyser chez M. Daudet ce que M. Benda a appelé
le romantisme de la raison. Il est exagéré de crier : au romantique 1 devant tout ennemi passionné du romantisme. 11 y a ce
fait beaucoup plus clair et plus simple. Notre Midi n'est pas
romantique. Nos écrivains méridionaux, qui vivent à Paris.,
sont toujours quelque peu imprégnés de romantisme, mais ils
le portent avec une mauvaise conscience. lis y voient - ce
qui est en partie exact - une nature commune avec le nord
anglo-saxon et germanique. Ils veulent nous défendre, ce qui
part d'un bon naturel.. Us se croient investis d'une mission
otement civilisatrice, et nous les écoutons volontiers. Ils veulent

�LA N:OUVELLE REVUE FR&gt;ANÇAISE

.

~ne Cannehlère à Paris. Commé ils sont-souvent élQquents et
iharmants, nous :ndus laissoDs .séduire par eux, et un bon
Tourangeau comme Jules Lemaitre ,en arrive à écrire s.on
-article comique sur les Littératures dit Nord. La que·sti.on rna·tionale des Bastions del'Est vient encore compliquer la qµesttion intellectu:elle et esthétique, ' ·et cela oblige- Jes ducs de
Lorraine à toute une diplomatie compliquée. Bt ,moi~même
qù.i aime le -romantisme et qui .aime le Midi, , qui ies aime jusque ,dahs letrrs. exagérations, "te .ne &gt;laisserais pas d'être assez
.embarrassé, comme le petit Sylvestre B~noor.d .ent:r.e 11.oncle
-demi~solde et le vieux -éhouan,. ~yan.t à .marable J:es deux ,en.nemis, si la boutej,lle n':était là ,pouriaire Ja liaison.
Je dis la bouteille. M. Daudet rtetrnine ..a:insi ,san .article sur
Victor Hugo : t La remise au point de cette renommée tapageuse mesurera la sagesse nationale et nous épargnera peutêtre des crises inutiles. Car le romantisme a parfois d'éclatantes
.couleurs, •mais la fausse ,oronge aussi ; et elle tue. J&gt; A-vanthier, Jje lisais dans.l'Action Françafre un article.ifort bien p.eM.é
et encore tnieux écrit, appelant tous •les'recte et les optime, où
'M. -oaudet défendait puissamment le vin contre les attaques
insidieuses .des .;buveurs d'eau. Un de..ce.ux-ci ayantœssayéim
jour -de.le convaincre que le vin -emp.oisonnait, M_ J)autlet,
paraît~il, .,éclQm -d'un grand •rire olyrqpko-ra:belaisien, .et ,le
1tînt.a\l'ec rà'.ison pour fou. Rou, je crois, cotnme 'celui que-pré'sentait un employé du dire~teu:r, chargé:d·e faire voit ,ea·sile à
mn médecin: « Figurez-vous :que..ce malheureux se crott Jésus,Christ ! » Le visiteur convenait en.effet que .c~était .une granlie
'folie, mais point rare. « , Et ce n'. est pas tout ! _continuait le
ciceroize. Savez-'.vous à qui ·il .vient raconter cela? A ·moi, .•qui
-suis Dieu le Fère&gt;! -» L'interlornteur hydrophile de M. _Daudet
$?adressait peut-érr.e à ·Dieu le &gt;P-ère~ je veux dire à un parti-prîs
du même. tonneau que le si-en. Ceux que le romatlüsme tue
sot1.t, comme ceux que le vin tue, des gens déj.à tués un pBU,
dirait ,Ubu. Les n·o ms des poètes rom~ntiques resgemblent à
des noms de trns, et nous disons,laiLégetide,des. Sièclts comme
on dit la Roman~e. « .Cela tue ! " -c:Pie M. Daudet horrifi~.
,Imi~je dé~-sser le -vocabulaire 'd 'injures qtùdresse, ;et parfois
qu\mtaisse, M. Daudet, .et-qualifierai-je le romanticophobe ·des
'. Œtwrts dans les Hommes de buveur d'eau? Soyons mo.dé:i;é·s·Lll

REFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

735

y a beaucoup de remarques pychologiques fort justes dans son
article sur Victor Hugo. Je dirai même que l'article est juste
par tout ce qu'il affirme et faux par tout ce qu'il nie. Quand
M. Daudet s'étend avec indignation sur l'avarice de Hugo, sa
luxu_re, _son ?rgueil, ses imaginations dévergondées, l'objet de
son md1gnat10n ne me gêne pas plus que son indignation ellemême. ,Nous m! voyons pas, -Ou voyons mal, ces ,vices. quand
nous les avons : faisons donc le même crédit au génie. Lui, au
moins, ne les gaspille pas comme nous, inutilement. fi fallait
probablement tout cela pour donner un Hugo, il fallait tous
.ces:alime·nts huu1.aîns i ses fameuses cent -vingt-huit dents, ces.
métaux pour forger cet airain de ·Corinthe :
·
Et rapportant ce bronze d la Rome française,
Il âisait aux fondeurs penchés sur 'la fourn aise : '
En avez-i·ous assez l

L'orgueil pharaonique de Hugo, est incorporé à un visaoce de
/2 •
no t re pocs1e
comme l' « orgue1·1 pharaonique » de Louisb XIV
l'est à un visage de la France. Nous v9yons assez bien
les chemins de liaison .pour nous rendre compte que le o-énie
hugolien n'eût _pas existé sans ces rançons p&lt;1,5sionnelles~ g_ue
la fournaise eftt mal fl.acibé sans ce charbon. (Si M. Daudet
avait pf us de charité et ,s'il disait son Pater en entier, son style y
perdrait sans doute. Et Dante .. :) Le Satyre est là comme Versailles est là. Chéops manquait probablement d'humilité. Mais
avec un grain d'humilité il n'eüt pas bâti sa pyramide, et nous
sommes tczut de même heureux .que sa pyramide existe.
Il y aura bientôt cent ans qu'un académicien classique proclamait que le romantisme n'est pas une doctrine, pas un art,
mais une maladie. Il serait · beau de e:élébrer joyeusement le
centenaire prochai!1 de cet apophtegme, qui a eu la vie dure.
.Ce qui a la vie plus dure encore c'est le malade. Le jour ,où
_notre arrière-grand-père romantique nous chantera, Je verre en
main:
A mis, -je vi~ns d'avoir cei1t am !
-autant qu'aux cent ~os qtl'il aura vécu, sohgeons -aux ·cetrt mé-decins qui l'aurorn 'ëondamoé, auK- cfül:J.l.lMnotts.to.ujours.d~us
.qui l'attendent derrière la potte . •
1~ 0

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�CHRONIQUE DRAMATIQUE

CHRONIQUE DRAMATIQUE

THÉATRE DU Vrrnx-CoLOMBIER : Les Plaisirs du Hasard,
comédie en 4 actes, de M. René Benjamin.

Il était deux heures moins le quart. Je sortais du Mercure
pour aller à la répétition générale du nouveau spectacle du
Vieux-Colombier. Je venais de tourner de la rue de Condé
dans la rµe Saint-Sulpice ... Je ne dirai pas de mal de la rue
Saint-Sulpice. Certes, elle n'est pas au nombre des rues charmantes ou pittoresques de ce quartier de la rive gauche com_pris
entre le boulevard Saint-Michel et la rue du Bac, et les quais et
la.rue de Vaugirard. Elle ne vaut pas, même de bien loin, la
rue de Seine, la reine,· ou peu s'en faut, des rues de la rive
gauche, la rue Mazarine, la rue Guén_égaud, _la rue Bo~aparte
dans la partie comprise entre les quais et Samt-Germam-desPrés, la rue de l'Odéon ou la rue Jacob. Elle ne vaut même
pas la rue de Savoie, la rue Cardinale, la rue Férou, la ru~ Servandoni, ou ce q_ui reste de la vieille rue de Varennes. Mais elle
est charmante et presque pleine d'agrément quand on la compare à la hideuse rue de Rennes, au déplaisant boulevard Raspail, à l'affreux bouleva~d' Saint-~ermai~, au répu?nant
boulevard Saint-Michel. Voila des voies où 1e ne voudrais pas
habiter, m'y offri~ait-on pour rien le plus bel appa~eme_nt.
J'aime dans une rue de Paris l'intimité, le passé, la diversité.
Les voies que je viens de dire, j'ai l'impression, quand on
y habite, qu'on doit s'y sentir chez soi comme dans la rue.
Regardez un peu la rue Saint-Sulpice quand vous y passerez.
Elle a, je m'exprime peut-être mal, des attraits personnels _et
des attraits de perspective. Qu'on l'a regarde d'uoe extrémité
ou de l'autre, la vue est charmante. De la rue de Condé, où

737

elle commence, c'est, à l'autre bout, passé la muraille noirâtre
de Saint-Sulpice, l'éclaircie soudaine de la place Saint-Sulpice,·
.comme un grand espace de lumière. Quand on la regarde dé la_
place SaiM-Sulpice, elle semble fermée, à l'autre· extrémité, par
le côté gauche de la rue de Condé et la vieille maison élégant_e
et sobre, aux hautes fenêtres garnies de glycines, au rez-dechaussée de laquelle la papeterie Gallin-Fuzelier a ses magasins.
Parcourez-la maintenaht dans sa partie la plus agréable, celle
comprise entre la rue de Condé et la rue de Tournon. A
gauche, un serrurier_, une crémerie, un rétameur, un antiquaire, une fruiterie, une herboristerie, un marchand de cuirs
un autre antiquaire. Il y a même, au numéro ... , au premie;
étage, une Madame X ... , qui fait, de dix heures à sept heuresh
des ~assages sur lesquels la confusion n'es't pas possible. ]'aï"
ap~ns cd~ t~ut réce~.m~nt, en lisant par curiosité une petite
feuille qui fait sa spécialité de ces annonces, et, l'autre matin
comme je,rass~is dans. la rue, j'ai vu entrer là !'écrivain ... , qui
me c~nna1t moms que Je le connais, et qui ne se doutait guère_
que Je le regardais. Encore un_ qui n'a pas dû faire un bon
mariage pour qu'il ait ainsi le besoin de se faire mas~er d'aussi
bonne heure.
Du côté droit, un libraire, 1!,n antiqpaire, un deuxième antiquaire, une fruiterie, une lingerie, une teinturerie, une bou- tique de ~ieux_ éta_ï11s, une autre teinturerie, dans laquelle il y a
un chat s1am01s ·gaté comme un enfant et qui se prélasse dans
ia mont;,e'. au milieu des den_telles et des étoffes. li y a quelque,
~,e~p~, J a1 ;u? chez ce d~~x1è~e antiquaire, une vieillerie que
J a1 bien failli aczheter. C était un théâtre en carton, dans le
genre de ceux qu'on fait comme jouets pour les enfants. II
n'était pas laid, toutes ses couleurs un peu fanées. J'ai été
arrêté par le prix que je pensais qu'on -me ferait et par la scène
~yth_ologique ,q~e représentaient les personnages qui le garnissaient. Je n ai aucun goüt, -en effet, pour la mythologie ni
pour tout ce qui touche à l'antiquité. Je me moque complètement de.s Grecs et des Romains et de ce que po1,1vaient faire, et
pe~ser tous ces gens-là. J'aurais voulu une scène de la comédie
ttahenne ou des personnages de notre théâtre comique. N'est-ce.
pas dans un livre-. de M. He_mi de Régnier que j'ai lu qu'on
-trouve quelquefo!s, en Italie, chez des anti(lua.ires, de ce~
4ï

�LA NOUVID..l;E RF.NOE .~NÇA.1$E

théâtres d~ m.'lrionne~ .du œmps de l'Italie heureuse., fantasque .et masquée, l'ItaHe de Goldoni, d.e · Gozzi, ded)a Ponte
et de Casanova? Je de-v~ndnû p.eutrêtre glus ~ urvjour?
li faudra, ,que jeJ prie \m a;roi-v.oy,ageur de m.e cappo.r.tua m de
ces théâtres. Un th.éâtr-e :où-,; e serais ..seul ! tOes ,acteurs muets !
L'imagin~tiop..des ~ctacles cùarm-ants qu'il .dohna en d'autres
temps., pour &lt;les spectateurs·· ,font la, :i,1 ie était toute ·dwei-&amp;rté et
toute gaieté L Cela me .consolerait des théâtres réels .où ,il m;e•
faut passer tan.t..rle soirées.
,,,
.Le reste de.,la r-lW Saint--.Snlpi-ce1 de la r.oe- de Tournon .àJ.a
place, est ,cilun.autre geru:.e.. Qµelques b011tiq_ues ~ans intétêt .et
on· active à ces .étonnants ma«asim con~acrés aux .ittributs defa
religion : livres, chapelets, chemins .d.a 1.c:roix 1 ·statues et statuettes d·e to~tes tailles et de tous .genr.etl' .dont Ge qmirtœr a la.
s-péoi~lité. Vois ,connaissez.œs étalages, ces scènes ~difran:tes
composées de personn9.ges gtXlupés -de,;ant des fonds de toile
peinte.- Qu'on ne s'étonM pas· -de mè -von, én parler içi. C'est
encore du théâtre et c'est, m:a partie. J~ m'arrête quelquefois
devant cés magasin!&gt; . . Je regarde · ces statues, généialement
grandeur' nature, et peintes, quî repté-s entent le Christ, l'a
Vierge et les saints les plus importants. Ce qui me surprend,
è&lt;!st dé Les Atoi.r souvent ehang-u cha-eun de physionomie et
d'aHure ,19\li.Vaot le magasin qui lC6 exhibe. Iêi, le Christ est
blond, a:Ve4 beli.\lOOUï&gt; -de -~arbe, 1'aspect d'un homme fait et
sollcàe . Là, il est brun, avec une barbe 1é'gère, et quel.que chose
de, rontl}ntique -et mal portant. lei, la Vier-g-e a un 'Visage tranquille, •vec &lt;le bonnes couleu-rs, des formes -rebonaies, l'air
d'une bonne ménagère très terrestre. - Là, -eHe est mince, pâle,
diaphane, les yeu~ alanguis, l'attitude la-sse et pnkieÙse, on
croirait vraiment qu~elle va ,s'envoler. Il en va de m!rne pour
les saints, que chaque marchapd expose dans un modèle de son
choix. Je me r,i.ppélle, en regaràant tout cela, le mot de Licht~nberg : -4- Les saints en -bois sculpté ont plus fait dans le
monde que les saints vivants. " C'est fort vrai et, cela donne
une belle idée de l'intelligence humaine. Mais encore faut-il
pouvoir s'y ,eeonnaitre et ne pas aa,roir sa confiance mise en
déroute pâr de pareils avatars. Songe:i: à- tous -ces- dévots et
dévotes qui vont s'àgcmsmiller dev•nt ces statue's •et •qui prient
les uns un Chr.ist brun, use ierge en bonne santé, les autres

OiRON-IQUE DRAMATIQUE

7

un. Christ
blond, une Viergè thl otottque
.
h
et tous d
. 39
qat c angent de _physionom.
.
;. ,
, es samtstique ou d'une autre ·. 0 ide sui~an; _qu ilssoitettt d'une boù., n evratt 1a1re plu àtt ·
différences et les éviter.- Elles sont d .
- s
entlon à cés
doute dans l'esprit. Là religion n~ -a~lgereuses et: font entrer le
~u'on ait au moins quelque- ·ce-rt7~d: ,J:s à:sez de ~ys,~ère?
s1que.
A moins que l'Eglise , qui s'y conna lt m1eu:x.
_e domame-ph.y~
•
que·m ·
~1t assurée que le vrai fidèle ne. réfléchit ·a .
, o1,_nê'
nen et se contente de prié l
~
l mais et n examrne
Une chose que 1· e regarle es ye~-x ermés autant que l'esprit .
.
, aussi, quand je passe d
magasms, ce sont ces iina es .
. é
.
ev:mt ces •
personnès décédées O
g . impnm es qm représentent des
.
. ne petite legenàe placée
b . . pner pour .elles que le S .
au as mv1te à
comme un p'e ti; mns.ée
en son s~in. On a_ là
leur rêve, paraît-il, et ont vu leurs .è dé~otes qui ont réalisé
généralement pas très séd . .
pn res e:,i:aucées. Ils ne sont
ont -des :figures revêches u'.sa:;, ces n_abitants du Paradis. Ils
que peu sournoises Mau' p'.nc éscl,méd10cres, égoïstes et quel.
·
va1se r ilme pour 1
bennes,, si elles vous .d
.
es vertus cbréje- crois bien qui a r.di~nn~nt d: ces visages. C'est André Gide;
qu'il ':l en.
2 J'en suis
/m;n_e va~t selon- l'inqui-étude
tude .d'aucune sorte )
. - . en a1 ~aiment aucune iaquié. e sms on ne peut pl t
â
enfoncé dans l'.6-,,,aisse m .t 'è . A
.
us erre ' terre,
~y
a 1- re ·• ucun au-delà
ment~ ~t j.e suis au contraire solidement assuré ne me t~ur~e sm que je motrrrai. tout entiet'.ét je n'attends ::n p~mt. •
rr un mot, le mécréant actom li ,
. .
e nen.
de chimères M . .,
p ' n en déplaise aux amateur¼. ais J Y pense chaque f ·
, .
.
les images de ces élus si .,
.
1o1s-qu ea pàssant 1e regarde
suite de cette vie terr' tr l ava1s qu~ qu_e inquiétude touchant la
de ,
es e, ce serait bien d'aller au Par d.
tro~ve~ en société avec. tous ces honnêtes gens. a 1s et
ena1s one d'entrer dans la
Sa. S .
me rendre au Théâtr d Vi
rue . mt- ulp1ce pour
conp d' ï
e u 1eux-Colomb1er. J'avais jeté un
théâtre œ1 ' en pa~ant,_ chez Yantiquaire, pour voir si le
ch
l ~ .carton était touiours là et je -venais de fai
ez u1 un chat de b
. .
re rentrer
de
ont1qmer 'éj_ui se prôm
. .
mment,-sur la chaussée· A c .
.
.,
ena1t 1mprutrottoir, venant en
.
e ?1oment, 1 aperçus sut l'autre
Billy! Tout le m dsens co~tratre de moi, mon -ami -André
grand, blond à Ion e connalt Andl'é_ Billy. C'est un garçon
, unettes, les cheveux boudés, "',ouiours
.
. de
v!fu

d:1::::~ ~~eÂ;es

lui

J=.

~

1: ~

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS~

74°

.

clair, à la marche déc~dée, qui traîne dans tQU.S ~es quartiers de
Paris, fait le gourmet dans des restaurants curieux, cou:t le_s
femmes et commence à prendre du ventre. Son nom n es:-1;
pas charmant?, Un nom de cirque, un nom de clown._« Hlp .,
B"U 1 » (il faut prononcer sans mouiller les· 1, comme dans-:
1 Y·
,
.
·
om ·pour un
balle). AvanJ dç le connaitre, 1e prenais (. ûC. n
.
pseudonyme plein de fantaisie. C'est~ André Btl:y qui a corn~
me(lcé ma rép_u tation, du tempi qu'il rédigeait le~ Echos a
Paris-Midi. Il avait sans cesse des anecdotes à raco~ter su_r mo~
compte et me prêtait plu.s d'esprit que je n'en a1 réelleme~t.
Il a publié .p'lusieurs romans: Bénoni, La Damr à_ l'arc_en ciel,
La MaJabée, Ecrit eri songe, Barabour ou l' Harmonie univ.erselle,
un livre sur Paris vieux et neuf il\u.stré par Hua~d, ~~el~ue~
livres d'observations . parisiennes : $cènes de la vie lit:,eraire a
Paris, la Guerre des journdux. Voilà plus d'un an ~ue 1_atte~ds
le petit volume sur Guillaume Apollinaire que ~oit lm éditer
la Sirène. C'est un écrivain vivant, prompt, clair. _très observateur. Il ne lui manque . qu'une chose, selon m01 : un pe11
plus de réflexion et un peu plus d'applicat_i~n. Il :e dépê~~e.toujours trop, comme tous les gens de pla1s1r. Il. n .a pas 1 a1:r
de se douter des avantages qu'.on retire de revo~r un pe_u ce
u'on écrit du premier jet et qui fait qu'on améliore to~iours
q
Il tient la critiqJJe littéraire à Z:Œuvre et réèhge de
un peu.
. l'
.
petits articles quotidien~ au Pétit Journal. 11 pourrait : s~ute~1r
s~uvent et utilement la caµse des .animaux et ne 1~· !ait iama1~,
ce qui me. fait en secret l'accabler de reproches_ et lm _en voul~1r
pour son îridifférence. Je ne l'avais pas vu de?~1s ~lusrnurs ,m01s.
Il m'aperçut en même temps. Nou~ nous re101gmmes et co~me
· lui demandais où il allait, pour se trouver dans ce quaruer,
Fappris qu'il allait comme moi ~u _Y~eux-Colombier._ « Vous •
· guli·e,. chemi·Jl· lm d1s-1~ car vous lm tournez
prenez u.n sm
, .
"
· '
le dos. ·_ J'ai le temps, 'me tépondit-il. Je flâne un ~eu.
Je regarde chez les ~antiquaires, s'il n'y a pas quelque _vieux
_ Comme on voü que vous êtes encore 1eune,
meu bl e .. ,
.
,
d.
lui dis-je en riant. Vous peq§èZ encore a acheter , es meubles. Voilà upe pens~e. que 1 je• 11';i.i pJ:us gu.ère. »-Et-comme
il riait à ·son tour- : « C'est vrâi. •c.ontinuai-je. Je ne °:e .sens
est trop t:1:rd.
è de goût, à faire des achats de ce gente. U c
gure
·
·
Ma vie aura été :,.insi faite qut: les cho~es. me ,.a.1;saient en:v1c

CHRONIQUE DRAMA-T IQUE

74J

,q_uand je_ne pouvais les acheter et qu'elles. ne me disent plus
·nen mauitenant que je pourrais les avoir. Le fauteuil sur
-lequel je me repôse, dans mon cabinet, est tout - défoncé.
La chaise sur laquelle je m'assieds· pour écrire a un montant
·de son dossier cassé.- Le sommier sur lequel ;e couche est
.
f at1gué.
.
'
bten
Mes li"'res, mes papiers, s'empilent
les uns
sur les autres, sur une vieille commode, et je dois souvent
renoncer à lire plutôt que de déranger tout cela. Eh ! bien
je m'en contente'. C'est assez bon pour .finir ma vie. Ce serai~
folie _d'acheter !11.aintenant d~s ~hoses ' dont je jouirais peutêtre s1 peu. Je n ai plus de gout, ie ne me sens plus d'attrait
que pour l'inutile, le superflu, ce qui fait uniquement plaisir.
Ce qu_i est -~tile me fait horreur. Et encore, ce superflu qui
me fa1~ pla1S1r, aussitôt que je l'ai je m'en moque ... » Nous
marchions tous les deux vers le théâtre et Billy me donnait
de ses nouvelles, depuis si longtemps que je l'avais vu.
J'app~is ainsi qu'il vient de terminer, avec Jules Bertaut,
une pièce sur Balzac, ayant pour titre le nom même de l'écrivain et montrant c~lui-ci au milieu des personnages de son
œuvre. On connaît l'histoire de Balzac avec la duchesse de
Castries, qui lui servit de modèle pour la duchesse de Langeais. La pièce le montre aux prises avec elle. Il a pour rival
le baron du Tillet, qui l'emporte. 11 est ruiné dans l"affaire
Nucingen, saisi, vendu, arrêté et conduit à Clichy. En un
mot, une idée curieuse, consistant à donner aux héros du
ro?1ancier _la même réalité qu'à lui-même. Comme j'en faisais compliment à Billy : « Mais dites donc, me dit-il, vous
savez que nous devons toujours écrire une pièce ensemble.
Quand vous déciderez-vous ? » C'est vrai. Voilà plusieurs
années que nous avons fait le projet d'écrire une pièce tous
les deux. Sur quel sujet, avec quels personnages, dans quel
ton, nous ne le savons guère ni l'un ni l'autre. bans ma
pensée, c'était un petit acte, sur un sujet libertin, pris dans
1a réalité. Je voyais trois personnages : un mari, une femme,
un a_mant, dans un petit milieu bourgeois. J'avais les premières
r~phques et celles de la fin. Dans ma pensée, Billyferaitle reste.
J Y ai renoncé. Je me méfie du théâtre, depuis que j'ai vu
tant_ de pièces, et j'ai profité de notre rencontre pour le dire
à Billy. « C'est trop difficile, mon cher. On risque trop de se ·

�742

LA NOUVELLB JŒVUB FRANÇAISE

tromper. On écrit sur le papier des choses qu'on trouve drôles..
On est s-ôr d'être spirituel et piquant et d'amuser se~ •spe~tateur.s. Et quand on entend tout cel~ sur -la- scène, nen ~-e~
plm, drôle du tout ni spirituel, ~a1s long_, eon~~eux. et fatigant. J'ai acquis qaelque réputauo~ cpmme -c!mque dramatique. C'est assez drôle, je le reconnais. Je ne suis pas press~ de
la compromettre en me transforman~ en auteur à insucc~. »_ •
Je ne. me doutais pas que la pièce de M. Ren~ BenJ.a}lliI! •
Les Plaisirs.du Hasard, allait s~ bjen me ~o~ner raison. ~ndré
Billy placé loin de moi, je le ri.tr~uv_ais_ a_ chaque entr ~ète.
! bien -qu'en dites-vous? lm disa'LS-Je, Vou~ voyez ce
« Eh
'
.
.
que je vous .disais tout à l'heur~. M. René B~n1amm a ccr·t ainement cru qu'il écrivait une chose tr~s dn\le, débordao~
d'esprit, neuve, de la: plus haute.fantaisie. L'e~et s-ur le pubhc
ne.fais,1it certainement pas de doute .pour lm. Il a✓ même Mi
s'amuser beaucoup en éqivant sa pièq:. l,.,e r,és:y.ltat- .,? Ç:.µ
.mot drôle de temps en tem4&gt;s, -uoyé, dans des longueur;,. ,p_n
comique qui ne porte pas, pour être t~-op, fo~çé_- Une-~;rntalst_e
-qui apparait trop inventée. Un._ perso~nag~ pnnc1pal qui devrait
plaire et qui agac.e pat sa prétentt~n a fare -un ~ersq,nnage
unique. En toll.ti, uoe pièce -qui devrait amuser &lt;._t qu op. trou,Y}!
intern1inable. E vous ne pQUvez pas cl.in:, 4-u~nd i~. p~rle
~insi, que je le f:üs en critiqui: ~e parti-pris,.en.h&lt;omgi.e ,d,iffi_cil~Vous. pouve_z juger èoIJ1me moi, ét ,o~r q~e to"9te la ~alle_pen~
,de même. La pièce de M. Re~ BeniamLn e~t q g-e ~J,:;ellen~e
leçon. Faites du théâtre si vous voulez, moq ch~r~ Billy. M01 ,
je préfère continuer à juger les pièce~ d,wautres ,et,a, me g.at.d.er
d'en écrire. »
,t
J'aurais pu · écrire une chrorÜq_Qe b_e~ucQJlp JP.ieux sur,;_t:i
pièce de M. René Bebjal)]#l. _Le-s P-lamrs du. Hasar1 ~ f.1Î
un si heau titre I Ce son.t :,~usti les plus Qtaux platsJn., .Le
hasard lui-même en a dé.çîdéau~ment, ,On n'est _pas ~rillant
,J.,
tous les jol).rs.

!

~ , ~~[:E. ,p0IS$... R~
•J

LITTÉRATURE GÉNÉR4LE
QUATRE-VINGT-UN CHAPITRES SUR L'ESPRIT
ET LES PASSIONS,. par, /4.lain (Camille Bloch).
Ces. notes d'un, philosnpiie. ; ont nature11em.ent u11- ca-ractè.te
plus abstrait et plus schématique que les autres propos ci'AW.n.
Elles laissent une impression fort originale : Alain, comme la
plup.art.des philo.sophe~► o..e parle jamais de lui, et c~pendant,
q~and il êcrit; nous nous sentons beaucoup pfus-en présence du
-S~Jet qui pense que de }'obret qui est pensé. Là potnte de son
discours dessine nf.l.l! figure de pliilDsophe plutôt, qu'une philosophie, plutôt suno.ut que de la philosophie. Qu.and oh a: iioi
le. livre, on sait men qu'on a pens:êr.a.vec 1'au.tétll', mais on sait
assez matce qu'un ru pensé. On a eu ave:c un homme intelli~1ent, et stuto,ut vi-va:nt, rune conve!fsa:tion excitante, maisc dont
1 ne,zeJite guère que ct&lt;tte.. excitation même.
Guère?- Qu.e
-vous.,faot-il donc 7 Socrate n 1en. laissait pas davantage • .,... C'~t
vrai. Mais Alain est p:eut-êtJe -plus anguleuJJ 41J1t Socrate, et
surtout plus dogmatique. Il a bûrr raiso-n _de-., dire, dans son
avant-~?pms, que Je~ p:olémignes ne m'instruiseiat• pas. Ne
faudraLt-il pas en ' excepte1 les polémiques qu'on souti&amp;nt contre
soi-même? et qui. instruisent a:u moins..une p.e:rsonne_? C'es~ es
-~elles-~ que Socrate était maitre. Alain ne., cherche pas l'assimt1ment d'autrui, et c'est,une fonce. Mais,..dans une de ce~, belle§
etTObustes sohtudes.d'esprit:à la Suarès., iles-.t, ,oomm.e il le dit
dao$ son. épig1apbe, le d-ieu ,lijui géométrise . .il&lt; est 'p.hilo.s0ph.e
~omme Suarès est p_oëte. « Si œ hivi:.e; ,cforit, il,,1ombait sous le
1ugem~n.t de quelqué philowpheide mêtierl-eettl! s:euk pensée
gâterait le plaàsir que&gt;f ai tJouvé à l'éairn, qui, fw- vif~n.. U ne
fa.u&lt;ba donc ~s ~u''il soitr.lu et pigé par~- Ota.rti&amp;. Ce$

�744

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

quatre-vingt-un-chapitres me paraissent tous l'œuvre d'un philosophe de métier, et de métier habile. Il existe évidemment une
philosophie sans métier, chez les mystiques par exemple. Mais
nous reconnaissons le métier de philosophe en Alain comme
nous reconnaissons celui de marchand drapier en le père de
M. Jourdain, expert en draps et qui en cède pour de l'argent.
Je sais bien que pour être philosophe il faut dépasser le métier
de philosophe (dans un pénétrant Eloge de Descartes, Alain
désigne discrètement du doigt une des lignes par lesquelles on
le dépasse, « encore solitaire lorsqu'il parle ... ~ ). Mais on ne le
dépasse que si on l'a, et, une fois qu'on l'a, certain automatisme
nécessaire empêche qu'on le dépasse complètement. Et dire
qu'en le lisant on pense plus au philosophe qu'à la philosophie,
c'est vraiment faire l'éloge d'Alain comme Alain a fait celui de
Descartes.
AI.BERT THIBAUDET

NOTES

745

poète françai , ressemble à tout, sauf à un distique latin.
De _sort~ que ~ans c~ livre si agréable à lire, ce qu'on se garde
de (1re c est Ovide lu1-méme, ou ce qui nous est donné pour
Ov1~e. ---;, Une petite question amusante. A la page 17, il nous
est dit qu a Rome on demandait aux élèves dans Jeurs dissertations :. s'il était possi~Je de creuser un po;t à Ostie, de dessécher I 1st~me de Conn the ». Dessécher un isthme ? Je me
dema~de s1 par hasard M. Ripert n'aurait pas emprunté son
~.~nse1gnement à un auteur qui aurait traduit, sur un texte que
l,'.gnore, secare Isthmum par dessécher l'lstlnne J Le percement de
l :sthme de C~rinthe, qu~ commença Néron, était, dès le temps
d Auguste _à l ordre du JOur des travaux possibles, et il était
na~_rel qu'il servit de matière à discours, comme le percement
de I_ 1~thme de S_uez au temps des Saints-Simoniens. Si ma suppos1t1on est vraie, la crise du latin ne date pas d'aujourd'hui!

• *

OVIDE, POÈTE DE L'AMOUR. DES DIEUX ET
DE L'EXIL, par Emile Ripert (Colin).
Sous ce titre un peu grandiloquent, M. Ripert consacre une
étude littéraire à un poète dont on ne parle d'ordinaire qu'avec
une tiède bienveillance. On lui reconnait le mérite d'une double
facilité : facilité, pour lui, de ses vers qui paraissent se faire
tous seuls ; facilité, pour nous, d'un latin dans lequel autrefois,
dès notre cinquième, nous entrions de plain-pied. Joignons-y
le mérite d'avoir traité d'admirables sujets. Ayant rêvé sur les
Métamorphoses, que M. Ripert compare aux Mille et une nuits,
il m'est arrivé une fois de commencer à les lire : elles parlaient plus à mon imagination avant qu'après. Ce qui nous
plait dans les Amours et l'ArJ d'Aimer c'est Rome au siècle
d'Auguste plutôt qu'une vraie source de poésie amoureuse.
M. Ripert s'est efforcé de mettre le plus haut possible le poète
sur lequel il écrivait un livre. Il a réussi surtout à écrire ovidiennement toutes sortes de choses ingénieuses, à faire d'aimables comparaisons (il a une bien îolie page sur le jardin de L'l
Fontaine) et à bâtir pour Ovide un tombeau qu'il eût aimé. a
me permettra seulement de trouver tout à fait insoutenable sa
manière de traduire les vers latins en vers blancs : l'hexamètre
suivi d'un décasyllabe, forme barbare que n'a pratiquée aucun

LA POÉSIE

ALBERT THIBAUDET

VOCABULAJRE, poèmes, par Jean Cocteau (La Sirène).
Arbre, bocal d'oiseaux, feu de bengule
entre les fies
Le soleil fait chanter les tra,nwavs dans la ville
Le ciel est u,i 111arfo ,mis sur r:S maisons ...

Tiens, dites-vous, j'ai déjà lu ça quelque part. Parbleu f il n'est
pas une revue nouvelle, typographiquement costumée en nature
morte cubiste, qui ne tienne à honneur de recueillir des traits
de se~sibilité aussi ingénieqx. Tous les birbes barbus qui lamentent, a la terrasse de brasseries désuètes, le bon temps des.
glareuls symboliques et les femmes à bandeaux plats des génér.ales de l'Œuvre, vont bientôt, touchés par la baguette de
1enchanteur nocturne Paul Morand, faire semblant de croire
com~e mon ami Mac-Orlan lui-même, que les trolleys serven;
à tentr les tramways en laisse. - Alors Vocabulaire est un catllogue de gentillesses dans le goût dada-centre-gauche ? - Pas
le moins du monde. Voici le poème-programme qui termine le
recueil :
France gentille et ve1·àoyan/1
Qui fait les femmes et le viti
Comme on en chercherait en vain
Sur toute Europ, enviroruuu,te,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Si je te d,ante i 1n4 fllf(}lt
Chacun, SI/ delourne et me 11/DtJlltMai:s un.jnur arrive l'é.poque
Où l'orei1ü entend lq cha1tson.

Guilkmme .Apollinaire. dans C11Jiiu1&lt;aw1rw a.vail d_tjà p:inc_é
cette corde-là, renouvelant~ a'{ee un grâce modeste et subtile,
Je- petit chantage bien co.11n-u : c&lt;. Mru.s o:n a dit ça de Manet .•• P
De combien de milliers de méchants tableau~ ne sont-ils pas
responsables, les jurés qui IefusèLent Corot 1
Tel q14i jadis- me- ,z1oulllt mordre
Voyan~ nus jg11rt-à. l'em:ers,
Camprt:1dra soudtzin que mes. vers
FurmJ. les w·vife14rs de l'ordre.

Evidemment rordre -est à la mode . Mais ici, M. Je-an Cocteau va, comme on dit, u1f peÙ fort. Ce n'est pis lui qui sert
l'ordre, c'est l'ordre qui le sert et quand il pastiche Malherbe (le
.M alherbe des Larmes de Saint-Pierre), il est évidemment plus à
l'aise- que dans l'a1-;on du· Cap de J3onne-Espira11cs, et dé.gui~ en
_pilote de la nouvea1,1té.
Sans être tenté pour cda de « mordre»- M., Jean Cocteau, je
me plaius non pas d'avoir vu sa .figure "à l'envers», mais de ne
l'avoirvue que très rarement, cad1ée qu'elle était sous des masq_ues où je croyais re,coo,o-aitre
ou l'autre Rost~nd, Miw; de
Noailles, Ap.ollUJ,~ire1 MaxJac.o b, u,11Romère nègre in.vi:nté par
Paul Guillaume.,_
~ Sous le bénéfice de çes réserves », ,;:om.me disent les conférenciers,g~noi~ 1 nçus so.ouues p,r:êts à déçla,rer que l'unifoon,e
de-l'armée_de l'Ordr11;: sied parfaitemCIJt ~ M. Cocteau, Qq'il se
perI]\ette une ce.rtaine f~t;1taisie da{ls la.tenue~ nul ri.'y trouve à
redire, mais "lu'il n'aille pas coudrl:l préQlaturémentsur se?
manches les étoiles de général. Nous cFoirions le voir encore
e!l chef d'op::l;t.e~tre ou1ep. O?!!neur c}e jazz. ~ vaut mie.u~ qu~
çela,. et Vocabutaire, s,on dernier livre, est aussile meilleur, celui
où il a mis le plus de lui-ijlême. Et vqici des '7et~ que persooi:ie
ne lira sans un vif agrément:
Les cbeue1L:t pis, quand ;ermesse les perte,
Font doux tes yeux et le tei111 lc1ttta11' ;,

ru.ni

]l tni1wd rm pldistr de la mi11M-sofle

A vous veir, lml11,Y1 oUr:i.frs dù printm,ps.

La 111-er de sa fraiche. d lente ralivtl

uI

Imp,egna le sol d11 rivag,grec
An,r que vofrê f n,Ji.t atnbig1i~ l'olive
Ccwtunne llê11us et CJb le avec.

T1114t de votre adoltsce11èe cnènue
Me plaU, moi gui suis le wteil d'hiver
Et qu.i;, ~mme ·11ous, sur la rose ,me
Penche un jeune front de cend,,es couvert.
Surtout que M. Cocteau n'aille, pas découvrir Moréas. Si je ne
savais que l'Endroii.et l'Envers a été ~écité à la Comédie Française je serais un peu inquiet d'entendre le poète s'.écrier :
Qu'-imporlent I.e, mleil el les marbr~ de Grè:a

à L-t ma~ière d'un 1auréat . d~ prix Arc'heon-Desperouse.
« L"Ordrè »·n'en demande pas tant, nous nôn plus.
ROGER ,V.LARD

.t:\.NDROT:ITE, par J. farta.il, dessins d'A. Favory (};:Q .
&lt;le la Charmille).
.
•
• ., f
.t

'

Tout rompu et tou_t lyrique. que soit le vaste poème de
M. J. Portail, il forme à proprement parler 1.1rre épop.ée.
Le sujet n'en est rien de moins que l'éclosion et la déchéance
de la civilisation humaine, . en un lieu précis, au pied d'une
montagne solitaire. Dieu de la plaine, vénéré par les premiers
hommes, 1€ mont protège la croissance des villages. La vie
rustique germe à ses flan.es, se développe, de l'enfance à la
vieillesse, selon un rythme rude et monotone. Puis l'homme
essaie d'atteindre plus baut ; les ermites fondent des confréries ; mais !'.-élan de la vie spirituelle retombe et fait place
à d'autres ambitions. Sut les- versants de la montagne. s'ouvrent -cles carrières ; la 1Ville se construit ; les faraes:- de.Ja vie
~odernc s'y rl6:b.aîneut; &lt;l'outra.n:ce et l'artifice s'exaspèrent,
1usqn'àc.e qm:, affoië--par son excès, la puiss.ince ·se- retmune
contre elle-même, la ~deoœ..détnùse ce qu.':eli.e. a édifié et que
Ja guerre l'imène la mort et le silence Jà ou J'orgu_eH de
l'homme avait cm dresserune œuvre étern,elle.
.
,_ i
J'ignore si l'on saura beaucoup I de gré à J. Po.tta.iL dr'avoir

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAirn

Chacun préférant
A l'agrégat •
Et à la cqm.munauti
Des hommes solidaires
L'isolement
Du solitaire.

.

.:A,,,~-et-wrps sans biens
lls'fl-bordaiept un soir
Ainsi que de.s marins au port de la mqrt,
En ètreiguant itroitement-dans leurs. bras
Le,palt'l;re 'n1dt de leur destin
Chtt sur eiix· de fout son long
. ' 'comnie
àrbre scié,
Et la voiliblanche de leur dme
Désormais repliie,
A la proue, leurs pieds harasses,
L. A la poupe, leur tête ,·emrersie,
- Elle [IJJ,/t·ejois, le Kouvernail de la pensee ..:....
· I;t pa,·eii 1111 mitan épançui tÙ la coque
Plus large et plus lourd t:11 même temps,
Les bms pendant comme une paire de rames,
Les reins, la crqupe, la taille,
Tout le milieu enfin du corp;, centre et Î-w.tt-e,
Pit.issant, craquant, pesan,t comme un sac plein.

J

un

Il y a là de la vigueur, de la gravité, une harmonie voilée,
un peu grise. En beaucoup de passages, une simplicité familière et virile, des images neuves, bien ajustées à ce qu'elles
doivent évoquer. Parfois pourtant le désir d'atteindre à la force
conduit J. Portail à J'emploi de termes trop forts, qui dépassent le sentiment vrai et' par conséquent l'affaiblissent. On ne
maintient pas, sans quelque fatigue, son attention éveillée
jusqu'à .]a 3 34'• page du second volume, car la mémoire -paresseuse n'a guè.re de prise sur cette vaste coulée. Mais on serait
coupable si l'on n'apportait pas à la lecture-&lt;l1Androlite la. pel'sévérance à laquelle ce livre. a droit.
De belles eaux-fortes de favory ornentîe poème et en reflètent bien J'esprit.
JEAN SCHLUMBER.GER

:J

Je cite ces détestables vers parce qu'ils montrent à quel
point, çà et là, l'auteur est encore pris dans la gangue des
théories scolaires. Mais lorsque, spontanément ou par un
effort de libération, son imagination s'engage sur un terrain
qui est bien à lui, lorsque les abstractions font place à .des
termes plus sensibles et plus directs, le poème atteint pa~foi~ :à
une force, à une probité d',accent qui émeuvent. Il est difficile
d'isoler un court passage, citons ·pourtant ce beau fragment
consacré au cimetière dt}. village :

749
•

subordonné le foisonnement de son imagination à ce plan
général. Ces grandes synthèses ont toujours _quelq~e- cbose
de sommaire et de froid. Les exemples, les traits qm servent
à illustrer une aussi formidable aventure paraissent nécessairement trop grêles; trop individuels, même si le héros en
est c&lt; J'Homme ii. Les quelques douzaines d'épisodes qu'on
choisit font maigre figure de symboles. Ce raccourci d'histoire
est trop simplet pour qu'on le prenne au sérieux, et il est
trop insistant pour qu'on puisse l'écarter comme une convention sans importance. Mais, si persuadé qu'on soit de
l'impossibilité qu'il y avait à mener à bien une entreprise
comme celle de J. Portail, il faut convenir qu'un dessein
aussi haut mérite de la considération. En ce temps d'impressionnisme poétique, on est reconnaissant envers ceux qui
·coordonnent leurs efforts et qui restent convaincus qu'il y a
un ordre de beauté auquel on ne peut atteindre par une juxtaposition de simples fragments.
,
.
Plus peut-être que lui-même ne sen rend compte, J. Port~il
s'est servi de la poétique, des tours de phrases, du répertoire
d'images que, pour plus de simplicité, il faut bien nommer
unanimistes. Parfois l'adhésion aux doctrines de l'ancien groupe
de l' Abbaye est avouée ingénument, comme lorsque J. Portail
montre les ermites

. *
1,

LA VERDURE DORÉE, par Tristan Deréme (EmilePaul).
Dans les poèmes que M. Tristan Derême dispersa en maintes
plaquettes· et qu il •réunit 'aujourd'hui en voJume, il prend' soin
de nous avertir•que cc la, tris.tes se et l'afiliction les plus &lt;loulou.:.
« reuses n'apparaîtront qu'ornées des claires guirlandes de

�•
LA NOUVELLE REVUE FRAN!;AISE

75.0

l'ironie, qui est, on l'a dit,. utiepudeur, et.•qu1 est aussi une
(( rébellion et u.ne revanche ;,, n semble\ bien que ce souci
d'éviter un étalage indiscret de sentiinell trop intimes, crûment exprimés, ait conè!nit M. Dèrl!iÎ:ie 'à ~hbisir trne technique
particulièrement industrieûse 1 et phipnl 1à tradùire par les
rythmes, par l'agencement _des
·ce désd~cord _perpétuel du
poète avec ce qui l'entoure, conime ;ivec soi-même. Ce désa.cêord n'est pas une invention _du ro~antisme et Ronsard ne se
voulait pas moins r~tranché du « ,P.opulaire &gt;1 que Chatterton.
Mais îl se gardait de pn~ndre les ch&lt;i-ses au t.ra:gique et de donner à l'affi.rma,tion-de la solitude intellootuelle 'lln tCfür révolté.
De même que Moréas pa:r la-noblesse et la -laige'o.r de son discours, le poète d,e la '/Terâure Dorée, par l'esprit de sei inventions
verbales, ·par la richesse de 'sa fantaisie·, ai:toubit un pessimisme
qui pourrait paraître outré et une am.értulne \font on ne sentirait pas assez les m~tifs profonds.
·•
Entre Toufet et fean Pellerin la place "de ' Ce charmant
recue:;il est toute marquée, mais Tristan Derême a su g;irder un
ton d'irol).i~ sentimentale qùi fai::t parfoîs songer à:Musset el qui
lui 'a ppartient en pî:o~re aujburd'hui. ·:
•·
ROGER A, LARD

.i ·-

&lt;(

m_chs;

,.,.,.

J-

...

•

-.,

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_,

J

Il arrive à M. Sup'érvie1le de creus~r fa mine L:tfonrué 'lnais
l~s thème~ -du. ~egre~ ~~\de, 1~ Nostal~1è
toüj6 11 1~ pitis
beamr qué pu1s1;ent fle~nr de feur soutfra:nce et de feur foquié-

·sont

tudeîes pottt~hfopsènsibie's :-'· ·
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AFI PLA,ÏSEZ-t'10I..., par R~né !foyrtlsve· (Editions deN9»yt;1lf )3.~vue Françai~~\.
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Vqytz l~, cbarq:1~ d'l}n_.aW&gt;!P.:&lt; Il ~onsti;qrs 1.J~ 1·y;e 4\k1Ué;r~s
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tqgtEJ~.rle~ fègte~, ,e,t l'on ~feœbk en songeant- qu'il e'l)t pus Y,_soumettre. rt nous promet un drame, un crime rnystér~eU.î,
qqil !lSt ~,h,~Jg@ de-,4~J:IQ!l.ç.çr :,.il noQs, ,d·onp.e &lt;tes souvenirs
des pqrt;r,i,ts,, , gtsi fi.u}~jl~~~ d'"analysf; , d&lt;î? ,3:-p,erçµ~ · gµj no,u~
ench~-p.tent, L~ ;gi\'M .-µ\y, tn%i;i_q1;1e _pas 1 G''(}~tr vrai;- on l.'a~ai,t
~ubh(}. rll ~D'il!/ à la_,ftn_. PQP.1 comme k w~e. f,aral 3:ug-uel
l\Uteuy a OOJAStJ.J:ll~î ,sqvgfi, y.ers.lt~i;l;i,~ . d5aJ,Datiq_ue duq,1i1eb
il a t(!nçlu tmJtes ,~t;.s ficelle~ µiail! c9mnw, \e,-. ~ei:;nier {lé)llent
Cl\fl~b!e ,d.'édil;\fef «·un (}tS ~ Jnwre,ssant,· toud1a.11t le °Cceu1r
féJllJl!W. » et de.f§ir.e ~oP;Oaifrs: /1, qy~lle- t;tx.tw,JQiî~ttr;igi_q,~e p~ut
se- ~.Onj&gt;r .&lt;lnf~emJpe 10'-apablt, et déllirn;ql\e~4&amp;:~.lller, ,ff.1tfü1ée. ~1.1'
s~1l de l,i ywiJleJ&amp;e · &lt;Je lll; pire &lt;t4çe;p,tii;m., tnu~e aµssitqt e-o.
ha,10.e. ~e. n'est ·pa.s, ~,~ Cfi:PJe ~M.i.: no~s iqtére)lse, 11tais q,~il .a~t
éte pos,s1,ble.. ,e..t ~e~ent i-1,1'.a ~té, H ?!} se- sluait rien passé du
tout, n~us n a.l!n_o)jls P,%~.::~Jé -dé1;v.:i, 1L:'&lt;lctiop Qe conyerg,e pa,s,
v~s ce. déno"1em-e0;t~1 çtlmm~ v r&amp; ~ - r;tis_Qn '1' ~tre ·, majs ce:
dénouemellt, &amp;\:aljl;t p:rq~ofi ;) Vaut~~r et: ~on, i;Jiois{ p,a~-1u'i, il
Y trouy~ pré.k-lfit~ à: l'tv.pç~J,ioµi d'un . pstSi-?.é do1,1t di:~iu.m\.ères
nôuyelles é,daifelàt ro1;1.~ .à c;o&amp;IL ~es. coiy,s eEJltrés d~~s. fa,
~nombre,-~ ltces- réfle)!jp9§, i;ig_4nieq~1\·:\u~ql}elles un mor;~
lu~e ltobven~ to1;1jburs plJJ~ Qe. p~iq q-,\t'à ,l.:i. J;n,ortelle t{agÙie
qm les a, mises en, mo1Jveme1JJ.
-- · ,,

!

- DÉBARCADË-RtS; par Jules Supervielle (EdJtions ~é k
Reyué de l'Ap_1érique Latin.e).. : , .J . , ~ ,; (! ,

11

M. Jules Supervielle chante les paru.pas, du Paragüay, les
lf,lUchos, les forêts •vierges ou demi-vierges et tou.te cc~:tte Amérique du ,Sùd si. .bleùe sur les pages de nos atlas_ d'enfants_. La
poésie géogra.phique a son défaut : l'-exoti:sine. Celui de
M. Supenie1le est ,aimable~ hl,:, Supe~iellë- n'ab,use pa.s des
mots barban:s qui,créent la « couleur locale ii. il r.este un poète
français qui trouve parfois des accents émouvants ou émus :
Dans l'heu1·e mille et millbtaire

}

Qui ti-empe an fond c/j;f! timips secrets · l
Pour qui ces roses et ces pierres
Qui n'ont jamais disespéré?

J } 1 -1 / I
l'fH

M. Superyielle abandonne tsouvent le beau je.u des- v.ers el
l~isse&lt; sa. mus.e ea liberté. Je kpréfhe e,:ichaîné.e. efdiantant ces
vers mélancoliques :

~t, si l'on œasi~_r:e: c;t: l.iivr-e,,-Jlqn.., pl~:S C(i)IDJl!~ \l,IJ tomar;i.,,
mais li:omme 1a.p.eintur~ ~-U:t"§ -de li',tH&gt;l;;t'11,lameQ!, q,u so~v.e,n,ir~

�752

LA NOUVELLE REVUE FRANçAISB

accru de toutes les richesses que l'imagination Y ajoute et
que le juaement en extrait, si l'on accepte complètement la
fable que l'auteur présente dans son prologue, l'œuvre, sous
.ce nouveau point de vue, se montre de proportions parfaites, et
construite selon les meilleures règles, non plus du genre,
mais de l'analyse intérieure.
Robert d'Egmont, qui eut, dans son be.au temps'. une grande
réputation dans les milieux monarchistes de sa province, ~eurt,
vers la cinquantaine, d'une façon mystérieuse, assassmé au
coin d'un bois. Bien des années après, Mlle de Querrevégant,
sa fille, ayant pris connaissance d'un carnet de n?tes gri_ffonoées
par son père, et qui éclairent singulièrement 1 o~scunté de ce
trépas, l'apporte au romancier : cc Vous all~z écnre une fable.
Elle ne sauvera aucun innocent, elle ne pumra aucun coupable.
Cependant, quand des faits iniques sont rois au net par un
cerveau clairvoyant et juste, il me semble que la bonne cause

y gagne.»

.
Boylesve a donc (admettons-le) connu Egmont ~ans sa _1eu:
nesse. On sent bien que c'est là son principa.I a~ra1t, et qui lm
mérite un portrait détaillé. 11 aurait pu offnr dix autres apparences, conformes à son destin, ou même n'être crayo~né que
dans une esquisse indécise; sa place dans le drame o ~û~ pas
été modifiée, ni son sort malheureux : il a beau ê~e la v1cume,il n'est en somme qu'un comparse, porté au premier plan, non
point précisément en vertu de son ca~actère,, mais par le hasard
malencontreux d'une rencontre tardive et dune dérob~de der:
nière devant une vieille chercheuse d'amour, en quête d un ém01
vainement poursuivi et qui croit reconna1t:e le _seul hom,me
capable d'en satisfaire l'appétit dans celui qui précisément s est
toujours refusé à tenter l'expérience. Mais, bien plus que co'.11me
· t'me , c'est comme témoin et comme évocateur des. 1ours
'VIC 1
-anciens qu'il intéresse l'auteur. Sur la toile du souvenu-, to~t
à coup déroulée, il a sa place marquée, entre Laure, la grand.mère et Mil• Cloque. La meurtrière, M~e d~ Blou, y apparait
.aussi, puisque cette femme, alors jeune, s off~1t, au cours de ses
recherches, au potache Boylesve. Mais elle n est pas mêlé~ aux
;autres personnages, elle n'a pas la même couleur, et,_ s1 ~lle
· au m1·1·1eu d'eux , c'es\ qu'une circonstance
-surgit
,
"parucuhènr
_
la met en vedette et l'extrait de la foule ou elle était perdue.

NOTES

753

Les autres font partie du passé, lui donnent son caractère, ils
sont inséparables du décor, qu'ils animent et qui les entoure,
ils ont été peints en même temps que lui, on ne peut les
dissocier, ou alors il y aurait une rupture d'harmonie, comme
si l'on oubliait, en copiant le Printemps de Sandro Botticelli,
d'y faire figurer une des nymphes dansantes. Tandis que, pour
que Mme de Blou apparüt nettement et fît saillie dans un cadre
où jusqu'alors elle demeurait fort effacée, il a fallu une recomp,osition momentanée provoquée par un événement sensationnel,
de même que, sous le porche d'une cathédrale, l'entrée solennelle du nouvel évêque fait appliquer ses armoiries peintes sur
le tympan, sculpté au xive siècle. Si bien qu'elle seule joue son
rôle réel, et manifeste qu'il s'agit non seulement d'évoquer une
atmosphère de jeunesse, mais de préparer et d'expliquer un
drame : parmi les personnages familiers elle tranche par sa
nouveauté ou par sa récente importance, comme dans un
théâtre de province, pour jouer une pièce qui entre dans son
répertoire, un directeur perspicace et audacieux va chercher,
parmi les figurants, une étoile inconnue et la met en vedette,
au milieu des acteurs bien connus du public. Elle apparaît, de
cette façon, non plus à sa place accoutumée, daas la pénombre
de la mémoire, comme une maîtresse qui se propose sans être
désirée, mais dans une lumière tardive, qui reçoit tout son éclat
d'une révélation postérieure, comme si un vieux provincial
apprenait, en lisant son journal, que Sarah Bernhardt, à quinze
ans, jouait des bouts de rôle sur le théâtre de sa viUe, où il
était familier. Et ses démarches amoureuses, au lieu de
demeurer un vague sujet d'étonnement, de satisfaction et
d'ennui, se montrent comme le premier signe éprouvé, et
récemment compris, d'un tempérament féminin, dont le dernier
est le meurtre d'Egmont.
LOUIS M.ARTIN-CHAUFFIER

•* *

LES THIBAULT, I. - LE CAHIER GRIS, par Roger
Martin dti Gard (Editions de la N. R.F.).
Dans Jean Barois, Roger Martin du Gard racontait toute la
vie d'un homme, miroir et reflet d'une génération. Avec Le
Cabùr gris, il commence l'histoire d'une famille, la famille
48

�754

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAfSE

Thibault, qui comprendra huit ou dix-volumes. Il est impossible,
après la lecture de ce premier épisode, de présager 1a suite du
roman. Pourtant un certain nombre de traits semblent déjà se
dégager nettement ; celui-ci, en premier lieu : tous les personnages sont pleinement conscients, ils appartiennent à une éJite,
ils s'analysent, se jugent, font effort pour se diriger, ont une
vie morale; en second lieu, tout eh restant très individualisés,
chacun d'eux. appartient à un type social -eonnu, classé : un
grand publiciste catholique, une fille de pasteur, un protestant
libertin ( dans le double sens du mot: le sens du xvn• siècle et
celui d'aujourd'hui), un Christian scimtist, un abbé pédagogue,
etc ... , de sorte que ce sont davantage des doctrines de ,·ie qui
se heurtent et s'affrontent que des passions individuelles qui
jouent. Cc qui ne veut pas dire que cette première partie des
Thibault manque de vie, de chaleur et de mouvement. Vie,
chaleur et mouvement sont tout au contraire les qual ités prinpales du Cahier gris. Mais sous le romancier, l'on sent le sociologue et le moraliste. L'émotion dominée, on trouve matière à
discussion. II y a là un danger certain auquel a presque totalement échappé dans cet épisode M. Martin du Gard, mais qui le
guette sans nul doute. Le romancier ne doit étre enchaîné par
rien, surtout par aucun didactisme, et s'il peint la génération
qui l'a précédée, la sienne propre et celle qui suit, il faudra que
ce soit ~os le faire exprès, ou du moins que le lecteur n'ait
jamais l'impression qu'il l'a fait exprès.
Quant à savoir si M. Martin du Gard a tort ou raison d'entreprendre un roman cyclique, c'est au résultat qu'on en jugera.
Le Cahier gris campe le petit Jacques Thibault (pour{Juoi
cette homonymie gênante avec le violoniste ?) qui sera, à n'en
pas douter, l'un des principaux protagonistes des Thibault.
Il a quatorze ans. li est violent, avide d'absolu, d'amour ; il est
poète ; quand un surveillant surprend la correspondance passionnée qu'il échangeait avec un de ses camarades, Daniel, il se
sauve à Marseille 1 entraînant Daniel avec lui,-et tente de s'embarquer pour l'Afrique, le pays inconnu où il situe des aven·
tures héroïques, tous ses rêves, la liberté. Un nom s'impose :
Arthur Rimbaud. Et une piste s'ouvre : les Tbiba,ût pourraient
aussi être un second Jean-Cb,·istophe, si le génie du petit Jacques
est autre chose que la haute flamme pure de la pré-adolescence.

tlOTEs

755
Le noyau de cc Cflhin, 1r • ,
d
nf:
. ,;ns, c est one une aventure courue par
eux e ants, une fUJte romaoesqu h
d
d'hui l) ef de la vie
. . e ors u « morne aujour.
trop quot1d1eane, une aventure
,.
posent ni les contingences comme chez un p·
B que n i_mgoOt baudelairicn d dé
terre enolt, m le
es parts comme chez Mac O 1
.
.
éclôt d'une crise d"
. ,
r an, mats qu1
ni d'
r
a?1e et qui ne t à la poursuite ni d'un trésor
une iemme, mais à celle de l' b I L
'
ru-rêtés sur la route de Toulon et a sou. é es deux enfants sont
Le premier épisode finit là.
ramen s chez leurs parents.
d

ta!:1:

1:autres épisodes sont amorcés. Le drame intime de la
u compagnon de Jacques, Daniel, est exposé avec un
coups de théâtre, un dosage des effets qu. br
,
rappeler que M. Martin d Ga d
.
1 o ,gent a se
p d fi .
u
r est aussi dramaturge
Un as e ~ntures dans 1e récit et cependant l'amour. du détail
~tyle qui se dérobe sa ns cesse au regard pour laisser à
1.
sEentim_ent ou l'événement. De 1a force; le don de l'é n~ e
t ce livre fermé
IÎ
,
.
motion.
bo L
, ce rago t de I a sun:re qui met l'eau à la
ucue.
.art des

Une obsen,ation cependant
. . ell
terrible critique Ce déb t d qui, s1
e portait, serait une
.
u
e roman n'est pas daté E
avant, pendant ou après la guerre ? Un roman c li . d st-on
espèce ne
t ê
yc que c cette
('
peu: tre Ta Iable aujourd'hui que s'il a 1
J entends : la &lt;c vie privée l) pendant ou depuis I a guerre
comme fond. Mais en huit volumes M M . d Ga guerre)
loisir d f: ·
·
'
· artm u ard a le
e aire vivre ses héros de 1913 à 1922 n, •·1
'
Balzac dont 1
· ~u J se report a
&lt;iont t .
es personnages vivent sous la Restauration zpais
oniours nous savons ce qu'ils .
f: .
,
parents ont fait) entre 1789 et 181 &gt;- ont ait ( ou ce que leurs
BENJAMIN CIŒMŒUX

•*•
LOIN DE LA RIFFLETTE~ par Jean Gabier Boi·s,,
J.,e
(Crès).
...:i:,,
Bo~v~nt toute autre considération, le livre de Jean Gal .

ng::;re est un_Iivre cour.igeux, et le fait d'écrire un livre,:~:
quable sur ce SUJet, rempli de pièges, est d'autant plus remuà crainir~eq~eettleaguerreh ~t terminée et qu'il ne nous reste plus
proc atne,

�LA NOUVELLE .REVUE FRANÇAISE

'
en éliminant certains ouvrages

li"

Petit à petit,
sur la guerre et
en retenant les autres, on arrive à garder de cette aventure des
images représentant honnêtement les mille aspects de cette burlesque tragédie.
C'est, maintenant que la guerre est lointaine, mais qu'elle
nous tient encore sous la puissance des souvenirs qu'il faut lutter
contre cette sentimentalité déprimante qui donne à ces souvenirs une saveur incomparable. Cette saveur, si l'on n'y prend
garde, nous fera un jour regretter la guerre.
Pour cette hypothèse, dont il faut éviter la réalisation aux
dépens de sa sentimentalité, le livre de Jean Galtier Boissière, Loi.n de la Rijfktte, c'est-à-dire Loin du Fm, dans le
jargon des soldats de 1914, prend place parmi les grands livres,
parmi les livres les plus humains qu'inspira cette situation désespérée.
Il y a ici, comme dans le beau poème à la mort, composé
par Jean Cocteau, l'envers et l'endroit : l'endroit à la surface où
la bataille crépite comme une chevelure en flammes et l'envers,
dans les clapiers où l'on élève les cobayes.
Mais ici et là le burlesque domine et la nature humaine se
révèle en s'adaptant au milieu. Tel qui fut un héros au combat
devient un poltron au dépôt et tel qui pensait mourir de peur à
la lecture des communiqués se révéla sur la ligne avec assez
d'orgueil de soi-même pour accomplir les mêmes gestes homicides que ses camarades mieux doués pour ces ébats.
Jean Galtier Boissière a pris le ton qu'il était convenable de
prendre pour écrire cette pièce qui se jouait au dépôt un peu
comme Les 28 jours de Clairette, mais avec une fin tragique qui
n'exclut pas la terrifiante sottise de ce vaudeville à peine transposé.
Des comparses que nous avons vus dans toutes les publications humoristiques destinées à faire rire les médiocres, les
légendaires figures de la sottise toute-puissante s'animent cette
fois sans craindre les responsabilités. Et la pauvre nature
humaine, celle qui protège sa peau contre le feu et contre le fer,
·se livre nue, dépouillée de ses fards et de ses ornements individuels, aux hasards soigneusement corrigés qui retarderont
l'inscription du nom au tableau de départ.
Loin de la Ritfletle n'est pas un livre amer. Il présente la vie

NOTES

757
spéciale aux années_ de gu~rre sous un aspect comique. Or uo
des asp~cts de la vie guernère était comique. Un homme qui
• veut é:1ter la mort par des moyens nécessairement puérils
est touiours .drôle, de même que l'homme qui a pour mission
d~ le condmre à la mort à l'aide de « boniments» superficiels.
C est la lutte du potache contre le pion avec à l'horizon les
flammes ro,uges de la bataille. Mais du dépôt à 1a bataille il y
~ ';1pture d atmosphère et, pour cette raison, en passant de l'un
a 1autre la personnalité de l'homme change.
. Tout ce~i ~e cont~b~e.pas ~- faire de Loin de la Rijflelle uu
livre so~m1s a des d1sc1phnes unéraires comme il est bon d'en
découvrir pour permettre à la critique de s'exercer.
Mais si l'on tient compte que Jean Galtier Boissière a écrit
~es so.~venirs avec plaisir, et qu'il possède au plus haut point
1art d !nterpréter une figure, une chambrée, un restaurant, où il
ne craint pa~ de présent:r des gens célèbres avec une vigueur
assez agressive, on conviendra qu'il y a dans Loin de la Rijflette
les éléments nécessaires pour remonter au moins jusqu'à Juve~
nal.
Mai~, mon cher Jean, pour av;ir risqué votre peau, vous avez
compns le sens de la farce et vous avez écrit - peut-être en
pe~dant la plus belle rose de votre chapeau, c'est-à-dire le plaisir
délicat de regretter un jour votre jeunesse militaire - un
~uvrage profondément comique, profondément émouvant ..•
1envers de cette belle médaille qu'il nous est difficile de reaarder
0
sans rourrir
b

PIERRE MAC ORLAN

•

* *a

LES ÉGAREMENTS SENTIMENTAUX de Restif de La
Bretonne, avec des illustrarions de Joseph Hémard (Crès).
• Dans sa courte mais substantielle étude sur Dosloievsky et
1 I~ondable, parue ici même, M. Jacques Rivière dit que l'écri;a10 rus_se est peut-être le premier qui ait résolument envisagé
1absurdité de nos sentiments ; qu'îl accuserait volontiers le
désordre qu'il trouve dans ses modèles, et qu'enfin nous le
~?mpr~nons mal, parce que, placés en face de la complexité
une ame, nous cherchons d'instinct à l'oraaniser. C'est en effet
le soue·1 J J
d. ·
t&gt;
e P us or 1oa1re des romanciers, que la recherche de

�tS8'

WOTES

LA NOUVELLE REVUE HA.NÇAISJi

1~unité psychologique, à laquelle t0us les actes d'un héms dorvent ~tre subordonnés, et telle ttst l'accoutumance à la conven:ti:on que nous accusons un être vivartt de manquer de- c.aractère:s'il trahit des inspirations imprévues. « J'imagine, dit encore le
critique, que c'est cela qui doit gêner l~s étrangers devan1t le
Néron de Rac-irle, ou même devant le Julien. de Stendhal. Nous
ne donnot1s jamais le vertige de l'âme hûma,i~.e. »
.
.
Dostoîevsky ne- me parait pa~ être le prem1et (1 qui nous ~1t
fait sentir notre insuffisance sur ce poi.m ». D€c nombreux espnts
songeraient à Restif, s'il n'était l'auteur
plus. ~e trois_ cents
ouvrages, pour la plupart introuvables, d un ménte ~ort méga!:
et d'une lecture parfois rebu.tante. Toutefois, pai!IDl ceux q~1
connaissent assez Restif pour s'en former une îdée générale, il
s'en trouve benuco-up qui soat précisément rel&gt;urês, non par son
manque de go-üt presque absolu, ses naïves utopie,s, son style
sou!\rent flasque, ses redites, sés fadeurs écœurantes et son é;é.thîsme maladif, mais par sa complexi~é rnême; qui le 1e,ur ait
ran&lt;tet au nombre des fous les plus: rntoh€rents . Te1 n est pas
Res~if et d'ailleurs, son ambition littéraire, qu'il manifesta
'
· r1e re
frêquemment,
fut, comme Rousseau, de trous représenter
itt.téu-rid. Les premiets réa.list'és d.ti l'analyse, ave4: Duranty, se
sbn~ rédaméS' de lui. Sans doute, parmi les di\"erses classes ou
catégories d'hommes; Restif, malgré- ses prétent~ons, n'appa~tiertt pas à ia plus délicàte ni à.là plU!f élevée ; mai~ encore est-il
au-dessus de la moyenne, etpou"{ons-nous le wns1dérercomme
le représentant d'individus assez nombreux dans la petitô bourgeoisie, et même dans le monde intellectuel. Il n'est pas un cas,

....
1

d;

une exception.
.
.
,
On doit trouver louable toute tentat1ve de vulganser 1auteur
de Monsieur Nicolas, ouvrâge en une ·quinzaine dè volumes, et
qui porte en sous-titre : ü Cœàr hutnain dévoilé. Mais il ~a~t,
pour ne point tomber dans l'insuffisance des:- Pages Choisies,
nous donner un fragtnént d-è mémoirés qui forme un tout
romanesque et contienne le meilleur de R~srif. Qu éta!t , donc
prêt à féliciter l'éditeur des Egarements Sen.Jimentau~,. qm, a première vue, reproduisent l'histoire de Madame P~rango~ et c~Ue
de Zephire, encore que l'on s6it prévenu par le t1u:e. St le bwgtaphe de Monsieur Nicola:s est Un disciple- de Ro~sseau, ~'est
aussi un comphtisant élève de -Chorier, fe rnnranaer sotad1:que

du Mmrsius, et l'on peut dire qu'il fut le plus souvent égaré par
~s sens. ~ais, ne ~hicanons pas tro.l? sur une _phraséologie qui
s entendait fort bien au xvrne siècle, sous le couvert de la politesse, comme en témoignent les Egarements du Cœur et de l'Esprit, de Crébillon :fils ...
On s~ demanae ~nsuite par quel ~rtilice de typographie,
l'histoire de Madame Parangon, extraite de Monsieur Ni'colas,
peut tenir en moins de cinquante pages sans que 1e caractère de
cette touchante héroïne en soit diminué. Hélas ! a v-ant d'entrer
dans le vif du récit, aucun avertissement critique ne nous présente Madarne Parangon, telle qu'elle apparut à Restif en 1750,
et, au lieu de debuter par le charmant tableau de la visite à l'imprimerie, le texte commence un péu brutalement par le portrait
physique de la P.at~onne. A la rigueur, on admet que quelques
p;isgages difficiles à. relier aient été sactifiés ; mais on est stupé'...
fait que l'histoir.e s'arrête court après l'épisode de la nuit, où
Restif regagne sa cbambre sans avoir possédé sa maîtresse endormie. Les convenances, à elles seu1es, dans un livre aussi libre.ment illustré, n'a1;1raient pas suffi à faire passer sous silence le
viol de Madame Parangon, décrit avec toute la décence possible,
comme avec le plus grand pathétique. C'est justement là où
Restif dévoile l'incohérence des sentiments dont parle M. Jacques
Rivière, et sur quoi le public aurait pu méditer... D'autre part,
dans l'histoire des mœurs et de la littérature, Madame ParanCTon
•
b
tient sa place en_tre Mm• de Warens et Mme de Rénal.
Non, ce n'est pas la pudem;, mais la nonchalance de recourir
à-l'édition complète de Monsier;r Nicolf1S, qui nous a privés de
cet épisode, c.ar, en comparant les textes, on voit que Madame
Parangot1, telle que la présente fyf . Georges Crès, est extraite
des Pages Choisies du Mercure, lequel,, pour diverses raisons,
n'était pas tenu à l'intégralité. C'est aussi pourquoi l'illustrateur,
M. Joseph Hémard, n'a pu s'inspirer des précieuses indications
que donne à chaque tome l'auteur de Monsieur Nicolas, au sujet
des estampes qu'il projetait de faire graver. M. Georges Crès a
pourtant des érudits à s01uervice, qui soutie.n nent l'honneur de
sa mai.son.
FERNAND FLEURET

1
:J )1 .....

•

�760

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE COURRIER DES MUSES.

...,.

une Fran~ise a fait Maman, Doudou, Joujou, Dodo, etc.
On_ me ~1t que les femmes écrivent beaucoup cette année.
Certams sen plaignent, mais les hommes aussi écrivent beaucoup 1 ~ans doute la plume de Colette, la lyre de Madame
de Noailles ne peuvent être mises entre toutes ces mains qui
chang~nt souvent la forme de nos cœurs; mais moi qui ne suis
pas mtsogyne, quoi qu'on en dise, je regrette seulement que
tan~ de femmes auteurs se connaissent mal et qu'elles veuillent
écnredes ~~~res «fortes», masculines, alors que le domaine
de !a. se~s1bihté leur appartient et qu'elles le dédaignent. Le
pla1s1~ d être homme n'est pas si grand, mesdames ! Pourquoi
vo~Ioir nous ressembler? Pourquoi vouloir vous déguiser en
écnvant, changer de sexe ? Je n'aime point qu'une Amazone
monte P~gase à califourchon. Les cordes de vos lyres doivent
être sensibles, mesdames, permettez-moi ce conseil. N'entendezvous plus la voix mélodieuse de cette grande sœur de Verlaine
la pauvre Marceline, la triste Valmore dont on va publier u~
album de souvenirs ?

Le mois dernier, le grand événement de la vie littéraire parisienne a été gastronomique. Je me suis quelque peu occupé de
cuisine et à une certaine époque de ma vie, je travaillais à des
livres culinaires, sans aucun enthousiasme d'ailleurs et sans
connaitre beaucoup ce dont j'écrivais. Le lecteur est prié d'excuser ces souvenirs évoqués à propos du dîner d'inauguration du
Restaurant du Vieux-Colombier. La direction avait convié la
troupe du Théâtre, quelques représentants du Club des Cent
venus pour apprécier la qualité des mets et quelques amis choisis. La soirée fut charmante. Ou but des vins excellents. La jeunesse, la beauté, l'esprit étaient réunis autour des tables jonchées
de fleurs. On prononça des discours entre lesquels il faut signaler celui de M. J .-L. Duplan qui, venant de courre le sanglier à
Rambouillet, arriva en costume de chasse, au saut de l'étrier :
- La cuisine ici sera sincere, dit M. J .-L. Du plan, et, reprenant
le mot de M. Paul Poiret: « Ici, on ne mangera pas des fauteuils
Louis XV ! » Un phonographe joua des airs américains. Les
danses de caractère de MM. Dunoyer de Segonzac et Boussingault furent particulièrement remarquées. On chanta des
romances:

. On a publié aussi le «Journal» de Marie Lenéru • la sévère
Jeune fille qui, à vingt ans, écrivit un essai sur Saint-Just, la
pauvre sourde et muette, la prisonnière du silence.

M igno1111e, quand It soir descendra sur la terre
Et qiu le rossigmJl viendra cb1111ter encor ...

* *

Vers onze heures, quelques-uns des convives avaient perdu

la raison. Les comédiens du théâtre qui jouaient ce soir-là,

.,.

JfOTBs

revenaient, fardés, costumés, boire un verre de champagne entre
deux actes, entre deux scènes. Une étrange animation régna
dans la paisible rue du Vieux-Colombier durant toute cette soirée qui fut moins brève que la nuit et qui s'acheva quand les
étoiles pâlirent et s'effacèrent devant un jour gris et rose.

*
* *
« Un Français n'eût pas fait Adolphe », écrit Mme Gyp dont le
cœurde Française s'émeut et reproche à M. Binet-Valmer d'écrire
un français de cuisine - tandis qu'elle, Mme Gyp, on chercher:lÎt vainement à charger sa conscience d'écrivain d'une seule
faute de français 1 « Un Français n'el1t pas fait Adolphe. »Hélas!

*

Cb_acun ~rend son plaisir où il le trouve, mais j'en connais
certams q~1 ne le prennent jamais et le cherchent toujours. On
~onde tou1ours de nouvelles revues sans intérêt. On fait touJours des enquêtes sans conséquence. Une petite revue récemment reparue demande à ses lecteurs :
- Que faites-vous quand vous êtes seul ?
Le~ grands journaux se renseignent sur la jeune Poésie. Un
;on_Sieur :oudrait savoir ce que pense la jeunesse d'aujourhui. De Jeunes poètes songent au théâtre, de vieux dramaturges songent à la poésie. Le soleil du printemps n'a pas fait
éclore de nouveaux génies. Le Parnasse est calme.

• ••

GEORGES GABORY

�LA NOUVELLE REVUE FRA~lSJl

LES REVUES
M. Jean Guehenno, dans un article, qu'a publié le numéro
d'avril de la GRANDE RE.vuE, sur les Relatio11s inlûlectuelles ent,-e
la France et l'..d.llemagne, traite sans complaisance et sans aménité l'attitude que nous avons prise à la Nouvelle Revue Française,
sur cette grave question. Ses critiques ne nous empêcheront
pourtant pas d'entendre ce qu'il y a de juste et de courageux
dans ses remarques, en particulier dans cette page sur la propa.gande:

........

C'éstic.i qu'apparaissent clairement la sottise et l'inutilité des « œuvres
de propagande &gt;1. Outre qu'une pensée, quand elle vaut quelque chose
se propage d'elle-même, il est amusant de voir charg.!s de cette propagation, ceux qui précisément sont les moins faits pour persuader et
convaincre, gens à tournure d'esprit iliplomatique, qui dans leur&amp;
mouvemCDts de générosité les plus spontanés, ne s'oublient jamais,
en qui le « retour à soi » est comme naturel et qui font généralement
trop de cas des qualités les plus bornées de leur pays pour savoir mettre
en valeur ses qualit.!s les plus communes. Toute la puissance d'un propagandiste alla-t-clle jamais plus loin qu'à faire connaitre an-delà de nos
frontières la forme de nos monocles ou &lt;le nos gilets ? Pensée française et propagande française sont peut-être des termes contradictoires, si l'une est le résuroè de cc qu'il y a de plus large en notre
génie, si l'autre sert les plus mesquins de nos intérêts.
Il y eut un temps où la France se propageait d'elle-même. C'est
qu'elle n'y pensait pas. Mais ses écrivains regardaient le monde avec
une curiosité affectueuse. Et ils disaient quelque chose. Des choses de
demain plutôt que d'hier. Et ce sont peut-être celles-li qu' il f.aut diYe à
qui veut que des peuples inquiets l'écoutent. Ils se souciaient moins
de justifier des titres dès longtemps acquis que d'en acquérir de nouveaux.. Ils ne cc nationalisaient » ni ne « dénationalisaient » leur pensée.
Sans effort, sans seulement y -prétendre, ils g~aient la confiance de
l'Europe. Comment un Montesquieu, un Voltaire, un Diderot eussentils provoqué la dAfiance ? Ils travaillaient dans cet « esprit de liberté P,
qui, d'après Diderot lui-même, caractérisait son temps. Ils méprisaient
tous les fanatismes. Ils ne criaient point mais savaient le pouvoir d'une
id~ comme d'un mot, mise en sa place, et qu'il ne s'agit que de bien
sa"lroir manier les le'liers et en reconnaitre précisément les points d'application pour soulever des montagnes_ Le visage de la France en leurs
œuvres souriait. Il n'avait point cet air rébarbatif que nos contemporains, tristes et perdus dans la méditation deux-mêmes, lui ont donné.
Ils ne se demandaient pas où une idée les conduisait, prêts à toutes les
affirmations comme à toutes les négations. Ils ne craignaient point les
aventures de la pensée. La probité intellectuelle était leur règle, qui
consiste à accepter de tout voir. Ils ne s'arrêtaient point en chemin,
par souci de servir le prince ou la nation. Ils faisaient confiance à

LES REVUEs

761

.
I'espnt,
hommes de raison pl t6

•
plutôt qu'idéolo
L
u t que rati~nalistes, ho1umes à idées
mesure de leur ~ :...N'ose/!~~!; se trouv:1t _être p~écisémcnr â la
qu'ils étaient cbez eux encore en
ne les genaR1ent_ point. li savaienr
étonnés ·e
'
russe ou en US!lle. On les eût bien

f

la ques~i~n p:Se;e:1tf:::t~~t~~ll:"::~t~n débat ditat à Etat
d'Etat sont d'un ordre et les h
d l'
. , eux pays. es choses
ou les défaites des nations leu' osesbla~ espnt d un autre. Les victoires
r sem lent sans r.apports a
1
et la propagation des idées et 1
•
vec a ,a1eur
qn'en leur humanité.
'
eur acnon européenne ne se fondait

. Et M. Jean Guehenno, ayant observé ue « des
rntell~ctuels supposent une réciprocité l&gt;, ter~ine en po;i~f~~es
question:
Sommes-nous prêts encore à l'é han i\ ,
l'amitié: c'en est du moins la condi~ion g~ s L échan~e,lc'est_presque
autre atn10s h ·
el!
·
uppose, Je e crains une
jour qu'ils/ra;;eki~ :es c v!~:~~q~::~~t'.s«vQivinsd ~~ntesquie•u, un
les pays étrangers ·e ,
. '
·
an l :u voyagé dans
pris part à I
f. ' J m )'., suis_ attac1ié comme au mien propre j'ai
florissant » euru ortune, et J ~ r:11s souhaité qu'ils fussent dans un' état
porteron;-ils t:nin:o~~e;~e!c~:::s F~nçais et de jeun~ A!lemands
de cette svmpathie ? Je
. . 1,
peu de cette b1enve11Jance et
lectuclles
ne sais SI on pourra parler de relations intelse fera.
aiment profondes entre les deux pays avant le jour où cela

vr .

CORRESPO JDA CE
Nous ai'Ons reçu de M. Victor Burrucand la letlre s11ii'fl nte :
Mo~SIEUR LE DllŒCTEUR

,

Alger, le

1r

avril

1922.

On me _commun ique la Nouvelle Revue Fm11çaise. du 1er
l
une cbroruque dramatique de M B .
d
.
.
avn avec
en
· oissar que Je crois devoir rectifier
la ~:!~i:~;;n;:yoed/Goarrespect pour la vérité, la vraisemblance et
n
urmoot.
So ni! me souvient pas d'avoir jamais rencontré Remy de Go
. n .oom réputé n'a pour moi aucun visa
urmon~.
Jamais présenté à lui et si 1·e l'a\' .
ge c~nn~. ]&lt;!_ne me suis
reconoaitre.
rus rencontré 1e n aurm pas pu le

t

J'ignore également M Boissard
d h
d
.
croAis pas être jamais ent;é dans sonC:ur:a~:ù Jes:,a:~;~~~u~ je ne
vant de me fixer en Algé . ( d
. 1
aire.
parfois à la Revue blanche m . n~ ~~~1~ pus de vingt ans) j'écrivais
me contentais de suivre ' ais Je n a _aIS pas ~u Mercure de Fra11ce et
raire.
avec sympathie cette mtéressante revue litté-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Après la représentation du Chariot de Terre cuite à « I/Œuvre »
(janvier 1895) je reçus cependant deux lettres du Mercure, l'une de
M. Vallette et l'autre de Mme Rachilde qui me touchèrent beaucoup,
-et je crus devoir remercier mes correspondants par une visite. Je me
rendis donc au &lt;c jour » du Mercure. Il y avait là un cercle agréable de
jeunes gens et de littérateurs. J'en connaissais quelques-uns pour les
avoir rencontrés chez Mallarmé ou en compagnie de Moréas. M. Boissard pouvait s'y trouver aussi mais je ne me souviens pas spécialement
de lui. En tous les cas, Remy de Gourmont n'était pas là, sans quoi
j'eusse demandé à nos hôtes de me présenter à lui. Quelque temps
après, Octave Mirbeau me dit un jour incidemment : « Vos aperçus de
la Revue blanche intéressent Remy de Gourmont. Il voudrait faire votre
connaissance. »
Je reçus, en effet, dans la même semaine un exemplaire sur hollande d'un ouvrage de Remy de Gourmont illustré par lui-même avec
une dédicace de l'auteur. J'attendais l'occasion de l'en remercier de
vive voix, mais je quittai Paris peu de temps après pour une tournée
de conférences sur le Pain gratuit et j'avoue à ma confusion que je n'ai
pas encore payé ma dette de reconnaissance à l'auteur de Phocas le
]ardillier autrement que par les citations élogieuses que j'ai pu faire de
ses« Dialogues » dans mes critiques de l'Akbba r.
Quoi qu'il en soit, ce souvenir documenté montre bien que Remy
de Gourmont n'avait pas l'intention de jouer au Misanthrope avec moi
puisqu'il avait fait les premiers pas vers moi.
J'attends de votre courtoisie bienveillante, plus encore que de mon
droit, l'insertion de cette réponse dans votre estimée revue que nous
citons toujours avec plaisir.
Le Directeur de l'Akhba,.,
VICTOR BARRUCAND,

P.-S. - Je tiens la dédicace autographe de Remy de Gourmont à
votre disposition.

Nous avons communiqué cette lettre à M. Maurice Roissard. Voici sa
réponse :

TABLE DES MATIÈRES
CONTENUES DANS

LE · TOME XVIII

(JANVIER-JUIN

FRANÇOIS-PAUL AUBERT
Stances à la rivière Sorgue. . . . . . . . . 666

(CV)

ROGER ALLARD

Adonis, par Jean de La Fontaine . . . .
Haut-Vivarais d'hiver, par Jean-Marc Bernard

.

.

.

i

La Danse macabre; 1d ~friande l'époZ:Sée;
Jonchée de fleurs sur le pavé du Roi par
. Fagus. .
. . . . .' . .
Deux poètes chrétiens : Polymnies, odes et
stan:es, par .Jacques Reynaud; Vers la
maison du père, par René Salomé . . .
Le Cygne androgyne, par Joseph Delteil .
L'Age de l'Humanité, par André Salmon. .
A,~our couleur de Paris, par Jules Romains.
M. Francis Jammes au Tombeau de La Fontaine.
Le Serpent, par Paul Valéry. . . . .
Le Cyprès et la cabane, par Jean Lebrau .
Les tendm amies, par Philippe Chabaneix .
Poème d'amour suivi d'exil par Jeanne
d'Ophem . . . . . . ' . .
Jongleries, par André Harlaire. .
Pofot de mire, par Céline Arnauld . . .
Sodome et Gomorrhe, ou Marcd Proust moraliste.
La verdure dorée, par Tristan Derême . .
Vocabulaire, par Jean Cocteau.

97

(C)

222

(CI)

223

(CI)

224
226

(CI)
(CI)
(CII)
(CII)
(CIII)
(CIV)
(CIV)
(CIV)

339
341
485
596
600
600
601
6o1
601
b41

749
745

(CIV)
(CIV)
(CIV)
(CV)
(CV)
(CV)

LOUIS ARAGON
Les Paramètres .

(CI)
MARCEL ARLAND

MON CHER DIRECTEUR,

Je maintiens l'anecdote que j'ai racontée concernant M. Victor
Barrucand et Remy de Gourmont. M. Victor Barrucand évoque inutilement un passé lointain. C'est entre 1908 et 1914 que se place la rencontre que j'ai rapportée très exactement. Je l'ai souvent racontée
verbalement et je la revois comme si elle était d'hier. Si je savais dessiner, je pourrais reproduire la pose des personnages.
La mémoire de M. Victor Barrucand, en cette circonstance, le sert
aussi bien que lorsqu'il attribue, dans sa lettre, Phocas le Jardinier à
Remv de Gourmont.
·
Cordialement.
MAURICE BOISSARD.

"'

* *

Etat-civil, par Pierre Drieu la Rochelle .

491

(CIII)

244

(CI)

57

(CII)

119
365
61 I
626

(C)

MICHEL ARNAULD

Le Caméléon, par Johan Bojer .
JULIEN BENDA
Le Triptyque de M. Abel Hermant . . .

2

FÉLIX BERTAUX

Le Kaiser. La triple révolutio11, par Walter
Rathenau. . . • . . . . . .
Editeurs Allemands . . . . . .
Le Sourire blessé, par Albert Thierry . . .
Gerhart Hauptmann et ses dernières œuvres.

cS~~
________..:..:.:.:..:.

(CIV)

�TABLE DES MATIÈRES
LA NOUVELLE REVUE FRA 'ÇAISE

JEAN-RlCH-ARD BLOCH
Première journée à Rufisque

.

.

.

• • • •

Le canliq11e des ca11tiq11es, par Pierre Hamp.

DOSTOIEVSKI
Lettres . . . . . . .
la confession de Stavroguine

(CIV)
(CIV)

539
6o2

(Cl)
(CV)

GEORGES DUHAMEL

(Cil)

Lettre sur les orateurs.
MAURICE BOlSSARD
Chronique Dramatique
Chronique Dramatique
Chronique Dramatique
Ch. onique Dramatique
Chronique Dramatique
Chronique Dramatique

(C)
(èl)
(CII)
(CIII)
(OV)
(CV)

.
.
.
.
.
.

CHARLES DU BOS
Q1tteri Victoria, par Lytton Srrachey .
A111,1zo11es, par Eugène Marsan. . .
COLETTE
Ma mère et les livres .
BENJAMIN CRÉMIEUX
Le passag, de l'Aisrie, par Emile Clermont .
Mais l'art est difficile (Ile série), par Jacques
Boulenger

.

.

.

. . • • • • •
Lts hommes aba11do11nis, par Georges Duha-

(Cil)

355
497

(èIIl)

(CIV)

FERNA D FLEURET
Terre de C~anaa11 , par Louis Chadourne. . 109
Une repe~tie (Marie-Magdelai11e), par Mar. celle V 10ux . . . .
236
Brelan marin, par Eugène i.fo~tf~rt : : : 500
Les Egareme11ts smtimmta11x de Restif de
la Bretonne. . . . . . . . .
757

(C)
(CI)
(CUI)
(CV)

GEORG.ES GABORY

Vies imag_it1ains, par Marcel Schwob.
179

93

95

mel . . . . .
106
Les 11octur11es, -par Georges lmaru1 . . . . t 12
Le sixième cente11aire de Dante : Le Opere di
Dante; La Poesia di Dante, par Benedetto Croce ; Ode Jubilaire po11r le
six-ctntilme anniversaire de la merl de
Dt111le, par Paul Claudel. . . . . • II 3
Le bar de la Fourche. - La Co11scie11c, dans
le mal, par Gilbert de Voisins . .
231
U11d1istoire de do11zehe11res, par F.-J. Bonjean . . . . . . . . • •
234
Désobéir, par Henry Thoreau (trad. Léon
Balzagette) .

Lettre d'Angleterre T.-S. ELIOT

.

. . . . . . . . 240
Le fils de la ser11a11te, par Auguste. Strindberg. 243
Saint M11gloire, par Roland Dorgelès. . . 342
Les Copairis, par Jules Romains . . . . 344
Le pout traver~é, par Jean Paulh~n . : . 351
Le baiser au Lépreux, par François Maunac. 495
Terre dii citl, par C. F. Ramuz . . •
499
Ou'l.&lt;ert la ,uiit, par Paul Morand.. . . .
607
Nini Godaclie, par Cbarles-H~ry Husch
615
Pierre Benoit . . . . . . . . . . •
670
Lts Tl,i]&gt;a1Llt, par Roger Martin du Gard
753

(Cl)

(C)
(C)
(C)
(C)

(C)
(Cl)
(CI)

(Cl)
(Cl)
(Cll)
(Cil)
(Cil)
(CIII)
(CIII)
(CIV)
(CIV)
(CV)
(CV)

Le Coumer des Muses
Lunes en papûr, par André. M~lra'ux.
L'assassinat de Monsieur Fualdls, p~r
mand Praviel . . . .
Mau,:ice Utrt1/o, par Francis C~rc~ .
Man, La~rmciti, par Roger Allard .
Le Coumer des Muses . .
Le Roi de Biotie, par Max Jacob · ·
Le Courrier des Muses . .
· ·
Le Courrier des Muses .
DébarC11.dlres, par Jules Su~rviell~
Le Courrier des Muses . . . .

(C)
(C)

97

Ar~

[ 20
228

(CI)

(

(CI)
(Cl)
(Cl)
(CI)
(Cil)
(CU)

èIV)
(CV)
(CV)

HE RI GHÉON
La Spbh-e et la Croix, par G. K. Chester-

ton

.

.

.

.

IIS

.

La Jernirre auberge, par· M;rti:tl Piécha~d

233

Dosto·!CVSk'1

A DRÉ GIDE
•
•
La ,queS t io~ d~s r~pport~ ~teÙectueis avec
!Allemagne
fmillets . ... .· ..
· · · · · · ·

(C)
(CI)
(CI)

(CI)
(CII)

BERNARD GRŒTHUYSEN
Lettre d'Allemagne.

.

.

.

.

.

.

.

503

(CIII)

PIERRE HAMP

La contagieuse misère

(Cm
FRA Z HELLENS

Eclairages.

(CI)
.

AL~ DESPORTES
Au nom de Gœthe .

(CIV)
629

. RE 1É-MARIE HERMANT
Du village a la cité, par Jean Marquet . .

610

(CIV)

�768

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

JACQUES DE LACRETELLE
Lettres à Sixtine, par Remy de Gourmont • 219

(CI)

TABLE DES MATIÊRES

JULES ROMAINS

Aperçu de la psychanalyse

·usout·.h..

James Joyce. · · · · ·
Trivia, par Logan Pearsa

(CIII)
(CIV)

·
.

ANDRÉ LHOTE
Le salon des Indépen dan ts · · · ·

.

.

SOI

LÉON SCHESTOF
Dostoïevski et la lutte contre les évidences (note
et traduction de B. de Scblœzer) . . . . .

Loin de la Riffette, par Jean Galtier_ ~is~ 755
sière . • · · · · · · ·

LOUIS MARTIN-CHAUFFIER
Décadi ou la pieuse enfa11u, par Paul Cazin. 34~
.

.

75

P. MASSON-OURSEL
, , nde d Bouddbismt chinois, par
Co11tes et uge s :ables chitloises du II[• au
E Chavannes; r&lt;
'fié
VIJ[e siJcle de notre èl-e, vers1 es par 247
Mme E. Chavannes. • · · · · · ·

Le rJgne de r Antéchrist, p:ir Dmitri Mérejkovsky; Mon foumal sous la terreur, par
L. Hippius; Notre l:vasicn, par D. Pilosophoff . .
372
Le Monsieur de San Fra11âsco, par Ivan
Bouaine .
373

MÈLOT DU DY
Humoresques, par Tristan Klingsor .
HENRY DE MONTHERLANT
Le Jeudi de Bagatelle • · · · · · · · · ·

(CV)

(CII)
(CV)

(CI)
(CIV)

23

(C)

PAUL MORAND
La

nuit~';,:}~}~:::e tru~wl~, par ·c,~1d~ Ane~

Chroniques italiennes de Stend~a . . .
-•e ' par le comteN"de Gobineau
. .
~..,.errlvu
l
V. laine par Harold tco son . . .
C~r de ',büu, par Pierre Reverdy

242

(C)
(C)
(Cl)
(CI)
(CI)

599

(CIV)

56
Ill

228
230

JEAN PAULHAN
Sur lts chemi11s de Fra11u. _pa~ ~eo~ge~

(CII}
(Cil)

ho

Delaw. · · . · · l,.
Charpentier.
La pe_inture a11gla1se, par ol . . au CinéLe Cabinet du doctrur a igar!, .
au
0 ér . V.iage au centre de l Afnqtu,
p
a'
.
.
.
.
Gaumont alace • · · ·

(CIV}

JEAN PELLERIN
Fil de rêve .

• ·

·

JACQUES -RIVIÈRE
De Dostoïevski et de l'insondable . . . . .

21

175

(C)
(CI)

I 34

(Cl)

BORIS DE SCHLŒZER
Quatorze Décembre, par Dmitri Mérejkovsky. 246

(CilI)

PIERRE MAC ORLAN

Ah I Plaisez.--moi, par René Boylesve.

5
(C)

VALERY LARBAUD

(Cl)

(CII)
(CII)

JEANSCHLUMBERGER

André Gide et ses morceaux choisis
4r
Madame de SévignJ, par André Hallays . . 216
Poèmes de. guerre et poèmes en prose, par
Gérard Malet . . . . . . . . . 227
le Camarade infidéle (l). . . . . . .
416
Le Camarade infidéle (suite) . . . . .
557
Lettres de voyage, par Rudyard Kipling
625
Le Camarade infidéle (fin) . . . . . .
683
A11drolite, par J. Portail. . . . .
747
Poémes

CAMILLE SCHUWER.

(C)
(èI)
(Cl)

(Cill)
(CIV)
(CIV)
(CV)
(CV)

276

(CU)
ALBERT THIBAUDET
Réflexions sur Li. littérature : Un livre de
guerre. . . . . . . . . . . .
70
Les propos &lt;I'Anatole France, par Paul Gsell. 92
Radieuse A.urort., par J.ack London. . . . r 19
Réflexions sur la littérature : Mallarmé et
Rimbaud.
.
.
.
199
Paul Adani, par Camille Mauclair. . . . 217
Poète tragique, par André Suarès . . . . 218
Lts Philosophies. plmalistes en Arigkterre et
t11 Amérique, par J. Wahl
. . . . . 220
JaC()b Cow le pirate ou si les mets sont des
signes, par Jean Paulhan . . . . . . 22 I
Réflexions sur la littérature : Le roman du
plaisir. . . . . . . . . . . . 322
Souvenirs de i-oyage, par le con1te de Gobineau . . . . . . . • . . • • 375
Voyage dia Grande-Chartreuse, par Rodolphe
Tôppfer • . . . . . . . · · · 375
Réflexions sur la littérature : Le roman de
la douleur . .
. .
. . • 46o
D'un sikle à l'autre, par Georges Valois. . 489
Réflexions sur la littérature : La critique du
Midi .
724

(C)

(~~
(Cl)
(CI)
(Cl)
(CI)
(Cl)

(CII)

(CII)
(CII)
(CIII)
(CID)
(CV)

49

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇALSE

770

Q11atu-1!t11gt-1m cb.1pitres s1,r l' Esprit et lts

Passwns, par Alain. . . : . . . . 743
l'Ex1l, par Emile Ripert.

.

.

.

.

ALBERT THIERRY
La garde-malade

.

(CV)

tA11"!ur, d$S Dieux et de

Ouide, poète de

.

LÉO

744

(CV)

300

.(Crt)

5 c6

(CIV)

TOLSTOI

Documents sur le départ et sur la mort de Tolstoï.

PAUL VALÉRY
Fragment du Narcisse.

.

.

.

.

.

.

.

513

.

(CIV)

CHARLES VILDRAC
Le Jardin.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

GILBERT DE VOISINS
Les Prélud,s, par Octave Maus .

.

410

(Clll)

22[

(CI)
(C)

Poème. . . . .

(CUI)

.

XXX

• 384Correspondance
_ _ _ .- 763
Correspondance
124
Les Revues. .
126
Memeoto . . .
128
Revues Allemandes . . . .
128
R&amp;eotes publications anglaises
250
Les Revues. . . . . . .
256
Ecole du Vieux-Colombier . .
256
Récentes public:itions allemandes .
Les Revues. . . . . . . .
Memento . . . . . . . .
384
Memeoto bibüograpliique anglais.
512
Memento . . . . . .
636
Les Revues et les Journau:i;.
640
Memento . . . .
762
Les Revues. . . .

~~

U: G~RANT : GASTON GALLIMilD,

AllBEVCLLB, -

IMPRIM.ERI1! P. PA.ILLAJtT,

(CII)
(CV)
(C)
(C)
)
C)
( I)
(Cl)
(CI)
(CII)
(C1I)
(CII)
(Clll)
(ClV)
(ClV)
(CV)

[

LA

REVUE

NOUVELLE

FRANÇAISE

�</text>
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                  <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>LA

NOUVELLE

REVUE FRANÇAISE
REVUE

MENSUELLE

DE LITTÉRATURE ET DE CRITIQUE

• .1 I 3 'l

l A)

1

TOME XIX

i

PARIS
3,

RUE DE GRENELLE,

1922

3

�b

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

qu'il y avait à ce que ce droit fût non pas aboü, ~ais au
moins transformé, quand on se représente la mamère de
génie avec qui nous avions affaire en la personne de
M. Lloyd George, on ne peut se défendre d'admirer, comme
M. Poincaré nous y invite, à défaut d'autres qualités, la
ténaci té ou l'obstination qu'ont d'Ô déployer nos plénipotentiaires.
C'est sans doute vers ces mérites, en eux, qui sont essentiellement ceux de notre race, qu'est montée l'approbation
de la Chambre et, dans une certaine mesure, celle du pays.
On a salué en MM, Poincaré et Barthou des hommes qui
n'avaient pas bronché ; on les a regardés avec quelque
chose du sentiment qu'on , éprouv;:iit, pendant la guerre,
pour les mitrailleurs qu! se faisaient tuer sur leur ~ièce . ,Le
côté héroïque, Je côté Cl. quand même &gt;J ou cc iusqu au
bout» de leur attitude a été émouvoir en nous de secrètes
et profondes sources de sympathie.
Mais c'est au moment où ils triomphent ainsi devant
l'opinion et sans attendre celui où ils trébuch_eront, q~'i~
importe de réfléchir, dans l'abstrait (nou-s ne faisons pas 1.:1
de politique proprement dite), sur la valeur de cette attltade qu'ils O!!t prise, sur les chances qu'ont leurs méthodes
de nous tirer de nos embarras, sur les dangers qu'elles
peuvent nous faire courir.
*

*

*

Et d'abord il ne s'agit pas de contester que le seul
moyen que l'homme ait trouvé jusqu'ici d'~bten~ qu.elque
chose est de le vonlo.ir fortement. Il est bien évident que
le ret~ur d'e notre pays à la prospérité économique, iiue la
mise en équilibre de nos finances ne peuvent pas . être
attendus d'une politique de concessions et de com_promis. 1:l'homme qui gouverne une même pensée touiours doit
être présente, une même idée dont il lui faut assurer le
triomphe contre l'inertie ou la résistance des intérêts con-

1.ES DANGERS D'UNE POLITIQUE CONSEQUENTE

7
ttaires. Il funt qu'il conçoive et saisisse l'avantage national
avec une force inéb.ranlable, il faut qu'il en poursuive la
réalisation a'l"ec inflexibilité.
Oui, mais justement il faut d'abord qu'il le conçoive,
qu'il le saisisse: non pas dans son apparence immédiate et
tel qu'il se peint à tous les yeux, mais dans son ess-ence
cachée, dans sa profondenr. La vision politique commence
où finit celle du vulgaire. Le grand homme d'Etat1 c'est
celui qui découvre le sens in évident des événements et qui
y a·dapte sa conduite.
Autrement dit~ à. son -infiexibi::!.ité, au caractère quasihallucinaroii-e que doit prendre dans son. esprit h prém:cupation nationale, il fa:ur que s'ajoute.nt nne grande souplesse d'imagination e-t même, pourrait-on dire,. ane certaine aptitude au tâtonnement. Ceci n'est d'ailleurs pas
une nécessité se.ulemeot e.n politique. Tout cré:tteur,
même d'œuvres ficti-·es, doit réunir en lm-même l'obstination et le renoncement, la certitude et l'ignorance. Ce
qu'il voit, pour le réaliser, il faut aussi qu'il œsse de le
voir, on du moins qu'il se laisse submerger, par instam:ts..,
sous les moyens de le réaliser, jusqu'à pouvoir choisir le
meilleur.
Il y a dans notre. p.olitique. actuelle, telle qu'elle est
menée par M. Poincaré, une fermeté. et une conséquence
indiscutables ; mais purement extérieures, purement formelles, car en quoi consistent-elles, sin.on d.ans l'application
à ne jamais quitter, dans le.s moyens, Ja ligne cuoite ? A
quoi. s'attache l'homme qui nous gouverne sin.on à œ
que, de chaque mesure qu'il prend, nous puissions voir
immédiatement Je rappon direct à ll.Otre intérêt ? Cet
intérêt étant d'ailleurs - c'est ici que caromenceJa folie une fois µour toutes défini, et par le Traité de Versailles l
On reconnaît d'emblée dans que.L sens fonctionne l'esprit
de M. Poincaré ~ c'est uniquement dans le sens d du.ctif.
Ses constructions sont toutes des conclusions, ses inven.tions sout toutes des syllogismes. Dans l'insistance. qu'il

�8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

met à se référer en toutes circonstances au traité, à ausculter, comme il dit lui-même, « la volonté du traité », il
y a sans doute un peu de la religion du juriste pour les
textes écrits, pour la loi, mais il y a aussi le besoin d'une
intelligence qui ne trouve ses aises qu'à partir de prémisses
qu'on lui donne toutes faites. Il y a, hélas ! l'impuissance
'd'un cerveau purement logique à rêver du nouveau et à
l'édifier.
Comment ne voit-on pas qu'une politique efficace doit
être forcément de forme synthétique ? Sa continuité doit
être déterminée non par la ressemblance de chaque mesure adoptée à la précédente, non par son inclusion à
l'avance en celle-ci, mais par l'appel constant de cette
chose informe et sans contenu préalable que Kant appelait un &lt;&lt; principe directeur &gt;&gt;.
Nous agissons comme si la politique était uniquement
« cosa mentale ». Nous dépensons une activité inouïe à
imposer au réel une forme dont il ne veut visiblement pas.
Le sentiment des résistances nous manque absolument.
Nous acceptons l'irrémédiable dans ce qu'il a de plus cruel
et de ·plus révoltant, dans la mort de seize cent mille des
nôtres, mais il ne nous vient pas à la pensée qu'il puisse y
en avoir aussi dans les choses que nous avons à traiter par
nos décisions. Nous continuons à pousser devant nous les
articles de notre droit comme un troupeau à qui nous vou- .
drions faire gravir un mur. Nous n'apercevôns de salut
que dans l'accomplissement de ce que nous avons une fois
clairement conçu. Il faut que les principes que nous avons
fait admettre et contresigner un jour par le monde portent, dans le temps, et à des échéances fixes, les fruits que
nous en avons attendus.
Nous semblons ignorer que les fmits que la politique
tend en général à rêcolter, sont d'un autre ordre que l'esprit,
qu'il faut donc les préparer autrement qu'en les concluant
du droit et de la justice 1 • Nous ne nous rendons pas
I. « La France, nous prévenait l'autre jour brutalement le Daily

LES DANGERS D'UNE POLITIQUE CONSÉQUE1'.TE

9

compte que l'arbre sur lequel ils pousseront nous est extérieur tout entier, qu'il a ses lois de développement et que
la sève y monte et y fleurit en suivant des canaux dont la
nature seule a réglé la distribution. Ce n'est pas en cherchant avant tout à nous maintenir d'accord avec nousmêmes que nous participerons à son épanouissement.
A côté de M. Poincaré, M. Lloyd George prend un air
sautillant dont nous croyons pouvoir nous amuser. Mais à
quoi sert de se tenir comme un bloc face à un avenir qui
ne ·viendra pas ? En dansant, M. Lloyd George atteint à
une autre unité que celle, toute statique, où M. Poincaré
s'obstine ; à une unité plus savante, plus complexe, plus
« objective ». Elle imite la forme de ce qu'il veut conquérir et qui, n'étant pas encore, est forcément multiple et
insaisissable: Bien entendu M. Lloyd George peut se tromper ,et faire certains pas à contre-mesure, mais c'est lui tout
de même qui a le plus de chance, se mouvant le plus, et
le plus rapidement, d'attraper la véritable cadence des
événements.
Nous ne savons pas étudier, désapprendre ; nous n'avons
pas cette patience et cette modestie qui permettent à une
idée fausse ou hâtive de s'effacer devant une expérience
évidente.
Pis encore, aucun de nos hommes d'Etat ne consent à
creuser véritablement le problème qui se . pose à nous. Il
veut que les termes en soient dès maintenant acquis. Or
même pas cela. Un monstre aussi énorme que cette dernière guerre ne peut pas avoir encore déroulé. toute sa
croupe. Pour arriver à le dompter, il faut nous tenir sur lui
aussi sagement que possible, subir tous ses soubresauts,
attendre qu'il ait montré tous ses anneaux.
Nous voulons prendre le départ pour l'avenir en un
point du temps qui ne peut absolument pas servir ~de plateExpress, semble croire qu'elle peut obtenir l'argent dont elle a un besoin
urgent sans acce~ter les points de. v~e de ceux qui ont de l'ar9ent. C'est
une erreur. &gt;&gt; Vo1r le Temps du 9 1um.
·

�IO

LA NOUVELLE REVUE FR.ANÇAISP.

forme. L'année 1919 a été, de toutes ces dernières, la plus
yacillante, celle où,il était le plus impossible de, prévoir la
structure qu'allait revêtir le monde, et donc de lui en
imposer une.
L1. recherche des paliers : voilà quelle devrait être~
pour l'instant, l.a pi;éoccup:ition pr~mière de nos hommes.
d'Etat. Qu'o11t-ils pensé jusqu'ici à utiliser qui §e prése~tait
à eux 'COtnme occasion, ou comme chance ? A quel moment
ont-ils o:;é déwncerter par un peù de pénéltation et de
prévoyance cette opinion publique, qu'ils avaient_ euxµi.êm es, il est vrai, d'abord travaillé à rendre stupide?
Jamais la moindre envie de véritable innovation ne les
a effieurés. Tous leurs mouvements d'énergie ont été pour
reprendre en mains les armes dont ils s'étiient déjà servis
inutilement et pour renou~eler les menàces qui nous
ayaient déjà alién~ les sympathies étrangères.
Ils n'ont jamais cherché que l'assentiment intérieur, le
seul qui compte, il est vrai, au point de vue électoral, mais
celui, auss i, par lequel notre politique peut être le plus
déviée - xéno!}h:obes comme nous sommes - de la communion européenut, sans laquelle nous ne pouvons pas.
vivre.
*
* *
Il y a, en ·général, chez nous tous Francais un terrible
'
'
besoin d'avoir émdemment raison, j'entends : d'une manière
qui permette là. démonstration. Rien n'est plus dangereux.
Ca1: une opinion neuve et féconde , est par essence une
opinion qui n'est pas encore solide, que des quantités
4'arguments peuvent encore -assaillir et même ébranle;.
Nous n'admettons pas le risque d'être mis en éc.he/par
raisonnement. Aussi no1is retirons-nous instinctivement de·
toute conception aventureuse, autant dire ci;éatrice.
C'est ce repliement sur notre prqpre esprit qui m'inquiète; c'est à lui que j'en ai; c'est en lui que· ie vois le·
danger le plus grave que nous courions- à l'heure actuelle~

LES DANGERS D'UNE POLITIQUE CONSEQUENTE

rr

Dans tous les milieux règne ce que je voudrais appeler la
collusion avec soi-même. Nous sommes d'avance d'accord,
et uniquement, avec ce qui prolonge nos pensées, notre
nature, nos désirs. Nous avons l'air de ne plus soupçonner
que le monde puisse avoir ses caprices, contr_e lesquels nous
sommes sans reéours. Et surtout se.s lqis, qu'il nous faudrait deviner.
Nous sommes tout contents des injustices dont nous
pouvons prouver gue nous sommes victimes. C'est leur
mise en évidence seule qui n0us intéresse. Tandis qu'il
faudrait réfléchir et travaiHer.
Où et quand' a-t-on vu q_ue la vertu ait ét.é rémmpensée ?A quel moment la reconnaissance s'est-elle manifestée entre
les nations ? Pourquoi faisons-nous semblant de croire à
toute une pseudo-morale internationale dont nous sommes
beaucoup trop réalistes et sceptiques pour avoir jamais eu la
sottise de nourrir l'illusion?
Mais il faut que -nous ayons raisun, il faut que les autres
aient tort envers 11.011sj il faut, à défaut de celui. qui existe
et où nous nous sentons mal à l'aise, qu'un univers s'organise dans notre. cerveau, ou nous aurons la belle ptnce ; si
ce ne peut être celle de triomphateurs, que ce soit du
moins celle de victimes.
Et ceci serait sans.gravité, étarrt sirn plement humain, si
nous n'en restions là, si notre intelligence er notre industrie
ne se.mblaient s'.épuiser tout entières da'ns cette. fausse représentation.
Aurons-nous su mourir pour o;e pas savoir revivre, c'està-dire nous taire, attendre, ignor-er, pressentir, ruser, chercher l'assiette et nous redresser pen à peu, appuyés aux
autres ?,JACQUES RIVIÈRE

�COMPOUND 300 HP N°

COMPOUND 300 HP N° 243

_ La maison Delambre et Oc, machines à vapeur, envoya
l'été de 1919 l'ingénieur Somin visiter les industriels de
l'arrondissement de Lille et leur offrir les services de la
maison pour la reconstitution de leur force motrice.
M. Sornin fit un triste voyage car il avait l'amour de la
construction mécanique et il vit beaucoup de machines
abîmées. D'une 400 chevaux montée par lui à Armentières
en {909, il retrouva des débris bons pour le cubilotde fonderie. Le massif de soutènement était creusé par les obus.
Il fallait refaire le bâtiment et le matériel :
&lt;c On y arrivera, dit le tisseur Delrue. Puisque je ne suis
pas mort je relèverai tout. Si j'avais été tué, mes fils n'auraient pas renoncé. Préparez-moi un devis. &gt;&gt;
Cette belle volonté, profitable à la maison Delambre et
ü•, ne consolait pas M. Sornin de la destruction d'un travail qu'il avait timt aimé:
« Nous ferons au mieux pour vous, dit-il, à un prix
variable selon celui des matières premières et de la maind'œuvre. Les contrats fermes d'avant la guerre ne sont plus
possibles. Nous corrigeons en plus ou en moins nos factures définitives de o fr. 40 °/o pour chaque variation de
I 0 /o du prix de la fonte hématique; de o fr. 60 °/ 0 pour
le 1 °/o de la main-d'œuvre.
-- Et le délai de livraison ? demanda l'usinier qui
n'avait pas le goût du désespoir.

-

Un an.

-

Je ne resterai pas si longte1nps sans rien faire. Je

243

I _3'

rechercherai les vieux métiers à main, dans les villages.
J'en ferai construire sur ces anciens modèles. U~ charron y
réussit très bien. Je veux être premier à remonter mon
usine et je serai facile sur le prix de ma force motrice si
vous me raccourcissez Je délai de livraison. Mais je ne
laisserai pas mes ouvriers chômer jusqu'à son installation.
Avant la vapeur et l'électricité les hommes ont tissé à
main. Ceux des campagnes autour d'ici n'en ont jamais
complètement perdu l'habitude. Dans le Bailleulais pour
les gros articles, dans le Cambrésis pour les articles fins, on
donnait aux tisseurs à main les plus maunis fils, · car
travailler en usine de la marchandise de dernière qualité
coûte cber. la trame casse souvent, on perd du temps
aux rattachages, la production diminue et les frais généraux restent les mêmes ; tandis que le · temps d'arrêt du
tisseur à domicile ne coûte" rien au patron qui paie au
mètre.
Je vais refaire le vieux métier et donner à tisser à main
du très bon fil pour que beaucoup de métrage tombe vite
du métier et que les ouvriers soient contents. »
·
M. Somin trouvait cela regrettable. Vendeur de machines
motrices il n'aimait que les grandes gesticulations méca:niques. La dévotion aux vieilles formes du travail n'agréait
pas à son amour de construire de grands moteurs. Il plaignait M. Delrue d'être obligé de reve_nir à de si vieilles
-idées.
(&lt; C'est un malheur, disait l'ingénieur, un grand malheur. &gt;&gt;
Il continua sa tournée et vit des usines autrefois animées
par trois cents ouvriers et qui étaient devenues des lieux
sauvages. Il y pénétrait à sa guise. Marchant sur des gravats
mêlés de ferraille, il allait d'abord à la p!ace de la machine. Dans un tissage de toile il tomba deux fois en franchissarrt de hauts décombres. Lui si soigneux de se présenter correçceme;1t vêtu aux clients, se salissait abondamment
par la poussihe blanche du plâtre et celle rouge des.

�14

LA ,N OUVELLE REVUE FRANÇAISE

briques. Des hommes gîtés sous les effondrements ven·aient
lui demander de l'espoir:
cc Ce sera long a vaut de pouvoir tourner ? »
Ouvriers aux métiers actionnés par la vapeur -0u l'électricité, leur force était nulle tant que la poulie n'e11traînait
pas les câbles et les courroies. Privés dn métier à main, leur
œuvre ne commençait que quand la machine· .avait sifflé.
Ils étaient soumis au moteur. Du temps de leur père chacun pouvait remonter le bauant~ le ros et l'ensouple. Le
travail é~air possible en petits abris : la cave,. la soupente.
Aujourd'hui il fallait les murs solides pout soutenir les
tr.ansmissions, -le sol cimenté pour porter les lourds bâtis,
la machine de JOO chevaux pour temuer les arbres et· les
pignons.
M. Sornin prit encore des commandes de réparàtion frde construction neuve. Jamais une tournée ne lui
avait tant rapporté et jamais il n'avait été si chagrin. Il 'finit
par Lille ·où il visita le tissage Vandeckère au faubourg des
Postes. Il y fut ému par le brt1it dé la machine : Compound
300 chevaux, numérotée 243 dans les fabrications Delambre et Ci;,_ M. Sornin monta cornnïe· des màrches d'église
l'escalier de fer strié pour empêcher le gfissement du pied.
Il nota, en tenant la rampe, qu'elle ne vàcillait point, serrée
ferme sur ses barres d'appui et il eut grande joie à voir le
volant noir et la bietle blanche tournet·à 60 tours à la minute.
Il ouvrit la porte vitrée à cadre de fer et, à sentir la douceur du pène et des gonds lubrifiés, il connut qu'il allait
vers un ouvrier très soigneux : Jean Streenkiste, 9.ui avait
49 ans et parla ainsi à l'ingénieur :
cc A._ cette heure je pensais à vous. Je savais que vous
étiez par là.. autour et je me disais : il ne me füra donc point
visite. J'ai eu des rusés avec cette machine. 11 a fallu liwer
aux Allemands les pièces de cuivre du •tissage. Ils les entassaient dans la. cour . . La nuit j'allais reprendre celles de ma
machine et je le"s 110yai~ dans le bassin de la condensation.

COMPOUND 300 BP N°

243

15

Toutl~ fon.d était ple~n de métal graissé. Ce n'était pas
facile d avoir de la gra1sse. Dn distribuait un peu de saindoux
les tartines ; je m'en suis servi pour les coussine_ts et J a1 mangé mon pain sec. Ça éré de la misère. Un
bnn de lard pour manger et rien pour empêcher la machine
~e roJ?~ller. Une piqftre sur les aciers ça. m'enlevait l'appétit. ai essuyé tout le temps. Heureusement les obus n'ont
pas effondré le vitrage : t'humidi.té n'entrait pas.
_Aujourd'.hui on a de l'huile à foison. Quand j'ai tenu ma
burette .fl~me, ce ~ui ne m'était pas arrivé depuis cinq ans
et que J ai pu graisser à plein, j'ai été heureux comme un
homme qui se marie avec une brave fille.
Les Allemands partis, j'ai sorti mes cuivres de l'eau j'ai
nettoyé, j'ai remonté avec deux camarades de bonne ~ ain e; ~ujourd'hui je mets en route pour voir si tout va bien~
J,a1 eu un peu peur' pour les coussinets de volant. Mais il
n Y a pas 'de fau~ ron~; pas de ballant. Le niveau est juste
partom, la machme d équerre et bien à bloc sur son massif
Ils ne l'ont point démesurée. &gt;&gt;
•
M. Sornin prit 1~ bras de cet homme et ensemble ils firent
le tour du grand outil animé de vapeur.
M. ~omin écoutait la mécanique avec tant de science
q~e le Jeu d'un boulon lui était certain avant qu'il ne le
vit re~uer sur sa tige filetée. Le roulement avait ici belle
et plei~e _régu~arité, sans choc ni trépidation. La bielle
~épassait silencieusement le point mort. Dans les palpitations huilées et exactes les soupapes et la pompe émettaient
l:1r. ta?ement ca~en_cé. Les cin~ ~âbles entraînés par la
P ulie a gorge dévidaient et renvidaient leur matière compacte, sans effilochage.

P~?~

c&lt; C'est une bonne machine, dit l'ingénieur. Vous vous
r~ppelez comme M. Vandeckère fut difficile pour la réception · II. vou 1ait
· un contrat dur, avec de fortes pénalités. Nous
gara11 t1ss10ns
·
300 chevaux de puissance normale avec
vape
'
'
. ur a 12 kil ogs, surchauffée à 300 degrés, et condensat1on ; une consommation de 4 kilogs 3 5 par cheval-

�16

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

heure, et un coefficient d'irrégulanté de 1/150° au volant.»
Le machiniste Streenkiste passa sur le bâti le déchet d'essuyage:
« Je me suis donné du mal pour elle, mais aujourd'hui
j'ai du plaisir. &gt;&gt;
Devant la blancheur du revêtement céramique des murs,
ses mains huileuses qui avaient tout fait luire étaient les
seules choses sombres de cette salle étincelante d'amour.

BIBELOTS
_}

PIEE.R~ HAMP

L'épagneul de Copenhague
Et le lion de Saint-Marc
Font joliment bo1i ménage
Sans se piquer dH mime art.
Oh, joliment sur ma table
Totis les animaux que j'ai,
C'est la nature ! A l'itage,
Il y a d'autres objets.
Connaissez., 1nes je.unes filles,
Ces plus hautes figurines,
Cette madone aux Jeux lour~s
Et ce Silène au, cœur sombre
Qui m'attriste q11and je songe
A 111es premières amours.

** *
Oui, cette innocence agile
Qui ta vertu déroba,
Elle eût charmé, j'imagine,
Les me,ssietirs della Robbia.

�r8

LA NOUVELLE REVUE FRAN ÇA ISE

BIBELOTS

19
*
* *

Ce petit enfant fragtlç
En sa ronde nudité,
L'amorino, tu le giffies
Pour, le grondant, l'exciter.

Tai, si tout le ciel embrase
La chair blonde du. coteau,
Tu devitres ivus limflrage
Le sourire d'un oiseau.

Or, séduite par sa grâce,
En riant tu le regardes :
Sais-tu bien ce que tu jais ?

Habitude, mon extase,
IYun tendre geste moqueur,
Ecarte la main brutale
Qui se'pose !ur.,tôn.cœuf"f

\?t
Parfois, ce p_etit voit rou,ge _:
.
Crains ses rigue]trS _s'il'nf trouve ,;
Ni pendule ni buffet.

J

.

'

r
Oh, que de dou;leur abonde,
Pour ne point nous enrichir,
Sous un crâne qui se bombe
A force de réfiécbi1~f
~~

,

-_,fi' :)!J µ, ,,',

Doucement gue ~l on.- s a.muse~Et_ le plaisir dissimf!]e
L' ~nfvers ,tragldien 1
~

L,

l

I,.; ••

~ ~

~

';!

,.MÉUO.T DU

-

Et bientôt, de par le monde,
Je le dis en vérité,
Il n'y aura qrte ·des mottstrts .
Doulottreux d'énarmi"ti.''

.,J

,

L',unij;_ers sans irnf!Ort~nce.
Pg1ir une;âme,biqJ portanJe
Ppu.r un-wrpJ_quifqime-~ien-_.r:.

-, t·

.

...

-:

·D

Ou qui préfère la simple
Assur"1nce d'unt' guimpe
A tau t autre ganfletnent ?
Ou le penseur au,x •mains: vidés
Qui jiwile-s'il avise v, .
Un sein mod&amp;t&amp;et charma-n.t.?

J?--Y

�L'EXTRA

L'EXTRA

A Isidore Ducass,.

Si le ·vent qui descend en vrille à_travers les arbres de
Marruor Island, après avoir balayé le duvet que l'enfant
de l'aigle abandonne dans l'aire suspendue au rocher branlant qu'escalada jadis, ses os qu'a-t-on fait de ses os blancs,
le _brave, le vaillant Eugène Demolder, vient hypocritement caresser, le front plissé et l'œil oblique, le gazon qui
dévale de la fontaine des Trois-Culs à la maison de
Dolorès - quel nom venez-vous de prononcer ? - interrogez-le sur la veuve du calfat, et vous verrez ce qu'il vous
répondra. Le gazon, du moins, se souvient. C'est plutôt à
lui qu'il faudra adresser votre anxiété qui n'est pas seulement de la gorge, mais aussi de la poitrine, que dis-je, de
la poitrine? de l'esprit. Qu'on me pardonne d'emprµnter
au langage de la philosophie (lapin rouge et vulgaire) ce
mot vague qui désigne avec précision une réalité si élémentaire que le premier damné charretier de ma connaissance
ayant essuyé du revers de la manche son nez morveux et
puant l'alcool n'aura pas l'idée de la ·mettre en doute. Vous
voyez bien.
J'ai vu dans la rue Lepic trois hommes qui ne me
parurent pas être des princes déguisés. On leur avait
èoupé le nez pendant la guerre de 1914-18. Ils n'en avaient
pas honte. Le plus jeune tenait dans sa main gauche une
fleur de rhubarbe. Eh bien, je suis au regret d'avouer que
le gazon de Marmor Island avait honte, lui. Il rougis~t

2 I.

comme une simple carotte et le voyageur, qui avait un
instant posé sa besace pour calmer d'une main fraîche et
bienfaisante les démangeaisons de son épaule, où en
étais-je ? se croyait en automne. Ne t'arrête pas, passant à
la barbe de trois jours, malgré la sueur de ta chemise et les
cloches de tes pieds : crois-moi, tu le regretterais. C'est id
que Dolorès avait attiré Eugène Demolder le soir funeste
qu'à l'auberge du Cygne-décoré la chance se montra si
_défa:orable à Victor le bancal, contrairement à ce qui
aurait pu se produire si la sagesse des nations avait été
autre chose qu'une laveuse de vaisselle amoureuse d'un
officier du génie. La perversité de cette femme, Dolorès 7
sera facile à mesurer. Elle avait prévu la faiblesse du solitaire, le triomphe des yeux noirs, l'électricité qui ne prend
pas naissance seulement, comme le croient d'absurdes
professeurs de physique encore mal versés dans la science
qu'ils enseignent déjà, par le frottement de la peau d'un
chat contre un bâton d'ébonite. Elle avait choisi ce lieu
pour le ruisseau qui le traverse en charriant de petits bouts
de bois, quelques mouches d'eau, des cotons de peuplier,
~~ la mousse et d'autres matériaux légers, qui respirent
1mnocence. Pendant ce temps dans la cale du A mort les
tyrans quel monstrueux amour unissait l'horrible mari de
la volage Dolorès et ce pauvre adolescent dont le nom n'a
pu parvenir à mes oreilles tant les éléments déchaînés
avaient pitié de sa réputation. li s'était engagé comme
mo~sse à bord du Les Aristocrates a la lanterne parce- qu'il
avait cru les paroles doucereuses des mappemondes et la
chanson monotone des voiles. Et maintenant ... si comme
on l'~s~ure de pareilles scènes se reproduisent chaque jour,
le m101stre de la Marine devrait s'émouvoir. Que pensezvous de Dieu, hublots impassibles, qui regardez à la fois
les hommes et les poissons ?
Eugène Demolder regagne sa cabane, la veste sur le
bras, le cœur occupé de Dolorès. Hélas ! il a perdu la
sauge bleue de la chasteté, et il ne lui accorde pas même

�22

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAI&lt;E

une pensée. Il se trouve :heureux comme il est. Pauvre
idiot. Le bancal, 'que fait-il dans tol!t ça? 11 se mouche.
Il est assis -dans ia maison de Dolorès .e ntre le pot de
verveine et le calentlrier des postes et télégraphes. Sa maîtresse tarde à rentrer. Voici l'impudique. Elle pousse un
cri en reconnaissant Victor. Elle le croyait _au jeu. Il la
regarde dans les yeux. L'image tl'Eugène Demolder n'en
était pas encore tout à fait effacée. Mais ie . bancal ne
reconnaît pas sorr rival. C'est alors que le vice à la
h1ngue de salpêtre fait son _apparition entre' les. poutres du
plafond, et .descend familièrement s'asseoir sur les épaules
du couple maudit, qui se livre prè:i du foyer éteiot à des
jeux qui feraient baisser les yeux au di.a.hle s'il était de oe
monde. J'aurais voulu que ma nourrice vît ça. Un petit
enfant gémit dans la pièce voisine-: Dolorès ignore le nom
de son père.
Tandis qu'Eugène Demolder court la montagne à
cueillir · l'edelweiss, s'il y a une fleur diabolique c'est
bien celle-là, pour orner le corsage de sa bien-aimée,
Monsieur et Madame Demolder ses parents meurent de
dénüeJ.ent et de chagrin_. li n'a p.as pu suivre le double
convoi, Eugène, son amante rieuse avait ce jour-là envie
de danser. On dirait un opéra-comique. Voici que la
femme adultère montre à Victor une lettre •du calfat.
Victor, &lt;}Uoique .qu'il ne sache pas lire, fait semblant de
suivre par de-ssus l'épaule sur laquelle il pose -son menton
mal rase. Ses bras enlacent la taille .de Dolorès, et ses
mains jointes s'exercent à la pratique démoralisante du
tournement des ponces. Je sens qu'il va arriver malheur à
quelq1.-r'un :

Ma chère Doloress.e,
Quand le temps n'est pas beau, ii est qn[ain. Le plus salaiul,
test les lames de fond. Je r01ûe partout dans l' mnbre des cales
un million de pensées pour toi : comme des cigarettes Dix pour
les jambe,, dix tit de'I.Jines, dix pour lés yeux, je tr1Juve toujouu

L'EXTRA

quelque chose pour dix de pl'llS. Toutes lis fois que je fais
/:amour~ je rne dis si Doloresse était là. Maintenant c'est av.ec un
mmme qui ne voulait pas les premtëres fois: ça a bien changé.
Je le pends par un pied avec une corde, et hop vas-y l Sa
boucht dtvien-t viol~tte. Il y a des jours, il m'inquiète : il me
promène ses cheveux, tu croirais de la soie, -sur le visage, les
mains, le corps. Puis ~a face semble envahie Pflr la nuit tout
d'un conp. C'est drdle. Nous ferons escale bientôt dans u.n pays
_ où on a des fermiles pour 11n timbre poste. C'BSt là que tu pourrais t'en payer. La cargaison, on mconte que n01is portons des
oranges. Tu, goûtes la plaisanierie. Le mousse a un c-orps
blanc, blanc, blanc. n pw·aft que c1est bientqt( l'élection dtt Ptésident de la République -en France. Les jo1.1 rnaux vont être intéressants. Je ne vois rien d'autre à te dire. Je t'embrasse comtne
au pays des neiges, dans les temps, tu sais. Ton mari dévoué,
Félix Covenol.
Quand la femelle .du hibo-u, après avoir :visitéminutieu.,.
sement les brins d'herbe des clairières et le sol trompeur
des marais, i.ent en battant doucement des ailes, comme
une porteuse de pain, retrouver ses petits dont la voix
depuis des heures n'a plus retenti à ses oreilles, et pour
cause: car le nid a été arraché, emportés les enfants et le
hibou, lettr père; quand_la femelle du hibou .après avoir
vainement cherché son- repaire est obligée de constater
l'étendue de son ma1heur; et ce n'est pas tout de suite
qu'elle y consent, elle s'élèv-e èn gémissant entre les arbres
plus hant qué ne le veut la coutume de~ hibou.,x. Elle suit
les regards de la lune -et descend en tournoyant jusqu'au
vantail d'une porte de ferrue et elle reconnaît son mari,
sur lequel les chrétiens des campagnes ont cru venger la
mort du fils de leur dieu : eh bien, que croyez-vous
qu'elle fasse? Va-t-eUe chanter une romance et mettre une
rose rouge dans ses cheveux? Va-t-elle passer ses mains
aux crèmes et faire de ses griffes des joyaux pour Ja peau
des hommes? Va-t-elle s'enivrer sur des lits de dentelle,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tandis que de jeun\s écervelés se traîneront à l'ombre de ses
caresses, n·t-elle s'enivrer avec le jus des raisins de œtte
province des Gaules où il y a encore quelques églises à
détruire pour la prochaine occasion, va-t-elle s'enivre,jusqu'à enlever sa robe, jusqu'à la jeter à terre sans égard
pour le prix, jusqu'à oubli.cr de la plier soigneusement
con11ne chaque soir, jusqu'à danser, danser, danser, dans
les désirs, le tabac et les verres cassés? Non bien entendu.
La loi de la gravitation universelle a été, dit-on, battue
en brèche. Quel malheur qu'il ne se soit pas trouvé là un
photographe muni de plaques anti-halos ! Ecarquillez vos
yeux, je puis vous montrer un spectacle qui ne -le cède en
rien en grandeur à cette bouffonnerie métaphysique. Une
sage prudence avait toujours retenu la mère du bancal
dlenvoyer le petit Victor à l'école. Mais elle n'avait pas
prévu, la vieille paysanne, la science de Dolorès et les
vices du calfat t Voici que les paroles écrites font sourdement leur chemin dans les veines de l'infirme au teint de
pruneau. Il promène sa folie dans les champs de cerisiers
en fleurs et ses lèvres saignantes répètent : Blanc, blanc,
blanc. Les nuages sont des corps de jeunes hommes balancés par le tangage. Victor râpe la paume de ses mains
wntre l'écorce des arbres. Vôilà quinze ans qu'il n'avait
pas chant~: il émet un son rauque et prolongé comme
celui que pousse le taureau qu'on a tenu enfermé tout
Yhiver quand s'ouvre devant lui la première prairie et qu'il
découvre dans l'herbe la puissante foulée des troupeaux. Il
court. Il s'arrête un instant pour cracher. Cependant sur
1a place du viflage, on vend à l'encan le mobi.lier d'Eugène. L'an.noire, la huche et le reste se changent ainsi
dtvant l'église, ne sonnez pas si fort, en une paire de
boucles à'oreilles en strass er en un foulard de couleur.
Puis le colporteur s'éloigne avec son balucho!l vert sur
l'épaule.
Quel est cet homme qui vient de débarquer dans l'île?
Il porte des chemises molles et ses cheveux sont bleus

L'EXTRA

comme de l'encre. Il passe au milieu des enfants qui
jouaient, il sourit au petit Erik, puis à lui-même. On le
voit traverser tout à coup les places. Dans 1-a campagne on
le rencontre immobile dans des lieux sans découvert: il
ne semble pas rechercher les points de vue. Dolorès
attend le bancal à la fontaine. Il lui dit son secret. Elle
frémit d'aise. Un projet vient de s'étirer dans sa poitrine et
se prolonge jusqu'à ses lèvres. Par-dessus les barrières le
couple regarde d'un air hagard des poulains se poursuivre
en se mordillant. A l'infini les rayons parallèles enfin se
touchent . .Pour la commodité de la perspective l'infini se
figure dans un coin des feuilles à dessin qui servent aux
enfants des écoles à représenter d'après le plâtre l'esclave
de Michel-Ange, ce scandale vivant. Mais suivez les pensées
jumelles des amants de Mannor Island : leur point commun n'est pas comme vous pourriez le croite cette
pâquerette aux bords légèrement rehaussés de pourpre. Ce
n'est pas non plus leur point de départ. Etrangers l'un à
l'autre, ils ne se réunissent encore une fois que par leur
désir, que par l'objet de leur désir. Et comme celui-ci est
tranquill~ dans la huné où il se repose, les manches
retroussées, un bras entourant son front, l'autre main
accrochée à un cordage qui va se baigner dans le ciel:,
tandis que l'air du large et le soleil se félicitent de caresser
une chair tentante sans tomber ni l'un ni l'autre dans le
péché mortel ! Brave Eugène Demolder, pourquoi lances-tu
contre le plafond de la cabane tes naïves chaussures ?
Voici ce qui s'était passé: comme il portait à sa maîtresse
les bijoux payés avec ses meubles, Eugène surprit par la
fenêtre la coupable intimité du bancal et de Madame Covenol. Dans un café du port, l'inconnu observe Eugène
qui s'enivre. Puis il donne un peu de monnaie pour se
retirer avec une grande fille pâle qui a envie de pleurer.
Le calfat Félix rêve dans les flancs du navire. Il sait
enfin ce qui se passe pendant le baiser sur la bouche, ce
Toyage extraordinaire au pays du cotai! et des poissons

�LA NOUVELLE REVUE T'RANÇ&lt;'\;SE

lumineux. Il sera empereur des Iodes. Il est empereur
des Indes et roi d'Aµr:ore. Auroi:e est une ville à
la peau douce, aux mœurs faciles, qui. glisse dans un
décor de palmes. Une bafque au milieu. des joncs.
Que dit la reine ? C'est le grand évencril qui souille,
qui caresse. Réveil. Encore toi. Dans huit jours nous
.serons à Marmor Island, je t'emmène. C'est ma femme
qui l'aura voulu. Elle parle avec Victor qu,elque part
dans l'île tandis qu'Eugène -caché dans un arbre les -épie.
On voit passer l'inconnu qui herborise. Il cherche de
.grandes fleurs laides, les examine à. la loupe et les met avec
satisfaction daus la boîte de fer peint qu'il porte en ban.doulière. Le µ1otme Adolphe a fini par aimer son maître
et c'est à lui qu'il pense en se, lavant les dents. L'homme
,qui fuit tourner les étoiles quand sa main me frôle seulement. A'h ! il n'y a· pas de marguerite à effeuiller sur les
bateaux.
Le soleil qui vient de se lever, si on en cmit les apparences, éclairera le débarquement du calfat et ce qui va
s'en suivre. Il y a nans le port une maison qui s'éveille
.avant les autres. Une ménagère commence à laver à grande
eau le carrelage de la ·cuisine qui,forme des trèfles à qu::itre
feuilles. A qui cela portera+il bonheur ? ~Ailleurs une
,servante d'auberge enlève de ses cheveux les brins de
paille échappés de son traversin. Mais c'est. im couteau
que soupèse Eugène~ Brave, honnêté Eugène~.. je n'ai pas
i.e ternps de teiaire la, morale. Dolorès dort comme une
enfant. Sur le .pont, Félix astique ses boutons .et Tegarde
Adolphe qui s' étîre. Le· bancal inspecte a.vec minutie le
&lt;:anon de son fusH de chasse. Un visage a passé derrière la
fenêtre. Victor ouvre la. porte. Personne : c'est sioguiier.
La petite fille qui pendant v des he1.ues et des heures,
asske au pied des grands tournesols d~ns le jardin.familial, a enfilé des p-erles sur un coton noir, en prenant
garde à alterner régulièrement les couleurs, bleu, jaune,
blanc, vert, mauve, orange, bleu, jaune, blanc, tout à coup

L'EXTRA

27

voit au milieu de son long travail deux perles blanches
~ôte à côte. Elle rompt le coton de dépit, les pedes se
répandent, elle pleure. La chèvre vient pour jouer avec la
fillette, elle écrasedes perles et tout est dit.
V.ers quatre heures de l'après-midi, quel temps_ magnifique, Do1orès, debout sur le seuil de sa demeure~ jouit
:atrocement du drame qui tourne déjà autour de son
:Sourire. Comme elle hume l'air, comme elle fredonne
gaiment! Elle a croisé ses mains derrière sa nuque. Sur
une route, la fureur du calfat. Sur une autre, la ter..reur .du
mousse. Les chemins de l'île ne s'ennuiront pas ce soir.
Encore l'éclair d'-t.m fusil dans les broussailles. L'inconnu
'sort du Cygne- décoré, Tu as bien choisi ton moment,
Eugène (par.donnez-moi, je ne peux pas m'empêcher de
v0us tutoyer), pour venir faire des reproches à celle qui se
rit de toi . Elle t'offre à boire. Ne lorgne pas ainsi sa
gorge, malheureux. Une caresse a mison de tout. Contre
-qui arme -t~on cette main, qui ne songeait qu'à tordre un
poignet de femme? Transparent index de Dùlorès qui
montre le ,s entier de fa, montagne. Où est le bancal ? J'ai
entendu des cris, j'ai trrn Feconnaîtte la voix d'Adolphe.
Des tilles passent en chantant, elles se tiennent par }a
taille, et ceH-es -des bouts jouent avec leur tablier. Qu'y at-il de rouge sur cette feuille ? Qu'y a-t-il de gémissant
près de la fontaine? Je te l'avais bien dit, voyageur. Quel-ques mouches volent. Ce bruit et -cette flamme, j'ai déîà vu
.des coups de feu sur les images. Sur un tas de pierres est
~is l'inconnu : du bout de sa canne il dessine dans la '
poussière le sexe de l'homme .et- celui de 1a femme . II se
lève et parle au cantonnier qui pour lui répondre a -remonté
sa visière. Les genêts fleuriront tant qu'il y aura des amOUe
1'eux. dans Ie .monde. Dans les genêts fleuris de la mon..
tagne, Félix: est accroché par- la mort. Les horrible'5 bles::sures. La tête est presque détachée du tronc, le corps est
tailladé en plus de trente endroits. Une petite fleur }&lt;!Une
-est tombée mélantoliquement dans la plaie du cou. J'ai vu

�28

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

œ couteau dans les mains d'Eugène. Eugène.! l'écho seul

répond : Gène ! La balle est entrée dans le dos ( on avait
fait une croix dessus) et il est tombé de haut en bas dans
la carrière. Pauvre, pauvre Eugène Demolder, maintenant
ron corps n~est plus qu'un petit bouquet de giroflées au
milieu des sikx. C'était bien la peine. Tu ne faisais pourtant pas mal dans le paysage avec tes petites moustaches.
noires cirées. On n'en parlera plus.
Autour d'un billard déjà fatigué, il y a longtemps qu'un
maladroit paya soixante francs cet accroc qui laissa dans le
drap la première cicatrice angulaire, la caissière, le patron
du 'café, deux ou trois habitués, dont l'un tient son demi
pour l'empêcher de s'envoler, le partenaire souriant, les
adversaires impatientés, un sol.dat qui ne porte plus sa pipe
à ses' lèvi:es, elle va s'éteindre, contemplent animés d.e
sentiments divers le joueur heureux qui fait une série. Où
trouver le bancal? C'est à son tour. cc D'où viens-tu
déguenillé, Adolphe ? &gt;) demande Dolorès, mais le mousse
livide secoue sa tête plejne de l'agonie épouvantable de
l'infirme, et ne répond pas. Il regarde ses mains griffées, et
les éloigne de ses yeux. Je commence à comprendre la
joie des animaux qui rampent dans .la terre meuble.
Encore un carambolage : dans la pièce à côté, le petit
enfant de Dolorès gît étouffé dans son berceau. Il ne connaissait pas le genou qui opprima sa poitrine. Mère infortunée, comment ne pas la plaindre ? Le châtiment est trop
fort. Ah oui -? observez plutôt Dolorès: elle s'en fout
comme de l'an quarante. Elle attire Aqolphe dans ses bras,.
ses doigts fouillent les déchirures des vêtements, et voilà la
mécanique encore une fois remontée.
Av9ez-vous entendu craquer des branches? Comme les
.genêts les primeroses sont jaunes. Au catéchisme on me
donnait comme preuve de l'existence de Dieu la danse des
moustiques ::i,u-dessus des marécages : contre toute vraisemblance ces bestioles ne s'embrouillent pas les pattes. Le
mystérieux étranger entre dans la cabane de Dolorès et

L'EXTRA

29

surprend les embrassements de la femme et de l'enfant.
(&lt; Je sais tout», dit-il, et les nouveaux amants tremblent.
Cette fois, cette fois, voici donc la punition du ciel. Pas du
tout. Il y a, Dieu merci, des gens qui sont hors de la
portée de votre Dieu. Avez-vous vu Dolorès, comme elle
est belle avec ses cheveux défaits? L'inconnu rassure le
couple, il commence à se déshabiller, il dit son notn :
Ludovic. Adolphe et Dolorès échangent un long regard.
Ludovic écarte les draps, et glisse son corps froid et mince
entre les deux corps chauds qu'il caresse et qui dans la nuit
tombante, toutes les plantes de l'île se sont raidi'es et les
însectes se sont retournés sur leur dos, se mettent tout à
coup à hurler de plaisir.
LOUIS A RAGO'N"

�J

LA COiqfESSîON DE.i STà VR.OGUINE.

LA CONFESSION DE STAVROGUll'IE

JI

- Comment esH:;,e indifférent ? Pourquoi ? s'écria en
se redressant brusquem:eht Stayroguine. Ce n'est pas du_
to,u.r la même cho!ie. Ah! en votre quaJit;,é de rooi11e ·vous
soupçonnez im)Jiédiatemeni: _la., plus affreu,9e vilenie. ·Les.
n1oin~s fer.aient des jtiges d'.instruction idéaux.
Tikhon le rega,i:d&lt;i eri sile.nce..
- Calmez-vous, œ n'est pas ma. faute si la fülettefut
sotte et ne me comprit paSc. .IL n'y .eut neri. Rieu du

tout.
CHAPITRE IX
CHEZ TIKHON

(Suite)

Il y avait en tout cinq feuillets ; l'un était entre les rnai~s.
de Tikhon qui venait de le lire; la dernière phrase n'était
pas achevée. Les quatre autres étaient aux ma1?s de Stavroguine qui attendait, et en ~éponse au reg~rd mterrogateur
de Tikbon lui remit immédiatement la smte.
- Mais cette phrase non plus n'est pas complète, dit
Tikhon en examinant la fouille. C'est le troisième feuillet,
et il nous faut le second.
- Oui, c'est le troisième; quant au second ... L!; second
est censuré en attendant, répondit rapidement Stavroguine
en souriant gauchement. Il était assis sur un coin du ~ivan
et fiévreux, immobile, ne quittait pas des yeux T1khon
pendant sa lecture.
·_ Vous le recevrez tantôt, quand... quand vous en
serez digne, ajouta+il avec un geste qui voulait être familier. Il riait, mais faisait pitié à voir.
~ Pourtant, au point où nous en sommes, le deuxième
feuillet ou le troisième · - n'est-ce pas indifférent ? fit
observer Tikhon.
1.

Voir la Noitvelle Re'/JUC Franfaise du

1er

juin.

- , Grâce à Dieu l Tjkbou -se signa.
·- C'est long "à e:X:pliqûer.,. il y eut ici... il 'Y .eut un
malentendu psychologique.
Il rougit t_out à coup. Le .dég®t; l'ango.isse, fo désespoir
se .reflétèrent .sur .son visagt .. ILse tut. Ils ne se regardaient
plus. et le s.ilence tégna: ~entre eux plus d'une minute.• ·
- Vous sayez, :il vaut mieux que '!OUS _lisiez, prononça.
machioalem_en ~ -Sta vrdgufüe e.n- essu yah t a 'leè ses doigts
l;t'sneur froide quL·Jrenipa.it son front. ~Et.., le mieux. s~rait
que vous ne me-regardi_ez pas du tou.t..-v Il 1ne semble que
ciest un rêve ... Et... n'épuisez~pas. ma patience, .aiouta-t-il
tout bas.
Tikhon détourna rapidement les yeux, saisit le _troisième feuillet et se ipif à. lire sans plus "iàtrê_ter jusqu'à
la fin, Dans les ti:ois feuillets que lu-i avait i;em;is Stavmguine rien plus ne manquait·;, le troisième, débutait
ainsi : .
, ~ ,~
·
&lt;, ••• Ce .fut un instant pe teneur :véritable"' bien .que poinrtrès intèns_e, J'étais très gai ce matin-là et très bon pour
tous et ma bande était fort satisfaite- de moi .. Mais- je les
quittai tous et allai à la_ Go..rokhovai:a.. _ Je la rencontrai
en bas, dans l'.entrée . .Eile œvenait d'une boutiq~e; au on
l'avait: envQyée achetei: dt la ~hi_corée. En me Jvuya:nt eUes'élança dans J'.escalie.r e-n proie à _une peur terrible. Cen'était même- pas, de ,la peur,. màis une terreur muette,
paralysante. Quand j'entrai, sa mère la frappait &lt;c pour s'être
jetée-dans la chambre tête baissée. » Ainsi ·elle puli cacher

�32

LA NOUVELL-E REVUE FRANÇAISE

la vraie cause de sa terreur. Tout était donc encore tranquille. Elle se terra dans un coin et ne se montra pas
.durant tout le temps que je passai dans la maison. Au
bout d'une heure je sortis. Mais le soir j'eus peur de nouveau, et beaucoup plus fort cette fois. Le plus pénible
pour moi dans cette peur était que j'en avais parfaitement
conscience. Je ne connais rien de plus stupide et de plus
atroce. Jamais jusque-là je n'avais connu la peur et jamais
depuis je ne l'ai plus ressentie. Mais à ce moment-là j'avais
peur, je tremblais mètne. J'en avais parfaitement conscience ainsi que de mon humiliation. Si j'avais pu, je me
serais tué, mais je ne me sentais pas digne de la mort.
D'ailleurs, ce n'est pas pour cette raison que je ne me suis
pas tué, mais à cause de cette même p-eur. On se rue
parfois de peur, mais il arrive aussi que de peur on continue à vivre. L'homme commence par ne·pas oser se tuer
et l'acte ensuite devient impossible. De plus, le soir, chez
moi, je ressentis une telle haine contre l'enfant que je
résolus de la tuer. Dès l'aurore je courus cette jdée en tête
à la Gorokhovaïa. Je me représentais tout en marchant
comment je la tuerais et comment je l'outragerais. Ma
haine s'excitait surtout au souvenir de son sourire : un
mépris s'élevait en moi, et un dégoût immense pour la
manière dont elle s'était jetée à mou cou, s'imaginant je
ne sais quoi. Mais en traversant la Fontanka, je me sentis
mal. En même temps, une nouvelle idée surgit en moi,
terrible, et d'autant plus terrible que j'en avais conscience.
Revenu chez moi, je me couchai, frissonnam: de fièvre et
en proie à une terreur telle que j'en venais à ne plus haïr
l'enfant. Je ne voulais plus la tuer, et c'était justement la
nouvelle idée dont j'avais pris conscience en traversant la
Fontanka. Cest alors que je compris ,pour la première
fois qu.e, lorsque la peur est extrême, elle chasse la
haine et même tout sentiment de vengeance contre l'offen•
seur.
Je me réveillai v.ers midi, relativement dispos et

LA CONFESSfON DE STAVROGUINE

33

m'étonnant même de l'intensité des sentiments que j'avais
éprouvés la veille. J'eus honte d'avoir voulu tuer.J'étais pour~ant de t~auvaise humeur et malgré toute ma répugnance,
Je fus obligé de me rendre à la Gorokhovaïa. Je me souviens que j'aurais beaucoup désiré à ce moment avoir une
querelle avec quelqu'un, une querelle vraiment sérieuse.
Mais en entrant chez moi à la Gorokhovaïa, j'y trouvai
Nina Savélièvna, la femme de chambre, qui m'attendait
déjà depuis une heure. Je n'aimais pas du tout cette fille
et elle était venue avec une certaine appréhension, craignant de me déplaire par sa visite. Elle venait toujours
avec cette crainte. Mais je fus très heureux de la voir ce
qui la mit dans le ravissement. Elle n'était pas mal ; de
plus elle était modeste et possédait ces bonnes manières
que les petits bourgeois estiment particulièrement ; c'est
pourquoi ma propriétaire m'en faisait depuis longtemps
grand éloge. Je les trouvai toutes deux, en train de
prendre du café et ma propriétaire enchantée de l'agréable
conversation. Dans un coin de l'autre chambre, j'entrevis
Matriocha : elle était debout et dévisageait fixement, en
dessous, sa mère et la visiteuse. Quand j'entrai, elle ne
se cacha pas comme elle l'avait fait la fois précédente, et
~e s'enfuit pas. C'est un point que je me rappelle bien, car
J en fus frappé. Je remarquai seulement à première vue
qu'elle avait fortement maigri et qu'elle semblait avoir la
fièvre. Je fus très caressant avec Nina et elle me quitta,
~on heureuse. Nous sortîmes ensemble et pendant deux
)Ours je ne retournai plus à la Gorokhovaïa. J'en avais assez
. . '
,
mals Je m ennuyais.
.
Enfin, je résolus de terminer tout en une fois et de
quitter même Pétersbourg s'il le fallait. Mais quand je
~1e rendis à la Gorokhovaïa pour y annoncer mon départ,
Je tr?uvai ma propriétaire en · grande peine et en grand
émoi: Matriocha était malade depuis trois jours et délirait
toutes les nuits. Naturellement je demandai tout de suite
ce qu'elle disait dans son délire (nous causions tout bas
3

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

34

dans ma chambre). Des choses terribles, me murmura la
mère : « J'ai tué Dieu
Je proposai d'amener un médecin à mes frais, mais elle refusa : c&lt; Dieu nous aidera, .cela
passera de soi-même ; d'ailleurs elle n'est pas couch~e tout
le temps; tantôt elle a fait une course dans une boutique._ &gt;&gt;
· Je résolus de voir Matriocha seule et comme ~:1 pro~nétaire avait laissé échapper dans la conversatrnn quelle
aurait à aller dans le faubourg, je décidai de revenir le soir.
Je ne savais d'ailleurs pas au juste pomquoi ni ce que je

,i.

voulais faire.
Je dînai au restaurant, puis à cinq heures et qu~tt je
revins. J'entrais en tout temps grâce à ma clef. Matnocha
était se~le; elle était couchée derrière un paravent sur le
lit de sa mère et je remarqu.ii qu'elle avançait l.i tête p_our
voir mais elle ne fit semblant' de tien. Les fenêtres étaient
ouv~rtes ; l'air était chaud, même brûlant. Je fis quelques
pas, puis je m'assis sur le divan. Je ~e souviens de to:1t
jusqu'à! la dernière minute. Je ressentais une gran?e sa_tis:
faction de ne pas parler avec Matt'iôcha et de la faire ams1
lang01r, je ne sais pas pourquoi. J'attendis une heure
entière et tout à coup je l'entendis se lever brusquement
derrière le paravent. J'entendis le ch0cdesesdeu1e p~edssur
le plancher, quand elle ~e leva, puis quelq~es ~as _raf1des, et
elle apparut sur le semi de ma chambre. J étais s1 lache que
fétais heureux qu'elle fût entrée la première. Oh t comm_e
tout cela était vil, et comme j"étais humilié t Elle se tenait
debout et me regardait en silence. Depuis le jour où je
l'avais vue pour la dernière fois de près, elle avait en
effet extrêmement maigri. Son visage était comme desséché et son front était certainement brûlant. Ses yeux ,
agrandisr me dévisageaient avec une curiosité hé?étée,
me sembla-t-il d'abord. Je restai assis et la regardai sans
bouger. Et de nouveau je ressentis de la haine. Mais
bientôt je remarquai que Matriocha n'avait nullement
peur de moi et que probablement elle délirait. Mais non !
ce n'était pas non plus du délire. Elle se mit tout à coup

LÀ CONFESSION DE STAVROGUINE

35

à hocher la tête comme le font, pour adresser un reproche,
les gens très naïfs et q11i n'ont pas ·de manières; puis elle
leva subitement son petit poing et m'en menaça de loin.
Au premier moment ce geste me parut ridicule, mais je
ne fus plus en état de le supporter ensuite ; je me levai
brusquement et m'approchai d'elle, épouvanté. Son visage
exprimait un désespoir pénible à. voir dans un être si petit ;
elle continuait à me menacer du poing et à hocher la têt_e
avec r eproche. Je lui adressai la. parole prudemment, tout
bas, avec douceur, car j'avais peur, mais je vis immédiatement qu'elle ne pouvait me comprendre et ma terreur
s'en accrut. Mais elle se couvrit rapidement le visage de
ses deux mains, comme l'autre fois et alla vers la fenêtre
en me tournant le dos. Je me détournai alors moi aussi
et m'assis près de la fenêtre. Ji: ne pem;: pas du ' tout com-'
prendre pourquoi je ne sortis pas et restai là à attendre ;
j'attendais donc vraiment quelque chose. Il aurait pu se
faire que je demeure longtemps assis à cette place, puis,
que me levant, je la tue, par désespoir, pour en finir d'une
façon ou d 'une autre.
Bientôt j'entendis de nouveau ses pas précipités ; elle
sortit par la porte qui donnait sur une galerie en bois par
où l'on atteignait l'escalier. Je m'approchai rapidement
de la balustrade et pus encore l'entrevoir qui pénétrait
,dans un petit réduit, sorte de poulailler, qui se trouvait
.à côté d'un autre endroit. Quand je me rassis, près de la
·fenêtre, une idée étrange se glissa dans mon esprit : je ne
peux pas comprendre encore maintenant pourquoi ce fut
justement cette idée-là plutôt qu'une autre qui m'apparu t la
première; tout convergeai t donc vers cela. Il était évident
que je ne pouvais pas encore y croire, cc et pourtant ... )&gt;.
Je me- souviens parfaitement de tout; mon cœur battai t.
Au bout d'une minute je regardai de nouveau ma montre
et constatai l'heure exacte. Qu'avais-je besoin de savoir
l'heure ~i justement ? -- Je ne sais pas; mais il y avait, à
.ce momeut, en moi une volonté générale de tout observer;

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

je me rappelle donc très bien tout et je1 vois en pa~ticulier descendre le crépuscule. Une moucue bourdonnait
autour de moi et venait continuellement se poser sur mon
Yisage. Je l'attrapai, la tins quelgues instants entre ~1es.
doiats et la laissai s'échapper par la fenêtre. Un camion
pén°éna avec grand bruit dans la cour. Un appre~:i tai!lcur chantait à pleine gorge ( depuis longtemps dép) pres.
de sa fenêtre, dans un coin de la cour. li travaillait et_je
pouvais Le Yoir de ma place. Il me vint à l'esprit que pmsque personne ne m'avait rencontré lorsque_ j'a,•ais traY_ersé
la cour et monté l'escalier, il valait certamement mieux
qu'on ne me rencontrât pas ~on plus à
sortie ; , a~si
écartai-je prudemment ma chaise de la fenetre t:t _m assisje Je telle façon que les voisins ne p~ssent 1~1e vo1~- ~h !
que c'était donc lâche ! Je pr!s un l1v~e, ~u1s le re1eta1 et
me u1is à su ivre, sur une femlle de geranmm, les démarches d'une minuscule araignée rouge ; je m'oubliai pendant un instant. Mais je me souviens aujourd'hui de tout,.

1:

jusqu'au dernier moment.
.
. .
Je tirai brusquement ma montre. Il y avait déjà vingt
minutes qu'elle était sortie. Mais je résolus d'atte~dre
encore- exactement un quart d'heure. Je me &lt;lonna1 ce
temps. Il me vine aussi à l'esprit qu'el~e a~•ai~ p~ rentr:r et
que je ne l'avais pas eut:ndue. Mais c était ~'.11po~s1ble.
Il faisait maintenant un silence de mort et J aurais pu.
entendre voler la moindre mouche. Tout à coup mon
cœur se remit à battre. Je regardai ma montre: il manquait encore trois minutes ; je restai doue assi_s, bien q~e
01011 cœur battît à me faire mal. Je me levat enfin, 1111s
mon chapeau, boutonnai mon paletot et examinai la
chambre : n'y laissais-je aucune trace de mon passage ?fapprochai la chaise de la fenêtre e~ la plaçai t:~actement
à l'endroit qu'elle occupait à mon arrivée. J'ouvns la_ ~ort~
enfin, la refermai doucement avec ma clef et me dmge~l
,·ers le réduit à provisions ; la porte en était fermée, n~atS
non à clef; je le s.1 mis bien, mais ne Youlus pas l'ouvnr;.

t.A CONFESSION DE &amp;TAVROGUINE

37

je me soulevai sur la pointe des pieds et regardai à traYers
une fente gu'il y avait dans le haut de la porte. Dans
l'instant même où je me dressais ainsi sur la pointe des
pieds, je me souvins que lorsque j'étais assis près de la
fenêtre et regardais la petite araignée rouge, pendant cet
&lt;mbli d'un instant, je me représentais en réalité que je me
dresserai sur la pointe des pieds, que je regarderai à travers la fente comme je le faisais maintenant. Je cite -~
détail parce que je veux absolument démontrer à quel
point j'étais en possession de mes facultés, et que, par conséquent, je ne suis nullement fou et dois répondre de mes
actes. Je regardai longtemps par la fente, car il faisait sombre
dans ce réduit ; pas complètement cependant ; si bien
,qu'enfin je distinguai ce qu'il fallait ... Je me dis alors qne
je pouvais partir et je descendis l'escalier. Je ne rencontrai
personne ; personne donc dans la suite ne put déposer
contre moi . Trois heures plus tard, chez moi, nous jouions
tous aux cartes, en manches de chemise, en bnvant du thé.
Lébiadkine lisait des vers, racontait toute1: sortes d'histoires
et, comme par un fait exprès, des choses très drôles, au lieu
des bêtises, dont il nous abreuvait d'habitude, Kirilov était
là aus.si. Personne ne buvait, bien gu'il y eût une bouteille
~e rhum sur la table ; seul Ubiadkine lui fit honneur.
Prokhor Malov observa: &lt;( Quand icolaï Vsièvolodovitch
est content et de bonne humeur, nous sommes tous gais,
dans notre bande, et parlons bien )L Je remarquai cette
phrase ; c'est donc que j'étais gai, content, de bonne
humeur et disais des choses amusantes. Mais je me souviens que je savais parfaitement que ma joie d'être délivré
reposait sur une lâcheté infâme et que plus jamais je ne
pourrais me sentir noble, ni sur terre, ni dans une autre
vie, jamais. Autre chose encore : je réalisais en cet instant
le proverbe juif: « Ce qui est à nous est mauvais mais n'a
pas d'odeur. » J'avais bien conscience d'être un misérable,
mais je n'en avais pas honte, et dans l'ensemble, j'en souffrais peu. C'est à ce moment, tandis que je buvais du thé

�LA ~OU\.ELLE REVUE l'RANÇAISE

et bavardais avec ma bande, que je pus me rendre compte
très nettement, pour la première fois de ma vie, que je
ne comprenais pas et ne sentais pas le Bien et le Mal; que
non seulement j'en avais perdu le sentiment, mais que le
Bien et le Mal, en soi, n'existaient pas (cela m'était fort
agréable), n'étaient que des préjugés, que je pouvais certainement me libérer de tout préjugé, mais que si j'atteignais à cet~e liberté, j'étais perdu. Je pris conscience de
tout cela pour la première fois, en une formule nette,
devant cette table à thé, pendant que ie plaisantais et riais
avec mes camarades je ne sais même plus à propos de
quoi . Mais je me souviens de tout. Il arri;e souven: que
de vieilles idées que tout le monde connait, apparaissent
tout à coup neuves, originales, même après cinquante années d'existence.
Cependant je ne cessais pas d'attendre quelque chose.
Et en effet, yers onze heures du soir, je vis accourir la
fille du concierge que m'avait dépêchée ma propriétaire
de la Gorokhovaïa pour me dire que Mattfocha s'était
pendue. Je suivis la fillette et pus constater que ma pro:
priétaire ne se rendait pas compte elle-même pourqum
elle 'm'avait fait venir. Elle sanglotait et criait comme
foot ces sortes de gens en pareil cas. Il y avait du monde,
des agents de police. Je laissai passer un moment, puis
je sortis.
.
On ne vint guère me déranger pour cette affaJXe ; on
me posa pourtant quelques questions. Mais je déclarai
seulement que l'enfant avait ét€ maùide et avait eu le
délire et gue j'avais proposé de faire appeler le médecin à
mes frais. On me parJa aussi du canif: je racontai que ma
propriétaire avait. fouetté- sa fille~ mais que cela n'avait
aucune importance. Persouoe ne .sut que j'étais revenu le
soir. L'affaire finit donc ainsi.
Pendant une semaine entière je m'àbstins de retourner
à la Gorokhovaïa et je n'y passai enfin que pour r~ilier
ma location. La propriétaire continuait à verser des larmes

LA CONFESSION DE STA VROGUINE

39

( et je me souviens que cela me fut désagréable), mais elle
s'occupait déjà de nouveau de son travail de couture.
« C'est à cause de votre canif que je l'ai offensée »-, me
dit-elle, sans grand reproche. Je réglai mes comptes avec
elle sous le prétexte qu'il ne m'était plus possible désormais de recevoir Nina S&lt;!vé-lièvna dans leur logement.
Au cours de nos adieux, elle me dit encore beaucoup
de bien de Nina Savélièvna. Je lui fis cadeau de cinq
roubles en plus de ce que je lui devais pour la chambre.
A cette époque je m'ennuyais à mourir. Le danger
passé, j'aurais tout à fait oublié l'affaire de la Gorokhovaïa, comme tous les événements de cette période, si
de temps en temps je ne m'étais souvenu avec rage de la
terreur que j'avais ressentie. J'épanchais ma rage sur qui se
présentait. C'est alors que l'idée me vint - mais sans motif
aucun - de gâcher ma vie de la façon la plus bête possible. Un an auparavant ie songeais à me faire sautei; la
cervelle; un autre moyen se présentait, bien meilleur.
Un jour, en voyant Marie Timoféèvna Lebiadkina, la
bancale, qui vaquait à son service dans la maison, l'idée me
vint d'en faire ma femme. Elle n'était pas encore tout à
fait folle, mais c'était une idiote toujours en extase et
mes camarades avaient découvert qu'elle m'aimait secrètement à la folie . L'idée d'un mariage entre Stavroguine et
cet être infirme excitait agréablement mes nerfs. On ne
pouvait rien imaginer de -plus ridicule, de plus stupide.
Mais je ne peux pas arriver à savoi.r si ma décision fut
déterminée, ne fût-ce qu'inconsciemment (inwnsciemrpent,
c'est certain), par la rage dont m'avait empli contre moimême la vile crainte que j'avais éprouvée dans faffaire
avec Matriocha. Je ne le pense ·vraiin-ent pas. En tout ~as
ce mariage ne fut pas seulement le cc résultat d'un pari
conclu après un_dîner largement arrosé. i&gt; Les cc témoins »
furent Kirilov et Piotr Verkhovensky, alors de passage à
Pétersbourg, puis Lebiadkine 1-u.i-même et Prokbor Malov
(aujourd'hui décédé). En dehors de &lt;:eux-là, personne ne

�LA NOUVELLE RE\'UE FRA}.ÇAISE

sut rien, et ils me promirent sur l'honneur de se taire. Ce
silence me parut toujours une vilenie; mais jusqu'ici le
secret n'a pas été trahi, bien que j'eusse l'intention de
déclarer tout; je le déclare donc maintenant. Après le
-mariage je me rendis chez ma mère, à la campagne. J'y
allais pour me distraire, car la vie m'était insupportable.
Dans notre ville je produisis l'impression d'un dément, et
cette impression a persisté jusqu'à aujourd'hui, ce qui
peut m'être très préjudiciable, ainsi que je l'expliquerai. Je
partis ensuite pour l'étranger où je passai quatre ans.
J'ai visité l'Orient; j'ai assisté sur le mont A rhos à des
services religieux qui duraient huit heures, j-'ai été en
Egypte, en Suisse, en Islande même; j'ai su ivi pendant
une année les cours de l'université de Goettingen. Pendant la derniè~e année de mon séjour à l'étranger je fus à
Paris l'ami d'une famille russe très haut placée et, en
Suisse, de deux jeunes filles russes. De passage à Francfort il y a deux ans, je remarquai à la devanture d'une
papeterie, parmi diverses photographies, le petit portrait
d'une fillette, élégamment habillée mais qui ressemblait
be 4ucoup à Matriocha. J'achetai immédiatement le portrait
et, de retour à l'hôtel, je le plaçai sur ma cheminée. Je
restai sans y toucher pendant toute une semaine, je n'y
jetai même pas un regard et lorsque je quittai Francfort,
j'oubliai de le prendre avec moi.
Je cite ce fait pour montrer jusqu'à quel point je pouvais dominer mes souvenirs et combien j'y étais insensible. Je les repoussais tous à la fois, en masse, et toute
leur masse disparaissait immédiatement dès que je le
voulais. Cela m'ennuyait toujours de me souvenir du
passé et je n'ai jamais pu causer longuement du passé
comme presque tout le monde le fait. En ce qui concerne
Matriocha, j'allai jusqu'à oublier son portrait sur la cheminée.
Il y a eu un an au printemps, comme je voyageais en
Allemagne, je laissai passer par distraction la station

LA CONFESSION DE STAVROGUINE

où je devais descendre pour prendre une autre ligne.
Je m'arrêtai à la station suivante ; il était trois heures
de l'après-midi, la journée était claire. C'était une
toute petite ville allemande. On m'indiqua un 11ôtel ;
il fallait attendre: le train suivant ne passait qu'à onze
heures du soir. J'étais content de cette petite aventure,
car rien ne me pressait. L'hôtel était mauvais et petit,
mais tout entouré d'arbres et de parterres de fleurs. On me
donna une chambrette étroite. Je dînai bien et comme
j'avais passé toute la nuit en chemin de fer, je m'endormis
très profondément à quatre heures de l'après-midi.
Je fis un rêye complètement inattendu pour moi, car
jamais jusqu'alors je n'en avais fait de tel. Il y a au
musée de Dresde un tableau de Claude Lorrain qui figure
au catalogue sous le titre d'Acis et Galathée, je crois; moi
je l'appelais, je ne sais pourquoi, !'A ge d'or. Je l'avais
déjà remarqué depuis longtemps, mais je l'avais revu
encore, en passant, crois ou quatre jours auparavant.
C'est ce tableau que je vis en rêve, non · comme un
tableau pourtant, mais comme une réalité. C'est un
coin de l' Archipel grec: des flots bleus et caressants,
des îles et des rochers, des rivages florissants ; au loin
un panorama enchanteur, l'appel du soleil couchant ...
Les paroles. ne peuvent décrire cela. C'est ici que l' humanité européenne retrouve son berceau ; ici que se
déroulèrent les premières scènes de la mythologie; ce fut
son vert paradis. Ici vécut une belle humanité. Les
hommes se réveillaient et s'endormaient heureux et innocents; les bois retentissaient de leurs gaies chansons; le
surplus de leurs forces abondantes s'épanchait dans
l'amour, dans la joie naïve. Le soleil versait ses ray_ons sur
ces îles et sur la mer, et jouissait de ses beaux enfants.
Vision admirable ! Illusion splendide! Rêve le plus impossible de tous et auquel l'humanité a donné toutes ses
forces, pour lequel elle a tout sacrifié, au nom duquel on
mourut sur la croix, on tua les prophètes, sans lequel

�42

LA NOUVELLE REVUE F.RANÇAlSB

les _peuples .oe voudraient pas vivre, sans lequel ils ne voudraient même pas mourir. Dans mon rêve il me semhla
vivre tant cela; je ne sais pas exactement ce que je vis,
mais les rochers, la mer, les rayons obliques du soleil
couchant - tout cela il me semblait encore le voir quand
je m'éveillai et ouvris les yeux, pour la première fois dema vie, littéralement trempés de farmes. La sensation
d'un bonheur encore inconnu me traversa le cœur; j1en
eus même mal. C'était déjà le soir; à travers la fenêtre de
ma petite chambre, à travers la verdure &lt;les fleurs qui
garnissaie11t la fenêtre, le soleil couchant dardait un faisceau oblique d'ardents rayons et me baignait de lumière .
Je refermai rapidement les yeux, comme pour essayer
d'évoquer encore une fois le rêve disparu, mais soudain je
distinguai, au milieu d'une lumière vive, très vive, une
sorte d'image_et tout à coup je vis très distinctement la
petite araignée rouge . Je la reconnus, immédiatement,
telle que je l'avais contemplée sur la feuille de géranium
tandis que le. soleil couchant déversait ses rayons obliques .
Quelque chose d1aigu pénétra en moi; je me soulevai et
m'assis sur le lit ( voilà exactement comment les choses
passèrent) .
Je vis devant moi (Ob! pas réellement! si seulement
cela avait été une vraie hallucination l), je vis Matriocha.,
amaigrie, les yeux fiévreux, exactement telle -qu'elle était
lorsq1l'elle se tenait sur .le serri.l de ma chambre et, hochant
1a tête, me menaçait -de son petit poing. Et rien jimais ne
me parut si douloureux. Pitoyable désespoir d'un peti t
être impuissant, à l'intelligence encore informe et qui me
menaçait ( de quoi ? que pouvait-il me faire ?) mais qui
certainement n'accusait que lui-même. Jamais jusque-là
rien de semblable ne m'était arrivé. Je restai assis toute la
nuit, sans boug.er, ayant perdu la tiotion du temps. Est-ce
là ce gu'on appelle des remords de conscience, le repentir? Je l'ignorais et ne le sais pas encore aujour&lt;l'hui.
Il se peut que, même encoi::e maintenant, le souvenir

se

LA CONFESSION DE STAVROGUDŒ

4~

de mon action ne me paraisse pas r.épugnant. Il se peut
même que c~ s~uv:nir contienne encore en soi quel~ue chose qm sat1sfait mes passions. Non, ce qui m'est
10Supporta_ble, c'est uniquem.ent cette vision, et justement
sur le seml, avec son petit poing levé et mena-ça.nt· rien
~ue l'as~ect qu'elle avait à cette minute, rien q:e cet
ms_tant, nen gue ce hochement de tête. Voilà ce que je ne
puis supfoner; car depuis lors elle m'apparaît presque
~haque Jou~. Elle n'apparaît pas d'elle-mê::ne, mais je
l évo~ue et re ne peux pas ne pas l'évoquer et je ne peux
pas vivre avec cela. Oh ! si je pouvais la voir une fois
réellement, au moins eu haUucinationJ
J'ai d'autres vieux souvenirs encore, peut-être encore
plus beaux que celui-là. J'ai agi plus mal encore avec une
femme et elle en est morte. J'ai tué- en du l deux bom.mts.
qui ne m'avaient rien fait. J'ai été uoe fois mortellement
offe□-sé et je. ne me suis pas vengé de man ennemi. J'ai
sur l.a conscience un empoisonnement yrémédité et qui
réussit; personne n'en sait den.
(S'.il le fa.ut, je donnerai des précisions), mais pourquoi
donc aucun de ces souvenirs n'éveille-t-il en moi rien de
semblable? Une simple haine peut-être~ d'ailleurs surexcit~,e pa~ ~a situation présente et qu'auparavant j'éau:tais
et ron.bliai.s avec le plus grand sang-froid.
J'errai toute une année après cela, essayant de m'occuper. Je sais _que je peux. encore écarter l'image cle 1a petite
filJe quand Je te vo_u drai. Je suis entièrement maître de ma
vol~nté, comme précédemment. Ma:is toute la question
est Jastemeo~ que je n:ai jamais ,·oulu l.e faire, que dans, le
fond d_e m01:même J:e ne le vemr pas et que je ne Le
voudrai. pas ; Je le sais .tr.ès bien. Cela durera ainsi jusqu'â.
ma ~l~e comp!ète. En Suisse, d ux mois plus tard, je
réussis _a deve111r .amoureux d~une jeune fille, ou plutôt je
ressentis de nouveau un de ces accès de passion, un de
ces élans fous semblables à ceux que j'avais connus dans.
ma première jeunesse. Je me sentis tenté par un nouveau

�44

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.crime, la bigamie (puisque j'étais déjà marié), mais je pris
la fuite sur le conseil d'une autre jeune fille à laquelle je
m'étais presque entièrement confessé. D'ailleurs, ce nouveau crime ne m'aurait nullement délivré de Matriocha.
C'est pourquoi je résolus de faire imprimer ces feuillets et
&lt;le les introduire en Russie au nombre de trois cents
exemplaires. Quand le moment arrivera, je les enverrai à
la police, aux autorités locales; je les ferai parvenir en
même temps aux rédactions de tous les journaux avec
prière de les publier, ainsi qu'à mes nombreuses connais-sances à Pétersbourg, dans toute la Russie. Ils paraîtront
également en traduction à l'étranger. Je sais qu'il est probable que je ne serai pas inquiété par la justice ou qu'en tout
cas je ne le serai que peu sérieusement. Je m'accuse moimême et n'ai pas d'accusateurs. De plus, il n'y a pas de
preuves, ou très peu, en tout cas. Enfin, il y a ceue opinion
très répandue concernant le dérangement de mon cerveau
et il est certain que mes parents feront tous leurs efforts
pour profiter de cette opinion et éteindre ainsi toute pour1:
suite judiciaire dangereuse. J'annonce cela, entre autres
raisons, afin de prouver que je suis en possession de mon
intelligence et que je comprends ma situation. Il y aura
pourtant ceux qui sauront tout et qui me regarderont, et
je les regarderai aussi. Ei plus ils seront, mieux cela
vaudra. Est-ce q-ue cela me soulagera? Je l'ignore. C'est
ma dernière ressource. Encore une fois : si l'on cherche
bien dans les archives de la police de Pétersbourg, on
découvrira peut-être quelque chose. Ces petits bourgeois
sont encore à Pétersbourg, peut-être. On se rappellera
-certainement la maison: elle était bleu pâle. Quant à moi,
je ne m'éloignerai pas et, pendant un an ou deux encore,
ie demeurerai aux Skvoréchniki, propriété de ma mère. Si
.on l'exige, je me présenterai où il faudra.
Nicolaï STAVROGUINE.

LA CONFESSION DE STAVROGUINE

45

III
La lecture dura près d'une heure. Tikhon lisait lentement et relisait peut-être même certains passaaes. Depuis
l'interruption qu'avait provoquée le feuillet O qu'il avait
retenu, Stavroguine était resté assis, immobile, silencieux,
appuyé au dossier du divan et paraissant attendre. Tikhon
ôta ses lunettes, tarda un instant, puis jeta un regard
indécis sur Stavroguine. Celui-ci tressaillit et d'un mouvement rapide en avant se pencha.
- J'ai oublié de vous prévenir, prononça-t-il d'un ton
brusque et sec, que toutes vos paroles seront vaines ; je ne
modifierai pas mes intentions ; ne perdez pas votre peine
à me dissuader. Je publierai cela.
Il rougit et se tut.
- Vous n'avez pas manqué de m'en prévenir, avant la
lecture.
Il y avait une certaine irritation dans le ton de Tikhon.
Le &lt;&lt; document » avait évidemment produit sur lui une
forte impression. Son sentiment chrétien avait été blessé et
il y avait des moments où il ne pouvait pas se contenir. Je
remarquerai à ce propos que ce n'est pas en vain qu'il
avait acquis la réputation &lt;c de ne pas savoir se conduire
avec le public&gt;&gt; comme disaient de lui les moines. Malgré
tout son esprit de charité, une véritable indignation se fit
entendre dans sa voix.
- Cela ne fait rien, continua Stavroguine d'un ton
co~pant et sans remarquer le changement qui s'était produit c~ez Tikhon. Quelle que soit la force de vos argum~nts Je ne renoncerai pas à mes intentions. Remarquez
qu au moyen de cette phrase habile - ou malhabile,.
comme vous voudrez - je ne songe pas du tout à provoquer_ vos arguments et vos prières. En prononçant ces
derniers mots, il eut un ricannement.

�LA NOUVELT.E XEVUE FRANÇA lSB

Il n'est pas en mon pouvoir de vous réfuter et surtout
de vous demander de renoncer à votre décision. Votre
intention est très noble et il serait impossible de mieux
exprimer une idée véritablement chrétienne. La pénitence
ne peut aller plus loin : ce serait une action admirabJe que
de se punir soi-même, comme vous le projetez, si seule-

ment ...
- Si?
- Si c'était \1éritablement une pénitence) si c'était réeJlement une idée chrétienne.
- Finesse, que tout cela, murmura Sta.vroguine, pensif
et distrait; il se leva et commença _à parcomir la chambre,
sans même remarquer ce qu'il faisait.
- Il me semble que vous avez voulu vous représenter
exprès plus grossier que vous ne l'êtes, que votre cœur ne
désire l'être, fit Tikhon avec plus de franchise.
- Me représenter ? Je ne me &lt;c représentais)&gt; pas et,
surwut, je ne iouais pas:« plus grossier» ? Qu'est-ce que
cela veut dire « plus grossier &gt;l ? - Il rougit de non,·eau et s'en sentie fâché : je sais que c'est nn fait pelit,
insignifiant, misérable, dit-il en indiquant les feuillets,
mais &lt;l a.e sa petitesse même serve à approfondir ... Il
-s'arrêta soudain comme s'il avait honte de continuer et
considérait comme humiliant de se lancer dans des explications; mais en rnême temps il se soumettait douloureusement, encore qn'inconsciemment, à 1a nécessité de rester
pour s'expliquer. Il est à remarquer que pas on mot ne fut
prononcé au sujet de ce qu'il avait dit précédemment quant
à la cobfiscation du second feuillet; ce feuillet paraissait
:rvoir été oa.blié aussi bien par l'un que par l'autre. Stavroguine s'était arrêté près de la table à écrire; il y prit un
petit crucifix en i,·o.rre, conunenç.-i à lt&gt; faire tourner entre
ses doigts et tout à coup le brisa €Il deux. Surpris, il
reviat à .lui et jeta à Tikhon un regard perplexe, mais
soudain sa lè rn supérieure trembla, comme s'il avait reçu
une offense et comme s'il se pré.parait à lancer 110 défi :

LA CONFESSION DE STAVROGUlNE

47

-:- Je supposais que vous me diriez quelque chose de
sérieux. C'est pour cela que je suis venu 7 dit-il à mi-voix.
-eomme s'il tendait toutes ses forces pour se contenir .
jeta les débris du crucifix sur la table.
'
Tikhon baissa rapidement les yeux.
- Ce document exprime directement le besoin d'un
cœur mortellement blessé; est-ce ainsi que je dois Je
comprendre ? dem.inda-t-il a ec insistance et presque
avec ardeur. Oui, c'est le besoin naturel de pénitence • il
s'est e~paré de vous. La souffrance de l'être que v~us
.avez often~ vous ~ frappé à tel point que c'est pour vous
une question de vie ou de mon : il y a donc encore de
l'espoir pour vous et vous suivez maintenant la vraie voie en
vous préparant à accepter devant tous le châtiment de la
home. Vous vo1:5 adressez .au jugement de l'église, bien
que vous ne croyiez pas en l'église.

il

-~st-ce q_~e i,e comprends bien? Mais il semble que vous
~a1ssez déJa. da vanc~ e.t q.ue vous méprisez tous ceux qui
liront ce qm est écnt la; 11 semble que vous leur jetez un
défi.
- Moi ? Je jette un défi ?
- Vous n'avez pas eu honte de confesser votre crime •
pourquoi avez-vous honte de faire pénitence ?
'
- Moi ? J'ai honte ?
vous avez honte et vous avez peur.
- J a1 peur ! Stavrogui11e eut un rire convulsif et de
nouveau sa lèvre supérieure rrembJa.
- Qu'ils me regardent, dites-vous. Mais vous-même,
co~ment les regarderez-vous? Vous attendez déjà leur
hame pour l~ur répondre par une haine plus grande
enc~re. Certains passages de votre confession sont encore
soulignés par votre style. Vous avez l'air d'admirer votre
psychologie et vous profitez des choses les plus insignifiantes pour étonner le Iect-eur par votre insensibilité par
YOtr
.
·
'
D'
e cynisme qw peut-être n'existent même pas en vous.
un autre côté, les mauvaises passions et les habitudes

- ?~i,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

qu'engendre le désœuvrement vous ont en efièt rendu
insensible et bete.
- La bêtise n'est pas un vice, ricana Stavroguine en
pâlissant.
- C'est un vice parfois, continua Tikhon, ardent et inexorable. Blessé à mort par la vision qui se tient sur votre
seuil, vou~ ne semblez pourtant pas voir, dans ce document, en quoi consiste votre crime et de quoi vous devez.
être honteu:x devant les hommes dont vous demandez le
jugement : est-ce de votre insensibilité dans le crime ou ·
de la terreur que vous avez ressentie? A un certain moment
vous vous empressez même d'assurer votre lecteur que le
geste de menace de la fiUette ne vous semblait plus drôle,
mais mortel. Mais est-ce que véritablement il a pu vous
paraître drôle, ne füt-ce qu'un instant ? Oui, il vous a
paru rel, je le certifie.
Tikbon se tut; il parlait comme quelqu'un qui a renoncé
à se contenir.
- Parlez, parlez, le pressa Stavroguine. Vous êtes irrité
et vous me grondez. Cela me plaît de la part d'un moine.
Mais voilà ce que je vous demanderai : il y a déjà dix
mii1utes que nous parlons depuis cela (il montra les feuillets) et bien que vous m'injuriez, je ne vois en vous aucun
signe spécial de dégoût, de hontt ... vous n'êtes pas dégoûté
et vous parlez avec moi comme avec votre égal.
Il ajouta cela en baissant la voix et les mots « comme
ayec votre égal » parurent jaillir de ses lènes sans qu'il
y eût songé. Tikhon le regarda attentivement.
- Vous m'étonnez, dit-il après un silence, car vos
paroles sont sincères, je le vois, et dans ce cas ... c'est moi
qu i suis coupable vis-à-vis de vous. Sachez donc que j'ai
été désagréable avec vous et dédaigneux, mais que dans
votre soif de pénitence, vous ne l'avez même pas remarqué,
bien que vous ayez remarqué mon impatience que vous
avez appelée gronderie. Mais vous vous considérez vousmême comme méritant un mépris infiniment plus pro-

-1-9

LA CONFESSION DE STAVllOGUINE

f?nd et ,vos paroles : « comme avec un égal, ii, bien qu'elles
aient eté prononcées involontairement sont de belles
paroles. Je ne vous le cacherai pas · el1e m'e' pou vante,
cette grande force inutile qui ne cherche à se déployer
d
d
. c .
C
que
ans es 101am1es. e n'est pas en vain qu'on se transforme en étranger : un châtiment poursuit tous ceux qui
se détachent du sol natal : l'ennui et l'oisiveté les assaillent même s'ils recherchent l'action. Mais le christianisme
ad_met la responsabilité, quel que soit le milieu où l'on vit.
Dieu ne vous a pas privé d'intelligence ; réfléchissez
vous:°:ême : si vous pouvez vous poser la question :
« sms-J~ ou non responsable de mes actes ? » c'est donc
~écessa1rement qu~ vous ~tes responsable. Il est imposs1bl_e que la tentat10n ne s mtr-0duise pas dans le monde
mais, malheur à celui par qui elle s'introduit. D'ailleurs'
~n ce qui concer~e vo~re... faute, beaucoup agissen~
..omrne vous avez fait, mats continuent à vivre dans la paix
et le calme, e~ vo~t jusqu'à considérer ces fautes de jeune~~e ~omme mév1tables. Il y a des vieillards qui exhalent
déJa 1odeur du tombeau, mais qui pèch&lt;mt et qui se
consolent avec enjouement. Le monde est rempli de ces
horreurs. Vous, au moins, vous en avez ressenti toute la
profondeur; à un tel degré c'est extrêmement rare
- N'allez-vous ~as vous_ mettre à me respect~r après
la lecture de ces femllets ? ncana Stavrognine. Vous ... respectable père Tikhon, - je l'ai déjà entendu dire pa~ les
a~tres - vous ne sauriez faire un bon directeur de consc~ence, continua-t-il avec un sourire forcé. On vous critique beaucoup ici. On dit que dès que vous découvrez
dans le pécheur quelque humilité, quelque sincérité vous
:ombez im~é~iatement
admiration, vous êtes ~rêt à
ous repentir, a vous hum1her et à vous précipiter au-devant
.de votre ... pénitent.
--. Je ne répondrai pas directement à cela mais il est
cert~m que je ne sais pas m'adresser aux ho1~mes. Ce fut
touiours mon .grand défaut, soupira Tikbon, et avce une

~1:

4

�jO

LA NOUVELLE. REVUE FRANÇAfSE

simµlicjté telle que Sta.vrogui~-e le regarda en souriant.
Qu~nt à cela - e~ il regarda les feuillets- - il ne peut y
avoir à. c,oup siir de crime plus atJ.Toce, plus terrible que
celui que vous avez commrs.
, - Cessons de le mesmer à l'archine, dit après un silence
Stavroguine non sans un_ certain dépit dans ]a \toix. Ma
souffrance n'est peut--ê!r~ pas aussi grande que je l'ai
"1tkrite ici ; il se peut aussi que je me sois trop chargé,
c.ondnt-il soudain. ·
Tikhon ne dit rie11. Stavrowiine, la tête baissé:&gt;, plongé
dans sa méditatio~, marchait de long en large.
- Et ce-tre jeune pefsonne, demanda tout à coup
Ti-khon, avec laquelle vous avez rompu en Suisse où est.elle mainten:rnt ?

- lei.
Il y eut un nouveau silence.
- Il se peut que je vous ai~ menti sur man compte,
i;épéta en insistant Stavroguin~. Je ne. sais· pas bien
moi-même.... D'ailleurs,. je. provoque les gens par PimpudQnce de rµa confession; puisque vous a.vez remarqué
ma. provocati.on: C'est ce qu'il faut. lis ro.étitent bien ça.
- C'est.,-à~dire qu'il vous est plus facile de les haïrr que
d'accepter leur pitié.
- Vous avez rais.on,.-j.e . n'ai pas l'habitude d'être franc,
mais puisque j'ai comrnen.ré ... avec vous~ scachez que je les
méprise tout autant que moi-même, tout autant, si _ce n'est
pas plus, i.m.finiment plus. Aucun d'eux n.e p.el1t être mon
j-uge ... J'ai écrit ces bêtises, pat"ce que cela m'est" venu à
l'esprit, par cynisme ... Il se peut même que j'aie simplement menti, dauS' une minute de fa.n.atisme. - Il S:intertompit soudain, irrité, et de nouveau routit d'avoir p:rrlé
contre' son gré. Il s'approcha. de la :ra.Me en roumant le dos
à Tikhon et saisit de nouveau un fragment du crucifix
brisé.
- ;Réponde;i; à m-a ques:rion, mais sinc.èretneu.t, à moi
seul, ou bien comme si v_a_us vous parliez à vous.-rnême,

LA CO.."\lFESSlON DE STAVROG-UINE

la nuit. Si quelqu'un vous pardonnait cela (il indiqua les
feuillets) mm pas un de œux que vous resp€ctez ou que
vous craignez, mais un inconnu, un homme que v-0us
ne connaîtriez j:amais, qui: vous pardonnerait silencieusement en lui-même, en lisant votre- confession, cette pensée
vous apaiserait-elle ou bien vous serait-elle indifférente·?
Si c'est trop pénible pour votre amour--propre, ne me
répondez pas, mais pensez en vous-même.
- Cela m'apaiseràit, répondit Stavroguine à mi-:voix.
Si vous me pardonniez, cela me ferait beat1coup de bien,
ajouu-t-il très vit€ et presque dans un murmure, sans toutefois se détoumér de la table,
- Mais à condition que vous me pardonniez également .
- Quoi donc ? Ah oui, c'est votre· formule monastique.
Triste humilité ! Vous savez, toutes vos anciennes formules monastiques ne sont pas élégantes du tout. Mais vous,
vous. vous imaginez qu'elles sont très bdles. - Il éclata d'un
rire irrité.'- Je ne sais vraiment pas pourquoi je suis ici;
ajouta-t-il soudain en se retournant. Ah oui, j'ai brisé ...
Dites, cela coûte bien vingt-cinq roubles ?
- Ne vous inquiétez pas de cela, dit Tikhon.
- Ou bien cinquante ? P@urquoi donc ne dois-je pas
m'en inquiéter ? Pour quelle raison viendrais-je &lt;::asser
vos objets et pourquoi donc me pardonneriez-vous ce
d:.égât? Tenez, voità cinquante roubles. - Il tira l'argent
de sa poche et le déposa s.ur la table. - Si vous ne voulez
pas les prendre pour vous, prenez-les pour les pauvres,
pour l'église ... - Il s'·excitaiit de plus en plus. - Ecoutez,
je vous dirai toute la vérité : je veu..-.: que vous me· pardonniez et un autre avec vous et un tr-0isièrne, mais que
tous, que tous me haïssent.
- Seriez-vous capable de supporter en toute humilité
la pi.tié générale ~
- Non, je ne le pourrais- pas. Je ne veux pas de la
pitié de tous. D?ailleurs, c'est une question sérieuse ; elle
ne peut exister cette pitié. Ecoutez, je ne . veux pas

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

attendre, je publierai certainement ... N'essayez pas de me
~onvaincre ... Je ne peux pas attendre, je ne peux pas. Il était hors de lui.
- J'ai peur pour vous, dit presque timidement Tikhon.
- Vous avez peur que je n'y résiste pas ? Que je ne
puisse supporter leur haine ?
- Non pas seulement leur haine.
- Quoi donc encore ?
- Leur.... rire. Il prononça ces paroles tout bas,
comme malgré lui.
Le malheureux n'avait pu se contenir et cornmença à
parler de ce qu'il eùt mieux valu taire : il savait bien
d'ailleurs qu'il e-C1t mieux valu le taire. Stavroguine se
troubla, l'anxiété se .refléta sur son visage.
- .Je le pressentais. Donc je vou,s suis apparu comme
un personnage comique pendant que yous lisiez mon
«document». Ne vous inquiétez pas, ne vous troublez
pas. Je m'y attendais.
Tikhon, en effet, était confus ; il essaya de s'expliquer
au plus vite, mais il ne fit que gâter encore plus les
choses.
- Pour accomplir de telles actions le calme moral est
indispensable ; dans la souffrance même il faut conserver
une haute sérénité ... Or, de nos jours, la sérénité morale
est absente. Partout _ce ne sont que discussions et disputes.
Les hommes ne se comprennent pas plus entre eux, qu'au
temps de la tour de Babel.
- C'est très ennuyeux tout cela ! Je le sais. On l'a
répété mille fois déjà, interrompit Stavroguine.
- D'ailleuts, vous n'atteindrez pas votre but, continua
Tikhon, passant directement à la question. Juridiquement,
vous êtes à peu près inattaquable. C'est ce qu'on vous fera
tout d'abord remarquer en vous raillant. Ensuite beaucoup
se montreront perplexes : qui comprendra les véritables
motifa de votre confe&amp;sion ? On fera exprès de ne pas les
comprendr·e, car on craint ce genre d'exploits ; on l'accueille

LA CON.FESSION DE STAV}l_C'GUINE

53

avec terreur, on le déteste et on s'en venge; le monde
aime sa boue et ne veut pas qu'on l'agite. C'est pourquoi
il tournera au plus vite l'affaire en plaisanterie ; car c'est
avec des plaisanteries que ces gens-là viennent le plus
facilement à bout de ces choses.
- Parlez plus nettement. Dites tout, le pressait Stavroguine.
- Au début, certainement, ils exprimeront leur
horreur, mais elle sera plutôt feinte que sincère et n'aura
pour but que de satifaire les convenances.. Je ne parle pas
des âmes pures : celles-là seront horrifiées, mais elles s'accuseront et se tairont et ne se feront donc pas remarquer.
Les autres, les gens du monde, ne craignent que ce qui
menace directement leurs intérêts. Le premier étonnement, la première terreur conventionnelle passés, ceux-là
justement riront. Votre folie leur paraîtra très curieuse ;
car ils vous considéreront comme un peu fou, tout
en vous accordant suffis;imment de responsabilité pour
pouvoir rire de vous. Supporterez-vous cela? Votre cœur
ne s'imprégnera+il pas d'une haine telle qu'elle vous
détruira? Voilà ce que je crains.
- Eh bien ... et VOU$ ... et vous-même ... je m'étonne
que vous ayez une si mauvaise opinfon des hommes ;
avec quel dégoût vous les jugez ! répliqua Stavroguine
quelque peu agacé.
- Croyez-voûs ! s'exclama Tikhon, en parlant ams1
des hommes, je les jugeais surtout d'après moi-même.
- Y aurait-il donc en votre âme quelque chose qui se
délecterait de ma souffrance.
- Qui sait ? peut-être bien. Eh ! oui, il se peut fort.
- Assez ! Dites-moi donc en quoi mon attitude vous
paraît ridicule dans ce récit. Je le sais moi~même, mais je
veux que vous me l'indiquiez du doigt. Dites-le-moi cyniquement, avec toute la sincérité dont vous êtes capable. Je
vous le répète une fois de plus : vous êtes un grand original.

�LA NOUVI'.~LE REVUE F.RANÇAISE

54

- Il y a quelque .chose de ridicule jusque dans la forme
même de la pénitence admir.able qne vous vous imposez.
Oh, ne doutez pas de votre victoite, ~''écria+il, soudain
presque .:en extase. Gette- forme même vaincra _(il -â ésigna
les feuillets), si seulement vous .acceptez en toute sincér.it-é
las -souff)ets et les .cr;ichats. La croix la plus ignominieuse
finit toujours par aboutir à la plus haute gloire, à la puissance, lorsq-1.1e l'humilité est sincère. Il se peut même
que vous soyez consolé dès cette vie.
. - Ce n'.est donc qu-e d~ns la forme .q_ue vous entre·
voyez quelqn.e chose de ridiml.è., insista.- Stavroguine.
- Et dans le fond aussi. 'C'estla laideurqui tuera, murmura Tikhon en baissant les yeux.
- La laideur ! Quelle laideur ?
- La laideur du crime. Il y a des -erimes•véritablement
laids. En général, quel que soit le crime, plus il y a -de
sang, plus il a d'horreur, plus grand-est l'effet, plus il est
pittoresque, pourrait-on dire. Mais -il y a des -c rimes honteux, ignominieux, à quoi l'horreur même ne peut s'attacher, qui sont par trop inélégants ...
Tikhon n'acheva pas.
- C'est-à-dire, dit Stavroguine, très agi~, que vous
trouv:ez ridicule mon attitude lorsque ie baisais les mains
d'une petite souillon ... Je vous comprends tr.ès bien, et
vous craignez pour moi, parce que c'est laid, vilain, nofi,
pas wilain, mais honteux, ridicule. Et vous croyez 11ue c'est
cela justement que je ne pourrai ,supporter.
Tickhon se taisait.
Je comprends maintena11.t püurquoi vous m'avez
demandé si la demoiselle de Suisse était ici.
- Vous n'êtes pas préparé, vous n'êtes pas suffisamment bien trempé, murmura timidement Tikhon, les yeux
baissés.. Vous vous êtes détaché-du sol, vous n'avez pas la
foi.
.
- Ecovtez, père T.ikhon, je v.eux obtenir mon propre
pardon, et c'est là mon but principal, mon but unique,

y

LA CONFESSION DE STA VROGUINE"

55

déclara tout à coup Stavroguine avec un :ei1thousiasme
sauvage-. C'est alors seulement, je le sâis, que la vision disparaîtra. Voilà pourquoi j'aspire _à une souffrance déme•·
suré:, je. la rec_he~che moi-même. Ne m'effrayez donc pas
ou bien ie périrai de rage.
·
Cet élan fut si subit que Tîkhon se leva.
- fü vous croyez que vous pouvez vous pardonnervous-même et -que vous obtiendrez votre pardon en ce ··
monde pat la soûffrance, si vous vous posez cette fin en·
toute sincérité, oh ! alors vous croyez complètement, s'écria
avec joie Tikhon . Comme-1it donc avez-vous pu_dire que
vous Hé croyiez pas en Dieu ?
Stavroguine ne rèpôndît pas.
- Dîeu vous pardonneta votre manque de foi, car vous
vénérez le Saint-Esprit sa ns 1e connaÎtre.
- A propos, et le Christ, me µardonnera-t-il? demanda
brusquement Stavroguine sur un tout autre ton et avecun
sourire ambigu. Et dans le ton &lt;le cette question il y avait
une légète nuance d'irenie.
- Il est écrit dans le livre : « Si vous sédtrisez un de
ces enfants ... » Vous vous rappelez. D'après l'Evangile il
n'y a pas de plus grand crime.
·
- Vous avez fout simplement un:e peur affreuse du
scandale, père Tikhon, et :7ous me t.endez tm piège, prononça Stavroguine d'une voix nonchalante et p1teuse et
sur un ton de dépit. - 11 parut vouloir se lever. - Pô'ur tant
dire, il faudrait pour vous que je fasse une fin, que-je me
marie même peut-être, que je termine mes jours membre
du dub et qu'à cbaque fête je vienne au com~ent. En voilà
une pénitence ! N'est-ce &lt;pas vrai? D'ailleurs, en votre
qualité de connaisseur du cœur humain il ·se 1;eut que vous
prévoyiez déjà que c'est justement ainsi que les cho-ses.
vont se passer ,et qu'il ne s'agit que de ·me prier instamme~t, afin de .sauver les apparences, car au fond je nè
désire que cela, n'est-ce pas vrai ?
Un sourire tordit sa bou~he.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Non, il ne s'agit pas de cette pénitence ; je vous en
prépare une autre, continua avec chaleur Tikhon sans prêter nulle attention au rire et aux remarques de Stavroguine.
- Je connais un vieillard, il n'est pas ici, mais non loin
de chez nous. Un ermite, un ascète d'une sagesse chrétienne telle que ni vous, ni moi ne pourrions la concevoir. Il écoutera ma prière ; je lui raconterai toute votre
histoire. Allez auprès de lui, soumettez-vous à son autorité
pendant cinq ou sept ans, le temps que vous-même jugerez
plus tard nécessaire. Imposez-vous cette pénitence et grâce
à ce grand sacrifice vous obtiendrez tout ce dont vous avez
soif et ce que vous n'espérez même pas; car vous ne pouvez
même pas concevoir maintenant ce que vous acquerrez.
Stavroguine l'écouta très sérieusement.
- Vous me proposez de prononcer les vœux monastiques dans ce couvent.
- Vous n'avez pas besoin d'entrer au couvent ; il ne
faut pas prononcer de vœux ; ne soyez qu'un novice, et en
secret ; vous pouvez même continuer à vivre dans le
monde.
- Laissez, père Tikhon., interrompit Stavroguine avec
une expression de répugnance. Il se leva ; Tikhon aussi.
- Qu'avez-vous, s'écria-t-il tout à coup, fixant presque
avec terreur Tikhon. Celui-ci était debout devant lui, les
bras tendus en avant ; une convulsion rapide contracta
son visage horrifié.
- Qu'avez-vous? qu'avez-vous ? répétait Stavroguine
s'élançant vers lui pour le soutenir. Il lui sembla que le
prêtre allait tomber.
- Je vois ... je vois clairt!ment, s'écria Tikhon d'une
voix pénétraµte et qui exprimait une souffrance intense,
je vois que jamais, malheureux jeune homme, vous n'avez
été aussi près d'un nouveau crime, encore plus atroce que
l'autre.
- Calmez-vous, insista Stav:roguine très inquiet pour

LA CONFESSION DE STAVROGUINE

57

Tikhon. Il se peut que je remette finalement tout à plus
tard ; vous avez raison.
- Non, non pas après la publication, mais avant cela,
un jour avant, une heure avant cette action admirable, vous
chercherez une issue dans un nouveau crime et vocs ne
l'accomplirez que pour éviter la publication de ces feuillets.
Stavrbguine trembla de colère et aussi de peur.
- Maudit psychologue, s'écria-t-il pris de rage, et sans
se retourner il quitta la chambre.
·
FIN

Traduction

BORIS DE SCHLOEZER

DOSTOÏEVSKI

�t'JifllXlONS SUR LA LITTÉRATURE

REFLEXIONS SUR
LA LITTERATURE

L'AFFAIRE UBU
Il y a une affaire Ubu dont, lorsque mes pages paraîtront,
mon voisin Maurice Boissard aura peut-être parlé ici depuis un
mois, car un tas de raisons, topographiques et typographiques,
font que mes réflexions, comme les rayons des étoiles lointaines, ne parviennent aux populaticns que six ou huit semaines après avoir été émises' . Si j'en crois les fe uilles qui m'arri-•
vent, certes les neiges et les glaces gui entourent le poële
hyperhoréen où j'écris ne sauraient me donner qu'une faible
idée du fro id glacial où gelèrent devant le pu blic tant de paroles auxquelles nous faisions depuis un quart de siècle un sort
illustre. On avaiJ pu voir à Washington le mot familier à
M. Viviani tomber dans le cadre d'un Waterloo authentique :
celui du Père Ubu, sur ses si x. pattes, ne lui céda en rien. Si j'en
.crois M. Vandérem, ce Waterloo eut même son Wellington et
son Blücher, se saluant mutuellement vainqueurs dans les cou•
loirs du théâtre. Un Bougre las de la critique, qui avait mi lité
contre la gidouille, et dont la plum'! s'était croisée avec le croc
à merdre, recevait d'un air modeste les félicitations, et les :
Cest votre jou:née !
Convenons d'ailleurs qu'en 1922 aussi bien qu'en 1896 on
peut juger discutable l'idée de mettre Ubu sur un vrai théâtre.
Le théâtre des Pbynances était un théâtre dè marionnettes. Et
je sais bien que si j'avais été à Paris je ne me serais pas dérangé
I. Cette fois c'est trois mois, et entre-temps Boissard, sur Ubu, a
passé la main à un Jamulus.

59

pour voir des gens Je chair et d'os traîner tout cela devant des
,espaliers de fracs et de peaux. C'est une des manies les plus
ridicules de notre théâtrocratie et de notre cabotinisme
,que de vouloir enfourn1tr bon gré malgré dans la gueule
.ouverte de la scène tout ce qui parait, à la lecture, beau,
intéressant ou curieux. Il y eut autrefois un « théâtre d'art» où
l'on essaya de susciter l'enthousiasme d'une foule en ~ jouant &gt;J
1e Cantique des Canliqms agrémenté de parfums que répar1daient
-des vaporisateurs . Ubu Roi est à peu près à sa place sur les planches comme le Cantique des Cantiques. 11 ne faut pas confondr.e
le vrai théâtre, et ce qu'on pourrait appeler le parathéâtre, ce qui
est à côté, en dehors, à l'imitation du théâtre, la littérature qui
emprunte au théâtre un extrait de mouvement, comme la poé,;ic emprunte à la musique un extrait de mélodie et d'harmonie.
Mais le monde des mentons bleus, et son innombrable. succur:iale parisienne, ont une tendance à croire que toute littérature,
,et singulièrement toute littérature dialoguée, trouve Je couronnement de son effort et la plénitude de son être dans des
ouvreuses, un lustre et les feuilletons du lundi.
L'accueil fait à Ubu n'aurait ,aucune -importance, s'il ne s'int ercalait dans une histoire savoureuse dont j'essayerai de rétablir, du moins parfragments,Ja chronique. Le Wellington qui,
'Selon M. Vandérern, étalait son plastron de chemise comme le
miroir d~ l'éternelle raison, us-urpait peut-être quelque peu la
q1J.alité de vainqueur. Le véritable vainqueur était l'auteur des
Sources d!Ubu Roi, M. Cba_rles Chassé. M. Chassé, ay ant révélé
qu'Ubu aYait été écrit tout entier par un collégien de guator~
ans, puis l!bandonné par son auteur lui-même honteu x d'avBir
·p erpétré ul)e telle ânerie, ,enfin ni.massé par Jarry da11S les hissés
pour compte d'une classe de provini:;e, et proposé depuis longtemps par des critiques, des hommes de lettres, des poètes (tout
le bloc symboliste en particuiier) aux admirations comme une
énorme œuvre esotérique où il y aurait tout, les journalistes et
le public se sont crus mystifiés, et se sont mis à crier : Ça ne
prend pas l ou : Ça ne prend plus ! Les Pari-siens, dit Albert
-Sorel, pardonnent tout, sauf de n'être pas pris -au sérieux . En
vérité le père Ubu prophétisait lorsqu'il s'écriait du haut du cheval à phynances : « Je vais tomber et ~trc mort ! x,
Et la révélation qui a ulcéré d'hu1.niliation les Parisiens et

�60
'

1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

gelé toute une salle n'est point une imposture. Il y a eu des
protestations venues des amis de Jarry. Je fus moi-même de ces
amis, mais magis amica veritas. Le livre de M. Chassé, et surtout
l'article qu'il a publié postérieurement dans le Figaro, la lettre
de M. Charles Morin écrite en 1896, me paraissent tout à fait
probantes. Il est établi désormais qu'Ubu Roi est l'œuvre écrite
à quatorze ans par M. Charles Morin, plus tard élève de l'Ecole
Polytechnique, et aujourd'hui colonel d'artillerie. Et après ?
Qu'est-ce que cela enlève à Ubu ? Pour moi qui sais Ubu par
cœur, qui ai coutume de (( parler Ubu » avec de nombreuses
personnes, une telle révélation ne fait qu'ajouter à cette forte
cr4ation un être nouveau, une solidité de renfort, une racine de
plus dans les terrains du génie.
Car si c'est un fait infiniment probable que le jeune Charles
Morin a écrit Ubu, c'est un fait absolument certain qu' Ubu s'est
imposé comme une obsession, comme un état de joie intérieure à des milliers d'individus. Vous me direz que chaque saison quelque chanson venue d'on ne sait où, Poupou.le ou Madelon, impose de même son obsession à des millions d'hommes.
Mais il y a cette différence que la chanson du jour n'est qu'une
chanson, un Au clair de la lune ou un j'ai du bon tabac momentané, tandis qu' Ubu s'est bien étalé comme une réalité littéraire,
comme une fabrique de personnages et de mots, ainsi que Don
Quichotte ou Joseph Prudhomme. Et, à la différence de Don
Quichotte ou de Prudhomme, il ne s'est nullement étendu à des
milieux populaires, ni même à des milieux d'honnêtes gens. Il
est demeuré confiné dans un monde de gens relativement cultivés, monde de littérateurs et de journalistes (l'an dernier un
rédacteur de l'Action ji-ançaise recrutait des caricaturistes pour un
journal satirique projeté sous ce titre : le Pfr( Ubu) d'officiers et
particulièrement de polytechniciens (M. Thérive nous apprend
que, le livre étant alors épuisé, le G. Q, G. en fit pendant
la guerre dactylographier des exemplaires pour son usage.
Nous avons touché dans les compagnies des dactylographies
plus inutiles émanées du même G. Q. G.), d'officiers de
marine ( ce corps, véritable conservatoire du prestige ubique,
en a diffusé la gloire sur toutes les mers. M. Charles Chassé est
d'ailleurs professeur à l'Ecole Navale, et .il a médité ses Sources
dans un milieu nourri de côtes de rastron et de choux-fleurs

RÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

6r

accommodés grossièrement). Tout cela forme un public autrement étoffé, solide, substantiel que les numéros de vestiaire
d'une salle de première en 1922. Comment se fait-il que l'œuvre inspirée à un petit collégien de Rennes par la silhouette, la
corpulepce et le chapeau Cronstadt du professeur H ... ait
occupé tant de fortes positions militaires et civiles, et qu'elle les
occupe encore, nullement délogée par les révélations de
M. Chassé?
N'est-ce pas d'abord, et précisément parce quec'est uneœuvre
enfantine? Cela d'ailleurs on le savait. Il était entendu que le
prototype du Père Ubu était le père Ebé, soit le professeur H ... ,
et qu'Ubu provenait, avec d'autres pièces ubiq_ues, d'une collaboration écolière dans la troisième du lyc-ée de Rennes. Seulement on croyait que l'auteur principal était Jarry. On sait
maintenant que c'est Charles Morin. Et ni Jarry ni Charles
Morin n'auraient écrit cela à dix-huit ou vingt ans. Ubu est
marqué au coin du génie enfantin, comme ces dessins d'écoliers dont on fait parfois des expositions. Il y en a de fort amusants, de très vivants, surtout ceux des fillette~. Mais demandez
dix ans plus tard à Germaine devenue dactylographe, ou à Jean,
devenu coiffeur, de vous faire des dessins comme ceux qu'ils
vous faisaient lorsqu'ils étaient à l'école. Ou ils ne sauront plus,
ou ils vous fabriqueront Jes machines insipides. Même quand
M. Morin s'efforce de restituer pour M. Cba?sé, dan s les S011rces d'Ubu-Roi, quelques narrations ubiques, on devine à travers
cette version tardive la fraîcheur de l'original à peu près comme
on devine un texte à travers une traduction. Villemessant prétendait que chaque homme a un article dans le ventre, et il se
faisait fort de tirer l'article du premier ramoneur qui eût passé
dans la rue. Il y a pareillement un artiste dans tout enfant, et
un enfant subsiste dans chaque artiste. Mais dans ce dernier cas
l'artiste peut fort bien ne pas ressembler à l'enfant, ou plutôt il
est un nouvel enfant qui en vertu d'une force imprévisible de
création succède au premier. M. Chassé remarque qu'Ubu ne
ressemble à aucune des autres œuvres de Jarry, et qu'on pouvait être mis par là sur la piste d'une usurpation. Mais cette différence, qui est réelle, s'expliquait fort bien par la différence des
deux âges : Ubu écrit à quatorze ans et Hadem ablou écrit à
vingt-deux ans ne pouvaient guère se ressembler. Morin ou

�62

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Jarry, l'œuvre ne pouvait sortir que d'un cerveau d'enfant.
Et il y a cet autre fait, que sans Jarry nous ne connaîtrions.
pas Ubu, et si nous connaissons Ubu, si Ubu est devenu une;
œuvre d'art, et une œuvre célèbre, èest que parmi les metteurs
en scène de l'Ubu rennais, pendant que les autres choisissaient
la vie de polytechnicien, de conservateur des hypothèques ou
de marchand de bois, il y en avait un qui choisissait-la vie d'artiste. Si Jarry n'a pas écrit Ubu, il l'a découvert comme critiquer il l'a « inventé » au sens ancien, presque au sens légal, et
l'ayant introduit dansle monde littéraire il lui adonné, commeAmeric Vespuce, son nom. Le nom de Jarry est lié à Ubu comme
le nom de M. Kenyon à la Constitution d'Atbenes ou celui de
M. Lefèvre aux pièces retrouvées de Ménandre. Avec cette différence que cette fois l' Aristote et le Ménandre avaient consenti à
s'effacer et avaientcédé leur œuvre en bonne et due forme. « Pourquoi, dit M. Morin à M. Chassé, et de quel droit aurions-nous.
voulu priver Jarry d'un élément de succès possible au début de
sa carrière littéraire ? ... Enfin, ce qui clôt toute discussion à ce
sujet, c'est que j'ai autorisé Jarry à faire jouer la pièce et à tirer
des Polonais tout ce que bon lui semblerait. A ses risques et
périls naturellement, - car, connaissant mal le public auquel il
s'adressait, j'étais persuadé qu'il allait au-devant d'une avalanche
de pommes cuites. » Tout cela fit une destinée bien amusante.
Des sept ou huit volumes qu'écrivit Jarry, et dont on pourrait
extraire, en les présentant dans un commentaire biographique, des Pages choisies remarquables, seul lui apporta la
gloire le livre qu'il n'avait pas écrit. Et Jarry avait certainement
quelque chose dans le ventre. Il se tira d'ailleurs assez logiquement de cette situation bizarre. Il en noya l'illogisme apparent
dans l'illogisme réel de la boisson. Et puisqu'on le rejetait de
toutes parts dans la peau d'Ubu, il fut Ubu. Il en ~ontracta l'habitude, le parler, l'humeur et l'humour. Ce fut la revanche du
professeur H .. . Celui-ci, à Rennes, eût pu, prophétisant, dire à
Jarry : « Le Père Ebé ce sera toi. Que dis-je ! l'Ueber-Ebé,
l'Ubu. » Ce mimétisme n'est pas d'ailleurs sans précédents.
Henry Monnier était devenu Joseph Prudhomme « s'habillait
cot}'lme lui, parlait comme lui» - en partie d'ailleurs parce qu'il
l'av:iit créé d'après lui. Qu'est-ce que le président Dimanche
sinon Chesterton? Et l'ayant fait d'après lui, il est probable

tu\:FLEXIONS SUR LA LITTERATURE

qu'il se conforme invinciblement au personnage- qu'il a créé.
Jarry a été littéralement décervelé par le Père Ubu, c'est-à-dfre
que le Père Ubu iui a mis dans la tête son propre cerveau. Et ce
décervelage a eu des suites, il continue. « L'ubuisme, dit
M. Chassé, est eacore pour certains une sorte de religion. On
m'affirme qu'à Paris il-existe trois ou quatre Père Ubu, parlant
comme Ubu, s'habillant comme lui et s'efforçant de penser à sa
manière. » Le vrai théâtre, les vrais acteurs d'Ubu les voil-à, et
non pas les décors, le-lustre et le public qui gelèrent dans cette
lugubre soirée. Ce rôle qui devient une véritable incarnation, et
qui dure une vie, cela nous transporte aux origines mêmes du
théâtre, nous fait épouser le courant même de l'ivTesse diony~
siaque. Un critique dramatique, s'il n'est pas abruti par le
métier, devra remercier le ciel de lui ayoir mis sous les yeux ce
cas privilégié.
Cas privilégié qui n'est pas un cas uaique. J'ai toujours été
frappé par la ressemblance singulière du Père Ubu avec le Garçon de Flaubert. Comme Ubu, le Garçon est né de cerveacrX:
d'enfants ; il a été produit à Rouen sur le théâtre du Bilfard
comme Ubu sur le théâtre des Phynances. Le Garçon et Ubu
sont des types de bêtise én-orme, mais aussi et surtout de bêtise
consciente, d'égoïsme et de scélératesse avoués, qui arrivent à
se confondre avec la réussite d'une interiigence débrouillarde,
et qui finissent par coïncider avec l'épanouissement d'un triomphe, avec ce surhomme imaginaire que projette si facilement
comme son image renversée le sous-homme enfantin . Le Garçon et Ubu c'est.Guignol. Notre meilleur document sur le Garçon, nous le trouvons dans une page du Journal des Goncourt
ou Flaubert caractérise très clairement le personnage, et
Jules de Goncourt, qui tient ici la plume, l'appelle fort
pertinemment une plaisanterie de provincial. Le Garçon et Ubu
ne peuvent naître en effet que chez des enfants de province, qui
gardent plus longtemps et plus sa.voureusement leur fraicheur,
et qui ont sous les yeux, dans le mécan isme lent de la vie routinière, une image plus étoffée de l'automatisme et des ridîeules
humains. On ne voit guère Vbu apparaissant chez les jeunes
juifs de Condorcet, ou à Henri IV chez les fils de profs sfe la
rue. Claude-Berna-rd. Par1s a pu faire la gloire d'Ubu., il n'aurait pu faire Ubu. Ains-i Guignol est de Lyon : ce qui est de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Paris c'est la critique de Guignol, ce sont les réflexions sur
Guignol ; c'est la philosophie de Guignol, autrement dit l'impossibilité de créer Guignol. Rien que ce mot de Garçon est un
mot de province (M. Beaunier s'efforce en vain d'en acclimater
à Paris toute l'ampleur). Il y a quelques mois, quand mes conférences sur Flaubert paraissaient dans la Revue Hebdomadaire, un
camarade normand m'écrivait : « Il y a toutefois un mot qui
revient dans tes conférences, et qui a pour nous un son dont
nul ne se doute s'il n'a Yécu dès sa plus tendre enfance en
Normandie : c'est ce substantif garçon élevé à la hauteur d'un
nom propre et devenu un personnage dont tu as si heureusement fait ressortir la valeur. Quand un gars normand a dit à
quelqu'un : Eh bien ! garçon ... Ah ! oui, garçon ... Pour sûr,
garçon, etc .. , etc ... il a exprimé tour à tour tous les sentiments
de son âme. Je ne doute pas que le personnage du Garçon n'ait
été rien de plus au début qu'un mot, extrait petit à petit de la
cohorte des mots de tous les jours, sorti d:u rang par un phénomène psychologique d'attention attirée par hasard sur lui, et
petit à petit devenu caporal, capitaine, général_. &gt;l La façon dont
les Rouennais prononçaient le mot garçon (par exemple pour
désigner les enfants du docteur Flaubert) a servi probablement
de noyau au personnage grotesque destiné à as.s umer tout l'automatisme rouennais, provincial, français, humain, et devenu,
après le Garçon, Homais, Bouvard et Pécuchet. Comme la vie
même de Flaubert, sa création d'art a fait boule de neige. Et
.c'est ainsi que nous pouvons définir Ubu : une boule de neige,
une création enfantine, spontanée, indéfinie, et dont le noyau
réel (le professeur H ... ) grossit en ramassant tout sur sa route,
.devient non seulement un roi de Pologne, mais une planète, un
monde.
Les déclarations des frères Morin à M. Chassé ne laissent
aucun doute là-dessus. Le Père Ebé du Théâtre des Phyoances
(transformé génialement par Jarry en Père Ubu) ne garde absolument du professeur H ... que son aspect physique : grosse
bedaine, démarche lente, un de ces visages que Guignol appelle
des têtes en bois de lit, une vaste redingote et un chapeau
simili-Cronstadt. Aucune allusion à un caractère, à une vie
privée, dont les frères Morin déclarent ne s'~tre jamais occupés
.et qu'ils affirment avoir connue dans la suite comme tout à fait

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

honorable. Mais, comme le remarque M. Léon Werth dans soh
dernier livre, le Monde et la Ville, « les enfants n'imaginent pas
que leurs maîtres vivent d'autres heures que les heures de classe».
Ou bien, s'ils sont poètes, ces autres heures ne sont que la page
bla?che co~verte des _plus fantastiques dessins par leur imagination débridée. Précisément parce que ces collégiens ignorent
tout du Père Ebé en_dehors de sa classe, de son trajet quotidien
~ntre son domicile et _le lycée, la boule de neige peut rouler
hb~ement. Ils en font le héros de toutes les aventures possibles,
m~1s aventures toujours déterminées par son physique, par un
poids dt gros homme, par une gidouille puissante, par une
capacité indéfinie d'absorption qui se confond avec la capacité
d'absorption de la légende elle-même
M. Charles Morin a donné là-dessus de précieux renseignements à M. Chassé: « Le P. H. qui ne vit que d'assassinats et
de rapines, habite une espèce de cassine au-dessous de laquelle
soat des caves immenses où il empile ses richesses volées. C'est
la chambre à sous. De temps en temps il est croché par la
police et mis au violon ...
» Le P. H. traîne derrière lui une immense poche ~ssujettie
au moyen dè bretelle~. Il remorque cette poche à travers les
rues et y empile pêle-mêle les fruits de ses déprédations, les
restes déchiquetés de ses victimes et de tous les détritus dont il
fait son ordinaire (vi~ux godillots, chiens crevés et charognes
de toutes sortes).
» Tous les ans, à époque fixe, le P. H. s'offre le régal d'une
tourte composée d'ordures de toute sorte, détritus organ,iques,
merdes, épluchures, etc ... , dans lesquelles on fait mariner
quelque temps des cadavres de petits enfants zigouillés ad hoc .
Cette infamie se passe dans un terrain vague du côté du Faubourg de Nantes où est dressée une immense tourtière ( c'est
tout simplement un gazomètre chapardé à la Compagnie du

Gaz).
» Les rentiers sont les souffre-douleurs du P. H. Ils ne peuvent pas résilier leur état de rentier, pas plus que les Curiales
du Bas-Empire ne pouvaient cesser d'être Curiales. Non content de les piller, le P. H. les soumet à toutes les vexations
dont la moindre est de les décerveler à tort et à travers. Ils sont
accoutrés d'un costume grotesque ( souliers à boucles, bas

�66

LA NOUVELLE REVUE FRA1'tÇA[SE

chinés, habit à la française, chapeau à plumes ~ houlettes a~-ec
rubans de couleur rappelant les bergers de Florian) ; sous peme
de décervelage, ils doivent peser un poids _mrnim~~-. Ils sont
astreints, à de certains jours, à des exercices mif1taires_ avec
maniement de la houlette. ,Leur lâcheté fait -d'eux un ob1et de
risée et de dégoût pour le reste de la population.
.
,., Les 5-alopins jouent un rôle important dans le cycle ubique.
Leur rôle consiste à voler et à tuer pour le compte d~ P • H • et
à faire marcher les appareils ( machine à décerveler, pmce-porc,
etc ... )&gt;)
.
Tout cela c'est le monde fantastique dont la ville de, Rennes
est peuplée par des imaginations d'enfants, et ce n est sans
doute pas d'une façon très différente qu'~u d~but_ du ;ègne_de
Louis-Philippe le petit Flaubert et ses amis aimaient a se figurer les dessous, l'envers de la vie rouennaise. Ce_~. H. descend
plus ou moins de Croquemitaine avec sa hotte ~ici layoche), et
aYec son croc (plus tard le crnc à merd~~) ~111 r~dait naguere
dans les rues de la ville. 11 est naturel qu il alt fim -par ramasser
sur sa route le professeur H ... et l'ait mis dans sa peau ou ~e
soit annexé à la sienne. J'ignore quelle peut être 1~ ~urerpos1tion possible de rentiers et de redontiers (Redon sera~t-11 a Rennes
ce que Beaune est à Dijon ?) Mais ce troup~au stupide ~es rentiers m'a tout l'air d'avoir pour noyau 1 idée d un d~manche
· _ semblable à tous les dimanches de province
renna1s,
. : la
sortie la promenade lente des gens, ce jour-là tous rentiers, et
qui, { Rennes comme à Ro_u~n, doivent, donner~ un enfant s~
première imagination du ridicule, de l automau_que, du ~on
être spirituel. La célèbre valse du Décervelage~ mise en musique
par Claude Terrasse, et dont M. Chassé étabht le texte _authentique d'après le manuscrit original de M. Charl,es ~onn, confirmerait cette hypothèse. C'est le dimanche gu a heu le grand
décervelage, à Thorigné, près de Rennes. Il_ a suffi à Jarry de
remplacer Thorigné par l'Ecbaudé pour faire de cette va~s~,
s s 6 l'hymme du Mercure, chanté, nous apprend le v01sm
ver 1 9 ,
d .
r· é · Je
Boissard, formidablement par toute la ré action su~ imp _na
d'ùn omnibus en marche. Et ce massacre des rentiers était en
effet propre éminemment à soutenir les ardeurs .d'une revue alors
combative. Flaubert l'eût entonné d'enthousiasme.
Le mot et l'idée de décervelage puisent manifestement leur

dFLEXIONS SUR LA LITIERATURE

origine, comme Croquemitaine, non dans le langage des
enfants, mais dans le langage que les grandes personnes
emploient avec les enfants et qui les rend auprès de ceux-ci
plus ridicules qu'elles ne croient. Tête sans cervelle ne se dit
guère que des enfants, et parlant à eux, chez les parents et les
professeurs. -La séparation de la tête et de la cervelle prend dès
lors place parmi les imaginations grotesques en lesquelles les
enfants sont très habiles à résoudre les clichés usûels. De là
naissent le mot eth figure du décervelage. Et le mot créé par
les collégiens de Rennes est entré dans la langue française, à
une date aussi rigoureuse que le mot rescapé ( catastrophe de
Courrières) ou le mot indéJirable (fugue de M. d'Abaddie d'Arrast). Une lettre d' un accusé de la Haute-Cour en 1900, M. Dubuc, lettre qui figura dans le dossier du procès et fut publiée
par les journaux, parlait de décerveler les dreyfusards, ce qui
décelait de grandes ardeurs patriotiques. Ce lecteur d'Ubu fut
&lt;lès lors appelé par la presse de gauche le décerveleur Dubuc.
Et, allant d'Ubu à Dubuc, le mot ne s'y arrêta pas, rri aux. journaux. Il plut a.u goüt excellent de M. Anatole France, qui,
dans M. Bergeret à Paris, l'incorpora au_vocabulaire prêté habituellement par lui aux. jeunes Trublions. Régulièrement composé, fort expressif, il aura place sans doute dans la prochaine
édition du Dictionnaire des OJ,iarante '. Passé dans là langue
én 1900, il marque élégamment toute une époque, cette éclosion d'un esprit politique en des milieux littéraires, salons et
cafés, qui allait donner l'Action Française. Décerveler pour
recerveler, voilà une formule que je proposerais volontiers,
comme exprimant les ambitions conjuguées de MM. Daudet et
Pujo (décervelage) et de MM. Maurras et Bainville (recervelage ). L'heureux avènement de M. Fallières vint à point pour
nous faire vivre, tout un septennat, sous le signe d'Ubu. De
même que Camille et Marius furent appelés le second et le troisième fondateur de Rome, de même Ubu a eu pour deuxième
I. Il a même pris soin d'en composer une définition poµr ces futurs
Quarante. Décerveler est « proprement tirer la cervelle hors la boëte
1:rânienne, où elle gist par ordre et disposition de nature ». Il est vrai
q~e plus loin il lui donne l'acception plus hu:ge d'endommager la tête
d ~n adversaire politique : « Le citoyen Bissolo, que vous connaissez
puisque vous l'avez décervelé à Longchamp. »

�68

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

auteur, après M. Mo,rin, Jarry, et après Jarry, cet ancien chef
de l'Etat. La boule de neige, partie d'une classe du lycée de
Rennes, a passé par ces trois étapes, et ·Je bonhomme s'érige
aujourd'hui, indestructible par tout dégel, sur une de nos.
places publiques.
Comme le P. E. l'exégèse ubique pourrait faire, elle aussi,
boule de neige, et ramasser sur son passage toute la littérature,
- pas moins. Jarry avait donné à la pièce, dans l'édition du
Mercure (je ne connais pas les autres). cette épigraphe : « Adoncques le Père Ubu hocha la poire, et pour cela fut nommé par
les Anglais Shakespeare, dont nous avons nombreuses et belles
comédies. » Voilà qui prend fort bien place dans la critique
française shakespearienne, celle de William Shakespeare et de
Poete Tragique, celle quL fait de Shakespeare non un auteur et
un homme, mais un synonyme ou une incarnation de ridée de
poésie. Notre enfance comporte des douzaines de destinées en
puissance, et dans celle de M. Morin, comme dans celle de tout
le monde, mais peut-être un peu plus, se trouvaient celles de
Shakespeare, de Rabelais, de Flaubert, de bien d'autres. Ce
n'est pas un signalement bien rare que ·Victor Hugo est censé
avoir donné de Rimbaud : Shakespeare enfant. Des Shakespeare enfants il-y en a dans toutes les cours de collèges. Ce qui
est rare ce n'est pas le Shakespeare d'Ubu., c'est celui de Macbeth et de la Tempête. Mais Shakespeare ne fait sur les grands
tréteaux qu'étendre jusqu'aux étoiles le geste élémentaire de
Guignol, du père Ubu qui hoche la poire. Et la vraie critique
dramatique devrait consister à reconnaître ces schèmes moteurs
originels, ces puissances brutes de déformation et de transfor•
mation. Mais trop s'y arrêter, trop les posséder empêche peutêtre d'aller plus loin. L'infériorité de son instinct a sans doute
contribué à pousser l'homme sur la voie de l'intelligence. Paris
n'a pas été capa.bJe de créer un schème dramatique nu, popu•
laire, original : au xvne et au xviu• siècles il a emprunté Arlequin et Polichinelle à l'Italie, au x1xe Guignol à Lyon, au xx 0
Ubu aux collégiens de Rennes. Mais Italiens et Lyonnais,
comme si tout leur effort s'était épuisé dans ces types généraux,
n'ont jamais pu fournir un grand auteur dramatique, et M.
Morin n'a employé sa vie d'homme qu'à servir Mars dans les
emplois de la République. Et Paris, qui a dû emprunter Arle•

REFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

quin, Guignol et Ubu, a pu donner au monde Molière, Regnard,
Marivaux, Beaumarchais, Musset.
Shakespeare c'est de l'Ubu arrivé. Mais Rabelais aussi c'est
de l'Ubu arrivé, et dont les origines sont fort voisines de celles
d'Ubu. L'exégèse rabelaisienne nous montre aujourd'hui dans
Gargamua et Pantagrnel une boule de neige, qui ramasse toute
l'humanité sur son passage, mais qui puise dans les environs
de Chinon, dans la Devinière et Lerné, les mêmes origines
qu'Ubu dans la classe du P. H ., Rennes et Thorigné. La Guerre
picrocholine figure la boule de neige d'un procès soutenu par
les parents de Rabelais (ce qu'on savait déjà fort bien au xvi•
siècle : Rabelais a eu tout de suite son Charles Chassé) comme
le cycle d'Ubu est la boule de neige d'un chahut scolaire.
L'imagination de Rabelais marche comme celle de ces collégiens. Ce n'est pas seulement par imitation de Rabelais, mais
par sympathie créatrice avec la genèse de l'épopée rabelaisienne
que procède l'auteur d'Ubu. Voyez en un exemple, entre autres,
dans ce qu'on pourrait appeler le gigantisme momentané. Gargantua et sa famille ne sont pas des géants, mais Rabelais
s'amuse, en des accès de bonne humeur, à les faire parfois se
comporter comme des géants, simplement pour rire, comme
on boit un coup, et en les ramenant tout de suite après à leurs
dimensions normales. Telle la poche du P. H., sa tourtière
gazométrique, la voiture à vent que le père Uhu se propose
d'inventer pour transporter toute l'armée. Et, de Rabelais, cette
voiture à vent nous fait passer fort naturellement à une chanson aussi célèbre dans les rangs de la troupe que le Père Ubu
l'~st dans les cadres tant subalternes que supérieurs (je n'ose
dire généraux). Qu'est-ce que le Père Dupanloup? Exactement,
dans l'ordre pbalJique, ce qu'est Je Père Ubu dans l'ordre de la
gidouille. A supposer ( ce qui n'est pas du tout démontré) que
le prototype occasionnel en ait été l'ancien évêque d'Orléans,
les faits et gestes qui lui sont attribués ne se rapportent évidemment pas plus à la personne de ce prélat que ceux du Père Ubu
à la persollDe du professeur H .... Seule a joué sur la pente de
l'imagination la descente de la boule de neige. Le gigantisme
momentané, qui nous donne la poche du P. H. et la voiture à
vent pour une armée entière, est le même que celui qui attribue, lors de la retraite de Russie, un énorme exploit au Père

�70

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Dupanloup. Des sables d'Afrique à la Bérésina, ce Karagueuz
militaire parcourt l'Europe, comme le P. H. d'Aragou en Pologne. La boule de neige. Transposez tout cela sur le plan
suprême : vous avez le Satyre. de Victor Hugo.
De Shakespeare, de Rabelais, de Hugo, je reviens à Flaubert et à M. Morin. Entre le Garçon du théâtre du Billard et le
Père Ubu du théâtre des Phynances, il y a cette différence que
le Garçon a évolué en Homais et en Bouvard, tandis que, d'Ebé
à Ubu il n'y a qu'un changement de voyelles, ce qui est peu.
Flaubert pouvait laisser rouler la boule de neige. Et elle a roulé
en effet jusqu'à la première Tentation. Puis il a vu que la boule
de neige, qui est L'art de l'enfance, est aussi l'enfance de l'art.
11 a compris la maturité de l'art comme la présence d'un bloc de
marbre et, à partir de Madame B-ovary, il a attaqué ce bloc, d'où
est sorti Ho mais ( mais la maquette d'Homais fut faite en neige).
Et puisque les farces du Garçon n'ont pas été rédigées, il nous
manquerait un des états intéressants de l'œuvre d'art si nous
n'avions pas Ubu Roi.
Tout dès lors s'est admirablement passé. La destinée d'Ubtt
s'étale devant nous comme une de ces suites magnifiques dont
la courbe imprévue devrait nous .faire sauter de plaisir. Comme
M. Morin a été bien inspiré de laisser à Jarry la 'paternité putative de son œuvrc ! D'abord il en et'lt été gêné dans sa carrière
militaire ; et l'auteur-d' Ubtt eût été regardé d'un œil torve par
la direction de fartillerie. Mais surtout Jarry senl, type extraordinaire, était capable de porter Ubu dans le monde littéraire et
autre, d'en faire la joie de toute une génération, de produire au
soleil cet énorme champignon arborescent, avec lequel il finit
par se confondre comme Daphné avec le laurier d'Apollon.
Et ce qui me paraît plus beau encore, mieux accordé avec
les puissances substantielles de la vie, c'est ce mot de l'auteur
véritable d'Uhu à M. Chassé : tr Il n'y a pas de quoi être très
fier quand on a fait une c ... nade pareille. » Le metteur en
scène, avec .Flaubert, du Garçon, c'était Ernest Chevalier, qui
se répandait peut-être, étant enfant, en autant de verve et de
génie que Flaubert lui-même. Tandis que Flaubert ne faisait
rien produire à ses études de droit qu'un sentiment nouveau du
grotesque humain, Chevalier en tirait une carrière honorable
dans la magistrature debout, et se scandalisait fort quand son
1,

REFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

7-1

ami lui écrivait : « J'ai envie de sauter un jour dans ton parquet
et d'y faire l'entrée du Garçon 1 » Le Garçon, que Chevalier
avait contribué à mettre au jour, n'était plus, pour M. le s-ubstitut, qu'une c ... nade. Ainsi va la vie. Et cela est bien. Si tout
le monde gardait son génie d'enfance, où prendrait-on les substituts ? Où se recruterait l'Ecole Polytechnique ? La société a
besoin de magistrats et de DJilitaires, elle n'a pas besoin des
Shakespeare et des Flaubert. Ceux-ci ne passent qu'en contrebande, et parce qu'ils out évité la machine à décerveler. Ce
n'est pas la trappe aux magistrats qui est la vraie, mais bien la
trappe aux poètes.
M. Chassé parle selon une aimable philosophie de substitut,
d'officier d'artillerie ou de professeur quand il termine ainsi
son étude : « Par suite d'un hasard heureux, j'ai pu vider Ubt,
Roi de toutes les interprétations symboliques que ses lecteurs y
avaient mises. Quel est le véritable auteur de cette œuvrette ?
La question en soi est peu importante, et les frères Morin en
conviennent avec moi. L'important est de savoir si, maintenant que l'outre est vide de tout le vent qui la gonflait, elle
pourra, néanmoins, parvenir à rester debout. » Eh oui! La
boule de neige, le bonhomme de neige reste debout au milieu
du Landerneau littéraire. MM. Morin et Chassé l'ont plutôt,
pour moi, cimenté et consolidé. Le voilà avec son balai
(innommable) et sa pipe (le croc?), non pas qu'il ait été érigé
par délibération du conseil municipal et sur la maquette d'un
médaillé du Salon, mais tel que l'ont fait les enfants de l'école,
les enfants, printemps sacré, aube et lumière inconsciente du
génie. « Ah I père Ange Michel, le beau bonhomme de neige
q_ue vous aviez bâti, avec les camarades, sur la place de la Mairie, il y a quarante ans I Quel chef-d'œuvre I Michel Ange en
fabriquait comme ça dans les jardins de Pierre de Médicis. Des
gens de Paris qui passaient avaient trouvé le vôtre si étonnant qu'ils
l'avaient photographié. lis parlaient du Balzac de Rodin. Et je
sais un livre sur les arts où cette photographie est reproduite
entre une statuette de la Vézère et une statue de l'île de Pâques.
li paraît que cela fait mieux comprendre la sculpture, - l'élan
vital de la sculpture, comme disent les bergsoniens. - Monsieur, faudrait voir à ne pas vous f. ... de moi. Je suis aujourd'hui garde-champêtre. J'ai assez de peine à faire respecter par les

�72

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

gamins, les jours de neige, les ordonnances de M. le Maire,
assez à faire d'assurer l'ordre, d'astiquer ma plaque et de repiquer mes salades. Je puis dire que je m'en acquitte assez bien et
de ça je sùis fier devant les Parisiens comme devant les autres.
Mais d'avoir attrapé autrefois des engelures à fabriquer un Carmentrant de neige au lieu d'aller à l'école, ah non ! il n'y a pas
de quoi être fier quand on a fait une c ... nade pareille ! &gt;&gt;

NOTES

ALBERT THIBAUDET

LITTÉRATURE GÉNÉRALE

LA CONQUÊTE MYSTIQUE : l'Ecole française (3• volume de !'HISTOIRE LITTÉRAIRE DU SENTIMENT

RELIGIEUX EN FRANCE) par Henri Brémond (Bloud et
Gay).
Il n'est pas à l'heure actuelle d'écrivain ecclésiastique qui
honore davantage les lettres françaises que M. Henri Brémond.
C'est que l'érudition prodigieuse de ce cc bourreau de travail »
ne fait pas tort, à son goüt pour le beau langage, que sa curiosité des faits et des idées se double du besoin de les entendre
exprimer justement, subtilement, harmonieusement. Aussi
exigeant pour le mot que pour la pensée, nul n'était désigné
autant que lui pour écrire !'Histoire littéraire du sentiment r;eligieux en France. Vous entendez bien : littéraire, c'est-à-dire
manifesté par des écrivains véritables dont les ouvrages ont
résisté au temps. Qu'elle nécessite six volumes in-8° de
-six cents pages, en texte serré, pour le seul xvn• siècle, cela ne
surprendra que ceux qui igno.rent la splendide floraison de la
littérature religieuse en France à l'âge classique. Au fait, celle-ci
balance en richesse et en importance la littérature laïque du
même temps. Mais une fois comptés Bossuet, Bourdaloue,
Massillon, Fénelon, Pascal et ces Messieurs de Port-Royal et je n'oublie pas saint François de Sales, trop fleuri, mais bien
savoureux - qu'est-ce qu'un lettré d'aujourd'hui, même chrétien
fidèle et curieux de spiritualité catholique, connaît de ces rares
trésors ? Ils appartiennent à l'Eglise, mais aussi à la France e~
,c'est défigurer le xvne siècle français que de ne pas les placer à
leur rang. L'inventaire de ces trésors, esquissé au passage par
Sainte-Beuve (cet homme avait presque tout lu), était donc,

�74

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

semble-t-il, utile à entreprendre et M. Henri Brémond fut donc
bien inspiré en y songeant. M~is il nous don~e pl~s ~t. mieux
qu'un inventaire : il tire des hvres même, au!ourd hm 1~trouvables, des citations tellement abondantes quelles constituent
une sorte d'anthologie où il sera permis de puiser indéfiniment.
A chaque page l'œuvre éclaire et complète l'homme et l'historien montre ici tant d'amour qu'il risque de mécontenter les
diverses écoles spirituelles dont il écrit patiemment l'histoire
par l'éloge qu'il fait successivement de chacune. °:-uan~ il
manifeste une préférence pour telle ou telle, ce qui arnve
quelquefois, on se demande si elle sera définitive et si_ une
préférence plus marquée ne viendra pas soudain amo~udnr ou
même annuler la première. Il a l'esprit de sympathie poussé
jusqu'à ce point extr~me. Aussi est-il traité par quelque~-uns
de «dilettante», ce qui en matière spirituelle n'est pas touiours
un compliment. Béni cependant ce dilettantisme qui nous
vaut un ouvrage si considérable et si précieux.
Après l'étude de l' &lt;&lt; humanisme dévot ,, et de l' &lt;&lt; invasion
mystique », voici celle de la « conquête mystique &gt;&gt; et tout
d'abord dails l'Ecole française fondée par le cardinal de Bérulle
( de l'Oratoire )i coptinuée par saint Vincent de Paul, Charles
de Condren, M. Ollitr et les Sulpiciens, le Père Eudes et la
Sœur Marie des Vallées, tous écrivains et fort bons écrivains,
comme bientôt Grignon de Montfort. L'examen de la doctrine
bérullienne que M. Brémond oppose à la doctrine ignatienne,
celle du fondateur de la Compagnie de Jfsus, dépasse notre
compétence et les limites de ce compte-rendu. Il suffira de
noter que la première, seion notre auteur, placerait à l'origine
de toute vie spirituelle l'acte d'adoration, l'adhérence aux vertus
du Verbe Incarné, tandis que la seconde proposerait d'abord la
cliscipline de la volonté pour atteindn: aux mêmes vertus ;
l'une « anthropocentrique », l'autre &lt;&lt; théocentrique » ; l'une
plus mystique, l'autre plus humaine. Exagérez celle-là, vous
avez le quiétisme; poussez à bout celle-ci, vous rejoignez le
stoïcisme. La vérité - diverse - est entre deux. En somme
l' « ascèse)&gt; dans l'école française se résume assez bien ainsi:
c&lt; Nous devons plus aimer la patience et la débonnaireté, parce
qu'elle nous conforme à Jésus-Christ doux et patient, que
parce qu'elle nous rend doux et patients. » Dixit le cardinal de

NOTES

75

Bérulle. Et puisqu'il s'agit spécialement pour nous, en l;occurrence, de l'expression littéraire du sentiment religieux, citons
un court fragment de méditation emprunté aux ceuvres du
même auteur. Il a trait au mystère de l1Incarnation, au
moment où la Vierge donne son acquiescement: «Fiat» à l' Ange
annonciateur:
Si jamais j'ai révéré la Vierge, dans te cours précédènt de sa vie,
de st:s pensées et de ses désirs, je la révère beaucoup plus en ce
moment, en cette élévation, en cette disposition en laquelle elle profére cette parole. Lorsqu'elle la prononce, elle entre dans un état
nouveau opéré en elle et non par elle. Elle est lors non en un mouvement, mais en un repos, car elle est tranquille ; non en un repos,
mais en un mouvement, car elle tend à Dieu et y tend par une
vigueur et vivacité admirables. Elle est en un mouvement céleste
en un repos divin: en un mouvement qui est repos et en un repo;
qui est mouvement.
Ainsi, la grâce de l'Incarnation « ne nous donne pas à connaître le Fils de Dieu seul, mais le Fils de Dieu avec sa Mère ·
ne nous lie pas au Fils de Dieu seul, mais au Fils de Dieu et à sa'
Mère tout ensemble ... &gt;) et dans l'hymne de joie ,de la Vierge
portant Jésus « cette parole de la Vierge me semble, dit
Bérulle, être la parole de Jésus et de la Vierge tout ensemble;
et c'est pourquoi cette parole tire et ravit à Jésus et à la Vierge
conjointement. J)
Citons encore cette louange de l'amour (à propos de MarieMadeleine) :
AmoJJr qui n'a besoin d'entretien et sentiment aucun; amour qui
subsiste par voie d'être et non par voie d'entretien, d'exercice et
d'opération; amour qui, comme ces feux célestes, se conserve en son
âme comme en ,son élément sans mouvement et sans pâture; au lieu
que les feux terrestres sont en mouvement perpétuel et ont besoin.
d'aliment pour être conservés et entretenus ici-bas comme en un
lieu qui leur est étranger.
'
Ce style n'est pas pur, mais naïf et accentué; il est neuf en
son temps (les premières années du xvu• siècle); il influencera
tous les Pères de l'Oratoire. « En leur apprenant, écrit M. Brémond, à fixer leur esprit et leur cœur sur de hauts mystères, le
f?ndateur de l'Oratoire a déshabitué ses disciples de la grossièreté et de la boursouflure; il les a conduits aux vraies sources

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

du sublime chrétien. Donnez de l'éloquence à Bérulle, et vous
aurez Bossuet. »
Ceci n'est qu'un, exemple, qu'une indication.• Des textes aussi
riches de sens, il ne serait pas malaisé d'en extraire de tous les
auteurs dont j'ai donné le nom plus haut. En ce temps-là, la
spiritualité catholique était encore littéraire. Après un temps de
déchéaâce, le souci de bien dire déjà renait et, de Lacordaire à
Brémond, la liste des écrivains « spirituels )) se montre à nous
plus qu'honorable. Sam insister davantage sur le livre luimême que tout bon fettré se doit d'avoir lu, je profite de l'occasion pour répondre à certaines objectiohs spécieuses quant au
mérite de nos grands écrivains religieux, par exemple d'un
Bossuet qu'on a mis quelquefois en cause. S'armant de l'idée
trop reçue que cc tout a _été dit » on veut réduire ce mérite à
une question de mots et c'est un argument de poids pour les
champions du " formisme )). Ceux-ci soutiennent, à juste titre,
que l'argumentation de Bossuet n'était pas nouvelle en son
temps et ne dépassait pas ce que la moyenne des prédicateurs
de ce temps pouvait proposer aux fidèles. L'éloquence ou, si
l'on préfère, l'élocution - magistrale - faisait, en somme,
toute sa valeur et, seule, suffisait à le mettre hors de pair. De là
à soutenir que lui, comme les autres, un La Bruyère ou un
Racine ( mais c'est aussi faux pour eux que pour lui) ne se
souciait que de la nouveauté de l'expression, il semble qu'il n'y
ait qu'un pas. Certes, toute œuvre dure par la forme - ou plutôt, sans la forme aucune œuvre ne peut durer. Mais d'abord il
faut reconnaître que l'intensité e't l'accent nous sont des gages
aussi stirs de durée, en cette matière, que la stricte perfection.
Ensuite, pour en revenir à notre objet, n'oublions pas que le
sermon, non plus que la satire et que la fable, n'est point une
œuvre d'art purement objective, détachée du cc sujet » qui la
produit, du « public» auquel elle est destinée, mais tout au
contraire animée du désir de convaincre, de convaincre un
certain public .. De sorte que le point de vue de la beauté formelle le cède à celui de la vérité, de la convictio_n , de l'édification intérieure et que loin de songer exclusivement à traduire en
un beau langage des vérités qui sont à tous, un Bossuet par
exemple, sans même les renouveler, les fait siennes, se les
incorpore si intimement qu'elles reµaissent en lui, rejaillissent

NOTES

77

de lui aveç les mots, comme étant nouvelles et personnelles.
Et ainsi :son originalité n'est pas de les dire autrement qu'un
autre - il n'y songe pas, Dieu merci ! - mais de les repenser
pour les bien dire. Personne n'a parlé, ni pensé avant lui; il
les découvre en les disant. En fait, il prend pour elles sur sà
vie et sitôt qu'elles vivent, l'éloquence s'ensuit.
.
Qu'on cesse donc de prôner, comme on en est tenté encore,
le culte de l'originalité dans la forme ; il se tourne contre son
objet. Que l'on renonce ,!1Ussi à opposer à ceux qui expriment
des idées reçues et définies - un dogme, une tradition - le
risque de se répéter ou de répéter leurs ancêtres ; car la nouveauté n'est pas dans l'idé_e, mais bien dans la prise qu'on a sur
elle, dans le brasier où_ on Ja jette, dans l'amour où on la
refond, dans l'animation personnelle que certain homme non un autre - lui communique : en un mot dans la vie. La
forme sera toujours neuve, lorsque la gonflera assez de vie par
le dedans.
HENRI GHÉON
*

* *

PAGES CHOISIES, de Jean Jaures. (Rieder). - HISTOIRE SOCIALISTE DE LA RÉVOLUTION FRANÇAISE, I : LA CONSTITUANTE, par Jean Jaurès.
(Librairie de l'Humanité).
Le recul de huit années, dont cinq de guerre qui valent plus
d'un siècle, donne à la figure de Jaurès un contour, des traits
qui sont à peu près exactement contraires à l'image qu'on s'es.t
faite de lui pendant ses trente ans de vie publique. îhéteur,
visionnaire, apôtre, poète, idéologue, « monstre oratoire »,
toutes les définitions de sa personnalité prodiguées par ses ennemis comme par ses admirateurs s'effacent quand on aborde
d'ensemble son œuvre: il est avant tout et par-dessus tout un
grand réaliste. Certes il est tout entier et sans cesse tendu vers
un idéal; jamais pourtant l'optimisme et l'enthousiasme qui
l'animent n'obnubilent sa clairvoyance,
Cette œuvre de Jaurès, dégagée de son action quotidienne,
c'est à celle de Péguy qu'on peut la comparer, Péguy qu'il aima
et dont il fut aimé, qu'il conseilla, dont il fut le collaborateur
aux Cat,iers, Péguy réaliste comme lui , comme lui clairvoyant,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

mai's incapable d'action sociale, incapable des compromissions
apparentes, des opportunismes nécessai.J'és, de faire servir le
mauvajs et le médiocre au profit du bit:!n, incapab1e d'autre
chose qui. d'opposition, opposition féconde certes,. mais qui
n'atteint pas- à la valeur d'une œu:vre positive et constructrice.
Péguy a pu se séparer de Jaurès,. l'accabler, le calomnier, ils
n'en restent pas moins tout . proche·s l'un de l'autre. Ils étaient
tous deux de même t.rempe snli.de, de •inême origime terrienne,
formés ~par la. même discipline. classique et bourgeoise,
conscients à la fois d'apparten.id la piétaille de France et à son
élite, improvisateùrs inlassables, mais toujours bâtissant sur de
puissantes assises élémentaires, cimentées par l'histoire. C'est
peut-être ce besoin commun de l'élémentaire, de ramener les
questions les plus particulières à. leur cellule originelle dans
l'âme ou dans l'esprit de l'homme, de guider une incessahte
navette entre l'homme d'aujourd'hui et l'homme de toujours
qui les apparente le plus et qui fait d'eux ( avec le Barrès de
l' Appel au soldat, de Laurs Figures et de Scènes et Doctrines du
Nationalisme) les témoins. types de notre temps.
Le réalisme de Jaurès, son zèle à. ne jamais fausser ce qui est,
à épouser toutes les contradictions et toutes les nuances de la
vie, se découvre d'un bout à l'autre de ses Pages choisies par
MM. Desanges et Luc Meriga. On y trouve les morceaux les
plus caractéristiques : les deux discours d'Albi, la conférence
sur l'.A.rt et le ~ocialisme, la réponse à Barrès dans le débat sur
rEcole laïgue, et aussi des morceaux moins connus comme
la Conférence sur Tolstoï ou des articles de journaux perdus
dans de vieilles collections de la Dépêche ou de la Petite Répu-

blique.
On chercherait en vain de la phuséologie creuse dans toutes
ce~ pages. Ch_aque idée s'enchaîne à la précédente, est aussitôt
étayée de faits, d'exemples, éclairée d'une image qui la -fixe dans
l'esprit. Une parenthèse s'ouvre, c'est qu'il est nécessairt:! d'apporter quelque restriction au système ou d'écarter quelque
objection plausible. Quant aux images qui jalonn'ent aussi bien
la période écrite que la période parlée de Jaurès, elles sont
rarement plaquées ; le plus souvent elles nais;;ent de ce besoin
d'élémentaire que nous signalions plus haut, elles sont empruntées à la vie rurale, à la nature, _aux saisons, aux astres. Il y

NOTES

79

aurait toute une étude à.écri(e sur Jaurès paysan, et paysan des
derniers contreforts du Massif central, pénétré de la grandeur
simple de la vie pastorale et montagnarde, puis, plus tard ,
professeur à Toulouse, paysan des plaines prospères du pays
garonnais.
Mais son réalisme, c'est dans une œuvre de longue haleine
comme son Histoire socialiste qü'il éclate surtout. Et là ce n'est
pas simplement un don réaliste foncier qui se fait admirer, c'est
toute la complexité du réel que Jaurès embrasse et domine de
·haut sans en laisser échapper un seul détail. Les généralisations
constantes-de Taine, ses démonstrations géométriques ou le.s
grandes systématisations mystiques de Michelet, ses constructions psychologiques sont ici jalousement évitées. C'est un
modèle d'histoire concrète que celle de Jaurès. Ce prétendu
rhéteur laisse parler les faits, consa:cre des pages et d.es pages à
des statistiques commerciales, à des analyses de documents
locaux. Rien n'est plus admirable dans ce genre que l'évocation
de Bordeaux, Marseille, Nantes et Lyon à la veille de la Révolution. Et c'est toute son expérience de grand parlementaire
que Jaurès apporte à étudier les séances de la Constituante, les
motions~ les discours, les manœuvres de couloirs.
C'est mal comprendre Jaurès- que ·de vouloir le tire.r vers le
« robespierris.me &gt;&gt; comme le fait M. Mathiez qui a revu cette
nouvelle édition de !'Histoire socialiste. Jaurès est au-dess-qs du
« clan Aulard » et d.u « clan Mathiez». La Révolution pour lui
n'a pas eu son apogée sous la dictature de Danton plutôt que
sous celle de Robespierre; elle est pour lui un tout dont il a vécu
avec passion chaque moment. Le fait de voir dans cette révolution bourgeoise la condition de la révolution sociale ne trouble
jamais son jugement. Il est en 1788' de cœur avec la bourgeoisie
productrice des négociants bordelais et des armateurs provençaux, puis il la détestera ; il est avec Barnave, puis il sera contre
lui. Il agira de même envers Danton, envers Robespierre. Les
hommes ne l'arrêtent pas, il n'est sensible qu'à l'âme de la
Révolution.
11 serait juste que la publication des Pages choisies de Jaurès
( en attendant ses Œuvres Complètes) et la ré-édition de son
Histoire socialiste fissent entrer Jaurès dans l'histoire littéraire de
la France où, malgré toutes les scories et les ·bavure$ dues aùx

�8o

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

conditions dans lesquelles il l'a édjfiée, son œuvre puissante et
vraie a sa place marquée.
llENJAMIN CRÉMIEUX
*

**
LA VIE DE MONSIEUR DU GA Y-TROUIN ÉCRITE
DE SA MAIN (Collection d€s Chefs-d'Œuvre Méconnus,_
Bossard).
Comme presque tous les Mémoires écrits par des hommes
· d'action, surtout par des militaires, ceux de Dl.! Gay-Trouin
commencent par causer de la déception. Quoi, c.e corsaire qui
a cohduit cent abordages, qui a enlevé d'un coup de main et
pillé Rio-Janeiro, ce batailleur emporté et sensuel ne trouve
guère à nous donner que des renseignements technique.s sur la
manière dont il a mené chacun de ses combats, et c'est entFe
deux récits-ile manœuvres, comme par accident, qu'il lui é&lt;.:happe
quelques phrases où nous , 1oyons ce que fut réellement la
guerre de course ? Reconnaissons pourtant que si l'on met à
part quelques admirables récits de capitaines qui furent curieux
de la vie, sensibles à sa couleur et capables de consigner leurs
observations (Montluc, par exemple), ces mémoires sont encore
parmi les plus savoureux que nous aient laissés des hommes de
guerre. N'oublions pas que Du Gay-Trouin ne rédigeait pas es
s-ouvenirs pour amuser ses petits-enfaO:ts ou pour occuper les
loisirs de sa vieillesse ; iJ l écrivait ces notes dans 13' force de
l'ige, pour Ie ·Cardinal Dubois, comme un résumé de so11 ex-périence militaire. N'oublions pas non plus qué la génération qui
grandit en plein règne de Louis-XIV poussa plus loin qu'aucune
autre la politesse qui consiste à ne pas. occuper nos semblables
de ce qui nous est individuel. Ce corsaire dont le bon sens et la
franchise ayaient conquis la confiance du roi et de · ses secrétaires d'Etat, au point qu'on·demanâait son avis sur toutes les
questions maritimes, s'il crut de'Voir prendre perruque , et langage d'honnête homme pour s'adresser au premier ministre, il
ne faut pas en être surpris ; l'étonnant, c'est bien ·plutôt que
eette forte natur&lt;:: ait tout de même trouvé moyen de se faire
sentir ;·sans doute le devons-nous à la popularité dont les ave·nturiers de mer •jouirent pendant la guerre de la Succession
d'Espagne, et à la curiosité que tout le monde éprouvait pour

81

NOTES

leurs exploits. Leur prestige devait ressembler à celui que, pendant la dernière guerre, les commandants de croiseurs allemands
trouvaient en rentrant chez eux. Au reste, l'effort de Louis XIV
contre les flottes del' Angleterre, de la Hollande et du Portugal,
ressemblait assez à celui que tentait l' Alleu1agne au moyen dé
la guerre sous-marine. Incapable de lutter régulièrement contre de si redoutables puissances navales, il lui fallait se contenter
de paralyser l~ur commerce-en coulant ou capturant le plus possible de leurs vaisseaux. Les bâtiments marcnands ne sort-aient
·plus que convoyés par des navires de guerre. C'est contre ceux-ci
que portait l'attaque. On les approchait sous pavillon ennemi, et
c'est seulement au moment de lâcher à bout portant la première
salve d'artillerie que l'on hi;sait lés co1:1leurs du roi. Les corn-·
bats semblent avoir été très meurtriers ; bien -des fois Du GayTrouin dit avoir perdu dans une affaire la moitié de son effectif.
Dans son combat contre lé Devonshire, il a trois cents hor,imes
sur -le carreau au moment où le navire ennemi prend feu et
périt en un quart d'heme avec tout son équipage : « Chuse
hideuse à voir, écrit Du Gay-Trouin, -et dont l"a seule idée fait
frémir ! Trois de ses matelots seulement se trouvèrent dans mon
vais~cau après le combat, sans que j'aie pu savoir comment ils y
étaient entr~s. Ils me npportèrent que, d_ans le vaisseau le
Devonsbire, il avait péri près de neuf c~ts hommes, y ayant,
outre son éq\lipage, deux c.e nt cinquante soldats ou passagers
de considération, de l'un et l'autre sexe. » Le ton même du vainqueur devant la disparit,i9n de ce ~a.vin: de 90 canons montre
un état d'esprit singulièrement différent de celui qu'affectaient
·tes torpilleurs de la Lusitania. Grand soin semble avoir été
apporté à recueilJir les équipages et à respecter certaines règles
de la.guerre. Assurément les prétextes qu'allègue Du Gay-Trouin
pour attaquer Rio-Janeiro manquent de bonne foi et la menace
&lt;iefaire sauter la vÎlle si la rançon n'est pas immédiatement
payée sent assez son pirate. Mais du fait même que cette
guerre de course était entrepr--ise par des particuliers, non dans le
simple dessein de détruire, mais pour ramèner des prises, il
est éYident qu'elle était beauéoup moins iohumaine et moins
àbsurde que ce q-ue nous avons vu naguère.
Il y a une sorte de candeur dans la manière dont cet homme
qui aimait tant les femmes èt les coups parle de lui-même :
6

�· LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

8z

Quoique ces maximes soient d'eJ!es-tpêmes ass.ez estimables, j'avoue,
à ma honte, qu'elles ont été ..chez moi ternies par une vivacité un peu
trop outrée, dans les occasions où j'ai cru qu'on ·ne remplissait pa bien
son devoir. Ce premier mouvement m'a souvent emporté à des procédés trop vifs et à des termes peu convenables à la dignité d'un commandant.

Il lui coûte sans doute moins d'avouer :
La vue d'un danger pressant m'a souvent causé des révolutions
étranges, quelquefois même des tremblements involontaires dans toutes
leS' parties de mon corps.

S'il a l'art des chefs militaires qui est cc de t\mjours mettre ses
équipages dans le cas d'être braves par néces~ité &gt;:, il apporte
une attention continuelle à ne pas les exposer mutdement ; ses
hommes le savent et il peut se p.ermettre des ménagements
dangereux :
Quand il était question d'éviter ou de joindre avec plus de pron;iptitude les vaisseaux ennemis, quelque près qu'ils fussent de moi, je ne
craignais pas de fa1re mettre mes g_ens à fond de ~ale, pa:i:c: ~ue_ j'étais
sûr qu'cà mon premier signal il;, se remettraient auss1tot a leurs
postes.

NOTES

rester un technicien clu tir et met son point d'honneur .à ne pas
quitter son poste, l]lême par une pensée rétrospective. L'événement qu'il raconte n'a duré que quelques heures, cyclone inat- tendu et pour ainsi dire sans liens avec le reste de la -guerre. A
l'aide des feuilles d'observations et des ordres de tir, le combat
est reconstitué coup par coup et minute par minute. Pas de
digressions; pas non plus d'excès de documentation ingrate.
Une narration sobre, presque sèche, qui d·onne bien l'impression
de ce drame scientifique etfoudroyant, auprès duquel les duels
d'artillerie terrestre semblent des batailles de rustres ·armés de
frondes et de catapultes. Il ne s'agit pas ici de confronter les
renseignements donnés par von Hase avec ceux que fournissent
les récits anglais. C'est affaire aux.spécialistes. Qu'il nous suffise
de constater ici que le ton du narrateur révèle un esprit de
modération et de droiture, et que, même là où son orgueil
se donne cours, dest avec ùn respect de l'adversaire qui contribue p~issamment à l'émotion du livre.
JEAN SCHLUM BERGER

JULES TELLIER, par Henriette Charasson (Mercure de

Et ne parle-t-il pas joliment de sa sensualité lorsql}'il écrit :

ff semble qu'un cœur épuisé1rar sa propre inconstance, et accoutumé à' courir après tous les objets 1 soit incapable de s'arrêter à ~~
seul, et de réunir, à: l'égard d'une personne, les désif~ "vastes qu 11
formait pour toutes les autres.
1
Pour un écumeur dé mers, .c'est ass~-i 'âéficatement dit.
JEAN SÎ::HLUMBERGER

*
"' *

LA BATAILLE DU JUTLAND VUE DU" « DERFFLINGER &gt;&gt;, par le capitaine de c01:vettë Georg von Hare
(Payot).
Le récit .du capi_tajne de corvette von !:[ase vient faire pendant à celui que le commandant Semenoff p~us a donné_ de la
bataille de Tsoushima, mais avec toutes les différences qm séparent un Russe d'un Allemand_. De plus, Semenoff p~rle en officier
d'état-major, soucieux de placer les événem~nts à leurs plans respectifs dans une douloureuse épopée, tandis q.ue von Hase veut

France).
Ce livre s'ouvre par un portrait au crayon singulièrement
vivant, et quand on le lit on s'aperçoit que cette vie, comme
derrière les yeux, se conJinue dans l'épaisseur des pages.
Madame Henriette Charasson écrit sur Tellier au moment o"ù
celui-ci trouvera peut-être ses lecteurs les meilleurs et les plu$
émus : je veux dire ceux qui, ayant appartenu à la géi1ération
de Jules Tellier, ont atteint aujourd'hui l'âge où l'on se
souvient, où le .souvenir devient presque une passion, et où il
devient singulièrement doux de revoir les sentiments de , sa
génération arrêtes sous la belle figure d1un jeune mort. Car
Tellier est exactement, sans le dépasser de beaucoup, l'homme
de sa génération intellectuelle, celle où arrivent à la vie de l'esprit, un peu après Bourget, les Barrès et les Maurras : la génération des Essais de psychologie contemporaine. La place . des
Reliques, dans une biblîothèque bien composée, est à côté de ces
Essais, d' Un Homme Libre et du Chemin de Paradis, et non loin
de Thaïs. Ce fort en version, ce sensuel rentré, ce cerveau

�LA NOUVELL\, REVUE FRANÇAISE

mariné dans « l'abus du rêve et de l'analyse» avait écrit comme
Barrès et Maurras à son âge, des « idéologies passionnées ».
Qu'en fôt-il sorti si la destinée l'eftt épargné ? Madame Cha:
rasson croit que cette destinée l'a accouché à son être, qui
était celui d'une jeunesse sans lendemain comme celle qu'il
avait pressentie en Tristan Noël. Et en effet il n'était pas né
jeune. Il avait été lâché dès sa naissances~ le versant des_cendant de la vie, et presque tous ses écnts se ramènent a ses
sensations de descente. Et, au contraire de l'auteur de l'Homme
libre il ne se trouvait pas intéressant. Il s'aimait sans doute,
mai: il n'aimait pas s'aimer. L'essentiel est qu'il ait laissé, comme
Maurice de Guérin, une cinquantaine de pages parfaites ( çà et
là, seulement, quelques épithètes de trop). Ne pourrait-on les
réunir dans un petit livre, du même volume à peu près que
celui de Madame Charasson, et qui achèverah son monument
public ?
*
ALBERT THIBAUDET

NOTES

du Fou et la Maison du Sage, d'un ouvrage qui en aura d'autres,

LE VIN DE TA VIGNE, par Louis Artus (EmilePaul).

et qui est construit sur les thèmes catholiques les plus rigides,
les plus purs, les plus intenses. Il tourne le dos au ,uxe siècle et
regarde vers le moyen-âge. Le vin de la vigne du Seigneur n'est
pas à boire avec mesure et comme à regret, mais bien jusqu'à
l'ivresse, jusqu'à ce que l'être ne fasse plus qu'un avec les puissances de la liqueur mystique. Aussi la littérature de M. Artus estelle comme celle d'un couvent mystérieux, arche sainte de vie
exaltée et de chrétienté intégrale. De là ces Chroniques de _SaintLéonard auxquelles ce livre ajoute des contes parfois étranges,
mais d'une forte vibration, et qui paraissent le diviser comme
en cellules de moines, aux murs blanchis à la chaux et couverts de fresques. La plus curieuse de ces fresques est peut-être
la première, celle du Moine Ivre. Dom Jean imagine éloquemment une Ucbronie singulière, celle d'une histoire renversée,
où l'ère avant le Chri:;t devient l'ère aprè:; le Christ et réciproquement : de sorte que le discours sur l'histoire universelle part
du xxxe siècle, et, de progrès en progrès, s'avance jusqu'à
Prométhée, qui rejette le feu vers le ciel. Dans cette histoire le
Christ ne paraît pas. - Pourquoi? demande l'auteur - ~ Qui
voudrait, répond dom Jean, soutenir le mensonge diabolique
du progrès devrait, comme je l'ai fait devant vous, commencer
par la dernière page, - celui-là qui voudrait démontrer la
sagesse de l'homme l... Mais pour ce mensonge et cette
démonstration, il faut, j'en conviens, ignorer Celui que nous
servons, vous et moi, qui imposa à la durée Je point fixe de sa
naissance et de sa mort. » Sous le titre de Malbrough s'en vat'en-guerre, intermède détendu du livre, on assiste à une jolie
revue des personnages de toute la chanson et des légendes françaises, en marche vers Jérusalem. Le Miracle de la 2oe avenue
et l'Enfant qui n'allait pas à l'école sont deux contes mélancoliques et délicats des temps futurs. Le livre plaît d'abord parce
qu'il est élégamment et parfaitement écrit. Ses personnages de
tapisserie et d'abstraction manquent un peu de vie. Ce qui
remplace la vie c'est un ardent courant religieux et mystique
qui les conduit tous, sinon vers une démonstration, du moins
vers un état d'intuition intense. Attendons, pour le mieux peser
et comprendre, que le cycle de M. Artus soit terminé.

Le Vin de ta Vigne fait le troisième volume, après la Maison

ALBERT THlBAUDET

* *
RELIQUES, par Isabelle Rimbaud (Mercure de France).
Ce qu'on cherche avant Isabelle Rimbaud dans ces pages, lettres ou articles - c'est le frère dont elle ne se lasse pas de
parler : Rimbaud. Son atroce agonie décrite jour par jour, son
dernier départ des Ardennes, on en reste hanté.
Mais il y a autre chose dans ce recueil posthume. Il y.~ la
personnalité de la sœur- d'un gr~nd poète, . transpos1t1on
féminine, - plus faible, moins orgueilleuse, aussi ardente -- de
la personnalité de Rimbaud. .
.
,
On s'étonne que les historiens de la littérature n accorde~t
pas plus d'importance aux sœurs des écrivains. On trou.vera1t
souvent dans cette étude la clef de bien des états d'âtne et de
bien des aspirations difficiles à interpréte~, même _quand ces
sœurs ne sont ni une Jacqueline Pascal, 01 une Lucile de Chateaubriand, ni une Henriette Renan, ni une Isabelle Rimbaud.
BENJAMIN CRÉMIEUX

** *

�86

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

NOTES

~~vr~e, il faut se réjouir qu'il tire son plus grand mérite del mtelhgence de •fran_c ajoi qui y pétille d'un bout à l'autre.
BENJAMIN -CRÉMIEUX

LA CHAUVE-SOURIS par Char~s DerennfS ' (Albin
Michel).
On lit cétte étude comme un agréable romani mais on a
peine à imaginer· que les êtres exquis.dépeints par M. Derennes
-, les plus proches de l'homme selon lui par leurs instincts, lem:
cc mentalité &gt;)et leur inadapta'.tiotLàla . vie ambiante - soient ces
monstrueuses chauves-souris de cauchemar qui .peuplent les
souvenirs de nos vil1égiature,s enfan1 ines. On a l'impression que
M. Derennes a voulu tenir la gageure de faire .jouer un. rôle de
ténor à une bass.e noble ou. de jeune premier à un grime.
• Entre Colette, J.-H. Fabre et Joseph de Pesqu~doux,. et à
peu p.rès à égale di.stance des trois, M. .Derennes s.è ta:ille. une
place.bien à lui dans l'observation et la peintur.e
monde animal. Orr se scandalise un peu, toutefois, de la ·ifaço·fll çlésinvolte
donriLex.écute'·en deux lignes. D.uwin, Buffon, J .-H. Fabre ou
nos savants zoologistes. Pourquoi surtoùt, dans u.11 sujet simple
et naïf rnmme celui-ni, eet étalage de poncifs néo-classiques,
ces, déclamations sur .,l'@rdre, la •démocratie,, la_ faillite de
la;scien.ce? Cela gà.te le..plaisir •du lecteur rde bonne. foi, qui .supporte mal d'être endoctriné, quand il souhaitait uniquement
è~re instruit et ému.
JlENJA-MIN CRÉM1EUX

ou

..,_ ' .. **

LES DISCOURS J:?.lii DOCTEUR 9'ÇRADY, i par

André Ma,u-rnis (Çrasse,t).
- Les S.ile.nces du -colond 13rarnble étaient déj~ Jort réjouissants ;
·les Discours du docteur O'Grady qui; les conrinuent leur sont
peut-être supérieurs. Ce qui.en fait le charme principal, c'est,
te trois bien, 1 l',lr;i.bile juxtaposition d'un humorisme britan~
nique, fidèlement rendu., et d'une ironie française q11.i s'exèrce
aux dépens de cet humour.
Cest au fond le: pr.océdé. de l'abbé Coignard exerçant une
\lel've d'humaniste sur ,la tradition catholique et · gothique, ou
d'un grreculus du - siècle d' Auguste admir&lt;ant et raillant la
puissance et ia ba:rbarie romaines.
r
Sans exagérer -la portée philosophique de cet agréable

LA POESIE
LA SiYMPH?~IE HÉROIQUE, poèmes, par Henry
Jacques. (Aux éd1t10ns de ·Eelles-Lettres. Prix de la Renaissance).

:e.

sont des poèmes sur la guerre, ou contr~ la guerre,
qu amme une g~n~rosité un peu vague et grandiloquente mais
plem_e de conv1ct10n. La valeur en est ti;ès inégale. Une
certame faconde oratoire y tient souvent lieu de souffi.e
épique et _le goût de l'ampl,i§-cation y paraît avec · tous les
mo~v~ments et coupes _ conventionnels que dissimule une
réc1tat1on complaisante.
1~ serait fort malséant de dénier à_ M. Henry Jacque·s, qui
a fait la guerre, le d~oit &lt;le la détester, mais l'invective n'est pas
de style héroïque, è'est un fait et le leit-rnotif &lt;&lt; guerre à la
guerre &gt;&gt; n'e~t pas w.oins .2,ropice qu~ « gue;:re du _droit » ou
« guerr~ fraîch~ et ioyeuse » au verbalisme déclamatoire. Il
fau~ se résigner à rimer des clichés de g~~che ou de droite, à
mo~ns de se, résoudre à écrire, non l'épopée de la guerre,
~ais les poèmes d'un homm~ dans la guerre, des poèines de
circonstance. Le mode épique exige la sympathie ou le respect
du poète pour le sujet. Les CbâtÎmenfs\ ~ n · dépit du génie de
Hugo, ne se lisent pas sans gêne.
Et voila les sof'dats, les simples au cœur -nu
o-.. •
Danr, le flttiîlie de Cltfr aës:vidlles jugula,ires
Ils s'en vont, sans savoi'f qu! ils sfml Joute la guen:e
Ve1::s quelque graniide~tin qu..i leur re~te inconnu.
Sur cette route étroite où le droit les endigue
Ainsi vont-ils ojfra11t aux ·triomphes futurs,
Tacittirnes sàuveztrs aux di-r:ouemenfs obscurs
Leur adomJ;le sang et leu,· sainte fat"igut..

Dans Te piétinement de leurs brodequins /o;trds,
Moi qiu ce/fecohue Îi 'dmlé ;!Jans. ses cliarges
j'écoute ret~ntir, mcor lointà.ins et sourds,
Les pas mystérieux IÙ l'avmïr en 11111rche.

�88

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il ne faudrait pas Juger M. Henry Jacques sur de tels vers
qui résument assez bien le côté artificiel, emprunté ou trivial
de son lyrisme. Il trouve des accents justes et forts pour
exprimer un sentiment vrai, profondément ressenti :
Nous les vivants du dernier iour,
Tout étourdis de notre chance ...

NOTES

aîné &gt;&gt; une image mi-chrétienne e-t mi-bouddhique où nous
reconnaissons plus simplement un homme instruit par la douleur. Revenons à l'œuvre d'abord toute de confiance et célébrant
La Louange de la Vie. Après vingt ans de silence, Elskamp soupire:
Ils se sont tus les anges doux
Que tu voyais en robes blanches,
Avec leur-s violons aux joues
Faire musique à tes dimanches.

La vie qui tremblait dans leur peau
Comme une bête sans courage
Flairant l'ineffable repos
Qu.i suit la fin des grat1ds carnages.

On citerait volontiers ces litanies de la Boue où éclatent des
images pleines d'énergie :
Bave qui salit tout, et la chair qu'elle touche
Et la paille des sofrs et le fer des fusi!s.

et cette apostrophe vi:aiment belle :
Reviendras-tu, soleil, lui dessécher la face
Et durcir dans ses flancs la forme des souliers

M. Henry Jacques, qui estrté poète, ne peut manquer de sentir
ce qui 'tait le prix de tels vers, une justesse naïve qu'il faut sans
cesse retrouver, à forte d'art et de patience -ou de génie.

C'est la même voix pourtant, ses « syntaxes mal au clair», la
savante gaucherie des rimes pauvres et des harmonies dissonnantes. Mais lointaines sont les kermesses dominicales. Il reste
le souvenir d'une aventure intellectuelle, voyage au long cours
d'où l'on revient désabusé. Sans cri, sans geste, le poète, sur
un mode mineur et peut-être monotone, développe le thème
d'une sagesse retrouvée, d'une résignation mélancolique.
Les uns, habitués aux complaintes de Max Elskamp, en
seront comme naguère agréablement bercés. D'autres loueront
davantage, sans trop parler philosophie, la sincérité d'une confession de bonne foi.
PAUL FIERENS

ROGER ALLARD
I

*•

r

CHANSONS DÉSABUSÉES, par Max Elskamp (Van
Oest, Bruxelles).
Les Madones isocèles d'Anvers, à qui Mall Elskamp chanta
ses premières litanies, ont de lourdes couronnes et des manteaux
brodés. Dépouillées de ces ornements, qui ne sont point de
pacotille, elles apparaissent émouvantes, avec l'affectation du
«hanchement» gothique ou leur rudesse d'icônes paysannes.
Ainsi l'art d'un poète que l'on dit &lt;&lt;folklorique» ne l'est vraiment que par surcroît. Sous le décor du pittoresque local, discernon~ l'éternelle attitude de la supplication, de l'intercession,
de la prière. Ce n'est plus pour leur« naïveté» que nous aimons
les « primitifs » et Max Elskamp nous est plus précieux depuis
qu'une étude de Jean de Bossçhère éclaira l'intimité de cette
conscience inquiète. Le scoliaste a tracé de son « pauvre frère

MARSYAS OU LA JUSTICE D'APOLLON, drame
satyrique en trois actes et un prologue, par François-Paul
Alibert (Pierre Polère, Carcassonne).
A vrai dire, ce poème dialogué ne prétend point à la force
dramatique. Le mouvement, non point la chaleur, y font
défaut; et sans doute le style d'Alibert aura-t-il toujours quelque chose de trop décoratif, de trop drapé pour se prêter aux
exigences d'un dialogue scéniqu-e. On songe à ces personnages
des grandes ~ompositions de Lebrun, qui n'essaient pas de nous
faire croire à la réalité des batailles dans lesquelles ils sont
engagés ou à la vérité littérale de leurs gestes allégoriques. Ils
n'en ont pas moins pour cela de beauté. Je songe au monologue
de Minerve jetant loin d'elle la flûte:
Source d'ivresse, vil et sauvage instrument,
Toi qui déformes l'âme aussi bien que la joue ...

�90

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Je songe surtout au dernier entretien, dans lequel Marsyas,
vaincu et frémissant de colère, finit par s'incliner devant la
sereine dureté d'Apollon, reconnaissant que l'art· pur devait
vaincre l'art confus et que la victime écorchée devait adorer
le dieu cruel et beau.
Ce qui caractérise le style d' Alîbert, ce sonf des périodes
amples - non pas oratoires, car elles ont de la retenue et se
plaisent à certains raffinements de syntaxe qui couperaient le
sifilet à un ténor de la récitation - mais phrases abondantes,
un peu pompeuses, d'un Louis XIV qui reste sévère même lorsqu'il se charge' d'ornements. Marsyas a été écrit,. croyons-nous,
antérieuremept aux Odes gue nous avions récemment l'occasion
d'admirer et où l'on constate _un é1an plus spontané, une beauté
plus libre.
JEAN SCHLUMBERGER

.. * *

DIABLERIES, par Mélot du Dy (Editions littéraires de
f'Expansion Belge).
M. Mélot du Dy tire aujourd'hui le_ biable_· par la · queue.
L'année de,rnière✓en ses Mythologies, il se moquait des Dieux de
plâtre d'un Olympe de carton et « fumait à leur nez de fines
cigarettes )&gt;. M. Mélot du Dy a: une jolie sensibilité - ce n'est
pas là une simple politesse littéraire - mais cette sensibilité
s'applique trop souvent à des bizarreries quelque peu affectées•
Les poète,s quelquefois se suivent et se ressemblent et le
sanglot lointain de LafoF.g}le vient rouler -encore dans ces
vers :
Dieu ! j àites rom me cliez. vous,
Il n'j a pas autre chase
Qu'un amour qui se propose;
Sans vo1iS prier à genottx.

Ailieurs ~ussi, .on po·urrait penser que ~- Mé\of du Dy s'est
trop souv·enu de Guillaume Apollinaire, mais ne peut-on croire
au Hasard et les poètes ne peuvent-ils ~one se r_l::ncontrer sur le
Parnasse ? M . .Méfot
Dy écrit beaucoup, mais pour ma part,
j'aimerais qu'il suivît l'inspiration cliarmante qui lÜi dicta ce
curieux petit poème :
J

au

..

fls ont perdu le to11 galant,
. Automobiliste et piéton.

NOTES

.

Ils ,;&gt;nt un air bête et mticbarit,
Qui connait Monsieur Pavillon .
Ce sont des illettrés ces gens.
Ils parlent comme des butors.
Et c'est bien triste. ,Et èepènllant
Monsieur Pavillon n'est pas mort.

J'aimerais encore que ce poète 'sût garder le ton simple de
ces quatre vers :
Sur la table 1·ase
Où dort lq. poussière,
Avec rnon index
Je dessine 1111 ,xwr.

Un cœur quj souvent chante faux et qui, j'en suis sûr, saurait
dire vrai.
: GEORGES GABORY
1

LE ROMA.N
LA RANDONNÉE DE SAMBA DIOPF, par Jérônie ,et
Jean Tharaud (Plon).
Lorsque Loti s'éveille en. face d'une terre , nouveUe, ses
prunelles, ses narines, son épiderme vibrent ; l'intelligence
s'annihile ou plutôt .se disperse, redescend dans les nerfs, vient
e.xalter les réce.pteurs des ,sens. Les souffies citérieurs frappent
cet homme où bourdonnent sans cesse des musiques
secrètes. Des accords se forment -au eboc~ àccords .inentendus, aux bases instinctives, impénétrables à la raison. Un
chant s'élève, continu, et sur un orchestre de cordes, semblet-il, succession de mineurs sans cesse modulants. Quelle oreille
a pu oublier son Spabi, ses songeries d'Afrique occidentale?
Où est l'instinct dans ce Samba Diouf des Tharaud ? Où sont
les sens, les résonances imprécises ? Ces Tharaud sont esprit,
clarté pure, raii;on. Des latins, dirait-on, si le mot n'impliquait
emphase. Intellige.nce, général, ton.tee qui s'échange d'homme.à
homme, non Je mystère qui repose au tréfond de l'individu,
qui jaillit par éclairs incertains, qui s'exprime par des murmures, par des rythmes, par des sons complexes et voilés. Les
Tharaud sont deux ; ils parlent leurs œuvres avant de les
écrire. Ils laissent tomber au fond d'eux-mêmes ce qu'ils ne

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

peuvent formuler. Ils donnent au public ce qui leur est commun.
Et donc ce qui est commun à la plupart des hommes.
Ce que nous donnentles Tharaud, c'est, plus que l'impression,
la connaissance. Ils dédaignent le cas individuel, inutile à connaître. Ils s'emparent d'un grand sujet: une terre ou un peuple, ils
traitent ce sujet, ils l'épuisent. Leur héros est toujours un type.
Leurs én uro éra tions qui, par le son, évoquent Salammbô, n'excitent
pas les sens par des obscurités étranges : elles renseignent,
enfonçent chaque trait dans l'esprit. Ils sont très instructifs. Il y
a un peu, dans leur manière, du Jeune Anarcharsis.
Il n'est de très clair que le déjà dit; et ils n'admettent que le
clair. Il n'est même rien de parfaitement clair, si ce n'est ces
formules d'algèbre ; l'idée exprimée par des mots traîne toujours quelque musique. Aussi rencontre-t-on parfois dans Samba
Diouf des échos de l'Odyssée, de Voltaire ou de ·chateaubriand.
Mais par où les Tharaud sont uniques, c'est par leur art de
composer. Ils ne se perdent pas dans les compositions trop
raffinées où l'on oppos·e les nuances. Cet art n'a rien d'asiatique.
Ils peignent par tons simples, presque par blanc:et noir. Je veux
dire qu'ils mesurent patiemment la largeur et la teinte du
trait. Bien mieux ce sont des architectes : ils édifient. Architectes qui n'ont peut-être pas taillé toutes leurs pierres, mais qui
ont inventé les jeux de la lumière sur les surfaces, sur les
saillies. Il est des monuments plus hardis, plus étonnants, plus
délicats ; il en est peu de plus sobrement harmonieux, de
ph1s solide.s, de plus francs.

NOTES

93

dant les plus charmants et les plus fantaisistes entrelacs de
dentelles.
Renonçant pour une fois à tout souci de construction, Edmond
Jaloux s'est abandonné à lui-même et il se montre au naturel,
sans jamais se guinder, musant et flânant tout à son aise sous
les arcades du Palais-Royal ou le long des sentiments humains.
Son sourire et sa cocasserie l'accompagnent, son art des combinaisons romanesques et psychologiques aussi. Il est bon pour
un écrivain qui cherche sans cesse à se dépasser de 's'accorder,
tous les cinq ou tous les dix ans, une détente. Souvent les
livres qui naissent de là comptent parmi les plus significatifs et
les mieux réussis de l'œuvre entier.
Dans !'Escalier d'Or, Edmond Jaloux a symbolisé l'essentiel
de sa pensée sur la vie sentimentale des hommes d'aujo~rd'hui :
ce mélange de romantisme et de sens pratique qui se retrouve
chez presque tous ses héros, ce besoin de rêver et ce besoin de
jouissances immédiates et d'aises matérielles, ces grandes aspirations se brisant contre les exigences du réel. Mais cette fois,
Jaloux conclut en philosophe, en méridional et en classique que
« l'on n'atteint pas la sagesse en gravissant un escalier d'or »,
mais que le réel doit et peut suffire à nourrir la poésie et l'idéal
au cœur de l'homme : « Une poésie sacrée, un lyrisme religieux s'élevait·du sol brülant et dur, tout tramé de morts et de
racines ... Et l'on entendait, malgré les cigales, des bruits de
scierie monter des paisibles vallons. &gt;&gt;
BENJAMIN CRÉMIEUX

PAUL RIVAL

*

0

* *
L'ESCALIER D'OR par Edmond Jaloux (Renaissance du
Livre).
·
Pour se délasser, entre deux symphoni~s, un musicien compose un ballet. En écrivant ce conte, Edmond Jaloux a voulu
se donner et nous. donne un «divertissement». Un vieil oncle
autrefois poète qui, dans le vieux quartier du Palais-Royal, offre
à sa nièce des bals costumés et des médianoches, jusqu'au jour
où la vie impose à la jeune fille l'époux bourgeois qui la guettait, tel est le fil léger dont Edmond Jalou;x dessine en le dévi-

GASPARD DES MONTAGNES par Henri Pourrat
(Albin Michel).
Gaspard des Montagnes a sa place marquée dans les bibliothèques entre la Légende de Gosta Berling de Selma Lagerlof et
Le livre de Goha le Simple. C'est une « somme )&gt; des légendes
et du folk-lore d'Auvergne, comme Gôsta Berling du folklore suédois et Goha de l'égyptien, dont la valeur vient plus
encore de fatmosphère où elles baignent que de ces légendes
mêmes.
Feuilletez un recueil de contes populaires : rien qui soit à la

�94

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

longue aussi monotone, qui reste en tout cas aussi extérieur à
nous-mêmes. Mêm~ élaborés à la perfection, comme ceux de Roumanille, ils ne pénètrent jamais jusqu'à l'âme. Mais Henri Pourrat, - comme Selma Lagerlof et AlbertAdès et Josipovici- a
su éviter la froideur de l'anthologie et des cc morceaux détachés»,
il a incorporé sa matière à un ensemble cohérent, l'a fait
graviter autour d'un héros central, d'une donnée médiane qui
servent d'épine dorsale au récit et permettent d'y rattacher toutes
les digre~sions. Chaque conte, au lieu de former un tout isolé,
extérieur à ce qui l'entoure et à peu près étanche, naît de l'ambiance recréée par le romancier (faut-il dire le romancier ou
le poète?) et s'échappe de cette vie rustique aussi naturellement que la fumée d'un toit.
Gaspard, c'est le joyeux. héros auvergnat, serviable et goguenard, courageux et fûté, grand redresseur de torts et videur de
chopines. Il est comme Gôsta Berling, comme le Grosso Minulo
des veillées de Corse, le héros triomphant, tandis que Goba
le Simple est le héros souffre-douleur, si fréquent dans les folkslore, comme legavacl,edu Languedoc ou l'homme de Fraimbois
des contes de Lorraine (sans oublier Charlot au cinéma).
Mais si Gôsta Berling et Goba nous emportaient en plein
exotisme, nous dépaysaient, Gaspard des Montagnes, si l'on peut
dire, nous« repayse ». Toutes les légendes reprises par Henri
Pourrat sont dl! vieilles histoires françaises, et seuls les natifs de
Paris n'en ont pas eu leur enfance bercée. En Savoie et en
Bretagne, en Bourgogne et en Limousin, en Gascogne et en
Berry, dans toutes les provinces, ce sont les mêmes contes, avec
les variantes locales qu'apportent la proximité de la mer, de la
montagne ou de la grande ville. Commères bavardes, maris ivrognes et querelleurs, curés paillards et gloutons, adolesc~nts
benêts ou délurés, frairies et épousailles, tout cela pour nre ;
les impôts, la corvée, la conscription, la grêle, l'incendie ; aux
époques de désordre, le brigandage, l'arrêt des diligences, les
chauffeurs masqués pénétrant dans les fermes, les auberges sanglantes et aussi le surnaturel : loups-garous, démons, farfadets,
korriganes, tout cela pour peiner et frémir. Ce n'est donc pas
seulement la vieille Auvergne que ressuscite Henri Pourrat&gt;
c'est toute l'âme paysanne de la France, ou au moins celle du
Sud de la Loire, des provinces d'Oc.

NOTES

95

Mais le plus important, dans un livre comme celui-ci, c'est
qu'il tend à résoudre le grand problème actuel de l'art qui est
de retrouver la cqrnmunion de l'artiste et de la foule. Faute de
cette communion, ce que tente l'artiste français depuis cinquante ans, c'est de ravir le lecteur à lui-même en lui découvrant
soit un aspect inconnu du monde, soit le monde extérieur et
intérieur sous un aspect imprévu. D'où la course à l'orioinalité
.
~
et la contramte pour le lecteur de changer de couleur devant
chaque écrivain, de devenir un lecteur-caméléon à l'usage d'écrivains-uniques. D'où par suite l'abîme qui est creusé entre le
créateur et le public, et la vaine recherche du pont qui leur permettrait de se relier. « Civilisation révolutionnaire», préconisent
les uns, cc patriotisme », « christianisme », « unanimisme »,
proposent les autres. Du moins de tous côtés, le problème est-il
posé ; et les meilleurs, dans tous les camps littéraires, se rendent
compte de la nécessité de cet unisson entre l'artiste et la
masse. •
Dans aucun pays peut-être, pareille exigence n'est plus difficile à réaliser que chez nous, où trois siècles de littérature de
cour et de salon ontlaissé tarir, sans y puiser, toutes les sources
d'art populaire. Le romantisme lui-même qui, dans une certaine
mesure, a cherché à « aller au peuple », à retrouver les grandes
émotions unanimes du moyen-âge, au lieu de puiser dans la
tradition orale encore vivante, s'est uniquement inspiré de la
tradition écrite des vieilles chansons de gestes, depuis trop
longtemps refroidies pour qu'il filt possible de les revivifier.
Aujourd'hui, c'est des spectacles urbains, du machinisme, des
dernières découvertes de la science que l'on cherche le plus
souvent à faire jaillir l'étincelle unanime. Il reste à se demander
si des créations trop récentes constituent un matériel artistiq,ue
déjà capable de fournir des émotions collectives, si des soucis
trop actuels peuvent se transposer du terrrin de la politique à
celui de l'art, si, pour devenir matériel artistique, objets, sentiments, idées ne doivent pas d'abord s'être lontemps patinés,
éprouvés au plus secret et au plus inconscient de milliers et de
milliers d'âmes d'où les extrait un jour l'artiste pour leur donner forme et éclat. De quoi a joué un Baudelaire, de quoi un
Dostoïevski sinon des sentiments chrétiens accumulés depuis
dix-neuf siècles ?

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Pour écrire un livre collectif, Henri 'Pomrat · a eu l'idée
.d'utiliser toutes les traditions tle son pays, chaque jour plus
délaissées, mais chaque jour aussi s'alourdissant d'un peu plus
de poésie, - cette poésie qui crée les âges d'or ~ et de
hausser jusqu'•à rart ces traditions. Tout aaturellement, comme
autrefois Rabélais et l'Arioste, il a fixe le coefficient d'ironie
nécessaire à son entreprise et a donné à son réci~ la-forme d'une
épopée héroï-comique. Il a perçu également quel était l'élément
moderne qui devait se substituer à l'élément chevaleresque du
Roland furieux ou du Don Qnicbotte. Cet ëlément que la basse
littérature et le cinéma d'aujourd'hui nous prodiguent, dont ils
nous ont imbibés, c'est l'élément policier.
On ne peut qu'admirer la conception d'Henri Pourrat qui
égale les·plus grandioses de la littérature. Si l'exécution avait
répondu au programmé, les lettres françaises se seraient enrichies d'un authentique Ghef-d'œuvre, puissamment r~présentatif de la race. Gaspard des Montagnes n'est qu'un beau livre.
Pour être un gran.d livre, trois choses lui font défaut ; des
caractères, des passions, un style. Ces personnages traditionnels du folk-lore, il eftt fallu les typifier, en approfondir, en
humaniser quelques-uns, les marquer de traits généraux ineffaçables, noui; donner un Sancho, un Rodomont ou un Panurge.
.les passions àussi sont trop anodines : cela manque d'avarice,
ae luxure, d'âpreté paysanne:Gaspard manque par trop de truculence. Les m€.chants , et les traîtres ne le sont qu'à moitié.
Voyez ce qu'un Shak:espeare a fait d'une simple querelle de
clocher : Roméo et Juliette.
Le style ·enfü1. Sur ce point sans doute, Henri Pourrat n'aura
que des louanges, et depuis longtemps, en effet, on n'avait ren•
contré pareil langage droit et dru, sans cesse savoureux. Mon
reproche, c'est précisément qÙ'il soit trop uniquement savoureux, trop proche du patois cl'Auvefgne où il prend .sa source.
Là encoré,il eût fallu transposer ; généraliser; dialoguer peut-être
dans ce style, mais écr1re les récitatifs et les deseriptions d'une
autre encre. Réfügë éomme Îl l'est, Gaspard des Montagnes reste
trop un plat local, au lieu de se hausser jusqu'à l'épopée paysanne qu'il aurait pu devenir:
Henri Pourrat protestéra qu'il n'a point r.êvé si haut. C'est
tant pis. Il a, dans le charpentage de son œuvre, fait preuve

NOTES

97

d'une si puissante intuition créatrice et -critique qu'on regrette
qu'il n'ait pas dominé et contrôlé sa matière jusqu'au bout.
Son livre, dont il a droit d'être fier, reste &lt;&lt; à intérêt limité ». Il
aurait pu être, suivant une expression de Pourrat lui-même, un
&lt;&lt; livre moniteur ».
BENJAMIN CRÉMJEUX

*

* "'

L'ABBAYE DE TYPHAINES, par le Comte de Gobineau
(Editions de la Nouvelle Revue F1·ançaise).
Il y a quelque agrément à constater que les hommes de
valeur ne peuvent jamais devenir réellement vulgaires, quels
que soient le désir qu'ils en aient et la certitude qu'ils acquiè-rcnt de ne le point demeurer. L'Abbaye de Typhaines fut écrit
pour les lecteurs d'Eugène Süe sans autre désir que de les satisfaire; et l'on peut s'étonner que ce livre, malgré les plus
grandes qualités d'intérêt, n'ait pas procuré à son auteur la fortune qu'il désirait en tirer. Peu de temps avant sa publication,
Eugène Süe fit paraître en livraisons Les Mystêres du Peuple,
&lt;&lt; récit, en 12 volumes, des aventures d'une famille plébéienne à
travers l'histoire&gt;). Gobineau connut certainement ce livre, qui
eut un succès considérable. Comme les Mystêres du peuple,
l'Abbaye de Typhaines exprime la lutte des Celtes vaincus contre
les Francs conquérants. Mais Gobineau n'avait ni la verve
d'Alexandre Dumas ni l'imagination épique, volontiers cruelle
et sadique, d'Eugène Süe. Les lecteurs des cabinets de lecture le
jugèrent ennuyeux..
·
S'il n'y avait dans !'Abbaye de Typbaines que ce qui permet de
rapprocher ce roman de ceux d'Eugène Süe, nous ne pourrions
avoir pour lui que l'intérêt mêlé d'un peu d'ironie que nous
trouvons aux poncifs anciens, et qui est assez semblable à celui
que nous éprouvons devant les magasins des . antiquaires.
Mais alors qu'Eugène Süe, comme tous les romanciers popu•
laires, s'apitoie sur les Celtes, Gobineau les méprise non sans
quelque puérilité. Et le livre devient intéressant à un point
singulier; car Gobineau, dans l'Essn.i ne fera que justifier les sentimwts qu'il montre dans ce roman avec une relative inconscience. Non que les idées principales de l'fasai se trouvent dans
!'Abbaye de Typhaines; il n'y a pas d'idées dans l'Abbaye de
Typhaines., il n'y a que d,es sympathies et-des antipathies. Mais ces
7

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

sympathies et ces antipathies forment une critique presque sentimentale de l'établissement des Communes écrite avec une
rare mauvaise foi. On peut trouver lreaucoup d'agrément
à rencontrer la mauv~ise foi ; car un écrivain ne se livre
jamais si complètement que lorsqu'il l'emploie. Savoir quels
sont les sentiments de Gobineau à l'égard des bourgeois de
la commune de Typhaines, c'est connaître seulement de lui
une attitude provisoire ; le voir ignorer volontairement une
partie de l'histoire pour tle point risquer d'être en contradiction aveceUe, c'est le trouver dans celle qui fut le plus sou~
vent la sienne. Chez les écrivains «. à système,, le point sur lequel
s'exerce la mauvaise foi permet presque toujours. de découvrir
la forme de sensibilité qui est la cause de la formation de leur
système; et qui, plus que Gobineau, s'attacha aux_ systèmes qui
sont des justifications de sensibilité J D'aucuns écrivent pour se
défendre contre eux-ttrêmes ; Gobineau écr•ivit pour trouver
dans son œuvre de nouvelles preuves de la supériorité sur les
autres races d'une race qu'il aimait. Il ne cherchait pas s'il était
raisonnable de croire ce qu'il croyait, mais seulement à réunir
les arguments qui pouvaient faire croire que cela était raisonnable.
J.:Abbaye .fÙ Typbaines le montre dissocié, je dirais presque
dévoilé : plus entêté que tenace, mais surtout énergique. On
pense à Stendhal, avec qui Gobineau eut en commun le goût
de l'énergie et une antipathie extrême de la forme romantique;
car !'Abbaye de Typhaines n'est presque jamais écrite en a: tirades». C'est une Cbartre1tse de Parme inférieure, solide néanmoins, et l'un des rares romans romantiques que nous puissions
lire sa!ls aucun ennui et sans trop d'ironie.

..

.ANDRÉ MALRAUX

** *

LE JEU DE MASSACRE,- par

Tristan Bernard

(Ernest Flammarion).
La collection de petits récits que M. Tristan Bernard a réunis
sous ce titre, n'est pas, à proprement parler, un recueil de
contes. C'est plutôt une série, non de caractères, mais de traits
de caractère, presque tous terminés par une pointe qui les
complète, a peut-être proYoqué leur choix, mais n'est pas rigou-

!./OTES

99

reusement nécessaire. Et ce trait est, tantôt celui qui domine le
caractère, mais qui, invisible à son entourage, guide son action
sans y paraître, et reste dissimulé derrière une explication
logique, mais étrangère et fausse ; tantôt un autre, moins puissant, qui ne marque pas la pers.onnalité, mais réYèle le seul
côté curieux et digne d'intérêt d'un être effacé et commun. Un
moraliste pénétrant, indulgent, non point gai,maisamusé, peint,
à petits coups, sans efforts et sans fatigue (a\·ec trop d'abandon,
bien souvent, dans le style), ces petits portraits, qui ne sont point
des miniatures . Veut-ou connaître la remarque - non point
neuve, mais enrichie de détails iuédits - qui se propose à
l'esprit? Les caractères présentent une suite apparente, et une
autre, à peu près inverse et aussi vigoureuse, ensevelie sous
la première. Que l'apparence soit à la fois logique et trompeuse,
;-oi]à tout le plaisant du monde.
l.OUIS MARTIN-CHAUIT-IBR

*

* *

L'ÉVADÉ DE L'ENFER, par Jean Pellerin (Ferenczi).
Je rencontrai Jean Pellerin pour la dernière fois chez
Bernbeirn, à l'exposition Dufy. Je lui demandai s'il projetait
de faire paraître un recueil de vers. « Oh non ! dit-il, affectant de prendre une note, je prépare un roman ... , pour vivre. n
Ce roman, qui devait faire viwe, sans doute assez mal, un
poète précieux: et charmant, était peut-être !'Evadé de l'Enfer.
Pellerin est m0-rt depuis quelques mois, mais son roman ne
nourrira pas oo mémoire. Il resté heureusement quelques vers
de lui, que ses amis se lisent entre eux, évoquaet .ainsi les
libations rituelles sur les tombes antiques. Ame légère, sois
donc abreuvée de ton propre miel et de tes propres parfums,
comme l'abeille qui sait prévoir l'infructueux hiver, et nous
fait encore profiter de son épargne !
Que dire de !'Evadé de l'Enjer, banale aventure d'étoile de
cinéma ? Il débute assez brillamment, selon les procédés à
la mode chez les petits maîtres du roman contemporain ; il
ennuie bientôt et ne se laisse plus lire dès la seconde partie.
Pellerin, du moins, n'y montre pas les ridicules prétentions
de quelques-uns qui se réclam~nt de Balzac pour nous iutéresser
.aux intrigues prosaïques de commis en goguette, de gens

�IOO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'.office et de figurantes de revues. Comme il s'était résigné
à vivre, il prit le parti de copier leur style, et peut-être mème
Fa-t-il parodié dans ce qu'il a de « bien parisien ", c'est-à-dire
d'artificiel et d'argotique. Il aurait mieux fait de vendre sa
plume à quelque parvenu du feuilleton, ou de s'abriter sousun pseudonyme. Mais les Muses l'ont rappelé à elles, pour
qu'il ne devînt pas glorieux par nécessité chez les Piérides,,
autrement dit les putains et les couturières.
FERNAND FLEURET

CEUX QUI REVIENNENT, par Marie Gevm (La
Renaissance d'Occident, Bruxelles).
Le personnage qui fait l'unité de ces souvenirs d'enfance,,
ce n'est pas le conteur lui-même, c'est une · vieille maison
1lamande, hantée par toute sorte de fantômes. Point de récit
à proprement parler, mais l'évocation d'une atmosphère fami-·
liale, toute chargée de la présence des revenants et des disparus. Comme jadis Til Ulespiègle, l'âme du brigand Guldentop, mort il. y a cent ans, joue de mauvais tours aux Yivantset s'·a muse à épouvanter les servantes. Plus tard cette fantasmagorie ehfarrtine est remplacée par une autrè, celle
gu'introduis'e nt dans la maison des oncles et des tantes pleins,
de fantaisie, en qui le spiritisme a trouvé des adeptes fer:vents. Ces originaux, ces cbarrn~1ts maniaques sont dessinés ,de quelques traits sobres et justes. La langue de ce:
!ivre est ferme, bien en chair, dans la meilleure tradition.
flamande.
JEAN SCHLl)MBERGER

* **
VERS L'OUEST par Constantin Weyer (Renaissance du..
Livre).
Pourquoi ce récit d'aventures et de vie canadiennes n'a-t-il
pa5 eu l'éclatant succès des romans de Pierre Benoît et de Maria
Cbapdela'Ïne ? Il le méritait, comme il mérite par sa probitér
s1 sincérité, sa verdeur et son humour, l'estime des lettrés.
BENJAMIN CR,ÉMIEU)(..

NOTES

IOI .

LETTRES ÉTRANGÈRES

LES REVUES JEUNES EN ALLEMAGNE.
Le mouvement qui amena en Allemagne la publication de
revues nouvelles, jeunes d'esprit, remonte à 1911. Sous le nom
.d'expressionnisme, qui est vague, que l'on a donné à mille manifestations diverses, se faisaient jour des tendances qui ne laissent pourtant pas d'avoir un caractère commun et précis : sans
,être fixés sur ce qu'ils apporteraient de positif, de jeunes écrivains, spontanément, réagissaient contre l'impressionnisme.
~ue ~elui-ci !'f't d_e la peinture ou de la littérature, qu'il s'appefat " unpress10nmsme physiologique " avec les naturalistes., ou.
~&lt; im~ressionnisme psychologique " avec les néo-romantiques,
ils lUJ reprochaient la passivité où il tient l'individu, livré sans
-défense aux sollicitations du monde extérieur, incapable de
résister à s&lt;:1s suggestions. Ils se promettaient d'être à leur tour'
.actifs. Le nom d' « activistes " que quelques-uns se sont dohnés
depuis a pris un sens politique. A l'origin,e il ne faisait que
répondre à une disposition générale de l'esprit, à une motoi-ische
Ge_si~nung, une sorte de dynamisme poussant l'être à partir de
-soi, a aller du dedans au dehors, à s'extravaser dans le monde
extérieur- sinon encore à lui imprimer sa marque - au lieu
d~ se laisser envahir et marquer par lui. L'impulsivité germa111que reparaissait selon le rythme qui dispose l' Allemand à agir
avec d'autant plus de violence que la contrainte qu'il vient de
subir a été plus prolongée.
Der Sturm, die Aktion, tels sont les titres .:aractéristiques de
-deux revues qui furent fondées à cette ~poque-là, et natureHement à Berlin, la capitale politique étant dès lors aussi sans
-contesté le centre intellectuel. Aujourd'hui Sturm et Aktioii
s'.opposent. La première de ces revues, hostile à ce qui est poli~
tique, a surtout souci d'art ; l_a peinture, la sculpture, Marc
Chagall, Fernand Léger, Archipenko, et ses expositions permanentes occupent autant Herwarth Walden que la littérature
le théâtr~ expressionniste, pour lequel.August Stramm, mert
a la guerre, avait fait de remarquables tentatives. Die Aktion sous
la direction de Franz Pfemiert a au contraite délibérément'
~ntrepris de coopérer à une transformation de la condition politique et sociale des Allemands: l'œm re littéraire d'un Stérnheim

?u

�102

LA NOUŒLLE REVUE FRA.."-,ÇAJSE

a exercé ici_ une influence parallèle à celle d'une Rosa Luxcm bourg

et d'un L-iebknecht, et préparé une atmosphère de révolution.
On en peut dire autant de la revue mensue1le Das Forum,
fondée en avril 19r4. Il y avait du mérite à ,ouloir alm:s créer
en Allemagne un courant qui, encore que puremer1t intellectuel, -s'annonçait nettement révolutionnaire. Le mânifeste contre
la guerre que son directeur Wilhelm "Herzog publia dans le
numéro d'avril 19u amena l'interventiQn dt: la censure ; celle-ci
fit passer l'article au pilon et après des tracasseries sans nombre
la police fi.nit par interdire en septembre r9i 5 la publi-cation de
la revue, qui n'a repris qu'au moment de l'armistice (chez Gustav
Kiepenheuer, Postdam), sous l'insp.iratio.o de Romain Rolland,
dont elle vient de publier le Dan/on. Wilhelm Herzog, qui
dirige en même temps le quotidien die Republik, et ses collaborateurs, Latzko, Leonhard Frank, v1sent autant qu'à la défaite des
forces conservatrices, à une régénération intérieure de l'homU1e
- Ja transformation intellectuelle et ·morale étant condition
d'une amélioration sociale et politique.
Même orientation, avec une prédominance de la note littéraire, dans die Weissen Blat ter fondées en I~:H3 et éditées par
Paul Cassirer. C'est de S1.üsse où il s'e-st installé-, que l'Alsacien
René Schick.ele dirige ces feuilles où le plus large accueil a été
fait aux jeunes talents. Grâce • l'intelligente impulsion e
Schickele nombre d'œu'tres dont l'au&lt;lace esthétique ou politique eût effrayé les éditeurs ordinaires ont pu paraître pendant
la guerre dans die Weissm Blatte1·, et l'éclectisme de Schickele
pennet que les articles de Kasimir Edscbmid, théoricien passion né de l'expressionnisme, et romancier d'un dionysisme
éruptif, y voisinent avec ceux du comte Kessler, représentant de
J'aristocratrsme, et inteBectuel d'une inspiration contenue à la
fran~i e.
De telles revues dès le premier jour s'ùpposaient nettement
non seulement aux organes sclér-otiques comme la Deutsche
Rundschatt, mais à ceux &lt;JUi, comme die Tat et d'3r Kunstwart,
sous une apparence. de nouveauté, et malgré un effort de- oc cultlilte » demeuré st1.perfidel, n'on,t guère fait que s'intégrer au
Reich, et vivre selon le rythme de son organisation mécanique.
Les oc expressionnistes ~ eux naissaient en opposition au milieu,
à un état de-choses dont on pritendait qu'il déterniinernit leur

NOTES

état d'âme. Leur révolte était l'eirplosfon d'une force interne
cherchant à briser le moule allemand. Leur inspiration, celle
.de la Gotierdammermtg, une sorte d'ivresse extatique qui revient
périodiquement en Allemagne et pour un jour fait succéder à
l'engourdissement des longues servitudes d'apocalyptiques
réveils : frénésie, joje et fureur m~ées, impatient besoin de
détruire, d'être enfin libre, d'oublier pour recommencer selon
de nouvelles données.
Ma:is ces extases sans objet défi.ni ne durent guère, et si la
guerre, puis la révolution purent un temps les alimenter, maintenant elles laissent une sensation de vide. Depuis deux ans la
fin de l'exprcssfomnî:sme est am10ncée par des esprits clairTnyants, un Rudolf Kayser, un \Vilhelm Hausenstein, qui prévoient, qui dés.irent une réaction intellectualiste. Après une
révolution d'abmd sentimentale, une criùqire qui ne sortait
guère de Ja négation-, l'intelligence tend à se débrouiller et à
faire œuvre positive. Lyrisme et scepticisme sont insuffisants.
La seule voie de salut, pense Keyserling, c'est que la critique
portée à sa plus haute puissance se mette au service de la vie,
qu'elle travaille à lui rendre une forme d'ensemble. Et l'effort
du fondateur de J: École de sag.esse de Darm tadt est surtout intéressant en ce qu'il tend à triompher du dair obscur où se complaît l.a pensée allemande, à échapper '311 danger de l'inexprimé,
de l'inavoué, à conquérir de nouveaux domaines à la conscience
et à y répandre une implacable lumière.
Cest d..ins ce sens que vont les efforts de l'importante revue
fondée à Munich en ~16 : der Neue Merkur. On y expérimente, et sous la double direction d'Efraîm F,isch et de
Wilhelm Hausenstein, des lueurs commencent à y poindre qui
éclairent le chaos. La vertu des eirplosions révolutionnaires
n'est point niée ; mais .au 1ieu de s'attarder dans la griserie
qu'elles donnent, il faut mettre à profit la liberté rendue et
reconstruire. Les derniers venus venleut retrouver une tradition , sans retomber dans les cristallisations anciennes. Le présent en ce qu'il a d'élaboré, voüàJe point où se doit saisir la
tradition. Une tradition n'est point chose définitive, arrêtée,
morte ; elle est de la vie, elle aus.si. Représentant dans l'évolution générale l'élément de continuité, elle 11'en participe pas
moins de cette évolution. Elle n'est que le pouvoir de vivante

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

liaison dans une synthèse chaque jour à refaire, parce que chaque
exploration de l'espace et du temps y apporte des éléments
neufs. L'œuvre de connaissance, qui importe d'abord, suppose
une investigation universelle et un incessant e1fort de lïntelli-·
gence.
Constante métamorphose, c'est aussi la formuk de la Neue
Rundschau. Fondée sous le nom de Freie Bühne en· 1:889, alors
que l'esprit« mode;rne » fêtait à Berlin ses premiers triomphes,
elle n'a sans doute jamais précédé les changements, ni à propre
ment parler créé de courants. Mais avec une remarquable souplesse elle a suivi dès leur formation ceux qui se dessinaiêilt
avec vigueur. Si bien qu'après trente ans, elle gard·e sa fraîcheur.
Ailleurs on eJ:périmente comme en un laboratoire. Ici sont
accueillies les expériences qui ont déjà réussi ou qui au moins
promettent de réussir. Et l'on peut considérer qu'il n'est pas
mauvais qu'à côté de revues qui combattent selon un programme,
il s'en trouve une pour accue:illir les manifestations diverses
comme en une sorte d'anthologie.
Un tel choix est d'autant plus précieux que l'activité d'esprit
des Allemands, comme cela se passe aux époques de crise, est
"aujourd'hui foncièrement anarchique. A côté des courants
caractéristiques de l'ère impériale, d'un déterminisme, d'un
nationalisme qui persistent, qui demeurent absolus, que les circonstances exaspèrent encore, il ,est une vie intérieure que la
révolution a libérée, que la misère sure'Xcite. Elle continue de
croître en intensité, elle cherche à s'exprimer en termes d'une
incroyable exaltation, elle déborde, incohérente, contradictoire,
élans mille feuilles nouve1les souvent éphémères. Genùis,
Dicl~lung, das Riff, das Tagebuch, die Bücherkiste, s'ajoutant à die

Zuku1ifl, die Weltbii.hne, S01,_ialistische Monatsbefte, das literarische
Echo, der Zwiebelfisch, das lnselschijj; que d'autres encore il faudrait citer pêle-mêle, pour donner l'idée d'une « neue Gesinnung » se faisant jour à travers le passé démoli.
Le« nouvel esprit» dont)l s'agit, n'anticipons pas en essayant
ici de le définir. Pourtant il faut remarquer combien l'Allemagne
in.tellecruelle est perméable. Elle le fut toujours. Même son
&lt;' organisation » d'hier ne lui avait pas entièrement ôté ce caractère. Il a néanmoins fallu la grande secousse pour désagréger
les pierres du monument qu'elle se dressait à elle-même et qui

NOTES

menaçait de l'étouffer. Aujourd' hui qu'elle recommence s011
éternel travail d'endosmose, quelle part sera rendue à l'influence
française ? ·
Bien petite à en croire certains. Le retentissant article de
Curtius dans der Neue Merkur sur les relations intellectuelles de
la France et de l'Allemagne, ne fait que traduire la conviction
de plus en plus vive che,; les intellecruels allemands qu'ils n'ont
plus rien à espérer de la France - une France qu'on leur
représente sous un jour assez faux - ni même grand' chose à
désirer d'elle. Dans la région du Rhin, dit Alfred Weber dans la
Nette Rundscbau, un ablme s'est creusé entre la France et nous.
Et tous de tourner le dos, de s'orienter vers l'Est, vers la Russie,
l'Inde, la Chine.
Qu'il y ait pour l'Allemagne un réel intérêt à ce geste, nous
n'y contredirons pas. Il est d'ordre économique d'abord. Outre
l'abîme du Rhin il y a le mur du change. Et puis il est trop
naturel que l' Allemand porté à la métaphysique, avide de se
faire une Weltanschauung, une image du monde, en cherche les
éléments dans l'univers entier et que la tentatiYe de « mécanisation » dont il fut l'objet l'ayant laissé meurtri, il trouve -par co-ntraste une extrême douceur à partager les extases d'un Tagore.
Entre le panthéisme hindou et le panthéisme- germanique il y a
une parenté. Néanmoins ni l'engouement pour les visions
d'Extrême-Orient, ni l'indifférence pour la pensée française ne
sauraient être durables'· L'Ailemand qui toujours se cherche et
jamais ne se découvre sentira le danger, sans cesse menaçant
pour lui, de se perdre dans l'illimité. Les conceptions françaises
avec ce qu'elles ont de fini, d'arrêté, lui sont comme le nécessaire at)tidote à sa musique. La place faite dans les livres et les
revues aux choses de France témoigne assez d\m besoin pro fond. Encore que ce besoin se donne surtout libre cours dans
-des revues où l'art .se mêle à la littérature, comme die Freude ou
das Feuer, encore qu'y soient suivies surtout les manifestations
1. Depuis que ces lignes sont écrites, der Neue Merkur a pub Hé deux
articles dont la juxtaposition est suggestive : l'un de Thomas Mann où
les relations intellectuelles de la France et de l'Allemagne sont envisagées avec le souci du germanisme pur, l'autre de Burschell, . disant
comme il faut sourire des déclarations d'indifférence à l'éga(d de l'intellectualité française.

�106

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE-

les plus hardies de la peinture française, de Oerain à Marie
Laurencin, les Allemands réfléchis savent bien que la France
continue de travailler pour sa part à un renouvellement spirituel
dont ils guettent les signes avec impatience, une impatience
qui les empêche ·parfois de discerner la vérité sous les apparences .
FÉLIX BERT.AlJ;X
*

* *

MOUNT ERYX, AND OTHER DIVERSIONS OF
TRAVEL, par Henry Festing Jones (Londres, Jonathan
Cape, r I Gorver Street,

192r ).

Les lecteurs de 1a N. R. F. connaissent Henry Festing Jones
comme le biographe, l'ami, l'exécut-eur testam_e ntaire et l'éditeur de Samuel Butler. Et il est certain ep effet que· son œuvre
la plus iœportante e.st Samuel Butle1·, a Memoir, deux gros
volumes publiés à la fin de 1919 chez MacmiJlan. Avec cet
ouvrage, qui rep,résente dix ans de recherches, d'as~emblage
et de classification ,d~ documents, dix ans dé travaux d'érudition auxquels l'écrivain a survécu victorieusement, H. F. Jones s'est classé p.armi les grands biographes de la Littér,a,t;ure
anglaise. Il y a quelque temps, ·au début d'une conférence
que H. F. Jones. donnait à Londres, G. B. Shaw, en Je présent.int (suivant l'usage anglais) à l'auditoire, dit à peu près
ceci : « H enry Festing Jones est pour Samuel Butler ce que
Platon et BosweU sont pour Socrate et pour Johnson. Je ne
sais pas jusqu'à q'llel point Platon n'a paes inv_enté Socrate, et je
ne .suis .pas du tout certain que Boswell n'ait pas iuve1.1téJ ohnson.
Il n'en est pas de même your Jones et Butler, er pendant
quelque temps j'ai plutôt cru qu~ Butler aYait inventé JonesMais maintenant je sais que t'un et l'àutre existent. » En
s'exprimant ainsi G. B-, Shaw songeait non seulement aux
qu~lités littéraire$, et à l'originalité de Samuel Butler, a Memoù·, mais à toute l'œuvre personnelle de H. F. Jones : à
Diverswns in Sicily ( 1909), à Castellinaria, alld other Sicilian
diversi'Ons ( 19 u) et ;ru livre r-écent dont le titre figure en
tête de cette note. Avec ces trois ouvrages H.. F. Jones prend
un rang élevé parmi les auteurs de .ce__ que lE!s catalogues anglais appellent « Livres de Voyages ». Tou_s ont pour sujet

NOTES

principal les impressions, les e~péJiences et les observations
de l'auteur au cours de ses nombreui. et longs séjours en
Sicile. Au point de vue littéraire ils se rattachent dire&lt;:!tement
à cet autre grand « Livre de voyages 1l : Les Alpes et les Sanctuaires du Piémont et du Tessin de Samuel-Butler. Bien qu?écrits
après la mort de Butler, on y sent très souvent la présence
invisible de l'auteur d'Erewhon : quelque anecdote sur lui,.
une conversation avec des gens qui l'ont connu, et ce qu'il
aurait dit en telle ou telle circonstance, viennent nous le
rappeler . Mais sa grande ombre est discrète et s'efface volontiers pour laisser le champ libre à l'ami qui lui survit .
Sans doute l'esprit de H. F. Jones _reflète et continue l'esprit
1:mtlérien, mais d'autre part H. F. Jones écrivain est plus.
observateur du détail, plus peintre, et à la fois plus superficiel
et plus attentif que Butler. Avec tous les personnages, les.
incidents, les traits de mœurs qu'il y a dans ces trois livres,
H . F. Jones avait la matière de plusieurs n.ouvelles et d'un
roman de mœurs siciliennes . Il a préféré donner à cette
matière la forme la plus facile et la plus modeste : la note
et le journal de voyage. Ce qui n'empêche pas ses personnages
d'être bien vivants~ et bien à lui, et aussi familiers au lecteur
que s'il les connaissait. On les voit, on les · suit à travers
quinze ou vingt étés de Sicile, on -S'intéresse aux événements.
de leur vie privée, aux déch, aux mariages, aux naissances ;
on voit grandir 1-e.s enfants. Grâce à l'institution sicilienne~
- et:tcore en pleine vigueur - du « parrainage ll, et grâceà laquelle le « compare ,), l'homme qui a été le témoin au.
mariagè ou le parrain au baptême devient membre de la
fan1ille du mari ou du père, - Henry Festing Jones se trouve'
en fait apparenté, aussi réeHement que _par les liens du sang,
à plusietars familles -de la bourgeoisie de plusi&lt;;urs grandes
villes de Sicile. (Cette institution est probablement une survivance des mœurs grecques : Achille était, en somme, le
C()mpare de Patrocle.) Ces notes ~t ces fragments de journal
ne sont donc pas des impressions de touriste, mais des fragments de 1-a vie d'un habitué du pays, d'un homme qui a
vécu de la vie du pays, d'un Anglais qui a fini par devenir
quelque peu sicilien. Aussi n'y trouve-t-on p.as, ou presque
pas, -- surtout dans les deux -derniers.., de traces - je dirais

�NOTES

108

LA NOUVELLE REVUE FllANÇAISR

« d'insularité » mais la Sicile au~~i est une ile -

de traces
de cet esprit ùc dénigrement qu'on trouve trop souvent dans
les livres écrits par des étrangers sur des pa •s dont les mœurs
et coutumes diffèrent notablement des mœurs et coutumes
du pays dont ils sont originaires. Et en lisant ces pages
pleines du soleil méditerranéen, je me peins la haute stature
&lt;le Henry Festing Jones, - cet homme de soixante-dix ans
dont personne ne songerait à dire : « ce vieillard » - se
&lt;lressant entre Santuzza et Turiddu et penchant vers leurs
figures brunes le visage graYement amusé et le sourire indulgent du disciple d'Epicure et de l'ami de Butler, - d'un
homme qui en a vu bien d'autres.
VALERY LA RB AUD

*

EN MARGE DES MARÉES, par joseph Conrad. Traduction de Georges Jean-Aubry (Editions de la Nouvelle Rerne
Française).
Sauf l'Auberge dl!S Deux Sorcières qui est un véritable conte
dont l'action nalt, se développe et se résout en trois jours, les
autres récits contenus dans ce recueil sont d'authentiques petits
rnmans dont l'action s'étend sur des mois et qui mettent en
scène un grand nombre de personnages.
L'aventure, comme toujours chez Conrad, pour extraordinaire qu'elle finisse par devenir, se fraie d'abord péniblement et
lentement son chemin, à coups de hasards et de passions, à
travers la vie de chaque jour. Jamais les héros ne l'acceptent
1ivec la docilité mécanique des créatures de Pierre Benoit ou
même de Stevenson. lis résistent, louvoient, tentent des compromis avant de céder. L'aventure sort de là d'autant plus
imprévue et marche d'une allure d'autant plus saccadée que
les personnages de Conrad ont une vie psychologique et
morale plus riche.
Tantôt l'imprévu nalt de ce que leurs actes ne peuvent être
prédits d'avance, la complexité même de leurs caractères ren-0ant aussi probables une décision de leur part que la décision
inverse. De sorte que l'intérêt et l'émotion se ravi vent à l'approche de chaque tournant du récit. C'est ici le cas pour le
Pla11teur de Mala/a et un peu aussi pour A cause des dollars.

Tantôt au contraire c'est la logique des caractères qui fait
dévier la réalité, la gonfle d'éléments nouveaux, la complique,
l'encheyêtre, la tord, la culbute et la transforme enfin en une
fiction fabuleuse - cauchemar ou féerie - toute chargée
d'humanité. C'est ici le cas pour la fin de !'Associé.
De tous les conteurs d'aventures, Conrad est le seul à ne pas
bâtir des constructions en ciment armé, quitte à en humaniser
ensuite la façade, mais à lancer des bateaux un peu ivres sur la
mer mouvante des âmes humaines. li est Je seul aussi à susciter
une inquiétude qui ne soit tarée d'aucune névrose, une inquiétude d'homme normal.
Sous chaque récit, il dépose un grand problème social ou
indiYiduel qui ennoblit et approfondit le sens de l'aventure.
Dans la Folie Altmayer, c'était le conflit des races la question,
du métis qu'il posait. Dans le Pla11/imr de Malata, il oppose un
~tre qui symbolise la perfection de la vie individuelle, dégagée
de toutes les entraves sociales à un autre être qui -symbolise la.
perfection de la vie sociale, n noue le drame du conformisme
et du non-conformisme.
Conrad a réussi à réaliser cc qui est, je crois bien, le rêve de
beaucoup de romanciers français qui n'ont pas dépassé la quarantaine : un roman à la fois d'aventures, psychologique
et social. Son influence ne tardera plus beaucoup à se manifester dans notre littérature.
BENJAMIN CRÉllllEUX

*

* *
LE DUEL, par Alexandre Kouprine, traduit du russe
par He11ri Mongaull (Bossard).
Altxaodre Kouprine est ce qu'on a coutume d'appeler un
réaliste : il décrit fidèlement la vie, telle qu'elle se déroule
devant ses yeux, telle qu'il la saisit, sans y introduire grand'
chose de son propre food. C'est un ·art sincère, probe et suffisamment exact, si l'on s'en tient à l'apparence des choses ~
Kouprine n'est pas un découYTeur ; il n'est pas de ceux qui
nous font apparaître la réalité sous un aspect nouveau, inattendu ; sa vision n'est pas exceptionnellement aiguë ; rien de
très personnel, de spécifique dans sa façon d'envisager et de
traduire les choses. Mais c'est un bon peintre de mœurs, un

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

110

-0bservateur habile et attentif qui a étudié de près les différents
milieux qu'il décrit. Auteur de nombrèux récits et nouvelles
et de deax romans, dont ce Duel que vient de faire paraître
Bossard, Kouprine connut én Ru~ie un succès rapide, et fut
après la mort de Tchekhov considéré comme un ~es ~hefs de
l'école réaliste. Son écriture pourtant est tout aussi éloignée de
}'admirable transparence de Tchekhov que de la p~issan~e
concentrée de Bounine : é'est un art riche, expressif, mais
.quelque peu lourd ; un bon métier, c~sciencie_~x? toujours
égal et qui nè nous réserve aucune surpnse. Le met1er de cer1ains maîtres hollandais.
Le Duel est une étude dé mœurs militaires. Cette peinture
triste et cruelle, une-des meilleutes œuvres de Kouprine, pro•
voqua à son apparition, en 1-904 ( on était alors· en ?uerre a:'ec
le Japon) de violentes attaques contre l'auteur. ancien officier,
&lt;JU'on accusa naturellement d'antipatriotisme. Les événements
.qui suivirent, la grande guerre, la. décompositio~ ~e ~'armé_e
russe la o-uerre civile surtout tém01gnèrent que 1 écnvam avait
,
b
d d'
-vu juste et posé le doigt sur la plaie. On compren . . a~tant
moins donc la « postface » que !'écrivain a cru devoir 1omdre
à l'édition française et où il essaye de s'excuser d'avoir quelque
peu« brutalement» découvert les maladies dont souffrait l'année
russe. De tels «,mea culpa» ne sont pas uhe des conséquences
les moins curieuses de notre révolution.
La traduction de B. Mongault est correcte et agréable .
BORIS DE SCHLŒZER

*
* *
MÉGHADOUTA (LE NUAGE
KALIDASA, traduit par

MESSAGER)

DE

Marcelle Lalou ( au Sans Pareil).

D'où. vie1;s-tu, beau nuage,
Emporté
l~ vent ?
Viens-tu de cette plage
Que je ple1we souvent?

par

Comme l"auteur de la vieillotte romance française, Kalidasa,
dans son MabâkâvJam, prend pour messager de tendres~e, pour
confident de sa nosf-alaie un nuage, que le vent propice conduira vers le séjour de Aimée. Cest pour le poète l'occasion de

l'

NOTES

Ilf

décrire en termes prestigieux les splendeurs de l'Inde ; et ses
-compatriotes ne se demandent guère si l'âme de Kalidasa a paré
de ses grâces ce tableau de la patrie; ou si le charme de cette
dernière a inspiré la célèbre élégie.
Cette nouvelle traduction, œuvre de sanscritiste, n'est pas moins
une œuvre d'art. En comparaison, la niaise élégance de Fauche
(ŒU"111·es complètes deKalidasa, 1859) sera jugée pédante et compassée, pudique et déclamatoire. Ici l'effort le plus original a
été tenté pour compléter l'exactitude littérale par une graphie
désireuse de se montrer aussi expr-essive que peut l'être une dic-tion intelligente. Juxtaposition, groupement, subsomption,
parallélisme, symétrie des développements apparaissent aux
yeux pour parvenir plus sûrement à l'intellect: les aniculations
de la pensée se traduisent par les arabesques de l'écriture. Un
mot 5e détache devant le lecteur comme si quelque diseur expert
lui faisait un sort. Ce n'est point là simple gageure, risquée
pour surmonter la distinction des genres : il faut y reconnaître
le résultat d'une étude très serrée de ce que nous appellerions
la logique des iniages chez Kalidasa. La psychologie comparée,
non moins que l'orientalisme, gagnerait par l'extension d'un tel
procédé à la traduction des œuvres poétiques:
P. MASSON-OURSEL

LES ARTS
LES DERNIÈRES RÉTROSPECTIVES.
Les amateurs de rétrospectives auront été gâtés, ces derniers
mois ; après celle qu'organisa « Style », où l'on pouvait admirer
&lt;le belles baigneuses de Cézanne et un Courbet d'inspiration
« très xvrne siècle » - le naturalisme a de ces retours - il
Y eut Cent ans de peinture française, rue de la Ville Lévêque,
Les grands maîtres du XIX• siècle, chez Paul Rosenberg, et
l'e1tposition Re1toir, chez Barbazanges. MM. Kœchlin et J.
E. Blanche, qui organisèrent la seconde de ces manifestations
-eurent la bonté de me demander quelque aide, et il me fut
permis d'y introduire - trop pauvrement à mon gré - les
œuvres de quelques représentants des différentes tendances
&lt;Ju'i s'affrontent actuellement. On a parlé d'une association
d'int~réts communs, à propos de cette organisation ; il eût été
plus Juste de faire allusion à un duel, des plus courtois, certes,

�112

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISH

mais qui ne manqua pas, par moments, de vivacité . Une de&amp;
idées chères à celui de mes adversaires qui, pour être le plus
cultivé et le plus aimable, n'en est pas moins le plus vigilant,
est la suivante : la plupart des recherches qui caractérisent les
écoles modernes virent le jour pour la première fois dans les
ateliers des peintres qui illustrèrent jadis le Salon de la Nationale. Des œuvres de Cottet, Aman-Jean, Lucien Simon,
Besnard, Helleu, qui figuraient à cette exposition devaient,
comparées à celles de Derain, Rouault, Segonz_ac, Dufresne,
Moreau, de la Fresnaye, démontrer non pas le peu de talent
de ces derniers peintres, mais bien que leurs inventions ne
furent que le prolongement de celles de leurs aînés. Il n'était
point besoin d'analyser longuement les œuvres en question
pour acquérir la prem·e que la jeune peinture, qui va de ce
que André Salmon appelle « le naturalisme organisé » jusqu'au
cubisme intégral, est l'ceuvre d'une génération dont les plus
âgés ont à peine atteint la quarantaine. La génération précédente, qui révolutionna les Salons officiels, n'opéra ce mouvement qu'en se permettant des libertés, qui parurent scandaleuses dans ce milieu. Or, les jeunes peintres que M. J. E.
Blanche - peut-être aYeuglé par la camaraderie veut
comparer à ses amis, ne scandalisèrent, plus récemment, qu'en
adoptant des discipliues. C'est donc pour des motifs nettement
opposés que réalistes d'hier et d'aujourd'hui suscitèrent l'étonnement. Les camarades de l\L J. E. Blanche ne libérèrent leur
touche de la précision académique que grâce à une interprétation incomplète de l' impressionnisme, des évasions duquel
ils profitèrent sans en assumer les joyeuses servitudes. Leurs
soucis, littéraires et sentimentaux plutôt que techniques, sont
aux antipodes à la fois de ceux de Renoir et de ceux de Cézanne,
animateurs et guides de la jeunesse.
A côté des molles suggestions picturales d'Aman-Jean et
consorts, il était extrêrntment intéressant de regarder le
Portrait de 111a mere par Gerœx. Ce tableau, peint d'une touche
précise et respectueuse, et dans des rapports de tons simples,
e t justes, prouvait surabondamment que l'exercice d'un métier
traditionnel peut produire des œuvres fort estimables. La Jeune
fille accoudée, de J. E. Blanche, autre toile d'un métier appuyé et
modeste montrait également par quels moyens eussent pu se

NOTES

If3

sauver de la déchéance bien des artistes faussement réYolutionnaires. Ne devoir son émancipation de l'Ecole qu'aux seuls
élans de son cœur est un faux calcul ; il est préférable de la
demander à des spéculations plastiques, dont la rigueur serait
tempérée d'nba11do11s surveillés.
Le clou de « Cent ans ... » fut la confrontation Corot-Rousseau (le douanier). On crut à un jeu, à un paradoxe amusant.
Rien de plus normal, cependant. que la juxtaposition des deux
œuvres 1 • En Corot et en Rousseau, en effet, nous pouvons contempler les deux derniers peintres 11alureis de l'époque moderne .
Personne ne contestera que, sauf chez quelques primaires dont
il ne peut être question ici, la ve rtu d'innocence a complètement disparu chez les artistes d'aujourd'hui. Quel peintre, quel
littérateur placés devant un spectacle, pem•ent se vanter de
l'absorber dans son intégrité émotive ? . ' ous tous, à des degrés
différents, Youés aux tourments de la cruelle et merveilleuse
lucidité, nous ne pouYons plus aller droit à l'objet et le découvrir dans sa nudité foncière ; nous en sommes détournés par
mille s0uvenirs secrets qui conditionnent notre perception et
en altèrent la fraîcheur et la sincérité. Le douanier, mieux
encore que Corot, si simple cepe ndant, laissa pousser son âme
d'ua seul jet, comme une plante sauvage, inaccessible aux
« boutures », si j'ose dire, et autres artifices d'un jardinao-e
.
•
b
artistique trop savant et trop compliqué. Il bénéficia de ce rare
privilège : il put regarder la réalité en face, dans sa perpétuelle
naissance, sans introduire entre elle et lui le souvenir d'aucune
œuvre d'art, ancienne ou moderne - comme nous le faisons
tous, prisonniers que nous sommes de l':idmiration ou de
l'émulation.
Le public, plus encore que les artistes, prisonnier des formes
conventionnelles, ne pouvait pas ne pas se révolter devant les
proportions inusitées par quoi s'exprimait l'émotion de Rousseau : habitué aux perspectives académiques ( que seuls Ingres
et Cézanne bousculèrent un peu) et à ce véritable nivellement
des valeurs qui satisfait la sensibilité médiocre, il fut indigué
1

r • Ce principe eût pu être générali é, en \"Ue de conclusions différentes, et aboutir, par exemple, au voisinage Matisse-Monet ; Br:iqueSeurat, etc. Mais le temps et surtout &lt;&lt; l'unité de nies " firent défaut
pour mener à bien ce te tâche délie.1re
8

�114

LA NOUVELLE REVUE FltANÇA ISE

par ce lyrisme nouveau, par ce jaillissement sur la toile, de
formes expo~ées dans toute leur crudité native . Car c'est -bien
cette sincérité scandaleuse, ce lyrisme naïf, cet étonnement
continu, qui différencient !e douanier de Corot. Ce dernier vit
et travaille dans un état de sérénité bonhomme ; il jette un
regard indulgent sur toutes les choses humbles; il peint l'église
et le caillou avec le mJme soin ému et avec un renoncement
admirable aux faciles effets.
Mais Rousseau vit dans le ravissement le pJus enfantin qui
ait soulévé une âme humaine; on se le_figure faisant ses confidences aux oiseaux, communiant avec la nature entière- non
qu'il s'y mélange à la façon de Cézanne, empli d'une inspiration uniquement picturale, indifférent au caractère particulier
de -chaque objet - mais au contmire d'une façon méticuleuse,
restituant à la feuille et à la fleur qui arrêtent son regard l'importance féerique qu•elJes revêtent au moment où il les perçoit.
Qu'ils représentent les rives de la Seine ou les entrailles d'un
Mexique à la fois réel et fantastique, ses paysages prodigieux
exercent sur nous une fascination inoubliable ; la majesté et la
gentillesse s'y marient ineffablement ; ils nous font revivre
comme nulle- autre oeuvre, les délicieuses angoisses d'une
enfance aux surprises, aux terreurs et aux ravissements hélas !
imgossib1es à retrouver. Les qualités purement picturales de son
oeuvre apparaissent avec assez de netteté pour qu'il ne soit pas
nécessaire d'en souligner ici les considérables mérites. Seuls
des yeux aveuglés par la plus académique des routines peuvent
demeurer insensibles à la rareté de ces tonalités, à l'ingéniosité
de ces rnpports de dimensions, à l'exceptionnelle intelligence
de ces c&lt; mesures)) qui en dépit parfois de quelque gaucherie,
offrent un support technique des plus solides à la poésie la
moins recherchée la moins « artiste )) qui ait existé en France
depuis Foucquet, peintre inég~lable du surnaturel.
Il ne peut être question, cependant, de considérer Rousseau
COJTime un «Maître,), dispensateur de conseils. On ne peut que
constater le miracle qu'il incarne, miracle qu'il serait de la plus
folle témérité d'essayer de renouveler. Chercher comme Rousseau à faire fange serait le meilleur moyen de faire la bête,
sans bénéfice possible. Cézanne, le plus torturé des hommes,
est bien plus près de nous ; iI nous enseigne l'art de rendre

II5

NOTES

féconde notrdnévitahle inquiétude. Que. si nous éprouvons parfois le besoio de rrous désaltérer à une source fraîche, le bon
Corot est là, artisan d'une victoire extraoràinaire : celle de la
candeur sur la culture nécessaire mais déformante.
La réplique à « Cent_ ans de peinture » qu'organisa M. .
Paul Rosenberg ne fut pas moins brillante que l'exposition
précédente. On peut dire qu'elle avait.plus de tenue. Si elle
ne 1:évéla. pas au- public des œu.wes au5:si extraordinaires que
la Fabrique et J'.Algérienne de Corot et les grandes baigneuses de Reno.ir ( qui euss_ent pu étre de Ingres), elle présenta Cézanne plus complètement e.t Courbet plus décemment.
Courh,et pein1re magnifique, souvent supérieur à Delacroix-,
demeure cependa11t le plus- inégal du siècle -.précédent. Il est le
représentant type - et revendiqué comme teL par que-lques
naturalistes impénitents - de la production impul:tiYe, sa.os
frein, sans méditation p.réal~le. Les déchets dont son ,œuvre
abonde prouvent, mieux que toutes les théories., la nécessité du
recueillement, et que n'est jamais perdu le temps que l'on_ passe
à raisonner, comme Poussin nous enseigne à le faire, sur
les ressources. expressives de la peinture et du dessin. « Peignez
&lt;la-vantageet parlez moins i~, conseillait Champfleury à Cotirbet;
il eût pr_obableme.n.t mieux fait de lui dire. : « Peignez moins
et méditez davantage. »
Que. ce soit à« Cent ans», chez M. Paul Rooen.herg7 ou à la
galerie Barbazanges, les maîtres les plus regardés, c.omrnentés
avec le plus d'enthousiasme par les peintres g,ui, peu à peu-,
forment l'op-ioion courante . furent Ingres, Corot, Rousseau,
Cézanne et fü;noir. Pureté des trois premiers ; puissance d-'in~
venüon du Maitre d'Aix_.; fraîcheur et .naïveté eonsetvées, en
dépit d'une culture de « Renaissant &gt;} chez !'.abondant et généreux peintre de Cignes~ :rota.nt de vertus dont les meilleurs
parmi les jeunes artistes. essaient, à l'ai-de de moyens à la fois
simples et raf:linés, d'opérer la difficil.e et lente.conquête·.
ANDlŒ l'.HOTE

LA MUSIQUE
LES BALLETS RUSSES.: Trois créations: LA
AO

Bo1s

DORMANT

de Tehaikavsky;

RENARD

et

BELLE

M.A.VRA

de

�JI6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Stravinsky ; Quelques reprises :
PETROUCHKA, CoNTES

RussEs,

LE SACRE nu PRINTEMPS,

L'APRÈS-MIDI n'us FAUNE.

Ce qui me frappe le plus en Stravinsky, ce qui, à mon sens,
doit nous rendre scm action particulièrement précieuse, c'est
qu'il ne se répète jamais, c'est quïl ~e développe ~ême pas,
qu'il n'exploite pas les richesses qu'il découvre, mais que les
abandonnant généreusement à d'autres, lui-même à chaque
œuvre nouvelle -change de direction et nous ouvre de nouveaux
horizons. Chacune de ses créations est une inveption nouvelle,
inattendue et si nous retracions le chemin qu'il a déjà parcouru,
le dessin nous en paraitrait très étrange et même illogique. C'est
ce qui explique en partie les sentiments complex~s que_ ~r~voque chacune· de ses œuvres : surprise joyeuse, ma1s aussi irritation et dépit, car elles exigent immédiatement de notre part
une attitude et une adaptation nouvelle. Après le scandale formidable que déchaîna le Sacre, scandale qui fut aus~i un ,trio~phe, un autre aurait repris lè même procédé, quitte a faire
encore plus grand.
Mais au lieu d'un super-Sacre, Stravinsky nous donne le
Rossignol. Puis, c'est l' Histoire du Soldat, des petites pi_èc~s, des
mélodies, un quatuor. C'est enfin Renard, Mavra. Ainsi, _chacune de ses œuvres est un coup d'essai ; mais ce sont aussi des
coups de maître : jusqu'ici il les réussissait toujours; et le premier sentiment d'étonnement êt d'inquiétude passé, l'auditeur
devait s'avouer convaincu. Jusqu'ici, c'est-à-dire jusqu'à Ma-vni
qui à mon avis, est un échec.
,
Le point de départ de Stravinsky dans Renard- est l'art forain
russe. Renard- est une déformation parfaitement consciente, une
transposition esthétique de la musique de foire. Une comparaison avec Parade tout naturellement s'i;:npose. Musicalement,
elle est à l'avantage de Renard: pour se soutenir, la musique de
Satie a besoin de la danse, du geste, de l'image plastique ; exécutée seule, sa vacuité, ses fi.celles, sa niaiserie ( et qui n'est pas
toujours voulue). apparaîtraient clairement.1:fais é' est juste~ent
ce qui fait la grande valeur _de Par~de au p01~t de vue thé~tre,
au point de vue scénique. La musique de Satte ne peut enstcr
en dehors du spectacle dont elle ne constitue qu'un des éléments. Au contraire, la musique de Renard ne laisse aucune
place à chorégraphie, au g~ste. Ce que je reproch'e à Nijinska

NOTES

117

qui a composé les danses de Renard, à Larionov qui en a dessiné
les décors, les costumes ce n'est nullement de n'avoir pas réussi
la réalisation scénique de l'œuvre, c'est de n'avoir pas compris
que cette réalisation était impossible. Si puissante, si riche, si
bien bâtie est cette musique aux rythmes complexes, mais
rigoureux, implacables, aux sonorités nettes et tranchantes, que
le geste, l'image visuelle en la déterminant ne peuvent que l'appauvrir.
Il y a des livres qm ne supportent pas l'illustration justement parce qu'ils sont trop suggestifs ; il en ést de même de
certaine musique, de celle de Renard en particulier : elle ne supporte pas d'être dansée ou mimée, parce qu'elle est trop essentiellement musique.
On a souvent répété que la musique n'est c:apable de provoquer en nous que des états de conscience plus ou moins
vagues, indistincts, flous ... Il n'y· a rien de plus faux, et l'on
confond ici « vague » avec &lt;1 indescriptible » : ce que je sens
lorsque j'entends Reuard est parfaitement clair, distinct ; c'est
un état psychologique spécifique, infiniment riche et complexe,
et qui ne se résoud au brouillard que lorsque j'essaie de le fixer
aq moyen de la parole ou de l'image visuelle.
L'échec de Renard, en tant que ballet, n'est qu'une réplique
de celui du Bouffon de Prokofieff, la saison passée : il se répète,
cet échec, chaque fois qu'on essaye d'illustrer, d'exprimer par
le geste, l'attitude, les formes colorées, une musique su.ffisamment puissante en elle-même, pensée et construite conformément aux affinités spécifiques du monde sonore. On n'applique
pas une danse à une musique parce qu'on n'aboutit ainsi qu'à
une limitation, à un appauvrissement, mais on enrichit au contraire la danse, on intensifie, on élargit sa signification en lui
adjoignant une -musique qu'elle: ne cesse de régir et qui ne peut
prétendre ainsi qu'à un rôle secondaire. C'·est en somme le
principe du ballet dit classique.
Dans Mavra, au contraire, le musicien s'est soumis à son
texte ( qui appartient à un jeune poète, M. Kokhno, d'après un
petit poème badin de Pouschkine); aussi l'œuvre gagne+elle
beaucoup à la scène.
Ne me fiant pas,à ma première impression, nettement défavorable, j'ai été encore entendre et voir Mavra cinq du six fois,

�118

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

tâchant de découvri:- les raisons de l'enthousiasme de certains et
celles de mon désappointement : il faut être prudent avec Stravinsky · n'est-.ce pas une révélation nouve!Je ?
Stravinsky essaye ici, comme il nous l'a déclaré lui-même
expressément, de remonter aux sources de la musique russe : ce
ne sont plus les chants populaires où depuis Glinka jusqu'à
Stravinsky lui-même tous ont puisé ce n'est plus l'art paysan,
c·est la romance sentimentale des compositeurs pre-glinkiens,
de Verstovsky, de Dargomyjsky, de Glinka lui-même, l'art des
salons et des gentilhommières : le style italien s'y trouve profondément déformé par le goüt russe qui se cherche encore,
mais a déjà des trouvailles délicieuses. Ce vieux style italo-rnsse
subit chez Stravinsky une nouvelle déformation que j'appellerais négro-américaine : ce sont des rythmes syncopés, convulsifs, un orchestre où dominent les cuivres, des crudités
harmoniques qui se plaquent bizarrement sur la ligne mélodique. 11 en résulte un ensemble curieux, très amusant parfois,
très intéressant aussi musicalement, mais qui, bien que sa durée
ne dépasse pas une trentaine de minutes, finit tout de même par
lasser.
Qut:l que soit le point de départ de l'artiste, quelle que soit
la source où son caprice veuille s'abreuver, le résultat seul nous
importe : Stravinsky n'a pas réussi cc nouveau coup d'essai. En
effet, l'impression générale est celle d'un pastiche, d'une sorte
de plaisanterie musicale dont le principal défaut serait de n'être
pas suffisamment plaisante. Mais tel n'est certainement pas le
des ein de Stravinsky : il s'agit d'infuser un sang nouveau à
d'anciennes formes, il s'agit probablement de rénover ces formes, de créer ainsi un nouveau style d'opéra-comique. En ce
cas le sujet est trop mince, trop fragile : il s'effrite en poussière
sous son riche revêtement musical, où les deux styles - italorusse et négro-américain - ne parviennent pas à se fondre et
se gênent mutuellement.
La partie vocale, d'une grande difficulté, fut excellemment réalisée par MMmcs Slobodskaïa, Sadovenn et Rosovska et par
M. Belina; mais l'orchestre sous la direction de M. Fitelberg
me parut souvent trahir les intentions de l'auteur : il fut lourd,
épais, inutilement expressif et insuffisamment rigoureux.
.
C'est l'orientation nouvelle de Stravinsky probablement qw

WOTES

II9

n~~s a valu la Belle au bois Dormant de TschaïkoYsky, réduite
d a'.lleurs à un seul acte. On n'aime pas TschaïJrnvsky en France
et Je partage personnellement l'antipathie de mes collèaues
fr
' '
é
.
b
:13ça1s a cet gard. Pourtant, la virulence de certaines attaques
m_ a frap~é : les ~allets de Tschaïkovsky sont en effet ce qu'il a
fait de mieux. et_1l _Y a dans la Belle nu Bois Dormant des pages
charmantes. Mais 11 est probable qu'il s'aait d'une sorte d'idiosy~crasie : il y a un cas Tscbaïkovs.ky, co;me il y a un ca~ Chabrier, un cas Bruckner; nous ne parvenons pas en effet à comprendre, Français et Russes, ce qui rend chère aux Allemands la
musique de Bruckner. Un étranger ne peut s'expliquer )'engouement des musiciens français pour Chabrier. Il en est de
même de_Tscha.ï~ovsky dont le charme, le caractère profondément n.at1o~al (~1~n plus national que Rimsky-Korsakoff) ne
seront Jamais sams par un esprit de culture française.
I.I faudrait ~aintenant _parler d~nse, mise en scène, spectacle,
mais cela ne m est pas facile, car bien des vérités sont non seulement désagréables à entendre, mais aussi à dire. 1 ous savons tous
ce que nous d~vous à ~crge de Diaghilew: le rôle de cet organisat~ur, d_e ~et animateur incomparable a été vraiment unique dans la
vie a.rtisttque européenne
de ces quinze dernières années•, mais
.
t
no re reconn31ssance, notre admiration pour ce qu'il a fait ne
peut n~us priver Ju droit d'exprimer aujourd'hui nos critiques et
nos crat~tes. Sa trou~e s'est appauvrie: Miassine n'a pu être remplacé, m comme m~1tre de ballet, ni comme danseur; le départ
de. Sokolova se fait également sentir, surtout dans le Sacre du
Pr111/emps: Ja ijinska a beaucoup de goüt, une excellente
technique, ~ais elle est trop nerveuse et manque, de résis~ance. ~réfilova est une ~anseuse classique de premier ordre,
3 tecb01que est presque impeccable; Idzikowski est un gymnaste ét_onnaut,_ mai~ ..dans Je Spectre de la Rose ils ne pc:vent
nous faire oublier • IJtusky et Karsavina.
Cela peut encore changer : la saison prochaine Diaghilew
nous amènera peut-être Spessivtseva ; peut- être reverronsnou
Kars avma,
·
M'iassme.
·
ce qui· est bien
· plus grave c'est
,
1absence d'homogénité, l'absence de discipline dans le corps du
bal!et, et_ surtout l'affaiblissement de cet esprit autoritafre, il est
~s enthousiaste qui dirigeait toute l'entreprise et lui
mpnma1t une vie puissante. Je souffre en voyant se décom-

rai .

�120

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

poser sous mes yeux. l'admirable chorégraphie du Sacre par
oubli, inattention, insouciance des exécutants ; je suis inquret
pour l'avenir de la belle œuvre de Diaghilew lorsque je constate
aujourd'hui dans soù action une sorte de timidité, de l'éclectisme: lui qui, auparavant, par ses coups d'audace et son esprit
de risque, nous imposait ses conceptions, semble préoccupé
aujourd'hui de deviner, de satisfaire nos inclinations, nos goûts
naissants. Il y a en lui flottement, hésitation, peut-être fatigue.
Espérons que ce n'est que temporaire.
B. Di: SCHLOEZER

*

* *

WAGNER AU THÉATRE DES CHAMPS-ÉLYSÉES.
Nous venons d'avoir eu une sai~on wagnérienne au théâtr~
des Çharnps Elysées: une splendide troupe italienne sous la
direction de M. Serafini nous a fait entendre Tristan, le, .Maîtres
Chanteurs, Parsifal, Lohengriii: nous avons admiré de belles
voix, un jeu très expressif, des chœurs merveilleusement disciplinés, riches et souples, un chef d' orchestre d'un tempérament
musical ardent, régi par un goût sûr, servi par un métier parfait,
mais dont toutes les intentidns nt; furent pas toujQurs comprises
par ses instrumentistes.
Warrrier fut exécuté à l'italienne, c'est-à-dire très en dehors,
b
aveç une passion exubérante (Tristan), avec une certaine
bouffonnerie dans le comique (les Maîtres Chanteurs). Ce n'est
pas un reproche à faire aux artistes: l'exécution à l'allemande,
à la françûse n'est ni plns, ni moins justifiée que l'exécution à
l'italienne. Lorsqu'il s'agit d'~uvres comme celles de Wagner il
faut dénier à qui _que ce soit, à quelque nationalité que ce soit
le droit de nous imposer un style modèle, nne e:récution type.
Exécutez \.Vagner à l'américaine) si vous pouvez. et si vous parvenez à maintenir l'unité de style, à me donner une impression
complète, à me convaincre, vous avez raison gagnée . Le résultat couvre tout ; dans ce cas-ci, l'unité de style était parfaite :
les Italiens ont donc triomphé. Ce fait prouve qa'il y a de l'italien en Wagner; un jour, peut-être, on 11ous y feta goûter du
russe, du polonais ... Et ce sera très bien.

,.
**

B. DE SC}!LOEZBR

NOTES

121

LES DANSEUSES CAMBODGIENNES A L'OPÉRA.
Somptueux hommage adress_é par le roi Sisowatb à la
République, sa suzeraine, le ballet cambodgien est venu en
France, à la grande joie des amateurs d'art oriental. De Marseille où elles ont contribué au faste de !'Exposition coloniale, les danseuses de Pnom-Peuh sont venues passer troisjours à Paris : étrange pensionnat d'une vingtaine de fillettesque surveillaient vigilamment cent soldats de la garde indigène!
Petites ( elles ont quinze ans à peine), les hanches larges
et raides, le buste long, elles apparaissent vêtues avec magnificence. Par-dessus . leurs culottes aux teintes amorties,
tombent d'amples tuniques aux. couleurs vives que constelle-·
l'innombrable scintillement des pai.llettes miroitantes . Contrastant avec les teintes opulentes de l'habillement et l'éclat
des ors, leur figure recouverte de céruse apparait blême et
impassible, comme un masque de porcelaine blanche dont
la peinture a été oubliée. Les cheveux noirs et brillants sont
appliqués contre la tête petite comme une couche d'émail;
ils semblent de la même matière que celle des grands yeux
sombres qui s'allongent vers les tempes.
Le rideau se lève. L'orchestre et le chœur apparaissent de
chaque côté de la scène, tournant le dos à. la salle, indiquant
par leur orientation le point important ou se dérouleront les
danses.
Le chœur : quelques chanteurs accroupis qui tout à l'heure
émettront des vocalises confuses et nasillardes en marquent la.
mesure par le choc de deux baguettes de bois.
L'orchestre qui déjà prélude, se compose de clarinettes
indigènes, de tambours et de xylophones dont les sonorités
sourdes s'opposent aux notes claires d'un glockenspiel. "(Jn
rythme impeccable entraine ce jazz-band austère, dont les mélodies pas très différentes des nôtres accompagneraient volontiers
un schimy ou un fox-trot ...
C'est bien là une des choses les plus étranges, ce contraste
entre la musique vive qui incite aux mouvements rapides et
les danses qui tout à l'heure développeront leurs gestes ralentis. Ici, pas de pléonasme selon la formule occidentale clas-

�122

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

~ique, pas de répétition du même sentiment. Selon le souhait
&lt;le Jean Cocteau, la musique et la chorégraphie al,lront chacune
leur signification propre et.les deux arts simultanément évoqueront des choses différentes ...
Mai.$, voici les danseuses qui apparaissent. Et tandis que
l'orchestre nous raconte l'innombrable et anonyme _pulullement
Je l'Asie, le ronflement
- de.« la roue de la vie », les bayadères
en leur Ient défilé, reprennent les danses figées sur les mu
:railles millénaires d'Angkor et renouyellent la procession
hiératique des Apsaras impassibles. Leurs gestes semblent
se mouvoir dans une atmosphère visqueuse, leurs membres
ondulent comme des algues dans les profondeurs marines
et leurs mains s'épanouissent comme d'étranges fleurs aux
-pétales mobiles... Ce sont des demi-déesses certes, mais les
&lt;lemi-déesses d'u11e religion panthéiste où les dieux eux-mêmes
s'identifient à la nature, à la végétation exubérante et vivace
.des terres chaudes.
Avec ses danseuses de quinze ans., le roi Sisowath nous a envoyé un peu de l'antique Asie ...
J:

r23

NOTES

casion où Marguerite Jarnois fut si charmante qu'on oublia
le théâtre et ses mensor.iges pour ne plus voir que ce jeune
et pâle visage où la douleur mettait un pied de rouge, Les
spectateurs sortaient de la salle, à la porte, une ouvreuse
distribuait les billets qui permettraient d'y rentrer. Elle
semblait émue et pleurait presque. Soudain, elle s'approcha d'un monsieur qu'elle regardait avec une attention respectueuse, depuis quelques instants déjà, et lui . prenant les
mains:
- Oh ! Monsieur, comme vous m'avez fait pleurer I monsieur Mérimée !
- Vous vous trompez, ·mad_ame, dit le, monsieur surpris,
et se tournant vers son compagnon qui souriait, il le montra
du doigt, monsieur Mérimée, c'est monsieur.
Puis, Max Jacob, l'auteur supposé de L'Occasion et Jean
Paulhan, saluant son admiratrice par erreur, - cc car c'étaient
eux )l, comme on écrit dans les romans policiers, reprirent
place dans la salle où le rideau se lev.ait sur Chantage.

C. PRIVÉ

* *

LE COURRIER DES MUSES.
Mérimée enfant perdit ses iÜusions pour avoir entendu ses
parents rire ~errière une porte mal fermée. Il avait pleuré,
trop sensible aux reproches qu'on lui fais.ait d'une faute légère,
pleuré peut-être ses dernières larmes. Il sut depuis ce jour-là
fermer son cœur aux sentiments profonds. Il voyagea. Il
écrivit rarement et sans trop croire à son génie. 11 prit.le~
femmes par plaisir et les quitta par ennui, même les plus
.dangç:reuses, George Sand pour qui Musset .perdit sa jeunesse et Chopin sa vie, l'Impératrice qu'on chansonnait sous
le nom de Badinguette. Il fit de belles mystifications litté.taires
çt grâce au masque de Clar_a Gazul, il put rire au nez du
Romantisme. Mérimée, bien qu'il soit mort depuis plus de
~inquante ans
vient d'être le héros d'une anecdote, ou à peu
,
J
~b.
.
Il y a trois mois,. 1' « Atelier » cle Charles Dullin donnait
une matinée au Vieux-Colombier:. O,n venait de jouer I.:Oc-

On m'a cité le mot d'un aimabfe marchand de tableaux, qui
touchait de la main 1e cœur de pierre d'une statue qu'il croyait
ancienne et disait :
- Le froid des siècles !
Le mot est joli mais, _au hasard de la pensée, il n1'a conduit
à de bien tristes réflexions. Que le froid des siècles passés
nous gèle, passe encore, mais la chaleur de celui où l'on vit
ne devrait-elle pas être douce ? Il ~st vrai qu'un siècle _veut
toujours imiter le siècle précédent. Comment il n'y réussit
p11S, c'est sa particularüé, sa marque originale. La grande
mélancolie romantique qui désolait-Wer.ther, René, Obermann,
est auj&lt;mrd'bui remplaoée par un décourage_ment qui àtteint
profondément la jeunesse et surtout celle de qui l'on pouvait attendre le plus. On ne se demande plus « Pourquoi ? )l
On se dit « A quoi bon ? » L'ironie supplée au doute. Au.jourd'hui l'inquiétude de la jeunesse ne prend plus guère la
forme philosophique (Dieu existe-t-il ? C'est s.on affaire et
non la n6tre) mais nous n'avons pas encore dissipé l'héri-

�LES REVUES

LA NOUVELLE RE\"UE FRANÇAISE

tage dangereux de Rousseau. Depuis cent cinquante ans,
!'écrivain se regarde au miroir et caresse amoureusement
ses faiblesses et ses défauts. Les jeunes gens demandent des
certitudes, on leur offre des possibilités. S'ils regardent en
arrière, ils voient Baudelaire au confessionnal du cœur ou
Laforgue se noyant, pauvre Narcisse, dans les étangs du souvenir ! S'ils se tournent vers les maîtres d'aujourd'hui, Paul
Valéry, le divin charmeur du Serpent, André 'Gide? Hélas !
j'en connais qui sont trop faibles pou-r consentir à tout, pour
« ne pas choisir)), et ceux-là qui se refusent à la vie, la quittent
parfois - si elle devient trop indiscrète - et s'en vont. tranquillement, sans laisser d'adresse. ·
GEORGES GA.BOR\'

** *

LES REVUES

125

Les poèmes qu'il nous livrait, il ne les considérait nullement comme
un aboutissement, mais coi:nme un jeu, une sorte de démonstration
qu? se d~nnai_t à lui-n_1ême, d'expérience, ou mieux : d'expérimen:
tauon. Merue Il songeait à les réunir sous ce titre commun : Exercices,
entendant par ce 11101, non un moyen d'entraînement mais bien Ja mise
,
.
.
'
en vigueur d un systeme ; et Je ne pense pas que le Vinci considérât
très différemment ses tableaux.
De ce systëme, il ne m'appartient pas de parler. Je veux croire avec
Valéry que son œuvre la plus importante gît éparse encore dans ces
mys_térieux cahiers où lentement il l'élabore, et qui s;.ns doute rappel lent eux aussi ceux de Vinci. Mais méthode ou système si excellent
qu'!I soit, qùe vaudrait-il pour réussir une œuvre d'art, ;ans les particulières qualités de celui qui l'applique ? Ce qu'il me p~aît surtout de
retrouver dans les vers de Valéry, bien qu'ils l'offusquent, c'est sa tendresse. Je me souviens que dans les premiers temps de notre amitié il
me citait avec adm1ration un mot de Cervantès (je crois) : « co:Umeiit cacher un_homme ? &gt;l, mot dont alors je ne saisissais pas bien ·1e
sens. J'attendais l'œuvre de Valéry pout le comprendre.

.

PAUL VALÉRY
Le dernier numéro du Divan réunit, en hommage à Paul
Valéry, des études, des souvenirs ou des poèmes de la Comtesse
de Noailles, Henri de Régnier, Edmond Jaloux, Fr. Viélé Griffin,
Charles du Bos, Henri Ghéon, Fr. le Grix, Lucien Fabre ...
André Gide écrit :
... Ses premiers collaborateurs de la Conque et du Centaure se déso•
lai,ent de le voir abandonner la poésie, et s'engager dans une voie qui
leur semblait ne mener qu'à des spéculations impuissantes. Mais c'était
pourtant la puissance que recherchait précisément Valéry. Rieu ne lui
paraissait moins tentant que le succès qu'il eùt facilement obtenu par
une production abo,ndante. Son appaTent renoncement cachait une
ambition plus haute. « L'erreur, je parie, de bien des gens à mon
égard, m'écrivait-il en 93, est de me supposer, malgré tout, une
arrière-pensée littéraire ; de croire que je tends, en somme, à travers
les restrictions que je professe et le renoncement, à quelque g_enre nouveau. » Et, en 94 : « J'ai agi toujours pour me rendre un individu
potentiel. C'est-à-dire que j'ai préféré une vie sttatégique à une tactique. Avoir à ma disposition, sans disposer ... Ce qui m'a frappé le pl.us
au moude, c'est que personne n'allait jamais jusqu'au bout. » Il n'était
donc que de persévérer. Et durant vingt-cinq ans Valéry se tut, travaillant sans cesse.

A PROPOS DE MARCEL PROUST
M. Ernest Curtius a publié dans le numéro de Février du

.

Neue Merkur un remarquable article sur Marcel Proust do ot il

,
'
n est peut-etre pas trop tard pour donner ici un extrait :

Ce que Gide a dit un jour des hommes de la Provence : qu'ils ont
cette assurance un peu facile de ceux qui s'étant déjà dits dans Je
P:t5sé, n'ont plus qu'à se redire sans effort et ne trouvent plus rien de
~ten neuf a ch~rcher )), cela nous vient souvent à l'esprit à propos des
~vres des Français. Combien pourtant il serait trompeur de généraliser de telles impressions, c'est ce que montrent les ouvrages de
Pr~ust. Proust demande au lecteur un assouplissement et une réadaptat'.on _de son appareil de perception esthétique, une tension élastique,
qui exige d'abord un déploiement d'énergie, mais qui ensuite - comme
une série d'exercices musculaires - produit une vitalisation bienfaisante de tout l'organisme. 11 a justement, lui, du nouveau à d,ire: et il
a dô se fabriquer, à cet effet, des moyens d'expression nouveaux. Et
pourtant le résultat de son art s'insère après coup dans la loi constitutionnelle de l'espri~ français, dans la perspective de son optique, telles que
nous les connaissons d'après une longue tradition, d'une maniè(e tellement significative, qu'en nous retournant pour regarder en arrière
nous êp rouvons cette saus,act1on
· c · que
.
donne toute vue sur une conti-'
«

�126

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nuité nécessaire, organiqoe et dépassant les individualités. Proust ajoute
un nouveau chapitre à ce que nous savions de la morphologie spirituelle de la France, mais non pas en bouleversant les résultats des chapitres précédents, bien plutôt en les- approfondissant et en les confirmant.
•* •

SUR LES COPAINSD'une étude enthousiaste sur les Copains de Jules Romains,
que publie la Revue de Belles-Lettres, détachons ce passage :
Les Copailn sont pour nous une œuvre sacrée, mais qu'on ne se
méprenne pas. Cela veut dire que nous cr-0yons au côté profond, mysti.que de ltur vie. Mais l'ironie, mais la « monture &gt;l qui est partie
inhérente et non la moindre de leur personnalité nous est tout aussi
sacrée. En analysant ce -lyrisme, nous dissocions un tout, pour en saisir, séparés ou morts, les éléments composants. Mais notre admiration
va au tout brut et complexe. Aussi quand nous refusons de voir dans
les Copains une ~impie farce habile, ce n'est pas pour en faire un traité
romantique. Nous prenons ce livre comme quelque chose de vivant et
de complexe, où l'exaltation de la vie n'a rien de morbide, mais est
baignée d'ironie parce qu'elle resplendit de santé. Ce pourquoi Romains
l'offre pour Conseiller de la Joie et Briviaire de la Sagesse facétieuse.
L'ironie, la« monture n, il faudrait montrer qu'elles sont là, non pas
pour mitiger après coup uoe sentimentalité que l'auteur craindrait être
excessive, mais parce qu'elle. fait partie de sa vision poétique, parcequ'dle est un des éléments de son iyrisme .....
Que les deux facteurs soient mêlés, l' irollie cédant le pas à la ferveur, puis comme avide de ses droits la rattrapant, la dépassant, les
deux jouant _à cache-cache et se démasquant tout à tour, voilà qui cmn-ble le plus pleinement notre attente.....
,._

* •

LES ENTRETIENS D'ÉTÉ DE PONTIGNY
On sait qu'avant la guerre un comité dont M. Paul Desjardins
était l'âme, organisait chaque été, dans le cadre magnifique del'abbaye de Pontigny, des réunions où des esprits cultivés, de
nationalités différentes, échangeaient à loisir leurs idées sur un
thème de littérature ou de morale, à l'avance choisi comme
programme. Dès r9ro les écrivains de la Nouvelle Reu11e Française participèrent à ces &lt;&lt; décades
et se rencontrèrent
avec d'éminents représentants de la pensée étrangère. ·

i,

LES REVUES
127
Le Co~ité_ des 1;ntretiens d'été de Pontigny- composé de
Paul Des1ard1ns, d Arthur Fontaine, d'André Gide de G .
Raverat
·
1
'
eorges
' - 1ug~ ~ue e moment est venu de reprendre son
œuvre. Des mv1tat1ons ont été lancées pour cet été . U
ééé
·
· n programme a t tabh. Nous en empruntons l'esquisse à 1a REVUE
DE GENÈVE (No du r" Mai) :

Cette ann~e, trois décades sont prévues: l'une sur !'Éducation (du

7 au 16 Aout) à laquelle " sont conviés ceux qui 5e préoccu ent du
déf~ut de concordance entre l' éducation d'à présent et le é . p d
so été
li ·
r g1me es
6C1 :
tiques )) ; un sec~nde sur un sujet de littérature (du 17 an
2 Aout1, la cc culture de la -nerté par la riction &gt;&gt; le point d'ho
du. Moyen-Age
a
tl eman, l'honn ête homme l'autono . nneur
. , le .,en
'b é
dmenNne, _la selfreliance d'Emerson - ; une troisième,enfin sur 1:1;0:i;t;
es atrons : à cette décade O
d ·
•
de la
.
.
.
, n vou rrut réumr « des amis réfléchis
. Paix et qul conviennent que le moyen de l'établir (pré ·s
''j
s'aa 1t d'u F ·d, •
c1 ons qu 1
. "' .
ne e erat1on des Etats) doit être voulu pteinetnent
. difficile et reculé enco
E
d
, mais est
.
.
.
re_... ssayer e mettre au point, de sorte qu'elle ne
sou que b1enfa1sante, 1'1dée•profondément naturelle de Patrie . c'est là
~.ne, entre~rise d'é_claircissement, de pacification. On voudrai~ qu'el!~
ut au moms ~qu1ssée dans un conciliabule de civilisés au commencement du xx• siècle.
'

ro

B :armi les adhésions déjà recueillies, citons celles de. Johann
OJer, Arnold Bennett, Albert Thomas

Ferrero

Pr.e

1· .

A d é G'
'
'
zzo llll,
p·n r
ide, Wells, Duhamel, Paul Hymans, Arthur Fontaine
ierre Hamp, Strachey.

'

***

MEMENTO

ACTION (mars-avril) : Pitoejf, par J. Bucher.
ARIANE (mai) : Delille poète, par Robert Bonnert.
BELLEs-I .ETTRES (ru ') • F
· r
Al h
. .
ai ·
mncis ;rmzmes ou notre chag,·ltt
P onse Météné; M . Paul Valéry, par André Delacour.
' par
LaL; BON PLAISIR (maj) : Dans l'i11tm611toriale Asie, par J. Douyau ,
affesse de M . Bl,iise, nouvelle par Ch. Phalippou.
'
ma~:~SES

DE

THÉATRE (mai) : Comment j'écris ime pièce, par Lenor-

. Ll~ Com.AISSA NCE (avril) : Mademoiselle Zeline Ott Bonheur de Di
a usaue d'
•
D
eit
.,
u~e vm11e w wiselle, par Marcel Jpuhandeau ; Les
prr;:EE;b-ve:·sift du Man~arin : M. Reni Can.at lauréat, élève et cuistre.
(n 1 ) : Souvenirs, par Tristan Derême.
LE DIVAN : Tristà1i Klings&amp;r, par Pierre Lièvre.
LE DISQUE VERT (juin) : Poèmes, par Odilon Jean Périer

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

128

EcRITS NouvEAUX (juiu) : La cnuwté rnsse, par Maxime Gorki ;
Fargue, par Adrienne Monnier; Le Secret profession11el, par Jean Cocteau.
EssAJS CRITIQUES (mai) : A /'Atelier, par Azaïs.
LES FEUILLES LIBRES (n° 26) : Poèmes, par Ernst et Eluard ; Mogarmi
Nameb, par Blaise Cendrars.
LES LETTRES (mai) : Lettre 11 Sidoi11e rnr quelques préj111;és ett matière d'a,·i religieux, par François Fosca ; Le, trois Fontaines, par
René Des Granges; (avril) : Lettre IÙ Flaubert à Louis Bouilhet, par
Louis Martin-Chauffier.
LETTRES RHÉNANES (avril) : 'froisième lettre sur les spectacles, par
Benoist-Méchin ; Sonate, par André Norys.
MERCURE DE FRANCE ( 15 avril) : Souvenirs de mon commerce. Dans
la cotltagion de Mécislas Golberg, par André Rouveyre: (15 juin): La
fausse resse1J1blauce, par J. de Gaultier.
LA NouvELLE REVUE (mai) : Stevenson j11gé par son beau-fils, par
Paul-Louis Hervier.
L'ŒUF DuR (avril) : Petits Poèmes, de Tristan Derême ; Side-Car,
par Maurice David.
LA RENAISSANCE D'OCCIDENT (février-mai) : Petite Odyssie d'un
poUe lointai11, par Daniel Tbaly.
REVUE DE L'AMÉRIQUE LATINE (avril-mai): Paysages imaginaires
à'A111irique, par R. Gomez La Serna ; Le sem de l'Exotique da11s la
Poésie Frn11çaise : M. Jules Supervielle, par André Fontainas.
REVUE DE BOURGOGNE ( I 5 juin) : Un touriste italie11 à Mdro11
en 1665 1 par G. Jeanton.
REv·uE DES DEux-MoNDl!S (15 1{iai-15 juin) : Les profondeurs de la
mer, par Edmond Jaloux.
REVUE DE GENÈVE (mars-avril)
Méditation Stll" Baudelaire, par
Charles Du Bos; Guin) : Noct11.rne, par Fr. Swinnerton.
REVUE DES JEUNES (avril) : Les Saints et le thédt1·e chrétien pop11lllire,
par Henri Ghéon.
LA REvuE MONDIALE (15 juin); Du co11tre-sc11s, par Emile Faguet.
REVUE PHILOSOPHIQUE (mars-avril) : La psychoanalyse et le problème
de l'illconsâent, par A. Ombredane.
REVUE RH ÉNANE (juin) : Les tapisseries des Gobelins.
LA REVUE- DE la SEMalNE (28 avril) : Réflexions sur l'œnvre critiqile
de Paul Bourget, par Ch. Du Bos ; La littemture et la Société du moye11a'ge., par Jean Longnon.
LA REVUE UNIVERSELLE (mai): L'A11101w, les Muses et la Chasse
(III), par Francis Jammes ; Einstein et la relativité, par Louis
Dunoyer.
LE GBRANT : GASTON, GALLIMARD.

ABBEVILLE. -

IMPRIMERIE

F. PAILLART.

.l

LE MARIAGE DU CIEL
ET DE . L'ENFER

Le ~ariage du Ciel et de l'Enfer dont nous donnons îci la
trnclu~tion complète, p~rut en 1790. C'est lep-lus significatif et
le m~ms ,touff~ des.« livres pr?phétiques » du grand mystique
an~l~1s, a la_ fms pemtre et -poete (1757 à 1828).
J a1 conscience que cette œuvre étrange rebutera bien des
lecJeurs. En Angleterre elle demeura longtemps presque
complèt.ement ign_orée ; bien rares sont, encore aujourd'hui,
Ceux .qui la
, connaissent et l'admirent. Swinburne fut u n d es
P;em1er~ ~ en signaler l'importance. Riel). n'était plus aisé que
d Y. c~e1lhr les q~elques phrases pour l'amour desquélles je
décidai ~e le tra?u1re. Quelques attentifs sauront peut-être les
découvn~ sous 1ab~rrdante frondaison qui les protège.
- Mais pourquoi donner le livre en entier?
- Parce que je n'aime pas les fleurs sans tige.
A, G.

Rintrah mgit et secoue ses feux dans l'air épais ·
D'affamés nuages hésitent surfabîme.
'
Jadis débonnt;ire et par un périlleux sentier,
L'homme juste s'acheminait
Le long d11, vallon de la mort.
Ou la ronce croissaù on a planté des roses
Et sur la lande aride
_
Chante la mouche à miel.
Alors, le périlleux sentier f11t bordé d'arbres,
Et une rivière, et 1me source
9

�I 30

LE .MARIAGE OU CIEL ET DE ÙENFER
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Coula sur chaque roche et tombeau ;
Et sur les os blanchis
Le linwn rouge enfanta.

LA VOIX DU DIABLE

.,

Jusqu'à _ce que le méchant eût quitté les sentiersfaciles
Pour cheminer dans lès se'ltJ.iers périlleui1 et chasser
L'homme juste d®s des régions arides.
A présent le serpent rusé chemine

En douce humilité,
Et l'homme juite s'impatiente,,danî, les déwt~
Ou-les lions rôdent.,
1(

r

...

1)

J

r:'

•

Rintrah rugit et secoue~~s Jeux dans l'air épai-s;
D'affamés n:tlages héoitent sin: l'abîme.
·
fi'

J

Puisqu'un nouveau. ciel é 'commencé et'iu'il' Y, fi'#iairit~;ar.zi
trente-trois ans d'éc01ûés-depuis 2on a:vène'nJenf :1'E.t~~nehE1;1.Jer
·•
f1
•
~
•·
se ranime.
r ('
'
rr
?
Et voici I Swedenborg es.t. cet ange qui se.,jien,J,- assis sur la
tombe: ses écrits sont ,ces linges pliés.
~, '.
C'est à présent la domination d'Edom et la rentrée d'Adam
dans lé Paradis - Voir Tsaïe XXXIV et XXXV.
Sans contraires il n'est pas de progrès. At1ractùm et R(pttlsîon, Raison et Emrgie, · Amou-r et- Haine; s.ont 1'tiçessJit&lt;es a
l'existence de I'ho-mme.
., •. ,
De ces contraires découlent ce. que.les religions ç,Pf}e)lent'le,.8ien
~
et le Mal.
Le Bien (disent-elles) est le passif quî_"se soumet à' la Raison.
Le Mal est l'actif qui prend source dan5 l'l;:nergie-; 1
Bien est Ciel, Mal est Enfer.
\

" .J

Toutes les Bibles, ou codes sacrés, ont été, cause des
erreurs suivantes :
I ~ Que 1'l10mme a deux réels principes existants, à
savoir : un corps et une âme.
2,Q Qué l'Energ3.e, appelée le Mal, ne procède que du
corps, et que la Raison appelée Bien ne procède que de
l'âme.
.
3~ Qt~e. Dieu tartinera l'homme durant l'Rteroité pour,
avoir smvi ses énergies .
Mais contr&lt;\ires â celles-ci, les cl~oses suiva.rites sont
vraies :
'
1° L'hom~1e n'a pas un corps distinct' de $On âme, car
ce qu'.on appelle corps est une p·artie de l'âme përçue par
les .:mq sens, principaux débouchés de l'ftm e dans cette
période de vie.
2 ° ~'énergie-est la seule vie; elle procède .du corps, et
la Raison est la borne de l'encerdement de l'Energie.
3° L'énergie est l'éternel délice.
Ce~x qui répriment leur désir, sont ceux dont le désir
est faible assez pour être réprimé ; et l'élément restricteur
ou raison usurpe alors la place du désir et gouv~rne celui
dont la volonté -abdique.
Et le désir réprimé peu à peu devient passif jusqu'à n'être
plus-que l'ombre du désir,
·
·
La relat~on de cela est-consignée da11s k Paradis P~du;
et 1~ Dommateur c'est•à.-dire la H.aiso,n , y -a npm Messie.
Et l Archange originel ou capitaine de l'armée !:éleste y est
appelé Diable ou Satan, et ses enfants y ·s ont appelés Mort
et Péché.
Mais dans le üvre de Job, le Messie de -Milton a nom
~atan. Car cette relation a été adoptée par les deux parties. Assurément, il· semble à Raison que Désir a été

�I

32

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE.

chassé, mais le rapport du Diable c'est que le Messie
tomba et construisit un ciel ave~ ce qu'il dérobait à
l'abîme.
Ceci èst révélé dans l'Evangile, où nous le voyons prier
le Père d'envoyer le Consolateur, ou ·Désir, afin que · Raison puisse avoir des Idées pour construire - le Jehovah de
la Bible n'étant autre que celui qui habite dans le feu
flamboyant.
Apprends qu'après sa mort, c'est le Chris't qui devient
Jehovah.
Mais dans M,ilton, le Père est le Destin ; le Fils, un
Raison des Cinq sens, et le Saint Esprit, le Néanr !
NoTE : Ce qui :fit que Milton écrivait d,ins la gêne lorsqu'il parlait des Anges et de Dieu, dans l'aisance lorsque.
des Démons et de !'Enfer,_c1est qu'il était un vrai poète et
du parti de_s Dé_mons, sans le savoir.
VISION MEMORABLE

Tandis que je marchais pa·,mzi les fiammes de /:Enfer, et
faisais mes délices du ravissement du génie, que les Angesconsiderent comme tourment et jolie., je recueillis quelques-uns
de. leurs Proverbes ; car de mime que les dictons en usag'e chez
ttn peuple portent la marque du caractère de celtti-ci, j'ai
pensé que les Prpverbes de l'Enfer manifestent la na/ure de la
Sagesse Infernale, mieux qu'aurnne i.kscription d'édifices on de·
vêternents.
Quand je revi11S chez moi, sur- l,'abînJe de mes cinq sens,
la où un plateau surplümbe abruptement le présent monde, je 'vis
un puissant Démon enveluppé de nuages noirs, plammt au-dessusdes parois du roc : avec de corrodantes flammes -il écrivit la sentence suivante, à présent perçue par les cerveanx des hfJ1Jimes et
lue par wx sur la terre :
Borné par tes cinq sens, ne compre11ds-tu donc pas
Que le. moindre oiseau. qui fe1id l'air
Est un itnmensnnonde de délices?

I.E MARIAGE DU CIEL ET DE L'ENFER

133

PROVERBES DE L'ENFER
J

Dans le temps des semailles, apprends ; dans le temps
&lt;les moissons, enseigne ; en hiver, jouîs.
Conduis ton char et ta charru_e par-dessus les ossements
&lt;les morts.
Le Chemin de l'excès mè~e au palais de la Sagesse.
La Prudence est une riche et laide viei1le fille à qui l'incapacité fait la cour.
1

Le Désir non suivi d'action engendre la pestilence.
Le ver que coupe la charrue, lui pardonne.
Celui qui aime l'eau, ;1.u'on Je plonge dans la rivière.
Un sage ne voit pas le même arbre qu1un fou.
Celui dont le visage est sans rayons ne deviendra jamais
une étoile.
Des ouvrages du temps !'Eternité reste amoureuse.
La diligente abeille n'a pas de temps pour la tristesse.
Les heures de la folie sont mesurées par l'horloge, mais
celles de la sagesse, aucune horloge ne les peut mesurer.
Les seules nourritures salubres sont celles que ne prend
ni nasse ni trébuchet.
Liue de comptes, toise et balance ·; garde cela pour ut1e
année de disette.

�134

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

L'oiseau ne vole jamais trop haut, qui vole de ses propres
ailes.
Un corps mort ne venge pas d'une in1ure.

13 5

L'ENFER

Le fou égoïste et souriant, et le fou morne; et re11frogné,
seront tenus tous deux pour sages, et serviront de verge et
de tléau.
•

L'acte le plus sublime, c'est de plaG:er un autre aYant

Si le fou persévér-ait daus sa folie, il rencontrerait la
Sagesse.
·1

m:

Jj

Evidence d'aujourd'hui, imagination d'hier.

SOL

Insanité, masque ·du fourbe.
Pudeur, masque de l'orgueil.

LE MARIAGE DU CIEL ET

J

Le rat, la souris, •lè renard, le lapin, regar"dent vers les
racines; le lionr le tigre, le cheval, l'éléphant regardent vers
les fruits.
Citerne contient, fontaine déborde.
Une pensée, et l'ï°mmensité est emplie.

Les prisons sont bâties avec les pierres de fa Loi, et avec
les briques de la religion, les bordels.
•

J

Orgueil du paon, glo_ire de Dieu ;
Lubricité du bouc, munificence- de Dieu ;
"Colère du lion, sapience de Dieu ;
Nudité &lt;l'e la femme, tra,a-il de Dieu.
L'excès dè chagrin rit ; l'èxcès de plaisir, pleure.
Le .rugissement des lions, le hurlement des loups, le
soulèvement de la mer en furiè et le glaive destructeur,
sont des morceaux d'éternité trop énormes pour l'œil des
hommes.
Renard pris n'accuse que le piège.

' Sois toujours prêt à füte tbn o~iniop., et le lâche t'évitera.
Tout ce qu'il est possible &lt;le &lt;Croire, est un miroir de
vérité.
L'aigle jamais n'a perdu plus de temps, qu'en écçmtant
les leçons du corbeau.
Le renard se ·pourvoit, Dieu pourvoit au lion.'
· Le math½ ·pense ; à midi·, .agis·; le, soir m,ange ;. la nuit,
dors.
Qui s'en est laissé imposer par toi, te ·connaît.
· La charrue ne suit pas plu~ les p~role.s g1,1e la i;écompense
de Dieu les prières 1 •

La joie féconde, la douleur accouche.
Que l'homme vête la dépouille du lion ; la femme, la
toison de la brebis.
A l'oiseau le nid ; à Faraigo.ée la Joile ; à l'homme
l'amitié.

Les tigres de la colère sont plus sages que les chevaux
du savoir.
1. Littéralement! « Comme la ·char.rue suit les paroles, cainsi Dieu
récompense les prières. »
;

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

N'attends que du poison des eàux·st~gnaùtes.
Celui-là seul connaît la suffisance, qui &lt;l'a.bord a connu
l'excès 1 •
' '
Souffrir les remontr.~nêes du fou : privilège royal.
Y eux, de feu ; narines: d'air ; bouche, d'eau ; barbe, de
terre.

,. .

Pauvre en courage est riche en ruse.
Le pommier pour pqusser, ne prend point conseil du
hêtre; ni le lion, ni le cheval pour se nourrir.

LE MARIAGE DU · CIEL ET DE L'ENFER

Adversité, raidit ; félicité, rernche

1 37

1•

Le meilleur vin, c'est le plus vieux ; la meilleure eau,
c'est la plus neuve.
Prières, ne labourez pas l Louanges, ne moissonnez pas !
Joies, ne riez pas ! Chagrins, ne pleurez pas !
Tête, le Sublime; Cœur, le Pathos; gén'itoires, la Beauté;
pieds et mains, la Proportion.
Tel l'air à l'oiseau, ou là mer au porsson; le mépris à
qui le mérite.

Le corbeau voudrait que t0ut soit noir, et le hibou que
tout soit blanc.

Aux rewnnaissants, les mains pleines.
Exubérance : c'est Beauté.
C'est parce que d'autres ont été fous, que nous, ngus
pouvons ne pas l'être 2 •
L'âme d~ doux plaisir ne peut être souillée.
Si plane un aigle, lève la tête ; contemple une parcelle de
génie.
De n:iême que la chenille choisit, pour y pose·r ses. œufs,
les feuilles les plus belles ; ainsi le prêtre pose ses malédictions sur· nos plus belles joies.
Pour créer u.ne petite fleur, des siècles ont travaillé_.
1. Littéralement : « Tu ne peux connaître ce qui est ,assez, que si
tu as connu d'abord ce qui est plus qu'assez. &gt;&gt;
2. Littéralement : « Si d'autres n'aYa,ient pas été fous., c'est nous
qui devrions l'être. &gt;&gt;

Le lion serait rusé, si conseillé par le renard.

La culture trace des chemins droits ; mais les chemins
tortueux sans profit sont ceux là mêmes du génie.
Plutôt étouffer un enfant au berceau, que de bercer
d'insatisfaits désirs 2 •
L'homme absent, la nature est st,érile.

1. (Da11m braces; bless relaxes) Damn comporte une idée de malédiction, de damnation; bless, de bénédiction. Grolleau propose ici :
le ma/beur enchaine; le bonheur délivre. Mais il me parait que la pensét:
de Blake est ici faussée. Ce proverbe de l'enfer donne tout l'avantage
à la malédiction, à l'advers.ité. « To brace », ne peut signifier.: enchaîner ; son sens propre est ici : tonifier, (braâng afr) galvaniser,
tendre ; et s'oppose à « to relax » détendre, amollir.
_
2. Plus exactement : des désirs. inagis.

�I 38

-LA NOUv;ELLE REVUE FRANÇAISE

La vérité, jamais ne peut être. dite de telle manière qu'elle
soit comprise et ne soit pas crue.
Même loi pour le lion et pour le bœuf, c'est oppression.
En voilà assez ~ e}i voilà -trop.

.·

,1

Les poètes de l'aotiqu1té peuplaient le monde sensible
de dieux et de génies, auxquels ils donnai~~ les- non:s -: et
qu'ils revêtaient des attributs - des b01s, des rn1sseaux,
des montagnes, des lacs, des peuples, des cit~s, et de
quoi que ce soit que leurs nombrem: sens élafg1s _pussent
atteindre.
Ils étudiaient particulièrement le génie de chaque ville
et de chaque contrée, plaçant celui-ci sous la tutelle- de sa
déité spirituelle ;
.
Mais bientôt ,pour Yavantagè de •quelques uns, et pour
l'asservissemen~ de la masse, un effort fut tenté d'abstraire
ces déités, qui s'éèhàppèrent ainsi de leur matérialité première : les- prêtres entrèrent en scène. ' .
.
Instituant les rites, d'après les premiers récits des
poètes.
Et finalement les prêtres déclarèrent, qu'ainsi l'avaient
voulu les Dieux.

Les hommes oublièrent alors que seul, le cœur de
l'homme est le lieu de toutes les déités .

VISION MEMORABLE ·

Les prophètes )sait et Ezychie! so11paient~avec moi. Je le~r
demandai comment ils osaient si lib~emcnt affirmer q,ue Dieu

LE MAJUAGE DU CIEL ET DE L'ENFER

1 39

leur parlait. N'avaient-ils point songé, ce faisan~ qtb'îls
risquaient de n'.étre pa,s compris, de p1tter appui à l'imposturû
Isaïe répondit: cc Certes, je. ne vis ni n'entendis aucun Dieu
par quelque perception limitée de mes organes, mais me5 sens
découvrirent T:·infini dans chaque chose, et dès lors je me convainquîs de ceci, .dont je demeute persuadé : que la voix de
l'indignation sincère est voix de Dieu; je ne mHnquiétai point
des conséquences; j'écrivis .
- Pour qu'une chose soit, demandai-je alors, la ferme conviction qièelle est, suffit-elle.? »
Il répondit .: (&lt; Les poètes le croient. Cette ferme conviction, dans les siècles d'imagination, nmuait les moMagnes;
rnais peu nombreux sont ceux capables, en quoi qut ee soit,
d'une conviction véritable. »
Ezechiel dit alors : c&lt; La philosophie de l'Orient enseigna les
premiers principes de la perception humai-ne, telle nation voyait
l'origine dans rel prùzcipe, t-elle autre, nation dans tel a.ùtre
principe-; nous d'Irraël, enseig11âmes que le génie,·poétique. ainsi que vous le nommez. 1naintenant - était Ye.- principe
initial, et que tous les a:ut-res en d6rwaient; de là-notre mépris
pour les prttres et ies philosophés des a.utres contrées; a t'est
pourquoi nous a.llions prophétisant que tous les dieux trouvaient
en nous leur origine1 comme il ser:ait enfin prouvé, ttib11taires
du. Génie Poétique ; c'étdit 1a œ que notre, grand poète...c:roi David
désirait avec tant de ferveur, et invoquait si pathétiquement, à
quoi, disait-il, il devait l'assufettissement des ennemis et Ze gouvernement des royaumes; et nozfs ai111ions 1w.tre Dieu jusqu'à
maudire en son n()1ilt toute autre déité des nations environnantes
et que nous déclarwns révoltées ; de- sorte que le vulgaire
vint if, penser qt'ie- toute,s les nat-ions seraient a la fin soumises
aux Juifs. Cela, dit-il,fut appelé ase-réaliser, ainsi que toutes les
fen-nes convicJions, car toutes les nations reconnaissent présentement le code'fziif et vénèrent le diett des Juifs. Or peut-il y avoir
sujétion plus grande ? &gt;&gt;
f' entendis tout cela avec stu.peur ei dus confemr ma conviction
pers0nnelle.
·

�140

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE:

Après le repas, je priai ]saie d'accorder au monde la révélation de ses œuvres perdues; il me dit qu'il ne s'en était
perdu aucune qui eût q1,œlque valeur. Ezechiel me parla de
même.
Je demandai alors a Isaïe pour quel motif il était allé, corps
et pieds nus,' durqnt trois a1Js. Il répondit : « Pour le mtme
motif qwi fit aller aimi notre ami Diogéne, le Grec. )&gt;
Je demandai a Ezechiel ce qui le fit manger des exc:éments
et rester si longtemps de suite, gisant sur le flanc dr01.t ou le
flanc gauche? Il répondit: « Le désir d'elever les autres ~ommes
jusqu'a la perception de l'infini: les tri~s. de l'.Amériqtte du_
Nord ont des pratiques semblables ; et celui-la est-zl honntte qui
résiste à son génie ou à sa conscience, ·pour le seul anwur de ses
aises et d'une présente satisfaction? )&gt;
** *
L'ancienne tradition, selon laquelle le monde doit être
consumé par le feu, au bout de six mille ans, est vraie,
ainsi que je l'ai appris de l'Enfer.
,
Car le chérubin au aJaive de flamme sera releve de sa
b
•
garde auprès de l'arbre de vie, et a?ssit~t la créatio_n
entière sera consumée, et t0ut ce qm mamtenant nous
paraît fini et corrompu, nous ap?araî~ra infi1:i e: p~r.
Ceci sera obtenu p4 r une amélrorauon de la JOU!ssance
sensuelle.
Mais tout d'abord cette distinction entre le corps
humain et l'âme humaine, devra être abolie : ceci je
l'obtie.ndrai, en imprimant selon la méthode inf~rnale,
-avec des corrosifs, qui dans l'Enfer sont des vulnéraires et
des baumes - qui volatilisent les surfaces apparentes et
-0.écouvre.nt l'infini que celles-ci dissimulaient.
Si les fenètres de la perception étaient nettoyées, chaque
-chose apparaîtrait à l'homme, - ainsi qu'elle l'est infinie.
Cai· l'homme s'est lui-même enfermé jusqu'à ne plus
rien voir qu'à travers les fissures étroites de sa caverne.

LE MARIAGE DU CIEL ET DE L'ENFER

VISION MEMORABLE

J'étais dans une imprimerie, en Enfer, et je vù la méthode
par laquelle est transmis, de genération en génération, le
savoir.
Dans la première chambre, était ttn Dragon-homme, balayant
les gravats a la bouche d'une caverne;_ à l'intérieur, plusieitrs
dragons approfondissaient la caverne.
Dans la seconde chambre, était une vipère enroulée autour
du roc et de la caverne et d'autres ornant celle~ci avec de l'or,
de l'argent et des pierreries.
Dans la troisième chambre, je vis un aigle, dont les ailes et
les plumes etaient d'air ; et il rendait l'intérieur de la
caverne in.fini; alentour, nombre d'aigles, pareils à des hommes,
édifiaient des palais sur les rocs immenses.
Dans la quatrième cha,mbre, des lions -de flamme ardente
tournaient furieux, et fondaient les métaux en fl11,ides vivants.
Dans la cinquième cha.mbre, des formes sans nom jetaient
les métaux dans l'espace.
Ceux-ci etaient reçus dans la sixieme chambre par des
hommes; ils y prenaient l'aspect de livres et formaient des bibliothèques.
*

* *
Les géants qui amenèrent ce monde à son existence
sensuelle, et qui depuis semblent y vivre enchaînés, sont
véritablement les principes de sa vie et les générateurs de
toute acti\·ité ; mais les chaînes sont les ruses des esprits
faibles et soumis, qui ont pouvoir de résister à l'énergie ;
selon_ce que dit le proverbe - « pauvre en courage est
riche en ruse ». ·
Ainsi, une portion de l'être est le Prolifique, l'autre
portion le Dévorant: il semble au Dévorant qu'il tient k
Producteur dans ses chaînes; mais cela n•est point; il ne

�LA N0UVELLE REVUJ;: FRANÇAISR

tient que des portions d'existence et s'imagine qu'il tient
le tout.
Mais le Prolifique cesserait d'être prolifique si le Dévorant comme une mer, n'absorbait l'excès de ses délices.
Certains diront : Dieu n'est-il pas seul Prolifique ?
Je réponds : Dieu seul Agit et Est, d~ns les êtres existants ou hommes .
11 y a et il y aura toujours sur la tèrre ces &lt;lem classes
d'hommes, et elles seront toujours ennemies ; essayer de
les réconcilier, c'est s'efforcer- de détr-uire l'existence.
La Religion est u·n effort pour les , réconcilier.

.'

NoTE: Jésus-Christ a: désiré - non les unir, mais les
séparer, ;:tinsi que nous le voyons dans la. parabole des
brebis et des bpucs ! f;t ·ne gisait-il pas : Jè. suis venll pour
apporter non pas la Paix, mais-le Glaive.
•,

'1•.\

Le Messie ou Satan,' ou Tentateur; était d'àbord considéré çomme un des Ântidéluyiens, c'est-à::dire : une de
nos E11ergies.
VIS_l0N ~1EMORABLE

Un ange vint vers moi et dit : &lt;&lt; 0 pitoyahle, jeune fou ,/ 0
horrible! 0 état effroyable! C011sidère le ca{;hot embrasé que ln
te prépares a toi-même, pour toute l'éternité, et vers où te mene
lit chimin, qne t?l suis, :» '
_
J r p ;;
Je dis : , &lt;&lt; peyt-ftre voud,rez..-11oµs bien !ne t,!J(r!l,trer mon lot
éfe,rnel, ,ou nous wcontampl~rorj's qisefl]iile et j/.OjtS verrcms, de
votre lot et du mien, lequel_est ¼plus désiiiible. &gt;&gt;
Il mej# awr,s pénétrer ~a11s un~ Jtable, puis dan-s une église,
piijs, m,1,-de,ssous, drins la crypte de /:église à t:ext1&lt;émit4 de _laquelle il y avait un mmûin. Nous pénétrdrites da,1s le moylw;
et az6 _delà c"tûit_, ,tme. cape. J}n , tâtonnant, nous s1livt,1ner une
pé:nibte route, en spi1'al:e, quj descendait (t trav~rs la cavr,rnei
f,t1-Sqttà 1m espace-vide, s-ans limites, qui s'ouvrit au,...des~ous de

LE MARI.AGE DU CIEL ET DE L'ENFER

1 43

nous, comme un ciel; et nou5 retenant aux racines des arbres,
nous pendîmes au-dessils de cette immensz'té. Je dis alors :
&lt;&lt; Ange, si vous le voulez. bim, nous nous abandonnerons à c~ ,
vide et verrons si la Providence est , là itUSJi. Si vous ne le
voulez poi11t, nwi je le veux. )&gt; Mais l'ange répondît : « Jeune
présomptueux, ne suffit-il pas, tandis que nous demeMerons-iâ,
que nous contemplions ton .lot; il va bient6t nous apparaitre
quand cessera l'obscurité. »
Je demeurai• donc p;és de lui, assis dans l'entrelacs dès
racines d'un chêne,· et liû se -retenait accroëhé a un champig•non
qui pendait, tête en bas, _sur l'abîme.
Peu à peu, la profondewr infinie devint distincte, rougeoyante
co11tmê la fu11zée d'u,ne ville -incerrdiée; a11,-dessous ~e nous., à
tlne immense distance, était le soleil, noir mais luisant; alentour du. soleil, des lign,es, de fett s1zr lesq1.1elles d'énormes araignées évoluaient, se traî11ant vers leurs proies; lesquelles valetaient, nageaient plutôt, dans la profondeur infinie, sous forme
d' tmimaux très affreux~ isstts · de 1a corrnptian; et l'espace était
tout empli et paraissait co111posé d'elles: ce sont là les Dé,mons,
et on lllS. riomme Puissan:ces de l'air .
f e demandai donc à mon {ompagnol'} quel était mon lot
étern_el ? Il répondit : cc Ent're les araign'ées noires et bl{l,nches. &gt;&gt;
Mais, à cç nwment_, _J?entre les araignées nains et blanches~
une nuée de fta,mme éclata 'foulant a tra11t:-rs ,l'abiJne, assombrissant tout cé qui sè trouvait au-des:ïotts d'elle, ~esorte que la
profondeur i11férieure dë:vint -11oiré comme · 1me 1ner et s'agita
avec 111i brui-t. terrible : ait-dNsous de nous, il n'était plus rien
q1ltm pût ·voir, q1t'1~7te, noire tempüe, lorsque regiardçmt vers
l'est, nous distinguâmes vers les nuées et les vagues, une cataracte de,sang-rnêlé de feu etJ distant -de nous seul~tnent-de quelques jets de pierre, apparttt et plongea de n@vea{(, le repli
écameux d'un 11wnstrueux serpent~ -vers l'Est eujin, distant
d'environ trpis, degrls, u11~ ;créte enf!a1itrnéè.apparut ati-'fiessus
de, vagues•. lerft~ment cela s'eleva·'ô111'~blabl.e~à u1:e rq,ngét; de
rocs· d:or, et nous vîrnes deux globes de feu cramoisi,, desquels

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

s'échappait la mer en ntiagfs de fumée, et nous comprîmes alors
que c'était la tête. de ltrl:'iathan : son front était divisé par des
stries de vert et de pourpre-, semblabl,s a cellés sude front d1un
tigre; bientôt nou, distinguâmes sa gueule; ses branchies rouges
pendaient juste au-dessus de l'écume en,. furie et teignaient de
rais de sang lt gouffre noir, avançant vers nous avec tout l'emportement d'une spirituelle existence.
L'ange, mon ami, grimpa de son poste dl:Lns le moulin: je
demeurai seul, et voici; cette apparence nétaît plus ; je me
trouvtti couché sur une plaisante terrasse, au bord d'une riviêre_,
au clair de lune, écoutant un jourur de harpe qui chantait en
s'accompagnant sur ce thème : L'homme qui ne change jamais
d'opinion, est compa.rable a l'eau stagnante; il fomente les seipents de l'esprit.
Puis, je me levai et partis à la recherche du . nîoulin où je
trouvai mon Ange, qui, surpris, me demanda comment j'avais
échappé.
Je réporidis: &lt;&lt; Tout ce qu'ensemble nous avons vu, procédait ile
votre métaphysique; car, sitôt après V()fre fuite, je me suis
trouvé sur une terrasse, écputanf un joueur de harpe, au clair
de lune. Mais a présent que nous avons vu mon lot éternel,
vous montrerai-je le v6tre ? » Ma proposition le fit rire, -mais
moi, soudain, je le saisis entre mes bras et fendis, en volant, la
nuit occidentale; et nous nous élevdmès ainsi j1tsqu' au-dessus
- de l'ombre de la terre : alors je me lançai avec liii tout droit
dans le corps du soleil; et là je me -revttis de blanc et prenant
dans mes mains les liures de Swedenborg, je plongeai loin âu
glorieux climat, et outrepassant les planetes, nous atteignîmes
Saturne. La, je m'arrêtai pour me reposer; JniÏs ntélançai dans
J-e vide, entre Saturne et les étoiles fixes .
« Voici ton lot, lui dis-je., ici, dans œt espace - si espace
ceci peut être nommé. &gt;&gt;
.
Bientôt nous vîmes l'e.table et l'église; et je l'emmenai vers
l'autel et j'ouvris la Bible, et voici: c'Jtait un -puits profond
dans lequel je desce,ndis, faisant passer tange deuarit moi; nous
vînm bierttôt sept maisons de brique; nous entrâmes dans l'une

LE .MARIAGE DU CIEL ET DE L'ENFER

d'elles; il y avait là quantité de singes babouins et d'autres de
cette espèce, enr,ha!nés par le milieu du corps, grimaçants et
s'agrippant l'un à l'autre, mais emp!chés par le peu de longueur de leurs chaînes. Pourtant, je les vis qui pmfois devenaient plus nombreux, et le fort alors s'emparait du faible, et
toujours grimaçant ils s'accouplaient d'abord, puis s'entre-dévoraient, arrachant un membre d'abord, puis nn autre, de sorte
que bientôt il ne restait plus qu'un tronc misérable, lequel ils
embrassaient d'abord avec des grima.ces de feinte tendresse, puis
finissaient par dévorer également. De-ci de-la j'en vis qui épluchaient, avec gourmandise, la chair de leur propre queue. La
puanteur nous incommodait grandement tous deux ; nous rentrâmes dans le moitlin; ma main ramena l,f. sqtJ.elette d'un
corps; c'était les Analytiques d'Aristote.
L'ange me dit alors: &lt;( Ta fantaisie m'en afait accroire, et
de cela tu devrais rougir. &gt;&gt;
Je répondis: &lt;c Réciproquement chacun de nous en fait accroire
à l'autre; c'est vrainumt perdre son temps que de converser avec
toi qui n'as su produire que d~s Analytiques. &gt;&gt;
*
* *

Il m'a toujours paru que les Anges avaient la vanité de
parler d'eux-mêmes comme étant seuls sages ; ils font cela
avec la confiante _insolence qui naît du raisonnement systématique.
C'est ainsi que Swedenborg se vante d'avoir écrit des
choses neuves - bien que ce ne soit qu'une rable des
matières ou un catalogue de livres précédemment publiés.
Un homme conduisait un singe pour une parade, et
parce qu'il était un peu plus sensé que le singe, il s'enflait
de vanité et se considérait comme sept fois plus sage que
les autres hommes.
Tel est le cas de Swedenborg : il dénonce la folie des
églises et démasque les hypocrites, et en vient .à imaginer
que tous les hommes s011t religieux et qu'il est le seul sur
terre qui jamais rompît les mailles du filet.

�LE MARIAGE DU CIEL ET DE L'ENFER

LA .NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Maintena-nt écoute;,;: ceci est un fait évident : Swedenborg n'a pas écrit une.seule-vérité neuve. .
Et c~ai en est un .autre: .il a écrit toutes les vieilles faussetés.
Et ·maintenant écoutez la rai.son : il conversait .avec les
Anoes qui tous sont religieux, et ne cônversait pas avec
t:i
l
.
les Démons qui tous haïssc:nt la Religion - cari en était
incapable à caùse de sa fatuité intellectuelle'.
C'est ainsi que 1~s écrits de Swedenborg ne. sont qu'une
récapitulation de toutes les opinions superficielles, et
qu'une analyse des· opinions 1~ plus sublimes ; rien de

~m.

.

Voici maintenant un autre fait évident : n'importe quel
homme au talent mécanique. peut, s'ai&lt;laot des écrits de
Paracelse ou de Jac0b Boehme, produire dix mille v.olumes
de valeur égale à ceux de Swedenborg, et s'aidant de ce_ux
de Dante ou de Shakespeare des volumes en nombre
infini.
rMais après qu.'il aura fait cela, qu'il ne vienue pas
se dire au'il en sait plus que son maître, car simplement il
tient un~ chandelle en plein midi.

VIS.10N MEUOR.ABLE

Un jour, je vis un. démon dans ime flamme de f~u, qui
surgit devant un Ange as.sis sur 1m nuage; et le démon dit ces
mots. :
« Le ciûte. de Dieu est de rendre honneur à ses àons dans
d'aùtres hommes&gt; à chacun selon s.on génie, aux pl1is grands le
rneilleur anwur. Envier ou calomnier lts grands honmies, c'eJt
haïr Dieu, car il n1est pas d'autre Dieu.».
L'ange en entendrmt ces mots, devint presq-ue bleu; mais se
'I. Ou peut-être· : à cause dè ses opinions préconçues (ronceiteà
11otions).

1.

147

maîtrisant il jaunit, puis enfin tourna au blanc rose · et souriant
il répliqua :
,
« 0 idolâtre, Dieu n'est-il pas un? Et n'est-il pas visible en
Jésus-Christ? Et Jésus-Christ n'a-t-il pas donné son assentiment a la loi des dix commandements ? et tous les autres hommes
ne sont-ils pas des insensés, des pécheurs, des zéros ? »
Le démon répondit : «~Broiè l'insensé comme le grain de blé
sous la meule! Tu ne sépareras pas de lui sa folie. Si jésusChrist est le plus grand des hommes, tu lui a&lt;is le plus gram:'
amour. Mais écoute à présent comme il a donné son assentiment
à la loi des dix commandements : ne s'est-il pas moqué du
sabbat, moquant ainsi le sabbat de Dieu? N'a-t-il pas meurtri
ceux qui furent meurtris en son nom ? Détourné la loi, de la
femme adultère? Volé le travail de ceux qui le faisaient vivre ?
Supporté le faux témoignage en refusant de se défendre contre
Pilate? Convoité lonqu'il priait pour ses discj,ples et qu'il leur
enjoignait de secouer la pç11-s,sière de Jeurs sandales contre ceux
qÙi refusaient de les loger ? &gt;&gt;
Je vous le dis, nulle vertu ne peut exister qu'elle ne brise ces
dix commandements. Jésus était tout vertu; il agissait par
impulsion, non selon les règles.
Apres qu'il eut ainsi parlé, je regardai l'Ange; il écarta les
bras, embrassa la flamme ·de feu, fut consumé et resurgit en
Elisée.
-

NoTE. Cet ange qui maintenant est devenu un démon,
est mon .imi particulier ; nous lisons souvent la Bible
ensemble, dans son sens infernal ou diabolique - que le
monde connaîtra s'il se conduit bien.
J'ai aussi : la Bible de l'Enfer, que le monde connaîtra,
qu'il le veuille ou non.
Traduit par

ANDRÉ GIDE

WILLIAM BLAKE

�VOLUTES

II

VOLUTES

Quand je revois ta cuisse où le givre se colle,
ô Diane de pierre, et le pli de ton sein,

I

le temps que je n'allais pas encore à I'école
vient reprendre sa course autour de ces bassins.
Tout nuage est possible encore. D'une pipe
un filet monte en point d'interrogation.

Chercher les pas de mon enfance, 6 Tuileries !

Selon que plus ou moins ton souff!,e s'émancipe,

Vous dé.filez toujours, gardes municipaux,

tu vois y moutonner d'au tref créations.

mais il manque à l'orgueil de vos cavaleries
le casque et la blqncheur des baudriers de peau.

Quenouille, a quel rouet ta laine se dévide
sur le rythme d'un pied qui bat les temps égaux ?

Où fiottent les rubans de" vos coiffes, nourrices ?
Vous dites qu'au printemps les orangers fleurissent ?

Tourne, fumée en rond! Et le tabac se vide
de fantômes touclés mieux que des escargots.

C'est un plus jeune vieux qui charme les oiseaux.

Bleus turbans, mais ouvrez la fenttre, ils s'envolent.
Et rien que changer d'air nous ravit l'auréole.

Tandù que sur l'allée où la ronde s'est faite,

Pour un si vain plaisir tant d'argent dépensé I

tu suspends, chassertsse, une jambe parfaite,

,
Fumeur intoxiqué par trop de nicotine
yt sourd- grand bien te fasse - aux critiques sensés,
tu vois naître sans fin le songe où tu t'obstines.

je pousse devant moi ces images, cerceaux.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

III

REMARQ_UE SUR LES GONCOURT

A quel astre, ce soir, vais-je nouer ce vœu?
Je te cherche parmi ces femmes et ces filles
- hauts peignes espagnols sur les divers cheveu~ visage, ô mon étoile où quelque feu scintille.

Mais plus seul au remous des foules, je ne mis,
prêt toujours a cueilHr la lune au bout des branches,
qu'un rêveur !coutant son jaràin dans la nu,i (
nwllement s'éventer d'un arbuste qui penche.

Le jeu de la mantille et du châle brodé,
le rire, une fusi!e entre les feuilles sombres,
quel sérieux regard leur poorrais-je ctcwrder?

Mille reflets sur l'eau des lumières qui sombrent.
Et je donne à l'attrore, ô cieux qui pâlissez.,
cet ombrageux désir que fe n1ai pas fixé.
PAUL FIERENS

De fêcrivain qui fait école, la gloire glisse parfois en
un piège dont elle a peine à se dégager. Entre son œUVl'e
et ri.otre regard des contrefaçons innombrables interposent
une série de rideaux, et toujours davantage l'œuvre recule
dans l'invisible. Par sa nature même, le talent des Gon•
court les désignait pour devenir de ce jeu du sort des
victimes qu'ils auraient qualifiées d'cc exquises». Tandis
qu'on les lit, il n'est pas toujours facile même à ceux qui
•les goûtent le plus de nettoyer la mémoire dés paillettes
poudreuses de tant de. sémillants chroniqueurs, et en par~
ticulier d'un certain .style « a:vant-propos pour catalogue
d'exposition» dont le rappor.t aux réussites des Goncourt
est à peu près cel"1;1i d'un domino sur lequel il a plu, aux
taches vives d'une aquarelle de Boudin ou à quelque berge
frissonnante -de Sisley.
De là peut-être le vent de réaction qui dans les années
antérieures à 1-a guerre soufflait de tous côtés contre
l'œuvre · des deux frères. La réaction était d'a.illeurs à c~
point dépourvue de nuance qu'elle apparaissait proprement
inique; fille légitime, elle, de cette inintelligense même
que l'on jugeait bon de reprocher à des hommes en leurs
limites entièrement originaux ; qui ont retrouvé, ressuscité
l'art de tout un siècle - et de ce siècle à la se!.lle mention
duquel certains détracteurs des Goncourt se prosternent
· aussitôt ~; qui annexèrent le Japon à notre ctilture et
qui .ont • soumis nos habitudes visueUes à des exercices
d'assouplissement et de précision singulièrement pro.fi-

�152

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tables. Aussi, le centenaire d'Edmond ·de Goncou.rt se futil produit quinze ans plus tôt, les esprits qu'anime un
souci d'équité eussent préféré garder leurs réserves pour
eux. Mais les livres des Goncourt appartiennent dorénavant à l'histoire; de la direction nouvelle qu'ils imprimèrent
au roman on peut discuter le principe : on ne saurait nier
que non seulement ils furent les premiers en date, mais
qu'ils remplirent leur objet de telle sorte que ceux qui
prirent d'eux le mot d'ordre se trouvèrent réduits à la
pâleur de la réplique ou à cette autre pâleur détournée
que représente l'outrance. Aujourd'hui que la découverte
éventuelle de nouveaux dessins de Watteau constitue à
juste titre un événement; qu'une exposition Prudhon est
ouverte, on a le droit de postuler que règne au sujet des
Goncourt cette fixité barométrique seule favorable . aux
restrictions des admirateurs sincères.
« Bien écrire, c'est bien penser, bien sentir et bien
rendre. i&gt; Soutenir qu'e.nvers le premier terme de la définition de Buffon les Goncourt ne se soient pas acquittés est
parfaitement inexact : on pense bien quand l'acte mental
est adéquat à la fin qu'il se propose, et le fait de réclamer
sans cesse d'un artiste qu'il pense davantage traduit le
plus souvent une méconnaissance totale du rôle de la
pensée dans l'art, - du plan où cette pensée est appelée
à intervenir ; il n'en est pas moins vrai que c'est sur le
second et plus encore sur le troisième terme de la définition que dans la pratique les Goncourt ont insisté. Tout
• leur effort s'est concentré, - s'est crispé parfois, - sur le
problème de « bien rendre i&gt; ce qu'ils avaient c&lt; bien senti i&gt;.
C'.est précisément pour avoir voulu maintenir avec une
rigueur absolue l'équation qu'ils avaient établie entre cesdeux termes que les Goncourt tombent sous le coup de
ce1tains des reproches qt,1'011 leur adresse; une relative vulnérabilité esthétique naît en leur cas d'une trop méticuleuse· probité. De chaque pièce d'or, ils ont cru qu'il fallait
jusqu'au dernier sou toujours restituer la monnaie : ils

REMARQUE SUR LES GOKCOURT

1 53

n'ont pas su ouvrir ce compte de c&lt; Profits et Pertes &gt;&gt; dont
l'artiste tout à fait grand découvre bien vite que son industrie ne saurait se passer. Toutes les fois où comme ici c'est
parce qu'il a trop préservé sa ligne qu'un artiste touche un
écueil, il commande l'estime et suscite l'examen.
Le rendu strict des objets - et j'entends par Jà, non
point cette suggestion grâce à laquelle les artistes du rang le
plus haut peut-être obtiennent que l'objet se recompose irréprochablement dans la vision du lecteur, mais bien l'acte
qui pose l'objet lui-même devant nous à la façon dont on
le place sur une table - ne s'introduit dans la littérature
française qu'avec Théophile Gautier. Ce ne sont plus des
analogies, ce sont des identités que l'artiste poursuit alors.
Mais le succès d'une tellf entreprise implique cette stabilité de l'esprit présidant au pacifique 'travail de la main qui
constitue un des traits les plus beaux et les plus attachants
de Théophile Gautier : il semble toujours que Gautier soit
assis devant le modèle qu'il restitue. Or l'art de prédilection des Goncourt est celui où la grâce tremble au sein
même de la beauté ; c'est le mouvement de la forme qu'en
leur œuvre ils visent toujours, - et ce mouvement même,
ils prétendent à le saisir de telle manière que dans leur
transcription son tourbillon léger ne soit jamais suspendu.
C'est en quoi la limite où ils s'établissent est périlleuse.
Parce que les effets du peintre sont des effets dans l'espace,
que ses rapports avec le temps se bornent à s'en assurer par sa
science la toute puissante collaboration le peintre peut non
seulement se permettre ce mouvement de la forme, mais.
y trouver un incomparable rehaut : la façon dont imperceptiblement une de ses figures a l'air de bouger est parfois
chez lui l'indice même de la race : songez aux sanguines
de Watteau . Mais !'écrivain qui se veut pictural est tenu
au contraire de renforcer le caractère de fixité qu'a par
nature le tableau peint : la fixité fait ici contrepoids, et
c'est ce qu'ont admirablement compris Gautier et, après
lui, Flaubert. L'inconvénient en effet de l'expression qui

�1 54

•'

LA NOUVELLE. REVUE FRàNÇAISE

bouge, c'est que survienne le moment où elle aboutit à la
trépidation; et cette trépidation s'aggrave ici d_u fait _q ue
l~s Goncourt ont érigé le système nerveux èn uu facteur
esthétique différepcié et conscient à l'excès. Ils ont systématiquement provoqué. chez eux l'entrée en je1:1 d'un:e'force
qui
toute SOD! efficace et toute sa beauté que lorsqu'elle
se dégage, électrique, à la pointe d'autres facultés dont elle
s'offre alors à nnus comrn.e quelque merveilleuse antenne.
Le réseau nerveux des Goncourt est s.i complètement à
découvert que tror souvent l'on pense aux pl~nches Jes
atlas spéciaux.
Manquer de goût à force d'en avoir.,, - le c_as des Goncourt nous apprend qne pareille anomalie_peut se produire:
lorsqu'il est tout entiér jouissance,_ le goût en matière d'art
fausse parfois. le tact ·e n matière de style. La finesse même
de la vision. 1 le pouvoir d.e discrimination presque-iudéfini,e
qu'elle engeo.dte, induisent certains artistes r mettre· ~n
œtte finesse. et en ce pouvoir toutes leurs complaisances,
à modeler chaque sensation avec une i:ns:is.tance finalement
indiscrète. « Es.t-c.e beau 1 Mais rendre ça !--· le tripotis, le
roulement, ça l &gt;l s'écrie un personnage d:e Charles Demailly
devant le spectacle du bal de !'Opéra, et Charles lui-même,
dans lequel les Goncomt ont su faire passer non seulement
leur plus frémissantes mais aussi leurs plus nobles ardeurs,
ne dit-il pas : ic Combien dans ma vie .aurai-je tripoté
d'objets d'art, et joui· par .eax ! 1, Si, sur le plan d'une
certaine bienséance, cet exercice déco1;1sidère légèrement un
artiste, le ravale au rang d'un collectionneur un peu gourmand, du moins l'objet d'art n'en reçoit-il nulle atteinte :
il n'en va pas de même de son équivalent verbal; l'expres.s19n, elle; ne se laisse-pas tripoter sans qu'elle ne se chiffonne ·quelque, peu_. Chez les Goncourt, il est vrai, Ie
chiffonnage ne ·dépasse g:uè_re le point jusqu'où le mène à
l'occasion une lingère ex.'pèrtê, tandis que certains de leurs
imitateurs :ont trav&lt;tillé pour le chiffonnier sans plus.
N'importe : cette continence esthétique qui.chez le grand

n'a

REMARQUE SUR LES GONCOURT

I

55

artiste hride toutes choses, y compris l'expression de l'mcontinence elle-même, voilà la qualité qui aux Goncourt a
trop manqué.
Mais la sensibilité visuelle.., au degré où ils la possédèrent., est un don si rare que c'est à elle que dans leur
cas ilfauttoujours revenir. S'ils ont excellé dans la« note&gt;&gt;,
c'est que la &lt;( note » souffre les approches les plus familières; je dirai même qu'elle les appelle; elle n'est vraiment
« note &gt;&gt; qu'à ce prix. Aussi, envisageant les Goncourt non
plus comme inidateurs mais comme stylistes, je serais
enclin à voir leur chef-d'œuvre dans les trois premiers
volumes du Journal,. - je dis les trois premiers, car, bien
qu·e ce soit le centenaire d'Edmond que nous célébrions
aujourd'hui, c'est du vivant de Jules que l'œuvre atteint
à mon sens son point de maturité. Chose singulière,
c'est dans le Journal que le moteur ronfle le moins. S'ils
l'on certainement écrit avec une ~lirière-pensée de publication, du moins l'écrivaient-ils pour une échéance lointaine qui put contribuer à calmer cette fièvre de l'effet à
produire que leur honnêteté foncière et la dignité de leurs
scrupules ne parvinrent cependant jamais à éliminer . 'Le
Journal est bien davantage que le document inappréciable
reconnu de tous aujourd'hui : en ces annales de deux esprits
hautains mais torturés, d'une intégrité vétille).lse, observations et aperçus pénètrent : on y rencontre plus d'un
trait que Chamfort n'aurait pas désavoué, et chez les Goncourt la formule a toujours l'air de s'enlever sur un
de ces fonds teintés qui avivent tel dessin de maître.
En maints endroits ils se sont targués de ne point aimer
la nature : cependant le Journal renferme certains paysages
d'une précieuse matière saupoudrée devant lesquels on
comprend tout le sens de l'expression : les caresses du
pinceau. Les Goncourt ont su voir, et presque tous leurs
défauts ne naissent somme toute que de l'excès même de
cette qualité. Leur regard ne peut se poser sur les objets
sans qu'il y contracte une ivresse qui se communiquaflt

�LÀ NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à la page étend jusqu'à nous sa contagion et nous monte
un peu à la tête. Ils appartiennent à l'ordre de ces écrivains qui pour être pleinement goûtés ont besoin_qu'on
devienne à demi leur complice, - mais sont-ils vraiment
si nombreux ceux qui peuvent se passer tout à fait de cette
complicité là?

t: TUDE DE NU

CHARLES DU BOS

A MADAME M. B.

Exploration! La première fois que je te vis, je n'accueillis que les reflets qui se jouaient sur ton visage. Si j'avais
avoué de quel lin fragile se reliaient alors nos regards,
peut-être ne serais-tu jamais revenue ... Le bavolet de ton
chapeau était d'une faille cyclamen. Une broderie flottait
sur ses bords. La soie vaporisait une clarté que les mailles
éclaboussaient en étincelles. Des échanges s'o_péraient entre
ta pâleur et la soie. D'où l'imprécision de tes traits. Ta
beauté se devinait. On n'eut osé l'affirmer. Captive entre
les feux croisés des fards, des tissus lamés et des lampes
voltaïques, tu te blessais de reflets. D'autres reflets te pansaient. Des lanières d'ares-en-ciel couraient en complexes
spicas sur tes joues. Ajoutons tes lignes noyées dans un
moutonnement de fourrures. Il y avait où s'irriter d'étreindre
un nuage éphémère au lieu des contours désirés ...
** *

Découvertes ! Tu retiras ton chapeau. Vrai, tu changeas
de visage. Ta physionomie vacilla sous d'inattendus reflets.
J'eus du mal à m'orienter. Le bandeau de métal serrant ce
soir-là tes cheveux, les triples mousselines de. la lampe,
dans un ccin une veilleuse, douce paupière abaissée, songe!
Quels rayonnements, fondus ou scindés tour à tour au
hasard de tes regards luisant comme un poignard, au

(

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

caprice de tes gestes- étendards d'ombre levés I Ta coquetterie - gourmande de curiosité - se plaisait à poser des
énigmes. Un peu décorative, ta grâce. Tu évoquais la
ballerine de qui chaque effet de pointes exige un effet de
primes sur un tréteau à réflecteurs.
Somme toute, tu te dé'robais. Tu fuyais sous les lueurs
artificielles : une amoureuse d'antan eût fui sous un bosquet. Craignais-tu de te livrer par l'exactitude de ton teint -?
Il n'est pas impossible que ces fards aient caressé des joues
timides.
Tu minaudais à coups de reflets. Les reflets dansaient des
rondes autour de fa beauté. Les minauderies dansaient
aussi autour de ton amour !
*
* *

Elle a franchi le seuil de la maison bien-aimée. La
qualité de la lumière apprivoisa ses beaux yeux que le
jour ava1t meurtris. Ses pupilles se di1atèrent comme des
corolles inconnues. Ses voiles qui dérobent à son corps la
parcelle d'éternité qu'il porte, ses voiles coulèrent : :eur
soie fut une fumée qui joua un inst3:nt entre s~ doi-gts,
puis à ses pieds se condensa en flocons bleus. Ah ! pas plutôt ses mains nues, elles se mirent à s'ennuyer! Mais elles
ne furent plus que caresses et bien vite s'oublièrent. Ses
hanches enserraient l'effroi d' être dévêtues et se ca{:haient
dans l'étreinte. Ses doigts, posés sur mes yeux, n'empêchaient
pas l'éclat de son sein de diffuser en mon regard:. Sous mes
paupières car~ssées, glissait une extase de banqmses ...
t

,,

** *

C est alors que j'eus tendance à devenir ennuyeux. Déjà
je•lui avais -appris 1 secouer la tyrannie des modes ; amoureuse des étoffes, à s'en moins faire l'esclave; bref -à les
rendre, à leur tour, amoureuses tie son corps. Elle était en

ETUDE DE NU

1 59

progrès. Les plis de sa robe devenaient. son mouvement
même.
Mais, comme je commençais ainsi.:
- Ne .sois belle ni par tes voiles, ni par ta seule beauté ...
Si ta pose est d'une, déesse, c'est que la fleur de ton âme
courbe fa tige de ton buste . .,
,_
( t Mon âme! » fit-elle, quasi choquée. Il ne faut pas
dire de gros mots ... Mon âme! c'est déjà beaucoup! N'ajoute
pas .une fleur au bout, comme ~u canon d'un fosil !
Elle ne comprenait pas que l'homme ait besoin de
s'éblouir et de.frapper sur.l'amour comme sur le fer d'une
enclume pour extraire des scintillations. J'aurais voulu la
persuader qu'elle n:est pas si simple qu'elle pense, qu 1elle
résume toute la vie, que la torche de sa chevelure n'est pas
seule à la distinguer! Mais tes.baisers, lui aurais-je inculqué,
ne sont pas que des baisers~ Ils arrachent les pétales collés
de J'angoisse. Tes yeux ont des profondeurs où ton abandon s'accumule. Tu n.e t'en serais jamais doutée. L'ondulation de tes hanches anime des crépuscules. Mov orgueil
- ah ! celui-là ! - résistant à tout hypnotique, dans le
my stère de tes cheveux., il s'est mis à s'assoupir.
Ha! la pauvreté de nos gestes! Pouvais-je devant elle en
parler! Je crois qu'elle s'en fut froissée et que c'eût été
déplacé.
J'avais un .attirail d'-;1bstractions pour habiller ma pensée, tel que l'armure d'un croisé sur une vareuse « bleu
horizon » lui eût semblé moins démodée. L'Erernité, à ses
yeux, c'était un bloc d'anthracite, bon pour la locomotive
de nos poussives métaphysiques !
Il m'avait semblé deviner ce qui pouvait nous séparer.
EUe a le géotropisme des fleurs qui, voulant s'ouvrir face
au ciel, s'évadent des zones d'ombre et se jettent au cou du
soleil. Pour elle~ tout ce gui brille, c'est de l'or. Moi, j'ai
un cœuT de, rhizome : mes ans se comptent aux racines.
Mon géotropisme est contraire. Je bois l'humus ; elle, la
lumière.

�160

.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSE

Je cherche la raison des choses. Elle aime les choses sans
raison.
Les eaux bleues qui portent ma nage, j'ignorais œ qui
les portait et j'avais peur d'un lit de yase. Je préférais la
certitude des fonds élastiques et fermes .
Elle posait ses mains sur ma bouche pour délicatement
m'ôter le souci d'être importun - si bien que je finis par
m'écrier:
- Oui, tu as raison ... Tu es Femme! Je veux redire ce
seul mot!
Un baiser claqua si clair à ce moment que je crus avoir
mis le doigt sur le déclic d'un secret. Je fis jouer à nouveau
le déclic. J'avais trouvé le mot qu'il faut. Je sus d'autres
mots bourdonnants. J'en fis une ruche mielleuse. Elle inocu1ait dans mes veines des voluptés régulières, mais écœurantes et douceâtres comme un sérum glucosé. Je prenais
l'affreux parti de ne connaître jamais d'elle que son corps et
des murmures.

Pmutant j'eusse aimé la comprendre ou me rendre
compte au moins du peu qu'il y avair à comprendre. Je
fus bien stupéfait un soir. Elle fumait et se mit à parler.
Je crus qu'il y avait une énigme dans ses paroles et dans
les spires de fumée, un point d'interrogation. Ils n'existaient
ni l'un ni l'autre. Lent à comprendre, je fus rapide à m'exalter. - Tu n'es pas sot, faisait-elle et tu me dois d'être
moins bête. Tu ne t'exprimes plus par abstractions. Devant
les mots q ue tu m'écris, tu ne mets plus de majuscules,
mais tu manqu es d'imagination . Tu renifles les images à
cent pas. Tu n'en éternues jamais. Sans doute, &lt;&lt; la sève du
printemps» nourrit l'étreinte de mes jambes, tu le répètes,
c'est entendu ... Tu exprimes à m on sein la « pulpe de je
ne sais quel frui t». Mais tu n'as d'armes à ton service que
la chaude · armure de mes reins ... N 'as-tu donc pu forger
mieux?

161

.ETUDE DE NU

, Qui eût osé

:e

contester que je porte, par exemple,.

1Equateur en cemture, qu'en s'éveillant au creux de ma.
h~nch~ on afait !e tour du monde ? A ta place, moi, j'aura_,s d1t : dans nos baisers - brrr ! d'y penser, fièvre et
fns~ons ! - tournent des feux d'artifice (soleil d'été, fête
nationale) qui lanceraient des boules de neige parmi les
ro~es de salpêtre! Enfin ma chair pourrait avoir des perfidies de Jagunes . Vicieux, mon baleine t'eût donné - ah!
des moiteurs de malaria ! Un sculpteur laisse bien dans Ja
glaise son pouce et parfois son génie : que diable si mes
talons sur les plages ne creusent des fossettes de sable où
~riss~nne ma beauté I Avant de me décoiffer, tu pourrais
1magrner que mes tresses, sous l'arceau d'écaille, ont le
caprice aes jardins anglais. Tu ne discuteras pas que nos
cheveux, au réveil, sont des broussailles enflammées d'aube!
Quand nous roulions dans les gazons, le regard levé vers
un ciel pris dans les glaces des nues, nos baisers pouvaient
se donner Je luxe de tremper dans l'onde antarctique!
Les jours d'introuvables images, tu aurais bien pu chanter qu'un amour universel s'engouffre au fond de mes bras,
avec reprise au refrain :
Je suis l'amant de la Terre
Puisque ton amant, ma chère !
Laisse-moi me moquer un instant ! Les jeunes gens
sont désormais avertis et positifs. Il n'est plus de nahetés
qu'en palme, au front des poètes ! Puisque tu n'es pas
homme de lettres, ne joue donc pas ce rôle-là. Le squelette
de vos pantins ne s'articule qu'avec des mots. Vous disloquez l'existence. Par l'amas des métaphores se distingue un
écrivain, comme un grand port se désigne au nombre de
ses sémaphores. Soyons maniaques d'assonances ! Métaphores, sémaphores ! Tel est Je genre de vos trouvailles,
quand vous désirez dn tapage : Ies assonances sont vos
cymbales.
Au fond, je ne me moque pas. Démence ? Fumisterie ?
II

�I 62

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ah ! je te jure que non. Je dis ce que tu n'as pas dit.
J'aime ce que tu n'as pas trouvé. Qu'un nigaud me paraît
beau t Il sera peut-être amoureux. L'amour, ma seconde
enfance ! Quand tu raillais: « Tu es Femme ! i&gt;, tu voulais
me mépriser. Cependant, simplement dit, ce mot me suffit.
N'affirme pas superficielle, qui ne s'est pas donnée toute ...
Soyons simples si possible. Accoudons-nous au balcon
et jouons à aimer les hommes. On lan.çait du bout des
doigts son patriotisme a.u x soldats qu3:nd ils défilaient dans
les rues. On a cargué les drapeaux. Les orages des patribtes
faisaient redouter un naufrage... Laissons les fenêtres
ouvertes. Les passants ne se doutent pas qu'ils remplacent
Ies régiments et que nous jetons notre amour sur là hâte
de leurs soucis!. .. Mon abonné des « Belles Im~ges », je
t'offre un bonheur sans reflets et l'essor de' ma taille libre.
Tu aimes les âmes nues : n'entrave plus leur élan de la
passementerie de tes phrases.
GIL ROBIN

SILBERMANN
1
~~ troisième on passait au grand lycée. Il occupait la
m01tré. de la construction totale etl était identique à· la partie où j'avais f.ait mes étu.des pendant quat:re a1rnées; Mêi.ne
c:our carré.e, plamé.e de quelques arbres, dont faisait le tour
une, haute galerie. couverte, élar:gie. à un endro_it pour former préau. : même disposition d-es classes teiut du long de
cette galerie; et suries murs, entre les fenêtres~ s,embla-bles
mou:fuges de bas-ce1i:efs a-ntiques.
N'ézrrmoirrs~ œmmec'était fa première fois,, le matin de
cette rentrée d'octobre,. 4ue je pénétrais dans aette cotll!,. les
choses, me présentaient un aspect: neuf et je portai5, de tous·
çâtés des regards rurieux.. La pensée ch.agrin.e d.'unf: indépendance qui expire me vint à l'esprit comme je remarquais les portes et les ·crois.ées, nouvellement rep.eio.tes, Leur
couleur marron toug.e était pareille à celle des jujubes que
l'a.vant-veiile encore; je ramassa:is.à Aiguesbelles, près de
Nîmes, dans le jardin du mas. C'était là, chez mes grands·
parents, que nous. avions pa-ssé les vacances airrsi que
chaque année.. Nous y restions jusqu?au s.oir du dernier
dimanche,.ca.r ma mère se pl-aisait beaucoup à ces jours de
cérémonie et de.10.isir qni lui rappelaien.t les réjouissances
virginales de.sa jeunesse. L'absence de mon père, qui rentrait
à. Paris au commencement de septembre, la rendait libre
de les vivre de même. façon qu'autrefois. Le. matin~ nous
allions avec. mes grands parents au. temple. Au retour, ma
mère ne manquait jamais de cueillir au gros figuier dont
les vieilles racines noueuses ét:aâent capti.ves rum.s 16 dallage

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

,.

de la terrasse la figue la plus belle et la plus chaude. Elle·
me la tendait, ayant fendu en quatre la pulpe rose et granuleuse, et me regardait manger, cherchant dans mes yeux
si j'aimais les fruits de cet arbre autant qu'elle les avait
aimés à mon âge ...
Mais dans cette cour où je me trouvais maintenant, et
malgré une légère angoisse à l'idée des nouvelles con. traintes scolaires, une joyeuse impatience chassait de mo:
tout regret. J'allais revoir _Philippe Robin, qui était mon
ami.
Il n'était pas encore là, car les élèves de l'institution
catholique où il était demi-pensionnaire arrivaient au lycée
juste pour l'entrée en classe. En l'attendant, parmi le bruit
dont depuis deux mois je m'étais désaccoutumé, j'avais.
serré quelques mains et échangé quelques mots ; mais dela manière la plus insignifiante, la moins intime, réservant avec soin pour Philippe toute effusion essentielle.
D'ailleurs, plusieurs des figures qui m'environnaient
m'étaient inconnues ; d'autres l'étaient à moitié, pe portant pas de nom, ayant seulement la légende que je leur avais.
composée, les années passées, au cours des allées et venues
quotidiennes.
Le détachement de l'école S'-Xavier apparut.
En tête venaient d~ Montclar et de La Bécbellière ( c'était:
l'habitude chez nos professeurs de dire ainsi) qui tous deux
avaient été dans la même division que moi en quatrième.
Le premier, de taille moyenne, robuste, les traits énergiques, montrait cet air arrogant qu'il prenait toujours:
pour pénétrer au lycée. Il lançait des coups d'œil méprisants de droite et de gauche et faisait part de ses moqueries
à son compagnon. Celui-ci, grand, le cou long, également
d'aspect hautain, mais en raison de son buste étriqué et de ·
ses gestes gourmés, laissait apparaître, en guise de réponse""
une expression niaise sur son vis:ige privé de couleurs.
Enfin j'aperçus Philippe qui accourait vers moi. •
Comme il avait changé ! Je ne pus retenir une exclama--

'SILBERMANN

tian en le considérant de près. Son teint était hâlé ; on lui
voyait un duvet doré sur les joues ; et quand il riait, des
fossettes se creusaient profondément, laissant ensuite de
petites lignes sur la peau.
- Hein ! dit-il fièrement, je me suis bien bruni au
soleil. C'est à Arcachon où j'ai passé le mois de septembre
.avec mon oncle Marc, comme je te l'ai écrit. Toute la
journée, pêche ou chasse en mer. Quelquefois nous partions à quatre heures du matin et nous rentrions à la nuit ...
Et une chasse pas commode, mon vieux ! des courlis.. . Il
·n'y a pas d'oiséaux plus prudents et qui soient plus diffidles à tirer. C'est mon oncle qui me l'a dit. Il n'en a tué
-que quatre pendant la saison, et pourtant il a tout le temps
-des prix au Tir aux pigeons.
Je n'avais jamais tenu un fusil. Chasser ne m'attirait
nullement. Je connaissais un peu l'oncle de Philippe.
C'etait un homme d'une trentaine d'années, bien découplé,
-à grosses moustaches rousses, dont la poignée de main était
-brutale.
Philippe s'interrompit et me demanda distraitement:
- Et toi ? Tu es rentré hier ?... Tu as passé de bonnes
vacances?
- Oh ! dis-je, j'adore Aiguesbelles. Chaque année je
:m'y plais davantage.
- Eh I bien, moi aussi, jamais je ne me suis autant
·amusé que pendant ces deux mois, surtout à ·Arcachon.
Il reprit son récit. Il me rapporta l'incident d'une barque
-échouée, me décrivit des régates à voile auxquelles il
avait pris part. Il parlait sans s'occuper de moi et sur un
ton fanfaron. J'eus le souvenir d'une grosse déception que
-j'avais éprouvée, étant enfant, un jour qu'un ami que j'avais
-été voir avait joué tout seul en ma présence, lançant des
-balles très haut et les rattrapant. Tandis que Philippe
résumait cette vie folle et heureuse où je n'avais eu aucune
place, où tout m'était étranger, son visage était devenu
muge de plaisir. Et cela me fut si désagréable, cette bouffée

�I66

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de sang, cela m,e pat;ut !a preuve J.'uoe infidélité si profonde.,
q.ue je détournai la tête. Le regard tQmbé sur le cailloutis
_poussiéreux de la coi.u, je m'.avi.sai avec tristesse que depuis
des semaines je songeais aux défu:es du c:oment ou je me
Jietrouv-e-iais -avec lui ... iEt j'e.u s le pressentiment que nous
allions cesser d~tre amis.
Le tambour roula . ous nous mimes en rang.
- A Houlgate, pendant le mois d'août, poursuivit-il à
voix moins haute, j'ai fait beaucoup de tennis. Mais, là-bas,
c'était moins agréable parce que -il fit une moue -il y
av:lit trop de Juifs ... Sµr la plage, au casino, partout, on ne
rnuaontrait que ça. Mon oncle Marc n'a pas voulu y rester
trois jours. Tiens, cehii-là y était. Jl s'appelle Silbermann .
En disant ces mots, il m'avait désigné un garçon qui se
l.en!\,Ï.t ·à la porte de la dasse, en tête des rangs, et que je ne
me rappel.ais p_;is avoir aperçu !',année précédente dans
;uJcune division de quatrième. 11 était peùt et d'extérieur
s:hétif. Sa figurt, q~ je vis bien car il se retournait et parlait à ses voisins, était très formée mais assez laide, avec
des pommettes sajlla,0~ et un menton a-igu. Le tejnt était
-p,âle, tirant sur le }a.UQ.e ; les yeµ~ et les sourcils ét~ient
noirs, les lèvres charnues et d'une couleur fraîche. ~s gestes
éiaie t très vif:; et ~ptivaie.nt l'.attentiou. Lorsque, avec
une mimique que l'on ne pouvait s'e1np~çher de s.ùivr-e, j.l
s'adr~sait à ses voisins, ses pupilles -semblaient sauter sur
l'u.n ·puis sur l'au.ure. L'ensemble é,·eillait l'idée d'unt: préocité éttioge; il me fü songer aux petits prodiges qui exécute.nt des tours dans les;c;i-rcpies. j'eus peine.\ détacher de
lui mon regard.
oqs entrâmes en c,mse.
Les St-Xa ·,ier, au nombre d'une dizaine, s.e_groupèrent,
ainsi qu'ils en avaient l'habitude. Je me ;plaçai devant
Phj!jppe Robin. Sitôt entré, Silbermann ava_it couru avec
un air de trion1phe au pied de la chiire. rotre professeur
était un homme autour de la quarantai ne, aux regards
.pénétrants et froids, aux mouvem~ots justes. li procéda

S[LBERMA. N

envers chacun de nous à une sorte d'interrogatoire
p'.enant des no:es d'après les réponses. On apprit qu;
Silbermann avait sauté une classe. Le fait était rare et
motiva des explications.
- J'étais en retard d'une année, déclara-t-il, et c'est pour
réparer ce retard, comme j'ai eu de bonnes places en
cinquième.
- Je doute que vous puissiez suivre le cours.
. ~ J'ai eu trois pru l'année dernière, répliqua+il avec
tns1stance.
- C'est très bien, mais vous ne vous trouvez pas
préparé comme vos camarades aux matières de notre enseignement. Le programme scolaire est gradué, et qui manque
un échelon risque fort de tomber.
- J'ai travaillé pendant les vaca-nces, Monsieur.
Durant ce dialogue, Silbermann s'était tenu debout et il
avait parlé d'une voix très humble. Malgré cette attitude
exemplaire, son ton sonna étrangement dans la classe tant
il avait voulu être persuasif.
Lorsque nous sortîmes en récréation, quelqu'un s'approcha et lui dit en haussant les épaules :
- Voyons, tu ne pourras pas rester ici. Il faudra que tu
redescendes en quatrième.
- Ah I tu crois ça ? répondit Silbermann, faisant une
mine ironique. Puis, la main vivement tendue avec un
Retie battement âpre de la, narine :
'
- Combien veux-tu parier que je serai au moins deux
fois premier avant la fin du trimestre?

~•_après-mi~ d~ ce premier jour, nous eûmes congé.
Philippe Robrn vmt me voir. Ma famille le trouvait charmant. Mon père me citait en exemple ses manières viriles
et ma mère ses attentions courtoises. Ils avaient beaucoup
encouragé notre camaraderie. La première fois que je l'avais
nommé de,·ant elle, ma mère m'avait demandé s'il n'habi-

�168

.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tait pas avenue Hoche, et, sur ma répcmse affirmative, elle
avait dit avec respect:
- Alors, c'est le fils du notaire. C'est une famille très
connue, un grand nom de la bourgeoisie parisienne. Les
Robin ont une étude depuis cent ans peut-être.
Et elle m'avait conseillé de l'inviter à la maison. Je sais
bien pourquoi. Ma mère, depuis son mariage, n'avait eu
d'intérêt dans la vie que pour la can-ière de son mari. Elle .
avait poursuivi avec une patience unique tout cè qui pouvait
hausser et étayer la situation de mon père dans la magistrature. Certes, elle ne songeait pas à ralentir son effort, car mon
père, juge d'instruction à Paris, n'était encore qu'à micôte, ainsi qu'elle disait. Mais comme j'approchais de l'âge
d'homme, elle s'apprêtait à faire le même chemin avec moi,
tel un courageux cheval de renfort qui ne connaî't qu'une seule
tâche. Elle m'entretenait souvent de mon avenir, m'expliquait
diverses professions, leurs avantages, leurs cc aléas )) , découvrant à mon esprit des espaces un peu obscurs, d'aspect un
peu rude, pareils à des forges, où, pour me stimuler, elle
soufflait le foyer, brandissait l'outil, frappait l'enclume. Son
horreur la plus vive était à l'égard de ceux qui ne travaillaient pas. Elle prononçait le mot c&lt; oisif» d'une façon qui
mettait vraiment hors la loi celui auquel il était appliqué.
-Elle était d'une activité que livrait son agenda, chargé et
surchargé de mille signes et posé tout ouvert sur sa table
comme une bible. Si l'on avait rassemblé toutes ces pages
depuis vingt ans et si l'on avait su y lire, on aurait dén1êlé à
quelle sorte de travail sa vie avait été employée. On aurait pu
suivre à travers ces notes de vaines occupations mondaines,
visites ou assemblées d'œuvres charitables, un ouvrage
mystérieux de galeries percées et étendues, dont l'utilité conùmrait toute à servir mon père. Dans cette fourmilière,
savamment creusée autour de nous, il n'était point de voie
qui ne fût entretenue avec régularité. Oui, elle avait mis
à son effort l'application tenace d'une fourmi. Sur son livre
de visites, les adresses biffées n'étaient pas seulement celles

SlLBERMANN

des personnes qui étaient mortes, mais encore celles des
maisons qui n'avaient pas d'aboutissants, chemins où elle
s'était fourvoyée et qu'elle abandonnait sitôt son erreur
.aperçue .
Ce que lui coûtaient ces démarches, ces manèges, je l'ai
su plus tard, lorsque j'ai compris le sens des soupirs que je
l'avais entendue pousser bien souvent devant son miroir,
tandis qu'elle arrangeait ses cheveux grisonnants ou qu'elle
entourait d'une voilette sa figure pâle et effacée d'ouvrière
trop laborieuse.
- Ah ! ce dîner Cottini... laissait-elle échapper. .. Cette
visite chez Mme Magnat. ..
C'est que Cottini, directeur d'un grand journal. avait
une réputation notoire de viveur, et que Magnat, le député,
avait, disait-on, vécu plusieurs années en ménage avec sa
maîtresse avant de l'épouser. Or ma mère jugeait les mœurs
selon un code rigourei1x et in.flexible.
Instruite par cette expérience, elle désirait m'écarter de toute
carrière ouverte à la brigue et soumise aux influences politiques. Pour d'autres raii;ons, réussite inceitaine, absence
de discipline, elle repoussait les professions libérales ou
celles qui dépendent d'une vocation souvent trompeuse.
- C'est se jeter à l'aventure, déclarait-elle. De nos jours,
la sagesse est d'entrer dans une grande administration privée
dont on connaît le chef. On suit la filière, c'est vrai, mais sans
risque; et si i'on est intelligent et consciencieux comme
.c'est ton cas, on avance rapidement tandis que les autres
marquent le pas.
Aussi, -alors qu'elle ne m'eût pas vu sans méfiance fré.quenter la magnifique maison des Montclar, « ces oisifs ii,
.elle se montrait fort contente de mon intimité avec Philippe
Robin, le fils du notaire. Elle n'avait pas tardé à entrer en
relations avec les parents de mon ami ; et généralement, au
retour des visites qu'elle leur faisait, elle m'appremiit que
~&lt; ce qu' il y a de plus huppé dans la bourgeoisie à Paris se
.trouvait là i&gt; .

�170

' LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Cette amitié entre Philippe et moi ne provenait pas d?une
conformité de nature. Philippe avait un esprit positif ; i1
était d'une humeur très sociable et assez rieur. Moi, j'étais peu
bavard, plutôt grave, et sensible principalement à ce qui
roue dans l'jmagination. Màis, surtout, notre morale, si l'on
peut ainsi dire pour parler de règles- dirigeant des cerveaux:
de moins de quinze ans, n'était pas la même.
Lorsque Philippe ressentait un vif désir, lorsqu'il cédait
à quelque tentation, ses mouvements étaien: bien vis~bles.
Il ne dissimulait rien ; il se comportait avec franchise et
insouciance, comme s'il eût la garantie commode que route
faute peut être remise. Il n'en était pas de même pour moi.
J'étais tourmenté sans cesse qu'une mauvaise action me
fît dévier pour toujours de la voie étroite qu'un idéal sévère
me présentait comme le juste chemin. Vivant dans une
atmosphère traversée par les foudres de la loi, je redoutaîs
également le jugement de la société. Ces scrupules de rnnscience et ces craintes matérielles retenaient mes actes et me
faisaient placer avant toutes qualités la réserve et-le renoneement. Quel succès, lorsque (souvent grâce à une habile
dissimùlation) je me sentais à l'abri de tome curiosité !
Quelle joie, lorsEJ_ue je parvenais à tri0mpher d'une intention suspect~ ! Joie si forte et ju:gée par moi si salutaire
~ue je ne résistais guère au_ plaisir de la_ provoq~er par
un artifice. Ainsi, je me laissais quelquef01s envahir sournoisement par '&amp; mauvaises pensées, je favorisais leut
développement dàns mon imagination, je prenais plaisir à
m'y exciter, puis, avec une sorte de passion, je coupa~s net
ces mauvais rameaux.- J'avais - alors le noble sentnnent
d'avoir fortifié mon âme. De même, à ~A1guesbelles, mon
grand-père ordonnait au -printemps que qrnûques pieds de
vigne ne fussertt•point taillés, afin que lui-même, se promenant dans son domaine, eût la satisfaction d'y porter la
serpe. Il se penchait sur le aep dangereusement- dé!aissé,
réduisait, rognait, avec une passion vétilleuse, pms me
disait orgueill eusement en se relevant :

r7œ

SfLBERMANK

~ Vois-tu, pet.;it, la meilteure ~igne est celle qui est la
p1us soigneusement taillée.

li
En classe d'ang,lais., je fus placé à côté de..Silberrnama _et
pus fübserver à loisir. At tentif à tG'tit ce que .disait le professeur, il ne le quitta p-as Au reg.ard;. il resta im moblie, le
menton en pointe, la lèvre pendante, la phiysionnmle tend-ne
curieusement ; seule, la pQ'1Ilme .d'Adam, sailla nt du cou
maigre, bougeait par moments. ,Com,me ce profi l n:n peu
animal #ait éclairé 'bizarrement }Dar un rayon de soleil, il
me fi.t penser aux lézar.ds qui, sur la-ten:asse d'Aigueshelles,i
J'heure ohaude, sortent d'une fente et, Ja tête allongée, .airec
un petit gonflement-ii&gt;l.termittent .de la gorge, sur:veillent la
race des •Jrnmains.
Puis, une grande par.tie de fa classe d'a;nglais se ;passant
en exercices dé con v.ersation ia vec le professeur, S-ilberma.n n,
levant vivement la main, demanda la par.ole à plusieurs
reprises. Il s'exprimait en cette langue .avec heancoup plus
de-facifüé qu'aucun d•ent-re n.0us. Pend-ant ces deux:
heures, nous n'-échangeâtnes pas un m:ot. Il ne :fi.t aUCUltle
attention .à moi, sauf une fois a:vet un regar,d tel q,u.e si je
lui eusse inspiré de la erainte, D'ailleurs, les premiers jouirs,
-il se comporta de la sorte "7is-à-Nis d.e tous ; mais c'était
sans doute par ;liléhance et non par'1:imidhé , cnr, au bout
de quelque temps, on put voir qu'il av.ait adapté deux ou
trnis garçons -plutôt humbles, )de .caractère fuibl.e, vers lesquels il .alla&lt;it, --s.itôt qu'ilies ~v:ut.ap:erçns, .avec des gesœs
qui commandaient ; et il se mettaiit .â &lt;liscourir .en maitre
. parmi eux, le verbe ha.ut et assuré.
En récréation -il ne jouait jama:is. Dédaigneux, semblait -il,
de la force et de l'agilité, il passait au milieu des parties
eng~ées sans i:e moindre signe d'attention; mais si un.e
discussion 'Venait à. s 1é1e v.er, elle ne hai. échappa it l)OÙlt -et

�SILBER;',!ANN

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE"

.aussitôt il s'arrêtait, quel que fût le sujet, l'œil en
éveil ; on devinait qu'il brulait de donner son avis, comme
s'il etît possédé un trop-plein d'argumentation.
Il recherchait surtout la compagnie des professeurs.
1..orsque le roulement de tambour annonçait la brève pause
qui coupe les classes et que tous nous nous précipitions
dehors, il n'était pas rare qu'il s'approchât de la chaire
-d'une manière insinuante; et ayant sourpis habilement
une question au professeur, il se mettait à causer avec lui.
·P uis, il nous regardait rentrer, du haut de l'estrade, avec
un air de fierté. Je l'admirais à ces moments, pensant
-corn bien à sa place j'eusse été gêné.
On ne tarda pas à s'apercevoir que Silbermann était non
.seulement capable de rester en troisième, mais qu'il prendrait rang probablement parmi les meilleurs élèves. Ses
,notes, dès le début, furent excellentes et il les mérita
autant par son savoir que par son application. Il paraissait
doué d'une mémoire singulière et récitait toujours ses
leçons sans la moindre faute. Il y a'i'ait là de quoi m'émerveiller, car, élève médiocre, j'avais une peine particulière
.à retenir les miennes. J'étais d'une insensibilité totale devant
tout texte scolaire ; les mots sur les livres d'étude avaient
-à mes yeux je ne sais quel vêtement gris, uniforme, qui
-empêchait que je pusse distinguer entre eux et les
.saisir.
Un jour, pourtant, le voile se déchira, une lumière nouvelle fut jetée sur les choses que j'étudiais ; et ce fut grâce
·-à Silbermann.
C'était en classe de français. La leçon apprise était la
première scène d' lphigénie. Silbermann interrogé, se leva
.-et commença de réciter :
Oui, c'est Agamemnon, c'est ton roi qui t'éveille.
Viens, reconnais la voix qui frappe ton oreille.

11 ne débita point les vers d'une manière soumise et
monotone, ainsi que faisaient la plupart des bons élèves.

Il ne les déclama pas non plus avec emphase; sa diction.
restait naturelle. Mais elle était si assurée et on y trouvait
des subtilités si peu scolaires qu'elle nous surprit tous.
Quelques-uns sourirent. Moi, je l'écoutais fixementr
frappé par une soudaine découverte. Ces mots assemblés,
que je reconnaissais pour les avoir vus imprimés et les
avoir mis bout à bout, mécaniquement, dans ma mérnoirer
ces mots formaient pour la première fois image en mon,
esprit. Je m'avisais qu'ils étaient l'expression de faits réels,
qu'ils avaient un· sens dans la vie courante. Et à mesure·
que Silbermann poursuivait et que j'entendais le son desa voix, des idées et des idées germaient dans ma tête d'un,
terrain toujours aride; les scènes d'Iphigénie se composaient, scènes positives, qui ne ressemblaient nullement
à celles que j'avais vues au théâtre, entre des toiles peinteset sous un éclairage artificiel. J'avais la vision d'un rivage·
où se trouvait dressé un camp; les flots, qu'aucun venr.
n'agitait, glissaient douœment suI" le sable ; et là, parmi.
des tentes à peine distinctes dans le petit jour et d'où nul
bruit ne venait, deux hommes dont le front était soucieux:'.
s'entretenaient .
Je n'avais pas cru jusqu'ici que cette représentation vivanteet sensible d'une tragédie classique fùt possible. Voir
remuer un marbre ne m'eût pas moins ému.
regardai.
celui qui avait fait jouer les choses pour moi. Silbermann .
avafr dépassé la limite de 1~ leçon et cependant il continuait
de réciter. Son œil pétillait ; sa lèvre était légèremenL
humide, comme s'il eût eu en bouche quelque chose de:
délecta blc.
Entendant quelques élèves protester contre l'empressement excessif de Silbermann, le professeur l'interrompit.
et le félicita. Il était heureux; je le remarquai à un petit
souffle qui faisait palpiter ses narines. Mais ce souffle, me ·
demandai-je, n'est-ce pas plutôt l'âme d'un génie mystérieux.
qui habite en lui? Cette idée plut à mon imagination puérile,
qui était encore près du fantastique; et comme je le con--

Je

�r74

LA NOUVELLE REVUE FR~ÇAJSB

templai longuement au. point d'être fascin~ il me fit
songer;. avec son teint. jaune: e.1'.sous le honuèt noir de ses,
cheveux: frisés,. au._ magid:.e n de quelque c..onte oriental,.
qui détient la. de.f dtt tontes 1€S' m~reilles.,
Nous nous a:dr~sâmes la pat:&lt;1lle: qJielqu.es j'O_urs plus,

ta.rd,. un. di:manc.h e matiu,. en des circonstanœs dont j'ai
bien gardé la mémoire.
J'avais été au .ttmyle. av.ec.. ma mère; puis, à la soniè:,
i-e t'a.vais laissée: Je :ressentais: t0uj0urs quelque exaltation
.après le service religieux.;. mais cette ~ltation, je tto.uvais
délicieux de l'us.er à d:.es c:hoses profanes. J'aimais. me pro-,
merrer, seul, dans le Bois:, et, encore ému pat. le bourd.0nnement grave de l'orgue, excité par Yallégresse d.ii:s cantiques, j'ai.mais me livrer,. en. cet état d.'ivress:e sµiritu.elle, à
une activité tonte animale :. COJlr.ir,. bondir à travers, las,
buissons,. a:spi1:er l'odeur de la, terre. et· des. feuilles., me·
laisser toucher par les vi,van.ts. effl.uxes de. la nature. Puis,
a;yant levé par hasard les yeux vers le ci.el, je m'arrêtais,.
n:ao pas. calmé mais c.omrne frappé d'amour. La vue d'un
nuage voguant dans l'azur avait réveillé ensemble mon
cœur et mon. im:agiuatiorr. Tout frémissant, je soupirais
vers. un sentiment: très dcmx, de. qual-ité très noble.,.. et je
rêva:is-aux..avenmres où il m'entraînerait. I.e plus sou.vent,,.
ce sentiment se: cristallisait sous la forme d'une amitié.,.
oix se. mêlaient indist~temen.t une alliance mystique~
une entente intellectuelle et nn dévouement de. toute ma

,

chair.
J'éprouvais cette disposition confuse, ce matin.-là, au
Ranelagh, lorsque je.. v.is .s'avancer,. dans la,_ même allée,
Silbermrum. IL était seul. Il ma:rchai't à pas courts et précipités-, remuant. fréquemment. la: tête ; jl semblait plein
de pensées inquiètes ;_ mi. l'e1'.lt di:t:.p:01.1.rsuivi:. Il m'aper~t
de. Ioin mais n'en montra rien et ou,vrit on livre qu'il
avait à la main. Au moment qu'il allait passer, il leva.
vers moi. des yeux incertains, esquissa un. smu:ire, puis,

SILBERMAN~

1 75

comme je lui répondis par un bonjour très cordial, changea.
brusquement de p-hysionomie, accourut et exprima sa joie
de la rencontr.e.
- Tu habites donc par ici ? Et où cela ?
Il voulut connaître le nom de la rue, le numéro de la
maison, me questionna sur mes habitudes, sur ma famille,
et enveloppa ceue enquête de manières si naturelles et si
amicales que j'eus plaisir à répondre, malgré ma retenue
ordinaire.
- De quel côté allais-tu? ajouta-t-il. Veux-tu que je
t'accompagne?
J'acceptai. Il me montra son livre.
- C'est une édition ancienne de Ronsard. Je viens de
l'acheter, dit-il en caressant la jolie reliure de ses doigts
qui étaient maigres et bruns.
il l'ouvrit ·et se mit à me lire quelques vers. J'eus la
même impression qu'en class.e; Le texte lu par lui semblait
baigner dans une source qui m'en donnait fortement le
goût. Les mots avaient une qualité nouvelle : ils fumaient
mes sens; émotion ignorée, sorte de frisson dans mon cerveau. Mais de Silbermann lui-même que dire et comment
dépeindre sa figure ? Il lut ces vers ~
F:rnche, garçon, d'une main pilleresse
Le bel émail de la verte saison,
Puis à plein poing enjonche la maison
Des fleurs qu'.avril enfante en sa jeunesse.

Ses narines se dilatèrent, comme piquées par l'odeur
des foins, et des larmes de. plaisir emplirent ses yeux.
Nous étions arrivés à I'angle d'une pelouse où est érigée
une statue de La Fontaine. Silbermann m'arrêta et s'écria:
- Est-ce assez laid, ce buste que couronne une Muse ?
Et ce groupe d'animaux, le lion, le renard, le corbeau,
quelle composition bàoale ! Chez nous on ne connaît que
cette façon de glorifier un grand homme. Et pourtant il y
en a d'autres. Ainsi" l'été dernier, j'ai été à Weimar et

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

j'ai visité la maison de Gœthe. On l'a conservée intacte.
On n'a pas déplacé un objet dans sa chambre depuis, la
minute de sa mort. Dans la ville, on montre - et avec quel
respect! - le banc sur lequel il s'asseyait, le pavillon où il
allait rêver. Je t'assure que de tels souvenirs ont de la
grandeur. En France, on ne voit rien de pareil. Il y a
quelques années, on a fait une vente àu château de SaintPoint, en Bourgogne, où Lamartine a vécu. Eh ! bien,
mon père a pu acheter beaucoup d'objets qui avaient
appartenu à Lamartine; et, soit dit en passant, la plupart
&lt;le ces reliques se sont trouvées être de très bonnes affaires~
Nous étions toujours devant la statue.
- Est-ce que tu aimes La Fontaine ? me demanda-t-il.
Et comme cette question me laissait embarrassé, il reprit
avec vivacité :
- Mon cher, c'est bien simple : La Fontaine est notre
plus grand peintre de mœurs. Dans ces fables qu'on nous.
fait ânonner, il a dépeint sorisiècle. Louis XIV et la cour,
la bourgeoisie et les paysans de son temps, voilà ce qu'il
faut voir dexrière les divers animaux. Et alors, comme
l'anecdote prend de la valeur ! Combien il est audacieux
dans sa moralité! C'est ce que Taine a très bien compris ...
Tu as lu La Fontaine et ses fables ?
Je fis signe que non.
--'--- Je te le prêterai.
Je ne répondis rien. J'étais étourdi. Ce garçon quipossédait des livres rares, qui distinguait avec assurance :
« ceci est beau ... cela ne l'est pas » ; qui avait voyagé, lu,
observé, retenu des exemples, jetait en mon esprit tant de
nGtions admirables que cette profusion me confondait. Je
tournai les yeux vers lui. Qu'il fût supérieur à tous les
camarades que j'avais, cela était évident et je n'en doutais
pas ; mais je jugeais encore que je n'avais rencontré ni
clans ma famille ni parmi notre milieu quelqu'un qui lui
fût comparable. Ce goût si vif pour les choses de l'intelligence et cette façon si pratique de les présenter, cette

!SJLBERMANN

177
adresse pour mettre à portée de main ce qui est élevé,
étaient pour moi des qualités vraiment neuves. Et cette
parole forte et aimable à la fois, qui imposait en même
temps qu'elle charmait, qui donc s'en trouvait doué dans
mon entourage ?
Il n'avait pas cessé de parler, citant des noms d'écrivains
et des titres d'ouvrages.
J'avais un immense respect pour tout ce qui touchait à
la littérature. Je plaçais certains écrivains qui avaient
éveillé mon admiration au-dessus de l'humanité entière à
l'image des divinités de !'Olympe. Silbermann m'instrui-sait de bien dt:s faits que j'ignorais, discourant facilement
de l'un et de l'autre. Il me révéla finalement que son dieu
était « le père Hugo». Je l'éwutais avec avidité. Cependant, fut-ce cette familiarité, fut-ce l'éclat de sa voix ou
Ja couleur un peu étrange de son teint ? je ne sais, mais
feus à ce moment la vision d'une scène qui amena un
léger recul de ma part. Souvent, à Aiguesbelles, un marchand de fruits, un Espagnol à la peau basanée, passait
sur la route et arrêtait sa charrette devant le mas, criant
bjzarrement sa marchandise et maniant sans délicatesse les
.belles pommes écarlates, les pêches tendres et poudrées,
les prunes lisses et glacées. Or, Célestine, notre cuisinière,
n'aimait pas cet homme, « venu on ne sait d'où », disait-elle, et lorsqu'elle avait eu affaire avec lui, on l'entendait
maugréer en revenant :
- C'est malheureux de voir ces beaux fruits touchés
par ces mains-là.
Silbermann, ignorant ce petit mouvement instinctif,
-poursui vit :
- Si les livres t'intéressent, tu viendras un jour chez
moi, je te montrerai ma bibliothèque et'"je te prêterai tout
.ce que tu voudras.
Je le remerciai et acceptai.
- Alors quand veux-tu venir ? dit-il aussitôt. Cet aprèsmidi, es-tu libre ?
I2

�r78

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Je ne l'étais point. Il insista.
- Viens goûter jeudi prochain.
.
Il y eut dans cet empressement quelque -chose gm me
déplut et me mit sur la défensive. Je répondis que ~ous
c6nviendrions du jour plus tard ; et comme nous étions
~rtivés devant la maison de mes parent&amp;j je 111i tendis la
main.
Silbermann la prît, la retint, et me reg.rrdant avec ~ne
expression de gratitùde, me dit d'~ne voix ifrfinitnent
douce: _
- Je suis conten't~ bien content, qne·nous nn~s.soyons
rencontrés ... Je ne pensais pas que nous pournons être
çatnarades.
Et pourquoi ? demandai-je avec une.. sincère sur·pnse.
.
-Au lycée~ je te voyais tout le temps avec Robm; et
comme lui, durant un mois, cet été, a refusé de m'adresser la parole, je croyais que toi aussi ... Même en classe
d'anglais ou nous sommes voisins, je n'ai p~ osé•. •
Il ne montrait plus gu~re d'assurance en disant ces.mots.
Sa voix. était basse et entrecoupée; elle semblait monter
de régions secrete~ et douloureuses. Sa main qui conti~
nuait d'étreindre )a mienne comme s1il eût voulu s'.atta-eh.er à moi,_ trembla un peu.
Ce ton et c;e frémissement me bouleversèreo.t. J'entrevis
chez cet être si différent des autres, une détresse intime,
p_ersistante, inguérissable, analogue à celle.d'un orphelin ou
d'un infirme. Je balbutiai avec un sounrè, affectant de
n'avoir pas compris :
- Mais c' est absurde... pour quelle raison supposaistu ...

- Parce que je suis Juif, interrompit-il u~tt~ment ~
avec un accent si particulier que je ne pus d1stmguer S1
l'aveu lui coûtait ou s'il en était fier.
Confus de ma maladresse, et voulant la réparer, je cherchai éperdûmeot les mots les plus tendres. Mais dans ma

SILBERMANN

179

famille, on ne m'avait guère enseigné la tendresse. Le gage
d'amour que l'on offrait dans les circonstances graves était
le sacrifice~
seule l'intervention de la consdence donnait
du prix à un acte. Aussi, ayant reculé d'un pas tout en
&lt;:on.servant la main ~de Silbermann, je lui dis solennelletnent :

et

- Je te jure, Silbermann, que désormais je féra-i pour
toi tout ce quf sera en mon pouvoir .
Ce même jour, je passai l'après-midi chez Philippe

·Roôin:
A la fin de la joutn.ée, l'oncle de Philippe, Marc Le Hellier, se trôuva là. Il aimait beaucoup son neveu ; if le
traitait en hommeet non eu écolier, ce. qui flattait Philippe. li lui répétait que. rien n'était plus absurde que
l'éducation donnée dans les lycées, qurun assaut d'escrime
développait mieux- Ie- cerveau qu-'aucune étude, et que
savoir appliquer un coup de poing au bon endroit était plus
utile dans 1a. vie que tout ce que l'on u·ous enseignait en
classe.

U reprit ce chême en voyant sur la table de Philippe Ies
gros manuels scolaires. Il fit, du revers de 1a main, le geste
de les pousser à terre. Philippe rit aux éclats. Je songeaî au
mouvement de Siibermann caressant le volume de Ronsard
et à la ferveur qui '7rûlait en lui lorsqu'il récitait une
poésie.
- Sais-tu ou j'ai été tout à f'heure, Philippe? dit Marc
Le Hellier . .Aux Français de France, dont c'était la· première
assemblée-depuis J-a rentrée. Ah f cela ne marche pas mal,
notre ligue. Près de cîrrq cents adhérents nouveaux en tro_is
mois. Maintenant nous pouvons :?gir.
Philippe faisait une mine fort intéressée. Son oncle I'avar
attiré- à soi, lui tâtait tes bras, et je voyaîs que Phiiippe gonflait orgueilleuse1"nent ses biceps.
- Et d'abord, continua Le HeHier, nous organîsans
une campagne contre les Juifs, qui sera n1enée atec soin et

�I 80

.,.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

intelligence, je te prie de le croire. Pas seulement des
manifestations dans la rue, comme on s'est contenté de
faire
. jusqu'ici. Non :. nous
. . établissons des fiches , des doss1ers; et comme, v01s-tu, à la base de toute fortune juive
il y a toujours quelque canaillerie, nous suivrons pas à pas.
chaque youpin suspect, et au moment propice, vlan ! nous
lui casserons les rceins.
Il fit de la main un gest€ coupant. Sous la moustache
rousse, très épaisse, mais taillée court, la lèvre supérieure
se retroussa et découvrit, aux coins, des canines fortes.
Je n'aimais guère cet homme, qui par les goûts violents
qu'il tentait de communiquer à Philippe éloignait de moi
mon ami. Mais, ce jour-là, ce fut avec un vrai malaise que
j'écoutais œs propos. IL me semblait entendre au loin la
plainte de Silbermann : « Je croyais que tu refuserais de me
parler ... je n'ai pas osé... »
Aussi comme l'oncle de Philippe poursuivait sur le même
sujet et que Philippe, les yeux brillants, lui témoignait la
plus vive attention, je me levai bientôt et partis.
L'appel de Silbermann à ma pitié m'avait touché profondément. Toute la soirée, je-songeai à lui, mé sentant bien
plus attiré que lorsque j'étais seulement ébloui par ses dons
merveilleux. Je me ressouvenais de ses yeux craintifs, le
premier jour ; je m'expliquais sori hésitation à m.'aborder le
matin; et ces images, qui lé représentaient parmi nous
comme un déshérité, me navraient.
Dans ma chambre, m_achinalement, je pris un de mes
cahiers et l'ouvris aux dernières· pages. -C'était là, ·sur des
feuilles barbouillées, qu'on eût pu _pénétrer mes secrets;
c'.était là qu'il m'arrivait de commencer une confession,
d'écrire à un ami im~ginaire, de griffonner des prénoms
féminins. Puis, lorsque je m'apercevais de la puérilité de
ces choses, ou, rougissant de honte, de- la rêverie trouble
où elles m'avaient entraîné, je me hâtais de recouvrir
d'encre tout mon travail.
Je me mis à écrire à Silbermann. Je l'assurâi qu'il avait

SILBERMANN

18 I

eu bien tort de croire que j'agirais avec lui ainsi que Robin,
car je n'avais aucun sentiment hostile contre sa race. Je lui
glissai d'ailleurs qu~ j'étais de religion protestante. J'ajoutai
que toute la journée j'avais pensé à notre rencontre et que
ma conscience n'oubfü:rait pas le serment d'amitié que
j'avais fait en nous séparant.
Je ne comptais pas lui donner cette lettre. Toutefois, le
lendemain, au lycée, lorsqu'il accourut vers moi, débordant d'intentions affectueuses, j'arrachai brusquement la
page de mon cahier, la pliai et la lui remis.
Je pa~sai la récréation suivante avec Robin. A ma grande
gêne, je vis Silbermann approcher de nous. Il me dit à voix
très haute:
- Alors c'est entendu, je compte sur toi jeudi.
Et il s'en alla.
Philippe me regarda, surpris.
- Vous sortez ensemble jeudi ? Comment le connaistu?
Devenu très rouge, j'expliquai que je l'avais rencontré et
qu'il m'avait proposé des livres.
- Tu sais que son père, qui est un marchand d'antiquités, est un voleur. Mon oncle Marc me l'a dit.
Cet avertissement était prononcé d'un ton sec. Je fis un
geste vague. Nous parlâmes d'autre chose.
Ce qui arriva le lendemain fut comme le présage des
temps. troublés qui devaient suivre.
C'était le jour de la Sainte-Barbe. A cette date, les élèves
qui se préparaient aux hautes écoles de sciences organisaient
un tapage quasi toléré par leurs maîtres. Les classes inférieures ne s'y mêlaient guère. Pourtant cela suscitait dans·
tout le lycée quelque effervescence.
Cette année, le tumulte fut grand. Comme la classe de
l'après-midi finissait, la lumière d'un feu de bengale incendia
brusquement la cour, puis s'éteignit, tandis que des clameurs et des chants éclataient. Un instant après une forte
détonation nous fit sursauter. Une sourde excitation se

�182

LA. NOUVELLE REVUE FRANÇUSE
SlLB.ERMANN

:tnanifesta sur nos bancs. Moi, je regardai peureusement les
vitres sombres, Jéj:&gt;ugna11t à ce désordre et à cette sauv,agerie, Le tamhour roula._Les élèves .se ruèrent vers la
porte en criant, et l'un d'eux;, je ne sais g_ui: passa,nt devant
Silber.tnann, le re-jeta eJt a.rrièreJ hurlant fér-ocement à sa
face:
- Mort aux Juifs.

III
Les parents de Silbermann habitaient dans ûne belle
maison nouvellement construit~ en bordure d~ Parc de la
Muette. L'appartement, situé au dernier étage, était fort
grand. Silbermann m 1en fit les honneurs, m'arrêtant devant
de magnifiques meubles de marqueterie et faisant jouer
l'éclairage au-dessus' des tableaux.. Je n'avais jamais pénétré
dans une maison qui contînt tant de richesses. L'impression fut telle, que, des rayons de -soleil entrant par les
fenêtres, je crus à des voiles d'or jetés sur les - objets. Je
regardai par ces fenêtres. On n'apercev,ait que _des arbres
hauts et superbes~ ceux du Parc de la Muette, puis, au loin,
une ligne ondulée de coteaux, la campagne ... Perspective
que l'on peut avoir d'un cMtea.u. Je passais en silence, ne
pouvant rien dire tarit le sentiment de mon humilité était
profond. Je songeai au cabinet de travail de mon père,
é,t roit et sévère, donnant sur une cour, et au petit salon de
ma mère, où des meubles anciens, mais bien rustiques,
ehoisis à Aiguesbelles, faisaient le plus bel ornement.
H eureusemeqt, Silbermann, qui d'ailleurs me montrait
ces choses aussi simplement qu'on pou,vait_le faire, ne JJrolongea pas ma gêne et me conduisit à sa chambre. Là,
l'aspect était qien différent, et j'éprouv.ai ,u n petit mouve~
ment de satisfaction à dire au dedans de moi-même :
&lt;c J'aime mieux l&lt;J mieµne, »
En effet, la pièce était si modeste qu'on ei'.rt pu douter

'

I8J

qu'elle fit suite .à celles que je venais de visiter. Et, à
l'examiner, je m'avisai que ma inère, à coup sùr, eût peiu
de ses ·ru.tirµ; plutôt que .de me laisser dormir parmi le
désordre que je Temarquais ici.
Silbermann tne désigna la bibliothèque qui garnissait
presquie tout un pan &lt;lu mur.
- Voilà, dit-il.
Il y avait des livres de haut en bas. Il y en avait de somptueu~ement -reliés et il y en avait d'autres, brochés~ tout
écornês par l'usage.
Je m'exclamai avec admiration ;
- C'est â toi ? Tu a~ lu tout cela ?
- Oui, dit Sîlbennann avec un petit sourire orgueilleux.
Et il ajouta : « Je suis sûr que tous les S•-Xavier réunis
n'en ont pas lu la moitié, hein ? ))
Il me les montra en d~tail, pr~I,)ant certains exemphires
aYec précaution et m'exp-liquantce qui faisait leur rareté.
Il en ouvrit plusieurs et, avec une sµreté et un choix gui me
parurent extraordinaires, il me lut quelques passages .. Il
s'inten:ompait parfois, les. ~ux humides, d_isant : cc Est-ce
beau ? Ecoute ceci encore ... &gt;&gt;
Il était surtout sensible.à la formt ou plut6t au mot qui
fait image; il Je faisait .ressortir d'un geste de se,c; doigts
réunis, comme si les bea:uJés de l'esprit eussent ét-é · pour
lui matière traitable qu'il voulût modeler.
Le livre, la pensée .écrite, exerçait sur moi un attrait irré~
sistible. Aussi, devant· cette bibliothèque (si différente de
célle de mon père, laquelle était composée surtout d'ou.vrages ne touchant ;pas l'imagination) je feuilletais ces
volumes avec émotion et pressai Silbermann de questions.
Il av.ait l'art de qualifier en une phrase le sujet d'une œuvre,
de réduire celle-ci sous une formule commode.
- J;e.s Mi'Sé:rablef J•.• répondit~il à une de mes questions.
C'est l'épopée du peuple. Puis : (&lt;' Tie ri:s, ~oici le -vocabulaire de la langue françai-se. ii

�184

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Et il me tendit un petit volume au dos duquel je lus ~

Œuvres de Paul-Louis Courier.
Ces vastes connaissances et cette promptitude de jugement
me remplissaient d'admiration. Silbermann devina ce sentiment. Il sourit et me dit :
- Prends ce que tu veux. Tu pourras venir ici aussi
souvent qu'il te plaira.
Nous restâmes longtemps à causer. Il me donna de_s
conseils à propos de mes étu_des. Nous parlâmes de nos
compagnons de classe; et il en railla quelques-uns qui passaient pour sots et qu'il imita drôlement. Un mot qu'il
semblait adorer revenait souvent dans sa conversation :
&lt;c l'intelligence &gt;&gt;. Et il le prononçait avec un sentiment si
impétueux qu'on voyait apparaître à ses lèvres une petite
bulle d'écume.
Je l'entretins de plusieurs livres que j'avais lus. Sur chacun il me donna des aperçus nouveaux pour moi. Nous
étions assis l'un auprès de l'autre. Sa voix avait des inflexions
si persuasives que par moments je me sentais dominé par
lui aussi bien que s'il eût posé sa main sur ma tête.
Je fus présenté à sa mère. Elle allait sortir et était couverte d'un long manteau de fourrure. Je n'aperçus de son
visage que des yeux noirs et allongés, des lèvres très rouges
qui ne cessèrent de sourire. Elle reprocha à son fils de me
tenir dans cette chambre au lieu d'un des salons. Elle me
pria de venir déjeuner, fixa le jour et disparut, m'ayant
flatté par son air élégant et sa corn plaisance.
Avant de partir, j'allai choisir quelques livres dans la
bibliothèque de Silbermann. En déplaçant une rangée, je
vis,. cachée derrière, une collection de journaux. Mon
regard tomba sur le titre : La Sion future.
Ce fut à . ce moment que se déclara au lycée l'hostilité
contre Silbermai:m.
11 avait été deux fois premier lors des compositions. Ce
succès avait suscité des jalousies parmi les rangs des bons
élèves. Et comme il lui échappait quelquefois une ironie-

SIL\jERMANN

méprisante à l'adresse des cancres, il n'y avait pas moins
d'animosité contre lui aux autres degrés de la classe.
Les choses commencèrent par des taquineries assez innocentes lorsque Silbermann se mettait à pérorer et à gesti- ~
culer. Silbermann aggrava ces taquineries et les fit persister
par sa façon de tenir tête et sa manie &lt;c d'avoir le dernier» ;
elles furent un peu encouragées· aussi par l'insoucian~e de
la plupart de nos professeurs qui, malgré ses bonnes places,
n'aimaient pas Silbermann. On s'en aperçut bien le jour où
l'un d'eux, irrité de le voir venir trop soûvent près de sa
chaire, le renvoya avec une phrase brusque et cinglante
que tout le monde entendit.
Bientôt, pendant les récréations, ce fut un amuse·m ent
courant d'entourer Silbermann, de se moquer de lui et de
le houspiller. Sitôt qu'il apparaissait :
- Ah ! voilà Silbermann, disait-on. Allons l'embêter.
On Je bousculait, on prenait sa .::asquette, on faisait
tomber ses livres. Silbermann ne se défendait pas mais il
ripostait d'un trait qui, le plus souvent, frappait juste et
exaspérait l'assaillant.
Au début, ces petits succès de parole lui procuraient tant
de plaisir qu'il en oubliait les brimades ; et même il allait
au-devant. Mais comme la répétition de ces scènes et aussi
son physique bizarre lui valurent d'être en butte, dans la
cour, à la curiosité générale, je crus m'apercevoir qu'il commençait à en souffrir. Enfü.1, peu après, les S1-Xavier
venant s'y mêler, le jeu prit le caractère d'une persécution.
Les S1-Xavier ne prenaient point part, si l'on peut dire, à.
la vie de notre lycée. Grands seigneurs obligés de passer par
un lieu indigne d'eux, ils jugeaient inutile d'entrer en relations avec des voisins de hasard. Chaque petite escouade se
dirigeait vers sa place, affectant de ne rien voir et de ne
rien entendre. Leur attitude vis-à-vis des professeurs était
. généralement correcte, jamais zélée; leurs vrais maîtres, ils.
les retrouvaient en sortant. Et même, en classe, le visage
d'un garçon tel que Montclar trahissait parfois un sentiment

�186

.

LA' NOUVELLE

REVUE F.RA.}\'ÇAISE

pire que findodlité, comme s':il y·eût_ 1m ancien compte à
régler entre lui ,et l'homme qh.i instruit. ·
Ce .fut Montclar qui donna une. àirec.tœn nouvelle aux
attaques cc;mtre Silberm.:mn. Le ptemier, il le railla qU
sujet des caractères ph.ysiques de su.ace et des pratiques de
sa reiigi'on. Montclar n?avait pas d'esprit m.a'is une sorte de
fougu~ cruelle qai matù.t Silbennaon.
Les autres, pent-êrr.e de. CO!JVÎ.Cttons plus molles, mais
flattés par la présence .de Montclar au milieu d'eux, le s~ivirent .dans .cette v.oie. On ne laissa plus échapper une
occasion d'oatrager Silbermann. Ainsi, tant que dur.a
l'étude d'Esther, il dut supporter de voir., à chaque trait
touchant les Juifs, vii;igt faces malignes tomnées veB lui.
Il n'était pas le seul Jnif dans notre classe, mais on m:
s'en prenait pas aux a:ulttes. Ce!'.1.X-ci .étaient au nombre de
.dernx: : Haase, le fils du banquier dont on savait que la
sœur av.ait.épousé-un d'Antheniy, .et Crémie1rx:, dont le
père était député. Aucun n'avait un typ.e sémite aussi mar·
qué que Silbermann. Ha-ase tentait d'effacer le sien ·par d~
modes britanniques : une coiffure qui défrisait er :aplatissait
ses cheveux, une prononciation guilHiée. Tous deux semblaient se p1acer au-dessus de .Silberrnantl,
fütune gnnde peine pour moi dev0ir Phfüppe se
joindre aux pernécuteurs. Je sa:vais bien qu'il se ~fa.~ait aux
jeux un peu violents ; je savais· aussi que la faço-n d,agrr
d'un Montclar .ou d'un La Béchellière n'était pas sans le
guider; mais son bon cœur l'empêc_hait touj.ours de comrqettr.e une action qui pût nuire à un autre. Je ne m,expliquais pas œtte haine instinctive et opiniâ1:re, tdie que s'il
eût senti ses biens et sa vie .e n ipéril.

ee'

Je me rendis- déjeuner chez Silbermann. Je fas pi·és.enté
à son père. C'était1.m ·homme &lt;l'aspect un peu l0urd. Un
.accent .étranger embarrassait sa par.ale: Des yeux sans, vie,
une cl1air j~unâtre, une barbe inculte, un gros nez, de
grosses lèvres, donnaient &gt;à sa 6-gure une expres,sion s.tu-

S1LBERMANN

piq_e et comme endormie. Mais par moments il. intervenait d'un mot qui montrait que son esprit veiJ!ait."
Mm• Silbèrm.ann avait un joli v.i,sage aux traits fins, ainsi
qu'il m'avait paru au premier abord. Toutefois, sQn sourire était si ch;1rmant, si jeune et sï répété qu'il communiquait à la longue un peu de fausseté à sa physionomie. Ses
·g~stes étaient menus et vifs ; mais une sorte de renflement
c~arnu au-dessous de la nuque la privait de grâce ~fans
beaucoup de ses attitudes.
Silbermann n'avait pas vis-à-vi~ de ses parents la situation
&lt;l'un fils, ou du moins cette situation était bien _éloign.ée
de celle queï'occup~is entre les miens. On lui demandait
son ayis ; il avait le droit d'interroger, de contredire,. et ne
se privait pas de la discussion. On eût dit d'un jeune mi.
D'autre part, Mm.e Silbermann semblait rester étrangère -aux
occupations de son mâri. Tour cela était -si extraordinaire
par rapport _à l'usage établi chez moi, que ces trois êtres me.
parurent unis moins par les liens de la fanull.€ que par ceux
d'une association, on, si l'on veut, par les lois d'une même
tribu.
Je fus aCèueilli par eux avec une con~idération à laquelle
je n'étais point du tout accoutumé. M. Silbermann me
demanda comment se portait mon père, « le grand magistra,t ». Mm• Silb~rtnann m'apprit qu'elle avait souvent
aperçu ma mère dans des ventes de charité. Ces propos
déplurent à leur fils qui les interrompit. Il fut même plus
b~usque ensuite. Nos projets d'avenir étant en question, il
declara que, pour sa part, il suivrait la carrière des lettres.
Tandis que sa mère approuvait ce dessein dont elle était
flattée, me sembla-t-il, sou père, secouant la tête, dit avec
bonhomie:
- Non, non~ David, ce n'est pas sérieux.
- Que veux-tu, papa, s'écria Silbermann avec vivacité
.
'
Je ne pourrai jamais m'occuper des mêmes affaires que toi:
œla ne m'intéresse pas.
- Oh ! Le_s antiquités, dit doucement M. Silbermaon,

�.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
188
il ne doit plus y avoir grand'chose à faire là-dedans, maintenant que les gens du monde se font marchands. Mais il y
a d'autres bons commerces. Moi, si j'avais vingt ans, je
partirais pour l'Amérique avec un stoc~ de perles ..
Son fils ne dissimula pas une expression de mépns.
Après le déjeuner, il m'offrit de m'emmen~r ~u théâtre:
Je montrai peu d'empressement, car lorsque J étais avec lm
je n'aimais rien tant que l'écouter parler. Et nous fîu;nes
nous promener au Bois. ·
.
.
Tout de suite, je mis la conversation sur le suiet qui
m'intéressait le plus : la littérature. C'était pour moi un
domaine analogue à ces contrées quasi fabuleuses qui vous
attirent obscurément et dont on rêve devant l'atlas. Silbermann, lui, en avait parcouru toute l'étendue; il connaissait les points de vue les mieux situés, m'y entraînait et
m'aidait à distinguer le détail qui fait que le paysage est
beau. Parfois, prenant mon bras, il m'arrêtait, et comme il
se fût écrié : « Regarde cette rivière argentée, regarde cette
chaîne de montagnes », il me récitait deux vers ou une
phrase magnifique. Alors je me sentais transporté et j'eusse
désiré qu'il continuât toujours. Et de même qu'au voyageur
qui m'eilt décrit les Pyraroides, j'eusse ~mpatiemme~t
demandé ensuite: « Et le Nil &gt;&gt;, je demandais, lorsque Silbermann m'avait instruit de tout ce qu'il savait sur un écrivain : « Et Vigny? ... Et Chateaubriand ?... » Alors il repartait, l'esprit aussi .if, aussi sû~, jamais lassé, explorateur
dont la mémoire et l'enthousiasme étaient sans défaillance.
Après avoir marché longtemps, au hasard de nos pas,
nous arrivâmes au bord d'un petit lac.
- Chateaubriand, Hugo... murmura rêveusement Silbermann, être l'un d'eux ! Posséder leurs dons, jouer leur
rôle, voilà ce que je voudrais.
.
- Ah ! non, reprit-il, je n'ai pas l'intention de vendre
des meubles ou des perles. Mon ambition est autre. Toutes
mes facultés, tout ce que j'ai ici, dit-il en se frappant le
front, je veux le mettre au service de la littérature.

SILBERMANN

Puis, baissant le ton :
- Si on savait cela, peut•être me tourmenterait-on
•
;i
moms
....
Il faisait allusion aux mauvais traitements qu'il subissait
au lycée. Je sentis combien il en souffrait. Je cherchai un
sujet qui détournât sa pensée et regardai alentour.
Nous étions seuls. La journée, qui était une des dernières
de l'automne, était froide et triste. Une lourde nuée couvrait
le ciel. L'eau du lac, toute sombre, frissonnait. Les arbres
étaient dépouillés; seule persistait la verdure d'un bouquet
de sapins ; et ce feuillage pauvre et opiniâtre, cerné par des
bois morts, éveillait l'idée d'une vie misérable et éternelle.
Nous fîmes halte.
- Ecoute, me dit Silbermann d'une voix dont le
timbre était devenu un peu plus rauque, mon père s'est
établi en France il y a trente ans. Son père avait vécu
en Allemagne et il venait de Pologne. Plus haut, des
autres, je ne sais rien, sinon qu'ils ont dû vivre honteux et
persécutés, comme tous ceux de leur race. Mais je sais que
moi, je suis né en France, et je veux y demeurer. Je veux
rompre avec cette vie nomade, m'affranchir de ce destin
héréditaire qui fait de la plupart d'entre nous des vagabonds.
- Oh ! je ne renie pas mon origine, affirma-t-il avec
ce petit battement de narines qui décelait chez lui un mouvement d'orgueil, au contraire : être Juif et Français, je
ne crois pas qu'il y ait une condition plus favorable pour
accomplir de grandes choses. Il leva prophétiquement
un doigt. - Seulement, le génie de ma race, je veux le
façonner selon le caractère de ce pays-ci ; je veux unir mes
ressources aux vôtres. Si j'écris, je ne veux pas que l'on
puisse me reprocher la moindre marque étrangère. Je ne
veux pas entendre, sur rien de ce que je produirai, ce jugement : cc C'est bien Juif &gt;&gt; . Alors, vois-tu, mon intelligence,
ma ténacité, toutes mes qualités, je les emP.loie à ~onnaître

�r90

. LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

et à pénétrer ce patrimoine intellectuel qui n'est pas le
mien mais qui, ·un juur, sera peut~être ·accru par moi. Je
veux me l'approprier.
Il scanda -ce mot et dü pied frappa le sol.
· - Est~ce impossi.ble? Ces choses, ne puis-je les compren~
dre aussi bien que Montclar ou-R-oèin'?-Rst-ce que je ·ne les
admire pas plus qu'ils· ne les ·adrnirent, dis-moi ? Et à qui
fais-je tort ? Il n'y a aucun ·calcul secret, il n'y a ancun
mobile égoïste dans mon -ambitioTh Alors-pourquoi ne veuton pas de-moi ? Peurquoi m'accueillir pat de la h~ine ?
Comme i1 parlait, je regardais fixement devant moi. Ec
son accent avait une telle portée que sur le fond rigoureux
de ce paysage d'automne, il me semblait voir se succéder
tout ce que je savais des vicissitudes d'Israël.
Je voyai~ un petit lac de Judée, pareil à celui-ci, des
bords duquel, un jour, des Juifs étaient partis. J'avais la
vision de ces Juifs à travers les âges, errant par le m6nde,
parqués dans la~carnpagne sur des terres de teoutou tolérés
dans les villes entre certaines limites et sous un habit infamant. Opprimés partout, n'échappant au supplice qu,en
essuyant Feutrage, jls se consolaient
tèrri-ble traitement
infligé par les hommes en adorant un die-u plus ter-rible
encore. Et au bout de ce&amp;généirati-ons chargées de maux, je
,voyais, réfugié auprès de moi, Silbetmann. Chétif, l'œii
inquiet, souvent ·agité par des mouvements bizarres, comrne
s'il eût ressenti la peine des exodes et toutes les menace5&gt;
toutes les craintes sacrées endur€es par ses, ancêtres, il
souhaitait se reposer enfin paimi nous. Les défauts que les
persécutions et la vie grégaire avaient imprimés à sa race,
il · désirait les perdre à notre contact. Il nous offrait sou
aµtour et sa force. Mais on repoussait cette al-lian,e. Use
heurtait à l'exécratibn universelle.
Ah! devant ces images fatales, en présence d'une iniquité si abominable, un sentîment de pi.ti"é m'exalta. Il me
p:1rut que la voix de S-ilbermann, sîmple et po-igname,
s'élevait parmi les voix infinies d.es martyrs. -

da

SILB'ERMANN"

r91

Il dit :
- Demain je serai insulté, frappé ... Es-h:.e-j'uste. ?
Et il mettait en ;.vanr.ses deux paumes désarmées ainsi
qu'est représentée la petsonne. du Christ au .milieu 'de ses
ennemis.
•

J

IV

Cett~ scè~e_-me tr_oubfa f~~tèment. La n-uit qui suivit, je
~o~gea1, n~01t1~ éveillé mo1t1é rêvant, aux. images bibliques
qu el1e avatt fau apparaître. Au matin, j'eus le. sefltirnent
qu'un devoir m'était dicté: répa:ter t'lnjÙstiœ des hommes
à. l'égard de Silbetm,l'ltm. 1l me fallait non seulement l'aimer
mais prendre ·son patti. contre tous, st difficile et si ingrat;
q?e _füt .l'er1treprise. D'ailleurs ·ses· -ennemis principaux
n étaient-ils pas les S1-Xavier et n'~vais-je pas toujoûrs ressenti envers ceux-ci, Philippe Robin exce-pté, une inimitié
naturelle ?
Je décidai de parler à Philippe afin de le détacher des
adversaires ·de Silbermann.
Le jour même, falla:-ï le trouver. Je lui exposai combien
étaient cruels l~s mauvais traitements infligés à Silbermann. 1&lt; Je sais qu'il en souffre beaucoup ll, ajoutai-je. Et
j'en appelai au bon .:œur d.e Philippe pour qu'i1 les fi\
cesser.
Philippe m"ayait écouté attentivement mais avec froi-

deur.
-_ Mor aussi, , r.épliqua+il,- fai quelque chose à te dire
à ce sùjecll m'est très désagréable de voir un de mes amis
se lier avec ce garçon.
- Et pourquoi ? demandai-je.
- - Pourquoi? ... Parce qu'il est]uif.
C'était bien fa raison énoncée par Silbermann. Philippe
avait articulé duJement ces quelques mots. On sentait que
pour hü Pa.rgun1ent était décisif.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Cependant, cherchant une parole d'adoucis?ement,
j'esquissai un geste d'insouciance.
- Oh ! je sais... reprit Philippe. Il se peut que pour
vous autres cela n'ait pas d'imp_ortancè.
Ce ton supérieur et cette allusion à ma religion me blessèrent au vif.
- C'est que nous autns, ripostai-je d'une voix vibrante,
nous ne falsifions pas la parole de Dieu.
Philippe .]laussa légèrement les épaules.
- En tout cas, affinna-t-il, il fau · choisir entre lui et
moi.
Dans l'instant, je songeai à tout ce que comportait l'amitié de Philippe : un sentiment doux et !)ien réglé, des joies
faciles et approuvées ... Devant ces images aimables, je fus
près d'abandonner Silbermann. Mais; de l'autre c6té, se
trouvait une tâche-ardue; j'entrevis une destiné·e pénible ;
et exalté par la perspective du sacrifice, je répondis d'un
sàuffie irrésistible:
-Lui.
Nous nous séparâmes.
Dès lors, je me dévouai entièrement à Silbermann. A
chaque récréatiQn, je me hâtais de le rejoindre, espérant le
protéger par ma présence. Heureusement, l'hiver venu, sa
situation s'adoucit un peu. En raison du froidr nous·-restions
dans les classes, où l'on n'osait rien contre lui; et le soir, à
la sortie, il s'échappait à la faveur del' obscurité.
Nous nous retrouvjons dans la rue. Nous faisions chemin ensemble et je l'accompagnais jusqu'à. sa porte. Quelquefois je montais:chez lui et nous nous mettions .à faire
11.os devoirs. Sa- facilité au travail, autant que ses méthodes,
m'émerveillait. Lorsqu'il faisait une version lati11e, je le
voyais d"abord lire rapidement la phrase aveç un regard
tendu; puis réfléchir quelques· secondés, mordant fiévreusesement :ses lèvres; enfin lire de nouveau en balançant la
tête et les mains selon le rythme de la phrase; et, ayant à
peine consulté le dictionnaire, écrire la traduction. Assis

SILBERMANN""

1 93

en face de lui, dénué de toute inspiration, cherchant sGrupuleusement le sens de chaque mot, j\1vançais dans les.
ténèbres pas à pas.
Lorsque nous avions terminé,il allait vers la bibliothèque
et me faisait part de sa dernière découverte. Car il n'y
avait pas de semaine qu'il ne s'enthousiasmât sur une nouvelle œuvre. Enthousiasme désordonné, qui me faisait passer tout d'un coup, d'un sonnet de la Pléïade à un conte de
Voltaire ou à un chapitre de Michelet. Il prenait le livre
et lisait. Souvent il me tenait par le bras et, aux endroits
qu'il jugeait beaux, je sentais l'étreinte se resserrer. Il ne
voulait jamais s'arrêter. Une fois, il me lut en entier la
Conversation du Maréchal d' Hocquincourt, figurant tour à
tour avec des intonations particulihes et des mines ccmiques le père jésuite, le janséniste et le Maréchal.
Bientôt nous passâmes ensemble tous nos jours de congé.
.C'était lui qui décidait comment ils seraient employés. Je
ne faisais jamais d'objections. Je sacrifiais mes désirs aux
siens sans regret. Mon r6le n'était-il pas de me consacrer
entièretnent à son bonheur et de raeheter par cet acte les
actes des méchants ? Lorsque le consentement me coûtait,
je répétais en moi-même : « C'est ma mission &gt;&gt;. Et cette
pensée m'aurait fait accepter n'importe quel déplaisir.
Cependant, tout enle suivant, je m'efforçais de le guider
sans qu'il y parût. Car j'estimais que ma u.1ission était aussi
de le débarrasser de certains caractères préjudiciables, de le
réformer peu à peu. Je ne savais trop jusqu'où s'étendait ce
plan, je ne faisais aucun calcul ; toutefois il m'arrivait
souvent de passer· exprès avec lui ·devant le petit temple
protestant de Passy. Je. ne disais pas·un mot, je ne désignais
même pas l'édifice; mais j'avais l'arrière-pensée qu'un jour
peut-~treje [y ferais pénétrer avec moi ...
J'avais parlé de lui à mes parents. Ils désirèren,t le connaître et je l'invitai à déjeuner chez nous. Ma tnère qui
était sensible et avait horreur de la· violence s'était beaucoup apitoyée, d'après mes récits, s.ur la situation faite...à
I3

�J

94

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Silbcrmann au lycée. Les sentiments de ma mère à l'égard
des Juifs étaient difficiles à définir. Elevée dans un pays
où catholiques et protestants se dressent ~ncore les uns
contre les autres avec passion, elle ressenta.1t pour _la c~use
des Juifs la sympathie qui unit généralement les rru~ontés.
En outre, elle se gardait de dédaigner pour J~ c~ère de
mon père l'appui du monde juif, et elle comptalt là de nombreuses relations. Mais précisément, j'avais toujours remar.,qué chez elle, lorsqu'elle se trouvait en présence. d'une
personne de ce milieu, une façon - ob ! presque imperceptible - de se mettre sur son quant-à-soi. ~t ~n a~e
observation que j'avais faite par hasard m avait mieux
éclairé encore.
Il y avait d.ans un certain quartier de Nîmes - ?ù nous
nous rendions souvent d'Aiguesbelles - une_ m31son q~e
l'on appelait « la maison du J1;1-if D. Elle était ~onstru1:e
selon une .orientation particulière qui la mettait en évtdence. Lorsque nous pa55ions deYant, ma mère ne manquait pas de me rapporter l'bis~ire et ,les co~~m~ de la
famille qui l'avait habitée autrefo1s. 11 n y ~va~ Jamais _dans
son récit la moindre marque de mépns nt la momdre
intention sarcastique. Mais je sentais &lt;:hez elle h même
impression de m stère et le mêrnl! mo~vement de défiance
que lorsque, évitant un peu plus 1010, a~ portes de la
v·lle un emplacement tout gâté par des orru res et des tas
de c;ndres, elle n1e disait : &lt;&lt; C'est l'endroit où campent
les bohémiens. »
.
.
.
Aussi, n'avai -je mis aucune Mte à mtrodurre . S1lb~rmann chez moi, ne sachant trop quelle figure on lui ferait.
On va voir que je n'avais pas eu tort. .
.
Lorsqu'il arriva, je me trouvais seul dansJe salon. Il examina tout de très près. Apercevant un fivre posé snr la
table à ouvrage de ma mère, il le retourna e~ ~ r~rd: le
titre. Cétait, il m'en som·ient, le Journal mtune A~ei.
Silbermano eut un petit sourire que je ne m'exphquai pas
mais qui me déplut. Il aborda mes parents avec un raffine-

?

SILBEIU1ANN

1 95

ment de respect, mais sitôt que la conversation s'engagea,
j'eus un sentiment de malaise. A peine questionné, en effet,
il se mit à discourir avec une Yolubilité qui, 1'en étais
assuré, était, au jugement de mon père, égal au pire too. Il
continua pendant le déjeuner, racontant toutes les histoires
qui pouvaient le mettre en valeur. Il parla de ses lectures,
de ses voyages, d ses projets ... Je ,·oyais ma mère l'envisager avec crainte, comme si elle etît soupçonné à cette rare
activité intellecruelle un principe diabolique.
Mon père ne faisait entendre que des monosyllabes.
Et le plus singulier était qu'à mes propres oreilles cette
verve, qui d'ordinaire me ravissait, smmait déplaisamment.
Silbennaon, par le désir de briller, recherchait des récits
extraordinaires et des opinions paradoxales. Et rien n'était
plus choquant que l'effet de ses paroles dans une atmosphère où je n'avais jamais entendu développer que âes avis
mesurés et le préjugé commun. Je souflrais véritablement
en l'écoutant; mes doigts étaient crispés. J'aurais voulu lui
faire signe de se taire. ?\.lais il ne se doutait aucunement de
l'impression produite. Mon père et ma mère lui donnaient
à tour de rôle un :;ourire forcé. Et il s'adressait successivement à l'auditeur gracieux. ·
Ce fut a,ec soulagement que je vis le repas prendre fin.
Mon père se retira dans son cabinet de travail où, quelques
moments aprè5, ilbermann alla le saluer. li considéra la
bibliothèque, pleine de li..-res de loi et de répenoires juridiques, et dit :
- En somme, l'idée de justice ne serait-elle pas née,
comme l'a écrit La Rochefoucauld, de la vive appréhension
qu'on ne nous ôte ce qui nous appartient ?
Mon père fit avec une wnrtoisie glacée un geste d'incertitude.
Le soir, nia m re me dit:
•
- « Ton ami parait très intelligent », du même ton que
l'on dit d'un escroc : « il est très ingénieux ».
Cet insuccès ue diminua pas Silbermann dans mon

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

esprit. J'y vis plut6t la preuve d'une certaine insuffisance
de la part de ma famille. L'espace où je vivais me parut
borné, étroit, incapable de faire pface à l'intelligence. De
petits usages auxquels j'avais toujours été soumis m'apparurent ridicules.Je m'aperçus que bien des objets de notre
intérieur, que je n'avais jamais jugés tant ils m'étaient familiers, étaient très laids. Je pris moins de plaisir à rester
dans notre maison~ et, soit par honte de ces choses, soit de ·
peur qu'il ne remarquât les mauvaises dispositions de mes
parents, je m'ar:rangeai pour que Silbermann y vînt le
moins possible.
Mais nos rapports n'en souffrirent pas. Il semblait d'ailleurs que ma compagnie lui fût devenue indispensable. Il
m'emmenait avec lui partout. Le dimanche, nous allions
généralement au théâtre ; sitôt le rideau du dernier acte
tombé, il prononçait sur la pièce et sur les auteurs un arrêt
péremptoire, éloge ou condamnation, qui fixait mon esprit
lentement ému. Le jeudi, nous nous rendions chez quelquelibraire ; il discutait éditions, reliures ; il marchàndait,
achetait, faisait un échange. Il avait toujours la poche
pleine d'argent, et sa générosité à mon égard, quand nous.
sortions ensemble, me faisait souvent rougir. A la fin de lajournée, après avoir inscrit mes comptes - habitude imposée par mon père - je m'amusais à calculer ce qu'il avait
dépensé et me trouvais en présence de ·grosses sommes.
Nos entretiens n'étaient pas seulement sur l'art ou la littérature. Il suivait avec un intérêt non moins vif les événements politiques, le mouvement social, et aimait à discourir
sur. ces sujets.
Il m'entraîna un jour dans un quartier excentrique où
avait lieu une manifestation populaire. Il avait décoré sa
boutonnière d'une fleurette rouge et s'adressait fraternellement à ses voisins. Je le suivais dans la foule, très effrayé,
et au bout d'un moment je le conjurai de rebrousser chemin. En revenant, nous passâmes par un point, situé au
sommet de Montmartre, d'où l'on découvre Paris. Nous

SILBERMANN

197

nous arrêtâmes. La vue de la ville à ses pieds
h S'lb
. .
.
provoqua
c ez 1 .erman~ une ex,c1tat10n smgulière. Lançant vigoureusement la voix dans 1espace, il développa ses théories et
~~ fit u_n ta~leau de la société future. 11 affirma sa croyance
a 1amél10rat1on du sort humain et au bonheur universel
-;--- Ces temps viendront, clama-t-il. Cela est aussi sû;
qu 11 est sûr que le soleil se lèvera demain.
Eni~ré par_cett~ promesse, je suivais avec enthousiasme
son do1~t qm, _pomté vers la ville, indiquait d'un signe
destructif ce qm devrait disparaître et traçait le plan de la
communauté nouvelle.
- As~urer 1~ ~aradis matériel de l'humanité, qui aura
cette gloire ? d1t-1l rêveusement.
Et ses yeux s'illuminèrent, comme s'il avait eu l'éclair
qu'il pourrait être ce Messie.
Ainsi passa l'hiver.
Au lycée, Silbermann remportait les mêmes succès dans
ses études, bien qu'il fût souvent blâmé pour son manque de
méthode. Notre professeur de français lui reprochait en
outre l'abus qu'il faisait de ses lectures et l'habileté avec
la~ue_lle il s'appropriait les idées et le style des autres. Et il
la1ssa1t v~ir que le procédé, venant de Silbermano, ne le
surprenait pas.
Le pr~ntemps fut le signal de la reprise des hostilités
contre Srlberrnann. Les jeux en plein air recommencèrent
et chacun s'y livra avec une ardeur nouvelle. Dans la
c~ur, on formait des rondes qui brusquement entouraient
~1lberr_nann :t le tenaient prisonnier. Par des grimaces on
smgea1t sa ~a1deur, laqu~_lle devenait de plus en plus frappante, car, a mesure qu il se développait, il perdait cet air
d'enfant précoce qui lui avait conféré une manière de
grâce. Insulté, bousculé, ayant sans cesse un nouvd assaillant d_an~ le, dos, il tenait tête avec rage, répondant à l'un
et puis a l autre; enfin, excédé, il tentait de rompre le
cercle et roulait à terre.
Cette anrtée-là, il y eut des élections. Elles furent prépa•

.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rées avec violence. Dan~ tout le quartier fes murs se
recouvrirent d'affiches donct les vives_ .couleurs attirèrent
nos _regards. Nous nous arrêtions pour les Jire et arrivions
au lycée tout ext:ités par l_a qisptHe des partis. La ligue des
Frqnça:is de France.prena'it une ·pàrt irn,p0i;tante à la. lutte,
Par des -proGlamations, des réunions,,, des conférences,-elle
multipliait ses attaq:ues contre les Juifs. Philippe Robin,
pourvu par son_onde, distribuait à qui voul_ait des ~~nsignes
et des libelles antisémites. Cette fureu11 trouva en Silbet mapn une victime. Sur les murs, à côté des affic;hes, on
inscrivit son nom et on crayonna sa caricature. Enfin, -au
lycée, Montélar organ isa contr,e lui une véritable bande.
C'était une figure singulière que Montd.tr. La plupart
di:: ses.condisciples de S•-Xavier, avec l~W[? tuembres .grêles,
leurs mains pâles et quelque signe distinct.if r~prnduisant
sur leur visage comme une pièce d'armoi:ries - un nez
osseux et plat, un front resserl'é, un épi&lt;lerme féminin semblaient apfnlnenir-à une espèce caduque. Lui, tranchait
par sa constitution normale et sa mine de chef.
D'un chef, il avait également l'âme. Il choisit en dasse
'trois ou quatre garçons, .parmi ks plus b::utaux,, · tes plus
épais, les plus servile.s, et-Jes excita- contre ·Silbermann.
Dans la cotir, il allait, à leur tête, Yers celui-.ci et se tenant
à quelques pas, car il feignaît de ne pou voir: s'approcher
d'un être aus~i abiect, il se met.tait à l'insulter :
- Juif, dis-n0us , quand ru retourneras à ton ghetto,,
nous ne voulons pl1,1s de toi ici.... Juif,, pourquoi as-tu l es
oreilles_ d'un bouc ?
- .Sil berman.n, toUJi e.P . marquant des o;i9m:e1mots_ de,
t:rain.te pa,rei1s à. ceµ~ 4'uve bête faible qp-i -se sent Jraq_uée,
répliquait bravemeu.t à chaque- mot. Puis,.,pur un sjgne de
Montclar, on se iu-~i.pit:ih sur hü. IL6tait jeté à terr~ et
roué de cour.,, Si.je ,tentais d'al1e1; ·à son secQurs, , j'étai,s
arrêté et m.a'intéo.u . ,De loin j'as,s~stais à la, wtaille. J'e1)tendais Montclar applaudir un de . ses mercenaires et je
voy.é\ls . celui-ci_rewn:nàît;re p&lt;!;r, ,un .re~foqblen:i.eni çl;~ bru-

S1LBERMANN

199

talité cette faveur de _son chef. J'apercevais Robin parmi
les assaillants. Il ne frappait pas bien rudement et, avec sa
chevelure blonde en désot.dre, il semblait u11 page- à ses
premières armes. Souvent, nos regards se rencontraient,
mais le sien se dé1i0urnait aussitôt comme pour esquiver
la supplication du mien. Et c'était pour moi chose affreuse,
de voir la grâce de ce visage naguère aimé durcir dans une
expression insensible.
Quelquefois Haase ou Crémieux se trouvaient par
has;ird auprès de la bagarre-. Ifs ·se gardaient d'intervenir,
et même il n'était pas rare que Haase eût un mot de flatterie pour les agresseurs. Cependant on surpre11-.iit dans,
leurs yeux u;re lueur de sympathie secrète ou de vague
inquiétude - on ne-savatt bie_n:....... quiJaisait·.songer aux.
obscurs sentiments .qui agitent les chiens lorsqiùli. voient
battre un de leurs semblables.
, Silbermann s.e relevait, les- vêtements souillés de poussière et déchirés. Je m'empi;essais vers lui et rassemblàis ses
cahiers et sesli.vres épars. Tandis qu'il était mait1tenu, on,.
avait collé sur sa figure ces étiquettes que la propagande
antisémite apposait à profusion sur les. murs. Son front et
ses joues étaient tatoués de petites rectangles multicolores
où on lisait: A bas les.,Juifs l Je l'aidais à les .enlever .et
essuyais son visage. Ses yeui étincelaient. Sa bouche écumait. D'un coup de main j'afrangeais ses cheveux qu'on
av.1it tiraillés; Autour d.e nous. on ricanait. Je n'y faisais
pas attention. J'avais conscience d,accom.plu· ma m.Îs$ion
et cette glo1re m'é:levait bien au-dessus d~ sentences
humaines.
., _
Mais, à ce moment, Silbermann:,, qui n"était-jamais abattu,
ne~pouvait se retenir de ripos_ter. Enéore tout ·frémissant
de la défaite, il repartait à disputer, narguant par des gestes
moqqeurs ceux qui nous entouraient, C'était du co1,1rage
si l'on veut; c'était surtout ·l'espoir de vîÜncre) souffié par
un âprt orgueil;, c'~tqÎt l'ambition, ph1s tenace qu'aucun
sentiment, de prouver :sa supériorité. Alors la bataille' se

�200

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rallumait. De nouveau on s'élançait vers lui. Et je le
voyais, à terre, se débattre encore, comme le tronçon d'un
ver remue sous le talon.
Je lui démontrai doucement ensuite, par un petit sermon, combien sa tactique était maladroite. Et il me
répondait d'une voix rauque, avec une flamme dans le
regard :
- Que veux-tu ! nous autres, plus on nous opprime, _
plus nous nous redressons.
C'était vrai. Je remarquais maintenant combien il était
préoccupé de se venger. Toute occasion lui était hoDne
pour s'en prendre au parti adverse. Sa supériorité d'esprit
le servait. Une fois elle faillit lui coûter cher.
Notre professeur de français nous avait donné liberté
-d'apprendre comme leçon telle pièce de vers qu'il nous
plairait. J'avais appris des stances d'André Chénier que je
-venais de lire grâce à Silbermann et dont l'inspiration
m'avait laissé tout brûlant. Je demandai à Sîlbermann
quel était son choix, mais il me le tint secret.
- Ils vont voir. .. dit-il avec l'expression de quelqu'un
qui prépare un bon tour.
La récitation commença. Les mauvais élèves, peu scrupuleux, s'étaient contentés de repasser quelque texte déjà
connu d'e4x à l'insu du professeur et riaient d'un effort
qui leur avait coûté si peu. ~es timides avaient été déconcertés par cette première liberté ; certains, en se levant,
rougissaient de livrer leur préférence. On attendait avec
curiosité Silbermann dont on savait les connaissances
étendues et le goût original. Le professeur le nomma puis
Jui demanda ce qu'il avait appris.
- Des vers de Victor Hugo, Monsieur ... Un passage
-extrait de Dieu.
Il se leva et, enveloppant la classe d'un regard plein
.d'arrogance, il se mit à réciter :
Dieu I J'ai dit Dieu. Pourquoi? Qui le voit? Qui le prouve?
C'est le vivant qu'on cherche et le cercueil qu'on trouve.

SILBERMANN

20!

Qui donc peut adorer? Qui donc peut affirmer?
Dès qu'on croit ouvrir l'être, on le sent se fermer.
Dieu! cri sans but peut-être, et nom vide et terrible !
Souhait que fait l'esprit devant ]'inaccessible !
lnYocation vaine, aventurée au fond
Du précipice aveugle où nos songes s'en vont !
Moi qui te porte, ô monde, et sur lequel tu vogues!
Nom mis en question dans les sourds dialogues
Du spectre avec le rêve, ô nuit, et des douleurs
Avec l'homme ...
Dès le début, l'apostrophe étonnante avait fixé l'jlttention
générale sur Silbermann. Puis à mesure que s'élevait la
voix claire et puissante qui donnait à chaque mot sa force,
à chaque pensée sa gravité, tous, en classe, s'étaient
entre-regardés avec une sorte de trouble. Devant cette
vision apocalyptique, devant cet éclair illuminant un chaos
chacun avait songé à ses rêves, à ses doutes, à ses angoisses:
et avait désiré être rassuré par le visage de son voisin.
Mais bientôt, comme s'ils s'étaient sentis de force à se
mesurer contre cet audacieux exterminateur, dressé parmi
eux, ils firent entendre un grondement d'indignation. La
voix de Silbermann domina ce bruit. A peine interrompu,
il lança avec un son retentissant :
Dieu l conception folle ou sublime mystère!
Un tapage furieux éclata sur tous les bancs. Le professeur intervint, fit asseoir Silbermann et, une fois le silence
rétabli, lui dit avec une sèche ironie :
- Vous avez sans doute voulu prouver à vos camarades à quel point vous manquiez de tact, Monsieur Silbermann !
Mais qu'importait à Silbermann 1
Je le regardai et je vis, malgré son calme apparent, combien il triomphait intérieurement. Il lançait des coups
d'œil vers les Saint-Xavier, et l'orgueil dilatait ses narines.
La classe s'était ressaisie. Montclar fit passer furtivement

�202

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un billet qui décidait des représailles contre Silbermann.
Celui-ci se douta de la chose et, dès le roulement de
tambour, i1 courut vers _la porte ét s'enfuit à travers la
cour.
Mais d'autres avaient été plus prompts et l'attendaient.
En pleine course il fut atteint d'un ~roc-en-jambe et culbuta net. Je le -vis à terre, agitant les membres en tous
sens. Ses traits étaient défigurés par l'angoisse; sa bouche,.
grand ouverte, ne laissait échapper auëun cri ; le choç extrêmement vi~lent lui avait coupé la respiration. J'accourus ·
et le relevai. Je temmenai à l'infümetle. Eile se trouvait à
tautre bout du lycée. Il me laissait faire et ne parfait pas.
Nous y aHâmes lentement. Je le soutenais'." A un m0ment,
il se mit à haleter et s,.arrêta. Son teint, brun d'ordinaire,
était affreusement livide. Son regard étaft vague. Ses lèvres
frémissaient ou murmuraient je ne sais quelle prière. Une
goutte de sang coula d'une petite déchirure.faite à son front.
A ce spectacle, une pèn~ée · me traversa : &lt;( S'il allait
mourir !. .. ii . Mon imagination prompte ¼ assem0Ier des
scènes tragiques conçut tout le drame et mtme ce qui s'en
ensuivrait. Déjà je me voyais allant le lendemain au devant
des Saint-Xavier, ses bourreaux, et leur disant - de quel
ton accablant :
- Eh! bien, soyez contents, vou~ ~av_e2:, t1;1é. .•
A ce moment; d'un mot qui me rass:.irait, Silbermann
so-uffla sur ces songes. Nous reprîmes notre marche. Un
peu plus loin ·il désira s'arrêter enwre. Nous étionsi devant
la chapelle du lycée. Là se trouvait un carré avec des bosquets de lilas et quelques bancs-. Silbermann s'assit. Il était
appuyé contre le mur de la chapelle, au-dessous.- de vitraux
qui représentaient un groupe d'anges. Ses deux marns
soutenaient, aux tempes, 'Sa tête qui s'inclinart, et son
ombre répétant ue geste dessinait sur le sol une ûlhouette
mince et biscornue.
·
. -L'émotion avait si bien bouleversé ma raison qu'ei-i Je
voyant à cette pla.:ê, je me mis à ·rêver une étrange bis0

• -

•

SlLBERMANN

203

wire mystique. De nouveau j'imaginai qu'il allait mourir.
Et i~ pens;û que c'.était sans nul doute Dieu qui le frapperait afin de le pumr de ses blasphèmes.
- Il va mourir ici, diS--je en moi-même, au seuil -:-de
Eètte chapelle.
Et, avec une inquiétude infinie, je me demandais si
l'élection par b puissance divine de cette église catholique
comme lieu de châtiment ne serait pas un sione qui dût
0
me faire abjurer...
·
La sœur qui nous reçut à l'infirmerie dans une sorte de
cuisine ornée d'objets. de piété, était une ·petite vieFlle dont
la figure toute ridée tremblotait. Silbermann me parut
gêné pour s'adresser à elle. A.ussi, je pris la pa:rote et lui
racontai 1a chute brutale en ·pleine cour.
- Miséricorde! dit-elle en joignant les mains. Qu'il se
repose un moment. M. le Docteur doit passer bientôt.
En attendant je vais lui donner une tisane bien sucrée.
Silbermann ne ressentait plus rienj de la commotion.
Ses pnpiHes av.aient repris Jeu:F vie , et leur mobilité. Je
croyais les voir sauter sur la cornette blanche de la sœur
et sur les statuettes, religieuses comme de noirs petits
démons.
La sœur -pissa dans une autre pièce. Au bout d'un instant que• nous étions seuls, Silbermatrn se leva et me
fotça à en faire autant.
.
- Je me sens: tout à fait bien, ce n'est pas la, peine de
rester. Allons-nous en.
Je fus d'avis d~attendre le retour de la s-œur. _
I l s'y refüsa
et m'entraîna dehors.
'
Nous refîmes le chemin en sens inverse. li parlait a-.ec
abondance. Il avait retrouvé toute sa fierté et me~demanda
avec ull air de triomphe si j'avais remarqué la longne
figure toute scandalisée de La Béchellière pehdant qu'il rédJ
tait: Puis i1.se "mit à1 rite en pen?anv, à la sœur qui devait
nous chercher ·partout. Il se retourna vers l'infirmerie et
ridant ses traits, il parodia d'uni:v.oix- clievtotanie : J

�204

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Je vais lui donner une tisane bien sucrée ...
Cette singerie me déplut. La parole évangélique me
revint en mémoire : « Race incrédule et perverse ... »
- Tais-toi donc, lui dis-je avec impatience.
C'était la première fois que je le traitais avec brusquerie.
Il leva vers moi des yeux surpris. Et tout aussitôt, changeant de ton et d'expression, il porta la main à sa poitrine
et dit :
- Je crois que je vais encore avoir un étouffement.

1

La scène · violente de la cour avait été vue d'un répétiteur. En raison des conséquences dangereuses qu'elle avait
failli avoir, l'agresseur fut gravement puni, et l'affaire fit
assez de bruit pour qu'on n'osât plus persécuter ouvertement Silbermann. Mais ses ennemis ne désarmèrent pas
et changèrent seulement de tactique. Nous fûmes tous
deux mis en quarantaine. Personne, ni en récréation ni en
classe, ne nous adressa plus la parole. Les groupes s'écartaient sur notre passage ; les bouches se fermaient. Maintenant, tandis que je me promenais dans la cour avec lui,
je tâchais, n'ayant plus à le défendre, à le perfectionner,
ce qui était aussi ma mission . J'aurais voulu qu'il perdît
ce besoin continuel de s'agiter, de parler, de se mettre en
ividence. Je lui recommandais d'une façon détournée le
recueillement intérieur et la discrétion, ces principes qu'on
m'avait prêchés avec tant de fruit dans ma famille.
- Est-ce que tu ne goûtes pas un plaisir particulier,
lui disais-je, lorsque tu gardes secret quelque sentiment,
lorsque tu caches soigneusement aux autres toutes tes pensées et tous tes désirs ?
Mais le plus souvent il accueillait mes conseils avec un
air narquois, comme s'il eût eu une arrière-pensée railleuse
sur cette morale.
Je m'aperçus bientôt que Silbermann était très sensible
au délaissement où l'on nous avait réduits tous les deux.
L'absence de discussion était pour son esprit un désœuvre-

SILBERMANN

ment insupportable. Il portait vers ceux qui l'attaquaient
naguère des regards presque mélancoliques, comme s'il eût
regretté les âpres querelles soutenues contre eux. De mon
côt~, je me plaisais moins à cet état tranquille qui n'exigeait plus de moi aucun service dangereux. Puis, dans le
désert créé autour de nous, les petits ridicules de Silbermann grossissaient ; je veux dire que je les remarquais
davantage. Souvent lorsque j'étais à côté de lui, son physique, sa gesticulation, sa voix, me choquaient tellement
que je me comparais à Robinson isolé auprès de Vendredi ...
Nos tête-à-tête languirent . Mais, à dire le vrai, ce fut un
peu de mon fait. Chaque année, à l'approche des vacances,
par une habileté mesquine que je ne m'avouais pas, je me
détachais des amis que je m'étais faits au lycée. Je ne voulais point souffrir trop cruellement d'être séparé d'eux pendant les mois à venir. Et vers la mi-juin, en prévision de
la morte saison, je réglais avec prudence l'économie de mon
cœur et le fermais aux sentiments trop vifs.

(A suivre)

JACQUES DE LACRETELLE

�.RÉFLEXIONS SUR LA LITTIUU.TU;RE

REFLÈXI .O N-s· SUR
LA LITîtRATU.RE
LES JARDINS SUR L'ORIENT
Ce n'est évidemment ·pas cf.aujourd'hui que :Se pDse le problème littéraire_et moral des infl·liences r-éciproques.-de l'-Ori-ent
et de l'Occident. Si la question (politique). d'Orient remonte .à
Darius, la question des rapports spirituels_ -est plus ancienne
encore, puisqu'elle remonte au lllOi~ à Homèr-e. Le premier
poète oçcidental, I.e père de l'art oicidéntal, _viv:ait _en cont~ct
étroit avec les Pné.oici_ens, 1out les périples lui .sen1irent à"broder les merveilleuses _a ventures d•Ulysse. Le couple OrientOccident est, comme ceux du masculin et du féminin, du Nord
et du Midi, des blancs et des jaunes, inscrit dans l'élan même,
~t fa tlïaii' et la carte de' fa. planète. Il n'a pas fini de do'rmer des
fruits d'amour et de haine, de mariage et de -divorce, - de
fournir à de grandes individualités des façons de porter leur
flamme, des registres d'art et des thèmes de vie.
Schopenhauer estimait que la révélation de l'Inde à l'Europe
jouerait au xrxe siècle un rôle non moins important qu'au
xv• siècle la révélation de l'antiquité classique. Ces espoirs ( q~e
d'aucuns tourneront en craintes) n'ont pas encore été réalisés.
Quand tout cela sera devenu passé, sujet de thèse, matière de
bibliothèque, on attachera sans doute une grande importance à.
ces deux épisodes de l'après-guerte : le voyage de propagande
de Rabindranath Tagore en Occident, ks écrits et la prédication du comte Kayserling.
Mais que les influences orientales CQrrespondent à un prin·
cipe de régénération ou il un principe de dissolu tion, ou, plus
vraisemblablement, à une complexe alternance de l'un et de
l'autre, il semble que la France demeure et doive demeurer un
des pays les moins atteints par elles. L'esprit mystique de la

207

Russie, l'esprit musical -de l'Allemagne, l'esprit religieu~ de
rA~gleterre, ont aujourd'hui a~ec l'Orient des rapports plu-s
faciles que l'esprit clair et précis, orateire et raisonneur, délicat
et sce~tique qui tisse les ma:ille-s souples, fines et sèches du génie
français.. Laper.sonne et la parole de Tagore n'ont guè.re eu en
France ;qu'tun succès de curiosité., Pierre Hamp; en un utide
-singnüèremetrt -y.jgouremc, a :ramassé .tous les arguments et les
sentïments ,qui emp.êchent un O.ccidentai:sain et normal de céder
à ce doux mi.rage ; mais sans doute, .au temps de M-arc-A.urèle,
des' philosopb.e.s,écrivirent-ils contre.les cnrétiem de petits-trai.tés aussi pertinents, et l'empereur Juiien parle parfois a.vec le
même bo~1 &lt;Sens.. Si les- traductions angla-ises des .poèmes de
Tagoie ont eu ,la chance -d e trouver en Gîde ·e't en d'autres-d'admirables traducteurs français, ;c.e ux de ses ouvrages :dont l'action
enEu.rope .es,t la·plus forte ne nous ont ·guère· touché·s. Le livre
Natio,1alùm U:a même.:pas été .tra:duit. Et le rotn,a,n la}Jaison ie.t
le Monde n'a. eu dalli. sa version française auoun su:c·oès. C'est
pourtant, à mon a,.1is, un pur chef--d'œuvre 1--non seulement de
:sentiment, mais de technique, écrit à la fois pat un
homme d'une sensibilité et d~une tendresse infinies, et par
un arti..ste singulièrement fotelligent, q_ui -a .su, quoi -qu'il en
.dise, se mettre à 1'.éGole .des TOl.illlRCieœ ..arigla:is: Alors que le:s
:traducteurs n'ont pas .h.ési!é à. nous opprimer sous d'effroyables
·pa,vés cmnm.e la .Ge,1èse tkt XIX• .siàle de.H. S. Chamb.er1ain, le
Jourt1al. de voyage d'un. philvsopb.e,' qui .est uu,nes cfud"s-d'œuvre
allemands du~x•.siè:cle, n 1a .pas 'encor.e p.assf eu fcinçais. (Mais
q.u and on'Pense que 1echauvinisme a bien 'irr.êté ia traductiori

des œuvres d,e ·Ntetzsche !j

, "r •

L'orientalisme"a.e projétte pas chez ..lllO'US' Jes luge.s courants
qu ~ sembl&lt;;nt..conoaître les p·ays geonatmJ.ues: Il n'.atteint p:as
.au~ poofund-enrs de ·notre vie religiefrse et morale, Nous
oo•rions foi faire un.accueil d1àütantmeilleui ,que nous ne nous
sentons nullement rtrerracés d'mœ env.a.bis pàdui.- Et de fait, si
nonsJ'introduisons peu dans·.mo.s: ·maisoos è,t 'Ba,ns no-s âmes,
.nous avons cfu·moilis•d.es jardins sur l'Orient, d:es jardins en
OTient. Notre, po.ésie 1 au XIX" siècle n.'a été. tuu:chée ni moins
ni pius que: celle .de. i' âog-Iete..r.re et de, l'Allemagne par Je goût
d.e -l'Orient fit des.imituti.ons orientales. 11 y r a, eu·. pei:nture et
surtout en tittératu.re,. . un o.rientafüme :frlln.Çais, "dont. fe.s-

�208

LA. NOUVELL't REVUE FRANÇAISE

sayais l'an dernier d'esquisser la physionomie en des articles de la Revue de Paris sur Fromentin. Nombreux sont
les Français ( ainsi que les Anglais et les Allemands), qui
demeurent toute leur vie, comme Loti, ensorcelés par des
images et des rêves d'Orient. Mais eux-mêmes nous donnent ce
rêve oriental comme un repos, une euthanasie, une manière
de glisser vers la mort avec quelque douceur et quelque inconscience. lis ue trouvent pas dans l'Orient une raison de vivre,
mais une manière de mourir.
De ces jardins sur J'Orjent il n'en est peut-être aucun qui ait
plus de raisons et de mani res de nous charmer que la Perse.
Elle ne nous dépayse pas trop. Sa littérature ne nous submerge
pas comme celle de l'Inde, et ses grands poètes, à travers Je
voile de la traduction, nous donnent une idée de perfection et
de conscience, un sentiment d'art heureux, parfait et mesuré,
comme les meilleurs d'Occident. Hafiz et Saadi nous évoquent
un La Fontaine ou un Horace religieux. Les Quatrains d'Omu
Khayyam sont devenus au XJx• siècle un des livres poétiques
les plus populaires de l'Occident. La traduction de Fitz-Gérald
l'a acclimaté chez les Anglais comme la traduction de Florio y
avait acclimaté Montaigne. Des traductions moins artistiques,
mais de plus en plus fidèles, nous ont permis de le goûter de plus
en plus purement ... M. Charles Grolleau en adonné récemment
une, élégante et sobre, réduite aux cent cinquante-huit quatrains qui paraissent seuls authentiques. Il n'y a peut-être pas
d'œuvre poétique qui condense a,•ecune vibration à la fois plus
intense et plus aisée l'essence et l'âme lumineuse d'une vie. Une
belle journée humaine est un coquillage de soleil, de nacre et
de sel, - d'intelligence, de plaisir et de larmes. Elle sent que la
destinée du coquillage est de donner une goutte de pourpre, et
elle la donne. Si Moréas avait mené une vie plus solitaire et
moins gaspillée, si toutes ses Stances avaient la perfection des
vingt plus belles, les Stauces équilibreraient les Quatrains dans
notre paysage littéraire. Cette forme ramassée et brève a
été pour le Grec d'Athènes et le Persan de Nisha un moyen
terme par(ait, un crépuscule léger entre la parole et le silence.
M. Grolleau a eu l'excellente idée de joindre à sa traduction
quelques jugements français sur Khayyâm, et ils sont bien
curieux:. Ils datent de la première traduction française, celle de

RÉFLEXIONS SUR LA LlTTERA TURE

.209

Nicolas. Théophile Gautier, qui en 1867 souhaitait depuis longtemps d'être Persan, ou tout au moins Turc, écrit des pages, un
peu pataudes, d'enthousiasme, qui restent savoureuses et franches, le vrai article d'introduction que pouvait souhaiter ce bon
et .fin vivant de Khayyâm. Mais on voit, cette même année
et à cett~ même_ o_ccasion, Renan, dans son rapport annuel,
à la Société As1at1que, sur les études orientales, parler du
grand poète persan sur un ton de pharisaïsme G'aUais dire
de ca_fardise) qui surprend d'abord, et que l'on comprend bien
ensuite.
Mathématicien, poète, mystique en apparence,
1ébauché en réalité, hypocrite consommé, mêlant le blasphème
a l'hymne mystique, le rire à l'incrédulité ... Qu'un pareil livre
pu_isse circuler dans un pays musulman, c'est là un sujet de surP:1se; car, sûrement, aucune littérature européenne ne peut
citer un ouvrage où, non seulement la religion positive, mais
toute croyance morale soit niée avec une ironie si fine et si
amère. Le manteau hypocrite des explications mystiques couvre
tou~es ces hardiesses. » C'est exactement en ces termes que ses
-a~c1ens ca~arades de Saint-Sulpice durent parler de la Vie de
Jesus et de _l Abbesse 1e Jouarre. Le comjque est que Renan pendant les qu10ze dernières années de sa vie allait colporter la philosophie de Khayyâm dans les salons et les banquets. Et un
.autre_ comique_ naît q_uand on voit Renan parler d'explications
mystiques, qui ont bien pu exister pour les commentateurs de
Khayyâm, mais qui paraissent aussi absentes de son œuvre
qu'elles le sont du Cantique des Cantiques, traduit et échenillé
de ces mêmes commentaires, par le même Renan. Concluons
s'.mplement que Renan avait gardé de son éducation sulpicienne une tendance au conformisme des mots sous l'autonomie
de la pensée.
C[

•

* *
Des jardins sur l'Orient sont naturels à un Français cultivé et
bien né. Depuis Chateaubriand le voyage d'Orient joue à peu
près dans la vie d'un écrivain français, ou simplement d'un
honnête homme, le rôle que remplissait au X\ m• siècle Je
voyage d'Italie. L'Orient a été pour une bonne part dans les
fonds, la substance, la richesse du génie lamartinien. Ce que
Victor Hugo a tiré de son bref passage en Espagne et sur le
14

�LA. N,0:UVElLU REmlE'.. FAANÇAil'SE

Rhin~Ae so_n-lmig voi~azge . avœ la:.,mex_,1 t116üs fuit imaginer
.h'afllux;_ fo~r:me que·Jé\ 'ittyage.A'0nrentç,. a~q:u:e-1!. tl. n~ parait
jama.î.::._a,v_oirr pen~. :ror.aiet apporté. à san. g-énie. J'ai ~yé: oe
ntonttet:,. d~ns. ~11 Qn Fta:u lieitf. ,Ç0,mnteall et pQutqiue i la vie .litté:nir.e &lt;le Iïlau~,se di'i~aitsi;,u.ettem_e.m: err, deu.: : 3'vant·ett.aprè_s
lhvoyagei&lt;:!'0,1:ienti.iB~ entmuJtow k sertiUJtPlJfflus f:t..slllivb.
Appr:eJMtmt qu'uu: ÇCli\ai!1l'_, Loti~_.E~_ult~ m.spiiùnsable ~ agues
et yaseux, :p:mmn.a., 'la'iî-1rtir1, p~W' 1'1,, S-}!1ie,..Flat1:1'ett,.,dan 1,111~
,lettre,, p◊.ui'i~e Ulil! rwgiss€inel}.!:- ~ «iril:.chtw~ é.tre défei.1du de serÛll,..c~1nme ~n Russ.i;;J· ~-. de ~a.te.ils c0~1 Qo, 'll'.&lt;1 •. encatc neus
-pp,1end;J~ 1JP~ ,fois_ ceJ ·qu~; ~Îest qili~ m.osql:lé~ et un ..bain
·tur~ • Malbeldf !... »_
- -Mali.s cg~es flal.lbett _1 ;~ &amp;igp.é axcc (à1l]jthQ~iasme-, eJ1;J1~14,
u11e autoris-ati:on de sotti~ ~ M:, Mautlç~ B~tèii.. -« Je, fefuse 1~
1Ifilll11: avall't de m'êrr:e; aoumis aux çrf.és, neint d'Orieu-.t l .~ éoi,v,alrt•M. Bar;rès,, _autrefois. Jl a.canentlu j:l!lsqi:ùtu_, prînt:_rmips d.e
13'llt p(i):ur se soumettt~ ~ Co~tanti:u:op~ et ài l)a-maS&lt;. De-s
~ogues- uombleusm; l'ont ~pê~ de doonetr e.ncO:Ee an
Fo:yage,de _Spart{ le penda$t _d\iimr -V&lt;-ryag;,td,)Driw.t.. ~.En_,1t;tendan:t
v~i 1#1JardinJIJ.r: l'.Onmte:. _
M ~ l¼,i:Eè-s PilfllÎl,~i()ir. é\é-,1\0UJ:QUf..S hil\lltf. pru;. liJl~ t:~rta.i:ne
il:flage, sédu~antt efu111 ~ livi:,esq~,._de- FOûent., E,V le c_a ,,
d~pni~ -Ii'laubert, et même aiva;LLt,,, étajt; c.t'iin rçirnaatis.me.ttO!lnul,
Ast~n.é :Ar.avfan, Arménienne, p~ti 1m. mélange; de, la. femme
è.'0~ient et de ces Jigutes de; f®l~~- r,usses., font populaires
ptnq,a~t' vingt a;n,s, dans le&amp;-mili:e.wr. li,ttiraires., Eli le Vo]Jlg! de
Spada e~t placé en p:mje s0:as l'iu'1P'~tlt)Jt c,!1,t j-,eu-ne. A.nmé:piœ
.Tigli:ane. Je ne sai&amp; }W•~\l'à. quel po-int. tta-it pro&amp;md l',orümtalisme d-e M. Bart(tS, rn ais il. semble bien q,u'il1h~ }'lOrte: avec; une
mauvaise conscience, et en éprouvant le besoin d5!'se, clifendre
cont~e lui. Dans les Déracinés,, si Sturel n'est pas content de luim!me,. ne réussitJas, et s'enlise en de déprimants éche.cs polîtiques1 -Y9W ·:pe11sezi bien &lt;.1,U~ ce- nfe§t pa5 s,i, ,faµ.~, mais,
;omm~ àans le mêti~i: miJ,i!aire, ceHei J:le-On., Et Qu ici iappelle
Aiti né, Ata,;rian et BouteHlie:1;;.._S~ur,cl; :i.:été stér..ilrsif,. s:i:nOL1 mé:,
p.ar l'Orient et par Kant. Et même p;u un.e ooguÎrère-a.11ia..m.Œe
q,u.i n'a ~videmment janiais &lt;rn·istêJJ.tUe- dan~ le .JP.Qnd.e de Jai littératurer les l~G&gt;ns- d~ cB'iautciU!,evl,l.J- les ~ilo~]:'l~; d'Iooi'e· se

IÊFLEXIONS S.UE 1.A. LlTI:Ell.ATURE

2II

sont as.1rociéeg., po.nr flatter et perdre Sture1, avec le charme

oriental d'Asti.n~
_
-&lt;Ze qu-e, ae .faço~ un peu nt:i:ficiell.e'" M. J3arrès parai; a-voi.i;
groupé sous strnJdée cfe YOrieutj œ sont d'-abo-J:'1 les éléments
fén11ninside sa rm.,~urâ(nou~ en .avons to.us en nou.s, 'et, pa.r ~dos..
mose, no.1i1s-~n p.uis:nns to1110w:s pins ou moips chez les fommes,)
et e!esf'-enmite une .sorle de-·. priir:cipe inf~ieµ1 et cruumant1 à
b sêàtictioo -duquel il s' effoice d' échà.p;pet. Le.s visages de Ja
tll'tré lui.sc:invauta.nt de j.ardins emM'.émati41Lue,s qui- sen•oot de
dêco,r -à ~uèlqùe;..â:venture moiti.é poétique, moitié idéologique.
~~ Jar~in sur h'011:mt1faép-ond au Jardin de BMnice: M.ais I:e }ardm· cf A,rgnes~Mmt,es'., se:rv~it de lie:u,à rmeâme, à un moi., jeune
eti on peu cru~ qm -se corui.twisai~ q.ü1 avait dennt lui h-page
l,ia~êlie et.frémissante de,la. vie • .Béffoi:ce, ayant joué son rôle
d~ peri~~ secouss.e,, di.s:earai:ssait danSc un sillage de tenckes-se,
la:wan~ ·à J?hif&lt;iiHFJe;,'lt'Vec mi tresru de;Jatiù.es a~urd.es-, chàudes
et' douces co,mttrelà· plme d\tn. jolJII'., d'étés, le IDOIJl.Vemènt
sui-t
la sewussl?·, nn. mou:vemeot allègre S.tll'.. les i;outes v.ivantes
d'Occident; ·ttrnt ce_ qu:'a dr:clné I'lui_nm:iè; -~uivé à, ht po:inte

qu~

él!trêrne ·d':Eurdpe... -·

Uu Jardin, su:r U.Ororcte lifétenrl, pu un jeu bien curieux de
contraste: sur la terra:sse on la plaine. onosk., Les deux jardins
çe sont deux :femmes:,, mais l'une so11'rnise et .l'a1i1M e- .reine. Bérénice, depms:.lesiremiharités de- M. Prude.nt ju~u'au mariage
a.ve1dJ1:1rles...Ma:rtin, u'.a.connu en l'homme que.le maître dont
-die. est lai di:œl!X:e et l'h.um bk servante~ et le sei:vice ( eo m me pour
hl, féli:cité d'llln Cœur Simple.) fait toute- sa poésie, toute sa
~e:mté- Qu.and sa ~i-e croise celle. d:e Phiti!}pe,,, c'est-à-dire d-!un
twè.te c-apable de respirer c.ette fleur ele sacrifice et de docilité,
.cettœ: infrnieet molledispon:nbili.té.d''émotion,.Bérénice nait ellemème .à hqmésie, elle naît au s-yœ.bole, puisqi..'èntre son.âne
et- ses canards elle personnifie la,foole-, la bonne. foule électo:3-'ie: PhiUppèa. eu.la.,chancr,:de trouver et de- p~tiser une figi.i,i:e
mclinéei cr ploya:ute de to'ut ce qu..c cueille sur lanü:he tene 1lLl
jie.uner.hom.mre pllédé.stin.é à..vivl!e.. Mais void que (équilibre hab~
tue] sur ces hauts registres) i1 reacontre- ~ so-n t0ur l'âm.e~ricine
d:orit i1 serai le , jardin, co·mme- l'_âme-~rvante· de_ Béténice
était. le. jar.d:irr de 'Philippe.
Maishriasons EhiHppe, pws-9,u'aussi bien il-n'a p'ikS préciséo;i.~lll
0

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

'iiurvécu au Jardin de Bérénice. li ne s'agit, dans Un Jardin sur
J'Oro11Je, que de Guillaume, chevalier franc qui, en la personne
d'une sultane d'Orient, a le malheur et la gloire d'aimer une
femme-reine, et même et surtout d'en ~tre aimé. Et laissons
même Guillaume, Saint-Cyrien sage et droit dont l'âme n'est
guère plus compliquée ( et M. Barrès l'a bien voulue ainsi) que
celle des capitaines de l'Atltt11tide. Mais Oriante, elle, ne nous
parait nullement l' Antinéa du cinéma. Elle occupe le centre et
presque le tout du livre. Elle vit, comme Léopold Baillord,
-&lt;l'une vie originale et poétique sous le modelé de laquelle on
sent le pouce intelligent de l'auteur. Le décor oriental, les vers
des poètes persans, n'ont aucurie importance, ne forment qu'un
placage agréable et superficiel auquel celui-ci s'est amusé. Bouquet de musulmanes sur des coussins dans le jardin de Qalaat,
bouquet de Parisiennes sur des canapés dans un hôtel du
XVIe arrondissement, cela se mêle et se transpose facilement.
M. Barrès n'a pas prétendu récrire les Désenchantées, même sous
1a forme;. des Enchantées. Et nous dirons comme Corneille à la
première représentation de Bajazet: o: Voilà des Turcs qui ressemblent singulièrement à des Français ». Mais il y a beau
"temps que nous tournons cela en éloges pour Racine. Nous
pouvons le faire aussi pour M. Barrès.
Quelle revanche de Bérénice, qu'Oriante semble d'abord conïinuer, mais pour la quitter en un si riche et courageux éclat l
&lt;&lt; Toute flexible, mobile et enthousiaste, Oriante semblait de
&lt;es esprits qui jamais ne disent tian . A tous les conseils, à tous
les ordres, à toutes les prières, avant même que les paroles en
fussent entièrement formulées, elle s'élançait pour répondre
--0ui, cent fois oui, mais sous cette faiblesse et cette docilité appaTente, quelle force intraitable ! quelle énergie de fourmi et
-d'abeille ! l'énergie d'une âme dominatrice qui n'admet pas que
·rien entrave sa vocation secrète l Les sourires, les acquiescements, Jes soumission$ et les enchantements qu'Oriante prodigue n'empêchent pas qu'elle percerait le roc, monterait dans
la lune, et livrerait à la male mort ceux qu'elle aime, plutôt que
-d'abandonner sa. ligne d'ascension. »
Ame de poésie dont le chant de rossignol sait emplir et illu•
miner la nuit, âme de domination qui, comme toutes les âmes
~e domination, sait aimer et peut aimer violemment, mais

RÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

2IJ:

sacrifie infailliblement cet amour à la domination l Si M. Barrès
a voulu se divertir à faire son Bajazet, son Oriante semble bien
le contraire de Roxane . Il serait aussi inexact de parler d'héroïnecornélienne. On peut tout au moins Je dire pour le retirer tout
de suite après, ce qui est une manière de ne pas le taire complè~ment. Je songe aux femmes de Rodogune, j'attache une grandeimportance à ce mot d'une pureté magnifique, clou de diamant
auquel pend cette draperie orientale et française : o: Guillaume
avait l'idée de tenir dans ses bras un jeune héros. »
Un jeune héros ! Le couple seul existe humainement. Mais.
sur un plan supérieur il peut être permis à l'homme de devenirun couple, les côtes qui lui demeurent tendent plus ou moinsr
comme les sœurs de Psyché, à la destinée de la première. Il
n'est sans doute pas de grand artiste qui ne projette hors de lui
quelque puissance féminine. Et la femme elle aussi (mieuir.
encore peut-être puisqu'elJe met l'homme au monde) peut
éprouver en elle le génie des deux sexes. La femme, naturellement, n'est ni poète, ni soldat, ni prêtre. Mais quand l'âme du
poète vibre en Sapho, quandl'ame du soldat descend en Jeanne
d'Arc, quand l'âme du prêtre investit Angélique Arnaud, la.
femme, sans perdre son sexe, assume dans ce qu'elle a de plus.
pur l'essence de l'autre sexe. Elle devient ce jeune héros que
M. Barrès s'est plu à peindre sous des couleurs orientales· seulement il n'y a pas de héros d'amour, pas de héros qui n: doive
sur~onter et dépasser l'amour. Orian te vit de cet éther supérieur.
Gmllaume en meurt, qui ignore la pointe de la vie héroïque.
Que ne s'accommodait-il de la douce Isabelle, dont la plénitude.
amoureuse ne dépassait pas Je cercle de chair qu'ont tracé à un
homme les caresses maternelles ? Qu'il disparaisse dans l'âme
éclatante d'Oriante comme Bérénice s'est évanouie dans le
moi nuancé de Philippe !
*

* *
Les vingt pages de trop qu'on trouve dans le récit de

M. Barrès et qui l'alourdissent à plusieurs endroits ne
l'empêchent pas de nous retenir et de nous charmer en toutes.
sortes de manières. Evidemment il ne saurait guère devenir
populaire. Je crois qu'il a laissé le public un peu froid et la critique un peu déroutée. Mais comme il se place bien dans la file.

�LA NOUVJ!LLE REVUE FRANÇAISE

des œuvres de l'auteur~ Comme il plaît an simple amateur de
phrases et de rythmes par ce r~nou-r-ellemcnt continuel .du
styJe, qui estùne dés foTces de M. Barrès. ( « Toi .seul, homme
injuste, j'ai aimé, est-il u1i.e baroi5se .ou un : C'esJ u,u IJran,.

gère qui parte ? Dans .ce dernier .cas, aa:eprons-le) Que de
points Jam; l'œuvre ancienne, mxquels nous pou,·ons
rattacher la nouvelle guirlande ! Je pense au. VoJ•age de
Sparte, à cette lecrur.e d' A1zJigon~ Isabelle comme Ism~ la
femme sans génie, et ntignne .qm, dle rr nous dé'chire avec sa
groose v-0h. de rossignoi .:o. Et cette ,5agesse oonciliante de
l'évêque sur laquelle se clôt Utl jllrdin, M. Barrès- y pensait
sans doute depuis longtemps, puisqu'il imaginait~lors Tiré ia
wr -ce m-0dêle.
P-0urtant -cette fin-Teste un peu mystérieuse. Orian te devieot
abbesse . Soit. Le génie d' Angélique Amaud .,ne sera pas uo
tombeau pour la fëmme-poète Oll la .femme-Iein.e. Philippe
aussi r&amp;lait autour des cloitres. Et en mour.aot {;uillaume -parl
à Orian te comme Bérénice a Jû parfois parled.Phifippc ~ o: \' otce
image demeurera -sous mes paupières baissées, mais j'ai confiance qu'Isabelle (Charles Martin? ou Bougie-Rose ?)m'assistera plus sûrement que vous qui n'ét':s pas née J&gt;OUr -vous
détourner, füt-ce une setonde, .de votre personne. 'l) Tout cel.2
va bien, et cette courbe, œs justes retours o.ous en.chantent. Et
les quelques pages de .cette fin sont certain m nt:i;in.e des suites
les plus sol~es, les plus pures .qu'ait jamais écrit.es M.• .Bacrès.
Aimons cette « tragédie à triple secret •· J'ai au en du.cerner
~ux. Le troisième serait-il -plus -vulgaire ? Ori:a.nte.s.erajt-elle la
femme de son no.tu, - l'Orient, une natur.e orientale '.lvec
laquelle il est beau d-e--s'afüontei" et de lutter ? Le jardin SUT
1-IOronte pr-endrnit-il imperceptiblement figure. de bastion,
comme dans le Génie di, Rhfo le bastion -sembfait .commencer à
être cultivé en jardin ? Il semble que le moment soit venu, pour
l'auteur des Amitiés Françaises, d'étendre méthodiquement, et
avec une prudence un peu -sèche, ces arnüiés. Il a e,mployé ses
jours d' Atbènes à analyser son désarroi. Sou aitons que l'Oriem
l'ait a1dé à composer un enthousiasme, re-çenir sons le -signe
de Du Sang, de l1i Vi1lupté et de la-Mort, - un Du Sa11g .dont Je
Jardin rnr r0ro11te nous offre aujourd'hui l'Amaltur d'rî,rus.

a

A~DliRT THI8AlJDlrr

CHRONIQUE DRAMATIQUE
~ 1~te_~r. m'a écrit : o: Voos avez manqué un numéro ? ,,
Eh •. otn, J a1 m_anqué un numéro. Je n'étais pas ~n train. J'ai
~om,
·
., . pour écrire, d'1rrnir l'esprit he rem:. C'est :u n a. tome
que I a1 sou-rent énonoé et qui e~ juste au tn-0in nrn,
· .
•~- · b.
r--r mot .
on n =nt 1en -que dans T-e p.J.aisir, l'esprit excité pat ·S-On sujet
sans chercher ses mots, la ptumc courant st11" 1e pnp'
'
d J••
• rer, une
sorte e ~ ats:r physique se méJant au plaisi-r spirituel. Autre1:3ent, é~nre ,n esu:p.1'11Joe besogne froide et pla-te-t-t mieux vaut
s abste:11r. , . :est-ce pas, au :reste, te que St. appelai le III ment
rit, gbue ? S1 tous nons Jlattendions peu ;..étr.e écrirait--'On moins
e: des choses plus inté'l'essantes. Se for~er n'a jamais riea valu
nt donné de bons résuJtats. Il en -est 1à. comme dan l'amour .
c'est le -4ésir qui est t t.
'
, Ell~ me ~mque &lt;jUelquefois, cette heureuse dis~siti-on
né dé enchanté, je ois bien, et trop clairvoyant
sur ~on co?1pt~, trop poné .\ la réflexion et à la rêverie. Le
métier que JC fms ~our gagnet ma vie fait passer- sous mes yeux
la ?lus gra~e pa.~1e ~es ouvrages &lt;le littérature qu'on publie
au1our~bu1.
m amve quelquefois d'~n regnr&lt;ler qu-el~uesuns. Dti-e-qu,1l y a des gens-sui s'amusent à &amp;:rire de pareH+es
choses et qut en contentent jusqu'à. ie pubiier ! Quel l - ·
t il
.
,
p au1r
oo - s pu avon:. ou soot•tls a-vengles à -OC point? A moins qu'ils
-se ~noque~t du t1er~ -comme :du quart:, oe qui est uné ~gesse, et
qu t4s e d1sent, - 11s oo;t :raison nu moi~s Sltr ce point _ que
la plupart.des lecteurs n y œnnaîtro-nr nen. Je manque décid~e~t de oct _a ·euglement et de cette insouciance. Quand •1
~ ~n~e de~ 1re ce ~ue j'écris, ma parole ! k plus souvent
j 1ra1 bien me pe-ndre.

-0 esprit. ft

,.1

Je vais 11Klme reparler-de Mt-es, à cette c:1ccasi-0n. Si un Jec-

�216

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

teur m'écrit que je commence à ennuyer avec les animaux, j'ai
ma réponse toute prête : a: Il m'arrive bien d'être ennuyé par
des bêtes qui écrivent 1 » J'assurerai ainsi, une fois de plus,
sans grand effort, ma réputation d'esprit. J'étais d'autant moins
en train d'écrire ces derniers temps, qu'il m'est encore arrivé
de perdre deux de mes compagnons à quatre pattes. Ce sont le
chat Chati et la chatte Petite Café. Si je dis que c'étaient deux
êtres délicieux, vous penserez que j'exagère, comme ces gens
qui trouvent ce qu'ils possèdent toujours les plus belles choses
du monde. Vous le penserez si vous le voulez . Je ne dis que le
vrai. Chati était un chat noir que des gens avaient laissé dans
une chambre d'hôtel rue Saint-Jacques et que j'avais recueili,
voilà trois ans. Il n'y a pas un animal qui ressemble à un autre.
Ce sont les serins ou les gens qui les ignorent totalement qui se
figurent que toutes les bêtes sont pareilles. Pour eux, un chat
ou un chien sont ni plus ni moins qu'un autre chat ou un autre
chien. Les animaux sont comme nous. Ils ont chacun leur individualité. Celui-ci n'est pas celui-là, qui, à son tour, n'est pas
cet autre . Je le vois bien dans ma petite troupe de chats. Il y a
les vagabonds et les sédentaires, les indifférents et les démonstratifs, les hardis et les timides, ceux qui vont par groupe et
ceux qui préfèrent être seuls - même pour manger. J'ai de
mes chats, par exemple, qui, d'eux-mêmes - entièremen~
libres et toutes les portes ouvertes, ne sont jamais montés au
premier étage du pavillon que j'habite, d'autres qui m'y suivent
aussitôt que j'arrive. Je vôus nommerai, par exemple, la chatte
Madame Minne, la doyenne, qui a de l'esprit plein sa frimousse,
la chatte Lolotte, une petite pimbêche, q1li ne connaît que moi,
ne quitte pas mon cabinet de travail, ne fréquente personne,
me suit partout, bavarde sans cesse, avec des manières de petite
précieuse, les chats Riquet, Laurent, Bibi et Pitou, ce dernier
que j'ai ramassé au marché Saint-Germain, gros comme le
poing, sachant à peine boire tout seul, et qui, arrivé à la maison, quand je l'eus posé sur un canapé, soufflait après tout le
monde. Je les ai tous six depuis bientôt dix ans. A cause de ce
temps, et d'eux-mêmes, ils ont pris des habitudes plus intimes.
Ils m'attendent, _rangés sur la table de l'antichambre, à l'heure à
laquelle j'arrive. Ilssontsurla table, autour de mon assiette, quand
je dîne. Ils se tiennent avec moi, dans mon cabinet, quand je

CHRONIQUE DRAMATIQUE

217

lis, paresse, ou écris. Rien ne pourrait faire, quand je suis là~
qu'ils ne soient pas autour de moi, sur mes genoux, mes épaules~
me prodiguant leurs démonstrations affectueuses, si je ne fais.
rien, en parlant, - car les animaux, et surtout les chats, ont un
langage et parlent, - ou me regardant, immobiles et silencieux, si je suis occupé. Je parle là du caractère. Il en est de
même pour le physique. Sur ce point encore, les animaux sont
comme nous. lis ont comme nous deux yeux, un nez, une
bouche et des oreilles, mais quelque chose dans l'expression les
différencie chacun. Trois chats, - puisque je parle de chats,
- noirs, tigrés, blancs ou jaunes, ne sont pas du t-out, quand
on regarde bien leur physionomie, trois chats noirs, tigrés,
blancs ou jaunes, mais bien un chat, un autre chat, et encore
un autre chat noir, tigré, blanc ou jaune. Des gens riront de ce
que j'écris là, peut-être ? Ce sont des gens qui passent sans rien
voir à rien. Ce qui est merveilleux aussi, c'est la confiancequ'on peut arriver à leur inspirer. J'habite un pavillon composé
d'un rez-de-chaussée et d'un premier. Pour aller de l'un à
l'autre, un escalier. Les chats aiment beaucoup un escalier. Ils
y font de bonnes parties, dégringolades ou montées rapides,
ou jeux d'attrape au long des barreaux de la rampe, ou si le
soleil donne ils somnolent sur les marches. Il arrive que ma
bonne ou moi, pour les soins de la maison, nous montions ou
descendions cet escalier, rapidement, - moi surtout, qui rrai
pas les jambes dans ma poche, - chargés d'un seau, d'un broc,
d'un balai, en faisant plus ou moins un certain bruit. Personne
ne se dérange. Chacun sait bien qu'on saura passer sans les
toucher. ]'ai un énorme chien qui vit au premier. On le fait
descendre de temps en temps pour les repas, pour la promenade dans le jardin. Aucun chat sur son passage ne se dérange
davantage. Lui-même sait dégringoler l'escalier sans en toucher
aucun. Il fait comme nous : il enjambe. Quant au ménage des
chats et des chiens ensemble, c'est purement merveilleux. La
nuit, les chiens sont enfermés. Quand ils retrouvent les chats
le matin, c'est de leur part de grands bonjours, à coups de
langue sur leur nez, les chats de leur côté leur prodiguent de
petits coups de tête, en ronronnant d'aise. Les uns et les autres
font de grandes parties dans le jardin, sans jamais la moindre
brutalité de la part des chiens. Je viens de parler de cet énorme

�:218

LA NOUl-'ELLE REVUE FRt.~lSE

cliion:, nointné Nana,;iqni·:Jl'it·1dans uné pièce a.u premier . le
dlati&gt;it:ou, que ,j'ai. ~@am.re pins .haut, .adore les -chtens . H
aim\requelquefoi-s :qne,~ar :m.égarde, .et' sans s'en apercevoir,
.on k laisse -entrer rer .11.e:n:fei;me nec Nina: Quand ma vient Je
ehercben, on le-trmive· lirèmpé 'Comme -s'il .sortait d'un •baqd!let,
et errcb:mté .. C'f.51 N;a,~ .qui, fe .1ienam: eni!re ses pattes. l'a
rléh-.arbm.rill.é·de toutes ks~s.· ]hl i!u'Wll. petit giriffo,:n blll:lx-el.lo.is, nrnnmé Mo.u:k.ey~ que ,Rouveyre m'avait aooné. Le chat
l...aunerit .dnntJ:a;i également ipar1é -phrs haœ, et Moukey,étaie:nt
fa.séparables,. !Ids se .promena-ient ensemb1e dans le jardin. Bs
m.migeaat ensemhh!. ils dotmaient l'u.n_ roonrre l'autre. On
appclaitMoukey, .qia'ota V'GFit ::ms-sitôt laurent s.e momtl'eT
.aussi. J'ai ,Fttdu Moukey..en J191;8 • .Prend:mt q11i:n:ze jouœ, ie ne
dis ,que ie ~rn:i, i.aurent·le ihercbai:tq,autmù, 'S!.!!rle lit, jusqu'à
souilever la colrViertm-e, :srms ;I.e fu, sous Jes Jfn:rtueï'.ls, :sous la
tdde, ,·dans l'.nr.moire. On ·n'avait qu'il ~uo:noncer mmt haut
le 1rmm ·,dm ch~~ il. vo:œ; tega:r.µ:nt ret attendait, oomme si
son. rcbm~agnnn -a±lait venir. 'foœs œs d.mses ne wnt-elles
pas 111:tamantes!? Peut-.on ne pas ,en être touché.? Les _bêtes,
tontes Jes bêtes., quand ,on NMt '2. ':f i:itténe:sser ·ret qu'on les
y,0it Be morrtner .ainsi, ne méritent-elles pas tous les :égards ?
Le signe particulier .de Chari ,éta.iJt œ:cL: il fuiJaiti.clilIJ.stamme·n t
I:a-vei:r dnns des di,,ras, smit qu'IO!l ll'y prit~ sqit qu'il -y sautât de
ln1-ni.ênie. 'Installé ,il.:\, - il VOlIB ip&gt;rflmlit ipa:r le x:oa et v,ens
COl,lW:rit l:e isage de -caresses. -Le :repos2iit-on :à temœ •e t s'ëloigrurit-un qtr'tlL v.ou-s .siüivait, wrec des '}'CUX ,xq11.1i demam'!aient
clairement -(fU';on de prît ,tle •nnuveim Ha rn.êmie":place. je le dis
ponrles.g..ens ~l.ll'Î 'igno:11ent'ce.qu,e !SXb!ilt les -bêtès, et d,es ohm en
pmtkulier, -dé]fj!ieaoc fà-nÎlmt.ux..:5.hJWCantms : m'est-ce pas :merveilleuoc et.attncfurn:ret tiroubJll'l:lt .nl'Ssi' rde trooiY.er "tant de seosi•
bilitlé chœ un ianimkl ? Er loin"lle~ti!il.'idé'e _ne .dire J1Œ l:e:s
miens ISOntru.niqu.es, ni méme ' pariicuüe:rs. Pre--sque tmlS SJJnt de
même,ilu .susc:eptiibks .:dd'être;· Tolrt'i:dépend· Aes IJlalÎlil'S entre
lesqueUes ils ·wm.b:enr. Les an.i..ln~t. rudoyés, ou rlans les nurirrs
de gsens incliffér.ent5" OOUX qui ·vivent à- l'abanrl.on d:tns rles ter-tains va~ 10u .dan~ des jru.mrrs publ-ics, ecrx: aussi ont ou
!Uilir.aierî:t: leurs g.enti.J.lless.ès.' D-1: même ô'est .une .erreur- de se figurer •G[!U'lllln :animal qllt'10n iélà:o-éLmon'tre 1.111 a:ttactremt:rrt'pius -pan'icniier. Je,-n'!M pas éiiev,é \l111 -seu¼ des io&amp;als et &lt;l'es çlti.ens 'CJ_itUÔ. son1:
0

CHR.OlWl.lJE._ Dll.AMA'fI&lt;ltJE

.chez m0i:.Je 1es:tiens tous du ha~arcl. Ge sont .tous des bêtes
que f:aï trouvées et.,reÇ1,Iei-llies, b,elles ou J,t-1-d.esj jeun.es on non,
1:es questions ne m'occupanit pas; mais seulement la détt;esse et
Je besoin. Eh ! bien; W.;limoo.t; je ne sa:is •p,às ,si le secaiats que je
leur-ai d@:nné n'est.pas pourquelquê chose de pl~ da11s l'atta.c.hement qu'ils me !!Dôn-trent. Je ne,fois pas "&lt;le ,sensible,r-ie ~agérée à !!égard-des bê~s, Je garde àJeJ\H enà~~it mma .sens critique. EUes oJ;J.t 0011s les-défauts des humai~s et, ' entre eÜe,s,
elles ne valent guère mieùx quenou.s ec.tre nous. je parle d'~Ues
uniquern.eo,t dans leurs rapports -avec 001.u, -en dis&lt;).nt' que &lt;les
êtres fai'bles, muets, dans notre entière dépe.n&lt;lanoe, qué nous
mêl_pns y-olenllàirell)ent à notr-e wie sociale, ,ont droit à ' des
.égaT.ds, :à· la protèoüo-n, et ne iSOnt pas du tout des ~ouets qu'on
prend un j-our ~ ,qu'-on met-à la rue un autre jol:1:r. Mais alors,,
.dans leur~ r.a_pports avec nous, quelles qualités intelligentes -et
effectiv,es ! je me rappellerai1eujow-s le chien Spw, _m_ort il y .a
quelques années. Je l'avais rencontré, sq_uelettigue, effaré.,
&lt;lémuté, coUirant en tous -sens, rue ~e Vaugirar4, au œii1 .de la
.rue de Tournon .. Je te -suivis, -sans pouvoir le prendre; jusque
-passé l'Ecole Militaire. Je téùssis e,niin à Le prepdre et risquai.
-d'être mordu par lui, dans -sa frayeur et dans sa méfiance.
J'achetai une bonne portion dans u,a restaui:ant et je rernonta1
avec lui jusqu'à la place Saint-Erançois-Xavier. Là, a-ssis sur un
banc, tranq1.iilles tous les deu:i;;, ft le-fis manger. Je me rappellerai toujours 1a façon dont ce chien, pre~que f-éroœ un qa~t
d'beure auparavant, posa sa tête -sur mes g-enoux et me regarda
alors ·avec quels yeux rassurés et reconnaiss;mts. Je n'eus qu'à
me lever pour qu'il me-suivît comme s',ilm'eüt oonhu de longue
date. ]'.ai ,:léjà parlé ailleurs de ce bon -compagnon~ qui ne vécut
avec moi quequdquesanoées. Je l'a.i perdu en 1i)I3 et sa tombe
est là, dans le jardin, comme celles de '.bieu d'autrés. V@iU
au'SSi le chat Antoine, On verra là que les· noùvéàu;s: venus ne
-m'in~éressent p,as moins q1:1e les -anciens.. Ma bonne i'-a ramassé
dami :le pays, -voilà ·deux moi-s, errant, efilanqué, craintif. Des
-g ens ayiient ·d:Û veo.ir le per&lt;lre, bu le laisser là. en partant. ailleurs. Le seul fait qu'il ait pâti me fait m'occuper tle lui tout
particulièrement. 11 est si heur.eux -de l'avenrure qu'il -ne' -veut ..
p111Sr:me quitter. Tout cela puur dire qu'élev.er .ou non un
animal n'esq1-ourTien dans son attachement. Ne -voit~on pas

�220

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISR

des chevaux, dangereux entre les mains de br,utes, devenir les
plus dociles du monde entre les mains de conducteurs doux et
patients ? C'est comme de se figurer que les animaux ne sont
pas sensibles au confortable. Il faut n'avoir jamais vu un chie~
se coucher dans un fauteuil et fort bien mettre à profit un des
accoudoirs pour poser sa tête. Je me rappelle à ce sujet le chat
Oscar, - je lui avais donné ce nom. Je le trouvai, un jour de
1919, dans la salle des pas perdus de la gare d'Orsay, e:ffi.anqué,
noir de poussière. Il y avait plusieurs semaines des gens
l'avaient laissé là, paraît-il, en partant en voyage, et il vivait
dans la gare comme il pouvait, de ce qu'il trouvait, d'ailleurs
nullement malmené par le personnel. Je le pris, et ne pouvant
l'emporter le jour même chez moi, je le menai chez une amie.
Sans le vouloir autrement, on le .,posa sur un fauteuil. Si vous
l'aviez vu alors s'étirer, s'allonger, s'épanouir, soupirer d'aise,
ma parole 1 au contact moelleux du siège ! li semblait vraiment
exprimer qu'on était mieux que là d'où il venait.
Le seul ennui, avec toute cette ménagerie, ce sont les paquets
à porter. Etre critique dramatique est certainement plein d'agréments. J'y ajoute souvent l'obligation de courir d'abord porter
les provisions de (&lt; ces messieurs &gt;&gt; comme dit Rouveyre, pour
revenir ensuite m'installer au théâtre. Ce sont aussi tous les
gens qui me tombent dessus. Je n'ai pas assez des bêtes que je
trnuve moi-même. Au moins chaque semaine, on vient me
demander d'en prendre une. Il faudrait être riche, avoir une
propriété à soi. On n'aurait alors que le plaisir, sans les soucis.
Je crois bien que j'aurais un âne, alors. J'ai failli souvent en
acheter un, dans ces bandes que je vois passer pour les abattoirs. Le manque de loisir pour m'occuper de lui m'a toujours
arrêté. Un âne? Un âne pour de bon, vous m'entendez bien?
Un âne à quatre jambes !
'
La Petite Café était la fille de la chatte Càfé. Une exception :
elle était née à la maison. Un jour de l'été dernier, dans le poulailler qui ne sert plus à rien depuis que j'occupe la maison,
nous avions vu une petite boule tricolore sauter et gambader, se
sauvant àla moindre approche. Avec elle, la chatte Café, qui
semblait la surveiller et prendre soin d'elle. C'était sa fille,
qu'elle nous avait faite là en cachette. Il fallut bien deux bonnes
semaines pour l' apprivoiser. Depuis, elle trônait dans la maison

CHRONIQUE DRAMATIQUE

221

et_dans le jardin. Une petite bête fine, jolie, maniérée, volontaire, coquette. On s'occupait beaucoup d'elle. II semblait
qu'~lle le savait. Il en est là encore des bêtes comme des gens.
V 01là les deux êtres charmants que j'ai encore perdus. On
P~~:e si j'.étais en train d'écrire et de m'occuper de théâtre. La
p1t1e, la colère, le_ découragement ... J'ai beau en avoir perdu
beaucoup. Je ne sms pas devenu insensible. Ils sont maintenant
tous les deul( dans la corbeille de rosiers, à côté du chat
Toutou, le cuisinier, qui découvrait toutes les casseroles. Une
tombe de plus dans ce jardin qui en contient déjà tant. C'est
peut-être le plus dur : enfouir ainsi ce qu'on a tant chéri et
ca:essé: Il semble- qu'on n'ait de consolation qu'en pensant
qu un JOUr _on mourra aussi et qu'il en sera pour soi, sous
deux mètres de terre, ni plus ni moins que pour eux. Voilà qui
fera plaisir aux spiritualîstes.
J'ajouterai un détail pour finir. On dit que les animaux se
cachent pour mourir. Probablement les animaux dont 011 ne
s'o_ccupe pas? J~ n'~i ja?1ais vu cela chez moi. )',ii perdu trois
chiens: Q~and ils n é~a1ent pas dans la pièce dans laquelle je me
trouvais, ils ont touiours trouvé le moyen de m'y retrouver
pour mourir. à côté de_ moi. Mon premier chien, par exemple,
le barbet ~m~. Le dermer jour qu'il vécut, après quelques jours
de_ maladie, a .s~pt heures ·du soir, il voulut descendre du preID1er. On le smv1t. Il alla jusqu'à la porte d'entrée du pavillon
s an:eta sur 1e perron, regarda le jardin, en tournant la tête à'
droite et à gauche, puis remonta. Je l'avais installé pour la nuit
sur un canapé. A -la dernière minute, épuisé pourtant, il trouva
la force de sauter sur mon lit pour mourir là, une minute après,
la tête dans ma main. Je viens encore de perdre deux chats. Ils
ont
malades pendant douze jours. J'ai vu une fois de plus ce
que J a1 vu souvent. Chaque fois qu'on les approchait ils s'accrochaient de leurs griffes à nos mains comme pour nous garder
près d'eux. ~out ~e que cel; ajoute au souvenir qu'on garde.
Je me ~u1s ~a1ssé entramer à parler des bêtes plus que je ne
me_ le proposais. Un mot en amène un autre, les souvenirs
reviennent. La plume marche, on se laisse aller. Je voulais
parler des dernières pièces que rai vues. Je n'en ai pas dit un
mot. Ce sera pour la prochaine fois.
)

A

~;é.

MAURICE BOISSARD

•

�S'OTES

223

p-.eintre de portraits excellent rLs:rit être cuis s
goût est d
pcin&amp;e à fiesquc. Le tioe général de son grand ouvrage en
caun, c'est TrrNfe an.t tÙ fra111;oi.se. Maurras,.. Barrès, Bergson
sont pour. lui des rassembleurs de peosée. et e sun:sibilité épa.rse~ qu'ils cristillisent dans leur.i œu\.-Ye~ les miroirs d'une
époque.
Le portrait en pied de Flaubert par Thibaudet, tout définiti.r
qu'il sort, n'apporte à la, méthode mooogca.phique de- Eagtœt.ou
de Jules Lemaître qu'un seul perfectionnemenu ~i estr de ne
s'embanass r d'al.liC\llJe coosi ération morale,. doctrinaire ou
impressionniste dit sJ aaùyse. ~ le juge.ment et de symJiatbi.s:er
aYecson ~jet,
tieude les rno· 121 t « débiner:D.
Mais c'est par sa façon d'étu.dier les- ensembles. que. Thlbaudet
11 vraiment füt progresser la méthode critique et montcé une
féconde originalité. Les trois méthodes françaises les plus
ré€entes pGur étudie. les ensembles étai
celle de Mi&lt;:helet,

vu

NOTES

LLTTtl?.AT UlŒ GÉNÉRALE

LA CAMPAGNE AVEC THUCYDIDE (&amp;f. de la
Nouvelle Re.vue Française); GUSTA E FLAUBERT
(Plon- ow:rit), par Albert Thibaudet.
..
Ces deux livres parachèvent l'image de Thlbaudet, cnuque,
Ontrant chacun t"une. de ses- facultés mahresses H é.tat pur.
en m
• ép isable faculté
Sa Camp@11t avec T1JUCyduù montre son tn .u
d'im·entio~ critique. Sa monographie de Ff:~ubert mo~e. ~n
inépuisable facult~ d'intuition analytique \s'il est penn_i~accoupler ces deux termes : l'un bergsomeu, l'a~e L
ec-

::in:
J

tualiste). Facultés ,ontradictoiteS, on en t ~ , a hi~
conjointes : la première est d'essenœ_ poétt~ue, et a .
ue
haut de é : métaphysique ; b de11nème d ess~nce hrsto ~
et à sof plus haut ctegré : uagiqu.e. La pren:u~re r~prodie,
assemble et con5truit; ra deuxième démonte. dissocœ,. anato-

MaLlar ·

mise.

Dans son Maurnu, dans- n Barris, dans son
~
Afüert Thibaudet usait alternativement de _ces ~on~ oppo~ ~
Dan s la C nrJ.no1u avec Tbu')'didt, ct'ert son imagmauon qui
,,-,,
·
b 1·1
ntente d'aaa ·ser e.t
se CO
d:
don n~ libre cours; dans le Fkw
"
·
cl.'
aran ouvrage 11
d'étaèlir les d~ssous et les prépa.rattons un b
•
- (i;
•
nt :a « caractère un peu s
re » c
.
,._ .J.à 11, , " ; ·
Parle daosson a ernsseme
.
l é et'
couts publrc ro1esi= -" vu,_•
cette monoarapb1e, re ev
uo
-tè
t
ité d'U~l (heureux ttudiants-d'Upsal t) . Ce am-. rey ~s
vers
•·1
ît c'est par sim?le coquetteoe.
ra,ement aFJlarent, ou si appara '
d Thi.b
. ,
· l comcienœ et la nature e.
auNon, le vrai, c ~st que 51 a
If l
la. plm. fouillée. et la
det le poussent a commencer pat" ana yse:
. f on
plus subtile qui soit d'un auteur e.t de son œu,;re, sou aspira t l
le conduit plus volontiers au delà. Son Flau bert montre que

m,

•

celle d:e Taine, celle de Brunetière. Il serait trop kmg- de les
caracté1iser co détail dans. ce qu'elles ont de positif, lll:lis leur
défaut commun est celui:..ci ; un schématisme qui les contraint
à fa.ire rayonoel' arbitrairement tonte leur matière autour &lt;fun
centr..: arbitrairement élu, un emprisonneme nt dans.. W1 système
clos qtre 1a réalité déborde de toute. pa,ut.
T bibaudet, en partie p inclination naturel.le, en par11ie par
bergsoni.sme,. s' est évadé de œs prêjugés, intelleetllalistes.. Le
repxoche le phrs courant qiioa. lui adresse, c'est de manquer
de centre. Reproche qui 'a de portée que supeimciellemeot et
méco!lllaît la nouveauté
sa._ criti'l'tll S.yst€matiqo.e et généralisateur comme tou: vrai critique cfott !;'être, Thiba.udet est
exempt du c.1USe,.fioalisme- de 1' ·ae ( milieu) ou. de Brunetière
(évolutio::i.d~ genres). Ses systèmes et ses généralisations sont
d s:coupes sucœssms faites en divers se1is, d:essondages quise
complètent, des c11Caicuetuentsree1 q i I mettent en meilleur lu:m:iè,e et en mei..lTeur relief, un .ia.Cl'ifi.ce consenti au:préjngé spatial, mais :ms j;rmms oublier qae l'élémem primotdial
et \'éritaéle est la durée~
La critique de ThilTaurlet, c'est tm.e série d'images h.yp.otbé. ues dont.chacune est légèrem1rnt déformante de la realité ütté.raire, mais dans. Je. sens d'une grande lai psychique ou socio-

logique. Thibaudet, pourrait-on dire, est un cr entreprenem

�LA NOUVELLE' REVUE FRANÇAISE

-d'illuminations », d'abord en ceci qu'il projette une lumière
artificielle, mais violente et révélatrice sur la matière étudiée
( comme le savant au microscope colore ses préparations bacillaires) et ensuite en ceci qu'il fait fulgurer en éclair une vision
,soudaine et intuitive que l'analyse la plus poussée serait impuissante à révéler. Et il est en même temps « entrepreneur de
transports», par son don des rapprochements, des raccords, des
liaisons entre les· choses les plus opposées ou les moins analogues en apparence. Une étude de lui fait toujours penser à une
.carte géographique ferroviaire ou les petits ronds individualisant les villes ne comptent plus, mais ou toute l'attention se
concentre sur les sillons quUes joignent les uns aux autres.
La Campagne avec Thucydide, qui est un parallèle entre la
guerre du Péloponèse etla guerre de 1914, montre cette con-ception et ce don à leur état-limite. Ce livre qui continue les
Discours sur la premiere décadé de Machiavel, les Considérations
de Montesquieu, certains ouvrages de Ferrero, ce livre à la
recherche du permanent historique est celui où Thibaudet,
libéré de la contrainte d'un sujet, se montre le mieux à nous. Il
sait d'avance toute la part de jeu que comporte un ouvrage de
-cette sorte et sa foi dans la philosophie de l'histoire est mitigée.
Dans tout événement, dit-il, un tiers à peu près ressemble à ce
que des circonstances analogues ont déclanché, un tiers eût
-donc pu être prévu. Cette ·acceptation à demi des lois historiques éternelles est encore atténuée par les trois petites notes
de r922 qui figurent à la fin du volume.
Thibaudet, enclin aux. rapprochements, né pour en faire, ne
peut ~e soustraire, quoi qu'il en ait, à l'impression profondément
ancrée par cette guerre dans tous les hommes qui l'ont faite, à
savoir qu'il est impossible d'écrire l'histoire vraie. Le Clio de
Péguy, tout le monde en adme~ le fond aujourd'hui. Quant au
matérialisme historique, c'est une notion qui apparaît bien simpliste, sans de nombreux correctifs. L'historien d'aujourd'hui se
trouve en présence d'une matièrè si complexe, qui déborde
son sens de l'humain, qu'il ne peut que se sentir impuissant. Le
grand développement pris par la géographie, et surtout par la
-géographie humaine, depuis quelque temps; est un effort qui
tend indirectement à rendre à nouveau possible la grande
histoire.

-NOTES

.

us

Il f~udr_a1t à présent examiner point par point les comp .sons rnstituées pa Th 'b d
l
ara1
r
I au et : a thalassocratie athénienne
att_aquée par Sparte continentale; la destruction de l'hellénisme
sUJvant la mauvaise paix comme la ruine de l'Eu
. J
traités de
.
rope suit es
~9r9 ; la longueur des deux guerres ; les uerres
loc~es_ qUJ les o~t précé?ées, etc ... Tout cela.est frappa!t d'i~gémos1té et _de :'1gueur imaginative et conduit aux plus fruc. tueuses méd1tat1ons. _
, D~ns l'ét?de sur Flaubert, ce qu'il faut mettre hors ligne
c est. e chapitre sur le style. Puis entre autres vues nouvelles ii
convient de noter les passages sur la cc normalité" de 1 1· . ,
avec L · C 1
,.
a 1a1son
omse o et, sur l mtérêt pris par Flaubert à écrire
Madame B~,iry, contrairement à 1a légende de Madame
Bovary exercice et pensum, sur le sens historique de Flaubert à
propos de S~lammbô, sur la portée de l'Education sentimentale ...
et ~nfin de signaler la conclusion. C'est le premier ouvrage ou
Th1bauder conclut d'une façon normale et forrn 11
s
e e.
on manque ordinaire de conclusion nette lui est souvent
r,ep:o_ché: Là encore e'est le méconnaître et ne pas comprendre
l or'.gmahté de sa méthode critique, qui s'oppose à la méthode
st~t1que et c?nclusive de ses prédécesseurs, et constitue la prem1ère
~entat1ve valable de ce qu'on pourrait appeler une critique
dynam1que.
BEN],\.MIN CRÊMIEUX
*
* *

SAIN:-JUST, par Marie Lenéru (Grasset)._ JOURNAL
de Marie Lenéru (Crès).
~e n'est pas Balzac qui nous intéresse dans ses créations
mais un Stendhal, c'est lui que nous cherc;hons à travers se;
héros et quoi qu'il écrive. Il y a les créateurs transcendants du
type Balzac et les créateurs immanents du type Stendhal A 1·
é ' l r
, · , ·
· · PP 1qu e a a 1ttérature d auiourd hUI, cette distinction ranuerait par
exemple _: ~arrès, Gide, Giraudoux, Larbaud parmi 1:s immanents, K1phn?' Romains, Morand même (malgré les apparences) parmi les transcendants r.
Chez le transcendant, c'est le résultat qui importe, chez J'iml }· . Mais où ranger Marcel Pr~ust ? Il est transcendant et immanent à
a 01s. C'est peut-être là sa nouveauté et sa richesse.
15

�22.'6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

marient les voies de sa recherche et de son inquiétude. Marie

Lenéru appartient à la race des transcendants . .D'où la v.aleur
topique de ses drames ou de son Saint-Just, l'intérêt moindre
de son journal.
Pour qu'un journal ait de l'intérêt, il faut ou bien, comme
celui des Goncourt, qu'il ioitnche en faits, en anecdotes, en
tableaux et notatiods de mœnrs ; ou bien, comme celui d'Amiel,
qu'il offre avec des traits grossis un type d'huinanité normale:
Ot;t n'écrit ·rl'ailleurs un journal intime ·du _genre de
d'Amiel que si l'on a tendance .à exagérer, - ou tout au moms
à analyser, ce qui revient peut-être au même - ses idées et ses
sentiments. Le lecteur y retrouve ou y découvre, comme dans
un ~iroir grossissant, des parties.de lui-même mal co~ues ou
inconnues et y peut prendre un vif intérêt psy.cbolog1que ou
moral.
Mais le journal d'un anormal ( quand ilue finitp~s par pr~n~re
l'apparence d'un véritableroman) n'alimente quun·e cuno:ité
vite lassée. Sourde et pendant quelques .années aveugle, c est
}'impossibilité où elle se trouvait de vivre une vie féminine qui
a jeté Marie Lehéru dans l'étude et dans la culture du mo:i. Que
ce soit faute &lt;l'avoir pu 'être une femme. _adulée, adorée, q~e
Marie Lenéru a écrit ses œuvres, qu'elle n'ait accepté.de devemr
femme de lettres que comme une déchéance, cela, loin de nous
retenir, nous détournerait plutôt d'elle. Son infirmité la fait
trop différente de nous pour que nous puissions nous incorpor~r
à sa vie comme nous le pouvons à celle, par exemple, de Mane
Baskirtscheff. Tout ce qui chez Marie Lenéru est de toute
évidence conditionné par sa malheureuse destinée physique
nous trouve pitoyables, mais non pas, au sens pre~er du m~t,
sympathiques. C'est seulement quand elle nous l~la1sse, oublier
que son journal pren.d une gra.nde valeur. Mais ce n e.st p~~
une. valeur de &lt;r. journal » :.c'est la valeur d'une belle page cnt1que ou .sociologique.
_
Une âme de la trempe et un .esprit de la vigueur de !"1an~
Lenéru ne manquent pas d'avoir par instants des cns q~1
émeuvent en.nous beaucoup de choses assoupies. Mais ces cns
sont rares, si on les compare à ceux de ses drames.
.
Infirmité à part, Marie Lenéru était faite _pour livrer l'endroit
et non pas l'enyers de sa pensée. Que son superbe égotisme et

œ!m

NOTES

so:1 grand _se~1til}.'.ent d,e l'hQnneur pre11neQt sourçe d)lns çer.tam~s me.sq1unenes et, iVant de jaillii", parçoureot i:;ent canau1t
tortueux, peq nous importe à ÇOI).qition qu'on ,ne ,l'JOUS montre
-que le jai1llssement,

L:

vraie for01e _du_Jour..nal intime de Marie Lenéru, c'est tin
essai comme son Sairit-]uf/ publié par le~ Cahiers Verts. C'est
dle 1tJ.'elle ~ht,rçbe dans J'implaca_ple Conventionnel, c'est pfos
une tma_ge delle qu~ de Sai~-J UH q,lelle no.us offre, et pourt~nt cela re~te de ,1 art t~anscendant. La confession n'est pas
directe, mais médiate, L espèc,e de gérûe qui habitait Marie
_Lenéru se manife&amp;te ici pleinement.
Je .crois que rien en Ocçi4eni 1)'a .été écrit d'aussi pénétrant
depuis quatre ans sur l'é~t d'esprit des dirig:eants bolçhev~st~s
~t e..n pa tic~lièr des ch~fs &lt;le la Tchéka que cet essai q'µ-ne
Jeune file d avant-guerre . Il y il li une presciençe, une intuition
des gr~~des lois historiques, 1me intelligence &lt;:les phéno).llèues
« ~mbJt10n ». et ~ révoluti~n &gt;&gt; qui atteignent au plus ~µ
l~nsme, saos Jamais cesser d :idhérer à la réalité la plus g.iiptj.~henne.
BJ!NJA14JN c~ÉMIE x

7

.

* *

ART POÉTIQUE, par Max ]flob (Emile-Paul).
1:,e 1Nr-e ouve,rt, s_a 1Jivision en phr-ases tourtes séparées 1~
~n_ei, des a:1-tres q}.ar ~e petits si.g_nes typographique;:, fait songer
a un re-cqed de max.1mes; mai-s c'~st un livre de critiq1'le. Les
~rts poétiques, celuj de Boilea~ comn~e celui de Ja~qu.es Pdle,t1~r du _Man~, t,0nt, à propremeot p.arle;,, des .suites de c0;1,1s~ils
necessaues a créer une beUe œuvre; .celui de Max Jacob est
pl~tôt une critique du b.e:iµ, Ce qu;i r,end son Art poétique
u,~1que et-nouv~au, c'est le moy.eu qu'il y .ernpJeie pour tenter
d imposer -ses idée,s au Jecteur ~ 4 ps.ych&lt;&gt;logie. Plus de beau
-absolu, défini .d'ahoxd, p,arta,nt plus de procédés susceptibles de
Je .créer ; ma1-s &lt;les remarques psyie:hologiques, s~vent u;ès
D.IIBs, &lt;lont l.aute.u.r tire --des ,qmséq-uences. Les s.ous--titr.es :
Art poétiq,ue, P_pé&amp;,i,e Al-o.àwne, fHamlétisme, Fréquen-tation
d~ grands homm.es, Art cbr-értien, ,5ont assez ar_oitraii;es.
J'eus_se préfér~ :. Psychologje d~ l'.ârtiste et :Psyc.l).ologie ,Çiµ
&amp;emi11Uent ~r.tlst1que, cette seconde partie séparée eu deux
chapitres : l'Art moderne et l'Art chrétien. La psychologie de

�228

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'artiste, écrite seulement pour aider à celle du sentiment artis-tique, est peu poussée ; mais les notes sur l' Art moderne constituent la meilleure justification du mouvement littéraire dit
« cubisme» que l'on ait écrite jusqu'ici. Plus étendue et moins
versonnelle que celle de Pierre Reverdy, plus exacte que celle
de M. Epstein, elle me semble susceptible de refidre sensible à
un lecteur non prévenu le charme que M. Max Jacob appelle
la poésie moderne ; et son apologie du Cornet à Dés est excellente.
Mais Max Jacob use d'arguments pipés dès qu'il nous parle
de l'art chrétien. « L'art chrétien, dit-il, réprouve la passion. »
Cela n'est pas très exact. L'art chrétien réprouve les pâssions
humaines, et non la passion; car il la sollicite lorsqu'efle n'a
pas d'autre objet que Dieu. Ce n'est pas la passion même qu'il
réprouve, mais bien l'indignité des objets sur lesquels elle
s'exerce d'ordinaire; et comme, jusqu'au xvn• siècle, l'art chrétien fut seulement un art religieux, il fut passionné. « Le
xvrr• siècle littéraire, dit-il encore, est entièrement chrétien
même quand il est athée: la force, le renoncement, l'obéissan-ce, l'ordre, l'humilité, la pauvreté d'esprit, la sobriété, la
chasteté, le respect sont à la fois les vertus esthétiques et les
vertus chrétiennes &gt;&gt; et cc On entend par art chrétien l'art de la
tenue ». Max Jacob veut donc que l'art chrétien ne soit pas
l'art créé par l'artiste chrétien, mais un art possédant certaines
qualités définies. Il est pourtant regrettable de constater
qu'aucun chrétien ne s'est exprimé par cet art hors de la tradition latine (Ruysbroek, Ekkehardt, l'auteur anonyme du
Muspilli, Thérèse d'Avila, Jean de la Croix, Catherine Em1:-1e•
rich, etc.); que les deux mouvements par lesquels ces qualités
se sont le mieux exprimées - dans l'ordre plastique, il est
vrai - l'époque grecque qui commence par les archaïques et se
termine à Phidias, et la première Renaissance italienne, sont
l'un strictement païen, l'iutre déterminé par les Albigeois
hérétiques ; et que, si nous accéptons la proposition que nous
fait Max Jacob, et qui lui est évidemment chère, nous ne
pouvons considérer Dante comme un artiste chrétien, alors que
nous pouvons le faire d'André Chénier.
ANDRÉ MALRAUX

*

* *

NOTES

229

LE ROMAN

LES AMORANDES., par Julien Benda (Emile-Paul).
M. Julien Benda a la passion de comprendre. Mais au contact
direct de la vie brute il a d'abord préféré les constructions intellectuelles des hommes. Il semble se défier de ses propres sens.
Il aime mieux évaluer, classer que percevoir. Il fait jouer son
-es-prit sur les apports des autres. On trouve en lui du bibliothé-caire ou du collectionneur. Son esprit a besoin d'impulsions
étrangères. Et ces souffles gui le font mouvoir, ils ne viennent
pas de la terre, -mais des philosophes ou des poètes.
Il est vif, souple, pénétrant. Il nou-s étonne toujours par_son
ingéniosité, par sa finesse et par sa prétision. Il nous apporte
un plaisir délicat. Mais ce plaisir est-il complet? Tant d'efforts
sur une matière déjà élaborée nous déçoivent parfois. Devant
certaines de ces pages nc,us éprouvons ce divertissement sans joie
profonde que donne, malgré la plus brillante perfection, l'inutile travail d'un trapéziste.
Le philosophe constructeur part des multiples sources réelles,
c'est-à-dire du particulier et, condensant les infimes images que
tant de sources lui apportent, il forme lentement un faisceau,
une notion large, générale, une idée. M. Julien Benda travaille
sur ces faisceaux déjà formés ; il raisonne sur ces matériaux déjà
polis par la raison. Et parfois il devient subtil.
La subtilité est le défaut principal de M. Benda lorsqu'il veut
-être philosophe. Mais philosophe, il ne veut pas toujours l'être.
Cet amant des systèmes aime aussi la vie et, si ce n'est la vie
brutale, au moins le reflet que les poètes lui apportent. Goût
du raisonnement et goût des richesses sensuelles du monde,
entrevues à travers le voile des poètes, c'est le caractère double
de cet esprit. Rencontre délicate, qui n'arrive pas à être une
alliance harmonieuse..et qui, parfoîs, fait vaciller M. fü:nda.
Dans la philosophie il se sent insatisfait, il évoque la vie. En
face de la vie, trouble analogue. Et il fait appel au raisonnement.
M. Benda, qui si longtemps s'est nourri de livres, qui semble
,n'avoir vécu que par l'esprit, sent bien quelle sécheresse en
résulte. Ses efforts vers la vie restent d'abord timides. Il met sa
pensée en dialogues, il dramatise ses exposés. Il s'enhardit

�23-0

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ensuite. Il écrit des histoires imaginaires : l'Ordination, les
Amorandes aujourd'hui. Faut-il dire des romans ? Livres
étranges, de son particulier, èt qui portent toufe l'in~ertitude de
M. Benda.
·
La couleur générale, les foimea ,surannée§ de la phra~e, je ne
1,ais quoj d.e noble, de- m.élanco1ique, de plaintif, presque de
troubado1,1r, évoquent le premier Empire, Constant çc,riv ant
Adolphe, Chateaubriand écrivant René. (Claateaubdand _très
apaisé). Le parfum très doux, un-peu, passé-de DominiqueJl.otte
aussi sur. ces Amorande.s. C'est un livre: reci1-eil.lj et qui. ressuscite
les musiques de jadis. M. Benda, ql'l'On a_ pl'is sou:vent cQmme
champion du classicisme, n'est peut~être qu'un ~prit sensible
aux. charmes du passé. La beaut~ dassique, qu."il aime tant, lui
·a été lentement révélée par les livres. La cadence de son livre
est d'un amant d'hier .
I,.e. sµj.ei: est le. plu$ simpl1::, le plus grand de la poésie : un
homme aim.e- une femme ;, ),?ordre i;ocial l'arrache à elle.
M. Be.nda reprend ainsi le drame d'Enée abat;idonnant Digon,
de Titus laissant Bérénice. Elevé à l'école: classiqcue, il dédaigne
!;invention du sujet. Le thème choi-si -est assez général pour
qu'un c.hef-d' œuv:i:.e naisse. Mais .général et banal sont presque
syno.nyw.es. Et si le ~hêm~ .n~est pa~ reforgé par une flamme
neuve, _c'es~ un roman d'Henry B9rd'ea1J.x qui peut surgir._
Ici, M. Benda hésite .. La -tla-rome neuYe est-elle en lui ? ~t-il
l'ingénuité &lt;te cœur nécessaire, la 'SÎmp}e :ipontanéité d'où _sorten? les accents pro.fonds ? Raclrte reprenait &lt;l'es thèmés étfi!r~
nels ; après Euripide _il .s~atta.~hait ~ PhMre, mais lorsque
8.3çipe d~llcendait ell hü-même, lor~qu'il sentait son cœur, il
percevait dts élan~ iuconnus. M. B~11da. craint $:li:115 doute de ne
pas, trouver ces élans et, cle même que' ·sur ks idées de$ pbilo-sopbes il subtüisè, il réduit
suiet, le particularise, il
essaie, de t émplacer la, profondeur par l' étr;uigeté du sentiment.
L'horor.oe, qui d.evait êtt.e le.centre de cette œuvre, perd sa
\Ci,,dlité. Il n'est·_pas le tnâle passionné, qu'1.}ne femme retient p-.i.r
des correspondances intimes. C'est un· enfant blond, &lt;( un
éphèbe- ble_ssé _n, orphehn dès l'enfance, et. qui trouve dans une
vieille maitresse la mère qü'il a perdue trop tôt. Le ,thème est
g-onc ressetré, particulari:s.é, _ C'est l'étude d' un cas réel,. mais
~c;eptionnel : l':homl!1e::enfant ~~t la maitresstt,-mère. Thème-

NOTES

231

déjà traité, mais loin encore d'être épuisé, malgré Maman
Colibri et l'admirable Adieu que Mmie de Noailles •vient de
publier.
Mais M. Benda es.t bien mal préparé à l'étude d'ùn. cas. Son
goùt du particuli-ecr reste toujours fugitif, simple réaction contre
sa passion du raisonnement. Dès qu'il sent la voie s'étrécir, il
recule, il revient à son thème premier. L'amante-mère se transforme en éternelh Hélène., la jeune épouse en éternelle Velléda.
Quant à l'éphèbe blessé~ il redevient l'homme. Jusqu'au bout du
livre, M. Benda h.ésite entre les deux formes de son thème.
L'œuvre, à mi-chemin entre deux conceptions, n'est ni vivante,
ni claire. Elle -n'hallucine pas l'imagination, elle laü.se insatisfaite la raison.
Dans ce livre que l'auteur de Belphigar a écrit, on cherche
l'ordre en vain. Des scènes empruntées à la vie quotidienne se
mêlent à des exp·osés philosophiques coupés de citations de
Spencer ou de D'Annunzio. M. _Benda croit peut-être gra~dir
son œuvre en y mettant des épigraphes poétiques, en comparant ses personnages à. Brünehild ou à Wolfram. S'il croyait
profondément à Etienne ou à Geneviève, .il . oublierait sans
doute de.vaut eux les plus .beaux vers des pgètes antiques ou les
Walkyrie-s d'opéra,
r ,
•,
Pour le style, il semble..d'abord purement intellectuel, car il ·
est articulé vigoureusement cmnme celui d'un philosophe•.
Pourtant il laisse des incertitudes~ parfois il s.e contourne,
M. Benda voudrait-il être obscur pour se croire profond? Dans
sa phrase même on le tetrou-ve, inémédiablement hésita.rit. S'il
commence d'exprimer une id:ée, -il appelle a~s.sitôt une im:i.ge,
image usée, sans-vale.ur ,sensuelle, qui se p-la4ue.artificiellemeJ1tà
l'idée,, la fait miroiter-, mais ne l'éclaire pas..

~on

PAU~RIV.AL

L'HOMME TRAQUÉ, par Francis . Carco (Albin Micbel.
Grand Prix

du R~man 1922).

-

,

M. Francis ~co a débuté dans les lettres par des plaquettes
de vers. Si _ce n'est pa toujours_une garantie, c'est souvent un
indice favorable. On "3ime à pens.er. d'un écrivain qu'il a d'abord
écrit pour son, plaisir, puis qu'il a pris plaisir à s.09- ru.étier.

�:232

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ai.nsi de M. Francis Carco. On lui a fait grief de son goût
pour un certain ordre de sujets et de personnages. On a feint
,quelquefois d'y voir .u ne volonté préméditée d'acquérir une
manière, d'êtr.e •le romancier spécial qui i:npose son nom au
p ublic grâce à sa spécialité. Cétait méconnaitre la nature vraie
&lt;le l 1émot10n qui commande l'œuvre de- l'auteur de Jésus la.

Caille.
Les êtres qu'il s'est plu à ,fair'e vivre sont ceux que le
hasard de sa propre vie a mis en présence de son adolescence
-clairvoyante et précoce, qu'il a regardés vivre, qu'il a pénétrés.
Pour M. Carco la dé'couverte du cœur humain est attachée au
:souveni~ d'un visage de prostituée. ~ Le cœur humain de qui, le
~ur humain de quoi », interroge ironiquement le poète roman.:
-tique. Et de fait il est vrai que la hiérarchie des sentiments ne
~uit point celle des classes, ni leut: qualité cellé, des mœurs..
Ou l'outrance romantique apparn:-î"t dest lorsque cette constatation -dédanche l'exaltation, .ta. .revolte où le parti-pris intellectuel. Je vois que l'Homnw traqué est dédié à M. Paul
.Bourget, qui ,ne fait pas mystère de l'estime en laquelle il tient
le talent de Fran'cis Carco. L'un et l'autre de .ces romanciers
-3,uront longtemps pl:rcé les héros de leurs récits dans un milieu
,particulier, considéré comme favorable à l'obseryation et à la
pèintm:e des passions. Entendéz p·at il¼::qù'aucun d'eux _n'a pré1endu être le romancier du oc .monde n ou de la« pègre· &gt;l, pas
plus que Racine ne voulut se f:drè le peintre de l'amour chez
les rois et .les princesses. U:n 1homme de génie qui n'aurait
jamais vu que des sauvages .écrira très bien un livre universellement et éternellement humain. Les·Dialog-ues de bêtes &lt;le:Mm• Coilette et le Livre de la Jungle de Kipling, sont tout chargés d'humanité. Car il ne s'agit gu·ère tl'ob'server, .encore, moins de
noter, ,et pas du tout de découper minutieusement des morceaux de cette éçorce qu'on noml,lle l'apparence. Le romancier
-qui ip.e touche, l'auteur gue j'aime _est ceJui _q,ui sait accorder
1es s~·ri.i iments de ses perso'nnages aux si:fos'proprès, qui éprouve
Jeurs joies et leurs peines, ou du moin ' me donne l'illusion
.qu'il a, éprouvé et vécu lui-même toutes· celles qu'il décrit.
Mais il faut prendre garde à Ia- qualite de cette sympathie, qui
-poUr 'toucher le lecteur ne doit jamais tourner à la partialité ou
.à l'esprit de système ou à la mante de prédication.

NOTES

233

Rien de pareil chez M. Francis Carco. Aussi ses livres, et
singulièrement l'Homme traqué, ont-ils un accent grave et un
peu dur : (&lt; Voilà, semble nous dire l'auteur, comme vous
seriez; comme vous pourriez devenir, si vous aviez été livrés à
vous-mêmes, à moins que vo,us ne fussiez sans cœur, sans
nerfs et sans instincts. » M. Eugène Marsan a finement marqué
le point où la psychologie de Carco rejoint la morale catholi•
q1,1e, et Fintérêt de la Tencontre.
A vrai dire l'espèce de gêne qui nous reste en quittant l'Educalion sentimentale, voire même Mm• Bovary n'est-elle pas due à ce
défaut dé sympathie profonde entre l'auteur et ses héros qu'il
nous présente comme des imbéciles et qu'il traite avec une
pitié ironique, sinon avec mépris. Il faudrait montrer aussi
comment 1a charité de Carco diffère de celle de Ch. Louis Philippe par exemple. M. Paul Souday, mi3 en défiance par la
dédicace · suspecte de l'Homme traqué~ et par ailleurs attentif
aux moindres traces d'esprit réactionnaire et clérical, a: immédiatement flairé chez CarGo. un romancier de droite en puissance et l'a exécuté en quelques lignes d'un récent feuilleton
littéraire du Temps. Du moins cette partialité prouve-t-elle
qu'il a compris. C'est Ie•prïncipal pour lui, sinon pour ses lecteurs.
Le sujet de ce ro;nan est fort simple·. Lampieur, ouvrier boulanger, a tué une vieille concierge pour la volet. Il a accompli
ce crime à l'heure ou les prostituées du quartier qui ont envie
d'un petit pain ont c_o utume de faire descendre par le soupirail
une pièce de monnaie attachée au bout d'une ficelle. Il s'en
trouve donc une qui n'ayant rien .vu remonter, êonnaît l'absence
de -Lampieur et petit la r&lt;1,pporter au crime dont les journaux ont
indiqué l'heure précise. Le tourment de Larnpieur est de découvrir la femme qui sait son secret, et de partager avec elle la trouble
appréhènsion qui dans un être grossier tient lieu de remords.
~ais c~est un fardeaû trop pesant pour leur misérable amour.
Lampieur parune impruden6e involontaire et pourtant commandée par sa conscience obscure, se livre à la police. Ce dénouement a été critiqué. (A-ce propos observons que le livre « qui
finit mal » est sur le point de passer tout à fait de mode.) On
n'en voit-pourtant pas d'autre possible. Peut-être M. Carco a-t-il
abandonné un peu vite son triste héros à son destin. C'est que

�234

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

le \'rai sujet du livre était épuisé. Et c'est uhe belle invention
que ce lien de peur, de honte et d'amour, tendu par la vie -entre
deux êtres douloureux et touchants. Qu'est-ce que le roman
d'aventure, sinon cela? Mais comme dans tout roman d'aventure
le difficile est de finir, sans le secours du mystère, si favo~able
aux débuts d'un récit. Les cent premières pages de l'Homme tra-que sont extrêmement émouvantes et le reste ést encore de premier ordre. Le style est net, sobre, dépouillé et retient pourtant
tous les reflets de la vie.
Après Rien qu'une Fen-ime on ne pouvait plus craindre que
M. Carco demeurât prisonnier d'une formule. l\prè_s l'Homme
traqué on doit penser qu'il saura toujours. briser auto~u de soi
les entraves du succès.
ROGER ALLARD

•

• *

LES DON JUANES, par Marcel Priuost (Renaissance
du Livre).
M. Marcel Prévost a créé un mot : derni:..vierge. C'est sa plus
grande gloire et il a voulu recomme.ncer. Il a forgé, il a lancé
Don Juane. Le mot est mal formé ; il a un son rasta, il sent le
feuilleton. Une grande œuvre pouvait l'imposer. M.. Prévost a
écrit un gros livre.
.
.
Porter en une fèmme l'instinct de Don Juan, cette msat1sfaction du plaisir de la terre, cette-solitude qui ne peut se guérir, cette soif de trouver et d' aimet, féconder cette idée, jeter en
pleine chair cette magnifique figure, Balzac n'y imffirait pas-. Il
faudrait Shakespeare.
M. Prévost n'a pas frémi. Nous attendions une Don Juane, 1·1
nous en donne quatre : l'une allumeuse par jeu, éternellement
vierge par infirmité physique, par •impuissance, l'autre _v~eille
Lampito couronnée, entôlée par un beau danseur} ~a- _tro1s1ème
directrice de banque abandonnée par son chef de titres, la qu:1trième.,. La quatrième séduit un jeune homme, mais je ne veux
pas dire par quel moyen de mélodrame M. Prévost dénoue cet
amour.
Où est Don Juan d'ans G.es quatre vieilles lâ.ehées ? M. Prévost avait besoin d'un titre.
M. Prévost-évolue. Il perd ses qualités pr~mîères, celles qui
lui avaient donné tant de Madame Bovàry;s et-de petires fillés

NOTES

2 35

curieuses. M. Prévost avait des qualités ; on ne prend pas la.
foule avec rien. Les Georges Ohneteux-mêmes apportent quelque chose. M. Benoît a sa solide construction dont on commence seulement à sentir la monotonie, M. Bordeaux. a un bel
équilibre de médiocrité, une santé parfaite, M. Bazin a de la
_douceur, une allure paisible et de beaux sentiments. M. Prévost
vaut mieux que ses trois concurrents et il a réussi quelques lettres de femmeS:. Sa fluidité intarissable, dans un billet de
femme devient presque gracieuse. Il a surtout ce go1it de la rare
et de la difficulté physiologique qui est son apport particulier
dans la littérature frartçaise et qui chatouillera toujours les sens.
ignorants ou insatisfaits. Il a l'art de jeter des voiles sur ces
petites polissonneries, d'aguicher ainsi la curiosité en l'énervant d'un parfum de sacristie jésuite, d·e confessionnal élégant.
Malheureusement pour les Don Juanes, on ne fait pas un
roman avec si peu de chose. Les lectrices de M. Prévost frissonneront au éhapitre ou l'impuissante vient consulter le gynécologue, s'évanouit dès qu'on veut le toucher. Mais ce n'est
q.u'un chapitre. Le livre a 400 pages.
Sur la bande l'éditeur annonce qu'avant le tirage 100.000 exemplaires étaient commandés. Ve~dre ce livre avant qu'on le
connüt, c"était bien le meilleur parti.
PAUL RNAL

LUCIENNE, par Jules Romains (Editions de laNouvelle
Revue Française).
J'avais refermé. ce beau livre de Lucienne, où Jules Romains
nous fait part d'une figure inédite de l'amour, et relevais vers.
les choses un regard interrogateur: elles m'ont fait l'une de ces
réponses fugitives, mais profondes, que l'on en reçoit parfois
au sortir des régions de l'art. (L'œuvre en effet, tandis que vous
vous occupez d'elle, s'occupe de vous: elle dopne subrepticement le mot au monde). Ce que ;'aperçus alors de l'univers
- ce morceau 'd'univers que fait le coin d'une chambre n'avait pas de forme verbale. C'était une pure idée, l'idée la.
p-lus limpide, ta plus iucide, de là transparence et des puissances
de chaque oh.jet. Les murs solidement joints et bien d'équerre,
les vouloirs des passants de la rue visibles au travers d'eux,

�LA NOUVELLE RE.VUE FRA.."IÇAISE

les livres marqués de jugements aussi évidents que leurs
reliures.
Cette qualité de certitude, vous la connaissez. Vous l'avez
ressentie chaque fois qu'une œuvre irréprochable venait de
vous instruire, de son stîr et léger langage, à la fois articulé
et ailé. Et je serais surpris, lecteur, ou, plutôt, lectrice ( car le
destin de ces confidences féminines sera sans doute d'être
d'abord écoutées par des femmes: ce sont elles qui feront le
succès de Lucienne), je serai surpris si, quand vous aurez pris
connaissance des progrès mystérieux de l'action, de ces passions
subtiles, réticentes et évasives, de ces douleurs et de ces douceurs
qui se fondent les unes dans les autres, de tous ces éléments
troubles et secrets, dont Romains a établi la décantation avec
tant de respect et d'adresse, si ce qui vous restait enfin n'était
point une idée de clarté et, en quelque sorte, d'explication
dûment acquise.
L'intrigue du roman? Elle se devait d'être bien simple.
Lucienne, qui nous conte sa vie, esl une jeune fille que des
événements de famille ont obligée à quitter Paris. Elle donne
des leçons de piano dans une ville de province: son amie
Marie Lemiez, professeur au lycée, l'a fait connaître à la famille
Barbelenet. Elle y aura pour élèves Marthe et Cécile. Arrh·e
l'homme: Pierre Febvre, commissaire de marine, venu se
reposer dans une ville d'eaux voisine. Tour à tour chacune des
deux élèves de Lucienne le croit épris d'elle-même et s'éprend
de lui: mais ...
Mais vous lirez cette histoire. Vous assisterez à cette vie
solitaire et profonde d'une âme que le dénuement a jeté dans
une « sombre joie :o ; à cette émouvante marche, la nuit, au&lt;lelà du fleuve des rails, vers l'étrange maison Barbelenet ; à ce
prophétique et fulgurant passage du rapide qui ouvre les 1:,;énements ; aux pompes bourgeoises et aux mystères des Barbelenet: repas au goût intense et recuit, importance, maladies et
verrue de Madame Barbelenet, rivalité des deux sœurs. Vous
connaîtrez et vous n'oublierez plus ni ces visages de Marthe
et Cécile dessinés, à la façon des sculpteurs, d'un trait simple et
total, ni cette leçon de piano qui vous arrivera comme l'un des
événements de votre vie, ni ces amitiés passionnées où, sans
Jonner dans le banal écueil des jeux suspects, l'auteur est allé

NOTES

2 37

si loin dans la chair et dans l'âme, ni ces gaillardes confidences
de Pierre Febvre, le marin, ni nulle de ces révélations successives
que sont pour Lucienne la prescience, le désir, la terreur et la
gloire de l'amour.
L'amour? Il domine et pénètre tout le livre. L'amour: le plus
usé, le plus rebattu des sujets : mais n'y reste-t-il pas à jamais
des régions à découvrir ? De même que la « cristallisation »
en donna jadis une interprétation qui fut si nouvelle, il semble
bien que cette secrète marche suivie par la passion dans le cœur
de Lucienne, nous montre des foulées que nous ne connaissions
pas. Ces détours nous initient à des rites singuliers. Il semble
que nous assistions à l'invasion d'une personne humaine, à
la prise de possession de celle-ci par une divine personne qui
lui impose son caractère à soi, ses exigences, ses habitudes, son
égoïsme. Mais je manque encore du recul nécessaire pour connaitre toutes les idées que l'on peut tirer des données fécondes
d'un tel livre.
Ce n'est point à dire que cet ouvrage, si fourni de dessous.
qu'il soit, présente la moindre obscurité. Romains, au contraire, a su y répandre la plus extraordinaire évidence. N'importe
quel lecteur de ciné-roman peut assister, sans être arrêté nulle
part, à ces délicates évocations de sentiments ou d'idées, à ces
nuances irisées qui s'emparent tour à tour de l'univers, à ces
méditations dont les plans se superposent avec la même sécurité que s'il s'agissait de la charpente des plus grossiers événements. La réussite de « métier :o est étonnante: et ce n'est point
assez que de parler de clarté, le style, bref mais point brisé, ne
se bor ne pas à préciser les évt':nements intimes, il sait encore
en garder le frémissement vivant, la poésie. Et j'en reviens à
cette impression de certitude que je signalais tout à l'heure :
l'explication que reçoit ici le lecteur n'est point affaire de mots,
il est introduit dans le déplissement et le développement même
des forces.
Or ce livre de Romains n'e~t pas seulement une œuvre qui,
en soi, s'impose à l'attention: il apporte à di.ers égards certaines indications précieuses.
D'abord parce qu'il marque un nouvel élargissement dans
la manière de l'auteur de la Vie Unanime. Le jeune poète de jadis
qui, dès ses débuts, nous a proposé une si puissante idée du.

�LA NOUVELLE REVUE FltAN-ÇAISE

mon8emoderne et des groupes humains, nous avait déjà signi1ié avec les Copains. - cet ample épanchement de là joie de vivre
- avec Mort de Quelqu'un - cette profonde étude de la suprême
destinée des hommes - avec Europe, avec Cromedtyrt-le--VieiJ,
:sa volonté-de ne point s'en tenir à ses premières conquêtes. Il
,est ttop d'artistes dont la marche est en quelque sorte linéaire:
ils ne peuvent entrer dans une idée sans en quitter _une autre~
et, s'ils vous présentent tel ou tel mérite~ c'est parce -qu'ils
·viennent de renoncer à telle ou teUc vertu. Les étapes, chez
Romains, se.font de façon toute différente, par adjonctions successives, Sam rien céder de-s lieux rudes et hauts- ou- il s'est
établi d'abord, il s'.agrandit peu à. peu, comme .par rl.es péntes, et
des plaines : il s',élargi.t san~ cesse,. Cest peut-être à cette ferme
assise que son œuvre doit d'ê.tre,,regardée de loin comm.e l'un
.des repères auxquels se, reportelilt ceux .qui veulent m esurer notre
époque. L'ordonnance qui gouverne de plus en plus impérieusement cet ensemble d' ouvrages ne doit pas inquiéter : Romains
possède assez de spontanéité et de verve pour résister à ce que
.ce pouvoir-là manifeste parfois d'a.ppauvrissant - et Lucienne,
le dernier apport del'écrivain, y paraît situé àla pointe extrême,
vers l'horizon.
Si nous essar ons maintenant.de situer ce roman, nun plus
parmi les autres œuvres de son auteur, mais dans notre
littfrature actut:lie, oous soulignerons d'abord la forme narrative que Romains .a adoptée. Le «. récit », qui avait été naguère
:assez délaissé, porte volontiers d'excellents fruits dans ce coin
-d'Europe d'où nous sommes, ce généreux terroir entre Seine,
Rhône et Garonne: rappelons-nous deux fortes œuvres récentes,
Un Homt1U Heureux de Schlumberger et la DmJession de Minuii
-de Duhamel, (encore que Lucienne n'ait rien de commun avec
elle,; que .leia:it de donner parole non à l'auteur, mais au principal personnage). Cette réapparition éhe:z nous d'une forme de
roman aussi allègre et alerte npus parait mériter d'être .signalée.
D'autre part, à envisager non plus l'aspect de l'ouvrage, mais
sa teneur, que nous révèle icette dernière? Toutes les forces
valables de la littérature de notre temps se dirigent, croyonsnous, -vers ll1l art largement humain et un mode d'expression
~imple et&lt;lirect tel. qne le fut celui des classiques (que l'on me
passe ce rappel : a.gaçantpour quelques-uns, trop agréable pour

NOTES
2 39

d'autres, il est peut-être' motivé). Or si cettaines &lt;le ces for'ces '
ont pour point de départ le lyrisme, d'autres l'iptuition, il nous
.semble que, malgré la passion, le mystère même partout
empreints dans Lucienne, cette œuvre est de l'ordre de celles où
prévaut l'acuité de la conscience - où l'élément intdlectuel
est le maître. Et il no4s apparaît qu'entre celles-ci, - mais par
&amp;.es propres voies !!t à sa façon, c'est-à-dire a.veç une aisance
décisive, l'important livre de Jules Romains ,apporfe, à tels profonds problèmes que porte en soi-même chacun de nous mieux
qu'un témoignage: un modèle d'élégante solution.
'
LUC DURTA1N

LE THÉATRE
PITOEFF ET LA FONDATION A PARIS D'UN
THÉATRE DE RÉPERTOIRE ÉTRANGE~
Que des gens bien intentionnés fassent le projet de voir une
~iè~e mais qu'elle ait déjà _disparu de l'affiche lorsqu'ils
s avisent de louer des places, ils éprouvent la même sorte de
regret que s'ils arrivent trop tard dans un grand· magasin où
~'on ann~nçait des « occasions )) intéressantes. Pour un peu ils
plousenuent les dégourdis qui ont su se précipiter à temps. Il
ne leur entre pas dans l'esprit qu'une pièce n'est pas une marchandise qui peut attendrele client, mâis un être vivant qu'ils
ont laissé mourir de faim. On a vu, au Vieux-Colombier, un
public renoncer à cette attitude déplorablement passive, à cette
mortelle nonchalance et en être récompensé. Il faut qu'un
appui analogue vienne soutenir les efforts de Pitoëff.
Une sympathie très ch-aleureuse avait accueilli, l'an dernier,
les représentations de la Puissance du Ténèbres et de !'Oncle
Vania . Chacun comprenait que toute une partie du théâtre
étranger ne peut nous être rendue accessible que par des étrangers. Quelque intelligente et bien doc11mentée que soit une
interprétation française, il lui manque ·un je ne sais quoi, certaines intonations, une certaine allure, un certain relent qui,
mieux qu'aucun commentaire, révèlent le sens d'une ~uvre.
On l'a constaté pour la Puis.sance des Tenèbres qu'Antoine avait
donnée avec une force, u.ne ampleur, une süreté de moyens
aui.quelles la compagnie de ' Pitoëff ne p.ouvait prétendre.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

L'interprétation d'Antoine avait plus de grandeur, mais on a le
sentiment que dans sa simplicité, sa bonhomie, son absence de
solennité, celle de Pitoëff restait plus fidèle à la, Russie. De
même pour l'Oncle Vania. Malgré une distribution qui Ôésaxait
la pièce en faisant passer au secon'd plan le personnage principal, on respirait l'atmosphère même·de 'Tchekh.of. Et l'on se
réjouissait à la pensée que nous aùrions enfin à Paris ce théâtre
européen qui nous manque et qui pourrait être un vivafit lien
avec les pays du nord et de l'est, les seuls auprès desquels,
depuis cinquante ans, notre art dramatique aurait pu trouver à
s'enrichir.
Le principal atout de Pitoëff, c'est sa connaissance, son sens
de ce théâtre-là. Il n'y est gêné ni par des préjugés à vaincre
ni par un zèle indiscn;t de néophyte . Il y est chez. lui; il peut
s'y laisser aller à sa fantaisie, à son invention de_metteur en
scène. Ayant débuté, comme le Vieux-Colombier, dans des
conditions quî le for.çaient à monter un grand nombre de spectacies à peu de frais, il a_ gardé uhe sorte de désinvolture charmante en ce qui concerne décors et costumes, et la nécessité lui
a fait acquérir une ingéniosité qui lui permet d'aborder, sâns
en être écrasé, un programme abondant et divers. La composition de sa troupe, où l'accent russe alterne avec l'accent vaudois, lui interdit une certaine"perfection que l'on est en droit
d'exiger lorsqu'il s'agit d'une pièce de chez i;ious ou d'un
spectacle qui vaut surtout par une forme raffinée. On a pu le
constater pour la Salomé de Wilde qui n'est plus qu'une fantasmagorie prétentieuse et démodée sitôt que le luxe et le
renchérissement de l'artifice ne lui prêtent plus d'éclat. C'était
pitié de voir Mme Ludmila Pitoëff, dont le grand talent est tout
émotion et probité, essayer de donner de la vraisemblance aux
insupportables :fioritures du dialogue et c-ueillir avec tant
d'honnêteté ces fleurs vénéneuses. L'inconvénient n'est plus
aussi sensibie dès que les qualités de l'œuvre sont profondes.
Assurément une meilleure diction contribuerait à faire valoir
les beautés d'une pièce de Shakespeare, et la traduction si
ferme, si bien sonnante que M. Guy de Pourtalès a donnée de
Mesure pour Mesure eüt prêté à une mise··au point plus serrée.
Mais l'intérêt de l'œuvre est si grand et l'on est si t~connaissant à une troupe de nous donner une telle comédie sans.

NOTES

aucun tripatouillage, qu'on ne sait comment se montrer assez
reconnaissant.
Tan_t que Pitoëff n'était à Paris qu'un hôte ·de passage, ïi
pouvait_ c~mpter, q_uelles que fussent les pièces qu'il jouât, sur
un auditoire restremt mais averti. Etabli définitivement chez
nous, il _faudra q~'il s'appuie sur u~ public plus large, partant
plus ré:1f,
qu il adapte avec d autant plus de rigueur son
répertoire a ses moyens. Il ne peut pas tout jouer, mais il est
seul à pouvoir jouer, d'une façon viv.ante et suivie, tout un
ensemble d'œuvres qu'il faut que nous connaissions. Le succès
&lt;l_e l~ M_ouette ou_ des Bas-fonds mo_ntre que la curiosité n'est pas
s1 ~1ffic1_le à éveiller. On peut détester une pièce comme Celui
qui reçoit des gifles et ne pas regretter d'avoir eu l'occasion de
juger, une fois pour toutes, la déplorable qualité du théâtre
&lt;l' An~réief; car rien n'est significatif comme l'engouement qu'à
la veille de sa décomposition 1a Russie a éprouvé pour cet
auteur._ Presque tout Je théâtre étranger (Strindberg, Gogol,
Wedekmd, etc.) reste pour nous une carrière à peu près inexploitée . A l'imposante série de pièces jouées cette saison à la
Coi11édie des Champs-Elysées, d'autres séries doivent s'ajouter.
De_ la sorte Pitoëff nous lavera quelque peu d'une ignorance
~u1 nous. couvr:e. de ridicule et, ce qui est plus important, il
travaillera à donner au public français quelques lueurs sur la
sensibilité des peuples étrangers. C'est là, pour notre bonne
conduite dans le monde, un point si capital et qui constitue
pour nous une si grave faiblesse que rien n'est négligeable de
ce qui peut contribuer ày remédier.

;t

*

JEAN SCHLUMBERGER

* *

LES TROIS MIRACLES DE SAINTE CÉCILE suivis du
MARTYRE DE SAINT VALÉRIEN, par Henri Ghéon
(Société littéraire de France).
Comme il nous en avertit lui-même au commencement de la
préface, l'auteijr a pris le sujet de cette tragédie sacrée dans un
ouvrage de Dom Guéranger, bénédictin : Sainte Céâle et la
Société romaine aux deux premiers siecles. La joie, Ia douleur et la
gloire de Sainte-Cécile sont représentées comme en un tryptique « suivant l'ordre des mystères du saint Rosaire)). Nous
r6

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

242

assistous d'abord aux noces de Cécile et.de Valérien selan le cite
païen, puis à la conversion de l'époux qui touché par la pureté
et la vertu dt: sa femme accepte de :renoncer à consommer.. le
mariage. Dans la deuxième partie, Valérien et son frère
Tiburce, convoqués, au tribunal du prêteur pour y répondre
d'une infraction aux édits de l'empereur contre les chrétiens,
marchent joyeusement .au devant du, martyre. Cependant
Cécile, seule avec son. aage, assiste par la,pensée aux tourments
de son époux, uo instant partagée eil.tre les « honteux- attachements de la chair et du monde l&gt; e.t l'amour divin. Enfin, c'est
la fournaise où Cécile subit y. un supp~ce sam tourment», symb.olisaot l'Eté de Dieu qui mfuit les.âmes et les purifie avant la
mort. L'auteur s'est do11c astreint à suivre exactement les Actes,
mais il a f.ait _œuvre de dramaturge en prêtant à ses personnages des sentiments ou des faiblesses ~ommuns à t?us l:5
hommes. Le confiit n'es_t pas entre la pass1on et le devoir, mais
entre la nature et la sainteté.
M. Henri Ghéon a du reste pris soin de déclarer que.les Trois
Miracles de Sainte Cécile sont d'abord une œuvre de foi, voulant marquer par là que son esthétique dilféraît fon~ièr~nt_ de
celle qui inspira par _eKemple le Marty:e de Sa~nt ~eb~tien.
Peut-être le souvenir du « mystère_» de &lt;l Annunz10 n est-il pas
demeuré tout à fait étranger sinon à la conception, du moins à
la réalisation scénique de l'œuvre de l'écrivaincatholique. Mais
il .faut 'SUftout retenir l'affirmation de la joie et _de la force que
ptocUJe au dramaturge« l'obéissance à un suje.tqui lui est venu
du dehors ». 11 est vrai que rien n'est plus propre qu'une telle
tontrainte favoriser le jaillissement de la sensibilité : au lieu
de se répandre au hasard de l'émotion personnelle elle suit le
lit creusé par l'histoire, assez large pour contenir le flot le plus
i~pétueux et le plus abondant. On n'a garde ~'ou~lier _que
Racine, en ses préfaces, se flatte d'observer la véntë h1stonque
et s'excuse lorsqu'il a cru devoir prendre avec elle quelques
libertés. Les chœurs de Saiute Cécile, où se œncontrent beaucoup de pensées nobles et touchantes et d'images gr.acieuses~
font penser à Esther et par la grâce volo~tairem~t un peu ~ste
de leur poésie à Monchrestien~ Des parties de dtalogue ple1?es,
d'énergie, les stances cornéliennes que.l'auteur -place volontiers
dans la bouche de ses personnages ont sou.vent une fem1eté

à

NOTES

2 43

digne de Potyeucte, de l'imitation ou de ces Entretiens solitaires
de Brébeuf qui sont une des perles de la poésie catholique.
En empruntant à des maîtres le ton le plus cnnvenable sans
au~. souci apparent d'originalité, M. Ghéon fait preuve d'une
humilité fruct_ueusej car il a ainsi réalisé une œuvre d'un tr-ès
grand charme, pleine de poésie et d'effusion, où la monotonie
est éludée a:vec beaucoup d'a:rt, et qui est très supérieure, non
seulement au Pauvre sous l'.escalier, mais encore à tout ce qu'on
a tenté ~ans le ~ême esprit, depuis bien longtemps. Ce Mot,
a-t-on d1t, des pièces pour patronages : sans doute, mais la
tragédie classique est née dans un collège. Si elle y retourne ne
serait-ce point 1~elle n'a plus de place ailleurs. A ce co~pte
~ro,ned?'re-l~Vieil, u~ des rares ouvrages dramatiques où l'on
ait senn passer un vra1 souffle lyrique, ferait l'effet d'une pièce
à l'usage d'un patronage nietzchéen,
ROGER ALLARD

LA MUSIQUE
&lt;&lt;

LE MARTYRE ·nE SAINT SÉBASTIEN

&gt;&gt;

A

L'OPÉRA.
L'Opéra vient de reprendre ·Ie Martyre de Sa:bzt Sébastien
auquel -0.nt collaboré uu musicien de génie, Claude Debussy, un
prestigieux créateur d'images verbales, Gabriel d'Annunzio, un
peintre chez lequel une imagination exubérante, mais réglée,
s'aliie à un métier infaillible, Léon Bakst. Et c'est Mme Ida
Rubinstein qui incarne, comme lors de la création, en 1911, le
personnage du saint. Jamais, peut-être, on ne vit semblable
collaboration. D'où provient donc la sensation de fatigue et
d'ennui que dégage cette vaste et complexe composition ?
Je ne crois pas que la responsabilité en incombe aux exécutants. Que la réalisation n'ait pas été à la hauteur des intentions
du musicien et du poète, que ces intentions aient même été
complètement trahies - cela n'est pas douteux: il faut avouer
que rarement nous eô.mes à !'Opéra spectacle plus déplorable,
et puisqu'il s'.agit d'.un artiste tel que Debussy, le mot «crime»
pourrait .Atre sans exagération .aucune appliqué à la réalisation
de-la partie musicale de l'œuvre.. Je n'insiste pas sur la mutilation subie par le texte et la musique du fait de la suppression

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

-d'une scène entière, celle de la Chambre Magique : la longueur
du .spectacle pouvait jusqu' à un certain point expliquer, sinon
,excuser cette coupure ; mais l'orchestre et les chœurs surtout
produisirent la plus pénible impression: intonation défectueuse,,
rythme vacillaot, sonorité compacte et grossière, tout se tenait
.si mat qu'à certains instants on pouvait cr_aindre la catastrophe•
li est vrai que M'. Defosse, qui conduisait l'orchestre, avait
:remplacé au pièd levé M. Caplet lequel, au dernier moment,
s'était récusé et avait refusé de prendre part à l' « exécution ))
-du saint. Mais ces histoires de coulisse ne nous concernent pas :
.J 'auditeur n'a pas à se préoccuper des dessous du spectacle,
Mme Rubinstein-Saint Sébastien mise à part, la réalisation
des personnages fut franchement mauvaise (Mme Suzanne
Desprès : la Mère; MM. Desjardin : César; Krauss : le Préfet):
gestes qui prétendaient être nobles et majestueux,. mais qui
,n'étaient que grotesquement compassés, récitation ampoulée,
parfaitement conforme d'ailleurs aux plus anciennes, mais aux
plus mauvaises traditions de !'École, hurlements déchirants,
soi-disant passionnés, mais d'une fausseté à faire grincer des
,dents. Rien de cette naïveté quelque peu précieuse à laquelle
tendait certainement d'Annunzio.
Nos seules joies furent les attitudes admirables de Mme Ru;binstein, son corps ten du, tel un arc, ses gestes sobres et
,harmonieux. Sa voix, lorsqu'elle ne la force pas, .est une divine
musique aux inflexions quelque peu monotones,. mais puissarn·ment expressives dans leur chaude pureté.
Je me représente chacun des principaux rôles tenus par des
.artistes du style de Mme Ida Rubinstein et qui -auraient trouvé la
note juste, _iussi éloi gnée d'un naturalisme déplacé que d'une
emphase fatigante. Cela n'aurait pourtant pas suffi à me faire
;accepter Saint Sébastien.
Jamais œuv.te ne voulut plus sciemment, plus exclusivement
.-être belle : tout y est subordonné à un certain idéal purement
•esthétique. On a la sensation très nette que les auteurs, et particulièrement le poète et le décorateur n'ont pas perdu de vue
un seul instant le plaisir esthétique du spectateur : ils n'ont eu
-d'autre but que de créer une impression de beauté. L'émotion
religieuse, mystique est ici la matière de l'œuvre ; la forme est
Jusqu'à un certain point déterminée par les mystères du Moyen-

1

!.

Age : dans ce cadre, avec cette matière, d'Annunzio veut uniquement « faire beau », conformément à une certaine formule
de beauté harmonieuse, faussement naïve et précieuse. Le
peintre le soutient dans son effort : en Bakst, d'Annunzio trouve·
le décorateur idéal ; mais c'est grâce à lui justement que le vicede l'œuvre apparaît. Sans doute la réussite est complète; pas.
u~e fausse note. dans cette symphonie de couleurs et de lignes.
S 11 y a des d1ssonnances, elles sont voulues, et l'artiste les.
résoud_ immédiatement avec une habileté prodigieuse. C'est'
splendide, comme sont splendides certains vers de d'Annunzio ..
Mais jamais je n'ai mieux senti le vide affreux de la seule
manière, du seul savoir-faire, de la virtuosité pure. indifférente
à ce qu'elle traite. Vers la fin de ce spectacle de beauté, on n'a
plus qu'un désir : briser ce cadre magnifique, voir transparaître
u~ seul sentiment humain, saisir un mot, une forme qui ne
sment pas conditionnés exclusivement par des considérations
de style, d'élégance, de go-ût, par le désir surtout de satisfaire
les aspirations d'un certain public.
Si le Martyre ne durait qu'une heure, ce serait acceptable,
mais il est pénible de respirer cinq heures durant cette atmosphère de paradis artificiel au goût parisien de 1911.
la musique de Debussy a suscité de,s enthousiasmes que,
malgré tout mon bon vouloir, je ne parviens pas à partager : il
y a certainement en elle tout autre chose que de la pure virtuosité, du parfait métier et les formules d'une esthétique déjà
périmée. Le monde des sensations et des sentiments mystiques
fut autre chose pour le compositeur que matière à jolies combinaisons, et, si -l'on confronte la transparente musique de .
Debussy avec les chatoiements d'un Bakst, d'un d'Annu,nzio,.
on reste confondu de la pauvreté de ces formes, de ce texte.
Mais le musicien s'est aussi laissé subjuguer jusqu'à un certain
point par une formule conventionnelle de beauté mystique qui
implique l'immobilité, la simplicité et une certaine mon_o tonie
dans la noblesse, formule qui fut déjà désastreuse pour le Par-•
sifal de Wagner. En écoutant Saint Sébastien, ma pensée se,
reportait invinciblementà Pelléas ou l'artiste suivait sa propre loi.
sans songer à faire beau,. sans penser à faire plaisir aux autres _
Il semble que, quelle. que soit sa conception de la beauté,
l'artiste ne doive jamais tâcher de l'atteindre directement : il

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

cherche la vérité, l'"e~pression, le grotesque, le- tragique et
atteint i11clirectement, par ricochet, à une certaine fomie de
beauté. En poursuivant sciemment le beau, rien que le beau,
on atteint le joli. Le Martyre. de Saint Sibastien- rr'est q·ue joli ;
mais, vu les proportions de l'œuvre, ce joli a quélque chose de
monstrueux.
BORIS DE SCHLŒZEB

CORRESPONDANCE
I . PROUST ET EINSTEIN

Nous avons reçu la lettre suivante de M. Camille Vettard, qui rédigea avant b guerre la chronique 'des romans dans la Nouvellè Rev11e

Française:
MoN CHER RIVIÈRE,

~

Je lis aujourd'hui seulement dansia Nouvelle Revue Française
du 1•r juin l'article sur Sodome et Gomorrhe ou Marcel Proust
m~raliste, dans lequel M. Roger Allard fait allusion à la comparaison que « certains critiques » auraient faite de l'œuvre de
Proust avec celle d'Einstein ... Je ne connai:s pas ces critiques
(au pluriel), et M. Roger Allard ne les connaît, semble-t-il, que
par ouï-dire ( « il paraît, écrit-il, que certairis critiques ont
comparé l'œuvre de Proust à celle du sa:vant allemand») .. Mais
je me suis plu moi-même à ce rapprochement des noms de
Proust et d'Einstein, et, dans une dédicace à l'auteur de Swann
et des Jeunes Filles en fleurs, - qui est encore inédite mais qui
n'est pas inconnue à la Nouv~lle Revue Française, - j'ai dit
quelques mots qui peuvent faire comprendre la pensée qui m'a
dicté ce rapprochement entre lln très grand romancier psychologue et un très grand physico-matbématicien.
Vous voudrez bien me faire l'amitié de croire que, vivant,
non p-as à « 6.500 pieds au-dessus de la mer et des choses
humaines», mais à plus de 800 kilomètres de Paris, dans une
solitude presque complète, entre un couvent et des montagnes,
je suis à peu près soustrait aux influence~ de la mode. En fait
il y a trois ans que des lectures de Proust et d'Einstein - je
passais de l'un à l'autre - ont suscité. en moi une· admiration
et un enthousiasme égaux et semblables à. ceux que j'avais
éprouvés, bien des années auparavant, pour Bergson.'
M. Borel.a dit qu'Einstein cc nous a apporté une manière

CORRESPONDANCE

nouvelle de regarder le monde » et qu' « il est désormais impossible à tous ceux qui l'ont lu de penser comme ils l'auraient
fait s'ils ne l'avaient pas lu ». C'es:t exactement ce que je dirai
de_Marcel Proust. Comme cet oculiste dont il parle dans s-a Préface au livre de Morand, Tendres Stocks, Proust a fait subir à nos
yeux une opération salutaire, etun monde nouveau, bien différ~nt d~ celui auquel nous étions habitués, nous est apparu ,
smguhèremrnt attachant et « parfaitement clair ». C'est dire
que Proust, comme Einstein, a fait une œu~re géniale (il faut
ente_ndre que. sa nouveauté est variée, profuse, profonde) et si,
au heu dele rapprocher de tel peintre ou de tel musicien de
génie, je l'ai' rapproché d'un savant, c'est que j'estime qu'A la
RechercEe du Temps perdu, - et ceci n'a pas été suffisamment
mis en lumière, sauf peut-être par Jacques Boulenger - est en
même temps qu'une œuvre d'art, une œuvre de scie-nce, une de
ces œuvres. dont on peut dire, ainsi que l'a fait Merejkowski
des livres de Dostoïevski, qu'elles foot penser c&lt; à cette union
nouvelle de l'art et de la science que les plus grands artistes et
les plus grands savants ont pressentie, e-t qui n'a pas encore de
nom » (M. Merej.k.ovski signale à ce propos certaines poésies
de Gœthe et quelques· dessiM de Léonard de Vind)r Proust n'oublions pas qu'il est, comme Flaubert, fils d'1:1n médecin,
d'un clinicien réputé, le professeur Proust - a d'ailleurs parfaitement conscience de ce caractère de son œuvre, si j'en juge
par une lettre de lui publiée dans les Annales, où il déclare que
son « instrument préféré de travail est le télescope », et qu'on a
"eu tort de croire, parce qu'il disait et je », qu'il se bornait à
« s'analyser, au sens individuel et détestable du mot», alors
qu'il cherche cc à découvri! dès lois générales ». Henri Poincaré
a dit - je le rappelle puisque Proust parle de télescope - que
fastronomie nous a fait une âme capable de comprendre la
naturcr 'C'est cette âme qui m'apparaît chez un Proust comme
chez un Einstein. L'un et l'autre ont le sens, l'intuition, la
compréhension des grandes lois namrelles. (Je comparerai
encore Proust, si vous le voulez, à un hrstologiste maniant non
plus un télescope, mais un scalpel extraordinairement acéJ-é).
Maintenant, on peut fort bien ajouter, je crois, que le monde
Proustien~ où le temps joue un si grand rôle, est un monde à
quatre dimensions, çomme le monde fünsteinien de la relativité

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

restreinte, ou que Proust, comme Einstein, a tenu compte, dans
sa description du monde, de décimales jusqu'ici négligées. On
peut dire avec M. Allard que « si la notion de relativité morale
peut être déduite d'une œuvre d'imagination et de psychologie », c'est « de celle de Marcel Proust où les points de vue
sont multipliés à l'infini, où l'indépendance des sentiments à
l'égard &lt;les mœurs est rendue sensible, où les terres inconnues
de l'inconscient sont réduites à une ceinture mince comme une
ligne d'horizon. » Il est encore possible de faire un rapprochement entre cet Univers Einsteinien de la relativité généralisée
dont la courbure varie en chaque point et le monde - extérieur
ou intérieur - infiniment changeant et nuancé que nous
dépeint Marcel Proust. Enfin, ceux qui savent ce qu'Einstein
entend par « mollusque )) ou mieux « pieuvre de référence » (à
savoir, comme le dit à peu près M. Gaston Mocb, « des axes de
coordonnées qui ne sont plus des droites ni des courbes, mais
des filaments continuellement agités en tous sens et qui se
tordent comme les bras d'une pieuvre )) ) verront pe1:1t-être dans
la phrase de Proust, avec ses incidentes, ses parenthèses, ses
tirets, ses innombrables proposiùons subordonnées et ses multiples images à facettes, quelque chose d'analogue. Ce sont là
des analogies, des images - je l'entends bien ainsi - qui ne
sautént pas aux yeux de purs lettrés, mais qui s'imposent, je
crois, à ceux qui sont un peu moins anachroniques et savent,
au xx• siècle, un peu d'algèbre et de physique mathématique.
Elles ne sont pas plus ridicules et elles sont peut-être un peu
moins forcées et un peu plus inévitables que tant de comparai-'
sons sentant l'huile que nous infligent, à chaque ligne, bien
des ouvrages contemporains que jé ne serais pas embarrassé de
citer.
J'approuve tout à fait Gide lorsqu'il met Proust seul dans son
temps et lorsqu'il déclare que nul écrivain ne nous a plus enrichis. Il n'a peut-être pas tout à fait tort en ajoutant : « Lorsque
nous lisons Proust, nous commençons de percevoir brusquement du détail où ne nous apparaissait jusqu'alors qu'une
ma·sse. C'est, me direz-vous, ce qu'on appelle : un analyste.
Non : l'analyste sépare avec effort : il explique, il s'applique :
Proust sent ainsi tout naturellement. Proust est quelqu'un dont
le regard est infiniment plus subtil et plus attentif que le

CORRESPONDANCE

2 49

nôtre ... :o Non, Gide n'a pas tout à fait tort de dire cela, mais
M. Henry Bidou, dans un article récent de la Revue de Paris sur
Sodome et Gomorrhe, n'a pas tort non plus de parler de« l'a.nalyse
sans répit :o de Proust. Comment s'entendre ? U faut concevoir
chez Proust une sensibilité et une intelligence également extraordinaires qui sont, par je ne sais quel miracle, merveilleusement fondues et conciliées. Les sens de Proust ont une byperacuité prodigieuse, mais son jugement est aussi extrêmement
aiguisé. De plus, organes des sens et cerveau ont une rapidité,
une vitesse telle ( et l'on peut ajouter le cœur) qu'il n'y a plus
de durée, de solution de continuité appréciables, et que l'on ne
sait plus si c'est le cerveau qui pense et l'œil et le cœur
qui sentent ou si ce n'est pas au contraire le cerveau
qui sent et l'œil et le cœur qui pensent. Nietzsche a dit un
jour que « nos oreilles, grâce à l'exercice extraordinaire
de l'entendement, se sont faites plus intellectuelles... ;
notre musique donne maintenant la parole à des choses
qui n'avaient jadis aucune langue. Pareillement quelques
peintres ont rendu l'œil plus intellectuel... » Plus loin, Nietzsche
dira : « Plus l'œil et l'oreille deviennentsusceptibles de pensée ... »
et parlera de ces « dix mille personnes aux prétentions toujours
plus hautes, plus délicates, écouta~t de plus en plus à l'audition
d'une symphonie ce que « cela veut dire » . •. « Le parfum
d'ambre de cette signification, ajoute-t-il, se répand de plus en
plus ... » Il est évident que les sens de Proust sont extraordinairement intellectuels et susceptibles de pensée, et, de plus, de
même que Baudelaire a intellectualisé l'odorat, l'auteur de
Swann a intellectualisé, rendu susceptibles de pensée, doté·
d'un langage et d'une signification, notre corps tout entier, nos.
organes, nos viscères, notre coenesthésie et notre cryptomnésie,
nos rêves et nos sommeils (il faut bien penser de nouveau qu'il
est fils d'un médecin), nos moindres expressions, nos moindres
mouvements musculaires. Il a rendu notre corps d'une transparence éclairée de cristal, translucide notre chair la plus ténébreuse; il a illuminé nos replis les plus obscurs, comme une
rampe de gaz s'illumine dans la nuit. Il a dit lui-même du
romancier d'introspection qu'il doit « tirer hors de l'inconscient
pour le faire entrer dans le domaine de l'intelligence, mais en
tâchant de lui garder sa vie, de ne pas la muùler, de lui faire

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.subir le moins de déperdition possible, une réalité que la seule
lumière de l'intelligence suffirait à détruire, semble-t-il. »
« Pour réussir ce travail de sauvetag.e, ajoute-t-il, toutes les
forces de l'esprit et même du corps ne sont pas de trop. C'est
110 peu le même genre d'effmt prudent, docile, har:di, nécessaire
.à qnelqu'un qui, dormant encore, voudrait examiner sori sommeil avec l'intelligence, sans que cette intervention amenât le
Téveil. »
Nietzsche a très justement remarqué encore que « plus l'œil
et l'oreille deviennent susceptibles de pensée, plus ils s'approchent des limites où ïls deviennent immatériels ». C'est bien
parce qu'il a pénétré son corps tout entier de penséè que Proî.tst
apparaît comme une spiritualité pure, que tout chez lui paraît
esprit et semble lui apparaître esprit, et que son monde - le
monde qu'il nous a révélé - est un monde irisé, éthéré, volatil
-et ~obile, ou rien cc ne pèse et ne pose».
Je ne voudrais effaroucht;r personne en faisant encore allusion à propos de Proust à un autre mathématicien qu'Einstein.
(J'aurais pu faire, plus haut, allusion à un psychologue, à Maine
de Biran). M. Hadamard a dit un jour (le propos a été rapporté
-dans un article de la Grande Revue par M. Milhaud) que q; les
idées de Henri Poincaré se présentaient si natunllement qu'on
cavait peine à comprendre qu'elles n'eussent pas germé plus tôt
dans l'esprit des hommes». Ce n'est pas, je l'espère, ma faute,
si ayant lu Proust et Poincaré, je ressens à la lecture de l'un
-comme de l'autre cettèimpression de naturel. Cela vient sans
doute d'une même aisance et d'une même rapidité à pens.er.
Mais cela vient aussi,, }e crois, de ce que chez l'un comme chez
l'autre, la pensée est traduite de la.façon la plus simple, la plus
.adéquate, la plus nécessaire. M. Bergson .nrait, para:ît-il, l'habitude de conseiller à ses élèves d'habiller leur pensée sur mesure
et non à la confection. On peut dire que la phrase de Prous1
-est faite sur mesure. Il n'y a. pas dans sa pensée écrite appauvrissement, diminution, ou, pour mieux dire, trahison de la
pensée pure. L'écart entre la parole et J'image ou fidée est si
infiniment resserré, réduit à la limite, qu'il n'existe plus et
qu'on n'a pas à déplorer cr ce rapt visible que la phrase fait de
la pensée et cette déperdition que la pensée en subit » q~e
.Proust regrette tant d'avoit à signa.Ier chez Ruskin ( ce Ruskm

CORRESPONDANCE

dont l'exemple et les préceptes ont peut-être enwuragé tant de
ha1diesses géniales, tant d'audaces heureuses de Pwus.t). Qu'on
songe, au surplus, à ce qui est dit dans Swann de la Sonate de
Vinteuil, et, dans le Côté de Guermantes, du jeu de la Berma.
Qu'on relise aussi les études sur Ruskin, l'article sur Flaubert
et la Préface au livre de Morand.
J'aurais beaucoup à dire encore, si je me laissais aller, sur
l'art de Proust (sur ce qu'il a de commun, par exemple, avec
l'art de cet Elstir qui nous est présenté dans les Jeunes Filles
en fleurs), sur les découvertes psychologiques de Proust qui
s'apparentent à celles de Freud, sur les anachronismes, les
intermittences, l.a dissociation perpétuelle du.moi ( dans la durée
et en profondeur) que nous. révèlent les personnages d'A la
Reche:rche àu Temps pe.rdu, ce livre si savant et pourtant si étrangement attachant qu'on le lit' avec autant de plaisir que l'on
l'on faisait, enfant, ( comme l'a dit Jacques Boulenger) les
Trois Mousquetaires ... Mais, je n'ai déjà que trop cédé au plaisir
de parler de Proust et de livrer, au courant de la plume, des
réflexions qui n'ont qu'un rapport bien lointain avec ce rapprochement des noms d'Einstein et de Proust qui a motivé cette
lettre.
On aura vu, je pense, dans quel esprit j'ai fait ce rapprochement etj'avoue que j'estime, avec M. Allard, qu'il est assez
séduisant pour l'imagination. Dirai-je maintenant, et pour
finir, que M. Allard a peut-être tort d'écrire : « Faut-il dire que
Proust a bouleversé la psychologie, comme on dit qu'Einstein a.
fait la physique ? )&gt; Je vois d'ici M. Bouasse, le physico-mathématicien de Toulouse, bondir et fulminer à ces mots de bouleversement de la physique, car il n'y aurait bouleversement que
s'il y avait changement de méthode, et la méthode de la physique est bien fixée. Je me suis quelquefois diverti à appeler
M. Bonasse, qui est une intellîgence étonnamment claire et un
terrible confrère peu respectueux des gloires établies, un
« Stendhal de la physique "· Appelons de même M. Proust un
Einstein de la psychologie ou M. Einstein un Proust de la
physique, sans penser que la théorie de la Relativité généralisée se retrouve daos !_a Recherche du Temps perdu, ni
M. de Charlus ou les découvertes psychologiques et stylistiques
de Proust dans ]es équations covariantes d'Einstein, mais en

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

nous disant que l'un et l'autre ont créé un nouveau monde.
Veuillez agréer, mon cher Rivière, l'expression de mes sentiments les plus sympathiques.
Camille VE1'IARD
P. S. - Ct::tte lettre à Jacq1.1es Rivière était déjà écrite et envoyée
depuis plusieurs jours, lorsque j'ai lu, dans la R'evue Hebdomadaire du
17 juin, les pages sur le Cousin Pons, où M. Paul Bourget définit
Balzac, en termes très heureux, un visionnaire analytique et ajoute avec
une extrême netteté : « Balzac possédait, réunies en lui par une étonnante richesse de nature, ces deux facultés contradictoires : une magie
d'évocation qui donne à ses moindres personnages la plus intense
couleur de vie et une acuité de dissection anatomique, qui, derrière
chacun de leurs gestes, chacune de leurs paroles, discerne et met à nu
les causes ... Chez Balzac, le miracle d'équilibre entre la vision et la
Science s'est accompli d'une façon si perman.ente qu'il nous est impossible de séparer en lui le peintre et le phllosophe, le poète et le critique. Ils sont fondus ensemble à une profondeur qui fai; de ses Iivres
une chose unique, etc., etc ... » J'indique, très rapidement, pour prendre
date, que je vois très bien une étude sur Proust où l'auteur d'A la
Recherche di1 TMnps perdu serait également défini un « visionnaire analytique )&gt; et rapproché à ce point de vue (et à quelques autres, tels que
celui du don de sympathie, de métempsychose, de mimétisme), de
l'auteur de la Comédie Humaine. (Il y aurait lieu de montrer à ce
propos toutes les grandes lois psychologiques que Proust a découvertes
ou merveilleusement illustrées et artistiquement exprimées : lois de
l'habitude, en particulier, de l'adaptation, lois de la mémoire, du passage de l'inconscient au conscient, de la dissociation du moi, etc.,,
etc .. .) li ne serait pas difficile de mettre en relief ce qui distingue, au
contraire, de la sensibilité d'un Balzac la sensibilité d'un Proust que je
rapprocherai de celle d'un Shelley, d'un Keats, d'un Maine de Biran, et
l'on pourrait montrer à cette occasion comment Proust a intellectualisé
son hyperimpressionnabilité somatique ... Il y aurait lieu de définir ce
style qui, tel que celui d'un Henry James, tend et réussit, (par des
phrases, pleines d'images, de finesses et de nuances, chargées de conjonctions 'et enchevêtrées de parenthèses et d'incidentes, où les impressions, les pensées et les faits sont savamment tissés ensemble et se
réfractent les uns dans les autres) à rendre la tonalité d'une âme ou
d'une atmospq.ère à différentes époques d'une même vie. Enfin on
montrerait comment la composition chez Proust est basée non sur les
lois d'un exposé didactique, discursif et, disons-le, scolaire, mais sur
lès lois de la réminiscence et de la création subconsciente.
C. V*

* *

CORRESPONDANCE

253

Il. UNE VUE OPTIMISTE SUR LA SITUATION
DE LA FRANCE
En réponse à l'article paru dans le numéro de juillet de la Nouvelle
Revue Française sur les Dangers d'une politique conséquente, M. Adolphe
Delemer nous adresse les intéressantes considérations qu'on va lire :
J'ai lu avec une satisfaction extrême le dernier article de
Rivière. Répond-il aux préoccupations de beaucoup de Fran.çais ? On serait aise de le savoir. Je crois, pour ma part, comprendre le souci qui l'a dicté. J'ai connu le même déplaisir.
Quiconque possède une cervelle active et des nerfs sensibles, qui se sent vivre et qui pense., souhaite invinciblement
que l'esprit règne sur les chose s; il l'imagine pareil au nageur
q~i pèse sur l'eau et la fend, aptè à se gouverner parmi les
forces qui l'entourent. Être, penser, agir, pour lui, ne font
qu'un. · Sa pensée va droit à la vérité, nulle entreprise n'aboutissant dans l'irréel.
Le ~ontraste entre cet appétit intellectuel et la pâture journalièrè est vraiment rude. Nous sommes abreuvés d'éloquence,
mais, pour les idées, mis à jeun, Quand donc avons-nous vu
paraître une conception forte et pleine, qu'on sentît accrochée
par de fermes racines au terreau fécond des choses? Un trait
marq)le le temps présent: on y bavarde, on y crie, comme dans
la salle d'un banquet, à l'occasion de mille détails vains; sur le
principal on se tait. La libre recherche des soins qu'il serait
urgent d'appliquer à un monde en défaillance, est en faveur
dans certains pays. Poü{t "chez nous ! Comme un chœur
hypnotisé, nous entonnons sans relàcl)e, au rythme scandé par
les politiciens, nos formules sacrées, que l'univers et que ·les
faits rèpoussent. L'étranger, qui nous écoute, se demande
quelle perte de substance cérébrale a bien pu affaiblir à ce point
!~esprit français. La guerre a-t-elle donc emporté tout ce qui,
parmi nous, vivait, pensait, agissait?
Etrange atmosphère ! Partout se respire comme une odeur
de chloroforme. Les têtes sont assoupies. Elles cèdent à une
indicible mollesse, qui fait la fortune des pipeurs. On les devine ·
individuellement remplies de préoccupation~ si étrangères à ces
affaires qui les lassent, que l'on est pris de la peur de parler.
On se sent devenir timide. · On se renferme. L'on rougirait de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

254

dire -cc que l'on pense, t;mt il y a d'inconvenance à penser! Le
peuple français fait, ~'à ses guÎdf;!s,- d'occasion, l'effet d'un
:fiévreux près duquel il faut parler bas . Et les journaux sont
comme-dés chambres de.malades.
Voiµ des symptômes f1cheux . Céderons-nous pou.rtant à
l'irtqu'iétude ?
** *
Après tout, ce peuple· rieur n'a-t-il pas adopté, · en matière
politique, l'attitude la plus S1lg'e, 1a plus conforme aussi à ses
instincts tranquilles? Ne s'en plus soucier. Est-ce une illusion?
['on se demande si jamais ces questions complexes ont rencontré de sa p·art plus .d'indifférence, "si jamais la presse, vouée à
deviner ses incHnations, €té moins chàrgée de matière, plus
floconneuse et phis y~011e. Heureux symptôme ! Cela- prou~e
que la paix commence à poindre. Réjouissons-nous. Cette
apparente insouciance témoigne du sentiment où est la France)
qu'il est des choses plus sérieuses que ces. débats· infinis. Elle
travaille ; èlle renait. Quoi d'étonnant ·si elle préfère, après
l'effort, se divertir ? Vraiment, de quelque côté qu'on les
prenne, les problèmes ·politiques n'ont rien de divertissant.
S.ait=on d'ailleurs de quelle conséquence il est pour-la destinée
nâtîonale qu'on les résolve avec ou sans bonheur. Tant d'éléments· s'interpÔse_nt, qui 'diminuent le prix · d'9n succès et
l'~nconvéhienC l:!'un) échec! Avant;iges et obstacles naturels
balancent sou\fi nt Jce qu'on s'imagine avbir gagné ou peTdu
par uné signatù're. S'il arrivait à certains de juger, cfap1:ès
l'expérience passée et pr_ésente, que les Français n'ç,nt qu'un
faible génie politique, la réponse irait de soi : i ls ont tant
d'autres privilèges. La nature leur fut si clémente qu'ils peuvent
sans risque fermer les yeux; grâce à elle, nous pouvons jouir,
en même temps que d'autres luxes, de celui du scepticisme.
C'est donc sans l'bmore d'int~ntion critique, qu:'il convient
d'examiner les faits et gestes des hommes d'esprit qui nous
gouvernent. 'Si 1'on nè veut être injùste envers aucun d'eux, il ne
faut aucunement les distinguer les uns des autres. Malgré l'apparencr;:, ils ont tous suivi depuis quelques années la même rÔ11te,
et n'ont différé que pa:r _la manière. Cette route était 'celle sur
laquelle ils croyaient qi.re la volonté nationale leur prescrivait
de se tenir, et cette docilité méritait les app1audissements qu'ils
obtinrent.

a

OORRESPONDANCE

Si, pourtant, l'on voulait apprécier, d'après la .nornie de
cette raison bizarre, qui jamais ne cesse de s'agiter en nous, et
cherche .à comprendre et distingue le mieux et le pire, les.
événements de .la politique. contemponuue, l'on serait enclin
peut-être, non pas à ce limpide optimisme, mais. au sombre
péssim~sme qui rudt-en.l'homme dès qu'irjuge. L'on n'aurait
point de peine .à discerner maintes erreurs, et plusieurs decelles-ci radicales. L'an pressentirait que Yéchec de l.a.- politique
:rançaise envers l'Allemagne était inévitable, si l'on n.e prenait
a. son égard .que. des manœuvres exclusivement _propres à surexciter sa fureur. Oa -verrait plus clairement encoce que prise
comme nous l'avons prise~ l'entente franco- anglaise n'a été
qu'un mirage, et qu'après lui avoir consacré beaucoup d'enéens, tant qu'a duré la guer.re, nous avons .fini par lui consentir
m~nt ~acrifice., et sans profit. Mais ce ne sont là que des vues
arb1tra1res, émanant de la fausse raison qui raisonne.
L'on voit trop ce qui fut perdu, trop peu ce qui fut gagné.
Il faut un effort de réflexion pour le comprendre en effet :
nous avons gagné du témps pendant lequel nos gens .ont peiné,
ont commencé de reconstruir.e ce que la guerre avait détruit, si
bien que l'attention générale se détournant de la. scène internationale, l'on espèr~ enfin qu'un momt;nt viendra, où l'on pourra
sans encombre baisser le rideau sur la comédie. Les peuples
auront eux-m~mes aplani la .difficulté que l'usage commande
aux gouvernants de faire semblant de résoudre.
Nous parlions d'erreurs; mais celles-ci, vues sous ce jour,
ne:stmt-elles pas des vérités ? Constatation consolante, constatation nécessaire-! On croyait avoir entrevu de belles chances&gt;
offertes à la politique, aux politiciens français. L'on ressentait
quelque amertume à les voir s'évanouir. L'on en souffrait dans
hl préférence que l'on gar&lt;le à son pays, et qui subsiste, si peu
plaîsantes que soient les contrefaçons d'un tel sentiment, ou
ses .excès. L'on regrettait de voir nos hommes .d'Etat se buter
par.tout, partout apparaitre comme les plus ent~tés à s'aveugler
sur le-s aspirations in,viociùfes d'un mondequi va tSe transformant toujours~ On se .demandait .si, à, la longue, nous .ne finirions point p.ar être dépordés, les peuples après tout ayant
besoin de vivre, et les sophismes que nous opposons à l'évi:
dence des causes qui paralysent leur activité impatiente, ne
pouvant tromper leur faim . Et dominé par ces vues critiques,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

surpris à la fois de la faiblesse des raisons fournies par les partisans du statu quo, obligé de reconnaître, comme un fruit se
reconnaît au goüt, leur misère intellectuelle, l'on sentait en soi
une tendance vers le blâme et le regret. Mais non ! La nature
répare _les ruines avec l'aide des plus humbles parmi les
hommes, et tout l'art politique ne consiste qu'à distraire la
pensée, comme une chanson de route, pendant qu'elle agit.
Le miracle véritable de notre politique, c'est que .l'isolement de notre pays apparaissant plus manifeste chaque
jour, la substance des réparations fondant sans cesse, de telle
sorte que l'heure semble proche, où les réparations mêmes ne
seront plus qu'un article de compte à passer par profits et
pertes, l'opinion reste inébranlable, aussi confiante dans le
gouvernement, et p.as_un frémissement ne 1a parcourt. Elle a
compris, elle ne juge plus, bref, - nous avons tous « fait la
guerre », - el1e s'en f...

,

...

LE

*

* *
S'il reste malgré tout en France, quelques esprits curieux de
méditation, voici pour eux une occasion assez rare. Tandis que
la politique s'est faite la chose la plus quotidienne, à qui le fait
de chaque jour à lui seul suffit, chose sans passé, sans avenir,
sans logique et sans lois, un jeune écrivain vient d'écrire une
histoire des trois années dernières. Et par une tendance d'esprit
devenue vraiment singulière-, en ce temps où le dadaïsme,
niant les effets et les causes, sert de symbole à la confusion
.générale, il s'est efforcé d'établir des rapprochements, de chercher des explications, d'ouvrir des perspectives, de formuler un
plan d'action. Nous ne saurions affirmer que le livre de
M. Fabre-Luce sur la Crise des Alliances, ne passera pas
inaperçu, que sa clarté et sa fermeté ne paraîtront pas des
faiblesses. Ceui-là S!! plairont pourtant à le lire, qui aiment à se
T&lt;!ndre compte des rapports réels entre lesc faits, et qui croient,
-comme l'auteur, qu'il est des questions, même politiques, que
« l'intelligence peut résoudre ». Nous sommes, lui, vous et
moi, mon cher Rivière, entièrement du même avis.
ADOLPHE. DELEMER
LB GÉRANT : GASTON GALLIMARD.
ABll"EVILLll, -

IMPRUŒRIE F. PAILLART.

CARNET

DES ÉDITEURS

�2

LE CAR.N ET DFS ÉDITEURS

L'EFFORT CATHOLIQUE DANS LA
FRANCE D'AUJOURD'HUI

GEORGES GoYAO:

LE CARNET DES ÉDITEURS

TH.

SOPHIE

1 •

Dans une éloquente préface l'auteur oflre son livre à tous
ceux qui veulent connaître la France religieuse contemporaÎlle,
à tous ceux aussi qui n'ont pas encore compris qu'elle vaut la
peine d'être connue. Les idées qui y sont développées avaient
fait l'objet de trois conférences données par l'éminent écrivain à
la Faculté de théologie de l'Université de Strasbourg, en septembre 1921 .
M. Georges Goyau se défend de soutenir des thèses théologiques ou autres. Il se propose avant tout de tracer un tableau
aussi complet que possible des plus récentes initiatives du
catholicisme français sous le régime de la séparation. Il n'entend pas mettJt!' en balance les divers systèmes de rapport entre
les deux pouvoirs religieux et civil, et ses observations de fait
n'impliquent jamais aucune conclusion de principe sur la supériorité d'un régime de séparation. Il a voulu en définitive
apporter un témoignage de cette vitalité de l'Église catholique
qui fait, au cours des siècles, l'émerveilleltl ent des historiens les
plus profanes.
La partie la moins curieuse et la moins intéressante de cet
ouvrage n'est certes pas celle qui concerne les œuvres sociales.
Tous ceux que préoccupent à juste titre les problèmes du travail et d'une organisation nouvelle de la production sous toutes
ses formes, ne manqueront pa~ d'être étonnés de la part énorme
qu'ont prise les catholiques français à l'édification de l'économie
nouvelle. Les congrès de l'association catholique de la jemzesse fran-

çaise, les semaines sociales, l'union d'Etudes des catholiqties sociaux,
les secrétariats sociarJx, l'Action populaire : autant d'œuvres d'enseignement supérieur et de documentation dont le mécanisme
est clairement exposé et l'action mise en lumière.
Sur l'influence des sports, du scoutisme dans la vie d'une
nationi sur l'influence tonifiante d'une éducation physique bien
dirigée, le livre de M. Goyau abonde en remarques judicieuses,
Tous les catholiques, tous les Français, soucieux de voir la
nation se développer dans l'ordre et la prospérité doivent lire
ce livre où l'on montre la plus grande force morale du monde
s'attachant à former une élite capable d'apporter la collaboration la plus précieuse aux tâches multiples qui s'offrent aux
hommes d'aujourd'hui.
Editions de la Revue des Jeunes, 3, rue de Luynes, Paris.

3

LES PRINCIPES

DE LA THÉO-

1•

L'intelligence humaine a ses droits : quelle que soit la religion qui lui est présentée, il Jui faut s'enquérir d'abord des
motifs extérieurs qui peuvent justifier à ses regards l'acte de foi
qu'on lui demande ; elle s'assure en outre que l'objet même
de la foi n'est pas contradictoire avec les conditions de la pensée. De ces deux démarches, la théosophie n'autorise pas la
première. Ses preuves extrinsèques sont nulles : elles reposent
sur l'hypothèse d'une tradition occulte, c'est-à-dire qui échappe,
par définition, au contrôle de l'histoire,
« Notre unique préoccupation, écrit le Père Th. Mainage
au début de son étude, sera donc de répondre à, cette question
primordiale : la théosophie a-t-elle droit à l'existence intellectuelle ? » L'on découvrira, par la suite, qu'elle n'a point ce
droit: ses axiomes sont menteurs, sa méthode est incertaine ;
après qu'elle a expulsé par la vertu de ses principes toutes les
notions qui constituent le capital séculaire de l'intelligence et
de la morale humaine, la théoi;ophie réintroduit en fraude ces
mêmes notions et profite de leur attrait sur les âmes.
Conclusion attendue, dira-t-on. Sans doute. Cependant il
serait bien injuste, celui qui voudrait imaginer d'après sa conclusion l'ouvrage entier : de vrai les doctrines théosophiques
n'ont jamais été exposées avec plus de précision, et plus de
mesure - je dirais presque : avec plus de sympathie. Le
théosophe convaincu trouvera dans les chapitres d'exposition
qui forment la plus grande part du livre, un exposé synthétique exact et précis des doctrines d'une Annie Besant, d'une
Blavatsky. Une telle mise au point vient à son heure: la
théosophie comme son émule le spiritisme a bénéficié des
événements douloureux qui viennent de secouer Je monde.
Les âmes cherchent sur l'océan de l'incrédulité et du scepticisme
un point fixe où se rattacher. La théosophie n'est-elle qu'une
épave, est-elle la terre ferme ? II convenait que la question
fût posée. L'on ne pouvait la traiter plus honnêtement, mais
de façon plus décisive aussi, que ne fait le Père Mainage.
1.

1.

MAINAGE :

Un fort volume in-16 jésus,

]e-1111es, 3, rue de Luynes, Paris.

JO

francs. Editions de la Revue des

�4

LB CARNET DES ÉDITEURS

P.ÉLADAN :

LES DÉVOTES D'AV1GNO

propos de GosTAVE-LoUis

, avec un avant-

TAUTAJN '.

•

L',oo ne disti?gue pas encore quelle est Ja part qui demeurera
de _l œuvre_ qu à élevée Pé_ladan : œuvre trouble et confuse,
mais grandiose en son desse111, témoin trop fidNe d'une é o ue
fi~vreuse et désordonnée où il fallait forcer ·a voix p:Urq se
f~tre entendre} œu~re ég:le en noblesse aux œuvres parallèles
&lt;l un Barrès, d un Gide, d un d'Annunzio d'un Paul Ad
U
déf. t d é 1· ·
'
am. n
au . e r a isati~n pres.~ue ~nstaot lui nuit : de tempérament
e~dus1vement lynque, d imagination passionnée et amplifica~1ce,_ Péladan s'est pris pour un penseur, il s'est voulu d'abord
10tel11gent. Tel est le bovarysme qui gâte pour
nous presque
sans remède, Istar, Mélusine ou Typbouia.
Gus~ave-Louis Tautaio remarque justement que cc défaut
appara1: peud~ans les Di:votes d' AvigMn. C'est ici le récit d'une
pos~ess10n amour, conté avec tout le prestioe et l'éclat d
géme péladanien. Le roman se passe dans° la vallée
Rhône ~ù ,la nature s'humanise, « ou poudroie la Civilisation
et verdo,1e I Idéal _des races latines ,,, où l'air vibre. Dans la Provence ou le géme païen et le génie chrétien se sont succédés
sans _que le nouveau Verbe abolisse l'ancien, où Je grand Pau
sourit encore dans l'ombre de la croi victorieuse. C'est ce Pan
et cette croix qui nous apparaissent à chaque page des Divotes
dans leu: éclat et le~r v,érité, soit que Ramman, possédé, idolâtre, _boive avec délice I eau du bain de MIi• de Romani!, et se
nourrisse des miettes de sa table, soit qu'il discute avec les
prêtres de la nature de l'amour, soit que la belle Emezinde lui
don_ne à baiser son pied ou et consente à l'appeler chien. Un
géme torre_ntue~x se donue ici libre cours, jusqu'à l'aberration.
Que 1a voix baisse un peu, l'on n'entend plus qu'un délicieux
causeur, aux délicates nuances:

a:

Bou .SAGNOL. - le Blason ne défend pas de la concupiscence.
É
MEZlNDE. - Le vilain mot l
BoussAGNOL. - Pour une vilaine cl1ose !
~Ml.lJ. N. - Vilaine I Songez à ce qu'il faut pour la rempfacer pour
qu on y renonce...
'
É~œzn.o.E. - Dieu même !

JRAN DES
l.

B0NNESFEU!LLES

Un volume, aux éditions du Mo11d~ N1&gt;1J11tau 1 ...-,
. ~ B~ Ra Sp3l·1 •

LA VIE FINANCIÈRE
Le• néceaaité. du tirage de « La Nouvelle Revue FraJJ~e •
noua oblireant à livrer à l'imprimerie le bulletin ci-deaeoua quinze
joma avant ton apparition, noua nom bornona à y iDaérer dea
aper~u• d'orientation géaérale. Mais notre SERVICE DE RENSEIGNEMENTS FINANCIERS est à la diapoaition de toua noa
lecteurs pour tout ce qui concerne leur portefeuille, valeur■ à
.acheter, à. vendre ou à conaerver, arbitrare• d'un titre contre un
autre, placement de fonda, etc.
~dreuer les lettre• à M. Léon Vigneault, 5, rue de Vienne,
Paria, VIII• Arrondistement.

LA FINANCE

Actions ou Obligatio11s.
L'antique prestige des obligations avait déjà subi d'assez rude
atteintes avant la guerre ; l'énorme baisse qu'ont enregistrée depuis,
même celles qui jouissent de gru-anties absolues ou à peu près, a causé
une vive inquiétude parmi les innombrables petits capitalistes de ce
pays. Leur ponefeuille est, en effet, essentiellement composé de ces
v:1leurs dont on leur avait dit qu'elles étaient vraiment dorées sur
tranche. L'évolution du journal financier qui, pendant un demi-siécle,
s'en était fait le protagoniste enthousiaste et opiniâtre, nous voulons
parler du « Rentier &gt;), fondé par M. Alfred Neymark à la fin du second
Empire, est un signe des temps.
Les formules de placement de jadis, écrivait-il, sont périmées ; il
n'y a même plus, étant données les fluctuations des prix, de valeurs à
Tevenu fixe, puisque si le coupon reste fixe, il est payé non plus en
francs or, mais en francs papiers. Or, Je franc papier ne vaut actuellement que Je tiers du franc or, et l'on ne sait pas ce qu'il vaudra demain.
De plus, la brèche légére qu'y faisaient les lois fiscales s'est singuliérement élargie : c'est de 20 pour 100, et quelquefois plus, qu'elle réduit
.maintenant la somme à percevoir.
Voici certes qui n'est pas de nature à égayer les vieux jours de tant
de l'etits épargnants qui avaient placé toutes leurs économies enoi:&gt;Jigations. Mais, dira+on, des placements en actions eussent pu leur
.réserver des surprisi;:s encore plus cruelles. Et, de fait, nombre de
sociétés ont péri dans la période que nous vwons de traverser, période
si prodigieusement troublée au point de vue financier, industriel et
-commercial. Toutefois, elles restent en majorité celles qui ont survécu

�et leurs titres sont aujourd'hui, dans l'ensemble, à des cours de beaucoup supérieurs à ceux d'avant-guerre ?
De plus, et le journal le Rentier le déclarait sans ambages, les
actions . donnent maintenant plus de garanties de stabilité que les
-obligations. Que les p,rix de toutes choses augmentent, hypothèse qu'il
faut envisager, les obligataires verront décroître le pouvoir d'achat de
la somme fixe qu'ils continueront à toucher. Pour les actionnaires, des
chances sérieuses de compensation se présentent : avec des prix plus
élevés, les sociétés dont ils possèdent ·dès titres réaliseront- un chiffre
d'affaires et de bénéfices plus imporl.llnts et distribueront des divi- \
dendes·plus forts.
Ajoutons qu'après la baisse énorme -qu'elles olit enregistré~ 9-epuis
environ deux ans, les actions, même des compagnies les plus sqlides,
font à des cours si faibles qu'au fur et à mesure que la crise_s'atténuera,
elles se relèveront rapidement.

LA VIE FINANCIÈRE
Lea néceuitéa du tirage de « La Nouvelle Revue FranC;aÜe &gt;)
nous obligeant à livrer à l'imprimerie le bulletin ci-deesoua quinze
jours avant aon apparition, nous noua bornons à y insérer des
apercJU d'orientation générale. Maïa notre SERVICE DE RENSEIGNEMENTS FINANCIERS eat à la disposition de tous nos
lecteurs pour tout ce qui concerne leur portefeuille, valeurs à
acheter, à ve.n dre ou à conserver, arbitrages d'un titre contre un
autre, placement de fonda, etc.
Adresser les lettres à M. Léon Vigneault, 5, rue de Vienne,
Paria, VIII• Arrondissement.

LA BOURSE

Notre Bourse paraît retrouver un certain sentiment d'optimisme
encore un peu confus, mais qué là tendance 'plus ferme de la plupart
• des valeurs spéculatives e~prime assez bien. Au reste, les _places de
New-York _et dC: Londres .sont manifestement mieux disposées. En
tout cas, si l'on ·comprend que les milieux fü,1anders restent ici fort
réservés :JU sujet d_es !~sti.ltats à atte!_!dre pour notre J!ays de la Confé~
reJ'.!Ce de Gênes, il n'y a évi&lt;!emment _a!l_mne._ raison .B0ur que nos
grands ~itres in,dustriels ne se relèvent pas enfin après une période de .
baissE~qui dure depuis bientôt deux ans.

. PE[IT GOURRIER
225. Di;on.
Je ne vous conseille pas de' vous placer SJ;_IT les
valeurs que vous me· signalez, lesquelles sont à mo!l avis beaucoup
trop spéculatives. Vous pourrez trouver acfoellei:qent ir employer vos
&lt;:apitaux· dahS des. valeurs de tohi: '.premier ordre, ne· comportant pas
d'al

as.

.

]. B ..... - Oui, je suis à même. de vous renseigner utilement sur
tou~~s 1es valeurs çomposant votre 'portefe,qillj!. ,n'.qésitez ·.donc ·pas à
m'en âdrésser la liste, .e t, en. voûs documenta.nt
é.bacune d'elles, ir
vous indiquerai, s'il y a lieu, les arbitragès- q!,le vous auriez intérêt à
.effectuer. ·
'• ·•
•
'
.
·

;ur

René B .... - Je puis.; en effet, v.ous . procurer les renseignements
~ue vous voulez bien me demander. Veujllez me, fair-é' connaitre votre
nom et votre adresse,la place me faisant :défaur·id -pour vqus répondre utilement.
•r

LÉON V.:GNEAUf'î'

LA FINAN&lt;:;E

.

L'ôrientalion des placements.
f

L

On ne saurai~s'étonner que la vivacité avec laquelle s'étaient avancés
nombre ·de titres-de tous les compartiments de 1'l cote, ait fait assez
rapidement place à plus de calme. Les hausses enregistrées ont été à
peu près enti~rement consolidées et il faut savoir se contenter pour
l'instant de ce premier suètcès. Cependant, il est un groupe et c'est
malheureusement le plus important, qui a fait exception dans l'ensemble. L'allure maussade de nos Rentes, puisque c'est d'elles qu'il
s'agit, comme on l'a deviné, a suscité de multiples commentaires. On
comprend facilement que ceux que ne satisferont pas entièrement la
politique financière actuelle et les théories fiscales du jour leur aient
attribué l'état peu brillant de nos fonds nationaux, qui déteint naturellement sur Jes obligations garanties par l'Etat. Comme celles-ci et
ceux-là forment une ,~onne partie de notre fortune mobilière, la question est capitale.
Nous avons dit ici même ce que nous pensions des nouvelles
mesure~ d'inquisition fiscale que contient le projet de budget de r 92 3
et nous ne voulons pas y revenir, non plus que sur notre situation
financière qui appelle évidemment une politique d'économies strictes
que l'on ne cesse de préconiser sans vouloir la faire rentrer dans la
réalité. Nous devons reconnaître aussi que la nouvelle dépréciation "du
franc accompagnée de la baisse effrayante du mark ne sont point faites
pôur avantager nos Rentes et les titres qui en dépcmdent.
Mais le capitaliste qui a à gérer un portefeuille et ~ employer des
disponîbilités, qui do1t acheter et vendre des titres, ne peut s'attarder
indéfiniment dans la discussion des problèm~s du jour. Il lui faut

�prendre des décisions et parfois fort rapidement. Or, les principes sur
lesquels il se ba-?ait jadis, il se rend bien compte qu'ils ont étë balayés
par les ~vénements. Que ~ont devenues les valeurs de pète de famille,
les valeurs de tout repos qui faisaient l'ornement et la gloire des portefeuilles immuables ou presque dans une sécurité que n'arrivaient pas à
ébranler les petites crises du temps passé.
li n'est point cependant de courrier. qui ne nous apporte quelques
lettres ou se manifestent de tenaces illusions sur le sort futur de ce que
l'on appelait les valeurs dorées sur. tranche, qui sont accompagné~saujourd'hui à la cote par un nombrl' de titres énorme et qui s'accroîtra
encore presque_de semaine ·eu semaine pendant de longues anrtées.
N'est-il pas certain qu'il se trouvera toujours des ventes forcées sur ces
émissions qui vont par centaine:,, de mille, alors que les acheteurs leur
manqueront, parce qùe les disponibilité~ qui se reconstiruent sans arrêt,
vont naturellement se p-orter vers les émissions nouvelles qu'oa leur
offre sans répit ?
Fort heureusement, il est d'autres titres qui échappent à cette fatalité. Le choix parmi nos solides valeurs industrielles est-il donc si difficile ? Leur fermeté actuelle a une signification dont l'importance ne
saurait éch;ipper. Il semble bien qu'à moins d'une aggravation peu
vraisemblable de la situation politique et européenne, l'on puisse envisager pour l'automne des conditions bien meilleures pour les usi_nes.
On s'àccorde pour reconnaître que les stocks sont épuisés. Faudrait-il
croire que toutes les branches de l'activité n'ont pas de hesoins nou-_
veaux en produits ~e·toute sorte ?

Dans son numéro du 1er. Août

LA NOUVELLE

REVUE FRANÇAISE
publiera

11

LE MARIAGE
DU CIEL ET DE L'ENFER
de

WILLIAM BLAKE

PETIT COURRIER
Un Abonné embarrassé. - Malgré la peite que vous subir.ez je -vous
conseille de vendre ces titres et je suis certaj.n que vous pourriez arriver, par 1.1ne opérati-ou appropriée, à compenser votre déficit. _

ANDRE GIDE

Jean de B .. . - Oui, je suis entièrement d'aceord avec vo'tls ¼ce sujet
et j'estime que Je moment est choisi pour mettre en portefeuille dès
maintenant des valeurs industrielles 'de tout premier ordre ; donnezmoi votre adtesse et je vous documenterai uiilemem à' ce sujet.

et

la première partie de

Un Lecteur bretqn. - Ne ~raignez pa§ de me questionner au sujet des
;valeurs cQmposant votte portefeuille, jë réponds aussi r:apidement
qu'il m'est posstble et à titre absolumént gracieu:. à toutes les demandes
qui me sont ; dressées parïe~ Abohf.ré; ~et Leêteurs de la Nouvelle Revue
Française.
· •
]. C. 28 ... - Les titres dont vous m'entretenez sont bien négociables à la Bourse de Paris . Vous p~uvez donc, si vous le désirez, me
confier cette opération que je ferai eJtécuter au mieux de vos intérêts.
LÉON VIGNEAULT

.

'
1,

SILBERMANN
par.

!

~. JACQUES DE LACRETELLE

�LA VIE FINANCIERE
Lea néceHités du tirare de « La Nouvelle Revue Franc;aise »
noua oblireant à livrer à l'imprimerie le bulletin ci-deuoaa quiaze
joan avant aon apparition, now noua bornon1 à y inaérer des
aperc;aa d'orientation rénérale. Maïa notre SERVICE DE REN•
SEJGNEMENTS FINANCIERS eat à la dispoaition de toua noa
lecteur• pour tout ce qui concerne leur portefeuille, valeurs à
acheter, à vendre ou à conaerver, arbitrarea d'un titre contre un
autre, placement de fonda, etc.
AdreHer les lettres à M. Léon Vipeault, 5, rue de Vienne,
Paria, VIII• Arrondiaaement.

LA FINANCE
Inqufoïi.on fiscal,.
On a mis quelque temps à s'apercevoir que le proiet de budget de 192J qui
avait été l'objet d'éloges pré~ipités pour la clarté, la sincérité que l'on y avàit
découvertes avant même qu'il fût publié, contenait de menaçantes dispositions en
ce qui concerne l'extension des moyens dont dispose actuellement le fisc pour
faire rentrer certains impôts. et notamment ceux quj frappent les valeurs.
mobilières et les successions. De sorte qu'au moment oû l'on se réjouissait de
ne pas avoir li redouter de nouvelles taxes, les mesures projetées ponr arrêter
l'évasion fiscale inspirent encore beaucoup pl us de craintes.
Nous savons tout cc qui a été dh au sujet de cette évasfon. Faut-il ajouter
que les exemples cités ne nous sont jamais apparus que comme de simples.
exceptions? Nous connaissons celui du fameux capitaliste français qui possédait au Crérut Lyonoai$ un coffre-fort dans lequel il avait entassé pour
3 millions de francs de Fonds Egyptiens non timbrés. Tous les deux ou
trois ans, il prenait a Marseille le paquebot pour l'Egypte où il encaissait ses
coupons dans une banque du Caire ; puis il revenait nanti d'un pécule dont
les profits, dissimulés au fisc avaient largement payé les frais do voyage.
Il y a un cas plus nouveau ; c'est celui du membre d'une famille ducale qui·
avait loué, dans une banque de Bruxelles, nn compartiment de coffre où il
avait entreposé toute sa fortune. Sa gène, pendant la guerre, et la néccssit~
dans laquelle il se trouva d'emprunter a certains de ses parents, ont même
défrayé la chronique d'uu d~ nos grands cercles les plus connus. Enfin, qui
ne connait pas l'exemple de l'héritier d'un millionnaire célèbre qui s'en va à
trois heures, muni d'un pouvoir, fouiller dans le coffre que l'oncle possède
dans un grand établissement de crédit, après avoir certifié au préalable que ledétenteur du coffre est bien vivant. Une demi-1\eure plus tard, le décès du
malheureux oncle est officiellement annoncé à la mairie voisine ...
Tant ceci ne nous a pas convaincus de la nécessité de créer des milliers de
fo nctionnaires nouveaux en stimulant leur zèle par l'attribution du quart des
amendes, pour mettre fin à l'ingéniosité plus ou moins scrupuleuse de quelques individualith. An reste, le ministre n'attend gnëre de l'application desdispositions nouvelles qu'nne- cinquantaine de millions de supplément. Il n'y
aura peut-être même pas là de quoi payer les fuis de la mise en application

de ces mesures qni von t singulièrement compliquer, comme on va le voir, le
métier de banquier et celui de capitaliste.
Les banquiers sont tenus d'aviser l'administration des Contributions Directes
de tous les dépôts de titres effectués à leur établissement, ainsi que de toute
ouverture de compte de dépôt, d'avances, etc. Les deposants ou titulaires de
comptes doivent adresser à l'Admi nistrat ion un avis contenant leur état civil
au grand complet , sous peine d'une amende de 1.000 à ro.ooo fran cs. Les
banquiers sont tenus de mettre leurs livres, comptes et documents à ia disposition du fisc .
Aucun coupon ne peut être payé sans une déclaration signée par le porteur
et inruqnant les noms, prénoms, domicile, etc ... du vé,itable bénéficiaire.
Enfin, les banquiers doivent adresser à !'Enregistrement dans la quinzaine
du décès de tout déposant, un relevé de titres, sommes, etc ... appartenant à cc
déposant. Les coffres-forts en location ne peuvent être ouverts, après décès d'un
locataire ou d'un cc-locataire, qu'en présence d'un agent du fis.c. Le passage
d'u,;i: exposé des motifs commentant cette disposition est, notons - le, réell ement injurienx pour les notaires.
Les amendes qui doivent s'abattre sur le redevable récalcitrant ou ses héritiers, sont, est-il besoin de l'ajouter, de nature â les faire réfléchir: Empêcheront-ils la fraude, c'est moins certain. En tout cas, après les innombrables et
véhémentes protestations formulées contre une fiscalité qui prenait, depuis
quelques années, un caractère de plus en plus inquisitorial, après les assu rances formelles prodignées au monde de l'industrie et du commerce qu'un
tel système serait abandonné on tout au moins tempéré, on croit rêver vraiment quand on examine les nouvelles mesures envisagées par le Ministre des
Finances.
Peut-être pourrait-on s'incliner si les mêmes mesures étaient déja appHquées à l'étranger. Il n'en est rien et nous signalions, il y a huit jours, la
facilité avec laquelle les çapitaux allemands n'avaient cessé de s'expatrier, au
moment même où nous devions les surveiller de prés. Amsi donc, non seulement le contribuable français sera le plus écrasé par les impôts, mais il sera
en.:ore le plus étroitement enchainé par la légisbtion fiscale . Mais il faut
encore espérer que devant les inévitables réactions quj, déjà, se font jour
con tre eu x, les projets ministériels si contraires à natte tempérament, à nos
nos habitudes et au but même qu'ils se flattent d'atteindre, devront étre
abandonnês.

PETIT COURRŒR
À. L.-Jor. - Je tiens à votre disposition les renseigncm~nts que vous avez
bien voulu me demauder. Veuillez je vous prie m'autoriser à vous les adresser
directement, la place me faisant défaut ici.

Gaston L. - Donnez-:inoi exactement le montant de vos capitaux rusponibles et je me ferai un plaisir de vous adresser une liste de bonnes valeurs
intéressantes à classer en portefeuille aux cours actuels, de même que
je pourrai vous donner tous les renseignements sur les valeurs en votre
possession.

Mademoiselle G. R. -

Aucun de vos numeros n'est sorti an dernie r

tirage.

Madame Vtu'fle iù R. .. - L'assemblée générale de cette société a en lieu
ces jours-ci. Je prends bonne note de vous faire parvenfr le compte-rendu dès
qn'il sera publié. Veuillez me donner votre adresse exacte, s. v. p.
LÉON VIGNAtlLT

�Le Haut Comnùssariat du D• Nansen (Comité international de
secours à la Russie) nous communique l'appel suivant :
ACTION DE SECOURS AUX INTELLECTUELS RUSSES

Ge11ève, (54, rue d11 Rhdne), mai 1922.
Selon les rapports reçus des délégués en Russie de l'action internationale de secours, la situation des intellectuels russes est très critique.
Non seulement ceux qui habitent la zone de la famine sont atteints
aussi gravement que le reste de la population, mais, même dans les
villes non considérées comme affamées, leur situation est très difficile.
Professeurs et étudiants, affaiblis par la sous-alimentation, n'arrivent
plus à accomplir leur travail. Depuis que la famine a éclaté, les rations
gouvernementales qui leur étaient allouées ont été très réduites et
pour ne pas mourir de faim ils sont obligés d'abandonner leuts études
et de chercher toutes sorte, d'occupations.
Les étudiants étrangers ont compris leur devoir de solidarité envers
leurs camarades russes. L'Entr'aide Universitaire Euro~enne, dans
laquelle collaborent la Fédération Universelle des Associations Chrétiennes d'Etudiants, l'organisation intematiooale des étudiants catholiques « Pax Romana » et la Confédération Internationale de$ Etudiants, recueillent des fonds pour secourir les étudiants russes.
Différents milieux·tmiversitaires ont déjà apporté leur aide à la Maison
des Savants de Pétrograd, par l'intermédiaire du Comité Finlandais de
Secours aux Savants et Ecrivains Russes.
Il est urgent d'étendre cette assistance aux autres villes de Russie.
Le Haut Commissariat du Dr Nansen a décidé de secourir immédiatement 200 intellectuels, en particulier des professeurs, dans dix villes
universitaires de Russie et d'Ukraine. Un paquet de vivres du Service
de Transmission de Paquets Standards du Comité International de la
Croix-Rouge et du Haut Commissariat leur est remis mensuellement.
Grâce à cette mesure, 2000 universitaires vont recevoir quelques
secours pendant les trois prochains mois. L 'Entr'aide Universitaire
Européenne, qui secourt les étudiants de Moscou et de Saratov, va
étendre d'autre part son activité à des villes nouvelles. Mais en Russie,
il y a 9.000 prolesseurs et I r6.ooo étudiants, en Ukraine 3.028 professeurs et 562.000 étudiants.
Pour pouvoir continuer et développer son œuvre de solidarité internationale, le Haut Commissariat a ouvert un fonds spédal de secours
aux intellectuels russes. Toutes les personnes qui versent la somme de
2 1/2 dollars ou son équivalent en monnaies nationales, peuvent
donc leur envoyer un paquet de vivres. Les particuliers et organisations
donateurs recevront la liste des personnes auxquelles un paquet aura
été envoyé grâce à leur versement.
Un pressant appel est adressé aux universitaires, aux sociétés
savantes ain.si qu'à tous ceux qui comprennent la nécessité de secourir
les intellectuels russes si durement éprouvés.

/.
J1

.

.
LE

CARNET

DES ÉDITEURS

�2

LE CARNET DES ÉDITEURS

ANTONIN SEUHL : PATATI-ET-PATATA EN GUERRE~

un _volume in-18 de 268 pages•.
Il semble ·que les romans d'utopie à la manière de Swift
reviennent à la mode. M. Antonin Seuhl nous a fait connaître,
dans un précédent volume, la république de Patati-et-Patata
qui n'est point banàle, puisque c'est une république gaie, ou
trois manants d'il y a sept cents ans qu'un savant a pu rappeler à la vie, trouvaient matière à exercer les dons d'observations et d'ironie que l'auteur leur prête généreusement. Cette-donnée n'est pas nouvelle, mais un homme d'esprit n'est pas
embarrassé d'en tirer un excellent parti. Voici donc un seigneur du moyen âge, un clerc et un manant qui se mettent en
quête d'une situation conforme à leurs capacités et à leursgoûts, lesquels naturellement datent quelque peu. Par bonheur,.
si l'on peut dire ( mais il s'agit d'un roman gai), un conflit
éclate et la République de Patati-et-Patata est entraînée dansune guerre défensive. Naturellement l'auteur envoie le manant
au front, car il n'appartient pas à un auteur satirique de·
heurter de front la croyance populaire qui veut que les seulesmains calleuses aient manié le fusil ou la grenade. Le clerc.
se fait journaliste et l'on pense que dans ce nouveau.
métier il entend et voit beaucoup de choses divertissantes.
Enfin le seigneur médiéval, vite àdapté à l'esprit de l'arrière,,
s'enfonce davantage encore dans cette région bienheureuse.
Rien n'est plus comique que le tableau de Bordeaux en 1914,
de Paris e.n proie aux marraines, aux permissionnaires et
aux mercantis, rien n'est plus âpre aussi, car on sent beaucoup
d'amertume dans cette satire qui prend vers la fin du livre une·
tournure quelque peu véhémente. Cette brève analyse indique·
suffisamment l'esprit du livre qui, bien entendu, ne plaira.
pas à tous les lecteurs. Mais il eh est bien peu qui résisteront à
l'entrain et à la fantaisie de M. Antonin Seuhl, qu i veut a'vant
tout divertir le lecteur et l'ayant fait rire copieusement le laisse
sinon convaincu, du.moins désarmé.
J EAN DES BONNESFEUI LLES.

LE CARNET DES - EDITEURS

LA VIE FINANCIÈ,RE
·
'tea
· du tir'age de « La Nouvelle Revue Francaiae
. Lea necesai
, . »
noua obligeant à livrer à l'imprimerie le bulletin c!•dea~ou~ qwnze
jours avant ,on apparition, noua noua bornons a Y inaerer des
apercus d'orientation générale. Mais notr~ SE_~VICE DE RENSEIGNEMENTS FINANCIERS est à la dispos1tio~ de toua nos
lecteurs pour tout ce qui concerne leur portefeuille, valeurs à
acheter, à vendre ou à conserver, arbitrages d'un titre contre un
autre, placement de fonds, etc.
.
Adresser les lettres à M. Léon Vigneault, 5, rue de Vienne,
Paria, VIII• Arrondissement.

LA FINANCE

A propos de tuyaux.
La Bourse a connu depuis trois ans les crises les ,elus violentes de fièvre spéculative et le~ séances les plus _vides. ,On
comprend que la question de savoir qm gag1;e o? qm perd a la
Bourse se soit posée de la sorte avec plus d _acmté ~ue dans les
périodes de grand calme où les cours ne _v~nent qu av~c la plus
extrême timidité. Un économiste fort d1stmgué panm les plus
distingués a répondu à cette question d'une façon_ p_éremptoue :
seuls a-t-il déclaré, les gens en inesure de recueillir des tuyaux
peuv~nt gagner _de l'argent en sp_éculan_t.
..
Il faut, à son sens, pour y arriver, vivre au m1h~~ des boursiers, fréquenter les antichambres des hommes . poh~1ques_, coudoyer les dirio-eants des banques et des grandes sociétés m~1;1strielles moye~nant quoi on joue à coup sûr. _Seuls, les ma ms
qui onf recueilli au bon endroit les précieu~ tuy~u~, peuvent
faire fortune à la Bourse ... Et notre économiste d a1outer que
le brave homme possesseur de quelques épargnes lentement
accumulées, ne pourra jamais les _a_ccroît~e à la Bourse,, ca:
éloigné par ses occupations des milieu~ ~u se font les ével~s
ments où se foro-ent les nouvelles, si 1on veut parler P
mode;tement il n~ pourra jamais être informé à temps.
Si notre éc~nomiste connaissait mieux le monde &lt;les sp~culateurs, ·il saurait, au contraire, que ce sont les gens lesf] mieux
renseignés q' ui ont sauté il y a deux ans, lors du dégon ,ement
·
d' un e de nos
Précipité du boom. Tels employés sup éneurs
·
d' un e de nos grandes
orandes firmes de pétrole, te1s d.mgeants
B
tanques voyaient la Royal Dutch à 100.ooofrancs et la De :r,r
à 2.000 Leur simple bon sens a, par contre, empêch_é nom ~e
. cap1ta
. 11stes
.
·
de petits
qm• avaient
a1ors de toutes petites pos1-

!

l . Ollendorff, éditeur, 50, chaussée d'Antin, à Paris.

3

�LE CARNET DES EDITEURS

tions à la Bourse d'y laisser jus~u'à leur dernier sou et beaucoup y ont gagné de l'argent. C est que l'on peut être malin en
affaires de Bourse sans être renseigné. Il n'est même pas trè
avantageux d'être trop près de ceux qui sont dans le mouvement, parce que le mouvement c'est l'engrenage.
Au reste, fallait-il être si extraordinairement fin pour supposer qu'un titre ayant doublé de valeur, allait par ce fait même,
courir vers de tels risques qu'il était préférable de réaliser le
bénéfice qu'il avait déjà rapporté ? La Bourse n'échappe pas
aux règles générales et 100 °/ 0 de bénéfice, c'est tout ce
qu'il y a de mieux. Il ne faut eas essayer de décrocher la lune.
Il est arrivé, hélas, que la maiorité des boursiers dûment stimulés par de mirifiques tuyaux, ont oublié ces règles salutaires
et ont voulu tenir le coup : ils ont aussi rendu à la baisse, ce
qu'ils avaient gagné à la hausse et le plus souvent davantage.
Il n'est même pas douteux que nombre de Banques ont fait
de même et c'est pourquoi elles ont dt'1 procéder à d'énormes
amortissements pour faire disparaître de leurs bilans, les pertes
enre~istrées sur les participations et le portefeuille. Aujourd'hui, le vent change et les meilleurs des titres sont tombés à
des prix qui ne risquent plus rien. La hausse n'est pas loin.
La vérité est qu'il faut savoir chan~er ses positions d'après
l'allure des événements, qu'il faut savoir acheter en baisse et
vendre en hausse, et ne pas escompter une baisse indéfinie,
comme le font en ce moment ceux qui ne trouvent rien de
mieux à faire que d'employer leurs disponibilités en Bons de
la Défense, ni une hausse indéfinie comme ceux qui, il· y a deux
ans, voyaient la Royal Dutch à 100.000 france et la De Beers
à 2.000. Et puis, il y a mieux que les tuyaux qui pa.~sent de
bouche en bouche en se déformant; rien ne peut suppléer à
l'étude sérieuse de l'affaire à laquelle on veut s'intéresser et des
cc,nditions générales dans lesquelles se trouve l'industrie à
laquelle elle appartient. Cette étude, les joueurs la dédaignent ;
le capitaliste sérieux y trouve tout avantage.
LA BOURSE
Les dispositions ont été un peu meilleures à la Bourse durant
les dernières séances sans cependant accuser une orientation
très nette vers la reprise; l'ensemble des faits et des éléments
qui caractérisent la situation internationale actuelle, ne s'y prête
pas encore. Mais nos grandes valeurs industrielles ont montré
beaucoup plus .de résistance. Quant aux fonds et valeurs à
change, ils se sont naturellement ressentis de la détente des
devises. Le relèvement progressif du franc est d'ailleurs un
indice d'une importance qui n'échappera pas.
LÉON VIG."i'EAULT

�</text>
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                  <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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                <text>La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique, 1922, Tomo 19, Julio-Agosto</text>
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                <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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Tomo l.

Monterrey, N. León, 3 de Julio de 1901/..

Núm. 5.

Renacimiento.
SEMANARIO.
Directores:

.ti. de la Paz Guerra y Santiago Roe/.

EDITORIAi~.

La Exposición Nacional
Con el entusiasmo que por todos los progresos del da en medio del atraso intelectual y solo por un esfuerpaís tienen los hnenos mexicanos.se ha estado tratando zo incomparable de trabajo intenso, de trabajo perseveen la prensa el sensacional proyecto de una Expo,ición rante.
~acional. Si queremos probar que nuestra era de paz
Para todos las Naciones la Exposicion Nacional bono ha sido de ·etárgico sueño; sí queremos justificar que rraría la antigua historia de México, borraría la histom1estra:- actividade::s no han estado dormidas; !'i que- ria de las revoluciones que por mucho tiempo ahoga-remos enseñar á las naciones civilizadas que nuestro,.; ron el trabajo en su círculo de hierro. Mas desde cualprogresos son reales, y si queremos demostrar que aun I quier punto de vista, la Exposición reportaría inmencolocado nuestro Pais á la retaguardia de las naciones sos beneficios á la República. Para ella representa un
civilizadas, como dijo un publicista, ha alcanzado gran- nuevo lazo de un ion entre todas las entidades federatides adelantos en la escala del progreso, nada mas útil vas,porque dando á conocer la vida industrial y comerni mas bueno, ni mas digno de aplausc,, que una Expo- cial de cada Estado, haría mas fácil el cambio; en relasición Nacional.
ción con las dem:is naciones, con las que solo entablan
Q11e t-spectáculo tan hermoso. Atraer la atención de amistades con los países mercantiles, la Exposición les
todas las naciones sobre nuestros productos nacionales; ofrecería la seguridad de la vida de sus grandes empremoHrar á sus asombradas miradas la regia exhuberancia sas, y, en general, proclamaría aquella, la victoria del
de nuestras 1egiones meridionales, opulentas de vida; pueblo joven sobre todas las creencias, sobre todas las
descubrirles el seno de nuestras montañas Y enseñarles supersticiones y sobre todo los retrocesos que detienen
su:-. frutos de oro, nunca agostados por la ruinosa ava- aún la marcha de México, porque todavía hay quienes
ricia de antiguas y extrañas generaciones; presentarles suponen que cualquier adelanto social ó intelectual, es
los múltiples inventos con que el talento nacional ha una amenaza para la tranquilidad del pais.
enriquecido nuestra P 3 tria; ofrec~rles ~as inc?ntaA la prensa toca propagar por todas partes la idea de
bit:~ manufacturai- de nuestros laboriosos mdustnales; ese gran certámen nacional; no esperemos como estaen pocas pal~bras, enseñar todo ~o que pioduce Y crea mos acostumbrados, á que todas las iniciativas surjan
nuestro _México, Y, todo lo que m~·en~an Y desc~bren del elemento oficial ó del Gobierno: que nos quede la
los mexicanos, sena una ~br~ ~s?I~ndida_ qu~ han_a co~ gloria de haber iniciado y sostenido la mas grande manocer todos l?s ~ro~resos_; mictana la mmigra:10~ ª nifestación de nuestro progreso y la honra de haber ennuestra Patn~, mmigra~ion que, como en la ~epubhca I señado al pueblo que cuando necesite algo grande, nodel Norte, sena fuente magotable de prosperi&lt;lades.
ble y justo, no lo pida humildemente, sino que debeexiEn la esfera intelectual, sería la Exposición un pro- jirlo de sus mandatarios. La propaganda de esta idea, por
greso, !'i menos trascederital, no por eso menos signifi- la prensa, sería el primer paso á la realización de la
cativo. Eslimularía á los autores, Y nuestro derruido I Expo!'ición Nacional; la Exposición Nacional nos propalacio literario, se levantaría muy grande, sinó para porcionaría el medio de conocer todos nuestros adelanasombro del mundo, si para honra de México. Y nues- tos para apreciar su valor; sería para nuestro pueblo, intra inmensa obra de construcción, ya que antiguamen- dustrial y trabajador, un estímulo saludable en alto
te México nunca había alcanzado más grandes adelan- grado y un impulso vigoroso hacia el mejoramiento intos, se presentaría á la observación de todos, con la Itelectual, político y económico de la República.
habitual rudeza que nos caracteriza,-es verdad,- pero COII el indiscutible y doble mérito de haber sido creaLa Redaeei6n.

I

•

1

�2

REXACUIIEXTO.

pregunta, que queda sin respuesta,
se formula allá en lo más recóndito
de mi alma: ¿Habrá ella cumplido
su
promesa i se acordará de mi? ..... .
Para ''Renacimiento"
I tú , ¿no oyes una voz que te dice al oido quedo, mu y quedo:
-Ya es hora!
Acuérdate de mí. ..... !?
-Qué! ¿Tan pronto?
O. B.
-Sí, ya es hora, repetiste.
I, en efecto, ya era hora; el mo- México, 21 de Mayo de 1904.
~~~~e:~
mento te1 rible de decirnos el adiós
último había llegado.
~fe miraste tristemente i me tendiste la mano que estreché con el
cuidado i timidez con que se estre- Efemérides de la semana.
cha la tierna manecita de un niño.
El "adiós!" se negaba á salir de
Dia 25 de Junio.-El Almirante
mis labios i sólo dos lágrimas ardien tés rodaron de mis ojos á tu Togo participó al Gobierno Japonés
un encuentro por mar entre ambos
mano de nácar.
Al fín, llamn.ndo en mi auxilio á ejércitos, en Puerto Arturo, en el
mi voluntad entera, pude modular que los Rusos perdieron los buques
con ,·oz embr.rgada, imperceptible: Peresviet y Sevastopol, y el crucero
- Adió"! Acuérdate de mí ...... ! " Diana" averiado.
,.-Una brigada de cosacos atacó
-No temas, mi amado, contestaste; por la mañana, cuando la las avanzadas Japonesas en Sin Yu.
Aurora sus palacios brillantes abra Los cosacos perdieron siete hombres.
-El ejército del Gral. Oku sigue
al Sol, de tí me acordaré i tu nombre será el primero que mis labios avanzando cautelosamente hacia Semodulen al elevar mi plegaria ma- nucken, camínand0 seis millas por
tutina; cuando la noche tienda so- dia y en orden de batalla, esperando
bre el mundo su manto de tinieblas el encuentro con los Rusos.
-Dia 26-Los Japoneses creen
i de horror, de tí me acordaré i tu
imagen será la estrella que me guíe; que por los primeros dias de la secuando el placer me brinde mil son- mana próxima tomarán ~ueva
risas. de tí me acordaré i tu recuer- Chwang.
-Pa.;aron al Oeste de Liao Yia
do será la sonrisa más pura i la aleShan
alguno:-. buques de incógnito.
gría más íntima que el placer pue-En
la ciudad de Ta 1'hoe Kiao
da prodigarme; i á los triste&lt; reflehay
actualmente
cerca dt- 40,000
jos de la tarde. á esa hora singular,
á esa hora de lucha entre las som- Rusos que se preparan para atacar
bras i la luz, de tí me acordaré i tú á las fuerzas Japonesas. Este será
reinarás en mi pensamiento i en mi el ataque decisi,·o.
-El cólera se ha desarrollado enalma con reinado tierno i absoluto.
La cadencia triste de tus fütimus tre las tropas Rusas.
-Día 27 .-Los telegrama,; anunciapalabras, la ahogaron tus lág rimas
i el ruido de mis besos, de mis be- ban una próxima colosal batalla.
sos imnaculantes, que tímido impri- Ambos ejércitos se movilizaron rápidamente para encontrarse y al pamía en tus liliales manecitas_
recer con intencióne&gt;- ele decidir la
Desde entonces, aquella promesa la guerra actual.
sagrada, porque fué hecha al sepa-Lob R11sos y Japoneses han !iI
ranios, ha quedado grabada con brado cuatro pequeños combates en
fuego en mi cerebro i tu recuerdo que la victoria ha quedado indeci!-a.
siempre vivo se agita nerviosamen--Segun opiniones de altas persote con Aurora i Astartea , cuando la nalidades militares, el Gral. Ruso,
luz ó las sombra.e;, la alegría 6 la Kuropatkin ocupa una posición detristeza inrnden mi cerebro; i una masiado peligrosa, p11es la táctica

Meseryiana.

Japonesa sabrá aprovechar algunos
flacos del ejército.
,-Se han reunido los ejércitos de
Kuropatkin, Kuroki y Oku y en total el número de plazas asciende á
la enorme suma de 300,000 hombres
Los Rusos se proponen dará los Japoneses un ataque decisivo.
Día 28 de Junio.-EI Gral. Kuropatkin retrocedió al Norre, según
informes de la Prensa Asociada.
-'(Tn ejército Japonés clerrot6
completamente cinco batalJones R11 sos y dos regimientos de caballería
con dieciseis piezas de artillería.
-En uno de los ultimos combates entre Rusos y Japoneses fné
muerto el corresponsal de uno de
los mas grandes periódicos ele L6ndres.
Día 29 elt Junio.-EI Gral. Kuropatkin ha enviado al Czar 1111 despacho donde le anuncia el resultado
de la última batalla con las tropas
Japonesas.
Dice que aunque comenzaron el ataque con probalidades de éxito, los japoneses se vjeron reforzados por sus reservas y
ellos (los rusos ¡ tuvieron que abandonar el campo.
-Algunos rusos que llegaron á
Nue va Chwang dicen que se ha librado {tltimamente un colo.,al combate naval en el que fué destrnida
la flotilla Japonesa .
Se han vi:-.to pa"ar por la costa
oriental de Vladivostok algunos ~uques desconocidos, que se cree forman parte de la flotilla dd almiran te Japonés Togo.

- El almirante Ruso en 1m extenso informe rendido al Czar Nicalás.
da c11enta qe todos los últimos combates que han tenido lugar entre el
ejército beligerante.
150 años.

Acaba ele fallecer en San Simón ,
el Sr. Antonio Ramírez Rey , que
durante tantos años St' dedicó á la
agricultura.
Ramírez Rty , falleció á consécuerrcia de la caída de un caballo ~· á la
edad de r 50 años.

HIOG·RAFIAH COR'rAS DI~

N l }E, ~OLEON~~s~~s I L l_"'STRES.
~~~

Dr. Fray Servando Teresa de M ier.
Entre ¡, ,:-. hombre:-. de
mérito que ha producido
Nuevo León, ninguno es
comparabl&lt;.- al Dr Sen•an,lo Teresa de Mier No~iega
y Guerra cuyos servicios
á la Indt'pt ndencia de la N' ación y á la Repúbli~·a. Y cuvosabervazarosí,..ima vid,1
Íe han cl;do 110 poca celef)ridad
( Dr. J . Eleuterio
Gonzált-z. )

ras de la Virgt-n de Guadalupe y con uu fondo de sesenta mil pesos en
que había de ser el prólogo de una haciendas y finca"-.
vida azarosa. llen:i de sufrimientos Permaneciódosmesesenesta situa¡ · t
y persecuciones infames de las que ción y fué embarcado conva ec1en e
snlamente los eli,cíp11lo'- de Loyola ele fiebre &lt;'011 dirección á un conven,ahen poner en pd.ctica y c¡ue Fray to apartado ele España, donde debía
Servando pudo ,iempre re'-istir con cumplir la sentencia de diez años de
su filosofía sublime.
destierro que le impusieron por sus
De la apología que el mi.;mo Dr. "heregías," cometidas al negar la
Mier escribió, y que se encuetra en tradición de la Guadalupe.
l.
una de las obras de Gonzalitos, saEl arzobispo Raro, por medio de
El Dr. Mier, como ,!ice Gonz.ali- 1 camo, lo,-. !-Siguiente&lt;:. puntos biográ- una ,erie de calumnias que hizo
tos, fué uno de lo!- mas grandes hom- ficos. que no, ,erviráu para descri 1 ir propalar para que llegaran á oídos
bresque hn procl11cido N11evo León Y á la ligera la vida del célebre Doctc,r. dela Corte por los informes reseruac¡ue ha pre,;tarlo mayores servicio-. á
Cl,IDO dijimos antes, Fray Servan- dos, con!-iguió que siguiera Fray
la Independen :ia de Anahunc Y con- do fué invitado para pronunciar un Sen·ando en prisión, no obstante su
tribuido á la realización de las ins- sermón el 1 2 de Diciembre, cuya in- inocencia, y lanzó un edicto episcotit11cio11es n·p11 1,:icanas: sin embar- vitación aceptó gu,;toso porque que- pal que mas tarde fué declarado ingo, hasta hoy ha permanecido olvi- ría desarrollar algunas ieleas q ne ven- fama tono y p:irto indignísimo de un
dado á grado tal, que una gran ma- drían á reforzar la de,·oción por la ' prelado. Repitamos con el Dr Mier:
yoría ele &lt;:.us ,·0111patriotas no sabrá Virgen de Guadalupe.
i E~ es el recurso de todos los podedecir. al oírsn nombre. si se trata de
El di.;currn re~ultó notable; foé ros~ cuando cometen un acto i:ifaun 11ac1onal ó de un extranjero.
un:i pieza oratoria enteramente ori- me: calumnian á sus victimas con
J u~to es que ina 11guremos la sec- gin:il por sus concepciones tan f1111- informes resen-Jdn,; ...... !
ción le · Bi0grafí:1s Corta,· que nos dadas, pero que mal interpretada!Fray Servando apeló á la Corte
hemo, propue:-to e,-crihir, con la vi- por el entonces Arzobi:-.po, D. Alon- de esa sentencia infame y se le reda del célebre y sufrido Dr. Fray so :Núñez de Raro, más bien por en- solvió que se mantuviera preso y paServa :1do Teresa dt :\1ier, Noriega vidia y m::ila fé que por ignorancia, .;ados dos años recordara su preteny Guerra.
y fundado en que había negado 1a ci6n .... i Las caiumuia" surtían efecX 1~ió en v-ta Cillchcl ele ;\lonte- tradición de la Virgen de Guadalu- to . . . !
rrey el 18 ele Octubre ele 1763, en J:, pe, que en aquellos tiempos conSt i&amp;to no era para intimidará un
casa No. 26 ele la calle del Comercio, tuía delito duramente penado, fué Ihombre del templo de Fray Servananuguo Colegio de Jesn11as, "iendo mandado procesar ,. se º rdenó á los do que resolvió acudirá lo manda:-.ns paclres D. Joaquín ele Mier y ~o- clem:ís ~lérigos que predicaran con- do en el E,·angelio: fugite. Saltó
riega y D."' Antonia Guerra.
. t~a el eliscurso ~ contra la pe~ona- por una ventana y se internó en
U•!- primeros años los pa!-Ó Fray hdad dc:I D~. Mier para ene~i:m_tarlo los bosques, llevando s~lo dos~Sen-ando en una escuela de esta ~a- con el pueb,o, 10 que com,igmeron sos en sus bolsillos. Su 1gnoranc1a
pita!. co111inuanelo y concluyendo en gr.1n parte.
del terreno lo hizo pronto caer de
-.us e~tudios eclesiásticos en el coleSe le puso en prisión. no ob,tante nuevo en manos de sus enemigos
g io de dominicos do:: !\1éxico, gra- su fuero como descendiente directo que lo llevaron al convento de Saudu~udose de Bachillt:r á la edad de é inmediato de los conqt1istadores, y Pablo de Burgos, al año exacto de
fué tratado con gran lu¡·o de cruel- haber salido de México, porque las
27 anos.
Algun tic,-mpo de,pués fué comi- dad, llegando hasta mermarle los Caldas no eran bastantes para guar"ioirndo por el Ayutamiento ele la alimentos, bajo el pretexto de que dar un " criminal tan grande Y tan
Capital para pronunciar el famoso el co1\\'ento que le servía de prisión temido. "
S. R.
sermú11 ele! 12 de Diciembre. e11 hon- era muy pobre, siendo:que contaba

I

�REX ACIMIEXTO.

RE~ACIMIE.XTO.
+
..,.._,...,._..,.._,...,._..,.._,...,._..,.._,...,._..,.._,...,._..,.._,...,._..,.._,"""'..,.._,"""'~"""'~"""'~"""'~~~~~

La

116u"sJ•ca.
J. ~i
I

páginas de un libro escrito en griego para los que no saben griego.
De modo que, para el filósofo, tan
distante está de ser uni-..:r,almente
bella la música de la escuela wagnariana 6 moderna, como la tocada
en instrumentos infernales por los
\'irtuoso,; de cualquier pais salvaje.

El músico edifica palaciossuntuo- salmente bella? ¿Existe? Busquesos y castillos de fúnebre aspecto; mos sohtción á los problemas.
pinta en lienzo tenuísimo p1isajes lleLa música es un complemento del

1

l,•ido ta la Soriida,I Ci1ntifiio-Li11111ria, "Rmdmirnto."

nos de luz Y colores, Y paisajes som- lenguaje nabl:ftlo To:ias las lenguas
· bríos; horizontes azules, risueños, y existentes sobre la tierra podrán
La mfü;ica es motivo de alegría h~rizonte,; nublado~, melanc6licos, ¡ unas más y otras menos, al ser mapara el que e,;tá alegre, y para el tristes. evoca recuerdos de edades le- nejadas por hablistas geniales. jugar
triste uua fuente inagotable de tris- janísimas, lo mis;11o que recuerdos con nuestras pasiones, .pero nada más
tezas y pe:-ares. "¿Un pájaro que guardados_todav1a frescos en nues- hasta determinado límite quenopocanta, ríe ó llora?" Se preguntó tra ?1emona; ya es ti _cuadro que co- drl n franquear; y allí donde acaba
Campoamor en uno de sus poemas. 11 ~ 1m?s le):endº el hbro de algun sn dominio comenzará el de la múTal vez quede eternamente sin res- histºnador O poeta, 6 el que ha pa- sica. Lo que no pueda expresarfe
pue,;ta la pregunta del viejo bardo. ~ado ~r delante de nueS t ro~. ojos con palabras se expresará con comSi todos los humanos hemo,; de vi- impreSionándº 11 os con su realismo; binat'iones de notas; má!- se hará
vir dominado-. por el gozo ó por la ya e-; la mt'.e~te del gladiador Y_ la ca- sentir el rorazón con con una obra
pena; si al escuchar los cantos crista- rrera vertigmo'-a de la cuadriga en mu~ical hermosa que con al más acalinos de un ruiseñor, siempre hemos las arenas de un circo de Roma, Ó la bado de los discursos.
de traducirlos unos en sonrisas y I pareja de emimorados que hemos sorEso es la música ¿Y cual la uniotros en querellas, unos en alegres prend idos en el silencio de alguna ,·ersalmente bella? Veamo, lo que
parloteos y otros en quejidos lasti- alameda embebecidos en arro!Jadora sobre lo bello dice Voltaire en su Dicmeros, siempre, tarubien' llevaremos y sabrosísima plática, m urmurándo~ c1onano
.
. F'l
, fi co: "1 o bel! oqne no
I oso
en nuestras almas la duda dd poeta. palabras de amor como dos tórtolas I h'1ere ma~ que a, 1a 11nag111ac1011
.
.
. , y a, 1o
, '¿Un paJaro
,·
, o, llo- amantes '-e murmuran arrullos
que canta, m:
que comnnmente ,;e llama in~enio e,;
ra?" Pregunta es esta á la que no
El músico es un mago; pero con incierto; pero lo bello que habla al
debemos buscar contestación, secre- j su conjuro Y talismán maravillas 110 corazón no lo e,;." Podemo'l decir
to cuyo sagrado nodebemosanhelar conseguirá evocaren tociossusoyen- qnela mú'lica univ&lt;!rsalmente bella
nos sea descubierto. Contentémo- teslasmismasideasni losmismos..;en será la que domine ó haga conmovernos cou saborear el deleite que nos timieutos; no descorrerá para todos se los C•&gt;razones de tod0!- los hnmaproduce una música hermosa; con- el velo que les muestre el mismo paisa nos. ¿Existe mú-;ica semejante? Pueteutémonos con seutiruos domina- je ni la misma escena. E'&gt;a diver,,idad de asegurarse que nó. De todac. las de
dos por tila, encadenados tu sus 110- de impresiones que produzca &lt;lepen- las escuela,; existentes. la de la me•
tas, y no preguntamos iuutilwente derá del estado ,!el ánimo, de la sen- lódica (la que conocemos con el
si aquellos arpegios, si aquellas me- sibilidad Y ele la ilustración de los nombre de clá-;ica) es la que más se
lodías, que hacen asomar el llanto á qne e~cuchan. El poder del hechi- acerca á ella, porqu~ habla al cnranuestros ojos, 6 la sonrisa á nuestros cero está sujeto á lo &lt;t ne resulte z6n, en tanto que la de la armónica
labios. son ellos mismos, ex¡.,resión de la combinación de esa.'l tres ( la que conoc~mn..; con el nombre
de otras sonrisas ú otros llantos circun-;tancias pue-,tas en el hechi- de moderna) habla únicamente al
¡Cuántas vects bajo tu misterioso zado. i Pobre mago de poder in- ingenio. al oído experto, á la inteiufl.ujo, música divma, unos corazo- determinado! i Conseguirás cuando ligencia cultivada en estudio, erunes se habrán bullido alegremente más, impresionará tu auditorio: pe- ditos y cuidadosos La facultad de
mieutrasotrossesieutendesgarrados ro mientras la mitnd de los que te descubrir la belleza en la-; obra,; de
por houdísimo quebranto! ¡Cuánta-, escuchen esté llorando la otra mitad la última es el patrimonio r\e nnn..;
veces los rni,,mos auimales han de- tendrá dibujada en sus labios la son- cuanto..;; lo que diga 1111 conocedor
puesto :,U fterc:za ante la tieruisirna risa! Pobre artista ¿de qué música de música moderna de las obras de
vibración ele las notas que se estre- ' tendrás 4 ue valerte para dominar á los maestros de esa escuela será lo
meL-en en el ambiente! De,,de Orfeo, un auclitorioformadodegentesde to- mismo que liga 1111 salrnie del Afriel protagnista de la leyenda griega, dos los paíse, Y que representen á to- ca 6 ele Australia de los soberbios
hasta los ¡uglan:s de la India, en das las civilizaciones que viven? ¿Qué tañedores de los inc;trumentos cou
nuestros días, todos los músicos hau música de poder inmenso Y deencan- cuyos sone,; acompa:'ian su.., cantos
llevado eu sus insLrumentos un ta- tos desconocido-. será esa que lo mis- y baile,;; sólo éstos podrán adivinar
lismán al que mU) pocos de los se- mo subyugue al habitante de los la belleza encerrada en un ruido
res existentes no han domeñado su brumosos paises del Norte, que al ensordecedor que martirizará nnes
albedrío.
que se cobija con el brillante cielo de tros oídos. y sólo aqudlos podrán
los trópicos; al americano y al euro- percibirla ó adivinarla entre la infiEl músico es un mago; las notas peo, que al oriental y al africano? uidad de notas apiñadas y de rarísique salen de su i11stn11nento, un Esa música &amp;rá la universalmente mo~ arpegio-; que p'.lr.i muchos son
conjuro.
bella. ¿Y cual es la rnú,;ica nni,·er- tan insípidos y ob-;curo-; como la-;

I

!

r

,..

***

LJIS ESTRELLJIS.
~

De Ja&lt;.; e!'trellas blasfemé iracundo

Por hlasft.mar ele Dios hasta en s•.ts huellas,
Y huyendo de él y de ellas
Me arrojé al profundo,
Y ahondé, y ahondé;
Y atravesando el mundo
Hallé sobre mi frente las estrellas.
BALA.RT.

Esperemos al divino artista que
descubra y muestre á un mundo
asombrado la música de poder inmenso y de encantos desconocidos 1
que lo mismo subyugne al a·nericano y al europeo, que al oriental y al
africano; al habitante de los brumo·
sos paises del ~ orte q ne al que se cobija con e! brillante cielo de los trópico'-. Esa música será la de belleza uni\·ersal; no reconocerá distinciones de escm·las ni de nacione!o, de
iniciados ni Ie profanos. porque se·
rá cosmopolita.

-

Héctor González.

Para Ella.

La cabeza de Victor Hago.
~

Acorazad nuestra grandiosa esfera
Con un blindaje de oro rutilante,
Ponedle un torvo monte por semblante
Y un turbulento mar por cabellera.
Al fondo dad de la mirada austera
Un temblor de relámpagos brillante.
Y en los labios poned amor bastante
Para inundar la humanidad entera.
Brindadle por enorme fantasía
Todo el espacio en que despeña el día
Los ríos de color de su paleta.
Dadle por voz el rayo omnipotente,
Ponedle mil Vesubios en la frente,
¡¡Y ese es el cráneo inmenso del poeta!!
S. Rueda.

/ "DE RIMAS '.\IODERNAS'')
~

t.;11 enjambre de abejas tus cabellos parecen, de doradas abejas que
en el aire se mecen.

Un enjambre de estrellas eu tus
ojos florecen, de azuladas estrellas
que zafiros parecen ..... .
Cn enjambre de rosas tus mejillas
parecen, qne en las alas del sneño
misteriosas se mecen ..... .
Cn enjambre de besos en tu!- labios florecen, en tus labios, que fl.o- 1
re-; de granado parecen.

Para tí, mi princesa mís estrofas
florecen, mis estrofas, que aves de
alabastro parecen y en el mundo del
sueño misteriosas se mecen ..
Manuel Martlnez Rubio.

(El Dnque Juan.)

Desde entonces....
~

(Para "Renacimiento.")
A RAFAEL DELA FUENTE.
~

Era una hermosa tarde. La ventura
Sus le,·es alas sobre mi batía;
El sol iba callendo, se perdia
En un caos de fuego, de luz pura;
Pero nunca creí que la amargura
En esa misma tarde mataría,
Con su aguda y acerba nostalgía,
La ihtsi6n que soñara en mi locura.
Y desde entonces, la quietud perdida
Solo ha dejado dentro el pecho mio
Una profunda, en!'angrentada herida.

Por eso brotan de mi triste lira
Cantos de decepciones y de hastío,
Y el alma enferma sin cesar suspira.
Antonio Ayala

�REX .-\Cn11EXTO.

6

La Fotografía del Sr. ORTIZ. ba en la salvación ele su pequeño hiComo una nota de arte, v L-Omo jo, á quien tenía estrechado C&lt;,ntra
Semanario
uno
de esosestablecimintosque hon- 1su pecho formándole un abrigo con
COLABORADORES:
1ran á nuestra'.Monterrey, se encnen- su cuerpo.
Felipe Guerra Castro.
1 tra la fotografía del señor José s.
Los marineros que sal\'arc,n á e•o,
Antonio ~forales G6mez.
Orth·, quien trabajando continua- tripulante,., encontraron á la pobre
Nemesio García Naranjo.
mente con la laboriosidad que leca- marlre muerta á causa de su terrible
racteriza, ha hecho de su taller foto- ¡ dolor, pero el niñito \'Í\'Ía aún enOswaldo Sánchez.
gráfico. un centro artístico. ímíc11 en tre sus amorosos brazos.
Joel Rocha.
-.u género que cuenta con toclt,s los
Súplica.
Salvador González.
m xlernos adelantos de la arte de
Al
d
b
·
Galdino P. Quintanila.
gunos e nuestros uenos a1111Daguerre.
h
¡· d
· ·
ºd
d
• gos nos an sup 1ca o con msi-;tenFortunato Lozano.
H emos tem o e I gusto e ver 1os
.
.
,
.
.
•
cia que pnhltquemos en '·Renac1Héctor González.
ult1111os estudios fotográficos del Sr.
.
..
bº
f' d
él b
.
.
.
.
m1t'nto 1a iogra 1a e1 e e re
OctaYio Barocio.
Orl1z, ,·erdadern-; 1mpres1ones de Iné F
Se
d T
·JO, al1mira
· bles. por 1a d t'¡·1cad eza de nue\'0. 1eon s . ray ~ rvan o ert'Sa
Ram6n Gámez
,
de :\her, t&gt;scnta por uno de 11u~tros
su aca '&gt;ad o. S us f otogra f 1as en e 1 .
.
, .
,
.
DJrectore._ ,. que por pnmt:ra ,·ez
leg1t1mo
carbón, hechas t"On vio
. ' 1a 1uz en- · 'El eorreo d e1 N
..
Inlormaci6n.
. . papel
.
1 orte ,
luz arttf1c1al :--011 hermosas por la &lt;l
e·
d d
.
.
e e,ta m a .
correc.::1611 de •ns tono,, 1rrepro. haConsecuencias de la
Oh-.eqniando -ns &lt;lt,eo,-, comenzablemt'n le art fat icos.
Cuarentena.
mos hoy Á publicarla tal y como
Sabemos &lt;le fuente fidedigna que
El mejor elogio q11e podemo-- l~a- npareció e11 aquel Semanario. pro
]a Compañia del Ferroc,1rril Xacio- cer de lo,., rt"lratos hechos por Orllz, metiendo n 1111estros lectores que
nal Mexicano, ha resuelt" cambiar es que en lo, retratos se siente que contmnaremos
·
·
•
en 1o s11ces1,·o
e&lt;.;cn1hiendo la ~cción ele "8iograffas
sus talleres 6 mat&gt;stranza. de Lare-1 viven los originales.
do Texas á esta Capital, á conseHeroísmo Maternal.
Cortas de Nueuoleoneses Ilustres",
cuencia dt' las frecue 11 tes cuarenttpara que las verdaderas glorias que
nas que las autoridades Texanas im- t El 3 de "layo ele 1902, cuando la ha producido nuestro E.;tnclo. no
ponen contra nuestro País.
erup:i6n ,·olcánica de 1a :\fartinica sean ol\'idada._ por los buenos XueParece que ya algunos ingenieros destruyó la población de San Peoro vo!eoneses
yankees andan buscando aquí un lu- con cerca de 30,000 habitantes, mu- 1 Hacemo-; constar, por último, que
.:-ar apropiado para establecer lo:- ta- 1chos buques :,e hnllaban surtos en el las Biografías dt- nue-.tros hombre-.
!len&lt;;.
puerto.
célebres iran apareciendo por 6rdl:'n
Es iueli,cutible que el Doctor TaTocias e~tasembnrcaciones fueron de antigue&lt;lad.
bor trabaja por d progreso de su destruidas por las oJa., y q11emadas
Manifestación,
pueblo.
por las ceniza:- canrlentt, que caían.
Sólo treinta marinos f111~ro11 --ah·aelos
~fas ele 20 .000 per,onas de todas
El Demócrata Fronterizo.
por un t·n1cero francé-..
cla~ ,ocia les, organizaron una maEste impor~an_te colega de_ all!:'11Cle . En uno _de esos b·1rco:,, que _la Jiu- , nift'stación solemm: ')lle rtcorri6 las
el,Bra,·o, se sirn6 reproel~c1r en su via de cenizas candl·ntes cnhna con j callesele Lima. proclamando como
numero 362 del 18 de Jumo, un ar- 1 un pesado 111a11lo de fuego , ~t encon- Presidente &lt;lel Perú ni Gt&gt;neral Xitículo que bajo el rubro• Las Com- traba nna pobre mujer qne tenía en coiá!' Pierola.
pañias Mineras y la, Fundiciones de sus brazo,., nn chiquitín que á duras
Esta manife,-taci6n ha -.ido ..,¡n pre:\letales de Xne,·o León, ' publica- pena._ contaría 1111 año ele edad.
cedente en la historia dl:'I Perú,
mos en uno de m1e-,tro._ número-, pa&amp;a pobre madre, como todos Jo-.
;\O hubo preso,-, políticos.
._ados.
pa~ajeros, subieron á la cubierta del 1
Colaboración.
Gracias, coleg:.i.
,•a por, porque en los gabinetes el calor se hal'Íil sofocante por el incendio,
En h, próxima:-edicionesde· ·Re
Gran Fundición.
y con todo \'alor y l'Omo pu,lieron, ' nacimiento··, tendremo..; el gu-.to el,
Algunos Capit~listas de Hermo• soportaron la liuda de cenizas en publicar algunos trab:tj ,,., ck nuessillo, Sonora, se proponen erigir una ' ignición que \'Omitaba el ,·olcán .
tros estimados compañeros, que cl~gran Fundición de metales al Sur
La pobre muJer tenía horrible- 1 de esk número aparecen como colarle! di~trito de Alamos y conectarla mente quemado sn cuerpo de la ca- boradores de nuestro Sem'\1 ario
con la capital y Guaymas, por me- beza á los piés, no hizo caso de su._
Anticipamo-; las más debidas Rradio de w1 ramal del Ferrocarril. Esta atroces sufrimientos, al dese-.p&lt;!ran- ¡ cías, á nuestros compañeros, p &gt;r la
nran Fundición será una de la-, mas I te ardor de sus quemaduras, su úni- atención que nos dispen!'an en\'iáuimportaute:-- de la Frontera.
ca idea. su úní,-o pensamiento, esta- 1dono-. sth trabajo,.

RENACIMIENTO.

l

RE~ ACI:'11.l l ~ ~ T ~ ~
1 Desgraciadamente casi todas es·
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.,,TE.i;:.
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espmtu:
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LA5 D05 M UE "- 0 •
iosa se pr ·
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· ºd d' tas revoluciones entre paise~ terma" ·Veis cerca de m1 esta clan a .
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t
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nos son mev1ta es.
1
1decía dla. Madre ¡es mi padre.....
d
. .
para hacer
.
á buscan11e'" Tales
En lugar e unimos
lo veo
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labras ). dul- 1frente al monstruo de • or e, n s
tueron sus u tima!- pa
..
. ·
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"Ella tenía 20 años. De un ca6 6 má'- bien se deb1htamos nosotros mismos ..... .
cemente se. apag
•·
á
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rácter amable y dulce, era la prefe,·6
,Pero no culpemos m s que a esadorme_1
.
·
¡
ér
rida entre todas la, jó\'ene:- de su
, E.
píritu latino que lleva en si e g ·
edad. ~acida de padres espírimen de las revoluciones.
~~~~;~:(:
t,,s, había encontrado en esas creen-.
El mayor invento del Siglo XX.
Anécdotas y Sucedidos.
cías una religi(m al mismo tiempo
• an- I
Viaje á la Luna.
que una filo._ofía.
Recientemente comparecieron
1
Sus compañeras insi._tían en ha- te tma corte de jm;ticia alemana,
Hasta ahora solo los novelistas,
cerla miembro de una iglesia-por- do~ j:ipone,-.es, mariner~ los dos, \ en suo; obras, han tratado con ~~s
que en lo._ E.-.;ta-lo:- Unidos, -es prt·· que habían precenciado la muer- 6 menos probabilidades la cuestion
ciso formar parte de una secta cual- f P de un compañero, en aguas \ de un \·iaje á la luna.
quiera, si se quiere gozar de alguna de jurisdicción germánica. Para,que
Pero el problema ·está res~elto.
consideración; e,.to liace ~r "respe declararan se les citó Y consulto el \ Un norte americano (no pod1a ser
table" .- Poco importa. ~ue sea ca- intérprete oficial acerca de la mane- otro) acaba de publicar a~rtadas
t61ic::i 6 protes~ante, ;ºn t::il ~1ue ra de hacer el juramento en el ~a- consideraciones acerca de la posihiasista los Dommgos a los oficio~. pón . El intérprete afirmó ~na- \ lidad de llegar á la luna.
Pero á todas las pregt1ntas ella res- mente que en el Extremo Oriente,
Para poner en práctica ~eme•
pondía con firme7:a c¡ue su m_ora~ para jurar, después de la pregunta I jan te proyecto hay que salvar cinconsi~tín en una nda de pureza } ordinaria, se soplaba '-Ohre una vela . 1co obstáculos. El primero, la fa!ta
de trabajo. el cual se esforz~ba ella El presidente de la corte orden~ que de aire respirable, queda salvado
por hacerlo útil á sus :,;em~Jant~:. se le lle\'arán dos ?ujía.o.; en~nd1das. con los últimos descubrimientos de
encontraba i;n los pr~ptos esp1
Los marineros mpones veian con la ciencia: el aire puede ser transtas las reglas nece,;ana._ para lo- susto ostensible tales preparati\'~- 1portable. El segundo, el frío del
grarlo" .
.
Xo pudiéndose hacer entender, el ,·acío, tambien queda salvado con
Feliz con su ~-id~, de un~ na~u::~ presidente les indicó coi1 gesto ama- grandes espejos parabólicos que conleza alegre y 10,·1al.. hab1a d1st1
ble las ,·elas. V los dos lohos de centrarán los rayos del sol y produguido á un j6Yen digno de ella y mar sacaron sendos cigarros, que ºrán calor suficiente para los toucon el cual debía desposar~ pronto. encendieron riendo.
El incident~ 1~~stas.
Entónces fué cuando l:i en~er~ed~d pro,•ocó tal hilaridad, que el pres'.Fl t cero v cuarto obstáculos 6
le ~obre\'ino, y desaparee•~ su s~- dente, molesto, se \'ÍÓ en la neces1- . ,1 ef\a d~ peso y el peligro de
,
- ' . le fue prec1d
.
1 . :-.ea a a
'
!ud. ;Teuia 20 ::ino~. )
dad de hacer que t:Spe,aran ª sa- h
¡0 - meteoros que re.::o•
.
• á . d
da madre 1
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-.;o decirle ad1os , sn ª ora •
' la y pasó á adelante sm e1 iurnmen.
· son los menos im.
¡ .
1 'ón á sus
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rren e1 espacio •
, .
al pr?met1do e e :u e_~• ·
· · to japon~s.
portantes. Queda tan solo el ultJquenclas companeras. .
Salvador.
o· ·de dónde se saca fuerza basEn la cámara mortuoria, en me- Guatemala Y
m ·&lt;
á
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. de las lágrimas v &lt;le los solloPróximo conflicto. tante para llegar 1a 1una.
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de ' Veme usando e
,, sólo ella estaha tranquila: ' v,;
. .
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.
sis e~a
.
,
.
1.o._
,
• por ello siento ' ~otic1as rec1b1das en esta Cm~ad \ cañón, e:; impract1cable, lo mismo
11
cleJo. electa e a , :&gt; ,
a la glo- de las Repúblicas Centro-Amenca- qt1e todos los ha!-ta hoy propuestos.
.
, .
g ran pe,ar pero entre\ie0 Y
.
· • -'c1 f t a Cesad dello- nas, nos anuncian una prox.·1ma gue- Todo queda sah-adocon la "levitana ele la \'\ a u t1r ·
·•
,
. d . , ._
\
.
.
" , dla rogaba qt1e se cantase a rra entre aquellos os pa1.e:-.
ci6n"' término contrario á grav1tarar )
e·meo horas
habíau
Aunque exactamente no se sabe .
su alrededor.
•.
. .
·tos distur- c1 6 n.
,
trascurrido ª"í, sin sufrimientos, Y la causa que origma es . ,
Es el último obstáculo y quedara
en. ese centro de duelo, ante la bios, se cree q~e tengan on?et~1 en salvado el día que se inv_e nte una
·
·
· antiguas cuestiones que ex1s 1eron
•
.
d
muerte clespi::idada que se apr~x1- .
, .r .
pantalla que no permita e1 paso e
maba sólo dla guardaba seremclad entre ambas Repub icas.
.
las fuerzas de gravitación .. Ent6n' ·
d , .
De un momento á otro se espera
f
á
. co11traba para ca la una e sus
.
ces todos los cuerpos !otar n con
' en
1¡ d ¡
6 de guerra
··
~migas palabras de ternura y de con- a ec ar~c1 ~1
d
p , . facilidad en el aire y podremos lleLos e¡érc1tos e am ·
aiges ,
,
¡ rau dificultad.
suelo.
B.
han marchado ya t sus fronteras I gnr a la luna s 11 g
• ..
Su clebiliclad aumentaba.
ien \
.
. á
Esperemos tan sólo que el im•en,
·
ºbl
conocerá
respectivas
y
tal
vez
no
pasar
mu.
pronto le fué 1mpos1 e re
.
.
· · · ¡ , 1tor perfeccione su in\'ento Y·····•· "
. .
,
.¡ sonido de cho tiempo sm qne ~ m1c1en as
lo:;,;Jstta1:te;, .aun por e ¡á la lt1na todo mundo!
Entémces
una
\'i~i6n ra- operaciones.
SU \ ºO?..

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Hombre y Naturaleza

sudario de nieve; se aduerde co- el noble con mal gesto. Pedro el
mo romántico enamorado, en el Grande escuchó en silt:ncio; luego
COLABORACIOX .
remanso y como fatigado mendigo volviéndose al guardia, le dijo
11.
en la calma chicha; despierta alboro-Tolstoi, habés sido castigado
¡Oh la Naturaleza! La Naturale• zada como la primera ilusión en la por este caballero, por obedecer mis
za parece ser el espejo que forma la primavera. y agitada como el alma órdenes: ahora tomad mi bastón y
imagen. El Hombre y el hombre pa- al golpe del primer desengaño; en dadle un palo en la espalda.
rece ser el reflejo del espíritu de la la cascada llora y su llanto es el del
-Mire vustra Maje-tad - e-danaturaleza: el hombre dice: "Dios dolor en fa tempestad desvastadora m6 el noble,r-que e,;e hombre es un
. 1simple
me hizo á su imágen y seme1·anza" y es e 1 d e1 amor, en la purpunna
Ossoldado.
. ocá'
h
.
pero no es Dios quien hizo á él; él gota de roc10.
, Suena
_ y su sueno
_ es tá - d..equ1v 1s, yo
d 1e ago capt. .
n,- 1Jo e 1 empera or.
es quien ha hecho á Dios á su imá- e1 del cnmmal, en la noche tenebro- ,-Pero yo soy oficial de vuestra c,,r
gen y semejanza inspirado en el in- sa Y es el de los ángeles. cuando Se- te.
menso cuerpo de la viviente Natura- lene con su apasible luz la envuelve
-, Y yo le nombro á él coronel de
leza. La Naturaleza ruge como el Y es que la Naturaleza es un inmenso mi guardia imperial.
hombre encadenado, cuando el hu- ser viviente en quien el hombre ha
-Mi categoría, como ,•ue-:tra
racán azota al mar y como el agoni- creído ver pro,-ectada su sombra y Majestad no ignora, es la de general
zan t e eza1, cuan d o en e I cat acl 1smo
,- Entonces
.
.
·v
.
su vida misma , ~,. ha hecho á Dios á
le haremos general
d
· .
1
d
su imágen y semejanza . pero Dios as1 seréu- apaleado por un igual.
se
murmura como ama re ¡
'
.
El noble recibió el castigo filos6fiq ue esgaJa,
duerme al niño cuando la brisa es el alma Y del alma á la vida hay
.
. .
' y como el pue- ¡ 1a d.1stanc1a
• que hay, de lo ftmto
. .
se cierne en el follaje
á 1camente
,
• y• el Joven soldado • rec1b16
1
,
. infinito
al dta siguiente, el nombramiento de
bloque en los d1as de efervecenc1a
·
aencral y el título de conde.
. lo ,
F. A. Saldaña.
,..,
su sordo rumor 1evanta a 1 c1e
d át é d 1
.
~~~~~~
cuan o rav s e negro f trmamenCaminaban dos frailes por una
to se desliza el rayo con fragor de
El Coo d ado de
estrecha vereda y como ignoraban
cañoneo; canta como el coloso baá donde les conduciría , preguntó
jo el tiránico yugo del despotismo,
1uno ele ellos á un pequeñuelo que
cuando las olas fttriosas se estrellan
A los admiradores de la sencillez encontraron :
entre cantiles y como la virgen que del Conde Tolstoi, les gustará cono-¿Por dondt vá este camino? á
aun despierta sueña en su amante, cer la historia rlel fundamento de lo que contestó el pequeñuelo- no
cuando modula indecibles notas en su familia, contemporánea de Pedro ,·á á ninguna parte, aquí está siemla garganta del ruiseñor; ~e despe- 1&gt;! Grande. Guardia de una de las . pre.
resa como el inocente, cuando Febo puerta-; interiores del palacio tle esEl segundo clPrigo, queriendo
asoma su rubicunda faz sobre las ci- te emperador era el primer Tolstoi. vengará su compañer11, preguntó:
mas de las azules montañas y como
Un día que, fiel al cumplimiento -Oye muchacho, ¿qué hacen en tu
rabioso asesino cuan fo arroja la íg- de su deber, se hallaba firme en su tierra con los pillos?-Los meten de
nea lava de sus entrañas; sonrríe co- puesto, aproximóse á él nn noble, frailes señor, contestó el muchacho.
mo ensueño de felicidad, en la ,·er- diciendo que deseaba pasar. El
de pradera en la dilatada campiña, guardia le contestó que er11 imposi•
RENACIMIENTO.
en el arco iris y en el lago transpa-' ble, pues el Emperador había dado
~
Directores:
rente, y con la amargura del espec- orden de que nadie pasase á verle
Antonio de 11 Paz 6uerr1 J Santiago Roel
tro del pasado, en los Isebergs de aquella tarde.
los polos, en las nieblas de la Islan-Pero yo soy Priucipe, dijo el Administrador, G. CANALES.
CONDICIONES:
dia, en los campos devorados por noble.
1-Se publicará los Domingo!,
por las llamas y t:11 el mustio silen-Sin embargo, señor,- replic6
2- Subscripción mensual (serie de
cio del desierto; brilla con la laugui- el soldado-no podéis entrar.
cuatro números ) dentro y fuera del
dez qut- brilla en la mirada del ser
Para uu noble ruso, semejante ESt adE0 ··· ··· ··t· ····:················t·3°·
1 ex ranJero ..... .... .. .,:,,v.50.
nepagos
amado la ternura, en la opalina que contestación en boca de un plebe- , 3-Los
se harán el día 15 de
4
al pie de la roca escarpada se balan- yo, no puede tolerarse, y el prínci- c.-ada mes.
cea y con el brillo deslumbrador de pe cruzó la cara del guardia , con su
5-Números :-ueltos ..... .... . $o. 10
la mirada del.Genio, en el relámpa- látigo.
6-Anuncios á prt-cios convenciogo y en las conflagracianesde la au- 1 - Pegadme, alteza - gimi6 el nales
rora boreal; se entristece como una I otro-pero no por eso os permitiré
Para todo asunto relativo al semavirgen que vé desvanecidas sus ilu- , el paso.
nario dirijirse á la calle de M. Arreosiones, en la luz crepuscular y como
El emperador que desde sus habi- la No. 75.
el !-emblaute del hombre moribundo taciones oía voces y ruido, salió á
Agente en C. Victoria.-Juan P .
cuando el invierno lo cubre con su ver que era aquello, refiriéndoselo Guerrn.

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T O L STO 1 •

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>REVISTA MEXICANA
SEMANARIO ILUSTRADO
VOLUMEN III.

PRECIO: DIEZ CENTAVOS

NUMERO 43.

Cuadros Nacionales

Un Jarabe Tapatío

�REVISTA MEXICANA
Semanario Ilustrado
ENTERED AS SECOND CLASS MATTER, OCTOBER 25, 1g15 AT THE POST OFFICE
OF SAN ANTONIO, TEXAS, UNDER THE ACT OF MARCH 3, 1897

Volumen III.

San Antonio, Texas, 2 de Julio de 1916.

Número 43

FARSA TRAGICA
El Presidente Wilson dirigió un ultimátum a don
Venustiano Carranza pidiéndole la inmediata libertad de
los soldados norteamericanos, que fueron hechos prisioneros en el encuentro de Carrizal, y el Primer Jefe
contestó al tercer día ordenando a Jacinto Treviño que
cumplimentase sin dilación la exigencia del Presidente de
los Estados Unidos. Esta nueva actitud de Carranza ha
aflojado un poco la tirantez aguda de las relaciones internacionales, y probablemente conjurará la guerra que
ya parecía inevitable.
La entrega de los prisioneros norteamericanos trae
aparejada la confesión implícita del Primer Jefe de que la
escaramuza del Carrizal no tuvo razón de ser; mas como
dicha escaramuza se libró de acuerdo con las órdenes directas del propio don Venustiano, resulta entre su actitud
de ayer y la de hoy, una contradicción flagrante muy difícil de resolver. Efectivamente, si el Primer Jefe había de
terminar entregando los prisioneros, ante la presión del
ultimátum, ¿para que ordenó el sacrificio de los contendientes? Si su actitud final había de ser la de una sumisión absoluta, ¿para qué, entonces, se .redactaron notas
candentes y se despertó la cólera de las multitudes?
El prestigio de las naciones exige mucha cautela en
la redacción de los documentos diplomáticos, porque una
vez salidos de las Ca~cillerías deben tener la fuerza de
las cosas definitivas. No es lícito, que los gobernantes,
con el exclusivo objeto de obtener prestigio, pongan en
juego el decoro de los pueblos; porque a la hora de las
responsabilidades, el ridículo no es únicamente para los
mandatarios, sino que alcanza igualmente a los Estados.
Una retractación es algo muy serio, que lastima el honor
de todo un país.
No debe haberlo pensado así don Cándido Aguilar,
que el día primero de junio-sin prever los ulteriores acontecimientos-hizo publicar en los diarios más importantes
de la Capital de la República, una nota de doce mil palabras preñada de cargos gravísimos en contra de los Estados Unidos. El pueblo mexicano se conmovió profundamente, y todo el mes de Junio transcurrió entre manifestaciones patrióticas, telegramas de adhesión, discursos
incendiarios, editoriales candentes y ofrecimientos de servicios. El resultado de esta agitación febril tenía ·que traducirse en estallidos populares, provocadores de crisis.
El delirio de la gberra pasó enardeciendo a todos los cerebros y México entero se preparó para el holocausto.
Después de haber sacudido moralmente a la República, el Primer Jefe ordenó que la columna de Félix Gómez atacase a un cuerpo explorador de Pershing, y así
lo manifestó arrogantemente al Gobierno de la Casa Blanca. Y cuando todos juzgaban que la guerra era algo irreparable, un ultimátum, que parecía precipitarla, es contes-

tado de acuerdo, y las cóleras despertadas durantt un
mes de marsellesas, se resuelven en una satisfacción amistosa. No es nuestra intención reprobar este acto que
ha evitado una guerra, sino censurar una conducta incongruente y absurda que por hacer alardes que 'terminan en
excusas, pone en situación desairada el prestigio de la nacionalidad.
Pero Carranza no tenía los ojos fijos en su pueblo
sino en los Estados Unidos. No le interesaban los resultados que su política internacional tuviese en el interior
de México, sino aquellos que se cosecharan en la Casa
Blanca. ¿Que la Patria se había agitado? ¡Y qué! Ya
se calmaría cuando· él moviese su tridente. Le había hablado al honor y ala dignidad de la Nación; pero no con
el objeto de que ésta los salvara, sino con el fin de que el
Gobierno de Washington, cediera al advertir el peligro de
una guerra exterior.
No se trataba pues de romper cadenas nacionales
sino de consolidar política propia. Se jugaba con los
sentimientos de un pueblo para amedrentar a una Nación. Hubo un momento, sin embargo en que creímos en
su arrepentimiento y sospechamos que tomaba el camino
de Damasco. Error trascendente. Carranza seguía con
los ojos clavados en los espejuelos del Presidente Wilson. ¿Qué iba a hacer su antigua aliado enfrente de su
nota acusadora? Eso era lo que realmente le importaba
y no la cólera desbocada de las multitudes enloquecidas,
que recorrían las calles de las ciudades, entonando himnos
de guerra. En la Casa Blanca, únicamente e11, la Casa
Blanca, veía la resolución del problema nacional. De allí
había recibido el espaldarazo, y de ninguna otra parte podía esperar el refrendo de su poder.
El Presidente Wilson contestó con la sequedad con
que se responde a un ingrato: ¡Liberta a los prisioneroslle gritó con VOZ autoritaria. y Carranza, acostumbrado a
obedecer, inclinó la frente y cumplió las órdenes sin vacilar. ¿Y el honor nacional? ¿Y las notas candentes?
¿Y las multitudes cantando marsellesas? ¿Y el cadáver
de Félix Gómez?
"Palabras, palabras, palabras." No se logró sembrar el susto en el alma del jefe, y entonces se recurrió
a las Repúblicas latino-americanas para que calmasen su
rencor y su cólera. Los países sudamericanos no lograron nada, y entonces, se hizo lo mismo que se había hecho
siempre. Y en vez de borrar las salpicaduras de la sangre
de Azueta, que lleva incrustadas sobre su rostro, lo que
en realidad hizo fue aplacar la cólera de Mr. Wilson con
la libertad de sus conciudadanos.
Lo doloroso es que en estas farsas, no juega únicamente el prestigio de Carranza sino también el de la
Patria.
0

�DESDE JAUJA

La Campana del Convento

EL ARTICULO 33

Para REVISTA MEXICANA
l.

fiduciario de curso legal obligatorio. Visto así de pronto,
parece un contrasentido que habiendo plétora de moneda,
Mi estimado amigo:
tengan tan alto precio los víveres; pero el hecho existe
No creo que haya inconveniente en llamar "artícu- para demostrarnos que en este encantado país de las relos" a estas epístolas, porque aquel vocablo sirve para de- construcciones democráticas, pasan las cosas al revés de
signar los frutos mentales que pasan a nutrir columnas de lo que fijan las reglas establecidas en tiempos y lugares
periódico. La palabra "artículo" disfruta de un privilegio donde impera la moralidad.
Los enemigos de· la causa no cesan de propalar esmúltiple: artículos hay en las lenguas, en los códigos, en
los decretos y hasta en los que traduciríamos democrá- pecies subversivas a este respecto, tales como que la miticamente por "Historia de la grosería." "Grocerie Store" seria nos devora y el hambre acabará por entregarnos en
manos de la Parca encanijados y macilentos; pero estos
que dicen allá.
Fundándome en ello y dado su orden numérico, no son sino desahogos de la reacción vencida y a,niquilada. ¿ Tú imaginas que pueden sobrevenir semejantes ca.no me estará vedado decir que este es mi artículo 33.
Si en nuestra ya desencuadernada Carta Magna el
lamidades en un país donde precisamente por la supera33 sirve para expulsar personas, el 33 de mis Cartas no ·uundancia de dinero, nos permitimos el lujo de pagar diez
expulsa sino ideas, bien que frívolas y estériles, puesto pesos por una limonada, cuarenta pesos por un almud de
que "no van a ninguna parte," a la inversa de los indi- maíz y veinte pesos por un kilo de carne?
viduos, que algún camino han de tomar cuando los exHe aquí. amigo mío. los frutos de la revolución; y
pulsan.
si tales son los frutos, nada tengo que decirte de las. fruYo bien querría evitar lo estéril y frívolo de mis tas. ¿Se te antoja una sandía? Sesenta pesos. ¿Un pláideas; pero ni está en mi mano remediarlo, ni temo caer tano? Dos pesos. ¿Una naranja? Cinco pesos. Un meen delito de reacción, que es ahora el más grave. Iguales lón? Cincuenta pesos. ¡ Considera a qué altura han llecaracterísticas muestran los artículos que constituyen cier- gado los melones!
tos decretos, y por eso hay quien los exija substanciosos
Hay la seguridad consoladora de que a medida que
y útiles. Grandes y pequeños damos fácilmente con los transcurra el tiempo, todo lo que nos comamos y bebamos
senderos de la tontería, y si fuésemos a imponer castigo a
irá subiendo de valor, lo cual nos convencerá de que el dilos mentecatos, apenas habría quien se encargara de apli- nero seguirá creciendo en volumen. Y digo comer y be·
carlo, sobre todo en Jauja, donde el imperio de la demober. porque estoy hablando de artículos que van a parar a
cracia permite el auje de los que merecen la pena. Y fílos intestinos. Otro tanto podría decirte de los artículos
jate en que al decir "merecen la pena,'' casi les hago un
destinados a poner el indispensable decoro en nuestras
honor.
personas para no volver a las paradisiacas edades de la
La oportunidad es propicia para tratar del 33 no hoja de parra; porque la parra es hoy algo simbólico, si
sólo porque a estas líneas corresponde esta cifra en su atendemos a la especial producción de la tierra en que tuorden numérico, sino por~ue nunca con más frecuencia
vo cuna gloriosa el Patriarca de la barba apostólica; y no
que hoy se ha lanzado fuera del país a los extranjeros.
sería difícil la expedición de un decreto imponiendo el uso
Según se sabe, no cualquier individuo con mando
de la hoja.
puede arrojar de Jauja a los exti;años; pero actualmente se
Si en tiempos de la execrable bastaban diez pesos
otorgan facultades extraordinarias a los que asumen autopara no ir por las calles descalzo y con la cabellera al aire,
ridad, aunque esta sea de poca monta, y así ha marchado y el duplo de ello para un trajecito decente y de mediano
en éxodo sombrío, camino de otros países, multitud de
corte, prueba era de los escollos con que tropezábamos en
caballeros con la tacha de perniciosos, siendo más inofenla adquisición de numerario. ¡Qué diferencia hoy día!
0sivos que una codorniz en salsa.
Cientos de pesos un par de zapatos; otros cientos de pesos
No sé qué fatalismo pesa sobre el número tres. Se un sombrero, y otros cientos de cientos para no salir a
ha comprobado después de menuda, investigaciones, que la calle hechos unos auténticos Adanes y Evas ! ¡ Y con
en muchos episodios conocidos. el tres ha jugado un paeste despilfarro de monedas, todavía vociferan las lenguas
pel funesto. Pero circunscribiéndonos a los tiempos acreaccionarias!
tuales y a los inhollados límites de Jauja, tenemos en funMovido a lástima te preguntarás qué hace entonces
ciones activísimas el 33 constitucional y el 30-30 preconsel pobrería ante esta exorbitancia de precios para la matitucional,
nutención y la indumentaria. P ero es que no te fijas en
que los del proletariado han tenido un suculento hartazgo
sin contar, por ser cosa ya contada
de democracia. Eso les trajo la salvadora, y con eso los
como nuestro simbólico trofeo,
tienes que revientan de satisfechos. hasta el punto de que
con la hidra tri céfala fo r mada
a muchos les ha repug nado el potaje, y de buena gana lo
por Venus, E miliano y Dorotco.
cambiarían por una olla de.. caldo, aunque no fuera tan gordo como el que nos han venido haciendo los renovadores.
De los artículos r:1 ta '0g-a rl os C!ltre los rnmestibles,
Perdóname si con pretexto de mi 33, he sacado a
1
tampoco sería inoportuno hab!artc p0:-cp r en Jauja es maplaza
más
artículos que el decreto sobre el divorcio, y reteria que da pasto continuo a las conversaciones familiacibe
un
fraternal
abrazo d~ tu siempre afectísimo amigo,
res y amistosas. Todos traemos en la lengua, no precisamente los alimentos (¡esto fuera una ganga!) sino su
SILVERIO.
desconcertante carestía, a causa de la abundancia de papel
A 25 de Junio de 1916.

En expresiva voz, con tu tañido,
Vibrando lentamente,
Cuando en la obscuridad vaga mi mente
Por lo desconocido,
Me hablas, santa campana,
A la puesta del sol y en la mañana,
¿Qué me traes en tus notas, dulce amiga?
Te pregunto al oírte en la alborada:
¿Qué tus notas son nada?
Qué no hay una que diga
Que se van los dolores,
Que están para nnir tiempos mejores? .....

II.

...

¡ Tan l ¡tan! ¡ tan I cien veces,
Y la pena vi en creces,
Y no hay alientos ya; no hay energías:
Parece que las crueles nostalgías
Hieren más y más mi alma
Y que se va la calma
Para no volver más a el alma mía ..... .
Y se viene la noche,
Y se va la alborada;
Y tus notas que tienen alegría,
Para mí son llamadas
A apurar más y más melancolía ....... .

III.

__...,

Tú que estás destinada
A llevar a las almas hasta el cielo,
Traeme de allá el consuelo,
Traeme de allí la fuerza y el aliento;
Porque morir me siento,
Cuando tu voz bendita
A todos a la lucha nos invita;
Pero en mi abatimiento,
Arrancas de mi pecho un cruel lamento ..•••• .,.
IV.
¡Tan! ¡tan! ¡tan! más veces,
Y de nuevo estremeces
Todo mi sér, perdido
En el piélago inmenso de la pena
¡ Hasta cuando habré sido
Atado del dolor, con la cadena?

v.
Misteriosa campana,
¡ Que puedes alegrar los corazones,
Y con la misma nota
Acíbar derramar gota tras gota,
Dime: ¿cuándo de hosana
Serán para mi patria tus canciones?
¿Cuándo los mexicanos,
Unidos como hermanos,
Volveremos a oír tu voz bendita
Que a amarnos y a ser grandes nos invita ...... ?

VI.
¡Tan! ¡tan! ¡tan! campana
Hoy te he oído más triste-Esta mañana,
Al despuntar el día,
Sin fuerza, sin aliento me sentía,
Y en el bosque, paloma plañidera,
Cuando tu eco perdido en lontananza,
Llevóse mi esperanza,
Se hizo mi compañera,
Remedando la queja
Que exhalo siempre que de mí se aleja
La dicha ambicionada,
Que en el mundo no está más que pintada.

VII
¡ Tan! ¡ tan! ¡ tan! mil veces
Y otros mil me estremeces ..... .
Pero quiero seguir a tu llamada,
Que espero me señale la morada
Donde hallaré alimento
Que me dé nuevo aliento,
Que me vuelva a la vida
Mientras vuelvo a mi patria tan querida ....

VIII.
Allí no escucharé ya tu tañido,
Allí no formarás con mi gemido
Arpegio gemebundo,
Que revela dolor cruel y profundo ..... .
Pero ¿me habré aliviado?
¿Me espera acaso allí, dicha completa?
¡ Cuánto me habré engañado
Si llego a consentir que la saeta
Del dolor ha concluído
Con sólo haberme ido
A donde están mis lares .......... !
¡No! yo sé que hay azares
Allá donde está.n todos mis amores,
Y que hay pintadas flores,
Y que son abundantes los dolores .....

IX.
Pero allí habré luchado
Cual valiente soldado
Al pie de su amadísima bandera,
Mientras voy a la patria verdadera.

X.
¡ Tan! ¡ tan! ¡ tan! campana
Hoy te he oído más triste-Esta mañan.,.
Al despuntar el día,
Sin fuerza y sin aliento me sentía;
Y al decirte mi adiós, vino a mis ojos,
De lágrimas un mar; y vi, de abrojos,
Nueva senda sembrada ........... .
¡Voy allá! ...... ¿Oiré más tu campanada?
Ignacio VALDESPINO.
San Antonio, Tex., Junio 17 de 1916.

&gt;

&lt;

�TOPICOS DEL DIA

Toda la prensa de :México y también la extranjera
que se halla influenciada por los agentes del Primer Jefe,
han proclamado con una insistencia inaudita, desde el principio de las actuales dificultades, que éstas han sobrevenido a consecuencia de las incursiones llevadas a cabo en
territorio americano.
Y con la misma insistencia lanzan sobre los refugiados la responsabilidad del conflicto creado entre México
y los Estados Unidos, acusándonos en tono épico, de ser
los autores de lo que llaman un crimen de lesa patria, una
infamia, una traición.
La contestación del Presidente Wilson ha hecho declaraciones trascendentales y definitivas: ha afirmado de
una vez para siempre que los responsables de esas incursiones han sido, directa o indirectamente los hombres de
Carranza. Unas veces, como en la de Calumbus, porque '
no la impidieron pudiendo hacerlo, y no persiguieron a
los autores siendo su deber. Otras, como en las de Browns.
ville, las de Glen Springs y demás registradas hasta la fecha porque se han llevado a cabo con elementos carrancistas, bajo el amparo y ayuda directa del Gobierno de
Carranza.
Ante la acusación lanzada a los refugiados y la recriminación de proteger las actividades de éstos, ha contestado la Casa Blanca que el Gobierno de facto es el que
ha tenido el apoyo y la ayuda incondicional del de los
Estados Unidos y que éstos han perseguido y llevado an- .
te los tribunales a los enemigos del Constitucionalismo,
citando el caso de Huerta y otros muchos.
Si, como afirman los carrancistas, los autores de las
incursiones son traidores, la nota del Presidente \Vilson
define las responsabilidades y señala con pruebas evidentes a los responsables del conflicto. Conocida la verdad
¿ Qué es el carrancismo?
Por eso la contestación del Presidente Wilson ha
sido cuidadosamente suprimida en toda la prensa del Primer Jefe.

** *

Ante los concurrentes a una manifestación organizada por los carrancistas en la ciudad de México, el señor Secretario de la Guerra, don Alvaro Obregón, declaró que había aceptado el mando de las fuerzas que irían
al No rte. "No necesitamos armas,'' dijo: "Para colgar
curas, reaccionarios y traidores, no se necesita de armas."
El señor Secretario de la Guerra, en su desarrollo
de las maquinaciones carrancistas, se olvidó de que para
hacer su entrada triunfal en México, fue necesario que cayera Veracruz, y ahora, como ayer, olvidó que les toca hacer el papel de defensores del nacionalismo, comprometido por las incursiones de Texas, y como mientras haya
refugiados habrá quien les recuerde el 21 de abril, pensó
en venir a acabar con los emigrados para borrar la memoria de aquella fecha.

***

Cuando los marinos desembarcaron en el puerto de,
Veracruz, ni Venustiano Carranza, ni Alvaro Obregón, ni
ninguno de los exaltados patriotas carrancístas se dirigió
a la frontera de los Estados Unidos: entonces avanzaron
con su General en Jefe, Francisco Villa, a combatir al
General Huerta, desprovisto de armas por la captura del
Ipiranga. Una vez triunfantes. gracias a la ayuda prestada, celebraron aquellas fiestas memorables en que fue
vitoreado el Presidente Wilson.
De la misma manera, después de haber dejado que
Villa se acercara libremente a la frontera, y cuando despues de su incursión, se anunció el paso de las primeras

tropas americanas, acudimos a ponernos a las órdenes del
Gobierno de facto.
Don Venus que nada hizo para impedir la entrada
de los que venían a combatir a su enemigo; una vez que
las fuerzas de éste quedaron dispersadas comenzó a gestionar la salida de los que ya le habían quitado una buena
carga. Y para ser enteramente nacionalistas y patriotas,
enviaron otra incursión mientras tenían lugar las pláticas
de Obregón, para poder presentarse ante el pueblo como defensores de la independencia comprometida por los
reaccionarios.

Tenemos el gusto de comunicar a
nuestros lectores que el doctor don
Fernando López solicitó permiso para ejercer la profesión de MédicoCirujano, en esta ciudad, y que le fue
concedido sin necesidad de sujetarlo
a un previo examen.

***

El doctor López ocupó en nuestra
Patria, puestos eminentísimos y además asistió a varios Congresos científicos, en representación de México.
Es un oculista de reputación mundial,
Y su sabiduría es tan grande como su
modestia.
En México fue durante muchos
años, Director del Hospital ~f ilitar
y reorganizó el Servicio Médico del
Ejército Mexicano. Cuando la mayor parte de los Hospitales civiles se
fundi~ron para formar el Hospital
General, el doctor Lópe-.z fue nombrado Director de la nueva Institución,
la cual fue organizada bajo sus órdenes. También fue Presidente de la
Cruz Roja Mexicana y tuvo mucho
que ver en el nacimiento de esta institución benéfica. El doctor López
fue además por muchos años Profesor de la Escuela Nacional de l\Iedicina, Individuo de número de la Academia Nacional de Medicina y Presidente de la Sociedad Oftalmológica

Un amigo nuestro nos decía: "Todo el secreto está
en que Carranza ha querido hacer aparecer que existe un
conflicto, y que ha sido provocado por la ambición de los
refugiados: De esa manera, al dirigirse a.los Estados Unidos, asume el papel de defensor de la soberanía, compro:
metida por sus enemigos políticos; sanciona su estan~
cia en el poder por su actitud y despierta la venganza popular sobre los que quiere ver desfruídos. Se consolidaba
él y nos manchaba de traición. El peligro ihternacional
se alejaba y toda su prensa. como el día en que atravesaron las fuerzas del General Pershing, cantaría el triunfo
del nuevo salvador de la patria. Pero el juego ha resultado demasiado peligroso y la contestación de Mr. Wilson
vino a echar abajo la trama, sin más estorbo que el que
presenta la dificultad de que los términos sean conocidos
por la mayoría de la población. Y recordaba al Mefistófeles de Goethe, que interrogado sobre quién era, contestó: "Soy aquel que tratando de hacer el mal, sólo consigo
hacer el bien."
Sólo falta que para que el bien sea completo, el conflicto desaparezca y se conozcan los hechos.

***

El "Cónsul Constitucionalista" en San Antonio, denunció a las autoridades federales americanas un artículo
en que se comentaba el manifiesto en que Beltrán-éste
es el cónsul-corre las órdenes dadas por el General Funston. La delación hecha por Beltrán acusaba a "Revista
Mexicana" de hacer labor subversiva, escandalosa.
El Director de "Revista Mexicana" fue conducido a
la oficina del Jefe de Investigaciones del Departamento de
Justicia. quien, después de haber hecho que fuera traducido el párrafo delatado, pidió una disculpa y dijo que no
encontraba nada contrario a la ley.
Tiene razón Beltrán y tienen razón sus compañeros: una cosa es publicar las notas de Carranza en los periódicos que él paga y otra dejar de servir de espías y de
delatores.

** *

Uno de los puntos fundamentales sometidos a discusión en estos momentos, es el de la responsabilidad de
los acontecimientos de Carrizal.
El Gobierno de Washington se queja de que no fueron comunicadas a la cancillería americana las órdenes dadas al General Jacinto Treviño, para impedir el avance en
determinadas direcciones, de las fuerzas del General Pershing.
Sobre este punto especial es de recordarse que la
cancillería americana estableció precedente cuando la ocupación de. Veracruz, pues ni el entonces Secretario de Estado, Mr. Bryan, ni el Almirante Badger comunicaron en
aquella ocasión a la cancillería mexicana las órdenes recibidas; de modo que. a falta de reglas fijas el precedente
es la mejor de ellas y en este caso la regla fue establecida
por la Diplomacia de los Estados Unidos.

•

•

SEÑOR DOCTOR FERNANDO LOPEZ.
ciprocidad.
Nosotro~ nos alegramos del triunfo de los doctores López y Tamez, y
y lo participamos a nuestros lectores
con orgullo. pues demuestra, que aún
en estos pavorosos momentos hay
gentes que levantan el nombre de
México.
Acabábamos de recibir la grata noticia anterior, cuando fuimos informados de que el doctor don Aniceto Or-

de México.
El "Board of Medicine" de San Antonio se hizo, por consiguiente un honor, al no exigir un examen a quién
por sus antecedentes denunciaba méritos extraordinarios.
También solicitó permiso de ejercer _la profesión de Médico en Estados Unidos el doctor Andrés Tamez,
médico prominente de Monterrey,
muy hábil como cirujano, y de gran · tega, facultativo distinguido de la ciuprestigio en toda la fron~era.

Tam-

bién ocupó un sitió de honor en la
fundación de la Cruz Roja Mexicana
y fue Director del Hospital que esta
Asociación benefactora estableció en
la ciudad de Monterrey.
El ''Board of Medicine" que lo había sujetado a un examen, decidió a
última hora libertarlo de esta prueba,
y entregarle el permiso por mera re-

dad de México, especialmente como
médico de los niños, ramo en el que

ha adquirido grande y merecida fama,
obtuvo licencia para ejercer su profesión, con la misma franquicia de no
sustentar examen, por su reconocida
capacidad.
En la adopción de fas resoluciones•
tomadas con nuestros compatriotas,
tuvieron gran influencia por su compañerismo, los señores , doctores David Cerna, Salomé Garza Aldape y
Félix Garza Góngora.
Felicitamos a todos por este .bello
ejemplo de solidaridad que los honra grandemente.

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DE VENTA BARATO

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�EL IDIOTA

Niña Irma Gutiérrez Longoria,
actualmente en Río Grande Cíty, Texas.

Kube el Pechador
Kuge ha muerto.-¡ Qué en paz descanse t-¡ Era un
extraño caballero!
Me parece verlo todavía con su sobretodo gastado,
casi correcto sin embargo, sus botines algo torcidos-no
mucho,-su sombrero apenas desteñido y la barba un tan- ·
to ºcrecida.
Aun ahora su recuerdo me turba. Cuando lo evoco,
no me animo a darme vuelta por temor de verlo aparecer.
¡ Fantasma viviente, si le diera el capricho de volv_er! i Si
mi vista fuera a encontrarse de nuevo con sus OJOS azules tan dulces, tan pálidos, tan inquietantes sin embargo!
Era de esos seres que uno no ve llegar. Cuando
se le apercibía, ya era demasiado tarde para evitarlo. ,I~deciso como la niebla, misterioso como una carta anomma no iba, no venía: se aparecía. A la hora del vermouth
rec~rría los bulevares, y aunque parecía entregado a ~erias reflexiones, ninguna cara amiga escapaba a sus o¡os
de porcelana. A veces hacía un signo discreto a uno de
nosotros. Rara vez se sentaba. Un minuto, una palabra,
¡nada más que una palabra! No tenía que decir nada
más que una palabra. Cuando se le acercaba el que
había llamado, lo acogía amigablemente.
Después del "cómo te va," su sonrisa se borra~a,
y poco a poco su espalda se encorvaba. y en su frente inquieta parecía leerse la palabra "confidencial" en caracteres jeroglíficos.
Hablaba de asuntos vagos y lejanos, de citas ilusorias, de cosas inciertas, de proyectos futuros, pero que seguramente iban a tener resultado, a menos que .... . De
repente se callaba. Con mucho trabajo una idea se abrí.a
paso a través de sus muchas preocupaciones, y como obligado la exponía, y siempre la decía así:
-A propósito, mi viejo: ¿no.podrías prestarme un
peso?
¡ Kube había recibido del cielo la misión de pechar!
Obedecía a su destino representando sin murmurar

su papel de "ahoga fiestas." Honesto y resignado "pechaba." Pechaba infatigablemente. Jamás-debo decirlo a
su honor-pasaba de un peso. Cuando por casualidad necesitaba algo más, lo pedía con el desinterés que caracteriza a los probos. Una noche que yo le acababa de dar
el óbolo en cuestión, me sorprendió verlo agitarse casi
alegre. Le pregunté el motivo de su alegría:
-Esta semana-me respondió,-he sacado lo bastante para poder pagar todas mis deudas. Al fin estoy libre de una gran preocupación.
¡ Esta era, señores, la ingenuidad del caballero que
acababa de morir!

................................

Espero que ahora esté a la derecha del Padre Celestial, porque murió santamente, se puede decir. Aunque
no tenía ningún crimen de que arrepentirse, mandó llamar
un padre para que lo asistiera en su última hora.
Después de recibir la absolución, se quedó nervioso
e inquieto, en vez de esperar pacientemente la hora suprema.
....:....¿ Qué tiene usted, hijo mío ?-le preguntó el padre.
Padre-contestó Kube:-no estoy tranquilo. Temo que Dios no me quiera recibir .... Es cierto que yo
nunca he hecho mal a nadie, pero ¿a quién he hecho bien?
He cruzado mi vida como un inútil, y tengo muy pocas cosas para hacerme valer y atraerme las gracias del Todopoderoso ..... ¡Ah! si tuviera aunque fuera ..... .
-¿ Qué?-dijo el padre.
Con un último esfuerzo, Kube, entonces, se enderezó en la cama, y misteriosamente se inclinó hacia él, Y,
después de haberse asegurado qúe nadie lo podía oir, le
dijo:
-¿No podría usted, padre, prestarme cien días de
indulgencia?

JORGE AURIOL.

\

-

-Que me traigan a ese hombre-dijo el rey de
Prusia.
Y el idiota entró.
Hubo un silencio. Los ojos del rey escrutaban, registraban al prisionero. Detrás de éste, dos soldados se
mantenían rígidos y mudos, escuchando el tic-tac apresurado y corto de un reloj.
-¡Ah!-dijo el rey, y sus miradas se clavaron en la
cabeza del espía.
Era una cosa redonda. repugnante, erizada, de cabellos húmedos .... y con dos aberturas adelante, dos globos opacos, hundidos, que a los soldados les daba ganas
de vaciar, picándolos con una aguja. No era una cabeza
humana: era un pelotón de inmundicias que se movía.
-Y vosotros decís que este hombre ..... .
-X o es idiota, Sire, como pretende hacerlo creer.
Vuestra 11ajestad puede interrogarlo .....
-¿Entonces eres tú el que te escapaste de entre las
manos de mis granaderos? Tú el que tenías instrucciones
para M. Chevert. ....
Extendió la mano, tomó un papel y se lo mostró.
El hombre miraba al suelo.
-Sí-dijo el general-quiere hacerse pasar por sordo mudo. Es un hombre hábil.
-Más aún-dijo el rey.-Tengo una carta que me
prueba tu misión. No finjas más. ¡Habla!
El hombr~ no se movió.
Un viejo de cabello muy blanco se acercó al idiota
y le dijo, mirándolo profundamente.
·
-Os reconozco, señor marqués.
El idiota movió la cabeza y un poco de saliva empezó a caerle de la boca, en largo hilillo.
Volvió a oírse el reloj que contaba los segundos ...
Tic .... tac .... tic .... tac ....
El rey dijo:
-"Usted" iba a prevenir a M. de Chevert que enviara a Achem un cuerpo formado de regimientos de Navarra, Auvernia y cuarenta compañías de granaderos.
El idiota se lanzó a patadas contra una mosca. Sus
zapatos resonaron en el pavimento.
- ...... y dos brigadas de caballería para marchar
contra Harbelstadt. ¿No es eso, "señor ?"
El viejo volvió a decir:
-Estoy cierto, Sire, que este hombre es el marqués
Antonio de Kervescop de Coadilo, una dura cabeza bretona. Tiene dos bravos hermanos con Chevert. El 19
tenía su barba; hoy se la ha afeitado: he ahí todo el
cambio.
Volvióse hacia el idiota.
-¡Eh! os reconozco . ... Sois un aristócrata y dobéis
tener los dientes cuidados. Abrid la boca.
El hombre no entendió. Se llamó al granadero prusiano de guardia. Se aproximó al imbécil, le abrió la boca a
viva fuerza , torciéndole el pescuezo. Los dientes aparecían quebrados, horribles.
El infeliz avanzó un paso y tomó una silla; pero sin
duda ignorab:i su empleo, porque la derribó por la espalda y se echó encima. Luego, poseído de furia, cerró los
ojos y se arrancó las pestañas.
Esta escena impresionaba a los ayudantes de campo, un poco jóvenes. Palidecieron.
Uno de ellos murmuró:
-Está realmente enfermo.
El idiota balanceaba la cabeza. Hacía gestos y
chasqueaba la lengua.
-No hablará-dijo alguien.
El rey tuvo lástima:

-Xo reconozco en "esto'' ningún signo de aristocracia. Que se lo lleven ....
Los jóvenes oficiales asentían con viveza.
El viejo oso inclinaba la cabeza y se mordía las
'
uíías.
Gruííía siempre:
-Es fuerte .... es fuerte ....
De pronto, cogió una pistola y acercándosele por
detrás. en puntillas, se la descargó al oído .... Nada, ni el
hilo de baba se le movió al idiota.
El rey se echo a reir:
-Y bien, ¿ estáis convencido esta vez?
El viejo se enfureció, se puso verde como su uniforme. Nuevo periodo de silencio.
-Veo que no llegamos a nada-dijo el rey fatigado.- ¿Quién lo tomó?
-Los húsares , Sire.
-Peor para ellos. Ved esa cabeza: no hay nada
adentro. Apenas tiene vida ..... .
El viejo, porfiado como un burro, insistió aún:
-¡Sire, se os engaí1a! Os conjuro a que esperéis
un momento ... Este hombre es un comediante, un cómico
admirable .... .
-Porque sois admirable, señor,-le dijo al idiota,
mirándolo tan de cerca que los demás vieron la cara de
un viejo terrible llenar las pupilas del prisionero.
Pero nada.
El viejo pateó de rabia.
-Primera vez que me vencen-exclamó.
-Seguidme-dijo el rey.
Y salieron.
Sire-insistió el viejo oso por última vez.-Este
hombre era reputado en Versalles como un caballero de
buenas fortunas ..... Ahora bien, tenemos aquí una antigua dama de honor de la reina Lecsynska que se sabe de
memoria todos los rostros franceses ... La he hecho llamar
y si Vuestra Majestad lo tiene a bien, iremos con ella a
presencia del marqués .....
-Que entre.
El idiota babeaba en un rincón.
La dama entró, distinguida y silenciosa.
-Señora, ¿ conocéis a este francés?
La alemana miró al idiota y repuso:
-No, Sire.
El rey miró al viejo. El viejo se mordió los labios
y, tras un segundo de vacilación, agregó:
-Bien. Vamos a salir por aquí y un instante después usted tomará esa puerta.
Y con la mano señalaba la puerta del rincón donde
permanecía el idiota, y luego todos desaparecieron tras
una cortina .
La seííora atravesó vacilante el gran salón. Al Pasar cerca del idiota, resbaló en un charco de agua, dióse
cuenta de la inmundicia, gritó y cayó al suelo. El hombre
se levantó rápido, distinto y dijo con voz clara y suave:
-"Acc'!ptez ce bras, mad ....... •
Y se detuvo.
Separóse la cortina y apareció el rey, pálido, el viejo triunfante ..... luego algunos soldados.
-Lo ha perdido su galantería-dijo alguien.
Oyóse una voz ~otente, la voz del marqués de Kervescop de Coadilo, que gritaba, transfigurado:
-¡ Viva el rey de Francia!
Y luego veinte tiros de fusil.
-Por ahí, por el lado de la cortesía, se les pilla a
todos estos-gruñó el viejo oso.

GEORGES D'ESPARBES.

�Ni M\lerto ni Vivo
Disgustado con su familia el joven Huberto Arriaus,
salió hace pocos días de su casa amenazando con no volver jamás. Huberto es un muchacho de diecisiete años,
buen obrero y excelente trabajador; pero un poquito loco. Si a los diecisiete años no se tiene derecho a ser algo
loco, ¿a qué edad habrá que aguardar?
Pero, en fin, el caso es que Huberto Arriaus desapareció, y por espacio de tres o cuatro días no se supo nada de él. Su pobre madre estaba desesperada, su hermano
Enrique corría París de extremo a extremo buscándole en
vano, y Huberto sin parecer ..... Testarudo y firme, había jurado no volver a su hogar materno, y cumplía la
promesa.
Anteayer la Prensa publicó una noticia que llenó de
consternación a la familia de Arriaus. Los periódicos daban cuenta del suicidio de un joven cuyas señas coincidían
extrañamente con las de Huberto. Las autoridades acababan de retirar del Sena el cadáver de un muchacho horriblemente desfigurado, y no habiendo podido identificarle, condujéronle al Depósito.
Un negro presentimiento se apoderó de la señora
Arriaus, y acompañada de su hijo Enrique, loca de dolor,
presentóse en La Morgue ..... En efecto ..... Todo hacía
creer que el cadáver allí expuesto era de Huberto .... La
misma estatura, idéntica complexión, una pequeña señal en
el vientre, el color de los tirantes ..... No cabía duda ....
¡ Era él! El rostro era una masa deforme; pero, a pesar
de todo, madre e hijo no vacilaron un instante .... Aquel
era su hijo .... Aquel era su hermano .... Era Huberto, el
desventurado Huberto, que, sin recursos y desesperado,
había preferido la muerte a quebrantar el juramento que
hiciera al salir de su casa para no volver ....
Y madre e hijo reclamaron el cadáver, le condujeron a su casa, vistiéronle las mejores ropas y le velaron
con amor.....
Todo estaba dispuesto ayer para el entierro: las
invitaciones repartidas, encargado el servicio fúnebre, la
carroza ·a la puerta, parientes y deudos enlutados .... Suena la hora, los empleados de la funeraria suben a recoger
el féretro .... Gritos, llantos, sollozos desgarradores, despedidas emocionantes .....
Y en aquel instante llaman a la puerta y aparece
H uberto, vivo y sano .... Sí, señores, sí ..... El mismísimo Huberto, que no se había suicidado y regresaba a su
casa arrepentido como el hijo pródigo ...

-Pero, ¿qué porquería de cadáver es éste?-debieron preguntarse entonces las gentes de la casa, mientras la
señora Arriaus, loca de alegría, llenaba de caricias a su
hijo, al que veía resucitar cuando le lloraba ya perdido ....
¡Ah! ¡ Qué egoísta es la alegría I Nadie se acordaba del muerto, y cuando pasados los primeros transportes
de dicha repararon en aquel desconocido difunto, no se
les ocurrió más que .... ¡ devolverle al Depósito 1 No sé si
antes le desnudarían; pero es muy posible!
Y allá fue de nuevo el pobre cadáver a continuar
expuesto unos cuantos días hasta ver si aparece alguien
que le identifique. La tierra, a la que iba a pedir el eterno reposo, después de dejárselo entrever, se burlaba de él
y le rechazaba .... ¡ Qué culpas habrá cometido en vida
para que así le traigan y Je lleven y le hagan desear tanto
el beneficio de la suprema quietud!
En la Morgue no se asombraron de lo ocurrido, y
ahora nos enteramos de que esto suele suceder allí con
mucha frecuencia. Los cadáveres de los suicidas que el
Sena devuelve son montones de carne, a los que no es posible identificar en la mayoría de los casos. Las familias
creen reconocerlos con la mejor buena fe, por un detalle
cualquiera, por una señal, por una cicatriz, por una inicial ..... Pero, a menudo, se llevan chasco-•.... Y no es la
primera vez que se ha presentado un señor de La Morgue
preguntando muy cortésmente a los e*-"1os:
-¿ Tienen ustedes la bondad de'1ecihne en qué cementerio de París me han enterrado 1Utedes?
La familia Arriaus está resplandeciente de dicha;
pero el joven Huberto ha empezado a enterarse de los
contratiempos y molestias que le esperan ahora. Porque
Huberto Arriaus, el ex-suicida, se encuentra en este momento histórico, con que, legalmente, no existe .... la partida de defunción extendida con todas las formalidades
de la ley y firmada por la familia y testigos correspondientes, ha sido archivada en los registros de La Morgue
y en la Alcaldía. El interesado tiene que incoar ahora un
expediente judicial para obtener la anulación de dicho documento oficial, y este es un precedimiento largo y costoso.
Y hasta que lo consiga, el joven H~berto Arriaus
tendrá que resignarse a no existir ..... No está ni muerto
ni vivo ....•

=-4
00
1
1

•

--\

--

JOSE JUAN CADENAS.

++++++++++++++eJ•+++++++++++++++•l•eJ•++++++++++++++++++++++++++++·•+++++++++++++++++++

NUESTRA PORTADA
Con la tricromía que aparece en nuestra portada, queda cumplido el ofrecimiento que hicimos a nuestros favorecedores en nuestro número anterior. No hemos llegado a la perfección que deseamos y que merecen

~~V!L,,l~DJCM&gt;,lt:,J~l,b,'6=1,t:,,•L&gt;JL1"'""'6'6\t,,Jf:OJ6!A
•V,'7t'7tvl.Vtv'ivtv't'vtvfvt&lt;.:::7"'7tv"'-1' v t V ~ ~

nuestros amigos; pero tenemos la satisfacción de haber sido los primeros entre las publicaciones periódicas del

Señorita María Magdalena Garza,

Sur de los Estados Unidos, en obtener para "Revista Mexicana" esta gran mejora, que nos alienta a otras nue-

De Nuevo Lareao, Tamaulipaa.

vas, para corresponder a la creciente aceptación que nos han dispensado nuestros lectores, de quienes tenemos

)v~$t&amp;~~:~~!~~

gratísimas muestras de afecto.
Al proseguir en nuestra labor, nos sostiene esa cooperación, que viene de todos los que sienten amor por
las manifestaciones genuinas del alma mexicana, y lle nos de confianza esperamos el éxito de nuestra campaña
por los verdaderos ideales nacionales, ganando para el esfuerzo colectivo de "Revista Mexicana'' y de sus sostenedores, la estimación de propios y extraños.

+t 11 ++ t++++ l ++t•+++•t+++ 1++++•H•H+++++ 111 •I +++++ 11+•H++•S, l l•t t ++++t+++++t+ 111 t lo H++++

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1-,.;,y"r,"•~~•':"l"i"•-::Tí•\T7,~•~':'T. ,--:-r;- 1~,:Tí,--:-r;·,':T -,~i-:.T;,;:T;",~'~'~r~·.--~,::,";'1~1""'71~1\"'1'7,~ilv'ríR'l"í,y'l'"'¡1~\

''

ASTARTEIDA ;
Poema lnéc'lito éle Felipe Guerra Castro
VENUS CANORA
Desde la alcoba, al despuntar el día,
Saluda a sus canarios y gorriones
Con las enrevesadas variaciones
En que bulle y gorjea su alegría.
Luego, semipeinada todavía,
Abre a la luz naciente los balcones
Y también la saluda con canciones
Llenas de una inocente picardía.
Y así, siempre canora y siempre pura,
Toda su vida la doncella pasa,
Al amparo celoso del abuelo.
Y es animada flor de donosura,
Voz juvenil de la vetusta casa,
Linfa sonante en que se copia el cielo!
VENUS ALBA

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Beldad ultraterrestre, en que se aduna
La mujer con el ángel y la diosa,
Como al través de bruma misteriosa,
Esplende tu alma con claror de luna;
Alma tranquila y sin doblez alguna,
Que en tus miradas límpidas rebosa;
Alma en que es la inocencia luz radiosa;
Alma en que es el amor niño en la cuna.
Te he visto en la terraza, y aun te veo,
Cuando cierro los ojos, y aun te miro,
En horas de callado fantaseo ;
Y en derredor de tu recuerdo giro,
Y en platónico ~ulto me recreo,
Y a que me inunde tu esplendor aspiro.

I

VENUS NEGRA
Mediodía. La atmósfera pesada
Sobre el inmenso algodonar gravita,
Y, entre el verdor, blanquea una casita,
Por el fuego del trópico bañada.
En ella, entre vellones recostada,
Duerme la esclava, que acudió a la cita
Del "patrón:" se dijera una Afrodita,
En ébano finísimo tallada.
Mágica desnudez, toda negrura
Y toda claridad, por la pureza
De sus líneas parece que fulgura.
Oye ruído de pasos; se espereza;
Y abre el "patrón" la puerta; y se apresura
A rendirle, en tributo, su belleza!

VENUS :MORBOSA

VENUS PUDICA

Blanquísima visión! Por un instante,
Pasar la miro magestuosamente,
A la luz meridiana, que en su frente
• Se refleja con brillo deslumbrante.
La avenida atraviesa, con sonante
Taconear, de ritmo en que se siente
La vibración de una alma incandescente,
En un cuerpo de virgen rebosante.
Gracias doy a la suerte, que de albura
Supo inundar mi mente y mi retina,
Suscitando ante mí visión tan pura.
Y pienso en un albor de muselina,
Menos limpia y lilial que la hermosura
Que al través de su trama se adivina l

El baño ha concluído. La doncella,
Saltando temblorosa de la tina,
En la penumbra matinal descuella,
Llenándola de luz alabastrina.
Escultura ide~l, palpita en ella
Un esplendor celeste que fascina:
Diríase que el alma de una estrella
En el cuerpo infiltróse de una ondina.
Ante la limpia luna del espejo,
No se atreve a mirarse. De improviso,
Frunce, en vago mohín, el entrecejo.
Siente mis ojos; y, en el campo liso
Del cristal, insinúase en reflejo
Una Eva que abandona el Paraíso.

VENUS NUTRIX

VENUS HEBRAICA

Al compás de una vieja tonadilla,
La madre adolescen.te arrulla al niño,
Y entre las gasas muestra del corpiño
El seno lácteo, en que la albura brilla.
Se agranda su estatura de chiquilla,
Por la virtud del maternal cariño,
y hay mucho, en el misterio de su guiño,
De la bella "Madona de la Silla."
Y, en tanto que el rollizo pequeñuelo
La savia de la vida saborea,
Urde la madre, con febril anhelo,
La trama de la dicha que desea
Para el chiquillo, y en lo azul del cielo,
Del Destino la incógnita sondea!

VENUS URANIA

•

En las esmeraldas &lt;le tus ojos tienes
Brillo de esperanza, fuego de ternura,
Como que se cifran todos los edenes
En tus verdes ojos de mirada pura.
No con las pestañas su ímpetu refrenes,
Impetu que, hiriendo, embalsama ~1 cura,
Ni le opongas diques al raudal de bienes
Que en tus ojos claros límpido fulgura.
Pródigos en lumbre, pero no en desvíos,
Luzcan sus orientes tus divinos ojos,
Ojos de judía, pero no judíos!
No a quienes los miran nieguen la mirada, ,
Mientras, atraída por tus labios rojos, ·.
Bulle de los besos la sutil bandada!

~~~W,K-+*f,¡;*~!*l(+~!*K+*+*+&gt;:~m+;K+)*+~*'~*i~~~+)~t~l~t)IE+)K+~*~'

~/
I
I

I

'

Modelo de elegancia femenina
Y de soltura varonil, pasea
Por las obscuras calles de la aldea
Su andrógina beldad la Mesalina.
Detiénese de pronto; el busto inclina,
Y, a la luz de un farol que parpadea,
Pínchase el muslo, en que la carne albea,
Y en la carne penetra la morfina.
Y al punto sigue, retadora y fuerte;
Y sueña con mil brazos que se anudan
A su cintura, en apretón estrecho;·
Y, en su visión fantástica, no adviertf'
Que a su lado, en la sombra, la desnudar.
Dos pupilas que estaban en acecho.

, VENUS ANADIOMENA
Bajo el azul del ignífero cielo,
Sobr~ el azul de la quieta bahía,
Es un alción que se ensaya en el vuelo
Mi fantasía.
Flota sin rumbo, y a su ávido anhelo
Franca se ofrece la gloria del día
Sobre los mares, y rómpese el velo
Que los cubría.
Vuela con alas de luz, y, de pronto,
Entre oleajes de místico ponto,
Noble y serena,
Ante los ojos de mi alma fulgura
T,a maravilla de amor y hermosura,
De Anadiomena !
VENUS YACENTE
Flor de muerte y de luz, en el sombrío
Anfiteatro duerme su hermosura
Sobre lecho de mármol que fulgura,
Ni tan albo como ella, ni tan frío.
Amó mucho; sufrió; y, ante el desvío
Del fantasma sutil de la Ventura,
Su ansia de dicha se trocó en locura,
Y estrellóse su ensueño en el vacío.
De asfixia el alma, dolorosamente
Sintió morir, y la suprema calma
Del suicida adquirió súbitamente.
Y sin cruz, y sin Gólgota. ~,. sin palma
De martirio, inclinó la blanca frente,
Con la asfixia en el cuerpo y en el alma.

�4•+++ 4 ++++lif ti l+H•t+I t fotttl t tHl 14 t++++tt•++l++l l++.+ t+tt++++tHI H I lttl 111

: el primero
En esta plana se ven cuatro interesantes
ento deemrepresenta un batallón de tropas australianas en
undo exhibe
barcarse para ir a tomar participio en la guerra;
bardeada; el
las ruínas de una fortaleza después de haber sH
mbarcadas en
tercero muestra varias cajas de aere0planos al s
Grecia para servir en la campafia de oriente; y arto grabado
es una vifieta del inmortal Julio Ruelas, publi~ad algunos af'í.os
en ' 'Revista Moderna'' y que pinta el final de la nza: un cadáver devorado por un perro.

/

/

t

�Las Virtudes Guerreras

La Sombra del Amor

Por Emilio Ollivier
glo de Pericles; las de Roma y de Florencia, los siglos de
De Maistre cree divina la guerra; Proudhon dice
que es "la expresión más incorruptible de nuestra concien- Augusto y de León X. Dante no habría escrito la Divina
cia; el acto que, en definitiva y a pesar de la influencia im- Comedia en medio del muelle epicureísmo de los Médicis,
pura que con él se mezcla, nos honra más ante la creación ni Miguel Angel habría pintado la Capilla Sixtina en los
días de quietud de Benedicto XIV; Montaigne compuso su
y ante el Eterno." De todas las fatalidades contra las que
obra
maestra enmedio de los furores de la guerra civil;
se debate la humanidad quejosa, la guerra no es la más
temible, y sus males no carecen de amplias compensa- el siglo de Luis XIV se vió lleno por la gloria de las letras, lo mismo que por "el noble tumulto de las batallas."
ciones. Como los exploradores que introducen la luz y
el aire en los bosques vírgenes derribando con sus hachas Bossuet y Moliére son inseparables de Turena y de Condé,
a los árboles, los grandes capitanes, héroes privilegiados y la incomparable explosión literaria, artística, histórica y
científica del siglo XIX se ha debido a los hijos concebide la Historia; abren por medio de las armas, el camino a
dos durante la epopeya grandiosa de la Revolución y del
la civilización, disciplinan a los pueblos inferiores y barren
Imperio.
a los pueblos podridos. Donde no se teme la guerra, se
Podréis acostubraros a las humillaciones, a los deforman en las almas una virilidad, un atrevimiento y un
soplo fecundador de sublimes inspiraciones; el genio se de- safíos, a los ultrajes, y, cuando se os haya abofeteado una
mejilla, limpiarla y ofrecer la otra; por evitar la muerte en
senvuelve al ruído de las armas más todavía que al de los
el
campo de batalla, ¿escaparéis también la del lecho de
cohetes o al de las máquinas. Los hombres, habituados
a colocar por encima de todos sus pensamientos la idea agonía? A la puerta de nuestras ciudades hay campos de carnicería llamados cementerios, sobre los cuales caen más
de sacrificio, de holocausto voluntario, sobrepasan, aun
combatientes que en la guerra más mortífera. ¿Sabéis, ¡ oh
para las artes, el comercio y la industria, a aquellos que
pobres madres que palidecéis ante el pensamiento de la
se absorben en las abyecciones quejumbrosas.
"El reposo engendra a la cobardía. Los sentimien- guerra! cuántos de vuestros hijos son arrebatados por la
tos' generosos nacen del peligro que se ha afrontado, y cuan- tisis sólo en Europa? Un millón por año, sin hablar de
do no se ha tenido que defender a la patria, las ideas de otras enfermedades implacables, cuyo sólo nombre atehonor degeneran; igualmente degenera una nación y se rroriza a vuestro amor. Y no creáis que la muerte de la
guerra sea la única que prefiere a los bellos y los jóvenes,
convierte en raza innoble, incapaz de la generosidad, de
pues la de la paz no les es más clemente. Ella tambiénla resistencia y de la energía del sacrificio."
"Más vale atreverse a grandes empresas, obtener ¡ cuántos de entre nosotros lo hemos experimentado!gloriosos triunfos, auque vayan mezclados con derrotas, se complace en romper sobre su tallo de primavera a las
en lugar de seguir los principios de esos pobres espíritus flores jóvenes y sonrientes que están en vísperas de abrirse.
¿Adonde huir de la muerte? ¿Acaso no extiende
que ni gozan ni sufren demasiado, porque viven en el gris
crepúsculo donde no se conoce ni la victoria ni la de- por doquiera y sobre todos su feroz mano? todas las vidas se sostienen sólo por la inmolación de otras vidas.
rrota."
Devoramos en espera de ser a nuestra vez devorados.
Todo pueblo que, carente de la noción del sacrificio,
¡Pobres
hombres! No somos otra cosa sino efímeras hono prefiere la gloria de morir bien a la vergüenza de vivir mal, está condenado a la conquista. Se debe conside- jas que nos vemos reemplazadas tan pronto como nos herar como ya muerta a una nación por encima de la cual mos secado en una rama, que ve con indiferencia sucederflota un grito sórdido como el del ateniense de Aristófa- se las unas a las otras hasta que, a su vez, se seca ella
también. ¿ Por qué? ¿Por qué? Sabremos ese por qué
nes:
cuando
desde lo alto de una de esas estrellas cuyos rayos
"Bebamos y alegrémonos; nada hay más amable
que el vientre; el vientre es tu padre y tu madre. Las vir- tardan ahora mil años en llegarnos, apercibamos, con ojos
tudes, las embajadas y los mandos, son vanagloria y va- de una penetración muy desarrollada, a lo lejos y en el
inmenso espacio, como un punto apenas visible, el minúscunos ruídos del país de los sueños.''
De igual manera carece de grandeza todo hombre lo globo obscuro, el sol apagado del que ahora tenemos
de Estado que no coloca a la guerra entre sus numerosos la pretensión de hacer el centro del Universo. Hasta entonces sometámonos a las leyes contra las cuales en vano
medios diplomáticos, y que, a los lacrimosos, no sabe
habríamos de revelarnos, y, puesto que la guerra es una
contestarles con orgullo:
"Sí, amo la paz; pero detesto más todavía la afren- de esas leyes, no la maldigamos. Aceptémosla como la
forma noble de morir, como la que conduce con mayor seta y la vergüenza."
guridad al renacimiento ascendente de lo mejor. No busLa guerra es divina en el sentido de que es una de
quemos,
sin embargo, la embriaguez de sus grandezas:
las leyes indestructibles de la especie humana. Más o
menos, de una manera o de otra, los hombres se han ba- están demasiado mezcladas con calamidades y con lágritido y se batirán siempre. tanto en lo físico como en lo mas; empleemos, por el contrario, todo nuestro vigor Y
moral, según el filósofo del Pórtico: Vivere est militare, todos nuestros esfuerzos en apartar el azote, porque es un
o según el suave estoico del claustro: Militia est vita hó- . _dolor y es preciso oponer, no sola~ente una compasión, siminis súper térram. El sueño de la paz universal es una no una resistencia. Solamente cuando el de~tino nos la
utopía y no estoy cierto de que deba desearse su realiza- imponga como un deber, aceptémosla virilmente con todos
ción. Las guerras civiles de Grecia nos han valido el si- sus riesgos, y no huyamos de ella con cobardía.

Por Camilo Mauclair
Los últimos resplandores de la tarde tendían su
sombra sobre la arena de la playa, mientras el mar se agitaba suavemente.
Catalina de Renelles levantó la cabeza y mir6 frente a frente a M. de Rouvre, el cual murmuró:
-¿ Le ha molestado a usted mi confesión?
-No-contestó Catalina;-pero estoy muy apenada
porque es preciso que le cause a usted un grave disgusto.
¿ Por qué la amistad que usted me profesa se ha trocado en
una pasión amorosa? Mi contestación ha de ser muy dura.
No puedo amar a usted, porque.. . . .
·
Catalina suspiró violentamente y terminó:
-Porque amo a otro. Le he confiado a usted mi
secreto y nadie más digno de poseerlo. Amo con locura
a. un hombre que no ha de pertenecerme jamás y que se
mega a corresponderme. No puedo dejar de adorarlo y
no hay nada que pueda sobreponerse a mi pasión.
Madame de Renelles guardó silencio y se echó a
temblar.
-Es usted muy desgraciada.
-Sí-contestó Catalina.-¿Por qué se empeña usted
en serlo también? Olvide usted su amor que, sin duda,
no es Ud. víctima del espantoso suplicio que a mí me tortura.
-Y, no obstante, lo seré.
-Me alejaré para siempre y usted me olvidará.
-Su ausencia, señora, me mataría. Déjeme usted
vivir a su lado como un amigo. Prometo a usted no volverle a hablar de mi pasión.
-Sufriría usted atrozmente.
-Tengo derecho a elegir mi sufri!J'!iento. ¿No ha
aceptado usted el suyo? Contestaría usted al hombre a
quien ama lo mismo que acabo de contestar a usted.
Catalina bajó la cabeza y dijo:
-Es cierto. Pero yo nada espero, y usted tampoco
nada debe esperar de mí.
. -Lo sé; va a cerrar la noche y es tiempo de que nos
retiremos.
M. de Rouvre y madame de Renelles se levantaron
Y se dirigieron hacia el caserío de Villerville, mientras
pleamar comenzaba a lamentarse en las tinieblas.
El tácito pacto fue respetado en lo sucesivo hasta el
punto ele que aquel hombre y aquella mujer parecían haber olvidado por complt&gt;to la tremenda escena de la playa.
Sin embargo, los dos eran demasiado leales para
prohibir a sus almas el recuerdo de sus apasionadas revelaciones.
Catalina de Renelles no incurrió en la pequeñez de
ocultar su angustiosa tristeza al único de sus amigos que
conocía la causa de ella., Prefería esa crueldad a la ofensa de su fingido disimulo. Sin embargo, sentíase movida
a piedad cuando veía palidecer a M. Rouvre. Echábase
en cara . la dureza de su proceder, y a veces se había indignado contra aquel hombre que la amaba y sufría sin
que ella hubiese hecho lo más mínimo para provocar la
loca pasión de que aquel infeliz era víctima.

¡¡

No obstante, por amistad, por lástima, permitía a
M. de Rouvre lo único que podía otorgarle: el derecho
de estar a su lado, el derecho que ell~ hubiera deseado
tener con respecto al hombre casado que vivía en lejanas

tierras, al hombre indiferente por quien tan sólo palpitaba
su corazón.
Pero como veía en M. de Rouvre la absoluta igualdad
de sufrimiento, el desdeñado era para ella un consuelo
irreemplazable, a quien no podía dejar de mortificar implacablemente.
Cuando M. de Rouvre oía estoicamente a su amiga
parecíale que Catalina hablaba de sus propias penas.
'
Los dos permanecían indiferentes a cuanto les rodea~a. Nada equivalía para ellos al dolor que juntos expenmen ta ban.
.
No podían prescindir el uno del otro; las gentes
llegaron a creer que eran amantes.
Un día se recibió la noticia de que el hombre amado por Catalina había muerto en el extranjero. Durante
muchos meses la mujer que no tenía derecho a llevar luto más que en el alma, vivió sumida en la mayor tristeza
Y como atontada por el tremendo golpe que en su pasión
había recibido.
Los dos amigos no sabían de qué hablar. Los dos '
habían envejecido. Catalina supuso que M. de Rouvre no
pensaría en poseer, en el crepúsculo de una dolorosa vida
el afecto íntimo de una mujer cuya juventud se había ofre~
cido en holocausto a otro hombre.

M. de Rouvre no hacía la menor alusión a un matrimonio posible. Nada había cambiado en su actitud desde
la tarde de Villerville.
, . Fue ella quien comprendió su deber, y quiso hacer lo
u~1co que podía recompensar aquel largo y altivo sufrimiento.
El hombre amado había dejado de existir. Libertada Catalina del deseo, que todo lo destruye, menos las Josas de las tumbas, iba descubriendo lentamente la posibilidad de que no existiera la sombra del amor.
Por sus propias penas calculaba lo que sería la vida
de M. de Rouvre si ella llegase a morir. El, silencioso y fiel
a su promesa, leía con misterioso goce cuanto pasaba en
el alma perturbada de Catalina.
Cierto día díjole madame de Renelles que deseaba
que se encontrase con ella en la misma playa de Villerville
Sentáronse a la misma hora y en el mismo sitio. .
' l\Iiráronse fijamente sin que pudieran articula; una
palabra, y se echaron a llorar como dos niños.
M. de Rouvre tuvo la delicadeza de no dejarla hablar
la primera.
. Catalina lo había citado allí, y esto era más que sufic1en~e Qara adivinar, su voluntad. Aquella playa, donde
anteriormente se hab1an confesado sus mutuos y diversos
sentimientos, había sido elegida ahora para su primera cita
de amor.
M. de Rouvre dijo en voz baja a Catalina:
-¿ Quiere usted a su amigo?
-No podría-contestó ella- proponer a usted tanta alegría como sufrimiento le he ocasionado. Usted es
quien debe quererme si lo merezco todavía.
-Ser amado no es nada; en amar está todo el amor.
,ca:alina le miró comprendiendo el secreto de aquel
corazon inmensamente superior al suyo. Y en la penumbra de la playa dió a M. de Rouvre el primer beso pasional
que otro hombre había menospreciado.

�EL TESTAMENTO
El matrimonio se celebró con gran pompa Y a él
asistieron todos los amigos de Celestino.
Al día siguiente de la ceremonia, los recien casados
partieron para Suiza, y después de un viaje de muchos
meses regresaron a su país con objeto de establecerse en
una preciosa quinta de Saint Mandé.
Celestino era el más dichoso de los hombres.
Cuando llegó el invierno, el reúma le obligó a guardar cama y la mujer le cuidó con el mayor esmero del
mundo.
-No sé cómo demostrarte mi gratitud-decía Celestino.
-Pero, ¿no eres mi marido?-contestaba la joven
con acento candoroso.
-¿No te pesa el haberte casado conmigo?
-¿Por qué me ha de pesar, si soy la mujer más
feliz de la tierra?
-¡ Y pensar que mis amigos no querían que me casara! No te olvidaré nunca y haré mi testamento a tu
favor.
-No me hables de eso.
-¡ Quiero legarte toda mi fortuna!
-Será inútil, porque si tuviese la desgracia de perderte, no te sobreviviría.
-¡ Qué locura I
-Estoy convencida de ello. Si te murieses, me
moriría yo también de pena.
-¡ Te lo prohibo! .....
-¿Acaso podría yo vivir sin tí?
Al cabo de tres años, Celestino cayó enfermo de
cuidado y desde luego comprendió la gravedad de la situación.
-Hija mía-dijo a la mujer:-me siento muy mal
y puedo morirme de un momento a otro. Haz que venga
un sacerdote. ¡ Ah 1 Y un notario.
-Pero, ¿ qué necesidad hay del notario?
-¡ Quiero legarte toda mi fortuna!
-¿Para qué? Ya sabes que si te mueres, no me ha dthacer falta nada. Te amo demasiado para poder. vivir sin tí.
-El tiempo calmará tu dolor.
-Xo lo creas.
-¡ Cuánto me amas !-decía el moribundo, profundamente lisonjeado en su amor propio.
A pesar de todo, la afligida esposa envió a buscar
al notario.
Tan pronto como Celestino estuvo solo con el depositario de la fe pública, le dictó su última voluntad.
Aquella misma noche se agravó Celestino, y su mujer, anegada en lágrimas, no cesaba de decir que no le sobreviviría.
-Te creo-murmuró el agonizante.
Celestino espiró a los pocos momentos.
Al cabo de ocho días el notario reunió en su despajoven todavía.
,
.
_ cho a todos los individuos de la familia para darles cuen-¡ Es usted un ángel!-exclamo Celestmo.;-En se
guida que nos casemos haré testamento Y legare a usted ta del testamento del difunto.
La viuda vestía de luto, estaba apenadísima y movía
.
toda mi fortuna.
a compasión.
-¡No hablemos de e'so, por Dios!
El notario rasgó el sobre y leyó en alta voz:
-Sí sí: hay que poner las cosas en su punto.
"Convencido
de que mi adorada esposa no ha de so-Abandone usted ese tema de discusión para no
brevivirme, según ella me ha repetido infinidad de veces,
entristecerme en un día tan solemne como este.
lego toda mi fortuna a mis sobrinos.''
-Obedezco-dijo Celestino, el cual se puso a haLa viuda estuvo a punto de perder el sentido, y exblar de otras cosas.
clamó
fuera de sí:
El solterón hizo sus preparativos de boda Y obse-¡ Qué estúpida he sido 1 ¡ El muy imbécil creyó,
quió con infinidad de regalos a su novia y a su futura
sin duda, que se lo decía deveras I

Celestino Pingaud tenía cincuenta años y trrinta
mil francos de renta, cuando se le ocurrió, 1~ idea ?e casarse. Deseaba pasar tranquilamente los ultimos d1as de
su vida y evitar que su fortuna fuese a parar ª. man?s de
· os , a los que no profesaba grandes snnpat1as.
sus sob rm
.
Celestino comunicó su intento a sus amigos ! _conocidos, Y les suplicó que le ayuda~en en su prop~s1to;
pero todos ellos tratar?n de disuadirle y le aconseJaron
que desistiese de semeJante proyecto.
,
-El casarse a tu edad es una locura-le decian.
-Al contrario-les contestaba Pingaud.-Yo sé lo
que me hago y no soy un niño.
_ya es tarde para eso.
-¿Por qué?
-Porque eres demasiado v1eJo.
-¡ Qué disparate! Gozo de buena salud, como
bien y me siento fuerte Y vigoroso.
No te cases-le repetían cuantos le querían bien.No hagas una tontería.
-¡Una tontería!
-Sí, señor; tu proyecto es un desatino.
A pesar de todo, el solterón no se dio por ent~ndido y se puso con gran empeñ~ a b_uscar una muJer
.
·
¡oven
y hermosa , que le aceptara inmediatamente pord'esso Como no aspiraba a aumentar su fortuna, se tnó ~ la clase pobre y no tardó en descubrir 1~ bella que
debía ser encanto de su hogar. En un ~~rno extremo
de la población conoció a una joven q_ue ~1v1~ con su madre, viuda de un comerciante que hab1a d1lap1dado en poco tiempo todo cuanto poseía.
.
La muchacha tenía dieciocho años, era muy bon_1~
ta y estaba muy bien educada. Cuando_ Cel~stino anunc1?
a las dos mujeres sus proyectos matnmomales, su petición fue acogida favorablemente.
.
-Reflexione usted-dijo Celestino a la Joven,-pues
no quiero que se case usted por s~rpresa.
-Ya he reflexionado-contesto ella.
.
-Soy lo bastante rico para satisface: los deseos de mi
'tad y pretendo que no se arrepienta usted nunca
cara m1
·c1 , d
de haberme otorgado su mano. Más tarde me cu1 are e
asegurar el porvenir de mi esposa.
-No hablemos de eso-dijo la joven,-puesto que
no me guía el interés.
.
. . ,
-¿ No me encuentra usted demasiado v1eJo.
-No, señor.
~ -Sin embargo es demasia?o grande la diferencia
de edad que nos separa.
-M@ gusta usted tal como es Y hay que tener en
cuenta que el hombre no envejece tan pronto como la
mujer.
-¡ Tengo cincuenta años 1
.
_y eso, ¿qué importa? A los cincuenta años.se es

:r

suegra.

U na Visión de T olstoi

' -~

La actual conflagración europea había sido "vista"
por el conde León Tolstoi desde el año de 1910 o sea cuatro años antes de que se iniciara la conflagración que estamos ahora presenciando. El conde contempló todas las
desgracias que en estos momentos se ciernen sobre la
vieja Europa, en una visión del más allá, en uno de esos
éxtasis, casi sobrenaturales, que solía tener el sabio y justo varón. El hecho fue comunicado por la condesa Anastasia Tolstoi, sobrina del gran escritor, quien lanzó duros reproches contra el káiser de Alemania, y constituye
una de las más notables profecías literarias que se hayan
formulado en los tiempos presentes. El original fue remitido al za~ de Rusia, enviándose copias al emperador Guillermo y al rey Eduardo VII. Las palabras que contienen
la profecía fueron pronunciadas por Tolstoi en los últimos
años de su vida, trasladándolas al papel la condesa, que
era la que siempre cuidaba del venerable anciano. Sentado el viejo profeta en su silla habitual, y cubriéndose
los ojos con las manos, lo vio su sobrina por algunos instantes como sumergido en profunda meditación;tan profunda que parecía hallarse en estado comatoso. Al fin
murmuró estas frases, ~ue al ser conocidas, conmoverán
al mundo entero:
"Esta es una revelación de acontecimientos que reviste un carácter universal, y que son de los más interesantes de cuantos han pasado. Sus espiritules líneamientos generales están ante mis ojos. Veo flotar sobre la
superficie del mar de las desdichas humanas, la inmensa
silueta de una mujer desnuda. Esa mujer, con su belleza
extraordinara, con su gravedad, con su sonrisa y con sus
joyas, parece una súper-Venus.
"Las naciones se arrojan furiosamente detrás de
ella, y cada una quiere llevarla consigo. Pero ella, semejante a una eterna cortesana, "flirtea" con todas. En i u
rico tocado de diamantes y rubíes está grabado su nombre: "comercialismo."
"Con sus encaptos y sus hechizos, seduce a los que
la miran y lleva la destrucción y la muerte en su á:iimo.
Su aliento va exhalando sórdidas transacciones; su voz es
de un sonido metálico, semejante al del oro, y su mirada
de codicia va envenenando a las naciones que son víctimas de sus encantos maléficos.
"Tiene tres brazos gigantes con una antorcha de
corrupción universal en cada mano. La primera ante cha
representa la llama de la guerra, que es conducida por la
hermosa cortesana de ciudad en ciudad y de nación en nación, recorriendo todo el mundo. El patriotismo está representado por truenos y relámpagos, como si fuera el
formidable estampido de los fusiles y de los cañones.
"La segunda antorcha es el emblema de la hipocresía y del fanatismo. Lleva e.n su seno las lámparas que
solamente arden en los templos y en los altares de las instituciones sagradas. Lleva también la semilla del fanatismo y de la falsía. Enciende los malos deseos y hace
estallar los buenos en su cuna misma.
"La tercera antorcha es la representación de la ley,
la más mala y dañosa de las instituciones humanas conforme a nuestras tradi&lt;úones, la que ha hecho labor funesta en

el seno de la familia, la que ha sembrado la cizaña en el
campo de la literatura, del arte y de la política.
"La gran conflagración estallará para 1912, encendida por la antorcha del primer brazo, en los campos del Sur
de Europa. De allí resultará una gran calamidad, una
gran destrucción para el año de 1913.
"En este año veo a toda Europa envuelta en llamas
y sangre. Y ya me parece escuchar las l~Mentaciones y
las blasfemias de los moribundos en los inmensos campos.
de batalla. Hacia el año de 1915, una figura extraña procedente del Norte-un Nuevo Napoleón-entrará en la escena de este sangriento drama.
"Será este un hombre poco afecto al militarismo, un
escritor o un periodista que tendrá bajo su férrea mano a
toda Europa, hasta el año de 1925. El fin de esta gran
calamidad estará señalado por el comienzo de una nueva
éra en la política de todo el Viejo Mundo.
"Desde entonces no habrá ya más imperios ni reinos
en Europa, pues todo el mundo estará formado por la gran
federación de los Estados unidos de las naciones. Solamente permanecerán cuatro gigantescas naciones distintas:
la de los latinos, la de los anglosajones, la de los eslavos
y la de los mongoles.''
Estas o parecidas palabras-las mismas de la profecía-fueron después la contestación que el viejo Tolstoi
diera a una pregunta que le hicieron posteriorment.! el
káiser de Alemania y el rey de Inglaterra, por medio de
un "mensaje directo y personal," en la inteligencia de que
no fuera publicada dicha contestación sino hasta después
de la muerte de su autor.
Interrogado en cierta ocasión acerca de la veracidad de su éxtasis, Tolstói contestó lleno de entusiasmo:
"Lo que yo he visto no da lugar a duda. Lo mismo
que a mí, ha sucedido a otros que tienen el dón singular de
reconcentrarse en sí mismos para ver las cosas y los acontecimientos a través del tiempo y del espacio.
"Más bien que una visión sobrenatural, mis predicciones son el resultado de la experiencia de ms largos años y del conocimiento profundo de los acontecimientos
y de los hombres. Mis observaciones de la naturaleza y
del carácter de los pueblos, son las que me han suminstrado Jos datos necesarios para sentar esas proposicones
que, desde ahora, pueden considerarse como bien comprobadas."
El gran escritor explicó después a sus familiares y
amigos cómo tuvo tan extraña visión y cómo la había
comunicado al zar de Rusia.
"Instado por el soberano para que le dijese lo que
yo había visto en mis meditaciones, dice Tolstoi, le hice la
narración que ya conocéis, y al escucharla se : intió profundamente emocionado. Llevaba conmigo una copia escrita de la misma narración que le había hecho, y la puse
en manos del Zar, quien con el temblor de todo su cuerpo,
daba señales cada vez más inequívocas de que mis palabras le habían impresonado muy hondamente. Otras copias fueron enviadas al káiser de Alemania y al rey de
Inglaterra. El original lo guardé en mis archivo.s particulares."

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El Juguete de la ·Gigantona
Hace muchos años había en Alsacia un castillo llamado el castillo de Niedeik, mansión de gigantes de amable carácter, siempre dispuestos y prontos a presta~ su
ayuda a los hombres cuando éstos la pedían. El castillo
ocupaba una gran extensión y estaba emplazado en mitad
de un bosque frondosísimo, lejos, muy lejos de la ciudad.
Un buen día, la señorita gigantona, paseando, se alejó del
bosque y al salir de la floresta mostróse sorprendida al
contemplar una vasta llanura celosamente cultivada.
Pero aun su asombro fue mayor al observar cómo
un aldeano labraba la tierra con una lucida yunta de mulas.
-¡ He aquí un juguete magnífico !-exclamó la seiiorita gigantona.-Aguárdame-dijo a su aya,-que voy a cogerlo para llevarlo a casa. ,
Y batiendo alegremente sus enormes manos se dirigió presurosa hacia la tierra cultivada, y arrodillándose,
guardó dentro de su delantal las mulas, el arado y el
labrador, regresando contentísima al castillo.
El padre gigante sentía gran curiosidad por conocer
la causa de la alegría de su hija, que en vano pretendía
disimular, porque bien claramente lo denotaban sus ojos.
-Vamos a ver: ¿qué te ha ocurrido en tu paseo de
esta tarde?-preguntó el viejo a su hija.-Estás resplandeciente de júbilo y adivino que la causa de tu alegría la
trae6 oculta bajo tu delantal.
-Padre mío!-repuso la gigantona-es que he encontrado un juguete precioso, un juguete que anda, un ju-

guete viviente ;-y dicho esto, la señorita sacó de su delantal el arado, las mulas y'el hombrecillo, que colocó sobre una mesa.
Al verlo el padre gigante, movió la cabeza indicando su contrariedad y dijo a su hija:-¡ Qué es lo que has
hecho, criatura! Has arrancado de su campo, has interrumpido el trabajo de este bueno y honrado labrador y
crees haber traído un juguete. Escucha, hija mía. El labrador es el más útil de los hombres, porque con su tenaz
esfuerzo, obliga a la tierra a rendir sus frutos, sin los cuales ni los demás hombres, ni los animales , ni mucho menos nosotros los gigantes, podríamos vivir ni sustentarnos. ¿No sabes de donde procede el pan que comes todos los días? El labrador siembra y ara la tierra y gracias a él la primera materia, que es el trigo, pasa luego a
los molinos y a los hornos. donde con otras materias se
transforma en el pan que a la mesa te sirven. Así que coge lo que tú llamas el juguete viviente y déjalo donde lo
encontraste, para que el labrador siga trabajando la tierra
en provecho nuestro.
La señorita gigantona, aunque no halló muy claras
· las razones de su padre y hubiera retenido en su poder el
juguete, como hija obediente y respetuosa se apresuró a
cumplir el mandato paternal. Cuando la señorita gigantona. a su regreso, quiso contemplar por última vez la llanura
cultivada desde los linderos del bosque, vio cómo el labrador volvía nuevamente a disponer su yunta y el arado y a
labrar amorosamente la tierra.
ANDERSEN.

•

REVISTA MEXICANA ha publicado y seguirá proporcionando a sus lectores. los documentos de más importancia para la historia contemporánea de México. Ha editado, además,
dos albumes que, por su importancia, debe leer todo mexicano el ''Album de Juárez,'' que
contiene los mejores estudios y poemas dedicados al Benemérito de la América y el ''Album
de Diaz,' • en el que se encuentra un resumen completo de la obra y de la vida de este gran
Presidente, así como los antecedentes de las catástrofes actuales. Pida Ud. los dos albumes
con una suscrición anual o uno de ellos, con una suscrición por seis meses. Llene U d. uno de
los cupones.
POR UN AÑO
Sr. Admor. de REVISTA MEXICANA
P. O. Box, 66 Station A.
San Antonio, Texas.
Muy ~f'íor mío: Tengo el gusto de acompal.\ar a
Ud. la cantidad de ~ 3. 50 cts. para que me remita
los dos albumes de Benito J uárez y Porfirio Díaz y
, una auscrición anual de REVISTA MEXICANA
Soy de Ud. atto. y S. S.

POR SEIS MESES
Sr Admor. de REVISTA MEXICANA
P. O. Box 66, Station A.
San Antonio, Texas.
Muy seí'\or mío: Tengo el gusto de acompaf'íar a
Ud. la cantidad de~ l. 80 cts. para que me remita, a
vuelta de correo, el Album d e - - - - - - - - - - - - - - - Y una suscrición semestral
de REVISTA MEXICANA.
Soy de Ud. atto. y S. S.

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MANIFIESTO DEL GRAL. F. DIAZ. ~,
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En el Seno de la Familia
Pregunta alguien:
¿Por qué prefiere Ud. la ''Revista Mexicana'' a los demás periódicos?
Y contesta el padre:

Y contesta su hermana menor:
Porque su sección editorial me parece juiciosa y pa"REVISTA MEXICANA" es mi periódico preditri6tica, y es la que mejor orienta el espíritu nacional en lecto, por su Sección de Charadas, Anagramas y demú
eatos difíciles momentos.
acertijos, con los cuales paso entretenida los ratos de
aburrimiento.
Y añade la madre:

Don Benito Juárez
Habrá necesidad de preparar mítines, veladas, ceremonias cívicas, manüestaciones populares, tod aquello en fin que tienda a enaltecer el recuerdo del Benemérito. Las sociedades mutualistas '1
la: agrupa~iones ;atrióticas deben prepararse, con tiempo, a fin de que los homenajes sean dignos del
Gran Reformador.
-¿Desea Ud. pronunciar un discurso o escribir una poesía?
Lo primero que se debe hacer es consultar las obras mejores, consagradas al Presidente de Bronce.
-¿ Cuáles son ellas?
-El Discurso de don Justo Sierra, las Narraciones Anecdóticas de don Guillermo Prieto 1
los Poemas de Amado Nervo y Francisco M. de Olaguíbel.
Todas estas joyas están contenidas en el "ALBUM DE JUAREZ," que vale la insignificancia de
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-Entonces se lo obsequiamos, s1 Ud. toma una suscric1on semestral de nuestra Revista.
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*4'*4'~*+&gt;~(+*+*+~*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*t*+*+*+*+*+~(+*+*f*+*4tM

Porque su lenguaje es mesurado, decente y propio
Y entonces dicen los niños pequeños:
para ser leído en familias. Además, su sección de modas
A nosotros lo que más nos gusta es la carátula.
es muy interesante y me sirve extraordinariamente en el i Que lit.da es! Siempre trae el retrato de un héroe o la
hogar.
ilustración de un monumento mexicano.
Y dice el hijo mayor:
•
Y dicen todos en coro:
A mí me gusta porque en sus páginas se hace siempre el elogio que México se merece. Siempre consagra
?~E'YISTA MEXICANA," ea el mejor do todot
los penódicos.
alabanzas a nuestros héroes.
Y continúa el segundo:
A mí me encanta porque trata con detalle las peripecias de la guerra Europea. Sus crónicas son siempre atractivas e interesantes.
Y sigue el tercero:
A mí lo que más me gusta son los artículos "Desde
Jauja" los "Tópicos del Día" y las cartas de Quasimodo,
secciones graciosísimas que hacen reir a cualesquiera.
Y replica la hija mayor:
Y o no me puedo pasar sin leer los cuentos y las poesías que publica "REVISTA MEXICANA," porque son
dt un ¡usto refinado y exquisito.

-El Padre:-Por su orientación moral.
-La Madre :-Por su decencia.
-El hijo mayor:-Por su patriotismo.
-El segundo :-Por su imparcialidad.
-El tercero:-Por su ingenio.
-La hija mayor:-Por su gusto exquisito.
-La hija menor:-Por su página recreativa.
-Los niños :-Por su carátula e ilustraciones.
Todos en coro :
¡Viva REVISTA MEXICANA!

Suscríhase Ud. desde luego; nuestra direcci6n:
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�SU C AR A ES HER· M·O·SA
'Pero su Nariz·'!

PAGINA RECREATIVA
Soluciones correspondientes
al número 40.

•

Rombo proi,uesto por el nirlo Alfonso Martínez.- Orizaba.- Fué rellJelto por P. K Dor, de San Diego;
Franciaco Guerra, hijo, de Brownsville: Delfina y Ercilia Rivera, de La-

redo.
Metatesis propuestas por el nirío
Alfonso Martínez - Nilo, lino.- Ma~. goma.- Cabo, boca.-Naipe, peina
- Nace, cena.
Fueron resueltas por P. K. Dor.
Franciaco Guerra, hijo y Delfina y
Ercilia Rivera, resolvieron todas, mellOI la cuarta; y Elisa G. de Longoria
y faura Noriega, resolvieron la la
1a 2a y la 3a. .
Anagramas propuestos por P. K.

Dor.
1' Lic. Don Nemesio García Naranjo

2· Lic. Don Federico Gamboa.
3 Lic. Don Rodolfo Reyes.
4 Lic. Don Rafael Hemández.
Fueron resueltos los cuatro por la

Sra. Herlinda A . de Martínez y las

Problemas propuestos por Baldomero Chávez. ·
.
FUGA DE CONSONANTES
E. A. ,i.a .i.a a .uie. e ..o. a.. u.a
Eu.o.a y A.ia .e... i.a. .e .. a .. e.a.
.o .ie.e. •a. e ... e .. i.a. .i.ue.a.
.ue .a .a.. ia .ue .ue .e .o.. e.u.a
JUEGO DE LETRAS
1 Consonante
3 2 Negación
4 3 2 Patriarca
1 3 2 4 Animal.
CHARADAS DIALOGADAS
--1,Conoces a ese muchacho'?
--Ya lo creo. Desde que era
'primera' 'primera.'.
--1,Cómo se llama?
--'Primera' 'segunda.'
--Dicen que tiene talento, que es
un gran poeta.
-.Un mal 'todo.' Créeme, es un
'tercera' 'cuarta,'
--'Primera-tercera' esta mai'\ana
temprano para buscar--' segunda.' Y
'cuarta' encuentro desl)ués de haber
recorrido todo Madrid. Vamos, vamos a almorzar, que estoy con un
•segu~da..

Sritas. Delfina y Ercilia Rivera. Franciaco Guerra, hijo, resolvió únicamente las tres primeras.
La Sra. Herlinda A. de Martínez,
hace notar que en el primer anagrama
d8ió haberse escrito México c o n
.. je " y que en el tercero faltaba una
'' l '' y. una ' ' i. '' Las Sritas Delfina
y Erci1ia Rivera, hacen también esta
última observación y tanto ellas como
la Sra. Martínez, están en lo justo.
Cruz propuesta por P. K. Dor.- Fue
resuelta por la Sra. Herlinda A. de
Martínez, Delfina y Ercilia Rivera.
Charada prol)uesta por la Srita. Isaura, Noriega, Cinematógrafo.- Fue resuelta por Delfina y Ercilia Rivera,
P. K .Dor, María Cervantes, Elisa
G. de Longoria, H erlinda A . de
Martínez y Francisco Guerra, hijo.
Charada dialogada por Don Víctor
da Cerda.- Constantinopla.- Fue resuelta ·Por Francisco Guerra, hijo,
Herlinda A . d e Martínez, lsaura
Noriega, Elisa G. de Longoria, P. K.
Dor y Delfina y Ercilia Rivera.
Charada propuesta por Z . Mena.
Don 'quinta' 'prima' y su grey
Contra 'cuarta.' 'tercia,' 'quinta' ley
Con sus cerebros de lodo
Declaran el 'todo,' 'todo'
Si dijeran 'quinta' 'tercia' todavía
Se perdonara. su porfía
Que cualquier de un 'quinta' 'sexta'
Si no es 'segunda' 'tercia' 'cuarta'
'quinta' 'sexta,'

Anagramas propuestos por don
Víctor da Cerda.
1.-¡No l ¡¡Caiga el circo!!
2.-Febo doma Grecia .
3.-Lema de alguna raza. P.
4.-Te dí la nueva fe. D. D.
Nombres ocultos de personajes célebres.
Propuestos por don Víctor da Cerda.

12.-Mi suegra comete muchas torpezas.

DE BAUTISMO:
1.-El soldado lo rescató.
2.-A mí no me gusta vocifrrar.
3.-Mi tío no frecuenta las tabernas.
4.-¡ Cómo! ¿Ni contigo quiso convenir?
5.-Piénsalo. Me temo que no te
convenga.
6.-Me robaron el loro que me regalaste.
7.-Si así es, te ruego que no se lo
digas.
8.-Es un hereje. Sus' argumentos
lo condenan.
9.-Me acuerdo, ahora, que lo vi centenares de veces.
IO.-Niño, tu buena pilmama te ofrece un dulce, ¿ves?
II.-Me dan risa, belitre, tus cómicas
impertinencias.
12.-¡ Ingrato I Más honda angustia
que la mía, existir no puede.
13.-En ira montado el pobre, dió media vuelta y se retiró.
14.-A medida que las horas pasan,
tía, gozo de mayor tranquilidad
15.-Cuca: si mi romanza te agrada,
consérvala como un recuerdo de
quien te adora.
16.-Que ¿en qué nos ocupamos? Pues
en fabricar los rifles que se nos
piden.
17.-En estos tiempos, ¡ me haófas tú
de paz! ¿ Cuál, la de los sepulcros?
18.-Y ¿tú corriste al frente del enemigo? ¡Tu cobardía me espanta!
Leónidas en las Termópilas, por
lo visto, para tí no dio un ejemplo digno de imitarse.

1.-El zulu te robará todo si te descuidas.
2.-Para coser ve todavía la anciana.
3.-El mariscal vino a hacerme una
Problemas propuestos por la señora
visita.
Elisa Gutiérrez de Longoria.
4.-Los parientes lamentan su fallecimiento.
LOGOGRIFO
5.-Ese cuadro no tiene marco, ni coCinco letras consonantes,
sa que se le parezca.
Y cinco letras vocales,
6.-Felipe, dí, ¿son tuyos estos guanHacen el todo; advirtiendo
tes?
Que todas son desiguales.
7.-De aquí se alejan: droguistas y
Cual geométrica figura
yerberos.
Do quiera puede encontrarse,
8.-De esta miserable vida, ríome a
Y las magníficas palabras,
mandíbula batiente.
Con sus letras arreglarse.
9.- Para tí Laura es un ángel, ¿yerSeis nombres para animales,
dad?
Famoso y alto volcán,
10.-Venid acá, joven, ni pesa ni baDe los naipes dos figuras,
lanza encuentro iquí.
Y mal que muchos tendrán.
De Europa dos grandes ríos,
n.-El prisionero no pudo escaparse
Donde se ata el animal,
y fue sacrificado.

3.- Ves a BeJmonter Reynaga, que
frac tan roído lleva.
4.-0 sí la oración es un dulce consuelo para el pobre pecador I
5.-Sabes, yo vi escalones de oro, en
el Teatro "Independencia."
6.-Mira que par rascuache va por ta
acera de enfrente.

NOMBRES OCULTOS

A ntes
Hoy di&amp; el! absolutamente necet!llrio que uno se
ocupe de su fü•onomia si espera ser algo y seguir adelante en esta vid&amp;. No solamente deue uno h&amp;.eer lo
l)Ollible por ser atractivo para satisfacción propia, que
de por 81 bien vale los esfuerzo,¡ que hagumoo, s.110 que
el mundo por regla ger.eral juzgará a una persona en
gran ID&amp;lleffi, 81 no tnteramente. por FU flsonon,ia, por
tanto1 vale la pena ~I eer lo mejor rare&lt;'ido posible "
en toaas
ocasiones. NO DEJE QUE LOS DElltAS FORMEN MALA OPINJON SUYA l'OR EL A~PECTO DE
SU CARA, pues eso perjudicará su bienestar. De la
mala o buena Impresión que cause constantemente de. pende el éxtio o el fracaso de su vldL ¡ Cuál ha de ser
su déstlno final I Con mi Nuevo Aparato "Tracios "
(Modelo 22) pueden conegirse ahora las narices defectuosu sin hacer openiclón quirúrgica, pronto, con
ee-,;uridad 1 permanent.emente. Es un método agradable 1 que no Interrumpe la ocupación diaria del
Individuo. Eocriba hoy mismo pidiendo librito gratis,
el cual le explicara la manera de corregir las narices

Dos parentezcos, y árbol
Que en altura se ha de dar.
Donde la gente se baña,
Un color para pintar,
Quien enfermo no se halla,
Y de Italia una ciudad,
El plato por do principias,
En toda mesa a comer,
Y lo que en el cuerpo humano
La carne ha de sostener.
Dos palabras, muy opuestas,
Para afirmar y negar;
Con lo que imprimen, y grano
Oloroso, y medica!.
Para hilar un instrumento,
Lo que' en la música hay más
Del cuerpo humano una parte,
Y lo que andando darás.
Moneda que hacen de plata,
Lo que tengo bajo el· pie.
Y un incómodo accidente
Que da, sin saber porqué.
Una fruta delicada,
Lo que hace el carro callar
Una piel curtida y suave
Y adjetivo numeral.
En fin, aquel que no siempre
P rocede con honradez
Y juguete con que el niño
Te ha aburrido alguna vez.

REFRANES-CHARADAS
l.
:Mi Todo bien formarás:
Siendo prima relativo
Que en Gramática verás:
Una parte de tu cuerpo
En mi segunda hallarás,
Con la que, tu pensamient o
En correlación pondrás.
La tercera en el presente
De un verbo la encontrarás;
Y en la cuarta, ya vocal
O preposición teqdrás.
En Italia gran ciudad . .

Después
derectuosa.s sin costarle nada sí no da. resultados satis
factorios.
LO QUE ALGUNOS DICEN
L&amp; Sta. C. R. dice que, despues de haber UMdo el
aparato Trados durante dos semana.-; ha. visto un mejor
amiento maravt lJoso en la. comformacion de RU na11z.
El Sr. P. R. nos escribe, "\' ueetro aparato Trados 22,
cumple perfectamente el ob jeto a que está de..tlnado y
estoy muy satisfocho de él y lo recomendaré a mis
amigos.''
La Sta. K. W, dice qne. esti obteniendo buenos resultados y es muy satisfecha del Trados No. 22.
El Dr. F. D. G. nos escribe que, después de dosoemanR•
~e
1/~0~ncontrado superior
Sr. J. B. Está muy complacido con el Tradoe, por
haber su nariz tomado mejor forma.
Dlrljanse a M. TRILETY Eiroeclali.ta en defectos d•
la cara.. l80 AckermaD Blngñamton. N. Y., E. U. A.

~':;f~~i~~=!~~
¡I

Hombres distinguidos que deberían
figurar en la Historia de nuestra amada Patria; como héroes de ........ .
1.-Vamos a tocar, "Ran" Zarzuela de
los adorauores de Caco.
2.-¿No oyes cómo doblan, Corina?
por la muerte de su jefe.
3.-Plácido Cob, regó nada más su
huerta.
4.-V en a oír la Danza "Patada de
Burro'' que toca el quinteto Fournier.
5.- V e a ver cómo barre Don Doroteo, la Casa Blanca de Tío Sam.
6.-Pablo Levi llamó a Carlos Crace
para que le ayudara a continuar
su atentados.

Con seis palabras, lector,
Mi quinta te enseñará;
Y por último, en mi sesta
Un vérbo en presente está.
Si sabes mi todo emplear
Nunca ignorante serás,
Nota:- Por un error aparecen en
Pues que siempre has de encontrar
' otro lugar y propuestos por otra perHombres que te ilustren más.
sona, el cuadro y el rombo siguientes
que pertenecen a la señora Elisa GuII.
tiérrez de Longoria.
Consta de siete palabras
CUADRO
E l refrán que voy a dar,
Que a la gente que es ingrata
Defecto
Se puede bien aplicar:
Soberano
Nos dice que el que alimenta
Sirviente
Al ingrato y le da sér,
En vez de agradecimiento
ROMBO
Males suele recoger.
Consonante
Hace prima la que es madre
Con cariño y con afán,
Mineral
Mineral
Y es segunda un pajarraco
Nombre de matal
Que muchos conocerán.
El que habita.
Es la tercera palabra
Del N. de México
Muy usada en conjunción,
Lo es el carrancl6n
Y la cuarta da pronombre
Nombre de mujer
Muy común ..... en tendajón
V
erbo
Mucha plata de sus arcas
A rtículo
Quinta los buenos señores
Consonante
Que alcanzar hoy se propongan
El cargo de regidores.
Artículo da la sexta,
Masculino y en plural;
Who worked for a Mr. MayY la séptima, la tienen
field
Damon or L. Z. Damon on
El hombre y el animal.
a
cow
ranch in Mexico, near CaNuestros lectores, i,in ellos,
margo.
No pudieran ni leer
Chino's father in law
El refrá n que les dedico
was, we think, F rancisco
Muy fácil de resolver.
bedo.
W e wiJJ appreciate any corresCIUDADE S OCULTAS
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1.-EI corresponsal Tillona, cumple
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.......... .
... ......

�•
Problemas propuestos por la seiiorita María Cervantes.

Problemas propuestos por P. K.
Dor:

CHARADA

ANAGRAMAS

Mi segunda repetida me 11ev6 a todo porque prima uno de los países
más hermosos de Europa.

I.-Que linda era. S. S.
2.-Día único en Roma. F. C. S.
3.-Gamas de tu oro V.
4.-Calle, ni con Madero. L. N.
5.-Tío Nir, ve a- la noria.
6.-La rica ubre. S.

METATESIS
3 4 comida.
4 3 2 animal.
3 2 1 4 tiempo de verbo.
3 4 I 2 adjetivo.

I 2

CHARADA

I

Si me prestas el todo de este año,
te lo agradecerá mi prima, segunda, y
si no me lo prestas, mi cuarta segunda, el prima, dos, tu negativa, porque
se ve claramente cuarta, segunda, tercia de tu prima segunda.

ANAGRAMA
Ada. Dame tu rizo. R.

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Abominable Metrópoli.-50. El Molde Americano.-60. El Rebaño de Panurgo.-70. Los Timos de Acá.
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                  <text>Publicada en San Antonio Texas por Nemesio García Naranjo. Contiene información ilustrada de la vida pública de México durante periodo revolucionario, así como de América Latina y el mundo. Además contiene notas de actualidad, literatura, historia, ciencia, economía.</text>
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                <text>Publicada en San Antonio Texas por Nemesio García Naranjo. Continene información ilustrada de la vida pública de México durante periodo revolucionario, así como de América Latina y el mundo. Además contiene notas de actualidad, literatura, historia, ciencia, economía.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>R EVISTA M EXICANA
SEMANARIO ILUSTRADO
VOLUMEN III;

.

.

. PRECIO: DIEZ CENTAVOS.

}

'

NUMERO

1

Y LA SILLA ...... ¡SIGUE AGlJARDAXDO!

1

..

48

.

�•

REVISTA MEXICANA
Semanario Ilustrado
SNTERED AS SECOND CLASS lfATTER, OCTOBER 25, 1915 AT THE POST OPPICB
OP SAN ANTONIO, TEXAS, UNDER THE ACT OF MARCH 3, 1897

Volumen IIl.

San Antonio, Texas, 6 de Agosto de 1916.

Número 48

LA REIVINDICACION DE MEXICO

I

r

.,•

Mr. Charles Evans Hughes ha roto su silencio pr_olongado con un discurso triunfal. La pieza oratoria pronunciada por el Jefe del Partido Republicano, la noche del
31 de julio, evoca los tiempos brillantes de la política
norteamericana, cuando los portavoces de la opinión pública se llamaban Daniel Webster y Henry Clay. Es una
oración honrada en el fondo, serena y concisa en la forma, contundente y definitiva en la argumentación. Al
leerla se adquiere el convencimiento de que Mr. Hughes
tiene razón cuando asegura que el Partido de Lincoln ha
resucitado.
Este discurso, que para los Estados Unidos es una
legítima esperanza, para México es una completa reivindicación. Se confiesa en él, por boca del más alto representante del Partido Republicano, que nuestra Patria desventurada ha sido la víctima de los colosales desaciertos
de Mr. Wilson; se devuelve a las gentes del antiguo régimen la aureola de honorabilidad que les había sido arrebatada y se aconseja al Pueblo de los Estados Unidos que
repare tanta injusticia con una política de fraternidad y
de concordia. Si estas declaraciones son ratificadas en los
próximos comicios de Noviembre, la Historia las recogerá
como el "mea culpa" de toda una Nación.
Desde hace tres años, México es un campo de experimentación para las lucubraciones sociológicas de un
teorizante de gabinete. Y todo ha sido devastado. Se
sacrificaron vidas con la frialdad con que se gastan las sales de un laboratorio; se destruyó la riqueza nacional como si fuera el coplbustible destinado a calentar una retorta; fueron expulsadas del país las gentes de honradez
y de cultura, y se ensayó convertir a los bandoleros en
Generales y a los ladrones en Estadistas; y luego, ante el
estupendo fracaso, se arrojó la responsabilidad de lo sucedido sobre México, cuyos antecedentes de turbulencia,
arrojaban en su contra presunciones tremendas de responsabilidad.
Enfrente de tamaña iniquidad se alzaron primero la
voz del ex-Embajador Henry Lane Wilson, en defensa de
nuestra Patria desventurada; más tarde el ex-Secretario
de Estado Eliuh Root fijó con lógica indestructible las
responsabilidades de la Casa Blanca, y hoy, el Jefe del
Partido Republicano, quizás el futuro Jefe de los Estados
Unidos, resumiendo todas las defensas, se yergue ante
su pueblo para ratificarle que la culpa de la destrucción de México no cae sobre nosotros los mexicanos sino
sobre el Gobierno de Mr. Wilson. Y esta confesión, por
venir del Representante supremo de la gente que más vale
intelectual y moralmente en los E. Unidos, es la mejor
reivindicación del prestigio y el honor de nuestra Patria.
Nosotros no hemos pedido a la Unión norteamericana sino justicia. Sí! Una justicia parcial, embrionaria,
derivada de la fuerza si se quiere, pero justicia. Cuando
Bismarck dominó a la Francia en 1871, la obligó a ceder
la Alsacia y la Lorena y cinco mil millones de francos;

pero en cambio no le infirió la ofensa de tratar con los
canallas de la Comuna. Celebró los tratados de paz con
Luis Adolfo Thiers y Julio Favre que a pesar de los rugidos de la plebe insolentada y ebria, eran los representativos justos de la nacionalidad francesa. Bismarck fue
implacable en las indemnizaciones pero fue justo al tratar
con quien debía de tratar. Una justicia así es lo único
que reclamamos de los Estados Unidos: que no siga confundiendo a nuestra Patria con esa cuadrilla de bando,.
!eros mil veces más infame que la ·Comuna de, Francia.
Mucho ha repetido Mr. Wilson que respetará la integridad de nuestro territorio; pero eso no basta: es preciso que también respete y reconozca la integridad de
nuestra alma.
México es un gran país, con pensadores profundos,
con artistas inspirados, con políticos sagaces y con diplomáticos ºsutiles. Y la responsabilidad máxima del Gobierno de los Estados Unidos consiste precisamente en
haber desarmado moralmente a todo lo que en México
constituía fuerza intelectual y moral, para entregar la SO•
beranía de la Nación a un grupo de hombres que sola~
mente tienen capacidad para el crimen. Es una gran injusticia estar tratando con Carranzas y Arredondos los
problemas fundamentales de un país que puede ser representado por Rabasa, de la B,arra, Gamboa, de la Fuente,
Alcocer, Tamariz, Botello, Moheno, Esquive} Obreg6q,
Reyes, Garza Aldape, Flores Magón, Vera Estaño}, y tantos más que a pesar de sus errores políticos pueden llevar
con dignidad la voz que sintetiza las aspiraciones y loa
ideales de la República.
El gobierno de Mr. Wilson ha preferido entrar en
relaciones con la Comuna. Bismarck no se atrevió a inferir tamaño agravio al pueblo que había humillado a Alemania doce lustros antes con los esplendores de la leyenda napoleónica. Y lo que no hizo el Canciller de
Hierro con el tradicional adversario, lo hizo el Gobierno
de Mr. Wilson con una nación amiga, que además se merecía las consideraciones debidas a la debilidad. Por eso
su política entraña una inmensa injusticia. Por eso el
discurso de Mr. H ughes significa una amplísima reparación.
Los mexicanos ilustres que se encuentran en el destierr.o, deben hacer todo lo posible por confirmar la opinión del Jefe del Partido Republicano, relativa a que México no es culpable de sus desgracias. Y al efecto deben
congregarse en derredor de la bandera de la concordia.
olvidar resentimientos, sacrificar intereses y prepararse a
curar las heridas de la Nación. México no es Villa ni Carranza ni Zapata ni ninguna de las hordas desbocada•
que asuelan la República. Entonces, ¿dónde esti el espíritu del país? El alma de México se encuentra en el
grupo unificado y fuerte, desposeído de mezquindades y
egoísmos, que sólo aspire a la reconstrucción de la
Patria.

�DESDE JAUJA

Hay .un señor 1faraboto que dirigiéndose a los soldados, comienza así: "Ellos van por el sendero de la vida
-~u.do rosos Y enigmáticos,'' lo cual es una verdad: enigmat_icos, por~ue ~ara ellos es un enigma lo que andan
h~cie~do los mfelices; y en cuanto a sudorosos, ya lo habta dicho la voz callejera: "Los de la sudorina.''

EL FLORILEGIO REVOLUCIONARIO

A ~sta verdad hace dúo la de un señor Francisco
Saenz, quien se limitó a coadyuvar con un soneto cuyo fi.
na! es este: ''Por el sublime liberal Carranza-que nos
abre la_s pu~rtas de la gloria." El último verso es de
una evidencia deslumbradora; porque si los muertos de
hambre a favor ~e la libertaria. no entramos en la gloria,
es que para nadie hay salvación posible. Si como liaraboto ~ Saenz. todos los poetas dijeran la verdad, ¡cuánto
ganana en prestigio la clase, bastante acreditada como
embustera y falaz!
TodaYÍa hay u1t ter~ero que también dice una gran
verdad , muv
, por ¡os ant1-carranc1stas:
·
·
: repetid a }a
el vate
urado, ~Ulen encomiando a los de su credo, exclama
i Del tr'.unfo de la causa responde Yeracruz !'' Ciertamente. _si no viene lo del 21 &lt;le abril de 1914 la "causa"
¡no hubiera
, tenido tal vei el "efecto" q ue t m.'o. ·L
1 o que
~ pasana a Jurado si ante l ' XO :.\filitar constitucionahsta, se le juzgara por esa declaración!
.E'.1 cambio, un señor de Albornoz, sin despojarse de
su arab1ga vestidura, nos suelta esto. hablanrlo de don
Venus·
· · y la matanza-la paz
. · "Y e n vez d e¡ extermm10
bendita en los hogares crea-y con él la nación tranquila avanza"
· ¡a capucha y los pliegues del al· A penas baJo
bornoz, cabe decir eso públicamente. :.\lás acertado, aunque menos productivo, habría sido exclamar: " Y en vez
de la ventura Y la bonanza-hasta el divorcio en los hogares crea-y con él la nación se va de panza."
" . ~llá por ~as ~ostrimerías del libro, se oye otro
g'.ito, que meJor tuera rugido, por ser León Osario
quien lo lanza. Se pone el hombre rabioso con esa mezcla de oso Y león Y exclama: "\'oy a lanzar mi grito de
combate-y segando cabezas como pasto ..... " y me
~ong? a considerar que si él "come pasto" hallándose
al pie de la vaca lechera," ¡ qué será de los distanciados
de~ ubre!
·
Figura un Salvador Escudero. que para justificar su
nombre de pila, salva las reglas rítmicas, y en calidad de
escudero padece cojera de verso, que no le permitirá ir a
buen paso_ tras de su amo y señor. Lo digo porque toma
por decas1labo este renglón: "Era sándalo v el hacha
p~rfumaba," que tendría doce sílabas. aun cua1;do se opusieran todos los salYadores y todos los escuderos.
n don Esteban Larraíiaga, coopera diciendo muy
regoc;Jado, con aires de jarabe tapatío; "Demos coscorrones a la Aristocracia-con la pandereta de la libertad."
Como :oscorrones era poco dar a la aristocracia. se llevó
la prodigalidad hasta darle el pasaporte del destierro, qued~n.do los de la pandereta con una pesada labor encima:
vigilar de cerca las residencias de lujo, para luego entrar
de lleno al dominio legalista de ellas.

A 30 de Julio dt 1916.
Mi muy querido colega:
Te escribo desde la metrópoli de Jauja. donde en·
contréme con una novedad de carácter literario, a la cual
me propongo dedicar íntegra mi trigésimaséptima epístola. c:ue seguro excederá de los límites habituales, porque
el asunto lo merece.
Mi especial interés por todo lo que produce el cons~itucionalismo, ya sea de índole oficial, como los decretos,
ya privada, como "las elucubraciones de los modernos cerebrales." me llevó a enterarme de que acababa de publicarse aquí. con sello de la Secretaría de Relaciones, un
''FLORILEGIO DE POETAS REVOLCCIONARIOS."
Adquirí un ejemplar, y desde la cabeza hasta el rabo;
esto es, desde donde se !ee "Este libro fue impreso bajo
los auspicios de la Revolución Constitucionalista'' hasta
la relación de ''Obras Revolucionarias" que aparece en el
forre a mano derecha, car,; exterior, me atraqué de lectura literaria. no sin recre.irme previamente en la artística
!ira que figura en el propio forro, cara exterior, a mano
izquierda. como demostración gráfica de que estos tto·
vadores no andan con tapujos, sino que ponen a la vista
el instrumento de tortura
"El Florilegio" está dedicado "Al Glorioso Ejército Constitucionalista ;" recogió los materiales el poeta
Juan B. Delgado, con el mismo primor con que antaño se
regocijaba loando a la matona y sus colaterales, y colaboró en la obra, la cual ha sido editada en Abril del año que
corre, y lleva Prólogo de un seí10r A. Velázquez López,
quien hace esta confesión poco lisonjera: "Me gusta el libro para los pueblos esdavos," que no sé cómo escapó a
la vigilancia del coleccionador. Ostenta el volumen los
retratos de Madero y Carranza, y rompe la sinfonía bélica con un "Grito de libre" lanzado por Salón el de Nicaragua, al cual sigue otro "Grito" de Heriberto Barrón,
político de ex-filiación reyista, que . lo remata con este

apresuré a adquirir, supe que don Rafael, además de ve·
nerable masón. es venerable anciano, muy remirado en su
persona. Por cierto que hasta 1910, la pomada húngara
que usó para enderezarse el bigote, fue comprada con sus
bien ganados emolumentos de oficinista gubernamental.
Dicen que estuvo en la ínsula de tu nacimiento, cuando la
regía don Bernardo, a cuya benéfica sombra se cobijó el
octogenario cuanto zalamero poeta. ¿ Crees tú que esto

ágonico lamento:
"¡ Baja hasta el hombre que humillado gime
y dale pan al que agoniza de hambre!"
iamento que más parece jaculatoria al Primer Jefe Encargado de la Fábrica de la Gazuza Nacional.
Cualquiera supone que si esto empieza a gritos,
acabürá a sombrerazos. Y no supone mal; porque el lector tiene que espantarse aquella turba de abejorros líricos
que en número de 37 zumban en torno de don Vcnus,
del Manco Glorioso, de Pablo Carreras ZONZALEZ. y
de otros idolillos de menor relieve en el templo democrático.
Santos Chocano, el vate del Perú. era inevitable en
este grupo. y a mucho honor tendrá codearse con trovadores del vuelo de Silvino M. García, quien. según me
cuentan, se dedicaba allá en la frontera al oficio de plomero. lo que ya demostraba sus aficiones a manejar el
plomo, sólo que entonces bajo la forma higiénica de tubos de drenaje, y más tarde bajo el aspecto mortífero de
los balines, cambio que le ha valido el águila del generalato inc;utador. borrado el recuerdo de su ex-filiación de
Club popular, idéntica a la de Heriberto.
Un señor Rafael Nájera rinde homenaje al "Ilustre
desaparecido Maclovio Herrera;" y por informes que me

impida
''Clamar contra la férrea dictadura
que esclavizado al pueblo mantenía
del servilismo en la mazmorra obscura"
como consta en el homenaje al difunto Maclovio? Pues
si tal crees, no harás otra cosa que reafirmar tu marca de
reaccionario y traidor. Y perdona la franqueza.
De Aureliano Ramos. colaborador que se prodiga
en el "Florilegio.'' me cuentan que también sirvió en ca·
lidad de escribiente de la Secretaría de Gobierno del General Reyes. cuyo nombre ha tenido la gloria de vituperar
después en señalada muestra de gratitud. Ahora se con·
sagra a la veneración de otros Generales-Obregón y Pa·
blo Carreras-designando al último como "Un modelo Ba·
yardo y sin rival paladín." Los versos, que no dejan de
ser valientes ( como para ponerle la muestra al agasajado
militar) ofrecen otra valentía mayor: la de honrar con
los epítetos de "Crapulosa," "Desnuda" y "Desgreñada"
a la ciudad de los palacios incautados. donde alienta y se
solaza la musa de este poeta agradecido.
También figura Chelino Dávalos. cuya prosopopeya
ministerial no se desdei1a de ir de bracero con un Señor
Juan J oachín, apellido que suena lo mismo a interjección
que a estornudo.
José Inés Novelo fue parco; modestamente contribuyó con una décima que en su encabezado tiene las tres
efes: se titula ''Frente al edificio de Faros." Por lo exiguo del canto tomaré copia: "De este faro que es estrella
-que conduce al navegante,-como pupila brillante-que
chorros de luz destclla;-como antorcha blanca y bellade límpida claridad-dirá la futura edad-en un coro de
alahanza :-desde aquí encendió Carranza-la luz de la
libertad."
Por lo transcrito se infiere que el homónimo de la
monjita que cautivó al Tenorio, lleva apellido casi simbólico: K O VELO: porque a pesar de que se echa por delante faro. estrellas. pupila, luz. antorcha y claridad. NO
VE LO que don Venus ha encendido por otro lado: pues
quedan fuera de cita: campos. ciudades, estaciones. haciendas, y sobre todo. el hambre, que es un fuego devorador.
Bastantes colaboradores tiene el libro, muy conocidos en su sección domiciliaria. pero que antes no ha·
bían salido a flote prohablemente por haber estado postergados en la sombra debido a las crueldades de la dicta·
dura, impidiéndose que derrocharan el divino resplandor
de sus concepciones poéticas. Mas ya quedaron incorporados en la Antología lírico-preconstitucional, para gloria y prestigio de la incautada Jauja; y es justo que aquí
tengan también su mención, aunque acaso no será tan honorífica. Permíteme, pues, que del "Florilegio'' no deje
"paladín con casco". No siempre ha de ser "títere con
cabeza."

!.
•
r -

f".··· -

Y

Arturo Beteta aporta su ''Homenaje a Carranza."
¿No te suena esto a furibundo paladín
del rev1smo?
·No data ran
· d e entonces 1as relaciones
·
·
é'
Beteta·C.arranza? Por lo demás. el estro es brioso. Bastan~e ma~ ~ue el de Brioso y Candiani, quien dirige al
ª.ntiguo reg1men el reproche ele haber convertido "el sofisma en el pan de cada día." Esas conversiones se hacían
para eng~ñar al pueblo. dándole alimento y quitándole
dem?crac1a. Ahora que va a la inversa. no hay más conversiones que las de fracasos en éxitos.
i Be teta'. i Be teta!

Rodrigo Cárde1ias viene con la vieja canción de
que e.l obrero trabaje; y habla del surco, del grano, de
las vides Y de l?s . racimos .. ¡ Quimera, nada más que
quimera! Lo practico es deJar las vides abandonadas

'

levantar el grito y correr ..... aventuras. Dígalo el Patriarca.
. Otro que canta a los obreros es Santiago Moreno
Y dice que "la bandera de Carranza-es redención y e~
amor," pero no aclara_ si este amor es amor a lo ajeno,
Y acaso conviniera salir de la duda "que es un tormento
cruel."
E;1 el mismo suplicio nds deja Francisco Padilla
González, cuando en una invocación a la sangre derramada, exclama: "Que se vierta y que vaya salpicando-el
rostro de esos. Judas y Caínes-que con cinismo singular,
nefando-se disfrazan de egregios paladines-sembrando
la deshonra Y la desgracia. ¿ Porqué serán tan obscuros
Y anfibológicos algunos poetas?
.
Se apellida Lazo uno que les echa mangana a los
tiranos. Y para demostrar que "hay tela", saca algunos
tra~os al sol, tales como la blusa, el andrajo, la túnica, la
lev.1ta Y hasta la chistera. Del sombrero texano y del
hu1cl~ol, representativos de la libertaria, ni una palabra.
¿ Sera por que en el andrajo está el símbolo?
Alfonso Cravitoto dice: "la más divina gracia-que
~ los hombres Dios plugo conceder, fue la audacia" ....•
Sobre todo, en culto de la democracia, como lo sabemos
por nuestra desgracia.
Becerra se apellida uno que acordándose de la fa.
milia, dedica versos elegiacos a don Jesús Carranza (Q.
D. D. G.)-Estas iniciales deben interpretarse conform~ al ritual: QUE DE DIOS GOCE. Lo advierto pa·
ra evitar esta otra interpretació\-i: QUE DISPUSO DEL
GANADO.
Un Florencia \' alencia llama a Don Porfirio "El
llorón de Icamole," apodo que por oler a polilla no es digno de un P"~ta renovador; pero Valencia no se atreve a
hacer uso áe la prerrogativa de las reformas comprendidas en el Plan, a diferencia de Agustín \Talero Menéndez
que sí se aprovecha del privilegio, rimando "insolente';
con VEINTE.
En un Canto a Querétaro, durante la permanencia
del P~imer J~fe en la histórica ciudad, al poeta Antonio
Guzman Agu1lera, se le escapa esta alusión de· tinte reaccionario: "Aun hay sombras malditas y traidoras-en tu
cerro inmortal de las Campanas."
.A .''l.,'n Español'' se le admitió también su granillo
de incienso, no sé si para que el "Florilegio" fuera exc.lusn·amente nacionales. o para hacer ostensible la simpat1~ ~ue el carrancismo tiene a los iberos, probada con
placidos despojos, dulces asesinatos y diplomáticas expulsiones.
Vicente Escobedo dedica a los reaccionarios una de
sus poesías, y en un arranque fraternal exclama: "Todos
somos hermanos;-pero son muy distintos loi caminos :Nosotros somos sanos" ..... Y por el último verso se ~ntera uno de los horrores a que conduce el no evitar
cacofonías en la métrica.
, . "Las. Querellas del Preso" titúlase un romance de
Feltx Mart1nez Dolz, romance altivo y gallardo a lo Duqu~ de ~ivas. Véase la muestra:-"Fuí aprehendido ha
qmnce d1as-por un bárbaro sayón-y con cinco conterraneos-y un individuo español." Agrega que lo habían
acu:ª?º de re~elión; pero esta resultó calumnia; porque
lo umco que hizo el angelito fue "ser desafecto al gobier·
no-de Huerta .el usurpador-al que yo públicamentellené. d.e ~probio Y baldón.'' Y naturalmente, se cometió
una 11:1qu1dad con el pobre don Félix; porque llenar de
oprobio Y baldón a un Jefe de Estado, no amerita cárcel.
i Y pensar que le quedó vida al poeta para contarnos sus
querellas! La verdad es que las crueldades del huertismo
eran atroces.
. . K ~. era de corteses loadores del carrancismo omitir
111v1tac1on a algunas poetisas para que aportaran las lu-

�t
hijos que recibieron a balazos al invasor en Abril de
ces de' su fantasla, y poner así en contacto faldas y faldo1914 o a los hijos que en Chihuahua hacen migas, sopeanes, estableciendo la alianza de sexos en el común tridas
en mélaza. con los primos.
buto. Correspondieron al agasajo varias cantoras exiHolda ::\' o,·elo-¿ qué será de Inés ?-hizo sonar su
mias que fieles a las labores de su sexo,, cogieron la agu"Hora Gris,'' probablemente para atenuar con velos ele
ja y pespuntearon estrofas. Entre estas mimadas del arte,
hruma los resplandores ele que Inés nos hablaba "Frenfigura una dama que demuestra inclinación marcadísima
te al edificio de Faros," y evitarnos la ceguera demopor la inicial labor de don Venus, cuando canta en este
diapasón: "Plan de Guadalupe-redención de parias-¡ qué
crática.
Y acabaremos con dolores-Dolores Sotomayorfeliz me siento-cuando pienso en tí!" Esta apreciable
&lt;¡ue hizo al "Florilegio'' la dádiva de un romance con e~te
cultivadora del amor al Plan Patriarcal, exhibe su nombre
filosófico ritornelo: "¡ Por qué se quedan los malos!a medias: firma Julia Fables Cantón Viuda de Palomcque.
¡ Por qué los buenos se van!" ¡ Enteramente lo mismo
Seguramente- la otra mitad del nombre se la dejó en casa.
que venimos diciendo los reaccionarios Y traidores!
Doña Laura Méndez de Cuenca. tan ceñida antes a
Como ves. lo revolucionario de los poetas citados,
los preceptos de la retórica, rompe las viejas ligaduras
que llevan EX en su filiación. es resultado efectivo de una
"Al pasar el Regimiento" de lo que llama "los soldados
conmoción intestinal padecida en ,su propio organismo.
amarillos," y en un sólo cuerpo de composición. intercala
Para el estómago-yo también haré filosofías como Loversos de 5. 7, 8, 9, 10, 12 14 y 16 silabas; demostralita,-e;iste
un verdugo implacable: el hambre, Y hay que
ción evidente de que se acabó la oprobiosa, y nos hallamatarlo sin miramiento, para acabar con todo agente de
mos en plena libertad poética.
la tiranía. Ahora me explico la jaculatoria: "¡ Baja hasta
Doña Cecilia Zadi dice que "El pueblo es siempre
el hombre que humillado gime-y dale pan al que agoniza
el mismo: voluble y turbulento." Y no sabemos si es rede hambre!"
proche por lo que hicieron con Don Porfirio, o voz de
~!ás que un "Florilegio", te parecerá esto un "ESalérta para Carranza. ¡ Estas pícaras dudas, cómo atorPl),; A LEG TO;" pero había que recorrer todo el calvario,
mentan!
para no mostrar predilecciones ofensivas.
Otra duda nos infiltra en el alma la señorita Berta
Sabes cuánto te aprecia tu amigo Y colega,
Sánchez, quien exclama en un canto a la patria: "¡ ~laldición a los hijos que te venden!-¡ }laldición a los hijos
SILVERIO . .
que te infaman!" Porque no sabemos si se refiere a los

•

SEÑORITA MARIA LUISA DUNN
Proclamada Reina en el Concl,lrso de Belleza Celebrado Recientemente en Ensenada. B. Cal.

Discurso de Mr. Hughes
Declaraciones Relativas al Gobierno Americano
~a Cuestión de México y la Guerra Europea
Del admirable discurso pronunciado por }[r. Charles

respeto al resto del mundo por el personal de nuestro Departamento de Estado y de nuestra representación en el
dencia de los Estados l'niclos h~mos traducido, especialextranjero. Ninguna exigencia de partido puede servir de
mente para "Revista Mexicana," los siguicnks párrafos,
excusa a la falta de cumplimiento de tan obvia obligación.
en los que se encontrarim íntegras las sensacionales deY, sin embargo, reconociendo ampliamente algunos acerclaraciones del eminente estadista que fue, hasta aceptar
tados nombrarr.ientos, es evidente que esta obligación no
su Candidatura, }lagistrado de la Corte Suprema de la
fue cumplida. Desde los primeros actos de la Adminisll'nión Americana. y que se refieren a las Relaciones del
tración actual, cuando en la dirección de nuestras relacioGobierno con 11éxico, a la pol ítica exterior y a la connes diplomáticas debiera haber habido energía y habilidad
ducta general ele la Administración.
conspicuas, tuvimos debilidad e ineptitud. En lugar de
ganar respeto, provocamos desconfianza en nuestra com*
petencia y dimos lugar a que fuera puesta a discusión
nuestra capacidad en cuanto a firmeza y resolución; danSenador Harding: Miembros de la Comisión Notificadora: Conciudadanos:
•
do lugar a muchas dificultades que, a haber seguido otra
conducta, habrían sido eludidas con suma facilidad. EnEsta ceremonia es algo más que una simple notificaseguida, en un gran número de casos, especialmente en la
ción. No nos encontramos aquí para contentarnos con fórAmérica Latina. en que semejante proceder era más remulas. Hemos venido para declarar, llana y categóricaprobable, y donde más deseamos fomentar relaciones de
mente, nuestra fe, nuestros propósitos y nuestras demanamistad, fueron retirados del servicio hombres de larga
das. Una congregación, con la representación que tiene
experiencia diplomática y cuyo saber y educación eran de
ésta, es un buen augurio. Significa la fuerza de estar uniun valor extraordinario para el país, sin otro motivo que
dos. Significa que el partido de Lincoln se halla restauel de satisfacer peticiones de partido con el nombramiento
rado, vivo y alerta. Significa la unidad de nuestra percepción común acerca de las más vitales necesidades nacio- de personas sin experienéia. Y en donde, como en Santo
Domingo, hemos asumido una representación especialnales. Significa que no hemos sido ni engañados ni paralizados por circunstancias anormales. Sabemos que atramente importante en beneficio de sus nacionales, esa representación ha sido traicionada con el objeto de satisfavesamos por un período crítico, quizá el más crítico que
cer a "dignos demócratas." Todo el registro de los actos
hemos tenido desde la Guerra Civil. En este período, nede la Administración, muestra sú negligencia· en lo recesitamos tener por sentimiento dominante el de la unidad
nacional; ejercitar nuestras más enérgicas facultades cons- ferente a nuestra representación en el extranjero: es un
libro abierto y los casos concretos pueden encontrarse
tructivas, el vigor y la habilidad de una América vivificaen él con toda facilidad. Es un registro de hechos por
da. Deseamos que el partido republicano, como un gran
partido liberal, sea el agente que lleve a feliz término los
los que quedan desmentidas todas las declaraciones. Es
ideales nacionales, el órgano de la expresión real del ame- ' un registro descorazonador para todos los que creen en
el Amcricanismo.
ricanismo dominante. ¿Qué entiendo por esto? Entiendo
a la nación, consciente de su poder, vigilante de sus deTómese, por ejemplo, el retiro del Embajador He1
rrick, de Francia. Ese hombre se sostuvo, entre todas
beres, erguida en el respeto de sí misma, preparada para toda emergencia, fiel a los ideales de paz, imbuida con el las alarmas, como la personificación del valor, de la templanza, de la habilidad para obrar, entre la confianza y el
espíritu de la fraternidad humana; salvaguardia, a la vez,
afecto del mundo entero. Ningún diplomático jamás ga.
del mejoramiento individual y del interés público; sosnó tan completamente el amor de un pueblo extranjero
tenedora de un sistema constitucional bien organizado, que
se adapte a los gobiernos locales sin menoscabo de la au'- Y no había mayor fortuna para este país que la de tener e~
toridad fundamental de la Nación; consciente de que la
la Capital de una ~e las naciones beligerantes un re;reestabilidad, el conocimiento adecuado y la organización sentante tan estimado. Sin embargo, la Administración
se permitió removerlo. No es lo importante que el embacompleta, son las condiciones indispensables para la sejador
guridad y el progreso; una Nación amada por sus ciuda. se llamara
.. Herrick, ni que la nación fuese Francia,
smo que atraJtmos la atención del mundo entero hacia el
danos con un fervor patriótico tal, que no permita divisiones en la alianza común ni rivalidades en su afecto.
hecho inexcusable de sacrificar el interés nacional ante
componendas de partido. Fue un sacrificio lamentable
Por ello entiendo: América primero y América eficiente.
Dentro de este espíritu contesto a vuestro requerimiento. de una reputación internacional. Y si queremos tener la
estimamos el c9nocimiento adecuado y la experiencia. ProRELACIONES EXTERIORES ·
recerla primero. Estamos en el deber de demostrar que
estimamos el conocimiento adecuado a la experiencia. ProNuestras relaciones exteriores han asumido grave
pongo
que hagamos de nuestras agencias en nuestras relaimportancia en los últimos tres años. La dirección de las
ciones internacionales, algo digno del nombre americano.
relaciones diplomáticas corresponde al Ejecutivo. De él
depende especialmente el que mostremos competencia o
RELACIONES CON MEXICO
incompetencia, que se mantenga el honor nacional o
que nuestro prestigio y nuestra influencia sufran menosLa conducta de la Administración con México, conscabo o ganen lustre. ¿ Cuál ha sido la obra de la Admitituye un intrincado capítulo de desatinos. No hemos
nistración? El primer deber del Ejecutivo era imponer
ayudado a México. Yace postrado, empobrecido, azota-

E. Hughes, candidato del Partido Repuulicano a la !'resi-

•

* *

�•

CHARLES EVANS HUGHES
CANDIDATO DEL PARTIDO REPUBLICANO
PARA LA PRESIDENCIA DB LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA

'

do por el hambre, agobiado por todos los duelos y todos
los ultrajes de una lucha interna ; víctima sin defensa
de una anarquía que la conducta de la Administración
sólo ha servido para desatar.
En cuanto a nosotros, hemos presenciado el asesinato de nuestros conciudadanos y la destrucción de sus
propiedades. Hemos creado enemigos, no amigos. En
vez de imponer respeto y de merecer afecto por nuestra
sinceridad, nuestra firmeza y nuestra rectitud, hemos provocado la desconfianza y el más profundo resentimiento.
A la luz de los hechos de la Administración no hay quien
pueda comprender sus declaraciones. Condenando la intervención, hemos intervenido de la manera más exasperante. Ni siquiera nos hemos abstenido de llegar a un
conflicto de hecho, y el suelo de México se halla manchado con la sangre de nuestros soldados. Hemos recurrido hasta la invasión física, sólo para retiramos sin
obtener el fin declarado. Es una hazaña que no puede
ser examinada sin un hondo sentimiento de humillación.
Cuando la Administración subió al poder, Huerta
ejercía autoridad como Presidente Provisional de México.
Se hallaba, ciertamente, de hecho, a la cabeza del gobierno de México. Si había de ser reconocido o no, era
cuestión que tenía que haber sido resuelta por medio
de la más sesuda discreción, pero de acuerdo con principios más firmes aún. El Presidente tenía derecho a cerciorarse de que había un gobierno, cuand9 menos de hecho; de que las obligaciones internacionales serian cumplidas, de que la vida y las propiedades de los ciudadanos
americanos tendrían la debida protección. Pero tratar
de gobernar y decidir las cuestiones internas de México,
era simple y sencillamente intervención, sin que en nada
se amenguara por negarlo. El colmo del disparate está
en hacer una intervención vacilante e inefectiva, que sólo
puede provocar rencor y desprecio; que fracasa en cuanto
a pacificar al país y asegurar la paz y la prosperidad bajo un gobierno estable. Si se cometieron crímenes, no
los disculpamos. No defendemos a .Huerta. Pero la Administración no tenía nada que ver con el carácter moral
de Huerta, si éste, de hecho representaba el gobierno de
México. Jamás podremos realizar válidamente nuestros
fines, por elevados que sean, o servir a la humanidad, con
una mentalidad torcida. En lo que al carácter de Huerta
concierne, la falsedad de los argumentos aducidos en su
contra queda demostrada por el subsecuente apoyo dado
por la Administración a Villa (cuyas características de asesino son indiscutibles,) y a quien la Administración, aparentemente, estaba dispuesta a reconocer a haber él consumado su tarea y cumplido lo que parece que la Administración esperaba.
La cuestión no estriba en haber negado el reconocimiento a Huerta. La Administración no se limitó a no
reconocer a Huerta, que había sido reconocido por la
Gran Bretaña, Alemania, Francia, Rusia, España y Japón.
La Administración tomó a su cargo el destruir a Huerta,
el gobernar la política de México, hasta negar a Huerta el derecho de ser candidato en las elecciones que la Administración exigía. ¡ Con qué asombro deben de haber
visto los mexicanos que asumíamos sus derechos para manejar sus asuntos interiores! En el verano de rgr3, John
Lind fue enviado a la Ciudad de México como el "representante y enviado personal del Presidente," ante el noreconocido Huerta, con el fin de pedir a éste su propia
eliminación! Era una misión injustificable, de las más
ofensivas para su pueblo sensible. La Administración
prosiguió encaminando todos sus esfuerzos hacia la des-'
trucción del único gobierno que había en México.
En la primavera de 1914, tuvo lugar la captura de
Veracruz. Individuos de la tripulación de uno de nuestros buquea fueron detenidos en Tampico y puestos des-

pués en libertad con una disculpa. Pero nuestro Almirante exigió un saludo, que fue rehusado. Enseguida el
Presidente acudió al Congreso a pedir permiso para emplear la fuerza armada de los Estados Unidos. Sin esperar la aprobación definitiva, Veracruz fue capturado. Se
descubrió que un buque cargado de municiones para Huerta estaba para entrar en ese puerto. Hubo, como es natural, resistencia y tuvo lugar un encuentro en que diecinueve americanos y más de cien mexicanos fueron muertos. Naturalmente que esto es guerra. Nuestros soldados muertos fueron alabados por haber muerto como
héroes en una guerra meritoria. Más tarde, nos retiramos
de Veracruz, abandonando aquella guerra santa. No habíamos obtenido el saludo que se había pedido. El buque
con municiones, que no pudo desembarcar en Veracruz,
pronto desembarcó en otro puerto y su carga fue entregada a Huerta sin oposición. Recientemente, la verdad desnuda fue reconocida por un miembro del Gabinete. Se
nos informa ahora que "no fuimos a Veracruz para obligar a Huerta a saludar la bandera." Se nos dice que fuimos allá "para mostrar a México que era sincero nuestro
pedimento de que Huerta se fuera." Esto es, nos apoderamos de Veracruz para deponer a Huerta. La cuestión
del saludo no fue sino un pretexto.
Entretanto la Administración dejaba totalmente de
cumplir su deber elemental de asegurar la protección debida para la vida y las propiedades de nuestros ciudadanos. Y es verdaderamente indigno difamar a aquellos que
tienen intereses en México para librarase de la reprobación merecida por la falta de cumplimiento del deber. Pero no cabe tal subterfugio, porque no hay discusión, porque no puede haber discusión sobre la existencia de este
deber por parte de nuestro Gobierno. Permitidme citar
las palabras de la plataforma democrática de 1912: "Los
derechos constitucionales de los ciudadanos americanos
deben de protegerlos dentro de nuestras fronteras e ir con
ellos por todo el mundo, y cada ciudadano americano que
resida o posea propiedades en cualquier país extranjero,
debe de gozar de toda la protección del Gobierno de los
Estados Unidos, tanto para él como para su propiedad."
El odio enconado suscitado por el curso de los múltiples
ultrajes perpetrados por la Administración, a la vez que
nuestro fracaso en dar la debida protección a nuestros
ciudadanos, nos han ganado la mofa y el escarnio de los
mexicanos. Examinemos el incidente ignominioso de
Tampico, en conexión con la captura de Veracruz. En
medio del mayor peligro para los cientos de americanos
congregados en Tampico, los buques nuestros que estaban en el puerto fueron retirados, y nuestros nacionales
fueron salvados únicamente por la intervención de oficiales alemanes y fueron sacados del lugar del peligro por
buques ingleses y alemanes. La excusa oficial que da el
Secretario de Marina, es un comentario extraordinario.
Nuestros buques, según parece, fueron enviados a Vera.
cruz, pero como pareció que no eran necesarios, la orden
fue retirada. Entonces, según se nos dice, nuestro almirante se encontró en este asombroso dilema: Si trataba
de remontar el río hasta Tampico, para tomar a nuestros
nacionales a bordo, el grito de "actos agresivos," según
dice el Secretario de Marina, "se habría extendido por toda la región," y "era casi seguro que habría sido seguido de actos de represalias en contra de ciudadanos americanos y que habrían sido sacrificadas algunas vidas."
De tal manera habíamos indignado a los mexicanos, que
no podíamos rescatar a nuestros propios nacionales en
Tampico sin correr el riesgo de que otros fueran asesinados. ' Y debíamos apoderarnos de Veracruz para arrojar a Huerta de su puesto, y encomendar a otras naciones
el que pusieran a nuestros propios conciudadanos fuera
d~ peligro. ¡ Qué mascarada de política internacional!

�ultraje, atrocidad tras de atrocidad, para dar idea exacta
de la verdadera naturaleza y de la magnitud de las condiciones de ilegalidad y de violencia que han prevalecido en toda la extensión del territorio."
La carnicería de Santa Isabel, la incursión de Columbus, el derramamiento de sangre en Carrizal, están
vivos en vuestra. memoria. Después de la incursión de
Columbus, lanzamos una "expedición punitiva''. Enviamos una débil línea de tropas a cientos de
millas en el interior de México, entre dos líneas
de ferrocarriles, ninguna de las cuales teníamos
permiso para usar y sin que tampoco nos sintiéramos en libertad para apoderarnos de ellas. Se
nos rehusó el permiso para entrar a las ciudades. Aunque restringidos de ese modo, la empresa fue considerada por los mexicanos como una amenaza. Nuestras
fuerzas se encontraron con fuerzas hostiles y no es extraño que nuestros hombres hayan caído en Carrizal.
¿Qué otro resultado podía haberse esperado? Virtualmente se nos ha dado orden de retirarnos y, sin cumplir nuestro propósito, nos hemos estado retirando y estamos tratando ahora de poner a salvo nuestro propio
territorio. La Guardia Nacional ha sido llamada en su
totalidad y muchos miles de nuestros ciudadanos han sido arrancados de sus ocupaciones p~cíficas para ser
llevados precipitadamente a la frontera mexicana. La
Administración se había propuesto apoderarse de Villa
y castigarlo por el ultraje cometido en nuestro suelo.
No ha castigado a nadie¡ entramos nada más que
para retirarnos y los movimientos futuros, aparentemente, serán decididos por una comisión mixta.
La Nación no tiene ninguna política de agresión
hacia México. No deseamos en lo más mínimo parte
alguna de su territorio. Le deseamos paz, estabilidad
y progreso. Debemos estar dispuestos a ayudarle a curar sus heridas, a aliviar su escasez, su pobreza, y a
proporcionarle por todos los medios posibles los beneficios de nuestra amistad desinteresada. La conducta de la Administración actual ha creado dificultades
que tenemos que vencer. Tenemos que vencer la antipatía creada innecesariamente por esa conducta y desarrollar el verdadero respeto y la verdadera confianza.
Tenemos que adoptar una política nueva, una política de
firmeza y rectitud, que será la única por cuyo medio podamos crear una amistad duradera. Pedimos a México
la protección de la vida y de las propiedades de nuestros nacionales y seguridad en contra de las depredaciones en nuestra frontera. Mucho habremos ganado si
México se convence de que no intentamos ninguna intrusión impertinente en lo que no nos concierne; pero
que nos hemos propuesto insistir de la manera más firme y más sincera en el cumplimiento de sus obligacio·
nes internacionales. A un gobierno estable, que curo
pla debidamente sus deberes internacionales, le daremos
nuestro más resuelto apoyo. Un período corto de reJUNTA DE CARIDAD DE SEÑORAS MEXICANAS
laciones en que haya firmeza, rectitud y espíritu amistoLa asociación de señoras que lleva este nombre,
so, nos hará ganar más que muchos años de vacilación.
está trabajando con gran actividad en el arreglo de una
LA GUERRA EUROPEA
Kermesse, que tendrá lugar el 19 del presente Agosto.
Por los preparativos que se han hecho y por la aniEn este país, cuya población es compuesta, y que
mación que se nota entre las socias, no dudamos que rederiva su fuerza de tod:is las razas, la seguridad naciosultará muy lucida.
nal exige que no haya burlas con los derechos ameriDeliciosos platillos mexicanos se expenderán en dicanos. Mientras mayor sea el peligro de influencias deferentes puestos y además, habrá una gran tómbola doncisivas, más necesaria es la fuerza unificada de una acde se rifarán varios objetos, así como delicados y curiot~tud justa, fuerte y patriótica. No encubrimos políticas
sos adornos de Crochet.
turbias, ni intrigas ni maquinaciones secretas. EstaHacemos atenta invitación para esta fiesta a todos
mos, con todo corazón, con todo nuestro amor, sin renuestros compatriotas, los que no dudamos concurrirán
serva alguna, por los Estados Unidos. Este es el punto
con agrado y de esa manera contribuirán a aliviar mude unión de todos los americanos. Esta es la posición
chas penas y a enjugar muchas lágrimas.
(Pasa a la antepenúltima pá¡.)

Al destruir el gobierno de tluerta, entregamos a
México a los desastres de la revolución. No trataré de
narrar la desgarradora historia de los hechos bárbaros
perpetrados, de esta orgía de sangre y desenfreno. Entonces se nos decía que México tenía el derecho de derramar toda la sangre que le pareciera bien para arreglar sus
asuntos. Y la Administración vacilaba ante el embargo
de armas y municiones destinadas a México. Por su decreto de 1912, el Presidente Taft había establecido ese embargo. En agosto de 1913, el Presidente Wilson afirmó
que juzgaba de su deber procurar que ninguna de las facciones en lucha en México recibiera ayuda alguna de este
lado de la frontera, y que sería prohibida la exportación
de armas y municiones a México. Pero en febrero de
1914, el embargo fue levantado. En abril de 1914, el embargo fue restablecido. En mayo de 1914, se dijo por vía
de explicación que el embargo no se aplicaba a remisiones
americanas a puertos de México, subsecuentemente se
desembarcaron municiones para Carranza en el puerto
de Tampico. En septiembre de 1914, el embargo quedó
levantado para exportaciones hechas por la frontera¡ por
lo que las municiones de guerra pasaron tanto para Villa
como para Carranza. En octubre de 1915, se decretó un
embargo sobre todas las exportaciones de armas, excepto
para los partidarios de Carranza. Esto es lo que se llama
una ausencia absoluta de rectitud política.
Durante algún tiempo, dimos toda nuestra amistad a
Villa. En definitiva, reconocimos a Carranza, no sobre la
base de que fuera' un gobierno constitucional, sino porque
era un gobierno "de facto."
El fracaso total para obtener protección para los
Ciudadanos americanos queda demostrado definitivamenpor la nota del Secretario de Estado, fechada el 20 de
junio de 1916 en la que describe de esta manera las condiciones que han reinado en los últimos tres años:
"Por tres años, la República Mexicana ha sido sacudida por la guerra civil; la vida de los americanos y de
otros extranjeros ha sido sacrificada¡ vastas propiedades
desarrolladas por el capital americano o por empresas
americanas han sido destruídas o están improductivas;
los bandidos gozan de toda libertad para merodear a su
antojo en el territorio contiguo a los Estados Unidos y
para apoderarse impunemente, o sin ningún esfuerzo efectivo para castigarlos, de la propiedad de americanos, mientras que las vidas de ciudadanos de los Estados Unidos
que se han aventurado a permanecer en territorio mexicano o que han regresado a él para proteger sus intereses, han sido destruídas, en algunas ocasiones bárbaramente, y los asesinos jamás han sido aprehendidos ni llevados ante los tribunales.
Sería tedioso narrar caso tras de caso, ultraje tras

te

Y LA SILLA ....... ¡SIGUE AGUARDANDO!

El Eomance de la Silla
Valedme, oh musas; que vuestro aliento
dé fuerza al mío que a punto está
de abandonarme; que en estas líneas
canto la Silla Presidencial.
Canto el origen de tantas penas,
de tanto duelo, de tanto afán,
esa manzana de la discordia
que tanta sangre nos cuesta ya.
Canto la Silla que fue el asiento
en otros tiempos, en otra edad,
de altos señores de clara estirpe

(ninguno de ellos fue "carranclán")
cuya memot:ia tiene fulgores
que a cada lustro se avivan más.
Era un gigante severo, adusto,
con entorchados de general,
de un continente que se imponía
por su gallarda severidad.
Cruces ganadas en cien combates
en su casaca solían brillar,
y en cada una latía el recuerdo

\

�de una magnífica heroicidad.
Brava presencia tenía el soldado
y de sus ojos la claridad
era cual dardo que penetraba
sin hacer daño, mas sin cejar.
¿Qué carpintero con hábil mano
talló la Sílla Presidencial,
que la hizo sólo para el gigante
de la gallarda severidad?
¿Con qué martillos, con qué formones
se hizo el prodigio de silla tal?
¡ Quién sabe! Es ello que solamente
para el gigante firme y audaz
ser parecían los arabescos
de su factura monumental.
Aguila enorme, sobredorada,
de alas abiertas, fingía abrigar
bajo sus plumas de áureos destellos
aquella testa canosa ya.
Cuando el gigante, firme en su silla
brindaba a todos austeridad,
¡ cuántas palabras admiradoras
de ajenos labios solían brotar!
¡ Cuántos elogios para el gigante
1&gt;ravo en la guerra, firme en la paz!
En torno de esa grandiosa silla
y de asaltarla, con grande afán,
continuamente se revolvían
en mascarada descomunal,
entes, enanos por sus alcances
y por sus bríos más, mucho más,
que sus miserias alimentaban
con la esperanza de gobernar,
con la esperanza de que el gigante
por fin cayese, cansado ya,
para lanzarse sobre la silla
que era su ensueño y era su afán.
Y se llamaban: Venus Carranza,
que del gigante fue chambelán,
Roque González, un mequetrefe
falto de toda formalidad;
Lalo Gutiérrez, un pobre quídam
que no fue nunca sino un gañán;
un tal Zapata, llamado Atila
por su extremada ferocidad;
un Soto y Gama, mal tinterillo
que nunca un pleito pudo ganar;
y completaba tan bello grupo
un Antoñito I. Víllarreal.
Cayó el gigante, como la encina
cae al empuje del huracán;
la augusta silla quedose sola .....•
Oh, si le fuera dado llorar
a la madera, con qué amargura,
durante el tiempo que pasado ha,
llorara a gritos pidiendo UN HOMBRE
la triste Silla Presidencial!
El grupo enano siguió en aumento
como la raza del alacrán;
todos soñaban ser los primeros
y se querían presidenciar.
Y "los enanos ya se enojaron,"
gritaba el pueblo lleno de afán,
y los enanos se revolvían
gritando mucho, robando más .•• ,

Uno traa otro, aubieron todos

hasta la Silla Presidencial;
pero ella a todos les vino grande,
nadie a su gusto pudo allí estar;
y aquella silla tan respetada,
y aquella silla monumental,
cabe sus felpas sintió los piojos
-hoy los heraldos de libertadque los Gutiérrez y los Zapatas
por todas partes suelen regar.
Ningún belitre se afianzó en ella;
aquella Silla Presidencial
fue removida, fue profanada,
sobre su felpa cayó mezcal;
Venus el simple la llevó a Ulúa,
para a su lado tenerla allá;
pero en la costa no halló la silla
otra grandeza que la del mar,
porque l?s hombres ........ eran enanos
junto a la Silla Presidencial. ...... .
Siguen las luchas, siguen los pujos,
sigue la sangre formando un mar;
Caín se yergue con gesto airado,
canalla viene, canalla va;
pero ninguno llega a la silla,
por más que todos quieren llegar,
porque la Silla les está a todos
como a un palillo le está un dormán,
como a Madero le habría quedado
la vestidura que usó Goliat.

del magno Triunfo, lo hacen tan mal:
si convencidos de su impotencia
son, en la patria, como huracán
que barre mieses, destroza surcos,
y vierte daños aquí y allá,
entronizados, ¿habría pinceles
que "graficasen" la obra infernal
de los bandidos entronizados,
de la canalla reinando ya,
de los belitres cuyas hazañas,
pregonadoras de daño y mal,
provocarían que protestara
con un rugido la Humanidad .... . ... ?

siempre esperando que surja el HOMBRE
que apague el odio, que agote el mal,
el hombre fuerte como los Juárez,
como los Díaz y otros que están
en nuestra historia considerados
como los hombres que brindan paz,
ya que la turba de los enanos
nada a la patria le puede dar.
Cuando la felpa de esta gran Silla
oprima el cuerpo de un hombre tal,
la augusta patria se habrá salvado,
de los enanos muy a pesar ..... .

Basura, teme que raudamente
cesen las iras del huracán
que te ha elevado por un capricho
hasta la altura donde hoy estás.
Fango, no intentes tornarte est;ella,
que estrella nunca te tornarás;
la estrella es lumbre; la nube es sombra,
raíz es lodo y espiga el pan.

Y el HOMBRE viene; ya su llegadt
los trogloditas temiendo están
y se preparan a combatirlo.
i Loca tendencia! ¡ Vano luchar!
Si al{uesta Silla reclama un HOMBRE,
¿por qué, Dios mío, no se lo das?
La mano augusta, la fuerte mano
que hace justicias, ¿en dónde está?
Luchad, enanos; rugid, pigmeos,
que el HOMBRE pronto llegado habrá . . : ...
QUASIMODO.

"ª

l

1

Y ahí está incólume la augusta silla,
la augusta Silla Presidencial,

DE EL ALBUM 'DIEZ PRESIDENTES EN CINCO A~OS.'

------ ·r-,--...-

Y los enanos gritan y rabian;
¡todos se quieren presidenciar!
Mas nada valen sus arrebatos,
nada consigue su ardiente afán.
La miel no se hizo para los asnos
dice el adagio viejo y vulgar ....... .
Y dando saltos la enanería
en movimiento continuo está;
los gavilanes que hay en los brazos
de la gran Silla Presidencial,
hinchan los ojos, abren los picos
y se preparan a devorar
al que de aquellos tristes enanos
hasta sus fauces se llegue audaz.
Unos se atienen, ,para encumbrarse,
a que la gleba con ellos va,
a que cantaron la Democracia ....... ,
que a todo el pueblo tiene sin pan,
a que con ellos va el cretinismo
y la inconsciencia fuerza les da;
otros, recurren al extranjero,
redactan notas, arreglan "raids,''
y ora altaneros, ora serviles,
ofrecen ...... todo lo nacional
a cambio de una potente ayuda
que les permita poder llegar
hasta las cumbres, hasta los cielos .•...... , •
¡hasta la Silla Presidencial!
Otros, luchando se quedan' mancos,
mas no se dejan de perfumar
porque hay sibila que les ha dicho
que los perfumes al cielo van;
y trabajando por ser "los amos,"
fingiendo siempre fidelidad,
mueven intrigas, ensayan tramas .•.....•
y a cada paso se exhiben más.
Y de aquel grupo, de aquella turba,
¿se puede alguno presidenciar?

¡ Dios no lo q'"eral Que si olvidado•

TU ME REIVINDICARA~
DE "CLARIDADES.''

�el Colegio y Academia del VERBO
El día dos de este mes de agosto,
',ea
el quincuagésimo aniversario de su
ENCARNADO, su Jubileo de Oro,
fundación.
, francés de origen, Don Claudio M.
El año de 1866, el Obispo de Galv
inici'ir las l&amp;b..,res educativas de la
Dubois. hizo un viaje especial a Euro
01 den de Religio3as del Verbo Encarna :en Estados U nidos y con tres de ellas,
emprendió el r~greso.
De entonces ad., la institución ha pr ido grandemente y posee en la actuaJidad uno de los más bellos sitios Je San :m10.
ceremonias, que se vieron concurridíEl aniversario fue festejado con gr
simas.
Damos a nuestros lectores varias v'

~

--,~------------r:i

e edificios

y

paisajes de la Academia.

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1

:

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,,

�Bellezas Infantiles

,,,

NIÑA MARIA OFELIA DE LA GARZA
Hijita del Ing. Celedonio de la Garza, de Brownsville, Texas.
!_,.1'.!6'6'-"""'6'"',¿,,~,::,.·~~·;:!e;,:~'·~:SB:B:e:-S:$:S:B,~$!$~:$:,s:e:-s:e:e¡s.;B~~€-!'9::~~~~ele~*
}\~~V~v\~V'ivl'.VtVIVh,,'iVh...l · ' . IV
"

LOS VIEJECITOS
La señorita d'Outreval vivía en el .extremo de la calle de Recoletos en una casita que cubrian con su sombra
las altas torres de la Catedral. Muy -,scada, muy arrug~da no teniendo fuerza más que para arrastrarse de un sillón a otro, pasaba las horas atizando el fuego con -~us
temblorosas manos cubiertas con mitones; adormec1endose en dulces Y vagas somnolencias, en que los recuerdos del pasado le fluían al corazón oyen~o a una cotor_ra
verde que, con su voz aguda gangueaba s_m c~sa'.· las_ mismas frases: Y cuando el sol hacia el medio d1a, iluminaba
por un instante los empolvados vidrios. observando_ los
carruajes que rodaban afuera sobre las grandes y humedas baldosas.
Ella no echaba de menos ninguna felicidad, ni tenía nostalgia alguna y aguardaba su fin con la altiva indiferencia del creyente que entrevé el eterno descanso
a través de las estrellas.
No había en el silencioso salón ningúp re.Jj que
marcara la huida del tiempo.
Sola en el mundo, la última de su nombre, no contando los años que se agregaban a los años y que_ le abrumaban con su peso, la solterona éstaba reducida a la
compañía de su sirvienta casi tan vieja como ella Y de
ll,n pobre caballero de Malta, que la había adorado en

otro tiempo en Coblenza, y que cada tarde, como _un ~cvoto que va piadosamente a recitar su oficio a la 1g_les1a,
descendía cojeando desde el otro extremo de la cmdad
con su bastón de puño de oro y sus zapatos de lazos, a
tomar una taza de té y a hacer una partida de pharaón
de a dos centavos.
.
Entre estos dos abuelos, esta amistad era confiada,
apacible, tan suave como el olor de esas frí~s ·rosas de
invierno cuyos pétalos deshojados dejan sentir al menor
contacto cierta impresión de hielo.
Ellos no reñían jamás; tenían el uno para el otr~
esas delicadezas del corazón tan enternecedoras Y casi
infantiles. Se olvidaban algunas veces de su edad Y ch~cheaban exquisitas cosas, sonriendo como a lejanas visiones entrevistas en la nieve.
Silvina había llenado la estrecha habitación del señor
de Nauvicourt de baratijas que ostentaban las consolas,
de cuadros de sederías, de bordados simbólicos, de sentimentales grabados, según la moda de antes.
El caballero, por su parte, se privaba de. su rapé,
economizaba sus mezquinas rentas para de tiempo en
tiempo llevar a su amiga un ramo ~e violeta~ o un cartucho de almendras que juntos ro1an despues con sus
bocas desdentadas.
0

'·

___

--

II
Rubiera sido preciso verlos bajo el resplandor amarillo de la lámpara que cubría una gran pantalla de guipur antiguo con sus siluetas de pájaros cuya sombra se
movía sobre las paredes, sus dedos huesosos que temblaban al arrojar las cartas, y sus anteojos que se deslizaban a cada instante.
El vapor del té subía por encima de las tazas; ellos
reflexionaban gravemente, titubeaban; contaban los puntos a media voz, se animaban, se despertaban poco a poco de la alucinación de todas esas figuras que danzaban
delante de sus cansados ojos, y al fin de la partida, el
caballero aproximaba su silla con un aire desembarazado,
charlaba, aventuraba un cumplimiento sobre el aroma de
los polvos o el color de las cintas, se inclinaba, hesaba
por encima de los mitones las manos que la señorita
d'Outreval le abandonaba, moviendo la cabeza, y entonces decía con inflexiones tiernas:
-¿ Os acordáis, corazón mío, cuán cruel fuísteis
conmigo?
Ella suspiraba sin responder nada y pensaba entonces en que habían sido jóvenes, en que sus corazones habían latido al unísono, en que demasiado CO'}ueta y
demasiado romántica, había ella ele repente vuelto a otro
lado la cabeza y cantado una nueva canción.
Se acordaban de las frías ciudades de Alemania en
donde tiritaban, de las batallas inútiles, de las escarapelas blancas que prendían a los remendados vestidos de
Corte; del destierro tan largo, en el cual, sin embargo,
se había tan arrogantemente luchado contra la mala suerte; bosquejado tan tier.nas aventuras y roto muchas espadas, tanto por la buena causa como por los lindos ojos
de las bellas emigradas.
-¡ Cómo bailaba este audaz corneta de Dragones I
¡ Cómo hablaba de las mujeres con el insolente aplomo de
sus veinte años 1 ¡ Cómo sabía hacer sonar sus espuelas
en los corredores e implorar por lo bajo una cita!
Ella, ¡ cómo había sufrido y llorado para resistir a
la tentación de esta dulce voz ardorosa y vibrante que
la suplicaba, para ser la más fuerte y encerrarse en su
orgullo como en una torre inaccesible I
¡ Cómo la había él idolatrado! ¡ Cómo había deseado
cerrar con sus incesantes y deliciosos besos sus grandes ojos de terciopelo, donde por momentos ardía no sé
que luz espiritual y turbadora! y puesto que ella lo desechaba y lo ridiculizaba, con su sonrisa incrédula, puesto que ella tarareaba una copla burlesca cuando él pre' tendía supremos asaltos, él había huído y en veinte batallas había jugado su piel como se juega un luis.
¡ Qué cruel fuisteis conmigo, Silvina ! repetía él co.n
la mirada perdida en el vacío; y la señorita d'Outreval
repetía muy dulcemente:
-¿ Seríamos los mismos buenos amigos que somos
ahora, mi querido caballero?
Después, ella llamaba a su sirvienta: se dejaba besar aún la punta de los dedos, acompañaba al señor de
Nauvicourt hasta la ,puerta, y mientras él bajaba la escalera, apoyándose en el pasamanos de fierro, exclamaba
con voz inquieta y paternal:

-Sobre todo, tened mucho cuidado en el último escalón.
Pues una noche, ellos charlaron un largo tiempo,
bebieron, sin apercibirse de ello, tantas tazas de té, que
poco a poco sus ojos se cerraron y se durmieron en mitad de sus ensueños acostumbrados, la boca entreabierta y
las manos caídas y oscilando, como dos buenos viejos que
han velado hasta demasiado tarde. La sirvienta, a quien
no llamaban, continuaba su sueño en la cocina. Las bujías se consumieron hasta el candelero: el fuego se apagaba.
El día penetraba entre las cerradas persianas; los pájaros cantaban en los árboles del jardín, y de repente el
repique que anunciaba la primera misa, la misa de los
sirvientes, de la gente pobre, estalló fuera, concluyendo
bruscamente en una lluvia de notas agudas y sonoras
que sacudió los vidrios. La calle se despertaba. Los carros de los hortelanos descendían a gran trote por la plaza del :Mercado.
La señorita d'Outreval entreabrió los párpados, ·se
estiró, bostezó y dió un gran grito de estupor al ver al
caballero que roncaba apaciblemente en el fondo de su
sillón con la peluca al través y la corbata desatada.
El grito hizo enderezarse sobresaltado sobre sus poco seguras piernas al Sr. de Nauvicourt.
Se miraron con un azoramiento cómo de culpables
a quienes un marido celoso acaba de sorprender y que
avergonzados, no osan articular palabra.
-¿ Era eso posible?
El caballero había pasado toda la noche allí!
¿ Qué irían a suponer? ¿qué irían a decir las perversas comadres, las buscadoras de escándalos?
¡ Ella sería la fábula de la ciudad 1 ¡ Estaba irremediablemente comprometida 1 ¡ ella, la inmaculada, que
no había jamás cometido ni un pecado veniall
¿ Cómo saldría él a esa hora, en pleno día, sin ser visto de los vecinos y los canónigos que iban a Maitines?
• ¿qué pensaría la sirviente?
La pobre vieja se desesperaba, sollozaba en su pañuelo de encajes, y murmuraba con un tono lamentable:
-¡ Qué desgracia! ¡ qué desgracia 1
:Mientras tanto el Sr. Nauvicourt habiendo arreglado
el lazo de su larga corbata y arreglado su peluca, tosió
como un hombre que se prepara a pronunciar un gran
discurso, bien que mal, enderezó el torso, y muy conmovido, con entrecortadas palabras.
-Habría un medio, señorita. . . . un medio de reparar .... nuestra distracción.... decid, ¿ queréis concederme vuestra mano?
Silvina le miró fijamente y tembló todo su cuerpo.
Ellos se abrazaron dulcemente sin decir nada,
Y hé aquí por qué la señorita d'Outreval se casó a
los ochenta y cuatro años con el caballero de Nauvicourt,
y no llevará en su entierro las blancas vestiduras que hacen pensar en las alas de los ángeles y en el brote rle las
azucenas.

RENE MAIZEROY.

�¿Berónica o Verónica?

PARABOLA DEL PINO

vendaval y cantos de aves qne en él se recogieran tanEl v1eJo hidalgo don Luis había heredado ele su:, \'ictos años. escaparan gimiendo para buscar otra fronda
jos abuelos la templanza y sabiduría, algunas bnega~·
viva y lozana.
de sembradura y un pinar que empezaba delante ele rn
No quiso el hidalgo que partieran el tronco, y entero
casona, laureada en las afueras cid pueblo con un pino
lo guardó en su inmenso patio donde gallinas y gorriogrande y aí1oso.
nes lo envilecieron. lluvias lo pudrieron y ratas y carTodas las tardes acudían y se sentaban al amparo
obscuro y fragante de las ramas los am igos y discí- co1l'aS lo devoraron ....
Lo tocaba suavemnte don Luis, auscultando las populos de don Luis K o podían pasar sin Yerle y escucharh:·es entraiias: lo contemplaban sus ojos, ayudados de
le, porque era maestro y señor ele todos en la causa de
recia lente huscándole el mal que lo secara; y el úspcun príncipe desterrado. Como ellos vivían en la ciudad
ro crujido de su aniquilamiento le conmovía dolorosase congregaban a su antojo; decidían cualquier empremente. Y al cabo decidióse a que un leiíador abriera
sa; pero a punto ele realizarla se les aparecía en la meel tronco. · Sonó el golpe del hacha. astallándolo. drsmoria, el solitario caballero. majestuoso y dulce, ele hargarrándolo, y el hidalgo apartaba con angustia la mibas blancas y copiosas que le bajaban ha:;ta el magno perada tcmblándole la rnz al preguntar qué iba mostrancho. y el calvo y limpísimo cráneo en cuya cima resplanrledo la honda herida.
cía la lumbre llegada entre el ramaje del pino.
Y cavando en ella salieron chispas azules, lívidas y
Era fuerza recibir su consejo y permiso. ¡ \" siempre
el hacha se rompió.
el árbol endoselándolo como un trono ele patriarca! SenEl lciiador y el viejo caballero se contemplaron con
tían su pesadumbre y obscuridad; y hasta llegó a paregrande pasmo. Luego, i11Yestigando aiincaclamente, viecerles que el entredicho. la aprobación o censura brotaron un hierro y un trozo agudo de pedernal.
ba del ancho y venerable tro.nco, como la goma de su
Dijo el leiiador. después de larga meditación:
carteta. Y he aquí que los fieles amigos del hidalgo le
-Pues el clavo lo hincaron encendido ... v si es al
respetaban co.n grandísimo amor y murmuraban del pipedernal. debieron &lt;larle algún punto del diablo.
no del portal; de modo que, amando al monarca, vinieDon Luis, la noble barba estremecida de ira, lo.:; n]0s
ron a malquerer el trono.
.
llorosos de compasión, alzó los brazos y gritó. ¡ .\k lo
Acabado el examen y discernimiento de lo político y
asesinaron!
lugareño. don Luis les decía serenamente filosofías de
..... l nútilmcnte llamaban íos aP1;f;OS a la puertn ,le
mucho donaire y sencillez; y luego dedicaban a su buen
la noble casa. ~ o lograban ver a su jeie y maestro.
árbol palabras de gratitud y alabanza.
Siempre les decían que estaba por los campos; y don
Sí que debe de querer esta 1sombra compaiiera-lc
Luis no salía de su cámara. Pero se recibieron nuevas
dijeron una tarde;-pero también le priva de contemele que un seiíor, eminente en política y nobleza, llegaplar todo el valle, que. es una bendición para los ojos.
ba al pueblo para descubrirles y preparar los designios
Don Luis defendió a su pino, Para ver el paisaje en
del amado príncipe del destierro; y como el solitario
su inmensidad bastábale salir del abrigo y urnbria &lt;le
era el caudillo de los políticos lugareiios, y en su casa
las ramas; así, tenía valle y sombra amiga. Sin el árd.:b:a aposentarse al enviado. abrió sus puertas, y con el
bol parecíale su casa demasiado sola, desnuda y como
forastero pasó tamb¡én el olvido de sus querellas. Y
avergonzada y medrosa. Y el viejo pino. que semejaba
es que le envidiaban su dignidad de huésped de tan claoír .y agradecer esta privanza. producía una música de
ro varón; y aunque sabio y todo, el buen don Luis era
mucho apacibimiento.
Y otra tarde, por que el hidalgo amonestó a sus ami- hombre. ·
.. . Después de la recepción y comida, salieron al argos con grande severidad, sintieron ellos en su corazón
caico balconaje ele la casona.
densa y ene1niga la sombra del ramaje. Y ya lo aboEl ilustre en,·iado miraba con embelesamiento la alerrecieron como se aborrece a un hombre. Lo miraron. lo
gría y ieracidad del amplio valle y la valiente espesura
celaron ansiosos de hallarle motivo que justificase la
del bosque, celebrando el gayo verdor y lozanía de un
n\a\querencia. Las miradas de los hombres bajaron despinar joven que estaba cercano.
de las ramas cimeras a la fuerte raigambre. \"ieron en
Entristecióse el hidalgo y, con apagada voz, elijo:
la cercanía otros pinos me.(ludos y ruines, qmzas engen-Aqui delante había un pino viejo, árbol fuerte, glodrados por el frondoso del portal, y se conmovieron de
rioso, que ya protegió los solaces de mi abuelo cuan&lt;lo
lástima.
era infantico ..... ¡Y me lo mataron!
Entonces el más audaz y valido del maestro le mos-Pues desde que se secó-murmuró otro-que metró los arbolitos recientes, y exclamó: ¡Todo el amor es
dran esos tiernos y han triplicado su valer, que el granpara el vieje, mientras esos pobretes se mueren!
de se chupaba todo el jugo . . ...
Una voz logrera dijo:
-Entonces hicieron bien en matarle-sentenció el
"Si lo cortara, medraría los otros; y no faltaría
forastero. que también debía de ser sabio.-La Vicia ,se
quien se lo mercase por 30 duros."
renueva y perpetúa por el sacrificio de otras vidas, aunDon Luis se enfureció, se afligió ... :tilas supo perdoque éstas nos parezcan yenerablcs.
nar a los blasfemos. Fingiendo sumisión y arrepenti-¡ Que hicieron bien !-gritó angustiado don Luis.
miento, se fueron los amigos.
Y no pensaba en ~u árbol. Sentía dentro de su carne
y de su alma, herida de pedernal untado y de hierro en*
¿ Qué te.nía el árbol amado?
cendido. "lió a los pinos jóvenes. que parecían sonreír,
Amarilleaba, empobrecía su verdor. \' anos fueron los
dorados cíe sol. y a los amigos discípulos alborozados, cosabios y tiernos cuidados de don Luis. Desprendióse la
mo si bebiesen jugos de una \'ida poclerosa, que era la
pinocha. Y el árbol quedó raído, seco, siniestro~
suya
. . ..
Lloró el anciano oyendo los hachazos de los leiiadoPor la noche hizo abdicación de su mando y señores.
río; baj&lt;'.. al patio y besó el tronco muerto .....
En el crepúsculo se derrumbó todo el árbol, muerto,
GABRIEL MIRO.
....
con estrépito y quejumbres, como si las brisas, furias de

* *

San Antonio, Julio 3 I de

Igi 6.

Sr. l,ic. D. N' emesio García Xaranjo.-Prcsente.
:Muy estimado Sr. y amigo:
Co~1 motivo de la publicación de mi "Prefacio ..
f o 11 eto · unpreso
en los t ª 11 eres de su interesan'
.
:: p~bltcactón ''Revista :Mexicana," me ocurrió la idea de
gu1r la del famoso orador francés "Enrique Bolo,, .•
1ativa a que "Verónica."
.
¡
. ·.
' re
"V" 1 l . 1
que se ia escrito hasta hoy con
a )to-e en tal, no cle?e ser así, sino con "B'' labial.
_Ten~o la desgracia de no poseer mi biblioteca porque d1.spus1e.ron de ella los nuevos legisladores de México 1
· los e¡emen tos necesarios
1·ª sm
dY'faqu1
. en tierra extranje
•
/ l~t 1 es ;acer un estudio que valga la pena sobre el par~
1cut ar.
ero ya que se trata de algo que nos puede en· suplicar
.
dt re ener. con provecho
.
, me permito
a Ud. se digne
ar ~ab1da en su ilustrado periódico a mis ideas a cerca de
t an mteresante materia.
ralid;: dpealal b~ad_''V_eróni.ca" tal como la acepta la geneo:; 1cc1onanos de las ' d 1
con "V" 1 b · el
mas e as lenguas, es
a un . a to enta 1: y ~on ella se denomina en botánica
a } erba que tn mgles se llama speedwell C
m'
¡ b
·
on esta
C '.s;a pa a ra se nombra la suerte de capa. en el arte de
muc,.a,res, Y. d~. Gaona; Y en la Iglesia propiamente se liad a : eron1ca a la verdadera efigie del Sal\'ador del :-funo, Y esto porque la voz ''Verónica" t,
•
dos palabras. ..
,.
• es a compuesta ele
.
• vera, 1at1J1a, que significa verdadera y
g riega 1a segunda ''i
,,
·
,
. imagen
.
•
. · con, que s1gmf1ca
retrato
E
s pues denommada gráffcamente por la Igles.1 1' 1
adorable el J ,
.
ª · a magen.
el
e. esus que nulagrosamente quedó estamdel ~enzo con que le limpió el rostro la pi~dosa
e • madour, que en J erusalém se hizo llama1·
Z aqueo.

::u:e:n

~as. con el nombre mismo &lt;le! objeto que la hizo c '1 b
com.o sucede
frtcuencia aunque de diverso n10d: e
l~s rnwutos que toman el nombre de sus inventores ~ los
l iuros los clt: sus autores.
r l'ero
·· t ¿ cuál es el verdadero no111bre &lt;le la muger que
1111¡~10 e\ rostro a Jcsucristo y obtuvo su verdadera ima
gc11
' ·
. H ·' &lt;· r , cas 0 es· B~ronrca,
como lo afirma el Abate Bolo?•
la, e.,~qu1f lo q~e die~ este célebre escritor católico: En
, s . on t;renc1as, Discursos y Sermones" por el Ab t
Ennqu.e Bolo, traducidas del francés por E C O eª e
¡
· · · orman y en la , ·
da ,,'I - 1 pagma oc 10 de la primera Conferencia titula,~:, g~ as Y los galos en la pasión de nuestro Señor
)
_s~ encuentra la siguiente nota:
Escrtb1remos Berónica o Berenice Y no Verónica
en
·
Be l-o . d e adelante
.
. . L os h'istonadores
antiguos escriben•
. ~omca en . griego. En nuestro humilde juicio las
!)las d1sertac1ones sostenidas sobre 1
.
sa
de este nombre, (veáse la "R, ·-t aAescntu~a. o letras
\ ' II
· .
evi:; a rqueolog1ca" año
. ;) pudieron haber tomado una vía errad
S '
el .
a.
1, como
todo lo que va
. . .
mos a ecir lo hace suponer, Berónica fue
~n:mar: d~ Aquitania, nada ha}· de extraiio en que ella
es~g1_1:ado su nombre por el hecho de un defecto
,unc1ac1on, Jue es todavía muy común en ciertas
.' .
I eg1one~ de Gascuna v
·
.f
, ., que consiste
en pronunciar la B
como s1 uera V.

coi!

e~:

esucr~:~º·

c;~1 ~:::

s ve, pues. que ese nombre no tendrá la etimología
fa t' fe
lo:o~': ica Y extraiia que le atribuye más de un arqueóAhor~ bien, e~ u.n hecho que se encontraban entre lasl princesas egipcias Y macedonias, muchas que lleva·
· el o muy notable la hija
elb an He nombre de
. Bere mce,
sien
e crodes Antipas I. rey de los Judíos tan célebre ,
que en astronomía ' se
- llama ''la Ca be11 era' el e Berenice''as1
una constelación. ¿ Porqué dudar que ¡
.
a
ger el \ d ·
a aqu1tanesa mue J ma our tuviera el nombre de B
.
este not'.1bre, siendo tan parecido al de Ver~:~i:~ce y hque
confund1do con
. é1 • como d'ice e1 Abate Bolo? ' se aya
de
C~~;qu.1e~ diccionario que consultemos .nos respon
d'. que . eron1ca" es: ''verdadera imagen" ", b
cmal" ''suerte de
d
, ) er a me 1ni nos 0
. . c.apa, el. to.reo;'' pero nunca nos dirá
•
podrá el( c1r nmgun d1cc10nario que Ve ' .
1
muier de Zaquc·o.
romea es a

pro . A lo que se llama pues con la palabra greco-latina
, p1amente es la 1magen; pero siendo como .
tm, neutra la palabra "icon" d e: en !apio es Y fue éste: ''Verumi~ón ~. :;eguro que el son1do prosea
·
' para que la concordancia
propia; pero el vulgo optó por lo :
.•
. nuncio "Verónica ,,
. , mas sonoro y prod b
1
' o esta corrupc1011 o trastrueque se
e e a a ~U!? de las naciones extranjeras.
Que b1~n vendría encontrarme en la posibilidad
l'or consiguiente O decirn
B
.
.
consultar algun ..utor de "he
, .
de con "B'' l 1. 1 l b
,
os eren1ce o Berónica
como este hecho
rmcneut1ca sacra;" aunque d' . ,
1·ª
'
.
1ª
'
ia
!ando
ele
la
histórica
muger
de
la
tra~
es puramente erudi'c·10na¡, no consta en
los E
r
ic1on re ig1osa, por las razones ex
.
.
mamo· •·v ., · .. ·
· puestas, pero s1 la llavange tos que son sinópticos· y es r .·1
poco a lo
·
. , '
act que preocupe
~
e1 o111ca cometemos un error conf d', d 1
s comentaristas e mterpretes del Santo Evangc- . con la verdadera Imagen del S 1 1
li . ,
un ien o a
T
avaco~
o. ) o no recuerdo haber visto nada sobre el p t" 1
D
U
e d. afmo. amigo, atto. S. S.
b el
fi
ar icu ar.
No me pare
se llame
ce a sur ~ a rmar que por apropiación
a la muger compasiva, esposa del tesorero ChuIGNACIO VALDESPINO.

�Honores a un Mexicano
Tenemos el gusto de publicar dos cartas dirigida_s
al señor Obispo de Aguascalientes, D. Ignacio Valdesp1no, una, por Ja Academia Latina de Cien,ci~s. Artes _Y B~Jlas Letras y otra, por la Sociedad Academ1ca de H 1stona
Internacional, de París.
En nuestro deseo de dar a conocer cuan~o. honre a
un mexicano, porque redunda en honor de Mex1co, estamos dispuestos a publicar todos los_ doc_u~en_t,os que levanten el crédito de nuestro país, srn d1stmc10n de partidos y personas; como lo hemos venido hacien~o.
y tenemos esta disposición aun para los _m,smos -~arrancistas, si es que además de sus anales de m~autac1~11,
asesinato y saqueo pueden proporcionar algún timbre mternacional digno de ser conocido.

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tan pronto como los acontecimientos se lo permitan.
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agradecimiento por el gran honor qne ha. servido Ud. ha·
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LEY..-DOMICILIO SOCIAL: 50 BOULEVARD
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Presidente Honorario: l\L Paul Doumier, ex-Minis- el Diario Oficial de la República Francesa. Honrada con
tro ex-Presidente de la Cámara de Diputados, ex-Gober- subvenciones de varios Soberanos y Jefes de_ Estado.
Domicilio Social: 50 Boulevard Samt-J acques,
nador General de la Indo China, Senador.
Comité: Señores: Camilo Flammarión, Saint Saens; París.
Beauquier, ex-Diputado; Jules Bois; He'.1ry Maret:
., . Ch. }l1. Couyba , Senador; Xav1cr de Carv
... Lo,
París, 20 de Junio de 1916.
F rap1e,
.
fY
Maxime Formont; Phileas Lebesgue; Paul 1fc11111er. ,. 1Monseñor Dr. Ignacio Valdespino.
el
Parlamento;
residente
del
Grupo
del
Arte
en
Obispo de Aguascalientes.-Méxíco.
put a do , P
.
C ·n p t
.:.tephen I.iegear&lt;l· Rnbén Darío; _Gome1 2.m º'. a1_
Monseñor y Caro Colega:
Adam; Jean Chagas, antiguo Pres1d~nte de Conse¡o M1~
Por este mismo correo tenemos el honor de enviar
nistro de Portugal en París; Mme. Juhette-Edmond Adam,
a Ud. el último número de nuestra Revista. ,
Señores Louis Pauliat, Senador; Manuel Ugar~e; Manuel
Encontrará Ud. en la página 189 un Articulo que 1:
Márquez Miembro y ex-Presidente del Co~se¡o Gene~al
concierne.
del Sena'· Henri Turot. ex-consejero municipal de Par!s;
Si desea Ud. algunos ejemplares más, estamos a su
D r. R . R'aimondi '· R. Raqueni; León Riotor. Raffestmdisposición para remitírselos. Los vendemos a 2.50 fran ·
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cos cada uno.
París 14 de Junio de 1916.
En espera del honor de su respuesta, rogamos a U~.
'Monseñor Ignacio Valdespino.
acepte, Monseñor y Caro Colega, las ~eitera_~as seguriObispo de Aguascalientes.-México.
dades de nuestra alta y respetuosa cons1derac1on.
Monseñor y Caro Colega:
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Recibimos con toda oportunidad su amable
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Pregunta ~lguien:
¿Por qué prefiere Ud. la ''Revista Mexicana'' a los demás periódicos?
Y contesta el padre:
Porque su sección editorial me parece juiciosa y patriótica, y es la que mejor orienta el espíritu nacional en
eetos difíciles momentos.
Y añade la madre:
Porque su lenguaje es mesurado, de,cente y propio
para ser leído en familias. Además, su sección de modas
e1 muy interesante y me sirve extraordinariamente en el
ho¡ar.
Y dice el hijo mayor:
A mí me gusta porque en sus páginas se hace siempre el elogio que México se merece. Siempre consagra
alabanzas a nuestros héroes.
Y continúa el segundo:
A mí me encanta porque trata con detalle las peripecias de la guerra Europea, Sus crónicas son siempre atractivas e interesantes.
Y sigue el tercero:
A mí lo que más me gusta son los artículos "Desde
Jauja" los "Tópicos del Día" y las cartas de Quasimodo,
secciones graciosísimas que hacen reir a cualesquiera.

Y replica la hija mayor:
Yo no me puedo pasar sin leer los cuentos y las poeque publica "REVISTA MEXICANA,'' porque son
clt un ¡usto refinado y exquisito.

1fa1

Y contesta su hermana menor:

"REVISTA MEXICANA" es mi periódico predilecto, por su Sección de Charadas, Anagramas y demás
acertijos, con los cuales paso entretenida los ratos de
1
aburrimiento.
Y entonces dicen los niños pequeños:

A nosotros lo que más nos gusta es la carátula.
Siempre trae el retrato de un héroe o la
ilustraci611 de un monumento mexicano.
i Que linda es!

Y dicen todos en coro:
"REVISTA MEXICANA," es el mejor de todos
los periódicos.
-El Padre :-Por su orientación moral.
-La Madre :-Por- su decencia.
-El hijo mayor:-Por su patriotismo.
-El segundo :-Por su imparcialidad.
-El tercero :-Por su ingenio.
-La hija mayor:-Por su gusto exquisito.
-La hija menor:-Por su página recreativa.
-Los niños :-Por su carátula e ilustracionea.
Todos en coro:
¡Viva REVISTA MEXICANA!

Suscribase Ud. desde luego; nuestra direcci6n:
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�Unos niños hallaron cierto día en un bartanco un objeto parecido a un hue\'O de gallina, en cuyo centro había una hendedura que le daba el aspecto de una pepita.
l',n hombre pasaba por allí, vio el objeto. lo compró
a los niños por cinco kopecks, y llevóle a la ciudad, donde lo revendió como una curiosidad al emperador.
El zar convocó a los sabios del país y les ordenó que
averiguasen si este objeto era un huevo o una semilla.
Los sabios se dedicaron a sus investigaciones, y estudiaron. estudiaron, sin llegar a descubrir la naturaleza del
objeto.
Este fue colocado en el alféizar de una ventana, lo
vio una gallina que picoteaba por allí, y empezó a picotear en él, haciéndole un agujero. Resultó,. pues, evidente que el objeto misterioso era una semilla: todo el
mundo estuvo conforme en esto y los sabios declararon
que era un grano de trigo.
Al saberlo el zar quedóse asombrado; de nuevo convocó a los sabios y les mandó que buscasen por qué era
tan enorme aquel grano de trigo. Acudieron los sabios a
su ciencia, acudieron a los libros y no encontraron nada. Por fin dijeron al emperador:
-Señor: no tenemos ninguna contestación satisfactoria que dar a vuestra majestad. Nada hay en nuestros libros que aclare la cuestión; es menester interrogar a los campesinos; t~l vez sus abuelos les hayan enseñado la manera de cultivar el trigo para que produzca granos tan grandes.
Entonces el emperador hizo que viniera un campesino extremadamente viejo, para preguntarle.
Llegó el hombre, andando penosamente apoyado en
dos muletas; no tenía dientes y su barba era blanca co·

El emperador envió a buscar al padre del v1eJo.
Se Je encontró muy lejos y fue llevado a presencia
&lt;lel monarca. El anciano se apoyaba en una muleta;
gozaba aún ele buena vista, y su barba era gris. El
emperador Je e.nseüó el grano y le preguntó lo que era.
El viejo lo miró atentamente.
Díjole el emperador:
-Padrecito: ¿ sabes para qué es buena esta semilla? ¿ Has sembrado alguna vez en tus campos o has
comprado en el curso de tu vida semilla como ésta?
-No, respondió el viejo; jamás he sembrado en mis
campos granos parecidos, ni he recolectado ni comprado. porque en mi tiempo aun no se empleaba el oro. Entonces todo el mundo comía de su propio pan, y daha
a los que carecían de él, siempre que era preciso. Ignoro dónde crece ese grano; pero he oído decir a mi pa·
dre que en su tiempo el trigo era mejor y producía granos más grandes y más numerosos. Es necesario preguntárselo a mi padre.
El emperador hizo venir al padre del viejo.
Se le encontró muy lejos y fue llevado a presencia del
monarca. El anciano era vigoroso, tenía los ojos vivos.
110 llevaba muletas. hablaba con mucha claridad y apenas se veían canas en su barba. El emperador le enseñó el grano y le preguntó lo que era. El viejo lo miró
de todos lados y después dijo:
-Hacía muchísimo tiempo que no veía un grano tan

mo la nieve.
El emperador le enseüó el grano; pero el viejo apenas veía; lo acercó a sus ojos y lo palpó con las manos.
-Padrecito, le dijo el emperador: ¿ me quieres tú decir para qué sirve una semilla tan grande? ¿Has sembrado alguna como ésta en tus campos? En el curso de
tu larga vida ¿ has comprado alguna vez granos así?
El viejo se había quedado sordo por la edad, y apenas oía; entendió confusamente las palabras, comprendiéndolas apenas, y repuso:
-No; nunca he sembrando en mis campos granos como éste, ni he recolectado ni comprado. Cuando compraba trigo, el grano era muy pequeño. Es necesario
preguntar a mi padre; quizás él sepa dónde crece la
planta que produce este grano.
¡IMPORTANTE!
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Tengo el gusto de poner en conocimiento del público, que acabo de recibir una corta cantidad de los exquisitos dulces de Morelia (México) conocidos vulgarmente
con el nombre de "Ates" (Membrillates, Guayabates, Naranjates, etc., etc.) Como en la actualidad los artículos
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217

Blum St. Aurelio Villanue-

grande.
Lo llevó a su boca, gustóle y prosiguió:
-Sí, es de la misma clase.
-Padrecito, dijo el emperador. dime en qué sitio y
en qué época crece esta semilla. ¿Has sembrado o recogido o comprado alguna vez granos así?
El viejo respondió:
-En mi tiempo todo el trigo era como éste, y de él
nos valíamos para hacer nuestro pan y vivir.
~Padrecito, repuso el emperador: ¿ quieres decirme
si en tu tiempo comprabais este grano o lo recolecta·
bais?
El viejo sonrió.
-En mi tiempo, dijo, nadie conoció el pecado que
consiste en coinprar y vender pan, y el oro era desconocido. Todos comían pan hasta que se hartaban.
-Padrecito. continuó el emperador, dime dónde estaba tu campo y dónde sembrabas semejantes granos.
-Emperador, respondió el viejo; mi campo era la
tierra que la Na tu raleza ha dado a los hombres. 1li campo era el suelo que yo cultivaba; e.n aquel tiempo la
tierra no era de nadie, y no se sabía lo que era de propiedad mía o tuya. Lo que se llamaba mío y tuyo, era el
fruto del trabajo de cada uno.
-Respóndeme aún dos preguntas, dijo el empera·
dar: primero díme cómo el trigo podía crecer de un modo tan maravilloso en aquel tiempo, y luego por qué hoy
es tan pequeño.
En segundo lugar, no comprendo que tu nieto se apo·
ye en dos muletas, en una sola tu hijo, mientras que tú
eres aún , fuerte y vigoroso, tu paso ligero, firme tu marcha, tu mirada viva, tus dientes son magníficos y tu voz
vibra como la de un joven. Padrecito, explícame todo esto.
-Eto sucede, contestó el viejo, porque los hombres
ya no viven de su trabajo y porque desconfían unos de
otros. Antes se vivía de un modo distinto; se vivía en
el respeto y temor de la Naturaleza. Entonces cada uno
sólo poseía Jo suyo y no tenía ninguna necesidad de Jo
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El
' .
d
•
- d
.
.
• prox1mo oce de Septiembre cumplirá "REVISTA MEXICANA"
Nuestra vida ha sido d
h
d
. .
un ano e ex1stenc1a,
. .
e 1uc as, e pnvac1ones y de
'fi ·
C
ti! smo patriótico, como no nos guiaba 1 'd d 1 1 '
sacn ctos.
orno nuestro programa no era mercan1 ea e ucro personal sino 1 d 1
· ·
mas las dificultades que han erizado n
t
d
a e presttgto de México, no extraña.,
ues ra sen a, To do lo cont . . b'
s1on era la de luchar tenazmente
1
.
rano. sa tamos de antemano, que nuestra mi. .
' y a aceptamos sm vacilaciones y sin temores.

ª

El bandtdaJe nos cerró el mercado de la Patria. el tem
un momento a otro por su actitud f
. ' .
or de que nuestra publicación fuese suspendida de
.
'
rancamente nactona lista hizo qu 1
d
mirase siempre con desconfianza y con
I
y
'
e e merca o de los Estados Unidos, nos
·
rece o.
entre la duda d
•
¡
vida precaria e incierta Sin emb
e aqu1 y e rencor de allá, hemos llevado una
·
argo, a pesar de las dificultad
• ·
.
es econom1cas, acrecentadas por el alza inmoderada del precio del papel metal d 1·
'
e mohpo Y demás objetos d ·
e imprenta, tenemos el orgullo de haber ostentado nuestros ideales en los momentos más difíciles
dolorosos instantes en que casi t d 1
' : de haber enarbolado el estandarte de la Patria en los
"
o as as manos lo de Jaron caer.
.
'
REVISTA MEXICANA" pronto cumplirá un año de v·
.
:
luJosísimo, con doble número de pá .
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xicano.
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ooo lectores

50

'

.

"REVISTA MEXICANA" que es el mejor maga .
d 1 A
de sus números.
'
zme e
mérica latina, publicará el más elegante

ª

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�(Discurso de Hughes, concluye.)

revista al curso entero de los acontecimientos: pero es
enteramente claro que dejamos de emplear los recursos de que disponíamos para evitar actos perjudiciales
y que hemos sufrido las consecuencias. No tenemos
miras ocultas y la Administración debía haber sabido la
manera de garantizar cada uno de los intereses legítimos de americanos y el pronto reconocimiento de nuestras justas demandas como nación neutral.
Nos oponemos a todos , los complots y conspiraciones celebradas en interés de cualquier nación extranjera. Más intolerable aún es el empleo de nuestro suelo
para intrigas extranjeras. Todo americano debe condenarlas. Pero en este punto también se necesitaba de
parte de la Administración la adopción de medidas rápidas, vigorosas y adecuadas. No debía haber habido
vacilación ninguna; ninguna consideración de que era
prudente o político disimular. Tal abuso de nuestro territorio exige una acción inmediata y completa. Tan
pronto como la Administración tenía noticia de complots
o de conspiraciones, era su deber ponerles fin. No le
faltaban medios. La responsabilidad por que unas continuaran no puede ser eludida por la condenación de otras.

mía. Soy partidario del mantenimiento incondicional
de todos los derechos americanos, sobre la tierra y sobre el mar.
Hemos tenido una misión clara y definida como
gran nación neutral. Nos correspondía sostener la integridad de la ley internacional; vindicar nuestros derechos de neutrales; proteger la vida de nuestros nacionales, sus propiedades y su comercio en contra de todo
acto ilegítimo. Independientemente de cualquier cuestión sobre la más brillante oportunidad para llevar la dirección moral en la defensa y en la vindicación de la ley
de las naciones en conexión con la guerra europea, estábamos llamados cuando menos a proteger los derechos americanos. Pero esto no se ha logrado. Hemos
tenido valientes palabras en series de notas, pero, a despecho de nuestras protestas, vidas de americanos siguen
siendo destruídas. ¿ Qué valimiento tiene usar las más
enérgicas palabras conocidas en diplomacia, si los Embajadores reciben la impresión de que las palabras no
serán tomadas en serio? No son, las palabras, sino la
fuerza y la resolución que se hallan tras de la palabra, lo
EFICIENCIA ADMINISTRATIVA
que vale. I.:a función primordial de la diplomacia está
en prevenir; pero hasta en esto ha fracasado nuestra cfi.
plomacia; sin duda a causa de su poco crédito y por la
Frente a todo esfuerzo por mejorar las condiciones
manifiesta falta de resolución para apoyar con actos
existentes, se encuentra la amenaza de una administralas palabras. Si este Gobierno no hubiera dejado lución incompetente. Es una idea enteramente extraviagar a duda, tanto en las ocasiones formales como en
da la de que la Democracia puede ser cumplida fielmenlas extraoficiales de su diplomacia, de que cuando decite por medio de la ineptitud. La Democracia exige el comos "cuenta estricta" nos proponemos precisamente lo
nocimiento exacto, la habilidad especializada y la edumismo que decimos, y que sostendríamos inflexiblemencación completa en sus servidores. He hablado ya de
te esa actitud, confío en que no habría habido la desla negligencia con que se ha visto la capacidad requerida,
trucción de vidas de americanos por el hundimiento
en numerosos casos, en el servicio diplomático. Desdel Lusitania. Sobre eso tuvimos una información amgracia~amente, se ha tenido el mismo desdén por la caplia; una información impresa, cierto. Más aún, conopacidad ejecutiva en nombramientos para puestos adcíamos la situación y no necesitábamos una informaministrativos importantes en nuestro servicio doméstición . específica. En vez de andar empequeñeciendo
co. Aún en lo relativo a oficinas técnicas, las exigennuestras declaraciones formales en conversaciones equícias de la ciencia se han visto obligadas a ceder ante
vocas, necesitábamos representaciones enérgicas, categóaa,; exigencias de la política.
ricas y decisivas, que todo diplo~ático y todo MinisteHemos erigido la barrera de las leyes del servicio
rio de Relaciones entiende. Creo que de este modo hacivil en contra de las impertinencias de los favoritos, pebríamos evitado los repetidos atentados en contra de la
ro bajo la Administración actual, se han dictado decretos
vida de americanos. Además, una política americana
para la creación de un gran número de plazas que han sido
firme, habría sido apoyada con toda su energía por nuesdeliberadamente excluídas del sistema de méritos adtro pueblo y las oportunidades para desarrollar sentiquiridos. Los principios de nuestras leyes sobre servicio
mientos adversos se habrían ahorrado.
civil, han sido violadas sin pudor. Somos partidarios
Es un gran error decir que la resolución de pro- de la fidelidad a esos principios y de su recta aplicación.
teger los derechos de los americanos habría llevado a Y, además, es nuestro propósito que los jefes adminisla guerra. Por lo contrario, en esa conducta descansa la trativos sean hombres de competencia especial, eminenmejor seguridad de la paz. La debilidad y la indecisión temente aptos para sus importantes labores.
en el mantenimiento de derechos expresos son siempre
Nuestros opositores prometieron la economía; pero
fuentes de graves peligros; amenguan el respeto y prohan exhibido un escandaloso despilfarro. Han sido
vocan agravios serios, los que a su vez vienen a crear un
pródigos e impudentes. Es tiempo de que tengamos una
irresistible resentimiento popular. Ese no es el camireforma fiscal. No pedimos sino un presupuesto organo de la inmunidad nacional. No solamente tenemos un
nizado a la manera de todos los negocios. Vivimos en
gran número de recursos fuera de la guerra para sanciola hora decisiva. En un sentido real, la lucha por la •
nar nuestras demandas, sino que jamás fomentaremos
preservación nacional, no acaba nunca. Debemos esla paz por ser más fuertes en palabras que en actos. No
tar imbuídos con el mismo espíritu de heroico sacrifinos habría sido difícil conservar la paz, y al mismo tiemcio que nos dio patria y que nos condujo a salvo a trapo que la paz, habríamos conservado el honor. En todo vés de los días de la Guerra Civil. Renovamos nueseste crítico período, el único riesgo de guerra ha con- tra fidelidad a los ideales pasados de libertad indivisistido en la débil conducta de la Administración. No
dual, de oportunidades para todos, sin distinción de rapongo la vida y la propiedad a la misma altura; pero la
za o de credo, de inalterable lealtad. Tenemos la visión
Administración no sólo ha sido remisa en lo que a la de una América prevenida y segura, fuerte y justa, a la
protección de la vida de americanos se refiere, sino que
altura de su misión; ejemplo de la capacidad y de la
ha sido remisa también en lo relativo a la protección
eficiencia de un pueblo libre.
a la propiedad y al comercio americanos. Ha estado
Ratifico la plataforma adoptada por la convención,
siempre demasiado dispuesta a contentarse con intery acepto su nombramiento.
minables discusiones. No puedo intentar ahora pasar

•

PAGINA RECREATIVA
Problemas correspondientes al
número 45.

Charada propuesta por Antonio Tinajero.- Cuernavaca. Fue resuelta
por Feo. Guerra, hijo, de Brownsville; Ra~uel Espino, de El Paso; Isaura Noriega, de Calexico.
Triángulos numéricos propuestos
por Antonio Tinajero.-Primero, Eloisa.- Segundo, Francia.+- Te re e r O
Nopal.
Fueron resueltos los tres por Elida
García de Falcón, de Río Grande.
Isaura Noriega, Raquel Espino Feo'.
Guerra hijo, Julia Castaño, de San
Antonio, Herlinda A. de Martínez y
P. K. Dor, de Alice.
. ...,

Anagrama propuesto por la señorita Estela Gaona.-Francisco I. Madero.
Fue resuelto por P. K. Dor, Herlinda A. de Martínez, Feo. Guerra
hijo e Isaura Noriega.
. ~uga de vocales, propuesta por Fehc1ano Mendoza.
Cuando mis labios helados
Cierren de la tumba al peso
¿ Quién los tuyos sonrosados
Vendrá a cerrar con un beso?
Cuando mi tumba sin flores
Azote el cierzo inclemente '
¿ Quién la flor de otros amores
Posará sobre tu frente?
Cuando del mundo distante
Si hay más allá-piense en tí
¿ En quién pensarás amante '
Olvidada ya de mí?

Parral, parlar.-Mora, Roma.-Casa, saca.-Rata, atar.-Las, sal.
Fueron resueltas las cinco por Feo.
Guerra, hijo.
P. K. Dor resolvió todas, menos la
cuarta; pero le dió a la primera metatesis una solución distinta, aunque
perfectamente aplicable. Den ver,
vender.
Elida G. de Falcón, resolvió todas
menos la primera; pero dio a la cuar~
ta una solución distinta aunque apEcable: Vaca, cava.
Herlinda A. de Martínez, resolvió
la segunda, la tercera y la quinta.
Isaura Noriega, resolvió todas, menos la primera.
l\fetatesis propuestas por la señorita Ofelia Gaona.-Calvo, vocal.-Labor, borla.-Tapa, pata.-Sapo, posa.
-Moro romo.-Toro, roto.
Feo. Guerra hijo, resolvió todas
menos la cuarta.
Isaura N oriega resolvió la primera,
la tercera y la cuarta.
Herlinda A. de Martínez y P. K.
Dor, resolvieron la primera. la tercera y la cuarta, aunque a esta última Je
dieron otra solución aplicable: Vaca,
cava.
Elida G. de Falcón resolvió la primera y la tercera.
Problemas propuestos por don Víctor da Cerda.

Su sufrir fue tan atroz
Que no cesó de gritar'.
Mi todo es bicho nocivo
Que fiebre causa al picar.
De él se debe uno cuidar,
Tenga o no tenga motivo.

Problemas propuestos por la señora
Herlinda A. de Martínez.
ANAGRAMAS.
Ni j todo buen Lic. reza.
Don Juan Toribio Celez.
Fr. Cisne blanco. S. U.
Lo bonito que se ríe Vigo. B. R.
Basilio Marea.
Lucas N. Prado, ríe.
Problemas propuestos por P. K.
Dor.
Recipiente.
Presidente de México.
ANAGRAMAS
, Legal es el gran peine, Fe.

ANAGRAMAS
El anillo, buen "Gini" en Roma
R. R.-Dí, ¿el mar nada tiene, eh?
Z.-¡Años!
Señor, al genio se da gloria.

l. G. Vale, te lo decía Quina. C.

z.

Problemas propuestos por la niña
l\Iaría Cervantes.

Ruy, el Agil, mi frío guerrero.
ANAGRAMAS
i Oh! ¡ El eco fijo de la risa! N. N.

Fue resuelta por Elida G. de Falcón, Isaura No riega, Raquel Espino,
Feo. Guerra, hijo, Aniceto B. Zapata ~Ianuel de Montepín, de N. York;
J ulta Castaño, Carlos B. Martínez, de
El Paso; Herlinda A. de Martínez y
P. K. Dar.
Charadas propuestas por la señorita Isaura N oriega.
Primera, Desdén.- Segunda, Metralla.
Fueron resueltas ambas por Feo.
Guerra, hijo y Elida G. de Falcón.Resolvieron únicamente la segunda
Raquel Espino Y Carlos Martínez. '
Metatesis propuestas por la señorita Isaura No riega.

Amar? dude, Rosita
CHARADAS
Te adoro tu Nell B.

I.
CHARADA
Prima dos no tres cuatro la cuarta
primera que se me pone delante, y eso
puede costarme primera y cuarta; pero el todo, buen amigo mío me ayudará a salvar el obstáculo. '

Prima segunda a una :Miss muy tercia cuarta, pero quinta me quiso porque yo era mexicano y ella quería a
un todo.

II.

METATESIS

Mi prima-cuarta, agitada,
Trepóse a una tres y segunda,
Con presteza, furibunda
Al ser de todo atacada.'

En las montañas.
Precio elevado.
Nombre de mujer.

De una tres-cuarta, al brincar
Sacóse una prima y dos.
'

Animal
Animal

�• • • , Circulaci6n de sangre.
• • • • E_n los templos.
• • • • Animal.
• , • • Tiempo de verbo.

. . , Nombre de mujer.
. . . . . En los cuarteles.
. , . . Nombre de mujer .
Charadas propuestas por la señorita Isaura noriega.

, • Parte del cuerpo.
, . Grado militar.

-0--

OFERTA GRAns

Próximamente edi~emos un álbum que será el resumen de lbs últim~s acontecimientos de México.

Director y Propietario:
Lic. Nemesio García Naranjo.
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LOS DIEZ PRESIDENTES

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Sobre un primera tres colocado
El torvo todo está.
Dando su Reto al Galo
Que lleno de segunda primera verá.

En forma enteramente nueva y original. aparecerán el resumen y los caracteres principales de la historia de los últimos años, desde el Presidente Porfirio Díaz hasta el Primer
Jefe Carranza.

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II.

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Quise con toda el al ma a todo,
Pues era muy buena la chica,
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Es tan segunda tercia la niña .
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Que vive encantada con una pnma.
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                  <text>Publicada en San Antonio Texas por Nemesio García Naranjo. Contiene información ilustrada de la vida pública de México durante periodo revolucionario, así como de América Latina y el mundo. Además contiene notas de actualidad, literatura, historia, ciencia, economía.</text>
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                <text>Publicada en San Antonio Texas por Nemesio García Naranjo. Continene información ilustrada de la vida pública de México durante periodo revolucionario, así como de América Latina y el mundo. Además contiene notas de actualidad, literatura, historia, ciencia, economía.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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ARo IV

REVISTA MODERNA.
El suelo se agrietaba, eran hostiles
hasta las piedras mismas del camino,
se doblaban las testas más viriles
bajo el adusto ceño del destino.
Mas cuando agujereada por las balas
flotó en Chihuahua, rota, la bander11,
en manos del indígena, las alas
tendió de nuevo el águila altanera;
de la tierra los púgiles brotaron;
llegó hasta el corazón soplo divino,
y á la voz de ¡República! se alzaron
hasta las piedras mismas del camino.

MÉXICO,

l8

QUINCENA. DE ÁGOSTO DE

1901

NúM, 15

REVISTA MODERNA
A. RT E
DIRECTOR: JESUS E."VALENZUELA.

V

CIE N CIA..
JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de D1tulát1.

Bajo el cielo del Norte, sin reposo,
sobre este suP.lo á la esperanza abierto,
¡qué uniforme en la historia más glorioso
que el frac de don Benito en el desierto!

........................................

¿Ois .... ? No es el caiión el que resuena,
es la férrea y veloz locomotora
que los mercados y las arcas llena
y su penacho tiile con la aurora.
Oh ¡Juventud! El sol surge radiante.
Empavesa la nave, llega al puerto .. . ..
Juárez no muere! ¡Juárez ..... !y adelanll'!
sobre este suelo :\.la.esperanza abierto.
JEsú.; F,, V ALENZUF:LA.

VENTA DE "LASCAS."
El Gobierno del Estado ha vondido al Sr. D. Ramón de S. N. Araluce toda la edición del libro do Yersos de Salvado:· Dlaz !\lirón. Es, por tanto, á aquel caballero á quien deben dirigirse las personas que
deseen adquil'ir la obra de nuestro egregio vate.
El contrato celebrado entre el Sr. Dehesa y el jefe de la importante casa librera es digno de la aten·
ción del público, por diversos conceptos
En primer lugar, la compra de diez mil Pjemplares de un libro, revela claramente la difusión de la~
letras en el p11ls. El Sr . .Araluce, que conoce su negocio, debd contar con que la mayor parte de los volúmenes sen vendida en la. República, y debe estar seguro de que en ella encontrará gran número do
lectores.
Y la adquisición demuestra que en 11éxico es ya estimado, en todo lo que vale, el esfuerzo del hombre que consagra sus energías al cultivo del arte de la palabra. En periódicos y revistas serán publicacados muchos arllculos en loor del eximio poeta veracruzano; pero ningún elogio será mejor que el que
al bardo ha tributado el Sr. Araluce, al desembolsar no pocos millares de duros, sirviendo de intermediario al autor y sus admiradores.
Por último, el Sr. Diaz Mirón ha procedido con una generosidad verdadernmente insólita. El comprador ha pagado S!l.27 por cada verso, por cada rengloncito del libro, y el poeta ha renunciado á respetnl)le suma en beneficio de la juventud que se educa en el Colegio Preparatorio de Xalapa.
El producto de •Lascas,, será empleado en obras para emiquecer el caudal, ya considerable, de la
biblioteca de ese establecimiento.
La donación parece haber pasado inadvertida. No hemos leido en periódico alguno los encomios
que el desprendimiento del Sr. Dlaz Mirón merece; pero si sabemos que tal acción, digna del alto y fuer·
te cantor, ha suscitado ingente sentimiento de gratitud en los corazones ele los jóvenes estudiantes, y en
los de todos aquellos que se interesan por la instrucción popular.

El Orden. Xalapa- Veracruz.

l\IADONNA DELLA ARPlE,-ANDREA DEL SARTO - FLOKENCa.

�TIPOS QUE SE VAN.
EL HERBOLARIO.
::

N LOS mercados céntl'íco11, en los tianguis de_los pueblos suburbanos ó simplemente en la esquina de un barrio populoso y apartado, habreis visto,
sin duda, sedente en la estoica y melancólica postura del •Indio triste•
hecha célebre por la estatuaria aborígene, al indlgena herbolario.
Tiende en el pavimento su ayate y sobre él dispone los raros y di&amp;imbolos productos con que trafica: ralees y yerbas disecadas, frutos
barrocos y semillas extrañas; despojos de reptiles, quelonios y tartlgrados y restos bizarros de la fauna y la flora nacional.
A él acuden las comadres ignorantes y fanáticas del arrabal, que lo
respetan y lo consideran como pozo de ciencia Empirica y fiel guardián
de los mil secretos de la terapéutica popular. El herbolario vende •ojos
de venado • contra la •jetatura;• piedras 1:ersales para el aire que hace sufrir á los niños; colorines, apizizinques eu nahuatl para el mismo fin; caparachos de armadillo para las fiebres; cuahutecomate para
la pulmonla y toda especie de yerbas aromáticas, de simples, habas, bellotas, regímenes de palmas, tubérculos, bulbos y ralees á los que la superstición del pueblo atribuye virtudes infalibles y eficaces y
que quitan un padecimiento como con la mano, según el gráfico decir popular.
Para las masas ignaras, el herbolario tiene algo de hechicero y en sus pupilas brilla el fulgor misterioso de los espesos bosques donde herboriza al claro de luna.
Pero en el fondo, el arbolario, como se titula á si mismo, no es más que un charlatán que á sabiendas
y hasta maliciosamente especula con la ingenua credulidad de su clientela.
Se han dado casos en que administrando torpemente una de sus drogas despache al parroquiano á
mejor vida, y no es remoto que tercie en los brutales erotismos del pueblo facilitando el Satyrion indígena que engendra furores y locuras, ó que intervenga en las obscuras venganzas facilitando venenos
tan activos como la nuez de cabalonga, la cicuta ú otros semejantes.
Es también este misterioso traficante quien abre al pt•eblo el siniestro paraíso artificial de la mariguana, penetrando furtivamente á cárceles y cuarteles.
El herbolario tiende á desaparecer y se va á la tradición y á la leyenda, mirando de reojo los grandes vasos luminosos y multicolores de las boticas y farmacias que lo arruinan. Se va juntQ con el evangelista á quien la instrucción que se difunde anoja como el rayo de sol al hosco buho; se va á semejanza
del aguador, del pintoresco ctortugo• que usaba en su tráfico como valor fiduciario los encarnados colorines, como tanto tipo tradicional, legendario y pintoresco á quien la civilización destierra y que se ven
substituidos por los fonografistas ambulant\ls, por los motoristas de los tranvlas eléctricos, netos heraldos
del vencedor Progreso.
JOSÉ
Del Libro en prensa: •ROSTROS y MASCARAS.•

JUAN

TABLADA.

De Pnul Vcrlaine.

Somos las niñas ingenuas, de bellos
ojos azules y lisos cabellos,
que en las historias apenas leidas
vivimos dichosas y desconocidas.
Y amos enlazadas de por la cintura
y ni de la aurora la luz es más pura
que de nuestras almas, nuestros ideales
y nuestros ensueños los puros cristales.

Agiles corremos por valles y prados
rien.io y cantando, sin otros cuidados,
todas las mañanas y tardes hermosas,
que cazar a!ligres á las mariposas.
Rústicos sombreros de humilde aldeana
libran nuestro cutis de la resolana,
y nuestros vestidos de tela muy leve
son de UD¡\ extremada blancara de nieve.
Los Richelieux, los Caussad, los Faublas
son los pretendientes que nos buscan más,
los que nos prodigan melosas mirada@,
saludos, suspiros y boquibabiadas.
Mas sus ademanes se quedan corridos
ante el pliegue irónico de nuestros vestidos,
y ruedan de bruces todos en tumulto
cuando nuestras faldas les huyen el bulto.
De las lujuriosas imaginaciones
que forjarse suelen esos moscardones,
en nuestrn perverso candor nos burlamos,
mas algunas veces á sentir Ilegarros
que dan más de prisa sus palpitaciones
bajo de las batas nuestros corazones,
sospechando vagos signos clandestinos
de amantes futuras de los libertinos.
BALBlNO

DÁVALOS.

�LE l\.IISSEL.
Daos un l\Iissel datant du roí Fran~ois Premier
Dont la rouille des ans a jauni le papier
Et dont les doigts dévots ont usé l'armoirie,
Livre mignon vétu d'argent sur parchemin,
L'un de ses fins travaux d'ancienne orfébrerie,
Oi.t se sentent l'audace et la peur de la main,
J'ai trouvé cette fleu(flétrie.
Et pcut-&lt;!tre dans l'air sombre et léger du soir
Un cceur comme une fl.amme autour du vieux formoii·
S'éfforce en palpitant de se livrer passage
Et peut-étre le soir il attend l'Angelus
Daos l'espoir qu1une main viendra tourner la page
El qu'il poul'l'a savoir si ríen ne reste plus
De la fleur qui fut son hommage.
Eh bien! rasure-toi chcvalier qui partait
Pour combattre a Pavie et ne revins jamais,
Ou page qui tout bas aimant comme on adore
Fut un aveu d'amour d'une Ave l\laria ....
Cette fleur qui mourut sous des yeux que j'ignorc
Depuis les trois cents ans qu'elle répose 1:\
Ou tu l'a mise, elle est encore!
SuLLY

PRUDIIOi\lME.

DE SULLY PRUDI-IOMME.
I
En un l\Iisal del tiempo de Fi-ancisco primero,
Obra exquisita y rara de un antiguo joyero,
l~ucologio vestido de plata y pQrgamino
Que los años tiñeron de ,:olor marfilino,
En sus hojas de margen á pincel exornnda
Hallé esta florecilla marchita y disecada.
I[

Tal vez surg.e en el airo sombrlo de la nocli c
Un corazón ardiente como una flama roj11,
Quizá se acerca al libro y en torno al virjo broche
El Angelus espera con la crüel congoja
De que una mano venga para volver la hoja,
l\Iostrándole á su anhelo que ya no queda nada
De aquella flor que fuera su ofrendn enamorada!

m
Consuélate ¡oh guerrero que á Pavía marchaste
A combatir y nunca del campo regresaste!
O tú, tímido paje, que la pas;ón unciosa
Confesaste de hinojo~, en una Ave María ....
Aquella flor marchita con muerte misterio, a
Hace trescientos años, en su lugar reposa
Y donde la de.jaste descansa todavla!
JOSÉ JUAN

TABLADA.

ALGUNAS IDEAS RESPECTO DE INSTRUCCION PRIMARIA
PRESENTADAS EN FORMA OE or:.TAMEN POR CABIDO OARRRDA,
,( LA coi11$tÓN NOMBRAD\ EN VNA JUNTA DE AMIGOS, REUNIDOS CON EL ODJETO DE PROMOVBR LO QUB PUOll!SE se:R ÚTIL
l'ARA DIFL"NOIR LA JLUSTRACIÓ» EN MÉXICO.
APROGADO roR DlCIJA COMISIÓN, TANTO BN LO GENERAL, COMO BN LO kELATIVO /.. LA rAR.1'E
R&amp;SOI.UTIVA

co~ QUE TERMINA.

INDIVIDUOS QUID COMPOSIERON LA COliISION DICTAMINADORA:
CC. Gabino B:1rreda, Ignacio Ramirez, R:ifa.'31 Martínez de la Torre, Guillermo Prieto, Roberto Esteva.
L'education con~titue le prémier des arto le scul
pleinem~nt général. celui qui perfeccionne l'action
en amellorant l'6~cnt.
A. t.:omte. Systcme de Polit poslt, t IV. p P46,

PARTE PRIMERA.
DE LA INSTRUCCIÓN OBLJGA.TORIA.

E algún tiempo á esta parte una :dea preocupa casi exclusivamente los ánimos
en llféxico en materia de instrucción pública: la instrucción primaría. Esta, como la ralz de nuestros conocimientos, y como la única que puede por hoy te,
ner fundada esperanza de lle.gar á ser realmente universal, se ha atrnido todas las miradas de los hombres pensadores y amantes del verdadero prngreso:
todos han comprendido que, la principal y más poderosa rémora. que detiene
á nuestro pafs en el camino de su engrandecimiento, es la ignorancia; todos
más ó menos perciben que la falta de ilustración de nuestro pueblo, es la que lo convierte en pasivo é
incensciente instrumento de los intrigantes y de los parlanchines, que lo explotan sin cesar, so pretexto
de servirlo, haciéndolo á la vez víctima y verdugo de si propio.
Un grito unánime se ha levantado, como una consecuencia necesaria de esta convicción, en favor de
la instrucción primaria universal y aun obligatoria. La perfecta sinceridad de esta creencia se ha sobrepuesto, en fin, por todas partes, á los nimios escrúpulos de ciertas conciencias metafísicas que, creyendo
ver en la instrucción obligato1'ia un ataque :í. la libertad individual, se resignaban á vernos morir de
inanición antes que tomaT una medida que nuestro estallo social demandaba imperiosamente, pero que
violaba, decían ellos, uno de los de1'echos del hombre. ¡Como si su primer derecho no fuese el de vivir y
el de procurarse su desanollo y su bienestar!
La magnitud y la evidencia del mal, haciéndose la. consideración predominante, han hecho en este
caso desaparecer toda concepción ontológica, y en vez de acudir á un articulo del supuesto código expedido por la Entidad llamada Naturaleza, todos, aun á riesgo de ser inconsecuentes, procuran hallar
el remedio en la supresión de aquella circunstancia que han reconocido ser la causa del mal, dando de
esta suerte, sin saberlo, un completo triunfo á las ideas positivas sobre la ontologla.
Todos comienzan por fin á comprender, ó al menos á. dejarse llevar por los que asl lo comprenden,
que el Derecho Natural y todos los demás códigos á que el hombre se ha sometido, más ó menos voluntariamente, son, ein excepción, su propia obra y no tienen ni pueden tener otra sanción real que la de una utilidad común reconocida en sus preceptos considerados como reglas generales de conducta: todos se han
resuelto, por fin, á obrar en esta materia, como si estuviesen convencidos de que la positiva utilidad general es la verdadera piedra de toque, en legislación como en cualquiera otro asunto; todos comienzan
á percibir que la higiene de las sociedades puede, como la de los individuos, libertarse de la obligación
que hasta aquí habla tenido de presentar sus más inconcusas reglas como preceptos de la Divinidad ó de
la entidad Naturaleza: esta sanción teológica ó metafísica de los preceptos de la ciencia, comienza ya á
ser innecesaria en la medicina de las naciones, como ha cesado, hace tiempo, de serlo en la medicina de
los hombres considerados individualmente; todos, en fin, si no en la teorla, al menos en la práctica, han
venido á colocar, siquiera una vez, los de1'echos de la sociedad sobre los derechos del hombre; y nadie vacila ya en imponer, en nombt·e de la utilidad general, la obligación de adquirir y de hacer que los hijos
adquieran la instrucción primaria indispensable.
Nosott-os poddamos, si nuestra misión fuese exclusivamente práctica, conformamos con e~te resultado empírico, y, por decirlo así, instintivo de la evolución de nuestra sociedad, y aprovecharnos de él
para llevar adelante nuestro propósito de contribuir con todas nuestras fuerzas al mPjoramiento y ge-

�238

REVISTA MODERNA.

neralización de la educación de la niñez, sin inquietarnos por las objeciones que se formulan contra una
doctrina que cada día gana más y más partidarios, ni fatigarnos en fundar aqul una opinión q~e cada
vez se hace más y más preponderante; pero la circunstancia de encontrarnos á la cabeza del pnme1· _establecimiento de instrucción secundaria de la Nación, y el hecho de ser todoR los que nos hemos reumdo
para esta noble empresa, profesores de instrucción pública, nos imponen el deber de dat· á nuestros actos y á nuestros propósitos otra base más racional y menos emplrica que el simple hecho de amoldar
nuestra conducta á la opinión tl'iunfante: por otra parte, la circunstancia de que muchas personas del
partido liberal creen todavía de buena fe que la obligación decretada por la ley, de adquirir l_a in~:ruº:
ción primaria, es inconciliable con los principios que profesan, y que están por lo tanto en obhgac10n, s1
quieren ser consecuentes con t&gt;llos, de desecharla y aun de combatirla, exige de nuestra parte algunas
palabras que bagan ver lo infundado de una opinión, cuyo más culminante defecto lógico consiste ?n ~uponer que todas las consecuencias rigurosamente deducidas de un buen precepto práctico, son también
buenos preceptos en la práctica.
Esta lamentable confusión entre lo que es propio de los axiomas y lo que es propio de las reglas; esta creencia, ó más bien, esta rutina de supone1· y dar por cierto que, as! como se pueden sacar indefinidamente consecuencias de un axioma sin temor de llegar á un error, mientras no se quebranten las re.,.las de la deducción, asl también se puede, sin limitación y sin peligro, extender un buen precepto ge:eral á todos los casos que él puede abarcar, sin dejar jamás de ser útil, es un hecho que parecería increlble si la experiencia no hubiese acreditado que él es no sólo posible, sino muy frecuente, y origen fecundo de males de gran trascendencia.
Sin duda son muy pocos los que sostendrian en principio tan absurda doctl'ina; todos repiten á porfía que no hay regla sin excepción, pero cuando llega el caso de sacar fruto de tan importante verdad,
obran como si jamás hubiesen oído habla1· de ella. Tal sucede con lo que respecta á la libertad. Es inconcusamente un precepto muy útil el de respetar la libertad individual; es una regla que forma el credo
liberal, la de que el gobierno no tiene que intervenir en los actos privados del individuo y de la familia;
pero ella tiene por confesión universal un considerable número de excepciones: nadie cree que se falta
á Ja re.,.la cuando la autoridad pública impide que un individuo atente á la vida ó propiedad de otro, ó
cuand; castiga al que ha cometido esas faltas, po1· más que esto haya sido en lo intimo de la vida privada ó aun de la familia; nadie combate como un ataque á la libertad la persecución del fraude ó la falta
de cumplimiento de un contrato. Todos, sin desconocer que estas son restricciones, las aceptan corno indispensables y como una condición sin la cual la sociedad no podrla existir; todos convienen en que si la
libertad se extendiese hasta proteger ó autorizar el asesinato, el robo ó la mala fe, la libertad en vez de
un bien seria una calamidad. Mas luego que se sale de estas verdades trilladas y de estos lugares comunes que están en el dominio público, la oposición sistemática comienza, y cada uno ob_ra_ como si la~ restl'icciones que él por pura rutina admite respecto del principio de libertad, fuesen las umcas excC&gt;pc1ones
á que pudiese estar sujeto.
Yo quiero suponer por un momento que tales personas tengan razón en opinar de ese modo; quiero
conceder que efectivamente no se han encontrado hasta hoy más casos que los ya mencionados, en los
cuales sea conveniente coartar la libertad individual, y que en todos los otros que se han examinado, la
observación ó el raciocinio han hecho ver que la libertad cabalé ilimitada, ha producido y debe producir mayor suma de bien que la coacción legal. Como es evidente que este supuesto examen no ha podi•
do abarcar todas las clases de casos posibles, ni siquiera la mayor parte, es claro que él no podrla garantizar la conclusión absoluta y universal de que: una medida por solo el hecho de no conformarse á
Ja re.,.la, debla forzosamente condenarse como mala. Semejante conclusión sólo podrla ser aceptada como r:gla, para aquellos casos en que, no t~niendo tiemp~ para investigar los re_sul_t~dos de ~na determ!·
nación, ó careciendo por cualquier otro mottvo de los medios de hacer esta aprec1ac10n, nos vtésemos obligados, como sucede con frecuencia, á tomar desde luego una re_solución.
En tales circunstancias, la prudencia y buen sentido aconseJan conformarse con la regla general y
desechar todo aquello que le sea opuesto, porque de este modo se tiene mayor probabilidad de acertar.
Mas cuando las circunstancias son diferentes, cuando, como en el caso de que ahora tratamos, se puede,
con Ja necesaria anticipación y en perfecta calma, apreciar las consecuencias de una ley, pesando y contando con exactitud lo que se pierde con ella y lo que se gana, para lo cual podemos servirnos no sólo
del raciocinio, sino también de los preciosos y abundantes datos que la experienci~ ha suministrado ya,
renunciar á nuestra calidad de hombres y someternos ciegamente á un precepto solo porque él es bueno
en la generalidad de los casos, podrá ser más cómodo, podrá darnos, si se quiere á poca costa, cierto barniz de lógicos y de consecuentes á los ojos de aquellos que no conocen la lógica sino por la superficie;
pero nunca será ni más digna, ni más moral, ni más provechosa pa~·a la nación.
.
¡Convertirse voluntariamente en autómata 6 en máquina que solo ~uede andar por los neles que se le
han tendido de antemano, es apagar temerariamente la luz del porvemr, es aferrarse al pasado como al
non plus ultra de la perfección, es, en fin, renegar para siempre del progreso y del perfeccionamiento de
las sociedades v de sus instituciones!
Para nosot;os la obligación general de adquirir, por lo menos, la instrucción primaria, no es cuestión
de principios ó de rutinas; es cuestión de conveniencia, es cuestión de prog:·eso, y lo que es más aún, de
existencia social.
Nosotros no venimos aqui á sostene1· hipócdtamente que ella no implica una restricción de la líber-

REVISTA MODERNA.

23!)

tad individual y aun de la doméstica, sino tan sólo que ella es tan conveniente y tan necesaria como las
que hemos mencionado ya, y como otras muchas que son aceptadas por todos, y cuyos fundamentos sociales en nada aventajan á los que pueden alegarse en favor de ésta; venimos, en fin, á defender que debe se1· adoptada sin vacilación como sin ambajes.
Se trata únicamente de decidir si la obligación de servir en la guardia nacional ó en la milicia per·
manente; si la de concurrir en calidad de jurado á los juicios criminales; si el deber que impone la ley, y
nadie contradice, de prestar testimonio en juicio sobre los hechos que se conocen, aun cuando sea en con·
tra de nuestra voluntad; si el de pagar los impuestos y otros muchos que se nos imponen en nombre de
la soJiedad y como una condición de su existencia y de su estabilidad, son menos restrictivos de la libertad, ó pueden presentar en su apoyo mejores razones que las que"podrlan aduci1·se en favor del debe_r
que tienen los padres de proporcionará sus hijos la mezquina ración de alimento intelectual que constt·
tuye la inst,ucción primaria indispensable; se trata de saber si los mismos á quienes 1~ ley impone la indeclinable obligación de proveerá sus hijos del alimento del cuerpo, han de tener el mmoral DERECHO
de matar su esplritu de inanición intelectual.
Poner la cuestión en este teneno es decidirla en favor de la instrucción primaria obligatoda, la cual
se resume en la obligación que la ley declara existir en los patlreR, de contl'ibuir, en la esfera de suposibilidad, á la instrucción de sus hijos•
Yo sé bien que aquellos que se pagan de palabras y de ficciones y no buscan el fondo real de los hechos, dirán r¡ue si se admiten ciertas limitaciones á la libertad, como las de respetar la vida, _la ~r?piedad
y Jos derechos de los demás hombres, es sólo porque semejantes deber~s emanan de los prmc1pws ete_r·
nos de justicia, de las prescripciones de la moral y del derecho natural, y que nada de esto puede decirse respecto de la obligación de que ahora nos ocupamos. Puro cuando se despoja ese lenguaje de todo
el misticismo que él encierra y de toda la vana ontologia en que se apoya; cuando con un esplritu de verdadera investigación cientlfica y positiva, se pregunta uno ¿qué hay de común en todos esos actos positivos ó negativos que son tenidos generalmente como deberes universales? ¿Qué circunstancia importante existe 1:1n todos ell9s, que pueda explicar el asentimiento público que han obtenido siempre en lo general, y que cada ilia se hace más universal y más inquebrantable? No es dificil percibir r¡ue todas las
veces que se ha reconocido, de un modo empírico sin duda y como instintivo, pero irrecusable, que un
hecho era imcompatible con la existencia de la sociedad, tal hecho ha sido inmediatamente prohibido
en nombre de la justicia, de la niol'al, del derecho natu1·al ó de la reli,qión, dándole asi una sanción
metaflsica ó teológica, según el estado mental del pueblo correspondiente, ó más bien de la parte
más cultivada de éste, pero eu to&lt;lo caso una sanción muy propia para hacerla aceptar y respetar por
todos.
Asi se comprende por qué las primeras exigencias sociales que han asumido este carácte1· de deberc~ universales, han tomado casi exclusiva.monte la forma negativa, siendo, más que preceptos, prohibiciones. Porque las condiciones de existencia de una sociedad pl'imitiva, son muy poco numerosas, y
pueden en ri"'or limitarse á las garantlas más elementales del individuo y de la familia, tales como la
de Ja v¡'da del\rÍmero, y la propiedad y honra de ambos. De este g(mero son, por ejemplo, casi todas las
consignadas en el Decálogo promulgado por Moisés, bajo la única sanción que podla convenir Auna sociedad en embrión.
En efecto, si se exceptúan las tres primera~, que más que á la moral se refieren al culto, de las otras
siete, pertenecient.is, segt'.m la inmejorable expresión de Ripalda, al provecho del prójimo, seis por lo menos son negativas, á la vez que todas son condiciones de orden y de estabilidad de una sociedad cualquiera, porque tienden á garantizar la existencia y seguridad del individuo y de la familia.
Pero cuando el estado social ha exigido deberes positivos para su estabilidad, nunca se ha vacilado
en prescribidas, aun cuando sean como el de eombatir por la patria, con peligro de la vida y de la propiedad ó á riesgo de caer en la esclavitud.
A ~al grado ha predominado, aunque de un modo puramente instintivo, el intMés social, que en los
pueblos pobres y gueneros, como Esparta, el robo era más permitido que la poltronerla, y en Atenas el
despojo de la propiedad ajena no se castigaba sino en el caso de haber sido ejecutado con poco talento
ó destreza, porque ese pueblo cifraba todo su porvenir en su predominio intelectual, como el pri,uero en
el de sus armas.
Cuando el exceso de la población ha llegado á hacer poco sensible la pérdida de la vida de unos
cuantos individuos, y el bajo precio del trabajo hace muy onerosa la manutención de los individuos que
no pueden trabajar, el precepto positivo de alimentar á los hijos y á los padres ancianos, as[ como el negativo de no atentar á la vida de nuestros semejantes han perdido su vigor, y el padre ha podido, como
en China, sin castigo y aun sin remordimiento, ahogar en los ríos á su prole superabundante, y el hijo
quitar la vida á sus ascendientes á quienes no puede mantener, recobrando as! unos y otros los más
salvajes derechos de la libertad individual (1). Por el contrario, á medida que la civilización ha ido avan(r) Locke es el primero que ha presentado esto_s y otros he~hos semejantes, co_mo _una prueba que hasta hoy nadie ha llegado á refutar, de la falsedad de la opinión que sostiene que existe, en nosotros un mstmto 6 unttdo moral, _en virtud del cual reconocemos instintivamente lo que es bueno y lo que es malo: en si, lo. que es conf?rme y lo que_ es ~on_trano á la m_oral.
Si tal sentido existiese, dice este eminente filósofo, no sena concebible que naciones enter.as in frmg1e;en tra~qu1lament~ y por
siglos enteros las sugestiones de la conciencia. La explicación que se busca en la corrupción y en la perversidad! podna á lo
más servir para uno que otro ca;o aislado, pero no par~ millones de_ hom~res, muchos de l?s cuales cumplen estnctamente ~n
todo Jo demás con lo que consideran sus deberes. Decir lo contrario se~1a, en efecto, _lo mismo 911e sos~ener que to~o~ los mdi viduos de una nación, teniendo vista, extravían voluntariamente su cammo en pleno d1a, como s, anduviesen en las tm1eblas.

...

�REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

zando1 las condiciones de existencia sociales han ido también creciendo, y la libertad individual del ciu•
dadan 0 ha menguado en proporción de las obligaciones que se le imponen, aunque ganando siempre en
goces y en seguridad y en garantías; as! sucede con la obligación de la guardia nacional, de los cargos
concejiles y demás que he citado arriba. Bajo este respecto la transformación social puedo llegar á ser
completa con el progreso de las ideas, hasta prohibirse como un crimen de lesa sociedad y por lo ta?to
de lesa moral, lo que primero se protegia, no sólo como útil, sino como indispensable. Tal ha sucedido
&lt;ron la institución de los esclavos primero, y luego de los siervos. Mientras se juzgó que la esclavitud Y
la servidumbre eran indispensables para la existencia social, ó para usar el lenguaje de la ciencia, mientt·as se creyó que una y otra institución eran condiciones estdticas esenciales de toda sociedad (1), una
y otra institución se garantizaron y protegieron por las leyes, para proscribirse má~ tarde co~no _del~to,
que la Inglaterra ha equiparado al de piraterla, y perseguido como á tal ol comercio que la mst1tuc1ón
misma hacia indispensable. El periodo de transición se ha visto muy marcado en nuestros dlas cuando
las mismas naciones declaraban legal y moralmente licito en Nueva- Orleans, en la Habana ó en la Mar·
tinica, el mismo hecho que era un crimen en Nueva-York, en Madrid ó en Parls.
Esta aparente anomalfa é inconsecuencia, no lo es en realidad sino para aquellos que crceu en laii
distinciones absolutas en materia de justicia y de legalidad, y bajo este respecto el catolicismo Y el pro·
testantismo, que han tenido la direeción moral de esos pueblos, no podt·án jamás justificarse á su punto
de vista de tan monstruosa contradicción. Sólo la ciencia puede colocarse, aqul como en todo lo demás,
al abrí"'~ de toda inconsecuencia, y sólo la polltica que en ella se funde, verse libre de la penosa obligación
persistir en una medida nociva ó de abandonar otra útil, para ~o quebrantar las reglas d~ la lógica. .Ante la ciencia, todas las de esa clase se reducen á simples_ cuestiones de hecho_s, toda~ cons~itu~en
otros tantos problemas de estdtica social, en los cuales se trata simplemente de averiguar s1 una mst1tución es ó no una condición esencial para la existencia social, ó bien para su indispensable evolución; Y
según que la solución á que se llegue sea en un sentido ó en otro, asf la institución conespondiente será
ó no justificable y moral.
.
.
De esta suerte podrá no haber más inconsecuencia en defender que una ley o una prescnpc1on
cualquiera es buena para una nación ó para una época y mala para otra, que la que habría en afirmar
que la permanencia en el seno de la madre es una condición esencial de vida para el feto, Y de muerte
para el niño, ó que el contacto del aire atmosférico es nocivo y fatal al primero, é indisp~nsable al s~gundo, ó bien que la instrucción primaria obligatoria es inútil é impracticable en Pata goma, y necesana
en México.
Así pues, tratando la cuestión en el terreno cicntffico, llegamos á la misma conclusión que habíamos
alcanzado en el terreno puramente práctico y empirico. La instrucción primaria obligatoria es cuestión
de conveniencia y de estabilidad social. Si declaramos que ella es útil y conveniente, no debemos preo•
cuparnos de que tal obligación pueda parecer contraria al principio de libertad; sillegamos á ~emo_strar
que en el estado de civilización actual la iostrucci~n. ~el pueb~o en ~l grad~ que alcanza_ la pnmana es,
no ya como parece á primera vista, una pura cond1c1on de meJoram1ento, s1~0 una necesidad que es p~eciso llenar para asegurar la existencia, al mismo tiempo que para hacer posible el progreso de.las sociedades actuales, la cuestión quedará definitivamente resuelta, no sólo e~ favor del derecho, smo de la
obligación por parte de la autoridad de imponer ese deberá todos los cmdadan~s.
Tal demostración no presenta dificultad después de la que tenemos establecida.
Hemos visto que la instrucción primaria es un alimento del espíritu, y en la época actual, el más parco y el más elemental, sin dejar poi· eso de ser sustancial, que las sociedades pueden propinará l~s pueblos. La instrucción primaria es para éstos lo que la leche para los infantes, y como tal, necesaria á la
vez para su desarrollo y para su existencia: porque en cierto grado de simplicidad y de esencialíd_ad'. las
condiciones dinámicas se convierten en condiciones estáticas. En efecto, cuando el progreso, o s1 se
quiere, la evolución, es una ley, como sucede en los seres dotados de vida, lo que asegura la existencia
asegura también el progreso, y lo que eR indispensable para el segundo, lo es también para la primera.
El que debe por una necesidad indeclinable marchar, si no lo hace para adelante, fuerza es que lo
haga para atrás; y la marcha hacia atrás ó el retroceso, es la muerte en la vida de las naciones como en
la de los individuos; la muerte, más ó menos próxima, pero segura.
Hoy día la nación que no avanza, y que no avanza á pasos de gigante, 1·etrocede, ó al menos se q1rnda tan atrás, que su posesión equivale á un retroceso, y el retroceso, lo repito, es el suicidio.
Ahora bien, ¿deberá México suicidarse, siquiera sea en nombre del principio de libertad que no
puede él mismo tener otra justificación, sino la mayor suma de bienestar social que está destinado á pro•
porcionar?
¿Habrá quien pueda ya vacilar entre la muerte y el progreso? ....
Esto no tiene más que una contestación, que estoy seguro será el grito unánime de todos los hom·
bres de corazón: ¡MARCHEMOS! ó en el expresivo lenguaje yankee: ¡Go AHEAD: ADELANTE! y sin mirar
atrás.
Asf Jo ha comprendido el pueblo más práctico de la tierra, el pueblo norte americano: para él la ignouncia es la muerte, y por eso ha decretado en todas partes la instrucción obligatoria, pasando por encima de todos los escrúpulos, y cada dla está mi\s satisfecho de su resolución. Une democratie ignoran-

te, dice Laboulaye, est une democratie damnée. De l'autre coté de l'Océan on ne se fait pas illusion su1·ce point ( l). Mas aún, ese pueblo tan apegado á sus prácticas religiosas, ha instituido escuelas lib1·es subvencionadas por el Estado á condición de que en ellas no se enseñe ninguna religión ni se practique nin gún culto. • Á mesure que la liberté c'est afffrmée, dice el mismo autor, on a compris que l'éducation po•pulairn n'intéressait pas seulement le fidéle; on a vu, on a sentie qu'it y avait la pour la republique une
•question de vie ou de mort,• y por eso no han 'Vacilado en sacrificarlo todo ante el porvenir de la sociedad. Por lo demás, en Holanda las escuelas libres funcionan también con beneplácito y provecho general. Y, cosa notable, allf el principal defensor de la separación entre la escuela y la Iglesia hasido el clero católico, porque, dice Reyntiens (2), él se encuentra allí en mi1wria. Lo que condena en México como
una grande inmoralidad allí lo encuentra licito y apetecible. ¡Siempre la misma imposibilidad de aplicar
en la práctica las doctrinas de bondad absoluta!
Ni creencias religiosas, ni opiniones polfticas, han detenido, pues, á la Holanda ni á los Estados- Unidos, para decretar una medida salvadora, luego que se han convencido de que la simple espontaneidad
de los ciudadanos era insu'fi.ciente para satisfacer la necesidad pública. ¿Se detendrá México cuando ya
tiene andada la mitad del camino? La República que ha sabido establecer con más lógica y más franqueza la co~pleta separación, no sólo de la escuela, sino también del Estado y de la Iglesia, ¡se parará
ante un escrupulo de pura palabreria? .... No, no se parará: una pueril vanidad, no le hará suponer
que la simple espontaneidad de los padres que ha sido ineficaz en Prusia, en Holanda, en Bélgica y en
los Estados-Unidos, bastará entre nosotros para curar un mal más gra,·e aún. ¡México decretará la instrucción primaria obligatoria. El diatrito no se quedará atrás de la mayor parte de los Estados de la República!

240

d:

(x) Se sabe que el grande Arist6tele; no podía ni concebir que pudiese existir una sociedad sin esclavos.

2H

GABINO BARRED.A.

LAS CRISÁLIDAS.
Cuando, enferma la niña todavl11,
Salió cierta mañana,
Y reconió con inseguro paso
La vecina montaña,
Trajo, entre un ramo de silvestres flores,
Oculta una crisálida,
Que en su aposento colocó muy cerca
De la camita blanca ....
Y unos días después, en ol instant~
En que ella expiraba,
Y todos la veían con los ojos
Velados por las lágrimas,
Y eu el momento en que murió senLim,,s
Leve rumor de alas,
Y vimo!I escapar, tender el vuelo,
Por la antigua ventana
Que da sobre el jardín una pequeíia
Mariposa dorada .. ..
La prisión, ya vacía, del insecto,
Busqué con vista rápida;
Al verla, vi de la difunta niña
La frente mustia y páliJa,
Y pensé, si al dejar su cárcel tristo
La mariposa alada,
La luz encuentra, y el espacio inmenso
Y las campestres auras,
¿Al dejar la prisión que las encierra,
Qué encontrai:án las almas?
J osÉ Asus c1ós SILV .A.
(1) E. Laboulaye. L'insfruc. pub. et le souffrage univers.
(2) Reyntiens. L'enseignemcnt primaire en Angleterre.

�REVISTA MODERNA.
Finalmente, in cita á sentimientos y actos malos, pues suscita en contra mia como era do suponer la
ira y el 1:encor de los que tienen el entendimiento obscmo é incapaz de razona:·. Algirnos de ellos :Oe
han escnto cartas en las que el furor se desata hasta amena7,arme de muerte. e Ya estás entregado al
anatema. Después ele la muerte serás arrojado á las penas eternas y reventari1s como un perro. Cai"'a
sobre ~f el anatema, demonio viejo .... Maldito seas., Así me habla uno de esos hombres. Otro censu~-a
al gobierno, porque no me ha encerrado todavía en un monasterio, llenando su carta ele groseras inj11-

EL CREDO DE TOLSTOI.

(El célebre escritor ruso que en estos últimos años no sólo ha conmovido hasta los cimientos el Imperio
de los Czares, con sus obras de carácter social, político y religioso, sino que traspasando las fronteras y
cruzando los mares se ha hecho leer con interés en todo el mundo civilizado, fué, como es sabido, excomulgado por el Consejo Sinodal de la Iglesia ortodoxa, de la que es jefo el Czar de Rusia.
La esposa de Tolstoi" publicó una sentida protesta contra aquella medida eclesiástica.
El excomulgado, por su parte, ha contestado á la excomunión con el documento que á continuación
reprod ucimos, con el propósito único de dará conocct· á nuestros lectores los cargos que el Sinodo le
hizo y la dd'ensa que contra ellos formula el escritor condenado).

I
lle who ber,i11s by lovi11,q ch?-istirmU¡¡ bettfr
ll11m trutil, witl vroceetl by toi;inr, hís ott·n Sectm·
l'hurcl, bette,· than clwistianity, and enrl in lo·
ving himself better tl1an all.
Cou :R1LG •:.

(Quien empiece por rtcdicar amor más granda
al uristianismo que á la verrtad, seguirá. dcdi•
eando amor más grande á su particu lar secta ó
iglesia. que al cristianismo, y acabará. ¡,or profosar mis grande amor á sí mismo que á todo lo
existente)

L principio uo pcn~aba yo responder al decreto &amp;iuodal que me concierne. Pero
el decreto me ha proporciouado numerosas cartas de corresponsales desconocidos: unoi,, que me censuran vivamente por negar Jo que no niego; otros, que
me incitan á creer en lo que no he dejado ele creer, y otros, finalmente, que
afirman una coincidencia mental conmigo, probablemente ilusoria, y me deJtw
muestran una simpatía á la cual probablemente no tengo el menor derecho.
l\Ie resolví, pue8, á contestar directamente al decreto, denunciando su iujuhticia, a~í como á las opiniones que de mi han formado tantos corresponsales á quienes no conozco.
El decreto del 8inodo está tachado por numerosos vicios. Es ilegal ó premeditamente ambiguo; pues,
como acto de excomunión, no se conforma con los reglamentos eclesiásticos, á tenor de los cuales son
dictadas las sentencias de tal índole; y si no se ha querido más que declarar que quien no c1·ee en la
Iglesia ni en sus dogmas no pertenece á la Iglesia, como nadie ha de ponerlo en duda, huelga del todo.
¿Qué objeto había de tener el decreto, por consiguiente, sino el de parecer una sentencia de excomunión, sin serlo eu realidad? Y, efectivamente, como una excomunión ha sido estimado.
Es arbitrario, porque me acusa á mi exclusivamente de no crner en puntos de doctrina que enume•
ra, cuando casi todos los hombres instruidos profesan un descreimiento idéntico al mio: descreimiento
que no se han recatado ni se recatan de expresar en todos m:&gt;mentos, en conversaciones, confernncias
públicas, en foJletos y en libros,
Es injustificado, porque el argumento capital en que se apoya es la propaganda de una doctrina
falsa y corruptora; cuando me consta perftlctamente que el número de personas que comparten mis opiniones no pasa de no centenar, y es sabido que la censura ha dificultado la circulación de mis obras hasta el punto de que la mayorla de los que han leido el decreto del Sínodo no tienen la menor idea de lo
que tengo escrito sobre la religión. Lo atestiguan las cartas que he recibido.
Contiene una afirmación á todas luces inexacta, al hablar de tentativas infructuosas, llevadas á
cabo por la Iglesia, á fin de reintt&gt;grarmo en su seno, cuando jamás se han hecho conmigo semejimtes
gestiones.
Representa lo que en lenguaje jurldico se llama una calumnia, pues se ha disfrazado en él la verdad
á sabiendas, mediante afirmaciones que tienden á causarme daño.

1

..

CONDE DE TOLSTOI.

rías. Un tercero escribe: •Si el gobierno no te hace desaparecer, ya sabremos nosotros hacerte callar,• y
acaba la carta con maldiciones. «Para hacerte polvo, malvado-me dice un cuarto-sabré valerme de
medios infalibles .... ;• siguen improperios que la decencia me prohibe copiar.
En algunas personas con quienes me encontré, después de publicarse el decreto sinodal, apercibl ya
señales de esa violenta ira.
El 25 de Febrero, el mismo día de la publicación, pasaba yo por una plaza, cuando oí que alguien
profería estas palabras. «Ahi va el diablo en forma humana., Y si la gente hubiese sido otra, acaso
me habría apaleado como al infeliz muerto á garrotar.os hace años j1rnto á la capilla de Panteleimonovskaia.
El decreto dei Sínodo es malo; pues, en conjunto, los renglones del final, en que los firmantes hacen saber que rnegan á Dios para lograr hacerme igual á ellos, no siL·ven para mejorarlo e n Jo más
mínimo.
Y no es menos injusto en los detalles que en el coujunto. Dice que , un escritor célebre en todo el
mundo, rnso por su nacimiento, ortodoxo por el bautismo y la educación, el conde TolstoY, vendido á las
seducciones de su orgulloso espll'itu, se ha rebelado audazmente contra el Señor, contra su Cristo y sus
santas instituciones, y ha renegado abierta y públicamente á su madre la Iglesia orto don, que Je dió alimento y crianza.,

�244

REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

Es exacto, en absoluto, que he renegado á la Iglesia que se llama ortocloxa. Pero no he renegado :\.
la Iglesia por haberme rebelado contra el Señor.
Bien al contrario, la he rl'negado porque he querido servirá Dios con todas las fllerzas t.le mi alma.
Como concibiera dudas acerca de la verdad de la Iglesia, me impuse el deber de consa.gr..r varios años
al estudio teórico y práctico de sus enseñanzas, antes de renegarla y de separarme del pueblo al que me
ligaba amor inefable. Me esforcé en leer cuanto atañe á esas enseñanzas: me dediqué al estudio y examen crítico de la teología. dogmática, y mientras tanto, me sometla escrupulosamente, durante más de un
año, á todos los mandatos de la Iglesia, observando los ayunos, asistiendo á las funciones.
· .A.si me he convencido de que las enseñanzas de la Iglesia forman teóricamente una falsedad hipócrita y dañina, prácticamente una mezcla de bajas supersticiones y de brujería, que oculta por completo
el sentido recto de la doctrina cristiana.
Entonces fué cuando realmente renegué á la lgle:oia, cuando acabé de cumplir sus ritos.
En mi testamento encomiendo á mi famiiia que no permita que se me acerque, á la hora de la muerte, ningún representante de la Iglesia, que procure hacer desaparecer lo más pronto posible mi cadáver,
como se hace con las cosas repugnantes é inútiles, á fin de que no moleste á los vivos.
Me acusan de consagrar mi actividad literaria y el talento que Dios me otorgó á propalar en el pueblo teorías adversas al Cristo y á la Iglesia. Preténdese que con mis escritos-esparcidos profusamente
por los disclpulos que tengo en el mundo, y especialmente dentro de nuestra querida patria,-trabajo
con fanático ardimiento con objeto de echar abajo los dogmas de la Iglesia ortodoxa y aun lo que es
fundamento de la fe cristiana. Todo ello ea falso. Jamás me he cuidado de propagar mi doctrina. Cierto que he escrito obras en las cuales he trntado de formular la interpretación mla, de las enseñanzas de Cristo. Cierto que no he escondido esas obras á cuantos me han mauifesta.do el deseo de cono•
cerlas.
Pero nunca me he ocupado personalmente en hacerlas imprimir. Nunca he dicho mi manera de entender las enseñanzas del Cristo, sino á los que me han interroga.do acerca de ello, explicándoles mis
pensamientos de viva voz, ó bien entregándoles mis escritos cuando los tenia en mi poder.
Dícese en el decreto del Sínodo que niego la existencia de un Dios en tres personas, Creador y Pl'Ovidencia. del universo; que niego á Nuestro Señor Jesucristo, Dios hecho hombre, Redentor y Salvador
del mundo, que padeció por todos los hombres y por la salvación de ellos, y que resucitó de entre los
muertos; que niego la concepción milagrosa de Nuestro Señor Jesucristo; que niego la virginidad de la
Santfsima Madre de Dios, antes y después del nacimiento de su hijo. SI, es verdad, niego una trinidad
incomprensible, ast. como la fábula de la caída del primer hombre, absurda en nuestros días; niego la historia sacrílega de un Dios nacido de una virgen para el rescate de la raza humana.
Niego todo esto, es verdad. Pero á Dios espirita, á Dios a.mor, á Dios único, principio de todas las
cosas, no lo niego, no . .Aún más: solamente en Él reconozco existencia real y se me presenta el sentido de la vida en el cumplimiento de su voluntad, cuya más elevada expresión está en la doctrina cristiana.
Se ha dicho también que no creo en otra. vida, más allá de la tumba, ni en la eternidad de penas y
castigos.
Si no se pone diferencia entre el concepto de otra vida y la idea del Juicio Final, del infierno lleno
de diablos, sitio de tormentos eternos para los réprobos, y del paraíso donde los elegidos gozan de per•
petua felicidad, es muy cierto que no creo en la vida. más allá de la tierra. Pero si creo en la vida eterna, y creo que el hombre es recompensado según sus actos aquf y fuera de aqul, ahora y siempre. Lo creo
tan firmemente, que á mis años, puesto al borde de la sepultura, me debo esforzar á menudo para no pedir
con ansia la muerte de mi cuerpo: es decir, mi nacimiento á una vida nueva.
Y estoy persuadido de que una buena. acción, cualquiera que sea, va acrecentando la dicha de mi
vida eterna, tanto como la va disminuyendo cualquiera mala acción.
Dicen que niego todos los sacramentos, y es del todo exacto. Tengo tocios los sacramentos por sortilegios viles y groseros, inconciliables con la. idea de Dios y las enseñanzas del Cristo, y además, poi'
transgresiones de los preceptos categóricos del Evangelio. En el bautismo de los recién nacidos encuen.
tro una corrupción del significado que puede tener para los adultos que adopten á conciencia el cristia,
nismo. En el sacramento del matrimonio, administrado á dos seres que por adelantado y voluntal'iamente se han unido ya, lo mismo que en la aceptación de casos de divorcio y en la consagración de las se•
gundas nupcias que contraen personas divorciadas, veo contradicciones declaradas del espfritu y de la
letra. de la enseñanza evangélica.
En el perdón periódico de los pecados, conseguido mediante la confesión, veo una ilusión peligrosa
que forzosamente ha de fomentar la inmoralidad y desvanecer toda vacilación del ánimo ante el pecado.
En la extremaunción y en la consagración de los monarcas, en el culto de imágenes y de reliquias,
en todas las ceremonias del culto, como rezos y exorcismos fijados por el ritual, veo prácticas de estúpida brnjeria.
En la comunión veo una divinización de la carne, contraria á la doctrina cristiana. En la canonización veo el acto inicial de una serie de imposturas, junto con una transgresión de la. enseñanza del Cristo, quien prohibió en absoluto hacerse llamar maestro, padreó doctor. (~fateo, XXIlI, 8- 10).
Finalmente, como para presentar el colmo de mi bajeza, dicen que después de haber ultrajado lo más
sagrado que tiene la fe, me he atrevido á escarnecer el más santo de los sacramentos: la Eucaristla. Es

245

ciertlsimo que me atrevl á describir c&lt;,n sencillez, objetivamente, todos los movimientos que ejecuta. el
sacerdote al preparar el pretendido sacramento; pero es completamente falso que ha.ya algo sagrado en
tal ceremonia. y que sea un sacrilegio describirla lisa y llanamente tal como se efectúa. No hay sacrilegio en llamar)abique-á un tabique y no altar¡ ni lo hay en dech- que una copa es una copa y no un cáliz,
Pero comete un sacrilegio, el más horroroso, el más repulsivo de los sacrilegios, quien emplea cuantos medios tiene-á·su disposición para engañar, para embaucará la gente, sacando partido de la inocencia de niños y hombres del pueblo para darles á entender que si se rompe de ci~rta manera un pedazo de
pan,-articulando ciertas palabras, mojado después en vino, recibe la naturaleza. divina; que si el sacerdote: lo eleva en nombre de un vivo ó de un muerto, proporciona al primero la salud y mejora la suerte
del segundo en la otra vida; y, por último, que cualquiera que se coma aquel pedazo de pan, se mete en
el cuerpo al mismo Dios.

II
¿Cómo nadie se da cuenta de lo honible que es todo eso? Las enseñanzas del Cristo son desfiguradas, convertidas en una serie de chabacanos sortilegios: baños, unciones, movimientos del cuerpo, conjuros, deglución de pedazos de pan, etc..... hasta no quedar nada de ellas. Y si alguien viene á declarar que esa brujería, esos rezos, esas misas, esos cirios, esas iconas no tienen nada que ver con las enseñanzas del Cristo, quien tao sólo ha dicho á los hombres: amaos unos á otros, no devolvais mal por mal,
no juzgueis, no mateis al prójimo .... entonces todos cuantos lucran con el engaño, prorrumpen en protestas airadas, y con increlble audacia proclaman públicamente en sus templos, imprimen en sus libros,
en sus periódicos y en sus catecismos que el Cristo no ha prohibido nunca jurar (prestar juramento), ni
matar (ejecuciones capitales, guerras), y que la doctrina de la no resistencia al mal es una invención, una
diabólica añagaza de los enemigos del Cristo (1).
Pero aún hay algo que horripila más que esta fal~íficación, y es la conducta de los hombres que sacan prover.ho de la mentira, no engailaut.lo solamente á los adultos, sino valiéndose del poder que se les
otorga para inducí1· al error á los niño~; á los niños, que hicieron exclamar al Cristo: •Maldito será quien
los engañe.&gt;
Horripila pensa.1· que esas gentes, en pro lle sus mezquinos intereses, se rebajen hasta practicar tan
mala ob1·a, y oculten á los hombres la verdad revelada por el Cristo, cuando esta. Yerdad les proporciona.ria un bien mil veces más preciosa que su triste labor.
Pórtanse como aquel bandolero que asesinó á toda una. familia de cinco ó seis personas para quitarles una blusa vieja y cuarenta kopeks, cuaudo sus victimas le habrlan regalado todas las ropas y todo
el (linero que poselan con tal de que les perdonase la vida. Pero no podía portarse de otra manera, como
les sucede á los impostores en materia religiosa. Con alegria vivisima les multiplicarlamos las rentas considerables que disfrutan, les aumentarlamos la opulencia en que viven ahora, sí renunciasen á perderá
los hombres con sus mentiras. Pero no pueden dr.jar de hacerlo. Y esto es aterrador. Y por esto tenemos
el deber, más que la facultad, de hacer públicas sus supercherlas. Sí algo -puede llamarse sagrado, no
son en verdad sus pretendidos sacramentos, sino esta obligación de denunciar, así que la hemos puesto
en claro, su impostura religiosa
Puedo contemplar indiftlrentc :l un chuvache ocupado en azotará su luolo ó en untarlo con requesón agrio, sin sentirse inducido á molestar sus cl'Cencias, porque sus actos son hijos de supersticiones que
me son extrafl.as y no ultraja nada de lo que consit.lero sagrado.
Pero cuando hablo con hombres que practican sortilegios y profesan bajas supersticiones en el uombre de aquel mismo Dios por quien aliento, y de la misma doctdna. del Cristo que medió la vida y puedo
da1·la á todos los hombres, entonces no me es posible contemplarlos con serenidad, y ni su gran m'1mero,
ni la antigüedad de la superstición que practican, ui su podcdo, ba"Sta~a sofocar mi indignación.
.Al dará sus actos el calificativo adecuado, me limito á hacer lo que deho, lo que no puedo dejar do
hacer, desde el momento que creo en Dios y en la enseñanza. del Cristo. Si á gritos me llaman sacrílego
porque descubro su engaño, solamente demuestran con ello la enormidad del daño que han causado, y
han de alentará todos cuantos creen en Dios y en la enseñanza del Cristo, á redoblar sus 1sfuerzos para
desvanece1· la ilusión que esconde á los hombres el verdadero Dios.
Deberían llamar sacrílego al Gdsto, que arrojó del templo bueyes, carneros y negociantes, y que ~i
volviese ahora y viese lo que en su nombre, en su Iglesia, se hace, con mayor y más legitima ira tirarla
en montón corporales y banderas, cruces y copas, cidos é iconas, todos los ínstt·umentos de brujeria!l, todo lo que ayuda á separar de Dios y de su enseñanza á los hombres.

Tal es lo que contiene, verdadero ó falso, el decreto del Slnodo que me concierne. Es cierto que no
creo en todo Jo que, al parecer de los firmantes, es articulo de fe. Pero creo en muchas cosas, sobre las
cuales quisieran ellos publicar mi incredulidad.
(I) Discurso de Ambrosio, obispo de Jarkol.

�REVISTA MODERNA.

246

Creo eu Dios, que para mí es espiritu, amor, principio de todas las cosas. Creo que está eu mi, como
yo estoy en él. Creo que la voluntad de Dios no ha sido jamás exprnsada con claridad mayor que en la
doctrina del hombre Cristo; mas no es licito considerar á Cristo como Dios y dirigil"le oraciones, sin cometer, á mi juicio, el mayor de los sacrilegios.
Creo que la verdadera felicidad del hombre consiste en cumplir la vJluntad de Dios; creo que lavoluntad de Dios es que cada uno de los hombres ame á su prójimo y le trate como desearía él ser tratado;
lo cual resume, según dicen, el Evangelio, la ley y los profetas.
Creo que el sentido de la vida se reduce á procurar que aumente el caudal de amor en cada uno de
nosotros, y creo que el desarrollo de esta potencia de amar nos proporciona en esta vida un bienestar creciente siempre, y en el otro mundo una felicidad tanto más perfecta cuanto mE'jor hayamos apTendido á
amar; creo, además, que este acrecentamiento del amor contribuirá más que cualquiera otra fuerza a
fundar sobre la tierra el reino de Dioi:; es decir, á snstituil· una organización de la vida en que la división, el engaño y la violencia son omnipotentes, con un estado nuevo en que reinarán la concordia, la
verdad y la fraternidad.
Creo que para progresar en el amor, disponemos de un medio sólo: la oración. No la oración ostentosa en los templos, reprobada categóricamente por el Cristo (Mateo, VI, 5-13), sino la oración de que nos
dió Él ejemplo, la oración solitaria, que restaura y corrobora en nosotros la conciencia del sentido de
nuestra vida y el sentimiento de que dependemos no más que de la voluntad de Dios.
Quizás mis creencias ofendan, aflijan ó escandalicen; y aunque molesten y ofendan, no tengo suficiente poder para mudarlas, como no lo tengo para mudarme el cuerpo. Tengo que vivir, y tendré que
morir muy pronto,-cosas qne no interesan á. nadie más que á mi. No puedo creer más que en lo que creo,
á la hora en que me preparo á volverá Dios, de quien soy emanación. No digo que mi fe haya sido la
única incontestablemeute verdadera en todas las épocas; pero no sé encontrar otra más sencilla, más clara, ni que mejor responda á los anhelos de mi entendimiento y de mi corazón.
Si repentinamente se revelase otra fe que me satisfaciera más completamente, la adoptarla sin perder
momento, pues nada prevalece ante Dios sobre la verdad. En cuanto á. devolver mi adhesión á las doctrinas de que me emancipé á costa de tanto penar, no puedo hacerlo en manera alguna. El pájaro que
tendió el vuelo, no se encerrar/\. otra vez en la cáscara de huevo de la cual salió.
«Quien empiece por amar más al cristianismo que á la verdad, amará pronto á su secta ó Iglesia más
que al cristianismo, y acabará por amar A su propia persona (su descanso) más que á todo el resto del
mundo.• En dirección inversa, he atravesado las fases que describe Coleridge.
Empecé amando á la Iglesia ortodoxa más que mi propio descanso; luego he amado al cristianismo más
que á. la Iglesia ortodoxa; ahora á. la verdad más que al mundo entero. Pero, hasta el momento presente,
la verdad está confundida para mí con el cristianismo, tal como Jo comprendo yo.
Confieso, pues, el cristianismo. Y gracias á los esfuerzos que hago para confü-mar mis acciones con
mis creencias, vivo en paz y alegría, y puedo, en medio de la paz y la ale¡;ria, encaminarme á la muerte.
LEÓN TOLSTOI.
Moscou 4-16 de .Abril.

TELEGRAMA.
De Jalapa, el 5 de Agosto de 1901.-Recibido en México á las 101/ 2 a. m.-Sr. Jesús E Valenzuela.Redacción de •La Revista l\Ioderna •
Te suplico encarecidamente que en tu ya acreditado periódico hagas constar, en mi nombre, que
no soy 1&gt;! autor de los versos que con el titulo de •Sueño, y con mi firma, aparecen en el numero 120 de
•Fin de Siglo• ó sea en la edición correspondiente al 3 del actual mes. De seguro que allí tales rimas
constituyen una rE'producción, pero jamás las he escrito, y ni acostumbro vestirme con el plumaje del
pavo real, ni quiero aceptar culpas ajenas, que ya con las propias tengo sobradas. No es la primera vez
que formulo protesta semE'jante.
SALVADOR

•

DÍAZ ~JIRÓN.

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.

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.

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-

--

-

TARDE DE OTOÑO.
A RodoÍfo Reyes.

En Oriente las cumbres hirsutas
enderezan sus conos enhiestos
bajo un palio de un lndigo obscuro,
bajo un trágico toldo de estruendos,
en el cual, como alfanjes de plata, ·
resplandecen relámpagos trémulos ....
Ven á ver el paisaje, es hermoso:
tras la gris nublazón de los cielos
se amortiguan los rayos occiduos;
en los cumbres, los pájaros negros,
los que adoran las cosas inmundas,
los que atacan lo inerme, los cuervos,
se revuelven con júbilo, como
soberanos señores del viento,
y la racha, con ímpetu rudo,
silba y silba .... ¿Vendrá el aguacero?
Es la tarde otoñal. ... ¡Qué admirables,
qué gloriosos serian los versos
con que canto tu noble hermosura,
impecable y magnifica, si ellos
desgranaran e! ritmo inefable
de esta tarde de ritmos excelsos
en que un alma sonora palpita
en la tierra, en el aire, en el cielo!
¡Opulenta, grandiosa armonía!
Roncos gritos de cólera, lejos,
ailá arriba, en las nubes preñadas;
aquí abajo, en la fronda, en el viento,
en los rubios trigales que undulan
con su espiga gentil de oro viejo,
ya suspiros que acaban cantando,
ora quejas que acaban riendo,
ó resoplos de mar, ó rumores
de caricias, de arrullos, de besos ....
Mas ya vuelan las hojas en alas
de la racha .... ¿Vendrá el aguacero?
*"'*
¡Oh, qué lindo clavel entreabre
su corola de purpura y fuego,
sobre el oro triunfal de tus bucles
perfumados, sedosos y lnengos!
Me recuerda un maizal que yo he visto
en las milpas cercanas del pueblo ... .
Era un mar con sus hondas doradas ... .
De la mar rumorosa en el centro,
la amapola, ostentando sus flores
del color del clavel de tu pelo . . ..
Pero caen las pristinas gotas
como vividas gemas, fulgiendo,
y las nubes aligeras vuelan,
y rebullen graznando los cuervos,
y el 1·elámpago sigue brillando

�REVISTA MODERNA.

248

bajo el trágico toldo de estruendos
que coronan las cumbres hirsutas,
en Oriente ..... ¿Vendrá el aguacero? ... .

¿Sabes tú, qué pensaba, mi rubia?
No te rlas, declrtelo quiero:
recoger esas llmpidas perlas
en el cáliz a1·diente y bermejo
de la flor de tus labios, más roja
que el clavel de:tu blondo cabello . ...
Mas . ... ¡qué bella explosión de fulgore&amp;!
Ge abrillanta con claros destellos
ese palio de un lndigo obscuro
que cornna los montes enhiestos ....
¡Gloria al sol que ha rasgado la bruma!
Esa nube pr.e liada de estruendos,
era informe montón; hoy pru·ece ... .
¡hoy parece un ideal terciopelo!
La esmeralda del monte revive ... .
H11sta el hosco plumaje del cuervo,
al tocade la luz, ya presenta
primorosos cambiantes de ace1·0!
¡Claro obscuro, tu encanto sub~•uga!
¡Almo sol, tu pincel es soberbio!
¡Gloria á ti, gran artista celeste!
¡Y á ti gloria, oh Rembranrlt, oh m1testro!
Mas .... la racha ha c1tlma&lt;lo su furia. . . ..
¡No vendrá, no ven&lt;l1·á d aguacero!

....

ARo IV

MÉXICO, 21l QUINCENA. DE AGOSTO DE

1901

NóM.

16

REVISTA MODERNA
ARTE V
DLRECTOR: ,TESU S F.. ' VALE~ZUELA.

CIENCIA.
JEJo'F. DF. HEDACCION: ,JESU S URUETA.
Ti¡&gt;. tlt D11bld11.

No vendrá .... Mira el arco de triunfo
que Iris teje, con mágicos dedos,
con los rayos del sol que disuelve
en el agua suspensa en los cielos .. ..
También mi alma, á tu casta hermosur11,
con la luz ide11.l del ensueño,
ha tejido mil arcos de triuufo
en mis trovas de amor, en mis veri;o~!
Pero ¡mira! ¡oh prodigio! Del valle
sube un águila, en rápido vuelo .. . .
Va á la cumbre, á. la roca, á su nido
donde aguardan sus hijos hambriento&amp;:
Mas el ave vacila .... jadea .. . .
¿Qué tendrá? ¿Por qué abate su vuelo?
¿Qué acongoja á. la reina del aire?
¡Ah, tal vez de un combate sangriento,
pero noble, y viril, y pujante,
vuelvr, rotas las garras de acero!
Se desploma, vencida, en la roca . . ..
Al sentir su presencia los cuervos,
azorado11, emprenden In fuga.
en desordeu, temblando de miedo!
Pero no, que ya vuelnm, se agrupan,
exploran, observan con ojo certe1·0 ... .
¡Ya lo saben! ¡El rey agoniza!. . . .
¡Ya le atacan!...... ¡Oh viles!...... ¡Oh...... ¡cuervo&amp;!..... .
DI, mi bien: ¿no te indignan? . . . .
¡Oh gloria!
¡Yo, á tus plantas! Tu frente!. . .. ¡Mi beso!
~lérida.- Yuc11.tán, 1901.

José I. N9VELO.
GAl, ATEA. -l\fARQl' E!!TE,

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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>ARo IV

~1Éxcco,

l 1t

QcrINCENA. DE SEPTIEMORJ,; DE

1901

NúM. 17

REVISTA MODERNA
AR'1"E

, ... CIENCIA.

DIRECTOR: JESUS E. VALENZUELA.

JEI&lt;'E DE REDACCION: JESU S URUETA.

Tip. de Dubld11.

EL INSECTO.
OÑl:: que estábamos veinte pcrsouas en un cuarto muy grande y con las ventanas abiertas.
Entre nosotros habla mujeres, niños y vie.jos. Hablábamos todos de un
asunto muy vulgar, gritando y armando confusa algarabla.
De repente penetró en la habitación, produciendo un agrio chirrido, un
insecto alado, de unas dos pulgadas de largo. Revoloteó algún tiempo y se
posó en la pared.
El avechucho se parecía á una mosca y tambii\n á una avispa: tenía el corselete de un color rojo sucio;
del mismo color las alas planas y dura~; las patas muy vellurlas y st&gt;paradas y la cabeza gruesa y angul('.
a11, eran de un tono encendido, como de sangre.
El bicho movla la cabeza sin parar, de arriba abajo y ,le tforecha á izquie1·da; de repente se despe6 aba de la parnd, revoloteaba con estridente ruido, y vuelta á la pared y vuelta á sac~dir la cabeza con
repulsiva terquedad. A todos nos causaba asco, miedo y terror; todos comentábamos. su fea traza y todos gritábamos •á echarlo fuera.• Todos sacudían el paiíuelo, pero á distancia respetuosa, porque nadie se atrevla á aproximarse¡ y cuando el horrible moscardón alzaba el vuelo, todos, sin querer, retrocedían.
Solo uno de nosotros, un joven pálido, nos miraba con sorpresa, se encogla d"l hombros y sonrela. Eralti imposible darse. cuenta de lo que pasaba ni explicarse nuestra agitación.
Sólo él no veía al insecto ni oia el pavoroso estridor de sus alas.
De repente el horrible moscardón clava en éllos abultados ojos .... se despega del muro y posándose
sobre la cabeza del joven le pica en la frente entre ambas ct&gt;jas .... El joven lanza un debil ¡ay! y caé
exánime.
El feo avechucho salió volando y entonces comprendimos quién era. Era la muerte.
IVAN

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TURGUENEF.

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Ptt01"ETA6 DE MJCH'Er, Alli&lt;:Er,.-CAPJI.J, A S1xTJNA,

Ro:11.\.

•

�REVISTA MODER~A.

CUENTO BOHEMIO.
A

W AI.I.Ar &amp;_ G ll.I.PAT RI CK.

E mi vida, amigo mío, de mi azarosa y turbulenta vida bohemia, es esta una sen•
tida remembranza que yo guardo al calor de mi cornzón que muchos cre~n
muerto . .. . porque se esconde bajo mi pecho como la madrépora bajo el oleaJe
inútil, para dar silenciosamente su floración coralina, que salida á flor de agua
se metamorfoseará súbitamente en mad1·eporita fosilizada ... .
De mi vida hast!ada de placeres, he arrancado este e11plicgo tardío que aro·
mó con su aroma uno de mis más bellos días, ya lejanos .. ..
Eramos: un amador de la música y de las mujeres- ho,\· mue1 to!- de altane1·0 perfil aquilino de Robert Henick y corazón de niño; un artista de ojos leopardesc?s. y ~asio~es violenta11, que debió haber florecido en Florencia y en el ciclo de Benvenuto; un p~qmdcrm1co c1tareda
membrudo, de dientes blancos y ojos bovinos, que cuando bebía de un trago su nno, golpeaba al drscansar el vaso; un pensativo de brumosas miradas grises, que soñaba sin encarnar jamás su sueño, de
cloróticas manos simiescas y lasas como sus cabellos marchitos, . ... y un cancionero obscuro . • . .
Todos éramos buenos muchachos- qué corazón hay maleado á.:los veinte años?-y bebiamos el vino
sano de nuestra adolescencia como una maiiposa la miel de su pl'imavera. Libábamos el amor en bocas
bermejas que eran copas vivas, y el placer en copas c1 istalinas que cantaban la canción de Lorelay
henchidas de Yino del Rbín, la canción de l\Iignon henchidas de vino de Ilungda, la canción de Carmen
henchidas de vino de Xerez! Sirenas ardientes, afroditas sexuadas para amar, locuelas mariposillas noc .
turnas deslumbrábanse con la luz de nuestra juventud combustionada de alegria, y venlan á rondar en
torno de nuestros ojos brillantes, de nuestras bocal! fresca11, de nuestras cabelleras copiosas, de nuestras
mejillas sonrosadas, de nuestras vidas briosas, pujantes y potentes . . . . Ah! la juventud, la salud y la
fuerza, los tres dones soberanos que encarnan la única felicidad en la tierra!. . . , . Venlan jacarandosas
v borbollantes de risas sonoras, comian con sus deditos nacarados en nuestro mismo plato á semejanza.
de los p:ij aros que picotean los duraznos, bebían en nuestro mismo vaso echando atrás el cuello mórbido como las aves alectridas, nos brindaban fresas rosáceas y ciruelas purpúreas de boca á boca, en un
vuelo de besos, y encadenados en sus brazos como los egipanes de cabelleras de algas en los brazos de
las nereydas oceánidas, nos dejábamos sumergir en las sirtes del deseo sedientos de gozar y despertá·
bamos al peán de las cornamusas que saludaban al padre Sol, en una perdida isleta basáltica y sobre
un lecho florido de llquenes errantei,!
Y bien! Una tarde nos hallábamos en torno de una mesa suntuosamente decorada de botellas ebrias,
cascos cuyo vientre habíase Yaciado en un glu glu de risa loca! Haces de flores tropicalinas agonizaban
en búcaros de Falenza y fru tas s:ipidas de cálidos climas, mameyes y ananas, sandias sacarinas y api·
fiados racimos bananeros a lrnLr.claban el ambiente con su olor carnal. Hablá bamos de cosas galantes, de
alegres y festh os episodios cuyo recuerdo se abatía como un enjambre de cantáridas sobre nuestras cabezas torbellinadas en la loca fiebre de amar, de expandir nuestra radiosa vivacidad de organismos ple·
tóricos; y después de los postres az ucarados bebiamos á pequeños sorbos el rico caf~ de nuestra.a ~-egas.
Aquel, por lo visto, habla sido un buen dla; las monedas cantaban en nuestros bols1llos con mus1ca argentina y n os proponlamos pas,u· la noche estrellada r n bulliciosa rondalla flan eadora, al són de las
mandolina tas a rrulladoras, al trav(•s d(• las callecitas de lilas blancas y bugambilias moradas de Coyoacáu, dond e u uo de los ama•lon•s servia r corteja ba á cierta primorosa. rubia de cabellera de hebras
di' sol.
Y á pesar de nUl'btra alegria, n os hallábamos contrariados: faltaba alguien de nosotros, el soñador
pensativo de brumosaR miradas g rises, que hacia varios dlas no espectraba su taciturna faz dantesca
ante nuestros ojos maravillados. Y nuestra locuacidad estallaba en frases grotescas:
-Duerme apaciblemente el sueño de la embriaguer.:!- decla Reróo, el artista de oj os de jaguar,

.267

- Lo encontraste bebido?- preguntó el citareda chasqueando la lengua con tanta fruición como
cuando hacia gemir las cuerdas de su cita1·a plañidera.
-Hecho una uva!. ... Parece que había naufragado en Oporto!.. .. Al intentar levantarse le faltó
tierra, y dijo dando una gran cabeceada hacia adelante:--•Sintomático .. .. eb? . .. . sintomático!•
-Y qué suerte corrió? ....
- Ful el Simón de Cirene de su via- crucis; yo querla dejarlo piadosamente reposar sobre el mármol de la mesita del café, pero el propietario se opuso con ostensible falta de caridad, y entonces lo remolquó rumbo á su casa; en el camino se despejó lo bastante para ver á la luz del gas una hembra pequeliita, enlutada, que bdncaba las lagunas del empedrado como un pájarn- mosca, enseñando un breve
choclo y una media calada . ... y entonces mi hombre reaccionó como por encanto y huyó en pos de la
trotadora . .. . .
- Por la entrada triunfal de Baco en Tracia!-interrumpió Oronoz, el aguen-ido mujeriego.-Eso es
bello!. .. . Oh poder del amor!. ..... Dejadlo que se embriague de amor y que duerma tan dulce sueño!
-Decías bien, Herón, que duerme apaciblemente . . .. Hace ocho días que duerme . ...
No bien decia esto el nasón cuya tremenda tisis que debla fulminarlo, se resolvía en una perturba·
ción constante de sus núcleos genésicos, cuando Herón, que estaba de frente á la entrada, exclamó:
- Dioses! . ... Qué miro . .. . !
Y al volver todos el rostro vimos entrar al pensativo de cabellos luengos, con un niño pequeiiito en
cada brazo; los bambinos tralan puesto el &lt;ledo dentro de la boca, y nuestro amigo aparecia risueño, pero con una somisa grave, y un rubor desconocido empurpuraba sus lóbulos y sus mejillas.
Una aclamación estruendosa vibró en el viento:
- Ave, ob patriarca! ... .
-Bien por el de Paul! .. . .
- Sinite parvulus!.. . . No lime tangere! .. ..
- Otro huevecillo de Leda? .... Cástor y Pollux? . ...
- Fundaste orfelinato? . .. .
- Entra, oh multíparo! ... . Siéntate y cuenta!
El recibió esta andanada sin inmutarse; todos nos hablamos ltwantado y Je hablamos quitado los pe·
queños á quienes proveimos de azucarillos y de frutas; Oronoz, que tenía el vino encantador, rela regocijado y hacía frases dispersas:
- Dios es pro,·idente y cuando da, da ámanos llenab!. . . . Aléarate1 foliz mortal1 que has encontrado muletas para tu no lejana paraplegia! .. , . Serán los báculos de"tu matusalé11ica v ejez! . . .. Essau pillosus erat, vero Jacob erat llanus!- agregó acariciando las dos cabecitas que, ciertamente, eran la una
crespa y vellosa, y la otra blonda y suavísima.
La fonda habíase quedado desierta. Nuestra algazara habla hecho huir á los bebedores de café y
helados; éramos dueños del recinto empalidecido por la agonla de la tarde, y alll, en aquella penumbra
propicia, nuestro pensati\•o amigo dijo as!, alzando su vaso henchido de vino rubio:
- .... Será el último!. .. . Amigos mios, oíd lo que os voy á contar .... . y no riais, que es esta mi
despedida de vosotros, de la hermosa vida bohemia que hemos vivido!. . . . . - Te acuerdas, Herón, del
encuentro que tuvim~s con aquella muchacha enlutada?. . . . . La seguí y la increpé, conferenciamos y
me aceptó; antes de llegará su casa, bebl aún, y cuando llegamos no supe de mi y me dormí profundamente. Al otro día, aún semidormido, oí algo semejante á un parloteo de pájaros, abri los ejos y me
quedé asombrado: yacía á medio vestir en un colchón extendido sobre el suelo; un rayo del sol de oriente venia sesgado al t¡-avés de unos pobres tiestos floridos, y filtrándose por los cristales de la ventana
abierta, dornba con su luz bella un grupo rafaelita: dos niños - estos picaruelos que veis- parloteaban
alegremente en un balbuceo del que yo no ola sino la música; me velan y relanse, acaso quedan que
despertara y alargaban el cuello para pronunciar un sonido inarticulado, y volvían á reir con el alegre
despertar de la infancia; cuando abrl los ojos su risa estalló .... . velanme como si ya fu~semos amigos!
Mi asombro creció cuando vol vi el rostro. Junto á mi dormla Angela, la saltarina de los pequeños lagos pluviales; su corpiño entreabierto dejaba ver un cuello de tez dorada semt'jante al ámbar rosa, sus
brazos eran redondos y hoyuelados, su cabello desceñido era de jalde seda floja; la pobre falda negra
yacía como un capullo del que hubiera surgido tan ruhia crisálida, y sus choclos salpicados de barro
parecían esperar impacientes la morbidez de los pequeños pies de linea purísima bajo su estil'ada media 1·osa y negra que se perdla entre su caracol bordado .. . . Y nada mb! ... . ni un mueble, ni una si•
lla, ni un perchero! . .. . Las paredes desnudas reflejaban el sol con tristeza, y en el centro de la habitación, el cuadro higubre y divino de la inocencia y del pecado, fatalmente unidos por un sarcasmo de la
suerte! . . . Dios santo! . . . . ¿Cómo pudo aquella muchacha rodar á semejante vórtice?. . . . . Qué depravación era necesaria para que llevar~ alli á sus amantes de una noche?. . . . . Sus hij os- porque se veía
(!Ue eran frutos de aquella mujer,-apenas menor uno del otro diez meses, habrlan a sistido inconscien•
tes á la horrenda profanación! .. .. Ah, la miseria, la espantosa y trágica misei-ia! . ... .
De súbito Angela despertó. Se incorporó azora da, me miró con ojos enloquecidos, inundó su rostro
la ola de un intenso rubor purpúreo, y después, palideciendo, dijo con voz sorda:
.
- Ah, señor, qué he hecho!. . .. para qué vendríamos aqul!. ... el alcohol, el maldi to alcohol de ano•
cblj .. . . yo estaba loca. . .. qué vergüenza! .. . •. desgraciada de mi. . , . . !
Y estalló en sollozos.

�RE-VISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

268

Los uiños, asustados, hablan enmudecido; y en la lobreguez de la estancia tlesnuda, los sollozos tle
la pobre muchacha resonaban fúnebremente. Yo estaba abismado, deprimido, tenebroso. La hora apasionante del despertar orgiástico, la crisis tremenda de nerviosidad, me abatía como á una bestia un golpe en el testuz; me sen tia miserable, manchado, abyecto, hundido en el fango de mis extravlos!.. . . Mi
soledad hastiada de placeres, mi juventud malograda en vagos y febriles deseos de algo que no viene
jamás, mi taciturnidad desencantada, mi impulsiva sed de amor atizada por el alcohC1l, mi esperanza
violada. y apuñalcada en la marchita senda de mi vida .... todo pasó en tétrica danza macabra por la
vesania de mi cerebro entenebrecido, sepultándome en el antro de mi drgradación espontánea! ....
- Mamá .... pan!. ... Mamá .... pan!
Este lamento de los niños, en quienes despertaba el grito de la vida, el latigazo del hambre en las
entrañas, me sacudió hasta la médula de mi ser y me hizo reaccionar.
-¿No cenaste anoche?-pregunti'~l mayor acariciándolo.
El movió la cabeza negativamente.
-¿Ni tu herm¡mito? ....
El niño dec.ia que no, c0n la cabeza, y me miraba pesaroso.
Entonces sentl que mi sangre aflula á mi corazón ungiéndolo para la lucha! ¿No habla yo dese&amp;tlo
inútiimente algo que llenara el vacío de mi vida? .... ¿No tenla ante mi una miseria. humana que redimir, un infortunio que exultar? .... Ah!. ... Sil- Ahora recordaba!. ... Ella me habla contado su histo•
ria, su triste episodio vulgar de seducción y abandono.... Uno de tantos truhanes de casaca la habla
gozado y la habla botado en el fango como se bota una breva saboreada!..... ~le había abierto su alma, á mf, pobre paria, pobre náufrago de la vida, á mi, el primero de quien no ola sensualidades ni lasch·ias para su boca de granada, para sus ojos de antllope, para su primorosa gracia. de danubia.na. blonda! .... Y por eso, por nuestra súbita simpa tia, por nuestro doble infortunio, hablamos querido ahogar
en vino las penas ideales en mi, y tremendamente reales en ella!
No pude más. Atraje á Angela y la besé castamente, si, castamente sobre sus cabellos dorado!!, y
dichoso y alegre de haber llenado el vaclo de mi vida inútil, la dije con amor:
-Que no sea lo de anoche un sueño!. ... ¿Quieres? .... yo trabajaré para tollos, para que nuestros
hijos-y mostré á los pequeños- no vuelvan á acostarse con hamb1 e!.. . . S.i acabó todo! -... S,, o!Yitló
todo! .... Aniba!. . . . . . no llores, perezocilla, á Juchar, á. vivir y á amar!. ....
. . . . -Ved por qué-concluyó- es este el último vaso que bebo con vosotros! .... Ya. no soy mio! ...
Eh! salud!. ....
Pero ninguno de nosotros rcspondla , y, brusc1mentt&gt;, al encenderse el gn!I, ,·i q ue mis hrrmano•, al
bebrr, mezclaban el agua con rl Yino!
I'

RUBÍ::S

l!JOI.

•

DEL LIBRO "LASC.4.S .. ,

:\I. CA:\IPOS.

mancas y finas, y en el manto apenas
visibles, y con aire de azucenas,
las manos-que no rompen mis cadenas.
Azules y con oro enarenados
como las noches limpias de nubÍa.dos,
los ojos-que contemplan mi3 pecado&amp;.
Como albo pecho de paloma el cuello¡
.,· como crin de sol barba y cabello;
y como plata el pie descalzo y bello
Dulce y tdste la faz; la veste zarca ....
Así, del mal sobre la inmensa charca
Jesús vino á mi unción, como á la ba,rca.
Y abrillantó á mi espll'itu la cumbre
con fugaz cuanto rica certidumbre,
como con tintas de refleja. lumbre.
Y tmele retornar; y me reintegra
la fe que salva y la ilusión que alegra;y un relámpago enciende mi alma negra.
Cárcel &lt;le Veracruz. El 14 de Diciemlire &lt;le 1893.
S ALVADOR

DÍ,\Z :\IIRíJX

i(i!l

�REVISTA MODERNA.

EN .LA CASA DE TOLS~fOI.
(GO~&lt;JLUY.E.)

La visita que hicimos á los aldeanos de Yasna1a Poltana babia sido muy instl'Uctiva, y Tolsto'i mismo tomó gran interés en ella. Además de la insistencia de la Condesa en hacerme aceptar la hospitalidad más cordial, yo tenla deseos de alojarme en casa de algún mujick, para observar así, más de cet·ca,
lo que es la vida l'USa, cosa que sólo conocla pot· mis lecturM. Tolstol" se of1·eció á acompañarme á buscar alojamiento.
Desde luego nos dirigimos á la caga de un aldeano, propietario de una que se distingula de las
otras porque era de ladrillo en vez de ser de madera. E~taba dividida en dos partes: una para el verano, ocupada por la familia del aldeano, y otra para invierno. Esta parte estaba mucho más limpia; pero, en cambio, ali! estaba el horno para hace1· el pan, y la atmósfüra era intolerable. Fué necesario llevar más adelante nuestras investigaciones.
Al conducirme á la casa da otro aldeano, el conde me advirtió que iba á presentann() uu tipo interesante. A una edad bastante avanzada, aquel hombre habla tenido la fuerza de voluntad de dominar
su gusto por la bebida y habla ingresado á la sociedad de temperancia fundada poi· TolstoL
-¿Fumás todavla? ¿No puedes corregirte de ese defecto? lllira cómo tienes la barba cerca de los
labios.
-¡Qué quieres, \'uestra Sarenidad! es la única satisfacción que me queda.
En la boca de aquel campesino, como en la de muchos otros, ese Vuestra Serenidad no tenla nada.
de obsequioso. l\le impresionó la sencillez con que se tutean el condti y los mujieks, y cuán desprovistas de aftlctadón están sus relaciones. Con frecuencia le llaman familiarmente abuelito. Dd hecho, el abuelo les habla como viejo mujick experto y al corriente de todas las Q,ecesidades de las gentes del pal.,. En
la casa de este mujick encuentro lo que busco. La casa es tambiün de ladrillos y la pat'te que se reserva para el invierno no está calentada; además, la familia parece vivir con holgura y el alojamiento re•
lativamente confortable. Convenimos en que volverla á las once de la noche y que me esperarlan.
Después de cambiarnos algunas frases el conde y el mujick, tocantes á la cosecha y á algunos otros trabajos de la aldea, nos dirigimos hacia el extremo opuesto de la. única calle. Alll era donde habitaba Pedro, un mujick de rara inteligencia y muy al corriente no sólo de las ideas de Tolstoi', sino de las de mu•
cbos otros filósofos extranjeros.
Caminando, encendí un cigarrillo.
-Hay, exclamé, tan pocos placeres en la vida!
-Si yo no prohibo el placer, me dijo el conde; por el contrario, y no encuentro nada tan antinatural
como el ascetismo. Solamente aconsejo la abstención de placeres malsanos.
Pedro estaba frente á su casa, ocupado en apalear trigo. Con la mirada radiante y los brazos extendidos hacia nosotrns, vino á nuestro encuentro é inmediatamente se entabló una conversación muy
animada, sobre todo por parte de Tolstot Sentado á la turca, sobre una especie de mesa, improvisada
por una tabla colocada en un tonel, el conde charló du1·ante más de una hora con Pedro, tratando diversos asuntos y exponiéndole, entre otros, la teorla de la nacionalización del suelo de Henry George, el célebre economista americano.
Seguramente, jamás babia escucha.do una exposición tan clara y tan sucinta á la vez, de un sistema sociológico tan abstracto como es ese.
-La tierra no es la misma en todas partes, decla Tolsto'i. En unas partes es muy fácil cultivarla,
es muy fértil en las proximidades de los grandes centros de cultivo. En otras no; mientras más ventajosa sea, mls solicitantes tendrá y aumentará de valor. Asl, pues, según el sistema de Henry Georges,
toda la füna rasa :i. R!'r propiedad del Estado¡ .,· eso es lo qne llama la nal'ionaipaciún del sucio. l rna

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lt~y establece, que á contat· desde determinada fecha, la tierra no pertenece ya á tal ó cual propietario,
sino á la nación entera. Se procede entonces á valorizar el terreno; el que tiene mayor número de solicitantes se valoriza más caro; el que tiene menos, más barato. Asl, por ejemplo, entrn nosotros, en el gobierno de Toula, la tierra buena para el trigo, se valorlza1·á en 5 ó 6 rublos la deciatina (poco más de una
hectárea , la tierra para hortaliza, cercana á las aldeas, á 10 rulllos la deciatina. En la ciudad 1 la deciatina costará de 100 á 500 rublos; en !'lfoscou y en Petersbu1·go, en parajes céntricos, de 1,000 á 10,0::&gt;o
rublos. El producto de esos alquileres se empleará en las necesidades del Estado, substituyéndose en
esa forma todos los impuestos interiores y exteriot·es. Segitn ese sistema, Sofía Andrei'enal (la condesa
Tolsto'i), po;· ejemplo, que posee aqui mil deciatinas, se verá obligada á pagar al Tesoro de la nación, de
6 A 8,0J0 rublos por año, porque hay en sus propiedades varias categorías de terrenos. Pues bien, la
condesa nunca podrla pagar semejante impuesto, y se verla obligada. á abandonar la mayor parte de
sus tierras. El campesino, por el conti·ario, pagará por deciatina dos rublos menos de lo que paga hoy,
y tendrá siempre cerca terrenos vacantes, que podrá alquilar á razón de 5 ó 6 rublos pot· deciatina.
Además, no solamente no tendrá que pagar ningún otrn impuesto, sino que obtendl'it más baratas todas
las mercl!nclas, tllnto rusas como extranjera~, puesto que no pagarán derechos de entrada ni impuesto
Interior.
-Oh! si, comprendo muy bien. Ya he leido á Spence1·.
Encuentro esta escena en Resurrección, cuando el'hóroe de la novela, el pl'lncipe Nekhludov, intenta hacer comprender la misma teol'ia á. sus campesinos. Esto indica que no hay nada en esa obra que
no haya sido tomado del natural, y que en Nekhludov hay mucho de Tolsto1.
La conversación con Pedro recayó sobre la cuestión del clero. Ya en esta vez, el mujick fué quien,
por creyente que pareciese, tomó la pa.la.bt·a para demostrar r¡uo el clero es el prime1· obstáculo para la
clifusión de la verdade1·a doctrina cristiana, y que el objeto de los saee1·dotes es obscurecer la verdad,
con el fin de adquirir influencia y bienes materiales.
Se hacia tarde y era tiempo de regresar. Dejamos al mujick y seguimos hablando de las consecuencias de la aplicación del sistema de Henry George.
Por considerable que sea esta reforma y por utópica y revolucionaria que pueda parecerá espíritus
limitados y timoratos, dijo Tolsto'i, no por eso deja de ser tan fácil su realización, como lo fué la liberación de los siervos. Bastada. querer. Hace cincuenta. años a.penas, ¿acaso no parecla imposible y revolucionaria la liberación de los siervos? Hoy, no podemos comprende1· cómo una institución tan inhu• mana pudo subsistir tanto tiempo. De la misma manera, si la reforma reclama.da por Henry George se
llevase á cabo, nuesti·os descendientes, dentro de cincuenta años, se preguntarlan sorprendidos, cómo
los hombres que más trabajaban e1·an los que ganaban menos, y estaban allrumados de impuestos y trabajaban toda la vida en provecho de los que no haclan nada.
-Ah! si el joven Tsar quisiera inaugurar su reinado con esta grande obra! exclamó. Conquistarla
mayor gloria que la de sus antepas11.dos; como no la ha soñado ningún pl'lncipe del pasado ni del presente, en el mundo entero. ¡Cuán insignificante aparecería entonces la liberación de los siervos por su
abuelo Alejandro H, ante la realización de esta reforma mil veces más profundas, á la vez que pacifica
y racional! Y agregó:
~ 'l'en~o intenciones de escribi1· al T.;ar y de exponerle francamente m:s ideas. . . . \' alor que no
titme gran mórito en vet·dad. El T,¡ar es hombre, y pot· 10,anto asequible á todos los sentimientos humanos. En cuanto á mi, estoy demasiado viejo para teme1· más incomodidades ... .
Pl'onunció estas palabras con tanta calma y con tal acento de sinceridad, que se hubiera creido que
pensaba en alta voz. Al dla siguiente, TolstoY babia trabajado, según su costumbre, hasta la hora de la
comida. Inmediatamente después tuve intenciones de leerle ese paralelo, todavla incompleto, que habla
establecido entre él y Dumas, y que le! al maestro francós tres meses antes de que mul'iei·a. Le dije que
cntl'e él y Dumas yo encontraba muchos puntos de semejanza en los caracteres, en los escritos y hasta
en la manera de vivil·. Pero no hay que decir que existen g1·andes divergencias, que provienen de los
diíerentes medios en que naciel'On y de que no pertenecen á la misma raza.
-Cómo! exclamó, ¿todavía está Ud. con esas? ¿Todavla c1·ee Ud. en la influencia del medio sobre
el alma humana? Entonces creo que no podremos comprendernos. Lo admito de parte de esos liberales ó de eso3 revolucionarios que rechazan todo sobre el medio, que pretenden que es preciso cambiar
todas las cosas en su derredor antes que modificar al homure; esos esplritus perezosos, de voluntad débil, encueutrnn muy cómodo hacer quo 1·eca.iga la responsabilidad de todos los males sobre la organización sociitl. Es mucho má~ fácil trallajar cada día, cada hora, ca,ta minuto, eu e l perfeccionamiento
propio.
- Y la teoría darwinista ¿serla falsa?
- Xo confundamos dos cosas diferentes. Sin ser absolutamente partidario de esa teoría, puedo admitit' la influencia material de los medios; pero el esplritu puede y de!Je substraerse á ella. Pasando en•
tonces á los hechos, insiste en ese ejemplo de comparación entre Dumas y él, ejemplo propuesto por el
mismo Tolstc,l": la influencia del medio en que nacieron y vivieron, sobre sus ideas. ¿Xo encontramos
en el maestro ruso, miras necesariamente lógicas más amplias que las del maestro francés? Tolstor nació en un teneno sin• cultivo, poi· decirlo así; siempre ha estado frente A un horizonte ilimita.do y ha po• dido ver muy lejos; el edificio de la naciente civilización l'Usa no obstrnla sus miradas, porque casi todo
estaba por construir. En Francia, por el contrario, la vil'ja 1·a-za gala evoluciona dC!lde haco largos si-

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REVISTA MODERNA.

glos, que ha empleado en le,·antar su edificio social, después en derl"ibarlo y luego en·reedificarlo sobre
los mismos cimientos y casi del mismo estilo.
--Han subsistido muchas imperfecciones, y Dumas no pudo ver sino esas imperftlecioues de detalle:
las vió y las señaló efectivamente, pero sólo en el fin de sus días; y elevándose más y más, pudo divisar
Jo que el medio ruso habla permitido á Tolsto'i ver antes que él: el amor á la humanidad, la solidaridad
de las razas.
- Ah! sí, el ruso, el hombre universal! el hombre de la humanidad! exclamó Tolsto'i. Ese fué un sueilo de Dostoiewsky! ....
Y encogió los hombrns, demostrándome as! cómo estimaba ese sue1io.
-Si, prosiguió con tono tranquilo, el espMtu de los hombres puede manifestarse fuera de toda influencia material. Efectivamente, ¿cómo puede explicarse que Jesús é !salas hayan prndicado en Judea
lo mismo que, varios siglos antes que ellos, hablan predicado: Budha en las Indias, Confucio en China
y Zoroastro en Persia? Nadie puede dech- que esos hombres hayan conocido las ensefianzas de sus predecesores. Todos los hombres tienen en el corazón el mismo amor: la raza nada tiene que ver en eso y
no hay medio ambiente que impida sus manifestaciones. As!, desde hace largo tiempo que había reconocido en Dumas un alma humana, y sin haberlo conocido nunca personalmente, tuve la impresión, al
saber &amp;u muerte, de que acababa de perder un amigo.
Después, reanudando nuestra conversación sobrn el D.1.rwinismo, Tolsto'i me mostró los trabajos del
filósofo inglés Henry Drumond, el célebre autor de •La evolución y el progreso del hombre,&gt; donde se
hace resaltar la crueldad y la inconsecuencia del famoso principio de la lucha por la vida, que los da1·winistas hacen intervenir para explicar la evolución del mundo orgánico en general y de la especie humana en particular. Pero descuidan completamente otra ley, por lo menos tan importante y sin la cual
ningún se1· viviente podría existir, porque tiene su origen en la necesidad de reproducir, lo cual provoca, en primer lugar el amor maternal, ese amor que en las sociedades humanas se desarrolla progresivamente para llegar al sentimiento altruista. La sociedad no podría conservarse, si no hubiera lucha,
más que entt·e los individuos: es indispensable otro factor: la lucha por la vida en provecho de los serne·
ja.ntes. Tal es la fórmula de Henry Drumond. Toda su vida, me dijo Tolsto1, comprende dos funciones
primordiales: la nutrición y la reproducción. La primera exige la lucha egoísta y la segunda la protección de las demás vidas humanas. Los darwinistas sólo han considerado las necesidades de la nutrición,
de lo cual han deducido su ley única é implacable de la lucha por la existencia individual ó de la supervivencia de los más fuertes y de los más aptos. Asi, pues, sin la protección de los que nacen, así como
la de los débiles para los fuertes, el mundo detendría su marcha; sin los sentimientos de simpatía, de
amistad, de generosidad, de solidaridad y hasta de sacrificio (desarrollados en los animales superiores
y más aún en el hombre, por el perfeccionamiento lento del atractivo sexual y del afecto familiar) ninguna sociedad podría organizarse ni crearse. ¿Cómo explicar entonces la evolución social del ser humano, llegada hasta la consciente solidaridad, si no es por la evolución del amor, que existe latente en
la naturaleza?
Eu resumen, la opinión de Tolstoi" e,1 lo relath·o á la acción espiritual del individuo sobre las masas
--l\Ioisés, Budha, Sócrates, Jesús-no descansa en razonamientos puramente especulativos, sino er:. definiciones científicas que tienden á probar que las leyes de la materia no pueden aplicarse sin restricción
á las manifestaciones del espíritu, del alma, y que ésta puede tener sus leyes propias.
La hora era ya avanzada y me resolví á decir adios á mis huéspedes. Expresé á Tolsto"i mi deseo
de volverle á ver en mi próximo viaje á Rusia, y me contestó:
-Si estoy aquí .. .. si no, hasta más ver en el otro mundo.
¿Quiso decir que le quedan pocos años de vida, como le gusta repetirlo desde hace algún tiempo?
ó ¿cree en la supervivencia, creencia que no expresa en ninguno de sus escritos?
Mi incertidumbre se ha disipado hoy. En una obra nueva y todavía poco con:,cida, la Doctrina
Cristiana ( !) TolstoI nos presenta una atrevida hipótesis sobre la inmortalidad del alma, hipótesis que
para él es certidumbre y que no ha sido formulada nunca- que yo sepa- por algún otro, con semejante convicción.
E. HALPÉRINE-KAl\IINSKY.
Trad. de •Revista Moderna.•

~
~
., ~-~.
F

BALLAD OF THE HANDS.
Hands like petals of roses, fragile fingers of childhood
Seeking the bosom mate,·nat, the fountain of life ancl of being.
Thus in ineffable beauty, the hands of the infantile Jesus,
Bathed in milk and in light, as roses in dew and in sunbeams.
Hands pink-dyed with hot kisses, or rosy red with the heart- blood
That spriogs to the fingertips at the tender caress of a lover;
Hands like tluttering doves in the depth of the passioo of Joving,
Clasped on the throbbing heart that beats to the pulso of anotber.
Ifands both supple and strong, that passing along the piano
\Vaken to song in a dream of life-or of nothing.
Hands that express by a touch the sob or cry of the heartache
That ftoats forever upon the restless tide of the Infinite.

•

Hands as spotlcss as snow, that from the shade of the mantle
Gleam like pearls and mumine the prayer ascending to heaven;
Himds that hold in their clasp the well-worn circlet of prayer beads,
Symbol divine of the cndless chain ofhumanity's sorrows.
Hands of light and of !ove, that in the night of hcart hunger,
Bring consolation and pity, hope and Truth the undying;
Hands of eternal kindness; hands of the sacred and mysticAh! for we ali are brothers-brothers in pain and in sorrow.
Pallid hands of the dead lying cold on the pulseless bosom,
Resting in peacc at last, the !ove or martyrdom ended.
Hands that a1·e full of questions, of aspirations and longings;
Hands that, apart or together, are stretched in pleadings to heaven.
Hands of the benediction of old and tremulous priesthood,
That rise from the ocean of Time in mute and inutile oblation;
Hands of the Father Leon, bearing aloft from the altar
The body and blood of the Christ who died for the people.
Hands that bear in the battle the sword red-tinged with the lifeblood
That flows from the heart of a nation, fighting for life and for freedom.
Hands of the prince and the plowboy armed with destruction and terror;
Bloodred hands of the soldier that bear the sword in tbe battle.
Hands disfigured and hard that, from the arid and fruitless
Soil of the mountains wrestle a meagre existence.
Hands of miner and artisan steeped to the &amp;houlder in labor,
Bearing the barden of life in silence and sop·ow.
Hands that wtlre boro to labor, the firm, strong hands of the freemen,
Never at rest, but striving above us, below us, around us,
Ever they challenge the future unknown with the watchword of cProgress.•
Let theirs bé the harp to sing the grand song to the nations.
T.RANSLATION BY H. D. STEELE.

From the Spanish of Je~tís E. Valenzuel&amp;
(1) L'\ R,vt,t r .ll1.l•r111 p 1',li.1r.í p:-í.dnnm:ntc ft.tJm ·nto; &lt;l~ e.;t:i our.,, &lt;ksco:i,,d l.t atin cu ~I t'xico.

(") El original Cl!.Stellano de e~la ¡&gt;oe:;ía fué publicado por la Re.•ÍJ/11 .Vo.fem,, en la

1 ;'

quincena de Enero de 1900.

�ENIGM:.A. ..

/

Ca,\·ó la sombra y vi taimado auhelu
quo noche:\ noche la extensión escala,
busca en vano en los astros el walhala
donde mora mi espíritu gemelo.

A

UN PA ISAJE EST U~ ETAT O'A)IE.
I{.

F.Amie.l.

LOVIA tenuemente sobre el campo, el v1m.le ramaje de los sau.:es se hincha1,a sollozando acariciado por el viento, y en el espíritu de El goteaban
lentas y una á una las lágrimas de las fallidas esperanzas, de los dlas inútileP, de los vanos ensueños, de las estériles pasiones.
Sobre aquel ampllsimo marco de naturaleza deliciosamente entriste•
cid a, bajo la tienda gris del firmamento, Ella destacaba su elegante sílueta de l\Iate1: Doloro~11, ele mujer moJerna embellecida por el sufrf.
miento.
Durante diez años, habiala amado El, desheredado y soberbio, con amor humano, sin esperanzas y
l'll silencio. Por mucho tiempo la creyó feliz; y celoso de la dicha que otro recibia; suponiendo que Ella
habia:cntrevisto la ventura, bendijo al Destino.
Pero ahora, al contemplarla nimbada por la doble aureola del Dolor y del Arte, destacando su ele,
gante silueta sobre aquel marco de naturaleza entristecida, no fuó ya amor humano lo que por Ella sin,
tió, sino adoración, culto poi· la l\Iadona de Dolor y de A1'te, que paseaba junto á El su desencanto y su
¡n,·lancolía, bajo la tienda gris del firmamento, entre el sollo:.:o de los sauces y las lágrimas del cielo .
•\ntes, El, en sus tedios, en sus ti.,istezas, en sus miserias, sólo encontraba vacío infinito.
Ahora, en sus miserias, en sus triste¡¡;as, en sus tedios, an-odillaba su esplritu ante el santuario que
hal,ía levantado á la :\ladona de Dolor y de Arte, y en forviente plegarla le deciai
«Jfa Don11a, só la buena amiga mía hasta la hora de mi muerte. Con tus liliales manos restaña las
hci idas que en mi esplritu abrieron mis estériles pasiones y la vida .... con tus miradas puri:1imas ilumina las tinieblas de mis esperanzas .... con tu angélica voz, con tu voz celeste, con tu voz ungida por el
Arto, acalla mis tol'turantes inquietudes .... y con tu cabellera ei;plendorosa como astro, calienta y resucitn el cadáver glacial de mis ensueños,
ALD.E;RTO

LED(;C,

Como un ave de luz herida al vuelo,
que riega los plumones de ijU ala,
una estrella de súbito l'esbala,
rayando el lapislázuli del ciclo.
¿Es lágrima de un mundo ese aerolito?
¿Es Ella, que abandona el infinito
para buscarme en la existencia ingrata?
.... Oh! tú:dlmelo, Diana soñadora,
que entre la tarde que murió y la aurora,
dibujas tu paréntesis de plata!
Agosto: de IDO l.
All.1D0

Xi':R\'U.

E L N01\1BRE DE MARIA.
(DEL LIBRO "lOH rOLl.lllC!," D&amp; STECll&amp;TTI.)]

No porque pase el tiempo, ni por fria
indiferencia ó seducción tirana,
no por los cambios de la vida humana
te olvidaré jamás, amada mla.
Aun en el estertor de la agouia,
cuando asome la noche sin mañana,
al reco1·dar nuestra pasión Jejan11,
sollozará tu·nombre, mi l\larla.
Y alguien dirá quizás:- la hora drl llanto
llegó para el rebelde: anepentido
ese nombre aclamó bendito y sauto!
~lab uo. Eu el lecho funeral caldo,
murmuraré tu uombrn con encanto,
recordando lo bien -que me has querido.
BALBIKO

D.~YALOS.

�REVISTA MODERNA.

ALGUNAS IDEAS RESPECTO DE lNSTRUCCIOi\ PRrnJAl,IA
PR KS ENTADAS 8N t-'OR'.\IA UK 01.:.T,urns 1·u1&lt; GAlll~O DARUBOA,

.\ LA lO'.\ll~IÓN' SIJ\IORAU \ BN L'i t\ Jl.'NTA DE AMIGOS, RRl,.'NIOOS CO!'f El. ODJKTO DE PROMOVER LO •it,.;H r t·u1~E M!.R

L' I IL

l'ARA DIFlSOJR LA ILl':;TttAC1&lt;.&gt;s f.N , ,tx,co.
APRUH..\00 l'OR OIC IIA CO'.\ll~IÓN, TANTO K S LO CE~BRAt , C0'.\10 BN LO NPLAll\'O .\ LA 1•AR~'E

RRSOJ.UTJ\'A CON QUE 1·ERM INA,

INDIVIDUOS QUID COMPUSIERON LA COMISION DICTAMINADORA:
CC. Gabiu &gt; B:trred!l, lgnaci'&gt; Ra.mirez, Rafa.el M1rtinaz de la Tvrre, Guille:-m:&gt; Pl'ieto, Rl)bertl) Esteva.
L'educatlon constituc le prémle1· des arl~ Je ~cul
plclnem~nt généra\, cclui qui perfeccionnc l'nction
en amelioraot l'•geot.
A. Comtc. Syst~mc de Polit posit, t !\'. p PIIL

PARTE SEGUNDA.
DEL MIÍ:TODO QUE DEBERÁ ADOPTARSE.

t.:A~DO so lia. logrado resolvor, aunque ¡¡ea do uu modo 1::t11¡nrico 1 la cuestión preliminar relativa á la obligación legal de adquirír la instrucción
prima1·ia, se cree generalmente que ya no se ha de menester otra cosa sino aLrir escuelas y mandará ellas á los niños, sin cuidarse de los métodos que en ellas han de seguirse para la enseiíanza. Pocos, muy pocos
son los que comprenden, ó siquiera sospechan, que el mótodo en la instrucción primaria, no menos que en la secundaria, es la más importante
consideración pa1 a el buen éxito.
Casi todos creen que lo indispensable es que los ni1ios se instruyan,
importando muy poco, á su juicio, la manera de lograrlo.
Por nuestra parte, la convicción que tenemos de la impo1-tancia del método, es tal, que si fuese po·
hible entrar en posesión de un buen método de instrucción sin practicado y por lo mismo sin instruirse,
." si al propio tiempo se nos pusiese en la alternativa de elegir, entre una vasta instrucción con un mal
método, y la adquisición cabal de uno que fuese bueno, pero sin instrncción de ninguna clase, no vacila riamos en preferil' el segundo extremo al primero, bien persuadidos de que, en materia de educación,
nada hay comparable á la importancia del método.
Felizmente, semejante disyuntiva no es posible, pues el mejor madio de adquirír un buen mctodo do
instrucción, es el de ejercitarlo instruyéndose con su ayuda.
Por este motivo, al habernos reunido con el objeto de procurar, por cuantos medios estén á nuestl'O
11.lcance, la ilus tración del pueblo, y muy especialmente la de la generación que hoy se levanta, y que
maiiana formará la sociedad que nos ha de suced~r, nos hemos impuesto como principal tarea, la de propagar los métodos de enseñanza que c1·eemos no sólo prefel'ibles, sino indispensables para nuestro fin,
el cual no es otl'O sino el de formar una sociedad de hombres y no de maniqules; de personas capaces ele
ver l11s cosas como son y no como se las han querido otl'Os mostrar.
Nosotros nos hemos propuesto contribuir al mt&gt;joramiento de la instrucción primaria, porque nos asist-0 la más firme convicción de que este es el único camino, seguro aunque lento, ele poner r emedio á los
males q ue aquejan á la sociedad actual, y muy especialmente á la nuesti·a.
Las creencias antiguas desaparecen rápida y progresi vamente; pero ellas al desaparecer no son reemplazadas por ningunas oti-as, ó bien las que las sustituyen, no teniendo por base ni la experiencia ni la
observación de los hechos, sino tan sólo las fantasías, más ó menos bien intencionadas de sus autores, se
desvanecen más f.i.cilmente que las primeras á la menor contrariedad en la práctica, por lo mismo que
carecen de una base objetiva capaz de garantizar la evidencia de sus principios.
lrnas veces esa falta de fe en 111.s nuevas creencias, se muestra con franqueza en nuestras palabras
y Pn ntlP.,t1·Q~ escrito:1, no menos que en nuestras acciones, las cuales rev~ll\n una 1J1arcada tendencia a!

277

retroceso, para buscar en tos principios mismos que se hablan abandonada, un refugio contra el c.sccpti•
cismo absoluto, al que cada nueva decepción tiende fatalmente á conducirnos.
Otras veces esta mismll. falta de fe en nuestros llamados principios se echa de ver en las medidas Yiolentas ii que apelamos para sostenerlos, medidas con las cuales dejamos ver el fondo de nuestra alma, en
la que en vez de convicción hay capricho, en lugar de entusiasmo tiran la y pueril vanidad ofendida por
la contradicción.
Si se quiere subir hasta la fuente de eso sistema que tan funesto ha sido á la humanidad y que se
condensa en la conocida máxima: cree ó te mato, no es dificil lleg11.r á ver que ella es una emanación di•
recta de la manera con que hemos adquirido nuestras creencias, es decir, del método de nuestrn educación. Si ella está basada en la fe indiscutible y no en la convicción, el único medio á que podemos recur1·ir para obligar á los demás á ser de nuestra opinión, será el de la fuerza, el ~e la amenaza y el del cas•
tigo.
Se piensa generalmente que semejante máxima es exclusiva de Mahoma, porque él y sus sectarios
fueron los únicos que supieron formularla con precisión; pero en el fondo, ella es la norma dela conduc
ta de todas las teologías y de todas las doctrinas basadas en la metaflsica ontológica. Todas partiendo
del principio de una autoridad superior al hombreé indiscutible, llegan á la misma terrible disyuntiva.
Todas son idénticas en este punto, la doctrina de mansedumbredel Crucificado y la doctrina del sable del
profeta de la Meca, están en perfecto acuerdo en el fondo de la argumentación; la amenaza, ora de pre•
Htllltl', ora de futuro, pero siempre la amenaza, siempre la fuerza para lograr el asentimiento, para lograr
la fo, no la convicción. Las discusiones de los teólogos de todos los tiempos, versan sobre los deta:Je~,
11unr·a sobre los hechos fundamentales; éstos no se discuten, se creen bajo pena de muerte. ¡Siempre el
mismo dilema, ó crees, ó te mato!- La metaflsica ontológica, esa especie de teologla degenerada, no co·
11oce tampoco otro procedimiento: el que no cree en las supuestas leyes de sus entidades imaginarias, eso
debe morir para convencerse.
El sanguinario Robespierre, es el ~fahoma do la polltica ontológica, como este último es el Robcspie·
rrn de la potltica teológica. Pero no, esta comparación no es exacta sino en cuanto á los medios; el fin
csiablcco entre ambos personajes una inconmesurablo distancia. ¿Qué comparación cabe bajo el pur.to
do vista de los resultados, entre el glorioso fundador de la civilización musulmana y el sanguinario l\ intolerante tribuno, que asl mandaba al cadalso á los católicos realistas por su falta de emancipación men·
tal, como á Danton y sus amigos, á quienes tachaba de inmorales porque hablan avanzado más que t·l
en esto punto? (I J ¿Qué comparación cabe eetre el que logró, con ayuda de sus inmortales sucesores,
transformar un pueblo salvaje en el emporio de las ciencias y de las artes durante la Edad l\Iedia, y el que
no supo afianzar uno solo de los progresos de la revolución, comprometiéndolos todos con su absurclR.
metafísi ca, é iniciando y apresurando la retrogradación que debía drstruirlo~! Si yo he puesto j untos estos dos nombres, es sólo para que se vea que las opiniones más encontradas pueden, en virtud de estar
cimentadas en un mismo método, conducir á medidas idénticas, y para demostrar que la inquisición y el
terror son hermanos gemelos hijos de un mismo principio: la sustitución ele Ja autoridad sobrehumana á
la convicción basada en la utilidad.
Yista ya, por medio de esta indispensable digresión, la inmensa importanciR. que acordamos al métouo con ayuda del cual surtimos nuestra mente de conocimientos, de creencias y de ideas, no so extraíiani que nuestro principal objeto al querer tomar parte en el movimiento que se nota, más ó menos,
pero por todas partes, en favor de la instrucción primaria, haya sido el de que ésta se cimente sobre
bases diversas de las que hasta hoy le han servido de apoyo, para lograr asl, de un modo seguro, y
1•11 realidad rápido, aunque con apariencias de lento, una verdadera reganeración social pacifica y fructuosa.
Si se examina lo que hasta hace poco se tenia hecho en mate1 ia de instrucción, tanto secundaria como
primaria, pero muy especialmente primaria, se verá que todo consiste en la acumulación de principios -y
1lc concepciones abstractas, que se presentan á los niños, or.1 bajo la forma de definiciones, ora bajo la
d e axiomas, ora bajo la de reglas que los educandos deben depositar en su mente exactamente formuladas y, poi· decirlo as!, digeridas ya. Este papel de parásitos asignado as! á la inmensa mayoría do las
inteligencias, y que no exige, por su parte, otl'O esfuerzo que el de la simple absorción de materiales ya
rlaborados, no sólo estimula la pereza, sino que debilita y atrofia los órganos de nuestras más importantes facultades, no dejando en actividad sino la memoria. A fue1·za de no almacenar otra cosa que las
abstrncciones y las concepciones generales emanadas de inteligencias ajenas, se acaba por creer qu e nada hay que hacer y que no nos queda sino aprender Jo que otros han hecho ya; se cae, en fin, en la manía de buscar siempre autoridades y no pruebas, textos y no hechos.
Fn lu;;-ar do cultivar y robustecer todas nuestras facultades, sólo se ejercita la memoria duran to la
educación primaria, y todo aquello que no puede aprenderse asl, ó se abandona ó se enseña de un m.o do
puramPnto mecá nico, sin ningún esfuerzo verdaderamente intelectual. ¡Qué mucho que más tarde, cu11.ndo esas inteligencias han de dirigirse por si mismas, en asuntos prácticos, en los cuales tendrán que formar sus propias concepciones generales, para sac1tr de ellas los preceptos que deben normar su conclnc(1) La cducaci,:n puramente literaria de este dictador, no pcrmitla que su vista traspusiese los límites de la ontologfa ronlradictoria de Roussenu; y los monnrquistas que estab:m más acá del jacobinismo, y los Daotonianos que estaban m:ís allá, eran
á sus ojos igualmente criminales: ambosdcbfan !tr con\'encidos con e l perentorio argumc':.to de la m.iquina de Guillotin.

�REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

ta, se encuentren con dificultades insuperables, y busquen para todo el arrimo de una autoridad cnalquiera, siquiera sea la menos digna.
Este funesto resultado se agravaba antes, de un modo lamentable, en la educación secundaria, con
el estudio de la lógica puramente deductiva con que se iniciaba la instrucción secundaria, iniciación que
muchos creen hoy todavía indispensable. Este estudio, con el cual sólo se enseñaba á interpretar propo·
siciones formuladas ya, á poner de manifiesto las verdades más ó menos claramente impllcitas en ellas,
:l. manipular y resolver sin cesar verdades axiomáticas ó tenidas por tales, sin agregar un solo hecho
nuevo que pudiera comunicarles alguna Yida y fecundidad, no era ciertamente propio para formar hombres de iniciativa y de progreso, sino rutineros ergotistas enemigos de toda verdad que no fuese una
emanación silogística de sus inatacables textos, ó revolucionarios igualmente intolerantes, que entusiastas por el progreso y sintiéndose aprisionados en una red que no sabian desenmarañar, precisamente
porque en ella se encontraban presos desde sus primeros años, se resolvían á romperla con violtlncia, con
la idea de recobrar su libertad. Por desgracia, y como una consecuencia natural de esa misma educa·
ción viciosa, al querer emanciparse de sus primeras traba~, so han visto, sin sentirlo, prendidos en las
mallas no menos apretadas de la ontología.
Mucho erraria, poi· lo mismo, el que se imaginase que nuestro objeto se alcanzaría con sólo la multiplicación de las escuelas, ó con modificar ius programas, aumentando ó extil}guiendo tales ó cuales
materias; no, cualquiera que sea la importancia de esas cuestiones, y nosoti-os se la asignamos muy grande, ella le cede á la inmensamente trascendental del método. Como medios propios para inculcar, gene·
ralizar y facilitar la aplicación de un buen método, es como consideramos de suma utilidad el examen
de los programas de estudios primarios. Es inútil añadir que lo mismo pensamos de los programas de
los estudios secundarios. l\Iucho se atiende á las materias y poco ó nada se piensa en general en los métodos. Nosotros creemos que es una gran falta. El estudio ele ciertos ramos es muy importante para la
educación, precisamente porque ellos requieren indispensablemente ciertos procedimientos lógicos que
caracterizan un método.
Si los defensores de las antiguas ideas hubiesen comprCllllido á fondo esta verdad y su tl'ascendental
impol'tancia, no habrfan jamás admitido rn sus programas ciertos estudios, que exigen y desarrollan por
necesidad el método objetivo. El perjuicio inmenso quP. hizo la brecha Íl'reparable que abrió en ciertos
sistemas el cultivo de la astronomla y de la füh:1 1 d d la qulmica y de l11. geologla, de la botánica y de la
zoologla, como elementos de educación, aun cuando en gdneral limitados á ciertas clases, no pudo felizmente ser previsto ni sentido en su principio, sin lo cual la repugnancia instintiva que esas ciencias inspiraron siempre á la teologla, se habría cambiado en una guerra abierta, que habria retardado aunque
jam:\s impedido su desarrollo.
Ni el terror ni la inquisición renacerán) a. ,o por las objeciones que se les han hecho por los filó•
sofos ó por los moralistas, sino porque el punto de vista ha cambiado, pol'que el método de resolver las
cuestiones es diferente, porque la observación y la nperimentación se han substituido á la autoridad,
porque la ciencia se ha sobrepuesto á la ontologla.
Es, pues, á cambiar, sistemar y apresurar el puuto de vista, á darles á nuestras concepciones otro
principio y otro objeto, á donde deben dirigirse todos nuestros esfuerzos. ¿Quién no comprende entonces por qué clamamos para que él se inicie desde los primeros pasos de la educación? ¿Poi' qué deseamos
contribuir á tan importante progreso con nuestras débiles fuerzas? Ellas son débiles, sin duda, pero confiamos en que seritu eficaces porque son conscientes y no automáticas, cimentadas en la convicción y no
rn el simple hALito.
Si como lo esperamos, logramos propagar y difundir esta convicción en los que inmediatamente tienen á su cargo la importante misión social de la educación de la niñez, no duclamos que bien pronto se
harán sensibles sus saludables resultados.
En el arte de la educación, como en cualquiera otro, dos puntos son los que deben fijarse previamente: 1°, el fin que uno se propon&lt;', y 2", el plan que debe adoptarse para conseguirlo; vamos á tratar muy
someramente ambos puntos, porque no es ni remotamente nuestro Animo escribir un curso de pedagogla,
sino sólo dar los principales fundamentos de nuestl'O modo de ver. No diremos, pues, sino lo que creamos
indispensable para nuestro fin, dl'jando para m:\s favorable oportunidad el necesario desarrollo de estos
preceptos.
Comenzando, pues, por el objeto de In educación en general y de la primaria en particular, es evi•
dente&gt;, sPgún lo que se ha indicado ya, que ó no se ha pensado en él ó se ha equivocado enteramente. La
educac1ú11, según puede colegirse hasta del nombre mismo con que frecuentemente se le designa, es y debe ser un verdadero culti1;o. La similitud, ó ml'jor, la identidad fundamental de ambas cosas, ha sido
siempre reconocida de un modo tan universal y tan espontáneo, que así se dice en todos los idiomas, que
se cultiva una inteligencia, como que se educa una planta, y viceversa. Ahora bien, el cultivo, para toma!' la expresión que mfts cuadra á nuestro Cfbjeto, el cultivo puede emprenderse con uno de dos fines:
ó con el de desarrollar al indivicluo con todas sus p'ropiedades ó atributos, ó con el de procmar el mayor
desenvolvimiento de unas á expensas ele las otras: se cultiva el tl'igo y demás ce reales para obtenerlo
con todas sus propiedades, pero en mayor abundancia; se cultivan las !."'.isas ó las dahalias para lograr
que sus pétalos se multipliquen;y embellezcan, aun cuando set&gt;. á costa de sus estambres. Esto segundo
constituye una monstr1w,~idad á los ojos de la filosofla de las causas finales y de la metaffsica ontológi•
ca, porque con t'~ll elasc de cultivo, vamo.v contra los ftnes de la naturaleza, impidiendo la re¡,rodncción

por semillas) mutilando lo que ella ha creado. Otro tanto debieran, en realidad, decir respecto del primer modo de cultivo, y en general, respecto de tocia intervención humana en las obras de la creación, si
por una feliz é inseparable inconsecuencia de esas añejas doctrinas, no se tuviesen siempre listos dos pesas y dos medidas para juzgar nuestras acciones de todo género segtm las circunstancias. Sea como fuere, es un hecho que el hombre puede, conformándose con las leyes fundamentales de la organización
vl'getal, modificar, dentro de ciertos limites, cacla dla más y más amplios, los caracteres espontáneos
de los vegetales, y que á esto se llama cultivo, ora se trate de la una, ora de la otra especie de resultados.
¿A cuál, pues, de estas dos clases de cultivo pertenece ó debe pertenecer la eclucación de la niñez?
Es decir, ¿qué fin debemos procurar alcanzar con ella? La respuesta á. esta pregunta exige una distinción preliminar entl'e el cultivo moral, intelectual y corporal ó ffsico.
El cultivo moral pertenece inconcusamente á la segunda especie, á aquel en el cual nos proponemos
obtener el predominio de ciertas facultades á expensas de otras. Nuestra existencia moral se compone
naturalmente de dos clases de inclinaciones; unas, reconocidas como buenas y provechosas para todos;
otras, calificadas con justicia de malas y de nocivas . El cultivo, en este caso, debe consistir en hacer todo aquello que sea propio para robustecet· y hacer predominar las primeras, debilitando, y si es posible,
haciendo desaparecer las segundas, para que en nuesti·os actos sólo se haga sensible la influencia de los
buenos instintos. Esto, en concepto de los ontologistas arriba citados, deberla. constituir también una
monstruosidad, con el mismo titulo que la producción intencional de una flol' sin espinas ó de una vaca
sin cuernos; esto, á su punto de vista, deberla reputarse como una punible infracción del derecho natural de la flor, de la vaca ó del hombre, á quienes ella dió los inalienab'.es d erechos de llevar espinas y
cuernos, de tener envidia, avaricia, etc., etc.
Por fortuna, en virtud de la natural y ya mencionada inconsecuencia de esas doctrinas y de los que
las profesan, el cultivo moral se ha mantenido siempre en esa dil'ección, aun cuaneo para ello se ha~·a
creido indispensable invocar otros motivos ajenos á la sociedad y á la utilidad.
Pero si el cultivo moral debe inconcusamente pertenecer al sistema de los desarrollos y de las atrofias parciales, y, por clecirlo asi, ele compensación, no sucede otro tanto con el cultivo intelectual; en é l
uo hay compresiones que ejercer ni atrofias que solicitar, porque ninguna de estas facultades es nociva,
ni siquiera inútil; alli todo se debe robustecer, todo se debe estimular, Pjercitar y adiestrar, porque to,lo
es indispensable y aun insuficiente para satisfacer nuestras necesidades.
Cualquiera que sea la dh·isión que se adopte respecto de las facultades intelectuales, preciso t•s
siempre reconocer que somos más ricos en pasiones que en inteligencia, y que si en aquellas hay mu·
cho que refrenar, en ésta la pobrrza ele nuestro caudal nos obliga it tener continua necesidad ele todo él.
Observar, analizar, generalizar, denominar ó nombrar, describir, definir, clasificar, y por último, inducir y deducir, son incesantes é indispensables ocupaciones de nuestra vida práctica ó especulativa. Sin
inducción ó deducción, es decir, sin inferencia basada en antecedentes, no hay previsión, y sin previsión,
ni ·e1 más trivial asunto puede conducirse.
4,hora bien, se comprende fácilmente que el éxito de cualquier negocio depende de la exactitud de
_nuesfra previsión, y ésta, a su vez, de las infürencias, ora inductivas, ora deductivas en que se funda.
Pero la inducción, y aun la deducción, no son posibles sin el conjunto de las otras operaciones mentales:
1uego su cultivo es igualmente obligatorio para todos los hombres que quieran merecer el nombre de
libres, y conducirse por si con conocimiento de causa.
Si se quieren educar hombres en vez de máquiuas ó acémilas, es preciso que la educación del entendimiento sea completa y universal.
El modo de asegurar 111. necesaria subordinación de los inferiores á los superiores en cualquie ra categorla, no es impidiéndoles que discurran, como en el sistema que ba caducado, sino poniéndolos en aptitud de apreciar la inevitable necesidad, asi como la inconcusa utilidad de esa obligación.
~o es pl'eciso para esto formar un pueblo de sabios ni de filósofos; pero si es necenl'io tratar de fo rmar una generación do hombres lógicos, prácticos, que conozcan el enlace natural de los hechos, ~ a r ntre si, ya en sus relaciones con nuestra organización.
Esta lógica inflexible de que todos los hechos están siempre saturados, este enlace invaJ"iable entro
los antecedentes reales y los consiguientes efectivos, es lo que nosotros deseamos que se inculque durante la primera educación.
Nosotros queremos que, en vez de esa armonla puramente subjeLiva é ideal con que se ha procura•
do contentar hasta aqui la imaginación de los niños, y aun la de los adultos, se les haga palpar la a rm onla l'eal de las cosas, como ellas son y como todo el mundo las ve.
Sin eluda, presentando, según se acostumbra hoy, un enlace puramente subjetivo, como objetivo,
danclo un arreglo de nuestra propia creación como un hecho realmente observado y demostrado, se pu cide con notable faciliclad satisfacer á una inteligencia infantil; pero esta corta ,·entaja no se alcanza sino
con el sacrificio del porvenir de la inmensa mayorla de los educandos. Solo aquéllos que reciban u na
educación secundaria completa, serán los que más tal'de podrán llegará comprnnder que el enlace de
nuestras ideas de las cosas, no es siempre una garantia del enlace de las cosas mismas, que aquello que
noaotros creemos vel' muy claro con los ojos del esplritu, suele ser muy diverso de lo que al fin log1·amos
ver con lo, del cuerpo. E11ta verdad que, pre,entada al principio de nuestra c11rrera, babrin. Fido la base

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�REVISTA MODERNA.

280

.ARo IV

de uu sistema de convicciones completo y firme, viene ,i. ser, cuando se reconoce tarde, un motivo de amarga decepción y aun dt1 incurable y estéril escepticismo. Pero lo que hay de más grave es que la inmensa
mayoría tiene que conformarse para siempre con esta instrucción, condenados á vivir continuamente en
un mundo de puras entidades subjetivas, que ellos toman por seres reales, lo cual los mantiene en una
especie de perpetuo sonambulismo, durante el cual se alimentan de fantasmas, pudiendo vivir de realidades. No quiero presentar otro ejemplo de este subjetivismo excesivo, que esa monomanla espiritista
que ha invadido hoy no pocas cabezas, y en virtud de la cual se pretende hallar en el mundo subjetivo
de los espfrltus la solución de los problemas pbjetivos de nuestro mundo material.
No hay necesidad de añadir que ni la más sencilla de esas deseadas soluciones ha podido encontr11rse por ese camino, y que los csplritus nunca contestan otra cosa sino lo mismo que ya estaba en la mente de su cándido consuitor.
Es urgente, por tanto, acabar con J¡i. raíz de tantos desvarios, que hacen á los hombres un perpetuo
juguete de los ilusos ó de los charlatanes. Otra enfermedad mental que esta especie de educación está
también destinada á curar, y sobre todo á prevenir, es la tendencia todavía muy general á creer que los
nombres de las cosas encierran en si todo lo que hay que sabe1· sobre éstas, y en buscar, por lo mismo,
la prueba ó la refutación definitiva de nuestros asertos en las definiciones, en vez de procurar hallarllls
en las cosas y en los hechos.
Esta propensión á transformar toda ciencia y toda noción en un puro a1 te cabalistico, lejos de curarse se agrava en la educación ulterior, con ciertos estudios profesionales, como los del Derecho, por
P-jemplo, en los cuales, tratándose de prescripciones positivas y escritas, nada hay más natural que el estudio de las palabras en que ellas están concebidas. Pero si el titulo de verbo1·um si,qnificatione puede
ser decisivo en la interpretación ele las leyes de los hombres, en la de las leyes de la Naturaleza, los he•
chos y no las palabras deben fallar en definitiva. Y sin embargo, ¿quién no ha tenido ocasión de deplorar la conducta inexplicable de hombres d,• alta capacid:v1 y de inmensa erudición, que en asuntos prácticos cometen los más graves errores á fuerza de P11•artar silogismos fltndados cu puras palabras?
La necesidad de corregir desde los p1irncros aiio~, con la preoión de la realidad, esta tendencia cabalistica, 110 puede, pues, ponerse en duda.
En la educación objetiva y práctica es, puc,:, donde ú uieamente ebtá el remedio y la verdadera re.
generación de nuestra especie, por el &lt;'jerclcio completo que ella exige y proporciona á todas nuestras
facultades.
Con una instrucción de puras palabras, eomo la que se ha dado basta aquí, aplicación y memoria
son suficientes, y este trabajo de plast(cidad puramente pasiva dt1 nuestro cereb ro, en el cual se limita á
retener lo que le viene de fuera sin prJ,ducir cosa algun 11, no es riertamente propio para mejorar, sino
para entorpecer y debilitar, con el transcurso del ti11mpo, nuestras facultades mentales, bajo la influencia
incesante de un verdade1·0 atavismo intelectual.
La necesidad de un cultivo completo ele nuestro entendimiento, emprendido sistemáticamente desde la primera edad, se recomienda también por el atractivo mismo que él presenta pa ra el niño, y el consiguiente estimulo que de aqui resulta, asi como también por una fatiga menor y menos rápida.
Sucede con el f'jercicio mental como con el corporal; la fatiga sobreviene muy pronto, aun con un
%fuerzo poco intenso, si él exige la tensión permanente de un solo sistema de músculos, y con mayor
razón si es la el,~ 11110 solo, mientras que un esfuerzo mucho mayor podrá prolongarse por largo tiempo,
si se reparte n:tcrnativamente en dos ó más. Una persona que no podría permanecer en pie é inmóvil un
cuarto de hnra, sin experimentar una fatiga y una laxitud indefininibles, podrá caminar horas enteras,
no sólo sin fatigarse, sino hast:i. con placer. l\fás aírn: la tensión continua de un músculo lo debilita, lo
atrofia y lo paraliza en vez de robustecerlo, como lo hada el ejercicio alternativo.
Otro tanto, y por la misma razón fisiológica, sucede con nuestras facultades intelectuales; la tensión
continua de una sola de ellas, aun cuando sea moderada, es muy pronto seguida de cansancio y de fastidio, que son su indicio y su resultado seguro.
La verdadera economía de la fuerza intelectual, as! como la de la muscular, no consiste en no solicitarla, sino en exigirle esfuerzos poco prolongados, aun cuando sean frecuentes; con estos dos requisitos
el ejercicio es una base ele progreso y un manantial ele bienestar, ora se trate de nuestras facultades flsicas, ora de las mentales.

MÉXICO,

2,i QUINCENA.

DE 8EPTIEMDRE DE

1901

18

MO DE RNA
ARTE Y
DIRECTOR: JESUS .E. VALENZUELA.

CIENCIA.
JEFE DF. TIEDA CCION : .JESUS URUETA. '

Tir.

( Continuará).
GAlllNO

NúM.

BARREDA.

Pnon.T.l~

DE l\I1ouEL A::.GEL.--CAPILLA SlxTINA. ROMA,

de Dublan.

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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>Tipografía de Dublán</text>
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                <text>Urueta, Jesús, 1868-1920, Jefe de Redacción</text>
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                <text>Peña, Guillermo de la, Administrador</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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