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                    <text>Revista de la Universidad de Nuevo León

Juan Antonio Ayala, La. Educación Humanística en
el Siglo XX • Alfonso

el Guerra, El Hombre

en la Novela del Siglo XX • Calvin P . Blair , Algunos Aspectos del

Económico en el Si-

glo XX • Alberto

z, El Derecho Inter-

nacional y el Mome

olitico Actual • Ara Historia en el Siglo
alle, Las Principales

Corrientes Filosóficas en el Siglo XX.

OCTUBRE/DICIEMBRE DE 1959

A~O 2/ Segunda Epoca

��MYIEfRAS
REVIST.A DE L.A UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

Revista de la Universidad de Nuevo León

Año 2, No. 4

Octubre/ Diciembre de 1959

Segunda Epoca

Recto r:
.ARQ. JOAQUIX A. l\IORA

SUMARIO

Secretarioi General :
LIC. ROQUE GOXZ.ALEZ SALAZ.AR
Departamento de Extensión Universitaria:
LIC. ROGELIO YILL.ARREAL
Director de la Revista :
LIC. JUAN ANTONIO AY.ALA

Juan .Antonio .Ayala, La Educación Humanística en el
Siglo XX _

--------------------------------

5

Alfonso Rangel Guerra, El Hombre en la. Novela. del Siglo
XX
---------------------------------~-- 19
Calvin P. Blair, Algunos Aspectos del Pensamiento Económico del Siglo XX
___________________________ 26

(Registro en Trámite)
.Alberto García Gómez, El Derecho Internacional y el Momento Social y Político Actual __________ ______________ 39

PRECIO DE SUSCRIPCION
UN Afi¡O (cuatro números)

Dir ección

En México: Veinte pesos

Washington y Colegio Civil

Otr os países : Dos dólares

Monterrey, N. L., México

Arthur F . Smith, El Estudio de la Historia. en el Siglo XX_ 53

.Agustín Basave Fernández del Valle, Las Principales Corrientes Filosóficas en el Siglo XX ____________________ 67

�El Centro de Estudios Humanísticos de la Unive~sidad
de Nuevo León ofreció al público de Monterrey su Primer
Ciclo de Conferencias que con el título general de LAS HUMANIDADES EN EL SIGLO XX se desarrolló en el Aula
"Prof. Francisco l\:I. Zertuche" desde el lunes 16 de noviembre al 2 de diciembre de 1959. Las conferencias estuvieron a
cargo de diferentes miembros del Centro de Estudios Humanísticos y de Profesores de la Facultad de Economía de la
Universidad de Nuevo León. ARMAS Y LETRAS se complace en presentar a sus lectores las seis conferencias que integraron el dicho rielo, que están organizadas alrededor de
un tema común de trascendental importancia: Aspectos de la
cultura humanística en el presente siglo. "La Educación Humanística, en el Siglo XX", "El Hombre en la N"ovela del Siglo XX", "El Pensamiento Económico y las Ciencias Sociales
en el Siglo XX", "El Derecho Internacional y el Momento
Social y Político actual", "El Estudio de la Historia en el Siglo XX" y "Principales Corrientes Filosóficas en el Siglo
XX", fueron los temas tratados en este primer Ciclo ante un
numeroso y atento público, que dispensó su cordialidad a
esta participación en la vida cultural de Nuevo León del Centro de Estudios Humanísticos.

LA REDAOOION.

- 3 -

�Juan Antonio Aya/a / LA EDUCACION HUMANJSTICA
EN EL SIGLO XX

C UALQUIER enfoque que quiera hacerse sobre la educación, desde cualquier punto que ésta se
considere, todos aquellos problemas secundarios que de ella
se derivan, tienen un presupuesto fundamental que no puede
ser dejado de lado y que, desgraciadamente, ha sido olvidado
en la mayoría de las ocasiones. Este presupuesto podría enunciarse en la forma siguiente: "Todo problema educativo, toclo
sistema de educación confronta por sí mismo el problema de
la LIBERTAD y, simultáneamente, el problema del ejercicio
de esa libertad desde la base individual y social". Si se prescinde de este presupuesto, de esta idea matriz, si los fines de
la educación se buscan primordialmente fuera y aun contra
él, la educación -me estoy refiriendo al auténtico concepto
de educación, tal como lo entendieron los griegos- falla
en su misma base y se convierte de un instrumento liberador
de las energías humanas en un medio de propaganda, de proselitismo y, en definitiva. de dominio. He aquí por qué hemos
querido abrir este Cursillo en torno a apasionantes aspectos
la cultura en el siglo XX, abordando el grave problema de
la educación humanística y, al mismo tiempo, hacer un alto
en el camino y un examen de conciencia para saber dónde
estamos. l\Ie van ustedes a perdonar mi apasionamiento al hablar de este tema y aun quizás algo que pueda superar el
apasionamiento, la crítica despiadada, porque amo sinceramente todas estas cosas: una vocación humanística entrevista
apenas cuando salía de mi adolescencia, me ha dado ese apasionamiento sincero que sentimos todos por aquello que forma
parte de nosotros mismos. Es posible que este sentimiento pueda
ser calificado de egoísmo o amor propio; pero lo que no pue. de negársele es el impulso vital de una juventud del espíritu
que se resiste a morir dentro de nosotros.
-

5 -

�6

La Educación Hu.ma1ústica en el Siglo XX

Antes de entrar en el tema de "La Educación Humanística en el Siglo U", cqnsidei:o nec_esarias una seri~ ~e acla~aciones previas que pueden mvadir el cai:r~po poht1co,. soci?económico, religioso e histórico. No nos olvidemos del bmo~no
EDUCACION-LIBERTAD para poder comprender el com~lejo problema de la educación o de los sistemas de educación
actual. La primera pregunta o duda que se nos ocurre al
estudiar el problema de la educación es esta : ¿~o estall:1?s
confundiendo los términos 1 ¿Deberíamos hablar de mstruccion
en vez de educación? ¿Se puede hablar de educación en el momento presente? Porque jamás he puesto en duda que actualmente gozamos de magníficos sistemas de instru_cción técni_ca
y científica de los cuales no gozaron las generac10nes anter10~es; posiblemente nuestros profesionales_ c~n?cen, en ~l momento presente más técnicamente los prmcip10s y los mstrumentos de su profesión; los mismos ~;7ances . técnico~ ~e l_os
últimos años aportan a la instrucc10n rapidez, eficiencia,
comprensión, economía de tiempo y de esf~erz?s y familiaridad
con el espíritu objetivo que demanda la ciencia. Pero todo eso
está muy lejos de constituir esa entidad operante que se llama
EDUCACION. Siempre ha sido el ser humano el más desamparado del universo : nuestra inferioridad biológica y emocional frente a los demás seres de la naturaleza debería estar
compensada por una _integración de las facultades mentales,
de los fines y los medios, que nos pusiera al abrigo de cualquier peligro. Pero, he aquí la paradoja, no somos instintivos
ni en lo que se refiere a nuestros procesos men~ales, a nuestr~s
elecciones y a nuestros rechazos. Con demasiada frecuencia
hablamos en términos confusos y no nos damos cuenta de
que, insensiblemente, una red de mentiras ve:r:bales nos aprisiona y nos aleja duramente de la cruel r ealidad y del ,momento histórico en que estamos viviendo. Yo me atreveria a
afirmar aun con el riesgo de cometer pecado de exageración,
que ya ~o existe lo que verdaderamente pudiera llamarse una
EDUCACION, muy a pesar de nuestros magníficos métodos .
de enseñanza y de instrucción. Al comparar EDUCACION e
INSTRUCCION, el Dr. Gilbert Highet ha escrito una página
luminosa que podría muy bien servir para una honda meditación sobre las aberraciones a que ha llegado nuestra concepción o nuestras concepciones sobre ·1a educación; "Me parece peligroso -afirma- aplicar los fines y los métodos de
la ciencia a los seres humanos como individuos, aunque puedan usarse a menudo los principios estadísticos para explicar
su comportamiento en grandes grupos, y sea siempre útil el
diagnóstico científico de su estructura física. Pero el ha:t,lar
de relación· "científica" entre seres huJl'.].anos lleva a una imagen inadecuada y quizás falsa ... La enseñanza abarca em&lt;1-

Juan Antonio Ayala

7

ciones que no pueden ser sistemáticamente justipreci3:das y
utilizadas, así como valores humanos que transcienden el
campo de la ciencia. Un niño criado "científicamente" será
un monstruo lamentable; un matrimonio "científico" sería
solo. una endeble y mutilada imagen de un verdadero urátrimomo; una_ amistad "científica" sería tan fría como un"" problema de aJedrez. La enseñanza "científica'? aun de materias
científicas, será inadecuada, siempre que p~ofesores y .alumnos sean seres humanos. Enseñar no es como provoca-r una
reacción química. . . Es ·necesario poner el corazón en' la enseñanza; darse cuenta de que no todo puede hacerse por
rectas, so ~ena de estropear la obra, anulando a los alumnos
y a uno mismo".
-'
Sin embargo, . con t~do lo que hemos expresado, no queremos caer en la mgenmdad en que han caído muchos humanjs~~s -yo n:ism_o estuve durante algún tiempo en esta pos1c10n- partidarios de una educaoión integral, al culpar a
los avances científicos y a la enseñanza de las técnicas de esta
quiebra en los medios y en los fines de la educación. Personalmente estimo UJ1 privilegio poder asistir y gozar limitadamente_ de las comodidades, independencia material y demás
ventaJas que nos proporciona la civilización de nuestro tiempo. No hay oposición ninguna ni la podrá haber jamás entre
el avance científico y el verdadero sentido humanista. en
nuestro siglo, en la persona de· los grandes científico; ha
concurrido una auténtica concepción humanística en sus mismas teorías científicas. Lo que realmente ha pasado es que se
han roto los vínculos y las relaciones entre ambas actividades Y orientaciones de la educación y se han convertido los
medios en fines; con lo que, sin darnos cuenta, volvemos al
presupuesto binomio inicial: EDUCACION-LIBERTAD. No
s~ trata, como veremos,_ de un problema meramente técnico,
smo de ,~n problema social, humano, político, religioso O como
lo querais llamar. En otras palabras, eso que nosotros inexactamente llamamos EDUCACION, esas mac,níficas orO'anizaciones públicas o privadas se han convertido en siste~as cerra~os que, la mayor parte de las veces, persiguen fines muy
aleJados de la auténtica educación como un instrumento de
auténtica libertad. No nos engañemos ni caigamos en el error
de sostener la falsa pureza de nuestras ocultas intenciones
de nuestros convencionalismos, de nuestros compromisos ni
de nuestros_ intereses políticos, sociales o religiosos. El sentido pragmático se ha introducido en las más nobles actividades del hombre y de la ~ociedad. '.J:'odos buscamos algo, y para
ello todos hemos aprendido muy bien las artes de la simulación

'

�8

La Educación Hwruuústica. en el Siglo XXX

consciente o inconsciente, para aparentar querer lo contrario
de los que realmente queremos y ~ivimos e_n un perpetuo
carnaval de verbalismos, de palabreria Y_ de _simulaciones ~eprimentes que no tiene paralelo en la ~1~tor1a. ~ste sentido
pragmático -si queréis llamarlo prosehtist~, meJor- que se
ha incrustado en la enseñanza, ha trascendido naturalmente
hasta el mismo campo de la técnica.
Ahora más que nunca se emplea en el campo de _la educación un lenguaje confuso, cortma de humo las mas
las
veces para ocultar una forma de dominio y de proseh~ismo
que rebasa los límites de la educación y del hombre ~ismo.
Libertad. de enseñanza y libertad de cátedra, son muletillas y
frases de propaganda que están muchas ~eces presentes en
los programas de los demagogos -de c~1al~~ier clase Y orde1:-,
pero que en sus labios no tienen el sigmficado que deberian
tener. La libertad de enseñanza supone muchas libertades previas que aún no hemos alcanzado; sin embargo, el concepto
-el falso concepto- de libertad de enseñanza se ha levantado
como una bandera contra la intromisión del Estado en el
campo de la educación · nos hemos acostumbrado ya a culpar
al Estado de todos nu;stros males e irregularidades, cuan~o
el Estado -entidad abstracta conformada por nosotros _mismos- a lo más, sería el cómplice de todos nuestros enganos.

?~

Pero esta libertad de enseñanza, en el fondo, ~o es la !ib~rtad de enseñanza que permite una competencia academica
dentro de los límites naturales que impone a todo ser o agrupación el sentido de la convivencia, en labios de los demagoO'OS suele si"nificar manos libres para poder usar de la enseºñanza comot::, de un instrumento de dominio, de prose1·Itismo,
.
de determinado partido político o de cualquier agrupación de
tipo religioso. Y para logra~ esta ~'libe~!ad de enseñan~a" _se
r ecurre a cualesquiera medios : violacion de la conc~enc1a,
ostracismo social o político, &lt;lifamación, oscuros medios . de
eliminación del competidor; "libertad de enseñan~a", repito,
significa libertad para todo, sin repar~r ~ los medios empleados en la consecución de oscuros fmes. Es natural que el
grosero pragmatismo derivado d~ e~ta falsa concepc~ón de
la libertad de enseñanza ha contnbu~do a la decadenc_ia que
estamos denunciando, puesto que se han forzado los ideales
primeros de toda educación.
El mismo abuso verbal se r eptite cuando se trata de l_a
tan traída y llevada LIBERTAD DE CATEDRA; especie
peli!!rosa torcidamente concebida cuando se trata de llevar
la e;1señ¡nza a un campo que nada tiene que ver co1;t la f?rmación del hombre y su integración dentro del medio social

.Juan Antonio Ayala.

9

y del mundo en el que vive. La "libertad de cátedra", nada
tiene que ver con la palabrería de los incompetentes o la
indoctrinación política o religiosa. Y o concibo la auténtica
"libertad de cátedra" en los siguientes términos: primero,
competencia académica, no administrativa, por parte del contratante; segundo, la misma capacidad académica por parte
del contratado y, tercero, libre emulación, en el plano académico, por parte de la persona docente o investigador de cualquier centro de educación. ¿ Cómo, me pregunto, puede haber
auténtica "libertad de cátedra" en un mundo en el cual el
maestro es considerado como un asalariado, como un cumplidor de tiempo, de una tarea, un trabajador a destajo que percibe un salario material lo suficientemente justo para exhibir
ante la sociedad su categoría de ser inferior Y ¿ Cómo puede
haber libertad de cátedra y libertad de enseñanza cuando vivimos en un medio en el que se odia y se teme la libertad
intelectual f Esta es precisamente la causa de la poca o baja
calidad académica y de la incompetencia docente; esta es la
causa de la deserción que se ha r egistrado, por parte de los
elementos mejor preparados, del campo educacional y de las
aguas turbias que privan, por desgracia, en muchas de nuestras instituciones docentes.
El problema general de la educación. si es que queremos
poner remedio a una serie de males inveterados y crónicos,
tenemos que proponérnoslo desde puntos de vista completamente nuevos. El problema es demasiado complejo para resolverlo en un instante y desde una tribuna: tendríamos que
apelar, en primer lugar, al sentimiento de buena voluntad de
todos aquellos de quienes dependen estos problemas y esto,
esto es muy difícil. Sin embargo, no será perjudicial que nos
hagamos algunas preguntas: ¿Para qué nos educamos, nosotros mismos, para qué educamos a nuestros hijos? ¿ Quizá para
saber más y para que ellos mismos puedan el día de mañana
perfeccionar los medios de destrucción y de dominio? ¿ Para
ganarnos la vida? ¿Para adquirir prestigio Y ¿Para qué educamos? Quizá sean muy pocos los que puedan contestar estas
preguntas. Prácticamente todo lo que hasta el presente se ha
hech~ nos ha llevado a callejones sin saiida: a la guerra, a la
creación de nuevos artefactos en una cadena sin fin que nos
han conducido a la perenne insatisfacción y a la divagación,
anulando en esta forma toda actividad creadora. Xuestra
educación está orientada primordialmente a enseñar a ·competir J:, además, está condicionado al educando para que sobreviva en la batalla humana y hemos reducido la auténtica
educación a diversas formas de información y de conocimiento condicionado. Y ¡ eso es lo que nosotros llamamos "educa-

�10

La Educación Humanística en el Siglo XX

ción" ! Predirijimos a nuestra juventud a seguir ciertas líneas
de pensamiento y a actuar conforme a determinadas formas,
queremos que sea esto y no aquello, ligamos s~ ~o~mación
científica a una serie de normas, dogmas y prmcipios que
nada tienen que ver con la realidad.
"La educación -afirma un filósofo contemporáneo- por
cierto no es la mera enseñanza de hechos; cualquiera puede
recog~rlos en una enciclopedia si sabe leer. Lo e~encial es
despertar la inteligencia para que la mente pueda mtrrogar,
inquirir, descubrir y enfrentarse a la vida sin verse atrapada
en ninguna forma de condicionamiento, religioso, social o
político". Ante tal estado de la educación actual tenemos que
preguntarnos: ¿cuál es la función que deben cumplir las Humanidades en el siglo XX? ¿ Tienen un fin o deben desaparecer
como entidades inoperantes? Como humanista estoy y estamos en la obligación de dar una satisfacción a todos aquellos
que, contaminados del espíritu pragmatista de nuestro tiempo,
nos interrogan constantemente sobre la efectivdiad de nuestro sistema.
He hablado de HUMANIDADES a secas sin añadirles
adjetivo alguno, ni querer restringir su alcance a determinada
época, tendencia o contenido. Concebidas las Humanidades
como entidades de valor, deben abarcar todo· aquello que, en
cualquier época, en cualquier tendencia o id_eología, en _cualquier circunstancia, se haya pensado o producido para meJorar
al hombre, hacerlo independiente y darle la facultad de elección, para que sea un ser integrado en sí mismo y con los demás. Después de haber considerado el falso concepto de "educación" y las malas interpretaciones de esta palabra, su
concepción pragmática y su .uso y abuso como instrumento
de dominio, podremos ya ver qué importancia tan grande tiene
la revitalización de las Humanidades y el papel que han de
desempeñar en ese desequilibrio producido entre las normas
y la conducta, tan característico de nuestro siglo.
Las Humanidades, ya desde el siglo XIX, cayeron, por
contagio de positivismo, en el error de querer ser "científicas",
anulando así todo su influjo en la sensibilidad y en la conducta del hombre. Su estudio se convirtió en la mera erudición,
en recuento tedioso de textos, comentarios, dificultades gramaticales y el farragoso aprendizaje de las lenguas clásicas.
Se quiso demostrar -¿ a quién 1- que también las Humanidades podían participar del festín científico que prometía a las
inteligencias el mundo tecnificado. Esta creencia de que el
estudio y la enseñanza de las Humanidades tenían que ser
pura y científicamente objetivos, echaron a perder a los me-

Juan Antonio Ayala

11

:]ores talentos y con ellos comenzó a patentizarse el desinterés
hacia disciplinas que queriendo ser científicas no ofrecían las
ventajas materiales de la ciencia tecnificada. Desde mediados
del siglo XIX comienza a decaer el interés del público por el
conocimiento de los clásicos. Los eruditos y maestros tenían
mucho más interés en recrearse en sus profundos conocimientos que en darlos a conocer, como medio de perfeccionamiento
al gran público. "La grieta entre el erudito y el públic~
-afirma Highet- sobre la cual, durante el Renacimiento y
~urante. la era revolucionaria, tendió un puente el constante
11;1JerfluJo de ~?señanza, de indagación, propaganda, traducc10n Y emulac10n, se ha ensanchado ahora hasta convertirse
en un abismo". Asimismo, y como he señalado antes ese falso
paralelo con la ciencia causó, por derivación much~s aberraciones en el estudio de los clásicos y en el iI~1pacto que deberían haber tenido en la conciencia humana. La actitud científi~a ! la expansión de los conocimientos han sido responsables
as1m1smo de la fragmentación de los estudios clásicos. Me van
a permitir la transcripción de un extenso testimonio de un
humanista actual en el cual se analiza esta decadencia del
inte~~s por el contenido de los autores clásicos y de su proyecc1on sobre el hombre moderno: "Desde hace varias décadas
la m~yoría de los erudi~os han preferido escribir pequeño~
e~tudios sobre autores diversos, sobre aspectos especiales de
c_iertos_ autores, sobre angostas zonas de la historia social y
literaria, sobre temas ·oscuros, periféricos e inexplorados. Y
entre tanto mucho queda por hacer sobre los grandes temas
centrales. ~stá muy_ d!fundida la creencia de que lo que mueve
a un erudito a decidirse por un tema determinado es lo que
!e seguro porqu~ poquísimas personas saben algo acerca de
el. Y esta creencia no carece de fundamento. En Alemania se
inventó la costumbre de conferir el grado de doctor únicamente a los estudiantes que hubiesen llevado a cabo una "investigación original". A causa de la estrecha relación que hubo
entre las u~iversidades norteamericanas y las alemanas en la
segunda mitad del siglo XIX, este hábito se difundió en los
Estados Unidos, donde ahora, mal dirigido hace verdaderos
estragos. La justificación que se suele dar para esta práctica
es qu_e cada una de las tesis es como un ladrillo suelto que
contr1b~ye a levantar el gran edficio de la erudición. La imagen es Justa considerada en sí misma · pero el terreno se está
llen~ndo cada vez más de estorbos, de montones r egados de
ladr1l_los q~e se manufacturan y se acomodan por ahí a la buena
de D10s, sm ~tro ~lan que el de cubrir con ellos cada pulgada
de terreno d1spomble. A medida que se van acumulando la
tare~ de la erudición, lejos de facilitarse, se hace más ardua.
Y mientras tanto, los que miran desde fuera no ven que se le-

�12

La Educación Humanística en el Siglo XX

vante ninguna catedral, y muy pocos constructores h8;n aparecido. Pues la fábrica de ladrillos no prod1;1c_~ arq~u~ectos.
Así, pues, el pecado fundamental de l~ eru~ici~~ clas,ica en
nuestros días es que ha cultivado la mvestigacion m~s que
la interpreatción, que se ha in~er_esado más en el acopio que
en la diseminación de los conocimientos, que ha negado o desdeñado la importancia de su tarea en el mundo contemporáneo y que ha estimulado ese mismo público meno~prec10 de
que' ahora se queja. El erudito tiene para con la sociedad U?ª
responsabilidad que es mucho más grande que la del trabaJador y que la del hombre de negocios. Su primera obligación es
conocer la verdad y la segunda es hacer que sea conocida. Pues
la erudición clásica es uno de los principales conductos por
los cuales la influencia excepcionalmente preciosa de la cul~ura
de Grecia y Roma, viva y fértil aún, incalculablemente ~shmuladora aún, al mundo a quien ella ha salvado, no una, s~no_ dos
y tres y muchas veces, de los repetidos embates del matenabsmo
y la barbarie".
Sin embaroo estamos viviendo en momentos decisivos y
de excepcional bi~port~ncia en las nuevas direcciones que ha
tomado la educación humanística en los tiempos actuales.
M:uchos han hablado de un nuevo Renacimiento. Al margen
y aun a pesar de los eruditos incólumes que siguen .ª~errados
a los viejos métodos, que son los ahuyentadores oficiales. de
una juventud deseosa de adquirir una formación humanística,
es un hecho que, pasada la fiebre del positiv~smo, las humanidades clásicas están creciendo en importancia ante las nuevas generaciones. Si alguna atalaya e~ pro~icia para la .~sión
es la cátedra y el constante intercambio de ideas y tambien de
ideales con los jóvenes q~e dan sus primeros pasos en las carreras profesionales y técnicas.

Alfonso Range/ Guerra /

EL HOMBRE EN LA NOVELA

DEL SIGLO XX

EN 1925 lanzó José Ortega y Gasset
su famoso ensayo La deshumanización del arte e ideas sobre
la novela, en el que afirmó que el género, si bien no estaba
completamente agotado, se hallaba en su período último. Las
causas, para el pensador español, eran las siguientes: primero,
y partiendo de la idea de que la novela tiene como todo género
un número definido de temas, porque sufre de una gran penuria de esos mismos temas o asuntos. Considerando a la
novela no como un orbe infinito, sino como una cantera de
vientre enorme, pero • finito, los primeros novelistas tuvieron
a su disposición un inmenso número de temas posibles; en
cambio los novelistas contemporáneos -sigue diciendo Ortega- sólo cuentan ya con "pequeñas y profundas venas de
piedra" de esa cantera que parecía inagotable. Y segundo,
porque la sensibilidad del público se fue enriqueciendo, volviéndose "más rigurosa y exacta. Lo que anteayer hubiera aún
aceptado, ya no le sabía ayer. Necesitaba temas de mejor
calidad, más insólitos, "más nuevos.". De suerte que paralelamente al agotamiento de temas nuevos, crece la exigencia de
temas "más nuevos", hasta que se produce en el lector un
embotamiento de la facultad de impresionarse. Este es el segundo factor de la dificultad que hoy gravita sobre todo el
género".'
Si se toma a la nove.l a desde el punto de vista de la
a temática, tendremos que aceptar que efectivamente cuenta con un número determinado de asuntos que manejar, y la
prueba de ello es que muchos autores repiten los temas que
otros trataron con anterioridad. P ero sin embargo, debemos
!.--Ortega y Oasset, La deshumanización del arte e Ideas sobre la novela.
Obras completas, T. III, p.p. 388-9.- Revista deº Occidente, Madrid,
1947.

-13-

�14

El Hombre en la Novela del Siglo XX

aceptar también que aunque esos temas han sido ya manejados, al presentarse otra vez se renuevan porque se les agregan
elementos, se les modifica, se cambia su proceso y en definitiva se les transforma de tal man~ra al orientarlos hacia diferentes intereses, que el tema original ya no es el mismo al
surgir bajo el otro ropaje que le proporciona el escritor. El
amor, la muerte, la amistad, el orgullo, la misantropía, el
odio y tantos "temas" más, se vienen repitiendo continuamente
en la novela de todos los tiempos. P ero en realidad no se
repiten porque se presentan siempre en forma distinta, ya
que todos los elementos que en ellos se conjugan son también
distintos. La muerte de Julio César no tiene nada que ver con
la muerte de W erther; el amor de Romeo y J ulieta no se
asemeja al de Calixto y Melibea, o al de Don Quijote por
Dulcinea del Toboso. Si dejamos de hablar de temas para
referirnos mejor a actitudes humanas, o situaciones humanas,
veremos claramente que, en el fondo, éstas nunca se repiten.
Todos los individuos se enfrentan con el amor, el odio ·o el
orgullo, pero en cada uno encontrará ecos distintos y soluciones también diferentes. Hay un refrán, esa sabiduría popular
que siempre acierta en forma llana, y dice : "cada quien habla
de la feria según como le haya ido", es decir, cada quien tendrá
una historia propia que contar, aunqÚe todos hayan estado
en la misma situación. La vida humana no es un conjunto de
"temas", y precisamente porque la novela se ocupa de la vida
no se la puede limitar a determinado número de ellos. El
novelista trabaja sobre individuos, o si se quiere, sobre grupos de individuos, pero nunca sobre temas. Es el crítico o
historiador de la literatura el que se encarga de buscar y
encontrar los temas que predominan en una autor, en una
época o en una literatura nacional, pero después de que se ha
realizado la obra literaria. El novelista se ocupa de la vida y
el crítico de los temas. Para Ortega es "un error representarse
la novela . . . como un orbe infinito, del cual pueden extraerse
siempre nuevas formas". 2 Pero si la novela se refiere a los
hombres, habrá materia para formar siempre mundos nuevos
y diversos, es decir, será inagotable.
El segundo problema que afronta la novela, siguiend◊- ·a
Ortega, es la sensibilidad del público, que se ha vuelto más
exigente, y por lo mismo más difícil, ya que no aceptará obras
donde no aparecan esos temas "nuevos" que requiere el género
para rejuvenecerse. Esta exigencia del público proviene de
las mismas novelas, que le van refinando el gusto y afinando
la percepción. El mismo Ortega afirma que toda obra de arte
moderno "produce en el público automáticamente un curioso
2.-0rtega y Gasset. o.e., Tomo III., p. 388.

Alfonso Rangel Guerra

15

efecto sociológico. Lo divide en dos porciones: una, m1mma,
formada por reduc~do _núr?ero de personas que le son favo:ables; otra, mayoritaria, mnumerable, que le es hostil. (DeJemos a un lado la fauna equívoca de los Snobs). Actúa, pues,
la ob~a. de arte como un poder social que crea dos grupos
antagomcos que separa y selecciona en el montón informe de
la muched?mbre dos castas diferentes de hombres".3 Pero
¿ pod~mos Juzgar la crisis de la novela viéndola desde fuera
estudiando el rechazo o la aceptación de los lectores ? Ha;
qu~ recordar_ lo 9-ue dice Octavio Paz: "El cansancio de una
sociedad no implica necesariamente la extinción de las artes
ni pro~oc~, el silencio de~ poeta". Pero precisamente se habla
de extmc1on o decadencia cuando la obra se vuelve difícil
cuando, al no encontrársele sentido y unidad seO'ún los die~
tados de l~ tradición, que son los apoyos del juicio colectivo,
parece vacia y descabellada. El mismo Paz dice más adelante :
"~a cr~acjó!)-, siempr~ a la misma altura, acusa la baja del
mvel h1s~~r~co. De ah1 que a veces nos parezcan más altos los
poetas ~hf1c1les. Se trata de un error de perspectiva. No más
altos, simplemente, el mundo que los rodea es más bajo".4 y
lo que pa~a con los poetas pasa con los novelistas cuyas obras
en los últimos años tienen tanto parentesco con Ía poesía.
_volvamos al_ filósofo españo_I, que al problema de la penuria de temas, hgado con la refmada sensibilidad del público
a_grega _que el novelista, n~cesita. compensar esto con "la exqui:
sita calidad de los demas mgred1entes necesarios para integrar
un cuerpo de novela". Por este camino venimos a encontrar
que_ el tema no lo es todo en la novela. Queda la forma y al
decir forma es necesario aclarar el concepto. Suele afir~arse
que e~ toda obra literaria se encuentra de una parte el fondo,
es de~ir el contenido, y de la otra la forma, o sea el modo como
se dice o expresa ese contenido, sin tomar en cuenta que
fondo Y forma se corresponden y co-existen de tal manera
que al trat~r a uno? tratamos a la otra. La expresión literaria
se caracteriza prec1same~te por esa ~usión de fondo y forma
que. en un poema, por eJemplo, nos impide modificar su lenguaJe porque al hacerlo S() modifica también el contenido. La
estructura de una novela no puede alterar§e porque esa misma
estr~c_tura es el depósito a, ~r'avés del ·cual y en el cual se
~amfies~a el asunto 9 materia. Las técnicas novelísticas del
s~glo vemte no son una créación caprichosa ni producto del
simpl_e deseo de novedad en sus autores. La nueva novela
necesitaba formas también nuevas porque sé había ampliado
3.-0rtega Y Gasset. O. C. Tomo III, p. 354.
4.-0~tavio PMaéz, El Arco Y la Llra, p.p. 44~45. Ed. Fondo de Cultura Econom1ca,
xico, 1956.
'

�16

El Hombre en la Xovela del Siglo XX

el horizonte del universo de la ficción, al dar cabida a una
distinta visión del hombre, que necesitaba expresarse por
procedimientos diferentes. Pero al hace!lo chocó con. la incomprensión del público, y ft~e necesar10 que las_, mmorias
abrieran poco a poco el cammo para la aceptacion de las
nuevas formas, sin que todavía se haya logrado un acercamiento con la mavoría. Sin embargo, el hombre reflejado en
esas novelas es el ·hombre de la época, expuesto mediante esos
"inO'redientes necesarios" que men"ionaba Ortega. El género
se ;nriqueció, pero la oscuridad y la dificultad que se e~1contró en las nuevas novelas produjeron como resultado mmediato el concepto de crisis.
Cuando ,José Ortega y Gasset publicó su ensayo habían
aparecido ya cuatro novelas, que siguen sie!1do objeto todavía
de numerosas bibliografías: en 1913, la prnnera parte de En
busca del tiempo perdido, de :M:arcel Proust; en 1915, El arco
iri~., de David Herbert Lawrence; en 1922 el famoso Ulises de
James J oyce y en 1923 La conciencia de Zena, de !talo Svevo.
De estos cuatro escritores, Proust y ,Joyce siguen, sin duda
alguna, al frente de los novelistas del siglo que modificaron el
panorama de la novela, al abandonar lo "exterior" para sumerO'irse en el mundo interior del hombre, aunque a cada uno
corr:sponda, en estricto sentido, una posición que se contrapone. Nos ocuparemos de estas cuatro novelas para ~ratar de
encontrar la imagen del hombre que nos ofrecen, deJando de
lado otros muchos aspectos que las enriquecen. Veremos pues
sus personajes, o su personaje principal, tal y c?mo se nos
presentan, a sabiendas de que esta empresa r eqmere por su
amplitud una dedicación mayor que la que se le puede dar e~
una sola conferencia, y por lo mismo seguros de que no sera
exhaustiva.
·
Aunque es el último de los novelistas citados, comencemos
por !talo Svevo, porque en cierta forma está alejado de los
demás y su obra permaneció aislada mucho tiempo. Aún ahora
se le conoce poco, pero cuando se le trat~ queda ~ituado_ ~~
la misma línea de la novela moderna. Nacido en Trieste v1v10
aquí casi toda su vida, lejos de los grandes ambientes lite~arios más bien interesado en los problemas locales de este rmcón' italo-austríaco. Solo, Svevó llegó a concebir la novela
como algo qe se podía desarrollar de dentro hacia fuera, Y
el silencio que rodeó su obra nació seguramente por ese rompimiento que lo alejaba cada vez más de la. ~ovela tradicional
del siglo diecinueve. Una vida (1893) y Senilidad (1898) pasaron casi desapercibidas, si no hubiera sido por un crítico Y
novelista alemán Paul Heyse, que señaló el valor de la obra de

tllfonso Rangel Guerra

17

Svevo.5 No es sino hasta el año de 1923 que publica su novela
La conciencia de Zeno, edición que como las anteriores tuvo
que pagar el mismo autor. Para esta fecha Svevo había ya
conocido a James Joyce, que vivió una temporada en Trieste,
y leído las teorías psicoanalíticas de Freud, que tanta r elación
tienen con su novela.
La conciencia de Zeno es el material que proporciona el
mismo señor Zeno al p¡¡iquiatra, es decir, las memorias escritas libremente por un paciente sujeto a psicoanálisis. Por este
procedimiento Svevo justifica su narración en primera persona, pero también le permite mostrar al personaje tal cual es,
sin encubrir sentimientos, ni actitudes, ni los más extraños
impulsos, despojado de la zona íntima reserva todo lo que r ecuerda sobre sí mismo, el señor Zeno llega a desagradar en muchas ocasiones debido a la crudeza con que presenta sus propios
actos, el egoísmo que lo anima en muchas ocasiones y la falta
de generosidad hacia los demás, pero no pierde en ningun
momento humanidad. Todo lo contrario, porque al presentar
su verdadero rostro está reafirmando su condición humana.
El texto inicial incluye unas declaraciones que fijan la
posición del personaje -y por lo mismo la del autor, ya que
los encontramos en un mismo plano- ante la vida y su propia
existencia. Ha tomado el lápiz para recoger su pasado y el
experimento termina en un sueño profun~o, pero en el duermevela se le hace presente que este procedimiento de escribir
sus recuerdos personales le permitirá llegar hasta su primera
infancia, la que se pasó en mantillas. Y dice: "Al pronto veo
un niño en mantillas, pero, ¿por qué he de ser yo 1 No se me
parece en absoluto y creo que, en cambio, es el que ha nacido
hace pocas semanas de mi cuñada y que me mostraron como
si fuera un milagro porque tiene las manos tan pequeñas y
los ojos tan grandes. ¡ Pobre niño!" Y lo que dice enseguida
va dirigido a ese niño y a él mismo : "¡ Qué lejos estoy de recordar mi infancia! Ni siquiera encuentro el camino para
avisarte a ti, que vives la tuya, y prevenirte de la importancia
de recordarlo para provecho de tu inteligencia y de tu salud.
i Cuándo llegarás a conocer las ventajas de r ecordar tu vida
incluso aquella gran parte de ella que te repugnará 1 Y mien:
tras tanto, inconsciente, vas investigando tu pequeño organismo en busca del placer, y .tus deliciosos descubrimientos te
encaminarán hacia el dolor y la enfermedad, a los que te empujarán t~mbién aquellos que no lo quisieran. ¿ Qué hacer Y
No es posible tutelar tu cuna. En tu interior -¡chiquillo!se va realizando una combinación misteriosa. Cada minuto que
5.-René Dollot, "Un romancler trlestln, !talo Svevo", en Mercure de
France, No. 1095, del l o. de Noviembre de 1964, pp. 474 a 495.

�18

El Hombre en la Novela del Siglo XX

pasa desprende un reactivo. Hay en ti dema~iadas probabilidades de enfermedad porque no todos tus mm?tos pueden ser
puros. y además-¡ chiquillo!- eres consangumeo de personas
que yo conozco. Los minutos que ahora p~san pueden ser
puros, pero sin duda no lo fueron_ to~os los_ siglos que te prepararon".6 Aquí se reúnen las prmc1pales ideas de fondo de
la novela. Por una parte, la vida concebida como enfermedad,
sujeta a anormalidades, porque el personaje er~ u~ enfermo.
No puede separar la. inteligencia de la salud m deJar de observar que el futuro encamina hacia el dolor y la enfe:medad.
y de esta concepción física de lo anormal da un salto 1m_nenso
hacia el malestar de la humanidad, que se traduce en 1m_p~reza. El niño que nace a la vida perte_n~ce a un mundo v1eJ0
cuya historia está formada de minutos que no fue~on puros.
El hombre está sujeto a circunstancias, sucesos, ambientes que
lo envuelven y no le permitirán escapar a todas esas maldades.
Aquí el minuto tiene singular importancia. Xo sólo los grandes momentos también el instante posee los elementos que
atrapan al h~mbre. "Cada minuto que pasa desprende un
reactivo" dice y ese reactivo no es sino la conducta human~.
El homb;e, sujeto al imperio del instantr, se vuelve_ comphcado y difícil porque en cierta forma llega a se~ varios hombres. Esta posición aparecerá en muchos novehstas coi~t~1;1poráneos, en los que sus personaj~s s~fren esa condicion
poliYalente. El señor Zeno, cuya conciencia aparece al desi:udo
en esta novela, es bueno y malo a la vez, gene_ros? ! ego1sta,
crevente o alejado de la religión, porque el mdlVlduo p~sa
po; una serie de circu~stancias 9ue lo conminan, lo e~puJan
o lo alientan a determmadas actitudes, o hacen brotar m1pulsos que quizás él mismo desconoce.
En el capítulo donde relata la muer!e de su padre, q~izás
el mejor de toda la novela, el p~rson~Je sufre una sene de
emociones que repercuten en su ~nter!or, pe:o en ta~ forma
que él mismo se vuelYe contra?ictorio y _pierde umdad ~l
reaccionar en una noche, en diversas actitudes que parece
no pudier~n pertenecer al mismo individuo. Ilay que_ recordar que asistimos a una confesión, no sólo de hechos sm también del nacimiento y causas de esos hechos, y por eso podemos apreciar dos cosas a la vez: por una parte el hombre
que actúa, y por la otra la explic~ción de es~ conducta, expuesta por él mismo. "Hablo aqm con la frialdad con que
contaría las Yicisitudes de un extraño", explica Zeno. E~ta
frialdad lo acompaña en toda la narración, por lo que págma
6-Italo Svevo, La conciencia de Zeno. Traducción de J. M. Velloso.
· Biblioteca Breve. Ed. Selx Barral, p. 7. Barcelona, 1956 (Hay también
traducción espafiola de Santiago Rueda, Editor, Buenos Aires)•

Alfonso Rangel Guerra

19

tras páginas nos enfrentamos con el mismo procedimiento de
disección que descubre todos los pliegues y rincones de la
conducta.
Al final Zeno interrumpe su psicoanálisis y declara que
mucha~ de las situaciones que ha narrado son falsas porque
las ha mventado. No importa. Esta es una actitud más que se
nos ofrece en el individuo, una característica que se suma a
las anteriores y que componen en conjunto la personalidad del
señor ;Zeno. Curado después de que estalla la guerra, puede
destrmr todo su pasado de enfermedades para afirmar: "El
dolor, el amor, la vida, en una palabra, no puede ser conside
rada como una enfermedad porque duele".7 Esta nueva posición borra el pesimismo y la negación que inundan al libro,
~ero ,,Permanece el hombre fracQionado, sujeto a esos "reactivos que desprende el minuto fugaz.
Halo Svevo conoció la obra de Marce! Proust después
de que publicó La conciencia de Zeno, sólo porque sus amigos
franceses que se ocupaban de sus traducciones le mencionaron
el parentesco de su obra con la de Proust. Aunque se desconocían mutuamente, muchas cosas los acercaban, sobre todo
la referencia al dato minucioso, aunque en Proust es más
ag~d~ esta observación, y va vestida siempre con sus juicios
artishcos. El parentesco habría que buscarlo, sobre todo, en
esa destrucción de la unidad del individuo. Así como Svevo
nos presenta a un hombre que se está negando continuamente
porque deja de ser para transformarse en lo que no era, e~
una constante mutuación que impone la pluraridad del sujeto
así Proust había concebido con anterioridad una condició~
semejante para sus personajes, sólo que mientras en el novelista
italiano se nos presenta directamente y "en acción" por decirlo así, ya que el mismo narrador se muestra tal y ' como es
en el novelista francés llegamos a enfrentarnos con el mism~
~roblema, pero a través de la percepción que de ese problema
tien~ el que narra, o sea M:arcel Proust. Así marchamos por
ca~mos paralel~~: conocemos las transformaciones del personaJe, pero tambien la audeza del narrador, que es quien descubre esta situación, y en· el que se acusan las mismas transformaciones. En Svevo presenciamos actitudes y el trasfondo
de esas actitudes gracias a las confesiones del señor Zeno, pero
en Proust hemos dado un rodeo porque él es el que descubre
esos secretos tal y como los ha concebido.
En el mundo de los pequeños salones donde se desenvuelve
Ia activid~d social de Proust y sus personajes, cobra una gran
importancia el hecho de conocer a tal o cual figura, de tener
7.-Italo Svevo, La conciencia de Zeno, p. 447.

�20

El Hombre en la Novela del Siglo XX

el privilegio de ser invitado a alguna de sus reuniones exclusivas. Así, cuando preguntó al señor Legrandin si conocía a
las señoras del castillo de Guermantes, vió en sus ojos azules
"una pequeña muesca oscura, como si los acabara de atravesar
una punta invisible, mientras que el resto de la pupila reaccionaba segregando oleadas azules". El gesto, casi invisible,
es descrito minuciosamente y en forma muy extensa para referirlo íntegro: "No, no los conozco", respondió el aludido,
agregando después de que se ha justificado: "No, nunca he
querido conocerlos". "Pero desgraciadamente -declara
Proust- lo decía ya tarde, porque otro Legrandin que él ocultaba celosamente en el fondo de sí mismo, y que no enseñaba
nunca, porque éste estaba enterado de muchas cosas del
Legrandin nuestro, de historias comprometidas, de su snobismo; este otro Legrandin ya había contestado con la muesca
abierta en la mirada, con el rictus de la boca, con la exagerada
seriedad de tono de la respuesta ... "ª Este sería sólo uno de
tantos ejemplos, ( el más simple quizás, porque coloca al personaje en el trato social) que abundan en la novela, y nos
permite ver los dos raminos que sigue el lector, a los que nos
referíamos momentos antes. Un yo se superpone a otro, mostrandonos a plurariclad en el plano psicológico. Pero Proust
no se d Ptiene aquí, y la propone desde planos distintos, y así
un personaje se desdobla al ser visto por uno dr manera completamente distinta como lo ve otro, agregando además las
diferencias que se realizan en el tiempo. Invirtiendo el orden,
llega a imponerse estos cambios desde el exterior, o mejor
dicho, los impone al exterior, a las cosas, al medio que lo rodea, en esa famosa escena de los campanarios de Martinville,
que juegan sus posiciones, se esconden y se descubren al ojo
del observador a medida que éste avanza o se aleja por el
camino que ronduce al pueblo. ¿ Qué significa todo esto~
¿Por qué el hombre es varios hombres y las cosas modifican
su aspecto, incluso se transforman y repercuten en la memoria
tan sólo por ciertos efectos o resonancias que las actualizan?
Quizás porque se pretende agotar la expresión de todas las
posibilidades humanas, y en esto debemos entender, sobre
todo, la expresión de la vida psicológica. A través de esta
descomposición interna van brotando capas subterráneas que
se colocan junto a otras ya conocidas o manifestadas. En el
fondo, este deseo de lograr la presentación de "todo" lo que
es el hombre se alimenta de las limitaciones, que el propio
novelista no desconoee, de alcanzar no sólo ese conocimiento
del individuo, sino la creación o configuración del personaje
8.-Marcel Proust, En busca &lt;lel tiempo perdido, "Por el camino de Swann.
Traducción de Pedro Salinas y José Ma. Quiroga Plá.-Los Clásicos
del siglo XX, José Janés, Ed. p.p. 127-128. Tomo I, Barcelona, 1952.

Alfonso Rangel Guerra

21

de la ob:a de ficción como tal individuo "totalizado" di a:~!l~ ª~~
~trac;; palabras, la imposibilidad de responler
mco,,m a . e1 hombre. Por otra parte, Proust es uno de
1~~ pococ;; novrhst_as que ha logrado esa creación y confiO'urac1011 _dedl personaJe como una permanente multiplicidal que
no p1er e ~u caráeter individual es decir el
.
es~á en ;onstantc transformació1~ pero q~e si~~:so;::~~oq~1
mismo.. ese nnmdo que se nos escapa en la percepción es
como s1 se nos f\tera de las manos aunque quisieramos atra-

~t

fi::~~:1:!ib~~roE~1c;u~:ure~ish;~bmr1emdseº qmuueevexeistetperbo que es
1 1· ·
'
en re arreras
~ue o imitan a _la vez. q~1~ lo circundan. Donde todo es relati~ o, ? S&lt;' renunC'1a defm1tn·amente al conocer
h'
mqmetud con maYor amiedad Est 'lf
' o 1se mea la
Marce] Proust a i,·avés del ~r-te , o. u imo es o que hace
' muca cosa que al parecer
posee el d on d&lt;' la permaneneia y la durabilidad.
Por loe:d añoc;;
.
En busca
t" . en que Pr
. ou.st p_u bl'l&lt;'O, e1. primer
libro de
e iempo p_e~d~do, un mglés, hijo de miner
&lt;'x-mbaesttro de esruela, m1c1ó sus actividades literarias D~~{d
n
er 1 awrence ' raro eJ·e~pl ª1. d e l a especie
. humana
. vivió
suervid
.
a a1 marg&lt;'n dr las vidas de los demás
'1 .
d¿~:r l~aisºía Yt dla viltalifdad que lo :inundai:;¿ul~ev~r~:
.
as o as as ormas en las que s d b t' 1
~~~e1:a~ia8~mpre insatisfecho Y, constantemente !n ~u:c~ª d:
~ que nunca encontro, Lawrence perman
una extra na personalidad que pade . , . t
ece como
~{e~~~ fe arti sdta, y sus 'libros _son v~~~a~:se:c::~e~~n~~ ~~~a espa1 a a lo convencional y t d
ll
'
bece las ligas de los hombres ha sid a o ª1ue o que estao simplemente ignorado por ios más o ma ec1 o por algu~os
ron ni su actitud ni
~ .
, que nunca comprend1emístico" como lo h susllpen..adm1entos. En ese "materialismo
'
an ama o alo-uno
'f
L
sustenta sus teorías sobre la vida d~nde \a~ri icos, , a_wren_ce
nen a sufrir una valoración disti~ta
ne y espm~~ v1ela &lt;'xistencia abrevaba en otras f ,
que su con_cepc1on de
impulsaban s1·emp
l .
f . uen es, oscuras raices que lo
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re a mcon ormismo
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. . .
mo un "sentir" ante
" • a en en er el v1v1r code Fabre-Luce' Cua~1J~\~omofun sa~er", según la expresión
11
fronteras que ~epa;an las ;:/;;ed ª ª
marca las
que escribe, cuando afirm
e sus e os e la pluma
esos dedos "esas d.
a &lt;!ue su ser llega hasta la punta de
~i yo y · ~ 11 uniY;~:/~~~::~~~~;s eqnuteonsce :interponen e!1tre
1mpo t
· f
,
es vemos cuanta
r ancia iene para Lawrence la naturaleza, la vida que late

~n~~:f

1J

/ª

J'J1ª J

9.-André Maurols En busca d J\
Luaces, p. 131 'José Janés ;dlltoarrceBI Prolust, Traducción de Juan G de
·
•
, arce ona, 1951.
·
10. -D. H. Lawrence, "La novela" en P lso
León Mirlas. Santiago Rued~ Editoº Bllterario, p. 238. Traducción de
•
r, uenos Aires, 1955.

�22

El Hombre en la Novela del Siglo XX

en las venas del hombre, la fuerza_ secreta que lo impulsa. ~n
1915 publicó El a.reo iris, primera de sus novelas que tuvo hos

judiciales, y en este sentido_ precurso_ra de much;:ts otras_, de
diferentes autores, que tuvieron o tienen todavia ~l. mismo
destino. En esta novela Lawrence retrata a una familia; tres
generaciones de Brangwen pasan _ante nosotros en las apretadas páginas del libro, de una dens1_dad tal que parece abarcara
extrañas dimensiones. Pero a medida que se avanza en su lectura se va penetrando lentamente en esas gentes simples Y
complicadas a la vez, como si se nos fueran iluminando ~olamente fracciones de sus rostros, hasta alcanzar la claridad
total. El novelista puede parecernos oscuro y co~plicado
cuando trata de describir lo que sucede a sus personaJes, per_o
ocurre ésto justamente porque Lawrence se coloca en la po~1ción más difícil. No se planta ante el personaje y sus reacc10' a t ras
' " , un poco ma~
' alla',
nes sino que se coloca un poco "mas
en la región oscura donde se originan_ -no l?s pensamie!1tos
y las reacciones al mundo exterior- smo los impulsos pr!~arios y previos al razonamiento, que son los _que e°: defimtiva
imperan en esas gentes. El hombre y la muJer -siempre _hay
un hombre v una mujer en las novelas de Lawrence- viven
su propia existencia, la más inter?a ! personal! si~ ,qne"por lo
mismo logren establecer una autentica comumcac10n. Se conocían tan poco que serían siempre descon?cidos el uno para
el otro", 11 dice Lawrence. Pero como afirma certeramente
Aldous Huxley en el Prólogo a la correspondencia de L~wre:1ce: "Siempre estuvo intensamente penetrado de ese m1ster10
del universo, y ese misterio fue para. él, constantemente, un
númen divino. Lawrence no pudo olvidar nunca, como hacemos generalmente los demás, la oscura presencia de eso otro
que está más allá de -los límites de la conciencia del hombre.
Esta sensibilidad especial era acompañada por un prodi~ioso
poder de traducir eso otro experimentado en fo~ma 11;1mediata,
en términos de arte literario" .12 Y este arte literario fue la
novela, a la que concebía como "un instrumento perf~cto par~
revelarnos el cambiante arco iris de nuestras relac10nes Vlvientes" .13 Esto nos aclara por qué ha enfocado su novela desd~
ese punto de observación que mencionábamos antes, ~ p_or que
la llamó El arco iris. Lawrence ha traspasado esos limites de
la conciencia y por lo mismo · la imagen que nos ofrece del
hombre puede parecernos distante, porque no es la que encontramos en la realidad cotidiana sino la que pertenece a eso
11.-D. H. Lawrence, El Arco iris, p. 41, Traducción de Anne Berlioz. Santiago Rueda, Editor Buenos Aires, 1950.
12.- D. H. Lawrence, Cartas. Introducción de Aldous Huxley. Traducción
de Narciso Pousa. Tomo I, p. 15, Ed. Imán, Buenos Aires, 1945.
13.-D. H. Lawrence, Pulso literario, p. 326.

Alfonso Rangel Guerra

23

otro que ~en~ionaba Huxley. A la larga, lo que parece oscuro se nos 1lumma porque lo que describe Lawrence en ninouna
manera es ajeno al hombre.
º
Svevo, Proust y Lawrence, han seguido cada uno su camipero en el fondo buscaban lo mismo, aunque permanezcan
distantes, porque después de todo sus orientaciones los separaban. Queda, no obstante, la visión fraccionada del hombre
Y detrás de ella un rostro oculto que se nos quiere mostrar '.
la soledad del individuo.
·

º?•

. El mismo año en/que muere Proust se publica en París el

Uhses, de James J oyce, y comienza una extraña aventura para
la novela moderna. Este autor irlandés realizó una obra tan
personal que permanece aislada y única. En ella se mezclaron
curiosament~ todas las posibilidades del novelista, que como
pocos poseyo el don de penetrar en el lenguaje. Y con todo
el ?ª~gamenio clásico que traía consigo, Joyce narra la vida
cot1d1ana -un día- de dos hombres que buscan completarse
en lo que ya nunca poseerán. En el Ulises se cruzan un padre
que ?usca a su h~jo y un_ h~jo que busca a su padre, se cruzan
el mito Y la realidad cotidiana, el mundo de los sentidos y el
otro, don~e no se escucha otra voz que aquella que brota de
las oscuridades del laberinto psicológico.
.
Los h_echos exteriores, lo que sucede en la calle, tiene
importancia ~n cuanto produce ciertas repercusiones, respuestas Y ev?cac10nes en_ los pers?najes. Por lo mismo, aunque la
novela tiene :un.a unidad de tiempo que es igual teóricamente
a lo~ ac?ntecimientos q_ue narra y a su lectura, se dispersa en
~ sm fm de trayectorias que van de sus personajes a la realidad, ~e sus personajes a su propio pasado y de toda la obra
en ?ºnJunto al le?t?r, ~l que se ~eja en buena parte la oportumdad de describir ligas, relaciones y semejanzas en todas
esa~ claves ?e un. mu~,do pequeño y reducido, que se desborda
hacia un3: s1mbohzac10~ que se apoya en la vieja odisea, las
grandes figuras de la literatura inglesa y universal y el hombre en general. Pero aunque el libro sucede más "dentro" que
"fuera", aunque sus páginas nos revelan el interior de los
h_ombres que en él actúan, es, como afirma el crítico norteamericano Harry Levin, "menos rico en penetración psicológica
que en su deslumbrante técnica". 14
Nos que~an fracciones dispersas del hombre según como
lo ha concebido la portentos~, capacidad creadora de J oyce,
Y como tal, vale como expresion del hombre contemporáneo.
14.- Harry Levin, James Joyce. Introducción crítica. Traducción de Antonio Castro Leal, p. 128. Breviario No. 144 del Fondo de Cultura

�24

El Hombre en la Novela del Siglo XX

El hombre y la novela llevan siempre el mismo camino,
porque ésta se ocupará y se preocupará siempre de lo que
aquél haga. Y a donde vaya el hombre, la novela irá también
como una de sus manifestaciones más profundas. Si la novela
nos presenta este retrato del hombre solitario, pero a la vez
múltiple y cambiante, hay que buscar la explicación en el
original, y no en la copia. Por otra parte, antes que sus personajes, el novelista es, sobre todo en el caso de Lawrence y
Joyce, ese hombre que encontramos en sus obras. La literatura no puede entenderse como producto de generación espontánea, ajena a las inquietudes que laten a su alrededor, y por
eso debe entenderse, valorarse e interpretarse la novela en
función del hombre y de la sociedad que la cr ea. Como todo el
arte, respira la atmósfera de su tiempo.
Yolvamos, pues, a ese lejano ensayo de Ortega y Gasset
que citábamos al principio, y consideremos la llamada decadencia de la noYela como una expresión de la crisis del hombre,
pero no olYidemos que el concepto de crisis es también el de
cambio, el de una tran~formación hacia algo nueY0 o diferente,
mejor o pt&gt;or, pt•ro c1istinto. A más de treinta años de distancia
de La deshum:tnización del arte, de Ortega, la novela si!?ue floreciendo y mostrando ramas nueYas. Sería prolijo mencionar
aquí a los novelistas de los últimos años que han mantenido el
gfoero en con~tante reno, ación, pero permítaseme citar algunos de el1o'l: Trnman Capote, norteamericano; Lawrence Durrell, irlandés; Alain Robbe-Grillet, francés y Luis Goytisolo,
españcl, alguno&lt;; de ellos todavía desconocidos de nosotros, o
del lector hispanoamericano, pero en los cuales la crítica es
unánime para ri&gt;conocer &lt;'ll ellos los nuevos representantes de
la novela de hoy. En Hispanoamerica, por otra parte, el paisaje
ha sido puesto de lado y la novela se a~oma al hombre con
un interés diferente. Y en nuestro país, en especial, comienza
a hablarse un l enguaje que durante muchos años se mantuvo
silencioso en la literatura mexicana, lenguaje que los novelistas
de la nueva generación se han encargado de introducir. Carlos
Fuentes, Sergio Fernández, ,Josefina Vicens son los principale&lt;; nombres pel'o no los únicos, de ese gran movimiento renovador de la novela mexicana.
Y se preguntará: 1, por qué siempre que se habla de la
novela del siglo veinte se refieren a esos novelistas que en las
primeras décadas del siglo escribieron su obra Y ¡,Por qué macha&lt;'ar sobre ellos cuando hay tantos otros, contemporáneos
nuestros, que también tienen una producción definida, en la
que se podría tener una respuesta más cercana a nuestro tiempo
actual! N'o encuentro más que una respuesta a esta pregunta :
Proust, Svevo, J oye e, Lawrence, como Kafka, Faulkner y otros

Alfonso Rangel Guerra

Jº~

25

D?~s,
los responsa~les de_ la idea de decadencia y dl•strucc10n. e a novela ~el s1~lo vemte. Su obra revolucionaria trajo
col~s1go esals consideraciones de derrota. Pero si queremos ex
P icarnos e estado actual d l
l
·
sus nuevos rumbos Y los . te a nove a, s1 q?,eremos conocer
a· ·a·
.
m ereses que la amman, tendremos
que m.,1r nuestra vista a esos novelistas d
..
en ellos encontraremos el gérmen de la nuevae v111s1d. p¡°rque
vela, ya que ellos tuvieron una fuerza de creació a e ~ 1!-ºó!e~e~~~:t\ªa de dle,cat?encia, llevab~ implicita Jan c¿~1lg:;~~
nove is ica contemporanea.

~f

�Ca/vin P B/air / ALGUNOS ASPECTOS DEL

PENSA-

MIENTO ECONOMICO DEL SIGLO XX

I.-IKTRODUCCION

Q

UISIERA iniciar esta conferencil).

ofreciendo una serie de disculpas:

En primer lugar, espero que me perdonen por haberle
puesto un título tan vago, tan vasto y tan indefinido. No me
creo realmente capaz de tratar el tema de la economía en sus
relaciones con las otras ciencias sociales durante el presente
siglo; ni en cuarenta años podría hacerlo, mucho menos en
cuarenta minutos. Quisiera cambiar el título anunciado por
otro igualmente vago, pero menos ambicioso y más honrado.
Quisiera designar al modesto conjunto de ideas que están por
salir aquí "algun,)S aspectos del pensamiento económico en el
siglo veinte", título que me alivia un poco por no prometer
tanto, y que, a la vez, me deja abierto un camino bastante amplio y cómodamente impreciso.
En segundo tfrmino, debo conf('sar, en ccnformidad con
la mejor tradición académiC'a, que en las ideas aquí expuestas
hay muy poco de orginal, Debo mucho de mi modo de ver la
historia y las ideas económicas a mis maestros universitarios
de los años recién pasados, quienes me han dado en la carrera
una formaC'ión "institucionalista". Debo mucho, también, a
esos seres hábiles, analíticos y críticos que han logrado internacionalizar sus propios estudios; me refiero a los grandes
cronistas del pensamiento económico que han publicado sus
obras ya tan conocidas. En particular, para los miembros de
este auditorio que han t('nido la suerte de leer el excelente
libro del economi~ta francés Emile James, publicado en traducción titulada Historia del Pensamiento Económico en el
Siglo XX, mi deuda directa con este autor será obvia.
En tercer lugar, quisiera ofrecer mis disculpas por las
frecuentes equivocaciones en que ha incurrido un extranjero
-27-

�28

Algunos Aspectos del Pensamiento Económico del Sjglo XX

aficionado a la lengua española cuyo amor entusiasta al idio~a
sobrepasa todavía a sus conocimientos. Este hec~o tiene, srn
embargo cierta ventaja, tanto des~e e~ punto de vi~ta ~el _c?nferencista como d~sde el del auditorio: para aquel, significa
cierta avenida de escape; si no está presentada claramente
una idea, él puede al egar ignorancia del idioma, y así evitar
el cargo, mucho más serio, de ignorancia de materia. En cua~to
al auditorio, quienes encuentren grandes lagunas en la descripción o en el análisis que siguen pueden consolarse tal vez con
el recuerdo de que los errores gramaticales, de composición
y de dicción fueron cuando menos algo entretenidos.
Por último, quisiera defender, de manera metafórica, la
intención y el alcance de esta conferencia. "La Economía" en
nuestro siglo, entendiendo por ella el conjunto de teoría~ Y
doctrinas sobre el tema, es una dama _muy robusta, complicada, confusa y contradictoria. Vestirla de manera que se destaquen todos sus puntos salientes, intere_santes y seductores
requeriría un tejido intelectual de fabulosa calidad y grandes
dimensiones, un paño elegante en el cual se combinarían n~iles
de hilos finos intercalados en diseños ya audaces, ya sutiles.
Ante tal tarea siento un temor. Continuando la metáfora,
me considero una combinación de tejedor y de modisto, pero
uno cuyos pobres recursos y falta de tiempo no le permiten
hacer los tejidos y las confecciones que el personaje merec~.
Incapaz de producir el vestido elegante y formal, tomo medidas apocopadas y algo chocantes: eligiendo unos cuantos hilos
importantes, hago un pedacito de tela con el cual fabrico más
bien un traje de baño "bikini" que cubre apenas los puntos
esenciales, y éstos de una manera calculada para despertar el
interés.

II.-HECHOS HISTORIGOS Y PENSAMIENTO
ECONOMICO.
El "pensamiento económico" es una combinación de teorías y doctrinas que se desarrillan, no en un vacío académico,
sino en un ambiente social y cultural; responde, aunque generalmente con mayor o menor dilación, a ciertos problemas Y
aspiraciones de la ,sociedad, y refleja, siempre con algún retardo los hechos históricos. A' su vez, las grandes corrientes
del pensamiento económico suelen entrar en la determinación
del mismo ambiente social y cultural y figuran en el curso de
los hechos sucedidos. El economista encuentra imposible enfrentarse a los problemas de su propia época con esquemas o
instrumentos completamente nuevos, de manera que su pensamiento, aun en circunstancias relativamente únicas y aun
en el caso de los genios más creadores, refleja una gran herencia del pasado. Así, por ejemplo, un Marx ataca a la escuela

Calvin P. Blair

29

clásica armado de muchos de 1
. . .
.
la misma y un I{ey
os preJmciqs e mstrumentos de
.
•
nes provoca una re 1 ·,
miento económico mientras
vo ucion en el pensalas ideas y a los métodos de ):rman~1e en g~a~ parte fiel a
en corregir.
escue neoclasica que insiste

ª

. , H~y un proceso evolutivo que
t
cion vigorosa contra la ortod¿xi ya om~ la forma de reacdificaciones lentas, pero siempr e :np~e~alecien~e, ya la d~ moEl progreso de la ciennia eco , . u a con _1d~as anteriores.
rición ocasional de un
b nom1ca ha ~ons1stido en la apapolémicas Y críticas !oºdi~f m~estra estm~ul~nte, seguida de
nes Y refinamientos.' de 1 cac10~:es, amphac10nes, aplicaciodesaparición de otro~ por ~b::~~IOn df ci~rtos_ elementos y la
a la misma obra maestra L ~10~ en_ os idearios qu~ superan
aspecto también y éste ~ a her enc1a del . pasado tiene otro
sólo proporciona' al present~
negativo. El pasado no
tos Y de los conocimientos útiles g an par:te de_ ]os mstrumenblemas . tombie'n 1
.
para la ,soluc1on de sus pro,
e oprime con anticuad
d
suelen ser obstáculos a la
.,
os mo os de ver que
Y a la realiación de intent~~drensio~ ,de prob~emas actuales
son notablemente duraderas. seb sol~c10n. Las ideas antiguas
pulares muchas décadas des 'u, o reviven en las cr e~ncias poobras serias teóricas O de d~ct~ de 1ª?er desaparecido de las
"libre competencia" siú'ue d rma.t ~' por ejemplo, la frase
O
a pesar de que casi todo~ los e:~~~m~~t J~á~enes POJ?ulares
muchos de los que ti·enen . 1.
. , as e siglo XX, rncluso
.
me mac1on más 1·b 1
,
.
I era Y mas prof unda simpatía hacia el se t
diniones teóriras para la de f~r .P.~ivago, han ·insistido en con11
duda la posibilidad de u e ~ ~1011 e aquélla que ponen en
~amente raros. Todavíaqmeáse~1J
excepto en caso~ extremamtentos de solucionar los · r ~~ e el punt? ~e vista de los
hecho de que nosotros la p o emas economicos, existe el
capaces de adherirnos ~ ide::za ~~mana, somos enteramente
de que son antiú'uas Y sin ot an _1tgu_as P?r el ~encillo hecho
º
ro cri er10 mas racional.
V

:~~ec;o

ªa.

III.-~~M1EtJ~~NTO ECONOMICO DEL SIGLO XX
FAIRE" y co~iCION AL CONCEPTO DE "LAISSEZ
MJENTOS HISTORI6g:.croN DE LOS ACONTECIPuesto que toda teoría s
·
de la_totalidad que llamam:s ~~:~1t~~~1?;ente una abstracción
doct_rma es necesariamente una l . , ' y ,puesto que toda
trana de elementos moral
f se e~c10n mas o menos arbiricos, no nos debe sorpren~se/~ orza os c~n argumentos teóhan surgido en nuestro si l
a gran variedad de ideas que
Y hasta de sus ideas contr!J:
pesar ~e su heterogeneidad,
tes principales del pensa . I~ or1as, :ªs.1 todas estas corrienm1en o econom1co, aun aquellas tan

f

�30

Algunos Aspectos del Pensamient-0 Económico del Siglo XX

diversas entre sí como la socialista y la neoliberal tienen en
común tres elementos fundamentales; primero, todas son en
un sentido u otro una reacción contra el simple artículo de fe
del siglo XIX: el lai.ssez faire: segundo, todas reflejan en
muchos de sus aspectos la clara influencia de los grandes
acontecimientos históricos; y tercero, todas representan basta
cierto µ ...nto la convicción creciente de que el hombre es cada
vez más capaz de determinar su propio destino, ya sea mediante la creación de una economía planificada y coordinada
o la creacción de mejores condiciones que bagan más eficaces
y tolerables las acciones económicas privadas y descentralizadas. Casi todos los pensadores del siglo XX, ya sean "colectivistas", o "dirigistaf', partidarios de la competencia, son sin
duda alguna "intervencionistas".
&amp;Cuáles son, entonces, las principales corrientes del pensamiento económico de nuestro sigloY ¡,En qué aspectos difieren del pensamiento ortodoxo marginalista que prevalecía a
fines del siglo pasado? y ¡, cuáles son los grandes acontecimientos históricos que se reflejan en el pensamiento económico?
Quisiera dedicar los próximos minutos a dar una contestación
muy parcial a estas tres preguntas.

Al alborear el siglo XX, la teoría dominante era el marginalismo. Basado en un método atomizado y netamente abstracto, el margiualismo explicaba los fenómenos del mercado
con su instrumento de análisis: "la oferta y la demanda". En
este sistema, las utilidades marginales, del lado del consumidor,
determinaban las cantidades de bienes y servicios demandadas
a varios precios, mientras la producción de las mismas era
determinada por los costos de la empresa privada, costos que
se resolYían en precios de los factores productiYos, y estos
precios no eran otra cosa que los ingresos de los factores,
determinados, a su vez, por la productividad marginal de los
mismos. El modelo analizado ccn más frecuencia fué el de
la eompetencia perfecta, y suponiendo que esta exi~tía, fué
posible al bu('n teórico demostrar que el sistema de precios
en el reino de la empresa privada conducía a un equilibrio
estable que milagrosamente resultaba, a la vez, en la mejor
asignación posible de los recursos de la sociedad, en el máximo
de eficiencia de los métodos productivos, y en una distribución que proporcionaba a cada factor un ingreso precisamente
igual al valor de la contribución que había hecho al proceso
productivo. .Ahora bien, los teóricos competentes no creían
que esta teoría describía fielmente la realidad económica en
todos sus aspectos. Alfred Marshall había aducido sutiles argumento:, en fayor de intervenciones y subsidios y hablaba a
menudo de la superioridad de ciertos fines sociales sobre los

Calvfn P. Blalr

31

fines privados o individuales En E
.
había declarado preferir un ·soc· 1· stadosl Umdos, J. B. Clark
que
d'
d
ia ismo a monopolio
· d
_po ia pro ucirse con la política de 1 .
f . pnva o
contmente europeo hacía décad
aissez arre; Y en el
librio" no era ya en nin ,
a~ que para Walras el "equinaturalroente ;ino sólo ug:~, seihd?, ~: estado real asequible
1
compararse i'os desequilibrio~º de º1 I ea:. con el .cual podían
desde un punto de vista más
a rea ida~. S~n embargo,
una racionalización teó .
~ gar, el margmahsmo ofrecía
nadie sabe m .
r~ca _c~s1 perfecta del laissez faire · si
.
eJor que el md1v1duo lo
,
.. ·
margmal de cualquier cosa
.
que para el ~s la ut1hdad
1
a cada factor una remuner~t, s1 a empresa privada ofrece
marginal, ¡qué podría prod:i ~on que mide s~ productividad
el sistema libre de
.
_c1r, entonces, la mtervención en
•
precios smo desviaeio " d
, •
.
nes
e un optimo f
El margmalismo era con
de la libertad y con la ::~e!1,te ~on ideas puramente formales
privada.
.
s1c1on e poder de la gran empresa

f

y sin embarO'o las O'rand
.
mienzo del siglo :o~iedaa°es es na~10nes no eran ya, al cola n~ción de un¡ política de Ii~!~ut~sen aceptado totalme~te
surgido serios movimientos s . r ~e. En In_glat_erra habian
calistas y los comienzos el
oc1~ is as, orgamzac10nes sindiEstados Unidos se anun/· un s1sten;~ de seguro social; en
de ciertos tipo&lt;; de monopol\~ u~~ pdohtica d_e reg~~mentación
como respuesta a las
tp . a o Y de d1soluc1on de otros
concen raciones de pode p · d
•
a busos subsecuentes. en Alero . l
. r ~1va o y sus
había realizado eon'
h
~ma ª r~voluc1ón mdustrial se
,
mue as mterwnr1ones st t l
pa1s, de conformidad co
h. t .
e a a es, y este
tirado una polítfra pred~~,'¡~a~: oral c~iltural,. jamás ha pracses dr la industria rusa f
e e atssez _farre; algunas batralista y autoritario de 1~1;r~~r crra~as baJo_ el_ régimen cenllarse en el Si&lt;Ylo XX b ·
e~ . .'Y' eSt e pa!f; iba a desarrocentralista v a;torita.,r1·0 ªJyo fun reg~mI_e1~ social~sta igualmente
•
'
·
ll(' &lt;'11 ..., eXJCO · Q ' . . · '
que la época porfirista fu,
. . . ..
6 men rns1stma en
ma liberal de mercados lib:eusn mtelnto l~e desarrollar un sisteJ
•
•
.
Y no a a ianza de un d' t d
p oc,erosa Y arbitraria con el ca it 1
.
a ic a ura
mente poderoso y arbitrario? p a extranJero, a veces igualAun en los países o&lt;'cident· 1 d
, .
a es e mas liberal tradición,
funcionar bi&lt;'n la libre e
de iºs mayores deseos de hacer
como existía en la re l "dmpdresfa, os defe:tos del sistema tal
c
.
.
a 1 a , ueron obvios AlO'
d 1
e onom1stas mar&lt;Ymalistas hab'
d
.
bunos e os
graves: primero º 1
ian estac~do tres de los más
nómico en form~
~andes _conce1~trac1011es de poder ecogrado de desigualdad en ~:ºcfi:~~i P~~vaddos ;_ segundo, el alto
r1 uc1on el mgreso, Y, tercero,
Y aun entre personas poseídas

~!

•

�32

Algunos Aspectos del Pensamiento Económico del Siglo XX

..
. f d s crisis de desocupación. No fallas inestab1hdade~ Y, 1 epelit ª
defecto a los dos primeros.
taban los que atribman e ercer
. t
conómico en el siglo XX,
La historia del pensamien o el t de las distintas formas
,
•d
pues como re a o
podria consi _erarse, 1 • '·ntelectos sensitivos, conforme ~ ~us
en que reaec_1onaron. o~ ~
ontra el margina1ismo teorico,
propios ambientes historie.os_, et .. s dol capitalismo Y contra
v las mJUS icia ,
·
,
]
contra os d ef ec.tos . . d I siofo XIX Para unos, bastaran
la política d~ la.isse~ farre \or "realism~ en la teoría o en el
ciertos cambios hacia un ma. . l
el s1·stema. para otros,
bios parcia es en
,
,
1
método y a gunos caro
l t re-orientación teórica parecera
nada menos que una comp, e a ólo cambios radicales o el abansuficiente; y par_a otros ma~t ~sta remediarán sus principales
dono total del sistema capi a
defectos.
or ejemplo un Wicksell,
Al primer "rupo pertenecen, P .
l t ' ' hacia una
e
l d 1 d. ro y orienta a eoria
que investiga el pape e. me ·mportancia; un Keynes, que
dinámica que ~abra
~rece~~~ ~m caso muy especial \le su
acepta a teor1a neoc asica c p
t que se nie&lt;Ya aun a em.
, "
ral". un are o,
,
"'
propia teor1a gen( .. , "
la sustituye por una muy
plear la palabr3: ' ~it_ihd~~ per~e si ue describiendo el eq'?-ip arecida en su sigmficacion,dy ql · f y maximización rae10. .
é d
ociones e e eccion
.
hbr10 a trav s e. n
S
d Robinson que derivan connal · un Chamberlm y una ra. ed de competencia imper,
,
li tas de los merca os
.
•
ceptos mas re~ .s
. K . ht ue insiste en la importancia
fecta o monopo~ica; un . rug ' ~ los rocesos económicos, y
del papel que Juega el hem~o. ,e d li teoría de la demanda.
un Hicks, que ofrece u_na reV1sion
s ue creen, con W alter
También pertenecetb a tJe g[:~~stfcia\on compatibles entre
Lippmann, que la if erda y talmente formado por empresas
sí en un mercado u~ amen . s y muy limitadas de parte
privadas con intervenciones parcia1e
del estado.
,
arse a este primer grupo
También ten?nan,, q_ue agreg norteamericanos que creen
todos los "keynesianos , m~leses Y d. t el impuesto pro. 'b . , del mgreso me ian e
que la redistri ucion
f
. la continuación de una
gresivo Y los, ~astos ~e trans,?enciala amortiguación de las
vigorosa pohtica _anti-monopo{~fe{ anti-c-íclica, bastarán para
fluctu3:ciones mediante ~na p~li sistema y para eliminar, a la
garantizar progreso ~ v¡gor Cualesquiera que sean sus recovez, sus mayores. de ec os.
los economistas de este grupo
mendaciones par!iculares, tf dosn s temporalmente, con el sishan quedado satisfechos, a 11 mel o nciben pero siguen siendo
tema capitalista tal como e os o co
r¡do En el campo de
"intervencionistas" en mayor o m~or ~d o Íos autores de la
la teoría, muchos de ellos, como arr

1~

t

Calvin P. Blair

33

escuela de Estocolmo, son partidarios de una dinámica que
complementa la teoría estática más tradicional y le inyecta
un elemento de realismo.
Del grupo de quienes han querido d;i.r una nueva orientación a la teoría, se destaca el nombre de Thorstein Veblen.
En obstinado ataque, criticó irónicamente el método neoclásico
de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Insistiría Veblen
en que los neoclásicos estudiaban los factores de menor importancia con un método extremadamente limitado en sus aplicaciones, y recomendaba que la economía fuera una ciencia de
la evolución. Inspiró a un grupo de alumnos convertidos por
su influencia en empiristas que pretendían rechazar en gran
parte cualquier teoría; así como a otros heterodoxos a quienes
se aplicó la designación de "institucionalistas". También institucional fué el método de Commons, quien insistió en los
aspectos legales y tradicionales de las relaciones económicas,
un método totalmente distinto de la abstracción y deducción
de la teoría marginalista. En este grupo podrá clasificarse
algún día, posiblemente, a todo autor que pretenda analizar
con profundidad el desarrollo económico. Tenemos ya el ejemplo del historiador económico norteamericano Rostow, quien
ha mos_trado que se puede &lt;;ontinuar usando ciertos conceptos
keynesianos, y hasta neoclásicos, en aspectos del estu&lt;lio del
desenYolvimiento, pero que la comprensión del proceso requiere la integración en l.a teoría misma de elementos sociológicos,
psicológicos, y hasta técnicos, que se han congelado en el coeteris paribus de las teorías más tradicionales. Y, después de todo,
tno se acusó a Sombart y a Schumpeter de ser "sociólogos",
mas bien que economistas, cuando especulª'ban sobre el destino
del sistema capitalista? Ahora que el desarrollo económico
ha venido a ocupar el primer lugar entre los urgentes problemas actuales y en las teorías y doctrinas contemporáneas, es
muy probable que se borren algo, cuando menos, las fronteras
entre la economía y las demás ciencias sociales.
Los que han querido la desaparición del sistema capitalista
forman un grupo muy heterogéneo, con ideales muy opuestos.
En este grupo caben los socialistas que conciben una sociedad
netamente democrática, una sociedad en la cual hasta se puede
aplicar el análisis marginal tradicional, porque puede garantizarse el mínimo de las condiciones nec.e sarias para que se
realice el óptimo neoclásico. Tal es el esquema de Abba Lerner, por ejemplo.
Violentamente anti-capitalistas han sido los movimientos
comunista, fascista y nazista de nuestro siglo. En cuanto al
pensamiento comunista, puede decirse que no ha aparecido en

�Calvin P. Blair
Algunos Aspectos del Pensamiento Económico del Siglo XX

33

el mundo soviético ninguna contribución _teórica de gran importancia después de las obras de Lenin, y que las autoridades
rusas se han hecho responsables de la dirección ideológica de
todos los comunistas, hasta el punto de publicar un manual de
economía política que suele ser una especie de catecismo para
todos los fieles. Más fecundos estudios de Marx se encuentran
en el lado occidental de la "cortina de hierro". )Iarxistas no
comunistas, como Sweezy, por ejemplo, han hecho sus propias
contribuiciones creadoras conforme a la tradición del gran
socialista. Y entre los no marxistas, ha estado muy en boga
una nueva lectura y una nueva interpretación de Uarx. Schumpeter y la señora de Robinson se encuentran entre quienes lo
han presentado bastante favorablemente en cuanto a su metodología, aunque no en cuanto a sus conclusiones.

empirismo en la investigaeió d
.
ingreso nacional Y su dist .b ~ e los ciclos económicos, el
Y la motivación de los emri ució?, la concentración industrial
•,
presar1os y consu ·d
.
e1on de un teoría macroeconómica
. m1 ores¡ 1
. a ~par1desoe_upación; los estudios de lo qft ~xphca el equilibrio con
relaciones insumo-producto. las s tJos _de fondos Y de las
de las propensiones a eonsu' .
es imac1ones eeonométricas
dades de la oferta y la dem~~/ a ah~r!~r, Y de las elasticines a través de los multipl • d ' el anahsis de las fluctuaciola concentración teórica Y ~cl: ~:es Y l~s modelos de secuencia;
llo económico Y finalment/fc ica ~n os aspectos del desarrodios económi~os~sociales inte a creciente tendencia hacia estudades, las fundaciones y l grados en las grandes universieionales todas éstas y mue~s nuras organizaciones internauna o más de las gr~nde
~s ~ ras, son manifestaciones de
económico.
s con ien es modernas del pensamiento

34

El fascismo y el nazismo casi carecían de fundamentación
teórica coherente en materia económica. Es cierto que en Alemania hubo bastante semejanza entre la filosofía nazi y el
pensamiento de Sombart, pero éste no contribuía directamente
a la formación de aquélla; y en Italia, a pesar de algunos intentos de señalar a Pareto como uno de los precursores del
fascismo, tampoco se ha establecido una descendencia intelectual indudable. Estos sistemas eran ultranacionalistas, militaristas y expansionistas. TambiÍ'n eran deliberadamente anti-intelectuales. Ilacían panegírico del espíritu heróico, se
oponían al racionalismo burgués, tendían a una planificación
nacional, y hacían crítica moral del capitalismo. Sus fines no
eran los mismos que pretendían los socialistas y los marxistas,
y sólo tenían en común con éstos su desafecto al liberalismo
capitalista.
El pensamiento económico en el mundo no soviético (y
exceptuando las ya mencionadas filosofías nazistas y fascistas )
muestra en el siglo XX las siguientes corrientes principales:
la. Ilay un intento de sujetar el análisis marginal y su
modelo de competencia a una severa crítica y a una modificación; 2a. Cada vez se hace más hincapié en la investigación
emp~rica y en la cuantificación de la economía; 3a. Hay un
creciente interés por los aspectos macroeconómicos; 4a. Se
produce un desarrollo contínuo de los instrumentos de análisis
la estadística, la contabilidad social, la econometría; 5a. Existe
una tendencia a sustituir las viejas nociones de equilibrio por
nociones de la dinámica y gradualmente a sustituir ésta por
la noción general de la evolución; y 6a. Se hace visible una
tendencia hacia una integración de la economía con las demás
ciencias sociales. Las protestas ae los institucionalistas, el
desarrollo de las teorías de la competencia monopolística, el

En contraste con el si"l
d
.
O O
del siglo XX ha sido
pas~ ?, el pensamiento económico
. t
menos optimista y más
· t·
,
, .
escep ico o real is a; menos mecanicista
más dirigi~ta O intervenJo~~~aoremc~ mJnos determin~sta y
la aceptación cada vez ma
. a _ra1~ e_ estos cambios es
mental y la eonvicció~ d yor del criterio científico y experiprincipales problemas y ~ ~~e el ho~bre_ pue_de resolver sus
Y cierta renovación d¡ fe s~a ien esto implica cierto optimismo
zas sobrenaturales ni en ias
es una fe_ ~atalista en las fuerfuerzas naturales sino una f ec1ore~ eq~1hbradoras de ciertas
cimientos del ho~bre.
e en ª mtehgencia Y en los cono-

a°º.

El trasfondo de hech

h · t, ·

·

1m vez, reflejado estas nu~!a is ori~os que ha provocado Y, a

nómico es una época su s corrientes de pensamiep.to ecopor fenómenos de concent~::no,!nte tful!bulenta,__caracterizada
, con icto y cr1s1s.
Crece la escala de los gru
.
.
dad anónima desplaza al
pos_sociales_: la ~1gantesca soeiec~yos socios hubieran formiiJ¿~io propietar!o; el_ sindicato,
s~~lo, llega a ser una ·unidad coher:~~dagero imper10 hace '!In
c1011; el estado antiguamente débil de e reg~teo o negociaplazado por el estado .
o escentrahzado, es reem.
enorme y omnipres t
d
mismo, las anti.,.uas metró olis 11
en e Y, entro del
que suelen cubrir la mitad pd
/gªI! a ser las "megalópolis"
1
t~ Y hay una contíuua desvia:i,a ranJa eoSt e:! de un continencmdades. La concentración Jn de 1~ ¡.oblac1011 rural hacia las
d_e poder económico reclaman emogr~ ica y l_~ concentración
s~do ajena a la sociedad de nue ~na mtervenc1on que hubiera
c10nar a los grupos urbanos s s ~o~ abuel_os: hay que proporque, o no existían entre los erv1c10s socliales en gran escala
grupos rura es, o fueron propor-

�30

Algunos Aspectos del Pensamiento Económico del Siglo XX

cionados por los mismos individuos y familias, y hay que intervenir en las luchas entre los grandes intereses ecnómicos
para evitar, no sólo su propio daño, sino también el que podrían
hacer a otros grupos y a la sociedad en general.
En la escena internacional, surge un nacionalismo con frecuentes guerras en gran escala. El estado planifica, dentro de
las posibilidades, la asignación de los recursos para la realización de sus fines; se amplían los límites de la planficacóin,
y sus éxitos relativos en época de guerra dan a la vez la experiencia necesaria y la sugestión inquietante de una planificación de tiempos de paz.
•
En los países capitalistas se repiten las crisis financieras
y las depresiones que traen consigo prolongada desocupación
en gran escala, y ésta ya en una sociedad de asalariados cuya
alternativa a la ocupación es el hambre y la pérdida del orgullo y del adiestramiento. Hay que enfrentarse a la erisis
e intentar remedios; como el remedio neoclásico es la sugestión
de que los obreros aceptan un salario igual al valor del producto marginal, de su trabajo, fracasa el neoclasicismo, puesto
que este valor en numerosos casos, es cero. La situación reclama decisión y las decisiones, aun las no siempre a&lt;'onsejables, requieren nuevos datos, instrumentos y conceptos. Los
instrumentos forjados con anterioridad son puestos a prueba
en la práctica. A las exigencias de la crisis surgen respuestas
que pasan a ser nuevas aportaciones al pensamiento económieo.
En estas circunstancias escribe Keynes la obra maestra del
siglo XX, en la cual explica el desempleo, crea nuevos eonceptos para su análisis, aconseja la interYención en forma de
inversiones públicas, ·combate la reducción de los sueldos
monetarios v habla favorablemente de la eutana&lt;;ia económica
del rentista: Keynes tiene algo para todos y cada uno, y nace
una ''revolución keynesiana" en teoría y en política económica.
1'iientras tanto, triunfa el experimento soviético, y los
grandes estados una vez liberales se ven frente a un poder
que no sólo tiene potencia para rivalizarles en tamaño y en
acciones, sino que también presenta a los países atrasados un
sistema alternativo para la realización rápida del desarrollo
económico. La inseguridad creada por esta rivalidad constante
da lugar en estos estados a grandes presupuestos militares,
planes de ayuda militar, técnica y económica, y a una preparación interna que implica el mayor grado de intervención
que jamás se haya GOnocido en tiempo de paz. Para asegurar
la utilización óptima de las ayudas proporcionadas a otros
países, la nación para quien la sola palabra "planificación" ha
sido sospechosa, se ve obigada de exigir "planes coordinados".

Calvin P. Blair

87

Así, respo_ndiendo ~ l~s exigencias de la situación
sur~e el mtervenc1omsmo en la escena interna y mundial,
comienza a exportar.
hasta se
En una guerra que suele ser la únic
l
.
!~f;:s:~t~~1es 1e lo~ grandes países in~~~t~:r::
°
.
os os rmcones de la tierra, llevando consioo
1
r:di:tdi~~~f1~!r~Uea~?n C:racterísticas &lt;le SUS civiJizacione~:
lina y' el ubicuo ":ee i,~en os empacados y enlatados, penicila cultura industrial~ . Se_ d\ a conocer que estos frutos de
lo~ bienes_ no se reserv~~ :1~1u!~:::nrpresentativos, y que
ar1s~ocrac1a colonial extranjera El efee /ara el uso de °:11ª

~o:

::~~~:~

}~if:~~~~ f;

ra:d~~~ºase i;::: rsimbl;s· Miebntr~s. tanto, s~r~e e~
0
,
a su ers1vas de demo
· ·
Id
educación y oportunidad econ, . '
cracia, 1gua ad,
los países subdesarrollados lo o~1c_a, que suelen ~~spertar en
mericano ha llamado "u
q u~ astuto poht1co norteacientes".
na revo uc1on de aspiraciones ere-

!

�Alberto García Gómez / EL DERECHO INTERNACIONAL
Y EL MOMENTO SOCIAL Y POLITICO ACTUAL

QUE

el mundo atrav;esa actualmente
por una situación de inquietud y que vé hacia un futuro cargado de graves presagios, los que encierran la decisión del
hombre acerca de su propia existencia o destrucción, es cuestión que no escapa a la sagacidad de la persona menos informada.
El Dr. Antonio Prado Vértiz, conocido psiquiatra mexicano, ha dicho en reciente publicación que "en nuestros tiempos ha aparecido una enfermedad, cada vez más grave, que
pasando del individuo a la comunidad, ha ocasionado ya
cataclismos inconmensurables y parece llevar a la humanidad
hacia su fin. Esta enfermedad es la angustia que se manifiesta
por una intensa inquietud y por una constante tensión en el
individuo. Es una enfermedad psíquica que muy pocos hombres, quizá ninguno, haya dejado de sentir alguna vez, ya que,
por desgracia, vivimos en un mundo lleno de agresiones, de
egoísmo y de odio."
Estas palabras, que alguien podría tomar como reveladoras de un pesimismo fatalista, son, sin embargo, un reflejo de.,
la triste experiencia acumulada por el hombre, sobre todo en
la etapa posterior a la última guerra mundial, la que ha originado, no solamente esa angustia y ese pesimismo, sino toda
una nueva actitud frente a la vi~a, la que, como es natural,
repercute, entre otros órdenes, en las instituciones contenidas
en el Derecho Internacional; mismas que, según la observación de sus resultados, y en opinión de los tratadistas, no han
sido lo suficientemente adecuadas para prevenir las catástrofes que son las guerras, como uno de los ejemplos más elocuentes.
Obviamente, hay otras op1mones que analizando el momento actual no lo consideran en forma pesimista. En el acto
-

30 -

�40

El Derecho Internacional

de la inauguración de una estatua de Sir Winston Churchill,
que tuvo lugar recientemente en -Jn,glaterra, hablando el propio ex-primer ministro británico, a:nte una audiencia de admiradores suyos, entre quienes se contaban numerosas gentes
que acababan de otorgarle su ·voto en octubre pasado, para
que el gran estadista ocupara un lugar en la Cámara de los
Comunes, dijo el hombre que fué símbolo de la resistencia de
su patria, las siguientes palabras:
"El problema que confronta el Oeste en sus relaciones
con la Unión Soviética no es insuperable. Se ha logrado a la
fecha cierto importante progreso y las tensiones que nos han
venido causando ansiedad, se han suavizado gracias a las
reuniones entre los líderes del Este y Oeste, esperando que
tal iniciativa sea mantenida vigorosamente".
Frente a estas alentadoras palabras, salidas de la boca
de un hombre de la categoría de Churchill, -que ha sabido
conservar un optimismo salvador en medio de las peores borrascas--, se observa, no obstante, la reacción que hemos señalado anteriormente: la de esa nueva actitud del hombre frente
a la vida, la que se proyecta sobre varios campos, como en el
de la filosofía, en el del Derecho y, fundamentalmente, en el
sociológico, en todas sus múltipes manifestaciones.

•

La explicación de esa actitud, agregando las reacciones
apuntadas de post-guerra, puede básicamente encontrarse_ por
la peligrosa ubicación del hombre en un plano de dualismo
vitalista, o sea que con el apoderamiento y cási dominio de la
materia, se ha alej;,rlo de lo ético. Dicho esto en otras p_alabras:
su vertiginoso pro!;. Jso no está en relación .con su myel J?-Jral, del que es posible afirmar que ha segmdo una direccion
descendente en oposición al primero.
Sobre esta significativa realidad, el humanista norteamericano Lewis Mumford ha dicho: "El aumento constante
de los conocimientos científicos trae como consecuencia la
necesidad de un constante aumento de la disciplina moral. Se
ha alentado una técnica madura capaz de controlar el mundo
exterior, permitiéndole al hombre que ampliara sus potencialidades físicas, aunque se le ha dejado al mismo tiempo, en el
nivel de la niñez: lo cual ha resutado como poner dinamita en
manos infantiles".
En frase feliz, el Presidente de la Primera Conferencia
de Facultades Latinoamericanas de Derecho, ha condensado
la situación actual, al decir que hay "GIGA!\"TES NUCLEARIOS Y PIGMEOS MORALES".

"Albérto García Gómez

41

Pero si en el aspecto científico la mano del hombre ha
logrado_ po~tentos que sobrepasan la imaginación y ha perdido
la conciencia de lo hum.ano, ¿qué podría decirse .por ejemplo
en el aspecto económico?
'
'
.
Al_ despedirse el Pr~sidente López Mateos del pueblo norteamericano, en la _Sociedad Panamericana, en la ciudad de
~ueva Y or~, produJo estas palabras, que con sencilla elocuenc~a Y _r,eferid~s a nuestra América, pueden ser aplicadas a la
situacion social y política mundial.
"Estamos fu~damentalrnente unidos -dijo a sus anfitrion~s- por una. misma fe en la capacidad de nuestras democracias ( cuales~mera que puedan ser sus titubeos y sus errores)
par~ dar fehz ~xpresión a las aspiraciones del Hombre y de la
Sociedad. No siempre fueron tan cordiales y claras las relaciones entre nuestros países. Para comprendernos hemos tenido
que_ ".e~cer memorias de ag~avios p~sados y, sobre todo, los
preJu_i;ios que engendran la ignorancia y la arrogancia. Nuest~o_ dialogo, no exento de asperezas e incomprensiones al princ~p!o, se ha transformado. . . en una sólida amistad, franca y
vm~. •.. que ha sido posible porque se ha fundado en el reconocimiento leal de nuestras diferencias.
"La segunda. gue_rra mundial nos enseñó que, en el mundo
moderno, la conciencia de los pueblos también es un campo de
bata~l~. Al lado de las relaci?nes multilaterales, en las que
p~rbc~~an toda~ n_u~stras nacrnnes. . . y a medida que de la
d1scus1011 de prmciprns generales -en los que todos coincidi)I!,OS se pasaba al e~ámen ?e_ las situaciones concretas, especial1:1ente en matena econom1ca, se empezó a ver que, en
realidad, la _escena estaba ocupada por dos interlocutores. los
Estados Un~do~ y la Am_é:ica Latina. Estamos ahora e~ el
momento mas mtenso, cntico y decisivo de este diálogo.
_"Para qu~ la de~oc:acia encarne realmente y deje de ser
un idea~ escrito,_ es mdispensable que los hombres gocen ...
de u~ mv~l de vida supenor al acutal, que linda con la simple
subsistencia. -Es una cuestión humana y en el sentido más
alto Y vital, política. Si queremos defe~der a la democracia
debemos crear, economías sanas. Cierto que nos enfrentamo~
a ~úchos obstaculos_;. . . pero los latinoamericanos nos hemos
forJad~ en la adversidad; saldremos adelante si somos capaces
d_~ conJugar nuestros esfuerzos. En esta empresa, la comprens101;1 Y la colaboración activa y a largo alcance de los Estados
U=11d?s son una condición determinante y decisiva. y debo
~nadir, so~amente, que esa colaboración es decisiva en un
do ble sentido: para nosotros y para vosotros.

�42

El Derecho h1ternacional

"Más no creemos en las dádivas. Afirmamos que nuestros
intereses superiores -aquellos precisamente que se refieren
al valor y supervivencia de nuestras instituciones democráticas- son comunes y que deben ser el objeto de la preocupación colectiva de los Estados .Americanos. Los regímenes democráticos se enfrentan a graves amenazas; entre estos peligros figura el de la hábil utilización, por parte de la propaganda, de la situación de miseria y de atraso social existente
en muchos países del continente. No cerremos los ojos ante
una realidad que puede ser explosiva. Para hacer frente a esa
realidad, necesitamos la unión de todos contra la pobreza, la
ignorancia, la enfermedad y la desdicha ... "
Ahora bien, el Derecho Internacional, cuyo fin primordial es hacer permisible la vida de relación entre los Estados
y que nace de la tangible realidad de una comunidad internacional, como así también lo establece el tratadista Kunz, 1 al
afirmar que "nuestra comunidad internacional es, pues, una
creación estrictamente histórica, LA COMUNIDAD, originariamente, de los Estados cristianos europeos, que antes formaban la república cristiana centralizada. Por la misma razón,
nuestro derecho internacional es una creación estrictamente
histórica y europea, nacida para ligar los Estados soberanos y
cristianos de Europa. Y aunque desde la Edad Media la Europa
cristiana haya estado en contacto diplomático y militar con
las potencias musulmanas, con los árabes y después con los
turcos, la comunidad internacional queda restringida a los
Estados cristianos de Europa. Hasta el comienzo del siglo
XIX, los tratados de Derecho internacional tenían el título,
en la lengua diplomática francesa, de Traité du Droit International de l'Europe.
Esta restricción -prosigue el autor citado- a los Estados cristianos de Europa es lo que explica que todos los territorios fuera de Europa (Rors de Chrétienté) no sólo eran
miembros de la comunidad internacional, sino que eran jurídicamente terrae nullius, sobre los cuales los estados cristianos europeos podían establecer su soberanía. Comienza, desde
las últimas décadas del siglo XV, la enorme expansión europea en las Américas, en la India y en Australia. Y con estos
descubrimientos y conquistas, comienza también la expansión
del Derecho Internacional fuera de Europa. Primero, indirectamente; el Derecho Internacional aún permanece europeo,
pero estos nuevos continentes caen bajo el dominio del Derecho
como COLONIAS. Sin embargo, con la independencia de los
Estados -potencia de orígen europeo y cristiano, pero no
1.-Del Derecho Internacional Clásico al Derecho Internacional Nuevo.
Josef L. Kunz. Página 16.

Alberto García Gómez

43

e~ropea geo_gráfica~ente-, con la independencia de las repubhcas l~tmoamericanas, el Derecho Internacional deja de
ser excl1:1sivamente europeo. Con la admisión de Turquía
-potencia europea, pero no cristiana- a la comunidad intern_acional europe~, el derecho internacional deja de ser exclusivamente cristiano. ~urante la segunda mitad del siglo
XIX, ~l Derecho Internac10nal se expande más y más. Cuando
la Sociedad ~e Naciones entra en vigor en 1920, la esfera de
la competEIJ.cia ~el Derecho Internacional es ya casi universal
-o sea que en siglo XX, hoy en día, con las Naciones Unidas,
llega a ser absolutamente universal.
El Derecho Internacional de hoy es, pues, el derecho de
todos lo~ Estados soberanos de la tierra, existentes o futuros,
cualesqmera que sean su continente, su religión, su raza, su
lengu_a Y su, c?ltura. Pero esto_ no es una afirmación, de mera
necesidad log1ca, un razonamiento de derecho natural sino
una constatación del derecho internacional positivo de Í959".2
Con la anterior e~posic_ión, si bien no nos queda ninguna
duda respecto a la vigencia del Der echo Internacional sin
emba:go, no es posible tomársele como una panacea qu'e de
P?r si pueda resolver la grave crisis de valores y de instituc10nes, porque su eficacia o ineficacia en último extremo
depende del Hombre _mi_smo, y esto es 'un problema ajeno ~
la naturaleza de la disciplina jurídica internacional.
El reconocimiento del impacto científico de insospechados
alcances en to_dos los campos de la vida humana, no hace más
q~ie ~acer evidente que frente a la rápida evolución de la
c1encia, se desta~a !a decadencia moral del hombre y en otro
asp~cto 1 re~ultaria ilógico atribuir inutilidad a las tradicionales mshtu~io,n~s jurídic~s in_ternacionales, las que han presta?º su val!os1s1ma contribución en la ardua tarea secular de
Ir perfeccion_ando _la vida _de relación y de estrechar los lazos
de la comumdad mternacional.
. L~ iniciación de la e:a nu~lear y la conquista de los espacios siderales, para no citar. smo a los más recientes constituyen hechos_ que han atrapado al hombre con fuerz~ incontrolable_, debido a su colapso moral. Además ese avance ha
revolucionado principios y circunstancias qu~ afectan todos
lo,s _ordenes _de 1~ vida humana. Fuerte en el exterior, pero
debil en s~ mtenor,. esa fuerza puede volverse en contra del
hombre mismo Y amquilarlo. Vuelve a plantearse -en forma
totalmente nueva- la vieja cuestión del Derecho y la fuerza.
. Resulta imposible para el derecho internacional convertirse en la salvaguarda de valores que el hombre se empeña
2.-Ibld. Pág. 17.

��46

El Derecho Internacional

erpetua propuestas para formar una organización e~ro.pea.
~eron famosas las del Abate de St. Pierr:, Y el pe~ueno libro
d Kant de 1795. Pero todos fueron suenos utop1cos, _nunca
e
· 1omacia,
· Y menos aún realizadas ·
tratadas
siquiera por la d1p
El anhelo de una organización intern3:.cional, ,esta Y~z de
repúblicas latinoamericanas de lengua espanola, fue resuc:tado
por Simón Bolívar. Las ideas de Bolívar forma~ un eslabon. ~n
la historia de las ideas afines. De un lad?, estan en conex10n
con las viejas propuestas europeas, espe~ialmente con las del
Abbé de Saint Pierr e. De otro lado, Bohyar es un precursor,
en cierto sentido, de la Sociedad de Naciones y de sus desarrollos posteriores" .4
Conviene, sin embargo, aclarar algun?s p~ntos respecto
a las ideas del genial Libertador. 1\llto1;no Gome~ :ao~ledo,
en su acabado estudio "Idea y experiencia de A~enca , nos
dice que "la idea de la confederación está ya ... bien madura
y configurada en los escritos de Bolívar, y procede por !ª.~to
cobrar de ella, con apoyo directo _en los textos, ~ma clara v1sion.
Se ha dicho en incontables ocasiones que Bohvar es el padre
del Panamericanismo, r por más qu~ esto pueda ser :ver?~d
en cierto sentido, conviene apurar rigurosamente la Justicia
de semejante atribución.
"Son muchos los textos del Libertador en que _aparece co?
toda claridad la idea de la unión de los pueblos hispanoamericano&lt;; idea que tenía bien precisa en la mente por lo menos
desde' el año de 1810, cuando publicó un artículo sobre e.s,te
tema en el :MORXIXG CHROXICLE de Lo~dres, con oc~sio~
de la misión diplomática q~e le fue conferida por el p~i1!1-er
gobierno independiente de Caracas. Para nuestro proposito,
sin embargo, bastará con referirnos a la cél~bre Carta de
Jamaica escrita por Bolívar en uno de sus_~esherros, Y, en la
cual trata de nuevo el asunto con tal dom_nuo Y maestna q~e
es patente, como dicen Lockey, que ha dedicado a esta materia
largos años de meditación.
La Carta de Jamaica, del año 1815, la escribió B?lívar en
circunstancias que si fueron trágicas para él, han, s1qo para
nosotros venturosas, pues merced a -ella~ pu?o B?hvar expresarse con la más desgarradora y ant&lt;'•ntica ~mceridad. _Reducido el Libertador a la más extrema penur1~. c~n su yida en
constante peligro, y sin ninguna perspectiva mmediat~ de
salir de aquel destierro cruel a r eanudar _la ~uerra de mde:
pendencia, BolÍYar se sobrepone a ta:1~as m1ser!as para e~carar
serenamente el porvenir de la .A.menea espano_l~- Es_ta solo
y a solas, sin nada en torno suyo - poder, pohhca, diploma4.-Ib!d. PAg. 33.

Alberto García Gómez

47

cia, azares de gobierno- que le obligue a disimular en nada
su ideal político o a consentir, como más tarde, en que los
segundones lo modifiquen en tal o cual punto. Es una oportunidad única de percibir con toda limpidez su pensamiento.
La idea Bolivariana, pues, tal como allí se nos da, es la
de una unión de tipo confedera} entre las repúblicas hispanoamericanas, y no nos toca sino ponderar, con apoyo textual
en la Carta, lo que quieren decir esos términos.
Para la época en que escribe estas líneas, Bolívar ha encontrado ya el término medio entre la utopía del Estado gigante y la dispersión nacionalista, y uno y otro extremo son
enérgicamente rechazados. Hacer del nuevo mundo una sola
nación, sea republicana, sea monárquica, es imposible. Lo
impiden innumerables factores, tales como "climas remotos,
situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes ... " (en sus propias palabras) Si, pues, la anarquía ha de
evitarse de algún modo, no queda sino la unión: "Seguramente
la unión es lo que nos falta para completar la obra de nuestra
regeneración". Gon todo, en la hipótesis, ya descartada del
Estado continental, Bolívar apunta que su metrópoli tendría
que ser México, (en sus palabras) "que es la única que puede
serlo". Destacar esto puede hoy parecer una superfluidad,
pero un mexicano r ecogerá siempre con devoción esas palabras en que el Libertador dió testimonio, como en muchas
otras ocasiones, de la estimación y cariño que tuvo siempre
por l\féxico, "La opulenta México", primer país que conoció
fuera del ~uyo al iniciar los viajes de su adolescencia.
La unión además, debe ser entre repúblicas. "~o puedo
persuadirme que el nuevo mundo sea, por el momento regido
por una gran república, dice Bolívar, e inmediatamente agrega: "y menos deseo una monarquía universal de América".
Y vienen los párrafos en que, refiriéndose a los Estados singulares, expresa Bolívar sin r eticencias su decidida simpatía
por la forma republicana, para mantener a un Estado "en la
esfera de su conservación, prosperidad y gloria", al paso que
las monarquías tienen que derivar fatalmente al imperialismo
y a la a1:;-resión, y concluye : "Por estas razones pienso que los
americanos, ansiosos de paz, cien cias, artes, comercio y agricultura, preferirán las repúblicas a los reinos". Y en donde
expone Bolívar su idea sobre una organización internacional
general, se localiza en la parte final de la Carta de ,Jamaica
( que por algo -nos dice Gómez Robledo- ha sido calificada
de profética) en la que entrevió el Libertador, al lado de la
sociedad de naciones americanas, otra sociedad de naciones
universal, al hablar del "augusto congreso de los r epresentan-

�El Derecho Internacional

48

, .
. s e imperios" en cuyo seno habríates de las repubbr, r:~n~obre los alto~ intereses de la paz y
mos de "tratar y iscu ir .
de las otras tres partes del
de la guerra con las nac10nes
.
.,
todo el
d " Es evidente que la primera expres1011, y f. t·
mun o .
. .
ina licable a la pura an ic iocontexto, por cons1gmente, es
p n auardia Blanco Fomnía americana; Y por ~llo nos po~:n e a ~1enudo se hace- ]a
bona para no confundir -coml~ del congreso americano. y
idea de ese otr_o congreso. Jºn hecho de que Bolívar, en la
1
confirma esta mterpretac1011 e blea universal no en un fu.
siguiente línea, coloqu,e _esa Asam la americana sino en uno
turo más o menos prox11uo, l como labras de Bolívar- "en aldecididamente remoto - f i l as pa
. , ,, 5
guna época dichosa de nuestra regenerac10n .
Ah a bl·en ante el hecho sociológico de la guerra, coln. . t ro pan
l o' puesto. quP os
'd daor desde ' un nuevo y s1111es
s1 era
. •
ya del tipo conoelementos que la pueden constit~ir, no so1:1 . ra cu a nefasta
cido en la historia, como acontec10 en lda pnmec1·o'nes ydel globo
. . b'
t di, en aran es por
•
'
influencia s1 ien se ex e~ º1 ~ucho más amplios y se aplien la segunda, aparecen circu os
1 t~cnica militar, pero
can innovaciones trascendentales en a 1~
t s de lo que
en el caso que ~uera dable contempl!~er~! rf: ~ue no sería
que~ase ~1~ la tierra ~n la te!r~:iste esp~ctáculo sería un
cont111uac1on de
sedunda,,a la tumba del hombre, en el
campo }'.erámo, ca dcml aD~;1t~er; las del Apocalipsis, serían sólo
que las 1m gene~ e
.
un pálido refleJo del fm · · ·
· · que se observa
Atendiendo al clamor general de la e:1s1s
1 . nos
en el Derecho Internacional, "que constit~~e parp\r~ g:tros
.
d
.
ión o aun de desesperac1on, y
mot!vo de res1gnac a Puede decirse en consecuencia, que
motivo e esperanz .
l ' io Derecho Internaexiste confusión actualmente en e_ prop . l Ahora bien
cional y en ladcienciat
~:r:c::is~~te~na~c1;::a· comprenderl~
no hay duda e que a en
·'.
solamente una funes necesario compren~er iue des\:
e:otal en que se halla
c10n, una part~, unal ace ªa·edo del sic,lo XX e iniciación
el hombre ocCidenta a me ia s
º
'
de la era nuclear . ..

~ª-

ªt

c::r:fs

De la primera ~u erra brotó· ,:~e;r::bb~e efx:;fl:::i::t q~:
la Sociedad de Naciones,_ ql ue cto .
1 "siglo del progreso".
animara al progreso del s1g o an enor, e
Como es lógico, la crisis ac~ual, es produc_tol de la prpi!ei~
d
ra mundial Kunz, sena a, que
y de la segun, ª. guer
t
1 . esultados "El primero es
menos de la ultima, son res os r
.
'

5.-Idea Y Experiencia de América, Antonio Gómez Robledo, p .

¾

.

Alberto García Gómez

40

lo que pudiera llamarse "el fin de Europa", no en el sentido
de que no habrá más una Europa geográficamente hablando
ni los diferentes países de Europa. El "fin de Europa" quiere
decir que esta vieja Europa creadora de nuestra cultura occidental, que ha ejercido la hegemonía del mundo, política, económica, financiera, militar y cultural, desde los tiempos de
la antigua Grecia hasta 1914, ha perdido esa hegemonía. La
ha perdido, no sólo como consecuencia pasajera de la última
guerra, sino, según parece, para siempre. Si consideramos
que en 1914 de las ocho Grandes Potencias ( como así se han
denominado a los más fuertes, hoy se habla de los grandes)
existentes, seis eran europeas, se ve el enorme cambio de la
historia actual: pues hoy no existe ya ni una sola potencia
en la Europa continental, propiamente hablando; ni Alemania,
ni Francia, ni Italia. Y aun Inglaterra conserva su puesto
con máxima dificultad. Vemos al Imperio Británico ( cuyos
rugidos -refiriéndose al típico león- se escuchaban al otro
lado del Atlántico), que por siglos fué la potencia máxima,
el gran regulador del equilibrio europeo, cuya flota garantizaba la llamada "paz británica", desaparecer poco a poco
ante nuestros ojos. La Gran Bretaña, antes el país más rico
de Europa, vive desde 1939 bajo un r égimen de la más severa
austeridad" ; ha perdido la India y en otras partes del Imperio, su situación ha cambiado, en Persia, en Egipto, en
Malaya y en otros lugares. Es claro que un acontecimiento
tau trascendental como el "fin de Europa" en este sentido,
necesariamente ha producido una crisis en la política internacional.
La Europa democrática ya no puede alimentarse, armarse ni defenderse sola: depende de los Estados Unidos. La
historia mundial vuelve de Europa a América. Esta Vuelta
a la América, la hallaremos también en las Naciones Unidas"6
Lo anterior puede ser corroborado, al detenernos a leer la
declaración que hiciera el Secretario de Estado, de los Estados Unidos de Norteamérica, el General George C. Marshall,
en la Universidad de Harvard, el 5 de junio de 1947, que
diera lugar al famoso Plan Marshall, en la que en lineamientos generales dice: Nuestra política no va encaminada contra
país alguno o contra doctrina alguna, sino que está enderezada a combatir el hambre, la pobreza, la desesperación y el
caos. Su fin debe ser el de reavivar una economía productora
en el mundo, en forma tal, que permita el resurgimiento de
condiciones políticas y sociales en las cuales puedan existir
las instituciones libres . .. semejante ayuda . .. no debe de ser
6.-0p. cit. p. 57

�l'SO

El Derecho Internacional

simplemente una aportación parcial a las varias crisis que se
van desarrollando. Cualquier auxilio que este gobierno ( el
estadounidense), pueda ofrecer en lo futuro, debe tender a
provocar una curación definitiva, no a ser un mero paliativo.
Las necesidades de Europa durante los tres o cuatro años
próximos respecto a alimentos y otros productos esenciales
extranjeros, principalmente de los Estados Unidos, son muchísimo mayores de lo que es actualmente sµ capacidad de
pago, por lo cual debe recibir una ayuda adicional amplia,
porque de otra manera tendría Europa, que hacer frente a
una destrucción económica, social y política de muy grave
carácter ... Antes de que el gobierno de los Estados Unidos
pueda ir muy adelante en su esfuerzo para aliviar la situación y ayudar a que el mundo europeo se eche a andar por
los caminos que le han de llevar a la recuperación, debe haber
algún convenio entre los países de Europa para fijar lo que
su situación exige y la parte que tales países tomarán por sí
mismos a su cargo, para que cualquier acción que pudiera
desarrollarse por este gobierno ( el americano) tuviese el efecto buscado. Fué este famoso Plan Marshall, el que salvó a la
Europa occidental de caer en otras manos que no eran las
del mundo libre.
"Hay otro resultado: el fin del colonialismo. Y esto
no quiere decir solamente que la Gran Bretaña ha perdido
mucho de su imperio, los Países Bajos a Indonesia e Italia sus
colonias, o que Francia está en Indochina y en el Africa del
Norte ante el mismo peligro; quiere decir mucho más: que
los países asiáticos y aun los africanos no solamente quieren
su independencia, sino que atacan la cultura occidental, nuestra cultura que nos viene ·de la Grecia clásica y de la cristianidad.".
Por un momento pareció que a la hegemonía europea seguiría simplemente la hegemonía norteamericana. Se habló
de un "siglo norteamericano". Pareció que llegaban a ser
verdad las palabras de Simón Bolívar: "A la Europa perteneció el pasado, a las Américas el porvenir". Pero la historia
mostró que aun este análisis era incorrecto. Si los Estados
Unidos 50n hoy sin duda, la potencia más poderosa, no son,
como el antiguo Imperio Romano, la única, pues el tercer resultado de la segunda guerra mundial es la elevación enorme
de poder de la Unión Soviética. "El fin de Europa" y esta
elevación han hecho que hoy no haya más que dos grandes
potencias verdaderas, y ambas no sean europeas. Las únicas
grandes potencias verdaderas de hoy están separadas por un
abismo político e ideológico que hace difícil aun la cooperación cultual. Ilay entre ellas la llamada "guerra fría", que

Alberto Garcia Gómez

51

en Corea tuvo realización
f
pero se cierne el peligro d y que, ta ortunadamente, terminó,
ocasión sería ya atómica".1 e una ercera guerra, que en esta
La inquietud que señalába
l
· · •
ficarse, al observ~rse la crisis ;1os f prmc1p10, puede justinidad, en la revolución mÚit e v~ ores 9-ue sufre la humamento actual, que es totalmenªt: a/~-d~striall
de nu~stro roopasado en que la b b
. , s 111 ª ª o conocido en el
~irigid~s de un con~:ei~ed! h~drog;no { los proyecti~e~, teletiempos de paz y en ue
o r?, an echo su aparic1on en
social Y política debe\am~i~:sa;~fmente nuestra o~ganización
hecho antes de la utilización d.
o que este cambio debe ser
su empleo llegaríamos a la des: as. ~medvas armas, ya que con
ruccion e nuestra civilización.
Al desaparecer Europa
l' .
1
lo_ económico, se desencade~:: uº po It~co, en lo militar y en
tribuyen a la justificada alarm _nf serie l de_ ,hech?~ que conEstados Unidos; la roducci, ~ ·
re!o uc10.~ ~mhtar en los
supuesto militar de ftus· . 1 on mdustrial sov1ehca en el preteledirigidas en este p;~•pr~gresos_ nucleares y de armas
técnicos en la Unión Soviét1cae_n rnam1ento de científicos y
las grandes potencias. 1 t' ? e ¡roblema del desarme en
armas nucleares la u' a ecmca e la manufactura de las
automatismo, e~ el \se :c~ono es un secret~ ! el. problema del
fin, sería prolijo el sol~ h hde dla r~voluc1on mdustrial; en
pectos que encie~ra la sit ec -~ e s~nalar la multitud de asactual. No obstante l h uaron soCial y política del mundo
decisivo: i Las cadena: o l~mli~e tsed~ncuentra ante un dilema
era .

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ºf

Pese a la distancia en el tiem 0
actual se encuentra en trág.
p y. ~ que nuestro mundo
labras de Séneca, conservan icas /ncruc1_Jada~, _todavía las pael hombre las comprendiera su raganc~a origmal: Ojalá que
escribió• "Este
d
en su sencilla elocuencia cuando
Y huma~as es
qu~ ves y que encierra las cosas divinas
cuerpo. E~ nin ~a oso ros somos l_os miembros de un gTa.Il
dadera patria
extranJero el hombre. Su ver-

!1::1 ;

erel ~~;,

7 ,-Op. clt, p. 59

�Arthur F Smith /

EL ESTUDIO DE LA HISTORIA EN

EL SIGLO XX

CREO

que no hay nada más apropiado que empezar con la historia de los estudios históricos.
Como ustedes saben, los historiadores tienen pies de barro,
clavados en el sub-suelo de los hechos anteriores; no pueden
volar como los filósofos. Quizás por esto el historiador se
parece a la tortuga: no puede correr, ni discutir nada directamente sin acudir a los precedentes históricos. Así es que,
fiel a mi profesión, tengo que tomar el mismo camino. Espero que éste no resulte demasiado aburrido ( o lleno de baches como algunos caminos del país).
Como punto de partida, me gustaría hablar de la que
alg-unos historiadores llaman la "nueva historia'' del siglo XX,
o sea, la historia que emplee la metodología científica en el
estudio de los hf'chos. Como ustedes saben, la historia escrita
data de las primeras insc&gt;ripciones jeroglíficas, pero la verdad
es que la "historia científica" es casi nueva, es decir, que no
fué una verdadera ciencia social sino hasta el siglo XIX; con
anterioridad, la naturaleza de la historia escrita, con algunas
excepeiones, no difería esencialmente de la que tenía en tiempos de Heródoto. Los historiadores mezclaban la moral con
la biografía, la teología con la filosofía, la fantasía con la interpretación de los hechos. En general, sólo les intnesaban
los sucesos más emocionantes de la historia, política o militar,
y concentraron su admiración y su atención en los héroes y
en los villanos.

~1uy rara vez fueron en busca de hechos documentados y
sus interpretaciones históricas pasaron por encima de factores
como el económico, el religioso, el psicológico. Como trovadores, querían fascinar al público con una historia de trompetas y tambores. Si esta clase de historia tradicional ( que
es todavía la más popular), tiene una filosofía, es que los
héroes y los villanos hacen la historia.
-53-

�54

El Estudio de la Historia en el Siglo XX

Ahora bien, ¿ cuándo y cómo surgió la nueva forma de
historia T Es bien conocido que el espi(itu científico de Occidente hizo una ciencia de la astronomía en los siglos XV Y
XVI; en los siguientes, aplicó criterios científicos al estudio
de la física, la medicina, la biología, y finalmente al estudio
de la sociedad. Casi todas las llamadas ciencias sociales nacieron en el siglo XIX: la antropología, la sociología, la economía y la historia científica.
De las universidades alemanas salieron los hombres que
contribuyeron más para hacer una ciencia social del estudio
de la historia. En particular Niebuhr, autor de una Historia
de Roma en 2 volúmenes (1811-12) en la que proporciona una
nueva interpretación de la historia clásica basada en sus estudios críticos de la numismática y filología. Fué seguido
en sus métodos críticos por Theodor l\Iommsen quien también
hizo una reinterpretación de la historia romana; pero es quizá
Leopold Von Ranke, autor de trascendentales obras, entre
ellas La historia de los Papas escrita en 1834-36, quien mejor
merece el título de "fundador de la historia científica".
Von Ranke, por su ingenio, su energía, sus enseñanzas,
sus métodos y sus escritos, formó una generación de historiadores en Alemania que aplicaron los nuevos criterios analíticos,
tales como la objetividad, investigación original y evaluación
crítica de las fuentes de documentación. El ideal de Von
Ranke se resume en su famoso dicho, "wie es eigentlichge wesen" "los hechos descritos como acontecieron en realidad".
También en Alemania, y debido principalmente a la influencia de Von Ranke, se establecieron en las universidades estudios de post-graduados en historia, ·así como el sistema de
seminarios, profesores de planta de tiempo completo y el título de doctor en los estudios históricos.
La influencia de Von Ranke y su escuela de historia
científica se extendió a otros países. En los Estados Unidos,
por ejemplo, profesores que estudiaron en las escuelas de postgraduados de Alemania reorganizaron la enseñanza de la historia y el método de escribirla en las universidades de Harvard, Yale, l\fichigan y varias más. Tambíén, siguiendo el
ejemplo alemán, se crearon universidades que se dedicaror
exclusivamente a los estudios de post-graduados, como la famosa Universidad de Johns Hopkins fundada en 1876 (Thorstein Veblen y W oodrow Wilson estuvieron entre los primeros
estudiantes de aquella universidad) y la Universidad de Chicago fundada en 1890.
Francia también tuvo sus historiadores científicos : Fustel de Coulanges, autor de La. Ciudad antigua (1864) y la mo-

Arthur F . Smlth

numental Histoire des institutions politiques de l'ancienne
Fra~ce, 6 vols_, (1~75-92) y Henri Berr, editor de la Revue
de ~ynthese h1s~orique, ~on dos ejemplos. Lord Acton, directo~ de 1~ se~ie Oambndge Modern History, y J. B. Bury,
c?noc1do ~istonador de la época clásica, son dos destacados
eJemplos rngleses.

.i-\1 m~smo tiempo, se abrieron los archivos nacionales a
los histo~iadores en Francia, .Alemania, Inglaterra, España
Y el Vati~ano, Y se fundaron _revi~tas para dar expresión a
l?s ~~aba~os de los n~evos h1~toriadores profesionales. Es
~1gfificat~v o que_ la prrn~era, H1Storische Zeitschrift, fué funa !- en ..a.1e~ama ~n l~b9, la Revue historique en Francia en
187p, la En~lis~ H1Stoncal Review en 1886, la American Histoncal Review m 1895. Después, ya en el sio'lo XX se fund~ron muchas más como la Hispanic America: Historical Re

view (1918).

·

. El }1or~zonte de! historia~or, ~rofesiona~ era ya muy amP)~o. No solo estudiaba numismatica y la filología sino tamb!en la econo~1ía, la a~tropología, la sociología y Ías instituciones. No siendo posible que un solo historiador profundizar~ en todo, fu_é ~nevitable que, como los demás científicos
sociales! se ~speciahzase en una rama particular de la historia.
Las u~~v.ersi~ades crearon nuevas cátedras de historia como
la de lustona económica" que se fundó en la Universidad
de H_arva:d en 1892.. A principios del siglo XX aparecieron
las historias cooperativas como la serie diriaida por Lord Acton_ con la cooperación de expertos de cad~ rama de la historia. Esta es ?tra pr_ueba de que ya en el siglo XX un solo
hol'!l-bre no podia dommar todas las ramificaciones de la historia nueva.
. F?rzosamente, el historiador científico ha tenido que espec~ahzarse Y uno_ de _los resultados es que florecen nuevas
variedades de la historia. Por ejemplo la historia social que
&lt;'~ esta época moderna de ideales .democráticos y cambids so~iales,, causados Pº: 1~ revolución industrial, trasunta un vivo
mteres en el _conoc_im1ento de la gente común y su manera de
ser. La Social HIS~ry of the English People ( c. 1927) de
~.O. Trevelyan, ~a R1se ~f the Oity (1928) de Arthur Schlesmger so~ dos, eJempl~s ilustrativos. También se ha demostrado un_ mteres parecido en la historia de la cultura a base
d~ estudios q~e se. acercan a la antropología social, como por
eJemplo la Histona de España. y de la civilización española
(1900-11) de _R_afael Altamira, El otoño de la Edad Media
(1924) de Hmzmga y A Study of History 6 vols. (1926-39)
de Toynbee.
'
'

�56

El Estudio de la Historia en el Siglo XX

La historia institucional se originó en el siglo XIX pero
es mucho más evidente en el siglo XX. Refleja la creciente
complejidad de la vida moderna y un esfuerzo serio de his-.
toriadores, profesionales en mayor parte, para trazar la evolución histórica de instituciones que influyen o influyeron en
el desarrollo de la vida actual. Tales son las obras siguientes: Evol'ution of Parliament (1920) de A.F. Pollard, The Spanish Inquisition (c. 1912) de H.C. Lea, Feudalism (c. 1940) de
M. Bloch, The Encomienda System (c. 1936) de L. B. Simpson.
La historia intelectual es otra variedad que reclama un creciente interés. Desde la famosa historia de Lecky, History
of the Spirit of Rationalism ( c. 1870) un, mayor número de
historiadores profesionales se han dedicado a la historia de
las ideas tales como J. B. Bury (Idea olf Progress, 1921), C.
Becker (Declaration of Independence: A Study in the History
of Ideas, 1922), L. Zea (Historia del Positivismo, c. 1948), y
E. O'Gorman (La Idea del Descubrimiento de América, c. 1951).
Debido a los efectos de las grandes revoluciones comerciales e industriales de la edad moderna, y a la poderosa influencia de Karl Marx, la historia económica reclama la atención de casi todos los historiadores modernos, sobre todo en
los países altamente industrializados. Ya hemos visto que
Harvard fundó la primera cátedra de historia económica en
1892 y ahora patrocina la destacada serie : Studies in Business
Histcry. Otros estudios notables de esta naturaleza son In-

dustrial Organization in the 16th and 17th Centuries (1904)
de G. Unwin, Imperialism (1902) de J. A. Hobson, Economic
Development of France and Germany (1921) de J. C. Clapham
y Economic Deveiopment of Latin America (1951) de S. G-.
Hanson.
El creciente número de historiadores que se interesan en
la historia científica y técnica trasunta la urgente necesidad
del siglo actual de entender y evaluar el fantástico ritm0 del
desarrollo científico v técnico. El libro de L. Mumford, Technics and Civilization· (1938), el de H. Butterfield, The Origins
of Modern Science ( c. 1940), y el de L. Barnett, The Universe
and Dr. Etinstein (1948) son estudios de esta: índole.
La historia colonial no es nada reciente, pues data de la
primera ola de expansión europea del siglo XVI y ha seguido
desde entonces ocupando la atención de un creciente número
de historiadores, tanto en Europa, como en América. El mundo es más reducido en nuestros días y siguen despertando las
naciones "coloniales", causando así un interés aún más vivo
en la historia de las Américas, de Asia y de .A.frica: Como
consecuencia, destacados historiadores se han especiahzado en

Arthur F. Smith

57

esta !ª~ª de la _historia moderna, e. g. C. H. Haring, Spanish
E~pll'e m Amenca (c. 1938), K. Latourette, The Chinese, their
~1s~ry and Culture (1934), V. A. Smith, Oxford History of
India (1938), y H. Vinacke, History of the Far East in Modern Times ( c. 1940).
Quiero por último, referirme a los historiadores científicos 9ue ~e esp~cializan en la historia de la historia, es decir,
la historiografia. E~ un _hecho que se _debe principalmente al
gran aumento de historiadores profesionales en las universidades .. Conocidos historiógrafos son J. H. Robinson (The
Ne~ H1sto:y, 1913), ~duard Feuter (Geshicste der neuren Histonographie, 1911) y G. P. Gooch (History and Historians in
the 19th Century, c. 1930). Un ejemplo más reciente de esta
nat_uraleza es el de P. Stadler, Geshictschreibungun und Histonsches Denken in Frankreich 1789-1871 (1959) .
Es evidente que aparece el estudio de la historia como
una verdade:a cienci~ social, a principio del siglo XX bien
separa,da e mde~endient~ de la literatura, la filo!lofía y la
t~olo_~ia, y necesit~ndo siempre un mayor grado de especiahzas_10n. La rr_iagmtud del cambio es difícil de apreciar. A
mediados del siglo pasado la mayoría de los grandes historiado:es fueron todavía hombres públicos tales como Thiers
Thierry, Lamarti1:1e, Guizot y De Tocqueville en Francia, Dro/
sen, Sybel, Y ,Treitschke en ~emania, Carlyle, y Macaulay en
Inglaterra, Canovas del Castillo y Castelar en España Bancroft Y l\Iotley en los Estados ·unidos; o fueron homb~es de
let:a_s como el inglés Sir W alter Scott o el norteamericano
Wilham Prescott.
. En 1900, la mayoría de los grandes l;iistoriadores eran profes10nales entrenado~ e~ los métodos científicos quienes emp~earon todo~ los. criterios de la nueva metodología de estud!os de la ~istc:ia. P?r no mencionar más, servirán como
eJemplos Friedn~h Memecke de Alemania, Lord Acton de
Inglaterra, Henr1 Berr de Francia y F. J. Turner de los
Estados Unidos.
. , Es interesante notar que el año que se cita marca tarobien el apogeo de la historia científica de la historia estudiada
Y esc:~ta como si -~uera una ciencia natural. Después de 1900
ocurr10 ~na r_eac~10n., _En 1903 Eduard Meyer lanzó su Crítica
d~ la H~stona científica, y junto con Rickert, demostró las
diferencias _ent~e la ~etodología de las ciencias naturales y
la d~ la~ ciencias somales; Wilhelm Dilthey insistió en que
el hi~tor~~dor ?º p~ede ser completamente objetivo por su
constitucion psicolog1ca; Benedetto Croce y Huizinga afirma-

�Arthur F. Smith
58

59

El Estudio de la Historia en el Siglo XX

ron que la historia es !11-á~ arte qu~ ciencia. En In~laterra
Trevelyan en un libro mtitulado Cho la Musa (c_. 19~4), defendió los elementos de drama y poesía en la his~~ria. En ,
América James Harvey Robinson y Charles Beard diJeron qu,e
el historiador no puede ser neutral e indiferente C?mo :un 9-mmico, frente al estudio de la historia,. sino que la ~istori~ tiene
que ser útil e instructiva par~ la soc~e~ad. Al mismo ti~mpo,
Max Weber y Emile Durkheim sugmeron nuevas_ co;1side~aciones socio-antropológicas, y Sigmund Freud senalo la mfluencia del elemento de la sub-conciencia tanto en la mente
del historiador como en lo escrito en los documentos.
Hoy en día sigue la discusión_ ac~r~a de ~asta qué p~to
la histeria puede ser un estudio cientiflco-social ( es_la !11-isma
controversia que aflige a las demás ramas dJ las ciencias sociales como la ciencia política o la economia). E°: algunas
unive~·sidades se incluye la historia entre los estudios puramente humanísticos, como la literatura clásica, I?ero la !11ªyoría sigue incluyendo la historia entre los estudios de. ciei:cias sociales, al lado de la economía, la soci?logía Y la ciencia
política. En c?alq~ier cas~, se puede_ decir que en. general
las mejores umversidades siguen ensenando el estud10 de la
historia según las técnicas desarrolladas po_r Von :8an~e Y la
escuela científica del siglo XX. Los meJores_ h~storiadores
de la actualidad recoI).ocen los elementos subJetivos en los
escritos históricos, y sin embargo, quie~en conservar c?mo
ideales del buen historiador, en la medida ,q~e sea posible,
la historia objetiva, bien documentada y critica.
Ahora cabe preguntarse, ¿ cómo· ha c~mb!ad~ ~l papel del
historiador debido a la ·nueva metodologia cientiflca de estudio de la historia?
Es evidente que la fundación de nuev~s cátedras de h~storia, de estudios de post-graduado~, de t~tul?s ~e. maest~:,
y de doctor en filosofía. en ~os es~udios soc10-cientif~cos, e~ie,e
que el profesor de la ciencia social ya sea ec~nomista, historiador, antropólogo, etc., no sólo se de~empene_ como profesor de tiempo completo, sino que se dedi9ue a ci~rta rama de
su disciplina. En fin, el científi~o social, asociado C?n las
universidades, debe ser un profes10nal en todo el sentido de
la palabra.
Las mejores universidades que mantienen historüi.dores
profesionales, esperan mucho _de ~llos. C~mo ~n ~l caso de
otros científicos sociales el historiador umversitano por supuesto tiene que enseñ;r, pero _hoy en día no basta ser un
buen conferencista, por muy bnllante que se le suponga, el

concepto de la ciencia social exige que el historiador cumpla
con dos nuevos papeles: el de examinador, que lo obliga a
juzgar conscientemente a sus estudiantes, y el de investigador,
que lo compele a trabajar en la frontera de avanzada de los
estudios de su rama de especialización.
No sólo se espera que el historiador lea y se mantenga
al corriente de la enorme producción profesional de libros,
artículos y monografías, sino que se mantenga en contacto
con los expertos de su rama de las ciencias sociales, y además,
y esto es mucho más serio, que haga su propia contribución.
Es decir que el científico social debe justificarse por sus
obras; y si no cumple conscientemente con las exigencias de
su profesión, es dudoso que pueda progresar en la estimación
de sus colegas.
Debido a estas presiones que siente cada científico social
consciente, las mejores universidades tratan de liberar a sus
profesores de algunos problemas de enseñanza, para que dispongan de tiempo libre para dedicarse al papel de examinador
e investigador. En algunas universidades 12 horas de clase
semanales es considerado como la carga ~áxima posible, y si
en algunos casos el profesor tiene muchos compromisos como
investigador no dicta ninguna clase, o muy pocas.

A esta altura surge. quizá. una nueva pregunta: ¿ para
qué sirve la nueva historia? ¡, quién la lee?
Muchos historiadores pens'ando en la popularidad de la
historia tradicional en si~loc; pasados. lamentan que la nueva .
historia tenga hoy en día muv nocos aficionados entre el público en f'eneral. Pero la verdad es que rl lMtor común, como
es natural, en,,uentra la historia "científica", con su esufritu
cauteloso y objetivo y sus pesadas notas al pie, demasiad~ seca
y fría.
La expli&lt;'aci11n mÁs sencilla es que la nueva historia, a
diferencia de la histori;i tradicional. se escribe princiualmente
para un grnpo muy selecto de lectores no para el público en
gener-al y mu,,ha~ ve&lt;'es ~ólo con· el motivo rle cumplir con
reo11isito~ nrofe&lt;::ion:&gt;lrs. Con "Ontadas ex"epciones, los historiadores ",,ientífi"O'-" no alran7an al pnblico. ya que en conclusión. los historiadores profesionales escriben la historia
principalmente para otros historiadores ,mnque es evidente
que 11n grupo de lertores serios no hic;toriadores, tales como
estadiRtas. dinlomáti,,os, políticos v literatos no sólo lee la
historia cientüica sino que está influído por ella.
Mientras tanto, el tipo de historia que sigue leyendo el
público es el tradicional, heróico, épico, emocionante, de trom-

�· 60

Arthur F . Smith

El Estudio de la Historia en el Siglo XX

petas y tambores, como las historias de los héroes y hechos de
la segunda guerra mundial. Hablando en forma general, se
puede decir que la historia popular está escrita por _per~o,nas
no historiadores, quienes a veces deben mucho a los cientificos
sociales en cuyos trabajos basan sus propias obras.
El historiador científico parece demasiado inhibido para
dedicarse a redactar una versión popular de sus obras, y a la
vez se lamenta de que no lea su historia un grupo más numeros~; es el misn'io problema que tienen casi todos los científicos
sociales.
Pero hay excepciones notables. A veces surge un histo:iador que sabe combinar los métodos científicos con un don literario, como Trevelyan, Huizinga o Morison. El r~sultado es un
clásico histórico, una obra tan sólida como fascmante, y aunque no sea leída por el público en general tiene universal aceptación dentro del mundo intelectual. Aquí es donde el arte
supera a la ciencia social. Huizinga en su gran obra El Otoño
de la Edad Media comienza así, con espíritu de artista:
"Cuando el mundo era medio milenio más joven,
tenían todas las cosas formas externas mucho más
pronunciadas que ahora. . . Todas las experie~cias
de la vida conservaban ese grado de espontaneidad
y ese carácter absoluto que la alegría y el dolor
tienen aún hoy en el espíritu del niño. Todo acontecimiento, todo acto, estaba rodeado de preciosas
y expresivas formas. . . Las grandes contingencias
de la vida- el nacimiento, el matrimonio, la muerte- tomaban con el sacramento respectivo el brillo
de un misterio divino. ·Pero también los pequeños
sucesos -un viaje, un trabajo, una visita- iban
acompañados de mil bendiciones, ceremonias, sentencias y formalidades".
Como Huizinga y Croce, creo que lo mejor de la historia
escrita se acerca al arte.
Ahora que he entrado en terreno filosófico quisiera hablar acerca de una pregunta que me parece tendrá interés
para ustedes. ¿ Cuál es el significado filosófico de _la h~storia 1
Es ésta una interrogacióu que, según algunos histon~dores,
no tiene respuesta porque según ellos depende de la ideología del historiador mismo, del sentido que quiera dar a la
historia. Por lo tanto varía no sólo según el individuo sino
también según las cir cunstancias y los tiempos. Sin embargo,
aun historiadores modernos de posición relativista como G.
M. Trevelyan y Charles Beard, que no e~contraron en el es-

61

tudio. de la hist?ria _ningún patrón filosófico, dirían que el
estudioso de la_historia en el siglo XX no puede soslayar este
problema sencillamente porque el hombre siempre trata de
resolverlo.
'

'

.'

Es cierto que muchos escritos históricos tales como la
historia que glorifica la patria y agrada y di~ierte al pueblo.
no tienen sentido filosófico, o si lo tienen se basa en los firme~
instintos de cada pueblo. Es posible mencionar otras "filosofías" de la historia que no son filosofías en el sentido más
formal de la palabra, sino que representan en cada caso un
punto de vista diferente acerca de lo que significan los estudios his!óricos para e_l _hombre, y los usos a que se prestan.
qroc~, al igual que Hmzmga, pensaba que la historia es una
ciencia social p~ro débil, sin reglas muy fijas, que más bien
parece arte, o literatura. Collingwood comparte esta idea en
su The Idea of Hi:story (1946) .
.
Ahora bien, los escritos históricos que mas reclaman nuestra atención son los que exponen teorías cósmicas acerca del
significado _d~ la_ historia. No me propongo discutir aquí todas_ l~s ram1ficac10nes de las filosofías cósmicas, sino que voy
a limitarm~ a dos co_ncep_tos básicos que siguen repitiéndose
en el estud10_ d~ la historia: En primer lugar la idea de progreso, o movimiento, o destmo, y en segundo la idea del ciclo
o de ~os gran~es momentos de la historia. Casi todas las espec_ulaciones senas acerca del significado de la historia son parientes de estos dos conceptos.

?e

. La idea
que la historia manifiesta el progresar de una
s?ciedad hacia una meta predeterminada es quizás la más antigua y la más común de las "filosofías" de la historia. Es
en el fondo, un concepto religioso y envuelve la idea de un~
raza o una sociedad escogida. Tal el Antiruo
Testamento la
6
historia del difícil camino de un pueblo esco gido la raza judía
hacia la tierra prometida.
'
'
La historia cr~stiana e_x~one la misma filosofía, sólo que
en este caso la sociedad cristiana es la escogida San Ac,ustín
en su. Civ~tate Dei y Orosio, su discípulo, autor de Siete Libros
de histona contra los paganos, que la historia está movida
por la voluntad de Dios a su fin predestinado • en este caso
desde el reino terrenal al reino celestial en dond~ los cristiano~
encontrarán su eterna salvación.
La historia cristiana reclamaba ser universal o católica.
Bossuet, el brillante obispo ,francés del siglo XVII autor del
~iscn:so sobre la historia universal, fué quizás el ú'ltimo gran
historiador que sostuvo la naturaleza y el destino universal de

�62

.-\rtlmt• F. Smlth

El Estudio de la IDstoria en el Siglo XX

la historia cristiana. Bossuet, al igual que s.an .Agustín, .soste~a
que el imperio Romano había sido el último de lo~ imperios
terrenales paganos, y que la historia ~e esta_ba m~viend? providencialmente en su fase final hacia , el. imperio espi:1tual
cristiano. Pero esta filosofía, caractenshcamente medi~val,
no tomó en cuenta las civilizariones fuera de Europa occidental y en el siglo XVII, siglo de las luces, cua~d?. con:ienzaron
por parte de los europeos los estudios de civihzaCI?nes no
cristianas como la china o los americanos precolombia~os la
teoría de '1a historia cristiana universal quedó desacreditada,
como tal.
Suraieron entonces, siglo'l XVIII y XIX, n~evos conceptos
del pro¡?~eso histórico, no espiritual sino material. Hombres de
disposición filosófira como Condorcet, Comte Y Buc_kl~ ?e~;
saron que era posible encontrar. "le~es de progreso historico ,
romo las leyes físicas en las ciencias naturales. Ta_nto para
ellos como para otros destacados historiad_ores. del siglo XIX
como Thiers, Guizot, Acton y Bury, la ~1stona revel~ba un
progreso o un movimiento, a veces muy 1~regular, h.aria una
vida más libre. más demorrática y más racional. ~l siglo XI~
fue el siglo del ootimismo histórico. Aun 1~ teo:1a de Darw:n
de la evolurión bioló!?ica. y de la sobrevivencia de los ~as
antos ayudó a respaldar la idea. Herbert Spencer exnositor
del p~sitivismo, enunció ll'lÍ el dogma ~e progreso: "El pro!?reso no es un accidente, sino una necesidad. Lo que llamamos
mal e inmoral tiene que desapare&lt;;er. Es segl~ro que el h~1!1hre tiene que perfeccionarse ... , siempre hacia la perfecc1on
es el gran movimiento".
Si bien H egel (1770-183~) to~ó e_n cu~nta .la naturaleza
antagónica de la historia (tesis, ant1tes1s y smtesis, Y d~ nue o
tesis, etr.), y su aspecto c·íclico, en el fondo, su filosof1a es a
misma idea de progreso a la perfección huma~a en,este mun~o.
Puede decirse que en sus ensayos sobre la, f1losof1a de la historia traza una espiral ascendente a trave~ de los tre~ ~randes períodos de la historia universal: el onental, el clasico. ,Y
el germánico. En el último, el .estado lle~ará, a_ su cons~macion
y el ciudadano a realizar los ideales casi ~nshc?~ de libertad,
arte V reliaión en la medida en que se 1dentif1quen con la
gran ·sociea"'ad que constituye el estado moderno.

1

Marx y Enaels tomaron la idea de la dialéctica históric~ de
Hegel y forja~on el concepto que los historiadores co~u3;1s~as
aplican hov al estudio de la historia: que p o~ una dia~ech~a
no filosófi~a sino material ( es decir, e_conÓ?Jic~) la ~1st~r1a
progresa por las luchas de clases a la victona final e mevita:
ble del proletariado industrial.

..

(J3

El segundo concepto básico acerca del significado cósmico de la historia, la idea del ciclo o de momento, de grandna y decadencia en la historia, es una teol'ía casi tan antigua
&lt;:orno la del movimiento progresivo. Los pensado1·es más prqfundos del mundo dási&lt;·o t&gt;xpl'esaron qur la historia era un
proceso cíclico sin fin. .A ristóteles suponía que había habido un sinnúmero de eivilizaciones anteriores qu&lt;• perecieron después de su époea de grandeza. 'l'ucídides tambit'-n
fue partidario de la idea cícliea, así como los historiadores y
pensadores romanos. El estóieo :Marco Aurelio escribió quc"el alma racional contempla las destrucciones y naeimientp::,
pet"ióclicos del universo y reflexiona que la posteridad no '"ª
a Yer nada nuevo.
La idea del ciclo sufrió un eelipse con el triunfo de la historia &lt;:ristiana a principios de la edad media, como ya hemos
visto. Por casi un milenio el concepto del progreso divino desplazó al del ciclo. Pero con el r enacimiento se restauró la idea
clásica a través de humanistas como Jean Bodin (1530-1596)
y Giovanni Vico (1661-1744). La idea de Vico, expuesta en
su Derecho Universal, de que la evolución histól'ica se divide
en tres períodos: divino, heróico y humano iba a influir mucho en futuros pensadores como Comte. Desde Vico, la teoría
eíclica tomó su forma más optimista, sobre todo en el !-iglo
XVIII. En vez de utilizar la teoría para explicar la decadencia, los pensadores ilustrados la utilizaron para explicar la
grandeza de la época de la Ilustración . .Así es que Voltaire en
su obra La. edad de Luis XVI (1753), decía que, hasta aquel
entonces, sólo había habido ( cuatro épocas de grandeza) en
la historia: La griega, la romana, la renacentista, y, descfo
luego, la Ilustración.
Xietzsche, el filósofo alemán del siglo XIX, también compartió la t eoría cíclica de las grandps épocas ele la historia:
creía, junto con muchos pensadores alemanes de su siglo que
tocaba a Alemania ser el centro de la civilización y la cultura.
En el siglo XX, por contraste con el optimista siglo XIX,
la teoría cíclica ha tomado un sentido mucho más pesimista.
Ya antes de la primera guerra mundial H enry .Adams, historiador americano, influído por los últimos descubrimientos
de los físicos y su propia desconfianza en la democracia quiso
aplicar la segunda ley de la termodinámica a la historia, sacando la curiosa conclusión de que el universo estaba perdiendo energía y las civilizaciones también. .Spengler, después de
la primera guerra mundial, influído probablemente por la
derrota que sufrió .Alemania y las leyes biológicas de apogeo
y decadencia, formuló su tesis de la decadencia del Occidente
(]919) .

�6-i

El Estudio ele la Historia en el Siglo XX
Arthur F. Smith

Por otra parte parece muy natural pensar en ciclos históricos. ¡ no es cierto, acaso, que todos y las plantas nacen,
crecen, se reproducen y mueren? En tiempos más recientes,
Toynbee, el muy conocido historiador inglés, en su gran Estudio de la Historia, que comprende 22 culturas distintas, también llegó a la conclusión de que el Mundo Occidental está
decayendo, no por razones biológicas sino por razones culturales. La idea de la decadencia del Occidente, después de la
segunda guerra mundial, está muy difundida, y hay no pocos
historiadores y filósofos que miran al pasado con nostalgia.
Parece que tanto hoy como en los tiempos clásicos, épocas de
crisis y miedo, la edad de oro se busca en el pasado, lo que
hace que en esta época atómica, se hable mucho de la restauración de la unidad cristiana.
Afortunadamente, a mi parecer, hay una saludable diferencia de opinión en las "filosofías" de la historia en nuestros
días. Una escuela de historiadores que pretende ser más realista y pragmática, a la que pertenecen el inglés Carr, (Tbe
New Society, c. 1950), y el americano 11uller (The Uses of the
Past, 1952) entre otras críticas el pesimismo cósmico. Según
este grupo, ninguna teoría cósmica puede sostenerse de acuerdo con los hechos bien estudiados de la historia. Afirman que,
tanto la teoría del movimiento progresivo como la del ciclo,
se sostienen sólo por deshechar los hechos que no son consistentes con las mismas, como sucede en la historia marxista de
nuestros días y en los estudios de las culturas en decadencia.
Estos mismos historiadores niegan que se encuentren o se
repitan patrones fijos en la historia. Admiten que se encuentran
por todas partes configuraciones· evidentes, pero no se encuentra un patrón regular. Por ejemplo, tomando el concepto
de las edades de oro, los "cíclicos" limitan su enfoque en especial a las bellas artes. Pero si fueran a tomar en cuenta el
desarrollo político, económico, industrial y científico es evidente que el criterio para medir la decadencia tendría que ser
mucho más amplio. Inglaterra tuvo su edad de oro en la literatura durante el reino de Isabel I en el siglo XVI, tuvo una
edad de oro en la ciencia en el siglo XVII, asociada con los
nombres de Newton, Harvey y Locke, logró plena gloria imperial en el siglo XVIII, tuvo el predominio industrial y
comercial en el siglo XIX, junto con otra época dorada de la
literatura y en el siglo XX está entrando en un interesante
experimento socio-económico que, según el historiador Carr,
será la meta para otras sociedades democráticas industrializadas. Las historias de otros países como Alemania y Francia
siguen configuraciones parecidas.

• •

63

.
Seg_únd.ebste concepto de la historia, no sólo es posible sino
impresc~ .i_ le .~nfrentarse con la realidad presente v p
que la c1v1hzac1on sea dinámica sembrar de nuevo
• ara
en• ot J·_os f rent es, cada vez que ello
' sea necesar. C .Y avanzar
.1d
1.ter1? ~?n ~l, de _Alfred :N'orth Whitehead,
qu~~: :e:J~~
l e1 a c1v1bzac1on siempre ha sido una aventura en busca de
o nu,e~o eterno Y no un estancamiento estable cómodo
~o~m~hco, Y que el sent~do de crisis, incertidumb;e y curiosI, a s1em~re ha ~aracter1zado a las edades de oro como a las
epocas mas creativas de la historia.
.

r

J~·

Po~ último, conviene decir que debido al desafí f 'd
por la mterpretación d l hi
.
o o rec1 o
t t lit .
. e !1- st_or1a por parte de las teorías
cªa t~ias y a
~onc1enc1a social despertada por las c,uerras
~ 10~ ~conomicos de nuestros días, un creciente ~úm ro
~:m~ist;ri~do_rets de Occidente, de todas las escuelas del p:n.
en o ms1s en con más frecuencia en que la hist .
~uede se: puramente objetiva o relativista sino qu~ri~e:~
c:l~~~il~~ar rn pap~leduca~vo, poniendo de relieve los valores
de I
l Y. ?s ~osl1 es cam_mos del porvenir. Este es el punto
ll a evo uci?n , e_ os est~dios de hechos históricos a que han
e~addo los científicos ~oc1ales en que se transformaron los hist oria ores de nuestra epoca.

y°

!ª

�..

Agustín Basave Femández del Valle , LAS PRINCIPALES
CORRIENTES FILOSOFICAS EN EL SIGLO XX

)Ii propósito primordial, en esta c•onferC'ncia, no es el de
presentar un cuadro completo de las N,cuelas y de las filosofías
de todos y cada uno de los filósofos de nuestro siglo, sino el
de ofrecer las grandes líneas direl'trices del pensamiento filosófico actual, en sus principales corrientes.
Dentro del área occidental, el siglo XX inaugura, en filosofía, una nueva etapa. Ante todo, la filosofía de nuestro
tiempo se caracteriza - según la expresión casi unánime de
sus más agudos observadores- por un sentido de "respeto"
frente a la realidad en sus distintos planos y C'n toda su complejidad y riqueza. Esta nueva actitud ha hecho creer, a no
pocos intérpretes del pensamiento actual, que estamos frente
a un "nuevo empirismo". Asistimos a la renovación de la ontología y de la metafísica, pero de una mC'tafísica -como
apunta Heimsoeth- "a título de teoría de la realidad" que
hunde sus raíces -agregaríamos nosotros- C'n el suelo nutricio de la vida humana en su experiencia integ-ral. Antes
de elaborar cualquier construcción espC'culativa, se empieza
por describir analíticamente lo mostrable y lo probable, en
los dominios de lo constatable, para procedC'r, después, a investigar -de modo radical y profundo- los temas de la
ontología con todas sus regiones, categorías y estructuras.
Se pretende evitar, a toda éosta, las explicaciones apresuradas o insinceras. Hay un gusto peculiar por el moroso detenimiento en la pluralidad de formas y esferas ónticas que la
realidad ofrece, dejándose determinar -de modo objetivo,
absoluto y neutral- por las cosas mismas. El mecanismo de
pasadas centurias ha sido sepultado en el panteón de las doctrinas filosóficas, reinvindicándose las peculiaridades de la
existencia humana - psique y espíritu- en todos sus planos.
El hombre en situación y en circunstancia, -y no el bípedo
implume de algunos racionalismos- constituye el tema de
67

�.\g11stín Basa\'e Fe1·nández del Yalk

Las Principales Corrientes Filosóficas en el Siglo XX

nuestro tiempo. Al lado de la antropología filosófica, la filosofía de los valores, en estrecha relación con la filosofía de
la cultura y con la filosofía de la historia, ha adquirido también un auge extraordinario y es motivo de ocupación y de
preocupación en muchos sectores del pensamiento contemporáneo. Nuevas concepciones de la ciencia de la naturaleza han
puesto en crisis muchos conceptos de la ciencia clásica y, por
consecuencia, de las cosmologías levantadas sobre las conclusiones de dicha ciencia. Pero la filosofía del siglo XX no se
reduce a los aspectos metódicos, ontológicos, antropológicos y
axiológicos antes esbozados. Nacida en un ambiente de drama
parte de esta filosofía pone en primer plano nuestro drama
y nuestra angustia, nuestras situaciones espirituales.
Más que de filósofos egregios, que ciertamente no son
escasos en nuestro siglo, quisiera hablar a ustedes de corrientes, de escuelas, de actitudes filosóficas. l\fe ha parecido prudente destacar, de entre ellas, las que presenten, a mi juicio,
mayor vigor y fuerza creadora, rasgos más peculiares de este
siglo y un radio de influencia nrás vasto. Fenomenología, Filosofía de los Valores, Empirismo Lógieo, Nueva Ontología,
Vitalismo y Existencialismo serán objeto, por nuestra parte,
de una especial descripción y valoración. Describir y valorar
estos esfuerzos de conquista filosófica, ha sido la tarea fundamental que me he propuesto en esta conferencia. Pero no
se trata de una simple descripción material o exterior, de una
pura descripción fenomenológica, sino de una exposición -por
dentro- y de una crítica. Al enfrentarme en carne viva con
la problemática filosófica: de las _escuelas o corrientes expresadas, no he querido reducirme a la mísera situación de un
puro historicismo o de una pura reseña de nombres, obras y
doctrinas, sin el hilo conductor de una sana toma de posición
personal. Otra cosa no me parecería digna.

FENOMENOLOGIA.
Edmundo Husserl, que concibe la filosofía como ciencia
estricta y rigurosa, pretende constituir una ciencia carente
de todo supuesto. Sobre esta ciencia fundamentante de las
demás, no puede morder la duda. Su método es el descriptivo.
"Zu sachen selbst !" (a las cosas mismas), reza el lema de la
escuela fenomenológica. Hay que inventariar -no interpretar- las cosas que se nos presentan (fenómenos). Pero estas
cosas (o datos), a las cuales debemos de atenernos, son esencias de la conciencia pura. Ver el automóvil que guío significa,
para mí, estar en una relación con él a través de una vivencia
perceptiva. Todos los objetos se nos dan en modos de conciencia. La actitud fenomenológica será, en consecuencia, una

.

\

a~titud reflej! o refle~va. Lo ~nico que interesa, al fenomenologo, es !a 1111!1-anenci~ del suJeto. La realidad que trasciende a la vivencia, las_ mstancias objetivas, no importan. El
mu;11do qu~~a suspendido y la realidad es puesta entre paréntesis ( epoJe)
quedarse con la corriente vivencial pura.
Tremendo sacrificio que no aceptarán algunos discípulos heterodoxos: tal es el caso de Heidegger, por ejemplo.

P.ª:ª.

Existen, para Husserl,_ dos clases de ciencias: las fácticas,

~~1~, descan,~a~ e~, la expenencia sen~ibl~, .Y las eidéticas, 0 de

'i~•on del eidos , que operan con mtmc10nes esenciales Las
primeras ~e basan en las segundas porque todo hecho entraña
una ese~cia. La feno1!1en?logía es ciencia eidética que describe esencias de la c~nc1en?ia ~~ra. Prescinde -epojé históricade t~~as ~as, ~octrmas fllosoficas. Pone . entre paréntesis -re~ucc1~n e1detica- la existencia· individual del objeto que se
mve~tig~, para quedarse con la referencia intencional de la
conciencia :p~ra al obj_eto intencional. Es preciso distinguir
entre lo noeit1co (el obJ~to, con, todos sus elementos perceptivos, tal como me _1m~res1ona) ; lo noemático (lo mentado idealmente) ; Y_lo_ ent1tat1vo (que se pone entre paréntesis). El yo
fe~ome_uolog1camente r educido, el yo puro, no es una vivencia
mas, s1;110 el ~entro de imputación de todas las vivencias
~uscepti?le de mcrementación histórica. Descubierto el núcle~
1
n :e~uctibl~
la conciencia, el fenomenólogo se aplica a descr1bn: emp:nca~ente los contenidos mentales (noemas y sus
relacio;11es mtenc10nales), sin escudriñar la realidad extra-mental. M~ent:as el método fenomenológico se ha mostrado extra?rdu~ariamente f~cundo para la filosofía contemporánea,
el 1dea~1smo hu~serliano -que no se sigue como resultante
necesano del metodo expuesto- encuentra en su estructura
Y 'desarrollo, no pocas dificultades.
'

?e

LA FILOSOFIA DE LOS VALORES
.Aunque las direcciones actuales de la filosofía de los valores so~ d_e lo más diverso, cabe, no obstante, extraer algunas
?ªr~cter1s~1cas generales: a )·. Los valores reposan en la nomd1ferencia del mundo; b). Son objetivos, pero sólo cabe
mostrarl_os, no demostrarlos; c). No son entes sino valentes
q_ue adhieren a la~ cosas; d) . Son extraños a la cantidad, al
tiempo Y al espacio; e). Todo valor tiene su contravalor ( estructura polar) ; f). Tienen jerarquía.
. , La axiología_ ha intentado poner ante nuestra considcrac1on un mundo 1gnorado1 rico, fecundo, como el mundo del
ser, pero que n_o es real smo virtual ... El intento es O'randioso aunque falhdo.
b

�70

Las l'rinrl¡lales Co1•rient&lt;'s Fllosóticas en el Siglo XX
.-\gustín Basave Fernández del Yalle

Las más recientes investigaciones axiológicas han puesto
de relieve lo infundado de la dicotomía ser-valor, que en su
expresión scheleriana nos asegura que el valor no es sino que

vale.
Fundándose sobre la teoría de la experiencia fenomenológica de Husserl -opuesta a la experiencia construída, científica o vulgar- Max Scheler hace hincapié en la experiencia
inmediata de las esencias extratemporales (Wesenheiten) o
intuición (Wesenschau). Trátase de un positivismo de las
esencias directamente presentes y encarnadas en los objetos
reales del mundo temporal. Estas cualidades inmediatas e
irreductibles (valores) se encuentran desprovistas de significaciones intelettualcs y son vividas en la experiencia emotiva que posee sus intuiciones propias. Los actos específicos
de preferenc&gt;ia y de repugnancia intuitivas -esencialmente
variables- nos dan el grado de elevación de los diversos
valores bipolares. Es evidente, para Scheler, que se puede
establecer, a priori, un orden único de los valores con la siguiente jerarquía: el rango inferior corresponde a los valores
de Jo agradable y de lo desagI'adable ; siguen después los
valores vitales: bienestar, prosperidad y valores económicos;
viene después el rango de los valores espirituales ( estHicos,
jurídicos, cognoscitivos) pudiendo exigir el sacrificio de lo
vital y de lo agradable. En la cumbre de los valores nos encontramos con lo divino y lo sagrado. Y algo de primordial
importancia: todos los valores posibles están fundados sobre
el valor de un espíritu infinito y personal. Sobre el mundo de
los valores a él ofrecido gravita todo lo valioso. Porque los
valores están insuficientemente encarnados en la existencia,
dan origen a m1 deber ser. En este sentido el deber ser es
intermediario entre valores y bienes existenciales. (Max:
Scheler. "Etica", Editorial Revista de Occidente, traducción
castellana de Hilario Rodríguez Sanz).
Nicolai Hartmann absolutiza e inmoviliza los valores a
manera de ideas platónicas. Los concibe como objetos ideales
que existen en sí y por sí, independientemente de que se les
ignore. En su ideal esencialidad permanecen siempre más allá
del a~to de realización. Aunque relativos a las personas y a
los bienes, los valores no sufren en su objetividad. Hartman
no advierte que "los valores no sólo son relativos a las personas que les dan vida, sino a las situaciones reales en que se
manifiestan o producen", como lo apunta Eduardo García
Mayncz ("Etica", Editorial Porrúa, D. A., México 1953 pág.
225) . Xo hay que olvidar que los valores sólo dentro d~ una
situación concreta tienen existencia y sentido. Nuestro gusto
estétÍ&lt;'o y nuestra conciencia ética intervienen en un juicio

71

de valor. Pero la objetividad se im
que: valoramos de un modo deter!f:ed desde el_ momento en
obliga, nos fuerza -por decirlo as'
a o al obJeto que nos
cualidad. Por la experiencia val
a recbonocer en él cierta
da dentro de un con "tmto d
oia iva s~ :~os qul' ésta se
sociales, objetivos Y ,Jsubjeti: :1e;e~tos h1stoncos, culturales,
- obsena Risieri Frondizi o . /m embargo, "lo deseable
C?n lo deseado" ("Valor y Sit ma1;1, i~?e su cordón umbilical
ncano de Filosofía).
uac1on ' V Congrl'so Interame-

'.f

La "estrechez del sentido del v 1 "
un hecho indubitable. Consiste
ª. or es, para H~rtmanu,
dad humana para intuír
b' precisamente en la mcapacivalores. Dt&gt; individuo a ind~ª-t Y perf~ctamente todos los
intuit&gt;ión axiolór,ita. Los , ,ailv1. uo y de siglo a siglo varía la
·,
"'
orl's -Y esto cla·
t'
l'Cl u&lt;:ac1on Y esfuerzo
se d
b .
'
I o es a, supone
Puede haber cegueras~erver:i~C: ren pero no se inventan.
baj~ la forma del deber. el s _es y errores en la _conciencia
realidad y contrapone al'
ter Jdea~ tacha de anhvaliosa la
tura axiológica. La realiza!~~ ~ { v1st~ ontoló~ico la estruc"?mo forma categorial el ac e a con, u_cta obligatoria tiene,
fm, elección de los medios r
te_l;ologico: postulación del
advertir que la teleoloaí ' ea izacio11. II~rtmann se cuida de
lidad. Si los medios el: ~dsupone necesa_riamente a la causafinalidad buscada no h;'b ,os n°rpro~_uc1eran causalmente la
ende, 1ii propósitds.
na rea izac1on de propósitos Y, por

\?

Las. teorías axiolóaicas con bas
han podido explicar c;hal
t
e en la fenomenoloaía no
entre el valor v la ;•osa "anl11_en e, el fundamento de la rclacióu
l ores son autónomos
·
" Y· 'abs
• 1osa
s r encarna. Si. los vat en. que
,
t es,, Y "portadores'~ 1 C o du ollas,¡, como pueden tener "sopord l
··
uan o
rtmann p
·
l
r c,eterminar esas cualidades exist
' º; eJemp o. trata
te en una esfera que les es pro . entes en s1 Y absolutamen"cosa".
pia, cae, muy a su pesar, en la
.. "La posibilidad de que los val . .
m1has diferentes. morales estéf ores s~an agrupados en fal~tarios, etc., sugiere fuertement~co~ sociales, bi~lógicos, utihvos o están arraigados en últi q e ~~s. contemdos cualitasucesos del mundo real o t: mo an_ahs1s en cosas, actos o
ll
, es an co-ordmados d t l
d
e os que, subyacente a los dos t ' .
e a mo o con
cosa, haya un principio -ase ur:rmmos de la relación valordad de Bogotá Jaime Vélez S~
el profesor de la Universiquen. °No admitirlo así es co!~:.; en que ambos s~ identificuenta y razón del hecho f d
rse a no dar satisfactoria
cualitativo de un valor dete un_ amdental de que el contenido
.
rmma o o de un ti d
se coord ma con determinado , ' d
. Po e Ya1ores.
genero e realidades, no con

�Agustín Basave Fernández del Valle

73

Las Princi¡Jales Corrientes Filosóficas en el Siglo XX

72

otro". ("Sobre la Ontología de l?s Valores''., V Congreso Interamericano de Filosofía, W ashmgton, Juho de 1957) •
Si el valor no es manifestación y expr_esión d~l s~r real,
no podrá explicarse la conexión del contemd? cuahtatr~o valioso con la cosa real. ¿Por qué sólo ~ determmados conJun~o_s
y ordenamientos de cualidades sensibles les damos el cah!icativo de valiosos 1 Scheler y Hartmann no pueden dar razon
de este hecho con su dicotomía: entes-valentes.
D mí sé decir que no puedo concebir el valer sin algo_ que
valga. e¿Podría hablarse de una existenci~ sin algo que exista Y
Pues bien, tampoco cabe divorciar la idea de valor de los
valores reales particulares.
Tendemos a los valores porque su _existencia -n~ su
inexistencia- llena nuestros vacíos y satisface nuestros n~t,ereses. Lejos de ser "a priori" absoluto,_ el valor es la expre~1,on
natural del dinamismo del ser que le impuls!l a su perfec~10n.
Estas determinaciones ontológicas de la realidad en sus diversas formas dependen de las cualidades reales de una cosa.
Por los valores entendemos el sen_tido de lo real Y entramos
en la compleja armonía de un unI-verso.
La Axiología se resiente de falta de clari~ad. en la explicación del nexo entre los valores y sus realizaciones e1;1 las
cosas particulares. Es lo mismo que ocurría a las ide_as
platónicas con respecto a
entes concretos_. La e~fera ax10lógica sin potencia ontologica, y por lo mismo s n ser, no
tiene consistencia alguna.
Apuntemos algunas de las principales críticas que se han
enderazado contra la filosofía de los valores;
1) .-Es insostenible el dualismo entre se~ y valor. Si los
valores son algo que se ofrece como contenido d~ un acto~
¿cómo puede pensarse que este algo no sea ser ? ¿ como pued
haber un campo de objetos que no son?.
2).-La intuición emocional "a priori", al la~o _del co;11ocer
teórico es otro dualismo inaceptable. "Este sentimiento mtencional,' órgano específico de aprehensión -del val~r, _-expresa
el Dr. Antonio Linares Herrera- o _es. un conoc~mient~ o no
lo es. Si es un conocimiento, el conocimiento no tiene lll:ª~ que
un sentido el de ser una actividad, que aprehende espmtua~
mente obj~tos, y esto solamente p~e~e hacerlo una faculta
de orden teórico. Si no es un conocimiento, entonces tampoco
puede artibuírsele la propiedad de captar o aprehender objetos".
3) .-Si el hombre es el portador y el re~lizador ~e los
valores es un contrasentido que se pase su vida afanandose

por realizarlos para que a la postre se le diga que los valores
no son sino que valen. Esto equivale a decirle que ha realizado
una pura nada.
La filosofía escolástica finca en el ser la valiosidad fundamental. Todo ser es valioso. Brunner propone el siguiente
criterio: "donde la relación es objetivamente de activación
del ser, un ente resulta valor para otro; donde es de lesión del
ser, en ente resulta contravalor o un mal". Porque es estimulador del ser, el bien es apetecible.
Gada ser particular tiene comprimida una abundante
riqueza de contenido potencial valioso. En la realidad caben
diYersos grados de acrecentamiento de las normas ideales. El
supremo valor es Dios: acto puro y actualidad suma. A mayor
actualidad, mayor valor ; a mayor potencialidad, menor valor.
Geyser concibe los valores como relaciones u ordenaciones reales que el hombre descubre cuando sus naturales facultades cognoscitivas penetran en la complicada trama del
mundo real. La raíz fundamental del deber y de la buena o
mala conducta hay que buscarla relacionando la conducta
del hombre con aquel comportamiento que su razón le muestra como recta y racionalmente ordenado. El valor puede ser
concebido como esencia o como existencia. Como esencia es
una cualidad o determinación de un objeto sustantivo con los
caracteres de polaridad, diversidad específica y rango jerárquico. "Valor - define Linares Herrera- es aquella peculiar
situación o aspecto del ser, que consiste en el sentido de importancia, notoriedad, dignidad o jerarquía que le sobreviene
a efectos de su ajustamiento a la ley ó principio de finalidad
que satura todos los ámbitos del ser". La clave del valor está
en su ordenación teleológica residente en su propia naturaleza.
Pero estamos ante una situación ontológica que no rebasa los
dominios del ser, Situación que consiste en la relación real
entre el estado efectivo de un ser y la norma ideal inmanente
que se contiene en su propia contextura o esencia. La potencialidad de perfección sirve de modelo ontológico.

Jo~

1

'

, '

Frente a las actitudes del psicologismo, formalismo y
autonomismo del valor, es preciso orientarnos hacia una concepción metafísica. El valor tiene que incluirse en la estructura óntica del ser, no en un mundo etéreo de esencias alógicas,
sino que tiene su soporte en el mundo real. Trátase de una
manifestación activa del ser, de una ordenación del ente fundada teleológicamente.
Aunque Santo Tomás de Aquino no haya desarrollado
explícitamente una filosofía de los valores, hay en sus obras
elementos suficientes para estructurar una axiología (la cues-

�74

Las Principales Corrientes Filosóficas en el Siglo XX

tión 5a. de la primera parte de la Summa Theologica que se
titula "De Bono" las "Quaestiones Disputatae de Veritate",
el opúsculo "De Pulchro"). Un tomista mexicano, el Dr. Oswaldo Robles encuentra en la noción tomista de bien adecuado
un sinónimo preciso del valor. "El valor -nos dice- es una
relación entre el ente en acto y la tendencia natural; el valor
es priori porque la relación es a priori, es decir, fundada en
la esencialidad del ser en acto y en la esencialidad de la tendencia natural o para hablar en lenguaje escolástico, en la
formalidad actual del ente y en la formalidad actual de la
tendencia natural". En una posición realista, no sería el valor
el fundamento del bien, sino a la inversa; el bien, el ft~ndamento del valor. Dentro de la misma escuela, Paul Snvek
expresa que valor es aquello "que corresponde a la finalidad
intrínseca del ser". Y habrá tantas clases de valores como
grados de finalidad intrínseca. El "tipo ideal" de la naturaleza de un ser servirá, en todo caso, para graduar el valor de
su desenvolvimiento. Pero obsérvese que solamente el ser
puede complementar o perfeccio~ar a otro ~er. El val~r pu~o .
y simple "no puede encontrarse smo en el Dios de la Filosofia
y tiene de particular que solamente aquí la razón formal del
valor coincide con el sujeto portador del mismo".

.i\gu&lt;.tín Basave Fcrnándcz del Valle

'-

ll

Sobre estas bases es posible airear y dar nueva vida a la
filosofía fenomenológica de los valores, para que cese de ser
un capítulo cerrado en la historia de la filosofía.

EMPIRISMO LOGICO
Dentro del empirismo lógico, llamado también positivismo
lógico o neopositivismo, podemos incluir a Bertrand Rusell,
Ludwing Wittgenstein, el "Círculo de Viena" (integrado por
Moritz Schlick, Philipp Franck, Otto Neurath, Hans Hahn,
Rudolf Carnap, R. Von Mises, K Menger, y F. Kaufmann,
para no citar sino a los principales) y la Sociedad de Filosofía
Científica dirigida por Hans Reichenbach, en Berlín, que
agrupaba: entre otros, a Paul Oppenheim, Karl Kem~el_ Y
Wolfgang Kohler. Caracterízase, esta corriente, por un rig~do
empirismo, por una transposición del método de la matemática
y de las ciencias naturales al resto del saber·y por una ceguera
frente a la metafísica. Elaborar una teoría metódica del lenguaje científico es la única tarea que corresponde a la filoso~ía,
según el empirismo lógico. Lo que hasta ahora se ha vemdo
llamando filosofía, es -para el neo-positivismo- pura expresión sin contenido cognoscitivo. "Las proposiciones metafísicas -dice Carnap- no son ni verdaderas ni falsas pues
no afirman nada; no contienen ni conocimiento ni error pues
están completamente fuera del campo de conocimiento, de la

7¡;

teoría, fuera de toda discusión de verdad o falsedad" (Philosophy and logical Syntax", p. 29, London, Kegan Paul, 1935).
Para los empiristas, una proposición cualquiera tiene sentido
solamente si conocemos el modo de verificarla. Pero es precisamente con este concepto de verificación donde los empiristas lógicos han teni_d? serios tropiezos. En un principio,
aseguraban que lo verificable era lo referible a hechos patentes
de la experiencia inmediata. Pero como este criterio conducía
inevitablemente, a un solipsismo metodológico que negaba la~
proposiciones de toda cienc:ia, hubo que abandonarlo, para
mstaurar, en su lugar, una distinción que pretendía salvar
l~s. dificultades: verificación efectiva y verificación en principio, por una parte, y sentidos "débil" y "fuerte" de verificación, por otra parte. Algunos empiristas quieren cambiar,
hoy en día, el concpeto de verificación por el de confirmación
claro índice de la inseguridad que se padece en la materia'.
Cuando por medio de nuestros sentidos o de aparatos "ad
hoc" podemos comprobar la verdad o la falsedad de una proposición, estamos en el caso de la verificación efectiva. Si no
se puede decidir prácticamente sobre la verdad o la falsedad
de una proposición, pero advertimos la posibilidad de efectuarla, estamos frente a un caso de verificación en principio.
Por último, el sentido "fuerte" de las proposiciones verificables, se caracteriza porque su verdad puede ser establecida
en la experiencia de modo concluyente, mientras que el sentido "débil" acusa únicamente un cierto grado de probabilidad.
Según el empirismo lógico hay dos tipos fundamentales
de oraciones: las sintácticas, que se refieren tan sólo al leng_uaje, y las obj_etivas, empleadas por las ciencias empíricas,
siempre que afirman hechos particulares o generales. Las
oraciones pseudo-objetivas o cuasi-sintácticas, que se asemejan
a las orac~ones objetivas por su forma y a las sintácticas por
su contemdo, son la causa de todas las disputas equívocas.

'

.

'

'

)

J?e~pués de reco~ocer la p~sitiva apor tación del empirismo lugico al pensamiento del siglo XX, con la logística y la
semántica que aclaran el sentido de innumerables problemas
Y. contribuyen a evitar ambiguedades terminológicas, es preciso apuntar, en apretado resumen, las principales críticas
que se han dirigido al empirismo lógico o neopositivismo
desde . diversos ~ectores d_e 1~ filosofía contemporánea : 1).
Reducir toda posible experiencia a la experiencia de la ciencia
n~t~ral, es empobrecer, innecesariamente, el campo del conocimiento; 2). Escamotear el verdadero problema del conocimiento - relación de las ideas con los objetos- no es resolverlo; 3). Eliminar los problemas filosóficos, para adherirse

�76

Las PrinciJlales Corrientes Filosóficas en el Siglo X.."l:
A¡¡;ustú1 Basave Fe1·nández del Valle

en forma dogmática a alguna de las soluciones tradicionales
del pensamiento, es volver a la filosofía aunque. d_e modo torpe
e ü1eonsciente; 4) . Del hecho de q1;1e l~s con~1~iones para el
sentido de las proposiciones de la ciencia empmca no _Puedan
aplicarse a enunciados de otra naturaleza, no se de~1va q~rn
estos últimos carezcan, en absoluto, de todo sentido; o).
Convertir la primitiva verificabilidad directa en una compulsa de grados de probabilidad, significa amenguar notabl_emente cuando no acabar con la fuerza del argumento anümetafí~ico; 6). Confundir' la verdad con un criterio de verdad Y
repudiar en su totalidad el pr_obl~ll:ª de la verdad, pa~a salvar
dicha confuisión, es algo mJustificable ante la razon, como
tambirn lo es el construir un lenguaje, con reg~as com:encionales de sintaxis, y negar sentido a ,todo lengnaJe_que Yl~le
dichas r eglas, olvidándose de su caracter com·e~~1onal; 1).
La propia teoría de la ve~·i~icaci~n . no es :erificable. :q~
aplicar el criterio de los empmstas log1cos habna que concl~u
diciendo que la citada teoría de la yerificació?,. I!ºr ser mverificable, carece de sentido; 8). Decir que un JU1C1~ de valor
es una forma disfrazada de imperativo o norma, sm probar
el aserto, es caer en afirmación gratuita y es ig1~o~·a_r que las
normas mismas, para tener validez, se apoyan en JU~c10s ele. valor: 9). "Que el conoc~miento científic?,. en el senti,d? estricto
definido por el uso nguroso de la log1c~ mat~ma~~ca, comprenda y resuelva en sí mismo toda ~trn mvestigacion Y, por
tanto toda actitud y todo comportamiento del hombre, es una
tesis 'admitida tácitamente, pero no demostr~~a por Ru~e~l",
10). Pensar -como piensa Rusell- que 1~ log~ca matemat~ca
posee una verdad absoluta y ~a certeza _mfah ble, contradice
el carácter convencional que atr1b~1ye el mismo autor a los fundamentos de esa lógica. (Véase, para una vez _má_s exten~a exposición y crítica del empirismo lógico, los s1gmentes hbr_os:
de Risieri Frondizi "El punto de partida del filosofar", Editorial Losada, y "¿ Qué son los valores?" Br&lt;'viarios ~el 1'.'ondo de
Cultura Económica · de Nicolás Abbagnano, "Histone _de la
Filosofía" tomo te;cero Montaner y Simón, S. A., Editores,
Barcelona'; de Juan Carlos Torchia Estrada, "La Filosofía_ del
si"lo XX" Editorial Atlántida, Colección Oro, Buenos -:1-u~s;
d¡ M:ichel~ Federico Sciacca, "La filosofía, hoy", Ed1tonal
:Miracle, Barcelona).

NUEVA ONTOLOGIA
Acaso sean las filosofías del ser o filosofías metafísicas la
más poderosa corriente, aunque no diré la más popular, del
pensamiento filosófico de nuestros días. Sírvame, como nuestras ilustres, la metafísica de Alfred N?rt~ Whltehea,d_ Y la
ontología de Nicolai Hartmann. Los termmos metaf1s1ca Y

o

77

ontología se usan, a menudo, indistintamente, por más que
cabría emplear el nombre de ontología para el estudio de los
entes en cuanto entes, reservando el nombre de metafísica
para la investigación del ser que engloba a todos los entes,
que subyace a todos ellos y hace de ellos lo que son. Preciso
es advertir, no obstante, que esta separación abstracta no
opera, estrictamente, en los casos concretos.
La realidad, para Whitehead, es proceso, actividad y cambio. La r ealidad, dinámica y fluyente, tiene un carácter unitario y orgánico. El proceso cósmico, dominado por la finalidad, se extiende sobre un escenario de espacio y tiempo. La
inestabilidad de los estados del universo, que implica la creación, es devenir de entidades actuales. ¿Y qué es una entidad
actual! Whitehead nos r esponde : un corte en la creatividad
universal. "Todas las razones últimas están dadas en términos
de tendencia a valores". "La posición de la vida en la naturaleza es -para el filósofo de Ramsgate- el problema capital
de la filosofía y de la ciencia". Caracterízase la vida por la
absoluta auto-experiencia, la actividad cr eadora y la finalidad. El mundo y el alma coexisten en una mutua inmanencia;
en tanto percibido, el mundo está inmerso en el alma, por
así decirlo; pero el alma, a su vez, forma parte del mundo. La
teodicea whitehediana es la parte débil de la obra. Se nota
en ella la ausencia no ya de lógica, sino de sentido común.
Dios es, -en un aspecto (naturaleza primordial), inmutable,
atemporal, infinito y acabado, aunque algo muerto; y en otro
aspecto, (naturaleza consecuente), Dios es una descripción
del mundo y su naturaleza está enriqueciéndose constantemente gracias a la captación de nuevos elementos en un torbellino. Dios, además, es, a la vez, inmanente y trascendente y se·
encuentra en lucha contra el mal, que es algo positivo.

'

j

I

•

:N'icolai Hartmann, uno de los más profundos y fecundos
filósofos del siglo XX, opone la actitud sistemática, que construye un todo conceptual partiendo de una concentración preconcebida del mundo y resolviendo "desde arriba" los problemas particulares, la actitud problemática, que progresa paulatinamente en las cuestiones filosóficas mediante la investigación analítica, no dejando subsistir sino lo verificable.
Fino en el análisis, claro en la exposición y penetrante en
sus investigaciones, Nicolai Hartmann, enemigo teórico de los
sistemas, es un gran sistemático que ha sucumbido ante la belleza de lo bien construido. Sus filósofos predilectos: Platón,
Aristóteles, Kant y H egel, son, también, pensadores sistemáticos.

�Agustín Basave Fernández de{ Valle
78

79

Las Principales Corrientes Filosóficas en el Siglo XX

La investigación filosófica -según Hartmann- tiene tres
estadios: 1). Fenomenología ( mostración de la realidad) ; 2).
.Aporética (alumbramiento de los problemas que surgen de los
frnómenos mismos); 3) . 'reoría (solución de las aporías). Por
la fenomenología se hace patente el hecho del conocimiento
como una relación trascendente que supera la conciencia. 1\Iantener bien firme la distinción entre las diversas esferas del
ser, es una de las preocupaciones primordiales de la ontología
hartmanniana. La realidad, con su sola presencia, se justifica
a sí misma; siendo efectiva, es posible y necesaria. Pero el
mundo está estratificado, evidentemente, en una serie de planos
que impiden toda concepción unitaria del tipo de la evolutiva.
Entre la naturaleza orgánica y la inorgánica, entre la naturaleza orgánica y la psíquica, entre la naturaleza psíquica y
el set' espiritual hay inocultables cesuras y radicales diferencias. Existen, no obstante, categorías fundamentales que pertenecen a todos los planos del ser. En las más altas categorías
reaparecen las más bajas, pero no viceversa (ley del retorno); hay un nuevo momento categorial, en todo plano del
l'ier, que no es posible confundir con los elementos más bajos
(ley de Novum); en el paso de los planos más bajos a los planos, más altos no hay gradación (ley de la distancia de los
planos). Podemos preguntarnos si las fundamentales estructuras fenomenológicas que el análisis reYeló, conduj rron al
antiguo profesor de las universidades de Marburgo y Berlín,
a emaizar esas estructuras en el ser. Más ontólogo que metafísico, Nicolai Hartmann adoptó el viejo y superado concepto de la materia física, considerando al ser -observa .Abbagnano- "como un todo compacto e indiferente, en el condicionamiento recíproco de sus planos y en la interna determinación de cada uno de ellos". (pág. 473, tomo tercero, "Historia de la Filosofía", Montaner y Simón, S ..A., Editores Barcelona). Por su consistente teoría del conocimiento, por su
impecable pelémica contra el idealismo gnoseológico ~- por
la riqueza de temas y de problemas que ha suscitado con su
especulación, Hartmann, vinculado a la parte más viva ~- actual de la ontología de nuestro tiempo, se ha convertido ~-a
-así lo pienso yo por lo menos- en ·un clásico.
Dentro de la dirección metafísica, poco conocida del público en general por su rigor académico y por su alto nivel
intelectual, habría que destacar el neotomismo, el neoagustinismo, el espiritualismo cristiano en Italia y la "philosophie
de l'esprit" en Francia. Corrientes todas ellas de un extraordinario vigor en nuestro siglo, por más que se salgan -desde el punto de vista de su génesis y de su proyección en el
tiempo- ele nuestro siglo.

VITALISMO

..

En el último tercio del siglo XIX
.. . .
apa1:ece, en reacción contra el positivis~/;lllrl!~OS /el XX,
corriente vitalista que centra su meditación
1 ,et ismo, la
tema ele la vida. Wilhelm Dilthe H
. B1 oso ica en el
Ot
G
Y, enn erason y J ,
r ega Y asset nos ofrecen m'
.
º
ose
valioso conjunto de geniales 'atis1t8osq;e ds1s}~mas a¡ab~dos, un
a la vida humana como centro, !e~~is;efi~x~~rfil~~

h

!~f:.

•

Guillermo Dilthey v
l hº t ·
bre. "Qué sea el h b e ~nl a is o~ia la su_stancia del homl
om re so o se lo dice su historia" N h
~e~:C ~u~a!~r i~vari~ble, _P~:manente, ~orque no hay :at~
El hombre no tien~ºhi~~:1~s~1~o enu el t~!l!P 0 ,. historicidad.
fía será! en ccnsecuencia, análisis ~=sc:~ptf!tor1a. La _filo_sode la vida humana interpretacio' h' t' . o Yy comp1ens1vo
, t.ica t endra, que 'comenzar po n 1·is onca .
esta hermeneu
de la ev_olución histórica. La v:d¡ ;i:!:ed:1dmomento actual
su propia cosmovisión La fil f' J
. e cada hombre
en el repertorio históri~o de las ºcS:s: ~e. D1ltheEy c~lmi~a!á
mo dieheyano no are
.
ovISiones.
1 h1stonc1Ssobre la vida hurnina
~ese a _sus _finos análisis
turaleza, ¿ cómo histo~iar lo histo~:~~oe; h1stona de una na-

~:t1:e~¡~~•

.

/

Enrique Bergson distingue e
d ·d·d
,
llJ~iiniento científico -conceptua~nd ec1 I a en~r~ia, un _cosof1co- intuitivo. El conocimient ~ utníf_conoc1m1ento filoto 1
. l
.
o c1en ico capta lo muer
', º. esp~c_ia ' lo material, lo exterior. está diriaido h . l practica utrl. Pero la realidad vital ~s 1
º fl acia a
se hace, que se convierte continuamente ªe!º of:e uye, qTue
es el caso del yo que acumula su asad
.. a cosa.
al
sin ser nada rígido, estático heclo de o Y antrn1pa su _futurd,
Porque la realidad, y hast~ Dios mis;:ª vez pa~a _s1emp!·e.
cesante acción libertad
1 .,
' es mov1m1ento mB
,
,
. , evo uc1on creadora en suma. H
•
ergson postula la mtuición como métod d 1
l enri
s?nal y la imagen y la metáfora como ve:ículeo d1 oso ar I?erc1ón. Más q u e una f'lI osof'ia, el pensador hebreo
e comumcaf
,
nos prese1;1ta un valioso conjunto de observaciones ;º~anee~
proceso vital -que . pretende inútilmente traaarse
~e e
d_el co_smos- y de_ :71vencias sobre la duración ~-eal el 1 i_e~to
c10nahsmo, su ant1-mtelectualismo de fondo 1 · · 1 IrI~bar a un saber riguroso y objetivo que siemp~e
abrn1
de conceptos.
o 1a ase

n

-l~

l~~PJ °

. d. ~ ~sé Ortega Y Gasset arranca desd,e su punto de vista
m rv1 ual, porque otra cosa le parecer1a un artificio. "El
hecho radical, el hecho de todos los hechos -escribe Orte-

�80

Las Princi1&gt;ales Corrientes Filosóficas en el Siglo XX
.lJ?ustín Basave Fernánclez del Valle

ga- es la vida de cada cual. Toda otra realidad que no sea
mi vida es una realidad secundaria, virtual, interior a mi vida
y que en ésta tiene su raíz y su hontanar. Ahora bien: mi
vida consiste en que yo me encuentro forzado a existir en
una circunstancia determinada. Se vive aquí y ahora. La
vida es absoluta actualidad". Introducción a las Obras Completas, tercera edición, pág. IX). El mundo es perspectiva.
"Cada vida es un punto de vista sobre el universo" (O.C., III
págs. 109-200, "El Tema de Nuestro Tiempo") . Cada hombre tiene una misión de verdad. Donde está mi pupila no
está otra: lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra.
Somos insustituibles, somos necesarios. Y piensa Ortega que
la perspectiva - uno de los componentes de la realidad- no
deforma el mundo, sino que lo organiza. El imperio de la
razón pura ha cesado. Entramos ahora a la era de la razón
vital. Por que la razón es, debe ser, tan sólo una forma Y
función de la vida . "El tema de nuestro tiempo consiste en
someter la razón a la vitalidad, localizarla dentro de lo biológico, supeditarla a lo espontáneo". Porque somos herederos, es preciso, para comprender algo humano, personal o
colectivo contar una historia. Y la historia tiene, en las ge' su estructura precisa.
.
neraciones,
Reducir todo a términos de vida humana, como lo hace
el brillante filósofo matritense, es recaer en idealismo. Fuera de nuestro- conocimiento y aun en posible desacuerdo con
él, existe un mundo de entes y de valores. Si todas las filosofías son meras perspectivas -sin nada absoluto- entonces
también será una mera perspectiva la teoría orteguiana del
perspectivismo, sin derecho par a imponernos sus conclusiones. Definir la vida ya no como el punto de arranqu~,
sino como el valor supremo, es elerror esencial de todo vitalismo. La vida de cada cual es un elemento parcial, Y
subordinado de la realidad. Como torrente de ciega energía
carece de sentido por ausencia teleológica. Sólo al servicio
de un valor que la incite y la guíe, cobra la vida contenido Y
plenitud. Tal vez el destino de Ort_ega h aya sido el de un
gran "culturalista" siempre atento a la última teoría científica europea o al libro inquietante recién salido a la luz
pública. Con una prosa deliciosamente musical, cargada de
relumbres poéticos, supo siempre apuntar una corrección, un
nuevo punto de vista, un a precisión complementaria, una
consecuencia inadvertida, una contrastación, o un pr~mo~oso
análisis psicológico. En sus manos, cualquier tema adqmere
u 1 guste, y un color inconfundibles.

81

EXISTENCIALISMO
El existencialismo, es a más de una filosofía, un fenómeno cultural de nuestro tiempo.
_En una atmósfera de fracasos, de desilusiones de frustraciones
de dirigir el mundo, d e 'd esespera.,
t en
1 la función
cion a1: e as. contmuas luchas y atropellos, de expectación
de lo _imprevisto ... ha nacido una filosofía desvigorizada
Y desvirtuada,. es verdad, pero también auténticamente preocu~a~a de la liber tad, de la r esponsabilidad, de la existencia
coti~iana Y del _hombre concreto. El existencialismo se ha encarmzado, despiadadamente, en la finitud del hombre. Preten~e tener como punto de partida la experiencia concreta de
1~ vida de c~da _cual para descubrir y tocar el ser mismo. Por
via de conciencia se quiere desembocar en la POTENCIA d 1
ser. ~ero no se acab~ de precisar las palabras, de definir Je
conclu~r. La desconfi~nza, la ambigüedad, la indecisión la
aus~ncia de un claro s~stem~ d_ostrinario han presidido, hasta
ahora, 1~ marha del existencialismo. Su estilo y su tendencia
en camb10, presentan nítidos contornos.
'

y

.., . Se ha hablado de ~xiste1;1ci~lismo abierto y de existenc~,tl~smo cerrado, de ~xistenciahsmo cristiano y de existencialismo ate~. El existencialismo abierto O cristiano parte
del hom_bre mtegral con su espíritu y sus ligas con la trascendencia, usa del método fenomenológico pero deja abierta
la puerta a la trascen~en_cia I?etafísica. Marcel,- Zubiri y
Jaspers -aunque este ultimo imperfectamente- son representantes de esta actitud.

' t

. Una atmósfera_ de cansancio, de desconfianza y de pesim1sm? no ,es, precisamente? la atmósfera adecuada para hacer filosofia. Resulta explicable la angustia de un hombre
concret? de la post-?uerra, pero no resulta justificable que
contamme la . filo_sofia ~on su personal nihilismo. El desahogo de ~os mstmtos _vit~les, en nombre de una espontaneid~~ gratmta, no es, en rigor, una actitud propiamente filosofica. C?n UN drama de la existencia se puede confeccionar u_ua pi~za de t~atro pero no _se puede tejer EL drama de
la existencia. Casi todos los ex1stencialistas contemporáneos
pretenden universalizar sus vivencias personales. El resultado, más que una filosofía, es un testimonio singular.
Negar los méritos del existencialismo es una torpeza inexcusable. En el h~ber del existencialismo estará siempre el
haber llevado al primer plano al hombre concreto con la intimidad de su conciencia, con su finitud, con su' temporalidad, con su angustia. El hegelianismo que lo resolvía todo

�82

,\gustín Basave Fernández del ,·a11e

Las Principales Corrientes Filosóficas en el Siglo XX

83

dos, t'n la temáfüa religiosa del cristianismo. Lo malo drl
easo t's que el existencialismo se ha quedado, la mayoría de
las Yeces, en puras descripciones fenomenológicas sin "trasponer sistemáticamente en d plano nocional -afirma el catl'drático de Filosofía Ramón Roquer- los r&lt;'sultados de sns
1•xploraeiones". Es tiempo ya de decirlo, el antiinteleetualismo radical de que ha hecho gala el existencialismo, ha sido
1·,msa de su último fracaso.

pero que se olvidaba de la persona humana, los ejercicios escolar€'s €'n torno a bizantinismos han sido justamente relegados
ante el hondo problema del hombre de carne y hueso y ante
la acuciante crisis que vive el mundo contemporáneo. Como
r€'acción €'n contra de estas posiciones agotadas, el existencialismo ha sido mucho más afortunado que como doctrina.
El existencialismo ha declarado una guerra a muerte a
todo sistema olvidando que una filosofía no TIENE un sistema, sino que ES sistema. Pese a su denodada crítica, el existencialismo ha terminado, a la postre, por constituirse en
sistema.
'Gna fenomenología puramente descriptiva de la realidad humana no es, ni mucho menos, lma ontología. En este
sentido, ::\Iichele Federico Sciacca ha podido decir que el
existencialismo, más que una filosofía, es una filosofía fallida. Y es que su problemática. y su conjunto de agudas obserYaciones psicológicas, han quedado propiamente sin ulterior elaboración filosófica.
No todo es reducible a momentos existenciales. Si así
fuera ya no podría hablarse de esencias, de objetos ideales
;y de valores objetivos. 'rampoco cabría hablar de lógica, de
ética, de religión, de ei:,tética o de ciencia. Todo ~e diluiría
en u11a Sl'rie de durat•iones existenciales. El deverur tragaría
al ser y a la metafísica, para quedar al final perdida la existencia misma. De tanto demudar a la existencia, ésta se ha
revelado como evaporación frente a la nada.

El existencialismo se encarniza con la finitud humana y
se complace, hasta la exasperación. con el lado sombrío de la
{'Xistencia. Falta -y no me refiero aquí a los existencialistas cristianos- el lado luminoso de la existencia, la forma
t•strut'tural de la esperanza.
Tal vez nadie haya visto eon mayor profundidad los límites del existencialismo que Otto F. Bollnow. De su libro
"Filosofía de la Existencia", dediea el último capítulo (XIV.
Los límites de la filosofía de la existencial) a señalar las limitaciones del existencialismo contemporáneo. En gracia a la
brevedad, nos permitimos resumirlas en la siguiente forma:
1) .-Como filosofía total es la expresión de una situación
de erisis históric·a pasajera.
2) .-Todo verdadero valor y verdadero sentido se pierden necesariamente en un mundo reducido a la existencia
t·omo la formal relación de liberarse, lo manejable ("Zuhandenen") y lo que está a los ojos ( Vorhandenen"), es decir,
lo determinado deficientemente.

Salvo el caso de los existencialistas cristianos, los demás
se cierran a la trascendencia encerrándose en un inmanentismo sin soportes y sin atmósfera respirable.

3) .-Falta el punto de arranque para una filosofía de la
naturaleza orgánica, puesto que ésta se distingue porque sólo
puedl' St'r comprendida desde un apropiado centro.

X o es posible quedarnos con las solas existencias sin
remontarnos al sentido o razón de ellas mismas, a lo que las
constituye en determinado tipo de ser: las esencias. La
mera existencia -asegura y con razón el doctor Sabino
Alonso Fueyo- no puede filosofar. Si el existencialismo puro se atuviera a la pura factividad ¡, qué nos podría decir?
Filosofía es reflexión humana, búsqueda de razones y princi,
pios supremos. La existencia pura de los existencialistas, en
cambio, es ... ausencia de razón . i Cómo poder hablar, entonces, de una filosofía existencial?

-!).-Falta también todo el mundo espiritual del hombre en la cultura y la historia, con sus diferentes articulacio-'

Hasta ahora el existencialismo ha sido, más que una
metafísica, una metodología. Lo que tiene de doctrina se ha
quedando en un neoempirismo nominalista. Los acuciantes problemas antropológicos que maneja -con ademán romántico y terminología sibiliana- los podemos reconocer, casi to-

.

,

llPS.

3).-¡\o se ofrece l'I punto de partida para comprPlldrr
adecuadamente toda la múltiple esfera de los contenidos de
la vida psíquica, que Hegel designaba c•omo "espíritu subjetivo".
6) .-Del lado ético, el "engagement" incondicionado de la
actitud existeucialista degenera en un vacuo aventurismo que
busca el peligro y lucha sólo por el goce de jugar a la sen-i
sación, y aun enella se queda indiferente.
7) .-El hombre desilusionado y sacudido en todas las
relaciones objetivas que le soportan es rechazado a la so1e-

�A~ustín Basave Fernández del Valle

85

Las Pl'inci1&gt;ales Corl'ientes Filosóficas en el Siglo XX

84

bre que se reduce a movilidad pura, porque esta movilidad
se sostiene y se transporta en una sui-ipsidad: en el ser persona del hombre que permanece, desde la infancia hasta la
muerte, uno mismo a través de las mil vicisitudes.

dad de su existencia individual. Des~e este punto de vista
se pierde toda la realidad del mundo circundante.
El existencialismo reduce las diyersas c~tegorías tradicionales -acto y potencia, causa eficiente ,Y final, ca~1sa formal y material, etc.- a una sola categoria: la contmuo, ~o
uniforme. En el eterno fluir de las ~osas, f?rma _Y mate_na
se funden en tensión continua; esencia y existencia se d1~uyen en la confusión del "existencial" ~uro. ¡,No será prec~so
que el existencialismo adopte un ~entld? concreto sustancial
y abandone esa filosofía de la existencia purame1:1te formal
para que cese el peligro de caer en un aventurensmo irresponsable?
~o se puede negar el mérito de los existen?ialist~s, consistente en ese esfuerzo por encontrar_ en la exi~tencrn, v~lores que reintegren al hombre a su h?ertad mas autentica.
Nicolás Abbagnano, por ejemplo, ha visto certeramente que
"los problemas de la filosofía conciernen v~rdaderamente al
ser el hombre, y no del hombre _ell: general, smo d~ cada hombre en la concreción de su existir, y son apelaciones o llama~ifüios que se le dfrigen para_ q.ue se ponga en claro ~~nsigo mismo, asuma sus responsal:_nhda~es_ y t,~me sus decisione" (Pág. 7, "Introducción al Existe!1~1ahsmo , ~ondo. d\ Cultura Económica). Son aspectos positivos del existencialismo:

\

1) .-La autentificación de los problemas filosóficos, es decir,

"el esfuerzo de recogerse y P?seerse en aque\, aspecto funda~
mental de su ser al que se refiere el problema. (Abbll:gnano),
2) -El sentido de la filosofía como compromiso estrictamente· personal; 3) .-El reconocimi_en~o del ligamen que n?s _ata
a los otros, con los cuales coe_x1s1:i~os; 4).-El rec?n~c1m1ento de la muerte como riesgo mehmn~able que me mcita a la
fidelidad conmigo mismo; 5) .-La busqueda de un completamiento de una estabilidad que falta al hombre.

'

S ha dicho que la posibilidad es la categoría funda~ental d/lo humano. Es cierto que lá vida del hombre .no viene
hecha sino que se va haciendo. Pero no es menos cierto que
la viiÍ.a humana no puede reducirse a mero proyecto, -porque
los proyectos se hacen sobre la base de ser ya algo ~;nen_ los
formule. Y un proyecto no merecerá nuestra adhes10_n. S! no
concuerda con nuestro peculiar modo de ser. La posibilidad
es posibilidad de un ser actual.
Reconozcamos que los existencialistas han llev~do la
atención a muchos problemas humanos que no se hab1an estudiado debidamente. Pero rechacemos un concepto del hom-

1
L

Al acercarnos personalmente a las principales corrientes filosóficas no hemos podido dispensarnos de contrastarlas
con la verdad, con nuestra verdad. Hacer apología de los
errores o callar verdades, cuando estas vienen al caso, es carecer de honestidad intelectual y traicionar a la inteligencia.
He querido, en el examen crítico de las más destacadas doctrinas filosóficas de nuestro tiempo, cumplir con el deber que
impone "la responsabilidad de la voz". Cargo con la responsabilidad personal de mis objeciones a la obra de egregios
filósofos contemporáneos, dichas, por lo demás, con todo respeto y haciéndoles toda la mesura. Vivimos, por fortuna paTa ustedes y para mí, en un mundo libre que posibilita el diá~
logo en el cual el filósofo habla"como hombre a otros hombres, sin la pretensión de enseñar o dirigir, sino sólo con
aquella mucho más modesta y fundada, de poner a disposición de los demás, para que eventualmente se sirvan de ellos,
ciertos esclarecimientos sobre las experiencias humanas fundamentales, que él mismo, en gran parte, debe a la obra y al
trabajo de los demás ("Abbagnano"). Ciencia comprometedora de la realidad entera, la filosofía avizora la Verdad que
la trasciende y la guía. Es en ésta verdad del ser, precisamente, en la que alumbra sus explicaciones fundamentales.
Si la filosofía es la forma más alta de la experiencia humana
totalmente racionalizada, filosofía y vida son, en el fondo,
una misma cosa. Quienes se creen emancipados de cualquier
filosofía, menospreciando el rigor de la disciplina y las aportaciones de sus más ilustres representantes, no pasan de ser
-al fin animales racionales- "filosofillos" diletantes, constructores de vanas especulaciones que -dicho sea con impecable sinceridad- salen sobrando. Hoy como ayer -y acaso la circunstancia de este siglo sea más apremiante que la de
los siglos pasados- el .imperativo socrático: "gnosete ipsum"
conserva toda su vigencia. Así lo pensamos, por lo menos,
quienes entendemos la filosofía como un imprescindible menester de ubicación y de autoposesión.

�En el próximo número de ARMAS Y LETRAS se· publicarán los siguientes trabajos:

t

LA ODISEA DE ALFONSO
. REYES
por Alfonso Rangel

ALFONSO REYES, ENTRE
BURLAS Y VERAS
por Alfonso Reyes Aurrecoch,ea
'

EL PENSAMIENTO CLASICO _
EN ALFONSO REYES
por Juan Antonio Ayala

LA SIEMBRA INUTIL
por Juanita Soriano
1

'

CANTOS INDIGENAS DE -AMERICA,
AFRICA Y ASIA
por Giancarlo von Nacher

NOTAS Y LIBROS

..)

�</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751803&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad de Nuevo León, 1959, Segunda Época, Año 2, No 4, Octubre-Diciembre </text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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